The Conversation(L.C.Sordo) — Llega a los cines y las plataformas el remake de uno de los grandes clásicos del cine: El bueno, el feo, y el malo. La versión renovada está protagonizada por el endometrio, el tejido que recubre el interior del útero femenino. En el reparto encontramos mujeres, por supuesto, y científicos, aunque tendremos que esperar al final de este artículo para conocer el papel de estos últimos.
Algo muy curioso sobre nuestro protagonista es que reúne tres características, algunas aparentemente antagónicas: es, como indica el título del largometraje, bueno, feo y malo. Todo el mundo lo identifica por su papel como el bueno, e incluso el feo, pero tan solo unos pocos conocen su faceta de malo. A lo largo de la película podremos descubrir esa cara oculta del tejido.
– El bueno
Como “bueno” de la película, el endometrio tiene un papel decisivo en el embarazo. A lo largo de todo el mes, esta capa va creciendo y volviéndose esponjosa, de forma que cuando el embrión llega tras la fecundación, este puede pegarse al endometrio y continuar así su desarrollo.
Durante la etapa de crecimiento del tejido, son los estrógenos, hormonas sexuales producidas por los ovarios, los encargados de que sus células empiecen a multiplicarse.
Hasta este punto, estamos hablando del endometrio proliferativo, que después de la ovulación pasa a ser secretor y empieza a producir una sustancia rica en glucógeno que le da ese aspecto esponjoso y mullido. Si justo en ese momento aparece el embrión, este se adherirá al endometrio y dará comienzo el embarazo.
– El feo
Tradicionalmente, también se ha encasillado al endometrio en el papel de “feo”, conocido bajo el pseudónimo de “regla” y rodeado de prejuicios y estigmas sociales. Esto ocurre cuando el embrión aparece antes de que nuestro protagonista esté preparado o, directamente, no aparece. Entonces, el endometrio se desprenderá del útero y será expulsado a través de la vagina en forma de sangre menstrual.
La función principal de este tejido es albergar al embrión durante el embarazo. Si, por el contrario, esto no sucede, el endometrio ya no tiene ninguna utilidad en ese ciclo.
Este proceso denominado menstruación tiene lugar durante el periodo fértil de la mujer. La duración media del sangrado va de tres a cinco días, y se acompaña de síntomas variables entre los que destacan dolor en la parte baja del abdomen, cansancio e irritabilidad. Con la llegada de la menopausia, las mujeres dejan de ovular y con ello cesan las menstruaciones.
– El malo
Salvo excepciones concretas, todas las mujeres experimentan la menstruación. Y aunque existe variabilidad en los síntomas e intensidad, hablamos de niveles de dolor llevaderos. Sin embargo, cuando las molestias asociadas a la menstruación son muy difíciles de tolerar, se prolongan en el tiempo y están acompañadas de otros síntomas como dolor al orinar o al tener relaciones sexuales, es necesario visitar al ginecólogo.
Aquí entra en escena el endometrio en su papel de “malo” de la película, y viene de la mano de una enfermedad conocida como endometriosis. Esta afección benigna se caracteriza por la implantación y el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero.
En el afán del protagonista por eclipsar al resto del elenco, ese endometrio viaja por el organismo, se pega a diferentes órganos (vejiga, ovario, pulmón, intestino, etc.) y empieza a crecer descontroladamente.
El origen de la endometriosis, a día de hoy, es desconocido. Se han planteado diferentes teorías para explicar qué la causa, aunque la más extendida es la menstruación retrógrada. Esta hipótesis hace referencia a que ese endometrio “feo” que debería ser expulsado por la vagina en forma de regla se saltaría el guion y viajaría en la dirección opuesta. Así penetra en el interior del organismo y se adhiere a cualquier parte del cuerpo, perjudicando al resto de actores.
– Las mujeres como actrices de reparto
Por nuestra alfombra roja pasan muchas mujeres, y aproximadamente una de cada diez sufre endometriosis.
Además, su prevalencia es mayor durante la edad fértil, lo que implica en muchas ocasiones la infertilidad.
Son muchas las mujeres que, engañadas por los síntomas asociados al síndrome premenstrual y menstruación, no acuden a los especialistas.
De hecho, a pesar de su elevada prevalencia, se estima que el diagnóstico de esta enfermedad se retrasa entre cuatro y once años por varios motivos.
El primero ya lo hemos comentado: el error de asumir que esos dolores son normales por la menstruación.
En segundo lugar, cuando el estadio de la endometriosis no es grave, la dolencia pasa desapercibida, de forma que el diagnóstico llega muchas veces en una fase ya avanzada.
Y, por último, no existen métodos diagnósticos no invasivos o mínimamente invasivos.
Podemos decir que realizar una detección temprana de esta enfermedad es casi tan difícil como ganar un premio Oscar.
– ¿Son los científicos los directores de la película?
Por tanto, una de las principales necesidades para las mujeres que sufren endometriosis es acelerar el proceso diagnóstico. A día de hoy, el único método definitivo es la laparoscopia, una técnica quirúrgica mediante la cual se introduce una cámara que permite ver el interior del abdomen. Este procedimiento implica una incisión cerca del abdomen, y las correspondientes molestias para la paciente.
Sin embargo, la investigación no se ha rendido en la búsqueda de nuevos métodos diagnósticos y ha puesto mucho empeño en la identificación de biomarcadores. Se trata de moléculas que pueden encontrarse en fluidos corporales como la sangre, la orina o la saliva, y cuya obtención es no invasiva, o mínimamente invasiva.
Pero para que una molécula sea un buen biomarcador, es necesario que tenga una gran estabilidad en el fluido elegido.
Entre los biomarcadores más estudiados para endometriosis destacan los microARN. Son pequeños fragmentos de material genético que están involucrados en diferentes procesos biológicos y que son liberados a los fluidos. Varios grupos de investigación apuestan por estas moléculas como buenos candidatos para un diagnóstico temprano y no invasivo de la enfermedad, y quién sabe, tal vez futuros tratamientos.
Por tanto, los investigadores son los directores de esta película, porque sin duda, escribirán cómo acaba. Ojalá muy pronto los mejores críticos nos sorprendan con reseñas positivas sobre el final de El bueno, el feo y el malo, aunque de ficción tiene poco.
Detalle del Tríptico del Juicio de Viena (c. 1482-c. 1516), obra de El Bosco (1450-1516). Academia de Bellas Artes de Viena, Austria.
Ancient Origins(D.Qi/T.Xu/A.Vucovikc) — Existen incontables profecías sobre el mismo evento universal en diferentes culturas alrededor del mundo. A juzgar por las fechas que algunas señalan –como el calendario maya– y las descripciones ofrecidas, muchos estudiosos y científicos coinciden en que se refieren al tiempo presente. La tradición judeo-cristiana, por ejemplo, habla del ‘juicio final’ y tanto los mayas como los hopi nos han legado mitos similares.
La única diferencia es que en vez de llamarlo ‘juicio final’, lo llaman un tiempo de ‘limpieza’ o ‘purificación’. Según estos mitos, la evolución del universo es cíclica y, como un cuerpo viviente, éste se vuelve sano y armónico cuando toda la suciedad y la escoria son eliminadas.
Cuando diferentes personas aportan pruebas de visiones sobre un mismo gran evento, éstas naturalmente pueden presentar diferencias, pudiendo incluir diferentes mensajes y distintos significados. Para los antiguos chinos, detrás de las profecías hay dioses que desean transmitir un mensaje: a ciertas personas se les permitiría establecer una conexión con otros espacios y servir como hilo conductor entre los dioses y la sociedad humana.
Los dioses luego canalizarían a través de esas personas sus visiones del pasado o del futuro. Unas visiones que pueden reflejar, no solo sucesos de nuestra Tierra, sino también cosas que ocurrieron u ocurrirán en otros espacios ya que, según los sabios chinos, los grandes acontecimientos de nuestro mundo son reflejo de los cambios del fenómeno celestial. Antes de que estos sucesos ocurran realmente en el mundo humano, solo se nos permite advertirlos en un nivel metafórico o difuso.
“Völuspá, la profecía de la vidente”, es un famoso poema del norte de Europa (Alemania y la península de Escandinavia). Tal y como ocurre con otros relatos épicos, los detalles de su origen son imposibles de confirmar. Se cree que fue escrito durante la era vikinga, antes de que el cristianismo llegase al norte de Europa; aunque también podría haber sido escrito antes. El poema cuenta la historia de la formación, destrucción y regeneración del universo.
La vidente de Völuspá, dibujo realizado por Carl Larsson para la versión sueca de la Edda poética de 1893, traducida por Fredrik Sander.
Su descripción de la creación del universo es notablemente similar al relato chino sobre la deidad gigante Pan Gu que creó el Cielo y la Tierra. En el comienzo, había caos, luego aparecieron los dioses, seguidos por los seres humanos –incluidos gigantes y enanos, hasta que sólo sobrevivió el hombre actual– y todos los demás elementos de la Tierra. Finalmente, comienza a tejerse una descripción de un tiempo por venir: el Ragnarök, el final de todos los dioses.
De acuerdo con la profecía, todos los dioses habrán de enfrentarse a una catástrofe predestinada, una batalla multitudinaria entre lo recto y las antiguas fuerzas del universo que terminará en una destrucción total. En este contexto emergerá un magnífico dios que realizará un juicio final sobre todos los seres y todas las cosas.
Un nuevo mundo será creado posteriormente, y todos los dioses, incluidos aquellos que murieron en la batalla, renacerán. Reinarán la paz y la felicidad, y aquellos humanos afortunados que hayan logrado sobrevivir comenzarán un nuevo futuro.
Existen varias versiones de este poema, y todas ellas resultan vagas y de difícil comprensión. Sin embargo, si bien los detalles menores difieren de una versión a otra, todas coinciden a la hora de captar el significado básico del poema: esa fue, quizás, la intención del autor.
Así es también cómo los antiguos chinos entendían que debía escribirse una profecía. No es que la intención del autor fuera dificultar la comprensión del poema, sino que, simplemente, las profecías no deben revelar demasiado. De no ser así, violarían la ilusión en la que –según las principales corrientes espirituales– se enmarca nuestro mundo.
Pan Gu esculpiendo el mundo. Ilustración extraida del libro ‘A history of China’, (1897) de Frederick Wells Williams, (1857-1928). Biblioteca de la Universidad Cornell.
Las referencias del poema relacionadas con dioses que sufren calamidades recuerdan a una profecía de la Dinastía Ming, que conocemos por una conversación entre el primer Emperador de la dinastía Ming, Zhu Yuanzhang, y el famoso profeta Liu Bowen. Cuando el Emperador le preguntó: “¿Qué tienes que decir acerca del Dao en esa era?”, Liu Bowen respondió:
Al final del último periodo del Fa, un sinnúmero de reyes, fo, pusa, luohan y dao bajarán al mundo humano y a todos les resultará difícil escapar de esta calamidad. Una vez hayan visto la catástrofe que pronto aparecerá, también sabrán que en este periodo, el Rey de Reyes del universo, Mile –‘el Fo venidero’–, bajará al mundo humano para transmitir la Gran Ley del Universo. Entonces, todos se reencarnarán utilizando el cuerpo humano para asimilar la Gran Ley que el Señor transmitirá en el mundo humano. No importa quién, los dioses en el Cielo o sobre la Tierra no van a poder escapar de esta catástrofe y se les despojará de su posición si no encuentran la vía del hilo de oro, el camino del conocimiento.
– El calendario maya
Aunque los mayas desaparecieron hace largo tiempo, el calendario que empleaban, denominado Calendario de Cuenta Larga, perduró hasta nuestros días. Según este calendario, el final de la civilización humana actual sucedería el último día del decimotercer “Baktun”, lo que en nuestro calendario correspondería al 21 de diciembre del año 2012.
Cara este de la estela C de Quiriguá, con el mítico dato del inicio de la cuenta larga en el 13 (0) baktun, 0 katun, 0 tun, 18 (0) uinal, 0 kin, 4 ahau y 8 cumku, correspondiente al 11 de agosto del año 3114 a. C. del calendario gregoriano.
En noviembre del año 2011, según el Instituto Nacional de Historia y Antropología de México, se descubrió una nueva referencia a diciembre del 2012 en una piedra hallada en una pirámide maya. Difundida como “el ladrillo de Comalcalco”, la piedra tiene unos 1.300 años de antigüedad y estaba colocada en la edificación con su inscripción hacia dentro y sellada para, aparentemente, no ser vista.
Los mayas llamaban a los 20 años del 13er Baktun (del 1992 al 2012) el periodo de “la regeneración de la Tierra” o “purificación de la Tierra”. En el año 755 un monje maya predijo que después de 1991 ocurrirían dos grandes eventos: la conciencia cósmica de los seres humanos y la purificación y regeneración de la Tierra.
En efecto, la astronomía contemporánea confirmó que el 21 de diciembre del 2012 (día exacto de la profecía maya) correspondió a un solsticio de invierno. Además, el sol estaba ubicado justo en la “grieta” de la Vía Láctea, o lo que es igual, la galaxia se “sentó” sobre la Tierra. Algunos astrónomos lo definieron como que prácticamente “el cielo abrió sus puertas a la Tierra”.
El célebre “Ladrillo de Comalcalco”.
Las predicciones relacionadas con tales observaciones se encuentran hoy plasmadas en el reverso del billete de un dólar. Uno de los diseños allí estampados es el de una pirámide con 13 niveles. En la cúspide de la pirámide surge un ojo brillante que simboliza la sabiduría. Esto implicaría el despertar de los seres humanos tras el 13er Baktun.
Asimismo, los lemas “Annuit coeptis” y “Novus Ordo Seclorum” darían a entender que los dioses están cuidando de nuestro comportamiento, y que ha llegado el nuevo orden en la nueva era, respectivamente.
En cuanto a Michel de Nostradamus, quien vivió entre los años 1503 y 1566, no solo profetizó hechos como el nacimiento de Napoleón, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, el poder de Hitler, la independencia de los Estados Unidos, el desastre de Chernóbil o la caída del muro de Berlín.
También dio a entender que sobrevendría un gran cambio en la humanidad que se comenzaría a gestar a partir del año 1999, el mismo en el que la segunda de las siete profecías mayas hace referencia a una pérdida del control de las emociones de una cierta parte de la humanidad, y al despertar espiritual de la otra.
– La hora de la reflexión
Existen abrumadoras similitudes entre éstas y otras tantas profecías referidas al ‘juicio final’ o al tiempo de ‘purificación’, las cuales, coincidentemente, no se refieren a ninguna civilización en particular.
Retrato original de Michel de Nôtre-Dame (1503- 1566), pintado aproximadamente en 1614 por su hijo César.
Otras profecías suelen apuntar principalmente a un hecho, una nación o una cultura específica, mientras que éstas suelen referirse, sorprendentemente, al mundo entero.
Muchas de estas profecías, de hecho, aunque son milenarias, han sido descubiertas o recuperadas recientemente, en plena era moderna, en un momento en el que, resulta trivial el lugar donde fueran escritas o desveladas porque la tecnología actual hace posible que el mundo entero pueda saber de ellas.
Tal es el caso de las famosas profecías chinas de Liu Bowen y de los milenarios códigos de los glifos mayas.
Verdad o mito, las profecías sobre el 2012, el tiempo de ‘purificación’, el ‘juicio final’ o ‘la nueva era’ se multiplican con notables coincidencias entre ellas, a través de datos astronómicos que han podido comprobarse científicamente y por las certeras descripciones sobre la moral actual.
En todo caso, constituyen un sólido argumento para reflexionar acerca del destino de la humanidad y de la misión de cada uno de nosotros como ser humano consciente en medio de un inmenso y convulsionado universo.
– Las sorprendentes coincidencias entre las cuartetas de Nostradamus y las profecías chinas
Las profecías que dejó escritas Nostradamus en el siglo XVI han llamado mucho la atención y han sido foco de gran interés en el mundo occidental. Sin embargo, muchos en Occidente pueden no conocer el famoso libro chino de profecías “Tui Bei Tu” (推背图).
Algunas de las predicciones incluidas en el “Tui Bei Tu” coinciden casi por completo con las de Nostradamus, particularmente una referida al año 1999. Comenzaremos con una breve descripción del “Tui Bei Tu” y de las profecías de Nostradamus, para luego conocer esos pasajes concernientes a 1999 y estudiar sus posibles significados.
– ‘Tui Bei Tu’: Dibujos y poemas proféticos a través de numerosas dinastías
El libro de “Tui Bei Tu” fue escrito por Li Chunfeng (李淳风) y Yuan Tiangang (袁天罡), difundiéndose ampliamente entre la sociedad china desde la dinastía Tang (618-907). El régimen comunista chino, materialista y ateo, lo prohibió catalogándolo de “supersticioso”. Pero se trata de una publicación muy conocida en Hong Kong, Macao y Taiwán.
De hecho, se afirma que sus 60 dibujos surrealistas ofrecen pistas sobre la historia y el futuro de China, así como del resto del mundo. Cada dibujo aparece acompañado por un poema igual de enigmático, describiendo un acontecimiento histórico. Todos se muestran en orden cronológico.
Los primeros 40 dibujos representan cambios históricos a través de diversas dinastías. De ellos, los dibujos comprendidos entre el 2 y el 9 muestran los principales acontecimientos históricos de la dinastía Tang. Los numerados entre el 10 y el 14 serían predicciones relativas a las Cinco Dinastías, un período de unos 50 años surgido entre la dinastía Tang y la dinastía Song, durante el que cinco aspirantes a sucesores tomaron brevemente el control.
Dibujo correspondiente al número 3 en el Tui Bei Tu chino.
Los dibujos del 15 al 20 se refieren a la dinastía Song del Norte, mientras que los del 21 al 24 se refieren a la dinastía Song del Sur. Solo dos dibujos se refieren a la dinastía Yuan: 25 y 26. El dibujo 27 da inicio a la dinastía Ming y el 32 la cierra. Los comprendidos entre el 33 y el 37 son referentes a la dinastía Qing.
Sin embargo, en los últimos 20 poemas, el intervalo entre los eventos descritos se hace cada vez más corto. A veces, varios poemas representan los mismos acontecimientos desde diferentes ángulos.
