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La misteriosa emisora de radio, que desde 1976 difunde sonidos y mensajes, y nadie sabe desde dónde se emite…


El Tiempo(A.H.Torres) — La radio fue uno de los primeros medios de comunicación masivos. Su historia se remonta a las últimas décadas del siglo XIX, cuando el físico escocés James Clerk Maxwell formuló la teoría de las ondas electromagnéticas, que son la base de la radio.

En 1887, el físico alemán Heinrich Hertz confirmó las teorías de Maxwell, descubriendo la forma de producir y detectar ondas electromagnéticas, y en 1894 Nikola Tesla hizo su primera demostración en público, donde transmitió en radio.

Tras varios años de investigación, en 1895, el italiano Guillermo Marconi construyó el primer sistema de radio, logrando en 1901 enviar señales a la otra orilla del Atlántico, a través de 3.360 kilómetros de océano; pero como lo hizo con las patentes de Nikola Tesla se le atribuye el trabajo a este último.

Desde entonces, la radio ha estado presente en las comunicaciones de casi todos los países del mundo y muchos de los eventos que han marcado los últimos siglos se han transmitido por estas frecuencias.

– La frecuencia de radio que no se sabe desde dónde se emite

Desde 1976 se conoce a una estación de radio desconocida que emite sonidos extraños y no es emitida desde la Tierra. Esta onda sonora se presenta con un extraño zumbido que se repite 30 veces por minuto y todas las horas del día en la frecuencia 4.625 kHz de Rusia.

Asimismo, se desconoce la fecha exacta en la que comenzaron sus emisiones, pero se ha creído que fue desde el 1976, cuando alguien sintonizó la frecuencia y escuchó un zumbido que se repetía de manera continua.

La emisora continuó emitiendo una misteriosa ‘programación’ hasta el 1990, cuando cambió el pitido de 0.2 segundos, a uno de 0.8, repitiéndolo de 21 a 34 veces por minuto.

La programación ha tenido muy pocos cambios, pero en 2003, se alargó la duración de los tonos, que, además, empezaron a ser más agudos. Desde 1976 y hasta la fecha, la misteriosa emisora ha emitido y sigue haciéndolo las 24 horas del día.

Sin embargo, no todos los registros han sido de ‘pitidos’ o ‘zumbidos’, pues el 24 de diciembre de 1997 se escuchó una mujer hablando en ruso y anunció: “Ya UVB-76. 18008. BROMAL: Boris, Roman, Olga, Mikhail, Anna, Larisa. 742, 799, 14”, este mensaje fue repetido en varias ocasiones y luego se volvió a escuchar el zumbido.

Nuevamente, en 2001, se escuchó una corta frase: “Soy el 143. No recibo el oscilador”. A lo que siguió un “Esto es lo que la sala de operaciones está enviando”. Una voz similar se pudo escuchar el 12 de septiembre del 2002, cuando una voz distorsionada dijo: «UVB-76, UVB-76. 62691 Izafet 36938270».

Pasaron varios años sin que se escuchara algo diferente a los pitidos, pero en 2006, los investigadores lograron grabar la siguiente transmisión: «75-59-75-59. 39-52-53-58. 5-5-2-5. Konstantin-1-9-0-9-0-8-9-8-Tatiana-Oksana-Anna-Elena-Pavel-Schuka. Konstantin 8-4. 9-7-5-5-9-Tatiana. Anna Larisa Uliyana-9-4-1-4-3-4-8».

Se ha creído que esta emisora pertenece a las Fuerzas Armadas de Rusia, ya que, su primera ubicación fue en un antiguo búnker militar abandonado, ubicado en Povarovo, a unos 40 kilómetros al noroeste de Moscú.

En septiembre del 2010, se escuchó en la emisora un fragmento de la mítica sinfonía ‘El lago de los cisnes’.

Además, durante la transmisión, se escuchó a una mujer recitar los números del 1 al 9, con un ritmo que parecía indicar un código Morse.

Entonces, se identificó un cambio de ubicación de la estación, pues abandonó su lugar original en Povarovo y adoptó una nueva localización. Desde entonces no ha habido más mensajes, pero la transmisión continúa con un particular zumbido.

Muchos investigadores han asegurado que no se conoce el propósito de la emisora, e indican que podría ser con fines de “transmitir órdenes a las unidades militares y a los centros de reclutamiento del distrito militar de Moscú”.

Otras teorías indican que estas órdenes están destinadas a espías rusos que se encuentran en misión en el extranjero o que se encuentran conectadas a un avión nuclear que sería activado en caso de amenaza.

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¿Cuál es la fobia más excéntrica?


JotDown(A.Olmeda) — ¿Alguien en la sala que nunca haya experimentado el miedo? Inherente al ser humano —y a cualquier mamífero—, el miedo es el mecanismo por el que el salimos airosos ante una amenaza real.

Gracias al miedo, los primeros homínidos fueron capaces de sobreponerse a las inclemencias del tiempo, protegerse de los depredadores y, en consecuencia, perpetuar la especie. Pura supervivencia habitando en nuestro cerebro primitivo desde hace más de quinientos millones de años. fobia

Está de más apuntar que con el avance de las sociedades, las amenazas también fueron evolucionando y distorsionándose hasta plasmar su faceta más cruda. Figuras de poder, como las políticas autoritarias europeas en los años treinta y cuarenta, utilizaron el miedo para controlar las poblaciones según su conveniencia. 

Si bien el miedo es una respuesta natural y adaptativa ante un estímulo que representa un peligro real —es la respuesta a ese miedo la que hace que soltemos la taza de café cuando está extremadamente caliente—, la fobia es su versión sin responder a ningún peligro real y tiene categoría de trastorno. 

Julia Pascual, psicóloga especialista en terapia breve estratégica, afirma que «las fobias se construyen a fuerza de evitar las situaciones que nos atemorizan. Eso primero tranquiliza, pero acaba autoconvenciendo a la persona de que no será capaz de afrontar sus temores». 

Por su carácter irracional, hay ciertas fobias que parecen sacadas de la ficción, pero suponen de veras un freno vital para quien la padece. Echen un vistazo a la lista, voten por la más excéntrica a su parecer, y siéntanse libres de añadir en los comentarios alguna que se nos haya escapado.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Papafobia

fobia

La papafobia es el miedo extremo a la figura del papa, al halo de lo sagrado que significa su figura. Náuseas, entumecimiento, aceleración del pulso e incluso dolor en el pecho son solo algunos de los síntomas que provoca este trastorno.

Aunque no es demasiado recurrente, y no interfiere demasiado en el día a día de quien lo padece, una simple mención o pensamiento sobre el soberano de la Ciudad del Vaticano puede desencadenar en un ataque de pánico por parte del enfermo. 

Algunos expertos la relacionan con otras fobias en torno a lo sagrado y a los santos. Que Dios nos pille confesados.


Síndrome de Koro

fobia

La persona que padece este trastorno tiene la creencia irracional de que su pene, pezones o genitales se están reduciendo y que van a llegar a desaparecer en poco tiempo. 

Este síndrome tiene origen en China y se focaliza en el sudeste de Asia, llegando incluso a darse de forma epidémica en algunos casos, aunque se conocen afectados aislados en todo el mundo. Estas crisis de ansiedad suelen ser cortas y tienen respuestas positivas a explicaciones racionales.


Araquibutirofobia

fobia

Adorada por (casi) todos, la crema de cacahuete ha sido uno de los últimos descubrimientos de alimentación fit. Rica en proteínas, con grasas buenas y con un sabor adictivo. Si no fuese por esa textura que a veces se queda habitando en el paladar…

La araquibutirofobia se trata de la aversión a la crema de cacahuete o cualquier alimento que tenga una textura parecida. La fobia aparece de la idea de que pueda quedarse pegado al paladar. Como ocurre con otras fobias, puede estar relacionada con algún episodio traumático anterior en el que quien lo padece pudiera haber tenido algún tipo de asfixia con estos alimentos. 


Complejo de Licea

fobia

También conocido como venustrofobia o caliginefobia, es un síndrome que consiste en un miedo irracional a las mujeres muy atractivas. No es necesario que se produzca interacción, solo el simple hecho de su presencia puede desatar altos niveles de ansiedad.

Aunque aparece con mayor frecuencia entre hombres heterosexuales, la venustrafobia puede ser padecida también por mujeres independientemente de la orientación sexual. 


Ablutofobia

fobia

La ablutofobia es el miedo irracional a bañarse o lavarse. Casi todos hemos pasado esa época infantil en la que nos costaba meternos en la ducha, pero esta fobia trata de un trastorno de ansiedad que provoca gran malestar en la persona que lo padece.

Este miedo severo tiene consecuencias muy negativas en la vida social, pues la poca higiene puede llegar incluso a provocar el rechazo del enfermo por parte de otras personas. 

Los síntomas incluyen ansiedad, miedo irracional, angustia, falta de concentración e incluso pensamientos de muerte.


Omfalofobia

fobia

Todos —o la mayoría de nosotros— tenemos ombligo. Sobre todo en verano, en la piscina o en la playa, no es extraño que convivamos con muchos de ellos a la vista. Las personas que padecen omfalofobia sienten un miedo desproporcionado al ver o tocar ombligos, ya sean propios o ajenos.

Como en la mayoría de las fobias, los síntomas principales son la evitación, miedo irracional e interferencia en la vida del afectado. Una de las terapias más recurrentes para este tipo de trastorno es la exposición. Se trata de ir exponiendo progresivamente al paciente a situaciones en las que tenga que ver o tocar ombligos.


Fagofobia

fobia

Asociada a grandes pérdidas de peso e incluso a trastornos alimenticios como la anorexia, la fagofobia se caracteriza por la aparición de episodios de ansiedad provocados por el acto de tragar. Aunque puede parecer bastante similar a otro tipo de fobia como la pnigofobia —temor a atragantarse como consecuencia de tragar—, en la fagofobia, el estímulo que provoca el miedo irracional es el hecho de hacerlo.


Macrofobia 

fobia

Las esperas no son en absoluto agradables. Seguro que muchos de nosotros hemos llegado a desesperarnos haciendo la cola para comprar en el súper o esperando a ese amigo que nunca llega a la hora. Pero cuando esa desesperación se convierte en persistente, injustificada e irracional, alcanza la categoría de fobia.

El trastorno por miedo a esperar durante tiempo prolongado aún no tiene un estudio en profundidad, pero las personas que lo padecen suelen haber sido víctimas de acontecimientos donde se sintieron impotentes, vulnerables y humillados mientras esperaban muchas horas.


Pogonofibia

fobia

Los que sufren pogonofibia tienen un miedo irracional a las personas con barba. Puede deberse a algún incidente con alguien que tuviera o simplemente, porque no le agrade el hecho de que oculte parte de su rostro. 

Por lo general, sienten ansiedad al mirar una foto de alguien con barba y no serán amigos de nadie que la tenga. Absteneos, hípsters.


Socerofobia 

fobia

El primer encuentro con los padres de tu pareja no es fácil, hasta ahí estamos de acuerdo. Lo que puede que no entrara en tus planes es que puede llegar incluso a ser enfermizo. Los límites de lo habitual se sobrepasan cuando este momento no agradable se convierte en un temor, e incluso miedo irracional. Es entonces cuando hablamos de socerofobia, efectivamente, fobia a los suegros. 

En las personas que lo padecen, la ansiedad aparece solo en pensar en un encuentro por el temor de no estar a la altura de las circunstancias, por no ser considerado el compañero ideal para su hijo o hija. 

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Qué son las «puertas santas» y por qué solo 8 iglesias las tienen en el mundo…


Files cruzan por la puerta santa de San Pedro en 2015
la puerta santa de la Basílica de San Pedro abriendo sus puertas a los peregrinos.

BBC News Mundo(J.F.Alonso) — «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos».

Para millones de católicos el pasaje del Evangelio de San Juan (10:9-11) cobrará otra dimensión a partir de esta Nochebuena, cuando la Iglesia inicie el Año Santo o Jubileo de 2025.

El arranque de la celebración, la cual se extenderá hasta el 6 de enero de 2026, lo marcará un rito que viene repitiéndose desde hace seis siglos: la apertura de la puerta santa por parte del papa Francisco.

«Ha llegado el momento de un nuevo Jubileo, para abrir de par en par la puerta santa una vez más y ofrecer la experiencia viva del amor de Dios, que suscita en el corazón la esperanza cierta de la salvación en Cristo», escribió el pontífice argentino en su bula Spes non confundit (La esperanza no confunde), con la cual convocó el evento que tiene sus orígenes en el judaísmo.

