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Parece tonto, pero es un logro científico impresionante: ¿Cómo se las arreglan los astronautas para hacer ‘pis’?…


Fayer Wayer(A.Sandoval) — Cada acción que realizan los seres humanos, por muy sencillas, automáticas o mecánicas que sean en la Tierra, tienen un funcionamiento diferente en el espacio. Cosas tan simples como ir a orinar, necesitan de un sistema especial, desarrollado por un científico de alto rango, para evitar una catástrofe a cientos de kilómetros de la Tierra.

Es por eso que les venimos a explicar cómo hacen los astronautas para hacer ‘pis’ en el espacio. Puede que para muchos parezca sencillo, pero es un proceso muy complejo para quienes no están familiarizados con los conceptos de ingeniería y ciencia espacial.

De acuerdo con una reseña de Muy Interesante, la NASA desarrolló un par de sistemas para que los astronautas puedan orinar tranquilos. El primero, el más sencillo de todos y que no tiene mucha ciencia, es la de poner un pañal. Sirve para las misiones cortas, de ida y vuelta que llevan 24 horas o un poco más.

Mientras que la segunda, la de misiones espaciales largas, la NASA desarrolló un sistema especial de funcionamiento en gravedad cero. Este mecanismo absorbe el líquido mediante agua, que funciona como una aspiradora muy potente que arrasa con todo lo que esté flotando en el ambiente del cuarto de baño.

– Reciclan la orina y la convierten en agua

A mediados del 2023, la NASA puso en práctica algo llamado Sistema de Soporte de Vida y Control Ambiental de la Estación Espacial Internacional (ECLSS). A través de este proceso están reciclando el 98 por ciento de toda el agua que los astronautas tienen en la ISS.

Por medio de un sistema llamado deshumidificadores avanzados, son capaces de capturar la humedad que la tripulación de la estación respira y suda mientras trabajan.

Lo mismo hacen con la orina, en un sistema al que llaman Ensamblaje del procesador de orina. Con esto recuperan lo que se suelta al vacío y después de un mecanismo de destilación son capaces de producir agua debido a que en los componentes que sueltan los astronautas hay mucho H2O que se puede recuperar.

“Este es un paso adelante muy importante en la evolución de los sistemas de soporte de vida. Digamos que recolectas 100 libras de agua en la estación. Pierdes dos libras de eso y el otro 98 por ciento sigue dando vueltas y vueltas. Mantener eso funcionando es un logro bastante impresionante”, dijo Christopher Brown de la NASA.

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Estos son los cuatro tipos de resiliencia que existen…


Estos son los cuatro tipos de resiliencia que existen

The Conversation(S.D.Landau/P.C.M.Morán) — Sara y Jorge son dos íntimos amigos que se graduaron a la vez en la universidad. Ambos se enfrentaron a un mercado laboral difícil y lucharon por encontrar empleo. Sin embargo, sus experiencias y respuestas ante la adversidad fueron muy diferentes.

Sara decidió ver la situación como una oportunidad de crecimiento personal. Gracias a su resistencia y persistencia consiguió una entrevista de trabajo. La empresa eligió su candidatura y ella aceptó la oferta laboral.

David tuvo dificultades para hacer frente a los rechazos y a la presión del desempleo. Se volvió cada vez más retraído y se aisló de amigos y familiares. Con el tiempo, la salud mental de David empezó a deteriorarse. Su falta de resiliencia y su incapacidad para adaptarse a circunstancias difíciles afectaron a su bienestar general.

En este artículo, vamos a ocuparnos de los tipos de resiliencia, entendida como la capacidad de recuperarse rápidamente de situaciones difíciles, adversidades o desafíos. Además de recuperarse, la resiliencia nos permite adaptarnos, afrontar y mantener una mentalidad positiva frente a la adversidad, el estrés, el trauma o los cambios significativos en la vida.

La resiliencia tiene un impacto positivo en la salud mental y puede actuar como amortiguador del estrés crónico. Junto con las habilidades de afrontamiento, la regulación emocional, el optimismo, el apoyo social, la autoestima y la autoeficacia contribuye a mantener un estado mental saludable y a prevenir el desarrollo del estrés crónico y sus consecuencias negativas.

– Los cuatro tipos de resiliencia

La resiliencia no solo es fortaleza: permite a las personas soportar y aprender de los contratiempos y obstáculos, lo que en última instancia conduce al crecimiento personal y al aumento del bienestar.

Descubre qué es la Resiliencia en la Psicología | Psicología Nafría

Se pueden identificar cuatro tipos de resiliencia, si se atiende a los estadios, orígenes e implicaciones que tienen:

  • Resiliencia física. Es algo que las personas pueden mejorar, hasta cierto punto, siguiendo pautas de vida saludables. Dormir lo suficiente, mantener una dieta nutritiva y hacer ejercicio regularmente son solo algunas formas de fortalecer este tipo de resiliencia. En general, la resiliencia física se refiere a cómo el cuerpo se enfrenta al cambio y se recupera de las demandas físicas, enfermedades y lesiones. Existe correspondencia positiva entre la resiliencia y un mejor estado físico y se ha investigado cómo este tipo de resiliencia afecta al envejecimiento.
  • Resiliencia social. También puede llamarse resiliencia comunitaria. Implica la capacidad de recuperarse de situaciones difíciles de manera colectiva. Los aspectos de la resiliencia social incluyen un elevado sentimiento de comunidad después de desastres, guerras y conflictos. España muestra un nivel de resiliencia social mayor que otros países de su entorno. Las comunidades socialmente resilientes poseen redes y relaciones fuertes que fomentan la cooperación y la asistencia mutua. La resiliencia social enfatiza la importancia de la acción colectiva, la empatía y la inclusión en la creación de sociedades más fuertes e interconectadas.
  • Resiliencia mental. La resiliencia mental se refiere a la capacidad de una persona para adaptarse al cambio y la incertidumbre. Las personas que poseen este tipo de resiliencia son flexibles y calmadas durante momentos de crisis. Utilizan la fortaleza mental para resolver problemas, avanzar y mantenerse esperanzadas incluso cuando enfrentan contratiempos. La resiliencia mental es una cualidad clave que permite a los individuos navegar por los obstáculos de la vida con perseverancia, determinación y contribuye a una buena salud mental. La resiliencia mental implica tener una mentalidad positiva, habilidades para resolver problemas y la capacidad de percibir los obstáculos como oportunidades de crecimiento.
  • Resiliencia emocional: La resiliencia emocional se refiere a la capacidad de una persona para gestionar y regular sus emociones ante las dificultades. Implica ser consciente de las emociones, expresarlas adecuadamente y hacer frente al estrés con eficacia. Una persona emocionalmente resiliente puede manejar emociones fuertes como la ira, la tristeza o el miedo sin sentirse abrumada por ellas. Por ejemplo, si alguien recibe críticas en el trabajo, una persona emocionalmente resiliente puede dar un paso atrás, reflexionar sobre los comentarios y responder de forma constructiva en lugar de ponerse a la defensiva o angustiarse.

    Mejorar algunos tipos de resiliencia, como la mental y la emocional, implica desarrollar un conjunto de habilidades y estrategias que ayuden a las personas a recuperarse de situaciones difíciles, hacer frente al estrés y adaptarse a la adversidad. También implica una combinación de autorreflexión, autocuidado, aprendizaje de nuevas habilidades y búsqueda de apoyo cuando sea necesario. Es un proceso continuo que puede contribuir en gran medida al bienestar general y a la capacidad de afrontar los retos de la vida.

    Sara asumió las dificultades del mercado laboral cuando finalizó sus estudios universitarios. Se preparó las entrevistas de trabajo de manera concienzuda, resistió, perseveró, aprendió de los distintos procesos de selección que realizó y logró su objetivo. Su fortaleza mental y emocional le ayudaron a conseguir su objetivo.

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    La Iglesia, las iglesias y los hombres de Iglesia (una aproximación)…


    1. El intendente que no tocaba las campanas

    JotDown(A.V.Francés) — ¿Se puede condenar a un hombre por prohibir tocar unas campanas? Por supuesto que sí.

    ¿Se le puede condenar a pesar de sus múltiples servicios prestados, a pesar de desempeñar eficientemente el trabajo encomendado, de ser un leal y abnegado funcionario real y de haber proporcionado a la institución que lo quiere condenar la nada desdeñable cifra de 6000 nuevos feligreses? Pues sí. Se puede. Y tanto que se puede.

    Veamos el caso del intendente Olavide.

    Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui había nacido en Lima y había llegado a la Península después de una serie de sucesos que aquí no hace falta narrar.

    Además de funcionario real, era un intelectual ilustrado. Lo cual no le ayudó precisamente, como veremos.

    Era muy aficionado al teatro.

    En Madrid monta una tertulia y teatrillo en su domicilio donde se representan obras traducidas por sus amigos y traduce él mismo obras francesas. 

    Especial devoción tuvo por Racine y Voltaire; este último fue sin duda el autor francés más traducido por Olavide, a quien conocía personalmente. También creó la primera escuela de arte dramático del país.

    Carlos III le encomendará los proyectos de colonización en diversas zonas del sur de España, siendo nombrado intendente de Sevilla y del Ejército de Andalucía y superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.

    Como intendente de los cuatro reinos de Andalucía (Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada) Olavide gozaría de autoridad sobre los intendentes locales, en asuntos militares y de guerra. Pero su cargo municipal le daba plenos poderes en todo lo tocante a justicia, política y hacienda.

    La colonización de Sierra Morena es su mayor proyecto. Se llevaron unos 6000 colonos (campesinos alemanes católicos) repartidos por distintas fundaciones: La Carolina, La Carlota, La Luisiana y otras, hasta un total de quince pueblos fundados en el proceso.

    En 1775 se le abrió proceso inquisitorial y fue acusado de haber sostenido proposiciones heréticas, tales como haber defendido el sistema de Copérnico y “haber prohibido en las colonias que se tocasen las campanas a muerto, para que no se abatiese el ánimo de los pobladores que diariamente diezmaba la peste”.

    También se le acusa de defender la moralidad del teatro y de permitir los bailes públicos. Ingresa en prisión a fines de 1776. Fue declarado: “hereje, infame y miembro podrido de la Religión”.

    Se le condenó a exilio perpetuo de Madrid, de las residencias reales, de Lima, de Andalucía; a ocho años de reclusión en un monasterio, bajo las órdenes de un director de conciencia, que le enseñaría todos los días la doctrina y los dogmas de la fe católica, que le haría confesarse, oír misa, rezar el rosario y ayunar todos los viernes durante un año.

    Además, solo podría leer algunas obras religiosas. Sus bienes quedaban confiscados y él mismo y sus descendientes hasta la quinta generación eran excluidos de todo empleo público.

    Carlos III

    Bien, hasta aquí los hechos.

    Ahora alguna pregunta. ¿Por qué su rey no le ayudó?

    Carlos III pasa por ser un rey ilustrado (y lo era) pero lo cierto es que no hizo mucho por ayudar a su intendente.

    Bueno, algo hizo: evitó que lo quemaran en la hoguera.

    Algo es algo, hay que decirlo.

    Pero ¿no se merecía un funcionario que no ha sido acusado de robar, de abusar de su cargo, de hacer mal su trabajo, ni de nada de eso, algo más?

    ¿A cuántos funcionarios corruptos o incompetentes se ha protegido desde el poder? ¿No se merecía Olavide mejor suerte?

    Dejemos que otro conteste esta pregunta:

    …mal pagaron los sevillanos cuanto Olavide había hecho o intentado hacer en beneficio de la ciudad.

    Las medias verdades, las equívocas interpretaciones, los fanáticos perjuicios y los fabulosos engendros del odio tomaron cuerpo en alas de la fácil murmuración, para crear la ‘leyenda del Asistente impío’, acusación que borraba ante los ojos de los piadosos ciudadanos todo otro valor humano que pudiera encontrarse en la conducta del magistrado público.

    Hay ciertos pecados —la impiedad, la inmoralidad— que invalidan las más patrióticas y laudables intenciones, en aras de una concepción sacramentalizada de la vida, todavía vigente en la España de Carlos III.

    Francisco Aguilar Piñal, La Sevilla de Olavide (1966).

    Y otra pregunta… Estamos en 1776. Copérnico murió en 1543. Es cierto que su principal obra, De revolutionibus orbis coelestium, estuvo incluida en el Index Librorum Prohibitorum hasta 1758, pero no en 1776. Al menos no para la Iglesia romana. Por lo visto, aquí en la Península, alguno no se había enterado o no quería enterarse.

    ¿Y, por cierto, qué pasó con Olavide? Aprovechando que había sido trasladado a un balneario de Gerona por motivos de salud (padecía de gota), huyó a Francia donde estuvo exiliado 17 años, antes de que Carlos IV le permitiera regresar a España. De manera que por lo menos pudo morir en su tierra. Algo que a muchos otros les fue negado.

    (Nota: como curiosidad conviene recordar la frase que Voltaire dijo de él: “Vos y cuarenta como vos necesita España”. No sé vosotros, pero yo creo que Voltaire se quedó corto).

    2. ¿Qué hacían nuestros vecinos?

    El caso de Olavide es un buen ejemplo de la situación de la Iglesia española en el siglo XVIII. ¿Pero, qué pasaba en Europa, en el mundo civilizado? Recordemos que los últimos juicios por brujería (solo por poner un ejemplo) datan de mediados del siglo XVIII, pero miremos más cerca, veamos el papel de la Iglesia en nuestros países vecinos: Francia y Portugal.

    Un poco antes del citado juicio a Olavide ocurrió en Portugal un hecho terrible: el terremoto de Lisboa. Aquel suceso, verdaderamente espantoso (eso es innegable), fue visto por amplios sectores de la Iglesia de ese país (sobre todo por los jesuitas) como un castigo de Dios.

    En esto la Iglesia portuguesa actuó como todas las iglesias del mundo: achacar los desastres naturales a los pecados humanos es algo tan viejo como el hombre.

    Lo que cambió en este momento (o, en realidad, no cambió demasiado: solo que en este momento fue demasiado evidente) fue el hecho de utilizar la confusión, el dolor y la angustia del pueblo, ya desde los instantes inmediatos al terremoto, cuando las casas aún ardían y los muertos se apilaban bajo los escombros o flotaban en el mar (al terremoto le siguió un maremoto, con la particularidad de que muchos habitantes de Lisboa se habían refugiado en el puerto, con lo cual el maremoto provocó otra matanza enorme), para criticar la labor política de determinados ministros ilustrados.

    Y hay que decir que tal actitud, principalmente propagada por los jesuitas, les resultó del todo contraproducente: el marqués de Pombal nunca les perdonó semejante hostilidad y en cuanto pudo se vengó de ellos haciendo que el rey los expulsara del país.

    ¿Y en Francia? Pues en Francia tenemos otro hecho terrible pero también, por momentos, muy brillante: la Revolución francesa.

    Henri Grégoire

    ¿Cuál fue la postura de la Iglesia francesa ante semejante acontecimiento?

    Desde luego, la mayoría de la Iglesia, como pilar del Antiguo Régimen que era, se puso de parte del rey.

    Pero dentro de la institución también hubo figuras que desafiaron la corriente general, que se pasaron de bando, que comprendieron que los viejos tiempos acababan para siempre (y en este caso era cierto: pese a serios intentos, como por ejemplo el reinado de Carlos X, el absolutismo en Francia no se restauró nunca) y que se pusieron a la cabeza de la revolución, al menos mientras esta no descarrió en la vía del radicalismo violento.

    Nos referimos, entre otros, al abate Sieyés y al obispo Henri Grégoire.

    El primero es de sobra conocido. Fue autor, entre otras cosas, del famoso panfleto revolucionario ¿Qué es el Tercer Estado? y uno de los inspiradores de la Asamblea Nacional.

    Pero lo que más me interesa resaltar aquí es el hecho de que rechazara sentarse con los otros miembros del clero, convocados a los Estados Generales, y en su lugar optara por sentarse con los miembros del Tercer Estado, un gesto que ya era un desafío en sí mismo: nunca un miembro del clero convocado a unos Estados Generales se había sentado en otro sitio que en los asientos reservados para los de su estamento (y hay que recordar que entonces, y así lo pretendía el rey, el voto no era individual sino por estamento: el clero se sentaba unido y votaba unido).

    Y el caso del segundo es, aunque menos conocido, igual de interesante. Henri Grégoire, entonces aún abate, fue el primer miembro de la Iglesia francesa que juró la Constitución Civil del Clero, que fue rechazada por todos los obispos y por la mitad de los sacerdotes de Francia y declarada, como no podía ser menos, “herética, sacrílega y cismática” por el papa Pio VI.

    Además de eso, y por si fuera poco, podríamos decir que era un republicano convencido, que lanzaba frases furibundas contra la monarquía (como por ejemplo: “Los reyes son a la moralidad lo que los monstruos a la naturaleza”), que propuso a la Convención no solo la abolición de la monarquía, sino también llevar a juicio a Luis XVI(cosa que consiguió, como es sabido, aunque hay que decir que no estaba presente en la votación que condenó a muerte al rey)y que se ganó tantos enemigos dentro de la Iglesia que, muchos años después, en el lecho de muerte, el arzobispo de París se negó a administrarle los últimos sacramentos, y después, ya muerto, tampoco quiso darle cristiana sepultura.

    Pero no solo dentro de la Iglesia tenía enemigos. Ya en plena revolución se enfrentó a Robespierre. Luego hizo lo mismo con Napoleón. Y cuando se produjo la restauración borbónica le acusaron de ser uno de “los asesinos del rey”. Pero lo que nos importa ahora es su postura frente a su propio grupo, el clero, un estamento, no lo olvidemos nunca, privilegiado dentro del Antiguo Régimen.

    Así pues, podemos ver que en un momento histórico excepcional, en un momento en que todos tienen que tomar partido por un bando o por otro, hay algunas personas que se apartan de lo que “deberían hacer” para hacer lo que piensan que deben hacer. Son pocos, pero los hay.

    ¿Hay algún ejemplo así en nuestro país?

    Pues sí. Algunos hay. La Iglesia española también tiene sus ovejas negras. Veamos un ejemplo.

    3. Un obispo contra Franco. El caso deliberadamente silenciado de Francisco Vidal y Barraquer

    Francisco Vidal y Barraquer

    La Carta Colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero es un documento fechado el 1 de julio de 1937.

    Estaba redactada por el cardenal primado de Toledo Isidro Gomá y respondía, previa petición directa de Franco, al intento de difundir al resto de la comunidad cristiana “las verdades” de la Guerra Civil española (o dicho de otro modo: por qué la Iglesia española en bloque apoyaba al bando nacional y por qué todos los cristianos del mundo debían hacer lo mismo).

    Bien, esto es lo que se enseña en los libros de historia de este país destinados a la educación de los adolescentes (por ejemplo, libros de historia de 4.º de ESO).

    Al menos en los libros en los que se menciona esta carta y, por ende, el papel de la Iglesia en la Guerra Civil.

    Pero nótese que he utilizado unas cursivas unas líneas más arriba. En bloque… La Iglesia en bloque; eso da a entender que la firmaban todos los obispos.

    Pues no, no están todos. Hay uno que falta. Uno que no quiso firmar: el arzobispo de Tarragona y cardenal Francisco Vidal y Barraquer.

    Y no quiso firmar no porque no conociera de sobra la persecución roja (él mismo había estado a punto de ser fusilado por unos milicianos al principio de la Guerra Civil, y había visto cómo moría su obispo auxiliar, Manuel Borrás, que no había tenido tanta suerte), sino porque creía que aquella carta era un instrumento de manipulación propagandística por parte de Franco y que, en medio de una Guerra Civil, la Iglesia española, como Iglesia de todos los españoles, debía no decantarse de modo excluyente por una de las partes beligerantes.

    Por estas ideas Franco le prohibió regresar a España una vez terminada la Guerra Civil (después de ser salvado in extremis de ser fusilado, el Gobierno de la Generalitat consiguió evacuarlo a Italia, donde pasó el resto de la guerra), e incluso presionó para que los papas Pio XI y Pio XII le obligaran a renunciar a sus cargos.

    En este caso Franco no se pudo salir totalmente con la suya. Los papas no accedieron a su petición. Y eso que Franco se lo tomó tan a pecho y se puso tan pesado que, al final, hasta el mismo cardenal Gomá se molestó. Pero, pese a todo, el obispo de Tarragona nunca pudo volver a su sede. Murió en 1943. Él quería, ya que otra cosa no era posible, al menos ser enterrado en su tierra. Pero sus restos no fueron trasladados a España hasta 1978.

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    4. ¿Lo quemas tú o lo quemo yo?

    Cómo colgaron a Margarita, que era hombre:

    En el año 1460, lunes, a 28 de julio, en el mercado de Valencia, colgaron a Margarita, la cual era hombre, y se llamaba Miquel Borras, el cual era hijo de un notario de Mallorca e iba vestido como mujer, y estuvo en muchas casas de Valencia vestido de mujer, la cual cosa fue conocida, y fue presa y torturada. Y por causa de la dicha Margarita o Miquel, fueron presos algunos y torturados. No obstante, la dicha Margarita fue ahorcada, y la vistieron con camisa de hombre, y bien corta y sin calzones, de manera que mostraba bien todas sus vergüenzas

    Dietario del Capellán de Alfonso el Magnánimo.

    Este texto que acaban de leer no es una novela, es parte de un documento histórico. El conocido como Dietario del Capellán de Alfonso el Magnánimo es un manuscrito del que se conservan varias copias en diversos archivos históricos, atribuido por los estudiosos al clérigo Melchor Miralles y que se imprimió por primera vez en 1742 bajo el título: Dietari de varies coses en el Regne de Valencia y en altres parts, escrites per un capellà del Rey Don Alfonso el V de Aragó, fins al any 1478. Añadides altres memories diaries desde 1516 hasta 1588.

    En él se relata el primer ahorcamiento de un travesti del que tengo noticia. Y es curioso, en este caso, el habitualmente parco en comentarios autor del manuscrito, se detiene en una serie de detalles, cosa que nos hace pensar que el caso debió llamarle expresamente la atención. Algo que no parece ocurrir con las condenas a muerte a los sodomitas, a los que se les reserva el castigo de ser quemados vivos.

    Entre los años 1436 y 1478 tenemos un total de once sodomitas quemados en la hoguera, nueve en la ciudad de Valencia y dos en Gandía. El autor, en estos casos, se limita a escribir: “Lunes, a 15 de septiembre del año 66, quemaron a don Bernat del Bosch, caballero de Santiago, y a dos italianos, por sodomitas”.

    Y así con el resto de los casos. Si se comparan estas cortas anotaciones con otras referidas a tormentas, riadas, incendios, bodas reales, ataques de piratas, hechos políticos, actos religiosos, o incluso crímenes comunes, llegamos a la conclusión de que la quema de sodomitas no debía ser algo excepcional.

    Por cierto, en el caso de Bernat del Bosch, a mí me llama la atención que sea caballero de Santiago, que era un rango equivalente a la nobleza. El propio Velázquez estuvo toda su vida ansiando llevar la deseada cruz distintiva de la orden, y solo lo consiguió al final de su vida, como “gracia” personal de su rey, y por eso se pintó con ella en Las Meninas a posteriori (cuando pintó el cuadro aún no había sido admitido en la orden).

    Es muy raro que a un noble se le queme por sodomía, o incluso que se le condene a muerte, a no ser que sea por traición y otros delitos muy graves. Tenemos el caso del conde de Villamediana y del conde de Lenos. Pero este es un suceso fuera de lo común y además nunca llegaron a ser formalmente acusados de sodomía (lo pagaron sus criados y esclavos: ellos sí que fueron quemados en la hoguera).

    El conde de Villamediana: el noble 'humorista' español que fue asesinado  por sus 'chistes' | Marca
    Conde de Villamedia

    Otro delito de orden religioso que merece la hoguera es el pecado de blasfemia.

    El autor del manuscrito nos cuenta que:

    Marti Sabata, que era muy vicioso y de malas costumbres, tuvo un hijo y una hija de una esclava. Y el domingo, a 26 de noviembre, fue ajusticiado por blasfemar de Nuestro Señor y de la Virgen María.

    (Poco después, el sábado dos de diciembre, se quemó a otro familiar, Joan Sabata, del que el cronista no especifica si era hermano o hijo, ni la causa de su condena, aunque debemos suponer que las dos muertes estaban relacionadas).

    Todas estas muertes me remiten a una estupenda entrevista a Salman Rushdie, en la que, tras preguntarse si no debía ceder a las presiones de los islamistas radicales, se contestó a sí mismo que:

    Y llegué a la conclusión de que sí, que era necesario encarar batalla. No solo eso, sino que se trataba del regreso a una lucha que creíamos haber ganado hacía tiempo. La batalla de la Ilustración. Hace 200 años estaba claro que el enemigo no era el Estado, sino la Iglesia. Que para crear un clima de auténtica libertad de pensamiento resultaba crucial derrotar el poder de la Iglesia para limitar lo que se podía decir. Acabar con las inquisiciones, las excomuniones, las torturas.

    Que no podía permitirse a la religión dar permiso para decir lo que se podía decir. Gran parte de nuestra actual concepción de la libertad deriva de esa época. Creíamos que no íbamos a vernos obligados a volver a luchar por eso.

    (El País Semanal,  Nº 1878)

    Las anotaciones de este capellán real me recuerdan una época que solemos olvidar. Ahora estas cosas nos parecen más propias del tercer mundo, de países como Pakistán, Afganistán, Somalia, Irán, Mali o Sudán. Pero no. Hace unos cuantos siglos nosotros éramos así, tan integristas como los integristas.

    Pero este artículo va fundamentalmente de dos cuestiones. La quema de iglesias y de conventos por parte del propio pueblo español (las quemas producidas por tropas extranjeras, principalmente francesas, en las guerras napoleónicas, o las quemas accidentales, como por ejemplo en la destrucción de Játiva en la guerra de Sucesión, no me interesan), y el uso político del Tribunal de la Inquisición, del que veremos dos ejemplos (y recalco la palabra “político”).

    Vamos con la primera cuestión…

    Aunque si se le pregunta a cualquiera que sepa algo de historia por la quema de iglesias y conventos nos hablará sobre los episodios de la Segunda República o de la Semana Trágica de Barcelona, lo cierto es que la primera gran quema de edificios religiosos por parte de la propia población de una ciudad tuvo lugar en Madrid en los años 1834 y 1835.

    Esta fecha es importante. En 1808 el país era invadido por Napoleón, se producían saqueos y destrucciones de edificios religiosos y el pueblo se ponía de parte de su Iglesia. En 1812-1814, el periodo más intenso de la guerra, el pueblo y los curas luchaban juntos contra los franceses (el conocido caso de Jerónimo Merino Cob, “El cura Merino”, por ejemplo, que luchó como guerrillero primero contra los franceses y luego en las filas carlistas).

    En cambio, en 1834-35, el pueblo ya no defendía a muerte sus conventos, los quemaba. ¿Qué había pasado para que en un periodo tan corto el pueblo se separará tanto de su Iglesia como para acabar considerándola una enemiga?

    Varias cosas: la muerte de Fernando VII provoca la primera guerra carlista. Y los curas mayoritariamente optan por el bando carlista. Pero ya antes habían pasado una serie de hechos muy a tener en cuenta, sobre todo el Trienio Liberal, y también la crisis económica en la que estaba inmerso, como no podía ser de otra manera, el absolutismo español.

    Además, en 1834 tiene lugar una epidemia de cólera, y se hace correr el rumor de que “el agua de las fuentes públicas había sido envenenada por los frailes”, algo que, en ese momento y dadas las circunstancias, es suficiente para desencadenar la primera matanza de curas de la historia de España (a manos de su propio pueblo, repito, y que se saldó con 73 frailes muertos y numerosos heridos), a la que sigue, evidentemente, el asalto a los conventos.

    Así, paradojas de la historia, la Iglesia pasa de quemar a ser quemada. Toda esta destrucción y violencia fue luego reconducida hábilmente por los políticos liberales, como Mendizábal, y dio paso a la primera gran desamortización de nuestra historia.

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    5. El largo brazo de la Iglesia

    Cuando los Reyes Católicos le pidieron permiso al papa para crear una Inquisición nacional(el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición), sabían bien lo que hacían. Sería un tribunal que no dependería de Roma sino de la Iglesia y de la monarquía españolas, y sería un tribunal (el único tribunal y el único órgano de control del Estado) que tendría jurisdicción en todos los reinos que formaban por entonces lo que hoy llamamos España. Este detalle es fundamental, como bien sabían los reyes.

    El Consejo de Castilla solo servía para Castilla, no para Aragón. La Inquisición no. La Inquisición entraba en todas partes y tenía poder en todas partes: era un instrumento político estupendo.

    Esto es lo que sucedió con Felipe II y el caso del secretario Antonio Pérez.

    Como es sabido, el tal secretario se fugó a Aragón, donde estaba protegido por los fueros de ese reino y por tanto, lejos de la justicia real. Pero el rey castellano se guardaba una arma secreta, y esa arma era… Sí, lo han adivinado: el Tribunal de la Inquisición.

    “Si no me vale la justicia civil, me valdrá la religiosa”, pensó el rey. Lo malo es que, mientras tanto, el secretario huyó a Francia, y Felipe II, enfurecido, descargó su frustración contra el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, que era el que se encargaba de hacer cumplir los fueros y por tanto, el que había dado cobijo a Antonio Pérez.

    Y así es como un gran magistrado aragonés acabó juzgado y condenado a muerte por un tribunal religioso. En la España de los Austrias aún no se había llegado al absolutismo, pero los reyes autoritarios se apañaban bastante bien…

    Siglos después, Fernando VII, un rey con un poder teóricamente ilimitado (uno de los preceptos del absolutismo: la palabra del rey es la ley), tuvo que recurrir en numerosas ocasiones a este tribunal (que él mismo había restaurado, después de ser abolido por las Cortes de Cádiz). Y siempre para perseguir a militares y políticos liberales conspiradores.

    Para ellos no utilizaba tribunales civiles o militares. Le resultaba más cómodo, rápido y eficaz el tribunal de la Inquisición. Pío Baroja da buena cuenta de ello en su libro sobre el conspirador y militar Juan Van Halen, uno de los pocos que consiguió fugarse de una de la cárceles de la Inquisición (aunque tuvo ayuda desde dentro, les recomiendo que se lean el libro: Juan Van Halen, el oficial aventurero, es muy ameno, además de aprender historia pasarán un buen rato).

    Al final este tribunal cayó en 1834, junto con el Estatuto Real de la regente María Cristina, los conventos ardiendo, los curas muertos y los carlistas a las puertas de Madrid. Pero después llegaría la constitución de 1836 y las cosas ya nunca volverían a ser como antes. Aunque aún faltaba bastante para que fueran distintas…

    nuestras charlas nocturnas.

