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Las 3 viajeras olvidadas por la historia que nos abrieron las puertas al Antiguo Egipto…


Imagen de estatuas de faraones en Egipto
El antiguo Egipto sigue generando fascinación y curiosidad.

BBC News Mundo(K.Sheppard) — En el siglo XIX, un trío de mujeres cambió para siempre el estudio y la comprensión del antiguo Egipto. ¿Por qué, entonces, se ha pasado por alto su legado?

En 1864, la escritora de viajes inglesa Lucie Duff Gordon se encontraba en su casa, en lo alto del Templo de Luxor, mirando por la ventana hacia la orilla oeste del río Nilo, en dirección a las montañas de Libia.

Su rostro se deleitaba con el sol mientras escuchaba la cacofonía de los camellos mugiendo, los burros rebuznando y los perros ladrando más abajo.

Echaba de menos a su familia, a la que había dejado en casa, en Londres, mientras convalecía en el cálido clima desértico de Egipto para aliviar sus síntomas de tuberculosis.

Vivía en la Maison de France, o Casa Francesa, construida por un contingente militar en la zona alrededor de 1815. Amaba su autoproclamado «palacio tebano» y escribía cartas a su familia desde su balcón casi a diario.

Estas «Cartas desde Egipto», que detallaban minuciosamente su estancia en el país, se publicaron un año después en forma de libro.

Al detallar vívidamente la política egipcia, las costumbres religiosas y las relaciones de Duff Gordon con sus vecinos egipcios, el libro se destacó por ser un comentario social y cultural en una época en la que la mayoría de las autoras escribían ficción.

El ejemplo de Duff Gordon de viajar -y vivir- sola en Egipto como mujer británica pronto inspiró a otras viajeras a hacer lo mismo.

Poco más de una década después, la novelista Amelia Edwards, conmovida por las experiencias de Lucie Duff Gordon, visitó Egipto y publicó un exitoso libro de viajes: «Mil millas por el Nilo».

El trabajo de Edwards, a su vez, despertó el interés de Emma Andrews, una rica viajera estadounidense que hizo avanzar la arqueología en Egipto a principios del siglo XX al financiar docenas de excavaciones de tumbas, muchas de las cuales todavía se estudian activamente en la actualidad.

 Ilustración del antiguo Egipto
La evocadora escritura y las vívidas ilustraciones de Edwards atrajeron a innumerables turistas a Egipto.

Aunque estas tres mujeres viajaron inicialmente al país como turistas, cada una de ellas tuvo un profundo impacto en la egiptología (el estudio científico del antiguo Egipto).

Y al hacerlo, no solo moldearon nuestra visión de una de las civilizaciones más importantes del mundo antiguo, sino también la forma en que los turistas viajaban a Egipto a principios del siglo XX.

– El libro de Edwards

Desde noviembre de 1873 hasta marzo de 1874, Edwards y su compañera Lucy Renshaw navegaron por el Nilo en una casa flotante, el Philae.

Visitaron todos los sitios recomendados en su guía de viajes escrita por John Murray: las pirámides de Giza; las pirámides de Saqqara; el cementerio de Beni Hasan; el templo de Dendera; templos en Luxor; el Valle de los Reyes y otras tumbas en Tebas; además de sitios en Esna, Asuán y Abu Simbel.

El trabajo de conservación de estos sitios aún no había comenzado, por lo que la mayoría de los lugares que visitaron estaban en mal estado. Edwards quería cambiar eso.

En marzo de ese año, las mujeres permanecieron varias semanas en Luxor. Edwards se sintió atraída por la antigua casa de Duff Gordon, pero cuando miró hacia arriba y vio la pila de ladrillos que cubría el templo, se sorprendió por su estado.

Después de a duras penas lograr sobrevivir por varios años a las inundaciones del Nilo, el amado «palacio tebano» de Duff Gordon ya no era habitable. Edwards subió al interior y se acercó a la ventana, desde donde se contemplaba el río y la llanura tebana que se extendía al otro lado.

Al ver lo que vio Duff Gordon, Edwards escribió que la vista «amueblaba la habitación y hacía que su pobreza fuera espléndida».

Soñó que podría vivir allí «si tan solo tuviera esa maravillosa vista, con su infinita belleza de luz, color y espacio, y su historia y su misterio, siempre ante mis ventanas».

Ilustración de turistas a bordo de un barco en Egipto
El libro de Edwards también estimuló los paquetes vacacionales con todo incluido a Egipto.

Ese fue el único viaje de Edwards a Egipto, pero su poético libro de viajes atrajo a innumerables mujeres viajeras al país.

Publicado en 1877, «A Thousand Miles up the Nile» se convertiría en uno de los libros de viajes más vendidos de todos los tiempos.

Mitad diario de viaje, mitad historia bien documentada, la narrativa de Edwards describía vibrantemente los lugares de interés a lo largo del Nilo.

Pero a diferencia de la guía de Murray, Edwards no solo recomendaba a los visitantes que se detuvieran a ver estos monumentos y sitios, sino que abogaba por su conservación para las generaciones futuras.

La popularidad de su libro efectivamente convirtió a las pirámides de Giza, el Valle de los Reyes y otras tumbas ahora famosas en paradas esenciales para los viajeros a Egipto durante los siguientes 50 años, pero lo más importante es que su amplio alcance entre los académicos dio forma al estudio y la recepción de estos sitios hasta el día de hoy.

El éxito del libro de Edwards la llevó a cofundar la Sociedad Exploradora de Egipto (EES por sus siglas en inglés), en 1882.

Inspirada por el objetivo de Edwards de explorar para conservar los monumentos de Egipto, la EES recaudó dinero para las excavaciones a través de suscriptores. Estos suscriptores, en su mayoría de la clase media británica, recibían informes de excavaciones y del sitio cada año.

Estos informes, que contienen mapas, listas, dibujos y nuevos estudios, han educado e informado la visión del público sobre el antiguo Egipto durante casi 150 años.

– Turismo «masivo»

«A Thousand Miles up the Nile» también estimuló y se benefició simultáneamente del auge de los viajes organizados que ofrecían turismo arqueológico.

A principios de 1855, la compañía de viajes homónima del empresario inglés Thomas Cook comenzó a ofrecer viajes con todo incluido por toda Europa.

Estos viajes, populares entre las clases medias altas y aristocráticas, animaban a la gente a viajar a destinos como Atenas y Roma no solo para explorar su cultura contemporánea, sino también para presenciar sus monumentos antiguos y aprender sobre su importancia histórica.

Si gastabas mucho dinero en unas vacaciones, se argumentaba, debías aprender de ellas y también apoyar a las economías locales.

En 1869, la compañía de Cook se expandió a Egipto, lo que permitió que el turismo arqueológico en el norte de África estuviera disponible para las masas y para las mujeres que deseaban viajar solas y con seguridad.

A finales de la década de 1880, la compañía de Cook guiaba a más de 5.000 personas por el Nilo cada año, siguiendo de cerca el itinerario de la propia Edwards. Gracias a la popularidad de sus vacaciones, la compañía tenía el control sobre los viajes en barco por el Nilo para todos los visitantes a Egipto.

En 1889, 15 años después de que Edwards partiera de ese país, Andrews y su pareja, Theodore Davis (dos millonarios estadounidenses y coleccionistas de arqueología) llegaron a Egipto con una copia del libro de Edwards y varios folletos de Cook.

La pareja era miembro de la rama estadounidense de la EES, que se había extendido a Estados Unidos tan solo unos años después de su fundación.

Inspirados por el diario de viaje de Edwards, rápidamente alquilaron y equiparon una casa flotante privada para realizar su primer viaje río arriba.

«A Thousand Miles up the Nile» y los folletos de Cook guiaron a la pareja mientras navegaban Nilo arriba y luego Nilo abajo. Pararon en todos los sitios que Edwards (y más tarde Cook) les habían sugerido.

Al igual que Duff Gordon y Edwards antes que ellos, se enamoraron inmediatamente de Egipto.

La pareja viajaría Nilo arriba todos los años durante los siguientes 25 años. Eran los turistas arqueológicos por excelencia: miembros de la clase alta, que deseaban pasar unas vacaciones y al mismo tiempo aprender sobre los sitios antiguos que encontraban.

Compraron artefactos antiguos y acumularon enormes colecciones. Andrews se vio influenciada tanto por sus propios viajes como por la exhortación de Edwards en su diario de viaje: «Siempre estamos aprendiendo, y siempre hay más que aprender; siempre estamos buscando, y siempre hay más que encontrar».

Una tumba excavada en Egipto
Andrews y su marido lograron excavar entre 25 y 30 tumbas en el Valle de los Reyes, incluida la tumba de Yuya y Thuya.

Desde 1900 hasta que abandonaron Egipto en 1914, Andrews y Davis financiaron y excavaron personalmente entre 25 y 30 tumbas en el Valle de los Reyes, algunas de las investigaciones arqueológicas más importantes del país.

Las leyes que regían las excavaciones en Egipto en aquella época establecían que la mayoría de los objetos se entregarían al Museo de El Cairo, y los duplicados pasarían a manos privadas del mecenas o del arqueólogo.

– La tumba 46

En 1905, la pareja y su equipo encontraron la tumba número 46, la de Yuya y Thuya, padres de la reina Tiye (la esposa principal del faraón Amenhotep III) y bisabuelos de Tutankamón.

En aquella época, era la tumba egipcia mejor conservada jamás encontrada, y la mayor parte del ajuar funerario todavía se conservaba en su interior. Sus impresionantes máscaras de ataúd todavía se exhiben en El Cairo, y su carro intacto (el segundo de su tipo jamás encontrado) se encuentra justo detrás de ellos.

Los objetos son importantes, pero los diarios de Andrews son cruciales para nuestra comprensión de los yacimientos. Sus registros proporcionan un relato detallado de su actividad y la de Davis a lo largo de un cuarto de siglo.

Hizo una crónica meticulosa de sus excavaciones con mapas y relatos diarios de sus visitantes y de los objetos que descubrieron.

Davis utilizó muchos de los diarios de Andrews en sus propios informes publicados sobre el yacimiento, sin darle nunca el crédito que le correspondía.