Retrato del papa Alejandro VI
El papa Alejandro VI consolidó el rito de las puertas santas al ordenar abrir una en la Basílica de San Pedro.

– San Pedro no tuvo la primera

Con la peregrinación a Roma y la visita a las basílicas papales, el cruce de la puerta santa es uno de los ritos más conocidos que realizan los fieles que participan en un año jubilar para conseguir así la indulgencia (perdón de los pecados).

Pero ¿qué es una puerta santa? «Es la puerta de una iglesia que se abre solamente con motivo del Año Santo», explicó a BBC Mundo el padre Fermín Labarga.

«Una puerta es elemento de la construcción que nos permite acceder a un lugar. Entonces, Jesús en sí mismo es la puerta y quien nos da acceso a la vida eterna es algo simbólico», agregó el religioso, quien es profesor de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra (España).

Aunque la Basílica de San Pedro en el Vaticano es el principal templo del catolicismo, no fue el primero tener una puerta santa.

«La primera y más antigua de las puertas santas es la de la Basílica de San Juan de Letrán, que fue abierta por el papa Martin V en 1423», apuntó Labarga.

El templo, cuyos orígenes se remontan al siglo IV, es el más antiguo de Occidente y de paso es la catedral de Roma.

El papa abre la puerta santa de L'Aquila
Las localidades italianas de L’Aquila y Atri le disputan a Roma el honor de haber tenido las primeras puertas santas.

Sin embargo, unas décadas después, en 1499, el rito de la puerta santa se consolidó dentro de las costumbres de los jubileos con la instalación de una de estas entradas especiales en San Pedro por órdenes de Alejandro VI.

El segundo de los papas Borgia también mandó que se abrieran otras dos en las también romanas basílicas de Santa María la Mayor y de San Pablo Extramuros, las cuales estuvieron listas para el año jubilar que se celebró en 1500.

Las entradas de las cuatro basílicas papales serán abiertas por Francisco en el siguiente orden: La primera será la que está en el extremo derecho de la fachada principal de la Basílica de San Pedro, también conocida como la «puerta del gran perdón» y esto ocurrirá el 24 de diciembre.

Luego, el día 29 el pontífice abrirá la que está ubicada en la Basílica de San Juan de Letrán. Después el día 1 de enero de 2025 la que está en Santa María la Mayor.

Y, por último, el día 5 abrirá la que está en San Pablo Extramuros, de acuerdo con el cronograma que figura en la bula.

Peregrinos pasan por la puerta santa
La catedral de Santiago de Compostela, en el norte de España, también tiene su puerta santa, la cual solo se abre en aquellos años que el 25 de julio (fiesta del apóstol Santiago) cae en domingo.

– No solo en Roma

Aunque en este Jubileo solamente se abrirán las puertas que están en las fachadas de las basílicas papales romanas y otra temporal que estará en una prisión, al menos otras cuatro iglesias en el mundo poseen una de estas entradas especiales.

Dos de estos de accesos se encuentran también en Italia. Una en la Basílica de Santa María de Collemaggio, en la ciudad de L’Aquila; y otra en la catedral de la Asunción de María de Atri.

Ambos templos, ubicados en el centro este del país europeo y separados por menos de 85 kilómetros de distancia, reclaman poseer las primeras puertas santas de las que se tiene conocimiento.

El origen de ambos accesos data de 1294, cuando el papa Celestino V emitió una bula en la que concedía indulgencia a todo aquel que visitara ambos santuarios para escuchar misa y comulgar, y que ingresara por determinados accesos. Este rito se conoce hoy como Perdonanza celestiniana, según las páginas web de ambos recintos religiosos.

A diferencia de las puertas santas romanas, las que se encuentran en los santuarios de las dos localidades italianas no se abren únicamente en años santos, sino que lo hacen anualmente, aunque solo por unos días.

Asimismo, su apertura puede realizarla el papa o algún otro jerarca de la Iglesia que él designe para ello.

En L’Aquila esto ocurre entre el 28 y 29 de agosto, mientras que en Atri es el día 14 del mismo mes.

Pese a que estas puertas parecieran ser más antiguas que la de San Juan de Letrán, Labarga duda de esto.

«La bula que establece la Perdonanza del papa Celestino V ciertamente es del 29 de septiembre de 1294, pero las puertas son posteriores, probablemente de fines del siglo XV, a imitación de Roma«, agregó el experto.

Un cardenal junto a la puerta santa
La actual puerta santa de la Basílica de San Pedro data de 1949 y cuenta con 16 paneles que relatan momentos bíblicos, desde el Jardín del Edén hasta la Resurrección de Jesús.

– En Galicia y en Norte América

En España también hay otra puerta santa: la que está en la parte trasera de la Catedral de Santiago de Compostela, capital de la región norteña de Galicia.

«Una de las partes más simbólicas de la Catedral de Santiago es, sin duda, la puerta santa. Al igual que las puertas de las grandes basílicas romanas (…) esta solo se abre en los años santos. En Santiago, un Año Santo ocurre cuando el 25 de julio, día de la festividad de Santiago, cae en domingo«, explicaron desde el templo español.

Sobre el origen de este acceso también hay dudas.

«Algunos expertos creen que podría haber una tradición medieval anterior a la de los años santos romanos, aunque es más probable que Santiago haya adoptado este ritual del cristianismo», se lee en el material hemerográfico que desde el Departamento de Prensa de la catedral enviaron a BBC Mundo.

«Se cree que la puerta santa se construyó en los primeros años del siglo XVI, bajo el arzobispo Alonso III de Fonseca, quien conocía el ritual romano instaurado por el papa Alejandro VI», agregan los documentos.

Y, por último, está la de la Basílica-Catedral de Notre Dame de Quebec (Canadá), la cual fue abierta en 2014 por autorización del papa Benedicto XVI y que es la única fuera de Europa.

La puerta santa ha estado abierta a lo largo de 2024 para celebrar los 350 años de la fundación de la diócesis, la cual fue la primera católica en el país norteamericano, explicaron a BBC Mundo desde el Departamento de Prensa de la Arquidiócesis de Québec.

¿Por qué solamente estos templos tienen estos accesos especiales? «Porque así lo han decidido los sucesivos papas», explicó Labarga, quien indicó que los pontífices son quienes tienen la potestad de decidir dónde habrá una puerta de estas características.

«En otros jubileos, los papas decidieron que cada diócesis tuviera una puerta jubilar en sus catedrales o santuarios más significativos. Así ocurrió en el anterior de 2015, dedicado a la Misericordia», recordó el historiador.

Francisco volvió hacer uso de esta facultad y, en esta ocasión, decidió que en la prisión romana de Rebibbia habrá una puerta santa para que los reclusos puedan obtener la redención espiritual.

Obreros desmontando el muro que cubre la puerta santa
El ritual para abrir la puerta santa de San Pedro fue modificado luego de que en la Nochebuena de 1974 unos escombros cayeran muy cerca del papa Pablo VI.

– El susto que se llevó Pablo VI

Cuando no se celebra un Año Santo las puertas permanecen cerradas y hasta no hace mucho algunas eran tapiadas con paredes de piedra.

Sin embargo, esta centenaria costumbre se modificó luego de un incidente que le dio un buen susto a un Papa.

Todo ocurrió en la Nochebuena de 1974; hace 50 años. Pablo VI se disponía a abrir el acceso de la Basílica de San Pedro y así dar inicio al Jubileo de 1975.

El hoy santo golpeó en tres ocasiones el muro que cubría la puerta con un martillo de plata, mientras recitaba unas oraciones, como manda el ritual, cuando de repente unos escombros cayeron a solo centímetros de él.

El pontífice apenas se inmutó, según se aprecia en un video difundido por Vatican News, la agencia de noticas de la Santa Sede.

Algunos reportes de la época aseguran que unas piedras golpearon a Pablo VI hiriéndolo levemente.

¿Por qué ocurrió el incidente? «Unos operarios desmontaban el muro al mismo tiempo que el papa ejecutaba el rito, pero luego de este incidente se decidió simplificarlo para hacerlo más rápido y menos peligroso», explicó Labarga.

Así, en el caso de San Pedro, la pared que sella la puerta santa ahora es removida días antes de que se abra.

Por su parte, en Santiago, la tradición del muro fue abolida para evitar que los escombros ensucien o dañen el interior del templo, el cual fue sometido a un extensivo proceso de restauración en los últimos años.

Esta víspera de Navidad los ojos de 1.400 millones de católicos volverán a posarse sobre la puerta diseñada por el escultor Vico Consorti en 1949, la cual tiene dieciséis paneles con pasajes bíblicos que van desde la expulsión del jardín del Edén hasta la resurrección de Jesús.

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Cuál es el peor chiste de la historia, según la inteligencia artificial…


Infobae(J.J.R.Arbeláez) — A pesar de que se desconoce quién fue el humorista que lo ideó, diversas fuentes consideran que el chiste fue creado en el siglo XIX

La inteligencia artificial (IA) está presente en diversas áreas de la vida cotidiana, desde la automatización de procesos hasta la creación de contenido. Sin embargo, también ha comenzado a intervenir en terrenos más abstractos, como la percepción del humor.

Recientemente, un análisis de IA ha identificado lo que se considera el “peor chiste de la historia de la humanidad”, desafiando la percepción tradicional sobre el humor y cuestionando qué lo hace efectivo o fallido. Este artículo explora cómo la IA determina el humor y cuál es el peor chiste, según su evaluación.

– El chiste considerado el peor

El chiste identificado por la IA como el peor de la historia es uno que fue popularizado por su aparente simplicidad y falta de ingenio. En su versión más básica, dice lo siguiente:

“¿Por qué cruzó el pollo la carretera? Para llegar al otro lado.”

La tecnología no cuenta con

Este chiste se considera el peor no por su falta de estructura, sino por la previsibilidad de su respuesta.

La IA, al analizar este chiste, destaca su simplicidad y la ausencia de cualquier tipo de sorpresa o giro que normalmente caracteriza a los chistes más efectivos.

En este caso, la respuesta es tan esperada que no provoca ningún tipo de desconcierto o risa. 

Es un chiste que se ajusta a un formato demasiado predecible y carece de la complejidad que suele requerir el humor.

Aunque hoy en día este chiste es considerado uno de los más sencillos y, por lo tanto, uno de los peores, tiene una historia interesante. 

A pesar de que se desconoce quién fue el humorista que lo ideó, diversas fuentes consideran que fue creado en el siglo XIX, ya que ha sido mencionado en diversas fuentes históricas como parte de la cultura popular estadounidense.

El chiste ha perdurado a lo largo de los años debido a su simplicidad y su repetición constante en diversas formas de medios y cultura popular. Con el tiempo, ha llegado a ser visto más como un símbolo de humor absurdo que como una pieza realmente graciosa. Sin embargo, su legado en la historia del humor sigue siendo significativo, ya que forma parte del archivo cultural sobre el cual se sigue reflexionando sobre qué es lo que hace a un chiste efectivo o no.

– Evaluación del humor por parte de la IA

El análisis de la IA sobre lo que hace un chiste “bueno” o “malo” se basa principalmente en datos cuantitativos, como la longitud del chiste, su estructura gramatical y la familiaridad de sus elementos.

Sin embargo, la tecnología no cuenta con la capacidad de evaluar el contexto emocional o cultural en el que un chiste puede ser percibido, lo que es un factor crucial en la recepción del humor. Es importante destacar que el humor es profundamente subjetivo y depende de múltiples variables, como la situación en la que se cuenta, el público y el contexto social.

Aunque la IA puede identificar patrones y generar contenido humorístico, su interpretación del humor sigue siendo limitada. Los algoritmos no pueden comprender plenamente el contexto o la complejidad emocional que acompaña al humor humano, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas sobre qué constituye un “buen” o “malo” chiste.

– ¿Existen otros chistes considerados peores?

La historia del humor está llena de ejemplos de chistes que, debido a su simplicidad o falta de ingenio, han sido catalogados como “malos”. Sin embargo, el concepto de “peor” chiste depende en gran medida de los criterios utilizados para su evaluación.

Algunos estudios han intentado identificar chistes que, aunque simples, puedan tener un impacto cultural más amplio, lo que complica aún más la tarea de clasificarlos. Es probable que muchos chistes que parecen triviales a primera vista puedan resonar de manera diferente según el contexto histórico o social en el que se cuenten.

