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Cómo los eclipses han cambiado el rumbo de la historia: desde antiguas guerras hasta Cristóbal Colón…


Imagen de archivo
Cristóbal Colón usó un almanaque para predecir un eclipse lunar y logró engañar a los habitantes de Jamaica para que ayudaran a su tripulación.

BBC News Mundo(R.Fisher) — De vez en cuando, un eclipse como el lunar total que tuvo lugar esta madrugada del 14 de marzo en Norteamérica y la mayoría de Sudamérica, cambia el rumbo de eventos históricos cruciales, para bien y para mal.

En una de las primeras novelas extensamente leídas sobre los viajes en el tiempo, publicada en 1889, Mark Twain escribió sobre un hombre cuya vida fue salvada por un eclipse.

En el libro de Twain «Un yanqui en la corte del Rey Arturo», el protagonista Hank Morgan queda inconsciente y despierta en la Inglaterra del siglo VI.

Hank pronto se encuentra en aprietos y es condenado a morir quemado en la hoguera.

Para su fortuna, su ejecución queda programada para el mismo día de un eclipse.

Sabiendo que se acerca el día, Morgan engaña al rey y a su gente haciéndoles creer que él controla el Sol y la Luna.

Su conocimiento anticipado lo absuelve de la pena.

Es una historia ficticia, pero podría haberse inspirado en eventos del mundo real.

– Influencia histórica

Cristóbal Colón una vez hizo algo similar y eso pudo haberle salvado la vida.

De hecho, a lo largo de la historia, varios eclipses han ocurrido en momentos cruciales, influenciando las decisiones de las personas, cambiando el resultado de batallas e incluso transformando lo que alguna vez creíamos sobre la naturaleza del universo.

Los eclipses han influido en la humanidad de muchas maneras, convirtiéndose en parte de innumerables culturas, sistemas de creencias y mitologías.

A lo largo de los siglos, las personas han asociado estos eventos cósmicos con dioses, fuerzas trascendentales, demonios y una sorprendente variedad de animales.

En Asia occidental, por ejemplo, se veía como un dragón devorando el Sol; en Perú, como un puma. Algunos nativos americanos hablaban de un oso hambriento y los vikingos veían a un par de lobos celestiales.

Pero, en ocasiones, un eclipse realmente puede cambiar el rumbo de eventos históricos.

Mark Twain
Mark Twain involucró al protagonista de una de sus novelas con el efecto de un eclipse.

– Los relatos de Heródoto

Uno de los ejemplos más antiguos conocidos de un eclipse que provocase un cambio sucedió durante una batalla hace más de 2.000 años, según explica el escritor Mark Littmann, de la Universidad de Tennessee, quien coescribió el libro «Totality».

En un escrito del año 430 a.C., el historiador griego Heródoto relató una guerra entre los lidios, quienes ocupaban regiones de la actual Turquía, y los medos, un antiguo pueblo iraní.

Después de seis años de lucha, con empates, victorias y derrotas a ambos lados, los oponentes se encontraron nuevamente.

Sin embargo, esta vez, «el día se convirtió de repente en noche», escribió Heródoto.

«Los medos y los lidios, cuando observaron el cambio, dejaron de luchar y estuvieron ansiosos por llegar a un acuerdo de paz».

En el siglo XIX, los astrónomos determinaron que Heródoto debió estar describiendo el eclipse solar del 28 de mayo del 585 a.C., según afirma Littman.

– Las consultas de Jerjes

Otro relato de Heródoto describe cómo Jerjes, líder del ejército persa, presenció un eclipse antes de invadir Grecia.

No está claro qué eclipse podría haber visto ese año, según Littmann, pero si el relato de Heródoto es confiable, Jerjes tuvo que haberse alarmado lo suficiente como para consultar a sus sacerdotes zoroastrianos.

Supuestamente, estos le dijeron que Dios estaba advirtiendo a los griegos sobre la inminente destrucción de sus ciudades.

