El Correo(J.M.G.Bautista) — El cruel destino a veces nos juega malas pasadas y tal vez ese “gran rey del terror” que vendrá del cielo y provocará el caos en la Tierra no esté tan encriptado como todos creen que nos dejó sentenciado el ya célebre Michel de Nostradame.
Actualmente uno de los mayores y más ignorados peligros que amenaza a la Tierra, junto con el propio egoismo, vanidad y capacidad de destrucción humana, proviene del cielo, de fuera de nuestro planeta azul…
Viajeros espaciales incansables en un infatigable camino por el Universo infinito, esos viajeros son los asteroides, errantes masas rocosas de mayor o menor tamaño que en cualquiera de los casos suponen un peligro potencial en caso de impacto directo con nuestro planeta.
Muchos científicos los califican como “los peligros del siglo XXI” y no les falta razón, muchos ya nos han pasado relativamente cerca como el famoso “Toutatis”.
El 1997XF11 dio el susto en 1998, con un diámetro de apenas 2 kilómetros no fue advertido hasta que se encontraba muy cerca de la Tierra, en un principio se calculó que podría impactar el 26 de Octubre de 2028, según cálculos de recreación informática, los valores fueron retomados y rectificados y el nuevo cálculo arrojo un valor más prometedor, pasaría a 1.150.000 kms…
Se respiró con alivio pero los científicos advirtieron: “la posibilidad de choque aún no está descartada…” El “Apophis” amenaza nuestro planeta para el 2019…
El 1997XF11 dio el susto en 1998
Las consecuencias de un choque entre nuestro planeta y un asteroide de estas características sería fatal…
La potencia que liberaría sería el equivalente a dos millones de bombas atómicas como las detonadas durante la IIª. Guerra Mundial.
El asteroide Apophis pasará cercano a la Tierra en el 2029 y la colisión no está descartada, así lo manifestó Alberto Celino, del Observatorio de Turín (Italia).
El científico dijo: “Podemos descartar una colisión en el próximo acercamiento más cercano con la Tierra, pero entonces la órbita cambiará de una manera que no es totalmente predecible en este momento, por lo que no podemos predecir el comportamiento en una escala de tiempo más larga”, teniendo en cuenta que la estimación es que pasará a sólo 30.000 kilómetros de nuestro planeta y no se sabe cómo le afectará la gravedad. Un impacto con el Apophis puede acabar con la vida en la Tierra“.
Alan Harris, investigador del Jet Propulsion Laboratory (JET), informó: “No hay asteroides conocidos en un cierto curso de colisión. Pero como las órbitas son conocidas imperfectamente, hay algunas que tienen una baja probabilidad de impacto en un futuro lejano, pero en la actualidad ninguno de los asteroides conocidos tiene una probabilidad de impacto que exceda la posibilidad de que un asteroide no descubierto del mismo tamaño golpee la Tierra en algún momento entre ahora y la posible fecha de impacto del objeto imperfectamente conocido”.
El científico añadió: “Apophis tiene una calificación en la escala de Palermo de alrededor de menos tres, por lo que aunque no podemos descartar un impacto en el futuro, es aproximadamente mil veces menos probable que un impacto al azar en el mismo intervalo de tiempo. Debido a un cierre, pero no impactante, paso por la Tierra, existen numerosas trayectorias de impacto posibles más allá de eso, pero todas son de muy baja probabilidad”.
El asteroide Apophis tiene 370 metros de diámetro y el impacto se calcula en 2029 en caso de producirse.
Muchas son las investigaciones que se están realizando, por diferentes observatorios y universidades, sobre un posible impacto de un meteorito contra la Tierra, el asteroide del “Juicio Final”, aquel que ejecutará el tan temido Apocalipsis.
Pese a que se sabe que en el Universo hay miles de fragmentos de roca, de muy diferentes tamaños, la caída sobre nuestro planeta de uno superior a un kilómetro podría suponer un auténtico fin del mundo, similar al que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años en la zona de Yucatán, de hecho hay modelos informáticos que recrean toda la acción de cómo serían los últimos instantes en nuestro planeta.
El asteroide Apophis
Ha sido un grupo de científicos los que se han centrado en estudiar el impacto del asteroide 1950 DA, un impacto provocaría cataclismos en la Tierra de considerables proporciones. La explosión inicial sería equivalente a 44,8 millones de megatones de una bomba atómica, el equivalente a 2,5 millones de veces la potencia de la explosión atómica que destruyó la ciudad de Hiroshima.
El asteroide 1950 DA viaja a 54.000 kilómetros por hora, 15 kilómetros por segundo, y se dirige en rumbo de colisión contra la Tierra. El impacto se producirá el 16 de marzo de 2880 aunque se espera que cambie de trayectoria.
Cada vez la Ciencia avanza más para desvelar los muchos secretos que tiene nuestro Universo y los peligros que nos acechan. Uno de los más temidos -y de los que más se ha llevado al cine- es la posible caída sobre la Tierra de un meteorito apocalíptico. Quizás, debido a ello, la NASA ha redoblado sus esfuerzos y con la misión NEOWISE se trata de etiquetar asteroides potencialmente peligrosos.
Ha sido en el marco de una pasada misión espacial de vigilancia donde se han logrado avistar ocho objetos que pasarán cera de la Tierra y que son de tal categoría en función de su tamaño y por su órbita que hace que se acerquen a la Tierra de modo preocupante.
NEOWISE ha detectado cometas y restos de cometas así como asteroides, los llamados Objetos Cercanos a la Tierra (NEOs): “Mediante el estudio de la distribución de material oscuro y brillante, los datos de NEOWISE nos dan una mejor compresión de los orígenes de los NEO, originados por procesos diferentes en partes del cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, o de las poblaciones de cometas más helados”, afirmada James Farmer, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California (Estados Unidos).
Amy Mainzer, del Laboratorio de Propulsión a Chorro, también comentaba: “NEOWISE descubre objetos grandes y oscuros, cercanos a la Tierra, y complementa nuestra red de telescopios terrestres que operan en longitudes de onda de luz visible. En promedio, estos objetos tienen varios centros de metros de diámetro”.
Así podrían denominarse, como ‘asteroides del fin del mundo’, dada la peligrosidad que suponen si impactaran contra la Tierra, todos ellos han sido descubiertos a lo largo de los años 2010 a 2017.
El asteroide 1950 DA
Una de las mayores preocupaciones del ser humano es poder conocer aquellos objetos celestes que pudieran ocasionar una hecatombe mundial, incluso el fin de la especie humana como ya sucediera con los dinosaurios hace 65 millones de años. Cada vez son más sofisticados los instrumentos diseñados para su localización, y cada vez son descubiertos un mayor número de asteroides peligrosos para nuestro planeta.
Ha sido la misión NEOWISE (NASA) que ha descubierto 40 objetos próximos a la Tierra, ocho de ellos clasificados como potencialmente peligroso (PHA) debido a su tamaño y órbitas que los acercarían a nuestro planeta.
Igualmente se han etiquetado otros 245 objetos previamente conocidos, descubrió tres cometas nuevos y observó treinta y dos, uno de ellos el reciente Lovejoy o C2014Q2, el cometa más brillante.
NEOWISE es un telescopio espacial de la NASA dedicado a buscar asteroides y cometas. Tiene la capacidad de ver la luz infrarroja que permite ‘observa’ la huella térmica de los asteroides, ello posibilita que se conozca con más exactitud sus dimensiones. Los datos se relacionan, y combinan, con un telescopio óptico de luz visible. Todo ello ayuda a los científicos a conocer mejor la composición de los objetos observados.
Uno de los terrores de nuestra Humanidad es la llegada de un “visitante” rocoso del Universo y que colisione contra la Tierra; el mismo fin que tuvieron los dinosaurios y que originó la vida ancestral de la especie humana podría estar reservado al propio ser humano.
Así la NASA confirmó que un asteroide, de un tamaño suficiente como para aniquiliar la Tierra, se encuentra en rumbo de colisión teniendo como fecha de impacto el mes de marzo del año 2080.
No es la primera información al respecto que sirve la Agencia Espacial estadounidense pues ha identificado cerca de 10.000 objetos susceptibles de colisionar contra nuestro planeta entre asteroides y cometas.
De esos 10.000 objetos peligrosos sólo un 10% tienen un tamaño peligroso para la vida si impactara con la Tierra.
E asteroide identificado como 1950 DA podría colisionar con la Tierra el 16 de marzo 2080 con una probabilidad máxima de 1 en 300. Con “tanto” tiempo por delante es posible que cualquier factor desvíe al asteroide y no quede más que en una falsa alarma o que el llamado “efecto Yarkovsky” lo varie de rumbo y que es una fuerza pequeña pero importante que actúa sobre los asteroides, creado por la emisión térmica.
La potencia de impacto sería el equivalente a medio millón de megatones y devastaría un radio de 160 kilómetros a la redonda creando además una nube de polvo atmosférico, y efectos secundarios por los residuos. El sol quedaría cubierto y su efecto sería muy grave sobre la vida en el planeta.
Si impactara en alguno de nuestros océanos levantaría una ola de varios miles de metros de altura, una mega Tsunami (ola gigante) que nos arrasaría. La devastación sería total y se produciría el equivalente a un “invierno termonuclear” en el que perecerían casi todas las criaturas vivas que hoy lo pueblan.
Una nube de polvo cubriría de partículas nuestra atmósfera produciendo una oscuridad total, los rayos solares no pasarían, el calor se perdería así como las cosechas, los alimentos, la cadena alimenticia y el hombre.
Clark Chapman del Instituto Científico de San Antonio afirmó que “podría estar acercándose un asteroide mortal para nuestra Humanidad en estos momentos y no nos daríamos cuenta…”
Prueba de ello es el asteroide 1989FC de 500 metros de diámetro y un peso aproximado de 50000 millones de toneladas de peso que viajaba a 70000 kms/h y que pasó por el mismo punto en el espacio que la Tierra con una diferencia de sólo 6 horas…
¡Casi en rumbo de colisión sin ser detectado!
Actualmente existe una escala denominada como la “Escala de Turín” en la que con valores del 0 al 10 se puntúa la probabilidad de impacto de uno de estos errante cuerpos espaciales, el valor 10 simboliza el daño total con una probabilidad de intervalo mayor de 100000 años.
Algunos de los últimos asteroides descubiertos son el 2002NY40 y 2002NT7, ambos de dimensiones capaces de provocar una catástrofe más que probable.
El primer asteroide es sólo ligeramente menor que el Hermes, que también se acercó en 1937, aunque a una distancia mayor: aproximadamente de 700.000 kilómetros y su máximo acercamiento lo realizó a la con nuestro planeta el 19 de Agosto de 2002 pudiendo ser contemplado “nítidamente” con unos simples prismáticos, de haber chocado hubiera liberado el equivalente a una explosión de 200.000 megatones de TNT, doscientas veces más que la suma de todo el arsenal nuclear del mundo.
Incluso al segundo de ello se le llegó a poner fecha de impacto con la Tierra: el 1 de Febrero del 2019… Afortunadamente se reevaluaron los cálculos y la probabilidad de impacto se vio disminuida en una contra seis millones.
Pero no por ello hemos de dejar de preocuparnos, el peligro puede llegar desde fuera, desde el espacio, desde los confines del Universo y mañana puede ser tarde para reaccionar.
La Sociedad Astronómica de España y América llamó a la calma y ha afirmó tranquilizadoramente que «lo más probable es que la historia de la Humanidad siga teniendo otras amenazas de supervivencia, más preocupantes por su mayor frecuencia, y que en los próximos 1000 años no suceda casi nada por causa de los meteoritos».
Aunque esta afirmación no la pueden sostener con seguridad…
L.B.V.(G.Carvajal) — Los sorprendentes resultados de una investigación de una década realizada por Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato proporcionan una sólida base para avanzar en el proyecto de investigación del ADN de Leonardo da Vinci.
Su extenso estudio, publicado por la revista Human Evolution (Pontecorboli Editore, Florencia), documenta con nueva certeza la línea masculina continua, de padre a hijo, de la familia Da Vinci (más tarde Vinci), desde el progenitor Michele (nacido en 1331) hasta el nieto Leonardo (sexta generación, nacido en 1452) y hasta hoy – 21 generaciones en total, incluyendo cinco ramas familiares – e identifica 14 descendientes vivos.
Los investigadores Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato con el árbol genealógico
La obra colma las lagunas y corrige los errores de anteriores investigaciones genealógicas sobre la familia de Leonardo, al tiempo que ofrece nuevos descubrimientos y actualizaciones del árbol genealógico.
Este texto profundiza y amplía enormemente el descubrimiento anunciado en Vinci, Italia, en 2016 por los mismos Vezzosi y Sabato de numerosos descendientes vivos pero indirectos, incluyendo sólo dos varones en línea directa, hasta la 19ª generación, de una sola rama de la familia Vinci.
También proporciona por primera vez los datos documentales y las fuentes de información a lo largo de siete siglos hasta el registro actual, y se está trabajando en otras ramas familiares.
El propio Leonardo tuvo al menos 22 hermanastros, pero ningún hijo; un nuevo documento inédito demuestra que Paolo di Leonardo da Vinci da Firenze fue un caso de homonimia.
Las cinco ramas de la familia se remontan al padre de Leonardo, ser Piero (5ª generación), y al hermanastro Domenico (6ª). Desde la 15ª generación, se han recogido datos de más de 225 individuos. El estudio, con la colaboración de los descendientes vivos, contribuye a la labor de la Asociación del Patrimonio de Leonardo Da Vinci.
Los investigadores Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato han documentado 21 generaciones de la familia de Leonardo Da Vinci que abarcan 690 años y han identificado 14 descendientes varones vivos de la familia
Esta extraordinaria y autorizada investigación genealógica de 690 años es fundamental para el trabajo científico afiliado que Vezzosi y Sabato tienen en marcha con el proyecto internacional de ADN de Leonardo da Vinci, apoyado por la Fundación Richard Lounsbery.
En el proyecto participan el Instituto J. Craig Venter de La Jolla (California) y otras universidades y centros de investigación de alto nivel, como el Departamento de Biología de la Universidad de Florencia, dirigido por David Caramelli.
Se sabe que el cromosoma Y, que se transmite a los descendientes masculinos, permanece casi inalterado durante 25 generaciones.
La comparación del cromosoma Y de los parientes masculinos actuales con el de sus antepasados en los enterramientos antiguos y modernos permitiría verificar la línea familiar ininterrumpida y certificar el marcador del cromosoma Y del propio Leonardo.
Una vez que se confirme el ADN de Leonardo, se podrán estudiar las razones de su genialidad, información sobre el origen geográfico de sus padres, su destreza física, el envejecimiento prematuro, la zurdera, la dieta, la salud y las enfermedades hereditarias, así como su extraordinaria visión, sinestesia y otras percepciones sensoriales.
La comparación de los datos biológicos también podría ayudar a verificar la autenticidad de las obras de arte y los materiales manipulados por Leonardo, lo que supondría un vínculo pionero entre la biología y el arte con amplias implicaciones para el mercado mundial del arte en términos de atribución artística y materiales.
La primera y última entrevista del criminal de guerra SS Klaus Altmann. Alfredo Serra lo entrevistó en una prisión en Bolivia en 1973
Infobae(A.Serra) — “Un periodista argentino, Alfredo Serra, arrebató, sin tortura, confesiones increíbles de Klaus Altmann alias Klaus Barbie, el verdugo de Jean Moulin” (revista Paris Match, 12 de mayo de 1973, página 122).
Fue en 1973. En una prisión de Bolivia. El criminal de guerra SS Klaus Altmann, alias Klaus Barbie, comandante de la ocupación en Lyon, Francia, y responsable de más de 20 mil fusilamientos, además de torturas, deportaciones y saqueos, estaba detenido cerca de La Paz. Un año antes, cuando fue desenmascarado, había negado ser el genocida nazi responsable de más de 4.000 asesinatos y del envío a campos de concentración de 7.500 personas. Entre las atrocidades cometidas están la deportación de 44 niños judíos, exterminados en Auschwitz, y la tortura y muerte de Jean Moulin, principal jefe de la resistencia francesa. Pero él había negado todo.
Solo cara a cara con Alfredo Serra, confesó haber torturado. Diez años después de esta reveladora entrevista, el 6 de febrero de 1983, fue trasladado a Francia para ser juzgado por sus crímenes. Esta es la entrevista que conmocionó al mundo.
Bolivia, 1973, prisión de San Pedro.
Es martes. Hay pesadas nubes de lluvia sobre La Paz. Quince grados, pero muchos ponchos de colores, sacos gruesos y algunos sobretodos suben y bajan por empinadas calles de piedra que se llaman Potosí, Yanacocha, Loayza.
A 3.700 metros de altura sobre el nivel del mar el tiempo fluye despacio: hace -creo- un siglo que espero este mediodía.
Un taxi verde y quejunbroso me deja en el portón del Panóptico de San Pedro, la mayor prisión de la capital. Ochenta años de paredones grises y rejas coloradas, un hueco para ver la cara de los visitantes. Silencio. Y apoyadas en esos paredones, coyas de cuarenta polleras y los ojos fijos en la comida picante que se cocina despacio.
A las doce en punto, ya en la alcaldía, un vigilante me palpa de armas y otro revisa, con más curiosidad que precaución, las cámaras de Ricardo Alfieri (h), fotógrafo, mi compañero.
Klaus Altmann con el uniforme alemán
El alcalde asiente con la cabeza y avanzamos hacia un gran patio no menos gris. En la puerta de madera oscura de una de las celdas del segundo piso hay un hombre. Se llama Klaus Altmann. Tiene 57 años.
Sus documentos dicen que es boliviano naturalizado, de profesión comerciante. Pero la otra cara del espejo –el pasado– revela que es alemán, fue jefe del comando SS en Lyon, Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, y que ese apacible comerciante boliviano ordenó torturas, matanzas y saqueos. Que mandó fusilar a más de 20 mil maquís.
Que torturó en persona, hasta la muerte, a Jean Moulin, líder y héroe de la Resistencia. Criminal de guerra, dos tribunales militares lo condenaron a morir ahorcado.
Pero aquí está. Espera que yo suba los escalones y me detenga frente a él. Recién entonces borra el gesto indiferente y me alarga la mano. Su cara sin afeitar está bronceada por el sol. Lleva una gruesa tricota amarilla de cuello alto, pantalones marrones muy bien cortados, y flamantes zapatos de gamuza. En voz baja, con fuerte acento alemán, me invita:
“Sí, yo torturo”, es el título de la nota que publicó la prestigiosa revista Paris Match en 1973
-Usted dirá…
-Debo preguntarle si acepta usted esta entrevista. Así me lo advirtió el gobernador de la cárcel.
-La acepto. Pero no responderé ninguna pregunta sobre mi situación judicial. Para eso tengo abogados.
-Usted está condenado a muerte por dos tribunales franceses. Es posible que lo lleven a Francia y lo ejecuten. ¿Está preparado para eso?
-La imaginación de la gente vuela muy alto. Nadie puede sacarme de Bolivia. Soy ciudadano de este país y me asisten los mismos derechos que a cualquiera en la misma situación. No hay convenio de extradición entre Bolivia y Francia, le recuerdo…
-¿Quién lo descubrió en Bolivia treinta años después del fin de la guerra?
-Beate Karsfeld, la que ustedes llaman “famosa cazadora de nazis”. Ese título me causa gracia. Ella, como Simon Wiesenthal y otros tantos “cazadores”, viven de ese negocio. No lo hacen por venganza ni por patriotismo: lo hacen por dinero. La caza de nazis no es otra cosa que un juego de intereses.
-Sin embargo, tienen razones más que poderosas para…
-¡Por favor! No me salga con la novelita de los seis millones de judíos muertos…
-¿Niega la matanza de judíos, el Holocausto?
-No la niego. Pero le aseguro que no fueron seis millones. La historia la escriben los que ganan la guerra.
-¿A cuántos judíos ordenó matar usted?
-A ninguno. Yo no tuve nada que ver con los campos de concentración ni con las cámaras de gas. Yo fui jefe de un cuerpo especial entrenado para reprimir guerrillas. No debo ser comparado con Bormann, con Mengele, con ninguno de ellos.
-Pero está acusado de ordenar el fusilamiento de más de veinte mil hombres de la Resistencia. ¿Cómo se siente ante un crimen semejante?
-Soy un soldado. Estudié y me entrené para eso. Soy un SS. ¿Sabe qué es un SS? Es algo así como un superhombre. Un profesional elegido por Hitler. Un combatiente al que se le analizaron cuatro generaciones de sangre antes de conferirle ese honor. ¿O usted cree que cualquier idiota puede ser un SS? Yo tengo estudios de Derecho, de Filosofía…
-¿Por qué eligió Bolivia para refugiarse y seguir su vida?
-Soy un viejo nacionalsocialista. En 1951, cuando llegué, presencié un espectáculo muy reconfortante: un desfile de la Falange Socialista Boliviana. Marchaban con sus uniformes fascistas…¡y cantaban! Verlos me hizo mucho bien. Además, sabía que en Bolivia había una comunidad alemana muy fuerte. Eso me decidió.
-¿Por qué sus hijos no están aquí?
-Por propia decisión. Klaus Georg vive en Barcelona, estudia Derecho y está casado. Ute, mi hija, es profesora en Austria.
-¿Usted era un teórico, un comandante de escritorio, o un hombre de acción?
-Si hubiera sido un comandante de escritorio no estaría aquí, en esta cárcel. Fui ¡absolutamente! un hombre de acción.
La edición de París Match que publicó la entrevista de Serra, el único argentino que escribió en la célebre revista francesa
-Ahora esta pregunta me parece tonta… ¿Está arrepentido?
-¿Por qué? ¿De qué? En la guerra todos matan. No hay buenos ni malos. Soy un nazi convencido. Admiro la disciplina nazi. Estoy orgulloso de haber sido comandante del mejor cuerpo del Tercer Reich. Y si volviera a nacer mil veces, mil veces sería lo que fui.
-¿Conoció a Hitler?
-Sí. Lo conocí antes de la guerra, en 1936. Era un genio.
-¿Por qué?
-Casi el ciento por cien de los alemanes estaba con él. ¿Cree que los alemanes son tontos? Esa cifra me parece la mejor definición de Hitler.
-¿Estuvo alguna vez en la Argentina?
–Sí, en 1951, de paso para Bolivia. Viajé desde Génova en el buque Corrientes, de la empresa Dodero, y viví diez días en un hotel de la calle Maipú, el Dorá. Comía todas las noches en un restaurante húngaro, frente al hotel. ¿Existe todavía?
-Creo que sí. ¿Estuvo también en Europa?
-Dos veces. En 1966, aunque no lo crea, estuve en Francia. ¿Sabe qué hice? Llevé flores a la tumba de Jean Moulin.
-¿Por arrepentimiento o por sarcasmo?
-No. Porque fue mi mejor enemigo. El más difícil. El más digno.
-¿Conoció a Martin Bormann? ¿Está vivo o muerto?
-Lo conocí un poco. Es inútil que lo busquen. Murió en Egipto hace más de veinte años.
-¿Cómo sobrevivió después de la derrota de Alemania?
-Fue muy duro. Hitler se mató el 30 de abril de 1945. El 8 o 9 de mayo se rindió Alemania. De miembro de la SS pasé a ser un mendigo, un animal acorralado. El 8 de agosto escapé de Lyon herido en una pierna por una explosión de mortero.
Alguien me hizo un torniquete, y no me cortaron la pierna por pura cortesía. Después me metieron en un tren que iba a Baden-Baden, pero me escapé en la mitad del camino. Me custodiaba únicamente un oficial: creo que facilitaron mi fuga.
En Kassel, otro oficial me dijo: “En el patio del cuartel hay muchas bicicletas. Tome una y váyase”. Tenía amputada la mitad del pie izquierdo, pero no perdí la oportunidad y volví a fugarme.
Vagué sin rumbo muchos días y conseguí refugio en una aldea, Giassohuette, donde trabajé como un burro: araba, hachaba leña, limpiaba los establos… Seis meses después conocí a un joven llamado Schenider, y juntos montamos una organización clandestina para proteger a los SS fugitivos. Llegué a falsificar unos trescientos documentos… ¿Quiere oír más?
Klaus Altmann, leyendo en su celda
-Sí, por supuesto…
-En enero del 46 empecé a ser Klaus Martens, estudiante de Derecho. Vivía refugiado en el altillo de una mansión, el mismo altillo que fue la habitación de Grimm, el de los cuentos infantiles. Cada vez que olía agentes secretos, me escapaba…
Llegué a Múnich, donde trabajé como vendedor de libros, y gané algo de plata con el mercado negro del café y los cigarrillos americanos. En noviembre del 46 fui detenido por los agentes de la Field Secret Service, una organización inglesa, y enviado a un campo de concentración en Hamburgo.
Pero un día de fiesta, cuando todos estaban distraídos, volví a escaparme. El soldado que me custodiaba estaba sentado cerca de la celda… ¡y tocaba la flauta! No fue necesario matarlo…
-¿Y luego?
-Un alemán, un ex camarada, me escondió en su casa. En diciembre del 46 nació mi hijo Klaus Georg. Mi mujer dio a luz bajo vigilancia armada y pasó meses encerrada en un cuartito con su hijo recién nacido.
Tuvo que alimentarlo a mamadera. Por entonces usé el que sería mi penúltimo nombre: Ernst, porque después mi identidad fue “M.75”. Así fui caratulado en diciembre del 47 por el Counter Intelligence Corps, el servicio secreto americano en Alemania.
Me metieron en un uniforme azul con grandes letras: WCP, War Criminal Prisoner. Pero a pesar de la vigilancia me escapé en agosto del 48, llegué a Génova, pedí documentos en la Cruz Roja, y con esos papeles salí de Europa y llegué a Bolivia. Recién entonces empezó la paz…
-Usted es un hombre de fortuna. ¿Cómo la consiguió?
-Trabajé dos años como administrador de un aserradero. Después me fui de la empresa, pero seguí en la industria maderera por mi cuenta. Más tarde exporté quina salvaje a Alemania, donde la transformaban en quinina. Gané mucho dinero y formé una gran empresa propia: la Transmarítima Boliviana, punto de partida para que este país tenga una flota mercante.
“J’ai été nazi et je reste nazi. J’ai lutté pour Allemagne et je mourrai Allemand” o en castellano “Yo era y sigo siendo nazi. Luché por Alemania y moriré alemán”: Klaus Barbie
-Su padre fue guerrillero en Alemania durante la Primera Guerra Mundial. ¿No es paradójico que usted se haya dedicado a masacrar guerrilleros?
–Nada paradójico. Mi padre luchó en la resistencia alemana contra la ocupación de los franceses. Era un oscuro profesor, pero no vaciló en defender a su patria. Se convirtió en el líder de un grupo de campesinos en el valle del Ruhr: repartían panfletos y saboteaban al ferrocarril.
-Algo muy parecido a los maquís que usted combatió…
-No. Muy diferente. Mi padre y los campesinos luchaban contra franceses invasores que querían apoderarse de nuestras riquezas. En cambio, yo y mis SS combatíamos guerrilleros que luchaban dentro de un país que sufrió una derrota militar y firmó un armisticio mucho antes de mi presencia en Lyon.
-No veo la diferencia: ambos defendían a su patria.
-Sí, pero unos dentro de la ley, y otros fuera de ella. El Che Guevara, por ejemplo, lideraba una guerrilla clandestina. Quería ocupar una patria ajena. No lo consiguió porque era torpe y cometió muchos errores. En la SS no hubiera llegado ni a sargento.
-¿Usted es algo más que un SS? ¿Qué hombre hay detrás del fanático?
-Yo no soy un fanático. Soy, en todo caso, un idealista. Es una cuestión de denominaciones o de puntos de vista. En Lyon, por ejemplo, había muchos franceses que colaboraban con nosotros en la represión. Para nosotros eran amigos, pero en el mundo los llamaban traidores…
-Insisto. ¿Qué hay detrás del comandante SS?
-Un hombre sencillo.
Me gusta la compañía de la gente de la calle, charlar hasta muy tarde en los cafés de La Paz con mis amigos, que son muchos.
Leo filosofía y toco el piano. Dicen que soy muy buen pianista, no sé…
Me gustan Beethoven, Mozart, y también la música ligera.
-¿Cuál es su objetivo? ¿Ganar dinero y vivir en paz?
-No son objetivos suficientes. Aunque mi lucha en el frente terminó, pienso siempre en Alemania.
Fui nazi y soy nazi. Nací en Alemania, luché por ella, y moriré alemán.
-Pero es ciudadano boliviano…
-También fui espía, actué con nombre francés, y tuve otros nombres en los frentes de Bélgica y Holanda.
Soy lo que quise… y lo que pude.
-La acusación contra usted tiene once cuerpos. Veinte mil fusilamientos, quince mil franceses deportados, torturas… ¿Lo admite?
-Lo admito. No sé si las cifras son exactas, pero no importa. Fueron actos normales en tiempos de guerra.
Había pasado más de una hora. De pronto, al llegar su mujer con la vianda -se le permitía comida especial-, discutieron en alemán. Altmann me dio la mano:
-Es suficiente. La entrevista ha terminado.
Bajé las escaleras, y cuando apenas había cruzado la mitad del patio, me llamó:
-Señor…
-Sí, Altmann…
-Por favor, no me haga mucho daño.
No le contesté. Pero jamás entenderé esas siete palabras.
Recién en 1987, catorce años después de esta entrevista y esta asombrosa confesión, comenzó el juicio en Lyon. Condenado a cadena perpetua por crímenes contra la Humanidad, no murió en la cárcel: en un hospital. Un cáncer se lo llevó el 25 de septiembre de 1991. Tenía 78 años.
Los trece de la isla del Gallo, pintura de Juan Lepiani (1902).
National Geographic(N.Sadurni) — En 1502, Francisco Pizarro, un hidalgo extremeño, cruzó el Atlántico rumbo a América desde su Extremadura natal en busca de fama y fortuna. El mismo propósito tuvo otro español llamado Diego de Almagro.
Pero lo que pocos podían imaginar entonces es que algunos años después de haber formado ambos hombres La Compañía de Levante, en 1526, con el único fin de explorar las tierras del Birú (Perú), los acontecimientos se precipitarían de tal manera que ambos acabarían perdiendo la vida en aquella tierra lejana a la que habían ido a empezar una nueva vida.
Problemas de ego
En un principio, tanto Pizarro como Almagro supieron compatibilizar muy bien sus responsabilidades. Mientras que Pizarro era el líder militar que sabía cómo enfrentarse al enemigo, Almagro era el encargado de reclutar a los hombres y organizar la intendencia de las tropas.
Pero aquella amistad que había nacido en Panamá empezó a hacer aguas cuando Pizarro recibió, gracias a las Capitulaciones de Toledo de 1529, toda clase de títulos y de prebendas: fue nombrado adelantado, capitán general y gobernador.
Por su parte, Almagro quedó siempre en un segundo plano y a punto estuvo de abandonar el proyecto, pero se lo pensó mejor cuando le prometieron un gobierno propio en las tierras que fueran conquistadas a partir de entonces.
El conquistador español Diego de Almagro, que participó junto a Pizarro en la conquista de los territorios peruanos, también acabó perdiendo la vida lejos de su tierra natal, como el que había sido su amigo y compañero. El retrato sobre estas líneas fue realizado por Domingo Mesa en 1873.
Al final, la aparente cordialidad entre los dos hombres se rompió definitivamente cuando entró en escena el hermano mayor de Francisco Pizarro, Hernando.
Este veía a Almagro como un campesino analfabeto, lo que acabaría provocando entre ellos una enemistad de consecuencias trágicas.
A pesar de la caída del inca Atahualpa y del reparto de su enorme tesoro y de las tierras conquistadas entre los españoles, una nueva disputa se produjo entre los dos líderes en 1535 como consecuencia de las discrepancias que surgieron entre ellos por el establecimiento de los límites gubernamentales que les correspondían al uno y al otro.
Las luchas internas ente ambos, que de hecho actuaban como si las tierras conquistadas fueran de su propiedad y no de la Corona, culminarían en 1538 en el conflicto armado conocido como la batalla de Las Salinas.
Personalidades irreconciliables
En efecto, tras diversos tira y afloja, Pizarro y Almagro habían llegado a un acuerdo y este último marchó a la conquista de Chile en 1536.
Pero los resultados de la expedición no fueron los esperados, y además Almagro también supo de la sublevación de Manco Inca Yupanqui contra los españoles, que había logrado escapar de Cuzco, donde estaba prisionero, mediante un ardid y se había parapetado en la ciudad de Calca, donde reunió un ejército para poner bajo sitio a la capital inca. Todo ello precipitó su regreso en 1537.
Tras lograr levantar el asedio de los incas y expulsarlos a las montañas, Almagro se apoderó de la ciudad de Cuzco y arrestó a dos hermanos de Pizarro, Hernando y Gonzalo.
Pasado un año, y gracias a las intensas gestiones por parte de Francisco, el cual prometió a Almagro una solución acordada al litigio que mantenían desde hacía tiempo, logró que liberaran a Hernando (Gonzalo se fugaría de la prisión).
Pero a pesar de lo prometido, Francisco puso a su hermano al mando de un contingente de ochocientos hombres para retomar el control de la ciudad de Cuzco y derrotar a Almagro y a sus hombres.