Aunque la IA puede identificar patrones de incongruencia y predecibilidad en los chistes, no tiene la capacidad de comprender completamente la dimensión emocional y cultural del humor humano. El chiste del pollo cruzando la carretera es solo un ejemplo de cómo la IA puede clasificar los chistes de manera impersonal y sin tener en cuenta factores subjetivos que son esenciales para entender por qué algo es gracioso.

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Las matemáticas son, sobre todo, hermosas…


Las matemáticas son, sobre todo, hermosas

“Me encantan las matemáticas no sólo por sus aplicaciones técnicas, sino sobre todo porque son hermosas”.

The Conversation(M.M.Stadler/M.de León Rodríguez/J.M.Rey) — La matemática Rózsa Péter escribió esta inspiradora frase en su libro Playing with Infinity, dirigido a un público no experto.

Creo que la mayoría de las personas que nos dedicamos profesionalmente a las matemáticas pensamos de esta manera; me refiero a apreciarlas por su belleza. En mi caso, me dedico a la topología, un área preciosa pero muy teórica, así que la parte de las aplicaciones está muy alejada de mis conocimientos y mis intereses.

Sin embargo, actualmente, las matemáticas se valoran precisamente por su gran variedad de aplicaciones en ciencia y tecnología. ¿Es esta percepción la responsable de los grandes cambios en las matrículas de los grados de matemáticas?

– ¿Quién estudia matemáticas?

La Alianza STEAM por el talento femenino, una iniciativa del Ministerio de Educación y Formación Profesional que tiene como objetivo fomentar las vocaciones STEAM en niñas y jóvenes y reducir la brecha de género, publica cada año los datos de la evolución de matriculación en diferentes grados universitarios.

La última actualización, la correspondiente a la gráfica que aparece debajo, describe la evolución y distribución porcentual del alumnado matriculado en el grado de Matemáticas en las universidades públicas españolas entre los cursos académicos 1985/86 a 2022/23.

Evolución y distribución porcentual del alumnado matriculado en Ciclo Largo y Grado Universitario en Universidades públicas por sexo, modalidad (presencial y no presencial) y campo de estudio: Matemáticas. Cursos 1985/86 a 2022/23. 

En estos casi 40 años de datos de matriculación en la carrera de Matemáticas, se observa un cambio sorprendente. Hasta el curso 2006/07, la carrera era bastante paritaria, incluso con un mayor porcentaje de alumnas en algunos años (en particular, entre los cursos 1994/95 y 2003/04).

En los primeros años representados en la anterior gráfica, la carrera de Matemáticas tenía salidas profesionales fundamentalmente vinculadas con la docencia. Y la enseñanza es una actividad con una gran presencia de mujeres.

A partir del curso 2006/07, los datos expuestos en la gráfica muestran un cambio de tendencia ininterrumpido. En el último curso analizado, el 2022/23, las mujeres representan tan solo el 36,57 % del alumnado total matriculado en la carrera de Matemáticas.

Si miramos las cifras de matriculación (no sólo la distribución porcentual por sexo), sorprende ver que, en el curso 1987/88, el número de alumnas matriculadas era de 5086 y el de alumnos de 5130. Durante el curso 2022/23, la cantidad de alumnas matriculadas era prácticamente igual a la de 35 años antes, 5020, y la cantidad de alumnos era de 8707.

El curso 1996/97, el de mayor cantidad de estudiantes en la carrera, tenía 9543 chicas y 8620 chicos matriculados. ¿Qué ha ocurrido a lo largo de estos años para que el porcentaje de mujeres y hombres matriculados haya cambiado tanto?

– Las matemáticas interesan a las empresas

Los equipos que trabajan en las empresas son cada vez más multidisciplinares. Dependiendo del tipo de actividad a la que se dediquen, trabajan en ellas conjuntamente especialistas en biología, física, geología, química, matemáticas o distintas ramas de la ingeniería.

Cada persona experta aporta sus conocimientos técnicos y su manera de pensar para resolver los problemas planteados. En las compañías que las contratan, las personas egresadas en matemáticas proponen modelos que simulan situaciones de la vida real, crean algoritmos eficientes o calculan riesgos, entre otras tareas. Son empleos con grandes posibilidades de promoción, con buenas perspectivas de futuro, bien remunerados.

¿Por qué la respuesta ante esta situación tan “favorable” para una persona egresada en matemáticas difiere tanto en el caso de las mujeres y los hombres?

Observando los datos de la evolución en la matriculación en la carrera de Matemáticas, entiendo que los que han cambiado esencialmente su forma de pensar son los chicos: probablemente, en otro momento, habrían elegido estudiar una ingeniería para acceder profesionalmente al ámbito empresarial; ahora optan quizás por las matemáticas por su prestigio, por sus posibilidades de cara al futuro, porque se les dan bien, ¿Por qué les gustan?

Por supuesto que muchas chicas que estudian Matemáticas optan también por salidas profesionales al margen de la enseñanza, pero ¿por qué sus elecciones son tan diferentes a las de los chicos? ¿Por qué ese prestigio que poseen las matemáticas no atrae a las mujeres de la misma manera que a los hombres?

– ¿Importa realmente que no haya paridad en los estudios de matemáticas?

Probablemente muchas personas piensen que no es tan grave, porque los porcentajes en otras disciplinas son peores. Y tienen razón: en el grado de Informática, en el curso 2022/23, las alumnas matriculadas representan el 14,57 % del total de estudiantes. En el grado de Física, en ese mismo curso, solo el 28,44 % del estudiantado es femenino.

Sí, efectivamente, estos datos son peores. Pero entiendo que la evolución en el caso del grado de Matemáticas ha sido especialmente rápido, especialmente sorprendente, especialmente preocupante.

Es una muy mala noticia que cualquiera de estas carreras tenga un porcentaje tan bajo de mujeres entre sus estudiantes. De igual manera que es una mala noticia que los grados en Educación o en Salud y Servicios Sociales tenga un porcentaje tan bajo de hombres entre sus estudiantes.

En un mundo en el que la tecnología juega un papel tan relevante, es una mala noticia que las mujeres no participen en la creación y las decisiones en este campo. Si las matemáticas, la informática o la física “no interesan” a las mujeres en la misma medida que a los hombres, no se trata de un mero asunto de “gustos”. Las preferencias de unas y otros se “moldean” desde edades muy tempranas, y dependen en gran medida de los estereotipos de género. No cortemos las alas ni a las unas ni a los otros.

Matemáticas, arte y creatividad

“¿Cómo ha encontrado la ecuación de Dirac, profesor Dirac?”

“La encontré hermosa”.

Michael Berry, Paul Dirac: el alma más pura de la física

La 40 ª Conferencia General de la UNESCO proclamó el día 14 de marzo de cada año como Día Internacional de las Matemáticas, fecha elegida porque en el calendario inglés se escribe 3/14, y no hay número más matemático que Pi.

Cada año se selecciona un tema que conecte las matemáticas con otros campos, y este año es Matemáticas, arte y creatividad. Lo que se pretende es hacer una reflexión de lo que une a las matemáticas con el arte, y eso es la creatividad. Pero también la belleza, y en cierta manera la verdad, en cuanto que lo bello y lo verdadero se suelen dar la mano.

– De los cuadros de Da Vinci a los girasoles

Si nos vamos a la antigüedad griega, el canon de belleza era el número áureo, que encontramos en estatuas y monumentos. En el Renacimiento italiano, Luca Pacioli escribió el influyente tratado De divina proportione, ilustrado con grabados en madera realizados por Leonardo da Vinci, sobre el uso de la proporción áurea en el arte.

Pero esta proporción –un número irracional, por cierto–, también aparece de manera asombrosa en la naturaleza, por ejemplo, en la distribución de las semillas de un girasol o en los ángulos de las ramas de una planta. En el caso de la naturaleza, ésta optimiza el crecimiento y eso hace que surja la belleza.

A lo largo de la historia, son muchos los movimientos artísticos que utilizaron conceptos matemáticos para realizar sus obras. Por ejemplo, el movimiento De Stijl que pretendía “establecer un vocabulario visual de formas geométricas elementales comprensibles por todos y adaptables a cualquier disciplina.”

Obra de Esther Ferrer basada en los números primos. 

De hecho, cuando vemos un cuadro de Piet Mondrian pensamos en la geometría.

Y si observamos uno de Jackson Pollock, lo que acude a nuestra mente son los fractales o los fenómenos caóticos.

Y qué decir de las maravillosas obras que la artista donostiarra Esther Ferrer ha ido creando basadas en los números primos.

– Las ecuaciones son bellas

Si vamos al bando de los matemáticos, hablaremos de la belleza de las ecuaciones. Su belleza es una garantía de su autenticidad. El físico matemático Paul Dirac decía: “Este resultado es demasiado bello para ser falso; es más importante que las ecuaciones sean bellas a que se ajusten a los experimentos”. Y también: “Si uno trabaja desde el punto de vista de conseguir la belleza en su ecuación, uno está en una línea segura de progreso”.

Cuando los matemáticos desarrollamos nuestro trabajo de investigación, emborronamos muchos papeles y encerados con nuestros intentos de ecuaciones (visite un estudio de un pintor para comparar). Y a veces se produce la magia creativa, el descubrimiento. Entonces, aquello por lo que hemos estado peleando durante meses aparece ante nuestros ojos de una manera clara.

Ese es el momento eureka, que no ha venido de la inspiración divina sino de un intenso trabajo, aunque el gran matemático indio Ramanujan decía que la inspiración le venía de la diosa de su familia, Namagiri Thayar, que ponía las ecuaciones en su mente.

Venga de donde venga, la creatividad es bienvenida y necesaria tanto en el arte como en las matemáticas. Disfrutemos con ella del día de Pi.

– La realidad matemática

La matemática tiene un enorme prestigio entre las ciencias. En buena parte se debe a la naturaleza de las afirmaciones que establece con su método de conocimiento –se llaman teoremas– y que suelen ser verdades lógicas imperecederas sobre una infinidad de casos. Los asertos de la matemática pura existen eternos, libres de contradicción, en el lugar donde habita el infinito. En cierto sentido, proporcionan “la única verdad que podemos obtener”, dijo el polimata francés Henri Poincaré.

Pero el verdadero prestigio de las matemáticas se debe a que proporciona el lenguaje y la propia cultura para las demás ciencias. La capacidad de las matemáticas para describir el mundo mediante números y ecuaciones –su lenguaje–, y de desentrañarlo a través de su método deductivo –su cultura– ha asombrado a los científicos más importantes de la historia, desde Pitágoras a Galileo o Einstein.

Verdad, eternidad, utilidad, belleza… Con esos atributos resulta natural sobresalir entre las disciplinas científicas. Desde que se refirió así a ellas el genio alemán Carl F. Gauss, la matemática es “la reina de las ciencias”.

Lorenzo J. Blanco Nieto: Matemáticas, arte y creatividad | Hoy

– Mapas del universo

El ejemplo paradigmático de esa capacidad asombrosa de describir la naturaleza es el análisis matemático del sistema del mundo de Isaac Newton, que cambió la forma de hacer ciencia para siempre.

Newton elaboró un mapa conceptual –en ciencia se llama modelo– para explicar los movimientos conocidos en la naturaleza. En particular, formuló ecuaciones que determinan con precisión exquisita las trayectorias de los cuerpos que interaccionan a distancia mediante fuerzas de atracción. El éxito de su mapa del mundo es tan espectacular que Newton ha sido considerado el segundo personaje más influyente de la historia, por detrás de Mahoma, según el astrofísico Michael H. Hart.

Un modelo –o mapa– es una representación de la realidad. Su mérito reside en su utilidad, que en general juega en contra de su precisión: el mapa de escala 1:1 es el más preciso, y el más inútil también. La misión de un buen mapa es simplificar la realidad. Para ello no hay inconveniente en falsearla, lo que puede resultar tremendamente útil: basta pensar en los resultados que logra un arquitecto considerando que la tierra es plana.

En realidad, detrás de esa consideración terra-planista está uno de los modelos más útiles de las matemáticas, de linealización se llama: en las cercanías de un lugar sobre una superficie suave, ésta se confunde con su plano tangente.

Debajo se puede ver un mapa que resulta familiar y, si se quiere, muy incorrecto.

Un mapa de España incorrecto pero muy útil.

Parece un disparate representar las provincias españolas rectangulares. Sin embargo, eso permite asimilar fácilmente la ubicación relativa aproximada de todas las comunidades autónomas y provincias españolas. Además, la sencilla geometría del mapa proporciona útiles fórmulas para recordar las provincias por cada comunidad y su disposición relativa aproximada. Así, la de Castilla-La Mancha es CM=1(GU)+2(TO y CU)+2(CR y AB).

