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La peste enterrada: las bacterias que puede descongelar el cambio climático…


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La Razón(J.Alcalde)  —  En el verano de 2016, la península de Yamal, al norte de Siberia, sufrió una extraña e inesperada crisis sanitaria.

Al menos 20 personas contrajeron una variedad mortal de la enfermedad del carbunco (producida por el virus también llamado ántrax).

Cien vecinos más fueron hospitalizados. Su destino fue parejo al de cerca de 2.000 renos que fallecieron repentinamente al mismo tiempo.

El origen de la infección no fue un animal viajero o un visitante humano procedente de una zona contaminada.

Tampoco se debió al consumo de alimento alguno o a alguna fuga de material biológico. No. La peste emanó del suelo.

Según las autoridades rusas, la capa helada de permafrost que cubre la superficie siberiana se está derritiendo y, al desaparecer, deja aflorar material biológico largamente allí enterrado, virus y bacterias que pueden resurgir y volver a infectar a la humanidad.

Algo más de tres años después, en noviembre de 2019, expertos virólogos de todo el mundo se reunían en un encuentro propiciado por la Academia Americana de las Ciencias, la Ingeniería y la Medicina para hablar de enfermedades emergentes y nuevas pandemias.

Una de las intervenciones estelares fue la del ruso Alexander Volkovitskiy, que presentó los datos analizados durante años del incidente Yamal.

El conferenciante mostró a la audiencia la evolución de las temperaturas en la península siberiana y el consiguiente derretimiento paulatino del permafrost.

El adelgazamiento de esa capa de suelo helado estaba permitiendo que salieran a la superficie estratos de suelo ocultos hace siglos que contienen restos orgánicos, huellas de fauna y flora muerta y centenares de familias de bacterias y virus.

Algunos de ellos causaron enfermedades en animales y hombres en el pasado y podrían volver a hacerlo.

El profesos Volkovitskiy pareció convencer a sus colegas de que una de las más probables causas de la siguiente pandemia sería la liberación de patógenos desde el suelo derretido del Ártico.

Solo un mes después, el mundo empezaba a recibir noticias de la aparición de un extraño coronavirus en un mercado de Wuhan y dejó de prestar atención a este desafío helado. Pero la amenaza sigue ahí.

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Patógenos más preocupantes

El hielo es fuente de vida. El 10 por 100 de la superficie del planeta se encuentra cubierta por él. Además, más de 23 millones de kilómetros cuadrados de superficie del Hemisferio Norte están compuestos de permafrost: suelo que ha permanecido a temperaturas inferiores a cero grados durante siglos.

Si el aumento de las temperaturas está teniendo un efecto evidente en las masas heladas, más sensible parece la reacción de las extensas llanuras de permafrost. En 2011, la publicación científica Global Health Action ya advertía de que «la fusión del permafrost podría hacer que algunos vectores de epidemias de los siglos XVIII y XIX volvieran a circular por el aire».

Una causa podría ser el desenterramiento espontáneo de suelos que han estado en contacto con cadáveres que portan bacterias aún activas.

Muchos microorganismos pueden sobrevivir a muy bajas temperaturas durante largos periodos de tiempo. Las más preocupantes son las bacterias esporulares (que se reproducen por esporas). Las esporas son muy resistentes, pueden vivir siglos.

Otros patógenos, como ciertos virus, también pueden estar activos décadas enteras en las condiciones adecuadas.

Entre los años 2014 y 2015 se encontraron dos virus en una muestra de suelo de Siberia de 30.000 años de antigüedad que aún mantenían capacidad infectiva. Se trataba de dos especies patógenas que solamente pueden infectar a amebas, pero sirvieron para dar la voz de alarma de la extrema longevidad que pueden llegar a alcanzar estos microorganismos.

Si los virus capaces de infectar a seres humanos tienen la misma tasa de supervivencia en suelos helados podríamos estar ante un serio problema.

Hoy sabemos que especies desaparecidas de homininos como los Denisovanos y los Neandertales colonizaron las tierras más al norte del continente europeo hace unas cuantas decenas de miles de años.

Por estudios paleontológicos recientes se ha averiguado que esas especies fueron también presa de enfermedades infecciosas graves, como la viruela, o como quizás otros virus que han desaparecido.

O, al menos, creemos que han desaparecido: podrían estar aún silentes bajo el permafrost, esperando que las condiciones ambientales les permitan volver a la actividad.

Afortunadamente, la evolución ha hecho que las bacterias que con más probabilidad infectan a seres humanos sean aquellas que se han adaptado a vivir en las condiciones de temperatura que ofrece nuestro cuerpo (al calor de nuestros 36 grados centígrados) y, por lo tanto, no tienen muchas posibilidades de sobrevivir bajo los hielos perpetuos.

Por ese motivo, las investigaciones realizadas hasta el momento solo han encontrado pequeñas cantidades de patógenos insuficientes para hacer enfermar a un ser humano.

Por ejemplo, en los hielos de Groenlandia se han identificado algunos de las más de 300 especies de hongos patológicos, aunque se han detectado en concentraciones ínfimas.

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Un peligro real

No hay, sin embargo, certezas de que a medida que más cantidad de tierra se libera del manto helado puedan aparecer reservorios más grandes de virus capaces de atacarnos. En el año 2004 se publicó una lista de virus encontrados en hielos del Norte de Europa que incluía enterorvirus causantes de diarrea humana y muestras del virus de la gripe A.

Aunque estos patógenos en este momento todavía no tengan la capacidad de producir una pandemia no dejan de suponer un peligro. Muchos de los restos biológicos que los portan pueden acabar en aguas profundas, o ser arrastrados a ríos o lagos donde pueden encontrar el ambiente adecuado para sobrevivir. O infectar animales en los que se replicarían causando futuras zoonosis.

El incidente de la península de Yamal ha demostrado que el riesgo de expansión de un patógeno como el carbunco desde el interior de los hielos fundidos es real. La probabilidad de que surjan nuevos brotes en el futuro dependerá de la velocidad a la que se produzca el derretimiento del permafrost.

Una ola de calor, por ejemplo, puede exponer cadáveres de animales muertos hace décadas y resucitar los microorganismos dormidos de su interior.

Los expertos, de momento, se muestran cautos. No se ha podido demostrar que un virus escapado de un cadáver tan antiguo pueda colonizar otro ser vivo. Pero casi todos los virólogos coinciden en la opinión de que este riesgo es real.

Quizás no como origen de una nueva pandemia (de momento), pero sí como amenaza para los habitantes de las zonas más cercanas a los terrenos helados del planeta.

nuestras charlas nocturnas.


«Mindful sex»: la técnica que permite disfrutar del sexo plenamente…


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OB(S.Roqueta)  —  Vivir rodeados de estímulos, pantallas y otras obligaciones puede llevarnos a desconectar de nuestra propia esencia. El ritmo frenético de las semanas tampoco facilita esa conexión entre cuerpo y mente. De hecho, hay quienes son incapaces de pararse y sentir por un momento el placer de un orgasmo o las caricias de su pareja durante el encuentro sexual.

Todo parece ir demasiado rápido, incluso en la cama, donde, o no se encuentra el momento para hacerlo o no se consigue disfrutar plenamente de las sensaciones. Muchas personas aluden a que tienen la mente en “otra cosa”, y es que el excesivo ruido mental, junto con la falta de conexión con el “aquí y el ahora”, puede ser la causa de numerosos bloqueos sexuales.

Sin embargo, existe una técnica que puede ayudarnos a conectar con el presente de una manera fácil y, sobre todo, muy tranquila. Se trata de poner todo de nuestra parte a través de la meditación activa aplicada al sexo, la cual ya tiene su propio nombre: mindful sex, que significa sentirse plenamente consciente de una misma durante la práctica sexual.

Hace tiempo que escuchamos hablar del mindfulness en numerosos círculos. Ahora, las relaciones de pareja también pueden repensarse bajo esta fórmula que permite centrar la atención en el presente y desconectar de todo lo demás durante el acto sexual. ¿El objetivo? Bien claro: tener un orgasmo más intenso y prolongado, ya sea sola o en compañía.

Beneficios del mindful sex

Estamos continuamente pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y, a veces, nos olvidamos del carpe diem, y no disfrutamos del “aquí y ahora”. Aunque no lo creamos, esto afecta indirectamente a nuestras relaciones sexuales, momentos que deberían ser únicos, donde disfrutemos y conectemos con nosotros mismos, sintiendo nuestro cuerpo y evadiéndonos de lo demás.

Según los expertos de LELO, el estrés del día a día provoca que muchas personas no tengan la capacidad de focalizar su atención durante las relaciones sexuales y, por ende, esto hace que el sexo no sea tan placentero.

En este sentido, el mindful sex nos enseña a concentrarnos y centrar nuestra atención en un pensamiento concreto durante la interacción sexual. Algo similar ocurre con el slow sex, una técnica en la que todo se realiza muy poco a poco, sin ninguna prisa por llegar al orgasmo. Junto al mindful sex, nos permite disfrutar de los ritmos sosegados, las caricias y un sinfín de sensaciones.

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Muchas mujeres tienen una gran presión encima: no tienen tiempo para ellas mismas ni para poder conectar con su cuerpo y su esencia. Pero, como explica, Drolma Lizcano, CEO de Alqvimia: “si no nos damos ese permiso, ese momento, y guardamos ese espacio sagrado, es imposible llegar a algo tan bello como el orgasmo, que te hace irradiar belleza de dentro hacia fuera”.

La felicidad también llega a través de ese espacio que nos damos con nosotras mismas o nuestra pareja”, comenta Valérie Tasso, sexóloga, escritora y embajadora de LELO España durante una charla con Lizcano. Estos son algunos de los beneficios del mindful sex:

  • Sentirás los orgasmos con mayor intensidad
  • Toda la atención estará centrada en lo que le sucede a nuestro cuerpo provocando que el orgasmo sea más prolongado e intenso
  • Disfrutarás más del sexo y de tu cuerpo, así como el de tu pareja, en una exploración nunca antes experimentada
  • Aumenta la capacidad de concentración y reduce el estrés, la ansiedad o el insomnio

Como todo, la teoría está muy bien, pero es momento de ponerla en práctica. Quizá te preguntas: ¿por dónde empezar? Pues bien, apunta estos consejos que vienen a continuación porque, igual que aprendiste a hacer yoga y meditación, el mindful sex también puede entrenarse.

Lo primero y más importante es que seas consciente de todo cuanto pasa a tu alrededor durante el encuentro sexual. Escucha tu cuerpo y deja de lado los pensamientos y rumiaciones internas. El placer ocurre “aquí y ahora”, muy slow: muy consciente.

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Opinión:La ortografía con sonetos y humor entra…


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Yorokobu(M.García)  —  Si no se te queda en prosa, se te quedará en verso. Esa es la intención con la que la obra Cincuenta sonetos lingüísticos (Pie de Página, 2020) que ha escrito Ramón Alemán, con prólogo del escritor y periodista Juan Cruz e ilustraciones de Ventura Alemán, ve la luz: que corrijamos esos fallos a la hora de escribir (y de hablar) que cometemos los hablantes.

Alemán es corrector de textos. Desde allí, este canario no se cansa de animarnos a usar correctamente nuestra lengua de una manera amena y sin abroncamientos, que ya estamos todos muy cansados del tono abrupto de muchos sabios que en el mundo han sido y son. «Yo tengo un blog, Lavadora de textos, en el que llevo diez años publicando artículos sobre el buen uso del español», explica Alemán.

«Siempre he intentado que fueran amenos y hasta divertidos, aunque también rigurosos y basados en fuentes lingüísticas serias, pero creo que un buen día me aburrí de predicar en el desierto y me dio por escribir en verso. No fue una idea muy meditada; más bien fue un impulso, una forma de entretenerme, pero aquello me gustó y seguí adelante».

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Podía haber elegido cualquier tipo de verso y estrofa. Pero eligió el soneto, tan distinguido, con sus versos de arte mayor y sus ecos a Quevedo, Góngora o Lope de Vega.

«Siempre me han gustado los sonetos. Tienen una estructura muy elegante y creo que, poniéndoles un poco de cariño, no son tan difíciles de componer. El único mérito que tiene este libro es la perseverancia, pero nada más.

Por otra parte, es importante dejar claro que son “sonetos lingüísticos”, como dice el título del libro, lo cual quiere decir que no hay ninguna pretensión realmente poética en ellos: mi única intención ha sido entretenerme, entretener a los lectores y, de paso, si alguien aprende algo gracias a ellos, pues miel sobre hojuelas».

El botón de muestra

El primer soneto que escribió se lo dedicó a la coma del vocativo, esa que brilla por su ausencia cuando se invoca a alguien porque para qué gastar saliva y tinta si sabemos que se nos va a entender y atender.

Si quieres que tu texto no despiste
y evitar de zopenco ser tachado,
un consejo te doy, y es regalado,
sobre un signo que a ti se te resiste.

Si escribes «sí señor», tengo motivo
–como si es «hola Quique» o «come niño»–
para intuir tu falta de cariño
a la coma que ronda al vocativo.

«No hay pausa –desde el fondo algunos braman–
que al hablar esa coma justifique».
Errado el argumento, aunque se afanan.

El niño y el señor y el propio Quique
son eso, vocativos, y reclaman
la coma obligatoria que lo indique.

Componerlos no es tan sencillo como pudiera parecer. Alemán descubrió pronto que la rima no era solo el principal escollo a la hora de escribir un soneto. Agazapado en la maraña de encontrar la rima adecuada, se esconde el acento rítmico. Ese fue, confiesa, su auténtico talón de Aquiles.

«Yo llevo desde los veinte años haciendo sonetos, pero no me he basado nunca en más reglas que las que casi todo el mundo conoce.

Y a la hora de estructurar el acento rítmico, que es la cadencia prosódica que debe tener cada verso, me dejaba guiar por la intuición y también por el sonido al recitar, cosa que casi siempre funcionaba, pero a veces no.

Afortunadamente, tuve la suerte de toparme en Twitter con un poeta peruano llamado Pietro Igarza, que me explicó detalladamente qué ritmos son buenos, cuáles son aceptables y cuáles son totalmente intolerables».

Superado el escollo, Alemán continuó con su labor de hormiguita verso a verso. Pero para asegurarse de que el mensaje se entiende, cala y penetra hasta lo más hondo de nuestro ser, poético o no, acompaña cada soneto de una explicación en prosa sobre el error lingüístico que denuncia. Para que no vengan después con reclamaciones.

Medicina contra la soberbia

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La ortografía, la gramática… la norma lingüística, en definitiva, sacan a la luz la soberbia de quienes se creen poseedores de su dominio.

La duda no va con ellos.

Se dice así y la RAE, aseguran sin rubor, les bendice.

Hay quien se atreve incluso a enmendar la plana a alguien como Alemán, cuya sabiduría lingüística le viene de oficio.

Ante gente como el joven periodista protagonista de uno de los sonetos, que no dudó en reprender enérgicamente a su corrector por no poner la tilde en *jóven, («Si pongo tilde a jóvenes, se hilvana /que haré lo mismo en joven, que es su hermana», explica la conversación Alemán con esos dos versos) caben dos posibilidades: mandarle a cagar a la vía, desde el respeto, eso sí, o soltarle un zasca épico pero cariñoso que le deje con la boca cerrada y en su sitio.

Alemán encontró una tercera que evitaba la violencia de la primera, pero proporcionaba la satisfacción de la segunda y dejaba un regusto de sonrisa, que siempre es más terapéutica.

Si este pimpollo optara a cirujano,
no lo sería nunca, aunque él insista,
si no conoce a fondo el cuerpo humano.

¿Y se proclama, en cambio, periodista,
si el necio no logró ser de antemano
de nuestro idioma un buen anatomista?

«Lo que tienen de bueno los sonetos –al menos si son desenfadados, como ocurre con los de este libro– es que puedes tirar de las orejas a alguien sin que eso suene a que estás sentando cátedra.

Lo haces de una manera diferente, con un lenguaje que la prosa no te permite, y te puedes dar el gusto de explicar un asunto ortográfico sin que tu lector se quede dormido en el segundo párrafo».

Pero que nadie se lleve a engaño con Alemán. Su determinación de corregirnos a todos, nos pongamos como nos pongamos y nos dediquemos a lo que nos dediquemos, es tal que hasta con Arturo Pérez-Reverte se atreve.

Ignora don Arturo, en consecuencia,
de la ley diacrítica el motivo
y muestra su acentual incompetencia.

«A ver, a mí Pérez-Reverte me merece todos los respetos como escritor; no creo que su fama sea gratuita.

El soneto va dedicado a Pérez-Reverte como miembro de la Real Academia Española», matiza el corrector canario. «Para quienes no lo sepan, es bueno recordar que él abandera una lucha sin cuartel contra la eliminación de la tilde en el adverbio solo, y lo hace con tuits en los que dice cosas como “en eso no le haga caso a la RAE, se lo dice uno de la RAE”.

Desde mi punto de vista, esa actitud muestra su ignorancia sobre el asunto –pues la tilde está de más y eso no solo lo dice la RAE, sino que lo vienen advirtiendo los ortógrafos desde hace décadas–, pero también es una postura autosuficiente e irrespetuosa con la institución a la que pertenece».

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Piedras en las que todos tropezamos

Ramón Alemán es corrector de textos, ya lo hemos dicho. Por eso existe su blog y por eso existen estos sonetos. Pero no se considera un grammar nazi.

No ahora. «Lo fui un poco durante los diez años en los que ejercí como corrector de prensa, pero me bastó conocer a fondo la obra de lingüistas tolerantes, como Manuel Seco, José Martínez de Sousa y Alberto Gómez Font, para darme cuenta de que, en asuntos de la lengua, como en la vida, todo es muy relativo».

Entre los errores más frecuentes que cometemos los hablantes y que Alemán quiere ayudar a enmendar, los principales, en su opinión, son los de puntuación.

Olvidar la coma del vocativo, la coma criminal que separa la santa unión de sujeto y verbo, «no tener ni idea de que existe un hermoso signo llamado punto y coma, no saber qué hacer después de unos puntos suspensivos…».

Los de pronunciación también se prodigan, como esa manía tan masiva de decir *líbido por libido. Y ya que hablamos de manías, tampoco es conveniente usar la forma el mismo para referirse a algo dicho anteriormente («aunque este no es un error, sino una manía muy fea», matiza Alemán).

«Y, por último, están los errores geniales, o sea, que forman parte del genio de nuestro idioma y que nunca será posible corregir: usar le en vez de les en la oración ¿qué le pides a los Reyes Magos?, decir habían muchos coches en la calle

Sobre este último, hay que decir que en la región andina ese uso del verbo haber como personal es lo normal, y no hablamos de diez personas, sino de millones. Al final, los hablantes son los que mandan. Eso sí, yo nunca diré habían muchos coches».

Y precisamente por eso, porque los hablantes mandamos en lo que a nuestro idioma se refiere, también hace su apuesta por la despenalización de usos hoy considerados incorrectos como la discordancia de les, sobre la que el gramático Manuel Seco dice que hay que ser muy tolerantes.

«Después te encuentras con luchas inútiles, como esa de corregir a quien dice de motu propio porque se supone que lo correcto es motu proprio.

Tenemos que ser conscientes de que el idioma nunca dejará de avanzar y de que si hoy hablamos español es, entre otras cosas, porque muchas personas hablaron mal el latín hace siglos: si la locución de motu propio ya se considera semiculta, como afirma el propio Manuel Seco, démosle nuestra bendición, o al menos seamos tolerantes con quienes la emplean.

Lo mismo ocurrió con el uso del verbo cesar como transitivo: yo era el primero que se tiraba de los pelos cuando leía que Pepito cesó a Juanito, pero ese uso está tan extendido que hasta la RAE ha pasado por el aro. Y yo, por supuesto».

Corrector de textos, el oficio invisible

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No solo a los vicios lingüísticos van dedicados los sonetos. Alemán se reserva alguno para hablar de su oficio de corrector de textos.

La parte positiva del oficio, afirma, es para él trabajar en algo que le apasiona.

La parte negativa es económica y tiene que ver con el vil metal: «Tener que esperar meses por el cobro de una factura».

