Francisco Javier Morgan Osborne, el mentor andaluz de J.R.R. Tolkien

The Objective(J.Cervera) — Este cura español fue un apoyo fundamental para que la familia del escritor saliese adelante, así como para su formación
El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, es uno de los libros más vendidos de la historia, con más de 150 millones de copias según estimaciones. La obra del autor británico es, además, la más importante de la fantasía en la literatura contemporánea y ha supuesto una influencia imprescindible para títulos posteriores del mismo género.
Pues bien, no es exagerado decir que el libro más popular de Tolkien probablemente no hubiera existido de no ser por un sacerdote español.
La infancia del escritor inglés estuvo marcada por la tragedia. Su padre murió en la lejana Sudáfrica cuando él sólo tenía tres años. Fue así como su madre, Mabel, quedó a cargo del joven John y de su hermano.
Esta tarea se complicó cuando la familia se convirtió al catolicismo, ya que en la sociedad de entonces todavía se identificaba el ser un buen inglés con ser de confesión protestante; fue así como Mabel quedó marginada por sus familiares y amigos.
Fue entonces cuando entró en escena nuestro protagonista. Su nombre es Francisco Javier Morgan Osborne. Había nacido en 1857 en El Puerto de Santa María (Cádiz) y se le conocía familiarmente como tío Curro. De padre galés y madre gaditana, el abuelo de Francisco Javier había fundado las famosas Bodegas Osborne, dedicadas a la exportación de vino de Jerez.
A los once años, fue enviado a estudiar al Oratorio de Birmingham (Inglaterra), bajo la tutela del famoso intelectual John Henry Newman, también converso al catolicismo, completando después su formación en el Catholic University College de Londres y en la Universidad Católica de Lovaina. Después, en 1877, ingresó como novicio del Oratorio de San Felipe Neri y fue ordenado sacerdote en 1883.
– Protector de los Tolkien
Father Francis, como era conocido en Inglaterra, fue durante años secretario personal de Newman y se dedicó también a múltiples tareas dentro de su orden, en particular a la atención pastoral del Oratorio de Birmingham y de sus fieles. Fue allí donde por vez primera trabó contacto con la familia Tolkien.
El padre Curro fue un importante apoyo moral e incluso financiero para la madre de la familia, Mable, y a la muerte de esta en 1904 —cuando el futuro autor de El Señor de los Anillos sólo tenía 12 años— se hizo cargo de los dos hermanos.
Así, el sacerdote de origen andaluz se convirtió en el tutor de los chicos y contribuyó a afianzar el gusto por la literatura y por las lenguas, incluido el español, que John ya había comenzado a desarrollar años antes. Tolkien llamaba a Father Francis su «segundo padre», una influencia y un cuidado que se vio, por ejemplo, en que fue él quien lo matriculó en el colegio de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri y, posteriormente, le sufragó la posibilidad de estudiar en Oxford.
Antes de ir a la universidad, sin embargo, tuvo lugar un acontecimiento capital en la vida del futuro escritor en el que Father Francis también jugó un papel destacado. Cuando el joven tenía 16 años, se encontraba viviendo con su hermano en una pensión aneja al oratorio de Birmingham. Allí conoció a Edith Bratt, de la que se enamoró.
Y, claro, todos sabemos cómo es el amor adolescente. El propio Tolkien escribió años después que la «tensión» de aquel noviazgo casi le provoca «un muy mal ataque de nervios», lo que le llevó a poner en peligro su ingreso en Oxford.

Fue entonces cuando Frather Francis tomó cartas en el asunto y, como padre severo pero que se preocupa por su hijo, le prohibió volver a ver a la joven hasta que cumpliese los 21 años. Tolkien obedeció a regañadientes el veto, al término del cual se prometió con Edith.
La influencia del padre Curro en Tolkien también se trasladó a su obra literaria. Por ejemplo, años después, en 1937, cuando publicó El Hobbit. En la novela que narra las aventuras de Bilbo Bolsón, el protagonista debe enfrentarse a un duelo de enigmas contra la criatura Gollum, uno de los cuales guarda un gran paralelismo con otra encontrada en la obra de Fernán Caballero.
¿Y quién era Fernán Caballero? Pues el pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber, novelista española del siglo XIX y tía abuela de Father Francis. Además, hay quien no duda en señalar la inspiración que Tolkien pudo obtener de su mentor a la hora de idear personajes de su obra como el mago Gandalf o Tom Bombadil.
17Sin embargo, el padre Francis no llegó a ver nada de esto, ya que falleció en 1935, dos años antes de la publicación de El Hobbit. Es innegable, no obstante, su influencia sobre uno de los escritores más importantes y leídos del siglo XX.
nuestras charlas nocturnas.
Memoria de una ejecución: «Perdono a todos los que me hayan hecho mal»…

The Objective(P.de Lora) — Escribo porque te fusilaron, preguntándome por qué te fusilaron y con la corrosiva duda de saber si debo dar las gracias a quien disparó la bala certera, pues así como tu muerte fue la inevitable consecuencia de ese tino, el destino de mi existencia tuvo en ese acto criminal su necesaria placenta.
Un anticipo del libro de Pablo de Lora ‘Recordar es político (y jurídico)’
Escribo bajo la obsesión de Lo perdido, el poema que Borges publicó en el diario La Nación el 18 de junio de 1972. Arranca así:
¿Dónde estará mi vida,
la que pudo
haber sido y no fue, la
venturosa
o la de triste horror, esa
otra cosa
que pudo ser la espada o
el escudo
y que no fue?…
Me carcome ese posesivo, ese artículo determinado: ¿Cómo podría ser MI vida, LA que pudo haber sido y no fue? ¿De quién es entonces esta, la vida vivida?
El día 16 de noviembre de 1936 el cónsul noruego en Madrid, Felix Schlayer, escribe en su informe sobre las «evacuaciones» de los presos desde las cárceles de Madrid:
Resulta pues que de los 1.500 o 1.600 presos «trasladados» han llegado solamente 196 a Alcalá. Los otros 1.300 o 1.400 fueron llevados el sábado 7 de Noviembre a un sitio llamado «Los cuatro pinos» al lado derecho de la carretera de Barajas a Cobeña, en término municipal de Paracuellos del Jarama, donde al lado izquierdo de la carretera, entre esta y el río Jarama, he visto yo mismo anteayer caballones de tierra recién levantada, que llegan des de la carretera hasta el río en varias hileras, que cubren los cadáveres de lo menos 700 presos que fueron asesinados a tiros allí mismo donde al parecer había ya zanjas abiertas a propósito…
El día 27 de noviembre de 1936 la «expedición» que condujo a 65 presos desde la cárcel de San Antón hasta la de Alcalá de Henares sí llegó a su destino, aunque lo previsto, como había venido ocurriendo desde ese 7 de noviembre al que alude Schlayer, es que, como el cónsul noruego relata, se desviara por la carretera de Belvis hacia la localidad de Paracuellos del Jarama para que aquellos hombres, algunos adolescentes, fueran ejecutados a la altura del arroyo seco de San José.
Quienquiera que condujera el autobús, uno de aquellos «londinenses» de dos pisos, no se percató del cruce. Los hermanos Rafael y Cayetano Luca de Tena estuvieron entre los que se beneficiaron del despiste. Muchos años después, Rafael evocaría aquella chiripa:
El autobús —con las luces apagadas— en medio de la oscuridad da vueltas y más vueltas y, sobre las cuatro de la madrugada del día 28, se para nuevamente. El chófer dialoga con unos milicianos que le dan el alto y oímos el siguiente diálogo:
—«El Papa es un cabrón». Esta es la contraseña.
—Que el Papa «es un cabrón» estamos de acuerdo —le responden—, pero nosotros de contraseña no sabemos nada. Acercaos a la cárcel de Alcalá, que está ahí al lado, y preguntar.
Rafael murió en 1990 y Cayetano en 1997, ambos con 80 años, el primero tras toda una vida de dedicación a la farmacología y el segundo, después de una exitosa carrera como crítico teatral y director de escena.
Al día siguiente, 28 de noviembre de 1936, no hubo errores, desvaríos ni desvíos. Seguramente el cielo estaría cubierto de nubes, o habría niebla, y los aviones no saldrían a bombardear, con lo que se daban las condiciones propicias.
Segundo Serrano Poncela, como delegado de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, haría llegar a Agapito Sáinz de Diego, el delegado de la cárcel de San Antón, la lista que había firmado el día anterior con los individuos que debían ser «puestos en libertad».
Ese era el eufemismo que fungía como «ejecución» entre aquellas huestes que incluían, entre otros, al director del presidio, Jacinto Ramos Herrera, y sus lugartenientes Santiago del Amo Saboyal, apodado «Petroff» por su «aspecto ruso», Gonzalo Montes Sierra, «Dinamita», Álvaro Marasa Barasa, Andrés Urresola Ochoa; muchos de ellos, incluyendo algunos de los sepultureros de Paracuellos, fueron luego juzgados, condenados y ejecutados —«Petroff» a garrote vil en 1942— al terminar la guerra en aplicación retroactiva de una ley penal que les calificaba como autores de un delito de «adhesión a la rebelión». La «justicia al revés», como llegó a reconocer el mismísimo y cuñadísimo Ramón Serrano Súñer.
Ese 28 de noviembre la «evacuación» se hizo en dos tandas: a las 3 de la madrugada y a las 9 de la mañana. Se sabe que en la segunda remesa partieron personajes ilustres, como el dramaturgo Pedro Muñoz Seca y José Calvacho («Walken»), el célebre «fotógrafo de la farándula».
También se tiene constancia de que las dos sacas del 28 de noviembre sumaban 183 presos, o al menos así consta en un legajo escrito a máquina en el que da la impresión de que después se añadieron anotaciones a lápiz («repetido»), parciales borrones y cuentas nuevas.
Entre los nombres figura un «Cecilio Lara Ybañez», es decir, «Cecilio de Lora Ibáñez». Mi abuelo.
– Destino fatal

Cuenta el historiador Javier Cervera en Madrid en guerra que algún preso, cuyo nombre se vociferaba para ser formado en la galería, atado a otro compañero y subido al londinense, quizá ya suspicaz del destino que le aguardaba, no acudió a la llamada aprovechando el error ortográfico en la confección de la lista.
Mi abuelo sí debió darse por aludido.
Que Cecilio saliera en la primera o segunda tanda me es desconocido.
¿Importa algo? ¿Computan como valiosas esas horas extra en las que vivió a pesar de que fueran de pesadumbre y miedo? ¿Acaso compensó su angustia o aplacó su temor la esperanza en una chiripa, una orden salvífica de última hora, la piedad del pelotón, la aparición oportuna de los compañeros de arma sublevados?
Sabedores, como lo eran a esas alturas, de su fatal destino, quienes partieran ya a plena luz del día tal vez albergaron una última confianza, una fe postrera en que serían efectivamente conducidos al penal de San Miguel de los Reyes en Valencia o a Chinchilla, los falsos destinos prometidos, la ignominiosa coartada. «… libertad y Chinchilla» eran palabras en clave que equivalían a «eliminación», ha escrito el historiador Paul Preston.
«El 31 de octubre agentes del CPIP (Comité Provincial de Investigación Pública) se llevaron de la cárcel de Ventas a 32 prisioneros con la excusa de ser trasladados a la cárcel de Chinchilla —escribe en su exhaustivo estudio sobre ese órgano Fernando Jiménez Herrera—, 24 de ellos fueron fusilados en Aravaca, entre ellos Ramiro de Maeztu».
Frisando la navidad del año 1947, desde su exilio en la ciudad de Mayagüez, en Puerto Rico, Segundo Serrano Poncela, uno de los autores intelectuales de aquellos fusilamientos del otoño del 36, le escribía al historiador de la literatura Vicente Llorens:
«¿Cómo estará ahora, por ejemplo, mi plaza de Santa Cruz, en Madrid, con sus cajones cargados de zambombas, nacimientos, turrón y toda clase de utillería pascual?».
Años después, en 1954, Juan Ramón Jiménez, también exiliado, se lo encontró en Puerto Rico, donde aún vivía Serrano Poncela antes de instalarse de definitivamente en Venezuela en 1960: «No he dejado mi país para acabar dándole la mano a un asesino», ha contado Andrés Trapiello que le espetó Juan Ramón.
Bastantes años antes, al poco de abandonar España, cuando la guerra está a punto de terminar, Serrano Poncela se animó a escribir una amarga carta al Comité Central del PCE y a las Juventudes Socialistas Unificadas en París tras conocer las dificultades para exiliarse en México y las acusaciones que se dirigen contra él por haber robado:
– Generación perdida
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«Desde el día 5 de febrero a las seis de la tarde, en que crucé la frontera no me había vuelto a preocupar de ustedes, tan profundo era el asco que me suscitaba mi pasado… me obligan ustedes a escribir una carta que no pensaba hacer ahora, tan grande es el asco que tengo y las ganas de olvido que me envuelven…
También les anuncio —concluía— que con esta carta no he terminado de defenderme. Y que mi voz van a escucharla hasta las piedras porque es la voz de toda una generación joven desaparecida en la tierra de España, engañada y maltrecha por ustedes y sus amos. Envenenada para siempre, quizás, por sus permisos artificiales, sus mentiras, sus folletos, sus consignas y sus pancartas».
Años más tarde, en 1951, en otra misiva al historiador Llorens, decía Serrano Poncela: «… escribir cartas es uno de esos pequeños anacronismos que restan como recuerdo de otras épocas en que el género epistolar era una fe viva».
La viva fe de mi abuelo Cecilio se manifestó el 6 de noviembre de 1936 cuando escribió en su última carta:
«Querida Emilia: Despídeme de todos y que todos me perdonen en especial a Mamá y mis hermanos, diles que se resignen y que rueguen por mí. Dios lo ha dispuesto así. Hágase su voluntad. Tú perdóname si en algo te he molestado. Te he querido mucho. A nuestros hijos que sean cristianos, siempre, y que siempre obren rectamente, obedeciéndote y respetándote. Un abrazo a todos y cada uno de ellos y a ti que Dios te dé resignación. Es lo que para ti desea Cecilio. No olvido a las buenas amistades. Perdono a todos los que me hayan hecho mal. Cecilio».
Emilia es Emilia Soria Gassend, mi abuela, la Yaya, a quien, habiéndose llegado a la cárcel ese 28 de noviembre para llevarle comida, le fue dicho que a su marido Cecilio le habían llevado a Alcalá de Henares, de donde ya no recibió noticia de ninguna clase.
Los hijos: Cecilio de Lora Soria («Chilo»), Emilia de Lora Soria («Emi»), Francisco de Lora Soria («Paco»), Concepción de Lora Soria («Conchi») y Federico de Lora Soria, «Fede», mi padre. Existe una foto de «los cinco», en formación de escalera, tomada en San Fernando, Cádiz, un 25 de marzo de 1938 con motivo de la primera comunión que acababa de recibir mi tía Emi. Fede está justo en medio.
Emi es la única superviviente cuando estas líneas se escriben.
nuestras charlas nocturnas.
Dentro de las 12 mayores desapariciones sin resolver de todos los tiempos…

Biography(M.Natale) — Amigos y defensores de Alexei Navalny se sintieron recientemente aliviados al conocer el paradero del líder de la oposición rusa, que se encuentra muy vivo. Navalny, que estuvo desaparecido durante casi tres semanas en diciembre de 2023, “está bien”, anunció su portavoz Kira Yarmysh el día de Navidad . Navalny «… se encuentra ahora en IK-3 en el asentamiento de Kharp en el distrito autónomo de Yamal-Nenets», dijo Yarmysh. “Su abogado lo visitó hoy”.
Todo el asunto desconcertó a la comunidad mundial. ¿Cómo podría alguien con un perfil tan alto desaparecer sin dejar rastro? Esta fue una de las personas más famosas del planeta. De hecho, Navalny estaba tan constantemente frente a la cámara que fue el tema de un documental ganador del Oscar en 2022 . Una persona al azar puede ser capaz de «salir de la red», intencionalmente o no, pero seguramente tal nivel de fama debería evitar que uno pueda simplemente desaparecer… ¿verdad?
La realidad es que la historia de la humanidad está plagada de figuras megafamosas que simplemente han desaparecido.
Desde aventureros arrastrados por los mares y los cielos, hasta agitadores políticos reprimidos por las poderosas fuerzas contra las que lucharon, hasta fugitivos de la justicia que huyeron con éxito del largo brazo de la ley, aquí hay 12 personas que grabaron sus nombres en los libros de historia. pero arrancaron las páginas finales de la historia de su propia vida, que nunca se resolvió.
– Amelia Earhart

Amelia Earhart, una de las aviadoras más famosas de Estados Unidos, que vuela no solo por los cielos sino también a través del proverbial techo de cristal, sigue siendo más recordada por sus hitos en la aviación. Earhart no fue solo la primera mujer en volar sola a través del Océano Atlántico, sino también la primera persona en cruzar el Atlántico y el Pacífico, punto.
Estas hazañas le valieron el apodo de «Lady Lindy», una referencia ciertamente reduccionista a su compañero aviador Charles Lindbergh . Pero, lamentablemente, sus vuelos no son lo único que ambos tienen en común. También ambos están asociados con misterios macabros que siguen fascinando al público.
Con Lindbergh, se trataba del asunto de su hijo secuestrado . Pero es la desaparición de la propia Earhart , así como de su navegante Fred Noonan, lo que sigue fascinando a los detectives aficionados hasta el día de hoy.
El avión que transportaba a Earhart y Noonan desapareció el 2 de julio de 1937. Earhart intentaba establecer un nuevo récord, convirtiéndose en la primera persona en “volar alrededor del mundo en el ecuador”.
En realidad, fue el segundo intento de Earhart de hacerlo, después de que un accidente a principios de ese año pusiera fin a su primer intento apenas unos días después de su viaje.
Se podría decir que una reestructuración de los planes a raíz de los retrasos, incluido el cambio de ruta del viaje previsto y el abandono del transmisor CW del avión (que ni Earhart ni Noonan sabían cómo operar) contribuyó a la desaparición del vuelo.
Las teorías van desde que el avión se quedó sin combustible y se estrelló en el mar, hasta un aterrizaje de emergencia en la isla Gardner, ahora conocida como Nikumaroro, aproximadamente a “350 millas náuticas” de su punto de aterrizaje previsto.
Hasta la fecha, nadie ha podido determinar el lugar de descanso final de Earhart, quien fue declarado legalmente muerto el 5 de enero de 1939. Pero ahora, un equipo de búsqueda cree haber encontrado evidencia del avión desaparecido , quizás ofreciendo por fin una respuesta.
– Jimmy Hoffa

Has visto las películas antiguas. Cuando alguien desaparece, la primera pregunta que hacen los detectives suele ser: «¿Se te ocurre alguien que pueda desearle daño?». Bueno, en el caso de Jimmy Hoffa , puede que le resulte más difícil enumerar a las personas que no lo hicieron .
Hoffa, una de las figuras más importantes del movimiento obrero estadounidense, en gran parte debido a sus propios esfuerzos por afirmar su importancia, es ahora más recordado por su desaparición sin resolver que por sus logros, tanto célebres como infames.
Hoffa entendió el inmenso poder que tenía a su disposición como líder del Teamsters Union, poder que complementó con su participación en el crimen organizado. Como señaló anteriormente Biography.com , la carrera de Hoffa estuvo marcada por altibajos (la negociación del primer acuerdo nacional de transporte de carga) y bajos (una sentencia de prisión en 1967 por “manipulación del jurado, fraude y conspiración”).
Todo lo cual lo puso en la mira de todos, desde los mafiosos con los que conspiró hasta Robert Kennedy y el gobierno federal.
El 30 de julio de 1975, Hoffa salió de su casa para reunirse en un restaurante con algunas figuras del crimen organizado en un intento por arreglar las cosas. Nunca volvió a casa .
Aunque los restos de Hoffa nunca han sido encontrados y nunca se ha dado una respuesta oficial sobre su desaparición, eso no ha impedido que algunos se atribuyan el mérito. El ejemplo más notable es Frank “The Irishman” Sheeran , cuyo libro confesional, I Heard You Paint Houses, se convirtió en la película de 2019, The Irishman.
– Los colonos de Roanoke

Las hazañas del aventurero y autor Sir Walter Raleigh en Sudamérica en 1616 llevaron a su condena por traición y, en última instancia, a su muerte. Sabemos que Raleigh fue ejecutado el 29 de octubre de 1618 y sus restos están enterrados en la iglesia de Santa Margarita, Westminster.
Pero si bien podría decirse que es un final sombrío para el hombre que alguna vez fue tenido en tanta estima por la reina Isabel I , es mucho mejor que el destino que corrieron los habitantes de la colonia que estableció en la costa de Carolina del Norte.
Raleigh fundó la colonia Roanoke en lo que hoy es Carolina del Norte en 1585. Fue un intento de fundar la primera colonia inglesa permanente en América del Norte. Se colocaron más de 100 colonos en Roanoke para desarrollar el área.
Sin embargo, cinco años después, un barco visitó la zona y descubrió que los colonos habían desaparecido. La única pista era la palabra «CROATOAN» tallada en una estaca.
Hasta el día de hoy, abundan las teorías sobre qué fue de los colonos de Roanoke: ¿fueron brutalmente asesinados en una masacre? ¿Se integraron a las comunidades indígenas cercanas? Pero siglos después, los historiadores no están más cerca de explicar qué les sucedió a los colonos de la colonia más infame de Raleigh.
– Ambrose Bierce

Una vez venerado tanto por los académicos como por el público, Ambrose Bierce ha desaparecido en gran medida del canon literario estadounidense. En un momento, su satírico The Devil’s Dictionary y su colección de cuentos Tales of Soldiers and Civilians llenaron estantes y programas de estudios, pero ahora sobrevive en gran medida a través de un solo cuento, » An Occurrence at Owl Creek Bridge «, un cuento de la Guerra Civil adaptado a un cortometraje ganador del Oscar que luego se emitió como un episodio de The Twilight Zone .
Bierce era un veterano de la Guerra Civil , luchó por la Unión y finalmente alcanzó el rango de primer teniente en el 9º Regimiento de Infantería de Indiana. De hecho, fue el deseo de volver a visitar algunos de sus antiguos lugares de la Guerra Civil en 1913, a la edad de 71 años, lo que llevó a la misteriosa desaparición de Bierce.
Los viajes de Bierce le hicieron pasar por México, que se encontraba en plena revolución. Bierce se ofreció como voluntario para seguir a Pancho Villa y sus hombres, y sabemos que Bierce llegó con ellos hasta la ciudad de Chihuahua, antes de que desaparecieran todos los rastros del autor.
Nadie, desde los agentes federales hasta los Pinkerton, pudo confirmar el destino de Bierce, aunque muchos asumieron que su famosa naturaleza irascible lo colocaba en el lado equivocado del arma de alguien. Como informó Los Angeles Times en 1991, el editor James Robertson pretendió descubrir pruebas que sugieren que el arma estaba en manos nada menos que del propio Pancho Villa.
– DB Cooper

¿Qué pasó con DB Cooper después de saltar de ese avión? Nadie lo sabe. De hecho, nadie sabe siquiera quién era DB Cooper incluso antes de abordar ese avión.
La saga de DB Cooper ha durado más de 50 años, en parte debido a la naturaleza incruenta del crimen que hace que sea un poco más divertido especular sobre él que sobre hombres misteriosos más espantosos (digamos, como Jack el Destripador ).
Lo que sí sabemos es que en la víspera de Acción de Gracias de 1971, un hombre que se identificó como Dan Cooper («DB» en realidad proviene de un periodista que escuchó mal el alias) cometió el secuestro aéreo sin resolver más famoso de la historia. Cooper, capaz de cobrar un rescate de 200.000 dólares, saltó del avión con un paracaídas y nunca más se le volvió a ver.
Años más tarde, parte del dinero apareció en la orilla norte del río Columbia. Y aunque el FBI cerró el caso de Cooper y decidió asignar recursos a otra parte, eso no ha impedido que muchos investigadores aficionados continúen buscando al hombre detrás de las infames gafas de sol.
Tan recientemente como 2023 , la gente ha presentado lo que afirman es nueva evidencia que puede limitar la búsqueda de quién saltó del avión esa noche.
– Bella Gunness

Poco más de una década después de que Estados Unidos quedara conmocionado por el descubrimiento en 1893 del asesino en serie HH Holmes y su infame «Murder Castle», los periódicos se vieron inundados de historias de un asesino aún más prolífico en ambos asesinatos confirmados (14, frente a los 9 de Holmes). ) y sospechosos (40, frente a 27 sospechosos de Holmes).
Los lectores de principios de siglo se escandalizaron aún más con esta historia por dos razones. A diferencia de Holmes, este asesino era un inmigrante de Noruega y, en segundo lugar, este asesino era una mujer.
Belle Gunness comenzó su carrera criminal con estafas de seguros, como cuando ella y su esposo Mads Albert Sorenson se quemaron la casa y la tienda en «circunstancias misteriosas» y reclamaron el dinero del seguro. Poco después, el propio Sorenson murió en circunstancias misteriosas y Gunness reclamó el dinero del seguro por él.
Así comenzó una serie de muertes de las que Gunness se benefició, desde pretendientes hasta niños pequeños. En 1908, las sospechas comenzaron a caer sobre Gunness por parte del hermano de una de sus víctimas. Convenientemente, su granja se quemó y se encontraron cuatro esqueletos en su interior, que se supone que eran Gunness y sus hijos adoptivos.
Sin embargo, cuando Ray Lamphere, el empleado de Gunness, fue arrestado por incendio provocado y asesinato, reveló que Gunness quemó la granja y fingió su muerte dentro de ella. Gunness logró evadir la justicia y desaparecer sin dejar rastro.
– Salomón Northup

No hay nada sin resolver sobre los 12 años que Solomon Northup pasó separado de sus seres queridos después de su secuestro en 1841. Esa historia no es un misterio, sino una historia de terror, una historia que fue narrada minuciosamente.
Las preguntas sobre la vida de Northup surgen después de que regresó a la libertad y se alejó de la vida pública.
Northup nació como hombre libre en Nueva York en 1808. Se casó en 1829 y tuvo tres hijos. Para mantener a su familia, compró una granja y ganó dinero extra trabajando como violinista. Un día, mientras buscaba trabajo, lo convencieron de viajar a Washington, DC con hombres que decían ser parte de un circo. Cuando llegó Northup, los hombres lo drogaron y lo vendieron como esclavo.
Northup soportó brutalidad y fue testigo de atrocidades bajo la esclavitud que muchos considerarían indescriptibles en su horror. Pero, después de conseguir su libertad en 1853 gracias a Samuel Bass y Henry B. Northup, hablar de esos horrores es exactamente lo que hizo Salomón.
Sus memorias, Doce años de esclavitud , se convirtieron en un éxito de ventas en todo el país y, junto con La cabaña del tío Tom, de Harriett Beecher Stowe el año anterior, sirvieron como grito de guerra para la abolición de esta abominable práctica.
A pesar de que Northup se convirtió en una celebridad del siglo XIX en los Estados Unidos y participó en giras de conferencias sobre su experiencia, finalmente se retiró de la vida pública y finalmente desapareció. Nadie conoce el destino final de Northup, y se supone que murió en algún momento de 1863, aunque nunca se encontró ningún cuerpo.
– Agatha Christie

No hay ningún misterio para la muerte de Agatha Christie . No hubo ningún acto sucio involucrado en el fallecimiento del escritor de misterios de asesinatos más célebre del siglo XX . Sabemos cómo terminó su historia: de causas naturales, a los 85 años, el 12 de enero de 1976, en su casa de Winterbrook House.
En cambio, el desconcertante período de ausencia en la vida de Christie en realidad llegó 50 años antes, cuando el escritor ya era un autor publicado.
En 1926, Agatha Christie había publicado seis novelas, tres de las cuales presentaban a su personaje más perdurable, Hércules Poirot. Mientras que el célebre detective belga de Christie suele detectar rápidamente los lascivos mecanismos internos de aquellos a quienes investiga, Agatha no había podido deducir que esos fundamentos también se encontraban dentro de su marido, el coronel Archibald Christie.
En agosto de 1926, Archibald le pidió el divorcio a Agatha, afirmando que se había enamorado de otra mujer. Agatha fue sorprendida y, mientras la pareja permaneció junta, las tensiones aumentaron. El 3 de diciembre de ese año, Archibald le comunicó a su esposa sus intenciones de viajar sin ella para visitar a “amigos”.
Esa noche, Agatha salió de su casa en Sunningdale sin explicación alguna. Su coche fue descubierto al día siguiente, lo que provocó gran alarma en la comunidad y pronto los periódicos se enteraron. Las sospechas de juego sucio, suicidio y otras teorías abundaron durante once días mientras no se podía localizar a Agatha.
El 14 de diciembre, Agatha finalmente fue ubicada en el Swan Hydropathic Hotel en Harrogate, Yorkshire, después de haberse registrado con el nombre de la amante de su marido. Agatha afirmó no recordar lo que había ocurrido durante los 11 días, ni siquiera cómo llegó al hotel, y su comportamiento se ha atribuido a un estado de fuga. Hasta la fecha, nadie sabe qué le pasó a Christie durante esa desconcertante desaparición de 11 días.
– Prisioneros confederados del accidente de tren de Shohola

La Guerra Civil ocupa un espacio peculiar en la historia estadounidense. Está muy documentado y narrado, y los revisionistas buscan continuamente recontextualizar y reimaginar su causa y sus actores clave. Todas las personas con raíces en el país durante esa época quieren reclamar una conexión con algún héroe del conflicto, y ninguna quiere atribuirse el mérito de sus conexiones con sus villanos (o al menos buscan redefinirlos como héroes para poder hacerlo). .
Es extraño imaginar que el destino de alguien involucrado en un conflicto tan estudiado pueda ser imposible de rastrear. Y, sin embargo, durante un mortal accidente de tren que acabó con 65 vidas, cinco confederados vieron la oportunidad de un nuevo comienzo y la aprovecharon.
El 15 de julio de 1864, un tren de vapor, el Motor 171, transportaba a 128 guardias sindicales y sus 833 prisioneros confederados. El viaje de Maryland a Nueva York debería haber transcurrido sin problemas. Se había advertido al despachador de Lackawaxen que detuviera todos los trenes en dirección este hasta que pasara la locomotora 171. Pero una falta de comunicación debido a un retraso de cuatro horas en la salida provocó que un tren de carbón en dirección este se colara.
Los dos trenes chocaron en el municipio de Shohola , con una fuerza que los lugareños compararon con un terremoto. El accidente generó una impactante masacre, descrita como «cuerpos empalados en barras de hierro y vigas astilladas». En medio de ese caos, cinco soldados confederados que estaban prisioneros huyeron de los escombros y escaparon, para nunca más ser vistos ni saber de ellos.
– Raúl Wallenberg

Si alguna vez visitó el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos en Washington, DC, es posible que haya notado un marcador de lugar que declara parte de la calle Raoul Wallenberg Place . Si el nombre no le resulta familiar, le sorprenderá descubrir que Wallenberg fue un héroe notable durante la Segunda Guerra Mundial, cuyo trabajo con la Junta de Refugiados de Guerra salvó las vidas de miles de judíos húngaros.
El hecho de que no sea objeto de más películas de Hollywood por sus actos heroicos probablemente se deba a la desaparición horrendamente sombría y aún sin resolver que cierra su notable historia.
Wallenberg, un empresario sueco, fue reclutado por la Junta de Refugiados de Guerra de Estados Unidos para viajar a Budapest como diplomático para tratar de salvar a los judíos húngaros en medio del Holocausto.
Wallenberg emitió certificados de protección en nombre de la legación sueca para evitar la deportación a los judíos en Budapest y ayudó a establecer hospitales y casas seguras para los vulnerables.
A finales de diciembre de 1944, la Unión Soviética inició un asedio de 50 días sobre Budapest. El 17 de enero de 1945, Wallenberg fue llamado a reunirse con el general soviético Rodion Malinovsky. Ese día señaló: «Voy a casa de Malinovsky… si como invitado o como prisionero, no lo sé todavía».
Wallenberg fue detenido bajo sospecha de espionaje por parte de Estados Unidos. Fue visto por última vez con funcionarios soviéticos el 17 de enero de 1945. Los informes soviéticos indican que Wallenberg murió el 17 de julio de 1947 en la prisión de Lubyanka en Moscú, pero los testigos afirman haberlo visto en otras prisiones después de esa fecha. Hasta el día de hoy se desconoce el verdadero destino de Wallenberg.
– Heinrich Müller

El 30 de abril de 1945, en un refugio antiaéreo en Berlín conocido como el Führerbunker, Adolf Hitler y su nueva esposa, Eva Braun , se suicidaron antes de enfrentarse a la justicia a manos de las fuerzas soviéticas que se acercaban a la ciudad capital. .
Lo que la gente tal vez no sepa es que Hitler y Braun no fueron las únicas personas en el Führerbunker esa noche que evadieron la justicia. Un funcionario nazi de alto rango escapó con vida y nunca fue juzgado.
Heinrich Müller era miembro de la Schutzstaffel (comúnmente conocida como SS) y jefe de la Gestapo. Müller fue una parte fundamental tanto del pogromo de la Kristallnacht, que resultó en el arresto de más de 20.000 judíos, como de la Operación Himmler, una operación de bandera falsa para crear el pretexto para invadir Polonia.
Müller fue visto por última vez en el Führerbunker el 1 de mayo de 1945, apenas un día después de la muerte de Adolf Hitler. Las últimas palabras de Müller que tenemos constancia provienen de Hans Baur, quien afirmó que Müller había comentado : “Conocemos exactamente los métodos rusos. No tengo la menor intención de ser hecho prisionero por los rusos”.
A partir de ese momento, Müller desapareció. Los soviéticos asumieron que Müller huyó a Occidente, mientras que la CIA creía que estaba dentro de la URSS. Pero la desclasificación de los registros soviéticos y de la CIA muestra que ninguna de las agencias de inteligencia tenía información sobre el paradero final de Müller. Müller es, hasta la fecha, el funcionario nazi de mayor rango que nunca ha sido capturado ni confirmado su muerte.
– Vuelo 370 de Malaysia Airlines

Es fácil decirnos a nosotros mismos que las desapariciones misteriosas son cosa del pasado. Que si bien en tiempos pasados era posible desconectarse de la red, intencionalmente o no, ahora, en nuestra era de teléfonos celulares, satélites y vigilancia global, esas cosas simplemente ya no son posibles. Por eso la desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines en 2014 fue tan fascinante y tan aterradora.
El 8 de marzo de 2014, un Boeing 777-200ER transportaba a 239 pasajeros y tripulación en lo que debía ser un vuelo de 5,5 horas desde Kuala Lumpur a Beijing. En su ruta, el avión apareció en el radar vietnamita… y luego ya no estaba.
Como señaló PopMech anteriormente, “El transpondedor del avión dejó de transmitir misteriosamente y los radares militares vietnamitas y malasios mostraron que el avión gigante viajaba hacia el norte, pero luego giraba hacia el oeste, hacia el mar de Andamán y el océano Índico. El piloto automático se apagó , presumiblemente a mano, para girar hacia el oeste”.
Y eso fue todo. El avión nunca volvió a ser visto intacto. El destino de sus ocupantes se presume pero nunca se confirmó. Se encontraron varios restos en el Océano Índico con números de serie que dejaban claro que procedían del MH370. Casi 11 años después, han surgido varias teorías sobre el destino exacto del avión, pero nunca han surgido respuestas concretas.
nuestras charlas nocturnas.
Guerra en los Balcanes…

historiahoy.com(M.A.Hernandez) — En la primera guerra de los Balcanes de 1912, la Liga Balcánica tenía como objetivo expulsar de Europa al Imperio Otomano y repartirse sus territorios balcánicos. Derrotaron al Imperio, pero después de ganar la guerra, las interminables diferencias entre los países miembros de la Liga llevaron enseguida a… la segunda guerra de los Balcanes, esta vez entre ellos.
El contexto geopolítico nos lleva un poco más lejos en la geografía y un poco antes en el tiempo: Libia, 1911. Los turcos del Imperio Otomano estaban bastante ocupados sofocando una revuelta (una más) en Yemen, y los italianos le habían echado el ojo a Libia, última tajada del norte de África disponible para alguna potencia europea con ansias invasoras.
Francia controlaba Marruecos y le había arrebatado Túnez al Imperio Otomano treinta años antes. Así que los italianos decidieron apropiarse de Libia. Algún pretexto tenían que poner, y adujeron que en Trípoli (capital de Libia) se vivía en medio de un “desorden negligente” que ponía en peligro las vidas de los italianos que vivían allí.
De ahí en más, la escalada de siempre: el sultán otomano envió armas a los jefes libios, los italianos se ofendieron y dijeron que ese hecho era claramente hostil hacia ellos, y en septiembre de 1911 Italia invadió Libia. Los libios se defendieron, el sultán no mandó tropas suficientes y así Italia tomó el control político de Libia.
El Imperio Otomano acusó el golpe, así que hacia 1912 la Turquía otomana resultaba claramente vulnerable. La revolución de 1908 había producido heridas en el Imperio y trascendentes cambios políticos que llevaron a una transición en la que el denominado “Comité de Unión y Progreso” (que más tarde, en 1915, sería responsable del genocidio armenio) se transformó en el centro de poder en la política otomana.
Si a esa situación interna se le suman las disputas en Yemen y en Libia, se entiende por qué los países de la Liga Balcánica (Bulgaria, Grecia, Serbia y Montenegro) decidieron que ese era su momento. Así que decidieron olvidar (más que olvidar, posponer) sus enemistades, interminables a lo largo de la historia, y unirse contra el Imperio Otomano.
Rusia los había instigado durante bastante tiempo a tomar esa decisión, y finalmente los países balcánicos se decidieron.