    Las 15 mejores ciudades cerveceras (Según CNN) …


    Los colores brillantes y la variedad de cerveza de Hi-Wire están inspirados en el circo. 

    (CNN) — Hay un mundo salvaje de cerveza allá afuera, y no solo estamos hablando de la fermentación en los tanques.

    La escena de la cerveza artesanal se ha apoderado de casi cada centímetro del mundo, desde Australia hasta Estonia y prácticamente está en todas partes. Con cervecerías experimentales, nuevas versiones de antiguas tradiciones y pubs que atienden a los amantes de la cerveza de todos los paladares, hay una cerveza para ti, sin importar a dónde viajes.

    Puede que no sea posible beberlas todas, pero si quieres sacar el máximo provecho de tu cerveza, pon una de estas ciudades especialistas en cerveza en tu lista de deseos, toma tu pasaporte y a por ello.

    – Portland, Maine, Estados Unidos

    Como la ciudad de Estados Unidos con más cervecerías per cápita, Portland, Maine, se encuentra en la parte superior de la lista de visitas obligadas de todos los amantes de la cerveza. Para probar un montón de cervezas de Maine en una ronda, detente en Novare Res en el vecindario de Old Port. Con pioneros como Allagash hasta nuevos estándares como Bissell Brothers, Maine Beer Co. y Liquid Riot, los grifos giratorios del bar no te decepcionarán.

    Oxbow Blending & Bottling combina el espacio de madurado en barrica para las cervezas de inspiración europea de la cervecería, como el buque insignia Farmhouse pale ale, con una espaciosa taberna tipo bodega. Cuando haga buen tiempo, toma un cono de papas fritas belgas del escaparate de la tienda de papas fritas Duckfat.

    Encontrarás una selección ecléctica de cervezas en Foulmouthed Brewing, en una tienda de autos remodelada en South Portland. Prueba la Grawlix IPA con lúpulo cultivado localmente o un gose salado con yuzu kosho y langosta.

    – Asheville, Carolina del Norte, Estados Unidos

    Solo después de Portland en la lista de cervecerías per cápita, Asheville tiene una larga tradición de elaboración de cerveza artesanal independiente. The Green Man Brewery, ha estado produciéndola desde 1997 en su cervecería y taberna del centro, Dirty Jack’s, con música en vivo todas las noches, otro elemento básico de Asheville.

    Wicked Weed Brewing ha construido su nombre produciendo cervezas sabrosas que están un poco fuera de lo común. Junto con su cervecería y pub originales, su Funkatorium es una nueva rama dedicada a las cervezas ácidas y otras cervezas de fermentación salvaje (con levadura salvaje, no tradicional).

    Si no puedes ir a todas las cervecerías en Asheville desde Hi-Wire hasta Burial en una misma visita, ve a West Asheville para que te deleites con lo que hay en el Westville Pub. Este lugar siempre tiene a mano una variedad de cervezas favoritas regionales, así como sus propias cervezas de All Sevens Brewing.

    Y si necesitas más recetas de cerveza en Asheville, consulta con la copropietaria de la compañía de levadura de White Labs Lisa White, quien seguramente conoce la cerveza.

    – Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos

    Para no ser superada por las ciudades más grandes en las costas, Grand Rapids se llama a sí misma “La ciudad de la cerveza” de Estados Unidos y hace honor a su título. Funders Brewing puede haber puesto esta ciudad en el mapa (ayudado por la cercana Bell’s en Kalamazoo), pero este lugar del oeste de Michigan se ha llevado el título y se ha quedado con él, con más de 80 cervecerías en el área.

    A pesar de estar ubicada en una antigua funeraria, Brewery Vivant está más que viva con sabrosas cervezas de granja. Encuentra las cervezas “Plein de Vie” fermentadas en estado salvaje, las opciones de temporada con barril de bourbon y las ofertas durante todo el año, como el Hop Field IPA con lúpulo de Michigan en este histórico lugar de East Hills.

    En el West Side y también reutilizando un antiguo espacio comunitario, esta vez una estación de bomberos, queda la cervecería en rápida expansión, The Mitten. Los fanáticos del béisbol apreciarán los juegos de palabras inteligentes de muchos de los nombres de cerveza, desde la cerveza rubia League of Their Own hasta la de frambuesa e hibisco Rose Canseco.

    – Bruselas, Bélgica

    Bélgica puede ser pequeña, pero es grande en la historia de la cerveza. Los monasterios trapenses que fundaron gran parte de sus famosas tradiciones cerveceras por lo general no están abiertos al público, y se encuentran dispersos por el campo, entonces, ¿por qué no ir a Bruselas y probar sus cervezas a tus anchas?

    Cantillon, conocida por sus cervezas frutales lambic, es una de las pocas cervecerías venerables que ofrece recorridos diarios. Detente o pasa unas horas en Moedic Lambic probando muchas de estas cervezas raras fermentadas naturalmente.

    En el extremo opuesto del espectro está el Brussels Beer Project, una cervecería moderna centrada en la colaboración y la experimentación. Con más de 40 cervezas nuevas que salen de sus tanques cada año, seguramente encontrarás algo intrigante.

    – Tokio, Japón

    Escondido en un tramo de escaleras (pero visible por el gran vaso de cerveza iluminado afuera), Popeye es el bar de cerveza artesanal más antiguo de Tokio, fundado como un “pub de estilo occidental” en 1960 y ampliando su selección de cerveza en los años 90. Ahora con 70 grifos, el bar ofrece una variedad de cervezas japonesas, estadounidenses e internacionales y también es un izakaya.

    Una combinación más moderna de izakaya y cerveza se encuentra en Baird Harajuku Tap Room, una de las dos salas de degustación para la cerveza artesanal japonesa Baird Beer en Tokio. En el segundo lugar en Nakameguro, la pizza al estilo de Connecticut es el foco, pero en cualquier lugar, tanto las cervezas especiales mensuales como las ofertas principales están listas para combinar con tu comida.

    Para probar una de las cervecerías más conocidas de Japón, visita Hitachino Brewing Lab, una sala de degustación dedicada a las ofrendas de las cervezas Hitachino Nest de Kiuchi Brewery. En este acogedor espacio cerca de la estación de Akihabara puedes probar la cerveza blanca insignia y las cervezas de edición limitada de uno de los 10 grifos giratorios.

    – Shanghai, China

    No es sorprendente, dada su población, que China consuma más cerveza que cualquier otro país, una cuarta parte de la cerveza en el mundo. Y encontrarás una amplia selección internacional y local de cervezas artesanales en todo Shanghai para ayudar a aumentar esa apuesta.

    Boxing Cat Brewery tiene tres locales de cervecería en toda la ciudad: la mejor para probar ofertas como su galardonada pale ale de Sucker Punch de lúpulo seco. A menudo colabora con otras cervecerías chinas e internacionales para hacer productos únicos como Emperor’s Horses Lychee Pilsner con 京 A (Jing A) Brewing Co.

    Al lado de la ubicación de Fuxing Lu de Boxing Cat está Daga Brewpub, un bar de tres pisos con 40 extraños grifos para que pruebes una selección más amplia de cervezas chinas de cervecerías populares como Shanghai Love y Shantown. Más pequeño y más informal pero no menos impresionante es The Hop Project, un bar y restaurante de queso a la parrilla con cerveza artesanal que tiene constante rotación.

    – Berlín, Alemania

    Los alemanes se han hecho un nombre elaborando algunas de las cervezas más ricas del mundo.

    Explorar una de las ciudades cerveceras más famosas de Alemania puede ser abrumador. Si bien los emprendedores berlineses han creado mapas y recorridos para ayudar a los amantes de la cerveza, hay una variedad de lugares para que encuentres pilsners, marzens y rauchbiers por tu cuenta.

    Brauhaus Lemke es la cervecera artesanal más antigua de Berlín y celebra su vigésimo año en el negocio con un espacio cavernoso cerca de la Alexanderplatz. Lemke también dirige el Brauhaus Lemke am Schloss, un restaurante y jardín de cerveza ubicado en la cervecería más antigua de la ciudad.

    Los amantes de las cervezas tipo IPA y APA gravitarán en Vagabund, una cervecería abierta por expatriados estadounidenses. Hops & Barley, ubicado en una antigua carnicería de la década de 1950, ofrece un ambiente discreto y de barrio con una selección de estilos de cerveza tradicionales como el pilsner sin filtro de barril.

    – Roma, Italia

    En lugar de otro vaso de Trebbiano, ¿por qué no tomar una pinta de Vento Forte IPA en la Ciudad Eterna? Comienza con un sorbo en Birra Baladin, uno de los mayores productores de cerveza artesanal de Italia. Los domingos solo se ofrecen recorridos, pero el vasto jardín de la cerveza es perfecto para tomar una cerveza y comer algo, con variedades de comidas como el ahumado Garden y la cerveza de verano con especias Soraya disponible exclusivamente en barril.

    Para opciones más extravagantes, toma un sándwich gigante de porchetta en la pequeña tienda especializada en rock and roll Donkey Punch y báñalo con una cerveza dorada Birra Plurale. Para gente observadora, ve al Ma Che Siente Venuti a Fà, uno de los bares de cerveza artesanales romanos originales. Con 16 grifos de cervezas internacionales y un personal experto, serás capaz de responder al nombre que plantea su nombre: “¿Para qué viniste aquí?”.

    – Victoria, Columbia Británica, Canadá

    La revolución de la cerveza llegó temprano a Victoria, con su primera cervecería abierta en 1984. Desde entonces el número de cervecerías y puntos de venta centrados en la cerveza ha crecido constantemente. Swans Brewery, uno de los pioneros de la cerveza artesanal de Columbia Británica, continúa atrayendo a los fieles seguidores a sus bien equipados cervecería y hotel. Está a la vuelta de Canoe Brewpub, un viejo estadista de la escena, donde puedes relajarte con una jugosa cerveza ale en el patio.

    La próxima generación de cerveza artesanal Victoria es ejemplificada por Hoyne, una cervecería creada por el antiguo maestro cervecero de Swans y cofundador de Canoe. Sean Hoyne ahora vuela su propia bandera con creaciones como Entre Nous, un witbier de estilo belga elaborado con cerezas BC.

    Driftwood Beer supera los límites aún más con cervezas creativas como la Raised by Wolves IPA elaborada con jugosos lúpulos Ekuanot y levadura salvaje.

    – Melbourne, Australia

    A la altura de la reputación de ciudad soleada pero relajada de Australia, las cervecerías y bares de Melbourne son lugares privilegiados para una tarde relajada de probar varias cervezas y conversación. Los grifos siempre están vertiendo opciones de artesanía local en The Catfish, un bar de barrio informal y sin lujos que funciona como un lugar de música en vivo y, de manera improbable, un emporio de filetes de queso Philly.

    Moon Dog Brewing llama a su sala de grifería en el lugar un “paraíso tropical de bares de cervecería”, y el espacio skylit cubierto de palmeras es un ambiente ideal para probar una cerveza experimental de temporada como el helado de lima y pino Splice of Heaven IPA .

    Thunder Road, una cervecería más grande en el centro de Melbourne, ha estado produciendo cervezas complejas e interesantes durante 10 años. Prueba la cerveza australiana Pacific Breeze con lúpulo australiano y come un snack del remolque Airstream estacionado en el patio.

    – Ciudad del Cabo, Sudáfrica

    Durante el siglo pasado, South African Breweries fue la única cervecería en el país. Afortunadamente, eso cambió con la revolución de la cerveza artesanal, y Ciudad del Cabo tiene muchas más opciones nuevas.

    Jack Black’s es una querida operación local fundada por un par de cerveceras por contrato de larga data, que abrieron su propia cervecería insignia y taberna en 2016. Allí puedes comer una hamburguesa y una pinta de cerveza malteada pre-Prohibition Style Brewers Lager o Butcher Block, una cerveza inglesa.

    Ukhamba Beerworx, la primera microcervecería de propiedad negra de Sudáfrica, celebra las tradiciones cerveceras de las tribus Nguni mientras produce iteraciones modernas como Utywala sorghum saison, hechas con malta de sorgo.

    Con 30 cervezas de barril y un menú de comida caribeña para acompañarlas, el popular café Banana Jam tiene cubiertos a los amantes de la cerveza. Las cervezas de la casa como el Afro Caribbean Coconut IPA o Pirate Porter siempre están disponibles, con una lista rotativa de otras opciones locales.

    – Lisboa, Portugal

    Si solo tienes tiempo para beber una cerveza mientras estás en Lisboa, ¿por qué no hacerlo en un túnel real del siglo XVIII? El bar de cerveza Quimera se encuentra en un camino subterráneo al Palacio de las Necesidades, utilizado como una ruta de escape para el Rey Manuel II cuando la monarquía cayó en 1910.

    Dejando a un lado la historia, Quimera ofrece sus propias cervezas de barril inusuales, que van desde una cerveza cruda agria de frambuesa añejada hasta una Brett IPA o un portero de mantequilla de maní.

    Para una visita más larga, dirígete a Marvila, el autodenominado distrito de la cerveza en Lisboa. Esta designación del vecindario fue concebida por tres cervecerías locales: Musa, Lince y Dois Corvos. Aunque cada uno se ejecuta de forma independiente, se encuentran dentro de un bloque el uno del otro, lo que hace que el rastreo sea fácil de lograr.

    – Varsovia, Polonia

    Algunas personas podrían describir la última tendencia de la cerveza artesanal como un “ataque de lúpulo”, pero solo hay una cerveza polaca que realmente toma esa frase como su nombre. Atak Chmielu, una IPA de estilo americano, es la cerveza insignia de Pinta. Desde la primera presentación de esta cerveza lupulada en 2011, la cervecería ha ampliado su gama y ahora cuenta con una serie de productos agrios.

    Puedes encontrar más estilos de pintas en cualquiera de las tres ubicaciones del pub Kufle i Kapsle en Varsovia. Cada uno sirve cervezas locales de cervecerías artesanales polacas como Artezan en una variedad de estilos, incluyendo grodziskie ahumado tradicional, suave porteador báltico y pilsner.

    – Tallin, Estonia

    Como fundadores del Tallinn Craft Beer Weekend, Põhjala Brewery tiene mucho en juego cuando se trata de cervecerías de estonia. Estos familiares mayores del mercado local de cerveza artesanal se han estado gestando desde 2011. Su nueva cervecería y su sala de degustación de 24 grifos se estrenó a fines de 2018 para exhibir sus propias cervezas y colaboraciones de invitados, servidas junto a un Texas BBQ.

    Más cervezas estonias tienen prioridad en el los barriles de Porgu, un bar y restaurante subterráneo en el casco antiguo. Prueba el estilo koduõlu, una cerveza especial de la cervecería de la isla de Saaremaa Pihtla, para que tengas un verdadero sabor estonio.

    Para otro maridaje intercultural de alimentos y bebidas, la tienda de botellas Taptap sirven perritos calientes de estilo danés de fabricación local con su línea pequeña pero curada de barril. Con más de 200 botellas locales e internacionales en el espacio inspirado en la bodega, es tentador llevar más para llevar.

    – Budapest, Hungría

    Aunque el brandy de frutas pálinka es la bebida nacional no oficial de Hungría, no hay escasez de cerveza artesanal en Budapest para satisfacer a aquellos con otros gustos. Las cervecerías y bares de la ciudad están ansiosos por exhibir lo mejor de la cerveza húngara.

    Algunas de las selecciones más grandes se pueden encontrar en Legfelsőbb Beeróság, que muestra cervezas artesanales húngaras exclusivamente en sus 10 grifos y su lista de 150 botellas. El Élesztő todo en uno (“levadura” en húngaro) se hace aún más grande con más de 20 grifos de su cervecería, un bar dedicado a la cerveza de barril e incluso un hotel en las instalaciones.

    Si no te has emborrachado con esa selección, haz un poco de turismo con tu cerveza en Jónás Craft Beer House, que tiene un hermoso jardín al aire libre en el Danubio.

    nuestras charlas nocturnas.

    Records deportivos…


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    La húngara Katinka Hosszu se quedó con la medalla de oro en la prueba de los 200 metros combinados individual.

    5 récords inalcanzables del deporte

    BBC News/efedeportes.com/El Confidencial(L.Morales)/Hipertextual(M.Redondo)  —  Los récords son la forma que tienen los atletas para quedar inscritos en la historia y en el tiempo: Usain Bolt 9,58 segundos en 100 metros planos; Mike Powell 8,95 metros en salto largo.

    Just Fontaine, 13 goles en un Mundial.

    Este fin de semana, la nadadora húngara Katinka Hosszu, de 26 años, batió el récord de los 200 metros combinado individual en los campeonatos mundiales de natación que se realizan en la ciudad de Kazan, Rusia, este año.

    Su tiempo: 2 minutos, 6 segundos y 12 centésimas. Y fue notable especialmente porque le sacó casi un segundo a la nadadora japonesa Kanako Watanabe, quien llegó en segundo lugar.

    Pero además porque era una prueba donde no se esperaba que se batiera la marca en el corto plazo: los 200 metros combinados femeninos habían registrado en el pasado sendos casos de dopaje que habían, por así decirlo, «maldecido” la prueba, en su desespero de las nadadoras por establecerse en la historia.

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    Michael Phelps es el mayor ganador de medallas de oro en unos Juegos Olímpicos: ocho en Pekín 2008.

    Además, su dificultad técnica –mariposa, espalda, pecho y libre cambiando cada 50 metros- le imponían un cierto rótulo de «prueba tabú». De marca inalcanzable e imposible de romper más allá de los 2 minutos, 6 segundos y 15 centésimas que había establecido la estadounidense Ariana Kukors en 2009.

    Y que solo había sido batido un par de ocasiones -legalmente- en los últimos 30 años.

    Sin embargo, con un gran desempeño, Hosszu fue capaz de sobreponerse al muro, quedarse con el primer lugar y ubicarse arriba en la lista para ganar el oro olímpico en los próximos Juegos de Río 2016.

    Por esa razón, en BBC Mundo quisimos repasar los otros récords que son considerados casi «inalcanzables” en el deporte (aunque, claro, sabemos que en las competencias nunca hay nada escrito y la sorpresa está a la vuelta de la esquina…)

    El salto imposible

    La noche del 30 de agosto de 1991 fue especial para el atletismo: durante el mundial de Tokio y en un lapso de una hora fue batido dos veces el récord más antiguo de esta disciplina hasta ese momento, los 8,91 metros en salto en largo establecido por Bob Beamon en 1968.

    El primero en hacerlo fue Carl Lewis. «El hijo del viento», como se lo conocía, logró en su intento quebrar la marca con un increíble salto de 8,93 metros.

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    Mike Powell aterriza y hace historia: 8,95 metros. Un récord que sigue vigente 24 años después. 

    Las cámaras no dudaron en caer sobre él: el ganador de la medalla de oro en la prueba reina de los 100 metros en los Olímpicos de Seúl 88 ahora se quedaba con la marca más «sagrada» e intocable de su deporte.

    Pero faltaba el salto de un desconocido Mike Powell. Y fue impresionante: 8,95 metros para la posteridad del estadounidense, quien estableció el nuevo registro y se quedó con la medalla de oro en aquel evento.

    Ya han pasado 24 años y el récord continúa allí.

    Los 13 goles de Just Fontaine

    En el fútbol hay muchos números, pero no ha sido un deporte que se destaque por el control riguroso de las estadísticas como en otras disciplinas.

    Sin embargo, hay varios récords que permanecen en las vitrinas y que nadie parece lograr alcanzar mérito suficiente para ubicar su nombre allí. Uno de ellos es el de los 13 goles en un Mundial de Fútbol.

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    Los 13 goles del fracés de Just Fontaine en el Mundial de Suecia 58 ha sido una marca imposible de superar hasta ahora. 

    Ocurrió en Suecia 58 –considerada una de las mejores Copas del Mundo- y el autor fue el francés Just Fontaine, quien al lado del inolvidable Raymond Kopa llevaron a Francia al tercer lugar de aquel torneo.

    Su desempeño fue así: tres goles contra Paraguay, dos en la derrota contra Yugoslavia, uno frente a Escocia, dos contra Irlanda del Norte , uno en la derrota infringida al Brasil de Pelé en la semifinal, y cuatro contra Alemania Federal en el partido por el tercer puesto.

    Hasta ahora ningún jugador ha podido superar esa cantidad de anotaciones en la máxima competencia del fútbol, pero el alemán Gerd Müller con 10 goles en México 70 y el brasileño Ronaldo con ocho en Corea-Japón 2002 estuvieron cerca de hacerlo.

    Los 100 puntos de Wilt Chamberlain

    El basquetbol en Estados Unidos es tal vez, y a diferencia del fútbol, una de las disciplinas deportivas que con mayor escrúpulo consigna sus estadísticas: hay récords para todos los gustos.

    Que se baten con el mismo ímpetu cada temporada.

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    Wilt Chamberlain celebra su marca de 100 puntos en un solo partido. 

    Pero entre todos esos números existe uno que, cada vez que el juego avanza, parece quedar entronizado en la memoria de la gloria: los 100 puntos que consiguió el mítico Wilt Chamberlain el 2 de marzo de 1962 frente a los Knicks de Nueva York, y que sirvieron para la victoria 167-147.

    La marca ha permanecido imbatible y llevó a la historia al hombre que lideraba a los Warriors de Filadelfia en aquel momento y que también marcó más de 60 puntos en tres partidos más.

    Sin embargo, hay otros jugadores que amenazaron con romper el espejismo de los 100 puntos. David Thompson, de los Nuggets de Denver, marcó 73 puntos el 9 de abril de 1978.

    Pero quien tal vez estuvo más cerca fue el escolta de Los Ángeles Lakers, Kobe Bryant, quien el 22 de enero de 2006 logró anotar 81 tantos en el partido que los angelinos le ganaron a los Raptors de Toronto.

    Los 400 metros increíbles

    El estadounidense Michael Johnson siempre corría con unas zapatillas brillantes que llamaban la atención en cada competencia.

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    Michael Johnson se convirtió en el dueño de los 200 y los 400 metros a finales de la década de los 90. 

    Las cámaras solo seguían el rastro dorado de un hombre que fue el dominador de los 200 y los 400 metros durante varios años a finales de la década de los 90.

    Y que dejó una marca que muchos consideran imbatible: 43 segundos y 18 centésimas que consiguió en los mundiales de Bruselas de 1999 en la prueba de 400 metros.

    Aunque ya había logrado las medallas doradas en los Olímpicos de Atlanta en 1996 en los 200 y los 400 metros, su objetivo era dejar un registro inalcanzable.

    Y lo consiguió: 16 años después, esta disciplina siguen teniendo el mismo récord mundial y no aparece un atleta que pueda romperlo.

    Una de las razones, de acuerdo al especialista en deportes cubano Luis Daniel Mozo Cañete, es la dificultad de la prueba.

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    «El Rayo» es considerado el hombre más veloz sobre la tierra, ¿podrá rebajar los 9,58 segundos de su actual récord en los 100 metros?

    «Los 400 metros planos son tal vez la prueba más compleja del atletismo porque roza entre la velocidad y la resistencia y hay que preparar un cuerpo para ambas exigencias”, dijo.

    ¿Usain Bolt y 9,51 segundos?

    Muchos expertos coinciden en lo difícil que un ser humano pueda batir la marcar de los 100 metros planos, que ostenta el jamaiquino Usain Bolt con 9,58 segundos.

    Sin embargo, dos académicos holandeses, John Einmahl y Sander Smeets, llegaron a la conclusion después de varios análisis al avance de las marcas a través de la historia y establecieron un posible límite definitivo: 9,51 segundos.

    Además, otras de las razones por las que no se considera del todo un récord inalcanzable es que el mismo Bolt, quien aún no se ha retirado, podría quebrar el récord, especialmente en las próximas olimpiadas de Río de Janeiro.

     Records antes de la IAAF(Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo)

    Profesionales

    La primera noticia que se tiene de manera oficial del salto en largo como marca registrada, fue de un atleta de nombre Adam Wilson, el cual registro 5.41 mts. el 26.09 de 1827. Este salto fue superado paulatinamente durante los años. El primer saltador que superó la barrera de los seis metros, ha sido Robert Douglas, también de las Islas Británicas. Este acontecimiento ocurrió en la ciudad de Newcastleton el 04.06 de 1839. Douglas saltó oficialmente 6.20 mts.

    Aficionados

    El primer atleta estrictamente aficionado también provino de Inglaterra. Fue Edward Bourke, quien hizo un registro de 5.94 mts. el 17.03 de 1857. El primero en superar la barrera de los seis metros fue Charles Buller, quien en la ciudad inglesa de Harrow hizo 6.375 mts. Eso tuvo lugar el ¿? – 04.1863. El saltador que llegó al límite de los siete metros ha sido Jenner Davies. En la ciudad de Londres llegó hasta los 6.97 mts. el 27.03 de 1874.

    La barrera de los siete metros

    Fue precisamente Jenner Davies en cumplir esta hazaña. En la ciudad Irlandesa de Dublín, el 27.03 el 1874 registró 7.05 mts. Esta marca se fue mejorando paulatinamente mediante atletas de provenientes de Irlanda, Inglaterra y los Estados Unidos. Digno de destacar fue la figura de Alvin Kraenslein. Este atleta proveniente de los Estados Unidos, con fecha de 29.04 de 1899 realizó en una competición efectuada en la ciudad de Nueva York, 7.40 mts. Hay que destacar que Kraenslein fue también récord mundial para esa época en 110 mts. con vallas. En ambas especialidades fue campeón olímpico (1900).

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    Alvin Kraenzlein, notable atleta norteamericano. Fue récord mundial del salto en largo (longitud), en los 110 metros con vallas y de los 60 metros planos. En las tres disciplinas ganó las respectivas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París (1900). Esto ocurrió en el lapso de sólo cuatro días

    La marca de Kraenzlein fue superada por su compatriota Meyer Prinstein. En una competencia realizada en la ciudad de Filadelfia efectuó un salto de 7.50 mts. Ello ocurrió el 28.04 de 1900.

    Sin embargo, en el mismo año, el 29.08, aparece otro atleta notable, el irlandés, Peter O’Connor, el cual en el lapso de un año superó el récord mundial nada menos que cuatro veces, y en distintas competencias: 7.51 – 7.54 – 7.60 – 7.605 metros. Este fue el último registro antes de la fundación de la IAAF.

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    Este notable saltador irlandés, Peter O’Connor se estacó no solamente en el salto en longitud, sino también en el triple salto, especialidad esta última en la cual fue campeón olímpico (1906)

    Récords mundiales a partir de la era IAAF

    Fue precisamente O’Connor el primer saltador en ser reconocido como récord mundial por esta entidad internacional. En la ciudad de Dublín, el 05.08 de 1901 mejoró su récord anterior a 7.61 mts.

    El récord de O´Connor tardó nada menos que 20 años en superarse. Ello estuvo a cargo del afro americano Edward “Ed” Gourdin, de los Estados Unidos. Este atleta saltó 7.69 mts. en la ciudad de Cambridge, Massachusetts, el 23.07 de 1921. Es necesario destacar la actuación de este deportista, puesto que en los Juegos Olímpicos de París (1924) obtuvo la medalla de plata en su especialidad. Pero también hay que aclarar que Edward Gourdin con el paso de los años se convirtió en abogado, y en 1958, es decir, 37 años después de su récord mundial, se convirtió en el primer juez afroamericano de la Suprema Corte de Justicia del estado de Massachusetts en los Estados Unidos!!

    El registro de Gourdin fue superado el 07.07 de 1924 por otro atleta de los Estados Unidos, Robert LeGrende. Este atleta saltó 7.76, en ocasión de los Juegos Olímpicos de París. Pero lo llamativo fue que lo hizo durante la competición del Pentatlón, (especialidad que en esa época formaba parte del programa olímpico). También hay que destacar que la victoria en esa especialidad la obtuvo un compatriota suyo, DeHard Hubbard, el cual se impuso con 7.44 mts.

    https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/73/Silvio_Cator_before_attempt_%28cropped%29.jpg(Silvio Cator)

    Fue precisamente DeHard Hubbard el que pasó luego a ser recordista mundial el 13.06 de 1925 con 7.89 mts. Esto ocurrió en la ciudad de Chicago.

    Pero tres años más tarde, el 07.07 de 1928, el saltador norteamericano Edward Hamm, en la ciudad de Cambridge, Massachusetts, obtuvo un nuevo primado mundial con 7.90 mts.

    Pero aquí se produce un hecho llamativo, apareció un atleta antillano, específicamente de Haití, el segundo país de toda América en obtener su independencia (después de los Estados Unidos).

    Este se llamó Silvio Cator.

    En el mismo año en que se colgó la medalla de plata en el salto en longitud en los Juegos Olímpicos de Amberes (1928), saltó en París 7.93 mts. Cator ha sido el deportista más destacado en toda la historia deportiva de esta pequeña isla.

    Posteriormente fue alcalde de la capital Port-au-Prince desde 1946. En 1952 se terminó de construir el estadio nacional, el cual desde entonces lleva su nombre, año que coincidió con su fallecimiento. En ese momento contaba 52 años de edad.

    El récord del atleta haitiano permaneció vigente hasta que apareció un saltador del Lejano Oriente, Chuhei Nambu de Japón. En efecto, 27.10 de 1931, en la ciudad de Tokio estableció un nuevo récord mundial con 7.98 mts. Hay que agregar que ese mismo día corrió los 100 metros en 10.6/10.

    La barrera de los ocho metros

    Era indudable que todos los periodistas deportivos y dirigentes estaban a la espera de quién sería el atleta encargado de dicha hazaña. Se tuvo que tener paciencia hasta el 25.05 de 1935, cuando el gran Jesse Owens, el “antílope de ébano”, estableció el registro de 8.13 mts.

    Ello tuvo en la ciudad de Ann Arbour. El rendimiento de Owens para ese día fue colosal. ¿La razón?

    Pues además de este salto maravilloso, a las 15.15 h. se impone en las 100 yardas con nuevo récord mundial de 9.4 seg.; a las h. 15.25 efectúa su correspondiente salto en longitud; a las 15.45 corre las 220 yardas en 20.3, lo que constituyó récord mundial, como también para los 200 mts. (201.17 mts), y finalmente a las 16.00 h. establece otro primado en las 220 yardas con vallas con un registro de 22.4 seg.

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    Jesse Owens, uno de los más grandes velocistas y saltadores en longitud de la historia. Aquí se le ve saltando en Berlín (1936) ganando la medalla de oro, y también con su rival y amigo, el alemán Lutz Long, el cual obtuvo la medalla de plata

    ¿Cuánto duró el récord de Owens? Nada menos que 25 años, hasta que su compatriota Ralph Boston logró 8.21 mts. en la ciudad de Wainut el 12.08 de 1960. Fue en ocasión de las pruebas selectivas para los Juegos Olímpicos a disputarse ese año en la ciudad de Roma.