Para este corrector canario, más que poco considerado, el suyo es un oficio invisible, «y así debe ser, pues, en realidad, cuando una novela pasa por un corrector, se está haciendo una pequeña trampa con la que se pule (pero no se modela) la escultura que ideó el escritor.

Es normal que no sea una profesión conocida, porque está en la trastienda, pero no es menos cierto que algunas editoriales y la inmensa mayoría de los periódicos se han olvidado de nosotros».

Pero una cosa es reconocer la invisibilidad y otra, los lloriqueos. «Lo que no comparto en absoluto es el lamento permanente, sobre todo en redes sociales, de algunos correctores: sal a la calle, sal a internet, hazte ver, promociónate, pero no llores».

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«Guardianes de la lengua»: son todos los que están, pero no están todos los que son

Alemán reserva el último capítulo de su libro para los reconocimientos. Lo titula “Guardianes de la lengua”.

«Yo llamo guardianes de la lengua a aquellas personas que dedican o han dedicado su actividad profesional a investigar sobre el buen uso del idioma español y a difundir sus conocimientos para que otras personas podamos hacer uso de ellos. Y siempre aclaro que son guardianes que no reprenden, sino que cuidan».

José Martínez de Sousa es el primero, «un gigante de la ortografía, de la ortotipografía y de la lexicografía que se merece un reconocimiento monumental por parte de todo el mundo hispánico».

Pero no se olvida de otras grandes figuras, muchas de ellas americanas como Rufino José Cuervo, Ángel Rosenblat (aunque a estos dos aún no les ha dedicado ningún soneto) tan importantes para nuestra lengua como María Moliner, Andrés Bello, Alberto Gómez Font, Humberto Hernández, Lola Pons… Incluso su editor y compañero de profesión, Álex Herrero, cuenta con su propio soneto.

«A la hora de escribir los doce sonetos que dedico a los guardianes de la lengua, lo hice un poco al azar, sin ningún orden ni estrategia. Y, como paré al llegar a cincuenta sonetos, por supuesto que faltan: Gonzalo Korreas (¡que escribía su apellido con ka en el siglo XVII, para que luego vayamos de modernos!), la Fundéu, la RAE, Álex Grijelmo…».

Habrá que esperar, pues, a la siguiente edición. Mientras llega, dejémonos aleccionar en verso, que la letra entra mejor cuando rima.

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El misterio de las computadoras Apple-1 por fin se ha resuelto tras 45 años…


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Gizmodo(P.Tracy)  —  Hace unos 45 años, Apple vendió 200 unidades de su primer producto: la computadora Apple-1. De esos, todavía existen alrededor de 82, y se dice que alrededor de 80 unidades del primer lote de 100 tienen un número de serie escrito a mano en la placa base (aparecen como “01-00##”).

Solo quedan unas pocas docenas de esos 80. Durante décadas, un puñado de fanáticos de Apple se preguntaron quién escribió esos números de serie, pero nadie dentro de la empresa lo ha admitido o aclarado. Ahora, por fin sabemos quién los ha escrito, como reportan en 9to5Mac.

En el pasado Steve Wozniak dijo que no lo hizo. Steve Jobs supuestamente dijo que tampoco fue él. Daniel Kottke, quien ensambló y probó algunas de las placas base también lo negó.

Y todos los fabricantes de placas mantuvieron su inocencia. Una de las principales teorías era que Byte Shop, que había comprado las primeras 50 computadoras Apple-1, era responsable, excepto que el propietario, Paul Terrell, dijo que él tampoco lo había hecho.

Achim Baqué, el curador del Registro de Apple-1, una base de datos de todas las computadoras Apple-1 conocidas, estaba decidido a resolver este enigma de hace décadas, por lo que se subió a un avión de Alemania a Los Ángeles con dos computadoras Apple-1 y las puso en manos de PSA, una empresa de autenticación de escritura a mano que se ocupa principalmente de tarjetas deportivas.

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Junto con estas computadoras raras y valiosas (el año pasado, una Apple-1 se vendió por 500.000 dólares), la PSA recopiló fotos de cada número escrito a mano en las computadoras Apple-1 y varias otras muestras de escritura.

Después, la empresa se dedicó a evaluar la evidencia mediante la identificación de varias características al escribir, como la inclinación, el flujo, la presión del bolígrafo y el tamaño de la letra.

Después de 3 meses de investigación y examen, Achim Baqué, con la ayuda de la PSA, finalmente resolvió el misterio: fue el cofundador de Apple, Steve Jobs, quien escribió esos números.

La razón de por qué marcó estas unidades en particular es un secreto que permanecerá para siempre sin resolver. Es posible que lo haya olvidado, pero prefiero pensar que lo hizo sabiendo que estaba plantando la semilla de lo que se convertiría en la empresa más valiosa del mundo.

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Los barcos de pasajeros más grandes de la historia, ordenados en una fabulosa infografía


Yakata(J.García)  —  El mundo de los barcos reúne lo mejor de las megaestructuras y las miniestructuras. Tenemos barcos tan pequeños como el Boomin Beaver, el barco más pequeño de la armada de los Estados Unidos, y el Symphony of the Seas, el barco más grande del mundo en activo a expensas de que el Wonder of the Seas haga su viaje inaugural el 4 de marzo de este mismo año.

Pero hasta llegar a este prodigio de la ingeniería hemos tenido que pasar por otros muchos barcos que ahora podemos ver recogidos y ordenados en una fantástica infografía. Esta ha sido diseñada por HMY Yachts y es todo un paseo por la historia de los barcos de pasajeros, un paseo que comienza en 1831 y llega hasta casi el presente.

De 155 pasajeros a unos 9.000

El viaje comienza en 1831 con el SS Royal William, un navío que estuvo operativo entre 1831 y 1837 y que fue el primero en hacer un viaje transatlántico usando casi sola y exclusivamente vapor.

Este, además, es un viejo conocido, ya que fue el primer barco de vapor de ruedas de la Armada Española. Fue comprado en 1834 y se le cambió el nombre a Isabel II.

Otro barco interesante es el SS President, operativo entre 1840 y 1841 por un motivo evidente: fue el primer barco de vapor en naufragar en un viaje transatlántico.

Salió el 11 de marzo de 1841 con demasiada carga desde Nueva York a Liverpool y lo último que se recuerda de él es verlo luchando contra un vendaval al día siguiente.

Desapareció con sus 136 ocupantes y provocó el hundimiento de su propietaria, la British and American Steam Navigation Company.

SS Great Eastern.

Hasta 1858, la capacidad de los barcos era de algunas centenas de pasajeros. Es en este año cuando vemos un salto espectacular con la llegada del SS Great Eastern (de la Eastern Steam Navigation Company).

Si el barco anterior, el SS Agrato, tenía una capacidad de unos 763 pasajeros, este monstruo la aumentó a 4.000 pasajeros. Fue el barco más grande durante cuatro décadas, hasta 1888.

Historias así de curiosas hay muchas, como también las hay trágicas. En 1907, el RMS Lusitania (1.198 personas a bordo) fue hundido por un submarino alemán,  mientras que en 1912 asistimos al hundimiento del RMS Titanic. Conocido por películas y documentales, este catastrófico hundimiento sirvió al menos para mejorar la seguridad de los barcos venideros.

RMS Titanic.

Años (y barcos) después, llegamos al MS Sovereign of the Seas, de Royal Caribbean International. Este barco fue el primer «megabarco» moderno y tenía capacidad para 2.850 pasajeros.

Luego fue superado por el SS Norway en 1990 y por el Sun Princess (1995), que fue reformado para servir como hotel en las Olimpiadas de Tokio 2020 (que tuvieron lugar en 2021).

En 1996 asistimos al estreno del Carnival Destiny, el primer barco en superar las 100.000 GT (tonelaje bruto); y en 1998 conocemos el Grand Princess, que seguramente resulte familiar por ser el escenario de un brote de COVID-19 en 2020.

Symphony of the Seas

Ya en la década de los 2000 llegamos al reinado de Royal Caribbean International, que ha tenido los barcos más grandes desde 2006.

Llaman la atención el Oasis of the Seas, con 225.282 GT (el primero en superar las 200.000 GT)  y el Symphony of the Seas, que a día de hoy es el barco más grande del mundo en activo.

¿Y por qué el apunte de «en activo»? Porque Royal Caribbean international tiene listo el Wonder of the Seas. Encargado en 2015 y terminado el 27 de enero de 2022, este barco tendrá su viaje inaugural el 4 de marzo de 2022 y será el más grande de la historia, con 236.857 GT y capacidad para unos 9.000 pasajeros.

Wonder of the Seas.

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Hay flores creciendo en la Antártida, y no es una buena noticia…


Hierba creciendo sobre unas rocas en Couverville Island, en La Antártida.

Gizmodo(M.Taft)  —  Hay unas plantitas muy monas creciendo en la Antártida, y son un mal augurio para el resto del continente helado y el futuro de nuestro planeta. Un nuevo estudio publicado en la revista Current Biology confirma que las plantas llevan diez años extendiéndose rápidamente debido a las altas temperaturas.

“La Antártida es como el canario en la mina de carbón”, explica Nicoletta Cannone, principal autora del estudio y profesora asociada de ecología en la Universidad de Insubria. El gélido paisaje de ese continente significa que pocas plantas crecen en él, y que normalmente lo hacen muy separadas.

De hecho solo hay dos especies que den flores. El estudio recién publicado se ha centrado precisamente en estas dos especies: la Deschampsia antarctica, que es un tipo de planta herbácea, y la Colobanthus quitensis, que florece con diminutas flores amarillas.

“Estas plantas están bien adaptadas al clima antártico. Son capaces de hacer fotosíntesis a temperaturas bajo cero o cubiertas de nieve y reinician su crecimiento cuando termina el invierno.”

Cannone y sus colegas se han centrado en estudiar la población de estas dos especies en Signy Island, una de las islas que forman parte del archipiélago de las Orknay del sur.

La razón para esta elección es que hay muchos datos históricos sobre la presencia y extensión de estas plantas en las islas desde los años 60. Lo que los investigadores han hecho ha sido comparar este registro histórico de datos con observaciones de las plantas realizadas entre 2009 y 2018.

Durante estos nueve años, el clima de las islas se ha vuelto cada vez más templado, y resulta que a las plantas les encanta el cambio. La Colobanthus ha crecido a un ritmo tres veces más rápido en estos nueve últimos años comparado con los índices de crecimiento entre 1960 y 2009.

La Deschampsia, por su parte, no es que haya crecido, es que se ha disparado hasta el punto de que su extensión y crecimiento es hoy diez veces superior a hace una década.

Y no es precisamente que las islas hayan experimentado un cambio abrupto en términos humanos. Las temperaturas han subido una media de 1 grado Celsius al año, pero está claro que es lo suficiente como para que las plantas se sientan ahora a sus anchas.

“El estudio es la primeras evidencia del impacto acelerado del Cambio Climático en la Antártida”, explica Cannone. “Las plantas son el mejor indicador que tenemos de los efectos del cambio climático porque no pueden desplazarse como los animales cuando se producen cambios en su entorno”.

Aunque el continente n está experimentando cambios tan rápidos como los del ártico, está claro que la Antártida no es inmune al cambio climático como algunos científicos habían llegado a teorizar.

Un estudio publicado en 2020 advertía de que la Antártida se ha calentado a un ritmo tres veces más rápido que el del resto del mundo durante los últimos 30 años.

En las últimas décadas, la Antártida también ha sufrido una pérdida masiva de hielo. Entre 2008 y 2015, esa pérdida se cifra en 32 millones de toneladas anuales de hielo que se pierde en el mar. Mientras tanto, un estudio en 2019 informa de que una cuarta parte de los glaciares del continente se han desestabilizado respecto a cómo estaban en 1992.

Los glaciares hacen un trabajo crucial como válvulas que evitan la pérdida de hielo y hay algunos como el de Thwaites (conveniente apodado como el Glaciar del fin del mundo) que muestran un aspecto realmente preocupante.

Probablemente haya otros factores que intervienen en este crecimiento anormal de las flores. La actividad de las focas suele interferir en su crecimiento, y las poblaciones de focas han decrecido en los últimos años, pero la razón última del cambio sigue siendo la subida de las temperaturas, y estamos viendo sus efectos a un ritmo mucho más acelerado de lo que esperábamos.

“Esperábamos ver un incremento en las poblaciones”, termina Cannone. “Pero lo que hemos registrado se sale de todas las escalas y es una clara voz de alarma sobre el calentamiento”.

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Los hombres mienten más que las mujeres: el estudio español que lo demuestra…


El Español(M.P.Bonmati)  —  Por muy desagradable que sea, la mentira es un concepto que forma parte importante de nuestra cultura y, claro está, de nuestro día a día. La religión, como es el caso de la cristiana, la considera tan relevante que forma parte de los diez mandamientos -recordemos eso de no dirás falsos testimonios ni mentiras-, y la ciencia, mientras, intenta desde sus múltiples ramas estudiarla y detectarla.

Por ejemplo, se puede referenciar el trabajo del psicólogo Paul Ekman, el personaje real que inspira al psiquiatra Cal Lightman en la popular serie ‘Miénteme’. A él no se le escapaba ni una, pero muchos seguían erre que erre con su engaño.

¿Por qué mentimos? Esa es una pregunta que ha suscitado diversos estudios, aunque ninguno ha conseguido dar con la tecla exacta. En una falsedad influyen multitud de factores: la circunstancia, el objetivo… Incluso si el que la dice es hombre o mujer. Pero, ¿quién miente más? ¿Los hombres o las mujeres?

Esa es la cuestión que aborda un estudio elaborado entre profesionales de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Complutense y cuya conclusión, a grandes rasgos, es que el 52,2% de los hombres es deshonesto, frente al 41% de las mujeres.

El experimento ha puesto a prueba la honestidad de 2452 individuos, 1286 hombres y 1166 mujeres. La idea era que cada uno tirase un dado utilizando una herramienta virtual. Si sacaban un uno, obtenían 10 céntimos. Si sacaban un dos, 20 y así hasta el número cinco. El problema llegaba con el seis. En ese caso, no recibirían nada.

«Llegamos a la conclusión de que las mujeres se conformaban con recompensas económicas más pequeñas, mientras que los hombres preferían mentir para lograr una mayor«, explica David Pascual, psicólgo y uno de los autores del estudio, a El ESPAÑOL. Es decir, que si una mujer obtenía un dos en el dado, se conformaba con eso, mientras que un hombre con el mismo resultado mentía para poder tener una recompensa mayor.

«Las mujeres parecían estar lo suficientemente satisfechas con recompensas más bajas, lo que las llevó a decidir no hacer trampa por recompensas más altas», concluye el estudio.

Pascual señala también otro hecho interesante de la investigación: los hombres tendían más a pedir la recompensa sin haber realizado ni siquiera el experimento. A la hora de no recibir nada, es decir, si sacaban ambos un seis, los dos sexos eran igual de honestos.

Falta de referentes

El estudio surge como parte de la tesis doctoral de Adrián Muñoz García, el investigador principal, y trata de establecer un mecanismo para poder detectar el comportamiento deshonesto en el entorno laboral. También han analizado las mentiras con dos factores adicionales al género: según el comportamiento y según su personalidad.

No obstante, Pascual confirma que «dentro de la literatura, el tema del género es una de las carencias«, aunque «alrededor del 60%, aproximadamente, afirma que los hombres son más deshonestos».

Por ejemplo, un estudio alemán de 2016 confirmaba que los hombres mentían más que las mujeres, centrándose en este caso, en el entorno laboral y en el tipo de incentivos que se perciben en él cuando se alcanzan objetivos.

Si la prima se repartía entre todos, no había diferencias entre ellos y ellas. En cambio, si entraba el factor competición, los hombres mentían más.

Uno más reciente, elaborado por investigadores del Reino Unido y de Corea del Sur, llegó a una conclusión similar: los hombres mienten más que las mujeres. No obstante, añadió una diferenciación entre géneros, en relación con la capacidad para ser deshonesto según la planificación del tiempo.

Si la ocasión para mentir surge de repente, los hombres mentían más que las mujeres, mientras que ellas se mostraban más deshonestas si podían planificar su mentira con tiempo.

Los tipos de mentirosos

«Hay que ser prudentes de cara a utilizar estos resultados en la vida real y traspasarlos a una empresa, porque entramos en temas éticos en base a decir que los hombres van a ser más deshonestos por el hecho de ser hombres», razona Pascual.

Su carrera está enfocada desde hace años a la investigación de los comportamientos deshonestos y, en 2020, publicó un estudio en el que estableció las diferentes tipologías de mentirosos que se pueden encontrar y que ha servido como marco para esta última investigación en la que ha participado.

Por un lado, están los deshonestos, aquellos que mienten a la hora de decir qué número han sacado en el dado. Por otro, los radicalmente deshonestos, esos que ni siquiera se toman la molestia de lanzar el dado, pero piden recompensa.

El gran descubrimiento fue la tercera tipología, los tramposos no mentirosos, esos que tiran el dado varias veces hasta que obtienen un resultado con recompensa. No mienten al investigador, pero se saltan las reglas del juego.

Todas estas tipologías entrañan explicaciones psicológicas en las que hay que seguir investigando. Por ejemplo, dentro del mismo experimento, surgió la pregunta de por qué aquellos que mentían no pedían la recompensa máxima, algo que se ha replicado en este último estudio también.

«Quizá represente cierto tipo de mecanismo para proteger el concepto que tienen de sí mismos«, razonaba la investigación.

Pascual y el resto de expertos admiten que ahora habría que extrapolar sus resultados a entornos físicos y no sólo virtuales, pero se alegran de poder aportar un granito de arena y arrojar luz sobre «un indicio de un comportamiento que hasta ahora no se conocía».

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La Tierra ha cambiado la velocidad a la que gira y los científicos quieren saber si hay que preocuparse…


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Geo(J.Romero)/La Razón(J.Herrero)/Infobae/Esquire/abc  —  Es posible que la noticia de que la Tierra ha comenzado a girar más y más rápido sea un poco inquietante, pero antes de comenzar a prepararte para el apocalipsis, lee el artículo completo; puede que salgas sintiéndote más relajado.

Nuestra idea de «día», las famosas 24 horas, proviene directamente del tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación sobre sí misma. Pero no es un tiempo estable: para nosotros, hoy, un día dura 86400 segundos, pero esta rotación se está ralentizando. Concretamente, esta ralentización provoca un aumento de la duración de una jornada de 1,8 milisegundos por siglo. De acuerdo, ese es un aumento imperceptible, pero significa que hace 600 millones de años un día solo duraba 21 horas.

La pregunta es: ¿por qué la Tierra ralentiza cada vez más su rotación, alargando nuestros días? Bueno, hay varias respuestas: podría deberse a la atracción del Sol, al ciclo lunar, o quizás a cómo la Tierra cambia su morfología con terremotos y cambios climáticos.

Una peculiaridad de este proceso de desaceleración -en sí mismo es bastante extraño- es que está cambiando, la Tierra ha comenzado a hacer exactamente lo contrario de lo esperado, ha aumentado la velocidad de rotación. Una vez más, sin embargo, las causas no están muy claras. Según los científicos, entre estos podría estar el propio clima. El hielo en los polos está disminuyendo, mientras que la masa de los océanos distribuidos en el ecuador aumenta.

El planeta Tierra está girando más rápido ahora que en cualquier momento de los últimos 50 años, tanto que los 28 días más cortos registrados fueron todos en 2020. Podría ser un cambio momentáneo, un efecto temporal debido a una circunstancia particular y que hace que la Tierra comience a desacelerarse nuevamente en el futuro. Pero no podemos estar seguros.

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En cualquier caso, uno se pregunta si debemos preocuparnos, y la respuesta, por ahora, es no. Estos cambios de velocidad parecen fisiológicos y no tan rápidos como para cambiar nuestro entorno o clima. En definitiva, por ahora parece un fenómeno inofensivo.

Pero queda una duda: si el calentamiento global y el deshielo realmente están participando en estos cambios, entonces la preocupación es más que legítima. En este caso, de hecho, los humanos seríamos responsables de estos cambios de velocidad.