Crucialmente, Andrews también incluyó en sus relatos a las personas ignoradas por tantos escritores masculinos: los trabajadores egipcios, comerciantes de antigüedades, capitanes de barco y tripulantes. Su perspectiva es la base para la comprensión de siglos de historia egipcia.

El legado de Andrews sigue vivo también en el Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York. Ella y Davis donaron cada uno gran parte de sus colecciones (más de 1.600 objetos egipcios) y sus fortunas al Met.

Cada año, millones de visitantes ven esos objetos, como los vasos canopos de la controvertida tumba KV 55. Gracias a las deficientes prácticas de excavación de Davis, los arqueólogos aún no pueden ponerse de acuerdo de manera concluyente sobre de quién eran los restos momificados que estaban dentro.

También hay una botella de agua decorada y restaurada de la procesión funeraria del rey Tutankamón, uno de los pocos objetos de Tutankamón fuera de Egipto.

El trabajo de Andrews hizo que estos fragmentos de la vida y la muerte del antiguo Egipto fueran accesibles tanto a los académicos como a los escolares, lo que le dio a Occidente una visión poco común de cómo los antiguos egipcios honraban a los muertos.

Amelia Edwards
Amelia Edwards, quien inspiró a Andrews fue bautizada «la madrina de la egiptología».

Nuestra fascinación y comprensión contemporáneas del antiguo Egipto se deben en gran medida a este trío de mujeres olvidadas.

Al igual que sus homólogos masculinos, su trabajo no estuvo exento de controversia: se trataba de personas relativamente adineradas que viajaban a Egipto, vivían allí y se beneficiaban profesionalmente de sus viajes extrayendo objetos antiguos de su lugar de origen.

Sin embargo, sus legados, a menudo ignorados, sentaron las bases de la egiptología moderna e influyeron en nuestra comprensión del mundo antiguo desde el principio.

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El misterio de la pirámide de hace 25.000 años: nadie sabe aún cómo se ha construido…


Foto: Vista desde la cumbre de Gunung Padang, la pirámide megalítica al oeste de Java, Indonesia. (RaiyaniM/CC/Wikimedia)
Vista desde la cumbre de Gunung Padang, la pirámide megalítica al oeste de Java, Indonesia.

El confidencial(O.Kardoudi) — Un estudio publicado por la revista Archaeological Prospection el pasado noviembre aseguraba que la gigantesca pirámide de Gunung Padang, en Indonesia, fue construida decenas de miles de años antes que las pirámides egipcias o Göbekli Tepe, en Turquía, por una civilización desconocida. Sin embargo, los arqueólogos desde su publicación han sido muy escépticos respecto a sus conclusiones y ahora la revista lo ha retirado debido a un grave error.

Según el artículo original, Gunung Padang —cuya traducción aproximada sería algo así como montaña de la iluminación— fue construida durante el último periodo glacial. Esa cronología desafía completamente nuestra idea de cómo la humanidad dio sus primeros pasos hacia la civilización en el valle del río Éufrates.

El estudio, dirigido por el geólogo Danny Hilman Natawidjaja del Centro de Investigación en Geotecnología del Instituto Indonesio de Ciencias, empleó técnicas avanzadas como la tomografía y el análisis de radiocarbono para investigar el yacimiento arqueológico sin destruirlo, revelando la presencia de cámaras ocultas y estructuras subterráneas a las que todavía no han accedido.

– No hay indicios humanos

Sin embargo, a pesar de que los datos recogidos son fiables, las conclusiones podrían no serlo. Flint Dibble, arqueólogo de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), declaró a Nature que el artículo utilizaba «datos legítimos», pero llegaba a conclusiones que no se podían justificar.

El investigador afirmó que «la datación [de carbono] de los suelos orgánicos de las estructuras descubrió múltiples etapas de construcción que se remontan a miles de años antes de Cristo, con una fase inicial que data del Paleolítico».

Según el estudio original, las muestras de suelo de las partes del montículo que consideran más antiguas de la «construcción» datan de hace 27.000 años. Sin embargo, otros arqueólogos señalaron a Nature que estas muestras de suelo no mostraban signos que probaran la actividad humana como huesos o herramientas.

Solo demostraban, aseguran, que esa tierra es realmente antigua. Además, la formación en pirámide no es algo extraordinario. «El material que rueda colina abajo va a orientarse, normalmente, por sí solo”. 

«El editor y los coeditores en jefe han investigado estas preocupaciones y han llegado a la conclusión de que el artículo contiene un error importante», explican desde Archaeological Prospection. 

Gunung Padang, la pirámide más antigua del mundo

«Este error, que no se identificó durante la revisión por pares, es que la datación por radiocarbono se aplicó a muestras de suelo que no estaban asociadas con ningún artefacto o rasgo que pudiera interpretarse de forma fiable como antropogénico o ‘hecho por el hombre’.

Por lo tanto, la interpretación de que el yacimiento es una antigua pirámide construida hace 9.000 o más años es incorrecta, y el artículo debe ser retractado.» 

Los autores del estudio han calificado la decisión de «injusta» y afirmaron en una publicación en Facebook que había quedado «inequívocamente establecido que se trata de construcciones hechas por el hombre o rasgos arqueológicos, en lugar de formaciones geológicas naturales.

Estas capas van acompañadas de numerosos artefactos portátiles de pequeño tamaño, lo que proporciona pruebas tangibles de su origen antropogénico».

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Ensayo: «La clave de la longevidad es aburrida»…


The New York Times(B.Stulberg) — El otro día, alguien en mi gimnasio se me acercó y se lamentó de que podría pasar casi todas las horas de su vida poniendo en práctica las innumerables recomendaciones virales sobre salud y longevidad popularizadas por influentes de internet y presentadores de podcasts, y aun así sentiría que se está quedando atrás.

Aludía a un complicado y a menudo contradictorio menú de “biohacks” (atajos para mejorar nuestra biología, todos ellos carentes de rigor científico) y “protocolos” (regímenes muy específicos de ejercicio, sueño y nutrición).

En esta era de búsqueda de la eterna juventud, hay suplementos, polvos verdes, inmersiones en frío, los supuestos beneficios de la luz solar matutina de ángulo bajo, monitores continuos de glucosa para no diabéticos, respiración en caja, los beneficios propuestos de la rapamicina (un fármaco utilizado originalmente en trasplantes de órganos que se está adaptando para la longevidad) e innumerables dietas restrictivas que van desde evitar los aceites de semillas hasta tomar conciencia de los “peligros ocultos” de las frutas y verduras, pasando por rehuir a comer casi todo menos la carne.

Aunque la obsesión por la salud y la longevidad ha perseguido a la humanidad durante mucho tiempo, esta última versión se ve intensificada por un ecosistema en el que influentes y conductores de pódcast lucran con nuestra atención y búsqueda de la salud consiguiendo patrocinios de empresas de suplementos, rastreadores del sueño y otros productos de bienestar pseudocientíficos. En 2016, el mercado mundial de suplementos ascendía a 135.000 millones de dólares.

Hoy se ha disparado hasta los 250.000 millones de dólares. Se prevé que esa cifra alcance casi 310.000 millones de dólares en los próximos cuatro años.

Algunas de estas intervenciones tienen usos limitados, mientras que otras van de lo absurdo a lo verdaderamente perjudicial. Es una pena que la gente gaste su dinero y energía en estas cosas, y más aún porque la clave para una vida más larga y saludable no es ningún misterio.

La investigación ha demostrado desde hace tiempo que la salud y la longevidad se reducen a cinco comportamientos fundamentales en el estilo de vida: hacer ejercicio con regularidad, seguir una dieta nutritiva, evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol y cultivar relaciones significativas.

Esto es sencillo, un poco aburrido y más difícil de rentabilizar que los suplementos de moda, las teorías complejas y los nuevos artilugios, pero es lo que realmente funciona.

La clave de la longevidad es aburrida

Para un estudio trascendental de 2017 publicado en la revista Health Affairs, unos investigadores analizaron datos que se remontan a la década de 1990 de más de 14.000 hombres y mujeres estadounidenses a partir de los 50 años. 

Descubrieron que las personas no fumadoras de 50 años que bebían alcohol con moderación y que no tenían obesidad podían esperar vivir, en promedio, siete años más que sus pares que no compartían estos rasgos. La esperanza de vida media de las mujeres con esta tríada de estilos de vida era de 89 años.

Para los hombres, era de casi 86 años. Al realizar un seguimiento de las discapacidades asociadas al envejecimiento, como problemas para caminar, bañarse o levantarse de la cama, los investigadores descubrieron que de esos siete años adicionales, seis transcurrían normalmente sin discapacidades.

El papel de las relaciones en la longevidad se examinó en un metanálisis publicado en 2023 en la revista Nature Human Behavior que incluyó a más de dos millones de adultos. Los investigadores descubrieron que, a cualquier edad, existe un riesgo 14 por ciento mayor de morir prematuramente asociado a la soledad y un riesgo 32 por ciento mayor de morir prematuramente asociado al aislamiento social.

Mantener relaciones no es solo vivir más, sino también vivir bien. El Estudio sobre el desarrollo en adultos de Harvard realizó un seguimiento a más de 700 hombres a partir de 1938, incorporando posteriormente a sus cónyuges y, más recientemente, a más de 1300 descendientes del primer grupo.

El director y el director asociado del estudio, Robert Waldinger y Marc Schulz, explicaron en The Atlantic el año pasado que llegaron a una “conclusión simple y profunda: las buenas relaciones conducen a la salud y la felicidad”.

Aun así, las promesas del movimiento de salud y longevidad en internet son tentadoras. Gran parte de su atractivo es la fantasía y el deseo de control: si sigues todas estas rutinas y regímenes y tomas todos estos suplementos, vivirás para siempre y nunca envejecerás ni enfermarás. Pero los accidentes ocurren.

También ocurren mutaciones celulares aleatorias que precipitan cánceres mortales. Y sin embargo, la fantasía de la longevidad controlada persiste.

Durante la última década, he estudiado la excelencia y he trabajado con algunos de los mejores deportistas del mundo. Lo que hace grande a un atleta profesional o a un olímpico no es levantarse a las 5 a. m. para zambullirse en frío y contemplar el sol.