A tales fines, Bulgaria y Serbia firmaron un pacto en marzo; en mayo firmaron otro pacto Bulgaria y Grecia; después, también Montenegro estampó su firma. Bueno, ya estamos todos. No los unía el amor sino el espanto; más aún, el deseo de aplastar a los turcos.
Todos querían detener la “otomanización” política y cultural que los turcos ejercían en los enclaves serbios, griegos, búlgaros y montenegrinos, así como en Macedonia y Albania, dos países dominados por los turcos que están geográficamente en el medio (“sandwich”, digamos) de los países mencionados.
Las potencias europeas habían advertido que no tolerarían invasiones o alteración de fronteras (esas cosas que tan acostumbrados estaban a hacer ellas). Sus advertencias fueron ignoradas, y el puntapié inicial lo dio Montenegro, que atacó a los turcos en Macedonia el 8 de octubre de 1912.
El resto de los países de la Liga entró en acción diez días después. El ejército turco tenía todas las de perder: eran menos (en proporción de tres a uno) y tenían muchos soldados inexpertos, ya que por su reestructuración política interna los aguerridos soldados derechistas habían sido removidos del ejército por el propio gobierno.
Así, en apenas un mes la Liga Balcánica había tomado todas las posesiones europeas del Imperio Otomano. En diciembre se declaró una tregua, pero los nacionalistas violentos de Turquía se rebelaron, atacaron en enero de 1913 y la lucha se reanudó.
Cuando terminó la guerra, en mayo de 1913, el Imperio Otomano había perdido bastante territorio, Creta se había unido a Grecia y Albania declaró su independencia del Imperio Otomano. Pero (siempre hay un pero) los Balcanes son uno de los lugares del mundo de mecha más corta.
Y resultó que Bulgaria no estaba conforme: la parte de Macedonia que quería para sí había sido reclamada también por Serbia y Grecia. Y esto llevó, en junio (o sea, casi inmediatamente)… a la segunda guerra balcánica, que enfrentó a Bulgaria con los que habían sido sus aliados hasta cinco minutos antes.

De hecho, Grecia y Serbia se dividían Macedonia y no estaban dispuestos a ceder nada de su territorio. Bulgaria, que se consideraba el líder de la coalición que había derrotado a los turcos, declaró la guerra. Rusia trató de mediar en la situación para evitar la guerra, pero no lo logró.
Y el 29 de junio, instigada por Austria, que era enemigo de Rusia -qué casualidad-, Bulgaria atacó a sus “ex-compañeros de armas”. Esta segunda guerra balcánica fue breve y sangrienta. Éramos pocos… y llegó Rumania, que se unió a Grecia y Serbia en contra de Bulgaria.
Y cuando hay baile todos se acercan, así que los turcos, ya que estaban, se acercaron también a combatir, junto con sus recientes enemigos, en contra de Bulgaria, que quedó sola contra todos. Las batallas se transformaron en masacres, los búlgaros pegaron la retirada, y en agosto terminó la lucha.
Las dos guerras balcánicas cambiaron el mapa del sudeste europeo: el Imperio Otomano perdió dos tercios de su población europea mientras Grecia, Serbia y Montenegro y hasta Bulgaria aumentaron su territorio. El nacionalismo aumentó más que nunca, y con el desmembramiento del Imperio Otomano en Europa el equilibrio de poder se volvió frágil e inestable.
Cuando el gato ya no está, los ratones se divierten; en este caso, se pelean. Bulgaria estaba de buenas migas con Austria, que controlaba a Croacia, Bosnia y Herzegovina, y era a su vez era una amenaza para Serbia. Así que Serbia se arrimó a Rusia, por las dudas.
Para no quedarse afuera, Grecia y Montenegro también se acercaron a Rusia; la cuestión era no quedarse sin padrinos. Un solo incidente empujaría a Austria y a Rusia (los padrinos) a un enfrentamiento directo.
Y en cuanto eso ocurriera, era cuestión de disparar la primera ficha del dominó; después, la mecha encendida sería imposible de detener y arrastraría a todas las potencias aliadas a una gran guerra. El desliz necesario para ello ocurrió menos de un año después, y empezó la Primera Guerra Mundial.
nuestras charlas nocturnas.
¿Cómo sobrevivieron los cercados durante la batalla de Stalingrado?…

Muy Interesante(L.G.alijarcio) — Al principio de la guerra, la población de Stalingrado apenas alcanzaba el medio millón de habitantes y la ciudad era considerada un lugar seguro, muy alejado de las líneas del frente.
Por este motivo en el verano de 1942 estaba llena de refugiados.
Cuando el ataque comenzó, los responsables locales suplicaron a Stalin que permitiera la evacuación de fábricas y civiles, sin éxito.
Lazar Brontman, un corresponsal del Pravda que había presenciado estas conversaciones, dejó anotada en su diario la reacción de Stalin: «¿Y adónde se les evacuaría? Hay que mantener la ciudad. ¡Punto final! —gritó, dando un puñetazo sobre la mesa».
Solo después de que los bombarderos alemanes hubieran reducido la ciudad a escombros, Stalin permitió salir a parte de la población.
Lo que ocurrió en Stalingrado durante estos terribles meses de asedio solo podemos saberlo a través de los testimonios de quienes lo vivieron.
Al principio de la guerra, la población de Stalingrado apenas alcanzaba el medio millón de habitantes y la ciudad era considerada un lugar seguro, muy alejado de las líneas del frente.
Por este motivo en el verano de 1942 estaba llena de refugiados. Cuando el ataque comenzó, los responsables locales suplicaron a Stalin que permitiera la evacuación de fábricas y civiles, sin éxito.
Lazar Brontman, un corresponsal del Pravda que había presenciado estas conversaciones, dejó anotada en su diario la reacción de Stalin, solo después de que los bombarderos alemanes hubieran reducido la ciudad a escombros, Stalin permitió salir a parte de la población. Lo que ocurrió en Stalingrado durante estos terribles meses de asedio solo podemos saberlo a través de los testimonios de quienes lo vivieron.
– Abandonados a su suerte
El objetivo de la ofensiva alemana en Stalingrado era cortar las comunicaciones entre las regiones centrales de la Unión Soviética y el Cáucaso y establecer un punto estratégico desde donde invadir la región y hacerse con sus recursos.
Desde que comenzó el ataque —a mediados de julio— hasta el mes de noviembre de 1942, los soldados estuvieron defendiendo la ciudad. Pero los habitantes de Stalingrado y miles de refugiados llegados de otras regiones quedaron abandonados a su suerte.
Mientras se libraba la batalla, ningún corresponsal extranjero destinado en Moscú obtuvo permiso para viajar a Stalingrado. Esto supuso que durante estos meses no hubo prácticamente información de lo que ocurría en el interior de la ciudad.
Las autoridades soviéticas —a menudo herméticas y recelosas— esperaron hasta comienzos de febrero de 1943 para dejar entrar a una primera tanda de reporteros internacionales.
Un mes antes, una delegación de historiadores moscovitas había iniciado un proyecto a gran escala con el objetivo de registrar para la posteridad las voces de los defensores de Stalingrado. Pertenecían a la Comisión de Historia de la Gran Guerra Patriótica, fundada por Isaak Mints, catedrático de la Universidad Estatal de Moscú.
Los testimonios reflejados en este artículo —que acercan al lector a la batalla y a los sentimientos de los soviéticos— forman parte de aquellas entrevistas, que se pueden leer completas en Stalingrado. La ciudad que derrotó al Tercer Reich, de Jochen Hellbeck.

– Obligados a marcharse
«Nuestra casa se ha quemado, igual que nuestra ropa, que habíamos enterrado en el patio. No tenemos ropa ni zapatos, no tenemos un techo bajo el que refugiarnos. ¿Cuándo terminará esta pesadilla?».
Son las líneas que el 27 de septiembre escribió Anna Aratskaya, una joven habitante de Stalingrado.
Y es que, tras los bombardeos masivos de los alemanes, Stalingrado era un gigantesco campo de ruinas.
Las fotografías que se tomaron aquellos días de agosto de 1942 hablan por sí solas: quedaban en pie algunas casas con las ventanas rotas, algunas paredes, alguna chimenea.
Los soldados «que nunca más se levantarían yacían en los patios y en las calles, centenares de ellos, incluso miles, nadie los contaba. La gente vagaba entre las ruinas en busca de comida o de algo que pudiera servirles».
Así lo relataba Vasili Grossman, quien comparaba Stalingrado con el desastre de Pompeya. Pero el enclave ruso era una ciudad espectral donde habitaban almas vivientes. Ellos también luchaban duramente por su propia vida y la de sus hijos.
Ante esta situación, no hubo más remedio que permitir la evacuación de la ciudad. Vladímir Jaritonovich Demchenko (Comandante, jefe de Stalingrado) relataba en las mencionadas entrevistas que en algunos casos habían tenido que obligar a la gente a marcharse.
Contaba que muchos no tenían a dónde ir —tampoco querían abandonar sus casas con el invierno a punto de echarse encima— y decían: «Defenderé nuestra ciudad hasta el final; la ciudad no se rendirá».
Mientras que a algunos se les había negado el permiso para abandonar a tiempo, otros quisieron permanecer en Stalingrado para cuidar de familiares enfermos. Muy pocos podían hacerse realmente una idea de cómo actuaban los ocupantes, incluso dijeron que las atrocidades alemanas que habían escuchado no eran más que exageraciones.

Demchenko explicaba que desde el 23 de septiembre al 15 de octubre evacuaron a 149.000 familias de la población de los distritos de las fábricas. La milicia entró en cada trinchera y refugio antiaéreo para sacar a la gente y enviarla a la orilla oriental.
De esta manera, dentro de la ciudad no quedó mucha población. La mayoría de los que se quedaron estaban en los distritos de Dzerzhinsky y Voroshílov, que habían sido ocupados repentinamente. Gran parte eran ancianos desvalidos, enfermos y niños: muchos de ellos se habían quedado solos al morir sus familias.
El testimonio que ofrecía Demchenko acerca de cómo encontraron a algunos de ellos es sobrecogedor: «En una ocasión echamos a los alemanes de un búnker y destruimos su posición, pero no entramos hasta la noche siguiente. Dentro había una niña, de ocho o nueve años, tumbada en el suelo entre los cadáveres.
En el momento que entramos se puso a llorar. Llevadme con vosotros, aquí con ellos hace mucho frío». Afortunadamente, un general —llamado Sokolov, al mando de la 39.ª División— se hizo cargo de aquella niña.
– Ataques constantes
Mijaíl Alexandrovich Vodolagin (Secretario del Comité Regional de Stalingrado) relataba cómo durante los primeros ataques aéreos las bombas cortaron la arteria principal: el tendido eléctrico del que dependían las fábricas del norte y el centro de la ciudad, y en muchos sectores la línea de 110 kilovoltios quedó interrumpida.
La ciudad se quedó sin luz, sin agua, sin pan. Mientras hacían lo posible por restaurar el suministro de agua a la ciudad, los incendios seguían activos por todas partes y el ataque aéreo era constante.
Pero se volcaron en su trabajo durante días enteros para reparar el tendido eléctrico, así como el sistema de suministro de agua, la fábrica de pan y los molinos, para poder abastecer a la población. Fueron tareas que hubo que realizar una y otra vez en aquellos meses debido a la insistencia de los ataques.
Pero cada vez que se conseguía era un nuevo triunfo. Cuesta imaginarlo, pero aunque no hubiera prácticamente casas en pie, y en durísimas condiciones, la vida seguía en sótanos, cobertizos, trincheras y conductos de alcantarillado.

– La ciudad bombardeada sigue viva
Se instalaron pequeños puestos de venta en los sótanos para vender comida y pan. Pero pronto se acabó el cereal y los alimentos brillaban por su ausencia, hasta el punto de tener que comer lo único que abundaba: cadáveres de caballos, barro, e incluso algunos relatos hablan de excrementos.
Otro secretario del comité relataba cómo pusieron en marcha una emisora de radio que emitía discos de música. Pero entre el fuego y las bombas, esta sonaba como una marcha fúnebre. Por eso quitaron la música y se limitaron a emitir los últimos boletines de noticias. Aun así, cada vez que se ponía en marcha, la radio elevaba los ánimos de la gente que la escuchaba: era una señal de que la ciudad seguía viva.
Stalingrado no solo decidió el curso de la guerra, sino que marcó un punto de inflexión en la historia. Cuando los soldados del Ejército Rojo recuperaron la ciudad, contabilizaron aproximadamente 7.600 supervivientes civiles, aunque es difícil ofrecer datos exactos.
Los generales y oficiales alemanes capturados fueron alojados en un campo especial e instados a renegar públicamente de Hitler. Miles de prisioneros fueron puestos a trabajar en febrero de 1943 en la retirada de cadáveres y la desactivación de bombas y minas. Muchos ingresaron en campos de trabajo, donde recibían muy escasa comida y atención médica.
Más tarde ayudaron a reconstruir la ciudad. Es de sobra conocido el infierno que pasaron los combatientes de ambos bandos. Todavía se investiga qué les motivaba a luchar realmente y bajo qué condiciones libraron esta terrible batalla.

– Empujados a la guerra
De aquellos alemanes que lucharon en la batalla de Stalingrado se han dado distintas visiones a lo largo de los años. En la década de 1950 y de 1960, la atención se centró en la figura del combatiente en el campo de batalla, que mantuvo sus valores hasta el último aliento.
El ex mariscal de campo Erich von Manstein escribía en 1955 acerca del «incomparable heroísmo, fidelidad y sentido del deber» de los soldados alemanes que habían perecido de hambre y frío. Su recuerdo, decía, «continuará vivo mucho tiempo después de que los gritos de triunfo de los vencedores se hayan apagado y los afligidos, los desilusionados y los resentidos hayan quedado en silencio».
Sin embargo, a medida que la sociedad fue experimentando cambios —bien reflejados en los movimientos estudiantiles de los años sesenta— y con el auge de la historia de lo cotidiano, la imagen del valiente soldado fue siendo reemplazada por la del antihéroe. Así, los soldados de Stalingrado pasaron a ser considerados jóvenes sencillos, desorientados, que a veces apenas sabían expresarse en sus cartas. Según algunos relatos, habían sido empujados a la guerra y ni siquiera compartían las grandes ambiciones nazis.

– La reconstrucción de Stalingrado
«Todo el mundo tiene los nervios destrozados (…) He perdido la fe en toda la humanidad». Con estas palabras concluía un soldado anónimo el diario que había escrito durante el asedio.
Quizá, si sobrevivió, este soldado recuperó la fe cuando grandes multitudes entraron en Stalingrado para la reconstrucción de la icónica ciudad.
Así lo reflejaba Ezri Izrailevich Ioffe (Director en funciones del Instituto de Medicina de Stalingrado) en una entrevista el 1 de febrero de 1944. Era tal la afluencia de gente en Stalingrado que no había alojamiento suficiente. Eran ya 250.000 habitantes y cada mes llegaban unos 10.000 más, como informaba la sección «Reconstruyendo Stalingrado» del Stalingradskaya Pravda.
Pero pese a los graves problemas de vivienda, alimentación, distribución, escolarización y atención médica que esto suponía, y todavía viviendo muchas personas en sótanos, trincheras, búnkeres, o amontonados en una sola habitación, el estado de ánimo era alegre.
La victoria del Ejército Rojo había sido un elixir de vida, y la guerra se alejaba de Stalingrado para dar paso a la recuperación de la ciudad.
nuestras charlas nocturnas.
Breve historia de algunas operaciones militares durante la 2da Guerra Mundial…

– La provocación de Gleiwitz fue una operación de propaganda planeada para dar una excusa que justificase la invasión de Polonia por parte de Alemania en el inicio de la Segunda Guerra Mundial
Historias de la Segunda Guerra Mundial — Nos tenemos que remontar al año 1934, cuando Polonia firma un pacto de no agresión con Alemania. Tras varios años de tensión en las relaciones entre los dos países, el 26 de enero de ese año, el ministro de Asuntos Exteriores alemán Konstantin Von Neurath y el embajador de Polonia Józef Lipski firman un pacto de no agresión en Berlin que ha de tener una duración de 10 años.
Este pacto les hizo creer a los polacos que podían tener una relación menos tensa con Alemania: Pensaban que Hitler apartaba su mirada del país, contento con un pacto que avalaba su pretendida política pacifista y que acallaba las críticas que había recibido en ese sentido.
De hecho, el acuerdo firmado recoge en uno de sus párrafos que «Si surgieren disputas entre ellos y no se alcanzase un acuerdo entre ellos mediante negociación bilateral, buscarán para cada caso particular y por mutuo acuerdo métodos pacíficos alternativos, sin renunciar a la posibilidad de utilizar si fuese necesario aquellos procedimientos establecidos por otros acuerdos entre las partes. En ninguna circunstancia, sin embargo, recurrirán al uso de la fuerza para lograr la resolución de tales desacuerdos.»

Pero Hitler tenía otros planes pensados para Polonia en un futuro.
Había una herida que no había cicatrizado y que le tenía obsesionado.
Tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, se firma el Tratado de Versalles, un tratado de paz que recoge las sanciones que los ganadores imponen a los vencidos.
Uno de esos acuerdos es la creación de una ciudad estado llamada Danzig el 10 de julio de 1920.
En virtud del mismo, este territorio deja de pertenecer a Alemania y es ofrecido a Polonia en régimen de protectorado, obteniendo y explotando la gestión de su puerto, uno de los más importantes en la zona del Báltico.
Tras el Anschluss con Austria y la crisis de los Sudetes en 1938, le llega el turno a Polonia. En octubre de ese año, Alemania solicita la devolución de Danzig y Polonia se niega a satisfacer la demanda de Hitler.
Al año siguiente, y tras haber firmado un pacto de no agresión con Rusia, Hitler toma la determinación final para la invasión de Polonia. Ahora, solo necesita tener una excusa para poder iniciar las hostilidades puesto que el pacto firmado en 1934 se lo impide. Ahí es cuando la nace la llamada Provocación de Gleiwitz.
. La Provocación de Gleiwitz
La Provocación de Gleiwitz es un plan diseñado para hace creer a la opinión mundial que tropas polacas han cometido un acto de guerra contra Alemania.
Reinhard Heydrich (más adelante víctima de la llamada Operación Antropoide) había ideado que un grupo de soldados alemanes vestidos con uniforme del Ejército Polaco, tomaran por unos minutos una estación de radio que se encontraba en la localidad de Gleiwitz y que soltaran una proclama en idioma polaco contra Alemania.

Paralelamente se realizarían ataques contra la Inspección Forestal (en el bosque de Pitschen) y la aduana de Hochlinden por grupos de soldados al mando del Oberfürer SS Otto Rasch y el Obersturmbannführer Ottfried Hellwig respectivamente.
Para dar más realismo a la acción se había dispuesto que prisioneros de algún campo de concentración fueran ejecutados mediante una inyección letal y que sus cuerpos fueran vestidos con uniformes alemanes para dejarlos en el lugar de la acción.
El Oberführer SS Heinrich Müller sería el encargado de suministrar los cadáveres. La idea era crear la impresión de que se estaban cometiendo varios actos coordinados contra Alemania a lo largo de la frontera con Polonia. A principios de agosto de 1939, Himmler y Heydrich proponen este plan a Hitler para su aprobación.
Tras dar luz verde, se inician los preparativos: Heydrich pone al frente a Alfred Naujocks, un Sturmbannführer de las SS al que ya conocía previamente. Tras recibir las órdenes de desplazarse a Gleiwitz y esperar el momento de actuar, Naujocks selecciona a 5 hombres de su unidad y parte hacia su destino, dividiendo a sus hombres en dos grupos y alojándose en el Hotel Haus Oberschlesien, en donde espera el momento de entrar en acción.
Mientras tanto en Berlín se suceden diferentes reuniones entre Heydrich y los oficiales encargados de realizar las acciones de los grupos de asalto.
El 17 de agosto, Hitler ordena al Almirante Canaris que entregue 250 uniformes polacos a Heinz Host, jefe del SD exterior, quien a la vez los envía a una escuela que tenía el SD en la localidad de Bernau, en donde ya se encuentran entrenando los soldados seleccionados.

El 22 de agosto, Heydrich recibe un aviso desde Bernau indicando que todo está en orden para iniciar la misión, y al día siguiente Hitler fija como inicio de la guerra el día 26 de agosto a las 4:30h, aunque un incidente hace posponer esta fecha.
La tarde del 25 de agosto, el embajador Italiano transmite a la Cancillería la decisión de Mussolini de no apoyar la misión, y por si fuera poco, Londres firma un pacto de asistencia mutua con Polonia. Estos hechos hacen vacilar a Hitler, quien ordena detener las acciones para ganar tiempo.
Todos los grupos reciben la orden de cancelar sus misiones aunque los hombres que tenían que realizar el ataque contra la aduana de Hochlinden confunden la consigna dada por el Oberfhürer SS Herbert Mehlhorn, quien debía coordinar a las tropas defensoras y las atacantes para evitar que sucediese lo que pasó.
Los hombres de Hellwig abrieron fuego contra las tropas alemanas que defendían la aduana y se entabla un combate que es detenido por Heinrich Müller. Tras este incidente, Heydrich decide relevar tanto a Mehlhorn como a Hellwig, mientras se designa una nueva fecha.
Tuvieron que esperar poco: Hitler da la orden de iniciar las hostilidades el día 1 de septiembre a las 4:45h. El 31 de agosto, Heydrich se pone en contacto telefónico con Naujocks y le da la clave para iniciar la operación: “La abuela ha muerto”. Naujocks reúne a sus hombres y se dirige hacia la estación de radio a las 19:45 h. para ocuparla.
Entran en el edificio sobre las 20:00 h., reducen al personal que había en aquellos momentos y tras encerrarlos en el sótano localizan un micrófono por el que salen en antena: Naujocks lee su discurso en Polaco, interrumpido de vez en cuando por el sonido ambiental de disparos que querían dar más veracidad al incidente. Cuando abandonan el edificio, dejan en la puerta uno de los cuerpos suministrador por Müller. El engaño está servido.

Al día siguiente, la prensa alemana informa del incidente de la estación de radio de Gleiwitz y lo califica de delito atroz. Se hace eco también de varios incidentes fronterizos en los que el Ejército Alemán ha tenido que rechazar ataques por parte de guerrilleros polacos.
Hitler realiza un discurso en el Reichstag el día 1 de septiembre en el que asegura que la noche anterior se habían producido varios incidentes fronterizos. Entretanto, las tropas alemanas ya habían iniciado su ofensiva sobre Polonia y se había cruzado la frontera. La Segunda Guerra Mundial ha comenzado.
Paralelamente a esta operación, el primer ataque militar que se produjo contra Polonia fue una operación aérea cuyo objetivo fueron los puentes de Tczew, realizada 5 minutos antes que el ataque a la Fortaleza de Westerplatte, considerada por muchos historiadores como la primera acción militar realizada en la Segunda Guerra Mundial.
– La Operación Taxable

En la tarde del 5 de junio de 1944 todo estaba preparado y dispuesto para el que sería uno de los acontecimientos más importantes del pasado siglo XX: El Desembarco aliado de Normandía.
Antes de realizarse el mismo, los aliados diseñaron toda una serie de misiones previas para generar confusión entre las tropas alemanas que se encontraban desplegadas en las zonas en las que se iba a situar la acción.
La Operación Taxable era una de esas misiones en la que participaron 16 aparatos Lancaster del 617 Squadron lanzando paquetes de tiras de aluminio llamados «windows» en la zona del Cabo d’Antifer y una flota de 18 embarcaciones de la Royal Navy que se acercaría a la zona remolcando balones.
Mientras los aviones iban volando en circulo lanzando las ventanas, los barcos tenían que cubrir una zona de 14 x 15 millas. El objetivo era que los radares alemanes detectasen estas medidas y que se creyeran que una gran flota avanzaba hacia esa zona.
– Los Monuments Men fueron un grupo de voluntarios del ejército aliado que tuvieron la misión de velar por las obras de arte durante la SGM

La historia de los Monuments Men es la historia de un grupo de hombres y mujeres, que en su mayor parte proceden del mundo de la cultura y del arte y que se presentan de forma voluntaria para pertenecer a una unidad formada por el ejército aliado y cuya misión es la de proteger todos aquellos bienes culturales que a medida que los aliados van recuperando terreno, van apareciendo.
Aunque han habido excepciones como las evacuaciones de la Mona Lisa y la Balsa de la Medusa del museo del Louvre en París, los nazis han saqueado todo el arte que han podido de aquellos territorios que han ido conquistando y el trabajo de los Monuments Men es el de salvaguardar las obras en los territorios que están en guerra, recuperarlas y restaurarlas.
Sus profesiones en la vida civil (restauradores, profesores de arte, arquitectos, directores de museos, artistas… etc les facilita su tarea.
Hombres como George Stout, James Rorimer, Walter Farmer o Laurence Sickman formaron parte de sus filas y contribuyeron a la recuperación de todo este tesoro artístico.
El The Monuments, Fine Arts, and Archives (Programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos) nace de la preocupación que hay por la integridad de las obras de arte que se encuentran en los territorios donde se desenvuelve el conflicto.
El día 23 de junio de 1943, el presidente americano Franklin D. Roosevelt crea la llamada Comisión Roberts (el nombre lo toma de su presidente, el juez del Tribunal Supremo Owen J. Roberts) y le encomienda el preservar los bienes culturales en las zonas de guerra (Europa, Mediterráneo y Lejano Oriente), siempre que el desempeño de sus funciones no interfiera en modo alguno con las operaciones militares que hayan en curso.
Una vez que se da el pistoletazo de salida, la MFAA se instala en la National Gallery of Art, situada en Washington D.C y empieza a elaborar listas de obras de arte y sus ubicaciones para hacérselas llegar a las unidades que están en dichas zonas, encomendándoles su protección.

Se podría decir que los Monuments Men trabajaban sin un orden que regulara sus actividades.
Hasta aquel momento, el hecho de preservar los bienes culturales por parte de un ejército era novedoso.
El que se tuviera en cuenta el contenido cultural que se hallaba en los territorios en los que se movían las tropas era algo desconocido.
El General Eisenhower había dado órdenes explícitas en este sentido a sus comandantes, prohibiendo el saqueo o expolio de las obras, la destrucción de las mismas o el establecer a las tropas en lugares que tuvieran una gran importancia cultural.
Así pues, los Monuments Men contaban con la colaboración de los ejércitos a los que acompañaban en el frente.
Eran un grupo poco numeroso para la tarea que se les había encomendado puesto que estaba formado por unos 345 hombres y mujeres de trece nacionalidades diferentes.
No se les había dado ninguna directriz para la conservación de las obras y la formación con la que contaban era la que ellos mismos poseían en su vida civil, por lo que en muchas ocasiones tenían que evaluar las situaciones y tomar decisiones basadas en su propia experiencia y no en una metodología común.
Al principio de su creación, cuando aún no se había llegado a recuperar territorio ocupado, el principal desempeño que tenían era el de intentar localizar las iglesias, los museos o cualquier monumento importante y advertir de su existencia a las tropas que tenían como misión la toma de cualquier ciudad o pueblo, con la idea de dar a conocer su situación para minimizar los daños que pudiera recibir.
Cuando los monumentos habían sufrido daños, emprendían los trabajos para que fueran restaurados de forma temporal hasta que la situación del conflicto fuera la idónea para una restauración definitiva. A medida que se recuperan territorios la principal misión que tienen es la de recuperar obras de arte robadas.

Así pues, tenemos innumerables ejemplos del trabajo que realizaron los Monuments Men.
Durante la campaña italiana, los alemanes utilizan la ciudad italiana de Florencia como centro de distribución de pertrechos y alimentos debido a su privilegiada situación.
Los pilotos aliados fueron instruidos con planos y fotografías aéreas suministradas por la MFAA para evitar daños en las incursiones aéreas.
Pero el trabajo por el que han sido reconocidos mundialmente ha sido sin duda alguna por la recuperación de depósitos en los que los alemanes almacenaban gran cantidad de obras de arte sustraídas durante la ocupación.
En Alemania se recuperan cerca de 1500 de estos depósitos que contienen obras de arte tanto robadas como evacuadas de los museos alemanes.
Los más famosos son las minas de sal de Merkers (en donde se encuentra oro perteneciente al Reischbank y cerca de 400 obras de arte), el Castillo de Neuschwanstein (en donde se encuentran más de 6000 objetos que incluyen oro, joyas, muebles y obras de arte robadas en Francia), las minas de sal de Altaussee, en Austria (en donde se almacenaban más de 6500 obras de arte).
. Finaliza la guerra
Poco antes de finalizar la guerra en Europa, en el mes de mayo de 1945, el Teniente Coronel Geoffrey Webb es consciente de la gran cantidad de obras de arte que van apareciendo y ve la necesidad de crear almacenes en los que se vayan depositando.
Eisenhower da las órdenes precisas y se crean dos almacenes centrales (en las ciudades alemanas de Munich y Wiesbaden) y varios secundarios (Bad Wildungen, Heilbronn, Marburg, Nuremberg…etc). En este punto, ya podemos decir que la experiencia acumulada por los Monuments Men hace que se cree un protocolo para recepción de las obras.
Todas ellas siguen el mismo proceso para entrar en los almacenes: Se graban y fotografían, se evalúa su estado y se incluye en un inventario, cuyo objetivo es el de identificarlas para poder ser devueltas a sus legítimos propietarios. En algunos casos es sencillo ya que la obra es muy conocida y no hay dudas sobre su procedencia.
En otros casos, el trabajo se complica, puesto que sus legítimos propietarios están en paradero desconocido o han fallecido. Una vez finalizado el trabajo, los Monuments Men regresan de nuevo a sus hogares, en donde aprovechan esta experiencia para ponerla a disposición de muchas instituciones tan importantes como el MOMA, el Museo de Arte de Cleveland, el Ballet de la Ciudad de Nueva York, Fondo Nacional de las Artes, etc.
Recientemente se han encontrado en un apartamento de Munich 1500 obras de arte que fueron sustraidas durante la Segunda Guerra Mundial y que fueron creadas por artistas como Picasso, Chagall o Matisse.
También un periodista austriaco ha puesto en tela de juicio el papel de los monuments men en la liberación de la mina de sal de Alteussee. La fundación de los Monuments Men ha devuelto a un museo alemán tres obras de arte sustraídas por un mayor americano que dijo haberlas ganado en una partida de póker.
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¿De dónde vienen las gárgolas? (Historia y significado)…

sobrehistoria.com(Blanca) — Las gárgolas son uno de los símbolos de muchas construcciones en la Edad Media y cuentan con un aspecto grotesco y terrorífico, además de estar envueltas en leyenda y mitología.
Muchas veces, estando de viaje en países como Francia, podemos darnos cuenta de que muchos de los edificios góticos cuentan en su parte más alta con la representación de criaturas aladas que son denominadas gárgolas, pero que por lo visto tienen un origen mitológico más allá de su función arquitectónica.
La palabra gárgola deriva del latín, «gurgulio», «gargula». Su raíz es «gar» que hace referencia a «tragar». En Italia es Doccione, en Alemania son Wasserspeier y en Holanda Waterspuwer, todas ellas hacen referencia a vomitador de agua, escupe agua, etc. Por ello, se cree que su etimología indica que se nombró en función de su utilidad arquitectónica, la cual hace referencia al infierno como desaguar los tejados de las catedrales.
El origen de estas gárgolas proviene de la Edad Media, cuando el infierno era uno de los temas que más preocupaban a la sociedad y creían en todo tipo de demonios y bestias que atormentaban a los seres humanos. Las primeras gárgolas que se conocieron, fueron nombradas como «grifos» que hacía referencia a los seres fantásticos con forma de animal o mitad humanos.
– Las gárgolas en la mitología
Las gárgolas, entendidas como seres pertenecientes a la mitología, nacen a raíz de una leyenda de principios del siglo VII en la que el dragón Gargouille, que vivía cerca del Sena, devastaba periódicamente la región.

