
No te creas invencible: tú también puedes caer


Amy Carlson, de 45 años, era la líder espiritual de un grupo religioso en Estados Unidos conocido como Love Has Won.
BBC News(J.Nevett) — Era tarde un miércoles por la noche de finales de abril cuando el alguacil del condado de Saguache, (Colorado, Estados Unidos), le pidió al cabo Steven Hansen que investigara informes sobre una muerte.
Le dijeron que se había encontrado un cuerpo en una casa en una remota calle sin salida cerca de Moffat, un pueblo rodeado de montañas de unos 100 habitantes.
En horas, el agente ejecutó una orden para registrar la casa.
Una vez dentro quedó perturbado por lo que vio.
En una de las habitaciones había un altar para lo que Hansen describió como los restos momificados de lo que parecía ser una mujer.
Colocado en la cama, el cuerpo de la mujer estaba envuelto en un saco de dormir adornado con luces de Navidad y con maquillaje de brillantina alrededor de los ojos.

Amy Carlson dejó a su familia para unirse a un grupo religioso a finales de los años 2000.
Se cree que el cuerpo es de Amy Carlson, de 45 años de edad, líder espiritual de Love Has Won («El amor ha ganado»), un grupo religioso calificado como secta por los críticos y la policía.
Para confirmarlo, el forense necesita comprobar los registros dentales, porque el cuerpo está tan descompuesto que no se pueden obtener las huellas digitales. Cree que la mujer debe estar muerta desde marzo.
Si bien no había pruebas de delito, siete personas sospechosas de pertenecer a Love Has Won fueron arrestadas en la casa y acusadas de manipular un cadáver.
«Nunca he visto un grupo de gente tan despreocupada respecto a una persona muerta», le dijo Hansen a medios locales.
Nada de esto llegó como una gran sorpresa para los familiares de Carlson, que están casi seguros de la identidad del cuerpo.

La policía arrestó a siete personas sospechosas de pertenecer al grupo, incluidos Obdulia Franco (izqda.), de 52 años, y Jason Castillo, de 45 años.
«Sabemos que ella no es completamente inocente en toda esta situación, porque eligió unirse a este culto», le dijo a la BBC Chelsea Renninger, la hermana pequeña de Carlson.
«Pero al mismo tiempo, no se merece lo que le pasó al final. Ningún ser humano se merece eso».
Durante años, Renninger estaba segura de que el liderazgo de su hermana en Love Has Won acabaría en tragedia.

Se conocen pocos detalles del origen de Love Has Won, que se cree emergió a finales de la década de 2000 bajo otra apariencia.
Un seguidor animó a Carlson a unirse al movimiento, marcando el camino de su ascenso hasta el liderazgo del grupo.
Sus discípulos no parecen tener un conjunto establecido de creencias.
En lugar de eso, practican y predican una teología fluida que contiene parte de filosofía New Age, teorías de la conspiración y adoración a un mesías.
Su mesías era Carlson, a quien llamaban «Madre Dios».
Sus enseñanzas eran sacrosantas y sus afirmaciones eran incluso más fantasiosas que su título.
Decía haber sido Jesucristo en una de sus 534 vidas anteriores, que podía curar el cáncer y que era capaz de hablar con el espíritu del fallecido actor estadounidense Robin Williams.

Amy Carlson con sus dos hermanas más pequeñas, Tara Flores (izqda.) y Chelsea Renninger.
Estas falsas alegaciones eran promovidas a los creyentes en Estados Unidos y en todo el mundo en emisiones diarias en YouTube.
En los videos, los seguidores de Carlson pedían donaciones, vendían mercadería New Age y adoraban a su líder.
Ante las cámaras, los seguidores parecían contentos con su estilo de vida bohemio.
Pero el testimonio de antiguos miembros del grupo ofrece una imagen más oscura.
En un documental de la publicación Vice, algunos de ellos denunciaron abuso físico y mental, algo que los seguidores de Carlson niegan.

Ryan Kramer, de 30 años, es otro de los arrestados en conexión con la muerte de Amy Carlson.
En un documento judicial que la BBC ha podido ver, la oficina del sheriff del condado de Saguache escribió que había recibido «numerosas quejas de familias en EE.UU. que dicen que el grupo le está lavando el cerebro a la gente y robando su dinero».
Nadie del grupo, cuya página web es inaccesible, pudo ser contactado por la BBC para una entrevista.
Tampoco obtuvimos respuesta de una página de Facebook asociada a Love Has Won.

Uno de los tres hijos de Carlson, Cole Carlson, dijo que las acusaciones desagradables son las que le hacen más daño.
Fueron la razón por las que el joven, de 25 años, ha estado alejado de su madre casi toda su vida.
«Mi vida es normal, más allá del hecho de que mi mamá se fue para unirse a un culto», le dice Carlson a la BBC.
Tenía 12 años cuando su madre, exempleada de McDonald’s en Texas, decidió seguir su misión divina.
La voz de Cole se quiebra cuando describió el momento en que se enteró de su marcha.
Se suponía que iba a pasar la Navidad con su madre en Houston, pero, poco antes del viaje, su padre le contó lo que había pasado: su mamá se había ido, dejando a sus hijos, incluido uno de 2 años, al cuidado de sus respectivos padres.
Pese a este doloroso recuerdo, Carlson cuenta que amaba a su madre incondicionalmente.

Amy Carlson (izqda.) con su madre, Linda Haythorne (debajo), y sus hermanas Chelsea (centro) y Tara.
«No era la mejor madre, incluso cuando todavía estaba con nosotros. Pero la amaba a muerte«, expresa Carlson, que vive y estudia biología en Portland, Oregón.
No había falta de amor en la vida de Carlson, señala su hermana Chelsea Renninger.
Tuvieron una «excelente crianza» con padres amorosos en Dallas.
En la escuela, Carlson era una estudiante de máximas calificaciones y miembro principal del coro con una voz angelical.
Fue en la madurez temprana, al empezar a hablar con desconocidos en internet, cuando su personaje espiritual se materializó.
Tras dejar su casa para irse con esos desconocidos, muchos de sus familiares no la volvieron a ver ni hablar con ella.
La familia dice que intentó ayudar muchas veces, pero sin éxito.
Incluso recurrieron al Dr. Phil, anfitrión de un popular programa de la cadena CBS, que entrevistó a Carlson y sus seguidores en una intervención televisiva cargada de emociones el año pasado.
Aun así, nada funcionó.
Siguió cautiva del grupo hasta el final.
Las circunstancias de su muerte todavía están bajo investigación.
Los siete se alojaban en la casa de Miguel Lamboy, sospechoso de ser miembro de Love Has Won, cuando se halló el cadáver el 28 de abril.
La semana pasada, un fiscal dijo que planeaba presentar más cargos por manipulación de un cuerpo contra las siete personas arrestadas en conexión con la muerte de Carlson.
El cuerpo estaba en malas condiciones, con la piel grisácea, sin ojos y con los dientes expuestos a través de los labios, le dijo Lamboy a la policía.
Estos desagradables detalles han impactado a la familia de Carlson y recuerdan el destino de otras personalidades mesiánicas, desde Shoko Asahara y David Koresh hasta Charles Manson y Jim Jones.
Sus vidas deberían servir como señales de advertencia para cualquiera que esté pensando unirse a un culto, señaló la madre de Carlson, Linda Haythorne, en entrevista con la BBC.
«Aunque hizo algunas cosas terribles, era un ser humano», subrayó.
«Quiero alertar de lo peligrosos que son los cultos y, ojalá, ayudar a otra madre, hermana o hija«.
Yahoo(A.López) — La década de 1960 fue decisiva en la lucha por la igualdad de derechos de las personas afroamericanas en los Estados Unidos, surgiendo varios personajes que se convirtieron en cabecillas de ese colectivo, consiguiendo movilizarlos en numerosas campañas, marchas, protestas y manifestaciones que se realizaron a lo largo y ancho de todo el país.
Entre los muchos nombres de líderes el de Martin Luther King es, sin lugar a dudas, el más relevante de todos ellos, llegando a ganar (entre otros muchos) el Premio Nobel de la Paz en 1964.
Fue asesinado en Memphis (Tennessee) el 4 de abril de 1968, tras recibir un tiro en la cabeza por parte de un francotirador, cuando se encontraba asomado en la terraza de su habitación en el motel Lorraine, mientras estaba saludando a un grupo de seguidores que allí se habían congregado.
Uno de los hitos por los que Martin Luther King será recordado es el discurso (que ha pasado a la historia con el título de ‘I have a dream’) y que pronunció el 28 de agosto de 1963 frente a más de 250.000 personas que se congregaron en la llamada ‘Marcha en Washington por el trabajo y la libertad’.
Freedom Now, Washington DC, agosto de 1963
Cinco años después, poco antes de ser asesinado, Luther King estuvo trabajando en la organización de una nueva y multitudinaria movilización que sería conocida como la ‘Marcha de los Pobres en Washington’, la cual sería respaldada por la propia ‘Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano’ (Southern Christian Leadership Conference, SCLC) que él mismo lideraba y que quería lograr la justicia económica para los colectivos más pobres de Estados Unidos, siendo el de los afroamericanos uno de los más perjudicados.
En los últimos años se había avanzado mucho (respecto a las décadas anteriores) en lo relativo a los derechos civiles (aunque todavía quedaba mucho camino que recorrer), siendo el colectivo de las personas negras el que en peor condición social y económica estaba y que más pobreza tenía.
Hacía unos pocos años que se reclamaba a la administración de Lyndon B. Johnson una mayor atención hacia las personas más desprotegidas económicamente, pero el presidente andaba más ocupado en atender asuntos como la Guerra de Vietnam que preocuparse por la pobreza extrema entre sus ciudadanos.
Marcha de los Pobres, Washington DC, mayo de 1968.
Por tal motivo, se organizó la mencionada Marcha de los Pobres que debería llegar hasta Washington DC y permanecer acampados durante varias semanas con el fin de hacer llegar el mensaje al presidente en el que se le exigía poner fin a la cruenta guerra y centrar todos los esfuerzos de su administración en luchar contra la desigualdad y falta de recursos de millones de ciudadanos.
Esta marcha reivindicativa se estuvo gestando desde 1966, siendo Luther King y SCLC sus mayores impulsores, aunque participaban otras organizaciones y colectivos, pero la relevancia del líder afroamericano hizo que tuviese una gran relevancia. Incluso, el entonces senador por el Estado de Nueva York, Bobby Kennedy era uno de los personajes públicos y políticos que apoyaron dicha marcha.
Como suele ocurrir en eventos en los que participan diversos grupos (con sus respectivos líderes) hubo una serie de discrepancias sobre cómo debía llevarse a cabo la marcha, si esta tenía que ser pacífica o por el contrario llamar a la desobediencia civil de los participantes. La idea principal era realizarla a finales del mes de abril para llegar a Washington el 2 de mayo (de 1968), pero el fatídico atentado que acabó con la vida de Martin Luther King (el 4 de abril) provocó que fuese retrasada unos días, además de pasar el liderazgo de la misma al activista Ralph Abernathy, quien también se puso al frente de la SCLC.
La capital del país se preparó para recibir a miles de manifestándose, reforzando la seguridad de las calles y habiendo una gran presencia policial y militar.
Marcha de los Pobres, Washington DC, mayo de 1968
El 12 de mayo la Marcha de los Pobres llegó a Washington DC y varios de los líderes se estuvieron reuniendo a lo largo de los siguientes días con senadores y congresistas, presentándoles la declaración de cinco puntos entre los que destacaban el acceso a un trabajo y salario digno para todos los ciudadanos.
Aunque la inmensa mayoría de los congregados en la marcha se fueron yendo en las siguientes jornadas, hubo un grupo de aproximadamente tres mis personas (todas ellas sin recursos y en la más absoluta de la pobreza) que decidieron establecerse a vivir en Washington DC, levantando un campamento de chabolas y tiendas de campaña y que bautizaron como ‘Ciudad de la Resurrección’ (Resurrection City).
A dicho asentamiento se fueron uniendo nuevos residentes y llegó a hacerse tan grande y popular que hasta el servicio de Correos tuvo que asignarles un código postal propio (el 20013) en vista a la gran cantidad de correspondencia que recibían (cartas de apoyo, regalos, donaciones…).
Pasaban los días y los allí congregados se iban desmoralizando, debido a que las cosas no cambiaban ni la administración del presidente Johnson anunciaba ninguna medida para erradicar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los más desprotegidos.
Marcha de los Pobres, Washington DC, mayo de 1968
El 6 de junio los residentes en el campamento de Ciudad de la Resurrección recibieron una terrible noticia: la medianoche anterior el senador Bobby Kennedy había sufrido un atentado en el Hotel Ambassador de Los Ángeles y se debatía entre la vida y la muerte, aunque pocas horas después se confirmó el fallecimiento.
Kennedy era uno de los pocos políticos que se habían preocupado por los problemas de los más desprotegidos y su muerte era un jarro de agua fría para sus expectativas de mejorar sus vidas. Este asesinato se sumó al de Luther King en un muy corto periodo de tiempo, desmoralizando a casi por completo a quienes todavía seguían instalados en el campamento de chabolas.
El 20 de junio la policía intentó desalojar Ciudad de la Resurrección lanzando gas lacrimógeno. Solo unos pocos huyeron, pero la mayoría siguieron resistiendo hasta que cuatro días después un millar de agentes, fuertemente armados volvieron a presentarse y consiguieron que las quinientas personas que todavía quedaban allí se marcharan (un gran número fueron arrestadas tras enfrentarse a las autoridades en una batalla campal).
A pesar del impacto mediático de la Marcha de los Pobres en Washington DC no se logró que se aprobara ninguna ley ni se destinara parte del presupuesto para ayudar a los más necesitados.

BBC News(I.Sedunova) — Los nazis expoliaron unas 600.000 obras de arte de toda Europa durante la II Guerra Mundial. Con el pasar del tiempo muchas de estas obras retornaron a sus legítimos dueños, en tanto que aun se desconoce el paradero de unas 10.000.
En este último caso se encuentra la Cámara de ámbar, una fastuosa habitación que estaba ubicada en el palacio de Catalina de la Villa de los Zares, cerca de San Petersburgo (Rusia).
Luminoso y frágil, el ámbar ha inspirado —y deslumbrado— al ser humano por siglos.
Protegida por la ley prusiana desde el siglo XIII, esta resina fosilizada era una sustancia codiciada para la elaboración de objetos reales y religiosos en toda Europa del Este.
La Cámara de Ámbar, una habitación con las paredes cubiertas de paneles elaborados con seis toneladas de ámbar y adornadas con láminas de oro, mosaicos y espejos, fue un himno a la belleza y una celebración del material.
Diseñada para la realeza en Prusia y Rusia, perdida en la guerra con la Alemania nazi y finalmente renacida en un palacio de San Petersburgo, la habitación sigue siendo un misterio tan cautivador como el propio ámbar.
El origen de la Cámara de ámbar, apodada «la octava maravilla del mundo«, se remonta a 1701 cuando el escultor barroco alemán Andreas Schlüter, arquitecto principal de la corte real prusiana, comenzó a trabajar en ella, como una opulenta sala de 16 metros cuadrados para Federico I, el rey de Prusia. .
Por aquel entonces el uso del ámbar (resina de árbol fosilizada) para la decoración de interiores era algo novedoso.
Schlüter tenía previsto adornar las paredes de una de las habitaciones del Palacio de Charlottenburg, en Berlín, con paneles de ámbar. El sitio era el hogar de Federico I, el primer rey de Prusia, y su esposa, la reina Sofía Carlota.
El escultor barroco contó con la ayuda del artesano de ámbar danés Gottfried Wolfram. Juntos crearon nuevas formas de trabajar con el ámbar; calentaron el material, lo sumergieron en miel y linaza, antes de trabajarlo en paneles de madera cubiertos con pan de oro o plata y decorados con joyas preciosas.

La sala fue colocada en el Palacio de Catalina la Grande en San Petersburgo.
En 1707, los maestros del ámbar Ernst Schacht y Gottfried Turau, de Danzig, continuaron el trabajo.
Ni Sofía Carlota ni Federico I lograron ver la obra completamente instalada en la sala del palacio en 1716, ya que fallecieron en 1705 y 1713, respectivamente.
El zar ruso Pedro I, apodado Pedro el Grande, apreció la obra y quedó maravillado.
Para forjar una alianza entre los dos estados, Federico Guillermo I de Prusia -hijo de Federico I- le regaló la habitación al zar. Los paneles fueron desmontados y llevados a San Petersburgo. En 1755, la emperatriz Isabel, hija de Pedro, ubicó la cámara en el Palacio de Catalina en la actual localidad de Pushkin.
Para combinar con las espaciosas habitaciones del palacio, se le solicitó al arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli ampliar la sala.
Bajo su guía, los paneles originales se incorporaron a una sala de 55 metros cuadrados decorada con más ámbar, candelabros, mosaicos y figuras doradas.
La opulenta obra del barroco ruso se hizo conocida como la «octava maravilla del mundo«.
Estos paneles se instalaron en un espacio más grande. La colocación de las más de 6 toneladas de ámbar se terminó en 1770. Se estima que el valor actual de la Cámara de ámbar superaría los 300 millones de dólares. La habitación fue admirada por muchos e incluso sobrevivió a la Revolución de 1917.
Cuando los nazis invadieron Rusia en 1941, desmantelaron la cámara y la trasladaron al castillo de Königsberg, en lo que era el estado alemán de Prusia.
Los rusos intentaron desmontar los paneles para llevarlos a un lugar seguro en el este, pero los encargados notaron que se habían vuelto quebradizos con el tiempo, por lo que temían que al sacarlos se destruyeran. En su lugar taparon las paredes con papel tapiz para que los nazis no la encuentren.
Pero el Führer conocía bien la historia de la Cámara de ámbar y consideraba que le pertenecía a Alemania, por lo que ordenó buscarla.
Los nazis encontraron la cámara y la desmontaron con éxito en tan solo 36 horas. Las cajas con los paneles se enviaron en octubre de 1941 a Königsberg en Alemania en la costa báltica (actual Kaliningrado, un enclave ruso) y la habitación se volvió a erigir en el castillo de Königsberg.
Permaneció en exhibición allí durante los siguientes dos años. Ese fue su último paradero conocido de la Cámara de ámbar.

Así se veía la sala en 1917.
Según Anatoly Valuev, del Museo de Historia y Arte de Kaliningrado, Königsberg era una «base de transferencia de objetos culturales [saqueados], que se almacenarían en la ciudad para su posterior transporte a otras partes de Alemania».
En 1944, la Real Fuerza Aérea británica bombardeó fuertemente Königsberg, incluidos sus barrios históricos. El museo del castillo destruido. El Ejército Rojo tomó ciudad alemana pero nunca se encontró la preciada cámara.
Algunos pensaron que la habitación pudo haber sido destruida por el fuego.
«Pero no se encontraron rastros de ámbar quemado», dice Valuev.
«Así que se asumió que la (los paneles) sobrevivieron y que estaban escondidos en el sótano del castillo o que fueron llevados a otro lugar», agrega.
Y la búsqueda de la legendaria cámara continuó.
En 1946, Koningsberg pasó a formar parte de Rusia y pasó a llamarse Kaliningrado.
Dos investigaciones importantes no arrojaron rastros de la habitación.
Los especialistas soviéticos continuaron indagando en cientos de lugares alrededor de la ciudad y entre las ruinas de su castillo.
En la década de 2000 se utilizaron equipos más avanzados para la búsqueda y se encontraron obras de arte y joyas en una parte oculta del sótano del castillo, pero nada de la Cámara.

La Cámara estaba llena de detalles de ámbar.
Se cree que la cámara quedó destruida por los bombardeos y los incendios posteriores. Alexander Brusov, el hombre que los soviéticos enviaron para recuperar los artefactos robados en mayo de 1945, informó que en el sótano del castillo descubrió unos objetos quemados a los que identificó como tres de los cuatro mosaicos florentinos que habían estado en la Cámara de ámbar.
El informe de Brusov no convenció a todos.
Con el pasar del tiempo surgieron varias teorías sobre el destino de la famosa cámara.
Supuestamente hubo personas que observaron cuando los paneles de la cámara eran empaquetados y colocados a bordo del Wilhelm Gustloff, un barco de transporte alemán, que fue hundido en enero de 1945 por un submarino soviético. No obstante investigadores han revisado el naufragio y no han encontrado nada.
La KGB revisó túneles y cámaras de Königsberg, ante la sospecha de que los paneles se ocultaron allí. Otras teorías ubican a los paneles en antiguas minas de sal en la frontera checa, hundidos en una laguna en Lituania e incluso enviados a los EE. UU.
Las únicas piezas que existen de la habitación original son un gabinete y el cuarto mosaico florentino que un soldado alemán había robado durante la remoción de la habitación, en 1941 o 1945. El mosaico estaba en posesión de su hijo, en 1997, cuando las autoridades alemanas finalmente lo recuperaron.
Los periodistas de investigación británicos Catherine Scott-Clark y Adrian Levy aseguraron en su libro The amber room, publicado en 2004, que Brusov tenía razón y que la cámara fue destruida en Königsberg.
Recientemente un equipo de buzos y especialistas polacos informó que en el fondo del mar Báltico se encuentra el buque nazi Karlsruhe, que naufragó el 13 de abril de 1945, embarcación que podría resolver el misterio de la cámara.

La Cámara era considerada una de las mayores obras del barroco ruso.
El equipo dice que los restos descansan 88 metros bajo el mar a decenas de kilómetros al norte de la localidad costera de Ustka, en Polonia. Entre los restos, dicen que han encontrado vehículos militares, vajilla y cofres sellados en la bodega del barco, todo en buenas condiciones.
«(El buque) está prácticamente intacto. En sus bodegas descubrimos vehículos militares, porcelana y muchas cajas con contenido hasta ahora desconocido. Estamos seguros de que nos puede proporcionar información relevante sobre la desaparición de la legendaria Cámara de ámbar», manifestó Tomasz Zwara, parte del equipo de buzos.
»No queremos emocionarnos, pero si los alemanes tomaran la Cámara de ámbar a través del Mar Báltico, entonces el Karlsruhe era su última oportunidad. La historia y la documentación disponible muestran que el Karlsruhe salía del puerto con mucha prisa y con una gran carga.
Todo esto junto estimula la imaginación de que, finalmente, hemos encontrado la Cámara de ámbar», concluyó.
El 11 de abril de 1945, el vapor salió del puerto de Pillau, que ahora es el puerto ruso de Baltiysk, con 150 soldados del regimiento Hermann Goering, 25 trabajadores ferroviarios y 888 civiles, incluidos niños, y cientos de toneladas de carga.
Al día siguiente, en el puerto de Hel, fue incluido en un convoy que se dirigía al puerto alemán de Swinemunde, que ahora es Swinoujscie en Polonia. En la mañana del 13 de abril, el barco fue avistado por aviones soviéticos, bombardeado y hundido en unos tres minutos.
Con los años, los expertos comenzaron a tener la duda de que, incluso si se encontrara la Cámara de Ámbar, probablemente sería una sombra de lo que había sido.
«El ámbar es un material complejo; es bastante frágil y cambia con el tiempo», dice Tatyana Suvorova del Museo Regional del Ámbar de Kaliningrado.
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Visitantes durante la presentación de la réplica de la Cámara de ámbar en el Palacio de Catalina, cerca de San Petersburgo
Según la experta, si la cámara fuera redescubierta, «supondría una gran alegría, [pero] sería un hecho histórico», no un acontecimiento artístico, por el estado en el que probablemente se encontraría.
Suvorova explica que obras de este tipo están hechas de un material frágil y necesitan un manejo muy delicado. «Requieren un ambiente de museo», explica.
A medida que se desvanecía la esperanza de que se encontrara la Cámara de Ámbar, surgió una nueva idea.
En 1979, la antigua URSS comenzó a reconstruir la habitación guiada por dos elementos originales restantes: una única caja de reliquias de la habitación; y 86 fotografías en blanco y negro del espacio tomadas justo antes de la Segunda Guerra Mundial.
La reconstrucción tomó 23 años, pero hoy la imitación de la Cámara de Ámbar se exhibe en el palacio de Catalina en el Museo Estatal de Tsarskoye Selo en San Petersburgo, considerado Patrimonio de la Humanidad.
Con paredes que brillan en naranja y oro, esta nueva sala de ámbar da vida una vez más al antiguo encanto de la resina fosilizada. La copia costó $ 11 millones y se inauguró en 2003.




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Infobae — Un grupo de 44 fiscales generales de diferentes estados de Estados Unidos pidieron al CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, que abandone los planes para lanzar una versión de Instagram para niños menores de 13 años, por considerar que su uso puede ser “perjudicial” para su salud.
En una carta abierta remitida a Zuckerberg este lunes, la Asociación Nacional de Fiscales Generales de Estados Unidos denunció que “parece que Facebook no responde a una necesidad, sino que crea una, ya que esta plataforma atrae principalmente a los niños que de otra manera no tendrían una cuenta de Instagram”.
Por ello, los magistrados pidieron que abandone sus planes de crear una versión para niños de Instagram, y consideran que una plataforma en la que se anime a los menores de 13 años a publicar contenido es “contraria” a su protección.
Esta petición de los fiscales generales de Estados Unidos responde a los planes de Facebook para la creación de una versión de Instagram dirigida a niños menores de 13 años, que no tienen permitido crear cuentas en Instagram para adultos, como revelaron documentos internos publicados por BuzzFeed News.
“El uso de las redes sociales puede ser perjudicial para la salud y el bienestar de los niños, que no están equipados para afrontar los desafíos de tener una cuenta en las redes sociales”, alertaron los 44 fiscales generales de Estados Unidos firmantes de la carta, representantes de la mayoría de estados y de territorios como Guam y Puerto Rico.
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Además, los magistrados estadounidense denunciaron que Facebook “históricamente ha fallado a la hora de proteger el bienestar de los niños en sus plataformas”, citando problemas como uno que afectó a la versión para niños de Facebook Messenger en 2019 y que permitió a los niños contactar con extraños.
Para apoyar sus peticiones, la carta citó diferentes estudios académicos que apuntan a que el uso de redes sociales “puede ser dañino para el bienestar físico, emocional y mental de los niños”.
De hecho, algunos de los estudios llegan a señalar que el uso de redes sociales por parte de personas jóvenes “incrementa la angustia mental y el comportamiento autolesivo y suicida” o incluso que, en concreto, Instagram “ha sido alertado frecuentemente por conducir a ideas suicidas, depresión y preocupación por la imagen corporal”.
Además, los fiscales generales argumentaron que los niños no están preparados para gestionar una cuenta de Instagram, ya que “no tienen una comprensión desarrollada de la privacidad” y pueden no estar preparados para manejar el contenido inapropiado o amenazas como los depredadores sexuales.
Entre los motivos de los magistrados estadounidenses se encuentran también las preocupaciones del uso de Instagram para el acoso y ‘cyberbullying’ entre los propios niños.

