canal12web.com — El cometa descubierto en 1892 fue noticia en todo el mundo en 2007 debido a que su brillo aumentó un millón de veces en pocas horas.
Fue el día 16 de noviembre allá por 2007 que el cometa Holmes se convirtió en un objeto estelar más que especial. En aquella fecha la cola del cometa, una nube de gas y polvo que envuelve a su núcleo, creció hasta superar el diámetro del Sol. Esto le valió la calificación por aquel entonces de «el objeto más grande de nuestro sistema solar».
El cometa Holmes, conocido en el ámbito de la astronomía como 17P/Holmes, experimentó un evento pocas veces visto en la vida estelar que los astrónomos y aficionados siguen de cerca.
Fue a finales de octubre de 2007, en la noche del 23 al 24, que el cometa aumentó su brillo de una manera significativa, alrededor de un millón de veces más, desde una magnitud +17 hasta una magnitud +2,5 en unas pocas horas.
Pasó de ser un débil objeto, muy poco visible desde nuestro punto de vista, a un notorio cometa ubicado en la constelación de Perseo. Este incremento inusitado de brillo sucedió en menos de 24 horas.
El evento fue descubierto por el astrónomo aficionado español Juan Antonio Henríquez Santana desde Tenerife mediante telescopio y cámara CCD (dispositivo de carga acoplada, por sus siglas).
Henríquez Santana realizaba una campaña de seguimiento del cometa.
A mediados de noviembre de 2007, el cometa mostraba una coma, o cabellera, visible mediante instrumentos ópticos y fotografías.
Cabe recordar que el cometa fue descubierto por Edwin Holmes el 6 de noviembre de 1892.
Al ser descubierto, el cometa tenía una magnitud de +4 o +5.
El descubrimiento, que tuvo lugar mientras Holmes realizaba observaciones regulares de la galaxia de Andrómeda (M31), ocurrió gracias a un evento similar al de 2007, que hizo que aumentara de brillo hasta la magnitud +4 o +5 durante algunas semanas.
En 1899 y 1906 se observaron apariciones del cometa. Se dio luego por perdido hasta su reaparición del 16 de julio de 1964. Desde entonces, las apariciones del cometa han sido observadas en cada retorno del mismo. En el segundo semestre del año 2007, el cometa se hallaba a una distancia de unos 240 millones de kilómetros de la Tierra. Se pudo observar nuevamente su paso cercano a la Tierra, siete años después, en 2014.
No existe una explicación clara de qué evento ha podido producir el repetido incremento de brillo tanto en 1892 como en 2007. Se especula que puede haberse tratado de una explosión de elementos gaseosos, o un derrumbe de la estructura de su núcleo.
Otras explicaciones mucho menos probables pueden ser un eventual choque con algún cuerpo que haya sacado a la superficie material del interior del cometa o quizás una posible fragmentación del núcleo.
– Halley: otro cometa entre los más famosos
De acuerdo con la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés), Edmund Halley fue quien en el siglo XVII reconoció que los cometas observados en 1531, 1607 y 1682 podían tratarse del mismo objeto debido a sus propiedades orbitales.
Este estudio acerca de la órbita del cometa pudo realizarse gracias a la teoría de la gravedad elaborada por el físico Isaac Newton de la cual Halley se valió, advirtiendo que la próxima vez en que el cometa se interpondría con la órbita de la Tierra sería en 1758.
Aunque el astrónomo murió en 1742 y no pudo ver validada su teoría, el astro lleva su nombre a modo de reconocimiento, indica ESA.
La última vez que Halley se interpuso con la órbita de la Tierra fue en 1986, y la agencia europea estima que su próximo acercamiento ocurrirá en el año 2061.
El médico Enrique Finochietto fue un cirujano argentino que inventó muchos de sus instrumentos de trabajo, que aún se utilizan.
Infobae(A.Pignatelli) — Cuando Eduardo de Windsor, Príncipe de Gales, visitó el país en agosto de 1925, se maravilló con la orquesta de Julio de Caro, y especialmente con uno de los tangos que interpretaba. Se titulaba Buen Amigo, y el británico quedó tan entusiasmado que se aprendió el nombre y lo pedía en cuanta cena de gala en su honor se hizo.
Lo que no quedó claro si al futuro rey inglés le explicaron el origen de esa pieza.
Su origen había sido reciente. La escena transcurrió en uno de los ambientes donde el reconocido cirujano Enrique Finochietto sería habitué. El Chantecler, de Paraná 440, recientemente inaugurado, rápidamente se había puesto de moda. Una noche, mientras cenaba escuchando el sexteto de Julio de Caro, el propio director de orquesta se acercó a su mesa.
Le señaló a un atribulado violinista que se deshacía en lágrimas en una mesa cercana. De Caro le contó que estaba así porque los médicos no encontraban cómo tratar a su esposa, que se quejaba de fuertes dolores abdominales. Finochietto pidió que lo llevasen a verla. “Debe ser un susto, nomás”, intentó tranquilizar. A la madrugada la operó de urgencia en el Sanatorio Podestá, y le salvó la vida.
Prueba de gratitud. El tango Buen Amigo fue dedicado a él. Fue estrenado en 1925.
– De Caro, como agradecimiento, compuso en su honor el tango “Buen amigo”.
Sus padres eran genoveses. Enrique nació en Buenos Aires el 13 de marzo de 1881 y él y sus hermanos fueron criados por su madre Ana, ya que el padre Tomás había muerto.
Hizo la primaria en la escuela Nicolás Avellaneda y en el bachillerato en el Colegio del Salvador descubrió su facilidad para las ciencias y el dibujo.
Tenía 16 años cuando ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA. Fue Disector de Anatomía en los primeros años, y luego practicante del Hospital de Clínicas, donde ya se perfilaba como cirujano. Allí estudió dos años con Alejandro Posadas, aquel cirujano, docente e investigador que filmó la primera operación de la historia en el Clínicas y que se enorgullecía de los tremendos bigotes que lucía.
Se recibió de médico a los 23 años. Ilustró con sus propios dibujos su tesis “El pie bot varo-equino congénito”.
Con el diploma bajo el brazo ingresó como médico interno ad honorem en el Rawson, un hospital que había surgido por la necesidad de atender a los heridos de la guerra de la Triple Alianza.
Luego de un intenso trabajo de dos años, donde no existieron ni fines de semana ni feriados, viajó a Europa a perfeccionarse. “Solo cumple con su deber quien va más allá de sus obligaciones”, explicaba.
La guerra terminó. Fotografía tomada el 11 de noviembre de 1918. En el centro, sentado De la Cárcova; a su izquierda la enfermera Piccard. Atrás, entre los uniformes blancos de las enfermeras, se distingue a Finochietto.
A su regreso, volvió al Hospital Rawson como Jefe de Clínica, y a los 33 años, fue nombrado a cargo de Cirugía en la Sala 8. Allí lo acompañó su hermano Ricardo, que se había recibido hacía poco.
Juntos harían historia en la medicina. Describían las operaciones que hacían juntos como las de un solo cirujano con cuatro manos.
Tenía la costumbre de convocar a médicos menores de 30 años, a quienes formaba, tanto al pie de la cama del paciente como en la mesa de operaciones. Con el tiempo estableció los días de docencia en lo que se llamó “los viernes de Finochietto”.
Hacia el fin de la Primera Guerra Mundial ofreció sus servicios a Francia para atender a los heridos. Llegó a París a principios de 1918 y se le confió la jefatura de cirugía del Hospital Argentino Auxiliar 108, cuyo funcionamiento era costeado por la comunidad argentina en París. Su fama de cirujano había trascendido las fronteras, así que su llegada fue muy celebrada.
Muchas veces permanecía más de un día en el quirófano, operando sin pausa, aún en condiciones dramáticas, como cuando debió hacerlo en medio de un bombardeo. El quirófano, que estaba ubicado en el último piso, con techo vidriado, lo hizo mudar por precaución al tercer piso.
Su actuación fue brillante, tanto que el gobierno francés le solicitó que permaneciera casi un año más, luego de finalizada la guerra. Por sus méritos recibió la Medalla de la Guerra, y la Legión de Honor -creada por Napoleón Bonaparte en 1804- en grado de gran oficial.
Enrique Finochietto, en plena labor, por 1935.
También fueron reconocidos otros colegas argentinos, como Rafael Cisneros, Enrique Beretervide y Horacio Martínez Leanes.
Ayudado por su talento en el dibujo, diseñó cerca de 70 instrumentos quirúrgicos, empezando por la característica luz en la frente.
También el «empuja ligaduras», para detener las hemorragias; el aspirador quirúrgico para limpiar la sangre del campo operatorio, las «valvas de Finochietto», para separar órganos; el porta agujas; la pinza doble utilidad; la cánula para transfusiones, la mesa quirúrgica móvil que permite colocar al paciente en cualquier posición; el banco para que cirujanos puedan operar sentados y el separador intercostal a cremallera para operaciones de tórax, que su hermano Ricardo llamaba “el embajador”.
Finochietto transmitía tranquilidad. Prefería convencer antes de imponer sus ideas a la fuerza. No era de brindar grandes elogios, por eso los que trabajaban con él se sentían más que satisfechos cuando aprobaba alguna acción con breves palabras.
Tranquilo y de buenos modales, era de estatura mediana, delgado, con brazos que denotaban que no había hecho ningún deporte.
En el quirófano, los que operaron con él dicen que era famosa la habilidad de su mano izquierda.
Tanto él como su hermano eran conocidos en el mundo futbolístico como “los carpinteros”. Cuando un futbolista se lesionaba, la indicación siempre era la misma: “Que lo lleven a lo de Finochietto”. Gracias al arreglo de meniscos y quebraduras en el Rawson se ganaron el apodo de “carpinteros”.
En la Academia Nacional de Medicina, por 1934. Ya era un reconocido cirujano con un excelente prestigio.
La única vez que Enrique pisó una cancha de fútbol fue cuando se hizo un partido a beneficio de su querido hospital Rawson. En cambio su hermano, en su juventud, había sido un temperamental y discutidor wing derecho.
En 1922 presidió la Sociedad de Cirugía de Buenos Aires, y el Quinto Congreso Argentino de Cirugía.
La Academia Nacional de Medicina lo designó en 1934 Miembro Honorario. Con su hermano y sus discípulos publicó once tomos de la Técnica Quirúrgica, obra que quedó inconclusa.
El 19 de marzo de 1947, sufrió un episodio cerebral del que no se recuperó. Falleció el 17 de febrero de 1948. Le faltaba menos de un mes para cumplir los 67 años.
“Aquí operó y enseñó Enrique Finochietto”, indica una placa de bronce en la entrada de la mítica sala IX de cirugía del Rawson.
Los hermanos, con su talento y dedicación, habían convertido el apellido en una suerte de marca registrada.
