Historia Hoy — Los métodos de control de natalidad han atravesado grandes avances impulsados por la investigación científica pero también por el activismo y los cambios sociales.
Sin embargo, la estrecha relación entre procreación y sexualidad, hizo que el desarrollo de los anticonceptivos estuviera desde un principio condicionado por tensiones morales, religiosas, socioeconómicas y legales.
Para la Iglesia, los anticonceptivos se convirtieron rápidamente en algo a condenar. Tal como señala el historiador Jean-Louis Guereña, la norma impuesta por la Iglesia católica, fue la prohibición de cualquier método o técnica que no fuera considerada natural.
Ya en 1826, el Vaticano condenó el uso del condón “por trastornar los decretos de la providencia”. El coitus interruptus y el método ogino fueron planteados como alternativas.
Pero la norma religiosa no se convertiría solamente en un imperativo moral, sino también legal. En EE.UU., no fue hasta 1965 cuando se derogaron las últimas leyes que establecían la ilegalidad de los controles de natalidad por parte de las parejas casadas. En España, bajo la dictadura franquista, la venta y difusión de anticonceptivos estuvo prohibida hasta 1978.
“La base ideológica nacional católica implicó la adopción de las ideas más retrógradas de la Iglesia, que abogaba por que se tuvieran los hijos que Dios quisiera. Además, se adoptaron políticas natalistas de ayudas y subvenciones a las familias numerosas”, explica Teresa Ortiz Gómez, catedrática jubilada de Historia de la Ciencia Universidad de Granada, quien ha dirigido numerosos proyectos de investigación sobre la historia de la anticoncepción y sexualidad.
La activista Margaret Sanger fue juzgada por difundir sus ideas sobre el control de natalidad
A pesar de estas prohibiciones, los anticonceptivos comenzaron a circular de manera clandestina. “Las mujeres y las parejas buscaban soluciones para controlar su fertilidad. No se anunciaban abiertamente, pero era información que circulaba de boca en boca o a través de médicos progresistas.
Algunas mujeres tenían conocimiento por haber viajado a otros países europeos”, explica Ágata Ignaciuk, doctora en estudios de las mujeres y de género y coautora junto a Ortiz Gómez del libro Anticoncepción, mujeres y género: La píldora en España y Polonia (1960-1980) (Catarata).
El condón fue dado a conocer en Europa en el siglo XVI por el anatomista italiano Gabriel Fallopio. Estos primeros preservativos, hechos de lino o de seda, eran incómodos y poco seguros. Un siglo más tarde, eran elaborados con tripas de animales.
Ya con el descubrimiento de la vulcanización a finales del siglo XIX en EE.UU., se introdujeron los de caucho, que eran más seguros, cómodos y baratos. Sin embargo, hasta principios del XX, todavía se utilizaban en España preservativos de tripas de animales, que podían reutilizarse después de ser lavados.
Sin embargo, tal como explica Jean-Louis Guereña, el condón todavía se utilizaba “más como preservativo contra las enfermedades venéreas que como medio anticonceptivo”, y estuvo asociado, entre el siglo XVIII y el XX, más “a los ambientes prostitucionales y a las enfermedades venéreas que podían aparecer de tales encuentros sexuales”.
Sin embargo, aclara que su popularización y su uso extendido no se debió a los médicos o a los poderes políticos, sino a pesar de ellos, ya que “desaconsejaban, por lo general, su utilización, más por razones morales que estrictamente médicas”, por el hecho de tratarse de un método anticonceptivo.
Con el surgimiento del SIDA en la década de 1980, esto cambiaría radicalmente y el preservativo pasaría a estar en el centro de las campañas de prevención del virus.
Un preservativo hecho con tripas de oveja, en torno al año 1800
La incorporación de la anticoncepción dentro del ámbito de la medicina se produjo a partir de cambios fundamentales de la década del 1970. A principios del siglo XX, se gestó en Europa y EE.UU. un movimiento a favor de la anticoncepción inspirado en el movimiento neomalthusiano, impulsado por y para las mujeres.
Sus pioneras promovieron la investigación con diferentes métodos como los espermicidas o las hormonas, difundieron métodos de barrera como los diafragmas e impulsaron la creación de redes asistenciales y centros de consulta para facilitar el acceso.
Si bien la lucha por los derechos reproductivos es hoy una de las banderas principales de los movimientos feministas, esto no fue así en un principio.
“Este movimiento no encajaba con el feminismo de principios de siglo, que era maternalista y no se planteaba que las mujeres pudieran no querer ser madres”, dice Ortiz Gomez y agrega que: “Tampoco se defendía el aborto. Se defendía la anticoncepción sosteniendo que evitaría o disminuiría el número de abortos”.
El centro de su acción y su discurso eran las mujeres casadas.
Aletta Jacobs fue una de las primeras en abrir camino. Tres años después de convertirse en la primera mujer en recibir el título de médica en los Países Bajos, fundó la primera consulta clínica en Ámsterdam para el asesoramiento a mujeres sobre anticonceptivos.
En el Reino Unido, Marie Stopes creó en 1921 el Birth Control Clinic en Londres. Además, a través de publicaciones como Amor Conyugal (1918) o Paternidad Prudencial (1925) puso en escena el tema del placer en la sexualidad y de la necesidad de controlar la fertilidad.
También introdujo la necesidad de introducir tallas de diafragmas, para que pudieran adaptarse a los distintos cuellos uterinos.
En EE.UU., la enfermera Margaret Sanger fue la encargada de acuñar el término birth control y de fundar la primera clínica de planificación familiar en su país, lo cual le valió múltiples batallas legales. Ella planteaba que si una mujer no era dueña de su cuerpo, todos los demás logros feministas, como el sufragio o la educación, perdían sentido.
Que la mujer estuviera a cargo de la anticoncepción y tuviera el control de su cuerpo era una idea muy revolucionaria para esta época. “Estas pioneras sostenían que eran las mujeres quienes tenían que tener la decisión en sus manos. Esto era históricamente novedoso”, explica Teresa Ortiz Gómez.
“Esto después ha tenido su contrapartida”, advierte Ignaciuk, y explica que “Hay historiadoras que se han preguntado por qué todavía no hay una píldora masculina disponible, cuando hace 60 años que existe la femenina”.
Ella apunta que no sólo han jugado un rol factores sociales como las desigualdades en las responsabilidades de crianza, sino también el que no haya habido una apuesta por parte de los laboratorios farmacéuticos.
Una fábrica de preservativos en los años 30
De hecho, tuvieron un rol fundamental en la normalización de la píldora femenina. Las promociones de la píldora en la prensa médica circularon en España desde 1964, con el primer anuncio de anovial 21.
Mientras que en Alemania, Holanda o Reino Unido este mismo producto se comercializaba como anticonceptivo, en España se introdujo como método terapéutico para la dismenorrea, esterilidad funcional, endometriosis e irregularidades del ciclo.
Según explica la experta en un artículo, estas campañas “fomentaron en los médicos la idea de que la píldora era algo respetable”, a la vez que reflejaban el perfil de mujer que era considerada como la usuaria ideal.
“Si a principios de los años 70 era una mujer con varios hijos, a finales de esta década era una recién casada sin hijos, y para los años 80 van a ser adolescentes. Al ampliar los colectivos, se buscaba expandir el mercado”, explica Ignaciuk.
Ortiz Gómez señala que “La píldora les gustaba a los médicos, porque necesitaba de su supervisión. Se los implica por primera vez en el uso de un método anticonceptivo”.
El hecho de que las organizaciones internacionales como la ONU y la OMS incorporaran a la planificación familiar como un derecho de salud, también motorizó la medicalización de la anticoncepción, que hasta entonces estaba fuera del campo de la medicina.
A partir de los 60 entra en escena el derecho de interrupción voluntaria del embarazo. “El objeto del discurso empiezan a ser las mujeres en general y el objetivo de la anticoncepción ya no va a ser tanto regular el tamaño de las familias o el momento de tener los hijos, sino decidir sobre la posibilidad de ser o no ser madre.
En esta etapa, la medicina y la ciencia van a tener un protagonismo importante”, explica Ortiz Gómez.
En cuanto a los dispositivos intrauterinos (DIU), cuyo uso se generalizó en la década de 1960, no fueron muy populares en España. Según explica Ignaciuk, fueron muy utilizados en países en desarrollo. “Dependiendo de quien recomiende una tecnología, puede ser de liberación o una imposición de control poblacional.
El DIU tiene una duración prolongada y, a diferencia de la píldora, no lo controla solamente la mujer. No lo puede dejar de tomar cuando quiera, hay que acudir a un profesional para dejarlo”, dice.
Durante la transición en España, tanto activistas feministas como profesionales de la salud tuvieron un papel fundamental en crear redes de apoyo y asistencia para que las mujeres pudieran acceder a anticonceptivos -fundamentalmente la píldora-, a través de consultas y clínicas clandestinas en hospitales públicos.
En España, se estima que se pasó de vender dos millones de envases anuales de píldoras anticonceptivas a principios de la década de los 70, a casi diez millones hacia el final.
El fin del franquismo trajo consigo la despenalización de los anticonceptivos y más adelante la legalización del aborto en 1985. Sin embargo, esto no supuso un derecho adquirido, sino más bien un paso adelante en un proceso que todavía permanece abierto.
Sobre este punto, Ignaciuk afirma: “Es muy importante que haya una ley, pero también es importante pensar en el acceso. Que sea legal no quiere decir que sea accesible”.
abc/20minutos — Una de las estafas piramidales en el campo de los mitos más asentada es la de la construcción de las grandes pirámides de Egipto por parte de una servidumbre esclava. Hollywood tiene un enorme poder de influencia en el imaginario colectivo, y ha colaborado activamente en levantar este «hecho» que el popular arqueólogo Zahi Hawass no duda ya en ridiculizar.
Y aunque las cintas de Hollywood basadas en narraciones históricas (Heródoto viajó a Egipto hacia el año 450 antes de Cristo y su teoría incluía a decenas de miles de esclavos) han hecho creer a mucha gente que los judíos construyeron las pirámides mientras estaban esclavizados, la historia también ha sido tergiversada incluso por los frentes más extravagantes y conspirativos: desde extraterrestres hasta misteriosas civilizaciones antiguas o los masones incluso podrían haber estado detrás de las pirámides. Nada más lejos de la realidad, claro. Y lo del mito esclavo, tampoco.
Vamos a dar una serie de argumentos autorizados para desmontar, una vez más, esta vieja creencia.
Para empezar, rememorar las palabras en ABC del egiptólogo español José Miguel Parra, doctor en Historia Antigua. «No eran esclavos.
Esta idea puede tener más explicación porque al pensar en el mundo antiguo, nos viene a la cabeza el mundo antiguo griego o romano, que eran sociedades esclavistas. Cuando Heródoto llega a Egipto y ve las pirámides, no puede imaginar otro modo de hacerlas que no fuera con esclavos.
No se le ocurre que cuando se construyeron las pirámides éstas eran una necesidad vital desde el punto de vista ideológico, y también económico porque puso en marcha circuitos económicos que una vez en marcha se mantenían a través de construir más pirámides.
Ideológicamente era muy importante porque en el Reino Antiguo, que es cuando se construyeron las grandes pirámides de Guiza, solo el faraón llegaba al más allá y con él, sus súbditos conseguían revivir en el más allá también. Por eso todo el mundo tenía interés en que el faraón tuviera su pirámide», explica.
Y sigue: «Sabemos que los trabajadores de las pirámides no eran esclavos, porque tenían suplementos de proteína animal, algo que no era lo normal entonces. Los antiguos egipcios tenían una dieta sobre todo vegetal, comían muy poca carne (solo la nobleza y la familia real) y estaban siempre en el borde de la inanición.
Sabemos que había centros de producción en el delta que se dedicaban a abastecer de carne a los trabajadores. Se han encontrado restos de cordero, de buey… Era un buen trabajo construir las pirámides, aunque duro, difícil y peligroso».
Huesos humanos en una tumba hallada junto a la pirámide de Jufu.
Tumbas de los trabajadores
En 1990, se encontraron varias tumbas humildes para trabajadores de pirámides a una distancia sorprendentemente cercana de las tumbas de los faraones.
En el interior, los arqueólogos descubrieron todos los bienes necesarios que los obreros necesitarían para navegar hacia el más allá: privilegios que es poco probable que se hayan otorgado a esclavos comunes, explican desde «Discover Magazine».
«Hay un cementerio en Guiza con unas 600 tumbas de trabajadores y al examinar sus restos nos encontramos que tienen las deformaciones en los huesos propias de gente que trabaja trasladando grandes pesos, con la columna machacada, con roturas en los antebrazos y los brazos, pero sabemos que estaban bien tratados porque esas roturas están bien alineadas.
Había gente que sabía de medicina que les entablilló bien las roturas», explica el egiptólogo español sobre esto.
Hace un año, un poco antes de que España entrara en el «modo pandemia», hubo una charla en Madrid enmarcada en la exposición «Tuthankamón: La tumba y sus tesoros» en la que participo el famoso arqueólogo Zahi Hawass.
Y volvió a desmentir este tema: «Los constructores de las pirámides no eran esclavos, si lo fuesen, no estarían enterrados al lado de los reyes y las reinas», aseguraba.
Realmente, las pirámides estuvieron muy bien construidas. De hecho, es la única de las siete maravillas del mundo que está en pie.
Y las autoridades del país vienen luchando desde hace años contra lo que llaman el «mito» de que los obreros esclavos erigieran las pirámides, ya que según ellos esta idea infravalora la habilidad de los constructores y la sofisticación de la antigua civilización egipcia, algo que argumenta también Hawass en el sentido de que construir pirámides es creativo, no puede producirse un milagro científico y de la ingeniería así desde una naturaleza esclava (también añade que no hay evidencia de que hubiera esclavos durante la era de las construcciones de pirámides; además el papiro encontrado en Wadi Al Jarf refuta esta idea también, en su opinión).
En 2010, arqueólogos egipcios hallaron un grupo de tumbas también junto a las pirámides que corroboraban esta línea, la de que los látigos no castigaron las espaldas de pobres esclavos mientras se construían las faraónicas pirámides.
Se trataba de hombres libres. Estas tumbas, de 2,74 metros de profundidad, contenían 12 esqueletos perfectamente conservados.
Los huesos fueron encontrados en posición fetal, con la cabeza hacia el oeste y los pies hacia el este, según las antiguas creencias egipcias. En las fosas también había vasijas que alguna vez tuvieron cerveza y pan.
En aquellos días, el ministro de Cultura egipcio, Faruk Hosni, dijo de este hallazgo: «Es uno de los más significativos del último siglo», dando cierto giro a las investigaciones hasta la fecha.
«Las tumbas fueron construidas al lado de la pirámide del rey, lo que indica que esta gente no era, de ninguna manera, esclava. No los habrían enterrado de una forma tan honorable si se tratara de esclavos», explicaba Hawass, entonces jefe de la excavación.
En la necrópolis de Giza
Las fosas pertenecen a los trabajadores que construyeron las pirámides de Jufu y Jafra, en la necrópolis de Giza. Su edificación se remonta al reinado del faraón Keops (entre los años 2609 y 2584 antes de Cristo), el segundo faraón de la IV dinastía. La de Jufu, más conocida como la Gran Pirámide de Giza, es la más antigua de todas y la única de las siete maravillas del mundo que aún perdura.
Estos obreros recibían un salario por su trabajo, según Hawass, otra evidencia más que demuestra que no eran esclavos, «además, se han encontrado en las paredes rayados hechos por estos trabajadores, que se hacían llamar los amigos de Jufu».
La mayoría provenían de familias pobres del norte y del sur de Egipto y eran respetados por su trabajo, tanto que quienes morían en la construcción tenían el honor de ser enterrados en estas tumbas, cerca de las pirámides sagradas de sus reyes. Eran empleados por periodos de tres meses.
Trabajo muy duro
Aun así, su trabajo era duro, muy duro. Sus esqueletos tienen signos de artritis y sus vértebras bajas señalan una vida llena de dificultades. No es de extrañar. Sólo en la pirámide de Jufu se utilizaron 2,3 millones de bloques de piedra, cuyo peso medio es de dos toneladas y media.
En cuanto al número de obreros que formaron parte de esta faraónica construcción, los arqueólogos hablan de 10.000, una décima parte de los 100.000 trabajadores que describió el historiador griego Herodoto después de visitar Egipto en el año 450 a. C. Con este hallazgo, una cosa está clara, Hollywood tendrá que cambiar los guiones que escriba a partir de ahora.
Naciones Unidas — Una adolescente, que fue vendida por el precio de unas cervezas para uso sexual cuando tenía doce años, cuenta a la ONU su desgarradora historias de cómo la traficaron entre Burundi y Tanzania, y los abusos que sufrió.
En Burundi se han identificado unas mil víctimas de trata de personas del 2017 a la fecha, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Elisabeth (cuyo nombre no es real) es una de las afortunadas ya que sobrevivió a la terrible experiencia y recibió ayuda de la agencia de la ONU para regresar a su hogar en Burundi.
La joven contó su historia por primera vez antes del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se celebra anualmente el 30 de julio.
“Mis padres se separaron antes de que yo naciera y mi madre se volvió a casar estando embarazada de mí. Pero su nuevo esposo le dijo que me dejara con mis abuelos porque yo no era su verdadera hija.
La vida era difícil con mis abuelos, no había qué comer. Decidí irme y quedarme con un amigo. Allí supe de una mujer en el pueblo que podría llevarme a través de la frontera hacia Tanzania, donde podría trabajar.
Sabía que ahí no iba a ganar dinero, pero habría comida en la mesa y una cama. La mujer que me trajo de Burundi empezó a pedirme que robara plátanos de las propiedades de los vecinos y me amenazó con echarme si me negaba.
Otra familia de la aldea dijo que podía ir a trabajar a la casa de un amigo.
Elisabeth era una niña cuando un hombre la violó.
Nuevo «marido»
Me llevaron con una nueva familia que me presentó a un hombre y me dijo que sería mi nuevo esposo. Me negué y respondí que no había ido ahí para casarme. Se rieron y me llevaron a un bar cercano. Fui con ellos porque no tenía adónde más ir, pero no bebí nada.
Regresamos por la noche y me dijeron que podía dormir en la casa del hombre de al lado. Cuando me negué, sugirieron que una de sus chicas me acompañara, pero era una trampa. El hombre le pidió a la chica que le trajera una cerveza y ella cerró la puerta desde afuera, dejándome sola con él.
“Aunque te niegues a casarte conmigo, esta noche ya pagué tu dote en cervezas”, me dijo.
“No tengo edad para ser mujer”, le contesté. Tenía 11 o 12 años en ese momento.
La gente no hizo nada
Traté de luchar tan duro como pude, pero me debilité. Grité pero nadie hizo nada. La gente podía oír y saber lo que estaba pasando, pero lo ignoraron. Finalmente, el hombre me dominó y luego me violó.
Después de violarme, me dijo que aún era una niña y me echó afuera para dormir. Tuve algo de dolor después, pero pasó. Esta es la primera vez que se lo cuento a alguien. Antes tenía miedo de decirlo.
Iba de casa en casa, quedándome con quien me acogiera. Algunas personas rechazaron mi oferta de trabajo doméstico porque era menor de edad. Otras me ofrecieron 30.000 chelines tanzanos (13 dólares) al mes, pero nunca los recibí.
Cada vez que les pedía el pago me respondían “más tarde”, “en otro momento” o “¿cómo crees que pagamos tu comida y tu cama? Eso ya es dinero”.
Elisabeth no tiene ya edad para asistir a la escuela primaria, pero aprende corte y costura.
De víctima a sobreviviente
Finalmente, unos vecinos llamaron a la asociación Kiwohede, que ayuda a niños como yo. Me llevaron a su refugio hasta que llegó la OIM y me ayudaron a encontrar a mi familia, y llevarme a mi casa en Burundi.
Ahora tengo 16 años, demasiado mayor para entrar a la escuela primaria, pero estoy con lecciones de corte y confección hasta que tenga la edad para trabajar. Espero ser buena en eso y convertirme en una persona independiente con esta profesión.”
Yorokobu(E.Montanarl)/Moda Preview(J.O.Knittel) — Corría el mes de julio de 1946 cuando se detonó una bomba atómica en el atolón Bikini para estudiar su efecto en los barcos militares.
Y también era julio de 1946 cuando Micheline Bernardini, stripper del Casino de París, desfiló por primera vez con un escandaloso bikini —ninguna modelo estaba dispuesta a lucir una prenda que cubría tan poco— en un concurso de belleza que tuvo lugar en la icónica piscina Molitor.
El lanzamiento del bikini fue como una explosión, y su onda expansiva empujó de repente a hombres de todo el mundo a tomar lápiz y papel y escribir cartas de felicitación y, al menos, un centenar de propuestas de matrimonio a Micheline Bernardini.
El primer bikini. París, 1946.
El bañador más pequeño jamás concebido hasta entonces fue obra de Louis Réard, un exingeniero automovilístico que había dejado su trabajo para dedicarse a la tienda de lencería que heredó de su madre. ¿Pero qué fue lo que encendió la mecha de la idea original y le llevó a diseñar la atrevida creación?
Por lo visto, Réard era un habitual de las playas de Saint-Tropez, y allí se había fijado en cómo las mujeres que tomaban el sol se enrollaban los bordes de sus trajes de baño para intentar conseguir un bronceado más uniforme.
Y también parece ser que a Réard le llamó la atención el Atome, un traje de baño presentado por otro diseñador, Jacques Heim, cuyo nombre ponía el énfasis en su reducido tamaño: fue el primer traje de dos piezas anunciado como el traje de baño más pequeño del mundo.
La creación de Heim era ceñida para los estándares de la época, pero aún cubría el ombligo, el centro del mundo, del eros y la feminidad.
Réard decidió reinterpretar esa prenda y crear algo aún más atrevido. Et voilà: cuatro triángulos de tela estampada con un motivo inspirado en la portada de un periódico, porque su creación se merecía los titulares escandalizados de los diarios más importantes del mundo.
Y, por si fuera poco, hizo volar avionetas por el cielo con unas pancartas en las que se podía leer el eslogan Plus petit que le maillot de bain le plus petit au monde, es decir Más pequeño que el bañador más pequeño del mundo
El bikini que lució la soubrette Micheline Bernardini le quedaba de maravilla, pero era demasiado atrevido para la época —el Vaticano se opuso con dureza, lo calificó de pecaminoso e inmoral, y se prohibió su uso en España, Portugal, Italia, Bélgica y Australia—, y durante casi una década no consiguió entrar en los armarios femeninos.
Louis Reard, creador del bikini contemporáneo
Pero, de repente, apareció un nuevo icono, Brigitte Bardot. Bella y sensual, con ella las cosas empezaron a cambiar.
Brigitte Bardot lució un atrevido bikini en la gran pantalla en la película Y Dios creó a la mujer (1956), film que supuso el lanzamiento definitivo de tres mitos: el de Saint-Tropez —lugar que se convertiría en el emblema de la Costa Azul—, el de Brigitte Bardot y el del bikini. Sí, porque quizás si ella no se lo hubiera puesto, tal vez nadie habría hablado de aquella diminuta prenda.
De repente, todas las divas del cine comenzaron a llevar bikinis. Un bombardeo de imágenes en toda regla, un aumento exponencial de las apariciones en la gran pantalla y en la televisión que fue acompañado por las notas pegadizas y martilleantes del éxito de ese verano: Itsy Bitsy Teenie Weenie Yellow Polkadot Bikini, de Brian Hyland.
El icónico dos piezas se convirtió en un símbolo de la cultura pop y de la revolución sexual de la década de 1960, apareció en las portadas de revistas como Playboy y Sport Illustrated y cuando la empresa de Réard cerró en 1988, el bikini se había tomado su revancha, convirtiéndose en el modelo de traje de baño más vendido en Estados Unidos.
El bikini, la première bombe anatomique, creación explosiva y provocación lanzada por un sastre junto a la icónica piscina Molitor, logró abrirse camino, a pesar de las polémicas, de las quejas y de la censura. Y, poco a poco, consiguió eclipsar a ese atolón y a las infames pruebas nucleares estadounidenses.
Marilyn Monroe
Pese a la enorme polémica generada en torno a su uso, el bikini supo sobreponerse a los prejuicios e instalarse en el armario femenino, convirtiéndose en la pieza veraniega favorita de las mujeres de la época.
Por aquellos tiempos, las chicas Pin-up, lideradas por la inolvidable Marilyn Monroe, posaban coquetamente frente al lente de las cámaras, dejándose fotografiar con coquetos bikinis a rayas y polka dots conformados por bottoms de culottes y bustier de sencillas terminaciones.
Ya a mediados de los cincuenta el bikini se había consagrado como “la” prenda femenina para el baño, perpetuando su popularidad hasta nuestros días.
1948. La joven con el primer bikini visto en España, fotografiada por Joaquín del Palacio Kindel.
Una evolución plasmada en la pantalla grande
Sin duda alguna, las producciones cinematográficas han sido las encargadas de inmortalizar la transformación del bikini.
En ese sentido, fue Brigitte Bardot quien en 1952 sorprendió al público exhibiendo un discreto bikini blanco en la portada del filme “The Girl in the Bikini”. Luego, en “James Bond” de 1962, Ursula Andress repetiría la hazaña con un modelo que, hasta el día de hoy, sigue dando que hablar.
Otro de los bikinis más emblemáticos de la historia del cine fue el presumido por la actriz Carrie Frances Fisher (Princesa Leia) en el rodaje del “Regreso del Jedi” de 1984. Imposible resulta olvidar el modelo color marrón con el que la mexicana Salma Hayek deleitó a la audiencia en el filme “Abierto hasta el amanecer” de 1996. Del mismo modo, Angelina Jolie cristalizó otro de los bikinis más inolvidables del cine en su rol de Lara Croft.
Las imágenes de los crímenes contra la humanidad en la Segunda Guerra Mundial suelen ir ligadas al Tercer Reich y al Holocausto.
En el frente del Pacífico, las atrocidades que cometió Japón han quedado a la sombra del terrible punto y final que fueron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Pero en Asia también se produjeron casos de horror extremo contra los civiles con decenas de miles de muertos.
Del más terrible de estos casos se conmemora ahora el 80 aniversario. Fue el asalto a la ciudad china de Nankín, comenzó el 13 de diciembre de 1937 y se extendió a lo largo de ocho semanas de auténtico sufrimiento para sus habitantes.
¿Qué pasó? un terrible episodio de asesinatos en masa perpetrado por los japoneses contra ciudadanos chinos entre 1937 y 1938.
Este se considera el evento más traumático de la segunda guerra sino-japonesa, librada entre el poderoso y expansionista imperio de Japón contra una pobre y débil República de China.
La masacre se extendió a lo largo de un mes y medio e inició cuando los japoneses desembarcaron en Nankín, que era una de las cuatro capitales de la antigua República Popular China.
Retrato del Emperador Mutsuhito (1888).
En Europa se considera que la Segunda Guerra Mundial empezó el 1 de septiembre de 1939 con las tropas alemanas invadiendo Polonia, mientras que el frente del Pacífico solo se empieza a tener en consideración con el ataque a Pearl Harbor de diciembre del 41.
Pero, como dice el historiador Max Hastings en su obra Némesis, no hubo una única contienda mundial entre 1939 y 1945, sino dos. La que se desarrolló en el Viejo Continente y otra en Asia. Cuando los Panzer cruzaron la frontera polaca, China y Japón ya llevaban dos años combatiendo en la denominada segunda guerra sino-japonesa.
En el verano de 1937, una serie de escaramuzas llevaron a una escalada que derivó en una situación de conflicto abierto que duraría hasta 1945, y dejaría en torno a trece millones de muertos en el frente chino.
Por lo tanto, con el ataque a Pearl Harbor de 1941, la segunda guerra sino-japonesa quedó enmarcada en la contienda mundial. Pero la lucha en Asia ya había ofrecido su cara más siniestra, precisamente, con acontecimientos como la masacre de Nankín o violación de Nankín, término con el que ha pasado a la memoria china.
El asalto japonés causó entre cincuenta mil y trescientos mil muertos, en su mayoría civiles. Además, los invasores fueron mucho más allá de masacrar, y también dejaron un rastro de ochenta mil mujeres violadas, según la mayoría de historiadores que lo han analizado.
Batalla de Shanghai
En cualquier caso, se trata del peor crimen de guerra cometido durante la invasión de China. Además, estas atrocidades rompen con algunos tópicos románticos del carácter de guerreros honorables que tienen los japoneses, representados en especial por los samuráis y el código del Bushido.
Asimismo, al analizar en profundidad la invasión de China también se rompen otros lugares comunes sobre Japón. Este país se relaciona con conceptos como una alta capacidad organizativa y respeto a la jerarquía.
China se encontraba sumida en una guerra civil desde 1926, entre nacionalistas y comunistas (liderados por Mao Zedong). Debido a que era un país debilitado, algunas de sus regiones yacían bajo el control de potencias extranjeras. Japón tenía dominio sobre la región de Manchuria y avanzó sobre territorio chino cuando vio que los nacionalistas se alistaban para confrontarlo.
Volviendo al cuestionamiento de su cultura marcial, en los años treinta, el ejército imperial en suelo chino normalmente actuaba por su cuenta, siguiendo una agenda política propia sin hacer caso a las órdenes que llegaban desde el Gobierno en Tokio.
Las autoridades civiles muchas veces se limitaban a aceptar los hechos consumados que habían realizado sus militares. Incluso había rivalidad entre las diferentes ramas de las fuerzas armadas niponas. Por ejemplo, en el ataque a Shanghái en 1937 la Marina y las fuerzas de tierra compitieron claramente por ver quién era más efectivo en el asalto a este importante puerto.
En 1937 los japoneses atacaron la costa de China. Tras cuatro meses de batalla se hicieron con el control de Shanghái, una guerra que resultó en un cuarto de millón de bajas chinas contra 40 mil del lado japonés. Los chinos se replegaron a Nankín, destruyendo campos de arroz y todo aquello que pudiera representar una ventaja para las tropas japonesas.
Batalla de Shanghai
Las voces que culpan a la Casa Imperial de ser responsable directa en estas atrocidades se basan, en parte, en esta autonomía del ejército japonés. Recuerdan que el emperador Hirohito era el jefe supremo de las fuerzas armadas y creen que en su mano estaba haber detenido el avance sobre China.
Hay expertos como el historiador Laurence Rees, que en su libro El holocausto asiático considera que el soberano prefirió no enfrentarse a los militares ya que gracias a ellos se mantenía en el poder. O los más críticos incluso dicen que Hirohito no dijo nada porque estaba de acuerdo con esas atrocidades.
Además de romper con los tópicos del código guerrero japonés, la masacre de Nankín también se explica por las políticas racistas que había impulsado Japón entre su población y soldados para justificar su imperialismo (algo que habían hecho todas las potencias coloniales).
En ellas se presentaba a los chinos como seres inferiores, y su destino era ser gobernados por la raza nipona. También se inculcaba a los japoneses que lo más importante era morir por el emperador. Entonces, si la vida de un soldado nipón valía poco, la de un enemigo al que se veía como un ser infrahumano no merecía ninguna consideración.
El expansionismo en China no era cosa exclusiva de Japón. De hecho, para algunos historiadores como Rees es perfectamente equiparable al hambre territorial que tenían los imperios europeos en el siglo XIX (y que también se basaban en tesis racistas).
Tanto japoneses como occidentales se habían fijado en el antiguo Reino del Centro para dar salida a sus aspiraciones coloniales, y se habían repartido el dominio territorial y económico de ese país.
Camino a la barbarie
Un hombre que se negó a buscar mujeres para los soldados japoneses a punto de ser decapitado.
Pero el Imperio del Sol Naciente volvió a fijarse en su vecino a partir de la década de los treinta. Estas nuevas ambiciones se explican por varias razones. En primer lugar, creían que Japón no era reconocida como un igual por el resto de potencias.
Luego, el país fue golpeado por la crisis económica mundial del 29; y, finalmente, en Tokio muchos veían que solo tendrían el lugar merecido en la escena internacional creando un imperio más grande en Asia y, en especial, a costa de sus vecinos chinos.
Como para muchas situaciones en política, hay una cita de Churchill de 1938 adecuada para resumir la situación: «China, a medida que pasan los años, está siendo devorada por Japón como una alcachofa, hoja a hoja».
Toda esta nueva fase expansionista comenzó con el incidente de Mukden en 1931. En esa fecha, presuntamente, soldados chinos volaron el ferrocarril de Manchuria, que era gestionado por una compañía japonesa. Aquí ya se vio la comentada autonomía de los mandos nipones sobre el territorio.
Entrando en detalle en este punto, las diferencias en la cúpula militar también respondían a una divergencia de concepciones sobre qué política exterior seguir.
Batalla de Shanghai
Los generales en China veían que la clave era ganar más territorios para conseguir materias primas y espacio vital para la expansión.
Mientras que la facción militar en Tokio temía un posible conflicto con la URSS y prefería optar por una política defensiva para contrarrestar la amenaza roja.
Volviendo al incidente de Mukden, el atentado fue responsabilidad de los mandos del Ejército de Kwantung, esta era la denominación del poderoso contingente que protegía las adquisiciones territoriales conseguidas tras la guerra ruso-japonesa de 1905.
Estos oficiales vieron satisfechas sus aspiraciones cuando se desencadenaron fuertes combates con los chinos. Finalmente, Japón se anexionó Manchuria. Una vez completada la ocupación de esta región del noreste de China, se instaló un régimen títere dirigido por Puyi, el último emperador de la dinastía Qing.
A partir de aquí y a lo largo de los siguientes años, las escaramuzas entre las fuerzas chinas y japonesas fueron constantes, aunque de baja intensidad. Los locales se solían llevar la peor parte ya que estaban desunidos para presentar una resistencia coordinada.
En el título de este cartel puede leerse «‘Marca increíble (Competencia para asesinar a 100 personas —Mukai 106 – Noda 105— los dos Tenientes pasan a los extras».
Al frente del país estaba el también generalísimo Chiang Kai-shek, que no solo tenía que plantar cara a su agresivo vecino, sino que también tenía que lidiar con los comunistas de Mao Zedong y los señores de la guerra locales que no acataban su autoridad.
Pero en ocasiones los chinos planteaban una resistencia seria, como sucedió con los enfrentamientos en Shanghái en 1932. Allí se produjo una batalla en toda regla, con siete mil muertos entre los dos bandos, y en la que Japón tuvo que utilizar sus portaaviones para lanzar ataques aéreos y así doblegar la resistencia enemiga.
La facción militar nipona partidaria de conseguir más territorio en China aprovechaba estos choques para presionar otra vez a la cúpula del Ejército y al Gobierno en Tokio con el objetivo de una escalada de las hostilidades.
Mientras que las continuas agresiones militares y la consolidación del dominio en Manchuria provocaron la hostilidad internacional hacia Japón.
En 1933, la Sociedad de Naciones pidió que se retirara de los territorio ocupados, lo que supuso que el Imperio nipón abandonara el organismo internacional en señal de protesta.
En 1937, y cada vez más envalentonados, los militares japoneses en China dieron una vuelta de tuerca más a sus provocaciones. El 7 de julio de ese año se produjo el incidente del Puente de Marco Polo.
Un contingente nipón cruzó la frontera cerca de Beijing buscando a un compañero que había desaparecido durante unas maniobras.
Acusaron a los chinos de haberlo secuestrado, lo que derivó en un enfrentamiento con las tropas de Chiang en la zona. A partir de aquí, los combates se intensificaron hasta considerarse ya una guerra con todas las letras. En estos primeros choques, los japoneses volvieron a demostrar su ventaja militar al ocupar ciudades importantes como Pekín o Tianjin.
Con una nueva guerra en toda regla con China, el emperador Hirohito no solo no detuvo al ejército, sino que accedió a las peticiones de sus generales sobre cómo lidiar con los enemigos. El 5 de agosto eliminó las leyes que contemplaban dar un buen trato a los prisioneros de guerra.
Para muchos, este fue un primer paso de la responsabilidad de la Casa Imperial japonesa en los crímenes del país durante la Segunda Guerra Mundial, y en el caso de Nankín tendrá más consecuencias.
