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Secretos de la “Novena” de Beethoven: de la ovación adaptada a su sordera a ser la estrella del cumpleaños de Hitler…


El 7 de mayo de 1824, en el Kärntnertortheater de Viena y con la dotación de músicos más grande de toda su trayectoria, Beethoven estrenó su obra 

Infobae(J.Roffo) — Hacía doce años que no se lo veía en público y, después de esa noche, nadie volvería a verlo en ningún otro evento de los que, durante décadas, lo tuvieron como protagonista. Pero algo debe haber presentido Ludwig van Beethoven ese 7 de mayo de 1824, hace exactamente doscientos años, como para, contra todos sus impulsos de retirada, no perderse el estreno de su Novena Sinfonía.

Algo debe haber intuido sobre el impacto de esa obra que había empezado a imaginar cuando se le metió en la cabeza componer música a la altura de la Oda a la alegría, un poema que Friedrich Schiller había publicado en 1785, y en la que llevaba más de diez años de trabajo formal, más toda esa ensoñación previa.

No erró Beethoven: esa sinfonía hecha de cuatro movimientos y cuya interpretación se extiende, aproximadamente, durante setenta minutos fue inscripta en 2003 en el Registro de la Memoria del Mundo de la Unesco, algo así como un muestrario de lo mejor que lleva producido la humanidad.

Hay que decir más sobre la corazonada del compositor alemán: esa partitura original, un manuscrito de más de doscientas páginas, fue la primera pieza musical en alcanzar ese reconocimiento. Si en mil o diez mil años alguien revisara los archivos de la Unesco para entender cómo es la música de la que está hecha la humanidad, la Novena Sinfonía sería la puerta de entrada. Nada menos que eso.

Beethoven no fue como Mozart. Al contrario del gran niño prodigio de la música clásica, el alemán nacido en Bonn tardó algunos años más en destacarse y lograr que su nombre se impusiera. Los años de su adolescencia fueron los que trajeron ese reconocimiento, un poco por su talento y su esfuerzo, y otro poco por el alcoholismo de su padre: el jefe de hogar perdió su trabajo en la orquesta de Bonn y eso convirtió al joven Beethoven en la mayor fuente de ingresos de esa familia.

Como un virtuoso del piano, criado bajo la exigencia desbocada de ese padre, el nombre de Ludwig empezó a crecer y para 1792, y gracias a una invitación nada menos que de Joseph Haydn, se instaló en Viena, algo así como la Meca de la música clásica. Tenía 22 años y faltaban más de treinta para que estrenara, en esa ciudad consagratoria, su famosa Novena.

Pero ya habían pasado casi diez desde la publicación de An die Freude, que se traduce A la alegría pero que se conoció como Oda a la alegría. Es un poema del autor y filósofo alemán Friedrich Schiller, a quien Beethoven admiraba profundamente, en el que la hermandad entre los hombres es el argumento principal. En algunas cartas de 1793, ya instalado en Viena, Ludwig les cuenta a sus hermanos y a sus amigos su deseo de musicalizar la obra.

La partitura original es parte del tesoro de la Biblioteca de Berlín. La sinfonía es Patrimonio de la Humanidad, declarado por la Unesco

Sobre esas palabras, que entre otras cosas dicen Seid umschlungen, Millionen! / Diesen Kuss der ganzen Welt! (¡Sean abrazados millones! ¡Este beso al mundo entero!), Beethoven construiría una de sus varias obras maestras y también una revolución musical, y Occidente construiría un imaginario colectivo.

Hacia 1824, cuando terminó de componer la Novena, el músico alemán llevaba unos treinta años construyendo la musicalización del poema, al que por cuestiones de métrica y de ritmo le agregó algunas estrofas. Sobre ese deseo, que ubicó en el cuarto y último movimiento de su sinfonía, desarrolló todo lo demás: empezó de atrás para adelante, para que los primeros cuarenta y cinco minutos de la obra encaminaran a quien la escuchara a ese final que, de tanto escucharlo, parece que los humanos nacemos sabiendo.

A la par que imaginaba su obra -y que componía varias otras-, desde 1796 Beethoven iba quedándose sordo, un padecimiento que varios años antes del estreno ya era total. Eso fue lo que lo llevó al encierro -que un músico de su categoría se dejara ver así lo avergonzaba, les contaba a sus hermanos en sus cartas-, incluso pensó en suicidarse cuando supo que era un mal irreversible -eso también se los contó a sus hermanos en una carta que nunca les mandó-. Pero no dejó de componer.

Para eso inventó artilugios: cortó las patas de su piano para sentir en el piso las distintas vibraciones sonoras, diseñó un tubo metálico que conectara su cuerpo con ese mismo piano para que esas vibraciones se sintieran en su tórax y, sobre todo, recordó hasta el final cómo sonaba cada nota posible. La música que no podía escuchar con los oídos, no se sabe si por lupus, sarcoidosis o un envenenamiento a causa del plomo, Beethoven podía escucharla en su mente: sabía todo lo que hacía falta saber para que el milagro ocurriera.

En 1817, la Sociedad Filarmónica de Londres le encargó una sinfonía a Beethoven, que tenía varios esbozos de la Novena entre sus borradores. Ese aliento y la inspiración en el poema de Schiller, que nunca se había detenido, lo pusieron a trabajar aún más de lleno en su obra. Desde 1822 y hasta 1824 no se dedicó a ninguna otra cosa y, en ese manuscrito que no paraba de crecer, dejó constancia de la revolución que estaba a punto de estrenar en vivo: por primera vez en la historia de la música, uno de los grandes compositores decidió que se incluyeran partes vocales en una sinfonía. Nadie lo había creído posible, necesario o bello hasta ese momento.

– Cinco ovaciones en una noche

La “Novena” eterna – La revista digital de l'Orfeó

Beethoven quería que la Novena Sinfonía se estrenara en Berlín.

Cierto predominio de los compositores italianos en la escena musical de Viena lo hacían sentir desplazado, y Berlín era nada menos que la capital de su patria.

Pero sus amigos vieneses y varios empresarios de renombre se enteraron y firmaron una petición, junto a mecenas y músicos destacados, para que la capital de Austria fuera la sede de ese estreno. Lo convencieron.

El 7 de mayo de 1824, en el Kärntnertortheater de Viena y con la dotación de músicos más grande de toda su trayectoria -para interpretar la Novena hacen falta unos 150 instrumentistas-, Beethoven estrenó su obra.

La orquesta del teatro no alcanzaba así que se sumó la Sociedad Musical de Viena y hasta algunos aficionados que pasaron algunas pruebas y demostraron su capacidad.

Franz Schubert estaba en la sala y el crítico del Theather-Zeitung escribió: “El público recibió al héroe musical con el mayor respeto y simpatía, escuchó sus maravillosas y gigantescas creaciones con la más absorta atención y prorrumpió en jubilosos aplausos, a menudo durante las secciones, y repetidamente al final de las mismas”.

Beethoven estuvo en el escenario. Completamente sordo, y bajo el temor del director de orquesta de que quisiera intervenir más de la cuenta, marcó el tempo a los músicos en el inicio de cada uno de los cuatro movimientos.

El público se paró a ovacionarlo cinco veces. Lo primero que hicieron fue aplaudir, pero Beethoven, de espaldas, no se enteró. Caroline Unger, la contralto vienesa que el propio compositor había elegido como una de las voces principales para esa noche, fue quien lo dio vuelta para que viera lo que había desencadenado: pañuelos en el aire, manos y sombreros levantados, todas las formas posibles de la reverencia ante lo que acababan de descubrir. Beethoven se inclinó para agradecer, saludó, se fue y nunca más volvió a la vida pública. Tenía 53 años, una salud frágil y una sordera que lo avergonzaba.

– Una obra que todos quisieron usar para sentirse bien

El compositor alemán creó más de doscientas versiones diferentes de la oda, parte del cuarto movimiento. Ese dato es apenas una forma de vislumbrar todo el trabajo que le dio esta obra maestra, en la que combinó la ópera italiana con la germana, la fanfarria militar con el réquiem, la cantata con la elegía, y las voces con el universo sinfónico.

Logró lo que se había propuesto desde que había empezado a imaginar su adaptación del poema de Schiller: la Oda a la Alegría devino Himno a la alegría y es usado, hasta nuestros días, como banda sonora de la posibilidad de que la humanidad se trate fraternalmente, se quiera, se acompañe, se respete. Si alguien le pidiera a un ser humano promedio que musicalice aquello de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, la Novena Sinfonía tiene todos los números para ser la elegida.

Pero justamente por eso, por su condición de universal y por condensar en ese final inolvidable los valores que cualquiera quisiera atribuirse para sentirse en el bando de los mejores, es que fue apropiada para usos políticos. A veces, incluso, por el bando de los genocidas.

Furtwängler en Viena en 1938

En 1933, en el Festival de Bayreuth, fue interpretada para agasajar a los máximos jerarcas nazis y en 1937 eso fue más allá: en abril de ese año una orquesta la presentó en la celebración del cumpleaños de Adolf HitlerJoseph Goebbels, el ministro de propaganda del nazismo, aseguraba que laNovena ilustraba “la capacidad del Führer de lograr una victoria triunfante y alegre”.

El músico oficial del fascismo de Benito Mussolini, Pietro Mascagni, dirigía la sinfonía en presentaciones multitudinarias, aunque también era interpretada por exiliados que se oponían a esos regímenes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la obra de Beethoven sonaba entre los nazis pero también entre los Aliados: fue la pieza sinfónica más interpretada en ambos bandos. Hacia 1974, la entonces República de Rodesia adoptó la oda como su himno oficial: se trataba de un Estado que imponía el apartheid.

Al mismo tiempo, durante la Guerra Fría, las dos Alemanias alguna vez usaron la obra como una especie de himno unificado. Apenas cayó el Muro de Berlín, en 1989, el director estadounidense Leonard Bernstein interpretó la Novena junto a la Orquesta Filarmónica de esa ciudad. En la parte vocal, la palabra “alegría” fue reemplazada por “libertad”. Se convirtió en una de las interpretaciones más masivas y conmovedoras de las que se tenga registro.

Habían pasado 165 años desde el estreno en Viena, y nadie había inventado algo mejor para transmitir, con palabras pero también a través de las emociones, esa idea de que juntos somos mejores. Ahora pasaron doscientos. Y el invento sigue intacto.

nuestras charlas nocturnas.


Viviendo entre simios …


– Biruté M. F. Galdikas

JotDown(J.Bilbao) — Si hablamos de orangutanes, la primera referencia que se le vendrá a la cabeza a cualquier persona culta será sin duda Duro de pelar, de Clint Eastwood.

Ya saben, aquella película de un tipo que escuchaba música country, se pegaba con motoristas y viajaba en camioneta acompañado de un gran mono anaranjado que bebía cervezas, conducía y hacía peinetas.

Aunque a partir de ahí toda información sobre ellos puede resultar superflua, tampoco está de más añadir que los orangutanes forman parte de los grandes simios junto a chimpancés, bonobos y gorilas.

Quienes a su vez integran el grupo de los homínidos, en el que estamos incluidos los humanos.

Debido a tan estrecho parentesco, estudiarlos es una buena manera de conocernos a nosotros mismos, a nuestros orígenes. Así lo creía el paleontólogo Louis Leakey, que durante los años sesenta encomendó dicha tarea a tres mujeres que se convertirían con el paso de los años en tres celebridades de la ciencia, la divulgación y el conservacionismo: Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas, que se dedicaron a la observación y protección de chimpancés, gorilas y orangutanes, respectivamente.

La primera y pionera en estas tareas ha escrito y protagonizado un gran número de libros y documentales, obteniendo entre otros el premio Príncipe de Asturias y la segunda es conocida por el público principalmente por la película que retrató su vida, Gorilas en la niebla, con Sigourney Weaver. 

La tercera, Biruté, fue la última en incorporarse —cuando las otras dos ya habían comenzado a recibir reconocimiento internacional por su labor— y dado que hablamos de la búsqueda de los orígenes, qué mejor que comenzar por el final centrándonos en ella.

Sus memorias, tituladas Reflejos del Edén: mis años con los orangutanes de Borneo, es uno de los mejores libros que he leído últimamente. Aunque lo mejor de él —y que la autora me perdone— es precisamente la parte en la que no habla de estos bichos peludos.

Esa capacidad de observación que tan bien ha sabido aplicar a su objeto de estudio también la muestra para describir todo lo que la rodea y que incluye en sus abundantes y agudas digresiones en torno a sus relaciones personales, a las alegrías y miserias del trabajo de campo, la vocación científica, las diferencias en la forma de ser entre hombres y mujeres, el movimiento hippie, el contraste entre la cultura y las tradiciones de Indonesia y las americanas/occidentales… y en fin, acerca de casi cualquier tema que se le pasa por la mente.

Pero ahora lo que nos interesa es concretamente su trabajo de campo, cómo fue vivir tantos años en la selva en condiciones a menudo extraordinariamente difíciles y qué significó para ella el trato durante tantos años con los orangutanes.

Nació en Alemania aunque de familia lituana, y tras el fin de la Segunda Guerra Mundial emigraron a Canadá, para instalarse posteriormente en Estados Unidos. Estudió psicología y antropología en la universidad de Los Ángeles, donde en cierta ocasión asistió a una conferencia de Louis Leakey.

Tras quedar encandilada con su carisma decidió dedicar su vida al estudio de los orangutanes. Alude en varias ocasiones a esta vocación en términos religiosos, como la «misión» que debía tener en vida y a Louis como una mezcolanza de padre adoptivo y guía espiritual que se la mostró. La simpatía fue mutua, ya que confió ciegamente en ella y le proporcionó valiosos consejos, contactos y financiación.

Dado que se trataba de un proyecto de varios años de duración en plena selva de Borneo (finalmente acabó siendo de toda una vida) Leakey —que era un hombre dotado de un extraño sentido del humor— quiso poner a prueba el compromiso de su nueva pupila pidiéndole que se extirpara el apéndice. Biruté no se lo tomó en serio, cosa que unos años antes sí hizo Dian Fossey sin ser consciente de que solo era una broma pesada.

El caso es que finalmente y tras un largo periodo de espera y preparación, en 1971 nuestra estudiosa de los orangutanes se plantó en medio de la selva de Indonesia junto a su marido. Pero resultó que no había orangutanes que estudiar.

Dian Fossey, Jane Goodall y Biruté Galdikas

No, no era otra broma de Leakey mandándolos donde no era para reírse a su costa.

Una hembra de esta especie tiene en toda su vida apenas tres o cuatro hijos, de forma que si su población se ve sometida a alguna agresión externa corre el riesgo de extinguirse.

Así que la tala indiscriminada de árboles, la caza y la captura para ser utilizados como mascotas o exhibidos en zoológicos o espectáculos redujeron apreciablemente su número, lo que llevaría más adelante a Biruté a convertirse en una activista medioambiental.

Por otra parte, la naturaleza de estos simios es semisolitaria.

Debido a su gran tamaño y a la escasez de los alimentos que necesitan las «personas del bosque» (pues eso significa orangután en malayo) no puede vivir en grupos a la manera de los chimpancés y gorilas.

De manera que las hembras viven cada una en una zona en una plácida existencia seminómada y acompañadas únicamente por sus hijos si los tienen, mientras los machos tienen más movilidad buscando hembras disponibles y entablando peleas con sus rivales.

Esta dispersión hace más difícil el contacto y seguimiento, lo que llevó a nuestra autora a pasar varios meses de angustiosa búsqueda sin nada que poder anotar y sufriendo el ataque constante de mosquitos, sanguijuelas e infecciones.

No obstante estaba convencida de que tendría éxito en su misión tarde o temprano, por la sencilla razón de que no se atrevería a regresar a Estados Unidos con las manos vacías. Leakey le dio un margen de diez años, pero finalmente no hizo falta tanto.

Una vez detectado un ejemplar, el siguiente paso era habituarlo a su observadora. Una tarea que requiere mucha paciencia y sutileza, en la que siguió el camino por las pioneras Goodall y Fossey. El hecho de ser mujer resulta crucial en este aspecto, dado que los hombres son considerados como rivales por los machos y tienen mucho más difícil aproximarse a ellos sin peligro.

Aunque por esta similitud se enfrentaba precisamente a otro tipo de amenaza: la cocinera de Biruté fue violada en cierta ocasión por un orangután. Concretamente por uno cautivo durante su juventud y posteriormente liberado pero que, al haber crecido entre humanos, pasó a considerar a las mujeres miembros de su especie. El marido de Biruté vivió también una experiencia poco agradable al respecto:

Transcurridos menos de diez minutos, Rod volvió a la cabaña con expresión de asco. De entrada, no quiso hablar de lo que había sucedido pero, tras insistirle un rato, me contó que Sugito se había colgado de los brazos de una rama, justo por encima de su cabeza, y que había intentado meterle el pene en la oreja.

Sugito también había intentado utilizar la mano de Rod para masturbarse, moviéndola arriba y abajo de sus genitales. Después de este incidente, el entusiasmo que Rod sentía por Sugito se enfrió considerablemente.

Los humanos, mucho más evolucionados, hemos inventado herramientas de plástico y metal para hacer lo mismo. Pero otro detalle de este desdichado incidente al que debemos prestar atención es que su autor tenía un nombre propio, Sugito. Cuando Jane Goodall comenzó a estudiar a los chimpancés una década antes la costumbre científica hasta entonces era la de numerar a cada ejemplar.

Al ponerles un nombre, aparte de recordarlo más fácilmente, permitía dotarlo de individualidad, dado que cualquier observador de simios se percata desde el comienzo de que cada uno tiene su propia personalidad. Además cada nombre debía comenzar por la misma letra en caso de haber parentesco. Pues bien, esto mismo es lo que hizo Biruté con los orangutanes.

No son los bosques de Kashyyyk, sino de Sumatra. Foto de Cuatrok77 (CC)
No son los bosques de Kashyyyk, sino de Sumatra.

Una vez lograba encontrar en cada nuevo ejemplar observado un rasgo físico que lo distinguiese, procedía a bautizarlo.

En el caso de los machos resultaba particularmente sencillo dado que debido a sus peleas todos arrastraban alguna secuela: a unos les faltaba un dedo, a otros un ojo… contemplar de cerca la brutalidad y la muerte le quitó de la cabeza ciertas ideas inocentes que mantuvo en su juventud:

Como a muchos otros occidentales, sobre todo a los hippies de los años sesenta, me había seducido la «falacia naturalista»; la naturaleza era pura y noble, hermosa e inteligente.

En la naturaleza había finales felices. Con nuestro viaje al bosque húmedo de los trópicos, Rod y yo habíamos hecho realidad el sueño de nuestra generación de regresar a la naturaleza, de recuperar el Jardín del Edén. Pero los jardines y las huertas están hechos por los humanos para complacer sus sensibilidades humanas. (…) En esa época aprendí que la naturaleza limpia y pura también era brutal, despiadada e indomable.

A lo largo de susaños de observación fue dejando constancia de los hábitos de alimentación enormemente complejos (consumen hasta cuatrocientas variedades de frutos, plantas e insectos), de la larga relación de cada madre con su hijo, de las rivalidades entre machos, de los celos de un hermano ante otro nuevo (que en busca de la atención perdida experimentaban una regresión infantil en su comportamiento, igual que entre los humanos), de los ritos de apareamiento o intentos de ello: «Georgina y BSC parecían tener diferentes objetivos.

A Georgina le gustaba disfrutar de su atención y buscaba su amistad, pero no quería copular. A BSC le parecía bien su amistad, pero lo que buscaba básicamente era sexo». Lo que en terminología científica se conoce como «pagafantas». Nuestra primatóloga iba apreciando con el paso del tiempo la gran cantidad de semejanzas entre los grandes simios y los humanos, pero también las diferencias.

Cuando tuvo su primer hijo, por ejemplo, quiso criarlo manteniendo cierto contacto entre él y las crías de orangután que había rescatado de la cautividad e intentaba reintegrar en la selva. Ahí vio como, tras una primera etapa semejante, la capacidad de aprendizaje del niño crecía de forma exponencial.

Mientras un ayudante de Biruté intentaba trabajosamente enseñar unos pocos gestos del lenguaje de los sordomudos a los orangutanes, el niño los asimilaba pese a no ser él el alumno y —lo que es más importante— comprendía su sintaxis combinándolos de formas nuevas fuera del alcance de los orangutanes.

Una capacidad común a cualquiera de nosotros pero en cuya extraordinaria peculiaridad no reparamos, simplemente la damos por supuesta.

Mientras tanto, fue avanzando en sus investigaciones y la idea de pasar el resto de su vida en la selva de Borneo se asentó en su cabeza. No así en la de su marido, que optó por el divorcio y regresó a Estados Unidos para hacerse especialista en sistemas informáticos. Un cambio drástico, lo de Sugito debió dejarle marcado.

Biruté se volvería a casar, esta vez con un indonesio, y ya en los últimos años ha centrado sus esfuerzos en recuperar orangutanes cautivos, pues entre las clases altas de aquel país tener uno en una jaula se considera un signo de distinción.

También promueve la reforestación y la concienciación medioambiental mediante conferencias, artículos, entrevistas y documentales como Born to Be Wild, rodado en tres dimensiones y narrado por Morgan Freeman, así como por medio de su organización Orangutan Foundation International. 

Sus logros han sido notables y, por lo que se ve, ha sido capaz de combinarlos con una vida personal bastante satisfactoria.

– Dian Fossey

Foto: Cordon Press.

De las tres primatólogas conocidas como «Los ángeles de Leakey», Jane Goodall, Biruté Galdikas y Dian Fossey, sin duda es la última la más conocida.

Ser protagonista de un biopic de Hollywood —y encarnada nada menos que por Sigourney Weaver— es lo más parecido que tenemos hoy en día a la gloria inmortal. Su asesinato además pasó a convertirla en mártir de la causa a la que se dedicó con total entrega durante buena parte de su vida: el estudio y protección de los gorilas de montaña.

Nacida en San Francisco en 1932, Dian Fossey habría llevado una vida anónima con su rutinario trabajo en un hospital de no haber sentido una singular fijación por África, que acabaría desatando todos los acontecimientos posteriores.

Quería realizar un safari a toda costa y para ello pidió un préstamo que tardaría varios años en pagar. Así que finalmente aterrizó en Nairobi en 1963 y desde allí viajó a Tanzania, donde conoció al paleontólogo Louis Leakey.

Hijo de un misionero, parece que heredó de él cierto carisma y capacidad de proselitismo, así como una fe más sólida que el adamantium en torno a los objetivos que se marcaba. Estuvo siempre convencido de que encontraría en sus excavaciones el eslabón perdido, la prueba que explicase los orígenes del ser humano y finalmente la encontró… tras veinticinco años de búsqueda.

Eso es tenacidad. Así mismo, creía que el estudio de los grandes simios aportaría también mucha luz en torno a la naturaleza humana y adoptó como pupila a Jane Goodall para estudiar los chimpancés. Pero ahora necesitaba a otra persona para estudiar a los gorilas de montaña.

Durante su viaje por África Dian también pudo ver gorilas, que le provocaron un gran interés. Así que ahí estaban las piezas deseando ser encajadas.

A su regreso a Estados Unidos nuestra protagonista volvió a su trabajo cuidando niños autistas, mientras iba dándole vueltas a una idea que parecía haberse apoderado de su mente. Tres años después, Leakey dio una conferencia en su localidad, Louisville, y ahí le propuso que se convirtiera en «La chica de los gorilas».

Era la oportunidad que había estado esperando. La determinación de Dian parecía comparable a la de su tutor, dado que desde entonces se dedicó a aprender swahili, estudió todo lo que cayó en sus manos sobre los gorilas de montaña y se extirpó el apéndice.

Una exigencia de Leakey que, según le explicó él mismo en una carta posterior, no era por salud: «en realidad, la extracción del apéndice no es una necesidad imperiosa. Es solo la forma que tengo de probar la resolución de los aspirantes». Finalmente Dian regresó a África en diciembre de 1966 pero esta vez para quedarse.

Nada más llegar fue invitada por Jane Goodall a su centro de investigación del río Gombe. Allí le enseñó desde la mejor manera de organizar un campamento en medio de la selva a cómo recoger los datos durante su estudio, pasando por un aspecto fundamental: la habituación de los sujetos de estudio a la incómoda presencia de su observadora.

Uno de los aspectos de toda investigación científica qué más debates y elucubraciones ha despertado siempre es la manera en que una medición altera el resultado. Todo científico sueña con llegar a ser un observador completamente neutral, alguien que pueda adentrarse hasta la cocina pero sin romper nada por el camino.

Los gorilas además son tímidos y susceptibles, algunos por ejemplo dejan de jugar al sentirse observados cuando no adoptan actitudes defensivas hacia quien consideren una amenaza. Así que cuando Dian se instaló a continuación en las Montañas Virunga —en el sector correspondiente de lo que hoy es la República del Congo— lo primero que intentó fue imitar el comportamiento de los gorilas para que la aceptasen cerca.

Caminaba a cuatro patas, bostezaba, se rascaba la cabeza, fingía comer hojas, vocalizaba eructos de satisfacción e incluso, creyendo que eso ayudaba, se golpeaba el pecho a la manera de los gorilas… hasta que descubrió que en realidad ese gesto era una señal de alarma y lo que conseguía era precisamente lo opuesto a lo que pretendía.

Dian Fossey. Foto: Mary Lynn (CC)
Dian Fossey.

Pocos meses después de haber comenzado su estudio, el 9 de julio de 1967, estalló una rebelión en la provincia con consecuencias dramáticas para ella. Un grupo de soldados acudió a su campamento ofreciéndose a escoltarla lejos del lugar, dejándole portar sus efectos personales y una gallina a la que había bautizado como Lucy.

Durante varios días permaneció enjaulada y exhibida públicamente como un trofeo junto a otros prisioneros que fueron asesinados. También fue violada en ese periodo, según confesó a su amiga y compañera Biruté Galdikas. Aunque nada de esto aparece en su libro de memorias Gorilas en la niebla, quizá era un recuerdo demasiado traumático para hablar de ello públicamente.

Cabe decir al respecto que la política colonial del rey belga Leopoldo II en el Congo a finales del siglo XIX provocó uno de los mayores genocidios de la historia, con aproximadamente unos ocho millones de muertos. De manera que la condición occidental de Dian no jugaba a su favor y es probable que tuviera que ver con ese trato que recibió.

Afortunadamente ideó una forma de escapar haciendo creer a sus captores que en Uganda guardaba su dinero y que si la acompañaban allí en su todoterreno lograrían hacerse con él. Pero una vez en la frontera entre ambos países los guardias de la aduana ugandesa se negaron a dejarle pasar.

La discusión entre los soldados amenazaba con eternizarse y en ese momento Lucy puso un huevo. En un golpe de audacia Dian se puso a aplaudir a la gallina y a comportarse como una loca, lo que llevó a los guardias a considerarla una pobre bumbavu (idiota) y finalmente la dejaron pasar.

Poco después de atravesar la frontera acudió al hotel de un amigo que hizo durante su primer viaje a África y allí pudo esconderse, mientras los soldados que la habían acompañado esperando quedarse con su dinero fueron detenidos. A continuación voló a Nairobi para reunirse con Leakey y decidieron que la investigación debía continuar, pero al otro lado de la frontera, en Ruanda.

El 24 de septiembre de 1967 fundó en un segundo comienzo el centro de investigación de Karisoke. Este sí pudo ser el definitivo, allí finalmente logró realizar un minucioso seguimiento de todos los grupos, de las jerarquías y parentesco dentro de cada uno de ellos y del comportamiento individual y hábitos de alimentación, sueño y apareamiento de cada gorila.

Su trabajo con el paso del tiempo fue ganando reconocimiento no solo entre la comunidad científica, logrando ser la portada del National Geographic en en su número de enero de 1970.

Precisamente con el fotógrafo de este medio, Bob Campbell, llegaría a tener una relación sentimental durante el largo periodo en que convivieron juntos en el campamento de Karisoke. Su relación con otros residentes temporales del lugar —ya fueran periodistas, investigadores o estudiantes— a menudo resultó bastante más agria, lo que le daría fama de autoritaria.

A ese respecto, Biruté la justifica: «Dian se mostraba dictatorial, de eso no hay duda; sin embargo, como mujer extranjera y sola en una tierra donde a menudo impera la razón de la fuerza, estaba obligada a actuar así (…) tuvo que aprender a jugar según las reglas africanas».

Y aquí llegamos al meollo del asunto, a la actividad que centró cada vez más los esfuerzos de Dian y que, probablemente, acabó costándole la vida: su enfrentamiento con los cazadores furtivos.

Mencionábamos anteriormente la importancia de la neutralidad del observador, de que un científico debe saber mantenerse al margen… pero cuando apenas quedan trescientos ejemplares del animal a observar tal cosa sencillamente ya no es posible. Cuando llegó Dian Fossey a las Montañas Virunga los gorilas estaban a punto de extinguirse.

Foto: TKnoxB (CC).

Toda esa zona pertenecía a los parques nacionales de los respectivos países por los que se extendía y supuestamente debían estar protegidos, pero la extrema pobreza de la población y el desinterés generalizado por la conservación de los gorilas de montaña parecían abocarlos sin remedio a su extinción.

En 1969 un zoo de la ciudad alemana de Colonia quiso tener un ejemplar joven, sin ser conscientes de que para capturar a una cría era necesario matar a varios adultos que intentarían defenderla. Así llegarían a manos de Dian las hembras huérfanas Coco y Pucker, que logró retener durante un tiempo hasta que finalmente no tuvo más remedio que entregárselas.

Decidida a evitar nuevas capturas, utilizó todos los medios a su alcance. Si veía que algún grupo de gorilas estaba en una zona peligrosa, organizaba arreos usando cencerros, guiándolo hasta zonas más seguras. Dedicó un tiempo cada vez mayor tanto de ella como de sus ayudantes y estudiantes (que preferían dedicarse a otras cosas) a desmontar las trampas que tendían los cazadores.

Organizó patrullas contra los furtivos e inicialmente pagaba por cada uno de ellos que fuera capturado, pero pronto se dio cuenta de que los furtivos acababan siendo familiares de los guardianes que casualmente siempre lograban escaparse una vez obtenida la recompensa.

Incluso llegó a vagar sola por los bosques con disfraces de Halloween para asustar a los supersticiosos furtivos, que contraatacaban recogiendo pelos a escondidas de su peine para hacer muñecos vudú de ella. En cierta ocasión secuestraron a su perra, y en un osado contragolpe ella capturó a varias vacas de un pastor cercano (que ni siquiera estaba vinculado con los furtivos) amenazando con matar a una cada día hasta que se realizase un intercambio de rehenes.

El pastor afortunadamente se lo tomó bien e incluso ejerció de mediador. Todas estas actividades le granjearon mucha fama en la zona, aunque desde luego pocas simpatías, por lo que pasaría a ser llamada nyiramachabelli: «la vieja que vive sola en la montaña sin marido». Un apodo que se tomaba con humor y que incluso pidió que lo inscribieran en su tumba. Un deseo que fue cumplido, como podemos ver en la imagen que abre este artículo.

La muerte de Digit a manos de los cazadores, uno de sus gorilas más queridos, impulsó a Dian a abrir un nuevo frente: el activismo internacional en los medios de comunicación. Si lograba situar el problema en la agenda mundial entonces las autoridades ruandesas superarían la desidia en la que estaban inmersas, aún a riesgo de que llegasen a tomarla como una molestia de la que fuera preciso deshacerse.

Tras una estancia en Nueva York en 1983 afirmó que nunca más volvería a apartarse de los gorilas en Ruanda, y así fue. El 27 de diciembre de 1985 fue encontrada muerta en su cabaña; alguien entró por la noche y le había asestado un machetazo en la cabeza.

Ninguna de sus pertenencias ni el dinero habían desaparecido, lo que ha dado pie desde entonces a especulaciones sobre una venganza por parte de los cazadores furtivos, incluso con una posible connivencia de las autoridades del país. En cualquier caso su asesinato tuvo una enorme repercusión, su libro alcanzaría ventas millonarias y tres años después se estrenaría una película que terminaría de extender su nombre y su causa por todos los rincones del mundo.

Tampoco han faltado testimonios desde entonces que buscan explotar el lado más oscuro de su figura, como ocurre inevitablemente en estos casos. Incluso, muy recientemente, Google la homenajeó en uno de sus doodles.

Pero lo verdaderamente relevante al final es que sin la intervención de Dian Fossey posiblemente los gorilas de montaña hubieran quedado extintos. Lo que habría supuesto una incalculable pérdida en muchos aspectos y uno de ellos, como decíamos al comienzo, es el de lo mucho que puede aportar el estudio de los grandes simios para la comprensión del propio ser humano.

Todos ellos pueden arrojar luz sobre la pregunta fundamental, aunque si hay uno que se nos parece tanto, tantísimo, hasta el punto de haber sido utilizado innumerables veces en tono humorístico como si fuera una caricatura nuestra, ese es el chimpancé.

– Jane Goodall

La complejidad de su vida social, su capacidad para fabricar herramientas y su alto grado de autoconciencia convierten a los chimpancés en «los Albert Einstein del mundo de los seres no humanos», según la definición del primatólogo Michael P. Ghiglieri.

Su estudio tiene una importancia extraordinaria para conocernos a nosotros mismos como humanos y sin embargo hasta hace unas décadas, sorprendentemente, apenas se sabía nada de su comportamiento en estado salvaje.

Hasta que a comienzos de los años sesenta una joven inglesa llamada Jane Goodall se dedicó a observarlos en plena selva africana.

Nacida en Londres en 1934, con apenas cuatro años ya mostraba aptitudes de protobióloga, prestando gran atención a cómo ponían un huevo las gallinas. Más adelante realizó estudios de secretaría pero lo que realmente quería hacer es viajar por África. Una sensación difusa de que su lugar en el mundo estaba allí, semejante a la que años después tendría Dian Fossey.

Así que cuando una amiga la invitó a pasar una temporada en su granja de Kenia no se lo pensó dos veces. Una vez instalada le recomendaron que se diera a conocer al director del Museo de Historia Natural, Louis Leakey. Algo debió ver en ella pues le ofreció durante su primera entrevista un puesto de secretaria en el museo.

A partir de entonces todo vendría en una sucesión aparentemente inevitable. Jane comenzaría a acompañarle en sus expediciones arqueológicas y a absorber las maneras, los conocimientos y la curiosidad de los científicos que la rodeaban, un mundo que hasta entonces había sido por completo ajeno a su experiencia.

Llegado cierto momento Leakey ya la consideró suficientemente madura y le ofreció la oportunidad de estudiar a un grupo de chimpancés a orillas del lago Tanganika, la tarea a la que terminaría dedicando su vida.

Las autoridades de Kigoma, donde se emplazaría el campamento, consideraban que era demasiado arriesgado el lugar para que viviera allí sola una joven inglesa y pusieron como condición que tuviera un acompañante europeo. Fue su madre, Vanne Goodall, quien se prestó para ello.

La relación con los nativos resultó un poco tensa al principio ya que las consideraban espías del gobierno, pero pronto Vanne logró ganarse su confianza convirtiéndose en una especie de matrona, enfermera, maestra y dispensadora de fármacos.

Mientras tanto Jane cayó enferma de malaria, tuvo incómodos encuentros con leones, búfalos y leopardos, terminó haciéndose inmune a la picadura de la mosca tsetsé, estuvo cerca de ser atacada por los chimpancés que observaba (un macho adulto tiene la fuerza de tres hombres) y sobrevivió al que quizá fuera su encuentro más peligroso con una criatura africana: mientras ella dormía se introdujo en su tienda de campaña un tipo de ciempiés cuya picadura resulta mortal. Por lo demás todo fue bien.

Mientras tanto su campamento cambió de ubicación y su estudio del comportamiento de los chimpancés iba aportando información hasta entonces desconocida. Dado que cada ejemplar tiene su propia personalidad Jane decidió ponerles un nombre a cada uno (en lugar de un número, como era la costumbre hasta entonces) para poder analizar sus alianzas, amistades, rivalidades y posición dentro de la jerarquía de cada grupo.

Estudiaba también sus hábitos de alimentación, sueño y apareamiento y procuraba habituarlos a la presencia de sus observadores humanos proporcionándoles plátanos (hasta seiscientos al día) su estudio avanzó tanto que, unido a los contactos de Leakey, permitió a Jane ser una de las pocas personas en poder realizar un doctorado de etología en Cambridge sin tener previamente una licenciatura. Curiosamente habla ya entonces de su regreso temporal al Reino Unido en 1961 como un «exilio». Ya era africana.

Foto: Bettmann / Corbis.

De nuevo en el campamento tras esos seis meses de estudio, se encontrará que el proceso de habituación de los chimpancés ha llegado al punto de que las propias instalaciones son visitadas —y saboteadas— por ellos.

Buscan principalmente comida, aunque también latas vacías, que han aprendido a hacer chocar unas con otras para asustar a sus rivales con el estruendo.

Pero no solo son capaces de usar herramientas, también las fabrican: cortan tallos que despojan de sus hojas para extraer termitas con ellos de los hormigueros, usan hojas masticadas a modo de esponja para absorber el agua en huecos de troncos donde no pueden llegar con los labios y también como pan con el que untar los restos de sesos de dentro del cráneo de los babuinos que se comen (un manjar muy preciado para ellos, por cierto).

Fue Goodall quien por primera vez dentro de la comunidad científica se fijó no en el uso sino en la fabricación de herramientas por parte de los chimpancés, una observación y un matiz de gran trascendencia aunque no lo parezca.

Entre las numerosas definiciones del ser humano que a lo largo de los siglos han soltado con más o menos pompa cada pensador está la de homo faber, es decir, como decía Benjamín Franklin «el hombre es el animal que hace herramientas».

Pues ya no. La distinción sería ya solo una cuestión de grado, dado que el desarrollo de la tecnología en los chimpancés tiene un límite: no son capaces de crear una herramienta para elaborar a su vez otra con ella. Usando por ejemplo una piedra a modo de martillo con el que afilar otra que les sirva como arma.

Esa capacidad tecnológica de, digamos, segundo grado, fue el comienzo del salto tecnológico de los antecesores directos de la especie humana. Los chimpancés se han quedado justo al límite.

Pero volvamos con Goodall, cuyo trabajo con los chimpancés —igual que ocurriría posteriormente con el de Fossey con los gorilas de montaña y el de Biruté Galdikas con los orangutanes— tenía también una vertiente de divulgación y activismo en los medios. Fotografiar y grabar su relación con los chimpancés salvajes permitiría darlo a conocer al gran público y garantizar por tanto la financiación que requería el campamento.

 Así que cierto día Leakey escribió a Jane avisándole de que Hugo Van Lawick, fotógrafo de la National Geographic Society, llegaría próximamente al campamento. También escribió a la madre de ella, Vanne, diciéndole que había encontrado un marido idóneo para su hija.

Aunque Jane tenía ciertas reservas sobre cómo aceptarían sus chimpancés al nuevo intruso cargado con su aparatoso equipo de filmación, apenas llegó tuvo la oportunidad única, toda una auténtica primicia, de grabar a tres de ellos comiéndose un mono.

Vivir juntos algo tan bonito necesariamente une y efectivamente poco tiempo después, en el año 1964, Hugo y Jane acabarían casándose y teniendo un hijo. Lo que demuestra una vez más la aguda capacidad de Leakey para comprender y escoger a las personas. Respecto a ese hijo, Jane había desarrollado ciertas ideas sobre su educación a partir de su trabajo de campo:

En 1966 pasé varios meses en la reserva estando embarazada. Al año siguiente regresé con un hijo de muy corta edad. Comencé entonces a observar a las hembras madres desde una nueva perspectiva. Ya en el primer momento nos impresionaron grandemente tanto a Hugo como a mí muchas de las técnicas que utilizaban, y ambos pensamos aplicar algunas de ellas a la educación de nuestro propio hijo.

En primer lugar, decidimos tratarle con una gran afecto, jugar con él a menudo y proporcionarle contacto físico frecuente. Durante un año se alimentó de la leche materna, sin restricciones de ninguna clase; nunca le dejamos llorar en la cuna y dondequiera que fuéramos le llevábamos con nosotros, de forma que, a pesar del cambio de ambiente, sus relaciones con nosotros permanecían estables.

Cuando nos veíamos obligados a castigarle, le tranquilizábamos inmediatamente utilizando alguna forma de contacto físico, y a lo largo de su infancia procuramos distraer su atención en lugar de prohibirle que hiciera algo indebido.

El extracto proviene de su libro Mis amigos los chimpancés, pero a pesar del cariño y la cercanía que sentía por sus objetos de estudio, tampoco se formaba ideas erróneas de estos y procuraba mantener a su hijo fuera de su alcance: «Rodolf no veía en Grub a mi hijo querido, sino a un atractivo manjar».

Mientras tanto, los estudiantes iban pasando por su campamento —convertido ya en un centro de investigación internacional— y algunos de ellos finalizado su periodo de aprendizaje fundaban los suyos en otros lugares, como Dian Fossey, Biruté Galdikas o Michael P. Ghiglieri. Ella por su parte en 1977 crea el Instituto Jane Goodall  y, convertida ya en una figura de relevancia mundial, pasa a dedicar cada vez más tiempo a actividades de divulgación y concienciación: concediendo entrevistas, dando conferencias, escribiendo decenas de libros (o firmándolos al menos, pues el último de ellos según reveló el Washington Post contiene partes plagiadas) y participando en documentales.

Así que gracias al trabajo de Jane y de sus sucesores ahora sabemos mucho más sobre estos seres entrañables y feroces al mismo tiempo.

Sabemos por ejemplo que se organizan en torno a grupos de machos vinculados por el parentesco, que atraen a hembras cuyas relaciones con ellos son bastante promiscuas.

De esa manera ellos no están seguros de cuáles son sus propios hijos y los defienden a todos mediante un fuerte sentido de la territorialidad y de la xenofobia, organizando patrullas para detectar posibles invasores y desatando guerras contra los vecinos.

Y cuando decimos guerras no es una exageración.

Se han observado en las montañas Mahale —cerca del parque donde Goodall tiene su campamento— batallas de chimpancés con hasta ochenta atacantes en uno de los bandos y que acabaron con seis muertes. 

Por otra parte, también se han desarrollado desde entonces multitud de experimentos con chimpancés en cautividad para comprender exactamente el alcance de sus habilidades. 

Los ejemplos podrían resultar interminables pero permiten hacernos una idea de lo interesantes que pueden llegar a resultar. A Jane Goodall desde luego se lo parecieron lo suficiente como para dedicarles más de cincuenta años de su vida.

nuestras charlas nocturnas.


¿Sabías que las mujeres fueron el motor de las fábricas durante las dos guerras mundiales?…


Imagen de propaganda nazi que muestra a mujeres alemanas en una fábrica de máquinas de coser Adler haciendo uniformes en 1943.

Muy Interesante(D.C.Rabanal) — La primera mitad del siglo XX se caracterizó por ser una época llena de catástrofes de índole bélica, donde la guerra marcó el quehacer del mundo occidental, sobre todo en los países directamente involucrados en los conflictos armados.

Si bien es verdad que la incorporación de la mujer al esfuerzo de guerra económico y social resultó fundamental durante la Gran Guerra, en el contexto de la Europa de entreguerras, marcada por la Gran Depresión, el retroceso del trabajo remunerado para la mujer fue muy evidente.

Los estudios económicos que se han ocupado de esta cuestión hablan de la masculinización que se produjo en el mercado de trabajo generado alrededor de las industrias de bienes de equipo, especialmente en Alemania, Francia y el Reino Unido, así como la feminización de aquellas actividades y ocupaciones relacionadas con el sector de los servicios y las industrias ligeras de consumo, ubicadas en la periferia de las grandes capitales.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, las mujeres engrosaron el ejército de reserva del trabajo asalariado, porque constituían una oferta laboral abundante y barata. Hay muchos testimonios tanto de obreros y sindicalistas como de los propios reformistas de aquel tiempo, que confirman los bajos salarios retribuidos a las mujeres respecto a los varones.

De ahí que las grandes reformas sociales del primer tercio del siglo XX estuvieran encaminadas a sustituir las bases sobre las que descansaba la tradicional familia obrera, en la que el empleo femenino solo tenía un carácter subsidiario respecto al trabajo masculino, hasta que llegaron los nuevos tiempos a fuerza del belicismo

La exaltación de las virtudes femeninas como esposa y madre, que condicionaba la actitud hacia el trabajo extradoméstico de las mujeres de las clases altas y medias —en la medida que significaba el abandono de sus valores y tradiciones—, cambió de repente con la incorporación masiva de las mujeres al mantenimiento de los servicios públicos y las industrias, sustituyendo a los varones que reclutaban los ejércitos para acudir a los frentes de guerra.