Cuando alguien intentaba exagerar un logro o aparentaba saber de todo, la reprobación era instantánea: “¿Quién te creés que sos? ¿Finochietto?”
The Conversation(A.S.Garríz/C.M.Yee/F.C.G.Morey/.R.Agulló/P.M.Bueso) — Si reflexionamos sobre el sentido del dolor, una experiencia ancestralmente desagradable y eminentemente subjetiva, tendríamos que aceptar que forma parte fundamental de nuestra fisiología; que se trata de una entidad compleja cuyo fin es nuestra supervivencia.
El dolor se nos revela como un necesario y sofisticado sistema de alarma destinado a avisar en aquellas situaciones en las que nuestro organismo está sufriendo un daño, ya sea físico, emocional o potencial. ¿Para qué? Para que intentemos ponerle solución: reposar, inmovilizar la parte afectada, curar una herida…
¿Y si no podemos resolverlo de forma autónoma? Lo habitual será que intentemos avisar a aquellos que puedan aliviarlo por nosotros.
Podemos ver aquí una clara cadena comunicativa: primero una interna, que ocurre dentro de los confines de nuestro organismo, y después una externa, entre nosotros y esa persona que nos ayudará.
– Sufrimiento silencioso
Pero veamos qué ocurriría si cambiamos las reglas del juego. Imaginémonos a una de las millones de personas en todo el mundo que conviven con patologías neurológicas severas: sufren predisposición al dolor y, además, tienen mermada su capacidad de expresión. Es el caso de los pacientes con parálisis cerebral. La experiencia dice que, en muchos casos, sufren sin poder comunicarlo.
Este padecimiento es un gran problema extensible a la comunidad clínica y asistencial que da apoyo a esas personas, quienes demandan una solución urgente. A fin de cuentas, el autoinforme – el testimonio de quien padece el dolor– es el “patrón de oro” para evaluarlo.
– No hay un termómetro para el dolor
Tanto es así que a día de hoy no existe ninguna prueba médica o bioensayo capaz de detectar la presencia de dolor ni su intensidad. No hay, por decirlo de algún modo, un termómetro para el dolor. Lo máximo que podemos hacer, a falta de autoinforme, es observar el comportamiento o la expresión facial de la persona que sufre e intentar adivinar.
No olvidemos que la evolución nos ha beneficiado con diversos mecanismos empáticos para ello.
Dicho esto, cabe hacerse la pregunta: ¿somos capaces de identificar el dolor en quienes no lo pueden expresar? La respuesta, mal que nos pese, es que sólo a medias. Y, claro, a medias no es suficiente. Esto va a depender, entre otras cosas, de que la persona que lo padece presente un comportamiento y unas expresiones faciales “estándar”.
Ahí, como decíamos antes, la evolución nos ha hecho a los humanos bastante competentes para identificar si un congénere sufre o no sufre. E incluso, de forma aproximada, para determinar su nivel de sufrimiento.
Pero todo cambia cuando esa persona a la que pretendemos valorar presenta una gestualidad facial modificada o idiosincrática, causada por patrones de actividad muscular alterados (como pasa en algunas de las alteraciones neurológicas que mencionábamos antes). En estos casos, según indica la evidencia, solo podemos ofrecer una aproximación poco concordante con la experiencia del sujeto a valorar.
– La IA viene al rescate
Afortunadamente para todos, la inteligencia artificial (IA) tiene mucho que aportar aquí. El entrenamiento de redes neuronales con imágenes de personas experimentando dolor ha permitido construir un sistema de reconocimiento facial capaz de identificarlo.
La iniciativa se ha realizado de forma multidisciplinar en colaboración con el departamento de investigación de Fundación ASPACE, centro de referencia en parálisis cerebral en Baleares. Para ello, varios investigadores hemos testeado este sistema mediante el desarrollo de una base de datos pionera en el mundo de expresiones faciales de dolor en personas con parálisis cerebral.
Nuestro método de reconocimiento ha identificado que las áreas faciales clave para detectar el dolor específicamente en la parálisis cerebral difieren de las de las personas con desarrollo típico.
Los resultados de estas evaluaciones, aunque aún discretos, no son baladí, ya que este sistema es capaz de emitir un juicio que concuerda en algo más del 62 % con el consenso de dos fisioterapeutas altamente especializados y familiarizados con los sujetos evaluados.
Visualización del proceso seguido por el sistema de reconocimiento facial para la clasificación del dolor. Elaboración de los autores
Creemos que es un buen comienzo, aunque no exento de desafíos. El primero de ellos es mejorar la tasa de precisión del sistema. Esto va a conllevar la adquisición de una base de datos específica de pacientes de parálisis cerebral de alrededor de unas 5 000 imágenes.
Son muchas, pero es el precio a pagar para que la inteligencia artificial sea verdaderamente “inteligente”.
Y mientras nos enfrentamos a este reto, trabajamos en otro: hacer que nuestra solución tecnológica sea útil para la comunidad. Para ello, estamos en fase de desarrollo de una aplicación móvil que permitirá identificar el dolor en personas con alteraciones neurológicas severas a través de una sencilla grabación de vídeo de su rostro.
Dado el trabajo previo que venimos realizado los últimos años, se vislumbra como una realidad en el horizonte cercano.
Prototipo esquemático de interfaz de usuario de la aplicación móvil. Elaboración de los autores
La identificación precisa del dolor es el primer paso para optimizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida de un grupo de personas vulnerables. En última instancia, para dar voz a aquellos que no pueden comunicar su dolor. Nuestra esperanza es que este avance contribuya a que la tecnología se utilice para aliviar el sufrimiento humano, promoviendo una sociedad más inclusiva y empática.
Las habilidades blandas son aquellas que nos permiten relacionarnos y trabajar mejor con otros
BBC News Mundo(S.F.Casillas/C.I.Torres/C.L.D.Richarte – The conversation) — En el ámbito empresarial, las organizaciones buscan personal que, más allá de tener habilidades técnicas y profesionales, tengan habilidades que se desarrollan a lo largo de su vida, llamadas habilidades blandas o soft skills (en inglés).
Se trata de una serie de atributos personales que permiten a las personas colaborar y relacionarse de manera exitosa con los demás.
Están estrechamente relacionados con el comportamiento humano y la inteligencia emocional, lo que permite a los ejecutivos, líderes o administradores de empresas manejar sus propias emociones e incidir de forma positiva en las personas, y evitar ser un líder que pueda opacar el desempeño profesional.
Estas habilidades son difíciles de medir, pero su impacto y beneficios son reales en las empresas.
Al fin y al cabo el mundo empresarial está sujeto a un constante cambio y necesidad de adaptación a la demanda del mercado.
– Habilidades blandas en la búsqueda de empleo
Hay algunas habilidades que hacen a algunas personas brillar durante un proceso de selección laboral.
Para analizar la demanda de estas habilidades blandas, hemos analizado plataformas como Linkedin, Indeed, OCC, Computrabajo, y gobierno de México.
Según nuestro análisis, estas son las que más se repetían en las ofertas de trabajo en el ámbito empresarial:
Liderazgo. Guiar y dirigir a un grupo de forma positiva.
Inteligencia emocional. Permite conocer a las personas e interactuar con ellas para mejorar la capacidad de relación y comunicación.
Pensamiento crítico y estratégico. Argumentar de forma crítica las decisiones que se toman para llevar a la empresa a un plan estratégico.
Creatividad e innovación. Innovar y ser creativo en los procesos para la mejora continua.
Ética profesional. Reflejo del comportamiento, principios e integridad de la persona.
Comunicación efectiva. Transmitir ideas y conocimientos de manera clara y sencilla, puede ser verbal o escrita.
Trabajo en equipo. Disposición a trabajar con un grupo de personas para alcanzar una meta común.
Resolución de problemas o conflictos. Buscar, analizar y evaluar soluciones ante imprevistos de una forma organizada y metódica.
Adaptabilidad. Debe ser una persona flexible y receptiva para ajustarse de forma efectiva ante nuevas circunstancias del entorno.
Gestión del tiempo. Organizar por medio de herramientas el tiempo de manera eficiente al planificar y maximizar la productividad empresarial.
Negociación. Es la capacidad de llegar a un acuerdo mutuo entre dos partes sobre temas de interés divergente para obtener beneficios en común.
Empatía. Capacidad para comprender y responder a los requerimientos de los equipos de trabajo y del mercado
Orientación al cliente. Se centra en las necesidades y expectativas del cliente, al buscar y crear valor agregado a los productos.
Cumplimiento de metas. Capacidad de alcanzar las metas de acuerdo con la planificación, ejecución y seguimiento de acciones estratégicas.
Mentoría y coaching. Capacidad de guiar y aconsejar a las personas con menos experiencia a mejorar su rendimiento para la superación de obstáculos.
Proactividad. Permite anticiparse a problemas o necesidades y tomar la iniciativa de actuar y generar cambios imprevistos al asumir un rol activo.
Responsabilidad y honestidad. Cumplir con las obligaciones y deberes asignados de una forma transparente, sincera, con rectitud y sin engaños.
– ¿Se pueden demostrar estas habilidades?
Es importante usar herramientas auto-diagnósticas para identificar las habilidades blandas.
Durante muchas décadas, las habilidades técnicas y conocimientos específicos en un área fueron considerados como los pilares importante en la contratación de personal. Estas habilidades son demostrables con títulos universitarios y cartas de recomendación o experiencias laborales previas.
Sin embargo, ¿cómo podemos demostrar nuestras habilidades blandas, y cómo pueden los empleadores comprobar nuestro nivel de competencia en ellas? Se recomienda realizar un autodiagnóstico para conocernos mejor, e incluso los contratadores de personal también pueden usar este tipo de diagnósticos para evaluar las habilidades blandas de sus candidatos.
– Cómo potenciar las habilidades blandas
Se pueden usar herramientas para desarrollar las habilidades blandas y volverse más atractivo para el mercado laboral.
Para fortalecer o desarrollar estas habilidades es importante seguir en constante actualización, asistir a talleres, seminarios, capacitaciones, desarrollar el pensamiento crítico, y así, realizar un análisis de auto-conocimiento, en constante retroalimentación para el crecimiento personal y profesional.
Terminamos con unas palabras del experto estadounidense Stephen R. Covey:
“Las habilidades blandas son la verdadera diferencia entre un profesional competente y un líder excepcional. Al desarrollar estas habilidades, nos conectamos con los demás a un nivel más profundo y auténtico, lo que nos permite influir positivamente en los demás y alcanzar resultados excepcionales en cualquier ámbito laboral”.
Psicología y Mente(:.Gómez) — El amor es una de las emociones más complejas y abstractas del ser humano, por el cual tenemos un sentimiento profundo de conexión hacia alguien. Es además una experiencia polifacética, ya que el amor puede ser romántico, familiar, de amistad, propio o altruista.