Una enfermedad evitó que Diego de Almagro participase en la batalla de Las Salinas, pero no pudo evitar ser arrestado, y condenado a garrote y a ser decapitado tras su muerte.
Cuando Almagro suplicó por su vida a Hernando Pizarro, este le contestó: «Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio».
La ilustración sobre estas líneas muestra la toma de Cuzco a Pizarro por parte de los almagristas. Historia General de las Indias y Nuevo Mundo, Zaragoza, 1554.
Tras todos estos enfrentamientos, Francisco Pizarro, que ya era un hombre de sesenta y tres años, creía poder pasar sus últimos años de vida con relativa tranquilidad.
De hecho, el conquistador llegó a una edad muy longeva para la época con una salud relativamente buena.
El periodista César Cervera Moreno, periodista del diario ABC y autor de Superhéroes del Imperio, publicado por La Esfera de los Libros en 2018, declaró en una entrevista a su propio medio: «Francisco Pizarro sería Ironman, porque tuvo una resistencia mucho más allá de la biología.
Parece imposible que pudiera sobrevivir a todas las penurias por las que pasó sin tener algo sobrenatural. Pero así fue. Cruzó el Atlántico, viaje en el que muchísimos morían, y sobrevivió.
Posteriormente participó en decenas de expediciones en las que, según las crónicas, murieron más del cincuenta por ciento de sus integrantes».
¡Al infierno os iréis a confesar!
Pero la tranquilidad que Pizarro esperaba disfrutar al final de su vida no llegaría nunca. Los «almagristas», tras la muerte de su líder vivían en la miseria más absoluta en Lima, conocida como la ciudad de los Reyes (ciudad fundada por Pizarro en 1535), donde soportaban toda clase de penurias.
Por el contrario, Francisco Pizarro y la mayoría de sus partidarios disfrutaban de una situación económica muy desahogada.
Así pues, durante la mañana del domingo 26 de junio de 1541, alrededor de una veintena de «almagristas» encabezados por Juan de Herrada, uno de los principales lugartenientes del difunto Diego de Almagro, se dirigieron al palacio del gobernador Pizarro al grito de: «¡Viva el Rey y mueran los tiranos!».
Al oír los gritos y el estruendo, Pizarro tomó las las armas para defender su vida junto con su medio hermano Francisco Martín de Alcántara.
Con la intención de calmar a los alborotadores, el capitán Francisco de Chávez y sus criados se dirigieron hacía las escaleras que daban al piso inferior y nada más bajar fueron asesinados por el grupo de enardecidos hombres que venían con una firme intención: acabar con la vida de Francisco Pizarro.
Los atacantes que se abalanzaron sobre Pizarro para acabar con su vida le superaban en número, pero aún así el conquistador pudo llevarse a tres por delante antes de que le asestaran el golpe mortal.
Viéndose acorralado, y con la coraza sin ceñir, Pizarro se lanzó contra sus agresores que, superiores en número, no dudaron en abalanzarse contra el extremeño, que aún tuvo tiempo de llevarse por delante a tres de sus atacantes.
Los que quedaron con vida, la mayoría, tuvieron tiempo de asestarle cinco heridas en la cabeza, otras tantas en la columna vertebral y varias en los brazos.
Tras recibir el golpe mortal por parte de un tal Martín de Bilbao, Pizarro, moribundo, aún tuvo tiempo de llevarse un dedo a una de sus heridas y dibujar con su sangre el signo de la cruz en el suelo.
Después de besarla hizo el gesto de pedir confesión a lo que otro de sus asesinos, Juan Rodríguez Barragán, antes de golpearlo con un jarrón en la cabeza le gritó: «Al infierno, al infierno os iréis a confesar».
Una momia errante
Como cuenta la doctora en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, Carmen Martín Rubio, Pizarro había dejado por escrito su voluntad de ser enterrado «en la iglesia mayor de esta Ciudad de los Reyes, en la capilla mayor de la dicha iglesia», pero sus restos sufrieron diversos traslados hasta que en 1623 fueron dispuestos bajo una bóveda de la capilla mayor de la catedral de Lima.
En el año 1881, el Ayuntamiento de la ciudad constituyó una comisión para exhumar e investigar los restos, aunque se hizo sin un excesivo rigor científico.
Los investigadores hallaron en el lugar de enterramiento del conquistador una momia que presentaba varios golpes en la cabeza y en el cuello.
Creyendo que se trataba sin duda de Francisco Pizarro, la enterraron en un mausoleo con todos los honores.
La Catedral de Lima e Iglesia Mayor del Perú, lugar donde Francisco Pizarro dejó escrito que quería que fueran enterrados sus restos.
Y allí estuvo durante más de un siglo enterrada la momia que todos creían que era la de Pizarro. Tras recibir varios homenajes, el 18 de julio de 1977, durante unos trabajos de mantenimiento y remodelación de la catedral, unos operarios encontraron una misteriosa caja de plomo dentro de otra de madera.
Tras abrir la de madera se hallaron unos huesos, y en el interior de la de plomo había un cráneo y una inscripción que no dejaba lugar a dudas: «Aquí está la cabeza del señor marqués Don Francisco Pizarro que descubrió y ganó los reinos de Perú y puso en la real Corona de Castilla». Los restos fueron entonces trasladados por las autoridades a una capilla situada en la nave derecha de la catedral, donde reposan desde entonces.
lavozdigital.es(M.P.Villatoro) — Un loco con una fuerza más que humana y sin ningún sentido del bien y del mal. Un hombre que, después de pasar minutos y minutos frente al espejo acicalándose su «bigotito» a lo Cantinflas, violó durante varias jornadas el podrido cadáver de una anciana de apenas 40 kilos y 1,40 de estatura. Manuel Delgado Villegas, más conocido como «El arropiero», fue uno de los criminales más atroces de la Historia de España.
De hecho, a día de hoy cuenta con el tétrico récord de ser el asesino en serie más prolífico de nuestro país. Sin embargo, y a pesar de haberse declarado culpable de hasta 48 homicidios (las cifras varían dependiendo a las fuentes) nunca fue juzgado oficialmente y fue liberado de su responsabilidad penal atendiendo a una enfermedad psicológica. De hecho, pasó sus últimos días en sanatorios mentales hasta que falleció en 1998.
La historia de «El arropiero», un asesino rodeado de misterio y crueldad, fue una de las que que hizo convulsionarse a la sociedad española de los años 60 y 70 (la época en la que perpetró sus atroces crímenes).
Para ello, contamos con el testimonio del periodista Juan Ignacio Blanco (antiguo director del semanario «El Caso»; coautor de la enciclopedia en línea « Criminalia» junto a Christian B. Campos y Francisco Murcia; reportero especializado en sucesos y, a su vez, uno de los informadores que tuvo la suerte de entrevistar en varias ocasiones a Villegas en los sanatorios que le servían de prisión).
«El arropiero», con su característico bigote a lo Cantinflas
”El arropiero” fue un asesino que reunió una cantidad de peculiaridades increíble.
Fue una persona que mataba por impulsos sexuales, por robar, porque alguien le había mirado mal…
Tenía unas pulsiones violentas dominadas por diferentes aspectos.
Todas estas características le convertían en un criminal muy especial porque la mayoría de asesinos siempre suelen matar en base a un mismo patrón o motivo.
Además, tenía la capacidad de asesinar con unos grados de violencia impresionantes, o hacerlo de forma sumamente sutil», explica, en declaraciones a ABC, Blanco.
Lo cierto es que la vida que este criminal pasó atentando contra la sociedad fue casi tan siniestra como sus últimos años de existencia, una época en la que perdió la cabeza y -en palabras del coautor de « Criminalia»- se pasaba el día con «una mano en el tabaco y otra en el pene, masturbándose».
Por suerte, su detención en 1971 (tras cometer su último crimen, en el que acabó con la vida de su novia mientras mantenían relaciones sexuales) hizo que la policía pudiese descubrir -interrogatorio va, interrogatorio viene- la ingente cantidad de víctimas que habían caído bajo su experto golpe legionario (el tragantón). Muchas de ellas, olvidadas por las autoridades debido a que había resultado imposible encontrar al asesino.
Con todo, y a pesar de que «El arropiero» dijo haber matado hasta medio centenar de personas, la BIC (Brigada de Investigación Criminal) solo pudo establecer la relación de Villegas con siete de ellas.
Una dura infancia
La infancia de Manuel Delgado de Villegas está llena de claros y oscuros. De datos que se difuminan en el tiempo sin mayor corroboración que sus desquiciadas palabras (y a pesar de ello publicados), y de hechos irrefutables que quedaron fuera de los diarios de la época.
Ejemplo de ello son los primeros días de su vida, los cuales están -en cierta forma- cubiertos por el desconcierto. «No existen datos fiables sobre su alumbramiento.
Personalmente dispongo de documentos en los que se afirma que nació el 25 de enero de 1943, y otros (incluidos su DNI) que afirman que fue el 3 de diciembre, casi 11 meses después», explica Blanco.
Independientemente de la importancia de esta cifra, lo que sí es fehaciente es que «El arropiero» vino a este mundo unido irremediablemente a la muerte, pues su madre Josefa falleció a los 24 años al darle a luz en el Puerto de Santa María (Cádiz).
A Villegas el mote le vino heredado de su padre, José, quien vendía de forma ambulante un dulce elaborado a base de higos cocidos (y llamado arrope) durante los meses de verano.
«Ahora está prácticamente desaparecido, pero antes se compraba mucho en las ferias. Pero solo lo elaboraba durante las épocas más calurosas, el resto del tiempo se dedicaba a la chatarra», destaca Blanco. Si al trabajo de su progenitor le sumamos que, con el paso de los años, él también se dedicó a este noble empleo, es lógico que fuese bautizado como «El arropiero».
Nuestro protagonista pasó sus primeras primaveras en Sevilla, en una casa hoy inexistente y que se encontraba en una zona con unas condiciones similares a las de un barrio chabolista. Su progenitor acompañó su educación de constantes golpes, algo que -sin lugar a dudas- marcó para siempre el carácter y la forma de pensar de Manolo
«El arropiero» utilizaba el famoso tragantón para acabar con sus víctimas
Con todo, nunca fue un niño demasiado inteligente.
«Desde pequeño, “El Arropiero” demostró que rayaba la subnormalidad.
Un ejemplo de ello es que, aunque fue a la escuela, no logró aprender a leer ni a escribir. Solo sabía dibujar su nombre, y francamente mal.
Pero lo que si logró desde su infancia es hacerse respetar por niños y adultos usando su fuerza», añade el reportero.
Y es que, si por algo llamaba la atención Villegas, era por su gran capacidad muscular.
«Tenía un cerebro pobre, pero lo compensaba con una fuerza sobrehumana. Años después tuve la oportunidad de verle en el psiquiátrico penitenciario de Carabanchel destrozar con sus propias manos unos botos camperos partiéndolos con las manos.
Casi para hacer un número en el circo. Desde niño ya demostró esta fuerza física», destaca Blanco.
Todo ello, por cierto, acompañado por rasgos que le convertían en todo un personaje.
«Tenía un gran problema, y es que padecía de un cierto tartamudeo que, aunque no se le notaba en principio, era evidente cuando se ponía nervioso o se excitaba.
Además, los que lo conocían desde su infancia dijeron que era un niño del que no podías fiar», completa el periodista.
Lo cierto es que tampoco le ayudó en su estabilidad emocional el que su padre, José, le mandara a Mataró (al otro lado de España) a vivir con su abuela debido a que no contaba con el dinero necesario para mantenerle.
Como en una coctelera, estos factores se acabaron uniendo para dar como resultado un carácter inestable y una actitud violenta que se exacerbaría con el paso de los años.
Sexo por dinero
«El arropiero» vivió en Mataró hasta los 18 años cuando -mayoría de edad mediante- ingresó en la Legión con el objetivo de huir de la miseria que le perseguía desde su infancia.
Y no fue lo único que se llevó consigo pues, como bien dejó por escrito la también periodista de sucesos Margarita Landi en sus múltiples textos de la época, en el ejército también aprendió un movimiento de kárate con el que segó varias vidas posteriormente: el tragantón.
«Era un golpe dado con el canto de la mano en el cuello que oprimía la glotis y producía la muerte por asfixia», añade el antiguo director de «El Caso».
Para terminar, durante sus meses como militar también empezó a fumar grifa, una costumbre que mantuvo durante muchos años.
Parece que esta última costumbre le acabó costando literalmente cara, pues se vio obligado a empezar a ganar un dinero extra de dos formas.
La primera, curiosamente, le vino favorecida por una sexualidad sumamente precoz y por una dolencia médica.
«Desde pequeño tuvo un problema que le hizo tener éxito tanto con hombres como con mujeres: padecía de anaspermatismo.
Es decir, que no eyaculaba nunca y que podía mantener una erección durante horas. Eso le permitió ganarse la vida como chapero (tanto con hombres como con mujeres) o actuando como chulo proxeneta con alguna prostituta que estaba encantada con los servicios que luego le realizaba. Además, estaba muy bien dotado», destaca Blanco.
La segunda forma fue vender su sangre en clínicas privadas. «Había centros que pagaban por una donación hasta 600 pesetas cada vez. En “El Caso” averiguamos en exclusiva que vendió su sangre en más de 1.000 ocasiones. Casi todas las semanas durante tres años colocó 400 centímetros cúbicos.
Eso le permitió sobrevivir», destaca el reportero. A partir de este momento el destino de Villegas quedó oculto en la España de los 60. De hecho, lo que se ha conseguido saber sobre su persona ha sido elaborado mediante un curioso puzle formado por los crímenes que él mismo dijo haber perpetrado y que han podido ser corroborados de una forma u otra.
Los primeros asesinatos
El primer asesinato que, según las autoridades españolas, cometió «El arropiero» se sucedió en la playa de Llorach -ubicada en Garraf, Barcelona-.
Se desconoce qué sucedió en la cabeza de Villegas para llevarlo a cabo, pues fue totalmente gratuito y no le reportó más que unas míseras monedas.
Tal y como explicó Landi en su artículo «El siniestro “Arropiero”», nuestro protagonista andaba caminando el 21 de enero de 1964 sin rumbo cerca de la costa cuando se percató de que había un hombre durmiendo sobre un muro bajo con una chaqueta cubriendo su cara.
El susodicho era Adolfo Folch Mintaner, un cocinero que había acudido a la zona en busca de dos baldes de arena con los que poder limpiar la grasa de las cacerolas que había utilizado
«[“El arropiero”] explicó que se aproximó a él procurando no hacer ruido y, desde encima del muro de ladrillo, alargó el brazo y le golpeó fuertemente con una piedra», determina Landi.
La muerte del cocinero fue instantánea y, por desgracia, ni la vio venir.
El resultado del asesinato lo desveló Villegas posteriormente en declaraciones a las autoridades: «Todo por un poco de dinero. Muy poco, y un reloj de níquel por el que apenas saqué unas pesetas».
Tal y como declaró posteriormente, también le robó su documento de identidad y «la fotografía de una señora con gafas con una niña».
Según se descubriría a la postre, la esposa y la hija del fallecido. Fue su primer asesinato reconocido. «Le mató sin siquiera verle la cara y de forma rápida, mientras que -a otros casos- lo hizo violentamente. Esta forma tan diferente de matar por un motivo o por otro le convierten en único», completa Blanco.
Tras atrapar a «El arropiero», las autoridades no tardaron en probar que sus manos habían acabado también con la vida de Venancio Hernández Carrasco, un vecino de Chinchón cuyo cadáver apareció flotando en el río Tajuña el 20 de julio de 1968.
Según determina el criminólogo Francisco Pérez Abellán en varios de sus artículos sobre este personaje, aquel día la víctima cometió el error de salir de casa para pasear por un viñedo de su propiedad. Durante el trayecto se encontró a nuestro protagonista quien, según parece, le detuvo y le pidió algo para comer.
¿La respuesta de Carrasco? Le dijo que se fuera al infierno y que trabajase para poder llevarse alimentos a la boca. Fue su segundo gran error del día, pues Villegas se sintió ofendido y acabó con él mediante su famoso tragantón. Posteriormente, arrojó su cadáver a las aguas.
Con todo, esta fue la versión oficial de lo ocurrido. Curiosamente, «El arropiero» explicó en principio otra muy distinta a las autoridades.
«Afirmó que Carrasco estaba intentando abusar de una niña y que él tuvo que liberarla golpeándole con una rama multitud de veces para, finalmente, arrojarle al Tajuña, donde murió ahogado», añade Blanco.
Así explicó Landi la versión del criminal de su asesinato: «[El arropiero] dijo que en Madrid mató a un hombre de unos sesenta años porque le vio en un pueblo cercano “por donde pasa un río” cuando iba en compañía de una niña a la que trató de violar, y sintió tal indignación que cogió la rama de un árbol, corrió hacia él y le golpeó en la cabeza».
Un crimen sexual
Manuel Delgado Villegas junto al policía Salvador Ortega
En 1969, y tal y como se demostró posteriormente, Villegas cometió uno de sus crímenes sexuales más recordados.
Todo ocurrió en la madrugada del 4 de abril en Barcelona. La víctima fue Manuel Ramón Estrada Saldrich, un acaudalado empresario propietario entonces de Muebles La Fábrica.
«Estrada solía reclamar los servicios sexuales de “El arropiero”, que no tenía problemas en prestarlos por igual a hombres y mujeres.
El problema es que, aquella noche, Villegas le dijo a su cliente que tenía que subirle los emolumentos de 200 a 300 pesetas. Estrada se negó y fue entonces cuando “El arropiero” cargó contra él», explica el cofundador de « Criminalia» en declaraciones a ABC.
La forma de acabar con su vida fue totalmente bárbara. «”El arropiero” arrancó la pata a una silla y la emprendió a golpes contra su víctima.
Del número de golpes que le dio, el cadáver quedó absolutamente inidentificable. Al final le metió la pata por el ano, le robó la cartera y el dinero, y se fue», determina Blanco. En palabras de Landi, dos mujeres de la limpieza encontraron a la víctima posteriormente y llamaron a las autoridades.
Estas llevaron a Saldrich hasta el hospital, donde dejó este mundo sin que se pudiese hacer nada con él. El crimen, en su momento, conmocionó a la sociedad.
La repetida violación de un cadáver
Escenario de uno de los crímenes
A pesar de la cantidad de barbaridades que Villegas cometió a lo largo de su vida, la más brutal fue la que perpetró en noviembre de 1969.
La tragedia se sucedió en Mataró durante uno de los vagabundeos de «El arropiero», y la víctima fue Anastasia Borella Moreno, una anciana de 68 años que medía 1,40 metros de altura y pesaba escasamente 40 kilos.
Aquel día, como en su mayoría, esta señora estaba ataviada con un vestido negro y un pañuelo del mismo color.
Ambas prendas cubrían su cuerpo de las inclemencias del frío de la noche, pues la mujer regresaba a su casa habitualmente entre las 12 y la una de la mañana tras haber trabajado horas y horas lavando platos en un bar.
El crimen ocurrió el 23 de noviembre. «”El arropiero”, que entonces estaba en Mataró, decidió que quería yacer con una mujer. La suerte quiso que, a las doce y cuarto de la noche, se tropezara con Anastasia. Se acercó a ella y, tras recoger un ladrillo, le pegó un golpe en la cabeza por detrás.
Tras matarla la cogió en brazos, la llevó hasta una riera cercana que tenía doce metros de altura y lanzó el cadáver al fondo. Cuando bajó la anciana estaba muerte. Se le habían salido el húmero y los huesos de la pantorilla», señala Blanco.
Después de descubrir que Villegas había cometido este crimen, la policía le interrogó para saber si había asesinado a más personas. La actitud del «Arropiero» cambió entonces repentinamente.
Y es que, afirmó que había cometido un total de 48 crímenes a lo largo y ancho de Europa. Desde París hasta Italia, dijo haber matado a todo tipo de mujeres que le pedían sus favores sexuales, pero que no le gustaban.
La policía, con todo, únicamente pudo corroborar los que hemos explicado en este texto. Y después de hacer todo tipo de viajes con él a los diferentes lugares del crimen (los cuales fueron interpretador por Manolo como vacaciones pagadas).
El resto quedaron ocultos por la incertidumbre. «El Arropiero» pasó sus últimos días de psiquiátrico en psiquiátrico después de que se determinase que padecía una severa enfermedad mental.
Villegas, junto a varios policías
El asesinato que pudo no ser
En uno de los interrogatorios que se llevaron a cabo a partir del año 71, la policía logró que «El arropiero» desvelara que había cometido un crimen acaecido en junio de 1967 en una casa de Ibiza: el asesinato de una joven extranjera llamada Margaret Helene Boudrie.
La chica había aparecido muerta completamente desnuda y con un ojo amoratado.
Hasta entonces, este asesinato no había sido resuelto. Tan solo se había acusado de él a un joven que había acudido con ella a la casa y que, según dijo, había salido de allí cuando ella se negó a mantener relaciones sexuales.
«El 27 de junio del 67 apareció en una zona llamada Camp Plana, a cinco kilómetros de la capital ibicenca, el cadáver desnudo de una estudiante francesa. Había fallecido por una mezcla de factores: un supuesto consumo de drogas, un grado importante de estrangulación y una puñalada que tenía en la espalda.
La Guardia Civil descubrió que había acudido al chalet deshabitado en compañía de un joven norteamericano. Tras haber ingerido grandes dosis de LSD, el joven intentó consumar sus deseos sexuales con la estudiante, pero ella se negó. Toda la defensa que tenía este estudiante era que, como se negó, él abandonó el lugar.
Fue detenido, estuvo en prisión preventiva 11 meses. Fue juzgado y declarado inocente por falta de pruebas», añade Blanco.
Al final, Villegas confesó el asesinato de la francesa. Contó que, cuando iba dando vueltas buscando alguna casa con una ventana abierta para robar, comprobó que de una mansión salía un joven y que dejaba la puerta abierta. Pensó que se trataba de un ladrón y que podría aprovechar «lo que hubiera quedado para» él.
Allí se encontró a la joven dormida en la cama. Según declaró, «cuando la desperté, enseguida se me entregó, pero luego me exigió cosas que no me gustaron y la maté»
Infobae(M.Bauso) — Lanzaba esa frase con el tubo del teléfono pegado a su oreja. Así empezaba su rutina el cómico español que murió hace 20 años. Narraba historias en las que él era siempre el antihéroe, enhebraba un chiste tras otro mientras mostraba los absurdos de la sociedad y de la guerra. Ingenioso y mordaz, transformó su difícil vida en gags que hicieron reír a España y América.
Miguel Gila, el gran cómico español, murió hace veinte años. Sin embargo, lo fusilaron en 1938 durante la Guerra Civil Española. Una cuadrilla de soldados franquistas borrachos hizo formar a él y a otros trece en un descampado. Les hizo sacarse los abrigos y las botas, y le quitaron todos los objetos de valor.
Luego los dejaron esperando un rato mientras fueron a saquear una casa vecina. La dueña de casa los recibió al grito de ¡Viva Franco!, pero no le sirvió de nadie. Le sacaron todo y la violaron.
Después volvieron a los catroce que habían detenido. Alguien dio la orden de fuego y los cuerpos fueron cayendo, y amontonándose unos sobre otros. Nadie creyó que el tiro de gracia fuera necesario. Los soldados siguieron su camino. Gila esperó varios minutos hasta moverse.
Al principio no sabía si ese estado en el que se encontraba -la incertidumbre, el silencio, la oscuridad, la ausencia del dolor- era la muerte. Tardó en reconocer que no habían impactado balas en su cuerpo. La sangre que caía sobre su cara era la de sus compañeros.
Se levantó y luego de caminar varias horas, encontró refugio en una casa amiga. “Me fusilaron mal”, escribió en sus memorias. Tal vez de esa experiencia extrajo uno de sus chistes.
Un soldado ante el pelotón de fusilamiento es interpelado por el oficial encargado de la ejecución: “¿Ahora qué pasa?”. “Nada –responde el futuro fusilado–. Es que estoy pensando una frase final y no sé si decir ¡Ay, mi madre! o ¡Mira qué leche!”.
Ese gesto, el de la fuga, el de mofarse de lo importante, el de encontrar el costado humano de las grandes tragedias es el que distingue su humor.
Miguel Gila nació en Madrid en 1919. Fue uno de los grandes humoristas de su tiempo. Triunfó en España y en América Latina. De origen humilde, fue autodidacta. Combatió en la guerra, estuvo detenido, trabajó como obrero y en decenas de trabajos manuales más, hasta que tuvo la chance como humorista gráfico primero y como actor cómico después.
¡Qué se ponga! pedía, ordenaba Gila con el tubo del teléfono pegado a su oreja. Así empezaba su rutina. Sólo escuchábamos una de las voces en la conversación, la suya. Lo demás estaba fuera de campo. Lo intuíamos, lo sabíamos por sus réplicas. Inteligentes, graciosas y hasta tiernas, pero nunca condescendientes.
Una de las mayores habilidades de Gila era un sentido casi sobrenatural del ritmo. Su timing, como el de los grandes humoristas, era glorioso. Perfecto e imprevisto al mismo tiempo.
Su padre murió dos meses antes de que él naciera. El hombre era pescador. Una madrugada las olas, lo tiraron contra las piedras. El hombre salió del agua dolorido. Con dificultades siguió trabajando los días siguientes, hasta que no pudo más. Cuando lo llevaron al hospital varios días después ya era tarde.
No saben si se trató de gangrena o de un derrame interno. En el hospital no había camas. “El que iba a ser mi padre murió sentado en una silla, en la puerta del Hospital Clínico, con los ojos muy abiertos, como si el asombro de morir con veintidós años le hubiera provocado una hipnosis para un viaje sin retorno”, escribe Gila en Y entonces nací yo, su notable autobiografía.
Su madre sólo tenía 19 años. Sus suegros, los abuelos paternos de Miguel, la recibieron en su casa. Vivían en una especie de conventillo. Compartían la vivienda con muchas otras familias. La comida era escasa y poco variada. El abuelo lo castigaba si él se quejaba y no comía lo que le servían.
La madre se volvió a casar y tuvo otros cinco hijos. Su padrastro no aceptó a Miguel, que se quedó viviendo por sus abuelos a quienes les agradeció públicamente esos cuidados cada vez que pudo cuando obtuvo éxito profesional.
Dejó la escuela a los 13 años porque debía trabajar. En 1936 se enroló para luchar junto a los republicanos. En 1938 ocurrió el episodio del fusilamiento fallido. Tiempo después fue apresado y enviado a un campo de concentración.
“No le tenía miedo a la muerte”, recordaba Gila, “estaba tan agotado, tan devorado por los piojos, por el hambre, el frío, el cansancio y la sed, que morir podía ser una liberación”.
Cuando lo soltaron debió ingresar al servicio militar durante cuatro años. Todos esos años luchando o alistado a la fuerza se convirtieron en la fuente de la mayoría de sus grandes números cómicos. Sus gags, sus rutinas no las utilizaba para aleccionar, ni para bajar línea.
Buscaba que el humor mostrara lo absurdo de la guerra.
Empezó a actuar ya pasados los treinta años. Según él fue de manera furtiva, una inconsciencia que agarró al público desprevenido. Fue a ver la obra más exitosa del momento. Llevaba escondidos un arma de utilería y un viejo traje de combatiente.
Logró infiltrarse tras bambalinas, y al momento del saludo final, mientras la platea repleta ovacionaba a los intérpretes, él disfrazado de soldado (algo harapiento) apareció por la boca del foso del apuntador.
Los actores no entendían nada, el público tampoco. Gila dijo que era un soldado de la Guerra Civil, que seguía en combate pero que se había perdido, que buscaba una boca del subte.
Ante el estupor del resto, comenzó con un monólogo que tuvo a todos riéndose a carcajadas durante veinte minutos. Había nacido una estrella.
A partir de ese momento, Gila (sin el Miguel) se presentó en televisión, radio, teatro y actuó en decenas de películas. Pasó a ser el mayor cómico de España (y hasta podría decirse que del idioma español). Hablaba por teléfono, narraba historias en el que él era siempre el antihéroe, enhebraba un chiste tras otro mientras mostraba una sociedad.
En una época en la que el monólogo era un género casi desconocido y a nadie siquiera se le ocurría en pensar que existía una categoría como la del Stand Up, él hacía todo eso. Sin escenografía (tan sólo un teléfono), sin vestuario (algún traje de soldado o una boina), sin efectos especiales y sin partenaires.
Su gran tema era la guerra. Pero su guerra no tenía glamour ni héroes. Un guerra pobre y terrible. Una guerra en la que los paracaidistas “duran una vez porque no hay plata para paracaídas; donde se van a buscar las balas usadas para volver a usarlas y que nadie se quede sin su bala y sin morirse”.
Su primer chiste fue: “Sólo he traído una bala, mi sargento. Pero se me ha ocurrido que le puedo atar un hilo y así vuelve después de matar a alguien”.
Los cañones no tenían agujero y las balas las tiraban desde afuera. Preguntaba a qué hora atacaban, pedía que no fuera ni muy temprano (porque iban a estar durmiendo) ni a la hora del partido.
Y como los recursos faltaban en ambos bandos, le proponía al enemigo utilizar el único avión de combate en días alternados: lunes, miércoles y viernes para uno, y martes, jueves y sábado para el otro; los domingos lo alquilaban para juntar unos pesos.
Gila tomó como tema el trauma de su país, aquello de lo que no se hablaba y lo convirtió en humor mientras con sus chistes y gags lanzaba verdades.
Ese ejercicio de humor, del que hizo su profesión, en el que basó su trayectoria fue una manera de que no se olvidara lo sucedido pero al mismo tiempo esa mirada mostraba la verdadera complejidad del asunto, la dimensión humana y trágica de la confrontación.
“Perdone, ¿podrían ustedes parar la guerra un momento?”, era uno de sus frases recurrentes.
Cuando le preguntaban cuál era el motivo de que su pintura de la contienda fuera de ese modo, Gila respondía: “Mis guerras son absurdas porque la guerra lo es en sí”.
Era un hombre de izquierda pero los chistes y sus actuaciones no las utilizó para hacer política. Él prefería denunciar lo absurdo de la guerra, de la violencia, de la pobreza e inequidades. Para el humor era “el espejo en lo que se refleja lo estúpido del ser humano”.
Forges, otro gran humorista español, sostuvo que la grisura del franquismo desaparecía con los monólogos de Gila. Y que era uno de los tres Reyes Magos del humor español con Cervantes y Quevedo.
Tuvo tres matrimonios. Con la segunda esposa tuvo un varón y una mujer. A su hija, la menor, no le dio su apellido. La mujer debió hacer los trámites de filiación, que le fueron favorables, luego de la muerte de Gila.
En 1968 se exilió voluntariamente. Latinoamérica parecía un buen destino. Se instaló en Argentina aunque recorrió todo el continente. Tuvo gran éxito en México, Venezuela y Cuba. Cada tanto volvía a España, donde no lo olvidaban.
Gila era un excelente humorista gráfico. Empezó en la revista la Codorniz. Sus chistes eran viñetas contundentes, dibujadas con trazos simples y con un remate verbal lleno de gracia. El primero de ellos: Un soldado se acerca a un oficial y le dice: “Mi capitán, se me ha roto el caballo”, en sus brazos lleva la cabeza y una pata del animal, el resto está parado, cómo puede, detrás suyo.
Un compilación de esos chistes gráficos -la primera labor de Gila en el humor como profesional- fue el primer libro de él que se publicó en América Latina a mediados de los setenta. Se llamó Gila y su Gente (también contiene algunos monólogos y varios one liners: “Para saber si una tortuga es macho o hembra se le hacen cosquillas en la panza; si se pone contento es macho y si se pone contenta es hembra”) y todavía se consigue en las librerías de usados.
Gila publicó varios libros de memorias. Al menos dos de ellos son extraordinarios. Hay humor, una mirada atenta de las cosas y mucha verdad. Y entonces nací yo y sus Memorias de un Exilio, en el que cuenta sus años en Argentina y en América. En uno de los capítulos de éste describe a los humoristas argentinos.
Con elegancia tiene palabras de elogio para cada uno de ellos, desde Porcel y Olmedo hasta el sketch del Arbolito de La Tuerca. Sin embargo a los que más se detiene, a los que más alaba son a Nini Marshall, Tato Bores (sin detenerse en la cuestión de quién fue el primero en utilizar el teléfono en sus números) y Antonio Gasalla.
Durante sus años argentinos, además de viajar por el continente, regresó varias veces a España. La travesía la hacía en barco y sus regresos siempre eran triunfales. Con el regreso democrático a España y la llegada del Proceso a la Argentina, fue cambiando la proporción del tiempo que pasaba en cada país. En 1985 se radicó definitivamente en su tierra natal.
Murió en España el 12 de julio de 2001. Tenía 82 años y ya era una leyenda del mundo del espectáculo.
Con más de 80 años se seguía presentándose en vivo. Con sus monólogos, su teléfono y su vida. En esa época actuó en El Club de la Comedia, el programa televisivo español que puso a hacer stand up a grandes personalidades del espectáculo. Para él no se trataba de una novedad. Era lo que había hecho siempre.
En las imágenes se lo ve flaco como siempre, de traje y sereno. En los diez minutos, el público disfruta y ríe. Al finalizar lo ovacionan. No le están agradeciendo esos diez minutos, sino una vida. Todos sabían que era una de las últimas funciones. Los aplausos se extienden.