– La Gran Guerra

La Primera Guerra Mundial ocasionó el primer trauma global de la sociedad industrial occidental que nació a mediados del siglo XIX. La Gran Guerra obligó a las potencias europeas a un tremendo esfuerzo bélico y envió a las trincheras a lo más granado de su población masculina —alrededor de 75 millones de hombres—, cuya aportación como fuerza de trabajo había sido hasta entonces uno de los principales combustibles de la Revolución Industrial.

Fue en ese momento cuando las mujeres dieron un paso adelante y tuvieron un mayor protagonismo en el mercado laboral.

La economía bélica tuvo que encontrar recursos para abastecer al mercado y con ello la reconversión de la industria se orientó a todo lo que los ejércitos necesitaban, dedicándose así la industria textil casi por completo a la masiva confección de uniformes, mientras que la industria metalúrgica pasó en exclusiva a la fabricación de armamento y munición.

Recordemos que empresas alemanas como la Krupp o la Thyssen fueron de las que más se enriquecieron con la Gran Guerra. 

En la imagen, la fábrica de munición Krupp de Essen, antes de los bombardeos de la RAF en noviembre de 1941. En ella, en 1918, el 40 % de la plantilla eran mujeres.

La incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar alcanzó unas cifras antes nunca vistas, asumiendo trabajos tan dispares como enfermeras, deshollinadoras, conductoras de autobuses y camiones, secretarias u obreras en las fábricas de armas.

Solo entre Francia y el Reino Unido, más de un millón y medio de mujeres se emplearon en las industrias de guerra, mientras que en Alemania, el 40% de la plantilla de la Krupp estaba compuesta por mujeres en 1918. En Francia, alrededor de 600.000 mujeres trabajaron produciendo el armamento, y en el Reino Unido superaron las 900.000.

Las mujeres fueron las primeras que se movilizaron reclamando una igualación salarial por ley para evitar esta discriminación. El Gobierno francés fue de los primeros que abordó el tema y, en 1915, estableció un salario mínimo para las obreras que trabajaban en la industria textil.

 El regreso de los hombres del frente supuso su reincorporación al mercado laboral y el desplazamiento de las mujeres, incrementándose la diferencia salarial entre ambos géneros. Todo ello se vio beneficiado por la escasez de derechos políticos reales de las mujeres. 

El sufragio universal todavía no existía, pese a las reivindicaciones de los incipientes movimientos feministas, y solo las pérdidas humanas o el regreso de soldados cuya capacidad de trabajo ya era nula, impidieron que esa puerta volviera a cerrarse. Las mujeres asumieron además puestos laborales que muchos hombres despreciaban, demostrando su capacidad y espíritu de sacrificio. 

Poco a poco, las principales democracias instauraron el sufragio universal, algo que significó un avance social fundamental.

Las mujeres suponían una mano de obra útil y barata en la industria y en los servicios públicos para sustituir a los hombres que habían sido alistados

– La Segunda Guerra Mundial

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 14.600.000 mujeres alemanas de 16 a 60 años trabajaban fuera de sus hogares, con un 51% de ellas empleadas en los sectores de servicios e industrial.

Casi seis millones estaban realizando labores agrícolas, porque la economía agraria de Alemania estaba dominada por las pequeñas explotaciones familiares, pero 2.700.000 mujeres trabajaban exclusivamente en la industria nacional. 

Cuando se movilizó la economía alemana para la guerra, paradójicamente, causó una caída en el empleo femenino, alcanzando un mínimo del 41% antes de volver a subir, gradualmente, a más del 50%. Estos datos resultan casi paralelos a la situación de la mujer en el Reino Unido, con tasas de ocupación muy parecidas en 1944, al tiempo que en Estados Unidos también alcanzaban un 40% de la población.

Las dificultades que el Tercer Reich enfrentó para el aumento del tamaño de su fuerza de trabajo fue mitigado mediante la reasignación de mano de obra femenina para los empleos que apoyaban el esfuerzo de guerraLos altos salarios en las industrias de armamento atrajeron a cientos de miles de mujeres, liberando a los hombres para sus deberes militares.

Pero como todos sabemos, los alemanes también emplearon a prisioneros de guerra como peones en las tareas más duras o peligrosas, liberando así a las mujeres para otras labores más cualificadas.

– Mujeres por la victoria

Cuando el Reino Unido entró en guerra, las oportunidades de trabajo volvieron a reabrirse para las mujeres, empleadas en las fábricas para producir las armas que se necesitaban en el campo de batalla. Este empleo industrial levantó de forma considerable la autoestima de las mujeres y les permitió desarrollar todo su potencial, contribuyendo a procurar la victoria de su país.

La propaganda que se emitió durante la guerra intentó convencer a este colectivo de que, manteniendo el rol doméstico, ellas también podían asumir un papel político y ayudar a la derrota del nazismo. El Gobierno británico luchó por alentar a las mujeres en esa dirección, y un intento de reclutarlas para la fuerza laboral fue el cortometraje My Father’s Daughter.

En esta película propagandística, la hija del dueño de una fábrica quiere trabajar en ella, pero su padre piensa que las mujeres son incapaces de afrontar el trabajo pesado. Cuando un capataz le presenta a su hija como uno de sus trabajadores más valiosos y eficientes, se eliminan los prejuicios del padre.

El papel de las británicas asumiendo responsabilidades y ejerciendo trabajos peligrosos en la industria provocó cambios profundos y significativos en la estructura social y laboral del Imperio británico. Con la llegada de las mujeres a las fábricas, anteriormente dominadas por los hombres, la segregación de las mujeres comenzó por fin a disminuir.

La escasez de trabajadores forzó la incorporación femenina a la fuerza laboral. A título de ejemplo, la cantidad de mujeres australianas con empleo asalariado aumentó de 644.000, en 1939, a 855.000, en 1944. El Gobierno australiano amplió sus poderes con el fin de organizar el esfuerzo de guerra y distribuir mejor los recursos naturales y humanos, recurriendo a la ley del National Security Act de 1939.

Esta norma permitió al Gobierno introducir el reclutamiento obligatorio y tanto hombres como mujeres recibieron la orden de incorporarse a las industrias esenciales. En 1940, se introdujo el racionamiento que fue ampliado en 1942. 

El trabajo de las mujeres en las fábricas de munición también fue fundamental en la Segunda Guerra Mundial. En la imagen, una trabajadora canadiense ajusta bombas aéreas.

Aún así, el Imperio británico sufrió escasez de mano de obra al necesitar un estimado de millón y medio de soldados para sus fuerzas armadas, y una población adicional de 775.000 personas para la fabricación de municiones y cubrir otros servicios a partir de 1942. Fue durante esta «hambre de trabajo» cuando se multiplicó la propaganda destinada a inducir a la gente a unirse a la fuerza laboral y contribuir al esfuerzo de guerra. Las mujeres eran el público objetivo al que iba destinada toda la propaganda, porque se les pagaba mucho menos que a los hombres. Tan solo en la industria de la ingeniería, el número de empleadas cualificadas y semicualificadas aumentó del 75 al 85 por ciento desde el año 1940 a 1942.

En 1941, con la escasez de mano de obra cualificada, la Essential Workers Order introdujo la exigencia de que todos los obreros especializados debían registrarse y permanecer en los puestos de trabajo que se consideraran esenciales para el esfuerzo de guerra.

El Ministerio de Trabajo británico creó además centros de formación que dieron una amplia proyección a los empleos de ingeniería, y para 1942 el Women of Employment Order permitió a las mujeres el acceso a estas industrias.

La ingeniería creció y se convirtió en una gran fuente de empleo femenino en áreas como la fabricación de aviones, vehículos de motor, electricidad e ingeniería en general. La producción de aeronaves registró la subida más grande de la ocupación femenina, aumentando del 7 por ciento en 1935 al 40 por ciento en 1944.

Una mujer trabaja en el panel de instrumentos de un avión en una fábrica de aviones en 1940. Su trabajo especializado fue alentado como clave en la victoria.

De ahí que, en el Reino Unido, las mujeres resultaron esenciales tanto en funciones civiles como militares. La contribución de los civiles al esfuerzo de guerra británico fue reconocido con el uso de las palabras Home Front, para describir las batallas que se libraban a escala nacional con el racionamiento, el reciclaje y los trabajos de guerra.

Las mujeres también fueron reclutadas para trabajar en los canales, en el transporte de carbón y municiones en las barcazas que surcaban todas las vías navegables. Estas féminas llegaron a ser conocidas como las Idle Women, inicialmente un apodo derivado de las iniciales IW, que llevaban en sus insignias.

Y por lo que respecta a los Estados Unidos, al final del conflicto un total de dos millones de mujeres trabajaba en las industrias bélicas. Con los hombres luchando en Europa y Asia, fueron las mujeres norteamericanas las que asumieron los trabajos en las fábricas de armamento, los astilleros y las empresas aeronáuticas.

– Mujeres rusas en la guerra

También las mujeres soviéticas jugaron un papel muy relevante en su gran guerra patria. La mayoría de ellas se empleaba en la industria, los transportes y otras funciones civiles, trabajando incluso un doble turno, mientras los hombres estaban en los frentes.

Al inicio de la Operación Barbarroja —la invasión alemana del 22 de junio de 1941—, la fuerza de trabajo de la URSS contaba con más de 11 millones de obreras y empleadas en fábricas e instituciones de gobierno, así como 19 millones de koljosianas —las obreras de las explotaciones agrarias—.

Moscú movilizó a las mujeres en las primeras etapas de la guerra, integrándolas en las principales unidades del Ejército Rojo.

 Alrededor de 800.000 sirvieron en las fuerzas armadas, la mayoría destinadas en unidades de primera línea, y con millones de hombres luchando en los frentes y otros caídos, existía una grave escasez de mano de obra en las industrias, el trabajo rural y la prestación de los servicios urbanos más esenciales.

Al comenzar la guerra, Rusia movilizó a las mujeres integrándolas en el Ejército Rojo. En la imagen, entrada de las tropas alemanas en la ciudad rusa de Minsk en junio de 1941. 

nuestras charlas nocturnas.


Charles Boycott, el despiadado administrador británico cuyo apellido se convirtió en un verbo…


Caricatura de Charles Cunningham Boycott
Charles Cunningham Boycott fue objeto de una protesta que hoy llamaríamos «boicot».

BBC News Mundo — Boicot (y sus formas boicoteo, boicotear) es un término que se escucha casi a diario en referencia a protestas, obstrucción u oposición colectiva contra un producto, un individuo, una entidad o un país.

Es una expresión casi universal de las acciones utilizadas por grupos y colectividades en todo el mundo para obstaculizar el desarrollo o funcionamiento de una medida laboral, social, política o económica consideradas injustas.

La palabra primero ingresó al diccionario inglés como boycott y de ahí se deriva el boicot en español. Pero su origen está en una persona real: el militar inglés Charles Cunningham Boycott.

A finales del siglo XIX, Boycott era un veterano del Ejército británico que administraba la propiedad de un terrateniente en el noreste de Irlanda y se vio involucrado en una disputa con los inquilinos que labraban esas tierras por las condiciones y costos de arriendo que imponía.

La protesta no fue violenta, pero tomó la forma de aislamiento y exclusión social, laboral y económica de Boycott, y sus cultivos sufrieron al no tener quién los cosechara.

A finales de los 1880, el caso fue reportado ampliamente en los diarios británicos que empezaron a utilizar el apellido para referirse a la táctica de los inquilinos. Poco después encontró lugar en los diccionarios de varias lenguas.

– El “capitán” Boycott

Charles Cunningham Boycott nació en 1832 en Norfolk, Inglaterra. El apellido original era Boycatt, pero por alguna razón desconocida la familia decidió cambiar la ortografía cuando Charles tenía 9 años.

Su interés por la vida castrense lo llevó a enrolarse en la Real Academia Militar en 1848, pero fue dado de alta en 1849 tras reprobar un examen periódico. No obstante, su familia pagó buen dinero para comprarle un nombramiento en un regimiento, una práctica común en la época que le permitía al inscrito a alcanzar rápidamente un rango de oficial.

Pero su interés por ser soldado pronto se desvaneció y tres años después dejó el ejército con miras a convertirse en terrateniente.

El "capitan" Charles Boycott con un arma en 1863
La carrera militar de Charles Boycott fue limitada, pero seguramente fue lo que le dio el apodo de «capitán».

Se trasladó a la isla de Achill, frente al condado Mayo al noreste de Irlanda, donde adquirió un terreno con el que prosperó y tuvo buen resultado cultivando en un ambiente hostil y desafiante. Allí se quedó 17 años, pero aspiraba a trasladarse a tierra firme, más cerca de la “civilización” y ocupar mejores tierras que labrar.

Su oportunidad llegó en 1872, cuando John Crichton, conde de Erne, que poseía más de 15.000 hectáreas en Irlanda, buscaba a quién le pudiera administrar un terreno en el condado Mayo. El contrato incluía el uso de unas 250 hectáreas para su cultivo, una buena casa de campo con establos y cobertizo para botes.

El conde prefería que ingleses ocuparan puestos de autoridad y estuvieran a cargo de manejar a los arriendos de sus tierras. El sobrenombre de “capitán”, probablemente impuesto a Charles Boycott por sus granjeros inquilinos por su trato rígido y antecedentes militares, seguramente fue un aspecto favorable para que recibiera el contrato.

Según los biógrafos, Boycott creía en “el derecho divino” de los amos, dueños y terratenientes. También tenía la tendencia a comportarse a su antojo, sin importarle lo que otros opinaran. Su mano dura y desagradable personalidad lo volvieron muy impopular con los granjeros inquilinos.

No tenía problemas en desalojar a los que no cumplían a tiempo con el pago de sus arriendos y solía imponerle multas por las transgresiones más insignificantes, como dejar a uno de sus animales deambular por su terreno o llegar tarde al trabajo. Las multas algunas veces excedían sus salarios.

Un grabado de Boycott atravesando sus cultivos en carro mientras mujeres recogen la cosecha
Boycott era implacable con el cobro de los arriendos a los inquilinos de las tierras que administraba.

– Enfrentamiento con la Liga Agraria

A finales de la década de los 1870, Irlanda se vio afectada por una serie de malas cosechas que apuntaban a una hambruna. Una nefasta situación para los granjeros inquilinos que ya tenían dificultades pagando sus arriendos.

En 1879, el hijo de uno de esos inquilinos en el condado Mayo formó la Liga Agraria Nacional de Irlanda con miras a reducir los arriendos y frenar los desalojos. La liga también estaba vinculada al movimiento independentista de Irlanda, pero su objetivo final era que los granjeros pudieran ser dueños de las tierras que labraban.

Los inquilinos de las tierras del duque de Erne solicitaron una reducción del 25%, pero el duque sólo les concedió el 10% y permitió que Boycott recuperara como pudiera las deudas morosas y desalojara a quienes no pagaran.

Tres familias fueron desalojadas lo que llevó a la Liga Agraria a lanzar a iniciar acciones para responder a estas medidas. El parlamentario Charles Stewart Parnell, líder de la liga, instó en un discurso a sus seguidores a evadir y despreciar en todo lugar y momento a quien haya desalojado a otro ser, “dejarlo solo… aislarlo de resto del país, como si fuera un leproso”.

Un grabado muestra a soldados protegiendo los bienes de Boycott de los lugareños irlandeses
Un ejército de casi 900 soldados tuvo que proteger los bienes de Boycott de la ira de los lugareños.

Boycott se encontró segregado de la comunidad. Nadie compraba sus bienes y nadie le vendía. No pudo cosechar su tierra ni entrar en negocio alguno con los lugareños. Hasta el cartero dejó de llevarle su correo.

Ante la perspectiva que sus cultivos se pudrieran, algunas autoridades simpatizantes recogieron fondos para organizar una expedición de rescate de unos 50 hombres para recoger la cosecha. Tuvieron que enviar a casi 900 soldados para proteger a los labradores de la posible violencia de los lugareños.

Teniendo en cuenta el desplazamiento, labor y mantenimiento de esa fuerza, el costo del operativo fue de unas 10.000 libras esterlinas de la época para rescatar unos cultivos que apenas valían 350.

– Una nueva palabra

Manifestantes protestan contra el comercio de diamantes de Bostuana
El boicot es una medida universalmente utilizada en todo tipo de disputas y protestas.

El asunto Boycott se volvió gran noticia en Irlanda, Inglaterra y otros países de habla inglesa. Reportes de “boicoteos” empezaron a surgir por toda Irlanda y la medida empoderó dramáticamente al campesinado.

No se sabe exactamente cuándo la palabra “boicot” entró en el léxico, pero como no había una palabra exacta que pudiera describir la acción de aislar, intimidar y crear un tabú en torno a alguien o algo, la palabra se incorporó al Diccionario Inglés de Oxford en 1888.

«Boicot» finalmente fue adoptada en varios otros idiomas que tampoco tenían palabras comparables y sigue siendo utilizada frecuentemente para describir todo tipo de acciones de este tipo, pero principalmente en el ámbito laboral o político.

En cuanto a Charles Cunningham Boycott, el desacreditado “capitán” regresó calladamente a Inglaterra unos meses después, donde murió en 1897, aunque su apellido ha seguido vivo por mucho años más, proyectándose hacia el futuro.

nuestras charlas nocturnas.


Los extraterrestres y sus respetables costumbres…


el ser del planeta X

JotDown(J.Bilbao) — ¿Cómo son los extraterrestres? ¿Cuáles son sus costumbres, sus creencias, sus diversiones? ¿Son socialistas o liberales? Según los testimonios de abducidos sabemos que su mayor pasión en esta vida es introducir sondas anales. Pero si nos fijamos en las obras de ciencia-ficción —tanto literarias como cinematográficas— la respuesta ya no es tan sencilla y unívoca.

Este breve repaso por las diferentes maneras en que han sido imaginados tal vez nos permita minimizar el choque cultural ya vengan a visitarnos en son de paz, a aniquilarnos o, por qué no, a establecerse comprando una vivienda a cambio del permiso de residencia en nuestro país.

La exobiología es la ciencia dedicada a investigar y especular en torno a la posible vida extraterrestre y en ella pueden distinguirse dos corrientes principales: la divergente y la convergente. Los primeros creen que dada la enorme variedad de seres vivos que hay en la Tierra, las características que puedan tener los de otros planetas son sencillamente inimaginables.

Los segundos, consideran que pese a que la evolución puede seguir muchos caminos, ciertas formas de vida —especialmente las que dan lugar a civilizaciones avanzadas— requerirían unas características similares. Esto es lo que nos interesa.

Así, estiman probable que en la constitución anatómica de un alienígena inteligente esté presente la simetría bilateral (tal como sucede con los seres humanos y gran variedad de animales), el esqueleto que requiere toda forma de vida compleja y la comunicación mediante un lenguaje formado por un vocabulario limitado pero combinado por una sintaxis que da lugar a un número casi infinito de mensajes diferentes, como por ejemplo “Ola k ase”.

Esta comunicación tendría lugar mediante gestos, sonidos vinculados al aparato respiratorio o a otras partes de su cuerpo e incluso mediante bioluminiscencia. Lo que parecen descartar es la telepatía, sin embargo tan querida por el cine y la literatura como luego veremos. Pero más allá de las peculiaridades de su anatomía, al final no podemos dejar de imaginarlos como seres bastante parecidos a nosotros, tal como dice Fernando Savater:

Al imaginar habitantes en otros mundos, parece que el hombre se resigna modestamente a perder su posición central de ombligo del cosmos, No hay tal: en un rapto de supremo orgullo, que certifica definitivamente su radical incapacidad para la mesura, conquista mentalmente las galaxias, reparte imágenes de sí mismo por las estrellas, frenético por no poder todavía ir a mancillarlas personalmente. (…) da igual la forma extravagante que se imagine para los seres de otros planetas, son monstruos que piensan y eso nos los hermana, pues el hombre tampoco se define de otro modo”.

Las características que tendría un marciano según el ilustrador Frank R. Paul

Por su parte, según Juan José Gómez Cadenas, colaborador de Jot Down y Director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (IFIC), por lógica toda civilización extraterrestre desarrollada compartiría ciertas actitudes psicológicas y sociales:

“La ecuación de Drake indica que la única solución que permite una galaxia plural, en las que las civilizaciones coexisten, requiere que estas sean muy longevas.

Si son muy longevas, presumiblemente son muy avanzadas (sostenibilidad), pacíficas (en otro caso tienden a destruirse pronto) y exploradoras (para no aburrirse)”.

En Crónicas marcianas de Ray Bradbury, por ejemplo, tenemos a una señora marciana de ojos amarillos y piel parda, que pese a ese extraño aspecto resulta ser un ama de casa que cocina y limpia su hogar mientras su esposo lee un libro de metal con jeroglíficos en relieve que reacciona al pasar los dedos por su superficie (¿Un Ipad?).

Por si eso fuera poco, la señora fantasea con la visita de un apuesto alienígena —que resulta ser terrícola— provocando así los celos del marido. Los caraconos (Steve Barron, 1993) tienen pese a su peculiar cráneo notables semejanzas con los humanos e incluso son capaces de integrarse en nuestra sociedad, logrando un puesto de trabajo y una vivienda.

Aunque conservan ciertas extrañas costumbres como usar enrevesadas descripciones (como “discos metálicos en curso” para referirse a las monedas), devorar con ansia el papel de váter y fumar 20 cigarrillos simultáneamente.  Klaatu, el protagonista de Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951) resulta ser un tipo bastante campechano que no quiere que le llamen señor y se mueve por la ciudad sin llamar la atención.

A diferencia del extraterrestre de Meet Dave (Brian Robbins, 2008), mejor de lo que podría esperarse de una película protagonizada por Eddie Murphy, aunque sin llegar a ser tan divertida como Hombres de Negro (Barry Sonnenfeld, 1997) y sus secuelas. Mientras que en la lisérgica The monitors (Jack Shea, 1969) —atención a sus títulos de crédito— han venido a poner un poco de orden y paz en este desquiciado mundo nuestro y solo se distinguen por llevar bombín.

Sin embargo, esa costumbre de integrarse entre los humanos a veces pasa a ser una peligrosa infiltración, que poco a poco va tomando el poder para esclavizarnos o directamente aniquilarnos.

La paranoia de la invasión alienígena silenciosa es una de las más recurrentes, como en la serie Invasión, en Invasores de Marte (William Cameron Menziesen, 1953) La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956) y sus dos remakes o en Me casé con un monstruo del espacio exterior (Gene Fowler Jr., 1958).

En ellas que los seres humanos son sustituidos subrepticiamente por cuerpos de similar apariencia aunque pertenecientes a alienígenas que se caracterizan por su personalidad puramente racional y carente de emociones.

Curiosamente la ciencia-ficción a menudo ha considerado los sentimientos como un rasgo atávico —del que las civilizaciones más avanzadas habrían prescindido— y al mismo tiempo genuinamente humano, aunque según psicólogos evolucionistas como Steven Pinker en realidad las emociones serían adaptaciones evolutivas modernas y tan necesarias como la inteligencia.

Pero ahí tenemos por ejemplo a Spock y sus paisanos de Vulcano (a diferencia de los Klingon, una cultura basada en la guerra y el honor o del espíritu comerciante de los Farengi) siempre más serios que una pared y dotados de una prodigiosa inteligencia, además de la habilidad de unir su mente a la de otro simplemente poniéndole la mano sobre el hombro.

Estas cualidades, el elevado intelecto y la capacidad de leer o controlar el pensamiento de otros, al parecer deben ir indefectiblemente unidas. En Journey to the seven planet (Sid Pink, 1962)  un cerebro gigante de Urano lee la mente de los astronautas y les hace creer reales sus anhelos, como en Solaris.

– ¡Choca esos cinco!

En The brain from planet Arous (Nathan Juran, 1957) el alienígena es un cerebro flotante que se apodera de los cuerpos humanos y, ya en ese nuevo recipiente, parece que va cogiéndole gusto a las experiencias sensuales que como puro intelecto antes le estaban vedadas como fumar, comer y yacer con mujeres.

En The space Children (Jack Arnold, 1958), un gran cerebro controla la mente de los niños. En The Beast with a Million Eyes (David Kramarsky, 1955) las mentes que controla la criatura invasora son las de los animales, lo que supone un problema si vives en una granja como los protagonistas, mientras que en Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) los insectos gigantes están controlados por un gran cerebro que habita en una cueva.

Naturalmente, en este apartado no podemos dejar de mencionar El pueblo de los malditos (Wolf Rilla, 1960). Qué decir de esta estupenda película, en la que esos niños tan rubios e inquietantes representan un sistema totalitario que aborrece la libertad del individuo. Lo cual nos lleva a hablar de la política marciana.

¡Choca esos cinco!

– Su organización social

A comienzos del siglo XVII, Cyrano de Bergerac escribió Historia cómica de los Estados e imperios de la luna e Historia cómica de los Estados e imperios del Sol, dos obras pioneras de la ciencia-ficción en las que narra en primera persona su viaje a tan lejanos lugares y las criaturas que allí encuentra.

En la luna, por ejemplo, es confundido con una avestruz por su extraña costumbre de caminar erguido en lugar de a cuatro patas, postura mucho más elegante y señorial.

Para comerciar emplean como moneda los versos de los poetas y mientras pasean en lugar de exhibir al cinto una espada prefieren airear orgullosamente su pene, pues dicen que es un símbolo de vida y no de muerte como la otra.

Según Cyrano, además, los monos de la luna visten como los españoles. Ambas obras eran, en resumen, una sátira de las costumbres y la política de la época de manos de un autor que ya comenzaba a preludiar la Ilustración y la consiguiente revolución burguesa. Más adelante, ya finales del siglo XIX, el astrónomo Giovanni Virginio Schiaparelli descubrió canales en Marte e interpretó que no eran naturales sino obra de un sistema:

“… socialista, con una solidaridad universal entre todos los habitantes, que estarán constituidos en una federación de la humanidad, en la que cada valle formará un estado independiente.

El interés de cada uno será el interés de todos; las ciencias se hallarán en alto grado de perfección; serán desconocidas las guerras y las disidencias internacionales, y todos los esfuerzos que los hombres terrestres consagran a dañarse mutuamente, los dedicaran los hombres marcianos a combatir al enemigo común, que es la ingrata Naturaleza ”.

Por su parte, en Red Planet Mars (Harry Horner, 1952), unos astrónomos logran recibir comunicaciones mediante una sofisticada antena en las que los propios marcianos explican cómo es la vida en su planeta: cuentan con una esperanza de vida de 300 años, medio acre de tierra allá proporciona suficiente comida para alimentar a 1000 marcianos por un año y no necesitan carbón ni petróleo dado que emplean la “energía cósmica”.

Aunque al final de la trama se revela que tales descripciones son invenciones de un malvado científico de pasado nazi… y en otro requiebro del guión finalmente resulta que varios mensajes no fueron suyos, sino del mismísimo Dios, que por tanto era marciano.

Sin salirnos de este planeta, veíamos aquí, en Aelita, Reina de Marte (Yákov Protazanov, 1924) los marcianos —además de no saber qué son los besos—viven en un sistema político tiránico donde la clase obrera está sometida al control de los Ancianos, hasta que se sublevan para instaurar una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de Marte.

De forma casi simultánea, un cortometraje animado del mismo año Mezhplanétnaya revolyútsiya (Nikolái Khodatáev, 1924) propone nada menos que una revolución marxista interplanetaria.

En Llegaron los marcianos (Giuseppe Moccia, 1964) vemos cómo los extraterrestres, uno de ellos interpretado por Alfredo Landa, aterrizan en Italia e intentan infiltrarse vestidos con el uniforme de los camisas negras fascistas. Una película endiabladamente mala, que podrán ver los lectores más osados.

En Teenagers from Outer Space (Tom Graeff, 1959) los extraterrestres también son un poco nazis, dado que forman una sociedad militarista y espartana que practica la eugenesia sacrificando a los niños más débiles… hasta que aterrizan en nuestro planeta, descubren La Biblia y aprenden a valorar la paz y el amor. No sé yo si la leerían con mucha atención…

Aunque no abundan las descripciones de una democracia extraterrestre (salvo el Senado de la República, en Star Wars) dado que hasta ahora no se ha producido nunca una guerra entre dos países democráticos, cabe deducir que la democracia es un sistema más pacífico que los demás.

Si aceptamos esta premisa, entonces tal como veíamos anteriormente la paz (interna, al menos) es un requisito imprescindible para no autodestruirse pronto, cabe suponer que una civilización alienígena tecnológicamente avanzada al ser pacífica será por tanto democrática.

Pero bueno, Atenas también era una democracia, y no era muy justa con sus vecinos. Así que eso no nos garantizaría estar a salvo de que venga a llevarse nuestros recursos naturales… e incluso nuestras mujeres.

– La guerra de los sexos

Devil girl from Mars
Devil girl from Mars

Basta mirar los carteles de las películas de los años 50 y 60 para comprobar que pocas cosas gustan más a los monstruos —vengan de las profundidades del mar o del espacio— que llevarse a una chica en brazos, siempre atractiva y mostrando sus curvas.

Como el alienígena de El ser del planeta X. 

Tal como vemos en la imagen que abre el artículo, el pobre es feo hasta para los cánones extraterrestres, así que no es de extrañar su actitud.

Películas como Mars needs women (Larry Buchanan, 1967), Mars attacks Puerto Rico (Robert Gaffney, 1965) o ¿De qué planeta vienes? (Mike Nichols, 2000) tratan sobre civilizaciones extraterrestres que necesitan desesperadamente mujeres para evitar su extinción y vienen a la Tierra a raptarlas.

Pero si lo anterior tal vez tenga cierto regusto machista, tampoco faltan ejemplos de lo opuesto. De acuerdo a la serie Futurama, en el planeta Amazonia viven unas poderosas mujeres suscritas a la revista Cosmopolitan y gobernadas por una máquina llamada Mujerador, que condena a los hombres a la “muerte por kiki”.

En Misile to the Moon (Richard E. Cunha, 1958) se muestra Orlanda, una civilización lunar subterránea poblada únicamente por mujeres y en Queen of Outer Space (Edward Berns, 1958) vemos a una reina de Venus que odia a los hombres y los ha hecho exterminar, el mismo destino que les espera a los incautos terrícolas que han aterrizado allí hasta que encuentran la ayuda de Zsa Zsa Gabor, liderando la resistencia contra ese régimen feminista.

Y por último tenemos el caso de Devil girl from Mars (David Mcdonald, 1954) que narra cómo Marte sufrió una guerra de sexos que acabó con los hombres derrotados y su virilidad destruida, lo que lleva a una marciana a venir a la Tierra en busca de sementales.

Aunque es un tema muy vasto del que apenas hemos dado un ligero esbozo, ya va siendo hora de concluir el artículo.

Recientemente hemos visto cómo ha faltado poco para que el hombre más poderoso del mundo fuera un mormón, es decir, alguien que cree en un ser supremo que habita el planeta Kólob, donde un día equivale a mil años.

Tomarse tan en serio la ciencia-ficción no sé si es recomendable, pero en su medida adecuada es sin duda algo muy divertido… y quién sabe cuál de estas historias puede acabar resultando profética.

Pueden venir a ejercer una implacable violencia como en La guerra de los mundos o ser tan insufriblemente cursis como en Contact (Robert Zemeckis, 1997), aterradoras ambas perspectivas. Tal vez quieran aprovecharse de las mujeres o de los hombres, venir a convivir entre nosotros o simplemente a advertirnos de que vamos por el mal camino y que la paz y el amor son la respuesta.

Comprender mejor todas esas diferentes posibilidades nos ayudará a darles la respuesta que merezcan. Ya se sabe que la primera impresión es la que cuenta y ante la muy probable posibilidad de que tengan una tecnología muy superior a la nuestra más nos valdrá ofrecer nuestra mejor cara y evitar malentendidos.

Un ejemplo de ello es la sonda Voyager 2, lanzada en 1977 con la grabación de un mensaje de paz y concordia universal a cargo del secretario general de la ONU por entonces, Kurt Waldheim. Un dirigente del que posteriormente se supo que —como oficial del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial— fue responsable de la deportación a campos de concentración de la población judía de Salónica.

Si esa sonda, ahora ya más allá del Sistema Solar, fuera detectada por los extraterrestres y llegan a enterarse de este dato después de escuchar su mensaje… como mínimo nos mirarán raro.

conquered the world

nuestras charlas nocturnas.


Las aviadoras de la Segunda Guerra Mundial, un vuelo desde el olvido…


Raymonde de Laroche fue la primera mujer con licencia para pilotar aviones.

Muy Interesante(T.Moreno) — El 8 de marzo de 1910 — tenía que ser un 8 de marzo—, la parisina Raymonde de Laroche se convirtió en la primera mujer que obtuvo una licencia para pilotar aeronaves. Desde entonces, innumerables aviadoras han protagonizado hazañas extraordinarias que, por lo general, han quedado sepultadas en el olvido o carentes del debido reconocimiento. Así sucede con las que pilotaron para las fuerzas aéreas y unidades civiles auxiliares de los países contendientes en la Segunda Guerra Mundial.

Caso aparte constituye el de las «brujas de la noche», las magníficas aviadoras rusas que integraron un regimiento de bombarderos en la fuerza aérea soviética formado exclusivamente por mujeres y cuyas efectivas incursiones nocturnas alimentaron la creencia entre los alemanes de que gozaban de una visión mejorada en la oscuridad gracias a una medicina experimental. Todo menos admitir que estaban a la altura de los mejores pilotos del Tercer Reich. Finalizada la guerra, una veintena de ellas fueron distinguidas como heroínas de la URSS.

Aviadoras rusas del 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno de la fuerza aérea soviética, apodadas «las brujas de la noche» por el ejército alemán.

Salvadas estas célebres y reconocidas aviadoras, sirvan las líneas venideras para dar testimonio del papel que jugaron otras muchas mujeres en los cielos de aquella contienda y recordarnos que la guerra también tiene rostro de mujer en los frentes de batalla.

– Las aviadoras auxiliares británicas

Un puñado de mujeres británicas fueron las primeras aviadoras que se incorporaron a las operaciones desarrolladas en la Segunda Guerra Mundial. Enroladas en el servicio de Transporte Aéreo Auxiliar, conocido por ATA (Air Transport Auxiliary), las mujeres spitfire llegaron a sumar un contingente de 168 efectivos y junto a 1.152 compañeros varones se ocuparon desde 1940 de realizar diversas misiones de vuelo complementarias para liberar a los pilotos militares de esas actividades y dedicarlos en exclusiva a misiones de combate.

Entre las primeras funciones del ATA destacan las desarrolladas para transporte de personal, suministros o correspondencia; aunque pronto pasaron a realizar su tarea más importante: el traslado de cazas y bombarderos desde los centros de fabricación o destinos intermedios hasta los aeródromos militares. También se ocuparon de pilotar aviones dañados hasta las bases de mantenimiento y de comprobar que una vez reparados estaban aptos de nuevo para el servicio, por lo que el trabajo de aquellos aviadores no estaba exento ni mucho de menos de riesgo. 

A finales de 1939 se incorporó al ATA la primera mujer: Pauline Gower. No fue fácil vencer la resistencia de los mandos militares y de sus compañeros, que no veían con buenos ojos a las mujeres pilotando aviones de combate, hasta el punto de que a las que aspiraban a sumarse al servicio se les exigía el doble de horas de vuelo que a los hombres; su extraordinario comportamiento y las exigencias de la guerra llevaron a estas aviadoras a ir ganando posiciones e igualarse a sus compañeros hasta incluso llegar a equiparar sus salarios en 1943.

Pauline Gower (derecha), jefa de la rama femenina de la Air Transport Auxiliary (ATA) con la piloto Lettice Curtis en la cabina de un entrenador Airspeed Oxford, 1942. 

Las conocidas también como atagirls procedían de una decena de países, mayoritariamente del entorno natural del Reino Unido, aunque no faltaron aviadoras procedentes de destinos insospechados. Entre ellas, Maureen Dunlop, quien se sumó al ATA desde Argentina en 1942 con 22 años. También del otro lado del Atlántico llegó Margot Duhalde, piloto chilena que primero se incorporó a la fuerza aérea de la Francia Libre para alistarse poco después en el ATA. Como su compañera argentina, la vida de Margot estuvo dedicada a la aviación antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, una pasión que, alimentada por los más altos ideales, las llevó a sumarse al ATA y entregarse al esfuerzo colectivo por vencer a la Alemania nazi.

Maureen Dunlop y Margot Duhalde sobrevivieron a la guerra, no así 15 de sus compañeras del ATA. Entre ellas Cornelia Fort, fallecida después de que su avión colisionara con el de un compañero en pleno vuelo. Su muerte fue especialmente sentida, porque Cornelia Fort fue quien el 7 de diciembre de 1941 vio a la primera escuadrilla japonesa que atacó Pearl Harbor cuando hacía un vuelo de instrucción. Su avión fue ametrallado, pero en aquella ocasión consiguió salir ilesa.

– Las Avispas yanquis

En todo caso, y al margen de las célebres «brujas de la noche», las aviadoras que han alcanzado mayor relevancia y quizá sean algo más conocidas de entre las que participaron en la Segunda Guerra Mundial, fueron las integrantes del Women Airforce Service Pilot (WASP), creado en 1943, que prestó incontables servicios a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Apodadas como «avispas» en correspondencia con las siglas de la unidad de la que formaban parte, sumaron un total de 1.074 mujeres y constituyeron el contingente femenino de pilotos más numeroso de los que participaron en la contienda.

El símbolo de las WASP, «Fifinella», diseñado por The Walt Disney Company, presidía la entrada al centro de entrenamiento de mujeres de Avengers Fields en Texas

Todo empezó varios años atrás, antes incluso de que Estados Unidos entrara en la guerra, cuando la organización Wings for Britain («Alas para Gran Betraña») ya se ocupaba de enviar aviones norteamericanos al Reino Unido. Miembro de esa organización, la piloto Jacqueline Cochran se unió a su colega Nancy Harkness Love para proponer a la primera dama de aquel país, Eleanor Roosevelt, la formación de una unidad exclusivamente femenina para ocuparse de esas labores.

Ante la falta de respuesta, Jacqueline Cochran y otras veinticinco mujeres se incorporaron al ATA, al tiempo que Nancy Harkness creaba su propia organización: el Escuadrón de Transbordadores Auxiliares de Mujeres. A su vuelta de Gran Bretaña, Jacqueline Cochran formó el Destacamento de Entrenamiento Volador de Mujeres, poco después integrado con la unidad de Nancy Harkness para fundar definitivamente el WASP, que liderado por Cochran e identificado por una insignia diseñada por Walt Disney cubrió un total de 110 millones de kilómetros y entregó la vida de 38 aviadoras.

Como sus compañeras del ATA, las «avispas» tuvieron que enfrentarse a todo para salir adelante. Su salario estaba muy por debajo del que tenían sus compañeros, los cursos y los desplazamientos debían ser costeados por ellas mismas, no tenían derecho a sanidad ni estaban cubiertas por un seguro de vida y, dada su condición de civiles, los funerales no eran militares ni las fallecidas en el desempeño de su misión podían aspirar a que sus féretros estuvieran cubiertos por la bandera norteamericana.

La piloto estadounidense Jacqueline Cochrane y otras pilotos estadounidenses y británicas a su llegada a Gran Bretaña, el 31 de mayo de 1942.

Y por si faltaran discriminaciones, una más: la de Mildred Hemmons Carter, piloto afroamericana que después de superar el curso de ingreso no fue aceptada en la unidad sin que nunca quedaran aclarados suficientemente los motivos de su rechazo. No fue el caso de Ola Mildred Rexroat, mestiza de madre lakota que sí consiguió entrar en el WASP.

La principal misión de las integrantes del WASP fue la misma que la de sus compañeras del ATA: trasladar aviones desde las fábricas hasta los aeródromos militares, incluidos los grandes bombarderos B-29 y B-17, las llamadas fortalezas volantes. No obstante, progresivamente sumaron otras operaciones como la de remolcar objetivos para que los pilotos de combate y las baterías antiaéreas hicieran prácticas de tiro, lo que llevó a que en ocasiones los aviones que pilotaban recibieran impactos de quienes se entrenaban.

Su entrega y eficacia en las misiones encomendadas les hicieron ser merecedoras de un creciente reconocimiento que nunca llegó a ser oficial en su tiempo, pero que dejó muy atrás el despectivo y paternalista sobrenombre de wool teddies (ositos de felpa) con las que apodaron a las «avispas» sus compañeros de vuelo.

Concluida la guerra, fundaron una organización para defender sus derechos y luchar por continuar volando en la vida civil, aunque tuvieron, por desgracia, muy poco éxito. Hasta 1977, las WASP no fueron reconocidas como veteranas de guerra, aunque su reivindicación oficial llegó cuando el 1 de julio de 2009 el presidente Obama otorgó a las casi 300 «avispas» aún con vida la Medalla de Oro del Congreso, la más alta condecoración civil que se otorga en Estados Unidos.

El presidente Barack Obama se reunió con aviadoras veteranas de la WASP después de firmar un proyecto de ley para otorgarles la Medalla de Oro del Congreso, en julio de 2009.

– Jacqueline Cochran, una pionera sin límites

Nacida el 11 de mayo de 1906 y de origen muy humilde, su vida es la propia de quien es capaz de superar una barrera detrás de otra para acabar sus días siendo una referencia indiscutible.

Se podría decir que en el mundo de la aviación, Jacqueline Cochran fue la primera mujer en casi todo: en romper la barrera del sonido, en aterrizar y despegar de un portaaviones, en pilotar un bombardero a través del Atlántico, en presidir la Federación Aeronáutica Internacional o en volar a más de 20.000 pies de altura; aunque quizá su gran hazaña se produjera en 1964, cuando con 58 años superó en dos veces la velocidad del sonido pilotando a 1.429 millas por hora.

Su primer gran éxito llegó en 1938, cuando fue reconocida como la mejor piloto de Estados Unidos después de vencer en la Bendix Race, una competición en la que solo se midió con hombres. Poco después, ya en plena Guerra Mundial, formó parte del servicio Auxiliar de Transporte Aéreo (ATA) constituido en el Reino Unido para transportar aviones a aeródromos de combate en toda Inglaterra. En 1943, regresó a Estados Unidos para formar el conocido Servicio de Pilotos de la Fuerza Aérea de Mujeres (WASP, por sus siglas en inglés), que comenzó con 25 aviadoras seleccionadas personalmente por ella misma.

La aviadora estadounidense Jacqueline Cochran.

Su vida personal acompaña perfectamente una trayectoria profesional tan singular: trabajadora desde niña, se casó por primera vez a los 14 años y en segundas nupcias con Floyd Odlum, un magnate que representaba la gloria y la fama que siempre deseó y a quien arrastró en su obsesión por despejar el camino a las mujeres que aspiraban a introducirse en la aviación. Llegó a ser amiga personal del presidente Eisenhower e incluso candidata por el Partido Republicano en California, uno de los pocos empeños que no culminó al ser superada in extremis por su oponente del Partido Demócrata.

Falleció el 9 de agosto de 1980 después de haber ganado más de 200 premios y transitar por esta vida dejando una huella imborrable.

– Dos singularidades de la aviación nazi

Al servicio de la Alemania nacionalsocialista volaron dos aviadoras excepcionales: Hanna Reitsch y Melitta SchillerLa primera, entregada ideológicamente a Hitler y a su causa; la segunda, de buena familia, padre judío y cuñada del famoso coronel von Stauffenberg, protagonista de la operación Valkiria contra el Führer, no mantuvo lazos tan estrechos con el régimen, aunque es indudable su contribución a la maquinaria de guerra nazi.

Melitta Schiller desarrolló un extraordinario trabajo científico en el campo de la aviación y realizó numerosas y arriesgadas operaciones experimentales. Llegó a participar en más de 2.500 vuelos en picado para calibrar las miras de los aviones en los que habrían de implementarse una vez aprobadas técnicamente. En 1943, obtuvo la Cruz de Hierro de Segunda Clase y, posteriormente, el Distintivo Aéreo de Oro con Brillantes.

La aviadora alemana Melitta Schiller era de padre judío y cuñada del coronel von Stauffenberg, protagonista de la Operación Walkiria que intentó acabar con la vida de Hitler.

Tan importante era su trabajo para los nazis que ni siquiera su estrecho parentesco con el coronel von Stauffenberg le trajo mayores consecuencias tras el fracaso del intento de acabar con el Fürher, al margen de seis semanas de prisión preventiva. Falleció abatida por un caza estadounidense en abril de 1945 cuando volaba hacia el sur de Alemania, aunque hay quien afirma que la propia artillería antiaérea nazi derribó su avión.