En múltiples ocasiones se ha intentado dar una definición universal por artistas, filósofos o científicos. Como resultado, existen múltiples definiciones, pero ninguna indiscutible, porque el amor es bastante subjetivo, depende de tu propia experiencia. Siendo así, ¿cómo se puede explicar a un/a hijo/a el amor?
Ningún padre quiere que su hijo/a sufra, ni siquiera por amor; de la misma manera que tampoco quiere que haga daño a los demás y no tenga relaciones sanas. Por ello, en este artículo me centro en dar pautas y sugerencias sobre cómo ayudar a un/a hijo/a adolescente a entender el amor.
1. Educación emocional
Lo primero por lo que se puede empezar es la educación emocional. Enseñar a tu hijo/a a reconocer, entender y gestionar sus emociones aumenta su inteligencia emocional, lo que puede permitirle manejarse también con la emoción del amor.
Lo suyo es que el trabajo dirigido enseñarle inteligencia emocional empiece desde que sea pequeño/a, ya que conviven con sus propias emociones desde el momento en el que nacen y es la mejor edad para aprender cualquier cosa.
Si estás leyendo este artículo como padre o madre, lo más probable es que te hayas preocupado porque aprenda a gestionar sus emociones desde siempre, aunque lo hayas hecho incluso inconscientemente.
Igualmente, si no ha sido así, no te preocupes, nunca es tarde para aprender. Si no, no tendría sentido todos los cursos de inteligencia emocional existentes, ni la terapia psicológica.
2. Comunicación libre
Cuando somos adolescentes, de por sí nos despegamos un poco (o mucho) de nuestros padres, porque buscamos ser independientes y crear una identidad propia, definirnos a nosotros mismos. Por eso, puede que tu hijo/a no quiera hablar contigo sobre el amor.
Si consigues que el clima familiar sea agradable y que haya una comunicación fluida desde que es pequeño/a, es más fácil que se sienta libre y seguro/a para expresar sus emociones y consultarte cuando lo necesite.
Para ello, puedes practicar la escucha activa cuando te hable, sobre todo en esos momentos en los que quiere explicarte cómo se siente. Otra idea que ayuda es compartir tus propias vivencias, contarle cosas de tu vida. Te verá más cercano/a, más accesible y, entre ambas cosas, se sentirá seguro/a para hablarte sin que le juzgues.
3. Definición de una relación sana y de una tóxica
Para que pueda tener una relación sana y estable, primero tiene que saber cómo es una. Con este objetivo, puedes explicarle ciertas señales y cualidades que singularizan a una relación sana:
Confianza mutua.
Comunicación asertiva y resolución de conflictos.
Cariño.
Admiración mutua.
Límites y respeto.
Al mismo tiempo que individualidad e independencia.
Por otro lado, también puede serle de utilidad conocer cómo es una relación tóxica, de manera que pueda identificar red flags, es decir, señales que le indiquen que debe cambiar o romper la relación antes de que sea tarde. Entre estas características se encuentran:
Miedo al abandono.
Manipulación por una parte y excesiva complacencia por la otra.
Desequilibrio.
Agresividad/pasividad.
Falta de libertad para ser uno/a mismo/a.
Tristeza y malestar general.
Inestabilidad.
Si tu relación con tu pareja es sana, es posible que ya le hayas servido de modelo y tenga un buen referente. En cambio, si consideras que tu relación no cumple esos criterios o directamente rompiste la relación hace un tiempo, explicarle las cosas explícitamente siempre viene bien.
4. Cuidado de su autoestima
Para no perdernos en una relación y terminar con alguien que nos haga sentir mal, es necesario que aprendamos a cuidarnos a nosotros mismos y que conservemos una buena autoestima. Con este propósito, puede elogiar y reforzar sus cualidades, habilidades y características propias, así como no machacarle y sí apoyarle en los momentos en los que se sienta fracasado/a.
Así conseguirás que no tenga la impresión de que solo merece cariño y admiración cuando hace las cosas bien. La idea es que tus propios comentarios le sirvan de modelo y de ideas que tiene que creerse. Aunque a veces, como nos lo dice nuestro padre/madre y solo tiene buenos ojos para nosotros, no nos lo terminamos de creer.
En este sentido, puedes ayudar a tu hijo/a a que aprenda a hacerlo por sí mismo y pueda mantener una buena autoestima (sin dejar de contribuir también tú como su cuidador/a principal). Anímale a practicar el autocuidado, de manera física y psicológica, para que pueda sentirse bien consigo mismo/a.
5. Respeto y aceptación de la diversidad y sexualidad
Vivimos en una sociedad con ciertos valores e ideas inculcados, que nos crean unas expectativas sobre la vida de los demás y la nuestra propia. Entre estas ideas está la heterosexualidad: la mayoría de nosotros crecemos o vivimos creyendo que todo el mundo es heterosexual, hasta que se descubre lo contrario.
Para sustituir este supuesto social, tenemos que hacer cambios internos. Puedes aportar tu granito de arena a este cambio, educando a tu hijo desde el respeto hacia la diversidad sexual y del amor, hablando sobre ello libremente y subrayando que todas las formas de amor y sexo son válidas mientras que haya un respeto mutuo.
Puede que él/ella mismo/a sea del colectivo LGTBIQ+, de manera que esta educación le podría servir como una forma de aceptarse a sí mismo/a y de conocer que cuenta con el apoyo y respeto de su padre/madre.
Por otro lado, es importante que sepa reconocer el consentimiento claro, informado y mutuo. He hecho mucho hincapié en el artículo sobre el respeto y la comunicación explícita, y lo vuelvo a hacer. Es necesario que en cualquier relación existan ambas variables, y es relevante que tu hijo/a lo entienda. Sin respeto y aceptación, no hay un amor sano.
JotDown(S.Parra) — Empecemos por puntualizar una cosa: me encanta la música, sin banda sonora mi vida sería menos cinematográfica y emocionante. Hay canciones que, casi literalmente, me han salvado la vida. Y científicamente hay muchas ventajas demostradas a propósito de ponerle un poco de música a nuestro cerebro, como explico aquí.
La música es un tipo de droga. No es una droga exógena, es decir, de las que se pueden ingerir bajo prescripción facultativa o escamoteando la legalidad vigente. Es una meta-droga, en el sentido de que es capaz de producir drogas endógenas, es decir, las que sintetiza nuestro propio cuerpo (que hasta nueva orden están a salvo de cualquier regulación burocrática).
Pero la música solo es ruido que suena bien. Y también existen muchos tipos de música. A riesgo de parecer clasista, no es lo mismo Justin Bieber que Dream Theater. Ni siquiera es lo mismo el electrolatino y el blues. Así pues, si diversos tipos de ruido ejercen distintos efectos en nuestro cuerpo (pongamos martillo neumático y pajaritos cantando al amanecer, por ejemplo), de igual modo los distintos tipos de música desencadenan unas u otras sustancias en nuestro cuerpo.
– Todo lo que el ruido musical hace en ti
Si dividimos la música en grandes conjuntos, la música de baile y las marchas orquestales promueven en mayor medida una respuesta de tipo muscular, mientras que otros géneros, como el jazz, desencadenan ante todo respuestas de tipo respiratorio o cardiovascular. La música melódica puede sugerir que el mundo que nos rodea es armonioso, pero el ruido sugiere desorden, incertidumbre y peligro.
Sin embargo, estas divisiones y efectos son toscas si las comparamos con la infinita constelación de notas musicales y los microefectos que producen, tal y como indica el neurólogo Anthony Smith en su libro La mente:
Aparentemente, la música puede: incrementar el metabolismo del organismo, alterar la energía muscular, acelerar la frecuencia respiratoria y convertirla en menos regular, reducir el umbral para diversos estímulos sensoriales, afectar a la presión arterial, y con ello a la circulación sanguínea.
Según un estudio presentado en la Conferencia Anual de la Sociedad Británica de Psicología por Alexandra Lamont y sus colegas de la Universidad de Keele, escuchar tus canciones favoritas cuando practicas un deporte competitivo mejora tu rendimiento.
Algunos de los temas generalmente escogidos en el estudio para estar más motivado mientras se hace ejercicio fueron: Eye of the Tiger, de Survivor (escogida por toda clase de deportistas) y Lose Yourself, de Eminem (más común entre corredores y futbolistas). También tuvieron mucho predicamento temas de Kings of Leon, Florence and the Machine, Pendulum, Blondie, Muse, Rihanna y Black Eyed Peas.
Las cuatro estaciones de Vivaldi resulta idóneo para despertar conexiones en el hemisferio cerebral izquierdo. Los valses de Strauss y las polonesas de Chopin estimulan el pensamiento creativo. El We are the champions de la banda Queen produce euforia. Elvis Presley es ideal para el hipotálamo y sus emociones asociadas. Like a virgin de Madonna induce a la socialización y la simpatía. Como escribo en Ciclistas de sofá:
Si tuviera que escoger un top 10 de canciones para no desfallecer, sin duda en primer lugar estaría el Going to distance de la banda sonora de la película Rocky. Como le pasaba al personaje de Bizcochito en la serie televisiva Ally McBeal, las campanas que inician esta canción son capaces de insuflarte tal energía y seguridad en ti mismo que el propio Bizcochito la empleaba cada vez que debía enfrentarse a un gran desafío como abogado. Es imposible desvincular estas notas musicales con las imágenes de superación personal de Rocky Balboa.
Por ello la música tiene tanto poder a la hora de modificar nuestros niveles hormonales, incluso hasta el punto de incrementar sustancias importantes del sistema inmunitario. La música suave y sosegada, el Musak, por ejemplo, produce más cantidad de esta sustancia que el jazz, y por supuesto que el silencio, según un estudio de Charnetski y Brennan de 1998. El ruido puede hacer descender esa sustancia.
También hay estudios que sugieren cómo la música nos cura. Según el doctor en biología de Harvard Robert Trivers en su libro La insensatez de los necios:
Hay dos experimentos recientes que se destacan por encima de los demás. Cuando se inyectan 500 células cancerosas a ratones que han sufrido estrés causado por ruidos nocturnos, se comprueba que el avance del cáncer es mucho más lento si se les hace escuchar música melodiosa durante cinco horas todas las mañanas. Podemos citar un experimento igualmente notable, esta vez con seres humanos. Se le hizo escuchar música de Bach (escrita en una tonalidad mayor) a un grupo de personas que hacían un tratamiento fisioterapéutico para los bronquios (tenían que aspirar un medicamento, respirar y toser). Se comprobó entonces que ese grupo se recuperaba con mucha mayor rapidez que otro, tratado con el mismo método pero sin música.
– Sintonizando el corazón
La música tiene especial facilidad para conmover a nuestro corazón. De hecho, puede sincronizarse de forma muy precisa con él, como explica Gail Gadwin en su libro El corazón. Según la notación musical italiana llamada tempo giusto (el tiempo justo), que es un compás uniforme de entre 66 y 76 en el metrónomo, estamos sintonizando el ritmo de un corazón sano.