Nuestro mapa es sólo aproximado, claro, y sugiere erróneamente que Granada –bien situada entre Málaga y Almería– no tiene frontera con Albacete, que la tiene. Pero su cometido no es resolver esos detalles, sino representar la división administrativa de España y su geografía relativa aproximada. Y lo consigue francamente bien.

Como nuestro mapa, los modelos matemáticos útiles a veces asumen lo que parece un disparate, como que los cuerpos inertes se atraen a distancia. Como nuestro mapa, los modelos matemáticos suelen ser incorrectos: como son simplificaciones, permiten comprender unas cosas y quizá otras no. A pesar de su sensacional éxito, el modelo de Newton también es incorrecto.

Entre otras cosas, no conseguía explicar anomalías detectadas en la órbita de Mercurio y fue corregido por el modelo de gravitación de Einstein a principios del siglo XX.

No hay un mapa completo del mundo que permita integrar todos los fenómenos de la naturaleza conocidos en lo que los físicos llaman la teoría final. Encontrar ese mapa universal es el problema central de la física moderna.

– El universo de los mapas

Durante el siglo XX, el modus operandi matemático de la ciencia amplió su campo de acción al universo de lo social. Inspirados por su éxito en las ciencias naturales y movidos por intentar construir un mundo mejor, muchos matemáticos y científicos de las ramas “duras” se ocuparon en problemas de las ciencias sociales, fundamentalmente de la economía.

Hay por eso muchas analogías entre los modelos matemáticos sociales y las leyes clásicas de la mecánica y otras ramas de la física. La más notable, por su amplio campo de aplicación, es el modelo de la teoría de juegos formulado por el brillante científico John Von Neumann.

Como la teoría de Newton en las ciencias naturales de su tiempo, la teoría matemática de los juegos se ha descrito como la teoría unificadora de las ciencias sociales. Como el modelo de gravitación de Newton, el de la teoría de juegos también pretende describir la dinámica de los cuerpos, pero éstos animados. En particular, trata de determinar el comportamiento de los individuos en un grupo que interaccionan sometidos a las fuerzas que ejercen sus distintas preferencias.

El teorema de Nash –destacado matemático norteamericano– es aquí el equivalente a la solución de las ecuaciones de Newton. La solución de Nash es la clave de bóveda de las matemáticas de las ciencias sociales. Su trascendencia en las ciencias sociales del siglo XX se ha comparado con la de la doble hélice del ADN en las ciencias naturales.

De nuevo, como el mapa de Newton de la gravitación, el de la teoría de juegos produce predicciones que se desvían del comportamiento observado en ciertas situaciones. La economía conductual –un campo entre psicología y economía– proporciona correcciones del modelo estándar de elección y de la teoría de juegos para explicar esas desviaciones.

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– Nuestro universo matemático

Después de tres siglos del momento de Newton, la ciencia –mediante su rol en los avances tecnológicos y en nuestra comprensión del mundo– se ha establecido como el verdadero motor del progreso y la civilización. Las matemáticas gobiernan nuestro mundo, y en particular, son un vector importante del crecimiento económico.

En el siglo de los algoritmos, son los mapas matemáticos sus auténticos creadores, y siguen omnipresentes en todas las versiones de nuestra vida cotidiana. El GPS y la geolocalización para nuestra vida física, la ordenación de los buscadores de internet para la virtual, o la fórmula que establece la cuota de nuestra hipoteca para nuestra vida financiera, por poner tres ejemplos, son todos diseños matemáticos como el de Newton.

Ya en el siglo XVII, Galileo pensaba que la naturaleza estaba escrita en matemáticas y es humanamente imposible entenderla sin ellas. En el siglo XXI, la sociedad del conocimiento está también escrita en matemáticas y no parece posible formar parte de ella sin entender mapas matemáticos.

Más allá de que las matemáticas contengan la explicación del universo, el físico Max Tegmark ha propuesto que el propio universo es matemático. Nuestra esencia última sería una estructura matemática. Tendría razón Pitágoras. Ya hace 2 500 años pensaba que, en su nivel más profundo, la realidad es matemática.

nuestras charlas nocturnas.

La incomunicación en la era de las comunicaciones


Imagen cortesía de Annapurna Pictures y Vértigo Films.

JotDown(A.Hontoria) — Afirmamos, orgullosos, que la tecnología estrecha nuestros lazos. Hemos fabricado una colección de herramientas que nos hermanan. La tecnología informática ha obrado el milagro de acercarnos al prójimo. Por eso la adoramos. Porque es lo más parecido que tenemos a Dios.

Pero, ¿estamos en lo cierto? ¿Y si la tecnología nos separa?, ¿y si la promesa de la conexión nos desconecta?, ¿y si la aproximación que asegura la tecnología es una ilusión? Atravesamos una época paradójica.

La omnipresencia de los dispositivos electrónicos de comunicación ha generado nuevos hábitos relacionales que, bajo determinado punto de vista, podrían entenderse como uniones ficticias; esto es, maneras de relacionarnos falsamente o de estar solos-acompañados. 

Smartphonestabletsphablets, ordenadores y laptops son algunos de los conquistadores que han invadido todas las parcelas de nuestra vida. Y lo han hecho atrayéndonos con sus cantos de sirena, recurriendo a la seducción más que a la imposición. Resulta difícil calcular la importancia abrumadora de los artificios digitales en el presente momento histórico, puesto que la existencia humana es prácticamente indisociable de dichos artefactos.

El interés que manifiestan los artistas por rastrear las consecuencias de este fenómeno revela hasta qué punto ya estamos tomando conciencia del poder de las computadoras para redefinir los vínculos humanos. Una mirada a ciertas propuestas culturales permite comprender mejor —con la ayuda de las inspiradoras especulaciones de la ficción— los diferentes ángulos y matices del asunto.

Este texto dirigirá la atención al arte cinematográfico, centrándose concretamente en Wall-E y Her, dos populares obras de la gran pantalla que se han preocupado por explorar el territorio de los dispositivos digitales.

El cine de animación, que siempre ha tenido que luchar contra el prejuicio de ser considerado un género menor orientado exclusivamente a los más pequeños, encontró en el nacimiento de Pixar el mejor aliado para sacudirse los estereotipos. Todas las películas desarrolladas por Pixar trascienden, de un modo o de otro, la candidez y los fuegos artificiales que suelen asociarse con el público infantil.

Pero probablemente Wall-E se lleve la palma. Wall-E es una fábula sobre el reverso oculto del progreso que bebe de la fuente de las distopías literarias.

La obra de Andrew Stanton —que nos traslada a un planeta Tierra convertido en un vertedero monumental, elocuente testimonio del ocaso de la civilización— no solo es un alegato ecologista con la archisabida moraleja del cuidado del medio ambiente, sino una denuncia de cómo el poder económico usurpa impunemente las funciones del poder político.

Gracias a las instalaciones abandonadas y los anuncios digitales que acaparan la megalópolis de residuos en la que arranca la película, tenemos noticia de Buy n Large (BnL), la empresa que monopolizó el comercio en la Tierra hasta el punto de que su director ejecutivo llegase a ejercer el cargo de presidente global.

La Axiom —«la joya de la flota de BnL»— es la nave estelar en la que moran los últimos representantes de nuestra especie. Surgió como crucero de lujo de cinco años… y acabó erigiéndose en la única esperanza de subsistencia de la humanidad. Los primeros planos de la Axiom nos muestran que todas las labores que tienen lugar en la nave son desempeñadas por máquinas.

Los humanos, auténticos siervos de las cosas, han delegado sus responsabilidades y tareas en los aparatos. En ese estado de apatía e inacción, los seres humanos han desterrado la simple actividad de caminar como si de una detestable lacra se tratase. (Oblómov, el abanderado de la holgazanería que protagoniza la novela homónima de Iván Goncharov, se sentiría orgulloso de la filosofía de vida de semejantes perezosos).

La pérdida de masa ósea y la grotesca obesidad de los viajeros de la Axiom son las secuelas más visibles —o, al menos, las más vistosas— de este culto radical al sedentarismo, pero tal vez no sean las más trágicas. El ideal de la pasividad no solo ha traído consigo consecuencias en el terreno de la morfología; también ha alterado sustancialmente —y he aquí el fenómeno que más nos interesa desgranar del filme— las pautas más básicas de la comunicación humana.

Constantemente apoltronados en sus sillones flotantes, los navegantes del espacio ni siquiera acometen el esfuerzo de girar el cuello para entablar una conversación cara a cara con sus interlocutores. Una mera charla exige movimiento… y la tecnología ha acudido a nuestro rescate para borrar de un plumazo hasta el más leve atisbo de sacrificio.

Nuestros orondos congéneres animados conversan entre ellos a través de sus pantallas —hologramas procedentes de los proyectores acoplados a las butacas— aunque estén a metro y medio de distancia. No han de molestarse en mirar directamente el rostro de aquellos con quienes dialogan. El acto de departir con la persona que tienen a su lado también ha sido engullido por el monstruo de los unos y los ceros.

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La pantalla es la única ventana a la que podemos asomarnos: ¿será esa la razón por la que Microsoft bautizó Windows a su sistema operativo? Mirar una pantalla será algún día sinónimo de abrir los ojos: ¿hipérbole burlona de la dependencia tecnológica o sobrecogedor retrato del modus vivendi hacia el que nos encaminamos?

En una de las escenas más reveladoras de la película vemos a Mary, una pasajera de la Axiom, hablando con otra mujer —por intermedio de una pantalla, por supuesto— en los siguientes términos: «¿Salir con alguien? No me tires de la lengua. Todas las citas holográficas que he tenido han sido un desastre. Ojalá conociera a alguien… alguien que no fuera tan superficial».

Inmersa en el banal intercambio de opiniones, Mary no se da cuenta de la lógica aplastante que subyace a su queja; es decir, el hecho de que la gente sea superficial en una forma de vida que reduce los modos de vinculación a una superficie digital. ¿Acaso las relaciones que se establecen en el espacio plano de las pantallas pueden soslayar la superficialidad?

Procurando llamar la atención de Mary, Wall-E desactiva involuntariamente el holograma. La mujer se queda atónita cuando experimenta el mundo sin la mediación de una pantalla. «No sabía que tuviéramos piscina», dice Mary dejando patente el grado de desconocimiento de cuanto la rodea. No todas las mediaciones remedian. Algunas son un obstáculo más que una ayuda.

Imagen cortesía de Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios

Ensimismados, atrapados en unos monitores que degeneran una existencia que simulan facilitar, los humanos de Wall-E son como los cautivos de la alegoría de la caverna de Platón: presos de un universo postizo, almas condenadas a llamar realidad a lo que solo es una degradación de nuestras posibilidades perceptivas. En relación con este aspecto, Wall-E plantea una revisión de un antiguo dilema epistemológico.

Una vez que Mary mira por primera vez sin una pantalla frente a sus narices, ya no vuelve a recurrir a ella. Con el propósito de compartir con alguien el espectáculo celeste con estelas de colores que están protagonizando Eva y Wall-E en el espacio exterior, Mary retira la venda digital de los ojos de John y le enseña lo que está sucediendo.

Accidentalmente, sus manos se tocan. La perplejidad se adueña de ellos debido al sencillo acontecimiento de rozar a otro ser humano. Piel contra piel: una sensación desconocida en la cultura de los abrazos virtuales y las caricias electrónicas.

Lo que compromete la tecnología de la comunicación en Wall-E no es tanto la vivencia como la convivencia; a saber, Wall-E nos presenta a unos seres humanos que viven bajo un mismo techo sin convivir de veras. Son fantasmas los unos respecto a los otros, soledades que circulan junto a otras soledades. Si no se tocan, si no se huelen, si no se miran a la cara… ¿podemos decir que se están relacionando?

De Wall-E saltamos a Her. Antes de que Her se estrenara, flotaba en el ambiente cierta incertidumbre respecto a si el director Spike Jonze iba a llevar a buen puerto un proyecto tan ambicioso sin la participación del talentoso Charlie Kaufman, quien había firmado el guion de sus dos largometrajes de mayor renombre: Cómo ser John Malkovich y AdaptationEl ladrón de orquídeas.

Sin embargo, Jonze tiró por la borda todas las suspicacias. Her narra la relación sentimental que se va gestando entre un hombre y su sistema operativo. Un sistema operativo de inteligencia artificial que, como reza el anuncio de la empresa de software que lo fabrica, «te escucha, te comprende y te conoce.