También en abril de 1945 llegó el momento por el que Hanna Reitsch resulta especialmente memorable: su intento de convencer el 28 de ese mes a Adolf Hitler de que abandonara con ella su búnker en Berlín y se salvara. No la acompañó y dos días después el Fürher se quitó la vida.

– Hanna Reitsch, fiel hasta el final

La aviadora más famosa del Tercer Reich nació en la ciudad de Hirschberg (actualmente Polonia) el 29 de marzo de 1912 y dejó este mundo en Fráncfort el 24 de agosto de 1979.

Con apenas 20 años descubrió que su verdadera pasión era volar y en 1934 comenzó su andadura como instructora de planeadores. Dos años más tarde, se convirtió en la primera mujer en volar 300 kilómetros sin motor.

Crecientemente afamada, en 1937 se incorporó a la recién nacida Luftwaffe como piloto de pruebas, ganando un prestigio entre sus conciudadanos que le llevó a ser una estrella de la propaganda nazi. Durante la guerra, continuó con ese excepcional trabajo en retaguardia que le llevó a participar en las pruebas del primer avión con motores a reacción y en el programa de cohetes que desarrollaron los científicos del régimen.

La aviadora alemana Hanna Reitsch. 

En todo caso, Hanna Reitsch se ganó un lugar para el recuerdo por su hazaña en el Berlín de finales de abril de 1945, cuando aterrizó en una ciudad sitiada para llevar al general Robert Ritter von Greim al búnker donde Hitler le iba a nombrar jefe de la Luftwaffe, como finalmente fue, ante el abandono de quien había comandado la fuerza aérea alemana hasta entonces: el mariscal Göring.

A pesar de las enormes dificultades que imponía el cerco ruso, Hanna consiguió aterrizar en el aeropuerto de Gatow en un picado absolutamente espectacular y de allí volar hasta la Puerta de Brandeburgo, en el mismo centro de Berlín, ante la imposibilidad de hacerlo por sus calles. En ese trayecto, el avión fue alcanzado por los soviéticos y el general von Greim resultó herido, aunque Hanna le rescató de las llamas para ser finalmente llevados en coche hasta la cancillería. Esa noche, Hanna y von Greim pernoctaron en el búnker, que abandonaron al día siguiente por orden de Hitler ante la inminente llegada de los rusos y sin que el Führer se decidiera a acompañarlos para intentar salvar su vida.

Sorprendentemente, Hanna y el nuevo jefe de la Luftwaffe consiguieron despegar de Berlín y ponerse a salvo, aunque en su autobiografía la aviadora nos dejó una incógnita por resolver: «¿No habré sido yo quien sacó a Hitler de Berlín?». Una frase que abona una tesis defendida por algunos investigadores y en virtud de la cual el cadáver encontrado en el búnker sería el de Ferdinand Beisel, cuyo parecido al dictador le sustituía en el papel de suicida.

Capturada en los últimos días de la contienda, pasó 18 meses en prisión. Ya libre, volvió a volar y llegó a participar en el campeonato mundial de planeadores de 1952 celebrado en España, donde obtuvo la medalla de bronce. En 1979, el mismo año de su muerte, batió un nuevo récord superando los 800 kilómetros planeando sin motor. Nunca renegó del nazismo y murió orgullosa de la Cruz de Hierro con diamantes que el mismísimo Adolf Hitler le entregó.

– Hubo más, todas abrieron camino

Las aviadoras referidas hasta ahora no fueron las únicas que participaron en la Segunda Guerra Mundial, aunque sí las más relevantes. En esa lista también podría citarse a otras, como Marita Știrbei, piloto que formó parte del conocido como Escuadrón Blanco de la Fuerza Aérea Rumana nutrido únicamente por mujeres y cuyo principal cometido durante la contienda fue la evacuación de heridos desde el frente de batalla. Conocida como la «Princesa de la aviación rumana», Știrbei inspiró a su gobierno tomando como referencia la experiencia de pilotaje humanitario femenino que se seguía en Finlandia y conocido como Lotta Svärd.

Știrbei y todas sus compañeras dieron un ejemplo realmente excepcional al servicio de sus respectivas causas, cuando el papel de los hombres y las mujeres estaba perfectamente definido y alterar el de cada cual era una hazaña casi comparable al propio esfuerzo bélico. Buena parte de ellas no solo fueron pioneras en la aviación, sino que con su encomiable empeño y su bien ganada reputación conquistaron por derecho propio un espacio para la mujer que hasta entonces les había sido negado.

Con ellas se hace visible que además de esposas, madres, hijas, hermanas, enfermeras, trabajadoras y hasta esclavas sexuales, las guerras cuentan entre sus protagonistas con mujeres que surcan sus cielos incendiados. En palabras lapidarias de Pauline Gower, la primera mujer piloto en ingresar en el ATA: «Las mujeres no nacemos con alas para volar, pero los hombres tampoco».

nuestras charlas nocturnas.


Honorio Delgado, el psiquiatra peruano que fue el «primer amigo extranjero» de Sigmund Freud (y por qué terminó criticando severamente el psicoanálisis)…


Honorio Delgado
Honorio Delgado nació en la ciudad de Arequipa, en 1892. Esta fotografía se la envió Delgado a Freud en 1920.

BBC Historia(F.Paúl) — Se llevaban 36 años de diferencia pero eso no impidió que el entonces joven peruano Honorio Delgado se convirtiera en el “primer amigo extranjero” de Sigmund Freud.

Entre los años 1919 y 1936, ambos intercambiaron cartas, investigaciones y regalos. Freud, desde Viena, y Delgado, desde la ciudad de Arequipa, en Perú.

El médico latinoamericano incluso visitó dos veces al padre del psicoanálisis en su casa en Austria, junto a su esposa, Helene Rehe, quien era alemana.

La fascinación de Honorio Delgado por el prominente psiquiatra e intelectual europeo lo llevó a escribir la primera biografía de él en español. Y a convertirse en uno de los más grandes difusores de su pensamiento en la región.

Pero con los años, el peruano experimentó una suerte de viraje conceptual que lo alejó gradualmente de las ideas de quien consideraba un verdadero mentor. Lo anterior, sin embargo, no impidió que se le reconociera hasta el día de hoy como uno de los psiquiatras y pensadores más importantes de la historia latinoamericana.

Pero quién fue realmente Honorio Delgado, cómo llegó a entablar una relación tan cercana con Freud y por qué se terminó divorciando del psicoanálisis.

– Primeros pasos

Proveniente de una familia de clase alta, Honorio Delgado transcurrió su niñez y adolescencia en la ciudad de Arequipa donde nació en septiembre de 1892.

Tras obtener un bachiller en Ciencias Naturales en la Universidad Nacional del Gran Padre San Agustín, se trasladó a Lima para estudiar Medicina en la universidad de San Marcos. Cursó con éxito sus estudios y se graduó en 1918.

"Botella del Mar" creada en 1950 por Grete Stern (Argentina).
Honorio Delgado se interesó por el psicoanálisis a temprana edad. En la foto, la ilustración «Botella del Mar» creada en 1950 por Grete Stern (Argentina).

Según el libro “Honorio Delgado, un pionero de la psicología en América Latina”, escrito por Ramón León y Alfredo Zambrano Mora en 1992, la influencia de Hermilio Valdizán Medrano, destacado médico, psiquiatra y escritor peruano, fue muy importante para Delgado.

Así es cómo, a pesar de que la psiquiatría no gozaba de mucho prestigio académico y social en el siglo XX en Perú, Delgado decidió hacer su doctorado en aquella especialidad.

Su interés por el psicoanálisis comenzó inmediatamente.

Cuando tenía sólo 23 años y todavía era un estudiante, publicó en 1915 en el diario limeño “El Comercio” un artículo titulado «El Psicoanálisis» que exponía la teoría de Sigmund Freud en un momento donde se sabía poco o nada sobre este intelectual en América Latina.

Los expertos creen que este es el primer trabajo en la región sobre la doctrina de Freud. Tiempo después, siguió profundizando en el campo, realizando su tesis de graduación sobre el psicoanálisis.

– Relación íntima con Sigmund Freud

Todos estos trabajos lo llevaron a establecer una relación con el propio Freud. Existe evidencia que demuestra cómo ambos se intercambiaron cartas, artículos e incluso regalos entre 1919 y 1936.

En una exhibición sobre la relación de Sigmund Freud con América Latina -que está presentándose en Londres-, hay una fotografía de Honorio Delgado que, según los registros, fue enviada por el peruano al médico austríaco en 1920.

Freud, tras recibir la imagen, le respondió:

“Acepte mi más sincero agradecimiento por la fotografía que llegó aquí hace unos días. Fue una agradable sorpresa para mí y la aprecio. Realmente lo describe como muy joven y estoy encantado de que haya logrado tal dominio del material científico a una edad tan temprana y, como supongo desde lejos, también haya alcanzado una posición respetada en su profesión.

Ahora tiene muchos años más por delante; deseo que durante todo este tiempo siga fiel al psicoanálisis y siga contribuyendo a su avance”.

Mariano Ben Plotkin,experto en historia del psicoanálisis, le explica a BBC Mundo que la fotografía revela un grado de intimidad que pocos latinoamericanos alcanzaron con Freud.

“En general, con otros investigadores de la región, Freud entabló un intercambio de bienes simbólicos en un sentido asimétrico. Él les mandaba fotos suyas a latinoamericanos que lo tenían en un altar y ellos le respondían con libros o artículos”.

“Pero con Honorio Delgado se estableció una relación mucho más simétrica, a pesar de que era mucho más joven”, dice el historiador y autor del libro “Estimado doctor Freud: una historia cultural del psicoanálisis en América Latina”.

Freud escribiendo una carta
Sigmund Freud le escribió varias cartas a Honorio Delgado donde le pide que «siga contribuyendo» al avance del psicoanálisis.

Tanto es así que Freud no sólo lo nombró en algunas de sus publicaciones sino que también lo describió como su “primer amigo extranjero”. Los expertos creen que Delgado logró construir esta amistad con el llamado “padre del psicoanálisis”, en parte, gracias a que hablaba en alemán.

– Divulgador de sus ideas en la región

Así, durante aproximadamente una década y media (entre 1915 y 1930), se convirtió en su más fiel representante en la región y en un entusiasta defensor de sus ideas. Llegó, incluso, a escribir la primera biografía en español del médico austríaco desde Perú, que luego fue traducida al portugués.

“Freud le hizo algunas correcciones a esa biografía y eso también le interesó porque Delgado se convirtió en una especie de misionero del psicoanálisis en América Latina”, señala Mariano Ben Plotkin.

El médico peruano también mantuvo una estrecha relación con Karl Abraham, a quien Sigmund Freud calificó como uno de “mis mejores alumnos”, convirtiéndose en su primer discípulo.

Los historiadores aseguran que Abraham no solo dio a conocer los trabajos de Delgado sino que también tradujo al alemán algunos de sus estudios. Por otra parte, a mediados de la década de 1910, Honorio Delgado fundó la Revista de Psiquiatría Y Disciplinas Conexas.

De acuerdo con el libro “Honorio Delgado, un pionero de la psicología en América Latina”, en esta revista Delgado “desplegó una activa labor difusora del psicoanálisis”.

“Se convirtió en la vía de ingreso y difusión de la ya para ese entonces abultada literatura psicoanalítica (…). Delgado se preocupó de modo constante por resumir y recensionar libros y artículos psicoanalíticos publicados en Estados Unidos y Europa para los lectores de esta importante publicación limeña”, señala.

primera biografía de Freud en español
Honorio Delgado publicó la primera biografía de Sigmund Freud en español. El texto se está exhibiendo en el Museo de Freud, en Londres.

Pero por dificultades económicas, la revista dejó de publicarse en 1924. Su término decepcionó al propio Freud que veía en esta publicación un modo de difundir su pensamiento en tierras que, según los historiadores, él consideraba “exóticas”.

– Divorcio del psicoanálisis

Hacia 1930, Honorio Delgado comenzó a distanciarse cada vez más del psicoanálisis. En artículos biográficos sobre él, se dice que le fue encontrando sentido a autores alejados de este pensamiento (e inclusos opuestos a él) y más cercanos a la psicología. Entre ellos, los filósofos alemanes William Stern, Max Scheler y Hennann von Keyserling.

“En estos autores debió encontrar respuestas y estímulos para algunos de sus intereses personales que no encontraban eco en el psicoanálisis”, dice el libro “Honorio Delgado, un pionero de la psicología en América Latina”. En 1933, el médico peruano escribió “Psicología” en donde su alejamiento del pensamiento freudiano queda en evidencia.

“No se puede negar tampoco que el cuerpo de doctrina del psicoanálisis es, en su mayor parte, afirmación no demostrada», dice.

Estas críticas severas las siguió haciendo desde la labor académica en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos y a través de otras publicaciones, como “La personalidad y el carácter” (1943), donde expuso distintas teorías sobre la personalidad (que tenían poco o nada que ver con la doctrina freudiana).

Durante el resto de su vida, el médico psiquiatra ocupó importantes cargos públicos en su país. Llegó, incluso, a ser ministro de Educación durante el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, en 1948.

exhibición en londres
En el Museo de Freud, en Londres, hay una exhibición sobre la relación entre Freud y América Latina donde Honorio Delgado es nombrado como el médico de la región que tuvo la relación más cercana con el «padre del psicoanálisis».

Todo lo anterior llevó a que Honorio Delgado fuera reconocido como uno de los primeros psicólogos de “talla internacional” en Perú. Algunos lo consideran el fundador de este campo en el país latinoamericano gracias a su larga labor docente y a su continua búsqueda intelectual sobre temas que, hasta entonces, estaban prácticamente ocultos.

Delgado murió en Lima el 27 de noviembre de 1962. En su homenaje, se han creado cátedras e instituciones que hasta el día de hoy llevan su nombre. Y aunque no le fue “fiel” al pensamiento psicoanalítico, como le pidió Freud en una de las cartas que le envió, alcanzó una posición más que respetada en su profesión.

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Este personaje es el español que más inventos ha creado, pero casi nadie lo conoce…


Su historia es un recordatorio convincente de los hilos ocultos de la innovación

Muy Interesante(s.Romero) — Algunos genios siguen sin ser reconocidos, incluso en sus propios países, como el caso de Leonardo Torres Quevedo.

Ingeniero de caminos e inventor español. 

En 2022 (el 28 de diciembre) se cumplieron 150 años del nacimiento de Leonardo Torres Quevedo, pero a pesar de ser “el más prodigioso inventor de su tiempo”, ha de ser considerado como un genio en las sombras de la narrativa histórica, a causa de la fama de nación desentendida de la ciencia que tenía España en la época que él vivió (finales del siglo XIX y los inicios del XX).

El menosprecio a la ciencia española y sus protagonistas, se dio no solo en el extranjero, sino también en nuestro propio país.

Inventor universal

Leonardo Torres Quevedo nació en 1852 en Santa Cruz de Iguña, Cantabria. Realizó sus estudios superiores de ingeniería en Bilbao (y los completó en París); y posteriormente entró en la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid allá por 1871. En 1889 se instalaría definitivamente en Madrid, donde pudo conocer de cerca el progreso científico del país.

Su destreza académica fue evidente desde el principio y posteriormente su carrera abarcó varios campos, incluidas las matemáticas, la ingeniería y la aeronáutica. De hecho, no solo fue un gran inventor, sino que su trabajo es considerado precursor de la cibernética, del cálculo analógico y de la informática.

Repasamos algunos de sus múltiples inventos

Teleférico

El ‘transbordador’, según Torres Quevedo “un vehículo que surca los aires, suspendido de cables, entre dos puntos elevados del terreno”. Su primera patente fue presentada en Suiza en el año 1890 aunque fue rechazada. No cejó en su empeño y siguió persiguiendo sus sueños. Precisamente es el transbordador con el que millones de personas han sobrevolado las cataratas del Niágara en Canadá (a unos 236 metros sobre el nivel del mar).

Era el primer teleférico o trasbordador de pasajeros construido en el mundo. Así es: un teleférico bilbaíno en Niágara. Se inauguró el 8 de agosto de 1916 y, desde entonces, ha transportado a más de diez millones de turistas sobre un tumultuoso remolino del río.

Las contribuciones de Torres Quevedo a su desarrollo fueron cruciales. Sus diseños mejoraron la estabilidad y seguridad de estos sistemas, permitiendo cubrir distancias más largas, incluida la espectacular instalación a través de las Cataratas del Niágara. 

Esto no solo demostró su talento en ingeniería sino también su habilidad para realizar demostraciones espectaculares de tecnología. Fue una iniciativa de la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería, formada por ingenieros y capitalistas de Bilbao.

A día de hoy sigue funcionando sin accidentes, circulando a 60 metros de altura y recorriendo 580 metros suspendido en seis cables.

Retrato del pintor Joaquín Sorolla
Retrato del pintor Joaquín Sorolla

El Ajedrecista

El primer juego de ordenador de la historia. Desarrollado en 1912, fue el primer juego en el que se podía jugar ajedrez contra un humano. Máquina vs humano.

Lo que distinguió a este invento de muchos otros fue su capacidad de funcionar sin intervención humana, gracias a relés electromecánicos.

Se presentó oficialmente en la Feria de París de 1914 y para muchos, fue el primer autómata capaz de jugar ajedrez de la historia.

Este invento no solo mostró el dominio de Torres Quevedo sobre los sistemas mecánicos y eléctricos, sino que también sentó las bases para la programación informática y la inteligencia artificial del futuro. Este momento ayudó a que su figura y fama se extendieran a nivel internacional.

El Telekino

El primer mando a distancia de la historia. Quizá uno de sus inventos más futuristas fue este. Bautizado como Telekino, es considerado el primer dispositivo de control remoto.

Presentado en París en 1903 en la Academia de Ciencias de París, este artefacto estaba destinado a controlar dirigibles y otros vehículos a distancia. Consiguió la patente ese mismo año en España, Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña.

¿Cómo funcionaba? Utilizando ondas electromagnéticas, que permitía a los operadores ejecutar comandos a distancia, una tecnología que desde entonces se ha vuelto omnipresente en todo nuestro mundo, desde drones hasta aparatos electrónicos domésticos. El telekino es, sin duda, otro hito en la historia de la ingeniería a nivel mundial.

Alfonso XIII le concedió la Medalla Echegaray

Calculadora mecánica

Máquinas algebraicas a principios del siglo XX. Torres Quevedo desarrolló una serie de máquinas capaces de realizar operaciones algebraicas de forma automática.

Estos dispositivos o máquinas calculadoras podían resolver ecuaciones hasta de segundo grado.

Eran artefactos analógicos que funcionaban asignando cantidades a rotaciones de determinados ejes u otras magnitudes físicas como valores eléctricos o electromagnéticos; esto es, resolviendo matemáticas con física.

Su trabajo en esta área precedió e influyó significativamente en los desarrollos posteriores de la informática digital.

A pesar de sus monumentales contribuciones a la tecnología, Leonardo Torres Quevedo sigue siendo relativamente desconocido en España, eclipsado quizá por la enorme amplitud de su trabajo, que tocaba las más variadas disciplinas.

Leonardo Torres Quevedo falleció en Madrid el 18 de diciembre de 1936 a los 83 años en su casa de Madrid cuando le quedaban unos días para celebrar su 84 cumpleaños.

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Ciencia ficción: los orígenes …


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JotDown(E.J.Rodríguez) — ¿Quién “inventó” la Ciencia Ficción?

¿Cuándo y cómo nació el género?

¿Cuál fue el primer relato de Ciencia Ficción que podemos considerar verdaderamente como tal?

¿Se escribía literatura de Ciencia Ficción en la Grecia clásica o en la antigua India? ¿Fue la creación de una mujer? ¿Quién le puso este nombre? ¿Quién decidió qué forma tendría la Ciencia Ficción moderna?

¿Cuándo tuvo lugar su edad de oro? ¿Cuándo su era clásica? ¿Por qué el género perdió su prestigio literario durante la primera mitad del siglo XX? ¿Por qué sus premios más importantes se llaman como un personaje al que algunos consideran una de las las peores calamidades que le hayan sucedido al género?

¿Por qué la Ciencia Ficción estadounidense y británica han dominado siempre? ¿Por qué la Ciencia Ficción rusa es tan seria y adusta en comparación?

Son muchas preguntas, y más que se podrían formular. En especial si tenemos en cuenta que la Ciencia Ficción parece ser un género muy popular, o eso podría deducirse de las recaudaciones de según qué películas (las cuales, para colmo, no siempre son verdadera Ciencia Ficción, sino horror, aventura o fantasía disfrazados).

Podríamos citar unos cuantos ejemplos de películas o programas televisivos muy exitosos que pueden dar la impresión, más bien equivocada, de que la Ciencia Ficción es un fenómeno masivo. En realidad, una buena parte del público conoce el género de manera superficial, casi exclusivamente por lo que ven en las pantallas.

Si se formulase la pregunta “¿qué es la Ciencia Ficción?”, quizá muchas personas encontrarían problemas para contestar, y solo los más aficionados al género tendrían una respuesta clara o al menos una fórmula de consenso a la que recurrir. Para empezar, porque se trata de un género esencialmente literario que nació, creció y alcanzó la madurez en formato escrito. En cierto modo, la Ciencia Ficción es un “famoso desconocido”.

El cine, la radio, la televisión o los cómics se limitaron a adaptar, casi siempre con retraso, las ideas que la Ciencia Ficción literaria manejaba desde tiempo atrás. Muchos de los espectadores de grandes éxitos cinematográficos apenas han leído Ciencia Ficción escrita y todavía menos han leído la que se publicaba en las épocas clásicas, lo cual ha generalizado una visión distorsionada del género.

Tal vez recorriendo la historia de la Ciencia Ficción escrita podamos conocerlo mejor, comprender de dónde viene, cómo se gestó, qué cambios fue experimentando y por qué hoy es como es.

Siempre existieron mentes creativas que trataban de imaginar una realidad alternativa —otros mundos, máquinas sorprendentes, seres extraños— o que querían responder a los misterios inasequibles del firmamento, de los océanos, del interior de la Tierra y hasta del cuerpo humano. Estos asuntos y otros similares han sido tratados desde muy antiguo en la ficción.

Ni siquiera las posibilidades del progreso científico y tecnológico han sido un objeto de reflexión exclusivo de la época moderna. Sin embargo, no podemos afirmar alegremente que la Ciencia Ficción ha existido “desde siempre”.

En términos históricos, pensamos el relato fantástico como algo previo y distinto de la Ciencia Ficción porque su resorte fundamental todavía no es el producto de una reflexión sobre los efectos que la ciencia y tecnología tienen sobre la existencia humana. El relato fantástico nace de una una divagación libre que utiliza la «magia» —esto es, los procesos no científicos— como Deus ex machina.

Por qué leer la Odisea? – Prodavinci
Mosaico de Odiseo y las SIrenas. Túnez, siglo II DC.

El relato fantástico sí es un género que existe desde que nació la propia literatura y algunos ejemplos son universalmente célebres. La Odisea de Homero, que data del siglo VIII a.C., por momentos puede parecerse a lo que hoy consideramos Ciencia Ficción. Pero, ¿significa eso que la Ciencia Ficción es un género con 2700 años de antigüedad? No.

La Odisea es uno de los relatos más influyentes en la historia de la cultura escrita, desde luego, y también ha tenido su influencia sobre la Ciencia Ficción moderna. Pero en la Odisea el motor de la acción no es producto de la elucubración científica. No es el intento de trazar un retrato más o menos verosímil de cómo sería el mundo bajo la influencia de algún avance tecnológico o científico, o de algún proceso físico natural explicable mediante conceptos científicos.

No es lo mismo hablar de monstruos de tres cabezas sin explicar el por qué de su existencia o atribuyéndola a causas sobrenaturales (literatura fantástica) que exponer una posible causa científico-tecnológica (Ciencia Ficción). Así pues, la Odisea, los poemas épicos mesopotámicos sobre Gilgamesh, la descripción de la Atlántida de Platón, el Ramayana, el Mahabharata, los escritos de Ovidio, las Mil y una noches, son relatos que pueden contener algunos elementos aislados que encontramos tambiçen en la Ciencia Ficción, pero que no tienen el avance científico y tecnológico como elemento catalizador del relato.

Desde muy antiguo se han escrito historias sobre máquinas voladoras, artefactos tecnológicos avanzados, autómatas, habitantes de otros planetas, viajes en el tiempo y demás tópicos habituales en la Ciencia Ficción moderna. Estas invenciones solían constituir una mera escenografía para argumentos basados en la magia.

Un caso interesante es la Historia vera de Luciano de Samosata: fue escrita en torno al año 150 d.C. y narra las aventuras de un hombre que viaja a la Luna, conoce a sus habitantes y es testigo de sucesos tales como guerras interplanetarias. Algo que, a primera vista, podrían englobarse dentro de la Ciencia Ficción.

Historia verdadera | Rescepto indablog
Historia vera de Luciano de Samosata

En realidad, es un relato de aventuras fantásticas.

Su protagonista viaja a la Luna no por causa de un adelanto tecnológico, sino arrastrado por una tromba de agua, un extraño accidente natural que se produce sin intervención tecnológica humana.

En cierto sentido, y situándonos en su época, la tromba podría ser considerada una explicación casi naturalista para el viaje lunar.

Lo mismo sucede con las explicaciones de otros sucesos del argumento.

Esto hace que la distinción entre géneros parezca muy borrosa, pero al final no deja de ser un relato fantástico porque su autor no está preocupado por la verosimilitud de esas explicaciones, que son usadas más bien como excusas argumentales sin soporte teórico.

En épocas posteriores aparecieron obras de corte similar como El hombre en la luna de Francis Godwin o Micromégas de Voltaire, y de la misma manera han de ser consideradas pura fantasía.

Unos 1500 años después del relato de Luciano de Samosata, el célebre astrónomo Johannes Kepler escribió un relato, Somnium, también sobre un hombre que viaja a la Luna. Kepler se apoyaba en registros científicos reales para imaginar cómo era la superficie de la Luna y sus elucubraciones al respecto eran producto de sus propias observaciones astronómicas; de hecho, algunas siguen siendo acertadas hoy.

En Somnium, pues, hay algunos elementos de corte puramente científico en la descripción de otro mundo. ¿Hablamos del primer relato de Ciencia Ficción? No. Analizando la trama vemos que tampoco son la tecnología o la ciencia las que constituyen el motor principal de la historia.

El protagonista de Somnium visita la Luna por la acción de unos espíritus —no culpemos a Kepler; lo de imaginar cohetes interplanetarios no resultaba tarea fácil para un hombre de su tiempo—, así que la premisa principal del relato, el viaje, no demuestra una mínima intención de verosimilitud científica, aunque sí lo haga la descripción de la luna.

Los datos científicos aportados por Kepler forman parte del apartado descriptivo y paisajístico, son mediciones del mundo natural agregadas al relato, pero no forman parte de la trama principal ni constituyen el motor de la acción. Parece que Kepler solo estaba interesado en incluir sus datos astronómicos sobre la luna, pero sin calentarse la cabeza teorizando sobre un modo científicamente plausible de alcanzar nuestro satélite.

Así pues, Somnium no es Ciencia Ficción, sino fantasía con toques científicos y naturalistas. Algo similar ocurre con Cyrano de Bergerac y su obra El otro mundo, donde hablaba, entre otras cosas, de máquinas capaces de aprovechar la energía solar. Toda una demostración de creatividad, sin duda, pero también sus ocurrencias tecnológicas eran parte de la escenografía, si bien interesante, en mitad de un relato que tampoco trascendía la fantasía tradicional.

En épocas donde la gente común todavía no tenía la percepción de que el progreso científico pudiese modificar rápidamente sus condiciones de vida, los efectos de la ciencia no eran un motivo de preocupación y, por tanto, nunca constituían el objeto último de los esfuerzos literarios.

La relación entre literatura de ficción y ciencia era muy superficial. Como mucho, la literatura podía reflexionar sobre la ciencia en su conjunto, en tono crítico, posicionándose a favor o en contra. Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift hacía una reflexión irónica sobre la ciencia. En sentido contrario, la Utopía de Tomás Moro describía un mundo ideal gobernado por criterios intelectuales. Lo mismo sucede con la curiosa obra El año 2440 de Louis-Sébastien Mercier. 

El protagonista visita en sueños un mundo futuro caracterizado por la veneración a la ciencia, donde todos los niños reciben como regalo telescopios o microscopios, y donde se fomenta con entusiasmo el conocimiento experimental. Es otro relato que se limita a hacer apología de un mundo fascinado por la ciencia como principal característica de una sociedad gobernada por la razón.

Estos relatos, escritos en época de auge racionalista, reflexionaban acerca del papel que la ciencia debería cumplir en la sociedad, pero no sobre los efectos concretos de las ciencias aplicadas. Seguía faltando ese elemento catalizador como motor de la acción.

Son obras racionalistas que, sí, contienen algunas características propias de la Ciencia Ficción tal y como la entendemos hoy, en especial del subgénero de la Ciencia Ficción social y utópica (término este último que deriva precisamente de la mencionada obra de Tomás Moro). Pero aún se basaban en la pura fantasía de modo no muy distinto a la Historia Vera.

En este punto ya nos hemos dado cuenta de que para poder hablar de Ciencia Ficción propiamente dicha —al menos desde la definición más consensuada, aunque se podría dedicar otro texto a discutir esa definición—, necesitamos un relato donde los avances científicos y tecnológicos sean el resorte fundamental de la acción.

Tal cosa no llegaría hasta principios del siglo XIX, cuando el progreso tecnológico se aceleraba de tal modo que el ciudadano medio empezó a darse cuenta de que, por efecto del mismo, su vida estaba cambiando a pasos agigantados. Por primera vez en la Historia, la ciencia empezaba a preocupar de verdad al común de los mortales.

Aquel, no por casualidad, fue el momento en que la Ciencia Ficción conoció su verdadero nacimiento. Y curiosamente, o quizá no tanto, no se produciría en la pluma de un sesudo académico con barba y antiparras, sino por obra y gracia de una brillante jovencita que apenas acababa de abandonar la adolescencia.

– El Big Bang de la Ciencia Ficción

«Irónicamente, el ‘padre’ de la Ciencia Ficción puede que haya sido una mujer de veinte años» (Isaac Asimov)

Así lo decía el famosísimo escritor en el prólogo de una de sus muy recomendables recopilaciones de relatos pioneros de la Ciencia Ficción. Refleja la opinión, generalmente aceptada por los estudiosos del asunto, de que la Ciencia Ficción nació con la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, publicada en 1818.

Por entonces ni siquiera existía un nombre para denominar al nuevo género. Frankenstein o el moderno Prometeo fue concebida, en principio, como una historia de terror. Parece que Shelley se inspiró en un sueño, algo muy común en el terror y la fantasía tradicionales.

Pero, como gran novedad, el relato describe las posibles consecuencias de unos experimentos científicos que estaban muy de boga en aquellos tiempos: el galvanismo, el uso de la electricidad para darle movilidad a miembros de animales muertos. La ciencia de entonces sugería que la electricidad podría terminar utilizándose para revivir a los difuntos, así que la jovencísima Mary Shelley aplicó esta idea en su relato, elucubrando sobre ese hipotético desarrollo del galvanismo.

Hoy sabemos que su predicción no se cumplió, pero no importa: en su momento, el mecanismo central del relato resultaba perfectamente razonable como hipótesis apoyada en la ciencia. El argumento de la historia se ajusta a lo que se consideraba científicamente posible o, como mínimo, científicamente imaginable.

En Frankenstein, la ciencia y la tecnología son los desencadenantes y protagonistas de un argumento que reflexiona sobre las posibles consecuencias del uso y abuso de las nuevas tecnologías, pero ya no de manera abstracta, sino describiendo su uso en términos muy concretos. La acción ya no estaba impulsada por un resorte fantástico, sino por un resorte científico.

De esta manera, Mary Shelley alumbró todo un nuevo género. Eso no significa que el género se estableciese de inmediato como algo popular, porque su eclosión definitiva no se produjo hasta varias décadas después. Quizá por causa de ese paréntesis, que la convirtió en una pionera aislada en el tiempo, Mary Shelley tuvo que esperar más de un siglo para que los estudiosos se pusieran de acuerdo en reconocerla como la auténtica madre del invento. Mientras tanto, otros iban a lucir los laureles en su lugar.

En 1863 empezó a publicar sus novelas un escritor francés llamado Jules Verne. Cultivó varios géneros, entre ellos la aventura, pero en relatos como Viaje al centro de la TierraDe la Tierra a la LunaVeinte mil leguas de viaje submarinoLa isla misteriosa y otros, Verne llevó los relatos especulativos de núcleo científico a las manos de miles de ávidos lectores.

Ni que decir tiene que su enorme éxito y la inmensa influencia literaria de su trabajo lo convirtieron en el escritor de Ciencia Ficción más importante del siglo XIX. Si Shelley fue la responsable del nacimiento del género, podemos considerar al francés como el responsable de su establecimiento definitivo y, en justicia, quizá también como un segundo fundador. Después de Verne ya no hubo vuelta atrás: la Ciencia Ficción había llegado para quedarse.

Treinta años después del debut literario de Verne (que aún continuaba activo), el británico H.G. Wells terminó de definir las características de la Ciencia Ficción moderna, destapándose con legendarios relatos como La máquina del tiempoLa isla del doctor MoureauEl hombre invisibleLa guerra de los mundosEl alimento de los dioses o la más ambigua Los primeros hombres en la Luna.

Sus escritos también produjeron un gran impacto. Además, ayudaron a extender el género más allá de la aventura verniana, pues introdujo una considerable carga de reflexiones sociales, políticas y existenciales, que inauguraron uno de los más importantes senderos a seguir por los futuros autores de Ciencia Ficción. Fue, sin duda, el otro gran puntal del siglo XIX.

Durante finales de aquel mismo siglo y principios del XX, otros escritores célebres coquetearían con el género, ya fuese de manera recurrente o anecdótica.

Cabe citar nombres como Edgar Allan PoeEdgar Rice Borroughs, Guy de MaupassantArthur Conan DoyleHerman MelvilleJack LondonE.T.A. HoffmannEdward Bellamy, etc.

Una lista imponente. El género todavía no tenía un nombre propio y era referido con denominaciones como “fantasía científica”, “romance científico” y otras que irían variando con el paso del tiempo.

Además de aquellos autores que escribían tras la estela de Verne y Wells, hay algún caso interesante como el de H.P. Lovecraft. Aunque el trabajo del estadounidense suele encajar mejor en el terror fantástico, reflejó ciertas influencias científicas —era aficionado a la astronomía y sin duda había leído mucha Ciencia Ficción de su tiempo— e influyó mucho en el desarrollo posterior del género, por más que no podamos considerarlo un practicante “legítimo” del mismo, sino más bien una rareza a caballo entre varios géneros.

Como hemos visto, la Ciencia Ficción se originó en Europa. A finales del XIX, sin embargo, los Estados Unidos se convirtieron en los más entusiastas creadores y consumidores en el planeta. Allí, el género se expandió con mucha rapidez y atrajo la atención de todo tipo de literatos, hasta el punto de que el país no tardó en establecerse como la primera potencia mundial en producción de material, seguidos a distancia por el Reino Unido, Francia y Alemania (de manera más minoritaria, se hacía Ciencia Ficción en prácticamente toda Europa).

Un caso aparte es el de Rusia. La influencia de los escritores occidentales de Ciencia Ficción, en especial Verne y Wells, fue intensa en determinados círculos literarios de la Rusia zarista. Surgieron nombres relevantes como Alexander KuprinIlia EremburgAlexei TolstoiValentin Kataev, etc.

El más notable fue Alexander Beljaev, que se hizo famoso en occidente a raíz de una delirante anécdota: la preocupación que causó en el Pentágono su antiguo relato La guerra en el éter (publicado por primera vez en 1927 bajo el título Radiópolis).

Algún mando militar norteamericano oyó hablar del libro y decidió interpretarlo como una posible anticipación de un ataque de misiles soviéticos; al parecer, los militares removieron cielo y tierra para hacerse con un ejemplar del libro ruso, algo digno de una secuencia de la comedia Dr. Strangelove.

Beljaev fue uno de los más grandes autores no occidentales de Ciencia Ficción, aunque, por desgracia, tuvo una vida accidentada y conoció un tristísimo final, muriendo de hambre durante la ocupación nazi de la ciudad de Pushkin.

En conjunto, los escritores rusos siguieron bajo la influencia clásica de Verne y Wells incluso cuando en los EEUU el género se estaba disgregando ya hacia nuevas direcciones, muy especialmente un retorno hacia la aventura y los límites con la fantasía. En Rusia se decantaban más por lo que hoy llamaríamos Ciencia Ficción “dura”, esto es, más aferrada a la verosimilitud científica.

También la Ciencia Ficción utópica tenía una representación importante allí, nada extraño en un país que estaba incubando severas transformaciones sociales. Estas tendencias naturales en la Ciencia Ficción rusa se convirtieron en tendencia oficial tras la Revolución de 1917.

Es bien sabido que el nuevo régimen hacía bandera de su concepción materialista del mundo, así que, bajo el gobierno de los soviets, ya no se veía con muy buenos ojos una Ciencia Ficción que contuviese demasiados elementos fantasiosos. La fantasía era algo que debía ceñirse a lo folclórico.

Foto: Dos portadas de la revista. (Biblioteca Pública)
‘Tekhnika Molodezhi’, la revista soviética que enseñó el espacio mucho antes de conocerlo

Por ello, en la URSS siguió predominando la Ciencia Ficción “dura” de corte tecnológico, social y utópico, con pocas excepciones. Apenas se produjo aventura espacial al estilo de la que terminaría plagando las publicaciones norteamericanas: la hubo, sí, pero fue escasa.

Con todo, ya sabemos que no hay acción sin reacción, y como respuesta al materialismo impuesto por el régimen comunista surgió otra corriente característica dentro de la Ciencia Ficción soviética, que trataba de explorar la vertiente más humana y, por así decir, “espiritual” del género en un país donde lo espiritual estaba mal visto.

Si se les impedía desarrollar la vena fantástica en sus relatos, los autores soviéticos siempre podían refugiarse en las divagaciones filosóficas abstractas.

La URSS siguió siendo una buena productora de material, con autores más que notables, pero el aislamiento del país y los condicionantes creativos que las autoridades imponían al género dificultaron que la Ciencia Ficción soviética tuviese el peso que quizá merecía en la evolución global del género durante la primera mitad del siglo XX.

Otra característica peculiar y diferencial fue que en la URSS (y en el resto del bloque comunista), el género de la Ciencia Ficción siguió gozando de bastante respetabilidad entre los círculos intelectuales conforme avanzaba el siglo XX. Siempre, claro, que se ajustase a los criterios que las autoridades consideraban deseables.

Mientras tanto, la Ciencia Ficción occidental empezó a sufrir un proceso acelerado de desprestigio literario. Cualquier aficionado sabe que este fue uno de los principales problemas de la Ciencia Ficción durante buena parte del siglo XX. Desde que empezó a ser considerada un género “menor”, mero escapismo infantil, le costó mucho tiempo empezar a sacudirse este estigma para volver a alcanzar la respetabilidad de que gozaba a finales del siglo XIX.

Siendo un género predominantemente escrito, el que estuviese mal visto precisamente dentro de los círculos literarios marcó su destino durante décadas. Sin embargo, ese mismo proceso que le quitó lustre literario constituyó también una etapa necesaria para su evolución. Y ese proceso no fue otro que la transición del género desde la literatura “formal” a las publicaciones para el público juvenil.

– De las bibliotecas a los quioscos

A fines del siglo XIX empezaba a quedar bastante claro que, una vez pasado el impacto inicial y el efecto sorpresa del nuevo género, el público adulto empezaba a mirar hacia otro lado. Quienes seguían siendo muy receptivos a la Ciencia Ficción eran los niños y adolescentes. Algunas revistas juveniles empezaron a incluir Ciencia Ficción en sus sumarios, con lo que un género hasta entonces considerado adulto (o, por lo menos, apto para todas las edades) fue acercándose más y más al paladar juvenil.

The Argosy, un semanario estadounidense fundado en 1882, solía incluir los tipos más habituales de narraciones dirigidas a adolescentes: fantasía, aventuras, terror, misterio, detectives, western, ficción histórica. También publicaba algún que otro relato de Ciencia Ficción, o sucedáneos fantásticos que, con buena voluntad, podían ser etiquetados como tal.

The Argosy" (1882-1978) y "All-Story" (1905-1920) - Cualia.es

La revista The Argosy tuvo gran importancia histórica.

Sus editores descubrieron que no se dirigían a un público demasiado exigente y que, para colmo ,ese público tenía poco dinero para gastar.

Llevados por el afán de reducir costes, empezaron a editar la revista en un papel más barato, rugoso y de mala calidad, cuyos bordes irregularmente cortados se quebraban con el uso y producían una especie de confetti.

Así, en 1896, The Argosy se transformó en la primera revista pulp.

El término pulp hacía referencia precisamente a la mala calidad física del papel de sus páginas, que a menudo (aunque no siempre) iba acompañada de mala calidad también en los contenidos.

Durante las décadas de 1900 y 1910, la pulp fiction empezó a proliferar en los Estados Unidos, consumida por chavales ávidos de literatura imaginativa durante una época en la que no existía la televisión y el cine estaba aún en sus comienzos.

Los editores, que solían buscar el beneficio económico más inmediato posible, no tuvieron inconveniente en infantilizar sus contenidos.

Las portadas empezaron a ser cada vez más coloristas, con llamativas ilustraciones que atrajesen a atención de los niños y adolescentes. Los títulos eran también cada vez más sensacionalistas.

Como es lógico, el público adulto veía estas revistas como un subproducto —cosa que, todo sea dicho, eran con más frecuencia de la debida— y sucedió así que la tímida pero creciente asociación de la ficción científica con aquella morralla expuesta en los quioscos hizo que los círculos literarios “serios” empezasen a desdeñarla.

¿Cuál fue la primera revista realmente especializada en Ciencia Ficción? En Rusia, donde ya decíamos que el género seguía siendo respetable, se publicaba El mundo de la fantasía; aparecida en 1911, quizá pueda ser considerada la primera, salvo porque estaba compuesta sobre todo por traducciones de autores occidentales (Verne, Wells, Poe , etc.) y era más bien una antología periódica.

Aunque con el tiempo fue incluyendo algunos relatos de escritores autóctonos, estos tampoco tenían repercusión fuera del país. En Estados Unidos, por el contrario, las revistas sí publicaban abundante material original, aunque solo una pequeña parte de él era auténtica Ciencia Ficción.

Revistas juveniles como la citada The ArgosyAll-StoryFrank Reade Library o The Thrill Book tocaban ocasionalmente el género, si bien con relatos poco memorables que con frecuencia habían sido escritos por los mismos jóvenes que compraban las revistas.

En la década de 1920, la oferta empezó a crecer de manera lenta, asomando la cabeza, aún con timidez, más allá de la pulp fiction. Algunos periódicos científicos publicaban relatos de Ciencia Ficción como un guiño entretenido para sus sesudos lectores.

En 1923, la revista Science & Invention tuvo el inesperado detalle de dedicar íntegramente uno de sus ejemplares mensuales a recopilar relatos de Ciencia Ficción. Era un signo inequívoco de que la demanda estaba aumentando. Aquel mismo año nació la revista Weird Tales, que no era una revista especializada y estaba más bien dominada por la fantasía, pero incluía un mayor porcentaje de Ciencia Ficción que sus predecesoras.

Eso sí, las revistas centradas en detectives, guerras, terror, western, hazañas aéreas y submarinas, aventuras exóticas o fantasía seguían dominando el cotarro (títulos como Horror storiesOriental StoriesWar stories o Flying Aces indican por dónde iban los tiros). La Ciencia Ficción no gozaba de algo que pudiera considerarse un medio propio que produjese material original sin la interferencia de otros géneros.

Portada de Amazing Stories de abril de 1926.

El hito se produjo en 1926.

Si algún lector se pregunta por qué a los principales premios que se conceden a la literatura de este género (los “Oscars de la Ciencia Ficción”) se los llama premios Hugo, sepa que el responsable del asunto fue un tal Hugo Gernsback.

Era un inmigrante luxemburgués de cuarenta y dos años que llevaba dos décadas viviendo en los Estados Unidos, donde se había iniciado el mundo de la edición publicando la revista científica Modern electrics.

Apasionado practicante de la ciencia —en su haber tiene algunos inventos menores—, Gernsback pensaba que podría ser popularizada entre la juventud con ayuda de los relatos de “fantasía científica”.

En aquel año 1926 editó el primer ejemplar de Amazing Stories.