Fotografías de 1922. A la izquierda, la trompeta de bronce de Tutankamón.A la derecha, la trompeta de plata con su base de madera.
“……Yahveh dijo a Josué: -Mira, yo pongo en tus manos a Jericó y a su rey. Vosotros, valientes guerreros, todos los hombres de guerra, reodearéis la ciudad, (dando una vuelta alrededor. Así harás durante seis días. Siete sacerdotes llevarán las siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca. El séptimo día daréis la vuelta a la ciudad siete veces y los sacerdotes tocarán las trompetas). Cuando el cuerno de carnero suene (cuando oigáis la voz de la trompeta), todo el pueblo prorrumpirá en un gran clamoreo y el muro de la ciudad se vendrá abajo. Y el pueblo se lanzará al asalto cada uno por frente a sí……” (Libro de Josué 6-2, Toma de Jericó).
Este relato bíblico es a menudo puesto de ejemplo, por aquéllos que creen ver la posibilidad de la utilización de sofisticada tecnología en la antigüedad.
Más concretamente en la utilización de un arma basada en determinadas frecuencias de sonido, capaces de tirar abajo, como es el caso, los muros de la antiquísima ciudad de Jérico, poseedora de unas impresionantes fortificaciones que se extendían a lo largo de toda la ciudad.
Éstas tenían una superficie aproximada de tres hectáreas, que fueron sacadas en parte a la luz entre 1.907 y 1.909 por una expedición arqueológica germanoaustríaca, destacando principalmente una torre maciza de piedra que en la actualidad alcanza los nueve metros de altura y un diámetro muy similar, murallas de una envergadura de hasta siete metros y una anchura, en su parte superior, de 1,5 metros.
En algunas zonas la muralla está compuesta de dos muros que discurren en paralelo distantes el uno del otro entre tres y cuatro metros. Delante del muro se encontraba un foso de casi tres metros de profundidad y ocho metros de ancho, tallado en la roca, lo que supone un gigantesco esfuerzo, si tenemos en cuenta las herramientas tan primitivas que, supuestamente, poseían los moradores de Jericó.
Como podemos ver un impresionante reducto defensivo para la época, de manera que sólo una intervención “divina” como nos relata la Biblia pudo facilitar los planes de Josué y el pueblo de Israel en su conquista a sangre y fuego de la “tierra prometida”. ¿Leyenda, mito, exceso de imaginación por parte de quienes propugnan la posibilidad de un “arma acústica”?.
En noviembre de 1.922 el arqueólogo americano Howard Carter sorprendía al mundo con el anuncio del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, donde encontró uno de los conjuntos de tesoros más importantes hasta el día de hoy realizados. Klaus-Ulrich Groth escribió un artículo en el Ancient Skies de lengua alemana, posteriormente traducido por G.T.Sassoon al ingles en el número de mayo/junio 1.996 de lengua inglesa, que nos relata un interesante suceso…:
“…… En una caja de la Galería 26 del Museo Egipcio del Cairo, hay dos trompetas que fueron encontradas en la Tumba de Tutankamón. En el Catalogo Munro & Boltin enumera una de ellas como la número 12 y es descrita como una -trompeta con sordina-. La otra trompeta esta hecha de plata y cobre, y, por alguna razón desconocida no está catalogada, sino solamente referida como un ejemplo de las trompetas encontradas en la Tumba, aunque ésta es de una mayor calidad a la catalogada.
Dicha trompeta no está fuera de poseer historia, sin embargo, para entre el personal del Museo la historia de esta particular trompeta comienza cuando siendo limpiada en 1.954, alguien intentó soplarla, y en ese mismo momento la electricidad de todo el Alto Egipto falló. En 1.974, limpiándola de nuevo, y no teniendo constancia el personal del anterior evento, fue soplada de nuevo, y el poder energético se vino abajo esta vez sólo en la región de el Gran Cairo.
Ambos incidentes puden ser demostrados como ocurridos, por los documentos archivados en la estación generadora de electricidad, de la caída inexplicable a cero ocurrida en aquel tiempo, y también en los artículos de los periódicos egipcios de aquel tiempo.Sin embargo, la relación con la -soplada- de la trompeta de Tutankamón no está completamente establecida. Allí nunca hubo ninguna investigación oficial técnica…”

Trompetas de Tutankamón en exposición, año 2008.
Una vez más nos adentramos en el mundo de las “casualidades”, como seguro que catalogarían este tipo de incidente sucedido en el Museo Egipcio del Cairo si tan sólo se molestasen un poco en investigarlo.
Otro sorprendente dato lo aporta Erich von Däniken en su libro Regreso a las Estrellas donde hace la siguiente observación:
“En la primavera de 1.964 el Instituto de Investigaciones Electroacústicas de Marsella, se trasladó a un nuevo edificio. Poco días después del traslado, varios colaboradores del profesor Vladimir Gavreau empezaron a quejarse de dolores de cabeza, náuseas y prurito; algunos se encontraban tan mal, que temblaban como hojas.
En un Instituto que se ocupaba de cuestiones relacionadas con la electroacústica, no tardó en sospecharse que aquellas molestias podrían ser causadas por radiaciones incontroladas de alguna parte de los laboratorios.
Los científicos se esforzaron por encontrar la causa del malestar, para lo cual examinaron todo el edificio con detectores de alta sensibilidad. Se encontró el motivo. No se trataba de frecuencias eléctricas incontroladas, sino de ondas de baja frecuencia que partían de un ventilador y que habían comunicado a todo el edificio una vibración de infrasonido.
Aquí se produjo una de esas felices casualidades que tan a menudo ayudan a la investigación. Hacía ya veinte años que el profesor Gavreau trabajaba como especialista en la investigación de las ondas sonoras.
Tras el incidente, se dijo que lo que aquel ventilador había hecho -sin proponérselo-, también se podría hacer experimentalmente.
De este modo, y ayudado por sus colaboradores, construyó en el propio Instituto de Marsella, el primer cañón acústico del mundo.
A una reja, en forma de tablero de ajedrez, se ataron sesenta y un tubos flexibles, por los que se hizo pasar aire a presión regular, hasta que se percibió un tono, aún audible, en 196 Hz.
El resultado fue devastador: las paredes de la nueva construcción se agrietaron, y los estómagos e intestinos de los que trabajaban en el laboratorio empezaron a vibrar dolorosamente. El instrumento tuvo que ser detenido en seguida.

Este primer experimento permitió al profesor Gavreau sacar sus consecuencias: hizo construir instalaciones protectoras para el equipo que manejaba el cañon acústico, tras lo cual encargó una verdadera -trompeta de la muerte- , que desarrollaba hasta 2.000 W. y emitía ondas sonoras de 37 Hz. No se pudo probar en marsella con toda su efectividad, porque habría destruido todos los edificios en varios kilómetros a la redonda.”
Del mismo modo se recurre a términos de “leyenda, mito o fantasía” una vez más, a los relatos de antiguos cronistas árabes que aseguraban que los antiguos egipcios lograban hacer volar de forma mágica, enormes bloques de piedra en sus procesos de construcción, con tan sólo introducir unas láminas entre las piedras y entonar determinadas notas musicales interpretadas por sacerdotes que conocían los secretos del poder del sonido.
Y no tan sólo sucedían estos “mitos” en el antiguo Egipto, en el lejano Océano Pacífico, en la Isla de Pohnpei, capital de los Estados Federados de Micronesia y a unos 1.600 kilómetros al nordeste de Nueva Guinea, se encuentra una inmensa ciudad de piedra megalítica llamada Nan Madol, con una extensión de 28 kilómetros cuadrados repartida entre casi cien isletas de arrecife y coral, con numerosos canales artificiales que la convierten en “La Venecia del Pacífico”.
Es en este lugar, donde las leyendas aseguran, que al igual que en el antiguo Egipto, los enormes bloques de piedra cuyo peso oscila entre los 20 y 50 toneladas , eran hechos volar mágicamente y los hombres incluso podían montar en ellas mientras volaban por el aire y eran colocadas en las islas entre los canales del océano. ¿Era ésta acaso la misma magia que la utilizada por los egipcios, para hacer volar los bloques de piedra?.
El ya desaparecido Robert Charroux, en su libro “El libro de los mundos olvidados“, hace referencia a un relato de Andrew Tomas absolutamente auténtico, según sus propias palabras, sobre un fenómeno de la ciencia de la antigüedad desaparecida.
“……En la aldea de Shicapur, cerca de Puna, en la India, hay una pequeña mezquita erigida en memoria de un santo varón de la secta de los -sufíes-: Qamar Alí Derviche.
Cerca del edificio, yacen dos piedras redondas de granito, que pesan, respectivamente, 41 y 55 Kg.
Todos los días, los peregrinos invocan largamente a Qamar Alí cerca de estas piedras, hacen imposiciones de manos y, cuando se reúnen en número de once, levantan súbitamente la roca de 55 Kg a una altura de 1,50 a 1,70 metros, empleando únicamente la punta de los dedos índices. Igual fenómeno consiguen nueve personas con la piedra de 41 Kg”.
Una trompeta de Tutankamón, con una antigüedad de 3.000 años, desapareció durante los recientes levantamientos en Egipto para reaparacer abandonada el metro de El Cairo.
Entre las «cosas maravillosas» que el arqueólogo y egiptólogo británico Howard Carter describió después de examinar a la luz de las antorchas la tumba de Tutankamón que acababa de descubrir, en 1922, había dos trompetas, una de plata y otra de bronce.
Los instrumentos habían permanecido mudos por más de 3.000 años en el Valle de los Reyes, próximos a la momia del joven faraón. Ambos estaban decorados con inscripciones de dioses identificados con campañas militares.
La trompeta de bronce era exhibida en el Museo de El Cairo cuando ocurrieron las recientes revueltas en Egipto. El edificio fue saqueado y el instrumento desapareció.
La trompeta de plata no tuvo el mismo destino gracias a que formaba parte de una exposición itinerante.
Aun así, el robo de uno de los instrumentos más antiguos del mundo agregó sal a la herida: los arqueólogos e historiadores ya se lamentaban de la pérdida de numerosas antigüedades en Egipto.
La trompeta de bronce fue encontrada recientemente en una bolsa en el metro de El Cairo, al parecer junto con otros artefactos de Tutankamón.
Debido al frágil estado de ambos instrumentos, su sonido sólo ha sido reproducido en pocas ocasiones.
Productores de programas radiales de otra época vieron el potencial para una grabación extraordinaria y se las ingeniaron para que, en 1939, el Servicio de Antigüedades Egipcio aceptara participar en una trasmisión para todo el mundo desde el Museo de El Cairo.
Rex Keating, un pionero de la radio que ayudó a convencer a las autoridades de la institución, fue el elegido para presentar el programa que, una tarde de domingo, llegaría a 150 millones de escuchas en todo el mundo.
Para dar contexto, primero entrevistó a Alfred Lucas, uno de los últimos sobrevivientes del equipo de Carter y quien era el responsable de la restauración de los tesoros de Tutankamón.

La trompeta de bronce reapareció en el metro de El Cairo. Al ladrón aparentemente le costó venderla.
A cinco minutos de iniciarse la transmisión, las luces del museo fallaron y todo quedó a oscuras. Hubo que encender velas.
Keating inició la cuenta regresiva: «Falta un minuto. Veo, con el rabillo del ojo, a Lucas intentando parecer despreocupado, pero el temblor del guión en su mano delata su nerviosismo…».
La preocupación de Lucas era comprensible, ya que había participado en un intento anterior de sacarle sonido a la trompeta delante del rey Faruk de Egipto.
La historia cuenta que el precioso instrumento se quebró, probablemente debido a la boquilla moderna que se le insertó para sacarle sonido.
Según el colorido relato de Keating, Lucas quedó tan destrozado como el instrumento mismo y debió recibir tratamiento en el hospital.
Por lo menos, la trompeta fue reparada.

James Tappern tocando una de las trompetas.
Cuando llegó el momento, los radioescuchas quedaron embrujados.
El músico elegido para esta transmisión legendaria fue el trompetista James Tappern. Su hijo, Peter, también trompetista, recuerda cómo esta historia marcó su niñez y cuánto le gustaba contarla a su padre.
Sin embargo, la única grabación que su familia guardaba del programa, un frágil disco de acetato 78 RPM, se destruyó durante una mudanza. Pasaron décadas antes de que Peter oyera, finalmente, la cinta original de la BBC.
«Me dejó estupefacto con la calidad del sonido», recuerda. «Cómo la tocaban los trompetistas de la época de Tutankamón, ni me pregunten. Mi padre utilizó boquillas modernas, pero la técnica que se necesita es asombrosa».
Al parecer, la maldición de Tutankamón, la idea de que todo aquel que de alguna manera altere la calma de la tumba del joven faraón tendrá un destino funesto, sigue agregando capítulos a su presunta validez.

Antigua trompeta egipcia de plata. De la exposición realizada en Colonia “Tutankamón: su tumba y sus tesoros”.
De acuerdo a la BBC, cuando cualquiera de las dos es tocada y su sonido se hace escuchar, no pasa mucho tiempo para que un desastre suceda. Grandes conflictos como la guerra del Golfo y hasta la Segunda Guerra Mundial han coincidido con esto.
De hecho, las muertes de Carter y su compañero Lord Carnarvon también le son ‘atribuidas’ a las trompetas. Ellos descubrieron la tumba de Tutankamon y cuando se dispusieron a abrirla, Arthur Weigall, inspector del Servicio de Antigüedades del lugar, le dijo al segundo que moriría si molestaba al faraón.
Coincidencia o no, seis meses después del hallazgo, Carnarvon falleció por una infección provocada por una picadura de un mosquito agravada por un corte que se hizo al afeitarse. Se dice también que a la misma hora en que murió el arqueólogo, su perro lo hizo de forma repentina.
Si no fuera suficiente, algo que alimentó la teoría de la maldición de estas trompetas fue el apagón que se produjo en El Cairo el mismo día de las dos muertes. La ciudad se quedó sin luz toda la noche. En los días siguientes los medios de comunicación de Egipto no dejaban de hablar de la “relación” entre los acontecimientos.
Los años posteriores fueron aún más significativos para esta leyenda. En 1923 el hermano de Carnarvon se suicidió. Archibald Douglas, quien sacó una radiografía de la momia de Tutankamón, falleció días después por una infección.
George Jay Gould, un magnate norteamericano, tuvo la misma suerte luego de visitar la tumba del faraón. Supuestamente murió de un resfriado. A la lista se sumaron después el propio Carter y varios de sus familiares.

La magnífica tapa del ataúd de Tutankamón.
En 1939, los productores de programas radiales convencieron al Servicio de Antigüedades Egipcio para transmitir el sonido de la trompeta de plata. Rex Keating, pionero de la radio, fue el presentador del hito.
La trompeta fue tocada finalmente por el músico James Tappern. Después de esto, estalló la Segunda Guerra Mundial.
En 2011, la trompeta de bronce estaba siendo exhibida en el Museo de El Cairo y de pronto surgieron las revueltas que marcarían historia en el país con una revolución. El instrumento desapareció y fue encontrada tiempo después en un metro.
La historia cuenta también que antes de las guerras Árabe-Israelí, en 1967, y la del Golfo, en 1991, el sonido de una de las trompetas también se conoció.
Por estas razones, muchos argumentan que la ‘maldición’ de Tutankamón es real y tiene un sesgo bélico.

Yataka(A.Marti)/XLSemanal/miningpress.com — A veces los tesoros no están escondidos, sino que no podrían ser más evidentes. Las explotaciones mineras en abierto son impresionantes y la mina de Mir (o Mirny), que llegó a ser la mayor del mundo en su tipo, no es para menos.
Una mina a cielo abierto de diamantes ubicada en Rusia, concretamente cerca de la ciudad de Mirny (Siberia), de la que toma su nombre. Aunque ahora la mina abierta está cerrada, su aspecto y sus características siguen impresionando y fue la mina más grande y más rica de la antigua Unión Soviética.
Nos contaba hace un tiempo un taxista, al hablar del lugar donde se fabrican todas las aspirinas del mundo, que lo que llegaba a sus oídos es que «las cuencas mineras están fatal», refiriéndose a lo próspero importante que ha sido esta explotación para Asturias (España).
Pero la fortuna de las minas depende mucho de lo que se explote además del momento, y así como al carbón ya no le va tan bien en España, el oro sigue siendo de interés y los diamantes, cuando se encuentran, también. Y a abrirlo todo.
En 1953, la geóloga Larissa Popugaieva, que estudió muestras de minerales del yacimiento en Yakutia (Siberia), observó una alta concentración del mineral granate, un tipo de silicatos que también se asocia con la presencia de diamantes. Popugaieva pasó a formar parte de la expedición de Yakutia, aunque en un principio los soviéticos no estaban convencidos de invertir para la explotación.

Flanco de la mina con la ciudad al fondo.
El empujón que convencería a los rusos vendría el 13 de junio de 1955, cuando los geólogos soviéticos Yuri Khabardin, Ekaterina Elagina y Viktor Avdeenko dieron con kimberlita, una roca ígnea conocida porque en ocasiones alberga diamantes (se considera que a la profundidad, temperatura y presión a las que se formó la forma más estable para el carbono es el diamante y no el granito).
Tras dar con este diamante en bruto (en este caso, literalmente), Khabardin recibió un Premio Lenin por el descubrimiento (sin que hubiese honores para Popugaieva, casualmente) y la Unión Soviética de Stalin se puso manos a la obra. La mina, de hecho. se llama así porque mirny en ruso es paz, y al comunicar el hallazgo de diamantes en el sitio Khabardin dijo estar «fumando la pipa de la paz».
La mina abrió en 1957, considerablemente rápido teniendo en cuenta los medios del momento (en ese momento no tenían a Bagger 288). También pensando en la localización: Siberia es uno de los terrenos más inhóspitos de los que habita el ser humano, con inviernos de siete meses hasta los -39ºC (en Mirny), y como vimos al hablar del puente de la isla de Russki, el frío extremo no es precisamente una ayuda para los trabajos de construcción.
Y el verano tampoco es un consuelo, cuando el permafrost pasa a ser barro y el área de excavación se convertía en un lodazal enorme.

Un día de invierno cualquiera en Mirny.
Tirando de grandes motores y de dinamita, se hicieron con los complicados suelos y construyeron la planta de procesado a unos 32 kilómetros del yacimiento (para evitar el permafrost). Junto a la mina creció también la ciudad, de manera que impresiona bastante ver cómo el casco urbano acabó en el mismo extremo de la excavación.
El rápido desarrollo de Mirny al parecer estuvo motivado también por hacerse un hueco entre las potencias mundiales de la explotación de diamantes, algo que en esos momentos encabezaba la empresa De Beers.
Sobre esto, cuenta la leyenda que la compañía llegó a preocuparse por este pronto crecimiento de la mina y que quiso visitar la mina, pero que los rusos intencionadamente demoraron la visita de Philip Oppenheimer, ejecutivo de De Beers, y el geólogo jefe Barry Hawthorne para que sólo tuviesen 20 minutos para examinar la explotación.

Vista aérea de la ciudad y la mina
A su cierre en 2001, la mina de Mir tenía una profundidad de 518,16 metros y un diámetro de 1.200 metros. Fue la mayor mina abierta de diamantes del mundo, pero con los años fue bajando su posición y en la actualidad es la también rusa mina de Yubileyny, Rusia, es la mayor mina de diamantes del mundo, si bien la mina del cañón de Bingham en Salt Lake City (Estados Unidos) es el mayor agujero excavado del planeta y el de Mirny al menos está en segundo lugar.
Tampoco gana a la mina más profunda del mundo, que es la mina de Tau Tona, ni al agujero más profundo. Casualmente, el agujero para fines de investigación que se llevó a cabo en la península de Kola, en Rusia, alcanzó los 11 kilómetros de profundidad.

La ciudad tiene aeropuerto y, claro, hay buenas vistas aterrizando.
Pese a esto, a la mina se le ha adjudicado la aterradora capacidad de «absorber helicópteros» a lo leyenda del Triángulo de las Bermudas, pero evidentemente no hay nada mágico ni oculto en ese gran agujero.
Lo que pasa es que es tan grande que el aire que contiene se calienta mucho y se eleva, causando que en el área haya un cambio de temperatura de masas de aire abrupto y que los helicópteros se desestabilicen al perder el control, de manera que en ocasiones el piloto no ha reaccionado a tiempo tras el descenso para volver a tomar altura.
La mina de Mir supuso casi 50 años de operaciones de explotación que dieron unos 2 millones de carats de diamantes al año, aunque este dato no ha llegado a confirmarse de manera oficial.
Tras su cierre, se continuó explotando de manera subterránea por ALROSA, quienes afirman que entre 1957 y 2001 la mina produjo unos 14.000 millones de euros en diamante en bruto.

Los rusos llaman a esta parte del país ‘el círculo de diamantes’. La ciudad se encuentra en Yakutia, la parte más fría de Siberia. Es la república de mayor tamaño de Rusia, unas diez veces España. Apenas un millón de personas viven en esta región salvaje. En invierno, las temperaturas se desploman hasta los 50 grados bajo cero, el suelo está cubierto de nieve durante nueves meses al año.

La mina abierta de Mirni está considerada la primera gran explotación diamantífera fuera de África. Esta gigantesca máquina procesadora ‘lava’ 750 toneladas de mineral por hora para eliminar los grumos de arcilla. Este proceso es el primer paso antes de iniciar el refinado de los diamantes. Las plantas de refinado rusas en esta zona son las más grandes del mundo.

La empresa rusa Alrosa, de control estatal, es la mayor compañía de diamantes del mundo: responsable de un tercio de la extracción mundial, también invierte en Zimbabue, Botsuana y Angola. La dirige Serguéi Ivanov, hijo de un hombre de confianza de Putin y antiguo miembro del KGB. La compañía posee otras minas próximas al Círculo Polar, donde el hielo obliga a extraer el mineral con dinamita.
El diamante (del griego antiguo αδάμας, que significa invencible, irrompible o inalterable) es un alótropo del carbono donde los átomos de carbono están dispuestos en una variante de la estructura cristalina cúbica centrada en la cara conocida como ‘red de diamante’.
Las 10 mayores minas de diamantes del mundo por reservas medibles contienen más de mil millones de quilates de diamantes recuperables, siendo Rusia el hogar de la mitad de ellas.
Yubileyny, situada en la República de Sajá (Yakutia), en Rusia, es la mayor mina de diamantes del mundo la cual se estima que contenga más de 153 millones de quilates (Mct) de diamantes recuperables, incluidos 51 Mct de reservas subterráneas probables según los últimos datos oficiales de 2013.
La mina de diamantes a cielo abierto es operada por Aikhal, una división de minería y procesamiento de la compañía de diamantes de propiedad estatal rusa Alrosa.
La mina ha estado en producción desde 1986, extrayendo el mineral de diamante de la chimenea de kimberlita de Yubileynaya, que dispone según la Joint Ore Reserves Committee (JORC) de unas reservas probables de 107,1 millones de toneladas (Mt) clasificadas en 0,90 quilates por tonelada (ct/t) según datos publicados en julio de 2013.
La mina de diamantes Yubileyny produjo 10,4 Mt de mineral en 2012, siendo operada a cielo abierto en una profundidad de 320 m, estimándose que alcance hasta los 720 m al final de su vida útil.

Udachny, también ubicada en la región de Yakutia en Rusia, se posiciona como la segunda mina de diamantes más grande del mundo, con unas reservas estimadas de diamantes de 152 Mct según los últimos datos oficiales.
Propiedad de Alrosa y operada por su división de minería y procesamiento Udachny, la extracción se lleva a cabo en la chimenea de kimberlita de Udachnaya, que dispone según la JORC de unas reservas probables de más de 120 Mt. Por lo tanto, Udachny sería más grande que Yubileyny en cuanto a las estimaciones de reservas según la JORC.
El yacimiento de Udachnaya descubierto en 1955, es el yacimiento de diamantes más grande de Rusia, siendo su mina, Udachny, una de las más profundas a cielo abierto del mundo, la cual produjo 10 Mct de diamantes al año hasta 2011.
Sin embargo, se espera que las operaciones a cielo abierto sean concluidas a finales del 2014, mientras que se estima que la operación subterránea continúe durante más de 30 años.
Mir, conocida también como Mirny, es otra mina de diamantes ubicada en la región rusa de Yakutia, que se posiciona como la tercera mayor del mundo.
Esta mina de diamantes subterránea se estima que contiene más de 141 Mct de reservas de diamantes probables según los últimos datos oficiales.
Propiedad de Alrosa y operada por su división de minería y procesamiento Mirny, las tareas de extracción se realizan en la chimenea de kimberlita de la mina de Mir, cuyas reservas según la JORC alcanzan los 29,5 Mt clasificadas en 3,29 ct/t de diamantes según datos publicados en julio de 2013.
El yacimiento de la Mir fue descubierto en 1955, iniciándose la minería a cielo abierto en 1957 y finalizando en 2001.
Desde 2009 la Mir fue preparada para llevar a cabo operaciones de minería subterránea produciendo 497.000 toneladas de mineral en 2012, estimándose que la producción alcance 1 millón de toneladas a finales de 2014.
La mina de diamantes Argyle situada en la región de Kimberley en Australia Occidental, se posicionaría como la mina de diamantes más grande del mundo si los cálculos de reservas que ofrece la JORC fuesen tenidas en cuenta.
No obstante, según datos oficiales las reserva de diamantes recuperable en Argyle a diciembre de 2012 fue estimada en 140 Mct (67 Mt clasificadas en 2,1 ct/t de diamantes).
La mina de diamantes, propiedad de Rio Tinto, ha estado en producción desde 1983. Argyle se encuentra actualmente en un proceso de transición de minería de cielo abierto a operaciones subterráneas para acceder a los diamantes en profundidad, siendo la primera mina de hundimiento por bloques en Australia Occidental.
Se estima que el pico de producción de la mina subterránea sea de 20 Mct de diamantes al año, lo que hará que se convierta en la mina de mayor producción de diamantes del mundo. No obstante, la mina a cielo abierto ha producido más de 791 Mct de diamantes de sus inicios, calculando la compañía que su vida útil se extenderá más allá del 2020.
Catoca, situada en Angola, se posiciona como la quinta mayor mina de diamantes del mundo.
La mina de cielo abierto Catoca, ubicada cerca de Saurimo, en torno a unos 840 kilómetros al este de Luanda, se estima que contiene hasta 130 Mct de diamantes explotables.
Operada por la Sociedade Mineira de Catoca, una empresa conjunta formada por la compañía estatal de diamantes Endiama (32,8%), Alrosa (32,8%), así como la empresa estatal china Sonangol (18%) y Odebrecht de Brasil (16,4%), la mina ha estado en funcionamiento desde 1993.
En 2012 la mina de Catoca produjo 6,5 Mct de diamantes, lo que representó alrededor del 70% de la producción total de diamantes de Angola.
La operación a cielo abierto actualmente se sitúa a una profundidad superior a los 200 metros, siendo programada para llegar hasta los 600 metros con una vida útil de la mina ampliable hasta 30 años.
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Venetia, situada a 80 km de Musina en la provincia sudafricana de Limpopo, se posiciona como la sexta mayor mina de diamantes del mundo, cuyas reservas se situaron en diciembre 2012 en más de 102 Mct.
Concretamente las reservas de diamantes a cielo abierto se estiman en 32,8 Mct (33,6 Mt clasificadas en 0,975 ct/t de diamantes) y las reservas de diamantes subterráneas se han calculado en 70 Mct (91,4 Mt clasificadas en 0,765 ct/t de diamantes).
En la actualidad, Venetia es la mayor mina productora de diamantes en Sudáfrica, produciendo 3,066 Mct de diamantes desde 5,618 Mt de mineral en 2012, cuyo depósito comprende 12 chimeneas de kimberlita.
La mina es operada por De Beers y ha estado en producción desde 1992, en la que se espera que las operaciones a cielo abierto continúen hasta el 2021, tras lo cual se pasará a la minería subterránea con una vida útil estimada en más de 20 años.
La mina de diamantes Grib, que inició su producción comercial este año, es la séptima mayor mina de diamantes del mundo y la cuarta más grande de Rusia cuyas reservas de diamantes estimada supera las 98 Mct.
La mina está siendo operada por la petrolera rusa Lukoil a través de su filial minera Arkhangelskgeoldobycha (AGD), llevándose a cabo las tareas de extracción en la chimenea de Grib situada en Verkhotina, en la región de Arkhangelsk al noroeste de Rusia.
La obtención de diamantes en Grib, que dio comienzo a principios de 2014, se prevé que alcance una producción anual de 4 Mct. Asimismo, la mina tiene previsto pasar a operaciones subterráneas transcurridos unos 16 años de operaciones a cielo abierto.
Jwaneng, situada en el país africano de Botswana, se posiciona como la octava mayor mina de diamantes en el mundo. Se estimó que la mina a cielo abierto, situada a 160 kilómetros al suroeste de Gaborone en el centro sur de Botswana, contenía unas reservas de diamantes de 88,3 Mct (70,1 Mt clasificadas en 1,26 ct/t de diamantes) a partir de diciembre de 2012.
Considerada como la mina de diamantes más rica del mundo en términos de valor, es propiedad de Debswana, una sociedad formada entre De Beers y el Gobierno de Botswana.
La mina ha estado en producción desde 1982, representando hasta el 70% de los ingresos totales de Debswana, que opera un total de cuatro minas de diamantes en Botswana.
La mina de Jwaneng produjo 8,172 Mct de diamantes en 2012 y 10,641 Mct en 2011, con una profundidad de operación actual de 350 m.
La mina, sin embargo, se espera que alcance una profundidad de 625 m en 2017 a través de un importante proyecto de extensión, permitiendo ampliar la vida útil de la mina hasta al menos el 2025.
Orapa, situada a 240 kilómetros al oeste de la ciudad de Francistown en Botswana Central, es la novena mina de diamantes más grande en el mundo, cuyas reservas se estiman que contengan 85,7 Mct de diamantes (146,1Mt clasificadas en 0,587 ct/t de diamantes) según datos oficiales de diciembre de 2012.
La mina de Orapa ha estado en producción desde 1971, siendo la más antigua de las cuatro minas de diamantes explotadas por Debswana. Además, la chimenea de kimberlita de Orapa es una de los más grandes del mundo, cubriendo un área de 118 km² en la superficie.
La mina produjo 11,089 Mct de diamantes en 2012, en comparación con los 11,158 Mct en 2011. No obstante, el récord de producción de Orapa se alcanzó en 2006 con 17,3 Mct.
La mina de diamantes de Botuobinskaya, la cual debe entrar en producción en 2015, está situada en el campo de kimberlita de Nakyn a 200 kilómetros al noroeste de Nyurba en la región rusa de Yakutia.
Se estima que contiene 70,9 Mct de reservas de diamantes según la JORC (13,839 Mt clasificadas en 5,13 ct/t de diamantes).
La mina es operada por Nyurba, una división de minería y procesamiento de Alrosa, compañía que ha estado llevando a cabo desde el 2000 operaciones en la chimenea de Nyurbinskaya, situada a tres kilómetros de la chiminea de Botuobinskaya.
Las operaciones para el desarrollo de la chimenea de Botuobinskaya comenzaron en diciembre de 2012, estimándose que produzca 1,5 Mct de diamantes anualmente durante más de 40 años desde el inicio de las operaciones.