La ofensiva japonesa se extendió a Shanghái el 9 de agosto de 1937 cuando dos oficiales de la Marina imperial fueron asesinados en la ciudad.
El acto fue visto como una excelente oportunidad para controlar un puerto estratégico. Además, hasta ese momento los nipones habían demostrado una clara superioridad militar.
Pero en la ciudad costera el generalísimo Chiang Kai-shek ordenó una resistencia a ultranza.
Como suelen hacer las partes más débiles en un conflicto, el líder chino esperaba atraer así la atención internacional para que se presionara a Japón a que se retirara de China.
Shanghái ofrecía una oportunidad única para lograr este objetivo. El centro de esta metrópoli estaba bajo control directo de británicos y estadounidenses a través del Consejo Municipal de Shanghái.
Iwane Matsui
Los franceses, siempre con tirria hacia los anglosajones, controlaban también su sector. En total, había ciudadanos de catorce nacionalidades diferentes, por lo que una batalla allí podía atraer la atención mundial.
Los soldados chinos obedecieron a su generalísimo y el paseo militar para los japoneses se terminó en las calles de Shanghái. Allí se encontraron una batalla urbana muy dura, a la que muchos historiadores han denominado el Stalingrado del Yangtsé.
Los enfrentamientos tuvieron lugar entre el 19 de agosto y el 26 de noviembre. En total, los invasores tuvieron unos diecinueve mil muertos y cerca de cien mil heridos y enfermos. Los chinos tuvieron doscientas cincuenta mil bajas.
Pese a la dura resistencia que plantearon, solo consiguieron unas palabras de ánimo de Franklin D. Roosevelt durante un discurso el 5 de octubre de 1937.
Por su parte, Gran Bretaña y Francia no estaban dispuestas a enemistarse con Japón en Asia teniendo problemas más graves en Europa con Alemania e Italia.
La dureza de los combates en Shanghái crispó los ánimos de las tropas japonesas. Esperaban obtener una victoria rápida ante un enemigo al que consideraban inferior por la insistencia de la propaganda imperial.
La encarnizada resistencia y el elevado número de bajas incubaron un sentimiento de venganza entre las tropas invasoras y alimentaron aún más el desprecio que ya sentían por los chinos. Por su parte, las fuerzas de Chiang se retiraron de Shanghái muy desmoralizadas.
Fueron hacia el interior con el objetivo de defender la que por entonces era la capital del país, Nankín.
De nuevo, hubo un choque entre la voluntad del Gobierno en Tokio y los deseos de sus mandos sobre el terreno. Estos últimos consideraban que el enemigo se había desangrado defendiendo Shanghái y era una buena ocasión para capturar una ciudad tan importante como Nankín.
Pero las órdenes que venían de Japón solo les autorizaban a destruir los contingentes enemigos cercanos a la ciudad costera. Los militares halcones siguieron actuando por su cuenta avanzando hacia la capital de Chiang Kai-shek. Y otra vez más, tanto el Gobierno como el Cuartel General Imperial aceptaron la política de hechos consumados de sus tropas.
El 24 de noviembre, las autoridades niponas oficializaron la situación ordenando avanzar hacia Nankín, pero su ejército ya llevaba cinco días de marcha hacia la ciudad.
El general Iwane Matsui estaba al mando de la fuerza expedicionaria a China y había presionado para obtener estas órdenes.
Pese a ser partidario del avance a Nankín, sus hombres no lo respetaban, lo consideraban como muy mayor para el cargo (tenía cincuenta y nueve años) y débil de salud (padecía una tuberculosis crónica).
Por este motivo, algunas unidades aún actuaron con mayor independencia y establecieron una especie de competición por ver cuál llegaba antes a Nankín. En esta alocada marcha, las tropas de Hirohito ya cometieron numerosas atrocidades contra civiles; como la de la ciudad de Suzhou, con miles de muertos y que solo empequeñecería ante la masacre que iba a venir.
El horror, desatado
El 1 de diciembre, Tokio confirmó las órdenes de tomar Nankín. En ese momento volvió a planear la sombra de la responsabilidad de la familia imperial nipona en los crímenes. La fuerza expedicionaria nipona se fue preparando para el asalto, pero el general Matsui enfermó y se mostró indispuesto.
El 7 de diciembre asumió el mando el príncipe Asaka Yasuhiko, tío del mismo emperador Hirohito. Este último había destinado a Asaka a la capital de China para que se redimiera por no haber prestado apoyo a su sobrino cuando accedió al trono del Crisantemo en 1926.
Para todos aquellos que culpan a la Casa Imperial de ser parte activa en los crímenes de guerra, aquí llega un momento clave. Desde el entorno del príncipe Asaka se emite la orden de matar a todos los prisioneros de guerra chinos, aunque no queda claro que él mismo la emitiera.
Yasuhiko Asaka,1937.
Esta confusión se debe a que los documentos llevaban la indicación de ser destruidos, una vez leídos. Este punto se conoció por los testimonios de los militares nipones ante el Tribunal de Tokio al finalizar la guerra.
Finalmente, el asalto se produjo el 10 de diciembre. Lo protagonizaron trescientos mil soldados japoneses, y frente a ellos estaban unos ochenta y un mil defensores.
La superioridad material y de preparación de los japoneses era total, y los chinos solo contaban con cuarenta y nueve mil efectivos realmente experimentados.
Además, la moral de las tropas de Chiang no se había recuperado tras la derrota en Shanghái, por lo que la mayoría huyeron en desbandada ante los intensos bombardeos de la artillería y la aviación niponas.
El 13 de diciembre cesó cualquier resistencia organizada y los japoneses entraron en la ciudad desatando ocho semanas de auténtico infierno. Los asaltantes comenzaron realizando saqueos, pero la situación derivaría rápido en crímenes mucho peores.
El catálogo de los horrores en Nankín comenzó con las ejecuciones masivas de prisioneros, tanto militares chinos como civiles; así creían evitar que se formase una posible resistencia partisana.
Los japoneses llevaron a los ciudadanos hasta un cráter en una cantera. Los pusieron en fila a todos y abrieron fuego. Muchos cayeron aún con vida, y los soldados buscaban sobrevivientes para rematarlos. Hoy, en ese lugar existe un memorial en homenaje a las víctimas de la masacre.
Pero rápidamente comenzaron a cometer otras atrocidades difíciles de justificar desde el punto de vista militar. Las violaciones de mujeres se contaron por decenas de miles, y solían terminar con la ejecución de la víctima de la forma más sádica y cruel posible (desde decapitaciones a penetrarla con los objetos más variados), o convirtiéndola en esclava sexual.
El horror no hizo más que agravarse bajo el mando del general Iwane Matsui. La decapitación se convirtió en un deporte. Hacían competencias para ver quién hacía más rápido y más preciso el corte.
Llevaban una cuenta de aquellos que asesinaban a más bebés y arrancaban más fetos de los vientres de sus madres.
Colgaban sus cabezas para no perder la cuenta y daban los cadáveres a los perros callejeros, más hambrientos que nunca en aquellos tiempos. Para complementar estas atrocidades, practicaban la vivisección, es decir, la disección de las personas aún con vida.
Pero lo peor estaba reservado para las mujeres.
Arrastraban a madres, solteras y adolescentes para meterlas en camiones y llevarlas a trabajar como esclavas sexuales. Muchas de ellas, que los japoneses acostumbraban a llamar “mujeres de consolación”, fueron exportadas como esclavas a más de dos mil burdeles militares que Japón había esparcido por el continente asiático.
En el transcurso de dos meses quedaban muy pocas personas en pie. Los japoneses todavía golpeaban, ahogaban, quemaban y fusilaban a los ciudadanos.
Enterraron a un sinnúmero de niños vivos. Observadores internacionales hablaban de pilas de cabezas y cuerpos esparcidos en las calles.
Entre las miles de mujeres ultrajadas, muchas sufrieron violaciones grupales, fueron mutiladas, asesinadas y dejadas a la vista para aterrorizar a los que seguían con vida.
El gobierno chino continúo en retirada hasta la batalla final, en 1938. Japón dividió a China en estados títeres y mantuvo su política expansionista. Intentaron invadir a los rusos, pero sin ningún éxito, tomaron Hong Kong y Shanghái y atacaron la base de Pearl Harbor arrastrando a su país – y a los Estados Unidos – a la Segunda Guerra Mundial.
La historiadora Iris Chang recuerda que en la cultura de guerra nipona había la creencia de que el pelo púbico de las vírgenes servía para hacer amuletos que protegían a los soldados.
Los testigos también hablan de militares japoneses obligando a punta de bayoneta a familias a cometer actos incestuosos —que solían terminar con la ejecución de todos los integrantes de la estirpe—, o a que los prisioneros mantuvieran prácticas necrofílicas con los cadáveres que poblaban las calles de la ciudad.
Muchas mujeres chinas se suicidaron después de sufrir vejaciones.
Además, un dato inquietante que aporta Chang en su libro: ninguna reconoció haber tenido un hijo fruto de esas violaciones.
Con cierta crueldad irónica, los mandos nipones se mostraron preocupados por la imagen de indisciplina que ofrecían sus soldados al violar a toda mujer que vieran en las calles de la ciudad.
Veían un problema para consolidar la ocupación de Nankín y de otros territorios chinos.
Por este motivo, decidieron establecer un sistema organizado de prostíbulos para militares.
De ahí nació uno de los eufemismos de la guerra en el Pacífico, el de mujeres de confort: en realidad se trataba de miles de mujeres chinas, coreanas y de otros puntos de Asia obligadas a prestar servicios sexuales a las tropas.
Los mandos japoneses también decretaron la expulsión de los periodistas occidentales el 15 de diciembre, ya que se estaban convirtiendo en testigos molestos de esas barbaridades. Sus crónicas fueron portada de diarios como The New York Times y el Chicago Daily News.
Aunque la opinión pública de los países occidentales, y en especial de Estados Unidos, condenó la brutalidad japonesa, la clase política prefirió centrarse en las tensiones en Europa ante el desafío de nazis y fascistas.
Ni siquiera Washington hizo un intento serio para detener el asalto a Nankín cuando uno de sus barcos, el USS Panay, fue atacado por aviones japoneses, aparentemente por accidente.
Más allá de los periodistas, los relatos de otros extranjeros también fueron claves para dar a conocer el horror que vivió Nankín. En primer lugar, están los misioneros que pudieron quedarse durante la ocupación japonesa.
Sobresalen casos como el de John Magee, quien obtuvo imágenes de las atrocidades y luego testificó en los Juicios de Tokyo (el equivalente asiático de los Juicios de Nuremberg).
También fue admirable el valor de la misionera estadounidense Minnie Vautrin. Acogió a centenares de chinos en su colegio a las afueras de la ciudad, especialmente a mujeres que huían de la voracidad sexual de los invasores.
No solo se limitó a dar refugio, sino que en decenas de ocasiones tuvo valor para plantar cara a los soldados japoneses cuando estaban a punto de cometer algún tipo de abuso contra civiles. Recogió todo lo que presenció en un diario, al que se ha comparado con el de Anna Frank.
Merece un caso especial el alemán John Rabe, directivo de Siemens en China y destacado miembro del Partido Nazi. Organizó la zona de seguridad y se puso al frente del Comité Internacional que la gestionó y permitió dar refugio a doscientos mil civiles chinos.
Su papel en Nankín se ha comparado con el de Oskar Schindler, aunque salvara a mucha más gente y la película que reconoce su valor, Ciudad de vida y muerte, no haya tenido la repercusión de La lista de Schindler de Spielberg.
Paseaba por la ciudad con su coche buscando a quién ayudar.
Al igual que Vautrin, tampoco le temblaba el pulso a la hora de encararse a los uniformados nipones que descubría cometiendo alguna atrocidad.
Decapitación de un civil chino por parte de un miembro del Ejército Imperial japonés en Nankín (1937).
Utilizaba un brazalete con la esvástica para lucir su condición de jerarca nazi y tratar de intimidar a los soldados y oficiales que se encontraba perpetrando algún abuso contra civiles.
Estos no se atrevían a contrariar a un alto representante de un aliado tan importante para su país.
Rabe regresó a Alemania en la primavera de 1938. Llevó abundante material que documentaba la masacre con la promesa a los chinos de que hablaría con el propio Führer para denunciar los hechos.
Esperaba que Hitler influyera en el Gobierno japonés para que detuviera las atrocidades en China.
Pero en el Reich no tuvo la acogida esperada. La Gestapo le «aconsejó» que dejara de difundir informaciones contrarias a un aliado clave para los intereses nazis. Curiosamente, Alemania había enviado ayuda militar a China en los años veinte y primera mitad de los treinta.
Pero desde la firma del Pacto Antikomintern entre Berlín y Tokio el 25 de noviembre de 1936 las relaciones con Japón mejoraron, buscando una cooperación con vistas a un posible conflicto con la URSS.
En febrero de 1938 las matanzas ya habían descendido. Los mandos japoneses impusieron la disciplina ante las presiones que llegaban desde Tokio, que temía una posible reacción internacional si seguían las atrocidades.
Matsui y el príncipe Asaka fueron llamados a la capital.
El primero fue relevado del mando y volvió a la reserva, mientras que el tío del emperador fue «premiado» con un puesto en el Consejo Supremo de Guerra japonés.
La masacre de Nankín fue juzgada en el Tribunal Internacional para el Lejano Oriente.
El general Matsui fue condenado a muerte, al igual que el general Hisao Tani, al mando de la 6.ª división, que fue responsable de algunas de las masacres más horrendas.
Pese a estar enfermo, Matsui había firmado la orden definitiva de asaltar la ciudad. Además, el jefe de la fuerza expedicionaria no dijo nada en su testimonio que implicara al príncipe Asaka o a algún otro miembro de la familia imperial.
Otros mandos militares en Nankín murieron antes de 1945 (como otro tío de Hirohito, el príncipe Kan’in, jefe del Estado Mayor del Ejército nipón entre 1931 y 1940) o se suicidaron (como Isamu Cho, ayudante de Asaka, que se quitó la vida durante la batalla de Okinawa en 1945).
Pero el proceso no estuvo exento de polémica.
El príncipe Asaka se libró de aclarar su responsabilidad en la orden de masacrar a los prisioneros, ya que no tuvo que comparecer ante el tribunal.
La razón es la decisión del general Douglas MacArthur de evitar que los miembros de la familia imperial fueran juzgados por actos cometidos durante la guerra en Asia.
La rivalidad con la URSS ya se vislumbraba en el horizonte y Japón iba a ser una pieza clave.
Los estadounidenses al frente de la ocupación vieron que el emperador Hirohito y su familia eran un elemento cohesionador del país, por lo que convenía más mantenerlos que jugársela con una deriva que podía llevar al país a la órbita comunista.
Pero esto también privó al país de hacer un profundo examen de conciencia sobre los crímenes en la Segunda Guerra Mundial.
Nankín y los otros crímenes demuestran que Japón ha afrontado su responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial de una manera muy diferente a como lo hizo Alemania tras 1945.
Existe consenso acerca de que los sucesivos Gobiernos germanos ya han hecho suficientes gestos de perdón, han pagado miles de millones de euros en indemnizaciones a las víctimas y han mostrado un claro arrepentimiento.
Pero los vecinos de Japón no tienen esa misma percepción.
Tokio ha pedido perdón, pero ha obviado el pago de reparaciones, y países como China o Corea consideran que no es suficiente.
Reclaman gestos más claros, y en especial a la Casa Imperial.
Se llegó a estimar que 260 mil personas perdieron la vida.
Un total de veinte mil mujeres fueron ultrajadas y asesinadas, incluidas niñas menores de 10 años de edad.
Hasta nuestros días, el evento sigue siendo traumático para los chinos y polémico para los japoneses, que minimizan la dimensión de sus atrocidades y no han llegado a reconocer la mayoría de los crímenes que cometieron.
Ninguna joven o mujer que se pudiera considerar atractiva dejaba de estar en riesgo. Ninguna mujer estaba a salvo de una violenta violación o la explotación sexual – algunos de estos fueron filmados como “souvenirs” – y el probable asesinato posterior.
Grupos de tres o cuatro soldados merodeadores comenzaban viajando alrededor de la ciudad y robando todo lo que consideraban de valor.
Continuaban violando a las mujeres y niñas y matando a cualquiera que intentara resistirse, huir, o simplemente a los que se encontraban en el lugar y momento equivocado. Había niñas menores de ocho años y ancianas mayores de 70 que fueron violadas en la forma más brutal posible, golpeándolas bestialmente.
Es el testimonio de John Rabe, un alemán adscrito al partido nazi que creó una zona de seguridad en la ciudad, como aparece en el libro The Rape of Nanking.
Según se registró en el Tribunal de Crímenes de Guerra de Tokio (1947), las violaciones tenían lugar en público.
Varios soldados abusaban de las víctimas, muchas veces para matarlas a continuación o para mutilarlas (clavándoles bayonetas, varas de bambú y cuchillos en la vagina, o cortándoles los senos).
Tojo durante los ‘juicios de Tokio’
Asimismo, como sucede aún hoy en el Congo, obligaban a los familiares masculinos también a violarlas. Padres y hermanos a madres e hijas.
No sé por dónde empezar ni dónde terminar. Nunca tuve que escuchar algo de tamaña brutalidad. Violada, violada, violada. Estimábamos al menos mil casos por noche y muchos en el día. La gente estaba histérica… Las mujeres eran traídas mañana tarde y noche. Parece que todo el ejército japonés era libre de ir donde quisiera y de hacer lo que quisiera”.
Palabras del reverendo James Mc Allun, en su declaración frente al tribunal de Tokio, en el que se juzgó a 28 militares japoneses. Aunque fueron condenados a morir en la horca, en 1956 se los dejó en libertad. Japón nunca pidió perdón por estos crímenes.
Sí lo hizo – aunque en 2007 el primer ministro Shinzo Abe se retractaría – por otra conducta de opresión en base al género que comenzó en 1932 y que se extendió hasta el final de la segunda guerra mundial: el reclutamiento forzoso de unas 400 mil mujeres como esclavas sexuales para los soldados, la mayoría de las cuales eran chinas o coreanas.
Decenas de supervivientes de aquella barbarie aún luchan por conseguir indemnizaciones del gobierno de Tokio.
Esas Cosas — La ciudad israelí de Hebrón (Al Jalil, en árabe) se encuentra ubicada 35 km al sur de Jerusalén.
Según la tradición, Abraham montó su tienda cerca de la ciudad en su viaje a La Meca.
Cuando su esposa murió, Abraham, que había comprado la cueva de Machpela, la enterró allí.
Posteriormente, ésta pasó a ser la tumba de los patriarcas y sus esposas.
Dada la importancia que la ciudad tiene para los musulmanes se ha convertido en un centro de estudios e instituciones culturales del Islam, pudiéndose observar gran cantidad de mezquitas.
La denominada Ciudad Vieja es una de las más antiguas de Israel y cuenta con un mercado o souq. Se trata de un barrio repleto de callejuelas a modo de laberinto y casas con azoteas, donde también se puede comprar la famosa cerámica de Hebrón y su cristal soplado.
Uno de los edificios más importantes es al-Haram, de forma rectangular, se asemeja a una fortaleza. Cuenta en su interior con una mezquita, donde se encuentran las tumbas de los profetas y sus esposas. El mihrab estaba hecho de mármol multicolor y decorado con mosaicos.
En las afueras de Hebrón se puede ver el llamado Roble de Abraham, que marca el sitio donde éste montó su tienda.
Según el mito, este árbol sagrado es en el cual los ángeles dijeron a Abraham que tendría un hijo.
Debería tener aproximadamente 5 mil años y es un remanente del bosque que alguna vez estuvo a su alrededor. Según la leyenda, el árbol morirá antes de que llegue el anticristo. La parte principal del tronco está muerta desde 1996, pero algunos brotes hacen pensar que tenemos algo de tiempo.
Gaokarana y Haoma (Persia)
En el Avesta es célebre el árbol Gaokarana, el que fue creado por Ahura Mazda. Es el árbol de las diez mil medicinas, llamado Vispo (el que todo lo cura).
Se levanta en una isla del lago divino Vourakasha, donde brotan también otras mil hierbas curativas. En sus ramas anida el pájaro Saena.
Ese Gaokarana es el Haoma celestial, el que otorga la inmortalidad. Ahriman creó un lagarto, que fue el contrapeso a la creación de Gaokarana.
La tarea del lagarto era la de hacer daño al árbol milagroso de Gaokarana (puede compararse al dragón Nidhög, que roe las raíces del Yggdrasil).
Su reflejo en la tierra es el Haoma terreno, que crece en las montañas y que en los tiempos de los inicios fue plantado en el monte Haraiti.
Herodoto dejó escrito que los griegos habían tomado de Asia Menor no solo el culto y la cultura de la palmera sino también el alfabeto, que pasaría a ser la matriz de las escrituras del mundo occidental.
Es también el nombre de una importante bebida narcótica ritual entre los antiguos indoiranios, y las culturas civilización védica (antes del hinduismo) y las grandes culturas persas, tal vez preparada a partir de la planta.
En el texto Avesta, el soma o haoma tiene un yasht (capítulo) entero dedicado a él.
En la tradición irania, Haoma (que es el mismo dios védico Soma cuenta a Zaratustra que fue Viuanjant (el dios del sol) el primero que lo filtró. Actualmente no se sabe a qué planta hace referencia.
Kien-mou
Para los chinos el centro del universo o el lugar en donde debía ubicarse la capital perfecta fue representado a través de Kien-mou (o madera vertical).
La madera era en China el 5º elemento y tenía la misma importancia que la tierra, el agua, el aire y el fuego.
Kien-mou es el árbol de la renovación, así como del inicio absoluto, el inicio del mundo. Reúne las “Fuentes Novenas” (el reino de los muertos) con los “Cielos Novenos”, y los subsuelos del mundo con sus niveles más altos.
En su tronco hueco ascienden y descienden los soberanos, que son los soles de los hombres, los intermediarios entre el cielo y la tierra.
A ambos lados del Kien-mou se levanta, al este, el árbol P´an mou; es un melocotonero cuyos frutos otorgan la inmortalidad. El zumo de estos melocotones es elaborado por la Reina Madre Wang. Sobre el árbol, en el oeste, reposan los diez mil soles en la tarde.
En otras imágenes del mundo, el K´ong-sang, una morera hueca, recibe el papel principal. Esta morera es hermafrodita y probablemente es más antigua que la separación del yang y el yin, la dualidad. Por ello simboliza el Tao mismo, el orden cósmico, el principio universal.
En la mitología china, una escultura de un Árbol de la Vida representa un fénix y un dragón; el dragón representa a menudo la inmortalidad. Una historia taoísta habla de un árbol que produce un melocotón cada tres mil años. El que come el fruto recibe la inmortalidad.
En la década de 1990, el descubrimiento arqueológico de un pozo de sacrificio en Sanxingdui en Sichuan, China, que databa de alrededor de 1200 a. C., contenía tres árboles de bronce, uno de ellos de 4 metros de altura.
En su base había un dragón y las frutas colgaban de las ramas más bajas. En la parte superior, un pájaro extraño, como un (Fénix), una criatura con garras.
También se ha encontrado en Sichuan, de finales de la dinastía Han (hacia 25 a 220 d. C.) otro Árbol de la vida. La base, de cerámica está custodiada por una bestia con cuernos y alas. Las hojas del árbol son monedas y personas. En la cúspide hay un pájaro con monedas y el sol.
La Ceiba – Yax-Che (Maya)
La ceiba (Ceiba Pentandra) es considerada un símbolo sagrado en la mitología maya.
En el libro del Popol Vuh los dioses creadores sembraron en los cuatro rumbos del cosmos sus respectivas ceibas sagradas: al este la ceiba roja, al oeste la ceiba negra, al sur la ceiba amarilla y al norte la ceiba blanca.
También sembraron una quinta ceiba al centro de todos estos rumbos.
En sus raíces ubicaron el Xibalbá o Mitnal que era la morada de los muertos,
En su base colocaron el Kab o la tierra que habitamos los seres vivos, y en su fuste y ramas establecieron su morada los dioses.
Mientras que en la cima de su copa habitaba el origen de todos los dioses en la forma de un precioso quetzal celestial.
La ceiba entre los mayas era conocida como Yax-che o «árbol verde» y aún se le puede encontrar plantada en el centro de las comunidades de su zona.
En Guatemala existen ceibas importantes como la Ceiba de Palín Escuintla que cuenta con más de 400 años y la ceiba de San Francisco en El Petén que ya sobrepasa los dos siglos.
La higuera ruminal
La Higuera ruminal o Rmural, fue el lugar en el que fueron encontrados Rómulo y Remo, abandonados por orden de su tío Amulio a la entrada de la caverna llamada Lupercal donde según la tradición fueron amamantados por una Loba. Existían diferentes higueras sagradas que se veneraban en la ciudad.
La más famosa se erigía en el Foro y era la representación directa de la higuera Ruminal, fuertemente relacionada con la vida de la Urbe.
Parece que era un lugar consagrado al rito del amamantamiento, de ahí que fuera vinculado a la loba capitolina, que encontró a los pequeños y los mantuvo hasta que fueron encontrados por Faústulo, un pastor de la zona de la colina Palatina. La Higuera ruminal era visible en época de Augusto.
Este árbol sagrado crecía cerca del Palatino
El nombre de Ruma designaba el pecho materno en la lengua arcaica del Lacio, propiciado seguramente por el líquido lácteo que producía la higuera.
El nombre de éste árbol sagrado puede significar también Higuera de la diosaRumina, protectora de las madres lactantes y de las hembras de los animales, presidía la crianza de los niños y recibía ofrendas de leche en su templo al pie de la colina Palatina.
Esta diosa podía adoptar dos formas: cómo animal era una loba y cómo humana era Acca Laurentia, esposa del pastor Fáustulo que encontró a los gemelos fundadores de Roma.
Los abandonan en una zona pantanosa creyendo que el río terminaría por llevárselos y regresan a la ciudad.
La tradición nos cuenta que la canastilla con los gemelos es depositada cerca de una higuera llamada posteriormente Ruminal o Romular (existen dos versiones, una en la que la higuera estaba situada al sudoeste del Palatino según Ovidio y otra en lo que posteriormente fue el comitium.
Ruminal proviene de la diosa Rumina, diosa de la crianza de niños de pecho, ruma significa teta, pero actualmente Ruminalis está relacionado con el gentilicio etrusco Rumina al que se habría de referir el nombre de Roma y los Romilios) y a los pies de esta higuera una loba atraída por los lloros de los gemelos, les ofreció sus mamas.
Una vez amamantados, apareció el mayoral del ganado del rey, un tal Faústulo que tras ver el prodigio se los llevó a su mujer Acca Larentia para que los criara (existe una versión en la que esta mujer Larentia era una prostituta de la zona y apodada la “loba” por los aldeanos).
La construcción de cualquier ciudad romana se definía con la construcción de tres edificaciones imprescindibles: un capitolio, un foro y un comitium (lugar de reunión de los comicios).
Todo lo demás era accesorio, incluso las defensas militares se añadían después de la construcción de los edificios imprescindibles.
El centro político de ciudad de Roma, el foro, se encontraba en un valle entre la colina Capitolina al oeste, el Palatino al sur y el Quirinal al norte.Se extendía sobre más de dos hectáreas, prácticamente la totalidad de los habitantes de la roma republicana podía ocuparla a la vez.
En el foro se encontraba la curia, el lugar de reunión del senado.
Según la leyenda, había sido construida por el rey Tulio Hostilio, y por eso se llamaba curia hostilia. Ampliada e incendiada en varias ocasiones, paso a llamarse curia Julia en el año 29 d.c.
Delante de la curia se encontraba el comitium, lugar de reunión de las asambleas de patricios (comicios curiatos) y la asamblea de las tribus de la ciudad de roma (comicios tributos), antes de que fueran trasladados al foro propiamente dicho por el tribuno de la plebe Licinio Stolon, a mediados del siglo II a.c.
Era un espacio pequeño, un rectángulo de 40 x 40 metros, con sus esquinas alineadas con los puntos cardinales, con la curia hostilia en el norte.
El comitium era también el sitio elegido por los adivinos oficiales, los augures, como un lugar apropiado para observar el vuelo de los pájaros sobre algún templo. Los romanos no tomaban ninguna decisión importante si no tenían la aprobación de los dioses, dicha aprobación o desaprobación era dada por los augures que interpretaban el vuelo de los pájaros.
Muy pronto, el comitium fue enmarmolado, para mayor disfrute de los patricios, mientras que el foro siguió con un pavimento de tierra apisonada.
Pero el nuevo pavimento para el Comitium obligo a retirar de allí la higuera ruminal, una higuera sagrada a cuya sombra el río Tíber desbordado habría depositado la canasta conteniendo a Rómulo y Remo, fundadores de Roma.
Como estaba prohibido cambiar de sitio los objetos sagrados, los romanos se inventaron una leyenda en la que los gemelos habían aparecido realmente en el palatino.
Así que no tuvieron problema en trasladar la higuera sagrada allí.
El comitium estaba bordeado por la célebre tribuna de las arengas, llamada rostra por estar adornada por las proas de los navíos capturados en el 338 a.c., en la guerra latina.
Estas rostra estaban situados al este del comitium, y se elevaban unos tres metros, con una longitud de 24 metros y un ancho de unos doce metros, y según hacia donde se girase el orador, podía dirigirse hacia la asamblea reunida en el mismo comitium o a la multitud reunida en el foro.
National Geographic(A.de Medici) — En la historia de Asia Central hay dos hombres que despiertan tanta admiración como terror, dependiendo desde dónde se miren.
El primero es Gengis Khan, el caudillo mongol que logró la proeza de unificar a las tribus nómadas y crear uno de los imperios más extensos de la historia.
El segundo es Amir Timur, más conocido com Tamerlán, que casi dos siglos después intentó repetir la proeza.
Si bien no consiguió igualar las conquistas de Gengis Khan, Tamerlán fue el último gran emperador de las estepas y su trayectoria refleja en parte la del caudillo mongol: desde una modesta posición al frente de uno entre tantos pueblos nómadas logró unir a muchos otros mediante la guerra y la audacia, y dejó como legado un imperio cuya influencia perduraría a lo largo de los siglos, aunque sus sucesores no lograran conservar su unidad.
Y al igual que Gengis Khan, ha sido elevado a la categoría de héroe nacional en su tierra de origen, el actual Uzbekistán, mientras que en lugares que sufrieron el ataque de sus ejércitos su recuerdo es menos amable.
De caudillo a emperador
Timur nació en Kesh, en el actual Uzbekistán, en una familia noble de los barlas, un grupo turco-mongol que gobernaba la región histórica de Transoxiana; según la tradición su nacimiento se produjo el 9 o el 10 de abril de 1336, aunque no existe ningún registro histórico que lo corrobore.
Tampoco se sabe mucho de su juventud, salvo por el incidente que le procuró su nombre: Tamerlán proviene de Timür-e lang, que en persa significa “Timur el cojo”; según una leyenda, la causa de su cojera fue una flecha lanzada por un granjero al que trató de robar su ganado.
Los barlas debían obediencia al kanato Chagatai, fundado por uno de los hijos de Gengis Khan, pero cuyo poder era disputado por otros reyes vecinos.
Prestando apoyo y retirándolo a quien más le convenía en cada momento, Timur fue ganando poder hasta convertirse de facto en el líder militar que podía decidir quién conseguía la hegemonía.
Pero a pesar de su enorme poder no podía reclamar el título de khan, que solo podían llevar los descendientes directos de Gengis; como tampoco el de califa, que correspondía -al menos, en teoría- a los parientes de Mahoma.
Tamerlán goza de un estatus prácticamente mítico en Uzbekistán, como se deduce de este billete.
Por ello tuvo que conformarse con el de amir (rey o comandante) y colocar a miembros de la dinastía de Chagatai como soberanos títeres.
Aun así, hacia 1370 su poder al frente del khanato era total y decidió que había llegado el momento de ser también soberano de nombre. Mediante el matrimonio con una princesa de la dinastía Chagatai, consiguió la legitimación dinástica que le faltaba y después traicionó a su cuñado.
Tras derrotarlo y hacerlo asesinar, se proclamó en Samarcanda heredero de la dinastía Chagatai y restaurador del imperio mongol.
Tras las huellas de Gengis Khan
El nuevo emperador dedicó los años siguientos a subyugar a las dinastías vecinas, empezando por las de etnia mongol para eliminar posibles competidores por el título.
La gran fragmentación política que siguió a la desintegración del imperio de Gengis Khan le favoreció enormemente y supo usar la espada, la estrategia y la diplomacia según convenía en cada momento para expandir el territorio bajo su dominio.
El Imperio Timúrida alcanzó su máxima extensión en 1405, coincidiendo con la muerte de Tamerlán.
A pesar de proclamarse heredero del imperio mongol, su imperio nunca alcanzó ni de lejos la enorme extensión que llegó a conquistar Gengis Khan.
En su apogeo se extendía desde el Cáucaso hasta el golfo de Omán y desde el Éufrates hasta el Indo, con un corredor que penetraba hasta Delhi: en total, 4.4 millones de kilómetros cuadrados frente a los 24 que llegó a tener el imperio mongol.
Un esplendor efímero
Esa brutalidad, no obstante, fue acompañada de una intensa actividad diplomática. Tamerlán recibió embajadas de todos los rincones del Viejo Mundo, desde China hasta Inglaterra y España.
Precisamente una de las fuentes contemporáneas más importantes sobre Tamerlán y su imperio procede de la embajada de Ruy González de Clavijo, enviado del rey Enrique III de Castilla en 1404, que quería ganarse su apoyo para hacer frente común contra los otomanos.
El embajador fue muy bien recibido por el emperador en Samarcanda, la capital que había embellecido con materiales lujosos procedentes de todos los rincones de su imperio; a su regreso a Castilla escribió su crónica Embajada a Tamerlán, que ha sido comparado con el Libro de las maravillas de Marco Polo.
Si Gengis Khan se hizo famoso por la brutalidad de sus ejércitos, Tamerlán no le fue a la zaga. Perdonaba a las ciudades que se le rendían inmediatamente, pero las que ofrecían resistencia o se rebelaban eran devastadas sin piedad.
Así sucedió en Persia con la ciudad de Herat, que se negó a rendirse y fue reducida literalmente a escombros; y con Isfahán, que se rebeló contra los recaudadores de impuestos.
Las represalias en ambos casos ascendieron a cientos de miles de víctimas, convirtiendo las conquistas de Tamerlán en las más sanguinarias de la historia medieval.
Tamerlán hizo de Samarcanda la capital de su imperio. La plaza de Registán, con tres grandes madrasas, es la imagen más conocida de la ciudad.
Lo cierto es que, a pesar de la crueldad que demostró como comandante, Tamerlán es descrito también como un hombre culto y con conocimientos sorprendentemente amplios para alguien que no sabía leer ni escribir.
El gran historiador Ibn Jaldún, que lo conoció personalmente en Damasco, destacó de él su inteligencia y talento para la argumentación.
Tamerlán y sus sucesores demostraron una notable tolerancia de pensamiento -siempre y cuando fuese acompañada del sometimiento militar- y protegieron las artes y las ciencias; especialmente su nieto Ulugh Beg, que hizo construir un observatorio astronómico en Samarcanda.
En el ámbito arquitectónico, el Imperio Timúrida es considerado el Renacimiento de Asia Central y su influencia puede apreciarse fácilmente en dos de los grandes imperios que le sucedieron: el mogol en India y el safávida en Persia.
Pero el esplendor de ese imperio fue efímero. Como había sucedido con el imperio mongol, tras la muerte de su fundador el territorio unificado a costa de tanta sangre quedó dividido entre sus hijos, que pronto empezaron a guerrear entre ellos para engrandecer sus dominios.
La mano de hierro de Tamerlán era lo único que mantenía unido un imperio tremendamente heterogéneo y sin esqueleto político.
Tumbas de Tamerlán y sus sucesores en el mausoleo de Gur-e Amir, en Samarcanda. La lápida central, en nefrita negra, es la de Tamerlán.