Que fue, ahora sí, la primera revista especializada en Ciencia Ficción que estaba compuesta en su mayor parte por material original.

En ella se dieron a conocer autores relevantes como Jack WilliamsonE.E. Smith David Keller. El papel de Hugo Gernsback en el desarrollo del género resulta controvertido: para algunos fue un divulgador necesario, imprescindible en su momento histórico, un pionero que abrió las puertas a la expansión del género.

Además fue el hombre que acuñó el término Science Fiction (aunque, curiosamente, su intención siempre fue la de imponer, sin éxito, otro término creado por él: sciencifiction). Para otros, sin embargo, el papel de Geernsback resulta más discutible. El escritor Brian W. Aldiss le dedicó un bonito elogio: “Gernsback fue uno de los peores desastres que jamás hayan arrasado el campo de la Ciencia Ficción”. Casi nada.

Esto se debe a que Gernsback, como editor, tenía una moral y política laboral muy cuestionables. Era bien conocido por sus constantes engaños a los autores, por lo general jóvenes e ingenuos aspirantes a literato, de quienes se aprovechaba, racaneando los pagos sin miramientos. No es raro que en el ámbito de los historiadores de la Ciencia Ficción sea retratado como un sinvergüenza sin escrúpulos. En cualquier caso, su figura está ahí y su importancia, para bien o para mal, resulta innegable.

– Tiempos de crisis

Tras una década de crecimiento sostenido en los años veinte, los treinta fueron una época de vaivenes. La crisis económica mundial sumió al ámbito editorial en la inestabilidad y las revistas pulp, pese a sus bajos costes, no se libraron. Por culpa de la crisis y, todo sea dicho, de una concepción empresarial más bien aventurera, la carrera de Hugo Gernsback empezó a ser accidentada, un fiel reflejo de lo que era el mundillo de las revistas por entonces.

En 1929, tras varios años al frente de Amazing Stories, su editorial se declaró en bancarrota y Gernsback se vio obligado a vender su querida revista, que siguió publicándose bajo la tutela de otros dueños. Perder a la niña de sus ojos, sin embargo, no significaba que el luxemburgués estuviese dispuesto a rendirse. Apenas unos meses después, fundó Wonder Stories, que era una continuación casi idéntica de Amazing Stories.

La crisis había afectado a la venta de revistas, pero la Ciencia Ficción estaba convirtiéndose en una apetecida “novedad” y Wonder Stories fue muy bien recibida por el público. De este modo, al finalizar la década ya había dos revistas especializadas en el mercado, ambas fundadas por Hugo Gernsback.

Apareció una tercera en 1930, cuando el editor William Clayton decidió sacar a la venta Astounding Stories, en la que primaba la Ciencia Ficción de aventuras. Tres revistas especializadas colgadas a la vez en los quioscos de todo el país no era un logro baladí.

En los albores de la Gran Depresión, con la feroz competencia de decenas de revistas pulp, algunas de ámbito nacional y muchísimas más de ámbito regional o local, que aquellas tres publicaciones se mantuviesen a la venta dice mucho de la demanda que suscitaba el género.

Además de Amazing Stories, Wonder Stories Astounding Stories, estaban las aportaciones al género de Weird Tales, y las de ciertas publicaciones especializadas, pero de muy corta vida, que rara vez lograban trascender la categoría de fanzines.

También estaban los exitosos cómics de Buck Rogers y los de su imitador Flash Gordon, que se publicaban por entregas en periódicos para adultos, aunque entraban en la categoría de space opera, un subgénero híbrido de aventuras fantasiosas, limítrofe con la verdadera Ciencia Ficción.

En cualquier caso, se estaba desarrollando una creciente base de aficionados fieles. Muy relevante fue la habilidad de Gernsback para crear entre los consumidores de su revista un cierto sentimiento de pertenencia. Por ejemplo, fundó la Science Fiction League, un auténtico club de fans de la Ciencia Ficción que, con los años, llegaría a tener ramificaciones internacionales.

En 1932 y 1933 los efectos de la crisis económica se habían profundizado y, pese al entusiasmo por el género, el nivel de ventas empezó a caer de nuevo. Hugo Gernsback y William Clayton respondieron a la situación intentando ofrecer un material más cuidado, pero tampoco eso parecía suficiente.

FLASH GORDON de Al Williamson - Dolmen Editorial

Durante 1934 y 1935, el mercado del papel siguió resintiéndose, aunque la space opera continuase en boga (Flash Gordon sería llevado a las pantallas de cine en 1936 y Buck Rogers no tardaría en hacerlo poco después).  En 1936, Hugo Gernsback intentó aprovecharse de la popularidad de su revista para desmarcarse de aquel mundillo editorial repleto de vaivenes.

Confiando en la fidelidad ciega de sus seguidores, decidió que Wonder Stories sería retirada de los quioscos. En adelante, solo podría ser conseguida mediante suscripción. Así, intentaba adaptar al público juvenil las tácticas comerciales que ya usaban algunas revistas adultas, pero su cálculo fue erróneo. Los consumidores de Wonder Stories, adolescentes en su mayoría, querían seguir yendo al quiosco para, además de comprar su revista habitual, poder hojear todo el surtido de revistas pulp y cómics.

El lector medio de Ciencia Ficción era un chaval al que le gustaba ver y tocar antes de comprar, que disfrutaba de maravillarse con la variopinta oferta de llamativas portadas y títulos que había en las tiendas y quioscos. No era como un lector adulto que pudiese esperar la entrega de su revista tranquilamente sentado en el sofá de su casa. Retirar Wonder Stories de las góndolas supuso su inevitable final. Los lectores habituales no se suscribieron y el último ejemplar se publicó en aquel mismo 1936.

Eso sí, Gernsback renació de sus cenizas en unos meses y por tercera vez regresó a los quioscos con la misma revista en el mismo formato, pero con nuevo título: Trhrilling Wonder Stories. Como editor era volátil, desde luego, pero aparentemente indestructible.

Una vez pasado lo peor de la Depresión, la situación económica empezó a mejorar y con ella la demanda de Ciencia Ficción. Una gran explosión era inminente. Si el siglo XIX había constituido el Big Bang del género, el periodo 1938-39 iba a convertirse en la supernova.

– La Edad de Oro de las revistas

En 1938, la Ciencia Ficción estadounidense —ya con mucho la más importante del planeta— sobrepasó los límites del ámbito juvenil gracias a diversos acontecimientos de gran alcance mediático. Por ejemplo, la célebre interpretación radiofónica de La guerra de los mundos a cargo de un jovencísimo Orson Welles, que algunos incautos confundieron con la verdadera retransmisión de una invasión alienígena.

El pánico que el programa causó entre algunos ciudadanos fue exagerado por la prensa, desde luego, pero la enorme repercusión del episodio consiguió que mucha gente hasta entonces completamente ajena a la Ciencia Ficción empezase a sentir curiosidad por un género capaz de producir tales terremotos mediáticos.

Aquel suceso coincidió con un “boom” en la cantidad de material publicado. En términos históricos, 1939 fue el año de eclosión definitiva de la Ciencia Ficción.

Además de las tres revistas especializadas que ya hemos mencionado, aparecieron más de diez títulos nuevos en un periodo de pocos meses: Startling StoriesFantastic AdventuresScience FictionFamous Fantastic MysteriesFuture FictionCaptain Future, Planet StoriesAstonishing StoriesSuper Sciencie StoriesComet Stories. También las hubo que se centraron en relatos largos, casi pequeñas novelas, como Science Fiction Quarterly.

Incluso surgió una como Unknown, que mostraba preferencia por Ciencia Ficción de corte humorístico y donde se dieron a conocer autores como Fritz LeiberFredric Brown o L. Ron Hubbard, más tarde fundador de «cienciología». Hasta 1941 seguirían apareciendo revistas nuevas, como Stirring Stories o Cosmic Stories. La oferta, como vemos, llegó a ser apabullante.

Frozen Hell - Ebook - John W. Campbell Jr. - ISBN 9781479442386 - Storytel

Por otro lado, en las ferias internacionales empezaba a rendirse homenaje a las revistas de Ciencia Ficción, lo cual fue recogido por la prensa convencional y también contribuyó a despertar la curiosidad de los lectores adultos.

En 1939, la Feria Internacional de Nueva York fue el escenario de la 1º Convención Mundial de Ciencia Ficción, a la que asistieron varios autores e ilustradores célebres del momento (aunque no quedó exenta de polémica por la decisión de excluir a un grupo de autores de tendencias izquierdistas).

En un acto muy publicitado, se enterró una “cápsula del tiempo” que contenía un ejemplar de Astounding Stories destinado a los arqueólogos del futuro, lo cual llamó la atención de lectores potenciales que de repente quisieron comprobar de qué trataba aquella revista que habrían de encontrar enterrada las gentes de siglos venideros.

Otro hecho muy relevante lo constituyó el debut como editor del joven John W. Campbell, de veintisiete años de edad.

Había publicado algunos relatos como escritor en diversas revistas del género y empezó a realizar funciones de director en Astounding Stories en 1937.

Al año siguiente, cambió el título a Astounding Science-Fiction y empezó a revolucionar la Ciencia Ficción desde dentro, publicando relatos de un selecto grupo de jóvenes autores entre los que se encontraban, agárrense, Isaac AsimovRobert A. HeinleinTheodore SturgeonLester del ReyClifford SimakA.E. Van Vogt, etc.

Si se lo considera el “padre de la Ciencia Ficción moderna” no se debe únicamente a que escogió con sabiduría qué material publicar y a qué autores contratar, sino también porque impuso un nuevo paradigma en su revista, una revolución en su filosofía editorial.

Campbell, ingeniero, tenía formación científica y no estaba satisfecho con el tono sensacionalista que primaba en el género. Cansado de la multitud de tópicos fantasiosos que circulaban sobre el mundo de la ciencia, producto de tantas historias protagonizadas por científicos locos y malvados doctores que hacían experimentos en refugios tenebrosos, quiso representar ese ámbito profesional de manera más realista y así se lo hizo saber a sus autores.

En Astounding Science-Fiction empezaron a proliferar relatos donde los científicos trabajaban en pos del progreso, para bien o para mal, pero siempre retratados de una manera más ajustada a lo que Campbell conocía  de primera mano gracias a su importante experiencia académica.

Su mentalidad de ingeniero terminó plasmándose en la deriva tecnológica de Astounding Science-Fiction: relatos sobre vehículos espaciales, computadoras, novedosos medios de comunicación… la vertiente más verosímil de la Ciencia Ficción.

Algunos lo acusaron de restringir demasiado el género y en su momento hubo incluso quienes consideraron que estaba contribuyendo a restarle brillo, a mermar su capacidad para producir excitación. Pero lo cierto es que Campbell estaba contribuyendo a darle forma de cara a un nuevo renacer.

Todavía hubo por aquellas fechas otro suceso importante: la eclosión de la Ciencia Ficción británica y centroeuropea. El Reino Unido era, por obvias cuestiones de idioma, muy permeable a la influencia estadounidense. En los quioscos británicos podían encontrarse ediciones de las revistas estadounidenses más importantes y empezaron a surgir también revistas autóctonas que recopilaban esos mismos relatos americanos.

Entre 1936 y 1938 surgieron, por lo menos, cinco publicaciones importantes. La primera fue fundada por miembros de la rama británica de la Science Fiction League, el club creado por Hugo Gernsback, que ahora se había extendido al otro lado del Atlántico.

Era una especie de boletín de noticias relacionadas con la Ciencia Ficción, primero llamado Novae Terrae y más tarde rebautizado como New World. Poco después surgieron Amateur Science StoriesTomorrowFantasy y la versión británica de la pulp fiction, titulada Tales of Wonder.

Aunque estas revistas revistas seguían publicando mayoritariamente autores estadounidenses, lo importante es que sirvieron como trampolín para escritores británicos que daban sus primeros pasos. Uno de ellos fue Arthur C. Clarke, que enviaba sus relatos a estas publicaciones, aunque después, como individuo inteligente que era, tuvo una gran idea y decidió probar fortuna intentando vender su trabajo directamente a las revistas norteamericanas. Otros siguieron sus pasos.

Arthur C. Clarke, autor de '2001', afirma que no se puede predecir el  futuro en 1964. Y entonces predice internet

Aquello favoreció el surgimiento de un importante contingente de creadores en el Reino Unido, que por las mismas razones lingüísticas lo tendrían fácil para recorrer el camino inverso y dar a conocer su trabajo en los Estados Unidos.

Es por este motivo que la Ciencia Ficción británica ha tenido tanto peso en la evolución del género, en comparación con otra potencia como la URSS, que por entonces estaba culturalmente estancada bajo el yugo de Stalin y aislada de lo que se cocía en el resto del planeta.

Por otro lado, en los círculos literarios del Reino Unido la actitud general hacia la Ciencia Ficción era más benévola que en los Estados Unidos, donde todavía sufría un severo desprestigio. Algunos intelectuales británicos muy respetados escribieron novelas de auténtica Ciencia Ficción.

Fue el caso de Aldous Huxley y su celebérrima Un mundo feliz, aunque es posible que en su día muchos quisieran verla más como una novela social y política, porque costaba relacionar a Huxley con aquellas revistas para adolescentes de llamativas portadas (aunque sí existía esa relación, al menos en la temática).

Fue también el caso del filósofo Olaf Stapledon, que se destapó como un consumado escritor de relatos de Ciencia Ficción hasta el punto de ser considerado uno de los más influyentes autores del género.

En cuanto a Europa continental, el trauma de la Guerra Mundial o la edición de la obra del recientemente difunto Franz Kafka (que no escribía Ciencia Ficción, pero que, como Lovecraft, ejercería su influencia en el género) ayudaron a reavivar el interés literario por la vertiente más distópica, reavivando una corriente que nunca había desaparecido del todo en el Viejo Continente.

Desde inicios de la década de los veinte, en centro-Europa había existido un grupo de escritores que, como Huxley, se mostraban interesados en especular sobre el futuro de la sociedad. En Alemania, la escritora Thea von Harbou publicó la célebre novela Metropolis, que sería llevada al cine por su marido, el cineasta Fritz Lang.

Sin embargo, durante los años treinta, con la llegada de los nazis al poder, la cultura alemana sufrió un brutal retroceso y la Ciencia Ficción, que hasta ese momento gozaba de cierto caché literario en círculos intelectuales germanos, no escapó de la debacle. Bajo la dictadura de Hitler, el género fue incapaz de evolucionar en Alemania y la producción local no renacería hasta tiempo después de finalizada la II Guerra Mundial.

Metrópolis» (1927), de Fritz Lang - La Civiltà Cattolica
Metropolis (1927) Fritz Lang

En Checoslovaquia, Karel Kapec escribió varias obras de Ciencia Ficción tanto en formato teatral como novelado, y de paso popularizó el término «robot». En la URSS, como ya sabemos, seguían funcionando a su manera: había bastante producción y el género gozaba de respetabilidad en los círculos intelectuales, pero tenía poca proyección exterior y, salvo excepciones, un severo estancamiento estilístico.

Ya decíamos que las restricciones políticas del régimen comunista impedían que la Ciencia Ficción en ruso tomase nuevos caminos, como sí hacía constantemente la estadounidense. Varios de los pioneros rusos de principios del siglo XX seguían escribiendo, pero estaban encerrados en el callejón sin salida de la censura y daban vueltas sobre los mismos tópicos una y otra vez.

La larga tradición de Ciencia Ficción social rusa no pudo quedar ajena a la moda de las distopías: Eugeni Zamyatin, por ejemplo, llevó el subgénero distópico a unos extremos que le ganaron la enemistad de las autoridades. Describía utopías que devenían en totalitarismos —es decir, lo que había sucedido con el comunismo— y eso provocaría que el escritor terminase en el exilio.

En cuanto al resto del mundo, diversos países europeos y sudamericanos tuvieron sus propias versiones de revistas de Ciencia Ficción compuestas sobre todo de traducciones de material norteamericano.

Aunque iban acompañadas de ocasionales relatos de autores nativos, estos, como es lógico por cuestión de idioma, no gozaron de la misma repercusión que los británicos en Estados Unidos y, por ende, no tuvieron apenas repercusión en el resto del planeta aunque su trabajo pudiese ser, en ocasiones, de bastante calidad. Para triunfar en el género había que pasar por el mundillo editorial del país de las barras y estrellas, sí o sí.

La explosión repentina de la segunda mitad de los años treinta no duró mucho. En 1939, la Ciencia Ficción británica se vino abajo con la entrada del país en guerra. Las severas restricciones impuestas sobre el uso de papel y tinta reducían de manera considerable la capacidad editorial británica.

Las revistas autóctonas surgidas en la bonanza de 1937-38 fueron desapareciendo durante la II Guerra Mundial, en algunos casos por falta de medios, y en otros porque sus editores eran llamados a filas (alguno de aquellos editores llegó a morir en combate, una manera muy triste y estúpida de que desaparezca una revista). En 1942 ya no quedaba ninguna revista de Ciencia Ficción en el Reino Unido.

En Alemania, la URSS y en otros países europeos metidos de lleno en el conflicto bélico, la situación era desastrosa y se produjo no solo un hundimiento editorial, sino un verdadero hiato cultural. En diciembre de 1941, con el bombardeo japonés sobre Pearl Harbor, también los Estados Unidos entraron en guerra. Sus editoriales empezaron a sufrir también restricciones de papel y tinta. Unas cuantas de las revistas surgidas durante el apoteósico “boom” americano desaparecieron. Las pocas que sobrevivieron, lo hicieron en condiciones de suma dificultad.

No se puede culpar solo a la guerra del declive de la Ciencia Ficción durante la primera mitad de los años cuarenta. Es obvio que la guerra fue la principal responsable de la nueva crisis, pero la mayoría de los editores habían cometido ya grandes errores, en especial el cortoplacismo económico. Esto fue particularmente acusado en los Estados Unidos.

Los editores tuvieron mucha responsabilidad en el hecho de que la Ciencia Ficción estadounidense careciese del prestigio social que sí tenía el género en Europa. En nuestro continente, la Ciencia Ficción era menos variada, menos original y se producía en muchísima menos cantidad, pero estaba bien vista.

Los editores estadounidenses habían descuidado el material que publicaban, buscando un sensacionalismo instantáneo y populachero que vendiese ejemplares cada semana, sin pararse a pensar que los lectores de Ciencia Ficción iban haciéndose mayores, que el mundo estaba cambiando y que se requerían unos nuevos tipos de ficción más acordes con los tiempos que corrían.

Algunos de aquellos editores, captando los aires de cambio, tenían una revista en la que publicaban su mejor material y otra revista paralela en la que daban salida a aquello que no habían considerado lo bastante bueno para la primera. Es decir, que publicaban todo cuanto llegaba a sus manos sin apenas filtro, aunque separándolo por cabeceras.

Seguían abundando las historias escritas por aficionados, que a veces se destapaban con sorprendentes dotes narrativas… pero la mayoría de las veces, no. Tras la apoteosis comercial de final de los años treinta, el género sufrió una difícil, pero quizá conveniente, depuración durante la II Guerra Mundial.

Se estaban sembrando las semillas de un nuevo apogeo, cuando, ya sin reparo alguno, íbamos a poder afirmar que la Ciencia Ficción alcanzaba su madurez y plenitud, luchando por recuperar el estatus literario que varias décadas de supervivencia en revistas juveniles había hecho desaparecer. El periodo clásico de la Ciencia Ficción era inminente; lo único que el mundo necesitaba para llegar a verlo era la paz.

– Sobreviviendo a la guerra

La II Guerra Mundial fue un periodo de intensos cambios la Ciencia Ficción y no solo por las dificultades económicas que atravesó el mundo editorial, sino también porque el género estaba pugnando por evolucionar. En Europa, el conflicto bélico constituyó un golpe casi mortal a la ya escasa producción existente y hundió el género durante varios años.

En el Reino Unido, las pocas revistas que habían surgido durante el “boom” de finales de los años treinta desaparecieron con rapidez después de que el país entrase en guerra. Las severas restricciones de papel y tinta en la industria editorial fueron acabando con ellas, cuando no se dio el caso, como ya mencionábamos en la primera parte, de que alguno de sus directores o editores fuese llamado a filas y muriese en acto de servicio (en aquellos tiempos, la edición del género era una aventura personal de ciertos individuos aventureros, no el producto de grandes editoriales).

A principios de 1942, recordemos, ya no quedaba ninguna publicación británica en el mercado. Por descontado, cabe imaginar la situación de estancamiento en la URSS a causa de la dictadura estalinista y la guerra, así como en otros países del Este o centroeuropeos, que habían tenido cierta tradición en el género, pero ahora estaban sumidos en regímenes totalitarios, cuando no abocados a un total desastre nacional, caso de Alemania.

El único país del mundo que seguía produciendo Ciencia Ficción a buen ritmo era el de costumbre: los Estados Unidos de América.

También la Ciencia Ficción americana, no obstante, sufrió un revés por causa de la guerra. Hubo restricciones en el uso de papel, tinta y materiales diversos; limitaciones que no eran tan severas como en el Reino Unido, pero tuvieron un efecto bastante severo en el hasta entonces floreciente mundillo editorial.

En diciembre de 1941, cuando los EE.UU. entraron en la guerra, sus quioscos y librerías disponían de una quincena de revistas especializadas en Ciencia Ficción con tirada nacional. En 1945 solo quedaban seis. Las publicaciones que sobrevivieron lo consiguieron a base de austeridad; casi todas ellas redujeron su número de páginas y pasaron a ser trimestrales en vez de mensuales.

Otro recurso fue la especialización en subgéneros o tendencias concretas, con lo que las rvistas intentaban, en lo posible, no competir por los mismos lectores.

Con todo, recién terminada la guerra, los EE.UU. todavía tenían más revistas que antes del “boom” de finales de los años 30, signo de que, si bien la situación mundial había afectado a su producción, la demanda popular no solo no había disminuido, sino que estaba creciendo debido a diversos factores que vamos a tratar aquí.

Astounding Science Fiction 1943
Durante la II Guerra Mundial, la revista «Astounding Science Fiction» marcó la senda a seguir por buena parte de la Ciencia Ficción posterior.

Aquellas seis revistas que sobrevivieron a la guerra mantuvieron viva la Ciencia Ficción y la hicieron evolucionar quizá con más rapidez que nunca antes.

Especialmente Astounding Science Fiction, que bajo la batuta de John W. Campbell siguió siendo la publicación puntera del género, la más respetada, la más influyente y la que gozaba de un mayor éxito.

El giro “campbelliano” hacia la Ciencia Ficción “hard”, más académica y seria, más alejada de las aventuras espaciales poco rigurosas que cultivaban algunos de sus rivales, había sido muy bien recibido por toda una nueva generación de lectores que se habían criado con la Ciencia Ficción ligera de las revistas pulp, pero que ahora tenían edad suficiente como para exigir un material más adulto.

Campbell supo proporcionarles ese material y en eso consistió el secreto de su éxito.

Tanto, que la suya fue la única revista especializada que no tuvo que recurrir a reducir contenidos durante la guerra.

Ni siquiera necesitó dejar de ser mensual para salir adelante.

En un mundo sacudido por las nuevas máquinas bélicas, cundía la inquietud ante la certeza de que la ciencia de la guerra estaba cambiando la faz de la Tierra, y no resulta extraño que el enfoque realista de Astounding Science Fiction la convirtiese en el buque insignia del género.

John W. Campbell trazó una línea divisoria, un antes y después en la historia de la Ciencia Ficción, ayudado por un deslumbrante y sabiamente escogido plantel de colaboradores habituales que incluía, recordemos, a nombres como Isaac AsimovRobert A. HeinleinTheodore SturgeonFritz LeiberClifford SimakA.E. Van VogtFritz LeiberLester del Rey, etc.

Con semejante pelotón de pesos pesados, cabe imaginar por qué Astounding Science Fiction marcó la dirección a seguir.

Amazing Stories, por su parte, se decantaba hacia una Ciencia Ficción más aventurera y juvenil, al igual que Startling Stories y en especial Planet Stories, la cual, pese a ser la revista donde se dio a conocer Ray Bradbury, ejercía sobre todo como vehículo para la “space opera”, la aventura espacial sin ninguna necesidad de verosimilitud científica, dirigida a un público más infantil o, como mínimo, menos exigente. 

Famous Fantastic Mysteries sobrevivió gracias a la política de reediciones, recopilando material aparecido años atrás en revistas juveniles y pulp; así, sin necesidad de contratar a nuevos escritores y rebuscando en lo que ya se había publicado, logró apelar a la nostalgia de los viejos aficionados para no desaparecer. Tan solo Thrilling Wonder Stories se esforzó por intentar competir en calidad con la reinante Astounding Science Fiction, dando cabida a nuevos autores con nuevos estilos y tendencias.

Como decimos, la guerra no solamente se tradujo en una crisis de publicación, sino también en un giro de los intereses de los lectores habituales. También en el acercamiento de un público nuevo que nunca antes había leído esta clase de relatos. Hubo varios factores que explicarían la inminente segunda explosión del género.

– La bomba atómica

«Hay buenos motivos para creer que, aparte de los altos cargos de las fuerzas armadas y las personalidades del distrito de Manhattan, solo los aficionados a la Ciencia Ficción —lectores entusiastas, directores y autores— comprendieron del todo lo que había sucedido el 6 de agosto de 1945.

Hiroshima ejerció un tremendo efecto en mí. Yo conocía los fenómenos nucleares: en 1940 vendí un relato que exponía un método de separación del isótopo 235 a partir del uranio puro. Años antes del Proyecto Manhattan, antes de la guerra, ya habíamos agotado los artificios y aspectos llamativos de la energía atómica y nos dedicábamos a escribir narraciones en torno a las implicaciones filosóficas y sociológicas de esta nueva y terrible realidad». (Theodore Sturgeon, en 1949, citado por Mike Ashley)

cleve cartmill
El escritor Cleve Cartmill pudo meterse en problemas con los militares al describir la bomba atómica antes de que el Proyecto Mahnattan hubiese siquiera concluido.

Hoy nos puede parecer chocante, pero, durante la II Guerra Mundial, un ciudadano estadounidense podía estar mucho más informado acerca de la bomba atómica leyendo revistas de Ciencia Ficción que leyendo los periódicos.

El gobierno estadounidense llevaba el Proyecto Manhattan en el más absoluto secreto, enfrascado en una carrera contra el reloj por detonar la “bomba A” antes que sus enemigos.

Los detalles concretos de esa carrera atómica escapaban a la gente de a pie.

Todo lo concerniente al desarrollo técnico de la bomba atómica no dejaba de ser un asunto difuso e indescifrable para el público general, que no tenía una idea muy definida de lo que podía suponer la creación de semejante artefacto.

Los aficionados a la Ciencia Ficción, sin embargo, sí estaban bien enterados de lo que podría suponer una bomba atómica.

El asunto atómico aparecía con regularidad en las páginas de sus revistas favoritas desde años atrás.

En 1944, cualquier lector habitual del género estaba más que familiarizado con la bomba atómica, pese a que aún no había sido terminada de desarrollar en el mundo real.

En algunos relatos se ofrecían sorprendentes detalles acerca de cómo podía funcionar aquel terrible artefacto. Esto no es una exageración: en aquel mismo año 1944 se produjo un caso paradigmático que ilustra hasta qué punto la Ciencia Ficción estaba siguiendo la carrera nuclear en paralelo.

La inteligencia militar estadounidense se alarmó cuando cayó en sus manos un ejemplar de Astounding Science Fiction que contenía un relato titulado Deadline, en cuyos renglones se describía el proceso de funcionamiento de la bomba atómica con pasmoso detalle y un sobrecogedor acierto.

Sospechando que se había producido algún tipo de filtración de información desde dentro del Proyecto Mahattan, agentes del FBI se presentaron en la sede de Astounding Science Fiction y pronunciaron graves acusaciones de un posible espionaje, algo que en tiempos de guerra podía estar penado con la muerte.

El director de la revista, John W. Campbell, tuvo que demostrar que el relato se limitaba a utilizar información publicada en unos libros científicos que él mismo había proporcionado a su colaborador, el escritor Cleve Cartmill, para que confeccionase una historia sobre una superbomba futurista que resultó no ser tan futurista, sino actual.

Con aquella información, que no era secreta y estaba disponible en manuales científicos de cualquier biblioteca pública, Cartmill había reconstruido una llamativa descripción del mecanismo de la bomba nuclear todavía en desarrollo.

Los agentes federales dieron por buenas las explicaciones de Campbell y Cartmill y entendieron que no había filtraciones ni amenaza a la seguridad nacional, aunque recomendaron al director de Astounding Science Fiction que tuviese más cuidado al tratar el tema en el futuro inmediato y que evitase publicar nuevas historias sobre la bomba.

Así pues, cuando el 6 de agosto de 1945 estallaba una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, los estadounidenses no fueron del todo conscientes de lo que acababa de suceder, excepto las autoridades y los lectores habituales de Ciencia Ficción. Estos lectores, como los directores de revistas y los autores de relatos, supieron de inmediato que el mundo se acababa de asomar al precipicio de una nueva y potencialmente terrible época.

Con el paso del tiempo, también el resto del público entendió la amenaza que el armamento nuclear suponía para todos. Fue entonces cuando los profanos descubrieron que las revistas de Ciencia Ficción llevaban ya varios años hablando sobre ese asunto. Esto contribuyó mucho a conferirle un renovado prestigio al género, que se había anticipado a la era nuclear.

Los autores de aquellos relatos no eran ya jóvenes imaginativos, pero ingenuos, ni mercenarios que producían material descuidado dirigido a mentes infantiles, como rezaban los prejuicios sobre las revistas pulp. Ahora había una nueva generación de escritores que había crecido amando el género en su vertiente de ficción, pero que además se había interesado por la verdadera ciencia, por la tecnología, por el progreso y por todas sus implicaciones, hasta el punto de haber tratado en sus revistas un asunto como la energía atómica, que incluso la más sofisticada prensa convencional no terminaba de comprender del todo.

De hecho, cuando el público general era presa de la preocupación nuclear a principios de los años 50 , el asunto nuclear ya había “pasado de moda” en las revistas especializadas, donde habían estado tanto tiempo dándole vueltas al tema que preferían otras temáticas. La Ciencia Ficción, al igual que en el siglo XIX, le había tomado la delantera a la sociedad y la sociedad empezaba a ser consciente de ello.

También contribuyó al renovado prestigio del género el reconocimiento profesional que antiguos lectores, ahora convertidos en escritores de Ciencia Ficción, estaban adquiriendo en sus respectivos ámbitos profesionales. Entre ellos había científicos, militares y profesionales de renombre que escribían con imaginación, pero también con conocimiento de causa en lo científico.

Por citar un caso célebre, el escritor Arthur C. Clarke contribuyó al esfuerzo de guerra británico ayudando a desarrollar el radar y también imaginó una red de satélites geoestacionarios que permitirían crear una red mundial de comunicaciones; cuando esa red finalmente existió, a la órbita de esos satélites de comunicaciones se la llamó “órbita Clarke” porque él fue el primero en pensar que podría existir. Hubo otros ejemplos similares.

No solo asuntos tan serios como el nacimiento de la bomba atómica contribuyeron a atraer nuevos lectores. El mundo había vivido una guerra y sí, necesitaba una Ciencia Ficción más realista. Pero también había gente que seguía reclamando su dosis de escapismo o de misterio con poca base científica, como simple divertimento para no pensar.

Así que en el mundillo hubo de todo durante aquellos años: desde la seriedad científica de los autores más prestigiosos hasta la superchería y el disparate. El recién adquirido prestigio de la Ciencia Ficción no iba a dejar de sufrir sus golpes a causa de esto.

– Con ustedes, la era de lo extraño

La posguerra, decíamos, trajo como consecuencia un nuevo interés hacia la ciencia y la tecnología, pero también una redoblada necesidad de evasión. El planeta Tierra era un desastre, así que parte del público empezó a mirar hacia otros mundos deseando que no fuesen solo un producto de la imaginación y que en alguna parte hubiese una esperanza de futuro.

No resulta extraño que muchas personas estuviesen dispuestas a recibir con los brazos abiertos las noticias de hechos inusuales que «demostraban» que la cruda realidad cotidiana del terrícola medio no era la única realidad posible. Uno de estos hechos, aparecido en las páginas de una revista de Ciencia Ficción en plena guerra, durante 1943, fue el estrafalario caso Shaver.

shaver palmer
Richard Shaver junto a Raymond Palmer: ambos tuvieron a los lectores en vilo con el extraño descubrimiento de una antigua raza subterránea.

Raymond Palmer, el director de Amazing Stories, parecía haber captado la necesidad de evasión de muchos lectores.

Durante los primeros años de la guerra, fue virando su política editorial desde una Ciencia Ficción más o menos seria hasta la aventura más ligera y la “space opera”.

Aquello había decepcionado a algunos de sus antiguos lectores, pero se había ganado a otros que solo pretendían entretenerse.

Sin embargo, lo que nadie esperaba era el golpe que Palmer tenía preparado en 1943. Amazing Stories publicó la carta de un lector que afirmaba haber descubierto una antigua raza de seres prehistóricos, aunque tecnológicamente muy avanzados, que llevaban milenios viviendo en una red de cuevas para protegerse de la radiación solar.

Una parte de ellos, decía la carta, había conseguido abandonar la Tierra, aunque de vez en cuando aún la visitaban a bordo de sus naves espaciales.

La parte que todavía habitaba en el subsuelo había degenerado y llevaba una existencia violenta. Aquella extraña historia llamó tanto la atención de los lectores que Palmer decidió escribirle al remitente de la carta, un tal Richard Shaver, pidiendo más detalles.

El extraño mundo descrito por Shaver fue haciéndose más complejo en sucesivas cartas y también en cierto número de relatos no muy brillantes, pero que tenían el atractivo añadido de estar describiendo supuestas realidades hasta entonces ocultas. La tirada de Amazing Stories aumentó hasta el punto de que, dadas las restricciones bélicas sobre el papel, la editorial optó por eliminar otras publicaciones para permitir que se imprimieran más ejemplares de Amazing. 

El “misterio Shaver” proporcionó un gran éxito a Palmer, desde luego, pero se convirtió en objeto de polémica en el mundillo de la Ciencia Ficción e incluso fuera de él.

Muchos lectores veteranos protestaban por lo que consideraban un fraude, algo que podía dañar el prestigio que al género le estaba costando tanto recuperar. Incluso en la prensa convencional se llegó a mencionar con socarronería despectiva aquel rocambolesco episodio.

Raymond Palmer insistía en defender las extrañas tesis de Shaver y en sus comentarios editoriales contaba a sus lectores que lo había conocido en persona y que confiaba en él. Incluso afirmaba haber visto la entrada a la red de cuevas. Mientras tanto, muchos acusaban a Palmer de haberse inventado el personaje de Shaver como treta publicitaria.

Con los años se descubrió que Richard Shaver sí existía. Era un operario industrial de Pennsylvania, pero también un paciente esquizofrénico cuyas elaboradas fantasías eran producto de su enfermedad mental. Incluso había pasado algunos periodos viajando como hobo, como vagabundo que cruza el país como polizón en trenes de carga.

El director de Amazing Stories siguió publicando material de Shaver durante varios años, pero en 1948 dejó de hacerlo cuando, por fin, sus editores le dieron un toque de atención. Era demasiado tarde. La continua avalancha de críticas hizo que el prestigio de Amazing Stories acabase por los suelos.

Aún más llamativo fue el inesperado giro en la carrera de uno de los más prolíficos autores de Ciencia Ficción de la era pulpRon L. Hubbard. En 1950, el hasta entonces novelista se destapó con una “ciencia mental” inventada por él, llamada “dianética”.

John Campbell, director de Astounding Science Fiction, abrazó con alegría las teorías de Hubbard y le permitió publicar diversos artículos sobre el asunto, además de elogiarlo en diversos editoriales. Muchos lectores se quedaron perplejos, puesto que Campbell había sido conocido precisamente por la seriedad académica con la que había revolucionado el género.

Desconcertados, los más fieles a la revista temieron que Astounding Science Fiction estuviese dando un giro hacia el sensacionalismo para terminar perdiendo el prestigio acumulado durante años. Campbell defendió al creador de la “dianética” durante un tiempo, llegando a afirmar, ahí es nada, que Hubbard llegaría a hacer olvidar a Sigmund Freud y ganaría el premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, las teorías de Hubbard provocaron comentarios despectivos en muchos medios convencionales y el desdén de los lectores adultos. Campbell, ante la avalancha de críticas, no tardó en desentenderse de Hubbard. Se retractó de sus elogios a la «dianética», aunque Astounding Science Fiction ya tenía una mancha en su (hasta entonces) impoluta reputación como abanderada de la Ciencia Ficción más respetable.

Hubbard, después de diversos problemas legales, rebautizó sus teorías como “cienciología”, se hizo millonario y se convirtió en el pope de lo que terminaría transformándose en la organización pseudorreligiosa y sectaria que hoy todos conocemos.

Al igual que los extraños mundos del enigmático Richard Shaver, el temporal respaldo de Astounding Science Fiction a las nuevas teorías de Hubbard incomodó sobremanera a los amantes de la Ciencia Ficción. Incluso tuvo un visible efecto editorial, al facilitar que muchos seguidores de Astounding Science Fiction apoyasen el surgimiento de nuevas revistas rivales donde había menos sitio para tales supercherías.

Kenneth Arnold
El aviador Kenneth Arnold, padre de la Era OVNI.

Otro suceso que llamó la atención del público general y atrajo a muchos nuevos lectores hacia la Ciencia Ficción fue el comienzo de la elucubración ufológica.

En 1947, un aviador llamado Kenneth Arnold afirmó que, mientras pilotaba su avioneta colaborando en la búsqueda de los restos de un avión militar perdido, había visto una formación de extrañas aeronaves que volaban balanceándose de manera inusual, “como platos sobre el agua”.

El testimonio de Kenneth Arnold atrajo a la prensa y lo convirtió en un auténtico fenómeno mediático.

Pese a que había descrito unos objetos más bien similares a un ala delta, la expresión flying saucers (“platillos volantes”) caló en el imaginario popular y mucha gente dio por hecho que Arnold había visto naves alienígenas en forma de disco.

El icono del platillo volante quedó instantáneamente insertado en el imaginario popular. Acababa de nacer la “era OVNI”. El avistamiento de Arnold casi coincidió en el tiempo con otra noticia impactante; aquel mismo verano, la prensa habló con profusión sobre la supuesta caída de un objeto de naturaleza desconocida en un rancho de Nuevo México, cerca de la localidad de Roswell.

Los restos desperdigados del artefacto fueron encontrados por el dueño del rancho, un sencillo ganadero. Cerca de Roswell había una base de la fuerza aérea, cuyo comandante fue invitado al rancho para observar aquellos restos. Los periódicos no perdieron la oportunidad de publicar la llamativa noticia de que los militares habían encontrado un platillo volante estrellado.

El posterior intercambio de titulares y declaraciones, así como la confusa actitud de los militares —que se hicieron cargo de los supuestos restos y durante las primeras horas apoyaron la hipótesis del platillo, aunque cambiaron su versión al día siguiente—, despertaron la suspicacia del público.

Mucha gente quiso creer la historia de que una nave procedente de otro mundo se había estrellado en Nuevo México y que los militares se habían hecho con los cadáveres de los alienígenas que la ocupaban, intentando después despistar a la opinión pública con la versión de que el artefacto estrellado no era más que un globo sonda.

No hay que ser muy perspicaz para entender el modo en que estos sucesos relacionados con el recién nacido fenómeno OVNI, aireados con tanta alegría por la prensa, influyeron en el aumento del interés hacia la Ciencia Ficción.

Otro factor a tener en cuenta fue el súbito auge comercial de los cómics de superhéroes, como SupermanBatman y toda la suerte de derivados. En principio, un subgénero nacido sin duda dentro de la Ciencia Ficción, pero que estaba adquiriendo vida propia como género independiente en el medio dibujado, con unas características más cercanas la fantasía escapista y a los gustos del público infantil.

Las revistas de superhéroes dañaron la circulación comercial de las antiguas revistas de fantasía y también de los seriales de aventura ligera consumidos por los más jóvenes, pero no fueron competencia directa para las revistas de Ciencia Ficción. De hecho, era habitual que adictos a los cómics de superhéroes terminasen derivando hacia la Ciencia Ficción más convencional en cuanto se hacían más mayores y buscaban lecturas más complejas.

De los cómics de superhéroes, pues, empezó a provenir otro contingente de nuevos lectores.

– La explosión de los cincuenta: la definitiva Edad Dorada

A finales de los años cuarenta nos encontrábamos con este panorama: por un lado, mucha gente se empezaba a preocupar por asuntos serios como las consecuencias del progreso tecnológico y en especial las consecuencias de la energía atómica; algunos de ellos encontraron en la Ciencia Ficción el material que buscaban para intentar responder a sus preguntas y preocupaciones.

Otra parte del público hasta entonces ajeno a la Ciencia Ficción había desarrollado curiosidad por asuntos misteriosos como los platillos volantes. Además, la guerra había terminado y las condiciones económicas en los EEUU empezaban a mejorar con rapidez.

De repente, había más medios para editar revistas y un mayor poder adquisitivo de los lectores. Había aumentado la demanda y la oferta estaba en condiciones de responder. El resultado previsible iba a ser un nuevo “boom” del género.

A partir de 1947 se produjo una creciente cascada de nuevas publicaciones. Aparecieron Fantasy ReaderFantasy BookFantastic NovelsOther WorldsFantastic Story Quarterly y algunas otras cabeceras, además del renacer de las extintas Super Science Stories y Future combined with Science Fiction Stories.

Especialmente relevante fue el nacimiento de dos nuevas revistas: Magazine of Fantasy and Science Fiction y Galaxy. La primera destacaría por su cuidado de la calidad narrativa y por la madurez literaria del material que publicaba; la segunda destacaría por una aproximación académica al género que le permitiera rivalizar con la hasta entonces reina dominante, Astounding Science Fiction, aún tocada por la breve y sonada implicación de John Campbell con los inicios de la “Cienciología”.

En 1951, pues, existía una veintena de revistas especializadas con tirada nacional en los Estados Unidos, más de las que nunca hubiese habido antes colgadas en los quioscos y librerías. A la antigua edad dorada de las revistas (1938-40) la había sucedido una nueva, y ahora en mayúsculas, Edad de Oro de la Ciencia Ficción.

El rango de lectores se había ampliado mucho y ya no se limitaba a niños y adolescentes. Lectores adultos que hasta entonces jamás se habían acercado a la Ciencia Ficción habían descubierto un universo literario en el que había de todo y para todos, desde aventura ligera a reflexiones profundas, desde fantasía colorista a ciencia pura y dura, desde acción a poesía, desde política a humor, etc.

10 story fantasy
Del único ejemplar publicado de esta revista perdida en la memoria surgió «2001: una odisea del espacio»

Esto no significaba que el nuevo renacer del género le pusiera fácil las cosas a todas las publicaciones.

Algunas revistas fracasaron, pese a estar bien confeccionadas y ofrecer contenido de alto nivel.

En un mercado tan saturado, el futuro inmediato de una publicación podía depender de muchos factores, que iban desde el saber atraer a los lectores con una portada llamativa en su primer número hasta el no perder la confianza de los inversores si las primeras tiradas no cubrían las expectativas de ventas.

Un caso paradigmático fue el de 10 Story Fantasy; aunque salió al mercado durante 1951, en plena explosión del género, las ventas iniciales no fueron buenas y nunca llegó a publicarse un segundo número.

Esto no se debió a la ausencia de contenidos interesantes, porque fue en las páginas de aquel solitario ejemplar donde apareció Sentinel of Eternity, el relato de Arthur C. Clarke que daría pie a la legendaria película 2001: una odisea del espacio. Así pues, no fue por falta de calidad.

Pero en el mercado no había sitio para todos y captar la atención del lector entre tanta oferta no resultaba tarea fácil, así que la diferencia entre el éxito y el fracaso estaba marcada por una línea muy fina. Buenas revistas aparecían y desaparecían en pocos meses si los inversores no veían beneficios comerciales rápidos. Por descontado, y en mayor cantidad, también aparecían y desaparecían revistas mediocres, como de costumbre en el género.

El “boom” de la Ciencia Ficción norteamericana tuvo efectos dispares en el resto del planeta. En el Reino Unido se produjo un cierto tirón, pero las condiciones económicas seguían sin ser fáciles. El país contaba con una buena cantera de autores nativos y aún podía ser considerada la segunda potencia del género, pero las nuevas aventuras editoriales a rebufo del auge norteamericano solían terminar en desastre o salían adelante en mitad de tremendos vaivenes.