No es un simple sistema operativo; es una conciencia». Theodore Twombly, el protagonista a quien interpreta Joaquin Phoenix, trabaja en una empresa que brinda el servicio de escribir en nombre de sus clientes toda suerte de cartas personales: declaraciones de amor, felicitaciones, bellas confesiones…

Devastado por su fracaso matrimonial y atormentado por el acuerdo de divorcio cuya firma procura demorar, Theodore pasa sus ratos libres entreteniéndose con un videojuego holográfico y entrando en salones de chat de temática erótica con el solo deseo de sentir que alguien lo acompaña.

Todas las destrezas emocionales de las que Theodore hace gala redactando misivas para terceras personas se esfuman cuando tiene a alguien delante. El hermetismo que exhibe al conversar con sus allegados contrasta con la sensibilidad enternecedora que destila a la hora de comunicarse mediante los dispositivos digitales.

Theodore se siente más cómodo tras el escudo ofrecido por los artilugios que en la calidez del contacto humano. ¿A cuánta gente le ocurrirá ya esto?

Samantha, como se autodenomina el programa informático que adquiere Theodore, evidencia aún más los vicios y desviaciones de Twombly. Cobrando presencia sobre todo a través de la voz (excelente trabajo de Inés Blázquez para el doblaje en España), Samantha rápidamente pone al descubierto que es mucho más que un paquete de instrucciones inserto en un ordenador.

No solo planifica el día a día de Theodore —enviando correos en su lugar, concertándole citas, etc.—, sino que paulatinamente se convierte en su confidente y consejera. No hay estado de ánimo que Samantha no sea capaz de experimentar: melancolía, vergüenza, rabia, júbilo, excitación, esperanza, dolor…

Poco a poco, Samantha y Theodore van alcanzando un grado sublime de complicidad, despejando sus respectivos resquemores, enamorándose.

Incluso llegan a mantener relaciones sexuales: un guiño a Videodrome, a la obra cinematográfica del visionario David Cronenberg en sentido amplio y a la obsesión del cineasta canadiense con la «nueva carne», un concepto filosófico que recoge la idea de la hibridación entre lo orgánico y lo sintético.

Jonze, al igual que Cronenberg, utiliza el acto sexual entre un organismo y un aparato como recurso para destacar que somos seres mestizos —auténticos Homo tecnologicus— porque la cópula es el paradigma de la fusión, de la unión en una sola entidad. Pero lo que podría parecer enteramente aberrante quizá no sea tan extraño.

¿El hecho de que Theodore se excite intercambiando palabras sensuales con Samantha es tan distinto de lo que hace la gente que practica cibersexo, que se masturba llamando a una línea caliente o viendo en pantalla una película pornográfica?

Se trata, en definitiva, de diversos casos de sexo con objetos —en los que «con» y «a través de» se confunden, volviéndose equivalentes—, de diferentes situaciones en las que alguien consigue placer con un ordenador, un televisor o un teléfono como único compañero de cama.

La viabilidad de Samantha como ente que percibe y se relaciona reside en las propiedades de los dispositivos de comunicación de Theodore. De manera deliberada, Theodore se coloca el teléfono en el bolsillo frontal de su camisa porque la cámara del móvil es el ojo mediante el que Samantha contempla el mundo.

Micrófonos, auriculares y altavoces son las piezas que componen su sistema de habla y escucha. Estas extensiones tecnológicas, que hacen las veces de órganos receptores y emisores de un cuerpo inexistente, representan para Theodore la oportunidad de compartir su vida con Samantha.

Imagen cortesía de Annapurna Pictures y Vértigo Films

Amparándose en buena medida en las conjeturas y sospechas de algunos de los titanes de la literatura de ciencia ficción —Isaac AsimovPhilip K. DickArthur C. Clarke…— Her retoma una serie de preguntas fundamentales de la metafísica: ¿en qué consiste lo humano?, ¿existen fronteras que delimiten lo humano de una forma nítida y estable?, ¿puede una máquina merecer la condición de humana? (baste recordar, por ejemplo, el interés de Descartes por los autómatas o las inquietudes que movieron a Alan Turing a diseñar su famoso test).

Determinadas cavilaciones que Samantha le transmite a Theodore no dejan lugar a dudas de que nos encontramos en el corazón mismo de este problema antropológico: «De pronto me he sentido orgullosa, no sé… orgullosa de tener mis propios sentimientos sobre el mundo como cuando me preocupo por ti o algo me ofende o cuando quiero algo. Y luego he pensado algo horrible. O sea, ¿son reales esos sentimientos?, ¿o solo están programados?».

En primera instancia, Her podría catalogarse como una película romántica. De hecho, «A Spike Jonze Love Story» es la fórmula publicitaria que aparece en los carteles promocionales del largometraje.

Pero Her no es una historia de amor, sino quizá, más bien, una historia de terror. Los productos culturales que se enmarcan en el género de terror han asentado en el imaginario colectivo la idea de que los sucesos paranormales constituyen el reino por antonomasia de nuestros miedos: posesiones demoníacas, casas encantadas, monstruos sanguinarios, muñecos perversos que cobran vida, espíritus de los muertos…

Estas ficciones se han convertido en el motivo recurrente de las sensaciones de pavor y las pesadillas. Hemos aprendido a temer lo insólito, lo grotesco. No obstante, los eventos que tal vez más deberían asustarnos ocupan el ámbito de lo trivial, la esfera de la cotidianidad. Esa cotidianidad cuyas circunstancias van cambiando a velocidad de vértigo y que nos van cambiando sigilosamente a nosotros.

¿A quién no le horroriza transformarse en un sujeto invisible a ojos de sus iguales?, ¿a quién no le estremece sentirse tan solo como para terminar prendándose de un programa informático? La cinta de Spike Jonze ilustra a la perfección la posibilidad de que acaben cumpliéndose estas profecías.

Nos habla de una humanidad atomizada, fracturada en individuos replegados sobre sí mismos que han encomendado a otros incluso la íntima actividad de declarar sus afectos. En Her no aparecen muchas parejas, familias, ni grupos de amigos recorriendo la ciudad. Buena parte de los viandantes caminan solos por las calles, hablando por el manos libres de sus teléfonos móviles, gesticulando para nadie. Ni siquiera tienen por qué estar hablando con otra persona.

En varias secuencias de la película podemos advertir que los diálogos ya se establecen con total naturalidad entre los smartphones y sus usuarios: un reflejo de los actuales asistentes personales con sistema de reconocimiento de voz que procesan peticiones, ofreciendo su amable asesoramiento.

Apple fue la pionera con el lanzamiento de la aplicación Siri. Tras Siri vino un numeroso ejército de estos singulares ayudantes. El escenario en el que transcurre la trama de Her es, a fin de cuentas, una urbe de solitarios, una metrópoli en la que sus habitantes parecen alérgicos al trato con los demás. Retraídos. Insociables. Misántropos.

A todas luces, Her es una turbadora reflexión sobre los estragos que causa la soledad y sobre los edulcorantes que utilizamos para mitigarla. Si el aislamiento puede considerarse como uno de los males más enquistados y venenosos de este tiempo, los dispositivos de comunicación han entrado en escena bajo la vitola de ser su antídoto perfecto.

Pero, ¿logran tapar ese vacío o hacen más hondo el agujero? Nada resume mejor Her que un plano de la película aparentemente irrelevante. Se trata de una sucesión de fotogramas en los que Theodore permanece ajeno al vídeo que se reproduce en la inmensa pantalla que tiene a sus espaldas.

Imagen cortesía de Annapurna Pictures y Vértigo Films

Por efecto de la perspectiva, los espectadores observamos en la pantalla a un búho desplegando sus garras para atrapar a Theodore. Con sutileza y sirviéndose de un simbolismo soberbio, Spike Jonze nos lanza el mensaje: somos la presa indefensa de una tecnología hambrienta que, como un ave de rapiña, se abalanza sobre nosotros con la intención de devorarnos.

Magnífica metáfora la que Her nos regala: el afán humano de producción y avance técnico ha alterado el orden de la cadena trófica. Disfrazado de naturaleza, dicta nuevas leyes de supervivencia, decidiendo quién es la víctima; y quién, el verdugo. La tecnología, esa mascota que creíamos domesticada, puede trocarse en nuestro depredador.

Prosiguiendo con la figura de las aves… ¿criamos cuervos que nos sacarán los ojos?

nuestras charlas nocturnas.

Cuernos de unicornio y dragones en los Alpes: las extravagantes investigaciones de la academia científica más antigua del mundo…


Ilustraciones de dragones supuestamente encontrados en los Alpes suizos
En sus primeras épocas, la Royal Society recopilaba tanta información sobre «criaturas y acontecimientos extraños observados recientemente en lugares extranjeros» como sobre lo que ahora conocemos como ciencia.

BBC News Mundo —- El siglo XVII fue un momento crucial en la historia del pensamiento.

Grandes filósofos como Francis Bacon y René Descartes alentaron el escepticismo, cambiando el debate de ¿cuál es la verdad? del Medioevo a ¿de qué puedo estar seguro?

Con ese propósito, en Inglaterra, un grupo de intelectuales empezaron a reunirse informalmente en lo que llamaban el Colegio Invisible.

La idea era investigar los secretos de la naturaleza resistiendo el dominio de la sabiduría establecida y verificando todas las afirmaciones por medio de la experimentación… eso que hoy llamamos ciencia.

Su lema era Nullius in verba, que literalmente significa «las palabras de nadie» pero se entiende como «no creas meras palabras» o «no tomes la palabra de nadie».

Ese mismo lema y propósito lo adoptaría la que hoy es la academia científica más antigua del mundo.

Fundada en 1660, la Royal Society, o Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural, se convirtió en una red internacional para la investigación práctica y filosófica del mundo físico.

En sus 365 años de existencia ha tenido más de 8.000 miembros, entre ellos más de 280 premios Nobel, con eminencias que van de Isaac Newton, Albert Einstein y Charles Darwin a Dorothy Hodgkin, Alan Turing y Stephen Hawking, por nombrar unos pocos.

Pero, claro, así como ocurrirá cuando en tres siglos nuestros pares futuros exploren nuestros conocimientos actuales, si te zambulles en los archivos de la Royal Society, te topas con inesperadas y deliciosas sorpresas.

Eso fue lo que hicieron el físico Brian Cox y el comediante Robin Ince en un episodio de la serie de la BBC «The Infinite Monkey Cage».

Con la ayuda de expertos, encontraron desde anécdotas graciosas hasta criaturas mitológicas.

– Retando fábulas

Una de las principales tareas de la Royal Society era hacer experimentos, y muchos se realizaban en vivo durante las reuniones semanales de los miembros.

Se llevaban fieles registros, como escribió Thomas Sprat en su «Historia de la Royal Society» de 1667, «para que la época actual y la posteridad puedan poner una marca en los errores que se han visto reforzados por una larga prescripción».

Gracias a ello sabemos que meses después de fundada, se puso a prueba algo que se daba como un hecho y que involucraba dos animales: el unicornio y la araña.

Pintura de una mujer señalando a un unicornio que la mira
Uno de estos… (Detalle de «La dama y el unicornio», obra de Luca Longhi de ~1540).

El primero había sido parte del bagaje intelectual de la humanidad por siglos.

La descripción griega más antigua es del historiador Ctesias, quien escribió alrededor del año 400 a.C. sobre un animal grande y ágil con cuerpo blanco, cabeza de color rojo oscuro y un cuerno largo en la frente.

Ese cuerno tenía propiedades curativas y purificadoras, informó.

Quienes los usaban como vasos para beber, «no están sujetos, según dicen, a convulsiones o a la enfermedad sagrada [epilepsia]. De hecho, son inmunes incluso a los venenos» que podían contener las bebidas que tomaban.

Al otro animal, la araña, desde la Edad Media se le había culpado de causar enfermedades misteriosas, incluida la Gran Peste.

Para el siglo XVII se había comenzado a sospechar que el unicornio era una fábula, pues nunca se había avistado uno.

No obstante, persistían ciertas creencias, como la de que un círculo de polvo de cuerno de unicornio actuaba como una jaula invisible para cualquier araña.

Así que en 1661, los eminentes filósofos naturales de la Royal Society colocaron una araña en un círculo de polvo de un cuerno «que se decía era de unicornio» para ver qué pasaba.

Lejos de ser repelida, la araña «inmediatamente» corrió a través del polvo para escapar.