John Thomas Scopes
“Aquel que cree disturbios en su casa heredará el viento, y el tonto se convertirá en el sirviente del sabio de corazón” (Libro de los Proverbios 11:29, palabras del Rey Jacobo)
Infobae(M.Bauso) — Hace más de 95 años, el maestro de biología John Thomas Scopes, fue detenido y acusado por haber enseñado «una teoría que niegue la historia de la Divina Creación del Hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia». El proceso fue un escándalo y lo llamaron «El juicio del mono». Fue una batalla entre la Fe y la Ciencia, a cuatro siglos de las hogueras de la Inquisición y casi tres del castigo a Galileo Galilei
Como cada día de junio, Dayton, Tennessee, dos mil almas, amaneció ese lunes de 1925 como envuelto en un vaho de plomo fundido.
A las diez de la mañana, el maestro de escuela secundaria John Thomas Scopes, de 24 años, profesor de biología, álgebra, química y física, desplegó en el pizarrón de su aula en el Rhea Country Central High Schooluna una lámina que mostraba la evolución del hombre desde un pequeño simio que reptaba sobre sus cuatro extremidades hasta un espécimen mayor, erguido y caminante, de evidente e indiscutible parecido a un ser humano.
Incluso, parecido a cualquiera de los habitantes de Dayton, aunque muchos ellos, a partir de ese día, dudosamente se asemejarían al homo sapiens. En especial, por la segunda palabra…
Casi siete décadas antes, en 1859, el científico y naturalista inglés Charles Robert Darwin (1802–1889) sacudió la colmena humana con su libro El Origen de las Especies, que postulaba la evolución y la selección natural –adaptación al medio, supervivencia de los más fuertes– como clave de cuanto ser vivo nacía, crecía, se reproducía y moría en el planeta Tierra.
Sin saberlo, el inocente Scopes violó esa mañana el Butler Act, que consideraba «ilegal en todo establecimiento educativo del estado de Tennessee cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del Hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores».

Tres días más tarde, Scopes estaba preso, y lo esperaba el banquillo de los acusados. Pero nadie, en el ignoto Dayton y en el mundo, imaginó que aquella clase y aquella lámina eran el principio de un huracán.
El juicio enfrentó a dos abogados de lujo: William Jannings Bryan, tres veces candidato presidencial –y fanático religioso– por la acusación, y una estrella de su tiempo, Clarence Darrow, por la defensa, notorio por sus victorias ante casos perdidos de antemano. Casi un mito del foro.
El juicio empezó el 10 de julio de 1925 sin que el brutal verano diera tregua. Ya en el tribunal, y contra la rígida costumbre de la época, ambos abogados lograron permiso del juez de la causa, John Raulston, para despojarse de sus sacos y recibir, desde el perezoso y vetusto ventilador de techo, una brizna de aire…
Juez que enfrentó otro problema inicial y no menor. Partidario, como casi todo el pueblo, de William Bryan, le otorgó el título de coronel honorario de la milicia local. ¿Qué menos para el caballero cruzado que defendería la Palabra Sagrada contra el diabólico ateísmo sembrado por Scope en el aula y las almas de sus alumnos?
Por supuesto, Darrow protestó:
–¿Por qué este privilegio? Para el jurado y el público, el “coronel” Bryan es alguien superior a su rival. Lo enaltece, al mismo tiempo que disminuye mi figura.
El juez vaciló unos minutos ante el irrefutable argumento, y sacó de la galera la leyenda del rey Salomón y las dos mujeres que se atribuían la maternidad de un niño:
–Bien. Entonces, por el derecho que me asiste, nombro también coronel honorario de la milicia local… ¡al abogado Darrow!
Y reinó (aunque por poco tiempo), la paz…

Afuera, entretanto, las calles y las plazas se convertían en un circo. Los gritos de vendedores de helados y de limonada se confundían con los hosannas y aleluyas de los místicos, los insultos contra Scopes y Darrow… “¡enviados del demonio!”, los cánticos religiosos a coro, y el agitar de carteles con monos burdamente pintados y la leyenda “Este no es mi padre”. Alguien, incluso, se atrevió a pasear, enjaulado, a un pobre mono flagelado por los gritos y el calor…
Ante la insólita noticia –no había en la historia del país un antecedente semejante–, un diario de Nueva York designó a un enviado especial encargado de escribir sobre el caso, y transmitir por teléfono cada instancia del proceso, que en el otro lado de la línea, y conectado a un parlante, llegaba al público –cada vez más numeroso– reunido en la calle.
Para entonces, el caso Scopes, ya bautizado y entrando en la historia como “El juicio del mono”, era una guerra sin armisticio posible entre quienes creían ser hijos de la evolución, y los creacionistas, que se negaban a admitir que habían salido “de una inmunda charca, un pestilente caldo de insectos y gusanos, y no de las dulces manos de Dios nuestro señor”, como se oyó decir a uno de los testigos.
En realidad, el juicio fue una farsa, una trampa armada para derrotar a Darrow, “el mayor ateo del país” (novedoso título adquirido durante los debates) y demonizar al maestro desde furiosas pancartas: “¡Scopes, arderás en el Infierno!”.
La American Civil Liberties Union (ACLU) juró que defendería a toda persona que fuera acusada de enseñar la teoría de la evolución desafiando la Butler Act. La Butler Act prohibía expresamente en Tennessee «la enseñanza de cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores».
George Rappleyea, que era propietario de varias minas en la región, convenció a un grupo de empresarios de Dayton, Tennessee, que entonces era un pueblo con 1.756 habitantes, que la atención pública que generaría tal juicio aportaría publicidad para Dayton. Con el apoyo de ellos, convocó a su amigo John Scopes que tenía 24 años de edad, quien era el entrenador del equipo de football de la escuela secundaria del Condado de Clark y le pidió que reemplazara al director Ferguson en una clase de ciencias. Rappleyea le pidió a Scopes que enseñara la teoría de la evolución.
Rappleyea hizo notar que mientras que la Butler Act prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución, por su parte el Estado exigía que los profesores utilizaran el libro de texto—Biología Civica (1914) de George Hunter—que explícitamente describía y adhería a la teoría de la evolución, y que por lo tanto se les estaba pidiendo de hecho a los profesores que cometieran un acto ilegal. En realidad Scopes no recordaba si en efecto había desarrollado la sección sobre evolución en el libro de Hunter, pero les dijo, «Si ustedes pueden demostrar que yo he enseñado evolución y que yo califico según los criterios de la ACLU, entonces estoy dispuesto a ir a juicio.»
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Scopes se fue transformando en un participante cada vez más convencido, llegando al extremo de incriminarse y alentando a los estudiantes a testificar en su contra. Fue juzgado el 24 de abril, después de que tres estudiantes testificaran en su contra frente al gran jurado, a instancias de Scopes. De acuerdo a Edward J. Larson, el juez John T. Raulston aceleró las deliberaciones del gran jurado y «…prácticamente los instruyó a que declararan culpable a Scopes, a pesar de la pobre evidencia en su contra y la abundancia de dudas sobre si el acusado en efecto había enseñado la evolución alguna vez en su clase.»
El proceso atrajo una enorme atención de la prensa –que fue la que lo bautizó enseguida como «juicio del mono»– y de la opinión pública estadounidense, máxime cuando el famoso abogado Clarence Darrow aceptó defender al acusado. Pese al brillante alegato final de éste, Scopes fue condenado por el Tribunal, si bien solo a una multa simbólica y no a pena de prisión como pedía el fiscal.
Scopes enseñó ciencia toda su vida. Murió en 1970 y fue enterrado en Louisiana según el rito católico por voluntad de su esposa y de sus dos hijos.
El juez fue cómplice absoluto de los creacionistas. Prohibió comparecer a los científicos, biólogos, geólogos y cuantos expertos presentó la defensa, mientras la muchedumbre –trescientos adentro, más de mil afuera– vitoreaba el nombre de Dios.
Pero Darrow, también defensor de pobres, obreros, homosexuales, víctimas del poder, sacó su último as de la manga:
–Muy bien, Bryan. Entonces jugaremos en su terreno.
Y ante el asombro de todos, lo llamó al estrado.
–¿Usted es experto en la Biblia?
–Absolutamente. Conozco todas y cada una de sus palabras.
–Ante una duda, ¿qué hace?
–Consulto al Señor, y él me responde.
-Señores… ¡Dios habla con Bryan! ¡Les presento al profeta de Nebraska!
Se oyeron algunas risas…
–¿Todo cuanto dice la Biblia debe ser interpretado literalmente?
–Así es.
–(Mostrándole un objeto) ¿Qué edad tiene esta piedra? La ciencia dice que algunos millones de años…
–No me interesa la edad de las rocas sino la Roca de las Edades. Pero es imposible. Tiene menos de seis mil años, porque el buen obispo James Usher fijó la fecha de la Creación: el 23 de octubre del 4004 antes de Cristo a las nueve de la mañana.
–¿Hora del este o del oeste?
Más risas en la sala.
–¿Ese primer día tuvo veinticuatro horas?
–La Biblia dice que fue un día.
–Pero era imposible medir el tiempo. ¿Un día de veinticuatro horas, de treinta, de un mes, o de millones de años?
–No lo sé. Fueron períodos.
–¿Pudieron abarcar mucho tiempo?
–Tal vez…
Darrow vio la luz del triunfo. Le preguntó a su rival si era posible, según la Biblia, que el sol se hubiera detenido.
–Si el Señor quiso que se detuviera, se detuvo.
–Pero si así fue, los mares se hubieran enloquecido, y hasta las montañas se hubieran chocado entre sí. ¿Cómo se les escapó esa catástrofe? ¿Por qué la Biblia no lo menciona?

Clarence Darrow, de pie, examina a William Jennings Bryan, sentado a la izquierda, en el episodio decisivo del “Juicio de los monos” de Scopes frente al Palacio de Justicia del Condado de Rhea en Dayton, Tennessee.
El duelo entre los dos abogados –amigos desde hacía muchos años–, siguió inclinándose a favor de Darrow con preguntas sobre la leyenda de Jonás y la ballena, el Diluvio Universal y otros misterios de respuesta imposible. En un cuarto intermedio, Bryan abandonó el estrado. Era diabético, comía con hambre de náufrago, y puesto que para los creacionistas era el paladín de Dios en la Tierra, lo invitaban a constantes agasajos y comilonas que agravaron su estado.
El martes 25 de julio de 1925, Scopes fue declarado culpable por un jurado de absoluta mayoría creacionista. Pero ante la ausencia de antecedentes –era el primer caso de ese tenor–, no fue a prisión. Se lo penó con una multa de cien dólares, más tarde reducida… apenas a un dólar. Con un triste final. Cinco días después, domingo, Bryan se acostó para dormir la siesta, y pasó del sueño a la muerte.
El papelón había sido demasiado grande, y cruzó fronteras: en los últimos tramos del juicio hubo periodistas europeos y norteamericanos. Costaba entender una pugna semejante entre Fe y Ciencia… a 472 años de las primeras hogueras de la Inquisición contra “herejes, brujos, hechiceros”, 292 del juicio contra Galileo Galilei por sostener la teoría de Copérnico (“La Tierra gira alrededor del Sol”), y 242 de los veinte ahorcados en Salem, Massachusetts, por “brujería y tratos con Lucifer”.
Scopes siguió enseñando hasta su muerte, en 1970. Fue enterrado en Louisiana con el rito católico por voluntad de su mujer y sus dos hijos. Porque tal fue la paradoja. En Dayton, ese pequeño pueblo sureño, jamás antes hubo un conflicto entre creyentes y ateos. Todos, casi sin excepción, eran devotos del Señor, más allá de los matices entre mormones, Testigos de Jehová , episcopales, adventistas, etcétera. El mismo Scopes, la víctima propiciatoria puesta en la picota por exhibir una lámina sobre la evolución, era cristiano, y también lo era el grupo de alumnos que lo defendió y fue marginado por el ciego fanatismo del resto.
Lo que fue apenas un malentendido pueblerino, acabó en un gran grotesco incluso con episodios de violencia: palos, piedras y puños de los enemigos de Darwin –aunque el ochenta por ciento de las almas de Dayton ignoraba su existencia– contra los “diabólicos” evolucionistas.
(Post Scriptum: el caso Scopes, el juicio del mono, inspiró una obra de teatro: Heredarás el viento, de Jerome Lawrence y Robert Edwin Lee, estrenada en Broadway en enero de 1955. En 1960, el director Stanley Kramer la adaptó fielmente para el cine, con el mismo título, y Spencer Tracy y Frederic March como los abogados. Candidata a cuatro Oscar, generó en 1999 una versión para tevé con Jack Lemmon y George Scott. Ambas, más que recomendables: imprescindibles)

lavozdigital.es(M.Villatoro) — Muertes y traición. Al observar con detenimiento la historia, es posible comprobar que estas dos características son las que más se repiten durante siglos.
Y es que, parece mucho más fácil recurrir a la sangre y al cuchillo que a la diplomacia para solucionar los problemas entre familiares. Y si no, que se lo digan a personajes tan conocidos como Cleopatra o Alejandro Magno, los cuales ascendieron al trono en extrañas circunstancias (y, según se sospecha, gracias al uso de la daga contra sus parientes).
Cleopatra, reina de Egipto y conquistadora de corazones, es famosa por su belleza y por su gran capacidad política. Sin embargo, lo que menos se conoce de ella es que ascendió al trono gracias a una serie de fortuitas muertes de varios de sus familiares.
Y es que, estaba determinado que, tras el fallecimiento de su padre, el trono recaería en su hermano menor Ptolomeo XIII o, en caso de que a este le sucediese alguna desgracia, en manos de su también hermano Ptolomeo XIV.

La situación no terminaba en ese punto, pues –como era tradición- Cleopatra estaba destinada a casarse con Ptolomeo XIII (algo usual entre la realeza de la época).
No obstante, parece que este plan no gustó demasiado a la futura reina quien, tras fallecer su padre, se alió con Julio César para retomar el trono y dárselo a Ptolomeo XIV. Una lucha fratricida.
Sin embargo, la jugada salió a pedir de boca para la noble de la nariz respingona pues, tras derrocar al primer hermano, el segundo falleció en extrañas circunstancias.
Todo terminó siendo todavía mejor para Cleopatra ya que, en el año 41 A.C., murió también Arsione IV (otra hermana que le podría haber causado algún que otro quebradero de cabeza).
«Era algo normal en la época. No es raro encontrar a un miembro de la dinastía Ptolomeo que, a lo largo de los años, no liquidase a un familiar o dos», explica el historiador Stacy Schiff en su libro «Cleopatra» (editado por «Little, Brown and Company» en 2010).

La vida de Alejandro Magno estuvo marcada por las intrigas familiares. Estas comenzaron con su padre, Filipo II de Macedonia.
Y es que, el monarca contaba nada menos que con unas siete esposas, con varias de las cuales había tenido hijos (todos ellos, ansiosos de hacerse con el trono una vez que el monarca se marchase al otro barrio).
Entre aquellas mujeres se encontraba Olimpia, madre del propio Alejandro.
Rodeado de tanta gente ansiosa por sentarse en su trono, no es raro que, cuando Filipo murió en el año 336 A.C., muchos hablaran de asesinato.
A día de hoy no se ha esclarecido lo que sucedió, pero lo cierto es que se han barajado varias teorías.
Entre ellas, la que afirma que su muerte fue urdida por un antiguo guardaespaldas con el que había mantenido una relación homosexual en su juventud y que acabó con su vida por despecho.
Fuera como fuese, lo cierto es que Alejandro tomó rápidamente el poder acabando con todo aquel familiar que quisiera hacerle levantar sus posaderas del trono.

Si por algo se han hecho famosos los faraones es por contar con un harén formado por decenas de esposas.
Una práctica que, seguramente, les parecía enriquecedora… hasta que la situación se tensaba. Ramsés III (faraón de Egipto desde el año 1186 A.C. hasta aproximadamente el 1156 A.C.) tuvo que aprender esta lección por las malas y de manos de una de sus múltiples esposas llamada Tiye.
Y es que, según parece, esta mujer urdió un plan para cortar el cuello al gobernante y lograr así que su hijo subiese al trono.
Junto a ella hubo –presuntamente- decenas de conspiradores más que la ayudaron a perpetrar el asesinato. Aunque a día de hoy se desconoce si logró su meta o no, lo cierto es que los arqueólogos desvelaron en 2012 que la momia de Ramses tenía evidencias de haber sufrido durante la muerte.
Los expertos barajan varias posibilidades, entre ellas que fuera asfixiado (pues tiene los pulmones demasiado inflados), que fuese enterrado vivo o que fuese degollado.
Según afirma un artículo publicado por el «New York Times», el caso de Wanli es uno de los más extraños de la Historia. Como emperador chino del siglo XIV que era, este noble contaba con dos esposas oficiales y un gran número de concubinas.
Entre sus favoritas se encontraba la «señora» Zheng, con quien tuvo dos hijos. El menor era el preferido del asiático, que decidió que sería quien le sucedería una vez que falleciese.
La idea, sin embargo, no gustó demasiado a sus nobles, que le obligaron a declarar a su primer hijo como heredero.
Desde ese momento parece que Wanli se volvió «pasivo-agresivo», pues empezó a abandonar sus responsabilidades de gobierno (algo que nunca había hecho).
Así pues, en los siguientes lustros dejó de acudir a las reuniones políticas y desatendió sus deberes reales. Muchos historiadores le atribuyen, por ello, el desmoronamiento de la dinastía Ming.
El caso de Enrique VIII es uno de los más llamativos de la Historia. Y es que, este monarca inglés del S.XVI se casó seis veces en sus repetidos intentos por lograr un heredero varón. Su periplo comenzó cuando el segundo de los Tudor contrajo nupcias con Catalina de Aragón, la viuda de su hermano.
Todo parecía ir bien entre ambos hasta que, en 1520, el monarca conoció a Ana Bolena. Cautivado por ella, solicitó a la Iglesia la separación para casarse con ella.

Digamos que esa proposición no gustó demasiado a los católicos, por lo que Enrique decidió separarse de ellos, formar su propia Iglesia (la anglicana) y nombrarse máximo responsable de la misma.
Una de sus primeras medidas fue la de aprobar el divorcio, lo que hizo que pudiera separarse de Catalina y casarse con Ana Bolena.
Parecía que todo le había ido bien, pero su nueva esposa tampoco consiguió darle un hijo varón, por lo que la acusó de adulterio, traición y la mandó ajusticiar.
Enrique se casó cuatro veces más y el resto de sus esposas no tuvo mejor suerte. Tampoco le sonrió la fortuna al monarca, obsesionada cuyo único descendiente varón murió cuando era un adolescente.

Un mal necesario mediante el que controlar los impulsos más primarios de jóvenes ansiosos y evitar que ejercieran la violencia contra las «mujeres honradas» (como eran conocidas por entonces las damas que no vendían su cuerpo por dinero).
Esta era la función principal que tenían los prostíbulos para aquella primitiva España previa a los Reyes Católicos.
Una idea que ya había expuesto mucho antes San Agustín mediante una sencilla -y cruel- comparación: «Quita las cloacas en el palacio y lo llenarás de hedor; quita las prostitutas del mundo y lo llenarás de sodomía». Quizá por ello ciudades destacadas fundaron sus propias mancebías a partir del siglo XIII.
Aunque también por la necesidad de apartar a las meretrices de las calles más concurridas y ubicarlas en zonas menos transitadas.
Sevilla, Barcelona… Las urbes que fundaron prostíbulos dentro de sus muros durante la Edad Media fueron muchas. Sin embargo, hubo una cuyo lupanar llegó a ser conocido en toda Europa durante los más de tres siglos que estuvo activo: Valencia.
Además de contar con un tamaño considerable (agrupó -según algunas fuentes- hasta dos centenares de meretrices en sus mejores años) solía recibir los halagos de las decenas y decenas de clientes que atravesaban cada día su puerta. Esta continua clientela convirtió a la mancebía (proyectada por el rey Jaime II en 1325) en una de las mayores atracciones de la ciudad.
Así fue hasta que cerró sus puertas entre 1651, cuando se ordenó a las mujeres abandonar el lugar, y 1671, año en que la última meretriz salió del lupanar.
El origen de la prostitución legalizada hay que buscarlo a mediados del siglo XIV. La medida buscaba controlar un oficio que la sociedad y las instituciones medievales consideraban impuro y encerrar entre sus muros a las mujeres de vida airada para alejarlas de las calles.
Una idea que corrobora, por ejemplo, una ordenanza murciana de 1444, año en que la urbe fundó su mancebía: «Mandamos que todas las malas mujeres rameras […] salgan de la ciudad de entre las buenas mujeres e se vayan al burdel».
Aunque lo que llevó a estamentos como el religioso a aceptar la prostitución no fue solo eso, sino también la necesidad de controlar los impulsos de los jóvenes más alocados. Así, las meretrices ejercían un rol social al canalizar la violencia sexual para que no se ejerciese contra las mujeres honradas.
Bajo estas premisas nació la prostitución pública (llamada así por ser legal, y no por estar sufragada por el Estado) en torno a la figura del burdel. Mes va, año viene, diferentes ciudades inauguraron sus mancebías tras expulsar de las calles y tabernas a las prostitutas. Sevilla en 1337, Murcia en 1444 o Barcelona en 1448 son solo algunos ejemplos.
A la par, brotó a su vez la prostitución clandestina. Aquella que estaba al margen de la ley, que era perseguida por la justicia a golpe de sanción económica o azotes y que fue protagonizada por otras muchas meretrices que se negaron a dejar sus antiguas zonas de trabajo. Sobre estos mimbres se elevaría el prostíbulo más grande de Europa: el inaugurado en Valencia.

El origen del gigantesco burdel hay que hallarlo en la reconquista de la urbe.
Fue en aquellos años en los que, tras ganar la capital al Islam, la prostitución arribó a la ciudad del Cid.
Las meretrices ejercieron su labor en calles, posadas y hostales hasta el siglo XIV.
Concretamente hasta 1321, en palabras del historiador del XIX Manuel Carboneres. Ese fue el año en el que el rey Jaime II hizo público un documento considerado hoy como uno de los primeros testimonios de la existencia de este lupanar.
En el texto, el monarca afirmaba «que ninguna mujer pecadora se atreva a bailar fuera del lugar que ya tiene habilitado para estar».
Esta fecha, no obstante, es la menos popular entre los historiadores. La mayoría de los autores afirman que la primera referencia al burdel se dio algunos años después, cuando Jaime II ordenó que las mujeres públicas se abstuvieran de ejercer su profesión en las calles de la ciudad.
Más allá de estas pequeñas diferencias temporales, lo que está claro es que a principios del siglo XIV ya se había habilitado un burdel para las prostitutas de la zona cerca de «las partidas ó barrios, como diríamos ahora, de Roteros, Moreria y la Pobla».
Poco a poco, el burdel de Valencia fue adquiriendo unas características propias que le diferenciaban del resto de edificios similares. Entre ellas, contar con su propio ambiente al estar alejado del centro urbano.
A nivel práctico, estaba organizado como una pequeña comunidad dirigida por un Regente. Y así se mantuvo durante más de tres siglos; años en los que terminó siendo conocido como uno de los prostíbulos más grandes de toda la Europa medieval.
Durante los siglos que estuvo activo, el burdel de Valencia vio pasar decenas de mujeres públicas. A día de hoy es difícil establecer cuál fue el número máximo de meretrices que albergó el prostíbulo entre sus muros, aunque la mayoría de autores coinciden en que vivió sus mejores momentos a finales del siglo XV.
En este sentido, un viajero afirmó en 1501 que contó «entre 200 y 300» trabajadoras asentadas en el lupanar. Las cifras parecen exageradas, pues la mayoría de los registros hacen referencia a la presencia de hasta un centenar.
Lo que sí está claro es que no provenían solo de dicha urbe, sino que acudían de todos los puntos de la Península. Tal era la cantidad de ciudades de las que llegaban, que nuestras protagonistas eran conocidas por su lugar de procedencia («la aragonesa» o «la de Murcia», por ejemplo).
Otro tanto sucedía con las religiones que profesaban las prostitutas. Como en el burdel las relaciones entre personas con diferentes creencias estaban prohibidas, era necesario contar con musulmanas, judías y cristianas.

Podría parecer por el considerable número de prostitutas que las mujeres tan solo debían llegar al burdel y ponerse a trabajar, pero nada más lejos de la realidad.
Por el contrario, toda aquella dama que quisiera vender su cuerpo debía solicitar una licencia al Justicia Criminal (un cargo foral) y sumar más de 20 primaveras a sus espaldas.
La molestia les resultaba provechosa a nivel económico pues, con el paso de los años, las meretrices ubicadas en este lupanar llegaron a cobrar hasta el doble que el resto de sus compañeras.
A nivel práctico, las prostitutas trabajaban durante una buena parte del día. Su horario no estaba establecido, aunque sí fue limitado en momentos concretos para conseguir que todas las horas del día quedasen cubiertas. El momento predilecto de los clientes era al atardecer, cuando terminaba su dura jornada de trabajo.
Por descontado, también influían en sus turnos eventos masivos como ferias o mercados, los cuales solían atraer a cientos de viajeros hasta Valencia.
El burdel de Valencia permanecía abierto durante casi todo el año. Tan sólo había unas pocas excepciones en las que cerraba sus puertas, y la mayoría se correspondían con fiestas religiosas. Las más destacadas eran las jornadas de Semana Santa.
Esos días, las mujeres públicas dejaban a un lado el trabajo y eran internadas en algún centro religioso, habitualmente el Convento de las Arrepentidas de San Gregorio. Allí eran encerradas a cuenta de la propia ciudad, que sufragaba sus gastos.
Aquellas jornadas eran más que curiosas. Mediante continuas charlas y oraciones se buscaba que las prostitutas renunciaran a su trabajo y volviesen al recto camino del Señor. Los conferenciantes les ofrecían incluso ayuda para encontrar marido y les prometían otorgarles una gran dote si pasaban por el altar (dinero que pagaba también la ciudad).
A pesar de que eran muy pocas las que dejaban la prostitución, el retiro espiritual provocaba severos dolores de cabeza entre los rufianes, los «chulos» de la época, quienes trataban por todos los medios de boicotearlos para no perder su fuente de ingresos.
Además de Semana Santa y de otras fiestas de similar importancia como las de la virginidad de María, las autoridades prohibían a las prostitutas trabajar antes de la misa de los domingos.
Saltarse esta norma era algo muy grave. Años más tarde la ley se hizo todavía más severa y los Jurados de Valencia acordaron imponer una sanción de 20 sueldos a las mujeres del burdel si almorzaban antes de escuchar misa.
Intramuros, el burdel no era un edificio como tal, sino que estaba formado por varias calles alrededor de las cuales se levantaban diferentes hostales (unos 15 en las mejores épocas del lupanar) y multitud de casas.
Las prostitutas que recibían la licencia del Justicia Criminal podían alquilar una habitación en la hospedería o, directamente, una de las viviendas. En ambos casos sus caseros eran los llamados hostaleros, los mandamases en la sombra de la mancebía.

Disponer de una de estas casitas era la mejor opción para las prostitutas, pues les permitía tener una mayor autonomía y alejarse un poco de las miradas de los hostaleros.
Eran viviendas de un solo piso y pequeñas, pero las crónicas afirman que sus inquilinas se esforzaban mucho para mantenerlas limpias y cuidadas.
Así, era habitual que adornaran las fachadas con flores y los jardines con arbustos aromáticos.
Con todo, las meretrices seguían dependiendo de los hostaleros, los verdaderos caciques del burdel de Valencia.
Estos mandamases se encargaban de contratar a las meretrices; pactar con ellas un sueldo; interceder ante el Justicia Criminal para que las nuevas trabajadoras recibieran la licencia de mujeres públicas y atender a las damas en el día a día (especialmente cuando se ponían enfermas y no podían vender su cuerpo).
Por si fuera poco, también hacían de prestamistas y dejaban dinero a las chicas para que adquirieran desde joyas, hasta vestidos. Ninguna de ellas podía abandonar el lupanar hasta que liquidara todas sus deudas. En la práctica las tenían atrapadas.
La bebida y el jolgorio eran unos ingredientes perfectos para favorecer las relaciones sexuales. Sin embargo, solían derivar también en todo tipo de trifulcas entre clientes. Era entonces cuando entraban en acción los guardias del burdel.
La medida más eficaz para evitar estas controversias consistía en prohibir la entrada a todo aquel que causase problemas. Así lo atestigua la sentencia del Justicia Criminal de 1553 sobre un alborotador llamado Miguel Joan Scals al que se le exigió permanecer alejado del lupanar «sot pena de correr la ciutat ab açots y de vint y cinch dies de presó».
Estos no eran los únicos problemas que se daban en el lupanar. Además, eran habituales los robos a prostitutas, pues las joyas y los vestidos eran bienes muy golosos para los pícaros. Con todo, el que solo hubiera una salida en el burdel facilitaba la rápida identificación de los criminales y su captura.
En este caso, así como en el resto, la figura que se ocupaba de aplicar la ley era el Regente. Un personaje que, además, controlaba que la prohibición de introducir armas se cumpliera e informaba al Justicia Criminal de las sanciones contra los culpables.