Eran revistas que solían tener una vida breve. Lo mejor que podía sucederle a un escritor británico de Ciencia Ficción era que consiguiese vender su material a las revistas estadounidenses, como ya había hecho Arthur C. Clarke, que se estaba forjando un nombre en Norteamérica (y por lo tanto, una carrera exitosa como escritor).

Por lo demás, el mundillo editorial británico no ofrecía muchas salidas. En la URSS continuaba el marasmo producido por el estalinismo y la politización del material cultural, lo cual impedía que su muy respetable plantel nacional de creadores de Ciencia Ficción pudiese dar más de sí, estancados en los mismos esquemas y aislados de sus colegas occidentales.

En el resto del mundo, las cosas seguían como de costumbre: predominaban las revistas protagonizadas por reimpresiones y traducciones del material estadounidense (o de autores británicos que publicasen en EE.UU., como Clarke).

En Japón, no obstante, las revistas importadas por los invasores norteamericanos iban a favorecer el nacimiento de una industria de la Ciencia Ficción local, muy marcada por el trauma atómico y que se haría célebre gracias a sus productos para la gran pantalla (como la saga Godzilla).

En resumen, la Ciencia Ficción norteamericana iba a seguir marcando el paso durante el momento clave en que el género lograse extenderse más allá de las revistas, porque no había otro país capaz de suponer una alternativa excepto el Reino Unido, que de todos modos funcionaba casi como una sucursal estadounidense, y Japón, cuya prometedora industria propia estaba aún dando sus primeros pasos.

Entre las razones del nuevo auge de la Ciencia Ficción norteamericana hemos citado algunos factores externos, los concernientes a la evolución de la sociedad y a los nuevos intereses del público general. Pero esta explosión no hubiese sido posible, o no hubiese tenido las mismas consecuencias, si la Ciencia Ficción no hubiese hecho por sí misma un tremendo esfuerzo de crecimiento y evolución, muy especialmente durante los difíciles años de la guerra.

Para cuando llegó el “boom”, el género se había renovado por completo. La desaparición de muchas revistas y la madurez de la antigua generación de lectores habían obligado a los editores a preocuparse bastante más por la calidad del material que ofrecían.

La competencia de las revistas de fantasía y aventuras, de los seriales y sobre todo de los cómics de superhéroes en cuanto a la capacidad para captar al público más joven, hicieron que las revistas de Ciencia Ficción adquiriesen repentina consciencia de que estaban cultivando un género distintivo y de que su público estaba ahora formado por gente que buscaba precisamente ese carácter distintivo.

Un público que no se conformaba con literatura de evasión. Empezó a haber sitio para referencias a asuntos como el sexo o la religión. Los relatos iban haciéndose más realistas en el aspecto emocional —con un mayor hincapié en el aspecto humano y el desarrollo de los personajes, no únicamente las ideas científicas o imaginativas— y también en una visión cada vez más desencantada del mundo.

– El desembarco en cine y televisión

El interés creciente por la Ciencia Ficción que impulsó la nueva explosión editorial de las revistas especializadas no quedó esta vez restringido al papel. Por primera vez en décadas, la Ciencia Ficción iba a salir de las revistas y no de manera anecdótica o aislada, sino como toda una corriente creativa que se establecería en diversas formas de expresión.

La industria editorial “convencional”, la de los libros, ya había hecho sus pinitos con recopilaciones de relatos o con la publicación de novelas aisladas de Ciencia Ficción, pero la tendencia iba a crecer mucho en esos años.

forbidden planet
«Planeta prohibido»: robots y chicas guapas. Quién necesita más, pensaba el público, aunque el film tenía otras virtudes.

Quizá el hecho más notorio y el más elocuente sobre la nueva popularidad del género fue la repentina atención que el cine prestó a la Ciencia Ficción.

Ya desde los mismos inicios de la década de los años 50 empezaron a producirse películas: Destino la LunaUltimátum a la TierraPlaneta prohibidoThem!La invasión de los ladrones de cuerposLa bestia de tiempos remotosLa cosaEl increíble hombre menguante, etc.

Estos y otros largometrajes adaptaban con mejor o peor resultado relatos escritos por los mismos autores que colaboraban con las revistas de Ciencia Ficción, relatos que en muchos casos habían sido ya publicados en aquellas páginas.

Cómo no, el material más influyente provenía de Astounding Science Fiction, con lo que el estilo “campbelliano” tuvo mucha importancia en el desarrollo del cine de Ciencia Ficción, como la había tenido en el ámbito literario.

Como es obvio, también en celuloide hubo producciones de todo pelaje y los largometrajes más dignos terminarían conviviendo con muchas películas baratas.

Era lógico que, por motivos técnicos y de cuantía de inversión, el cine no se arriesgara a seguir siempre la vanguardia de la Ciencia Ficción escrita y optara muchas veces por ganarse a un público rendido de antemano y poco exigente: el público infantil y juvenil.

Una película necesita una audiencia más amplia que una revista o un libro para resultar rentable, con lo que la industria cinematográfica tardó en confiar en las temáticas complejas que desde hacía años estaban proliferando en la Ciencia Ficción escrita. Cualquier escritor puede imaginar un mundo nuevo con el único coste de su esfuerzo literario, pero el cine necesita dinero y medios cuantiosos para representar cualquier hecho fantástico.

Aun así, no cabe olvidar el hecho de que algunos de los primeros clásicos de la Ciencia Ficción de Hollywood fueron intentos muy valientes, y a veces muy logrados, de trasladar a la pantalla relatos profundos de autores serios y respetables. No todo el cine de Ciencia Ficción de los cincuenta fue naive y pueril; de hecho, la influencia de John Campbell pesó mucho en los inicios de la Ciencia Ficción cinematográfica norteamericana.

En Japón, por su parte, comenzó la producción de películas como Godzilla que eran un reflejo del trauma de Hiroshima y Nagasaki, pero que más tarde originaron toda una corriente de cine de Ciencia Ficción más basada en el entretenimiento ligero y menos profunda, en conjunto, que la estadounidense.

El género dio otro paso importante: el salto a la televisión. También en la pequeña pantalla hubo ejercicios más que respetables durante aquellos tiempos. Además de los típicos seriales de aventuras al viejo estilo pulp que seguían tiendo un público infantil, se produjeron interesantes series que adaptaban antologías de relatos de Ciencia Ficción publicados en revistas.

Ejemplos como Tales of Tomorrow o Science Fiction Theatre llevaron la Ciencia Ficción más convencional a los hogares de muchos norteamericanos. Mención aparte merece The Twilight Zone, nacida a finales de la década. Aunque no era una serie restringida a la Ciencia Ficción ni mucho menos (cada episodio tenía un argumento único y las temáticas variaban entre diversos géneros, aunque siempre con un componente fantástico de fondo), la creación del célebre guionista Rod Serling hizo mucho por seguir popularizando la Ciencia Ficción más seria.

La serie contaba con algunos episodios memorables que aún hoy siguen resultando impactantes. En el Reino Unido, donde el interés del público no había decaído pese a las dificultades de su mundillo editorial, también se produjeron de manera muy temprana programas televisivos de Ciencia Ficción.

Así pues, durante los años cincuenta la Ciencia Ficción salió definitivamente del cascarón de las revistas y se convirtió en un género disperso por los medios de comunicación más populares. Dichas revistas no dejaron de existir, pero ya no serían las dueñas y señoras del género.

Ahora, los escritores de Ciencia Ficción iban a publicar en los circuitos literarios convencionales con mayor asiduidad e incluso iban a convertirse en autores universalmente respetados, como había sucedido durante el siglo XIX. Su trabajo interesaba a un público adulto que quería reflexionar sobre el mundo.

La Ciencia Ficción era como el tubo de ensayo donde se experimentaba con las posibilidades —buenas o malas— del futuro, o donde se reflejaban realidades del presente en forma de metáfora. La Ciencia Ficción moderna, tal y como la conocemos hoy, acababa de establecerse. 

El formato literario continuó siendo el puntal de su evolución, mientras que el cine y la televisión se encargarían de que el género continuase siendo popular a todos los niveles, si bien estos medios han contribuido no pocas veces a extender ciertas creencias erróneas acerca de lo que es realmente la Ciencia Ficción, pero ese es un pequeño precio a pagar por el hecho de que el género hubiese alcanzado la mayoría de edad.

El género no iba a dejar de evolucionar ni aun habiendo encontrado la cúspide comercial. Aún quedaban campos por explorar y temas por abordar; todavía quedaban por surgir nuevos y muy interesantes autores. A finales de los cincuenta, el salto tecnológico humano estaba en su apogeo, la situación política y social era distinta… el mundo estaba cambiando.

Los grandes nombres de la Ciencia Ficción que habían surgido del universo de las revistas se establecieron durante el “boom” de los cincuenta, pero convivirían junto a una nueva ola de autores que traerían aire fresco al género. Pero eso ya es otra historia y, como suele decirse, la contaremos en otra ocasión.

Para terminar: cualquier lector que quiera ampliar con más detalle lo expuesto aquí, puede acudir a las fuentes que he utilizado.

Como la colección de volúmenes Los mejores relatos de Ciencia Ficción de Mike Ashley, cuyos detalladísimos prólogos son un relato muy completo —si bien por momentos difícil de seguir dada la cantidad de información que presentan— de la historia temprana de las publicaciones del género… sin lo cual hubiese sido tarea imposible escribir este artículo, además de contener algunos relatos que dan cierta idea del estilo predominante en cada época.

Para conocer el desarrollo del mundo editorial de las revistas son especialmente recomendables los volúmenes La era de Campbell y La era de los clásicos. También el fundamental A billion years spree: a history of science fiction de Brian W. Aldiss y The world of science fiction 1926-1976: the story of a subculture de Lester del Rey.

 También Lo mejor de la Ciencia Ficción del siglo XIX, de Isaac Asimov, con varios relatos igualmente ilustrativos escritos por diversos autores.

Ídem para la recopilación La edad de oro de la ciencia Ficción, también elaborada por Isaac Asimov, así como Lo mejor de la Ciencia Ficción rusa de Jacques Berguier o Lo mejor de la Ciencia Ficción alemana de Jörg Weigand, y diversas antologías de relatos de diversas épocas publicadas en su día por las editoriales Bruguera en su colección Libro Amigo y Orbis en su imprescindible Biblioteca de Ciencia Ficción; no pocos de esos volúmenes contienen prólogos, comentarios editoriales o notas interesantes además de los susodichos relatos.

nuestras charlas nocturnas.


El misterio de los caracoles guerreros de la Edad Media …


Ilustración medieval descrita en el primer párrado del texto.

BBC Historia(Z.Gorvett) — El caballero echa el brazo hacia atrás, preparado para atacar.

Va vestido con la armadura típica del siglo XIV, con traje de cota de malla, túnica con cinturón y un casco tipo cubo.

De pie sobre un pequeño claro cubierto de hierba sostiene un escudo que, inexplicablemente, tiene su propia cara.

También empuña un garrote que roza la parte inferior de la línea de un texto religioso, todo en la página amarillenta del libro medieval en el que está dibujado.

Pero, incluso en las páginas de los tomos antiguos, los caballeros deben enfrentarse a peligros mortales.

En el caso de este caballero que nos ocupa, su oponente es una bestia particularmente escurridiza, un enemigo que a menudo aparece escabulléndose en los márgenes de los libros o enfrentándose a los nobles en combates mortales. A veces, estas criaturas parecen revolotear y atacan a los caballeros en el aire. Otra veces, hay más de una.

El caracol gigante y guerrero es un fenómeno exclusivamente medieval. Y, a día de hoy, el motivo por el que se dibujaban y qué representaban sigue siendo un misterio. «Esto ha creado una gran perplejidad entre los historiadores del arte y los bibliógrafos, que se preguntan qué significan», afirma Kenneth Clarke, profesor titular de literatura medieval en la Universidad de York (Reino Unido).

– Una obra de arte rara y cara

La marginalia son las pequeñas obras de arte e ilustraciones que se encuentran en los márgenes de las páginas de los libros. En la Edad Media, los manuscritos ya terminados que eran más exclusivos podían rematarse con una filigrana adicional: intrincados bordes hecho de follaje rizado, criaturas fantásticas y otros dibujos variados.

A veces se añadían de modo inmediato, otras se hacían décadas después, pero no eran una tarea casual. A menudo se pintaban con pigmentos preciosos, como lapislázuli, o se realzaban con oro. «Eran libros muy, muy, muy caros, con un número muy reducido de lectores», dice Clarke.

Ilustraciones al margen de un manuscrito con San Francisco de Asís.

Los adornos se encuentran en una gran variedad de obras religiosas, como salterios, que son libros para los cantos; los horarium o libros de horas que contenían rezos y salmos; los breviarios para las oraciones diarias; los pontificales, para los rituales realizados por los obispos y los decretales, que eran libros donde se recopilaban cartas o decisiones papales.

Podían ser dibujos raros, traviesos, grotescos e incluso groseros, con nalgas al descubierto, penes, afecciones médicas y un número sorprendentemente elevado de conejos sedientos de sangre adornando las páginas de textos devocionales por lo demás sobrios. A menudo, la marginalia parece tener poca relación con el texto al que acompaña.

– La obsesión por los caracoles

Pero durante un breve periodo a finales del siglo XIII, los iluminadores -los que decoraban los libros-de toda Europa adoptaron una nueva obsesión: los caracoles luchadores. Para un estudio exhaustivo de estos gasterópodos beligerantes, la historiadora del arte Lilian Randall contó 70 ejemplos en 29 libros diferentes, la mayoría de los cuales se imprimieron entre 1290 y 1310.

Las ilustraciones se encuentran en toda Europa, pero sobre todo en Francia, donde había una próspera industria de producción de manuscritos en aquella época, sostiene Clarke. Los escenarios específicos en los que se encontraban los caracoles guerreros variaban, pero en líneas generales seguían el mismo formato de un caracol asaltante enfrentado a un caballero.

Marginalia con un caballero luchando contra un caracol.
El fenómeno era tan omnipresente que parece improbable que una sola explicación sirva para explicar esta tendencia.

A menudo, los moluscos tienen sus antenas -técnicamente llamados tentáculos superiores o pedúnculo ocular-, apuntando agresivamente hacia delante, como si fueran espadas. En una de las ilustraciones, un caracol lucha contra una mujer desnuda. En otras no aparecen como moluscos normales, sino como un híbrido entre caracol y hombre que sirve de montura para otro animal: un conejo, por supuesto.

Con el tiempo, el meme de los caracoles guerreros empezó a extenderse a otros lugares del mundo medieval, como las catedrales, donde se esculpían en las fachadas o, como ocurre en un caso, ocultos tras una especie de asiento plegable.

– ¿Por qué estaban allí?

«La lucha entre el caracol y el caballero es un ejemplo del mundo al revés, un fenómeno más amplio que produjo muchas imágenes medievales diferentes», explica Marian Bleeke, profesora de arte medieval en la Universidad de Chicago. «La idea básica es el vuelco de las jerarquías existentes o esperadas. Se supone que es sorprendente e incluso divertido; creo que hoy lo entendemos de modo implícito», afirma.

Sin embargo, sigue sin estar claro si estos dibujos tenían significados simbólicos más profundos, más allá de este giro de estatus.

“El caballero debería ser valiente y fuerte, capaz de derrotar a todos los enemigos, pero aquí se acobarda de miedo ante un caracol o incluso es derrotado. En lo que no estamos de acuerdo es en qué hacer e interpretar a partir de ese punto”, sostiene Bleeke. Se han propuesto muchas interpretaciones, incluida la idea de que las peleas de caracoles representan la lucha entre las clases alta y baja o que escenifican la resurrección.

Una idea muy extendida es que los caballeros que se enfrentan a los caracoles encarnan la cobardía y que su incorporación a los textos religiosos puede haber sido una sátira. Como señala Lilian Randall, en muchas escenas de caracoles aparece un caballero arrodillado rezando ante su viscoso atacante o soltando la espada y en otras aparece una mujer suplicando al gallardo luchador que no se enfrente a un enemigo tan mortífero.

Manuscrito ilustrado.

Partiendo del tema del caballero sin agallas, Randall sugiere que el motivo del caracol podría haber sido una crítica política en la que los caballeros representaban a los lombardos, un pueblo germánico que estableció el llamado reino lombardo en la actual Italia hasta finales del siglo VIII.

«A los lombardos se les mostró como un grupo que recaudaba impuestos, pero que también se dedicaba a la usura», explica Clarke.

En la Francia medieval -donde se hicieron la mayoría de los dibujos de caracoles-, los lombardos fueron difamados de diversas maneras, por ejemplo sugiriendo que eran antihigiénicos y cobardes.

Randall señala que en el siglo XII este gentilicio se convirtió en sinónimo de comportamiento poco caballeroso en general. En una leyenda popular, un campesino lombardo se encontró con un caracol fuertemente acorazado al que los dioses animaron a enfrentar mientras su mujer le suplicaba que no fuera tan imprudente.

Clarke se muestra escéptico ante esta idea, teniendo en cuenta lo comunes que son las guerras de caracoles en los libros medievales. Bleeke explica que hoy en día los historiadores son menos propensos a pensar que las ilustraciones hechas en los márgenes tengan significados tan simples.

«No creo que las imágenes funcionen así. Me gustaría fijarme en cómo se representaba el caracol, qué aspecto tenía y dónde estaba situado para así poder pensar en el significado que se le daba en cada caso concreto». Pero tanto si Randall tiene razón como si no, Bleeke cree que pueden enseñarnos algo importante sobre cómo se veía la masculinidad en el mundo medieval.

«El caballero valiente y fuerte es una versión ideal o idealizada de la masculinidad y la lucha de caracoles la socava», afirma Bleeke.

«Para mí, estas imágenes nos muestran que el género nunca ha sido tan estable o seguro como algunos quieren creer. Siempre ha sido un lugar de contestación».

nuestras charlas nocturnas.


La ‘lucha’ de las enfermeras norteamericanas en el frente del Pacífico …


Cartel Reclutamiento Cuerpo Enfermeras del Ejército de EE.UU.
Cartel de reclutamiento para el Cuerpo de Enfermeras del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en junio de 1943.

Muy Interesante(P.Cardona) — Durante la Segunda Guerra Mundial, cuatro mil mujeres prestaron servicio como enfermeras en el frente del Pacífico.

Un territorio inhóspito, exigente y despiadado que puso a prueba su voluntad de servicio. Nueva Caledonia, Hawái, Islas Salomón, Guam o Fiyi, entre otras localizaciones, conocieron de primera mano su valor y compromiso.

Su trabajo, desarrollado en condiciones extremas, determinó la lucha contra las enfermedades endémicas y las heridas derivadas de los cruentos combates. 

Atrapadas bajo el fuego enemigo, internadas en campos de prisioneros o aisladas en la jungla, sus historias nos desvelan su excepcional capacidad de sacrificio: «Siempre supe que si podía sobrevivir a eso, podría sobrevivir a cualquier cosa», recordó la teniente Mildred D. Manning tras el conflicto.

El 7 de diciembre de 1941, el sorpresivo ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor provocó la entrada estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

La participación norteamericana, esquivada por la administración Roosevelt desde septiembre de 1939, recuperó programas sanitarios castrenses abandonados tras la Gran Depresión y reactivó la contratación de enfermeras para sus Fuerzas Armadas.

Herederas de una amplia tradición militar, las integrantes del Army Nurse Corps regresaban al campo de batalla.

El millar de mujeres adscritas al Cuerpo de Enfermeras del Ejército y las setecientas del United States Navy Nurse Corps (Cuerpo de Enfermeras de la Armada) constituyeron un primer contingente cualificado cuya cifra, ajustada en tiempos de paz, no tardó en revelar su insuficiencia.

Tras sufrir el golpe nipón, el Servicio de Enfermería de la Cruz Roja Estadounidense y el Consejo Nacional de Enfermería para el Servicio de Guerra diseñaron una exitosa campaña publicitariaLos carteles, afiches y panfletos, distribuidos a lo largo y ancho del país, estimularon el patriotismo de las miles de jóvenes que acudieron en masa a los centros de alistamiento.

Además, el gobierno federal fomentó el ingreso en las academias civiles de enfermería mediante becas y ayudas económicas. De esta forma, el Ejército se aseguró la incorporación de profesionales con formación sanitaria.

La acreditación de estos conocimientos, junto a la nacionalidad norteamericana, la justificación de soltería (hasta noviembre de 1942) y una edad comprendida entre los 21 y 40 años en el caso del Ejército o entre los 28 y 40 años en el caso de la Marina, se convirtieron en requisitos indispensables para su contratación.

Ataque japonés a Pearl Harbor
Los acorazados USS Virginia Occidental, USS Tennessee y USS Arizona gravemente dañados en el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.

Nada más acceder, las aspirantes iniciaban un periodo instructivo de cuatro semanas donde aprendían organización militar, sanidad, defensa, contraataques aéreos, químicos y mecanizados, administración de personal y vida castrense, entre otras materias. 

Las nurses anestesistas —cuya formación se extendía a lo largo de seis meses— y las sanitarias psiquiátricas fueron las especialidades más demandadas.

Las atractivas campañas publicitarias superaron las previsiones y, hacia mitad de 1942, más de doce mil nuevas incorporaciones paliaron la sequía inicial.

Una tendencia al alza consolidada año y medio más tarde, en diciembre de 1943, con una cifra total de cuarenta mil jóvenes prestando servicio en las Fuerzas Armadas norteamericanas.

En aquel instante, el Departamento de Guerra consideró cubiertas las necesidades y suspendió el reclutamiento.

Pese a ello, a finales de abril de 1944, la Planificación del Desembarco de Normandía aconsejó la creación de otras diez mil plazas.

Instaladas en sus nuevos destinos, las enfermeras recibían a los heridos en hospitales de campaña. Por lo general, cada edificio albergaba a 18 profesionales encargadas de atender a un número máximo de 150 pacientes. 

En el caso de los hospitales de evacuación, con dinámicas más complejas que los anteriores, la plantilla se reforzaba hasta alcanzar las 53 nurses al cuidado de unos 750 hombres.

Enfermera Anne V. Wojcik
La enfermera Anne V. Wojcik alimenta al soldado norteamericano herido Ralph Keeran en un tren hospitalario en la ruta de Nueva York a Ohio. Es marzo de 1944.

A lo largo del conflicto, las jóvenes también sirvieron a bordo de ferrocarriles, buques y aviones medicalizados.

En el caso de los trenes, una sanitaria velaba por los pacientes acomodados en cada uno de sus 32 vagones.

Durante el trayecto, sus funciones comprendían los cuidados médicos y la prevención de lesiones producidas por desplazamientos indebidos.

 Sus otras compañeras, además, recibían una formación específica al medio aéreo o marítimo: afectación de las alturas a los heridos y supervivencia en lugares como el ártico, los desiertos o las junglas, un hábitat este último conocido de sobra por las destinadas al frente del Pacífico

Allí, a diferencia de otros teatros, trabajaron en posiciones de retaguardia, permitiéndose su acceso al frente una vez conquistados los objetivos. Esta medida proteccionista pretendió alejarlas de la amenaza nipona sin entorpecer el ritmo de evacuaciones.

Como resultado, las jóvenes escalonaron su presencia en las islas Hawái, pasando por Fiyi, Australia, Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y las Nuevas Hébridas desde diciembre de 1941 hasta finalizar la guerra.

– Infierno en la bahía

Durante el ataque a Pearl Harbor, las 82 profesionales distribuidas en tres hospitales hawaianos se adentraron en la antesala del averno. En cuestión de minutos, oleadas de aviones nipones arrojaron una tormenta de fuego y destrucción sobre sus cabezas, adentrándolas de lleno en los horrores de la guerra.

Los pilotos volaban tan bajo que podían verlos conversar entre ellos. Algunas, como Teresa Stauffer, le devolvió el saludo a un aviador enemigo mientras regresaba de cumplir su jornada en el Hospital Tripler Army Medical Center.

En cuestión de segundos, el aparato lanzó su carga mortal sobre el recinto y la joven, reincorporada a su puesto de trabajo, ayudó en el triaje de heridos.

Como única herramienta, el lápiz labial con el que marcó sus frentes: «Si era alguien a quien no podían salvar, tenían que dejarlo a un lado y seguir trabajando con quien pudiera».

Las enfermeras del 9º Comando de tropas de la USAAF
Las enfermeras del 9º Comando de Tropas de la USAAF supervisan la entrada en el avión de un herido que llega en ambulancia, en marzo de 1944.

En las salas interiores, los efectos de la incursión desvelaron su cruel naturaleza.

Con las escaleras principales cubiertas de sangre y los pasillos abarrotados de heridos, las instalaciones reflejaron una acuciante falta de personal y material sanitario.

Esta carencia se evidenció sobre todo en los quirófanos, donde los cirujanos compartían el instrumental, operaban sin guantes y empleaban trapos de limpieza a modo de improvisadas mascarillas. 

En el momento del ataque, muchos de los pacientes dormían en los barracones

La mayoría murió en las literas y de los que lograron salir con vida, otros tantos fallecieron mientras eran tratados de sus lesiones: «Mis primeros tres pacientes sufrieron quemaduras en la mayor parte de sus cuerpos y murieron al poco tiempo.

Cuando traté de frotar uno con alcohol para una vía intravenosa, se le desprendió toda la piel del antebrazo», aseguró Harriet Moore, otra de las enfermeras presentes.

En las semanas posteriores, el temor a un nuevo ataque obligó al personal adscrito al turno nocturno a trabajar sumido en la penumbra. A modo preventivo, la dirección del centro redujo el alumbrado y cubrió con telas negras las ventanas.

Bajo estas condiciones, los facultativos sostenían linternas para facilitar el trabajo de las enfermeras, quienes continuaron su labor con innegable entrega y sacrificio.

– Territorio nurse

Por su configuración y tamaño, Nueva Caledonia, el conjunto de islas y archipiélagos situado en el Pacífico Sur, postuló su idoneidad para la construcción de bases médicas y hospitales. En 1941, este emplazamiento, libre de malaria aunque alejado del foco bélico, ofreció una vida de relativa comodidad a las jóvenes recién incorporadas.

Sus residencias, dotadas de agua corriente y electricidad, les procuraban un reparador descanso mientras trataban a los pacientes aquejados de paludismo, tifus de los matorrales, sarpullidos, disentería o dengue, entre otras enfermedades endémicas.

A partir de esa última fecha, la evolución del conflicto trasladó a las enfermeras hacia las Islas Marshall y Salomón en condiciones peores a las anteriores.

En Guadalcanal, Nueva Guinea, Saipán Tinián y Guam, por ejemplo, una guardia militar custodiaba sus residencias y las acompañaba durante sus recorridos como medida protectora frente al previsible avance nipón. Por desgracia, esta amenaza no tardaría en materializarse. 

El 10 de diciembre de 1941, Guam sucumbió al empuje japonés. Doris Margaret, una de las cinco nurses destinadas por la Marina, trabajó incansable bajo el fuego enemigo. Sin albergue seguro, el grupo sorteó explosiones y proyectiles mientras atendían incansables el creciente aluvión de heridos.

Al tercer día, tras el arriado de bandera, las jóvenes comenzaron el penoso cautiverio que las conduciría hasta un campo de prisioneros situado en Osaka, donde durmieron sobre esteras de paja mientras burlaban el intenso frío gracias a una diminuta estufa comunal.

Su ración de comida, compuesta por una minúscula barra de pan, arroz y un desabrido bol sopero, apenas cubrió sus necesidades nutricionales. Su siguiente destino pasó por Kobe, en el hotel Eastern Lodge, una suerte de local reconvertido en prisión, donde los asiáticos intentaron convencerlas de la inminente derrota estadounidense.

Pero el destino quiso que un aparato perteneciente al Doolittle Raid sobrevolase la ciudad: «La vista de ese avión hizo que quisiéramos salir más que nunca, regresar a nuestra propia Marina, donde podríamos hacer algo bueno».

Al final, en agosto de 1942, el grupo fue canjeado por prisioneros alemanes y japoneses. Se convirtieron así en los únicos cautivos procedentes de Guam canjeados antes de finalizar la guerra.

Daños producidos por las bombas en Osaka
Daños producidos por las bombas en Osaka, Japón, en 1945. En 1941, varias nurses de la Marina norteamericana fueron internadas en un campo de prisioneros en Osaka.

Entre los años 1942 y 1944, Nueva Zelanda, las islas Fiyi y las Nuevas Hébridas atendieron a los heridos procedentes de barcos hospitales y aviones medicalizados. 

Nueva Guinea se unió en octubre de 1942 y, más adelante, en marzo de 1943, Guadalcanal.

Hasta allí llegó Mary Olson, la primera nurse en pisar la isla: «Oficiales y soldados pugnaron por llegar hasta el avión cuando se corrió la voz».

A su llegada le siguieron las enfermeras destinadas a transporte aéreo en la 801st Air Division.

En Saipán, su servicio comulgó deber con entrega y sacrificio.

Destacadas en agosto de 1944, las sanitarias afrontaron una cruenta epidemia de dengue que afectó a la mitad de sus efectivos. De hecho, la tasa de cinco infectados tropicales por cada herido de guerra señaló al contagio como su principal enemigo.

La situación, controlada a base de insecticida DDT, antecedió a una grave escasez de agua potable que, en enero de 1945, afectó a los pacientes procedentes de Iwo Jima y Okinawa.

Consciente de su alto valor estratégico, el Ejército nipón defendió este último enclave con inusual fiereza y, entre abril y junio de 1945, más de cincuenta mil heridos se sumaron a los dieciocho mil evacuados a Saipán, Guam y Tinián. Unas cifras desbordantes que obligaron a tratar graves quemaduras, traumatismos y amputaciones en agotadores turnos de doce horas diarias durante los siete días de la semana.

Con la guerra prácticamente finalizada, las nurses embarcadas en los buques hospitales sufrieron las oleadas de kamikazes que golpearon a la flota estadounidense. El 28 de abril de 1945, un ataque suicida contra el USS Comfort frente a la isla de Leyte provocó la muerte de seis enfermeras, hiriendo a otras cuatro. 

Doris Gardner Howard, una de las supervivientes, recordó: «Fui lanzada a dos metros de distancia, contra uno de los mamparos. Me golpeé con inusitada fuerza en la columna vertebral y la cabeza». Pese a las heridas y la falta de botes salvavidas, se negó a abandonar el buque: «Le dije al joven que atendía que no lo abandonaría.

Nos vi a los dos hundiéndonos junto al barco». Su entrega y determinación fue reconocida con la concesión de diversas medallas como la de Servicio del Cuerpo del Ejército de Mujeres o las de la Campaña de Asia y el Pacífico.

Trabajo de enfermeros y nurses en el el buque USS Solace
Trabajo de enfermeros y nurses en el buque hospital USS Solace, que disponía de salas con 46 camas.

En noviembre de 1945, tras la victoria aliada, las enfermeras destacadas en Tokio atendieron a los últimos heridos y prisioneros de guerra.

Con la guerra concluida, el Ejército norteamericano ordenó su regreso escalonado e inició el largo camino hacia la plena incorporación femenina en sus Fuerzas Armadas.

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La curiosa historia de cómo la calvicie fue usada para respaldar el racismo …


Hombre blanco

BBC News Mundo(G.Janskowskix) — La caída del cabello es muy común en hombres y mujeres, especialmente mientras envejecemos: por ejemplo, la alopecia afecta al 80% de los hombres y cerca del 40% de las mujeres.

En muchos casos, ni siquiera se nota.

Lo cierto es que la sociedad actual no le gusta mucho eso de perder pelo. Podemos escuchar las noticias de cómo los hijos del principe William, George y Louis, heredaron los genes “de la calvicie” de su padre.

Otro dato interesante: el mercado de cirugías para restaurar el cabello tendrá un alcance cercano a los US$12.000 millones para 2026.

De hecho, las personas pueden comprar pelucas para bebes que afirman que hacen ver a los niños de tres años “más atractivos”.

Pero no siempre fue así. En muchas culturas y periodos de la historia, la calvicie ha sido reverenciada: desde el antiguo Egipto hasta las tribus Issini en el siglo XVIII que habitaban Ghana. Las cabezas sin cabello o afeitadas representaban pureza, un rechazo a la superficialidad, debido al ritual de afeitarse la cabeza todos los días.

Las cabezas calvas también han sido asociadas con la divinidad. El arte cristiano medieval incluía dibujos donde se veía a Jesús y a María calvos. Actualmente, los monjes budistas, monjas y otros grupos políticos y religiosos tienen la costumbre de afeitar sus cabezas.

En Occidente hacia mediados del siglo XIX, la falta de cabello también fue celebrada. Pero no por razones religiosas, sino por pseudocientíficos que dieron a conocer peligrosas ideas sobre la raza y la inteligencia. Y sentó el precedente de la tendencia eurocentrica sobre las investigaciones en la pérdida del cabello que continúan hasta ahora.

Cabello
Durante la Edad Media, divinidades como Cristo o María eran presentadas sin cabello.

– Eugenistas y la pérdida de cabello

Diez años antes de que Charles Darwin publicara su famosa obra “El origen de las especies”, su primo Francis Galton sugirió en una exposición que algunos grupos humanos habían evolucionado mucho mejor que otros. Galton basó su teoría en evidentes diferencias en humanos, como el color de la piel y el cabello.

En esta clasificación pseudocientífica, los negros fueron clasificados como ser inferiores a los hombres blancos, por tener el cabello rizado. Los llamados eugenistas señalaban que el cabello de los negros era como el que cubre los animales, argumentando que ellos habían sido los mismos “animales de piel negra y cabeza lanuda durante los últimos 2.000 años”.

Relacionados con la eugenesia estaba otra pseudociencia conocida como la frenología, que intentaba predecir temas como la personalidad y la moralidad de las personas a partir de sus características físicas. Esto incluía la forma del cráneo de la persona, su complexión física y la cantidad de cabello que tenía en la cabeza.

La frenología, que ha sido desacretidada desde entonces, fue usada para mantener el racismo científico, que es la idea que señala que la raza es algo biológico y que unas razas son superiores a otras. Por ejemplo, el escritor Hery Frith señaló en su libro de 1891 “Cómo leer el caracter de una persona por su comportamiento, forma y rostro”: “Las personas sin cabello son los más intelectuales, su fuerza física y mental son considerables. En los calvos el cebrero domina la materia”.

Frenologìa
La frenología fue una pseudociencia que también señaló que la abundancia de cabello era signo de inferioridad racial.

Tales ideas se combinaron con la falsa creencia de la superioridad del hombre blanco comparada con otras razas con “más pelo”.

“Los blancos y de forma comparativa, razas sin cabello, tienen el dominio del mundo sobre otras razas salvajes, fuertes y llenas de pelos”, escribió. A los estudiantes de medicina estadounidenses se les enseñó «que los esclavos, los indios, las mujeres y los burros nunca se quedan calvos debido a sus cerebros pequeños y poco desarrollados».

En 1902, el médico David Walsh escribió un libro sobre las enfermedades del cabello en el que afirmaba: “La calvicie es prácticamente desconocida entre los salvajes”. De manera sorpresiva, esa lógica eugenista permaneció sin ser cuestionada hasta finales del siglo XX.

En 1966, el dermatólogo Ian Martin-Scott anotó: “En las razas de color la calvicie es una rareza y prácticamente desconocida en muchas comunidades semicivilizadas”.

– Teorías obseletas

Hoy en día, afortunadamente, estas creencias falsas son raras en la ciencia. Sin embargo, como en muchas áreas de la investigación médica, los estudios y ensayos clínicos sobre la caída del cabello se centran predominantemente en personas blancas, ignorando o excluyendo a otros grupos raciales.

La psicóloga social Hannah Frith (que no tiene ninguna relación con el escritor) revisó recientemente estudios de psicología que investigaron colectivamente a más de 10.000 hombres calvos. El informe anotaba que casi todos los participantes en la investigación eran europeos o asiáticos, y sólo el 1% de América del Sur o África.

Mientras tanto, los dermatólogos y otros profesionales de la caída del cabello continúan estudiando de forma rutinaria libros de texto médicos que sólo incluyen imágenes de cueros cabelludos blancos y cabellos de textura lisa. Esto es un problema porque, como muestran investigaciones recientes (y limitadas), la caída del cabello es común en todos los grupos raciales y étnicos.

Un estudio de 2022 hizo una revisión de los datos de casi 200.000 hombres del Reino Unido (de entre 38 y 73 años). Los investigadores encontraron que el 68% de los hombres blancos informaron pérdida de cabello en comparación con el 64% de los hombres asiáticos y el 59% de los hombres negros (las diferencias relativamente pequeñas se explican en parte por el hecho de que los hombres blancos en el estudio eran mayores).

También hay formas de pérdida de cabello que se sabe que son más comunes en determinadas personas.

Hombre sin cabello
La pérdida de cabello es una condición que afecta a los seres humanos en general.

Por ejemplo, las mujeres asiáticas tienen más probabilidades de sufrir la llamada alopecia areata, una enfermedad autoinmune que provoca la caída del cabello. Las personas de raza negra tienen más probabilidades de desarrollar alopecia por tracción, un tipo de pérdida de cabello relacionada con el movimiento constante de los folículos pilosos, especialmente a través de peinados ajustados.

Esta condición, por ejemplo, pone en evidencia el impacto de una sociedad racista en el cabello. Específicamente, los negros pueden sentirse obligados a ocultar su cabello con textura afro (estereotipado como incivilizado) mediante tejidos, trenzas y alisadores químicos.

Todas estas prácticas pueden ser físicamente dañinas, incluso para los folículos pilosos. Los recursos sobre alopecia que son racialmente inclusivos ayudan a los dermatólogos a hacer recomendaciones más realistas que sitúan los problemas capilares de las personas dentro de sus contextos sociales y culturales.

Es importante comprender mejor el racismo de la investigación sobre la caída del cabello. Nos recuerda que ni la textura, el color ni la cantidad de cabello que tiene una persona transmiten nada significativo sobre ella, evolutivamente o de otro modo.

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Lo que Shakespeare puede enseñarnos sobre el racismo …


Lo que Shakespeare puede enseñarnos sobre el racismo
Una escena de la obra de Shakespeare “Otelo”.

The Conversation(D.S.Brown) — La famosa tragedia de William Shakespeare Otelo suele ser la primera obra que nos viene a la mente cuando nos preguntan por las alusiones del popular escritor británico a la raza.

Y si no es Otelo, la gente suele nombrar El mercader de VeneciaAntonio y CleopatraLa tempestad o su primera –y más sangrienta– tragedia, Tito Andrónico, mi obra favorita de Shakespeare.

Entre los especialistas, estas cinco obras se conocen como sus “obras raciales”, e incluyen personajes negros –como Otelo–, judíos –como Shylock–, indígenas –como Calibán– o negro-africanos –como Cleopatra–.

Sin embargo, lo cierto es que todas sus obras abordan la raza de alguna manera. Al fin y al cabo, todo ser humano tiene una identidad racial, y los personajes a los que Shakespeare dio vida también, desde Hamlet hasta Hipólita.

Hay que reconocer que el dramaturgo escribió sobre muchos temas clave a finales del siglo XV y principios del XVI que son enormemente relevantes hoy en día, como el género, la adicción, la sexualidad, la salud mental, la psicología social, la violencia sexual, el antisemitismo, el sexismo y, por supuesto, la raza, de la que hablaremos en este artículo.

– Nadie debe temer a Shakespeare

Durante mucho tiempo tuve miedo de Shakespeare. Y no soy el único.

En su ensayo de 1964 Por qué dejé de odiar a Shakespeare, James Baldwin detallaba su resistencia inicial. Como mucha gente hoy en día, Baldwin escribió que él también era “víctima de esa educación sin amor que hace que tantos escolares detesten a Shakespeare”.

Gran parte de la aversión de Baldwin hacia Shakespeare no tenía nada que ver con el escritor inglés, sino más bien con el elitismo blanco que rodeaba su obra y su literatura.

Pero como Baldwin acabó comprendiendo, Shakespeare no era el “autor de su opresión”. Al igual que Shakespeare no creó la misoginia y el sexismo, tampoco creó la raza y el racismo. Más bien observó las complejas realidades del mundo que le rodeaba, y a través de sus obras articuló una esperanza subyacente de un mundo más justo.

– La obra de Shakespeare revela la injusticia social

En Titus Andronicus aparece el primer personaje negro del dramaturgo, llamado Aaron. En esta obra, escrita a finales del siglo XVI, la emperatriz romana Tamora, de raza blanca, engaña a su marido, el emperador blanco Saturnino, con Aaron. Cuando Tamora da a luz, queda claro que el padre del bebé no es Saturnino.

En consecuencia, los personajes blancos que conocen al verdadero padre del bebé instan a Aaron a matar a su hijo negro recién nacido. Pero Aaron se niega. En su lugar, opta por proteger ferozmente a su querido hijo.

Un hombre blanco con una espada persigue a una persona cubierta de tela que lleva un bebé.
Grabado antiguo de una escena de ‘Titus Andronicus’, de Shakespeare. 

En medio de todo el drama que se produce en torno a la existencia del niño, Shakespeare ofrece momentáneamente una hermosa defensa de la negritud en el cuarto acto de la obra.

“¿Es el negro un tono tan bajo?”, pregunta Aaron antes de desafiar la norma cultural. “El negro carbón es mejor que otro matiz, en el sentido de que desprecia llevar otro matiz”. En otras palabras, al menos para Aaron, ser negro era hermoso, la negritud irradiaba fuerza.

Tales palabras sobre la identidad negra no se pronuncian en ninguna otra obra de Shakespeare, ni siquiera en Otelo.

– El poder de la piel blanca

En obras como HamletMacbeth y Romeo y Julieta, la raza sigue formando parte del drama incluso cuando no hay personajes negros dominantes. Entre otras cosas porque Shakespeare resalta la blancura racial de sus personajes.

En la época de Shakespeare, al igual que en la actualidad, la supuesta superioridad de tener la piel clara significaba que el estatus social se negociaba por todos en función de las normas de la cultura dominante.

En varias de sus obras, por ejemplo, el dramaturgo habla de las “manos blancas” como un símbolo de pureza y superioridad. Asimismo, llama la atención sobre la raza de sus personajes describiéndolos como “blancos” o “rubios”.

Un libro se abre en una página con la imagen de un hombre blanco y una nota para los lectores.
Una imagen del que se considera el libro más importante de la literatura inglesa, ‘The First Folio 1623’ de William Shakespeare. 

Shakespeare también utilizó el negro como metáfora de estar manchado, por ejemplo en la comedia Mucho ruido y pocas nueces. Una joven blanca, Hero, es acusada falsamente de engañar a su prometido, Claudio, el día de su boda. Claudio y el padre de Hero, Leonato, avergüenzan a Hero por su supuesta falta de castidad, algo prohibido para las mujeres inglesas del siglo XVI, que legalmente eran propiedad de su padre y, posteriormente, de su marido.

Que las mujeres solteras tuvieran sexo antes del matrimonio violaba las expectativas de una cultura dominada por los hombres. Con la pureza sexual de Hero supuestamente manchada, su padre la describe como “caída en un pozo de tinta”.

Así, en esa obra, Hero representa momentáneamente a una mujer blanca “entintada”, que es un reflejo simbólico de la estereotipada e hiper-sexual mujer negra.

– Estudios y ensayos sobre Shakespeare y la raza

En los últimos años, los investigadores han aportado nuevas perspectivas sobre las cuestiones sociales, culturales y políticas de la época de Shakespeare, comparándola con la nuestra. Es más, hay docenas de estudiosos y profesionales del teatro que dedican su vida profesional a explorar la raza en la literatura y la época de Shakespeare.

Sin ir más lejos, la dramaturga Anchuli Felicia King escribió en 2020 Keene, una sátira de Otelo que ofrece una crítica actual de la blancura. En la obra, un musicólogo japonés llamado Kai y Tyler, un estudiante de doctorado negro, se conocen en una conferencia sobre Shakespeare, donde son las dos únicas personas de color en la elitista reunión de blancos. Mientras Tyler se concentra en escribir su tesis, Kai se concentra en Tyler. Surge un romance, solo para ver a Tyler –al igual que Otelo, antes que él– traicionado por su confidente blanco, Ian.

En 2019, la actriz británica Adjoa Andoh dirigió la obra de Shakespeare Ricardo II con un reparto formado íntegramente por mujeres de color, una producción que ella calificó “un experimento mental sobre la universalidad de la humanidad”.