Algunos entendidos aseguran que se han cumplido 55 de las 60 profecías, pero al igual que sucede con la obra de Nostradamus, las interpretaciones del “Tui Bei Tu” dependen, en gran medida, de perspectivas individuales. De hecho, determinados expertos han comparado diferentes versiones del “Tui Bei Tu”, descubriendo que el libro había sido reescrito muchas veces, existiendo algunas variaciones.
– Profecías de Nostradamus: De la muerte de un rey del siglo XVI hasta la bomba atómica
Michel de Nôtre-Dame o Nostradamus, fue un médico y boticario francés que vivió entre los años 1503 y 1566. Ganó fama en el sur de Francia al luchar contra diversos brotes de peste, aunque pasó a la historia como astrólogo y visionario. Entre 1555 y 1558 publicó casi mil cuartetas, supuestamente proféticas, escritas en un estilo enigmático, mezcla de francés antiguo, latín y griego.
Nostradamus las dividió en grupos de 100 que conformaban, a su vez, un capítulo llamado “centuria”. La centuria VII es la excepción: posee 42 cuartetas en lugar de 100.
La cuarteta 35 de la centuria I aparentemente se hizo realidad el 28 de junio de 1559. En ella se asegura que un joven león mataría a un viejo león en el campo de batalla. Los expertos defienden que alude a la muerte del rey Enrique II de Francia durante un torneo de justas. Concretamente, Nostradamus escribió:
El león joven superará al mayor en el campo de combate en una sola batalla; penetrará sus ojos a través de una jaula de oro, dos heridas en una y luego sucumbe en una muerte cruel.
Aquel día un noble, seis años más joven que el rey Enrique, partió su lanza en dos tras golpear al rey, con tan mala suerte que una de las mitades perforó el ojo del rey a través de su visor, mientras que la otra se introdujo por su sien. El rey tardó más de una semana en morir, y hay quien ha asegurado que tanto el monarca como el noble lucían leones en sus escudos, aunque la verdad es que este punto es dudoso.
Retrato de Enrique II de Valois, rey de Francia cuya muerte fue supuestamente predicha por Nostradamus.
Asimismo, existen quienes creen que otras muchas predicciones de Nostradamus se hicieron realidad a lo largo de los años, como el ascenso de Adolf Hitler, la fundación de los Estados Unidos, el poder de Napoleón, las revoluciones francesa y rusa, las guerras mundiales y la invención de la bomba atómica.
– Nostradamus y ‘Tui Bei Tu’ coinciden pese a su lejanía espacio-temporal
Entre Nostradamus y los autores del “Tui Bei Tu” hay mil años de diferencia, además de que nacieron, se formaron y vivieron en regiones geográficas muy diferentes, con trasfondos culturales absolutamente dispares, pero, pese a esto, fueron sorprendentemente coincidentes en determinadas predicciones.
Así, el año 1999 se menciona, específicamente, tanto en la Centuria X, cuarteta 72 de Nostradamus, como en el poema de “Tui Bei Tu” que acompaña al dibujo 41. De hecho, es este preciso dibujo 41 el que marca el comienzo de una nueva era, a partir de 1999. El resto del libro describe acontecimientos ocurridos desde 1999 hasta el presente, así como algunos que aún estarían por ocurrir.
El poema 41 viene a describir lo siguiente:
El Cielo y la Tierra ingresan a la oscuridad, mientras la hierba y el arbusto se desenfrenan Yin y Yang corren en rumbos opuestos; Sol y Tierra están del revés. El gorro se usa siempre, sin cabeza. ¿Cuándo parará el juego de manipular al universo? En el año 199, se comete un inmenso error. El condado de Qin es el único lugar adecuado para reclamar el trono.
Dibujo 41 del Tui Bei Tu.
Por su parte, el francés mencionó 1999 en términos similares en la cuarteta 72 de la centuria X y, además, lo hace de modo directo —lo que no suele ser usual en él—, indicando el mes exacto de un año determinado.
Esto es lo que escribió al respecto Nostradamus:
En el año 1999, séptimo mes, desde el cielo vendrá un gran Rey de Terror, para resucitar al gran rey de Angolmois, antes y después Marte reinará triunfante.
Si el supuesto profeta rompió adrede su constante ambigüedad, aportando una fecha precisa para emitir una advertencia verdadera, lo cierto es que funcionó: esta cuarteta despierta gran interés desde hace siglos. Pero, al fin y al cabo, el propio Nostradamus comentó que sus cuartetas no se entenderían completamente hasta 500 años después de ser escritas.
A día de hoy, son muchos los que creen que la supuesta profecía se refiere a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Este punto de vista se basa en el calendario juliano en lugar del gregoriano.
Los atentados del 11 de septiembre del 2001 fueron observados en directo por miles de millones de personas a través de la televisión.
– Analizando el fin del mundo: Los cuatro jinetes del apocalipsis
A lo largo de la historia de la civilización, el concepto del apocalipsis ha estado siempre presente, de una forma u otra. La revelación imaginada, el temido fin del mundo que anunciará una era de purificación a través de medios horribles y caóticos, ha sido parte de todas las principales religiones y creencias a lo largo de los siglos. Pero una de las profecías más interesantes se relaciona con los famosos Cuatro Jinetes del Apocalipsis, que se describen en el Libro de Apocalipsis de la Biblia.
En el Nuevo Testamento, la segunda parte de la Biblia, y en su último libro, llamado Libro de Apocalipsis, escrito por Juan el Teólogo de Patmos, hay un capítulo que nos relata la historia de una revelación del fin del mundo, de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis que descienden sobre la tierra para diezmar a la población.
Cada uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis representa diferentes aspectos de la limpieza de la tierra, por el pintor ruso Viktor Vasnetsov.
La interpretación más directa y ampliamente aceptada de este capítulo es la descripción de un período en la historia en el que gran parte de la población de la Tierra perecería a través de una combinación de guerras, enfermedades y hambre. En la Biblia, estas dificultades se describen como jinetes, montando en sucesión a instancias de Jesús, en la forma del Cordero de Dios. Este título proviene de la Biblia, Juan 1:29, cuando Juan el Bautista exclama: «He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo».
El capítulo comienza describiendo un pergamino divino, sostenido por Dios en su mano derecha, y sellado con siete sellos. Su apertura, y el apocalipsis posterior, marcarían el comienzo de la segunda venida de Jesús.
Cada uno de estos siete sellos representa un aspecto diferente del apocalipsis: los primeros cuatro se relacionan con los jinetes, el quinto libera los gritos de los mártires por la ira de Dios, el sexto anuncia una serie de desastres naturales cataclísmicos, mientras que el séptimo convoca a los siete trompetistas angelicales, que llevan siete frascos de plagas e ira divina, que derraman sobre los pecadores y los malvados.
El Cordero de Dios, que es digno de abrir los primeros cuatro sellos, lo hace y convoca, uno tras otro, a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, poniendo en marcha la feroz limpieza de la tierra.
El Cordero abriendo el libro / pergamino con siete sellos. Los primeros cuatro sellos convocan a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
– El jinete blanco del apocalipsis
» Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer». – Apocalipsis, 6: 2
A lo largo de la historia, varias fuentes a menudo explicaron al primer piloto de varias maneras diferentes, ya que su papel es el único que no se menciona explícitamente. Si bien la mayoría de los intérpretes coincidieron en que el jinete blanco simboliza la enfermedad y la peste, no siempre fue el reclamo habitual. Hay una descripción ampliamente atestiguada que coloca a este jinete blanco como una metáfora de la justicia.
En un mundo donde el pecado es rampante, un justo precursor de justicia y rectitud parecería un purificador apropiado en un apocalipsis. La corona que se le «dio» podría significar sobre todo el imperio de la justicia, o simbolizar un líder verdaderamente justo, si es que tal puede existir.
Pero el simbolismo de la enfermedad y la peste podría ser la descripción más plausible. El aspecto de un conquistador está relacionado con el barrido de una gran plaga (la Gran Plaga es un buen ejemplo) y la corona simbolizaría la última regla de la muerte por encima de todo.
El primer jinete, el Jinete Blanco, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Pero a medida que avanzó el tiempo, y para principios del siglo XVI, muchos han llegado a interpretar al jinete blanco como la personificación de la Segunda Venida de Cristo, o incluso el mismo Cristo. En el momento de la gran crisis y la ruptura del cristianismo occidental con las reformas de Martín Lutero, esta fue la explicación más lógica y aceptada.
El color blanco del caballo y del jinete se relacionó rápidamente con la pureza divina y la ausencia de pecado, y el arco que llevaba como herramienta de castigo divino. Del mismo modo, el jinete blanco fue interpretado como el Espíritu Santo, puro y justo.
Otro punto de vista popular es mucho más simple: el jinete blanco podría ser la personificación de la conquista en masa. El pasaje, relacionado con el jinete que «salió conquistando» podría ser simplemente eso: un descenso de un conquistador profetizado que esclavizará a la población de la tierra.
– El jinete rojo del apocalipsis
» Y salió otro caballo, rojo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.» Apocalipsis 6: 4 4
El Jinete Rojo está ampliamente relacionado con la guerra. Las traducciones a menudo se correlacionan en las descripciones: el caballo es rojo «ardiente» y el jinete lleva una espada vertical en preparación para la batalla. Se cree que el color rojo simboliza el fuego y la sangre de la guerra, y la capacidad del jinete para hacer que los hombres se maten entre sí simboliza claramente la guerra constante y global.
El segundo jinete, el Jinete Rojo, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
La guerra como aspecto apocalíptico siempre estuvo presente a lo largo del tiempo y es el heraldo más directo de la muerte.
En Mateo, 24: 6-7, Cristo declara: «Y oirán hablar de guerras y rumores de guerras; Porque la nación se levantará contra la nación, y el reino contra el reino»… Esta cita se relaciona claramente con el aspecto siempre presente de la guerra como un símbolo de la revelación final.
Otra cita interesante también podría adaptarse al Caballero Rojo y la guerra como el aspecto del mal y el Anticristo:
«Del mar eterno se levanta,
creando ejércitos en cualquier orilla,
volviendo al hombre contra su hermano,
hasta que el hombre ya no exista».
El jinete rojo también podría significar el pecado de odio y agresión como un factor que contribuye al fin profetizado del mundo. Y en un giro paradójico de los acontecimientos, el Cordero de Dios libera esa misma agresión para herir a los malvados con fuego y espada. La profecía de la guerra constante que se supone que desciende sobre la tierra se describe claramente con el jinete rojo que tiene la autoridad divina para sacar la paz de la tierra.
– El jinete negro del apocalipsis
» Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano» .
» Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.»- Apocalipsis 6: 5-6
Otra figura fácil de interpretar, el jinete negro fue casi siempre descrito universalmente como una personificación de la hambruna. El color negro del caballo se atribuyó ampliamente a aspectos negativos: luto, cuervos carroñeros, noche, desolación y todos los cuales también son aspectos de la hambruna. Se dice que el jinete lleva en sus manos un par de balanzas.
Esta es la traducción elegida de la palabra original, el zugón griego, que generalmente significa «yugo», como en una carga y un yugo para bueyes. Ambas descripciones tienen connotaciones negativas. El yugo es sinónimo de servidumbre y esclavitud, y el par de escalas significa el racionamiento y la medición de los alimentos. Esta era la práctica antigua común de atribuir valor a las cosas.
El tercer jinete, el Jinete Negro, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
El pasaje afirma que un solo centavo (orig. Denarius) sería suficiente para adquirir solo una escasa ración de trigo, y aún menos de cebada. Esta es claramente una visión antigua de cómo se vería una hambruna, ya que el trigo era un alimento básico de la dieta y sin él se perdió el pan.
La parte final del pasaje establece que, si bien los precios del trigo y la cebada se ven afectados, los del aceite y el vino no deben modificarse. Esto se interpretó de varias maneras diferentes, y podría significar un aspecto paradójico, en el que los alimentos básicos desaparecen, mientras que el vino permanece, lo que fomenta la hambruna y deja los lujos que no pueden alimentar a un hombre.
Una interpretación popular afirma que el jinete negro significa la opresión imperial y dominante de la clase baja. Los gobernantes ricos sostienen las escalas y distribuyen las raciones que consideran insuficientes, mientras que los lujos siguen siendo abundantes y están fuera del alcance de los pobres. Una división cada vez mayor entre las clases y los semejantes podría ser un aspecto perfecto de una revelación del tiempo del fin.
– El jinete pálido del apocalipsis
«Y Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. «- Apocalipsis 6: 8.
El cuarto jinete final sirve como una especie de epílogo, un dramático crescendo que culmina con el jinete más poderoso y temido: la muerte misma. En todo el capítulo, él es el único jinete que fue nombrado, y el único sin arma, porque él mismo es un arma. El jinete y el caballo se representan como pálidos, con el color enfermizo y sin vida de un cadáver, y la capacidad de extinguir todo tipo de vida terrenal a través de diversos medios naturales.
El jinete pálido contiene elementos de todos los anteriores y podría denominarse el más significativo de los cuatro. A su paso, sigue el infierno, la culminación final de todas las cosas horribles, aparentemente listas para tragarse a todos los malvados que perecerán en el apocalipsis.
El cuarto jinete, Muerte, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
La parte que establece que se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra podría interpretarse de varias maneras. Si bien podría ser que los cuatro jinetes causarían estragos en una cuarta parte del planeta, también podría significar que cada uno de los cuatro tendría una cuarta parte de la Tierra.
El pasaje dice que el jinete mataría con las bestias de la tierra. Esto podría ser una pista para los animales y la naturaleza que rápidamente retoman las regiones que están despobladas, lo que significa el último reino de la naturaleza salvaje sobre el hombre.
– La muerte monta un caballo pálido – Apocalipsis en el arte
La profecía de los Cuatro jinetes del Apocalipsis ha sido durante mucho tiempo el tema de inspiración para muchos artistas, que eligieron ese tema influyente y crítico como fuente de obras de arte monumentales. A lo largo del tiempo, muchos artistas retrataron a los jinetes en la forma en que los interpretaron, lo que también proporciona una buena visión de la profecía.
Una de las representaciones más populares fue realizada en 1887, por el famoso pintor ruso Viktor Vasnetsov. Su gran cuadro, «Воины Апокалипсиса», es una representación contemporánea colorida y detallada de la muerte, la guerra, la conquista y el hambre. Se les otorgan atributos modernos y estaban destinados a reflexionar sobre la población de la época.
Algunas de las representaciones medievales anteriores son mucho más dramáticas y casi inquietantes, ciertamente dirigidas a poner miedo en los creyentes más dudosos. Una de esas representaciones fue realizada entre 1496 y 1498, por Albrecht Dürer, el reconocido artista del Renacimiento alemán. Su dramático grabado en madera representa a los cuatro jinetes como hombres ancianos, espantosos y demacrados, cuyos sementales igualmente inquietantes pisotean a las personas pecaminosas.
Xilografía de Albrecht Dürer de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Un grabado en madera similar fue realizado entre 1851 y 1860 por Julius Schnorr von Carolsfeld, un pintor alemán, que retrató una masacre salvaje y despiadada de pecadores por los cuatro jinetes, todo bajo la atenta mirada del Cordero de Dios.
– Hasta que el hombre ya no exista
Hasta la fecha, la historia de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis sigue siendo una visión clara de la naturaleza paradójica e inherente del hombre. Desde sus primeras formas sirvió como una advertencia para que los malvados cambien sus formas, una súplica por la templanza, por la paz, por la moderación y la humildad.
Sin embargo, vemos que, en el siglo XXI, mucho de lo que se describió en el Libro de Apocalipsis ha sucedido. Desde innumerables hambrunas, hasta plagas y pestilencias, hasta guerras interminables y decadencia, el apocalipsis parece haber ocurrido varias veces. ¿O está por venir?
Historia Hoy(O.L.Mato) — Sandro publicó 52 álbumes y vendió no menos de 8 millones de copias, entre ellas “Rosa Rosa”, su obra más difundida, que llegó a vender casi 2 millones de discos.
Filmó 12 películas y hasta recibió un Grammy Latino. Cultivó una imagen como la de Elvis Presley de quien imitaba hasta la forma de vestirse, con trajes de cuero ceñidos al cuerpo, aunque con los años desarrolló un estilo muy personal. Alrededor de su figura se tejió un aurea erótica que producía reacciones paroxísticas entre la audiencia femenina. ¿Cómo fue que este pibe de Lanús ascendió al estrellato?
Como tantos jóvenes de la década del 50, Roberto Sánchez se sintió atraído por la música del Rock and Roll y el Blues que por entonces se gestaba en USA con el estrellato de Elvis Presley, a quien comenzó a imitar muy precozmente, con escasos 12 años en un acto escolar. Poco después se vio obligado a abandonar los estudios para ayudar en el trabajo a su padre que tenía ascendencia Húngara. De allí que se lo llamara “El Gitano”.
Compró a crédito su primer guitarra y junto a su amigo Enrique Irigoytía formaron un dúo de voces y guitarras con el que comenzaron a participar en concursos de canto y en los suburbios del sur de Buenos Aires con un repertorio muy variado, que iba desde el Rock, pasando por Tango, Boleros y Folklore.
La música lo alejó de la violencia callejera del Gran Buenos Aires, aunque habiendo adoptado las camperas de cuero propias de los rockeros había ganando esa fama de “macho”, siempre con un cigarrillo en sus labios, como una especie de James Dean latino. El mismo Roberto Sánchez reconoció que de no ser por la música hubiera caído en la delincuencia.
A partir de 1960 adoptó el nombre de Sandro que lo haría famoso (curiosamente, sus padres lo quisieron anotar con ese nombre pero en ese entonces no lo autorizaron).
Su primera actuación con su nuevo nombre, tuvo lugar en un local de la calle Warnes en Lanús.
Entonces formaba una banda que se llamó Los caniches de Oklahoma, con la cual grabó su primer sencillo “Comiendo rosquitas calientes en el Puente Alsina”.
En busca de un nombre con más gancho, comenzaron a llamarse Los de Fuego, y Sandro se convirtió en el solista que no solo cantaba, sino que dotaba a sus presentaciones de coreografías de lo más exuberantes, al mejor estilo de Elvis, Little Richard y Bill Haley. No era extraño verlo retorcerse y hasta ponerse de rodillas, siempre en una entrega total al público.