Pero lo que verdaderamente emociona son los altibajos en el tempo. El ruido marrón, una sinfonía de una sola nota, resulta aburrida para nuestro cerebro, y finalmente desesperante. La música debe ser ruido rosa, tal y como escribe Jorge Wagensberg en La rebelión de las formas:
Es el gozo de la música: resolver la autoafinidad; un tenso conflicto entre lo que se puede predecir y la sorpresa. Si la correlación en el tiempo es demasiado baja, la predicción requiere un trabajo infinito, por lo que el cerebro se ve insuficiente y se deprime. El ruido blanco (totalmente aleatorio) primero desespera y luego aburre.
Si la correlación es demasiado alta, la predicción requiere un trabajo nulo, con lo que el cerebro se ve innecesario y se ofende.
Cuando la psicóloga Paula Niedenthal, de la Universidad de Indiana, necesitaba que los sujetos de sus experimentos se sintieran felices, seleccionaban piezas de Vivaldi y Mozart. Cuando necesitaba que se sintieran tristes, escogía a Mahler o Rachmaninov.
Por ejemplo, el intervalo tonal que constituye la base del himno a la alegría que incluyo Beethoven en su novena sinfonía expresan placer o felicidad universales. Este intervalo tonal también se emplea en La traviata de Verdi, en El oro del Rin de Wagner o en la Sinfonía de los salmos de Stravinsky.
– Comunicarse cantando
La música es una forma de comunicación de baja intensidad, en el sentido de que el receptor es el que interpreta la música y llena de significado e información lo que en esencia es solamente un puñado de notas musicales (en ocasiones acompañado de una letra simplona y/o repetitiva, como un mantra).
Pero tanto la música como el canto transmiten emociones. Como demostraron desde la Universidad de Tromso los psicólogos Hella Oelman y Bruno Loeng, existe una suerte de gramática tonal universal: individuos de distintas épocas y culturas experimentan una gama compartida de reacciones emocionales a intervalos musicales concretos.
Cantar también modifica el cerebro, en particular el lóbulo temporal derecho, y se liberan endorfinas, particularmente oxitocina, lo que se traduce en sensaciones profundas de felicidad, unión y amor. Es decir, propician la comunicación.
Es lo que propone Tania de Jong, una firme defensora de los efectos terapéuticos de cantar y fundadora de Creativity Australia, un programa orientado a personas de 9 a 90 años edad. Tania considera que esta forma de relacionarse con los demás permite que personas de distintos credos, culturas y orígenes logren conectar mejor. Explica su modelo en su charla TED Cómo cantar juntos cambia el cerebro.
Así es la música. Como una droga (o más concretamente una estimuladora de drogas endógenas). En consecuencia, vuestro reproductor de mp3 será como vuestro inductor anímico. Algo así como un botiquín con toda clase de drogas que os administraréis vía auditiva y que moldearán vuestra mente y, por extensión, la realidad que os rodea. Pero cuidado con lo que dijo Woody Allen: «Cuando escucho a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia».
– Letras peligrosas como una droga dura
Dicho lo cual, también debo señalar que la letra de la mayoría de las canciones que se han compuesto en la historia de la música son una bobada. Y, también, peligrosas como una droga dura. Muy peligrosas como los aforismos perogrullescos de Paulo Coelho. Peligrosas como cualquier cosa muy estúpida y huera que la gente comparte por Facebook como si fuera la quintaesencia de lo profundo, lo esclarecedor, lo reflexivo.
Probablemente hay algo de boutade en esta afirmación, pero no tanto como parece si echamos mano de la bibliografía científica disponible al respecto.
– La música es poderosa en ti
No quiero que jamás se prohíba la música. En Irán, por ejemplo, solo está autorizada la música tradicional y algunos cantantes masculinos sentimentales. Todo lo demás forma parte de una contracultura casi invisible. El rock y, sobre todo el rap iraní, está terminantemente prohibido en el país.
En su libro Smart, Frédéric Martel entrevista a uno de estos músicos subterráneos, Rasul, batería de una de estas bandas underground, y explica así a lo que se arriesga si les pillan tocando en un garaje o una sala improvisada: «A que me destruyan la batería y a dos días de cárcel; en algunos casos graves, a setenta y cuatro latigazos».
Yo no quiero prohibir la música, ni siquiera la ramplona, pero queda patente que muchos otros sí quieren hacerlo.
Esto nos ofrece la primera pista del presunto poder de la música: puede hacerte pensar o sentir cosas de un mundo muy intenso. Woody Allen, en Misterioso asesinato en Manhattan, decía: «Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia». En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer escribía: «En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad».
Los músicos iraníes, a pesar de los riesgos, continúan porfiando en expresarse y polarizar (o despolarizar) las mentes de quienes les escuchen, tal y como señala Martel:
El fenómeno mp3 y iTunes ha abolido prácticamente, si no legalmente, la censura sobre la música en Irán […] Miles de jóvenes iraníes exiliados en Tehrangeles, antimulás, nerds, apasionados por el mundo digital o empleados de startups, inventan en tiempo real software para desactivar las argucias de la censura de su país de origen. Nunca les faltan ideas y están dispuestos a echarle todas las horas del mundo.
No es un fenómeno nuevo. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el rock estaba prohibido en Londres. Así que los agentes contraculturales se trasladaban a plataformas extramuros de los límites marítimos del país para emitir rock desde allí, inundando de ondas hercianas el puritanismo british.
La música es tan importante a la hora de hacernos sentir cosas que ha existido desde tiempos inmemoriales. Es una práctica exclusiva de la especie humana (porque no hay evidencia de que a ningún otro animal le guste la música), y el artefacto más antiguo que ha llegado hasta nosotros es precisamente un instrumento musical, una flauta de cuarenta mil años de antigüedad.
– Do re mi, sí (letra, NO)
La música es tan poderosamente irracional, tan profundamente instintiva, que incluso existen innumerables casos en los que esta ha sido compuesta bajo los efectos de los estupefacientes. Muchos genios del jazz, como Miles Davis, eran adictos a los opiáceos. A love Supreme de John Coltrane tuvo como fuente de inspiración un episodio próximo a la sobredosis.
El ritmo de la música punk se aceleró de forma perceptible cuando las anfetaminas se convirtieron en la droga predilecta de la escena musical, sobre todo en el Reino Unido. The Stooges o New York Dolls le daban más a la heroína, y quizá por eso tocaban a un ritmo más lento. The Grateful Dead insistía en tocar en directo bajo los efectos del LSD. Y tal como escribe Zoe Cormier en su libro La ciencia del placer:
El reggae se compone con resina de marihuana, y cuanto más cannabis se consume más lento es el ritmo, como se evidencia en el espectacular cambio de tempo experimentado por Bob Marley & The Wailers cuando se incorporó Lee Perry.
Sin embargo, las letras parecen tener un estatus superior, cuando en realidad tienen el mismo: son igualmente irracionales, pero aún más peligrosas porque precisamente no parecen irracionales.
La música es capaz de saltarse nuestras barreras lógicas, agitando las entrañas de la misma forma que lo haría un enamoramiento o la muerte de un ser querido. Ninguna otra actividad humana estimula tantas zonas del cerebro, ni el lenguaje, ni el deporte, ni el cine, tal y como escribe Oliver Sacks en su imprescindible volumen sobre el tema, Musicofilia, «a los anatomistas les resultaría difícil identificar el cerebro de un artista, un escritor o un matemático, pero podrían reconocer el cerebro de un músico al instante».
Pareciera que la música conecta de forma inaudita las partes más antiguas y modernas de nuestro cerebro. Por ejemplo, en 2008, el catedrático Aniruddh Patel, del Instituto de Neurología de San Diego, descubrió que, al escuchar música, el ritmo de las señales eléctricas que atraviesa las neuronas alcanza un nivel de sincronía inédito, tal y como publicó en la revista Nature.
Pero si las notas musicales son capaces de encauzar tus sentimientos, las letras de las canciones llegan mucho más allá. La razón de ello no es neurobiológica, sino social: consideramos que las palabras pueden ofrecer ideas, argumentos, historias. Pero ¿cuál es la calidad intrínseca de estas letras si les arrebatamos el ornamento musical?
Por ejemplo, Guerra y Paz ofrece muchas letras que forman oraciones, ideas. Incluso lo hace El código da Vinci.
Hay ensayos de trescientas páginas que pueden ofrecer ideas más complejas, conceptos que nunca habían pasado por nuestra mente, matizaciones que permitirán que recalibremos nuestras opiniones más arraigadas e incluso los sentimientos asociados a los mismos. Porque solo así podremos aplicar lo que dijo Clovis Andersen: «Uno no sabe nada hasta que no sabe por qué lo sabe».
Pero si transcribimos la letra de cualquier canción apenas llenaremos media cuartilla. De hecho, la mayoría de letras se basan en repeticiones de párrafos, y el llamado estribillo acostumbra a ser una reiteración machacante que recuerda a lo que podemos oír en una secta, lo que puede escribir un gurú vitriólico, lo que podemos leer en un grimorio para invocar un súcubo.
Y en este punto estriba la peligrosidad de las letras de las canciones: obran como manipuladoras de mentes con la síntesis y la superficialidad de un mensaje de galleta de la suerte de restaurante chino, a la vez que han adquirido el estatus de una novela o un ensayo repleto de ideas complejas llenas de matizaciones, aclaraciones, fuentes contrastadas y demás exigencias intelectuales.
O dicho de otro modo: en vez de tirar horas y horas para documentar y escribir este artículo, con el propósito de que algún lector pueda replantearse lo que creía cierto, ¿debería haber escrito una tonada del tipo «la letra de tu canción es peligrosa, solo escucha tu corazón, oh, oh, oh»?
O mejor: debería haber escrito una tonada que dijera más o menos lo que creo que la mayoría de mis oyentes considerarán cierto, una idea universal que cualquiera podrá fácilmente hacer suya.
– La canción no es para ti (aunque lo parezca)
La mayoría de letristas no son personas particularmente cultas, y en muchas ocasiones ni siquiera son inteligentes. Carecen de formación académica específica sobre el asunto del que están opinando (no nos engañemos, la mayoría de veces acerca de algún problema amoroso).
No ha bregado con la suficiente documentación. Sencillamente aportan su visión de las cosas en función de su experiencia personal (inducción imperfecta, es decir, que no puede volverse universal) o lo que ha aprendido en la llamada universidad de la calle, que es como no decir nada (la forma más segura de acumular conocimiento válido, epistemológicamente hablando, es a través del método científico o similar, y este debe ser objeto de escrutinio de otros especialistas en publicaciones revisadas por pares).