Gargouille, era descrito como un ser de cuello largo y reptilíneo, hocico delgado con potentes mandíbulas, cejas fuertes y alas membranosas. Se caracterizaba por sus malos modales: tragaba barcos, destruía todo aquello que se interponía en la trayectoria de su fiero aliento y escupía demasiada agua, tanta que ocasionaba todo tipo de inundaciones.
Fue entonces cuando, Romanus, un sacerdote cristiano, dominó a la bestia con la señal de la cruz y la llevó a Rouen donde le cortó la cabeza y la colocó en lo alto del ayuntamiento.
– Gárgolas en la arquitectura
Fue a partir de la Edad Media y con el auge del arte gótico cuando los artistas y arquitectos comienzan a colocar en sus edificios la representación de estos seres, con cabeza y alas de dragón y un cuerpo casi humano, y cuya función era la de expulsar agua de lluvia de los tejados de dichos edificios, para de este modo actuar como un desagüe.
Principalmente se colocaban en las iglesias, y de ahí que todavía se conserven en lugares que son tan emblemáticos como la catedral de Notre Dame, en Francia.

Su nombre se debería al sonido que produce el agua, similar al de un líquido por un tubo (y que se conoce como gargouiller).
En cuanto a la razón de por qué se utilizaban las gárgolas en las catedrales tienen varias razones. Se cuenta que podrían representar los demonios convertidos en piedra que huían de la iglesia y, por otro lado también se hablaba de que las gárgolas protegían a los feligreses que se encontraban dentro de las iglesias, puesto que su horroroso aspecto creía que ahuyentaba a los espíritus malignos.
En base a esta segunda interpretación de las gárgolas también están las quimeras. No tienen las mismas formas pero son seres terroríficas que cumpliría la misma función.
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Los V1 y los V2…

Historia Hoy(O.L.Mato) — El 3 de octubre de 1942 en Peenemünde (Alemania), los nazis lanzan el cohete V-2.
Los cohetes fueron la forma más espectacular del desarrollo tecnológico alemán. Aun antes del ascenso de Hitler, el teniente coronel Karl H. Emil Becker (1879-1940) había reunido un pequeño grupo de ingenieros calificados que incluía a Walter Dornberger (1895-1980) y Leo Zanssen para desarrollar la cohetería en el país, uno de los pocos temas que el Tratado de Versalles no había prohibido, ya que en 1919 solo era una fantasía su utilización con fines bélicos.
Becker fue el primer militar en pertenecer a la Academia de Ciencia prusiana y fue miembro del Club Uranio. Dornberger también era oficial del Arma de Artillería y, al igual que Becker, se recibió de ingeniero. Anecdóticamente, durante la Primera Guerra, Dornberger pasó dos años prisionero de los franceses —la mayor parte del tiempo estuvo en confinamiento solitario por reiterados intentos de escape—.
Desde 1930 se interiorizó sobre el uso de cohetes, especialmente cuando conoció a un muy joven Wernher von Braun. Entusiasmado por la posibilidad estratégica que se abría ante sus ojos, comenzó a juntar a un grupo de técnicos que, hacia 1937, llegaba a los noventa especialistas. Este es el grupo que reúne en Peenemünde, un área boscosa al norte de Alemania a orillas del mar Báltico. En ese lugar, alejado de centros urbanos, construirían la legendaria fábrica para el desarrollo de misiles.

Los escasos cohetes arrojados durante la Primera Guerra fueron de pólvora y, por lo tanto, proclives a mojarse y arder en forma irregular. De allí surgió la idea de utilizar otro propelente. ¿Líquido o sólido? Esa era la cuestión.
Hermann J. Olberth (1894-1989), un rumano de Transilvania que hablaba alemán, publicó el libro El cohete al espacio interplanetario en 1923. En el texto propuso el uso de una mezcla de alcohol líquido y oxígeno o de hidrógeno —líquido con oxígeno— líquido.
Un grupo de entusiastas pretendió aplicar este principio a todos los métodos de propulsión: Fritz von Opel (1899-1971) lo usó en un prototipo de automóvil y así encendió la imaginación de artistas como Fritz Lang (1890-1976), quien produjo la película muda La mujer en la Luna (1929). La luna y las estrellas estaban al alcance de la tecnología y Alemania a la cabeza de esas conquistas.
Muchas personas con poca preparación técnica también se lanzaron a experimentar con distintos combustibles para impulsar autos, cohetes y aviones. Entre ellos, un escritor e investigador aficionado llamado Max Valier (1895-1930). Valier construyó un automóvil impulsado por vaselina. Lamentablemente, Vailer murió tras intentar poner en marcha su invento. Pocos días después, otro joven dejó su vida al tratar de desarrollar un cohete.
Ante esta ola de muertes, el Reichstag dictó una ley por la que se prohibían dichos experimentos. No todos la respetaron y, para 1930, Olberth primero y Rudolf Nebel (1894-1978) después tuvieron algún éxito con pequeños cohetes a punto tal que Nebel se instaló al norte de Berlín, en un antiguo cuartel al que llamaban Raketenflugplatz.
Entre los colaboradores de Nebel se encontraba un joven estudiante de ingeniería llamado Wernher von Braun, proveniente de una familia de la nobleza prusiana, que había generado en Becker una muy buena impresión. A von Braun le correspondía por herencia el título de barón que se resistía usar.
A pesar de su juventud fue reclutado para trabajar en el programa de Becker y Dornberger, a la vez que terminaba su doctorado en Física en la Universidad de Berlín. En su tesis describió sus investigaciones sobre cohetes, aunque el ejército insistía en la confidencialidad del asunto. Cuando Hitler llegó al poder, esta unidad pasó directamente a la esfera del gobierno.
Después de dos años de trabajo y de haber fracasado en el modelo A1, desarrollaron dos prototipos a los que llamaron Max y Moritz por dos personajes populares de la revista Katzenjammer Kids.

Max fue lanzado el 19 de diciembre y el vuelo fue prefecto, llegó a los 2000 metros de altitud antes de caer en paracaídas a 800 metros de donde había sido lanzado. Los militares presentes le preguntaron a von Braun si este dispositivo podía ser usado como un arma, a lo que el joven ingeniero asintió sin titubear.
El rango de tiro de este cohete aún era menor al de un cañón y la carga también lo era, apenas unos pocos kilos de explosivos. ¿Cómo usarlos con finalidades bélicas?
Acá entran a tallar los motivos particulares de von Braun, que no estaba interesado en los usos militares, sino en la “romántica” conquista del espacio. Después de la Segunda Guerra, Wernher von Braun evocaba su paso por el ejército como una asociación de mutuo beneficio ya que él había desarrollado su pasión espacial y el ejército, su capacidad bélica. La “búsqueda de beneficios mutuos” fue una expresión bastante usada entre varios científicos, que además restaban importancia a la capacidad destructiva de sus investigaciones.
Tres meses después de asumir el gobierno, Hitler repudió el Tratado de Versalles y el ejército alemán se lanzó a una desenfrenada carrera armamentista. El proyecto de cohetes aumentó su presupuesto y la Gestapo prohibió toda transferencia tecnológica hacia el exterior. Alemania debía ser la cuna de los cohetes, sin que otra nación pudiese enterarse de lo que estaba planeando.
El elemento sorpresa era parte de la estrategia en el desarrollo de sus Wunderbare Waffen, las “armas maravillosas”(1) del Reich.
El éxito de los cohetes superficie V1, V2, A9 y el Rhunbote, todos impulsados a combustible sólido, estimuló otros proyectos de cohetes tierra-aire, como el Schmetterling (mariposa) y el Wasserfall (catarata) como arma antiaérea, al igual que el Enzian y el Rheintochter, poco usados y de escasa efectividad.
Los misiles aire superficie como el Henschel Hs 293 (arrojados desde Focke Wulf Fw 200 C-6 y el Dornier Do 217 E5) eran muy difíciles de manejar, aunque el 25 de agosto de 1943 hundieron el crucero HMS Egret y dañaron al destructor canadiense Athabascan.
También se diseñaron otros cohetes aire-aire, como el Wurfgranate, el R4M y el misil X4, con menos éxito.
En este proyecto Alemania volcó todo su ingenio y aunque el resultado fue modesto desde el punto de vista operativo, la novedad del V1 y V2 fue que impactó la psicología enemiga y sembró el terror en Londres que ya no estaba tan lejos de la guerra y su población tenía miedo de ataques imprevistos. La superioridad tecnológica alemana más la incertidumbre que creaba verse atacados en cualquier momento, creaba una terrible desazón entre los ingleses.
La conducción alemana tomó conciencia de que la falta de comunicación, la confidencialidad obligada, la multiplicidad de proyectos —casi 2000—, la escasez de recursos y las restricciones burocráticas conspiraban contra el progreso y la integración del esfuerzo bélico.
Al mediar el conflicto distintos organismos comenzaron a intercambiar información, especialmente en el campo aeroespacial. El desarrollo del giroscopio —esencial para mantener el equilibrio de los cohetes— estaba a cargo de la compañía Kreiselgerate, cuyo dueño secreto era la armada alemana. La Luftwaffe también aportó importantes sumas de dinero y aseguró un intercambio tecnológico con mutuos beneficios entre el grupo que desarrolló el V1 y V2 y la aviación.
El V1 era lanzado desde plataformas muy parecidas a las usadas para el salto en esquí. Estas plataformas estuvieron ubicadas en la zona costera del departamento francés Pas de Calais. Se construyeron casi 30.000 V1. Aproximadamente 10.000 V1 fueron lanzados hacia Inglaterra; 2419 alcanzaron Londres y mataron cerca de 6184 personas e hirieron a 17.981. La ciudad de Croydon, ubicada en el margen sudeste de Londres, recibió la mayoría de los impactos.
Sin embargo, la consagración de Dornberger y von Braun llegó con el lanzamiento del primer V2 en octubre de 1942. El éxito de este misil de casi 15 metros de largo con 850 kilos de explosivos en su cabeza permitió que el general ingeniero y su equipo visitasen a Hitler en su casa de verano, donde presentaron la filmación del exitoso lanzamiento ante el regocijo del Führer.

El rango operacional era de 300 kilómetros y su velocidad máxima era de 5700 kilómetros por hora. Según las cifras de la BBC, los V2 fueron responsables de la muerte de 9000 civiles, pero en su construcción fallecieron 12.000 trabajadores esclavos alojados en el campo llamado “Dora” por las terribles condiciones de trabajo. Un costo demasiado alto de dolor y brutalidad.
(1). Hubo varios proyectos para crear estas “armas maravillosas”, algunos de ellos bastante disparatados, como “el cañón de viento” que emitía aire comprimido; un “cañón sónico”, que generaba una onda de choque; el “arma vórtice”, que creaba torbellinos para derribar aviones y el “cañón solar”, que concentraba rayos de calor sobre vehículos y aviones. Si bien no pasaron de proyectos, algunos autores afirman que llegaron a construirse prototipos.
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De lo que se come, se cría

JotDown(J.R.Alonso) — Durante siglos los testículos fueron considerados como una fuente de energía vital y la eyaculación como una pérdida de poder o de vigor. El propio Aristóteles indicaba que un exceso de actividad sexual drenaba la energía de los muchachos e iba en detrimento de su nutrición y de su crecimiento.
Aun así no apuntaba al lugar adecuado pues consideraba que la región alrededor de los ojos era la que producía el mejor esperma mientras que los pitagóricos creían que el semen era, de hecho, una gota del cerebro. También durante mucho tiempo los moralistas —según afirmaba el Dr. Romeu— «aseveraban que la masturbación provocaba, en los hombres, pérdidas de fósforo cerebral a través del semen.
La práctica masturbatoria hacía a los jóvenes cretinos, forunculosos, sifilíticos, de cerebro reblandecido y de médula espinal vaciada (el semen, según los zoquetes sermoneadores, se fabricaría en la médula)». A pesar de esos errores, la función de los testículos fue prontamente identificada y fueron asimilados a vigor, potencia, masculinidad, hombría, agresividad, todas esas supuestas «virtudes» masculinas, algo que todavía sigue vigente en nuestra cultura popular.
La castración ha sido desgraciadamente frecuente a lo largo de la historia, tanto en animales para su engorde como en personas. En este último caso, el objetivo más común era crear una casta de esclavos obedientes, de funcionarios leales e incorruptibles, de soldados de élite o de cantantes, aunque también era un castigo común para los traidores y los soldados enemigos.
Los eunucos no tenían barba, mostraban poco vello corporal y la mayoría desarrollaban cifosis, una curvatura de la columna vertebral que les hacía andar encorvados y les daba probablemente un aspecto envejecido, un cambio producido por la osteoporosis causada a su vez por el déficit de testosterona.
Aunque la testosterona no fue conocida hasta el siglo XX, durante siglos se han usado los testículos para contrarrestar lo que se creía una falta de vigor vital y sexual. Así, el romano Gaius Plinius Secundus, Plinio el Viejo, recomendaba comer criadillas, los testículos animales, para tratar diversas enfermedades.
Testículos secos o crudos fueron prescritos en la medicina islámica (Mensue el Viejo, siglos VIII y IX), china (Hsue Shu-Wei, siglo XII) y occidental (Alberto Magno, siglo XIII) para el tratamiento de distintas dolencias, en particular la impotencia. Al propio Fernando el Católico se le recomendó comer testículos de toro para cumplir con su joven esposa Germana de Foix.
Sin embargo, como los testículos sintetizan testosterona pero no la almacenan, llegar a unos niveles similares a la producción diaria de un hombre adulto, unos 6-8 mg, requeriría consumir aproximadamente un kilo de criadillas de toro al día e incluso si engullera esa cantidad, la testosterona oral se inactiva rápidamente por el hígado, por lo que necesitaría una cantidad enormemente mayor para probablemente no conseguir nada.
Por lo tanto, toda terapia testicular administrada oralmente puede ser considerada como un placebo, aunque, como sabemos, los placebos también tienen su aquel y si no que se lo digan a tantos vendedores de homeopatías y otros humos.
La lucha contra la impotencia y el envejecimiento tuvo un boom en el siglo XX. Serge Abrahamovitch Voronoff (1866-1951), un judío de origen ruso que emigró a Francia a los dieciocho años para estudiar Medicina, se formó con Alexis Carrel (1873-1944), un cirujano francés que obtendría el premio Nobel por sus técnicas para suturar vasos sanguíneos y su empleo en los trasplantes.
Carrel, con una visión extraordinaria de futuro, planteó la posibilidad de modificar los órganos del cerdo para que no hubiera rechazo y se pudieran usar en personas, una idea con la que se adelantó en más de cien años al avance de la ciencia. Con Carrel, Voronoff quedó fascinado por las posibilidades de los trasplantes de animal a humano y pensaba que se podría restaurar el vigor de la juventud e incluso curar enfermedades mediante la transferencia de órganos, células y sustancias.
Fue también un visionario, pues planteó la idea de trasplantar células que produjeran una hormona en la que el receptor tuviese una carencia. Eso estamos intentando en la actualidad con las células pancreáticas que producen insulina para el tratamiento de la diabetes.
En 1889, Voronoff inició una colaboración con el fisiólogo Charles-Édouard Brown-Séquard (1817-1894), heredero de la cátedra de Claude Bernard en París y que estaba interesado en los efectos rejuvenecedores de las glándulas animales. Brown-Séquard, que tenía entonces setenta y dos años, empezó a experimentar consigo mismo, inyectándose un puré obtenido triturando testículos de cobayas y perros.
Desafortunadamente, el llamado «elixir de Brown-Séquard» no producía nada observable aunque el propio interesado no paraba de insistir en su mejoría, lo que le hizo convertirse en diana de chanzas y escándalos. No obstante, es considerado uno de los fundadores de la endocrinología, pues fue el primero en postular la existencia de unas sustancias que eran secretadas a la sangre y afectaban a órganos que estaban muy lejos de su punto de origen.
Ahora las conocemos como hormonas. Entre los órganos secretores de hormonas estaban el tiroides, la hipófisis, el hígado, las glándulas suprarrenales o los propios testículos.

Voronoff pasó catorce años en Egipto, de 1896 a 1910, como médico personal de Abbas II, jedive del Imperio otomano. Entre sus funciones estaba la atención médica a los eunucos que cuidaban los harenes y, según él, «al observarlos detenidamente comprobé que la extirpación de sus testículos producía en ellos un decaimiento físico comparable a la vejez.
Esto me llevó a considerar que el implante, de al menos un testículo, podría ser un tratamiento adecuado contra el envejecimiento». Esa sería la base de su fama y fortuna: que los testículos tenían un efecto vigorizante sobre las personas que había perdido sus «ganas de vivir».
Al volver a París se incorporó al Colegio de Francia, considerado más abierto que las universidades, y continuó sus experimentos sobre el rejuvenecimiento trasplantando tejido testicular de animales jóvenes en animales de edad avanzada. Entre 1917 y 1926 realizó medio millar de trasplantes en ovejas, caballos y cabras, de animales jóvenes a viejos y dijo que conseguía que estos últimos recuperasen la lozanía juvenil.
Convencido de que el trasplante de órganos funcionaba, Voronoff pensó en aplicar esas técnicas en humanos y decidió que la mejor opción era utilizar simios como donantes, trasplantando tiroides de chimpancés a humanos con bocio. Consiguió gran fama cuando dijo haber trasplantado uno de esos tiroides de chimpancé a un niño «idiota», afirmando que en un año sus facultades mentales habían alcanzado la normalidad.
Al igual que Brown-Séquard, Voronof inició los experimentos con los testículos consigo mismo. Probó en primer lugar a inyectarse bajo la piel extractos de testículo de perro o de cobaya, el elixir de su maestro. Como no obtuvo los efectos deseados, probó algo más potente: el implante completo de testículos.
Primero injertó testículos de criminales ejecutados a millonarios, pero rápidamente la demanda superó al número de donantes involuntarios, con lo que buscó una nueva fuente de tejido testicular y empezó a utilizar monos para atender a los peticionarios de una nueva juventud y un mayor vigor sexual.
El problema es que los testículos se necrosaban y la operación terminaba en un fracaso. Probó entonces a trocear los testículos de chimpancés y babuinos en finas láminas y a colocarlos en el escroto de sus clientes. Ahí —según él— la cosa mejoraba, según decía porque se incorporaban y se fundían con el testículo propio y más probablemente porque el tejido implantado generaría un rechazo y sería eliminado, pero al ser menor cantidad la reacción inmune pasaría desapercibida.
Junto a eso, Voronoff puso en marcha una publicidad engañosa donde presentaba los resultados del supuesto antes y el después, mostrando cómo los hombres recuperaban el pelo, lucían más vigorosos y sanos y aumentaban su fuerza muscular. La fuente de la juventud parecía haber sido encontrada entre las piernas de un mono: era posible rejuvenecer y recuperar la potencia sexual usando sus partes pudendas.
La fama de Voronoff fue un aumento. En 1920 publicó un libro titulado Vida; un estudio de los medios para restaurar la energía vital y prolongar la vida, donde dice «la glándula sexual estimula tanto la actividad cerebral como la energía muscular y la pasión amorosa. Infunde en el torrente circulatorio una especie de fluido vital que restaura la energía de todas las células y esparce felicidad».
En 1923, setecientos de los mejores cirujanos del mundo, que participaban en el Congreso Internacional de Cirugía en Londres, aplaudieron su trabajo sobre el rejuvenecimiento de ancianos. Él explicaba que sus implantes no eran afrodisíacos, pero a continuación sugería que mejoraban el deseo sexual.
Detalló otros efectos: mejor memoria, capacidad para trabajar más horas, el abandono de las gafas (debido a la mejoría de los músculos oculares) y el alargamiento de la vida. También especulaba con que podía ser beneficioso con lo que entonces se llamaba demencia precoz y que ahora conocemos como esquizofrenia. Uno de tantos despropósitos del siglo XX.

Un golpe de suerte fue que el famoso dramaturgo Anatole France se sometió a su técnica con un supuesto éxito, lo que le generó una enorme fama. Al parecer, cuando llegó a la consulta France tenía sesenta y un años y un aspecto lamentable según describe el propio Voronoff:
«mejillas caídas, profusas arrugas, ojos mortecinos y sin brillo, fatiga y rechazo a todo esfuerzo físico. Carece además de apetito y se queja de frío incluso aquellos días en los que el calor es insoportable. Al intervenirlo le he injertado —como corresponde a una figura de tal notoriedad— los testículos de un enorme mono cinocéfalo, que he dividido en ocho partes alrededor de sus propios testículos. A los veintitrés días, el escritor me relata su primera erección tras diez años de impotencia. Se repetirían luego con increíble frecuencia sumiéndolo en un júbilo que solo recordar me emociona».
Voronoff pudo haber sido el primer médico que trasplantara un riñón, pues pidió el cuerpo de un criminal que acababa de ser ajusticiado con ese objetivo. Su petición fue, sin embargo, rechazada por las autoridades parisinas, lo que permitió que esa primacía le correspondiera a Yurii Voronoy, un médico ruso, en 1933.
Poco a poco fue siendo evidente que los trasplantes de testículo no generaban ningún beneficio, Voronoff fue perdiendo seguidores y cuando murió en 1951, a los ochenta y cinco años, nadie se acordaba ya de él. Casi medio siglo después, en 1999, algunos investigadores especularon con que el VIH habría saltado la barrera de monos a humanos debido a sus trasplantes, pero no hay evidencias que apoyen esta afirmación.
La idea de los trasplantes de gónadas no acabó allí sino que cruzó el Atlántico, a esa tierra promisoria de la charlatanería que fue durante mucho tiempo los Estados Unidos de América. El cirujano estadounidense John Romulus Brinkley (1885-1942) injertó mas de cinco mil pares de testículos de macho cabrío bajo la expectativa de mejorar el vigor sexual, sin conseguir nada salvo unas inmensas ganancias, millones de dólares.
Al principio decía que era para curar la impotencia, pero luego fue ampliando el mercado, recomendándolo para toda una serie de padecimientos masculinos. Llegó a dirigir varios hospitales y servicios sanitarios en varios estados y, aunque los médicos le criticaron y expusieron sus falacias casi desde el primer momento, siguió con sus negocios durante casi dos décadas.
Brinkley decía ser médico, pero se descubrió que nunca había estudiado Medicina y, en realidad, tan solo había comprado un diploma de la Kansas City Eclectic Medical University, uno de lo que los americanos llaman un «molino de diplomas», un establecimiento supuestamente educativo que da un certificado de lo que sea a cambio de dinero, algo que nos empieza a sonar cada vez más conocido.
Recibió entonces una demanda de la Sociedad Médica de Kansas, una especie de colegio profesional, perdió la licencia para practicar la medicina y acabó arruinado al tener que pagar indemnizaciones a cientos de pacientes insatisfechos. Aun así, tenía cientos de miles de seguidores y se presentó en dos ocasiones a las elecciones a gobernador del estado y, al parecer, habría ganado en una de ellas si no hubiera sido por el fraude masivo cometido por sus contrincantes.
Podemos pensar que son historias de hace casi un siglo y que ya somos una sociedad informada y crítica, con una buena cultura científica. No es así, casi nunca es así.
Distintos periódicos como ABC color (Paraguay), o El Periódico Mediterráneo recogían en 2003 un despacho de la agencia EFE donde se informaba de que los testículos de ratón se habían convertido en una moda culinaria en los restaurantes de Taiwán, tras conocerse que un hombre estéril —Hueh Ting-fu, obrero de la construcción— se había convertido en feliz padre tras seguir esta particular dieta.
No debían ser restaurantes de diseño de los de plato grande y ración pequeña, pues Hueh había consumido un total de seis kilogramos de criadillas de roedor. Si tenemos en cuenta que cada par de testículos de un ratón pesa, según la cepa, de 0,1 a 0,3 gramos, eso significaría que el Sr. Ting-fu habría dado cuenta de entre veinte mil y sesenta mil roedores.
Ni el gato Jinks. Pero su mujer quedó embarazada, ¿no? ¿Qué quiere que le diga? Yo le habría hecho algunas preguntas a la señora Ting-fu.
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Louisa May Alcott, la feminista que escribió «mujercitas»…

National Geographic(A.Sbardella) — En 1867, Louisa May Alcott publicó una célebre novela protagonizada por cuatro jóvenes hermanas en la que dio cauce a su ideal de mujer fuerte e independiente, en Nochebuena, en una velada triste por la partida de su padre al frente, cuatro hermanas se confían las amarguras causadas por la pobreza, las privaciones y la guerra, pero después se animan unas a otras, se alegran y al final se abandonan a la «atmósfera de paz hogareña que lo impregnaba todo».
Con esta escena comienza Little Women (Mujercitas), de Louisa May Alcott, una novela que marcó a varias generaciones. ¿Quién que la haya leído no ha empatizado, desde la infancia, con la juiciosa Meg, la rebelde Jo, la dulce Beth o la caprichosa Amy?
El destino del libro quedó marcado en el otoño de 1867, cuando el director de la editorial Roberts Brothers, Thomas Niles, pidió a Louisa May Alcott, de 35 años, una escritora talentosa, pero aún no muy conocida, que dejara de lado sus cuentos de hadas para niños y creara una novela dirigida a las jóvenes.
Alcott se tomó su tiempo, porque no se sentía a la altura de aquella tarea. De pequeña era una niña poco femenina a la que le encantaba inventar historias, correr y trepar a los árboles, y muy pronto tuvo que trabajar para ayudar a su familia.
Nunca conoció, en parte por decisión propia, la ligereza de la adolescencia, los bailes de sociedad ni las aspiraciones de las mujeres de la época de convertirse en «perfectas» esposas y madres.
Meses más tarde, en mayo de 1868, Niles prometió a Louisa que, si escribía la novela, publicaría un manuscrito filosófico de su padre, el pastor calvinista Amos Bronson Alcott. Preocupada por la felicidad de su familia, Louisa accedió y comenzó a buscar inspiración.
¿Dónde podía hallar a las protagonistas de su libro? La respuesta era simple: en su propia casa. Su familia se convertiría en la familia March, y las cuatro hermanas asumirían en parte el carácter de las cuatro hermanas Alcott. Aunque Mujercitas no era un texto autobiográfico, algunos episodios de la vida personal de la autora acabaron impregnando la historia de Meg, Jo, Beth y Amy.

Así quedó lista la columna vertebral de Mujercitas. La novela seguía durante un año las aventuras de las hermanas entre el amor, los descubrimientos y los sueños. La novela fue la primera de una saga, en la cual Beth muere prematuramente y las otras tres jóvenes toman caminos distintos: Meg se dedica a la familia, Jo a la escritura y la educación, y Amy al arte. Pero, ¿cómo se entrelaza la vida de Louisa con la ficción?
– Las hermanas Alcott
Nacida en 1832 en Germantown, cerca de Filadelfia, Louisa May Alcott era la segunda de las cuatro hijas del pastor Bronson Alcott y de Abigail May, una abolicionista y activista por los derechos de las mujeres que fue un modelo para sus hijas.
La primogénita, Anna, fue la única que siguió un camino tradicional y se casó con el actor aficionado John Pratt; de hecho, algunos episodios de su boda recuerdan mucho las nupcias de Meg March. La tercera, Elizabeth, murió de escarlatina con trece años, y la última, Abigail May, se convirtió en una conocida pintora, aunque quedó eclipsada por la fama de su hermana mayor.
Abigail May viajaba a menudo de Estados Unidos a Europa, donde conoció a un rico hombre de negocios suizo con el que se casó en 1878 y del cual poco después tuvo una hija, Louisa May Nieriker, apodada «Lulu». Tras la temprana muerte de su madre a causa de las fiebres puerperales, la niña se fue a vivir con sus dos tías a Concord, en Massachusetts. Y fue a su querida Lulu a quien una Louisa ya famosa, aunque siempre tímida, dedicó sus últimas historias.
Thomas Niles prometió a Louisa publicar un libro de su padre si ella escribía Mujercitas
Louisa se retrató a sí misma –y a sus aspiraciones– en Josephine, Jo, la hermana más testaruda de su novela. Del mismo modo que Louisa, Jo cultiva el sueño de consolidarse como escritora. Todo lo que Alcott anotó en su diario en 1846 podría referirse perfectamente a la protagonista de Mujercitas: «La gente piensa que soy extraña y salvaje […].
No he hablado con nadie de mis proyectos futuros, pero tendrán éxito». Jo se enamora del rico Laurie Laurence, y pese a que éste la corresponde ella prefiere evitar un vínculo convencional para perseguir sus ambiciones en Nueva York. Una vez más, el diario de Louisa ayuda a reconstruir las decisiones de Jo: «Me gusta la sensación de ser independiente y, aunque mi vida no sea fácil, es libre y me gusta». En Nueva York, Jo conoce al profesor Friedrich Bhaer, con quien se casa y funda un centro escolar en Plumfield, la finca que le había dejado como herencia una tía adinerada.
La decisión de Jo y su marido también parece responder a un episodio autobiográfico de la autora. En efecto, en 1834, cuando Louisa aún era una niña, su padre se mudó con su familia a Boston para abrir la Temple School, un centro basado en la libre expresión y en la asunción de responsabilidades por parte de los alumnos.
Allí, el pastor puso en práctica los preceptos del trascendentalismo americano, un movimiento filosófico y literario según el cual el individualismo, entendido como la constante mejora de uno mismo, se combina con la conciencia de una hermandad universal y de la unión con la naturaleza.
Estos principios, unidos a la aspiración a un bien superior predicada por el calvinismo, guían a las cuatro hermanas de Mujercitas y se hallan entre las enseñanzas de la escuela de Jo. Y, según los estudiosos, también dieron forma al camino de Louisa.
– Lucha por la emancipación

La escritora había alternado constantemente su trabajo como gobernanta e institutriz con el cuidado de la familia y la escritura de numerosas historias educativas para niños y jóvenes, a menudo publicadas con el seudónimo de A. M. Barnard.
Su vida, marcada por un intenso trabajo y por las estrecheces económicas, mejoró gracias al éxito inmediato de Mujercitas, que en su diario definió como «el primer huevo de oro del patito feo», y del resto de novelas sobre las hermanas March.
Tras lograr cierta estabilidad financiera, Louisa se implicó más en cuestiones sociales y comenzó a colaborar con el importante periódico feminista The Woman’s Journal.
También asistió al Congreso de la Mujer en Syracuse (Nueva York), en 1875, y luchó por el derecho al voto femenino, que logró hacer efectivo en Concord por primera vez en la elección de un consejo escolar local.
En una carta del 4 de septiembre de 1873, Louisa afirmó: «Me gusta ayudar a las mujeres a ser ellas mismas, y esta es, en mi opinión, la mejor manera de resolver la cuestión femenina. Es nuestro deber hacer cualquier cosa, y hacerla bien, y no creo que nadie pueda negárnoslo».
En sus obras, Alcott permitió a otras mujeres imaginar alternativas, perseguir sus sueños, preferir un amor sincero antes que el matrimonio para acceder a un estatus social más alto.
Sus heroínas contraen matrimonios no convencionales, como el de Jo y el profesor Bhaer, escriben, viajan libremente y fundan escuelas, siempre con el objetivo de ser mejores personas. Pero sin olvidar nunca al prójimo, sobre todo en tiempos de dificultades, como en la guerra de Secesión norteamericana.
Louisa conocía muy bien esta realidad porque durante algunos meses, desde 1862, había prestado servicio como enfermera en el Union Hospital de Georgetown.
Allí contrajo el tifus, enfermedad que entonces se trataba con un medicamento a base de mercurio, metal que la intoxicó y la condujo a un final prematuro, en 1888, con sólo 55 años. La sobrevivieron Jo, Meg, Beth y Amy, destinadas a dejar una huella indeleble en la historia de la literatura y de las mujeres.
nuestras charlas nocturnas.
Mujeres del Sexenio Democrático: protagonistas del activismo y la emancipación…

Muy Interesante(C.M.Fullana) — El Sexenio Democrático (1868-1874) fue un momento propicio para las mujeres, ya que por primera vez en la historia encontramos grupos de mujeres que salieron a la calle a manifestarse, organizaron huelgas, tomaron la palabra haciendo mítines, escribieron en la prensa republicana y participaron activamente en la vida política y social.
Evidentemente, no todas las mujeres salieron a la calle o saltaron a la palestra, pero los grupos de mujeres más próximos a la defensa de una República Federal Obrera o a la Internacional sí que tuvieron cierta presencia y voz.
Aunque todavía son muy desconocidas, durante este corto periodo democrático de la historia de España, contamos con un número considerable de republicanas federales e internacionalistas que protagonizaron episodios relevantes en sus ciudades, ya sea proclamando cantones, organizando grandes marchas contra las quintas forzosas, combatiendo a la Iglesia católica o creando escuelas obreras para instruirse.
De ellas tenemos muy poca información, pero durante estos años han aparecido diferentes estudios sobre el republicanismo y el movimiento obrero que nos permiten recuperar nombres y hechos. Como nos recuerda la historiadora Gloria Espigado, la presencia femenina se registró en las luchas políticas con manifestaciones contra las quintas, contra la esclavitud, en pro de la libertad religiosa, a favor de la República, participando incluso, en los momentos de mayor radicalismo representado por el estallido cantonal.