Qué (no) hacer para envejecer mejor | Top Doctors

Más bien, la grandeza es el resultado de centrarse en los fundamentos de un oficio, ejecutar esos fundamentos con una constancia implacable durante años (si no es que décadas), adoptar la mentalidad adecuada y rodearse de las personas correctas.

La genética también ayuda.

La ansiedad por la salud ha aumentado mucho en las últimas décadas.

La avalancha de contenidos en internet sobre la búsqueda de biomarcadores perfectos y la inmortalidad tiene mucho que ver.

Y también plantea un problema contradictorio: centrarnos tanto en alargar el número de años de nuestras vidas entraña un peligro real que nos lleva a descuidar la vida en esos años.

Esto es tan cierto para una persona de 50 años en Instagram como para una de 16 en TikTok.

De ello se deduce que quizá el mejor protocolo para vivir una vida buena, larga, plena y productiva sea centrarse en lo que realmente importa y no estresarse por el resto. Si lo que te preocupa es que la vida es frágil y corta, sencillamente no tienes tiempo que perder.

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Los elefantes tienen nombre propio…


Foto a la distancia de elefantes caminando en un campo de hierba cerca de los árboles

Meer(S.Gil) — Un estudio recientemente publicado en la revista Nature Ecology & Evolution y dirigido por la Universidad de Colorado (EEUU) sugiere que los elefantes africanos salvajes son capaces de llamarse entre ellos como si tuvieran nombres propios.

No hay que olvidar que sonidos, tacto, señales visuales e incluso químicas son las diversas formas empleadas por los animales para comunicarse. Sin embargo, la evolución todavía no les ha regalado un lenguaje simbólico complejo, lo que define la Real Academia Española como la «facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos».

– Nuevos desafíos ante el lenguaje

Miriam Leva, especialista en el tema, asegura al respecto que:

Tener lenguaje implica tener capacidad simbólica -de pensar-, elemento que tradicionalmente ha servido a los humanos para distinguirse del resto de los animales. Pero eso podría haber cambiado. Hasta la fecha, nunca se había constatado que alguna especie no-humana fuera capaz de emitir sonidos personificados para el destinatario. Pero si la inteligencia artificial no se ha equivocado, quizá los elefantes africanos -bajo amenaza de extinción- tengan nombres propios que desconocíamos.

Al hilo de esto, Miquel Llorente, director del Máster en Primatología en la Universidad de Girona, en declaraciones al Science Media Centre (SMC), añade que «este hallazgo sugiere que el uso de etiquetas vocales arbitrarias podría estar presente en otras especies, desafiando la idea de que el lenguaje complejo sea exclusivo de los humanos.

– Machine learning o aprendizaje automático

La constatación de que los elefantes pueden usar las etiquetas vocales para comunicarse ofrece muchas oportunidades para profundizar en el estudio de la evolución de la cultura, el lenguaje y el comportamiento social

Viene bien recordar que, ante la incapacidad humana de entender otras formas de comunicación del reino animal, los investigadores de este estudio se sirvieron del machine learning o aprendizaje automático, una rama de la inteligencia artificial que permite a las máquinas aprender solas e identificar patrones.

Así pues, Michael Pardo, investigador principal del estudio, y el resto de los autores utilizaron este método para analizar 469 grabaciones hechas entre 1986 y 2022 en el Parque Nacional Amboseli y las Reservas Nacionales de Samburu y Buffalo Springs en Kenia.

En dichas grabaciones se podían escuchar las llamadas o «retumbos» realizados por grupos de hembras y crías de elefante africano.

Más concretamente, se trata de pisotones en el suelo de baja frecuencia que podrían equivaler a nombres propios.

-Buenos resultados en principio

Los resultados fueron satisfactorios: el machine learning pudo identificar a los destinatarios del 27,5% de las llamadas. Según argumentan sus autores, este porcentaje sugiere que los elefantes pueden comunicarse entre sí mediante diferentes clases de sonidos, entre los que destacan los «retumbos».

Además, para comprobar si respondían a estos sonidos, utilizaron grandes altavoces con los que reprodujeron las grabaciones en presencia de estos grandes mamíferos. De hecho, compararon las reacciones de 17 elefantes y comprobaron que son capaces de reconocer las llamadas individuales que se les dirigen.

– No todo el mundo está de acuerdo

No obstante, otras voces expertas del mundo científico sostienen que los datos de esta investigación no bastan para afirmar que los elefantes tienen una capacidad comunicativa mínimamente comparable a la humana: «Lo que realmente presentan los resultados son alguna evidencia de que el emisor -elefante- utilizó una variante de llamada similar a la del receptor.

Es decir, imitación», apunta Kurt Hammerschmidt, especialista en comunicación vocal en el Centro Alemán de Estudios sobre Primates en Gotinga. En otras palabras, y según pone de manifiesto Miriam Leva,

…lo que este experto sugiere es que los elefantes africanos utilizan el lenguaje por imitación que ya conocemos en otras especies como los loros y los delfines, por el cual copian los sonidos que hace normalmente el destinatario de su misma especie al que se dirigen para llamar su atención.

– Mucho por aprender y descubrir

Los elefantes pueden comunicarse entre sí mediante diferentes clases de sonidos, entre los que destacan los "retumbos"

Una cosa parece clara: hay un largo camino por recorrer para entender el lenguaje animal.

Bajo esta perspectiva, Antonio J. Osuna, investigador especialista en cognición animal de la Universidad de Medicina Veterinaria de Austria, declara que «sabemos muy poco de la comunicación en animales y esto se debe en parte a que no somos sensibles a las múltiples sutilezas que las vocalizaciones de otras especies pueden contener».

Con todo, y a modo de conclusión, se podría subrayar que la constatación de que los elefantes pueden usar las etiquetas vocales para comunicarse ofrece muchas oportunidades para profundizar en el estudio de la evolución de la cultura, el lenguaje y el comportamiento social.

Según resume el mismo científico, Osuna,

…que los elefantes usen nombres propios de la forma más cercana a como lo hacemos nosotros, podría abrir todo un campo en el que nos queda mucho por aprender, por descubrir.

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¿Qué es el «shifting»? Cómo transportarte a otras realidades…


La Mente es maravillosa(S.L.Capeluto) — Los practicantes de «shifting» trasladan su conciencia a universos imaginarios o de películas como el de Marvel, Star Wars o Harry Potter. Utilizan técnicas de respiración profunda y afirmaciones.

El shifting, también llamado reality shifting, es una práctica en la que se intenta «trasladar» la conciencia a una realidad alternativa o universo paralelo. Con la ayuda de técnicas como la meditación, la visualización y las afirmaciones, las personas buscan un escape mental que les permita explorar mundos imaginarios.

Sin embargo, como cualquier aventura, es fundamental navegar por estos nuevos reinos con responsabilidad y conciencia. Veamos en detalle de qué se trata, posibles riesgos y cómo llevar a cabo este método de forma segura.

– ¿Cómo y dónde se originó el shifting?

Las raíces esta técnica se podrían remontar a antiguas prácticas espirituales. Pero como se lo conoce hoy, la reality shifting ha ganado popularidad en redes sociales, en especial en TikTok, donde los jóvenes usuarios comenzaron a compartir sus experiencias y métodos.

La cultura pop juega un papel relevante en el auge de esta técnica. De hecho, una publicación de Current Psychology señala que los principales practicantes pertenecen a la generación posmilenial. Universos de ficción como los de Harry Potter, Marvel y Star Wars han capturado la imaginación de generaciones, creando mundos ricos en detalles y narrativas que invitan a la exploración.

Además, los fanáticos de estas producciones desarrollan una conexión emocional con los personajes y los entornos. Esto hace que deseen experimentar la vida en estos mundos. La idea de «visitar» Hogwarts les resulta muy atractiva y les permite escapar de la realidad cotidiana, por ejemplo.

Así, su crecimiento se ha visto impulsado por la intersección de la cultura digital, la fantasía y la búsqueda de escapismo, permitiendo a los practicantes alejarse de las presiones y desafíos del mundo real por un rato.

– Cómo se realiza

Este método se desarrolla mediante una serie de pasos y técnicas diseñadas para facilitar la «transición» de conciencia a una realidad alternativa. A continuación, te explicamos el proceso en mayor detalle.

Reality shifting: qué es y cómo funciona

1. Definir la realidad deseada

El primer paso es definir la realidad a la que deseas «viajar». Esto, a menudo, implica crear un script o guion, que es un documento que detalla todos los aspectos de la nueva realidad. Puedes incluir:

  • Personajes: ¿quiénes estarán contigo? Personajes de un libro, película, cómic o incluso personas de tu vida real.
  • Eventos: detalla lo que esperas experimentar. Esto puede contener acciones específicas, diálogos o situaciones emocionantes.
  • Escenario: describe el lugar donde te gustaría estar. Quizás un mundo de ficción, una playa paradisíaca o cualquier otro entorno que te atraiga.

2. Elegir un método de inducción y entrar relajación profunda

Para que el shifting funcione, es esencial alcanzar un estado de profunda relajación. Es posible lograr esto mediante técnicas de meditación, mindfulness y respiración.

hay varios métodos de inducción que conducen al estado mental que requiere esta práctica. Algunos de los más populares son los siguientes:

  • Método suni: consiste en respirar profundo y luego repetir afirmaciones como «estoy cambiando de realidad»; a la par se visualiza el viaje a la realidad alternativa.
  • Técnica de las sábanas: se trata de acurrucarse debajo de una sábana y acostarse en una posición cómoda, cerrar los ojos y visualizar la realidad alternativa; mientras se repiten afirmaciones asociadas.
  • Técnica del raven (técnica del cuervo): consiste en recostarse en la cama en una posición cómoda y hacer una cuenta regresiva desde el número 100 hasta el 0, mientras se respira profundamente y se visualiza la realidad deseada.
  • Método Alicia en el país de las maravillas: en este hay que recostarse boca arriba e imaginar que estás contra un árbol; alguien de tu realidad deseada se te acerca y corres tras él. Síguelo a través de una madriguera hasta que te conduzca a tu nueva realidad.