Es decir: las ideas que aportan las canciones suelen ser teorías puramente especulativas presentadas como verdades establecidas, analogías forzadas cuando no absurdas, retórica que suena bien pero cuyo significado es ambiguo. ¿Cómo sabemos que lo vertido en una canción es conocimiento contrastado? Sencillamente no lo sabemos. Y no hay forma de acceder a las bases de la lógica y de la ciencia que subyacen a esas afirmaciones.
Lo que te diga una canción acerca de cómo te debes sentir tras una ruptura amorosa es posible que no sea lo más adecuado, solo es lo que opina el tipo que lo ha escrito (o ni siquiera eso). Solo son palabras vagas que sirven para todo. Palabras que hacemos nuestras, como si la canción estuviera escrita justo para nuestra situación, para nosotros, como si el letrista nos conociera perfectamente.
Una sensación, o más bien sesgo cognitivo, que también aparece cuando visionamos determinadas películas o leemos determinados libros, sobre todo si están llenos de versos poéticos. En la música, sin embargo, el efecto es más poderoso porque está acompañado de tres factores que lo refuerzan:
– Melodía: consolida las oraciones porque tienen la extensión que melódicamente deben tener.
– Rima: obra como cantos de sirena que inciden en nuestras emociones hasta el punto de que si suena bien parece más cierto que si suena mal (es decir, no rima).
– Repetición: robustece el mensaje, sobre todo si es repetido en un estribillo multitudinario (sesgo endogrupal), como las repeticiones tribales acompañadas del tam-tam.
Estos factores, además, facilitan que los mensajes musicales se queden grabados mucho mejor en nuestra memoria. En un experimento realizado por David Rubin, un profesor de la Universidad de Duke, sometió a un grupo de estudiantes universitarios a un ejercicio de memorización.
Quienes debían escribir la letra de The Star-Spangled Bennett recordaban menos palabras si lo hacían sin música que si lo hacían con música. Añadamos a todo eso los llantos, los lamentos, los gruñidos, los arrullos, las risas, las quejas, los aullidos, las aclamaciones, los aplausos, los gritos y otras tantos añadidos acústicos y reclamos que impactan directamente en nuestros sistema límbico, una región de nuestro cerebro implicada en nuestras emociones.
La razón de que las canciones infantiles sean melódicas es que a los niños les cuesta mucho menos memorizarlas. En las postrimerías de nuestra vida, cuando el alzhéimer hace estragos, las canciones de nuestra juventud son las que más fácilmente persisten. Esa es la magia de la música, y precisamente debido a su extraordinario poder debemos tener precaución con su mensaje.
Evitar convencernos de que sus afirmaciones son más sólidas sencillamente porque están construidas sobre cimientos melódicos. Como diría el tío de Spiderman: «todo poder conlleva una gran responsabilidad». La letra, a rebufo del hype de Star Wars: Force Awakens, es como la Fuerza. Puede usarse para el bien o convertirte en un sith. Así de peligrosa puede ser la letra de una canción.
– Somos tontos y por eso nos gustan las tontunas
No hay que mirar todo con una lupa, pero tampoco olvidar que nuestros ojos (y el de los cantantes que nos encandilan) están desenfocados como si sufrieran presbicia.
El cambio de paradigma que supuso el desarrollo del método científico, allá por el siglo XVII, fue el admitir que el ser humano era tonto y, en consecuencia, solía enamorarse de las ideas más tontas, siempre y cuando se ajustaran a sus prejuicios. Los hechos que sencillamente no encajan, se olvidan o se reinterpretan.
Por esa razón, se borró de un plumazo todo el conocimiento pretendidamente acumulado por pensadores y filósofos durante milenios, se evitó la falacia de autoridad (eso es verdad porque lo dijo Aristóteles), y se empezó a construir el conocimiento desde cero de una forma totalmente revolucionaria: a partir de ahora nada es verdad si no se nos muestra cómo se ha alcanzando esa verdad y los mecanismos que subyacen a la misma; y además esa verdad debe estar expuesta al escrutinio ajeno, y en el momento que alguien encuentre el más mínimo error, la verdad deberá desautorizarse.
Es decir, por primera vez el conocimiento ya no era lo que decía una persona, sino el producto de la crítica de determinadas afirmaciones. El conocimiento era resultado de la colaboración entre mentes que buscaban los tres pies al gato a lo que tú decías. Y este no es un método exclusivamente científico, sino que puede extrapolarse a muchas otras áreas del saber.
La letras de las canciones, sin embargo, está arraigada aún a todos los vicios que conseguimos superar hace cuatrocientos años: afirmaciones sin pruebas, falacia de autoridad, mensajes crípticos difícilmente cuestionables, etc.
Coged cualquier canción de amor. La que sea. Puede que vierta verdades universales que suenan estupendamente bien y que puede aplicarse a mucha gente. Porque son consejos de libro de autoayuda disfrazados de conjuros musicales que invaden nuestro sistema límbico.
Porque son oraciones religiosas que enardecen el fervor numinoso, las del Santo Pentagrama, que hace proselitismo y premia el asentamiento, la fosilización, la transmisión de memes vía nota musical, el así seré, así seguiré, nunca cambiaré. Las letras de las canciones son de una simpleza rayana en el insulto, en muchas ocasiones, pero nuestro cerebro se encarga de llenarlas de significado.
En realidad hacemos nosotros el esfuerzo, no los letristas o los intérpretes. Como si fuera el placebo que se experimenta al tratarnos con homeopatía.
Ahora agarrad, por ejemplo, un ensayo sobre el amor escrito por Ortega y Gasset o Erich Fromm. Aunque tales ensayos no son particularmente científicos, sí que son exhaustivos, y pueden contraargumentarse convenientemente. Como apunta Steven Johnson en su libro Cultura basura, cerebros privilegiados al criticar los debates de televisión como forma de adquirir conocimiento:
Los ensayos complicados y que tienen un desarrollo secuencial (en que cada premisa está basada en la anterior y en que una idea puede necesitar todo un capítulo para ser convenientemente desarrollada), no están hechos para ser expresados en un intenso programa de debate.
Llegados a este punto, debería causar rubor que esgrimiéramos canciones como bandera de cualquier idea. Las canciones son gritos. Palabras de aliento del entrenador de fútbol. Frases reconfortantes de tu mejor amigo para pasar lo mejor posible tu última ruptura amorosa. Síntesis de psicólogo de bar que quizá te eviten pagar a un profesional.
Y eso es mucho, no me malinterpretéis, porque como ya dije la música es importante en mi vida. Pero es solo eso. No deberíamos atribuirle virtudes de las que carece. Es decir: la música no transmite información fidedigna, porque su objetivo es la persuasión y el placer estético, no la persecución de la verdad.
Ripios publicitarios, mensajes para estampar en una camiseta, eslóganes rimados, canciones de verano, las tan en boga batallas verbales de raperos… son lo que son.
Construcciones artificiosas para generar emociones (y generar emociones, per se, no es ni bueno ni malo, ni elevado ni fangoso, porque también la telenovela Cristal generaba emociones a tutiplén). Un discurso zombi perfectamente adornado de pirotécnica. Una paremiología simplificada, un dogma, un meme musical.
Todo eso es la música. Y precisamente por ello me encanta la música. Porque a todos nos gusta vivir en nuestra propia película. Con banda sonora incluida.
sarcófago de doña Sancha. Museo de las Benedictinas de Jaca.
The Conversation(F.A.G.Garcia) — La condesa doña Sancha (siglo XI) no solo comparte nombre de pila con otras mujeres de la realeza hispana de los siglos XI y XII.
Como ellas, su recuerdo ha quedado asociado a importantes obras de arte y, al igual que sus semejantes, destacó por una activa participación en la política y en los asuntos eclesiásticos de su tiempo.
Sancha fue hija, hermana y tía de los primeros reyes de Aragón en una época crucial de crecimiento territorial y apertura internacional para este reino.
Había nacido en los años cuarenta del siglo XI del matrimonio entre Ramiro, primer rey de Aragón, y Ermesinda de Bigorra, miembro de una familia condal del sudoeste de Francia.
Como su madre, desempeñó un papel clave en las alianzas pirenaicas al desposar al conde Ermengol III de Urgell en una fecha imprecisa.
En 1064, su hermano Sancho Ramírez ascendió al trono aragonés. Sancha enviudó al año siguiente y no tardó en regresar a su tierra natal, donde se convirtió en una leal colaboradora del monarca.
En estos años, los horizontes del reino se proyectaron mucho más allá de los límites montañosos de sus comienzos. Sancho Ramírez viajó a Roma en 1068 y se declaró vasallo de la Santa Sede.
Esta relación con el papado marcó la política aragonesa en las siguientes décadas y tuvo en Sancha a una firme valedora. No en vano, el papa Urbano II se acordó de ella en una bula de 1089 como cooperante del rey al servicio de la Iglesia.
En sus últimos años de vida, Sancha presenció acontecimientos tan relevantes como la consagración de la iglesia de San Juan de la Peña –el monasterio que albergaba el panteón real– y la dotación de la catedral de Huesca. En ambos casos acompañó al nuevo rey, su sobrino Pedro, según consta en los diplomas que registran estos actos.
Iglesia de San Pedro de Siresa.
– Un personaje esencial en el espacio público
Aunque las mujeres de las élites estén mejor documentadas en las fuentes, la información que tenemos sobre ellas para esta época se basa, sobre todo, en noticias de carácter administrativo y jurídico que dificultan una aproximación más personal a sus inquietudes y vivencias.
En el caso de Sancha, la documentación revela una notable actuación en el espacio público, sobre todo como supervisora de instituciones religiosas. Al frente de Santa María de Santa Cruz de la Serós compró e intercambió propiedades con otros monasterios. También presidió la comunidad masculina de San Pedro de Siresa y, durante unos años, se le encomendó el obispado de Pamplona.
En estos lugares Sancha no actuó como abadesa, priora o figura episcopal, sino como gestora al servicio de la política regia. Este hecho puede resultar extraño en tiempos en los que la Iglesia perseguía la autonomía respecto al poder laico. Sin embargo, la eficaz labor de Sancha resultaba beneficiosa para asentar las reformas religiosas sin que la monarquía perdiera el control de las instituciones.
Probablemente por ello cobró un protagonismo eclesiástico inusual para una mujer. El sostén material de Sancha fue el gran patrimonio que concentró, tanto el adquirido en su dote como el obtenido de manos de familiares, en particular los bienes donados por su hermano el rey y por su abuela paterna.
Buena parte de estas posesiones, entre las que había varias villas, casas, iglesias y tierras con sus rentas, se le confiaron para su disfrute con la condición o expectativa de donarlas a una institución religiosa.
Testamento de doña Sancha, octubre de 1095 (copia del siglo XII).
– El monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós
Sin duda, el mayor beneficiario del legado de Sancha, conforme a lo previsto en su testamento de 1095, fue el monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós.