En 1963, antes de cumplir los 20 años grabó su primer single sin el apoyo de la banda que lo había hecho famoso.
El éxito llegó con la balada romántica “Dulce”, de Alejandro Chamica.
En el 64 volvió con Los de Fuego, e hicieron la versión en español de “Hay mucha agitación”. Este éxito le permitió el acceso a la televisión presentándose en “Sábados Circulares”, de Pipo Mancera, donde su actuación no dejó dudas sobre su histrionismo y entrega.
Saltaba, se movía de un lado al otro del escenario y llegaba a arrastrarse por el piso, algo que nadie había visto en el medio local. Sus actuaciones impactaban al publico más joven, poco habituado a estos excesos, que se replicaban en la audiencia: había gritos, llantos y desmayos como los que creaban las presentaciones de los Beatles.
Las autoridades del canal pretendieron censurar tales excesos pero al parecer fue el mismo Mancera quien salió a defender al grupo. De allí en más apareció con asiduidad en “Sábados Circulares”, a la vez que hacía su primera aparición en el cine con la película Convención de Vagabundos.
Bajo la dirección de Héctor Techeiro, Sandro grabó sus éxitos más resonantes que lo llevaron a ser conocido como “Sandro de América“, mientras sus discos se vendían de a miles.
Sus éxitos, sus películas, y presentaciones marcaron una época, más cuando en 1966 desde un local en la calle Pueyrredón llamado “La Cueva”, promovía la presentación de otros artistas del Rock Nacional como Lito Nebbia y Los Gatos.
Con los años Sandro fue dejando la ropa de cuero por el Smoking y desarrollando un estilo propio, más seductor y romántico, especialmente enfocado al público femenino, al que con cierto sarcasmo las llamaba “Sus Nenas”.
En 1967 ganó el Primer Premio en el Festival Buenos Aires de la canción con “Quiero llenarme de ti”, éxito que trascendió las fronteras del país y lo lanzó a una carrera internacional en EEUU, San Remo (Italia), y Viña del Mar.
Su estilo y su música de neto corte popular le valieron el mote despectivo de “grasa”, por esa sensualidad exagerada que sería su marca personal. Era una sociedad atravesada por la grieta de “mersas” y “chetos”, “grasas” y “niños bien”.
Grabó 12 películas y recibió un disco de oro en Nueva York. Fue premiado en Caracas, además de ser el primer artista latino en actuar en el Madison Square Garden.
En 1971 convocó a 60.000 espectadores para una presentación en el estadio de San Lorenzo y un año mas tarde llena el Luna Park.
Después de varios años de no presentarse en la Argentina hizo un recital en el Teatro Ópera que es transmitido por TV abierta.
Después de 15 años de trabajar junto a Oscar Anderle, se separa del cantautor y Sandro comenzó la búsqueda de un nuevo sonido y una nueva estética.
En la década del 80 su figura era mítica, apunto tal de ser premiado con un Martín Fierro y un Carlos Gardel. En ese entonces comenzaron a correr rumores sobre su salud. Cada vez le resultaba más fatigosa la conclusión de las presentaciones. Comenzaba a notarse el deterioro inducido por el cigarrillo que consumía incesantemente
Sin embargo, su prestigio no decayó y continuó creando escenas escandalosas con “Sus Nenas”, que no dudaban en arrojar ropa interior al escenario para demostrar su fervor erótico.
Su última presentación fue en el 2006 en el teatro Gran Rex, donde continuaba despertando pasiones.
A pesar de esta admiración lindante con el fanatismo no se le conocieron romances y vivió sus los últimos años de su existencia casi encerrado en su casa de Banfield.
El enfisema pulmonar secundario al tabaco fue limitando su actividad, alejándolo de los escenarios. En su presentación del “Hombre de la Rosa”, debió cantar con oxígeno conectado al micrófono.
La enfermedad lo llevó a permanecer varias semanas internado, en espera de un transplante de pulmón. Rodeado de aparatos, sensores e intubado, Sandro se definió a sí mismo como una “Chatarra Cósmica”
El 20 de noviembre del 2009, luego de ocho meses de vivir como esa “chatarra”, Sandro pudo ser transplantado en el Hospital Italiano de Mendoza.
Si bien la operación fue un éxito e inicialmente evolucionó favorablemente, un mes más tarde fue nuevamente operado por una perforación pulmonar, que se complicó con una neumonía, responsable final de la muerte del cantante de 64 años.
Su cuerpo fue velado en el Congreso donde lo despidieron mas de 50.000 personas e inhumado en el cementerio de Longchamps, junto a 100.000 personas que lo acompañaron en su último reposo a Sandro de América, quien en algún momento había dicho: “No te mueras pibe, trepate a tus sueños… (porque)no hay nada en la vida que valga la pena de pensar acaso que la muerte es buena!”
L.B.V.(G.Carvajal) — Un equipo de arqueólogos del Instituto de Arqueología Margulan ha descubierto un relieve de un rostro humano esculpido en un bloque de granito y una impresionante estela en el distrito de Zerenda, en la región de Akmola, Kazajistán.
El descubrimiento fue reportado inicialmente por Mendibay Kopobayev, director del museo local en el pueblo de Balkashino, quien informó a los arqueólogos S.A. Yarygin y S.K. Sakenov sobre la existencia de un relieve humano en un peñasco de granito cerca de la represa conocida como Kabaniy Klyuch.
Al recibir esta información, los arqueólogos, acompañados por Askerek Zhamantayevich Tulebayev, se dirigieron al sitio para investigar el fenómeno.
Al llegar al lugar, los arqueólogos confirmaron la existencia de un relieve intrincado y una estela caída al suelo. El rostro esculpido presenta características sorprendentes: ojos grandes, nariz recta y prominente, labios anchos, y una frente inclinada.
Este relieve está situado en la parte superior de una pequeña formación rocosa orientada hacia el oeste-suroeste, con unas dimensiones aproximadas de 27 × 21 centímetros.
Junto al relieve, se encuentra una estela de más de dos metros de altura y aproximadamente un metro de ancho. En una de sus caras, a la altura de lo que parece ser una cabeza poco pronunciada, se encuentra una imagen desgastada de un ciervo con grandes astas ramificadas.
Este detalle es especialmente relevante, ya que los ciervos son un motivo recurrente en el arte antiguo de la región, lo que podría sugerir una conexión con las prácticas rituales de las civilizaciones que habitaron la zona.
El descubrimiento es considerado un importante ejemplo de los monumentos megalíticos de la elevación Kokshetau, lo que indica un alto grado de desarrollo cultural y artístico de sus creadores.
Los arqueólogos creen que el relieve y la estela formaban parte de un complejo destinado a la realización de prácticas rituales, cuyo significado y propósito aún son un enigma. La datación precisa de estos objetos será clave para entender mejor su contexto histórico y cultural.
Los monumentos megalíticos de Kokshetau son conocidos por su complejidad y simbolismo, a menudo relacionados con rituales chamánicos y prácticas religiosas de la antigüedad. La ubicación del relieve y la orientación de la estela sugieren que podrían haber servido para observaciones astronómicas o como parte de ceremonias relacionadas con el culto a los ancestros.
El equipo del Instituto Margulan planea llevar a cabo excavaciones adicionales en la zona para descubrir otros posibles elementos del complejo ritual.
The conversation(B.Feijoo/A.V.Verdú) — En una era donde las redes sociales dictan los estándares de belleza, figuras como Sascha Barboza y Tomás Mazza han emergido como iconos del fitness para una generación de adolescentes en busca del cuerpo perfecto. Con abdominales definidos y un estilo de vida “en forma”, estos influencers no solo inspiran rutinas de ejercicio, sino que también moldean la percepción de la imagen corporal ideal entre sus jóvenes seguidores.
La presión para conseguir el cuerpo perfecto es más intensa que nunca y los adolescentes, en su particular vulnerabilidad, sienten el peso de estándares de belleza inalcanzables que devienen en situaciones de odio o, en el peor de los casos, en el desarrollo de trastornos dismórficos corporales (TDC). Esta admiración de cuerpos tonificados y delgados lleva a una confusión inquietante: equiparar un cuerpo estéticamente atractivo con uno saludable.
– La salud va más allá de la apariencia física
En la búsqueda por alcanzar estos ideales, los jóvenes a menudo pasan por alto que la salud va más allá de la apariencia física, y que un cuerpo atlético no siempre es sinónimo de bienestar.
Así lo recoge el informe Entre lo saludable y el culto al físico. Incidencia del contenido publicado por fitinfluencers en el cuidado del cuerpo de los adolescentes, desarrollado en la Universidad Internacional de la Rioja y al amparo del proyecto TEEN_ON_FIT, en el que se encuestó a más de 1 000 jóvenes de entre 12 y 17 años en España para conocer sus motivaciones y percepciones ante las últimas tendencias digitales en el mundo del fitness, la nutrición y el culto al físico.
Cuando se les solicitó autoevaluarse en un rango del 1 al 10, más de la mitad de los encuestados se otorgaba un notable. En el lado opuesto, alrededor de un 11 % de los adolescentes suspendía su cuerpo a nivel estético frente a un 9,3 %, que lo hacía a nivel saludable. Las chicas mostraban una tendencia mayor hacia la insatisfacción con las puntuaciones más bajas.
– Sus referentes para conseguir un cuerpo estético
Los adolescentes no navegan solos en su búsqueda del cuerpo perfecto. En materia saludable, los padres y madres tienen un impacto significativo en un 33,5 % de los casos, mientras que otros adultos y amistades no se quedan atrás, con un 33,8 % y 34,6 %, respectivamente. Pero cuando hablamos de cuerpos estéticos, los influencers ganan terreno, capturando un 32,7 % de la atención de los jóvenes.
A medida que crecen, los adolescentes tienden a escuchar menos a sus padres y madres (24,5 %) y se fijan más en sus pares y en figuras famosas, especialmente las chicas. Los chicos, por su parte, se dejan influir más por los adultos cercanos.
Los influencers, celebridades de internet que acumulan millones de seguidores en todo el mundo, juegan un papel crucial en la configuración de estos ideales y autopercepciones corporales. El 46,1 % de los jóvenes manifiesta seguir a una de estas figuras y el 20,2 % revela tener una favorita.
Estos líderes, que en redes sociales se dedican a generar contenidos sobre fitness, alimentación y salud, son modelos a seguir que moldean la forma en que los adolescentes perciben y valoran sus cuerpos, generando una suerte de culto al físico.
El informe evidencia, en este sentido, que un 46,2 % de los jóvenes se compara con estas celebridades de una forma moderada, siendo un 13,9 % los que afirman hacerlo con regularidad. Las adolescentes, específicamente, reportan sentirse presionadas para parecer más delgadas (37,5 %) y estar en forma (30,9 %), mientras que los chicos sienten mayor influencia por aumentar y definir sus músculos (23,2 %).
Esto no solo contribuye a la insatisfacción corporal, sino que también puede llevar a la adopción de hábitos extremos en busca de un hipotético ideal de belleza.
– Promover una imagen corporal diversa y saludable
La creciente presión que ejercen los influencers y el fenómeno del culto al físico sobre los adolescentes nos invita a reflexionar sobre la urgencia de fomentar la autoaceptación corporal y la valoración de la diversidad física.
Familiares, docentes, profesionales de la salud y los propios medios y plataformas digitales deben proporcionar herramientas que ayuden a cuestionar y regular la difusión de estas prácticas:
Educación mediática crítica. La influencia de las plataformas digitales y los influencers en la percepción de la imagen corporal subraya la necesidad de educar a los jóvenes sobre cómo analizar y cuestionar de forma crítica los mensajes e imágenes que consumen.
Distinción entre salud y estética. Es vital reforzar la diferencia entre lo que se considera saludable y lo estético. Mientras que la salud tiene un componente objetivo basado en el bienestar físico y mental, la estética está más condicionada por elementos culturales y sociales. Ayudar a los menores a distinguir estos criterios es fundamental para evitar distorsiones mediáticas.
Apoyo de familiares y adultos influyentes. La familia desempeña un papel fundamental en la formación de la percepción corporal de los jóvenes, esencialmente en las primeras etapas de desarrollo. Es importante orientarles en temas relacionados con la imagen corporal y la autoestima.
Políticas de transparencia. Es primordial implementar políticas que exijan honestidad y control profesional en la representación de imágenes corporales en las redes sociales.
– Las consecuencias de esta obsesión
La irreal belleza del mundo digital plantea profundas implicaciones en materia de salud mental y física. La presión constante para alcanzar estos cuerpos perfectos, cuyos impactos son diarios, puede perpetuar estándares pocos realistas y presiones sobre la propia apariencia.
La obsesión por la delgadez y la tonificación puede llevar a las nuevas generaciones a adoptar conductas alimentarias inadecuadas comprometiendo su salud y el disfrute de una vida plena y saludable. También la distorsión de estas apariencias idílicas puede dar lugar a la ansiedad, depresión o aislamiento social, en muchos de los casos fomentando el uso de aplicaciones y filtros para modificar su apariencia.
Por otro lado, la autoevaluación y comparación social pueden erosionar la autoestima de este grupo altamente susceptible a las influencias del entorno que, además, se encuentra en plena etapa de desarrollo cognitivo y físico.
También la adopción de prácticas dietéticas y deportivas no supervisadas por profesionales pueden conducir a problemas graves de desnutrición, agotamiento físico, lesiones y dificultades hormonales.
La popular Via dell’Amore cerró en 2012 después de un desprendimiento de tierra que hirió a algunos turistas, y acaba de reabrir.
BBC Ners Mundo(A.Bressanin) — El sendero más romántico de Cinque Terre, en Italia, estuvo cerrado durante 12 años, pero gracias a nuevas medidas de seguridad acaba de reabrirse a los visitantes.
El sendero más romántico de Cinque Terre, apropiadamente llamado la Via dell’Amore, reabrió sus puertas en Italia el 27 de julio, 12 años después de un desprendimiento de tierra, en septiembre de 2012, que hirió a cuatro turistas australianos y puso de relieve la urgente necesidad de reformas y mayores medidas de seguridad en la zona.
El sendero de 800 metros, tallado en acantilados escarpados con impresionantes vistas al mar de Liguria, tiene una historia de 104 años y un futuro que depende fundamentalmente de la preservación de los paisajes costeros de Italia.
Antes de su cierre en 2012, el impresionante sendero era uno de los tramos más populares de la red de 130 km de caminos que recorren las «cinco tierras» que dan a Cinque Terre su nombre y unen los borghi (pueblos) medievales multicolores de Riomaggiore y Manarola.
Irónicamente, nadie planeó construir la Vía del Amor. Hoy, Riomaggiore y Manarola –pueblos «verticales» encaramados en majestuosas rocas con casas apiladas unas sobre otras como bochas de helado de colores pastel– atraen a millones de turistas internacionales, todos en busca de una fantasía italiana en tecnicolor.
Pero, originalmente, eran simples asentamientos de agricultores marineros (no pescadores, como a menudo se cree erróneamente); conectados solo por un antiguo sendero sobre un pico escarpado, tan arduo de cruzar que la comunicación era escasa y los dos pequeños pueblos hablaban dialectos diferentes.
La Vía del Amor nació hace más de 100 años y desde entonces ha acogido a innumerables viajeros, como se puede ver en esta foto antigua del sendero de 1950.
Durante la construcción del ferrocarril entre las ciudades de Génova y La Spezia, a finales del siglo XIX, se excavaron en los acantilados trozos de un camino de piedra para que los trabajadores y los burros que transportaban materiales y explosivos cavaran túneles para el tren.
Los habitantes de Riomaggiore vieron la oportunidad de unir los dos caminos fragmentados.
Fabrizia Pecunia, actual alcaldesa de Riomaggiore, explica: «Vieron este tramo de vía [ferroviaria] del lado de Riomaggiore y este otro tramo del lado de Manarola y se preguntaron: ‘¿Por qué no hacemos una conexión?'».
La construcción del nuevo sendero comenzó en 1920 y terminó unos 11 años después.
«Mi abuelo Brizio Bonanini fue uno de los que lo construyó», dice Pecunia. «Estoy muy orgullosa de ello».
El pueblo de Riomaggiore, al que se llega después de un paseo romántico desde Manarola
Con vistas lánguidas al atardecer sobre el mar y un espectacular paisaje rocoso sobre las olas rompiendo a unos 30 metros de profundidad, este sendero llano y fácil de recorrer pronto se convirtió en una solución ideal y práctica para una cita nocturna, no muy lejos de los centros medievales de los pueblos.
Entonces, un escritor anónimo con un don para las marcas escribió Via dell’Amore en la pared de roca, lo que le dio al camino su nombre romántico.
Cincuenta años después, en la década de 1970, los funcionarios locales se avivaron e instalaron bancos dedicados a figuras mitológicas de la pasión, desde Cupido hasta Eros.
– Peligro
El único inconveniente es que la Vía del Amor se construyó sobre una ladera de montaña empinada y desmoronada, en una región cuyo terreno es propenso a desprendimientos de tierra frecuentes.
«Es una zona obviamente peligrosa, una zona muy hermosa porque está sobre el mar, pero obviamente peligrosa«, explica Francesco Faccini, geólogo de la Universidad de Génova.
«No es casualidad que el antiguo camino original se construyera pasando por encima de la montaña [y no por la ladera]. Inevitablemente, cortar la base de una pendiente provoca derrumbes».
El conjunto de Cinque Terre es una apuesta entre el hombre y la naturaleza. «Estas eran las tierras de la ‘viticultura heroica'», explica el geólogo Domenico Calcaterra, de la Universidad de Nápoles.
«Tierras de una agricultura dramática y peligrosa. Hombres y mujeres trabajaban en senderos muy estrechos a lo largo de laderas impermeables y los accidentes no eran infrecuentes».
A lo largo de los siglos, los habitantes construyeron muros de piedra seca para sostener las terrazas, donde cultivaban olivos y viñedos.
«Es un paisaje único«, añade Donatella Bianchi, presidenta del Parque Nacional de Cinque Terre. «Es vertical, con 130 km de senderos creados por el hombre, que transformó las montañas para cultivarlas y sobrevivir».