Por qué la Tierra gira cada vez más rápido

Sin lugar a duda, el año 2020 fue muy particular e inolvidable para el planeta Tierra. Porque, literalmente se vio todo afectado, inclusive el tiempo, aunque esto no fue producto de la pandemia, como sí en el resto de las cosas.

La Tierra en 2020 giró más rápido de lo habitual, como si ella misma deseara terminar más rápido aquel año pandémico. Matemáticamente hablando, nuestro planeta rompió el récord anterior de día astronómico más corto, establecido en 2005.

El día más corto de ese año, el 5 de julio, vio a la Tierra completar una rotación de 1.0516 milisegundos más rápido que 86.400 segundos, que es el tiempo que tarda en girar con respecto al Sol, lo que equivale a 24 horas o un día solar medio.

En cambio, el día más corto de 2020 fue el 19 de julio, cuando el planeta completó un giro 1.4602 milisegundos más rápido que 86.400 segundos. Además, el 2020 incluyó los 28 días más cortos desde 1960, y se prevé que el año 2021 será el más corto en décadas.

Cuando se desarrollaron relojes atómicos de alta precisión en la década de 1960, mostraron que la duración de un día solar medio puede variar en milisegundos (1 milisegundo equivale a 0,001 segundos). Estas diferencias se obtienen midiendo la rotación de la Tierra con respecto a objetos astronómicos distantes y utilizando una fórmula matemática para calcular el día solar medio.

Antes de que comenzara 2020, el día más corto desde 1973 fue el 5 de julio de 2005, cuando la rotación de la Tierra tomó 1.0516 milisegundos menos de 86.400 segundos.

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Según precisan los científicos del Servicio Internacional de Sistemas de Referencia y Rotación de la Tierra (IERS) en París, Francia, la velocidad de rotación de la Tierra varía constantemente debido al complejo movimiento de su núcleo fundido, océanos y atmósfera, además de otros efectos. Ellos monitorean la velocidad de rotación de la Tierra y esperan que la tendencia de tener días más cortos también nos siga en 2021.

Según sus cálculos, un día promedio en 2021 será 0,05 milisegundos menos que 86.400 segundos. A lo largo de todo el año, los relojes atómicos habrán acumulado un desfase de unos 19 milisegundos. A modo de comparación: en los últimos años, fueron unos cientos de milisegundos más rápidos por año.

La última vez que un día promedio fue de menos de 86.400 segundos en un año completo fue en 1937. Si la rotación de la Tierra se desincroniza demasiado con el ritmo súper constante de los relojes atómicos, se puede usar un segundo intercalar positivo o negativo para volver a alinearlos.

Desde que se introdujo el sistema de segundos intercalables en 1972, la rotación de la Tierra en general ha sido un poco lenta. Hasta ahora, ha habido 27 segundos intercalables y todos han sido positivos. En otras palabras, todos han agregado un segundo extra a nuestros relojes, permitiendo que la Tierra se ponga al día.

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“Es muy posible que se necesite un segundo intercalar negativo si la tasa de rotación de la Tierra aumenta aún más, pero es demasiado pronto para decir si es probable que esto suceda”, dijo el físico Peter Whibberley del Laboratorio Nacional de Física en el Reino Unido. “También se están llevando a cabo discusiones internacionales sobre el futuro de los segundos intercalares, y también es posible que la necesidad de un segundo intercalar negativo pueda impulsar la decisión de terminar definitivamente con los segundos intercalares”, agregó.

Recientemente, sin embargo, la Tierra se ha vuelto más rápida y no se ha requerido ningún segundo intercalar desde 2016. Si la rotación de la Tierra continúa acelerándose, en algún momento podríamos requerir un segundo intercalar negativo. Si esto sucede, nuestros relojes se saltarían un segundo para poder seguir el ritmo de la Tierra.

Para medir la duración real de un día, los científicos de IERS determinan la velocidad exacta de la rotación de la Tierra midiendo los momentos precisos en que una estrella fija pasa por una determinada ubicación en el cielo cada día. Esta medida se expresa como Tiempo Universal (UT1), un tipo de tiempo solar.

Luego, UT1 se compara con el Tiempo Atómico Internacional (TAI), una escala de tiempo de alta precisión que combina la salida de unos 200 relojes atómicos mantenidos en laboratorios de todo el mundo. La duración real de un día se expresa mediante la desviación de UT1 del TAI durante 24 horas. Actualmente, el IERS no muestra nuevos segundos intercalares programados para agregarse.

Según el Centro de Orientación de la Tierra del servicio los segundos intercalares tienen sus pros y sus contras. Son útiles para asegurarse de que las observaciones astronómicas estén sincronizadas con la hora del reloj, pero pueden ser una molestia para algunas aplicaciones de registro de datos e infraestructura de telecomunicaciones.

Algunos científicos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones han sugerido dejar que la brecha entre el tiempo astronómico y atómico se amplíe hasta que se necesite una “hora bisiesta”, lo que minimizaría la interrupción de las telecomunicaciones. (Los astrónomos tendrían que hacer sus propios ajustes mientras tanto).

¿Qué pasaría si la Tierra dejara de girar sobre sí misma?

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La Tierra es un planeta del sistema solar, formado hace aproximadamente 4.550 millones de años.

Es el más denso y el quinto mayor de los ocho planetas del sistema solar, además de ser el mayor de los cuatro terrestres o rocosos.

Al igual que el resto de planetas, está sometido a movimientos de diversa índole, aunque los principales se definen con referencia al Sol, y son: rotación, traslación, precesión, nutación, bamboleo de Chandler y la precesión del perihelio.

Siendo los más conocidos el de traslación y el de rotación. El primero de ellos es el movimiento del planeta alrededor del Sol, mientras que el de rotación es el giro del cuerpo celeste sobre su propio eje.

Durante miles de millones de años, la rotación de nuestro planeta se ha ido desacelerando gradualmente.

Es un proceso que continúa hasta el día de hoy, y las estimaciones sugieren que la duración de un día aumenta actualmente en aproximadamente 1,8 milisegundos cada siglo.

Frente a esta realidad científica, es común plantearse cuales podrían ser las consecuencias sobre nuestro planeta si un día sufriera un súbito parón y dejara de rotar sobre sí mismo.

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La respuesta de los expertos es clara, todos los objetos y personas sobre la Tierra saldrían disparados en el momento en el que el planeta se detuviera.

Esto es así porque la velocidad de rotación de la Tierra es de 1.770 kilómetros por hora (km/h) en el ecuador, y 0 km/h en los polos.

Y, a pesar de esa increíble velocidad, no nos damos cuenta de que nos estamos moviendo. Por tanto, la parada brusca de la rotación de la Tierra se percibiría en la superficie, de tal modo que todo y todos saldríamos “disparados” por la fuerza centrífuga y la inercia del movimiento, incluso el aire, que produciría vientos huracanados por toda la superficie.

Todo esto se vería minimizado cerca de los polos, donde la velocidad es menor, siendo el único lugar donde sería posible sobrevivir a este desastre. Al igual que quien se encontrara en un avión en ese preciso instante.

Una “nueva Tierra”

Sin la fuerza centrífuga derivada del movimiento de rotación, quedaría la fuerza de gravitación, lo que generaría una redistribución de la gravedad que alteraría el equilibrio de los océanos. Se formarían dos enormes océanos en torno a los polos, separados por un único continente.

Regiones enteras serían inundadas, en Europa, solo España, Grecia y el sur de Italia emergerían de las aguas.

Otra de las causas de este parón, sería una devastadora modificación en la duración de las noches y los días, ya que el movimiento de rotación es la causa de que se produzcan. La Tierra tarda en dar un giro completo sobre sí misma 24 horas. Por tanto, si la Tierra deja de rotar, un día duraría lo que ahora son 365 días, es decir, un año (6 meses de día, 6 meses de noche).

Esta duración se daría por el movimiento de translación, es decir, los 365 días que tarda el planeta en dar una vuelta completa alrededor del Sol, un movimiento que se produce a la vez que el de rotación. Sin embargo, si la Tierra deja de girar sobre sí misma, le llevaría 8.760 horas, lo que equivale a un año, volver a la misma posición inicial al completar una vuelta entera alrededor del Sol.

Por último, una vez aclaradas las principales consecuencias debemos tener en cuenta que la posibilidad de que la Tierra deje de girar en cualquier momento es prácticamente nula, por lo que podemos estar tranquilos.

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LiveSicence ha preguntado a James Zimbelman, geólogo emérito senior del Museo Nacional del Aire y del Espacio del Smithsonian, en Washington, DC sobre qué ocurriría si la Tierra dejara de girar de pronto. En principio, su respuesta es tranquilizadora, ya que parece un hecho totalmente imposible.

Así, el insigne científico aclaró: «Esto es solo un experimento mental. No existe una fuerza natural que impida que la Tierra gire. Esa es parte de la razón por la que el planeta ha estado girando desde que se formó, lo cual es bastante impresionante «.

La Tierra realiza una rotación completa sobre su eje cada 23 horas, 56 minutos y 4.09053 segundos. Esto se traduce en aterrizar en el ecuador moviéndose a aproximadamente 1.100 mph (1.770 km / h), con velocidad de rotación disminuyendo a cero en los polos, según Zimbelman.

Si el planeta se detuviera abruptamente, el momento angular impartido al aire, el agua e incluso las rocas a lo largo del ecuador seguiría moviéndose a esta velocidad de 1.100 mph. El movimiento rastrearía la superficie mientras la destrozaba y enviaría fragmentos a las regiones superiores de la atmósfera y el espacio exterior.

Qué es el momento angular

El momento lineal es el producto de la masa de un objeto y su velocidad (dirección y rapidez). Un pasajero en un automóvil en movimiento que se detiene abruptamente continuará avanzando debido al impulso lineal.

El momento angular es el análogo rotacional al momento lineal. Es el producto del momento de inercia (la fuerza de rotación necesaria para rotar la masa) y la velocidad angular.

«Uno de los fundamentos de la física es la conservación del momento angular», explica Zimbelman. «Una vez que algo está girando, tienes que ejercer la misma fuerza [en la dirección opuesta] para evitar que gire».

Reagrupar, reformar, acrecentar

Pero no todo estaría perdido si la Tierra dejara de girar.

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Según Zimbelman, los pedazos que se desprenderían de la superficie recuperarían algo de giro a medida que la Tierra y sus restos continuaran su camino alrededor del sol. Eventualmente, la atracción gravitacional del planeta haría retroceder el halo de fragmentos con un efecto inesperado.

«Lo que [Isaac] Newton nos ayudó a descubrir con la mecánica clásica es que las piezas que se acumulan y se acercan entre sí liberarían algo de su propia energía, calentando las cosas», dijo Zimbelman.

Según el geólogo, la transición rápida y destructiva también vaporizaría la mayor parte del agua en la superficie del planeta. Si bien la mayor parte de esta agua vaporizada se perdería, parte podría incorporarse a minerales recién solidificados. Finalmente, no todos los fragmentos se reabsorberían por acreción. Algunos de los bits planetarios serían arrastrados por la atracción gravitacional de la luna, bombardeando el satélite cercano y creando innumerables cráteres más en su superficie.

¿Qué pasaría si la Tierra girara al revés?

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Desde hace miles de millones de años, la Tierra gira sobre su eje en la misma dirección: de oeste a este, al contrario de las agujas del reloj si se tiene en cuenta el polo norte como punto de vista. Esto es común a todos los planetas de nuestro Sistema Solar, con la excepción de Venus y Urano.

A una velocidad de 1.670 kilómetros por hora, en nuestro mundo una rotación completa dura casi 24 horas. Este fenómeno tiene distintas consecuencias, como el efecto Coriolis, que es el responsable, por ejemplo, del sentido en el que giran los anticiclones en cada hemisferio.

Pero, ¿qué ocurriría si al mundo le diera por dar frenazo y marcha atrás y esa dirección se invirtiera?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Reading en Reino Unido y el Instituto Max Planck de Meteorología en Alemania, entre otros, ha presentado en la asamblea general de la Unión Europea de Geociencias, que se ha celebrado recientemente en Austria, una simulación que muestra las consecuencias globales a nivel climático. Y resulta que el mundo sería muy diferente al que hoy conocemos.

Para empezar, uno de los mayores cambios es que el ancho cinturón desértico que se extiende desde África Occidental hasta Oriente Medio sería reemplazado por un vergel, un paisaje verde de clima húmedo y templado.

Al mismo tiempo, las dunas cubrirían América del Norte y del Sur, hasta el punto de que el sur de Brasil y Argentina se convertirían en los mayores desiertos sobre la Tierra.

El sur de EE.UU. sufriría un brutal cambio climático desde la humedad a una aridez absoluta. Mientras, en Europa occidental, nos quedaríamos congelados durante los gélidos inviernos.

Además, según los investigadores, las cianobacterias, un grupo de bacterias que producen oxígeno a través de la fotosíntesis, aparecerían donde nunca antes lo habían hecho.

Dominarían el norte del Océano Índico. Y la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (AMOC), una importante corriente oceánica reguladora del clima en el Atlántico, se esfumaría para resurgir de nuevo en el Océano Pacífico norte.

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Un planeta más verde

Estas condiciones climáticas completamente nuevas en todo el mundo surgirían durante miles de años. Curiosamente, los investigadores descubrieron que una Tierra que gira hacia atrás tiene sus ventajas. En general, sería más verde.

La cobertura mundial del desierto se reduciría a la nada desdeñable cifra de 11 millones de kilómetros cuadrados (de 42 millones a unos 31 millones de kilómetros cuadrados). Las praderas aparecerían en más de la mitad de las antiguas áreas desérticas, y las plantas leñosas brotarían para cubrir la otra mitad.

La vegetación de este mundo «marcha atrás» almacenaría más carbono que nuestra Tierra actual. Como punto negativo, los desiertos surgirían donde nunca lo han hecho: norte de China, sureste de EE.UU., sur de Brasil y Argentina.

Además de los tirones gravitatorios del Sol y la Luna, existe un abanico de factores que también pueden influir en la velocidad de la rotación, tanto incrementándola como ralentizándola. Por ejemplo, el aumento del nivel del mar provocado por el deshielo de glaciares o la atmósfera.

Como resultado, los científicos estiman que las temperaturas invernales descenderían hasta 10 grados centígrados. De hecho, la mayor parte del Atlántico Norte se enfriaría. Las simulaciones muestran que la Corriente del Golfo – que normalmente transporta aguas tropicales cálidas hacia el norte – se revertiría y se reduciría. En Norteamérica, el panorama cambiaría drásticamente.

Por ejemplo, los icónicos desiertos del suroeste americano desaparecerían y se convertirían en los desiertos de sureste. Y mientras te preparas para mudarte a los nuevos y hermosos pastos verdes de Arizona, mira al horizonte y disfruta de esta peculiar puesta de sol al este.

Además, hay investigadores que creen que la presencia de vida tiene la capacidad de influir en la velocidad de rotación de un planeta a base de liberar gases como el oxígeno. Pero, ¿hay algo que pueda provocar que gire al revés? El impacto brutal de un gigantesco asteroide. Pero seguro que no vivimos para contarlo.

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¿De qué nos arrepentimos cuando vamos a morir?…


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Yorokobu(S.Parra)  —  Si atendemos al conmovedor monólogo de Robin Williams en la película El indomable Will Hunting («no sabes lo que se siente al perder a alguien porque solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo»), es probable que espetemos un condescendiente «OK, boomer» si tenemos menos de treinta años, o un «paparruchas» si somos ya viejos zorros de vuelta de todo.

Pero eso sería un error, porque debajo de esa formulación de libro de autoayuda hay literatura científica que deberíamos tener en cuenta.

Por supuesto, el que suscribe no predica con el ejemplo, porque peina canas y es un poco señor Scrooge.

Sin embargo, nunca es tarde para cambiar (otro tópico de autoayuda); y, además, con este texto que sigue me acojo a la réplica del filósofo alemán Max Schelling, al que preguntaron en cierta ocasión por qué no acataba las reglas que él mismo proclamaba: ¿acaso esperamos que una señal de tráfico siga la dirección que indica?

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«Bucket list»

A todos nos quieren endilgar las típicas listas de cosas que uno debería hacer antes de morir. Estas listas son más o menos fiables y a menudo reflejan sermones de perogrullo, tan gastados e ineficaces como un refrán. Pero ahí siguen, inexorables. Nos sentimos a gusto dando siempre los mismos consejos, recibiéndolos, y también ambicionando lo que resulta común para todos: salud, dinero, amor, esas cosas.

En Japón, por ejemplo, hay una tradición que se celebra en los templos sintoístas que consiste en escribir deseos y esperanzas en unas pequeñas placas de madera llamadas ema. Cada ema se cuelga con las otras que adornan el templo para que las lean los dioses (kami), pero si las leemos nosotros descubriremos un conjunto de mensajes del tipo «aprobar un examen», «un buen final para una situación complicada», «un viaje seguro»…

Hasta aquí no hay mucho más: anhelos superficiales que se consuelan con recetas superficiales. Sin embargo, si desconectamos por un momento la displicencia de viejo zorro o la condescendencia de milenial, es probable que hallemos una veta fructífera. Un patrón subyacente que puede resumirse en el miedo a la incertidumbre.

No saber lo que va a pasar genera estrés en casi todos nosotros, incluso más del que más tarde generará aquello que nos suceda. Es decir, sentimos un nudo en la garganta con cada preocupación y malgastamos energía que podríamos emplear para ocuparnos en vez de pre-ocuparnos. Incluso, parece ser que ocuparnos de los problemas es también una forma poco satisfactoria de vivir la vida.

Básicamente porque somos incapaces de saber lo que nos hará felices o infelices en un futuro, tal y como señala Daniel Gilbert en el libro Las mejores decisiones (edición de John Brockman) tras analizar estudios clínicos al respecto:

Nuestra capacidad para simular el futuro y predecir nuestras reacciones hedónicas es muy deficiente y la gente rara vez es tan feliz o tan infeliz como había previsto.

Ni siquiera somos capaces de evaluar cómo nos sentiremos después de un evento tan doloroso y traumático como la muerte de un ser querido al transcurrir solo un año: por lo general, tendemos a pronosticar que nos sentiremos peor de lo que realmente estaremos.

Algo parecido a lo que sucede con las listas de cosas pendientes o las bucket list.

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Retropección

Quizá la forma más razonable de saber qué cosas son más importantes que otras pasaría por la evaluación retrospectiva, a toro pasado. Vivir, mirar atrás y diagnosticar qué nos produce arrepentimiento y qué no. Como no disponemos de un Delorean para viajar al pasado y resarcirnos en ese sentido, podemos hacer otra cosa: escuchar a los que están a punto de morir, buscar pautas en quienes ven la película de su vida y extraen alguna enseñanza de ello.

En tal caso, hay una serie de aspectos que suelen repetirse más a menudo cuando una persona está cerca de la muerte. Cosas de las que se arrepiente de no haber hecho. Quizá, sabiéndolas de antemano, podemos llevarlas a cabo antes de que nos alcance el sepulcro.

Eso es lo que hizo Bronnie Ware, una enfermera de cuidados paliativos que atiende a pacientes que se encuentran en las últimas semanas de su vida. Las cinco cosas que más veces repetían sus pacientes:

  • No haber sido más fiel a sus principios, sueños e ilusiones.
  • Haber trabajado demasiado, sin disfrutar más de la vida.
  • No haber expresado más sus sentimientos.
  • No haber estado más en contacto con los amigos.
  • No haber roto más con viejos hábitos que no les permitieron ser felices.

Suenan a tópicos de película navideña, sin duda, y excitan al Grinch que todos llevamos dentro. Pero si dejamos atrás el escepticismo, el cinismo y el ceño fruncido, estas son las cosas que realmente hacen que la vida valga la pena, las cosas que Robin Williams le exhortaba al resabiado Will Hunting (Matt Damon).

De hecho, un estudio de 2018 dirigido por el psicólogo de la Universidad de Cornell Thomas Gilovich llegó a conclusiones similares a las recogidas por Ware. Y todas esas cosas, en aras de poder estamparse en una taza, pueden condensarse en una sola: propiciar momentos especiales que resintonicen con nuestra forma de ser a expensas de lo que se espera de uno.