3. Practicar una visualización activa

Con tu guion en mente y en un estado de calma, visualiza tu realidad deseada. Imagina que estás allí, sintiendo el entorno, interactuando con los personajes y experimentando la historia que has creado. Es importante que intentes involucrar todos tus sentidos para hacer la experiencia lo más vívida posible.

4. Soltar el control

Una vez que te sientas inmerso/a en tu visualización, permite que la experiencia fluya sin forzarla. Deja de lado cualquier expectativa sobre cómo debería ser el proceso y confía en el flujo de tu mente.

«Shiftear» puede generar sensaciones variadas, como una ligera flotación y cambios físicos, como hormigueo o vibraciones. Algunas personas experimentan sueños vívidos, sintiendo que son conscientes dentro de un sueño y pueden interactuar con el entorno.

El tiempo puede sentirse distorsionado y la emoción intensa, evocando alegría o asombro, y es común sentir una desconexión con la realidad actual.

– ¿Qué dice la ciencia sobre el shifting?

Shifting: ¿Qué es y cuándo será posible?

Es importante aclarar que la ciencia no ha validado el shifting como un fenómeno real ni como un proceso que permita trasladar la conciencia a otras realidades.

En consecuencia, las experiencias descritas por los practicantes son subjetivas y no están respaldadas por evidencia científica.

Ahora bien, es un hecho que el ser humano tiene una notable capacidad para imaginar y crear realidades mentales.

Desde esta perspectiva, este método podría explicarse a través de fenómenos psicológicos que sí fueron estudiados por la comunidad científica, como la visualización, la meditación y los sueños lúcidos.

Tales estados alterados de conciencia pueden provocar sensaciones vívidas que se interpretan como «viajes» a otras realidades.

Por ejemplo, la visualización puede ayudar a las personas a imaginar escenarios deseados de manera tan intensa que parecen reales.

– ¿Es peligroso trasladar la conciencia a otra realidad?

Una pregunta común entre quienes se interesan por el shifting es si esta práctica es peligrosa. Desde el punto de vista psicológico, puede conllevar ciertos riesgos, aunque dependen de la persona y su enfoque. 

Por ejemplo, hay quienes experimentan una desconexión profunda de su realidad cotidiana y  sentimientos de despersonalización. Esto puede dificultar la capacidad de manejar situaciones de la vida real y generar confusión sobre la percepción de uno y de su entorno.

Asimismo, es posible que algunas personas desarrollen cierta dependencia hacia la experiencia como una forma de escapar de los problemas verdaderos, lo que afectaría el afrontamiento de situaciones desafiantes. También, si esta práctica se lleva a cabo justo antes de dormir, podría interferir con los patrones de sueño, llevar a la fatiga o trastornos del sueño.

– Si exploras la fantasía, hazlo con responsabilidad

5 maneras de hacer Shifting para viajar a tu realidad deseada

El shifting es una práctica para realizar con precaución. 

Es crucial que quienes se aventuren en ella lo hagan de manera responsable y equilibrada.

Establecer límites claros y ser consciente de su bienestar emocional es fundamental para disfrutar de la experiencia sin comprometer la salud metal.

Es importante mantener un equilibrio entre la exploración de la fantasía e imaginación y la conexión con tu vida cotidiana.

Si en algún momento sientes que la práctica te afecta de forma negativa, considera pausar y, si es necesario, buscar ayuda de un terapeuta.

Lo fantasioso puede ser un escape hermoso y entretenido, pero debe tener límites.

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El secreto del gin-tonic…


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Soldados británicos tomando su dosis diaria de quinina, 1916.

JotDown(D.S.Sáenz) — Hay escenas que explican la trayectoria de un país. Jardín Botánico de Madrid, agosto de 1861, interior de uno de sus cobertizos. Un hombre de unos treinta años contempla asombrado las decenas de cajas que permanecen allí amontonadas. No comprende cómo parte de la mejor ciencia europea del Siglo de las Luces puede compartir espacio con los aperos de labranza.

En su tierra, desde luego, jamás ha visto desatino semejante. Esta dejadez no solamente supone una deshonra para la institución que debería velar por la conservación de estas joyas de la historia natural, sino también un despilfarro para la nación que las financió en mejores días. Cortesía obliga, en cualquier caso, por lo que, en vez de expresar sus críticas, pide ayuda a los jardineros con un peculiar castellano aprendido al otro lado del océano Atlántico.

La obtendrá puesto que porta una carta de recomendación del director de los prestigiosos Jardines de Kew de Londres.

Los tiempos han cambiado. No hace tanto, esta colaboración hubiese resultado inviable. Pero ni España es ya un imperio ni considera la ciencia un apoyo fundamental para mantener una posición de supremacía en el panorama internacional.

Posiblemente, esto explique por qué nadie en medio siglo ha sido capaz de organizar los materiales recopilados por las célebres expediciones botánicas realizadas durante el reinado de Carlos III. Aunque acaso simplemente se deba al temor a enfrentarse al ingente trabajo que espera a quien lo intente.

Del Virreinato del Perú, Hipólito Ruiz y José Pavón regresaron con dos mil dibujos y tres  mil descripciones de plantas que, al menos, publicaron parcialmente en vida.

Pero José Celestino Mutis murió en Nueva Granada dejando cuatro mil páginas manuscritas y siete mil ilustraciones de dos mil setecientas especies vegetales diferentes, que se trasladaron a Madrid deprisa y corriendo poco antes de que la colonia lograse su independencia. Ahí las tiene, criando polvo en los mismos arcones en que fueron enviadas.

El grupo se pone manos a la obra. Trabajando como un auténtico equipo, los operarios del jardín van separando cajas del montón mientras que el visitante evalúa su contenido. Lo hará de un simple vistazo ya que el tiempo apremia. En alguna parte de este desbarajuste se esconde el único motivo de su viaje: la mejor colección sobre el árbol de la quina que existe en el mundo.

Y él no dispondrá más que de unos pocos días para estudiarla debido a que el deber para con su país le reclama en la India. Allí le esperan centenares de plantones de este vegetal incautados en diversas partes de Sudamérica.

Cortezas de quina del Perú. 

Al cabo de varias horas, la tarea de los jardineros españoles ha concluido.

No así la del invitado inglés, que en ese instante comienza realmente la suya.

Ya en solitario, Clements Markham, pues así se llama nuestro protagonista, examina con todo el detenimiento que le es posible los materiales seleccionados.

Necesita ampliar sus conocimientos sobre las decenas de variedades que existen de este árbol y los entornos en los que crece cada una.

Toda información es poca cuando la propia suerte del Imperio británico puede estar en juego. Continuará por ello durante varias jornadas entre antiguos herbarios y manuscritos y aún regresará cinco años más tarde para completar su escrutinio.

Hasta aquí la escena, retrocedamos ahora en el tiempo para enmarcarla.

Pero ¿Qué momento escoger entre todos los posibles dado que vamos a hablar de la enfermedad con mayor impacto en la historia del ser humano? Podríamos remontarnos hasta el Neolítico, cuando los cambios asociados al desarrollo de la agricultura aumentaron enormemente la incidencia de la malaria en su lugar de origen, África Occidental.

O tal vez hasta la Grecia clásica, cuando a pesar de no conocer su causa —para eso habría que esperar a finales del siglo XIX— la escuela hipocrática describió los síntomas de las fiebres tercianas con precisión. Por acotar la cuestión, sin embargo, nos conformaremos con empezar por el Perú colonial, donde en 1633 se publicó la primera crónica que menciona el «árbol de las calenturas».

Poco se sabe de los inicios del uso de la corteza del árbol de la quina como antipalúdico. Relatos míticos como el de la curación de la condesa de Chinchón, que hizo fortuna durante siglos, se han demostrado falsos.

Tan solo podemos conjeturar una probable búsqueda por parte de los indígenas del área andina de un remedio contra las fiebres intermitentes que comenzaron a sufrir tras la conquista, pues la malaria no existió en América hasta el arribo de los españoles, y la posibilidad de que ya empleasen previamente la corteza de este árbol como febrífugo.

Sí podemos afirmar, en cambio, que la «cascarilla del Perú» llegó a Europa por la época de su primera referencia escrita de la mano de los jesuitas, que controlaron durante décadas un lucrativo negocio alimentado por la presencia de estas fiebres en buena parte de Europa.

Así es, hoy ya lo hemos olvidado, pero el paludismo fue un mal endémico en amplias zonas de nuestro continente hasta mediados del siglo XX. Por poner un simple ejemplo, en la España de 1943 se registraron cuatrocientos mil casos y mil trescientas muertes por esta enfermedad.

No es de extrañar, por tanto, que este medicamento alcanzase fama rápidamente y su utilización se volviese habitual, al menos para quien podía pagarlo, primero en España y Roma y luego en el resto del mundo católico.

Flor del árbol de la quina en un grabado de 1878. Imagen: DP.
Flor del árbol de la quina en un grabado de 1878.

Esta creciente demanda todavía aumentaría más una vez desaparecieron los recelos que en el ámbito protestante causó un remedio promovido por la Compañía de Jesús y, llegados a la segunda mitad del siglo XVIII, la corteza del árbol de la quina se había convertido en uno de los principales artículos indianos, suponiendo en torno al dos por ciento de todas las importaciones procedentes de Sudamérica.

La mayoría de ella salía de los bosques andinos del valle de Loja, al sur del actual Ecuador, donde cascarilleros indígenas la recolectaban y transportaban a lomos de mula hasta los puertos del Virreinato del Perú, en los que embarcaba rumbo a la metrópoli previo paso por el istmo de Panamá. Poco se conocía, no obstante, sobre la especie vegetal que reportaba tales beneficios, una cuestión no menor que la Corona española trató de paliar durante su periodo ilustrado.

El reinado de Carlos III representó uno de esos escasos momentos en los que nuestro país se percata de la poca atención que dedica a las ciencias y trata de ponerse al día. Conseguiría su objetivo, dado que políticas audaces e inversiones generosas irían de la mano en este caso.