Gila, conmovido, agradece. Y detiene los aplausos. Necesita decir algo más antes de despedirse: “No me quiero ir sin antes decirles que les quiero mucho. Muchas gracias. Buenas noches”.
L.B.V.(G.Carvajal) — En las profundidades del cenote El Zapote, un sumidero de 50 metros de profundidad lleno de agua en Quintana Roo, México, en la península de Yucatán, las estalactitas adoptan una forma diferente.
En lugar de la habitual forma alargada y puntiaguda que cuelga del techo de las cuevas, las estalactitas de El Zapote son cónicas y huecas, pareciendo campanas o pantallas de lámpara.
Los buceadores las llaman Campanas del Inframundo, por la canción del grupo australiano de hard rock AC/DC Hells Bells.
Las campanas del inframundo se encuentran aproximadamente a medio camino del descenso de la caverna, que tiene forma de reloj de arena.
Se encuentran en una estrecha franja de unos seis metros de ancho, pero dentro de esta zona cubren casi toda la superficie de la cueva.
Suelen ser circulares o elípticas, pero no forman un anillo completo. La mayoría de ellas mantienen un segmento abierto de entre un cuarto y un tercio de la pared del anillo, lo que les da un aspecto de herradura.
La parte abierta del cono siempre está orientada hacia las paredes de la cueva. Estos espeleotemas, o formaciones de cuevas, pueden crecer excesivamente, superando los 2 metros de longitud y casi un metro de anchura.
Sus paredes tienen hasta 3 centímetros de grosor.
Los depósitos de carbonatos, y por tanto el crecimiento de los espeleotemas en las cuevas, suelen producirse cuando la evaporación o el dióxido de carbono que escapa del agua provocan la saturación de la calcita, que luego precipita y forma los depósitos.
Perfil de la caverna
También se sabe que los depósitos de carbonato subacuáticos se forman mediante procesos biológicos y físico-químicos, y es posible que las campanas parezcan pertenecer a este tipo subacuático, ya que hay pocas pruebas de exposición al aire en ellas, y los niveles de agua de la cueva parecen haber superado siempre las profundidades a las que se desarrollaron.
Los sistemas de cuevas de Yucatán están inundados por agua salada del mar que se filtra desde el fondo, así como por agua dulce subterránea procedente de las precipitaciones que se acumulan en la parte superior.
Estas dos capas no se mezclan y están separadas por una capa parcialmente mezclada llamada haloclina.
Las campanas se encuentran en el margen entre la haloclina y la capa de agua dulce de arriba.
Los investigadores han descubierto que el contenido de oxígeno en la capa de la haloclina es casi nulo, mientras que la capa de agua dulce contiene oxígeno.
El profesor Dr. Wolfgang Stinnesbeck, del Instituto de Geociencias de la Universidad de Heidelberg, cuyo equipo exploró este fantástico submundo y publicó un artículo al respecto, cree que el crecimiento de estas estructuras está regulado por condiciones físicas y biogeoquímicas específicas por encima y en la haloclina.
Las campanas son muy antiguas. La datación radiométrica indica que empezaron a crecer hace unos 5.000 años y el proceso continúa hasta hoy: las campanas de El Zapote representan un ecosistema enigmático que proporciona las condiciones para la formación de los mayores espeleotemas submarinos del mundo, concluye Stinnesbeck, son morfológicamente únicas y pueden haberse producido bajo la mediación hidroquímica de colonias de microbios poliespecíficos que todavía parecen estar activos en la actualidad.
Kongō Yoshie, el 38º maestro carpintero de Kongō Gumi, y sus empleados en 1930
Muy Interesante/Blog Bankia — En 2006 quebró Kongō Gumi Co., Ltd., empresa japonesa que fue adquirida entonces por Takamatsu Construction Group, para la que continuó operando como subsidiaria.
Eso no tendría mayor trascendencia, más allá de la peculiar actividad a la que se dedica (construcción y mantenimiento de templos budistas), de no ser porque Kongō Gumi es -o era- la empresa más antigua que existe en funcionamiento: en el momento de su liquidación cumplía la venerable edad de mil cuatrocientos veintiocho años.
Se fundó, pues, en el 578 d.C. En Osaka, para más señas, y por iniciativa del príncipe Shōtoku, también conocido por los nombres de Umayado y Kamitsumiya.
El príncipe Shōtoku con sus hijos
Hijo de Yōmei Tennō, el trigésimo segundo emperador, al que sucedió tras su muerte en circunstancias inciertas -no se sabe si de enfermedad o asesinado, en el confuso contexto de la lucha entre budistas y sintoístas-, Shōtoku no sólo ocupó la regencia -su madre sólo era una concubina- sino que se convirtió en una figura reverencial por su protección del budismo, iniciando un período artístico dedicado a esa fe denominado Asuka.
De hecho, surgieron leyendas sobre él, como la de su encuentro con un mendigo gravemente enfermo al que acogió hasta su fallecimiento y que resultó ser Bodhidharma (un monje persa, que predicó en China y fue fundador del budismo zen) o la que identificaba al príncipe con el mismísimo Buda reencarnado, de ahí que abunden las estatuas suyas con esa apariencia.
En cualquier caso, se trató de un notorio adalid de esa religión, a la que consideraba buen instrumento en su objetivo de acabar con los regionalismos y unir al país en torno al trono. Ello resultaría determinante para la aparición de Kongō Gumi.
En realidad, Kongō era un apellido coreano; concretamente el de una familia originaria de Baekje, uno de los tres reinos de Corea (el situado en el suroeste de la península, con centro en lo que hoy es Seúl), que entre los siglos VI y VII constituyó un foco irradiador de misioneros budistas y de la cultura china en general que Shōtoku quería imitar.
Los Kongō, o algunos de sus miembros, encabezados por Kongō Shigemitsu, viajaron a Japón contratados por Shōtoku para que construyeran el primer templo del país dedicado al budismo, ya que su oficio era la carpintería y ese tipo de trabajos se hacían de madera.
Dicho templo es el de Shitennō-ji, que quedó terminado hacia el año 593 y todavía sigue en pie en Osaka, si bien es cierto que ha tenido que ser restaurado varias veces y la mayor parte de su estructura actual corresponde a la última intervención que se le hizo, en 1963.
El príncipe quedó tan satisfecho que hizo más encargos a los Kongō y a ellos se debe, al menos en parte, otros célebres edificios nipones, como el Hōryū-ji (un templo-monasterio ubicado en Okaruga -prefectura de Nara- y protegido como Patrimonio de la Humanidad) o las estructuras más antiguas del fotogénico ‘Ōsaka-jō (el Castillo, uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad).
Por tanto, aquellos coreanos no regresaron a su país sino que se establecieron en Japón dando origen a una empresa familiar, la Kongō Gumi, que, como era habitual en la época, fue creciendo mediante la vía matrimonial.
Los varones que se casaban con las mujeres del clan pasaban a adoptar el patronímico, incorporándose como unos miembros más de la empresa.
De este modo se garantizaba la pervivencia de la Kongō Gumi cuando no había descencencia masculina en alguna generación. Un pergamino de tres metros de longitud, datado en el siglo XVII, reseña los nombres de los integrantes de esas generaciones, que hoy suman cuarenta.
El templo de Shitennō-ji con su torre exenta
Por supuesto, esa estructura no habría sobrevivido tanto tiempo de no realizar un buen trabajo y aprovechar la coyuntura favorable.
Las obras de la Kongō Gumi contaban con el patrocinio imperial y el beneplácito de los budistas japoneses, cada vez más numerosos tras haber superado la oposición armada de los sintoístas (de hecho, la tendencia fue que ambas corrientes se integrasen armónicamente), lo que impulsó su crecimiento.
Eso sí, no faltaron momentos de crisis.
Uno de los más importantes llegó en el siglo XIX, durante la Restauración Meiji, cuando el emperador promovió el Shinbutsu bunri, la separación entre las dos corrientes religiosas en favor de un sintoísmo estatal.
Eso desató en algunas zonas el Haibutsu kishaku, una ola violenta contra todo lo relacionado con el budismo que obligó a intervenir al gobierno para poner orden, aclarando que la separación no equivalía a destrucción.
De ese modo, el budismo, que se aferraba a sus formas tradicionales negándose a adaptarse a la modernidad al estilo occidental, perdió influencia social y cayó en cierto descrédito.
Destrucción de campanas budistas durante el Haibutsu kishaku
Fruto de esa situación, muchos templos budistas sufrieron una reconversión y se dedicaron al culto sintoísta, lo que repercutió en el negocio de Kongō Gumi al tener que dejar la construcción de templos por la de casas.
Pero no hay mal que cien años dure y renació en 1912, a la muerte del emperador Meiji, recuperando el Shokuke kokoroe no koto (una especie de manual de empresa que explicitaba su filosofía, metodología de trabajo, comportamiento de la plantilla, etc.) que había escrito Yoshisada Kongō, el trigésimo segundo dueño.
Dicho manual detallaba desde cómo vestir a la obligación de los empleados de estar alfabetizados, pasando por establecer en una década el período de formación para llegar a ser un sho daiku (maestro carpintero, título otorgado sólo a miembros del clan) o la exigencia de un buen trato al cliente.
Por encima de todo, eso sí, había que preservar la titularidad familiar, por lo que si era necesario romper alguna tradición se hacía. Por eso cuando la Crisis de 1929 afectó gravemente al negocio, su dueño en ese momento, Haruichi Kongō, se quitó la vida y tuvo que coger las riendas una mujer por primera vez, Yoshei Kongō.
El complejo monástico de Hōryū-ji
Yoshei, que asumió el control en 1934, consiguió salvar la delicada situación gracias al contexto internacional.
La Segunda Guerra Mundial, en la que Japón fue una de las principales potencias beligerantes, provocó un gran incremento de mortandad y la consiguiente demanda de ataúdes y eso constituyó la salvación para Kongō Gumi, que cambió eventualmente el sentido de su producción en madera: de levantar templos pasó a fabricar féretros para el ejército.
Tuvo demanda de trabajo asegurada hasta 1945. Terminados los efectos de aquella pesadilla bélica, en 1955 se registró oficialmente como empresa, con el nombre Kongō Gumi Co., Ltd.
Para entonces ya no limitaba su actividad a templos y jardines sino a la construcción en general, pero todo lo que superó en tiempos anteriores palideció al lado de la dura competencia del siglo XX, quizá porque seguía aferrada a su vieja concepción empresarial: la plantilla se dividía en kumis o grupos de cinco a ocho personas, que competían entre sí por presentar el mejor proyecto cuando recibían un encargo.
La cúpula, dirigida por un maestro o presidente (no hereditario por primogenitura sino por aptitud), valoraba cuál era mejor y le adjudicaba la obra.
Sede de Takamatsu Construction Group Co. Ltd. en Osaka
Poco a poco, la compañía fue acumulando pérdidas y endeudándose en la compra de bienes raíces.
En la década de los noventa, cuando estalló la burbuja inmobiliaria japonesa y la religiosidad disminuyó, Kongō Gumi Co., Ltd. quedó herida de muerte.
En 2005 tenía ochenta empleados y unos ingresos anuales de siete mil quinientos millones de yenes (unos setenta millones de dólares aproximadamente), pero con una deuda que superaba los cuatro mil millones.
Su último presidente, Masakazu Kongō, tuvo que tirar la toalla.
Como decíamos al principio, en enero de 2006 la compañía entró en fase de liquidación y en diciembre fue absorbida por Takamatsu Construction Group Co. Ltd.
Un conglomerado de empresas de construcción con subsidiarias especializadas en los diferentes apartados del sector de la construcción y la ingeniería. Integrada en la estructura de esa entidad y asumiendo dicha especialización.
Lla vieja Kongō Gumi, ahora ya con otro nombre, ha recuperado la antigua dedicación y vuelve a encargarse de construir y mantener templos artesanalmente.
Quince siglos no son nada.
5 empresas más longevas del mundo
Aunque es la “más joven” por continentes, la empresa más antigua de Oceanía es una mensajería con más de 200 años de antigüedad. Se fundó bajo el nombre de Australia Post en 1809 y hoy sigue siendo una corporación propiedad del Gobierno.
Australia Post sede
Le sigue el continente africano, con su empresa más antigua que fue fundada en 1772. Se encuentra en la República de Mauricio y se llama Mauritius Post, una firma de mensajería que sigue activa actualmente. En sus inicios tenía únicamente ocho mensajeros, nada que ver con su dimensión actual, en la que cuenta con 114 oficinas de correo.
Mauritius post sede
Si damos un salto en el tiempo de 700 años encontraremos la empresa más antigua de América. Se trata de La Casa de Moneda de México, fundada en 1534. Desde ese año, se dedica a acuñar las monedas del país según indiquen el Congreso de la Unión y el Banco de México.
La casa de la moneda de Mexico
Ya en Europa, concretamente en Austria, tenemos el restaurante ST. Peter Stifts Kulinarium, que puede ser el mesón más longevo del mundo. Su primera mención aparece en el libro del monje Alcuin de York, en el año 803. Ubicado entre los muros de la abadía de San Pedro, en Salzburgo, es un lugar de paso para los peregrinos, función que le ha permitido mantenerse en activo durante tantos años. En sus mesas se han sentado personalidades tan ilustres como Mozart o Cristóbal Colón.
ST. Peter Stifts Kulinarium
Y, de acuerdo a lo mencionado precedentemente, en el puesto número uno, sin rival posible, tenemos a la japonesa Kongö Gumi. Desde sus inicios, la firma se ha dedicado a la construcción y rehabilitación de edificios y, aunque ha tenido que hacer frente a múltiples problemas económicos (sobre todo los vividos en los años 80 por la burbuja inmobiliaria nipona), 1.440 años después sigue en activo. Su mayor secreto es haber mantenido sus principios, ya que, a día de hoy, los templos siguen representando el 80% de su negocio.
¿Y la más antigua de España?
Casa de Ganaderos de Zaragoza
La más longeva y que continúa activa hoy en día fue fundada en 1218, bajo el nombre de Casa de Ganaderos de Zaragoza. Según la historia fue creada en pleno apogeo del Reino de Aragón y su función era controlar los pastos y la jurisdicción.
En el siglo XIX perdió esa última función y, a día de hoy, la Casa de Ganaderos es una cooperativa de 270 socios ganaderos de ovino. Venden carne de cordero y se encargan de promover el legado de sus más de 800 años de historia. ¿Su secreto? Haberse asentado desde sus inicios como una institución fuerte y haberse adaptado a los tiempos.
lavozdigital.es(M.P.Villatoro) — Cinco días de sufrimiento que acabaron con la muerte de más de 800 valientes marineros en julio de 1945. La tragedia del «USS Indianápolis», un crucero pesado estadounidense conocido por ser el orgullo de Roosevelt, fue la más grande que los Estados Unidos han visto a lo largo de toda su historia.
Y ya no solo por el casi millar de fallecidos que se sucedieron después de que este crucero pesado fuese torpedeado por un submarino japonés, sino porque muchos de los supervivientes del naufragio dejaron este mundo desmembrados por tiburones en aguas del Pacífico. Una situación que fue recordada en la película « Tiburón».
Hoy, os contamos su historia aprovechandoo que, hace escasamente unas jornadas, el cofundador de Microsof (Paul Allen) anunció que había hallado los restos del «USS Indianápolis» en el océano Pacífico. Concretamente, a más de 5.000 metros bajo el agua. Para ello, el explorador contó con la colaboración de su equipo de inevstigación, llamado «Vulcan».
Un crucero puntero
Las primeras páginas de esta tragedia -más propia, por cierto, de un largometraje de Hollywood que de la última fase de la Segunda Guerra Mundial- se empezaron a escribir cuando el «USS Indianápolis» fue alumbrado en los Astilleros New York Shipbuilding Co. el 7 de noviembre de 1931.
Este gigante de los mares era un crucero pesado, lo que significa –ni más ni menos- que era un buque de gran radio de acción (mucha autonomía), con una velocidad considerable para el tonelaje que desplazaba y, finalmente, con un armamento reseñable al contar con unos gigantescos cañones de 203,2 milímetros (los cuales eran capaces de lanzar proyectiles de más de 100 kilogramos).
En palabras de Patrick J. Finneran (expresidente de la organización dedicada a recordar a los supervivientes de la tragedia de este navío), Estados Unidos fue la última potencia que inició la construcción de cruceros pesados bajo la sombra del Tratado de Washington (un acuerdo internacional que firmaron los países más destacados de la época y unificó las características básicas que tenían que tener los buques con el objetivo de evitar una carrera armamentística).
Este hecho permitió a sus ingenieros solucionar las dificultades vistas en el resto de bajeles del mundo, solventar dichos problemas, y copiar la tecnología más eficaz. «EE.UU. tuvo la ventaja de haber analizado el desarrollo de los navíos contemporáneos que se construyeron en todo el mundo», explica el autor en su artículo «La tragedia del «USS Indianápolis»».
El resultado fue la construcción de uno de los buques (el Indianápolis) más modernos de los años 30, siempre según Finneran: «Desde su creación, el «Indianápolis» fue el orgullo de la Armada, era el representante de la tecnología más avanzada de su tiempo».
A su vez, Estados Unidos no solo ideó un navío puntero para la época, sino que aprendió a construirlos en serie. Así lo demuestra el que, al principio de la guerra, este país tuviera la friolera de 18 cruceros pesados, mientras que los británicos contaban con 15, los japoneses con 12, los franceses con 7, los italianos con 7 y los alemanes con 2.
Con todo, el «Indianápolis» y los buques de su clase contaban también con sus pequeños fallos. Y es que, para ganar velocidad, fueron ensamblados sin un grueso blindaje que solía incluirse en barcos similares, y que servía como protección adicional contra minas y torpedos.
Características básicas
Tripulación del USS Indianapolis
La clase (tipo) del «Indianápolis» era la «Portland».
Algo que, en la práctica, nos lleva a hablar de una serie de navíos construidos al comienzo de la década de los 30 y cuya característica principal con respecto a sus predecesores era que contaban con una mayor protección en el área de máquinas, como bien señala la Dirección de Intereses Marítimos en su obra « Buques de la Marina de Guerra del Perú desde 1884».
Sus características concretas son explicadas por el contralmirante Carlos Quiñonero López en su artículo «Un valioso regalo marinero» (publicado en 2010 en la Revista General de Marina).
En este texto, el marino señala que desplazaba 9950 toneladas y sus dimensiones eran de 610 pies de eslora (largo) por 66 de manga (ancho). Todo ello, acompañado de una dotación de 1269 hombres «incluidos oficiales y personal».
Su protección tenía de 3 a 4 pulgadas de espesor a babor y estribor, 2 en su primera cubierta y de 2 a 3 en las torres. Por su parte, y como explica pormenorizadamente el marino español en su artículo, el armamento del «Indianápolis» (y por ende, el de todos los de su clase) consistía en «tres torres triples con cañones de 8 pulgadas, calibre 50».
Además, contaba en palabras del experto con «ocho grupos de ametralladoras antiáereas; tres morteros; un tubo lanzatorpedos y dos catapultas para el lanzamiento de aviones», y su maquinaria estaba formada por «ocho calderas White-Foster, dos turbinas a vapor Parsons con engranajes de reducción simple; cuatro ejes de propulsión, con un poder de 107.000 SHP».
Estos motores le permitían alcanzar una velocidad de 32,7 nudos -aproximadamente unos 60 kilómetros por hora-.
El favorito de Roosevelt
Tras ser dado de alta en la Armada el 15 de noviembre de 1932 en el astillero de Filadelfia, el «USS Indianápolis» fue asignado al capitán John M. Smeallie. Sus primeros viajes (más rutinarios que militares) se desarrollaron por la bahía de Guantánamo, el canal de Panamá y Chile.
Tras un período de reparaciones, nuestro gigante metálico tuvo el honor de recoger al presidente Franklin D. Roosevelt de su casa de verano en Campobello Island (cerca de Maine) el 1 de julio de 1933.
Aquella fue la primera de una larga lista de visitas de dignatarios, pues también pisaron su cubierta algunos políticos de soberana importancia como el Secretario de Marina, Claude A. Swanson, quien se embarcó en este navío el 6 de septiembre de 1933 para llevar a cabo una inspección de las bases estadounidenses en el Pacífico.
A partir del 1 de Noviembre, el «USS Indianápolis» se ganó un galón más al convertirse en el buque insignia de la fuerza de exploración de la Armada de los Estados Unidos.
Ya había saltado a la fama, y esta le volvió a ser reconocida en mayo de 1934 cuando, de nuevo, Roosevelt se embarcó en él junto a otros tantos dignatarios con el objetivo de revisar la flota norteamericana.
Dos años más tarde, el trigésimo segundo presidente volvió a subirse de nuevo a este navío, aunque en este caso, para viajar hasta América del Sur.
Aquel fue un viaje histórico que incluyó una gira por Buenos Aires, Trinidad y Montevideo. Al final, y como todo el mundo sabía que sucedería, el líder terminó seleccionando al «USS Indianápolis» como su nave de Estado y, siempre que podía, la elegía para que le llevara de un lado a otro.
Y así, tour por aquí, y prácticas de tiro por allá, pasó el barco los siguientes años de paz.
La suerte de Pearl Harbor
USS California – Pearl Harbor
Así de tranquilo continuó el «USS Indianápolis» hasta 1940, año en que se le ordenó partir hasta la base de Pearl Harbor (en Hawai) ante el aumento de la tensión entre Estados Unidos y Japón tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Para entonces, este navío ya había sido equipado con la mejor tecnología de la época (se avecinaban tiempos duros y le haría falta) y había recorrido la friolera de 215.140 milla náuticas, por lo que no era precisamente un buque novato.
En los años posteriores Norteamérica fue arrastrada de forma indirecta a la contienda cuando, tras ofrecerse a vender armamento y provisiones a Inglaterra para evitar el bloqueo naval alemán, tuvo que escoltar a los buques mercantes que trasportaban aquellas vituallas hasta las tierras al mando de Churchill para evitar que volaran a manos de los temibles U-Boote germanos.
Con el paso de los meses la tensión siguió creciendo y creciendo entre los Estados Unidos y Japón. Una situación que alcanzó su punto álgido allá por diciembre de 1941, cuando el país del sol naciente tomó la decisión de armar sus cazas Zero y sus bombarderos B5N y D3A para acabar –el día 7- con la flota norteamericana amarrada en la bahía de Pearl Harbor.
El ataque resultante fue brutal y terminó con casi 4.000 bajas estadounidenses y 4 cruceros hundidos. Por suerte para sus tripulantes, el «USS Indianápolis» (que debería haber estado en el puerto y, por tanto, podría haber sido dañado severamente) recibió la orden apenas dos jornadas antes del asalto de encender motores y dirigirse hasta la isla Johnson con el objetivo de llevar a cabo un ejercicio rutinario.
Esta extraña casualidad aviva la teoría partidaria de que los norteamericanos sabían que el ataque japonés se iba a suceder y que no hicieron nada para evitarlo salvo sacar del puerto a sus bajeles más modernos y mejor preparados.
¿Con qué objetivo? Por un lado, evitar que estos se fueran al fondo del mar y, por otro, tener una excusa para meterse de lleno en la contienda.
Lo cierto es que la orden de abandonar la base de forma tan repentina llamó la atención de los marineros del «USS Indianápolis».
Uno de ellos, Daniel Brady, se quedó tan sorprendido que escribió una carta en la que dejó patentes sus dudas sobre el suceso: «El 5 de diciembre de 1941 yo estaba destinado como marinero de segunda clase en el «Indianápolis». […] Era viernes por la tarde y, como era rutina los fines de semana, dejamos en tierra a una tercera parte de la tripulación.
A continuación, se nos dio una orden sorprendente: el barco se pondría en marcha en una hora. “Imposible”, comentamos».
Pero no lo era. En pocos minutos el navío fue cargado de comida, los marinos subieron a cubierta, y se inició la travesía. Todo ello, en un tiempo récord.
Hacia Okinawa
«Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron atacados repentina y deliberadamente por fuerzas navales y aéreas del Imperio de Japón […] Pido que el Congreso declare el estado de guerra entre Estados Unidos y el Imperio japonés».
Después del ataque sobre la bahía, estas fueron las palabras con las que Roosevelt declaró la guerra a los nipones.
Desde ese momento, la flota norteamericana se fue desplazando paulatinamente hasta el Pacífico para ir arrebatando, isla tras isla, sus territorios a los japoneses.
Y en esa ofensiva (que duró hasta el final de la guerra) participó activamente el «USS Indianápolis» de forma exitosa.
El método de actuación siempre solía ser el mismo: bombardear hasta la saciedad el atolón para que luego la infantería lo asegurase.
Su participación en la contienda en los siguientes años fue un éxito. Sin embargo, todo cambiaría cuando, tras asegurar Iwo Jima, se planteó el ataque de Okinawa (la mayor isla del suroeste de Japón).
«Esta gran isla fue seleccionada por su tamaño y proximidad a Japón. Se pretendía que las fuerzas estadounidenses la utilizaran como base militar para asaltar al propio Japón», añade el autor norteamericano.
La teoría era impecable, pero para conquistar esta región lo primero era, como bien explicaba el manual de todo buen oficial deseoso de asaltar una posición similar, bombardear hasta la saciedad el territorio para allanar el camino a los infantes.
Y en esa misión entraba el «USS Indianápolis», buque al que se le ordenó -el 14 de marzo de 1945- partir hacia sus proximidades.
Así fue como, en palabras de Finneran, este navío comenzó a hacer retumbar sus gigantescos cañones sobre Okinawa durante siete días. Y todo ello, mientras ayudaba también a hacer que menguasen los aviones japoneses que defendían la zona. «Durante este período derribó seis aviones japoneses y ayudó a acabar con otros dos», completa el experto.
¡Banzai!
No andaban mal las cosas para el «USS Indianápolis» frente a las costas de Okinawa. Al menos, así era hasta que un piloto japonés decidió que el Emperador y el porvenir de Japón eran más importantes que su vida y, en la mañana del 31 de marzo de 1945, se lanzó contra el navío de forma kamikaze.
«Rompió las nubes de la mañana y chocó contra el costado de babor de la cubierta de popa de la nave para después caer al mar», añade el experto. En principio no parecía que el enemigo hubiese causado daños severos, pero lo cierto es que logró matar a 9 marineros y herir a otros 26. Y eso únicamente en lo que se refiere a pérdidas humanas.
A nivel estructural, el barco también sufrió severos daños. Y es que, durante el impacto penetró en una de las cubiertas de babor, provocó dos agujeros en el casco a través de los que se inundaron varios compartimentos estancos, generó una pequeña explosión e inutilizó la máquina ideada para destilar el agua y una serie de tanques de combustible.
No quedó más remedio. Tras las reparaciones de emergencia, tuvo que ser llevado a dique seco. «Debido a sus averías mayores, fue necesario remolcarlo hasta la isla Mare, en Nueva Caledonia, y someterlo a extensas reparaciones», determina –en este caso- Carlos Quiñones López. De ellas salió a finales de abril de ese mismo año.
Una misión atómica
Mientras pasaba por el taller, los mandamases del gobierno norteamericano llegaron a la conclusión de que los días de combatir en el Pacífico se habían acabado para el «USS Indianápolis».
Su nuevo destino, según establecieron, sería mucho más secreto e importante: sería el encargado de llevar las piezas más grandes de una de las dos bombas atómicas (las mismas que se lanzarían sobre Hiroshima y Nagasaki) desde San Francisco, hasta la isla de Tiniam (en las Marianas).
Estos datos dependen de las fuentes, pues, mientras que Quiñones es partidario de que portaba piezas de las dos, otros autores consideran que solo cargaba los de una de ellas.
La misión, lógicamente, era de vital importancia, pues de este navío dependía que los diferentes partes pudiesen ensamblarse en la región y, posteriormente, las armas se arrojasen sobre Japón para poner fin a la guerra.
Por ello, este crucero pesado recibió todas las mejoras tecnológicas que había en los armarios de la Armada (entre las que se destacan un nuevo equipo electrónico o varios radares para detectar enemigos).
Tras terminar su paso por dique seco, el oficial al mando del «USS Indianápolis» (el capitán de navío Charles Butler McVay III, hijo de un almirante que había combatido contra España y en la I Guerra Mundial) se tomó unos días para poner a punto sus nuevos juguetes en alta mar y se dirigió a San Francisco.
«Tan pronto se dio término a las reparaciones del “Indianápolis”, se le encomendó a su Comandante la secreta y fatídica misión de dirigirse a San Francisco para embarcar y transportar hasta Tinian, del grupo de las Islas Marianas, los componentes de mayor peso y tamaño de dos bombas atómicas.
Previamente las otras partes más pequeñas habían sido aéro-transportadas también hasta Tinian para proceder allí a su armado», añade el experto español.
Su valiosa carga fue subida al buque el 16 de julio de 1945 de buena mañana, para evitar ojos indiscretos. En palabras de Finneran, las piezas fueron almacenadas en varias cajas de madera dentro de dos hangares de la nave. «Entre ellas estaban los corazones de las bombas.
El uranio 235. Este estaba sellado dentro de un contenedor de metal forrado de plomo», determina el estadounidense. Con todo, la tripulación no supo jamás que portaban aquella temible y destructiva carga, aunque sí recibieron órdenes de lanzar los contenedores al mar si el navío corría el riesgo de ser tomado por los alemanes.
Tras terminar los preparativos, el «USS Indianápolis» comenzó su viaje hacia la historia. Y lo hizo sin escolta para no llamar la atención.
El cazador de ojos rasgados
Curiosamente, ese mismo día fue en el que el capitán de corbeta Mochitsura Hashimoto –japonés de nacimiento, como su propio nombre indica- recibió órdenes de empezar a patrullar las aguas situadas al este de Filipinas para destruir a cualquier buque occidental que tuviera las bolas de arroz de ponerse frente al periscopio de su submarino, el I-58.
«El I-58 era un sumergible relativamente nuevo. Su quilla fue colocada en el Astillero Naval Yokosuka el 26 de diciembre de 1942», añade el autor español. El experto estadounidense es de la misma opinión y suscribe en sus textos que este aparato nipón era «más nuevo, más grande y tecnológicamente más avanzado» que cualquier otro.
Lo cierto es que –a priori- este submarino era uno de los pocos que se encontraba surcando las aguas del Pacífico, pues las gran mayoría habían sido hundidos por las patrullas estadounidenses.
Independientemente de aquel cazador de ojos rasgados, el 26 de junio el «USS Indianápolis» llegó a la isla y dejó su fatídica y secreta carga en su destino. «Al infierno» (debió pensar el capitán).
Ese mismo día, y tras la liberación de aquella tensa misión, el buque americano recibió órdenes de dirigir sus hélices a Leyte para reunirse con el «USS Idaho» para llevar a cabo un ejercicio de rutina.
El objetivo de estas maniobras era foguear a la tripulación (en su mayoría formada por marineros novatos) y prepararse para una posible invasión de Japón. Con los motores listos, McVay solicitó una escolta de destructores para su viaje. Y es que, temía que los submarinos japoneses pudiesen rondar por la zona. La respuesta, curiosamente, fue negativa.
El alto mando consideró que las patrullas habían hecho su trabajo y no quedaba ningún nipón por la zona que le pudiese poner las cosas «hard» al «USS Indianápolis». Al capitán y al más de un millar de marinos les tocaba hacer la travesía solos.
¡Avistado y hundido!
Teniente Comandante Mochitsura Hashimoto
Tic tac. Tic tac. Las manecillas del reloj de a bordo marcaban poco más de las once de la noche del lunes 29 de julio (las 23:05) cuando el oficial navegante del I-58 llamó a su capitán para darle noticias.
Él debería decidir si eran buenas o malas. A los pocos segundos llegó Hashimoto, que escuchó atentamente.
Un destructor se acercaba por babor (la izquierda, para los que anden justos de conocimientos marineros) desde el Este hacia el submarino de la armada Imperial, entonces surcando las aguas en superficie.
La respuesta fue inmediata…
¡Zafarrancho de combate. Inmersión!
Una vez engullido por las frías aguas, el aparato nipón quedó oculto de ojos indiscretos.
Pocos minutos después, Hashimoto asió el periscopio, lo levantó, y escudriñó en la noche para confirmar si su invitado había acudido a la cita.
Y vaya que sí.
Su nuevo amigo era un buque con el siguiente nombre en el casco: «USS Indianápolis». Se encontraba a 4.400 yardas y navegaba sin hacer zig-zag, la medida básica para esquivar los torpedos de los submarinos.
¡Por el emperador y por todo Japón! La ocasión no podía ser mejor. El capitan norteamericano se había confiado y ahora él podía hacerle explotar a placer.
«La ocasión para el I-58 era irrepetible. Pocas oportunidades volverían a tener de encontrarse ante un destructor sin escolta, con la posibilidad de atacarlo por sorpresa. De inmediato, ordenó cargar los tubos delanteros», explica el periodista e historiador español Jesús Hernández en su obra « Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial».
Por su parte, Quiñones afirma que «cuando la proa del «Indianápolis» estaba a 60º grados a estribor del submarino, Hashimoto ordenó disparar sus seis torpedos con un intervalo de 2 segundos y prefijados a una profundidad de 4 metros».
El capitán japonés lo explicó así posteriormente: «Esperamos hasta que se acercó lo suficiente como para ver lo que era. Cuando nos percatamos de que era un barco grande, ordené dirigir mis torpedos hacia él y disparar».