El emperador que había dedicado toda su vida a guerrear tratando de emular a Gengis Khan murió, como no podía ser de otra manera, cuando estaba preparando una campaña contra la China de los Ming: fue en su cuartel de invierno, cerca de la frontera, donde una enfermedad no especificada acabó con él en febrero de 1405.
Su cuerpo fue trasladado a Samarcanda, embalsamado y enterrado en el mausoleo de Gur-e Amir (“tumba de los reyes”), que sería también la última morada para algunos de sus descendientes, como Ulugh Beg.
En la lápida hay una inscripción que dice: “Si yo me levantase, el mundo entero temblaría”. Casualidad o no, el día en que sus restos fueron exhumados para examinarlos -el 22 de junio de 1941-, Hitler traicionó su alianza con Stalin e invadió la URSS.
Diario de Sevilla(S.Hernández/EFE)/Newtral(M.Madrigal) — La pandemia ha impulsado la fundación de un conjunto de movimientos negacionistas integrados por profesionales sanitarios que se expande con rapidez entre continentes, con Alemania, España y Latinoamérica en uno de sus ejes más activos, conocido como Médicos por la Verdad.
Esa agrupación conforma junto a otras entidades una amalgama de redes sin una estructura organizativa clara, convertida en una maraña de desinformación en la que confluyen diferentes portavoces, cada uno con una teoría propia, que en ocasiones se contradice con las de los demás.
Así, algunos niegan la existencia de la Covid-19 y la consideran una farsa, producto de esa citada conspiración internacional, que pretende el control de la sociedad con motivaciones económicas. Otros, sin embargo, admiten la existencia de la enfermedad pero rechazan las medidas adoptadas por parecerles dañinas, en una concepción de la práctica de la medicina basada en pseudoterapias.
Lo que todos comparten es la desconfianza hacia las instituciones oficiales, la clase política y los medios de comunicación, a los que acusan de manipular a los ciudadanos.
Juntos generan un abundante caudal de mentiras que resultan especialmente peligrosas por su capacidad de crear confusión sobre cuestiones de salud pública y su influencia en un gran número de personas en todo el mundo.
En este panorama conviven y se relacionan los grupos de Médicos por la Verdad de diferentes países, la organización Comisión Extraparlamentaria de Investigación del Coronavirus (ACU, por sus siglas en alemán) y la Alianza Mundial de Médicos (World Doctors Alliance), fundada en el Reino Unido y que cuenta con miembros en Europa y Estados Unidos. Algunos de sus integrantes militan en varias de estas asociaciones a la vez.
La comunidad científica ha mostrado su rechazo a la actividad de estos colectivos, lo que se ha puesto de manifiesto con pronunciamientos públicos, la apertura de expedientes disciplinarios y suspensiones. Verificadores internacionales, asimismo, han desmontado sus falacias acientíficas.
De origen alemán y rápido crecimiento en los países hispanos
Antes de convertirse en las caras visibles de estos movimientos, varios de sus portavoces más activos ya se habían hecho notar en redes sociales y medios de comunicación por su defensa de las teorías de la conspiración y activismo contra la medicina convencional.
Tal es el caso del médico alemán Heiko Schöning, que con anterioridad a la irrupción de la Covid-19 ya sostenía una tesis sobre una conjura que vinculaba los ataques del 11-S en Estados Unidos con el envío de cartas con ántrax.
Posteriormente, Schöning formuló una teoría que indicaba que la pandemia obedecía a un plan para conseguir una quiebra controlada del sistema financiero, en la que veía una voluntad criminal con el negocio de las vacunas contra la nueva enfermedad.
Este facultativo de Hamburgo se define como cofundador de la organización alemana Ärzte für Aufkläurung -nombre traducido libremente en España como Médicos por la Verdad- y la citada ACU. Así lo hizo en la presentación de Médicos por la Verdad España, el 25 de julio del año pasado.
En ese acto fundacional tuvieron especial protagonismo los médicos de familia Natalia Prego y Ángel Ruiz-Valdepeñas, que también habían ganado relevancia antes de su incorporación al citado grupo por su rechazo a las medidas adoptadas en España contra la Covid-19. Además, destacó el discurso de María José Martínez Albarracín en contra de la eficacia de las pruebas PCR.
Schöning señaló durante su intervención que este movimiento se había iniciado en Alemania diez semanas antes y que Médicos por la Verdad contaba en ese momento en su país con 500 miembros, así como presencia en Austria.
Ruiz-Valdepeñas, que ejerció de conductor del acto, explicó que en España los integrantes del grupo eran 140 y que sus impulsores esperaban que esta cifra aumentase rápidamente por su creciente actividad pública. Añadió que habían establecido contacto con «grupos de similares características» en Bolivia, Argentina, Colombia, México y Estados Unidos.
A esos países hay que añadir Chile, Perú, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Guatemala, Venezuela, Costa Rica y República Dominicana, que también cuentan con sus propias organizaciones de Médicos por la Verdad. Las asociaciones de estos países hispanos están agrupadas a su vez en Médicos por la Verdad Iberoamérica. Actualmente sus seguidores se cuentan por decenas de miles en el servicio de mensajería instantánea Telegram.
El movimiento se ha expandido asimismo por Europa, donde la presidenta del grupo en Países Bajos, Elke de Klerk, ha sido noticia por sus falsedades sobre la pandemia, desmentidas por varios verificadores internacionales en octubre. Schöning y De Klerk forman parte igualmente de la Alianza Mundial de Médicos, fundada y presidida por Mohammad Adil, médico paquistaní con cerca de 30 años de experiencia en el servicio público de salud británico.
Expedientes disciplinarios y suspensiones de servicio
La comunidad científica y las autoridades sanitarias han respondido en varias ocasiones a las mentiras de estos colectivos.
El 25 de agosto, un mes después de la presentación de Médicos por la Verdad España, el Foro de la Profesión Médica (FPME) -que reúne a los colegios oficiales, las asociaciones científicas y las académicas, así como a los sindicatos- censuraba la actitud de los negacionistas en un comunicado.
En esa nota el FPME cuestionaba el comportamiento del citado grupo por la posibilidad de que generase «alarma social», alentara la «desobediencia civil» y pusiera en «grave peligro» la salud pública, en contra del código deontológico. Además tachaba sus teorías de «pseudocientíficas».
Tres días más tarde el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), que forma parte del FPME, abría un expediente informativo a Médicos por la Verdad.
Antes el Colegio Oficial de Médicos de Baleares había iniciado otro expediente sobre Ruiz-Valdepeñas, que fue objeto de la misma medida por parte del Servicio Balear de Salud (Ib-Salut), lo que acarreó su suspensión de funciones en el Hospital de Formentera.
El Colegio de Pontevendra también abrió en febrero de este año un expediente a Natalia Prego, el cual remitió a la comisión deontológica del CGCOM. El presidente de la Alianza Mundial de Médicos, Mohammad Adil, ha sido a su vez suspendido por un periodo de doce meses a la espera del resultado de una investigación del Consejo General Médico británico.
Ni estas actuaciones ni los constantes desmentidos de los verificadores han detenido la actividad de Médicos por la Verdad, que sigue propagando las mismas falsedades en medios de comunicación, redes sociales, grupos de Telegram e incluso en la calle, por medio de los más tradicionales carteles o panfletos, además de organizar conferencias y manifestaciones para difundir su mensaje.
La desinformación: los vínculos de una estructura para el engaño
Aqui principalmente hay que dejar claro que al mencionar estos temas no se hace referencia a los seguidores de estas redes, sino a los motores, a los impulsores. A quienes obtienen réditos de esa actividad, ya sean monetarios, personales o de otro tipo.
Esos motores a nivel global son producto de tensiones, conflictos de intereses y enfrentamientos que muchas veces no percibimos. La situación en la que vivimos durante el drama de la pandemia los ha acelerado, pero centrados en nuestras propias preocupaciones no vemos qué actores nos manipulan ¿Cómo? Por ejemplo, con los intereses geopolíticos de países que utilizan la información para atacar a rivales o reforzar su posición.
Además, lo hacen aumentando el descontento con la gestión de sus rivales, y presentado la propia como un éxito para conseguir salir reforzados y en una posición de poder respecto a los demás. Los intereses económicos hacen exactamente lo mismo que los políticos, pero con el objetivo de plantear dudas sobre rivales, son muy claros, por ejemplo, en la pelea por la hegemonía y el liderazgo de las vacunas. No se trata solo de Pfizer, Sputnik o Janssen. Se trata de Europa, de Estados Unidos, de China o de Rusia.
Por último, los intereses ideológicos. Son los que plantean la batalla cultural entre los poderes que se resisten a un mundo que ha cambiado por los efectos de la tecnología, mostrándose absolutamente diverso, donde todo el mundo puede moverse gracias al avance en los transportes, y las ideas y la información viaja a la velocidad de la red.
La particularidad de España
A todo lo anterior se une una situación especial localmente. En España la pandemia se presentó con un gobierno de coalición, más presencia de partidos, la necesidad de crear consensos y acuerdos, frente al anterior bipartidismo. Algo que muchos no aceptan.
La situación del país después de años de recortes, rescates de cajas, el fin del boom del ladrillo y demás tampoco se debe ignorar. Tampoco que la falta de transparencia, los errores de comunicación y, sobre todo, el hecho de que ante una pandemia la solución ha sido ir avanzando en base a prueba/error, provocó un enorme hueco que daba cabida a toda esta desinformación.
Cuando faltan certezas el espacio para que quepan falsedades y especulaciones se abre. Y hay gente que está muy atenta a ocuparlos en su propio beneficio. Los especuladores del dolor y del odio, por ejemplo. Todas estas cosas, y muchas más, formaron la tormenta perfecta en la que vivimos.
Negacionismo y análisis: hechos, datos y razones
Ante eso poco puede hacer un tecnólogo de más de 50 años como yo, dice Marcelino Madrigal. Pero un poco, quizás, sí.
Por ejemplo mostrar datos, argumentos, hechos y razones. Luego ustedes los valorarán, los contrastarán y decidirán creer lo que quieran. Pero al menos informados. De eso se trata
Por ello ha decidido mostrar algunas cosas sobre el “negacionismo”, fiel a ese estilo. Para ello el estudio de las redes puede ayudar.
Focalizar en una pequeña parte del “negacionismo”, quizás la más conocida en los medios, pero no la más relevante en España, e intentar diseccionar la información hasta extraer algunas conclusiones. No esperen otra cosa que eso de este texto. Datos e información.
He analizado la información volcada en la red por uno de los actores en esto : “Médicos por la Verdad”, y sus distintos canales en Telegram. En concreto, estos:
Canal
Subscriptores
Fecha de creación
Médicos por la Verdad Argentina
50.321
27/07/2020 0:29
Ciudadanos por la Verdad España
9.862
27/07/2020 10:12
Médicos por la verdad Uruguay
2.380
28/07/2020 6:46
Médicos por la verdad Chile
6.621
03/08/2020 2:18
Médicos por la Verdad México
23.125
08/08/2020 9:34
Médicos por la Verdad Iberoamérica
577
17/08/2020 1:02
Médicos por la Verdad Mundial
4.211
18/08/2020 19:02
Médicos por la Verdad Colombia
2.483
02/10/2020 21:15
Médicos por la Verdad Perú
5.409
04/10/2020 6:57
Médicos por la Verdad Puerto Rico
2.067
04/12/2020 16:21
Médicos y Ciudadanos por la Verdad
6.616
19/01/2021 4:55
La fecha de la creación de los canales nos dice ya algo. El primer canal es el argentino, pero se creó prácticamente a la vez -misma fecha-, que el canal original en España. Esto nos habla de, como mínimo, comunicación y/o coordinación.
Médicos por la Verdad España se presentó en una rueda de prensa el día 25 de julio de 2020.
Entre sus cabezas visibles estaban Natalia Prego y Ángel Ruiz-Valdepeñas, y también María José Martínez Albarracín. Durante su presentación mencionaron que habían tenido contacto con otros “grupos similares” en Bolivia, Argentina, Colombia, México y Estados Unidos.
Como se puede comprobar las fechas de creaciones de los canales son posteriores al evento, por tanto, podemos dudar que hubiera una estructura anterior a esta.
Médicos por la verdad y Telegram: un canal reutilizado
Sin embargo, hay que destacar un hecho: lo que sí es anterior es un grupo de apoyo a “Médicos por la Verdad”, llamado “Fans Médicos por la verdad España”, creado el día 22 de junio de 2020, que fue migrado (es decir, se utilizó una estructura ya creada) de uno anterior llamado “Rafapal Amigos”.
Así lo demuestran los metadatos asociados a las acciones que se llevan a cabo en los canales de Telegram , y que se reproduce aquí :
Es relevante esta información puesto que “Rafapal” es Rafael Palacios, un señor que hace “periodismo para mentes cósmicas”, y que si bien anteriormente sus campos de acción eran bastante diferentes se adaptó a la pandemia escribiendo artículos alineados con teorías conspiratorias muy cercanas a Qanon y al Trumpismo. Y “negacionistas”.
Negacionistas y Médicos por la verdad ante los datos de 49.000 mensajes
De los cientos de miles de mensajes en los canales de Telegram Madrigal ha extraído más de 49.000 que contenían enlaces a webs, servicios de la red y redes sociales, con objeto de intentar entender qué difunden y donde lo hacen.
Para poder visualizar los contenidos ha creado una serie de gráficos para comprender la relevancia de los actores y servicios en la red.
Por ejemplo, para saber el nivel de participación en cuanto a contribución de cada canal ha creado uno con la distribución de los enlaces.
Presenta este aspecto:
Claramente, España y Argentina tienen el peso de la distribución de contenidos sobre los demás grupos. En ellos, el contenido no es solo negacionismo sanitario, sino ideológico, conspiraciones, etcétera.
Para comprender además donde se distribuían Madrigal ha creado varios gráficos.
El primero presenta la distribución en la red, ya sean servicios (YouTube, Twitter, entre otras), o webs (dominios de páginas, empresas u organizaciones)
Para aclararlo aún más, ha dividido los contenidos y generado uno Top-20 para conocer qué servicios fueron los más usados y qué dominios fueron los más referenciados.
Empezando por los servicios vemos esto:
De Telegram a YouTube: el camino de la desinformación
El primer servicio utilizado para difundir esta desinformación fue Telegram. Hace ya tiempo que el valor de la información referente a temas se desplazó de las redes generalistas (Facebook, Twitter.) a otras plataformas como las mensajerías instantáneas (WhatsApp, Telegram), mucho más permisivas con contenidos nocivos por la misma construcción de estos servicios: cifrados y con más control de la privacidad.
Esta es la razón de que Telegram sea la elegida como cocina. Los contenidos tienen una primera difusión o un señalamiento para difundir allí, y luego se distribuyen en las redes generalistas.
Pero a pesar de que, al igual que en las redes sociales, ese combate contra la desinformación ha sido muy desigual en resultados (puesto que los contenidos extremos siguen poblando plataformas como YouTube, por ejemplo), a algunos grupos les ha empujado a utilizar otras plataformas más “permisivas”.
Rumble, Odysee, Bitchute… son las alternativas elegidas. Con Twitter pasa lo mismo y el beneficiado es la plataforma Parler, donde los contenidos son aceptados sin problemas para los autores.
La aparición por último de Twitch y TikTok es particularmente preocupante. Plataformas con gente muy joven por su nicho están siendo usadas por individuos como estos sin problemas.
El acceso a esos contenidos por los sectores más vulnerables -y los jóvenes lo son- es un gran problema que no está siendo afrontado.
Médicos por la verdad y Twitter
En Twitter, una red donde la presencia de estos grupos crece, pero sigue siendo más baja por los motivos explicados anteriormente, estas cuentas en esa red son las más referenciadas.
Siendo mucho más modesta, los datos muestran que la primera cuenta en menciones fue suspendida por Twitter. Sin embargo, las cuentas que interactuaban con ella siguen allí, y los contenidos y mensajes son muy similares a las de la suspendida.
La mezcla entre lo ideológico y lo sanitario es evidente. Cuentas como la del ex presidente Trump, Vox, o conocidos difusores de desinformación se mezclan sin ningún rubor.
Usuario
Menciones
Littleb29872980
114
medicosporlave2
45
realDonaldTrump
36
FLMIRONES
34
DystopianEarth
30
alvisepf
21
ElContrafuerte
19
Breaking911
17
NataliaRavanal1
17
ORMETHION2
17
JamesOKeefeIII
16
vox_es
16
disclosetv
15
camilocammas
13
VerdadyJust2021
13
Dominios y desinformación: Tierra Pura
Centrándonos en el origen de la desinformación, se ha analizado los dominios más utilizados y difundidos en estos canales.
El origen de más del 23% de los enlaces es muy preocupante, y arroja implicaciones que van más allá de un “grupo de negacionistas”. Tierra Pura, tal como EU Disinfo Lab explicó en su informe de febrero de 2021, es un actor bien conocido por los que trabajamos con información de Inteligencia y Geopolítica.
Vinculado al grupo Epoch Times que también aparece referenciado, tiene su origen en Falun Gong, un grupo perseguido por el gobierno chino desde hace años, es una maquinaria de desinformación al servicio de la disidencia del gobierno chino, y favoreciendo las tesis del Alt Right y el Trumpismo en muchas ocasiones.
Epoch Times, por su parte, fue fundado en el año 2000 por John Tang en Atlanta. Si sus principios fueron bastantes modestos es cuando empieza a generar contenidos pro-Trump cuando crece como la espuma.
En 2019 invirtió casi 11 millones de dólares en publicidad en Facebook. Se convirtió de facto en la publicación digital más consumida en la plataforma de Apple, por delante del mismísimo The New York Times. Tal es su poder.
Al principio de la pandemia a la primera persona que llamó Steve Bannon para difundir su podcast War room: Pandemic (desde donde fue habitual la difusión de las ideas de Trump y el Alt Right sobre cómo había que afrontar la pandemia) fue a una editora de Epoch Times, Simone Gao.
Argentina, Epoch Times y una filial en España
Con un poder económico y recursos notables Epoch Times fue detectado en Argentina en marzo de 2020, en el momento más duro de la pandemia.
Entre sus narrativas de persecución por motivos “religiosos”, y su oposición al gobierno chino es claro que utilizan el escenario y drama en que vivimos para introducir sus propias tesis e ideas. Y los vínculos con la ideología de extrema derecha son muy claros y evidentes.
En Argentina la presidenta de la fundación Falun Gong Argentina es Liwei Fu. Liwei Fu dirigió la versión española de Epoch Times hasta 2017. Los vínculos creo que son claros.
Médicos por la verdad y sus ‘filiales’: Ideas similares, actitudes similares
Aquí en España la presencia de ideas muy similares, cuando no idénticas, de este grupo, también han tenido su reflejo. Por ejemplo, el 23 de abril de 2020 Tierra Pura publicó una noticia en la que se puede leer literalmente :
“En marzo, tres políticos clave del partido Vox, la tercera fuerza política en España, contrajeron el virus. Ellos son Santiago Abascal, presidente de Vox, Javier Ortega Smith, secretario general y número dos de Vox, y Macarena Olona, diputada del Congreso de los Diputados por Vox.
Sorprendentemente, los tres se recuperaron de la neumonía del PCCh poco después de que condenaron enérgicamente al PCCh.”
¿Recuerdan el origen de uno de los canales que he mencionado antes, el llamado “Amigos de Médicos de la Verdad”?
Pues bien, Tierra Pura entrevistó a Rafael Palacios AKA Rafapal el 26 de octubre de 2020. Las tesis de este grupo han tenido altavoz en España en medios como el Toro TV, o incluso en cadenas a nivel nacional de la mano de famosos comunicadores, en prime time y los momentos más virulentos de la pandemia.
Entrevistas a periodistas independientes como Yuan Lee el 10 de octubre de 2020 en el programa Horizonte no son más que una repetición de la argumentación de estos grupos.
La entrevista a Li-Meng Yan el 21 de octubre de 2020, una vez más en Horizonte, cuando ya se sabía que el origen de sus estudios era más que cuestionables y que fue financiado por uno de los actores más conocidos en la desinformación proveniente del Trumpismo, como es Steve Bannon, como expone The New York Times, es más de lo mismo.
Las tesis e ideas, muchas veces sin una demostración, son puestas en la escena pública.
Ideas como que el virus fue generado en un laboratorio (23 de mayo de 2020), que las mascarillas son un bozal peligroso para la salud (15 de enero de 2021), que los confinamientos no son necesarios y que en realidad sus motivaciones corresponden a otras razones que las sanitarias (9 de septiembre de 2020), que las vacunas son nocivas porque esterilizan a las mujeres, que las vacunas no deben emplearse en los niños (13 de agosto de 2020) o incluso las dudas sobre el papel de Bill Gates (16 de enero de 202), son introducidas, difundidas y/o alimentadas por estos medios de desinformación.
Bles es otro de los medios difundidos (7%) habitualmente en los canales analizados.
Poco más que decir sobre esta plataforma puesto que al menos 3 de las firmas que aparecen en Tierra Pura, según el informe de Eu Disinfo, Álvaro Colombres Garmendia, Andrés Vacca y José Hermosa, aparecen como autores en Bles.
Otro más, Miguel Diaz se presenta así mismo en un acto como colaborador de Tierra Pura. Los perfiles los pueden comprobar ustedes mismos. Provida, tradicionalistas, pro Trump, etc. Estaríamos pues ante otro medio del ecosistema relacionado con el grupo Epoch Times.
Incluso plataformas como Hazteoir han dado hueco a estos actores. No deberíamos extrañarnos, por tanto, las continuas referencias que hemos visto incluso en el Congreso de los Diputados, al “virus chino” y similares. Les recomiendo la lectura sosegada del informe de Eu Disinfo Lab sobre el tema.
Desinformadores en España: el caso de Trikooba
Además, en esos mismos canales vemos como referencias a plataformas más locales como El Diestro, Euskalnews con contenido tanto sanitario e ideológico, dirigido a un nicho muy claro. Otros como Dsalud, que incluso se edita en papel y de venta en kioskos, no merecen mayor comentario por mi parte.
La segunda plataforma más difundida es Trikooba (9,76% de enlaces difundidos en esos canales).
El contenido es muy similar a los anteriores. Fue registrada en enero de 2020. Sin embargo vemos que tiene algún artículo en 2012, épocas de silencio, y luego en 2020 es cuando se activa su labor de difusión. El canal de Telegram se creó el 18 de septiembre del 2020. Podemos deducir que se sumó a toda esta oleada.
La estructura de Trikooba está muy orientada a la monetización, por la publicidad y demás, por lo que aparentemente responde más al perfil de una persona o grupo (la página de Facebook es administrada por cuatro personas desde España), cuya motivación es más monetaria que de otra índole.
Desinformación y dominios secundarios
Esta plataforma que pretende hacerse pasar por medio de información está vinculada a dos webs a través de uno de los códigos que utiliza para su publicación. Una llamada cibercultura.es y otra llamada recetasfacilesdecocina.com. El dominio .es es fácilmente trazable.
Las páginas de Facebook mencionan la administración desde España por parte de cuatro personas. La página de Facebook de cibercultura muestra dos grupos difundiendo contenidos del mismo tipo que las demás: conspiraciones, negacionismo, etc. El rastro de recetasfacilesdecocina lleva a un webmaster peruano.
La página de Facebook de Trikooba es claramente con contenido falso y manipulado. Sin embargo, a la red de Zuckeberg no parece importarle, y con un escueto aviso de : “Esta página publica contenido sobre COVID-19” (sic) le parece bastante como protección a sus usuarios contra la desinformación.
Sin embargo los hashtags usados en sus publicaciones de Facebook muestran una clara vinculación con todo este ecosistema en España y latinoamérica. En Gab Trikooba sigue a páginas como El Diestro y una argentina de contenido religioso llamada verdadpresente.com.ar
En la Universidad de Michigan, en los Estados Unidos, un grupo de científicos encontró que aquellos individuos que constantemente se empeñan en corregir la gramática de los demás tienen una “personalidad menos amigable” que aquellos que simplemente dejan que los errores pasen.
Además, estas mismas pruebas enfocadas en la relación interpersonal en línea, apuntan a que estas personas son, de forma general, menos abiertas y más propensas a juzgarte por tus errores.
Quizá es algo que todos ya sospechábamos, pero esta es la primera ocasión en que los investigadores estudian el trasfondo psicológico de esa necesidad por corregir y auditar la gramática ajena.
Uno de los fines del estudio publicado en PlosOne, es precisamente comprender mejor nuestra comunicación (o la falta de ella) en las redes sociales.
Según Julie Boland, investigadora responsable del estudio, “es la primera ocasión en que las características de la personalidad de escuchas o lectores tiene efecto sobre la interpretación del lenguaje.
En este experimento, se examinaron los juicios sociales que los lectores hacen sobre los autores”.
Para llevar a cabo el estudio se invitó a 83 participantes a leer correos electrónicos de personas interesadas en mudarse a una casa. Algunos mensajes no contenían errores, mientras que algunos fueron alterados con pequeños errores de escritura.
Así, los participantes deberían juzgar a la persona que escribió el correo electrónico con base en su inteligencia, amabilidad entre otros atributos. Al terminar el experimento, los científicos los cuestionaron sobre si habían notado algunos errores gramaticales en los correos electrónicos y que tanto eso había incomodado su lectura.
En otra fase de la investigación, los voluntarios respondieron un test de personalidad, donde deberían puntuarse a sí mismos en diversos aspectos sobre su personalidad, como introversión y extroversión, potencial para ser un neurótico, autoconciencia y qué tan cómodos se sienten al establecer lazos sociales.
En general, todo mundo creyó que las personas ficticias que cometieron los errores gramaticales eran peores compañeros de habitación en comparación con aquellos que escribieron correos sin un solo error. Pero algunos tipos de personalidad juzgaron los errores de forma más dura.
Mientras que las personas extrovertidas se sentían muy propensas a pasar por alto los errores y continuar, los introvertidos mostraban una mayor tendencia a encontrar defectos de personalidad en quien escribió los correos electrónicos con más deslices ortográficos.
De forma general, las personas más cerradas y que menos facilidad tienen para desempeñarse socialmente se molestaron más con los errores. Según los investigadores, esto sucede por qué “las personas con un menor grado de sociabilidad son menos tolerantes con aquellos que se desvían de la norma”.
Curiosamente, ser más o menos neurótico no tuvo influencia en los resultados.
La prueba, evidentemente, debe tomarse con una minia de desconfianza. Después de todo, es una muestra pequeña de personas y uno de los primeros estudios que vincula el comportamiento social en Internet con que tanto juzgamos a las personas por su uso del lenguaje.
Pese a esto, ofrece un resultado curioso: el estudio señala que factores como la edad y la educación no influencian tanto en el juicio, dado que esto realmente forma parte de nuestra personalidad individual. Seguramente investigaciones futuras seguirán escarbando en esta mina, pero una cosa es cierta: los errores los puede cometer cualquiera, incluso ese que juzga y corrige todo en todas partes.
LaRazón/eldiario.es(E.Lloveras)/marcianosmx.com/wikipedia/Heraldo(A.Castro)LaNacion(V.Fernández) — Era el año 1971 y John Lennon vaticinaba que el sueño había llegado a su fin. Y no se refería solamente a los Beatles, sino a todo el sueño de la década de 1960 – el sueño de tomar el poder y cambiar al mundo, de ser esa generación que renacía en algo nuevo, contraria totalmente al viejo establishment que nos regía (y lo sigue haciendo).
Si de la colorida década de los sesenta solo restaban el blanco y negro de los hechos – la dureza, la amargura, el cinismo – se puede argumentar perfectamente que Lennon previó, entre presagio y propósito, lo que nos traería la década de 1970, en aquel entonces todavía por suceder: lo opuesto al sueño.
Como puntualizó el escritor estadounidense Tom Wolfe, los años de 1970 fueron la década del “Yo” – una declaración individualista que contrastaba terriblemente con la idea comunitaria que se instauró la década previa.
Pero de ninguna manera un pronóstico cínico se convierte invariablemente en una mala noticia – en cualquier escenario es posible que surja el arte de calidad.
Después de todo, fue esa distopía egocéntrica la que catapultó a David Bowie, Queen, Elton John, al auge comercial de la música negra – Stevie Wonder, Marvin Gaye, la fiebre mundial de la Música Disco, el ascenso del Hip Hop, el éxito desmedido de Bob Marley y el nacimiento avasallante de Michael Jackson en una carrera que sería tan grande como el Sol.
Y, sobre todo esto, el punk. En forma de un apocalipsis redentor, que buscaba acabar con todo, el punk fue una bocanada de aire fresco para un rock que parecía condenado a asfixiarse en su propio éxito comercial.
Drogas, androginia y apertura sexual.
Se hizo necesario que hombres del espacio, vestidos como mujeres, viviendo y cantando la dureza del fin de un sueño, aparecieran en escena para ofrecer a este apocalipsis comercial un contrapeso inspirador.
David Bowie y Lou Reed – y después Iggy Pop y los New York Dolls – fueron los que mejor, y primero, revigorizaron la música joven, dando identidad al “espíritu de la época” durante la primera mitad de la década de 1970.
Entre un repertorio de drogas, androginia, bisexualidad y un cúmulo de rarezas espaciales, este par intercambió el sueño de antes por una clara y sincera puesta en escena, el teatro de una realidad que ya no podía salvarse, y que por eso debía aprovecharse mientras quedara tiempo.
Aquí ya no cabía la nostalgia de las utopías interrumpidas. Los hermosos y sonrientes hippies ahora habían evolucionado en monstruos – orgullosamente andróginos, alienados, desplazados y provocadores. Los homosexuales, los transexuales, los viciosos, los marginados, todos vieron en Bowie y Lou Reed una influencia, y finalmente una voz.
El poder femenino.
No era casualidad que la androginia se hubiera integrado al espíritu de aquella época: los años de 1970 fueron un periodo importantísimo para el movimiento feminista y para las mujeres en general.
Si en los años sesenta el feminismo fue gestionado y parido, en los setenta adquirió fuerza para convertirse en una práctica, llevada a la prueba de fuego que suponía el trabajo y la vida cotidiana.
Si previamente la píldora anticonceptiva y el amor libre impusieron un mínimo de libertad femenina bajo la voz del machismo; en la década que siguió, la libertad femenina sobre el propio cuerpo y las discusiones sexuales se hicieron de nuevos seguidores, temas y espacios.
1973, donde todo empezó.
Si los discos de Ziggy Stardust y Transformer, de Bowie y Lou Reed respectivamente, dieron el empujón inicial a esta nueva era de la música, se puede afirmar que fue en 1973 cuando la década dejó los pañales y el chupón para ponerse de pie.
Justamente en ese año se lanzaron Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, el álbum debut de Queen, Sabbath Bloody Sabbath, de Black Sabbath, Alladin Sane, do Bowie, Catch a Fire, de Bob Marley, Band On The Run, de Paul McCartney, Raw Power, de The Stooges, Berlín, de Lou Reed, el primer disco de los New York Dolls, Goodbye Yellow Brick Road, de Elton John, e incluso aparecieron en escena bandas como KISS y AC/DC.
Aquellas nuevas posibilidades estéticas y los nuevos discursos de la década finalmente empezaban a tener consistencia, fuerza, autonomía y popularidad.
El apocalipsis redentor del punk.
Estudio 54, un ícono de la cultura de los clubes y la música disco.
Pero no todo era un mar de rosas para los oídos de la época.
Los interminables, inocuos y somnolientos solos de guitarra de algunas bandas, la repetitivas baladas de amor del pop y la histérica pero vacía animación de la Música Disco que se apoderaba de las radios del mundo, provocaron, en parte, la extinción de la rebeldía y la visceralidad en el escenario musical.
Fue entre toda esta frustración que nació, como una némesis desnuda, pura y furiosa, el más impactante e influyente soplo estético y musical de la década: el punk.
Despreciando cualquier nostalgia y cualquier tipo de esperanza sobre el futuro – “No Future”, como rezaba el lema popularizado por los Sex Pistols – el punk resultó agresivamente moderno, con canciones veloces y cortas, simples hasta el tuétano, guitarras distorsionadas tocadas por músicos que, a primera vista, apenas y podían tocar.
La verdad es que los músicos que pasaron a integrar la santísima trinidad de las bandas de este movimiento – The Clash, Sex Pistols y Ramones – daban continuidad a los ideales anti-establishment que llevaron al punk, principalmente en la dirección de su ideal más impactante: el HAZLO TÚ MISMO, una propuesta que consiste en realizar algo sin tener que ser especialista en ese algo.
Para tocar ya no había que ser un guitarrista espectacular como Jimmy Page o David Gilmour; se hizo perfectamente posible encontrar o inventar una forma – e incluso tocar técnicamente “mal”, contando con que tocaras como nadie jamás tocó. Se trataba de ser original, de darlo todo y no dejar nada para después.
No sería exagerado afirmar que la importancia de esa herencia política, ideológica y sonora del movimiento punk, y principalmente del ideal “hazlo tú mismo”, no tenía precedentes. Las posibilidades creativas dejaron de ser verticales y jerárquicas para convertirse en horizontales y totalmente libres.
El efecto libertador sobre los aspirantes a músicos – y futuros DJ’s, programadores, productores, escritores, artistas plásticos, periodistas, cineastas, poetas y seres humanos en general – transformó para siempre y de forma irreversible el rostro del escenario artístico, – para horror de los puristas, que creen que el talento se traduce en cumplir reglas y estándares académicos y para la alegría de los que esperaban, devorándose las uñas y tapándose los oídos, que la música joven volviera a ser furiosa, visceral y confrontadora.
El Hip Hop.
Y lo mismo podría decirse sobre el Hip Hop. La fuerza del discurso político y la contundencia de las voces de las comunidades afroamericanas finalmente encontraron un efecto amplificador en ese género musical en ascenso. Nombres como Grandmaster Flash, Afrika Bambaataa, DJ Kool Herc, el Universal Zulu Nation, la Sugarhill Gang, entre otros ayudaron a inmortalizar lo que llegaría más allá de un género musical para convertirse en un movimiento cultural profundamente transformador.
Junto al rap, la cultura del grafiti y del arte callejero tomarían influencias inevitables de la escena mundial de las artes plásticas. Hoy líder absoluto del mercado y una tendencia casi unánime en las radios y en los destinos del mundo, es difícil decir que no se ha sido tocado por el Hip Hop desde entonces.
Así, la década del “Yo”, aunque traumatizada por la resaca del sueño hippie que acabó en la década anterior, y que parecía ofrecer soluciones, transformó la desilusión y el dolor en algunas de las mejores canciones de la historia de occidente.
La década del terror
Los años 70 fueron especialmente marcados por las acciones de distintas agrupaciones terroristas que, con toda clase de causas y métodos, sembraron el caos y la violencia indiscriminada, especialmente en Europa.
Agrupaciones como Setiembre Negro; el Ejército Republicano Irlandés; Baader-Meinhof, y las Brigadas Rojas acapararon titulares por sus ataques a objetivos civiles.
De traumáticos atentados, como la masacre de los atletas israelíes en las olimpiadas de Múnich; el asesinato de Lord Louis Mountbatten; el rastro de sangre dejado por Carlos El Chacal; el secuestro de Patty Hearst o el espectacular rescate de los rehenes de Entebbe por parte del ejército de Israel.
Los monstruos
Charles Manson, John Wayne Gacy, Ted Bundy, el Hijo de Sam: todos nombres salidos del lado más oscuro de la naturaleza humana.
Los 70 fueron años de demencia en las páginas de sucesos en Estados Unidos. Los asesinos en serie y líderes de inauditos cultos religiosos se tornaron en macabras figuras mediáticas, a medida que el auge de la televisión extendió el alcance de sus atrocidades a una audiencia planetaria.
¿Cómo olvidar a Jim Jones, el hombre que convenció a cientos de seguidores a cometer un suicidio colectivo en Guyana? ¿O el crimen de odio contra el supervisor Harvey Milk? ¿O la desaparición de Jimmy Hoffa?
Una miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés) en los años 70.
Los hombres del presidente
Un robo de poca monta en unas oficinas culminó con la única renuncia en la historia de un presidente de Estados Unidos. Richard Nixon pasó en los 70 del cielo al infierno y el mundo fue testigo de su estrepitosa caída.