– La abolición de las quintas
En toda la geografía española hubo mujeres republicanas y obreras que participaron en manifestaciones contra el reclutamiento militar o contra el impuesto de consumos que gravaba los productos de «beber, comer y arder».
Un ejemplo claro es el de Isabel Vilà i Pujol (Girona), que consiguió salir a la calle junto a 800 mujeres solicitando la abolición de las quintas y las matrículas de mar.
En otras localidades como Zaragoza se convocó una manifestación por iniciativa femenina y en Valladolid desfilaron más de 300 mujeres.
Las obreras mallorquinas de la aguja también fueron las que encabezaron la marcha en la primavera de 1870 con su pendón recién bordado para la ocasión.
Las mujeres se implicaron junto a sus compañeros, ya que ellas —madres, hijas o esposas— eran las que más padecían la marcha forzosa de sus maridos o hijos a una guerra que creían injusta y que no habían elegido.

También las propagandistas más eminentes de la República Federal desde sus periódicos y las tribunas protestaron contra la contribución de sangre, es decir, contra el sistema de quintas.
Este fue el caso de Consuelo Aragón, quien recorrió diferentes puntos del país y se paseó junto a su compañero, Mr. Lambert —un communard, o miembro de la Comuna de París—, haciendo proselitismo de la Federal y contra las quintas.
En la ciudad de Mahón fue capaz de reunir a mil personas en el Club Republicano Federal, de las cuales trescientas eran mujeres. En 1873, las odiadas quintas no pudieron ser abolidas por el Gobierno de la Primera República alegando levantamientos en la colonia de Cuba, la guerra Carlista en Cataluña y las insurrecciones cantonales. Todo ello desesperó a las clases populares que daban apoyo a la República.

– El combate a la Iglesia Católica
El proyecto de la Constitución Federal de 1873 recogía la separación de la Iglesia y el Estado. En ese terreno se avanzó y se ampliaron las políticas laicistas que iban más allá de la libertad de cultos que promulgaba la Constitución democrática de 1869. En 1873, se siguió apostando por iniciativas laicas como el matrimonio civil, que ya contaba con una ley aprobada en 1870.
Así que se incrementaron el número de matrimonios no religiosos y la propaganda en favor de la unión civil. En Palma, especialmente durante la Primera República, si había alguien que lo había defendido y propagado, esa era la republicana federal intransigente Magdalena Bonet Fábregas.

Ella había recibido la visita del propagandista republicano federal leonés Ubaldo Romero Quiñones, junto al cual hizo parlamentos a favor del matrimonio civil. La reivindicación del matrimonio civil traía implícito el combate contra la Iglesia católica.
Las republicanas, como la misma Bonet, culpaban a la institución de la ignorancia de las mujeres en una época en la que el analfabetismo femenino rondaba el 90 %. Se trataba, pues, de alejar a las mujeres de la influencia clerical. Desde los clubes y casinos republicanos se trabajó para que se abrieran escuelas para niños y niñas; pero también para las mujeres obreras, con la intención de paliar su falta de instrucción.
En ese sentido, por ejemplo, el Casino Republicano de Palma abrió en 1870 una escuela en la que acudían cien ciudadanas todas las noches. Además, las militantes republicanas muchas veces ejercían de maestras de estos centros. Un ejemplo claro es el de la maestra republicana —y luego anarquista— Guillermina Rojas Orgis de Cádiz.
Lo primero que hizo desde el Club Republicano Mariana Pineda fue abrir una escuela obrera para mujeres que contó con el apoyo del Ayuntamiento gaditano. Guillermina, además, fue una gran defensora de la abolición del matrimonio y del amor libre.
Durante la Primera República el presidente Pi y Margall propuso en su programa la educación obligatoria y gratuita. También desde los gobiernos municipales se mejoraron las escuelas y se intentó dar instrucción a las clases populares.
– La militancia en los clubes republicanos y las sociedades obreras
En 1869, ya se crearon los primeros clubes republicanos femeninos como el de Cádiz, con Guillermina Rojas al frente, o el de Madrid, que tenía como presidenta a Carmen Munté. En Alicante también se organizó un club femenino que se había creado a partir de las operarias de la fábrica de tabacos y que estuvo dirigido por Rita Bataller y Teresa Martínez.
En la Coruña, igualmente, las cigarreras habían mostrado su afecto por la República Federal. Por otra parte, también se crearon sociedades obreras exclusivamente femeninas y se hicieron numerosas huelgas exigiendo mejores condiciones laborales.

Sobre todo, se pedía un aumento del salario y la disminución de la jornada laboral.
La Primera República fue un buen momento para reorganizar las sociedades obreras que se habían visto afectadas por los sucesos de la Comuna de París (1871).
La mayoría de las sociedades obreras orbitaban entre el republicanismo más socialista y la Internacional anarquista, haciendo uso muchas veces de la doble militancia.
Durante la República, la Internacional gozó de 5000 mujeres afiliadas.
Algunos ejemplos de mujeres que destacaron en la lucha obrera fueron Isabel Vilà, que aparte del «Abajo las quintas» luchó en favor de la reducción de la jornada que hacían los niños y niñas en las fábricas.
Precisamente por eso se la conoció popularmente como Isabel Cinco Horas. Su lucha dio frutos y en julio de 1873 se aprobó la ley que regulaba el trabajo infantil. Los menores de 10 años no podían ser admitidos en las fábricas y el trabajo de los niños menores de 13 y el de las niñas menores de 14 no tenía que exceder a las cinco horas diarias.
El trabajo nocturno de los jóvenes y las jóvenes también se veía regulado. Las fábricas de más de 80 obreros y obreras mayores de 17 años debían contar con un centro de instrucción y la asistencia debía ser obligatoria durante tres horas, por lo menos, para los niños comprendidos entre los 9 y los 13 años y para todas las niñas de 9 a 14 años.

También destacó Elisa Huigon, que escribió en el periódico La Federación del Centro Federal de Sociedades Obreras de Barcelona, adherido a la Internacional y de tendencia bakuninista.
Ella misma consideraba que las pioneras de la emancipación femenina en el año 1870 eran Josefa Sánchez, de Mallorca, que era la presidenta de la sociedad de costureras La Virtud Social; María Rodríguez Fernández, de Madrid; Modesta Periu, de Zaragoza, que murió en la prisión del Saladero en 1871; y Narcisa de Paz Molins, de Granada.
A este listado deberíamos añadir a Guillermina Rojas, que fue secretaria de la Federación Local Madrileña y fue nombrada secretaria corresponsal de la Federación Local de Murcia después del golpe de Pavía, que acabó con la República democrática.
Por otra parte, cabe destacar a la obrera María Perelló, quien una vez se proclamó la República en Barcelona, tomó la palabra en un mitin celebrado en la plaza Cataluña de Barcelona en defensa de la República Federal. También en marzo de 1873 intervino en varias asambleas de tejedores para alentar a las mujeres del ramo para que se asociaran.
– Las republicanas federales de la pluma
Antes de la proclamación de la República de 1873, hubo republicanas que a través de sus periódicos hicieron proselitismo de sus ideas y aprovecharon para defender la igualdad de sexos. Entre ellas destacaron Narcisa de Paz Molins, quien editó La Voz de la Republica en Granada.
También Mina Puccinelli se atrevió con la publicación El León. Mina se convirtió en una gran propagandista de la República Federal y también de los derechos de la mujer. Se la conocía por haber luchado junto a Garibaldi y militó en el federalismo intransigente. Visitó diferentes clubes republicanos como, por ejemplo, el de Palma y aprovechó también para escribir en diarios locales como El Cantón Balear.
En el año 1873, Mina Puccinelli se encontraba en Valencia dispuesta a ir hacia Barcelona para luchar contra los carlistas, pero al llegar a Cataluña fue detenida y encarcelada. Otra de las grandes propagandistas federales del momento era Consuelo Aragón, que reivindicó la igualdad de la mujer a través de sus mítines que eran publicados en la prensa republicana.
Lo poco que se sabe de ella es que en 1873 estaba celebrando en Cádiz la proclamación de la Federal desde el balcón del Ayuntamiento. Además, algunas de ellas colaboraron en publicaciones conjuntas como el Anuario Republicano Federal, en el cual participaron Narcisa de Paz, Modesta Periu y Carolina Pérez.
En él escribieron los políticos republicanos del momento como Francisco Pi y Margall, Estanislao Figueras, Emilio Castelar, Roque Barcia, José María Orense, Fernando Garrido, Francisco Suñer Capdevila, Roberto Robert, Juan Pablo Soler, José Paul Angulo, Francisco García López, Ramon de Cala o Eduardo Benot, entre otros.

Este hecho sitúa a estas mujeres formando parte de la actualidad del pensamiento republicano.
Durante la Primera República destacó Matilde Cherner, de Salamanca. Ella fue escritora y periodista y también una entusiasta defensora de la República Federal.
Entre 1872 y 1873, escribió una serie de relatos sobre la mujer y los ideales republicanos como «La hija de un federal», «La esposa de un federal» «La mujer del pueblo», «El romancero federal», entre otros.
Matilde Cherner, también fue conocida con el seudónimo Rafael Luna.
Escribió en revistas femeninas como La Ilustración de la Mujer y periódicos de tendencia republicana como El Federal Salmantino, La Ilustración Republicana Federal o La Ilustración Popular. Publicó novelas y varias obras escénicas. Una de sus novelas más conocidas es María Magdalena (1880) donde narra las memorias de una prostituta y pide respeto para las desheredadas de la sociedad.
– La participación de las mujeres en los cantones: Concha Boracino y Francisca Gente
El verano de 1873 estallaron insurrecciones cantonales en diferentes provincias y ciudades como Cartagena, Jumilla, Alicante, Alcoy, Torrevieja, Valencia, Castellón, Sevilla, Málaga, Algeciras, Cádiz, Jaén, Andújar, Salamanca, etc.
Si bien es cierto que la participación de las mujeres en ellas todavía se desconoce en gran medida, no obstante, se han recuperado nombres de republicanas e internacionalistas que tuvieron un gran protagonismo.
Sin duda, la más destacada fue Concha Boracino Calderón, de Torrevieja (Alicante). Concha Boracino se convirtió en la primera mujer en ocupar un alto cargo político. Fue ella quien desde el balcón del ayuntamiento declaró Torrevieja como cantón.
En la localidad alicantina la causa cantonal contaba con una base social muy sólida compuesta por la pequeña burguesía de comerciantes, tenderos, taberneros, profesionales de las artes liberales, empleados de las salinas y patronos y armadores de barcos.
Entre ellos se encontraban los Boracino, una familia de comerciantes de ideas republicanas que de alguna manera permitió a Concha formarse y obtener los estudios para ejercer de matrona. Su esposo, Tomás Parodi Pérez, era de origen genovés al igual que el padre de Concha —Giuseppe Boracino.
Parodi era un federal que formó parte de la junta revolucionaria de 1868. Uno de los hijos del matrimonio, Tomás, fue quien lideró el Comité Republicano Federal de Torrevieja. Se trataba, entonces, de una notoria familia militante republicana.
Igualmente, Concha Boracino también había liderado al grupo de federales que proclamaron la República en Torrevieja el 12 de febrero de 1873. El cantón de Torrevieja duró seis días, del 19 al 25 de julio. Al ser sofocado por las fuerzas militares, la familia de Concha Boracino se fue al cantón de Cartagena, el último bastión cantonalista. Allí se les pierde el rastro.
Después de la Primera República no volvemos a saber más sobre las vidas de estas protagonistas que llegaron a liderar cantones, como fue el caso de Concha Boracino en Torrevieja o de la internacionalista Francisca Gente en el cantón de San Fernando (Cádiz).
En el caso de Gente, formó parte del grupo de dirigentes cantonalistas y era la esposa del alcalde republicano, Francisco Mota. El silencio se impone en sus vidas y hace aún más difícil la tarea de recomponer su trayectoria política. En todo caso, ellas pusieron los cimientos de este embrionario feminismo que pedía la igualdad de sexos y lucharon por la emancipación de la mujer reivindicando mejoras laborales, educativas, laicistas y derechos ciudadanos.
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Opinión: Pecado y expiación en el año 1000, el lado cómico de la Edad Media…

– Milagros y milagreros
JotDown(K.Amat) — Si uno examina los milagros expuestos en ambos Testamentos y en las vidas de los apóstoles durante los primeros años del cristianismo, es inevitable concluir que a la milagrez de la Edad Media le quedaba solo una barrita de batería. Como si entre Cristo y sus mágicas huestes la hubiesen desgastado por el sobreúso, vaya.
Ese milagreo en reserva llega al Medievo en un estado renqueante y francamente exiguo, por lo que cuentan las crónicas de la época. Un tal Bernardo, «maestro de las escuelas de Angers», relata cómo el relicario de la Santa Fe en (algún culo de mundo de) Aquitania resucitó a un mulo que había caído derrengado en un camino, y que su caballero había mandado desollar.
Ni panes ni peces a capazos, ni ciegos que de repente leen letra muy pequeña ni céreos semitas que abandonan su cadavérica horizontalidad: un puto borrico. Un asno que se había pegado tal susto al escuchar la palabra «desollar», el pobre, que del julepe había regresado al mundo de los vivos. Ese es el milagro espectacular de la era.
Bernardo, quizás sospechando que su audiencia distaba de haberse quedado impresionada por la gran saga del burro cataléptico, añade en sus crónicas que la estatua antropomórfica de san Benito en Taury (Troyes) fue la causante de que un «perro negro, totalmente rabioso» atacase a un procurador injusto de la zona llamado Godofredo y le desgarrara «la nariz».
O sea: los menesterosos anarquistas de la época atizan a un perrazo asesino para que le mastique la cara al vil Godofredo El-Ahora-Desnarizado, y tenemos que agradecérselo a un cacho-madera con vaga forma de santo fanfani.
Bah. Como evasiva ante la policía política de la época me parece excusable («¡No hemos sido nosotros, que ha sido el San Benito este!»), pero como intervención divina no cuela. Para mí que los santos de entonces debieron ser parecidos al mago chapuzas aquel de la clase de Harry Potter, cuya varita solo suelta decepcionantes chispazos y llufas de diversa consideración.
– Reliquias y relicarios

El asunto de las reliquias de santos hacia el siglo XI debió de ser un mercado más nutrido y lucrativo que el de las figuras articuladas de una franquicia Pixar, o el merchandising de una gira mundial de U2.
Por no decir el efecto pacificador que toda aquella casquería de mártires troceados tenía sobre el famélico vulgo.
«Sobre el respeto que [las reliquias] inspiran descansa de hecho todo el orden social; puesto que todos los juramentos que intentan disciplinar el tumulto feudal se prestan, en efecto, con la mano sobre un relicario», nos ilumina Georges Duby .
Tiene cachondeo, entonces, que todo aquel «tumulto feudal» se apaciguara con solo posar las manos sobre el equivalente medieval de un Lego Star Wars y mascullar un par de latinajos de genuflexión servil.
Lo de las reliquias era un chanchullo espectacular, en fin, una de las supercherías mercantiles más exitosas de la cristiandad.
Como en la carn d’olla catalana, de los santos se aprovechaba todo: fragmentos del prepucio del Mesías (no bromeo), huesos metacarpianos en salmuera, el cerumen de las orejas de san Chindasvinto y el sagrado esfínter de santa Matilda. Todo era susceptible de ser adorado.
Los testículos de san Malaquías también, en efecto. Y ni me hablen del Lignum Crucis (o reliquia del madero con el que crucificaron a Jesús de Nazaret): si uno unía todos los cachillos de leño santo que había desperdigados por Europa y Oriente, el volumen de maderaje habría servido para armar toda la flota imperial británica dos o tres veces.
Por supuesto, el pedazo más grande de Lignum Crucis está en España, pueblo de renombrada fiabilidad histórica e innata aversión nacional al timo. ¿Que cuál es mi reliquia favorita, escucho que preguntan?
Es una decisión injusta, pero creo que me decanto por la cabeza ENTERA de san Juan Bautista (aunque hay una veintena repartidas por ahí, incluso en el Nuevo Mundo; seguro que con un Made in Taiwan en la base del cuello), quizás por la euforia generalizada y «vivo regocijo» estilo MDMA que inundaba la cristiandad cada vez que lo sacaban de paseo. O porque me recuerda a las cabezas en frascos de Futurama.
– Los ocho pecados capitales (no, espera, te lo dejo en siete)
Es bien sabido que Gregorio Magno, papa romano del siglo VI, fue el primer piernas en hablar de siete pecados capitales: los mundialmente conocidos gula, avaricia, lujuria, vanagloria (hoy orgullo), ira, pereza y envidia. Poco antes eran también pecado la ebriedad y la tristeza.
Ahora que lo pienso: quizás incluso más atrás (en el siglo iii, pongamos) existían seiscientos cincuenta y un pecados capitales, y era un endiablado tormento llevar la cuenta de todos tus actos pecaminosos. ¿Tener sabañones? Pecado. ¿Silbar fragmentos de Annie? Pecado. ¿Agarrar mal el lápiz? Pecado, y encima mortal. Supongo que por sentido común y falta de inquisidores se irían reduciendo los pecados hasta llegar a los siete que conocemos.
Pero volvamos por un instante al asunto de la ebriedad y la tristeza. O sea, que si tu damisela te había dejado por culpa (tal vez) del musgo micológico que alfombraba tu dentadura y decidías matar las penas echándote un par de lingotazos de hidromiel al gollete, ibas de morros al infierno, y por partida doble.
Triple, si todavía almacenabas en tu corazón algo de ciega ira contra aquella golfa abandonante (triple life, como en la legislación estadounidense). Un borrachín con tendencia a la melancolía, así, podía abandonar para siempre toda esperanza de ingresar en el reino de los cielos (en mi pueblo no se habría salvado ni un alma, empezando por mí mismo).
De forma muy sospechosa, además, la mayoría de esos siete pecados dejaban de serlo mágicamente si quien los practicaba era un señor feudal, un caballero andante con acceso a montura y mandoble o el prelado pederasta de algún burgo dejado de la mano de Dios. Lo opuesto a como es ahora, vaya.
– Satanás y el Anticristo

Tratándose de tiempos impíos como aquellos, no es extraño que el demonio anduviera a su bola por todo lo ancho y largo del año 1000.
O al menos eso era lo que afirmaban los monjes del momento, que en apresurada exégesis atribuían cualquier nadería (un quítame allá ese sarpullido sobaquero, un orzuelo de la parienta, un ataque de ventosidades mortíferas) a la presencia del Maligno.
Los llamados oráculos sibilinos, best sellers de la época, anunciaban que la llegada del Anticristo vendría precedida por unas cuantas señales inconfundibles.
Según la tradición profética, esas «señales» incluirían «malos gobernantes, conflicto civil, guerra, peste, sequías, hambres, cometas, muertes repentinas de personajes importantes» y también la invasión de hunos, mongoles o cualquier otra horda de bigotudos alfanje en ristre.
Ya pillan el turbador hándicap de los oráculos: en la Edad Media, todas esas «señales» eran el pan de cada día. De ahí la atmósfera apocalíptico-genocida reinante. En todo caso, por ahí iba Satanás, sin escolta ni bigote postizo ni gafas de folclórica, sufriendo encontronazos constantes con cualquier hijo de ramera. Raoul Glaber, monje y cronista de la época, relata en el libro V de sus Historias que una noche despertó para hallar a un «enano horrible de ver» al pie de su camastro.
No, no era yo. Se trataba de un ente «de estatura mediocre, cuello menudo, rostro demacrado, ojos muy negros, frente rugosa y crispada, nariz encogida, boca prominente, labios hinchados…». He dicho que no era yo, leches. Glaber, que tenía la grabadora a mano, continúa su informe forense durante varias líneas, el muy latoso, para concluir que aquel demoníaco adefesio lucía también inevitable «barba de chivo», «dientes de perro» y, de forma más inquietante, «nalgas temblorosas».
Aciago fin, pues, para Lucifer, el ángel más hermoso de las huestes celestiales, a quien hacia el año 1000 parecía que las cosas del amor y los negocios le iban peor que nunca. De Querubinísimo Mayor de Dios a chaparro noctámbulo fumador de crack con culo temblón. A eso llamo yo caer en desgracia, Lu.

Y es que la tradición juanina (del Apocalipsis de san Juan) estaba completamente obcecada con la figura del Anticristo, siervo e instrumento de Satán, un «monstruo con cuernos que mora en las profundidades», una «formidable personificación del poder destructor y anárquico».
Lo chungo de todo esto es que el sambenito de esa personificación podía caerle encima a cualquier imbécil; los monjes y súbditos no se mataban recopilando pruebas, y definían como «Anticristo» al primer monarca incompetente que se cruzara en su camino.
Norman Cohn nos dice que «cualquier gobernante que pudiera ser considerado un tirano se consideraba apto para recibir los atributos del Anticristo».
De forma asaz artera, si las profecías fallaban (y siempre fallaban) y aquel rey solo era un cantamañanas sifilítico y catavinos que no sabía hacer la O con un canuto en lugar del «dragón, esa antigua serpiente» que habían predicho las más cenizas admoniciones de los frailes, se le degradaba fulminantemente y pasaba a ser solo «precursor» del Anticristo, el cabo chusquero con trompetica que avisaba de la llegada del gerifalte. Método científico estilo año 1000, como ven.
Se parece un poco al sistema «JUSTIN BIEBER DENIES SMOKING BASE!» típico de la prensa amarilla. Primero suelta el rumor, que siempre hay tiempo de desmentirlo (aunque tizne), y luego ya veremos qué pasa.
– Penitencias y mortificaciones, o el sutil encanto de la flagelación

«Alguien tiene que lavar todo el mal creado», que cantaban Los Canguros en 1988.
Y en la Edad Media, ya lo dije, el «mal» campaba a sus anchas por la cristiandad y allende los mares, y con él la necesidad universal de purgarlo.
Lo de la obsesión por la penitencia era en el año 1000 una cosa tan generalizada y popular como lo es hoy la fijación por la firmeza de glúteos o cada nueva serie interminable de HBO.
Dejando de lado lo de organizar cruzadas locatis cada dos por tres —que terminaban invariablemente como el rosario de la aurora — la forma más célebre de mortificación era la flagelación o, mejor dicho, autoflagelación (si flagelabas de esquinillas a otro incauto no contaba como penitencia).
Lo del auto-azote redentor se inventó en el siglo xi en algún monasterio perdido de Italia —nadie había sido tan gilipollas como para ponerlo en práctica hasta entonces— y prendió como la pólvora entre los frailes, que siempre andaban necesitados de tormento BDSM carno-rectal.
Al poco tiempo ya era un dance craze que había infectado al pueblo cavernario, como la zumba, y todo el mundo procedió a arrearse con el látigo como si no hubiese un mañana (y nunca mejor dicho, desde el punto de vista escatológico-milenarista, pues la población creía de veras que no llegaría a ver un nuevo amanecer).
La cerril masa al principio se infligía esa severa tortura con la humilde esperanza de que Dios, juez castigador, «depusiera su ira, les perdonara sus pecados» y punto, pero en un santiamén ya había entrado en juego la chifladura redentora típica del periodo.
Norman Cohn define a los flagelantes como «una élite de redentores por la autoinmolación»; o, dicho de otro modo, peña que no solo creía que se estaba salvando a sí misma a latigazo limpio, sino también que su salvación afectaba a toda la comunidad.
Sí, esas nuevas procesiones de flagelantes, en su tosca imitatio Christi colectiva, se veían a sí mismas como supermártires que cargaban con los pecados de todo el mundo y no, como uno estaría tentado a pensar, como una panda de julays histriónicos y ensangrentados que montaban más escandalera que un cantante emo de los noventa.
Y, sin embargo, la ciudadanía se los tomaba al pie de la letra. Cuando los veían aparecer con sus estandartes y velas encendidas, y los tipos —ya casi en cueros— procedían a aplicarse leña fustigante durante horas delante de la iglesia del pueblo, «los criminales confesaban, los ladrones devolvían sus botines, los usureros renunciaban al interés de sus préstamos, los enemigos se reconciliaban y las querellas eran olvidadas».
Hay que admitirlo: la cosa era espectáculo en estado puro. El movimiento flagelante fue, junto a los cruzados, el primero de la historia en poseer algo parecido a un uniforme (vestidura blanca con cruz roja delante y detrás y capucha o sombrero a juego), y entre la pinta ku-klux-klanesca, aquel «sembrao» de antorchas y el consiguiente look Núremberg, y todos los TCHAKS TCHAKS y cantos y berridos («¡Virgen santa, ten piedad de nosotros!») y lamentos, y las caras de raver pasadísimo a las seis de la mañana en mitad del mix largo del «Higher State of Counciousness»…
En fin, cualquiera no se arrepiente de algo. Yo habría confesado hasta aquel asunto de las canicas del Peláez, en 1979. Lo único condenable del asunto de los flagelantes revolucionarios es que al cabo de un tiempo de andar vergajeándose los omoplatos por esos mundos de Dios empezaron a aburrirse de la rutina, y entonces procedieron a instaurar pogromos de cariz antisemita en cada villorrio donde iban a caer. Lo que nos lleva a:
– Plagas, pestes y matanzas a gogó

Alguien tenía que tener la culpa de todo aquello, y los judíos, hacia 1348-49, pillaron lo que no está escrito y un poco más. Háganme el favor de recordar que fue en aquel lapso de tiempo cuando tuvo lugar la terrible peste negra, la mayor epidemia de fiebre bubónica que ha visto la humanidad, y que se llevó por delante a un tercio de la población.
Un tercio, que se dice pronto. Ya pueden imaginar que, siguiendo una honorable costumbre medieval, la plaga fue interpretada como «castigo divino por las transgresiones de un mundo pecador» y, una vez efectuadas las ansiadas demostraciones público-nudistas de purgación con gran derramamiento de hemoglobina, procedió a buscarse a algún «pasmao» que pudiera cargar alegremente con el resto de pecado insostenible (y derramar también algo de su hemoglobina, a poder ser).
Si se trataba de un tío con acento raro, barba forestal y yarmulke, mejor que mejor. En efecto: como volvería a suceder innumerables veces en la historia (en España también), los judíos fueron los hombres que serían culpados por TODO.
A principios de 1349, alguna mente preclara —de las más brillantes de su generación— anunció que la causa de la peste negra era el vertido de veneno en las reservas de agua, y la jauría procedió a apiolar, en este orden, a «los leprosos, los pobres, los ricos y el clero, hasta que se centraron definitivamente en los judíos».
El populacho se cansó de la matanza hacia marzo (tres meses seguidos de pogromo, la madre que los parió; supongo que al menos debían parar para las comidas), pero en julio sobrevino una segunda horda genocida promovida por los cada vez más chiflados flagelantes.
Los judíos llegaron a considerar a todos aquellos ceporros zurriagantes encapuchados como «sus peores enemigos», y con razón. Nadie tuvo la presencia de ánimo para recordarles a aquella panda de ultranazarenos chillones que la peste, ese instrumento igualitario sin par, no hacía distinciones entre judíos y gentiles, ricos o pobres, genios o ñus.
Pero daba igual, y ya era demasiado tarde para consideraciones intelectuales de ese calado: la gran farra, el gran impulso, la última raya de speed a hora desaconsejable, el inmenso drama escatológico debía seguir hasta su consecución lógica: el Fin de los Días, el cumplimiento de la Tercera Edad y el advenimiento del Apocalipsis. Cuando todos nuestros pecados serían purgados y los puros de corazón ascenderían como un solo hombre al reino de los cielos. Bla, bla.
Como ya sabemos, no sucedería así. Lo único que acarrearía todo aquel insensato derramamiento de sangre sería un montón de charcos que fregar y una pila enloquecida de cadáveres que carbonizar.
Y todos aquellos hábitos hechos jirones, malaguanyats. Con los años sí caería sobre nosotros la ira de Dios con máxima potencia exterminadora, pero no vendría en forma de plagas croantes o reptiles lacustres que emergían de las simas miasmáticas del Hades, sino de series de TV españolas (Gym Tonic es el puro Anticristo, por supuesto), libros pueril-eróticos que se tornan superventas mundiales, hipotecas subprime y redes antisociales.
¿El 1000, los años oscuros?
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Richelieu, el mayor enemigo de España…

The Objective(L.Reyes) — Los astros quisieron que Abril fuese el mes decisivo en el ciclo de poder del cardenal Richelieu. El 17 de abril de 1607 fue ordenado obispo, lo que le dio su primer gobierno, el de la diócesis de Luçon. Abril de 1617 fue en cambio nefasto: cuando desempeñaba su primer cargo ministerial al servicio de María de Medici, la reina madre, el joven Luís XIII se prestó a un golpe de estado que envió al destierro a María de Medici y a sus colaboradores.
Volvió a ser favorable abril en 1622, pues fue cuando el Papa Gregorio XV lo nombró cardenal. Pero sobre todo el gran día de Richelieu fue el 29 de abril de 1624, hace ahora 400 años, cuando fue nombrado miembro del Consejo Real de Luís XIII, la máxima instancia del poder en Francia.
Ese día se formó en el horizonte una nube que iría creciendo, hasta tapar el sol que durante siglo y medio iluminó el Imperio español. Cuando la nube Richelieu alcanzara su máximo volumen dejaría de tener vigencia la reflexión de Felipe II, «en España nunca se pone el sol», porque siempre era de día en un imperio español que iba desde Europa, el Atlántico, América y el Pacífico, hasta Asia.
A la Historia le gusta jugar con el destino de los que van a ser sus protagonistas. Armand Jean du Plessis era hijo del señor de Richelieu, gran preboste de Francia. Como era el tercer varón de una familia noble le correspondía seguir la carrera de las armas, y para formarse como militar ingresó en la Academia de Pluvinel, un famoso maestro de equitación.
Por concesión real la familia poseía el obispado de Luçon, con carácter hereditario. Debía desempeñarlo al segundo de los hijos varones, Alphonse, pero éste se retiró del mundo ingresando en un convento cartujo. Si no se ocupaba el obispado se perdía, de modo que le tocó al tercer hijo, Armand, cambiar la espada por la mitra.
El futuro cardenal solamente tenía 20 años, según el derecho canónico era demasiado joven para ser obispo, de modo que tuvo que ir a Roma a solicitar una licencia especial del Papa. Paulo V, el Papa Borghese, quedó impresionado por la inteligencia y el carácter del joven peticionario, y concedió la licencia. Richelieu fue ordenado obispo de Luçon en abril de 1607, con 21 años.
Iba a necesitar ese vigor juvenil el nuevo obispo, porque se encontró con la diócesis más pobre y abandonada de Francia. Sin desanimarse por el destino que le había tocado vivir, Richelieu se dedicó durante siete años a gobernar su diócesis, y a base de mucho trabajo, inteligencia e integridad logró sacarla adelante.
Cómo sería de notable la administración del nuevo obispo que, estando en un oscuro rincón de la atrasada región de La Vendée, lejos de París, su nombre comenzó a ser conocido en Francia.
En 1614 el clero de Poitou eligió al obispo Richelieu diputado en los Estados Generales, lo que suponía el regreso a París, corte de Francia. En cuanto abrió la boca en las sesiones parlamentarias Richelieu atrajo la atención de María de Medici, la reina madre, que seguía gobernando como regente aunque su hijo, Luís XIII, fuera ya mayor de edad.
La reina María llamó a Richelieu y lo nombró limosnero de la joven reina Ana de Austria, recién casada con Luís XIII.
Eso suponía la entrada en la corte, el ámbito del supremo poder en Francia. Es curioso que la puerta estuviese en las habitaciones de Ana de Austria, la orgullosa infanta española hija de Felipe III, con la que Richelieu mantendría toda la vida unas relaciones tensas, a veces tormentosas, aunque ambos reconociesen la valía del otro.
Una situación que ha pasado a la cultura popular porque inspiraría a Alejandro Dumas para escribir Los Tres Mosqueteros, y al mundo del cine para hacer numerosas películas.
María de Medici no iba a desperdiciar las condiciones de Richelieu dejándolo al servicio de su nuera, y al poco tiempo lo nombró secretario de estado de Guerra, su primer cargo en el gobierno de Francia. Sin embargo duraría muy poco este primer contacto con el poder central.
A los cinco meses, Luís XIII, que había cumplido ya los 15 años y estaba manejado por su favorito, el duque de Luynes, dio un golpe de estado, hizo matar al primer ministro de su madre, y mandó a María de Medici al destierro. A Richelieu lo calificó de antipático y lo expulsó de la corte. Esa caída del incipiente poder ocurrió en abril de 1617, como hemos explicado antes.