Esta abadía fue muy especial para las mujeres de la familia real. En ella residieron su hermana Teresa y su hermanastra Urraca, encomendadas al monasterio, mientras que su cuñada, la reina Felicia, le donó un precioso díptico de marfil y orfebrería conservado en Nueva York.
Seguramente Sancha contribuyó a la edificación de la iglesia monástica de Santa María, pues no obvió este tipo de actuaciones. Participó quizás en la fortificación del castro de Pilzán, impulsó una alberguería en Canfranc y su testamento indica que estaba construyendo un local para el pisado de la uva en Monzón, localidad en la que también donó un solar a San Pedro de Siresa para edificar oficinas.
Sus donaciones debieron proporcionar fondos para llevar a término un templo tan monumental como el de Santa María. De hecho, en su testamento ordenó que los bienes que se hallaran tras su muerte se destinasen a esta obra.
Iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós.
– El sarcófago de Sancha
Con todo, la principal creación artística vinculada directamente con Sancha, procedente de Santa María, es el espléndido sarcófago conservado desde 1622 por las benedictinas de Jaca, magníficamente estudiado por David Simon.
Es un buen ejemplo de cómo a finales del siglo XI, al igual que las portadas e interiores de los templos se poblaban de imágenes, también los sarcófagos comenzaban a dotarse de escenas.
Las escogidas para la urna de Sancha nos hablan de la preocupación por la salvación y la memoria. Si nos detenemos en su frente principal, observamos que el alma de la difunta, representada como una figura desnuda, es elevada por ángeles.
A su lado, un grupo compuesto por tres clérigos nos permite imaginar la liturgia funeraria que rodearía el enterramiento, rememorado por las monjas a las que tanta atención prestó Sancha y a las que en un documento llamó compañeras.
Frente principal del sarcófago de doña Sancha. Museo de las Benedictinas de Jaca.
Precisamente el grupo del lado contrario, con una mujer destacada entre otras dos, encarna una escena de autoridad femenina, ya sea de las monjas de Santa María o de la propia Sancha y sus hermanas. Incluso sería posible una lectura ambigua que solapara ambas identidades, como propone Verónica Abenza.
Para realizar el sarcófago, resituado en fechas próximas a la muerte de Sancha según los últimos estudios, se contó con escultores cuya impronta se advierte en Jaca y en Huesca, además de en otras obras del monasterio.
De allí procede también otra urna funeraria, recuperada más recientemente para el Museo de Huesca y decorada con un friso de grifos como los que aparecen en un lateral del sarcófago de Sancha. Muy posiblemente corresponda a otra infanta aragonesa –por qué no una de las hermanas de Sancha– cuya efigie, quizá, nos ha transmitido el sarcófago de Jaca.
Sarcófago de una infanta procedente de Santa María de Santa Cruz de la Serós. Museo de Huesca, NIG 10970.
Desconocemos quién promovió una obra tan singular como el sepulcro de Sancha: ¿su destinataria aún en vida, como se tiende a pensar últimamente? ¿Un miembro de su familia o la comunidad de Santa María?
Más allá de estos interrogantes, si la vida de Sancha dejó huella en un puñado de documentos, su sepultura le procuró un sólido recuerdo para la posteridad y un lugar propio también en la historia del arte medieval.
ArgenPorts — Las historias de barcos fantasmas y embarcaciones malditas han causado fascinación e intriga a lo largo de los siglos.
Una de las más recientes pertenece a la del SS Ourang Medan, un barco holandés que estaba cruzando por el Estrecho de Malaca cuando, al parecer, protagonizó una terrible tragedia.
Los hechos tuvieron lugar en la década del 40, más precisamente el 27 de junio de 1947, cuando buques cercanos informaron con una angustiante llamada de socorro:
“S.O.S. de Ourang Medan. A flote. Todos los oficiales, incluido el capitán, muertos, tirados en la sala de navegación y en el puente, probablemente toda la tripulación muerta”
Luego, el alerta en código morse incluía signos sin sentido hasta que finalizaba diciendo: “Yo Muero”.
Uno de los primeros buques que llegó, al día siguiente, fue el Silver Star, y sus tripulantes vieron que el carguero holandés tenía las máquinas detenidas.
Se dice que los rescatistas que abordaron el barco encontraron al buque siniestrado tal como se describe. La tripulación estaba efectivamente muerta, sus cuerpos esparcidos por las cubiertas.
Los más aterrador fue que, según se dijo, los 20 tripulantes fueron encontrados «con los dientes al descubierto, con los rostros vueltos hacia el sol, mirando fijamente, como si tuvieran miedo…», incluso hay quienes los describieron en extrañas posturas, como si hubiesen querido defenderse de un extraño y letal enemigo que acabó con ellos sin violencia
Hasta el perro del barco fue hallado muerto, congelado en ese estado de espanto.
Pero en realidad el enigma recién estaba por comenzar, ya que cuando los marineros del Silver Star prepaban las maniobras de remolque, antes de completarlas estalla un incendio en la bodega número 4 y causa una serie de explosiones en cadena que, en cuestión de segundos, envían al Ourang Medan al fondo del mar.
Estos hechos dejaron al menos dos misterios por resolver. El primero es qué causó la desaparición masiva de la tripulación del Ourang Medan y, el segundo, qué provocó la explosión posterior.
– ¿Realmente existió?
Pero ahí no se acaba el misterio, ya que es posible que, al menos oficialmente, el buque nunca haya existido, ya que no se consigna al SS Ourang Medan en los registros de Lloyd’s Shipping , ni existe ninguna grabación oficial del extraño «incidente» a bordo.
Además, hasta la fecha del evento ha sido difícil de precisar porque los diarios ofrecen varias versiones, cada una con algún matiz diferente que la embellece o aumenta su misterio. De todas formas, no fueron pocos lo que juraron que el hecho efectivamente se había producido.
A los largo de los años se afirmó que no fue encontrado el registro del barco porque en realidad estaba registrado en Sumatra.
Sitio del problable hundimiento. Fuente: Google Maps.
Incluso se señaló que el nombre de la embarcación se traduce como «Hombre de Medan»: Medan es una isla de Sumatra.
Más que eso, el profesor Theodor Siersdorfer , un investigador alemán que ha estado estudiando detenidamente el fascinante caso durante medio siglo, descubrió una antigua publicación alemana de 1953, titulada Das Totenschiffin der Südsee, o El barco de la muerte en los mares del sur .
Algunos creen que este pequeño folleto , cortesía del erudito ya fallecido Otto Mielke, ofrece evidencia de que el barco era real, al igual que su trágico destino. Ofrece una posibilidad intrigante sobre la causa de la explosión que envió al Ourang Medan a las profundidades.
Das Totenschiffin der Südsee sugiere que el cianuro de potasio y nitroglicerinase almacenaron en la bodega del barco.
– La visión de un historiador naval
Pero dejemos que el prestigioso historiador naval Roy Bainton nos de su veredicto sobre este extraño episodio:
“Escuché por primera vez la historia de Orang Medan en 1961, 15 años después de su origen.
Si aceptamos, debido a la naturaleza de las muertes de su tripulación, que transportaba gases o productos químicos letales y si, de hecho, era un barco holandés, si se hubiera dado a conocer esta noticia, habría sido una gran vergüenza para cualquier gobierno involucrado, especialmente a la luz de la Convención de Ginebra.
De ahí los callejones sin salida a los que se enfrenta cualquier investigador. La historia existe porque, como los gases, se escapó.
“Pero aquí hay otro misterio; si una fuga de gas mató a la tripulación, ¿fue la explosión final otro accidente o un hundimiento ordenado oficialmente?
“La tripulación del Silver Star habría contado la historia a partir de ese día en todos los comedores de todos los barcos en los que navegaron.
Finalmente, en un comedor del vapor británico Port Halifax, me llegó. Los aficionados de The XFiles han tenido un día de campo con esta tragedia culpando a los ovnis, monstruos marinos, etc., pero la posible realidad no es menos siniestra”.
Bainton señala que el campo de lo inexplicable está plagado de pistas falsas, engaños y pura falsedad, pero si la historia de este barco de la muerte es un invento, ¿quién fue el responsable?
“¿Por qué era moneda común en los comedores de los viejos vapores que navegaba en los años 60 y por qué otros barcos eran barcos reales involucrados en el hilo?
“Cualquier investigador marino –agrega–, le dirá que incluso los poderosos tomos de Lloyd’s Shipping Registers pueden arrojar más preguntas que respuestas, especialmente cuando los barcos cambian de nombre con frecuencia.
El historiador señala que recientemente recibió una carta de la Royal Navy holandesa donde le requería información sobre el Caso Orange Medan
“¿Por qué? En el Reino Unido, el Ministerio de Defensa ha destruido irresponsablemente todos los registros de vertederos de gas venenoso que tienen más de 25 años. Más de 100.000 toneladas de ‘Tabun’ y ‘Sarin’ mortales se cargaron deliberadamente en barcos al final de la Segunda Guerra Mundial y se hundieron en el Mar del Norte y el Atlántico.
“En 1998, un barco pesquero sueco desembarcó una captura inusual con una red llena de botes de gas mostaza; la tripulación pasó mucho tiempo en el hospital con quemaduras graves.
Expresó que es un pensamiento forteano (por el investigador Charles Fort) agradable y espeluznante que los desventurados marineros del Orang Medan fueron visitados por un OVNI que aterrador a tal punto que que literalmente «los asustó hasta la muerte».
“Ese puede haber sido un buen pronóstico en los locos años 50 de ciencia ficción. Sin embargo, la humanidad es capaz de un comportamiento mucho más siniestro que cualquier visitante intergaláctico de Roswell”.
Escritor, cineasta, intelectual, Pasolini fue un artista pleno que se convirtió en un emblema cultural de Italia y que personalizó el escándalo de una sociedad poco abierta
Infobae(D.Cecchini) — “Yo bajo al infierno y sé cosas que no perturban la paz de los otros. Pero hay que tener cuidado. El infierno está subiendo y las ganas y necesidad de dar un garrotazo, de agredir y de matar es fuerte y es general”, le dijo como si fuera una premonición a un periodista de La Stampa el día anterior a su muerte.
La noche del 2 de noviembre de 1975, el cadáver de Pier Paolo Pasolini apareció en un descampado cerca del puerto de Ostia. Lo habían asesinado de manera brutal: su rostro estaba desfigurado, tenía múltiples fracturas y los testículos destrozados a los golpes; el cuerpo estaba parcialmente quemado porque lo rociaron con nafta y lo prendieron fuego después de matarlo.
El crimen causó conmoción y no solo por su brutalidad. Escritor, director de cine, ensayista y filósofo, a los 53 años Pasolini era considerado -y con razón- una de las figuras más importantes de la cultura y la intelectualidad italianas de la segunda mitad del siglo XX.