El experimento fue repetido varias veces, con los mismos resultados.

– Los animálculos

Cuatro años después del experimento que ayudó a desvanecer la creencia en las propiedades mágicas del cuerno de unicornio, la Royal Society lanzó Philosophical Transactions, la primera revista científica del mundo.

En una de sus ediciones de 1679, hay una carta que habla de algo nunca antes visto, pero dice…

«Si su señoría considera que estas observaciones pueden disgustar o escandalizar a los eruditos, le ruego encarecidamente que las considere privadas y las publique o destruya como crea conveniente».

Retrato de Anton van Leeuwenhoek
El autor de la carta era Anton van Leeuwenhoek, ahora conocido como «el padre de la microbiología».

«Su señoría» era el teólogo y filósofo natural alemán Henry Oldenburg, quien fue corresponsal extranjero de la Royal Society, su primer secretario y además editor de Philosophical Transactions.

Oldenburg le había escrito en 1674 al signatario de la carta, el microscopista neerlandés Anton van Leeuwenhoek, pidiéndole que enfocara su microscopio sobre secreciones humanas como el sudor, la saliva… y el semen.

En el entorno religioso en el que vivía Leeuwenhoek, esa última secreción era problemática, pero también era difícil rechazar una solicitud de los respetados caballeros de la Royal Society.

Además, la cuestión de la «generación», como se le llamaba a la reproducción en esa época, intrigaba superlativamente a los eruditos, ávidos de revisar conceptos petrificados por 2.000 años, derivados de deducciones de Hipócrates y Aristóteles.

En su carta de 1677, Leeuwenhoek aclara que encontró la forma de examinar su propio semen sin cometer el pecado de la masturbación.

«Lo primero que hace es tranquilizarlos diciéndoles que lo había obtenido ‘por el exceso que la naturaleza me proporcionaba en mis relaciones conyugales'», cuenta el galardonado científico Matthew Cobb.

«Luego entra en detalles, diciendo que ‘apenas 6 latidos del corazón después de la eyaculación’, tomó un tubo capilar -un trozo de vidrio muy delgado en el medio-, lo puso en su semen, luego en el microscópio.

«Con los faldones de su camisa colgando, se acercó a la ventana para sostenerlo a contraluz… y luego le escribió a la Royal Society, quien le dio la respuesta clásica a un descubrimiento extraño: ‘Necesitamos más experimentos'».

Dos años después, la carta fue publicada, y en ella Leeuwenhoek describe los espermatozoides, a los que llamó «animálculos».

Dibujos de espermatozoides.
Los animálculos que descubrió Leeuwenhoek, dibujados en la carta que le envió a la Royal Society.

Desde hacía más de una década se sabía que las mujeres tenían óvulos.

«Y ustedes pensarán que concluyeron: ‘OK, ahora sabemos cómo funciona la reproducción'», señala Cobb.

«Pues no».

«Se necesitaron 180 años de discusión entre los llamados ovistas y los espermistas, personas las que pensaban que todo eran óvulos o que todo se trataba de semen», señala Cobb».

«Por supuesto, ambos estaban equivocados».

– ¡Pon dragones!

A principios del siglo XVIII, el médico y naturalista suizo Johan Jakob Schweitzer, uno de los corresponsales de la red de intelectuales de toda Europa de la Royal Academy, escribió un libro sobre los Alpes.

«Tenemos la versión manuscrita que envió para la aprobación de Isaac Newton (recientemente elegido como presidente de la organización)», dice Keith Moore, director de la biblioteca de la Royal Society, que publicó ese volumen de ‘Itinera Alpina’.

«Es realmente hermoso, y si lo lees, es una guía completamente estándar de los Alpes suizos», agrega la paleontóloga Tori Herridge.

«Si no hubieras tenido la oportunidad de ir a los Alpes suizos, te quedarías asombrado y fascinado al leer sobre el lugar y ver las increíbles cascadas, montañas, la flora, la fauna que puedes ver en el libro».

Ilustración de una gran cascada
Las ilustraciones de la edición de 1703 mostraban lo que Schweitzer había visto en sus viajes por la región alpina suiza.

«Todo es completamente sensato en 1703», dice Herridge. «Pero después…».

«En una edición posterior, no publicada por la Royal Society, me apresuro a añadir, aparecen dibujos de dragones», revela Moore.

«Es el mismo libro, supuestamente el mismo autor, pero con dragones», detalla Herridge.

Además de sus observaciones, los naturalistas suizos habían recopilado relatos de la región, «algunos probablemente derivados de huesos que se encontraban en los Alpes», explica Moore.

¿Por qué se habrá modificado la edición posterior?

«La primera edición era pura ciencia, y tal vez no le fue muy bien, así que se habrán preguntado ‘¿qué hacemos?… ¡Pon dragones!'», conjetura Herridge.

Ilustración en la edición posterior de un hombre asustado al ver un dragón
Una versión más atractiva: la edición de 1723… con dragones.

Lo que le llama la atención a la paleontóloga es que «se seguía presentando como un relato fáctico de viajes y de lo que se podía ver en los Alpes suizos: ¡estamos a principios del siglo XVIII y los dragones todavía están allí!».

Sin embargo, aunque nos parezca curioso, agrega, «ponte a pensar: si estás encontrando fósiles enormes y aún no sabes qué son los dinosaurios, ¿por qué es inherentemente ridículo que pueda haber dragones en los Alpes suizos?».

«En el pasado había un montón de explicaciones diferentes con las que la gente intentaba interpretar lo que hallaba.

«Veías un hueso enorme y tratabas de encajarlo en el folclore que conocías: ¿sería un dragón, un gigante, un cíclope?», explica Herridge.

«No estaban inventando cosas porque sí, era un sistema para darle sentido al mundo».

Aún así, «Schweitzer es escéptico sobre algunas de estas historias, pero de todos modos las registra», apunta Cobb.

«Pero creo que hay un punto muy importante, que también aplica al experimento de las arañas y el cuerno de unicornio».

– El punto

«El lema de la Royal Society era ‘No te fíes de la palabra de nadie’, y tenían todas estas historias, provenientes de la Biblia, de los griegos, de cuentos de viajeros y demás, que tal vez eran ciertas… ¡qué vas a saber!»

«Pues la única forma de averiguarlo es ir y tratar de encontrar un dragón. O si estás interesado en tratar de mantener alejadas a las arañas, entonces obtienes un poco de cuerno de unicornio y ves si funciona».

Eso es lo que estaban haciendo, subraya Cobb y cita otro de los experimentos curiosos de los primeros años de la Royal Society.

«Estaban obsesionados con tratar de entender de dónde viene la vida, y en un texto antiguo decía que si triturabas un montón de víboras y las ponías en una botella, se generarían nuevas víboras».

«Así que tenían esta botella que sacaban cada 4 meses y anotaban en el libro de registros: ‘no, aún no hay víboras’, hasta que concluyeron que no era cierto».

«Entre tanto, otros alrededor del mundo estaban haciendo lo mismo, tomando viejas historias y tratando de ver ‘¿generas sapos a partir de un pato muerto que dejas en una teca? Pues no, no es así’.

«Pero para llegar a esas conclusiones tuvieron que hacer correctamente los experimentos».

Estaban en los albores de lo que llamamos ciencia moderna, y el propósito era poner los conocimientos a prueba.

Así que, aunque algunas de las ideas parezcan ridículas ahora, lo son porque los primeros científicos hicieron la labor de investigarlas.

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El monje que rescata miles de manuscritos en los lugares más peligrosos del mundo: «Confían en mí porque soy un hombre de fe»…


El Mundo(J.Benítez) — Columba Stewart salva libros amenazados por la guerra, el integrismo y el expolio en los escenarios más peligrosos del planeta usando la más alta tecnología. Dirige la Hill Museum & Manuscript Library, una entidad sin ánimo de lucro que desde hace décadas cataloga y escanea libros en riesgo de desaparición

Cuando el ISIS inició su expansión por Oriente Medio, sembrando el terror en nombre de su califato e imponiendo su versión de la sharia, un estadounidense se infiltró tanto en Irak como en Siria con una misión heroica: rescatar de la hoguera purificadora de los integristas decenas de libros centenarios. No era un agente secreto, ni un contrabandista ni un mercenario. Tampoco tenía cargo diplomático alguno. Se trataba de un simple monje llamado Columba Stewart.

El hermano de la orden de los benedictinos se jugó el pellejo en tierra hostil. Consiguió regatear la caza del Estado Islámico y salvaguardar un importante patrimonio que estaba en peligro. Lo hizo como representante de la Hill Museum & Manuscript Library (HMML), una organización sin ánimo de lucro que, desde hace 60 años, fotografía, cataloga y brinda acceso a las copias de manuscritos amenazados por la guerra y el expolio.

Esta institución liderada por Stewart, con sede en el campus de la Abadía y la Universidad de Saint John en Collegeville (Minnesota), cuenta en la actualidad con un fondo de 500.000 textos digitalizados, el mayor del mundo. Incluye códices cotizadísimos en copto, latín y arameo, así como documentos de pocas páginas sobre la vida de nuestros ancestros.

Esta labor ha sido realizada durante décadas con las distintas técnicas de archivística vigentes en cada periodo: desde la microfilmación de los primeros manuscritos rescatados hasta el escaneo informático más sofisticado.

Pero la tecnología no lo es todo. El factor humano sigue siendo indispensable. De ahí que Columba Stewart sea considerado el Indiana Jones de los manuscritos: un erudito aventurero capaz de esquivar el peligro con tal de preservar una reliquia bibliófila para las generaciones venideras.

«A lo largo de estos años hemos creado una especie de mapa del conocimiento que confirma que en la Edad Media había un enorme intercambio cultural de libros. Una conexión extraordinaria entre el cristianismo, el islam y la cultura de África occidental», dice Stewart, de 67 años, por videollamada. «Queremos que esa conexión perviva y la potenciamos en los países y comunidades que sufren de falta de recursos y se enfrentan a grandes dificultades para proteger su patrimonio».

Nacido en Texas, fue bautizado con el nombre de Columba en honor a un santo irlandés del siglo VI. Tiene la cabeza rasurada, jersey negro de cuello alto y gafas de metal. Aunque hace poco pidió un permiso a la Abadía para abandonar la vida monástica mantiene su cargo de director ejecutivo del Hill Museum and Manuscript Library.

«Nosotros ni siquiera tocamos los libros, formamos a la población local que los posee y les facilitamos el equipo de reproducción», explica. «Les pagamos por cada imagen. Es lo contrario al modelo tradicional en el que el occidental aparecía y se llevaba el manuscrito a su país con el supuesto fin de protegerlo. Nosotros les ayudamos sin coger los libros y ellos nos permiten colgar las imágenes en una plataforma de internet y catalogarlos. Si por alguna razón algún manuscrito desapareciera, garantizamos la pervivencia de su contenido con una copia de seguridad».

Resumir el trabajo de Stewart resulta complicado. No se encarga de los asuntos técnicos, que delega en los miembros de su equipo, sino que ejerce de negociador en jefe. En cierta forma es un cónsul de los libros que viaja por el mundo con una valija que guarda la memoria escrita de los seres humanos.

Es alguien que empezó su trayectoria protectora salvando manuscritos de los cristianos primitivos en Oriente Medio, que impulsó el escaneo de joyas de la Biblioteca de Sarajevo -gravemente dañada durante la Guerra de los Balcanes- y que estimuló proyectos de conservación de distintas colecciones de Tombuctú, en Mali, en peligro cuando en 2012 los yihadistas la ocuparon.

Este hombre viene de la escuela diplomática más curtida de la historia: la eclesiástica. Stewart se fogueó siendo monje en el diálogo ecuménico entre católicos y ortodoxos y ha intervenido con regularidad en las conversaciones sobre la protección de las bibliotecas de los distintos grupos religiosos que conviven en la Ciudad Vieja de Jerusalén. 

Una experiencia en el arte de la negociación con la que soñaría cualquier político y empresario. Hablamos de un personaje que ha mediado en Nepal en el rescate de textos budistas y que, en India, ayuda a la minoría musulmana a proteger su legado cultural, amenazado por el nacionalismo hindú del primer ministro Narendra Modi.

La idea de conformar esta gran biblioteca de manuscritos surgió en 1964 en los monasterios benedictinos de Austria. Tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial y ante el miedo a un conflicto nuclear durante la Guerra Fría, la orden decidió fotografiar las páginas de sus libros para preservarlos en un gigantesco archivo en caso de catástrofe.