– Del destierro al poder
La admiración que Richelieu despertaba en todo el mundo, incluso entre sus adversarios, hizo que, a la muerte del favorito del rey, Luís XIII recurriese a Richelieu. Volvió del destierro para emprender una ascensión imparable que culminaría en ese 29 de abril de 1624. A partir de ese momento el ya cardenal Richelieu sería el amo del destino de Francia, hasta su muerte en 1642.
Richelieu era inteligente, trabajador, eficaz, pero su mayor virtud era tener una concepción clara del estado. En aquella época quedaban por todas partes residuos de la Edad Media, poderes feudales, fueros locales, obstáculos a una administración efectiva. Richelieu quería acabar con ellos y establecer un poder central fuerte. El cardenal sentaría las bases de la monarquía absoluta, encarnada luego por Luís XIV. Sin Richelieu no habría existido el Rey Sol.
Richelieu encontraba tres obstáculos para su proyecto, uno exterior, España, y dos internos, la nobleza y los protestantes. Desde el Edicto de Nantes, con el que Enrique IV puso fin a las guerras de religión francesas, los protestantes franceses, llamados hugonotes, gozaban de amplia autonomía, eran un estado dentro del estado.
A Richelieu, aunque por sus hábitos pareciese un hombre de Iglesia, no le importaba mucho la religión, no era un católico ferviente y no quería imponer su credo, pero no podía tolerar que en Francia hubiese un contrapoder, de modo que le hizo la guerra a los hugonotes.
Puso sitio a La Rochelle, símbolo de la independencia protestante, y la tomó después de que muriesen 22.000 de sus 27.000 habitantes. Al final los protestantes firmaron una paz en la que perdían todos sus derechos políticos y territoriales.
Más peliagudo era enfrentarse a la nobleza, pues los nobles estaban cercanos al rey y tenían privilegios seculares. La primera batalla que les dio el cardenal, prohibir los duelos, puede parecer anecdótica porque Alejandro Dumas hace que D’Artagnan inicie su relación con los Tres Mosqueteros enfrentándose en un duelo.
Los guardias del cardenal intentan detenerlos, y los duelistas se unen y terminan amigos, «todos para uno y uno para todos». Sin embargo lo cierto es que en 20 años habían muerto en duelo 4.000 caballeros franceses, lo que suponía una importante pérdida militar.
Quizá influyó también en la decisión de Richelieu que un hermano suyo había muerto en duelo, pero lo cierto es que el cardenal emprendió la medida con toda decisión, e incluso ejecutó a un conde por batirse en duelo.
Esa campaña contra los duelos fue la punta del iceberg, la pugna con la nobleza duró prácticamente toda la vida de Richelieu, pero al final Luís XIV heredaría un estado donde la nobleza pasó a ser un elemento decorativo de la Corte.
Sin embargo el gran adversario de Richelieu fue España, que cuando el cardenal subió al poder en 1624 era todavía la primera potencia del mundo, pero que veinte años después perdería la supremacía militar sobre Europa al ser vencida por los franceses en la batalla de Rocroy (1643).
Richelieu no pudo verlo, había muerto pocos meses antes, en diciembre de 1642, pero realmente se puede decir que el cardenal fue el vencedor de aquella batalla.
Hay que decir que Richelieu no era enemigo personal de España –«Yo no tengo más enemigos que los del estado», decía el cardenal-, incluso al inicio de su carrera política se le tildaba de pro español.
Simplemente quería que Francia fuese la primera potencia del mundo, y para eso había que desmantelar el poderío español, cuyas posesiones tenían rodeada a Francia, con España al oeste, los Países Bajos al norte, Italia al sur y el Imperio Germánico, donde regía la rama menor de los Austrias, al este.
Añádase que la reina madre María de Medici, y el único hermano del rey, Gastón de Orleans, conspiraban continuamente con apoyo español, y se comprenderá que Richelieu se aliase hasta con el diablo para luchar contra España. S
iendo un príncipe de la Iglesia católica, Richelieu apoyó a los protestantes alemanes en la Guerra de los Treinta Años, a los protestantes holandeses en su rebelión contra la corona hispánica. Y siendo el creador del estado centralista, animó a los separatistas catalanes para que se sublevaran contra Felipe IV.
El mejor político que ha tenido Francia, el que la convirtió en una gran potencia, vería sin embargo vituperado su nombre siglo y medio después de su muerte, pues durante la Revolución Francesa su tumba fue profanada, y su cadáver sometido a una farsa de ejecución. Fue decapitado y su cabeza estuvo perdida mucho tiempo. Hoy día no se sabe a ciencia cierta dónde está enterrada.
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La cabeza de cabra que utilizó la iglesia para acabar con los templarios…

Historias de la historia(J.Sanz) — ¿Quién no ha visto en su vida esta famosa figura una cabra barbuda humanoide con alas, un par de pechos y una antorcha en medio de sus dos grandes cuernos? A lo largo de la historia del ocultismo occidental, el nombre del misterioso Baphomet se invoca en cada época y en diferentes momentos de la historia.
Aunque hay menciones a esta figura en la Edad Media en el siglo XI, se hizo popular a partir del siglo XX. Es un símbolo asociado con el ocultismo, la magia ritual, la brujería, el satanismo y el esoterismo. La representación moderna de Baphomet parece tener sus raíces desde varias fuentes antiguas, pero principalmente de dioses paganos.
Baphomet tiene similitudes con dioses de todo el mundo, entre ellos Egipto, el norte de Europa y la India. De hecho, las mitologías de un gran número de antiguas civilizaciones incluyen algún tipo de cuernos como deidad. En la teoría junguiana, Baphomet es una continuación de los cuernos como arquetipo de Dios.
El concepto de una deidad con cuernos está universalmente presente en la psique individual. Cernunnos, Pan, Hathor, el diablo (como se muestra por el cristianismo) y Baphomet tienen un origen común. Suele relacionarse también el nombre de Baphomet con la fusión de dos términos griegos cuyo significado aproximado es “bautizo de sabiduría”.
Hay varios nombres importantes asociados a esta figura. Personalidades celebérrimas de lo oculto: Eliphas Levi y Aleister Crowley. Aunque la representación de Baphomet ha estado circulando durante mil años, la representación de Baphomet de Levi en 1861 es la más famosa.
Incluyó en su libro Dogmes et rituels la Haute Magie (Dogmas y rituales de Alta magia) un dibujo que se convertiría en el más famoso retrato de Baphomet: una cabra humanoide con alas, con un par de pechos y una antorcha en su cabeza entre sus cuernos. Posteriormente el ocultista británico Aleister Crowley adoptó esta figura para la sociedad Secreta OTO, una iglesia gnóstica católica.
El nombre de Baphomet ha estado ligado a sociedades secretas como los templarios o la masonería, sin embargo destaca la iglesia de Anton Lavey de Satanás que no es técnicamente una sociedad secreta. Fue fundada en 1966 y la organización adoptó el “Sello de Baphomet” como su insignia oficial.
El sello de Baphomet fue probablemente inspirado en gran medida por la ilustración de La Stanislas de Guaita del Clef de la magie noire (La clave de la Magia negra) y se representa en la iglesia de Satán como la cabra de Mendes, dentro de un pentagrama invertido.
De acuerdo con Anton Lavey, los templarios adoraban a Baphomet como símbolo de Satanás. Baphomet está presente de manera destacada durante los rituales en la iglesia de Satanás como símbolo que se coloca por encima del altar. Era el encargado en el Purgatorio de los siete infiernos y de los diferentes demonios de los siete pecados capitales.
Sin embargo hay otras interpretaciones de esta figuran que desmitifican estas visiones. En concreto otras sociedades secretas utilizan esa figurilla con cabeza de cabra que tanto veneraban algunos tienen otros usos diferentes a la iglesia de Satán. Para ellos, Baphomet era realmente un dios pagano, simbolizado únicamente como una cabeza de piedra.
La Iglesia tenía una amplia lista en la cual acusaban falsamente a los templarios de venerar a falsos ídolos y demás cuestiones de herejía. En pocas palabras, Baphomet era el dios pagano de la fertilidad asociado a la fuerza creativa de la reproducción. La cabeza de Baphomet era representada por un carnero o una cabra, lo cual era un símbolo frecuente de procreación y fecundidad.
Los templarios veneraban a Baphomet situándose alrededor de una réplica de piedra de su cabeza y recitando oraciones. La ceremonia celebraba la magia creativa de la unión sexual, pero el papa Clemente V convenció a todo el mundo de que la cabeza del dios pagano era en realidad la representación del demonio. El papa hizo de esa cabeza la piedra de toque de toda la causa contra los templarios.
La creencia moderna en ese demonio con cuernos conocido como Satán tenía su origen en Baphomet y en los intentos de la Iglesia por convertir al cornudo dios de la fertilidad en un símbolo del mal. En las mesas tradicionales estadounidenses, durante la celebración del día de Acción de Gracias, aún se veían símbolos paganos de la fertilidad, con sus respectivos cuernos.
La cornucopia o cuerno de la abundancia era un homenaje a la fertilidad de Baphomet y esta a su vez tenía su origen en el mito de Zeus amamantado por una cabra a la que se le rompía un cuerno que, milagrosamente, rebosaba de frutas.
Independientemente de su numerosas interpretaciones es una creación simbólica de la alquimia y el esoterismo pero con el tiempo se ha convertido en una figura común de la cultura popular que está presente en los lugares más extraños como en los mismos videojuegos.
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Las sanguijuelas medicinales…

JotDown(J.R.alonso) — ¿Eres sanguíneo, flemático, colérico o melancólico? La teoría de los humores de Hipócrates explicaba que la salud era un equilibrio entre cuatro líquidos que poblaban el cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. La predominancia de uno u otro marcaba esos cuatro tipos de personalidades en los seres humanos y la enfermedad era fundamentalmente una alteración en las proporciones o composición de los humores.
Una de las medidas más obvias para tratar las afecciones era intentar restaurar unas proporciones adecuadas entre esos fluidos, por lo que un procedimiento vigente durante siglos fue eliminar el supuesto exceso de sangre. Para ello ha habido dos tratamientos fundamentales: las sangrías terapéuticas o flebotomías —el famoso yelmo de don Quijote es una bacía con una hendidura para apoyar el brazo y favorecer la limpieza mientras te sangraban— y las sanguijuelas.
Las primeras eran realizadas por profesionales, normalmente barberos-cirujanos y podían eliminar una cantidad importante de sangre, acabando a veces con el paciente. Las sanguijuelas, por su lado, formaban parte mayoritariamente del ámbito de la medicina popular, extraían una cantidad de sangre mucho menor y eran colocadas ocasionalmente por expertos sin apenas formación.
La sanguijuela es un anélido —al igual que la lombriz de tierra—, un gusano segmentado hermafrodita que vive en agua dulce (charcas, pantanos, arroyos…) y que se alimenta de la sangre de una gran variedad de especies: de ranas a caballos, de caimanes a humanos.
Cuando localizan una presa, por las ondas que crea en el agua o en el caso de los mamíferos por el calor que emiten, se fijan por su extremo anterior haciendo ventosa con la boca, hacen unos cortes en la piel con tres mandíbulas afiladas en forma de «Y» que tiene cada una unos cien dientes, y empiezan a succionar sangre.

Aunque es discutido, se cree que su saliva contiene algún anestésico para que no detectes que tienes un gusano colgado chupándote la sangre. Después, utilizan una batería de anticoagulantes, las hirudinas, que hacen que la sangre siga fluyendo sin coagulaciones ni procesos hemostáticos. Recientemente se ha visto que hay tres diferentes de hirudinas, lo que abre campo para generar nuevos fármacos.
La sanguijuela acumula la sangre en una cavidad digestiva que puede alcanzar un volumen seis veces superior al del propio animal y la digiere muy lentamente en un proceso simbiótico con bacterias. Produce también antibióticos que impiden que los microorganismos corrompan la sangre, permitiendo su total aprovechamiento.
El sistema de almacenamiento y digestión lenta es tan eficaz que una sanguijuela puede vivir con tan solo alimentarse una o dos veces al año.
La más usada es la que Linneo denominó Hirudo medicinalis o sanguijuela medicinal que se ha empleado desde hace más de cinco mil años, y aparece en la medicina egipcia, en la Biblia (Proverbios 30: 15) y en el Corán. La sura 23 del libro santo del islam relata un particular embrionario proceso de formación del hombre.
«Y ciertamente, nosotros creamos al hombre de un extracto de arcilla, y luego le hicimos una pequeña semilla en una estancia firme, y luego hicimos de la semilla una sanguijuela, un trozo de carne; luego le pusimos huesos, vestimos los huesos con carne y después le hicimos crecer hasta ser otra criatura».
Bastante más complejo que la descripción en el libro santo de judíos y cristianos, donde saltamos del barro al hombre sin estadios intermedios.

Los anélidos medicinales se han usado para una amplia gama de patologías, en particular del sistema circulatorio, entre las que se incluían las varices, los hematomas, la «sangre gruesa», el «exceso de sangre», la «purificación de la sangre», la hipertensión, la hematocromatosis, la trombosis y las hemorroides.
De hecho, según Dionisio Daza Chacón, cirujano vallisoletano del siglo XVI, no usar sanguijuelas para tratar unas almorranas fue la causa de la muerte de Juan de Austria, el vencedor de Lepanto:
Este remedio de las sanguijuelas es muy mejor y más seguro que el rajarlas ni abrirlas con lanceta, porque de rajarlas algunas veces se vienen a hacer llagas muy corrosivas, y de abrirlas con lanceta lo más común es quedar con fístula y alguna vez es causa de repentina muerte; como acaeció al serenísimo don Juan de Austria, el cual, después de tantas victorias (principalmente la batalla naval, cosa nunca vista, ni aun oída en todos los tiempos pasados) vino a morir miserablemente a manos de médicos y cirujanos, porque consultaron (y muy mal) darle una lanceteada en una almorrana, y proponiéndole el caso, respondió: aquí estoy, haced lo que quisiéredes.
Diéronle la lanceteada, y sucediole luego un flujo de sangre tan bravo que con hacerle todos los remedios posibles, dentro de cuatro horas dio el alma a su Creador; cosa digna de llorar y de gran lástima. Dios se lo perdone a quien fue causa… Si yo hubiera estado en su servicio, no se hiciera un yerro tan grande como se hizo.
Como vemos el doctor Daza no era precisamente modesto y la muerte de don Juan no fue precisamente gloriosa. Las sanguijuelas se emplearon también para otra amplia serie de condiciones no directamente relacionadas con la sangre incluyendo la gastroenteritis, la tuberculosis, la neumonía, el reuma, la gangrena, las fiebres altas, la gota, el sarampión, los dolores intensos, el ictus y el cáncer.
Las sanguijuelas se colocaban en distintas zonas incluyendo los muslos, detrás de las orejas y la vulva o en la zona afectada, por ejemplo cerca del hematoma en un ojo morado. Para los amantes de lo truculento, hay casos documentados de presencias inesperadas de sanguijuelas en la faringe, la laringe, la cavidad nasal y la vagina, simplemente por nadar y tener mala suerte.

Es poco conocido que España fue una potencia sanguijuelera. Las zonas inundadas de Doñana, de la laguna de Antela (Ourense) y del delta del Ebro, por poner algunos ejemplos notables, proporcionaron un amplio suministro de anélidos tanto para el consumo local como internacional.
Una ley de 1827 decretaba un canon de diez reales por cada libra de sanguijuelas exportada y responsabilizaba de su cobro a las aduanas de Vitoria, Orduña, Ágreda, Canfranc y La Junquera, buena prueba de la demanda francesa. Otros decretos y leyes establecieron normas que regulaban su captura, actualizaban los impuestos y prohibían la importación de anélidos foráneos.
Los farmacéuticos españoles plantearon que se vendieran de forma exclusiva en sus establecimientos con los mismos argumentos que para los demás medicamentos: precios estables, suministro garantizado, garantías de una correcta identificación de la sanguijuela y niveles adecuados de calidad y limpieza.
Todo ello se lo llevó el tiempo al dejar de estar de moda la llamada hirudoterapia, y quedaron las sanguijuelas, esquilmadas; sus hábitats, desecados, destruidos o contaminados y una nueva medicina, que desconfiaba a menudo con razón de los remedios naturales, entregada a las nuevas tecnologías sanitarias.
El negocio se mantuvo hasta la mitad del siglo XX. Durante ese tiempo, España fue uno de los principales exportadores de sanguijuelas junto con Hungría, Italia, Turquía, Egipto y Argelia, y algunos de los negocios se volvieron internacionales como el fundado por Manuel Peña y Esperanza Orellana, un matrimonio andaluz que montó en Tánger un negocio de exportación del anélido hematófago con el que hicieron fortuna.
Con setecientas cincuenta mil pesetas de ese dinero, una cantidad inmensa en 1913, Manuel y Esperanza promovieron la construcción del Gran Teatro Cervantes, la instalación cultural más importante del norte de África, ahora abandonado y en ruinas, y propiedad del Estado español.

El uso de las sanguijuelas siguió incluso pasada la II Guerra Mundial. El periódico ABC (edición de Andalucía) del 28 de septiembre de 1945 contaba, con esa buena prosa de los periodistas del pasado, lo siguiente:
[…] un poderoso Clipper transatlántico llegó hace unos días a Lisboa para llevarse un cargamento misterioso. Acostumbrados como andamos a la pedantería pseudo-científica, todo el mundo creyó en el uranio, el wolframio o alguno de esos cuerpos incomprensibles que existen y no existen.
Alguna vez, sin embargo, no iban a tener razón los pedantes. El avión se llevaba un cargamento castizo y casi heroico: 2.000 sanguijuelas lusas para las farmacias de Nueva York. Parece ser que ninguna sanguijuela es más feroz que la ibérica; por lo visto, solo aquí, sobre esta tierra dura y arisca, quedan sanguijuelas que muerden y chupan todavía, como es su inmemorial deber.
No son muy nuevas, que digamos, las noticias sobre la bondad de nuestras sanguijuelas. Ya en 1837, Francia exportaba muchos millones de sanguijuelas españolas, unos 35 millones, ya que entonces el mercado francés dedicado a la sangría necesitaba la cifra aterradora de 55 millones de sanguijuelas anuales.
Por aquellos dulces tiempos, una sanguijuela valía una perra gorda y con sus tres filas de dientes diminutos valía para todo. Fue la época de la ventosa cuando sacar sangre con estas bombas hidráulicas minúsculas era como extraer el agua de las enfermedades.
El Lunario de Cortes, un delicioso libro lunático, nos cuenta como una sanguijuela sobre el estómago quita el dolor del mismo; otra sobre los muslos, la apostema; y media docenita de ellas, vivitas y coleando, sobre el cuello, bajan la «hinchazón de las cejas» y aclaran la vista. Según otro libelo, romántico, una buena cura de sanguijuelas alivia mucho las fiebres del amor.
Con tantas aplicaciones y tanta demanda, el negocio era saneado. Para capturarlas se usaban redes cerca de los pasos del ganado o se empleaba la piel de una oveja recién desollada o un hígado fresco sumergiéndolo en el agua. Un tercer truco, el más utilizado por los cazadores de sanguijuelas, era caminar por las zonas apropiadas con los pies y las piernas desnudas y luego proceder a su recolección.

Tras su uso, los gusanos hematófagos eran sumergidos en agua con salvado que causaba su vómito y permitía que pudiera ser reutilizadas.
En otros casos, ya en la segunda mitad del siglo XX, se sabe que eran incineradas tras su aplicación.
En esta tierra nuestra de empresarios miopes y cortoplacistas se produjo una sobreexplotación que arrasó las existencias y que se intentó paliar con la cría de los hirudíneos.
Fue famosa la granja de sanguijuelas que tuvo José Vilá en la antigua villa de Gracia (actualmente un barrio de Barcelona) y bastantes hospitales establecieron depósitos de sanguijuelas vivas.
Las sanguijuelas están experimentando un resurgimiento. Los cirujanos han comprobado que permiten drenar la sangre congestionada en las venas facilitando el restablecimiento de la circulación, por ejemplo tras la reimplantación de un dedo o un colgajo libre, técnicas fundamentales en cirugía plástica y reparadora.
Al parecer fue el reimplante exitoso de una oreja desgarrada en un niño, muy difícil por el diminuto diámetro de los vasos, el caso que volvió a llamar la atención sobre la utilidad de las sanguijuelas. Varios estudios de la última década concluyen que la hirudoterapia produce un alivio de la osteoartrosis en la rodilla.
También se han utilizado como organismo modelo para el estudio del sistema nervioso por su sencillez y fácil accesibilidad. Finalmente, los biólogos de campo están estudiando el ADN de la sangre acumulada en las sanguijuelas para tener pruebas sobre la pervivencia de especies en peligro de extinción, confiando que animales esquivos y difíciles de ver hayan sido presa del anélido estudiado.
Este nuevo interés ha hecho que distintas empresas de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos hayan retomado la cría y distribución de la sanguijuela, donde son tratadas como productos medicinales o instrumentos médicos. España parece que no es capaz de hacer I+D+i ni en los campos en los que fue líder durante siglos.
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Tan antiguo como el tiempo: Invención del reloj de agua…

Ancient Origins(Dḥwty) — Hoy en día, la capacidad de realizar un seguimiento del tiempo parece darse por sentado. Basta con echar un vistazo a un reloj, reloj o teléfono móvil para saber la hora exacta, incluso al segundo más cercano. Antes de la invención de estos dispositivos que funcionan con baterías, el cronometraje se hacía de manera muy diferente.
En el mundo antiguo, por ejemplo, se utilizaban comúnmente relojes de sol. Este método de medir el tiempo, sin embargo, tenía sus defectos. Por supuesto, los relojes de sol sólo funcionarían cuando había luz solar y no podían mantener una división constante del tiempo.
Para compensar estas deficiencias se inventó el reloj de agua. Aunque nadie está seguro de cuándo ni dónde se fabricó el primer reloj de agua, el ejemplo más antiguo conocido data del 1400 a. C. y procede de la tumba del faraón egipcio Amenhotep III.
En el mundo antiguo, había dos formas de relojes de agua: de salida y de entrada. En un reloj de agua de salida, el interior de un recipiente estaba marcado con líneas de medición. El recipiente se llenó con agua, que se dejó escapar a un ritmo constante. Los observadores pudieron decir la hora midiendo el cambio en el nivel del agua.
Un reloj de agua de entrada seguía el mismo principio que uno de salida, es decir, el goteo constante de agua. A diferencia del segundo, las medidas del primero estaban en un segundo contenedor. Según la cantidad de agua que goteó del primer recipiente, se pudo saber cuánto tiempo había pasado.
– Antiguo reloj de agua de Karnak
El reloj de agua más antiguo con pruebas tangibles se remonta aproximadamente a 1417-1379 a. C. y se remonta al gobierno de Amenhotep III, cuando se empleaba en el templo de Amen-Re en Karnak. La primera mención registrada del reloj de agua se encuentra en la inscripción de la tumba del funcionario de la corte Amenemhet, del siglo XVI a. C. en Egipto.

La Clepsidra de Karnak fue descubierta fragmentada, elaborada con alabastro. Su diseño se asemeja al de una maceta de gran tamaño, con representaciones distintivas dispuestas en tres filas horizontales en el exterior, junto con una viñeta que representa al rey Amenhotep III.
El reloj de agua presenta 12 columnas talladas con 11 marcas espaciadas, que representan las horas de la noche. El agua goteaba a través de un diminuto agujero situado en el centro del fondo y emergía exteriormente bajo la figura sentada de un babuino. Para saber la hora, las personas miraban dentro de la cuenca, observaban el nivel del agua y determinaban la hora basándose en las marcas espaciadas más cercanas.
– Introducción a los relojes de agua en la antigua Grecia
Alrededor del año 325 a. C., los relojes de agua comenzaron a ser utilizados por los griegos, quienes llamaron a este dispositivo clepsidra (‘ladrón de agua’). Uno de los usos del reloj de agua en Grecia, especialmente en Atenas, era el de marcar el momento de los discursos en los tribunales.
Algunas fuentes atenienses indican que el reloj de agua se utilizó durante los discursos de varios griegos conocidos, entre ellos Aristóteles, el dramaturgo Aristófanes y el estadista Demóstenes. Además de cronometrar sus discursos, el reloj de agua también impidió que sus discursos se prolongaran demasiado.
Dependiendo del tipo de discurso o juicio que se estuviera llevando a cabo, se llenaban diferentes cantidades de agua en los recipientes.

El reloj de agua, sin embargo, no estuvo exento de defectos. En primer lugar, se necesitaba una presión constante de agua para mantener el flujo de agua a un ritmo constante. Para solucionar este problema, el reloj de agua se abastecía de agua de un gran depósito en el que el agua se mantenía a un nivel constante.
Un ejemplo de esto se puede ver en la «Torre de los Vientos», construida por el astrónomo griego Andrónico en Atenas durante el siglo I a.C. Aún en pie, es una estructura de mármol octogonal de 42 pies (12,8 m) de alto y 26 pies (7,9 m) de diámetro.
Cada uno de los ocho lados del edificio mira hacia un punto cardinal y está decorado con un friso de figuras en relieve que representan los vientos que soplan de esa dirección; debajo, en los lados que miran al sol, están las líneas de un reloj de sol. El Horologium estaba coronado por una veleta en forma de Tritón de bronce y contenía un reloj de agua (clepsidra) para registrar el momento en que el sol no brillaba.

– Calibración estacional de relojes de agua
Otro problema con el reloj de agua era que como la duración del día y la noche variaba según las estaciones, era necesario calibrar los relojes cada mes. Se emplearon varias soluciones para contrarrestar este problema. Por ejemplo, se utilizó un disco con 365 orificios de distintos tamaños para regular el flujo de agua.
El agujero más grande correspondía al solsticio de invierno, ya que el día sería el más corto, mientras que el agujero más pequeño correspondía al día más largo del año, el solsticio de verano. Estos dos agujeros estaban en extremos opuestos del disco, con los otros agujeros dispuestos entre ellos en tamaños crecientes o decrecientes. Los hoyos correspondían a los días del año y se rotarían un hoyo al final de cada día.
Aunque el principio fundamental del agua es relativamente simple, hubo algunos desafíos relacionados con la física de la presión del agua y los cambios de estaciones que los antiguos tuvieron que enfrentar, lo que resultó en que los relojes de agua se volvieran cada vez más complejos con el tiempo. En comparación con la facilidad con la que hoy llevamos la cuenta del tiempo, parece que hemos recorrido un largo camino.
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Cinabrio, el codiciado mineral que antiguas civilizaciones usaban en rituales místicos y funerarios sin saber que era tóxico…

BBC News Mundo — Hermoso y peligroso, como el fenómeno natural que suele preceder su origen: las erupciones volcánicas.
El cinabrio rellena las grietas que quedan en las rocas, formando atractivas venas rojas que han fascinado durante milenios a quienes lo descubren.
Y esos han sido muchos, pues el mineral está presente en todos los lugares en los que hay o ha habido volcanes.
De hecho, como apunta Geology.com, es uno de los pocos minerales que fueron descubiertos, procesados y utilizados de forma independiente por pueblos antiguos en muchas partes del mundo.
El cinabrio se podía moler fácilmente para convertirlo en un polvo fino, que mezclado con distintos líquidos se convertía en varios tipos de pintura. Además, era -y sigue siendo- la principal mena de mercurio. He ahí el problema: su asociación con ese metal pesado hizo que el cinabrio pasara de ser muy preciado a despreciado.
Pero antes de que eso sucediera, dejó una llamativa huella en varias regiones del planeta. Como pigmento -llamado bermellón-, daba tonos que iban del rojo anaranjado brillante al violeta rojizo más apagado.
Hace unos 10.000 años, los primeros artistas lo usaron para pintar imágenes de uros, el ahora extinto ganado gigante, en las paredes del antiguo asentamiento de Çatalhöyük en lo que hoy es Turquía, y en cerámicas de la cultura Yangshao en China (5000 a 3000 a.C.).

En el continente que los europeos bautizarían América, el cinabrio se encuentra en tumbas, murales, máscaras, ornamentos y sobre metales preciosos de las culturas del área Andina y de Mesoamérica.


En España, que alberga las legendarias minas de Almadén, en Ciudad Real, de donde se ha extraído la mayor cantidad de mercurio del mundo durante siglos, la presencia del pigmento más antigua que se conozca data del 6000 a.C.

La mayor parte del rojo profundo con el que, siglos después, los antiguos romanos pudientes pintaban sus paredes provenía de Almadén, y costaba el triple que el preciado azul egipcio.

En el Renacimiento, el cinabrio se usaba en sellos de cera para certificar documentos y como pigmento rojo brillante por artistas como Giotto, Tizano y Van Eyck.

Europa importó el bermellón de China durante años, pues se consideraba más bello y puro.
En China misma el pigmento históricamente ha tenido un lugar especial en la cultura y, además de colorear las paredes de sitios tan importantes como la Ciudad Prohibida, está presente en multitud de objetos, notoriamente en los de laca china tallada.


– Más que bello
Además de su uso decorativo, en arte, tatuajes, maquillaje y, en la Edad Media, como tinta para escribir, en muchas culturas el cinabrio se usó con fines medicinales, metalúrgicos y simbólicos.
Y es que tenía unas propiedades inusuales. Como el filósofo griego Teofrasto señaló, «cuando se machaca con vinagre en un mortero de cobre da plata líquida (como se le decía antiguamente al mercurio)».
Pero aún más extraño era lo que ocurría cuando se calentaba en un horno, algo que se ha hecho durante miles de años: el mercurio se escapa en forma de vapor que se condensa en mercurio líquido.

En su «Historia Natural», el escritor romano Plinio el Viejo informa que el mercurio disuelve el noble metal oro. Ese proceso de amalgamación se convertiría en uno de los principales métodos de purificación del oro a lo largo de los siglos.
Los romanos importaban cinco toneladas de mercurio al año y la mayoría se usaba con este propósito. La amalgama se podía usar para hacer objetos dorados, metiéndolos al horno para que el mercurio desapareciera y revelara una lustrosa capa del más puro oro.
Y había algo más. Los alquimistas habían descubierto que podían producir el cinabrio calentando mercurio y sulfuro.
Que el cinabrio se pudiera convertir en mercurio y volver a convertir en cinabrio era un proceso aparentemente cíclico inexplicable que para algunos era similar al de la resurrección del cuerpo, por lo que le conferían poderes especiales, apunta el químico Andrea Sella, en la serie In the Element de la BBC.
En el Imperio chino, los emperadores consumían elixires de bermellón para prolongar la vida y adquirir la inmortalidad. Y hasta el día de hoy hay alrededor de 40 medicinas tradicionales que contienen cinabrio. Desde Medio Oriente hasta Latinoamérica se usaba también en bendiciones rituales y entierros.

Las hindúes solían aplicarse bermellón en la partición del cabello y la frente como una marca de que eran casadas. La costumbre lleva el nombre de sindoor y está relacionada con la astrología hindú, en la que la Casa de Aries o Mesha Rashi está en la frente y se considera auspiciosa; Sindoor también se considera el símbolo de la energía femenina de Shakti.
El ritual continúa, pero el cinabrio ha sido reemplazado por otros ingredientes más seguros. Ese ha sido el destino del bermellón: su relación tóxica con el mercurio lo fue sacando de la historia. Expertos como Terri Ottaway, curador del museo del Instituto Gemológico de América (GIA), explican que, en su forma natural, el cinabrio no es peligroso.
Sin embargo, cuando las temperaturas aumentan, se libera vapor de mercurio que es tóxico si se inhala. «Mientras el cinabrio no se caliente, el mercurio queda atrapado en el azufre, lo que hace que el cinabrio sea poco tóxico», le dijo Ottaway al portal How Stuff Works.
Pablo Higueras, José María Esbrí y Eva M. García Noguero del Instituto de Geología Aplicada de la Universidad de Castilla-La Mancha, coinciden en que es la separación metalúrgica de los componentes del cinabrio la que pone en riesgo la salud.
Y añaden que hay otra razón por la que el mineral es indirectamente responsable de efectos malsanos: «habitualmente junto con el cinabrio es común encontrar gotas de mercurio metálico».
En cualquier caso, el uso del cinabrio, aparte de en la minería de baja escala, ha ido desapareciendo y quienes se ven obligados a trabajar con él, como los arqueólogos, lo hacen con cautela.
El bermellón, que reinó como el pigmento rojo más utilizado en el mundo y el rojo más vibrante, tuvo que ceder su corona con el descubrimiento del rojo cadmio a principios del siglo XX.
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Espartanos: mitos y verdades ocultas de los guerreros más letales de la antigüedad…

abc(M.P.Villatoro) — Desde que, allá por 2006, el director y guionista Zack Snyder nos estremeció con «300» (un largometraje tan impactante como falto de veracidad histórica, todo sea dicho), el soldado espartano se ha convertido en el arquetipo de guerrero formidable que a todos viene a la cabeza cuando se hace referencia al combatiente más letal de la antigüedad.
No es casualidad. Autores clásicos como Plutarco (nacido en el siglo I d.C.) o el todavía más remoto Simónides de Ceos (del siglo VI a.C.) se dejaron impresionar también por la educación militar que recibían los habitantes de esta ciudad-estado por parte de su gobierno.
El poeta Simónides, por ejemplo, llamó a Esparta la «domadora de hombres» («damasímbrotos») porque conseguía un doble objetivo: hacer a sus ciudadanos sumisos ante las leyes y lograr que se prepararan a conciencia para aplastar al enemigo. Plutarco, por su parte, fue más descriptivo al señalar las bondades de la educación de la ciudad-estado: «A leer y a escribir aprendían porque era necesario, pero todo el resto de la educación tenía como meta obedecer disciplinadamente , resistir las penalidades y v encer en la batalla ».
Con todo, la realidad es que la gran pantalla ha difuminado la verdad histórica que existe tras los que, no se puede negar, fueron unos de los mejores soldados de su época.
– Vivir por la guerra
Desde que la Esparta más primitiva comenzara su andanza en la historia en el siglo IX A.C., cuando no era más que una confederación de aldeas en el valle del Eurotas , sus guerreros han estado asociados siempre a la ferocidad y a la rudeza . Hasta tal punto consideraban la derrota una deshonra que, según Plutarco , sus mujeres solían despedirse de ellos siempre con la misma frase: «Vuelve con tu escudo o sobre él».
Más allá del halo de dioses del combate que todavía hoy los rodea, lo cierto es que el estado preparaba a sus hombres para que vieran la lucha como la primera de sus prioridades. Ejemplo de ello es que, a lo largo de su vida, eran entrenados tanto física como psicológicamente para enfrentarse al enemigo en las mejores condiciones posibles.
La conclusión es que esta obsesión por la guerra llevó a la ciudad-estado a encumbrar a los héroes y a humillar a los cobardes para dar ejemplo. Así lo explica el catedrático de Historia especializado en la Grecia clásica Nicolas Richer en «Esparta. Ciudad de las artes, las armas y las leyes».
Editado por Edaf, este ensayo intenta ofrecer una visión global de Esparta a través de sus diferentes facetas; desde la militar hasta la científica. A su vez, el galo derriba (o corrobora, según proceda) a lo largo del texto los mitos más extendidos sobre una de las principales potencias del Peloponeso.
Y es que ya lo dijo Jenofonte : «Esparta aventaja en virtud a todas las ciudades, pues solo en ella se ejercita públicamente la perfección de cuerpo y alma».