Y no solo eso, porque su doble condición de católico y marxista, su homosexualidad abierta y sus posiciones provocadoras lo habían convertido también en un emblema de las luchas contra el sistema. Era a la vez un ícono cultural y la encarnación del escándalo.
El caso pareció resuelto en pocas horas. Giuseppe “Pino” Pelosi, un joven taxi boy de 17 años, fue detenido por los carabineros cuando manejaba el Alfa Romeo de Pasolini. Primero dijo que lo había robado, pero dos horas más tarde, cuando fue descubierto el cuerpo, confesó también en crimen.
Aseguró que había sido en defensa propia, que Pasolini había querido obligarlo a tener sexo y que se resistió, que el director de Teorema lo atacó y él respondió, que lo golpeó y luego, al escapar, lo atropelló con el auto pasándole por encima. En la jerga periodística de esos tiempos, se trató de un “crimen pasional”.
Pelosi fue condenado como autor del homicidio, pero muchas cosas no cerraban: nadie podía explicarse cómo ese joven debilucho había podido matar al atlético Pasolini, era difícil creer que hubiera actuado solo; además, Pino no tenía casi manchas de sangre en su ropa, lo que no era consistente con la brutalidad del asesinato, y tampoco se pudo identificar al dueño de un pulóver -que no era de la víctima ni del criminal confeso- que se encontró en el auto; por último, Pasolini estaba a punto de publicar un nuevo libro donde, prometía, revelaría una escandalosa trama de negocios y muerte en lo más alto del poder económico y político del país, por lo que era probable que hubiera muchos poderosos a quienes les convenía silenciarlo.
Una de las primeras en desconfiar fue la periodista Oriana Fallaci -la misma que unos años más tarde entrevistó y puso contra las cuerdas al dictador argentino Leopoldo Galtieri-, para quien el relato oficial y el proceso judicial encubrían una trama mucho más oscura. En una columna del diario L’Europeo escribió que luego de investigarlo a fondo había llegado a la conclusión de que el asesinato estaba planificado y que era obra de tres o más personas.
El director de películas de culto como El Evangelio de San Mateo, El Decamerón, Edipo, hijo de la fortuna y Saló o los 120 días de la ciudad de Sodoma, entre otras, y de novelas como Chicos del arroyo y Una vida violenta, dejaba un legado cultural inapreciable, pero también un enigma, el de su muerte, que durante décadas buscó respuestas y solo las ha encontrado parcialmente.
Giuseppe Pelosi nunca pudo dar cuenta de dónde había sacado el garrote, ni relatar coherentemente la pelea y mucho menos explicar por qué el cuerpo de Pasolini estaba parcialmente quemado
– La primera versión
Era sabido que Pasolini tenía la costumbre de hacer citas o recoger directamente de la calle a hombres muy jóvenes que se prostituían. Por eso no extrañó que en su confesión Pino relatara que había arreglado con el cineasta para cenar juntos en el restaurante Biondo Tevere, cerca de la Basílica de San Pablo Extramuros.
Contó que habían comido espaguetti, que Pasolini acompañó con cerveza, y que salieron del local alrededor de las 23:30 para ir a un lugar aislado cerca del puerto de Ostia para “toquetearse un poco”, servicio por el que Pino recibiría veinte mil liras.
Según la confesión, todo había marchado sobre rieles hasta que llegaron a un lugar cerca del mar, donde Pasolini detuvo su Alfa Romeo y le propuso a Pelosi tener sexo allí mismo.
Eso era lo pactado, pero -siempre de acuerdo con ese primer relato- la situación se desmadró porque Pasolini quería utilizar un palo de madera en el acto, no quedaba claro si para que Pino lo sodomizara o al revés. Pelosi se negó y se bajó del auto.
Entonces el director salió detrás de él y lo persiguió esgrimiendo el palo con el que comenzó a golpearlo. Pino le dijo a la policía que en ese momento pudo tomar un garrote para defenderse y terminó derribando a su atacante “en defensa propia”, que corrió al auto para escapar y que al hacerlo atropelló involuntariamente a Pasolini y le pasó por arriba con las ruedas.
Nunca pudo dar cuenta de dónde había sacado el garrote, ni relatar coherentemente la pelea y mucho menos explicar por qué el cuerpo de Pasolini estaba parcialmente quemado.
Sin embargo, a base de esa confesión y sin ninguna otra prueba, el Tribunal superior condenó a Pelosi por “homicidio en colaboración” –sin especificar en colaboración con quién- a nueve años y medio de prisión. Una pena relativamente corta que se debió a que el acusado era menor de edad en el momento de cometer el crimen.
Años después, ante la justicia, Pelosi declaró que Pasolini fue asesinado por tres personas: «Lo golpearon a sangre fría delante de mis propios ojos»
– Tres décadas después
Giuseppe Pelosi cumplió su condena y al salir en libertad no volvió a hablar de la muerte de Pasolini hasta 2005, treinta años después del crimen, cuando le dio una entrevista a RAI 3. Allí dijo que había mentido por temor a represalias contra su familia y cambió radicalmente su versión sobre los hechos de la noche del 2 de noviembre de 1975.
Relató que después de haber tenido sexo oral con Pasolini salió del auto y se alejó unos metros para orinar. Según esta nueva versión, en ese preciso momento aparecieron tres hombres desconocidos, “de 45 o 46 años, con acento calabrés o siciliano”, que comenzaron a insultarlos y molieron a golpes al cineasta mientras le gritaban “maricón, sucio comunista”.
Pelosi explicó que los matones habían amenazado de muerte a él y a su familia si se atrevía a revelar lo ocurrido, y que entonces había mentido en su confesión inicial. Reconoció, en cambio, que había pasado por encima del cuerpo de Pasolini cuando, asustado, huyó en el auto.
Después de escucharlo, la familia del cineasta reclamó la reapertura del sumario, que fue engrosado con el testimonio de su amigo Sergio Citti, quien afirmó que Pasolini acudió a la cita con Pino porque era víctima de un chantaje por el robo de unos rollos de su película Salo.
En una nueva declaración judicial, Pelosi fue mucho más preciso: “Pasolini fue asesinado por tres personas. Lo golpearon a sangre fría delante de mis propios ojos. Eran romanos. Dos eran los hermanos Borsellino (Franco y Giuseppe). Fue víctima de una emboscada estudiada al detalle.
Lo convencieron para ir a Ostia con la excusa de negociar la venta de las cintas de la película Saló, robadas tiempo atrás. Él tenía consigo el dinero, era una excusa para tenderle una emboscada”, dijo ante el fiscal.
La policía científica italiana pasó varios años llevando a cabo interrogatorios, pero no pudo atribuir a nadie los restos de ADN encontrados en el auto, lo que llevó a que el caso volviera a cerrarse en 2015. Pelosi murió poco tiempo después, a los 59 años, llevándose parte, sino toda, la verdad a la tumba.
«Fue todo un complot entre los servicios secretos, la Iglesia y los políticos. Se había creado un ambiente de que Pasolini era un hombre peligroso que hacía daño a la sociedad italiana y a la democracia», dijo el cineasta Federico Bruno
– Una conspiración política
Cuando Pino murió, la hipótesis de la existencia de una conspiración política para asesinar a Pasolini circulaba desde hacía tiempo, desde que se supo que tenía la intención de revelar en el libro que estaba escribiendo, Petróleo, el nombre del culpable del presunto homicidio -disfrazado de accidente- del industrial Enrico Mattei, presidente de la petrolera italiana Eni.
Quienes abonan esa teoría sospechan que el asesinato de Pasolini fue un crimen político que se buscó encubrir al hacerlo pasar como una pelea entre homosexuales.
Uno de los defensores de esta hipótesis fue siempre el cineasta Federico Bruno, que investigó a fondo la vida de su colega asesinado para hacer una película sobre su vida y su obra. “Hoy, en Italia se sigue diciendo que fue un homicidio casual, pero en el proceso no se hizo ninguna investigación.
Fue todo un complot entre los servicios secretos, la Iglesia y los políticos. Se había creado un ambiente de que Pasolini era un hombre peligroso que hacía daño a la sociedad italiana y a la democracia.
Es absolutamente injusto cómo una figura como Pasolini ha sido borrada de la memoria de Italia. Fue un testigo de su época que se dedicó a denunciar la pobreza, la corrupción y las miserias. Con su cine rompió de manera rotunda los esquemas estéticos de la época”, sostuvo.
En octubre 2023, la Comisión Parlamentaria Antimafia italiana produjo un informe en el que se calificó la muerte de Pasolini como un “crimen sin resolver” y reclamó, una vez más, la reapertura de la investigación, pero un año más tarde la Fiscalía de Toma sigue sin pronunciarse sobre el pedido.
Casi medio siglo después de aquella trágica noche del 2 de noviembre de 1975, el misterio que rodea el asesinato de Pier Paolo Pasolini está lejos de ser desvelado por completo. Tampoco se ha cumplido la esperanza que expresó en su última entrevista:
“Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida cuyo único objetivo es ser libre y dueña de sí misma. Imagino que aún puede llegar un momento así en la vida de Italia y del mundo”, le dijo al periodista de La Stampa.
El triángulo coralino abarca Malasia, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y las Islas Salomón.
BBC News Mundo(S.Hardach) — En un ala de oficinas del Museo de Historia Natural de Londres, dos investigadores abren la puerta de un sencillo armario y descubren un tesoro oculto: estanterías de corales fosilizados, de hasta 30 millones de años de antigüedad, provenientes del hábitat marino más diverso del mundo.
Algunos parecen cerebros petrificados, otros rocas con patrones de filigrana.
«Me gusta observar las cosas del pasado y ver si podemos aprender lecciones de ellas», dice Ken Johnson, con un ojo puesto en los fósiles. Johnson es paleontólogo e investigador principal del departamento de Ciencias de la Tierra del museo.
A su lado está Nadia Santo domingo, bióloga marina, geo-científica, y curadora del museo. Ellos y su equipo recogieron los fósiles en Indonesia hace más de una década, en un trabajo conjunto con colegas de la Agencia Geológica de Indonesia.
El objetivo era intentar descifrar los secretos de una extensión de océano conocida como el «triángulo de coral», y esperaban utilizar esos secretos para proteger los arrecifes en la actualidad.
«Comprender cómo han respondido los corales a cambios ambientales anteriores puede ayudarnos a ver cómo podrían responder a cambios futuros», afirma Johnson.
De hecho, los fósiles no sólo aportaron una perspectiva completamente nueva de la vida marina, sino que llamaron la atención sobre importantes santuarios de coral que hasta entonces se habían pasado por alto y que podrían convertirse en refugios cruciales para las especies a medida de que el planeta se calienta, afirman los investigadores.
– El «Amazonas del fondo del mar»
A veces llamado «el Amazonas de los mares», el triángulo coralino es tan rico en especies y rebosa de vida como una exuberante selva tropical.