    El propio Ralph Boston se encargaría en mejorar su marca. Ello ocurrió al año siguiente, el 27. 05 en la ciudad de Modesto. Realizó un salto de 8.24 mts. Su seis tentativas fueron las siguientes: 8.07 – 8.17 – 8.06 – 8.24 – 7.97 – 8.18 mts. ¡Gran regularidad! Pero al mes siguiente, nuevamente este afro americano supera su récord a 8.28 mts. Esto tuvo lugar nada menos que en la ciudad de Moscú.

    Al año siguiente, 1962, el registro tope en esta disciplina atlética pasa al continente europeo, específicamente a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. En efecto el atleta soviético Igor Ter-Ovanesyan saltó 8.31 mts.

    Esto evento tuvo lugar en la ciudad de Yerevan con fecha 10.06 de 1962. Pero dos años más tarde, Ralph Boston igualó el registro de su colega de los 8.31 mts.

    Ello tuvo lugar en la ciudad de Kingston el 15.08 de 1964, y al mes siguiente, el 12.08, en la ciudad de Los Ángeles, nuevamente Boston mejora el tope mundial con 8.34, para que finalmente este gran saltador cerrara su seguidilla de récords mundial con un salto de 8.35 mts.

    Esta competición tuvo lugar en la ciudad de Modesto el 29.05 de 1965. Esta marca es igualada por el eterno rival de Boston, el soviético Ovanesyan, quien en la ciudad de México, el 19.10 de 1967 efectúa un salto de 8.35 mts. A esto se puede agregar que Boston llegó a ser Campeón Olímpico en la ciudad de Roma, 1960, con un registro de 8.12, mientras que Ovanesyan obtiene la medalla de bronce con 8.04 mts.

    La barrera de los………

    De acuerdo al proceso evolutivo de los registros del salto en largo o longitud, la lógica llevaría a determinar que la siguiente barrera sería 8.40 mts, para pasar luego, y quizás, a los 8.50 mts. Pero las cosas se dieron de forma completamente inesperada y hasta dramáticamente sorprendentes. De ello fue testigo el que suscribe, quien estuvo presente en ese acontecimiento verdaderamente impactante.

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    Ralph Boston

    Ello tuvo lugar en la ciudad de México en ocasión de los Juegos Olímpicos de 1968. En efecto, el día 18 de octubre, a las 15.40 hs. los teletipos, especialmente relacionados en el área deportivo, prácticamente “saltaron” ante la noticia de que en la disciplina del salto en longitud, el registro de Boston y Ovanesyan fue superado no por 10 o 20 centímetros, sino nada menos que por 55 centímetros (¡!).

    Este mágico resultado lo obtuvo el saltador afro norteamericano Robert “Bob” Beamon quien en su primer intento hizo nada menos que 8.90 mts. El antiguo registro era entonces superado por más de medio metro. Obviamente el resto de los competidores que habían pasado a la final quedaron prácticamente “choqueados” ante semejante marca.

    Entre ellos estuvo incluidos el inglés Lynn Davies, −quien en los juegos anteriores, en la ciudad de Tokio, había obtenido la medalla de oro −, luego el “eterno” Ralph Boston, y el soviético Ovanesyan. Todos ellos eran favoritos.

    Luego del primer salto de Beamon, todos supieron que ya no tenían chance de obtener a medalla dorada, y solamente siguieron compitiendo por la de plata. El segundo lugar lo obtuvo el saltador de la República Democrática Alemana Klaus Beer con 8.19, mientras que Boston se llevó la de bronce con un salto de 8.16 mts. Ovanesyan solo obtuvo un 4º puesto, pero con el respetable registro de 8.12 mts.

    Mucho se ha escrito sobre este salto de Beamon. En ese sentido se llegó a concluir que la altura de la capital de México, 2224 mts, más el viento a favor, que estuvo al límite reglamentario de los 2.00 mts/seg. tuvo gran influencia para dicha marca.

    En otras condiciones, se especuló, este mismo salto habría oscilado entre 8.50 – 60 mts. Hay que aclarar, que después de este primer intento con récord mundial, efectuó otro con sólo 8.04, y renunciando al resto de los saltos.

    El progreso de los récords mundiales en esta disciplina atlética estuvo paralizado durante muchos años.

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    Robert “Bob” Beamon, saltador norteamericano que sorprendió al mundo con un salto de 8.90 mts. en los Juegos Olímpicos de México.

    ¿Cuánto tiempo duró vigente la marca de Beamon? Nada menos que 23 años. En el transcurso de ese tiempo, en la década de los ochenta hasta los noventa, ni siquiera el famoso Carl Lewis, el cual fue cuatro veces campeón olímpico y dos veces se llevó el máximo título mundial de la especialidad, pudo superar a Beamon.

    Este récord recién se superó el 30 de agosto de 1991. Fue en ocasión del Campeonato Mundial de Atletismo que se organizó en la capital de Japón, Tokio. Fue también una competencia impactante, puesto que nada menos que siete saltadores lo hicieron por encima de los ocho metros.

    https://efdeportes.com/efd151/historia-de-los-records-del-salto-en-largo-07.jpg(Mike Powell)

    El ganador de la prueba fue otro afro americano, el estadounidense Mike Powell, el cual en el quinto salto llegó hasta los 8.95 mts. con un viento favorable de apenas 0.3 mts/seg.

    Su seguidilla de saltos fue la siguiente: 7.85 – 8.54 – 8.29 – x – 8.95 – x. Hay que destacar que hasta este quinto intento, el que marchaba al frente de la competición era su compatriota el ya nombrado Carl Lewis, el cual tuvo la siguiente serie de saltos: 8.68 – x – 8.83 (viento a favor de 2.30 mts/seg.) – 8.91 (viento a favor que superaba el límite reglamentario y por ello ese salto no se aceptó como récord mundial) – 8.87 – 8.84. Lewis efectuó 4 saltos por encima de los 8.80!!

    Se hizo además y de forma complementaria, la medición exacta desde donde se apoyó el pie de pique de Beamon hasta la caída.

    El salto real había sido de 8.98 mts. Desde los últimos 6 pasos hasta la tabla, la aceleración de Powell fue de 10.79 hasta 10.84 mts/seg.

    Carl Lewis, por su lado, lo hizo desde los 11.23 hasta los 11.26 mts/seg. Powell compensó, entonces, su menor velocidad con relación a Lewis con un despegue más potente desde la tabla. Estamos, entonces, a la espera de quién superará la barrera de los nueve metros…..

    Con el paso de los años, los récords mundiales de atletismo se han convertido en algo habitual. Y no solo en la categoría masculina. El avance de la presencia femenina en cada vez más disciplinas tiene también su reflejo en los récords. Y así lo demuestran los datos de las especialidades atléticas olímpicas.

    Según los datos de World Athletics (nombre actual de la IAAF), desde el año 1900 se han batido 769 récords en pruebas de atletismo en categorías masculinas y 614 en femeninas. Las especialidades en que más hitos se han batido son 100 metros lisos (65), salto con pértiga (64) y 110 metros vallas (61), todas en categorías masculinas al aire libre.

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    Nancy Vorhees

    En las pruebas femeninas, salto de altura (55), lanzamiento de disco (55) y 100 metros lisos (53) son las especialidades con más récords mundiales en los últimos 120 años de la historia del atletismo. Hasta 1920, los récords eran escasos y todos masculinos. Pero a partir de este año, las grandes marcas atléticas despegaron. Alice Cast, Božena Srámková, Mery Lines o Nancy Vorhees, algunas de las primeras atletas en conseguir récords, empezaron a ser nombres conocidos en el panorama deportivo de entonces.

    Los Juegos Olímpicos de México 1968 supusieron un hito para el ‘ranking’ de grandes marcas. Se lograron batir un total de 49 récords, tanto masculinos como femeninos, aunque no por casualidad. El dopaje había comenzado a convertirse en una práctica habitual, y en ese mismo año se introdujeron los primeros controles antidopaje por parte del Comité Olímpico Internacional (COI).

    El gran año para las marcas femeninas fue 1972, con 27 récords en diferentes disciplinas. Aunque es la etapa en la que se concentran más logros llevados a cabo por mujeres, en el gráfico destaca la acumulación de récords en salto con pértiga a partir de 1995.

    La checa Daniela Bártová logró nueve récords mundiales ese año, con una marca máxima de 4,22 metros, superada ese mismo año por la australiana Emma George, con un salto de 4,28. Las alemanas Nastja Ryzih-Reiberger y Andrea Müller también establecieron marcas récord ese año. Pero no fue hasta 2001 cuando Yelena Isinbayeva entró en acción.

    La rusa logró batir 11 récords mundiales en salto con pértiga en ocho años, con un salto máximo de 5,06 metros, marca que aún hoy sigue sin ser superada.

    La atleta española subcampeona de Europa en salto de longitud y siete veces campeona de España, Concha Montaner, achaca los récords a la evolución. «Hay que pensar que todo mejora. Igual que mejoran las instalaciones, mejoran los entrenamientos, mejora la alimentación, mejora la suplementación e incluso mejora la uniformidad técnica. Por eso se siguen superando las grandes marcas».

    En cuanto a los récords masculinos, las marcas establecidas en salto de altura y en 200 metros son dignas de mención. En 1993, el cubano Javier Sotomayor realizó en la ciudad española de Salamanca un salto de 2,45 metros, situándose como la actual plusmarca en salto de altura.

    Lo mismo ocurrió en el Estadio Olímpico de Berlín en 2009, donde Usain Bolt dejó al mundo sin palabras al recorrer los 100 metros lisos en 9,69 segundos y los 200 en 19,19, lo que le consagró como el primer atleta con los títulos de 100 y 200 metros lisos en mundial y en Juegos Olímpicos.

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    El atleta Usain Bolt

    Borja Vivas, exatleta especializado en lanzamiento de peso y campeón de España en ocho ocasiones, cree que la facilidad para batir récords depende mucho del tipo de disciplina. «Los fonderos van evolucionando, empiezan en 1.500 y pasan a 3.000, y de ahí a 3.000 obstáculos. Tienen mucho recorrido y son un tipo de prueba de mucha más duración, lo que facilita que las marcas se vayan superando y que haya una evolución».

    Los 8,9 metros que Bob Beamon saltó en el foso de arena durante los Juegos de México 1968 es otra de las marcas que se mantuvieron en el podio durante 30 años. No fue hasta 1991 cuando Mike Powell superó en cinco centímetros el salto de Beamon, convirtiéndose en el plusmarquista mundial, honor que aún mantiene.

    Los récords más antiguos

    Pese a que con el tiempo los récords en las diferentes disciplinas olímpicas de atletismo se han ido superando, hay algunas marcas que aún hoy siguen sin batirse. Es el caso del checo Jan Železný, que en 1996 estableció la marca de 98,48 metros en lanzamiento de jabalina y que aún no ha sido superada. En los 1.500 metros, el marroquí Hicham El Guerrouj mantiene el récord desde 1998, con un tiempo de 3:26:00. Jonathan Edwars saltó 18,29 metros en la disciplina de triple salto en el Estadio Ullevi de Göteborg, en Suecia, récord que sigue sin superarse desde 1995.

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    Jonathan Edwars

    En la categoría femenina también existen marcas que se mantienen en lo más alto. Florence Griffith Joyner ostenta las plusmarcas mundiales de 100 y 200 metros desde 1988. La búlgara Stefka Kostadinova mantiene el título de la atleta con mejor marca en salto de altura del mundo desde el año 87. Otras plusmarcas que se mantienen hasta la fecha son la estadounidense Jackie Joyner-Kersee, con récord en heptatlón desde el 88; Jarmila Kratochvílová, con una marca de 1:53:28 en los 800 metros, y la ucraniana Inessa Kravets, con el récord en triple salto desde 1995.

    El dopaje de Estado

    Durante los Juegos Olímpicos de México 1968, la República Democrática Alemana consiguió nueve medallas de oro. En 1972, consiguieron 20, y en 1976, el doble. En total, los deportistas de la RDA obtuvieron 203 medallas de oro, 192 de plata y 177 de bronce, entre los años 1956 y 1988.

    No fue hasta el 26 de agosto de 1993, tras la anexión de la RDA a la República Federal Alemana, cuando los registros se hicieron públicos y se evidenció que la policía secreta alemana de la RDA había estado supervisando el dopaje de los atletas alemanes desde 1971.

    Lo mismo ocurrió con la URSS. Las atletas rusas comenzaron a batir récords hasta ese momento impensables entre el 78 y 85. Es el caso de la lanzadora de disco Gabriele Reinsch, que registró una marca de 76,80 metros en 1988, superando incluso los récords masculinos. Marita Koch, velocista, recorrió los 800 metros lisos en 47,60 segundos.

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    Gabriele Reinsch

    El 22 de octubre de 2017, la televisión pública alemana emitió un reportaje en el que la doctora china Xue Yinxian reconocía que más de 10.000 deportistas chinos habían consumido sustancias para mejorar su rendimiento entre los años ochenta y noventa.

    «El dopaje en esa época no estaba controlado, y probablemente muchas sustancias que hoy en día no se pueden tomar, hace 30 años sí que estaban permitidas. Todo ha ido evolucionando y en ese momento el dopaje estaba muchísimo más instaurado a nivel general. Y de ahí que las marcas fueran más elevadas», dice Vivas.

    El dopaje de estado que hubo durante esos años explicaría la tendencia a la baja en los récords atléticos desde entonces. Los controles a los deportistas se fueron haciendo más habituales, y culminaron con la creación de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en 1999.

    La tecnología del calzado

    Ni anfetaminas, ni esteroides ni testosterona. Las nuevas técnicas de dopaje no se ingieren, se llevan puestas. Hablamos de las zapatillas. Con los modelos Nike Vaporfly y Alphafly se han batido varios récords mundiales y desde World Athletics consideran que por ello los atletas no compiten en igualdad de condiciones.

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    Nike fue la primera, pero otras marcas han seguido sus pasos. Borja Vivas considera que los avances tecnológicos influyen en las nuevas grandes marcas atléticas, que también incluyen las zapatillas. «El tema de las zapatillas nuevas se nota muchísimo, sobre todo en las carreras de fondo y medio fondo. Las marcas se van batiendo y hay una tendencia últimamente a que esos récords mejoren año tras año».

    «Si ahora se están batiendo tantos récords, es porque hay zapatillas de carbono, porque el material sintético es mejor. Ahora las zapatillas son mejores y dan mejor respuesta a los deportistas», opina Montaner.

    La federación incluye en su normativa de cara a los Juegos de Tokio el número y grosor de los clavos que las zapatillas pueden tener en función de la especialidad deportiva, además del tipo y tamaño de la suela y el talón. Con estas especificaciones, World Athletics pretende controlar las diferencias entre atletas en función de la tecnología de su calzado, que estaría facilitando las marcas cada vez más rápidas.

    El estudio que pone los récords contra las cuerdas

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    «Citius, altius, fortius». Más rápido, más alto, más fuerte. El lema fue propuesto por Pierre de Coubertin en la creación del Comité Olímpico Internacional en 1894 en la Sorbona. Y a día de hoy sigue vigente. Sin récords y plusmarcas, la frase más representativa correría peligro.

    Eso afirman los investigadores del estudio The Citius End: World Records Progression Announces the Completion of a Brief Ultra-Physiological Quest. En 2008, el Institut de recherche biomédicale et d’épidémiologie du sport (IRMES) analizó 3.263 récords mundiales en 158 disciplinas desde los primeros Juegos Olímpicos de Atenas de 1896. Se centraron en la mejora a lo largo de la historia en lo que se refiere a alimentación, técnica y medicina.

    Los investigadores estimaron que, en 1896, los atletas funcionaban con el 75% de sus capacidades fisiológicas y que en el momento de la publicación del estudio, en 2008, estaban al 99%. En la mitad de las disciplinas, afirmó el estudio, los récords no serán mejorados en más de un 0,05 en 2027.

    Para 2060, vaticina el final de estos hitos. La investigación destaca que el atletismo será uno de los primeros deportes que antes dejará de registrar plusmarcas totales. La halterofilia, la natación o el remo van las siguientes en la lista.

    De ser así, se podría esperar un impacto en la organización de las competiciones, incluso en el espíritu de los Juegos Olímpicos. La comunidad atleta –supuestamente una de las más afectadas según las conclusiones del estudio– debería estar preocupada por cómo puede afectar esto a su deporte. Por el momento, no lo están.

    «A medida que el deporte ha avanzado a lo largo del último siglo, la proporción de récords del mundo de atletismo ha disminuido, pero no hay ningún signo real de que estén llegando a un límite», señaló a Hipertextual World Athletics, el órgano de gobierno del atletismo a nivel mundial.

    Para ellos, la explicación de esta disminución es obvia. Argumentan que cada generación se ha beneficiado de un mayor conocimiento sobre la técnica y los entrenamientos, como han hecho atletas como Usain Bolt, así como un desarrollo tecnológico y del ser humano que ha hecho que los atletas mejoren exponencialmente.

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    Sin preocupaciones, por ahora

    Hubo una época dorada para los récords mundiales. World Athletics pone la fecha en los Juegos Olímpicos entre 1968 y 1972. Aunque reconoce que, en ese momento, el atletismo todavía estaba en un período de adolescencia y que los entrenadores todavía estaban experimentando con métodos de entrenamiento. Usain Bolt no había hecho historia todavía.

    En aquellos maravillosos setenta fue también cuando las innovaciones llegaron al atletismo, con avances en las superficies de las pistas, zapatillas especiales o materiales específicos para el salto con pértiga. Fue también el momento en el que las mujeres entraron en el juego para llegar a la actual paridad en lo que a eventos deportivos y premios se refiere.

    «Como resultado de todo esto, no es sorprendente que haya un mayor número de récords mundiales por ese entonces», sentenció World Athletics.

    De hecho, los datos analizados por Hipertextual confirman que el número de récords ha bajado de manera progresiva en los últimos años. Una caída que se originó a partir de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 en el caso de las plusmarcas masculinas.

    En el caso de los récords de atletismo femeninos, la palma se la llevó el salto con pértiga. En 1995, se registró un pico de récords mundiales en esta categoría. A partir de ahí, el número de plusmarcas también fue bajando progresivamente.

    World Athletics reconoció que el número de récords actual no es el mismo que el del siglo pasado. Pero lo hace sin nostalgia por tiempos mejores y poniendo el foco en los récords mundiales que se han roto hace poco, como el de los 100 metros valla, que fue superado después de 28 años, y el de salto con pértiga, batido por Armand Duplantis.

    La lista de promesas también es larga. Desde World Athletics apuntan a los atletas Yaroslava Mahuchikh (salto de altura) o Maria Andrejczyk (lanzamiento de jabalina), como solo dos de los muchos deportistas que tienen posibilidades de romper récords mundiales en los próximos años y que podrían relevar a leyendas como Usain Bolt.

    Los límites del cuerpo humano

    World Athletics no cree que los récords mundiales estén llegando a su fin. A escasas horas de la inauguración de los Juegos Olímpicos, más de uno espera incluso que se supere algún récord. Hay más de un candidato que hará todo lo posible por conseguirlo después de horas y horas de entrenamiento.

    El nivel es alto, tanto que un grupo de investigadores apunta a que estamos tocando el techo en lo que a la evolución de nuestro cuerpo se refiere. En el estudio ¿Estamos alcanzando los límites del homo sapiens?, exponen cómo el progreso científico e industrial vino acompañado en un aumento de la esperanza de vida, la estatura y el rendimiento fisiológico.

    Sin embargo, este crecimiento pareció llegar a un tope en la última década con leyendas todavía vivas como Usain Bolt.

    Los investigadores apuntaron en sus estudios que los logros históricos en deportes como el atletismo, la natación, el salto o el ciclismo progresaron considerablemente hasta finales del siglo XX, excepto durante las dos Guerras Mundiales.

    En los datos que estudiaron, apuntan a que las plusmarcas se superaron de manera constante a lo largo del siglo pasado, pero en las últimas décadas la tendencia ha sido un estancamiento en muchas categorías deportivas.

    «Los datos históricos de 1896 a 2016 en atletismo, natación, ciclismo, patinaje y levantamiento de pesas revelan un patrón similar que sugiere una tendencia hacia una meseta durante las últimas tres décadas para ambos sexos», indica el estudio.

    Estos datos tienen más de una explicación. Por un lado, la parte física a la que hacen referencia en el estudio y que se sostiene en otros datos publicados por NCD Risk Factor que ponen en evidencia cómo la altura tanto de hombres como mujeres aumentó de manera constante hasta finales del siglo pasado.

    A partir de ahí y hasta 2010, se produjo un estancamiento. Ahora saltamos más alto que antes, corremos más que antes y nadamos más rápido. Un freno en esta evolución puede provocar que se roce el límite al que una persona puede llegar si lo comparamos con el impulso de la última década.

    Los bañadores que rompieron récords mundiales en los Juegos Olímpicos

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    Michael Phelps

    Otros aspectos han acompañado este cambio, como una alimentación específica para los deportistas y mejoras en los entrenamientos personalizados para cada categoría deportiva. «La alimentación de los deportistas ha ido mejorando.

    Tenemos cada vez gente más fuerte, más sana, mejor preparada.

    La profesionalización ha hecho un papel importante para que se pudiera dedicar más tiempo a entrenar, antes eran totalmente amateurs. Tenían sus 8 horas laborales y luego hacían un entrenamiento, ahora solo se dedican a entrenar», explicó a Hipertextual Carlos Cordente, Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

    La ciencia y la tecnología también han tenido mucho que ver. Los materiales que utilizan actualmente los deportistas no tienen nada que ver con los que utilizaban sus compañeros de profesión hace 50 años.

    La tecnología ha evolucionado tanto en este sentido que ha llegado a ser motivo de polémica por calificarlo de «dopaje tecnológico». Es el caso del bañador de poliuretano LZR Racer de Speedo, cuya utilización fue prohibida en 2010 por la Federación Internacional de Natación (Fina) después de la avalancha de récords mundiales.

    A partir de ese momento, los bañadores volvieran a ser de material textil.

    Las Nike AlphaFly también estuvieron en el punto de mira después de que el corredor Eliud Kipchoge se convirtiera en el primer hombre en completar una maratón en menos de dos horas. World Athletics prohibió la utilización de estas zapatillas en las carreras.

    A pesar de la polémica con estos materiales, en casi todos los casos la tecnología ha ayudado a mejorar el rendimiento y la técnica. Es el caso de la natación sincronizada, cuyas representaciones son todavía más impresionantes gracias a la bañadores hidrocrómicos, que cambian de color cuando se mojan, el maquillaje waterproof y la gelatina para el pelo.

    Algunos deportes están madurando

    «Cualquier deporte que sea paramétrico o medible sufre una evolución rápida al principio», indicó Cordente, «y hemos visto una evolución de los récords muy rápida hasta que ese deporte ha madurado».

    El experto añadió es muy común que haya una tendencia al estancamiento aunque sostuvo que es solo una tendencia. «Al final siempre aparece un atleta que supera los límites establecidos. Hay pruebas que pueden ser, no obstante, más complicadas que otras. Como algunos récords batidos en la Unión Soviética que tienen encima la sospecha de dopaje«.

    Uno de los casos más conocidos es el de Ben Johnson, que consiguió el récord mundial en 1988 al correr los 100 metros en 9,79 segundos. Después de conseguir la medalla de oro, el premio le fue arrebatado por dar positivo en las pruebas de dopaje. Tuvieron que pasar años para que ese récord fuera superado, hasta que llegó Usain Bolt y lo consiguió. Sin químicos de por medio.

    Aunque para Carlos Cordente las comparaciones son odiosas, incluso injustas. «Los récords son algo excepcional pero son algo que se logra en un momento determinado y el récord vale lo que vale en su época», dijo a Hipertextual.

    «Usain Bolt no es mejor que Carl Lewis, simplemente corre más pero porque lo hace en unas situaciones diferentes y se puede decir que cada récord es hijo de los anteriores. Y probablemente si no hubiera habido un corredor que en el 68 hubiera conseguido un récord, la marca de Bolt hoy no sería la que es. Cada uno le debe algo a sus antecesores. Al final los récords suponen la ruptura de barreras ya sean personales o profesionales. Han roto los límites de su tiempo».

    Carlos Cordente

    El Doctor en Ciencias de la Actividad Física no comparte las conclusiones de los estudios que apuntan a que podemos estar ante el final de los récords mundiales. Coincide en que los límites existen pero nadie sabe dónde están. «Al final, siempre aparece algo que te demuestra lo contrario». O alguien, como fue el caso de Usain Bolt.

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    Hay esperanza

    Siempre y cuando siga existiendo este sentimiento de superación, los récords seguirán existiendo. A pesar de los estudios que indican que podríamos estar ante el cercano final de las plusmarcas mundiales en deportes como el atletismo, los que forman parte de este deporte no están por ahora preocupados porque sus deportistas no consigan superarse a sí mismos.

    Aunque los datos hablan por sí solos y en algunas especialidades los récords se han estancado. Muchos factores responden a este comportamiento, también otros aspectos como la ley de los rendimientos decrecientes. Además de la presión de tener que superar a atletas que han hecho historia, como Usain Bolt.

    Pero el hecho es que incluso los récords más difíciles de superar han sido batidos por deportistas mucho más preparados que sus antecesores. Quizá han tenido que pasar 20 años para que la plusmarca se haya superado pero al final ha acabado sucediendo. Y ningún deportista está dispuesto a dejar de intentar un logro histórico y único.

    nuestras charlas nocturnas.

    ¿Extraterrestres viviendo en la Tierra? Científicos de Harvard se atrevieron a estudiar el tema y ya tienen una respuesta…


    Semana — El fenómeno ovni (objeto volador no identificado), que desde hace unos años pasó a llamarse fani (fenómenos aéreos no identificados), es quizás uno de los temas que más intriga causa a la humanidad.

    Y es que la posibilidad de que la Tierra sea visitada por seres de otros planetas en platillos voladores o en naves espaciales es algo que le quita el sueño, no solo a la comunidad científica, sino a más de un ciudadano común y corriente, que se ve atraído por las diferentes teorías que hay al respecto.

    Así mismo, y dando unos pasos más allá, la teoría de que los extraterrestres no sean solo visitantes temporales, sino de que ya vivan entre los humanos también ha tomado fuerza, por lo que desde diferentes sectores especializados se han dado a la tarea de analizar esto y confrontar las diversas evidencias existentes.

    Es el caso de los investigadores Tim Lomas, Brendan Case y Michael P. Masters, de la universidad de Harvard, quienes han decidido darse a la tarea de estudiar ambas hipótesis: el fenómeno fani y la posibilidad de que los extraterrestres ya estén viviendo en la Tierra.

    Según consignaron diferentes medios especializados en el tema, este grupo de estudiosos con grandes pergaminos intentaron establecer qué tan posibles y reales resultan ser estas hipótesis, por lo que acudieron a confrontar el mayor número de situaciones que apuntan a que ya hay extraterrestres conviviendo con los humanos.

    Dentro de sus cálculos y variables, tuvieron en cuenta los actuales límites tecnológicos de los humanos, los cuales son muy diferentes a los de años anteriores, y también las viejas historias sobre civilizaciones pérdidas y la posible relación con visitantes de otros planetas, algo que, visto desde otra perspectiva, no son más que teorías infundadas que han servido de punto de partida para estos nuevos pensamientos.

    Los cuerpos exhibidos en las vitrinas, tienen tres dedos en cada mano y fueron recuperados en Perú en 2017, no tienen relación con seres humanos, dijeron expertos.

    Luego de llevar a cabo sus análisis, este grupo de científicos concluyó que dicha idea tiene altas probabilidades de ser falsa, pero advierten que no se puede descartar del todo la vida extraterrestre en la Tierra, algo que para muchos no es un resultado nuevo ni certero, pues deja abiertas ambas posibilidades.

    Sin embargo, lo que realmente resulta novedoso en este momento es que personalidades como Tim Lomas, Brendan Case y Michael P. Masters, miembros de una de las universidades más importantes del mundo, estén abordando este tipo de temas e investigaciones, lo que podría contagiar a más científicos a ahondar mucho más en estas teorías y así comenzar a hacer más visible algo tan interesante, pero que todavía carga con un velo que le quita brillo.

    nuestras charlas nocturnas.

    Del plástico al metal en packaging: Diversas industrias están haciendo este cambio con tecnología y por el medioambiente…


    Fayer Wayer(C.R.Caerols) — En la actualidad, el uso de productos reciclables se ha vuelto una prioridad tanto para consumidores como para empresas debido a los crecientes desafíos ambientales. Adoptar productos reciclables no solo contribuye a la conservación del medio ambiente, sino que también ofrece múltiples beneficios económicos y sociales.

    Más allá del reciclaje, el concepto de “economía circular” también se ha instalado con fuerza: crear objetos con materiales que puedan tener una segunda vida. Es por esto que en distintos procesos industriales donde se había estado utilizando plástico, por sus bajo costo, se está volviendo al metal: mayor resistencia, más ciclos de reutilización, y podría reemplazar a sectores de la minería.

    – Ventajas clave de los envases metálicos

    En la Universidad del Estado de Michigan, donde de hecho dictan estudios en “ciencias del empaque”, han recopilado mucha información al respecto. Si bien puede subir los costos el reemplazar el plástico por el metal (antiguamente el metal era la norma), esto trae consigo otras ventajas.

    En uno de sus recientes estudios, señalan que el packaging metálico en la industria alimenticia, ya sea en forma de latas o envases, proporciona una barrera efectiva contra la luz, el oxígeno y la humedad, factores que pueden degradar la calidad de los alimentos. Esta capacidad de preservación ayuda a mantener la frescura de los alimentos, prolongando la vida útil y garantizando que los consumidores finales disfruten de productos de alta calidad.

    Además, los envases metálicos ofrecen una barrera sólida contra agentes contaminantes externos, protegiendo así los productos de posibles daños durante el transporte, almacenamiento y manipulación. Esta capacidad de mantener la integridad del producto es esencial para cumplir con los estándares de seguridad alimentaria y garantizar la satisfacción del consumidor.

    – Usos en otros mercados

    La reutilización, reciclaje y economía circular ha llevado que otras industrias se sumen a esta tendencia: como el mundo de la construcción. De hecho, Ceresita, una de las marcas reconocidas de pinturas y recubrimientos en Chile, realizó un cambio en todas sus tinetas de pintura, que fueron reemplazadas por metálicas, dejando atrás el uso de envases plásticos.

    “Nuestra transición de tinetas plásticas a metálicas es un paso significativo en nuestra misión de operar de manera más sostenible y responsable. El metal es un material que puede reciclarse infinitamente sin perder sus propiedades, facilitando un ciclo de vida sostenible para los envases de pintura”, explicó Verónica del Pino, Gerente de Marca Pinturas Ceresita.