Pudiéramos pensar que no hay recetas universales, que todos somos distintos. Pero sí las hay en tanto en cuanto todos somos idénticos en muchos aspectos, básicamente porque todos usamos el mismo ADN de Homo sapiens para moldear nuestro cerebro y hasta la última fibra de nuestro ser.

Hay elementos que parecen estar en todos nosotros, de promedio, con independencia de nuestra cultura, nuestra educación, nuestra nacionalidad, nuestra edad. Porque no somos una tabula rasa al nacer. Así que en ocasiones hay que ser receptivos con los consejos aunque sean manidos. Las más de las veces serán perogrulladas o simplificaciones, pero si se repiten tanto en esos últimos momentos en los que toca despedirse de todo, quizá deberíamos hacerles un poco más de caso, y escribirlos en un ema.

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23 sitios abandonados y devorados por el tiempo …


marcianosmx.com  —  Existe cierta ironía en el encanto que nos transmiten los sitios abandonados. Olvidados hace mucho, estos lugares «vuelven a la vida» como una cápsula del tiempo que almacena esa nostalgia por el pasado.

Una ventana hacia otras épocas para aquellos que no desean olvidar, quizá porque en el pasado las cosas eran mejor.

A continuación, te presentamos una serie de sitios abandonados y devorados por el tiempo.

El crucero MS World Discoverer chocó contra un arrecife frente a las Islas Salomón el 29 de abril del 2000.

En el valle de la Muerte, al sur de California, se localiza este pequeño negocio abandonado desde hace décadas.

Una iglesia abandonada en la aldea Grzymałków, al centro-sur de Polonia.

El armazón de un edificio de oficinas abandonado en medio del invierno ruso.

El gimnasio de un colegio abandonado en la ciudad de Gary, Indiana, Estados Unidos.

Una funeraria abandonada al sur de Texas.

Las paredes de una antigua residencia abandonada cubierta por ramas y raíces.

Un complejo residencial abandonado en The Beatles Ashram, Rishikesh, al norte de la India.

El sótano abandonado de un coleccionista de trenes en miniatura.

La instalación de una cámara de gas en la Penitenciaría Estatal de Missouri, en Estados Unidos.

Escaleras automáticas abandonadas en el acceso a un centro comercial.

Una sección residencial abandonada en Illinois, Estados Unidos.

El atardecer desde una fábrica en el abandono.

Remanentes de una fábrica donde se molía calcio y magnesio.

Escaleras abandonadas en una estación del metro de Moscú.

Un cine abandonado aún exhibe una cartelera del 2001.

Cementerio de submarinos en Vladivostok, Rusia.

Biblioteca abandonada al interior de un campamento para niños.

Trolebús abandonado en Katmandú, Nepal.

Antigua villa abandonada en Irán.

Situada en el estado de Luisiana, esta cabaña a orillas de un río está abandonada desde el paso del huracán Katrina.

Escaleras a un hotel abandonado en Bali, Indonesia.

Teatro abandonado de una escuela secundaria en Burlington, Iowa.

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Miedo colectivo: Cinco momentos recientes y cómo salimos adelante…


Yorokobu(J.M.Martín)  —  Los que pasamos de los 50 hemos conocido decenas de momentos de miedo colectivo. De alguna manera, hemos sobrevivido a tantos fines del mundo que no los recordamos. Algunos de estos apocalipsis, tan tontos como el anunciado por un presentador de una cadena privada de televisión al cierre de las noticias:

—Una vidente italiana ha anunciado el fin del mundo para el martes a las seis de la tarde. Si no ocurre, estaremos aquí para contarles las noticias.

Aquella trivialidad creó pánico en personas mayores, crédulos y supersticiosos.

—Pili, ¿será verdad? —dijo una vecina a mi madre, el martes, poco antes de las seis— Lo ha dicho la tele.

Un helicóptero sobrevoló el barrio remarcando la frase de la vecina. (El cine nos ha enseñado que cerca del fin del mundo suena un helicóptero sobre las cabezas de los protagonistas). Aparte del helicóptero, aquella tarde fue como todas. Antes y después, otros miedos colectivos estuvieron basados en momentos históricos que contribuyeron a transformar el mundo.

El primer miedo colectivo

Mis padres tenían un bar. La cocina era el puente entre el bar y la salita familiar donde yo hacía los deberes y veía la tele con mi hermano.

Una tarde cualquiera, de repente, los clientes callaron. La radio sonaba demasiado alta. Un locutor hablaba. Me asomé al bar. No recuerdo qué hizo mi hermano pequeño. Mi madre, mi padre y los clientes estaban atentos a la radio.

—¿Qué pasa? —pregunté a mi madre.

—Unos guardias civiles han entrado en el Parlamento.

No recuerdo si los clientes se marcharon pronto a sus casas, pero recuerdo esta frase horas después:

—El de la Jacinta se ha ido al monte —dijo mi madre .

—¿A qué monte, mamá? —dije yo.

No hay montes en la periferia de Sevilla.

—Se ha escondido —dijo mi padre—. Estuvo en la guerra. Es comunista.

Los comunistas ponían música en su local. Era todo lo que sabía de ellos como alumno de quinto de EGB.

Aquella noche no salió la carta de ajuste en televisión. La Primera puso películas. Mis padres permitieron que mi hermano y yo nos quedáramos con ellos en la salita.

Tengo dos recuerdos de la televisión. Bob Hope con un mapa de tesoro pirata tatuado en el pecho, aguantando la respiración en el fondo de una piscina. La Masa atravesando un campo de fútbol americano empujando a jugadores a manotazos.

Una película detrás de otra. Sin anuncios.

En medio salió el rey Juan Carlos vestido de militar con todas sus medallas. No recuerdo qué dijo. Yo esperaba ver más películas.

—Bueno, después de esto se ha acabado todo —dijo mi padre.

—A la cama —dijo mi madre.

Al día siguiente, los compañeros de clase hablamos de las películas camino al aula. (¿Fuimos por propia voluntad?). Recordamos al hombre verde empujando a los jugadores de rugby. Mis compañeros comentaron otras películas que no vi. ¿Por qué me fui a dormir?

—A ver si pasa algo así otra vez, —dijo un amigo, el más espabilado— pero que no pase nada… para que pongan películas toda la noche.

Me pareció una buena idea.

De aquella mañana recuerdo que no dimos clases. Los maestros mandaron deberes interminables y escucharon la radio. Más tarde, los profesores salieron al pasillo.

El miedo de los adultos desapareció. El de la Jacinta volvió al barrio.

Luces blancas sobre el cielo verde de Bagdad

En la CNN, luces blancas sobre un cielo verde. Luces que estallaban como fuegos artificiales, pero no subiendo, cayendo.

Eran las bombas de los Estados Unidos en el cielo de Bagdad.

Esperábamos el momento. Durante meses, los periódicos y las televisiones nos habían advertido de la guerra.

Pero saber que te estamparás contra el suelo no suaviza el golpe.

La primera guerra emitida en directo. Sin muertos ni sangre en el plano general. Luces blancas sobre un cielo verde. En apariencia, una guerra aséptica. Y sin embargo, encogía el corazón.

Al día siguiente, en el taller de radio del INEM, buenos días entre bostezos y miedo mal disimulado. Ni los profesores ni los alumnos (era uno de ellos) comentamos las luces blancas.

Un alumno que venía de un pueblo trajo un ramo de rosas.

—Una flor para otra flor —decía dando una rosa a cada alumna.

Hicimos nuestros programas de radio de mentirijillas con menos chispa de la habitual. El mundo seguía girando, pero quizá no tanto.

Más tarde, el alumno de las rosas me contó que estaba asustado, pero no quería que los demás lo estuvieran.

—Espero que los rusos no entren —dijo.

—Espero que no. Que no se líe más.

La guerra continuó. El miedo colectivo se diluyó cuando la URSS se derrumbó. Nos acostumbramos a esta y otras guerras en Oriente Próximo.

Dos torres en llamas

—¡Corred, mirad, mirad! —dije a mis padres.

Más tarde supe que fue un grito común en muchas casas. Mi padre se alejó de la barra del bar, cruzó la cocina y llegó a la salita. Mi madre no abandonó la cocina. Era la hora de comer. La hora de mayor clientela. Y las cadenas emitían cómo dos rascacielos gemelos ardían.

—Dos aviones han chocado con rascacielos de Nueva York.

—¿Dos aviones? —dijo mi padre.

—Sí, parece raro, pero sí. Y se está tirando gente.

En ese momento, una persona se lanzó desde uno de los últimos pisos… Aparté la mirada.

—¿Esto está pasando? —dice mi padre.

Entiendo la desconfianza de mi padre. Eran tiempos de programas de inocentadas y noticias teatralizadas. (Como la de aquella actriz que fingió una caída terrible en un conocido programa de noche).

—Sí, está pasando. Lo están dando todas las cadenas.

—Voy a ponerlo en el bar.

Poco después, la organización terrorista Al Qaeda reclamó el atentado. La sorpresa y la indignación estaban en nuestros corazones, pero no el miedo. Muchos pensaban:

«Estas cosas les pasan a los americanos».

El tren del horror

Fui al centro de Sevilla a comprar ropa poco antes de que abrieran las tiendas. Al llegar a Plaza Nueva, vi a cientos de personas en silencio frente al Ayuntamiento. No tenían pancartas ni gritaban.

Aunque es temprano, me parece inusual que la tienda de ropa esté vacía. Una dependienta apoyada en el mostrador escucha una pequeña radio. No ha reparado en mi presencia.

—Hola, ¿está pasando algo? —pregunté con temor a parecer un bicho raro.

—Han puesto una bomba en un tren en Madrid —dijo con una sonrisa congelada en desconcierto.

—¡Una bomba!

—Dicen que ha sido ETA.

Más tarde sabremos que Al Qaeda fue la responsable de la masacre de Atocha.

—¿Cómo pueden pasar estas cosas aquí? —me dijo una amiga.

No supe qué responderle.

El atentado de Atocha nos dolió y sobrecogió. El miedo colectivo no era abstracto. No eran palabras en la radio ni luces blancas en televisión. No era una cosa que les pasaba a los americanos. Estaba con nosotros.

El miedo metió a muchos en un túnel.

—Se subió al autobús un moro con una mochila y me bajé del miedo —me dijo un amigo.

Un túnel con una salida al final, pero falsos caminos a los lados como la ira y el racismo.

Muchos aprendimos a convivir con el pánico a un próximo atentado hasta que nos acostumbramos a la vida normal.

El hombre naranja

Ganó Trump mientras era de noche en Europa. Medio mundo se fue con miedo a la cama y despertó asustado.

Aquel hombre de color naranja tendría un maletín con el poder de lanzar misiles nucleares. Cuatro minutos menos para la cuenta atrás.

«No sabemos por dónde saldrá Trump», decían sus compañeros del Partido Republicano. Los periódicos hablaron de militares de alta graduación que dimitieron para no ser cómplices de un genocida.

Cuatro minutos: el tiempo que hay entre pulsar el botón rojo y la salida de los misiles termonucleares de los silos. Lo leímos en los periódicos. Igual que leímos que había crecido en internet la búsqueda de refugio nuclear. Pocas veces el miedo colectivo ha sido alimentado simplemente por un hombre.

—No quiero leer nada sobre Trump —me dijo un amigo—. Nada. Quiero vivir tranquilo hasta que pase lo que tenga que pasar.

Pasaron los meses. El miedo se diluyó. Nos acostumbramos a Trump. Muchos hemos llegado a pensar que si tenemos que saltar por los aires, será rápido.

El puto virus

—Mamá, mañana no salgáis de casa, por favor —dije por teléfono.

Era viernes por la noche. 24 horas después, el Gobierno ordenó el confinamiento de los españoles para detener la expansión del coronavirus.

Tres días atrás, abracé y besé a mis padres, como hacía cada vez que los visitaba, aunque vivieran a diez minutos.

—Ahora no se puede dar abrazos ni besos —me dijo mi madre medio en broma, medio en serio.

Desde aquel día no he vuelto a ver a mis padres salvo por videoconferencia con mis hermanos y sobrinos. Years and Years, pensé durante la primera comunicación con cinco pantallas.

—A ver si acaba el cuerno virus para ver a los nietos —dijo mi padre ayer.

Mis besos y abrazos fueron fruto de una inconsciencia compartida con muchos, como muchos, lo cual no es un consuelo.

No hemos entendido la teoría del caos. La mariposa que bate las alas y provoca un huracán en la otra parte del mundo es una figura poética. La formulación de la teoría debiera ser esta: un virus se introduce en una persona en una parte del mundo y 90 días después ha contagiado a un millón de personas en todo el planeta.

Y porque no quisimos entender, estamos viviendo una distopía de enclaustramiento ante un enemigo invisible que provoca infección y muerte. Una distopía que llevamos con más hartazgo que miedo. Más incertidumbre que dolor. Una distopía que los creadores de odio quieren aprovechar para encaramarse al poder. A pesar de todo, un estado mental global se está instalando. Este estado mental resalta qué elementos positivos estamos sacando de la tragedia.

La contaminación ha disminuido.

Muchas personas han aprendido a valorar la sanidad pública y el esfuerzo de sus trabajadores.

Los hombres y mujeres de ciencia están recibiendo mayor atención que las estrellas deportivas.

Muchos han aprendido a respetar a personas a las que antes miraban por encima del hombro. Las cajeras y las limpiadoras son tan importantes como los cirujanos y los bomberos.

A fuerza de verse en los balcones, muchas personas han conocido a sus vecinos, y no se sienten solos.

Una generación de padres y madres hiperocupados se han visto obligados a conocer mejor a sus parejas e hijos. Pocas veces antes los críos han recibido tanta atención por parte de sus progenitores.

Por todo lo anterior, cada vez somos más los que decimos: ojalá que esto acabe pronto para volver a la normalidad, pero otra normalidad. Esa otra normalidad nos podría llevar juntos a futuro mejor.

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Vamos a (contar mentiras) tuitear «invents»…


Yorokobu(A.Bulnes)  —  Un fantasma recorre Twitter: el fantasma de los invents. Mentiras en forma de anécdota, con intenciones a veces maléficas, a veces puramente lúdicas e inofensivas, que han hecho que entremos en la red social listos para no creernos nada. Especialmente si el protagonista de la anécdota es un niño que hace reflexiones filosóficas.

Esta palabra anglosonante, en realidad, solo en la tuitesfera hispana se usa con este significado tan específico. Invent existe en inglés, pero solo como verbo. En el universo tuitero en español, sin embargo, se ha transformado en dedo acusador en forma de meme.

Lo encontraremos siempre entre las respuestas que siguen a algún tuit que cuenta una historia inverosímil o que busca de forma demasiado evidente apoyar una corriente de pensamiento. «¡Invent!», tuiteará alguien. «No lo sé, Rick, parece falso», escribirá otra persona.

Los orígenes de este neologismo tuitero están, no obstante, fuera de Twitter. Está bastante aceptado que los primeros en usarlo, o al menos los primeros en darle visibilidad, fueron los responsables de La hora chanante.

En un sketch, el cómico Raúl Cimas aparecía como Invent Man o «El Trolacas», un personaje que contaba grandes anécdotas inventadas, como que Felipe González era amigo suyo o que le había dicho a Almodóvar «yo paso de cine».

El típico exagerador o mentiroso nato al que nadie cree, pero todo el mundo escucha.

Los invents llegaron a Twitter también de la mano de los mismos cómicos, aunque con un uso distinto al actual: en vez de acusar a otros de invent(arse) cosas, etiquetaban sus propios tuits como invents. El primero es de Julián López, que el 19 de octubre de 2011 tuiteaba: «¿Habéis visto el anuncio (mítico) de la tonada “Vuelveeee a casa, vuelveee por Navidaaaad..” cantada por Tom Waits en castellano?».

Dos líneas más abajo, en el mismo tuit, aparecía el hashtag por primera vez, haciendo historia del Twitter en español: #invent.

Anatomía de un «invent» 

Ya lejos de sus orígenes chanantes, si hubiese una escuela de invents, el formato clásico que todos los alumnos tendrían que dominar antes de obtener el título sería el del diálogo con niños.

En menos de 280 caracteres, cuenta que tu hija o sobrino o prima pequeña, de no más de 10 años, te ha hecho reflexionar sobre algún tema muy profundo o que crea cierta controversia en la agenda mediática. El aborto, la situación catalana, el feminismo, cómo está Venezuela.

Otro formato imprescindible es el de las conversaciones escuchadas en terrazas. Otro, el de los tuits que empiezan con un aviso que activa todas nuestras alertas: «caso real». A partir de ahí, ya solo queda romper las reglas, como hacen los mejores artistas, y experimentar.

Lo único que requiere el invent para ser invent es que la historia que se cuenta sea falsa. En los de tuiteros que lo que buscan es la manipulación, el objetivo es que todo el mundo se lo crea. Pero luego hay un invent más divertido y de espíritu lúdico: hilos que cuentan historias que podrían ser novelas y que tuit a tuit van provocando que la ceja del lector se vaya elevando poco a poco.

Cuando este grita «¡INVENT!», el autor admite que claro, que cómo iba a ser verdad. Todo era un juego que ganaba el primer jugador que se diese cuenta de que estaba, efectivamente, jugando.

La realidad supera a la ficción de los «invets» 

En el engaño hay ingenio. Contamos mentiras porque queremos gustar más o porque queremos llevar la opinión pública (en Twitter, en otros contextos nuestro poder es más limitado) hacia nuestro lado. A veces, simplemente por diversión. El objetivo es que nos crean o, a veces, que nos pillen. Como lector, es tan fácil acabar en un lado como en el otro porque la realidad es muchas veces inverosímil.

El 4 de enero, el escritor islandés Aidan Moher pidió a sus seguidores que le contaran algo sobre ellos mismos que pareciera mentira pero que fuese, en realidad, cierto.

El tuit se hizo viral. Recogió el testigo el tuitero @hematocritico, que lanzó la versión hispana de la pregunta introduciendo la palabra clave: «¿Qué historia real si la contáis es más posible que os dijeran que es un INVENT?».

Más viralidad y más historias reales que dejan a los mejores invents a la altura del betún.

Los niños vuelven a ser protagonistas porque en la vida real dicen cosas raras. Hace unos años, un padre se quejaba en Twitter: «Le he estado explicando a mi hijo de cuatro años qué son los entierros y me ha dicho que ya no quiere ser policía, sino enterrador.

Parece invent pero es verdad». Alguien en otra ocasión apuntaba que el padre de Mozart lo había tenido que pasar muy mal:

«—Mi hijo de 4 años mientras compone una sinfonía: “no sé si la entrada de los metales queda mejor aquí o dentro de cuatro compases”

—¡INVENT

Los mejores invents, sin embargo, no son invents. Rizan el rizo e imitan los formatos clásicos (o alguna de estas mentiras que se acabe de hacer viral) buscando no engañar, sino reírse del género.

Aquí hay ya niños de dos años cuya primera palabra es invent o fetos que hablan a sus padres de fascismo desde la barriga.

Mientras, el dedo acusador es muchas veces más sutil y no usa el pseudoanglicismo. Dice solo «Felipe González es amigo mío» y unos cuantos tuiteros versados en la materia sonríen a sus pantallas con gesto de aprobación.

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Las ‘mujeres sobrantes’ de China en la era de la soltería…


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ACV(A.Nuño)  —  La pregunta de rigor en cualquier comida familiar que se precie, hecha generalmente por familiares que no ven en exceso a las personas más jóvenes de la prole, es aquella de: «¿Y ya tienes pareja?».

Una vez que esa meta en concreto se ha alcanzado, las siguientes son obvias, relacionadas generalmente con bodas o futuros hijos. Así, todos parecemos cumplir parte de una representación en la que tenemos muy claro el papel que nos ha tocado.

Quizás es porque está en nuestra psique que, como especie evolucionada, es necesario sobrevivir, y eso solo podemos hacerlo eligiendo a la pareja que consideramos adecuada y dejando parte de nuestro código genético a los que vendrán después.

Las personas que no parecen amoldarse a ello son vistas con suspicacia, y en nuestro país hace no mucho tiempo había varias expresiones certeras para aquellos a los que todavía no había llamado el amor a sus puertas: te vas a quedar para vestir santos o se te va a pasar el arroz. Frases venenosas pensadas más para ellas que para ellos.