¿Por qué se ha asociado durante siglos a los espartanos con soldados cuasi invencibles? La razón es que, a pesar de que los hombres de Esparta dedicaban parte de su vida a tareas habituales para cualquier griego como el comercio o la administración , en la cúspide de su particular pirámide de prioridades había dos cosas: la política y el ejército .
Richer, no obstante, incide también en que no debemos caer en el error de pensar que en esta ciudad-estado había un ejército permanente , algo muy extraño para la época. «Los ciudadanos-soldados se movilizaban en función de las decisiones que ellos mismos tomaban, en el marco de las reuniones de una asamblea», determina.
– Especialización
Pero no contar con una entidad social independiente dedicada a batallar no implica que fueran unos aficionados en el arte de la guerra. Todo lo contrario. «Los espartanos se dotaron de un sistema social marcado por una gran preocupación por la eficiencia del individuo en beneficio del colectivo en un contexto militar », explica el autor. De hecho, el estado ejercía una gran presión social sobre sus ciudadanos para convertirlos en temibles combatientes.
Ejemplo de ello es que las tareas agrícolas se consideraban secundarias y denigrantes (los trabajos mecánicos los llevaban a cabo sus siervos, los ilotas ) o que, según Richer, cuando un niño venía al mundo su padre debía llevarlo ante los ancianos de la tribu (que se reunían en el « lesche ») para que estos determinaran si estaba bien formado y sería fuerte o si, por el contrario, «se abandonaba en el monte Apotetas».
Que daban una importancia determinante al ejército y se veían como soldados dedicados en cuerpo y alma al combate queda claro al leer textos como los de Plutarco. El historiador y biógrafo del siglo I recogió en sus obras un conflicto entre los espartanos y sus aliados durante la formación de la Liga del Peloponeso (una suerte de alianza defensiva de diferentes ciudades-estado mediante la que se comprometían a protegerse del enemigo).
Al parecer, durante una de las asambleas los segundos cargaron contra el rey Agesilao II por no haber llevado suficientes soldados para formar el contingente. Este respondió con un episodio curioso y ejemplificador que, hace algunos años, replicó la popular película «300»:
«Agesilao, a fin de hacerles ver que no eran tantos hombres de armas como creían, mandó que todos los aliados juntos se sentaran de una parte, y los Lacedemonios [espartanos] solos de otra; dispuso después que, a la voz del heraldo, se levantaran primero los alfareros; puestos estos en pie, llamó en segundo lugar a los latoneros, después a los carpinteros, luego a los albañiles, y así a los de los otros oficios. Levantándose, pues, casi todos los aliados, y de los Lacedonios ninguno, porque les estaba prohibido ejercer y aprender ninguna de las artes mecánicas, y por este medio, echándose a reír Agesilao, dijo: “¿Veis, con cuántos más soldados contribuimos nosotros?”».
– Entrenamiento y dieta
Richer recoge en su nueva obra la «intensa y prolongada preparación física y psicológica» de los espartanos desde el mismo instante en el que venían al mundo. En sus palabras, los niños eran sometidos a una formación colectiva concebida para preparar a los jóvenes para el sufrimiento y las privaciones que iban a hallar durante las campañas militares.

Era la llamada « paideia » descrita por Jenofonte en el siglo IV.
Durante la misma, y como bien explica el historiador clásico, «en lugar de mantener delicados sus pies con calzado, se fortalecían andando descalzos» para que resistieran mejor las largas marchas a pie durante su adultez.
También se ejercitaban sin zapatos ya que, de esta guisa, «efectuarían luego más rápidos los saltos de longitud y alturas y las carreras».
Durante esta primera etapa de su vida también llevaban un régimen especial ideado para que, en su vida adulta, toleraran mejor el hambre a lo largo de las campañas militares.
«Se ordenó que el joven tuviese tal cantidad de comida que jamás sintiese pesadez por saciarse, pero que tampoco careciera de cierta experiencia en pasar necesidad, considerando que, en caso necesario, los educados así podrían resistir más sin comer y que, con el mismo alimento, mantendrían mejor la formación durante más tiempo si se les ordenaba que utilizasen menos condimento , que se adaptasen mejor a cualquier comida y que llevaran una vida más sana », añade Jenofonte. En la práctica, estas palabras se traducían en ingerir pocos alimentos para que, a la larga, fuesen combatientes más eficaces.
Los espartanos alcanzaban el cénit de su poder físico entre los veinte y los treinta años (cuando eran llamados « hebontes »). Existen pocos datos sobre los ejercicios que practicaban a diario para estar listos para el combate. No es algo a lo que los autores clásicos hayan dedicado demasiadas líneas en sus textos.
Con todo, Richer señala que «los espartanos practicaban la lucha , el pancracio , el pugilato , el salto , el lanzamiento de disco o jabalina , o la carrera ». Tampoco desdeñaban las artes y dedicaban mucho tiempo a participar en « coros o danzas ». La competitividad se favorecía mediante juegos internos, los cuales se celebraron, como mínimo, entre los años 404 y 396 A.C.
Tras superar la treintena, los espartanos no abandonaban el culto al cuerpo. Ni mucho menos. En «Esparta. Ciudad de las artes, las armas y las leyes» se especifica que los veteranos seguían cultivando sus capacidades para la guerra con diferentes actividades como la caza. Así lo explica el mismo Jenofonte : «Licutgo estableció la caza como la mejor norma para los de esa edad, a menos que se lo impidiese una función pública, para que también ellos sean capaces de soportar las fatigas de la vida militar, no menos que los jóvenes».
El autor clásico también criticó en el mismo texto que algunas otras ciudades-estado dispensaran a los sujetos de mediana edad de «la preocupación para el vigor físico», pero que luego cometieran el error de « obligarles a hacer campañas » si la situación lo requería.
En la práctica, el espartano podía ser llamado a la batalla hasta los sesenta años . Y durante toda aquella vida recibía también un entrenamiento psicológico para que siempre estuviese preparado para el combate. El estado buscaba, de esta forma, que sus combatientes no se derrumbaran al entrar en combate; que «se atrevieran a mirar el sangriento estrago » y que deseasen « estar cerca de los contrarios ».
– Odio al cobarde
Toda esta dedicación al mundo militar derivaba en el odio hacia la deshonra que suponía la cobardía. Jenofonte consideraba «algo digno de admiración» que los espartanos hubieran conseguido que, «en su ciudad, sea preferible una muerte gloriosa a una vida deshonrosa ». Tras el combate, de hecho, se apartaba a los cobardes de la sociedad.
«Ese queda de más sin un puesto entre los dos grupos que se forman para jugar a la pelota, y en los coros es relegado a los lugares más despreciados; en las calles tiene que apartarse y, en los asientos, levantarse incluso ante los más jóvenes que él; tiene que alimentar en su casa a las jóvenes de la familia y explicarles las causas de que no tengan marido», añade el autor clásico.

Aquellos que eran considerados cobardes veían, además, «su hogar falto de esposa», debían pagar una sanción y no podían pasear con personas íntegras (pues de lo contrario eran azotados).
Los que padecían estos castigos eran los llamados « tresantes », aquellos que -en palabras de Jenofonte- habían « temblado » en combate, pero que no habían huido.
La diferencia es importante, pues no se les arrebataban totalmente los derechos cívicos.
Richer sostiene que Esparta ideó decenas de procedimientos para «exaltar a los valientes y degradar a los malos soldados» (algo que no sucedía en otras ciudades-estado) con «la intención obsesiva de perpetuarse superando a sus enemigos».
Era, en definitiva, la supervivencia del más fuerte.
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El Inca Garcilaso de la Vega: biografía de este cronista y humanista peruano…

Psicología y Mente(S.R.Comas) — Se le conoce como el Inca Garcilaso y vivió en el siglo XVI, pero no debe confundirse con el otro Garcilaso (el poeta renacentista), aunque, al parecer, les unían lazos de parentesco. De verdadero nombre Gómez Suárez de Figueroa, el Inca Garcilaso nació en Cuzco, Perú, hijo del extremeño Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo.
Gran humanista y cronista insigne de la historia de su Perú natal, el Inca Garcilaso fue el primer mestizo en publicar sus obras en el continente europeo, y defendió toda su vida la mezcolanza de culturas que él mismo representaba y de la que se sentía muy orgulloso. En el artículo de hoy, hablamos del primer escritor americano que publicó en Europa, el Inca Garcilaso.
Por sus venas corría la sangre de familias ilustres, tanto por parte de su padre como de su madre. Su progenitor, Sebastián Garcilaso de la Vega (1507-1559), pertenecía a un linaje extremeño de rancio abolengo, y su madre, Chimpu Ocllo (bautizada más tarde como Isabel) era una ñusta, es decir, una princesa de la familia imperial inca. El Inca Garcilaso, por tanto, representaba una fusión étnica con un pasado cultural riquísimo que él siempre reivindicó.
– Descendiente de reyes
Sebastián Garcilaso de la Vega, el padre de nuestro personaje, había llegado al Perú en 1534, tras recorrer México y Guatemala bajo las órdenes de Pedro de Alvarado (1485-1541). Fue en Cuzco, la capital del imperio inca, donde se estableció finalmente y de donde llegó a ser corregidor desde 1554 hasta 1556. Allí falleció también en 1559. En Cuzco tuvo una relación (no exenta de polémica) con Chimpu Ocllo, una princesa de sangre real. De hecho, Chimpu Ocllo era nada menos que la nieta del último gran líder inca.
¿Por qué decimos “polémica”? Porque, de hecho, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de la unión de Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa. En algunas fuentes se los presenta como matrimonio (y, de hecho, ella se bautizó con el nombre de Isabel). Sin embargo, unos años más tarde (cuando el Inca Garcilaso tenía unos diez años) se ordenó a los colonos que “abandonaran a sus concubinas indígenas” y contrajeran matrimonio; de lo contrario, perderían las encomiendas. Sebastián Garcilaso de la Vega se casó entonces con una hidalga española, Luisa Martel de los Ríos (1535-1593), lo que nos da a entender que, efectivamente, su relación con la ñusta había sido “ilegítima”.
Sea como fuere, el niño nació el 12 de abril de 1539 en Cuzco, y fue bautizado con sonoros nombres que, en realidad, eran apellidos ilustres: Gómez Suárez de Figueroa. El pequeño pasó la mayor parte de su infancia con su madre, en estrecho contacto con la nobleza inca, de la que aprendió su riquísima cultura. De hecho, el idioma materno del futuro escritor era el quechua, aunque después utilizara el castellano como lengua literaria.

– Primer (y definitivo) viaje a España
Cuando el joven se hizo adolescente, aprendió las primeras letras en Cuzco con Juan de Alcobaza (h. 1518-1568). La infancia y la primera juventud del Inca Garcilaso estuvieron marcadas por la cruenta guerra que sacudió al Perú y dividió a los españoles en pizarristas y almagristas. Sebastián Garcilaso de la Vega, el progenitor, se unió a los pizarristas, bando en el que también permaneció su hijo.
A la muerte del padre, acaecida en 1559, Gómez Suárez de Figueroa (pues todavía no firmaba con el nombre con el que sería conocido, el Inca Garcilaso) viaja a España para reivindicar la parte de la herencia que le corresponde. Él quizá no lo sabe, pero nunca más regresará al Perú ni volverá a ver a su madre, que fallece en 1571. A partir de entonces, la vida de nuestro escritor transcurrirá en España.
A su llegada a la patria de su progenitor le espera una agradable sorpresa. Sebastián Garcilaso de la Vega le ha dejado 4.000 pesos en oro y plata, una cantidad exorbitante para la época, que permitirá al Inca Garcilaso vivir de forma bastante holgada. A esta suma se le añade, varios años después, la herencia que recibe de su tío español, Alonso de Vargas, también bastante considerable. Como resultado, el Inca Garcilaso podrá dedicarse a la literatura (su verdadera vocación) sin preocuparse por su economía.
– Insigne humanista de su tiempo
Antes de abrazar la senda literaria, el Inca Garcilaso ha seguido la carrera militar, como su padre y su tío. En 1569 lo encontramos en las Alpujarras granadinas, participando en la represión de los moriscos a las órdenes de Juan de Austria. Extraño episodio de la vida de un personaje siempre partidario del mestizaje y del respeto entre culturas.
A pesar de que llega a obtener el grado de capitán, el Inca Garcilaso pronto abandona las armas y, en 1590, se dedica a llevar una vida de auténtico hidalgo. Esto le permitirá dedicarse plenamente a la escritura; precisamente de la última década del siglo XVI es una de sus obras más conocidas, La Traducción del Indio de los Tres Diálogos de Amor de León Hebreo (1590).
Se trata de una traducción de la obra del neoplatonista León Hebreo (1465-1521), que el Inca Garcilaso traspasa del italiano al castellano. Él mismo reconoce la dificultad de la empresa, puesto que ni el italiano ni el castellano eran sus lenguas maternas. La cultura clásica y renacentista del Inca Garcilaso es extraordinaria, y se erige así en uno de los humanistas más insignes de su tiempo. Además del quechua, el castellano y el italiano, habla el latín, la lengua de la cultura del momento.
– Nace el Inca Garcilaso
En 1605 aparece en Lisboa La Florida del Inca, una crónica que relata la expedición de Hernando de Soto a la Florida. Si bien la historicidad de los datos que el Inca Garcilaso presenta se ha puesto repetidamente en duda, lo que sí ha recibido una aclamación unánime es el estilo de la crónica, que la convierte en una de las mejores de su tiempo. En aquellos años, Gómez Suárez de Figueroa ya ha empezado a firmar como Garcilaso Inca de la Vega, nombre con el que pasará a la posteridad (o, simplemente, el Inca Garcilaso).
En todo caso, el escritor peruano destacó rápidamente entre los cronistas de su época. El mismo Cervantes había leído sus obras, al que por cierto el Inca Garcilaso conoció a su paso por Montilla como recaudador de impuestos. En 1609 aparece la que es considerada su obra magna, los Comentarios Reales de los Incas, publicada también en Lisboa y que pretende ser un testimonio histórico del imperio inca.
De nuevo, muchos historiadores han cuestionado sus fuentes, pero lo que sí está claro es que, con esta obra, el Inca Garcilaso elevaba un canto de amor a la tierra de su madre y reivindicaba de esta forma su cultura indígena. En 1617 aparece póstumamente la segunda parte de la obra, conocida como Historia general del Perú.

– Puente entre dos mundos
Si por algo es destacable la figura del Inca Garcilaso, además de su calidad como cronista, es su papel entre dos mundos. Muy consciente de su doble procedencia (y orgulloso de ambas por igual), el Inca Garcilaso siempre reivindicó su cultura indígena y española, y en su historia del Perú se esfuerza por romper algunos tópicos acerca de los incas.
El Inca Garcilaso insiste en la refinada civilización que estos constituyeron, aunque hace una concesión a su religión cristiana aceptando que la evangelización española fue el “culmen” de esta “perfección” cultural, que compara con el cristianismo y Roma. En todo caso, su Historia general del Perú es un documento valiosísimo para saber acerca de las costumbres indígenas, que él mismo había conocido en su infancia.
Últimamente se ha conocido que tuvo un hijo natural en España, que fue sacristán de la capilla familiar, situada en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Fue en este templo donde fue enterrado el gran humanista y escritor peruano en abril de 1616; concretamente, en la Capilla de las Ánimas, que adquirió en 1612.
Uno de los grandes interrogantes de su vida es la fecha exacta de su muerte; algunos documentos oficiales apuntan al 24 de abril, pero en la lápida de la capilla se puede leer que su óbito aconteció el 23 de abril de 1616. ¿Otro ilustre escritor para reivindicar el Día del Libro? Puede. En todo caso, el Inca Garcilaso ya no está en Córdoba; sus cenizas descansan en su querido Cuzco natal.
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14 mujeres hispanas que son pioneras en su campo…

Biography(M.Hernández) — Es posible que ganemos comisiones por los enlaces de esta página, pero solo recomendamos los productos que respaldamos.
Las mujeres hispanas han sido durante mucho tiempo parte de moldear la cultura y la historia con su música , arte , esfuerzos humanitarios , activismo , participación política y mucho más. Desde jóvenes latinas que han convertido sus dificultades y luchas en acción hasta queridas intérpretes que han producido algunas de las canciones más conocidas que siguen siendo populares año tras año, no hay rincón de la civilización moderna que las mujeres latinas pioneras no hayan tocado. .
En honor al Mes de la Historia de la Mujer en marzo, aquí hay 14 mujeres hispanas que han desafiado o redefinido los estereotipos sociales, culturales y de género.
– Frida Kahlo
.Primer artista mexicano del siglo XX

Durante su vida, la artista mexicana Frida Kahlo no alcanzó el nivel de fama que obtuvo después de su muerte. Pero desde hace muchos años, ha sido un ícono de la cultura pop, y su vida y su trabajo han inspirado películas, instalaciones de arte y libros.
Nacida el 6 de julio de 1907, Kahlo es conocida por sus autorretratos y piezas que enfatizan temas de surrealismo fantástico, aunque no era fanática de ser etiquetada como pintora surrealista, ni de categorizar su arte bajo un estilo específico en absoluto. “Realmente no sé si mis pinturas son surrealistas o no, pero sí sé que son la expresión más franca de mí misma”, escribió una vez Kahlo .
Kahlo, que también era alemana por parte de su padre, estaba tremendamente orgullosa de su herencia mexicana y a menudo vestía con el elaborado estilo del pueblo tehuana, que incluía cintas en su cabello trenzado.
En 1925, Kahlo estuvo involucrada en un accidente de tranvía que la dejó con dolor crónico y le causó tanto daño en la columna y las piernas que tuvo que usar corsés ortopédicos y aparatos ortopédicos en las piernas. Finalmente, en 1953, perdió la pierna y el pie derechos debido a la gangrena. Siempre artista, pintó acentos decorativos e imágenes en sus dispositivos médicos y añadió campanas a sus prótesis, así como a su ropa y zapatos.
Su única exposición de arte fue en México en 1953, un año antes de morir inesperadamente a la edad de 47 años debido a una embolia pulmonar. Aún así, el legado de Kahlo perdura varias décadas después de su muerte; En 2006, uno de sus autorretratos se vendieron en Sotheby’s por 5,62 millones de dólares. Kahlo es también la primera artista mexicana del siglo XX incluida en la colección del Louvre después de que el museo adquiriera su obra, The Frame , alrededor de 1938.
– Sonia Sotomayor
.Primera jueza latina de la Corte Suprema de Estados Unidos

Sonia Sotomayor , que hoy tiene 69 años, creció en circunstancias difíciles. Aunque recordaba visitas regulares de verano a Puerto Rico para ver a amigos y familiares, su vida hogareña en el distrito del Bronx de la ciudad de Nueva York no era feliz.
Su padre era un alcohólico que murió cuando tenía poco más de 40 años y su madre mantuvo una distancia emocional con su hija. La familia vivía en los complejos de viviendas, que luego fueron invadidos por la violencia de las pandillas.
Aún así, la madre de Sotomayor presionó a sus hijos para que tomaran en serio su educación, lo que dejó una profunda huella en Sotomayor, quien a los 10 años supo que quería ser abogada. Sotomayor ganó una beca para la Universidad de Princeton y se graduó summa cum laude en 1976. Se licenció en derecho en Yale.
En 1979, Sotomayor se desempeñó como asistente del fiscal de distrito, lo que finalmente le allanó el camino para convertirse en juez del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, designada por George HW Bush .
Bajo la administración de Bill Clinton , Sotomayor llegó a la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Estados Unidos en 1997, y poco más de una década después, Barack Obama la nominó para el tribunal más alto del país. En 2009, Sotomayor se convirtió en la primera latina en convertirse en juez de la Corte Suprema de Estados Unidos .
Desde entonces, ha construido su reputación como defensora de la reforma de la justicia penal y los derechos de las mujeres.
– Rita Moreno
.Primera latina receptora de PEGOT

La actriz puertorriqueña Rita Moreno , de 91 años, ha construido una carrera premiada en cine, televisión y teatro que abarca más de siete décadas. Famosa por sus papeles secundarios en las adaptaciones cinematográficas de El rey y yo (1956) y West Side Story (1961), Moreno obtuvo un Oscar por esta última, convirtiéndola en la primera latina en lograr tal hazaña.
En la década de 1970, Moreno se convirtió en miembro habitual del elenco del querido programa infantil de PBS, The Electric Company , y luego fue elegido para un papel secundario en el exitoso drama de HBO Oz (1997-2003).
Su multitud de créditos como actriz, cantante y bailarina dieron como resultado uno de sus mayores logros en 2019: es la primera latina en ser elevada al estatus PEGOT, un pequeño grupo de artistas que han ganado un Peabody, Emmy , Grammy, Premio Oscar y Tony.
– Isabel Perón
.Primera presidenta latina

A pesar de su origen de clase media baja y su educación de quinto grado, la ex bailarina de un club nocturno Isabel Perón se convirtió en la primera mujer presidenta de América Latina. Ahora con 92 años, dirigió su Argentina natal durante casi dos años a mediados de los años 1970.
El ascenso de Isabel al poder se produjo a través de su marido, el presidente argentino Juan Perón , quien anteriormente estuvo casado con la fallecida y querida Eva Perón (también conocida como Evita). Isabel fue la tercera esposa de Juan y sus compatriotas la conocían como «Isabelita». Se desempeñó como vicepresidenta y primera dama de su esposo durante su tercer mandato presidencial, a partir de 1973.
Sin embargo, apenas un año después de ese mandato, Juan sufrió una serie de ataques cardíacos y murió el 1 de julio de 1974. Isabel asumió la presidencia, y aunque su nación y sus aliados políticos e incluso algunos de los enemigos de su marido inicialmente mostraron su apoyo a ella , rápidamente cayó en desgracia después de que lanzó una campaña de represión dirigida por el gobierno contra sus adversarios, que incluyó una serie de asesinatos políticos y medidas políticas y purgas anti-izquierdistas.
En 1976, Isabel fue expulsada por un golpe militar y permaneció bajo arresto domiciliario antes de que se le permitiera mudarse a España. En 2007, un juez argentino emitió una orden de arresto por la desaparición de un activista en 1976, pero los tribunales españoles se negaron a extraditarla, alegando que los cargos no entraban en la categoría de crímenes contra la humanidad.
– Elena Ochoa
.Primera astronauta latina en el espacio

Discovery durante una misión de 1999.
Nacida en Los Ángeles, Ellen Ochoa se sumergió en las ciencias, graduándose de la Universidad Estatal de San Diego con una licenciatura en física en 1980, luego de la Universidad de Stanford, donde obtuvo una maestría en ciencias en 1981 y un doctorado en ingeniería eléctrica cuatro años después.
Como estudiante de doctorado, centró sus estudios principalmente en sistemas ópticos relacionados con la exploración espacial de alta tecnología, lo que eventualmente la llevó al programa espacial de la NASA en 1991. Dos años más tarde, Ochoa se convirtió en la primera mujer latina en volar al espacio, lo que ocurrió a bordo. el transbordador Discovery .
Ochoa, ahora de 65 años, completó un total de cuatro misiones espaciales durante su carrera en la NASA y volvió a hacer historia cuando se convirtió en la primera latina directora del Centro Espacial Johnson de la agencia en 2013.
– Gloria Estefan
.Primera mujer hispana incluida en el Salón de la Fama de los Compositores

Gloria Estefan es una cantante y actriz que nació en La Habana, Cuba, a finales de los años cincuenta. Cuando era niña, Estefan y su familia huyeron del país para escapardel gobierno del dictador Fidel Castro .
La mujer de 66 años comenzó su carrera como cantante principal de Miami Sound Machine, que encabezó las listas con su éxito “Conga”. Más tarde, Estefan siguió una carrera en solitario y ganó su primer Grammy en 1994 en la categoría de Mejor Álbum Latino Tropical con Mi Tierra .
Finalmente, Estefan recibió varios premios Grammy más, incluidos cinco Grammy Latinos en categorías como Mejor Canción Tropical y Mejor Álbum Tropical Contemporáneo. Su trabajo también le valió su ingreso al Salón de la Fama de los Compositores en junio de 2023. Es la primera mujer hispana en ser incluida.
En marzo de 1990, Estefan estuvo involucrada en un accidente vehicular que le rompió una vértebra de la espalda y requirió cirugía y varillas de acero para realinear la fractura. Después de una fisioterapia intensiva, Estefan estaba lista para comenzar a hacer giras nuevamente para promocionar su nueva música.
En 1997, Estefan estableció la Fundación Gloria Estefan para promover la educación, la salud y el desarrollo cultural. Desde entonces ha incursionado en varios proyectos que incluyen escribir los libros infantiles más vendidos del New York Times .
El 1 de septiembre de 2022, Mattel lanzó una Barbie Gloria Estefan inspirada en su apariencia en el video musical “Get On Your Feet” de 1989.
– Evangelina Rodríguez
.Primera Doctora Dominicana

A pesar de haber nacido en la pobreza y enfrentar discriminación por su herencia africana, la afro-dominicana Evangelina Rodríguez se convirtió en la primera mujer de la República Dominicana en obtener su título de médico.
Nacida en 1879, Rodríguez fue criada por su abuela y trabajó diligentemente en la escuela, superando los desafíos sociales y culturales de ser una mujer pobre mitad negra que nació fuera del matrimonio.
Recibió su título de médico en la Universidad de la República Dominicana en 1909 y comenzó a desarrollar su carrera en pueblos pequeños y brindando atención médica a los ciudadanos más pobres.
Después de mendigar sus ingresos durante muchos años, Rodríguez amplió su experiencia estudiando ginecología y pediatría en Francia en 1921 y se graduó cuatro años después.
Regresó a su país y cuidó a sus pacientes, al mismo tiempo que se convirtió en una agitadora política, defendiendo los derechos de las mujeres y temas relacionados, como el control de la natalidad, y hablando en contra del dictador Rafael Trujillo . Murió en 1947 a los 67 años.
– Gabriela Mistral
.Primera autora latina en ganar el Premio Nobel de Literatura

El amor trágico, la infancia, la piedad, la tristeza, la amargura y la política de la época dieron origen a la poesía lírica que definió a la poeta , diplomática y educadora chilena Gabriela Mistral. Nacida en 1889 como Lucila Godoy Alcayaga, la poeta adoptó más tarde su seudónimo Gabriela Mistral, que creó fusionando los nombres de sus poetas favoritos Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral.
Mientras trabajaba en su poesía cuando era joven, Mistral también se desempeñó como maestra de escuela de pueblo. Un intenso romance con un trabajador ferroviario que se suicidó fue una de las varias tragedias a lo largo de su vida que inspiraron su poesía. Sus sonetos en memoria de los muertos, Sonetos de la muerte , publicados en 1914, la hicieron famosa en toda América Latina.
Como artista e intelectual que ganó fama internacional por su poesía, Mistral fue invitada a viajar por el mundo como embajadora cultural de la Sociedad de Naciones y vivió en Francia e Italia desde mediados de los años veinte hasta principios de los treinta. Dio conferencias y se desempeñó como educadora en los Estados Unidos, Europa y Cuba y recibió títulos honoríficos en universidades de renombre.
En 1945 fue la primera poeta latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Mistral murió doce años después, a los 68 años.
– Isabel Allende
.Primera autora latina considerada la más leída del mundo

Isabel Allende , otra escritora chilena, siguió los pasos de Mistral para convertirse en “la autora en español más leída del mundo”. De hecho, Allende fue la primera mujer en recibir la Orden al Mérito Gabriela Mistral.
Nacida en Perú en 1942, Allende obtuvo reconocimiento internacional por su realismo mágico en novelas como La casa de los espíritus y La ciudad de las bestias .
A partir de acontecimientos históricos (el primo hermano de su padre era el presidente chileno Salvador Allende , quien fue derrocado por un golpe militar en 1973) y su propia experiencia, Allende honra las historias de mujeres de manera mítica y se le atribuye haber transformado la literatura de no ficción.
Entre sus muchos premios, la mujer de 81 años recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 2010 y fue honrada por el presidente Barack Obama con la Medalla Presidencial de la Libertad en 2014, así como un título honorífico de Harvard ese mismo año.
– Ileana Ros-Lehtinen
.Primera latina y cubanoamericana en servir en el Congreso

El activismo político es hereditario en la familia de Ileana Ros-Lehtinen. Nacida en Cuba y luego emigró a los Estados Unidos a los 8 años, Ros-Lehtinen creció con un padre activista anti- Fidel Castro y recuerdos de haber escapado del régimen del dictador.
Ros-Lehtinen centró su carrera en la educación y obtuvo dos títulos (una licenciatura en 1975 y una maestría una década después) de la Universidad Internacional de Florida. En 2004, recibió su doctorado en educación de la Universidad de Miami.
Mientras dirigía una escuela privada en Miami a principios de los años 80, Ros-Lehtinen fue elegida miembro de la Cámara de Representantes de Florida, convirtiéndose en la primera latina en ocupar un cargo público allí.
Continuó su racha innovadora al convertirse en la primera latina en servir en el Senado estatal y, en 1989, la primera latina y la primera cubanoamericana en servir en el Congreso de los Estados Unidos como miembro de la Cámara de Representantes.
A partir de 2011, también se convirtió en la primera mujer en dirigir un comité permanente regular, la Comisión de Asuntos Exteriores.
La republicana moderada, que ahora tiene 71 años, era considerada una de las políticas bipartidistas más populares antes de retirar su escaño en la Cámara en 2017.
Fue la primera republicana de la Cámara en apoyar el matrimonio homosexual y fue miembro de numerosos caucus en sus 30 años. carrera política, incluido el Caucus de Igualdad LGBT, el Caucus de Soluciones Climáticas y el Caucus de Mujeres Pro-Vida del Congreso.
– Dolores Huerta
.Activista laboral que creó nuevas protecciones para los trabajadores agrícolas

Dolores Huerta , de 93 años, es una líder sindical y activista que ayudó a crear la Unión de Trabajadores Agrícolas de América (UFW) en 1962. Nació en Nuevo México pero pasó la mayor parte de su juventud en Stockton, California, después de que sus padres se divorciaran.
Huerta, de ascendencia española y mexicana, enfrentó discriminación a temprana edad cuando uno de sus maestros en Stockton High School la acusó de hacer trampa en sus tareas porque sus trabajos estaban muy bien escritos. El brillante estudiante perseveró y asistió al Delta College de la Universidad del Pacífico, donde obtuvo un título de profesor y trabajó como profesor en la década de 1950.
Después de notar que muchos de sus estudiantes llegaban a la escuela con hambre, Huerta se sintió impulsada a actuar y, en 1955, cofundó la Organización de Servicio Comunitario (CSO) de Stockton.
Casi al mismo tiempo, Huerta se involucró profundamente en su comunidad, fundó la Asociación de Trabajadores Agrícolas y ayudó a organizar campañas de registro de votantes. A través de su trabajo con CSO, Huerta conoció a su compañero organizador y activista César Chávez , y juntos fundaron la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas, que eventualmente se convirtió en UFW.
Huerta también encabezó un boicot que culminó con el establecimiento de la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California de 1975. La ley permite a los trabajadores organizarse en sindicatos y negociar sus salarios, horarios y condiciones laborales. También protege contra represalias del empleador por cualquier actividad sindical, incluida la organización.
Por todos sus esfuerzos organizativos y activismo, Barack Obama le otorgó a Huerta una Medalla Presidencial de la Libertad en 2012.
– María Elena Salinas
.Primera periodista latina en ganar un premio Emmy a su trayectoria

Nacida en 1954, María Elena Salinas, nativa de Los Ángeles, se distingue por ser la presentadora de noticias de televisión con mayor trayectoria en los Estados Unidos y la primera latina en ganar un Lifetime Achievement Emmy.
Con una carrera periodística que abarca más de tres décadas, Salinas ha entrevistado a líderes mundiales y se ha desempeñado como copresentador del noticiero nocturno de Univision, así como de su programa de revista de noticias Aquí y Ahora
Conocida como la “Voz de Hispanoamérica”, Salinas se retiró de su puesto en Univision en 2017, pero continúa informando como colaboradora de ABC News y anteriormente de CBS News.
También se centra en la filantropía, que incluye educación, promoción de medios de comunicación para mujeres y aumento del registro de votantes dentro de su comunidad. “Estoy agradecida por haber tenido el privilegio de informar y empoderar a la comunidad latina a través del trabajo que mis colegas y yo hacemos con tanta pasión”, afirmó al dejar Univision y agregó: “Mientras tenga voz, seguiré Úselo siempre para hablar en su nombre”.
– Rigoberta Menchu
.Primera mujer indígena en postularse para presidenta de Guatemala