Con la llegada del turismo en la década de 1950, se abandonó la agricultura en la zona y se descuidó el mantenimiento de los muros de piedra, mientras que el cambio climático hizo que progresivamente la misma cantidad de lluvia anual se concentrara en menos tormentas, pero más fuertes.
La Vía del Amor se construyó sobre una ladera de montaña empinada.
«Como sucede a menudo en nuestro país, la conciencia ambiental se ha desarrollado después de una tragedia», dice Calcaterra, refiriéndose a los dos años de deslizamientos de tierra e inundaciones dramáticas entre 2011 y 2012.
La nueva dirección del parque decidió entonces centrarse más en el medio ambiente y creó el Centro para el estudio de los riesgos geológicos, donde trabaja Calcaterra.
También comenzaron a apoyar la agricultura con incentivos para los agricultores, proporcionando piedras para arreglar los muros secos y barbatelle (esquejes de vid) para la producción del prestigioso vino local, el dulce blanco passito Sciacchetrà.
“Hoy, las comunidades que crearon este maravilloso paisaje, incluidos esos senderos tan importantes, podrán volver a apreciar su belleza”, dice Bianchi.
– Una larga pausa
Pero ¿por qué se han necesitado 12 años para reabrir un sendero de 800 metros de longitud?
La ministra italiana de Turismo, Daniela Santanchè, quien inauguró el sendero a finales de julio, se ríe de esta pregunta: «¿Han visto Liguria? Es una región estrecha que se eleva abruptamente desde el mar. Tuvimos que aprovechar toda la montaña y asegurarnos de que todo fuera completamente seguro».
«En total, ha costado 22 millones de euros (unos US$24 millones)«, añade la alcaldesa Pecunia, que explica cómo las distintas entidades locales y nacionales implicadas han tenido que reunir fondos, ponerse de acuerdo sobre un plan, pasar por todos los trámites burocráticos y, finalmente, construir un sistema de arneses, redes y anclajes para evitar desprendimientos de rocas y proteger el sendero, sin estropear su belleza natural.
«Y ahora, si van, se enamorarán de él», reflexiona Santanchè. «No es casualidad que se llame la Vía del Amor».
Los nuevos visitantes encontrarán un camino renovado, romántico y, sobre todo, seguro entre los dos pueblos, aseguran las autoridades.
Para recorrer el sendero, los visitantes deben reservar su entrada online o en las taquillas del parque. Se permitirá un máximo de 400 personas por hora (una nueva política destinada a limitar la masificación).
El parque, uno de los más pequeños pero más densamente poblados de Italia, con 4.000 habitantes en 3.800 hectáreas, espera controlar el número de visitantes e informar a los turistas sobre la afluencia de público antes de su llegada.
Curiosamente, aunque las ceremonias nupciales completas en la Vía del Amor tendrán que esperar hasta la inauguración, el año próximo, del pequeño anfiteatro del sendero que también funciona como jardín botánico, la alcaldesa Pecunia garantiza que a partir de este verano boreal se permitirán bodas muy íntimas con solo unos pocos invitados y sin refrigerios ni recepción.
Después de todo, nadie puede controlar realmente el romance y quién intercambia votos en la Vía del Amor.
The conversation(J.A.A.Gargallo) — El siglo XX ha sido probablemente el más revolucionario de la historia. Y, sin duda, uno de los avances que más ha beneficiado a la humanidad es la aparición de la contracepción hormonal, la famosa “píldora”.
– Las mujeres toman el control
Hasta la década de 1960, la mayoría de las mujeres usaban métodos anticonceptivos de limitada efectividad. Algunos dependían bastante del azar; por ejemplo, prolongar la lactancia, prescindir del coito determinados días según el calendario y emplear las técnicas del moco cervical o la temperatura.
Otros procedimientos, como el preservativo masculino o el coitus interruptus (también conocido como “marcha atrás”), no permitían a las mujeres tener el control. La píldora anticonceptiva les posibilitó decidir libremente cuándo evitar el embarazo.
– Cuestión de hormonas
La contracepción hormonal consiste en la administración externa de hormonas sexuales, estrógenos y progestágenos, las cuales evitan que la mujer se quede embarazada mediante diversos mecanismos:
Espesan el moco del cuello del útero, lo que corta el paso de los espermatozoides.
Frenan la maduración de la mucosa uterina (endometrio), impidiendo la implantación de un óvulo fecundado.
Bloquean la producción de las hormonas hipofisarias (gonadotropinas), evitando así la ovulación.
Este tipo de contracepción es reversible y se puede formular en forma de comprimidos, pero también como parches transdérmicos, anillos vaginales, implantes subdérmicos o inyecciones. Aunque estas otras presentaciones tienen una eficacia similar, varían en cuanto a las molestias o efectos secundarios que producen. Además, algunas requieren intervención médica para iniciar o finalizar su administración, mientras que los anticonceptivos orales permiten una mayor autonomía.
De todas maneras, también hay que recordar que los anticonceptivos hormonales, a diferencia de los métodos de barrera, no protegen de las infecciones de transmisión sexual.
– Una eficacia superior al 99 %
Centenares de millones de mujeres han tomado la “píldora” en las últimas seis décadas. Podríamos decir que de pocos medicamentos se han estudiado tanto sus efectos, tanto los beneficiosos como los indeseados. Y hoy sabemos que los beneficios superan ampliamente sus riesgos.
Los anticonceptivos orales combinados (estrógenos y progestágenos) utilizados correctamente tienen una tasa de fracaso (definido como número de embarazos no deseados por cada 100 mujeres en el periodo de un año) inferior al 1 %, similar a la de los dispositivos intrauterinos y a los progestágenos inyectables. Esta eficacia solo es superada por la esterilización quirúrgica (ligadura de trompas o vasectomía). La causa más habitual de fallo es olvidar una o más tomas durante el ciclo.
– A tener en cuenta antes de tomarlos
En general, la mayoría de las mujeres puede utilizar anticonceptivos hormonales. Solo hay que exceptuar a aquellas que sufren hipertensión arterial, alguna enfermedad coronaria o cerebrovascular o ciertos tipos de migraña. Tampoco deben tomarlos quienes presenten factores de riesgo de tromboembolismo venoso –entre ellos, la obesidad– o hayan tenido un cáncer de mama.
Aunque se ha descrito desde hace años que los anticonceptivos orales pueden reducir los niveles de vitaminas o de ácido fólico, este efecto no parece importante en usuarias con buen estado nutricional. Los suplementos de ácido fólico sí serían necesarios para las mujeres que buscan quedarse embarazadas, con el objetivo de favorecer el correcto desarrollo neurológico del embrión.
Si se toman otros medicamentos al mismo tiempo que los anticonceptivos orales, se pueden producir interacciones que aumenten o disminuyan los efectos de dichos medicamentos, por lo que deberá consultarse con el médico.
Además, la eficacia contraceptiva puede estar comprometida en pacientes sometidas a determinados tratamientos: varios fármacos antiepilépticos o la rifampicina (un antibiótico antituberculoso) disminuyen los niveles de los anticonceptivos y pueden anular su efecto. En el caso de otros antibióticos, y aunque se ha escrito mucho sobre ello, esta interacción no se ha confirmado.
– Los riesgos más importantes
En cuanto a los efectos indeseados, durante los primeros meses de utilización pueden aparecer síntomas dependientes de los estrógenos o progestágenos administrados. Son frecuentes las náuseas, el dolor mamario, el aumento del vello, los sangrados irregulares, la irritabilidad, la disminución de libido, la sensación de hinchazón abdominal o el aumento de peso.
Estos efectos pueden variar según la presentación y suelen mejorar espontáneamente en poco tiempo o con el cambio de las dosis de estrógeno o el tipo de progestágeno, si bien en algunos casos pueden obligar a abandonar el tratamiento.
Aparte de estas posibles molestias, los principales riesgos de la “píldora” se centran en sus efectos cardiovasculares y en las probabilidades de desarrollar algunos tumores.
Así, mientras están tomando anticonceptivos hormonales, las mujeres tienen entre 3 y 4 veces más posibilidades de presentar un tromboembolismo venoso que las que no los toman. Sin embargo, este riesgo es bajo en números absolutos: supone aproximadamente la mitad del de sufrir trombosis venosa durante el embarazo.
En este punto, los anticonceptivos hormonales no serían recomendables a partir de los 35 años de edad en mujeres fumadoras, obesas o con antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares.
Los contraceptivos orales combinados –incluyen un estrógeno y un progestágeno– con dosis bajas de estrógenos presentan menor probabilidad de producir problemas cardiovasculares y podrían considerarse seguros hasta los 45 años o más. Por contra, los que incorporan progestágenos más modernos parecen asociarse a un mayor peligro de trombosis venosa.
Estos fármacos también se han vinculado a algunos tipos de cáncer. Aunque los datos varían entre diferentes estudios, las posibilidades de contraer cáncer de mama se incrementan entre un 20 % y un 40 % durante el tratamiento, si bien parece que se normalizan tras dejarlo.
También aumentan las probabilidades de desarrollar tumores en el hígado –hasta cuatro veces– y, en mujeres con serología positiva al virus del papiloma, el de padecer cáncer de cérvix uterino.
– Anticonceptivo de elección
La otra cara de la moneda es que los anticonceptivos hormonales se han asociado a una disminución del riesgo de cánceres de ovario y endometrio y otros beneficios para la salud: regulan la duración del ciclo y disminuyen los síntomas premenstruales; alivian el dolor producido por la regla y la ovulación; reducen el volumen de sangrado menstrual y el riesgo de anemia por falta de hierro; mejoran el acné y la endometriosis, y se han asociado a una menor incidencia de tumores benignos de mama, enfermedad inflamatoria pélvica, quistes ováricos y osteoporosis.
En definitiva, los anticonceptivos orales son, desde hace décadas, un método de prevención del embarazo reversible, de alta eficacia, que permite a la mujer una gran autonomía y no requiere intervención externa. En mujeres jóvenes, no fumadoras, sin obesidad ni antecedentes de riesgo cardiovascular o cáncer de mama –y que estén dispuestas a la disciplina de tomar diariamente un comprimido– podrían considerarse el método anticonceptivo de elección.
El precio de la libertad es la muerte (Malcolm X).
JotDown(E.J.Rodríguez) — El 21 de febrero de 1965, Malcolm X, uno de los más relevantes líderes sociales de los Estados Unidos de América, se disponía a pronunciar un discurso ante varios cientos de personas.
Llevaba meses recibiendo amenazas de muerte, en su mayoría provenientes de miembros y simpatizantes de la Nación del Islam, grupo al que había pertenecido durante dieciséis años y que había abandonado meses antes en mitad de una enorme polémica; sabía bien que sus antiguos compañeros lo consideraban un traidor y admitió en público que no descartaba la posibilidad de terminar sus días asesinado. No le faltaban motivos.
Se enteró, por ejemplo, de que habían planeado poner una bomba en su coche, aunque el incidente más grave se había producido una noche en la que, mientras su familia y él dormían, varios desconocidos prendieron fuego a su casa. Malcolm y los suyos escaparon milagrosamente ilesos.
Pese a todo esto, se negó a modificar su agenda en función de las amenazas de sus enemigos fanáticos. No quería vivir con miedo, o no quería vivir de manera que los demás percibieran que tenía miedo. Malcolm X jamás se había arrodillado ante nadie y el día de su último discurso no iba a ser una excepción
Estaba ya frente al atril para comenzar a hablar cuando dos hombres iniciaron una trifulca entre el público. Parecía una pelea espontánea, pero en realidad se trataba de una acción planeada para atraer la atención de los guardaespaldas de Malcolm X, que se acercaron para intentar detener el altercado, dejando el escenario sin vigilancia. Mientras tanto, otros tres hombres se acercaron al estrado armados con una escopeta recortada y pistolas automáticas.
Apuntaron a Malcolm X. Él vio cómo le apuntaban, pero no tuvo tiempo de reaccionar: recibió un primer disparo de escopeta en el pecho que le hizo caer de espaldas («no se dobló, cayó recto, tal y como había estado de pie», recordaría su mujer, testigo del crimen). Una vez en el suelo, continuaron acribillándolo.
Fue alcanzado por un total de once disparos de pistola y diez fragmentos de metralla de escopeta. Todo ante la mirada aterrorizada de sus hijas —de siete, cinco y dos años de edad— que estaban sentadas en primera fila junto a la madre. Malcolm X no sobrevivió al atentado. Tenía treinta y nueve años.
Dos de los tres asesinos fueron detenidos al instante y un tercero estaba siendo linchado por la multitud cuando llegó la policía para salvarlo in extremis. No se sabe con seguridad quién ordenó el asesinato y existen diversas teorías al respecto, pero la Nación del Islam sigue siendo señalada como la principal responsable. De hecho, los tres asesinos fueron identificados como miembros del grupo.
En todo caso, la muerte de Malcolm X fue el precio que, decepcionado por la deriva corrupta de la organización, pagó por haber renegado de la facción más extremista de la lucha en pro de los derechos de los negros estadounidenses. Tan solo unos meses atrás, Malcolm X había experimentado un renacer espiritual y su pensamiento había empezado a bascular hacia posiciones más moderadas y flexibles; aquel giro pudo haberlo convertido en un personaje todavía más importante a nivel nacional y mundial.
Después de muchos años defendiendo un mensaje cuestionable en el que había dejado de creer, estaba al borde de transformarse en un líder modélico. Pero su destino ya estaba escrito: en cuanto había decidido actuar de acuerdo a los dictados de su conciencia, sus días pasaron a estar contados. Toda su inteligencia, su oratoria y su experiencia fueron desperdiciadas en aquel asesinato. Malcolm X desapareció justo cuando estaba en posición de haberle ofrecido muchas más cosas al mundo.
Los hombres blancos que mataron a papá
Treinta y cuatro años antes, cuando Malcolm Little —tal era su nombre de nacimiento— tenía solamente seis años, su padre había muerto también en circunstancias violentas.
Earl Little, que junto a su mujer Louise llevaba una granja en Michigan, era un hombre dinámico y emprendedor capaz de afrontar a base de trabajo las numerosas dificultades que encontraba para sacar adelante a sus siete hijos.
Era, además, muy activo en la defensa de los derechos de los negros y de los trabajadores, lo cual le había causado no pocos problemas. La familia era originaria de Omaha, estado natal del pequeño Malcolm, pero su anterior hogar había sido incendiado por miembros del Ku Klux Klan.
Tras mudarse a Michigan, los Little volvieron a recibir amenazas y su nueva casa fue también incendiada, también durante la noche y con toda la familia durmiendo dentro; una vez más, fue un milagro que nadie muriese entre las llamas o asfixiado por el humo. Aun así, Earl Little no estaba dispuesto a acobardarse. Ya se había marchado una vez de su hogar y no podía pasarse la vida huyendo.
No tendría ocasión de huir, de todos modos. Un día, mientras estaba en la ciudad recolectando pagos aplazados de algunos clientes, un tranvía lo arrolló, seccionando sus piernas y destrozando varias otras partes de su cuerpo. Murió al instante. No hubo investigación sobre un posible asesinato, pese a que era bien sabido que sobre él pesaban numerosas amenazas de muerte de la rama local del Ku Klux Klan. Nadie creyó la versión policial que hablaba de «accidente».
El mayor de sus hijos recordaría más adelante que Earl había sido «arrojado bajo el tranvía». La viuda de Earl, Louise, se quedó sola en la reclamación de una investigación a fondo. Para colmo, la compañía de seguros alegó un posible suicidio, a pesar de que Earl Little ni siquiera era el primero de la familia en conocer un final trágico: tres de sus hermanos habían sido asesinados a sangre fría por el Ku Klux Klan, y un cuarto había sido ejecutado durante un linchamiento multitudinario.
Ahora también él estaba muerto, pero a las autoridades les importaba poco y la policía archivó el asunto sin más pesquisas.
Louise, sola con sus siete hijos, se vio enfrentada a una multitud de obstáculos que empezaron a hacer que se sintiera empequeñecida. Por un lado estaban los problemas económicos; aunque era una mujer cultivada, carecía del espíritu emprendedor y la habilidad para llevar los negocios que había tenido su marido. Incapaz de responder a las crecientes deudas, tuvo que alquilar parte de su propiedad, pero eso no impidió que los Little se viesen condenados a vivir en la pobreza.
Por otra parte, su creciente dificultad para disciplinar a sus hijos ella sola hizo vislumbrar otra amenaza en el horizonte: que las autoridades le retirasen la custodia. Débil, asustada y sometida a enormes presiones durante varios años, acabó padeciendo una severa crisis psicológica que la llevaría a ser ingresada en un hospital psiquiátrico. Como había temido, se le retiró la custodia de sus siete hijos, que fueron repartidos por distintas casas de acogida. Malcolm Little tenía por entonces trece años. No volvería a ver a su madre en más de dos décadas.
El hecho de crecer contemplando cómo su familia era destruida no hizo que Malcolm perdiese los ánimos de cara al futuro.
Al menos no de inmediato.
En su nueva vida como huérfano en un vecindario donde era el único niño negro parecía integrarse bien, aunque de adulto reviviría aquel periodo con amargura: «era el único negro, así que me tenían como mascota».
Por entonces, sin embargo, no se sentía discriminado; es más, podía llegar a liderar algunos juegos en el barrio y también se aplicaba en la escuela, obteniendo buenas notas y destacando por su aguda inteligencia.
Pronto descubrió su primera vocación y, quizá porque había visto tantos problemas de violencia y conflictos legales en torno a su familia, decidió que de mayor quería convertirse en abogado.
Sin embargo, uno de sus profesores —blanco, como el resto de la gente de su nuevo entorno— cortó de cuajo sus esperanzas y le despojó de sus sueños de la manera más brutal, diciéndole: «Desengáñate, Malcolm, y sé realista: nunca podrás ser abogado. Deberías buscar un trabajo más propio para un negro». El profesor, detalle que Malcolm X recordaría siempre, utilizó el término nigger («negrata»), con el que todos se referían a él en la escuela.