La mujer soltera parecía encontrarse en ese estado por circunstancias ajenas a ella, mientras que el soltero lo hacía por un deseo un poco infantil de continuar viviendo la vida sin atarse a nada o nadie. Pero hasta ellos, llegados a un determinado punto, no estaban bien vistos.

La era de la soltería

Las preguntas de rigor se siguen haciendo, pero la sociedad ha cambiado. Estamos en la era de la soltería.

El pasado 1 de enero, la Comunidad de Madrid publicó en su web información para solicitar ayudas a la natalidad para madres menores de 30 años.

En las elecciones generales de 2019, Ciudadanos hablaba en su programa electoral de «hacer España un país mejor para las familias»: «Un país sin niños es un país sin futuro: hay que aumentar la natalidad».

Según los índices de natalidad de 2019, en España hay 1,24 hijos por mujer (menos que en Portugal o Alemania). El año pasado se hizo viral el discurso de Ana Iris Simón por, entre otras cosas, echarle en cara a Pedro Sánchez la falta de ayudas a la natalidad.

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Una de las razones principales por las que muchas personas alegan no tener hijos es porque no tienen tiempo ni dinero para cuidarlos.

Pero, por primera vez en la historia, ha entrado en el tablero una nueva variable: muchas personas eligen la soltería por una convicción que no tiene nada que ver con lo religioso. Hay gente que, simplemente, no quiere atarse a nadie en un mundo dominado paradójicamente por las redes sociales para ligar, como Tinder.

Eso ha calado en todos los estratos de la sociedad: las últimas cinco princesas de la factoría Disney han acabado sus películas felices y comiendo perdices, pero sin compartirlas con nadie.

Según una encuesta demográfica del gobierno japonés, más del 40% de los solteros menores de 34 años en Japón son vírgenes y siete de cada diez hombres no casados de esta edad no han tenido aún ninguna relación sentimental con mujeres.

De hecho, se les conoce como ‘solteros parásitos’: solteros que deciden serlo por convicción porque piensan que tener una relación con alguien que no cumple sus requisitos es una pérdida de tiempo y, de cualquier forma, es imposible encontrar viviendas a precios razonables.

Las mujeres ‘con tres altos’ en China

Pero hay un país en concreto donde no tener pareja está peor visto que en cualquier otro, incluso en la era de la soltería.

En China, la natalidad no va mucho mejor que aquí: según los datos de la Oficina Nacional de Estadística, se ha desplomado por quinto año consecutivo.

La política del hijo único ha pasado a la historia y, como en España, se insta a los ciudadanos a que tengan hijos.

Hace unos años, un documental producido por la marca japonesa SK-II hablaba de las presiones a las que se somete a aquellas mujeres chinas que han pasado los 25 años y corren el riesgo de quedarse más solas que la una: las llamadas mujeres sobrantes.

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En China, aquellas mujeres que han cumplido más de 25 años y aún no han encontrado pareja, suelen ser presionadas tanto por sus familias como por campañas del Estado chino para que se casen.

Tanto es así que, según el documental de SK-II, los padres desesperados suelen visitar los llamados ‘mercados matrimoniales’, donde dejan carteles con una lista con las características de sus hijas solteras, con la esperanza de encontrarles pareja.

«Tiene orígenes históricos», me cuenta Liuyun Xiang, que estudió Relaciones Internacionales. «Sociológicamente hablando, cuando la sociedad china vivía de la economía agrícola, los miembros de una familia contaban como mano de obra para el trabajo en el campo.

El matrimonio entonces era la forma más rápida de juntar los recursos de dos familias. Además, tener descendientes masculinos implicaba recibir más proporción en el reparto de las tierras fértiles por parte de la familia.

Dicho esto, las familias con descendientes femeninas querían buscar a chicos jóvenes, que servían para la labor de campesinado. Por otro lado, antiguamente, el acceso a la educación y al mercado de trabajo estaban diseñados exclusivamente para los hombres, por lo que las mujeres solteras dependían de los padres (y después de casarse de sus maridos).

No se podía vivir soltera. De ahí se ha ido heredando esa idea, aunque las condiciones sociales para las mujeres hayan cambiado radicalmente».

En las últimas décadas, se ha hecho evidente la disminución en el tamaño de los hogares en China, impulsada por un aumento en el número de viviendas unipersonales, informa un reciente artículo publicado en ‘Psychology Today’.

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Las estadísticas oficiales indican que el porcentaje de hogares unipersonales aumentó del 4,9% en 1990 al 14,5% en 2010, cuando se registraron 58 millones de hogares con un solo ocupante.

Y otras estadísticas muestran que en 2018 había alrededor de 200 millones de adultos solteros residiendo en China y más de un tercio de ellos vivían solos.

«Gracias al apoyo de mis padres yo no he sufrido estrés, pero si es verdad que mis abuelos y mis tíos me decían que debía encontrar pareja a partir de los 22 años, cuando terminé la carrera», cuenta Liuyun.

«Ellos consideraban que esa era la mejor edad para que una chica o mujer seleccionase a su pareja.

De lo contrario, cuanta más edad cumplas, menos oportunidades tienes de conseguirlo.

Actualmente, muchos padres o familiares (no todos, claro) consideran que tener una hija soltera es como un tipo de fracaso, ya que no hay hombres a los que les interesa establecer una relación con ella.

Hay que mencionar que pasa lo mismo con los padres que tienen hijos, no es algo exclusivo para las mujeres, pero sí es verdad que ellas en general sufren más críticas».

«Aquí se dice que se te pasa el arroz, en China se les denomina ‘mujeres con tres altos’. Es una expresión coloquial que se refería a los tres indicadores de la salud: hipertensión, hiperlipidemia y alto nivel de glucosa en sangre.

Pero ahora ha adquirido un nuevo uso y llaman así a las mujeres sobrantes que posen un alto salario, alto cargo y alto nivel de formación», cuenta Liuyun.

Y el alejamiento de la sociedad tradicional no solo ha llevado a las mujeres a tener otro estilo de vida, sino que el proceso de industrialización también ha ido irremediablemente acompañado de una migración interna del campo a la ciudad (como en España) y a una urbanización sin precedentes de las zonas rurales, lo que, por supuesto, cambia también la forma de pensar de las nuevas generaciones.

«Aun así, la situación es bastante similar tanto en las zonas rurales como en las ciudades», me explica Liuyun.

«La única diferencia es que si los solteros se mudan a las grandes ciudades, están alejados de su entorno familiar y así no existe esa presión. Sin embargo, los solteros de origen urbano, que tienen a sus familiares en las grandes ciudades, siguen sufriendo el estrés. En otras palabras, no se trata de una diferencia geográfica, sino que si tienes cerca a tus vínculos familiares e interpersonales».

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Algunos expertos también apuntan que el proceso de industrialización ha obligado a un número significativo de personas a viajar largas distancias para poder trabajar o a adoptar más de una dirección en la que vivir, lo que lleva irremediablemente a un estilo de vida más propicio para la soltería.

Los problemas de los jóvenes y la precariedad en la época de la globalización son muy similares, unidos instantáneamente por una red infinita como es internet. Sin embargo, la forma de afrontarlos por la sociedad puede ser diametralmente opuesta.

¿Podrá cambiar la concepción peyorativa de la soltería en China ahora que los cambios sociales son globales? Liuyun no es muy optimista: «Lo dudo, sobre todo ahora que el país está sufriendo un crecimiento demográfico negativo». A la lima y al limón, que diría Concha Piquer.

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Ni menopausia, ni suelo pélvico o endometriosis: a Facebook no le gusta que se hable de salud femenina en sus dominios…


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El País(P.Rodríguez)  —  Un dispositivo que ayuda a fortalecer el suelo pélvico, promocionado con la imagen de una mujer corriendo por el campo y el texto “Corre. Baila. Juega. Ama.

No permitas que los problemas de salud íntima se interpongan. El nuevo vFit, con tecnología patentada, ayuda a fortalecer los músculos del suelo pélvico para que puedas vivir una vida plena”; un accesorio para evitar dolor durante la penetración que se anuncia con el mensaje “Se tarda 3,5 años en dar la vuelta al mundo navegando.

Se tarda 7-10 años para obtener un diagnóstico de endometriosis”; o una ilustración en la que a un corazón con ojos, alas y una nariz azul con forma de vagina (si se le echa imaginación) le sale un bocadillo que reza “el consentimiento es una opción que tomas sin coerción, manipulación o discapacidad”.

Los ejemplos son campañas reales de diferentes startups que fueron vetadas en Facebook o Instagram (propiedad ambas del rebautizado Meta) cuando quisieron promocionarse.

Parece que a la empresa, célebre por censurar pezones si son femeninos, no le gusta la menopausia, no le gustan las pérdidas de orina, ni el sangrado del posparto; tampoco la palabra vagina o el dolor del pecho en la lactancia.

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Algunas de las campañas que no pasaron el filtro de Facebook, recogidas por Center for Intimacy Justice.

Los anuncios prohibidos no son los únicos. Hace unos días Center for Intimacy Justice (CIJ), un proyecto salido de Harvard Innovation Labs, publicaba un estudio en el que se señala que se trata de una práctica relativamente común.

“Estudiamos a 60 negocios que sirven a la salud de las mujeres o de personas de género diverso y que han intentado hacer publicidad en Facebook”, explican desde esta organización que persigue la equidad y el bienestar en la vida íntima.

“De los 60 negocios, todos (el 100%) habían experimentado el rechazo de algunos de sus anuncios en Facebook o Instagram”.

La mitad de los participantes de la investigación, además, reportaban que sus cuentas habían sido suspendidas en algún momento por incumplir las reglas de este juego que tiene poder para cambiar el mundo (para bien y para mal) y que mueve miles de millones de dólares.

¿Los temas que trataban? Menopausia, dolor pélvico, embarazo, posparto, menstruación, fertilidad, bienestar sexual, educación sexual…

Todas eran pequeñas o medianas empresas, en su mayoría lideradas por mujeres (59 de las 60, la restante está dirigida por una persona de género no binario, explican desde la organización).

“Damos la bienvenida a los anuncios de productos de bienestar sexual, pero prohibimos el desnudo y tenemos reglas específicas sobre cómo se pueden comercializar estos productos en nuestra plataforma”, explicaba la compañía a esta revista.

“Hemos brindado detalles a los anunciantes sobre qué tipos de productos y descripciones permitimos en los anuncios”. Palabras como ‘vagina’ o ‘menopausia’ no están prohibidas, sino que analizan la campaña concreta.

¿Su objetivo? No ofender al abanico de personas, de culturas muy distintas, que pueden ver el anuncio.

“La masculinidad heterosexual, insulsa y reprimida” domina la industria de Silicon Valley, escribe Anna Wiener en Valle Inquietante. Y esa mentalidad empapa a trabajadores y algoritmos.

La compañía descartó las campañas encasillándolas en la categoría de ‘productos o servicios para adultos’ y aplicándoles las normas de esta sección: “Los anuncios no deben promocionar la venta ni el uso de productos o servicios para adultos.

Los anuncios que promocionen productos o servicios de salud sexual y reproductiva, tales como anticonceptivos o planificación familiar, deben estar dirigidos a personas mayores de 18 años y no deben concentrarse en el placer sexual”.

Leer las reglas que rigen en este cajón de sastre casi recuerda al Código Hays, aquella guía mojigata que durante más de dos décadas veló por la moral en Hollywood, pero no sorprende. Sí lo hace el sesgo de género que evidencia el trabajo del CIJ, que aporta decenas de ejemplos dirigidos al placer masculino, en los que la plataforma no encontró controversias.

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Anuncios que se «concentran en el placer sexual» (masculino) y que no tuvieron problema para pasar el filtro.

Las mujeres y las personas LGBTQ no salen en general bien paradas en la bahía tecnológica, no solo en Facebook. “El sexismo, la misoginia y la cosificación no definían el lugar de trabajo, pero estaban en todas partes”, recordaba Wiener en su libro.

Tampoco es la primera polémica para esta plataforma publicitaria que ya en 2018 enfrentó el escándalo al publicar The Washington Post que campañas de organizaciones LGBTQ eran desautorizadas al considerarse políticas.

Y sería la enésima si hablamos no solo de la plataforma publicitaria, sino de Meta. Normas puritanas y algoritmos que funcionan regular (con pleno conocimiento de la empresa) como demostró la investigación The Facebook Files de The Wall Street Journal el pasado otoño.

La revolución del femtech

Las firmas afectadas por la polémica forman parte de un nuevo ‘nicho’ (con la mitad de la población como segmento diana) que se expande a gran velocidad en los últimos años, el del bienestar íntimo de las mujeres.

Terreno ignorado históricamente pero que ya en 2018 la consultora Wunderman Thompson señalaba como uno de los sectores con más potencial de crecimiento. Uno en el que pueden conseguir grandes cambios las innovaciones tecnológicas. Femtech, lo llaman.

La empresa de análisis de mercado Frost & Sullivan estima que la tarta puede valer 50.000 millones de dólares en 2025.

“Las mujeres y las personas con vagina necesitan herramientas e información para apoyar su salud”, apuntan desde el estudio. “Casi tres de cada cuatro mujeres experimentan dolor durante el coito en algún momento.

Además, muchas mujeres y personas con vagina no están preparadas para los cambios naturales de su cuerpo durante la menopausia y no saben dónde encontrar ayuda.

El bloqueo de anuncios sobre salud y bienestar sexual en función del género frena la igualdad y la salud sexual femenina, mientras que permitirlos podría ayudar a innumerables personas y parejas a acceder a herramientas e información que mejore sus vidas”.

Porque el fin de esta iniciativa trata de afear la práctica, conseguir repercusión y un cambio. Porque, de momento, las cosas cambian cuando se las afean muchos y a mucho volumen.

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¿Por qué soñamos que nuestra pareja nos es infiel?…


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S.Moda(C.Megía)  —  Durante sus años como especialista en terapia de pareja, son numerosos los pacientes que han acudido a la consulta de Carlos García preocupados por el contenido de sus “intensos y angustiosos” sueños.

“Recuerdo especialmente a un hombre joven, ejecutivo en una entidad bancaria, que veía cómo su mujer se dejaba manosear por un desconocido mientras le miraba a él con dulzura. Aunque estaba seguro de que su esposa no le era infiel, el sueño se repetía de vez en cuando y eso le produjo un miedo que era incapaz de canalizar”, evoca el coach.

Más allá de los manidos sueños sobre ser perseguidos, aparecer sin ropa en público o caer en un vacío sin freno posible, visualizar a nuestra pareja en brazos de otra persona se alza como un episodio cada vez más común. ¿Qué significa exactamente? ¿Debería preocuparnos si se repite demasiado? ¿Es mejor hablar sobre ello o tratar de olvidarlo?

No hay interpretaciones que sirvan para todo el mundo, pero la experiencia profesional de estos expertos podría ayudarnos a dar respuesta a estas preguntas.

“Si estás en un proceso sentimental en el que notas que hay distancia entre tú y tu pareja, o señales relacionadas con la infidelidad, o si directamente la pillas poniéndote los cuernos, es muy fácil que aparezcan ese tipo de sueños porque la mayoría son una continuación de lo que ocurre en nuestra vida diaria”, explica el psicólogo Nacho Coller.

Aunque el experto defiende que es imposible hacer un análisis universal de los mismos, sí corrobora que suelen ser un caldo de cultivo de negatividad. Una tormenta que crece si estamos atravesando situaciones difíciles o de estrés.

“Alrededor del 80% de los sueños incluyen algún tipo de sentimiento negativo”, añade. Teniendo en cuenta que son más simbólicos que proféticos, García está de acuerdo en desligarlos de cualquier posible notificación premonitoria de la salud de una relación: “Soñar que tu pareja te engaña no significa que no te quiera”, apuntala. “Puede denotar que hay asuntos sin resolver en vuestra vida, conflictos que circulan sin control por el subconsciente”.

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Según desvela la analista de sueños Lauri Quinn Loewenberg a la revista Bustle, soñar con ser traicionado es una de las cinco temáticas más comunes entre los que reclaman sus servicios.

Por muy mal que podamos pasarlo con esta jugarreta creada por nuestro cerebro, defiende que puede ser útil para “revelar problemas en la relación” que pasan desapercibidos cuando estamos despiertos.

“Los sueños son como un segundo cerebro, pero incluso más honesto”, afirma.

Para ella, un sentimiento de inseguridad descontrolado es la causa más probable de este tipo de pesadillas.

“Todo lo que se necesita es una pequeña sensación de que las cosas podrían desmoronarse, y en un segundo, tu cerebro lo transforma en un sueño vívido sobre la peor infidelidad posible”.

Otra de las dudas más habituales respecto a este tipo de episodios alude a los ‘villanos’ de estas particulares pesadillas.

Los terceros en cuestión, los otros, pueden personificarse en un amplio espectro de personajes: desde nuestro mejor amigo o nuestro jefe hasta una gran estrella de Hollywood.

Theresa Cheung, autora del libro The Dream Dictionary, sostiene que esta es la forma que tiene el cerebro de llamar nuestra atención sobre los aspectos que deberíamos intentar imitar del prójimo, personificado en el/la amante en cuestión.

“Si tu jefe tiene un gran sentido del humor y tú tiendes a ser una persona bastante seria, tener una aventura con tu jefe en un sueño es su aviso de que ‘necesitas más humor’. Está usando la llamativa imagen de la deslealtad porque es la única manera que sabe cómo comunicarte eso”, sostiene la escritora.

“Sí importa con quién te está siendo infiel tu pareja”, añade García. “Por ejemplo, si nuestra pareja es deseada por un famoso –que puede estar con cualquiera que se proponga– también podemos considerarlo como algo positivo, como si fuera un éxito”.

Tanto si los sueños sobre infidelidades se repiten, como si son algo puntual y anecdótico, los expertos recomiendan comentarlo con nuestra pareja si comienzan a torpedear nuestro estado de ánimo.

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“Es mejor hablarlo, pero con cautela y sin darle al sueño un mensaje premonitorio. Quizá esconda un temor al abandono, al hipotético final de la relación o a que se repita una infidelidad que ya sufrimos en el pasado… pero seguramente no signifique mucho”, manifiesta Coller.

Teniendo claro siempre que, como escribió Calderón, “los sueños, sueños son”, Carlos García coincide en señalar que este tipo de inquietudes son una magnifica oportunidad para comunicarnos con nuestra pareja y añade una propuesta.

“Puede ser muy terapéutico anotar los sueños que nos parecen significativos o curiosos. El mero hecho de escribirlos ya es una forma de ‘domesticarlos’, y, por lo tanto, de entenderlos”.

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Un barco espía no tripulado aparece en las costas de Escocia: nadie sabe a quién pertenece…


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El Confidencial(R.Rodríguez)  —  Una extraña embarcación no tripulada tiene desconcertadas a las autoridades de Reino Unido.

La semana pasada, un pequeño bote apareció de manera inesperada junto a la rocosa isla escocesa de Tiree, pero la sorpresa llegó cuando se analizó de qué se trataba en realidad: una nave mucho más pequeña de lo habitual que se desplazaba por el agua de manera remota y que, por tanto, no contaba con tripulación.

Encallada junto al acantilado, ahora las autoridades británicas tratan de descubrir a quién pertenece este barco.

Sobre todo por haber aparecido en una zona de especial importancia estratégica.

Las autoridades han identificado esta embarcación como un Wave Glider, fabricada por la compañía estadounidense Liquid Robotics, que pertenece a Boing.

Se trata, efectivamente, de un pequeño barco no tripulado que es capaz de viajar miles de kilómetros de manera autónoma.

Según confesaron las autoridades británicas a ‘Forbes’, la embarcación no pertenece a las fuerzas militares británicas y, por la configuración de las antenas y del resto de elementos de la nave, todo apunta a que tampoco forma parte de una expedición científica.

Así, todo indica que estaba operando en misión secreta. Saber en nombre de quién es la gran pregunta.

Este tipo de embarcaciones son utilizadas de manera habitual tanto por la Royal Navy británica como por la Marina de Estados Unidos, pero el gobierno de Reino Unido ya anunciado que la embarcación no es suya.