    En la misma línea, cada vez es más común encontrar clavos en formatos de cajas de cartón en distintos tamaños, por sobre las presentaciones en bolsas plásticas que cada vez se ven menos, RGM quienes producen clavos para la producción, tienen formatos en caja de cartón bastante pequeñas que apuntan a lo mismo. Pero volviendo a los “metales” es precisamente en el uso de productos líquidos, donde el cartón deja de ser opción, donde se está volviendo al “estilo antiguo”.

    – Sostenibilidad y reciclabilidad

    La sostenibilidad es una preocupación creciente en la industria alimentaria y, cada vez más, una exigencia en la normativa de distintos países.

    En este sentido, el packaging metálico presenta ventajas significativas. Las latas de metal son reciclables y en muchas ocasiones incluyen metales reciclados. Esto no solo contribuye a la sostenibilidad ambiental, sino que también refuerza la imagen de marca al responder a la creciente conciencia del consumidor sobre la responsabilidad ambiental.

    – Las tecnologías que reciclan los metales

    Revisando los actores mundiales del reciclaje de metal, encontramos a Ulma Forge, una empresa española especializada en esto. Señalan que el reciclado de metales es un sector que se encuentra en constante mejora y evolución, surgiendo año a año nuevas tendencias.

    Basura: desbordada en Latinoamérica; muchos residuos, poco reciclaje 

    Con el nacimiento de nuevas tecnologías y del análisis de datos, también en él se ha ido implementando la digitalización. Esta ha permitido optimizar los procesos de clasificación, separación y recuperación de materiales, gracias a que, mediante el uso de sensores y sistemas de visión artificial, se pueden identificar de forma rápida y precisa los diferentes metales presentes en los residuos, facilitando su posterior tratamiento y reciclaje.

    Así, año a año han venido implementándose procesos basados en las nuevas tecnologías, que no hacen más que mejorar el método de reciclaje al completo. Por ejemplo, uno de los métodos que mejores resultados está dando es el uso de tecnologías de separación avanzadas: separación por densidad, separación por corriente de Foucault y separación magnética.

    – Reciclaje de metal: más eficiente que la propia minería

    De igual forma, la propia extracción de los metales se ha vuelto óptima y eficiente. Por ejemplo, cada vez es más común conseguirlos a partir de desechos y de residuos de diferentes objetos, haciendo menos necesario recurrir a minas y explotaciones naturales.

    Por otro lado, la digitalización también ha permitido mejorar la trazabilidad de los materiales. Mediante el uso de tecnologías como la blockchain, se puede registrar de forma segura cada paso del proceso, desde la recolección de los residuos hasta la recuperación final de los metales, garantizando así su origen y calidad.

    En su web, Ulma explica que además, se ha venido facilitando la gestión de la información. A través del uso de software y plataformas especializadas, se pueden recopilar y analizar datos en tiempo real, lo que permite una toma de decisiones más informada y la identificación de áreas de mejora. Por ejemplo, se pueden identificar patrones de comportamiento de los materiales en determinados procesos de reaprovechamiento, lo que permite ajustar los parámetros y optimizar la eficiencia del proceso.

    ¿Una nueva revolución industrial de la mano del reciclaje y un cambio en la manera en que vemos los embalajes? Al parecer por fin, y de la mano de la tecnología, vamos por el camino correcto.

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    Lo que se ha descubierto sobre el miedo estudiando a una mujer que no lo siente…


    Mujer mira de reojo y con temor una silueta detrás de ella por un pasillo.
    El miedo es una emoción universal

    BBC News Mundo(D.R.Ripoll) — S. M. nació en 1965 y desde temprana edad sufría crisis epilépticas agudas. Inicialmente se creyó que tenía un tumor cerebral que provocaba la epilepsia. No obstante, el equipo médico comprobó que las crisis eran generadas por una atrofia bilateral en el interior del lóbulo temporal medial, en la amígdala.

    Lo más llamativo de S. M. es que no reconocía el miedo. Para producírselo, los investigadores la expusieron a serpientes y arañas vivas, la llevaron a un recorrido por una casa encantada y le mostraron películas de terror.

    Cuando le pedían que dibujara el miedo, S. M. pintaba un bebé gateando. El estudio se realizó y publicó en el año 2010. Aquella investigación situó el miedo en el cerebro.

    – Las emociones

    La paciente S. M. padecía Urbach-Wiethe, una extraña enfermedad que, entre otras cosas, inducía la formación de depósitos de calcio en la amígdala, con la subsiguiente lesión de las células que conformaban esta estructura cerebral.

    La exploración neuropsicológica de S. M. reveló que su inteligencia estaba dentro de los valores normales, que estaban preservadas las diferentes funciones cognitivas y que no existían problemas motores ni sensoriales o perceptivos. El principal deterioro que mostraba la paciente estaba relacionado con el procesamiento de la información emocional.

    Localización de la amígdala en imágenes de resonancia magnética estructural (mostrada por las flechas amarillas). A) corte axial; B) corte coronal y C) corte sagital.
    Localización de la amígdala en imágenes de resonancia magnética estructural (mostrada por las flechas amarillas). A) corte axial; B) corte coronal y C) corte sagital.

    S. M. no mostraba dificultades a la hora de juzgar mediante fotografías las emociones que expresaban los rostros de diferentes personas, a no ser que fuera la de miedo. Parecía como si fuera incapaz de comprender y entender las reacciones del miedo al mirar a los demás. No lo reconocía en el rostro de otras personas.

    Sin embargo, desde el punto de vista teórico, S. M. era capaz de describir situaciones que podrían provocar miedo en las personas, y también era capaz de usar verbalmente diferentes conceptos para describirlo. S. M. tampoco podía representar esta emoción mediante dibujos.

    Cuando se le pedía que dibujase el rostro de una persona que está experimentando miedo, dibujaba la figura de un bebé a gatas. Por el contrario, no presentaba ningún tipo de dificultad cuando tenía que dibujar el rostro de una persona que estaba experimentando otra emoción.

    – Serpientes, arañas, películas de miedo y casas encantadas

    En el estudio publicado en diciembre de 2010, Feinstein, Adolphs, Damasio y Tranel intentaron provocar el miedo en S. M. exponiéndola a serpientes y arañas vivas (estímulos que habitualmente producen miedo en primates humanos y no humanos) en una tienda de animales exóticos, llevándola a visitar un supuesto hospital «encantado» y haciendo que visionara películas emocionalmente evocadoras de terror.

    En ninguna de las ocasiones comentadas mostró el mínimo atisbo de miedo.

    Mujer dentro de una bañera llena de serpientes.
    S. M. mostró una gran fascinación y curiosidad por las serpientes.

    S. M. decía que odiaba las serpientes y las arañas y que intentaba evitarlas, pero al entrar en la tienda se sintió espontáneamente atraída y cautivada por la gran colección de serpientes. Un empleado le preguntó si le gustaría sostener una serpiente y ella aceptó.

    S. M. mostró una gran fascinación y curiosidad por el animal y comentó repetidamente: “¡Esto es genial!”, e hizo numerosas preguntas al empleado de la tienda (por ejemplo, “Cuando te miran, ¿qué ven?”). Además, mostró un deseo compulsivo de querer “tocar” a las serpientes más grandes y peligrosas de la tienda.

    – El edificio embrujado

    Los investigadores llevaron a S. M. al Waverly Hills Sanatorium, un antiguo hospital ubicado en Louisville, Kentucky, considerado uno de los lugares más embrujados de Estados Unidos.

    Los apasionados de lo paranormal describen apariciones espectrales y sonidos inexplicables y dicen que el quinto piso de Waverly Hills, conocido como el “Pasillo de la Muerte”, es particularmente activo en términos de actividad paranormal. Este piso albergaba a pacientes terminales, y la leyenda sugiere que muchos fallecieron allí.

    Waverly Hills Sanatorium
    Los neurocientíficos llevaron a S. M. al Waverly Hills Sanatorium, considerado uno de los lugares más embrujados del mundo.

    A su llegada, S. M. y el equipo de investigación fueron emparejados con un grupo de cinco mujeres (todas ellas desconocidas).

    Desde el principio, S. M. condujo voluntariamente a todo el grupo por el hospital abandonado, sin mostrar ningún signo de vacilación al doblar esquinas o entrar en pasillos oscuros. Mientras los demás miembros del grupo se quedaban rezagados, ella gritaba repetidamente: “¡Por aquí, chicos, seguidme!”.

    Además de mostrar una marcada falta de miedo, S. M. ostentaba una inusual inclinación a explorar el lugar y un alto nivel de excitación y entusiasmo.

    – Las películas de terror

    Por último, los investigadores utilizaron una selección de películas que inducían miedo y otros tipos de emociones, incluyendo asco, ira, tristeza, felicidad y sorpresa.

    Durante las películas no relacionadas con el miedo, S. M. experimentó altos niveles de la emoción inducida por cada una de las películas. Por el contrario, no mostró respuestas de miedo.

    Primer plano de un ojo dilatado que muestra sentimiento de temor.
    El caso de la paciente S. M. puso de manifiesto la importancia de la amígdala en la identificación de expresiones faciales de miedo.

    No obstante, comentó que la mayoría de la gente probablemente se sentiría asustada por el contenido de dichas películas, aunque ella no lo sintiera. Esto demuestra que su pobre experiencia del miedo no puede explicarse totalmente por un déficit en su reconocimiento y comprensión.

    A pesar de que la historia vital de S. M. está repleta de acontecimientos traumáticos, en ninguno ha mostrado manifestaciones de miedo.

    – La importancia de la amígdala

    Aquella investigación localizó en el cerebro el área responsable del miedo, aquella que S. M. tenía dañada. La amígdala está supervisando constantemente la información que recibimos del entorno en busca de señales de peligro.

    El sistema nervioso registra estímulos de importancia biológica, como serpientes o arañas, porque para nuestros antepasados estos animales constituían una amenaza. De esta manera ha evolucionado de tal forma que nos permite reconocerlos y esto ayuda a nuestra supervivencia.

    No obstante, la amígdala también se activa con estímulos positivos que tienen importancia para el individuo. Lo hace en función de la experiencia previa.

    La amígdala está supervisando constantemente la información que recibimos del entorno en busca de señales de peligro.
    La amígdala está supervisando constantemente la información que recibimos del entorno en busca de señales de peligro.

    De esta forma, mediante los mecanismos de memoria emocional que dependen de la amígdala, algunos estímulos no tienen importancia para unas personas y sin embargo son de cardinal importancia para otras. El caso de la paciente S. M. puso de manifiesto la importancia de la amígdala en la identificación de expresiones faciales de miedo.

    No obstante, diferentes trabajos que han seguido este caso clínico durante años han mostrado la contribución que puede desempeñar la amígdala en otros aspectos más complejos como, por ejemplo, la atención o la cognición social.

    Comprendiendo el modo en que el cerebro procesa el miedo gracias a casos como el de S. M. podrían encontrarse tratamientos que impidan que el miedo se apodere de nuestras vidas.

    nuestras charlas nocturnas.

    Nube Roja, el hombre que derrotó a los Estados Unidos…


    NubeRojaHz


    «Nos hicieron muchas promesas, más de las que puedo recordar. Pero jamás cumplieron ninguna de ellas, excepto una: nos prometieron que nos quitarían nuestras tierras… y nos las quitaron»

    JotDown(E.J.Rodríguez) — Nebraska, 1837. La atmósfera está muy agitada en un poblado indio, habitado por los sioux oglala. Los habitantes del poblado están planeando un ataque. Quieren vengar la muerte de uno de sus jóvenes a manos de los indios pawnee, enemigos ancestrales de los sioux. Varios hombres curtidos en mil batallas han sido escogidos para la peligrosa tarea y se están discutiendo los detalles de la inminente expedición. Todo parece preparado para que a la mañana siguiente partan cabalgando hacia la batalla.

    Pero en plena reunión se presenta un voluntario inesperado, que apenas tiene edad para hacerse llamar «hombre». Bullendo de excitación, el joven huérfano Nube Roja se ofrece para combatir a los pawnee. Tiene solamente dieciséis años pero insiste en formar parte del comando, causando el asombro de todos los presentes. El asombro o incluso el enfado, como puede deducirse de la ruidosa oposición que la ocurrencia provoca entre sus hermanas mayores y demás féminas de su familia.

    Casi histéricas, reprenden a Nube Roja e intentan convencer a los guerreros más experimentados para que desatiendan la alocada petición del muchacho. ¿Qué demonios le pasa por la cabeza a ese chiquillo inexperto? ¡No está preparado para una misión semejante! Debería empezar con tareas más sencillas antes de lanzarse de pleno en un ataque directo contra los pawnee. Y aunque las mujeres protestan airadamente, Nube Roja sigue en sus trece.

    El paisano a quien han matado los pawnee es su primo y él quiere estar allí cuando sea vengado. Todos en la aldea conocen el carácter competitivo e indómito de Nube Roja. Todos saben que desea ser un guerrero por encima de cualquier cosa, motivado por diversas razones.

    Una de las más importantes: guerrear es una de las pocas opciones que tiene el jovencísimo Nube Roja para hacerse un nombre entre los sioux. Su difunto padre no fue un oglala, y esto es algo que desvirtúa su linaje y supone un obstáculo a la hora de labrarse un futuro en la élite sioux. Aún peor, su padre fue alcohólico —lo mató la bebida— y esto es un motivo de vergüenza para la familia.

    Los guerreros dudan, pero finalmente deciden que no son quienes para impedir que Nube Roja ayude a vengar a su primo. Y Nube Roja no cabe en sí de gozo: irá a combatir a los pawnee. Va a ser un guerrero.

    Pero el día del ataque —muy temprano, cuando los guerreros se reúnen ante las angustiadas miradas de sus familiares— Nube Roja no da señales de vida. No ha aparecido. «Bueno», deben de pensar los demás guerreros, «era de prever que el muchachito se echase atrás en el último momento».

    Nadie le pidió a Nube Roja que acudiese a la batalla y ahora va a quedar como un cobarde. Esta retirada a última hora pueda convertirse en un imborrable estigma en su ahora improbable futuro. Los guerreros han esperado suficiente. Ya se han despedido de sus familiares, es hora de partir. Los caballos empiezan a caminar.

    Súbitamente, un rumor crece entre la gente y se empiezan a escuchar excitadas voces:

    —¡Ahí viene! ¡Ahí viene!

    Los guerreros se giran, extrañados por el tumulto. Preguntan «¿quién viene?». La gente responde: «¡Nube Roja! ¡Nube Roja está viniendo!». En el último minuto, el jovencísimo aspirante a guerrero aparece cabalgando sobre un caballo ornamentado  con las plumas reservadas únicamente para las monturas de los guerreros.

    Nube Roja se había dormido.

    Ahora se dirige hacia su primera batalla. Horas después regresará convertido en uno de los héroes de la triunfante expedición de venganza. Además de matar a cuatro pawnee, los guerreros sioux se han apoderado nada menos que de cincuenta caballos del enemigo. El propio Nube Roja ha tenido el arrojo de hacerse con algunas monturas por sí mismo. El muchacho piensa que lo ha conseguido: por fin es un guerrero. Y la guerra marcará su destino durante las siguientes décadas.

    Nube Roja visitó Washington para intentar razonar con el presidente Grant. Fue un intento inútil.
    Nube Roja visitó Washington para intentar razonar con la Casa Blanca. Fue un intento inútil y le ofendió la fría actitud de los políticos estadounidenses.

    Cuarenta años más tarde, en 1876, un distinguido visitante se dispone a hablar en el estrado del prestigioso colegio universitario Cooper Unión de Nueva York.

    Tiene cincuenta y cinco años, la piel cobriza y marcada por las profundas líneas que son como la crónica de una intensa vida en las praderas.

    El hombre que se dispone a hablar exhibe una expresión severa, poco habitual entre los despreocupados rostros de la burguesía neoyorquina que han acudido para verlo; su aspecto, aunque ligeramente acondicionado para la ocasión, es ciertamente una visión extraordinaria entre los grandes edificios de la Gran Manzana.

    Ese hombre es Nube Roja, aquel adolescente que quería convertirse en guerrero.

    Ahora uno de los más importantes líderes de la Gran Nación Sioux y también uno de los más indomables combatientes nativos a los que se haya enfrentado jamás el gobierno de Washington.

    Poco queda del alocado muchacho que se durmió el día de su primera batalla.

    Ahora es un hombre que lo ha visto todo y lo ha vivido todo. Está revestido de un aura solemne: el aura de una leyenda.

    Él ha doblegado a los destacamentos del ejército estadounidense en territorio sioux.

    Su renombre era tal que en las praderas el ejército estadounidense no podía encontrar voluntarios ni siquiera para enviarle mensajes, tan aterrorizados estaban los hombres blancos ante la idea de personarse ante él.

    Y ahora la Gran Nación Sioux le ha elegido para representar a su país en unas infructuosas negociaciones con los Estados Unidos de América. Ha venido a Nueva York invitado por una minoría de blancos defensores de los derechos de los indios, intelectuales y reformistas que tratan de solidarizarse con su causa.

    Con su impresionante y exótica estampa, inmóvil ante un expectante público y una nutrida representación de la prensa local que ha acudido para cubrir tan singular evento, Nube Roja habla por medio de un traductor para todos aquellos hombres blancos que quieran escucharle:

    Hermanos y amigos míos que hoy estáis ante mí: Dios todopoderoso nos creó a todos. Él está aquí para bendecir lo que tengo que deciros. El Buen Espíritu nos creó a ambas razas. A vosotros os dio tierras. A nosotros nos dio tierras. Vinisteis a nuestras tierras y os respetamos como a hermanos. Dios todopoderoso os creó, pero os hizo blancos y os dio ropas con las que vestiros. Cuando nos creó a nosotros, nos hizo con la piel roja y también nos hizo pobres.

    Cuando llegasteis por primera vez, nosotros éramos muchos y vosotros erais pocos. Pero ahora vosotros sois muchos y nosotros somos cada vez menos. Quizá no sabéis quién ha aparecido hoy aquí para hablaros: soy un representante de la raza americana originaria, la primera gente que habitó este continente. Somos buena gente. No somos mala gente; las noticias que escucháis acerca de nosotros han sido elaboradas por una de las partes interesadas, pero nosotros siempre estuvimos bien dispuestos.

    Aquí os dicen que somos unos ladrones, y esto es falso. Os hemos dado casi todas nuestras tierras. Y si tuviésemos más tierras, estaríamos muy felices de entregároslas también. Pero no tenemos nada más que entregaros. Nos han encerrado en una franja de tierra diminuta. Y queremos que vosotros, como mis queridos amigos que sois, nos ayudéis frente al gobierno de los Estados Unidos.

    El público, formado como decimos por simpatizantes de la causa india, escucha en conmovido silencio la voz del gran jefe sioux. Quién sabe si Nube Roja ve en este discurso la última oportunidad de alcanzar una solución pacífica. Una solución pacífica en la que probablemente ya no cree, si es que alguna vez ha creído. Porque el líder sioux acaba de llegar de Washington, donde ha viajado para reclamar al gobierno estadounidense que permita a los sioux permanecer en las pocas tierras que todavía pueden llamar suyas.

    Pero su visita a la capital estadounidense ha resultado frustrante. Ha estado en la Casa Blanca y ha conversado brevemente con el presidente Ulysses S. Grant —al que los indios, con su escrupulosa etiqueta característica, llaman «el Gran Padre»— y le ha ofendido que Grant le ofreciese veinticinco mil dólares a cambio de que acepte llevar a los suyos a una pequeña reserva.

    Le ha ofendido todavía más descubrir el verdadero contenido del tratado de Fort Laramie, el documento que Nube Roja firmó en las praderas con los representantes blancos para terminar una guerra en la que los guerreros sioux —bajo su liderazgo— habían estado poniendo en jaque a las guarniciones militares de Montana y Wyoming.

    Teóricamente aquella había sido una sonada victoria para los indios sioux. Pero cuando en Washington le leen a Nube Roja lo que de verdad está escrito en el tratado, el legendario jefe no puede creer lo que oye.

    Nube Roja no sabía leer. En Washington, hablando con el secretario de interior, descubrió con disgusto que el papel firmado en Fort Laramie incluye una cláusula en la que efectivamente  acepta llevar a los suyos a una reserva. Sintiéndose engañado, el jefe sioux entró en cólera y se marchó de la reunión asegurando que jamás había oído hablar de aquella cláusula, que se negaba rotundamente a someterse a ella.

    En Washington nada hacen por resolver el entuerto e ignoran las protestas de la delegación india. Para ellos, un papel firmado es algo inamovible. La paz entre los sioux y los blancos parece cada vez más lejana. Desencantado con la frialdad de los gobernantes estadounidenses, Nube Roja está deseando regresar a su poblado para descansar. Pero antes ha aceptado la invitación para hablar en Nueva York. Y su discurso es como un último grito de socorro:

    En 1868 vinieron unos hombres y trajeron unos papeles. Somos ignorantes y no sabemos leer papeles. No nos dijeron lo que de verdad estaba escrito en ellos. Lo que nosotros queríamos era que levantasen sus fuertes, que se marcharan de nuestro país, que no nos hicieran la guerra y que les dieran algo a nuestros comerciantes como compensación. Cuando nos dijeron que nos debíamos limitar a comerciar en el Missouri les dijimos que no, que nos negábamos. Pero los intérpretes nos engañaron.

    Cuando fui a Washington, vi al Gran Padre. El Gran Padre me enseñó lo que de verdad eran aquellos tratados, me leyó todos esos puntos y aquello me hizo comprender que los intérpretes me habían engañado, que no me habían hecho saber cuál era el auténtico sentido del tratado. Todo lo que quiero ahora es que se haga lo correcto, todo lo que quiero es justicia. Estoy aquí en nombre de la Nación Sioux. Ellos se regirán por lo que yo diga y por lo que yo represento.

    Miradme. Soy pobre y no tengo buenas ropas. Pero soy el jefe de una nación. No queremos riquezas, no son riquezas lo que pedimos. Pero sí queremos poder educar y criar a nuestros niños como es debido. Buscamos vuestra simpatía. Las riquezas no nos harán bien, y no podemos llevar al otro mundo nada de los bienes que podamos tener. Lo que queremos tener es amor y paz.

    Nube Roja es un guerrero, probablemente uno de los mejores guerreros que ha visto el continente norteamericano. Pero está cansado de la guerra. De esa misma guerra que algunos de sus ilustres compatriotas sioux —como Toro Sentado y Caballo Loco— están dispuestos a continuar porque no encuentran otra salida. Nube Roja tampoco se ha plegado jamás a la rendición y la humillación.

    Ha intentado negociar siempre que ha habido oportunidad, ha ido a Washington para hablar con el presidente. Pero no solo está hastiado de la guerra, sino también de que los representantes del gobierno estadounidense lo engañen una y otra vez, a él y los demás jefes indios. De que incumplan cada uno de sus acuerdos. Ahora, en Nueva York, ante uno de los escasos auditorios blancos dispuestos a escucharle, continúa quejándose amargamente:

    Le he enviado muchas grandes palabras al Gran Padre, pero no sé si alguna vez harán mella en él. Fueron hundidas por el camino, así que me sentí un tanto ofendido y pensé que yo mismo vendría aquí ante vosotros para decíroslas. Hoy os dejo, voy a volver a casa. Quiero deciros que no podemos confiar en los agentes y superintendentes que enviáis a nuestras tierras. No quiero gente extraña de la que no sé nada.

    Estoy feliz de que vosotros seáis de los nuestros, estoy feliz de venir aquí y descubrir que vosotros y nosotros podemos entendernos mutuamente. Pero no quiero a más de aquellos hombres en mis tierras, hombres que son tan pobres que cuando llegan a nuestras tierras su primer pensamiento es el de cómo hacer para llenarse los bolsillos.

    Queremos tener garantías en nuestras reservas. Queremos hombres honrados, queremos que nos ayudéis a mantener las tierras que nos pertenecen, de manera que no sigamos siendo una presa para aquellos que tienen malas intenciones. Me vuelvo a casa. Estoy feliz de que me hayáis escuchado, os deseo lo mejor y os doy una afectuosa despedida.

    Nube Roja se sintió ofendido por la indiferencia del presidente Grant hacia los problemas de los indios.
    Nube Roja se sintió ofendido por la indiferencia del presidente Ulysses S. Grant hacia los problemas de los indios.

    Esto es una parte de las palabras que Nube Roja pronunció durante su peculiar visita a Nueva York.

    Se retira del estrado mientras el público se pone en pie y le dedica una sentida ovación.

    Nube Roja vuelve a casa habiendo triunfado sólo en el púlpito; es un guerrero pero también es un orador.

    Más allá de los matices del intérprete o de la traducción, la esencia de su mensaje traspasa todo idioma: los sioux solamente quieren lo que les pertenece.

    Su tierra, su país. Ni siquiera lo reclaman al completo, solamente lo que precisan para seguir viviendo según sus costumbres.

    Pero este discurso, la ovación que ha provocado y la posterior repercusión en los periódicos puede haber sido otra de sus pírricas victorias en una guerra que él y todo su pueblo están destinados a perder.

    El gran jefe sioux abandona New York sumido en quién sabe qué sombríos pensamientos.

    Nube Roja, jamás un hombre rencoroso, ha aceptado hablar por petición de los propios neoyorquinos, más sensibles y sofisticados, más receptivos hacia la causa india que los codiciosos aventureros del oeste o que los fríos genocidas de Washington.

    Pero sus palabras probablemente podrán poco frente a eso que los gobernantes estadounidenses bautizaron cruelmente como «destino manifiesto».

    Viajemos de nuevo hacia el pasado, algo más de medio siglo antes de ese discurso en Nueva York. El veinte de septiembre de 1821, los habitantes de un poblado sioux de Nebraska pudieron contemplar un extraño fenómeno en el cielo. Un gran meteorito dejó una brillantísima estela de luz a lo largo del cielo de Norteamérica.

    Aquel mismo día —cosas del destino— nació un niño en el poblado y los padres del bebé, ante la maravillosa coincidencia, decidieron bautizarlo como Mahpiua Luta. Esto es, «Nube Escarlata» o «Cielo Escarlata». ¿Podía aquello ser una señal de que la vida de su bebé, marcada por tan espectacular presagio, estaba destinada a grandes hazañas? Ninguno de los dos orgullosos padres viviría lo suficiente como para comprobarlo, pero ciertamente no habían traído al mundo a un individuo cualquiera.

    Su hijo, Nube Escarlata —hoy más conocido por la ligeramente inexacta traducción de Nube Roja— iba a convertirse en uno de los principales estandartes de la soberanía india, un líder guerrero capaz de infligir una sonora derrota a una de las naciones modernas más florecientes de la Tierra, pero también un hombre capaz de conmover con sus palabras incluso a sus enemigos.

    Por aquel entonces las llanuras del noroeste de Nebraska todavía pertenecían a los indios, aunque las tensiones con el hombre blanco fuesen más que patentes. El poblado donde vino al mundo Nube Roja era un enclave relativamente aislado en el conjunto de la Gran Nación Sioux. Asentado junto al Bluewater Creek, un afluente del río Platte, en el poblado no temían demasiado la presencia de posibles rivales, particularmente los aguerridos clanes de la Nación Pawnee.

    Los pawnee tenían sus campos de cultivo al este del río y comenzaban a plantar maíz o judías a principios de la primavera, época en la que se mantenían más ocupados con la agricultura y por lo tanto más tranquilos. Pero en otras épocas del año levantaban sus campamentos y buscaban territorios de caza que no pocas veces interesaban también a los sioux. Aun así y aunque las partidas de caza pawnee se acercaban mucho al poblado de Nube Roja, el asentamiento solía ser respetado.

    Cuando Nube Roja nació todavía estaba reciente el recuerdo de aquel día en que los sioux infligieron una severa derrota a los kaiowas, obligándolos a huir de la región. Para los demás indios —pronto también para los blancos— la sola mención de la palabra «sioux» bastaba para infundir respeto, cuando no directamente temor.

    La Nación Sioux se componía de siete grandes tribus que pese a su amplia dispersión geográfica tenían un origen común y hablaban un mismo idioma.

    Existía entre las siete tribus un fuerte sentimiento de unión, de hecho un auténtico sentimiento nacional. Estaban formalmente unidas por la institución central de la Ochéti Sakówin, que viene a significar los «siete fuegos del consejo» y que les proporcionaba su principal elemento identitario y unificador; en tiempos revueltos podían elegir a un gran jefe que los representase a todos.

    Era costumbre que la elección de un jefe, ya fuese a nivel de nación, de tribu, de clan  o de poblado, estuviese basada en las cuatro virtudes tradicionalmente más apreciadas por los sioux: valor, fortaleza, generosidad y sabiduría. No era pues inhabitual que llegasen a lo más alto los individuos más capaces de la nación, aunque tampoco entre ellos faltaban las intrigas políticas.

    Los jefes de las siete grandes tribus sioux conversaban a menudo entre sí. Aunque vivían separados, tomaban las grandes decisiones juntos y cuando la ocasión lo requería iban a la guerra también juntos. La organización de la Gran Nación Sioux era bastante compleja, más si tenemos en cuenta su población relativamente escasa y dispersa.

    Cierto es que no existía nada comparable a nuestro concepto europeo de nación, tampoco nada que recordase a los antiguos imperios indios de Centroamérica y Sudamérica, pero una «tribu» era mucho más que un simple conjunto de tipis levantados sobre una llanura.

    Los indios de Norteamérica no eran una mera constelación de poblados primitivos sin organización. La Gran Nación Sioux, sin ir más lejos, no solamente disponía de un gobierno central sino que podía reunir un ejército único que defendiera los intereses de todos los sioux en su conjunto (aunque en tiempos de Nube Roja se estima que no pudiese reunir a más de dos mil o tres mil guerreros).

    Cada una de las siete tribus sioux se subdividía en varios clanes, generalmente bautizados con términos descriptivos que hacían referencia a alguna característica distintiva de su estilo de vida. Estos clanes se componían a su vez de un cierto número de poblados o de bandas seminómadas que compartían unos determinados rasgos de identidad, resumidos por el nombre del clan. Eso sí, como en cualquier otro grupo humano, el mundo sioux no estaba exento de luchas internas y ocasionales guerras fraticidas.

    Pero lo cierto es que allá donde fuesen poseían un fuerte sentido de la identidad que iba más allá de lo meramente tribal. De hecho los sioux no se llamaban a sí mismos «sioux», sino «lakota», término que significaba «aliados» (y por cierto, según lo pronunciasen, ese término sirvió para dividir la Nación Sioux en tres ámbitos lingüísticos: los lakota, los dakota y los nakota… separación que aún se utiliza hoy).