Rigoberta Menchú es una activista guatemalteca de derechos humanos de 64 años y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992 por su trabajo como activista por los derechos indígenas y la justicia social.
Menchú, maya k’iche’ (también escrita quiché) de las tierras altas guatemaltecas del mismo nombre, ha estado rodeada de cultura indígena toda su vida. Cuando era niña, ayudó con el trabajo agrícola recogiendo café, un cultivo profundamente arraigado en la cultura y la historia de Guatemala desde mediados del siglo XVIII, en plantaciones situadas a lo largo de la costa del Pacífico.
Menchú no es ajena a la violencia, ya que vivió el tumultuoso período de la Guerra Civil de Guatemala, que se extendió desde noviembre de 1960 hasta diciembre de 1996, y durante la cual el ejército nacional mató a cientos de miles de civiles.
Trágicamente, la familia de Menchú fue víctima de la inestabilidad y la violencia; Tanto sus hermanos como su madre fueron asesinados por el ejército guatemalteco, y su padre murió en 1980 durante un ataque a la Embajada de España en Guatemala (también conocido como Masacre de la Embajada de España o Incendio de la Embajada de España).
Temiendo por su vida, Menchú huyó a México en 1981 y desde entonces ha trabajado en la construcción de una resistencia contra el gobierno guatemalteco. En 1982 ayudó a crear la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca. Menchú ha intentado regresar a Guatemala para hablar en nombre de su pueblo, pero cada vez fue rechazada por amenazas de muerte. Finalmente pudo regresar a su país natal en 1988.
Menchú eventualmente sirvió como Embajadora de Buena Voluntad para los Acuerdos de Paz de Guatemala de 1996 y se postuló para presidente de Guatemala en 2007 y 2011. A pesar de perder en ambas ocasiones, hizo historia como la primera mujer indígena maya en postularse para presidente.
– Eulalia Guzmán
.Primera arqueóloga mexicana
Nacida en 1890 en San Pedro Piedra Gorda, Eulalia Guzmán fue una educadora, feminista y filósofa mejor conocida como la primera arqueóloga de México. Ayudó a desarrollar el proyecto arqueológico de Ixcateopan, Guerrero, un archivo de la historia de su país, así como la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
Aunque algunos de los trabajos arqueológicos de Guzmán se volvieron controvertidos entre los eruditos mexicanos por su falta de autenticación (en particular, su afirmación de que descubrió los restos del emperador azteca Cuauhtémoc), fue popular entre las poblaciones indígenas que celebraron sus logros. Guzmán murió a los 94 años en 1985.
nuestras charlas nocturnas.
¿Quién inventó la escritura? Origen en diferentes culturas…

La mente maravillosa(J.Rojas) — Desde hace 4000 años el hombre comienza a escribir. Los pueblos antiguos lo aprovecharon como un instrumento para registrar y administrar los intercambios comerciales.
Escribir es para nosotros algo básico e imprescindible en el día a día. Sin embargo, esta tecnología no siempre existió. De hecho, tuvo sus comienzos en los antiguos pueblos de Mesopotamia, China y Egipto. ¿Cómo se originó? En este artículo te contaremos quién inventó la escritura y de qué manera se desarrolló.
Exploraremos, en particular, el nacimiento del sistema cuneiforme en el pueblo sumerio. Asimismo, indagaremos qué había antes de los trazos que hoy conocemos y la forma en que evolucionaron. ¡Acompáñanos en este viaje histórico!
– ¿Dónde y cuándo se inventó la escritura?
En realidad, no podemos saber a ciencia cierta quién inventó la escritura. No obstante, se atribuye la misma a una casta de escribas procedentes de Uruk, una ciudad Sumeria. Sus habitantes fueron un pueblo asentado a orillas del río Éufrates, en la baja Mesopotamia.
La técnica que adoptaron los sumerios se denominó cuneiforme y la ejecutaban en tablillas rectangulares de arcilla. El material para escribir era un cálamo o caña con una punta en forma de triángulo. En las tablas trazaban signos con el objetivo de inmortalizarlos.
Para lograr láminas sólidas y perdurables, los escribas horneaban las tablillas a altas temperaturas. De este modo se aseguraron de que sus inscripciones se volvieran un material perenne, capaz de resistir el paso del tiempo.
El propósito de escribir en Sumeria era registrar aspectos administrativos de la ciudad, convirtiéndose en un medio esencial para documentar transacciones comerciales. Estas tablas contenían inventarios, tratados, leyes, impuestos, himnos e incluso literatura.
– ¿Quién inventó la escritura en otras culturas?
Si bien en Sumeria está la cuna de los primeros escritos, otros pueblos también inventaron su propio sistema. Tal fue el caso de China, Egipto y Grecia. En este sentido, estas poblaciones antiguas son consideradas las precursoras de la expresión escrita.

.Origen de la escritura China
Podemos decir que quien inventó la escritura en China fue un grupo de adivinos de la dinastía Shang, hacia el 1200 o 1300 a. C. Se trataba de un sistema muy desarrollado que, inclusive, es uno de los únicos que perdura hasta nuestros días.
En un principio, las inscripciones se realizaban en huesos con fines oraculares. Esto significa que eran empleados por los adivinos de la corte para predecir y transmitir consejos de los antepasados.
Otra de las características de la escritura china alude al uso de técnicas con pinceles y tiras de bambú. Con la instauración de la dinastía Zhou, se extendió la implementación de este instrumento a otros materiales, tales como madera y seda. Además, utilizaban las inscripciones grabadas en bronce.
. Origen de la escritura egipcia
La invención de la escritura en la cultura egipcia se remonta a los jeroglíficos.
Los mismos aparecieron hacia el 3100 a. C. y consistían en signos iconográficos o pictográficos plasmados sobre piedras o columnas.
Se cree que los egipcios idearon escribir a causa de la influencia cultural de Mesopotamia.
Luego de la conquista de Alejandro Magno a Egipto en el año 332 a. C., los escritos egipcios eran visibles en los templos.
Por eso, se cree que los mismos eran solo entendidos por sacerdotes. También tenían un lado artístico, ya que las inscripciones se encontraban en pinturas, estatuas y bajorrelieves.
Con el tiempo, perfeccionaron sus materiales y técnicas y pasaron de redactar en piedra o monumentos a utilizar la tinta y el papiro.
.Origen de la escritura griega

El nacimiento de la escritura griega es el sistema más próximo a la realización del principio alfabético y, por lo tanto, del nuestro.
Todo procede del cruce comercial entre Fenicia y Grecia en el siglo VII a. C.
En ese momento histórico, los griegos tenían un enclave comercial permanente en la costa fenicia.
Durante estos intercambios mercantiles, los comerciantes helenos adoptaron los principios de los escritos fenicios, por eso, se dice que la escritura griega es de origen fenicio.
Su evolución tuvo importantes impactos en la cultura y la política: favoreció el desarrollo de la democracia. Esto se debe a que las leyes eran expuestas por escrito y gran parte de los ciudadanos podían comprenderlas. Por lo tanto, se trataba de un sistema al alcance de la mayoría debido a la facilidad para aprenderlo.
– ¿Qué había antes del invento de escribir?

Antes de que existiera la escritura o la representación de frases y palabras por medio de imágenes, algunos pueblos tenían un sistema gráfico de numeración. El mismo se simbolizaba mediante nudos en cuerdas, puntos y rayas, inscriptos en cerámica y huecos en huesos largos. Estos códigos servían para recordar y memorizar objetos entregados o enviados.
Con el tiempo, los pueblos antiguos se vieron obligados a perfeccionar sus sistemas en función de sus necesidades. Así fue como surgió la firma, por ejemplo. Esta era un modo de identificar a la persona que entregaba o enviaba la mercancía. El material por medio del cual lo hacían eran sellos cilíndricos únicos e irrepetibles.
Por lo tanto, los sistemas precedentes a escribir surgieron como procedimientos mnemotécnicos. Los mismos buscaban remediar la fragilidad de la memoria humana. Ahora bien, ¿cómo pasamos de la numeración arcaica a la escritura?
.El principio de Rebus
El pasaje del sistema de numeración gráfico a lo escrito se dio mediante el principio Rebus, según afirma Jesús Mosterín en su libro Teoría de la escritura.
Este principio se basa en utilizar signos iconográficos que representan ciertas palabras para simbolizar otras que se pronuncian o suenan de un modo parecido. En consecuencia, lo que antes era una imagen estática, pasa a representar sonidos o fonemas.
– Importancia de la escritura
Nuestra escritura está muy lejos de ser lo que fue en épocas anteriores. Pero este proceso evolutivo se dio gracias al desarrollo de la capacidad de abstracción.
Tal como sostiene un artículo publicado por la International Encyclopedia of Social and Behavioral Sciences, este progreso ocurrió debido a la extensión en el procesamiento de la información.
Por lo tanto, a medida que surgían distintas necesidades, los encargados de administrar las ciudades tuvieron que generar tecnologías cada vez más eficientes.
Con el tiempo, esta innovación se trasladó a otros ámbitos de la vida en común. De esta manera, con la escritura también se pudo comunicar la interioridad de nuestro pensamiento.
Así, se dio un trayecto progresivo desde la representación de bienes reales y concretos hasta la exteriorización de palabras e ideas. Hoy no podemos imaginarnos una vida en donde lo escrito no existe, ya que está presente a todas horas y en todo momento.
– El legado de lo escrito en la historia humana
Como vimos a lo largo de este artículo, dar un nombre preciso de quién inventó la escritura es complejo porque nos separan muchos años desde su origen. Lo que sí podemos afirmar es que surgió en Sumeria alrededor del 4000 a. C. A partir de allí, distintos pueblos antiguos idearon sus propios sistemas.
Al principio solo se representaban imágenes; con los años, estas simbolizaron sonidos, ideas y conceptos. La evolución de la escritura es importante para el desarrollo de nuestra capacidad de abstracción y procesamiento de información. Cuanto más necesitaban registrar los antiguos, más perfeccionaban su método.
En la actualidad, no podemos imaginarnos una vida sin escribir; gracias a ello contamos con los libros, se componen canciones y mucho más. Incluso, sin esta tecnología, nuestro mundo sería muy distinto. Porque ¿cómo iba a progresar la humanidad? Es mucho lo que le debemos al nacimiento de la escritura.
nuestras charlas nocturnas.
1961, el año de los Beatles en Hamburgo…

JotDown(A.C.Rural) — Yo no me duchaba nunca. En el cine donde vivíamos había un lavabo. Podíamos lavarnos los dientes y afeitarnos, pero poco más. Recuerdo que un día fui a unos baños públicos, pero estaban muy lejos. Más adelante, creo que la tercera vez que visitamos Hamburgo, nos lavamos en casa de una amiga. No creo que nos bañáramos ni ducháramos la primera vez que fuimos a Alemania. Ni la segunda. (George Harrison).
Cara de vieja, ojos de huevo, son algunos de los apelativos más cariñosos que recibe Paul McCartney por parte de mucha gente que entiende de música. Su trayectoria en solitario es de todo menos arriesgada y la marca «Beatles», más que velar por el legado musical del grupo, a lo que parece más predispuesta es a lanzar una OPA hostil al Banco Santander.
Personalmente, me encantan los Wings y su concierto en La Peineta de 2004 me pareció maravilloso, pero sí es cierto que el invento de los Fab Four ya se reduce a la administración de royalties generados por que te traicionen el amor que sientes por sus canciones martilleándote con ellas en momentos tan propicios para la emoción musical como cuando eliges entre guisantes congelados de oferta en el Carrefour.
En esta entrega de Busco en la basura algo mejor quería yo rebelarme contra ello reivindicando a los Beatles a partir de una de sus biografías más canallas y que yace muerta de risa en el cajón de los descatalogados, Una biografía confidencial de Peter Brown y Steven Gaines.
Pero he encontrado que se contradice con bastantes testimonios reunidos en la maravillosa Antología que apareció en 2000, así que recorreremos la etapa más sucia y salvaje de los de Liverpool a partir de esos dos libros y alguno más citado al final de este texto. Un relato de cuando los Beatles eran sinónimo de anfetaminas y enfermedades venéreas y sonaban como el Capitán Entresijos. Parafraseando a Carlos Javier Rubio en su artículo del Ruta 66 número 80 de 1993: “Porque, Ladies & Gentlemen, los Beatles también surgieron de la mierda”.
En los años 50, Lennon era un chaval con pantalones de pitillo y tupé. Un teddy boy, lo más cercano a un delincuente juvenil por aquel entonces. Aunque la rebeldía no le venía por su origen de clase obrera, era un niño más o menos bien, sino por una situación familiar complicada. Le criaba la hermana mayor de su madre, quien no podía hacerse cargo de él porque era demasiado joven y se acababa de separar.
Este pequeño desarraigo emocional le convirtió en alguien intratable. Insultaba a sus compañeros del colegio, decía fuck detrás de cada palabra, fumaba como un carretero, le encantaba la cerveza y en clase se dedicaba a dibujar “lisiados y bebés deformes”. Su día a día era, tal y como cuenta esta bio, perseguir a las chicas por la calle para bajarles las bragas hasta los tobillos, mearse en el despacho del subdirector de su escuela en plan gesta heroica, o pegar a un profesor delante de sus compañeros. También robaba a su tía-madre, que a su vez le devolvía el detalle con castigos y palizas. Precioso.
Por supuesto, suspendía todo impenitentemente, a excepción del dibujo, que parecía ser su única dote. Pero cateó el ingreso al Colegio Superior de Arte de Liverpool tras dibujar “un jorobado con verrugas sangrantes” como interpretación del enunciado de un ejercicio en el que le pedían que ilustrase un viaje.
Y la cosa empeoró cuando murió su madre natural. Lleno de rabia, iba molestando a todo aquel con el que se cruzaba por la calle. Asustaba a los ancianos poniendo a prueba su salud cardiaca, se mofaba de los minusválidos…
Su conducta típica solía ser acercarse a un desventurado parapléjico con quien se encontraba en la calle y hacerle bromas crueles sobre sus miembros inútiles ¿Adónde se han ido tus piernas, compadre? ¿Se han escapado con tu esposa? (Peter Brown y Steven Gaines).
Era también un celoso patológico con su novia, Cynthia, a la que golpeaba o retorcía el brazo por la espalda, pero luego él, si podía, se ligaba a todo lo que se le ponía por delante. Por esta conducta hoy en día podría hasta haber ingresado en prisión, al menos en España, y cualquier mujer en su sano juicio se alejaría de él como si su nombre rimase con mierda, pero Cynthia, que luego fue su primera mujer, veía que la necesitaba, porque tras su “ira colérica” había un “muchachito desvalido, lastimado”.

Por otro lado, McCartney había sido un niño obeso. De modo que cuando se libró de esos kilos de más, se convirtió en un donjuán. La mañana siguiente de perder la virginidad con una compañera de clase se lo contó a todos los compañeros de la escuela y abrumó a la pobre chica. Y ojo a esta revelación: “Al enterarse de la muerte de su madre, lo primero que dijo Paul fue: ¿Qué vamos a hacer sin su dinero?”.
Como todo el mundo sabe, Paul y John se conocieron, congeniaron, bla, bla, bla, y empezaron a tocar juntos. A estos dos caballeretes luego se unió Stuart Sutcliffe. Era un colega de John de la Escuela de Arte, en la que Lennon al fin había logrado entrar. Stu lo tenía todo. Era artista, era pobre y era guapo. Que no es precisamente poco.
Vivía en una buhardilla en la que, en invierno, tenía que quemar los muebles en la chimenea para no congelarse. Fascinado por su personalidad, John se mudó a vivir con él una temporada a disfrutar de las malas condiciones de vida como dos buenos artistas. Es decir, se pasaban las noches bebiendo y charlando.
John dormía en un ataúd forrado en seda que había robado en un vertedero de basura. (Peter Brown y Steven Gaines).
Luego llegó Harrison, un electricista. Tenía 15 años, la cara llena de granos. Era flaco, pálido. No hablaba. Solo parece que lo hizo para decirle a John que su novia Cynthia tenía “dientes de caballo” en una conversación amistosa.
Por lo demás, terminó entrando en el grupo a base de seguirles todos los días fueran adonde fueran. Como un stalker. Al final, casi sin darse cuenta, tras algunas probaturas, después de mucho reírse de él, terminó siendo uno más de ellos.
Con el invento ya formado con un miembro más, el batería Tommy Moore, un operario de fábrica, les surgió una gira por Escocia. Les habían contratado sencillamente porque eran unos pringaos. Johnny Gentle, el cabeza de cartel, pensó en ellos solo porque eran los únicos a los que podía ofrecerles un contrato leonino.
No obstante, los Silver Beatles, que así se llamaban al principio, firmaron con ilusión y se hicieron con su primer uniforme. Todos de negro con unos zapatos baratos con adornos de cuero blanco. Como nota folclórica, McCartney se puso de apellido Ramon, para parecer más francés, más artista, un tipo muy sofisticado.
Las condiciones de la gira no les permitían más que un tazón de sopa al día. Terminaron durmiendo en la furgoneta. Stu, al que le dieron el bajo sin tener ni pajolera de tocarlo, se metía en el hueco del guardabarros de la rueda trasera. Los conciertos eran en decrépitos salones de baile de pueblos recónditos.
Estaban asqueados, pero menos que los promotores, que llamaban a Liverpool para quejarse de la porquería de grupo que les habían enviado. Encima, una noche tuvieron un accidente con la furgoneta, Tommy se golpeó con una maleta que salió despedida y perdió los dos dientes delanteros.
Le llevaron al hospital para que le cosiesen media la cara. Y esa misma noche, durante la actuación, cuando John Lennon vio cómo tenía el rostro, se rió de él delante de la audiencia. En cuanto regresaron, Tommy dejó el grupo y acabó de conductor de una carretilla hidráulica.

Más adelante, en Liverpool, actuaron como banda de acompañamiento de strippers. En cada libro la chica con la que tocaban se llama de una manera. En unos Shirley, en otros Janice. Pero lo que sí parece cierto es que se marcaban Moondog mientras ella se despelotaba delante de no más de cinco personas con abrigos largos, pues el lugar mucho glamour no desprendía y, por tanto, los clientes, tampoco.
Otras actuaciones como grupo de acompañamiento fueron para los festivales de poesía de Royston Ellis en el club Jacaranda. Este hombre, un beatnik amante de Kerouak, les enseñó a desatornillar los inhaladores Vicks para extraer la bencedrina (una anfetamina) que llevaban dentro y poder así pillarse sus primeros ciegos tal y como eran entonces, esto es, pasarse la noche bebiendo y hablando sin parar. Luego fueron contratados en este club con un sueldo como los que pronto veremos en la España del siglo XXI: a cambio de “Coca-Cola y judías con tostadas”.
En las sucesivas actuaciones que les fueron surgiendo, aparte de las remuneraciones miserables, también sufrieron el problema de los teddy boys. Los de verdad. Ellos eran meros imitadores de la tendencia, pero en realidad en aquella Inglaterra había auténticos delincuentes juveniles que, vaya, eran el único público de sus primeros conciertos. Ellos y sus novias, las judies. Iban a verles, a disfrutar de su música jovial y el esparcimiento, armados con cadenas, cuchillos y botas de punta de acero. Lo normal es que al final de cada bolo hubiese una pelea escalofriante.
En Neston, por ejemplo, los Silver Beatles asistieron a la muerte por linchamiento de un chaval de 16 años. Aunque hay libros donde dice que no murió, que solo lo descalabraron a patadas en la cabeza. No obstante, en lo que sí que coinciden todos es en que, en una cita de tantas en las que tenían que terminar la actuación saliendo por patas, a Stu le cogieron y también le patearon la cabeza hasta que perdió el conocimiento.
Cuenta la leyenda, porque no hay nada demostrado, que un coágulo de sangre consecuencia de aquellos golpes acabó con su vida dos años más tarde, cuando sufrió un colapso y un aneurisma. Pero también hay una versión que dice que se cayó por las escaleras del ático de la casa de su novia en Hamburgo. Nos quedamos con que sus agradecidos seguidores le patearon la cabeza sin motivo, que no es poco.
Esta trayectoria errática, tocar mal y ser maltratados físicamente, solo se vio interrumpida con su viaje a Hamburgo, la capital europea del vicio en ese momento. A esta ciudad alemana, como antes con su gira escocesa, los Beatles consiguieron llegar gracias al enorme mérito de ser unos pringaos. Había demanda de grupos de rock and roll en Hamburgo y los estadounidenses salían muy caros.
El propietario del aludido Jaracanda, Allan Williams, les puso en contacto con Bruno Koschmider que iba a abrir un local en Hamburgo y necesitaba una formación de cinco miembros competente, pero barata. Los Beatles fueron los elegidos… por su precio. Iban a cobrar 15 libras semanales cada uno, más de lo que ganaba un maestro en cualquier caso.
Detalle que llevó a Paul a escribirle una carta de despedida al director de su instituto para pasarle por la cara su nuevo sueldo. El padre de Macca, menos entusiasta, le advirtió de que en la calle de Hamburgo a la que iba, Reeperbahn, era normal que asesinasen cada dos por tres a marineros británicos. Que tuviera cuidado porque era un lugar peligroso. ¡Y que no se drogase, por los clavos de Cristo! Que se lo veía venir.

Antes de irse, como no tenían batería, tuvieron que contratar a Pete Best.
Su mérito, básicamente, era que tenía batería.
Se la acababan de regalar por su cumpleaños y, además, su madre les caía bien.
Era la dueña del Casbah, su club de cabecera en Liverpool.
Y era importante que les cayera bien.
Según ellos mismos cuentan, las baterías eran tan caras que solo las podían tener niños bien que, por ende, eran gilipollas.
Él era guay, así que Pete se subió a la furgo y partieron hacia Alemania.
Durante el viaje, en Holanda, donde la policía les registró para buscarles no droga, ni alcohol, ni tabaco, sino café —así andaba Europa de festiva—, pararon en Arnhem.
En esta ciudad había tenido lugar la Operación Market Garden en la Segunda Guerra Mundial. Los ingleses intentaron penetrar en Europa con paracaidistas y una división acorazada de las SS les derrotó sin miramientos.
Generalmente, la historia dice que fue consecuencia de la torpeza militar del alto mando británico. Los Beatles, que alucinaron con las infinitas hileras de tumbas que se encontraron, la denominaron en su día “otro truquito de Winston Churchill”. El caso es que lo relevante de esta visita es que allí, en una tienda, John Lennon robó una armónica que incorporó a las canciones del grupo, lo que a la postre daría alguna que otra alegría a sus fans.
Al llegar a su destino, el barrio de St. Pauli, se encontraron con que iban a ser alojados en un cine, el Bambi Kino. Tenían que dormir en un almacén con un par de literas y las paredes sin pintar que estaba detrás de la pantalla de la sala. Para calentarse, como mantas, les dieron, graciosamente, banderas de la Union Jack. No había calefacción y tenían que usar los lavabos de señoras del cine.
El libro Una biografía confidencial dice que el Bambi era un cine porno y que se despertaban con los jadeos cuando empezaba a proyectarse cada película. Parece una exageración. En Antología no hay ni mención a que fuera un cine equis. Además, se habla de que al baño no dejaban de entrar señoras alemanas gordas que se cruzaban con ellos en sus aposentos deluxe.
Por eso, por muy «cosmopolitas» que pudieran ser los alemanes en ese momento, parece más creíble la versión del Antología cuando cita cómo John recordaba esa bucólica escena: “Por la mañana, al despertar, oíamos a una vieja Frau alemana meando en el baño”.
Luego, para comer, iban a un restaurante barato, lo único que se podían permitir ellos, y allí, los veteranos de guerra más arrastrados. Estaba lleno de mutilados sin piernas, sin brazos, ciegos, tuertos y todo lleno de gatos. Los Beatles dijeron que, contemplándoles, se les subía a la cabeza el nacionalismo británico. Ellos habían ganado la guerra. Toma ya.
Su jefe, Bruno Koschmider, era un individuo que no tenía ni idea de música. También le habían herido en la guerra, se había quedado cojo, y ahora regentaba un par de clubes nocturnos para ganarse la vida. Uno de ellos de striptease, que quería reconvertir en sala de rock and roll, el Indra. Allí estuvieron un mes actuando prácticamente sin público.
Cuando pasaba alguien por delante de la puerta, se ponían a tocar lo mejor que tenían para ver si lograban que entrase. A veces lo daban todo toda la noche y solo tenían una pareja viéndoles sentada en una mesa. Duraron un mes. La vecina de arriba les denunció por el ruido y Koschmider tuvo que volver a convertir su garito en un silencioso y discreto puticlub.
Entonces pasaron al Kaiserkeller, el otro bar de Koschmider, donde empezó lo bueno. Tenían que estar tocando 12 horas diarias que se repartían con otro grupo. Seis horas por noche cada uno. Alternaron con Derry and the Seniors y con Rory Storm and The Hurricanes, el grupo de un batería profesional muy solvente, Ringo Star.
Los sábados comenzaban a actuar a las cuatro de la tarde y acababan a las cinco de la mañana. En sesiones de esa duración, tocaban todo el repertorio de Gene Vincent, discos enteros de Chuck Berry, Little Richard, Everly Brothers, Buddy Holly o Fats Domino. Cuando al final estaban exhaustos, se inventaban las canciones sobre la marcha.
A la postre, su talento innato les convirtió en estrellas, no cabe duda, pero ellos mismos reconocieron que sin ese entrenamiento-tortura cuasi militar, no hubieran llegado a ser verdaderos músicos. Porque en este negocio que parece tan frívolo no todo se basa en un buen look y cuatro ideas.
Bueno, ahora tal vez sí. Pero no en la edad dorada de la música popular. What I´d said, de Ray Charles, por ejemplo, la hacían de hora y media. Imaginad a Coldplay convirtiendo eso en el planazo para un viernes.
El barrio en el que trabajaban era para ponerle un marco. Había locales que anunciaban sexo de burros con mujeres, peleas en el barro. Estaba lleno de prostitutas, criminales, marineros borrachos y travestis. De hecho, justo enfrente del Kaiserkeller estaba el Roxy, un local de transformistas que no paraban de tirarles los tejos porque eran jóvenes y guapos.
Nuestro amigo Bernie vino de Liverpool a visitarnos. Un día estábamos en un club y Bernie entró y dijo «¡Una tía buenísima acaba de hacerme una paja en el váter!». Nosotros contestamos: «No es una tía, Bernie”. (George Harrison).
Los camareros del local les enseñaron a saludar en alemán. O eso creyeron. Lo que les dijeron era que “hola” y “buenas noches” eran, en su idioma, “jódete” y “bésame el culo”. Iban por ahí repitiéndolo, con sus sonrisas adolescentes, metiéndose en líos y rogando luego que por favor no les pegasen, que eran ingleses y no sabían lo que decían.
Con todo, ellos luego también se aprovechaban de que la incomprensión era recíproca y, cuando llevaban ocho horas tocando —Harrison confesó que se le dormían las manos—, ya presentaban las canciones diciendo “esta se llama knickers (bragas)”. Y a cascarla.
Las peleas eran habituales cada noche. Los marineros, cuando estaban borrachos, se liaban a golpes con los camareros porque no querían pagar o no estaban de acuerdo con la cuenta. Los camareros entonces sacaban porras, llaves inglesas y navajas y se montaba ahí la de san dios. Era habitual también que, cuando se montaba una trifulca, alguien disparase pistolas de gas lacrimógeno.
Los Beatles lo recordaban como jornadas de «sangre y lágrimas»; sangre del público, lágrimas del grupo por los gases lacrimógenos.
Al principio, resultaban un poco sosos para lo que pedía la clientela que acudía a un barrio de ese tipo. Su jefe les pidió un poco más de gracia, de show y cuando estaban aburriendo, les gritaba “Mach Schau!” para que dieran un poco el cante, algo de espectáculo añadido. A raíz de esto, John empezó a imitar a Gene Vicent.
Cojeaba por el escenario, se tiraba por el suelo, y como la cosa le fue bien y a los alemanes les hacía gracia, esta dinámica fue in crescendo.

Hay que tener en cuenta que para tocar 12 horas cada día hace falta algún tipo de combustible extra. En su caso, fueron anfetas. Se zampaban preludines, unas pastillas adelgazantes. Los propios camareros se las daban cuando veían que flaqueaban. Mientras tanto, el público les enviaba cajas de cerveza y les pedían que tocaran más alto.
Ni mejor ni peor, solo más fuerte. Era alemanes. Y si eran gangsters, les enviaban botellas de champán. Así, borrachos y anfetamínicos perdidos —George recuerda que echaban espuma por la boca al cantar—, con carta blanca por parte del dueño del local para montarla y un público jaleándoles para que la liasen pero bien, sus actuaciones no tardaron en ser auténticamente demenciales. O rockeramente hablando, memorables.
Conforme empezaban a estar ciegos, iban tirándose comida unos a otros, luego los micrófonos y al final terminaban desnudándose. Lennon salió en una ocasión en ropa interior con el asiento del váter arrancado y colocado cual collar de perlas alrededor del cuello. Se pintaron cruces gamadas en la frente, se ponían viejas gorras del Afrika Korps y marcaban el paso de la oca en el escenario.
Al público le encantaba esto, pero luego los Beatles, que ya se habían ido de madre, les insultaban en inglés, que el público no entendía y entonces les aplaudía. Al final, con todo fuera, les decían desde el escenario ¡Sieg hail! ¡Dad palmas, nazis de mierda! Que se fuesen a tomar por culo, putos nazis, y les lanzaban lo que tuvieran a mano. Y sí, el respetable se lo pasaba pipa y no paraba de enviarles más y más cajas de cerveza. En este plan, destrozaban todo cuanto había en el escenario.
En el Antología, Lennon presume de que arrasaban con todo y dejaban las guitarras sonando tiradas por el suelo mucho antes de que lo hicieran los Who. También se peleaban entre ellos en escena. Una vez Paul insultó a Stu y se enzarzaron a golpes para delirio de los gangster allí reunidos, que se descojonaban porque no eran precisamente un par de buenos luchadores. Y más champán para el grupo.
A veces Lennon iba tan sumamente ciego que se caía a peso muerto y se quedaba dormido profundamente debajo del piano. El grupo, mientras, seguía tocando. Como si nada. Luego, al llegar a casa, el cine, comían techo con las mandíbulas disparadas. Y si llevaban varios días seguidos trabajando sin sobar con esa dieta de preludines y alcohol, terminaban teniendo alucinaciones.
A John se le solía ir la cabeza y a altas horas se ponía muy violento. Los demás tenían que fingir que dormían para que no la tomase con ellos. Una vez, Paul se estaba tirando a una chica y Lennon, sin motivo alguno, cogió toda la ropa de ella y la destrozó con unas tijeras y después rompió el armario a patadas. Llegó un punto en que digamos que John se hizo uno más con el lumpen.
Un día nos enrollamos con un marinero británico. Le dije en inglés que no se preocupara, que le conseguiríamos chicas. Le emborrachamos y el tío no dejaba de preguntar. ¿Dónde están las chicas? Nosotros seguimos charlando con él, tratando de averiguar dónde guardaba el dinero. Pero no lo conseguimos. Al final le pagamos un par de puñetazos y lo dejamos estar. No queríamos hacerle daño. (John Lennon).