Poco después, la muerte llegó en forma de torpedo hasta el «USS Indianápolis». Y todo, para sorpresa de su capitán, quien se percató muy tarde de que había sido acechado y cazado. Bum. Bum. Bum. Tres explosiones separaron al «Indianápolis» y a las más de un millar de vidas de su interior de estar a flote, a terminar bajo las aguas.
«El primer impacto dio ligeramente a proa de la torre número 1, el segundo justo en ésta y el tercero, entre el puente y la torre número 2», añade Quiñones. El quejido del casco de aquel gigante metálico se oyó en toda la zona.
Posteriormente, el bajel se escoró a estribor (la derecha, para los despistados) y empezó a hundirse por la proa mientras sus marinos se arrojaban al agua.
Capitán McVay
Mientras el «USS Indianápolis» daba sus últimas bocanadas de aire y era ingerido por un mar ávido de buques, a Hashimoto todavía le dio tiempo para levantar el periscopio, ver aquel desastre, e iniciar la marcha hacia el Norte.
Por suerte, decidió no emerger y disparar sus ametralladoras contra los supervivientes (algo que, por cierto, no estaba ni mucho menos mal visto en la armada Imperial) y marcharse sin hacer demasiado ruido. El combate había acabado para él.
Sin embargo, para los 1197 estadounidenses que había en su interior la lucha acababa de empezar, aunque no contra aquel submarino nipón (poco podían hacer ya contra él) sino contra los elementos, el agua… y los tiburones.
Y es que, aunque nadie se había percatado de ello, el agua al que ahora todos trataban de arrojarse estaba infestada de ellos.
«En menos de quince minutos, el «USS Indianápolis» fue engullido por las aguas, pero dos terceras partes de sus tripulantes tuvieron tiempo de arrojarse al agua o, los más afortunados, subirse a los escasos botes que habían podido rescatarse a tiempo, puesto que las lanchas salvavidas se habían hundido con el barco.
En total fueron unos 800 marineros los que sobrevivieron al ataque, mientras que unos 400 quedaron atrapados y sobrevivieron al ataque», señala Hernández.
Aquellos 800 marineros tuvieron una suerte dispar, ya que –aunque se salvaron de hundirse con su buque- la mayoría solo contaba con una chaqueta hinchable que les impedía hundirse.
Una nueva pesadilla
Lo peor ocurrió durante la segunda mañana del naufragio. Atraídos por el movimiento humano, por ese inesperado cargamento alimenticio los tiburones comenzaron a rondar a los cientos de hombre
Después del hundimiento del «USS Indianápolis», el mismo buque en el que había viajado Roosevelt tantas veces y que había sido el orgullo de la marina estadounidense, comenzó una nueva pesadilla para los más de 800 supervivientes (900 atendiendo a las diferentes fuentes) que cayeron al agua.
Y es que, cuando pasó la noche, y con el amanecer de un nuevo día, empezaron a llegar hasta ellos decenas de tiburones ansiosos de dar buena cuenta de la carne que les había llegado caída del cielo. La mayoría, tiburones tigre y azules.
Los norteamericanos, por su parte, poco podían hacer más que tratar de seguir el manual que les habían entregado antes de partir y que afirmaba que, la mejor forma de quitarse de encima a un tiburón era asustarle dándole una buena patada.
Aquellas precarias indicaciones no sirvieron de mucho a los marinos. Ya fuera porque muchos no las recordaron, porque no acertaron a propinar un buen mamporro a sus enemigos acuáticos, o porque trataron de salir de allí nadando a toda velocidad.
Los hombres se pusieron en círculo para enfrentar a los tiburones que los atacaban (Captura video Reuters)
Aquel primer día, decenas de norteamericanos fueron, literalmente, comida para los peces. «Los implacables escualos les atacaron de repente, tiñendo rápidamente de rojo las aguas. La reacción de los desafortunados marinos es fácilmente imaginable; muchos intentaron trepar a los botes de goma pero, en su desesperación, lo único que conseguían era volcarlos y condenar a sus compañeros a una muerte segura», completa Hernández en su obra.
Algunos marinos no podrían quitarse jamás la imagen de sus compañeros muertos de la cabeza. Uno de ellos fue precisamente Loel Dean Cox quien, en 2013, concedió una entrevista exclusiva a la BBC en la que narró aquellos terribles momentos: «Eran grandes. Le juro que algunos tenían 4,5 metros de largo […]
Estaban continuamente ahí, la mayor parte del tiempo comiéndose los cuerpos de los muertos. Gracias a Dios había mucha gente muerta flotando en el área […] Venían y se tropezaban con uno. A mí me golpearon varias veces».
Sin ayuda
A pesar de la tragedia que se sucedía a su alrededor aquellos hombres que chapoteaban en el agua tratando de salvar las vida todavía tenían una esperanza: el que el «USS Idaho» se hubiese percatado de que el «Indianápolis» no había llegado hasta la zona para llevar a cabo los ejercicios pertinentes.
Si eso se cumplía, era lógico pensar que no tardarían en ser rescatados. Sin embargo, lo que no sabían los cada vez menos supervivientes era que dicho crucero pesado no había recibido el mensaje que -enviado varias jornadas antes- le informaba de la llegada del navío favorito de Roosevelt. ¿La razón? Un terrible fallo en la mensajería.
Además, la mala suerte quiso que se produjese otro error fatal. «Mientras tanto, y aunque resulte difícil de creer, la Armada norteamericana no tenía ninguna noticia del hundimiento del «USS Indianápolis».
Un inexplicable error de coordinación provocó que las distintas secciones encargadas de hacer el seguimiento de los buques creyesen que era otra la que debía hacerse cargo del «USS Indianápolis«, por lo que nadie echó en faltas las emisiones procedentes de su equipo de radio.
No a nadie se le ocurrió establecer comunicación con él», determina Hernández. La conclusión fue que no se inició ninguna misión de rescate.
Los otros enemigos
Después de caer en el agua, los supervivientes pasaron un total de cinco días y otras tantas noches en el mar. Unas aguas, por cierto, en las que casi se cocían de calor durante el día, y se congelaban por la noche.
Así recuerda James aquellos terribles momentos: «Pasó el día, llegó la noche y hacía frío, mucho frío. La siguiente mañana salió el sol y nos calentó, pero nos atacó un calor insoportable. Acabamos rezando para que el sol bajase y nos congelásemos de nuevo».
Con el paso de las horas, el hambre y la sed también empezaron a destrozar la moral de nuestros protagonistas. Los más fuertes lograron resistir la falta de agua. Sin embargo, no fueron pocos los que desesperaron y acabaron cometiendo un error que les costaría la vida.
Este fallo es explicado por James en su relato: «Teníamos hambre, sed, no había agua, ni comida, ni podíamos dormir…. Algunos chicos bebieron agua salda y, durante un tiempo, les fue bien». Esa sensación no les duraría mucho, ya que ese líquido hizo que la deshidratación aumentara.
Durante aquellos días se vivieron además terribles momentos que hicieron perder la cabeza a muchos de los marineros. Dos de ellos, por ejemplo, se empeñaron -no sabemos si por la sed o por la desesperación- en que el «USS Indianápoles» estaba justo «debajo de la superficie» y que podían llegar buceando hasta los almacenes del bajel para coger algo de agua y comida (desde cigarrillos, hasta dulces y helados).
«Tres o cuatro chicos se creyeron esta historia y se ofrecieron a ir con ellos», determina James. Desconocemos qué sucedió con estos hombres debido a que el superviviente no lo explicó en su relato.
Y, por descontado, todo esto se sumaba a la perpetua presencia de los tiburones a su alrededor. «Los tiburones eran el peor final. Se alimentaban por la noche.
Todo estaba tranquilo y luego se oía a alguien gritar. Eso significaba que un tiburón lo había conseguido», determina James. Loel Dean Cox también describió a la BBC un sentimiento parecido: «En esa agua clara, uno podía ver a los tiburones merodeando.
Y de tanto en tanto, como un rayo, uno nadaba derecho para arriba, cogía a un marinero y se lo llevaba. Uno vino y se llevó al marinero que estaba a mi lado». Fue una masacre absoluta.
Un final… ¿feliz?
Avión anfibio modelo PBY-5A Catalina, también denominado “Dumbo”.
Tras varios días de tragedia, los supervivientes fueron vistos accidentalmente el día 2 de agosto (aproximadamente a las diez y media de la mañana) por un avión pilotado por Wilbur Gwin y Warren Colwell.
Los militares, sorprendidos por darse de bruces con aquel desastre, y a sabiendas de que no podrían amerizar, se limitaron a lanzar algunos víveres a los náufragos y una lancha de goma antes de dar media vuelta para informar de lo ocurrido.
Posteriormente, y con varias jornadas de retraso, llegó a la zona el hidroavión del teniente Adrian Marks, quien comunicó a un destructor cercano lo sucedido
. A partir de ese momento el rescate fue sumamente rápido. Se organizó una gigantesca operación de rescate en la que participaron cinco navíos. Pero ya era demasiado tarde para muchos.
Robert Adrian Marks, piloto del “Dumbo” que salvó a los primeros 54 náufragos.
Cuando llegaron, solo pudieron rescatar a 316 (317 y 318, atendiendo a las diferentes fuentes) marineros. Había muerto el 75% de la tripulación. Y una buena parte de ellos, por culpa de tiburones.
Al hacer recuento de los supervivientes, los médicos se encontraron con el capitán McVay, quien tuvo la suerte de poder escapar a aquella tragedia. O al menos eso creía él. Y es que, después de recuperarse, fue juzgado por cometer varios errores que, según los mandos, pudieron costar la vida de sus marineros y la pérdida del buque de la armada.
El primero de ellos fue no haber navegado en zig-zag durante la noche. En el juicio llegó a participar Ashimoto quien declaró que, navegara como hubiese navegado el navío, él lo hubiese destruido.
El capitán también fue acusado de no organizar como debía la evacuación del buque. Algo que se contrarrestó afirmando que el hundimiento había sido tan rápido, que había sido imposible llevarlo a cabo de forma adecuada.
Al final, McVay fue readmitido en el servicio y ascendido a contralmirante, aunque aquello significó -en palabras del juzgado- su ataúd militar. Se retiró en 1949.
Infobae(A.Serra) — Fue entre estantes de libros, el 7 de octubre de 1974, mientras el sol se escondía tras el skyline de Retiro, que Borges y Sabato se saludaron como si nada hubiera pasado. Llevaban veinte años sin hablarse.
No había motivos demasiado específicos más que posiciones políticas antagónicas que podrían resumirse así: Borges se ubicaba a la derecha del espectro ideológico, Sabato a la izquierda. El tiempo se deslizó lento y todo se vuelve irreconciliable. Hasta aquella tarde de 1974.
El escenario: la emblemática librería La Ciudad, ubicada dentro de la Galería del Este, sobre la calle Maipú, a metros de Marcelo T. de Alvear. Era un día habitual, como tantos otros, en que en esa librería, y en esa galería, acontecía un acto cultural: la presentación de un libro.
Observando la escena en un rincón del lienzo estaba Orlando Barone, con 37 años recién cumplidos. “Era un nadie, un intruso”, dice ahora, a sus 83, desde “el pasillo de los últimos deseos”, bromea, del otro lado del teléfono.
En aquel entonces, tenía publicado un libro de cuentos titulado Debajo del ombligo y trabajaba como colaborador del suplemento cultural del diario Clarín. Fue el poeta y guionista Ulyses Petit de Murat quien le dijo, casi al pasar, que era probable que ese día coincidieran Borges y Sabato. Por eso fue.
Efectivamente, en aquel “epicentro cultural del momento”, como define Barone a aquella librería, cuyo dueño era el librero Luis Alfonso, se volvieron a encontrar dos de los más grandes escritores del siglo XX. Borges no hizo más que cruzar la calle, vivía enfrente; Sabato, en cambio, venía de Santos Lugares.
“Los vi hablar con mucha cordialidad; iba a decir afecto, pero creo que la palabra justa es cordialidad”, recuerda Barone y confiesa: “Yo era un intruso. Mi cultura, incluso hoy, era una cultura básica. Y en ese momento era una cultura inocente, te diría, casi naif. Tenía una gran admiración por los dos. Y ese día estaban juntos en un encuentro social en que había cierto festejo. Hacía veinte años que no se hablaban… ¡veinte años! Es mucho, ¿no?”
“Se habían peleado porque Borges tenía, vamos a decirlo entre comillas, una visión aristocrática y oligárquica de la sociedad. Y Sabato tenía una visión del peronismo distinta: se daba cuenta de que los humildes amaban al peronismo, y eso a él lo hacía repensar muchas cosas.
Por supuesto que no era peronista, pero no estaba embanderado en ese antiperonismo feroz. Y eso los había separado”, resume el autor de libros como La locomotora de fuego y K, letra bárbara, y que tuvo una intensa trayectoria en los medios que incluye, entre otras cosas, la dirección de El Cronista, columnas en La Nación y La Razón y la participación diaria en el programa televisivo 6, 7, 8.
“Entonces se me ocurrió, fue un pensamiento, que un diálogo entre los dos podría ser un gran libro. Yo he tenido cosas locas en mi vida, como todo el mundo, a veces me desconozco, cosas que me avergüenzan, cosas que me enorgullecen; es en vano lo que uno piensa de sí mismo, la autocrítica no es justa, uno siempre se favorece; pero cuando pensé el libro me consideraba lo que realmente era en ese momento, y soy hoy: que tenía la idea, pero no el nivel.
El entusiasmo me sobraba. Tal vez una temeridad y yo no me daba cuenta. Eran distintas las épocas, ahora son todos temerarios. Los analfabetos creen ser sabios y los sabios se portan como analfabetos. Pero ese es otro tema. Sabía que a Borges y a Sabato se habían separado por cuestiones políticas. Pensá en aquel tiempo, en aquella época”, cuenta.
Distintas portadas del libro de Orlando Barone: “Diálogos Borges-Sabato”
Ese es el contexto y la génesis de Diálogos Borges-Sabato, libro publicado en 1976 por Emecé y reeditado en 1996 y en 2007. Como con la idea no basta, luego hay que llevarla a cabo, Barone activó la maquinaria.
Primero le contó su proyecto en estado embrionario a la traductora de alemán Anneliese von der Lippen, amiga de ambos, quien “tenía una gran paciencia para estos dos egos”. Ella se lo comentó a Borges y coordinó la cita con Barone, que fue en la librería La Ciudad.
Luego del saludo inicial, Borges le pidió que no lo llamara “señor”, sino “Borges, a secas”. Cuando Barone, con más timidez que respeto, le dijo si quería sugerir a algún intelectual para que compartiera su rol de intermediario en los encuentros, Borges le respondió: “No hace falta: creo ciegamente en usted”.
Aún recuerda con gracia aquel chiste de Borges, que para entonces ya era ciego. La cita con Sabato ocurrió unos días después en el bar EI Dandy. Respondió que sí enseguida y puso como condición, ya que supuso lógicamente que sería él quien debería viajar de Santos Lugares al centro, que las reuniones se hicieran los sábados. Algo más se pactó: no hablar de política.
“A Sabato lo conocía desde hacía unos años. Desde 1969 tenía relación. Fui a muchos de sus cumpleaños. Era un escritor relativamente joven. Y Borges ya estaba en la cresta universal: un escritor, como muy pocos, que entró en la inmortalidad estando vivo.
Fue leído, admirado y estudiado por los más grandes escritores y ensayistas del mundo.
Sabato decía que la posteridad de un argentino estaba siempre en el extranjero, es decir, que los extranjeros pueden juzgarnos mejor sin las internas que hay en el localismo.
Todavía no había llegado la dictadura, pero estaba flotando la violencia. En el momento que ambos me dijeron que sí decidí apurar los encuentros, porque tenía temor.
El contexto que nos rodeaba tenía cierta opacidad. Un motivo era que la madre de Borges estaba prácticamente inmovilizada, quizás agonizante, en uno de los cuartos del departamento, allí, en la calle Maipú.
Frente a esa inminencia, Borges estaba como que se le desprendía el mundo. Borges era un chico de la casa, no era como Sabato, que fue un tipo de lucha, digamos. Eran diferentes”.
Para “evitar ese ámbito de opacidad donde estaba la madre aislada”, el lugar elegido fue la casa de Renée Noetinger, una pintora que vivía en el edificio contiguo al de Borges. En el comedor de aquel departamento señorial, los escritores conversaban mientras un grabador antiguo capturaba sus voces y Barone hacía preguntas, breves comentarios y algunas notas.
“Los diálogos empezaron con un buen sentimiento de los dos. Era como si se sintieran felices en ese momento histórico de encontrarse. Cuando bajábamos y acompañábamos a Borges a la casa, en la puerta seguían charlando”.
—¿Pero qué música le interesa a la juventud hoy? —preguntó Borges.
—La música rock —respondió Sabato.
—¿El estruendo, el ruido?
—No seamos injustos. Sé que a usted, en general, no le interesa la música. Pero los Beatles son grandes músicos.
—Creo que sí —comentó Borges—. Mi sobrino me dijo una vez: Vas a oír un disco. ¿Qué es? le pregunté. No voy a decírtelo, me contestó. Puso el disco, lo oí y quedé muy enternecido. Eran los Beatles. Si hubiera sabido de antemano me hubiera puesto en guardia.
El primer encuentro fue apenas dos meses después de aquella tarde en la librería La Ciudad, el 14 de diciembre de 1974; el último, el séptimo, el 15 de marzo de 1975. A mitad de camino, durante ese verano, la masiva revista Gente se enteró y les propuso a Borges y a Sabato hacer una nota.
Era el gran reencuentro público luego de veinte años, ya que el libro aún se estaba escribiendo. La nota la hizo Alfredo Serra, “el Pingüino”, en un café del barrio de San Telmo, frente a la Plaza Dorrego. A los pocos días volvieron a la casa de Noetinger a continuar con lo que sería Diálogos Borges-Sabato, que saldría al año siguiente, con el fatídico Golpe de Estado ya convertido en realidad.
En el último encuentro pactado, Borges, más desilusionado que sorprendido, dijo: “¿Cómo? ¿Se terminaron?” “Es que si seguimos hablando, Borges, este va a ser un libro eterno”, le respondió Sabato que luego, como todos esos sábados, volvió a cruzar la Plaza San Martin caminando hasta llegar a la Estación de Retiro, para subirse al tren que lo llevaba a Santos Lugares, donde vivía.
Al poco tiempo, el 8 de julio de 1975, murió Leonor Acevedo Suárez, la madre de Borges. Sabato fue al funeral en el Cementerio de la Recoleta. “Se reencontraron, hablaron y cada uno volvió a su mundo. Y nunca más se vieron, tampoco hablaron mal públicamente del otro”.
“Empecé a corregir las grabaciones antiguas en una máquina de escribir Corona.
A medida que me visitaba con uno y con otro para obtener nuevos datos, porque a veces el grabador fallaba, sobre todo para saber el nombre de algunos escritores extranjeros que nombraban, como el poeta Hölderlin, al que Sabato solía citar, yo iba aprendiendo, rapiñando como un carancho joven lo que uno cree que viene de una sabiduría diferente.
Cuando terminaron los encuentros, ninguno de los dos volvió a hablarme del otro ni a vincularse. Ahí queda un enigma, un misterio”, cuenta Barone.
Una postal de época. La Feria del Libro de 1976 se hizo inmediatamente después del Golpe: entre el 27 de marzo y el 12 de abril en el Centro de Exposiciones de Buenos Aires. Por el stand donde se vendía Diálogos Borges-Sabato pasó Jorge Rafael Videla con la delegación presidencial, y se llevó un ejemplar. “Luego, en la prensa, fue considerado un hecho cultural: que el libro lo vaya a leer el presidente de facto.
Y eso fue lo que trascendió, lo que era cierto, pero trascendió sin críticas, sino al revés, como una alabanza”.
Al mes de la Feria, Borges y Sabato se encuentran en un almuerzo sórdido. El 19 de mayo de 1976 Videla invita a un grupo de escritores. Van también Horacio Esteban Ratti y el padre Leonardo Castellani, quien tuvo la osadía de preguntar dónde estaba Haroldo Conti, reciente desaparecido (en 1980, Videla le confirma a algunos periodistas españoles que Conti estaba muerto).
Al salir del almuerzo, los periodistas los estaban esperando. Hacen algunas declaraciones sobre el “respeto mutuo” de esa reunión y se alejan. “También se alejaron del libro; un muchacho moderno diría que lo ningunearon. Ninguno de los dos ganó dinero con el libro, por supuesto yo menos.
El libro se dejó de editar, cayó en un abismo, por un acantilado sin fin. Yo traté de luchar por el producto, para llamarlo de un modo moderno, y fue inútil. Ni Sabato ni Borges tuvieron interés en que el libro siguiera. Pasaron veinte años sin que el libro fuera reeditado.
Yo tampoco hice demasiado. Yo era un intruso, el libro era de ellos. Pasaron veinte años y en 1996 se reedita. Y también: se agota y no vuelve a reeditarse. Hasta 2007, la última reedición”.
Borges y Sabato en la delegación de escritores después del almuerzo con Videla en mayo de 1976
—Volviendo al tema —retoma Sabato—, pienso que la exacerbación de una civilización técnica tenía que hacer resurgir las potencias mágicas. Eso se advierte hasta en cosas tan menores como el comercio con horóscopos. Son disparates hechos sin la mínima seriedad, pero revelan una necesidad profunda de la gente.
—No sé quien me dijo que los horóscopos los hacían los amanuenses y el que los leía era el maestro —comenta Borges.
—Yo creo seriamente en los horóscopos, cuando están hechos como es debido. Xul Solar hizo los horóscopos de mis dos hijos y durante muchísimos años me resistí a conocerlos. Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte.
—Cómo, ¿usted le tiene miedo a la muerte?
—La palabra exacta sería tristeza. Me parece muy triste morir.
—Yo pienso que así como a uno no puede entristecerlo no haber visto la guerra de Troya, no ver más este mundo tampoco puede entristecerlo, ¿no? En Inglaterra hay una superstición popular que dice que no sabremos que hemos muerto hasta que comprobemos que el espejo no nos refleja. Yo no veo el espejo.
Se habían conocido en lejanas noches de conversaciones intensas sobre arte y literatura en la casa de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, con unas cuantas ediciones de la revista Sur sobre la mesa, junto a otros libros, el cenicero, tazas de café y copas de vidrio.
El distanciamiento llegó a mediados de la década del cincuenta, con el bombardeo a la Plaza de Mayo y el posterior Golpe de Estado de Eduardo Lonardi y su Revolución Libertadora que derrocó a Perón como clima de época. En esa herida tajante que partió en dos a la sociedad entera, Borges y Sabato quedaron enemistados ideológicamente, incluso más que antes: el contexto no hizo más que acelerar algo que ya existía.
Bajo el puente de esa historia pasaron ocho años y Sabato intentó el acercamiento. En 1963, publicó un ensayo titulado Tango, discusión y clave. En el prólogo le dirige unas palabras a Borges y le dice, sobre las páginas de su libro, que “mucho me gustaría que no le disgustasen. Creameló”.
Pero fue casi diez años después que Anneliese von der Lippen se lo leyó a Borges. “Sabato veía en Borges a un gran poeta y le atraían más sus poemas de Fervor de Buenos Aires, por ejemplo, esa nostalgia y melancolía porteña, antes que el Borges más filosófico de El Aleph y tantos cuentos”.
“Borges y Sabato son dos líneas paralelas. Como en un aeropuerto dos pasajeros están en una fila para hacer un trámite. Empiezan a dialogar y se dan cuenta que son dos opuestos en las cosas que van diciendo pero que mantienen la cordialidad y la cercanía, porque no son bestias ni brutos, y cuando llegan a la plataforma donde cada uno tiene que viajar se distancian porque viajan en distintos vuelos, en distintas direcciones”, dice, ahora, Orlando Barone y agrega, sobre Diálogos Borges-Sabato, que “todo libro es como un tuit: es un gorjeo que al principio parece estridente y se apaga enseguida. Es muy difícil que un libro pase el cedazo de la historia”.
Sin embargo, fue encontrando lectores. Hace muchos años un amigo le trajo a Barone un ejemplar que encontró en una librería de Budapest. “Lo tengo acá”, dice, orgulloso. También llegó a Portugal, Francia, Italia, incluso países como Kosovo, “pero no está en el idioma universal, digamos, que es el inglés: no se edita porque es una cláusula que le impusieron a la editorial y nadie hizo objeción”.
Hacer el libro, allá por el verano de 1974-1975, los encuentros, ser el puente de una conversación ansiada, las transcripciones, las correcciones, ver el libro terminado, todo eso, resume, fue “un momento inolvidable”. “En este contexto que vivimos, esto parece casi una ficción romántica recordada por un viejo nostálgico”, y suelta una risa breve que hace eco del otro lado del teléfono.
La historia del café que reencontró a Borges y Sabato en el Plaza Dorrego
El mítico Plaza Dorrego, uno de los bares porteños conocidos como “notables”, atraviesa una crisis que pone en peligro su continuidad. Sus empleados denunciaron que hace varios meses que no les pagan los salarios y el dueño del fondo de comercio debe cinco meses de alquiler. El lunes bajó sus persianas y por ahora no hay indicios de que la vuelva a subir.
Ubicado desde hace 140 años en la esquina de Defensa y Humberto Primo, en el barrio de San Telmo, Plaza Dorrego es un sitio histórico principalmente reconocido por haber albergado un encuentro entre los escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato en la década del ´70.
Hubo un intermediario indispensable para que aquel encuentro sucediera. Borges y Sabato estuvieron 20 años distanciados por diferencias políticas hasta que en un verano de 1975, el periodista de Infobae Alfredo Serra logró reunirlos. En esta nota, se reconstruyen fragmentos de la crónica de aquella charla imperdible. La lección de dos grandes.
La idea implicaba la reunión de mucho más que dos enormes escritores, eran dos ídolos de la literatura argentina. No fue fácil, recordó recientemente en una crónica. Borges y Sabato, amigos alguna vez, llevaban dos décadas no sólo sin hablarse: dos décadas de franca enemistad por razones políticas.
Sin embargo, ante la posibilidad de aportar algo de su talento a miles de lectores, olvidaron rencores y polémicas, y protagonizaron, a lo largo de una mañana inolvidable, este diálogo y estas imágenes que hoy son un clásico del periodismo nativo. Acaso por esas simetrías que, según Borges, le gustan al destino, el encuentro sucedió apenas unos meses antes de la primera Feria del Libro. La que a partir de allí, nunca iba a detenerse.
Recrear aquella charla y aquella reconciliación es más que un placer intelectual. Es también una lección para la clase política, casi siempre separada por mezquindades y casi siempre alejada del bien supremo: el país y su gente.
Verano de 1975: el encuentro.
El alejamiento se mantuvo hasta que una circunstancia casual produjo algo nuevo. En una ocasión, Borges firmaba libros en una librería del centro. Sabato pasó por allí. Entonces, algunos de los que esperaban la firma de Borges se acercaron a Sabato y le pidieron que también firmara.
Así, en libros de Borges, pueden encontrarse dedicatorias de Sabato: un símbolo de lo que pasaría después. El escritor se acercó a Borges y lo saludó. Borges lo abrazó. Acaso ninguno de los dos había olvidado la polémica, las palabras ásperas, los casi veinte años de silencio.
Pero el fervor, la devoción, algunas preocupaciones comunes y ciertas inevitables coincidencias volvieron a acercarlos. Al fin de cuentas, los dos estaban en el centro de una Buenos Aires que aman y aborrecen, que contaron como pocos, que guarda para siempre su gloria (sus libros) y que algún día guardará sus huesos.
Hablaron mucho. Los primeros testigos de ese diálogo (Anneliese von der Lippen, amiga de Borges y traductora de la obra de Sabato al alemán, y Orlando Barone, un escritor joven, autor de Debajo del ombligo) pensaron que esa conversación debía prolongarse.
Sintieron que las palabras de esos dos hombres merecían otro destino que el olvido. Muy pronto hubo un grabador entre ellos. Muy pronto habrá un libro con sus conversaciones, que tienen -ya se verá-, algo de testamento, de balance, de eternidad.
La tentación fue demasiado grande. Y una mañana, a comienzos de febrero, muy temprano (yo había leído que el hombre de Santos Lugares madruga y contempla las plantas), marqué los siete números que encierran fantásticas cábalas.
Tuve miedo al decir «Buenos días». Tengo miedo ahora, cuando ya todo ha sucedido. Porque le pedí a Sabato que se encontrara con Borges. Que salieran juntos. Que recorrieran umbrales dormidos del sur, rejas oxidadas, almacenes tibios, plazas apenas reales. Y Sabato me dijo que sí.
Las cosas sucedieron un martes. Poco importa, pero Sabato tenía zapatos anchos, pantalones grises, saco azul, camisa colorada, y Borges interrumpía el azul profundo de su traje con una corbata verde y amarilla.
Borges: -La vida es soportable porque ocurre en tajadas. Uno se levanta, se afeita, desayuna. Va haciendo las cosas lentamente. Por eso la vida es menos espantosa…
Sabato: -Claro. Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo «Buenos días». Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen «buenos días» o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe El Quijote. A veces paga impuestos.
B.: -Es cierto. Lo mismo que esos que dicen: «A fulano lo conocí cuando era de este alto». Bueno, ¿qué pretenden? ¿Que naciera siendo gigantesco?…
S.: -Muchas señoras de la época habrán dicho algo similar de Proust: «¿Quién iba a decir que Marcelito escribiría una obra maestra?». Los famosos no pueden vivir a la vuelta. Tienen que vivir en el país de ninguna parte.
B.: -Sí, en Utopía. Las palabras tienen trampas. Uno dice: «Ese lugar es estupendo». Y «estupendo» parece provenir de estúpido…
S.: -Yo inventé la palabra «afroidisíaco», que es una combinación de Freud y «afrodisíaco».
B.: -Yo conocí una orquesta de zíngaros. Pero en realidad no eran tan zíngaros. Eran apenas «gríngaros».
S.: -El portugués es un idioma deshuesado. Las consonantes fuertes han ido desapareciendo, y parece que le faltaran huesos. En cambio, el alemán es fuerte. Los carteles de prohibición, en los trenes, gritan: «¡Verboten!». Así, entre signos de admiración, como diciendo: «Cuidado que aquí atrás está el gobierno!». Los italianos son más ceremoniosos, más explicativos.
B.: -¿Estamos en Parque Lezama?
S.: -Sí. Me gustaba más antes, cuando no estaba tan endurecido por las veredas, cuando los caminos eran de tierra.
B.: -El Parque Lezama me trae muchos recuerdos… ¿Hay escalones ahora?
S.: -Los peores. Hay escalones que no parecen escalones…
B.: -Es lo que sucede en la oscuridad.
S.: -¿Cuál es la mejor traducción que usted conoce, Borges? La mejor traducción de cualquier cosa.
B.: -Es difícil…
S.: -Dicen que la Biblia es una gran traducción. Y Proust al inglés, también.
B.: -Es posible. Sin embargo, el traductor de Proust empezó mal. En busca del tiempo perdido no responde al original. Es una cita de Shakespeare.
S.: -Es cierto. Suena un poco absurdo.
B.: -Hace un instante alguien me recordó que yo escribí en un prólogo que la única cifra que recordaba del catálogo de Bruselas (un catálogo para bibliotecarios) es el número 213, que corresponde a Dios. Ya había olvidado ese número, en realidad…
S.: -Doscientos trece. Es un número bastante cabalístico, sin embargo. La suma es seis. Está formada por los tres primeros números (uno, dos, tres). Empieza por el par, que es la dualidad del mundo. Termina con el tres, que es la Trinidad. En fin, la cosa no está tan mal. Para principiante de bibliotecario le fue bastante bien, Borges.
B.: -Hablamos el otro día de sabiduría popular. De adagios…
S.: -Los adagios aciertan siempre. Uno dice: «Al que madruga Dios lo ayuda». Y otro: «No por mucho madrugar amanece más temprano». Claro, así es fácil. Si no acierta por un lado, acierta por el otro.
B.: -Es el caso de «Más vale pájaro en mano que ciento volando» y «Más vale buena esperanza que ruin posesión», que es lo contrario.
S.: -Claro, adagio y contraadagio. La sabiduría de los adagios es una especie de perogrullada. Además, algunos son siniestros, canallescos. Por ejemplo: «La caridad bien entendida empieza por casa». Hablar de sabiduría de un pueblo sobre bases semejantes es una iniquidad…
B.: -Me acuerdo de una frase feliz de Paul Groussac. Decía que Sarmiento sabía el latín y sospechaba el griego…
S.: -Suele decirse: «Fulano domina varias lenguas». Generalmente, uno no domina ni la de uno.
B.: -Más bien está dominado por ellas…
S.: -Es que hay lenguas insospechables. Algunos lectores, aunque no se conozca el idioma, pueden sospecharse. Pero en Hungría, por ejemplo, uno nunca sabe si el cartel dice «Caballeros» o «Prohibida la entrada». El húngaro es terrible…
B.: -Podríamos tomar una caña…
S.: -Bueno. Enfrente hay un almacén.
B.: -¿En qué esquina?
S.: -Defensa y Humberto Primo.
B.: -¡Ah! Muy cerca. Recuerdo que hay una iglesia danesa que parece de juguete. Y también una iglesia rusa.