Nat Geo dedica por entero un episodio a repasar el escándalo que se desató a partir del robo en el edificio Watergate y la maraña de espionaje y conspiraciones que periodistas e investigadores desenredaron al interno de Washington, hasta llegar al ocupante de la Oficina Oval.
La guerra y la paz
Sin haber terminado de recuperarse del golpe que significó Watergate, Estados Unidos enfrentó retos aún más duros en la segunda mitad de los 70, tanto a lo interno como en su relación con el mundo.
Los soviéticos invadieron Afganistán, y los ayatolas tomaron el poder en Irán. La crisis energética paralizó al planeta y la inflación estranguló muchas economías. El medio ambiente empezó a ser un tema de preocupación en esos años, así como el control sobre el estratégico canal de Panamá.
Aún así, también hubo algunos episodios de esperanza, como la milagrosa firma de los acuerdos de paz entre Israel y Egipto.
¡Queremos sexo!
Epoca de la revolución sexual y el cambio en el esquema de valores en la población occidental.
Fue en los 70 que la pornografía se tornó en la lucrativa industria que sigue siendo hoy. Fue en los 70 que el sexo premarital ganó aceptación social, y cuando muchas parejas casadas empezaron a experimentar con intercambios y demás prácticas antes vistas como tabú.
El movimiento feminista tomó fuerza en aquella década, así como las primeras luchas por el reconocimiento de los derechos de la población gay.
Fue en los 70 que se reescribieron los roles de género, algo que fue visto como “el inicio del fin” por los grupos conservadores y religiosos.
1970
Salvador Allende se convierte en el primer socialista en ser elegido presidente de Chile.
Los integrantes de The Beatles anuncian su disgregación empezando sus carreras como solistas.
Fallecen Janis Joplin y Jimi Hendrix, cantantes estadounidenses.
Es encontrada y excavada la esquina noroeste de la plaza del mercado o Ágora de Atenas por la arqueólogo Stella Grobel Miller.
1971
Bangladés declara su independencia.
Idi Amin toma el poder en Uganda.
Intel crea el Intel 4004, el primer microprocesador.
Nace en Uruguay el Frente Amplio.
La República Popular China ingresa en la ONU.
La URSS lanza la primera estación orbital espacial Saliut 1.
Fallece Jim Morrison, líder de la banda The Doors.
1972
Munich, miembros de «Setiembre Negro»
«Domingo Sangriento» en Irlanda del Norte.
El presidente de los Estados Unidos, R. Nixon visita China.
Estallido del «caso Watergate».
En los Juegos Olímpicos de Múnich, el grupo terrorista palestino «Septiembre Negro» provoca la muerte de nueve atletas israelíes.
La primera videoconsola casera Magnavox Odyssey sale al mercado.
Un fuerte terremoto de 6.2 destruye totalmente la ciudad de Managua, capital de Nicaragua, alrededor de la medianoche del 23 de diciembre.
1973
Torres Gemelas en construcción
Reino Unido, Dinamarca e Irlanda ingresan en la CEE.
27 de junio: Golpe de Estado en Uruguay, por parte del presidente Juan María Bordaberry.
11 de septiembre: el general Augusto Pinochet da un golpe de Estado en Chile para derrocar al gobierno de Salvador Allende, instaurando un régimen que duraría hasta 1990.
Juan Domingo Perón es reelegido por tercera vez Presidente de la Argentina, junto con María Estela Martínez de Perón.
Tratado de paz entre los Estados Unidos y Vietnam del Norte: se inicia la operación Homecoming (retirada de las fuerzas estadounidenses de Vietnam).
Guerra entre Israel y varios países árabes.
Crisis del Petróleo: la OPEP interrumpe el suministro de petróleo.
Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno de España, es asesinado por la organización terrorista ETA en Madrid.
Finaliza la construcción de las Torres Gemelas de Nueva York (Minoru Yamasaki).
Inauguración de la Ópera de Sídney.
Mexico la madrugada del 28 de agosto la poblacion de los estados de puebla y veracruz son sorprendidos por un terremoto de 7.3 causando graves daños en ciudades como Ciudad Serdan,Orizaba,Quecholac,Ixtaczoquitlan,Tlacotepec de Benito Juárez,siendo Ciudad Serdan el epicentro del sismo
1974
Fallece J.D.Perón
Fallece el presidente de Argentina Juan Domingo Perón. Asume constitucionalmente María Estela Martínez de Perón, la primera presidenta mujer de una república del mundo.
Richard Nixon se convierte en el primer presidente de los Estados Unidos en presentar su dimisión, debido al escándalo Watergate. Su sucesor en el cargo fue Gerald Ford.
Hallazgo de los guerreros de terracota, el ejército funerario más grande jamás encontrado en la historia de la arqueología, en Xi’an (China).
Es juramentado tras ser electo en elecciones, Carlos Andrés Pérez como presidente de Venezuela.
1975
Vietnam
Caída de Saigón: Vietnam del Sur se rinde a Vietnam del Norte.
El general Francisco Morales Bermúdez, derroca a Juan Velasco Alvarado en un golpe de Estado en Perú.
Fallece Francisco Franco; sucediéndole Juan Carlos I, rey de España.
Fundación de Microsoft.
1976
Creadores de la empresa Apple
Es nacionalizada la industria del petróleo en Venezuela.
Seychelles obtiene su independencia. Sahara Occidental Español descolonizado.
Se funda la entidad comercial de computadores Apple Computer.
Se crea Cray-1, la primera supercomputadora.
Derrocan a Isabel Perón en la madrugada del 26 de marzo y se inicia el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional en Argentina, la dictadura cívico-militar que gobernó de facto este país hasta 1983.
Muere Mao Zedong, líder supremo de China.
1977
Funeral de Chaplin
El demócrata Jimmy Carter, toma posesión como presidente de los Estados Unidos.
La UCD de Adolfo Suárez gana las primeras elecciones democráticas en España.
Fallece el cantante estadounidense Elvis Presley considerado el Rey del Rock and Roll en todo el mundo.
Fallece el comediante británico Charles Chaplin uno de los símbolos más reconocidos del cine por su comedia y su película El gran dictador de 1940.
Washington. Se firman los Tratados Torrijos-Carter para la devolución paulatina a Panamá de las instalaciones del Canal de Panamá.
Catástrofe aérea en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife).
Atari, Inc ,la empresa estadounidense de computadoras y desarrolladora de juegos de consola, lanza al mercado la videoconsola Atari 2600.
1978
Jonestown
Se firman los acuerdos de paz de Camp David entre Israel y Egipto bajo el auspicio de los Estados Unidos.
Vietnam invade Camboya.
En Italia, las Brigadas Rojas asesinan a Aldo Moro, presidente de la Democracia Cristiana.
Vladimír Remek se convierte en el primer astronauta de un país distinto a la Unión Soviética o los Estados Unidos.
En Jonestown se lleva a cabo el mayor suicidio colectivo de la historia.
El cardenal polaco, Karol Wojtyła, es elegido papa tras la muerte de Juan Pablo I. Adopta el nombre de Juan Pablo II
Accidente de Los Alfaques
1979
Erno Rubik
Huida del Sha: El Ayatolah Jomeini ocupa el poder en Irán.
En Nicaragua triunfa la Revolución Popular Sandinista en contra la dictadura de Anastasio Somoza García.
Margaret Thatcher (Partido Conservador) se convierte en la primera mujer en ser Primer Ministro del Reino Unido.
Invasión soviética de Afganistán.
Independencia de Santa Lucía y Kiribati.
Cubo Rubik (Erno Rubik).
Walkman (Sony).
Los ´70 – relato de la década del cambio en la que en España empezó casi todo
En la década de los setenta, en una España amordazada por la lenta agonía del franquismo, los jóvenes empezaron a romper los moldes de una sociedad lóbrega y dolorida. En los setenta, Federico Jiménez Losantos y Fernando Sánchez Dragó eran comunistas.
Inspirados por la California de finales de los sesenta y el mayo francés parisino, irrumpió en España la liberación sexual, la contracultura, la rebelión social, lo underground y un atisbo de libertad que entraba en la península en las maletas de centenares de miles de turistas que descubrían el país de las tres “S”: Sex, Sea and Sun.
Como todo nos llega tarde, éramos hippies cuando Europa y Estados Unidos empezaban a ser punks y se preguntaban, con Sex Pistols, «no sé qué quiero, pero sé como conseguirlo».
España, más allá del régimen del 78 que trajo la democracia
En los setenta fue asesinado Carrero Blanco, falleció Franco de muerte natural, se legalizó el Partido Comunista, empezamos a ser demócratas y elaboramos la Constitución. Y a pesar de la llegada de las urnas, se recrudeció el terrorismo en España, con ETA, y en el mundo, con organizaciones de todos los extremos. Los Juegos Olímpicos de Munich acabaron en masacre. Murieron once atletas de Israel, un policía alemán y cinco terroristas palestinos de Septiembre Negro.
Xavier Gassió nos lo cuenta en su libro ¿Qué fue de los 70? que habla de los orígenes de la sociedad española actual, de la irrupción de la democracia, la legalización de los partidos políticos (incluido el partido comunista), el movimiento gay y feminista tomó las calles y el sexo dejó de practicarse exclusivamente en las alcobas o en los «meublés» con amantes clandestinas.
Gassió, fotógrafo y periodista, nos cuenta esta década con una mirada divertida, juguetona y rigurosa al mismo tiempo: «Demasiada gente piensa que los setenta fue solo una época de grandes declaraciones políticas, de convulsiones sociales y de rebelión. Pero, más allá del régimen del 78, la sociedad civil tenía una vitalidad extraordinaria y la alegría y la transgresión tomó las calles.»
Un homenaje a la vida cotidiana
Mítines masivos de políticos que venían del exilio o la clandestinidad (Santiago Carrillo), estudiantes enfrentándose a los ‘grises’, torsos desnudos y pechos al aire desafiando la moral imperante, proclamas feministas de mujeres condenadas a ser el reposo de guerrero en la España franquista y toda una generación construyendo sueños y utopías, exigiendo cambios radicales.
Tan radicales como el uso de la píldora anticonceptiva, que se había lanzado a finales de los sesenta y que permitió que las mujeres perdieran el miedo al embarazo no deseado y que el sexo pasara a tener una función no solo reproductiva, sino lúdica y recreativa.
Las feministas salieron a la calle y pusieron las bases de la lucha actual contra la sociedad patriarcal: la independencia de la mujer, la equiparación de derechos entre sexos, el reconocimiento de la diferencia y la constatación de que la iglesia católica ya no podía seguir decidiendo como debían ser las relaciones familiares y el comportamiento colectivo.
En España, los 70 son un mosaico multicolor de cambios que se iban produciendo en la cultura anglosajona y por su influencia también en nuestro país. Primero entre los jóvenes, a través de la música, el cine y la contracultura, y con el tiempo en la sociedad entera.
España no estaba tan alejada de Europa como hoy pudiera pensarse. Sin Plan Marshall, los españoles se las ingeniaron con trabajo a destajo y astucia para suplir el retraso económico, político y social.
Mujer iraní antes de la revolución islámica de 1979.
La sacudida cultural la sufrieron con igual intensidad los demás países de nuestro entorno, pero en España se vivió con un plus de euforia por el mayor peso de las tradiciones religiosas y la represión sexual.
Con el turismo y el Plan de Estabilización y Desarrollo se fueron relajando ambas hasta su eclosión en los descarados 70.
Barcelona fue entonces la capital del cambio contracultural, como bien explica Xavier Gassió. Pero olvida que lo fue gracias al concurso de numerosos españoles que acudieron, bien a estudiar o bien a trabajar con un mayor margen de libertad.
Todos ellos protagonizaron el destape sexual a través de publicaciones, novelas y revistas que impregnaron de modernidad al resto de España.
Las más vistosas fueron la revistas eróticas: «Interviú», «Lib», «Yes», «Clímax», «Macho», «Bazaar», «Lui», «Penthouse» y «Playboy». Seguidas de las contraculturales, donde comenzaron Alberto Cardín, Jiménez Losantos, Gallardo y Mediavilla y Martí Gómez, y el cómic «underground» de «Ajoblanco», «Star», «Disco Express», «La piraña divina» y «Makoki».
«El Víbora» aunó a la mayoría de los dibujantes jipis, desde Mariscal y Nazario a Ceesepe y Dani Torres. Todavía no había estallado la confrontación entre línea clara y línea chunga ni la Barcelona libérrima, «la Barcelona que fue» y dejó de ser en cuanto llegaron los separatistas de Pujol e impusieron la sharia antiespañola.
Proliferaron en esos años las revistas de humor, que siguieron la senda marcada por «La Codorniz»: «Por Favor» fue la pionera, «Hermano Lobo» y «Hara Kiri», con «El Papus» y «El Jueves» como versiones hispanas de «humor bestia y sangriento».
Asimismo, los cambios en los gustos literarios se vieron reflejados en dos editoriales: Anagrama y su colección «Contraseñas», tras el aburrimiento del lector concienciado del marxismo, y Tusquets, que de la mano de Berlanga inició con la colección «La sonrisa vertical» la moda de la literatura erótica.
El libro le dedica un capítulo al fenómeno gay, las primeras manifestaciones y los travestis. Con entradas para Pawlosky, Bibi Andersen y Lindsay Kemp y el impacto que causó «Flowers», de Genet. Se olvida de Nazario, Ocaña y la farándula que hicieron de Las Ramblas un espectáculo diario.
Los quioscos de la zona mostraban la panoplia de revistas porno sin vergüenza. Abrieron los primeros sex-shops heteros y saunas gays. El «cine S» triunfaba con sus desnudos precedidos por el filme «Emmanuelle» (1974) y se estrenaron filmes prohibidos como «El último tango en París» (1972) y «La naranja mecánica» (1971), que la mayoría ya había visto en Céret, Francia.
El porno ocupa un lugar preferencial en esta crónica del desmadre. Primero con las Salas X y la aparición del vídeo-club, que permitió abaratar las carísimas y prohibidas cintas porno como «Garganta profunda» (1972) y «El diablo en la señorita Jones» (1973), que lograrían editarse ya en los años 80.
Además del aspecto musical, destacan los equipos de música –el Vieta fue el más popular por económico– y las torres con el «ampli», la radio-casete y el ecualizador, que fueron sustituyendo a los magnetofones. Y la democratización de la grabadora: la casete portátil Philips, con micro incorporado, tan popular entre los periodistas.
Coches, bebidas, confort hogareño, cámaras Kodak Instamatic, proyectores de cine familiar de Súper 8, calculadoras y relojes digitales Casio ocupan la parte tecnológica vintage del libro.
Así como la moda vestimentaria, desde el «gay power» con sus trajes de brillos, pelos de colores y hombreras desafiantes, hasta los Village People y la música Disco, donde rumberos y travoltas animaban las pistas de las modernas discotecas al ritmo de los Bee Gees.
Sin embargo, se echa en falta referencias a la nostalgia infantil televisiva: los dibujos animados de «Mazinger Z», «Marco», «Heidi», la Ruperta del «Un, dos, tres», y series tan populares como «Pippi Calzaslargas», “Colombo», «Kojack», «Los Ángeles de Charlie» y «Starky & Huch».
¿Blanco y negro?
A este sucinto repaso a la memorabilia que realiza en «¿Qué fue de los 70?» no puede faltar la nostalgia de una España perdida en el tiempo del olvido, que Xavier Gassió retrata con cariño, pero cayendo en el estilo chistoso impuesto por la progresía en «Cuéntame»: la vida cotidiana era en blanco y negro; libertades cero, repudio a la modernidad, el Espíritu Nacional como forma de adoctrinar a los pobres niños y la Iglesia como la peor de las lacras para el desarrollo de un joven. Residuos del ayer en los 70.
Que los españoles pasaran en tres años de la «dictadura» a la democracia no parece un logro encomiable, ni siquiera el aumento del estado del bienestar que gracias a los españoles se consiguió en menos de quince años de emigración ordenada y duro trabajo.
Xavier Gassió confunde la miseria de los años 40 de la posguerra con los disolventes 70. Visión clásica de la izquierda que no cree posible ni admirable los logros del franquismo.
Como si la democracia hubiera caído del cielo y no viniera de «la Ley a la Ley», como así sucedió. Hay cierta confusión en los fenómenos que marcaron los cambios en España, que ya habían comenzado a mediados de los 50, cuajaron en los vibrantes 60 y culminaron en los desmadrados 70.
El empeño en ridiculizar esos años del tardofranquismo es un tópico de la cultura dominante de los progres impuesto desde la televisión y las universidades.
Presbicia que les impide, ante la efervescencia cultural y artística atípica de aquellos años, pensar que la profunda transformación de la sociedad rural en urbana y la llegada de la democracia se impuso en contra de la voluntad de los españoles, cuando fueron ellos quienes la propiciaron.
Disquetes en los ordenadores y reproductores de vídeo doméstico
Han pasado a mejor vida los disquetes gigantes de los ordenadores (IBM los patentó en 1972), que mutaron después a disquetes pequeños, lápices de memoria o discos duros, para fundirse en la actualidad en la nube.
En el audiovisual la gran discusión en consumo doméstico era si optar por un Betamax o un VHS. Desapareció primero el Betamax (creado en 1975) y luego enterramos el segundo formato, mientras que ahora los que triunfaron (DVD) están también en camino de extinción.
En los setenta no eras nadie sino tenías una calculadora personal. Ahora lo hace todo el teléfono móvil. Sony presentó en julio de 1979 el Walkman, que permitió escuchar música con unos pequeños auriculares, todo muy ligero. Triunfó inmediatamente e inspiró las siguientes generaciones de iPod y aplicaciones para teléfonos móviles.
Los setenta cambiaron profundamente los hábitos personales en consumo doméstico. En 1975 Bill Gates y Paul Allen fundaron Microsoft, que controló con mucha rapidez el mercado de los ordenadores domésticos con su software, omnipresente en todos los hogares a partir del los ochenta-noventa.
Pero casi al mismo tiempo, en 1976, Steve Jobs y Steve Wozniac trabajaban en un garage para lanzar el primer ordenador Apple, que en tres décadas inundó el mundo de Macs, Ipods, Iphones, Ipads y consolas de videojuegos. ¿Quién no tiene esa huella de los setenta ahora en su vida?
España se aceleró en los 70. Decidió borrar, casi de golpe o de susto, su larga noche de piedra. De piedra, de miedo, de confesionario y de aquella Semana Santa lóbrega, donde casi no se podía respirar ni jugar al futbolín.
Nueve de los once hermanos Sodder en tiempos felices
Infobae(C.Balbiani) — Era la Nochebuena de 1945 en la casona de madera de tres pisos, en la granja en las afueras de Fayetteville, West Virginia, Estados Unidos. La familia Sodder ya había celebrado y, luego de haberles permitido a los más chicos quedarse levantados hasta tarde para jugar con sus regalos, se fueron a dormir.
Poco después, en esa madrugada navideña, la voracidad del fuego se tragó su felicidad y nada volvió a ser lo que había sido.
Cuarenta y cinco minutos bastaron para desarmar la ilusión construida durante años y crear la tragedia de un misterio eterno.
Inmigrantes italianos y familia numerosa
George Sodder se llamaba en realidad Giorgio Soddu y había nacido en Tula, Cerdeña, Italia, en 1895. A los 13 años emigró hacia los Estados Unidos con un hermano mayor. Pero apenas pisó suelo norteamericano su hermano decidió volver a Europa. George quedó solo, a su suerte.
Nunca le contó a nadie por qué había decidido irse de su casa y abandonar su país en 1908. Las tristezas no se hablan.
Su apellido y su nombre mutaron a George Sodder para ser mejor entendido en su nueva patria. Empezó trabajando en el estado de Pennsylvania. Acarreaba agua y otros suministros para los constructores de caminos. Años después, consiguió un empleo como conductor de camiones en Smithers, en el estado de West Virginia. Era tan trabajador y obstinado en lo que se proponía que muy joven empezó su propia compañía de camiones. Le fue muy bien.
Jennie Cipriani, era la hija de una encargada de un negocio en Smithers. Sus padres también eran inmigrantes italianos, habían llegado a los Estados Unidos cuando ella tenía 3 años. Terminó casándose con George y se instalaron cerca de Fayetteville, donde había una gran colectividad con el mismo origen.
Jennie Cipriani con uno de sus pequeños
En 1923 tuvieron al primero de sus once hijos. Ya se habían convertido en una familia respetada de la clase media local. George tenía fuertes opiniones y las expresaba sin problemas.
Sobre todo, era un fervorso antifascista que se oponía al dictador italiano Benito Mussolini. Pero no todos sus compatriotas pensaban igual y sus convicciones lo llevaron a pelear con frecuencia con quienes apoyaban al Duce abiertamente.
Cuando nació su novena hija, en 1943, ya su segundo hijo había dejado la casa para servir en la Segunda Guerra Mundial. La Navidad de 1945 los encontraba juntos, a excepción de Joseph que, aunque la guerra había terminado, todavía no había podido regresar. El décimo hijo nacería cinco años después de la catástrofe familiar.
En esa casa que se prendió fuego los Sodder habían criado a John (nacido en 1922), Joseph Samuel (en 1924, el soldado que estaba en el frente), Mary Ann “Marion” (en 1926), George Jr. (en 1929), Maurice Antonio (en 1931), Martha Lee (en 1933), Louis Erico (en 1935), Jennie Irene (en 1937), Betty Dolly (en 1940) y Sylvia (en 1943). Robert, el último, llegó al mundo en 1950 y a sus padres ya los conoció tristes.
La desdichada Navidad del ‘45
Marion, la mayor de las mujeres, tenía 19 años y trabajaba en un local de luces en el centro de la ciudad de Fayetteville. Esa tarde, antes del festejo de Nochebuena, volvió de su empleo con juguetes de regalo para sus hermanas (Martha,12, Jennie Irene, 8, y Betty, 5).
Las chicas estaban tan excitadas que a las diez de la noche le pidieron permiso a su madre para acostarse más tarde. Jennie accedió. Maurice (14) y Louis (9) aprovecharon para concluir los encargos de su padre: fueron a encerrar las vacas al corral y alimentaron a las gallinas.
Les divertía mucho realizar las tareas que comúnmente hacían los más grandes. Ese día George padre, John (23) y George Junior (16) habían trabajado desde temprano y estaban agotados, por ello habían sido los primeros en irse a dormir.
Cerca de la medianoche, Jennie tomó en brazos a Sylvia, la más pequeña, y subió las escaleras hasta su cuarto matrimonial ubicado en el primer piso. Dejó a Sylvia en la cuna al lado de su cama. Ya estaba acostada cuando escuchó sonar el teléfono.
Bajó para atender con rapidez, no quería que el resto se despertara. Del otro lado de la línea, una voz de mujer que no pudo reconocer, le preguntó por alguien desconocido. Jennie le respondió: “Ha marcado un número equivocado” y colgó.
Observó que las luces de la planta baja estaban encendidas y que las cortinas no estaban bien cerradas. Se molestó. Era algo que debían hacer los últimos en subir a sus habitaciones. Pero notó, también, que Marion se había quedado dormida en el sofá del living. Resolvió no quejarse y dejarla tranquila. Cerró las cortinas, apagó las luces y volvió a su dormitorio.
La casa de la familia fue devorada por las llamas en solo 45 minutos
Un rato después, a la una de la madrugada, Jennie se despertó sobresaltada. Había escuchado como si algo hubiese golpeado fuerte contra el techo de la casa y rodado sobre él. Siguió esperando a ver si oía algo más, pero el silencio la convenció de relajarse. Se quedó dormida. Pero no sería una noche tranquila.
Media hora después se despertó por segunda vez. Sentía olor a quemado. Abrió los ojos y vio fuego proveniente del escritorio de George. Eran llamas. Asustada le gritó a su marido que se despertara.
Había que avisarle a los que dormían en su mismo piso y a los menores de la familia que dormían en las dos habitaciones de la buhardilla del segundo: Maurice, Martha, Louis, Jennie Irene y Betty. La casa estaba prendida fuego.
Un rescate imposible
Jennie tomó a Sylva de su cuna y salió al pasillo. Bajó la escalera a tientas, envueltas en la humareda, mientras escuchaba los gritos de su marido. Sus hijos, John y George Junior, quienes compartían un cuarto en el primer piso, alentaban a todos a salir de la vivienda.
Abajo se unieron con Marion quien había quedado durmiendo en el living. Todos gritaban frenéticamente a los demás para que bajaran rápido.
El humo ya les impedía ver. John dijo que había ido a avisar al resto, pero poco después la escalera que conducía a los dormitorios ubicados en el ático, estaba completamente envuelta en llamas. Tanto John como George Junior habían sido alcanzados por el fuego y tenían el pelo chamuscado.
El ruido, el humo y el olor habían transformado la casa en un infierno crepitante. Desde la planta baja intentaron llamar a los bomberos pero el teléfono, que había sonado un rato antes, estaba mudo. Sin línea.
George repasó con la mirada desorbitada: las luces del arbolito de la planta baja estaban encendidas todavía y los más chicos no estaban abajo.
En la noche encendida de naranja, Marion corrió hasta la casa de un vecino para pedir ayuda y un teléfono.
Los cinco hermanos desparecidos durante el incendio
Su padre George, desesperado, trepó con pies descalzos por la pared lateral de la casa y alcanzó la ventana de vidrio repartido de la buhardilla. Logró romper uno de los vidrios y se cortó un brazo. Pedía a gritos la escalera. Necesitaba un sostén. Uno de sus hijos corrió a buscarla, siempre estaba del otro lado de la casa, pero no la encontró.
George bajó y fue a buscar al galpón uno de sus camiones de transporte de carbón. Se acercaría manejando a las ventanas del altillo para rescatar a los chicos. Increíblemente, ninguno de los dos vehículos arrancó. Era rarísimo, los habían usado el día anterior y andaban perfectamente.
Quiso entonces usar el agua de los barriles para intentar aplacar el incendio, pero el frío extremo la había congelado dentro de ellos. Nada estaba saliendo bien esa noche de pánico.
Un conductor que pasaba por un camino cercano a la granja vio lenguas de fuego salir del techo de una casa y se dirigió a una taberna para intentar llamar a los bomberos. Tampoco tuvo suerte. No respondían. Después de todo, era Nochebuena y muchos estarían festejando.
Los seis que estaban vivos, padres y cuatro hermanos, no sabían qué más podían hacer. Solo pudieron ser atónitos espectadores del desastre.
En tres cuartos de hora, la casa se convirtió en restos negros de mampostería y cenizas que se arremolinaban con el viento helado sobre pequeñas brasas.
Bomberos a destiempo
Por la escasez de recursos, debido a la Segunda Guerra Mundial, los bomberos del lugar no estaban preparados para una tragedia de esta magnitud. Cuando algo ocurría solían llamarse entre ellos. Esa noche no pudieron ser contactados y recién aparecieron por el lugar asomando la mañana.
El jefe de bomberos, F.J. Morris, ni siquiera sabía manejar el camión cisterna. Debió esperar a que llegara uno que supiera hacerlo para dirigirse al lugar del siniestro. Al arribar a la escena, a las 8, encontraron la devastación dibujada en los ojos de los sobrevivientes.
Entre los escombros buscaron los cuerpos de los cinco niños que faltaban, pero no hallaron nada.
Nada de nada. Ni un hueso, dijeron.
Pero ¿podía no quedar nada de ellos? ¿Martha, Jennie Irene, Betty, Maurice y Louis eran ahora solo ese polvo grisáceo?
Uno de los bomberos era hermano de Jennie Sodder y tuvo que enfrentar el peso de decirle que no había restos de sus sobrinos. El jefe de los bomberos, Morris, fue con él. A los padres les sembró con sus palabras una duda: si esos chicos estaban realmente en la casa debería haber quedado algo de sus cuerpos.
Acá arrancan las discrepancias en los diferentes relatos de esta historia. Y, también, comienzan a trabajar los resortes de la mente para creer o negar lo sucedido.
De acuerdo a otra fuente, los bomberos sí habían encontrado algo: pequeños fragmentos y algún órgano interno de un cuerpo. ¿Por qué no lo mencionaron? Se sospechó que fue para evitarles a esos padres más dolor. O, quizá, sí lo dijeron, pero no fueron escuchados. El rugido de la catarata de lágrimas ensordecería a cualquiera.
Uno de los primeros testimonios fue el de John, el hermano mayor. Declaró a la policía que él mismo había subido al ático del segundo piso y no había podido despertar a sus hermanos. Algo que después corrigió en otra declaración donde aseguró que solo los había llamado desde el primer piso. No olvidemos este detalle porque la psiquis suele jugar malas pasadas.
El 30 de diciembre les dieron los cinco certificados de defunción. La causa: sofocación por el incendio.
El 2 de enero de 1946, se celebró el funeral. Los hermanos fueron a la ceremonia, pero George y Jennie, no. Estaban destruidos. No podían sostenerse en pie.
Una casa, un cementerio y mil teorías
El departamento de bomberos, luego de una breve investigación, resolvió que el incendio se había debido a un desperfecto eléctrico.
George Sodder no aceptó la respuesta. Dijo que había hecho todo el cableado nuevo e inspeccionado la casa recientemente. Él y Jennie sospechaban que el incendio había sido provocado. Sus convicciones se basaban en una serie de circunstancias ocurridas antes y durante el incendio.
Surgieron distintas teorías sobre lo que podría haber pasado. Todas corrían como rumores entre los habitantes de la zona y algunas eran sostenidas por los Sodder. Una decía que los chicos habían sido secuestrados por la mafia siciliana en venganza por las críticas abiertas de George a Benito Mussolini y al gobierno fascista italiano.
Era cierto que la relación de George con los otros italianos de la zona era muy tensa.
También se pensó que los chicos podrían haber sido víctimas de una red de adopciones ilegales. O, por qué no, que fuera obra del crimen organizado que solía controlar el sistema de transportes de carbón, en esa parte del país, por esos años. Todo era posible. Y los Sodder preferían pensar que estaban vivos.
En esos días de enorme tristeza, George recordó que, en octubre de 1945, lo había visitado un vendedor de seguros. Él rechazó su propuesta de póliza y el hombre le advirtió: “Su casa podría prenderse fuego… y sus hijos podrían ser destruidos” y agregó que todo eso podía pasar por sus “sucios comentarios acerca de Mussolini”.
Escuchadas desde el horizonte de la desdicha, esas palabras constituían una clara amenaza.
El matrimonio Sodder nunca quitó del predio de la casa el gigantesco cartel con las fotos de sus hijos desaparecidos
Otro visitante, que buscaba trabajo, le había dicho a George que la caja de fusibles que había en la casa podría generar un cortocircuito peligroso. George se preocupó tanto que encargó el cableado nuevo antes de las fiestas.
Además, se preguntaba George: ¿por qué si había sido un problema eléctrico, en las primeras etapas del incendio, las luces de Navidad habían seguido encendidas?, ¿por qué la escalera que siempre estaba al lado de la casa fue encontrada en un terraplén a 23 metros?.
¿por qué no andaba el teléfono si el cable, según el empleado de la telefónica, no estaba quemado sino que parecía cortado a propósito por alguien que tendría que haber trepado más de cuatro metros para hacerlo? Todo resultaba extraño.
Algunas de estas dudas obtuvieron respuesta. Un tiempo después, un hombre que había sido sorprendido por unos vecinos robando piedra de la propiedad de los Sodder en las horas cercanas al incendio, fue arrestado.
El tipo confesó el robo y admitió, además, que había cortado la línea telefónica pensando que era la de la electricidad, pero aseguró que no tenía nada que ver con el fuego. Sin embargo, la ficha del arresto y la identificación de esa persona jamás aparecieron.
Jennie, que no podía aceptar que no hubieran quedado ni siquiera los esqueletos de sus hijos, buscó casos similares, de una intensidad de fuego y duración parecida. Encontró que los resultados eran muy distintos, siempre quedaban huesos.
También realizó un experimento práctico: quemó huesos de animales, a altas temperaturas, durante más de dos horas. ¿Resultado? No se consumieron enteramente.
Los hijos más grandes de los Sodder también tuvieron algo que decir. En los días anteriores a la Navidad de 1945, habían notado que un auto con personas extrañas había estado estacionado en el camino de acceso a la granja.
Desde allí, sostuvieron, observaban a los hijos menores de los Sodder cuando volvían del colegio. ¿La familia estaba sufriendo una psicosis colectiva? ¿O qué había pasado realmente? ¿Podían los chicos haber sido secuestrados y estar vivos?
La extraña llamada telefónica nocturna fue investigada.
Se pensaba que podía estar conectada con el incendio intencional.
Sin embargo, un detective encontró a la mujer que la había hecho.
Ella confirmó que solamente había discado mal.
Por otro lado, el conductor de un colectivo que pasó por Fayetteville esa noche sostuvo haber visto a varias personas tirando bolas de fuego hacia la casa. Esa podría ser la causa del ruido rodante que sintió Jennie sobre el techo antes del incendio.
De hecho, una vez derretida la nieve del invierno, entre los arbustos, la pequeña Sylvia encontró una bola verde oscura que parecía ser una granada casera.
Los Sodder le reclamaron a los investigadores. Eso era la evidencia de que, como ellos creían, el fuego había comenzado en el techo, no en los cables como habían dicho los bomberos. Y demostraba que el fuego había sido intencional.
Vivir de la esperanza
La creencia de que los cinco niños podían estar vivos fue instalándose con fuerza entre los Sodder. Era un buen motor para sobrevivir a tanta angustia.
Constantemente se denunciaban avistajes de los chicos en distintos estados del país. Una mujer de Carolina del Norte, por ejemplo, aseguró haberlos alojado. Denunció que iban acompañados por dos hombres y dos mujeres que no los dejaron hablar con ella.
Los resultados eran siempre negativos. El misterio se iba condimentando con cada rumor. George y Jennie contrataron un investigador privado llamado C.C. Tinsley para bucear en cada una de esas posibilidades que no querían descartar.
Este detective descubrió que el vendedor de seguros que había amenazado a George un año antes, había participado del jurado que declaró que el incendio había sido un accidente. Curioso.
También supieron algo perturbador: el bombero jefe Morris, que había dicho que no habían hallado huesos en el lugar del siniestro, había encontrado un corazón que había empaquetado en una caja de metal que había enterrado en secreto. Morris se lo había confesado a un pastor local quien, a su vez, se lo había dicho a George.
«No es tarde para investigar», se lee en el memorial que hicieron construir sus padres
George y Tinsley confrontaron a Morris. Él les dijo que así era y les mostró dónde había enterrado la caja metálica. La encontraron y llevaron su contenido a un experto que les dijo algo increíble: que era hígado fresco y que jamás había estado expuesto al fuego.
¿Entonces? ¿Qué estaba ocurriendo? Se terminó diciendo que esa caja había sido colocada para calmar las angustias de los Sodder y terminar, de una vez por todas, con la investigación. Un disparate tras otro.
La locura los iba cercando. Un día George vio, en una revista, a una bailarina clásica en Nueva York. Era idéntica a Betty, su hija desaparecida. No lo pensó un segundo y se puso al volante de su auto. Manejó sin parar hasta la ciudad. Quiso verla, pero en el lugar no lo dejaron entrar y los padres de la joven no le permitieron contactarse con ella.
Se dirigió al FBI y les pidió, por medio de varios escritos, que investigaran el secuestro de Betty. Sus cartas fueron respondidas por el director J. Edgar Hoover quien le dijo que el asunto no era competencia suya. Después de mucho luchar, George consiguió que el FBI se involucrara en la búsqueda por sustracción de menores.
Lo hicieron, pero a los dos años abandonaron el tema por falta de indicios.
En agosto de 1949, George persuadió a un patólogo llamado Oscar Hunter, para que supervisara una excavación en donde había sido su casa. George había montado allí un memorial en honor de sus hijos y para eso había rellenado el terreno con tierra.
Luego de una cuidadosa y profunda búsqueda, encontraron un diccionario, unas monedas que habían pertenecido a los chicos y unos pequeños fragmentos humanos.