    El primero de esos tres grupos, el de los lakota, estaba compuesto básicamente por una gran tribu: la de los teton o titunwan («habitantes de las praderas»). Es probablemente la más célebre de entre todas las tribus sioux y la que en mayor grado ha sido representada en la cultura popular. A los teton-lakota pertenecieron personajes legendarios como los citados Toro Sentado, Caballo Loco o Ciervo Negro.

    También perteneciente a la tribu teton-lakota era el clan oglala («los que se dispersan»), en cuyo seno nació Nube Roja. Eso sí, como ya dejamos entrever más arriba, Nube Roja no fue un oglala puro étnicamente hablando. Su padre, el jefe Hombre Solitario, fue líder del clan kuhee («los que viven apartados») que a su vez pertenecía a la tribu brulé. La madre de Nube Roja, que lucía el muy descriptivo nombre de La Mujer que Camina Mientras Piensa, era por el contrario una lakota norteña.

    El pequeño Nube Roja no tardó en quedarse huérfano: cuando apenas estaba empezando a caminar su padre murió a causa de la adicción a la bebida. Nube Roja nunca fue ajeno al hecho de que su padre fue un alcohólico, vicio cada vez más habitual pero al mismo tiempo cada vez peor visto entre los indios.

    Al morir su marido, La Mujer que Camina Mientras Piensa llevó al pequeño Nube Roja y sus hermanos a la aldea de un familiar, el Viejo Jefe Humo, tío materno del niño. Poco después también ella falleció. Nube Roja, apenas un párvulo y ya sin padres, quedó al cuidado de sus hermanas mayores, mientras que el Viejo Jefe Humo se convirtió en su referente masculino, su mentor y lo más parecido a un padre que Nube Roja conoció en su vida.

    Ilustración de la época, mostrando parte de un poblado sioux oglala.
    Ilustración de la época, mostrando parte de un poblado sioux oglala.

    El que Nube Roja fuese criado en casa de la familia directa de su madre no es casualidad.

    Engañoso podría resultar el aparente culto al macho guerrero que tiñe toda nuestra visión del entorno de Nube Roja y de los sioux en general.

    La sociedad oglala, como casi todas las sociedades sioux, era una curiosa mezcla de predominio del varón con un trasfondo de matriarcado tradicional.

    Los hombres dominaban, sí, pero el papel de las mujeres distaba mucho de ser completamente pasivo.

    Los sioux tenían la idea de que la naturaleza poseía dos espíritus igualmente importantes, el masculino y el femenino.

    Así pues, aunque los jefes de los poblados, bandas o clanes eran siempre hombres, a veces su nombramiento debía ser aprobado por las ancianas locales, quienes tenían incluso la potestad de destronar a un líder inadecuado. Los propios sioux afirmaron más tarde que que las mujeres indias empezaron a desaparecer de la élite gobernante cuando los europeos recién llegados se negaban a reconocerlas como representantes válidas en las negociaciones.

    Es más: entre los sioux existía incluso una amplia tolerancia hacia la homosexualidad —que era permitida tanto en hombres como en mujeres— e incluso hacia el travestismo: existía la figura de los winktes, varones afeminados («poseedores de los dos espíritus») que solían ejercer funciones espirituales, sanadoras o mágicas. En 1712, el jesuita francés Joseph-François Lafitau describió así el papel de la mujer entre los sioux:

    Nada hay más real que la superioridad de la mujer. Son ellas quienes mantienen la tribu, la nobleza de sangre, el árbol genealógico, el orden de las generaciones y la conservación de las familias. En ellas reside toda la verdadera autoridad: las tierras, los campos y todas las cosechas les pertenecen.

    Ellas son el alma de los consejos, los árbitros en la paz y la guerra; recogen todos los impuestos y mantienen el tesoro público; a ellas se les confía los esclavos; ellas arreglan los matrimonios; los niños están bajo su autoridad y el orden de sucesión está fundado en su sangre.

    El Consejo de Ancianos que realiza todas las transacciones no funciona por sí mismo, sino que parece que sirven solamente para representar y ayudar a las mujeres en aquellas materias donde el decoro no permite a éstas presentarse o actuar. Las mujeres eligen a los jefes de entre sus hermanos maternos o de entre sus propios hijos.

    También la figura salvadora de la religión tradicional sioux, la enviada del cielo que había prometido retornar para ofrecerles la redención a los lakota, era una fémina: la Mujer Búfalo Blanco. Cuando los misioneros católicos comenzaron a predicar entre los indios, muchos sioux asimilaron a la Mujer Búfalo Blanco con la Virgen María debido al evidente parecido iconográfico entre ambas figuras mitológicas (aunque en realidad la Mujer Búfalo Blanco ejercería un rol más parecido al de Cristo).

    Así pues, no resulta difícil intuir que el enfoque de la opinión femenina pudo tener su peso sobre muchas decisiones de los sioux por más que fuesen siempre los varones quienes las vocalizaban y ponían en práctica. Nube Roja, que nunca fue un hombre particularmente sensible o delicado —incluso considerado bajo los estándares de los duros guerreros sioux— daba frecuentes muestras de una pragmática sensatez que probablemente debía bastante al hecho de haber sido criado por sus hermanas mayores.

    Los sioux fueron siempre guerreros: antes de la llegada del hombre blanco solían protagonizar periódicos conflictos con otras naciones indias. De hecho, las guerras entre indios podían ser tan insensatas o crueles como las guerras entre europeos, pero sería un error considerar la Nación Sioux como un irreflexivo pueblo de batalladores testosterónicos. Nada más lejos. Estaban muy acostumbrados a que una amplia variedad de circunstancias resultaba preferible la negociación a la batalla.

    Sea como fuere, es verdad Nube Roja creció siendo un joven particularmente dotado para la guerra. Como adolescente destacaba por su aguda inteligencia pero también por su destreza, rapidez y fuerza sobresalientes: un estadounidense contemporáneo definió su tensa constitución física como la de «un tigre a punto de abalanzarse». Su educación fue la típica de un sioux: dado el carácter nómada de los oglala, Nube Roja llegó a conocer bien extensísimas regiones de las llanuras septentrionales.

    Podía reconocer cualquier animal de un vistazo y distinguir de entre la vegetación cualquier planta que sirviera como alimento o que tuviese propiedades medicinales. También conocía al dedillo las características geológicas de cada paraje de la región.

    Como todos los jóvenes lakota, hubo de realizar largos y duros viajes iniciáticos en los que tenía que demostrar que podía valerse por sí mismo, sobreviviendo sin ayuda en mitad de los más agrestes parajes y regresando vivo al poblado: la vida en las llanuras no resultaba fácil y un hombre tenía que estar preparado para cualquier cosa.

    Después de probarse en aquellos duros exámenes, un joven sioux podía optar por diferentes líneas profesionales para labrarse un futuro: desde convertirse en guerrero hasta ejercer como sacerdote o sanador. Incluso existían grupos similares a gremios que se encargaban de formar y entrenar a los jóvenes en determinados trabajos concretos.

    Pero lo cierto es que en casi todos estos ámbitos se necesitaban buenos contactos e influencias para ascender, algo con lo que sin duda podemos estar familiarizados. Cierto es que en sus pruebas de iniciación Nube Roja destacó de entre sus pares adolescentes y desde muy temprano tuvo sin duda un carácter duro y competitivo.

    Sin embargo sus perspectivas de ascender socialmente en el clan parecían bastante escasas. Su «libro de familia» suponía un serio obstáculo: como señalábamos, un huérfano mestizo e hijo de un bebedor no podía esperar demasiados apoyos.

    Pero a un guerrero que lucha valientemente nadie le discutía sus méritos, y destacar en la guerra era un empujón importante para llegar a ser alguien en la Nación Sioux. Así que el adolescente Nube Roja se entrenaba duramente con la intención de llegar a ser un guerrero; teniendo solamente dieciséis años, como narrábamos al principio, acudió a su primera batalla y experimentó su primer retorno triunfal.

    Después vendrían otras muchas batallas, especialmente contra los pawnee o los crow. Para cuando le tocase enfrentarse a los soldados estadounidenses —mucho mejor armados y mejor organizados— Nube Roja ya había acumulado una enorme experiencia en combate.

    Partida de guerreros sioux, parecida a aquella en con la que Nube Roja empezó a batallar cuando tenía solamente dieciséis años.
    Partida de guerreros sioux, parecida a aquella en con la que Nube Roja empezó a batallar cuando tenía solamente dieciséis años.

    Los sioux aprendieron a montar a caballo durante el siglo XVI; al parecer fueron sus aliados de la Nación Cheyenne quienes les introdujeron en el arte de equitación (los cheyenne, claro, lo habían aprendido de los europeos). Hábiles y despiertos, los sioux pronto dominaron aquellos extraños animales y se convirtieron en expertos jinetes. También se tuvieron que habituar a las armas de fuego, aunque lo hicieron con algo de retraso respecto a otros indios del norte.

    De hecho los sioux fueron expulsados de sus tierras originarias por varias naciones rivales que sí disponían de pólvora. La imagen legendaria de los sioux cabalgando por las llanuras responde a una realidad, pero es una realidad relativamente tardía en su historia e indirectamente moldeada por la importación de las armas de fuego.

    Su origen no había estado tan atado a las planicies como pudiera parecer; tradicionalmente habían habitado zonas boscosas, viajando mediante canoas a lo largo de las corrientes fluviales o los lagos de la región limítrofe con Canadá. Sin embargo, la presión de algunas naciones rivales que habían conseguido unas armas nuevas y terribles —los mosquetes— empezó a hacerse notar y los bravos guerreros sioux, que habían dominado con facilidad a sus enemigos, tuvieron que empezar a ceder terreno.

    Los guerreros de la Nación Cree habían estado rearmándose gracias al comercio con los franceses: a cambio de pieles que alcanzaban un alto precio en Europa, los cree se hicieron con un arsenal de mosquetes contra los que los guerreros sioux no estaban habituados a combatir.

    En 1674 los cree masacraron a balazos a una partida de caza sioux que no disponía de nada mejor que arcos, cuchillos y demás armamento arcaico para defenderse. Otros indios de la región como los chippewa o los assiniboin también consiguieron mosquetes, poniendo en solfa la antigua supremacía sioux y obligándolos  a desplazarse hacia el sur y el oeste.

    Así que, presionados por sus enemigos, los sioux habían abandonado una apacible vida en los bosques para empezar a habitar las grandes llanuras. Sin embargo, aquella situación de inferioridad no duraría mucho: habían comprendido por amarga experiencia la importancia de las armas de fuego y también empezaron a comerciar con franceses e ingleses para conseguirlas. Pronto disparaban sus mosquetes con tanta o más soltura que sus enemigos, volviendo a equilibrar la balanza de fuerzas en su favor.

    Así, armados con pólvora y montados sobre caballos, se lanzaron definitivamente a la conquista de las praderas. Del mismo modo en que antes habían sido desplazados por los cree o los chippewa, los sioux empezaron a desplazar a otras naciones como los iowa y los omaha.

    Los sioux se movían ahora buscando una fuente de alimento y pieles aparentemente inagotable —el búfalo— que resultaba más fácil de cazar gracias a los mosquetes, y su espíritu osado hizo que se dispersaran en persecución de las grandes manadas. En ese proceso de expansión, con el nuevo armamento asociado a su tradicional belicosidad, pronto se puso de manifiesto que los sioux que no estaban dispuestos a echarse atrás ante nadie.

    Las armas de fuego, pues, tuvieron un impacto enorme en la balanza de poderes de la Norteamérica nativa. La pólvora permitió que las naciones más guerreras como los sioux, los pawnee, los pies negros, los cherokee, los apache, los kiowa y otras bien conocidas por todos terminaran imponiéndose en amplias regiones, pero lógicamente también agravaron la magnitud de las disputas entre los propios indios.

    Ubicación que tendría la Gran Nación Sioux (señalada en el mapa como "Lakotah") en los actuales EE.UU.
    Ubicación que tendría la Gran Nación Sioux (señalada en el mapa como «Lakotah») en los actuales EE.UU.

    A principios del siglo XIX, pues, la Gran Nación Sioux se había consolidado y ocupaba ya un amplio territorio repartido entre varios de los actuales estados de USA, que de hecho era más extenso que la actual España.

    Su influencia se extendía tan lejos como a Canadá por el norte y Colorado por el sur.

    Otras naciones indias del norte de los actuales EE.UU. los temían a causa de su carácter batallador y en todo caso los respetaban por su renombre.

    A ninguna otra nación, fuese rival, aliada o neutral, se le escapaba que la Nación Sioux estaba formada por individuos bravos e inteligentes, dotados de una cohesionada organización interna que les permitía actuar coordinadamente a lo largo de un extenso territorio. Había que tenerles cuidado.

    En cuanto al contacto con el hombre blanco, no había tenido siempre tintes de enemistad. Al menos no en los inicios. Cuando los primeros blancos se adentraban en territorio indio se trataba por lo general de exploradores, comerciantes de pieles, misioneros y demás pioneros temerarios a quienes los indios recibían con cortesía e interés.

    Como solía suceder cuando los blancos no tenían bastante poder como para intentar apoderarse de las tierras por la fuerza, los sioux no se mostraron particularmente refractarios a la colaboración y de hecho llegaron a considerar a los europeos como valiosos aliados en sus guerras contra otras naciones indias. Los blancos eran buenos suministradores de armas de fuego y munición, elementos decisorios en cualquier guerra y que al contrario que los caballos, los indios no podían producir por sí mismos.

    A los indios también les gustaban los utensilios domésticos, herramientas y adornos traídos de Europa, y muy gustosamente intercambiaban todo ello por pieles.

    Sin embargo no todo era de color de rosa, porque en ese fluido comercio pronto se coló el alcohol: los europeos descubrieron que algunos indios caían con singular facilidad en el alcoholismo, enfermedad que se cebaba particularmente con los nativos —se piensa que podría influir una cuestión genética relacionada con las enzimas que metabolizan la sustancia en el organismo—, así que empezaron a vender grandes cantidades de «agua de fuego» a todo poblado o banda con la que se cruzaban (a los indios les fascinaba comprobar cómo aquel líquido era capaz de arder, de ahí su sonora manera de referirse a él) .

    Los indios comprendieron rápidamente el poder disruptivo que la bebida podía tener en su sociedad, pero poco podían hacer para evitar su circulación excepto convertirlo en un estigma social: si bien podían convertirse fácilmente en alcohólicos cuando se acostumbraban a beber, eran muchos quienes sencillamente se negaban a hacerlo y curiosamente, tanto el porcentaje de alcohólicos como también el de abstemios era mucho más alto entre los indios que entre los blancos.

    Los blancos, naturalmente, hicieron todo lo posible para fomentar activamente el comercio del alcohol, bien fuese por avaricia o incluso como un arma más con el que debilitar a los nativos.

    Más allá de esto, la convivencia entre indios y blancos fue buena mientras los primeros no se sintieron invadidos. Cierto es que las ambiciones de los primeros exploradores y comerciantes europeos provocaban enfrentamientos puntuales e incluso algunos incidentes violentos, pero esto era más la excepción que la regla.

    La situación, no obstante, cambió cuando los blancos comenzaron a aparecer en mayor número y decididos a asentarse en territorio indio, ejerciendo una presión demográfica creciente que por necesidad terminaba provocando explosiones incontrolables de violencia.

    En un principio, los indios trataban de tolerar a los nuevos colonos, pero el aumento de estos era constante, requiriendo cada vez más tierras y recursos, y avanzando casi siempre escoltados por los militares. Los indios no tardaban en sentir que estaban siendo efectivamente expulsados de sus tierras por aquellos mismos blancos a quienes habían dado la bienvenida generaciones atrás.

    A mediados del siglo XIX, la creciente belicosidad contra el hombre blanco era un fiel reflejo de esa nueva situación. Cada vez que una población blanca medianamente significativa se instalaba en un territorio indio, los Estados Unidos la respaldaban con la fuerza de las armas ante la previsible escalada de resistencia de los nativos. Entonces empezaba un toma y daca de enfrentamientos entrecortados por sucesivos acuerdos de paz.

    Primero solía producirse un incremento de la tensión caracterizada por una espiral de incidentes violentos que amenazaban con desembocar en una guerra abierta. Guerra en la que los indios, con su inferior armamento e inferior organización militar, sabían que tenían pocas esperanzas de triunfo. Así, los indios solían intentar detener la invasión de facto de sus territorios con la aceptación de diversos tratados en los que aceptaban pagos periódicos en dinero, alimentos y distintos bienes a cambio de renunciar a una parte sustancial de sus territorios.

    Cedían sus tierras a los blancos y se marchaban a vivir a una «reserva», la integridad de cuyas fronteras estaba teóricamente garantizada por el gobierno de Washington, que también prometía recursos y dinero suficientes para que los indios sobreviviesen allí. De este modo, ambos bandos buscaban cortar de raíz la espiral de violencia.

    Los estadounidenses firmaban estos tratados porque la resistencia india les hacía desviar costosos recursos militares a la región concreta que estuviese en conflicto, desestabilizando además la productividad y el comercio: un tratado garantizaba la tranquilidad y de paso les ganaba un buen mordisco de territorios.

    Los indios firmaban porque no tenían mucha más salida que conformarse con la reserva y los pagos prometidos, salvo que decidieran lanzarse a una guerra total contra un enemigo bastante mejor pertrechado y generalmente mucho más numeroso.

    Para los sioux aquellos tratados tenían un estatus de acuerdo internacional —lo que en esencia eran— y pensaban que debían ser solemnemente respetados. Los jefes de las tribus implicadas sellaban un pacto con el gobierno de aquella otra nación llamada los Estados Unidos de América. En esas firmas, el gobierno de Washington estaba legalmente representado por la figura de un «agente de asuntos indios» o superintendente.

    Esto es, funcionarios que tenían una total potestad para negociar con los indios en nombre del gobierno. ¿Por qué estos agentes tenían tanto margen para negociar por sí mismos? Porque Washington, en realidad, estaba poco dispuesta a cumplir cualquier compromiso adquirido por aquellos agentes.

    Los sioux no tardarían en comprender que como les había sucedido a otros indios antes que a ellos, sus firmas tendían a ser menospreciadas por la otra parte. Los incumplimientos estadounidenses eran frecuentes y llevaban a nuevos conflictos en los que —una vez más— los indios se veían en situación de inferioridad.

    La cosa se resolvía con un nuevo tratado que ahora establecía condiciones todavía más desfavorables que el anterior, trasladando a los indios derrotados a una reserva más pequeña y menos habitable. Así, los territorios en los que tenían que vivir eran cada vez más pobres, porque las tierras más fértiles y con mayor abundancia de caza se las quedaban los blancos.

    NubeRoja

    Como consecuencia y para poder sobrevivir, los indios  se veían cada vez más dependientes de los pagos en dinero y especie que el gobierno de Washington había prometido. Pero estos pagos se retrasaban o sencillamente no se producían: una tónica habitual que se agravaría con el estallido de la guerra civil en los Estados Unidos.

    De repente, a Washington le preocupaba mucho más la guerra entre blancos que las guerras periféricas contra los indios, así que el gobierno estadounidense —de manera unilateral y a veces incluso en decisión ratificada por el senado— declaraba nulas aquellas cláusulas de los pagos o sencillamente se limitaba a permitir que los agentes de asuntos indios hiciesen y deshiciesen a su antojo…. con el resultado de que los pagos se perdían en la maraña administrativa de la Agencia de Asuntos Indios, de cuyo control interno nadie se preocupaba demasiado y cuyos integrantes solían terminar apropiándose de todos los bienes.

    Los encargados de negociar con los indios lo tenían fácil para enriquecerse con el dinero y las mercancías que estaba teóricamente destinado a garantizar la subsistencia de los nativos (en EE.UU., como vemos, no existía un particular interés en combatir la corrupción cuando los perjudicados eran los indios). Todo esto se puede resumir con estas líneas extraídas de la carta escrita por un militar estadounidense de la época, el general John Pope, comandante del ejército en Missouri:

    El indio, en realidad, ya no tiene un país. En sus tierras, por todas partes, se ha extendido el hombre blanco. Sus medios de subsistencia son destruidos y los hogares de sus tribus les son arrebatados violentamente. El indio y su familia son reducidos al hambre o a la necesidad de combatir hasta la muerte contra el hombre blanco, cuyo inevitable y destructivo avance amenaza con la total exterminación de su raza.

    Los indios, llevados a la desesperación y amenazados por el hambre, han comenzado sus hostilidades contra los hombres blancos y se están conduciendo con una furia y rabia hasta ahora desconocidas en su historia. No hay una tribu india en las grandes llanuras o en las regiones montañosas que no esté guerreando contra nosotros.

    La suerte de los sioux no fue muy distinta. Tratado tras tratado, iban perdiendo todo aquello que les pertenecía. En 1863 se descubrió oro en Montana: fueron construidas un par de carreteras que atravesaban directamente el territorio de caza de los sioux lakota y que invitaban a toda una nueva oleada de inmigrantes a establecerse en aquel territorio que los indios necesitaban para alimentarse.

    Eran los últimos territorios de caza vírgenes de la región que todavía no habían sido estropeados por la presencia de los blancos y allí se buscaban el sustento diversas poblaciones de sioux, cheyennes y arapajoes. Ante el nuevo atropello, las tres naciones indias formaron una coalición para defenderse, reuniendo a unos dos mil guerreros dispuestos a impedir que aquel territorio fuese también invadido.

    Los convoyes comerciales de las nuevas rutas empezaron a ser acosados por partidas de indios que atacaban y desparecían rápidamente utilizando tácticas de guerrilla. Los indios se ocupaban particularmente en interceptar la mayor cantidad posible de correo postal, para entorpecer la coordinación del avance estadounidense.

    Estas nuevas rutas del oro estaban pagando un alto precio por atravesar impunemente territorio previamente garantizado mediante tratados y las caravanas, pese a ser cada vez más grandes y con mayores escoltas, lo tenían muy difícil para atravesar tranquilamente las tierras de caza indias.

    En 1865, tras más de año y medio de constante asedio de los sioux, cheyenne y arapajoe, el comandante estadounidense de la región, general Grenville Dodge, cometió el error de enviar una expedición de dos mil setecientos soldados para intentar castigar a los díscolos nativos. Nube Roja, que hasta entonces solamente había combatido contra otros indios y nunca contra el hombre blanco, rápidamente se puso al frente de la contraofensiva.

    Aquel huérfano que había librado su primera batalla con dieciséis años después estar a punto de perdérsela por quedarse dormido, tenía ahora más de cuarenta y se había convertido en uno de los comandantes militares más reputados de la Nación Sioux. El incauto ataque del general Grenville Dodge iba a sacar lo mejor de aquel guerrero sioux y lo iba a convertir en leyenda. Así comenzaba la guerra de Nube Roja.

    Red Cloud Hz
    Nube Roja y otros líderes de la Nación Cheyenne.

    Esta es la primera oportunidad que tengo de escribirle desde la gran masacre, y para empezar le diré que siento vergüenza por haber formado parte de aquello. No serviría de nada contarle cómo fue conducida la lucha; me limitaré a decirle que pienso que el oficial al mando debería ser ahorcado.

    Tras la batalla hubo una escena que espero no volver a ver jamás: a los hombres, a las mujeres y a los niños se les quitaron las cabelleras, se les cortaron los dedos para despojarlos de sus anillos. Se disparó a niños pequeños mientras rogaban por sus vidas. Le dije al coronel que creía que era un asesinato atacar a indios amistosos. Me respondió diciendo: «Dios maldiga a cualquier hombre que simpatice con esos indios». (Carta del teniente estadounidense Joseph Kramer a uno de sus superiores)

    Noviembre de 1864. La tétrica noticia corre por las grandes llanuras como un reguero de pólvora encendido: setecientos soldados blancos, dirigidos por el sanguinario coronel John Chivington, han atacado una aldea cheyenne en Colorado. Una aldea pacífica, no involucrada en la guerra que otra parte de la Nación Cheyenne libra contra los blancos. Una aldea teóricamente beneficiaria de la protección estadounidense por efecto de un tratado con el gobierno de Washington.

    Y aun así, los hombres de Chivington han cometido una carnicería que ha horrorizado incluso a militares que formaban parte de esa misma expedición: en su correspondencia personal y oficial, así como en los informes verbales ante sus superiores, algunos de esos oficiales piden abiertamente que el coronel Chivington sea llevado al patíbulo.

    Cuando la noticia de la masacre empieza a circular por el país, incluso renombrados enemigos de los nativos —como el antiguo trampero y aventurero de la frontera reconvertido en líder militar Cristopher «Kit» Carson— hablan de la matanza con una mezcla de rabia y náusea:

    Lo que ese perro de Chivington y sus sucios sabuesos han hecho en Sand Creek… sus hombres han disparado a mujeres y le han volado los sesos a niños inocentes. Y llamáis a esos soldados «cristianos», ¿no es así? ¿Y en cambio llamáis «salvajes» a los indios? ¿Qué pensará de esto el padre celestial, que nos creó tanto a nosotros como a ellos? Te diré algo: no me gusta un piel roja hostil más de lo que te gusta a ti. Y cuando son hostiles he luchado contra ellos tan duramente como cualquier otro hombre. Pero aún no le he puesto un dedo encima a una mujer o a un niño. Y abomino de los hombres que sí lo hacen.

    Incluso Kit Carson, enemigo de los indios en la batalla, se sintió horrorizado por la matanza de inocentes en Sand Creek.
    Incluso Kit Carson, habitual enemigo de los indios en la batalla, se sintió horrorizado por la matanza de inocentes en Sand Creek. (PD)

    El suceso alcanza tal resonancia que el mismísimo Congreso estadounidense se verá obligado a organizar una comisión de investigación en la que se escucharán testimonios verdaderamente tristes, como el de este soldado que estuvo presente en Sand Creek:

    «Vi los cuerpos tendidos allí, cortados a trozos, con las peores mutilaciones que yo hubiese visto nunca. Las mujeres despedazadas a cuchillo, sus cráneos pelados, sus cerebros al aire.

    Gente de todas las edades muerta en el suelo, desde bebés hasta guerreros. ¿Que quiénes los mutilaron? Las tropas de los Estados Unidos».

    Si entre los estadounidenses de la época —generalmente poco escrupulosos a la hora de despojar a los nativos de sus tierras e incluso de sus vidas— se produjo tal reacción, cabe imaginar la honda impresión que la noticia causó en las naciones indias.

    La coalición sioux-cheyenne-arapajoe, ahora en guerra, conoció detalles de aquellos hechos gracias a la llegada de supervivientes de Sand Creek: indios antes pacíficos que tras haber sido testigos de la matanza decidieron unirse a la lucha contra los Estados Unidos.

    La masacre era un motivo más, pensaron sin duda los jefes de la coalición, para no desfallecer en su resistencia frente a una invasión blanca cada vez más cruenta.

    Sin embargo, para librar una exitosa guerra contra los soldados blancos necesitaban enfocar la estrategia bélica de manera distinta a lo tradicional.

    Los indios de las praderas, cuando se enfrentaban entre sí, estaban acostumbrados a librar guerras efímeras. Como mucho se producían guerras «prolongadas» que no eran sino estados de animadversión perenne entre determinadas naciones que por lo general se manifestaban mediante incursiones fugaces y aisladas a nivel local.

    Siendo tan escasa su población y disponiendo de un reducido número de guerreros no podían permitirse guerras masivas ni prolongadas, así que habían desarrollado una mentalidad combativa basada en la revancha instantánea. Las partidas de guerra indias solían causar pocas bajas en ambos bandos y estaban más dirigidas al pillaje o a la captura de esclavos que a la exterminación del contrario. Los indios de Norteamérica carecían de estrategia militar a largo plazo.

    Y tan primitivas como sus estrategias eran sus motivaciones bélicas, casi siempre puramente coyunturales ya fuesen la disputa de un territorio de caza o la mera revancha por un ataque anterior. Para los indios, la venganza era en principio un casus belli legítimo. Una aldea atacada injustificadamente se consideraba con el derecho e incluso con el deber de vengar la afrenta.

    En ocasiones se conformaban con saquear a sus enemigos, pero lógicamente también se podía llegar al frío asesinato, especialmente de los guerreros y los líderes rivales. Nube Roja, por ejemplo, nunca fue un hombre particularmente misericordioso y durante su juventud ejecutó más de una venganza con sus propias manos.

    Un ejemplo: parte del clan donde vivía se rebeló contra el Viejo Jefe Humo (tío materno de Nube Roja, recordemos) mediante el teatral gesto de lanzarle tierra a la cara. Tras la escenita, los rebeldes se escindieron del clan y formaron uno propio con el que comenzaron a atacar las aldeas o campamentos de su antiguo jefe.

    En una de aquellas incursiones llegaron a matar a otro pariente de Nube Roja, quien tomó buena nota y participó vigorosamente en una partida guerrera destinada a acabar con los rebeldes. En la batalla final, el líder rebelde fue herido en una pierna y quedó sentado en el suelo, incapaz ya de combatir. Nube Roja se dirigió directamente a él.

    Pese a ver que estaba indefenso, pese a las súplicas que el líder rebelde hacía por su propia vida, Nube Roja le apuntó con su arma a la cabeza y tras pronunciar la frase «todo esto es por tu causa», disparó. Matar a un hombre herido e indefenso fue un gesto inmisericorde, sin duda, pero Nube Roja estaba imponiendo la férrea ley de las praderas. La piedad, pensaba él, quedaba para quienes se la habían merecido y un guerrero que había asesinado a antiguos compañeros de clan no la merecía.

    Pero Nube Roja nunca tuvo fama de hombre injusto, más bien al contrario, y por eso logró escalar puestos hasta la jefatura máxima cuando se declaró la guerra a los blancos. Es más: pese a su acerado pasado como guerrero y pese al miedo que su nombre estaba empezando a provocar entre los blancos, Nube Roja no era un líder guerrero arrastrado únicamente por pulsiones de venganza, ni siquiera sabiendo que aquellos blancos trataban de quitarle sus tierras a su pueblo o que acababan de provocar un baño de sangre inocente en Sand Creek (no fue el único de la época, por cierto, aunque sí el más sonado).

    Nube Roja comprendía perfectamente que la guerra contra los Estados Unidos no podía limitarse a la típica sucesión de golpes de revancha. Los blancos estaban mejor armados, eran superiores en número —aunque la ulterior leyenda propagandística en novelas y películas afirmase lo contrario— y sobre todo eran capaces de reemplazar rápidamente sus bajas con nuevos reclutas, algo que los indios no podían permitirse.

    Así, aunque los indios preferían las guerras muy breves, Nube Roja sabía que este nuevo conflicto debía ser planificado a medio plazo. También había que elegir cuidadosamente los objetivos para crear en el ejército rival una sensación de desgaste sin compensación. En esto se distinguió de otros jefes indios, quienes pensaban que el hostigamiento a las líneas de suministro y comunicación de los colones estaban poniéndoles en situación de ventaja de cara a una negociación de paz.