S.: -Recién, cuando estuvimos sentados en la plaza Dorrego, Serra dijo que ese momento le parecía histórico…
B.: -Bueno, todos los hechos son históricos.
S.: -¿Le parece? Yo creo que si un hombre se acerca y dice: «Buenos días, caballeros. ¿Me permiten venderles unos tapices?», no está protagonizando un hecho histórico.
B.: -Es posible. ¿Tomamos esa caña, entonces? ¿Por dónde estamos?
S.: -Por el Obelisco.
B.: -¿Y cuándo nos conocimos nosotros? A ver… Yo he perdido la cuenta de los años. Pero creo que fue en la casa de Bioy Casares, en la época de Uno y el universo, ¿no?
S.: -No, ese libro es de 1945. Creo que nos conocimos antes. Sí, en casa de Bioy, pero un poco antes, a raíz de un trabajo que publiqué en Sur sobre La invención de Morel. O sea… debe de haber sido por el 40. ¡Qué barbaridad! Entonces hace treinta y cinco años.
B.: -Esas reuniones… Recuerdo que podíamos estar toda la noche hablando sobre literatura o filosofía. Era un mundo diferente. Ahora, me dicen, se habla mucho de política. Pero a la gente le interesan los políticos. La política abstracta no. Nuestras preocupaciones eran otras…
S.: -Yo más bien diría que en aquellos encuentros hablábamos de nuestra pasión: la literatura, la vida… Pero no porque no nos preocupara la política; a mí, al menos.
B.: -Es que no se hacía ninguna referencia a los diarios, a las noticias cotidianas, fugaces…
S.: -Sí. Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay es el diario, y es lo más viejo al día siguiente.
B.: -Claro, eso está escrito para ser olvidado. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Ellos mismos se encargan de borrarlo al día siguiente. Eso no puede ser muy importante, ¿no? Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.
S.: -Dígame si no sería mejor publicar un diario cada año, cada siglo tal vez. Quiero decir: cuando sucede algo verdaderamente importante, nuevo. ¿Cómo se puede pensar que haya hechos trascendentes todos los días?
B.: -Es que no se sabe de antemano cuáles son. La crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió.
S.: -Imaginemos un título a toda página: “EL SEÑOR CRISTOBAL COLON ACABA DE DESCUBRIR AMÉRICA”.
B.: -Como yo nunca he leído un diario, siguiendo el consejo de Emerson…
S.: -¿Quién? Ah… Emerson. Yo casi no los leo. Apenas cuando considero que algo es importante.
B.: -Ese tiempo parece muy lejano. Sí, claro, cronológicamente es lejano. Sin embargo, pienso en aquello como si fuera contemporáneo…
S.: -El tiempo no existe, claro… ¿Se acuerda, Borges, que aparte de la literatura y la filosofía, usted y Bioy sentían una gran curiosidad por las matemáticas? La Cuarta Dimensión, el Tiempo… aquellas discusiones sobre Dunne y el Universo Serial…
B.: -¡Caramba! Claro. Los números transfinitos, Kantor…
S.: -Y el Eterno Retorno, Nietzsche, Blanqui…
B.: -¡Y los pitagóricos!
S.: -Las aporías, Aquiles y la Tortuga… Nos divertíamos mucho, sí. Recuerdo cuando Adolfito leía los cuentos de Bustos Domecq recién salidos del horno. Pero a Silvina Ocampo no le gustaban, permanecía muy seria, ¿no?
B.: -Silvina solía leer esos textos con indulgencia, casi con gesto maternal.
S.: -¿Le parece? Yo creo que sentía fastidio. A veces se iba a otra parte a escuchar a Brahms.
B.: -A mí, sin embargo, los cuentos de Bustos Domecq me causaban gracia, a pesar de que esa gracia después no fuera compartida por nadie.
S.: -Vamos, Borges, no embrome. Y también se hablaba mucho de Stevenson. Eso de los silencios de Stevenson. Lo que calla a veces es más significativo que lo que expresa.
B.: -Claro, los silencios de Stevenson… Y también Chesterton, Henry James… Se hablaba menos.
S.: -Al que le interesaba mucho era a Pepe Bianco.
B.: -Sí. El había traducido The Turn of the Screw. Mejoró el título, es cierto. ¿Otra vuelta de tuerca es superior a La vuelta de tuerca, no?
S.: -Representa con más calidad la idea de la obra. Al revés que con ese libro de Saint-Exupéry llamado Terre des homes, traducido como Tierra de hombres. Como quien dice Tierra de machos, cuando lo que en realidad quiere significar (además lo dice literalmente) es Tierra de los hombres, la tierra de estos pobres diablos que viven en este planeta. No sólo ese traductor no sabe francés sino que no entendió nada de Saint-Exupéry.
B.: -La enormidad de las traducciones… Hay un filme inglés cuyo título original, The Imperfect Lady, lo tradujeron aquí como La cortesana. Perdió toda la gracia, naturalmente…
S.: -¿Y qué me dice de La mujerzuela respetuosa? ¡A lo que puede llegar la cursilería!
B.: -Mujerzuela… una palabra que ya nadie usa.
S.: -La misma mojigatería con la obra de John Ford: Lástima que sea una perdida. ¿Se imagina? Nada menos que un autor como Ford, un tipo de esa época de piratas.
B.: -¡Sí! Precisamente altera el título, que es donde más ha trabajado el autor. Cuando eligió uno es porque lo ha pensado mucho. Nadie, ni el traductor, debe creerse con derecho a cambiarlo.
S.: -¿Y acaso el título no es la metáfora esencial del libro? Del título podría decirse lo que se ha afirmado de los sistemas filosóficos, que casi siempre son desarrollo de una metáfora central: El río de Heráclito, La esfera de Parménides…
B.: -Claro, suponiendo que los títulos no sean causales… Bien, se supone que los libros no son causales…
S.: -Con optimismo a veces… A propósito, pienso en las editoriales y las comparo con los bancos. Son instituciones paradójicas. El banco le presta dinero al señor que no lo necesita. El editor le publica al escritor que todos se disputan. Eso hace difícil cualquier comienzo. Sin embargo, es extraño, uno ve los estantes de las librerías y es como una invasión de títulos. Debe de haber más autores que lectores, creo. Y otro fenómeno: el de los quioscos. Desbordan libros. Antes, por el año 35, solamente Arlt se vendía en los quioscos…
B.: -¿Libros en los quioscos…?
S.: -Sí, El Aleph, Ficciones y también los clásicos. Sí, Borges, y me parece bien que sus libros estén allí en la calle, casi al paso de cada lector. Se han multiplicado las posibilidades de acercarnos.
B.: -Pero… Es que antes no era así, claro…
S.: -Pero mucho antes, ¿recuerda que los almacenes de campo, cuando hacían sus pedidos a Buenos Aires, junto a las bolsas de yerba y a los aperos, pedían algún ejemplar del Martín Fierro?
B.: -Martín Fierro no es precisamente un personaje admirable, sino admirable el poema como arte. No, Martín Fierro no es un ejemplo, claro…
S.: -Para usted es una especie de antihéroe, creo…
B.: -Un desertor que deleita a los militares. Porque el Martín Fierro es la historia de un desertor. Pero si usted le dice eso a un hombre de armas, se indigna. Hasta Ricardo Rojas, en la Historia de la literatura argentina, lo defiende con argumentos inexistentes. Alega que en el libro se ve la conquista del desierto, la fundación de ciudades. Francamente no he leído una sola palabra de eso, ¿no?
S.: -Es que Fierro es un iracundo, un rebelde ante muchas de las injusticias de su tiempo…
B.: -Mi abuela, en 1872, vio a los soldados en el cepo. Hernández no conoció nada de eso. Se documentó, se basó mucho en el libro de su amigo Mansilla. Pero no aceptó que Martín Fierro fuera un mensaje de protesta social; es más bien un alegato contra el Ministerio de la Guerra, como lo llamaban entonces. No creo, no, que Hernández ansiara un nuevo orden social. Además era rosista, y jordanista después…
S.: -Importa sí el significado del canto. Pienso que el poema es el exilio de los gauchos, un canto para los pobres en su propia patria. No sé cuál habrá sido el propósito deliberado de Hernández al escribirlo, y eso no importa. Usted sabe que los propósitos siempre son superados por la obra cuando se trata del arte. ¿Quién recuerda en qué acceso de patriotismo Dostoievski se propuso escribir un libro titulado Los borrachos, contra el abuso del alcohol en Rusia? Le salió Crimen y castigo…
B.: -Si El Quijote fuera simplemente una sátira contra los libros de caballería, no sería El Quijote. Si al final, cuando termina la obra, el autor piensa que hizo lo que se propuso, la obra no vale nada.
S.: -Volviendo a lo de Martín Fierro, lo que usted dijo antes lo comparto en algo: no se lo debe valorar como testimonio de protesta. O diría, mejor, por el solo hecho de ser un libro de protesta, porque en este caso, cualesquiera que sean sus valores morales, no alcanzaría a ser una obra de arte. Pienso que si Martín Fierro vale es porque a partir de esa rebeldía accede a esos altos niveles y expresa los grandes problemas espirituales del hombre, de cualquier hombre y en cualquier época: la soledad y la muerte, la injusticia, la esperanza y el tiempo.
B.: -Además, Fierro es un personaje viviente, que, como pasa con las personas reales, puede ser juzgado muy diversamente, según se lo mire…
S.: -De allí las interpretaciones que permite. Sociológicas, metafísicas…
B.: -Yo no he dicho una palabra contra el Martín Fierro…
S.: -Es que ha habido reportajes, no siempre responsables, donde usted aparece diciendo otras cosas… Me parece útil que se aclare.
B.: -He dicho, sí, que proponer a Martín Fierro como personaje ejemplar es un error. Es como si se propusiera a Macbeth como buen modelo de ciudadano británico, ¿no? Como tragedia me parece admirable; como personaje de valores morales no lo es…
S.: -Prueba que un gran escritor no tiene por qué crear buenas personas.
B.: -Qué extraño. Ahora recuerdo que Macedonio Fernández tenía una teoria que yo creo errónea. El decía que todo personaje de novela tenía que ser moralmente perfecto. Desde esa perspectiva, sin conflictos, resultaría difícil escribir algo…
S.: -Parecería un chiste de Macedonio, realmente…
B.: -No, no. Era en serio. Bueno, sería como anular la novela, ¿no?
S.: -Basta mirar los grandes protagonistas de las novelas. Siempre marginados, tipos casi siempre fuera de la ley…
B.: -Hay una frase que Kipling escribió al final de su vida. Dice: «A un gran escritor puede estarle permitido inventar una fábula, pero no la moraleja». El ejemplo que eligió para sostener su teoría fue el de Swift, que intentó hacer un alegato para el género humano y terminó haciendo Gulliver, un libro para chicos. Es decir: el libro vivió, pero no con el propósito del autor.
S.: -Es lo bastante complejo para ser un espantoso alegato y un libro de aventuras para chicos. Esa ambigüedad es frecuente en el arte.
B.: -Se me ocurre algo. Supongamos que Esopo existió y que escribió sus fábulas. Pero posiblemente le divertía más la idea de animales que hablaban como hombrecitos, que las moralejas, ¿no? Esas moralejas se agregaron después.
S.: -Ninguna obra de arte es moralizadora en el sentido edificante de la palabra. Sirven al hombre en un sentido más profundo, como sirven los sueños, que casi siempre son terribles…
Sarmiento se propuso escribir un libro contra la barbarie y la conclusión fue un libro bárbaro. Facundo expresa lo que hay en el fondo del corazón de Sarmiento: un bárbaro.
B.: -Sí, sí. Es verdad.
S.: -Lo admirable del Facundo es la fuerza de sus pasiones. Está lleno de afectos sociológicos e históricos. Es un libro mentiroso. Y una gran novela…
B.: -Sólo cuando una obra no vale, cumple los propósitos del autor.
S.: -El artista es por excelencia un rebelde. Por eso en las revoluciones nunca le va bien, y mucho menos a los novelistas.
B.: -En Rusia, hicieron dos filmes de Iván el Terrible: uno, al comienzo, era contra el zarismo; el otro, cuando Stalin se había convertido en un nuevo zar, en favor del zarismo…
S.: -El artista sólo puede hacer arte grande en absoluta libertad. Lo otro es el sometimiento, arte convencional, y por lo tanto falso. Y por lo tanto no sirve al hombre. Los sueños son útiles porque son libres.
Verano de 1975: Epílogo, ¿o prólogo?
Dejaron atrás las rejas, los adoquines antiguos, la certeza del río cercano. Como diría Borges, salieron del territorio de los arrabales y la desdicha y entraron en la mañana del centro y la serenidad. Se despidieron con pocas palabras. Borges cerró la puerta del ascensor. Sabato se metió rápidamente en un auto.
Una hora más tarde, estaría otra vez en su jardín de Santos Lugares.
En un café casi vacío escuché la grabación. Al llegar al final, entendí que no se habían propuesto urdir una charla memorable, ávida del mármol o del bronce. Simplemente, se habían dejado arrastrar por palabras amistosas, por recuerdos, por sucesos desordenados, por algunos nombres propios.
Sin embargo, casi sin testigos, junto a un aljibe silencioso en la mesa de un almacén, habían hablado de la vida y la muerte, de la eternidad, de Dios, de reyes y de poetas, de lenguas remotas y de noticias urgentes.
En la larga cinta marrón, dentro de un grabador parecido a todos los grabadores, quedaba un cosmos.
Y ahora, al final de la nota, la tentación también es grande.
Yo podría armar un final con laberintos, espejos, senderos que se bifurcan, ángeles exterminadores, Alejandras, ciegos.
Mezclar la matemática y el caos. Pero no: callar exactamente aquí es rendir un homenaje a Borges, a Sabato. Es pedir con fervor que este epílogo sea apenas un prólogo. Es esperar que estos dos hombres hablen hasta el fin de los tiempos.
Muy Interesante(J.Álvarez) — En las islas británicas están bien servidos de misteriosos iconos pétreos. El más famoso es la Piedra del Destino que se guarda en el Castillo de Edimburgo y se coloca bajo el trono británico durante la coronación de los reyes.
Pero hay otros. Uno de ellos, igualmente curioso, se encuentra en pleno centro de Londres, en el 111 de Cannon Street (enfrente de la estación homónima), encajada en uno de los muros de una sucursal de WHSmith, donde pasa bastante desapercibido: la London Stone es un bloque irregular (unos 53 cm de ancho por 43 cm de alto y 30 cm de fondo) de piedra caliza que, se cree, formaba parte de algo mucho más grande.
Sólo que no hay datos.
La primera vez que se menciona documentalmente es en la Survey of London que elaboró John Stow en 1598, con una referencia al siglo X, en tiempos del rey sajón Aethlestan.
Es más, en la Edad Media se hizo popular y los monarcas adoptaron la costumbre -luego perdida- de golpear ritualmente la piedra con sus espadas, tal como refleja Shakespeare en su obra Enrique VI; eso la popularizó hasta el extremo de abundaron en el entorno los nombres de lugares e incluso apodos de personas alusivos.
En tiempos de Isabel I se le hicieron poemas y en el siglo XVII se vendían, como recuerdo, pedazos arrancados a martillazos.
Pero los arqueólogos opinan que su origen se remonta a la época de la ocupación romana. De hecho, algunos piensan que la piedra sólo es la parte visible de alguna construcción que hoy se mantendría enterrada e inescrutable, mientras que otros sugieren que probablemente fue trasladada allí desde Bath para algún monumento.
Difícil saberlo puesto que todo a su alrededor ha sido urbanizado. La reja es decimonónica y se colocó por la necesidad de proteger la roca del vandalismo, igual que un par de siglos antes le habían puesto una hornacina.
Vista cercana completa de la caseta de exhibición donde se encuentra actualmente la llamada «Piedra de Londres».
Lo cierto es que hay teorías para dar y tomar, alguna realmente estrambótica: la piedra de donde Arturo extrajo Excalibur; un miliario romano, tal como expresó Charles Dickens en su Diccionario de Londres; un talismán aún más antiguo que los druidas usarían es sus cultos, como se propuso -sin base alguna- en el siglo XVIII; un fetiche o tótem del antiguo Londres, teoría decimonónica que entroncó con otra que la identifica con el Palladium primigenio de Brutus, personaje de incierta historicidad…
La arqueología si ha podido establecer que formaba parte de la entrada de un complejo arquitectónico romano, un edificio administrativo, acaso el pretorio de Londinium.
Pero, de momento, dada la imposibilidad de excavar, el misterio sigue en el aire.
La «Piedra de Londres» originalmente estaba situada en el lado sur de la calle medieval llamada ‘Candlewick’ (luego modificada y ampliada para crear la moderna ‘Cannon Street’), y es señalada en esa posición en el Mapa Copperplate de Londres fechado en los años 1550 (mapa que se encuentra actualmente en el Museo de Londres).
Esta pieza histórica fue descrita en 1598 por el historiador londinense John Stow como « una gran piedra conocida como «Piedra de Londres», ubicada en «posición vertical… y bien fija en profundidad en el suelo con ayuda de unas barras de hierro» ».
Stow no registró las dimensiones de esta «piedra grande», pero afortunadamente un visitante francés que estuvo en esa zona unos veinte años antes, señaló que la piedra en cuestión era de tres pies de alto, dos pies de ancho, y un pie de espesor (90×60×30 cm).
De lo expresado puede deducirse que «La Piedra de Londres» fue un punto de referencia local, pero al menos la parte de ella que afloraba a la superficie no era particularmente importante por sus dimensiones.
Se desconoce con certeza la función o simbología original de la «Piedra de Londres», aunque al respecto ha habido muchas especulaciones y suposiciones, según será indicado más adelante, en la sección titulada: «Interpretaciones».
Pero por lo general se admite que la referencia confiable más antigua a esta piedra, es la referida por John Stow en su obra Survey of London del año 1598. Stow expresaba allí en una lista de propiedades en Londres pertenecientes a la Catedral de Canterbury, a un pedazo de tierra descrito como cercano a la «Piedra de Londres».
Según este historiador, esa lista estaba indicada en un ‘Libro del Evangelio’ o ‘Gospel Book’ dado a la catedral por Athelstan (o Æthelstan), rey de los sajones del oeste, y usualmente señalado como rey de Inglaterra desde 924 a 939. Pero no es posible confirmar completamente esta afirmación de Stow, ya que el documento al que se refería no pudo ser identificado con certeza.
Sin embargo, la lista más antigua existente en relación a las propiedades en Londres de la Catedral de Canterbury, es una que ha sido fechada entre 1098 y 1108, y que contiene una referencia a una propiedad brindada a la catedral por un hombre llamado «Eadwaker AET stane Lundene» (o «Eadwaker de la Piedra de Londres»).
Y a pesar de que no se ha identificado en la British Library ningún ‘Libro de Evangelio’ o ‘Gospel Book’ con una lista como la señalada, podría ser que Stow hubiera visto un texto similar.
La «Piedra de Londres» en el # 111 de ‘Cannon Street’, en octubre de 2012. La planta baja de ese edificio está ocupada por un local de la cadena de librerías
También es posible que como Eadwaker, algún otro londinense medieval hubiera adquirido o adoptado el «sobrenombre» de «at London Stone» o de «of London Stone», en razón de que viviera cerca de ese lugar.
Uno de esos personajes fue «Ailwin of London Stone», el padre de Henry Fitz-Ailwin, el primer Lord-superintendente de la ciudad de Londres (en inglés: Lord Mayor of London), quien constituyó sus oficinas en esa época, entre 1189 y 1193, y quien gobernó la ciudad hasta su muerte en el año 1212.
La casa de Henry Fitz-Ailwin estaba algo apartada de la calle Candlewick, al norte de la Iglesia de St Swithin.
La «Piedra de Londres» era sin duda un punto de referencia en el Londres medieval, y cuando en 1450, Jack Cade, líder de una rebelión contra el gobierno corrupto de Enrique VI, entró en la ciudad con sus hombres, golpeó con su espada en la «Piedra de Londres» y se autoproclamó «Señor de la ciudad» o «Superintendente de la ciudad» (en inglés: «Lord of the city»).
Pero relatos contemporáneos no dan ninguna pista en cuanto a la motivación de Jack Cade para haber actuado como lo hizo, ni interpretación alguna de sus seguidores o de los londinenses en relación a esa actuación con supuesta fuerte carga simbólico-emotiva. No hay nada que sugiera que se habría llevando a cabo una ceremonia tradicional o que se habría cumplido con una costumbre.
En los tiempos de la reina Isabel I (1558-1603), la «Piedra de Londres» no era más que un punto de referencia, y así se mostraba y llamaba en los mapas, aunque seguramente fue un punto de interés para los visitantes por derecho propio.
Los turistas pueden haber creído muchas cosas, o les pueden haber contado variadas y jugosas historias, como ser que la piedra ya estaba allí antes de la propia fundación de la ciudad, o que allí había sido establecida por orden del rey Lud (reconstructor legendario de Londres), o que marcaba el centro de la ciudad, o que era un punto para el establecimiento de formas de pago para los deudores.
En 1608, la «Piedra de Londres» también fue citada en un poema de Samuel Rowlands como uno de los «lugares» de Londres de interés a incluir al realizar una visita a la ciudad.
Se transcribe a continuación una parte de dicho poema en inglés que contiene la referencia a la «Piedra de Londres» :
Y tiene gran placer en destacar sus puntos de vista más extraños, La gran altura de las agujas de San Pablo y de la Bolsa de Comercio, La fuente de Billings-gate y la Piedra de Londres, Y en White Hall la monstruosa estructura del palacio
En el siglo XVII, la citada piedra continuó siendo usada como una especie de «dirección», a efectos de identificar a la localidad. Así por ejemplo, la biografía escrita por Thomas Heywood sobre la reina Isabel I (en inglés, Elizabeth I) y publicada en 1631, fue, según su página de título, «impreso por Iohn Beale para Phillip Waterhouse; y vendido en su tienda en el centro de San Pablo, en las cercanías de la Piedra de Londres».
Y por su parte, el impreso English Short Title Catalogue (ESTC) lista allí cerca de 30 libros publicados entre 1629 y la década de los años 1670, en donde una similar referencia a la «Piedra de Londres» se hacía en su página de título.
London Stone en exhibición temporal en el Museo de Londres en 2018
En 1671, la Worshipful Company of Spectacle Makers separó un lote de espectáculos de calidad inferior on London Stone:
«veinticinco docenas (264) de anteojos ingleses, todos muy malos tanto en el cristal como en los marcos no aptos para ser puestos a la venta … fueron declarados malos y engañosos y por sentencia del Tribunal condenados a romperse, desfigurar y estropear ambos cristales. y enmarque el juicio que se ejecutó en consecuencia en Canning [Cannon] Street en la parte restante de London Stone, donde los mismos estaban con un martillo roto en todos los pedazos «.
La referencia a «la parte restante de la Piedra de Londres», puede sugerir que la misma había sido dañada y reducida en extensión durante el Gran Incendio de Londres ocurrido cinco años antes (2-5 de septiembre de 1666), y el que había destruido la iglesia de San Swithin y los edificios vecinos ; más tarde se cubrió esa parte con una pequeña cúpula de piedra para protegerla.
Durante los siglos XIX y XX, la «Piedra de Londres» fue regularmente referida tanto en guías y mapas como en muchas historias populares, así como muy visitada por los turistas.
En su estadía en Inglarerra en los años 1850, el autor estadounidense Nathaniel Hawthorne citó a la «Piedra de Londres» en su diario de viaje, dejando nota de las muescas que presentaba la misma en la parte superior «, y señalando que se decía que habían sido hechas por la espada de Jack Cade.
Wall Street International Magazine((B.R.Rodríguez) — La cuenta atrás para el fin de la mascarilla ya se ha iniciado. En muchos lugares del planeta ya existe fecha para dejar de utilizarlas obligatoriamente, para empezar, en espacios abiertos bien ventilados y donde las personas podemos mantener cierta distancia, conveniente aún.
La contención del coronavirus y las enfermedades que provoca cada vez va mejor. Los datos de esta «buena nueva» hay que tomárselos con cautela, pero son, sin duda, esperanzadores. El buen ritmo de vacunación y la caída significativa de los contagios de COVID-19 llaman a un optimismo que haremos bien en relativizar.
La pandemia que nos viene azotando desde hace cerca de año y medio tiene, como tal, los días contados. No pasará mucho tiempo hasta que la veamos convertida en epidemias de distinta magnitud, desparramadas por aquellos lugares con peores recursos para su tratamiento y prevención.
De hecho, ya lo estamos viendo, el virus ya devasta a las naciones más pobres en una proporción que es terrorífica, pero fácil de imaginar; basta que multipliquen por diez o por cien los efectos de enfermedad y muerte que el coronavirus causó en su ciudad, especialmente si viven en la orilla del mundo que acapara los recursos sanitarios y las vacunas; que es el mismo que se consume con el consumo.
El fin de la mascarilla obligatoria tiene fecha. Ahora que están leyendo este artículo, probablemente ya no la estén utilizando en casa o por la calle, aunque aún deban llevarla en el bolsillo para cuando necesiten entrar en el interior de un lugar concurrido.
La mascarilla ha formado parte de nuestra cotidianidad durante largos meses y todavía lo continuará siendo. Y, como todo aquello que ha formado parte importante en nuestras vidas, experimentaremos sensaciones contradictorias al desprendernos de ellas.
El síndrome de la cara vacía
La mascarilla ha salvado miles, tal vez millones de vidas. Su eficacia ante las diminutas gotitas de flügger que expulsamos al toser, al estornudar o sencillamente al hablar, transmisoras de la enfermedad si provienen de alguien contagiado, es incuestionable.
No perderé un segundo en desmentir a los hacedores de bulos contrarios a su uso, basta con comprender que la importancia de la mascarilla es que nos protege a todos; es decir, funciona como un modo de prevención colectiva que, en consecuencia, nos protege individualmente a cada uno de nosotros.
Pero, la mascarilla también ha sido una frontera opaca para todas las expresiones faciales que tanto nos dicen sobre las emociones y los estados de ánimo de quien tenemos delante.
Nos hemos tenido que acostumbrar a la dificultad de regular las interacciones sociales y el refuerzo de nuestros receptores que conlleva el uso continuado de una mascarilla; es decir, nos niega la otredad, nos limita la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos desde una perspectiva ajena.
La aparición de sensaciones de extrañeza y vulnerabilidad de nuestra imagen como consecuencias de llevar media cara tapada, se ha venido a definir como un síndrome de cara vacía.
El término, acuñado por el psicólogo, José Antonio Galiani, cabe dejarlo claro, no atiende a un concepto psicológico real, no presenta un tipo de sintomatología concreta, ni supone diagnóstico nosológico alguno. Sin embargo, no ver el rostro completo de las personas, por cercanas que sean o conocidas que las tengamos, contribuye disminuir habilidades sociales y a complicar la gestión de las emociones.
Los humanos nos regimos por emociones, algunas de ellas son nucleares como la alegría, el miedo, la ira o la sorpresa, el miedo o el asco. La codificación facial de estas emociones innatas, pero también de otras tantas (quedarnos solo en las emociones básicas sería tan limitado como pintar con los colores primarios sin posibilidad de mezclar), es específica y universal; todo el mundo las expresa de manera tan similar que las hace inconfundibles a la mirada.
Es simplemente impresionante cómo las personas mueven sus músculos faciales de la misma manera para expresar idénticas emociones y sentimientos, al menos dentro de la misma cultura. Creo que me entenderán si les digo que la expresión facial es algo así como el lenguaje del alma.
La expresión de nuestro rostro transmite lo que ocurre en nuestro mundo interior sin que podamos hacer mucho por evitar que tanto nuestras alegrías, como nuestras pesadumbres y contradicciones nos salten a la cara.
La parte de la cara que queda cubierta por la mascarilla: boca, mejillas, la punta de la nariz, reduce notablemente lo que nos puede transmitir la persona que tenemos enfrente. Afortunadamente, a la vista nos quedan los músculos orbiculares de los ojos y los movimientos de la piel de la frente que se expresan a partir del cruce de las miradas.
En un tiempo hecho de miradas
Ya conocemos el refrán: «El amor es un secreto que los ojos no saben guardar». Y es que la comunicación no verbal puede llegar a ser casi más importante que la verbal. Las expresiones gestuales, los movimientos y posturas corporales pueden transmitir infinidad de mensajes. De entre todos los gestos, es la mirada la que más íntimamente se relaciona con nuestros estados de ánimo.
Es tan evidente lo que llega a transmitir una mirada que muchas veces tememos que a través de ellos se nos note el nerviosismo, las expectativas, la vergüenza. Un acto reflejo muy frecuente es el de retirar la mirada cuando ocultamos algo; una mirada que no nos retroalimenta o nos evita reduce la credibilidad. La desviación de la mirada o la «ceguera» emocional, en el sentido de la negación, se traduce en la cosificación o desalienación de uno mismo, de lo subjetivo o lo singular.
De la misma manera, la frecuencia de la mirada suele ser otro indicador del interés o grado de sinceridad que nos despierta alguien o algo. Las pupilas se dilatan ante algo interesante que no podemos controlar, parpadeamos más veces por minuto cuando estamos en una situación de incertidumbre, cuando algo nos produce mayor nivel de ansiedad.
Durante muchos de los meses en el que la pandemia de coronavirus nos tenía contra las cuerdas, lo único cierto era lo incierto.
Tras el confinamiento, nos adentramos en un mundo de gente embozada con la que manteníamos distancia y con la que resultaba difícil interaccionar, relacionarnos; al cruzarnos con cualquiera, o al detenernos un instante a dos metros de alguien conocido, resulta muy difícil que nuestras neuronas espejo nos devuelvan información sobre la otra persona al faltarnos tanta información del rostro.
Tal incertidumbre ha provocado ciertas consecuencias cognitivas relacionadas con las expectativas y la percepción de los sentimientos de personas cercanas y la frustración producto del aislamiento social, así como consecuencias conductuales que nos han llevado aumentar las relaciones que se mantienen únicamente de forma virtual, donde, el lenguaje facial al descubierto nos permite mirar, escudriñar gestos, observar muecas, lo que nos proporciona mayor seguridad.
La mirada es la comunicación más transparente, absuelta de subterfugios. Mirar no es cualquier cosa, implica reconocimiento y sostenimiento. A través de la mirada podemos percibir qué tan conectados emocionalmente estamos con otros. Desde la mirada se dicen cosas. En los momentos más dramáticos de la pandemia, cuando no contagiarse era cosa de suerte, cuando la muerte podía acechar a cualquiera de nuestros seres de edad más queridos, al filo de las mascarillas nuestras miradas expresaban algo difícil de esconder: el miedo.
Se está acercando un día feliz
La felicidad, ya saben, son momentos. Pensar en la felicidad como algo permanente y duradero es una falacia que raya en el desequilibrio emocional. Que podamos prescindir de las mascarillas es una buena noticia. Como individuos con creencias arraigadas de sentirnos libres y con poder de decisión, la libertad de elección de dejar de llevar la mascarilla o de continuar utilizándola a voluntad, nos devuelve a un mundo conocido y seguro, repleto de gestos, muecas y posturas al alcance de una mirada más sensitiva.
No sé lo que supondrá para ustedes, pero para muchas personas dejar atrás mascarillas (y espero que más pronto que tarde, sin menoscabo del sentido del sentido común y la responsabilidad, distancia social y otras medidas restrictivas de nuestra libertad que hasta ahora nos protegían) será, no me cabe duda, un momento feliz.
No se trata de que, con el decaimiento de la obligatoriedad del uso de la mascarilla en zonas abiertas, echemos las campanas al vuelo y abandonemos la prudencia tras la experiencia traumática que hemos experimentado (hay quien más y hay quien menos) con la pandemia de SARS-CoV-2. La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recuerda que, hasta que el número de infecciones, hospitalizaciones y muertes ya no sean considerados una emergencia sanitaria, el coronavirus seguirá siendo un problema del que hay que continuar ocupándose durante los próximos años.
Pero, mientras llega esa realidad deseada del fin de la enfermedad, de los miedos al contagio y de la angustia emocional de la incertidumbre, conviene desplegar nuestros mejores recursos psicológicos para alcanzar un equilibrio, una estabilidad que nos permita vivir con lo que queda de este virus, con sus secuelas, con sus pronósticos y, a la vez, volver a algún tipo de normalidad.
Volver a mirarnos a la cara, encontrarnos nuevamente con los ademanes respiratorios y las sonrisas, la precepción del gusto, la esperanza de los besos y el augurio de la complicidad gestual nos va a cambiar el ánimo y la vida. Atrás quedará la metonimia de la mirada embozada en tiempos de coronavirus.
L.B.V.(V.R.Villar) — Quizás te hayas encontrado alguna vez en una travesía en alta montaña, soportando bajísimas temperaturas y hubieras matado por encontrar un WC, lo que en castellano llamamos baño público o letrina. Aquel que vea la imagen de este WC tal vez se lo podría pensar, pero si te encontraras trabajando en la estación meteorológica Kara-Tyurek en Siberia no tendrías más remedio que utilizarlo.
La letrina se encuentra en esta instalación pública en los Montes Altai, a 2.600 metros de altitud, y colgando literalmente de un acantilado. Da casi vértigo de mirarla o ver un vídeo sobre su ubicación, pero los 5 trabajadores de esta estación fundada en 1939 la usan a diario.