«‘El Sol les pronostica a ellos y la Luna a nosotros'», habrían sugerido estos sacerdotes.

«Jerjes, instruido de esta manera, continuó su camino con gran alegría en el corazón», escribió Heródoto.

Pero resultó ser un consejo terrible. Jerjes atacó con éxito Atenas, pero después de que su armada fuera destruida, no tuvo otro remedio que retirarse.

A su regreso, sus ejércitos fueron derrotados. Luego, en el 465 a.C., fue asesinado.

Sin embargo, no sería esta la última vez que un eclipse resultaría crucial.

Ilustración
Pese a las recomendaciones, Jerjes preparó su barcos para invadir Grecia.

– Los líos de Colón en Jamaica

Avancemos más de 1.000 años, y nos encontramos con Cristóbal Colón en su último viaje.

En 1503, encalló sus barcos -que se hundían en Jamaica con sus tripulaciones desesperadas – habiendo perdido la mayoría de sus anclas y con las naves carcomidas lo suficiente como para estar «llenas de agujeros como un panal», según un biógrafo.

Temiendo tanto la inanición como el conflicto, Colón prohibió a su tripulación abandonar su base y tentativamente intercambió baratijas y joyas españolas por alimentos y agua con los locales.

El peligro siempre estaba presente: uno de sus grupos de exploradores fue reducido y capturado por lugareños hostiles cuando estaba explorando el punto más al este de Jamaica.

Para empeorar las cosas, en enero de 1504, algunos miembros de la tripulación se amotinaron y huyeron a la isla.

Abusaron y se burlaron de los habitantes de la isla, robaron provisiones y «cometieron todo tipo de excesos», escribió el biógrafo de Colón.

Después de semanas con esta situación, los habitantes locales perdieron su paciencia. La tolerancia dio paso al desprecio y al odio, y el comercio de alimentos se detuvo.

Colón y la tripulación restante se enfrentaron a la inminente inanición.

Pero mientras se acercaba el fin, Colón recordó que se aproximaba un evento astronómico: un eclipse lunar.

El 1 de marzo, reunió a líderes de las comunidades locales, les reprochó el haber retirado las provisiones y les advirtió: «El Dios que me protege los castigará… Esta misma noche la Luna cambiará de color y perderá su luz, en testimonio de los males que les serán enviados desde los cielos».

Y funcionó. Los temerosos locales cedieron y proporcionaron alimentos nuevamente. Colón prometió realizar un rito que los «perdonaría».

Cristóbal Colón en Jamaica - Ilustración
Cristóbal Colón se valió de un calendario para poder controlar a los habitantes de Jamaica en su última expedición al Caribe.

Desde la perspectiva moderna, es una historia inquietante.

Es probable que los pueblos indígenas tuvieran todo el derecho a evitar a los europeos saqueadores, y ciertamente no fue diplomacia ética el usar el conocimiento científico y amenazas falsas para salirse con la suya.

No obstante, plantea la pregunta de qué habría sucedido con Colón si el eclipse lunar no hubiera ocurrido ese marzo, puesto que el rescate no llegaría hasta junio.

Tal vez habría sido mejor para su reputación si hubiera muerto en Jamaica.

El resto de su vida no fue precisamente glorioso: regresó a España con una salud física y mental deteriorada, luchando por obtener reconocimiento oficial y dinero.

Sus patrocinadores dudaron de su estado mental e ignoraron sus peticiones.

Cristóbal Colón vivió infelizmente hasta su muerte en 1506.

De manera intrigante, los eclipses lunares como el de Colón parecen influir más en momentos cruciales que los eclipses solares, según Littmann.

¿Por qué?

Esto se debe a la cantidad de personas que pueden verlos. Aunque hay más eclipses solares, los eclipses lunares duran más tiempo y son visibles para más de la mitad de la Tierra.

«Es más fácil que influyan en la historia», explica.

– El eclipse de Tecumseh

Sin embargo, un eclipse solar sí desempeñó un papel importante en la historia de Estados Unidos.