Así lo reflejó el sabio alemán Alexander von Humboldt en lo referente al campo de la botánica cuando dejó escrito «ningún Gobierno europeo ha invertido sumas mayores para adelantar el conocimiento de las plantas que el Gobierno español». Con ese dinero se pondrían en marcha diversas expediciones que recorrieron los distintos territorios ultramarinos del imperio con intención de catalogar una flora en gran parte ignorada hasta entonces.

Y si bien la labor desarrollada fue mucho más allá del mero utilitarismo de estudiar especies con posibles beneficios económicos, el árbol de la quina se convertiría en uno de los protagonistas de este monumental empeño.

Por desgracia, las dos expediciones que se ocuparon de investigar las numerosas variedades de este árbol no congeniaron bien y, en vez de sumar esfuerzos, acabaron tirándose los trastos a la cabeza. Una pena porque, visto en perspectiva, podían haberse complementado perfectamente.

Mientras que la del Virreinato del Perú dirigida por Hipólito Ruiz y José Pavón abarcó las regiones tradicionales de recolección de cascarilla, la de Nueva Granada a cargo de José Celestino Mutis descubrió nuevas áreas de distribución de esta especie que despertaron particular interés por sus ventajas a la hora del transporte a España, si bien quedaba por ver su eficacia frente a las fiebres.

Y aquí surgieron los problemas, ya que ambos equipos clasificaron de manera diferente las variedades de quina que hallaron en su territorio y criticaron abiertamente las conclusiones del contrario. Este desencuentro formaría dos bandos irreconciliables entre los botánicos de Madrid, que se fueron posicionando a uno u otro lado movidos muchas veces por simples afinidades personales.

Un frentismo muy nuestro que lastró los réditos tanto científicos como económicos que deberían haber acompañado al titánico trabajo de campo realizado pero que, para ser justos, se vio agravado por circunstancias todavía más negativas. Cuando llegó el momento de sacar a la luz la enorme cantidad de datos recogidos había transcurrido demasiado tiempo y nuestro país se encontraba en una situación poco boyante, por lo que se fue haciendo a cuentagotas.

Poco después, la invasión napoleónica iniciaría en España una época desastrosa, con pérdida de la mayoría de las colonias americanas incluida, que sepultó definitivamente el material recopilado en oscuros almacenes donde nadie se acordaría de ellos hasta bien entrado el siglo XX.

Reuniendo corteza en un bosque peruano. 1867. A. Faguet

Nadie en España, al menos. Ya conocemos la escena que nos ocupa.

La entrada en el siglo XIX no sentó nada bien a nuestro país, que volvería a encerrarse en sí mismo y a olvidarse del progreso científico, pero no así al resto del continente.

A lo largo de esta centuria las principales potencias europeas se lanzaron a la conquista del mundo y, con ello, aumentaron sus necesidades de cascarilla debido a la alta incidencia de la malaria en los trópicos, lo que hizo evidente un problema que tarde o temprano tenía que aparecer dado que se estaba explotando una especie silvestre.

Cada vez era más difícil encontrar árboles de la quina en los bosques andinos.

Las alarmas saltaron definitivamente en la década de 1850, cuando el precio de este remedio subió de manera patente. Aunque, para ser exactos, habría que decir que lo que aumentó fue el coste de su principal principio activo, la quinina.

Tres décadas antes, los farmacéuticos franceses Pierre Pelletier y Joseph Caventou habían desarrollado un método para extraer este producto natural de la corteza de la quina, iniciando una nueva etapa en el tratamiento del paludismo.

La sustitución de la fuente natural en bruto, la cascarilla, por su principio activo, la quinina, había conllevado dos ventajas obvias, simplificar su transporte y permitir conocer las dosis administradas con precisión, y otra menos evidente pero igual de importante, la posibilidad de identificar las variedades de quina con mayor contenido de este alcaloide.

También había derivado en el nacimiento de una todavía rudimentaria industria farmacéutica, pues en distintos países de Europa se habían abierto factorías que procesaban corteza procedente de Sudamérica para aislar el nuevo fármaco de referencia contra las fiebres. Pero, por supuesto, no había mejorado el problema de escasez de materia prima.

Particularmente preocupadas por esta cuestión se encontraban Holanda y el Reino Unido, que pensaron una misma medida para solucionar el inconveniente: cultivar el árbol de la quina en sus dominios. Y aquí, en los intentos de lograr este peliagudo asunto, es donde ubicamos al protagonista de nuestra escena.

Clements Markham fue un historiador metido a botánico circunstancial para mayor gloria del Imperio británico. Especializado en cultura andina, había recorrido Perú y aprendido español y quechua, lo que le convertía en el candidato idóneo para encabezar un audaz proyecto que pretendía apropiarse de plantones del árbol de la quina en su lugar de origen y trasladarlos a la India.

La malaria asolaba la «joya de la corona», por lo que a los funcionarios allí destinados se les suministraba diariamente una ración profiláctica de quinina, que algunos mezclaban con soda, azúcar y ginebra en un gin-tonic primigenio del que dependía la buena salud de la administración colonial.

De ahí la importancia del cometido de Markham que, al mismo tiempo, presentaba multitud de dificultades.

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Sir Clements Markham ca. 1910.

Hagamos un recuento rápido: las trabas de las naciones productoras para no perder su monopolio, lo poco que se sabía sobre las decenas de variedades del árbol de la quina existentes, el traslado de los plantones y su aclimatación a los ecosistemas de destino, cualquiera de ellas podía dar al traste con la operación.

Es lo que había ocurrido con las tentativas anteriores de Holanda y Reino Unido, que sobre todo habían chocado con la defensa por parte de los países andinos de sus intereses comerciales. Esta se producía no solamente a nivel gubernamental, con prohibiciones que impedían la salida legal de ejemplares de especies autóctonas, sino también a nivel individual, ya que los cascarilleros contratados acostumbraban a calentar las semillas para hacerlas estériles y añadir arsénico a la tierra de las plántulas recogidas.

Un tipo de sabotaje que había sido efectivo durante años pero que los británicos consiguieron vencer al fin gracias a un exhaustivo control de todo el proceso de recolección.

Entre 1859 y 1861, Markham y su equipo, integrado por botánicos de la talla de Richard Spruce, se adentraron en distintas zonas del norte de Perú y el sur de Ecuador para reunir centenares de plantones de árbol de la quina que fueron embarcando hacia la India.

Vivirían momentos de peligro dado lo comprometido de su misión pero saldrían airosos al sacar ventaja de la inestabilidad política de la región y los sobornos con que calmaron a las autoridades locales que deberían haber imposibilitado su trabajo.

También intentaron acceder a Bolivia, de donde procedía una nueva variedad de cascarilla de gran calidad denominada calisaya, pero aquí sí se toparon con una administración firme que les denegó el acceso. Y, en una escala de sus viajes entre Sudamérica y Asia, Markham pasó por España para estudiar las colecciones del Jardín Botánico de Madrid, donde halló abundante información útil para la siguiente fase del programa.

Una vez llegados a la India, los especímenes supervivientes del largo viaje interoceánico debían servir como germen de una plantación concebida para abastecer de quinina a todo el Imperio británico.

Para ello, fueron transportados al sur del subcontinente, hasta las montañas Nilgiri, donde se daba un entorno similar al de los bosques andinos. Y como los futuros árboles se aclimataron bien, el éxito del plan pareció seguro. La vida está llena de imponderables, sin embargo, y acababa de producirse una azarosa circunstancia que iba a dar un vuelco al devenir de esta historia.

En 1861, Charles Ledger se encontraba en Australia enfrascado en uno de tantos negocios ruinosos con los que toda su vida trató de salir de pobre. Esta vez pretendía convencer a los ganaderos de la isla de las bondades de la lana de alpaca y para ello había realizado la extravagante heroicidad de reunir un rebaño de estos animales en la lejana Bolivia y cruzar con ellos medio mundo.

Malaria. 1883. Giulio Aristide Sartorio.

Pero nada podía competir con los rendimientos que proporcionaba la oveja merina, por lo que la empresa estaba destinada al fracaso.

Una vez más, se tendría que dar por vencido.

Y entonces, al borde de la bancarrota, leyó una noticia en el periódico que creyó capaz de cambiar su suerte.

La llegada a la India de las plantas recolectadas por Markham se vio reflejada en los diarios del Imperio británico.

También su imposibilidad de entrar en Bolivia, prohibición en la que Ledger vio su oportunidad.

Él llevaba dos décadas viviendo en el país andino, a donde había emigrado con tan solo dieciocho años en busca de la fortuna que Inglaterra no le podía ofrecer.

De hecho, recordaba perfectamente la localización de un espléndido bosque de quinas de la variedad calisaya con el que se había topado en una de sus múltiples correrías junto a su inseparable asistente indígena Manuel Incra Mamani. Solo tenían que volver allí y recoger unas cuantas semillas. Así que envió a Mamani una carta explicándole sus intenciones y algo de dinero y buscó la manera de regresar a Bolivia lo antes posible.

El plan de Ledger no resultó como este había calculado pero acabaría transformando por completo el mercado de la quina. La peor parte se la llevaría Mamani, que pagó con la vida su participación en un negocio ilícito. Tras cumplir el encargo, lo que no le resultaría nada fácil ya que hubo de volver al bosque indicado durante tres años hasta coincidir con el momento adecuado para la recolección, sería apresado por la policía boliviana y torturado cruelmente para que delatara a su patrón.

No lo haría, en un valeroso acto de fidelidad que su cuerpo no resistiría pero que permitió a Ledger salir indemne del asunto. Para entonces, este ya había enviado las semillas de calisaya a un hermano residente en Londres, que trató de venderlas sin mucha fortuna.

Sus compatriotas no mostraron el menor interés ya que estaban satisfechos con la marcha del programa liderado por Markham y solo pudo persuadir a un cónsul holandés, que pagó un precio ridículo teniendo en cuenta el provecho que su nación llegaría a obtener de ellas.

Las semillas cosechadas por Mamani fueron sembradas por los holandeses en la isla de Java, dando inició a una plantación que en pocas décadas monopolizó la producción mundial de quinina. La corteza de sus árboles poseía una cantidad de alcaloide muy superior a la de los cultivados por los británicos en la India, lo que les permitió producir a precios mucho más baratos.