Un término del que Malcolm había llegado a olvidar el trasfondo despectivo, considerándolo casi un apodo cariñoso. Las palabras de su profesor asestaron un golpe definitivo en su autoestima: Malcolm Little se convenció de que nunca podría cumplir sus objetivos mediante el estudio en aquella sociedad gobernada por blancos y supo que nunca podría llegar a donde sí llegarían sus compañeros de clase, todos de piel clara.
Por desgracia para él, había buenos motivos para pensar así, dado que la segregación era endémica en los Estados Unidos y, salvo raras excepciones, los negros tenían las puertas cerradas en determinados ámbitos profesionales; en particular, todos los que implicasen buenas ganancias, respetabilidad y cierta cuota de poder. Al año siguiente, Malcolm hizo caso a su profesor: dejó de interesarse por los estudios y empezó a buscarse trabajos de poca monta.
Pasó buena parte de su adolescencia viviendo con su hermanastra en Boston, ejerciendo como cocinero en el restaurante de un tren. Restaurante donde, por descontado, los únicos negros estaban en la cocina o ejerciendo como camareros. Nunca como clientes.
La breve aventura delictiva de Detroit Red
Haber sido un criminal no es una vergüenza. Continuar siendo un criminal, eso sería la vergüenza. Yo fui un criminal. Estuve en prisión. Pero no me avergüenzo por ello. No pueden usar eso contra mí. Están usando el palo equivocado para intentar pegarme. Ni siquiera noto los golpes.
Malcolm Little en sus años como delincuente juvenil
Después de varios años de fregar platos y servir desayunos, Malcolm Little se cansó de estar al servicio de los blancos a cambio de un mísero sueldo.
Terminó de convencerse de que aquello no prometía ningún futuro cuando entró en contacto con gente de los bajos fondos y descubrió que, ejerciendo diversas actividades delictivas, podía ganar dinero mucho con mucha mayor rapidez.
Se mudó a Nueva York, estableciéndose en el barrio de Harlem, y formó una pequeña pandilla con un amigo negro y las novias de ambos, que eran dos chicas de raza blanca.
Liderados por Malcolm, se dedicaban a la estafa y el robo.
Empezó a consumir cocaína, droga por la que desarrolló una fuerte adicción.
Por entonces, sus conocidos lo llamaban «Red» por su pelo de tono rojizo, herencia de un abuelo biológico escocés, aunque era una herencia de la que no se sentía demasiado orgulloso: «Mi cabello rojo era el recordatorio de que mi abuela había sido violada por un blanco».
Red era un adolescente despreocupado, irresponsable y mujeriego, que vestía de forma estrafalaria, con los trajes coloridos y sombreros de ala muy ancha que gustaban a los jovenzuelos de la calle, los que se hacían llamar hustlers.
Se acostumbró pronto a su nueva y cómoda vida, contento por no tener que trabajar. Hasta que un día todo amenazó con venirse abajo: los Estados Unidos entraron en la II Guerra Mundial y a Malcolm Little le llegó una carta de la oficina de reclutamiento (por descontado, los negros sí eran ciudadanos de pleno derecho cuando se trataba de ser enviados al frente).
Decidido a no ser alistado, hizo gala de toda su astucia durante el examen psicológico previo al reclutamiento. Aunque muchos jóvenes intentaban fingir locura sin mucho éxito para librarse de la guerra, él sí consiguió ser declarado «no apto». Durante la entrevista dijo que su mayor ambición en la vida era reunir un ejército de negros para matar a todos los blancos que se cruzasen en su camino.
Los doctores que hacían la revisión no quisieron hacerse responsables de enviar a semejante individuo al frente, donde estaría con un fusil en las manos, mucha munición a su disposición, rodeado de blancos y con numerosas posibilidades de ejecutar sus planes de venganza racial haciendo creer que sus compañeros habían muerto a manos de los alemanes. Sonriente, Malcolm Little salió del despacho de los doctores con su exención sellada por el Gobierno.
Aunque había evitado la leva, su carrera delictiva no iba a durar mucho más. Al poco de cumplir los veinte años, tras una serie de robos en domicilios y estafas de diverso calado, fue detenido junto al resto de su pandilla. Una vez más, el ser un negro demostró convertirse en una desventaja de salida. Ninguno de los cuatro tenía antecedentes penales. A los cuatro se los había detenido y acusado a raíz de los mismos delitos.
Pero, mientras las dos chicas blancas salían del tribunal con una condena menor, los dos chicos negros fueron condenados a diez años de prisión. La policía había presionado a las chicas para que declarasen que los dos negros las habían inducido a convertirse en criminales. Ellas así lo afirmaron, haciendo que Malcolm se sintiera traicionado, aunque podía haber sido peor: los agentes también intentaron que las chicas acusaran a sus dos compañeros de violación.
Ellas se negaron a llegar tan lejos. Malcolm Little fue enviado a la cárcel con la perspectiva de vivir en una celda durante diez años, hasta que cumpliese los treinta.
El Malcolm Little que entró en prisión era, según su propio recuerdo, «ineducado e ignorante».
Resentido, malcarado y descreído de todo, sus bruscas maneras le conferían una mala imagen incluso entre los demás presos, que se referían a él como «Satán» por su costumbre de blasfemar todo el tiempo y por lo que uno de sus hermanos definió como «una profunda aversión a la religión».
En realidad, el joven Malcolm estaba sufriendo una severa crisis de identidad.
Proveniente de una familia destrozada por el racismo, desanimado de proseguir los estudios por sus propios profesores, condenado a una existencia servil —o a la única alternativa que estaba a su alcance, la delincuencia—, traicionado por su novia blanca y condenado a pasar diez años en una celda sin perspectiva alguna de futuro, sin drogas que lo ayudasen a pasar el mal trago, Malcolm Little acumuló considerables motivos para deprimirse.
Sin embargo, en la prisión terminó encontrando un inesperado camino hacia la reforma cuando un preso de más edad se fijó en sus obvias aptitudes intelectuales y le aconsejó que, en lugar de vegetar en su celda y lamentarse durante todo el día, utilizase aquellos años en prisión para intentar mejorar como persona. Le animó a leer, a educarse. Malcolm reavivó su perdida pasión por el estudio y empezó a leer cuanto caía en sus manos: política, filosofía, literatura clásica, Historia.
Estudió en profundidad la Biblia y el Corán, así como otros textos religiosos y teológicos. Incluso se sumergió en el diccionario, que repasó con atención de principio a fin, anotando todo aquello que le llamaba la atención y adquiriendo de paso un amplísimo vocabulario por el que sería célebre más tarde. Leyó y se aplicó día tras día, hasta que, al cabo de unos pocos años de encierro, Malcolm Little ya no se parecía en nada al joven delincuente «ineducado e ignorante» que había sido al entrar.
Se transformó en un hombre culto y elocuente. Desarrolló un nivel tan alto de articulación en su discurso que se convirtió en la gran estrella del equipo penitenciario de debates, llegando a impresionar a los prestigiosos equipos de Harvard y Princeton, que de vez en cuando visitaban la cárcel. «Hasta entonces, muy pocos presos se habían interesado por los debates» —recordaría más adelante un funcionario de aquella prisión—, «pero cuando Malcolm participaba, todos los que podían acudían para ver el espectáculo».
Un hombre llamado Malcolm X
El preso que tanto le había animado a leer y estudiar tenía otros intereses hacia él, aparte del de compartir conocimientos. Pertenecía a una organización llamada la Nación del Islam, muy poco conocida, que contaba con apenas unos cientos de seguidores. Los ánimos de aquel hombre para que Malcolm se educase formaban parte de un ejercicio proselitista: pretendía captarlo para su organización, y lo consiguió.
En ciertos aspectos, la ideología de la Nación recordaba al nacionalismo negro de Marcus Garvey, el primer líder negro que había organziado un verdadero movimiento político masivo en defensa de su raza; los padres de Malcolm habían sido fervientes simpatizantes y defensores de Garvey.
En la Nación del Islam pensaban que los negros no tendrían nunca un lugar en los Estados Unidos, pero, mientras Garvey había propuesto que la solución consistía en regresar a África, la Nación del Islam abogaba por que Washington cediese a los afroamericanos una parte del territorio estadounidense para fundar una nueva nación en la que pudiesen vivir según sus propias leyes, sin la intervención de los mismos blancos que algunas generaciones atrás los habían mantenido como esclavos, los mismos blancos que ahora seguían viéndolos como siervos.
En la Nación también promulgaban la necesidad de que los negros cultivasen su intelecto para proyectar una imagen de dignidad y seguridad en sí mismos que desafiase los prejuicios de los blancos. Se sometían a estrictas normas de comportamiento, algunas tomadas del credo musulmán, como la prohibición de beber alcohol o comer cerdo, y otras de cosecha propia, como la renuncia a mantener contacto sexual con mujeres blancas.
Estos conceptos atrajeron a Malcolm Little, quien por fin encontraba un ideario que parecía responder a muchas de sus dudas y preguntas, algo que daba sentido a su vida.
El daño que los blancos le habían hecho a su familia y a él mismo, adquiría un significado, porque la Nación del Islam lo explicaba en un contexto histórico: el único propósito de los blancos había sido, durante cuatro siglos, el de esclavizar y humillar a los negros; nunca habían mostrado otra intención y todo el sistema social blanco estaba diseñado para seguir cumpliendo ese propósito maligno. Era hora de rebelarse.
En la Nación también criticaban que los negros estadounidenses se hubiesen convertido al cristianismo —aunque, como el resto de musulmanes, aceptaban la Biblia como texto revelado por Dios, si bien distorsionado en partes, y a Jesús como penúltimo profeta— y proclamaban que el Islam era la religión natural de su raza. También afirmaban que la raza negra era la original y superior a la raza blanca. El hombre blanco era un «diablo» cuyo reinado estaba a punto de terminar. También afirmaban, por descontado, que Dios era negro.
A Malcolm Little le costó superar la reluctancia inicial ante algunas de estas creencias, sobre todo la creencia de que los blancos fuesen «diablos».
Sin embargo, terminó adoptándolas como propias porque en el mismo ideario había otros conceptos que resultaban más fáciles de asimilar y en los que veía una incontestable lógica histórica.
Por ejemplo, el que Jesús fuese representado por el cristianismo como un hombre blanco, cuando en realidad debió ser similar a cualquier otro hebreo palestino de la época: piel cobriza, cabello ensortijado, rasgos semitas.
A Malcolm le resultaba fácil identificar estas manipulaciones como parte de la tendencia de la raza blanca a considerarse superior.
Así pues, las ideas políticas; de la Nación fueron lo que primero atrajeron su interés y, más tarde, a despecho de haber sido ateo durante su primera juventud, terminó sintiéndose atraído también por el credo religioso, hasta que se convirtió en miembro de pleno derecho.
Esto iba a suponer un cambio aún más importante en su visión del mundo. La Nación del Islam era, en realidad, más parecida a una secta religiosa que a una organización política como la de Marcus Garvey. La Nación se basaba en el culto a la personalidad de su líder, Elijah Muhammad, un iluminado al que sus fieles consideraban mensajero directo de Alá.
En prisión, Malcolm Little adoptó todas las normas vitales de aquella particular forma de Islam, convencido por fin de que Elijah Muhammad era, en efecto, el mensajero directo de un Dios negro. Su conversión no resulta inexplicable; en la práctica, Malcolm había comprobado que el contacto con miembros de la Nación del Islam era el único estímulo que podía hacer de él una persona de provecho.
Siguiendo una costumbre de la Nación, abandonó el uso de su apellido anglosajón, Little, considerándolo un «apellido de esclavos». Dado que los africanos esclavizados habían sido desprovistos de su apellido original y rebautizados con el de sus nuevos dueños en América, y dado que los negros estadounidenses no conocían el verdadero apellido africano de sus antepasados, Malcolm sustituyó su apellido por el signo matemático de la incógnita: la X.
Cumplió algo más de seis años de su condena de diez. Cuando salió a la calle, no solo era un miembro de la Nación del Islam sino que, a todos los efectos, era también un hombre nuevo. Ahora era Malcolm X: serio, disciplinado, culto, honesto hasta la rigidez.
En la Nación no tardaron en descubrir que acababan de reclutar a un portavoz nato, a un hombre que tenía las cualidades necesarias para ejercer un liderazgo natural ante las multitudes y también para destacar en plena era de la televisión, la nueva gran herramienta propagandística.
Llegaría a rivalizar en atención mediática con el otro gran líder negro de la época, Martin Luther King. Solo que el mensaje de Malcolm X no iba a ser un mensaje de amor, ni de perdón, ni de poner la otra mejilla, ni de ofrecer resistencia pasiva como predicaba King. Porque Malcolm X estaba preparado para impresionar al mundo con su carisma, pero también para sacudirlo con un mensaje más duro e inclemente, un mensaje que iba a causar preocupación entre los periodistas y políticos blancos.
Hubo un momento en que los blancos estadounidenses acusaban a Martin Luther King de ser un racista, un extremista y un comunista. Entonces llegamos los Musulmanes Negros… y los blancos empezaron a dar gracias a Dios por tener a Martin Luther King.
Supe que nunca llegaría a ser alguien implorando al hombre blanco que me dé algo de lo que él tiene, sino consiguiéndolo por mí mismo y convirtiéndome yo a mí mismo en alguien.
El ejército de Harlem
Corre el año 1957. Todo sucede en la esquina de la 7ª Avenida con la calle 125, en Harlem, Nueva York. Dos policías efectúan un arresto con brutalidad innecesaria, golpeando a un sospechoso —negro— que, tirado en el suelo, ya no puede defenderse. La escena es vista por un transeúnte llamado Johnson Hinton, también negro, que interpela a los dos agentes: «¡Basta! ¡Esto no es Alabama! ¡Estamos en Nueva York!».
Por toda respuesta, los dos policías se abalanzan sobre Hinton y comienzan a golpearlo también, pese a que no ha cometido ningún delito y se he limitado a intentar detener una paliza. A resultas de los golpes, Hinton sufre varias fracturas en el cráneo. Aun así, es esposado, llevado a comisaría y encerrado en una celda sin que se le hayan procurado los más mínimos cuidados médicos.
De normal, hubiese sido un ejemplo más de brutalidad y racismo policial que quizá finalizase con la muerte inexplicada de un pobre hombre inocente y un posterior silencio administrativo. No era la primera vez que sucedía, desde luego. Pero algo cambiaba en este caso: Johnson Hinton era un miembro de la Nación del Islam, la organización extremista cuya presencia estaba creciendo en Harlem.
Cuando el malherido Hinton es encerrado, corre la voz sobre el suceso. De boca en boca, la noticia llega a la principal mezquita de la Nación del Islam, que está situada en ese mismo barrio, Harlem. Su director, que tiene por entonces treinta y un años de edad, lleva un lustro fuera de la cárcel y ya se ha convertido en uno de los pesos pesados de la Nación. Decide intervenir. Acompañado de un nutrido grupo de seguidores, parte hacia la comisaría de Harlem.
Una vez allí, sus hombres se colocan en formación, ocupando la calle como si fuesen soldados, aunque no llevan armas. Se limitan a quedarse firmes e inmóviles. Algunos cientos de vecinos, atraídos por la marcha de los Musulmanes Negros, se congregan también y lanzan gritos de indignación contra la policía.
Pero los hombres de la Nación guardan completo silencio. Desde la comisaría, los mandos policiales contemplan con aprensión la insólita escena, sin entender quiénes son aquellos negros que permanecen impertérritos en la calle. Temen que la tensión pueda degenerar en un altercado de consecuencias imprevisibles, así que tratan de averiguar quién el líder de aquellos hombres, para hablar con él. Es ahí cuando escuchan por primera vez el nombre de Malcolm X.
El comisario le invita a entrar en su despacho. Malcolm X pide ver al «hermano Hinton» y comprobar su estado de salud. Exige que, si está grave, la policía se lo entregue para poder llevarlo a un hospital. El comisario se niega a aceptar esta demanda, pero insiste en que desea buscar una salida negociada antes de que las cosas se desmadren y tengan que intervenir instancias superiores.
Malcolm X escucha con atención, pero, al comprobar que su principal petición es desestimada, responde: «En ese caso, no hay nada más que hablar». Se levanta de su silla, sale del despacho y regresa a la calle junto a sus hombres, que ni siquiera se han movido. El número de ciudadanos que rodean el lugar se acerca ya a los dos mil.
El comisario de Harlem saben que la situación va a empeorar; incluso si no estallan disturbios, la noticia sobre la insólita presencia de aquellos misteriosos «Musulmanes Negros», como se hacen llamar, llegará tarde o temprano a los periódicos metropolitanos, quién sabe si hasta los nacionales.
De hecho, algunos reporteros locales ya están allí. Entre ellos James Hicks, periodista que mantiene cierta amistad con Malcolm X.
Como la tensión sigue creciendo, el comisario recurre a Hicks para convencer a Malcolm X de que continúe negociando. Malcolm X acepta regresar a la comisaría, pero dejando las cosas claras desde el principio: «Vuelvo únicamente por el respeto que siento hacia el señor Hicks, porque no siento un particular respeto hacia usted ni hacia el departamento de policía».
Declara que su postura sigue siendo inflexible: quiere ver a Hinton, de lo contrario sus hombres no abandonarán la calle. No hay otra opción posible.
El comisario, ante la posibilidad de ver unos hipotéticos disturbios causados por él en las págnias del New York Times, cede por fin. Malcolm X visita la celda de Johnson Hinton y comprueba que su estado es muy grave. Reclama una ambulancia. Pese a que Hinton está oficialmente detenido, Malcolm X se lo lleva con carácter de urgencia al hospital de Harlem. Los policías no osan impedírselo. Entretanto, los hombres de la Nación del Islam continúan ocupando la calle en perfecta formación.
Un sargento —negro, por cierto— hace guardia en la puerta de la comisaría y contempla con asombro el espectáculo. Nunca ha oído hablar de los Musulmanes Negros, pero se permite hablar de ellos con tono despectivo, asegurándose de que escuchen bien sus palabras.
Ese mismo sargento sugiere al inspector jefe que se autorice el uso de la fuerza para dispersarlos. Los hombres de la Nación continúan guardando escrupuloso silencio, excepto uno, que lo rompe para pronunciar una sola frase: «Inspector, será mejor que retire al sargento de la puerta».