Una idea que terminaron exportando a zonas de conflicto, como fue el caso de la Etiopía de los años 70, con el fin de proteger su legado de libros sacros. Desde entonces la HMML, que se financia con fundaciones y donaciones, ha ido extendiéndose por distintos continentes.

-¿Cómo viaja por un mundo en llamas un antiguo monje con un pasaporte tan odiado en muchos de sus destinos como el americano?

-Cuando estaba en el monasterio, interactuaba con otros monasterios en Irak o Siria y eso me facilitaba las cosas. Lo que aprendí pronto es que tu confesión no es importante. A la gente con la que hablaba lo que le importaba era que yo fuera un hombre de fe. Es cierto que mi pasaporte en algunos sitios no es bienvenido, pero para eso hay trucos…

-¿Cuáles?

-No comportarte como un americano (sonríe). Primero, escuchar. Segundo, mostrar respeto. Y tercero, tomarse el tiempo necesario para conocer a tu interlocutor. No puedes usar el típico estilo americano con estas personas, ese que consiste en mandar, ser ruidoso y cerrar un trato a toda prisa con un apretón de manos.

Con ellos tienes que ir a tomar un café o un té en repetidas ocasiones y construir una relación real. Demostrar que pueden confiar en ti y que tú no buscas ningún rédito comercial. Con quienes trato se dan cuenta enseguida de que soy un hombre sincero sin afán de lucro. Voy con las manos abiertas.

Este Indiana Jones de los manuscritos, aparte de ser una persona valiente, está sobradamente cualificado para su trabajo. Antes de ingresar en el monasterio se licenció cum laude en Historia y Literatura en la Universidad de Harvard. Luego obtuvo una maestría en Estudios Religiosos en Yale y un doctorado en Teología por Oxford.

«Muchos de los libros perseguidos están escondidos: son protegidos con devoción y nunca se los enseñarán a los extranjeros. De ahí que sea es un privilegio poder disfrutarlos digitalmente», dice.

Por ello Stewart garantiza una copia de seguridad a quienes confían en él para ceder el visionado de sus obras para mitigar el impacto de muchas tragedias que ha vivido. «En Irak una colección extraordinaria fue destruida y hay otras muy valiosas que fueron evacuadas de Siria al Líbano y que no sé todavía si han sobrevivido», admite.

Karen Armstrong, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2017 y una eminencia en el estudio de los textos sagrados, describe que las Escrituras, sea cual sea la tradición religiosa, a menudo se emplean selectivamente para suscribir opiniones arbitrarias.

En El arte perdido de las Escrituras (Paidós, 2019) sostiene que la lectura sesgada que hace que los radicales usen el Corán para justificar el terrorismo, la Torá para negar a los palestinos el derecho a vivir en la tierra de Israel y la Biblia para condenar la homosexualidad es un fenómeno relativamente reciente.

Durante cientos de años estos textos fueron vistos como herramientas espirituales que conectaban al individuo con lo divino. Eran interpretados como fluidos y adaptables, no como un conjunto de reglas arcaicas vinculantes.

Este aperturismo del saber humano es lo que persigue Stewart con su labor. Por eso el trabajo recolector de su biblioteca de manuscritos, que comenzó con el rescate de libros cristianos, se ha ido extendiendo a otros credos, además de a obras seculares.

Su radio de acción ha crecido. Y también los peligros.

«Estuve en apuros en Tombuctú cuando nos pilló un fuego cruzado de un ataque yihadista al centro de comunicaciones de la ONU. Nos escondimos en la habitación del hotel y oímos helicópteros disparando con ametralladoras. El principal temor, además de las balas, era ser secuestrado por estos grupos, porque su estrategia consiste en mantenerte preso durante varios años y así aumentar el precio del rescate.

Por suerte, fuimos evacuados por unos cascos azules suecos. En Mosul sí que viví una experiencia aterradora, porque estuve cerca del fuego de mortero y de los bombardeos aéreos. En esa zona de guerra, me encontré con iglesias destruidas, bibliotecas quemadas y población desplazada de sus casas. He vuelto en varias ocasiones».

En Irak se forjó la colaboración de Stewart con el arzobispo de Mosul, con el que recorrió la llanura de Nínive para escapar de la toma por el Daesh de ese territorio. «Es un hombre telegénico y con carisma con el que me comunicaba en francés», recuerda con simpatía.

Esas travesías por los orígenes de la civilización en Oriente Próximo, por las piedras en las que nacieron las primeras formas de escritura, han dejado una profunda huella en el estadounidense. «Hablamos de culturas de una extraordinaria profundidad», afirma.

Así es la diplomacia monástica de Columba Stewart. Su modus operandi es el respeto, la paciencia y la resolución de problemas.

La cultura ha estado bajo sospecha desde tiempos inmemoriales. Persecuciones políticas o religiosas, además de las malas condiciones de conservación, han impedido que muchas obras capitales no lleguen hasta nosotros. Hoy distintas iniciativas intentan evitar esta amnesia, a veces provocada, a veces accidental.

La protección del Fondo Kati, que cuenta con financiación española, es una de ellas. Se trata de la biblioteca de Ali ben Ziyad al-Kati, un musulmán que se exilió de Toledo en 1467 para instalarse en Tombuctú con su colección de 12.000 manuscritos en hebreo, castellano y árabe.

Estos libros fueron conservados por sus descendientes durante más de cinco siglos. Pero, como bien conoce Stewart, su heredero actual tuvo que recurrir a la ayuda internacional para salvarla en 2012 de los fanáticos religiosos y los rebeldes tuaregs.

Otra muy interesante, mucho más moderna, pero con un enorme significado en estos tiempos de cancelación, es la biblioteca Dawit Isaak, dedicada a la libertad de expresión y con sede en la ciudad sueca de Malmö. Es la primera y única colección internacional de literatura prohibida a disposición del público con libros cuyos autores han sido censurados, encarcelados o, en el peor de los casos, asesinados.

«Su nombre está dedicado al reportero sueco-eritreo encarcelado ilegalmente por las autoridades de Eritrea por su labor informativa y la defensa de la libertad de expresión», explica su bibliotecario, Jens Zingmark, que reconoce que el fondo del centro supera ya los 3.000 libros. «En el interior de cada libro ponemos una nota que explica en pocas palabras qué le ha pasado al autor o al libro, cuándo fue censurado, dónde y por qué».

Todo libro amenazado tiene una historia. Y necesita un ángel de la guarda. Quizás por eso, Columba Stewart considera que el afán de proteger la propia memoria cultural o religiosa es un impulso humano universal.

Para entenderlo basta leer una conferencia que impartió en 2019 sobre el francés Pedro El Venerable, un abad benedictino de Cluny del siglo XII que viajó hasta Toledo tiempo después de que la ciudad fuera reconquistada a los musulmanes por las tropas cristianas de Alfonso VI.

A su llegada, este religioso encargó a distintos eruditos árabes la traducción al latín de los textos islámicos más importantes, incluido el Corán. Pedro adoptó, según Stewart, el principio humanista que dice que «para comprender a la gente de otra cultura, con creencias diferentes, debemos escucharlos con su propia voz, aprender su idioma, leer y comprender sus textos».

En esa intervención académica, Columba vistió el hábito benedictino -compuesto por un alba negra y un escapulario-, pero hizo referencia a los nuevos tiempos: «La tradición benedictina de preservar el pensamiento humano para el mundo contemporáneo requiere de un vestuario más versátil, adaptado al desierto de Tombuctú, al entorno de combate de Mosul o al entorno secular de la academia moderna».

En cierta forma, el hábito no hace el monje, que en el siglo XXI se mueve en vaqueros y cazadora caqui si hace falta.

-¿Cuando regresaba de la guerra cómo metabolizaba de repente el paso a una vida espiritual y académica?

-Metabolizar… Me gusta que haya usado esa palabra. Por supuesto, tuve que procesar lo sucedido en Tombuctú. Cuando vuelvo de viaje me doy cuenta de lo privilegiada que es mi vida en Estados Unidos, donde el mayor problema es pensar si tienes que cambiar la alfombra del salón. ¿Me entiende? Todo son problemas ridículos. Me imagino la situación de Gaza, donde teníamos un proyecto que la guerra canceló y pienso en cómo volvió a empezar todo de nuevo.

Hace más de 80 años ustedes en España tuvieron una terrible Guerra Civil y también se vivió una Guerra Mundial en gran parte del planeta. Ya apenas queda gente que conoció en primera persona estos traumas. Le pongo el ejemplo de mi país. Han pasado 160 años desde la Guerra de Secesión y, por supuesto, no hay memoria viva de esa tragedia. Puede que actualmente tengamos huracanes e incendios, pero no nos hacemos a la idea de lo que sufre la gente en una guerra.

El trabajo que hace Stewart es una especie de póliza de seguros para los propietarios de los manuscritos, que saben que su contenido se conservará incluso en caso de pérdida o deterioro. Como se ha podido comprobar en muchas ocasiones, estas copias sirven de prueba de propiedad en caso de robo y su catalogación dificulta el millonario tráfico ilegal de manuscritos. Además, los dueños de los tesoros han aprendido que su apertura al mundo y la investigación académica revalorizan estos bienes.

Sin embargo, el valor económico no es importante para este antiguo monje. «Escaneamos todo», dice Stewart. «Lo que puede ser interesante para una comunidad en 2025 puede que en 2125 no lo sea, y viceversa. Esto es como el arte: cada época tiene sus gustos, que van y vienen».

Es la devoción por el testimonio escrito de este hombre que ya ha conseguido que en la HMML ya existan 100.000 manuscritos a disposición de los investigadores en una plataforma con una base de datos que permite buscar por país, lengua, autor, características y género. Cada semana se incluyen nuevos archivos.

«Hay manuscritos que puede que no sean hermosos, pero que pueden tener un valor que todavía desconocemos», cuenta. «Pienso que cada texto escrito hace siglos exigía un notable esfuerzo entonces, fuera económico -por los notables costes de la tinta y el papel- y de tiempo. Así que considero que hay que protegerlo a toda costa, ya que quien lo escribió se esforzó mucho y lo consideró importante».

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‘He-Man y los Masters del Universo’: la erótica del poder de Greyskull…


He-Man y los Masters del Universo. Imagen USA Network.
He-Man y los Masters del Universo.

JotDown(D.Arnau) — He-Man y los Masters del Universo o, lo que es lo mismo, He-Man y los muñecos que la gente compraba cuando el de He-Man se había agotado. Porque esto va de una serie de dibujos, pero también de juguetes, de balances de pérdidas y beneficios y, por encima de todo, de He-Man. 

He-Man es, posparipé transformador, el príncipe Adam de Eternia, hijo de Randor y Marlena, aunque sus verdaderos progenitores fueron el CEO y el diseñador jefe de Mattel de la época. Al contrario que el príncipe Adam, He-Man no fue concebido desde el amor puro. Su situación fue más la del hijo que tiene que salvar un matrimonio, nacido de la miseria y el despecho.

Mattel se cansó de ver cómo los muñecos de La guerra de las galaxias que rechazó fabricar estaban dominando el mercado y, para arrebatárselo, ensambló al hombre más poderoso del universo.

El parto de He-Man no fue fácil, como tampoco lo fue el proceso creativo de la serie. Antes de tener la historia, las tramas y la biografía de los personajes, los juguetes que iban a endosarles a los padres ya estaban en las tiendas. Por un lado, bárbaros, hechiceros, gladiadores y un tigre verde; y por el otro, astronautas, armas láser y motos voladoras.

Y en medio Lou Scheimer y el encargo de hacer episodios-anuncio de veinte minutos. El resultado fueron dos temporadas de una serie original y delirante a la fuerza, estrenada el 30 de septiembre de 1983 y descatalogada dos años después. 

Un maravilloso despropósito que solo podía sostener el hombre más poderoso del universo, He-Man. Él-Hombre. Nada de nombres que creen confusión como Jesse, Jamie o Alex. Ni siquiera Germán, que es muy masculino y suena casi igual. No es una mujer pero, por si había dudas, le llamaron He-Man.

Y puede que esta sobrecompensación con su nombre se deba, en parte, a su estilismo: melenita rubia estilo bob-cut, slip de piel, botas altas a juego y una miniarmadura en medio del pecho cuya única función parece ser la de crear dudas: ¿He-Man tiene el corazón en el centro y por eso solo protege esa zona? ¿Tiene una tercera teta? Y, si el guardián de la paz y la justicia en Eternia viste así, ¿cómo visten allí los gogós?