No hay servicios higiénicos dentro de la Kara-Tyurek y en invierno estos héroes anónimos no solo tienen que salir al exterior, sino también jugarse literalmente la vida en estas tareas cotidianas que los seres humanos realizamos diariamente.
Estos trabajadores están literalmente aislados del mundo exterior y solo una vez al mes reciben la visita de un cartero que recoge los datos meteorológicos de ese período.
Las provisiones de agua y comida se las suministra un helicóptero que llega hasta la zona cada otoño.
En esta zona de los Montes Altai no crece ni un árbol, por lo que dependen también de este helicóptero para acercarles madera en cantidades suficientes como para poder calentarse y encender la cocina en la que realizan las tareas culinarias.
Una encuesta realizada por la agencia de noticias bielorrusa Interfax dice este WC:
Esta letrina es quizás el lugar menos romántico, pero hay algunos lugares del mundo que la gente convierte en algo realmente especial.
Quizás habría que preguntarles a estos 5 trabajadores de la estación, cuyo nombre quiere decir en el idioma local del sur del Altai «Corazón negro», si creen que este paraje desolado es un sitio especial. Lo que sí queda claro es que ellos habrán perdido su miedo al vértigo o a poder despeñarse montaña abajo durante la primera semana; necesidades obligan.
Porque Siberia está relacionada históricamente con los gulags del periódico stalinista y parece improbable que quien haya estado destinado a trabajar en la estación Kara-Tyurek no lo haya entendido como un castigo o un destierro.
Lo que más llama la atención es el aspecto de abandono e inseguridad que a primera vista da esta terrorífica letrina al borde del abismo. Eso sí, si tuviera una ventana trasera o lateral la vista desde su interior de los Montes Altai sería impresionante.
y-jesus.org — El Código Da Vinci no debe ignorarse como una historia ficticia. Su premisa, que Jesucristo fue reinventado para fines políticos, ataca al fundamento mismo del cristianismo.
Su autor, Dan Brown, ha dicho en la televisión nacional que aunque su trama es ficticia, él cree que es cierto lo que dice sobre la identidad de Jesús.
¿Entonces cuál es la verdad? Veamos.
• ¿Jesús tuvo un matrimonio secreto con María Magdalena?
• ¿La divinidad de Jesús fue inventada por Constantino y la iglesia?
• ¿Los documentos originales sobre Jesús fueron destruidos?
• ¿Manuscritos descubiertos hace poco cuentan la verdad sobre Jesús?
¿Una conspiración gigantesca resultó en la reinvención de Jesús? Según el libro y la película El CódigoDa Vinci, eso es precisamente lo que pasó. Diversas afirmaciones del libro huelen a una conspiración. Por ejemplo, el libro dice:
Nadie dice que Jesús fue un fraude, ni negamos que existió y que inspiró a millones de personas a vivir mejor. Lo que estamos diciendo es que Constantino se aprovechó de la gran influencia e importancia de Jesús. Al hacerlo, él determinó el futuro del cristianismo que conocemos hoy.
¿Podría ser cierta esta afirmación escandalosa del popular libro de Dan Brown? ¿O su premisa simplemente es parte de una buena novel de conspiración? – igual a creer que hubo un aterrizaje de emergencia de alienígenas en Roswell, Nuevo México, o que un segundo hombre disparaba desde la loma en Dallas cuando fue asesinado el Presidente JFK. En todo caso, es una historia fascinante. Con razón que el libro de Brown es uno de los más vendidos de esta década.
La conspiración de Jesús
El Código Da Vinci empieza con el asesinato de un curador de museo francés llamado Jacques Sauniere. Se les encarga a un erudito profesor de Harvard y una bella criptógrafa francesa descifrar un mensaje que dejó el curador antes de morir.
El mensaje revela la conspiración más grande de la historia de la humanidad: el ocultamiento del verdadero mensaje de Jesucristo por una organización secreta de la Iglesia Católica Romana llamada Opus Dei.
Jesús resucitado se aparece a María Magdalena – 1638
Antes de morir el curador tenía pruebas que podían refutar la divinidad de Jesús.
Aunque la iglesia (según el libro) trató de ocultar dichas pruebas durante siglos, grandes intelectuales y artistas dejaron pistas por todos lados: en pinturas como la Mona Lisa y La última cena de Da Vinci, en la arquitectura de las catedrales y hasta en los dibujos animados de Disney.
Las principales afirmaciones del libro aparecen a continuación:
• El emperador romano Constantino conspiró para deificar a Jesucristo.
• Constantino seleccionó personalmente los libros del Nuevo Testamento.
• Los evangelios gnósticos fueron prohibidos por los hombres para reprimir a las mujeres.
• Jesús y María Magdalena estaban casados en secreto y tuvieron un hijo.
• Miles de documentos secretos refutan aspectos clave del cristianismo.
Brown revela su conspiración a través del especialista ficticio del libro, el historiador real británico Sir Leigh Teabing. Es presentado como un erudito sabio, y Teabing le revela a la criptógrafa Sophie Neveu que en el Concilio de Nicea en d.C. 325 “se debatió y se votó sobre muchos aspectos del cristianismo”, entre ellos, la divinidad de Jesús.
Él dice, “Hasta ese momento de la historia, Jesús era visto por sus seguidores como un profeta mortal…un gran hombre poderoso, pero sólo un hombre”.
Neveu se queda pasmada. “¿No el Hijo de Dios?” le pregunta ella.
Teabing le explica que: “Establecer a Jesús como el “Hijo de Dios” fue planteado y decidido oficialmente por el Concilio de Nicea”.
“Espera, ¿me estás diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación?”
“Y además, ésta se ganó por una mayoría relativamente pequeña”, le dice Teabing a la criptógrafa boquiabierta.
Neveu esta conmocionada. “¿No es el hijo de Dios?” ella pregunta.
Teabing explica: “El establecimiento de Jesús como el Hijo de Dios fue oficialmente propuesto y votado por el Concilio de Nicea.”
“Espere. ¿Estas diciendo que la divinidad de Jesús fue resultado de una votación?”
Entonces, según Teabing, Jesús no fue considerado Dios hasta el Concilio de Nicea en d.C. 325, momento en el cual los verdaderos textos sobre Jesús supuestamente fueron prohibidos y destruidos.
Así, según esta teoría, todo el fundamento del cristianismo se construyó sobre una mentira.
El Código Da Vinci ha vendido bien su historia, suscitando comentarios de los lectores como, “¡Si no fuera verdad, no podría haberse publicado!”
Otro declaró que él “nunca volvería a pisar una iglesia”.
Un crítico elogió al libro por su “investigación impecable”.
Es bastante convincente para ser una obra de ficción.
Aceptemos por un momento que podría ser cierto lo planteado por Teabing.
En ese caso, ¿por qué se decidió promover a Jesús a Dios en el Concilio de Nicea?
Teabing dice, “Era una cuestión de poder. Cristo como el Mesías era crucial para el funcionamiento de la Iglesia y el estado. Muchos estudiosos dicen que la iglesia temprana literalmente se robó a Jesús de sus seguidores originales, apropiándose de su mensaje humano para envolverlo en un manto impenetrable de divinidad y utilizarlo para aumentar su propio poder”.
En muchos sentidos El Código Da Vinci es la máxima teoría de la conspiración. Si las afirmaciones de Brown son correctas, nos han mentido – la iglesia, la historia y la Biblia. Y posiblemente también las personas en las que más confiamos: nuestros padres o profesores. Y todo por una jugada por el poder.
Aunque El CódigoDa Vinci es ficción, sí basa gran parte de su premisa en hechos reales (el Concilio de Nicea), personas reales (Constantino y Arrio) y documentos reales (los evangelios gnósticos). Si queremos llegar al fondo de la conspiración, debemos analizar las acusaciones de Brown y separar los hechos de la ficción.
Constantino y el cristianismo
En los siglos previos al reinado de Constantino sobre el Imperio Romano, los cristianos sufrieron una severa persecución. Pero entonces, mientras estaba atrincherado en una batalla, Constantino dijo haber visto una imagen luminosa de una cruz en el cielo, inscrita con las palabras “Conquista con esto”. Él entró a la batalla bajo el símbolo de la cruz y tomó el control del imperio.
La aparente conversión de Constantino al cristianismo fue un momento clave en la historia de la iglesia. Roma se convirtió en un imperio cristiano. Por primera vez en casi 300 años era relativamente seguro, e incluso era bien visto, el hecho de ser cristiano.
Ya no se perseguía a los cristianos debido a su fe. Luego, Constantino buscó unificar a su Imperio Oriental y su Imperio Occidental, que habían estado muy divididos por los cismas, sectas y cultos, principalmente en torno al tema de la identidad de Jesucristo.
Éstos son algunos de los granos de verdad en El Código Da Vinci, y los granos de verdad son un requisito indispensable para una teoría de conspiración exitosa. Pero la trama del libro convierte a Constantino en un conspirador. Entonces, analicemos la pregunta clave que plantea la teoría de Brown: ¿Constantino inventó la doctrina cristiana de la divinidad de Jesús?
Divinizar a Jesús
A fin de responder a la acusación de Brown, primero debemos determinar qué creían generalmente los cristianos antes de que Constantino haya convocado al concilio en Nicea.
Los cristianos habían adorado a Jesús como Dios desde el siglo primero.
Luego, en el cuarto siglo, un líder de la iglesia llamado Arrio empezó una campaña para defender la unicidad de Dios. Él enseñaba que Jesús era un ser creado de manera especial, superior a los ángeles, pero no era Dios.
Por lo contrario, Atanasio y la mayoría de los líderes de la iglesia estaban convencidos de que Jesús era Dios encarnado.
Constantino quería resolver la disputa, y esperaba pacificar a su imperio al unificar a las divisiones del este y oeste.
Por ello, en d.C. 325, él convocó a más de 300 obispos de todo el mundo cristiano en Nicea (que actualmente está ubicada en Turquía). La pregunta crucial es, ¿la iglesia temprana pensaba que Jesús era el Creador o solamente una creación – Hijo de Dios o hijo de carpintero?
Entonces, ¿qué dijeron los apóstoles sobre Jesús? Desde sus primeras declaraciones registradas, ellos lo consideraban Dios.
Unos 30 años después de la muerte y resurrección de Jesús, Pablo escribió a los Filipenses que Jesús era Dios en forma humana (Filipenses 2:6-7, NTV). Y Juan, un testigo directo cercano, confirma la divinidad de Jesús en el siguiente pasaje:
En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Dios creó todas las cosas por medio de él, y nada fue creado sin él. La Palabra le dio vida a todo lo creado. Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros (Juan 1: 1-4, 14, NTV).
Este pasaje de Juan 1 fue descubierto en un manuscrito antiguo, que fue datado con carbono de 175-225 d.C. Entonces, queda claro que se hablaba de Jesús como Dios más de cien años antes de que Constantino convocara al Concilio de Nicea.
Vemos que las pruebas forenses respecto de los manuscritos contradicen la afirmación del Código Da Vinci que la divinidad de Jesús fue un invento del cuarto siglo. ¿Y qué nos dice la historia sobre el Concilio de Nicea?
Brown afirma en su libro, a través del personaje de Teabing, que la mayoría de los obispos en Nicea rechazó la creencia de Arrio que Jesús era un “profeta mortal” y adoptaron la doctrina de la divinidad de Jesús por una “mayoría relativamente pequeña”. ¿Verdadero o falso?
En realidad, la votación fue una victoria arrolladora: sólo dos de los 318 obispos no estuvieron a favor. Mientras que Arrio pensaba que sólo el Padre era Dios, y que Jesús era Su creación suprema, el concilio decidió que Jesús y el Padre tenían la misma esencia divina.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron considerados Personas distintas, coexistentes y coeternas, pero un solo Dios. Esta doctrina de un Dios en tres Personas se llegó a conocer como el Credo de Nicea, y es el núcleo central de la Fe Cristiana.
Sí, es cierto que Arrio era persuasivo y tenía una considerable influencia. La votación se ganó por una mayoría abrumadora después de un gran debate.
Pero el concilio finalmente declaró por una mayoría arrolladora que Arrio era un hereje, puesto que sus enseñanzas eran contrarias a lo que habían enseñado los apóstoles sobre la divinidad de Jesús.
La historia también confirma que Jesús había consentido públicamente la veneración que recibía de sus discípulos. Y, como hemos visto, queda claro que Pablo y otros apóstoles enseñaron que Jesús es Dios y se merece ser adorado.
Desde los inicios de la iglesia cristiana Jesús fue considerado mucho más que un hombre, y la mayoría de sus seguidores lo veneraban como Dios-el Creador del universo. Entonces, ¿cómo podría haber inventado Constantino la doctrina de la divinidad de Jesús si la iglesia había considerado Dios a Jesús durante más de 200 años? El Código Da Vinci no responde esta pregunta.
Atacando al Canon
El Código Da Vinci también dice que Constantino prohibió todo documento sobre Jesús que no fuera parte del canon actual del Nuevo Testamento (reconocido por la iglesia como los relatos auténticos de los apóstoles en calidad de testigos directos).
Y dice además que los relatos del Nuevo Testamento fueron modificados por Constantino y los obispos a fin de reinventar a Jesús.
Otro elemento clave de la conspiración del CódigoDa Vinci es que los cuatro evangelios del Nuevo Testamento fueron elegidos entre un total de «más de 80 evangelios”, la mayor parte de los cuales supuestamente fueron ocultados por Constantino.
Aquí hay dos temas centrales que debemos analizar.
El primero es si Constantino modificó o sesgó la selección de los libros del Nuevo Testamento.
El segundo es si él prohibió documentos que se debieron incluir en la Biblia.
En cuanto al primer tema, las cartas y documentos escritos por los líderes de la iglesia y por herejes en el siglo dos confirman el uso extendido de los libros del Nuevo Testamento. Casi 200 años antes de que Constantino convoque al Concilio de Nicea, el hereje Marción calificó a 11 de los 27 libros del Nuevo Testamento como obras auténticas de los apóstoles.
Casi al mismo tiempo, otro hereje, Valentín, se refiere a una amplia variedad de temas y pasajes del Nuevo Testamento. Dado que estos dos herejes eran opositores de los líderes de la iglesia temprana, no escribían solamente lo que los obispos querían.
Sin embargo, al igual que la iglesia temprana, ellos también mencionaron a los mismos libros del Nuevo Testamento que nosotros leemos actualmente.
Entonces, si el uso del Nuevo Testamento ya era extendido 200 años antes de Constantino y el Concilio de Nicea, ¿cómo podría haberlo modificado o inventado el emperador? Para entonces la iglesia se había extendido y tenía cientos de miles, si no eran millones, de creyentes que conocían los relatos del Nuevo Testamento.
En su libro “La decepción Da Vinci” (The Da Vinci Deception), un análisis de ElCódigo Da Vinci, el Dr. Erwin Lutzer comentó,
Constantino no decidió qué libros estarían en el canon; el tema del canon ni siquiera se trató en el Concilio de Nicea. Para entonces la iglesia temprana leía un canon de libros que ya había determinado que era la Palabra de Dios doscientos años atrás.
Aunque pasarían años antes de que se complete el canon oficial, el Nuevo Testamento actual se consideraba auténtico doscientos años antes de Nicea.
Esto nos lleva al segundo tema, ¿por qué fueron destruidos y excluidos del Nuevo Testamento estos misterios evangelios gnósticos? En el libro, Teabing dice que los escritos gnósticos fueron excluidos de 50 Biblias encargadas por Constantino en el Concilio. Él le cuenta emocionado a Neveu:
Ya que Constantino le mejoró el estatus a Jesús casi cuatrocientos años después de su muerte, ya existían miles de documentos con crónicas de Su vida como hombre mortal. Constantino sabía que se necesitaría un golpe enérgico para reescribir los libros de historia.
Esto llevó al momento más trascendente de la historia cristiana. Constantino encargó y financió la elaboración de una nueva Biblia que omitió los evangelios que hablaban de los rasgos humanos de Jesucristo, y adornó los que lo representaban de manera divina. Los evangelios anteriores fueron proscritos, reunidos y quemados.
¿Estos escritos gnósticos son la historia verdadera de Jesucristo? Analicémoslo más de cerca, a ver si podemos separar la ficción de la realidad.
“Conocedores” secretos
Los evangelios gnósticos son atribuidos a un grupo conocido (que sorpresa…) como los Gnósticos.
Su nombre proviene de la palabra griega gnosis, que significa “conocimiento”.
Estas personas pensaban que tenían un conocimiento especial, secreto, que estaba oculto a la gente común y corriente.
De los 52 escritos, sólo cinco se clasifican como evangelios. Veremos que estos supuestos evangelios son notablemente diferentes a los Evangelios del Nuevo Testamento, de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
A medida que se extendió el cristianismo, los gnósticos incorporaron algunas doctrinas y elementos del cristianismo en sus creencias, transformando el gnosticismo en un falso cristianismo. Posiblemente lo hayan hecho para mantener niveles altos de reclutamiento y hacer de Jesús un símbolo de su causa.
Sin embargo, para que su sistema de pensamiento encaje con el cristianismo, Jesús debió reinventarse, quitándole tanto su humanidad como su divinidad absoluta.
John McManners escribió sobre la mezcla gnóstica de creencias cristianas y míticas en su libro “La historia del cristianismo de Oxford” (Oxford History of Christianity).
“El Gnosticismo fue (y sigue siendo) una teosofía con muchos ingredientes. Ocultismo y misticismo oriental se fundieron con astrología, magia. … Ellos recopilaron dichos de Jesús moldeados para encajar con su propia interpretación (como en el evangelio de Tomás), y ofrecieron a sus partidarios una alternativa o forma rival del cristianismo.
Críticos tempranos
El gnosticismo fue (y aún es) una teosofía con muchos ingredientes. El ocultismo y el misticismo oriental se fundieron con la astrología y la magia.
Reunieron diversas palabras de Jesús, dándoles forma para encajar con su propia interpretación (como en el Evangelio de Tomás), y ofrecieron a sus seguidores una forma alternativa o rival de cristianismo”.
¿Y quién es un mentiroso? El que dice que Jesús no es el Cristo. El que niega al Padre y al Hijo es un anticristo. (1 Juan 2:22)
Siguiendo a las enseñanzas de los apóstoles, los líderes tempranos de la iglesia condenaron unánimemente a los gnósticos como una secta. El padre de la iglesia Ireneo escribió 140 años antes del Concilio de Nicea que los gnósticos eran condenados como herejes por la iglesia.
Él también rechazaba sus “evangelios”. Sin embargo, en cuanto a los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, él dijo, “No es posible que la cantidad de Evangelios pueda ser ni mayor ni menor de lo que son”.
El teólogo cristiano Orígenes escribió lo siguiente a inicios del tercer siglo, más de cien años antes de Nicea:
Conozco un evangelio llamado “El Evangelio según Tomás” y un “Evangelio según Matías”, y muchos más que hemos leído – no se nos vaya a considerar ignorantes por quienes creen tener algún conocimiento por conocerlos. Sin embargo, entre todos éstos sólo hemos aprobado lo que ha sido reconocido por la iglesia, que sólo cuatro evangelios deben ser aceptados.
Allí lo dice un líder muy respetado de la iglesia temprana. Los gnósticos fueron reconocidos como una secta no cristiana mucho tiempo antes del Concilio de Nicea. Pero hay más pruebas que ponen en tela de juicio las afirmaciones de El Código Da Vinci.
¿Quién es sexista?
Brown sugiere que uno de los motivos de la supuesta proscripción por Constantino de los escritos gnósticos era un deseo de prohibir a las mujeres en la iglesia. Lo irónico es que el evangelio gnóstico de Tomás es el que denigra a las mujeres.
Éste concluye (supuestamente citando a Pedro) con esta afirmación impresionante: “Que se aleje María de nosotros, porque las mujeres no se merecen la vida” (114). Luego Jesús supuestamente le dice a Pedro que él convertirá a María en hombre para que ella pueda entrar al reino de los cielos.
Entiéndase: las mujeres son inferiores. Si expresan este tipo de opiniones, es difícil creer que los escritos gnósticos son un llamado a la liberación de la mujer.
En contraste, el Jesús de los evangelios bíblicos siempre trató a las mujeres con dignidad y respeto. Versículos revolucionarios como éste, del Nuevo Testamento, han sido fundamentales para los esfuerzos por elevar el estatus de la mujer:
Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28, NTV)
Autores misteriosos
En los evangelios gnósticos, casi todos los libros tienen el nombre de un personaje del Nuevo Testamento: el Evangelio de Felipe, el Evangelio de Pedro, el Evangelio de María, el Evangelio de Judas, y así sucesivamente.
(Parece tomar lista en un colegio parroquial.)
Éstos son los libros en los que se basan teorías de la conspiración como El Código Da Vinci.
¿Pero en realidad fueron escritos por sus supuestos autores?
Los evangelios gnósticos fueron escritos 110 a 300 años después de Cristo, y ningún académico digno de crédito cree que ninguno de ellos pueda haber sido escrito por su supuesto autor.
En la exhaustiva “Biblioteca de Nag Hammadi” (The Nag Hammadi Library) de James M. Robinson, vemos que los evangelios gnósticos fueron escritos por “autores generalmente anónimos y no relacionados”. El Dr. Darrell L. Bock, profesor de Estudios del Nuevo Testamento en el Dallas Theological Seminary, escribió:
El Dr. Darrel L. Bock, catedrático en estudios del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, escribió:
La mayoría de este material está separado de los fundamentos de la fe cristiana por varias generaciones, un aspecto clave a tomar en cuenta al evaluar su contenido.
El estudioso del Nuevo Testamento Norman Geisler comentó sobre dos escritos gnósticos, el Evangelio de Pedro y los Hechos de Juan. (Estos escritos gnósticos no deben confundirse con los libros del Nuevo Testamento escritos por Juan y Pedro):
Los escritos gnósticos no fueron escritos por los apóstoles, sino por hombres en el segundo siglo (y después) que trataron de usar la autoridad apostólica para promover sus propias enseñanzas. Ahora lo llamamos fraude y falsificación.
Los evangelios gnósticos no son relatos históricos de la vida de Jesús sino mayormente dichos esotéricos, con un halo de misterio, que omiten detalles históricos como nombres, lugares y eventos. Esto es notablemente diferente a los Evangelios del Nuevo Testamento, que contienen innumerables hechos históricos sobre la vida, labor pastoral y palabras de Jesús.
Sra. Jesús
La parte más sabrosa de la conspiración de Da Vinci es la afirmación de que Jesús y María Magdalena estaban casados en secreto y tuvieron un hijo, perpetuando así la línea de sangre de Jesús.
Más aún, el libro presenta al útero de María Magdalena con la descendencia de Jesús como el legendario Santo Grial, un secreto celosamente guardado por una organización católica secreta llamada el Priorato de Sion. Menciona a Sir Isaac Newton, Botticelli, Víctor Hugo y Leonardo Da Vinci como miembros.
Romance. Escándalo. Intriga. Es buen material para una teoría de conspiración. ¿Pero es cierto? Veamos qué dicen los expertos.
Un artículo de la revista Newsweek, que resume las opiniones de los principales académicos, concluyó que la teoría de que Jesús y María Magdalena estuvieron casados no tiene ningún fundamento histórico.
El planteamiento de El Código Da Vinci está basado principalmente en un solo versículo del Evangelio de Felipe que señala que Jesús y María eran compañeros. En el libro, Teabing sostiene que la palabra para compañero (koinonos) podía significar cónyuge. Pero la teoría de Teabing no es aceptada por los académicos.
También hay un solo versículo en el Evangelio de Felipe que dice que Jesús besó a María. Saludar a los amigos con un beso era normal en el siglo primero, y no tenía ninguna connotación sexual. Pero, aún si la interpretación de El Código Da Vinci es correcta, no hay ningún otro documento histórico que confirme su teoría.
Y ya que el Evangelio de Felipe es un documento falsificado que fue escrito 150 a 220 años después de Cristo por un autor desconocido, sus afirmaciones sobre Jesús no son fiables.
Tal vez los gnósticos pensaron que al Nuevo Testamento le faltaba un poco de romance y decidieron hacerlo más interesante. Cualquiera que fuera el motivo, este versículo aislado y obscuro, escrito dos siglos después de Cristo, no es una buena base para una teoría de conspiración. Puede resultar interesante como libro, pero definitivamente no es historia.
En cuanto al Santo Grial y el Priorato de Sion, el relato ficticio de Brown nuevamente distorsiona la historia. El Santo Grial legendario supuestamente era la taza que usó Jesús en su última cena, y no tenía nada que ver con María Magdalena. Y Leonardo da Vinci no podría haberse enterado del Priorato de Sion, ya que no fue fundado hasta 1956, 437 años después de su muerte. Nuevamente, es interesante como ficción, pero falso como historia.
Los documentos “secretos”
¿Y qué pasa con la revelación de Teabing sobre “miles de documentos secretos” que demuestran que el cristianismo es un engaño? ¿Esto podría ser verdad?
Si existieran tales documentos, los académicos que se oponen al cristianismo les sacarían el máximo provecho. Los escritos fraudulentos que fueron rechazados por la iglesia temprana no son secretos, han sido conocidos durante siglos. No es ninguna sorpresa. Nunca han sido considerados parte de las obras de los apóstoles.
Y si Brown (Teabing) se refiere a los evangelios apócrifos o de la infancia, estos también ya se conocían. No son secretos y no refutan al cristianismo. El especialista en el Nuevo Testamento Raymond Brown ha dicho respecto de los evangelios gnósticos.
A diferencia de los evangelios gnósticos, cuyos autores son desconocidos y que no fueron testigos oculares, el Nuevo Testamento que tenemos hoy ha pasado numerosas pruebas de autenticidad. El contraste es devastador para aquellos presionando teorías conspiradoras. El historiador del Nuevo Testamento F.F. Bruce escribió:
No nos enseñan ni un nuevo hecho verificable sobre la labor pastoral de Jesús, y sólo unas cuantas palabras nuevas que podrían ser suyas.
El especialista en el Nuevo Testamento Bruce Metzger revela la razón por la que el Evangelio de Tomás no fue aceptado por la iglesia temprana:
No es correcto decir que el Evangelio de Tomás fue excluido por un decreto arbitrario del concilio: ¡lo correcto es decir que el Evangelio de Tomás se excluyó por sí mismo! No concordaba con los demás testimonios sobre Jesús que los cristianos tempranos aceptaban y consideraban confiables.
El veredicto de la historia
Entonces, ¿qué debemos concluir sobre las diversas teorías de conspiración relacionadas a Jesucristo? Karen King, una profesora de historia eclesiástica de Harvard, ha escrito diversos libros sobre los evangelios gnósticos, entre ellos, “El evangelio de María Magdalena” (The Gospel of Mary of Magdala) y “¿Qué es el gnosticismo?” (What Is Gnosticism?).
A pesar de ser una firme defensora de las enseñanzas gnósticas, King concluye lo siguiente. “Todas estas ideas sobre la teoría de la conspiración…son ideas marginales que no tienen ningún fundamento histórico”.
A pesar de la falta de pruebas históricas, las teorías de conspiración venden millones de libros y rompen récords de taquilla. Académicos en campos relacionados, algunos cristianos, y algunas personas que no profesan ninguna fe han refutado las afirmaciones de El Código Da Vinci. Sin embargo, las personas fácilmente influenciadas aún se preguntarán, ¿podría tener algo de cierto?
El periodista galardonado Frank Sesno le preguntó a un panel de especialistas en historia sobre la fascinación de la gente con las teorías de conspiración. El profesor Stanley Kutler de la Universidad de Wisconsin contestó, “A todos nos gusta el misterio – pero nos gustan más las conspiraciones”.
Entonces, si quiere leer una gran teoría de la conspiración sobre Jesús, la novela de Dan Brown, El CódigoDa Vinci, puede ser justo lo que usted busca. Pero si quiere leer los verdaderos relatos sobre Jesucristo, entonces Mateo, Marcos, Lucas y Juan lo llevarán a lo que vieron, oyeron y escribieron los testigos directos. ¿A quién prefiere creerle?
¿Jesús realmente resucitó?
La gran pregunta de nuestro tiempo es “¿Quién es el verdadero Jesucristo?” ¿Fue sólo un hombre excepcional, o era Dios encarnado, como creyeron Pablo, Juan y sus otros discípulos?
Los testigos directos de Jesucristo realmente hablaban y actuaban como si ellos creyeran que él resucitó de la muerte después de su crucifixión. Si ellos estaban equivocados, el cristianismo se fundó sobre la base de una mentira. Pero si tenían razón, dicho milagro sería una prueba de todo lo que dijo Jesús sobre Dios, sobre sí mismo y sobre nosotros.
¿Debemos creer en la resurrección de Jesús únicamente basados en la fe o hay pruebas históricas sólidas? Varios escépticos han estudiado los registros históricos a fin de probar la falsedad del relato de la resurrección. ¿Qué descubrieron?
¿Jesús dijo qué pasa después de la muerte?
Si Jesús realmente resucitó, entonces debe saber qué hay al otro lado. ¿Qué dijo Jesús sobre el sentido de la vida y sobre nuestro futuro? ¿Hay muchos caminos a Dios, o Jesús dijo que él era el único camino? Lea las respuestas sorprendentes en “¿Por qué Jesús?”
¿Jesús le puede dar sentido a la vida?
“¿Por qué Jesús?” analiza la pregunta de si Jesús tiene trascendencia hoy en día o no. ¿Jesús puede contestar las grandes preguntas de la vida?: “¿Quién soy?”, “¿Por qué estoy aquí?”, y “¿A dónde me dirijo?” Catedrales muertas y crucifijos han llevado a algunos a creer que él no puede, y que Jesús nos dejó un mundo fuera de control al cual enfrentarnos. Pero Jesús hizo afirmaciones sobre la vida y nuestro propósito aquí en la Tierra que se deben analizar antes de considerarlo poco compasivo o impotente. Este artículo analiza el misterio de por qué Jesús vino a la Tierra.
“Anunciación” (1489-1490), temple sobre madera de Sandro Botticelli.
Ancient Origins(N.Klimczak)/The Conversation(M.Johnson) — La Virgen María es uno de los símbolos clave del cristianismo, una mujer cuyo culto cambió el mundo. Sin embargo, quizás sea también el personaje bíblico peor comprendido de todos. Según algunos investigadores, la famosa historia de la mujer que jamás tuvo contacto sexual con un hombre y aun así dio a luz surgió a causa de un error cometido al traducir un antiguo texto.
La Virgen María es bien conocida gracias a la Biblia, aunque no existen demasiadas piezas arqueológicas claramente relacionadas con su vida. A lo largo de los siglos, la historia de aquella mujer cuyo nombre real era Miriam cambió el mundo. Su mayor hito, el que la hizo famosa, fue el de dar a luz a un niño llamado Josué que acabó siendo conocido como Jesús. Como Madre de Dios, en la religión cristiana está considerada un símbolo de pureza y humildad.
‘La Virgen y el Niño con el profeta Balaam’. Este fresco de finales del siglo II d. C. es la imagen más antigua conocida de María y el Niñó Jesús no relacionada con el episodio de la adoración de los Magos.
Diferentes versiones de la leyenda de María
El famoso relato bíblico cuenta que Miriam (María) era una joven, quizás soltera, a quien se apareció un ángel que le comunicó el mensaje de que daría a luz al Hijo de Dios. Sin embargo, el relato que encontramos en el Toledot Yeshu, un antiguo libro judío, nos presenta una versión muy diferente de esta historia.
Los desconocidos autores judíos del Toledot Yeshu afirman que Miriam estaba casada con un hombre llamado Juan, pero conoció a un soldado romano de nombre Tiberio Pantera. Se enamoró de él y traicionó a Juan con el guerrero romano. Cuando Juan descubrió a los amantes ella ya estaba embarazada, y Juan decidió divorciarse de ella.
Tiberio tomó el nombre de José y creó una familia con Miriam y el pequeño Josué (Jesús). El niño se haría famoso por realizar todo tipo de milagros, que habría aprendido de los antiguos maestros. Cuenta la leyenda que algunos de sus poderes eran caminar sobre las aguas y convertir agua en vino, entre otros. Pero la escandalosa historia del triángulo amoroso de María podría explicar por qué alguien sintió que era mejor referirse a ella como “la virgen”.
‘El sueño de José’ (1645), óleo producido por el taller de Rembrandt.
Traducciones que revelan la verdad
El mayor malentendido en el relato de la Virgen María proviene de un error de traducción. Es habitual que las traducciones de los antiguos textos bíblicos estén basadas en otras traducciones anteriores, por lo que el significado que ocultan las palabras originales a menudo es decodificado por especialistas en un lenguaje en concreto. Por otro lado, se realizaron muchas traducciones de esta historia basadas en diccionarios creados por especialistas en latín, un dato clave para comprender el misterio en el que está envuelta en este caso la palabra “virgen”.
La palabra “virgen” procede del latín “virgo”, que significa “doncella” o mujer sexualmente inexperta. En esta palabra están basados los relatos sobre María en los que se la considera una mujer que jamás mantuvo una relación sexual con un hombre.
Sin embargo, históricamente el término “virgen” significaba “por sí misma”, y se refería a las mujeres que no necesitaban un hombre. Sin embargo, esto no implicaba necesariamente que no lo tuvieran. Esta interpretación representa de hecho a una mujer independiente, libre de ataduras económicas, mentalmente fuerte, y no demasiado dependiente de su amante o pareja.
lustración de una xilografía del signo del zodíaco Virgo utilizada por Alexander y Samuel Weissenhorn de Ingolstadt.