El inspector capta el mensaje y ordena a su subalterno que se aparte de la vista de los miembros de la Nación. Aunque los Musulmanes Negros no han dado el menor indicio de querer iniciar un desorden, los policías se sienten intimidados.
Una vez satisfechas sus demandas y asegurada la atención médica de Hinton, Malcolm X regresa y se sitúa una vez más junto a sus hombres, mientras los policías siguen con atención cada uno de sus pasos. Entonces, Malcolm X, con un gesto de su mano y sin pronunciar una sola orden en voz alta, hace que su pequeño ejército se disuelva.
El periodista James Hicks y un agente de policía observan el momento y no dan crédito a sus ojos: «¿Ha visto usted lo mismo que yo?», pregunta el policía, boquiabierto. «Sí», responde Hicks. El agente sentencia: «Eso es demasiado poder para un solo hombre». Para un hombre negro, se entiende.
El radical más famoso de América
Después de que Malcolm X saliese de la cárcel e ingresara en la Nación del Islam, el líder absoluto del grupo, Elijah Muhammad, había tardado bien poco en percibir su enorme talento.
Primero lo puso a prueba dirigiendo la mezquita de Harlem, donde su elocuencia y poder de atracción electrizaban a las multitudes, ayudando a crear una considerable base de seguidores que, de hecho, era la más importante de la organización.
Después lo convirtió en su hombre de confianza, primer ministro de la Nación y principal encargado de llevar el mensaje a diferentes partes de los Estados Unidos.
Al igual que en Harlem, las cualidades como líder carismático del nuevo portavoz oficial permiten que la Nación del Islam continúe creciendo con rapidez.
Había estudiado e interiorizado el ideario de Elijah Muhammad hasta el punto de poder defenderlo en público con mucha más eficacia y elocuencia que el propio Muhammad.
Y Muhammad estaba muy contento por ello; difícilmente podía haber encontrado un mejor representante.
El incidente de la comisaría hizo que los medios empezaron a volver sus ojos hacia Malcolm X, hasta entonces un total desconocido, y descubrieron que el personaje era un filón, así que los ciudadanos estadounidenses iban a familiarizarse muy pronto con su rostro, su voz y sus ideas.
Por lo general, los medios no daban tanto pábulo a una organización radical de semejante pelaje —y menos aún a una formada por negros musulmanes—, pero Malcolm X era un producto periodístico demasiado irresistible como para no cederle páginas y minutos de emisión.
La mayor parte del público, incluso entre los negros, lo consideró un extremista. Y lo era. Pero su discurso no podía ser desmontado con facilidad, por más que las ideas de la Nación del Islam, en ocasiones, rayasen lo delirante. Su capacidad dialéctica le permitía defender con éxito conceptos que resultaban difíciles de defender, por no decir que, en los peores casos, eran intrínsecamente indefendibles.
Y, aunque dado lo radical de su mensaje no puede decirse que convenciese a grandes mayorías, incluso aquellos a quienes no convencía se veían obligados a respetar su más que evidente brillantez intelectual. Malcolm X sabía hablar. La manera en que articulaba sus ideas, incluso cuando eran falaces, era muy sólida. Y, para muchos interlocutores, aparentemente inatacable en la práctica. Pocos periodistas u opinadores osaban llevarle la contraria en un cara a cara.
Así, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, Malcolm X era el rostro visible de la Nación del Islam hasta el punto de que mucha gente pensaba, por error, que él era el líder de la organización, aunque empezase muchas de sus intervenciones y razonamientos con la expresión «el honorable Elijah Muhammad dice…» o «el honorable Elijah Muhammad cree…», sin disimular el culto a la personalidad que imperaba en el grupo.
Era era su carisma, no el de Muhammad, el que interesaba a los medios y el que afectaba al público. Era su rostro el que aparecía en las noticias. Eso sí, en sus intervenciones públicas se mantenía siempre fiel al mensaje de la Nación y lo único de cosecha propia eran los argumentos con los que trataba de justificar un ideario ajeno; él mismo recordaría más adelante aquella etapa con cierto embarazo, comparándose a sí mismo con una «marioneta que se limitaba a repetir una y otra vez las ideas de Elijah Muhammad».
Su fama condujo a comparaciones con otros líderes negros. La prensa lo presentaba como el reverso tenebroso de Martin Luther King. Las acusaciones de radicalismo que muchos medios blancos habían vertido sobre King se atemperaron en cuanto Malcolm X apareció en escena; de repente, Martin Luther King ya no era un radical sino el mensajero de la hermandad y la paz, mientras que Malcolm X era visto como el mensajero del odio. La oposición ideológica entre uno y otro era, de hecho, muy pronunciada.
Malcolm X se mostraba muy crítico con King, a quien calificaba como «el tío Tom del siglo XX». Incluso lamentó su nominación para el Premio Nobel de la Paz: «Si sigo a un general y el enemigo le da un premio por la paz, empiezo a sospechar de él. Muy especialmente si le dan el premio por la paz cuando la guerra no ha terminado todavía». Menospreciaba al movimiento por los derechos civiles de King por causa de sus métodos pacíficos, que él calificaba como inoperantes.
Al contrario que Martin Luther King, Malcolm X jamás se dejaba ver en actitud de colaboración junto a los poderes públicos blancos. Si King abogaba por la integración, Malcolm X defendía la necesidad de la separación total entre razas. King apelaba al buen corazón de muchos hombres blancos que no eran racistas, pero que habían tolerado las injusticias del sistema.
Quería obtener su colaboración activa. Malcolm X, en cambio, aseguraba que todos los hombres blancos eran «diablos» (aquella idea que, al principio, se había resistido a asimilar) y que jamás consentirían en hacer la más mínima cesión a los negros, no si los negros no forzaban esa cesión por sus propios medios.
En alguno sus discursos decía: «Si alguien ha venido esperando que yo diga que hay que poner la otra mejilla ante el hombre blanco, se ha equivocado de lugar». Algunos de los juicios que emitía sobre King eran muy duros:
El hombre blanco paga a Martin Luther King. El hombre blanco subsidia a Martin Luther King. Así, el reverendo King puede continuar aleccionando a los negros para que sigan indefensos. Eso es lo que significa la no violencia: estar indefensos. Indefensos ante una de las bestias más crueles que hayan tomado a otros seres humanos en cautividad; esto es, el hombre blanco americano.
King, por su parte, respondía a las críticas afirmando que algunos confundían el concepto de «resistencia pasiva» con el de «no resistencia», pero el reverendo ya tenía sus propias preocupaciones —como contábamos en el artículo dedicado a su figura— y Malcolm X no era una de esas preocupaciones.
Ambos líderes nunca llegaron a debatir en televisión u otro evento público. De hecho, solo se vieron en persona una vez y fue un encuentro tan breve que solo permitió que intercambiasen unas pocas frases y que los fotógrafos inmortalizasen la inesperada escena.
Crisis en la Nación del Islam
Malcolm X se empeñaba con afán en la tarea de extender el mensaje de Elijah Muhammad y captar prosélitos, pero su ritmo de vida resultaba agotador.
Dormía apenas tres o cuatro horas diarias, viajaba sin pausa siguiendo los requerimientos de la Nación y llevaba una existencia sometida a una férrea disciplina, donde su única alegría era Betty Shabazz, una conversa a la Nación con la que contrajo matrimonio (el nombre islámico que Malcolm X había adoptado en la esfera privada era El-Hajj Malik El-Shabazz) y con quien tuvo seis hijas, todas niñas
Por lo demás, su espartano e incansable sistema de trabajo, sumado a su carisma, ayudó en gran manera a que la Nación del Islam se estableciese como un poder civil a tener en cuenta. A principios de los sesenta, sin embargo, aparecieron las primeras grietas en la relación entre la Nación y su más famoso líder mediático.
Algunas personas cercanas empezaron a notar que Malcolm X ya no resultaba tan convincente cuando predicaba el mensaje de Elijah Muhammad. Él negaba que estuviese perdiendo la fe en el «mensajero de Dios», pero en realidad se estaba gestando el desencuentro. Empezaba a sentirse incómodo en la organización.
Muchos en la Nación se sentían molestos por el hecho de que Malcolm X fuese el rostro reconocible que se llevaba toda la fama. Ahora que Elijah Muhammad, cercano a los setenta años de edad, daba muestras de mala salud, acusaban a Malcolm X de querer hacerse con las riendas de la congregación.
Terminó emergiendo un movimiento de oposición interna que ponía en cuestión la excesiva importancia que Malcolm X había adquirido; al frente de esa oposición se situaría un antiguo protegido suyo, Louis X (hoy más conocido como Louis Farrakhan, actual líder de la Nación del Islam).
Esa nueva corriente interna tenía, además, una manera distinta de hacer las cosas que no agradaba en absoluto a Malcolm X. No podía dejar de notar que, mientras él llevaba una vida modesta, otros dirigentes de la Nación parecían gozar de existencias bastante acomodadas, permitiéndose incluso la adquisición de automóviles lujosos y ropas caras. Él ni siquiera tenía su vivienda en propiedad, sino que habitaba una casa que le había sido cedida por la Nación, y podía darse muy pocos caprichos.
Cierto es que la organización siempre había poseído negocios y eso había formado parte importante de su estructura desde el principio, pero habían sido usados como sostén para financiar las actividades civiles y, sobre todo, para dar a sus hermanos de raza la oportunidad tener un empleo y prosperar.
Al menos así había sido en Harlem, bajo la dirección de Malcolm X. Ahora, sin embargo, daba la impresión de que el objetivo de algunos altos cargos en la Nación era enriquecerse con esos mismos negocios. Él incluso sospechaba que algunos de aquellos líderes coqueteaban con el crimen organizado. La desconfianza mutua entre Malcolm X y buena parte de la nueva cúpula dirigente empezó a constituir un serio problema. No sería el único.
Otro motivo de roce fue provocado por el asesinato de John Fitgerald Kennedy. El presidente estadounidense había sido objeto habitual de críticas por parte de la Nación del Islam y muy en especial por parte de Malcolm X, quien lo había acusado de hacer promesas a los votantes negros en materia de derechos para olvidar esas promesas después de ganar las elecciones:
Cuando los perros de la policía mordían a mujeres negras y niños negros en Birmingham, Alabama, Kennedy decía que no podía intervenir porque ninguna ley federal había sido violada. Pero, tan pronto los negros explotaron, tan pronto comenzaron a defenderse y empezaron a imponerse ante lo más granado de los blancos que tenían delante, Kennedy envió a las tropas.
Y no había ninguna nueva ley federal cuando los negros explotaron, ninguna ley aparte de las leyes que ya había cuando eran los blancos quienes estaban ejerciendo la violencia.
La relación entre Malcolm X y su líder Elijah Muhammad se vino abajo a principios de los sesenta
Cuando se conoció la noticia del asesinato del presidente, sin embargo, Malcolm X recibió una rápida advertencia por parte de Elijah Muhammad: dado que Kennedy era un personaje muy querido y todo el país iba a estar de luto, la Nación del Islam iba a mostrarse respetuosa.
Aquello significaba que Malcolm X tenía que abstenerse de seguir criticando al difunto presidente, por el bien de la imagen pública de la Nación.
Aquello lo desconcertó por completo.
A sus ojos, el hecho de que Kennedy hubiese sido asesinado no cambiaba su naturaleza como político o el hecho de que su mandato pudiera ser aún criticado.
Malcolm X había defendido todas y cada una de las ideas de la Nación, incluyendo las críticas a Kennedy, pero ahora le estaban pidiendo que traicionase esas ideas para que la Nación hiciese un ejercicio de relaciones públicas.
No lo entendió y no quiso someterse a ello.
En uno de sus discurso, rompió la orden directa de Elijah Muhammad, dejando entrever que el asesinato de Kennedy habría sido una consecuencia lógica de su agresiva política exterior.
Dijo que, si los Estados Unidos causaban dolor en el extranjero, parte de ese dolor les sería devuelto a ellos, como cuando «las gallinas regresan a dormir al gallinero durante la noche» (un conocido refrán estadounidense).
Aquello causó un considerable revuelo, en especial porque la prensa se las arregló para hacer ver que Malcolm X había expresado «felicidad» por el asesinato de Kennedy, algo que él mismo desmentiría más tarde, pero que quedó impreso en la memoria colectiva.
Elijah Muhammad se enfureció. Durante los siguientes días, el periódico de la Nación se dedicó a glosar la figura de Kennedy para intentar compensar el ataque póstumo de Malcolm X. Incluso se hizo público un comunicado en el que la Nación se desmarcaba de las declaraciones de su portavoz, calificándolas como una salida de tono personal con la que ellos no tenían nada que ver.
No solo se le ordenó guardar silencio de nuevo, sino que lo destituyeron como portavoz principal de la Nación y lo apartaron de toda labor propagandística. Malcolm X empezó a sufrir un proceso de ostracismo en el que jugaron un papel importante tanto la oposición liderada por Louis X como, al parecer, la influencia de algunos importantes miembros que eran, en realidad, policías infiltrados, como el entonces subdirector nacional de la Nación.
Todos ellos empezaron a poner a Elijah Muhammad en contra de su antigua mano derecha. El mejor ejemplo lo constituye todo lo relacionado con el ingreso del boxeador Classius Clay en la Nación. Clay, cuando todavía no era campeón mundial, había trabado una estrecha amistad con Malcolm X y este tuvo una clara influencia ideológica sobre el púgil, quien pronto quiso convertirse en miembro de la Nación.
Sin embargo, en la Nación no veían con buenos ojos la personalidad histriónica del boxeador, ya conocido por sus características payasadas y salidas de tono; algo incompatible con la imagen de seriedad que siempre exigían a sus miembros. Además, la Nación había condenado el boxeo como un «espectáculo sucio», así que le habían dicho a Malcolm X que no aceptaban a su nuevo fichaje.
Sin embargo, tan pronto Cassius Clay ganó el título mundial y se convirtió en el deportista más famoso del planeta, la Nación cambió de idea. Como recordaría Betty Shabazz: «De repente, en la Nación se dejaban la piel por intentar acercarse al campeón del mundo». Cassius Clay fue finalmente aceptado con grandes honores bajo el nuevo nombre de Cassius X (poco más tarde adoptaría el de Muhammad Ali), lo cual constituyó una jugada propagandística internacional de enormes dimensiones.
Pero nadie en la Nación agradeció a Malcolm X lo que, en esencia, había sido su gran fichaje. En la multitudinaria ceremonia de ingreso de Cassius Clay en la Nación estuvieron presentes todos los miembros importantes excepto Malcolm X. Y aunque Cassius Clay no era ajeno al enfrentamiento entre la cúpula de la Nación y Malcolm X, no tuvo el más pequeño gesto de apoyo para su amigo.
En el futuro, el legendario campeón tendría tiempo de lamentarse por haber contribuido a que se le asestara aquella puñalada:
Darle la espalda a Malcolm X fue uno de los mayores errores que he cometido en mi vida. Desearía poder decirle que lo siento, que él tenía razón sobre muchas cosas, pero fue asesinado antes de que tuviera oportunidad de decírselo. Era un visionario, estaba por delante de nosotros.
El no tan honorable Elijah Muhammad
Malcolm X había caído del cartel.
Estuvo durante meses sin hacer ningún tipo de declaración pública, periodo en el que la Nación continuó haciendo todo lo posible por poner tierra entre ellos y las declaraciones de su antiguo portavoz sobre el presidente asesinado.
A nadie se le escapaba ya que la relación entre Malcolm X y la Nación podía terminar en cualquier momento.
Pero el asunto de Kennedy era apenas la punta del iceberg.
El peor de todos los desencuentros aún estaba por llegar.
Malcolm X hizo ciertas averiguaciones sobre la vida privada de Elijah Muhammad, destinadas a destruir todo lo que quedaba de su fe en la Nación.
Antes del asesinato de Kennedy, Malcolm X había sido el principal apologista de Muhammad, su campeón mediático, pero además le había profesado una ciega y sincera veneración. Sin embargo, no pudo evitar que le llegaran rumores sobre las supuestas relaciones sexuales de Elijah Muhammad con varias de sus jovencísimas secretarias y ayudantes.
Se decía que había tenido hijos ilegítimos con algunas de ellas, en ciertos casos cuando eran menores de edad. En un principio, Malcolm X se negaba a creer esos rumores y ni siquiera hizo caso a indicios que él mismo había observado para desecharlos después considerándolos sugestiones creadas por su imaginación y disparadas por las habladurías.
La Nación del Islam abogaba por la familia tradicional y tenía un ideario sexual bastante puritano, condenando el adulterio y la fornicación (esto es, el sexo fuera del matrimonio). Malcolm X era incapaz de creer que Elijah Muhammad hubiese roto estos principios en no una, sino numerosas ocasiones.
No había querido ver nada sospechoso en el hecho de que se rodease de jovencísimas ayudantes; a fin de cuentas, Elijah Muhammad tenía ayudantes de todo tipo y siempre estaba rodeado de una corte de seguidores, entre los que había también varones. Sin embargo, los indicios resultaban cada vez más claros y sus dudas se hicieron más y más urgentes.
Atormentado por las sospechas, acudió a Warith Deen Muhammad, uno de los hijos mayores de Elijah Muhammad, con quien mantenía una estrecha amistad. Le preguntó sin rodeos si los rumores eran ciertos. Para su sorpresa, Warith le confirmó que sí, que Elijah había tenido hijos con varias chicas jóvenes de la organización.
La fe de Malcolm X en Elijah Muhammad se vino abajo. Muhammad había sido el hombre cuyo mensaje transformó a Malcolm Little, el delincuente sin futuro, en Malcolm X, la respetada figura de relevancia social. Las ideas de Muhammad lo habían sacado del arroyo y le habían dado sentido a su vida, así que lo consideraba casi un segundo padre.
Pero ahora su ídolo estaba cayendo del pedestal. Desesperado, Malcolm X se armó de valor y se presentó ante Elijah Muhammad para comprobar, cara a cara, si todo aquel asunto era real. Muhammad no negó la veracidad de los hechos —porque la evidencia era aplastante—, pero empezó a citar ejemplos de profetas bíblicos que habían tenido un harén a su disposición y dijo que, dado que él iba a ser el último mensajero de Alá, era importante que su semilla se dispersara lo más posible.