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Contra-contracultura …


hippies

JotDown(Miguel U.) — Años 60, familia americana: la rubia madre cocina hombrecillos de jengibre, papá se come la tostada de camino al coche con el maletín bajo el brazo, nene menor pide que le quiten la corteza al pan de molde y afirma vehemente que algún día será astronauta, nene mayor atraviesa la cocina cual suspiro diciendo que no tiene tiempo mientras hace girar un melón de cuero pensando en magrear a Ashley Swinton bajo las gradas.

Todo va sobre ruedas en la América post-fordista. John Kennedy se postula como joven y rutilante presidente para una nación con la conciencia tan limpia como su sonrisa.

En el sur, en las profundidades del cornbelt miles de granjeros afanosos preparan la cosecha que servirá para alimentar a las familias del país más poderoso del mundo, todo dinamismo y corrección, todavía apegada los ideales puritanos que alimentan el ciclo de producción y reproducción que hace resollar la maquinaria del capitalismo.

Pero poco a poco el personal se percata de que algo raro pasa, algo chungo. Se ven por las calles a gente con pintas extrañas: ponchos mexicanos, camisas estampadas con flores y descoloridas, el pelo les llega hasta la cintura y pasan de la depilación.

Algo que venía a añadirse a una década que no dejaba de deparar sorpresas:

En Greensboro, Carolina del Norte, cuatro estudiantes negros ocupan «barra de los blancos» en una cafetería armando un escándalo que se reproduciría en otros lugares. Estudiantes de todo el país imitan el gesto. Cinco años antes Rosa Parks rechazaba permanecer de pie en un autobús atestado y ocupa un asiento reservado a los blancos. JB Lenoir añade su hermosa voz al gentío y el chasquido de las armas amartilladas por los panteras negras.

Un desaliñado Allen Ginsberg recita en público El Aullido. En 1969 se celebra Woodstock. Jimmi Hendrix arranca el himno a su guitarra eléctrica.

Lee Harvey Oswald o un tirador anónimo le vuela la cabeza a la década. Zapruder lo graba.

ESTILO VIDA NORTEAMERICANA 1950-1960

Lyndon Johnson hace una enmienda a la política exterior de John F. Kennedy y los Estados unidos invaden Vietnam.

Tal y como lo cuentan las crónicas oficiales y tal y como aparece reflejada en el imaginario popular los 60 fueron una década convulsa, cuyo rupturismo no habría de limitarse a un puñado de innovaciones en el mundo de la moda y a la aparición de la música psicodélica y los hippies, sino que entró en los hogares y el congreso americanos de la mano del movimiento por los derechos civiles, el feminismo, los ecologistas y la revolución sexual.

El hasta entonces opulento pero puritano American way of life había permanecido anclado en la repetición de biografías y en la obediencia a las directrices paternas, de la escuela a la tumba pasando por el trabajo y la sala de partos.

La irrupción de la contracultura vino a cambiar esto, dicen, introduciendo una bocanada de aire fresco que repercutiría en las costumbres de la sociedad yankee y, por extensión, en la de todo el hemisferio occidental. Beatniks y hippies recurrieron a los símbolos y creencias orientales como una forma de hacer patente su descontento con la manera en que estaba montado el tinglado practicando yoga, haciéndose budistas o buscando una revelación mística en el yagé y los libros de Carlos Castaneda.

Hedonismo, autorrealización, liberalismo sexual y una renuncia a la herencia de los fundadores de la nación que le cambiarían la cara.

Pero por encima de este recuerdo entrañable de aquellos «años de ruido y furia» la contracultura supuso una profunda transformación en el capitalismo moderno, abriendo la puerta a nuevas formas de expresión personal, desarrollando una nueva estética y afirmando su identidad precisamente como una forma de repudio del consumismo suicida que se resolvería felizmente consumiendo todavía más.

  • If you want somebody to love

El caso es que a principios de los 60 el capitalismo post-fordista acusaba el cansancio de las décadas precedentes.

La necesidad de crecimiento constante (y por ende, un incremento también constante del consumo) chocaba contra la realidad de un modus vivendi familiar que no ofrecía suficientes oportunidades comerciales.

Cientos de absurdos gadgets domésticos atestiguan lo que digo.

El menaje y los utensilios de cocina fueron las víctimas propiciatorias de este retorcido escenario en el que la búsqueda de nuevos mercados no lograba romper las hechuras del hogar americano promedio.

Anuncio coca cola

Era la «época de los sombreros», de los padres encorbatados, los toques de queda de las proms y los anuncios futuristas prometiendo cocinas robotizadas.

La industria suplicaba por nuevos nichos de mercado y languidecía en el tedio, justamente como una juventud que no se veía en los trajes de sus padres.

Esta insatisfacción, este hartazgo de conformismo aquejaba por igual a consumidores y vendedores. Thomas Frank relata en su interesante libro La conquista de lo cool la transición —una verdadera revolución— en la industria publicitaria que se guió por los mismos parámetros que la contracultura.

La publicidad de la época estaba dominada por el llamado modelo científico; las agencias seguían un estricto método sociométrico, haciendo estadísticas a troche y moche y buscando la fórmula más resultona que finalmente se traducía en una sucesión de eslóganes machacones.

Madison Avenue, epicentro del marketing durante los años 60, era una comunidad refractaria a las innovaciones y los anuncios «intuitivos», las corazonadas o los golpes de efecto. Completamente ajena a los departamentos artísticos —a los que se ninguneaba sin pudor— tuvo que esperar la llegada de una nueva hornada de publicistas jóvenes comprometidos con el cambio como DDB, de Bill Bernbach, para darle la vuelta a la situación.

Anuncios como el de Volkswagen Escarabajo supusieron una auténtica revolución en el mercado, haciendo hincapié precisamente en los supuestos defectos del producto —un coche pequeño, poco llamativo, no muy aerodinámico precisamente—, primando su sencillez y falta de compromiso sobre la aparatosidad de la cultura automovilística de la época; un mundo barroco de cromados y alerones dignos del Enterprise, anunciados como «doble potencia turbo» bajo una lluvia de eslóganes a cada cual más borderline asociados a la aeronáutica, el despegue, echar a volar y chorradas por el estilo.

Poner el énfasis en la anormalidad del producto y en la distinción que ofrecía —para bien o para mal— se convirtió en la nueva divisa del consumo: ser diferente. El ansiado pacto entre las cualidades de lo que se vende y quien lo compra quedó definitivamente sellado y la movida hippie se motorizó, ironía, con la marca nazi por definición.

Y no es extraño, ni nuevo hoy en día, que los anuncios no ofrezcan bienes de consumo sino toda una constelación de valores. Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud y padre de las relaciones públicas —y, en opinión del arriba firmante, uno de los mayores hijos de la gran puta que hayan hollado la tierra— supo aprovechar la insatisfacción con el modelo imperante, siempre desde su cínico punto de vista —en su opinión el ser humano era un animal básico gobernado por su estómago y sus genitales— dando un fabuloso golpe de efecto.

Durante un multitudinario acto público se las arregló para que varias docenas de mujeres encendiesen y se llevasen a los labios un cigarrillo a la vez. La impresión generalizada fue la de un acto de protesta y reivindicación de la igualdad de sexos. El motivo subyacente, promocionar el consumo de cigarrillos entre las mujeres para estirar el caladero de las tabacaleras.

Fue durante este periodo que el marketing emprendió la caza del inconformista y el negocio de la moda eclosionó dando lugar a toda una constelación de estilos diferentes, étnicos —o lo que los modistos entendían como ropa étnica—, rockeros, moteros y contestatarios.

La contracultura de los años '60s. | undergroundresistanceforever

Según algunos estudios del tema la reacción de la industria no fue sino mera asimilación de la estética hippie-contestataria y por lo tanto carente de originalidad y puramente mercenaria.

Para Frank la cosa no es tan sencilla y ofrece una versión distinta según la cual tanto el modo de vida americano como el modelo de negocio de la industria atravesaban una severa crisis que se traducía en un rechazo por la tradición puritana y su rectitud moral.

Del mismo modo en que los beatniks se rebelaron contra el estatu quo familiar y obrero —con su gris y monótono devenir vital— los jóvenes creativos hicieron lo mismo con la rígida escuela técnica precedente.

De una manera singular el capitalismo y el mundo social que había generado se encontraron ante el mismo obstáculo y encontraron las mismas respuestas para sortearlo.

A partir de entonces lo cool penetró en la vida americana. Los nuevos valores juveniles premiaban el inconformismo y la insatisfacción, se enfrentaban con todo lo que fuese considerase correcto y productivo, huyeron de la homogeneidad como del Ébola, dando lugar a nuevas formas de consumo que defendían la variedad y la distinción, todo aquello que permitiese al comprador distanciarse de la masas.

El capitalismo cogió la ola que llevaba años esperando e inundó el mercado con nuevos productos destinados a cubrir esa demanda inconformista hambrienta de ocio, sexo, drogas, emoción y vida alternativa. Siempre a ritmo de rock´n roll.

Una campaña que daba buena cuenta del cambio en la cultura empresarial de la época y de su interés por aprovechar el impulso de los movimientos juveniles fue la «Generación pepsi» de la conocida marca de bebidas en su intento por erosionar el entonces hegemónico poder de su competidora Coca Cola.

Aunque no lo parezca por lo que se ve hoy en día, en los anuncios Coca-Cola llegó a ser sinónimo de conservadurismo y vida familiar, una bebida «sana» apta para todos los miembros de la familia (hay un anuncio para prensa escrita en la que un «médico» desglosa las ventajas de iniciar a los niños menores de un año en su consumo) y perfecta para celebrar cumpleaños.

Pepsi aprovechó precisamente esta buena posición de su rival en el establishment para presentarse como la chica marginada, un mensaje harto contracultural. La «generación Pepsi» sería adalid del cambio de mentalidad de la juventud y signo de los tiempos. Lo que es más importante, comenzó a publicitarse no simplemente como producto (por su sabor, sus cualidades terapéuticas o qué sé yo) sino como un valor, el de la chavalería descontenta y unida por un impulso nuevo y renovador.

No traten de buscarle contenido, la novedad, todo lo que pareciese joven y fresco se justificaba por sí mismo, y así se lo hicieron ver a toda una generación; su generación.

7-Up no le fue a la zaga. Aunque no tuvo un momento de inspiración tan grande emprendió una campaña para atraerse a los inconformistas y hippies valiéndose de anuncios en carteles publicitarios, revistas y televisión en el que adaptaron la estética del arte hippie y los films de los Beatles rollo Yellow Submarine masticando la imaginería psicodélica. Hay incluso un diseño muy chulo en el que si no me engañan estos ojos Paul y John blanden sendas botellas de 7-up a modo de guitarras eléctricas.

beatles 7 up
  • Born to be wild

Qué sensación tan maravillosa de bienestar, la de que te vean detrás del volante. No para presumir, sino sólo para dar esa Inequívoca imagen de dinamismo que revela tu éxito.

Pioneros de este estilo de vida alternativo fueron los beatniks. Entre orgía y orgía Kerouac y Ginsberg añadieron páginas al evangelio del vive la vida loca, los viajes a la frontera mexicana a ritmo de be-bop

Contra la vida sedentaria y la estabilidad familiar, el eterno vagar en carretera.

Contra el puritanismo, drogas y excesos sexuales.

Contra Cristo, Buda. *

*conste que servidor no alcanza a comprender cómo se las apañaban para compaginar budismo zen y jolgorio sin fin, pero aceptamos pulpo como animal de compañía.

Los escritores de la generación beat trazaron el nuevo arquetipo del vividor yankee itinerante y hedonista poseído por ráfagas de inspiración antes que artesano de la técnica que te cuenta su historia junto a un Jack Daniels y en un lenguaje sencillito para que lo comprendas, tú que eres tonto.

El testigo fue recogido por estrellas del rock, gurús de la contracultura como Timothy Leary y una pléyade de jóvenes deseosos de catar ese trocito de vida jovial como si el hecho de plantearse follar a discreción llevase inevitablemente a alojar el miembro en la boca de una compañera de clase. Aunque hay que reconocer que fue así hasta cierto punto, hizo falta mucha droga. Flores y ácido, gran combinación.

Los primeros hipsters también brotaron al calor de la música. El cool-jazz depuró un estereotipo de marginado de la clase media blanca como eran los negros de las ciudades, percibidos como bohemios y paganos improductivos.

Marginado que ocupó su puesto en el nuevo mercado; mientras los jóvenes blancos se entregaban a sus akelarres psicodélicos y practicaban su amor libre en los antaño inmaculados parques de California, los hipsters consolidaron el matrimonio entre música popular y vida alternativa iniciado décadas antes.

Una colorista y sensual glorificación de todo lo que oliese a antiamericano. Una oda al cachondeo introducida por un tema de la Creedence que se cerró con el estruendo de las cajas registradoras.

En todo caso la evolución del hipster ha sido coherente con el desarrollo de la industria del entretenimiento, dominada por el escurridizo concepto de lo cool. Hoy en día sin embargo resulta complicado encontrar algo más alejado de aquellos originarios hipsters de los barrios negros que el actual hipster modernillo de clase alta.

De ahí la importancia del invento, de su capacidad para constituirse como un mojo de lo guay, de la cualidad intrínseca de los inconformistas separados del rebaño.

Sin ser un decálogo que se pueda aplicar al pie de la letra podríamos decir que consiste en la cualidad de estar a la moda sin parecer por ello una fashion victim, es decir, el epítome de consumista aborregado, y justificarse por ello. Norman Mailer puso su grano de arena (un grano bien gordo) definiendo sus personajes contraculturales principalmente como individualistas y hedonistas naturales.

En palabras de Josepph Heath y Andrew Potter:

«Mailer supo verlo y por eso calificó acertadamente al hipster como una fusión del bohemio inconformista, el delincuente juvenil asocial y el voluptuoso negro marginado».

La misma carretera que llevara a Neal Cassady y Jaack Kerouac por la geografía americana la recorrieron los moteros.

En mi opinión el non plus ultra del rollete contracultural, un potaje de calibre pesado destilado a pachas por el individualismo hippie (vehículo idiosincrásico del desarraigo bien llevado) y la rebeldía elevada a la enésima potencia, el constante encono, el eterno cagarse en la autoridad del barbudo asocial que se cuece no sabe bien si con aguardiente o gasofa, copula esporádicamente en bares donde tocan bandas de rock sureño y country capitaneadas por un guitarrista paralítico.

El final por todos conocido fue la tragedia de Altamont.

  • Conciencia III, anarquistas y vagabundos del dahrma
hippies en la playa

La meta de cualquier hippie era, además de derribar al gobierno, alcanzar la iluminación.

Durante la década de los 60 muchos jóvenes hicieron explícita su repulsa al modo de vida americano «explorando otras culturas», lo que viene siendo ingresar en una secta o practicar meditación trascendental.

Estos elementos estaban presentes desde la época «beat» pero fueron deslizándose en los discursos de los gurús de la época como Timothy Leary y Allen Ginsberg.

Así pues no se trataba de una protesta política al estilo clásico sino de una revolución de las consciencias alineadas y dominadas por la cultura capitalista.

Dentro de esta corriente subjetivista que consideraba la realidad imperante poco menos que un «efecto matrix» aparecieron distintas formas de «abrir las puertas de la consciencia» mediante el uso de drogas psicotrópicas combinadas con música psicodélica y ejercicios de meditación variada.

La antropología de la época tuvo parte de culpa en que muchos hippies emprendiesen la búsqueda de una nueva visión del mundo y de su rechazo de la moral judeocristiana.

Los estudios de Margaret Mead en Samoa ejercieron su influjo no solo en la crítica feminista sino que permitieron justificar en cierto modo la cosa aquella del «amor libre» y los efectos de la educación represiva en la adolescencia.

Con independencia de las críticas que se le puedan hacer y se le hicieron, por parte de Derek Freeman entre otros (su baja competencia lingüística, omitir los apoyos recibidos por parte de la marina destinada en la zona, proyectar sus convicciones políticas en su monografía, etc), la influencia de las etnografías boasianas es notable.

La comparación entre culturas y algunos sesgos referidos al estudio de pueblos que no padecen los mismos problemas que en Occidente (claro, porque ellos tienen sus propios problemas) fue pasto de interpretaciones chapuceras y copy&paste entre los desnortados hippies. Una de las funciones de la antropología es propiciar análisis comparativos y desempeñar una labor crítica, no abordar estas cuestiones con el método de la coctelera.

El caso de Carlos Castaneda es también significativo. Sus estudios sobre el consumo de drogas y los estados de trance chamánico fueron una fuente de inspiración para muchos hippies. La realidad es que el uso que los chamanes en Latinoamérica daban a las drogas no se parecía mucho a la de la contracultura. De hecho es diametralmente opuesta, ya que sirve precisamente para reforzar sistemas en los que la religión cumple un papel de regulador de las relaciones sociales.

hare krishna

También se sobreestimó la importancia de los psicotrópicos en los trances hipnóticos y de posesión, dependientes en gran medida de cantos y ritmos repetitivos, ejercicios agotadores y en algún caso, dolor físico. Eso por no decir que Castaneda directamente se inventó muchas de sus experiencias religiosas.

El objetivo dejó de centrarse en temas concretos que afectaban directamente a millones de personas como la desigualdad laboral entre sexos o el sistema público de salud para discutir el lenguaje falocéntrico, la materia del cosmos o las técnicas de control mental de la CIA. Fue un momento de puta madre para las sectas, los profetas alucinados y los vendeburras de todo pelaje.

Dejando de lado la parodia fácil del hippie colgado aporreando unos bongos en pelotas, son muchas las críticas que se pueden hacer a la contracultura. La más importante en mi opinión es la manía que tenían de hacer patente su descontento recurriendo a doctrinas esotéricas, religiones orientales y otras creencias precristianas como las que derivaron en neopaganistas y new age, en lugar de articular una crítica política y económica crítica seria.

Hubo intentos por politizar el movimiento, sí, y una porción nada desdeñable de su mensaje iba en esta dirección —sus herederos más evidentes serían los anarco-punks y comunalistas— además de servir de trampolín para los movimientos por los derechos civiles y el incipiente ecologismo, pero la desaprobación del «Sistema» era tal que tuvo que infiltrarse en todos los ámbitos de la existencia, desde la explotación laboral hasta la represión judeocristiana.

Percibir el sistema capitalista americano como una inmensa y paranoica consola de control mental implicó la dispersión de sus esfuerzos, un individualismo radical y un profundo irracionalismo que pretendió cambiar el mundo por la vía de expandir la conciencia o recitar los vedas.

O según Marvin Harris:

«Los estados mentales alucinatorios no pueden alterar la base material de la explotación y la alineación. La Conciencia III no cambiará nada que sea fundamental o causativo en la estructura del capitalismo o imperialismo. Por lo tanto lo que nos espera no es la utopía de la libertad individual absoluta, sino alguna nueva y maligna forma de mesianismo militar, provocadas por las payasadas de una clase media que intentó domesticar a sus generales con mensajes telepáticos y creyó poder humanizar a la mayor concentración de riqueza corporativa que jamás ha visto el mundo caminando descalza y comiendo manteca de cacahuete sin homogeneizar».

En definitiva, la contracultura sirvió para diversificar la producción industrial, alimentar nuevas modas y «estilos» que servirían tanto para definirse como persona como para «plantar cara al sistema». La vocación inicial de las corrientes de izquierdas en busca de un mundo más justo y realista dieron lugar al mundillo de lo original, novedoso y rompedor; el subcultural chanante. Distinguirse, en suma, como individuos realizados a través del consumo.

De ahí la posterior explosión de tribus urbanas y su inofensivo discurso de lo reivindicativo, simbólico y —sí— antisocialista, un paso.

Después de décadas, siglos de tribulaciones y lucha de clases, de barbudos prusianos escribiendo sesudos tratados de economía política, la solución aparecía por fin, limpia y brillante ante los ojos de América; la manera de cambiar el mundo es pasárselo de puta madre.

nuestras charlas nocturnas.


Lynn Margulis (1938-2011), la evolución de la célula …


cell

JotDown(P.A.Alderete) — El pasado 22 de Noviembre de 2011 el mundo de la ciencia perdió a una de sus más destacadas figuras, Lynn Margulis: microbióloga, genetista no convencional, divulgadora de la ciencia y, sobre todo, teórica de la evolución.

Esta mujer, nacida en Chicago el 5 de marzo de 1938, revolucionó la teoría de la Evolución reivindicando la simbiosis como fuente de variación en el origen de las células, que serán las unidades estructurales de cuatro de los cinco reinos de seres vivos que existen: protistas, vegetales, hongos y animales, llamadas células eucariotas.

Extrapolándolo, Margulis propone la hipótesis de la simbio-génesis en la que la simbiosis ha sido la causa de variación en diferentes momentos evolutivos.

Ésta se contrapone a la teoría neo-darwinista estricta que sólo admite pequeñas mutaciones como fuente de variación. La diferencia entre la simbiosis y la mutación, como fuente de variación, es abismal. La primera implicaría que en la historia de la vida, los eventos de especiación no se han producido de manera gradual en todos los casos, como sostienen los neodarwinistas, sino que se han producido por grandes saltos cualitativos.

Aunque en ambos casos será la Selección Natural, como motor de la evolución, lo que determinará el camino evolutivo de una especie. Su defensa a ultranza de esta teoría le dio fama, no sólo de heterodoxa, sino de polémica e, incluso, de antidarwinista.

La vida personal de Lynn Margulis fue tan intensa como su vida profesional, y bastante entrelazada con ésta. Su temprano y primer matrimonio con el astrónomo Carl Sagan, tras licenciarse con 19 años, la llevó primero a la Universidad de Wisconsin-Madison donde consiguió un Máster en zoología y genética, y después a la Universidad de Berkeley donde comenzó su doctorado.

Dos años después de separarse, consigue el título de doctor y otros dos años después vuelve a casarse con el  cristalógrafo Thomas Margulis, matrimonio que duró hasta 1980. Madre de cuatro hijos, que determinaron en cierta medida los periodos de forzada permanencia en casa, que utilizó para reorganizar sus ideas y escribir.

Tal y como ella cuenta en forma novelada en Peces luminosos: historias de amor y de ciencia la vida de un científico está tan influenciada por la sociedad que le rodea como por las circunstancias personales que vive.

Lynn Margulis y su hijo Dorian Sagan

Las grandes aportaciones de Lynn Margulis que pasarán a la historia de la biología pueden resumirse en: endosimbiosis, simbiogénesis e hipótesis Gaia.

En lineas generales, como ya se ha mencionado, las dos primeras se basan en el poder de la simbiosis entre organismos de diferentes especies para producir grandes cambios que podrían conducir a la evolución de nuevas especies, géneros, familias, órdenes, clases, y phyla.

Este proceso se conoce como macroevolución, en contraposición con la microevolución que se centra en explicar los pequeños cambios en las especies que permiten a éstas adaptarse al medio en el que viven.

Como ya se ha mencionado, la simbiogénesis resulta polémica por su enfrentamiento a la teoría neodarwinista.

La hipótesis Gaia es el nivel máximo. Fue formulada inicialmente por el químico James E. Lovelock, quien expone la idea de que el ecosistema Tierra funciona como un superorganismo. Como Margulis relata en el prólogo de su libro Planeta simbiótico, no vio inmediatamente la relación de su endosimbiosis con Gaia.

Primero fue una frase de su hijo que la hizo reflexionar y después el comentario de uno de su ex-alumnos: La hipótesis Gaia es ver la simbiosis desde el espacio.

De estas tres es la primera, la endosimbiosis o teoría de la endosimbiosis serial (SET), la teoría que explica la historia evolutiva de la célula. Y de las tres es la más aceptada en la comunidad científica, por ello la explicaremos a continuación con más detalle. La SET fue publicada, tras muchos rechazos editoriales, por Margulis en 1967 con el título On the origin of mitosing cells bajo su primer nombre de casada, L. Sagan.

Como hipótesis se venía intuyendo desde finales del siglo XIX y principios del XX, pero la idea de que lo que se observaba en el interior de una célula fuera producto de una simbiosis fue tachada de ridícula. Cuando Margulis retoma estas hipótesis llegando desde el estudio del ADN desnudo de las células, y explica que la SET se habría sucedido en cuatro paso consecutivos. Para entenderlos debemos comenzar explicando que se entiende por simbiosis y por endosimbiosis.

La simbiosis, según el DRAE, es la asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común. El ejemplo típico que todos estudiamos en el colegio es el liquen. Este organismo que embellece nuestros bosques es en realidad el producto de la convivencia de una especie de cianobacteria (alga) y una especie de hongo. La variedad de líquenes que observamos se debe a la variedad de combinaciones entre diferentes especies de hongos y algas.

¿Cómo funciona la interacción conocida como liquen? Las cianobacterias necesitan un ambiente con gran humedad para poder sobrevivir que se lo proporciona el hongo, permitiéndolas de éste modo llegar a puntos con menos humedad. El alga, por su parte, al ser capaz de realizar la fotosíntesis alimenta al hongo con las moléculas orgánicas que sintetiza. Esta asociación, según el tipo de liquen, puede ser más o menos estrecha, permitiendo a los dos seres vivos que la componen separarse y vivir como organismos de vida libre.

El término endosimbiosis podría definirse como la simbiosis de dos organismos, dónde uno de ellos vive en el interior del otro. En el sentido evolutivo de la SET, un organismo entrará dentro de otro de forma accidental, y si ninguno de los dos muere o es digerido, se establecerá la convivencia. Si ésta es beneficiosa para ambos se desarrollará la relación de endosimbiosis.

Los dos organismos continuarán dividiéndose: la descendencia del que se encuentra en el interior permanecerá en el interior del otro organismo, y el organismo externo se dividirá manteniendo el simbionte en el interior, heredando ambos la relación simbiótica de sus respectivas “células madres”.

Así se mantiene el patrón de simbiosis. En las sucesivas generaciones, si se mantiene la herencia de la relación simbiótica, ambos seres vivos se habrán especializado de tal modo que pierden la capacidad de vivir separados.

Origen de una novedad evolutiva por Simbiogénesis

En el origen de las células eucariotas, es fácil imaginar el mecanismo de endosimbiosis como responsable de la incorporación de lo que serán mitocondrias y cloroplastos.

El origen de ambos orgánulos son antepasados de bacterias que se conocen en la actualidad: proteobacterias aerobias, es decir, capaces de utilizar el oxígeno para obtener energía, para las mitocondrias y cianobacterias, en el caso de los cloroplastos.

Éstas últimas se conocen también como algas verde azuladas o verdín, estudiadas tanto por microbiólogos como por botánicos por su capacidad de llevar a cabo la fotosíntesis.

Y tanto la mitocondria como el cloroplasto conservan muchas similitudes con el mundo bacteriano: poseen membrana lipídica, material genético propio en forma de ADN circular y ribosomas similares a los bacterianos.

Además conservan la capacidad de dividirse sin intermediación de la célula en la que se encuentran, aunque han perdido la capacidad de sobrevivir fuera de ésta.

En 1978 llega la confirmación de esta teoría desde el área de la biología molecular, a través del artículo de Robert M. Schwarts y Margaret O. Dayhoff, al encontrar que el material genético que contienen estos orgánulos es más similar al ADN de las bacterias que al de los eucariotas. En los años 80, la simbiosis como mecanismo evolutivo de adquisición de mitocondrias y cloroplastos se acepta plenamente por la comunidad científica y se incluye en el temario de cualquier estudiante de biología.

Para Margulis, como se ha mencionado, la SET incluiría los cuatro siguientes eventos simbióticos sucesivos, en la formación de células eucariotas desde células procariotas:

1.- Adquisición del nucleocitoplasma (núcleo + citoplasma) y la maquinaria para la síntesis de proteínas, presumiblemente a partir de arqueobacterias, las bacterias más antigua, en concreto de bacterias termoacidófilas, es decir, bacterias que habitan en condiciones extremas de acidez y calor.

2.- Adquisición de flagelos, por simbiosis del anterior con espiroquetas.

3.- Adquisición de mitocondrias, por simbiosis con organismos similares a lo que se conoce actualmente como proteobacterias aerobias.

4.- Adquisición de plastos (cloroplastos y orgánulos similares de algas), por simbiosis con organismos que podrían asimilarse a las actuales cianobacterias.

Los pasos 3 y 4 se han explicado anteriormente, porque son los comúnmente aceptados. Sin embargo, Margulis es un paso más radical (el 2º) al incluir, como hemos visto, la incorporación de lo que serán las estructuras conocidas como cilios y flagelos de eucariotas. Los cilios y flagelos son estructuras proteicas capaces de generar movimiento, ejemplos de estos orgánulos son la colas de los espermatozoides o los cilios del aparato respiratorio. 

Esta adquisición se habría producido por  simbiosis entre la primitiva arqueobacteria termoacidófila y un antepasado de las espiroquetas. Las espiroquetas son microorganismos de forma helicoidal cuya característica preeminente es que son capaces de moverse a través de fluido. Este punto es fundamental en el modelo evolutivo de las células eucariotas porque explica el origen de uno de los procesos más asombrosos de los seres vivos: la mitosis.

La mitosis es el mecanismo de división de una célula nucleada, mediante el cual una célula madre da lugar a dos células hijas idénticas. Durante este proceso, la membrana del núcleo se disuelve y el ADN, previamente duplicado y condensado en forma de cromosomas, se reparte equitativamente gracias al huso mitótico entre las futuras células hijas.

El huso mitótico está constituido por filamentos formados por polímeros de proteínas llamadas microtúbulos que, literalmente, transportan los cromosomas del centro de la célula hacia los dos extremos. Para que se forme el huso mitótico es necesaria la presencia de otras estructuras proteicas llamadas centríolos, que se replican antes de la mitosis para estar en el mismo número en las dos células hijas. Pero, ¿qué tiene que ver la mitosis con las estructuras de movimiento?

La relación es la estructura denominada centríolo pues además de su papel en la división celular, es el cuerpo basal de cilios y flagelos eucariotas. Es decir, que la simbiosis con una espiroqueta no sólo habría motorizado a la célula, sino que supondría la adquisición de uno de los grandes avances de la célula eucariota. De ahí que su artículo se titule Origen de las células mitóticas y no Origen de las células eucarióticas.

Las reticencias de la comunidad científica para aceptar este paso es la falta de evidencias sólidas. El trabajo de Lynn Margulis de los últimos años ha consistido en buscar las claves para validar su hipótesis mediante el estudio de las bacterias espiroquetas.

Su último trabajo publicado en 2010, Spirochete Attachment Ultrastructure: Implications for the Origin and Evolution of Cilia, donde estudian al microscopio electrónico el intestino de termitas. Los resultados muestran protistas en simbiosis con espiroquetas, formando estructuras muy similares a los cilios de estos protistas.

Todavía existiría una versión más radical de la SET, no defendida por Margulis, que propone que el núcleo de las células eucariotas también se habría originado por simbiosis de dos procariotas. Sin embargo, Lynn sostiene que la membrana del núcleo es la consecuencia del estrés que sufre la célula en los eventos de simbiosis.

Después de todo lo expuesto arriba, Lynn Margulis más que microbióloga se consideraba genetista, por ello sostiene que su gran descubrimiento no es la SET ni la simbiogénesis, sino el haber dado una explicación al ADN desnudo de las células.

Con este nombre se denominaba, a mediados del siglo pasado, a las moléculas de ADN observadas en células eucariotas, pero fuera del núcleo. Los trabajos de Margulis determinaron que ese ADN era el material genético tanto de mitocondrias como de cloroplastos.

Yo tuve la suerte de asistir a una de sus conferencias en Madrid. En ella habló de sus últimas investigaciones sobre simbiogénesis.

Citó ejemplos del mundo biológico de estrechas relaciones simbióticas entre seres vivos y nos contó las relaciones entre termitas, protistas y espiroquetas, que luego publicaría en el artículo de 2010 mencionado anteriormente.

Pese a lo interesante de la charla, lo que más me llamó la atención fue la cercanía con la que se dirigió a nosotros.

Su pasión por la ciencia era contagiosa porque, aunque sus ideas sean contrarias a lo establecido por la comunidad científica, siempre trabajaba para encontrar la evidencia biológica que las respaldase.

Como conclusión, me gustaría recomendar uno de sus libros cuyo título es ¿Qué es la vida?, donde pasea reino por reino describiendo la bella complejidad de los seres vivos.

Aunque durante todo el texto se han ido mencionando obras de esta divulgadora, y su obra contiene libros muy conocidos como Microcosmos: cuatro mil millones de años de evolución desde nuestros ancestros microbianos.

nuestras charlas nocturnas.


Las mujeres agentes dobles que engañaron a los nazis …


The Objective(F.Rueda) — Elvira Chaudoir y Lily Sergeyev, dos espías muy especiales. La operación del espionaje para engañar a Hitler sobre la fecha y el lugar del desembarco de las tropas aliadas destinadas a liberar Europa contó con el protagonismo de Juan Pujol y Araceli González, pero también fue trascendental el papel de otros agentes dobles tan extraños, osados y poco comunes como ellos. Hubo muchos, pero os voy a hablar de algunos de mis favoritos, entre ellos Elvira Chaudoir y Lily Sergeyev.

Elvira Chaudoir era una peruana que encajaría a la perfección en cualquier película de James Bond. Por un lado, peruana, clase alta, elegancia extrema, muy atractiva. Por otro lado, enganchada al juego, seductora para ambas aceras y muy voluble. Para colmo, al principio de la Segunda Guerra Mundial su padre era embajador de su país en Vichy, la capital de la Francia ocupada.

Residía en Londres, en el barrio pijo de Myfair, llevaba una vida disipada de fiesta en fiesta codeándose con la aristocracia, la gente de dinero y altos mandos militares, que cada noche coincidían en distinguidas fiestas privadas. Antes o después iba a apostar dinero y siempre al final de la noche había un distinguido caballero que acompañaba hasta su casa a esa joven de 30 años. Con frecuencia ese amable señor subía hasta su casa.

Su vida disipada y su éxito con los hombres eran muy conocidos en esos ambientes a los que acudía con frecuencia Claude Dansey, subdirector del SIS, el espionaje exterior inglés. Un día habló con ella: necesitaba alguien que hablara francés y tuviera capacidad para no ser sospechosa de colaborar con la resistencia en la Europa ocupada por los nazis. Ella era ideal para la misión que quería encomendarla de recoger información sensible en Francia. El espía le formuló una oferta irresistible: gastaba más del abundante dinero que le mandaba su padre y tenía deudas que él le ayudaría a solventar.

Todo por el dinero

Elvira se fue a Francia en julio de 1942 convertida en la agente ‘Bronx’ y se estableció en la mansión de sus padres.

Los acompañaba a las distinguidas fiestas locales, donde un día bailó con un oficial alemán con el que estableció una relación.

 No pasó mucho tiempo cuando descubrió que el nazi tenía dobles intenciones.

Era un agente de la Abwehr, el espionaje alemán, y le pidió que se convirtiera en colaboradora a cambio de una paga mensual fija.

Aceptó sin pensárselo dos veces: necesitaba el dinero de sus padres, el del espionaje inglés y el del alemán, para llevar el nivel de vida que le gustaba, que incluía sus abundantes pérdidas en el juego.

De regreso a Londres habló con Dansey del cumplimiento de su misión como correo y añadió que se había convertido en doble agente. A partir de ese momento Elvira pasó a engrosar las filas del MI5, el servicio secreto interior, y de su comité XX, en el que estaba Garbo.

Por suerte para ella, su principal cobertura consistía en que siguiera llevando la misma vida de fiestas, juegos y amantes varios, porque la rodeaba tanta gente con acceso a información secreta que si los nazis la vigilaban descubrirían que cualquier cosa que les pudiera contar estaría perfectamente fundamentada.

La calidad de la información enviada por Elvira a su controlador de la Abwehr no fue de gran calidad, los ingleses debieron pensar que una mujer tan frívola perdería su credibilidad si les enviaba altos secretos. Cuando se acercaba el desembarco de Normandía, los alemanes estaban como locos por conseguir información sobre el lugar donde se iba a producir. Su amante nazi le pidió que hablara con sus amigos militares y políticos, y tratara de sacarles datos concretos.

Cuando faltaban dos semanas para el desembarco, Elvira le mandó un telegrama: la invasión sería por la zona de Burdeos. Esa información absolutamente falsa contribuyó, según confirmaron los aliados, a que los alemanes desviaran una parte de sus tropas a esa zona, tropas que no estuvieron en Normandía para evitar el éxito aliado.

Acabada la guerra el espionaje inglés y Elvira rompieron amistosamente su relación. Ellos no la veían como una espía profesional y ella quería disfrutar de su vida de diversión.

El perrito de Lily

Lily Sergeyev and Babas - Double Cross True story of D-Day spies Emily Hill

El papel de Lily Sergeyev fue importante para vencer a los nazis, pero estuvo a punto de hacer descarriar la operación de engaño.

Periodista y pintora francesa de origen soviético, buscó relacionarse en París con el comandante Klieman de la Abwerh y no paró hasta conseguir convencerle de que podría ser una espía perfecta en Gran Bretaña.

El nazi aceptó pensando que si salía bien podía darle mucha influencia.

Antes de enviarla a España para que consiguiera el visado de entrada para Londres, la impartió una preparación básica de espía: el código Morse y cómo fabricar tinta invisible.

Al llegar a Madrid se presentó en la embajada inglesa para convertirse en doble agente: aceptaron encantados.

De esta historia os quería resaltar cómo las personalidades especiales de los dobles agentes ponían en riesgo la misión general. Lily fue una buena agente doble, participó en el gran engaño, pero casi lo echa todo a perder por su perro.

En Madrid informó a su contacto del espionaje inglés que tenía un perro, Babs, cruce de terrier y caniche, y que no iba a ninguna parte sin él. La realidad es que en la aduana no le iban a permitir la entrada, pero el enlace no se lo dijo, la mintió. 

Babs

Al llegar se lo quitaron porque había una cuarentena y Lily perdió el control cuando con el paso del tiempo no se lo devolvieron. Amenazó con contar el engaño al comandante Klieman metiendo en los mensajes que le enviaba una palabra clave pactada para alertarle de que la habían hecho prisionera.

Le contaron que su perro había muerto, se deprimió, mantuvo la amenaza, arriesgaron confiando en que no lo haría y, finalmente, fue fiel a la causa.

nuestras charlas nocturnas.


El currículum del vampiro …


nosferatu murnau

Jotdown(M.U.) — El éxito de la tetralogía Crepúsculo da buena cuenta del excelente estado de salud de las historias de vampiros entre el gran público, aunque sean mediocres y sus inanes protagonistas parezcan anémicos veganos con estreñimiento vital.

Vive Dios que a menudo aparecen en mi lavabo formas de vida más intimidatorias que Robert Pattison y que las expresiones de Kristen Stewart transmiten la misma conmoción que el labio superior de José María Aznar

Crepúsculo no sólo nos recuerda que el vampiro sigue vivito y coleando en nuestra cultura, por decirlo de algún modo, sino que nos dice mucho acerca de sus múltiples facetas y su capacidad para reciclarse continuamente, adaptándose a los tiempos y conservando su poder de seducción.

Por seguir con los ejemplos cinematográficos recientes, cuánta diferencia encontramos entre los lechosos ídolos de la masa teenager y los asilvestrados monstruos con garras y caninos putrefactos de 30 días de oscuridad o los viciosos chupasangres bakalas de la trilogía Blade.

Con sus adoradores incondicionales y sus detractores los vampiros son una de las criaturas más famosas y recurridas de la ficción moderna. No sólo eso, se trata de todo un mito por derecho propio que puntúa el arte occidental y no tan occidental, y seguir el reguero de sangre que deja a su paso puede llevarnos hasta el mismo comienzo de la civilización.

  • Scared to death

Hay mucha gente que está convencida de que Drácula fue el primer vampiro. Drácula o Vlad Tepes, es lo mismo; tanto da encontrarse con una biografía creativa de un cruzado de chocantes hábitos alimenticios como realmente creerse que en el siglo XV a un rumano encabronado le diese por empalar cadáveres y beber sangre para satisfacer al demonio.

Son muchas las funciones del mito y no nos cabe aquí glosar las diferentes versiones acerca de su origen, sin embargo podemos afirmar una cosa acerca de él y de todas las criaturas diabólicas que pueblan nuestros sueños y tanto nos entretienen: están ahí para dar miedo. ¿Por qué querría nadie asustar a sus semejantes?

Quizá por una simple cuestión de aburrimiento, aunque no parece probable. Tal vez cuando los antiguos egipcios contaban historias acerca de sombríos personajes que rondaban la oscuridad en busca de sangre fresca pretendían como nosotros hacerse más amenas las tardes, pero es más razonable pensar que todo fuese una simple cuestión práctica: alejar a los niños de determinados lugares.

Es decir, la monstruosidad (y el terror) cumplen desde el principio la misma función que la policía: acojonarte para que no hagas algo que está mal, es peligroso o atenta contra los intereses de alguien más importante que tú. No es de recibo que los destinatarios de estos avisos sean niños y jovencitas.

Lamia, una de las incontables amantes de Zeus, jugó un rol semejante en la antigua Grecia persiguiendo a los infantes como venganza por la maldición que Hera le echó encima por consentir el adulterio, y Apuleyo incluyó a un par de vampiresas sexys en El asno de oro. Ahora que caigo igual su intención era otra. Volveremos sobre esta relación de los vampiros con el ansia carnal más adelante.

Ya en la edad media aparecen frecuentes alusiones el vampiro con todas sus letras. La tradición eslava fue particularmente prolífica en este punto, incluyendo incluso prescripciones para su ejecución: llevarse el cadáver en trineo aunque no hubiese nieve (una manera de que no pudiese encontrar el rastro que le llevase de vuelta a la aldea), clavarle al ataúd con una rama de álamo para que se estuviese quietecito, llenar su tumba de agua, etc.

upir
Un upir.

La tradición nos dice que las formas originales de nuestra criatura se gestaron y crecieron en la vasta Rusia y otros países del este bajo el nombre de upir, nav, navok o mavok. 

Allí mismo Aleksei Tolstoi, primo del autor de Guerra y paz, fue pionero en describir y difundir las andanzas del vurdalak.

Sus relatos El vampiro La familia del vurdalak fueron de gran importancia para la evolución del personaje; John Polidori, otro iniciador del género, fue un médico neurasténico amante de Lord Byron (quien por cierto también hiciera sus pinitos vampirescos) al que Ken Russell retrató con antológica mala baba en su película Gothic. 

Es posible que la novela de Polidori fuese una bufonada inspirada en el excéntrico poeta inglés, con quien mantuvo una relación que trascendía los límites de lo amistoso.

Con independencia de estas segundas —maliciosas— lecturas, el vampiro de Polidori cumple ya los requisitos de un monstruo arquetípico dominado por sus pulsiones más básicas y en el que las preferencias gastronómicas perversas conviven con un sentido tóxico de la sexualidad.

El vampiro de Polidori, el vampiro en general, es una criatura libidinosa cuya forma de vivir el deseo no se diferencia fácilmente de las ganas de hacerle daño a alguien.

Esta herencia del monstruo de sexualidad equívoca, autodestructiva —impresa sobre personajes femeninos de enferma belleza—, fue recogida más adelante por el irlandés James Sheridan Le Fanu, todo un clásico del género de horror, en su novela corta Carmilla. 

Como no podía ser de otra forma, la protagonista de la historia es una jovencita a la que un vampiro quiere joder viva, hablando en plata, y que no hace sino reafirmarnos en que la invención de este popular morador de las tinieblas, como tantos otros, responde a la necesidad de mantener a los miembros más jóvenes de la casa (especialmente si son hembras) cerca de la chimenea y a ser posible lejos de cualquiera que pretenda arrebatarles el virgo con argucias, a la fuerza o a cubata limpio.

En Carmilla late además una pulsión lésbica bien disimulada. Las primeras versiones de Caperucita roja, ese inofensivo conte de fées, dejaban bien claras las intenciones del lobo feroz, otro monstruo parlante con colmillos. Destaquemos que en su versión primeriza Caperucita era una inocente mozuela cuya caperuza roja «le gustaba tanto, tanto/que no llevaba nada más». Es decir, iba en pelota picada. Con razón los lobos del bosque se la querían comer.

Y es que los cuentos de hadas, como los mitos, o los mitos terroríficos (las momias, hombres-lobo, fantasmas, espectros y muertos vivientes) no son un mero capricho de la imaginación popular. Aunque el paso del tiempo les haga mella hay que considerar siempre que bajo el arquetipo hay una intención bien definida susceptible de posterior reciclaje.

La inquietud que genera el personaje no sólo es debida a su condición de bestia sobrenatural y asesino de criaturas, sino a la facilidad con que viola los límites de la ortodoxia sexual (moralista y cristiana, no lo olvidemos).