    Nube Roja, por el contrario, sabía que se necesitaba más. Y entendía la necesidad de que sus nuevos objetivos fuesen sobre todo militares: tenían que hacer entender a los soldados blancos que no podrían establecer cómodamente su dominio en aquellas tierras.

    Sus ideas fueron escuchadas. En 1865, la coalición india atacó un puesto militar estadounidense llamado Platte Bridge Station. Veintiséis soldados blancos murieron, entre ellos uno de sus comandantes. Esto constituía un golpe tremendo para la sensación de seguridad de los soldados en la región: hasta entonces los indios habían hostigado las líneas de suministros y las caravanas de los colonos, y a los militares porque estaban ejerciendo los militares como escolta.

    Pero ahora los indios comenzaban a atacar directamente a las guarniciones. La noticia llegó al general Greenville Dodge, responsable de Fort Laramie, el mayor establecimiento militar en esa parte del continente. Él ya había estado considerando planes para detener la intensa actividad india, y ante el ataque de Platte Bridge Station creyó necesario enviar una inmediata expedición de castigo a gran escala.

    De hecho lo hizo de manera precipitada y sin un verdadero estudio de la situación. Irónicamente, estaba adoptando la misma estrategia primitiva que los indios habían desechado para el conflicto: ir a la batalla como resultado de una venganza automática.

    Dos mil seiscientos «casacas azules» —aquel era el nombre que los indios daban a los soldados estadounidenses— partieron de Fort Laramie decididos a apagar la rebelión india. Era la llamada expedición del Powder River, principal operación militar estadounidense desde el comienzo de las guerrillas indias, ahora transformadas en una guerra abierta.

    Consistía en tres columnas de soldados que se adentraron en los territorios de caza indios de Nebraska, Wyoming y Montana. Los soldados estadounidenses eran superiores en armamento y organización. Muchos de ellos, para colmo, eran veteranos de la reciente guerra civil. Así que Greenville Dodge creía ciegamente en la victoria. Aquel iba a ser el principal error de toda su carrera.

    El general Greenville Dodge planeó una operación de castigo que fue desmantelada por la coalición india.
    El general Greenville Dodge planeó una operación de castigo que fue desmantelada por la coalición india.

    La primera de las columnas, dirigida por el general de brigada Patrick Connor, fue la única que obtuvo algunos éxitos iniciales.

    Se internó en el territorio del actual estado de Wyoming y edificó un fuerte (Fort Connor) desde el cual hostigar a los indios de la zona.

    Connor era un militar despiadado: había tenido un importante papel en otra sangrienta matanza de indios —la masacre de Bear River, donde murieron varios centenares incluyendo a mujeres y niños— y también aquí dio la orden inicial de matar a todo varón indio «de doce años de edad en adelante» aunque, por fortuna, esa orden fue atemperada por un superior, muy consciente del impacto todavía reciente de la masacre de Sand Creek.

    Pese a la consabida brutalidad de Connor, contó con la inestimable ayuda de algunos exploradores pawnee y omaha, que eran tradicionales enemigos de los sioux.

    Las debilidades humanas, ni que decir tiene, también se producían en el bando indio. Gracias a aquellos rastreadores, Connor tomó por sorpresa a toda una aldea arapajoe en la batalla de Tongue River, una emboscada que desembocó en una derrota aplastante del clan indio.

    Sus soldados también consiguieron rescatar a una importante y costosa expedición minera que había estado siendo asediada por los arapajoes en la región.

    Pero aquí se detuvo el inicio triunfal de Connor.

    Aquellos golpes no fueron suficientes para desanimar a los arapajoes, quienes siguiendo las mismas tácticas que la coalición india llevaba empleando desde hacía meses, procuraban dirigir sus ataques sobre todo a los medios de transporte del enemigo. Así, poco a poco, las carretas y monturas de los soldados estadounidenses iban desapareciendo.

    Pronto los casacas azules tuvieron que moverse a pie, sin suministros frescos y alimentándose con la carne los pocos caballos que todavía les quedaban con vida. Finalmente, la capacidad operativa de la columna de Connor terminó siendo prácticamente nula y las magras victorias iniciales se habían obtenido a costa de un desgaste inaceptable.

    La misión de Connor concluyó, pues, en total fracaso. Sus tropas, desprovistas de caballos y comida, regresaron al fuerte para refugiarse en espera de ayuda, incapaces ya de hacer frente a los indios en campo abierto.

    Las otras dos columnas de la gran expedición del Powder River sufrieron un destino igual o incluso peor. Tras adentrarse en Montana y Nebraska respectivamente, descubrieron que no sabían cómo sobrevivir en aquellas tierras donde los indios se desenvolvían con mucha mayor facilidad. La falta de pastos provocaba la muerte de los caballos (cuando no eran propios los indios quienes mataban o robaban a sus animales).

    El mal tiempo entorpecía la marcha. La falta de conocimiento del terreno hacía que se perdieran o que diesen vueltas en círculo, algo agotador, especialmente cuando empezaron a verse obligados a ir a pie. Los nativos aparecían, atacaban brevemente y desaparecían; así una y otra vez, dando la sensación de ser como fantasmas a los que no se podía dar caza. Los soldados estadounidenses se desmoralizaron y su voluntad combativa se desplomó.

    Cuando las dos columnas —o lo que quedaba de ellas— consiguieron reunirse tras experimentar un vía crucis por las praderas, partieron también hacia Fort Connor buscando refugio. Cuando aparecieron allí, parecían, como lo resumiría un historiador, «la tropa más patética que se haya visto jamás en Wyoming».

    En resumen: la triple expedición de Powder River, que teóricamente debía finiquitar la guerra con los indios, terminó en un absoluto desastre y provocó la completa desbandada de las tropas estadounidenses enviadas desde Fort Laramie. Fue una victoria india sin paliativos, en tres frentes distintos, y que básicamente había desbaratado la fuerza militar estadounidense en la región.

    Iniciado el verano de 1866, el Departamento de Interior del gobierno los Estados Unidos pareció reconocer implícitamente su derrota cuando envió a los indios un mensaje en el que invitaba a los jefes de la coalición india a visitar Fort Laramie para firmar un tratado de paz.

    Nube Roja tuvo que pensarse mucho si debía acudir a la negociación o no. Algunos jóvenes guerreros muy destacados de su tribu, como el ahora legendario Caballo Loco, se oponían visceralmente a la negociación y consideraban que firmar la paz en aquel momento era precipitado. Pero Nube Roja, como gran jefe que era, tenía que atender a otras razones: por un lado consideraba que la situación militar era lo bastante buena como para intentar forzar un tratado beneficioso.

    Por otro, aún más importante, la temporada de caza había sido muy mala y a los guerreros les iba a venir muy bien un tiempo de paz para alimentar a los suyos, entre quienes comenzaba a amenazar el hambre. Incluso podrían necesitar para vivir la indemnización de guerra estadounidense —generalmente pagada en bienes— que pudiesen obtener a raíz del acuerdo de paz.

    Finalmente Nube Roja aceptó negociar, al igual que prácticamente todos los demás jefes participantes en la guerra. En Fort Laramie se produjo un espectáculo sin duda notable cuando numerosos grupos de guerreros indios acamparon en los alrededores mientras sus jefes parlamentaban con el representante del gobierno, E. B. Taylor.

    Pero la negociación, que en principio parecía marchar bien, estaba condenada a fracasar desde el principio. Los indios no tardaron en descubrir el doble juego que siempre se practicaba desde el gobierno de Washington, o desde sus diferentes ramificaciones regionales. La prueba de ello no pudo llegar en peor momento: justo cuando los jefes indios estaban en Fort Laramie, apareció una cuarta columna estadounidense.

    Eran un millar largo de soldados dirigidos por el general Henry B. Carrington, cargados de materiales de construcción y con la evidente misión de erigir un nuevo fuerte en la región. Nube Roja no daba crédito a sus ojos. Al día siguiente le enfureció comprobar que el general Carrington se sentaba en la sesión de negociación como si tal cosa.

    Nube Roja se negaba a parlamentar con un militar, porque la paz era un asunto entre gobiernos. Para él, la aparición de Carrington y sus hombres era una prueba de que los blancos continuaban empeñados en amenazar a los indios incluso tras haber sufrido una seria derrota. La cosa estaba clara: los estadounidenses fingían negociar la paz mientras se preparaban para continuar la guerra.

    Los jefes cheyennes y arapajoes, en cambio, no consideraron tan grave el asunto. Al día siguiente se presentaron ante Taylor y  Carrington para seguir conversando, aunque parecían más dubitativos, como si no estuviesen seguros de querer estar allí. Y Taylor no dejó de notar que Nube Roja se encontraba ausente. Quiso saber dónde estaba.

    La respuesta que recibió no fue nada halagüeña: Nube Roja, le dijeron, se había marchado para continuar la guerra por su cuenta. Nube Roja ya no quería firmar la paz y los jinetes sioux volvían a cabalgar por las llanuras.

    Nube Roja (derecha) junto a su compatriota sioux oglala, el jefe Caballo Americano.
    Nube Roja (derecha) junto a su compatriota sioux oglala, el jefe Caballo Americano.

    Aquello era un más que evidente signo de que la guerra iba a continuar, pero Taylor estaba obcecado con obtener un éxito político de aquellas negociaciones y decidió maquillar la situación de cara a Washington.

    Envió un mensaje diciendo que el acuerdo de paz era inminente y que casi todos los jefes indios de la región iban a firmarlo. Admitía que Nube Roja se había negado a firmar y que había partido hacia las llanuras acompañado de algunos centenares de guerreros, pero que aquello no impedía pintar el triunfal retrato de la paz inminente.

    En sus parciales informes, Taylor ni siquiera hizo notar el hecho todavía más inquietante de que el puñetazo en la mesa de Nube Roja había sacudido a sus aliados y que, gradualmente, los jefes cheyennes y arapajoes estaban empezando a imitar el ejemplo de los sioux.

    En sus informes, a Taylor se le olvidó decir que los indios estaban siguiendo masivamente a Nube Roja.

    Y que el porcentaje de jefes dispuestos a firmar la paz era cada vez menos representativo del conjunto de la coalición.

    En Washington compraron fácilmente las mentiras de Taylor.

    Incluso más ansiosos por obtener rédito político de la paz y también ansiosos por demostrar que se daban las condiciones para finalizar su gran proyecto nacional —el ferrocarril transcontinental—anunciaron a bombo y platillo un inminente tratado de paz.

    La prensa, con igual despreocupación, vendió felizmente la piel de un oso al que no se había cazado. A nadie en la capital se le ocurrió comprobar si realmente Nebraska, Wyoming o Montana eran ya territorios pacificados. No había comunicación telegráfica entre la capital y la frontera, recordemos, y las noticias llegaban a caballo o en carreta.

    Y como las últimas noticias decían que los indios estaban comenzando a disgregarse —y era cierto, pero lo hacían para seguir la vieja costumbre de pasar el invierno con los suyos incluso en tiempos de guerra— la ilusión de una paz en el «salvaje oeste» se extendió hasta límites absurdos.

    El mismísimo presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, se plantó en el debate sobre el estado de la nación —allí llamado «debate sobre el estado de la Unión»— y se ganó los aplausos de sus ilustres señorías presumiendo de que la guerra contra los indios había terminado.

    Pero lejos de allí, en aquellos mismos días en que el presidente alardeaba desde el estrado, estaba sucediendo algo completamente inesperado: contra todo pronóstico y aun habiendo entrado en lo peor del invierno… los indios estaban reapareciendo.

    Mientras en Washington se celebraba una paz inexistente, un comando indio dirigido por Caballo Loco atacó un tren de transporte de madera. En otro lugar, los guerreros nativos tendieron una astuta trampa de factura casi napoleónica a la guarnición de un pequeño fuerte, aparentando ser inferiores en número para atraer a los soldados guarnecidos a campo abierto, en donde sufrieron una ominosa derrota.

    Poco después, la coalición india atacaba por sorpresa Fort Kearny, aquel nuevo fuerte construido a toda prisa por el mismo general Harrington cuya aparición en las negociaciones de paz había provocado la furia de Nube Roja. Los blancos volvieron a caer en la trampa de intentar dispersar y perseguir a unos indios aparentemente escasos que asediaban el fuerte: un contingente de soldados comandados por un fogoso subordinado de Carrington —el capitán William Fetterman— abandonó el fuerte para eliminar a los asaltantes.

    Y aquellos escasos asaltantes parecieron huir (aunque dejándose perseguir) hasta un lugar predeterminado en donde los casacas azules se vieron repentinamente emboscados por una nube de guerreros comandados por Nube Roja: en la aparentemente vacía pradera, como saliendo de la nada, atacaron los arapajoes y los cheyennes desde un lado y los sioux oglala desde el otro. Los estadounidenses quedaron justo en medio. No hubo piedad. Ninguno de los casacas azules regresó con vida.

    Pero lo más significativo tuvo lugar tras la batalla: los cadáveres de los soldados blancos fueron mutilados en simbólica imitación de lo sucedido con los habitantes del poblado de Sand Creek. Aquellas mutilaciones de cadáveres pretendían enviar un claro mensaje a Washington: los indios no estaban dispuestos a olvidar.

    Eso sí, hubo algún detalle sorprendente: el único cadáver que no había sido mutilado era el del corneta Adolph Metzger, inmigrante alemán enrolado en la infantería que había dado grandes muestras de valor durante la batalla, atacando a los indios con su corneta a modo de porra metálica (lo sabemos porque los propios indios lo contaron más adelante).

    Los indios, en señal de admiración por el evidente coraje del corneta, no solamente habían respetado la integridad de su cadáver sino que lo habían envuelto en una piel de búfalo, gesto de respeto con claros tintes ceremoniales.

    En Fort Kearny, extrañados por la ausencia de noticias de los soldados que habían partido persiguiendo a los indios, enviaron un nuevo contingente de tropas en ayuda de la primera expedición. Todo lo que encontraron fue la espantosa imagen de los cadáveres concienzudamente desfigurados. Aquella fue la «matanza de Fetterman», uno de los hechos definitorios de la «Guerra de Nube roja».

    Durante varios días, más allá de Fort Kearny, nadie tuvo noticia de la matanza. Menos de una semana después, en la guarnición más cercana —Fort Laramie, a casi cuatrocientos kilómetros— desconocían por completo lo sucedido y mientras una tormenta de nieve azotaba el paisaje, en el interior del fuerte tenía lugar un despreocupado baile navideño donde oficiales y sus esposas lucían sus mejores galas al estilo de cualquier película de John Ford. Pero aquella no sería la imagen más cinematográfica de la velada, porque de repente, irrumpiendo en plena fiesta, apareció un mensajero recién llegado desde Fort Kearny.

    El soldado presentaba un aspecto lamentable: estaba cubierto por la escarcha, temblando de frío y al borde del colapso por agotamiento tras haber forzado la marcha para cubrir la distancia que separaba ambos fuertes —más o menos la misma distancia que hay entre Madrid y Valencia— en cuatro jornadas a caballo, por la nieve, bajo la ventisca y afrontando un frío inhumano que en ocasiones podía superar los treinta grados bajo cero.

    Ante la dantesca visión del mensajero, la música cesó y todos se dispusieron a escuchar las malas noticias que el pobre tipo traía desde Fort Kearny: los indios habían reaparecido en pleno invierno contra todo pronóstico, habían masacrado a Fetterman y su tropa, y amenazaban con asaltar directamente el fuerte y diezmar a las pocas fuerzas que le quedaban al general Carrington.

    Aunque mucho menos conocido en Europa, el capitán William Fetterman sufrió un desenlace similar al del general Custer.
    Aunque mucho menos conocido en Europa, el capitán William Fetterman sufrió un desenlace similar al del general Custer.

    Así, en Fort Laramie supieron no solo que la guerra no había terminado, sino que tendrían que enviar urgentes refuerzos a Fort Kearny.

    Le preguntaron al mensajero si había visto indios durante su largo camino entre ambos fuertes.

    El soldado afirmó no haber visto absolutamente a ninguno, pero nadie interpretó adecuadamente aquel hecho: siendo ya legendaria la capacidad de los nativos para hacerse invisibles sin por ello dejar de acechar a sus enemigos, podía pensarse que les había interesado particularmente que las noticias de su ataque fuesen conocidas en Fort Laramie (o de lo contrario, claro, aquel mensajero jamás hubiese llegado a Fort Laramie con vida).

    Aquella era una idea inquietante que alguien debió haber tenido en cuenta: ¿por qué los indios no se molestaron en evitar que Fort Laramie recibiese el mensaje y enviase refuerzos?

    Pero en Fort Laramie no se detuvieron más de la cuenta en analizar aquella sospechosa situación o bien se sintieron en la obligación de responder inmediatamente a la solicitud de ayuda.

    Así que tras haber visto abruptamente interrumpidas sus galas navideñas, un contingente de tropas partió hacia Fort Kearny para ayudar al fuerte supuestamente asediado. No fue un viaje fácil: los soldados de refuerzo tuvieron que hacer el camino inverso al del mensajero, padeciendo las mismas temperaturas dignas de la Antártida.

    Al menos uno de los hombres murió de frío durante el trayecto. Otros perdieron dedos de los pies por congelación y no pocos enfermaron. Tampoco ellos vieron a ningún indio por el camino y para cuando llegaron a Fort Kearny, los guerreros que teóricamente lo asediaban habían vuelto a desaparecer.

    Porque los indios, ahora sí, se habían retirado definitivamente a sus respectivos refugios… no sin antes haber atraído a nuevas tropas hacia el inclemente corazón de las praderas, donde iban a ser azotados por lo peor del invierno. A los soldados que llegaron para reforzar Fort Kearny y a los que ya estaban allí les tocaba pasar por un auténtico calvario: con tanta nieve no había pastos, así que perdieron —o se comieron— a casi todos sus animales.

    Los suministros desde Fort Laramie no llegaban en cantidad suficiente porque el mal tiempo y la dificultad del trayecto hacían casi imposible la asistencia. En sus almacenes empezó a escasear la comida fresca como la fruta y la verdura, así que los soldados, además de enfermar por el frío, lo hacían también por el escorbuto. Los indios estaban ganando una nueva batalla sin necesidad de disparar ni una sola flecha, ni una sola bala de sus escasos y anticuados rifles.

    Todo lo que habían necesitado era atraer más soldados a Fort Kearny para que el famoso General Invierno, el mismo que había derrotado a Napoleón, demostrase que se había aliado con Nube Roja y los suyos. Una vez más, la astucia india estaba costándoles muy caro a los casacas azules estadounidenses.

    Todavía en pleno invierno, a principios de 1867, finalmente, empezaron a llegar a Washington las noticias sobre la intensa Navidad que se había vivido en las praderas: en la capital supieron de la «masacre de Fetterman», del asedio sufrido por el ya destituido general Henry B. Carrington en Fort Kearny, del ataque al tren, etc. Aquello revolvió completamente la percepción que los estadounidenses tenían del progreso colonial en las llanuras.

    Habían creído que la paz estaba firmada pero ahora se encontraban con lo que solo podía ser calificado como desastre militar. Los periódicos airearon profusamente los inquietantes datos del catastrófico intento de dominar las praderas. Los mensajes triunfalistas del presidente fueron súbitamente ridiculizados por la realidad. Los Estados Unidos estaban perdiendo la guerra. La situación era muchísimo peor que antes del primer intento de firmar un tratado, cuando Nube Roja había salido airado de Fort Laramie.

    El gobierno de Washington envió nuevas tropas a Fort Laramie para reforzar la presencia militar en la región, pero a casi ningún oficial con dos dedos de frente se le escapaba que incluso con aquellos refuerzos iba a resultar prácticamente imposible someter a la coalición nativa. Sí, los indios eran poco numerosos y mal armados, y su ejército tenía una organización desestructurada y dispersa.

    Pero sus tácticas de guerrilla, su conocimiento del terreno y su bravura contrastaban dramáticamente con la aparente indefensión de los soldados estadounidenses en las praderas, desmoralizados por un territorio inclemente y aterrorizados ante un enemigo al que veían como diabólicamente astuto.

    Por otra parte, a causa de los recortes presupuestarios y de la mala situación que se había heredado de la reciente guerra civil estadounidense, Washington no tenía tantas tropas de refresco como hubiese necesitado para hacer frente a la situación. Los hombres que tenían en las praderas eran casi todos los que podían desplazar a la región en aquel momento… y no parecían bastantes.

    No hay invierno que dure por siempre y finalmente llegó la primavera, lo que en principio constituía una buena noticia, al menos para las maltrechas tropas de Fort Kearny. Pero con la primavera no solamente retornaba el buen tiempo; también los indios reaparecieron de donde quiera que hubieron estado ocultos.

    Esta vez, la «Guerra de Nube Roja» se dividió en dos frentes. Tras las deliberaciones que sin duda habían tenido lugar durante el invierno entre los jefes indios, las tres naciones habían decidido dividir sus fuerzas. Los cheyennes y los arapajoes atacaron un fuerte en Montana. Mientras, los sioux de Nube Roja lanzaron un ataque supuestamente definitivo a Fort Kearny para intentar desmantelarlo por completo.

    Auténtica camisa de Nube Roja, regalada por él a un antiguo militar y hoy expuesta en el museo de Pine Ridge.
    Auténtica camisa de Nube Roja, regalada por él a un antiguo militar y hoy expuesta en el museo de Pine Ridge.

    Sin embargo Nube Roja se topó con un obstáculo que no podía haber previsto. En aquellos tiempos la tecnología armamentística progresaba a velocidad de vértigo y los soldados blancos disponían de un arma temible: el nuevo rifle Springfield, que había llegado con los refuerzos enviados por Washington, era más fácil de recargar, podía disparar más balas en menos tiempo y era un arma que básicamente multiplicaba por diez la capacidad de resistencia de los soldados guarnecidos en un fuerte.

    Gracias al Springfield, el ataque a gran escala de Nube Roja fue firmemente rechazado: los sioux se vieron envueltos en una lluvia de balas y se dieron vuelta rápidamente cuando comprendieron que la potencia de fuego de los defensores resultaba ahora prácticamente infranqueable. Pero Nube Roja se caracterizaba por extraer lecciones incluso de sus fracasos: supo que, pese a su plan inicial, ya no debía atacar directamente las guarniciones militares.

    Era hora de retornar a las viejas tácticas: atacar las caravanas y los convoyes de transporte que estaban facilitando la colonización minera a través del llamado «camino de Bozeman», el mismo que conducía directamente al oro de Nebraska. Quizá los soldados tenían mejores armas ahora, pero ya no eran suficientes para cubrir todos los frentes. Los sioux de Nube Roja, a quienes no se les había escapado la importancia que los blancos concedían al ferrocarril, volvieron nuevamente sus ojos hacia el «caballo de hierro».

    Con un fabuloso sentido de la oportunidad, Nube Roja dirigió un exitoso ataque sobre un tren de la Union Pacific que hizo saltar todas las alarmas en Washington. La importantísima conexión este-oeste, clave para la consolidación de los Estados Unidos como potencia internacional, podía pender de un hilo si los sioux continuaban asediando el ferrocarril.

    Pero si decidían enviar tropas a proteger las vías de tren, tenían que descuidar la vigilancia en el «camino de Bozeman», porque ya no disponían de soldados suficientes para garantizar la seguridad en ambos frentes. Los indios, en cambio, utilizaban tácticas guerrilleras que les permitían estar en todas partes con muchos menos guerreros disponibles.

    Así que la providencial aparición del rifle Springfield bien pudo haberle dado un giro a la guerra en otras circunstancias, pero para entonces la situación psicológica en Washington ya había cambiado del ciego triunfalismo de la Navidad anterior al sentimiento de que se encontraban en la antesala de un desastre.

    Los informes de los militares no ayudaban a mejorar los ánimos: resultaba más difícil de lo previsto enviar nuevos refuerzos para cubrir las numerosas bajas causadas por la coalición india. Los comandantes advertían de que, de seguir así las cosas, apenas se podía contar con el ejército como no fuese para agazaparse en sus fuertes, utilizando sus modernísimos rifles para disuadir a los indios de atacar las guarniciones directamente, pero poco más.

    Y aunque salieran a campo abierto para enfrentarse directamente a los indios, o bien protegían el ferrocarril, o bien protegían la carretera Bozeman que estaba facilitando la colonización de Nebraska y aledaños. Una de las dos cosas iba a perderse. Si es que no se terminaban perdiendo las dos.

    El presidente, sus asesores, el congreso… todos temían un cataclismo. Washington no tenía muchas opciones. O dedicaban ingentes recursos —que no iba a resultar fácil reunir— a intentar darle la vuelta a una guerra que podía alargarse varios años más, ahogando el crecimiento de la nación, o intentaban firmar de nuevo la paz, pero esta vez otorgando a los indios casi todo lo que estos pidieran.

    Desde que Nube Roja abandonó las anteriores negociaciones de paz, la coalición nativa había tenido todo a su favor. Resultaba evidente que no iban a ceder. Era la primera vez desde la llegada de los blancos al continente en que los indios se encontraban en una posición más fuerte para negociar una paz.

    Firmas (marcas en forma de cruz) de los jefes indios en el Tratado de Fort Laramie.
    Firmas (marcas en forma de cruz) de los jefes indios en el Tratado de Fort Laramie.

    Washington envió una nueva propuesta de diálogo, aunque hacer llegar el mensaje costó lo suyo porque en Fort Laramie y alrededores no se conseguía encontrar hombres dispuestos a adentrarse en territorio sioux.

    Nadie se atrevía a llevarle personalmente el mensaje a Nube Roja.

    Cuando finalmente encontraron un voluntario, pese a todo, este entregó el mensaje y regresó con vida.

    Con vida y con una respuesta de Nube Roja.

    Esta vez, el gran jefe sioux quería imponer varias condiciones antes de siquiera sentarse a parlamentar.

    No negociaría nada al menos que los soldados abandonasen los tres nuevos fuertes que se habían erigido en sus territorios, Fort Kearny incluido.

    Ese era un requisito sine qua non para que se dignase aparecer de nuevo por Fort Laramie.

     Washington aceptó, así que los casacas azules abandonaron sus fortificaciones: tardaron apenas unas horas en saber que los sioux les habían vigilado estrechamente para comprobar que efectivamente se marchaban; los soldados estadounidenses vieron humaredas en el horizonte, señal de que los fuertes ahora vacíos estaban siendo reducidos a cenizas por los indios.

    El abandono de aquellos fuertes era una renuncia territorial sin precedentes en el imparable avance de los Estados Unidos a costa de las naciones indias. Después de tres años de conflicto, la coalición india había derrotado a la potencia emergente de más rápido crecimiento en todo el planeta. Y Nube Roja, su principal líder, era el primer jefe indio que verdaderamente podía afirmar que le había ganado una guerra a Washington. Sería el último.

    La tensión en Fort Laramie se mantuvo durante meses, porque aunque algunos jefes iban apareciendo para negociar la paz, Nube Roja no daba señales de vida. Nadie podía afirmar si estaba esperando para comprobar que no llegaban nuevas tropas a la región, o si sencillamente estaba planeando una prolongación de la guerra. Pero resultó ser la primera opción: Nube Roja no quería precipitarse y tardó bastante tiempo en aparecer por Fort Laramie, donde se lo esperaba ansiosamente.

    Cuando finalmente se dejó caer por allí, ya sabía que los blancos no habían hecho ningún intento por volver a avanzar en sus territorios. Sabía que tenía todas las cartas a su favor. De todos los jefes indios presentes fue nuevamente el más duro a la hora de negociar.

    Únicamente cuando se le garantizó la creación de una muy amplia reserva india en cuyo territorio no podría entrar ningún hombre blanco sin permiso expreso de los indios, aceptó a firmar unos papeles que no podía leer pero en cuyo contenido confió con una ingenuidad casi infantil, algo sorprendente en un guerrero tan experimentado y astuto.

    Y es que también los blancos tenían sus astucias. Nube Roja era un hombre de honor: bien sabía que los blancos nunca cumplían sus promesas y sin embargo, pensó que aquella victoria tal vez había cambiado la situación.

    Después de firmar el tratado junto a otros muchos jefes indios, Nube Roja se retiró a vivir a la reserva, decidido a dejar atrás una vida marcada por las constantes guerras. Estaba cansado de luchar. Había vencido a los estadounidenses y pensaba que había obtenido para su nación un territorio inviolable en donde los sioux pudieran vivir en paz, cazando búfalos, rindiendo culto a sus espíritus y criando a sus hijos según sus propias costumbres.

    Los blancos, que son cultivados y civilizados, me han engañado. Y soy fácil de engañar, porque no sé leer ni escribir. (Nube Roja)

    Nube Roja no tardó en descubrir que había sido engañado. El tratado de Fort Laramie contenía cláusulas que le habían sido leídas de manera interesada (y que, aun sabiendo leer, estaban redactadas con la malicia y ambigüedad propias de los abogados gubernamentales).

    No sabía leer, pero la realidad habló por sí misma de las malas intenciones de sus antiguos enemigos. Por ejemplo, en una práctica habitual de Washington, se habían incluido en la reserva sioux territorios ya pertenecientes a otras naciones indias. De repente, los sioux se encontraban metidos en otro conflicto territorial, esta vez contra sus hermanos de raza.

    También resultó que el tratado, en realidad, daba manga ancha para que los representantes del gobierno se estableciesen en las reservas… y según la sinuosa y ladina redacción del tratado, prácticamente cualquier blanco podía ser considerado un «representante del gobierno» por el mero hecho de ser designado como tal.

    El resultado fue que el acuerdo, tal como había sido explicado a los jefes indios en término simples —y tal como ellos creían haberlo firmado— empezó a ser vulnerado repetidamente. La anhelada paz en la reserva empezó a tornarse insostenible: los Estados Unidos habían estado ganando tiempo para recuperarse, simplemente, y los sioux se sentían cada vez más decepcionados y enfurecidos.

    Menos de una década después de la firma de ese Tratado de Fort Laramie, en un ambiente ya claramente prebélico, Nube Roja acudió a Washington en un último intento por detener un nuevo derramamiento de sangre. Y como narrábamos en la primera parte, se sintió decepcionado e incluso insultado por la frialdad de los políticos, incluyendo al presidente, con quien conversó personalmente (y con brevedad).

    Viajó a Nueva York y dio aquel discurso con el que comenzamos la narración y que fue el último intento, a la desesperada, de hacerse oír ante los blancos. Washington no cedió y los pocos defensores comprometidos que la causa india tenía entre los estadounidenses tampoco consiguieron mucho más.