Sin embargo, eso no significa que sea norteamericana, pues existen una serie de opciones que habría que valorar: en primer lugar, que realmente se trate de un barco de investigación científica, pues este tipo de naves son utilizadas para monitorizar poblaciones de peces en el mar del Norte; en segundo lugar, que pueda pertenecer a otro gobierno o, incluso, a un particular que no ha hecho público que cuente con un barco de este tipo.

Sin embargo, el hecho de que pueda pertenecer a un equipo científico parece completamente descartado. Es necesario tener en cuenta que un barco no tripulado de este tipo cuesta unos 250.000 euros, por lo que si un investigador lo hubiera perdido o hubiera sufrido un accidente que le hubiera hecho encallar en la rocas de la isla de Tiree, ya lo habría reclamado.

Además, este barco sale de fábrica con un color amarillo brillante muy peculiar, precisamente para que sea fácil de localizarlo en el agua. La nave encontrada abandonada había sido repintada de un color gris difícilmente perceptible en el mar.

Pero el cambio de color no es el único detalle que hace sospechar a los investigadores que se trataba de un barco en misión encubierta: tampoco contaba con los banderines que suele llevar en la cubierta para que sea fácilmente detectable, se le habían eliminado las luces de navegación y también habían sido retirados los reflectores de radar.

De igual manera, habían sido cortadas las comunicaciones vía satélite y la ubicación de sus antenas y de sus sensores -todos por debajo de la línea de flotación- hacía pensar que trataba de investigar qué había bajo el agua.

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Imagen del Wave Glider, con su color y su configuración originales. 

Los expertos de la inteligencia británica creen que, precisamente, que parte de la configuración de su casco es la que ha provocado que haya acabado varado contra la rocas. El hecho de no llevar luces, no contar con reflectores y su color oscuro casi con total seguridad provocó que otro barco de mucho mayor tamaño impactara contra él sin, posiblemente, ser consciente de ello.

Eso explicaría por qué una de las antenas está rota y cómo acabó perdido contra un acantilado. Pero poco o nada más se sabe sobre la procedencia de este misterioso barco.

Que las autoridades británicas hubieran encontrado este barco en cualquier otra parte de la isla podría no ser más que un hecho curioso, pero el caso es que la ubicación de la isla de Tiree es importante: no en vano, en este islote escocés se encuentra una de las vías principales de la zona de operaciones de submarinos nucleares del Reino Unido, a unos 100 kilómetros de la base de Faslane.

De momento, la Guardia Costera no ha conseguido saber a quién pertenece la embarcación ni qué objetivos tenía. Pero, como curiosidad, las autoridades de Irlanda del Norte ya encontraron un artefacto similar en septiembre de 2019: quién está detrás de esta supuesta misión de reconocimiento sigue siendo todo un misterio.

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Los ‘deepfake’ son ya tan perfectos que los científicos exigen su prohibición…


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Un Tom Cruise falso se hizo viral en Tik Tok.

El Confidencial(O.Kardoudl)  —  Según un nuevo estudio: “los rostros generados sintéticamente no sólo son fotorrealistas, sino que son casi indistinguibles de los reales y se consideran más fiables”.

Los investigadores detrás de este trabajo advierten que este tipo de tecnologías tipo ‘Deepfake’ han llegado a un punto de realismo que las hace extremadamente peligrosas —pueden generar imágenes que propaguen la desinformación o actividades como el fraude y las extorsiones— y piden que cese por completo su desarrollo.

Cuando vemos la imagen de Messi o Mbappé en un videojuego sentimos que, aunque cada vez están más logradas, hay algo que no acaba de cuadrar del todo. Ni su mirada ni las muecas de sus rostros son realistas.

Esa sensación se conoce entre los creadores gráficos como el ‘valle inquietante’ y es el límite entre creer que un personaje es de carne y hueso o simplemente un humanoide hecho en 3D que da un poco de grima.

Las nuevas generaciones de gráficos generados por inteligencia artificial han roto esa barrera y han llegado a traspasar ese ‘valle inquietante’, aseguran los investigadores del nuevo estudio.

Además con la tecnología actual se puede crear fácilmente una foto o un vídeo gracioso de Tom Cruise haciendo magia con una moneda o una imagen tuya, no tan graciosa, en la que apareces masturbándote aunque en realidad no seas tú, y que los delicuentes utilizan para extorsionarte amenazando con hacerlo público si no pagas lo que te piden.

Cómo se hizo el estudio

Para ver hasta qué punto es fácil engañarnos, los investigadores enseñaron a un grupo de personas imágenes de rostros reales y digitales. Para crear los rostros digitales usaron dos redes neuronales adversariales.

Una red generadora fue la responsable de crear una serie de rostros sintéticos desde los primeros bocetos hasta las imágenes finales. Mientras que la otra red, conocida como discriminadora, se entrenó viendo imágenes reales y luego calificó los resultados generados por la red generadora comparándolos con los rostros reales.

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Para este ejercicio utilizaron rostros de hombres y mujeres de raza negra, asiática y caucásica, y llegaron a recopilar 400 imágenes reales y 400 digitales.

Luego seleccionaron tres grupos de personas para llevar a cabo su experimento. El primero contó con 315 personas que tenían que distinguir entre 128 imágenes cuáles eran reales y cuáles digitales.

El segundo grupo, de 219 participantes, recibió formación y soporte por parte de los investigadores para detectar las imágenes falsas. Y el último grupo, de 223 participantes, tenía que valorar en una escala de uno (muy poco fiable) a siete (muy fiable) una selección de 128 imágenes.

Los investigadores comprobaron que el primer grupo obtuvo una media del 48,2% de aciertos al distinguir entre las imágenes verdaderas y las falsas, un porcentaje similar al que hubieran conseguido si hubieran contestado al azar.

El segundo grupo, que contó con ayuda de los investigadores, obtuvo solo un 59% de acierto. Y el tercero, el que evaluó la confianza que le generaban los rostros, dio una puntuación media de 4,82 a los rostros sintéticos por encima de los 4,48 que obtuvieron los reales.

«No estamos diciendo que todas las imágenes generadas sean indistinguibles de un rostro real, pero un número significativo de ellas lo son», asegura Sophie Nightingale, profesora de psicología en la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido, y coautora del estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, de EE.UU.

Rostros tan perfectos que son un peligro

En las conclusiones de su estudio los investigadores alertan del peligro que suponen estas tecnologías capaces de colarnos imágenes falsas como verdaderas.

«Cualquiera puede crear contenidos sintéticos sin necesidad de tener conocimientos especializados de Photoshop o gráficos generados por ordenador», afirma Nightingale.

Declaraciones falsas de políticos se pueden confundir con reales. 

Aunque el video está todavía por detrás de las imágenes fijas en cuanto a calidad, los resultados obtenidos por los investigagores también son una prueba más de que es necesaria la creación de herramientas que sean capaces de detectar y avisar cuándo una imagen ha sido generada por ordenador.

Meta, la antigua Facebook, anunció este verano que ya tiene un software para la detección de videos ‘fake’ aunque no sabemos si ha empezado a implementarlo para analizar el contenido publicado en sus plataformas.

Aun así el avance exponencial de esta tecnología es imparable y cada vez será más complicado de detectar. Un estudio publicado por un grupo de investigadores internacionales hace unos días hace referencia a los distintos métodos que se pueden implementar para el análisis forense de los medios digitales.

Además del control que pueden establecer las plataformas, como Facebook, el estudio habla de insertar marcas de agua en los dispositivos que crean estos ‘fakes’ o del uso de ‘blockchain’ para que cada imágen tenga una firma única que se puede rastrear.

De todas maneras, los investigadores admiten que mucha de esta tecnología está todavía en fase de desarrollo y está lejos de ser una realidad.

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Este no es Bruce Willis, sino una reproducción de su cara hecha en ‘DeepFake’.

En eso parecen estar de acuerdo la doctora Nightingale y su equipo que en las conclusiones de su estudio aseguran: “en este momento crucial, y al igual que han hecho otros campos de la ciencia y la ingeniería, animamos a la comunidad de gráficos y visión a desarrollar directrices para la creación y distribución de tecnologías de medios sintéticos que incorporen pautas éticas para investigadores, editores y distribuidores de medios”.

Y van todavía más allá: “animamos a quienes desarrollan estas tecnologías a considerar si los riesgos asociados son mayores que sus beneficios. Si es así, desaconsejamos que se desarrolle esta tecnología”.

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La NASA encontró tres nuevas formas de vida extraterrestre en el espacio. Así evitarán que lleguen a la Tierra…


https://pbs.twimg.com/media/FL10OOWXEAALota?format=jpg&name=smallEl Hábitat Vegetal Avanzado a bordo de la Estación Espacial Internacional

emprendedor.comMientras muchos aún se preguntan si hay vida extraterrestre, la NASA puede confirmar que sí. La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos reveló el descubrimiento de tres nuevas formas de vida extraterrestre en la Estación Espacial Internacional. Ahora, el reto es evitar que éstas lleguen a la Tierra, pues representarían un potencial riesgo biológico.

La agencia espacial detalló que los organismos encontrados son tres bacterias de la especie Methylobacteriaceae. Las nuevas cepas son variantes genéticas de la familia de bacterias Rhizobiale, una rama de microorganismos capaces de moverse y con forma de bastón.

Los científicos que viven en la estación reportaron el hallazgo de dichas formas de vida extraterrestre en diferentes puntos de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). Cabe aclarar que, para decepción de muchos, no se trata de seres inteligentes, complejos o desarrollados, solo son “extraterrestres” porque surgieron fuera de la Tierra.

El primer microbio estaba en una cápsula de cultivo de plantas

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La NASA ha implementado el cultivo de jardines y granjas espaciales en la ISS, para que los tripulantes tengan alimentos frescos en misiones largas.

Al parecer, un efecto secundario del proyecto fue la creación de “formas de vida” ajenas a nuestro planeta, como estos microorganismos.

“[La ISS] está llena de bacterias y hongos”, explica la revista científica Science.

“Un nuevo estudio encontró evidencia convincente de que los microorganismos de la piel humana están presentes en toda la estación, y algunos de los bichos podrían causar daños graves a los astronautas”.

Sin embargo, el estudio de la NASA, publicado en la revista científica Frontiers in Microbiology en marzo de 2021, señala que nunca antes habían encontrado ese tipo de cepas. El problema es que los microbios podrían infectar a los astronautas al estar en contacto con sus trajes espaciales.

“Las cepas microbianas idénticas pueden vivir en la articulación de la muñeca, el guante interior y el guante exterior de los trajes espaciales”, escriben los autores del estudio, el doctor Nitin Kumar Singh y su par Kasthuri Venkateswaran.

“Esto plantea la posibilidad, pero no confirma, que los contaminantes microbianos en el exterior de los trajes puedan contaminar las operaciones científicas planetarias a menos que se tomen medidas adicionales”, detallaron.

¿Cómo evitarán que estas formas de vida extraterrestre las bacterias lleguen a nuestro planeta?

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En este escenario, tanto los astronautas como la agencia y las autoridades están buscando soluciones para eliminar cualquier posibilidad de contacto entre los nuevos microorganismos y la superficie terrestre.

Si bien es emocionante, el descubrimiento también plantea la necesidad de buscar mejores métodos de defensa contra amenazas espaciales. De hecho, los líderes del estudio creen que “ayudará a los futuros planificadores de misiones a desarrollar estrategias efectivas de protección planetaria“.

Por supuesto, lo primero es conocer bien al probable enemigo, y para ello la NASA proyectó acondicionar un nuevo espacio en la Estación Espacial Internacional. Se trataría de un laboratorio de biología, más grande y mejor equipado para analizar y procesar los microorganismos en el espacio.

“En lugar de devolver las muestras a la Tierra para su examen, un sistema integrado de monitoreo microbiano en el espacio, que utilice tecnologías moleculares aceleraría enormemente el proceso”, asegura el sitio especializado Universal-sci.com.

Quizá no vendrán acá, pero sí ayudarán a colonizar Marte

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Los científicos creen que estos hallazgos podrían impulsar la colonización de Marte, proyecto encabezado por SpaceX de Elon Musk.

Actualmente, las investigaciones sobre estos bichos se enfocan en su comportamiento en condiciones de gravedad cero y en cómo mantenerlos lejos de la Tierra. Ya que los microbios brotaron mientras cultivaban alimentos en un ambiente ingrávido, los científicos aseguran que podrían ayudar en el crecimiento de vegetación extraplanetaria.

Además, si sus estudios logran descifrar cómo limitar el contacto con formas de vida extraterrestre potencialmente nocivas, podrían aplicar los mismos principios en el proyecto de colonizar Marte. Esto disminuiría los riesgos biológicos para los futuros colonos de la superficie marciana.

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Polémica en EE.UU. por el lanzamiento de un rifle semiautomático diseñado para niños…


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El fabricante de armas estadounidense WEE1 Tactical presentó un nuevo rifle semiautomático diseñado especialmente para niños y basado en el fusil AR-15, que ha sido utilizado en distintos tiroteos masivos en el país, varios de ellos ocurridos en escuelas. El modelo, lanzado a mediados de enero, ha desatado una ola de críticas e indignación por parte de los grupos que velan por el uso seguro y regulado de armas.

El rifle, llamado JR-15, es promovido en su campaña publicitaria como “el primero […] que ayudará a los adultos a introducir de manera segura a sus hijos en el tiro deportivo”. En su página web, el fabricante afirma con orgullo que el arma, que mide unos 80 centímetros de largo y pesa menos de un kilo, “se ve, se siente y funciona justo como el de mamá y papá”. El fusil viene con cartuchos de 5 o 10 balas de calibre 22 y se vende por un precio de 389 dólares.

El hecho de que el modelo original, AR-15, sea la versión civil de un arma de uso militar y haya protagonizado múltiples masacres en Estados Unidos, incluso con menores entre sus víctimas, alarmó a los activistas por el control de armas en el país.

“Es simplemente grotesco”, dijo, citado por The Independent, Josh Sugarmann, director ejecutivo del Centro de Políticas de Violencia, cuyo objetivo es poner fin a la violencia armada, la cual se ve fomentada entre los menores edad, quienes se ven atraídos por los diseños llamativos y coloridos como el del JR-15.

Newtown Action Alliance, un grupo que también busca restringir el uso de las armas de fuego, condenó a los ‘lobbies’ armamentísticos y a los fabricantes de armas, que “harán cualquier cosa para seguir generando ingresos”.

Los tiroteos masivos azotan repetidamente Estados Unidos, donde el derecho a poseer armas está garantizado por la Constitución.

En 2021, el número de muertes por armas de fuego en el país norteamericano alcanzó casi 45.000, de las cuales más de 1.500 fueron de niños, según la organización Gun Violence Archive.

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De otras peores hemos salido… (que se lo pregunten a nuestros abuelos)…


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Historia de la historia(J.Sanz)  —  Son tiempos duros, jodidos, con mucha incertidumbre (la pandemia de la incertidumbre, la llaman algunos); son tiempos de miedo, ansiedad e incluso de cierta hostilidad; son tiempos que dejan a la vista las miserias de algunos y, a la vez, se demuestra la grandeza de mucho más; son tiempos adversos, en los que acabamos de aplanar una curva y ya estamos subiendo otra… y, aun así, saldremos adelante, porque de otras peores hemos salido (y no hace mucho).

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Atafona, la increíble playa brasileña que está desapareciendo bajo el mar, al norte de Rio de Janeiro…


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Clarín  —  En Brasil, Atafona, el balneario que está desapareciendo devorado por el mar, debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km.

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Los buitres merodean en la arena, entre escombros de las últimas casas destruidas por el mar. Atafona, un balneario apacible al norte de Rio de Janeiro, sufre una erosión crónica agudizada por el calentamiento que la transformó en un paisaje apocalíptico.

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Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km.

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Lo que atraía a los turistas a Atafona (el mar) se convirtió en su enemigo. El avance del agua obligó a detener la construcción del hotel hasta que, hace 13 años, la fuerza del océano derrumbó.

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La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático

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Debido a la actividad humana, a lo largo del último medio siglo el océano Atlántico avanza implacable sobre Atafona, parte del municipio de Sao Joao da Barra, a 250 kilómetros de la capital de Río de Janeiro, donde viven 36.000 personas.

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Con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.

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Al menos tres propuestas fueron presentadas a la Alcaldía para frenar la erosión, que incluyen la construcción de escolleras o diques rompeolas para disminuir la fuerza del mar y la recuperación artificial de la playa transportando arena desde el fondo del delta del río.

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Pescadores en la playa de Atafona, en Atafona, en Sao Joao da Barra, Río de Janeiro, Brasil, febrero de 2022.

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Los buitres deambulan por la arena de la ciudad turística brasileña de Atafona entre las ruinas de las últimas casas destruidas por el mar, cuya implacable subida ha convertido el litoral local en un paisaje apocalíptico.

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Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km. Una de las próximas será la del empresario Joao Waked Peixoto.

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Desde hace medio siglo, las aguas del Atlántico consumen lenta e implacablemente Atafona, donde viven 36.000 personas.

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Los buitres merodean en la arena, entre escombros de las últimas casas destruidas por el mar. Atafona, un balneario apacible al norte de Rio de Janeiro, sufre una erosión crónica agudizada por el calentamiento que la transformó en un paisaje apocalíptico.

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Caminando junto a un revoltijo de vigas y azulejos, Waked Peixoto muestra cómo sucumbió la última vivienda que separaba la suya del mar: resta apenas el fondo de un cuarto azul en el que fragmentos de revistas, una bicicleta y otras señales de vida reciente son sacudidas por el viento.

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En el área de riesgo, siguen en pie solo 180 casas con 302 habitantes, el mar avanzó de tres a cuatro metros en 15 días

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Como muchos residentes de Campos dos Goytacazes, una próspera ciudad al norte de Rio de Janeiro que recibe regalías del petróleo, su abuelo construyó en la cercana Atafona su casa de veraneo: un refugio de ambientes amplios con jardín.

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«Será una pena perder esta casa, que guarda los recuerdos de mi familia entera, mis padres, hermanas… todos veníamos aquí», lamenta Waked Peixoto. Pero será inevitable.

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La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático, con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.

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Un buitre se posa sobre un pez en la playa de Atafona, barrio de Atafona, en Sao Joao da Barra, Río de Janeiro, Brasil. Los buitres deambulan por la arena entre las ruinas de las últimas casas destruidas por el mar, cuya implacable subida ha convertido el litoral local en un paisaje apocalíptico.

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l menos tres propuestas fueron presentadas a la Alcaldía para frenar la erosión, que incluyen la construcción de escolleras o diques rompeolas para disminuir la fuerza del mar y la recuperación artificial de la playa transportando arena desde el fondo del delta del río.

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La Alcaldía de Sao Joao da Barra al que pertenece Atafona, paga un alquiler social de 1.200 reales (USD 230) a más de 40 familias desalojadas.

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Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km. Una de las próximas será la del empresario Joao Waked Peixoto.

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Caminando junto a un revoltijo de vigas y azulejos, Waked Peixoto muestra cómo sucumbió la última vivienda que separaba la suya del mar: resta apenas el fondo de un cuarto azul en el que fragmentos de revistas, una bicicleta y otras señales de vida reciente son sacudidas por el viento.

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Como muchos residentes de Campos dos Goytacazes, una próspera ciudad al norte de Rio de Janeiro que recibe regalías del petróleo, su abuelo construyó en la cercana Atafona su casa de veraneo: un refugio de ambientes amplios con jardín.»Será una pena perder esta casa», lamenta Waked Peixoto. Pero será inevitable.

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La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático, con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.

nuestras charlas nocturnas.


Las madres que no tenemos caldo en la nevera: cómo la crianza emocional ha ido ganando terreno…


El País(M.Cubells)  —  Todo empezó, una vez más, con una pregunta a esa adolescente fabulosa de 16 años que tengo en casa, que es mi hija Carlota. Salón, en la tele suena la canción/himno de Rigoberta Bandini, Ay mamá, que no va a representarnos como país en Eurovisión finalmente, pero que nos representa a muchas en la calle, de manera rotunda.

–¿Tú crees que yo soy una madre de caldo en la nevera?, pregunto tímidamente.