Sin embargo es cierto que el estatus literario del vampiro llegó de la mano de otro irlandés, esta vez más conocido. Nos referimos, claro está, a Bram StokerDrácula convirtió al vampiro en uno de los seres más populares de la literatura y el arte, especialmente el séptimo, que supo explotar (y explota, a veces hasta la tontería) las virtudes idiosincrásicas del conde transilvano.

Y es que pese a la filiación anglosajona de sus primeros espadas, creadores de todo signo no dudan en radicar al monstruo, con alguna excepción, en la espesura de los Cárpatos, «una de las regiones más antiguas y desconocidas de Europa». O, dicho de otro modo, en los límites de la civilización, el punto de encuentro entre Occidente y Oriente, lugar de conflicto permanente y uno de los baluartes de la cristiandad que más y mejor resistiera las embestidas del invasor turco, con el noble Tepes en primera línea de fuego.

La explosión demográfica de la especie en las letras europeas a partir de entonces es notable no sólo en su vertiente sanguinaria y terrorífica sino también en la cómica, una tradición cuyo comienzo podríamos fechar con el poema homónimo de A. Pushkin y culminar con la delirante y surrealista novela Ciudad Vampiro, de Paul Féval. A menos que incluyamos en este apartado los libros de Anne Rice.

Tratando un personaje tan universal, puede parecer pueril pretender achacarle la función de contraponer al ilustrado occidente el irracionalismo oriental. A pesar de todo hay detalles que nos inducen a pensar así. Tomemos por ejemplo la manera en que el cine y la televisión han reinventado el vampirismo convirtiendo lo que otrora fuera maldición en una simple enfermedad, un síndrome que ataca a las células sanguíneas provocando violentas mutaciones que convierten a quien las padece en un depredador que ve en los seres humanos happy meals con patas. Una dolencia que incluso se puede revertir.

Esta conexión vampirismo/enfermedad viene de lejos, y hay más de un estudioso del tema que ha pretendido justificar el mito con argumentos científicos.

Por ejemplo, una de las constantes de las historias de vampiros es la del encierro de los habitantes de un pueblo «infectado» para escapar de ellos. En ocasiones este encierro puede venir acompañado de marcas en las puertas de los hogares, indicando aquellos lugares y familias que han tenido contacto con un posible nosferatu, o al contrario, que están libres de su influencia.

Una práctica que recuerda sospechosamente a la cuarentena. La peste (transmitida ésta por otro chupasangres: la pulga común), rabia y ántrax-carbunco son firmes candidatas, aunque ninguna enfermedad provoca síntomas tan destacablemente vampíricos como la porfiria eritropoyética —causada por la ausencia de ciertas enzimas necesarias para la síntesis de hemoglobina— ; tales son la fotofobia, y la retracción de los labios, párpados y encías.

ETA Hoffman, en obras como Vampirismo, Tolstoi o Le Fanu presentan a sus víctimas como personas jóvenes y lozanas que súbitamente caen presa de una enfermedad desconocida cuyos síntomas son de suponer: palidez, debilidad, delirios… nada que una patología convencional no pueda a priori explicar.

Aparecen en este punto los finales abiertos (como en el caso del ruso) en los que el origen sobrenatural de la trama no termina de quedar claro. Esta ambigüedad en torno a las explicaciones posibles confirma la impresión de que nuestra criatura, tan propensa a justificar súbitas epidemias temporales y brotes de locura espontánea, sirviese como chivo expiatorio de desgracias tirando a mundanas.

  • Los puntos cardinales: poder, sangre, vida y crimen

Curiosamente el siglo XVIII presenció una serie de acontecimientos bautizados como «La controversia de los vampiros», y de cuyos efectos se hicieran eco personajes como el mismísimo Voltaire (sí, sí, ese Voltaire), lo que en principio contradiría esta primera impresión de los vampiros como un efeco de la colisión entre racionalidad y oscurantismo medieval.

Estudiosos como don Agustin Calmet (en un tratado titulado, atención, Dissertations sur les apparitions des anges, des démons et des esprits, et sur les reventants, et vampires de Hongrie, de Bohême de Moravie et de Silésie) o Johan Christoph Haremberg, teólogos ambos, dieron cobertura mediática a la fiebre de los colmillos en Centroeuropa y dejaron para la posteridad algunas reflexiones .

Si estos tratados no satisfacen su curiosidad siempre puede dirigirse a la Sociedad Española de Estudios sobre Vampiros o ceev, aunque es probable que se queden como están.

Como decíamos, la vertiente literaria de los vampiros se nutrió en gran medida de acontecimientos reales e historias que circulaban previamente en Europa del Este. Vlad Tepes es posiblemente el más conocido vampiro histórico, aunque ninguna entrada sobre este tema quedaría completa sin mencionar a otros dos grandes del oficio: Elisabeth Bathory y Gilles de Rais.

Vampiro por Mike Mignola
Vampiro dibujado por Mike Mignola.

La primera nos sirve para justificar al monstruo como arquetipo de la inmortalidad conseguida a costa de la vida ajena.

A su reputación como diseñadora de sarcófagos BDSM de uso único se añadiría la costumbre de meter en él a núbiles jovencitas con objeto de drenarlas poco a poco y utilizar el fluido vital extraído para prolongar unos añitos su existencia en este mundo, a ser posible conservando la apariencia de una chiquilla de 20 años; algo que de momento nadie ha logrado exceptuando a Claudia Schiffer.

El ansia por mantener la vida y la belleza de la malograda aristócrata condensa dos de las cualidades inherentes del vampiro: la inmortalidad y la lujuria de sangre.

La diabólica condesa protagonizaría una de los Cuentos Inmorales de Walerian Borowczyk en un contexto harto apropiado.

Esto es, en una casa a reventar de jovenzuelas desnudas y a punto de nieve.

El caso de Glilles de Rais es algo distinto.

Su historia es algo más turbia y los motivos de sus crímenes no se conocen tan bien como los de Elisabeth bathory.

La Inquisición no dudó en achacar su conducta a la influencia del diablo; claro que sus simpáticos funcionarios verían la mano de Satanás en un partido de curling.

Gilles fue uno de los lugartenientes asignados a Juana de Arco, una adolescente aquejada de esquizofrenia paranoide que tenía línea directa con Dios. Ya conocen la historia. Cuando ésta fue apresada por los borgoñeses, el joven De Rais fue el único noble francés que tratara de rescatarla de las garras del enemigo protagonizando una incursión en su territorio que no tuvo mucho éxito, lo que nos dice bastante acerca de su lealtad para con ella.

Tras la ejecución corrió a encerrarse en su castillo de la Vendée, de donde al parecer salió lo justo a partir de entonces. Años después, y mediando una nueva aparición de la Inquisición, fue condenado y ejecutado por asesinato, sodomía y herejía. Las descripciones de su conducta en aquella época son extensas y han sido recogidas con el estilo habitual del Santo Oficio: hiperbólico y pornográfico.

La historia inspiró a Michel Tournier su novela Gilles et Jeanne, donde las atrocidades cometidas serían consecuencia de la obsesión que sintió por la santa unida al rencor experimentado contra el creador, a quien dedicó su magna y perturbada obra en un gesto de desafío.

La vida de De Rais fue también el punto de partida de Allá lejos de Joris Karl Hyusmans durante su etapa más satánica; el periplo de un joven decadente en el submundo de la adoración demoníaca y el cristianismo medieval con un súcubo (ese primo hermano del vampiro) de comparsa.

Según cuentan, Gilles de Rais no se limitó a matar niños sino que profanó sus cuerpos de la forma más ignominiosa: violaciones en todas direcciones, decapitación y repetición del proceso (por la boca o el orificio abierto en la tráquea, saliendo el glande por, sí, la boca), quema final del conjunto y otras barbaridades.

Pocos han salido en defensa suya. Alesteir Crowley fue uno de los que, desmintiendo a la Inquisición y otros relectores del legado de de Rais, le atribuyó el papel de alquimista y erudito de las ciencias ocultas. En esta versión no habría sádico infanticida, sólo un estudioso de disciplinas proscritas por la Iglesia, tan propensa a convertir la adoración de dioses extraños en delito y a inventarse un montón de tonterías para justificar la consecuente —inevitable— represión.

Las historias de Bathory y DeRais nos ayudan a explicar el genoma del monstruo, que no es sino el deseo excesivo y desarticulado, sin enfoque ni propósito, que se desborda y alcanza la categoría de crimen sexual. Aparece aquí una conexión que ya ha sido tratada por diversos autores de entre los cuales el más explícito fue sin duda Georges Bataille.

De la misma forma en que la literatura se nutrió de la (brutal) realidad, ésta se ha visto influida por la literatura. Aparecen así a lo largo del siglo XX nuevos casos que, no se sabe bien si en virtud de criterios objetivos, deseo expreso del criminal o por veredicto amarillista, han sido vinculados con la lujuria de sangre de los vampiros. 

Peter Kürten y Richard Chase, el «vampiro asesino» sin identificar de Estocolmo o el brasileño «Corumba el vampiro» criaron fama emulando al célebre monstruo mediante delitos que, de no haber dispuesto de un molde tan evidente, habrían sido difíciles de catalogar.

  • Una de vampiros

Pero llegó el siglo XX y el vampiro tuvo que elegir entre renovarse y morir. O experimentar la «muerte verdadera» como dicen en True Blood. Afortunadamente nuestro monstruo siempre se sintó lo bastante atraído por la moda y los trapitos fashion como para no dejar que el purismo de la tradición ortodoxa que le diese vida arruinase su carrera.

Su salto al cine fue temprano gracias al clásico Nosferatu, la conocida película de Murnau que fue revisitada años después por Werner Herzog con el atómico Klaus Kinski en la piel del Conde Orlok, y homenajeada en diversas ocasiones, de entre las cuales la más espectacular sería La sombra del vampiro de Elias Merhige, con Willhem Defoe haciendo las veces de Max Schrek/Conde Orlok.

Hoolywood y la productora Hammer tomaron el testigo de Murnau y pusieron al monstruo a punto para la era pop que le sucedería. Ya hemos hablado de las sagas Blade y Crepúsculo, y de 30 días de oscuridad, pero estas sólo son sus últimas versiones.

Entre las cintas clásicas protagonizadas por Bela lugosi y Christopher Lee y las últimas, posmodernas, tecnificadas y estilizadas apariciones del vampiro en la pantalla queda una trayectoria que no resulta fácil de sintetizar.

No sólo debido a la amplia gama de productos audiovisuales y artículos de consumo que ha suscitado (desde grupos de rock obsesionados con la imaginería gótica hasta el popular juego de rol) sino debido en parte a la desmesura de una industria que comparte con el Conde Drácula la costumbre de exprimir su presa hasta la última gota.

La comparación no es de recibo: los vampiros, como las sanguijuelas y otros parásitos, tienen en común la manía de perpetuarse a costa de los demás. Hay quien piensa que este papel puede ponerse en relación con la explotación de la mano de obra a manos del capital, incluso alguno entrevió este mensaje en la película de Murnau. 

Marx se refería a menudo a los parásitos capitalistas como «chupasangres» y el director Hans.W. Geissendörfer incurrió en un sonoro Godwin equiparándolo a Adolf Hitler. Si fue en un foro de internet es algo que desconozco.

guido
Valentina, de Guido Crepax.

Desconocidas parecen también las razones de su continuo éxito entre el público.

No nos cansamos de leer libros de vampiros, ver películas de vampiros, documentales sobre vampiros, música vampírica, juegos de rol, vampiros adolescentes (Crepúsculo, Jóvenes ocultos) caza-vampiros (Blade, Buffy Vampireslayer), vampiros japoneses (como en la serie animada Blood), vampiros homosexuales, vampiros ochenteros con hombreras (Noche de miedo), vampiros macarras (Near Dark), patos vampiros vegetarianos, pequeños vampiros, etc, etc, etc.

Lo que sí sabemos es que los vampiros no son ajenos a los deseos carnales.

Arriba mencionamos la «lujuria de sangre» que experimenta en presencia de una presa potencial.

Algo que Francis Ford Coppola supo reflejar en su personal interpretación de la novela de Stoker, al menos si nos ceñimos a esa escena en la que Monica Bellucci succiona a Keanu Reeves, y no sólo la sangre, en compañía de otros dos súcubos.

La carga erótica del film es constante como en la adaptación comiquera de Guido Crepax, o incluso en los referentes cinematográficos más clásicos; uno de los poderes de Drácula es la capacidad de hiptnotizar a sus víctimas, especialmente si son señoritas, gracias a una intensa mirada y a su exótico acento.

Quién nos iba a decir que el deje rumano perdería tanto glamour en tan poco tiempo. ¿De dónde sale este componente sexual? Quizá sólo se trate de una asociación de ideas debido a la forma en que se alimenta, aplicando los labios al cuello de su víctima y mordiendo, chupando vivamente.

Un gesto amoroso que se produce con frecuencia en esos momentos de intimidad en los que a uno se le va la mano, la boca mejor dicho, dejando esas marcas que lucimos en la adolescencia como auténticos trofeos en el instituto, chupetones, curiosamente también causada por la rotura de vasos capilares en la periferia de la zona atacada.

Sexo y dolor, o si lo prefieren sexo y muerte, comparten en cierto sentido el mismo vector direccional, la condición de acontecimiento extraordinario y perturbador de la vida cotidiana sobre el cual se ejerce control, y que con frecuencia se vela con el silencio; son tabú.

Hablar sobre sexo y vampiros es hacerlo en términos extrapolables, intercambiables en uno y otro contexto. El vampiro muerde y penetra la piel, chupa la sangre, que es el fluido del cual brota la vida. Si Bataille otorgaba esta condición de hermandad a los dos fenómenos que marcan la existencia en lo más hondo (el acto que crea vida y su extinción) el vampiro se encuentra en la privilegiada posición de poder tomar la una y renunciar a la otra.

Y lo que es más importante, mantenerse joven y hermoso por toda la eternidad. Este es el motivo por el que genera esa mezcla de miedo y atracción característica y también, o al menos así lo creo yo, el motivo por el que su evolución le ha llevado a abandonar su faceta primigenia, al monstruo irracional poseído por algo más parecido al hambre que a la lascivia, adaptando su imagen a los cánones modernos, a la pulcritud de diseño, al soniquete afectado de la moda adolescente.

nuestras charlas nocturnas.


La muerte de Leonardo da Vinci …


Jean Auguste Dominique Ingres: The Death of Leonardo da Vinci

Historia Hoy(O.L.Mato) — Leonardo da Vinci murió el 2 de mayo de 1519 a los 67 años de edad en el castillo de Clos-Lucé, en Amboise, Francia.

Trescientos años más tarde, Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) inmortalizaba en un lienzo los momentos finales del artista asistido por el rey Francisco I de Francia, su ferviente admirador.

La historia de esta sentida despedida comienza años antes, en 1498, cuando el rey francés Luis XII conquista la ciudad de Milán y queda cautivado por la “La Última Cena”, mural pintado en el monasterio de Santa Maria delle Grazie. La fascinación fue tal que el rey planeó llevarse la obra a París, tarea que resultó imposible.

Desde entonces Leonardo quedó relacionado con la monarquía francesa que lo asistió a resolver los problemas legales que el artista tenía con sus hermanos por la herencia de su padre.

El 1515, ascendió al trono de Francia Francisco I, emparentado con Lorenzo de Medici a la sazón  mecenas de Leonardo. El artista y el joven monarca se conocieron personalmente a fines de ese año. La impensada muerte de Lorenzo había dejado al artista sin patronazgo, oportunidad que Francisco aprovechó para llevar a Leonardo a su corte, junto a sus dos discípulos Melzi y Salai. Entonces Francisco vivía en Loire, más precisamente en el castillo de Amboise, y quería a Leonardo cerca, razón por la cual le cedió el castillo de Clos-Lucé (a menos de 500 metros de distancia de su residencia), además de un salario anual de 1000 ducados –que era el salario más alto para los funcionarios de la corte–.

Frecuentemente, Francisco visitaba a Leonardo con quien mantenía extensas charlas y a quien confiaba tareas de arquitectura e ingeniería, además de organizar fastuosos festejos como el llamado “Festival del Paraíso”.

Sin embargo, la salud del artista estaba resentida, una serie de accidentes vasculares le habían ocasionado una hemiplejia derecha (Leonardo era zurdo), pero está minusvalía no detuvo las múltiples tareas que llevaba adelante. El secretario del cardenal Luigi d’Aragona, Antonio de Beatis, hizo una larga y detallada descripción de las actividades de Leonardo como describir los cuadros en los que estaba trabajando (entre ellos la célebre dama Belle Ferroniere, probablemente la amante de Francisco que le habría contagiado una enfermedad venérea).

“Belle Ferroniere”

Diez meses antes de su muerte, Leonardo dejó de escribir su diario en esa misteriosa disposición especular y unos días antes del fatal 2 de mayo 1519 escribió su testamento, un signo de que ya se esperaba el desenlace.

Según Giorgio Vasari, su primer biógrafo, Leonardo se aferró a la religión y recibió los santos sacramentos. Francisco lo visitaba frecuentemente y estaba al tanto de la evolución de su enfermedad. Sabía que poco le quedaba de vida y aquel día de mayo se acercó al lecho del maestro que trató de incorporase para recibir a su majestad.

Según Vasari, Leonardo expresó su pesar ante Dios por no haber podido completar su tarea artística. El rey lo abrazó y apoyó su cabeza contra su hombro tal como lo retrató Ingres. Para Vasari, Leonardo murió en brazos del rey, aunque según las crónicas de ese día Francisco celebraba el nacimiento de su segundo hijo en Saint Germain, lo que haría imposible su presencia en castillo de Clos-Lucé. Sin embargo, una obra de arte como esta puede desafiar las crónicas más precisas.

Detalle de “La muerte de Leonardo da Vinci”, Jean Auguste Dominique Ingres (1818).

Como habíamos dicho, Leonardo dejó un testamento dando precisiones sobre el destino de sus bienes (que habrían de terminar en manos de sus discípulos y sirvientes) y la disposición de sus restos mortales.

Sus diarios fueron a parar a manos de Francesco Melzi, quien trató de ordenar los 20.000 documentos acumulados aunque estos terminaron dispersos por Europa y recién fueron reunidos por Bill Gates.

Sus cuadros fueron a manos de Salai. Después de su muerte fueron heredados por su esposa e hijas pero terminaron en manos del estado francés (durante su reinado, Napoleón tenía “La Gioconda” en sus aposentos de Fontainebleau).

El cuerpo de Leonardo fue enterrado en la capilla real de San Florentino, pero fue destruida durante las guerras hugonotes (1562-1598). Desde entonces los restos del artista se hallan extraviado aunque en algunas excavaciones en el castillo de Ambroise se encontraron restos humanos que se piensan podrían pertenecer al gran maestro.

“Nunca la pintura fue más honrada por un artista”, sostuvo Giorgio Vasari, un ferviente admirador del artista más conocido de la historia.

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¿Cuándo nació la prensa escrita en España? …


Vendedores de periódicos.

Muy Interesante(F.Navarro) — Desde los susurros de los noticieros manuscritos hasta el eco de las imprentas modernas, la prensa escrita en España ha sido testigo y narradora de la evolución social y política del país. 

Nacida a finales del siglo XV, se ha consolidado como un pilar fundamental en la difusión de ideas y eventos que han modelado la historia española.

A través de sus páginas, la prensa no solo ha informado, sino que ha influido y reflejado los cambios significativos desde la Reconquista hasta nuestros días, siendo un espejo de la sociedad y difusora de la opinión pública.

– Los orígenes de la prensa

En los albores de la prensa en España, los noticieros manuscritos marcaron los primeros pasos de la comunicación masiva. Estos manuscritos, redactados a menudo por cronistas bajo el patrocinio de la corte, detallaban eventos de gran importancia como batallas de la Reconquista y las vicisitudes del Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América.

Con la llegada de la imprenta a mediados del siglo XV, la transición de lo manuscrito a lo impreso revolucionó la difusión de las noticias. 

La imprenta permitió la creación de las primeras gacetas, cuya periodicidad y alcance transformaron radicalmente la velocidad y el impacto de la información. Estas publicaciones comenzaron a relatar eventos con un detalle y una precisión sin precedentes, facilitando así una nueva era de información y conocimiento compartido que resonaría en toda la sociedad española.

Lector El Imparcial
Lector de ‘El Imparcial’. Narciso Méndez Bringa

– Consolidación del medio

El siglo XVIII fue testigo de una transformación significativa en la prensa española, marcada por el nacimiento de la «Gazeta de Madrid» en 1697.

Este periódico, que más tarde se convertiría en un referente informativo oficial del Estado (el BOE), jugó un papel crucial en la divulgación de noticias y decretos reales, consolidándose como un instrumento de comunicación gubernamental esencial durante la Ilustración.

A lo largo del siglo, los periódicos empezaron a adoptar y difundir las ideas ilustradas, desafiando progresivamente los paradigmas establecidos.

Publicaciones como «El Pensador» y «El Censor» se destacaron por su crítica a la Corona y a la Iglesia, canalizando el espíritu crítico y reformista de la Ilustración.

Estos periódicos no solo informaban, sino que también cuestionaban y moldeaban la opinión pública, fomentando un debate intelectual que sería fundamental para los desarrollos políticos y sociales futuros en España.

– La prensa en tiempos de revolución

La Guerra de Independencia española y la subsiguiente convocatoria de las Cortes de Cádiz en 1810 marcaron un antes y un después en la historia de la prensa del país. 

Las Cortes promulgaron la primera legislación que garantizaba la libertad de prensa, un cambio radical que estimuló el nacimiento de numerosos periódicos políticos.

Este ambiente liberal permitió que los periódicos influyeran activamente en la formación de la opinión pública y el debate político.

Leyendo la prensa
Leyendo la prensa. Narciso Méndez Bringa

Durante el Trienio Liberal (1820-1823), la prensa vivió uno de sus periodos más florecientes.

La abolición de la censura previa por la Constitución de 1812 había permitido un auge en la diversidad de pensamiento y crítica, con periódicos que defendían abiertamente las ideas liberales, como «El Espectador» y «El Liberal», o que criticaban la influencia de la Iglesia y la monarquía.

Sin embargo, este periodo de libertad fue breve; con la restauración de Fernando VII y el comienzo de la Década Ominosa en 1823, la prensa fue sometida nuevamente a una censura rigurosa, y muchos periódicos fueron clausurados.

La represión continuó hasta la muerte de Fernando VII en 1833, pero el legado de las Cortes de Cádiz y el Trienio Liberal permaneció. 

Estos periodos demostraron que la prensa podía ser una fuerza poderosa para el cambio social y político, y establecieron un precedente para la lucha por la libertad de prensa en las décadas siguientes. 

A pesar de la represión, la semilla de la prensa como herramienta de debate y cambio ya había sido plantada, preparando el escenario para futuros avances en los derechos de expresión y prensa en España.

– La prensa en el siglo XIX

A medida que el siglo XIX avanzaba, la prensa española experimentó una profunda transformación hacia la prensa de empresa. Esta evolución fue marcada por una profesionalización del sector y una mayor especialización en los contenidos.

La derrota de España en la guerra de 1898 y el consiguiente «Desastre del 98» provocaron un profundo cuestionamiento nacional que se reflejó en la prensa, la cual comenzó a adoptar un papel más crítico y analítico, explorando temas de identidad y modernización nacional.

Además, este periodo vio cambios significativos en el formato y presentación de los periódicos. La introducción de la prensa más visual y accesible, con la inclusión de ilustraciones y fotografías, hizo que los diarios fueran más atractivos para un público más amplio.

Estos cambios aumentaron la circulación y ayudaron a modelar la opinión pública durante una época de grandes convulsiones sociales y políticas, facilitando una comunicación más efectiva y dinámica entre los medios y la sociedad.

Prensa española
Prensa española.

A lo largo de los siglos, la prensa en España ha sido un espejo de su sociedad y un motor de cambio, reflejando y moldeando eventos y opiniones. Hoy, en la era digital, continúa adaptándose, abrazando las nuevas tecnologías para mantener su relevancia e influencia en un mundo conectado globalmente.

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Historias y leyendas de terror …


El Mundo(R.Fuentes)/Esquire(R.Martin) — Un clásico de cualquier reunión nocturna entre amigos es contar historias de terror o sucesos paranormales que alguien de la reunión ha presenciado, o un «amigo de un amigo» ha sufrido en sus propios huesos. La noche de Halloween no será la excepción a esta tradición que lleva sucediéndose entre los jóvenes en campamentos de verano, casas abandonadas o a la luz de una linterna en cualquier habitación

¿Cocodrilos en las alcantarillas? ¿La autoestopista que desaparece al tomar la curva? ¿La canguro que estaba tan ciega de marihuana que metió al gato en el microondas? No, en realidad nada de eso le ha sucedido al vecino de la hermana de un amigo tuyo, y probablemente tampoco le haya pasado nunca a nadie.

Son leyendas urbanas. Cuentos y creencias populares e historias de terror que, pese a contener elementos sobrenaturales o inverosímiles, se presentan como hechos reales. Se transmiten por tradición oral, de boca en boca, y van embelleciéndose con cada nueva versión, creando un folclore contemporáneo. Se ceban en la superstición y en el morbo, y casi siempre tienen cierta moralina, “si haces tal –o si no lo haces–, te pasará esto…”.

Estas leyendas urbanas e historias de terror suelen tener un origen desconocido o incierto, pero se difunden con rapidez gracias a los medios de comunicación o las redes sociales. Algunas se basan en hechos reales, pero se exageran o se distorsionan para crear un efecto más impactante. Otras son pura invención, pero se aprovechan de los miedos o las inquietudes de la gente para generar credibilidad.

– La apuesta del cementerio

La siguiente leyenda puede variar, como es normal en la mayoría de las historias populares.

Los protagonistas suelen ser una chica con un vestido o un chico con una capa, pero la trama es la misma.

La protagonista, cuyo nombre se desconoce, era una joven tímida. 

Por el trabajo de su padre, ella y su familia cambiaban constantemente de ciudad y de amigos.

En uno de esos tralados, un grupo de compañeros retó a la joven a una prueba de valentía: debía ir al cementerio de noche y clavar una nota en la última tumba del camposanto en la que decía «Yo estuve aquí».

La chica, con ansias de ser una más y poder integrarse rápidamente en el grupo, aceptó el reto y esa misma noche se dispuso a cumplir su tenebrosa misión. Aunque el cuerpo le pedía correr y abandonar el juego, la joven saltó la valla. Caminó entre el frío mármol, las siluetas de las cruces y las sombras de los ramos de flores posados encima de las tumbas.

Cuando por fin llegó a la última tumba, sus ojos estaban empañados de lágrimas y sus manos temblaban por el miedo contenido. Con una chincheta clavó la nota en la que demostraba su valentía y al levantarse para salir corriendo, algo tiró de su falda, atrapándola.

La mañana siguiente, al no tener noticias de la joven, el grupo de chicos se dirigió al camposanto. Allí encontraron su cuerpo inerte, con la falda de su vestido clavada con una chincheta a la última tumba del cementerio. Había muerto… de miedo.

– La sonrisa del payaso

La historia de la sonrisa del payaso es un clásico en los colegios mayores de Madrid, aunque se ha ido extendiendo al resto la comunidad universitaria.

Una joven esperaba el autobús de noche en una de las marquesinas de la zona de Metropolitano, el principal núcleo de colegios mayores de la capital.

La zona está rodeada de los parques que forman el campus universitario y, junto con las facultades vacías, logran un perfecto escenario de película de terror.

La espera de la joven fue interrumpida cuando un grupo de jóvenes, supuestamente de aspecto skinhead, que la sacó de sus pensamientos. Empezaron a hablar y a burlarse de ella y, después, comenzaron a forzarla. Para hacer aún más macabro el forcejeo, le dibujaron la ‘sonrisa del payaso’ para poder violarla sin que ella pudiese gritar.

Este tipo de tortura consiste en hacerle a la víctima un corte en cada lado de la comisura de los labios, de forma que si abre la boca para gritar, la herida se desgarra.

Los rumores de este tipo de agresión fueron tan fuertes que, en 2003, los directores de varios colegios mayores madrileños tuvieron una serie de reuniones para investigar e intentar poner fin a esta alarma que se extendía entre los jóvenes universitarios. Como la mayoría de las leyendas, no se pudieron contrastar los hechos, ya que ningún hospital de Madrid había registrado un paciente con ese tipo de agresión.

– La niña de la curva

La leyenda de la niña de la curva es, sin duda, la más célebre de todas las historias de terror.

No hay Halloween en que no se escuche esta misteriosa historia, y puede que haya sembrado el pánico en más de un Blablacar.

Como muchas historias populares, se desconoce su autor y la localización del suceso.

 Se cuenta en decenas de países. En Suecia donde se la conoce como Vita frun; en Italia, donde la llaman la Dama Bianca; en República Checa, que la bautizó Bílá paní

En España, el suceso paranormal protagonizado por esta joven se ha ubicado históricamente en varios puntos geográficos: de la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor al municipio ibicenco de San Antonio.

Una noche de espesa niebla, un joven iba conduciendo por una carretera desconocida. Las luces del coche alumbraban lo poco que la niebla dejaba ver a su paso pero, de repente, una joven vestida de un blanco impoluto apareció a un lado de la calzada. Aunque la chica permanecía inmóvil, el conductor interpretó que estaba haciendo autostop y decidió parar para invitarla a subir.

La misteriosa joven accedió a subir al asiento de atrás del automóvil, aunque sin mediar palabra. Durante el recorrido, el conductor intentó entablar conversación sin éxito hasta que, de pronto, la joven dijo: «Cuidado con la curva. Ahí morí yo». El joven, creyendo que era una broma, se giró hacia la chica y descubrió con estupor que ya no había nadie en el asiento. Cuando giró la cabeza hacia la carretera aterrorizado, ahí estaba. La curva.

– No sólo los perros lamen

La siguiente historia muchos la localizan en una pequeña localidad francesa pero, como todas las demás, el boca a boca ha borrado la pista de su origen. 

Una niña de 9 años es la protagonista de la leyenda.

La pequeña era la única hija de un matrimonio con gran influencia política y una ajetreada vida social que hacía que la niña pasase demasiado tiempo sola.

Para aliviar su soledad, los padres decidieron regalarle un perro, que podría proteger a la niña en su ausencia.

Niña y can se hicieron inseparables. Un día, mientras dormían, la niña empezó a escuchar cómo su mascota arañaba el suelo y gruñía. Para tranquilizarlo, bajó su brazo de la cama para que él la lamiera: era un código entre ellos para saber que ambos estaban bien.

Al día siguiente, cuando la niña despertó, en la pared se podía leer con sangre: «No sólo los perros lamen», y a su perro asesinado en el suelo. Cuando encontraron a la niña, ella sólo preguntaba quién le había estado chupado la mano toda la noche. Cuenta la leyenda que la niña acabó enloqueciendo.

– Verónica ante el espejo

La leyenda de Verónica es una de las más populares entre quienes disfrutan de ese escalofrío de terror en la espalda.

De nuevo, su origen y autoría permanecen desconocidos.

La historia cuenta que una niña llamada Verónica participó en una sesión de Ouija sin tomarse en serio la invocación, y fue asesinada en extrañas circunstancias delante de todos los participantes.

Según una de las versiones, ya que la historia varía según el lugar en el que se escuche, una silla salió volando por la habitación y golpeó a la joven por la espalda, ocasionándole la muerte. Otra versión apunta que fueron unas tijeras las que salieron volando y provocaron la muerte de la joven por apuñalamiento.

Lo que es común a todas es el ritual que conlleva esta historia. Según la profecía, si pronuncias el nombre de Verónica tres o nueve veces (según la versión), con un libro -que suele ser la Biblia- y unas tijeras abiertas, se aparece el fantasma de la joven detrás de tu reflejo y te mata.

Otra de las versiones más extendidas entre los amantes del más allá es que el espejo se empaña y aparece la fecha de tu muerte, que en muchas ocasiones, es ese mismo día. También, se dice que al pronunciar Verónica frente al espejo cierto número de veces, las puertas y ventanas de la habitación se cierran y la figura de una joven te acaba asesinando. Como se dice comúnmente: La curiosidad, mató al gato.

 – La autoestopista fantasma

Autoestopista fantasma - Wikipedia, la enciclopedia libre

Lleva circulando siglos, adaptándose a los distintos medios de transporte.

Consiste básicamente en que una mujer hace autostop al borde de una carretera: Un coche se detiene y se sube a la parte de atrás.

Al llegar a una peligrosa curva, la autoestopista advierte del peligro.

Cuando el vehículo ha rebasado la curva, la mujer ha desaparecido misteriosamente.

Luego, el conductor, o conductor y copiloto, se entera de que en ese punto murió trágicamente una mujer.

En algunas versiones, la pasajera no avisa del peligro y el coche sufre un accidente y mueren conductor o pasajeros, aunque siempre queda algún superviviente, claro, para poder contar la historia.

En nuestro país la fatídica curva se ubica en el puerto de la Cruz Verde, un paso de montaña de la sierra de Guadarrama, y se dice que hay otra curva con su fantasma en el puerto de Galapagar.

También hay variaciones en las que el autoestopista es un padre angustiado que tiene que llegar como sea al lecho de su hijo moribundo. O ancianas siniestras que anuncian el fin del mundo. A veces es una novia vestida de blanco que murió el día de su boda. Vamos, que hay versiones para todos los gustos.

Hace unos años, se hizo viral un vídeo de apariencia casero que espantó a medio Portugal. Estaba rodado desde dentro de un coche en el que viajaban tres amigos. El vehículo recogía en mitad de la noche a una joven, Teresa Fidalgo, y sufre un accidente.

Según los créditos murieron dos de los tres amigos. En realidad era un fragmento del vídeo A Curva que su director, David Rebordão, quiso promocionar por internet. Causó furor en redes sociales, muchos creyeron que era real. Fue tal la conmoción que el director tuvo que aclarar la situación.

– La dama de blanco

Es una leyenda parecida a la anterior, y también está extendida por todo el mundo.

En ella, una mujer vestida de blanco aparece durante un breve periodo de tiempo en alguna zona rural.

Su historia suele estar relacionada con alguna tragedia de carácter local.

Son mujeres que han perdido a hijos, maridos o han sido víctimas de una traición y su espíritu vaga sin descanso clamando venganza.

En el medievo, cuando esta fantasmagórica figura aparecía significaba que alguien cercano, de la familia o del vecindario, iba a morir.

En la tradición inglesa, la Dama de Blanco custodiaba un tesoro, pero murió repentinamente, antes de que pudiera revelarle a nadie dónde se hallaba escondido.

Cuentan que en el siglo XIX la dama blanca se apareció hasta tres veces al hijo de los dueños del castillo de Blenkinsopp en Northumbria, pero es cierto que en esa parte de Inglaterra todos los castillos tienen sus leyendas de fantasmas. La dama Blanca en Gales también guarda un tesoro. Cuando un hombre tuvo el valor de acercarse a ella, le recompensó con la mitad. En su avaricia, él se lo llevó todo, pero la Dama de Blanco reaccionó, y con sus poderes sobrenaturales, mató al codicioso abusón.

En la capital madrileña también hay una dama de blanco que, noctámbula y sin asomo de vértigo, se pasea de noche por el techo de la casa de las Siete Chimeneas en la Plaza del Rey. Se trata de Elena, hija de un montero de Felipe II y supuesta amante del rey que pereció en extrañas circunstancias y que, según varios testigos, sigue deambulando por la villa y corte. Pero por las alturas.

Los suicidios de Pokémon

Los suicidios de Pokémon

En marzo de 1996, tras el lanzamiento de Pokémon Rojo y Verde 1.0, en Japón se dieron 104 suicidios de niños entre 10 y 15 años. Algunos se ahorcaron, otros se arrojaron al vacío desde altos edificios, los hubo que se cortaron las venas. ¿Qué tenían todos en común? Todos ellos, según sus padres, estaban enganchados al juego.

Se desencadenó el rumor de que escuchar la música del Pueblo Lavanda incitaba a los menores al suicidio. Según esta leyenda urbana, ritmos binaurales de tono alto afectaban al cerebro de los niños, aunque, como sucede con el test del mosquito, los adultos eran inmunes a esa frecuencia.

Alguien se inventó una enfermedad, «el Síndrome del Pueblo Lavanda», que inducía a los niños al suicidio. La leyenda se disparó por las redes, amenizada con todo tipo de especulaciones, como el peligro inminente de los cartuchos de juego que todavía circulaban por el mundo, responsables directos de las muertes. Se habló mucho del suicidio de uno de los programadores, Chiro Miura, y del macabro legado que dejó.

El problema de los suicidios juveniles en Japón poco tiene que ver con los videojuegos y mucho con las gran presión que sufren los adolescentes: el temor al fracaso escolar es tan acuciante que la angustia juvenil que se da en cualquier cultura se convierte aquí en obsesión y terror.

– La llamada viene de dentro de la casa

Canguro muerta de miedo

En general esta es la historia: una canguro se encuentra en una casa, cuidando a unos niños que duermen plácidamente desde hace horas. Empieza a recibir llamadas amenazantes que en realidad vienen de dentro de la casa. Cuando va a comprobar cómo están los pequeños, se encuentra con que han sido asesinados. Luego suele ser ella la que muere.

A veces lo que sucede es que la canguro está tan colocada de marihuana (o lo que sea) que cuando le entra hambre mete al bebé de la casa en el microondas, o alguna barbaridad similar. Ya he dicho que con cada nueva versión la leyenda se hace aún más monstruosa y disparatada.

La moraleja es clara: «Mujeres, proteged a vuestros hijos». Hay variaciones de esta historia en todas partes, desde Scream hasta los clásicos, como Otra vuelta de tuerca de Henry James. Con los avances de la tecnología en telefonía móvil, se espera que la historia devenga en horror basado en wasap o en asesinos que utilizan Tinder para localizar a sus víctimas.

– Atraco a un riñón

Tráfico de órganos

Este relato también tienen infinidad de variantes, pero el principio es el mismo: un hombre se deja seducir por una mujer hermosa –o tiene sexo con una meretriz–. A la mañana siguiente, se despierta sin recuerdo alguno de la noche anterior, y descubre una sospechosa cicatriz a la altura del riñón, víscera que estará entonces a merced del mejor postor el mercado negro.

La moraleja no puede ser más clara, ¿verdad? A veces en lugar de despertarse sin un riñón se despierta con un mensaje: «Bienvenido al club del sida». Y casi siempre ha desaparecido también la cartera, con su documentación y dinero.

Esta leyenda del tráfico de órganos en ocasiones se da sin ni siquiera intercambio carnal. Hubo una época en que se decía que perdías un riñón si te atrevías a acceder al probador de según qué tiendas, y no por el precio de la ropa, sino que lo del riñón era literal.

Alguien te contaba de alguien que había entrando en una tienda y su pareja, al ver que no salía, se asoma y le dicen que allí no hay nadie. El marido, o la amiga, o mujer o novia en cuestión acude a la policía que, al llegar, encuentra a la víctima atada y amordazada y a punto de extraerle un riñón para el tráfico de órganos.

El tráfico de órganos es un elemento básico de la ficción de terror; de Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro a Desconexión, la novela juvenil de Neal Shusterman. Por desgracia este tipo de intercambio sucede, pero no en estas latitudes, y no mediante un secuestro (espero).

– La picadura del insecto

Close-Up of Wasp Spider (Argiope bruennichi) / Araña

Es tan universal que ha servido de inspiración a la ficción de medio planeta. Un joven regresa a casa tras una excursión o un viaje. Entre las marcas de su periplo, (arañazos, pequeñas heridas, picaduras, lo normal cuando caminas por el monte) se halla una picadura de insecto en apariencia inofensiva.

Empieza el escozor, que se hace inaguantable. Cuando el joven acude al médico, este le hace una incisión. Bajo la piel, la araña u hormiga o insecto que le picó había depositado sus huevas, que ahora son larvas o insectos que se nutren del cuerpo de la víctima y que probablemente acaben con su vida.

Hay versiones más lights y otras asquerosamente gore. Que algo así suceda es prácticamente imposible. Aun así es un clásico del cine y la literatura de terror, desde Alien de Ridley Scott hasta El cazador de sueños de Stephen King, pasando por los cómics de Charles Burns o Suehiro Maruo.

– El hombre del gancho

LEYENDAS DE TERROR CORTAS | +300 Leyendas e historias de terror

Otra historia indispensable en todo fuego de campamento que se tercie.

Una pareja en coche busca un lugar oscuro y discreto donde dar rienda suelta a sus arrumacos.

Llegan a una zona apartada.

El chico detiene el vehículo y pone la radio para que haya algo de música de ambiente.

En mitad de sus actividades amatorias, la canción que suena se detiene y un locutor advierte de que un peligroso loco se ha escapado de una institución cercana.

Un hombre con una característica física muy llamativa: donde debería estar su mano, luce un gancho. La chica se asusta, el chico la tranquiliza para seguir con el cortejo, pero ella insiste, se quiere ir a casa.

El chico acepta a regañadientes. Cuando llegan a su destino, la chica sale del coche y comienza a gritar histéricamente. Hay un garfio sanguinolento clavado en la parte posterior del vehículo. A veces mueren uno o los dos miembros de la pareja.

Empezó a circular en los años cincuenta en Estados Unidos y ha sido la inspiración de numerosas películas de terror, como Sé lo que hicisteis en el último verano de Jim Gillespie, basada a su vez en la novela de Lois Duncan.

– El camarero fantasma

Nighthawks de Edward Hopper

No, no se trata de un tabernero chulesco que te vacila cuando le pides una cerveza –que los hay, pero esos, por suerte, dan más risa que miedo–. Todo el mundo conoce a alguien que conoce a alguien que, estando de viaje, se fue a tomar una copa a un bar solitario del pueblo en el que se alojaba.

Para pasar el rato y desconectar tras muchas horas al volante, el conductor consume varios gin & tonics en animada conversación con el camarero. Según la leyenda, el forastero vuelve al día siguiente y se encuentra con otro barman. Al preguntar por su compañero, si es que ese día libra, se entera con estupefacción de que el establecimiento había estado cerrado la noche anterior.

Ahora mismo todos estamos visualizando un bar de carretera cercano a un polvoriento motel de la ruta 66, pero el caso es que esta leyenda también tiene su versión celtibérica. La oí hace poco, de boca de un amigo cuyo padre era comandante del aire y había estado un tiempo destinado en la Base Aérea de Los Llanos en Albacete.

Cuando al cabo de seis meses volvió a esa base para una breve instrucción, decidió una noche acercarse a la cantina para ver si aún estaba Tomás, el soldado camarero con el que había hecho buenas migas durante su anterior estancia. Todavía estaba al cargo y el mando se pasó un buen rato bebiendo Magno y contándole anécdotas al soldado.

Al día siguiente la cantina estaba cerrada. Cuando inquirió, le contaron que Tomás ya no estaba en el cuerpo: se había suicidado hacía tres meses. La cantina estaba cerrada, a raíz del suicidio y de que se había terminado el nuevo pabellón de oficiales.

– Cartas en cadena

fantasma

Ya lo conoces. Te envían un mensaje que sugiere que si no se lo pasas a cinco personas más, habrá consecuencias terribles. Esta leyenda urbana parece haber previsto la comercialización viral en unos veinte años.

Hoy en día también hay quien cree que sirve para curar el cáncer o concienciar a la sociedad de alguna enfermedad, pero yo, desde luego no le veo sentido a «Pásale este mensaje a X personas si quieres que (lo que sea)», son ganas de sucumbir a chantajes absurdos.

El concepto de la mortífera carta en cadena también se ha explotado en la ficción: aparece en la fantástica novela de misterio El fin de Mr. Y, de Christopher Pike.

– Comida adulterada

KFC

No hace mucho corría por internet el rumor de que KFC había tenido que eliminar de su nombre la palabra chicken porque en realidad lo que vendían no era pollo, sino algo creado genéticamente. Circularon incluso algunas fotos sorprendentes.

Los alimentos son a menudo víctimas de mitos urbanos: Las hamburguesas MacDonald’s en realidad están hechas de lombrices, en los restaurantes chinos sirven carne de perro y en las latas de paté de tal marca aparecen cucarachas.

Estas leyendas se nutren de que en realidad a veces sí que saltan noticias escandalosas a los periódicos, como aquella del pastel de Ikea en cuyo análisis encontraron excrementos humanos, pero quiero pensar que en Europa al menos hay un férreo control de las medidas de seguridad e higiene alimentaria, ¿o no?

Mi leyenda urbana favorita de comida proviene de mi infancia, en el colegio se extendió el rumor de que si mezclabas Coca-Cola con aspirina salía droga. Así, en hiperónimo: «droga». Droga no sé, pero seguro que es una mezcla explosiva para el estómago.