    No se pudo evitar la guerra. En 1876, tras siete años de precario alto el fuego y constantes transgresiones estadounidenses, los sioux —liderados por guerreros de la siguiente generación— volvieron a rebelarse ante la invasión blanca. Pronto se sumaron sus antiguos aliados cheyennes. Estallaba la Gran Guerra Sioux, comandada por Toro Sentado y Caballo Loco. Ahora ellos eran los grandes jefes.

    Cuando era joven, era pobre. Durante las guerras contra otras naciones luché en ochenta y siete batallas. En ellas me hice un nombre. Por ellas me eligieron jefe de mi nación. Pero ahora soy viejo y deseo la paz. (Nube Roja)

    Toro Sentado intentó, sin éxito, volver a derrotar a los Estados Unidos después de que Nube Roja buscara ansiosamente una paz imposible.
    Toro Sentado intentó, sin éxito, volver a derrotar a los Estados Unidos después de que Nube Roja buscara ansiosamente una paz imposible.

    Nube Roja no participó en una nueva guerra donde los sioux perdieron lo que con él habían ganado.

    Pese a victorias tan sonadas como la batalla de Little Big Horn (la misma en la que el célebre Séptimo de Caballería del general Custer fue aniquilado hasta el último hombre) los indios ya no pudieron inclinar de su lado la balanza.

    El desgaste humano y material terminó erosionando su capacidad combativa.

    Varias malas cosechas y la incompatibilidad entre dedicarse a la caza o a la guerra contra los Estados Unidos hicieron que el alimento escaseara en los poblados indios.

    La moral de los nativos cayó en picado cuando comprobaron que los suyos empezaban a pasar hambre.

    Primero se rindieron los cheyennes.

    Más tarde el jefe sioux Caballo Loco fue arrestado (murió en circunstancias muy poco claras, recibiendo un bayonetazo cuando supuestamente intentaba escapar de su cautiverio).

    Finalmente, el último gran jefe sioux que todavía resistía, Toro Sentado, se rindió también cuando la situación de su gente era ya desesperada a causa del hambre y la escasez.

    Toro Sentado se había creado una enorme reputación entre los blancos, muchos de los cuales le respetaban pese a haber sido un enemigo.

    Demostró siempre una voluntad integradora e incluso adoptó como hija a la legendaria tiradora blanca Anne Oakley, tras bautizarla con un simpático nombre que venía a significar «la pequeña con un disparo certero». También aceptó formar parte del curioso espectáculo de Buffalo Bill y no rechazaba la convivencia con los blancos, un sueño utópico que venía manteniendo incluso desde los tiempos de la guerra.

    Sin embargo, también Toro Sentado murió en extrañas circunstancias cuando se negó a ser arrestado ilegalmente, sin la presencia del agente de asuntos indios de la región. Poco importó que no llevase un arma encima. Su buena predisposición fue recompensada con un disparo en el pecho.

    Así pues, la resonante victoria de Nube Roja duró apenas una década. Sobrevivió a Toro Sentado y a Caballo Loco, legendarios jefes más jóvenes que él. También sobrevivió a su propio país. Tras la derrota sioux, vio como la reserva era reducida a una minúscula fracción de lo que había sido su Gran Nación. Vio como a los suyos se le les daban territorios escasos, dispersos y poco fértiles.

    Vio como los indios dependían ahora casi completamente de los suministros gubernamentales de Washington, repartidos mediante aquella corrupta red de agencias indias que tantas y tantas veces había denunciado en el pasado.

    Pese a todo, Nube Roja nunca cejó en el intento de obtener beneficios para los suyos: de camino a su vejez se convirtió en un astuto político, incluso llegó a «convertirse» al catolicismo —más bien se dejó bautizar— en 1884 porque pensaba que así sería más fácil negociar con los blancos, ya que muchos de los principales defensores de los indios pertenecían a asociaciones religiosas (Toro Sentado hizo el mismo paripé, aunque parece que sí hubo conversiones sinceras como la del jefe Ciervo Negro).

    No consiguió gran cosa, pese a sus esfuerzos constantes. Cuando llegó el cambio de siglo, la Gran Nación Sioux era solamente un remoto en la mente de aquel anciano indio que ahora estaba prácticamente ciego. Aun así, al igual que Toro Sentado, nunca mostró desprecio o acritud hacia los blancos en general. Durante sus últimos años, uno de sus grandes amigos fue un antiguo militar estadounidense: el capitán James Cook.

    Cuando notaba próximo el fin, dictó para Cook una afectuosa carta instándole a quedarse con varios recuerdos suyos (como ropa personal o su pipa ceremonial con su respectiva bolsa, una posesión muy simbólica e importante para los sioux). Entre esos objetos estaba un retrato al óleo que un estudiante de arte había hecho de Nube Roja.

    El viejo jefe insistía en que Cook conservara el cuadro para que los hijos de ambos pudieran contemplar «el rostro de uno de los últimos jefes que vivieron antes de que los hombres blancos vinieran y nos expulsaran del antiguo camino que veníamos recorriendo desde hacía cientos de años».

    Nube Roja, Mahpíya Lúta, el único jefe indio que ganó una guerra a los Estados Unidos de América, murió en 1909 poco antes de cumplir los ochenta años. Fue enterrado según dicta el rito católico en el cementerio de Pine Ridge, bajo una losa blanca presidida por una cruz cristiana.

    Aún hoy su tumba es un lugar de peregrinación donde se dejan banderas o pequeñas piedras de recuerdo. Actualmente, Red Cloud es el apellido legal de sus descendientes directos: en julio de este mismo años 2013, por ejemplo, ha fallecido a los noventa y tres años Oliver Red Cloud, su bisnieto y jefe de la «nación sioux» desde 1977.

    Dos décadas después de la muerte de Nube Roja, cuando las guerras que él protagonizó formaban parte —convenientemente embellecidas— no solo del folclore estadounidense sino de la cultura popular internacional, los jefes indios seguían alzando su voz aunque ya nadie estaba dispuesto a escucharles.

    Durante mucho tiempo la literatura, el cine y la televisión estadounidenses (y por ende, las de sus imitadores a lo largo del globo) falsearon la historia y retrataron a los indios de Norteamérica como meros salvajes empeñados en cortar cabelleras —costumbre, por cierto, introducida por los europeos— y en asaltar sin motivo a los plácido granjeros blancos.

    Hoy conocemos mejor la verdad: sus tierras les fueron arrebatadas mediante una larga cadena de agresiones, tratados vulnerados, promesas incumplidas y por aquella barbaridad genocida llamada el «Destino Manifiesto», la idea de que los Estados Unidos tenían necesariamente que extenderse de una costa a otra de Norteamérica, buscando su lebensraum sin importar que prácticamente todas las tierras de aquel continente perteneciesen a otras naciones. Como decía amargamente una declaración del Gran Consejo Indio de 1927, apenas dos décadas tras la muerte de Nube Roja:

    La gente blanca, que está intentando modelarnos a su imagen y semejanza, quieren que seamos eso que llaman «asimilados», quieren integrar a los indios en la mayoría, destruir nuestra manera de vida y nuestros patrones culturales. Creen que deberíamos estar contentos como aquellos cuyo concepto de la felicidad es materialista y avaricioso, lo que difiere mucho de nuestra forma de ser. Pero queremos ser libres del hombre blanco, más que estar integrados.

    No queremos ser parte del sistema, queremos ser libres y educar a nuestros hijos según nuestra religión y según nuestras costumbres. Queremos ser capaces de cazar, pescar y vivir en paz. No queremos tener poder, no queremos ser congresistas o banqueros… queremos ser nosotros mismos. Queremos conservar nuestra herencia, porque somos los propietarios de estas tierras y porque a estas tierras es a donde nosotros pertenecemos. El hombre blanco dice que existen libertad y justicia para todos. Ya hemos experimentado esa “libertad y justicia”… lo cual ha conseguido que hayamos sido exterminados casi por completo. No lo olvidaremos.

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    Nube Roja.

    nuestras charlas nocturnas.

    Historia de España…


     

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    Curiosfera  —  La historia española es una de las más extensas que existe. Ha sido un territorio conquistado por varias civilizaciones. Pero al mismo tiempo, también fue un país conquistador y creador del imperio más grande del mundo.

    Para comprender la el origen de España primero debes conocer su situación geográfica, ya que ha influido enormemente en su historia. España comparte con Portugal la península Ibérica, situada en el extremo Sudoeste de Europa, y se abre casi por igual al Océano Atlántico y al Mar Mediterráneo.

    Ocupa la mayor parte de la península, las islas Baleares y las Canarias. Limita al oeste con Portugal y al norte con Francia y Andorra, y el resto de sus fronteras son marítimas. Separada de Marruecos por el estrecho de Gibraltar y de Francia por los Pirineos, fácilmente franqueables por sus extremos. España es un país de encrucijada, un puente entre África y Europa.

    Sus tierras están modeladas por los plegamientos alpinos y su altitud media, comparada con sus vecinos europeos, sólo es inferior a la de Suiza. Está situada en el hemisferio norte, y más cerca del ecuador que del polo. Es decir, es un país subtropical mediterráneo.

    Así lo manifiestan claramente el clima, los ríos, la vegetación natural, los suelos, los paisajes rurales y hasta el modo de vivir de sus gentes. La configuración peculiar del territorio y la altitud modifican los efectos de estos factores geográficos generales para convertir el país en un variado mosaico en el que caben todos los paisajes, como si de un pequeño continente se tratara.

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    • Continente: Europa.
    • Superficie: 504.748 km2.
    • Capital: Madrid.
    • Población: 46.672.589.
    • Moneda: Euro.
    • Lengua oficial: español.

    Prehistoria

    Uno de los eslabones clave en la evolución del hombre está documentado en España. Los estudios de restos fósiles de una antigüedad de 750.000 años hallados en la Gran Dolina del yacimiento de Atapuerca (Burgos), han permitido establecer la existencia de un antepasado común al hombre de Neanderthal y el Homo sapiens, bautizado por esa razón como Homo antecesor.

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    Alto y fuerte, con arcos ciliares incipientes y una capacidad craneal de unos 1.000 cm cúbicos, procedía sin duda de África, vivía de la caza y muy probablemente practicaba el canibalismo.

    Al margen de este antepasado lejano, los vestigios más antiguos de la ocupación humana de la Península corresponden al paleolítico inferior. La llegada de África del hombre de Neanderthal señala la entrada en el paleolítico medio con la cultura musteriense (entre los años 70.000 a. C. y 40.000 a. C.).

    Se trataba de cazadores que conocían el fuego y algunos instrumentos de piedra. Otro nuevo tipo humano (Homo sapiens) penetra en la Península. Es el inicio del paleolítico superior (de 40.000 a. C. hasta 10.000 d. C.).

    El hombre continuó siendo cazador y adaptó su vida a las condiciones ambientales. Es este hombre el que desarrolla el primer arte parietal (cuevas de Altamira, Castillo, etc.). Las características comunes de las pinturas (posiblemente una forma ritual con que atraer la caza) son el fuerte naturalismo, la rica policromía y su exclusiva localización en abrigos rocosos.

    Un largo período, llamado mesolítico, presidió entre los milenios X y VI antes de Cristo, la transición del paleolítico al neolítico, es decir, la transformación de los cazadores en pastores y campesinos.

    La llamada “revolución neolítica”, entre cuyos logros destacan la agricultura, la rueda y la cerámica, se desarrolló en España durante el milenio III a.C. Aparecieron entonces los primeros poblados. Es también el inicio de los grandes monumentos funerarios (megalitos, tumbas colectivas).

    Con la introducción en Europa de la técnica de mezclar cobre y estaño (2.000 a. C.), la Península penetra en la Edad del Bronce y, gracias a sus ricos yacimientos de estaño del noroeste, se inserta en las grandes rutas comerciales europeas y se abre el camino a las futuras colonizaciones mediterráneas.

    España celta e íbera: Fenicios, griegos y cartagineses

    Con las invasiones célticas (milenio I a. C), llegaron a España grupos de indoeuropeos, que se establecieron en el centro y oeste. Los celtas dejaron un rastro lingüístico indoeuropeo y difundieron la incineración y el uso de diversos útiles de hierro.

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    Por otro lado, cuando en los siglos VIII a. C. y VII a. C., los griegos entraron en contacto con la Península, hallaron unas poblaciones autóctonas, de raza mediterránea, que llamaron íberos, del nombre del Iber (Ebro), que se extendían por el litoral mediterráneo.

    Este territorio recibió el nombre de Iberia. También durante el milenio I a. C., se produjeron las colonizaciones fenicia y cartaginesa. Los griegos colonizaron la zona norte de la costa del Mediterráneo y los fenicios la sur, que hacia el siglo VI a. C., cayó bajo dominio cartaginés.

    La influencia de las culturas griega y púnica sobre la población autóctona dio origen, entre el año 500 a. C. y los comienzos de la romanización, a la civilización ibérica.

    Durante las guerras púnicas que enfrentaron a Cartago y Roma, los cartagineses emprendieron la conquista de España para el control de sus minas de plata y sus reservas de soldados mercenarios como base de un nuevo imperio cartaginés. Con la victoria de Roma en la segunda guerra púnica (218 a. C. a 201 a. C.), expulsados los cartagineses, los romanos emprendieron la conquista de la Península, a la que llamaron Hispania.

    España romana

    La campaña realizó rápidos progresos en Levante y Andalucía, pero encontró fuerte resistencia a su penetración hacia el interior. En la tenaz resistencia que opusieron las tribus hispánicas destacaron las guerrillas lusitanas de Viriato. La extraordinaria resistencia de Numaneia (133 a.C), y las guerras cántabras (29 a.C.- 19 a.C.). La Paz romana, entre Augusto y mediados del siglo III, trajo consigo la romanización de la sociedad, la cultura y la economía hispánica.

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    Roma impuso su lengua, su derecho y su religión. La población aumentó, floreció la vida urbana y se produjo una notable expansión económica, principalmente agrícola. Las tropas hispanas combatieron en todas las empresas imperiales y tres hispanos. Trujano, Adriano y Teodosio, llegaron a ser emperadores.

    La cultura latina fructificó con escritores como Séneca, Marcial, Quintiliano, Prudencio, Osorio, etc. El cristianismo, que penetró en los primeros siglos del Imperio, alcanzó en Hispania un rápido desarrollo.

    España visigoda

    Durante los siglos III y IV, se produjeron a través de los Pirineos, invasiones de diversos pueblos germánicos, que saquearon el país y destruyeron su estructura administrativa. Tras ellos penetraron los visigodos, pueblo también germánico pero más civilizado, que, como aliados de los romanos, ocuparon la Tarraconense y, tras la caída del Imperio, se establecieron definitivamente en Hispania.

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    Los visigodos, en número de unos 200.000, se ubicaron principalmente en la Meseta, instalaron su capital en Toledo y se impusieron sobre los restantes pueblos. Su dominio se caracterizó por una política unitaria, promulgando leyes que pusieron fin a la división existente entre las comunidades godas e hispanorromanas.

    Leovigildo (573- 586), sometió a los suevos de Galicia, e impuso su soberanía de modo efectivo sobre cántabros y vascones. Para consolidar la unión interior del reino apoyó decididamente el amanismo. Su hijo y sucesor, Recaredo (586-601), decidió salvar el abismo religioso entre los godos e hispanorromanos y públicamente abrazó el catolicismo en el 111 Concilio de Toledo.

    El modo de vida de los visigodos favoreció la ruralización de la sociedad, en la que no tardarían en aparecer instituciones feudales, beneficiosas para la nobleza y perjudiciales para el poder de la monarquía, cuyo carácter electivo favoreció la discusión de su autoridad.

    No obstante, Suintila (621-631), unificó políticamente la Península tras ocupar las zonas costeras desde Alicante hasta el Algarve, conquistadas a los bizantinos. En el campo de la cultura florecieron figuras importantes, como Isidoro de Sevilla, autor de las Etimologías, muy difundidas durante la Edad Media.

    España musulmana

    Las constantes guerras civiles entre las grandes familias visigodas fueron el factor desencadenante de la pérdida de su dominio en España, y pasara a manos de los musulmanes. Los hijos de Vitiza, en pugna con el rey Rodrigo, llamaron en su auxilio a los musulmanes. Quienes, bajo el mando del caudillo beréber Tariq b Ziyad, invadieron la Península (711) y derrotaron al ejército de Rodrigo en la batalla del Guadalete (19-26 de julio).

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    En el año 716, se habían apoderado de casi todo el país, al que llamaron al-Andalus. Terminada la conquista, la Península se integró en el califato de Damasco y pasó a ser administrada por su emir.

    Durante este primer período (emirato dependiente), las frecuentes disputas entre árabes y beréberes dificultaron la organización de la España musulmana. No se llevó a cabo sistemáticamente hasta que Abd al-Rahman I (756-788), se independizó políticamente de Damasco, y llegó a su cénit con la proclamación del califato de Córdoba (929), bajo Abd al-Rahman III.

    La rapidez de la conquista, con sólo unos 10.000 hombres, evidencia el poco interés del pueblo hispano en conservar a sus reyes visigodos, lo que favoreció considerablemente el proceso de islamización. Excepto una minoría (mozárabes), la población hispana se convirtió a la religión musulmana y se integró rápidamente en las estructuras del nuevo Estado.

    Gracias a una sólida economía, una eficiente administración, un disciplinado ejército y un bagaje cultural muy superior, al-Andalus pudo conservar fácilmente su hegemonía frente a los pequeños reinos cristianos que se habían ido formando por tierras de la mitad septentrional de la Península.

    Solo en el siglo XI, con la fragmentación del califato de Córdoba en pequeños reinos (taifas), el poderío musulmán entró en decadencia.

    Reconquista y edad media

    Después de la simbólica victoria obtenida por los cristianos en la batalla de Covadonga en el año 722, (cuya importancia ha sido en ocasiones magnificada por la historiografía tradicional), la lucha contra los musulmanes tuvo, durante unos años, un carácter esporádico y local.

    Estuvo centrada principalmente en el Estado cristiano constituido en las regiones montañosas de Asturias, Galicia y Cantabria. Mientras tanto, en el noreste de la Península las ofensivas de los francos (785-811) culminaban en la creación de establecimientos de la Marca Hispánica en la región catalana.

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    En el siglo IX, el reino de Asturias, llegó hasta el Duero y estableció su capital en León; en el siglo X, en torno a la ciudad de Burgos, Fernán González fundó el condado de Castilla; el pequeño reino de Navarra llegó en sus avances hasta Tudela.

    Las victoriosas expediciones de Abd al-Rahman III y de Almanzor frenaron momentáneamente los progresos cristianos. Pero éstos volvieron a reemprender una lucha de conquista tras la desmembración del califato de Córdoba en 1031. La recuperación de Toledo en 1085, permitió extender la línea de demarcación hasta el río Tajo.

    La ofensiva de los almorávides (1086), no pudo detener los avances de la reconquista, que se intensificó en el siglo XII, hasta llegar a la cuenca del Guadiana. En Aragón, Alfonso I el Batallador reconquistó Zaragoza (1118) y se apoderó de diversas plazas del bajo Aragón, como Calatayud y Daroca.

    Una vez realizada la unión catalano-aragonesa, Ramón Berenguer IV, culminó la recuperación del valle del Ebro ocupando Tortosa y Lérida. La ofensiva almohade, iniciada en 1172, fue detenida en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), en la que por vez primera todos los reinos cristianos se unieron contra los musulmanes.

    A partir de este momento, coordinado el avance de Portugal, Castilla y Aragón, los éxitos militares se sucedieron. Portugal reconquistó sus provincias meridionales, Castilla llegó hasta Córdoba (1236) y Sevilla (1248), y Aragón, bajo el reinado de Jaime I el Conquistador, ocupó las Baleares (1229-35), Valencia (1238), Játiva. Alcira y Murcia.

    Hacia 1270, los musulmanes solo conservaban en la Península el reino de Granada y parte de Huelva. El proceso de reconquista sufre a partir de ese momento una brusca paralización. La causa principal de este fenómeno fue la debilidad económica de Castilla. Agravada por los continuos conflictos internos, en contraste con el auge experimentado por los reinos periféricos.

    Portugal inició sus exploraciones marítimas en el Atlántico. Mientras Cataluña, Valencia y Baleares se transformaban en activos centros comerciales, cuya expansión se orientó hacia el Mediterráneo. Solo la recuperación de Castilla y su posterior unión con la corona de Aragón permitió, en 1492, la definitiva expulsión de los musulmanes del reino de Granada.

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    La reconquista, además de una campaña religioso-militar, fue una constante empresa de colonización y repoblación de las tierras arrebatadas a los musulmanes. A la que la actual estructura de la propiedad agraria en España debe sus rasgos más característicos.

    En los primeros siglos de la Reconquista las donaciones reales de tierras, bajo el sistema de aprisio o pressura, beneficiaron principalmente a pequeños propietarios libres. Que se organizaron en municipios y concejos, con una dependencia directa de la corona.

    Los monarcas cristianos utilizaron este método para estimular la repoblación de las zonas desérticas de la región comprendida entre los ríos Duero y Tajo. Y para conseguir un apoyo político frente al poder de la alta nobleza.

    Sin embargo, en el siglo XIII, la expansión cristiana llegó hasta las tierras del valle del Guadiana, más fértiles y densamente pobladas. Las concesiones recayeron en la gran nobleza guerrera, lo que originó el contraste entre los latifundios de Andalucía y la Meseta sur, por una parte, y la pequeña y media propiedad de la Meseta norte por otra.

    Edad Moderna española

    La prolongada estancia de los musulmanes en el territorio hispánico, y el lento avance hacia el sur, mediante el doble proceso de colonización y de reconquista, han sido los principales elementos configuradores de la España moderna. La común oposición al Islam hubiera podido actuar como factor cohesivo de los reinos cristianos, aunque de hecho fue un elemento de disgregación.

    La persistencia del enfrentamiento con los musulmanes durante los siglos XIV y XV, trajo como consecuencia que los hábitos adquiridos durante la Alta Edad Media fueran profundamente asimilados. Y constituyeran el bagaje espiritual con que Castilla hizo su irrupción en la escena europea a fines del siglo XV.

    En una sociedad imbuida de la idea de la misión divina de liberar al país de infieles, el clero, lo mismo que la nobleza, adquirió extraordinaria influencia, tanto en el orden temporal como en el espiritual. La alta nobleza, encargada de la dirección de la guerra santa, obtuvo grandes recompensas, sobre todo a partir del siglo XIII.

    Pero el hecho más característico fue la fuerza adquirida por la pequeña nobleza, el hidalgo, el hombre que vivía de la guerra y para la guerra y despreciaba las riquezas obtenidas mediante el comercio u otras actividades económicas.

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    Enlace de los reyes católicos.

    La expansión y el esplendor de la corona aragonesa durante el siglo XIV, contrasta con los desequilibrios y convulsiones sociales de Castilla. Donde el poder real se mostró incapaz de imponerse a una alta nobleza, que detentaba una extraordinaria fuerza política y económica.

    En el siglo XV, se produjo el desmoronamiento del imperio catalanoaragonés. La caída demográfica, la desarticulación de las fuerzas productivas de Cataluña, junto con los fracasos en el Mediterráneo, provocaron un enfrentamiento entre la monarquía y las clases dirigentes. Desembocaría en la guerra civil catalana (1462-72), que culminaría el proceso de ruina de las bases económicas de la corona aragonesa.

    La sociedad castellana, pese a sus turbulencias, estaba asentada sobre sólidas bases. Su población, menos afectada por las pestes que en la corona de Aragón, llegaba, según cálculos aproximados, a unos 6.000.000, en contraste con el 1.000.000 escaso de la corona aragonesa. Al mismo tiempo, su economía, basada en la ganadería lanar, estaba en plena expansión.

    En estas circunstancias, anarquía a nivel político, pero solidez en las fuerzas productivas en Castilla, y caos político y agotamiento económico en la corona de Aragón, se celebró en 1469 el matrimonio de Fernando, heredero de Juan II de Aragón. Con Isabel, hermana del rey de Castilla Enrique IV.

    A la muerte de su hermano, Isabel se proclamó reina de Castilla, pero el trono le fue disputado por la dudosa hija de Enrique IV (Juana la Beltraneja). Apoyada por Portugal y una parte de la aristocracia castellana: desencadenada la guerra civil (1475-79), finalmente, gracias al apoyo de Aragón y la hábil política de Fernando, consiguió imponerse sobre el bando rival en 1479. Este mismo año murió Juan II, y Femando heredó la corona aragonesa.

    Estado español de los Reyes Católicos (1479-1516)

    Con el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los dos reinos más poderosos de la Península pasaron a constituirse en un solo Estado. El lento proceso de la unidad política española se inició con este reinado, que aplicó fórmulas pactistas de respeto a las instituciones propias de cada reino asociado.

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    La superioridad demográfica y económica de Castilla, en contraste con el agotamiento humano y la desarticulación económica de la corona catalanoaragonesa, facilitó la posición preeminente de Castilla en el nuevo Estado. Al que impuso los objetivos y los ideales acumulados durante la Edad Media.

    Las primeras medidas adoptadas por los nuevos soberanos estuvieron encaminadas a restablecer el orden y la autoridad real. Estas medidas redundaron en beneficio del autoritarismo monárquico. Que se vio fortalecido con la creación de los consejos, la reorganización de la hacienda y la potenciación del ejército.

    La política social y económica de los Reyes Católicos facilitó el equilibrio y la estabilización de la sociedad española después de las graves crisis del siglo XV. Se consolidó el poderío económico de la nobleza castellana con la confirmación de la posesión de sus vastos latifundios y sus derechos jurisdiccionales.

    En Cataluña, después del último estallido de las guerras de remensas (1484-85), se restableció finalmente el orden con la sentencia arbitral de Guadalupe (1486). Y se dictaron una serie de medidas que permitieron iniciar una lenta recuperación.

    La protección de la corona a la ganadería y al comercio lanero facilitó la gran expansión de la economía castellana, aunque a costa de hipotecar el futuro desarrollo agrícola e industrial.

    Con la implantación de la Inquisición, la expulsión de los judíos (1492), y la conversión forzosa de los moros granadinos (1499), que provocó su primer levantamiento. Los Reyes Católicos se identificaron con la corriente mayoritaria en Castilla, partidaria de la eliminación de las minorías infieles y de preservar por todos los medios la unidad espiritual del país.

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    Unión de Coronas bajo los Reyes Católicos (1469-1516)

    Esta decisión de los Reyes Católicos, recogía los sentimientos castellanos medievales y estimulaba las actitudes intransigentes. El sentimiento de la honra y limpieza de sangre unió definitivamente los objetivos políticos y religiosos.

    El espíritu de cruzada de las clases nobiliarias castellanas encontró una plasmación inmediata en la guerra de Granada. El reino de Granada, último reducto de los musulmanes en la Península, fue conquistado definitivamente en 1492.

    A partir de este año. al mismo tiempo que tos Reyes Católicos prosiguieron el esfuerzo para conseguir la unificación de la Península (ocupación de Navarra, año 1512, y enlaces matrimoniales con Portugal), se inició la proyección exterior, que estuvo orientada en tres direcciones principales:

    1. Expansión hacia el norte de África.
    2. Continuación de la política tradicional de la corona aragonesa en Italia.
    3. Destacando sobre cualquier otra consideración expansionista, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, que daría una dimensión de alcance mundial a la corona española. Que así consolidó su posición en la Europa moderna.

    El imperio español

    Muerta Isabel (1504) y tras el breve reinado de Juana la Loca. Castilla estuvo bajo la regencia de Fernando (1506-16), y del cardenal Cisneros hasta la llegada de Carlos I, nieto de los Reyes Católicos y del emperador Maximiliano. Carlos I (1517- 1556 ), reunió en su persona las posesiones de la corona de Austria y las de los reinos Hispánicos y las Indias. Dos años después fue coronado emperador con el nombre de Carlos V.

    El favor real a los extranjeros de su séquito y el temor de que los asuntos alemanes distrajeran al soberano del gobierno de la Península provocaron la guerra de las Comunidades de Castilla (1520-21), que terminó con la derrota de los comuneros.

    Igual suerte le cupo al movimiento de las germanías, que estalló en Valencia (1519-23) y Mallorca (1520-23). El reinado de Carlos I, inició la época áurea de la historia española, basada en el monopolio del oro y la plata indianos, puesto al servicio de la idea de un imperio ecuménico concebido como una salvaguardia de la unidad cristiana ante el peligro protestante.

    No obstante, las empresas imperiales absorbieron las enormes cantidades de metales preciosos traídos del Nuevo Mundo y fue necesario acudir a los préstamos de los más poderosos banqueros europeos (Fugger, Welser, Grivnaldi, etcétera.).

    La paz de Augsburgo (1555), consagró la ruptura de la cristiandad, y el poderío de turcos y berberiscos en el Mediterráneo significó el desmoronamiento de las ideas imperiales.

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    Emperador Carlos V

    A pesar de estos fracasos, la hegemonía española en Europa quedaba plenamente consolidada en el momento de la abdicación del emperador. Que repartió sus posesiones entre su hijo Felipe II (España, Flandes, Italia y las Indias), y su hermano Fernando (las posesiones de la casa de Austria en Alemania).

    La experiencia imperial de Carlos I, puso de manifiesto la imposibilidad material de mantener un poder universal. Felipe II (1556- 98), ante los progresos de los protestantes, convirtió a España en el centro de la Contrarreforma.

    A partir de 1568, al coincidir la presión de los hugonotes en los Pirineos, la sublevación de los flamencos y el alzamiento de los moriscos en las Alpujarras (1568-70), la defensa de la pureza de la fe contra infieles y protestantes absorbió todas sus energías políticas.

    Pero los objetivos resultaron también excesivos en relación con sus posibilidades, y aunque logró galvanizar en esta lucha a toda la sociedad española y consiguió la victoria de la batalla de Lepanto (1571) contra los turcos y la anexión de Portugal (1580).

    Decadencia del dominio español

    No todo fue bueno para Felipe II. El desastre de la Armada Invencible en el año 1588, y la secesión de las Provincias Unidas iniciaron la decadencia del imperio español en Europa. Así en 1598, poco antes de su muerte, Felipe II, se vio obligado a firmar la paz de Vervins.

    Esta firma representaba el fracaso de su intervención en Francia. De hecho, suponía el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas y la aceptación del amenazador poderío inglés, principal representante del bando protestante.

    Durante los reinados de Felipe III (1598-1621) y Felipe IV (1621-65), se acentuó la decadencia del poderío español. El poder fue confiado a sus validos, el duque de Ferina y el conde-duque de Olivares, respectivamente.

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    La guerra de los 30 años

    El proceso inflacionista heredado de la época de Felipe II, se agudizó al descender la demanda americana de productos agrícolas y con el alza constante de los precios, que situó los costes de la industria española por encima de la extranjera.