El burdel de Valencia funcionó a pleno rendimiento durante décadas. Sin embargo, a mediados del siglo XVI empezó una lenta pero inexorable decadencia que culminó en 1651.
El mismo año en el que Fray Pedro de Urbina (Arzobispo y Virrey de la ciudad) ordenó que las mujeres de malvivir abandonaran su trabajo y pasaran «a servir, o estar en sus casas» so pena de ser expulsadas de la ciudad en un plazo de diez días.
Al religioso le costó algo más de lo que pensaba acabar con las meretrices, pues no fue hasta 1671 cuando las pocas que quedaban fueron retiradas a un convento. Así recoge Carboneres este momento en su minuciosa obra sobre el burdel.
«El de Valencia, que según parece estaba protegido por personas de gran influencia, fue de los burdeles que más se resistieron; ya le habían abandonado sus habituales inquilinas, con su cortejo de Celestinas, a quienes las autoridades obligaron a buscar otro refugio, y todavía resistían en dicho local siete mujeres, fundandose en que no tenían sitio en donde albergarse.
En esta ocasión el jesuita valenciano P. Catalá diligenció que dichas mujeres fuesen conducidas al monasterio de San Gregorio de esta ciudad, en donde pasó él mismo á convertirlas, lo que consiguió con tan gran éxito, que según asegura el bibliógrafo Rodríguez, que pudo ser testigo de estos sucesos, aquellas siete pecadoras se convirtieron en siete ángeles».
El autor decimonónico señala que no fue una buena idea clausurar el burdel, pues provocó que las mujeres se «desparramaran» por las calles:
«¡En los pocos días que estuvieron en Madrid las tropas del archiduque Carlos, el rival de Felipe V, dejaron en los hospitales más de 2.000 hombres atacados del mal venéreo! ¡Prueba grande de que no basta quitar un vicio por medio de un decreto, cuando, como el presente, está fundado en nuestra flaca naturaleza!».

Entrepiedrasycipreses.com/b-guide.com — A partir del momento en el que los cementerios se convierten en extramuros, es decir, a las afueras de la ciudad, surge la necesidad de realizar el traslado de los cuerpos desde la población hasta los cementerios.
En el Cementerio de Montjuïc existe un museo de carruajes y coches fúnebres donde podemos encontrar los diferentes tipos de carruajes que se utilizaban desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el XX en los cortejos fúnebres que llevaban al difunto a su última morada.
Con el tiempo, el cementerio de Monjuïc se ha convertido en una especie de paisaje artificial, excavado en la roca arenisca en el lado de la montaña que enfrenta al puerto de la ciudad, configurado en terrazas de tumbas en varios pisos, con extraordinarias vistas sobre el mar Mediterráneo.
Entre las distintas atracciones que ofrece a los visitantes se encuentra el Museo de Carruajes Funerarios usados en Barcelona desde el siglo 19 y 20, que es único en Europa.
La exposición, en algunos aspectos representa toda una historia de la propia ciudad que traza la historia de los cementerios de la ciudad y que refleja las pompas, los rituales y las ceremonias que rodean la muerte y el entierro, a lo largo de los siglos.

El edificio revestido de piedra es parte del plan maestro para el cementerio de Montjuïc, se accede desde el litoral, que marca el acceso por carretera al recinto.
Internamente, la exposición sitúa firmemente el énfasis en las carrozas fúnebres que ofrecen un impresionante nivel de artesanía que trasciende la función y muestra las habilidades en carpintería, carpintería metálica y vidrio de los gremios de la ciudad de Barcelona.
Hay 13 coches fúnebres, 6 carros tirados por caballos para los miembros de la familia para acompañar el cuerpo y 3 coches fúnebres motorizados del siglo 20.
Las carrozas van desde las confecciones más ornamentales utilizadas por la burguesía y la aristocracia a los utilizados para las niñas y los hijos solteros; el entresuelo se adapta a los coches fúnebres motorizados, el último de los cuales data de la década de 1940.
El recorrido de la exposición es discreto, un fondo de madera a lo largo de toda la pared perimetral representa el teatro urbano de la ceremonia fúnebre (además de contener todos los dispositivos complementarios), paneles informativos y otros objetos relacionados también se distribuyen a lo largo de toda esta pared.

El nombre lo recibe de su forma: cerrada con grandes vidrios, no permite que entre ni frío ni la lluvia además de facilitar ver y ser visto. Este tipo de carruaje por su majestuosidad y su lujo se utilizaba en los entierros de aristócratas y personas importantes ya en el siglo XVIII.
La que podemos observar en el museo fue creada por el carrocero Joaquín Estrada en Barcelona y muy usada en las décadas de los años 20 y 30 para los entierros como los de Santiago Rusiñol y el Conde de Godó.
El cortejo fúnebre que conllevaba este tipo de carruaje solía ser el siguiente:
Encabezando la comitiva, dos parejas de los cuerpos de seguridad a caballo, seguidos de una sección de batidores vestidos de gala.
Seguidos a ellos, porteadores con las banderas y estandartes de corporaciones y gremios que estuviesen vinculados al difunto. Detrás, la banda municipal.
Seguido, el clérigo de la parroquia correspondiente, portaba una cruz en alto y tras él, dos filas de monaguillos con cirios encendidos.
Detrás de todos ellos el cochero y los lacayos salvaguardaban la carroza fúnebre, que solía estar tirada por cuatro caballos. La comitiva trasera la encabezaban familiares y amigos más allegados que sujetaban las cintas negras que colgaban de féretro seguidos del resto de la comitiva que se cerraba con el carruaje que transportaba las coronas de flores que decorarían la sepultura en el cementerio.
Su nombre proviene de su creador, el duque francés Louis d’Aumont. En su creación, el duque adoptó la carroza para que en vez de llevar un cochero sentado, dos lacayos dirigieran el tiro de seis caballos, haciendo el acto mucho más lustroso.
Tallada en madera de ébano y decorada con pan de oro y bronce dorado, está presidida por un ángel de la muerte que guía el ánima del difunto, además de llevar representada otros símbolos funerarios como las antorchas encendidas o el mismo tempus fugit.
La que aquí vemos se utilizó para el entierro del torero Joselito en Madrid.


Esta carroza, de “estilo renacimiento” fue construida para entierros de gloria, como sería el de un rey o emperador; suponía el máximo del lujo y de la vanidad hasta el último momento. Acristalada, sus columnas barrocasestán rematadas por búhos, símbolo de la sabiduría y de los animales nocturnos que guían en la noche. Destacan en el cuerpo la decoración de hojas de acanto y la corona de laurel representativa de cualquier emperador, además de estar decorada con adormideras y animales míticos. La última vez que se usó fue para el entierro de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, en 1986.


Decorada con pináculos, arcos ojivales y acantos enroscados, elementos decorativos utilizados en la arquitectura medieval son los que hacen que esta carroza reciba su nombre, creada a finales del siglo XIX. Está pintada en color morado, asociado tanto a la liturgia en Cuaresma como en homenaje a los difuntos. La ballesta en forma de cuello de cisne, decorada, además de ser funcional distinguía la carroza de un simple carro.


Carroza para servicios de lujo, fiel al estilo imperio, con ornamentos del arte funerario egipcio. Fue construida en el taller de Joaquim Estrada en El Raval, y está compuesta por un chasis independiente, con las ballestas de cuello de cisne que hemos visto antes, sobre la que descansa la estructura de forja. El cadalso está decorado con uatro ángeles de la guarda y ocho columnas de estilo vienés que sostienen una cúpula oval de madera. Esta del museo utilizó en los servicios funerarios de Sabadell.


La carroza que podemos observar en el museo fue realizada en Barcelona en 1935 según los modelos del siglo XIX. Este tipo de carroza blanca solía estar destinada a los enterramientos infantiles. Al ser para infantes, sus ornamentos son más fantasiosos que los clásicos símbolos funerarios que podemos encontrar en las carrozas de adultos. Habitualmente era conducida por cuatro caballos, aunque también se podía empujar a mano por los lacayos ya que disponía de un pequeño freno de mano.


Esta carroza blanca específicamente no fue utilizada nunca ya que se construyó para el museo, eso sí, a semejanza de las de su época. Utilizada para las pompas fúnebres de mujeres jóvenes de alta alcurnia, está decorada con símbolos florales y plumajes coronándola que le proporciona la sobriedad suficiente para no ser tan seria como una carroza de adulto ni tan fantasiosa como una infantil, imponiendo siempre el respeto que transmite este tipo de vehículos.


Durante las primeras décadas del siglo XIX va a ser el tipo de carruaje más popular entre los enterramientos de la clase menestral y obrera. Podía ser tirado por 1, 2, 4 o 6 caballos y variaba su nivel de lujo dependiendo de la calidad y cantidad de adornos que llevara. El féretro quedaba protegido sólamente por unas cortinas de terciopelo y flanqueado por cuatro faroles sencillos.
En su versión de color blanco se trasladaba al cementerio a infantes y doncellas.


Esta carroza fue construida para los servicios de lujo más clásicos; adornada con cuatro farolas de estilo isabelino, está decorada con motivos vegetales, principalmente adormideras, símbolo del sueño eterno, y una corona de siemprevivas, flores muy presentes en la simbología funeraria.
Este coche fúnebre de caballos de lujo fue creado para ser utilizado en los servicios fúnebres de los menestrales, trabajadores que desarrollaban diferentes oficios, en especial los “mecánicos”: aquellas personas que habían hecho un bien a la sociedad: arquitectos, médicos, comerciantes y militares.


Del mismo estilo que el anterior, este coche es sencillo de conducir y de fácil enganche para los caballos. Un detalle de su ornamentación es ese reloj representando la limitación del tiempo, envuelto en una corona de motivos vegetales de hoja perenne.


También conocido como el “coche de las viudas” estos carruajes llevaban a los familiares más allegados del difunto hasta el cementerio, acompañando a la comitiva. El que podemos ver en el museo fue construido en 1876 por Josep Estrada para la Casa de la Caridad de Barcelona. Tirado por dos caballos, es un vehículo sobrio pero lleno de comodidades para la época, ya que ninguno llevaba suspensión ni la cabina cerrada. Las ventanas servían para dar instrucciones al cochero. En la plataforma posterior, dos lacayos viajaban para ayudar a los pasajeros y controlar a los caballos.


Como coches de acompañamiento se utilizaban los modelos más conocidos en toda Europa como coches para ir al teatro u actos sociales; así modelos como el coupé, landau, la berlina, el faetó entre otros pasaron a formar parte también de los coches de duelo.




Como era de esperar, la sociedad fue evolucionando en todos los sentidos incluido el fúnebre. Los coches de caballos lentos y majestuosos con su séquito interminable dieron paso a unos cortejos fúnebres más rápidos y menos pomposos.
Así el automóvil Hispano Suiza (modelo T16) fabricado en Barcelona en 1920 fue uno de ls primeros vehículos de tracción mecánica usados en un servicio funerario; de hecho, al principio, sólo se utilizaba para trasladar al difunto del lugar de fallecimiento a su casa para el velatorio. El ejemplar que permanece en el museo conserva su mecánica original, con el volante a la derecha.


Y termina la exposición con un precioso Studebaker Six, un potente vehículo de seis cilindros fabricado de Indiana y muy utilizado durante la Gran Depresión y transformado en Barcelona para ser utilizado como coche funerario.



El museo de Carrozas fúnebres del cementerio de Montjuïc es de obligada visita (además del cementerio, claro) si estás en Barcelona.

Mediante material didáctico, clasificado por ciclos escolares y diseñado pedagógicamente para encajar con el conjunto educativo escolar, se ofrecen diferentes actividades que, a través de un paseo interactivo por los 6 ámbitos que contiene el espacio de las carrozas, dan una visión de conjunto muy enriquecedora para el alumnado.

Además, también és posible viajar en el tiempo mediante más de 2000 libros de ámbito funerario, los cuales conforman la biblioteca más importante de España y la segunda más importante de Europa. Los ejemplares se centran, principalmente, en los rituales funerarios de numerosas civilizaciones, desde la Prehistoria hasta la época actual. También significativa la aportación en egiptología.

Piedras Preciosas y Semipreciosas más raras del mundo
cerebrodigital.net(A.Calaz) — Junto a las gemas preciosas del mundo (diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas) hay numerosas piedras semipreciosas, algunas de las cuales son tan increíblemente raras que su valor supera muchas de las gemas preciosas más valiosas del mundo. Estos son algunos de los tipos de piedras preciosas más raras del mundo:
La Paraíba turmalinas son piedras únicas por su tono turquesa brillante. Fueron descubiertas en el año 1987 por el minero Heitor Dimas Barbosa, quien creía que en las colinas de Paraiba Brasil se escondía algo especial, tras varios años de excavar encontró la rara piedra turmalina de un color azul neón. Está piedra es tan extraña que apenas puede encontrarse una de ellas por cada 10.000 diamantes, situación que hizo aún más intensa la búsqueda.

Se trata de una piedra preciosa de color azul/púrpura gracias al mineral zoisita y su nombre se debe principalmente a que esta extraña gema solamente se encuentra en un área diminuta del monte Kilimanjaro, ubicado en Tanzania. Cuando calientan a altas temperaturas esta piedra aumenta su color azul, pero la tanzanita que no ha sido tratada con calor mientras más concentrado esté el color azul, mayor será el valor de la misma. Debido a que solo se han encuentrado en un sitio y las minas ya se vaciaron su valor ha aumentado.

Su descubrimiento se llevó a cabo en 1951 por el gemólogo Arthur C.D, de origen británico, en Birmania. Fue reconocido como un nuevo mineral en 1957. Durante muchos años solo existía un espécimen del cristal rojo oscuro, alojado en el Museo Británico de Londres, por lo que es la piedra preciosa más rara del mundo.
En 2004 se encontraron más ejemplares, pero eran menos de dos docenas. En los últimos años, se conocen más de 1000 piedras. La escasez de esta gema la ha hecho extremadamente valiosa y un solo quilate puede valer más de $ 60,000 usd.
Sus colores varían desde rosa, rojo y marrón.

Aunque existen otros tipos de ópalos que son de color cremosos, el Ópalo Negro se convierte sin duda alguna, en el más extraño de esta familia de piedras preciosas. Se encuentran en las minas ubicadas en el área de Lightning Ridge de Nueva Gales en el sur de Australia.
Conforme sea más oscura la piedra y más brillantes sean sus inclusiones, mayor será el precio de cotización en el mercado. El ópalo más caro del mundo fue vendido en el año 2005, era una piedra de 180 quilates y su cotización fue de 1.000.000 dólares australianos, que, en dólares americanos sería aproximadamente 763.000 usd.

Se trata de una variedad azul muy rara del mineral pectolita, que solo se encuentran en la República Dominicana. A pesar de que se conocía la existencia de esta piedra preciosa por locales, no fue sino hasta 1970 que la encontraron en suficiente cantidad para poder aperturarse una mina y dar inicio con el comercio. El nombre Larimar fue dado por Miguel Melendez y lo hizo combinando el nombre de su primogénita Larissa y la palabra Mar.

Esta piedra fue encontrada en 1902 en Madagascar por el explorador francés Alfred Lacroix, y la nombró en honor al explorador francés Alfred Grandidier, un experto en historia natural de Madagascar. Posee un color verde azulado muy raro que no se encuentran con mucha frecuencia.
Las grandidieritas muestran un fuerte pleocroismo tricrómico. Eso significa que pueden mostrar tres colores diferentes según el ángulo de visión: azul verdoso oscuro, incoloro (a veces un amarillo muy claro) o verde oscuro.
La mayoría de las piedras conocidas son translúcidas, pero el ejemplo más raro y, por lo tanto, más valioso que se haya encontrado fue transparente.

Es una piedra de color azul profundo extraña que solamente puede extraerse en las proximidades del río San Benito, California. Fue identificada en 1907 por el geólogo George Louderback. Tiene un color azul profundo que muestra cualidades especialmente interesantes, bajo la luz ultravioleta brilla fluorescente.
Una piedra Benitoita de 2 quilates puede alcanzar un precio de hasta 10.000 dólares por cada quilate.
Debido a que la minería cerró para el comercio en el año 2006, estas piedras pasaron a ser aún más escasas, motivo por el que su valor aumentó.

Se trata de una es la variedad de crisoberilo que posee la capacidad de cambiar de color. El color de Alejandrita cambia bajo diferentes condiciones de iluminación. Si se ve a la luz del día, su color es azul verdoso a amarillo verdoso oscuro. Si se ve en luz incandescente o vela, su color es de rosa a rojo.
Fue descubierta en el año 1830 en Rusia, específicamente en los Montes Urales y fue bautizada como Alejandrita en honor al Zar Alejandro II. Es una piedra preciosa muy rara y muy valiosa, y hasta hace poco era extremadamente difícil de obtener debido a su rareza.

Se le conoce como Esmeralda Roja o Bixbite y es una piedra sumamente extraña la cual solamente se consigue una de cada 150,000 diamantes con calidad de gema. El Berilo pura es originalmente incoloro y adquiere su color a partir de las impurezas de la roca, por ejemplo; el vanadio y el cromo le dan un color verde el cual del cual se obtiene la esmeralda. Mientras, el hierro le proporciona un color amarillo o azul y el manganeso le da el color intenso que crea el berilo rojo.
El berilo rojo solo se encuentra en México, Nuevo México y Utah.

La piedra Taaffeíta fue encontrada en 1940 por casualidad por el geólogo Conde Edward Charles Richard Taaffe de origen austríaco-irlandés, en una caja gemas malva pálidas que había comprado a un joyero en Dublín, observó que una de las gemas malva pálidas no reaccionaba a la luz de la misma manera que el resto, por lo que la envió a analizar. Los resultados revelaron que había descubierto una piedra preciosa desconocida hasta ahora.
La fuente de la piedra fue rastreada hasta Sri Lanka, aunque también se han encontrado algunas en Tanzania y China.
Se piensa que existen aproximadamente 50 ejemplos de estas piedras.


L.B.V.(J.Alvarez) — A todo aquel que visite León hay que recomendarle inevitablemente que se acerque hasta la Cueva de Valporquero desplazándose unos 47 kilómetros al norte de la capital, a la pedanía de Valporquero de Torío, situada en plena Cordillera Cantábrica a 1.386 metros de altitud.
Es una gruta natural originada hace más de un millón de años, en el Pleistoceno, por la disolución de la roca caliza que provocaban las filtraciones de un arroyo. Así se formó una cavidad de 1.300 metros de longitud con varias salas de grandes bóvedas, miles de estalactitas y estalagmitas, columnas de múltiples brillos y colores…
Abrió al público en 1996 tras unos trabajos de acondicionamiento (exteriores, con aparcamiento gratuito, cafetería-restaurante y merendero, e interiores, con iluminación, escaleras y puentes) y hoy el visitante puede disfrutar de un espléndido panorama subterráneo del que destacan algunos rincones. Por ejemplo, la Gran Rotonda, una gigantesca sala circular de 10.000 metros cuadrados con el techo a 20 metros de altura que, en invierno, es atravesada por el río. O las Pequeñas Maravillas, donde se vislumbran formaciones rocosas con sus respectivos nombres (la Torre de Pisa, la Virgen con el Niño, las Gemelas…).

El Fantasma
La sala de las Hadas es especialmente recomendable en época de lluvias, cuando el camino se asoma a una cascada de 15 metros. También hay un Cementerio Estalactítico, auténtico bosque de picos rocosos colgando del techo que da paso a la Gran Vía, una galería paradójicamente estrecha, de 200 metros de largo por 30 de alto y 8 de ancho, a cuyo final se yergue la Columna solitaria. Por último se llega a la sala Maravillas, perfecto colofón apoteósico de espeleotemas de todo tipo con la guinda de un pequeño lago.
La cueva acaba de inaugurar su temporada y permanecerá abierta hasta mediados de diciembre. Aunque sea verano conviene abrigarse porque la temperatura media en el interior es de 7º, con una humedad del 99%. La visita se hace en grupos acompañados de un guía, el 8 de diciembre finalizó la atípica temporada 2020 de visitas al público de la Cueva.
A partir del pasado día 1 de mayo el periodo de visitas al público de la Cueva de Valporquero es de 10:00 a 18:00 horas todos los días de la semana.
Los espeleólogos tienen la opción de entrar también al Curso de Aguas, el nivel inferior del río, de 2 kilómetros.

Sputnik — Científicos explicaron cómo las células inmunitarias eliminan de forma natural del organismo las células caducas —o envejecidas— que contribuyen al envejecimiento y a muchas enfermedades crónicas.
En un estado saludable, estas células inmunitarias —conocidas como células T asesinas naturales invariantes (iNKT)— funcionan como un sistema de vigilancia, eliminando las células que el cuerpo percibe como extrañas, incluidas las células viejas, que tienen daños irreparables en el ADN.
Sin embargo, las células iNKT se vuelven menos activas con la edad y otros factores como la obesidad que contribuyen a las enfermedades crónicas.
Encontrar formas de estimular este sistema natural de vigilancia ofrece una alternativa a las terapias senolíticas, que hasta ahora han sido el principal método para eliminar las células viejas.
Las células iNKT tienen dos atributos que las convierten en una diana farmacológica especialmente atractiva, aseguran los científicos de la Universidad de California en San Francisco.
En primer lugar, todas tienen el mismo receptor, que no aparece en ninguna otra célula del cuerpo, por lo que pueden ser estimuladas sin activar también otros tipos de células inmunitarias.
En segundo lugar, vuelven a un estado latente después de un período de actividad.
«El uso de la terapia dirigida a las iNKT puede aprovechar su exquisita especificidad incorporada», afirma el doctor Anil Bhushan, autor principal del artículo.
El equipo científico descubrió que podía eliminar las células envejecidas utilizando antígenos lipídicos para activar las células iNKT.
Durante el tratamiento de ratones con obesidad, sus niveles de glucosa en sangre mejoraron, mientras que los ratones con fibrosis pulmonar tenían menos células dañadas, y además vivían más tiempo.
«Creo que se trata de una potencial terapia inmunológica para la vejez y la fibrosis», admitió Mallar Bhattacharya, otro autor del artículo. Además, señaló que es una terapia bastante bien tolerada y que solo es necesario dar con la dosis y continuar con los ensayos.

La verdadera lanza de Longino
Clarín(G.Londeix)/marcianosmx.com/wikipedia — La historia de que la Lanza con que le dieron muerte a Jesus cristo, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal.
La lanza Sagrada (también conocida como lanza del Destino, lanza de Longino o lanza de Cristo) es el nombre que se dio a la lanza con la que un soldado romano, llamado Longino según un texto bíblico apócrifo, atravesó el cuerpo de Jesús cuando estaba en la cruz.
El centurión Cayo Casio Longinos estaba al mando de los soldados romanos en un momento y un lugar terrible de la historia humana: la Crucifixión de Jesucristo en el Gólgota.
El centurión, que sufría una infección en los ojos que lo había hecho bizco, fue el encargado de supervisar la crucifixión de Jesucristo y la de los criminales Dimas y Gestas.
Los condenados tardaban mucho en morir y aparecieron seis alguaciles con escaleras, cuerdas y martillos para llevar a cabo el crurifragium: romper las piernas de los crucificados para que, sin un punto de apoyo inferior, no pudieran erguirse para respirar y murieran asfixiados.
Los alguaciles rompieron las tibias de los dos reos que acompañaban a Jesús. Longinos, convencido de la divinidad de Cristo, tomó su lanza y la clavó en la parte derecha del torso de Jesús para certificar que había fallecido.
Cuando retiró la lanza, de la herida empezó a manar sangre y agua, que salpicaron el rostro de Longinos, que inmediatamente dejó de ser bizco.
En ese momento, Longinus exlamó: «En verdad, este era el Hijo de Dios».

De allí en más esa lanza pasó a llamarse la Santa Lanza, la Lanza del Destino o la Lanza de Longinos. Y se convirtió en un objeto codiciado y buscado por miles de personas. Su devenir se convirtió en increíble.
El soldado que atraviesa el costado de Cristo con la lanza de Longinos no es mencionado en los escritos del mar muerto pero en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda, el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del siglo IV, también llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.
Una forma del nombre Longinos también aparece en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula en 586 d. C. (actualmente en la Biblioteca Laurenciana, en Florencia).
En la ilustración, el nombre Longinos está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Ésta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.
La tradición cristiana, refiriéndose a la novela La lanza de Louis de Whol (1955), le identifica como Cayo Casio Longinos («Gaius Cassius Longinus», en latín), con lo que quien atravesara a Jesús con una lanza se llamaría igual que uno de los principales asesinos de Julio César, y con esto no se hace más que debilitar la teoría de que el soldado que atravesase a Jesús se llamara así.
En la fe cristiana, la lanza sagrada es la lanza usada en la crucifixión, que fue identificada más adelante como una reliquia. Muchas reliquias han sido identificadas como la lanza sagrada o partes de ella.
Una mención de la lanza también se hace en el Breviario de la Iglesia del Santo Sepulcro. La presencia en Jerusalén de esta importante reliquia es atestiguada por Casiodoro (485–585), así como en Los viajes de Gregorio (538–594), quien nunca estuvo en Jerusalén.
En 615, Jerusalén y sus reliquias fueron capturadas por las fuerzas persas del rey Cosroes II. Según el Chronicon Paschale, la punta de la lanza, que se había quebrado, fue dada en el mismo año a Nicetas, que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía.

La estatua de Longinos con la lanza en el Vaticano
Esta punta de lanza, que fue fijada en un ycona o ícono, en 1244 fue vendida por Balduino II de Constantinopla a Luis IX de Francia y guardada con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París.
Durante la revolución francesa, estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothèque Nationale y posteriormente desaparecieron (la actual «corona de espinas» es una guirnalda).
En cuanto a la porción más grande de la lanza, Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro alrededor de 670 en Jerusalén; sin embargo, no hay otra mención de ella tras el saqueo de 615.
Algunos dicen que la porción más grande de la reliquia se llevó a Constantinopla en algún momento durante el siglo VIII, posiblemente al mismo tiempo que la corona de espinas.
En algún momento, su presencia en Constantinopla parece ser claramente atestiguada por varios peregrinos, particularmente de origen ruso.
Y aunque posteriormente fue depositada en varias iglesias, parece ser posible rastrearla a diferencia de la reliquia de la punta.
Sir Juan Mandeville declaró en 1357 que había visto la cuchilla de la lanza Sagrada en París y también en Constantinopla, y que la reliquia de esta última ciudad era mucho más grande que la de París.
Cualquiera que haya sido la reliquia de Constantinopla, cayó en las manos de los turcos, y en 1492, bajo circunstancias minuciosamente descritas en la Historia de los Papas (escrita por Pastor), el sultán Bayaceto envió la reliquia a Inocente VIII para forzar al Papa a que continuase guardando preso a su hermano Zizim (Cem).
En este punto hubo en Roma grandes dudas de su autenticidad, según lo Johann Burchard, por la presencia de otras lanzas rivales en París (la punta que había sido separada), Núremberg (la lanza de Viena) y Armenia (la lanza de Echmiadzin).

La lanza que terminó en Etschmiadzin, Armenia, donde está hasta el día de hoy custodiada por severas medidas de vigilancia. No es la verdadera.
A mediados de 1700, el Papa Benedicto XIV dijo que había obtenido un dibujo exacto de la punta de la lanza de París y que, comparándola con la reliquia en la basílica de San Pedro, estaba satisfecho de que las dos formaran una sola cuchilla.
Desde hace más de 500 años esa lanza está en el Vaticano. Pero no toda. La parte inferior de la reliquia fue a manos del rey francés Luis IX, que la colocó en la Saint-Chapelle. Pero su destino fue trágico: la destruyeron durante la Revolución Francesa.
Pero no es la verdadera.
Hay varios lugares que asumen ser poseedores de la lanza.
Otros dicen que la lanza estaba en Antioquía. Cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos, la lanza fue sacada de la ciudad y terminó en Etschmiadzin, Armenia, donde está hasta el día de hoy custodiada por severas medidas de vigilancia.
La lanza que se encuentra en Echmiadzin, Armenia, fue descubierta durante la Primera Cruzada.
En 1098, el Cruzado Pedro Bartolomé dijo tener una visión en la que San Andrés le decía que la Lanza Sagrada estaba enterrada bajo la catedral de San Pedro en Antioquía.
Tras mucho excavar en la catedral, la lanza fue descubierta. Esto se consideró un milagro por parte de los cruzados, quienes fueron capaces de derrotar al ejército musulmán que repelía el asedio a la ciudad, y capturaron decisivamente Antioquía.
Tiempo después de expulsar al ejército musulmán, hubo sospechas de que la lanza de Pedro no era la lanza de Cristo. Para desmentir esto, Pedro caminó en fuego portando la lanza; al entrar en el fuego Pedro murió.
Pero no es la verdadera.
Otra última lanza que supuestamente pertenece a la Pasión de Cristo se conserva en Cracovia, desde 1200 aunque hace 800 años que está en el lugar, pero no hay una historia previa que demuestre cómo llegó allí.
Aunque algunos registros alemanes indican que es una copia de la lanza de Viena. El emperador Enrique II la mandó hacer con pequeñas astillas de la Lanza original. Otra copia le fue entregada al rey de Hungría al mismo tiempo.
Sin embargo, otra historia escrita por William de Malmesbury cuenta que Hugo Capeto entregó la lanza Sagrada al rey Athelstan de Inglaterra; sin embargo parece deberse a una idea errónea.
No es la verdadera.