En el siglo XIX, el líder nativo americano Shawnee Tecumseh y su hermano, un autoproclamado profeta, buscaban unir a su pueblo y preservar sus tradiciones ancestrales.

El gobernador designado del territorio, William Henry Harrison, quien luego se convertiría en presidente de Estados Unidos, tenía otras ideas y comenzó a persuadir a los líderes indígenas para que entregaran sus tierras.

Él sabía que Tecumseh y su hermano se interponían en su camino, así que, con la esperanza de desacreditarlos, les pidió una señal: si el profeta era tan poderoso, ¿por qué no detiene el Sol en el cielo?

Ilustración de Shawnee Tecumseh y William Henry Harrison
Los nativos norteamericanos también acudieron a sus cálculos astronómicos para tomar decisiones importantes.

Pero la estrategia le salió mal a Harrison.

El hermano de Tecumseh anunció que el Sol se detendría el 16 de abril de 1806.

«En el momento adecuado, salió con su vestimenta completa, señaló al Sol y dijo: ‘Oscurécete'», según relata Littmann.

No está claro cómo Tecumseh y su hermano sabían que habría un eclipse ese día.

Sin embargo, fue efectivo y fortaleció la influencia y reputación de los hermanos entre su pueblo.

Lamentablemente, cuentan los libros de historia que la consecuencia a largo plazo fue un retorno a la guerra.

– Beneficios relativos

Sin embargo, para Littmann, el eclipse más importante en la historia ocurrió a principios del siglo XX: el de 1919, que confirmó que Albert Einstein tenía razón en su Teoría de la Relatividad General y lo convirtió en uno de los científicos más famosos del mundo.

«En mi opinión, este eclipse fue determinante en la historia del mundo. Ese fue un punto de inflexión, en términos de ciencia, en términos de nuestra comprensión del universo y las actitudes de las personas», afirma Littmann.

«El universo es mucho más difícil de entender de lo que suponíamos en la época de la física newtoniana».

En pocas palabras, el eclipse solar de 1919 permitió a los científicos observar que el campo gravitacional del Sol desvía la luz de las estrellas, una predicción clave de la teoría de Einstein.

Albert Einstein y otros científicos
Un eclipse en 1919 habría sido clave en la confirmación de la teoría más famosa de Albert Einstein. (Foto de archivo)

– Coincidencias cósmicas

Aceptamos los eclipses totales de Sol como parte de la vida en este planeta, pero si el Sistema Solar se hubiera formado de manera diferente, no ocurrirían.

El Sol tiene un diámetro 400 veces mayor que el de la Luna y, al mismo tiempo, está situado a una distancia 400 veces mayor de la Tierra, lo que hace que ambos parezcan del mismo tamaño en el cielo. Es realmente una coincidencia notable.

En su libro «Totality», Mark Littmann señala que si la Luna tuviera un diámetro apenas 273 km (169 millas) más pequeño o estuviera más lejos, las personas nunca verían un eclipse solar total como el que se vio por última vez el 8 de abril de 2024.

Infográfico sobre eclipse anular

– ¿Dónde y cuándo serán los próximos eclipses?

El eclipse lunar total que tuvo lugar esta madrugada del viernes 14 de marzo se vio sobre Norteamérica y gran parte de Sudamérica.

También se caracterizó por ser una «Luna de Sangre», llamada así por el color rojizo que adoptó el satélite debido al fenómeno de filtración de la luz solar por la atmósfera.

En cuanto a un eclipse solar total, el próximo gran evento que podrá ser visto desde el continente americano ocurrirá en 2033, pero solo será visible desde Alaska.

Sin embargo, en los años intermedios, se podrán ver una serie de eclipses solares parciales y anulares desde la región . España tendrá uno total en 2027.

Y Australia correrá con la mayor suerte, ya que disfrutará de cuatro eclipses entre 2028 y 2038.