Tampoco encontrarían rival en los países andinos pues estos nunca pasaron de la explotación de ejemplares silvestres. Y así, a principios del siglo XX, todas las naciones compraban este fármaco a Holanda. Incluso Gran Bretaña, que nunca lo produjo en la cantidad que su gigantesco imperio requería a pesar de que, como el resto de estados colonizadores, no atendía las obvias necesidades de la población autóctona de sus posesiones.

La quinina se había convertido en un instrumento de dominación más. Por eso, la existencia de un único proveedor plantearía una peligrosa situación de dependencia que, si bien no ocasionó contratiempos de consideración en las etapas de paz, provocó graves conflictos durante los episodios bélicos.

Fotografía: Imperial War Museums (CC).
Soldados británicos recibiendo formación sobre la malaria (Segunda Guerra Mundial).

El mejor ejemplo lo encontramos en la Segunda Guerra Mundial, cuando la campaña japonesa en el sudeste asiático dejó a los aliados al borde del colapso.

Tras el ataque a Pearl Harbor, los nipones invadieron Singapur y Java y con ello pasaron a controlar los cultivos que producían la inmensa mayoría del caucho y la quinina consumidos en el mundo, dos mercancías fundamentales para el discurrir de la guerra pues todavía no existían equivalentes sintéticos que los pudiesen sustituir con garantías.

En lo referente al fármaco, quizá el mejor resumen de la delicada tesitura vivida fuera expresado por el general Douglas MacArthur cuando dijo: «Esta será una guerra muy larga si por cada división que tengo enfrentándose al enemigo debo contar con una segunda división en el hospital con malaria y una tercera convaleciente por esta enfermedad»

Como medida de choque, el Gobierno de Estados Unidos requisó todas las provisiones de quinina del país para usarlas en los frentes del Mediterráneo y el Pacífico. Pero sabían que solo se trataba de una solución provisional a la espera de lo que realmente necesitaban, un sustituto.

Para su suerte, enseguida lo descubrieron, con la curiosa circunstancia añadida de que serían sus propios enemigos los que inadvertidamente les brindaron la respuesta. Los alemanes llevaban años manteniendo una línea de investigación orientada al desarrollo de antipalúdicos sintéticos tras sufrir una situación similar durante la Gran Guerra.

Y, como buena parte de este trabajo se había realizado antes de la llegada de los nazis al poder, los aliados habían tenido acceso a las patentes comerciales registradas. Así que solo tuvieron que poner a punto los procesos industriales de obtención de unos compuestos ya estudiados, en una operación desde la retaguardia que posiblemente les salvó de la derrota.

La Segunda Guerra Mundial constituiría el último episodio en el que la quinina jugó un papel fundamental en la lucha contra la malaria. Si posteriormente se consiguió erradicarla de Estados Unidos y Europa fue gracias a otras armas, como la fumigación con insecticidas y los nuevos antipalúdicos sintéticos.

Tras tres siglos de empleo, un récord absoluto para cualquier fármaco que cure una enfermedad infecciosa, la eficacia del principio activo de la corteza de la quina había disminuido considerablemente. Las especies de Plasmodium causantes de esta plaga se habían vuelto tan resistentes a ella que se abandonó su uso para este fin.

Aunque no desaparecería de nuestras vidas. Todavía le queda un ámbito donde mantiene intacta su fama. Cada día, miles de personas rememoran un hábito iniciado en la India hace más de un siglo. Naturalmente, el agua tónica contiene hoy una cantidad muy inferior de quinina pues su propósito es simplemente añadir ese toque amargo tan característico del rey de los cócteles.

Qué disfruten su gin-tonic.

nuestras charlas nocturnas.

El horrible descubrimiento en el último bote salvavidas del «Titanic»…


Una de las fotografías.

La Voz Digital(M.P.Villatoro) — Día 15 de abril de 1912, 2:15 de la mañana.

Durante una gélida noche en medio del Atlántico Norte, el primer oficial del « Titanic », William McMaster Murdoch , lucha a brazo partido junto a James Paul Moody (sexto oficial del «Buque de lo sueños») para arrojar al agua el último bote salvavidas -el Plegable A – que queda en cubierta.

Viven los últimos estertores del buque, los últimos cinco minutos que el transatlántico pasará sobre la superficie antes de ser engullido por el océano.

Y lo que no saben es que la barca que están tratando de arrojar al mar será recordada 104 años después por los horrores que fueron descubiertos en ella cuando fue encontrada.

Y es que, como demuestran una serie de imágenes que acaban de salir a subasta, cuando los marineros del « RMS Oceanic » se toparon con este bote salvavidas el 13 de mayo de 1912 (casi un mes después del desastre), se encontraron también con un espectáculo horrible que más les valdría haber olvidado. ¿La razón?

En su interior había desde algunos cuerpos inertes de los trabajadores de las calderas (uno congelado y cuyos brazos se desprendieron del torso en el momento de ser desplazado) hasta el anillo de compromiso de un hombre que no pudo salvar a su esposa.

– El Peglable A

Como muchos ya sabrán, el «Titanic» contaba con 16 botes salvavidas fabricados en madera. Estos estaban ubicados a lo largo de la cubierta. Curiosamente, y aunque con ellos no había espacio ni para la mitad del pasaje (solo podían albergar a 1.178 pasajeros de los 2.278 que viajaban contando con la tripulación), el buque cumplía perfectamente la normativa en curso para navíos de su tamaño.

Con todo, la compañía reforzó este total con cuatro más, todos ellos plegables y del modelo Engelhardt . Estos últimos podían embarcar hasta un total de 47 personas y fueron denominados como A, B, C y D (en contra de sus hermanos mayores, a los que se les asignó números.

Según se cree (y tal y como han informado varios medios internacionales como el « Daily Telegraph ») el Plegable A fue el último bote en abandonar el «Buqe de los sueños» aquella noche a las 2:15 de la madrugada. En palabras del diario, los oficiales Murdoch y Moody trataron de bajar esta barca hasta el mar colocándole sobre los cabrestantes.

Sin embargo, cuando el agua empezó a llegarles por las rodillas, abandonaron la tarea. El Plegable A, con todo, terminó cayendo sobre el líquido elemento y sirvió a un número indeterminado de personas ( entre 12 y 30 ) como plataforma sobre la que subirse para evitar morir.

– El hallazgo

Un mes después, el 13 de mayo de 1912, los marineros del «RMS Oceanic» se encontraron a unas 200 millas del lugar del naufragio (unos 320 kilómetros ) el bote Plegable A. Al acercarse para tratar de rescatar a aquellos que hubiesen sobrevivido, se toparon con un espectáculo horrible. En la barca había, para empezar, los cuerpos inertes de dos bomberos de la sala de máquinas del «Titanic».

Además, y según puede verse en una nota manuscrita escrita por un miembro de la tripulación del buque rescatador, uno de ellos estaba tan congelado que sus brazos se separaron del torso cuando fue movido. En cuanto a cadáveres, el último de ellos que ocupaba el interior de aquel bote era el de Thomson Beattie , un pasajero de primera clase que todavía llevaba su esmoquin.

Al buscar más a fondo en el bote, los seis miembros del «Oceanic» dieron también con un anillo de bodas con la siguiente inscripción: « De Edward a Gerda ».

El mensaje indica que era propiedad de Edward Lindell y su esposa, Gerda, ambos pasajeros de tercera clase.

El testimonio de August Wennerström (un superviviente) afirma que el marido trató de subir a su mujer al bote, pero no lo logró y se quedó apretando su alianza hasta que murió congelado.

Al parecer, su cuerpo fue arrojado después a las aguas por los supervivientes para aligerar la carga.

¿Qué fue de los pasajeros que sobrevivieron sobre el Plegable A?

Al parecer, fueron recogidos por otro bote salvavidas antes de la llegada del « Carpathia », el navío que salvó a la mayoría de los supervivientes. Tras el transbordo, se dejó aquella barca a su suerte con varios cuerpos inertes sobre ella.

Así hasta que fue descubierta por el «Oceanic», como bien muestran las fotografías y la nota guardadas durante 20 años por un coleccionista privado.

«Estas tres fotografías demuestra como se recuperó el último bote salvavidas del “Titanic”. Además van acompañadas de una inscripción que detalla pormenorizadamente el suceso», afirmó el subastador, Andrew Aldridge.

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La historia de Tristán de Acuña, la isla más remota del mundo: a 2.800 km de todo, sin aeropuerto y sin apenas Internet…


El Confidencial(J.G.Gonzalez) — Ubicada en medio del Atlántico Sur, Tristán de Acuña ostenta el título de ser la isla habitada más aislada del planeta. Este pequeño archipiélago, a más de 8.600 kilómetros de España, 3.300 kilómetros de Sudamérica y 2.816 de Sudáfrica, se caracteriza por su aislamiento extremo.

Con solo 245 habitantes, la isla principal, también llamada Tristán de Acuña, es un lugar donde la vida transcurre en condiciones que desafían a la modernidad, puesto que no tiene aeropuerto y el acceso a Internet está limitado.

La historia de Tristán de Acuña es tan intrigante como su ubicación. Fue descubierta en 1506 por el navegante portugués Tristão da Cunha, la isla permaneció deshabitada durante siglos hasta que el Reino Unido la anexó en 1816 como territorio de ultramar. El temor de que Napoleón Bonaparte, exiliado en la cercana isla de Santa Elena, pudiera ser rescatado llevó a los británicos a establecer una guarnición militar en Tristán.

Sin embargo, la mayoría de los colonos regresaron a sus tierras, quedando solo un pequeño grupo que decidió quedarse y establecerse permanentemente. A lo largo de los años, esta comunidad aislada ha sobrevivido a volcanes, tormentas y la constante amenaza del aislamiento total, manteniendo una vida basada en la agricultura y la pesca.

Tristán de Acuña, la isla más remota del mundo

– Un paraíso aislado: ¿Cómo es vivir en Tristán de Acuña?

Vivir en Tristán de Acuña es una experiencia única. La vida de sus habitantes transcurre en un entorno donde todos se conocen, y las actividades cotidianas están estrechamente ligadas al trabajo colectivo. La pesca de la langosta, y el cultivo de batatas son las principales fuentes de sustento, mientras que el acceso a bienes de primera necesidad depende de los escasos barcos que llegan desde Ciudad del Cabo, lo que convierte a la autosuficiencia en una necesidad constante.