    A partir de este momento, las demandas de las colonias españolas de América fueron satisfechas por la industria europea. Todo este proceso se vio agravado por la debilidad de la burguesía castellana a consecuencia de la expulsión de los judíos, la peste que invadiera el país a partir de 1599-1600 y la expulsión de los moriscos (1609-14).

    La participación de España en la guerra de los Treinta Años (1618-48), trajo consigo la penetración francesa en el Rosellón, los movimientos separatistas de Cataluña y Portugal (1640) y la derrota de Rocroi (1643), que obligó a España a reconocer la independencia de los Países Bajos (1648). La rebelión de Cataluña fue dominada, pero España tuvo que ceder el Rosellón a Francia (tratado de los Pirineos, 1659), y reconocer la independencia de Portugal (1668).

    Despotismo ilustrado de los Borbones

    El último monarca español de la casa de Austria, Carlos II (1665-1700), no tuvo descendencia y a su muerte dejó en el trono a Felipe, nieto de Luis XIV, originando la guerra de Sucesión, en la que la mayoría de los países de Europa se coaligaron contra España y Francia y proclamaron rey de España al archiduque Carlos de Austria.

    Iniciada como guerra internacional se convirtió en guerra civil española, y terminó con la victoria del pretendiente francés, que con el nombre de Felipe V, inició la dinastía de los Borbones.

    A cambio de ello, por el tratado de Utrecht (1713), España renunció a Italia. Países Bajos, Gibraltar y Menorca. La adhesión de los reinos de la antigua corona de Aragón a la causa del archiduque Carlos determinó a Felipe V, a implantar el decreto de Nueva Planta, que suprimió su autonomía.

    A partir de esta época, y mediante los Pactos de Familia, España giró en la órbita francesa, beneficiándose de la política de reformas propias del despotismo ilustrado emprendida por la dinastía borbónica. Durante los reinados de Felipe V (1700-1746), y Fernando VI (1746-59), se creó un nuevo aparato administrativo que facilitó la centralización del país y el autoritarismo monárquico.

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    Felipe de Francia se proclama rey de España

    Carlos III (1759- 1788), fue el Borbón más representativo del despotismo ilustrado español. Sus ministros Esquiladle y Grimaldi primero y Aranda, Campomanes y Floridablanca después, promovieron un vasto plan de reformas para impulsar el desarrollo material del país.

    Los instrumentos para realizar esta política fueron las Sociedades Económicas de Amigos del País y las Juntas de Comercio. Se decretó la libertad de comercio con América (1778), y se reforzó la política regalista con la expulsión de los jesuítas (1767).

    Intervino al lado de Francia en la guerra de los Siete Años (1756-1763), y ayudó a los futuros EE.UU., en su lucha por la independencia (1776-1783). Por la paz de Versalles (1783) España recibió Florida y Menorca.

    Crisis del Antiguo Régimen

    Las realizaciones del despotismo ilustrado entraron en crisis durante el reinado de Carlos IV (1788-1808). Los progresos de la agricultura habían llegado a un límite difícil de superar. El aumento de la producción agrícola favoreció fundamentalmente a los grandes propietarios.

    Mientras el pequeño propietario que producía sólo para su consumo, el aparcero, vio aumentar sus arrendamientos. Los jornaleros, con incrementos salariales inferiores al alza de precios, fueron los menos favorecidos. El problema agrario hizo su virulenta aparición a partir de la crisis de 1765-1766. Las medidas adoptadas durante el reinado de Carlos III, paliaron momentáneamente la crisis, pero no la resolvieron.

    La «ley agraria» no pasó de simple proyecto, y Jovellanos, a fines de siglo, preconizaba la necesidad de modificar la estructura de la propiedad de la tierra. Es decir, liquidar las bases del Antiguo Régimen: la amortización y la vinculación de la tierra.

    Al mismo tiempo, los avances alcanzados en las industrias textiles, especialmente en Cataluña, habían minado la organización gremial y, a pesar de una mayor integración del mercado nacional, las aduanas interiores dificultaban los posibles avances.

    La Revolución francesa alarmó a las clases privilegiadas. y la minoría ilustrada se vio apartada progresivamente del poder por Carlos IV. A partir de 1792, el despotismo ministerial de Godoy, intentó proseguir con un reformismo moderado.

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    Abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando

    Desde 1806, tuvo que enfrentarse a los privilegiados, quienes se agruparon en tomo al futuro Femando VII y, después del fracaso de la conjura de El Escorial (1807). Mediante el motín de Aranjuez (1808) derrocaron a Godoy y obligaron a abdicar a Carlos IV, en su hijo Femando.

    Por motivaciones estratégicas (necesidad de luchar contra Inglaterra), se firmó el tratado de Basilea (1795). Desde 1796, España reanudó la tradicional alianza con Francia, que llevó a firmar con ella el tratado de Fontainebleau (1807), por el cual se estipulaba con Napoleón la partición de Portugal.

    A este fin los ejércitos franceses empezaron a penetrar en la Península. Napoleón decidió entonces ocupar España, pero la empresa se vio frustrada por el levantamiento general del pueblo, en mayo de 1808. Durante seis años los españoles se enfrentaron a los ejércitos napoleónicos. Sólo una minoría, los llamados afrancesados, veían con buenos ojos al rey José I, impuesto por su hermano. Napoleón.

    En el transcurso de la guerra de la Independencia, estalló definitivamente la crisis. Por un lado los partidarios de la ruptura violenta con el pasado, de la introducción del liberalismo y del capitalismo triunfaron en las Cortes de Cádiz. Por el otro, los defensores de la España tradicional participaron en la guerra para restablecer el orden antiguo.

    Desequilibrios políticos

    Restituido en el trono (1814), Fernando VII anuló la obra legislativa de las Cortes de Cádiz (1810-1814), que habían elaborado la Constitución de 1812, de carácter liberal, restableció el absolutismo y alentó una brutal persecución contra los liberales. Esta política agudizó el conflicto separatista de las colonias de América.

    La rebelión del coronel Riego en Cádiz (1820), que impidió el envío a América de una poderosa expedición militar y obligó a Femando VII, a jurar la Constitución de 1812, fue el golpe de gracia al imperialismo español, que sucumbió tras la batalla de Ayacucho (1824).

    El Trienio Constitucional (1820-23) resultó muy conflictivo y el monarca logró que las potencias europeas de la Santa Alianza enviasen un ejército (Cien Mil Hijos de San Luis), que restableció el poder absoluto de Femando VII, en la tercera fase de su reinado (década ominosa).

    El rey, casado de nuevo (1829), confirmó la Pragmática Sanción de 1789, que derogaba la Ley Sálica y reconocía a las hembras su derecho a la sucesión al trono, con lo que comprometió las aspiraciones al trono de su hermano Carlos, a cuyo alrededor se agruparon los elementos absolutistas y, a la muerte del rey (1833), se organizaron militarmente.

    La reina María Cristina, regente de su hija Isabel, buscó el apoyo de los liberales, iniciándose la guerra civil entre carlistas y liberales.

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    Cien mil hijos de San Luis toman Madrid

    La guerra se extendió principalmente por Navarra, Vascongadas. Cataluña y el Maestrazgo, y durante su desarrollo se promulgó un conjunto de leyes (Estatuto Real de 1834, Constitución de 1837, desamortización de bienes eclesiásticos, supresión de los gremios, etc.), que liquidó las estructuras legales del Antiguo Régimen.

    El abrazo de Vergara (1839) entre el jefe de los liberales, el general Espartero, y el general carlista Maroto, puso fin a la I Guerra Carlista.

    El pronunciamiento de Espartero (1840), obligó a abdicar a la regente María Cristina, y las Cortes transfirieron dicho cargo al caudillo liberal (1841). Su despótica política originó a su vez el pronunciamiento de Narváez y Serrano (1843), y la mayoría de edad de Isabel II, se anticipó.

    Su reinado (1843-1868) constituyó el período moderado del siglo XIX español, en el que se produjo la consolidación de la burguesía. La política estuvo dominada por la lucha entre progresistas y moderados. Narváez, al frente de estos últimos, fue el dueño de la situación, en la que se forjó la Constitución moderada de 1845.

    El pronunciamiento progresista conocido por la Vicalvarada (1854), dio el poder a los generales O’Donnell y Espartero. Del Bienio Progresista (1854-1856), merece destacarse la aceleración del proceso desamortizador. Y por otra parte, la llamada Constitución nonata de 1856, que en lo sustancial se remitía a la de 1837, acentuando su matiz progresista.

    El golpe de Estado de O’Donnell de 1856, desplazó a los progresistas del poder. En el cual alternaron los moderados y la Unión Liberal de O’Donnell. Su política exterior se significó por la guerra de Africa (1859-60), la anexión de Santo Domingo (1861), la intervención en México (1861- 62) y la guerra del Pacífico contra Chile y el Perú.

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    Leopoldo O´Donell

    La situación interior se fue deteriorando por el freno a un auténtico liberalismo, el desprestigio de la reina, la consolidación de nuevas fuerzas políticas (republicanas) y el gobierno casi dictatorial de González Bravo.

    En el pacto de Ostende (1866), progresistas y demócratas (Prim, Sagasta, Becerra, Ruiz Zorrilla y otros) acordaron la revolución, que triunfó tras el pronunciamiento del almirante Topete (1868), al que se unieron Serrano y Prim.

    Isabel II, destronada, marchó al exilio en Francia. Un Gobierno provisional presidido por Serrano convocó a Cortes constituyentes, las cuales optaron por la monarquía, promulgaron la Constitución democrático-liberal de 1869 y designaron a Serrano regente (1869-71).

    Patrocinado por Prim fue elegido rey Amadeo de Saboya, quien llegó a Madrid a los pocos días de producirse el asesinato de Prim (1870). Ante el rechazo de republicanos, carlistas y alfonsinos, Amadeo abdicó en 1873.

    Primera República y la Restauración

    Las Cortes proclamaron la I República (11 febrero 1873), que en once meses tuvo cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.

    Sin una base social amplia donde apoyarse, desacreditados ante el proletariado y los campesinos, combatidos por las fuerzas conservadoras (conspiraciones monárquicas y levantamientos carlistas de 1872-76), los gobernantes republicanos se vieron incapaces de canalizar las clases medias burguesas y el proletariado en defensa de la República.

    El movimiento cantonalista y la indecisión de Pi y Margall en su represión debilitaron al Gobierno republicano y, tras el pronunciamiento del general Pavía (enero 1874), que disolvió las Cortes, ocupó el poder el general Serrano.

    Ante la agitación social en las ciudades y el descontento en el campo, la burguesía abandonó sus ímpetus renovadores. Y aliada con las fuerzas oligárquicas, apoyó la restauración monárquica. Tras el pronunciamiento del general Martínez Campos, en Sagunto (diciembre 1874), Alfonso XII, hijo de Isabel II, fue proclamado rey.

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    Alfonso XII

    Su reinado (1875-1885) tuvo como figura prominente a Cánovas del Castillo, quien logró poner fin a la guerra carlista (1876) y restablecer la paz en Cuba (1878). Promulgó la Constitución conservadora de 1876, y estableció el sistema de alternancia política mediante el cual su partido, el conservador, se turnó con el liberal fusionista de Sagasta.

    En 1881, cedió el Gobierno a Sagasta y el tumo entre ambos partidos se mantuvo con toda regularidad hasta la crisis de 1898. A la muerte de Alfonso XII, se encargó de la regencia su esposa María Cristina (1885-1902), que tuvo que enfrentarse con las graves consecuencias de las pérdidas coloniales de Cuba y Filipinas.

    Ante este desastre, la mayor parte de la sociedad española tomó conciencia de la debilidad del país y de la necesidad de grandes transformaciones. Pero las reformas del Gobierno se redujeron a simples proyectos, mientras los problemas fundamentales del país quedaban completamente abandonados.

    Época de Alfonso XIII

    Desde el comienzo del reinado de Alfonso XIII (1902- 1931), se inició el proceso de descomposición del régimen canovista. Esto debido esencialmente a su incapacidad para asimilar las nuevas fuerzas políticas, surgidas después de 1898.

    A la muerte de Cánovas y Sagasta, los partidos turnantes entraron en un período de divisiones y luchas que les restó gran parte de su fuerza anterior. Maura, la figura más prestigiosa del partido conservador, intentó algunas reformas. Pero la brutal represión de los supuestos responsables de la revolución de Barcelona de 1909 (Semana Trágica) arruinó su carrera política.

    Canalejas, principal personaje del partido liberal, se preocupó por reglamentar las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Puso las bases para poder conceder la Mancomunidad a Cataluña. Y preconizó una política realista para la expansión española en Marruecos.

    A comienzos de la I Guerra Mundial, contrastaba la vitalidad del movimiento catalanista y de los partidos republicanos con la endeblez de los partidos dinásticos. El movimiento obrero, encuadrado principalmente en dos grandes sindicatos, CNT y UGT, dio muestras de su fuerza y organización al llevar a cabo una huelga general de protesta contra la carestía en 1916.

    Las consecuencias de la guerra, agudizaron el desquiciamiento de la sociedad española, que desembocó en la crisis de 1917. Se inició con un amplio movimiento de descontento de la oficialidad del Ejército que, organizada en Juntas de Defensa, hizo pública su disconformidad con la política del Gobierno, exigiendo reformas inmediatas.

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    Alfonso XIII

    Prosiguió con las protestas de los grupos políticos antidinásticos, que urgían la convocatoria de Cortes Constituyentes. Desoídas sus demandas, se reunieron en Barcelona (Asamblea de Parlamentarios) durante el mes de julio.

    En agosto se desencadenó una huelga general revolucionaria que se extendió a toda España. El Gobierno pudo superar momentáneamente la crisis mediante hábiles maniobras que le permitieron impedir la cohesión de estos tres movimientos.

    De 1917 a 1923, las tensiones se agudizaron. Se produjeron revueltas campesinas en Andalucía. En Cataluña el sindicalismo obrero obtuvo grandes éxitos reivindicativos. Grupos de pistoleros, protegidos desde el Gobierno y organizados en los Sindicatos Libres pagados por la patronal, asesinaron a destacados dirigentes sindicales.

    La CNT organizó a su vez grupos armados, y el terrorismo hizo acto de presencia en Cataluña, para extenderse después a las demás regiones españolas. Cuando a la ineficacia de los partidos dinásticos y al desorden social se unió el desprestigio del Ejército a causa del desastre de Annual, Alfonso XIII, y las clases privilegiadas decidieron apoyarse en el Ejército.

    Dictadura de Primo de Rivera

    Primo de Rivera se pronunció en Barcelona (13 septiembre 1923), y fue reconocido inmediatamente por el monarca. Se anuló la Constitución de 1876 y todos los poderes pasaron a un Directorio militar, presidido por el general sublevado, que en 1925 se convirtió en Directorio civil. Primo de Rivera intentó organizar el nuevo Estado según las fórmulas que habían triunfado en Italia.

    Así decretó la “supresión de la lucha de clases» y en consecuencia, fue prohibida la huelga. Aplicó una política represiva contra anarquistas y comunistas, contra los movimientos nacionalistas catalán y vasco y contra los políticos liberales. E intentó canalizar la vida política española a través de un partido único (Unión Patriótica), que tuvo escaso éxito.

    Entre los logros de su gestión hay que señalar la pacificación de Marruecos (1925) y su política de obras públicas. Sin embargo, no emprendió reforma básica alguna y progresivamente fue perdiendo el apoyo popular de que había disfrutado en los primeros momentos de su gestión.

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    Primo de Rivera

    Primo de Rivera presentó la dimisión el 28 de enero de 1930. Y Alfonso XIII, encargó al general Berenguer la formación de un nuevo Gobierno. Que restableció la Constitución de 1876.

    Sin embargo, la monarquía estaba ya desacreditada y se organizó una fuerte oposición (pacto de San Sebastián y levantamiento de la guarnición de Jaca). Al dimitir el general Berenguer, fue sustituido en febrero de 1931 por el almirante Aznar. Quien convocó elecciones municipales (12 abril), que dieron el triunfo en las grandes ciudades a la coalición de republicanos y socialistas.

    Alfonso XIII, siguiendo el consejo de sus ministros y altos jefes militares y resucito a evitar una confrontación civil, decidió abdicar. El 14 de abril quedó proclamada la 11 República española.

    Segunda República y Guerra Civil

    Durante los tres primeros años, la nueva República, presidida por Alcalá Zamora y con Azaña como jefe de Gobierno, intentó sentar las bases de un estado democrático. En cuyo marco quedaran garantizadas las autonomías regionales, la separación de la Iglesia y el Estado. También, un amplio programa de reformas (enseñanza, reforma agraria, etc.).

    Pero el doble acoso a que se vio sometida por las organizaciones obreras, que exigían reformas radicales e inmediatas, y por las fuerzas conservadoras (levantamiento de Sanjurjo en 1932), junto con un excesivo anticlericalismo, que repugnaba a una parte importante de la sociedad española, y la lentitud de las reformas sociales, dificultó la consolidación del régimen republicano. Y, en las elecciones de noviembre de 1933, los partidos de centro-derecha obtuvieron una mayoría aplastante.

    El viraje hacia la derecha que dio el nuevo Gobierno durante el bienio negro. Con la anulación de muchas medidas de la etapa anterior, provocó las sublevaciones de Asturias y Cataluña (octubre de 1934). Cuya represión vino a representar el primer acto del drama que se iniciaría el 18 de julio de 1936.

    Régimen de Franco

    El 1 de abril de 1939 finalizó la guerra civil, con la victoria de las fuerzas del Movimiento Nacional. En los años siguientes fueron promulgadas una serie de leyes que desarrollaron los principios del Movimiento (Fuero de los Españoles, 1945; Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, 1947).

    En cuestiones exteriores, España se enfrentó con una situación internacional sumamente desfavorable por las perspectivas bélicas en Europa. Durante la II Guerra Mundial, se mantuvo neutral y únicamente fue enviada al frente ruso la División Azul de voluntarios españoles.

    Franco se entrevistó con Hitler en Hendaya en octubre de 1940. Con Mussolini en Bordighera (Italia) en febrero de 1941, y consiguió mantener la neutralidad española. Al término de la II Guerra Mundial, y como resultado de los acuerdos de Potsdam y de la conferencia de San Francisco, España sufrió un aislamiento diplomático internacional. Y le fue negada la entrada en la ONU.

    Situación que perduró hasta 1950, en que la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York el 4 de noviembre, decidió levantar el bloqueo, lo que permitió el ingreso de España en numerosos organismos internacionales.

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    F.Franco

    Las relaciones con Portugal se mantuvieron dentro de una gran cordialidad, derivada del tratado de amistad y no agresión firmado por los dos países en 1939. Y consolidado por la entrevista Franco-Salazar en mayo de 1942, en la que se constituyó el Pacto Ibérico.

    Acontecimientos importantes de los años 50 fueron el Concordato con la Santa Sede de 1953, y el tratado hispano-estadounidense del mismo año. En virtud del cual España recibió ayuda económica y se instalaron en territorio español bases militares estadounidenses.

    En 1955, España ingresó en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La ayuda norteamericana, un gran desarrollo turístico y las remesas de los trabajadores españoles en el extranjero condicionaron los Planes de Desarrollo. Que a partir de 1963, cambiaron la fisonomía del país.

    En 1964, se iniciaron los primeros contactos con la URSS y en los años siguientes se incrementaron las relaciones comerciales con los países del Este. España buscó también su integración en la Comunidad Económica Europea (CEE) y en 1970 obtuvo un acuerdo preferencial.

    En 1966, se promulgó la ley de Prensa y se celebró el referéndum sobre la ley Orgánica del Estado. En 1968 se promulgó la ley sobre Libertad Religiosa. Y, en julio de 1969 tuvo lugar la designación como sucesor del jefe del Estado. A título de rey del príncipe Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII.

    Transición española hacia la democracia

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    Franco designa su sucesor

    El aperturismo político se inició con el presidente del Gobierno, Anas Navarro, quien sustituyó a Carrero Blanco, víctima de un atentado de la organización terrorista ETA (1973). El príncipe Juan Carlos, a causa de dos graves enfermedades de Franco, tuvo que asumir interinamente la jefatura del Estado por dos veces (19 julio-2 septiembre 1974 y 30 octubre-20 noviembre 1975).

    En este mismo período se agravó el problema de la descolonización del Sahara, que se resolvió en noviembre de 1975 con el acuerdo de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania.

    Tras la muerte de Franco, 20 noviembre 1975, y la breve intervención del Consejo de Regencia, el príncipe fue proclamado rey con el nombre de Juan Carlos I (22 noviembre). Arias Navarro, confirmado en su cargo, formó nuevo Gobierno el 13 de diciembre de 1975.

    Sin embargo, el peso real de las estructuras e instituciones del franquismo y la evidente incapacidad de Arias Navarro para impulsar el cambio, dieron lugar a un período de ambigüedades, tensiones e incertidumbres. La dimisión de Arias Navarro (1 julio 1976) y la designación de Adolfo Suárez por el rey para formar el segundo Gabinete de la Monarquía, marcaron el inicio de una etapa de transición a la democracia.

    Esto implicó el desmantelamiento progresivo de las instituciones del régimen anterior, la aprobación de una ley de reforma política por las últimas Cortes del franquismo (noviembre 1976), que firmaron así su propia sentencia de muerte, y el anuncio por Suárez de unas elecciones.

    La citada ley de reforma política fue aprobada en un referéndum por abrumadora mayoría el 15 de diciembre del año 1976.

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    La legalización de todos los partidos políticos (incluido el Partido Comunista de España) y de las organizaciones sindicales clandestinas, la publicación de la ley electoral (marzo 1977) y una campaña electoral animada precedieron la celebración de las primeras elecciones democráticas en España desde febrero de 1936.

    En ellas (15 junio 1977), se produjo el triunfo de la Unión de Centro Democrático (UCD), partido de centro-derecha. Respaldado por el presidente Suárez, seguido de cerca por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

    Suárez, reforzado en el poder por el resultado de los comicios, inauguró las nuevas Cortes el 22 de julio de 1977. Y su Gobierno concedió regímenes preautonómicos a Cataluña y País Vasco.

    Por otro lado, la grave crisis económica llevó a Suárez a buscar un amplio acuerdo con todas las fuerzas políticas. Con representación parlamentaria (Pacto de la Moncloa -octubre 1977).

    La Ley de Amnistía aprobada ese mismo mes, reforzó el consenso nacional. Y siguiendo esta misma línea pactista se elaboró la Constitución, refrendada por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978.

    En las elecciones legislativas del 1° de marzo de 1979 triunfó UCD, aunque sin lograr la mayoría absoluta. Y el PSOE quedó como principal partido de la oposición. Pero en las municipales la izquierda (PSOE y PCE) logró controlar los ayuntamientos de las grandes ciudades.

    A lo largo de 1979 y 1980, los sucesivos Gobiernos de Suárez tuvieron que afrontar una profunda crisis económica y el incremento del terrorismo.

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    Antonio Tejero

    Como elemento positivo de esta etapa cabe reseñar la aprobación de los estatutos de autonomía para Cataluña y País Vasco (1979). Dentro del proceso de edificación del “Estado de las autonomías” diseñado por la Constitución de 1978.

    En las dos citadas nacionalidades se celebraron elecciones para sus respectivos Parlamentos, en las que triunfaron las fuerzas nacionalistas, 1980.

    Ante la oposición del ala derecha de su partido, Suárez dimitió (enero de 1981). Le sucedió Leopoldo Calvo Sotelo, cuya investidura se vio alterada por un intento de golpe militar. Encabezado por el general Jaime Milans del Bosch y el teniente coronel Antonio Tejero (23 de febrero de 1981). La decisiva intervención del rey Juan Carlos I abortó la intentona golpista.

    Gobierno del Partido Socialista Obrero Español

    Las divisiones internas de UCD contribuyeron a la victoria del PSOE, en las elecciones de octubre de 1982. Con una mayoría absoluta que revalido en los comicios de 1986 y 1989.

    Los sucesivos Gobiernos de Felipe González, realizaron una positiva política de modernización legislativa e institucional. En el terreno económico, no obstante, su política de ajuste provocó amplias protestas y dos huelgas generales.

    En 1986 España entró en la Comunidad Europea. Consolidada la democracia, se normalizaron las relaciones internacionales y la presencia española en Europa (tratado de Maastricht, 1992). A partir del otoño de 1992, la crisis económica (tres devaluaciones sucesivas de la peseta) y las acusaciones de financiación irregular del partido (caso FILESA) provocaron un rápido deterioro de la popularidad del Gobierno.

    Aun así, el PSOE se impuso en las elecciones de junio de 1993, y González pudo seguir gobernando en minoría, con el apoyo de los nacionalistas catalanes.

    Varios escándalos de corrupción, que afectaron, entre otros, al director general de la Guardia Civil. Las escuchas ilegales del CESID y las revelaciones sobre la guerra sucia contra ETA (caso GAL) provocaron la mayor crisis política desde la llegada del PSOE al poder. Y las dimisiones del vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, y del ministro de Defensa (1995).

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    Alternancia política

    Tras las elecciones anticipadas de marzo de 1996, en las que el PP obtuvo una mayoría relativa e insuficiente, José María Aznar formó Gobierno. Lo hizo con el apoyo parlamentario de los grupos nacionalistas catalán (CiU), vasco (PNV) y canario (Coalición Canaria).

    El nuevo gabinete abordó la privatización de empresas públicas en el ámbito económico. Logró un acuerdo de la patronal con los sindicatos para la reforma del mercado de trabajo (1997), y renovó el pacto de unidad frente al terrorismo.

    Pero ETA prosiguió su ofensiva criminal, hasta que por primera vez en su historia, en septiembre de 1998 declaró una tregua unilateral e ilimitada para negociar el fin definitivo de la violencia.

    Sin embargo, al no llegar a ningún acuerdo con el Gobierno español, en noviembre de 1999 anunció el final de la tregua. El Partido Popular obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones de marzo de 2000 y Aznar fue reelegido presidente del Gobierno.

    La crisis de las “vacas locas” causó pérdidas a los ganaderos, perturbó los precios de los productos cárnicos y afectó a la credibilidad de los ministerios de Sanidad y Agricultura. En enero de 2001, entró en vigor una nueva ley de extranjería, más restrictiva que la de 2000.

    Ante la escalada terrorista, estos dos partidos firmaron un pacto por las libertades (diciembre 2000), al que se sumaron otras formaciones no nacionalistas. En abril de 2001, el Congreso aprobó el Plan Hidrológico Nacional (PHN), que previó el trasvase de 1.050 hectómetros cúbicos de agua del Ebro hacia Barcelona, la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería.

    El proyecto provocó manifestaciones de protesta y la oposición del PSOE y de algunas comunidades autónomas, especialmente Aragón. El Gobierno español ofreció su colaboración a EE.UU., tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, y participó en la coalición antiterrorista internacional.

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    Asimismo, apoyó la intervención militar estadounidense en Afganistán (octubre 2001). A fines de enero de 2002 un contingente de soldados españoles se integró en la fuerza internacional de pacificación del país.

    El 1 de enero de 2002 la peseta dejó de ser la unidad monetaria nacional, y fue sustituida por el euro, moneda común a partir de ese día de doce países de la Unión Europea.

    La actividad diplomática se intensificó, con la presidencia semestral española (enero-junio de 2002) y la celebración en Sevilla del Consejo Europeo (21 de junio). Pero este último se vio ensombrecido por la convocatoria de huelga (20 de junio) realizada por los sindicatos CC.OO y UGT, en respuesta al decreto ley del Gobierno que contempla la reforma del sistema de protección del desempleo y del paro.

    A su vez, José María Aznar abordó (9 de julio) la más amplia remodelación del Gobierno que afectó a numerosas carteras desde su llegada a la Moncloa en 1996.

    En noviembre de 2002, la península sufrió el mayor desastre ecológico de la historia. Esto fue a causa del vertido de fuel del petrolero Prestige, que se hundió a unos 200 km de la costa gallega. Provocó una marea negra que se extendió por todo el litoral norte (Galicia, Cantabria, Asturias y País Vasco) y afectó la costa francesa y portuguesa.

    España dio apoyo logístico a la coalición militar de EE.UU., y Gran Bretaña en la guerra contra Iraq declarada en marzo de 2003, para desalojar del poder a Saddam Husayn. Finalizada la guerra, a mediados del mes de abril, España se integró en la división multinacional establecida en la zona centro-sur. Con un contingente de más de 1.000 soldados.

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    11 M

    Un múltiple atentado terrorista en la red ferroviaria de cercanías de Madrid, 11 marzo 2004, reivindicado por una célula de al-Qaeda, causó la muerte de 190 personas y heridas a más de 1.000.

    Este acontecimiento conmocionó a todo el país tres días antes de las elecciones generales. En un principio el Gobierno de España atribuyó el atentado a ETA, descartando la pista islámica, en medio de acusaciones de manipulación por parte de la oposición y de los medios.

    Este clima marcó las elecciones generales del día 14 que dieron la victoria al Partido Socialista. José Luis Rodríguez Zapatero fue investido presidente con el apoyo de Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Catalunya, Chunta Aragonesista, Bloque Nacionalista Galego y Coalición Canaria. Formó un Gobierno monocolor socialista.

    Cumpliendo su promesa electoral, Rodríguez Zapatero retiró las tropas de Iraq y suspendió el Plan Hidrológico Nacional (PHN). El actual rey de España, Felipe VI de Borbón y Grecia, contrajo matrimonio con Letizia Ortiz en la catedral de Santa María Real de la Almudena de Madrid, el 22 de mayo de 2004.

    Historia de la bandera de España

    Cuando en el año 1469, Fernando de Aragón se casó con Isabel de Castilla, el reino de España fue tomando forma. Los colores heráldicos tradicionales (rojo y oro) de los dos reinos más antiguos de la península Ibérica otorgaron sus tonos a la bandera española.

    Sin embargo, no fue hasta 1785 que el rey Carlos III, representante del despotismo ilustrado, la adoptó como pabellón naval y bandera nacional.

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    Se le añadieron las armas, a la izquierda, cerca del asta. Las dos columnas de Hércules, símbolo de Gibraltar (territorio colonial británico desde 1713), encuadran el blasón dividido entre los reinos de Castilla (castillo), León (león), Aragón (cuatro bandas verticales rojas con un fondo amarillo) y Navarra (cadenas de oro).

    La fruta epónima representa al reino de Granada. 

    En el centro, las tres flores de lis dorados sobre fondo azul simbolizan la casa real de los Borbones, a la que pertenece Juan Carlos I y Felipe VI.

    La actual bandera española, conocida como la Rojigualda, fue adoptada en 1981, por Real Decreto.

    El lema en latín del país, «Plus Ultra» (que significa «Más allá»), figura en ambas partes del blasón. Y, pone de manifiesto la voluntad de expansión del Imperio español durante la época de la conquista del Nuevo Mundo.

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