La lanza de 30 centímetros de longitud, parcialmente recubierta con una lámina de oro y en mitad de la hoja, atado con alambres, hay un clavo de metal usado paras crucificar a Cristo. Está en Austria desde hace 75 años.
Por último está la que se cree es la verdadera lanza de Longinos. Ella se encuentra en Viena, Austria, y es utilizada desde 1273 en la ceremonia de coronación del Emperador de Occidente.
Los emperadores del Sacro Imperio Romano tenían su propia Lanza, atestiguada desde el tiempo de Otón I (912–973).
En el año 1000 Otón III le dio a Boleslao I el Bravo una réplica de la Lanza en el Congreso de Gniezno.
En 1084, Enrique IV le agregó una banda de plata con la inscripción «Clavus Domini» («El clavo del Señor»). Esto se basaba en la creencia de que esta era la lanza de Constantino el Grande que encerraba como reliquia un clavo usado para la crucifixión. En 1273 se utilizó por primera vez en la ceremonia de coronación.
Alrededor de 1350, Carlos IV mandó ponerle una banda de oro sobre la de plata con una inscripción que dice «Lancea et Clavus Domini» («La lanza y el clavo del Señor»).
En 1424, el emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano Germánico tenía una colección de reliquias, incluida La Lanza, que trajo de su capital en Praga a su natal Núremberg y decretó que ahí se guardara por siempre. A esta colección se le conoce como Reichskleinodien o Regalía Imperial.
Cuando el ejército revolucionario francés se aproximaba a Núremberg en la primavera de 1796, los concejales municipales decidieron trasladar el Reichskleinodien a Viena, Austria, para ponerlo a resguardo.
La colección fue confiada al entonces barón von Hügel, quien prometió devolver todos los objetos en cuanto la paz fuere restaurada y la seguridad de la colección estuviera asegurada.
Sin embargo, el Sacro Imperio fue disuelto en 1806 y von Hügel aprovechó la confusión sobre quién era el legítimo dueño y vendió la colección entera, incluyendo la lanza, a los Habsburgo. Cuando los concejales descubrieron la venta, solicitaron que les fuera devuelto el Reichskleinodien pero fueron rechazados.
Como parte de la Regalía Imperial, la lanza fue conservada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena y se le conoció como «la lanza de San Mauricio».
Durante la Anschluss, cuando Austria se anexó a Alemania en 1938, Adolf Hitler tomó la lanza.
Ferviente admirador de Enrique I el Pajarero, el Führer hizo una copia y guardó la original en la Catedral de Santa Catalina de Núremberg, la misma en la que había permanecido durante el I Reich, llegando a utilizar la reliquia en varios mítines entre 1938 y 1939. En 1940 se trasladó a una cámara acorazada para protegerla de la guerra, y más tarde se le construyó una cámara especial a 150 metros bajo tierra.
El 20 de abril de 1945, el general Alexander Patch, del Séptimo ejército estadounidense, encontró la lanza y la llevó a Estados Unidos.
El 7 de enero de 1946, el general George S. Patton la devolvió a Austria, donde fue alojada temporalmente en el Kunsthistorisches Museum y finalmente devuelta al Schatzkammer.
En 2003 el metalúrgico inglés y escritor de Ingeniería Técnica, el Dr. Robert Feather, obtuvo permisos extraordinarios no solo para examinar la lanza en un ambiente de laboratorio, sino también para quitar cuidadosamente las bandas de oro y plata que la mantienen unida. En la opinión del Dr. Feather y de otros expertos, la creación aproximada de la cuchilla de la Lanza es del siglo VII, un poco anterior a lo que el Schatzkammer estimaba.
Se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum).
Aquí entra Adolf Hitler en la historia

La entrada de Adolf Hitler en Viena el 14 de Marzo de 1938. esa noche se apoderó de la lanza.
En 1913, por las calles de Viena, un miserable ex estudiante de arte intentaba en vano ganarse la vida vendiendo pequeñas acuarelas. Ocasionalmente, cuando el frío le impedía salir a la calle, vagaba por los corredores del museo del palacio Hofburg.
Se sentía especialmente fascinado por un conjunto de piezas valiosas, conocidas como «las insignias de los Habsburgo».
Entre ellas el joven vagabundo Adolf Hitler prestaba especial atención a la Santa Lanza, que la leyenda identifica con la que atravesó el costado de Cristo después que éste expirara en la Cruz.
Ésta era la leyenda del arma que tanto fascinaba al joven Hitler. Durante su primera visita a la lanza la estudió con todo detalle. Medía 30 cm de longitud, y terminaba en una punta delgada, en forma de hoja; en algún momento, el filo había sido ahuecado para admitir un clavo -al parecer, uno de los usados en la crucifixión-.
El clavo estaba sujeto con un hilo de oro. La lanza se había partido y las dos partes estaban unidas por una vaina de plata; dos cruces de oro habían sido incrustadas en la base, cerca del puño.
Estos detalles que describen la fascinación de Hitler ante la lanza de los Habsburgo provienen del testimonio del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al futuro Führer justo antes de la guerra del 14. Stein, que había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado.
Sería un erudito y un aventurero intelectual hasta su muerte, en 1957. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Luego se convirtió en experto en arqueología, arte bizantino primitivo e historia medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial del ejército austríaco, fue condecorado por su valor.

Stein nunca publicó sus memorias, pero antes de morir se hizo amigo de un ex oficial de comandos de Sandhurst, ahora periodista, Trevor Ravenscroft. Usando las notas y las conversaciones de Stein, Ravenscroft publicó en 1972 el libro Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.
Según Stein, Hitler tenía conciencia de este concepto ya en 1912; de hecho, fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres se conocieran.
En el verano de 1912, el doctor Stein compró una edición de Parsival, romance sobre el Grial del poeta alemán del siglo XIII Wolfram von Eschenbach, a un librero ocultista de Viena.
Estaba llena de comentarios manuscritos en los márgenes, que mostraban una combinación de sabiduría ocultista y racismo patológico. En las guardas, su anterior propietario había anotado su nombre: Adolf Hitler.
Hitler describió a Stein cómo había adquirido la lanza su especial significado para él:
Lentamente me apercibí de una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba… una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del espíritu de mi pueblo.
Adolf Hitler fue a verla en 1912 al museo de Viena y se obsesionó con ella. Según sus palabras, esa lanza era mágica.
Ya como Führer de Alemania, y dando órdenes a la Ahnenerbe (Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana), el propio Hitler, tras anexarse Austria, fue a Viena el 14 de Marzo de 1938. Esa misma noche entró solo en la Sala del Tesoro del Palacio Hofburg, en Viena, y se apropió de la lanza.
Hitler creía que con la lanza, según la tradición, tenía poderes únicos. El que la poseía era invencible. Pero también sabía que el que la perdiera solo tenía un destino: la muerte.
Dicen sus allegados que en ese momento el líder alemán les dijo que podían conquistar el mundo.
Aferraba entre sus manos esa punta de lanza de 30 centímetros de longitud, parcialmente recubierta con una lámina de oro en la que había una inscripción en latín. La punta de la lanza estaba hueca y en mitad de la hoja, atado con alambres, había un clavo de metal usado paras crucificar a Cristo.
La inscripción en latín sobre la lanza no dejaba dudas «Lancea et clavus domini» (Lanza y clavo del Señor).

El 13 de Octubre de 1938 la lanza y los tesoros de los Habsburgo fueron cargados en un tren vigilado por las SS y regresó a Núremberg.
El general Himmler la quiso llevar a su castillo esotérico en Wewelsburg, pero la lanza, por orden de Hitler fue colocada en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina de Núremberg.
La idea de Hitler era que tras ganar la guerra, iba a crear un enorme museo con los mayores tesoros incautados por su ejército en todo el mundo.
En algunos de sus discursos Hitler apareció con la lanza en sus manos para demostrar (según él) dos cosas: que él era el dueño del mundo y que la lanza era alemana.
Hitler nunca reveló la naturaleza de su «visión», pero Stein creía que se había visto a sí mismo un cuarto de siglo después en la Heldenplatz, frente al palacio Hofburg, dirigiéndose a los nazis austríacos y a los desconcertados ciudadanos vieneses. Allí, el 14 de marzo de 1938, el Führer alemán anunciaría su anexión de Austria al Reich alemán… y daría la orden de llevar los atributos de los Habsburgo a Nüremberg, hogar espiritual del movimiento nazi.
Si los conocimientos de Hitler sobre la historia de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas sobre el destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control. La leyenda parece haber sido confirmada por una inquietante coincidencia que marcó el final de su conexión con la Lanza.
Pero en 1943 los bombarderos aliados destruyeron el techo de Santa Catalina y el Führer, aprovechando los túneles secretos que ya existían bajo el castillo Kaiserburg, en Núremberg, hizo crear grandes cámaras a prueba de bombas a 24 metros bajo la fortaleza.

A ellas se accedían a través de un ancho túnel (permitía el paso de un camión) que empezaba en el garaje de una modesta casa del siglo XVII. En ese enorme búnker quedaron protegidos la lanza, los tesoros de los Habsburgo, las obras de arte incautadas por toda Europa y tesoros culturales de Nuremberg como cuadros de Durero y el primer reloj portátil de la Historia.
El 2 de Enero de 1945 los bombardeos dejaron a Nuremberg en ruinas. En 53 minutos el 90% de la histórica ciudad fue reducida a escombros pero sus obras de arte y la lanza sagrada estaban a salvo.
El 20 de Abril de 1945 la ciudad cayó en manos de los aliados. El Séptimo Ejército se instaló en la fortaleza de Kaiserburg sin saber que 24 metros debajo estaba el mayor tesoro oculto por los nazis.
El 30 de abril de 1945 una compañía estadounidense al mando del teniente William Horn, de la división Monuments, Fine Arts and Archives fue enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Una bomba había dejando a la vista la entrada de la bóveda, y en ella, sobre un descolorido terciopelo rojo estaba la fabulosa lanza de Longinos.
El teniente Horn tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. A unos cientos de kilómetros de allí, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler, en ese instante, se suicidaba.
Pero había otro hombre que quería tomar posesión de la lanza: el general Patton. Que la guardó entre los objetos preciados que había recolectado. Pero por presión del gobierno de Estados Unidos, el 7 de enero de 1946, el general la devolvió a Austria.
Allí está, desde hace 75 años, expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, en Viena.
Y queda una pregunta. ¿Qué fue de Longinos, el centurión que atravesó con su lanza a Jesucristo?
Se convirtió al cristianismo, murió mártir, fue hecho santo y su cuerpo se encuentra a metros de la famosa Piazza Navona, en Roma, enterrado en la iglesia de San Agustín.

rusalia.com/LaVanguardia(J.Martín) — Regalar huevos decorados por Pascua, la mayor fiesta del calendario ortodoxo, es una tradición centenaria entre los rusos. Los dos últimos zares, Alejandro III y Nicolás II, la siguieron, pero a su exorbitante manera: con huevos, muchos de ellos con sorpresa en el interior, manufacturados por la casa Fabergé. Piezas de diminuto tamaño que se encuentran entre los objetos de arte más costosos jamás elaborados. No solo por el valor de gemas y metales preciosos, sino por el laborioso trabajo (a veces de más de un año) que requerían de joyeros, miniaturistas, escultores, grabadores, relojeros o expertos en automatismo.
Entre las más altas esferas de la sociedad de San Petersburgo se desarrolló la costumbre de presentar los regalos de Pascua adornados con joyas. De esta manera el emperador Alejandro III tuvo la idea de encargar la creación de un nuevo de Pascua especial como una sorpresa para la emperatriz. Así nació el primer huevo de Pascua imperial en 1885.
Este primer huevo era totalmente blanco por fuera, como un huevo de gallina, pero en su interior contenía una yema de oro y esta, a su vez, se abría para para extraer una gallina de oro, que en su interior contenía diminutas joyas de la corona imperial que por desgracia se han perdido.
Con la ejecución de la última familia imperial en 1918, estas joyas se recubrieron de una inevitable capa de malditismo, y muchas iniciaron un misterioso viaje hacia insospechados puntos del globo. Material perfecto para despertar un detectivesco fenómeno fan en la era de Internet, con cientos de páginas web dedicadas a la especulación.
Cualquier pesquisa debe iniciarse con un examen del escenario. San Petersburgo, finales del siglo XIX. La ciudad más brillante del mundo. La nobleza rusa había desarrollado una obsesión por las piedras preciosas sin parangón en ninguna otra corte europea. El contenido de los joyeros ajenos era el cotilleo favorito. Los embajadores extranjeros quedaban deslumbrados –literalmente– cada vez que asistían a un baile.
El regalo le gustó tanto a la emperatriz que su esposo decidió encargarle a Fabergé un huevo nuevo cada año, con una única condición: que el huevo contuviera dentro una sorpresa
La zarina, por supuesto, estaba en la cima: Alexandra era famosa por no dar un respiro a sus joyas ni cuando descansaba con su familia en el yate Standart. Los joyeros rusos a veces no daban abasto a la demanda y se debía recurrir a talleres extranjeros.
San Petersburgo, por tanto, era la ciudad idónea en que abrir un taller de joyería. Y así lo hicieron los Fabergé, descendientes de hugonotes franceses que en el siglo XVII huyeron de la persecución religiosa en su país.

Peter Carl Fabergé.
El protagonista de nuestra historia es Peter Carl Fabergé (San Petersburgo, 1846-Lausana, 1920), que tomó las riendas del taller en 1872. Diez años después sus creaciones eran la sensación de la Exposición Artística e Industrial celebrada en Moscú, y las puertas de los Romanov se abrían de par en par al estilo Fabergé.
Dejemos que el propio Peter Carl defina su sello: “Usted puede comprar un collar ya manufacturado y valorado en un millón y medio de rublos en Tiffany o Cartier… pero ellos son comerciantes, no artesanos. Yo tengo poco interés en una pieza de alto valor solo por el enorme número de perlas y diamantes que contiene”.
Para su clientela Fabergé era inventiva, sorpresa y, ante todo, técnica deslumbrante. Solo los bolsillos más abultados y entrenados podían apreciar que una pieza de caro oro estuviera recubierta de barato esmalte. Eso sí, con un acabado espectacular y de un color exclusivo, inventado por el propio Fabergé.

Dos de las delicadas obras de Fabergé.
Los huevos imperiales fueron la cima del estilo Fabergé. Alejandro III regaló el primero a su esposa María en la Pascua de 1885 y lo siguió haciendo hasta su muerte nueve años después. Su hijo, Nicolás II, heredó la tradición por duplicado: obsequió con una pieza tanto a su esposa, Alexandra, como a su madre, María, hasta 1916.
El quid de estos caprichos era que la cáscara, en la mayoría de los casos, ocultaba una sorpresa, generalmente ligada a la vida de la familia imperial: una reproducción del palacio Gatchina (el favorito de Alejandro III) o pinturas del refugio de Abastumani (lugar favorito de caza de los Romanov en el Cáucaso).
Las sorpresas más celebradas hoy son las que involucran algún automatismo: tras pulsar un botón, un pájaro cantor emerge de las ramas de un árbol o un cisne se desliza sobre una pulida superficie de piedra aguamarina. Todo en un tamaño minúsculo. Con la tecnología de la época, uno puede imaginarse horas y horas de piruetas con pinzas y lupas.
La colaboración entre Fabergé y los Romanov está considerada la cúspide del lujo. O del derroche, según se mire. De los talleres de Peter Carl no solo salieron huevos, sino pitilleras, jarras, bandejas o mangos de paraguas que convertían la vida doméstica de la familia imperial en una recreación de la leyenda del rey Midas. La fama del joyero recorrió medio mundo y su empresa, con 500 empleados, se convirtió en una de las mayores de Rusia. De hecho, el país estuvo representado por Fabergé en la Exposición Universal de París de 1900.
Los huevos imperiales no poseerían ni la mitad de la fama de que gozan hoy si el cuento de hadas no hubiera terminado en tragedia. Nicolás y su familia fueron fusilados en 1918 y sus bienes confiscados. Peter Carl Fabergé, la persona menos indicada para ocultar simpatías zaristas, escapó por los pelos y murió en Suiza. Sus talleres de San Petersburgo fueron clausurados.

La apertura de este Fabergé revela una pequeña y minuciosa reproducción del palacio de Gatchina.
Durante el resto del siglo XX, el apellido sobrevivió a través de multinacionales y licencias. Cuando un coleccionista hablaba de una pieza de la firma se refería, con toda probabilidad, a una de las 150.000 fabricadas en vida de Peter Carl, no después. En 2007 se creó Fabergé Limited, empresa que ha recuperado el control de la marca y que se ha comprometido a resucitar la exclusividad de antaño.
Destinos finales
Estos huevos conmemoraban hechos importantes en la vida y el gobierno de la familia Románov. Era tan complicado hacerlos que su elaboración podía llevar 1 año con un equipo de artesanos altamente cualificados y que debían guardar el mayor secreto sobre el contenido de los huevos.
Alejandro III regaló un huevo cada año a su esposa la emperatriz María Fiódorovna. Cuando Alejandro III murió la tradición fue continuada, desde 1895, por su hijo Nicolás II que presentaba un huevo al año tanto a su esposa, la emperatriz Alexandra Fiódorovna, como a su madre, la emperatriz viuda María Fiódorovna.
La tradición de los huevos imperiales acabó en 1917 con la Revolución Rusa y el asesinato de toda la familia Románov.
Después de la Revolución Rusa, los bolcheviques nacionalizaron la Casa de Fabergé, y la familia Fabergé huyó a Suiza, donde Peter Carl Fabergé murió en 1920. Los palacios fueron saqueados y sus tesoros se trasladaron a la Armería del Kremlin por orden de Vladimir Lenin.
En un intento por adquirir más divisas, Joseph Stalin vendió muchos de los huevos en 1927. A partir de la Segunda Guerra Mundial comenzaron a subastarse por diferentes lugares fuera de la Unión Soviética.
El caos revolucionario, el saqueo de propiedades y archivos, puso en marcha la maquinaria de los misterios. ¿Cuántos huevos imperiales se manufacturaron? Según la aritmética, Fabergé debió de entregar a los Romanov 54 huevos, más otros dos, los de 1917, que quedaron por terminar y aún se conservan.

Uno de los huevos desaparecidos tras la Revolución Rusa.
El recuento más fiable, efectuado por la casa de subastas Sotheby’s hace una década, concluía que en realidad Fabergé elaboró 50, pues algunos años (quizá durante la guerra ruso-japonesa de 1904-05) los zares se saltaron la tradición. De la cincuentena, ocho están en paradero desconocido, o quizá no estén en paradero alguno y fueran destruidos durante la ocupación de los palacios imperiales.
María, la madre de Nicolás II, pudo exiliarse, pero solo se llevó un huevo en su equipaje, que heredó su hija Xenia y después compró Malcolm Forbes, el editor de la revista estadounidense que lleva su apellido. El resto de piezas fueron almacenadas en el Kremlin y, entre los años veinte y treinta, Stalin las vendió a coleccionistas occidentales. Todas menos diez, que se quedaron en el Museo del Kremlin y que aún hoy conforman la mayor colección de huevos imperiales.
Quizá estaba inspirado en uno de marfil fabricado en Francia y en posesión del rey danés Christian IX, padre de María Fedorovna. La pieza de Fabergé, de 6,4 cm y elaborada básicamente en oro, estaba diseñada como una matrioshka, el conjunto de muñecas rusas contenidas unas dentro de otras. Del huevo salía una yema que, a su vez, albergaba una gallina sentada en un nido de paja. El ave escondía en su interior una sorpresa hoy perdida: una réplica de la corona imperial en miniatura de la que colgaba un rubí en forma de huevo.

El huevo de la Coronación Imperial es uno de los más elegantes de todos los Fabergé.
Con sus 12,7 cm de altura, es, sí, el más exquisito y el que ejemplifica a la perfección el fasto y el drama de los últimos Romanov. Conmemora la coronación de Nicolás y Alexandra, celebrada un año antes en Moscú y que culminó en tragedia: alrededor de 1.300 personas fallecieron en los disturbios alrededor de los puestos de comida y bebida gratuitas con que el zar obsequió a su pueblo. Esa noche Nicolás II se saltó el duelo –por razones diplomáticas, clamaba la corte– y acudió a un baile en la embajada francesa.
La sorpresa del huevo es una réplica exacta y articulada del carruaje –fabricado para Catalina la Grande– con que Alexandra acudió a la catedral Uspensky para la entronización. La factura de esta pieza llevó quince meses de trabajo. Varios elementos se han perdido: un diamante en forma de huevo que pendía del techo interior y una caja de jadeíta para exhibir el carruaje.

Huevo de Fabergé que conmemora los 15 años de la coronación de Nicolás II.
Esta pieza, de 13,2 cm, conmemoraba los 15 años transcurridos desde la coronación. Fabergé contó con la colaboración del miniaturista Vasilii Zuiev para decorar el huevo con seis retratos ovales (el zar, la zarina, las grandes duquesas Olga, Tatiana y Anastasia y el zarévich Alexéi) y nueve escenas del mandato de Nicolás.
Tres estaban relacionadas con la coronación: la procesión previa, la coronación misma y la posterior recepción. Cuatro retrataban inauguraciones: la del puente de Alejandro III en París, la del monumento a los 200 años de la batalla de Poltava, la del Museo de Alejandro III en San Petersburgo y la de la estatua ecuestre de Pedro el Grande en Riga. Las dos restantes ilustraban el traslado de los restos de san Serafín a la catedral de Sarov y la conferencia de paz celebrada en 1899 en La Haya a instancias del zar.

Se trata de un museo bastante reciente (se inauguró en 2013). El caso es que suele sorprender gratamente a todos aquellos que lo visitan.
Se encuentra en pleno centro de San Petersburgo, en el canal Fontanka, muy cerca de la avenida Nevsky, es un museo privado, que alberga algunos de los famosos huevos Fabergé, los huevos de Pascua más caros del mundo, unas extraordinarias piezas de la orfebrería rusa de los siglos XIX y primeras décadas del XX.
Pero el Museo Fabergé no solo alberga huevos, sino que el recorrido por el museo incluye más de 4.000 obras artísticas de diferente procedencia, también de los siglos anteriores a los huevos.
El primer huevo era totalmente blanco por fuera, como un huevo de gallina, pero en su interior contenía una yema de oro y esta, a su vez, se abría para para extraer una gallina de oro, que en su interior contenía diminutas joyas de la corona imperial que por desgracia se han perdido.

Existen catalogados 69 huevos, creados entre 1885 y 1917 (año de la Revolución Rusa), de los cuales 8 están desaparecidos. De los 69 huevos, 52 fueron encargados por la familia imperial, motivo por el cual reciben el nombre de huevos imperiales.
Actualmente 10 huevos imperiales se encuentran en la Armería del Kremlin y 9 en el Museo Fabergé de San Petersburgo. 5 huevos se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Virginia (Estados Unidos). Como curiosidad, la reina de Inglaterra posee tres de los huevos imperiales. El resto se encuentran repartidos en diversos museos y colecciones privadas.
En pleno siglo XX el precio que alcanzaron los huevos de Fabergé empezó a ser astronómico Algunos de los huevos Fabergé podrían ser valorados en 30 millones de euros la pieza en nuestros días.

Hace unos años apareció en Estados Unidos uno de estos huevos desaparecidos. Un chatarrero compró el huevo en un mercadillo de objetos de segunda mano en un pueblo del Midwest de Estados Unidos por 13.300 dólares, con la intención de sacarse un buen dinero con la fundición del metal. Nadie le compró la pieza, al pensar que estaba sobrevalorada, y el chatarrero dejó la pieza durante años en su casa, mientras pensaba qué hacer con ella.
Un día de 2012 buscó en Google «huevo» y «Vacheron Constantin», el nombre del reloj que hay en el interior, y acabó descubriendo que tenía en su poder una obra maestra valorada en 20 millones de libras.

El Museo Fabergé, de propiedad privada, se inauguró el 19 de noviembre de 2013 en el Palacio Shuvalov a cargo de la Fundación Link of Times, entidad de carácter histórico y cultural, creada por el multimillonario ruso Viktor Vekselberg.
Malcolm Forbes, el multimillonario y editor de la revista Forbes, consiguió reunir a lo largo de su vida (1919-1990) la mayor colección de huevos Fabergé: nueve huevos, y aproximadamente otros 180 objetos de Fabergé. Sus herederos iban a subastar la colección en febrero de 2004. Sin embargo, antes de que comenzara la subasta, la colección fue comprada en su totalidad por Viktor Vekselberg.
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En un documental de 2013 de la BBC, Vekselberg reveló que había gastado poco más de 100 millones de dólares en la compra de los nueve huevos Fabergé. Afirma nunca haberlos exhibido en su casa, diciendo que los adquirió por su importancia para la historia y la cultura rusa, y porque cree que son el mejor arte de joyería en el mundo
Además, adquirió joyas Fabergé de otros propietarios y rastreó piezas por Europa, Asia y América. En total, compró más de 4.000 artículos de calidad, de la Casa Fabergé o de otras colecciones, que pertenecieron, originariamente y muy a menudo, a cortes reales europeas.
El Museo Fabergé se encuentra en el Palacio Shuvalov, con una ubicación muy céntrica (Terraplén del río Fontana, 21). Se sitúa al lado de la arteria más famosa de San Petersburgo, la avenida Nevsky, muy cerca del puente Anichkov y en la orilla del río Fontanka (o más bien canal), enfrente de la Biblioteca Nacional Rusa, la segunda en importancia del país después de la Biblioteca Estatal ubicada en Moscú.

De las 4.000 piezas que alberga el museo, unas 1.500 son de la casa Fabergé, que hacen que el Museo Fabergé albergue la mejor colección de obras Fabergé del mundo. Entre estas 1.500 piezas destacan los 9 huevos imperiales y los 6 huevos no imperiales.
Toda la colección se puede ver en 10 salas, que se encuentran en el piso superior. Algunas de las salas tienen nombres de colores y destacan por sus tonalidades acordes: la roja, la azul, la dorada, o la blanca y azul.
La sala roja está dedicada a la plata rusa, la dorada a los regalos de los zares mayoritariamente, mientras que hay otros espacios más centrados en la porcelana, los esmaltes, la vajilla e, incluso, la pintura, esculturas de piedra, pitilleras o iconos rusos.

Pero, la “joya de la corona” es, sin lugar a dudas, la sala azul, la que nos presenta los huevos de Pascua imperiales, sobre todo regalos de los zares a sus esposas y emperatrices, o a su madre, María y Alexandra Fiódrovna, cada uno con su propia historia, nombre y características.

Algunos de los huevos de Pascua más importantes expuestos son:

El huevo del Renacimiento (1894). Huevo de ágata con joyas que incluyen diamantes. Horizontalmente tumbado, se perdió la sorpresa que albergaba en su interior.

El huevo de Rosebud (1895). De estilo neoclásico, se abre como un bombón. Decorado con los símbolos del amor y los lazos del matrimonio.

El huevo de la Coronación Imperial (1897). De oro con esmalte translúcido de color amarillo. Lleva como secreto el carro de coronación de Nicolás II y su esposa

El huevo de los Lirios del Valle (1898). Estilo art noveau con las flores favoritas de Alexandra Fiórodovna. Incorpora arriba los retratos en miniatura del emperador y sus dos hijas mayores.

El huevo de Gallina Kelch (1900). Encargado por el multimillonario Alexander Kelch a su esposa Bárbara. Esmalte rubí dorado con banda de diamantes brillantes. La sorpresa principal es una bonita gallina.

El huevo de la Duquesa de Marlborough (1902). Es de los más grandes. Inspirado en un reloj de Luis XVI con dial giratorio. Fue encargado por un estadounidense.

Resulta anecdótico comentar que existe otro Museo Fabergé, ubicado en Baden-Baden (Alemania). Se inauguró el 2009 por el coleccionista de arte ruso Alexander Ivanov, pero solo cuenta con un huevo de Pascua imperial, el huevo de Abedul de Carelia, y el resto de la colección no es ni tan grande ni tan prominente como la de San Petersburgo. Ni mucho menos.