Se mandaron a un especialista llamado Marshall T. Newman quien determinó que eran cuatro vértebras lumbares y que pertenecían a una misma persona, un adolescente de entre 16 y 17 años. El mayor de los desaparecidos, Maurice, tenía 14 años al momento del incendio.
Fayetteville en 2004.
¿Podría haber un error en el cálculo de la edad? Podía ser, pero había un problema insalvable: esos huesos no tenían un solo rastro de haber estado expuestos a las llamas.
Efectivamente, poco después, se comprobó que la tierra que había llevado George con la pala mecánica para el relleno provenía de un cementerio.
Cada paso que daban era una decepción más.
Una sumatoria de dudas
Llegando a los años ‘50 los Sodder instalaron un enorme cartel de madera, en la ruta interestatal 16, con las fotos de sus cinco hijos desaparecidos en el incendio. Ofrecieron también una buena recompensa para la época: 10.000 dólares para quien aportara datos que permitieran cerrar el caso. Hoy esa suma equivaldría a 146.000 dólares.
No apareció pista alguna.
Los Sodder jamás reconstruyeron su casa. Instalaron en el terreno otro enorme cartel y muchas flores. Se mostraban convencidos de que los chicos podían no haber muerto.
George se dedicó a perseguir todas las pistas posibles. Viajó a St Louis, Missouri, para ver si una joven que estaba en un convento era Martha; a Texas, para hablar con el dueño de un bar que escuchó a dos personas hablar de un incendio intencional en Navidad en West Virginia; a Florida, para visitar a un pariente de Jennie que tenía hijos demasiado parecidos a los suyos.
El rescate que se ofreció por información de los niños Sodder
En 1967, se dirigió a Houston para investigar a una mujer que le había escrito a la familia diciendo que Louis Sodder, después de beber demasiado, le había revelado su verdadera identidad. Ella creía que él y Maurice estaban viviendo juntos en Texas. La policía buscó y encontró a los jóvenes quienes negaron ser los hijos de Sodder.
Ese mismo año llegó otra carta dirigida a Jennie. Tenía un sello del correo de Kentucky. Dentro del sobre había una foto en blanco y negro de un hombre de unos 30 años. Parecía Louis de adulto. Detrás tenía un texto críptico que decía textualmente:
“Louis Sodder
I love brother Frankie. Ilil boys. A901132 o 35″
Solo el nombre dibujado alcanzó para despertar las esperanzas de los Sodder. El joven era muy parecido a lo que recordaban de su hijo de 9 años: el pelo ondulado y oscuro, ojos marrones, la nariz recta, la misma curvatura de sus cejas.
Contrataron a otro detective privado que viajó para investigar. Pero el hombre nunca volvió y no pudieron volver a contactarlo. Llamativo: los números de esa frase inexplicable remiten a dos códigos postales de la ciudad de Palermo, Sicilia, en Italia.
Morir sin saberlo todo
George Sodder murió en 1968, a los 74 años. Jennie y sus hijos no bajaron los brazos y continuaron con la lucha por saber algo más.
El cartel de madera con las fotos de los chicos estuvo en la ruta hasta que Jennie Sodder murió en 1989. Desde la noche del incendio había comenzado a vestirse íntegramente de negro y así siguió hasta su muerte, con su duelo a cuestas. Antes le encargó al resto de la familia que siguiera adelante con la misión de encontrar a los hermanos faltantes.
Sylvia Sodder Paxton, le dijo al diario Gazette Mail en 2013: “Fui la última de los chicos en dejar de vivir en casa. Muchas veces nos quedamos con papá hablando de lo que podría haber pasado. Conviví con su tristeza por demasiado tiempo”.
Los últimos peritos que investigaron los hechos sostuvieron que la primera pesquisa había sido demasiado superficial.
Y la verdad es que algunas cosas podrían ser explicadas fácilmente. De hecho, el yerno de George y marido de Sylvia, Grover Paxton, le dijo al medio Gazette Mail, que había llegado a la conclusión de que George no habría podido arrancar los camiones aquella noche porque, con los nervios, podía haber ahogado los motores con el combustible.
Los hermanitos Sodder fueron buscados por sus padres hasta el día que murieron. Nunca creyeron que habían fallecido en el incendio
Sylvia murió en 2021. Su hija dijo que ella “le había prometido a mis abuelos que no dejaría que la historia se apagara y dejaran de buscar la verdad” y había cumplido la promesa, pero sin lograr resultados.
Hubo solo uno de los hermanos que nunca quiso hablar de la noche del incendio: John, el mayor. Solo quería que sus padres y sus hermanos aceptaran lo ocurrido y que pudieran seguir adelante con sus vidas. No lo escucharon.
Un escritor local, llamado George Bragg, dijo creer que John, en su primera declaración a la policía, había dicho la única verdad: que había subido a ver a sus hermanos y que había intentado despertarlos inútilmente.
Seguramente, ya estaban inconscientes. Quizá la negación de John a seguir con la búsqueda haya tenido que ver con que no podía negarle a su mente lo que había visto. En esta hipótesis básica, el incendio provocado intencionalmente, comenzó en el techo y, luego, el humo hizo que los chicos pierdan la conciencia y terminaran muriendo calcinados.
Pero los Sodder quisieron apostar a otras teorías que les permitían tener la ilusión de que estaban vivos. Y dedicaron su vida a esa causa.
La verdad, a veces, de tan sencilla puede resultar insoportable.
Las primeras alfombras de la historia que confeccionó el hombre, tuvieron como función única la de resguardarse de la humedad y frío del suelo.
Estaban elaboradas con paño a medio tejer, resultante de aglutinar lana, pelo o borra.
Se trataba de una especie de fieltro áspero y muy rudimentario, pero resolvía el problema.
Se sabe que existían alfombras de pelo hace treinta mil años, y junto a ellas hubo también esteras de junco o enea sobre las que se extendía la yacija (cama muy pobre o cualquier cosa utilizada para extender sobre el suelo para dormir).
Fue en Oriente Próximo, donde la alfombra alcanzó categoría artística ya en tiempos de la Grecia clásica: los griegos hablan de su belleza.
En Babilonia la tumba del rey persa Ciro el Grande estaba alfombrada de tal manera que Alejandro Magno quedó maravillado tras visitar el soberbio lugar.
Jenofonte, historiador griego del siglo IV a.C., menciona alfombras gruesas muy elásticas, con entrehilados de oro. También Calístenes describe por entonces ejemplares de alfombras de púrpura y lana de oveja con dibujos a los lados que se desplegaban a modo de hermosos tapices en los banquetes de la corte de Polomeo de Egipto. Escribe al respecto:
“Bajo cada uno de los doscientos lechos de oro que el rey hizo construir para sus invitados colocó una alfombra de tan rara belleza que nunca antes ni después vieron los tiempos otra igual en riqueza”.
De hecho, ya antes, en tiempos homéricos, hacia el siglo IX anterior a nuestra era el autor de La Odisea escribe acerca de ciertas colgaduras que en su tiempo se llamaban tapetia.
La alfombra más antigua que conservamos data del siglo V a.C., y fue encontrada en Altay, entre Mongolia y China.
Tiene cuatrocientos veinte nudos por centímetro cuadrado y procede sin duda de intercambios comerciales con los persas del Oeste.
También se han hallado alfombras de fieltro en tumbas orientales muy antiguas.
Como hemos dicho, los antiguos griegos y romanos conocieron la alfombra, aunque no se aficionaron a ella porque preferían la desnudez del mármol, la elegancia y hermosura de la piedra como elemento decorativo de suelos y paredes.
En la Edad Media, fue España el primer país europeo que importó alfombras persas. Al principio, su uso estuvo confinado a los altares y habitaciones privadas de la casa del rey y de personas principales por rango y riqueza.
En la España musulmana en el siglo IX, las mezquitas estaban alfombradas con ricos ejemplares traídos de Egipto y Siria. Muchas de estas alfombras utilizaban el pelo de camello y pelo de cabra como urdimbre. Sus adornos se limitaban a figuras geométricas y motivos vegetales.
La palabra alfombra tiene etimología árabe; a este respecto escribe Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana(1611): “Alhombra es lo mesmo que tapete (…) vale alhombra tanto como ‘colorada’, porque no embargante que está texida de muchas colores, entre todas la que más campea es la colorada”.
Cuando en 1254 Leonor de Castilla, se casó con Eduardo I de Inglaterra, la reina española llevó a la corte inglesa alfombras tejidas en España: parece que fueron las primeras piezas de valor que arribaron a aquellas islas.
Eran alfombras orientales, ya que las primeras alfombras con nudo español datan del XV y se fabricaron en el pueblo albaceteño de Alcaraz.
Tal precio alcanzaron, que muchos comerciantes valencianos y genoveses combatían la inflación del dinero comprando alfombras.
En el siglo XVI, empezó a fabricarse en Europa la alfombra de nudo flamenco, y hacia 1620 el francés Pierre Dupont inició en París su industria de alfombras en una vieja fábrica de jabón donde también verían la luz los famosos tapices de la Savannerie.
Todos los países protegían su industria de alfombras y hacia 1701 Guillermo III de Inglaterra concedía cédulas y privilegios a los fabricantes de este artículo suntuario, así como a los tapiceros de Wilton.
Un siglo más tarde, en 1801, Joseph M. Jacquard perfeccionó el telar y tanto potenció la producción de alfombras que cayeron los precios. También colaboró la elaboración de alfombras de algodón.
A mediados del siglo XIX, la aplicación del vapor, a los telares y la consiguiente mecanización de las cadenas productivas hizo que tener alfombra en casa fuera cosa muy corriente.
Inventor y origen del frigorífico
En la actualidad es muy sencillo conservar los alimentos, gracias a quien inventó el frigorífico, nevera o heladera, pero no siempre ha sido así.
En la antigüedad la conservación de la comida fresca y en buen estado era todo un problema de difícil solución.
El inventor del frigorífico fue el alemán Karl von Linde en el año 1879.
Es el creador del primer frigorífico doméstico de naturaleza mecánica que salió al mercado ese mismo año.
Este ingenio empleaba un circuito de amoniaco, y cuyo sistema se accionaba mediante una bomba de vapor.
De este artefacto se llegaron a vender más de doce mil unidades en año 1891. Un año después de que el ingeniero Seeger diera al frigorífico su forma externa definitiva.
En 1923 Balzer von Platen y Karl Munters inventaron el frigorífico eléctrico modelo Electrolux, cuya patente compró la norteamericana Kelvinator, que lo fabricó en serie dos años después.
Pero era un electrodoméstico peligroso debido al uso de gases tóxicos como el amoniaco y el ácido sulfúrico, problema que se superó con el invento del gas freón en 1930, que a su vez crearía los problemas ecológicos a escala universal que todos conocemos.
Con aquel último toque el frigorífico adoptaba su forma definitiva.
La idea de utilizar hielo o nieve para conservar los alimentos o mantenerlos fríos, es muy antigua. Su primer empleo estaba destinado a retardar su descomposición; el uso actual era secundario.
Karl von Linde
Con ambos fines lo emplearon los chinos hace 2.300 años: uno de los postres de sus emperadores era el sorbete y la pulpa de fruta helada, para cuya preparación los reposteros tenían siempre hielo a mano.
En el palacio y casas principales se almacenaban las barras de hielo que se troceaban según las necesidades del momento.
Marco Polo, en su Libro de las maravillas del mundo, recoge las experiencias de sus viajes por la China del siglo XIII, y cuenta que en la Corte de Kublai Khan le ofrecieron leche helada con azúcar, golosina que se vendía por las calles de Pekín.
Hay que decir, sin embargo, que trescientos años antes, en el siglo X los califas de Córdoba disponían de hielo y nieve que hacían traer de Sierra Nevada para preparar helados.
El médico español Blas de Villafranca inventó en 1550 un medio de conservar el hielo más tiempo de lo normal e incluso de aumentar su poder congelador. El secreto era sencillo: añadir sal.
Este pequeño e ingenioso hallazgo permitió el uso de los pequeños “armarios de nieve”, modelo más antiguo conocido de lo que hoy llamamos nevera.
Un siglo después, en el XVII, el filósofo inglés Francis Bacon moría víctima de su curiosidad al tratar de congelar un pollo rellenándolo de hielo: el buen sabio cogió como consecuencia de ello una congestión de la que murió.
Pero todo esto eran simples paliativos de escasa eficacia.
Hubo que esperar a 1834, año en el que el norteamericano Jacob Perkins fabricó por primera vez hielo artificial, en Londres. Hombre flemático, que cuando sus empleados le presentaron la primera muestra se limitó a decir: “Verdaderamente está muy frío”.
Era un paso fundamental para la fabricación del primer refrigerador.
El primer aparato moderno que aprovechó el invento de Perkins apareció en 1850: era un armatoste voluminoso a modo de armario en cuyo interior se introducía grandes bloques de hielo y cuyas cámaras se aislaban con forro de pizarra.
Los alimentos se depositaban sobre compartimentos pequeños, ya que el hielo, junto con el material aislante ocupaba casi todo el espacio útil. Más que un frigorífico era una nevera que difería poco de los armarios de nieve del siglo XVI.
Historia de la cuchara
La historia de la cuchara es realmente curiosa. Actualmente vemos normal ver en una mesa este objeto, pero debes saber que a lo largo del tiempo no siempre ha sido así.
La cuchara aparece en época relativamente tardía.
Acaso debido a que se trata de un objeto no carente de alguna sofisticación (a diferencia del cuchillo, utensilio que tiene casi un millón de años).
El hombre primitivo empleó las conchas de mar para llevarse a la boca los alimentos líquidos. Ya que la sopa fue uno de los hallazgos gastronómicos del Neolítico. Nace con la vida sedentaria una vez el hombre descubrió las ventajas de la agricultura y el pastoreo; es por tanto, un artículo civilizado.
La cuchara la inventó el hombre primitivo en la prehistoria hace 20.000 años. Al menos tal y como se entiende en el sentido moderno, de boca ancha a modo de escudilla provista de mango largo y puntiagudo.
Las primeras cucharas de la historia servían a su vez para trinchar carne, ya que en el fondo se trataba de una combinación de cuchara-tenedor-cuchillo, teniendo en uno los tres usos importantes de la mesa.
No obstante al hecho de haberse encontrado en yacimientos arqueológicos cucharas neolíticas de hace veinte mil años, en el Antiguo Egipto fue donde se generalizó su uso. Habiéndose hallado en ajuares funerarios en la tumbas egipcias cucharas de marfil, de piedra, de madera e incluso de oro, muestra de que aquella civilización dio mucha importancia a este objeto.
En la elaboración de aquellas antiguas cucharas egipcias se crearon pequeñas obras de arte. Los mangos servían como soporte donde esculpir pequeñas esculturas, como muestran algunos ejemplares hallados en Tebas con la figura de la diosa Isis, entre otras divinidades.
Su uso no fue privativo de la cocina o la mesa, sino que acaso sobresalieron las cucharas destinadas al ceremonial del templo: largas y hermosas cucharas estilizadaspara incienso y sustancias olorosas.
También se utilizaron en cosmética cucharitas cuya empuñadura tenía forma humana o de animales sagrados. También en el templo de Salomón, del siglo X a.C., se empleaban cucharas de oro en el ceremonial y en la compleja liturgia.
La cuchara en la Antigua Grecia
Los antiguos griegos de clase pudiente utilizaron cucharas de oro, plata e incluso marfil, mientras que el pueblo llano las utilizaba cucharas de bronce o tallaba en madera sus enormes cucharas soperas.
Con las que solían comer huevos, alimento al que eran muy aficionados.
También ellos labraban en sus mangos bellas esculturas que realzaban el humilde utensilio.
La cuchara en Roma
Los romanos dieron a la cuchara un uso adicional al fabricarlas con mangos puntiagudos que funcionaban como primitivos tenedores, ideales para comer marisco o romper el cascarón de los huevos.
En última instancia, era frecuente emplear este utensilio únicamente para retirar del plato los huesos, desperdicios o la comida que no se llevaban a la boca.
La cuchara en la Edad Media
La historia de la cuchara de mesa es básicamente occidental: en la edad media, un ciudadano que se preciara hacía lo posible por adquirir su cuchara de plata como signo de éxito y estatus.
Pero no hay que olvidar que en aquella época tanto el pueblo como los grandes señores utilizaban los dedos para comer, así comían también los héroes homéricos en el siglo VIII a.C.
También se utilizaron cucharas en rituales religiosos y nobiliarios: la cuchara de la coronación de la Corte inglesa era de largo mango y terminaba en una escudilla o cuenco: servía para ungir al rey en la citada ceremonia.
En un inventario de la plata que poseía Eduardo I de Inglaterra, llamado el Largo, de finales del siglo XIII, se menciona solo una cuchara de plata.
A principios del XIV la reina Clementina de Hungría ya tenía 33 ejemplares de cucharas y un solo tenedor. El conde Juan de Evreux, condestable de Francia a principios del siglo XV poseía 64 cucharas y un tenedor.
En cambio, el pueblo del medievo usaba cucharas de madera o de hueso, a veces incluso cucharas de hueso humano, caso de ciertas cucharas halladas en el este de Europa.
También hubo cucharas de estaño sin que faltasen las cucharas de plata o las labradas en oro, que más que utensilios para comer eran pequeñas joyas.
En cuanto a su forma, remataban en una escudilla que tendió a tener forma de higo: también se admitían ideas por parte del fabricante, que prefería una forma u otra.
En cuanto al mango, solía rematar en una cabecita de doncella, en honor a la Virgen, o en la de los apóstoles, siendo juegos de doce las que normalmente se encargaban o de trece si se incluía a Jesús.
Durante el siglo XV se pusieron de moda las “cucharas del Apóstol”. Eran de plata con la figura del santo patrón de la persona que la utilizaba, cuchara que no tardó en convertirse en el regalo ideal para los recién nacidos.
En tiempos de Cervantes se hablaba de cuchara o de “cuchar”, indicando que la etimología de la palabra remite a la voz latina cochlear, empleada para referirse al cucharón, término que recordaba el uso antiguo que tuvieron las conchas de mar utilizadas como cucharas.
Entre las gentes del campo era frecuente hacer cucharas de pan, para comer las lentejas, los garbanzos o las habas: terminada la comida se comían la cuchara, ya reblandecida y empapada.
De ahí el dicho: “Dure lo que dure, como cuchara de pan”, con lo que se daba a entender lo breve de una situación o lo poco que duran las cosas en la vida.
La cuchara en la Edad Moderna
Entre finales del siglo XVI, todo el siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII abundaron las cucharas de plata en las casas de la burguesía y la nobleza. Fue entonces cuando dejaron de fabricarse con el mango puntiagudo por dos razones. Provocaba accidentes y ya existía el tenedor para pinchar los trozos de carne y llevarlos a la boca.
Además, las cucharas de mango redondeado eran más seguras y resultaban más elegantes. Aamén de que se podía grabar en ellas la inicial del apellido de su dueño e incluso el escudo.
Naturalmente, las cucharas fueron llevadas por los españoles al Nuevo Mundo, extendiendo paulatinamente su uso por todas las tierras y países de América.
En la España del siglo XVII y XVIII la ciudad especializada en la fabricación de cucharas de este tipo de artículos suntuarios fue Reus, aunque fue industria particularmente pujante en Gerona, cuyas cucharas de madera de brezo o de boj se vendían en Europa. También había cucharas de asta de buey, pero alcanzaban precios prohibitivos.
Hoy nos parece normal cuando nos invitan a comer ver desplegados sobre la mesa cuchara, tenedor y cuchillo, sin embargo esta costumbre es relativamente reciente. Hace solo doscientos años el invitado tenía que llevar consigo sus propios cubiertos. Así, cuando la gente viajaba llevaba su cuchara, tenedor y cuchillo y tenía un criado a cargo del ajuar de mesa.
Historia de la cubertería de acero inoxidable
El nacimiento y la historia de la cubertería de acero inoxidable es de lo más curioso que existe.
No hace tantos años, mantener tenedores, cucharas y cuchillos limpios y en perfecto estado era una labor dura y que requería mucho tiempo.
Hasta principios del siglo XX, tanto cuchillos como cucharas y tenedores eran la pesadilla del ama de casa porque se requería un esfuerzo tan grande para mantenerlos limpios y más o menos brillantes que era una tarea convertida en el “temor” de la servidumbre.
Muchas criadas inglesas y americanas se negaban a hacerlo dejando constancia de ello en el momento de su contratación con la frase: Doing no the cutley (no lavar la cubertería), aparte de negarse también a limpiar las ventanas. También las francesas y servidumbres españolas de principios de siglo XX mostraron análoga hostilidad.
Conservar los cubiertos con su brillo original exigía frotarlos con un corcho seco y estropajo de acero repetidas veces, tarea sumamente cansada y que desarrollaba los bíceps de las muchachas dándoles aspecto hombruno no deseado.
A librarlas de tan tremenda desgracia estaba llamado el acero inoxidable. En 1829 el metalúrgico francés L. Berthier se fijó de forma casual en un hecho: cuando el acero al carbono se mezcla con el cromo produce un material resistente al óxido.
Al principio nadie vio rentabilidad a este fenómeno y el hecho pasó sin ser notado. En 1913 un metalúrgico británico, conocedor de las viejas observaciones de Berthier, consiguió una aleación de cromo con acero al carbono 35 produciendo por primera vez un acero que no perdía el brillo, no se oxidaba y permanecía siempre igual.
Y un año después la firma alemana de los famosos cañones Krupp presentó un acero que contenía en su aleación cromo y níquel, mejorando aún más el producto. Sin embargo, no se le ocurrió a nadie fabricar cuberterías con aquel material que parecía estar pidiéndolo a gritos.
Evolución de la cubertería de acero inoxidable
En el año 1921, salieron al mercado en la ciudad norteamericana de Meriden (Connecticut), los primeros utensilios de cocina de acero inoxidable: las cuberterías de Connecticut, donde estaba la Silver Company fabricante de cuberterías de plata.
Al principio sólo fabricaron cuchillos, que salieron a la venta con el nombre de cuchillos Ambassador.
La publicidad de la época fue inteligente: “Su brillo lo dice todo”.
Era por el brillo por lo que todo el mundo quería tenerlos, sobre todo hoteles y restaurantes, sus primeros usuarios. El triunfo vino, como siempre, por el lado de la estética: parecían de plata, con la ventaja de que no se oscurecía como ésta.
En los hoteles y restaurantes pesó también otra consideración: los salarios que dejarían de pagarse por abrillantar la cubertería. Revistas y periódicos de todo el mundo empezaron a hablar del invento, y se anunciaba a bombo y platillo con esta letra: “La cubertería siempre reluciente: se acabó el óxido”.
En la década de 1930 los grandes almacenes neoyorquinos Macy’s ofrecían cuberterías de acero inoxidable a diecinueve centavos la pieza. Pero su triunfo definitivo, desbancando la plata del mercado, vino con la fabricación de cuberterías completas con mangos de baquelita, la nueva sustancia plástica.
Moría la era de la plata y nacía la del acero inoxidable. Terminaba el reinado del marfil, y nacía el del plástico duro. Los tiempos habían cambiado, y a ello contribuyó poderosamente el acero inoxidable.
marcianosmx.com — Hoy más que nunca requerimos de la ciencia. Pese a esto, existe una multitud de personas con dificultad para entender el método científico y las conquistas que se han logrado a través este. Es increíble que seamos tan dependientes de la ciencia y que las personas posean tan poco conocimiento o, lo que es peor, que conserven y expongan ideas erradas sobre ella.
Para hacer todo mucho más complicado aún, las ideas erróneas que estas personas conservan sobre la ciencia generalmente se ven “respaldadas” en falacias lógicas, o errores en la lógica deductiva. Y como si todo esto no fuera suficiente, hay individuos que se cuelgan de estos errores para esparcirlos como verdades absolutas.
Echa un vistazo a los peores errores lógicos en los que se puede caer cuando se trata de ir contra la ciencia y su acervo.
Apelo a la naturaleza y falacia naturalista.
El apelo a la naturaleza y la falacia naturalista han sido responsables por enormes daños al trabajo científico. El apelo a la naturaleza es creer que todo lo natural es “bueno” y “correcto”, y la falacia naturalista es la suposición de que aquello que está constituido naturalmente de cierta forma, debe ser interpretado y aceptado como una norma.
Ambos conceptos han sido aplicados para argumentar que el avance científico y tecnológico significan una perturbación y amenaza al orden natural de las cosas. Es una forma del pensamiento que aclama las maravillas inherentes de las cosas naturales en detrimento de aquellas que no lo son, tachándolas de peligrosas y perjudiciales para la salud.
Esta idea se basa en una interpretación absurda de que los logros tecnológicos y científicos de la humanidad tienen lugar fuera de la naturaleza, y que nuestra injerencia en el mundo solo sirve para corromper el flujo natural de las cosas.
Este sentimiento ha sido el combustible que ha alimentado la hoguera de las preocupaciones y prohibiciones en el actuar de la ciencia, como en las investigaciones biológicas básicas, al mismo tiempo que colabora en la concepción de ideas seudocientíficas como el Darwinismo Social.
George E. Moore, un filósofo británico, aseguró que es un error intentar definir el concepto de “bueno” cuando se habla en términos de alguna propiedad natural. David Hume, otro filósofo, economista e historiador escocés, señaló que hay un abismo entre “es” y “debería”.
Pero, es incorrecto poner una distancia entre la humanidad y sus actividades con otros aspectos del mundo. Nos encontramos existiendo dentro de él y siguiendo sus leyes, nunca violentándolas. Lo que hacemos y producimos es tan natural como todo lo demás que existe.
Falsa equivalencia.
Ofrecer una visión equilibrada resulta importante, pero esto de ninguna forma se traduce en que todas las perspectivas sobre un tema determinado deban recibir el mismo tipo de consideración.
A esto se le conoce como la falacia de la equivalencia: la afirmación de que existe una equivalencia lógica entre un par de argumentos que se oponen, cuando realmente no existe ninguna.
Muchas veces dicha equivocación es cometida por los periodistas que, en un intento por presentar una discusión “equilibrada” entre una visión científica y otra visión negativa de la ciencia (como el popular “debate” sobre el creacionismo y la evolución entre Ken Ham y Bill Nye).
Lo más frecuente es que la parte disidente no posea evidencias, o que presente evidencias muy débiles y de dudosa calidad. De hecho, no siempre las dos partes de una discusión están en situación de igualdad en términos de calidad y evidencia.
Como se mencionó en el blog The Skeptical Raptor, “suficiente con echar un vistazo a una presentación en cualquiera de los medios sobre el cambio climático antropogénico.
Existe un expositor, generalmente un científico, que hace el intento por presentar información sutil, contra otro expositor fotogénico, posiblemente un científico (aunque de un campo sin relación alguna con el cambio climático) que se vale de falacias lógicas y de información tergiversada para estructurar su argumento.
Es aquí que la audiencia cree que la comunidad general de científicos también tienen esa división entre cada una de las partes del ‘debate’. Sin embargo, un debate realmente equilibrado tendría a unos 97 científicos defendiendo el argumento de que el cambio climático ha sido causado por el hombre contra 2 o 3 en otra posición.
Un periódico muy respetado, Proceedings of the National Academy of Science, analizó la ciencia tras el cambio climático y concluyó que entre el 97 y 98% de los investigadores en la ciencia climática se adhieren a la tesis de que el ser humano influencia el cambio climático”.
The Skeptical Raptor añade que los disidentes de la ciencia intentan fabricar la falsa equivalencia a partir de diversos métodos, la mayoría de los cuales son falacias por sí mismos, entre ellos la afirmación de que la ciencia es una democracia, el apelo a la autoridad, las conspiraciones y la manufactura e invención de controversias.
Apelo a la fe.
“No me interesan las evidencias, yo confío en que lo que creo es verdad”.
“Discutir sobre la existencia de Dios resulta inútil, pues Dios está más allá de las razones científicas y los argumentos”.
“Me niego a creer en todas esas cosas del calentamiento global. Tengo fe en que Dios no dejará que algo tan malo nos suceda”.
Si has escuchado algo parecido, ya eres un testigo del apelo a la fe, una falacia en que las convicciones religiosas se contraponen ante las razones y evidencias. Pese a que muchas de estas personas creen que actúan de una forma racional, la verdad es que elegir creer en algo no representa una sustitución para la evidencia científica.
Como apunta el filoso estadounidense George M. Felis, apelar a la fe no solo es un error de lógica, sino también una falla moral: “El motivo por el que esto es tan importante no es simplemente que las personas que abrazan la fe conserven creencias mal estructuradas.
La razón rige solamente en el sentido mínimo donde existen estructuras dentro de las cuales puede funcionar o entonces deja de ser razón. También existe un aspecto ético en la razón, ya que las creencias de alguien están íntimamente relacionadas con las acciones de esta persona.
Algunas de estas creencias resulta en sí mismas normativas – las creencias sobre lo que es bueno y correcto, sobre por qué la vida es valiosa y por qué es de determinada forma. Las creencias factuales también resultan importantes, toda vez que la forma en que comprendemos la realidad nos dirige para desarrollamos y da forma a cada acción nuestra, tanto en lo que respecta a valores como en los objetivos”.
Si alguien se deshace de la razón en la formación de sus creencias, también se deshace de la única forma de acceso a la verdad que posee.
Los humanos no tienen capacidad para percibir y discernir inmediatamente aquello que es verdad de la misma forma en que logramos distinguir colores y formas (si tenemos una buena iluminación y visión).
Lo más cerca que podemos llegar de la verdad es cuando justificamos nuestras creencias. La fe declara que algunas creencias – las más importantes, aquellas que determinan cómo vemos otras cosas – no requieren de una justificación”.
En resumidas cuentas, puedes creer que vuelas, pero esto no terminará liberándote del yugo de la gravedad.
Observación selectiva.
Muchos críticos de la ciencia, de forma deliberada o inconsciente, eligen y comparten información que tiene como fin atacar determinadas afirmaciones científicas, al mismo tiempo que ignoran la información que integra las bases de tales afirmaciones.
Un ejemplo que muchos deben conocer: “Mi abuelo fumó y comió carne toda la vida, y jamás se enfermó de nada” (ahí ya tenemos otra falacia, la de la estadística basada en números mínimos).
O aquellos que listan las circunstancias favorables al mismo tiempo que hacen a un lado las desfavorables (y viceversa), como hacer público a todos los ganadores de un juego de lotería mientras se ignoran a los perdedores, o reclamar que el crimen va en aumento después de ver el noticiario, pero siempre ignorando las estadísticas que apuntan a las tasas decrecientes.
Se trata de la famosa “evidencia anecdótica”: alguien posee una historia que presumiblemente contradice alguna afirmación científica y de un momento a otro aquel caso excepcional tiene más peso que todos los trabajos científicos en el área.
Apelo a las consecuencias.
Esta falacia puede presentarse como una especie de precaución, una advertencia para no inmiscuirse en actividades o emprendimientos que amenazan con provocar daños (o consecuencias no deseables) para el bienestar humano o el ambiente, partiendo de una serie de eventos imprevistos (que se relaciona con otra falacia, la de la pendiente resbaladiza).
Sin embargo, en muchos casos los individuos anti ciencia mezclan las discusiones sobre una determinada línea de investigación científica con supuestas consecuencias morales y filosóficas.
Por ejemplo, existe cierto temor en que la creencia en la evolución nos conduzca al genocidio, o que siembre la opinión de que los seres humanos no son más que otro animal (es decir, la negación del excepcionalísimo humano). Otra preocupación común es que el ateísmo o materialismo nos conduzca a una vida inmoral y poco satisfactoria.
Uno de los mejores ejemplos en este sentido viene de la producción cinematográfica The Matrix, cuando se le pregunta a Neo si cree en el destino y responde que no. Pero cuando le preguntan por qué, él responde: “no me gusta la idea de que no poseo el control”.
En este ejemplo, Neo no se basa en las evidencias, sino en el lado desagradable de creer en el destino.
Seguramente algunas líneas de investigación científica son más peligrosas que otras. Una investigación reciente que involucra al virus H5N1 de la gripe aviar es un ejemplo de que no vale la pena arriesgarse. Pero no es el método científico o los científicos quienes están equivocados, sino la forma en que nos adaptamos a ese nuevo conocimiento.
Dios de los vacíos.
La ciencia no tiene respuestas para todo, ni finge tenerlas. Desconocemos cómo funciona la conciencia, dónde o cómo se originó el universo, y todavía tenemos ciertos “huecos” en nuestro conocimiento sobre la forma en que determinados rasgos emergieron a través de la selección natural.
Pero esto no quiere decir que nunca vayamos a saberlo. Por eso, mientras no se tengan respuestas, es vital reunir evidencias, crear hipótesis y asumir el paradigma naturalista (es decir, que todos los fenómenos pueden explicarse sin apelar a una intervención divina).
Desafortunadamente, existe cierta tendencia entre los que quieren desacreditar a la ciencia por rellenar estos huecos de nuestro conocimiento con explicaciones sobrenaturales y metafísicas.
Por ejemplo, los seguidores del creacionismo frecuentemente afirman que la selección natural no puede explicar de forma adecuada la diversidad, complejidad y el aparente proyecto de vida en la Tierra.
De la misma forma, los fenómenos neurológicos referentes a las experiencias cercanas a la muerte o las experiencias alucinatorias como una presencia remota, generalmente se explican con una base sobrenatural cuando existen explicaciones más sencillas que son más plausibles.
Charles A. Coulson, un matemático británico, escribió en 1955: “No existe tal ‘Dios de los vacíos’ para asumir aquellos puntos estratégicos donde la ciencia falla, y es la razón por la que los vacíos de este tipo tienen la costumbre de encogerse”, agregando que “o Dios está en toda la naturaleza, sin vacíos, o no está en ella de ninguna forma”.
Retención de la aprobación.
“No es más que una teoría”.
No, en ocasiones es mucho más que una teoría.
Es decir, los principios científicos como la selección natural y la relatividad general son teorías, pero llegamos a un punto en que las explicaciones y los modelos se hacen tan instructivos y tan relevantes que comienzan a tratarse como axiomas – una declaración o proposición que se encuentra tan bien elaborada, aceptada, o es tan autoevidente que debemos abandonar la retención de la aprobación, por qué hacer lo contrario simplemente resulta irracional.
Esto no quiere decir que debamos abandonar el escepticismo o dejar de perfeccionar los axiomas, pero es importante reconocer “teorías útiles” cuando las encontramos y dejar de desacreditarlas cuando se vuelven inconvenientes.
Jugando a ser un Dios.
No se le reconoce como una falacia lógica, sino como un error en la forma de pensar – la idea de que la humanidad no debe entrometerse donde tradicionalmente se lleva a cabo la acción divina, ya que al hacerlo estamos siendo arrogantes, irrespetuosos e imprudentes.
La preocupación es que nos estemos metiendo en cosas que van más allá de nuestra comprensión y control, llegando a un desastre sin remedio.
El riesgo es el de hacer enojar a Dios. Los intentos por impedir que las personas “jueguen a ser Dios” generalmente van dirigidos a áreas como el control de la natalidad, eutanasia, aborto, ingeniería genética y recolección de células madre embrionarias.
En el futuro, probablemente se dirá lo mismo de los procedimientos de extensión radical de la vida y de la geoingeniería.
Pero la respuesta siempre ha sido que, si no jugamos a ser Dios, ¿quién lo hará? Este es el punto principal de la Ilustración europea, y el ascenso del humanismo secular.
Empleando la suposición de que Dios no existe (o no interfiere con nuestros asuntos), surgió la opinión popular de que la humanidad tiene por obligación cuidar de ciertos temas con sus propias manos, si la intención es realmente entender el mundo y convertirlo en algo mejor.
Y, por el uso de la razón del método científico, la humanidad tiene posibilidades de éxito, muchas más que si simplemente se sienta a esperar la acción de alguna fuerza sobrenatural.
descubrir.com(S.Pato) — Hay lugares entre extraños, bellos y curiosos que resultan todavía más fascinantes cuando descubrimos a su alrededor la historia que esconden, y si esta es original o se sale de las anécdotas habituales, todavía captan más nuestra atención. Lo cierto es que puede suceder en cualquier rincón cerca de nuestra casa, pero también en el más lejano o inhóspito.