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Marzo, ¿comienzo del año?…


Marzo, ¿comienzo del año?

The Conversation(J.del Hoyo Calleja) — Ya hemos superado el ecuador del mes de marzo.

¿Podríamos decir también que se inicia ahora un nuevo año?

La pregunta no es tan absurda.

Hay indicios en nuestro calendario que parecen invitarnos a planteárnosla: el equinoccio de primavera es el primer cambio estacional del año, y el zodiaco comienza con Aries, signo de los nacidos entre marzo y abril.

¿Por qué, en los años bisiestos, añadimos un día a febrero y no a diciembre?

¿Por qué, si septiembre, octubre, noviembre y diciembre vienen del latín séptimo, octavo, noveno y décimo, son nuestros meses noveno, décimo, undécimo y duodécimo?

– El origen del calendario moderno

El año empieza hoy en enero, pero no siempre fue así. En el primer calendario romano, de diez meses, atribuido al mítico rey Rómulo, legendario fundador de Roma allá por el 753 a. e. c., el primer mes del año era marzo.

Más tarde aquel cómputo anual de 304 días, que tantos problemas daba al querer integrarlo en el año solar, sería modificado en doce meses por el rey Numa Pompilio, añadiéndose dos al final de la lista.

Fue en el año 153 a. e. c., según informa el historiador Tito Livio, cuando por una necesidad política, la toma de posesión de los nuevos cónsules, que hasta entonces se llevaba a cabo en marzo, se realizó el 1 de enero.

Pero aquello fue quizás más un cambio administrativo, político y práctico que un sentimiento popular. Todavía en la iconografía, en un mosaico del siglo IV conservado en el Museo de Soussa (Túnez), podemos comprobar que el primer cuadro está dedicado a Martius y el mosaico concluye con Februarius.

– Meses y dioses

Los primeros meses del calendario estaban dedicados a dioses. Así, marzo a Marte, dios de la guerra y de los campos, por el inicio de algunas labores agrícolas; abril a Venus, cuyo nombre en etrusco era Apru; mayo a la diosa Maya, madre de Mercurio; y junio a la diosa Juno, diosa del matrimonio.

A partir de ahí se seguía una correlación numérica: Quintilis, cambiado en el año 45 a. e. c. en Iulius en honor de Julio César. Fue él quien ordenó la renovación del calendario, llamado desde entonces juliano. Es prácticamente similar al vigente hoy, el gregoriano, con unas pocas modificaciones del papa Gregorio XIII en 1582.

Sextilis cambió en el año 8 a.e.c. a Augustus, en honor de Augusto, hijo adoptivo de César. Le seguían September, October, November y December, por su número. Los dos últimos eran Ianuarius, en honor de Jano, y Februarius, mes dedicado a las ceremonias de purificación (februa). Estos son los que fueron adelantados, como dijimos, poniéndose en cabecera del calendario.

Calendario Solar vs Calendario Lunar – Dividi2

– Del calendario lunar al solar

¿Y por qué ese capricho de alternar los meses con 31 y 30 días? Al establecerse según el calendario lunar, y ser el ciclo lunar de 29 días y medio (29,53 días exactamente), esto habría obligado a cambiar de mes a mediodía del trigésimo día, por lo que se estableció una alternancia de meses de 30 y otros de 29, completando de ese modo cada dos meses un ciclo de dos meses lunares.

Esto suponía un total de 354 días. Cuando se quiso adaptar el calendario lunar al solar, hubo que añadir 1 día a cada mes, quedando el último (febrero) sin añadido, en 28.

Pero aún hubo otra reforma, y es que el mes Sextilis, al pasar a Augustus, quedaba en 30, pero Augusto no podía permitir que su mes tuviera un día menos que el dedicado a su padre adoptivo Julio César, por lo que se amplió a 31. ¡Hay que ver adónde llegan los egos!