El ritmo de vida en Tristán de Acuña es tranquilo, casi ajeno a las presiones del mundo moderno. La comunidad se organiza en torno a Edimburgo de los Siete Mares, el único asentamiento de la isla, es el epicentro de la vida diaria, donde los días transcurren entre el trabajo, la familia y la socialización en espacios como el bar local, The Albatross.

Las relaciones entre los habitantes son muy estrechas, y los desafíos del aislamiento, como la falta de acceso inmediato a servicios de salud especializados o la dificultad para comunicarse con el exterior, han forjado una sociedad resiliente y solidaria.

La naturaleza en Tristán de Acuña es tanto un desafío como un privilegio. La isla está dominada por un imponente volcán de 2.062 metros de altitud, cuya última erupción en 1961 forzó la evacuación total de la población.

Rodeada de un océano vasto y a menudo inhóspito, ofrece paisajes de una belleza salvaje y una fauna única, incluyendo especies endémicas como el albatros de Tristán y el pingüino saltarrocas. Sin embargo, el clima impredecible y las limitaciones tecnológicas, como la mala conexión a Internet, hacen que la vida en la isla sea sencilla y a la vez exigente.

Tristan da Cunha, uno de los lugares habitados más remotos del mundo |  Mundua | Naiz

– Cómo llegar a Tristán de Acuña: un viaje único

Llegar a Tristán de Acuña no es una tarea fácil. La ausencia de un aeropuerto en la isla significa que la única manera de acceder es por mar. El viaje más común es desde Ciudad del Cabo, en un barco que puede tardar hasta seis días en llegar, dependiendo de las condiciones climáticas. Solo un número limitado de barcos visita la isla cada año, lo que hace que cada llegada sea un acontecimiento significativo para los isleños.

Para quienes logran llegar, la recompensa es la experiencia de vivir, aunque sea por un corto período, en uno de los últimos lugares verdaderamente aislados del mundo. Aquí, la vida transcurre a un ritmo diferente, en una pequeña comunidad que ha resistido las pruebas del tiempo y la naturaleza, y que sigue orgullosamente unida al Atlántico.

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El tradicional pan tantawawa que Bolivia dedica a sus difuntos cobra realismo en manos artesanas…


Máscaras creadas por el artesano William Luna para adornar un pan dulce llamado tantawawa, tradicional para las celebraciones del Día de Muertos, se colocan sobre una mesa en su espacio de trabajo, en La Paz, Bolivia, el jueves 31 de octubre de 2024.

Los Angeles Time – El Alto, Bolivia(P.Flores) — ¿Y si en los altares por el Día de Muertos no solo hubiera fotos de los parientes fallecidos, sino algo más real? Es lo que está haciendo un artista en Bolivia.

Las tradiciones para recordar a los difuntos atraviesan varios países latinoamericanos, cada uno con similitudes y particularidades. El artista plástico boliviano William Luna quiso diferenciarse y añadió un punto de realismo a los panes que se venden en estas fechas: tallar de la forma más fiel posible una pequeña carita de los familiares que ya les dejaron y que va colocada sobre la masa.

Lo habitual en Bolivia para estas fechas es preparar un pan con la silueta de un cuerpo humano y con una careta, que a veces representa un rostro genérico y a veces simula personajes conocidos de la vida pública o de la ficción. Se llama tantawawa, una combinación de dos palabras aymaras: tanta, que significa pan, y wawa, bebé.

Las tantawawas forman parte del folclor boliviano y se cree que unen a los vivos con los muertos. Ese pan se comparte con la comunidad, así como otros alimentos, bebidas y dulces con los que las familias esperan el regreso de los seres queridos. El 2 de noviembre, el día de Todos Santos, los cementerios se colman de visitas a los que partieron y el pan se despacha y entrega a cambio de oraciones.

La apuesta particular de Luna, de 40 años, es que sus tantawawas se parezcan realmente a los difuntos. Él realiza tallados personalizados a pedido de sus clientes.

“La idea original de todo esto es volverse a encontrar con la persona que ha partido hace mucho tiempo, volverlo a ver. Aunque sea de esta forma, que no está aquí, en físico”, compartió.

Cuando perdió a su madre, quiso hacer un homenaje en el primer año de su muerte en 2017 y ahí empezó todo. Primero, diseñó una careta que la representaba a ella y ahora espera llegar a más familias al vender sus propuestas en mercados populares.

El tradicional pan tantawawa que Bolivia dedica a sus difuntos cobra  realismo en manos artesanas

El artista inicia el trabajo con un poco de arcilla y va moldeándola con estecas —unas herramientas de plástico que parecen cuchillos con diferentes puntas—, mientras mira desde su celular la foto del difunto para copiar los rasgos.

El proceso, que en total demora una semana y solo le permite hacer una pieza por vez, replica la figura en un molde de goma del que luego saca la careta hecha con yeso.

Para finalizar, la familia Luna ayuda con el pintado.

“Las familias nos piden que la careta sea lo más exacto posible a su difunto querido, por eso yo me baso en las peculiaridades que cada persona tiene, todos tenemos rasgos especiales”, mencionó Luna.

Sus caretas personalizadas se venden junto con otras más tradicionales de hombres, mujeres, niños, bebés e, incluso, mascotas. Otros artesanos han ido introduciendo novedades como rostros que representan a personajes del cine, como el superhéroe Deadpool, o los dibujos animados de la película “Intensamente”.

“El fin es seguir atrayendo a los niños, a las nuevas generaciones… Que compartan con sus padres y tengan su tantawawa”, contó la vendedora Julia Alanoca, para quien las ventas fueron bajas al inicio de la semana pero mejoraron a medida que se acercaba el día de Todos Santos.

El antropólogo Milton Eyzaguirre, del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, explicó a la AP que no hay registros exactos del origen de la tantawawa, pero se la relaciona con el periodo prehispánico. También se preparaban entonces, aunque “con harina de quinoa”.

“Y, obviamente, se transformó cuando llegaron los españoles, porque estas tantawawas comenzaron a hacerse con harina de trigo”. Se fusionó con antiguas tradiciones de indígenas, que creían en una vida después de la muerte. La idea es que los seres queridos fallecidos regresan por un día para compartir con los vivos la mesa que estos dejan servida, incluyendo la tantawawa.

“Nuestra tradición señala que las almas llegan de hambre y sed y es por eso que las familias los esperan con comida”, señaló Eyzaguirre.

Y, ¿qué tiene que ver una wawa (bebé) con el pan que se ofrece a los muertos?

“Eso es fundamental, porque es igual a la renovación de la vida”, recalcó el antropólogo, explicando la relación de esta costumbre con el ciclo agrícola. “Los difuntos están en el subsuelo, en la tierra, por eso se lo relaciona con las plantas que están por nacer… También con que traen lluvias”, mencionó. Es otra de las particularidades del país al celebrar el día de muertos.

Por eso, las festividades en las zonas rurales andinas de Bolivia se prolongan hasta febrero. Hasta que llegan los carnavales.

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Regulación de la inteligencia artificial: un reto global…


Meer(M.Saione) — La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los motores de transformación más potentes del siglo XXI, revolucionando industrias, modelos de negocio y la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, su rápido desarrollo ha generado preocupaciones significativas e infinidad de interrogantes sobre la privacidad, la seguridad, y los derechos de los ciudadanos.

A medida que las capacidades de la IA avanzan a un ritmo sin precedentes, los gobiernos y organismos internacionales se enfrentan al desafío urgente de establecer regulaciones que garanticen un uso seguro y equitativo de esta tecnología. Este artículo explora los esfuerzos globales para regular la IA, las tensiones entre innovación y control, y el impacto potencial de estas normativas en el futuro de las relaciones internacionales.

– Tecnologías 2.0 y la competencia por el poder

La inteligencia artificial (IA) se ha posicionado como un tema crucial en la agenda de las relaciones internacionales, impulsando debates sobre su regulación y uso responsable. El reto de regular la IA va más allá de las fronteras nacionales, convirtiéndose en un campo de competencia y cooperación entre Estados que buscan liderar la transformación digital.

La regulación de la IA enfrenta desafíos éticos y legales complejos

El teórico realista Hans Morgenthau, uno de los padres fundadores del realismo clásico, argumentó que «la política internacional, como toda política, es una lucha por el poder» y que los Estados actúan en función de sus intereses nacionales, definidos en términos de poder y seguridad.

Aplicando esta perspectiva al campo de la tecnología, la IA se ha convertido en un nuevo escenario de competencia por la dominación global, donde los Estados buscan asegurarse una ventaja estratégica.

Esta competencia no solo se manifiesta en el desarrollo y la implementación de tecnologías avanzadas, sino también en la definición de los marcos normativos que regirán su uso.

El presente artículo selecciona a los miembros del G7 y a China para abordar la interacción entre la inteligencia artificial (IA) y las relaciones internacionales debido a su papel preeminente en la economía global, su liderazgo tecnológico y su influencia en la configuración de marcos regulatorios internacionales.

Los países del G7 —Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos— representan algunas de las economías más avanzadas y con mayores capacidades tecnológicas del mundo. Su enfoque hacia la IA no solo refleja sus propias prioridades nacionales, sino que también establece estándares globales que otros países tienden a seguir.

Por otro lado, China se presenta como un competidor clave en el ámbito de la IA, impulsando una estrategia que combina innovación con un fuerte control estatal. La inclusión de China en este análisis es fundamental, ya que representa una perspectiva distinta, orientada más hacia la vigilancia y el control que a la regulación basada en derechos, lo cual desafía los enfoques occidentales y crea una competencia tecnológica y normativa en la arena internacional.

Elegir a estos actores permite explorar un contraste significativo entre las democracias liberales del G7, que buscan equilibrar la innovación con la protección de derechos, y China, cuyo modelo autoritario aprovecha la IA para reforzar el control social y económico. Además, tanto los países del G7 como China desempeñan un papel crucial en las negociaciones multilaterales sobre la regulación de la IA, influyendo en organismos internacionales como la OCDE, la ONU y otras plataformas de cooperación global.