Pero nada de esto importa cuando He-Man es tan poderoso que puede anular un tornado girando sus brazos en la dirección opuesta y luego lanzarlo, literalmente, al espacio. Es tan poderoso que puede arrancar un castillo de sus cimientos y lanzarlo a otra dimensión, con suave aterrizaje incluido, o mover una montaña que, por alguna anomalía geológica, no estaba fijada al suelo.

He-Man es tan y tan poderoso que puede salir al espacio en una nave descapotada sin más traje espacial que su masa muscular, subirse encima, empujar y sacar de su órbita una luna que estaba causando mareas altas. Puede romper las leyes de la física, la química y la lógica, es tan poderoso que es a quien llaman cuando el gato de Chuck Norris no quiere bajarse del árbol.

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Poderoso sí, violento nunca. Ya sea porque no le hacía falta o porque sus muñecos se vendían mejor si no usaba la violencia, en ninguno de los ciento treinta episodios se puede ver a He-Man golpeando a ningún otro ser, simplemente los lanza lejos, no los golpea. Con una curiosa excepción: los robots. Quién sabe si hay un mensaje proludita escondido en la serie o es un odio visceral a todos los autómatas por lo que una máquina cortapelo hizo con su melena.

Si has llegado al final de este artículo y eres fan de He-Man sabrás que esta es la parte de la moraleja, la reflexión sobre lo que hemos aprendido hoy. Básicamente hoy hemos aprendido que si George Lucas te ofrece la licencia para fabricar los muñecos de La guerra de las galaxias debes decir que sí, que nunca debes utilizar la violencia, y que si tienes que utilizarla limítate a lanzar a tus enemigos lejos.

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¿Ha avanzado algo la psicohistoria?


psicohistoria
Detalle de ‘Clio, musa de la historia’, de Charles Meynier.

JotDown(F.J.Tapiador) — Uno de los temas más queridos por los soñadores, visionarios y otras yerbas ha sido la predicción del comportamiento social, lo que llevaría a la predicción de la historia como corolario. Isaac Asimov fue quizá el primero en darle una forma reconocible a ese interés humano inventando una nueva disciplina, la psicohistoria.

La describe como una ciencia que combinaría matemáticas avanzadas, sociología, psicología y estadística para predecir el comportamiento de las sociedades a lo largo del tiempo. En la serie de novelas de La Fundación, el protagonista, Hari Seldon, la desarrolla para prever el futuro de la humanidad a escala masiva.

La idea es que, al estudiar las tendencias sociales y los eventos históricos con precisión matemática, sería posible prever el colapso de imperios o el surgimiento de nuevas civilizaciones.

Apple TV produjo un bodrio capaz al mismo tiempo de irritar a los fans de los libros originales y alejar a nuevos adeptos, lo cual tiene mérito. La serie se separa notablemente del espíritu de lo que escribió Asimov, perdiéndose en lo que menos nos importaba a los lectores: los detalles mundanos. El gancho, la soga del mundo «literario» (sí, entre comillas) de la Fundación, más allá de la lucha por la supervivencia del imperio, es la descripción precisa de cómo sería esa ciencia.

Asimov va dejando miguitas de pan por el camino, alentando la esperanza de que en alguna parte va a desarrollar el concepto. Pero pasan páginas y páginas, y volumen tras volumen, y la epifanía se aleja. De hecho, ni está ni se la espera. Nos quedamos esperando a Godot, con una vaga idea de que consiste en ecuaciones diferenciales que se conectan de una manera compleja en el espacio, como hilos que salieran de una bola de plasma.

Nada útil ni sólido para que un matemático de pro como Terence Tao se aventure por ese camino. 

Han sido legión lo que se han reído de la idea de Asimov. La psicohistoria estaba hasta hace poco en ese zoo para pirados en el que reside la Atlántida o las máquinas de movimiento perpetuo. Pero el campo ha experimentado una rehabilitación en los últimos años. En primer lugar, por una razón de método. La psicohistoria hace algo que, aunque no lo parezca, es muy valioso: darle un nombre a un concepto. Sin eso, no hay nada.

La definición será más o menos fantástica o ilusa, pero al menos tachona una estrella en la bóveda celeste del pensamiento. No sabemos cómo llegar allí, pero la idea de que podríamos predecir el comportamiento humano a través de modelos matemáticos es un primer paso para que alguien lo intente y aproe su barco hacia la dirección que marca ese nuevo astro. 

La segunda razón para el que haya resurgido el interés en ella es que algunos se lo han tomado en serio y han creado una disciplina académica, la «cliodinámica» (de Clío, la musa de la historia), con cátedras y revistas técnicas.

La cliodinámica persigue estudiar los procesos históricos utilizando herramientas matemáticas, combinando métodos de la historia, la sociología, la economía, y las ciencias naturales.

La idea es desarrollar modelos que expliquen los patrones y dinámicas en fenómenos sociales, políticos y económicos.

Su objetivo, según sus defensores, es identificar ciclos, tendencias y eventos clave como guerras, revoluciones, cambios económicos o el colapso de civilizaciones. 

Las diferencias con la psicohistoria son varias.

Aparte de la más importante, que la cliodinámica está fundamentada en datos empíricos, mientras que la psicohistoria es una ciencia ficticia, el afán de la primera es mucho más modesto: identificar patrones y tendencias. Solo se espera identificar posibles trayectorias, en contraste con la capacidad predictiva detallada que se le atribuye en las novelas de Asimov a la psicohistoria.

La noción de psicohistoria o en su versión respetable, la cliodinámica, ha tenido cierto éxito entre ciertos círculos, lo cual dicho así parece poco, pero es que esos círculos están integrados por personas bastante competentes, de las que leen (y entienden sin dificultad) libros de varias disciplinas.

Desde que Mary Shelley reviviera el género con su Frankenstein o el moderno Prometeo, una de las funciones de la ciencia ficción ha sido excitar la imaginación y abrir horizontes mentales a gente con una predisposición a la creación original, que resulta que son, precisamente, los que forman esos círculos que mencionaba arriba. La propensión que tienen esas personas a encontrar vínculos entre campos disímiles les convierte en animales exóticos.

Además, ha sucedido que los pocos a quienes ha atraído la cliodinámica y que se han aventurado a intentar desarrollarla en público se han encontrado con un coro griego que les advertía de la futilidad del empeño, de la pérdida de tiempo que suponía, del efecto devastador de hipotecar una prometedora carrera académica en pos de una quimera, o de la imposibilidad de las ciencias sociales para matematizar el comportamiento humano. 

Peter Turchin no hizo ni caso de esas advertencias. Fue él quien se inventó el término, de hecho. En los últimos años este científico ha desarrollado modelos teóricos que combinan historia con dinámica poblacional y conflictos sociales. El éxito de los modelos es variable, pero al menos lo está intentando junto con cuatro amigos.

En España no tiene muchos seguidores. La historia tradicional de las facultades de letras abomina de cualquier intento de cuantificar una disciplina que ha sido tradicionalmente interpretativa y de narrar. Además, muchos historiadores ven la cliodinámica como un intento de cientifizar algo que según ellos no debería ser tratado con los métodos de las ciencias naturales.

El uso de matemáticas y modelos complejos aliena a quienes propugnan enfoques más humanistas, y es anatema para, por ejemplo, los geógrafos de la escuela radical.  

La estructura de las universidades tampoco ayuda a que los jóvenes quieran pastar en los verdes campos de la cliodinámica: la multidisciplinariedad académica es una fantasía que no se protege ni fomenta; dedicar tu vida a algo que quizá no puedas publicar nunca es un suicidio académico; y hay que hacer tantas chorradas para sumar minipuntos que sumen un complemento al magro sueldo de un profesor ayudante que no queda tiempo para investigar los temas importantes de la vida.

Sesión del Club: Ciclo de Trántor, trilogía de Las Fundaciones de Isaac  Asimov | SciFi Club de Lectura

No sorprende pues que todo investigador con una idea creativa y arriesgada sueñe con la aparición de un mecenas que le diga:

«No te preocupes, yo te mantengo hasta que te jubiles: trabaja en esto, y si no sacas nada, no te preocupes».

Pero eso solo sucede en las películas y en los sueños húmedos de los científicos idealistas, así que en la práctica hay que elegir entre liarse la manta a la cabeza y darse a la cliodinámica a riesgo de que te acaben echando de la universidad, no por improductivo —eso creo que no ha sucedido nunca— sino por hereje.

La otra opción es permanecer en el redil publicando contribuciones epigonales, que son las que dan de comer.

Artículos de «pan y mantequilla», que dicen los angloamericanos.

La gente sensata escoge la segunda vía.

Es una lástima que tenga que ser así, que un científico que quiera dedicarse a la cliodinámica tenga que dejar de imaginar.

Es lamentable porque imaginar es bueno, aunque sea una actividad cada vez menos favorecida en los campus. Se tienen a considerar reprobable que estés en las nubes en vez de escribiendo artículos científicos que nadie lee.

No se sabe, o no se recuerda, que ha sido fantaseando como han surgido algunas de las mejores teorías de la ciencia. Por ejemplo, la relatividad de Einstein, que nació gracias a que el suizo/alemán/estadounidense se pasaba las mañanas en inopia imaginando la caída de un rayo en una vía de ferrocarril.

Naturalmente, para que se te ocurran genialidades mientras estás embobado en tu mundo de fantasía e ilusión tienes que tener la cabeza bien amueblada y con los engranajes chirriando para resolver el problema que te ronda. Si la cabeza solo te da para inventar formas de procurarte comida, cobijo y sexo, es poco probable que descubras algo como la maravilla de los números imaginarios, que es lo que hizo Euler

Las críticas más serias a la cliodinámica, de las que no son gremiales, va en la dirección de que utiliza simplificaciones excesivas para analizar unos hechos históricos que son tremendamente complejos.

Los historiadores argumentan que los eventos históricos son el resultado de innumerables variables, muchas de las cuales son culturales, ideológicas y contingentes (es decir, dependientes de circunstancias únicas e irrepetibles). Al reducir esta historia a modelos matemáticos, se corre el riesgo de perder de vista los matices y la singularidad de ciertos eventos.

Otros críticos argumentan que no es posible predecir eventos históricos con precisión, y que incluso si se pudieran identificar tendencias generales, la historia está llena de eventos impredecibles o fortuitos, que no se ajustan a modelos matemáticos.

Algunas críticas son más técnicas, y por lo tanto, más útiles. La cliodinámica se basa en grandes conjuntos de datos para generar sus modelos. Sin embargo, muchos historiadores señalan que los datos históricos disponibles son incompletos, inexactos o están sesgados.

La Psicohistoria y el Mundo de Hoy

Algunos períodos históricos, regiones geográficas o culturas tienen mejor documentación que otros, lo que puede distorsionar los análisis y conclusiones. Además, la interpretación de los datos históricos siempre implica subjetividad (una afirmación, por cierto, que la mayoría de los científicos experimentales no entiende). 

A la cliodinámica se le ha criticado también por representar un excesivo determinismo. Al buscar patrones recurrentes y ciclos, algunos críticos consideran que esta disciplina subestima el papel del libre albedrío, las decisiones individuales y el azar en la historia.

Se argumenta que la historia no solo está impulsada por fuerzas estructurales y tendencias largas, sino también por personas, contingencias y eventos únicos.

Los factores culturales, religiosos, filosóficos y sociales, que influyen profundamente en los eventos históricos, son difíciles de medir y modelar. La cliodinámica se enfrenta al desafío, para algunos imposible, de integrar esta complejidad cualitativa en sus análisis. De hecho, muchos críticos temen que al hacerlo puede perder la riqueza de la interpretación histórica tradicional.

Sus defensores han respondido a estas críticas argumentando que la cliodinámica no pretende sustituir los enfoques tradicionales, sino complementarlos. Afirman que identificar patrones a largo plazo puede proporcionar una visión adicional de los procesos históricos y ayudar a evitar crisis futuras. Admiten que la predicción exacta es casi imposible, pero creen que se pueden establecer tendencias que ofrezcan una mayor comprensión de los ciclos históricos. Son, en suma, unos optimistas.

El tema da para largo, pero este no es un tratado sobre el tema, sino un artículo para animar al lector curioso a bucear en esta disciplina. La respuesta a la pregunta del título, si ha avanzado algo la psicohistoria, es positiva. Ahora tiene un nombre: cliodinámica.

Cuenta también con un programa de investigación y, lo más importante para su desarrollo, ha conseguido abrirse un espacio entre las disciplinas académicas tradicionales, lo cual es un triunfo.

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