Así acontece con la isla de Hans, un pequeño territorio entre Canadá y Groenlandia, en medio de la nada, que durante mucho tiempo ha sido protagonista de la denominada Guerra del Whisky. Si quieres conocer más sobre esta curiosa historia que te traemos hoy, sigue leyendo.
Historia de la isla de Hans
En el estrecho de Nares, en pleno canal Kennedy, que comunica la bahía de Baffin con el mar de Lincoln, se encuentra una pequeña isla, que apenas mide 1,3 kilómetros cuadrados de superficie y en la que no hay el menor rastro de vida. Nadie se imaginaría que este singular territorio entre Canadá y Groenlandia se convertiría en el protagonista de una curiosa guerra que siguieron los diarios durante décadas.
Se trata de la isla de Hans, donde no verás ni vegetación ni animales ni recursos naturales. De hecho, es una isla deshabitada, aunque en ella se han encontrado vestigios de poblaciones inuit. Hans fue descubierta por exploradores británicos y estadounidenses en la segunda mitad del siglo XIX, aunque su nombre no proviene ni de unos ni de otros, sino de un inuk groenlandés que formaba parte de aquel viaje: Hans Heinrich.
El pequeño territorio está justo a medio camino entre las tierras de Groenlandia, que son de dominio danés, y las tierras canadienses. De tal manera, terminó siendo motivo de disputa entre ambos países.
Fue la Corte Permanente de Justicia Internacional (Permanent Court of International Justice) la que determinó en una sentencia de 1933 que Groenlandia constituía un dominio de Dinamarca.
Precisamente por ese motivo, los daneses también reclamaron la propiedad de la isla de Hans, pero Canadá hizo la misma solicitud, ya que su costa se encuentra a igual distancia de Hans que la de sus vecinos.
Finalmente, se alcanzó un acuerdo en la década de los setenta del siglo XX, cuando Canadá y Dinamarca delimitaron las fronteras marítimas y dejaron al margen la isla, de manera que no le perteneciera a ninguno de los dos países y quedara convertida en una especie de tierra de nadie.
Durante unos años, no hubo ningún problema con este hecho, hasta que en la década de los ochenta se originó la que se daría en llamar la Guerra del Whisky, aunque en todo momento se desarrollara de forma pacífica, sin militares ni derramamientos de sangre.
Origen de la Guerra del Whisky
Todo se originó con la visita del primer ministro danés al islote en el año 1984. En un viaje que hizo a Groenlandia, se acercó hasta la isla de Hans y plantó en ella un estandarte con la bandera de su país y una insignia en la que se podía leer: Velkommen til den danske ø (Bienvenidos a la isla danesa).
Antes de abandonar Hans, el primer ministro Tom Høyem dejó en aquel suelo, además de la bandera, una botella de un aguardiente de alta graduación o whiskytípico de Dinamarca y de los países del norte de Europa.
El contexto en el que esto sucedía no era precisamente el más adecuado. Y es que en ese mismo año la empresa petroleracanadiense, la compañía Dome, se encontraba investigando la isla de Hans para estudiar los movimientos de las placas de hielo.
Una actividad de la que se dio constancia en prensa. De igual modo, Canadá y Dinamarca se encontraban en negociaciones para firmar un tratado con la finalidad de proteger el medio marino del entorno de la isla.
Pero ante la noticia de la petrolera, las negociaciones se cortaron abruptamente y fue precisamente en ese momento cuando el primer ministro danés tomó un avión y protagonizó la escena de la bandera y la botella de whisky.
La Guerra del Whisky
Como era previsible, los canadienses respondieron ante aquella provocación del primer ministro danés, pero de la forma más pacífica que uno pudiera imaginar.
También izaron en la isla de Hans su bandera nacional y dejaron su botella de whisky particular, una de la marca Canadian Club, muy popular en el país, junto con el mensaje Welcome to Canada (Bienvenido a Canadá).
La prensa se hizo eco de todo el conflicto y en sus páginas lo bautizaron como la Guerra del Whisky, Whisky War o Liquor Wars. Y es que aquel suceso aparentemente puntual se convertiría en un problema que se prolongaría durante décadas de la misma manera.
En 1988, el HDMS Tulugaq, un barco danés de guerra, se acercó a la isla y volvió a plantar la bandera de Dinamarca. Los canadienses fueron detrás e hicieron lo propio.
Como consecuencia, entre finales de la década de los ochenta del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, se sucedieron habitualmente las idas y venidas de investigadores y funcionarios de uno u otro gobierno que pisaban el islote e izaban en él la bandera.
Aquello asemejaba toda una carrera de posesión y reconquista en medio de la cual las botellas de whisky iban y venían.
Pero el principio del fin de la Guerra del Whisky comenzó en el año 2007, cuando Canadá y Dinamarca llegaron al acuerdo de establecer en ese pequeño e inhóspito territorio una base meteorológica conjunta.
En 2012, se acordó un nuevo tratado fronterizo, pero Hans quedó fuera de la superficie a considerar, así que se estableció una comisión 6 años después para acordar cuál era la territorialidad de la isla.
Desde entonces, la situación sigue más o menos estable, aunque en el año 2019, el gobierno de Canadá y el de Dinamarca llegaron a un acuerdo para que Groenlandia aprobara un cierre temporal de la isla de Hans, mediante el cual se prohibían y denegaban los permisos para la explotación o exploración minera en su territorio.
Una acera de Manhattan en julio, mes en el que algunas frases asociadas a la desinformación de vacunas surgieron con más frecuencia que en junio, según encontró una empresa de monitoreo de medios.
The New York Times(D.Alba) — A finales de julio, Andrew Torba, director ejecutivo de la red social alternativa Gab, aseguró sin ninguna evidencia que algunos miembros del ejército estadounidense que se rehusaron a vacunarse contra la COVID-19 iban a enfrentar una corte marcial. Su publicación en Gab obtuvo 10.000 interacciones, entre “me gusta” y compartidos.
Dos semanas antes, circuló en línea la aseveración sin fundamentos de que las vacunas contra la COVID-19 habían producido al menos 45.000 muertes. Las publicaciones con la afirmación llegaron a tener casi 17.000 vistas en Bitchute, una plataforma alternativa de video, y al menos 120.000 vistas en la aplicación de mensajes encriptados Telegram, donde se compartió principalmente en español.
Más o menos al mismo tiempo, el principal asesor científico del Reino Unido declaró por error que el 60 por ciento de los pacientes hospitalizados había recibido dos dosis de la vacuna. De inmediato corrigió la declaración, al mencionar que el 60 por ciento eran pacientes que no se habían vacunado. Sin embargo, los grupos antivacunas en línea aprovecharon la equivocación: tradujeron la cita al francés y el italiano y la publicaron en Facebook, donde gustó y se compartió 142.000 veces.
Según los expertos en desinformación, en semanas recientes se ha disparado la información errónea sobre el coronavirus que se comparte en línea, ya que la gente que disemina falsedades ha aprovechado el aumento de casos de la variante delta para propagar nuevas y recicladas narrativas que no han sido corroboradas.
En comparación con la cantidad registrada en junio, algunas frases propensas a emplearse en la desinformación sobre las vacunas se mencionaron hasta cinco veces más en julio, de acuerdo con Zignal Labs, una plataforma que rastrea las menciones en redes sociales, televisión por cable y medios impresos y digitales.
Algunas de las mentiras más predominantes son que las vacunas no funcionan (un incremento del 437 por ciento), que contienen microchips (aumentó 156 por ciento), que la gente deben confiar en su “inmunidad natural” en vez de vacunarse (aumentó 111 por ciento) y que las vacunas causan abortos espontáneos (75 por ciento más que el mes anterior).
Este tipo de aseveraciones habían disminuido en la primavera conforme se desplomaron los casos de COVID-19 en Estados Unidos. En comparación con inicios del año y con 2020, en mayo y junio hubo una caída visible en el volumen de desinformación (la investigación de Zignal no considera toda la desinformación que existe, pero cuando hay picos en algunos temas puede ser una medida aproximada de cuáles son los tópicos que se usan con mayor frecuencia como vehículos para desinformar).
La ráfaga más reciente amenaza con obstaculizar los esfuerzos para incrementar las tasas de vacunación y reducir el aumento de casos. La gran mayoría de las personas que dieron positivo por el virus en semanas recientes, y casi todas las que fueron hospitalizadas por el coronavirus, no estaban vacunadas.
Expertos en salud pública, así como doctores y enfermeras que atienden a pacientes, aseguran que la desinformación está promoviendo parte de la indecisión en torno a las vacunas.
Según investigadores especializados en la desinformación, los picos muestran que los esfuerzos de las plataformas de redes sociales para acabar con la desinformación sobre el virus no han tenido éxito
“Estas narrativas están tan integradas que la gente puede seguir promoviendo estas historias antivacunas con cada una de las nuevas variantes que surjan”, comentó Rachel E. Moran, investigadora de la Universidad de Washington que estudia las teorías conspirativas en línea. “Lo estamos viendo con la delta y la veremos con la que siga”.
En las últimas semanas, la gran mayoría de las publicaciones de desinformación sobre el coronavirus con más interacciones en redes sociales fueron de personas que han cobrado notoriedad por cuestionar las vacunas durante el último año.
En julio, la comentarista de derecha Candace Owens aprovechó la declaración errónea del asesor científico del Reino Unido. “¡Esto es impactante!”, escribió Owens. “El 60 por ciento de las personas ingresadas a los hospitales de Inglaterra con #COVID-19 tenía dos dosis de una vacuna contra el coronavirus, según el principal asesor científico del gobierno”.
Después de que el asesor científico, Patrick Vallance, corrigió lo que había dicho, Owens agregó la información correcta al final de su publicación de Facebook. Sin embargo, la publicación gustó y se compartió más de 62.000 veces —dos terceras partes del total de sus interacciones— en las tres horas previas a la actualización de Owens, según reveló un análisis de The New York Times. En total, el rumor gustó y se compartió 142.000 veces en Facebook, la mayoría de las cuales provino de la publicación de Owens, según un informe de The Virality Project, un consorcio de investigadores especializados en desinformación de organizaciones como el Observatorio de Internet de la Universidad de Stanford y Graphika.
Cuando se le pidió ofrecer comentarios, Owens mencionó en un correo electrónico: “Por desgracia, no me interesa The New York Times. La gente que me sigue no toma en serio sus artículos escandalosos”.
También en julio, Thomas Renz, un abogado, apareció en un video en el que aseguró que 45.000 personas habían muerto a causa de las vacunas contra la COVID-19. La aseveración, que fue desacreditada más tarde, se basa en información no verificada del Sistema para Reportar Eventos Adversos a las Vacunas, una base de datos del gobierno. La declaración sin fundamentos se había incluido en una demanda que Renz presentó a nombre de un “delator” anónimo, en coordinación con America’s Frontline Doctors, un grupo de derecha que ya había propagado desinformación sobre la pandemia.
El video de Renz obtuvo más de 19.000 vistas en Bitchute. La declaración sin fundamentos se repitió en importantes canales hispanohablantes de Telegram, grupos de Facebook y el sitio web conspirativo Infowars, recabando un total de más de 120.000 vistas en todas las plataformas, de acuerdo con The Virality Project.
En un correo electrónico, Renz mencionó que su bufete había “realizado la debida diligencia” para creer en la veracidad de las aseveraciones de la demanda que presentó. “En verdad, no creemos que el gobierno de Biden sea el responsable de esto, más bien creemos que el presidente Biden, al igual que le ocurrió antes al presidente Trump, fue engañado por el mismo grupo de burócratas conflictivos”, señaló Renz.
El jueves, Torba, el director ejecutivo de Gab, aseguró que estaba “inundado” de mensajes de texto de miembros del ejército que dijeron que iban a enfrentar una corte marcial si se rehusaban a vacunarse contra la COVID-19. Aunque los líderes militares han promovido la vacuna entre sus tropas y el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd J. Austin, buscará la obligatoriedad de las vacunas para septiembre, no hay ninguna evidencia de que el ejército planee llevar a cortes marciales a los soldados que no se vacunen.
La publicación de Torba obtuvo 10.000 interacciones en Gab, según datos de The Virality Project. Algunos documentos que puso en el sitio de noticias de Gab para ayudar a los miembros del servicio militar a solicitar exenciones de vacunación, también contenían desinformación.
Uno de los documentos utilizaba un viejo argumento de las personas que se oponen a las vacunas que sostenía que se usaban líneas celulares de fetos abortados en el desarrollo de las vacunas contra la COVID-19, pero agrupaciones católicas y antiaborto han declarado que las vacunas son “moralmente aceptables”.
El documento llegó a una audiencia de unos 2,2 millones de usuarios en Facebook, según datos de CrowdTangle.
“Estoy diciendo la verdad”, mencionó Torba en un correo electrónico. “Sus ‘verificadores de información’ financiados por Facebook, como Graphika, están equivocados y son los que están diseminando la desinformación en este caso”.
Facebook, plataforma que en el último año se ha vuelto más agresiva al momento de hacer cumplir sus políticas de desinformación en torno al coronavirus, sigue siendo un destino popular para la gente que debate la desinformación.
Media Matters for America, un organismo de control con tendencias liberales, encontró más de 200 grupos públicos y privados de Facebook, con unos 400.000 miembros, que estaban dedicados a debates antivacunas. Los grupos, que revisó el Times, sumaron 13.000 miembros en un periodo reciente de siete días, de acuerdo con Media Matters.
Muchas de las publicaciones más populares en los grupos no incluían falsedades explícitas. Una era una imagen de un personaje de Scooby Doo quitándole la máscara a un fantasma que representaba a la variante delta con un subtítulo que decía: “Vamos a ver qué te hace más aterrador que todas las otras variantes”.
Al desenmascararlo se revelaban los logotipos de MSNBC y CNN, con lo cual se insinuaba que los canales de televisión por cable estaban exagerando la gravedad de la variante delta.
Sin embargo, como los comentarios en muchas de las otras páginas, los que aparecieron debajo de la imagen de Scooby Doo sí contenían aseveraciones sin fundamentos. También incluían llamados a la violencia.
“China tiene toda la culpa”, decía un comentario. “En algún momento vamos a tener que pelear contra ellos, así que propongo un ataque nuclear preventivo”.
Facebook señaló que había eliminado de los comentarios las violaciones confirmadas a su política de desinformación sobre el coronavirus y que le había brindado a la gente información acreditada sobre el virus.
“Seguiremos aplicando nuestras reglas en contra de cualquier cuenta o grupo que viole nuestras políticas relacionadas con las vacunas y la COVID-19”, mencionó en un correo electrónico Aaron Simpson, un vocero de Facebook.
Moran, la investigadora, predijo que habría un “ciclo natural de atención” para esta nueva ronda de desinformación. “Después de este aumento, al igual que sucedió con la cepa original del coronavirus, durante un tiempo veremos cómo los niveles de desinformación se tranquilizan hasta llegar a niveles normales”, comentó.
Sin embargo, la desinformación sobre el coronavirus no desaparecerá pronto, predijo Moran. “Por desgracia, no son picos y valles, sino niveles constantes de desinformación”, concluyó.
En 2135 un asteroide, de nombre Bennu, se acercará a la Tierra a la mitad de la distancia de la Luna. Según informa El País, la gravedad del globo terráqueo modificará con gran probabilidad la trayectoria del mismo y será muy difícil calcular su próxima trayectoria. A pesar de ello, Bennu puede colisionar con la Tierra.
El asteroide Bennu, que viaja a unos 100.000 kilómetros por hora, tendría una probabilidad “extremadamente pequeña” de que entrase en ruta de impacto con la Tierra en 2182. Si esto ocurre, el choque produciría una energía equivalente a 70.000 bombas atómicas, de acuerdo con la NASA, que también ha señalado que la probabilidad estimada de que el asteroide impacte con nuestro planeta de aquí al año 2300 es del 0,057%.
Cómo contrarrestar un asteroide
Con el fin de evitar el posible impacto del asteroide, algunos científicos chinos han propuesto enviar 23 cohetes para alejar a Bennu de la trayectoria con la Tierra. Ya en 2016 la NASA envió hacia allí la sonda OSIRIS-REx con el objetivo de conocer el peligro de Bennu.
“Los datos de OSIRIS-REx nos brindan información mucho más precisa, podemos calcular la trayectoria futura de Bennu con un alto grado de certeza hasta 2135”, dijo Davide Farnocchia, autor principal del estudio sobre la trayectoria de la roca espacial y científico del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA.
En torno a 15.000 asteroides peligrosos
Según afirma El País, todavía faltan unos 15.000 asteroides potencialmente peligrosos por descubrir. Por ello, la NASA trata de estudiar todos los objetos peligrosos que pueden acercarse a nuestro planeta a través de las misiones de Defensa Planetaria.
“La misión de Defensa Planetaria de la NASA es encontrar y monitorear asteroides y cometas que pueden acercarse a la Tierra y pueden representar un peligro para nuestro planeta”, afirmó Kelly Fast, responsable del programa de Observación de Objetos Cercanos a la Tierra.
Ahora, gracias a las muestras recogidas por OSIRIS-REx, el 25% del material de Bennu será analizado por científicos y el resto, el 75% se dejará para el futuro: nuevas tecnologías, nuevos expertos y nuevos conocimientos estudiarán las muestras de Bennu para sacarles “todo el rendimiento”.
abc(D.M.Del Val)/marcianosmx.com/bbvajopenmind.com(F.domenech) — Ciertamente eran varios los experimentos que realizaban, pero principalmente intentaban transformar otros metales en oro.
Para los alquimistas del Medioevo, todos los materiales orgánicos e inorgánicos estaban compuestos de azufre y mercurio. Por eso, creían que al alterar la proporción de estos elementos en un cuerpo, era posible transfórmalo en cualquier cosa.
También consideraban la influencia de fuerzas divinas en los fenómenos que observaban o intentaban generar. Pese a su aspecto místico, esta forma de conocimiento cimbró las raíces para la química moderna, dejando como herencia procesos que siguen utilizándose hasta nuestros días, como el baño María o la destilación.
De la basura a la vida.
Según los alquimistas, estos revoltijos (y una pizca de voluntad divina) podían originar a un nuevo ser: un hombrecillo de 12 cm de altura.
El homúnculo fue una de las obsesiones de estos hombres. Personajes de respeto en el área, como el suizo Paracelso, se esforzaron tenazmente con la fórmula, pero nunca tuvieron éxito.
Para fabricar el suero de la inmortalidad, los alquimistas buscaron en el lugar correcto: platas y hierbas raras (muchas de las cuales fueron el origen de los medicamentos actuales).
Algunos de ellos probaban las sustancias que obtenían en sí mismos. Una muy mala idea: muchos terminaron muertos, pues habían creado (e ingerido) ácidos, venenos o compuestos como el nitrato de plata.
En el año de 1669, el alemán Hennig Brandt tuvo la idea de destilar orina, creyendo que por ser amarilla, el líquido contenía oro. Pero la conclusión fue otra. La orina contiene desechos orgánicos y fosfatos, compuestos que se incendian fácilmente cuando entran en contacto con el carbono.
El alquimista había descubierto el fosforo.
La Piedra Filosofal.
La búsqueda por la Piedra Filosofal quizá fue el gran objetivo de estos misteriosos investigadores.
Este objeto tendría la capacidad de transformar cualquier metal en oro y proporcionar vida eterna. La investigación no rindió más que puras leyendas. Entre ellas, la de que el francés Nicolas Flamel había descubierto la fórmula.
En el mundo entero fue locura y fantasía. Por mucho que los experimentos de aquel periodo nos puedan parecer una broma en nuestros días, la alquimia fue la base de nuestra química moderna.
Además de inventar procedimientos muy utilizados hoy, como la destilación, la sublimación y la trituración, fue gracias a esta práctica que la porcelana, por ejemplo, fue creada en Mesopotamia.
En la imaginación de la mayoría de las personas, la alquimia está relacionada con la Edad Media europea. Pero en realidad comenzó mucho antes, en civilizaciones como la griega, la romana y la egipcia.
Los chinos descubrieron la pólvora entre los siglos IX y X combinando salitre, carbón y azufre que, según el taoísmo, tenían propiedades espirituales.
¿Brujos de cuento o científicos?
Cuando se pronuncia la palabra «alquimista», las imágenes que aparecen en la mente suelen asociarse con los cuentos de nuestra infancia o, para los más jóvenes, con la serie de Harry Potter: hechiceros de largas barbas y mirada enloquecida, rodeados de calderos burbujeantes y libros llenos de extraños signos cabalísticos, que buscaban la fórmula para producir oro o la famosa piedra filosofal que explicaría los secretos de la naturaleza.
El tópico refleja una parte de la realidad, pero como de costumbre ésta va mucho más allá. Los investigadores modernos tratan de rehabilitar a los alquimistas en lo que tuvieron de precursores para la ciencia, ya que sus mezclas y experimentos dieron como resultado no pocas aportaciones a la medicina, la química, la toxicología u otras ramas del saber.
No todo el mundo está al corriente de que el mismísimo Isaac Newton se consideraba a sí mismo ante todo un alquimista y que los saberes arcanos constituyeron una fuente de inspiración fundamental para sus revolucionarios logros científicos.
La alquimia es tan vieja como el hombre. Todas las culturas la han practicado, desde la antigua Mesopotamia hasta el mundo clásico, hasta llegar al Occidente moderno y contemporáneo.
Sin embargo, habitualmente se asocia con la Edad Media europea y los primeros siglos de la Edad Moderna y esto se debe al auge que estas prácticas adquirieron en el orbe occidental después de que la caída del Imperio Romano provocara la pérdida de gran parte del saber científico acumulado durante el milenio que duró la civilización grecolatina clásica.
En qué consistían exactamente las prácticas de los alquimistas es algo que permanece envuelto en el misterio, al menos en una gran parte, ya que los adeptos de estos saberes mantenían un estricto secreto sobre los mismos y elaboraban todo tipo de códigos simbólicos para proteger sus arcanos.
El propio Isaac Newton escribió una carta a otro conspicuo alquimista de su época, Robert Boyle, en la que le instaba a mantener «un profundo silencio» en público sobre los asuntos de su especialidad. Sin embargo, hay una serie de trazos comunes que permiten a la historiografía orientarse en este complejo mundo.
Hermes y los árabes
La palabra «alquimia» no es en realidad más que la forma árabe de «química», que procede del griego «jiméia», mezcla. La alquimia occidental proviene en buena medida del hermetismo, un sistema espiritual y filosófico que hunde sus raíces en el culto a Hermes Trimegisto, una deidad sincrética greco-egipcia a la que se atribuye la fundación de este saber oculto.
En la Edad Media, la alquimia fue incorporando más y más elementos esotéricos y espirituales, aunque sin renunciar a los elementos de base experimental que, consciente o incoscientemente, acompañaban a las partes más irracionales de su tradición.
En general los alquimistas creían que la materia ocultaba una serie de «principios» que podían ser revelados y manipulados mediante determinados procedimientos, algo en lo que no andaban muy desencaminados si se consideran por ejemplo los descubrimientos de la física nuclear.
Los principales objetivos eran la transmutación de metales en oro y plata, la prolongación de la vida humana y el descubrimiento de una «panacea» que curase todas las enfermedades.
Aunque el gremio de los alquimistas se viera engrosado por una gran cantidad de charlatanes, y seguramente también de perturbados mentales que se creían sinceramente sus propias fantasías, algunos de ellos fueron los auténticos fundadores de no pocas especialidades científicas modernas.
Los investigadores actuales subrayan la pasión entre los alquimistas por la experimentación práctica, por la mezcla de sustancias, que darían una primera base a lo que posteriormente sería el método científico.
El nombre más importante cuando se habla de alquimistas científicos es el del suizo Teofrastus Bombastus von Hohenheim (1493-1541), quien adoptó el sobrenombre de «Paracelso» para subrayar que había superado a Celso, famoso médico romano del siglo I de nuestra era.
Formado como médico en la Universidad de Basilea desde los dieciséis años y gran viajero por tierras de Oriente, Paracelso se enfrentó a los doctores de su época al introducir nuevos tratamientos para las heridas, como el drenaje y la antisepsia, en lugar de la extendida cauterización mediante agua hirviendo o la pura y simple amputación del miembro.
Paracelso y la farmacia
Aunque toda su vida fue un apasionado creyente y practicante de la astrología, Paracelso está considerado como uno de los fundadores de la farmacología y la química, que surgieron de la aplicación de prácticas alquimistas.
Este suizo genial ideó, entre otras cosas, el uso de diversos metales para la curación de enfermedades, como el mercurio para la sífilis; descubrió el papel de determinadas toxinas en algunas dolencias y puso nombre al zinc, inspirándose en la palabra alemana «zinke» (agudo, afilado), que le sugería la forma de los cristales de este elemento.
Entre sus más famosos asertos se incluye el de que «todas las cosas son veneno y nada existe que carezca de veneno: sólo la dosis hace que algo no sea veneno», o, en otras palabras, la dosis de una sustancia es tan importante como la naturaleza de la sustancia misma, una base fundamental de la farmacología.
Caso no menos llamativo es el de Isaac Newton, quien escribió no menos de un millón de palabras sobre alquimia, aunque la Real Sociedad británica determinó que no eran aptas para ser publicadas y tuvieron que esperar hasta mediados del siglo XX para ser redescubiertas.
Innumerables experimentos llevados a cabo por el mayor genio científico de todos los tiempos, sobre todo con la luz, se basaron en conceptos alquimistas.
Newton creía que la luz era una sustancia única para la explicación de la realidad, ya que materializaba la palabra de Dios, tal y como sugiere la Sagrada Escritura y también la Tabla Esmeralda, base de los saberes herméticos que él tradujo al inglés. De la alquimia a la ciencia no hay más que un pequeño paso.
Rutherford y Soddy, los verdaderos alquimistas
—Rutherford, ¡esto es transmutación!
—Por Dios, Soddy, no le llames transmutación. Nos cortarán la cabeza por alquimistas.
Así reaccionaron el físico neozelandés Ernest Rutherford y su discípulo inglés Frederick Soddy ante el sorprendente resultado de una serie de cuidadosos experimentos que realizaron en 1901 en la Universidad McGill de Montreal (Canadá).
Llevaban tiempo intentando entender el fenómeno de la radiactividad, descubierto por Becquerel y descrito por Marie y Pierre Curie. Y por fin habían conseguido demostrar que en los materiales radiactivos los átomos se desintegran, de modo que los átomos de un elemento radiactivo se transforman en otro elemento.
Así que la transmutación, que habían buscado durante tantos siglos los alquimistas, ocurría de manera espontánea y natural.
La idea era tan rompedora que Rutherford y Soddy evitaron añadirle prejuicios y hablaron de transformación en lugar de transmutación cuando en 1902 publicaron “La causa y naturaleza de la radiactividad”, que condensaba sus experimentos en la teoría de la desintegración atómica.
Con ella rompieron el dogma científico de que el átomo era indivisible (que es lo que significa átomo en griego).
Ernest Rutherford (30 agosto 1871 – 19 octubre 1937) nació el mismo año en que Henry Morton Stanley finalmente encontró a otro famoso explorador en medio de África y pronunció una de las más icónicas frases de la historia británica: “Doctor Livingston, Supongo”.
Rutherford, nacido en una granja de la remota colonia de Nueva Zelanda, fue enlazando una beca con otra y así llegó a un mítico laboratorio de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, en 1895, el año del descubrimiento de los rayos X.
En aquella época, tocaba un descubrimiento revolucionario por año: en 1896 fue la radiactividad y en 1897 el jefe de Rutherford, J.J. Thompson, arrancó del interior del átomo una partícula más pequeña y de carga negativa: el electrón.
Rutherford se subió a esa ola de deslumbrantes descubrimientos y llegó a ser el líder de una nueva generación de exploradores del Imperio Británico que, en lugar de perderse en la inmensidad de un continente, prefirieron buscar dentro de la cosa más pequeña que se conocía: el átomo.
Sin brújulas ni mapas, Rutherford logró hacerse una buena idea de cómo es el átomo gracias a la radiactividad.
Ernest Rutherford en su laboratorio en McGill University (1905).
Primero identificó los tres tipos principales de radiactividad: rayos alfa, rayos beta y rayos gamma. Y siguió estudiando la transmutación. Vio cómo aparecían átomos estables de plomo en medio de un mineral radiactivo de uranio.
No había manera de saber cuándo se iba a transformar un átomo en concreto, pero Rutherford se fijó en que cualquier muestra (más grande o más pequeña) de un mismo elemento radiactivo tardaba exactamente el mismo tiempo en quedar reducida a la mitad. Ese tiempo, llamado semivida, convertía a los elementos radiactivos en perfectos cronómetros.
Conociendo esa velocidad constante con la que el uranio se transforma en plomo y midiendo la cantidad de plomo que había en una roca de pechblenda (mineral de uranio), Rutherford y su colega Boltwood calcularon en 1907 que alguna de aquellas piedras tenía al menos 1.000 millones de años: ¡Era muchísimo más vieja de lo que entonces se pensaba que era la Tierra!
Además de entender a fondo la radiactividad, Rutherford le dio su primera utilidad práctica (mucho antes que las aplicaciones médicas, bélicas o energéticas): calcular la edad de la Tierra. Por todo ello recibió el premio Nobel de Química en 1908. Aunque bien podría haber recibido dos Nobel más por sus siguientes descubrimientos:
Primero usó la radiactividad para explorar el interior de los átomos. Junto con su alumno Geiger, el hombre que aprendió a contar la radiactividad, Rutherford disparó rayos alfa contra una finísima lámina de oro y observó atónito cómo alguna de esas partículas alfa (muy pocas, una de cada 20.000) rebotaban hacia atrás.
«Fue tan increíble como disparar una bala de cañón contra un papel y ver como rebota y te golpea», afirmó entonces. Recuperado del impacto, en 1911 dedujo que aquello solo era posible si los átomos tenían un núcleo, con carga positiva, que concentraba casi toda su masa en un centro aún mucho más diminuto.
Si ampliásemos un átomo hasta el tamaño de un gran estadio de fútbol, el núcleo sería tan pequeño como la moneda que lanza el árbitro. Había nacido el modelo atómico de Rutherford, perfeccionado luego por su alumno Bohr: esa imagen tan familiar del átomo, con los electrones girando alrededor de ese núcleo.
En su laboratorio él siguió bombardeando átomos con rayos alfa, hasta que en 1919 consiguió transformar átomos de nitrógeno en oxígeno: se convirtió así en “el primer alquimista con éxito de la historia”.
Aquella transmutación de nitrógeno en oxígeno fue la primera reacción nuclear artificial; y, entre sus restos, Rutherford encontró el protón, una nueva partícula subatómica con carga positiva.
Aquel fue el punto culminante de la carrera de éxitos de Rutherford como explorador subatómico. Entonces Rutherford se convirtió en el jefe del Laboratorio Cavendish de Cambridge y allí siguió creando escuela: uno de sus discípulos, James Chadwick, consiguió cerrar la trilogía de partículas básicas del átomo, al descubrir el neutrón en 1932.
Y en esa época dorada, Chadwick y otros tres miembros más del equipo de Rutherford lograron el premio Nobel.
Mientras tanto, Frederick Soddy (2 de septiembre de 1877 – 22 de septiembre de 1956) había seguido estudiando la desintegración natural de los elementos radiactivos y descubrió en 1913, al mismo tiempo que Kazimierz Fajans, las reglas de la transmutación: cuando un átomo emite espontáneamente una partícula alfa, retrocede dos casillas en la tabla periódica (ej: el uranio–238 se transforma en torio); cuando un átomo emite una partícula beta, avanza una casilla (ej: el carbono–14 se transforma en nitrógeno).
Frederick Soddy en su laboratorio en la Universidad de Glasgow.
Siguiendo esas reglas, conocidas como la ley de Fajans-Soddy, se producen las cadenas de desintegración naturales, como la que empieza en el radiactivo uranio–238 y termina en el estable plomo, pasando por productos intermedios como el radio o el uranio-234.
Y estudiando paso a paso esas cadenas, Soddy descubrió por el camino los isótopos: distintas versiones de un mismo elemento, con átomos que pesan diferente pero que tienen las mismas propiedades químicas.
El Nobel de Química de 1921 reconoció los descubrimientos de Soddy, en los que el escritor H.G. Wells se había inspirado para escribir su novela de ciencia-ficción “La liberación mundial” (1914). Ese libro, que Wells dedicó a Soddy, anticipaba el peligro de las armas nucleares, casi 20 años antes de que Leó Szilárd concibiera la idea de reacción en cadena.
A Soddy le preocupaba mucho el uso que se hacía de los descubrimientos científicos y eso le llevó a escribir en 1926 una crítica radical de la economía occidental, analizándola mediante leyes físicas de la termodinámica.
Según Soddy, el sistema confunde la riqueza con la deuda, y también fue pionero criticando el crecimiento económico basado en el uso de combustibles fósiles para obtener energía.
Sus propuestas para una reforma del sistema monetario, que hoy son prácticas comunes, fueron entonces despreciadas e ignoradas por excéntricas… como si Soddy fuera un alquimista económico en busca de una piedra filosofal para transformar la deuda en riqueza.
Quo(A.Jover)/elperiodico.com — Un viaje por los museos eróticos más famosos del mundo, que albergan desde los primeros juguetes sexuales hasta las obras de Picasso y Rembrandt
El sexo es la expresión de lo más básico y lo más sublime de la humanidad. Es el mecanismo por el cual nos reproducimos, algo que compartimos con la mayor parte de los seres vivos pluricelulares. Si eres algo más que una ameba, es muy probable que tengas sexo.
Pero el sexo también es diferente en nuestra especie, ya que va mucho más allá de la mera reproducción. Somos uno de los pocos animales que tienen sexo por placer, como un mecanismo de cohesión social y personal. La cooperación entre humanos es lo único que ha hecho sobrevivir a nuestra especie, y el sexo es el canal que nos une a los demás. Está detrás de la expresión artística, de la trascendencia personal y de los estados más elevados de la conciencia.
No es de extrañar que haya museos dedicados al sexo y el erotismo. Sin embargo, son relativamente recientes. Empezaron a aparecer en Europa a finales de los años 60 y durante los 70, durante la revolución sexual. Desde la década de los 90 pasaron a llamarse museos eróticos o museos de arte erótico en lugar de museos del sexo.
Seguramente tengas un museo erótico cerca de ti o puedas acercarte en tu próximo viaje. No te los puedes perder.
El Museu de L’Erotica, Barcelona
El Museu de L’Erotica de Barcelona, en plena Ciutat Vella, creado en 1997, exhibe más de 800 obras de arte erótico. Las obras incluyen pintura y escultura de los grandes maestros (Picasso cuenta con grandes obras de arte erótico), y una mirada histórica a la pornografía española.
Destaca la colección de arte japonés prohibido y la sala dedicada a las películas pornográficas rodadas por encargo del rey Alfonso XIII, donde exhibe tres de ellas.
El Gabinete secreto, Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
El Imperio Romano tenía un gran aprecio por el arte erótico, como ha podido comprobarse por los restos encontrados en las ruinas de Pompeya y Herculano. Por desgracia, el arte que se descubrió fue demasiado para las costumbres socialmente conservadoras de la época victoriana.
Entre otras se encontraban estatuas de dioses y hombres con enormes falos, lámparas de aceite que representaban escenas sexuales explícitas, y una escultura del dios Pan en pleno acto sexual con una cabra.
Estas obras fueron trasladadas en el siglo XIX al Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, donde acabaron encerradas en un gabinete secreto, abierto sólo para caballeros bien educados.
En los años que siguieron el gabinete se cerraba y se abría al público dependiendo del conservadurismo del gobierno de turno. En el año 2000, la colección volvió a abrirse, esta vez también a las mujeres.
Museo Falológico de Islandia, Reikiavik
Quizá no hayas oído hablar con anterioridad de la ciencia de la falología, o el estudio los penes. El término lo acuño Sigurdur Hjartarson cuando en 1997 fundó el Museo Falológico de Islandia, una institución única en su género. En la colección del museo se conservan 283 muestras de falos de mamíferos.