Pero todos se integraron en el barrio.
Las prostitutas les lavaban la ropa.
La que cuidaba los baños en el Kaiserkeller, una anciana llamada Rosa, les prestaba dinero cuando estaban arruinados.
También les daba preludines cuando hacían eses.
Con las chicas de striptease la relación, por supuesto, fue a más.
Venían de un Liverpool donde las chavalas llevaban unas fajas infames y el ambiente era, en sus propias palabras, “medieval”.
En Hamburgo, sin embargo, alternaban con chicas que iban semidesnudas y que, en sentido literal, les educaron sexualmente.
Dijo Paul que como no tenían intimidad a veces entraba en la habitación que compartían para coger algo, se encontraba un culo desnudo subiendo y bajando y tenía que decir “huy, perdón” y dar media vuelta.
Harrison, que reveló que en Liverpool cuando se besaba con una chica tenía unas erecciones de horas que le causaban dolores horrorosos sin posibilidad alguna de que le aliviaran, perdió la virginidad delante del resto del grupo en Hamburgo.
Estuvieron todos callados aquella mañana, mientras follaba, pero cuando acabó, se pusieron a aplaudir como en un espectáculo deportivo. Así, sí.
Ejerciendo el sexo en todas sus formas, drogados a cualquier hora del día o de la noche, los muchachos se convirtieron en un laboratorio ambulante de enfermedades venéreas. Allan Williams llegó a convertirse en el Doctorcito Sífilis. «Yo buscaba hinchazones en la ingle, derrames en la punta, y les preguntaba si sentían dolor al orinar». (…)
Tan pronto como recibían una inyección de penicilina, estaban otra vez bebiendo y putañeando. Cuando volvieron definitivamente a Liverpool, un venerólogo pudo limpiarlos. (Peter Brown y Steven Gaines; declaraciones en El hombre que regaló a los Beatles, de Allan Williams).
Aparte de las tablas que cogieron tocando tantas horas seguidas, el otro aspecto determinante que marcó a los Beatles fueron sus amistades alemanas. Un día entraron a una de sus actuaciones en el Kaiserkeller Astrid Jurgen, Klaus Voorman y Jurgen Vollmer, estudiantes de arte. Iban todos de negro, con el pelo alisado por los lados y alborotado por arriba. Se denominaban a sí mismos los «exis», de existencialistas —relato que suena un poco a cierta pandilla de El Gran Lebowski—.
Estaban enamorados de Stu, pero no por la música, sino por su pose tipo James Dean. Eran modernos, no rockeros, y les interesaba más la imagen que otra cosa. De hecho, Astrid empezó a fotografiarles. Les sacaba instantáneas en descampados, ferias, siempre junto a mobiliario destartalado. Por la influencia de los «exis» se vistieron todos de cuero negro y se compraron botas de cowboy. En 1961, mucho antes que Jim Morrison y más aún que el heavy metal.
Llevábamos unas gorras rosas de cuero a las que llamábamos chochetes y que habíamos comprado en Liverpool. Ese se convirtió en el uniforme del grupo: botas camperas, chochetes y trajes de cuero negro. (George Harrison).
Fue Astrid, que se ennovió con Stu, quien les sugirió que dejaran de hacerse el tupé con vaselina y que se peinaran el flequillo hacia delante, como chicas. Una idea que estaba inspirada en el aspecto que llevaba el actor Jean Marais en Le Testament d´Orphee, una película de Jean Cocteau de 1959.
Tiempo después, en una visita a su amigo Jurgen en París, se cortaron el pelo a lo tazón. No era un peinado tan extraño entre los jóvenes arties del continente, pero en Liverpool eso no se había visto jamás ni de casualidad. Cuando volvieron a casa, los ingleses alucinaban. Así nació el luego célebre «peinado beatle», que no habían inventado ellos.
El regreso a casa fue repentino. Primero, a Harrison le cogió la policía —ellos la llamaban la Gestapo— porque era menor de edad y lo deportaron. Los demás, como iban a conseguir un contrato en el mejor club de Hamburgo, el Top Ten, rompieron con Koschmider de mala manera.
Al dejar el cine en el que vivían, en una travesura infantil, como diciendo «nos largamos de esta mierda», prendieron fuego a un condón clavado a la pared y dejaron todo el manchote del plástico quemado goteando. Koschmider les denunció por intentar incendiar el cine y la policía deportó también al resto porque además, entre otros delitos, no tenían permiso de trabajo.
Volvieron un par de veces más a Alemania. Durante una de ellas, un borracho que se quedaba en una esquina habitualmente al final de sus actuaciones resultó ser el batería de Rory and the Hurricanes, Ringo, que se quedaba a verlos para pedirles que tocasen blues.
En un principio les daba miedo por un detalle muy curioso: en aquella época, los tíos a los que les gustaba la música lenta eran los macarras peligrosos. Pero la amistad fue a más y terminó siendo su batería. Stu, ya que la música no era lo suyo, prefirió quedarse en Alemania estudiando arte fascinado por su titi, la cachonda Astrid.

Lo gracioso de todo esto es que, al regresar a casa, Paul casi deja la música.
Se preguntaba si eso de las deportaciones, las drogas, los travestis y los marineros borrachos era realmente la vida que quería llevar un artista como él más allá de la vivencia iniciática.
Se puso a trabajar en una fábrica y, si no es por un concierto que les salió en The Cavern un mes más tarde, no hubiese vuelto al grupo, aunque le tuvieron que convencer.
Ese show fue un éxito.
Los ingleses se pensaban que eran alemanes y por el equívoco, paradojas de la vida —ni que el público fuese madrileño—, les aplaudieron por primera vez en su ciudad.
Sus fans se multiplicaron.
Esta pequeña fama llegó a oídos de Brian Epstein, quien les dijo que podían triunfar si se quitaban ciertas manías adquiridas en Alemania, como comer con las manos en el escenario durante la actuación, entre otros detalles, y les presentó a las discográficas. Ya sabemos qué pasó después.
Testimonio sonoro de aquella época dorada alemana es un pirata en la sala Star de 1962. Hay ediciones con un sonido que deja a Burzum a la altura de Ella baila sola después de beberse ambas un bidón de Yop de fresa. Una de las presentaciones más bonitas se llama The Beatles vs Third Reich. El directo estaba grabado con un micrófono colocado en el puñetero suelo.
La historia posterior de este álbum no es nada romántica, como lo vivido ese año, hay una cadena de demandas de Apple contra un sello independiente por los derechos que merecería otro artículo. Y encima fue litigar para nada, porque hoy en día se puede descargar fácilmente de Internet en todas sus modalidades, a cada cual con un sonido más aberrante.
Otra prueba de cómo sonaban los Beatles en aquella época es el disco que grabaron con el cantante Tony Sheridan en Alemania. Este buen hombre era el primer músico de Liverpool que había aterrizado en Hamburgo. Se conoce que, por su personalidad, se hizo rápido a la ciudad y a sus gentes.
Dicen en Antología que era normal que cuando actuaba, si veía que alguien estaba hablando con su novia, se bajase del escenario, se pelease y luego volviera a subir a seguir como si nada, solo que envuelto en sangre. De hecho, en una de estas se cortó un tendón de la mano y tocó ya siempre la guitarra con el dedo hecho un guiñapo.
Los Beatles en este disco no hicieron más que de grupo de acompañamiento, para su desgracia, pues esperaban más protagonismo. Y encima, como a Tony no le gustaba su nombre, les llamó por el artículo catorce The Beat Brothers.
Años después, cuando se desató la beatlemanía, le cambiaron el título al disco raudos y veloces y pusieron bien clarito en la portada: “The Beatles”. Sheridan, en 1967, hizo una gira por Vietnam para alegrarle la vida a las tropas invasoras, con tan mala suerte que cayeron bajo el fuego del Vietcong y murió uno de los músicos que había contratado.
Sin embargo, Reuters dijo que había fallecido él y le dieron por muerto durante años. En realidad, vivió en Suecia y estuvo dando conferencias en Hamburgo sobre sus años con los Beatles en esta ciudad hasta que falleció en febrero de este año. En Spotify hay algunos discos más suyos. Nada del otro jueves.
De todas formas, la grabación definitiva de esta época de los Fab Four son las cintas de Decca recogidas el uno de enero de 1962. También llamadas The Capricorn years solo dios sabe por qué. Se trata de una audición que hicieron para Decca de escaso éxito. Dick Rowe, el directivo de la discográfica, se quedó con los Tremeloes antes que con ellos. Les explicó, para mayor descojone posterior, que los grupos con guitarras estaban pasados de moda. Todo un visionario.
Dice Juan Manuel Escrihuela en su biografía de McCartney que Rowe años después también rechazó a David Bowie y aún le quedó tiempo para decirle que no a Marc Bolan. Lo dicho, un genio.
En Canciones ocultas de los Beatles, de Alejandro Irazo y Antonio Vizcarra, comentan por otro lado que este pobre hombre defendía sus errores diciendo que había rechazado a los Beatles, pero meses después fichó a los Rolling Stones. En realidad, lo hizo por consejo de George Harrison, revelan. Solo le faltó un sillón de consejero en Bankia.
De este disco “rechazado”, la canción Like dreamers do se la cedieron años más tarde a los Applejacks y fue número 20 en las listas. Hello little girl, se la dieron a los Fourmost y fue número nueve. Love of the loved, la interpretó Cilla Black y llegó al 35.
Claro que todo esto con la beatlemanía desatada. Para mí, la más bonita es Take good care of my baby, temazo que popularizaron los semidioses Bobby Vee y Dion DiMucci. Arrodillarse aquí. Todo este material cayó luego en manos de George Martin que, interesado por el carisma que desprendía el grupo, llamó a Epstein y terminó fichándoles para EMI.
El resto es historia. Tanto en los éxitos inmortales de acompañamiento en la compra de guisantes congelados, como en un genuino y glorioso ¡que nos quiten lo bailao! que explica en buena parte supuestas pasteladas posteriores.

nuestras charlas nocturnas.
Mujeres en la Segunda Guerra Mundial, una perspectiva de género…

Muy Interesante(P.G.Gutierrez) — La historia y, sobre todo, la historia militar ha sido tradicionalmente una historia de hombres. Una historia que dejaba a las mujeres y a los niños como personajes secundarios, una especie de telón de fondo, un premio o una musa. De hecho, en los setenta, la investigación histórica llegó a preguntarse si las mujeres tenían historia. Hicieron incluso un congreso, que llevaba, literalmente, ese pensamiento como título. Pero resulta que sí tenían historia. Incluso una historia militar.
La mujer, en realidad, siempre había participado en la guerra y el ejército, de una forma u otra. Casi siempre como víctimas o madres desconsoladas. La violación siempre ha sido un arma de guerra, aunque no se ha reconocido como tal, y como crimen de guerra, hasta periodos muy recientes.
Hasta 2008, en concreto, por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque ya desde los años 90 lo había intentado «controlar», sobre todo tras la guerra de Yugoslavia en la que los crímenes que habían salido a la luz escandalizaron a la opinión internacional.
– Víctimas y también protagonistas
La Segunda Guerra Mundial no fue una excepción: las mujeres «de consuelo», violadas y prostituidas por los japoneses; las mujeres rurales británicas, que acogieron a los niños de las grandes ciudades; las ejecutadas durante los procesos de invasión; las judías, gitanas o lesbianas recluidas y asesinadas en los campos de concentración.
Incluso en la liberación, las violaciones, por parte de los aliados, fueron frecuentes, no solo a las colaboracionistas o alemanas, sino a toda la población, incluso las mujeres liberadas de los campos de concentración. No fue una realidad escasa, pero tampoco la única. La desesperación es un incentivo poderoso, como también lo era la sed de aventuras para poder jugar un rol más activo.

De hecho, tenemos ejemplos de la participación «profesional» de las mujeres en la guerra desde que podemos recordar. Artemisia de Caria dirigió sus barcos en la batalla de Salamina, aunque, eso sí, de parte de los persas, y Fu Hao dirigió ejércitos para el emperador chino en el siglo XII.
Los romanos, para su sorpresa, tuvieron que enfrentarse a varias líderes guerreras, como Boudica, Teuta o Zenobia. Otros nombres son más que conocidos, como Juana de Arco o María Pita, que acuchilló ingleses en el sitio de La Coruña y luego peleó por su reconocimiento militar, o Inés Suárez, conquistadora española en América junto con Pedro de Valdivia. Incluso en grupo, como las sármatas, las Onna-bugeisha o las guerreras Dahomey.
Podríamos seguir dando ejemplos, a lo largo y ancho del mundo y la historia, y probablemente llenaríamos libros enteros. Sin embargo, es cierto que siempre habían tenido ese aire de excepción que confirma la regla, mujeres que habían tenido que camuflarse dentro de la norma de la exclusión de la mujer en la guerra.
Eran mujeres fácilmente invisibilizables, en general, bajo esa etiqueta, cuyas historias y circunstancias se han tenido que ir recuperando en los últimos años. El cambio gradual a partir de la Primera Guerra Mundial, que se consolidó en la Segunda, fue justamente cambiar eso y empezar a incorporar a la mujer de forma oficial y abierta, y en todos los ámbitos posibles. Si bien no fue un proceso fácil ni homogéneo, sí que fue imparable.
– Las precursoras
No surgieron espontáneamente y de la nada los cambios y la participación femenina en la Segunda Guerra Mundial. Eran la culminación de un largo periodo desde finales del siglo XIX, cuajado de guerras como la ruso-japonesa, la Revolución rusa, la Primera Guerra Mundial o la guerra civil española. En ellas, las mujeres ya habían jugado un papel importante y pelearon por no tener que hacerlo desde la inferioridad.
Más allá de la creación de la Cruz Roja, en el siglo XIX, mujeres como Florence Nightingale o Vera Gedroitz habían revolucionado la forma de entender el cuidado de los enfermos en las guerras, con nuevas ideas sobre la higiene y los hospitales de campaña.
Las mujeres también habían trabajado en las fábricas de munición, en pésimas condiciones y cobrando menos que los hombres, pero sufriendo igual las enfermedades y accidentes. No solo eso: su trabajo en las fábricas se complementó con su participación en los deportes, muchas veces con partidos benéficos.
El éxito de equipos como el británico Dick, Kerr’s Ladies llegó a reunir a más de 50.000 espectadores en un partido.

Quizá Gerda Taro hubiera llegado a cubrir la Segunda Guerra Mundial, cámara en mano, si no hubiera muerto en la guerra civil española. Fue la primera periodista de guerra, la que abrió camino para que otras pudieran colarse en los conflictos posteriores y demostrar su valía. Mary Olive Edis fue un caso parecido, ya que accedió, como fotógrafa, a los escenarios de la Primera Guerra Mundial. Mujeres como Louise de Bettignies y Edith Cavell fueron inspiración y modelo para las mujeres que participaron luego en las redes de evasión en la Segunda Guerra Mundial. Ambas murieron, ejecutadas, por su trabajo y sus ideales.
Incluso algunas habían participado en el frente, en Rusia, con el conocido como Batallón de la Muerte, exclusivamente femenino, o las milicianas españolas entre 1936 y 1937. Otras tuvieron que disfrazarse y ocultar su género, como la británica Dorothy Lawrence, aunque fue descubierta y juzgada, o alistarse en ejércitos extranjeros, como Flora Sandes, que combatió en el ejército serbio, uno de los pocos que dejaban a las mujeres alistarse oficialmente.
También empezaron a crearse algunas organizaciones cercanas al ejército, como el Women’s Army Auxiliary Corps (WAAC), que, si bien tuvieron funciones de servicio y trabajo más bien doméstico, fueron el germen de la mayor integración femenina en el ejército en la Segunda Guerra Mundial.

Su labor e iniciativa fue fundamental para allanar el camino a las mujeres, tanto en la Segunda Guerra Mundial como en las épocas posteriores. La creación de una nueva conciencia política entre mediados del siglo XIX y mediados del XX supuso un cambio global tan rápido y significativo que es complicado pensar en otra época igual en este sentido.
– En el frente y retaguardia
En España, las milicianas habían sido un ejemplo temprano de combate, aunque en un ejército poco regularizado. Además, su participación fue breve, de apenas unos meses, antes de que hubiera una fuerte campaña para que se retiraran del frente.
Rusia, sin embargo, fue pionera en mandar a las mujeres a primera línea, y durante ambas guerras mundiales hubo mujeres participando como soldados pero, quizá, los casos más conocidos sean justamente los de la Segunda Guerra Mundial, como los de la francotiradora Lyudmila Pavlichenko, o las aviadoras conocidas como «las brujas de la noche».
Mientras, otros países, como Gran Bretaña, tendieron a incorporar a las mujeres en el ejército, pero en misiones, en teoría, alejadas del combate, como en el caso de la WAAF (Women’s Auxiliary Air Force), que se insertaron dentro de la RAF británica.
En este último caso hay que destacar lo de «en teoría», ya que, al ser los aeródromos un objetivo básico en los bombardeos alemanes, murieron unas doscientas mujeres de esta organización solo en su primer año de funcionamiento.
Además, las mujeres participaron como médicas y enfermeras, atendiendo a los soldados heridos y arriesgando sus propias vidas, siguiendo los frentes y operaciones o en hospitales de campaña. No era un trabajo seguro y, en algunos escenarios, se convirtieron en objetivos preferentes, como en el caso del frente del Pacífico.
Tristemente famoso es el caso de Vivian Bullwinkel, única superviviente de la masacre de una veintena de enfermeras por parte de los japoneses tras un naufragio en la isla de Bangka. Eso sí, no todas ayudaron a salvar vidas, y tenemos el ejemplo de Pauline Kneissler, que llevó a cabo su labor como enfermera en los campos de exterminio, y organizó el asesinato de miles de personas.

Esa fue parte fundamental del otro lado de la historia, uno más turbio y oscuro, de la labor femenina, más allá de la sangre del combate, ya que fueron fundamentales en el mantenimiento del orden del régimen nazi en la retaguardia y en su sistema de represión y exterminio.
Fueron, por ejemplo, crueles guardianas en los campos de concentración, como Irma Grese o Maria Mandel, «la bestia de Auschwitz». Las mujeres demostraron que, más allá de estereotipos de dulzura y cuidados, podían ser heroicas y podían también matar, ser crueles y cometer crímenes de guerra.
Fueron también clave en las distintas organizaciones de la resistencia y evasión en los países ocupados por los nazis, como la red de la Comète, organizada por Andrée de Jongh y en que participaron numerosas mujeres, hasta las staffettas partisanas, expertas en el contrabando y la entrega de mensajes. Su rol doméstico en la sociedad cuadraba bien con las tareas de alojamiento, mensajería y avituallamiento.
Esto las hizo fundamentales, pero facilitó que se olvidara, en parte, su papel posteriormente. El espionaje también fue cosa de mujeres, a veces camufladas bajo su fama en distintos ámbitos, como ocurrió con Coco Chanel y Joséphine Baker (en bandos opuestos), pero también mujeres que, en su momento, eran anónimas, como Nancy Wake y Noor Inayat Khan.

El mundo en el que estalló la Segunda Guerra Mundial era, además, un mundo inmerso en un profundo proceso de cambio social, tanto en el ámbito de los derechos de la mujer como en el antirracismo y anticolonialismo. Las mujeres habían luchado por acceder a la educación superior, y el movimiento sufragista había ido sumando logros, aun con —o quizá por— el parón que había supuesto la Primera Guerra Mundial.
Así pues, las primeras mujeres con cargos políticos pudieron votar a favor o en contra de la entrada en la guerra, y las mujeres habían ido accediendo tímidamente a una agencia política impensable un siglo antes.
Dentro de esta agencia política, las posiciones fueron contrapuestas. Las suffragettes británicas, por ejemplo, se habían posicionado claramente a favor del esfuerzo bélico en la Primera Guerra Mundial y, de hecho, llevaron a cabo campañas, como la de la Pluma Blanca, para avergonzar a los que no se habían alistado.
En cambio, otras mujeres y políticas mantuvieron su compromiso con el pacifismo en ambas guerras, como la americana Emily Greene Balch, que fundó la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, o la también americana Jeannette Pickering Rankin, la primera mujer elegida para la Cámara de Representantes, que votó en contra de la entrada de Estados Unidos en ambas guerras mundiales.
La Primera Guerra Mundial también había sido un hito en la incorporación de la mujer al mundo laboral o, más bien, en el reconocimiento de ciertos derechos y de su capacidad de realizar ciertas labores. No olvidemos que, aunque ignoradas y mal pagadas, las mujeres habían sido siempre parte de la fuerza de trabajo.
Sin embargo, su desempeño en las fábricas durante la Segunda Guerra Mundial, que dejó iconos como los carteles de «Rosie la remachadora», el famosísimo de «We can do it», o como la portada del Post de Norman Rockwell, consolidó una tendencia que podía haber sido temporal.

Se rompía, así, una larga tradición de dicotomía entre las escasas mujeres que participaban activamente en la guerra y la imagen de la mujer como víctima de la misma. Una dicotomía que, sin embargo, por su enorme valor simbólico sí se mantuvo hasta cierto punto en la propaganda de guerra, en los carteles y las imágenes, aunque uniendo una tercera, la de la mujer como amenaza.
Los carteles en los que la mujer era representada como una prostituta, portadora de enfermedades venéreas, además de como espía, se volvieron habituales. De hecho, un cartel llegó a representarlas como peores que Hitler. Santas y madres o prostitutas y perversas, pese a todos los cambios.
El caso es que las mujeres, en este momento, ya no solo eran soldados o víctimas. En un mundo en transformación, había mucho más. También eran políticas, espías, periodistas o científicas. De hecho, aunque se suela olvidar, una mujer estaba presente en el Día D, en el mismo desembarco de Normandía: la periodista Martha Gellhorn, que tuvo que colarse en uno de los barcos, fingiendo ser enfermera y luego camillero. También estuvo presente en Dachau, documentando el horror de primera mano.
– Investigadores y científicas
La labor en la investigación científica y tecnológica fue fundamental. Hedy Lamarr, quizá más conocida por ser la primera actriz que representó un orgasmo en pantalla, trabajó durante este periodo creando un sistema de guía por radio para los torpedos, además de en los saltos de frecuencia, investigaciones que fueron la base fundamental para la actual tecnología WiFi.
En el equipo de Turing, que descifró la máquina Enigma, también participaron Joan Clarke y Rosalind Hudson. También modelaron la propaganda, desde ambos bandos, pero quizá sean más conocidas las obras de Leni Riefenstahl o Margherita Sarfatti que, pese a haber contribuido al triunfo de Mussolini, tuvo que exiliarse de Italia, ya que era judía.

Son muchos nombres. Muchas mujeres trabajando en campos diversos, que marcaron el rumbo de la guerra o plantaron semillas para avances posteriores ¿Por qué nos suenan tan pocos de ellos? Quizá porque, volviendo al principio, siempre hemos visto la guerra y la historia como algo masculino, como un oficio de hombres, así que hemos pasado de largo, ignorándolas.
En ciencia se acuñó un término, el de «efecto Mateo», para describir el fenómeno de cómo tendemos a atribuir al hombre más famoso todos los méritos de cualquier invento o avance cercano. Sin embargo, a él se une el «efecto Matilda», que describe como, además, todo será atribuido automáticamente a un hombre (¿cuántas veces hemos pensado quién inventó el kevlar o los limpiaparabrisas? ¿Por qué conocemos a Einstein pero no a Mileva Marić?).
Asimismo, el final de la guerra marcó también una campaña de «regreso al hogar», en la propaganda, las revistas y la literatura. Una invisibilización del papel de las mujeres y un intento de revertir el grado de agencia y participación. En este caso, la constancia de ese hecho, unida a la reflexión sobre las consecuencias y limitaciones del sufragio femenino llevó a lo que se conoce como la «Segunda Ola del feminismo».
Esta supuso una reflexión sobre los roles de género (y el mismo concepto de género), el sistema social y el origen de la discriminación, desde distintos campos, de la sociología y la historia a la antropología y la filosofía de la ciencia.
– El regreso a la normalidad
La Segunda Guerra Mundial acabó. Hubo fiestas, huidas clandestinas, besos en las calles y reencuentros. Y gente que no volvió. Y el mundo intentó recuperar la normalidad. Sin embargo, no resultó sencillo. Hubo horror en los juicios, lo que complicó cerrar los ojos ante la brutalidad de la guerra, la represión y la discriminación.
Aunque, quizá sí se cerraron los ojos para mantener un discurso en blanco y negro ante las violaciones cometidas tras la guerra con las mujeres alemanas (se calcula que más de 800.000 fueron violadas por los soldados aliados al final de la guerra y en el periodo posterior de ocupación), o lo poco que se reconocieron los crímenes japoneses sobre las mujeres «de consuelo».
Incluso en los territorios liberados del dominio alemán, las mujeres que antes habían sufrido a manos de los nazis tuvieron que ver cómo los soldados aliados se comportaban de una forma menos caballerosa de lo que se ha vendido luego. Y, más tarde, vivir con el estigma que supusieron las violaciones, además de con su recuerdo.
El castigo a las mujeres colaboracionistas, al igual que a las «rojas» en el franquismo con aceite de ricino y rapados, fue habitual, como una muestra clara de humillación basada en el género. En ocasiones ni siquiera eran colaboracionistas, sino prostitutas o mujeres que se habían visto obligadas a sobrevivir mediante su cuerpo.

Por otro lado, las mujeres no estaban demasiado dispuestas a volver a casa. Años después, Betty Friedan se preguntaba por qué, pese a parecer todo tan perfecto, las amas de casa, con sus electrodomésticos, su derecho al voto y sin los sacrificios de la guerra, se deprimían tanto.
En su libro La mística de la feminidad, analizó el enorme esfuerzo de propaganda que se había hecho para devolver a las mujeres al hogar, devolver sus puestos de trabajo a los hombres e intentar volver a un statu quo anterior a las guerras. Pero era imposible.
Las mujeres habían visto el horror del frente, habían arriesgado la vida, habían manejado y fabricado munición, volado aviones, habían fotografiado la guerra, se habían posicionado. También habían muerto y matado. Las cosas, habían cambiado para siempre en la vida de la mujer.
No en vano, el sufragio femenino se extendió tras las Guerras Mundiales. Mientras Inglaterra o Estados Unidos lo concedieron en el periodo de entreguerras, Italia y Francia lo hicieron entre 1944 y 1946. Otros países tuvieron que esperar hasta la descolonización. Aun así, Suiza no alcanzó una igualdad real en el voto, en todo su territorio, hasta 1971. También la legislación laboral fue igualando derechos y sueldos, y lo mismo pasó con su incorporación al ejército.
Más allá de la decisión de estas mujeres de cambiar su propia vida y su propio periodo histórico, también supusieron un cambio trascendental en la historia. De repente, tocaba pensar por qué no lo habían hecho antes y por qué se les pedía que no lo volvieran a hacer. Tocaba deconstruir prejuicios y repensarse, desde la política y la academia.
Solo una mirada distinta, más curiosa, más atenta, con menos prejuicios, podría cambiar la forma de concebir la historia o el papel social de la mujer.
Un paso enormemente importante para la historia militar en particular, y la historia en general, fue centrarse en que lo realmente importante de las guerras, más allá de los movimientos de tropas, las estrategias y los generales, más allá de las historias épicas, es su capacidad para afectar a poblaciones enteras a corto y largo plazo, así como los cambios sociales que provoca en todos los aspectos de la vida, incluso en las relaciones de género.
Y, por eso, es tan importante fijarnos en ellas. Porque siempre estuvieron, incluso en la guerra.
nuestras charlas nocturnas.
Heráclito de Éfeso, biografía y principales ideas…

La mente maravillosa(JRojas) — Nuestra curiosidad sin límites nos lleva a indagar en figuras que vivieron hace muchos siglos. Este es el caso de Heráclito de Éfeso, un gran filósofo de la antigua Grecia. Las particularidades de sus postulados, así como su forma de interpretar el mundo y la sociedad de su tiempo, lo convierten en un personaje fascinante por descubrir.
En este artículo indagaremos la vida, obra y pensamiento de este filósofo presocrático. Asimismo, citaremos algunos de sus fragmentos para que conozcas de primera fuente las ideas y el estilo que él utilizó. ¡Comencemos!
– ¿Quién fue Heráclito de Éfeso?
Heráclito es considerado uno de los presocráticos más influyentes en la historia del pensamiento. Nació en el año 544 a. C. en Éfeso, situada en la costa de Jonia, actual Turquía. En ese momento, la ciudad estaba bajo el reinado de Darío.
Nuestra curiosidad sin límites nos lleva a indagar en figuras que vivieron hace muchos siglos. Este es el caso de Heráclito de Éfeso, un gran filósofo de la antigua Grecia. Las particularidades de sus postulados, así como su forma de interpretar el mundo y la sociedad de su tiempo, lo convierten en un personaje fascinante por descubrir.
En este artículo indagaremos la vida, obra y pensamiento de este filósofo presocrático. Asimismo, citaremos algunos de sus fragmentos para que conozcas de primera fuente las ideas y el estilo que él utilizó. ¡Comencemos!
. El Oscuro
Su herencia aristocrática es muy importante para comprender por qué Heráclito era apodado como el Oscuro. Este sobrenombre se debe a su predilección por utilizar términos metafóricos o simbólicos en sus aforismos y paradojas.
Además, se cuenta que el filósofo sentía un gran desprecio hacia la humanidad. Inclusive, en algunos de sus fragmentos se puede observar esto. Por ejemplo, en el número 34, este personaje sostiene: «Estúpidos, aunque escuchan, son como los sordos. El proverbio los describe: aunque presentes, están ausentes».
En este sentido, es posible decir que la filosofía de Heráclito era solo para aquellos con la suficiente capacidad racional de comprender sus aforismos y metáforas.
– Libros de Heráclito de Éfeso

No se puede afirmar o negar si Heráclito en verdad escribió libros.
Esto porque nos separan muchos siglos y solo nos llegan destellos de sus ideas.
No obstante, desde los tiempos de Aristóteles, se alude a la posible existencia de una obra de su autoría.
El gran historiador de la filosofía, Diógenes Laercio, atribuye a Heráclito de Éfeso una obra titulada De la naturaleza.
La misma se cuenta que estaba dividida en tres partes, correspondientes a los temas que más abordó: el universo, la política y la teología.
Lo cierto es que conocemos de Heráclito gracias a los fragmentos que otros filósofos citaron en sus obras. Tal es el caso de Sexto Empírico, Plotino, Plutarco, Porfirio, Platón y Aristóteles.
– Pensamiento de Heráclito de Éfeso
Podemos apreciar en los fragmentos que Heráclito nos dejó tres tesis distintas que conforman su pensamiento en el campo de la filosofía. La primera de ellas es la teoría del flujo o devenir, según la cual todos los elementos del mundo se encuentran en constante cambio.
En segundo lugar, sostiene que en los contrarios es posible encontrar la armonía y la unidad. Esta idea recibe el nombre de unidad de los contrarios.
La tercera propuesta se conoce como doctrina del monismo y argumenta que, detrás de la diversidad que nos rodea, se puede hallar una sustancia única. En este aspecto podemos referirnos al arjé de Heráclito.
. Teoría del flujo o devenir
Al observar nuestro entorno, resulta innegable que las cosas evolucionan con el paso del tiempo. Heráclito fue astuto al inferir tal postulado mediante la deducción.
La teoría del flujo universal, conocida en griego como panta rhei, que significa «todo fluye» o «flujo universal», representa el primer momento reflexivo de este filósofo con base en la experiencia.
«Aguas distintas fluyen sobre los que entran dos veces en el mismo río».
~ Heráclito de Éfeso ~
Según esto, detrás de la aparente multiplicidad se esconde una unidad permanente que el filósofo denomina lógos o razón. La misma puede ser descubierta por medio de la autoconciencia, es decir, realizando un examen sobre nosotros mismos.
. Unidad de los contrarios
A simple vista, el mundo que nos rodea parece estar en calma y armonía, a pesar de la multiplicidad que existe. No obstante, Heráclito pronto descubre que detrás de esta aparente quietud se esconde una tensión de los elementos opuestos. Es decir, cada cosa que apreciamos tiene en su ser constitutivo fuerzas que pugnan por dirigirse en lados contrarios.
«No comprenden cómo lo que está en lucha consigo mismo puede estar de acuerdo: unión de [fuerzas] contrarias, como el arco y la lira».
~ Heráclito de Éfeso ~
El ejemplo perfecto para ilustrar esto es el del arco y la lira que, dice el filósofo, simbolizan la totalidad del universo. Si vemos un arco y flecha, a primera vista nos parece un objeto estático; pero esto no es así, ya que en su constitución interna hay una continua tensión de lucha: las cuerdas se encuentran en permanente tensión, y esto no sería posible sin un arco que las sostenga.
Por eso, el pensador alude a una unidad, porque los opuestos forman un todo homogéneo en la que solo una inteligencia avisada puede apreciar lo uno y lo divergente.
¿Cuál es el arjé de Heráclito de Éfeso?

Heráclito postula que el fuego constituye la materia fundamental del universo, siendo la única sustancia de la cual todo surge.
En este contexto, dicho fuego presenta dos aspectos distintos que lo hacen singular: el mundo se halla encendido, en llamas; el universo se apaga, extinguiéndose como las flamas vivas de este elemento.
«Este mundo, el mismo para todos, ningún dios ni hombre lo hizo. Sino que ha sido siempre y es y será un fuego siempre vivo, que se enciende según medidas y se apaga según medidas».
~ Heráclito de Éfeso ~
De esta manera, todo se encuentra en un equilibrio por medio de la tensión de los opuestos, necesaria para el mantenimiento del orden cósmico universal.
– El lógos según Heráclito
Uno de los conceptos fundamentales del pensamiento de Heráclito es el lógos. Dar una definición precisa sobre esta idea es difícil, porque el estilo oracular del filósofo complica una interpretación unitaria. Ante ello, la Revista Internacional de Filosofía establece cuatro definiciones distintas sobre el lógos del heracliteísmo.
«No escuchándome a mí, sino al logos, es sabio confesar que todas las cosas son uno».
~ Heráclito de Éfeso ~
La primera definición se basa en una interpretación lingüística del término. Así, el lógos es entendido como un discurso o una palabra dicha para expresar y designar las cosas del mundo.
Una segunda definición considera al lógos como un discurso sagrado. Esto significa que su pronunciación esgrime una serie de preceptos y doctrinas que el mismo Heráclito utiliza para diferenciarse de otras predicaciones.
Por otro lado, este término puede interpretarse como una ley divina, es decir, un principio regulador del universo. De acuerdo con esto, existe una norma común a todos nosotros y todas las cosas que deben tenerse en cuenta. Asimismo, representa una pauta común que guía la conducta de los seres humanos.
Finalmente, el lógos es entendido como una armonía de las tensiones opuestas. En este sentido, hay que interpretar el término como una verdad revelada ante el espíritu del sabio. Porque, como se dijo en apartados anteriores, esta lucha de los opuestos no puede ser apreciada por medio de la experiencia. En su lugar, se trata de un trabajo racional y autoconciente de la persona que lo lleva a cabo.
– Heráclito heredó importantes contribuciones filosóficas
Son varias las contribuciones de Heráclito en lo filosófico. Es uno de los primeros de los que contamos con material escrito. Aunque se trata de fragmentos, se puede apreciar una coherencia interna en su pensamiento.
Asimismo, con su trabajo, realizó una fuerte crítica a la sociedad de su tiempo, pues consideraba que las personas comunes y corrientes no eran capaces de interpretar su mensaje. A esto se debe la elección de un estilo aforístico y oracular, solo para entendidos.
También se posiciona como el primer filósofo que vinculó el mundo físico con algo más allá de ello, es decir, una razón ordenadora del cosmos que dicta su verdad a quien tiene la capacidad de verla. En consecuencia, no es de extrañar que, incluso siglos después, grandes pensadores como Nietzsche y Heidegger interpretaran y tomaran algunos aportes de este presocrático.