En épocas más antiguas se creía en ocasiones que las mujeres establecían un fuerte vínculo con su primer hombre, o incluso que podían volverse adictas mentalmente a su primera pareja sexual. De este modo, para evitar este problema, las antiguas sociedades de la región mediterránea (y otras zonas del Próximo Oriente y Persia) decidieron adoptar una costumbre que se convirtió en parte de sus ceremonias religiosas.
En el pasado era habitual que las mujeres de esta región del mundo acudieran a los templos de Ishtar o Afrodita, por ejemplo, a mantener relaciones sexuales con el sacerdote. Nunca podían volver a verse, pero este acto, que parecía aprobado por la diosa del templo, evitaba a las mujeres sentir un apego excesivo por su amante. La visita al templo era habitualmente una sugerencia de la propia familia de la mujer, y no estaba considerada una traición ni un algo escandaloso.
Detalle de una pieza cerámica de la antigua Mesopotamia conocida como “Vaso de Ishtar”, de terracota decorada y procedente de Larsa, principios del II milenio a. C.
Sin embargo, algunos investigadores han sugerido asimismo que la palabra “virgen” quizás designara en ciertas culturas antiguas a mujeres independientes en diferentes campos. Es posible que María fuese también autónoma en otros ámbitos, aunque ni la Biblia ni otros textos nos permiten aclarar este punto.
Un símbolo con múltiples significados
María se convirtió en un símbolo con múltiples significados, incluido el de la famosa Arca de la Alianza. Como explican los especialistas de la web Catholic Bible 101:
El Arca de la Alianza del Antiguo Testamento contenía tres elementos: la Palabra de Dios, bajo la forma de tablillas de piedra (Los 10 Mandamientos), maná (“pan”) del Cielo, y la vara de Aarón, que reverdeció y volvió a la vida (Hebreos 9,4).
Del mismo modo, el útero de la Santísima Virgen María albergó a Jesucristo: la Palabra de Dios viva (Juan 1,1), el pan de vida (Juan 6,48) y el monarca con una vara de hierro que también cobró vida (Apocalipsis 12,5).
En la Anunciación de María, Gabriel le dijo que el poder del Altísimo la “cubriría con su sombra” (Lucas 1,35). La expresión “cubrir con su sombra” resulta significativa, ya que también fue utilizada para referirse al querubín que “cubrió con su sombra” el propiciatorio del Arca de la Alianza (Hebreos 9,5).
El Arca estaba revestida de oro puro (Éxodo 37) y era absolutamente sagrada, lo que guarda paralelismo con la enseñanza católica de que María es también pura y sagrada.
De hecho el Arca de la Alianza era tan sagrada que ninguna persona normal podía ni siquiera tocarla. De hecho Uzzá extendió la mano para sujetarla y fue fulminado instantáneamente (2 Samuel 6,7).
Moisés y Josué se inclinan ante el Arca de la Alianza en el Tabernáculo (1896-1902), aguada de James Tissot.
Estas afirmaciones confirman la idea de que María era considerada como el sagrado recipiente simbólico que trajo a Jesús a la vida. Pero también se convirtió en el principio de una interesante historia.
Podría no tener nada que ver con el hecho de que fuese una amante inexperta sexualmente. María podría haber sido llamada virgen por su carisma, energía e iniciativa al apoyar a su hijo.
Los antiguos pueblos del Próximo Oriente no veían la virginidad por aquel entonces de la misma forma que, por ejemplo, los romanos.
Virgen María del Altar de Gante, conocido también como “Adoración del Cordero Místico”, óleo sobre tabla de Jan van Eyck.
¿Es María realmente santa?
Con el paso de los siglos, algunos sacerdotes y obispos se han preguntado si los cristianos realmente deberían adorar a María, madre de Jesús. Quizás estaban al tanto del error cometido en las traducciones de los primeros textos cristianos, pero sentían que no podían hacer nada para subsanarlo.
Sin embargo, este hecho no cambia el lugar que ocupa María en la historia. Algunos especialistas sostienen que los relatos bíblicos no deben leerse como si fueran crónicas históricas de hechos auténticos, sino más bien como leyendas simbólicas. Esta idea da pie a más debate aún entre creyentes e investigadores.
Pero a pesar de todo, a medida que pasa el tiempo y los nuevos descubrimientos nos revelan más información sobre ella, la vida de María se convierte en un tema cada vez más fascinante.
Virgen María.
Madres vírgenes y niños de origen divino: las concepciones milagrosas a lo largo de la historia
En el centro de la celebración cristiana anual de las Navidades, más concretamente entre los creyentes de la fe Católica, se encuentra el relato sagrado del nacimiento virginal de Jesús. En los evangelios de San Mateo y San Lucas se describe a María como una virgen que concibió milagrosamente a su hijo gracias a la intervención del Espíritu Santo.
Estudiosos de la Biblia y teólogos han discutido, debatido e incluso polemizado durante largo tiempo sobre el nacimiento virginal de Jesús, argumentando algunos de ellos que no es imperativo ligarlo con la doctrina de la Encarnación.
Otro argumento que contradice los puntos de vista de las narraciones de Mateo y Lucas es el silencio acerca de este hecho tanto en Marcos como en Juan, así como otros textos cristianos como las epístolas de Pablo.
Filósofos como Michael Martin van más allá y afirman que el nacimiento virginal no se menciona en ninguna otra fuente judía ni “pagana”. Por supuesto, no es habitual que los historiadores presten una atención injustificada a un relato de una fuente concreta si no aparece en las demás.
Por otro lado, las “pruebas” escritas de la Antigüedad son particularmente endebles, y se encuentran invariablemente sujetas a análisis contrastados y encendidos debates.
Dánae y la Lluvia de Oro. Léon Comerre
Son de gran interés en relación con la exégesis bíblica de esta misteriosa, sagrada y profunda tradición cristiana las muchas versiones que se corresponden con ella en otras antiguas leyendas.
¿Por qué son importantes estos relatos similares al del milagroso embarazo de María? ¿Extienden el debate bíblico sobre el nacimiento virginal de Jesús al incluirlo en una tradición religiosa más amplia? ¿Nos llevan a preguntarnos por qué dichas narraciones se originaron en primer lugar?
Inseminaciones divinas en las mitologías griega y romana
Consideremos los diversos mitos de la antigua Grecia que describen inseminaciones de origen sobrenatural. El héroe griego Perseo nació de una madre mortal, Dánae, que fue fecundada por Zeus bajo la forma de una lluvia de oro.
Leda y el Cisne. Jean-Baptiste Marie Pierre
Los romanos contaban con narraciones sagradas similares. La madre de Rómulo y Remo, Rea Silvia, una virgen vestal, fue fecundada por Marte. Y como ejemplo a la inversa en cuanto al género, se dice que Venus concibió a su hijo Eneas al tener relaciones con el príncipe troyano Anquises.
Aunque este último mito tiene raíces griegas, el relato del nacimiento de Rómulo y Remo es intrínsecamente romano, e ilustrativo por tanto de cómo los mitos griegos sobre nacimientos milagrosos continuaron bajo un nuevo contexto cultural.
Estas tradiciones paralelas procedentes de las denominadas culturas “paganas” son rechazadas a menudo por aquellos cristianos que se adhieren a un literalismo bíblico, y que hacen hincapié en estos casos en las diferencias entre unos mitos y otros en lugar de en sus similitudes.
La importancia de la virginidad en las antiguas leyendas
En este sentido, resulta importante el hecho de que María concibiera a su hijo sin perder su virginidad, ya que los mitos griegos y romanos no prestan atención a la condición, intacta o no, de los hímenes de las madres milagrosas.
Pero, al igual que aquellos que reconocen el hecho sagrado de la concepción de Jesús por una virgen, los antiguos griegos y romanos también tenían en consideración la importancia de la inseminación divina de un cuerpo puro.
La Anunciación de Fra Angelico
Por lo tanto, para un héroe como Perseo, o para los padres fundadores de la patria romana, Rómulo y Remo, su valor y significado van ligados de forma inevitable a la pureza de sus madres terrenales, tanto como a la divinidad de sus padres celestiales.
Las vidas milagrosas de los nacidos de un dios
Sus significativas y sagradas concepciones definen a estos héroes como semi-divinos y extraordinarios. No parece sorprendente, por tanto, que sus nacimientos sean a menudo profetizados y al igual que Jesús, estén marcados como seres decididamente diferentes, siendo sus vidas algo fuera de lo común. En ocasiones los relatos incluyen también elementos de hechos milagrosos acaecidos tras su muerte.
Perseo fue enviado para cumplir la tarea aparentemente imposible de conseguir la cabeza de Medusa, rescató a la heroína Andrómeda de un fiero monstruo marino por el camino, y tras su muerte fue inmortalizado entre las estrellas como una constelación en el cielo del hemisferio norte.
Según el historiador romano Livio, Rómulo no murió, sino que más bien desapareció. Cuando se encontraba pasando revista a su ejército cierto día, se desató una tormenta y entre rayos, truenos y espesas nubes, experimentó la apoteosis y se unió a los dioses.
Este tipo de relatos, en los que hay predicciones, concepciones milagrosas, hechos extraordinarios y finalmente apoteosis, van más allá del marco geográfico del Oriente Medio y el Mediterráneo Clásico.
El divino Krishna en un fresco del siglo XVI, Palacio de la Ciudad, Udaipur, Panel 101.
La milagrosa concepción de Krishna
Así como Jesús nació en un humilde pesebre y Rómulo y Remo fueron criados por una loba, la deidad hindú Krishna nació en prisión, en una celda. Pero las similitudes entre Krishna y Jesús van más allá.
En la historia de Krishna tiene lugar también la concepción virginal de una mujer mortal, Devaki, que fue “fecundada” por Vishnu al descender el dios hasta su vientre y “nacer” como su hijo, Krishna.
Estos pocos ejemplos de concepciones milagrosas, con nacimientos virginales en ocasiones, y las similitudes que se observan en los acontecimientos de la vida de estos hijos de diferentes dioses tienen sin duda su importancia para el relato de la Navidad: al igual que las leyendas sagradas, mitos, e historias de fundaciones con las que se confrontan, resultan inevitablemente polémicas por las numerosas semejanzas que presentan con la concepción virginal de María.
Un bello misterio
Todos estos relatos nos invitan a considerar el milagro de la Navidad dentro del contexto de la antigüedad, concretamente el viejo recurso de expresar conceptos trascendentales mediante narraciones simbólicas. Cuando consideramos la profunda noción de la divinidad, su esencia fenomenológica, la forma en que aparentemente desafía a la lógica y la inexplicable naturaleza de su origen, narraciones sagradas como la del nacimiento virginal de Jesús en el Nuevo Testamento podrían interpretarse como tentativas de comunicar un bello misterio a las gentes de la Antigüedad.
Si dichos relatos aún sirven en la actualidad para fortalecer la fe de los creyentes e incluso ofrecerles respuestas es algo que aún se debate a día de hoy.
Primera entrada de Mundo en el Diccionario de Autoridades – Tomo IV (1734), p. 631.
The Conversation(M.A.Moreno) — Son muchos los que entienden el diccionario como una prueba objetiva de conocimientos, hasta llegar al punto de dudar de la realidad si la obra no arroja resultados a la búsqueda deseada: “No está en el diccionario, no existe”.
Está también quien cree que las cosas son como dice el diccionario, por lo que es necesario, para “cambiar el mundo”, cambiar el diccionario, es más, si cabe, “eliminar” esas formas lingüísticas de entre sus columnas.
Al cabo, detrás de todo ello lo que nos encontramos es una teoría filosófica sobre el lenguaje y su capacidad performativa, descrita por Jonh Langshaw Austin, en su obra Cómo hacer cosas con palabras (1962), y una profunda dificultad al entender la objetividad lexicográfica.
¿Diccionarios objetivos? ¿Dicen la “verdad”?
La confianza en los datos que arroja el diccionario descansa en la pretendida objetividad que se les otorga como depositarios de la cultura.
De ahí que los objetos descritos (las cosas, las acciones, las calificaciones, las sensaciones, etc., nuestro mundo, en definitiva) parecen en sus descripciones objetivas (objetos descritos objetivamente), si bien estas definiciones y sus interpretaciones no son ajenas al individuo.
No son ajenas ni al redactor ni al lector de diccionarios. Son, por tanto, objetos descritos subjetivamente.
Tanto el lexicógrafo como el usuario de diccionarios actúan como sujetos cognitivos (es decir, sujetos pensantes). El autor del diccionario analiza y estructura los “objetos descriptivos” o palabras.
Y su modo de análisis y la propia estructura ya es un modelo de clasificación subjetiva. Así que los diccionarios no son objetivos. No pueden serlo, pues la acción de definir es sub-subjeto, esto es, “hechas por un sujeto”, por tanto, subjetivas.
Está además atada a la episteme (en los términos en los que Foucault entendió este concepto). Es decir, la objetividad lexicográfica ofrece definiciones en clave de una verdad determinada: la impuesta desde el poder político de la época. Solo de este modo el diccionario “dice la verdad”. Y esto es así, podríamos decir, desde que el mundo es mundo.
Desde que el mundo es “mundo”
Desde el proyecto histórico de la creación del mundo, del cual surgió un orden y un discurso ontológico, se logró transformar ideológicamente nuestras ideas occidentales en un “catolicismo científico”. El modelo bíblico sirvió de explicación científica adoptada y desarrollada en los diccionarios hasta casi nuestros días: el mundo ha sido creado por un ser superior.
Es así que las creencias religiosas transcienden a un plano de inmanencia y ontología, impregnan nuestra cultura y conforman nuestra ideología y tradición. La creación del mundo se presenta como un carácter inherente al propio mundo, inseparable de su esencia.
Así estas ideas adquieren validez como discurso político, como discurso de “verdad” y se silencia (se desplazan) al mismo tiempo otras opciones discursivas sobre el origen de nuestro planeta y de nosotros mismos.
Sorprende que el diccionario no se haga eco de posturas ontológicas naturalistas, las cuales, con el desarrollo de las ciencias positivas del XIX, como la física y la biología, disponen que es la naturaleza el principio único de todo aquello que es real.
El discurso lexicográfico “autorizado” (discurso en clave de verdad) de la RAE ha mantenido durante cuatro largos siglos (siglos XVII, XVIII, XIX y XX) descripciones ligadas a esta concepción mítica y religiosa sobre la creación y el origen del mundo y de la especie humana.
La historia de la definición de mundo
Desde el primer diccionario de la Academia (1726-1739) podemos detectar las huellas de esta ideología cristiana. El mundo se define como “el agregado y conjunto de todas las criaturas racionales e irracionales, sensibles e insensibles, que componen el universo”.
La palabra criatura ya delata el sentido religioso de la definición, pues se explica como “todo lo que tiene ser y no es Dios”.
Aquí no acaban las huellas ideológicas: se añade que mundo viene de “la palabra latina mundus, que significa limpio, por la belleza y perfección con que Dios, Autor Universal, le crio de la nada, y por el orden y disposición de todas sus partes, así materiales como formales”.
El mundo se asocia con la cualidad positiva de la limpieza, propia de Dios, cuyas obras son bellas y perfectas.
El ejemplo seleccionado para la definición, tomado de la Política Indiana de don Juan de Solórzano, no escapa a esta idea: “La palabra mundo (dicho así por el orden y aseo con que Dios le compuso) tomada en general comprende Cielo, tierra y mar, y todas las criaturas que en estas partes fueron criadas y colocadas”.
En el diccionario académico de 1869 se reformuló profundamente la entrada. Y el mundo fue concebido como la “suma y compendio de todas las cosas creadas”. Se perdía así la metáfora de “mundo limpio”, (que ligaba al sentido de limpio, igual a puro, contrario a pecado).
Sin embargo, el mundo seguía viéndose un objeto de creación y así llega, sorprendentemente, y a pesar de los nuevos conocimientos científicos, hasta la definición de la edición de 2001, ya más simplificada: “conjunto de todas las cosas creadas”, pero con la misma carga ideológica de origen mítico.
Primera acepción de la palabra mundo en el Diccionario de la Lengua Española de 2001.RAE
Del mundo creado al mundo existente
La obra académica actual ha revisado la definición. Hoy mundo es el “conjunto de todo lo existente” (DLE, 2014). Nos encontramos ante una dicotomía entre crear y existir, entre el mito y el logos. Y es que la palabra crear evoca a la mayoría de lectores occidentales al dios de la religión católica, cuya existencia creadora se asume como natural y universal. Se trata del rastro de una ideología etnocéntrica, basada en la primacía de la cultura europea, católica, frente a las demás.
Primera acepción de la palabra mundo en el Diccionario de la Lengua Española de 2014. RAE
La dicotomía «naturaleza/cultura» muestra al diccionario, en relación al tratamiento lexicográfico que le da a esta palabra, como un claro artefacto cultural, por lo que, en realidad, no nos dirá nunca ¿qué es el mundo?, sino ¿cómo interpretamos el mundo?
Y la interpretación no lleva a discursos entendidos en clave de verdad, sino a discursos homogéneamente relacionados con el pensamiento cultural y tradicional de Occidente, de claras tendencias universalistas.
Así hemos pasado de comprender el mundo creado por Dios a conferirle la individualidad de la existencia (“existe por él mismo”), casi siguiendo las bases del concepto aristotélico de substancia.
No hay nada más humano, sin embargo, que realizar este tipo de interpretaciones dinámicas en la cultura. Al fin y al cabo, no vemos el mundo que es, sino el creado por nuestro cerebro.
El debate sobre el cambio climático ha provocado que algunos asocien el desarrollo y progreso con la destrucción del planeta. De hecho, no faltan quienes opinan que los humanos somos una plaga para la naturaleza. Opiniones aparte, las obras de los humanos también resultan majestuosas desde una perspectiva estética.
La ciudad de Cork, en Irlanda, cubierta por un manto de nieve.
Central Park, en Nueva York, durante el otoño.
La frontera entre Scottsdale, Arizona, en Estados Unidos y la reserva india de Salt River.
La famosa ciudad de Venecia, en Italia.
Edificio Flatiron, en Manhattan.
Vista aérea de la ciudad Casablanca, en Marruecos.
El Barrio Francés de Nueva Orleans.
Un día nublado en Dubái.
Vista aérea de la ciudad de Chicago.
Alesund, Noruega.
Lombard Street, San Francisco.
ciudad de Wuppertal, Alemania.
Nueva York en invierno.
Berna, Suiza.
Dresde, en Alemania.
año nuevo en Moscú, Rusia.
Río de Janeiro
Lhasa, en el Tíbet.
Reikiavik, la ciudad capital de Islandia.
Macromural de Pachuca, en Hidalgo, México.
Londres, Reino Unido, durante el otoño.
La localidad de Groninga, al norte de Países Bajos.
jungla en medio del ambiente urbano en Taipéi, Taiwán.
The Conversation(N.M.G.Dopico) — En una sociedad tirana de lo superfluo, que impone el positivismo nocivo y aspira a la felicidad absoluta, la solución de problemas queda relegada a la voluntad, subyugada al lema “si puedes imaginarlo, puedes lograrlo”.
La imaginación es aquella capacidad humana que permite generar voluntariamente imágenes mentales, ideas, pensamientos o sentimientos intangibles. Personalidades como Alfred Hitchcock, Octavio Paz, Bécquer o Prusiner la ensalzaron como cualidad transformadora, preámbulo del descubrimiento e impulsora del progreso técnico y científico. No obstante, ello no la convierte en una solución omnipotente derivada de la pericia creativa de quien la posea, como un don. Contrariamente, la imaginación es una cualidad entrenable.
Fue Kant quien afirmó que “en las tinieblas, la imaginación trabaja más activamente que a plena luz”. Desgraciadamente, una de las mayores tinieblas que asola nuestra sociedad es el dolor crónico. Considerado una epidemia creciente, afecta al 19% de los adultos europeos y al 18% de la población española.
Concretamente, el dolor lumbar es la condición crónica más costosa y prevalente de Europa en edad productiva. Se relaciona con la presencia de alteraciones físicas, psicológicas y cerebrales de índole estructural, funcional y neuroquímica. Dichas alteraciones desencadenan un fenómeno neurofisiológico conocido como sensibilización central, una hipersensibilidad al dolor mediada por una mayor susceptibilidad celular y la percepción dolorosa de estímulos inocuos.
Cuestionémonos, de la panacea a la certeza: ¿existen evidencias que permitan considerar a la imaginación como una estrategia terapéutica contra el dolor?
El aprendizaje del cerebro al servicio de la imaginación
Sherlock Holmes afirmó:
“Soy un cerebro, Watson, el resto es un mero apéndice”.
Ciertamente, el cerebro es el responsable de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos. Gracias a los avances en neurociencia, ha pasado de considerarse un órgano invariable a comprenderlo como aquél capaz de modificar su función y estructura según las influencias endógenas y exógenas.
En palabras de Santiago Ramón y Cajal, “todo hombre puede ser, de proponérselo, escultor de su propio cerebro”. Investigaciones actuales permiten afirmar que el cincel que esculpe el alma mater de nuestro sistema nervioso central es la neuroplasticidad. Esto es, la capacidad de aprendizaje y adaptación al cambio que tiene nuestro cerebro en respuesta a las demandas fisiológicas, modificaciones del entorno o situaciones sobrevenidas, como las lesiones.
Gracias a la neuroplasticidad se generan modificaciones en el tejido nervioso, que preceden el establecimiento de nuevas conexiones neuronales y constituyen la base de la rehabilitación y el aprendizaje. Esta cualidad explica que el ejercicio físico cambie las conexiones cerebrales o que pueda sentirse dolor ante la imaginación de movimientos considerados amenazantes.
En el ámbito de la rehabilitación, se ha adoptado el término imaginería motora para describir la capacidad de imaginar movimientos sin realizarlos. Su interés científico radica en que comparte redes neuronales, respuestas del sistema nervioso autónomo y procesos cognitivos similares a la ejecución motora. Después de todo, activa las mismas áreas cerebrales implicadas en el movimiento real: la corteza motora primaria, el área motora suplementaria, el área motora presuplementaria y las regiones dorsal y ventral de la corteza premotora, entre otras. Eso sí, en menor medida.
¿Me puedo curar sólo con imaginar?
El filósofo y psicólogo argentino José Ingenieros dijo sobre la imaginación que es indivisible de la experiencia.
La experiencia clínica y científica señala al ejercicio físico y la educación sobre el dolor como los abordajes rehabilitadores más relevantes para la restitución del dolor lumbar crónico por su efectividad, bajo coste y seguridad.
No obstante, siguen siendo ineficaces porque parten del enfoque biomédico, que asocia las patologías únicamente al daño estructural, obviando las alteraciones en los mecanismos de procesamiento del dolor en el cerebro, como la sensibilización central.
La comunidad científica reclama la necesidad de diseñar tratamientos enfocados a la restitución de estos déficits cerebrales. La imaginería motora, que se está investigando actualmente desde el grupo de Neurociencia Cognitivo-Afectiva y Psicología Clínica (CANCliP) de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), podría suponer una ventaja al permitir la activación de áreas cerebrales directamente relacionadas con la modulación del dolor y el movimiento sin exponer a los pacientes a situaciones susceptibles de incrementar la sintomatología. Este enfoque es consistente con la exposición gradual al movimiento, ampliamente aplicada y respaldada en intervenciones de rehabilitación.
Aunque estudios realizados sobre personas sanas apoyan que practicar imaginería motora previa al movimiento promueve el aprendizaje de nuevas habilidades motoras, la evidencia científica disponible actualmente, aún escasa en patologías crónicas y mayoritariamente proveniente de un grupo de investigación, no apoya su administración como único tratamiento.
Abordar el dolor desde el cerebro
Entonces, ¿conviene invertir esfuerzos en investigar la imaginería motora?
Actualmente constituye una de las alternativas disponibles para abordar el dolor desde el cerebro.
Aunque la presencia de dolor dificulte la generación de imágenes mentales visuales y motoras, una revisión reciente apoya que la imaginería motora asociada a los tratamientos habituales favorece la reducción de la intensidad de dolor) en pacientes con dolor crónico.
Afrontar el dolor desde el sistema nervioso favorece atender unitariamente a los tres factores directamente relacionados con la aparición y mantenimiento del dolor:
Las alteraciones físicas, mediante el ejercicio y el reaprendizaje motor;
Las alteraciones psicológicas, a través de la educación terapéutica;
Las alteraciones cerebrales, gracias a la exposición gradual y la aproximación progresiva a los retos motores, favoreciendo cambios neuroplásticos adaptativos.
Sabemos que la imaginería motora es capaz de incrementar la representación del cuerpo en el cerebro y revertir cambios neuroplásticos maladaptativos, hecho que favorece el “reaprendizaje” del cerebro gracias a la desvinculación de la relación movimiento/dolor prevalente. No obstante, todavía falta evidencia científica que apoye su uso clínico.
La ciencia es, en sí misma, la combinación de la imaginación y la destreza técnica de quienes ponen sus ideas al servicio de la sociedad. La imaginación como motivación, transformación y, ahora, como tratamiento ofrece un nuevo horizonte por descubrir. De momento, comencemos por cambiar el “si puedes imaginarlo, puedes lograrlo” por el “si puedes imaginarlo, tu sistema nervioso está más cerca de conseguirlo”.
DW — La UNESCO comprueba regularmente si los lugares considerados patrimonio de la humanidad siguen mereciendo el título. En 2021 hay algunos que podrían perderlo pronto.
Venecia: muchos turistas, barcos demasiado grandes
Hace dos años, el alcalde de Venecia pidió a la UNESCO que incluyera a la ciudad en la lista roja de lugares patrimonio de la humanidad amenazados. Fue un grito de ayuda contra el turismo de masas. En una próxima reunión, la UNESCO decidirá si incluye a la bella ciudad italiana en esa lista.
Stonehenge: una autopista amenaza la construcción megalítica
Desde 1986, la formación de piedras de más de cuatro mil años de antigüedad del sur de Inglaterra es patrimonio de la humanidad. Cada año atrae a casi a un millón de turistas. Pero el proyecto de construcción de una autopista que pasaría junto a la construcción megalítica para unir las ciudades de Berwick y Amesbury podría suponer la inclusión del conjunto en la lista roja.
Lago de Ocrida, amenazado por el turismo
Es uno de los lagos más antiguos de Europa y del mundo. Los investigadores calculan que tiene 1,36 millones de años. Gran parte de su superficie se extiende por el norte de Macedonia y una más pequeña pertenece a Albania. Obtuvo el título de patrimonio de la humanidad en 1979, pero grandes proyectos turísticos podrían situarlo en la zona de peligro.
Memorial Auschwitz-Birkenau
El memorial Auschwitz-Birkenau también es patrimonio de la humanidad desde 1979. El lugar recuerda los campos de concentración y exterminio nazis, donde más de 1,1 millones de personas fueron asesinadas. El patrimonio de la UNESCO critica que algunos grandes proyectos de tráfico podrían alterar negativamente el lugar y que las autoridades no cooperan.
Península de Kamchatka: explotación de tesoros naturales
La región volcánica situada en el extremo oriental de Rusia también se encuentra bajo amenaza de perder su título de patrimonio de la humanidad. Algunas de las razones son la pesca ilegal, la explotación ilegal de recursos como el oro y el gas y la destrucción del ecosistema natural.
Kenia: casco histórico de Lamu Town
La ciudad habitada de forma continua más antigua de Kenia tiene unos 750 años. Su pintoresco casco histórico fue declarado patrimonio de la humanidad hace 20 años, pero ahora corre riesgo de perder esta categoría, porque algunos planes de desarrollo urbanístico amenazan su carácter.
Australia: Gran Barrera de Coral
La Gran Barrera de Coral obtuvo su estatus como patrimonio de la humanidad en 1981. Consta de tres mil arrecifes de coral y se extiende una longitud de alrededor de 2.300 kilómetros. El cambio climático y el aumento de la temperatura del agua ha destruído ya más de la mitad de los corales. Las tormentas, las perforaciones de gas y los barcos también amenazan su estatus.
Bangladés: bosque de manglares de Sundarbans
Es el bosque de manglares más grande de la Tierra y se extiende sobre más de 10.000 kilómetros cuadrados, de los cuales dos tercios pertenecen a Bangladés y un tercio a India. El lugar da cobijo a muchas especies amenazadas de extinción. Debido a la deforestación, la contaminación de las aguas, la caza furtiva y el creciente nivel del mar, el lugar podría dejar de ser patrimonio de la humanidad.
Tanzania: reserva de caza Selous
Poco después de otorgarle el título de patrimonio de la humanidad, en 1982, la UNESCO criticaba las «actividades ilegales» en el lugar. En 2014, fue degradado a la lista roja y estuvo a punto de perder el título por el exceso de turismo, la explotación de recursos naturales, el proyecto de un embalse y el retroceso de su población animal por la caza furtiva.
El barrio portuario de Liverpool
El histórico barrio portuario de Liverpool también podría perder su título de patrimonio de la humanidad. Tan solo ocho años después de su reconocimiento, que tuvo lugar en 2004, entró en la lista roja porque los edificios no estaban siendo bien conservados y algunos proyectos de construcción cercanos amenazaban el carácter del emplazamiento.
marcianosmx.com — El anillo Vyne o anillo de Silviano es un anillo de oro, que data probablemente del siglo IV, descubierto en un campo arado cerca de Silchester en Hampshire, Inglaterra, en 1785. Originalmente era propiedad de un hombre romano británico llamado Silviano, y al parecer, fue robado por una persona sobre la que Silviano lanzó una maldición.
Después de su descubrimiento en el siglo XVII, el anillo pasó a ser propiedad de la familia Chute, cuya casa era conocida como Vyne, también en Hampshire, ahora el sitio es propiedad de la National Trust y el anillo fue expuesto allí en abril de 2013.
En 1929, durante las excavaciones en el templo romano de Nodens en Lydney, el arqueólogo Sir Mortimer Wheeler descubrió los detalles de la maldición. Fue entonces que Wheeler consultó a JRR Tolkien, profesor de la Universidad de Oxford y dio detalles a su amigo sobre el anillo y la maldición invocada en el nombre de un Dios, por lo que el anillo y la maldición pueden haber inspirado la historia de El Hobbit y El Señor de los Anillos, escrita por Tolkien.
Descripción.
El anillo de Silviano es más grande que la mayoría de los anillos, siendo de 25 mm (1 pulgada) de diámetro y pesando 12 g (0,4 oz), y tal vez fue destinado a ser utilizado sobre un guante.
La banda del anillo tiene diez facetas. Se encuentra definido con un bisel cuadrado grabado con una imagen de la diosa Venus.
Por un lado están las letras «VE» y por el otro «NVS», escritas en especular.
De modo que cuando se usa como sello sobre lacre u otro material, la imagen y las letras aparecen en su posición natural.
En el aro están inscritas las palabras «SENICIANE VIVAS IIN DE».
Esta frase contiene dos errores: la «I» de «INN» fue duplicada, sin dejar lugar a la última letra que debería haber sido una «O».
La inscripción debería terminar «VIVAS IN DEO» – una inscripción común a los cristianos de Roma, que significa «vivir en Dios».
El anillo de Silvano fue descubierto en 1785 en un campo agrícola cerca de Silchester, un pueblo de origen romano, y el sitio de muchos descubrimientos arqueológicos.
Nadie sabe cómo llegó el viejo anillo a The Vyne, pero se supone que un agricultor lo encontró y lo vendió a la familia, que se sabia, tenían especial interés en la historia y las antigüedades. En 1888, el dueño de la propiedad, Chaloner Chute, escribió sobre el anillo en una historia de la casa.
En el siglo XIX se descubrió una placa de plomo, un tipo conocido como «tablilla de maldición» o defixio, en el emplazamiento de un templo romano dedicado al dios Nodens en Lydney, Gloucestershire, a 80 millas (130 kilómetros) de The Vyne. La placa fue inscrita con una maldición:
DEVO NODENTI SILVIANVS ANILVM PERDEDIT DEMEDIAM PARTEM DONAVIT NODENTI INTER QVIBVS NOMEN SENICIANI NOLLIS PETMITTAS SANITATEM DONEC PERFERA VSQVE TEMPLVM DENTIS
Esto se traduce como
Al dios Nodens. Silviano ha perdido un anillo y donará la mitad [de su valor] a Nodens. A quienes se llamen Seneciano no permitas que gocen de buena salud mientras no devuelvan el anillo al templo de Nodens.
En 1929, el arqueólogo Sir Mortimer Wheeler estaba cavando en el lugar de Lydney e hizo una conexión entre el anillo con el nombre Seniciano, y la maldición de la piedra que llevaba el mismo nombre.
Wheeler llamó a Tolkien, como profesor de anglosajón en la Universidad de Oxford, para investigar la etimología del nombre «Nodens» mencionado en la maldición.
Hasta hace poco, el Anillo de Silviano permaneció en la biblioteca de Vyne y era poco conocido, pero fue puesto en exhibición por primera vez en abril de 2013 en una exposición propia, junto con una copia de la inscripción de la maldición de la tabla.
La hipótesis es que Wheeler, en su discusión con Tolkien sobre el nombre Nodens en la tabla de maldición, también habría discutido sobre el anillo Vyne, con el que estaba familiarizado.