El hijo de Hjartarson, Hjortur, amplió la colección, que incluye un espécimen humano y un pene de cachalote de 75 kilos y 1,5 metros de longitud, además de los moldes de los penes del equipo nacional de balonmano. Aunque no está dedicado al erotismo, el museo tiene una vocación esencialmente educativa, despojando a los penes de los tabúes que los rodean.
Venustempel, Ámsterdam
La capital de Holanda, Ámsterdam, es considerada una de las ciudades más libres de Europa. Entre otras cosas, tanto la prostitución como el consumo de drogas están legalizados y regulados. No es de extrañar que albergue dos museos de temática sexual.
El Venustempel (Templo de Venus) es el museo erótico más antiguo del mundo. Abrió sus puertas en 1985 y contiene una colección modesta cuyo principal atractivo es un amplio surtido de pornografía victoriana, la época más sexualmente conservadora de la historia de Europa, y también una de las más prolíficas en el arte erótico.
Sex Museum, Nueva York
El Museo del Sexo de Nueva York (MoSex, en un guiño al MoMa) combina admirablemente lo académico con lo cómico. Dispone de una colección permanente de 15.000 objetos eróticos, pero lo más interesante son sus exposiciones temporales.
Se pueden encontrar algunas que podrían estar en un museo de historia natural, como The Sex Lives of Animals, hasta otras un poco más raras, como Lovers From Hereafter (los amantes del más allá) con encuentros sexuales entre esqueletos. El museo también cuenta con Play, un bar que sirve cócteles con nombres obscenos.
World Erotic Art Museum, Miami
El Museo Mundial de Arte Erótico (WEAM) de Miami es uno de los más intelectuales y con algunas de las obras eróticas más respetadas en la cultura mayoritaria.
Contiene más de 4.000 piezas que incluyen una cama con dosel decorada con temática del Karma Sutra, un falo de madera tallada de dos metros, y obras de Rembrandt y Picasso, junto con obras de todas las épocas y de todo el mundo.
La propietaria y fundadora del museo, Naomi Wilzing, que falleció en 2015, tenía como meta demostrar que el arte erótico es mucho más que pornografía. Puede ser una obra de arte y también ofrecer una ventana a diferentes culturas.
Museo de Máquinas Sexuales, Praga
Los inventores llevan mucho tiempo fabricando artilugios con los que mejorar la vida sexual de los humanos, o al revés, limitarla, desde hace mucho más de lo que pensamos.
En este Museo de Máquinas Sexuales de Praga se exponen cinturones de castidad del siglo XVI junto con «mesas de copulación», muebles diseñados para el facilitar el encuentro sexual, máquinas sexuales que incluyen sillas y falos motorizados, y artilugios como una rueda giratoria con plumas de ave en su perímetro, además de un cine con películas eróticas antiguas.
El museo es un homenaje a la inventiva de la mente humana, sobre todo en lo que respecta al sexo.
MusEros, San Petersburgo
A la salida de la visita del Hermitage quizá perezca la pena pasar por el MusEros de San Petersburgo.
El museo fue noticia en 2004 cuando adquirió un pene humano de 30 centímetros que supuestamente pertenecía al «Monje Loco», Grigori Rasputín, el confidente de la zarina Alexandra, aunque esta afirmación no ha sido verificada. En cualquier caso, el primer museo erótico de Rusia alberga una gran colección de parafernalia erótica, con especial atención a la vida sexual de los antiguos gobernantes rusos. Incluso tienen una «silla traviesa» que supuestamente perteneció a Catalina la Grande.
LAS VEGAS
¿Cómo no iba a haber un museo con estas características en la ciudad del pecado? Lo llamativo es que no esté en pleno Strip.
Tiene un nombre pomposo: ‘ Erotic Heritage Museum ’ y su objetivo no es estimular al público para que acabe en algún club de topless.
Más bien es toda una exhibición de la historia del erotismo en un país tan dado a la doble moral y también un intento por naturalizar lo que para muchos americanos sigue siendo un tabú. En la práctica supone decenas de portadas de Playboy y de Hustler, cuadros subidos de tono o carteles de películas eróticas.
LOVE LAND
En materia de sexo, los coreanos están tan zumbados como los japoneses (o más) .
En plena isla de Jeju, al norte del país, está este parque no apto para menores donde los mayores de 19 pueden darse unos paseos un tanto peculiares.
A lo largo de este recinto se suceden 140 esculturas de sexo explícito que le encuentran una explicación voluminosa a ciertas posturas del kamasutra así como otras figuras de órganos sexuales gigantescos.
Las coreanas se lo pasan pipa riéndose sin parar mientras juegan con algunas esculturas interactivas y miran a sus cónyuges tirando alguna que otra indirecta. Aunque el sitio resulte divertido, al gobierno chino no le gustó tanto este concepto ya que en 2009 ordenó derribar una réplica que se estaba construyendo en Chongqing.
BERLÍN
El Beate Uhse Erotic Museum de la capital alemana tiene el honor de estar considerado como museo erótico más grande del Planeta. Su fundadora, Beate Uhse, tiene el honor de haber sido una de las primeras mujeres piloto de guerra del mundo y, a su vez, de crear el concepto de sex-shop.
En 1996 decidió mostrar su colección privada en un gran espacio en pleno distrito de Charlottenburg donde se agolpan las muestras de arte erótico europeo y asiático y donde se proyectan algunas de las películas pornográficas más antiguas de la Historia.
PARÍS
«Girlie Show» Edward Hopper, 1941
Haciendo gala de lo finolis que son en la metrópolis francesa, a su museo ‘rojo’ le llamaron el del Erotismo .
Y es que este local de Montmartre por el que pasan 10 millones de visitantes anuales se aproxima bastante al concepto tradicional y didáctico de museo, aunque ello no quiere decir que haya esculturas explícitas e imágenes con dos rombos. Pero no busca alterar, sino enriquecer.
Su colección capta la esencia multicultural parisina con objetos de toda procedencia. Llama especialmente la atención su afán por recopilar toda expresión artística obsesionada con el sexo, lo que le convierte en un lugar bastante respetable y solemne. Uno acaba mirando falos y vaginas como el que mira un paisaje impresionista…
50 sombras de sexo. Exposición de arte erótico en Cracovia (Polonia)
Este museo, situado en el sótano gótico de una casa de la Plaza del Mercado Viejo, realiza un recorrido por la historia del erotismo. Para ello muestra piezas que van desde la época de Cleopatra, la reina más joven de Egipto, hasta el fenómeno literario y cinematográfico de Christian Grey.
Una oportunidad única para descubrir cómo el arte de hacer el amor ha influido en la cultura occidental, cómo ha sido y es la vida sexual de la ciudad y cómo han evolucionado las prácticas sexuales desde el Kamasutra hasta el uso de los últimos aparatos electrónicos.
Love Museum en Seúl (Corea del Sur)
Las salas que encontramos en este museo se catalogan en ‘Divertido’, ‘Sexy’ y ‘Clásico’, lo que da una pista sobre qué vamos a encontrar en cada una de las colecciones. En este museo, además, se anima a los visitantes a que interactúen con las obras expuestas, tocándolas, haciéndose fotos…por lo que la diversión está asegurada.
Love stories museum en Dubrovnik (Croacia)
Entre las exposiciones que podemos encontrar en este museo croata, inaugurado en mayo de 2018, se encuentran una sala dedicada a leyendas locales y otra basada en Juego de Tronos.
Aunque quizás la parte más romántica del museo sea la exposición internacional donde se recogen historias de amor de personas anónimas y los objetos que formaron parte de dichas historias.
De hecho, el museo está siempre incluyendo nuevas historias por lo que las parejas que lo deseen pueden enviar la suya y, con un poco de suerte, formar parte de la colección.
Además, el museo dispone de un ‘Muro del Amor’, donde escribir lo que deseemos para crear el muro más romántico del mundo.
Museo de las relaciones rotas en Zagreb (Croacia)
Aunque este museo haga referencia al desamor, al final, para que éste se produzca tiene que haber sucedido antes una historia de amor.
Así que, si eres de los que pasan San Valentín solo o de los que tiene pareja pero desea aprender de los errores de los demás, no puedes dejar de pasar por este museo en el que verás cientos de objetos donados tras rupturas amorosas y podrás grabar, además, tus mensajes más íntimos en su ‘confesionario’.
Museo del erotismo mitológico de Bruselas (Bélgica)
Esculturas, accesorios grego-romanos de piedra y marfil, artefactos íntimos, piezas históricas japonesas o reproducciones de las Venus prehistóricas son algunas de las cosas que alberga este museo que hace un especial hincapié en la historia del erotismo de la Antigua Grecia.
El museo se centra especialmente en trazar la evolución de la sexualidad sin tratar de sorprender o excitar al visitante, es una experiencia intelectual.
En la imagen principal, María Jesús (Maje) y Antonio. En la pequeña, Salva, el presunto asesino de Antonio.
A lo largo de la historia de la criminología ha quedado acreditado que las mujeres suelen matar por dinero y una gran parte de ellas utiliza la toxicología para llevar a cabo su plan.
Así lo asegura la criminóloga Paz Velasco: «Algunas lo hacen solo una vez en su vida; otras, se convierten en asesinas múltiples». Según la experta, el envenenamiento es uno de los métodos preferidos porque es silencioso, discreto, requiere tiempo, paciencia y el uso de la confianza; rasgos asociados por lo general a los femenino.
«Buscan la impunidad, asumir el rol de viuda compungida, y suelen pensar que es una forma más humana porque huyen de la violencia y la sangre pero suele ser una muerte precedida de una dolorosa agonía.
Además, puede pasar desapercibida si, durante la autopsia, no se busca a propósito la presencia de tóxicos en el organismo», asegura.
El veneno empleado históricamente ha sido, según la criminóloga, el arsénico y el cianuro. «Estas muertes pasaban desapercibidas hasta 1840 cuando nace la Toxicología Forense», explica Velasco, que subraya que hoy se han sustituido estos venenos por los cócteles de medicamentos como benzodiacepinas, inductores del sueño y antidepresivos.
Va afectando poco a poco al organismo sin que muchas veces sea detectado.
Aunque el envenenamiento es el método más característico de las mujeres asesinas, también hay quienes usan sus propias manos (madres filicidas en su mayoría) o quienes encargan a un tercero, apunta la criminóloga.
Fue el caso de «Maje». Era conocida como la «viuda negra de Patraix» porque en agosto de 2017 ordenó a su amante que asesinara a su marido en un garaje situado en este barrio de Valencia. María Jesús Moreno, a quien todos llamaban «Maje», convenció a Salvador, su compañero de trabajo en el hospital y amante, para que acabara con la vida de Antonio Navarro, un ingeniero de 37 años con quien se había casado.
El hombre le esperó en el garaje donde Antonio aparcaba el coche y a las 7:40 horas del 16 de agosto de 2017 le dio seis puñaladas con un arma blanca de 18 centímetros de filo.
Tras el crimen, Salvador esperaba «amor eterno» por parte de Maje pero ella, que simultaneaba cuatro relaciones ya antes de encargar el asesinato, no correspondió a Salva y cobraba unos 1.000 euros de pensión tras la muerte de su marido.
Una conversación telefónica entre ellos en noviembre, donde él rompió a llorar, les delató. Fueron condenados a 22 años (ella) y 17 años de prisión (él).
Isaac Guillén fue asesinado pro su mujer, Beatriu (en la imagen) en noviembre de 2019 pero su cuerpo fue localizado en junio de 2020
El cobro de una pensión también parece que pudo haber motivado el asesinato de Beatriu Friginal Camacho a su marido Isaac Guillén; un caso que aún no ha sido juzgado. Isaac, un policía local ya jubilado, padecía una enfermedad neurodegenerativa llamada ataxia cerebelosa, que le obligaba a andar en silla de ruedas, le impedía prácticamente hablar y, a duras penas, coger cosas con las manos.
Cuando se casó con Beatriu, su segunda esposa, ya estaba mal (al parecer le cuidaba a cambio de su pensión de invalidez) y la investigación apunta a que ella quería cobrar pensión y seguro de decesos que él tenía contratado.
Así, planeó su asesinato a finales de 2019 junto a su hijo adolescente y le enterraron en una finca de Godelleta (Valencia). Los agentes encontraron allí su silla de ruedas y ella fue detenida aunque quiso hacer ver que Isaac había desaparecido de forma voluntaria dando a entender que se había ido a Suiza para ser sometido a la eutanasia.
Jesús Mari y Carmen
También el móvil económico parece estar detrás del famoso «crimen de la cabeza».
Ocurrió en Castro Urdiales (Cantabria) en febrero de 2019. Todo el mundo deja de ver a Jesús Mari Baranda y su última esposa, una andaluza llamada Carmen Merino (aún en prisión provisional) decía que se había ido al Caribe «con fulanas».
Se desconoce cómo le mató pero sí que se quedó con el cráneo, que dejó sin las partes blandas (cocido o quemado) y lo metió en una caja, que posteriormente llevó a una amiga asegurando que eran juguetes sexuales. A la amiga le pudo la curiosidad y al descubrir aquello se destapó el crimen.
Desde entonces, está preventiva. No se descarta que contrata a un sicario pero la investigación aún no ha podido determinar nada.
Concepción Martín, conocida como la viuda negra de Alicante, se sienta en el banquillo de la Audiencia Provincial este lunes en el que se inicia el juicio, con jurado popular, que determinará si asesinó a su marido veinte días después de su boda.
También quiso emplear a un sicario aunque ella andaba por la escena del crimen, Conchi, la famosa «viuda negra» que decía andar en silla de ruedas pero que «milagrosamente» se levantaba cuando quería.
Ella y su cuidador y compinche asesinaron a su casi recién estrenado marido (se habían casado 15 días atrás) en un aparcamiento público de Alicante.
Fue la noche del 20 de agosto de 2018. Habían citado allí a la víctima y el cuidador le comenzó a agredir con un destornillador y le causó la muerte. Ella fue condenada a 22 años de prisión y él a 20.
Yorokobu(R.C.Pico) — En 1930, Dorothy Sayers publicó el que posiblemente sea el libro más meta de toda la edad dorada de la novela de misterio. La historia arranca cuando una popular escritora de novelas de detectives, Harriet Vane, es acusada de haber asesinado a su exnovio.
Lord Peter Wimsey, el aristócrata investigador que protagoniza las novelas de Sayers, tiene de que descubrir la verdad del asunto y si Vane, un trasunto de la propia Sayers, es o no una asesina. Por hacer aún más autobiográfica la historia, el muerto es, en realidad, la versión literaria de la expareja de la propia autora.
No sé si puede considerar spoiler desvelar parte de la trama de una serie de novelas que se publicaron hace ya casi 100 años, pero tras el punto final de Strong Poison (hace bastante que no se editan las novelas de Sayers en España, pero en bibliotecas y librerías de viejo se puede encontrar como Veneno mortal), Harriet Vane acompañará a lord Peter en las siguientes entregas resolviendo crímenes.
Se convertirá así en la mujer protagonista de unas novelas escritas también por una mujer. Y, al fin y al cabo, las mujeres tenían una presencia clara en esa edad dorada de la novela de misterio: muchas de esas historias salían de sus máquinas de escribir, como las de la gran reina literaria del género, Agatha Christie.
Aun así, y a pesar de Christie, Sayers o la literaria Vane, si ahora se intenta imaginar a un detective de antaño, se pensará en un hombre, vestido con una gabardina y envuelto en una especie de permanente niebla londinense, como si llevara a todas partes consigo una máquina de humo a lo estrella del pop.
Vive rodeado de tremendos peligros y resuelve asesinatos que se cometen o bien en caserones en la campiña, o en sórdidos espacios urbanos.
La realidad es bastante diferente. Los detectives privados del pasado existieron, pero ni trabajaban solo con esos complejos casos —el mundo real es a veces bastante más prosaico— ni eran misteriosos señores de gabardina. En ocasiones, ni siquiera eran señores.
Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las mujeres fueron adentrándose en nuevas profesiones. Fue la época en la que aparecieron las telefonistas, las mecanógrafas o las telegrafistas, entre otras, pero también en la que las mujeres empezaron a resolver crímenes, al menos de forma profesional y con un sueldo.
Se suele considerar a Kate Warne como la primera mujer detective de la historia, posiblemente porque es la primera cuyo nombre conocemos de forma clara e incuestionable y porque trabajaba para una de las más populares primeras agencias de detectives profesionales.
Warne empezó a trabajar en la estadounidense agencia Pinkerton en la década de los 50 del siglo XIX, después de leer un anuncio de empleo en un periódico.
Cuando consiguió convencer a Allan Pinkerton de que una mujer podía llegar a lugares e información que siempre estarían vedados a los hombres, se convirtió en la primera de las mujeres detectives de la agencia. No fue la única, porque su jefe comenzó a fichar mujeres y a posicionarlas en diferentes casos.
Todo lo de la agencia Pinkerton y su personal suena, aun así, muy a película de Hollywood, lo que lleva casi a dar por sentado que eso pasaba a ese lado del Atlántico, pero no del otro.
Nada más lejos de la realidad. En Europa, las agencias de detectives comenzaron también a hacerse populares y a ofrecer sus servicios de forma recurrente entre finales del XIX y principios del XX. Lo hicieron incorporando a mujeres en sus plantillas.
En Reino Unido, un cambio en la ley de divorcios creó un bum de la profesión y también la necesidad de contar con «lady detectives» que pudiesen hacer un seguimiento de los potenciales infieles. En todo el continente, eran también las mujeres quienes trabajaban para los grandes almacenes, haciendo de detectives infiltradas para detectar ladrones.
En España no había lady detectives: había «señoritas detectives».
José Luis Ibáñez ha investigado sobre los orígenes de los detectives privados en la España de la época y, además de recuperar la historia de los Sherlock Holmes peninsulares (que así se vendían ellos), también ha seguido las huellas de esas primeras investigadoras. Sus conclusiones se pueden leer en Todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe.
Escribe Ibáñez que «aquellas detectives pioneras se enfrentaron a muchos prejuicios». No solo las juzgaban por desempeñar un trabajo considerado masculino, sino que además las «policías privadas» —como se llamaban en España las agencias de detectives— tenían mala fama.
Muchas de ellas, explica el ensayista, camuflaban su verdadera profesión presentándose como secretarias o mecanógrafas. Pero estar, estaban.
El misterio de las Agencias de Detectives
Aunque las agencias de detectives tienen ese aura misteriosa y glamurosa del cine, lo cierto es que se puede reconstruir su historia con la prensa. Sus servicios se anuncian en los faldones e incluso en las menos brillantes secciones de anuncios por palabras de las cabeceras que se pueden encontrar en Prensa Histórica del Ministerio de Cultura o en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
«Las señoritas detectives y los agentes internacionales de la Agencia Hispania de Policía Privada lo descubren todo», prometía así el anuncio de una de estas agencias en 1914.
¿En qué y cómo trabajaban estas señoritas detectives? Los anuncios dan algunas —aunque escasas— pistas. La Agencia Internacional promete, también por esas fechas, que sus mujeres detectives hacen «vigilancias privadas». Las señoritas también hacen pesquisas.
José Luis Ibáñez ha conseguido en su libro más detalles sobre en qué consistían exactamente esas vigilancias gracias a los casos judiciales de la época. Su trabajo era similar al de los detectives hombres, que observaban y tomaban notas de qué ocurría. Alguna agencia, añade, insistía en sus anuncios en que sus detectives eran «señoritas distinguidas».
Aunque hoy nos vendría muy bien un reportaje siguiendo a alguna de estas pioneras detectives, los artículos que las sitúan como protagonistas absolutas son escasos.
En 1914, cuando aparecen en Madrid las primeras señoritas detectives, una columna en El Tiempo insiste en esa idea de que las mujeres pueden llegar a áreas que los hombres no pueden alcanzar. También, eso sí, concluye que serán más hábiles extrayendo información porque para lograrlo solo tienen que enamorar a sus investigados.
Mucho peor es la visión que aporta el conservador Heraldo Militar, donde su columnista está harto de las mujeres «que quieren desempeñar cargos masculinos». «Y para terminar, yo aconsejaría a esas jóvenes que busquen novio, y que se casasen, y que después, ante una cuna, en la que habría un chiquillo muy mono, cantasen», indica, poniendo el estribillo de Que viene el coco como máxima aspiración femenina posible a resolver misterios.
El único reportaje que realmente parte de lo que hacen las mujeres detectives es el que publica Crónica en 1934. Nunca identifican, por razones obvias, a la detective, que lleva 8 meses trabajando en una agencia de Madrid y que investiga, sobre todo, a maridos infieles.
Su trabajo consiste en seguirlos allá donde vayan para comprobar si lo que sospecha su mujer es o no cierto, para lo que se disfraza con lo que sea necesario y va a donde sea preciso, cabarets incluidos.
La detective más famosa de Londres
Las señoritas detectives no solo se quedaban entre las piezas anónimas de la plantilla de las agencias de principios del siglo XX. A veces, como en las novelas de misterio, eran ellas las grandes protagonistas. José Luis Ibáñez ha identificado a la primera detective que tuvo su propia agencia en España.
Se llamaba Carolina Bravo y montó en los años 20 una agencia en Barcelona, que prometía lograr informaciones tanto en el país como en el extranjero. Poco más se sabe de ella: el ensayista le pierde la pista en 1926, cuando sus anuncios en prensa desaparecen.
Aunque para saber más sobre estas líderes pioneras, el mejor ejemplo es el de Maud West, la más popular lady detective en el Londres que va de 1905 a finales de los años 30. Maud West era una presencia habitual en la prensa de la época, no solo en la británica, con sus anuncios y reclamos, sino también en la de otros países en la que publicaba artículos en los que contaba sus investigaciones.
La Maud West de la prensa parece casi un personaje más de la novelesca edad dorada del crimen, pero era una persona real, como ha demostrado Susannah Stapleton en The Adventures of Maud West, Lady Detective. Stapleton ha peinado archivos y seguido pistas inesperadas para descubrir quién era exactamente la detective.
Sus descubrimientos ayudan a visualizar cómo eran esas pioneras señoritas detectives. West era, al fin y al cabo, una de muchas mujeres que trabajaban como detectives en la época.
Fue una, además, que supo crear una imagen pública ajustada a lo que se esperaba de una investigadora, siempre rodeada de peligros y altamente ingeniosa. En su agencia trabajaban varias personas, que investigaban cuestiones tan poco glamurosas como infidelidades para lograr divorcios.
Maud West posiblemente se hizo detective porque era una profesión que le permitía acceder a una fuente de ingresos y sostener así a su amplia familia: tenía un marido que trabajaba para ella y, mientras resolvía misterios y crímenes, tuvo seis hijos.
Sinc(S.Ferrer) — Durante la pandemia los científicos han aclarado dudas y también han visto cómo sus mensajes generaban recelo. En tiempos de miedo e incertidumbre, la desconfianza hacia los expertos ha aflorado, sobre todo en países donde las élites políticas usan una retórica que polariza la opinión pública. Este fenómeno ha tenido un papel importante en el último año y medio, pero es difícil predecir su evolución.
“Guárdense del consenso de los ‘expertos’”, advertía desde su titular un artículo de opinión publicado en el Washington Post por la columnista Megan McArdle a finales de mayo. “Parece que [este] era algo ilusorio y habría sido bueno recordar que, como el resto de nosotros, los científicos son propensos al pensamiento grupal y que las preocupaciones no científicas pueden infiltrarse en sus declaraciones públicas”, arrancaba el texto.
McArdle explicaba lo fácil que era caer en “la trampa de ‘los expertos dicen” y sugería que esta “ilusión de cuasi infalibilidad” prometía certezas en una época en la que el mundo está siendo mucho menos predecible de lo que pensábamos.
¿Razonable? El artículo criticaba que el “consenso de los expertos” hubiera encerrado en un ataúd la desde entonces resucitada hipótesis —hasta la fecha sin evidencias— de que el SARS-CoV-2 salió de un laboratorio de China.
“Los expertos no nos han contado la historia completa sobre la teoría del escape del laboratorio durante un año, ¿cómo sabemos si nos están contando la historia completa sobre el cambio climático?”, se preguntaba en Twitter el senador conservador australiano Matthew Canavan días después. De alguna forma, había seguido el consejo de McArdle.
Las palabras de Canavan son reflejo del llamado “antiintelectualismo”, la desconfianza hacia los expertos. No es un problema nuevo: “En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. […] Ahora los oscurantistas tienen una nueva consigna: ‘¡No confíes en los expertos!”, escribió en 1980 Isaac Asimov en una columna sobre este tema publicada en Newsweek. Hoy, algunos investigadores se preguntan cómo afecta esta actitud a la percepción de la pandemia.
Contra los expertos
“El antiintelectualismo ha jugado un papel poderoso moldeando la reacción del público a la pandemia”, aseguraban los autores de un estudio publicado este año en la revista Nature Human Behaviour. El coronavirus ha bajado a la propia ciencia de su pedestal, pero son los expertos e investigadores quienes están en primera línea: comunican mensajes de salud pública, desmienten bulos y forman parte de la respuesta de los gobiernos a la covid-19.
Esta desconfianza, aplicada a la pandemia y según los autores del trabajo, reduciría la percepción del riesgo que supone el coronavirus y la adherencia a las medidas, y aumentaría las percepciones erróneas.
Los resultados, obtenidos a partir de encuestas con miles de canadienses, confirmaron esa hipótesis. “El antiintelectualismo supone un reto fundamental para mantener e incrementar el cumplimiento del público de las directrices de salud pública contra la covid-19 planteadas por los expertos”, concluían en el artículo.
El investigador de la Universidad de Ontario (Canadá) y coautor del trabajo, Eric Merkley, asegura a SINC que son muchas las razones que pueden llevar a la población a desconfiar de los expertos. “Pueden tener creencias populistas por las que ven a los expertos como un grupo de élites que se opone a los intereses de la gente”, asegura. Así, la ideología puede empujar a algunas personas a “rechazar” la opinión de los especialistas.
Merkley pone como ejemplo el cambio climático: “Tiene implicaciones políticas que se oponen a las creencias que tienden hacia la derecha, por lo que este tema puede crear animosidad frente a los expertos”.
Otro motivo, afirma, es la religiosidad, “típicamente ligada al antiintelectualismo porque la autoridad científica en ocasiones se ve como una amenaza para la autoridad religiosa”. También el miedo a la tecnología. “La conclusión es que científicos y expertos tiene un poder sobre las decisiones políticas que los lleva a tomar posiciones que amenazan los intereses y valores de ciertos grupos de ciudadanos”, añade Merkley.
El investigador advierte de que estas actitudes “importan” en países como Canadá y Estados Unidos, donde han “moldeado” las actitudes y el comportamiento del público en todo lo que rodea a la pandemia de covid-19.
Desconfianza en tiempos de crisis
El sociólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Josep Lobera considera normal que estas mentalidades afloren en tiempos difíciles. “Es mucho más fácil vender que el pueblo está mal por culpa de las élites políticas, científicas y tecnocráticas cuando hay una crisis”, explica. Ante eventos complejos sin una explicación sencilla y rodeadas de miedo e incertidumbre, determinadas personas se “activan” y “compran” este tipo de ideas.
Lobera cree que es importante “delimitar bien las fronteras” al hablar de este tema. Separa así entre la mentalidad anticiencia —minoritaria en España, según explica—, la conspirativa y el populismo anticientífico. Este último lo identifica con Trump y Bolsonaro y sus “interpretaciones políticas” de la ciencia. Sería, por lo tanto, una “rama política” distinta de las otras dos, aunque “a veces se entrecrucen”.
Estas posiciones no son un bloque cerrado y delimitado. “Tienen un rango muy amplio que va desde las dudas razonables, sutiles e informadas hasta el descreimiento total ante cualquier informe técnico no avalado por el partido político afín”, matiza Lobera.
También aclara que son actitudes que siempre han estado ahí, en ocasiones escondidas dentro de cada persona. “En 2019 no veías personas conspiranoicas porque el mundo estaba tranquilo. De repente, en 2020 te sientas con mascarilla en una terraza con tu primo y descubres una dimensión suya que no conocías porque el contexto es diferente”, comenta. “Él siempre ha sido así, se defiende de esa forma de una incertidumbre que hasta entonces no existía a ese nivel”.
Una actitud más positiva…
Aunque el trabajo de Merkley advierta de los peligros de la desconfianza hacia los expertos, lo cierto es que la actitud de la población ante la ciencia ha mejorado durante la pandemia. Así lo muestran numerosas encuestas publicadas por todo el mundo en el último año.
El investigador de la Universidad de Warwick (Reino Unido) Eric Jensen cree que la actitud de la población se ha vuelto más positiva hacia la ciencia y asegura no ver evidencia de que haya un “sector creciente” de personas con mentalidad antiintelectualista. Merkley tampoco lo piensa. De hecho, espera que la confianza aumente debido a que “la ansiedad de la gente ha hecho que se vuelvan hacia las autoridades científicas”.
“En estos tiempos de desinformación son unas raras buenas noticias”, aseguraba Jensen en una correspondencia publicada en Nature en la que compartía los resultados de algunas de estas encuestas. Por ejemplo, los niveles de confianza en la ciencia aumentaron en Alemania de un 46 % en 2019 a un 60 % en noviembre de 2020, antes de que se aprobaran las vacunas contra la covid-19. El pico, sin embargo, se alcanzó en abril de 2020, con un 73 % de apoyo.
Lobera afirma que esos vaivenes nos recuerdan no debemos sacar conclusiones precipitadas, al menos en el caso de España. “Con los datos de nuestro país no podemos decir que la gente confía más en la ciencia”, dice. “Para la gente ha sido un año y medio de shock, y en ese contexto hay quien reacciona creyendo en la ciencia y poniéndole velas como si fuera infalible; y hay quien duda del cura y del científico”.
Por eso cree importante esperar a que cada sector salga del estado de conmoción imperante para ver cómo se modula todo. En tiempos difíciles, algunos tienen una actitud “exageradamente confiada y cientifista” y otros reaccionan ante la incertidumbre con pensamientos conspirativos.
… pero más polarizada
Jensen admite que puede haber “una pequeña tendencia hacia la polarización” que haga que la visión de las personas sobre estos temas se vuelva más firme, ya sea hacia un lado o hacia otro. Lobera coincide con esa apreciación y pide prudencia: “La pandemia nos polariza, no podemos hablar de una tendencia social”, aclara. “Tenemos tendencias sociales divergentes, con grupos con una mayor confianza en la ciencia y grupos con una mayor mentalidad conspirativa y anticientífica”.
Esta polarización ya la sugirió la tercera ronda de la Encuesta de Percepción Social de aspectos científicos de la covid-19, elaborada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y dirigida por Lobera. Según sus resultados, uno de cada cuatro españoles cree que existen organizaciones secretas que influyen en las decisiones políticas y casi un tercio piensa que las mascarillas son malas para la salud.
Las futuras encuestas de percepción de la ciencia deberán ser muy cuidadosas a la hora de evaluar los cambios en la polarización de la ciudadanía, explica Lobera. “Será interesante, porque puede que la media no cambie mucho pero cuando mires más a fondo resulte que haya grupos que se han ido hacia los extremos”.
¿Qué sucederá cuando acabe todo? “Es imposible saber si estos cambios hacia una mayor confianza en la ciencia se mantendrán a largo plazo más allá de la pandemia, pero hay una buena posibilidad de que perduren”, confía Jensen. Pone como ejemplo un precedente histórico: el ambiente procientífico que siguió a los logros científicos y tecnológicos de mediados del siglo XX.
Lobera es más cauto: “Vamos a salir más desiguales de esta crisis en lo referente a creencias, estado de ánimo e interpretaciones. Las teorías conspirativas durarán décadas”.
“Hay quien tendrá la pandemia en su vida durante muchos años, o seguirán anclados en 2020 y 2021. Algunos no recuperarán su economía, su vida ni su pareja perdida. Otros están hoy peor que nunca”, dice. Por el contrario, “hay grupos que ya se han olvidado de la covid-19”. Por eso no ve la situación en términos de principio y final, sino como “un chicle que se estira” más para unos que para otros.
Receta contra el antiintelectualismo político
Merkley aclara que el antiintelectualismo puede variar entre grupos de ciudadanos, contextos nacionales y a lo largo del tiempo, pero que existen pocos datos para plantear un perfil demográfico comúnentre países.
“Según los datos de Canadá y Estados Unidos, los individuos con un alto sentimiento antiintelectualista tienen un nivel educativo y socioeconómico menor, son más religiosos y tienden a vivir en áreas rurales y ser hombres”, resume. “Tienen menos aptitudes científicas, una menor inclinación a evaluar con cuidado la información nueva y se inclinan hacia la derecha política y el populismo”.
Este perfil, sin embargo, no tiene por qué ser extrapolable a otros lugares. Asegura que no existe evidencia de que el sentimiento antiintelectual sea “más pronunciado” en unos países que en otros pero, de nuevo, compara las similitudes entre Canadá y Estados Unidos.
Hace falta un consenso
“La diferencia fundamental que separa a países como Estados Unidos y Brasil del resto es el grado en el que las élites políticas usan una retórica antiintelectual para polarizar a su público”, comenta Merkley. Cuando medios y partidos concretos recurren a ella, la “atan a un conflicto ideológico con una extensión mucho mayor”. El resultado, advierte, tiene “enormes consecuencias para la salud pública”. Pone como ejemplo las “catastróficas” tasas de vacunación en los estados republicanos de Estados Unidos.
Merkley explica que lo más importante para evitar el antiintelectualismo es que políticos y partidos alcancen un consenso para que este concepto no quede unido a una ideología polarizada concreta. “Ese barco ha zarpado en varios países”, asegura. La solución, según el investigador, pasa por elevar los mensajes de aquellos líderes de opinión que “se toman la covid-19 en serio” y atraer a los ciudadanos con este tipo de mentalidad.
“Puede haber formas de plantear la vacunación de la covid-19 de formas que atraigan a los conservadores que desconfían en los expertos más allá de simplemente apoyarse en la autoridad científica para lograr esa persuasión”, añade Merkley.
En contextos tan polarizados como el de Estados Unidos, piensa, este viaje será una “enorme cuesta arriba”. El club de la ignorancia que denunciaba Asimov hace 40 años no desaparecerá con el coronavirus. Con suerte, tampoco aumentará su lista de miembros.
CNN(J.Palumbo) — Cuando Annie Sprinkle y Beth Stephens, compañeras desde hacía mucho tiempo, se casaron con la Tierra en 2008, fue un acontecimiento exuberante entre las secuoyas de Santa Cruz, en California, al que asistieron más de 300 invitados jubilosos vestidos de verde.
En el evento hubo varias performances: dos artistas atados por una boa constrictor, una cantante de ópera de striptease y una sesión de azotes con rosas de tallo largo en lugar de paletas. Cuando Sprinkle y Stephens leyeron sus votos para honrar y cuidar la Tierra, pidieron a los invitados que también los hicieran. A cada asistente se le regaló una bolsa de tierra y se le pidió que inhalara su aroma.
Esta «boda verde» no fue la primera vez que Sprinkle y Stephens se casaron, ni mucho menos la última. Desde su primera celebración, una unión libre en 2003, las artistas de performance se han casado con el cielo, la Luna, la nieve y el Sol, entre otras entidades naturales.
Han celebrado ceremonias en todo el mundo con cientos de invitados, e incluso se han casado con el mar Adriático en la prestigiosa bienal de Venecia.
Tras su «boda verde», Sprinkle y Stephens le dieron un nombre al movimiento, e hicieron un manifiesto. Se declararon a sí mismas «ecosexuales» y se comprometieron a tratar a la Tierra como una amante para salvarla.
El artista Guillermo Gómez-Peña ofició la «boda verde» en 2008, en la que interpretó a un sacerdote azteca.
«Realmente estamos tratando de cambiar el lente a través del cual la gente ve la Tierra», dijo Stephens en una entrevista conjunta por video con Sprinkle. «Más que como un recurso, queremos que la gente vea la Tierra como una fuente de placer en la vida y de salud. Están realmente interconectados».
A primera vista puede que las ceremonias parezcan parodias. Pero por muy festivas que sean Sprinkle y Stephens, responden a cuestiones de peso.