Kiyotaki, la leyenda del túnel maldito

Tunel de Kiyotaki (Leyenda Urbana Japonesa) | Leyendas urbanas, Leyendas,  Urbano

Esta historia de terror, muy popular en Japón, trata de un túnel embrujado. El paso subterráneo de Arashiyama a Sagakiyotaki se construyó a principios del siglo XIX en condiciones atroces. Se dice que muchos trabajadores murieron por accidentes o agotamiento durante su construcción.

Por ello, no es de extrañar que las almas perdidas ronden el lugar. Se dice que una dama blanca u otros fantasmas pueden ser vistos allí causando accidentes de tráfico. Además, el túnel de Kiyotaki tiene 444 metros de longitud y, recuerda, el número 4 está maldito en el archipiélago. Así que, si alguna vez viajas por este corredor de oscuridad, ten cuidado al conducir.

– El hombre de los sueños

leyendas urbanas

Todo sucedió en Nueva York en 2006. En aquella ciudad, un psiquiatra recibió en su consulta a una pacientes. Pues bien, la joven le contó que había soñado en varias ocasiones con desconocido que tenía una incipiente calva, las cejas muy gruesas y los labios extremadamente finos, en especial el superior.

El psiquiatra, mientras escuchaba a la joven, dibujó el retrato del sujeto, pero sin darle mayor importancia dejó el dibujo sobre la mesa. La cosa se complicó cuando otros dos pacientes le confesaron haber soñado con un personaje muy parecido al descrito previamente por la chica.

El psiquiatra decidió hacer copias del dibujo y se lo mandó a varios compañeros de profesión, y el resultado le dejó helado, ya que el número de personas que habían soñado con él no paraban de aumentar. Para tomar cartas en el asunto, crearon una página web para registrar todas las apariciones.

Te vas a quedar tú también helado: descubrieron que el misterioso hombre se había metido en los sueños de cerca de dos mil personas… en plan Freddy Krueger.

– La leyenda de las gemelas

ללא תחרות הגעה שליטה las gemelas mas feas del mundo לא מנומס אוטוביוגרפיה  מתכון

Una madre llevaba a sus hijas gemelas al colegio cuando recibió una llamada urgente de su trabajo. Tenía que ir de inmediato, por lo que les pidió a ambas que siguieran solas hasta el centro educativo, ya que conocían perfectamente la manera de llegar.

Las besó en la frente antes de marcharse pero, cuando llevaba solo unos pocos metros recorridos escuchó el espantoso ruido de un frenazo a sus espaldas. Cuando se dio la vuelta descubrió que el cuerpo inerte de sus hijas yacían bajo un camión. Las niñas habían muerto cogidas de la mano.

La madre prácticamente enloqueció, pero un nuevo embarazo le devolvió en parte la ilusión por seguir viviendo. Volvía a estar embaraza de gemelas. Una vez nacidas, las dos niñas eran tremendamente parecidas a sus otras dos hijas fallecidas. A medida que crecían, la madre se volvía más y más protectora, ya que temía volver a perderlas como sucedió la primera vez.

Un día, de camino al colegio, las hermanas se adelantaron corriendo bajo la atenta mirada de su madre, que enseguida les paró en seco y les rogó que nunca hicieran eso sin su permiso. La respuesta fue demoledora: «No pensábamos en hacerlo. Ya nos atropellaron una vez, mamá. No volverá a ocurrir».

– Rokurokubi, la criatura de cuello largo

Rokurokubi, las aterradoras criaturas japonesas de cuello largo que te  provocarán pesadillas

Cuidado con las apariencias, porque esta criatura, que es muy atractiva de día, se convierte en un monstruo horrible de noche.

Su cuello se alarga y se vuelve implacable. Las leyendas de los rokurokubi están muy presentes en el folclore japonés.

Algunas de estas criaturas sólo asustan a los humanos, mientras que otras los devoran.

La mayoría de las veces, estos yokai de aspecto corriente pasan completamente desapercibidos en la sociedad.

Tienen un trabajo, una familia y amigos como todos los demás. Incluso ocurre que algunos de ellos se creen humanos y confunden sus sueños con la realidad.

Afortunadamente, estas peligrosas criaturas pueden ser detectadas por las pequeñas marcas blancas que tienen en el cuello.

– El espíritu de Sor Úrsula

LOS FANTASMAS DEL HOSPITAL DE LA SANGRE

Una leyenda sevillana que atestigua lo que sucede en algunos sitios que han sido testigos de muchas muertes y sufrimientos. Según cuenta, en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, que en la actualidad es el Parlamento de Andalucía, sigue el espíritu de Sor Úrsula, una monja del siglo XVII que trabajó como enfermera y murió por culpa de la peste.

Según esta leyenda, la monja era una mujer huraña y malvada que disfrutaba haciendo daño a los demás. Son muchos los que afirman haberla visto de noche por los pasillos, todavía vestida con su hábito y con un manojo de llaves en las manos.

– El hombre esbelto

El hombre esbelto - Leyendas urbanas - Somos turismo

Este es una leyenda urbana reciente que comenzó en Internet como parte de un concurso de fotos con Photoshop para incluir un elemento sobrenatural. El usuario «Victor Surge» añadió una figura trajeada, sin rostro y antinaturalmente alta en dos fotos en blanco y negro que fueron copiadas y distribuidas viralmente por la red.

Desde entonces, millones de autores, en su mayoría online, han compartido y difundido la historia en sitios web como Creepypasta. El modus operandi del Slender Man es secuestrar a la gente, a menudo niños que parecen ir de buena gana con la figura para no volver a ser vistos, lo que le convierte en una versión aterradora del Flautista de Hamelín.

– Teke Teke, la mujer sin piernas

Leyendas urbanas de Japón y algunas historias de terror 👻

Una joven japonesa llamada Kashima Reiko volvía a casa al anochecer. Por desgracia, fue víctima de un grupo de asaltantes. Golpeada, violada y dada por muerta, la pobre mujer moribunda se arrastró por el suelo para pedir ayuda. Muy debilitada, perdió el conocimiento en una vía férrea.

Fue entonces cuando fue cortada por la mitad por un tren. Desde entonces, el espíritu de la difunta recorre las estaciones en busca de las piernas que le faltan. «Teke teke» es el sonido que hace cuando se arrastra antes de atacar a su presa.

– Las estatuas cobran vida

Esta es la maldición que encierran las gárgolas de la catedral de Notre  Dame | MISCELANEA | CORREO

Muchas universidades del mundo tienen algún tipo de estatua o monumento delante de su edificio principal. Puede ser una estatua del creador, del benefactor, de un alumno importante o un símbolo abstracto. Un mito popular es que por la noche esas estatuas cobran vida y se mueven por el campus.

La leyenda varía de una institución a otra, pero el patrón es el mismo. Algunas universidades pueden incluso tener monumentos de animales o diferentes tipos de criaturas fantásticas. La Universidad de Cincinnati, por ejemplo, tiene leones de piedra delante de su McMicken Hall, que algunos estudiantes creen haber oído gruñir por la noche.

Algunas variantes de la leyenda dicen que las estatuas sólo se mueven cuando pasa por delante de ellas una virgen o un infiel. Otros van más allá y describen que los cuadros y otros objetos también cobran vida. Los estudiantes de la Universidad Estatal de Michigan, por ejemplo, afirman que el retrato de Mary Mayo mueve los ojos y te sigue por la habitación.

– El corredor fantasma

El corredor fantasma: la historia del atleta al que nadie podía detener -  Infobae

También hay historias sobre corredores fantasmas. Una de ellas habla de un simpático corredor que saluda llamando a la ventanilla del coche de alguien. Cuando éstos miran por la ventana, ven que el corredor no tiene piernas. Otra historia de corredores habla de alguien que se despierta por la noche y ve a alguien que pasa corriendo por delante de su ventana. Entonces recuerdan que están en un segundo piso.

– El experimento ruso del sueño

El experimento ruso del sueño: ¿realidad o ficción?

En 1940, unos científicos soviéticos encerraron a cinco presos políticos en una habitación con micrófonos para realizar un experimento: los cinco hombres se mantuvieron despiertos gracias a un gas y no pudieron dormir. Durante los primeros cinco días, los prisioneros se cuentan sus vidas con todo lujo de detalles, pero no ocurre nada especial.

Sin embargo, a partir del sexto día, el silencio fue total, salvo algunos murmullos de vez en cuando, que indicaban que los sujetos seguían vivos. Al cabo de diez días, los científicos quisieron ver qué pasaba y abrieron la puerta. Allí se encontraron con un espectáculo horrible: los prisioneros se habían automutilado y alimentado con su propia carne.

Se llamó a los soldados para que llevaran a los hombres al hospital, pero los prisioneros entraron en cólera e incluso mataron a varios soldados con una fuerza sobrehumana. Dos de ellos fueron fusilados y los otros llevados al hospital mientras pedían el gas que los mantenía despiertos. Allí, un médico ruso, sin saber a qué se enfrentaba, preguntó a uno de los prisioneros quién era.

Y el hombre, con una sonrisa demacrada, contestó: «Somos tú. Somos la locura que hay en ti y que silencias cuando te vas a dormir, donde no podemos seguirte.

– La vecina

La dama desaparece. (La leyenda de la habitación fantasma) – La Libreta de  irma

Un hombre acababa de mudarse a una casa. La primera noche oyó que llamaban a su puerta. Fue una vecina la que le pidió si podía alojarla una noche porque su marido la había golpeado y tenía miedo. No pudo negarse, así que le ofreció dormir en el sofá. A la mañana siguiente, cuando se despertó, la mujer ya se había ido.

La segunda noche, volvió a llamar a su puerta. Ella le pidió lo mismo que el día anterior, y como tenía nuevos moratones en la cara, el hombre accedió. A la mañana siguiente, ella ya se había ido cuando él se despertó. Y este escenario se repitió tres veces más. El hombre fue a la comisaría para denunciar al marido de su vecina.

Allí, un policía, que no parecía sorprendido, le mostró una foto de la joven que el hombre reconoció como su vecina. El policía le dijo entonces que había muerto un año antes a manos de su marido.

– El incidente del Paso Dyatlov

Rusia ha resuelto el misterio del paso de Dyatlov. La conclusión le resulta  inverosímil a todo el mundo

El incidente del Paso Diatlov, que ocurrió en 1959 en los Montes Urales, en Rusia. Un grupo de nueve esquiadores y un guía acamparon en una zona llamada Montaña Muerta y murieron en circunstancias misteriosas.

Los investigadores encontraron que la tienda de campaña había sido rasgada desde el interior, que los cadáveres tenían heridas internas y externas, y que algunos tenían altos niveles de radiación.

Nunca se pudo determinar qué causó la muerte de los excursionistas y se atribuyó a una fuerza desconocida e insuperable.

– La figura en la niebla

Una figura humana aparece entre la niebla en esta ilusión óptica viral

En un pequeño pueblo rodeado de densos bosques y misteriosas nieblas, se cuenta la leyenda de «La Figura en la Niebla». Se dice que, durante noches de luna llena y niebla espesa, una figura oscura y desfigurada se materializa en las afueras del pueblo. Se cree que esta figura es el espíritu vengativo de un leñador que murió en un trágico accidente hace décadas.

La historia cuenta que el leñador solía adentrarse en los oscuros bosques en busca de madera, desafiando los peligros que acechaban en la niebla espesa. En una noche particularmente nebulosa, la leyenda narra que el leñador tropezó con una extraña y antigua piedra tallada, desencadenando una maldición ancestral.

Desde entonces, su alma atormentada deambula en las noches de luna llena, buscando venganza contra cualquier persona que se atreva a aventurarse en la niebla.

Aquellos que afirman haberse encontrado con «La Figura en la Niebla» cuentan historias aterradoras de su presencia. Dicen que su aparición es precedida por un silencio perturbador, en el que los sonidos normales de la noche se desvanecen y el aire se vuelve espeso y cargado.

Los valientes que se atreven a enfrentarlo describen una figura espectral con rasgos retorcidos y ojos brillantes que parecen perforar el alma. Se rumorea que quien mire a los ojos de la figura quedará atrapado en un estado de terror paralizante.

nuestras charlas nocturnas.


Las aventuras de Jane Dieulafoy, la francesa que violó la ley al ponerse pantalones y descubrió fabulosos tesoros persas …


Jane Dieulafoy
Jane Dieulafoy en su hogar en París en 1893, vestida como prefería.

BBC Historia(D.Ventura) — «¿Ese dulce chico es una mujer?», le preguntó el shah de Persia al coronel Dieulafoy, quien estaba en sus tierras para hacer excavaciones arqueológicas. «Ciertamente, su majestad», le respondió el francés, «es madame Dieulafoy, mi querida esposa».

Hablaban de Jane Dieulafoy, célebre en el folclore popular de finales del siglo XIX como «la dama que se viste de hombre», quien formaba, junto con su marido Marcel, una pareja insólita y escandalosa.

Pero más allá de eso, esa dama llamaba la atención por otras razones, particularmente por sus talentos, y se ganó la admiración de muchos como autora, exploradora y arqueóloga, al punto que el diario The New York Times la describió como «la mujer más notable de Francia y quizás de toda Europa» en su obituario en mayo de 1916.

Su vida fue una aventura, que comenzó con una guerra y terminó con otra.

– Francotirador(a)

Jeanne Henriette Magre nació en Toulouse en 1851 y fue educada en un convento cercano a París hasta que, en mayo de 1870, se casó con el ingeniero civil Marcel-Auguste Dieulafoy.

Para la mayoría de las mujeres de su época y clase, la descripción anterior, seguida por un poco más de información sobre el número de hijos que tuvo y quizás uno que otro detalle más, habría resumido sus vidas. En el caso de quien desde ese momento se convirtió en Jane Dieulafoy, eso fue sólo el inicio.

Jane y Marcel compartían un gran apetito por el saber y la exploración, y desde el principio acordaron que el suyo era un matrimonio de pares. La primera prueba a esos votos llegó tres meses más tarde, cuando estalló la guerra franco-prusiana.

Marcel se alistó como capitán de ingenieros y Jane no se conformó con quedarse en casa esperándolo. Estaba decidida a acompañarlo pero no tenía ninguna intención de asumir el único papel permitido a las mujeres en la guerra: aquel de las cantinières, que le llevaban comida y agua a los soldados.

Fue entonces cuando adoptó por primera vez la imagen que llegaría a caracterizarla: se cortó el pelo y se vistió con ropa de hombre, lo cual era ilegal en París, pues desde 1800 las mujeres tenían prohibido ponerse pantalones (una ley que fue oficialmente revocada en 2013).

Partió con su marido posando como su asistente y, como había aprendido a disparar, se las arregló para ganarse respeto como francotirador, sin que se descubriera que faltaba una «a» al final de esa palabra.

– Colaborador(a)

Tras la derrota de Francia en enero de 1871, los Dieulafoy regresaron a sus vidas «normales»: Marcel retomó a su empleo como ingeniero y Jane dejó crecer su cabello y se puso sus vestidos largos.

Así transcurrieron varios años, salpicados por viajes a Egipto y Marruecos, en los que saciaban su interés por el arte, la arquitectura y la cultura de Medio Oriente, hasta que en 1879 decidieron realizar su sueño de viajar a Persia. Marcel pidió una licencia en su trabajo y Jane se puso a estudiar farsi y fotografía.

Ilustración de escena de valor de Jane Dieulafoy
Circulaban historias legendarias de su valentía, como un episodio en el que se enfrentó sola a ocho ladrones armados con cuchillos y lanzas y sacó una pistola y les dijo: «Tengo 14 balas así que vayan a buscar a seis compañeros más».

A principios de 1881 partieron en un viaje en el que recorrerían 6.000 kilómetros, gran parte a caballo, con destino a Susa, una excavación arqueológica en Persia que resultó ser el sitio de una capital regional de 6.000 años de antigüedad. Jane, quien para entonces tenía 30 años, iba como el colaborador de Marcel, pues, escribió, «una colaboradora habría sido una molestia».

Usando nombres falsos y vestida una vez más como hombre, no sólo para no tener que cumplir con las restricciones impuestas a las mujeres de la región sino porque sencillamente era más cómodo, Jane recorrió con su esposo lugares que en ese entonces eran poco conocidos. En enero de 1882 llegaron a Susa pero las fuertes lluvias no daban tregua para la exploración.

Durante meses habían luchado contra enfermedades, insectos y ladrones, y tanto ellos como sus fondos estaban agotados, así que decidieron irse, con la firme intención de regresar.

– Tour del Mundo

El viaje había sido épico. Habían ido de Marsella a Atenas, Estambul, Poti, Erevan, Jolfā, Tabrīz, Qazvīn, Teherán, Isfahan, Persépolis, Shiraz, Sarvestān, Fīrūzābād y Susa a través de Būšehr y Mesopotamia.

Y Jane había registrado el periplo en diarios repletos de valiosas ilustraciones, fotografías y ricas descripciones de lugares poco conocidos producto de su fascinación por… todo: desde la historia y arqueología, hasta las artes, arquitectura y artesanía; desde la etnología y el folclore, hasta la geografía, la economía y la política. Y por la gente, desde muleros a altos funcionarios y el shah.

un "negociante musulmán de Mascate", que aparece en su libro "À Suse 1884-1886. Journal des fouilles".
Jane Dieulafoy siempre dibujó o fotografió lo más que pudo. Este es un «negociante musulmán de Mascate», que aparece en su libro «À Suse 1884-1886. Journal des fouilles».

A su regreso sus diarios fueron publicados por la revista de viajes francesa Le Tour du Monde, y el público cayó rendido a sus pies.

Su vocación como escritora se hizo evidente tras revelarse como una talentosa narradora, graciosa y perspicaz. Sus libros sobre la expedición fueron éxitos de ventas. Con el tiempo, fue admirada también como socióloga y periodista, así como autora de ficción, y hasta libretista de una ópera creada por el destacado músico francés Camille Saint-Saëns, basada en su novela «Parisátide» sobre la antigua reina persa.

La Academia Francesa celebró varias de sus obras pero Dieulafoy no recibió premios literarios, pues no eran permitidos para mujeres, hasta que, en 1904, 22 escritoras, ella incluida, fundaron el Prix ​​Femina. Lo que sí recibió fue la Legión de Honor, uno de los más altos galardones de la nación francesa, después de que ella y Marcel cumplieron con su propósito de regresar a Susa, en 1884.

– Arqueros y leones

Esta vez, los Dieulafoy viajaron con respaldo oficial, del Museo del Louvre y el gobierno francés.

Detalle del friso de los arqueros
Detalle del Friso de los Arqueros, del palacio de Darío I.

Llegaron a Susa más de tres décadas después de que el arqueólogo británico William Kennett Loftus la identificara como el sitio bíblico de Shushan e hiciera un plano de las ruinas, que incluía la tumba del profeta Daniel, y excavaciones en las que encontró la apadana (sala de audiencias) de un palacio construido por el rey persa Darío I (522-486 a.C.).

Bajo la promesa de no perturbar la Tumba de Daniel, y con la aprobación de Naser al-Din, sha de Persia, los Dieulafoy empezaron las excavaciones que los llevarían a desenterrar «el glorioso pasado de los grandes reyes con mis propias manos«, como escribió Jane.

Además de fragmentos de las columnas de 21 metros que sostenían la apadana y restos de las cabezas de toro que las coronaban, debajo de la arena que se había asentado desde los tiempos de Darío I, cuando el Imperio Persa alcanzó su apogeo, expandiéndose desde el Nilo y el Egeo en el oeste hasta el Pakistán moderno, fueron apareciendo dos joyas excepcionales.

Se trataba de hermosos frisos de ladrillos vidriados que decoraban el palacio, cuyos trozos Jane marcó con un método que desarrolló para poder reconstruirlos en el Louvre. Al armar los rompecabezas, uno de ellos, mostraba leones rugientes. El otro, guerreros relucientes cargados de flechas, arcos y lanzas.

Leones rugientes
En uno de los frisos se veían leones rugiendo.

Los hallazgos en Susa no fueron el único legado del viaje. Los métodos innovadores desarrollados por Jane para administrar el trabajo de los excavadores y de catalogar y almacenar lo hallado fueron utilizados más tarde por otros arqueólogos, entre ellos el famoso egiptólogo Howard Carter, quien descubrió la tumba de Tutankamón.

– Regreso triunfal

Fue a su regreso que el presidente de la República francesa le otorgó a Jane Dieulafoy la Legión de Honor y el título de «Caballero». Y fue entonces que ella, decidida a no renunciar a la libertad que le brindaba vestirse de hombre y la seguridad que sentía cuando no la identificaban como mujer, presentó una petición al gobierno francés y se le concedió permiso oficial para usar pantalones.

Jane Dieulafoy
El gobierno francés hizo una excepción en el caso de la célebre arqueóloga y le permitió vestirse como se sentía más cómoda.

Los Dieulafoy nunca volvieron a Persia, pero eso no quiere decir que dejaran de viajar y descubrir lugares que luego le presentaban a sus lectores. Su foco interés se trasladó a la Península Ibérica, y Jane plasmó sus impresiones en las obras «Aragón y Valencia» y Castilla y Andalucía», así como otros escritos para revistas y diarios.

Cuando aparecieron los primeros signos de la Primera Guerra Mundial, lo que Jane escribió fue una carta abierta, dirigida al ministro de Guerra de Francia, solicitando el «gran honor» de que la llamaran a ser la primera de las mujeres en alistarse para defender su patria.

La carta fue publicada en la primera plana de Le Figaro, seguida por un comentario burlón de los editores que señalaba que el «viril coraje» de madame Dieulafoy era conocido pero que «los pusilánimes hombres» franceses podían enfrentar el peligro sin su ayuda.

Comprendiendo que la idea era demasiado avanzada para la época, lanzó un proyecto para el empleo de mujeres en el ejército en roles administrativos para liberar a hombres que podían ir al frente. Pero ni el gobierno ni los militares estuvieron de acuerdo.

Con el estallido de la guerra, Marcel Dieulafoy, a pesar de su avanzada edad, se presentó como voluntario y, dado que ejército lo necesitaba para construir los edificios de los hospitales y otros edificios de apoyo, fue destinado a Marruecos.

Y, a pesar de su avanzada edad, Jane lo acompañó, contraviniendo un decreto gubernamental que decía que las mujeres debían quedarse en casa. En Rabat, Jane dedicó sus días a excavar y restaurar la Mezquita Hassan, así como a ayudar en el cuidado de soldados heridos. En medio de las insalubres condiciones de los hospitales, Jane contrajo disentería amebiana.

Murió por esa causa a los 65 años en 1916. Marcel murió víctima de la misma dolencia 4 años más tarde.

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Los antiguos atenienses ‘honraban’ a las mujeres no diciendo su nombre en público …


Los antiguos atenienses 'honraban' a las mujeres no diciendo su nombre en  público

The Convesation(E.D.Pastor) — El 5 de agosto de 1939 un grupo de mujeres españolas fueron ejecutadas en Madrid por la dictadura franquista. Para siempre serán recordadas como las trece rosas.

Antes de morir, a las reas, si aceptaban confesarse ante un sacerdote, se les concedía la gracia de escribir una última carta a un familiar. La gran mayoría, pese a declararse abiertamente ateas, aceptaron el trato a cambio de dejar unas últimas palabras. Una de ellas, Julia Conesa Conesa, envió una misiva a su madre donde proclamaba una lapidaria frase: “Que mi nombre no se borre de la historia”.

El recuerdo de Julia y de sus compañeras nos habla de la importancia del nombre y la memoria, de la reivindicación de la individualidad. También de la evolución de la conciencia de las mujeres sobre sí mismas y su lugar en el espacio público.

Cuando comparamos a Julia con las antiguas atenienses, nos damos cuenta de lo diferentes que eran. Hace 2 500 años, la individualidad y sus derechos no existían como tal. Para los antiguos griegos, todos formaban parte de un colectivo. La fama era pública y dependía no tanto de la conciencia de cada uno sino de su consideración social, al menos en las fuentes oficiales. De hecho, uno de los mayores signos de respeto hacia una mujer ciudadana consistía en no pronunciar su nombre en público.

– Dónde estaban las griegas

Las mujeres griegas de buena familia vivían dentro del gineceo, un espacio únicamente femenino en el que podían dedicarse a tejer y controlar a las sirvientas. Por supuesto, esto solo estaba al alcance de las clases más altas. Muchas otras atenienses trabajadoras salían a la calle a diario. Y una manera de reconocerles el debido respeto, a ambas, era haciéndolas invisibles.

Escena de gineceo: mujeres tejiendo. Detalle de un epínetro ático de figuras negras. Museo del Louvre.
Escena de gineceo: mujeres tejiendo. Detalle de un epínetro ático de figuras negras. 

¿Cómo podemos saberlo? Porque cuando visitamos las fuentes filosóficas, históricas y los juicios atenienses, las mujeres no aparecen mencionadas por su nombre. En cambio, se las llama “hija de” o “esposa de”, aludiendo al hombre del que dependían. Un claro ejemplo es el de Eufileto, un campesino ateniense acusado de matar al amante de su mujer.

Conservamos un precioso discurso de Lisias, orador profesional, que escribió el texto en su defensa. Eufileto da detalles sobre su vida conyugal, su casa y cómo su mujer fue seducida. No obstante, nunca sabremos el nombre de ésta, pues no se pronunció en público.

Pero cuando se habla de una mujer sin honra, como era el caso de las prostitutas o extranjeras, sí que lo conocemos. Así ocurrió con Neera, una hetera (es decir, un tipo de mujer ateniense libre que realizaba labores de acompañamiento, prostitución y entretenimiento de los hombres) que vivió en el siglo IV a. e. c. Parece que el estatus de las mujeres era determinante para que su nombre fuera invisible.

– Minoría de edad

Una mujer ayuda a otra a arreglarse, en una pintura cerámica.
Preparativos para una boda. Pintura cerámica griega del siglo V

Y es que las atenienses de familia ciudadana eran algo parecido a unas menores de edad permanentes. Siempre estaban sometidas a un varón de su familia, el kyrios, quien decidía sobre su vida, especialmente su matrimonio.

Como ha pasado tantas veces a lo largo de la historia, las mujeres atenienses no escogían a su marido y, aunque el amor conyugal fuese algo deseable, los matrimonios se concertaban por intereses políticos o económicos.

Como ellas no heredaban los bienes, salvo que fueran las últimas supervivientes de la familia, su destino era ser silenciosas madres y esposas.

La invisibilidad de sus nombres, llamado silencio de respeto, era única en Atenas. Además de las mujeres sin honra, como las prostitutas, hoy en día conocemos muy bien el nombre de mujeres de otros lugares. Los atenienses solo escondían el nombre de sus conciudadanas.

Y era un honor que una mujer no fuese conocida en público, porque eran los hombres de su familia quienes la representaban.

Llegados a este punto, ¿qué interés podía tener esta práctica? De nuevo, está relacionada con la ideología cívica. Para los atenienses, el valor de sus mujeres no estaba en su individualidad, sino en la familia. Las más ricas, aunque mantenían a sus mujeres en casa, les otorgaban ciertos honores.

Por ejemplo, les encargaban los cultos ciudadanos y estaban entre los selectos grupos de muchachas escogidas para tejer el vestido de la diosa o para llevar objetos en las procesiones. Recibían estos honores por la excelencia de su familia, pero no a título individual. Y también la familia, más bien los varones, se beneficiaba de ello.

– Realidad o apariencia

A pesar de lo constantes que son las fuentes atenienses en silenciar a sus mujeres, queda una última pregunta: ¿realmente nadie sabía el nombre de sus conciudadanas? ¿Acaso los atenienses solo sabían los nombres de mujeres de su propia familia? La solución a este dilema la encontramos en las tablillas de maldición.

Las maldiciones eran textos espontáneos, depositados en una tumba o en el curso de un río, en los que los griegos pedían ayuda a los dioses. Buscaban venganza ante una afrenta y daban todo tipo de datos para que el dios no se equivocara.

Pues bien, en las tablillas de maldiciones atenienses aparecen nombres femeninos; nunca se usa ese silencio de respeto. ¿Qué nos indica este dato? Pues que los atenienses, en su día a día, llamaban a las mujeres por su nombre, en público y en privado. Los antiguos griegos, como a veces también nosotros, oficialmente decían una cosa pero luego hacían otra.

Lo que no sabemos es qué pensaban las atenienses de no ver su nombre pronunciado en público.

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Antiguos signos en el cielo: hizo un meteorito cambiar el curso del Cristianismo hace 2.000 años …


 Detalle, La conversión de St. Paul. Pablo y sus compañeros se tiraron al suelo durante el evento profunda.

Ancient Origins(L.Leafloor) — Ha podido un antiguo meteorito impactado cambiare tanto la vida de los testigos de la época, hasta que dieron forma a una religión y alterando así el curso de la historia. Los astrónomos teorizan que puede haber sido la explosión de un meteoro el flash y el oído que hicieron convertir el Apóstol Pablo.

En la Biblia cristiana, está escrito que un hombre llamado Saúl experimentó un acontecimiento tan extremo y repentino que cambió de su punto de vista, y se convirtió en uno de los Evangelistas más influyentes en el Cristianismo primitivo.

Parece que Saúl había sido un vehemente perseguidor de los seguidores de Jesús y viajaba en busca de ellos para castigarlos. En los Hechos de los Apóstoles el quinto libro del Nuevo Testamento, está escrito que Saúl estaba en el camino de Damasco, Siria, cuando apareció una luz brillante en el cielo.

Tan intensa era la luz que lo cegó durante tres días. Lo que oyó fue descrito como un gran sonido aplastador o una voz divina. Él y sus compañeros se han tirado al suelo por la fuerza del evento. La experiencia fue tan profunda en Saúl que le hizo cambiar hasta su nombre por el de Pablo, donde empezó viajes misioneros a través del Mediterráneo, con el papel decisivo en la difusión del Cristianismo.

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La conversión de San Pablo – Pablo y sus compañeros se tiran al suelo debido a una explosión y la luz brillante. ¿Fue un meteorito la causa de este antiguo evento?

William Hartmann, co-fundador del Instituto de Ciencia Planetaria en los EE.UU., ha conectado la experiencia de Pablo con cuentos similares de meteoritos que estallan, como el meteorito de Chelyabinsk que cayó sobre Rusia en 2013, hiriendo a más de 1.500 personas. Las descripciones de testigos oculares y reacciones físicas de los meteoritos o de las bolas de fuego en el cielo tienen paralelos con lo que se registra con Paul.

Si eso es cierto, entonces es posible que un acto de la naturaleza puede haber contribuido a la propagación y evolución del Cristianismo en sus primeros días, y por lo tanto forma el curso de la historia.

En un estudio publicado en la revista Meteoritics and Planetary Science, Hartmann cita grandes eventos como los meteoritos o de asteroides como en Chelyabinsk, Rusia y Tunguska, Siberia, ofreciendo «oportunidades para comparar las reacciones de los testigos modernos a testimonios de posibles eventos de bolas de fuego antiguas.» Hay unos elementos comunes entre los muchos relatos en las descripciones bíblicas de la experiencia de Pablom que se asemejan a los acontecimientos modernos conocidos, informa NewScientist.

Obra del 1450 que representa la conversión de Pablo – la luz brillante y el sonido vendrá del cielo. El evento fue capaz de hacer convertir Pablo, y puede haber cambiado la historia. 

En los relatos bíblicos Pablo fue cegado por tres días debido a la intensa luz del cielo: «más brillante que el sol, que brilla toda a mi alrededor», según el texto. Esto coincide con el meteorito Chelyabinsk, ya que se calcula que ha brillando tres veces más fuerte que el sol.

Pablo y sus compañeros han sido golpeado al suelo, y esto también corresponde a la onda de choque generada por el poderoso meteoro Chelyabinsk, ya que fue crítico por las ventanas, derribó la gente, sacudió coches y edificios y levantó techos.

La voz divina que dice haber oído en aquellos momentos, que retumbó como un trueno, pone en duda el comportamiento de Pablo (se debate el sonido exacto). Los meteoros crean grandes explosivos y rugidos que pueden ser aterradores o dolorosos incluso para aquellos que saben lo que están experimentando.

Para los antiguos los acontecimientos celestes naturales eran increíbles y desconocidos, y fueron interpretados según los entendimientos culturales del aquel día – es decir, se les consideraba divinos o condenatorios.

El meteorito Chelyabinsk despedía pequeñas cantidades de radiación, lo suficiente como causar quemaduras y ceguera temporal en los testigos. Hartmann sugiere que Pablo pudo haber sufrido fotoqueratitis, una ceguera temporal causada por la radiación ultravioleta intensa, y esto explicaría  el regreso de su vista después de la curación.

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Pablo, después de ser cegado por una luz celestial que podría haber sido un meteorito.

Hartmann dijo al NewScientist, «Todo lo que están describiendo en esas tres historias en el libro de los Hechos son exactamente la secuencia que hay con una bola de fuego.»

IBTimes escribe que el texto de los Hechos de los Apóstoles describe tres eventos de luces brillantes «del cielo», que tuvieron lugar en torno a Damasco, durante los años 30 aC. Si los meteoritos podrán encontrarse en Siria, y ser fechados con precisión a los plazos pertinentes, eso podría dar apoyo a las teorías publicadas.

El objetivo de la investigación de Hartmann no es para desacreditar el Cristianismo, sino para demostrar cómo la interpretación de los acontecimientos antiguos puede haber dado forma a lo que creemos hoy, espiritual y culturalmente.

Este no sería el primer meteorito en la historia en haber inspirado potencialmente un culto o actuado como un agente de cambio. En la antigüedad los meteoritos fueron considerados como mensajes de los dioses, o profundos presagios, y muchas culturas vio caer meteoritos, y los usó como iconos religiosos para ser adorado, o como objetos de protección. Se ha creado también joyería y un arte a partir de las rocas espaciales.

Cada año los musulmanes devotos hacen la peregrinación a La Meca en Arabia Saudita, dando vueltas a la Kaaba, la piedra negra, y se cree que hacerle un guiño o darle un beso, eso quedaría dentro de la Gran Mezquita. El culto de la Piedra Negra se remonta a los santuarios pre-islámicos, cuando las culturas semíticas utilizaban piedras inusuales para señalizar sitios de reverencia. Según la creencia musulmana, la piedra tiene su origen en la época de Adán y el profeta islámico Mahoma estableció que la Piedra Negra está en su lugar después de que cayó del cielo.

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Una ilustración del 1315 inspirada en la historia de Mahoma y de los ancianos de los clanes, que elevan la Piedra Negra en su lugar en la Meca. ¿La Piedra Negra fue un meteorito venido del espacio? 

Hay un ejemplo más moderno: después del dramático acontecimiento sobre Rusia, en Chelyabinsk en 2013, alguien creó la “Iglesia del Meteorito”, y los seguidores celebrar los ritos en las orillas del lago Chebarkul, donde cayeron trozos de la roca espacial.

Algunos científicos consideran especulación la teoría de la conversión de Pablo, pero parecen dar la bienvenida a otras pruebas.

Bill Cooke, jefe del Meteoroid Environment Office de la NASA dijo a NewScientist, «Está bien grabado que los impactos extraterrestres han ayudado a dar forma a la evolución de la vida en este planeta. Si fue una bola de fuego como en de Chelyabinsk la responsable de la Conversión de Pablo, entonces, evidentemente, eso tuvo un gran impacto en el crecimiento del Cristianismo”.

De hecho, «Algunos estudiosos llaman Pablo como el segundo fundador del Cristianismo», dice Justin Meggitt, historiador de las religiones en la Universidad de Cambridge. Sin la bola de fuego, y sin la conversión de Pablo, tal vez el Cristianismo sería diferente de lo que es hoy.

«El cristianismo probablemente sería muy diferente sin él», concluye Meggitt.

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Lord Byron, la muerte del héroe romántico …


Lord Byron, la muerte del héroe romántico
«Lord Byron en su lecho de muerte», por Joseph Dionysius Odevaere. 

The Objective(L.Reyes) — El cuadro está cargado de patetismo aunque no haya sangre ni rostros contraídos por el dolor. Un joven hermoso como un dios griego duerme su sueño eterno, el cuerpo desnudo de cintura para arriba, perfecto como el de una estatua clásica. La espada que pende junto a él y la corona de laurel proclaman que es un héroe, pero también es un artista, como nos indica esa mano lánguidamente caída sobre una lira. En el lateral del lecho aparecen igualmente laureados los títulos de sus obras.

El héroe muerto es George Gordon Byron, VI barón Byron, descendiente de los reyes de Escocia, joven, guapo, rico y famoso, arquetipo inglés del artista romántico, que ha sacrificado su vida por la causa de la libertad de un pueblo lejano en el mapa, aunque muy cercano a su corazón, Grecia.

Es inevitable mitificar a Lord Byron, pero la realidad no era tan bonita como el cuadro que Odevaere pintó dos años después de su muerte. Para empezar, no murió en batalla contra los tiranos turcos que martirizaban a Grecia, sino por enfermedad cuando se dirigía al combate. Su cuerpo no era perfecto como el de una estatua clásica, había nacido con un pie deforme, lo que le convirtió en un cojo para toda su vida. 

Su estirpe sería regia, pero su padre, un libertino apodado Jack el Loco, abandonó pronto la familia y murió arruinado. La madre, una mujer caprichosa e inestable, convertiría la infancia de Byron en una edad infeliz: llamaba al niño «cojo bribón» o «demonio», de lo que él se vengaba burlándose de su obesidad. Además la acusaba de responsable de su cojera, porque no había querido que la atendiese un médico en el parto. 

Quizá por esa enfermiza relación con su madre Lord Byron se comportaría siempre mal con las mujeres. Se casó con Anna Isabella Milbanke, joven aristócrata aficionada a las matemáticas -la hija que tuvieron, Augusta Ada, sería eminente en este campo-, pero él se burlaba de su interés científico. La noche de bodas le dijo: «te arrepentirás de haberte casado con el diablo». Y así fue, porque al año, al enterarse de que él le era infiel, lo abandonó y pidió el divorcio.

Era un promiscuo sexual -quizá bisexual, aunque no se ha llegado a establecer su homosexualidad-  que maltrataba a las mujeres que seducía, aunque se dejaba humillar por las que tenían más carácter que él, como su más famosa amante, lady Carolina Lamb, que el día que le conoció lo calificó de «Loco, malo y peligroso». Lady Carolina era la esposa de un amigo de Byron, lord Melbourne, futuro primer ministro -y seductor- de la reina Victoria.

Estos aspectos negativos no ensombrecen, sin embargo, una existencia llena de pasión por la belleza, el arte y las causas justas, que le llevaba a defender en la Cámara de los Lores, donde tuvo un escaño desde los 20 años, a los católicos, ciudadanos de tercera clase en la Inglaterra de entonces, o al movimiento obrero ludópata, que ante el paro que provocaba la industrialización respondía quemando las máquinas. Y al final daría su vida por la libertad de los griegos.

Cada etapa de la corta vida de Lord Byron daría de sí para un voluminoso estudio, tan rica fue su existencia. A los 21 años emprendió el «Grand Tour», el viaje iniciático en el que los jóvenes aristócratas ingleses salían de su isla para conocer la cultura clásica.

Lord Byron, el poeta del romanticismo que quiso liberar Grecia

En contra del itinerario usual, París-Roma-Nápoles, él quiso ir a España, a contemplar como el heroico pueblo español se enfrentaba al invasor francés, y lo culminó en Grecia, donde contempló indignado como las glorias de la antigüedad clásica se hallaban aplastadas por la cruel dominación turca. 

De aquel viaje saldrían los dos primeros libros de Las peregrinaciones de Childe Harold, una de las grandes obras del Romanticismo que convirtió a Lord Byron en un escritor famoso a los 24 años. 

Unas intrascendentes vacaciones en Suiza con unos amigos, en las que para matar el tiempo hicieron un concurso de cuentos, darían como fruto dos grandes caracteres de la mitología moderna, Frankestein, el moderno Prometeo, obra de Mary Shelley, y El vampiro, escrito por John William Polidori, médico y supuesto amante de Byron, que le tomó como modelo de ese ser demoníaco, inmortal chupador de sangre, mito literario en el siglo XIX, mito cinematográfico en el XX, y mito de series en el XXI.

A la vez que una gloria de las letras nacionales, Lord Byron era un contraejemplo para la sociedad británica. Su vida licenciosa, sus extravagancias y su posición política que hoy llamaríamos de extrema izquierda, le haría un indeseable y fue prácticamente expulsado de Inglaterra. Tenía fama, atractivo y caudales para darse la gran vida en París o Italia, como hacían otros ingleses expatriados, pero Lord Byron decidió entregarse a una causa revolucionaria, la libertad de Grecia.

– Los filohelenos

La Grecia que le había entristecido en su Grand Tour se hallaba oprimida desde la conquista turca de Constantinopla en el siglo XV, que convirtió al Imperio Otomano en la gran potencia del Este de Europa. Pero el antiguo poderío turco comenzó a resquebrajarse en el siglo XVIII, y en el XIX Turquía se convertiría en «el hombre enfermo de Europa», incapaz de mantener su imperio territorial frente a las otras potencias o frente a las rebeliones de los pueblos sojuzgados. La vanguardia de la rebeldía la asumió Grecia, que en 1821 se levantó en armas y proclamó la independencia.

Por otra parte, las ideas de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa habían prendido profundamente en muchos europeos. En 1815 la batalla de Waterloo puso fin definitivo a las guerras napoleónicas, que habían sacudido a Europa desde la Revolución Francesa. Muchos militares que no habían hecho más que guerrear toda su vida, se encontraron sin trabajo. En el ejército francés hubo además una gran purga y la monarquía borbónica restaurada expulsó a todos los de ideas revolucionarias. 

De una forma natural, esos veteranos encontrarían en la lucha por la independencia de Grecia su causa. Lo mismo sucedió con muchos oficiales ingleses de espíritu aventurero y progresista. Los antiguos enemigos, ahora unidos en defensa de la libertad, serían llamados «los filohelenos»los amantes de lo griego.

 A ellos se unirían militares de otros países, como puede apreciarse en la caricatura que acompaña estas líneas, e idealistas de toda Europa e incluso de América, espantados por la crueldad con la que los turcos reprimían el alzamiento. Delacroix, con su pintura Masacre de la isla de Chíos, y otros artistas románticos conmovieron a la opinión pública como hoy lo hacen los telediarios que transmiten el genocidio de Gaza.

Entre idealista y aventurero, Lord Byron se fue a la guerra de Grecia en 1824. Lo hizo a lo grande, fletando su propio barco. Luego tuvo la mala ocurrencia de reclutar a una banda de suliotas, montañeses albaneses cristianos famosos por su espíritu guerrero y su resistencia secular frente a los turcos. Byron se gastó 6.000 libras -una fortuna en la época- en su «ejército» particular, pero los suliotas resultaron ser unos bandidos que sólo querían más y más oro, y Byron los licenció. 

Lo cierto es que Byron se gastó su cuantiosa fortuna en la causa griega, un pozo sin fondo para el dinero, y su presencia allí fue un poderoso reclamo publicitario, que atrajo a muchos a luchar por la independencia de Grecia. Se rumoreó que el gobierno griego pensaba convertir a Lord Byron en rey de Grecia, en todo caso le otorgó el grado de general de brigada, aunque la «Brigada Byron» contaba solamente con 30 oficiales europeos filohelenos y 200 soldados.

Para su bautismo de fuego Byron planeó asaltar la fortaleza turca de Lepanto. Sería una acción simbólica, pues en aguas de Lepanto don Juan de Austria venció a la armada turca, neutralizando su amenaza al Mediterráneo Occidental. Pero antes de empezar la operación contrajo una enfermedad que el Dr. Millingen, un joven médico filoheleno, dictaminó como «meningitis purulenta». Las curas a base de sangrías, usuales en la época, fueron seguramente la auténtica causa de su muerte.

Viaje al último enigma de Lord Byron

Esta tenía que ser teatral para un romántico.

Byron había cogido de la mano a su criado Tita, un gondolero al que había contratado en Venecia, le miró a los ojos y le dijo en italiano: «Oh, questa è una bella scena!» (¡Oh, esta es una bella escena!).

Y expiró.

Los griegos se quedaron con su corazón, guardado en una urna de plata en una iglesia de Missolonghi, la ciudad que había acudido a liberar del asedio turco, pero su cuerpo lo llevaría Tita a Inglaterra conservado en un barril de coñac, algo muy adecuado a un juerguista como Byron.

Precisamente por eso las autoridades eclesiásticas se negaron a enterrarlo en el «rincón de los poetas» de la Abadía de Westminster.

 En compensación Goethe le dedicó un bello epitafio: «Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos».

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