Y para que no hubiera tres meses seguidos con 31 días, se modificaron todos los meses desde agosto. Es decir, que aquel juego de los nudillos para saber qué meses tienen 30 y cuáles 31, no es nada académico.

– ¿Verano, estío o primavera?

Una última curiosidad sobre el nombre de las estaciones. En latín se llamaban veraestasautumnus e hiems. La segunda es la que derivó en nuestro estío. ¿De dónde procede, entonces, verano?

En los meses de mayo y junio había un tiempo primaveral (tempus veranum). De aquí quedó el verano como estación de dos meses y, al confundirse el nombre con la que era propiamente la primera estación, hubo que anteponer a ver el prefijo prima (la prima-vera).

Todavía en el siglo XVII nos habla Cervantes de cinco estaciones: primavera, verano, estío (de dos meses cada una), otoño e invierno (de tres meses), cuya disimetría fue regularizada en el siglo XVIII en cuatro estaciones de tres meses cada una.

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‘Vivir en la Tierra’: un viaje a través de 3.700 millones de años…


The Objective(G.Urrero) — Charles Darwin no zarpó en el Beagle para cambiar la historia. No pensaba en revoluciones científicas ni en teorías que harían temblar los cimientos del pensamiento occidental. Buscaba piedras e invertebrados. Insectos, rocas volcánicas, moluscos… Lo otro vino después, como un rayo en la oscuridad.

Fue la revelación de que la vida no solo se adapta al entorno, sino que lo talla, lo moldea, lo reconfigura. Como un escultor ciego que, al rozar la piedra, la transforma con una precisión casi sobrenatural.

Dos siglos después, Peter Godfrey-Smith, filósofo, buceador y profesor de Historia y Filosofía de la ciencia en la Universidad de Sídney, recoge el testigo de Darwin en Vivir en la Tierra. La vida, la consciencia y la formación del mundo natural. Un libro que no solo es un libro, sino un registro de los seres vivos que han dado forma a nuestro planeta.

También es la culminación de una trilogía que disecciona el despliegue de los habitantes de la Tierra como si fuesen dedos apretando arcilla.

Hace años, Godfrey-Smith inauguró esta serie con Otras mentes. El pulpo, el mar y los orígenes profundos de la consciencia (2016), un descenso a la mente alienígena de los pulpos: esos seres prodigiosos que piensan con los tentáculos.

Pocos años después, dio un paso más allá con Metazoos. La evolución de la vida y el nacimiento de la consciencia (2020), un acercamiento biológico al desarrollo de la percepción, el dolor y la voluntad. Ahora, en Vivir en la Tierra (2024), la visión se amplía y se completa: no solo importa cómo evolucionan los organismos, sino cómo reconfiguran el mundo a su paso.

«Una vez que se empieza a observar nuestro planeta desde el punto de la vida, entendida esta como causa -escribe el autor-, muchas cosas se antojan diferentes».

Ilustración de Ernst Haeckel (1834-1919).

– Cómo la vida configura el mundo que conocemos

El relato científico de Godfrey-Smith se estructura en tres actos, como sucede con casi todas las buenas historias.

 Acto primero: la vida como arquitecta. La fotosíntesis, el momento en que una célula decidió que vivir en grupo era mejor idea que hacerlo en soledad. Las plantas alterando el clima, modelando ríos, terraformando el planeta antes de que existiera la palabra «terraformar»… 

Acto segundo: la mente humana como herramienta de cambio. El lenguaje, la cultura, las manos que tallan piedras, los ojos que ya vislumbran un futuro que se acelera… 

Acto tercero: la humanidad como fuerza geológica. No como algo externo a la naturaleza, sino como una variable dentro de la ecuación.

La idea no es nueva: el biólogo y filósofo Jakob Johann von Uexküll ya hablaba del Umwelt, el medio ambiente propio de cada criatura. Un murciélago percibe el aire en forma de ondas, un pez cebra lee el agua como un libro abierto. Ninguno ve el mundo tal como es, porque «tal como es» no significa nada, a no ser que adoptemos la mirada de un dios.