Las artistas adoptaron los rituales de boda como vehículo para actos sexuales positivos de la comunidad LGBTQ en un momento en el que las parejas del mismo sexo no podían casarse en Estados Unidos, y para el activismo medioambiental en un momento en el que se hacía evidente lo peligrosa que se había vuelto la emergencia climática.
Como artistas, dijo Stephens, utilizan «estrategias de alegría» y del «absurdo».
La «boda verde» dio comienzo al viaje ecosexual de las artistas, catalizando un manifiesto y un movimiento para tratar a la Tierra como una amante.
Su colaboración de casi 20 años ha dado lugar a performances ecosexuales, exposiciones, eventos y teoría. Un nuevo libro llamado «Assuming the Ecosexual Position: The Earth as Lover» detalla la totalidad de su práctica, desde los primeros proyectos sobre el amor y la intimidad, pasando por sus bodas anuales, hasta sus películas documentales como «Water Makes Us Wet». (Su próxima película sobre los incendios forestales y los «incendios sociales», según Stephens, contará con el apoyo de una beca Guggenheim).
El compromiso de la pareja con la Tierra como amante (en lugar de concebir a la Tierra como madre) significa que están «loca, apasionada y ferozmente enamoradas» de nuestro planeta, como proclamaron en su manifiesto hace una década.
«Abrazamos árboles sin vergüenza, masajeamos a la Tierra con nuestros pies y hablamos eróticamente con las plantas», escribieron. «Hacemos el amor a la Tierra a través de nuestros sentidos».
El curador Jota Castro invitó a Sprinkle y Stephens a crear una performance de boda en la bienal de Venecia de 2009, así que decidieron casarse con el mar Adriático e invitaron a artistas de todo el mundo a colaborar en la ceremonia de ocho horas de duración.
Las bodas como performances
La primera unión de Sprinkle y Stephens fue una ceremonia de unión libre en San Francisco que celebraron más de una década después de haberse conocido en la Universidad de Rutgers. La ceremonia fue un asunto comunitario: declararon su amor junto a otras 33 parejas, tanto LGBTQ como heterosexuales.
Sprinkle llevaba un vestido plateado y un plumero con adornos de plumas, y Stephens un esmoquin plateado. El evento contó con las actuaciones del San Francisco Gay Men’s Chorus y del coro transgénero The Believers.
Como explica la pareja en «Assuming the Ecosexual Position», fue ahí que se dieron cuenta de que «podían movilizar la ceremonia de la boda (…) como medio para entablar una conversación política más amplia, para construir una comunidad y generar amor».
«Todo el mundo conoce la narrativa de las bodas, los anillos, los votos, el beso», añadió Sprinkle. «Realmente es una performance».
Sprinkle y Stephens cortan la tarta en la «bodas plateada con las rocas».
En sus bodas siguientes, que pasaron a formar parte de un proyecto de siete años titulado «Laboratorio de Arte del Amor», los asistentes también podían participar y hacer los votos. Colaboraron con diferentes artistas en cada evento y rechazaron los regalos materiales.
(Usualmente también tienen a alguien que expresa sus objeciones al matrimonio, una tradición iniciada por un amigo que leyó una lista de «Las diez razones principales por las que el matrimonio debería ser abolido», detallando cómo se trata de una institución desigual y anticuada).
Inspiradas en el trabajo de su amiga y mentora, la artista de performance Linda Montano, Sprinkle y Stephens asignaron un «color de chakra» y un tema a cada uno de los siete años que trabajaron en el proyecto.
En el primer año, 2004 (o el «año rojo»), la pareja estrenó una serie de performances públicas de abrazos y sesiones de besos de una hora de duración, organizó clínicas de sexo en las aceras y celebró su «boda roja» en un antiguo club de burlesque.
En el «año naranja», se casaron con su comunidad, y los invitados acudieron disfrazados de exprimidores de naranjas y zanahorias. El «año verde», cuando declararon su ecosexualidad, fue el cuarto año.
«Nuestro amor mutuo se convirtió en amor por la comunidad, que a su vez se convirtió en amor por el medio ambiente», dijo Sprinkle.
En 2010, las artistas se casaron con la Luna bajo la luna llena de la cosecha en el Ampitheater Farnsworth de Los Ángeles. El reverendo Billy actuó como oficiante.
Cuando empezaron a casarse con el mundo natural, las bodas se hicieron más grandes y teatrales. En su «año azul», además de su boda en Venecia con el mar, se casaron con el cielo en Oxford, Reino Unido. Le siguió el «año púrpura», con una boda nocturna tipo rave con la Luna y una unión diurna con los montes Apalaches. La última boda del proyecto de siete años fue con la nieve, en Ottawa, Canadá, donde todo el mundo se vistió de blanco en una catedral secularizada justo después de una gran tormenta de nieve.
Aunque el «Laboratorio del Arte del Amor» terminó en 2011, continuaron con sus performances de boda, incluso cuando se embarcaron en una serie de proyectos en curso a través del E.A.R.T.H. Lab de la Universidad de California Santa Cruz (donde Stephens preside el Departamento de Arte). Las ceremonias posteriores al laboratorio han incluido una «boda con el carbón» en la región del carbón de España, de estilo punk-rock y totalmente negra, y la «boda sucia con el suelo» en Krems, Austria.
Pero aunque Sprinkle y Stephens ya no organizan las bodas ellas mismos, otros entusiastas ecosexuales han tomado la causa. Justo antes de la pandemia del covid-19, un grupo llamado Future Farmers invitó a Sprinkle y Stephens a casarse con la niebla en la Universidad de Santa Cruz. Y este septiembre, la artista y académica Ewelina Jarosz organizará una boda entre Sprinkle, Stephens y la artemia del Gran Lago Salado, en Utah.
La boda blanca con la nieve se celebró en Ottawa, Canadá.
«Le pasamos la antorcha de las bodas a las generaciones futuras y a las futuras novias y novios», dijo Sprinkle. Su libro incluso tiene instrucciones sobre cómo casarse con elementos de la naturaleza para aquellos que quieran celebrar sus propias ceremonias.
Tras el informe de las Naciones Unidas de la semana pasada, con la evaluación más urgente sobre el cambio climático hasta la fecha, la pareja añadió por correo electrónico: «Generar más amor por el medio ambiente (…) se necesita más que nunca».
Sprinkle y Stephens han usado durante mucho tiempo sus proyectos colaborativos para generar alegría en medio de la injusticia y las dificultades, para darle otra forma a la relación de las personas con el medio ambiente y para hacer que salvar el planeta sea un poco más sexy.
(ANSA) – ROMA — La llegada del crack argentino Lionel Messi al París Saint-Germain hizo un poco más rica a la máxima figura en la historia de la NBA Michael Jordan.
Esto debido a que el ex campeón olímpico y múltiple campeón con los Chicago Bulls posee una cuota minoritaria en el grupo Nike, que en menos de una semana facturó 120 millones de euros con la casaca número 30 que lucirá el ex Barcelona en PSG.
Como Jordan ostenta un 5 por ciento de las acciones de la empresa de indumentaria deportiva, sus ganancias se incrementaron en seis millones de euros debido a esa «fiebre» de los aficionados del club parisino frente al arribo del astro argentino.
La cifra fue calculada por medios de prensa franceses y el portugués «A Bola» en función del porcentaje que Jordan cobra por cada casaca que vende PSG, del cual Nike es sponsor oficial.
Una buena noticia para «Air Jordan», aunque poco comparado con las pérdidas que, según la revista especializada «Forbes», sufrió el año pasado como consecuencia de la pandemia.
Según «Forbes», el patrimonio del ex conductor de los Bulls cayó de 2100 millones a 1600 millones de dólares por efecto del Covid-19, una pérdida cercana a los 500 millones de dólares.
Los actores de un espectáculo del campo de Westerbork.
Cabarés en los campos de exterminio nazi: los judíos que se agarraron al humor para sobrevivir
El Español(D.Barrera) — La risa se fue colando por las rendijas de la maquinaria del horror, hasta quedar apagada en las cámaras de gas. En el infierno, en el abismo de la vida, de forma totalmente inverosímil y surrealista, pervivió el arte escénico, el espectáculo.
En los campos de extermino orquestados por el nazismo los actores, músicos y comediantes judíos, estrellas de la actuación hasta que apareció la nube de odio de Hitler, se convirtieron en bufones de sus verdugos, continuaron con sus parodias como único método de supervivencia.
En estos lugares escalofriantes, como Auschwitz, de cuya liberación se cumplen 75 años este lunes, hubo formaciones musicales organizadas por los oficiales de las SS para acompañar la vida diaria del campo y espectáculos que montaron los propios prisioneros como un utópico acto de resistencia.
Pero también eventos más extremos, de carácter circense, como los implantados por el sádico doctor Mengele: en una ocasión, antes de enviarlos a las cámaras gas, logró reunir a toda una compañía de acróbatas enanos para una exhibición; otros internos revelarían que le gustaba practicar una suerte de teatro anatómico diseccionando cadáveres en público.
Son esos ejemplos máximos del sadismo nazi, acaecidos en el núcleo del mal y que terminaron de forma definitiva con la luz de los artistas judíos que brillaron en los cabarés y espectáculos del Berlín de la década de 1930.
La última parada de un proceso exterminador que contó antes con un espacio intermedio, los guetos y campos de internamiento, donde estos cómicos siguieron actuando porque no tenían otra elección, porque sus dotes teatrales les permitían seguir agarrándose a la vida.
Es lo que harían Kurt Gerron, Max Ehrlich o Paul Morgan.
Los miembros de la orquesta de cuerdas Westerbork posan en el escenario con sus instrumentos.
Este fenómeno bastante desconocido de los comediantes judíos que tampoco se libraron del Holocausto lo estudia la historiadora italiana Antonella Ottai en La risa nos hará libres (Gedisa), un ensayo profundo, inteligente y revelador que ahonda en las raíces del odio reflexionando sobre el humor y la absurda relación que se construyó entre las víctimas y sus asesinos:
«La excepcionalidad de los acontecimientos teatrales, paradójicamente, contribuye a imponer, a pesar de todos los indicios en contrario, una apariencia general de normalidad«, escribe la autora. El abstraerse de la realidad el tiempo que duraban las funciones.
El relato arranca con el momento de mayor esplendor de esta cultura cabaretística y en el baluarte del judaísmo, la Kurfürstendamm, una de las principales arterias berlinesas y reclamo de Goebbels y compañía cuando la esvástica comenzó a atropellar todo el orden anterior.
Muchos artistas empezaron a buscar refugio en el exilio; los que resistieron, conformaron en 1933 la Liga para la Cultura Judía, con la que se buscaba satisfacer los dictámenes del poder nazi en materia de separación de alemanes y judíos, y que fue sometida a un asedio continuo hasta su desmembración en 1941.
El humor del victimario estaba caracterizado por tintes autoparódicos, pero los cómicos no rechazaron su ingenio para combatir los postulados antisemitas o satirizar al führer sugiriendo su homosexualidad. Hitler se cobraría su venganza poco después, con una sentencia espantosa: «Los judíos se reían, pensaban que se trataba de un juego. Hoy ya no ríen más».
Prisioneros tocan el «Tango de la Muerte» en el campo de concentración de Janowska, durante la ejecución de soldados soviéticos.
Una anomalía
La Liga fue, en palabras de Ottai, «un gueto virtual en una ciudad que no disponía de uno real: un gueto delimitado, no por los muros de una prisión, sino por las prohibiciones de la ley».
Lo que seguramente no supiesen con certidumbre sus integrantes era lo que les esperaba en los viajes en tren hacia el Este: Westerbrok y Theresienstadt, más hacinamiento y más odio. Pero aquello solo se reveló en un entreacto de la Solución Final.
Los dos fueron campos de tránsito, una farsa.
El primero, en suelo holandés, era un compendio de barracones que recordaban a un poblado nómada, una estación modelo desde la que partieron un total de noventa «cargamentos» hacia Auschwitz y los otros recintos donde se perpetró el exterminio de forma masiva.
Allí, en un escenario que actúa como salvación y jaula, coinciden viejos amigos y nombres destacados de las extintas esferas berlinesas.
El comandante de Westerbrok, Konrad Gemmeker, se da cuenta del patrimonio teatral que tiene prisionero y organiza fiestas y estrenos para el deleite de otros altos mandos de las tropas invasoras. La acción persecutoria transforma esas «cosas de judíos», que creía Goebbels, en «cosas de alemanes».
«En el espacio de un año se había reunido en el campo los grandes nombres del cabaré alemán: quizá un empresario, en circunstancias normales, no habría logrado convocar nunca a tantos artistas», resume Otti. Las paradojas de la guerra.
La orquesta de Auschwitz.
Por su parte, el gueto Theresienstadt no solo presenció espectáculos similares, sino que más bien fue una comedia en sí, un asentamiento que se tornó en una farsa desde sus orígenes, una de las grandes ficciones de la historia, un simulacro propagandístico redondo.
Allí tuvo lugar la Operación Embellecimiento, consistente en hacer ver a los miembros de la Cruz Roja que los judíos habitaban en condiciones decentes. También hubo un comandante sponsor, que vio en los intérpretes la materia prima ideal para sus eventos.
Al final, no les quedó otra que entregarse a su pasión, el espectáculo, en las condiciones más infames imaginables; porque era esto, en definitiva, la consistencia ineludible de la vida contra la muerte.
Hugo Boss, el sastre que confeccionaba los uniformes de las tropas nazis
abc(M.P.Villatoro) — La conocida firma de ropa « Hugo Boss» es sinónimo de calidad, elegancia y, sobretodo, alta costura.
Sin embargo, su fundador, Hugo Ferdinand Boss, era conocido en la Segunda Guerra Mundial por algo bien distinto: fabricar los trajes para las tropas nazis dirigidas por Hitler y usar a prisioneros judíos como mano de obra. Y es que, este costurero alemán fue durante años el sastre del Tercer Reich
La historia de Hugo Boss comienza en 1923, año en que el modista fundó un pequeño taller de sastrería en Metzingen, un pueblo al sur de Stuttgart.
Allí, como afirma el historiador y periodista Jesús Hernández en su libro « 100 Historias secretas de la Segunda Guerra Mundial» (el cual presenta en su blog), «el sastre se dio cuenta de que el negocio era vestir a las tropas hitlerianas».
Boss, un nazi convencido
Hugo Boss
Corría el año 1931 y Alemania vivía asolada por las duras condiciones que le habían impuesto los aliados por ser la nación que, de forma «oficial», había iniciado la Primera Guerra Mundial.
Concretamente, este país se veía ahora en la ruina ya que estaba obligado a pagar grandes impuestos al bando vencedor (denominados como «reparaciones de guerra»). Esto, unido a la gran crisis económica de 1929, había dejado a Alemania en el ostracismo.
En esa época, un joven Adolf Hitler había tomado ya las riendas del Partido Nazi y su discurso comenzaba a convencer a muchos alemanes. Y, al parecer, uno a los que persuadió fue Hugo Boss. «En abril de 1931, cuando aún Hitler no había llegado al poder, Boss, que entonces tenía 46 años, decidió alistarse en el Partido Nazi. Su número de afiliado sería el 508.889» afirma Hernández.
En 1933, dos años después de comenzar su aventura textil, y tras pasar multitud de calamidades económicas, Hugo Boss ya había decidido que su futuro sería proporcionar la indumentaria a las « Waffen SS» (un cuerpo de elite creado por Hitler para su protección, entre otras funciones), las SA (una organización paramilitar del partido nacionalsocialista), y las Juventudes Hitlerianas, según explica el historiador.
Ese mismo año, las ventas comenzaron a incrementarse, y, en términos del historiador, Hugo Boss incluyó un anuncio en un diario local afirmando lo siguiente: «Uniformes de las SS, las SA y las HJ. Ropa de trabajo, de deporte y de lluvia.
La hacemos nosotros mismos, con calidad buena y reconocida y a buenos precios. Boss. Ropa mecánica y de trabajo, en Metzingen. Firma homologada por las SA y las SS. Uniformes con la licencia del Reich». Su futuro acababa de quedar sellado.
Desde ese momento los pedidos del ínfimo taller se multiplicaron. «Años más tarde, en 1935, Boss decidió abandonar la fabricación de ropa civil y dedicarse exclusivamente a la confección de uniformes.
Seguramente, a Boss no le pasó desapercibido el dato de que entre miembros de las SS, SA y Juventudes Hitlerianas sumaban un total de tres millones y medio de uniformes, y que alguien debía de fabricarlos» sentencia Hernández.
Hugo Boss acertó de lleno, como explica el historiador: «La diversidad del vestuario del Tercer Reich debía ser atendida.
Por ejemplo, el vestuario tipo del militar alemán podía tener hasta ocho uniformes distintos: el de campaña, el de servicio o diario, el de guardia, el de parada, el de presentación, el de paseo, el de trabajo, el deportivo y el de sociedad, este último solo para los oficiales».
El negocio progresa
Los pedidos llegaron a cientos hasta Metzingen, lo que provocó que Boss se planteara comprar en 1939 una fábrica de telas para ahorrar costes en el proceso de creación de las prendas.
El mercado era sin duda favorable para la marca.
Ese año sucedió además un hecho que convertiría a Hugo Boss en una de las marcas con más beneficios en Alemania: la invasión de Polonia por parte de las tropas nazis el 1 de septiembre de 1939.
La maquinaria militar de Hitler se puso en marcha y alguien tenía que proporcionar la vestimenta a todos aquellos soldados que recorrerían medio mundo. El elegido, como no podía ser de otra forma, fue aquel sastre que trabajaba en Metzingen.
Además, y según explica Hernández, la guerra amplió el mercado del modista, que ahora recibía multitud de nuevos pedidos, algunos incluso de la Wehrmacht (el grueso de las fuerzas de tierra, mar y aire del ejército alemán). «En el taller de Metzingen llegaron también pedidos de la Sección de Vestuario (Bekleidung) y del Estado Mayor (Stab), perteneciente a la Oficina de Asuntos Generales del Ejército (Allgemeines Heeresamt)» determina.
Boss era en ese momento un empresario acaudalado cuyo producto era conocido en toda Alemania. «El pequeño taller de Metzingen se convertía así en la segunda compañía textil más importante de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial» sentencia el historiador.
La guerra y la escasez de materiales
Aunque la guerra significó el aumento de los pedidos para Boss, le provocó también una serie de problemas.
El primero de ellos tuvo que ver con la disminución de la entrada de productos a través del comercio, lo que provocó la escasez de materias primas para confeccionar los trajes.
A esta dificultad se unió además el recorte en el presupuesto destinado a los uniformes que hizo el Gobierno Alemán, ya que necesitaba el dinero para la investigación armamentística.
Sin embargo, Boss ideó una solución sencilla. «Si en los años treinta los uniformes de las SS, la SA, las HJ y la Wehrmacht estaban fabricados con una mezcla de fibras y lana, durante la guerra la lana reciclada pasaría a ser el elemento básico de los uniformes» afirma Hernández.
A su vez, los alemanes discurrieron otras formas de conseguir materias primas, requisárselas a sus enemigos. «Las necesidades de vestuario del Ejército alemán nunca se pudieron cubrir completamente debido a la escasez de materias primas. Por tanto, las tropas germanas se vieron forzadas a requisar toneladas de ropa en los países ocupados» destaca el historiador.
Otro problema que se le planteó a Boss fue la falta de trabajadores. Sin embargo, en su ayuda acudieron de nuevo las tropas de Hitler: «Hugo Boss no dudó en utilizar mano de obra de trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados, sobre todo mujeres polacas. Entre 1940 y 1941, trabajaron treinta prisioneros franceses.
Además las SS facilitaron a Boss la incorporación de una veintena de trabajadores polacos procedentes de campos de concentración», informa Hernández.
La empresa tras la contienda
Después de la guerra, aproximadamente en 1945, las cosas cambiarían radicalmente para Hugo Boss, que pasó de ser un empresario reconocido a ser acusado por el nuevo Gobierno de colaboracionista con el nazismo. «Hugo Boss fue declarado por las autoridades aliadas ‘beneficiario’ del régimen nazi y su empresa fue calificada de ‘importante’ en el entramado económico del régimen de Hitler, dos condiciones que comportaron que Boss perdiera el derecho al voto y una multa de 80.000 marcos» destaca en su libro el periodista.
A pesar de la gran cantidad de la multa, en un principio el dinero no era un problema para el sastre. «Este importe lo pagó con el dinero obtenido gracias a la venta de grandes cantidades de seda de la que utilizaba para confeccionar paracaídas que Boss había comprado en el mercado negro durante la contienda» explica Hernández.
Después de ser multado, Hugo Boss decidió cambiar los trajes militares que confeccionaba por uniformes de trabajo. «A la vez, presentó un recurso ante los tribunales de justicia para limpiar su nombre. Sin embargo, Hugo Boss nunca obtuvo el perdón del Gobierno de la nueva República Federal de Alemania. Murió en 1948» sentencia el experto.
De uniformes nazis a ropa juvenil
Tras la reconversión de la empresa, los descendientes de Hugo, Siegfried Boss y Eugen Holly, decidieron cambiar radicalmente el negocio y buscar una nueva dimensión para sus futuras colecciones de ropa. «Orientaron el negocio hacia ‘los triunfadores y los jóvenes hombres de negocios’, según reza la publicidad de la marca del año 1953» determina el historiador.
Finalmente, 20 años después la empresa creció sustancialmente y, en la actualidad, se ha convertido en una marca que es sinónimo de elegancia y es usada por todo tipo de personajes famosos.
«Hugo Boss se lanzó a patrocinar acontecimientos deportivos y culturales de todo tipo, consiguiendo transmitir una dinámica imagen de modernidad. En 1985 cotizó en Bolsa, hasta que en 1991, el imperio italiano de la moda Marzotto adquirió el 50,4% de las acciones» finaliza Hernández.
Quiénes colaboraron con los nazis en Europa y por qué quieren borrarlo de su pasado ahora
Magnet(Mohorte) — La Segunda Guerra Mundial tiende a interpretarse en formato rápido: los nazis eran el mal a extirpar y el resto del mundo, exceptuando un puñado de aliados, estaba contra ellos.
Esta versión, aunque certera, sólo cuenta una parte de la historia. Sí, los nazis cometieron las mayores atrocidades de la historia de la humanidad, pero no lo hicieron solos.
Su dominio del continente europeo durante años, y el exterminio de gran parte de su población, sólo se explica si alguien más les estaba ayudando.
Por descontado, Italia, Bulgaria o Rumanía, como aliados necesarios pero comparsas de un régimen todopoderoso, colaboraron con la Alemania nazi. No fueron los únicos.
La colaboración con los nazis es aún hoy una herida que cruza el continente de punta a punta, porque implicó a grandes masas de población, quebró moralmente a los países invadidos por las tropas de Hitler y porque emborrona el relato posterior a la guerra, aquel en el que hubo un agresor y muchas víctimas.
Lo cierto es que, como ejemplifica el caso de Lituania, hubo más agresores. Slate ha publicado un extenso y documentado artículo donde explica por qué hay sectores de la sociedad lituana incómodos con la idea de que los lituanos colaboraron con los nazis en la búsqueda y exterminio de los judíos del país.
El caso del país báltico se encuentra replicado en otras esquinas de Europa. Aquí hemos recopilado algunos casos significativos de cómo los nazis jamás actuaron solos.
1. El régimen Ustacha de Croacia
Uno de los regímenes más brutales creado bajo el amparo de los nazis fue el estado títere de Croacia, gobernado con mano de hierro por los nacionalistas fascistas croatas, el movimiento Ustacha dirigido por Ante Pavelic.
La Ustacha fue el principal aliado de los nazis en Yugoslavia. Además de la persecución y aniquilación sistemática de judíos, los croatas se emplearon a fondo para terminar con sus enemigos étnicos y políticos dentro del Reino de Yugoslavia.
Ante Pavelic (izquierda) y Benito Mussolini (derecha).
Entre otros hitos, la Ustacha controlaba el despiadado campo de exterminio de Jasenovac, donde miles y miles de serbios, la etnia dominante del reino durante su corta existencia, fueron represaliados.
Cuando la guerra terminó, los croatas fueron asimismo perseguidos por los partisanos comunistas serbios de Tito, acusados de traición a la patria y colaboración con el régimen nazi. Se calcula que alrededor de 100.000 personas fueron asesinadas en el campo de Jasenovac.
2. Los nacionalistas ucranianos
Ucrania y Polonia vivieron algunos de los episodios más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial. En el actual oeste de Ucrania, por aquel entonces aún repartido entre el estado polaco, la Unión Soviética y parte de la actual Eslovaquia, los nacionalistas fascistas ucranianos colaboraron con los nazis en su lucha contra los soviéticos y contra los polacos del norte del país, además de trabajar mano a mano con las SS en la represión brutal y total de todos los judíos de la región.
Nacionalistas ucranianos, colaboracionistas con los nazis.
Es algo que hemos visto recientemente en Ucrania: los rusos del este, y parte de la izquierda europea algo perdida en la materia, acusaban al Euromaidán de fascismo y de antiguos aliados de los nazis.
La herida continúa abierta porque divide en dos a la sociedad ucraniana, y lo sigue haciendo. Los colaboracionistas ucranianos lucharon no sólo contra los rusos y contra los polacos, sino también contra otros ucranianos que de un modo u otro estaban haciendo lo propio con los soviéticos.
3. Miles de ciudadanos franceses
Francia fue ocupada en 1940 y divida en dos: por un lado, un territorio directamente ocupado y gestionado por las tropas nazis. Por otro, el Estado de Vichý, colaboracionista al igual que el eslovaco o la República de Saló italiana. En ambos, miles de ciudadanos franceses colaboraron pasiva o activamente con los nazis.
Las cifras son inciertas, pero se calcula que el número de implicados superaba ampliamente a los 100.000 sólo en la Francia ocupada.
Voluntarios franceses en Rusia, durante la Operación Barbarroja.
Los nazis necesitaban gestionar un país inmenso, pero no tenían personal suficiente. Para ello, se valían de profesionales cualificados y ciudadanos que ofrecían su ayuda a cambio de no ser reprimidos o de beneficios en el trato.
Cuando Alemania perdió la guerra, muchos de ellos fueron represaliados de forma sumaria por los partisanos de la resistencia: fusilamientos, humillaciones públicas, vejaciones de mujeres que se habían acostado con alemanes y una larga lista.
4. El Gobierno de Hungría
El regente Nicolás Horthy es recibido en Budapest en 1919.
La relación de Hungría con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial es muy compleja.
Por un lado, el país observó con complacencia el ascenso nazi sobre sus vecinos del norte, especialmente Eslovaquia, y sobre los del sur, Yugoslavia. Hungría había perdido mucho territorio tras la Primera Guerra Mundial y, gracias a sus amistosas relaciones con Hitler, lo recuperó en la década de los ’40.
Sin embargo, una mirada más cercana revela distintos matices.
El Estado húngaro, dirigido por Miklós Horthy, colaboró en la represión de los judíos dentro de su territorio, pero se mostró más laxo de lo que Alemania deseaba. Hungría participó en varias campañas nazis contra enemigos cercanos.
Al final de la guerra, en cambio, amagó con cambiar de bando, lo que provocó la invasión nazi del país y el ascenso de la Cruz Flechada, un grupo antisemita y fascista, al poder. Eso provocó miles de deportaciones y asesinatos de judíos húngaros.
5. El ejército finlandés
La Guerra de Invierno fue uno de los primeros conflictos que no envolvieron a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética atacó Finlandia a finales de 1939, apenas unos meses después del inicio del conflicto, con el objetivo de invadir el país al completo.
Por aquel entonces, el país nórdico sólo contaba con dos décadas de independencia y había atravesado una guerra civil sangrienta entre comunistas y blancos durante la Primera Guerra Mundial.
Tropas finlandesas durante la Guerra de Invierno.
El objetivo de Stalin era apoderarse de un territorio que históricamente había sido poseído y dominado por la Rusia de los zares. Fracasó y sólo pudo tomar Carelia. En consecuencia, el ejército finlandés, amparado por el gobierno del país, optó por aliarse con los nazis en la Operación Barbarroja.
Las tropas de Mannerheim, héroe blanco de la guerra civil, participaron lateralmente en el terrible sitio de Leningrado, que mató de hambre a la ciudad durante más de un año.
6. Austria en su mayor parte
El dato lo ofrece Tony Judt en Postguerra: de los alrededor de 7.000.000 de habitantes de Austria durante la Segunda Guerra Mundial, unos 700.000 pertenecían al NSDAP.
En total, un 10%, una cifra asombrosamente alta, sin parangón no sólo en cualquier sociedad democrática sino en la propia Alemania, donde menos personas estaban afiliadas el partido de Hitler. Austria colaboró en su mayor parte con los nazis porque formaba parte de su ser en primaria instancia.
Sucede, sin embargo, que Austria salió muy bien parada durante la postguerra. Los aliados estaban interesados en mantener el país al otro lado del telón de acero, lejos del alcance soviético, por motivos estratégicos, pese a que fue el Ejército Rojo quien tomó Viena.
Gracias a ello, el relato nacional de Austria después de la guerra pudo articularse en torno al victimismo, dejando a un lado el papel activo que tanto el estado como el pueblo como la burguesía tomaron en el nazismo.
7. La Eslovaquia de Jozef Tiso
Dada la imposibilidad logística de conquistar y dominar la totalidad del continente europeo, los nazis establecieron alianzas con países a los que no deseaban invadir pero que les resultaban de utilidad (Hungría, Bulgaria, Rumanía) y crearon estados vasallos que mantenían una ficción soberana a las órdenes de Alemania: Vichy, Croacia y Eslovaquia se cuentan entre estos últimos.
En el país eslovaco, fue la figura de Jozef Tiso quien capitalizó el colaboracionismo con los nazis.
Del mismo modo que en Croacia o Hungría, Eslovaquia aplicó políticas de represión sistemática para con la población judía. El régimen de Tiso primero reguló contra los judíos, más tarde los encerró en guetos al estilo de Polonia y finalmente comenzó a deportarlos a los campos de exterminio ideados por los nazis en la Solución Final.
Al final de la guerra, la resistencia eslovaca trató de escapar del control nazi. El resultado: la invasión del país, al igual que en Hungría, por la Wehrmacht.
Qué pasó con la memoria del colaboracionismo
Estos son sólo algunos ejemplos que no dibujan el lienzo completo de los colaboradores con los nazis en el continente europeo.
Al igual que en Lituania, tanto en Estonia como en Letonia también hubo ciudadanos bálticos que trabajaron con los nazis tanto en la deportación de judíos como en su legítima lucha contra la ocupación y la amenaza soviética. Idénticas escenas tuvieron lugar en otros lugares del este de Europa o de los Balcanes. Y también en Europa Occidental.
Ningún país ocupado o parcialmente controlado por los nazis se libró de ciudadanos colaborando con las tropas y las autoridades alemanas, ya fuera Bélgica, Holanda, Noruega o Dinamarca.
Muchos de ellos podían hacerlo por razones ideológicas, pero otros por motivos instrumentales, ya fuera por la posibilidad de obtener poder político interno o por mera supervivencia. La ocupación fue larga y la vida de aquellas personas, en muchos casos, debía continuar hacia adelante.
Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, admitir que medio continente había estado colaborando con los nazis era una verdad incómoda que no contribuía a reconstruir los estados occidentales.
En Francia, Charles De Gaulle optó por la reconciliación tras la guerra civil soterrada vivida entre partisanos y colaboracionistas: Francia sería víctima y no parte. En Italia la lectura fue igual de amarga, dada la guerra civil de facto que enfrentó a miles de italianos durante años.
Fue el precio a pagar por ganar la guerra, pero también el lienzo incompleto de la Segunda Guerra Mundial.
En los países comunistas las autoridades rusas necesitaban ganarse el favor de las poblaciones locales, y también vieron en la exclusividad de la culpa alemana una forma de expiar pecados, ganar favores y asentar su poder. Lo requerían tras haber ocupado el resto del continente de la mano de golpes de estado y amaños electorales.
La Policía Auxiliar Letona, también colaboracionista.
Cuando la URSS cayó, para los nuevos países independientes, como Lituania, era complicado mirarse en los referentes de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial incluyendo la colaboración con los nazis, de modo que se dejó a un lado en favor de un relato nacionalista.
Hoy, el colaboracionismo con los nazis a lo largo de Europa no es tabú, pero se sigue soslayando mediática y políticamente por motivos evidentes: nadie quiere ser asociado a los mayores criminales de la historia y nadie quiere dividir a sociedades donde el recuerdo de la guerra está aún presente.
Crímenes sexuales: Prostitución francesa en la Segunda Guerra Mundial
Femmes tondues (afeitadas).
chiqaq news(D.B.Huapaya) — La prostitución francesa vivió una edad de oro durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados alemanes invasores aumentaron la demanda hasta puntos antes inimaginables.
Sin embargo, luego de la ocupación, estas meretrices se convirtieron en blanco del odio de sus compatriotas.
Aunque Hitler consideraba que las prostitutas eran criminales que atentaban contra la raza aria, nunca les prohibió a sus soldados que buscaran su compañía, y eso fue exactamente lo que sucedió durante la Ocupación alemana de Francia.
En junio de 1940, cuando la ocupación estaba iniciando, Francia se encontraba en una gran crisis, y eran muchas las mujeres que habían perdido sus puestos de trabajo, incluyendo prostitutas. Este fue el ambiente con que se encontraron los soldados, algo que no esperaban, pues los burdeles franceses no estaban en lo más mínimo preparados para atender la gran demanda alemana.
Al poco tiempo, esta situación cambio, y llegaron a haber hasta 10.000 prostitutas en Francia, mucho más de las que había antes de la guerra. Pero no fue solo la alta demanda y el dinero nazi lo que convencieron a miles de francesas, sino la caballerosidad y protección que les ofrecían los soldados.
Fabienne Jamet, una ex madame de Paris cuenta en el libro The Erotic de Buisson, «Recuerdo a esos soldados de las SS, todos vestidos de negro, todos tan jóvenes y tan hermosos, dotados a menudo de extraordinaria inteligencia. Sabían hablar incluso francés e inglés», y añade, «Las noches de la ocupación fueron fantásticas. Los burdeles de Francia nunca estuvieron mejor cuidados».
Así, las prostitutas corrieron la voz y al poco tiempo miles de jóvenes francesas encontraron en esta labor un refugio para los horrores de la guerra.
Pero los soldados no habían logrado encantar al resto de la población, que sentía gran aversión hacia ellos y hacia sus “colaboracionistas”, es decir, franceses que los apoyaban en la invasión. Las prostitutas recibieron el nombre de “colaboracionistas horizontales”.
Este odio no tuvo que esperar mucho para salir a la luz, pues cuando la invasión terminó y los soldados nazis tuvieron que irse, las meretrices que los acompañaron se convirtieron en blanco del odio francés.
Como si una cacería de brujas se tratara, estas mujeres fueron perseguidas y golpeadas por muchedumbres alrededor de todo el país. A la mayoría se les rapo la cabeza por completo, como Femmes tondues (afeitadas), para luego ser paseadas por toda la ciudad en camiones abiertos. A otras, se les pintó con alquitrán esvásticas en la cara y las más desafortunadas fueron golpeadas por multitudes enfurecidas.
Cabe resaltar que muchas de estas mujeres fueron madres jóvenes cuyos maridos estaban en guerra o en campos de prisioneros alemanes, y que no tenían como sustentarse a ellas o a sus hijos. Su única esperanza fue aceptar relacionarse con los soldados.
Si bien las principales víctimas de esta cacería fueron prostitutas, este castigo también lo recibieron todas las mujeres acusadas de haber ayudado en cualquier forma a los nazis, desde solteronas que les alquilaron habitaciones hasta trabajadoras del hogar.
Luego del castigo, todas estas mujeres se convirtieron en parias sociales, especialmente aquellas que habían tenido el infortunio de resultar embarazadas, pues sus niños también recibieron el odio de sus compatriotas y fueron llamados los “cabezas de boche”, una expresión despectiva hacia los alemanes.
Mujer a punto de ser castigada.
En Francia, nacieron aproximadamente 80.000 hijos de soldados nazis luego de la guerra y, en el año 2009, Alemania les concedió la nacionalidad.