Bifaz de cuarcita de 500.000 años hallado en la Sima de los Huesos. Museo de la Evolución Humana, Burgos.
casaruralcabrera.com/FundaciónAtapuerca(A.I.O.Martínez)/NationalGeographicD.C.Rigalt) — Fray Manuel Ruiz entró en Cueva Mayor en 1645 y grabó allí su nombre. De esta manera sabemos que esta cueva es conocida desde antiguo.
En 1863, Felipe de Ariño y Ramón Inclán publicaron el hallazgo de restos humanos prehistóricos en Cueva Ciega. Ariño envió un informe a la Reina Isabel II llamando la atención sobre la importancia arqueológica de la Cueva de Atapuerca (Cueva Mayor), que será el germen, en 1868, de la publicación monográfica Descripción con planos de la Cueva llamada de Atapuerca, de Pedro Sampayo y Mariano Zuaznávar.
En 1895, una compañía británica inició la construcción de una línea ferroviaria para transportar hierro y carbón desde las minas del norte de Burgos hasta las fábricas de Vizcaya.
En un momento dado, el director de la empresa, un ingeniero llamado Richard Preece, modificó el proyecto inicial para que pasara por un lugar rico en piedra caliza, en las estribaciones de la sierra de Atapuerca.
Preece derribó montañas, trinchó lomas, arrasó árboles y encajó rieles para que circulase el tren minero, y así, sin proponérselo, dejó al descubierto el conjunto de yacimientos paleontológicos más importante de Europa.
Hoy el lugar se conoce como la Trinchera del Ferrocarril, un surco de un kilómetro de longitud al que se abren varias cuevas trufadas de restos óseos humanos y animales: Sima del Elefante, Galería y Gran Dolina, hoy visitables por el público, y Cueva Mayor, compuesta por Portalón, Sima de los Huesos y Galería del Sílex, y Mirador, la más alejada; a éstas sólo pueden acceder los investigadores.
En 1910, Jesús Carballo fue el primer prehistoriador que les prestó atención y confirmó la existencia de restos arqueológicos y de pinturas rupestres, añadiendo la presencia de faunas fósiles. Tras sus pasos llegarían Henri Breuil y Hugo Obermaier, acompañados del padre Saturio, que publicaron nuevas pinturas rupestres, tanto en Cueva Mayor como en la Cueva del Silo.
La empresa de Preece fue un fracaso, pero cuando el ferrocarril se cerró, en 1911, pronto emergieron, entre un paisaje fantasma de puentes, taludes y túneles abandonados, numerosos restos fósiles que atrajeron a ilustres prehistoriadores como Hugo Obermaier y Henry Breuil.
Sin embargo, ese interés se fue disipando y en la década de 1950 la Trinchera del Ferrocarril fue transformada en cantera.
En 1926, José Royo y Gómez se percató de la singularidad de los rellenos cuaternarios de la Trinchera del Ferrocarril, aunque no sería hasta 1962 cuando el Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE), dirigido por José Luis Uribarri, observó la presencia de fósiles.
En 1963, junto con Basilio Osaba, localizarán el primer bifaz achelense, lo que motivará las excavaciones de Francisco Jordá entre 1964 y 1966, tanto en Trinchera como en el Portalón de Cueva Mayor.
En 1970 el GEE excavó en el abrigo de El Mirador y en 1972 descubrió la Galería del Sílex, implicándose Juan Mª Apellániz en su estudio, así como en el del Portalón.
En 1964, fue cuando el profesor Francisco Jordá emprendió las primeras excavaciones arqueológicas en la Trinchera de Ferrocarril, labor que continuó en los años setenta y ochenta el prestigioso paleontólogo Emiliano Aguirre, todo un referente en la crónica atapuerquense.
Con Aguirre se sentaron las bases de la investigación en Atapuerca y con él echó a andar el primer proyecto. Pero la era dorada de Atapuerca llegó en los años noventa, cuando Emiliano Aguirre entregó el testigo a un equipo liderado por Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

El equipo de paleontólogos excava en la Gran Dolina, donde en 1994 aparecieron los restos de una especie humana desconocida, el Homo antecessor.
En 1973 J. Mª. Apellániz comienza su estudio en la Galería del Sílex y en Cueva Mayor, descubierta en 1972 de nuevo por el Grupo Espeleológico Edelweiss.
En 1976 el ingeniero de minas, Trino Torres desciende a la Sima de los Huesos en busca de restos de osos, Ursus deningeri, y recupera junto a restos de éstos, varias piezas dentarias, craneales y tres mandíbulas humanas que confía al paleontólogo Emiliano Aguirre.
Con Emiliano Aguirre los Yacimientos comienzan su proyección moderna y comienza la gran historia de estos yacimientos, gracias a al esfuerzo y buen hacer de Emiliano, que elaborará un proyecto de investigación y pide el pertinente permiso de excavación en 1978.
En 1976 Trino Torres excavó en Trinchera, especialmente en Galería (TG) y Dolina (TD), así como en la Sima de los Huesos (SH) con la ayuda del GEE. La aparición de los primeros fósiles humanos en TG y en SH dio paso al proyecto multidisciplinar de investigaciones de Emiliano Aguirre, cuya primera campaña se desarrolló en 1978, hace exactamente 40 años.
Aguirre planteó un ambicioso proyecto basado en el conocimiento adecuado de todo el contexto sedimentario para facilitar la adscripción cronológica de los futuros hallazgos, sentando las bases de un equipo interdisciplinar.
Comenzó excavando en Galería y Dolina y hasta 1983 no se muestreó en la Sima de los Huesos, cuya excavación comenzó en 1984.
En 1991, tras la jubilación de Aguirre, pasarán a dirigir el proyecto Eudald Carbonell, Juan Luis Arsuaga y José Mª Bermúdez de Castro.
En 1992 se produjo el hallazgo en la Sima de los Huesos de tres cráneos humanos casi completos, que dieron lugar a la primera publicación y portada en la revista Nature.
En 1994 aparecieron los primeros restos de Homo antecessor en el nivel TD6 de Dolina, y sobre ellos se publicó el primer artículo en la revista Science.
En 1997 el Equipo de Investigación de Atapuerca recibió el premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica y en 1998, el premio Castilla y León de las Ciencias Sociales.

En la Sima de los Huesos, situada al final de un pozo vertical de trece metros en lo más profundo de la Cueva Mayor, se descubrieron más de 5.000 restos fósiles de Homo heilderbergensis de ambos sexos y distintas edades. La ilustración inferior, obra del artista Mauricio Antón, recrea un grupo familiar de esta especie, antepasada del hombre de Neandertal.
El nuevo equipo de Atapuerca elevó los yacimientos de la sierra burgalesa a categoría mundial. Siempre a golpe de descubrimiento.
Fue en el año 1992 cuando los responsables de Atapuerca dejaron de ser anónimos.
En aquel verano de buenos presagios –con los focos de medio mundo apuntando a los Juegos Olímpicos de Barcelona– una de las cuevas de Atapuerca, la Sima de los Huesos, devolvió un rompecabezas óseo que acabó dando forma a dos cráneos de aspecto arcaico.
Para los científicos eran el «cráneo número 4» y el «cráneo número 5»; popularmente serían conocidos como Agamenón y Miguelón, en homenaje al segundo tour de Miguel Indurain.
A partir de Miguelón pudo reconstruirse el cuerpo de un homínido (Homo heidelbergensis) relativamente parecido a nosotros, de 300.000 años de antigüedad.
Atapuerca volvió a ser primicia en 1994, cuando una pelvis masculina fósil fue recuperada de las entrañas de la Sima de los Huesos en pleno verano. Elvis, como fue bautizada para hacerla más familiar al público, pertenece también a un Homo heidelbergensis, como Miguelón y Agamenón.
El memorial de hallazgos de la Sima de los Huesos se completó en el año 1998 con Excalibur, un hacha de mano excepcional, en cuarcita, que representa el utillaje de los humanos que habitaron la sierra en el Paleolítico.
Otra de las joyas de Atapuerca es la Gran Dolina, uno de los tres yacimientos revelados tras el fiasco ferroviario de Richard Preece. Comprende veinte metros de rellenos sedimentarios del Pleistoceno (etapa geológica que acabó en el 10.000 a.C.) con las claves paleontológicas esenciales para comprender la evolución humana.
Su excavación comenzó en 1981, pero el día grabado con letras de oro en la Gran Dolina es el 8 de julio de 1994. En esa fecha vieron la luz restos humanos con 800.000 años de antigüedad en el bautizado como «estrato Aurora»: otro guiño a la complicidad divulgativa.
El citado estrato se ha revelado como un verdadero filón. Miles de años se compactaron aquí hasta acumular cientos de herramientas de piedra, fósiles humanos y restos óseos de vertebrados, entre los que destaca una nueva especie de oso bautizada como Ursus dolinensis.
Tres años después, tras una exhaustiva revisión de los restos extraídos del «estrato Aurora», la especie humana contaba con un nuevo miembro en su árbol genealógico: el Homo antececessor.
Aquellos huesos enterrados en la arena son hoy en día uno de los mayores reclamos de Atapuerca por lo que representan: el homínido europeo más antiguo que se conoce.

Restos encontrados del homo antecessor.
En la campaña de excavaciones de 2007 el Equipo de Investigación de Atapuerca descubrió una mandíbula humana de más de 1.200.000 años de antigüedad. Dicha mandíbula apareció asociada a útiles de sílex de modo Olduvayense (herramientas de más de 1.200.000 años).
El hallazgo se produjo en la Cueva de la Sima del Elefante de la Sierra de Atapuerca (Burgos). Este yacimiento se encuentra muy cerca de Gran Dolina, yacimiento donde se encontraron los primeros fósiles humanos de la especie Homo antecessor.
El fósil de la Sima del Elefante es así el europeo más antiguo de la historia encontrado hasta el momento. En la prestigiosa revista científica Nature, en marzo de 2008, se publicaron algunas de las conclusiones a las que el Equipo de Investigación de Atapuerca, dirigidos por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, han llegado con este hallazgo ocurrido en la sierra burgalesa. El artículo lleva por título “El primer homínino de Europa”.
Otros fósiles de interés aparecieron en la Sima del Elefante, donde en 2008 se descubrieron restos de una especie todavía por definir, además de las herramientas de piedra más antiguas de toda la sierra.
Entre los hallazgos más recientes cabe citar una mandíbula humana descubierta en el nivel 9 de la Sima del Elefante, en el año 2011.
Aunque todavía está en proceso de estudio, todo hace indicar que pertenece al género Homo sapiens. Las noticias sobre Atapuerca no cesan. La trascendencia de los hallazgos justifica la gran repercusión mediática que acompaña cada descubrimiento.
Desde el año 2000, Atapuerca es Patrimonio de la Humanidad. Sin duda, es la cuna de la prehistoria europea, todo un «parque temático» de la ciencia prehistórica sin parangón al otro lado de los Pirineos.

¿Qué somos los humanos si no esas huellas que dejamos en nuestro recorrido personal, que es nuestra historia?
Wall Street International Magazine(J.L.Moreno) — Creo que nunca antes habíamos estado todos, en general, más necesitados de esperanzas, de optimismo, de amor y positividad.
Los seres humanos somos como somos y nos solemos cargar de miserias, de reproches, de ira y problemas que creamos al son de unos intereses que poco tienen que ver con lo importante. Hacemos todo lo contrario de lo que realmente necesitamos.
Y ¿qué es lo importante, diremos?
Lo importante, al fin y al cabo, suele ser lo simple. Lo importante es la solidaridad, la compasión, el perdón, el estrechar lazos entre todos y, sobre todo, entre los nuestros, los cercanos.
Solo cuando no se tiene ni lo uno y ni lo otro, se es capaz de valorar lo importante. Y lo importante, según los que no tienen ni posesiones materiales, ni la cercanía de lo humano, es el calor de las relaciones humanas: la compasión, el amor.
Enjuiciamos, juzgamos, sin preguntar el por qué.
Reprochamos sin agradecer, faltaría más, el cómo.
Utilizamos las palabras de tal manera que se convierten en la peor arma contra el otro, sin miramientos, con el único objetivo de dañar.
Es posible que, tal vez, los primeros que estén promoviendo la separación de las personas sean los que nos dirigen, desde los gobiernos, generando diferencias y resquemores; pero la verdadera responsabilidad de que así sea la tenemos nosotros mismos.

Pensamos que nuestros seres queridos no nos van a faltar nunca. Olvidamos que de un día para otro todo puede cambiar
Todos, absolutamente todos, llevamos una mochila a cuestas llena de lo bien o mal hecho, de la culpa o el fracaso; unos más y otros menos. Cada uno con su vida; de mejores o peores decisiones, de equivocaciones y errores, pero también de alguno que otro acierto.
Posiblemente lo que más pese, siempre, es la sensación de culpa. Ese sentimiento personal, «soy culpable de…», es el que más cuesta descargar.
Para seguir caminando, para volver a decidir, para volverse a equivocar, es necesario descargar esa puñetera mochila. De lo contrario la mochila podrá con nosotros, nos paralizará, nos frenará y nos arrastrará.
¿Quién es perfecto? No hay trabajadores perfectos, ni padres, ni hijos, ni amigos, ni hermanos, ni parejas perfectas. Lo perfecto no existe, si existiera esto sería un aburrimiento y nunca descubriríamos lo auténtico. Lo auténtico se encuentra en la imperfección. Cada día hablo con algunos que parecen sentirse perfectos. No les juzgo. Viven en su definición. El mero hecho de sentirse perfecto es ya, de por sí, una imperfección.
Las imperfecciones que vemos en el otro normalmente son las nuestras.
El mayor arrepentimiento que puede haber en una vida, es el de no haber dedicado más tiempo y amor a las personas que están cerca de ti, que quieres, que te importan. Normalmente ese arrepentimiento llega con la edad, demasiado tarde.
Dedicar tiempo, expresar emociones, hablar, sentir a esas personas que de una u otra manera son importantes para nosotros: padres, hijos, hermanos, primos, pareja, amigos, a veces es tan sencillo como descolgar el teléfono, o mandar un mensaje para que te sientan cerca. También hay que ganar tiempo para verlos, para compartir momentos de presencia con ellos.
Si nos falta lo importante, de nada sirve tener posesiones, títulos o dinero en las cuentas del banco. ¿Para qué acumulamos? ¿Para morirnos teniendo posesiones?

Hay una pregunta que siempre me acompaña ¿por qué aquellos que lo tienen todo en el ámbito material, que no necesitan nada más para vivir holgadamente, siguen deseando tener más? ¿Para qué? ¿Realmente lo tienen todo? ¿Tener más, vivir preocupados por mantenerlo, para dejar más que nadie, en la muerte? ¿Qué sentido tiene?
En la vida se pasa por diferentes etapas y tal vez la etapa en la que nos damos cuenta de todo esto, de todo lo que merece la pena, sea la más tardía.
Por eso, tener la oportunidad de darse cuenta antes, es un paso para no dejar pasar un día más sin hacer sentir a los tuyos que estás ahí.
Pensamos que nuestros seres queridos no nos van a faltar nunca. Olvidamos que de un día para otro todo puede cambiar.
Ese abrazo que dejamos de dar porque no creíamos no tener tiempo, ese perdón que no pedimos o no quisimos ofrecer, ese «te quiero» que no dijimos. Mañana puede ser nunca. Somos seres orgullosos. En ocasiones nos puede el orgullo. Nos quedamos atrapados en esas creencias que nos limitan a expresar sentimientos o emociones.
¿Qué somos los humanos si no esas huellas que dejamos en nuestro recorrido personal, que es nuestra historia?
Todos somos presente, pero también pasado. La lectura del pasado de cada uno depende de los ojos que lo leen. Pasa lo mismo que con la historia de la humanidad. Qué diferentes o distintos puntos de vista sobre los mismos hechos.
Nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras ideas; así memos, así miramos y así percibimos.
Solo el tiempo nos hace ver que ciertos acontecimientos del pasado hoy los contemplamos de otro modo, muy distinto, de aquel entonces.
Cada uno de nosotros, desde dentro, tiene clara esa huella que va dejando. Pero, ¿y en el exterior?
Es muy difícil seguir el rastro de lo que pensamos y el por qué actuamos de determinadas maneras desde un punto de vista externo. Todo son interpretaciones y las interpretaciones son percepciones que, volviendo al inicio, dependen de cada uno.

Para conocer qué es el amor, para cambiar, debemos renunciar poco a poco a las creencias que han ido alimentando esa especie de locura que nos habita
Pocos, como yo, suelen abrirse en canal públicamente, como hago por aquí, con estos escritos que, compartidos o rechazados, van dejando en vida el rastro de mis pensamientos y, por ende, de mis acciones.
Nadie más que uno mismo para saber cómo piensa y por qué lo piensa; cómo sufre y por qué sufre, cómo vive y por qué vive.
De pensar surge la equivocación, de la equivocación el error, pero, también, la corrección.
UCDM nos dice que el amor es nuestra «herencia natural» como personas. Conseguir desplazar de nuestra mente todo aquello que nos impide reconocer esta herencia, debería ser el reto de cada uno.
Para conocer qué es el amor, para cambiar, debemos renunciar poco a poco a las creencias que han ido alimentando esa especie de locura que nos habita.
No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él.
(Capítulo 21 1-7 UCDM)

L.B.V.(J.A.) — Hace varios años que el 25 de abril fue declarado Día del ADN en homenaje a la jornada de 1953 en que James Watson y Francis Crick descubrieron la estructura tridimensional (la famosa doble hélice) del ácido desoxirrebonucleico, que tal es el significado de esas siglas.
Un hito más en un largo camino iniciado por Gregory Mendel, formulador de la genética, y continuado en tiempos recientes con el desciframiento del código genético, la clonación de la oveja Dolly y… quién sabe cuáles serán los próximos pasos.
Aunque es difícil explicarlo en tan poco espacio, vamos a intentarlo. El cuerpo humano está compuesto por 10 billones de células, cada una con un núcleo (salvo los hematíes) donde se almacena la información genética que garantiza su reproducción.
En el núcleo hay 46 cromosomas agrupados en 23 pares. Éstos, a su vez, se componen de 2 filamentos entrelazados helicoidalmente formando una especie de escalera en la que los bastidores son larguísimos polímeros (azúcar y fosfatos), mientras que los peldaños están formados por 4 tipos de unidades, las bases nucleótidas o nitrogenadas: adenina, guanina, citosina y timina. Se las conoce abreviadamente por sus iniciales A, C, G, T y se agrupan de 2 en 2 (AT, GC, etc) a través de enlaces de oxígeno.
Esto es lo que se llama cadena de ADN, que mide unos 149 millones de kilómetros: si se desplegara, cubriría la distancia de ida y vuelta al sol más de 600 veces.
Las distintas moléculas de ADN se diferencian entre sí por la secuencia en que se colocan los nucleótidos: cada serie de 3 forma uno de los 20 tipos de aminoácidos y éstos se ordenan en moléculas de varias centenares, originando proteínas.
Para conseguir una determinada proteína es preciso que el núcleo celular sintetice el ARN (ácido ribonucleico), llamado ADN mensajero porque es el que transmite la información genética del ADN a los ribosomas.
En ellos, otro ARN llamado de transferencia se disgrega al salir, permitiendo que los aminoácidos se unan como las cuentas de un collar y formen una especie de cadena. La función final de la célula depende del tipo de proteína que las bases hayan formado: una combinación concreta -y hay muchísimas- puede indicar a la célula que fabrique un anticuerpo contra una infección, por ejemplo.
Cuando la célula se divide para reproducirse, el genoma se duplica en el núcleo, durante lo cual el ADN se desenrrolla y una enzima llamada polimerasa rompe las uniones entre los pares de bases, permitiendo que las hebras de la espiral se separen.
Cada hebra dirige entonces una síntesis de una nueva hebra complementaria con nucleótidos libres coincidentes con los complementarios; así, cada célula hija recibe una hebra vieja y otra nueva.
En el caso de las células sexuales no hay 46 cromosomas sino la mitad, 22 de ellos autosómicos y otro sexual, X o Y.
Durante la fecundación del óvulo, que tiene siempre un cromosoma X, recibe del espermatozoide un cromosoma que puede ser X o Y.
En el primer caso se juntarán 2 X dando lugar a una hembra; en el segundo XY, produciendo un macho. A veces se producen errores (uno cada mil millones de pares de bases) durante la división celular: un filamento puede insertar una secuencia nueva en un nucleótido equivocado, dando lugar a una mutación.
Como las mutaciones son hereditarias resultan fundamentales para la evolución biológica, con lo que la Genética completa al evolucionismo darwinista.
Sin embargo, sólo un 10% del genoma incluye la secuencia de codificación de los genes. Existen muchas secuencias sin función ni codificación cuya utilidad, hoy por hoy, se desconoce. Así que aún hay campo para investigar.

L.B.V.(J.Álvarez) — Si de algo pueden estar orgullosos en Mongolia es de Gengis Khan, quien dominó prácticamente toda Asia a finales del siglo XII, y su imperio sigue siendo el más grande de toda la historia de la humanidad.
La impresionante estatua que ven en las imágenes le recuerda con creces, con sus 40 metros de altitud junto al río Tuul en Tsonjin Boldog, a unos 54 kilómetros al Este de la capital Ulan Bator. Se construyó en ese lugar porque según cuenta la leyenda ahí fue donde Gengis Khan encontró un látigo de oro, supuestamente el que usaría para someter el continente asiático.
La estatua está recubierta de 250 toneladas de acero y situada simbolicamente apuntando a China. Se levanta sobre un complejo de 10 metros de altura con 36 columnas que representan a los 36 khans de Mongolia, de Gengis a Ligdan Khan, y fue erigida en 2008. En el interior hay un restaurante, una galería de arte y varias salas de usos múltiples.

Se puede llegar hasta la cabeza del caballo por el interior, desde donde podrán disfrutar de magníficas vistas panorámicas.
En la base de la estatua, los visitantes pueden ver la réplica del legendario látigo de oro del emperador y probar comidas tradicionales de los nómades mongoles, como la carne de caballo con papas.
Los turistas pueden subir en ascensor por el interior de la estatua. La salida está a la altura de la entrepierna de Genghis Khan, desde donde se puede caminar hasta la cabeza del caballo para ver un gran panorama de la estepa. «Todos los mongoles estamos orgullosos de esta estatua: Genghis Khan es nuestro héroe, nuestro padre y nuestro Dios», dice Sanchir Erkhem, un luchador mongol de Sumo que vive en Japón y está tomando fotos antes de volver a Tokio.
La estatua es parte de un parque temático proyectado por la empresa local Genco Tour Bureau, que ya gastó cuatro millones de dólares en el monumento. El proyecto prevé la construcción de doscientas «gers», que son las antiguas tiendas de campaña tradicionalmente usadas para vivir por las tribus nómades de mongoles. Las tiendas tendrán comodidades para dormir e incluirán restaurantes y locales comerciales.
Orgullo nacional
«Todo esto tiene que ver con nuestro orgullo nacional», dice Damdindorj Delgerma, gerente de Genco Tour Bureau. Y agrega: «los mongoles están felices cuando ven la estatua y ahora los turistas de todo el mundo podrán enterarse de la importancia de Mongolia en la historia».

Sensibles ante el lado feroz de Genghis Khan, que en la Europa medieval y la antigua Persia era visto como un caudillo sangriento, los mongoles de hoy rescatan en la figura del emperador una identidad nacional oscurecida durante siglos por sus vecinos, Rusia y China. Mongolia elige ver en el hombre que nació con el nombre de Temujin, pero luego se hizo célebre como «Genghis Khan» («el rey del universo») al líder que unió a las tribus nómades de la región y les dio el primer código jurídico escrito. Para los mongoles de hoy, Genghis Khan es un «shaman», un médico brujo, adorado como un semidiós por los monjes budistas.
En Turquía aún es reverenciado, pero no pasa lo mismo en Irán, Rusia y Europa Oriental. En Mongolia se recuerda que sus tropas eran invencibles porque usaban cotas de malla y camisas de seda, en vez de las pesadas armaduras europeas. Genghis Khan disponía de avanzados sistemas de correos y espionaje, delegaba en sus generales las decisiones estratégicas y tenía un ejército de arqueros, lanceros y jinetes bien entrenados, capaces de ejecutar maniobras militares complejas.
Su nieto, Kublai Khan, fue el fundador de la dinastía Yuan en China y es el héroe de los relatos escritos por el mercader veneciano Marco Polo.

¿Pensábamos que ya toda la crisis del cohete Long March 5B estaba superada? No. Pueden caer, al menos, otros dos cohetes chinos, de acuerdo con la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés).
La ESA conversó con Business Insider sobre el tema. El cohete de 21 toneladas, cuyo control perdió China, finalmente se estrelló el domingo en la mañana en el océano Índico, cerca de las islas Maldivas.
Thomas Reiter, astronauta y coordinador interinstitucional de la ESA, afirmó que “podemos esperar una situación similar para los próximos dos lanzamientos, o los que hagan con otros Long March 5B”.
Pekín planea, al menos, diez misiones más para completar su estación espacial a finales de 2022. Dos de ellas utilizan cohetes Long March 5B, como el que cayó sobre el océano Índico el domingo.
“Esto no sería muy bueno”, advirtió Reiter. “Cada vez que lancen otro módulo a la estación tendríamos que mirar hacia arriba y tratar de averiguar dónde podría entrar este objeto”.
Solo hasta el fin de semana se pudo conocer dónde podría caer el cohete chino, generando preocupación entre altos mandos espaciales en el mundo. China había descartado que ocurrieran daños graves, en declaraciones de sus autoridades durante la semana.
No obstante, la NASA lanzó una dura advertencia al gobierno asiático, para que se haga responsable de sus desechos espaciales.

“Está claro que China no está cumpliendo con las normas responsables con respecto a sus desechos espaciales”, afirmó el sábado Bill Nelson, administrador de la NASA.
“Las naciones espaciales deben minimizar los riesgos para las personas y las propiedades en la Tierra, al momento de reingresar los objetos espaciales”, recalcó Nelson. “También deben maximizar la transparencia con respecto a esas operaciones”.
“Es fundamental que China y todas las naciones y entidades comerciales espaciales actúen de manera responsable y transparente en el espacio”, insistió el administrador, “para garantizar la seguridad, la estabilidad y la sostenibilidad a largo plazo de las actividades del espacio ultraterrestre”.
El Comando Espacial de Estados Unidos indicó que “desconocía si los escombros impactaron sobre tierra o agua”. Mientras, Reiter apunta que China no compartió “detalles técnicos sobre sus planes futuros”.
“Simplemente no sé por qué fueron impulsados a poner en órbita esta enorme etapa central de 33 metros y cinco metros de diámetro. Es muy inusual”, considera el portavoz de la ESA.
En un comunicado, la Agencia Espacial Tripulada de China señaló:
“Los escombros de la última etapa del cohete Long March 5B Y2 reingresaron a la atmósfera a las 10:24 del domingo, hora de Pekín. La gran mayoría del dispositivo se quemó durante el reingreso, y el área de aterrizaje de los escombros está alrededor de una zona marítima con el centro a 2.65 grados de latitud norte y 72.47 grados longitud este”.
El cohete Long March 5B fue lanzado el 29 de abril desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, en la isla china de Hainan. Llevaba el módulo no tripulado Tianhe, que formará parte de la referida estación espacial china.
Luego de dejar en órbita el Tianhe, la agencia espacial china perdió el control del cohete, hasta su caída sobre el océano Índico, el domingo.

NationalGeographic(C.Blau)/elrincondesele.com/EspañaFascinante/PatrimonioCulto/catacumbes.paris.fr/rpp.pe/ecured.cu — Entre los siglos XVI y XIX, los centros religiosos de toda Europa se hicieron eco una tradición aún más antigua: los osarios decorados.
Sobrecogedoras construcciones arquitectónicas hechas de huesos humanos que, con el paso del tiempo, se han convertido en auténticas obras artísticas y en lugares de reflexión, una especie de diálogo con el pensamiento de épocas que ya apenas podemos comprender.
A lo largo de la antigüedad la calavera humana se ha tratado a menudo como objeto de veneración en infinidad de culturas, desde el neolítico, pasando por los celtas o hasta el budismo tibetano, por mencionar algunos ejemplos. Tras la ‘moda’ de la incineración, a partir del S.II d.C el enterramiento volvió a ser la forma de actuación preferida por el cristianismo naciente.
Esto era debido a la creencia de que parte del espíritu humano quedaba impregnado en los huesos (por ejemplo en las reliquias de los santos) y era imprescindible que los restos se conservaran los más íntegro posible para la profetizada Resurrección del Juicio Final.
Tras la legalización del Cristianismo por el emperador Constantino, los cristianos querían enterrarse preferiblemente en los lugares más sagrados: los sótanos de las iglesias y las catacumbas, que no tardarían mucho en rebosar de huesos y reliquias de santos por doquier, invadiendo el propio espacio de los vivos.
Hacemos un repaso por los osarios más fascinantes e interesantes alrededor del mundo, marcados por lo tétrico de su ambiente o por las originales decoraciones conformadas a partir de los huesos recopilados a lo largo de los siglos. Lugares que nos aproximan a la muerte y nos hacen mirarla de cerca para hacernos conscientes de esa realidad ineludible pero que, al mismo tiempo, nos asombran y nos dejan estupefactos.
Uno de los más conocidos de Europa por los turistas y también uno de los más artísticos. Ubicado en la Iglesia del Cementerio de Todos los Santos de la localidad de Sedlec, no muy lejos de Praga y en el área metropolitana de la bella ciudad de Kutná Hora, se esconde un magnífico osario formado por decenas de miles de huesos humanos cuya antigüedad se remonta al siglo XIV. La surrealista y llamativa decoración actual procede de finales del siglo XIX.