En realidad, cada organismo selecciona su realidad y, al hacerlo, también la altera.

Ejemplo: hace 2.400 millones de años, unas bacterias insignificantes, sin cerebro ni voluntad, comenzaron a liberar oxígeno. Sin consultarlo con nadie, sin un plan ni un manifiesto, cambiaron la atmósfera y pavimentaron el camino para la existencia de músculos, nervios, cerebros. Aquella fue la mayor revolución biológica de la historia.

Cuando los mamuts dominaban la Tierra

Si unas bacterias pudieron alterar un planeta entero, ¿Qué no podrá hacer una especie como la nuestra?

Porque aquí entramos nosotros, los Homo sapiens. Que no solo existimos, sino que transformamos. Que convertimos ríos en presas, bosques en asfalto, animales en datos. Que, al igual que las cianobacterias, hemos desencadenado un cataclismo que ha modificado la superficie del globo. Con el matiz de que nosotros, a diferencia de nuestras antecesoras, sabemos lo que estamos haciendo.

Arrecife de coral.

– La ética vista desde la biología

Godfrey-Smith observa sin condenar, pero tampoco absuelve los pecados de nuestra especie: «Una panorámica de nuestro lugar en la evolución, en la historia de la Tierra, no nos dice lo que tenemos que hacer. Puede indicarnos acciones, compromisos que podríamos asumir, pero todo ello es, en gran medida, una elección.

Podemos afrontar el proyecto de proteger la naturaleza salvaje, pero también podríamos ir en otra dirección, en busca de una Tierra futura más benigna en algunos aspectos, aunque también más empobrecida».

En este sentido, el autor examina la hipótesis Gaia de James Lovelock (la Tierra como un sistema autorregulado, casi como un enorme ser vivo) con ceja arqueada y bisturí en mano. No compra esta teoría, pero la comprende. Al fin y al cabo, la interdependencia de los organismos no es misticismo, sino bioquímica.

También revisa estudios sobre la sincronía en tareas cooperativas –cuando dos mentes trabajan juntas, sus ondas cerebrales laten al unísono– y se pregunta qué significa eso para la evolución de la inteligencia.

Pero ojo, porque, a la hora de observar estos fenómenos, queda claro que la cultura no es un rasgo exclusivo de nuestro linaje. «Esto –subraya el autor–, hoy en día, se antoja falso, y cada vez aparecen más comportamientos aprendidos culturalmente en otras criaturas, sobre todo chimpancés, pero también en muchos más.

Las aves lira y los pergoleros son dos ejemplos de ello, las aves lira con sus repertorios de canto y (probablemente) los pergoleros con sus estilos decorativos. Incluso las abejas muestras formas sencillas de aprendizaje cultural. La pregunta de por qué otros animales carecen de cultura ha sido sustituida por otra.

¿Por qué despegó y se volvió tan elaborada en los humanos, mientras que en otras especies siguió siendo, por así decir, un elemento menor (casi inadvertido durante mucho tiempo)?».

No hay respuestas cerradas en Vivir en la Tierra. Hay ideas lanzadas como bengalas en la noche. Por eso, el libro no avanza en línea recta. Es un delta, una red de meandros. De pronto, estamos en la transición del nomadismo a la agricultura; un pestañeo después, en la inteligencia artificial. Las digresiones no son desvíos, sino raíces. Todo se conecta. Todo influye en todo.

Babosa de mar (Goniobranchus kuniei).

Pero hay una constante en esta obra: la ética. Por ello, la cuestión no es si los animales sufren (spoiler: sí, lo hacen), sino qué hacemos con esa información. No se trata de abolir la ganadería, desde luego que no, sino de preguntarse quién querría reencarnarse en un cerdo de granja industrial. En un pollo que jamás verá el sol. En una vaca que nunca caminará sobre la hierba.

«Una vida que valga la pena ser vivida». La frase flota sobre el libro como una amenaza. O como una súplica.