–¿Tuuuuuuuú?? No mamá, para nada. Una madre de caldo en la nevera es la yaya María, contesta la niña, con un punto de sarcasmo.

–A ver, Carlota, es una frase que tiene un significado, es caldo en la nevera como concepto.

–Ya mamá, lo pillo. Ni como concepto ni nada. No lo eres. No pasa nada. Ni tú ni papá. Pero oye, no pasa nada, a mi me gusta mucho la horchata casera que me haces todos los verano, me aclara la niña, contemporizadora.

Me quedo callada, pensando. Desde que oí ese verso por primera vez, junto a ese otro que llamaba a parar la ciudad, me rondaba esta idea en la cabeza. ¿Quedan madres de caldo en la nevera como símbolo? ¿Por qué resulta tan conmovedora la letra de la canción?

¿Por qué todos entendemos lo que nos está diciendo Rigoberta con esa canción homenaje a las madres de otra generación, con ese himno feminista hecho y derecho? Y me decido a preguntar a amigas, colegas de profesión, compañeros, padres y madres todos, si creen que son o van a ser ese tipo de madres. O si está definitivamente en vías de extinción.

El caldo en la nevera como símbolo de madre entregada, pendiente, hacendosa, dedicada a su casa, a sus hijos, alimentándolos. Esas madres que nos dan tápers cuando vamos a comer, años después de que nos hayamos independizado.

Esas madres que nos preparaban platos de cuchara, que nos preguntan aún si hemos comido, qué hemos comido, o si hace frío en el lugar en el que estamos. Esas madres que lo dejaron todo, que lo aparcaron todo y que decidieron que su vida éramos nosotras y nuestros universos.

Yo tengo una madre así. Su tortilla de patatas, su caldito, sus natillas, su paella, sus sábanas planchadas, la ropa doblada en el cajón, su merienda lista, sus tostadas untadas ya, su atención plena es todo lo que Carlota nunca tendrá de mí. Tendrá otras cosas, claro, pero eso no.

Tras preguntar a diestro y siniestro entre mi entorno, con señoras de mi edad, más o menos, llego a la concusión de que ese tipo de madres ya no existe.

Al menos como colectivo, como un grupo ingente de mujeres que al unísono trasteaban todo el día del mercado a los fogones, con sus delantales y su plena disposición.

Definitivamente, las madres de ahora ya no somos ellas, ya no estamos dedicadas al ámbito familiar en cuerpo y alma.

Esa misma noche, mientras debatíamos en El Objetivo sobre la polémica del Benidorm Fest le pregunté a la periodista Ana Pastor, madre también, si ella era una de esas madres de caldo en la nevera, y me dijo, sin dudar ni un instante, que no. “Yo soy hija de croquetas, pero soy mala madre de Nutella. Esto no queda bien, pero es la verdad”.

El comentario de Pastor me representa. Y a juzgar por las conversaciones que tengo días después con otras madres, a muchas de ellas, también. Hablamos, entre bromas, de la tortilla francesa como el culmen de la dedicación maternal, y de la de patatas como un escalón ya muy superior. Rigoberta, que tiene 31 años, sí tiene una de esas madres.

En su canción Ay mamá ha conseguido contener a la suya, a la mía, a la de tantas. La canción logra, con un grito, dar las gracias. Pero yo diría que Rigoberta está ya frisando el final de esa generación con madres de caldito. Ese caldito que no solo era una cuestión alimenticia, era mucho más.

Mikel López Iturriaga, responsable de El Comidista, y un ferviente defensor de la comida casera, tiene también bastante claro que esas madres que preparaban con esmero un caldo “lo metían en la nevera para desengrasarlo –y hasta que no le quitaban toda la parte de la grasa que se formaba en la parte de arriba, nadie comía– es una especie en vías de extinción.

Y no sabían que al quitarle la grasa le quitaban el sabor. Pero en esa generación la grasa era el mal. Ahora, como ya tenemos el azúcar, podemos dejar a esa grasa en paz. Es una práctica que cada vez se hace menos. Eran mujeres, amas de casa que dedicaban una parte importantísima de su tiempo a la cocina. Ahora ya no.

Ahora está el caldo de bote, el Aneto, por ejemplo, que es el mejor con diferencia, (y el que llevaba Rigoberta troquelado en su vestido en la actuación eurovisiva, como metáfora). Los otros, que son tan sinvergüenzas de poner en el envase que son caldos caseros, son malísimos. El caso, yo no me atrevería a decir que ese modelo ya no existe, puede que queden, pero ya no es una figura tan común como la de hace 40 años”.

Y ahí quería yo llegar, al caldo de Tetrabrik también como concepto. Mi madre, que tiene en gran estima a Mikel como reputado periodista gastronómico y hombre preocupado por que nos alimentemos bien, aceptó que yo hiciera cremas, sopas, cocidos, etc., con caldo envasado cuando le dije que me lo había recomendado él.

–Mamá que no hace falta hacerlo en casa, que sale igual de bueno, que el envasado es de calidad, y es lo mismo, le dije a la pobre mujer que se había pasado la vida cocinando a fuego lento los fondos de caldo para todos los guisos.

Al seguir con la ronda de preguntas me encontré con esa imagen del envase en Tetrabrik en un porcentaje amplio de respuestas. Hizo mención a él la periodista Gemma Nierga, madre de dos niños adolescentes. “Siempre caldo en la nevera, pero de Tetrabrik”, bromeó.

“Quedan pocas mujeres, como dices, abnegadas pensando cada tarde de domingo qué comidas dejarán hechas para la semana, qué menús, etc.

Yo desde luego no soy así, me puede la practicidad del día a día”, respondió Nierga.

Otra periodista, la directora de EL PAÍS, Pepa Bueno, se apuntó también a esto: “¿Madre de caldo en la nevera? Más bien no. En todo caso sería en Tetrabrik. Ahora bien, de caldo emocional sí soy. Soy bastante gallina clueca”.

¡Caldo emocional! Me apunto. Y lo meto en las preguntas. Y ahí sí que ya se unen muchas. Le formulo la misma cuestión a la actriz y cantante Leonor Watling, madre de dos niños pequeños aún (y a punto de estrenar la segunda temporada de la serie Nasdrovia, en Movistar Plus).

“De momento no. Nunca se sabe si acabaré siéndolo. Yo no sé si seré una madre de esas de caldo cuando mis hijos tengan 20 años y lleguen con resaca, y sea eso lo que necesiten. Seguramente no lo seré porque no somos así ya. Me parece muy interesante este asunto porque es otro tipo de cariño que pasa menos por lo alimentario y más por otras cosas”.

De esas otras cosas me habló el director y guionista Aitor Gabilondo (MadresPatriaEl príncipePeriodistas), padre de dos niñas adolescentes.

“Mis hijas tienen las necesidades básicas cubiertas y eso me permite centrarme en calmar su hambre emocional. La actualización del caldo es escucharlas y ayudarlas a comprender el mundo y a gestionar sus emociones. Eso lo hago. Soy un padre que se preocupa y que también se ocupa, así que sí, podría decir que siempre tengo caldo en la nevera, aunque a veces sea de Tetrabrik”.

Descubro a estas alturas que la frase “a ti que tienes siempre caldo en la nevera” podría dar para mil tesis, para mil madres, para mil modelos de mujer maternal. Y para paternidades que han llegado para quedarse. Esos padres que quieren, como ha dicho la propia Rigoberta que sus hijos lloren bien tranquilos en este nuevo mundo.

En ese sentido, la periodista y conductora de informativos Marta Reyero (Canal Plus, Cuatro) tiene claro que está más cerca de ser una madre de «caldo en la nevera”.

“Lo intento. No porque me obligue nadie, sino porque quiero. No lo sufro como parte de un engranaje mecánico y frío de supervivencia familiar. Quiero estar también en los cuidados, quiero dar ternura a los míos, soy un poco madre de mis amigos, compañeras, familia y me emociona conocer cada vez a más hombres que quieren ser padres de caldo en la nevera”.

Preguntas que he lanzado para este artículo. ¿Esa imagen de Rigoberta representa la maternidad mediterránea o española con ese caldo reconstituyente en la nevera que sirve para todo y que, tal y como nuestras madres lo hacían tenía alimento?

¿Representa a algunas madres que no eran muy afectuosas físicamente pero que nos brindaban su cariño a través de la comida, que no jugaban en el suelo ni nos soltaban discursos sentimentales, pero tenían siempre listo el desayuno, la comida, la merienda y la cena?

La periodista y escritora de libros infantiles Ana García Siñeriz, es, con rotundidad, “madre de caldo, yogures, brócoli y de todo en la nevera. Y de llamar por teléfono cada noche cuando mis hijos están fuera”. Igual que la colega de profesión Lourdes Lancho (A vivir que son dos días, Cadena Ser), que ha heredado ese sentimiento de cuidar y alimentar a su hija.

“Te lo digo el día que no sé si tengo covid, estoy en la cama y me he levantado a prepararle de tupper y un bocata a Lola, que tiene 22 añazos y se ha dormido. Todo para que coma bien. O sea que compro el caldo de Aneto pero siempre tengo cosas para ella”.

La literatura está plagada de madres y de maternidades que cuentan con muchas páginas lo que Bandini ha resumido en un par de estrofas. Y dentro de ese tipo de literatura está la matrofóbica, que ya es un género en sí mismo que nos ha dado relatos estupendos sobre este gran asunto.

Hay libros impagables, como El nudo materno, de Jane Lazarre, y que nunca me cansaré de recomendar. En él, la autora confronta el mito de la buena madre con un autorretrato íntimo  y visceral de su maternidad.  Y que no se nos pase la novela Apegos feroces, de Vivian Gornick.

Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija. Una historia llena de reproches, recuerdos y complicidades entre ambas. La madre es una mujer que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal.

Eso marcará la vida de la hija, la propia Vivian, que quiere apartarse de ese modelo de mujer, de madre. La novela El club de los mentirosos, de Mary Karr, que me recordaba la también escritora Laura Ferrero, también formaría parte del canon. O La mujer helada, de Annie Ernaux, que es un libro estilete como pocos.  Madres malas, buenas, demasiado buenas, asfixiantes, aniquiladoras.

Volvamos al concepto que canta Bandini. Para la periodista y escritora Carme Chaparro (Cuatro) “significa cuidado. Un homenaje a las madres que siempre están ahí pase lo que pase y hagamos lo que hagamos. El caldo es la metáfora de los brazos de mamá de esa generación de nuestras madres a las que educaron para cuidar siempre y a las que nunca se lo hemos agradecido lo suficiente.

Y ahora con ellas, vamos a tomar la ciudad. Yo quiero ser madre-caldo en el sentido de que quiero que mis hijas sepan, y siempre se lo digo, que estoy para ellas pase lo que pase y hagan lo que hagan. Pero ellas ya saben que su madre trabaja y viaja y están orgullosas de quién es su madre, aunque a veces mi cuerpo no esté a su lado. Y para eso tengo un marido maravilloso que prepara el caldo”.

Marta Bercebal (@grilloencasa) es ilustradora, madre de tres hijos, dos de ellos gemelos de corta edad. Cuando salió la canción ella también se lo preguntó a sí misma. “Caldo la verdad es que no hago, pero sí tengo fijación por tener siempre la nevera llena y la cena pensada porque soy una histérica y por la tarde con el cansancio no doy para más y me gusta tenerlo pensado. Mi madre sí que tiene una olla lista siempre que vamos. Sobre madres no hay color, cuando oí lo del caldo pensé en mi madre y mi abuela. Yo no me identifiqué porque soy mala madre”, concluye entre risas.

¿Pero qué significa exactamente tener caldo en la nevera en estos tiempos?

Para la subdirectora de comunicación y RR PP de Atresmedia, Ana Porto, que tiene dos jóvenes en casa, “significa estar pendiente de todo, querer ser perfecta, trabajar y además que tus hijos y tu pareja o quien coma en casa, porque tú eres la responsable, coma casero y rico. Yo lo he sido mucho tiempo, pero gracias entre otras cosas a que me he separado y a la terapia estoy dejando de serlo porque es un sobreesfuerzo brutal y nadie se muere si no come caldo casero”.

Me cuenta Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y nutricionista, que la ya mítica frase de Bandini “es un homenaje a un modelo de maternidad, que probablemente ahora no sea el predominante, pero que hasta hace pocos años era casi el único posible. Es una frase que habla de nuestras madres, nuestras abuelas y de las generaciones anteriores que no tenían otras opciones más que volcarse en los cuidados, que si tenían la osadía de permitirse sentir ambiciones fuera del camino marcado de formar una familia, renunciaban a ellas”.

Pero cuidado, me insiste, con idealizar esa época y esos comportamientos. En eso coinciden casi todas las compañeras a las que he preguntado. Ojo con echar de menos eso porque era casero, porque tal y como me han apuntado casi todas, esas dinámicas familiares aniquilaron muchas ilusiones, muchos objetivos vitales.

Para buena parte de los compañeros con los que he conversado para este artículo ese grito de Bandini es una muestra de admiración y reconocimiento al trabajo invisible “de las injustas renuncias silenciosas”. Bandini ha dicho mamá me doy cuenta de lo que has hecho por mí, pero ahora cógeme del brazo y salgamos juntas a gritar por todo lo que no has podido gritar antes –o has reclamado en vano–.

Y, unida a la frase siguiente “tú que podrías acabar con tantas guerras” muestra una forma diferente de estar en el mundo, de resolver los conflictos, opuesta a las formas patriarcales, con una visión diferente.

A eso se une la actriz y cómica Llum Barrera. “Yo soy madre de improvisar cosas, no quiere decir que no sepa hacer un caldo, pero bueno. Y mi hijo se ríe mucho. Ahora, lo del pecho fuera al puro estilo Delacroix, absolutamente sí, a favor”.

Las madres de cine

¿Y qué pasa con los referentes audiovisuales sobre la ‘madre caldo’?, le pregunto a  la periodista de cine, y directora de La Script, María Guerra, madre de Ana e Inés, dos veinteañeras que viven en casa.

“El cine es un espejo maligno, un referente de maternidades entregadas a las que considero causantes del complejo de culpa que hemos arrastrado las mujeres de mi generación, que nos sentimos felices y culpables por trabajar y ser económicamente independientes. Yo considero que me he echado a la espalda las responsabilidades del trabajo y de la maternidad.

Esa ha sido mi mayor batalla, desprenderme de los referentes tóxicos que el cine nos ha regalado. En el top ten de la toxicidad pongo a la madre de Mujercitas, una santa en vida que no satisface jamás sus propias necesidades y siempre está al servicio de los demás. Pido un exorcismo colectivo para sacar ese arquetipo de nuestras vidas”.

Según la periodista, “en ese extremo de madre abnegada pop está Sarah Connor de Terminator, mucha broma con sus armas y tal, pero lo que subyace es una misión sagrada que se convierte en lastre colectivo. Morir o matar por tus hijos no es un mantra deseable”.

Vamos con las madres Disney tradicionales. “Las odio», dice Guerra, «casi siempre están muertas para que sus hijas huérfanas puedan protagonizar una horrenda historia de búsqueda del príncipe azul. No quiero ser la madre de Bambi, ni la de Dumbo.

Menos mal que Pixar en el siglo XXI nos ha dado ejemplos de maternidades saludables como Inside Out y Los Increíbles. Aunque entre las madres más sanas del cine elegiría a Morticia Adams y la madre de Forrest Gump. Es decir, madres que aman pero que aceptan que sus hijas e hijos son singulares”.

Y ella, ¿qué tipo de madre es? “No tengo caldo casero en la nevera, el mío es de brick. La metáfora del caldo me parece preciosa, y a pesar de hacer la compra online, me considero una ‘mujer caldo’. Soy una madre neurótica, raspa e hiperactiva, pero siempre he practicado las cenas al calor del hogar, sin móviles y pantallas mientras estamos juntas.

El caldo es el amor al rebaño, y mi mayor felicidad es comprobar que mis dos hijas veinteañeras son caldosas y me calientan la vida a su manera”.

La cineasta Paula Ortiz (La noviaDe tu ventana a la mía) fue contundente también. “Te puedo asegurar que no soy una madre de caldo en la nevera,  soy hija de madre de caldo en la nevera lo que ha provocado que mi hijo tenga caldo en la nevera porque tiene abuela de caldo en la nevera.

Yo soy madre de plátano en el bolso, toma un plátano, pélatelo tú, eso sí, te llevo conmigo a todas partes y te voy a enseñar un mundo muy hermoso, pero no sé si voy a poder tenerte preparado el caldo en la nevera todos los días”.

Está en connivencia con la actriz Pilar Castro (Competencia oficial, Sin novedad, A través de mi ventana, Ventajas de viajar en tren), madre de un adolescente de 15 años, que me cuenta que “toda mi humanidad está hecha de caldo en la nevera. Y hago lo posible para que la de mi hijo también lo esté”.

Mariano Barroso, director de cine y presidente de la Academia, lo pillé en la antesala de los Goya.

“Yo tengo caldo en la nevera, siempre, para mis adolescentes, pero si me dejas que pasen los Goya te cuento más despacio”.

Como este artículo tenía fecha de entrega, no he podido esperarlo, pero a mí me basta con esa frase para visualizar a un Barroso como padre ejemplar.

Aurea Ortiz, profesora de historia del cine de la Universitat de Valencia, y analista de series, no cree que esté en vías de extinción ese tipo de madres. “Creo que conviven todos los modelos, que son mujeres que hacen muchas otras cosas, por decirlo de algún modo, pero que siguen teniendo caldo en la nevera”.

Esta historia también se ha reflejado en las series de televisión. Para Ortiz salen en Las Chicas Gilmore; en Sex education, en el personaje de Gillian Anderson; en Mom, que es un caso límite porque la madre y la hija protagonistas son ambas adictas en proceso de rehabilitación; EvilMira lo que has hechoLos Durrell, Vida perfecta, The marvelous Mrs. Maisel o Big littles lies.

Para Beatriz Robles el caldo es evocador: el hogar, la comida caliente. “Te recuerda que alguien se ocupa de tu bienestar. Actualmente esa imagen es más metafórica que real porque cocinar ha dejado de ser una actividad principal en los trabajos domésticos y la preparación de alimentos cada vez está más simplificada.

Esto es beneficioso, por una parte, para las mujeres porque se liberan de un trabajo que les correspondía por defecto. Por otra parte, como el trabajo de cocinar ha sido reemplazado por la industria alimentaria que nos da productos ya elaborados o prácticamente listos para consumo, sí que hemos perdido el contacto con los alimentos que comemos”.

Hace muchos años, Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina de la Falange española, escribió esto: “Las mujeres nunca descubren nada. Les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho.

La mujer tiene obligación de saber todo lo que podríamos llamar parte femenina de la vida: la ciencia doméstica es quizá su ‘bachillerato’. Un arquitecto no puede ser bueno si no dibuja bien; un ingeniero, sin el conocimiento de las matemáticas sería un fracaso; lo mismo sucede con las mujeres: su base fundamental es la casa; guisar, planchar y zurcir”.

Los maestros que dieron clase a miles de mujeres durante aquellos largos y siniestros años del franquismo debían usar como profesores y como españoles estas y otras enseñanzas similares en las aula. Así que las madres de Bandini son esas madres alumnas de entonces, a las que estos textos, estás máximas les arruinaron la vida, las dejaron sin energías para emprender caminos individuales, para combatir. Se las inocularon tan adentro a muchas de ellas que fue imposible arrancárselas.

Son mujeres que habrían podido inventar cosas, escribir, liderar, estudiar en la universidad, que habrían podido mandar a paseo a maridos cretinos que no las merecían, que habrían podido tener vida propia. Una vida creativa, no resignada. Mujeres que hicieron lo que pudieron para educar a otras mujeres y hombres, que hoy son (somos) adultos con vidas plenas.

Pero nos hicieron caldo a todas horas. Y ahora nosotros, como Bandini deberíamos sacarlas a bailar.

nuestras charlas nocturnas.


Un científico de Harvard resuelve el problema matemático de las reinas del ajedrez tras 150 años sin solución…


Yahoo Noticias(M.Rodríguez/BBC)  —  Es muy probable que cuando en 1848 el ajedrecista alemán Max Bezzel concibió el problema de las ocho reinas, no se imaginara las vueltas que su planteamiento daría.