El Osario de Sedlec, con una belleza trágica, está decorado con huesos que fueron blanqueados y tallados.
La iglesia gótica de Sedlec, cerca de la pintoresca ciudad de Kutná Hora, en la República Checa, parece bastante normal desde fuera, pero si echas un vistazo al sótano descubrirás algo escalofriante: los huesos de miles de seres humanos que fueron blanqueados y, a continuación, tallados, y que ahora recubren todo aquello que está a la vista de forma artística.
Según la leyenda, un abad local peregrinó en el siglo XIII a Jerusalén y trajo consigo tierra sagrada para esparcirla sobre el cementerio de la iglesia. Se corrió la voz, lo que convirtió el cementerio de Sedlec en uno de los lugares más populares donde ser enterrado en la región.
Cuando la peste asoló Europa en el siglo XIV, casi 30.000 víctimas fueron enterradas en los terrenos del cementerio. A continuación, las Cruzadas provocaron 10.000 bajas más, cuerpos que fueron a descansar a este cementerio, por no mencionar otros entierros que se sucedieron en el tiempo.
Cuando la comunidad comenzó a construir la iglesia gótica en el siglo XV, muchos huesos fueron trasladados y apilados en pirámides en el osario bajo el nuevo edificio. El peculiar depósito permaneció imperturbado hasta 1870, cuando la iglesia contrató a un tallador de madera local, Francis Rint, para crear algo hermoso a partir del gigantesco montón de huesos.

El escudo de armas agradece a la familia que financiara el trabajo de Francis Rint.
Y lo logró sin lugar a dudas. Tras blanquear y tallar los huesos, los empleó para decorar el espacio sagrado. Rint elaboró cadenas de cráneos que se extendían sobre las entradas. Se construyeron cálices y cruces a partir de caderas y fémures. Incluso hay un detallado árbol genealógico que adorna la pared, en agradecimiento a la familia aristocrática que financió la iniciativa.
Sin embargo, el plato fuerte del Osario de Sedjec es la enorme araña del techo. Según se dice, está hecha de todos los huesos que hay en un cuerpo humano. Las velas brillan sobre la superficie de los cráneos blancos y relucientes que contemplan a los visitantes que se atreven a entrar. La empleada Vendula Krůlová nos explica que un especialista limpia los huesos uno a uno con un cepillo de dientes.

El Osario de Sedlec es solo uno de toda una serie de destinos macabros en Europa. La República Checa también tiene el Osario de Brno, con huesos de unos 50.000 humanos. Polonia cuenta con la capilla de cráneos Kaplica Czaszek, Portugal tiene la Capela dos Ossos en Évora y las catacumbas de París contienen los restos de más de seis millones de personas.
Sin embargo, el Osario de Sedlec es el segundo destino más visitado de la República Checa, con turistas que llegan a diario tras un viaje en tren de una hora desde Praga.
Sin duda, este singular destino tiene un gran impacto, pero afecta a cada uno de forma diferente, según Krůlová: «Es un lugar trascendental, lleno de preguntas. Algunos encuentran paz, otros sufren ansiedad. Todo el mundo es diferente, pero lo que sabemos con seguridad es que algún día todos seremos iguales que las personas en el osario: Memento mori.

A no mucha distancia de la Plaza de España de Roma, la Iglesia de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, construida en la primera mitad del siglo XVII, nos ofrece una cripta plagada de huesos de frailes capuchinos – de ahí el nombre del templo – en la que la figura de algunos monjes momificados con sus hábitos nos hacen estremecer ante sus incorruptibles miradas.
Los huesos de 4000 hermanos capuchinos, colocados de manera artística y ordenada creando marcos y figuras en la cripta crean un diseño cargado de un cierto virtuosismo funerario.
Como si de una alegoría de la muerte se tratase la Iglesia de Santa María della Concezione dei Cappuccini posee uno de los osarios más escalofriantes de la capital italiana.
Arte lúgubre repleto de símbolos macabros en un templo religioso que por fuera no llama precisamente la atención, pero que por dentro palpita de tenebrosidad.
Una frase lapidaria advierte al visitante ya dentro de la cripta: “Aquello que vosotros sois, nosotros éramos; aquello que nosotros somos, vosotros seréis“. Un mensaje que tiene forma igualmente a través de seis capillas plagadas de huesos y cuerpos de frailes que son una pura metáfora de la muerte, de que la vida puede ser apenas el segundo que precede a la Eternidad.

Los frailes capuchinos, o mejor dicho sus cuerpos, se convierten en la encarnación del Tempus Fugit, en esa Roma que poco tiene que ver con la del Coliseo, las fuentes esplendorosas o las columnas que enmudecen cada tarde.
Sin duda, una de las visitas más sobrecogedoras que se pueden hacer en la ciudad de las siete colinas.
Santa Maria della Concezione o la Iglesia capuchina de Santa María Concepción se encuentra en el número 27 de Via Veneto, a una distancia relativamente corta de Piazza di Spagna (500 m.) o Piazza Barberini (200 m.), es decir, nada de a las afueras o un rincón lejano y perdido de Roma sino en el puro centro histórico.
Su fachada es tan sobria que no destaca en absoluto ni invita a entrar a unos viajeros ya acostumbrados a joyas arquitectónicas barrocas o renacentistas que pueblan la Città vecchia di Roma. En mi caso reconozco que no tenía ni la menor idea de su existencia pero paseando por Via Veneto en el otoño de 2007 cuando visité la ciudad junto a mi madre, nos dio por entrar sin más.
Se sabe que en Italia la iglesia menos vistosa puede resultar una auténtica obra de arte, por lo que quizás por eso o quizás por el destino nos situamos en las puertas de este templo de los capuchinos.

La historia de este templo se remonta al primer tercio del Siglo XVII, cuando el Papa Urbano VIII (parte en el juicio inquisitorial a Galileo) encarga al arquitecto Antonio Casoni la construcción de un templo cristiano para los Frailes Capuchinos en la actual Via Veneto.
Que encomendara levantar este edificio religioso se debió, sobre todo, a que su hermano Antonio Marcello Barberini (los Barberini fueron una de las familias más ricas y poderosas de Europa en aquel tiempo) era miembro de esta orden religiosa nacida de una escisión de los Padres Franciscanos.
De esa forma en 1631 comienza a funcionar la Iglesia de Concepción, caracterizada por su barroco clásico sin demasiadas estridencias, aunque con algunas obras pictóricas interesantes (una de ellas atribuida al artista Caravaggio).
Pero por lo que se le conoce la iglesia no es por el interior más puramente ceremonial sino por su cripta.
El propio Antonio Marcello Barberini, hermano del Pontífice, decide traer los restos de los frailes capuchinos que habían sido enterrados en el hasta entonces cementerio oficial de la orden, el de la Iglesia de Santa Croce e Bonaventura dei Lucchesi, y llevar a cabo una obra que simbolizara los conceptos de que la vida pasa deprisa y que tras la muerte existe la resurrección.
Y todo ello realizado de una forma diferente, original, en el que los huesos y las calaveras fuesen el ornamento, la obra de arte que explicase el tempus fugit.

La representación española se la lleva el atractivo pueblo de Wamba – el único pueblo de nuestro país que comienza por W, vestigio de su pasado visigodo -, en la provincia de Valladolid, donde la bella y vetusta Iglesia de Santa María presenta adosada una capilla que alberga miles de cráneos y huesos constituyendo el osario visitable más grande en España – a pesar de la pérdida de una gran parte de los restos por la falta de conservación hasta ya bien entrado el siglo XX -.

El osario de Wamba es un caso único en España. Se trata de un osario lleno de calaveras y huesos, un total de entre 1.000 y 2.000 restos de hombres, mujeres y niños de la Edad Media. Es uno de los grandes misterios que esconde esta localidad de Valladolid en la que viven poco más de 300 personas.
Ubicada en los Montes Torozos, Wamba también es la única localidad en España cuyo nombre empieza con la letra W, aunque en realidad se pronuncia «bamba». Otra de sus singularidades reside en que la localidad forma parte del Camino de Santiago de Madrid. Con un pasado visigótico y mozárabe, Wamba también fue hogar de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.

La historia del nombre de la localidad también es legendaria. En sus inicios la ciudad visigoda se llamaba Gérticos. Con la muerte del rey visigodo Recesvinto en el año 672 aquél que le sucedió en el trono fue Wamba. Como mandaba la tradición, al nuevo rey se le coronaba en el lugar en el que había fallecido el anterior.
Por este motivo la localidad adquirió su nombre, orgullosa de ser un núcleo visigodo con poder y relevancia. Fue uno de los últimos monarcas cristianos antes de que tuviera lugar la invasión musulmana.
Siglos más tarde, concretamente en el XIII hasta el XVII los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén se instalaron en la zona. Se piensa que son los caballeros los que comenzaron a enterrar aquí los restos de los monjes que pertenecían a su orden.

No obstante, Wamba guarda más secretos además de aquellos relacionados con su topónimo. Si algo hay que visitar en Wamba es su majestuoso templo, la Iglesia de Santa María. La iglesia combina elementos artísticos como el mozárabe en su cabecera y el románico en su estructura, datados de los siglos X y XII.
Sin embargo, sus orígenes se remontan al siglo VII, pues se piensa que aquí se ubicaba un monasterio visigodo. Ya en su interior se puede acceder a una de sus joyas: el osario de Wamba. Así, a través de una de las paredes del claustro se encuentra una puerta la cual esconde un enigmático conjunto de calaveras.
El osario de Wamba se ubica en uno de los espacios de lo que fue el antiguo monasterio, que se arruinó tras las desamortizaciones decimonónicas. Las paredes de la habitación están revestidas de fémures, tibias y calaveras. Los huesos están colocados desde el suelo, unos sobre otros, hasta el arranque de la bóveda.
El tamaño de las calaveras nos indica que son restos de adultos y también de niños. Se han contabilizado entre 1.000 y 2.000 restos de personas.
La inscripción “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás, todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” domina el osario de Wamba. Impresiona ver tantos cráneos, cuencas de ojos y sonrisas cadavéricas orquestados de tal forma. Un recordatorio impertérrito de la celeridad con la que pasa el tiempo y la importancia que hay que darle a éste y a los buenos actos.

No obstante, aunque sobrecoja tal conjunto de huesos, antiguamente la grandeza del osario fue mayor. Con el objetivo de estudiar el osario de Wamba, en los años 50 el Doctor Gregorio Marañón se llevó a la universidad Complutense de Madrid dos camiones llenos de estos restos. Nunca se devolvieron al pueblo.
Gracias al estudio se pudo certificar que los huesos y calaveras pertenecieron a hombres, mujeres y también niños de los siglos XIII a XVII. En total, cuatro siglos en los que el osario de Wamba fue alimentando no solo sus paredes, sino las leyendas y moralejas sobre la fugacidad del tiempo.
Hasta el momento del descubrimiento algunos historiadores mantenían que los restos pertenecían solo a los monjes y frailes que vivieron en el monasterio. Otros investigadores creían que el osario surgió tras vaciar un antiguo cementerio.

Iglesia de Santa María
Son muchas las incógnitas para las que todavía en la actualidad no se han encontrado respuesta sobre la Iglesia de Santa María y sobre el osario de Wamba.
Se conoce que en el lugar en el que se encuentra la actual iglesia antes se ubicaba una iglesia visigoda, así lo argumentan los restos decorativos hallados en el Museo Arqueológico de Valladolid.
Los investigadores creen que es probable que en el momento de la repoblación de la zona se volviera a construir la iglesia que se erigía en los años de reinado de Recesvinto. Sus características indican que pudo ser la primera iglesia mozárabe que se levantaba en la zona.

Imagen en la pared de la Iglesia de Santa María
La Iglesia de Santa María (también conocida como Nuestra Señora de la O) es un templo románico del siglo XII que cuenta con la peculiaridad de contar con un cabecero mozárabe del siglo X. El edificio está constituido por tres naves y dos capillas, la de Doña Urraca y la del osario de Wamba.
Por su parte, en la capilla de Doña Urraca se encuentra sepultada la reina Urraca de Portugal. Se trata de la esposa del rey Fernando II de León, madre del también rey Alfonso IX de León. La reina se incorporó como freira en la Orden de San juan de Jerusalén.

En uno de los extremos del suroeste de Polonia, en la localidad de Czermna, una pequeña capilla se ha convertido en uno de los atractivos de esta zona polaca que acapara muchas de las excusiones turísticas que se realizan desde la ciudad de Wroclaw.
Construida en el último cuarto del siglo XVIII, sus paredes y techo están prácticamente cubiertos por huesos y cráneos de personas fallecidas durante los siglos XVII y XVIII. La disposición de los restos óseos sobre las cabezas es de lo más espectacular y característico de este sorprendente ejemplo de arte fúnebre en Europa.

Casi al llegar a la frontera con Republica Checa, existe un pequeño poblado de aproximadamente 100 mil personas llamado Czermna.
Una de las atracciones de este lugar, por no decir la más popular, es una capilla adornada con miles de cráneos y huesos humanos, si has leído bien cráneos y huesos humanos.
El nombre de esta capilla es Kaplica Czaszek (Capilla de los cráneos) y fue construida aproximadamente en el año 1776 por un sacerdote de Czermna, Waclaw Tomaszek, y un cavador de tumbas.
Ellos buscaban conmemorar a los soldados y civiles muertos durante las guerras, además el sacerdote también buscaba que estos huesos representaran un recordatorio de mortalidad y salvación humana para las futuras generaciones.
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El sacerdote junto con el cavador de tumbas local decidieron ir acumulando los cuerpos provenientes de guerras y epidemias que habían en esa época, ciertamente ellos no tuvieron ningún problema en darse abasto para acumular estos cuerpos para construir la iglesia.
Tardaron más de 15 años en construir este recinto y se cree que en total hay más de 20 mil huesos humanos en la iglesia. Además es curioso decir que algunos restos humanos del alcalde de la comunidad en esa época, los huesos del sacerdote, del cavador de tumbas y de un gigante también se encuentran en este lugar.

Formando parte del casco antiguo de la hermosa ciudad de Évora, en el interior de la Iglesia de San Francisco, se encuentra el que seguramente sea el osario más célebre del mundo.
El templo gótico acoge en una de sus capillas un delicado y cuidado osario que responde a la necesidad de liberar los cementerios de la población siglos atrás.
Fruto de ello, tras un fornido dintel en el que reza el famoso epitafio «Nosotros, los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos» – los osarios de Wamba y Sedlec también cuentan con inquietantes frases -, miles de huesos dispuestos perfectamente sobre el cemento de los muros adornan de manera brillante la estancia y forman un espectáculo digno de visitar en la que fuera la primera sede de la orden franciscana en Portugal.

«Los antiguos osarios, relegados a las notas a pie de página de la historia religiosa europea, formaron parte en su día de un diálogo con la muerte que ahora se ha silenciado. Sin embargo, para quienes los construyeron el diálogo era alto y claro, y no se esperaba que los muertos permaneciesen callados.
Paul Koudounaris» (El Imperio de la Muerte).
En Évora, una de las más bellas e importantes ciudades históricas de Portugal, podemos encontrar interesantes enclaves a lo largo de sus calles blancas y laberínticas: el Templo romano de Diana, la catedral de Nossa Senhora da Assunção, las centenarias murallas que rodean y parecen abrazar la ciudad antigua…
Pero uno de los rincones más emblemáticos (y buscados con cierto morbo) permanece escondido bajo los ecos de siglos pasados, en las silenciosas galerías de la Iglesia de San Francisco: la sobrecogedora Capela dos Ossos (Capilla de los Huesos) es un lugar no recomendable para visitantes temerosos, es uno de los osarios más espectaculares de toda Europa, que compite en suntuosidad y macabra elegancia con otros embemáticos osarios como las Catacumbas de Paris o el Osario de Sedlec en Kutná Hora (República Checa).

Estas macabras y a la vez magníficas exposiciones colectivas de la ‘carcasa humana’ expuesta en toda su desnudez y blancura, en un tremendo despliegue de formas, son visiones prácticamente imposibles de concebir o entender hoy en día (salvo quizás por artistas como Damien Hirst o Gunther Von Hagens).
Y sin embargo ahí están los osarios, repartidos por toda Europa. Los huesos silenciosos nos hablan pero nosotros ya no comprendemos su lenguaje. Lo hemos olvidado. De hecho, la lista actual de osarios fantásticos no es más que una sombra de lo que fué en siglos pasados.
Muchos de ellos fueron destruidos y sólo sobrevivieron como meras descripciones, dibujos y relatos de viajeros, y hablaban de lugares fuera de lo común, y mucho más inaccesibles de lo que lo son actualmente.
Precisamente en Portugal se perdieron dos de los más grandes de todo el país: uno se encontraba en el monasterio de Santa Cruz en Coímbra y al parecer albergaba infinidad de huesos de cristianos muertos durante la batalla de Ourique contra los musulmanes en 1139.
Ni siquiera se sabe como desapareció, simplemente lo hizo sin dejar ni rastro. Y el otro se encontraba en la isla de Madeira, y se decía de él que era el más espectacular de todo Portugal.
Por suerte, nuestro país vecino aún conserva tres de los más espectaculares de toda Europa: La Capilla de los huesos en Alcantarilha, el Osario de la Iglesia do Carmo, en Faro, el osario de Campomaior, y por supuesto el que nos ocupa, la Capela dos Ossos de Evora.


‘Huesos que aquí estamos / por los vuestros esperamos’. Frases como estas solían inscribirse en los grandes osarios. En alemán, este saludo solía ser ‘Was wir sind, das werder Irh / Was Ihr seid, das waren wir (‘Lo que nosotros somos, vosotros seréis / Lo que vosotros sois, nosotros fuimos’). La frase fue evolucionando a muchos idiomas y llegó incluso hasta Évora.
La abundancia de restos humanos amenazaba no pocas veces con problemas de salud pública, y era necesario además retirar los restos más antiguos para dejar sitio a los más recientes, con lo cual se empezaron a crear espacios dedicados a tal efecto, que eran los osarios.
De hecho la Capilla de los Huesos de Évora no es una excepción fue construida por necesidad práctica, y no sólo por cuestiones religiosas: En el siglo XVI, los cementerios de la bulliciosa ciudad de Évora estaban saturados de cadáveres, por lo que se exhumaron los huesos con el objeto de hacer sitio para poder enterrar nuevos cadáveres, colocando los más antiguos en una capilla destinada a tal efecto: la actual Capela dos Ossos.
Se dice que el más antiguo de todos los osarios es el de Santa Catalina del Sinaí, en Egipto (530 d.C), y que esta práctica procede en realidad de Oriente. En estos momentos los osarios comenzaron siendo meros depósitos de huesos. Lo mejor estaba aún por llegar, pero a medida que se desarrollaban se volvieron cada vez más inaccesibles, llegando a ser necesario en ocasiones un permiso especial del mismo Papa.

Al igual que en el caso del osario de Évora, la céntrica Iglesia de San Bernardino nació al auspicio de una sala que albergaba los huesos que se iban liberando del cementerio local ya en el siglo XIII.
Con el tiempo, la iglesia se modificó para ampliar su capacidad y el aspecto actual proviene de mediados del siglo XVIII, momento en el cual se acondicionó la sala actual que acoge la nutrida colección de huesos perfectamente ordenados que decoran todos los elementos arquitectónicos de la estancia, formando quizás uno de los osarios más bellos y armónicos de todos los que se dan en Europa.
En la plaza Santo Stefano tranquilo lugar, se encuentra la insólita iglesia de San Bernardino alle Ossa.

Cerca de la Iglesia de Santo Stefano Maggiore, en la plaza Santo Stefano, se construyó en 1127 el Hospital de San Barnaba in Brolo, destinado a la cura de leprosos, que también tenía un cementerio. En 1210 se edificó un osario, donde se colocaron los huesos de personas fallecidas que ya no cabían en el cementerio.
Junto al osario se construyó la primera iglesia de San Bernardino alle Ossa, en 1269, también conocida entonces como San Bernardino ai Morti.
Tanto la iglesia como el osario debieron ser reconstruidos tras el colapso del campanario de la iglesia de Santo Stefano Maggiore, en 1642
Atendiendo a la necesidad de erigir un templo mayor para albergar a los fieles que se acercaban en gran número a la capilla del osario, en 1750 los arquitectos Andrea Biffi y Carlo Giuseppe Merlo construyeron una gran iglesia en estilo rococó y barroco (aunque la fachada guarda la apariencia de un palacio), conectada al templo original a través de un arco triunfal. Se eligió entonces a San Bernardino de Siena como patrono.
En 1652 se cerró el hospital y el cementerio contiguos, por lo que se exhumaron los restos para completar la decoración del osario. La fachada de la iglesia se completó en 1776.

La iglesia tiene un plan octogonal con dos capillas laterales y altares de mármol barroco. Frente al altar mayor hay una reja que conduce a la escalera que desciende a la cripta de Disciplini. El órgano de tubos fue construido a principios del siglo XX.
A la derecha del acceso principal de la iglesia hay un pasillo que conduce al osario, una sala cuadrada decorada con huesos y calaveras empotrados en las paredes hasta el techo y contenidos por mallas metálicas, y también en cornisas, sobre las pilastras y en los marcos de las puertas.
En la capilla hay un altar y un nicho con la estatua de la Madonna Addolorata (Nuestra Señora de los Dolores).
Los cráneos sobre el marco de la puerta de ingreso provienen de personas condenadas a muerte.
Los frescos del techo son obra de Sebastiano Ricci y representa «el triunfo de las almas en un vuelo de ángeles» y a Santa María, San Ambrosio de Milán, San Sebastián y San Bernardino de Siena
Cuenta la leyenda que cada 2 de noviembre, durante la celebración del Día de Muertos, una niña cuyos restos se encuentran en San Bernardino alle Ossa vuelve a la vida e invita al resto de los muertos del osario a bailar.

Si bien las diversas catacumbas de Roma son las más famosas, París no se queda atrás. En el interior de una red de galerías – que antiguamente formaban parte de una enorme mina subterránea de piedra caliza – de unos 300 kilómetros, la capital parisina aprovechó esta circunstancia en el siglo XVIII para evitar la propagación de epidemias, acumulando en estas cavidades varios millones de esqueletos humanos, formando el mayor osario de Europa.
A pesar de que solamente un kilómetro y medio de toda esa red subterránea está abierta al público – el acceso se encuentra en la Avenida del Coronel Henri Rol-Tanguy, al lado del Cementerio de Montparnasse -, el resultado de la visita no deja indiferente por sus dimensiones y espectacularidad.
La historia de las Catacumbas de París se remonta a finales del siglo XVIII, cuando debido a los graves problemas de salubridad provocados por los cementerios de la ciudad se decidió trasladar sus contenidos a un lugar subterráneo.
Las autoridades parisinas eligieron un lugar de fácil acceso, situado en la periferia de la capital: las antiguas canteras de Tombe-Issoire, bajo la Plaine de Montrouge.
Estas canteras, explotadas como mínimo desde el siglo XV y posteriormente abandonadas, son una pequeña parte del laberinto que se extiende bajo la ciudad, sobre una superficie aproximada de 800 hectáreas.
Su diseño y la organización del traslado de los esqueletos corrió a cargo de Charles-Axel Guillaumot, inspector del servicio de Inspección general de canteras de París o IGC. Este servicio, instaurado el 4 de abril de 1777 por Luis XVI, tenía como misión supervisar y unificar las canteras abandonadas, tras producirse una serie de importantes hundimientos del suelo parisino durante el siglo XVIII.

Las primeras evacuaciones tuvieron lugar entre 1785 y 1787 y afectaron al cementerio más importante de París, el Cementerio de los Santos Inocentes, clausurado en 1780, tras permanecer en uso ininterrumpidamente durante más de diez siglos.
Se vaciaron las sepulturas, las fosas comunes y los osarios y los huesos se transportaron al caer la noche para evitar las protestas de la población parisina y de la Iglesia. A continuación, los huesos se descargaron a través de dos pozos de servicio de la cantera para su posterior distribución y apilado en las galerías por los canteros.
Los traslados continuaron tras la Revolución, hasta el año 1814, con la eliminación de los cementerios parroquiales del centro de París, como San Eustaquio, San Nicolás de los Campos y el convento de los Bernardinos. Los traslados se iniciaron de nuevo en 1840, durante las obras de urbanismo de Louis-Philippe y las obras haussmannianas entre 1859 y 1860.
Es declarado «Osario municipal de París» el 7 de abril de 1786 y, es entonces cuando se apropia del término mítico de «Catacumbas», en referencia a las catacumbas de Roma, lugar que despierta gran fascinación pública desde su descubrimiento.
El osario municipal de las Catacumbas es uno de los osarios más importantes del mundo y figura en la corta lista de osarios subterráneos. Antes de su apertura al público, en 1809, el inspector Héricart de Thury lleva a cabo una reorganización decorativa y lo transforma atendiendo a una visión museográfica y monumental.
Los huesos, que hasta ese momento yacían esparcidos por doquier, se colocan cuidadosamente tomando como modelo los pequeños muros de la cantera. En la fachada, las filas de tibias se alternan con filas de cráneos, mientras que tras los paramentos se apilaron los huesos restantes, a menudo muy fragmentados como consecuencia de su caída.
Asimismo, a lo largo del recorrido, se dispusieron construcciones de albañilería de estilo antiguo y egipcio con formas de columnas dóricas, altares, cipos o sepulturas.
A determinadas zonas se les dieron nombres inspirados en la literatura religiosa o romántica y de la Antigüedad: el sarcófago de Lacrimatorio, la fuente de la Samaritana o la lámpara sepulcral, por ejemplo.
Deseoso también de aportar una dimensión educativa al recorrido, Héricart de Thury hizo construir vitrinas inspiradas en las vitrinas de curiosidades, una dedicada a la mineralogía y otra a la patología.
Esta última mostraba especímenes relacionados con las enfermedades y las deformaciones óseas según las investigaciones que el doctor Michel-Augustin Thouret llevó a cabo en 1789.
La última herramienta pedagógica es el conjunto de placas adornadas con textos religiosos y poéticos repartidas por las galerías, concebidas para sumergir al visitante en un estado de introspección y reflexión ante la muerte.

Las Catacumbas de París han sido objeto de varios estudios sobre el medio subterráneo.
Poco después de su inauguración, dos investigadores del Museo Nacional de Historia Natural mostraron un interés especial por el lugar: Jacques Maheu, botánico, estudió la flora en entornos privados de luz, y Armand Viré, espeleólogo y naturalista, puso en evidencia la existencia de crustáceos cavernícolas.
Héricart de Thury también llevó a cabo un experimento en 1813: introdujo cuatro carpas doradas en la fuente de la Samaritana; los peces sobrevivieron pero no se reprodujeron y terminaron quedándose ciegos.
En 1861, fue Félix Tournachon, más conocido por el nombre de Nadar, el que experimentó durante tres meses con la toma de imágenes con luz artificial. Como el tiempo de exposición debido a las condiciones de oscuridad era demasiado largo, el fotógrafo utilizó maniquíes para que representaran a los obreros en su entorno de trabajo.
En la actualidad, los estudios sobre las patologías continúan durante las campañas de consolidación del osario. La conservación preventiva de los huesos en un entorno subterráneo muy húmedo, el respeto de los restos humanos y la puesta en valor del patrimonio geológico, arqueológico e histórico constituyen un auténtico reto para las Catacumbas de París.
Por extensión, el término «Catacumbas París» –nombre propio atribuido a la parte de la cantera transformada en osario en XVIII– se utiliza actualmente por error para designar las canteras que recorren el subsuelo de París y, en ocasiones, rebasan los límites de la propia ciudad.

Conocidas popularmente con el nombre de Catacumbas de San Francisco, bajo una parte del suelo de Lima se abre toda una serie de bóvedas subterráneas que fueron utilizadas hasta el siglo XIX como último lugar de reposo de los huesos de los muertos de las distintas cofradías y hermandades de la ciudad.
De esta forma, bajo el complejo que forma la Basílica y Convento de San Francisco, se puede acceder a toda esta red de corredores, criptas, bóvedas y pozos en los que se han ido acomodando infinidad de huesos, instaurando uno de los más llamativos atractivos turísticos de la capital de Perú.