Godfrey-Smith no es un vegano intransigente ni un fanático animalista. No dicta sentencias. Solo observa el cuadro completo y deja que el lector saque sus propias conclusiones.

Y luego está la pregunta final. La que sobrevuela todo el libro, la que late bajo cada página como un tambor de guerra. Si la vida es tan ingeniosa, si la evolución ha construido mecanismos tan improbables como un cerebro que se pregunta por su propia existencia, ¿por qué la vida inteligente parece tan escasa?

Macaco japonés (Macaca fuscata).

Bacterias, algas, líquenes: de esos hay a montones. Pero no ocurre lo mismo con una mente capaz de mirar las estrellas y preguntarse qué hay más allá. Una mente como la del Homo sapiens, que teorice, que imagine, que escriba libros como este. Tal vez no haya nadie más en el universo capaz de ello. Tal vez sí. Tal vez no importe.

Al final, en las últimas páginas, Godfrey-Smith vuelve al océano. Al agua salada, a las criaturas que pululan en la oscuridad de los mares. A ese lugar donde todo comenzó y donde, quizá, todo termine. Llegados a este punto, no hay conclusiones grandilocuentes ni moralejas forzadas. Solo la certeza de que la vida sigue, incansable, transformando el mundo a cada latido.

nuestras charlas nocturnas.

El caos en una bola que bota…


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JotDown(A.T.P.Izquierdo) — Mi querido amigo, tengo el honor de enviarle adjunto un cheque por valor de 3.585 coronas, del que le ruego acuse recibo.

Su devoto amigo, Poincaré

Así escribía Henri Poincaré al matemático sueco Gösta Mittag-Leffler el 1 de junio de 1890. El cheque correspondía a los gastos de reimpresión del artículo titulado “Sobre el problema de los tres cuerpos y las ecuaciones de la dinámica” en la revista Acta Mathematica y tenía ni más ni menos que 227 páginas.

Pero vayamos al principio. Mittag-Leffler había persuadido al rey de Suecia Óscar II para que convocara un premio entre los matemáticos de toda Europa con motivo de su 60 cumpleaños, en enero de 1889. El rey era un amante de las matemáticas y accedió a la petición de Mittag-Leffler prometiendo 2.500 coronas suecas al ganador, junto con una medalla de oro con la efigie del rey.

El trabajo ganador sería publicado en un número especial de la revista Acta Mathematica. Los trabajos tenían que versar sobre uno de cuatro temas propuestos, entre los cuales se encontraba la estabilidad del sistema solar. Y este fue el tema escogido por Poincaré para presentarse al premio. Y ganó.

Aunque Newton había demostrado que un planeta sometido a la atracción gravitatoria del Sol describe una trayectoria elíptica cerrada de forma exacta, él mismo comprendió que la presencia de los otros planetas influiría sobre la órbita, pudiendo desestabilizarla. Bastantes años después el matemático francés Pierre Simon de Laplace demostró que la influencia de otros planetas introduciría oscilaciones periódicas en las órbitas elípticas, pero no las romperían.

Es decir, el sistema solar era estable y los planetas se moverían en sus órbitas elípticas, ligeramente perturbadas, por los siglos de los siglos.

Pero esta conclusión de Laplace fue puesta en duda en las décadas siguiente por otros grandes matemáticos, y para finales del siglo XIX la cuestión no se consideraba resuelta. Poincaré abordó el problema con motivo del premio del rey de Suecia y llegó a la conclusión… de que no había conclusión.

De entrada, Poincaré no analiza el sistema solar entero, sino que se restringe al problema de los tres cuerpos en mutua interacción gravitatoria. Y aún más, se limita al caso en el que uno de los cuerpos tiene masa despreciable y los otros dos describen trayectorias circulares, siendo uno de ellos mucho más masivo que el otro.