Con el tiempo, le dio paso al problema de las n-reinas, que ha tenido a muchos matemáticos (y computadoras) rompiéndose la cabeza en busca de una solución.

«En realidad a Bezzel le hubiera gustado estudiar matemáticas, pero sus amigos le aconsejaron que no lo hiciera, ‘porque las perspectivas para un matemático en Baviera eran terribles en ese momento'», escribió Hans Siegfried en una breve biografía.

Se hizo abogado, pero no abandonó su pasión por el ajedrez y las matemáticas y así fue cómo surgió el famoso problema que involucra a la pieza más poderosa del tablero.

Un nuevo capítulo sobre el problema de las n-reinas lo escribió alguien que confiesa no ser muy bueno en el ajedrez.

El 21 de enero, The Harvard Gazette, el órgano de prensa oficial de la Universidad de Harvard, informó que uno de sus matemáticos, Michael Simkin, había resuelto «en gran medida un problema de ajedrez de 150 años».

Y es que no hay certeza de cuándo se planteó por primera vez el problema de las n-reinas, aunque todo apunta a que fue antes de 1869.

En BBC Mundo nos adentramos en este fascinante problema, su historia y en la solución a la que llegó el científico tras cinco años dándole vuelta.

¿De qué se trata el problema?

Bezzel «podría ser considerado uno de los primeros maestros del mundo del ajedrez», escribió Max Lange, otro grande del ajedrez alemán, en un libro de 1860.

Pero más allá de su destreza en ese juego, Bezzel se distinguió por plantear problemas ingeniosos y complejos.

«Era el lado matemático del ajedrez lo que le fascinaba», escribió Siegfried en el sitio web Ansbach Chess Club.

Así fue como propuso, en una publicación sobre ajedrez, el problema de cuántas maneras se pueden colocar ocho reinas en un tablero de 8 x 8 casillas sin que se encuentren entre sí.

Todo comenzó con una pregunta sobre 8 reinas en un tablero de 8 x 8 casillas.

La reina puede avanzar tantas casillas como quiera de forma lineal ya sea horizontal, vertical o diagonalmente.

Cuentan que el problema se volvió tan popular que incluso el extraordinario matemático Carl Friedrich Gauss trató de resolverlo.

Pero fue Franz Nauck, en 1850, quien enunció la solución: las ocho reinas se pueden colocar de 92 formas.

Esa es la primer versión del problema que se generalizó como el problema de las n-reinas y que Simkin le explica a BBC Mundo así:

«Supongamos que n es un número natural, como 1,2,8,100 o un millón. Ahora, imagina un tablero de ajedrez con n filas y n columnas».

¿De cuántas maneras hay de colocar n reinas en el tablero para que no haya dos que se amenacen entre sí?

En otras palabras, ¿cuántas formas hay de colocar n reinas en el tablero para que haya una reina en cada fila, una reina en cada columna y no más de una reina en cada diagonal?

El reto lo cautivó.

Le había llegado la hora a las reinas

Para Simkin, el planteamiento tiene «características agradables», se le puede explicar rápidamente a casi cualquier persona, «incluso a los no matemáticos», y eso es algo «inusual» cuando se abordan problemas de ese tipo.

Michael Simkin estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Resalta que es un ejemplo propio de la «teoría del diseño combinatorio» y dados los avances en la combinatoria probabilística, le pareció que «era el momento adecuado para atacar el problema de las reinas».

Cuenta que nunca decidió enfocarse en el problema hasta que supo que lo había resuelto.

En ese momento, se apresuró a escribirlo y el resultado lo publicó en julio de 2021, en el artículo académico The number of n-queens configurations («El número de configuraciones de n reinas»).

«El problema me había estado rondando en la cabeza durante unos cinco años, pero no había progresado mucho y me había concentrado en otros proyectos».

Tras completar su doctorado en 2020, se mudó con su familia, de Israel a Boston, para asumir una posición de posdoctorado en Harvard.

En plena pandemia, sin mucha oportunidad de socializar, las n reinas le hicieron un nuevo guiño.

«La mayor parte del trabajo fue simplemente aprender las técnicas más nuevas en combinatoria probabilística», sin ser muy consciente de que al aprenderlas llegaría a resolver el problema. «Eso vino después».

Además de darse cuenta de que era factible «atacar el problema», tuvo que «luchar para obtener correctamente una gran cantidad de detalles técnicos» que le permitieran redactar y publicar «la prueba».

El momento eureka

El matemático cuenta que el momento «eureka» se produjo cuando se dio cuenta de «la necesidad de comprender dónde ‘viven’ las reinas en el tablero» y ocurrió cuando bajaba por la montaña Wachusett, en Massachusetts.

Reina en el tablero

Había subido con su esposa y su hija, pero cuando llegó la hora de descender, la niña estaba muy cansada y Simkin se fue a por el automóvil.

«Mientras caminaba solo y reflexionaba, me di cuenta de que el principal obstáculo en los intentos anteriores era asumir que las reinas estaban distribuidas uniformemente en el tablero».

«Y en realidad, no lo están».

Comprendió «finalmente» que la clave para contar el número de configuraciones de n-reinas es primero entender cómo «se ven».

«¿Están las reinas generalmente distribuidas uniformemente en el tablero? ¿Están agrupadas en el medio? ¿En las esquinas? ¿A los lados?»

«Por cada patrón posible de cómo las reinas pudieran estar colocadas en el tablero, calculé el número de configuraciones en que las reinas se ajustan a ese patrón. De esa forma, el problema se convierte en: ¿Cuál es el patrón que permite el mayor número de posicionamientos?».

«Esto es lo que los informáticos llaman un problema de optimización convexo. En particular, puedes usar una computadora para resolverlo».

La solución

Simkin calculó que para tableros de ajedrez enormes (n por n casillas) y con muchas reinas, hay alrededor de (0,143n)^n maneras de colocar las reinas sin que ninguna se amenace.

«Supongamos que queremos saber cuántas configuraciones para 1.000.000 de reinas hay», indica el investigador.

Es decir, queremos determinar el número de formas en que se pueden colocar 1.000.000 de reinas en un tablero de 1.000.000 x 1.000.000 (de casillas) sin que se ataquen entre sí.

Para calcular ese número, que es una aproximación, debemos multiplicar 1.000.000 por 0,143 y el resultado, 143.000, lo elevamos a la potencia de 1.000.000.

«En otras palabras, multiplica 143.000 por sí mismo un millón de veces. El resultado es un número muy grande, con aproximadamente cinco millones de dígitos«.

Ese sería aproximadamente el número de configuraciones.

¿Lo quieres ver con un número más pequeño? Tomemos el 1.000.

En entrevista con BBC Mundo, Jesús Fernando Barbero, matemático e investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, hizo el cálculo usando la ecuación de Simkin.

Si queremos saber aproximadamente cuántas configuraciones hay para 1.000 reinas, donde está la n ponemos 1.000:

0,143 x 1000= 143 y lo elevamos a 1.000.

El docente usó su computadora y este es el resultado que arrojó:

Cálculo de la ecuación de Simkin

«Me da un número enorme, de más de 2.000 dígitos, pero muy cercano al valor real del número de configuraciones que hay para un tablero de tamaño 1000×1000».

«Un avance»

Con la ecuación final de Simkin se llega a un resultado aproximado, no es el número exacto de configuraciones, pero es la cifra más cercana al número real que se puede obtener hasta ahora.

Él mismo lo indica: «para problemas de este tipo es inusual tener una solución exacta».

Para Barbero, «es un avance enorme» en lo que se refiere al planteamiento de las n-reinas.

«Estos problemas pueden tener enunciados muy simples, pero que luego pueden ser horriblemente complicados».

«El problema estaba atascado, se había conseguido entender cómo resolverlo de manera exacta hasta el número 27″.

«Lo que él (Simkin) ha encontrado es un procedimiento para dar una expresión que, aunque no es exacta, comete un error que es pequeño».

algoritmos

«Y eso es satisfactorio: de repente se pasa de no saberse nada sobre el comportamiento del número de soluciones, a ese problema de las reinas para valores grandes, a tener una idea bastante precisa en términos cuantitativos sobre cuántas configuraciones hay para un tablero de tamaño arbitrario».

«En ese sentido, el problema está resuelto, no es una solución final, uno podría aspirar a tener una fórmula exacta que tuviera la propiedad fantástica que al darle el tamaño del tablero me diera el número exacto de configuraciones de reinas que puedo poner».

Pero aunque es teóricamente posible acercarse a una respuesta mucho más precisa, lo conseguido por Simkin es elogiado por los conocedores.

«Básicamente, lo ha hecho con una precisión que nadie había alcanzado antes«, dijo Sean Eberhard, investigador posdoctoral de la Universidad de Cambridge, en un artículo de la revista Quanta. Es «de lo más realista que uno puede esperar».

Simkin dice que la razón por la que la solución tomó «tanto tiempo» es porque la misma se basa en los avances recientes que se han conseguido en el campo de las matemáticas conocido como combinatoria probabilística, especialmente en lo que se refiere al análisis de algoritmos informáticos aleatorios.

¿Por qué es importante?

«Por los métodos que (Simkin) tuvo que desarrollar para resolver un problema del que se sabía tan poco», responde Barbero.

«Los métodos pueden tener aplicación fuera del contexto en el que se han concebido y nunca se sabe qué problemas se pueden resolver con ellos, aunque no siempre haya garantía de que servirán».

Para Simkin, la importancia es una mezcla de razones:

«La principal es que hacer matemáticas es la combinación de creatividad, que se necesita para generar nuevos argumentos, y rigor, lo que significa que una vez que has probado un resultado, lo que tienes en la mano es un trozo de verdad absoluta. No puede ser refutado».

Pero también está el hecho de que con el problema de las n reinas «se mejora nuestra comprensión de los algoritmos aleatorios, que se utilizan en casi todas las aplicaciones, por ejemplo en el aprendizaje automatizado o aprendizaje de máquinas».

Y también hay conexiones con otros campos, como el del diseño de circuitos.

«¿Qué le diría a alguien que quisiera recibir el testigo de su mano y buscar una respuesta aún más exacta?», le pregunté.

«¡Buena suerte! Déjame saber cómo te va. Sería muy interesante ver qué nuevas ideas serían necesarias para mejorar los parámetros».

Si te sirven algunas pistas, el matemático nos resumió lo que usó: análisis de algoritmos aleatorios, combinatoria probabilística, entropía, análisis funcional y optimización convexa.

Y aunque dice que es un «pésimo» jugador de ajedrez y que, por ahora, descansará de las n reinas, seguramente Max Bezzel estaría muy orgulloso de él.

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El arte de la convalecencia: cómo perdimos el respeto a la cura lenta…


En el siglo XIX, existía cierto consenso de que entre la enfermedad y la salud había un espacio intermedio, que ahora ha desaparecido. 

Esther Summerson, la narradora de la Casa desolada de Dickens, se pasa aproximadamente 600 de las 1.200 páginas que suele alcanzar la novela en su traducción al español recuperándose de la viruela. De hecho, la novela victoriana no se entiende sin la convalecencia como parte del argumento.

En el siglo XIX, existía cierto consenso de que entre la enfermedad y la salud había un espacio intermedio, generalmente mucho más largo que la propia enfermedad, que implicaba descanso y una reconquista paulatina de todo aquello que se había perdido.

Para aquellos que podían pagárselo, existía toda una industria de la rehabilitación, que abarcaba desde los balnearios a los hospitales para tuberculosos (a menudo construcciones bellísimas orientadas al sol), los baños de mar y las propias novelas de 1.200 páginas, el complemento perfecto para seis meses de guardar cama y reposo.

En algún momento esa especie de acuerdo tácito, que también formaba parte de la medicina popular en la mayor parte de culturas, se perdió y se sustituyó por una idea mecanicista de la salud, ligada sin duda a las exigencias del sistema capitalista y ayudada por la tecnología. El trecho entre la enfermedad y la salud se sustituyó por un botón on/off. Off: enfermo. On: sano, y produciendo.

Pablo (no es su nombre real), de 42 años, pasó de estar ingresado con una pulmonía bilateral en la primerísima ola del Covid –tuvo los primeros síntomas el 14 de marzo de 2020, el mismo día que Pedro Sánchez decretó el estado de alarma– a reincorporarse a su puesto de trabajo en la gestión de salud púbica en apenas dos semanas y media.

Ni siquiera había recuperado la capacidad de respirar sin dificultad, pero su médico de cabecera le llamaba a diario y le preguntaba: “¿Qué?, ¿estás para incorporarte? Deberías ir pensando en incorporarte”. “Me presionaron tanto y yo mismo veía que mis compañeros tenían tanto trabajo que volví. Le dije a mi jefe que empezaría poco a poco, pero el poco a poco fue mucho a mucho.

Algunos días me sentaba al ordenador a las ocho de la mañana y luego me daba la una de la madrugada y seguía ahí. Solo había parado 25 minutos para comer. Ese era mi ocio”, explica.

La falta de recuperación y la excesiva carga de trabajo le pasaron una factura alta. “Le metí a mi cuerpo una enorme situación de estrés. Y al año, caí. Empecé a tener fallos cognitivos, pérdidas de memoria. No recordaba haberme despertado por la mañana.

Un día me perdí por la calle y tuvo que venir mi hermana a recogerme”. Lo cuenta con angustia todavía, pero con la cierta tranquilidad que le da haber podido pasar, ahora sí, por una convalecencia con retraso.

Tras esa crisis, se tomó medio año de baja. Ha intentado hacer deporte, salir a pasear y seguir rutas por el campo. “Me hacía falta aire libre y descansar mentalmente”. Además, claro, de medicación.

Su caso es similar al de Carme Juárez, que también se dedica a la gestión sanitaria en la provincia de Tarragona. Sobre ella caía la responsabilidad de gestionar varios centros de menores, de personas con distintas capacidades y también de ancianos.

“Los internos se nos morían en 24 horas; la prensa nos machacaba, las familias no entendían…”. También ella contrajo Covid, sin vacunar, en enero de 2021. Incluso estando enferma teletrabajaba y en cuánto el primer test le dio negativo, se reincorporó de manera presencial «en la oficina y a full”, dice.

Su cuerpo no estaba preparado para ese retorno drástico y se lo hizo saber. «Empecé a no tener memoria. Estaba dispersa y, sobre todo, muy triste. Cuando estaba en casa, era incapaz de salir. No tenía ganas de hacer nada. Me hablaban y no atendía. Además, como veía que no estaba al 100% en el trabajo, no rendía y veía mis limitaciones.

En mayo ya caí en picado con ansiedad. Todas las mañanas vomitaba. Fui al médico y me dieron tratamiento. Ahora estoy bien. Hice un intento de quitarme la medicación a la brava y no funcionó, así que volví a tomarla regularmente”, cuenta. Juárez también ve claro que si hubiera podido tomarse un tiempo tras la enfermedad no hubiera llegado a esa situación tan límite, pero cree que su trabajo no se lo permitía.

“Yo veía a los demás durante el confinamiento, haciendo repostería, aplaudiendo a las ocho y me daba mucha rabia. Cada vez que me enviaban otro pastel por WhatsApp, pensaba: ¿pero qué me estás contando?. Al menos ahora lo verbalizamos. Antes estaba bien visto ir al trabajo enfermo. Eso lo hemos hecho todos, ir a trabajar con tos de perro”.

Historias como las de Pablo y Carmen están muy presentes en Recovery: The Lost Art of Convalescence (Profile), un volumen que acaba de publicar en Reino Unido Gavin Francis, uno de esos médicos que además saben escribir, a lo Olvier Sacks, al que cita a menudo en libro. Allí mezcla experiencias personales de su práctica médica en Escocia –trabaja en la Seguridad Social y dedica un día a la semana a albergues de personas sin hogar–, reflexiones y excursiones históricas sobre la arquitectura de la convalecencia.

Aunque no trata específicamente sobre la pandemia, el coronavirus sobrevuela el texto, en parte porque el Francis doctor influyó al Francis escritor: ha pasado los últimos dos años hablando de recuperación con sus pacientes, y recetándoles bajas generosas, en muchos casos con diagnósticos tan vagos, y a la vez tan comprensibles, como “crisis de vida”.

“El covid ha hecho más visible la necesidad de convalecencia a gente que normalmente está sana y bien, gente que normalmente no piensa mucho en la enfermedad”, señala a S Moda. Incluso pacientes que pasan el virus sin secuelas y de manera mucho más leve notan que tardan días y semanas en volver en sí, que les cuesta completar tareas en el trabajo, que no están como antes.

“Como doctor, veo muy claro que la salud no es un extremo que hay que alcanzar, no es un destino final, es un equilibrio que puede ser distinto para cada persona. A medida que vayamos saliendo de esta horrible situación espero que más gente se dé cuenta de la importancia de encontrar ese equilibrio a base de dieta, descanso, ejercicio y trabajo. Tenemos que aprender un nuevo lenguaje y tratarnos con cuidado”.

Tanto antes como ahora, el acceso a la convalecencia está necesariamente atravesado por las condiciones laborales y materiales. Obviamente, a principios del siglo XX no todo el mundo tenía acceso sanatorios suizos como el que aparece en La montaña mágica.

“Pero incluso en mi ciudad, Edimburgo –señala Francis– durante el primer tercio del siglo XX existían tres hospitales de convalecencia, y ahora no hay ninguno. Allí gente de todas las clases sociales tenía acceso al descanso, a un ambiente limpio y a buenos cuidados de enfermería. Uno de ellos incluso alojaba a los pacientes antes de las operaciones”.

La idea contrasta con la petición que hicieron la semana pasada los empresarios madrileños de acortar las bajas de los enfermos de Covid de siete a cuatro días. También reclamaron que las bajas dejaran de ser automáticas. La conversación sobre los empleados que piden la baja para estar en casa holgazaneando y no por auténtico malestar ha vuelto a los medios y a la calle, y con ella el miedo de muchos trabajadores, realmente enfermos (o en recuperación) a pedirla.

“Trabajo en la empresa familiar con mi marido. Si fuera empleada por cuenta ajena, soy muy consciente de que estaría de patitas en la calle, no tengo duda”, explica Beatriz Fuster Curto, administrativa de 41 años, que sufre un caso de Covid persistente. Desde que tuvo la enfermedad, hace nueve meses, todo es un reto, para ella, de la mañana a la noche.

Se fatiga enseguida, le duelen las articulaciones y nota que tiene que hacer grandes esfuerzos para completar cualquier tarea, incluso caminar un trecho corto. “Yo era de hacer spinning y tonificación todos los días. Ahora nada. Todo se ha acabado.

La gente me ve buena cara y no entiende que no puedo ni caminar. Piensan que te cuidas poco y te dicen tonterías como: ‘anímate’, ‘come bien’, ‘toma hierro’. Socialmente cuesta mucho que la gente entienda que no estás al 100%”. Ella también ha recurrido a los antidepresivos y a ejercicios de rehabilitación muy suaves. “La única solución es dar química al cerebro”, dice, con resignación.

“Creo que algo pasó en los años cincuenta y sesenta del año pasado”, teoriza Francis. “A medida que los antibióticos, los inhaladores, los esteroides y los antidepresivos empezaron a prescribirse de manera intensiva, se extendió la idea de que con la prescripción adecuada podías volver a estar ‘normal’.

La realidad de la recuperación, y del cuerpo, es mucho más complicada que eso, y con el libro quería llamar la atención sobre algunos principios que nos ayudan a mí y a mis pacientes con las dificultades de la convalecencia. La palabra ‘doctor’ viene de la misma raíz que la que significa ‘guía’ o ‘profesor’ y yo veo mi trabajo como el de alguien que guía a sus pacientes a través de paisajes de enfermedad en los que tengo experiencia.

Somos muy impacientes como cultura y hemos adoptado una mentalidad de la prisa. Mi libro no pretende volver al pasado, es un llamamiento para aprovechar mejor el conocimiento de la medicina moderna para que no nos olvidemos de esas actitudes antiguas. De vez en cuando necesitamos volver a aprender el valor de la convalecencia”.

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