Malcolm X no se tragó esta justificación. Poco después, en marzo de 1964, anunció que abandonaba la Nación del Islam, aunque en un principio no hizo pública la razón última de la ruptura y le bastó con citar los desencuentros ideológicos que ya eran conocidos de todos. Su discreción, sin embargo, no lo iba a librar de las represalias.
En la Nación sabían que Malcolm X guardaba un peligroso secreto, la vida sexual de Elijah Muhammad; un arma en sus manos. Era algo que no podían permitir. La cúpula de la Nación calificó a Malcolm X como «hipócrita» (que en su lenguaje era sinónimo de apóstata o traidor), sabiendo que así azuzarían el odio de sus miembros más radicales hacia él. Y la jugada tuvo efecto.
Empezó a recibir constantes amenazas de muerte, tanto en el teléfono de su casa como mediante correo anónimo. Esas amenazas no eran en vano. Le quedaba poco menos de un año de vida. Sin embargo, ese último año sería muy intenso y daría paso al surgimiento de un nuevo Malcolm X.
Durante aquellos meses, como había sucedido con su periodo de prisión, iba a sufrir una transformación. Haría frente a sus enemigos con un fiero valor, pero también se enfrentaría a la certeza de que había pasado años defendiendo un mensaje fanático, cegado por un concepto limitado del mundo. Durante aquellos últimos meses terminaría perdiendo la batalla terrenal contra sus enemigos, pero ganaría la batalla por la inmortalidad.
Durante el periodo álgido de su papel como portavoz en la Nación del Islam, Malcolm X ofreció numerosos discursos y conferencias en instituciones de todo tipo. Era, por ejemplo, uno de los oradores más solicitados por las universidades estadounidenses.
En una ocasión, después de hablar para los estudiantes de una universidad en Nueva Inglaterra, se le acercó una chica joven a la que más tarde describiría como una «pequeña universitaria rubia». Se mostraba conmovida por el discurso y Malcolm X estaba muy sorprendido: «Nunca antes había visto a alguien tan afectado por mis palabras».
Tiempo después, volvería a verla. Mientras tomaba en una cafetería de Nueva York, vio con asombro cómo la misma chica entraba por la puerta y se dirigía hacia su mesa. La joven se había tomado la molestia de viajar desde el sur del país para encontrarse con él. Parecía provenir de una clase acomodada («Su forma de vestir, de hablar, de estar en pie… todo daba indicaciones de una chica crecida en un adinerado entorno sureño») y afirmaba estar dispuesta a convertirse en una conversa de su causa.
Una causa en la que, como Malcolm X había dejado siempre bien claro, no había sitio para los blancos. Pero ella parecía decidida a demostrar que no todos los blancos eran diablos y que de verdad se había sentido impelida a colaborar en la tarea de combatir el racismo: «¿No cree usted que existen buenas personas blancas?», le preguntó la chica. «Creo en los actos, señorita, no en las palabras», respondió él.
La chica replicó: «Entonces, dígame, ¿Qué puedo hacer para demostrarlo?». Malcolm X, con frialdad, sentenció: «Nada». La chica lo miró en silencio durante un instante y, de repente, se echó a llorar; a continuación, salió corriendo hacia la calle. En el futuro, este pequeño incidente, que en apariencia no va más allá de ser una anécdota sin importancia, regresaría una y otra vez para causarle sentimientos de culpa.
De hecho, hizo varias menciones al suceso en su autobiografía, señal de que, para él, tenía una gran importancia simbólica. De alguna manera, aquella chica enfocaba los remordimientos que sentía por haber malgastado buena parte de su vida defendiendo un mensaje fanático: «Supongo que un hombre está en su derecho de volverse estúpido si está dispuesto a pagar el coste. A mí me costó doce años de mi vida».
Revelación en La Meca
Tras abandonar la Nación en 1964, no perdió sus convicciones religiosas islámicas, o mejor dicho, las modificó. Abandonó el islamismo sui generis de la Nación y se convirtió al sunismo, la forma de Islam predominante en el mundo. Se dispuso a cumplir el Hajj, la peregrinación a La Meca que todo musulmán debe efectuar al menos una vez en la vida, salvo eximentes económicos o de salud.
Aunque tenía varias hijas que alimentar y no disponía de medios económicos para el viaje, su hermanastra le prestó el dinero. Malcolm X subió a un avión con destino a Arabia. El inicio de la peregrinación no resultó fácil. Tras aterrizar en Arabia, y pese a su fama internacional, fue retenido en la ciudad de Jedda, donde las autoridades locales querían impedir que continuase viajando hacia a La Meca.
Su condición de estadounidense y el hecho de no saber hablar árabe hacían que dudasen de su fe musulmana, así que el primer contacto de Malcolm X con el mundo islámico extranjero fue bastante incómodo. Sin embargo, la intervención directa de la familia real saudí permitió levantar la prohibición y, por fin, pudo peregrinar a La Meca.
Aquel fue un momento de revelación.
La peregrinación y los posteriores meses de viajes por África y Europa propiciarían un cambio profundo en su interior, como él mismo admitiría ante la prensa nada más regresar a los Estados Unidos.
Malcolm X se había pasado la vida en la cárcel o en los barrios negros de grandes ciudades estadounidenses.
Había visto poco mundo.
Durante el Hajj, descubrió que en su religión había facetas cuya existencia nunca antes había contemplado.
Para empezar, le impresionó el ambiente de hermandad, hospitalidad y camaradería que reinaba entre los peregrinos musulmanes. Todos debían vestir un ropaje humilde para que no fuese posible distinguir a los ricos de los pobres. Para que la nacionalidad o cultura careciese de importancia y nadie fuese tratado de manera diferente debido a su condición.
Además, se mezcló con musulmanes que procedían de todos los lugares del mundo y aquella experiencia le hizo abrir los ojos: «Aunque no te lo creas» —le escribió a su mujer durante su peregrinación— «estoy compartiendo agua y comida con musulmanes de piel clara, cabello rubio y ojos azules».
Esto le resultó chocante y revelador. En la Nación del Islam, como recordaría él, se le había enseñado que era «física y divinamente imposible» que un blanco acudiese a La Meca para pisar los recintos sagrados. La realidad era bien distinta. El Islam no era una religión racial, como enseñaba Elijah Muhammad. Por primera vez en su vida,Malcom X experimentó la hermandad entre individuos de distintos colores de piel.
Tras el Hajj, fue invitado por gobiernos e instituciones de diversos países africanos y recorrió medio continente, donde continuaba viendo cosas que rompían sus esquemas, en las que nunca habría reparado cuando estaba inmerso en el ambiente social y político tan combativo de los Estados Unidos.
Vio, por ejemplo, a estudiantes blancos que intentaban ayudar a la población negra con un desinterés en el que, en última instancia, no había distinciones por el color de piel. También en Europa se le rasgó el velo. Pasó por algunos países como Francia o el Reino Unido, donde su fama había provocado mucha curiosidad y ansia por escucharlo hablar.
En las islas británicas, sobre todo, causó una honda impresión. Primero participó en un debate universitario en Oxford que fue retransmitido por la BBC, una muestra del interés que despertaba su figura. Después se hizo notar cuando defendió a los negros de Birmingham de una campaña propagandística —no oficial, cabe aclarar— organizada por simpatizantes de la derecha británica, que utilizaba el desafortunado lema «si quieres un negrata en tu barrio, vota a los laboristas».
Malcolm X se refirió al eslogan con su característica acidez, calificando a los conservadores que usaban esas expresiones como «hitlerianos» y advirtiendo con sorna: «Yo de vosotros no esperaría hasta que esta gente se decida a construir hornos crematorios». Con todo, Malcolm X comprobó el genuino interés de muchos jóvenes blancos europeos por su mensaje y aquello le trajo de nuevo a la mente la «pequeña chica rubia» de Nueva Inglaterra.
Cada vez que atravesaba una nueva frontera, sus antiguos prejuicios iban resquebrajándose. Cuando regresó a los Estados Unidos, la prensa estaba esperándole ya en el mismo aeropuerto, excitada por las habladurías de que Malcolm X había sufrido una transformación durante su etapa como peregrino y sus meses visitando África y Europa.
—¿Usará ahora el apellido Shabazz y dejará la X? —Probablemente, seguiré utilizando el nombre Malcolm X mientras la situación que lo ha producido continúe. —No siente que Shabazz pueda ocupar el lugar de la X. —El que yo haya ido a La Meca, el que haya conocido el mundo musulmán y el mundo africano, el que allí me hayan reconocido como musulmán y como hermano… eso es algo que puede haber resuelto el problema para mí, personalmente. Pero pienso que, en realidad, mi problema personal no estará resuelto mientras no se resuelva también para toda nuestra gente aquí, en este país. Así que seguiré llamándome Malcolm X, en tanto exista la necesidad de protestar, de luchar, de pelear las injusticias cometidas contra nuestra gente en nuestra tierra.
Malcolm X con Adam Clayton Powell, primer afroamericano en ser elegido como miembro del Congreso estadounidense
Durante aquellos viajes, por cierto, tuvo un inesperado encuentro cuando dio la casualidad de que el campeón mundial de boxeo y su antiguo amigo, Muhammad Ali, se alojaba en su mismo hotel.
Ambos se vieron en el hall y mantuvieron una breve conversación, en tono cortés, pero con la incomodidad que era de esperar entre dos antiguos amigos que habían sido enfrentados por la supuesta traición de Malcolm X hacia la Nación del Islam, organización a la que Muhammad Ali rendía ahora pleitesía, y para la que Malcolm X se había convertido en el enemigo número uno.
Por lo demás, sus viajes marcaron no solamente el inicio de un cambio ideológico —que no terminaría de completarse, dado que iba a ser asesinado en apenas unos meses—, sino también que se sintiera reforzado por el hecho de que tanto en África como en Europa lo hubiesen tratado como a un líder respetable por sí mismo, ya no por ser portavoz de nadie, cuyas ideas debían escucharse con atención, más allá de que sus interlocutores estuviesen de acuerdo o no con ellas.
En el extranjero era respetado como ideólogo y orador, y eso ayudó a que se reafirmase frente a los tiempos en que, como él mismo decía, había sido un «títere» de Elijah Muhammad. De todos modos, su cambio ideológico empezó siendo progresivo.
Aún tuvo tiempo de pronunciar un famoso discurso (The ballot or the bullet, «La urna o las balas») en el que instaba a los negros a intentar pelear sus derechos mediante el voto, aunque advertía que, si la sociedad blanca continuaba impidiendo el progreso de sus derechos por demasiado tiempo, podía llegar a resultar necesaria una revuelta armada.
No obstante, por primera vez se mostraba proclive a tender una mano «a cualquiera» que estuviese dispuesto a colaborar en la consecución de sus objetivos. Y este «cualquiera» incluía tanto a blancos como a figuras a las que hasta entonces había denostado en público, como Martin Luther King.
Sabemos por él mismo que su peregrinación y posteriores viajes fueron cruciales para que sometiese sus planteamientos a una nueva autocrítica, pero el giro había comenzado a producirse antes. Malcolm X viajó a La Meca durante abril de 1964, pero antes de eso, en marzo, fue cuando se produjo el breve encuentro con Martin Luther King, sucedido tras una rueda de prensa que este había ofrecido en el Capitolio. El encuentro, decíamos, fue tan fugaz como inesperado.
Los fotógrafos captaron la imagen de ambos líderes juntos. Una imagen que, por sí misma, parecía constituir el signo visible del inicio de una nueva era en la lucha por los derechos civiles. Una era que no tuvo tiempo de materializarse, desde luego, pero se hacía patente que Malcolm X parecía haber dejado de considerar al reverendo King un mero perrito faldero de los blancos.
Esa impresión se redobló cuando regresó de sus viajes sosteniendo posiciones más abiertas y flexibles. Un buen ejemplo, al fundar su nueva mezquita, llamada Muslim Mosque Inc, creó también una organización paralela —y secular— en la que podría participar cualquier persona que lo deseara, con independencia de su color de piel, de sus creencias religiosas o de la carencia total de las mismas.
Algo que, un tiempo antes, cuando le dio un desaire a la pequeña chica rubia de Nueva Inglaterra, había parecido impensable. Eso sí, la lucha interna de Malcolm X por liberarse de sus demonios ideológicos no iba a ser nada en comparación con la lucha externa que mantendría con la Nación del Islam durante sus últimos meses de vida.
«Probablemente ya soy hombre muerto»
Tienen que matarme. No pueden permitirse el que yo quede con vida. Sé dónde tienen enterrados los cadáveres. Y si me presionan, desenterraré unos cuantos (Entrevista en la revista Ebony, 10 de marzo de 1964).
—¿No se siente quizá preocupado por lo que pueda ocurrirle a usted a raíz de haber hecho estas revelaciones sobre Elijah Muhammad? —[Sonriendo] Oh, sí. Probablemente ya soy hombre muerto. (Durante una entrevista televisiva, 8 de junio de 1964).
Imagen del único encuentro entre Malcolm X y Martin Luther King.
La relación entre Malcolm X y sus antiguos correligionarios de la Nación del Islam se convirtió en un asunto de vida o muerte, y convirtió su último año de vida en una pesadilla.
Para empezar, la Nación exigió que Malcolm X y su familia desalojasen la vivienda que se les había asignado años atrás, comenzando un proceso legal de desahucio que se prolongó durante varios meses.
El juicio se celebró a principios de verano y, para entonces, Malcolm X llevaba tiempo recibiendo constantes amenazas de muerte por vía telefónica y correo postal.
No le cabía ninguna duda sobre la autoría de esas amenazas y tenía incluso constancia directa de que la Nación del Islam había puesto precio a su cabeza.
En febrero de 1964, su antiguo ayudante en la Mezquita de Harlem fue a visitarlo a su casa. Le confesó que había recibido órdenes directas de la Nación para poner una bomba en su automóvil, pero que al final se había sentido incapaz de hacerlo. Sin embargo, pese a que en el día del juicio por desahucio había presentes unos quince miembros de la Nación del Islam y Malcolm X ni siquiera había pedido medidas especiales de protección policial, la vista tuvo lugar sin incidentes.
No se abstuvo de responder a las amenazas, de todos modos. Sobre todo a través de la prensa, donde habló sin tapujos sobre el hecho de que su vida estaba en peligro. Aunque decía, y era cierto, que no tomaba medidas especiales de seguridad, sí dejó claro que estaba dispuesto a cualquier cosa para defender a su familia: «Tengo un rifle, y estoy dispuesto a usarlo si alguien viene a mi casa con malas intenciones».
En marzo, de hecho, la revista Life había publicado una de sus fotografías más famosas: Malcolm X aparecía junto a una ventana, observando el exterior mientras sostenía un rifle automático. Era la demostración gráfica de que sabía que iban a por él, con la que lanzaba un mensaje a sus enemigos: no pensaba permanecer de brazos cruzados.
Centraba su atención en la cúpula de la Nación. Los seguidores de base, decía él, «sinceramente creen que están haciendo la voluntad de Alá cuando defienden a un hombre, Elijah Muhammad, del que yo mismo les dije que era divino».
En julio, poco después del juicio, puso una denuncia por lo que consideraba un atentado frustrado contra su vida; cuando volvía a su casa alrededor de la medianoche, dos hombres le estaban esperando. Los evitó y no sucedió nada más, pero era una señal de alarma. Durante toda la jornada siguiente, la policía hizo guardia frente a la casa. Las amenazas fueron haciéndose más y más graves.
Además, algunos sucesos le hicieron sospechar que no solamente la Nación del Islam (y, como es obvio, grupos racistas como el Ku Klux Klan) estaban interesados en hacerlo caer. La primera semana de febrero de 1965, viajó a Francia para dar una conferencia en París, donde ya había hablado con mucho éxito durante sus anteriores viajes. Sin embargo, el Gobierno francés le denegó la entrada en la misma frontera.
Aquello le hizo pensar que quizá podía haber otros poderes involucrados en lo que podría ser una conspiración en marcha, ya que no le encontraba sentido a que, tras una primera visita que había transcurrido sin problemas, ahora el Gobierno de París lo tratase como a un delincuente.
Se preguntaba si, quizá, las autoridades estadounidenses estaban intentando ponerle las cosas difíciles. Conocemos estas sospechas porque habló de ellas por teléfono con el escritor Alex Haley, su amigo y biógrafo (y autor de la celebérrima novela Raíces). Nunca sabremos con seguridad hasta qué punto tenían base esas intuiciones.
Como mínimo, hay un dato que hoy conocemos: entre los dirigentes de la Nación del Islam había algún agente policial infiltrado, así que el FBI debía de estar bien informado sobre cuáles eran las verdaderas intenciones de la organización hacia Malcolm X. No hicieron nada por evitarlo. Pero es todo especulación.
Malcolm X en el último año de su vida
Menos de una semana después de que se le denegase la entrada en Francia y cuando aún estaba rumiando aquellas sospechas, ocurrió el suceso más grave. La noche de San Valentín, a pocos días de la fecha fijada para el desahucio de su vivienda familiar, la casa fue atacada durante la madrugada con bombas incendiarias.
Una de las bombas rebotó en la ventana de la habitación donde dormían sus hijas pequeñas y el que, por puro milagro, no rompiese el cristal evitó que las niñas pereciesen entre las llamas y sirvió además para alertar a la familia. Todos los miembros de la familia escaparon ilesos del incendio. Aquella, como sabemos, no era una escena nueva para Malcolm X.
Siendo niño había visto dos veces cómo su hogar familiar era pasto de las llamas y ahora, muchos años después, volvía a asistir a tan terrible espectáculo… con la diferencia de que ahora él era el cabeza de familia y quienes estaban en peligro eran su mujer y sus hijas. Como de costumbre no se anduvo por las ramas.
Acusó públicamente a la Nación del Islam como autores del atentado y dijo ante las cámaras que, si alguna de sus hijas hubiese sufrido daños a raíz del incendio, él mismo hubiese tomado un rifle para encargarse de los responsables. El 15 de febrero, el día siguiente al ataque, afirmó que Elijah Muhammad «podría parar todo esto con solo levantar una mano», pero que no deseaba hacerlo.