Se cree que otros aspectos de la arqueología de la zona de Lydney pueden haber influido en los escritos de Tolkien, como un fuerte de la Edad de Hierro conocido como Dwarf’s Hill (‘colina del enano’).
El anillo juega el papel principal en El Hobbit (publicado en 1937) y El señor de los Anillos (1954). En la historia de Tolkien, el Anillo Único fue forjado por el Señor Oscuro Sauron, para esclavizar a los pueblos libres de la Tierra Media. Cuando se calienta al fuego, se hace visible una inscripción en uno de los idiomas de ficción de Tolkien.
fotoscuriosas.org/marcianosmx.com — Nació en el seno una familia de campesinos de Rusia en 1895, siendo un hombre joven rápidamente se ganó una reputación de «Chernaya rabota«, o «trabajo sucio», mientras servía en el ejército zarista durante la Primera Guerra Mundial -ganando reconocimiento por parte de Stalin a sí mismo por sus asesinatos encubiertos , torturas y ejecuciones. Blokhin ascendió rápidamente en las filas de la policía secreta rusa en ese momento -el NKVD- eventualmente se hizo jefe del departamento Kommandatura.
Los miembros de dicho departamento fueron aprobados por Stalin y recibían órdenes directamente de él.
Bajo la apariencia de otras cargos, Vasili Blokhin era oficialmente un comandante de una prisión, el departamento llevaba a cabo misiones específicas de trabajo sucio para la promoción de la causa de Stalin. Blokhin supervisó numerosas ejecuciones masivas y el mismo ejecutó a varios individuos prominentes, incluyendo a Mikhail Tukachevsky, Mariscal de la Unión Soviética, y dos de los ex jefes del NKVD bajo los que había servido anteriormente.
Pero el acto más infame Blokhin se llevó a cabo en la sangrienta Masacre de Katyn. En 1939, poco más de dos semanas después de que Alemania invadió Polonia, las fuerzas soviéticas entraron en la parte oriental de Polonia.
A pesar de que oficialmente no declararon la guerra, capturaron más de 20,000 oficiales polacos y los detuvieron en campos de prisioneros soviéticos. El 5 de marzo de 1940, el mismo Stalin ordenó la ejecución de todos los oficiales polacos, quienes luego serían arrojados en fosas comunes.
Durante un período de veintiocho días, Vasili Blokhin personalmente realizó más de 7000 de estas ejecuciones de polacos en Katyn. Por lo general, las ejecuciones se llevaban a cabo desde el atardecer hasta el amanecer, con Blokhin prefiriendo trabajar de noche para este tipo de tareas. Blokhin habría ‘trabajado’ casi sin interrupción cada una de las noches, matando a un prisionero aproximadamente cada tres minutos, a un promedio de 300 ejecuciones por noche.
Las ejecuciones serían algo así: después de firmar los documentos de identificación, los oficiales eran llevados con sus brazos atados a una pequeña habitación que estaba equipada con paredes insonorizadas, un desagüe, una manguera, y una puerta o escotilla – sin duda, era una habitación diseñada para ejecuciones.
Masacre de Katyn
Eran obligados a arrodillarse y un miembro de la Kommandatura daría un solo disparo en la parte posterior de la cabeza de los prisioneros, matándolos instantáneamente. Sus cuerpos serían arrastrados por la segunda puerta o escotilla en el techo, la habitación sería lavada con la manguera, y el preso siguiente sería llevado al sitio.
Blokhin prefería la pistola Walther PPK de 7.65 mm, un arma que estaba siendo utilizada para todas las ejecuciones en masa. Para Blokhin, esta no tenía tanto retroceso como otro tipo de armas, lo que significa menos dolor en la muñeca después de realizar cientos de ejecuciones todos los días.
Las pistolas también rara vez fallaban, lo que significaba que las víctimas podrían ser asesinadas con un disparo casi cada vez que alguien apretara el gatillo. Para el gobierno soviético, las pistolas fueron favorecidas por ser la marca realizada por oficiales alemanes.
En caso de que las fosas comunes fueran descubiertas, los cuerpos contendrían las balas de una pistola de estilo alemán y los soviéticos podían negar su responsabilidad por las muertes.
El 27 de abril de 1940, Blokhin fue premiado con la Orden de la Bandera Roja por llevar a cabo este sangriento asesinato organizado de masas. La orden era dada tradicionalmente a los militares que mostraban «coraje excepcional, abnegación y valor en combate». Se le dio la orden de forma secreta con el fin de proteger el carácter secreto de los asesinatos.
En 1941, el mismo Stalin pactó una alianza con el gobierno polaco después de que los alemanes invadieron Rusia. Él liberó a cientos de miles de polacos de los campos de prisioneros, y fue presionado en varias ocasiones para dar cuenta de los prisioneros de guerra desaparecidos.
Stalin declaró que lo ignoraba, pero en 1943 la verdad empezó a salir con el descubrimiento de las fosas comunes en Katyn. El gobierno soviético negó toda responsabilidad y culpó a los alemanes. No fue hasta el año 1990 que la institución Mikhail Gorbachev reveló la verdad a través de una serie de documentos que destacan el papel del país en la masacre.
Blokhin no vivió para ver sus obras públicamente reconocidas. Tras la muerte de Stalin en 1953, se vio obligado a retirarse. Durante la campaña de desestalinización que siguió, Blokhin fue despojado de su rango y se volvió hacia el alcoholismo. Una combinación de la bebida y la locura supuestamente lo condujeron a su muerte en 1955, la causa de su muerte fue oficialmente reportada como un suicidio.
El legado de sus actos atroces aun vive. Junto con los 7000 prisioneros de guerra ejecutados personalmente por Blokhin en Katyn, además, es el responsable directo de la muerte de miles de otras personas en los campos de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, acertadamente sus acciones en vida le valieron el título del «verdugo más prolífico» en el Guinness Libro de los Récords.
Blokhin solía utilizar un uniforme especial, que consistía en una gorra de cuero, un largo delantal de cuero y guantes largos.
En una mesa junto a él había un maletín lleno de sus propias pistolas Walther PPK personales, ya que Blokhin, un verdadero artista en su oficio, no usaría las herramientas de nadie más que las suyas.
Después de que se verificara la identidad del prisionero, lo llevaban esposado a la habitación del sótano donde Blokhin esperaba en su largo delantal, como un horrible carnicero.
Más tarde, un guardia declaró: “Los hombres sujetaron [al prisionero] de armas y [Blokhin] le disparó en la base del cráneo … eso es todo” . Blokhin trabajó de manera rápida y eficiente, matando a un promedio de un hombre cada tres minutos durante las noches de diez horas; los asesinatos se realizaban siempre de noche, de modo que los cuerpos podían eliminarse en la oscuridad.
Aunque esto nunca se ha probado completamente, los historiadores sospechan que Blokhin disparó a 7,000 hombres durante un período de veintiocho días, lo que lo convertiría en uno de los asesinos más prolíficos de todos los tiempos.
Sin embargo, a muchas personas que mató, Blokhin fue constantemente promovido por sus superiores para realizar “tareas especiales”. Perdió su trabajo después de que Stalin muriera. La causa de la muerte de Blokhin, en 1955, fue catalogada como suicidio.
Masacre de Katyn
La masacre de Katyn, también conocida como masacre de Katyn Forest, fue una ejecución masiva de ciudadanos polacos llevada a cabo por el Comisariado Popular de Asuntos Internos (NKVD), la policía secreta soviética, en abril y mayo de 1940. La masacre fue provocada por el jefe de la NKVD, Lavrentiy
La propuesta de Beria de ejecutar a todos los miembros cautivos del Cuerpo de Oficiales Polacos, fechada el 5 de marzo de 1940. Este documento oficial fue aprobado y firmado por el Politburó soviético, incluido su líder, Joseph Stalin. El número de víctimas se estima en alrededor de 22.000.
Datos:
Blokhin inicialmente decidió una cuota ambiciosa de 300 ejecuciones por noche; y diseñó un sistema eficiente en el que los prisioneros fueron conducidos individualmente a una pequeña antecámara, que había sido pintada de rojo y que se conocía como la “sala leninista”, para una identificación positiva breve y rápida, antes de esposarla y llevarla a la sala de ejecución. puerta. La habitación estaba especialmente diseñada con paredes acolchadas para la insonorización, un piso de concreto inclinado con un desagüe y una manguera, y una pared de troncos para que los prisioneros se enfrenten.
Había traído un maletín lleno de sus propias pistolas Walther, ya que no confiaba en la fiabilidad del soviético TT-30 estándar para el uso frecuente y pesado que pretendía. El uso de una pistola de bolsillo alemana, que era comúnmente llevada por la policía y los agentes de inteligencia alemanes, también proporcionó una negación plausible de las ejecuciones si los cuerpos se descubrían más tarde. Otra razón por la que usó el Walther en lugar de su problema estándar Tokarev fue el golpe de vuelta. El menor retroceso de Walther le facilitó a él (así como a otros verdugos del NKVD) matar a un gran número de personas en una noche. Los Walthers estaban fácilmente disponibles debido a la cooperación entre los soviéticos y los nazis en la que los alemanes terminaron entregando una buena cantidad de armas a sus aliados soviéticos.
Cada noche, una excavadora excavaba de 24 a 25 trincheras, que medían entre ocho y diez metros (24,3 a 32,8 pies) en total, para contener los cadáveres de la noche, y cada trinchera se cubría antes del amanecer.
Blokhin y su equipo trabajaron sin pausa durante diez horas cada noche, y Blokhin ejecutaba un promedio de un prisionero cada tres minutos. Al final de la noche, Blokhin proporcionó vodka a todos sus hombres.
El 27 de abril de 1940, Blokhin recibió en secreto la Orden de la Bandera Roja y una prima de pago mensual modesta como recompensa de Joseph Stalin por su “habilidad y organización en la realización efectiva de tareas especiales”.
Tumba de Vasily Blokhin.
Su conteo de 7,000 disparos en 28 días sigue siendo el asesinato masivo más organizado y prolongado por un solo individuo registrado; y lo vio ser nombrado el titular del récord mundial Guinness para ‘El verdugo más prolífico’ en 2010.
El rango de Blokhin fue despojado de él en las campañas de desestalinización de Nikita Khrushchev. Según informes, se hundió en el alcoholismo, se volvió loco y murió el 3 de febrero de 1955, y la causa oficial de muerte fue catalogada como “suicidio”.
El gobierno soviético admitió que la Policía Secreta Soviética fue responsable de la masacre de Katyn en 1990. Antes de eso, afirmaron que los alemanes lo habían hecho. Los alemanes en realidad invitaron a una delegación internacional para investigar la fosa común en 1943, que también concluyó que los soviéticos lo habían hecho. Para intentar “salirse con la suya”, los soviéticos organizaron juicios contra los prisioneros de guerra alemanes para culparlos por Katyn, y trataron de responsabilizar a los acusados alemanes por Katyn en Nuremberg (que los Aliados rechazaron).
Vasily Blokhin fue enterrado en 1955 en el cementerio Novodevichy. A fines de la década de 1960, después de que Khrushchev terminara, le fueron devueltos los títulos y las medallas, y él mismo fue rehabilitado por el estado. El verdugo más prolífico de la historia encontró una tumba para descansar, a diferencia de las diez mil personas asesinadas por él.
La danza en una ilustración de Elbridge Streeter Brooks (1910)
Muy Interesante(J.Álvarez) — A pesar de la imagen idílica y edulcorada que algunos dan de los pueblos indígenas, su vida cotidiana originaria era muy dura y muchas de sus costumbres resultaban acordes a esas condiciones. Incluso se podrían describir como crueles, desde la mentalidad del hombre blanco y desde la perspectiva actual.
Habría muchos ejemplos de ello, como los sacrificios humanos (practicados con carácter ritual en todo el continente de norte a sur), la tortura de los enemigos capturados (y la consiguiente esclavitud para los que sobrevivían a ella) o la automutilación. Vamos a quedarnos hoy con esta última para describir la inaudita Danza del Sol.
Pese a su nombre, la Danza del Sol (Wanyang-wa-c’i Wi-pi en lengua lakota) no era un baile sino una compleja ceremonia religiosa que practicaban los indios de los tres países de América del Norte (Estados Unidos, Canadá y México), aunque también se sabe de ritos parecidos en el subcontinente sur.
Causó gran sensación entre el público que la vio representada en la película Un hombre llamado caballo, si bien se le ha atribuido un carácter iniciático que en realidad no tenía. La Danza del Sol no era para los jóvenes que se iban a convertir en guerreros sino para adultos que, además, se sometían a ella voluntariamente.
Considerado como el ritual más importante del año, dado que se llevaba a cabo en beneficio de toda la tribu, había unos elementos comunes en todas partes: elección de un lugar sagrado, celebración en verano (porque, lógicamente, las lluvias estropearían algo relacionado con el sol), los bailes, los cánticos o las oraciones, así como la duración (varios días) y un retiro espiritual previo de los participantes, en el que ayunaban y se purificaban con baños de vapor en una choza.
Durante toda esa etapa, eran corrientes las automortificaciones; Toro Sentado, por ejemplo, las realizó antes de la batalla de Little Big Horn haciéndose cortes en los brazos.
La Danza del sol, practicada por los indios mandan
El quinto día llegaba la parte más seria, normalmente organizada por el chamán u hombre-medicina, salvo en el caso de los pies negros, en que, curiosamente, era una mujer-medicina la encargada.
Aclaremos que el concepto de medicina tenía un sentido mucho más amplio para los indios: era todo lo relativo al mundo sagrado, mágico o espiritual en sus diversas formas, tales como talismanes, amuletos, cantos, etc.
Los sioux levantaban una especie de gran pérgola -de casi medio centenar de metros de diámetro- con una abertura al Este (por donde salía el sol) y un poste central de unos seis metros de altura del que colgaban largas tiras de cuero de búfalo.
El hombre-medicina hacía dos tajos en el pecho de cada danzante e introducía en ellos unas estaquillas de madera que se ataban a las tiras de cuero. Entonces éstas se tensaban, tirando del pecho de los danzantes y obligándoles a ponerse de puntillas.
Se dice que la tensión era tal que los pectorales llegaban a estirarse hasta diez centímetros, lo que resultaba aún más tremendo en algunas variantes en las que las estaquillas se colocaban en las mejillas o bajo los ojos; a veces se hacía en los dorsales.
En cualquier caso, los participantes debían aguantar así, cantando, danzando o haciendo sonar un silbato, siempre procurando mantener la tensión sobre la zona herida echando el cuerpo hacia atrás.
Indios soshones practicando la Danza del Sol en los años treinta/
La ceremonia podía durar horas y horas, y era habitual que a causa de la privaciones previas de agua y comida, así como por el dolor, los oficiantes tuvieran visiones.
Tras ese atroz tiempo de tortura, la piel terminaba por desgarrarse, liberándoles y poniendo fin al ritual.
Si alguien se desmayaba y renunciaba a seguir caía en desgracia y se convertía en objeto de mofa de todos, debiendo a partir de entonces vestir ropa femenina y preparar la comida; las propias mujeres eran las que peor le trataban. Quizá por eso algunos famosos guerreros nunca quisieron participar, caso de Patapalo o el mismo Caballo Loco.
Los trozos de carne arrancados se ofrecían al astro rey en nombre del Wakan Tanka, un concepto indio que habitualmente se rebautiza Gran Espíritu pero que no hace referencia a un dios único -no había monoteísmo entre las tribus- sino a un poder intangible, omnipresente e ininteligible que interactuaba con los seres vivos y sería algo más parecido, para entendernos, a la Fuerza de La guerra de las galaxias.
La Danza del sol, considerada un rito de fecundidad porque tenía lugar justo antes de la llegada de las manadas de bisontes, fue proscrita por el gobierno de Estados Unidos en 1884 alr considerarla bárbara; pero siguió celebrándose en secreto al menos hasta 1904.
Durante la presidencia de Jimmy Carter se levantó la prohibición y algunas tribus de las praderas la recuperaron, aunque no de forma periódica sino esporádica y abierta a todo el mundo. Esta apertura se acabó en 2003, cuando en una reunión de tribus lakota y cheyenne se decidió restringirla sólo para los nativos.
Fotografía obtenida en la ceremonia Sioux
La danza del Sol en lengua lakota se llama wi wanyang wacipi, cuyo significado literal es «danza de mirar fijamente al Sol».
No se trata de un culto al Sol sino de una ceremonia de «renovación del mundo» y de peticiones de fecundidad.
El ritual sioux comenzaba con la construcción de una cabaña, se cortaba un árbol que se colocaba en el centro del campamento y sobre él se ponían una serie de ofrendas.
La danza se iniciaba el 21 de junio en el solsticio de verano, en general duraba cuatro días, en un momento del ritual se colocaba un cráneo de bisonte entre los que danzaban y se cantaba lo siguiente:
«iWakan Tanka, ten misericordia de nosotros!, ¡queremos vivir! Esta es la razón por la que hacemos esto. Dicen que viene una manada de bisontes; ya están aquí. El poder del bisonte viene a nosotros; ¡ya está aquí! (…) ¡Wakon Tanka, miranos! El más próximo a tos que andan en dos pies, el jefe de los que andan a cuatro patas, es tatanko, el bisonte.
Aquí está su cráneo seco, al verlo sabemos que también nosotros nos convertiremos en cráneos y esqueletos y de este modo caminaremos juntos por el camino de regreso al Gran Espíritu (…). Aquí en la tierra, vivimos con el bisonte y te estamos agradecidos por ello, pues él nos da nuestro alimento y hace dichoso al pueblo, es nuestro pariente (.j. ¡Oh bisonte, tú eres la tierra!»
Los indios trataban al bisonte como a un pariente. El bisonte era considerado un ser sagrado con fuertes poderes y el mensajero de la supervivencia en las praderas.
Mediante privaciones y penitencias corporales, los danzantes tratan de suscitar la compasión de Wakan Tanka y garantizar así la perpetuidad de la tribu. El ayuno y la tortura voluntaria son elementos escenciales.
La danza a pleno Sol es un durísimo sacrificio corporal, además los danzantes soplan constantemente por una especie de flauta de huesos de águila, lo que acrecienta su sed. La prueba más difícil, reservada a los varones, tiene lugar el cuarto día y recibe el nombre de «Perforación».
Para ello se colocan sobre una piel de bisonte, junto al poste sagrado, y el chamán les practica en el pecho, justo por encima de las tetillas, dos cortes paralelos en los que introduce sendas púas de madera; luego anuda en estas púas una cuerda sujeta al poste.
Las mujeres participan en la danza están excluidas de esta prueba, pero a su modo también ellas ofrecen un sacrificio doloroso, haciéndose arrancar del brazo algunos trocitos de piel. Asimismo en esta ocasión se les perforan las orejas a los niños, acto simbólico por el que son oficialmente incorporados a la comunidad tribal.
Antigua fotografía de un varón sometido a la «Perforación».
En la fase final de la ceremonia, los hombres deben intentar liberarse del poste al que están atados. Con este objeto danzan primero acercándose al poste, para rezar, y luego, alejándose de él sin volverse y echándose bien hacia atrás para tensar la cuerda, con lo que la piel de su pecho se pone también tensa.
Ejecutan este doble movimiento tres veces y a la cuarta se dejan caer con todo su peso hacia atrás, desgarrándose la piel y soltándose así del poste. Los cánticos y danzas cesan cuando el último de los danzantes se ha liberado.
Para cuantos toman parte activa en la danza del Sol, ésta representa un auténtico sacrificio en su sentido más estricto. Pero incluso los que no se someten al rito de la «perforación», ponen en ella a dura prueba su valor y resistencia física.
En los relatos de Alce Negro se repite sin cesar: «¡Oh Wakan Tanka, ten misericordia de mí, para que mi pueblo viva! Por eso me estoy sacrificando». No basta, pues, con ofrecer a Wakan Tanka cualquier objeto o animal, sino que la ofrenda ha de ser algo vedaderamente valioso y entrañable para el hombre: su propia carne y sangre.
También en un mito sobre el origen de la danza del Sol se indica con toda claridad que sin derramamiento de sangre no es posible poner genuinamente a prueba de la seriedad del participante.
Repartidos por varios lugares de la ciudad de Roma, a lo largo de las décadas fueron apareciendo fragmentos de una curiosa inscripción de finales del siglo I a.C. que originalmente formaba parte de una lápida o estela funeraria dedicada por un hombre a su esposa fallecida.
Hoy esa inscripción es importante por varios motivos. En primer lugar porque es una de las pocas fuentes de primera mano que permite conocer como era la vida de las mujeres en la antigua Roma. También proporciona una buena visión del derecho romano de la herencia y el matrimonio.
Y en segundo lugar porque, con sus 132 líneas de texto, se trata de la inscripción personal más larga que se conserva de aquella época.
Los dos fragmentos de la inscripción expuestos en el Museo de las Termas de Diocleciano
Además, encierra el pequeño misterio de si la aludida en la inscripción puede ser la Turia de quien toma su nombre la denominada Laudatio Turiae (elogio de Turia), pues algunos hechos mencionados en ella coinciden con los atribuidos a la famosa esposa de Quinto Lucrecio Vespilón.
No obstante, la inscripción no menciona su nombre.
Hasta ahora se han encontrado siete fragmentos, los cuales formaban parte de la inscripción original tallada en dos losas de piedra de unos 2,6 metros del altura y 90 centímetros de ancho cada una, las cuales enmarcaban posiblemente una estatua de la difunta y su esposo.
Originalmente tenía unas 180 líneas de texto, de las cuales se conservan unas 132 en los fragmentos.
La gran dispersión de estos fragmentos por toda Roma parece debida al desmantelamiento de la tumba hacia el siglo III d.C.
Dos de los fragmentos hallados se habían utilizado para cubrir los nichos de la catacumba de los santos Marcelino y Pedro en la vía Labicana, construida hacia esa época.
De los tres fragmentos del lado izquierdo solo existen copias del siglo XVII, los originales se perdieron. Y actualmente solo hay expuestos los dos últimos fragmentos encontrados, que pueden verse en el museo de las Termas de Diocleciano.
La inscripción, en la que el viudo alaba las virtudes de su mujer (llevaban 41 años casados) comienza contando como la esposa quedó huérfana y tuvo que luchar por su herencia:
Te quedaste huérfana de repente antes del día de nuestra boda, cuando tus padres fueron muertos juntos en la soledad del campo. Fue sobre todo gracias a tus esfuerzos que la muerte de tus padres no quedó impune.
Porque yo me había marchado a Macedonia, y el marido de tu hermana, Cluvius, se había ido a la provincia de África (en el año 49 a.C.) Con tanto empeño cumpliste tu deber filial con tus insistentes exigencias y tu búsqueda de la justicia, que no hubiéramos podido hacer más si hubiéramos estado presentes.
Pero estos méritos los tienes en común con esa virtuosísima dama que es tu hermana. Mientras te ocupabas de estas cosas, habiendo conseguido el castigo de los culpables, abandonaste inmediatamente tu propia casa para guardar tu pudor y viniste a casa de mi madre, donde esperaste mi regreso.
Entonces te presionaron a ti y a tu hermana para que aceptaráis la opinión de que la herencia de tu padre había quedado invalidada (…) Cómo reaccionaste ante esto, con qué presencia de ánimo ofreciste resistencia, lo sé muy bien, aunque yo estaba ausente.
Ceremonia de matrimonio romana, en el British Museum
Continua hablando de su matrimonio, en el que no tuvieron hijos, de sus virtudes masculinas (virtus) como la valentía, de las femeninas (no alteró el orden social), y de como le ayudó cuando fue proscrito por ponerse del lado de Pompeyo en la guerra civil contra César.
Son raros los matrimonios tan largos como el nuestro, matrimonios que se terminan por muerte y no se rompen por divorcio.
Tuvimos la suerte de que nuestro matrimonio durara sin desavenencias durante 40 años.
Me gustaría que nuestra larga unión hubiera llegado a su fin por algo que me hubiera ocurrido a mí en lugar de a ti; habría sido más justo que yo, como pareja mayor, hubiera tenido que ceder ante el destino por un acontecimiento así.
Más tarde pidió al triunviro Lépido que extendiera el edicto de clemencia de Octavio también a su marido.
Aunque Lépido llegó a patearla cuando se arrojó a sus pies, ella insistió obstinadamente y tuvo éxito en su petición. Su marido recuperó sus derechos civiles y pudo regresar a Roma.
Pero aunque tu cuerpo estaba lleno de magulladuras, tu espíritu no se quebrantó y no dejaste de recordarle el edicto del César con su expresión de agrado por mi reincorporación, y aunque tuviste que escuchar palabras insultantes y sufrir crueles heridas, pronunciaste las palabras del edicto en voz alta, para que se supiera quién era el causante de mis peligros mortales.
Otro de los fragmentos
Después de haber esperado en vano que tuvieran hijos, ella le ofreció el divorcio con la renuncia simultánea a su fortuna para que pudiera tener hijos con otra mujer. Él se negó firmemente.
Debo admitir que me encendí de tal manera que casi perdí el control de mí mismo; me horrorizó tanto lo que intentabas hacer que me resultó difícil recuperar la compostura.
Pensar que debía considerarse la separación entre nosotros antes de que el destino así lo dispusiera, pensar que habías sido capaz de concebir en tu mente la idea de que podrías dejar de ser mi esposa mientras yo vivía, ¡aunque me habías sido totalmente fiel cuando estaba exiliado y prácticamente muerto!
¿Qué deseo, qué necesidad de tener hijos podía tener yo que fuera tan grande como para romper la fe por ese motivo y cambiar la certeza por la incertidumbre? Pero ¡no más sobre esto! Permaneciste conmigo como mi esposa, pues no hubiera podido ceder a ti sin desgracia para mí e infelicidad para los dos.
Y a pesar de que ella le pidió que no gastara demasiado en su funeral, el desconsolado viudo le erigió una costosa tumba, y una inscripción elogiosa, para que todo el que la viera supiera quién había sido ella.
Las conclusiones de mi discurso serán que tú lo merecías todo, pero que no me ha tocado a mí darte todo como debía; tus últimos deseos los he considerado como ley; lo que esté en mi mano hacer además, lo haré.
Esposos romanos en un sarcófago del año 385 d.C.
El nombre de ninguno de los esposos figura en las líneas que se han conservado. Algunos estudiosos, comenzando por Theodor Mommsen, supusieron que podían ser Quinto Lucrecio Vespilón y su esposa Turia.
Las similitudes son interesantes, Vespilón estuvo del lado de Pompeyo en la guerra (incluso al mando de una de sus flotas en 49 a.C.) y fue proscrito por el triunvirato en 43 a.C. Luego, Octavio le indultó gracias a su esposa Turia (o Curia), con la que estuvo casado 40 años. Sin embargo, hoy los especialistas rechazan esta identificación.
Entre los motivos para dudar de ello está el hecho de que el viudo no mencione su rango (fue nombrado cónsul por Augusto en 19 a.C.) en la inscripción, algo poco común. Y también que la gesta de Turia, aunque fue notable, no debió ser única, algo que el texto laudatorio parece reconocer.
Las mujeres rara vez eran honradas de esta manera en la Roma antigua, con un discurso público, y mucho menos grabado en una estela. Tan solo se han conservado otros dos elogios a mujeres romanas, la Laudatio Murdiae, que es aproximadamente de la misma época, y el del emperador Adriano a su suegra Matidia.
nuestras charlas nocturnas.
Fuentes
Oxford Classical Dictionary / Laudatio Turiae (ILS 8393. Translation by E. Wistrand.) / Lawrence, T. (2014). The Laudatio Turiae: A Source for Roman Political and Social History. Berkeley Undergraduate Journal of Classics, 3(1). / LASSARD, Dr. (2014). Éloge funèbre dit de Turia (Cucheval) / Gordon, Arthur E. “A New Fragment of the Laudatio Turiae.” American Journal of Archaeology, vol. 54, no. 3, 1950, pp. 223–226. JSTOR, / Wikipedia
The Conversation(R.L.Rodríguez) — ¿Has escuchado alguna vez la frase “cuando seas padre, comerás huevos”? Se trata de un refrán con el que muchos adultos pretenden adoptar estilos de vida, en ocasiones, no saludables y que sus hijos (o menores a su alrededor) no imiten estos hábitos. Si son ustedes de los que lo utilizan a menudo, tenemos malas noticias.
Una nueva investigación sobre obesidad pone el foco de la promoción de un estilo de vida saludable en los adultos para evitar el desarrollo de obesidad en los niños que les rodean.
Hasta ahora, el desarrollo de esta enfermedad se había relacionado con factores genéticos, sociales y conductuales de las propias personas que desarrollan esta afección. Sin embargo, hoy iremos más allá.
La obesidad se define como una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Se trata de un importante problema de Salud Pública en Europa y América. En España, la tasa de obesidad actual asciende al 16 % y en niños 10,3 %.
Por su parte, en 2019 en América Latina y el Caribe, casi un cuarto de la población adulta en la región tenía obesidad, con prevalencias más altas entre mujeres (28 %) que en hombres (20 %). Además, la prevalencia del sobrepeso en niños y niñas menores de 5 años ya alcanza 7,5 %, por encima de 5,9 % mundial.
Los datos no son esperanzadores pues, hasta ahora, se desconoce cómo evolucionará la epidemia de obesidad en las próximas décadas.
¿Como es posible que un niño desarrolle obesidad?
Entre los factores de riesgo más estudiados científicamente se encuentran los de tipo genético. Entre ellos, podemos citar las mutaciones en el receptor de melanocortina 4 (MC4R), el gen asociado a la masa y la obesidad (FTO) y alteraciones en enzimas como la leptina, su receptor, la proopiomelanocortina y la pro-proteína convertasa.
Este tipo de defectos genéticos solamente justifican el 1 % de los casos. Sin embargo, el riesgo de desarrollar obesidad aumenta exponencialmente al combinarse con otros factores de riesgo. Estos pueden ser de tipo psicosocial (como el estrés, la ansiedad, la depresión y bajo nivel de autoestima) y conductual (hábitos de alimentación y sedentarismo).
En relación al estilo de vida, ya en 2015 se identificó por primera vez que el estilo de vida de los padres (antes y después de la concepción) representa un factor de gran impacto en el desarrollo de sobrepeso y obesidad de los niños.
Al mismo tiempo, también se ha reconocido que hay más posibilidades de desarrollar obesidad en familias con bajo nivel socioeconómico. Lo mismo sucede con los niños cuyos padres tienen sobrepeso.
Para mayor gravedad, se ha demostrado que la obesidad infantil tiene una elevada posibilidad de permanecer durante la etapa adulta, con los riesgos para la salud y calidad de vida que esto implica.
Por todos estos motivos, aumentar la cantidad de actividad física practicada por los niños y niñas se había convertido en una prioridad de Salud Pública en los países industrializados.
Influencia de los adultos en los niños, un factor clave más
Sin embargo, en un estudio reciente hemos puesto el foco también en la influencia que ejercen los adultos sobre la población infantil. En esta investigación hemos identificado que los hábitos de actividad física y el peso de los niños españoles pueden estar influidos por la presencia de adultos de referencia en el hogar.
Esta relación directa entre el adecuado peso de los adultos y el de los niños convivientes tiene sentido dado que ambos compartirían hábitos dietéticos. Además, la toma de decisiones del adulto sobre sus hijos también podría influir en la dieta que llevan los niños que están bajo su cuidado.
Por otra parte, es la primera vez que se identifica la relación entre el peso de los niños y el nivel de estudios del adulto. Es decir, según los resultados de la investigación, cuanto mayor es el nivel educativo de estas personas, más probabilidades habrá de que conozcan las recomendaciones sobre la práctica de ejercicio físico y deporte.
De hecho, el estudio ha identificado que los adultos sin sobrepeso y con más estudios han sido los que más deporte practican, lo que concuerda con la explicación anterior. Consecuentemente, estos adultos aplicarían dicho conocimiento a sí mismos y a los menores con los que conviven.
Además, estas personas serían más conscientes de su impacto en la salud presente y futura de su hijo o hija. De esta forma, los adultos más formados buscan inculcar y promover proactivamente este hábito en sus hijos de manera más frecuente que las personas con menos nivel de estudios.
Promover la actividad física en adultos para evitar la obesidad infantil
En cuanto al género, ya se sabía, por estudios anteriores, que las niñas tienden a adoptar estilos de vida más sedentarios que los niños. Ahora sabemos que esta conducta, distinta entre ambos sexos, permanece en los adultos. Este fenómeno podría ser un reflejo de las diferencias en los roles de género que se inculcan ya desde la infancia.
Estos resultados dan un giro en la prioridad inicial de promover la actividad física entre los niños y convierte a los adultos en la población diana. Por tanto, habría que incidir en ellos con mensajes que ayuden a mejorar su estilo de vida y la de los niños que los rodean (y de los que aprenden modelos de conducta).
Particularmente, en el caso de la infancia, es importante atender a factores socioeconómicos y culturales que dependen, a su vez, de los adultos con los que conviven.
En definitiva, la obesidad puede estar condicionada por factores genéticos y biomédicos no modificables mediante nuestras decisiones diarias, pero su prevención y manejo sí están fuertemente condicionados por decisiones personales del día a día relacionadas con la alimentación, las actividades de ocio y el descanso diarios.
Es decir, todo adulto con niños a su cargo debe tener presente que está siendo un modelo de imitación diario para los niños y niñas que le rodean.