Abarca Malasia, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y las Islas Salomón.
Cerca del 75% de todas las especies de coral conocidas viven allí -más de 700 especies diferentes-, así como 3.000 especies de peces de arrecife y seis de las siete especies de tortugas marinas del mundo.
«El triángulo coralino del sudeste asiático es el lugar más diverso de la Tierra» en cuanto a hábitats marinos, afirma Johnson. «Allí hay más especies marinas que en ningún otro sitio. Mis colegas y yo nos preguntamos: ¿por qué? ¿A qué se debe esta diversidad?».
Los corales individuales, conocidos como pólipos, son pequeños animales marinos sin espinas que miden sólo unos milímetros y están emparentados con las medusas y las anémonas de mar.
Ellos construyen duros esqueletos externos y, junto con decenas de miles de otros pólipos, forman las deslumbrantes estructuras que conocemos como arrecifes de coral. El esqueleto permanece después de la muerte del pólipo.
«La metáfora que siempre utilizamos (para los arrecifes de coral) es ‘ciudades del mar'», sostiene la investigadora Nadia Santodomingo.
Los fósiles alineados en la vitrina están en un estado sorprendentemente prístino. En el triángulo de coral y otros arrecifes, estas complejas estructuras sostienen una abundante vida, dice Santodomingo.
Los corales «son como pequeños edificios», afirma. «Un edificio aislado no haría nada, pero cuando crecen todos juntos, como grandes ciudades, pueden albergar a muchos otros animales. Las crías de peces pueden esconderse allí, de manera que los grandes depredadores no pueden alcanzarlas».
Cuando los corales mueren, dejan atrás sus esqueletos, como casas vacías, explica. «Y entonces otros animales pueden colonizar el arrecife -esponjas, caracoles o almejas- que utilizan estos ‘edificios’ vacíos y los transforman en su propio hogar».
Johnson añade: «La metáfora que siempre utilizamos (para los arrecifes de coral) es la de ‘ciudades del mar'».
– Las condiciones que posibilitan su diversidad
A principios de la década de 2010, el equipo y sus colegas indonesios recolectaron unas ocho toneladas de roca rica en fósiles de Borneo, en Indonesia, que contenía 70.000 especímenes: más de 200 especies de coral, de hasta 30 millones de años de antigüedad.
Cuando los compararon con las especies que viven actualmente en el triángulo de coral, hicieron un descubrimiento sorprendente: muchas de ellas todavía están allí.
Santodomingo levanta cuidadosamente un enorme coral fosilizado del gabinete, un coral Porites, y lo sostiene: «Este de aquí tiene unos 10 millones de años». Hoy en día, los corales Porites, que construyen enormes arrecifes, siguen desarrollándose en el triángulo de coral, agrega.
La investigadora da otro ejemplo: el coral cuerno de ciervo llamado Acropora Monticulosa, que está entre los fósiles recolectados de Indonesia. Los corales Acropora aún viven en el triángulo de coral. Estos corales cuerno de ciervo «han estado allí durante unos 18 millones de años«, afirma. Otras especies de Acropora que se encuentran en el triángulo de coral son incluso más antiguas.
El tirángulo coralino tiene especies de hasta 30 millones de años de antigüedad. Esta resiliencia extraordinaria puede ayudar a explicar su gran diversidad.
Esta resiliencia extraordinaria puede ayudar a explicar por qué hay tantas especies en el triángulo de coral en la actualidad, dice Johnson.
«La razón por la que este es el lugar más diverso de la Tierra es que una vez que (un coral) llega aquí, no se extingue», sostiene.
Esto es muy diferente de cómo les fue a los corales en otros lugares, incluso en zonas como el Caribe que podríamos considerar hábitats coralinos vibrantes, dice Johnson.
«En otras partes del mundo donde hay arrecifes de coral, como el Caribe, se produjeron extinciones en el pasado», explica, que fueron causadas por cambios drásticos en el medio ambiente y el clima. «Así, hace dos millones de años, la mitad de las especies de coral del Caribe se extinguieron. Y por eso la diversidad es mucho menor allí».
En algunos lugares, los corales desaparecieron por completo: «El Mediterráneo solía tener muchos corales», continúa. «Pero el Mediterráneo se secó y los corales se extinguieron».
En el sudeste asiático, dicen los investigadores, el registro fósil sugiere que no hubo tal evento de extinción. Pero, al parecer, los corales también tenían otra ventaja, que incluso podría ayudarnos a proteger los hábitats marinos hoy en día: vivían en aguas turbias.
– El poder del lodo
Cuando pensamos en un hábitat coralino ideal, la imagen que se nos viene a la cabeza suele ser «agua clara, palmera en la playa», dice Johnson, una foto perfecta de las vacaciones con esos famosos arrecifes de colores vibrantes.
Pero, como señalan él y Santodomingo, eso es en parte sólo un reflejo de dónde hemos buscado tradicionalmente los corales: en aguas claras, donde es fácil verlos.
Los fósiles de Indonesia, sin embargo, cuentan una historia diferente. La investigación sugiere que vivían en aguas nebulosas y turbias, entre remolinos de sedimentos y el agua de lluvia.
«Creemos que estos ambientes turbios ayudaron a los corales a sobrevivir», afirma Santodomingo, quizá porque el entorno relativamente oscuro y desafiante favoreció la formación de un grupo de especies especialmente duras y resistentes, todas ellas con rasgos diferentes que les permitieron resistir durante millones de años.
Con el calentamiento global devastando los arrecifes de coral alrededor de todo el mundo, esta visión de los fósiles llevó a otra pregunta: si el agua turbia había ayudado a los corales en el pasado, ¿podría seguir haciéndolo hoy, en una era de calentamiento global y arrecifes diezmados?
Específicamente, ¿podría la turbiedad proteger los arrecifes de fenómenos dramáticos como el blanqueamiento coralino, en el que arrecifes enteros se vuelven de un blanco fantasmal como consecuencia del estrés térmico?
– Cuando las relaciones se vuelven tóxicas
La decoloración se produce cuando se rompe una relación crucial. Los corales albergan diminutas algas de colores, una relación mutuamente beneficiosa que existe desde mucho antes de que se extinguieran los dinosaurios y que hace que los arrecifes tengan el famoso aspecto del arcoíris.
«Los corales son básicamente agricultores, pero sus cultivos viven dentro de sus cuerpos», explica Johnson. «El coral se alimenta de las plantas que viven en su interior y las fertiliza con sus desechos animales. Es un círculo entre la planta y el animal».
Cuando el agua del mar se calienta a un nivel que estresa a los corales, por ejemplo durante una ola de calor marino, el coral expulsa la colorida planta y se vuelve blanco.
«Se convierte en una relación tóxica», explica Santodomingo, en la que el coral decide que es mejor enfrentar la crisis por su cuenta. Los científicos aún no han podido descubrir por qué esta relación normalmente beneficiosa se rompe en situaciones de estrés.
Una de las razones podría ser que las algas empiezan a comportarse más como un parásito que como un aliado, consumiendo más energía y nutrientes para su propio crecimiento.
Otra explicación es que, bajo temperaturas más elevadas, la planta produce sustancias nocivas para el coral.
Los arrecifes pueden recuperarse del blanqueamiento -en escencia, el acontecimiento estresante pasa y la planta vuelve a instalarse-, pero si el estrés es demasiado grave o se prolonga demasiado, los corales morirán.
Una gran variedad de vida marina florece en el triángulo coralino.
El agua turbia podría aminorar ese impacto y hacer que los corales se vuelvan más resistentes al blanquemiento, según han sugerido investigaciones. En 2020, científicos de la Universidad Sabah de Malasia investigaron cómo los arrecifes en aguas turbias y claras del triángulo respondían a una ola de calor.
Se enfocaron en dos hábitats en Malasia: el arrecife turbio de Sakar y el de aguas claras de Blue Lagoon. En los arrecifes turbios, menos del 10% de las colonias sufrieron el blanqueamiento, mientras que en los de aguas claras, un promedio de un 37% de las colonias coralinas se blanquearon.
Los resultados respaldan «la hipótesis de que los arrecifes turbios alojan comunidades de corales resilientes frente al cambio climático», concluye el autor del estudio.
Una posible explicación para este efecto protector es que ese blanqueamiento puede estar siendo causado no sólo por el calentamiento del agua marina, sino que también, por la intensa luz solar, afirma Johnson. «Cuando el agua es turbia, hay menos luz», agrega y eso podría proteger a los corales.
Un estudio de una ola de calor marina de 2016 que causó un blaqueamiento generalizado en la Gran Barrera de Coral también descubrió que los corales de aguas turbias, cerca de la costa, eran más resistentes al blanqueamiento que los de aguas claras. Los autores argumentaron que esto demostraba «la importancia de estos hábitats de arrecifes de coral, resistentes pero a menudo ignorados, como potenciales refugios durante las perturbaciones relacionadas con el clima».
– La amenaza del plástico
Por separado, un análisis de 2020 de datos sobre el blanqueamiento, la temperatura y la turbidez de más de 3.600 sitios de coral de todo el mundo, encontró que la turbiedad redujo el blanqueamiento del coral durante el estrés térmico.
«Sugerimos que estos entornos costeros turbios pueden proporcionar cierto refugio frente al cambio climático, pero estos arrecifes necesitarán un estatus de alta conservación para mantenerse cerca de poblaciones humanas densas», advirtieron los autores.
Dado que las aguas turbias tienden a estar cerca de la costa, donde la lluvia arrastra tierra al mar, están más afectadas por la contaminación humana, como los desechos plásticos de un solo uso, entre ellos, las botellas de plástico.
Los hallazgos han impulsado esfuerzos para proteger los arrecifes turbios en el triángulo de coral, dicen Santodomingo y Johnson. Por ejemplo, con un plan en marcha para expandir un área marina protegida en Malasia.
A medida que los arrecifes de aguas claras continúan sufriendo, estos arrecifes turbios podrían proporcionar un refugio para las especies de coral, explican los investigadores.
Mientras Johnson cierra suavemente el gabinete de fósiles llenos de maravillas, se dirige hacia otros gabinetes, llenos de corales recolectados por generaciones anteriores de investigadores y exploradores, desde el siglo XIX.
Algunas de estas antiguas colecciones ahora están siendo analizadas con métodos científicos modernos, para aprender más sobre los arrecifes y su historia, como tomografías computarizadas para examinar el interior de los fósiles sin cortarlos.
Un día, investigadores del futuro podrían hacer lo mismo con la colección reciente de fósiles utilizando métodos que hoy apenas podemos imaginar, señala el paleontólogo.
«Por eso las colecciones de museos son importantes», añade. «No podemos imaginar lo que será posible (en el futuro). Al igual que cuando recolectaron estos corales en la década de 1850; no podían imaginar lo que podríamos hacer con ellos ahora».