Le acusó de ordenar varios asesinatos y afirmó que se había vuelto loco, destapando la caja de Pandora: «Un hombre no puede tener setenta años, rodearse de chicas de dieciséis, diecisiete o dieciocho años de edad, y mantener la cabeza en su sitio». Malcolm X puso todas las cartas sobre la mesa, revelando por fin ante la prensa una de las principales razones de su ruptura con la Nación del Islam: la vida sexual de Elijah Muhammad.
Aquello ponía en marcha la cuenta atrás para su eliminación definitiva. Le quedaba menos de una semana de vida.
El día 18, a primera hora de la mañana, el duro litigio legal entre Malcolm X y la Nación del Islam llegaba a su fin con la ejecución del desahucio de la familia, que tuvo que trasladarse a otra vivienda. Aquello no interrumpió el nivel de actividad pública de Malcolm X, una actividad que estaba volviendo a ser frenética.
No se ocultaba, pese a que estaba convencido de que un nuevo atentado contra su vida era cuestión de tiempo; de hecho, ya se había podido descubrir a miembros de la Nación del Islam entre los asistentes a alguno de sus actos públicos, lo cual constituía una señal más que inquietante.
Malcolm X era tan consciente del peligro que no quería dormir en viviendas ajenas. El día 20, tras una larga e intensa jornada, un amigo le invitó a pasar la noche en su casa para no tener que desplazarse y poder descansar antes del discurso que debía pronunciar al día siguiente, pero Malcolm X rechazó la invitación: «Tú tienes una familia y yo no quiero que nadie salga herido por mi causa». Palabras premonitorias. En menos de veinticuatro horas sería asesinado.
Al día siguiente, sin embargo, parecía sentirse más confiado, como demuestra el hecho de que, pese a sus reticencias iniciales, permitiese que su mujer y dos de sus hijas acudieran a verlo pronunciar su discurso. Es muy posible que pensara que el auditorio Audubon, asociado a su nueva organización, era un lugar seguro. Allí estaba jugando en casa. Se equivocó.
Como ya narramos en la primera parte, apenas había comenzado a hablar cuando estalló una trifulca entre dos hombres del público, una maniobra de distracción para atraer a los encargados de la seguridad. Mientras, tres hombres se aproximaron al escenario y tirotearon a Malcolm X hasta la muerte, todo ante la horrorizada mirada de su mujer y sus dos niñas presentes. Malcolm X tenía treinta y ocho años.
Dejaba detrás de sí cuatro hijas pequeñas y una mujer embarazada que alumbraría gemelas en el mes de septiembre. En noviembre de ese mismo año, se publicaba su autobiografía. En ella, Malcolm X había dejado escrito estas palabras: «No espero vivir lo suficiente para ver publicado este libro en su forma final».
Epílogo
Aunque no siempre estuvimos de acuerdo sobre los métodos para solucionar el problema racial, siempre albergué un profundo respeto por Malcolm y sentí que tenía una gran habilidad para poner el dedo sobre la llaga en cuanto a la existencia y la raíz de este problema. (telegrama de Martin Luther King a Berry Shabazz, enviado justo tras el asesinato de Malcolm X).
El pésame de Martin Luther King a la viuda de Malcom X tuvo un tono más diplomático que cercano. Un tono característico de King, es cierto, pero quizá también el producto de la distancia ideológica que siempre había existido entre los dos líderes más relevantes de la causa negra en los Estados Unidos. Aquel telegrama, sin embargo, contenía también un trasunto que casi nadie podía captar por entonces.
Porque King llevaba tiempo recibiendo también amenazas de muerte, aunque en su caso provenían de supremacistas blancos y —cosa que ni siquiera él sospechaba— de la infame Cointelpro, sección de operaciones encubiertas del FBI. Al contrario que Malcolm X, de carácter mucho más guerrero, Martin Luther King nunca hizo públicas esas amenazas y solo las dejó entrever en alguno de sus últimos discursos, en los que también anunciaba su propia muerte, aunque con palabras más crípticas.
Sin duda, el asesinato de Malcolm X le hizo sentir que la posibilidad de un atentado contra él mismo se tornaba todavía más palpable. No se equivocaba porque, como sabemos, fue asesinado tres años después. Había transcurrido menos de un año desde la peregrinación de Malcolm X, tiempo en el que su ideología empezó a cambiar hacia posiciones más flexibles incluso en mitad del tormentoso e irrespirable ambiente de amenazas y violencia que rodeó sus últimos meses de vida.
Solamente podemos teorizar sobre el papel que Malcolm X hubiese podido desempeñar una vez que su discurso empezó a ser de verdad un discurso propio y no una mera repetición automática de las enseñanzas fanáticas de Elijah Muhammad. Lo que sabemos con seguridad es que su carisma y capacidad de oratoria eran únicas y que, sin duda, hubiese continuado siendo un líder social.
Todavía más relevante. No llegó a suceder. Tampoco King pudo disponer de mucho más tiempo. Ambos fueron mártires en la lucha por los derechos civiles (aunque a Malcolm X no le gustaba llamarlos así e insistía en hablar de «derechos humanos»).
Los asesinos de Malcolm X fueron detenidos y juzgados; los tres eran miembros de la Nación del Islam, demostrando que las continuas advertencias públicas de Malcolm X sobre las intenciones de la Nación habían tenido una sólida base. No obstante, Elijah Muhammad afirmó sentirse «impactado y sorprendido» por la muerte de su antigua mano derecha, negando toda implicación de la organización y presentando el atentado como la acción independiente de fanáticos incontrolados.
En 1975, Muhammad murió por causas naturales y fue sucedido por Louis Farrakhan, el antiguo protegido de Malcolm X y el mismo que había conspirado contra él dentro de la cúpula de la Nación. La actitud de Farrakhan respecto al asesinato ha sido, como poco, sospechosa.
Negó durante muchos años cualquier conexión entre la cúpula de la Nación y el crimen, mantuvo su visión de Malcolm X como de un «hipócrita» —esto es, un traidor— y continuaría atacándolo con tono encendido incluso décadas después de muerto, como si fuese un fantasma con el que tenía que pelear.
Pero en 1993, quizá a su pesar, se dejó llevar y se excedió en sus palabras. Dio a entender, o eso parecía, que ellos lo habían asesinado. Dijo: «Malcolm X era un traidor, y si la Nación se ocupó de él como hace siempre con los traidores, ¿por qué se meten los demás en nuestros asuntos?».
Cuando esta parte del discurso le fue mostrada a la viuda de Malcolm X, Betty Shabazz, ella afirmó en televisión estar convencida de que Louis Farrakhan había ordenado el asesinato de su marido.
Qubilah Shabazz, segunda hija de Malcolm X y una de las dos que vieron con sus propios ojos su asesinato, fue arrestada en 1995 bajo la acusación de conspirar para asesinar a Louis Farrakhan, a quien consideraba responsable directo de la muerte de su padre.
Según la acusación, habría contratado a un sicario para eliminar a Farrakhan, aunque ella lo negó.
Para sorpresa de muchos, Farrakhan dijo en público que creía en la inocencia de Qubilah; es más, organizó un evento para recaudar dinero destinado a su defensa legal.
Todavía más sorprendente fue que Betty Shabazz asistiese al evento, lo que muchos interpretaron como una señal de reconciliación con Louis Farrakhan, a quien había señalado no mucho antes como instigador de la muerte de Malcolm X.
A nadie le quedó muy claro si Betty Shabazz había perdonado a Farrakhan, o si solo estaba allí para que su hija tuviese un buen abogado. Sea como fuere, Qubilah evitó la posible condena de cárcel mediante un acuerdo extrajudicial.
Poco después, en 1997, Betty Shabazz murió como consecuencia de las graves quemaduras sufridas durante el incendio de su hogar, lo cual impidió resolver el enigma de qué era lo que pensaba sobre Farrakhan a aquellas alturas. El fuego, por cierto, fue provocado por su nieto de diez años e hijo de Qubilah, Malcolm Shabazz.
El niño no murió en el incendio; al contrario, fue encontrado vivo en la calle, con muestras evidentes de haber estado manipulando gasolina. Fue diagnosticado de esquizofrenia; aquel incendio era el último de diversos incidentes producto de su personalidad antisocial e incontrolable.
Incluidas agresiones físicas a su propia madre, quien había pedido a las autoridades, sin éxit,— que lo ingresaran en un sanatorio. Por aquel motivo, el niño estaba viviendo con su abuela cuando provocó el incendio que la mató. La accidentada biografía de Malcolm Shabazz daría para un artículo propio: tras una breve vida de actos delictivos, murió a los veintiocho años, apaleado en México por dos camareros de un bar en el que, al parecer, estaba montando una trifulca.
En el año 2000, Louis Farrakhan, después de muchos años de hacer como que el asesinato de Malcolm X no había tenido nada que ver con la Nación del Islam —salvo aquel desliz de 1993—, llegó a reconocer que, en la época en que Malcolm X fue asesinado, la virulencia verbal de los dirigentes de la Nación y muy en especial la suya propia podía haber sembrado el terreno para el asesinato.
Aseguraba que lamentaba que sus palabras pudiesen haber tenido semejante efecto. Esta especie de arrepentimiento se produjo en el famoso programa televisivo 60 Minutes, pero no convenció a casi nadie. Incluida Quibilah Shabazz.
La hija de Malcolm, durante un tenso cara a cara con el propio Farrakhan, afirmó que, pese a las habladurías sobre la complicidad del FBI en la muerte de su padre, habladurías no del todo descabelladas, ella seguía teniendo claro que la Nación del Islam había sido la principal responsable del asesinato su padre (pueden ver sus palabras en el último minuto de vídeo). Hasta el día de hoy, no existen motivos para pensar lo contrario.
Cuando esté muerto —y digo esto porque, por las cosas que sé, no espero vivir lo suficiente para ver este libro publicado en su forma final—, quiero que observéis y me digáis si acaso no tengo razón en lo que voy a decir: que el hombre blanco, en su prensa, va a identificarme con el odio.
Hará uso de mí cuando muerto, como lo ha hecho cuando estuve vivo, como un conveniente símbolo del odio, y eso le ayudará a evitar enfrentarse a la verdad de que todo lo que he estado haciendo ha sido sostener un espejo para reflejar, para mostrar, la historia de los inefables crímenes que su raza ha cometido contra la mía.
El esqueleto del Hombre de Altamura incrustado entre las estalactitas y estalagmitas de la cueva.
L.B.V.(G.Carvajal) — En 1993, en el sistema kárstico de Lamalunga cerca de la ciudad de Altamura en el sur de Italia, se realizó un extraordinario descubrimiento arqueológico: se encontró un esqueleto de Neandertal, apodado el Hombre de Altamura, que se estima tiene entre 130.000 y 172.000 años de antigüedad.
El hallazgo no solo fue importante por su antigüedad, sino también por el estado de conservación excepcional del esqueleto, que está incrustado en formaciones de espeleotemas y cubierto por concreciones coralinas.
El sistema de cuevas de Lamalunga se caracteriza por su complejidad geológica, con formaciones de estalactitas y estalagmitas que han sellado el esqueleto a lo largo de milenios. El Hombre de Altamura fue descubierto en una pequeña y estrecha cavidad de la cueva, que ha proporcionado un ambiente único que ha favorecido la preservación de los restos óseos, pero que a cambio ha dificultado enormemente su extracción y estudio.
a) Localización geográfica de la cueva de Lamalunga en el sur de Italia; b) Ortofoto con mapa de la cueva superpuesto; el rectángulo azul indica la localización de la rama septentrional señalada en c); c) estudio tridimensional de la rama septentrional con algunos de los hitos señalados en el texto, identificados por números de norte a sur: 1 – Abside dell’uomo; 2 – vestíbulo; 3 – Corridoio degli animali; 4 – Sala della iena; 5 – entrada actual.
Dada la fragilidad del yacimiento y la importancia del espécimen, los investigadores optaron por un enfoque de estudio in situ, empleando tecnologías digitales avanzadas para capturar datos precisos sin perturbar el entorno. Entre 2016 y 2020, el proyecto «KARST» lideró estos esfuerzos, utilizando técnicas de antropología virtual y equipos de imagen digital diseñados específicamente para las condiciones subterráneas desafiantes.
Una de las innovaciones clave fue la reconstrucción digital del cráneo del Neandertal. Utilizando métodos de antropología virtual, los investigadores pudieron extraer virtualmente el cráneo de las formaciones de espeleo-temas, creando un modelo tridimensional que ofrece una visión detallada de su morfología.
Además, se realizaron estudios radiográficos y endoscópicos para examinar las características internas del esqueleto y evaluar su estado de conservación.
El Hombre de Altamura representa uno de los fósiles de Neandertal mejor conservados jamás descubiertos. El análisis del esqueleto ha revelado una combinación de características morfológicas arcaicas y clásicas, lo que sugiere una complejidad evolutiva que podría redefinir nuestra comprensión de la dispersión y adaptación de los Neandertales en Europa.
Endoscopia en la cueva. a) el equipo Olympus; en la pantalla es visible el conducto auditivo derecho del Neandertal; c) el paladar fue adquirido pasando la sonda en el pequeño espacio sobre el paladar, y muestra la conservación casi perfecta del espécimen, también en las estructuras óseas más delicadas; c) una vértebra pegada dentro del conjunto óseo dentro del nicho, no visible desde arriba.
El estudio detallado de los dientes del espécimen mostró patologías dentales comunes, indicando aspectos de su dieta y salud general. Además, las características anatómicas observadas en el esqueleto, como las estructuras craneales y la escápula, proporcionan información sobre la variabilidad morfológica dentro de la población Neandertal.
El Hombre de Altamura ofrece una oportunidad sin precedentes para explorar la interacción entre la paleoecología y la evolución humana. Su estado de preservación excepcional permite a los científicos investigar las condiciones ambientales y los factores ecológicos que pudieron haber influido en la vida de los Neandertales.
El contexto en el que se encontró el esqueleto también plantea preguntas sobre la conducta y el uso del espacio por parte de los Neandertales. La disposición del esqueleto sugiere que el individuo pudo haber caído en la cueva o haber sido depositado allí por otros miembros de su grupo. Esto último podría implicar algún tipo de comportamiento ritual o cultural, aunque se requiere más investigación para confirmar tales hipótesis.
a) Modelo tridimensional por fotogrametría de la cámara trasera vista desde arriba. Se ha eliminado digitalmente parte del techo para mostrar el interior. El rectángulo rojo indica la posición del cráneo y del húmero derecho, ampliado b) modelo de la parte posterior del cráneo (arriba) y un modelo digital del húmero derecho (abajo) que muestra las posiciones relativas de los dos especímenes.
A pesar de los avances significativos logrados en el estudio del Hombre de Altamura, el trabajo está lejos de terminar. La investigación enfrenta desafíos logísticos y éticos relacionados con la conservación del sitio y la extracción potencial de los restos para estudios más detallados.
Los investigadores concluyen que los análisis más recientes nos han permitido determinar que el «Hombre de Altamura» era un neandertal adulto que muestra una serie de rasgos morfológicos arcaicos comunes con fósiles de hace unos 200.000 años encontrados en España y que, sin embargo, muestra también rasgos de los neandertales posteriores denominados «clásicos» de hace 60.000-40.000 años. Hoy podemos sugerir con más confianza que el esqueleto, aunque desarticulado y cubierto de concreciones, está completo bajo las capas de calcita, lo que lo convierte en el espécimen neandertal más informativo hasta la fecha.
Los investigadores esperan que, con una planificación adecuada y el coraje necesario, el sistema de Lamalunga pueda convertirse en un referente en el estudio de la evolución humana y en un ejemplo de cómo la ciencia y la comunidad pueden trabajar juntas para preservar el patrimonio paleoantropológico.
Historias de la historia(P.Castañon) — Continuando con nuestro inabarcable periplo por las biografías de los grandes personajes de la historia nos detenemos, por no pisarle, delante de Dalia, noble cristiano que vivió a finales de siglo, principios del siguiente.
Gregorio Gustaf Dalianevof, hijo de su padre y de su madre y hermano de su hermana postró su cara a la luz por primera vez en las extensas estepas normandas de Normandía.
Nació a la edad de 5 años con un cuerpo totalmente desarrollado, salvo por pequeñas deficiencias como la ausencia total de uñas. De todas.
Lejos de ser un hándicap, Dalia combinó una extraordinaria fuerza por vivir con un no menos portentoso optimismo al ver la vida.
Pronto, a eso de las 9 a.m., comenzó a sufrir en sus carnes los estigmas propios de los santos de la época. Véase caída de pelo, encorvamiento de la columna vertebral, dolores punzantes en el dedo pulgar del pie…
Evidentemente la Iglesia se hizo eco de tales fenómenos e hizo llamar a Dalia a reunión personal con el santísimo padre. En dicha reunión, el Papa no hizo otra cosa más que quedar asombrado con las vivencias de ese niño de 37 años.
Reseñables son las anécdotas en las que el joven Dalia partía de su hogar a altas horas de la madrugada adentrándose en lúgubres bosques de bonsáis, totalmente absorto y alejado de la vida terrenal, o lo que se conoce como sonámbulo, caminando a paso ligero
Decidido hacia lo que él definiría como una intensa luz que a medida que se acercaba tornaba en dos intensas luces que a medida que se acercaban tornaban en dos luces y un estrepitoso pitido capaz de atormentar al hombre más robusto, que en el momento de acercarse hasta hacer contacto con el propio Dalia era capaz de hacer perder, inexplicablemente, el conocimiento a cualquiera.
Tras recuperarse de aquel atropello, Dalia decidió convertirse al cristianismo, al darse cuenta de que tenia un huevo colgando y el otro lo mismo, alcanzando un nivel de misticismo más bien bajo, pero que ahí estaba.
A la edad de 45 años, Dalia falleció, víctima de la terrible gota, entre estremecedores gritos de dolor. Gritos de otra persona, pero gritos al fin y al cabo.
En su honor, aquel calzado que con esmero, Dalia, había modificado cortando la puntera del zapato para liberar los tremendos dolores de dedo pulgar, dolores que igualmente sufría el santísimo Papa y que vio aliviados al aplicar las mismas técnicas, Gregorio Gustaf Dalianevof entró a formar parte del santoral cristiano con el sobrenombre de San Dalia.