Corría el año de 1546, Lima tenía apenas 11 años de fundación. La Orden Franciscana inicia la construcción de lo que hoy se conoce como el Conjunto Monumental de San Francisco. Se trata de una de las joyas más representativas de la arquitectura virreynal del Perú. Los ambientes que componen el conjunto son las Iglesias de San Francisco, La Soledad y el Milagro, que con sus clautros, patios y anexos constituyen lo que en Lima se conoce como el Convento de San Francisco.
El Convento de San Francisco reúne un tesoro artístico de gran valor, que ha sido acumulado a lo largo de cuatrocientos años. El esplendor de su patio, biblioteca y salas decoradas con azulejos, tallados en madera y oleos en pan de oro contrasta enormemente con el oscuro, húmedo y misterioso ambiente que se encuentra debajo de esta edificación religiosa.
El cementerio colonial. Se tratan de las criptas de San Francisco las que han cobrado fama con el nombre de catacumbas, una serie de bóvedas subterráneas que sirvieron como antiguo cementerio en los tiempos coloniales. Funcionó como tal hasta 1810 y se calcula que en aquella época debió albergar hasta 25 mil personas.

Llama la atención de los visitantes dos pozos de casi diez metros de profundidad, llenos de huesos y cráneos humanos, que tendrían la finalidad de proteger la antigua edificación de fuertes sismos. El área total de estas criptas no se ha llegado a determinar aún y se cree posible que exista una comunicación entre sus galerías con el Palacio de Gobierno y la cercana estación de Desamparados.
Personajes. En la cripta llamada de los Venerables, reposan los restos de Fray Juan Gómez, español que llegó a Lima en 1587. Ricardo Palma lo inmortalizó en sus famosas Tradiciones Peruanas con la versión del “Alacrán de Fray Gómez”, fue enfermero de San Francisco Solano durante su larga enfermedad.
También está enterrado Fray Ramón y Tagle y Bracho, uno de los hijos de los Marqueses de Torre Tagle, quien falleció a la edad de 70 años, el 2 de Agosto de 1780 y de Fray Andrés Corso unos de los fundadores del Convento de los Descalzos en el Rímac, quien falleció el 10 de junio de 1620.
También se halla sepultado en ese lugar el Padre Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM, quien fue un famoso cantante mexicano de ópera y artista de cine de Hollywood. Él deja la vida artística e ingresa a la Orden Franciscana a la edad de 46 años, el 08 de marzo de 1942 y falleció en Lima el 20 de Septiembre de 1974.

Museo. En 1821 don José de San Martín, prohibió el uso de las catacumbas mediante un decreto, siendo clausuradas posteriormente. Sin embargo en 1950 fueron reabiertas y diariamente reciben a cientos de visitantes en la esquina de los jirones Ancash y Lampa, un lugar lleno de historia y misterio en las profundidades de las calles de Lima.
También conocido como Monasterio de la Transfiguración o Monasterio de la zarza ardiente, en griego: Μονὴ τῆς Ἁγίας Αἰκατερίνης, está situado en la boca de un cañón de difícil acceso al pie del Monte Sinaí, en Egipto. Está construido donde la tradición supone que Moisés vio la «zarza que ardía sin consumirse». Se trata de uno de los monasterios más antiguos que continúan habitados. En 2002 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La madre del emperador Constantino I el Grande, Elena de Constantinopla, mandó construir una capilla en el lugar donde según la tradición Moisés habló con Dios en el episodio bíblico de la «zarza ardiente». Posteriormente el emperador Justiniano I mandó construir un monasterio en aquel lugar, junto a la capilla mencionada.
El monasterio fue construido entre los años 527 y 565. Supuestamente la zarza que se conserva es la original, convirtiendo al monasterio en un lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas: judaismo, cristianismo e islam.

Aunque su verdadero nombre es Monasterio de la Transfiguración, es conocido también como Monasterio de Santa Catalina, recibiendo este nombre de Santa Catalina de Alejandría, una mártir cristiana que fue sentenciada a morir en la rueda de tortura.
La tradición transmitió que la rueda se rompió y que finalmente fue decapitada. Su cuerpo fue trasladado por los ángeles al Monte Sinaí y los monjes del monasterio encontraron sus restos sobre el año 800, en una gruta de la montaña, momento a partir del cual el monasterio custodió sus reliquias y se convirtió en un importante centro de peregrinación.
De acuerdo a la creencia de que en este lugar Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley, las comunidades cristianas de Santa Catalina han mantenido relaciones estrechas con el Islam desde el años 623, cuando un documento firmado por el propio Profeta, conocido como Actiname o Testamento Sagrado, eximió a los monjes del monasterio del servicio militar y del pago de impuestos, y pidió a los musulmanes que les ofrecieran ayuda y asistencia cuando la necesitaran.
Los árabes beduinos musulmanes que residen en las proximidades del Monasterio han actuado desde entonces como sus guardas y, en contrapartida, el Monasterio los mantiene.
Como respuesta a esta protección,la comunidad monástica accedió a convertir una capilla del interior de la muralla en mezquita, lo cual se realizó durante el califato Fatimida (909-1171).
Los anacoretas del Península del Sinaí fueron eliminados durante el siglo VII y sólo el monasterio perduró gracias en parte a las fortificaciones que lo protegían.
Este aún conserva los muros que servían de defensa. El acceso al interior del recinto se efectuaba hasta el siglo XX mediante una puerta elevada en el muro exterior. Las Cruzadas aumentaron el interés de los peregrinos hacia el monasterio, que se convirtió en centro de peregrinaje entre los años 1099 y 1270.
El monasterio se mantenía gracias a sus dependencias en Egipto, Palestina, Siria, Creta, Chipre y Constantinopla.

La ciudad fue abandonada en 1986 debido al accidente ocurrido en la central nuclear homónima cabe mencionar que ese fue considerado como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (accidente mayor, nivel 7), constituyendo uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.
Esta central esta situada a 14,5 kilómetros al noroeste de la ciudad. La central nuclear se encontraba en la región de Chernóbil, pero la ciudad y la planta no estaban directamente relacionadas: al mismo tiempo que se construía la planta, se construyó la ciudad de Prípiat para los trabajadores de la central.
Las casas aún habitadas no son muy diferentes de las desocupadas, y sus escasos habitantes usan símbolos para avisar que “el dueño de esta casa vive aquí”. Asimismo, los vigilantes y el personal administrativo de la zona de exclusión están hospedados en el extremo de la ciudad más distante a la central.
Antes del accidente, vivían 14.000 residentes en la ciudad.

Un marine code talker navajo no identificado
L.B.V.(J.Alvarez) — A veces parece que existieran realmente esos dioses olímpicos que, según la mitología griega, jugaban con las vidas de los humanos en función de sus caprichos. En ese sentido, probablemente Joe Kieyoomia no sabía quiénes eran las Moiras, pero sufrió como nadie sus tejemanejes con los hilos de la vida, pues la suya fue dramática como la película más tremendista que pudiera hacerse: prisionero de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial y encerrado en un calabozo cuyos gruesos muros, irónicamente, le salvaron la vida en agosto de 1945; la celda estaba, sí, en la ciudad de Nagasaki, donde se lanzó la segunda bomba atómica.
Joe había nacido en 1919 en el estado norteamericano de Nuevo México. No era anglosajón sino navajo, el pueblo indígena con más habitantes del país, repartidos también por Arizona, Utah y Colorado, formando la denominada Naabeehó Bináhásdzo o Nación Navajo. Se trata de una gran reserva de setenta y un mil kilómetros cuadrados que se creó en 1868, ampliándose varias veces desde entonces, con instituciones y gobierno propio -aunque sometido al federal-, en la que viven más de trescientas mil personas.

Área de la Nación Navajo
Los navajos hablan un idioma perteneciente al grupo atapascano, conjunto de lenguas que se extiende por dos grandes áreas muy separadas entre sí: una, la zona reseñada, que incluye también las seis hablas apaches y la kiowa; la otra, el tercio noroeste de Canadá (de donde proceden los navajos, pues no llegaron a EEUU hasta el siglo XIII), con algunos puntos concretos más en la costa de California y Oregón.
El navajo concretamente, denominado diné bizaad, fue elegido durante la Segunda Guerra Mundial para codificar mensajes por su compleja gramática y su dificultad fonética, que sólo quedaban al alcance de alguien habituado a practicarlo desde niño. Algo que parecía enormemente interesante para encriptar los mensajes militares en el frente y por eso lo propuso un ingeniero civil en labores de encriptador, Philip Johnson. En efecto, resultó tan eficaz que nunca pudo ser descifrado por el enemigo.
En realidad, los navajos son los que se han llevado la fama gracias a una película (Windtalkers, 2002), pero el uso de su idioma se decidió gracias al buen resultado obtenido en la Primera Guerra Mundial con las lenguas cherokee y choctaw, razón por la que en la siguiente se añadieron también las de otros pueblos, como los comanches, hopi, meskwaki, lakotas assiniboine, mohauk, tlingit, crows, crees y semínolas (estos dos últimos hablaban el mismo idioma, el muskogee); asimismo, los canadienses recurrieron al cree.
Ahora bien, si aquí nos interesa sólo el navajo es por la figura del sargento Joe Lee Kieyoomia. Más concretamente, desde que fue reclutado para el 200º de Artillería Costera y destinado a Filipinas, archipiélago que cayó en manos japonesas a principios de junio de 1942, tras ser tomadas las islas de Luzón y Corregidor, provocando también la rendición de Bisayas y Mindanao.

Prisioneros Aliados durante la Marcha de la Muerte
De pronto, los nipones se encontraron sin saber qué hacer con los más de setenta y cinco mil prisioneros capturados, que triplicaban el número que esperaban y no se había previsto la consiguiente logística para atenderlos.
En un primer momento fueron reunidos en la península de Bataán, que cierra la bahía de Manila, pero hacía falta buscar una solución.
Finalmente se decidió enviarlos a un campo de concentración situado a un centenar de kilómetros, en la provincia de Tarlac: Campo O’Donnell.
Aquel trayecto se realizó en condiciones terribles, con los prisioneros agotados y hambrientos, pues los primeros tres días no recibieron comida y sólo podían beber de los charcos, y luego sólo les dieron una taza de arroz con gorgojos. Pero, además, eran maltratados por los soldados, que no dudaban en golpear o incluso atravesar con sus bayonetas a los que no podían seguir, al despreciarlos por haberse rendido en vez de luchar hasta el final. Atrás habían quedado medio centenar de oficiales filipinos, ejecutados sumariamente.
Una primera parada en San Fernando sirvió para recuperar exiguas fuerzas, aunque muchos fueron falleciendo por no poder recuperarse o murieron de las epidemias que se extendieron. El siguiente tramo hasta Capas se hizo en tren pero eso no significó una mejora, pues los vagones iban saturados y al llegar todavía hubo que caminar nueve kilómetros más hasta el campo. Las bajas mortales totales sumaron casi diez mil, de ahí que aquel episodio fuera bautizado como la Marcha de la Muerte de Bataán.
Muchos de aquellos infortunados todavía tuvieron que soportar un epílogo de horror en lo que se conoció como Barcos del Infierno. Eran los buques de transporte (cargueros, transatlánticos…) que la Armada Imperial Japonesa utilizaba para el traslado de prisioneros de guerra y romushas (trabajadores asiáticos forzados) en el Sudeste Asiático. Los cautivos eran hacinados en las bodegas, sin apenas ventilación, comida, agua ni casi aire. Una quincena de esos barcos se hicieron tristemente célebres, caso del Arisan Maru o el Oryoku Maru entre otros, porque se hundieron con su carga humana tras ser torpedeados o alcanzados por la aviación.
Joe Kieyoomia fue uno de los supervivientes de aquel doble infierno, la marcha y la travesía marítima, puesto que finalmente fue enviado al campo de Matishima, situado a unos nueve kilómetros al sur de Nagasaki, en el extremo sudoccidental de la isla Kyūshū. Así llegó a archipiélago japonés, donde se le encerró en una prisión. Seguramente creyó que ya había pasado lo peor y podría respirar. Se equivocaba; para él, todavía faltaban una tercera parte y un tremebundo epílogo.

Reclutamiento de navajos para servir como decodificadores en el 29º de Marines
Su aspecto físico no era filipino ni blanco, claro, y aunque explicó que era estadounidense, sus captores le tomaron por un nikkei amerikajin, es decir, un norteamericano de origen japonés; viendo sus pocas fotos hay que admitir que verdaderamente podría pasar por nipón. Se llamaba issei (=primera generación) a los nacidos en Japón y emigrados a América, siendo sus hijos los nisei (segunda generación) y sus nietos los sansei (tercera generación), sumando cerca de ciento veinte mil individuos en EEUU.
Lo cierto es que, al estallar la guerra, los nikkei amerikajin fueron recluidos en campos de concentración por ser considerados potencialmente sospechosos, de manera que familias enteras pasaron por esa «violación de sus libertades civiles básicas y derechos constitucionales», como reconocería la Civil Liberties Act en 1988. Y los nipones pensaron que el hecho de que Joe estuviera libre y en el ejército respondía a que era un renegado contra los suyos. Así, durante varios meses recibió un trato especialmente duro, hasta que por fin se convencieron de que en verdad no era un nikkei sino un indio navajo.
Lamentablemente, eso significó para él saltar de la sartén al fuego porque entonces le exigieron que transcribiera los códigos cifrados en su idioma. Para entonces, la línea de frente se acercaba peligrosamente a sus islas y, de hecho, los navajos jugaron un papel importante en la conquista de Iwo Jima, así que los japoneses ya se habían enterado de que el enemigo recurría a ese truco para encriptar sus mensajes. Disponer de un prisionero de ese pueblo parecía, a priori, una afortunada casualidad, por eso un día recibió una visita de dos mujeres que le escribieron dos palabras navajo en inglés para comprobar si las sabía leer, como así fue.
Pero había un problema. Al inicio de la contienda el número de navajos que podían entender el idioma con soltura suficiente como para trabajar en los mensajes cifrados no pasaba de una treintena de personas. Fue necesario reclutar a dos centenares y entrenarlos en Camp Pendelton (California) hasta que fueron capaces de descifrar textos en medio minuto; todo un éxito, puesto que con las máquinas el trabajo solía llevar media hora. Lo malo era que no bastaba con hablar esa lengua -que originalmente era solo oral, sin poseer versión escrita-, ya que había muchas palabras y expresiones modernas que no tenían traducción a un lenguaje primitivo.

Tres marines en Saipán; dos de ellos son decodificadores navajos
Por eso se empleaban metáforas que únicamente los expertos decodificadores sabían interpretar. Para ello no quedó más remedio que elaborar un alfabeto fonético que deletrease las palabras de la terminología militar letra por letra y aún así era demasiado farragoso, por lo cual se optó por recurrir directamente a vocabulario navajo en clave, como decíamos, metafórica, que los decodificadores debían aprenderse de memoria.
Por ejemplo, para aludir a un destructor se usaba tiburón o para referirse a un teniente coronel se decía hoja de roble plateado. Por tanto, un no iniciado se encontraría con una retahila de nombres y verbos sin aparente orden ni concierto, siendo incapaz de darle sentido al mensaje. Fue lo que le ocurrió a Joe. Transcribió los mensajes pero sin que sirvieran para nada, pues él era un simple artillero y no había sido adiestrado para interpretarlos (aparte de que le reclutaron antes de desarrollar el código).
Lamentablemente, no convenció a los japoneses, quienes pensaron que estaba tomándoles el pelo y, en consecuencia, le sometieron a nuevos castigos; entre ellos, enterrarlo en nieve hasta la cintura a tres grados bajo cero. Cuando le levantaron el castigo una hora más tarde, las plantas congeladas de sus pies se habían quedado pegadas al suelo y al arrancarlas se dejó allí la piel.
El cautiverio de Joe duraba ya tres años cuando llegó el 9 de agosto de 1945. Tres días antes algo extraordinario y terrible había pasado en Hiroshima: tal como confirmó unas horas después el presidente de EEUU, Harry S. Truman, la ciudad fue arrasada por la explosión de la primera bomba atómica usada en un ataque real y amenazaba con repetir si Japón no se rendía. La prensa nipona informaba del siniestro hongo nuclear y la devastación generada en unos doce kilómetros cuadrados, pero no estaba claro el número de víctimas; lo que sí se confirmaba era que el ministro de exteriores soviético anunciaba en Tokio el fin del Pacto de Neutralidad y declaraba también la guerra, lanzando una ofensiva contra Manchuria.

Nagasaki antes y después de la explosión de la bomba atómica
Japón estaba barajando las condiciones para negociar una rendición cuando sonaron las alarmas antiaéreas en Nagasaki. Al contrario que Hiroshima, era un puerto importante, con astilleros, y además allí se ubicaba la fábrica de Mitsubishi, fundamental para la fuerza aérea japonesa, por lo que ya había sufrido bombardeos antes. Aún así, no estaba previsto que la segunda bomba atómica se lanzara allí sino en Kokura, pero el cielo nublado sobre ésta decidió a la tripulación del B-29 Bockscar a elegir el segundo objetivo previsto.
La siniestra carga salió del avión a las once de la mañana y explotó medio minuto más tarde desviada unos tres kilómetros del punto previsto. Pese a ello, entre treinta y cuarenta mil personas fallecieron instantáneamente, la mayoría obreros pero incluyendo miles de trabajadores forzados coreanos. Joe Kieyoomia podría haber sido uno más, ya que su prisión estaba también allí. Sin embargo, los gruesos muros de hormigón de su celda le salvaron la vida; o, al menos, de eso estaba convencido.
Lo cierto es que la destrucción fue mayor en el hipocentro de la explosión porque la bomba era más potente que la de Hiroshima. Pero, al estallar entre las laderas del valle de Urakami, éstas amortiguaron en parte la onda expansiva y las colinas sirvieron de protección. Además, si bien hubo incendios y muchas casas eran de madera, Nagasaki no tenía depósitos de combustible que generasen las gravísimas tormentas de fuego que sufrió Hiroshima; tampoco hubo lluvia negra, limitando los efectos de la radiación sobre los supervivientes.
Hablando de ellos, Joe Kieyoomia no era el único prisionero aliado en la ciudad ni se salvó sólo él. Auque entre los fallecidos figuraban siete holandeses y un piloto británico, veinticuatro australianos también se libraron. Además, aquello sí supuso el final de sus desdichas, pues en medio del caos y a pesar de que el operativo de salvamento -hospital de campaña, brigadas de bomberos- comenzó esa misma tarde (gracias a que los ferrocarriles seguían funcionando), Joe explicó luego que se olvidaron de él y no fue hasta tres días después que un oficial japonés le liberó.
Con un discurso del emperador Hirohito retransmitido por radio a todo el país, Japón se rindió el 14 de agosto. Eso suponía el final de la Segunda Guerra Mundial, así que Joe fue repatriado a EEUU, donde pasó por varios hospitales para recuperarse de sus heridas, la desnutrición y la disentería. Recibió dos condecoraciones: el Corazón Púrpura y la Medalla del Prisionero de Guerra (creada por Ronald Reagan en 1985 con efectos retroactivos).
En 1949 regresó a la reserva y allí rehizo su vida post-bélica, dedicándose profesionalmente a elaborar joyería. Asimismo, contrajo matrimonio con Lita Mae, con quien tuvo tres hijos (Ronald, Joey y Wanda)… y no pareció manifestar efectos secundarios de su impactante experiencia porque vivió cincuenta y dos años más, hasta el 17 de febrero de 1997.

lavozdigital.es(M.P.Villatoro) — El joven Alphonse, más conocido como el Marqués de Sade, lo tenía todo: alto, robusto, bien parecido, rico, de noble cuna y culto. Podría haber pasado a la historia como un ilustrado de pluma cautivadora y prosa elevada. Sin embargo, por alguna razón que los expertos no llegan a comprender, su camino se torció y acabó perseguido por las autoridades acusado de perpetrar prácticas sexuales sadomasoquistas (bautizadas así, un siglo después, en su nombre).
Desde entonces fueron muchos los enemigos que soñaron con que pasara su vida entre rejas, aunque ninguno de ellos lo intentó de una forma tan intensa como su suegra, a la que este controvertido personaje dedicó una carta de odio visceral desde prisión una vez que fue capturado.
Donatien Alphonse François de Sade vino al mundo en junio de 1740 y, a pesar de pertenecer a una poderosa familia de la nobleza francesa, no gozó de una infancia sencilla. Con un padre ausente (pues su trabajo como diplomático le obligaba a estar lejos de su familia), el futuro Marqués de Sade pasó de mano en mano a los cuatro años, cuando su madre le abandonó para hacerse monja.
Una década después accedió a la academia militar, donde fue nombrado oficial y dirigido hasta los campos de batalla. Ya adolescente, volvió hastiado de la guerra y decidió que, como buen aristócrata que era, dedicaría su vida a leer, escribir y culturizarse.

Al menos así se lo expuso a su familia. Se le olvidó explicar, en cambio, que la mecha de la depravación había prendido en su interior. A partir de entonces, la vida del joven Alphonse estuvo marcada por las juergas, las orgías, las seducciones, el sexo violento y la sodomía con mujeres y hombres de todas las edades.
Estas excentricidades, unidas al interés económico, hicieron que su padre le concertara un matrimonio con una joven de una familia burguesa adinerada, pero que carecía de títulos. ¿Qué mejor forma de enderezarle y, además, ganarse unas monedas?
Pero fue en balde. Sus continuas perversiones, entre ellas las perpetradas en el «Caso de Marsella» (donde fua acusado de drogar a varias chicas para llevar a cabo «actos contra natura») o el martirio sexual de una mendiga, le granjearon ser perseguido por las autoridades y transformarse en un proscrito. Así se convirtió en el personaje que describió la escritora Simone de Beauvoir en el siglo XX:
«Imperioso, colérico, impulsivo, exagerado en todo, con un desorden en la imaginación, en lo que atañe a las costumbres, como no hubo semejante; ateo hasta el fanatismo, heme aquí en dos palabras, y algo más todavía, matadme o aceptadme cual soy, pero no cambiéis».
Sade fue capturado en 1777. Con 37 años y una extensísima lista de depravaciones tras de sí, el rey dio órdenes directas de que fuese encarcelado. No se abrió ninguna causa contra él; tampoco hubo un juicio previo. Fue lanzado, sencillamente, a una jaula.
Aunque no tanto por sus perversiones sexuales, algo habitual en mayor o menor grado entre la nobleza de la época, sino por su falta de discreción. Las 13 primaveras siguientes las pasó en tres lugares diferentes: el Chateau de Vincennes, la mitificada prisión de La Bastilla (a partir de 1784) y, cuando la tensión revolucionaria obligó a las autoridades a trasladarle, un sanatorio mental ubicado en la comuna de Charenton.
No se puede decir que perdiera el tiempo cuando se hallaba entre rejas. Con el apoyo de su esposa, que le hacía llegar comida y libros a decenas, durante los dos primeros años se dedicó a leer las obras de autores como Voltaire, Virgilio o Montaigne.
Sus temas predilectos, como buen ilustrado, eran la historia y la filosofía. Pero su pasatiempo favorito siempre fue escribir. En Vincennes dio forma, por ejemplo, al «Diálogo entre un sacerdote y un moribundo», una suerte de alegato en favor del ateísmo. Aunque también al más popular «Las 120 jornadas de Sodoma», un libro de corte sexual, como quedaba claro en sus primeras páginas al describir al protagonista: «El duque se había habituado a la sodomía pasiva, y soportaba los ataques con el mismo vigor con el que los devolvía activamente».
Entre libro y libro, el Marqués de Sade dejaba siempre un rato para escribir cartas en las que se despachaba a discreción contra sus enemigos. Y no tenía uno mayor que su suegra, Madame de Montreuil, obsesionada con acabar de una vez con el matrimonio de su hija y definida por los historiadores como rencorosa y vengativa. Tras haberle salvado el cuello en varias ocasiones, se convirtió en su particular némesis.

Ejemplos los hubo a cientos: le persiguió cuando escapó de las autoridades en Marsella, intervino para que fuese juzgado por «desenfreno y pederastia» y, entre otras tantas cosas, insistió en que se revisaran una y otra vez las causas pendientes contra él.
La última de sus tropelías fue la peor: engañarle para que se creyera a salvo y los agentes pudieran capturarlo.
Su propia hija llegó a admitir que destilaba un odio visceral contra Alphonse: «No es un criminal a quien ella persigue, sino un hombre a quien ella considera rebelde a sus órdenes y voluntades».
En parte llevaba razón, aunque también influyó que Madame de Montreuil hubiera aceptado casarla con Sade para disfrutar de su título de noble y subir varios peldaños en el escalafón social. Que se relacionara a su familia, burguesa y rica, con un depravado de tal calibre no le beneficiaba en absoluto.
En todo caso, lo que está claro es que el aborrecimiento era mutuo, como demuestra la carta que, desde el Chateau de Vincennes, escribió el marqués en 1783 (poco antes de ser trasladado a La Bastilla) a «a los estúpidos malvados que me atormentan»:
«En Vincennes.
Viles esbirros de los vendedores de atún de Aix, rastreros e infames sirvientes de los torturadores, a ver si inventáis para mí torturas de las que pueda resultar al menos algún bien. ¿Cuál es el efecto de la inacción en la que vuestra ceguera espiritual me mantiene, salvo maldecir y lacerar a la indigna alcahueta que con tanta mezquindad se las ingenió para venderme a vosotros? Como ya no puedo leer ni escribir más, esta es la centésima undécima tortura que invento para ella. Esta mañana, mientras yo sufría, la vi, a la ramera, la vi desollada en vida, arrastrada sobre cardos y, por último, arrojada a un barril de vinagre. Y le dije:
¡Execrable criatura, esto por vender a tu hijo político a los torturadores!
¡Toma, alcahueta, esto por poner en alquiler a tus dos hijas!
¡Toma, esto por haber arruinado y deshonrado a tu yerno!
¡Toma, esto por hacerle odiar a los hijos por cuya causa se supone que le has sacrificado!
¡Toma, esto por haber destrozado los mejores años de su vida cuando tú eras la única que podía ayudarlo después de su condena!
¡Toma, esto por haber preferido, antes que a él, a los viles y detestables descendientes de tu hija!
¡Toma, esto por toda la maldad con la que lo has abrumado durante trece años, con la intención de hacerle pagar por tus estupideces!
E incrementé sus torturas y la insulté en su dolor, y olvidé el mío.
Se me cae la pluma de la mano, debo sufrir. Adieu torturadores; os tengo que maldecir».

Si hubo alguien a quien venció Sade, esa fue a su suegra.
Caída la Bastilla, y con la llegada de la Revolución Francesa, el marqués fue liberado después de que el nuevo gobierno anulara todas las condenas ordenadas por el monarca en las que no hubiera habido un juicio.
Aunque es seguro que la buena señora se hubiera relamido de gozo al conocer como acabó sus últimos días…
Alphonse malvivió con una actriz acechado siempre por los dos bandos que se disputaban el poder. Los unos, más conservadores, le consideraban un depravado libertino; los otros, revolucionarios hasta el extremo, le acusaban de pertenecer a la nobleza. Y eso, a pesar de que trabajó para el nuevo sistema. De esta forma lo dejó claro él mismo:
«No estoy, en realidad, a favor de ningún partido y soy un compuesto de todos ellos. Soy anti-jacobino; los odio a muerte. Adoro al rey, pero detesto los antiguos abusos; amo un gran número de artículos de la constitución, pero otros me revuelven. Quiero que se devuelva a la nobleza su esplendor porque quitárselo no conduce a nada; quiero que el rey sea el jefe de la nación; no quiero Asamblea Nacional sino dos cámaras como en Inglaterra, para que el rey posea una autoridad mitigada, equilibrada por el concurso de una nación necesariamente dividida en dos órdenes (el tercero es inútil, yo lo suprimiría). He ahí mi profesión de fe. ¿Qué soy en la actualidad? ¿Aristócrata o demócrata? Vos me lo diréis, si os place… porque yo no lo sé»
Al final, y como cabía esperar, fue encerrado de nuevo en 1801 en un manicomio. Desde allí escribió al mismo Napoleón pidiendo clemencia.
«El señor de Sade, padre de familia, en el seno de la cual ve para su consuelo a un hijo distinguido en los ejércitos, arrastra desde hace nueve años, en tres prisiones consecutivas, la más desgraciada vida de este mundo. Septuagenario, casi ciego, abrumado de gota y de reumatismos en el pecho y el estómago que le hacen sufrir horribles dolores».
No funcionó. El Sire, que afirmó haber leído en una de las novelas de Sade «el libro más abominable que haya concebido la imaginación más depravada», le mantuvo preso. Con Luis XVIII tuvo igual suerte. Falleció el 2 de diciembre de 1814 en el manicomio de Charenton.
Su cuerpo fue enterrado bajo el más estricto secreto por uno de sus hijos; el mismo, por cierto, que quemó todos los manuscritos sin publicar que su padre guardaba celosamente en su celda. Así terminó la vida de este curioso y controvertido personaje. Del pequeño Alphonse al que, un día, su madre había abandonado y del que su padre no pudo hacerse cargo. Pero el mismo adulto que se había dejado llevar por su voracidad sexual.