– Regulación de la IA en el G7: estrategias y desafíos

Los países del G7 adoptaron enfoques diversos para regular la IA, adaptándolos a sus contextos nacionales y prioridades estratégicas. La Unión Europea (UE) ha sido pionera en este ámbito con su propuesta de la Ley de IA, que establece un marco regulatorio detallado clasificando los sistemas de IA según su nivel de riesgo, desde inaceptable hasta mínimo.

En Estados Unidos, la regulación de la inteligencia artificial aún no ha sido unificada a nivel nacional

Esta normativa pretende prohibir usos que vulneren derechos fundamentales, como la vigilancia masiva y la manipulación psicológica, mientras que impone requisitos estrictos para aplicaciones de alto riesgo, como el reconocimiento facial y la toma de decisiones judiciales.

La Ley de IA es el primer marco jurídico integral sobre IA en todo el mundo.

El objetivo de las nuevas normas es fomentar una IA fiable en Europa y en otros lugares, garantizando que se respeten los derechos fundamentales, la seguridad y los principios éticos y abordando los riesgos que esta tecnología conlleva.

Puntualizando en el caso del Reino Unido, su interés por la IA se revitalizó tras el Brexit, buscando nuevas fuentes de crecimiento económico.

En 2018, se impulsaron recomendaciones para incentivar la inversión y atraer talento al sector, y se acordó un financiamiento de 1.000 millones de libras para promover su adopción.

En 2021, el Reino Unido presentó su estrategia para convertirse en una superpotencia de IA, y en 2023 confirmó un enfoque regulador ligero, buscando equilibrar innovación y gobernanza efectiva.

En ese mismo año publicó un libro blanco que establece directrices para el desarrollo de tecnologías que respeten los derechos individuales, pero nada indica que existan planes a futuro para establecer una regulación central sobre inteligencia artificial.

Por otra parte, en Estados Unidos, la regulación de la IA aún no ha sido unificada a nivel nacional, pero el país ha adoptado normativas sectoriales y guías éticas que se centran en promover la innovación y la competitividad.

En 2020, la Ley de Iniciativa Nacional de Inteligencia Artificial estableció una Iniciativa Estadounidense de IA y orientaciones sobre las actividades de investigación, desarrollo y evaluación de la IA en los organismos científicos federales.

La promulgación de esta ley constituyó un marco de regulación que subraya la necesidad de un enfoque flexible para evitar frenar el desarrollo tecnológico, al tiempo que garantiza la seguridad y la transparencia. Además, la Ley de Responsabilidad Algorítmica de 2022 se presentó en ambas cámaras del Congreso en febrero de 2022.

Finalmente, en la sesión legislativa de 2024, al menos 40 estados presentaron proyectos de ley sobre inteligencia artificial, y seis estados adoptaron resoluciones o promulgaron leyes.

El enfoque del G7 hacia la IA establece estándares globales que otros países tienden a seguir

Japón, por su parte, ha integrado la IA en su visión de la Sociedad 5.0, un concepto que busca aplicar la tecnología de manera inclusiva en todos los aspectos de la vida social y económica.

En 2019, el gobierno japonés publicó los Principios sociales de la IA centrada en el ser humano como principios para implementar la IA en la sociedad.

Es importante señalar que el objetivo de los principios sociales no es restringir el uso de la IA para protegerlos, sino hacerlos realidad a través de la IA.

Esto corresponde a la estructura de los “Principios de IA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos” (OCDE).

Por último, Canadá fue uno de los primeros países del mundo en proponer una ley para regular la IA.

Se espera que Canadá regule la IA a nivel federal, a través de la Ley de Inteligencia Artificial y Datos (AIDA), que forma parte del Proyecto de Ley C-27. Sin embargo, no está claro cuándo entrará en vigor la AIDA; todavía no ha sido votada en el comité y hay algunas dudas sobre si se aprobará antes de octubre de 2025.

– El gigante asiático y sus avances en materia de inteligencia artificial

Por último, y no por ello menos importante, China se destaca como un líder global en el desarrollo y uso de la IA, especialmente en campos como el reconocimiento facial, la vigilancia y el comercio electrónico.

Sin embargo, su enfoque regulatorio está profundamente influenciado por las prioridades del Estado en términos de control y seguridad nacional, más que en la protección de los derechos individuales. En 2021, China introdujo directrices éticas para la IA, que establecen principios de «IA confiable», buscando equilibrar la innovación con un fuerte control sobre los riesgos.

A pesar de estos esfuerzos, China ha recibido críticas internacionales por su uso extensivo de la IA en la vigilancia ciudadana y la censura, lo cual ha planteado serias preocupaciones sobre los derechos humanos.

En la Asamblea Popular Nacional (APN) de marzo de 2024, el gobierno chino destacó sus principales prioridades, situando en primer lugar el desarrollo de «nuevas fuerzas productivas», un término reciente que refleja su enfoque en impulsar el sector de alta tecnología.

Mientras China se aleja de un modelo de crecimiento centrado en la propiedad y la infraestructura, la promoción de la innovación y el avance tecnológico ha sido una constante en su discurso oficial.

A pesar de los desafíos planteados por las sanciones lideradas por Estados Unidos, China demostró resiliencia e innovación, lo que reforzó su papel como actor importante en el futuro de la IA.

El enfoque de China en las tecnologías 2.0 tiene un doble propósito: contrarrestar la política económica de Estados Unidos y abordar los desafíos económicos internos.

La demostración de sistemas avanzados, incluidos viajes gratuitos en vehículos sin conductor, tiene como objetivo promover la comercialización y generar confianza pública en las máquinas automatizadas.

Shanghái, un centro líder para el desarrollo de la IA en China, conocido por su modelo de innovación en clústeres, ha ganado atención mundial a través de la Declaración de Shanghái, que podría atraer inversión extranjera.

– Desafíos éticos y legales de la inteligencia artificial

China se presenta como un competidor clave en el ámbito de la inteligencia artificial

En el Handbook of Machine Learning, por ejemplo, se describen en profundidad las complejidades de estas tecnologías.

Como demuestra el libro, hay tres grandes tipos de IA: máquinas de predicción, máquinas de agrupamiento y máquinas generativas.

Las máquinas de predicción pronostican resultados futuros o hacen predicciones basadas en datos históricos.

Las máquinas de agrupamiento agrupan puntos de datos similares en función de características específicas.

Las máquinas generativas, como ChatGPT, crean contenido nuevo, como imágenes, texto o incluso música, que se asemeja al contenido creado por humanos basándose en algoritmos que aprenden patrones de los datos existentes.

Como consecuencia, la regulación de la IA enfrenta desafíos éticos complejos, como el sesgo algorítmico, que puede perpetuar la discriminación, y el uso de la IA en la vigilancia masiva.

Ejemplos incluyen el reconocimiento facial utilizado por las fuerzas del orden en EE. UU., que ha generado preocupación por las violaciones de privacidad y el impacto desproporcionado sobre minorías.

Además, la IA se está utilizando en áreas sensibles como la justicia penal, la atención médica y el empleo, donde errores en los algoritmos pueden tener consecuencias graves. La falta de transparencia en el funcionamiento de algunos sistemas de IA (la llamada «caja negra») dificulta la rendición de cuentas y la corrección de errores.

Es por esto por lo que comprender cómo funciona esta tecnología es un paso esencial para afrontar este desafío. Los sistemas de IA transparentes son esenciales para generar confianza entre los usuarios y garantizar la rendición de cuentas.

El futuro de la regulación: ¿hacia una gobernanza global de la IA?

La creciente preocupación sobre los impactos de la IA ha impulsado a los organismos internacionales a proponer marcos globales de gobernanza. La OCDE y la Unesco han emitido principios sobre la IA ética, y las Naciones Unidas han iniciado debates sobre la regulación de tecnologías emergentes.

Sin embargo, alcanzar un consenso global es complicado debido a las diferencias en los enfoques nacionales y los intereses geopolíticos.

Un ejemplo de cooperación internacional es el Global Partnership on AI (GPAI), una iniciativa liderada por países del G7 y otros, como India, que busca desarrollar y compartir mejores prácticas en la regulación y uso ético de la IA. Esta colaboración representa un paso hacia la gobernanza global, pero aún enfrenta desafíos en la implementación de normativas efectivas y acordadas por todos.

La regulación de la IA enfrenta desafíos éticos y legales complejos, como el sesgo algorítmico y la falta de transparencia en la toma de decisiones automatizadas.

Estos problemas son evidentes en el uso de sistemas de reconocimiento facial por parte de las fuerzas del orden en países como Estados Unidos, donde han surgido preocupaciones sobre el impacto desproporcionado en minorías y la violación de la privacidad.

Además, la opacidad de los algoritmos, a menudo referida como «caja negra», dificulta la rendición de cuentas y la corrección de errores, especialmente en áreas sensibles como la justicia penal, la atención médica y el empleo.

El reto de regular la inteligencia artificial va más allá de las fronteras nacionales

A nivel internacional, la gobernanza de la IA está siendo abordada por diversas instituciones.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Unesco han emitido directrices sobre la IA ética, mientras que las Naciones Unidas han abierto debates sobre la necesidad de establecer normativas globales para las tecnologías emergentes.

El Órgano Asesor sobre Inteligencia Artificial del Secretario General de las Naciones Unidas ha publicado su informe provisional.

La parte central del documento propone siete funciones fundamentales para fortalecer la gobernanza global de la IA.

Algunas de ellas son: la exploración del horizonte de los riesgos y el apoyo a la colaboración internacional en materia de datos, capacidad informática y talento para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En virtud de lo desarrollado hasta el momento se puede afirmar que el futuro de la regulación de la IA dependerá de la capacidad de los países y organismos internacionales para colaborar en la creación de estándares globales que no solo promuevan la innovación, sino que también protejan los derechos fundamentales y garanticen un uso seguro y equitativo de esta tecnología transformadora.

La IA se ha convertido en un nuevo frente en la política internacional, donde los Estados no solo compiten por la supremacía tecnológica, sino también por definir los marcos éticos que guiarán el futuro de esta poderosa herramienta.

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