Como demuestra, este problema tan simplificado es ya demasiado complicado. En palabras del mismo Poincaré: «Muchas otras circunstancias nos hacen prever que la solución completa, si alguna vez se encuentra, requerirá instrumentos analíticos absolutamente diferentes de los que tenemos e infinitamente más complicados. Cuanto más se piensa sobre las proposiciones que demuestro más adelante, mejor entenderemos que este problema presenta dificultades sin precedentes…».

Poincaré acierta de pleno. Por un lado, durante todo el siglo XX se desarrolló lo que conocemos como teoría de sistemas dinámicos, de la que el trabajo de Poincaré es precursor. Y, por otro lado, la aparición de los ordenadores y los métodos numéricos de computación ha sido imprescindible para comprender muchas de las propiedades de las soluciones de sistemas de ecuaciones similares a los de los tres cuerpos.

Así, hoy día se hacen simulaciones por ordenador del movimiento del sistema solar en su totalidad. Y por ello sabemos que se trata de un sistema caótico. Pero este caos se manifestará en escalas de tiempo muy largas, de miles de millones de años, por lo que no hay que preocuparse por ello, de momento.

Henri Poincaré

El problema de los tres cuerpos es un ejemplo de caos determinista y Poincaré fue el primero en intuirlo. Por caos entendemos que el sistema se comporta de forma errática y casi aleatoria. El término determinista hace referencia a que, a pesar de ese comportamiento errático, está sometido a leyes bien definidas y determinadas.

En una de las secciones de su trabajo para el premio Poincaré analizaba el comportamiento de trayectorias como la de la figura 1, y que él mismo llamó homoclina. El punto marcado con un círculo es un punto de equilibrio del tipo punto de silla. Un cuerpo que estuviera cerca de este equilibrio tendería a acercarse a él según una dirección, pero tendería a alejarse por otra. En la homoclina la trayectoria saliente se convierte en entrante.

En un primer análisis Poincaré creyó que las perturbaciones no destruirían la homoclina. Esta se deformaría ligeramente, pero la curva saliente seguiría coincidiendo con la entrante.

Así figuraba en la memoria original enviada al jurado del premio del rey de Suecia. Pero, una vez otorgado el premio y durante la revisión de la memoria en el proceso de edición, el matemático sueco encargado de ello por Mittag-Leffler, Lars Edvard Phragmén, preguntó a Poincaré por esta cuestión, pidiéndole que ampliara el argumento. Y Poincaré se dio cuenta de que se había equivocado. En una carta del 1 de diciembre de 1889 escribió a Mittag-Leffler:

Mi querido amigo: escribí al Sr. Phragmén para hablarle de un error que yo había cometido y sin duda él os ha comunicado mi carta. Pero las consecuencias de este error son mucho más graves de lo que había creído en un principio.

Poincaré comprendió que la homoclina se rompía. La curva saliente, rama inestable del punto de silla, no coincide con la curva entrante, rama estable. La rama inestable tiende a volver al punto de silla, pero se acerca y se aleja en zig-zag, dando excursiones cada vez más alejadas, como se muestra en la figura 2. Poincaré lo describe así años más tarde en su libro Los nuevos métodos de la mecánica celeste:

…esta figura formada por dos curvas y sus intersecciones en número infinito, cada una de las cuales corresponde a una solución doblemente asintótica, estas intersecciones forman una especie de enrejado, de tela o malla infinitamente tupida; cada una de estas curvas no se cortan nunca consigo mismas, pero deben replegarse sobre sí mismas de manera muy compleja, para volver a cortar una infinidad de veces las fibras de la malla. Nos sorprenderá la complejidad de esta figura, que ni siquiera trato de dibujar.

Yo he dibujado parte de estas dos curvas con ayuda del ordenador en la figura 3. Se adivina la forma intrincada que se produce cuando calculamos más y más trozos de estas curvas. Esta estructura se conoce como enredo homoclino. Un objeto que siga una trayectoria en esta zona del espacio se moverá de forma errática.

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Figura 1: trayectoria homoclina.

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Figura 2: homoclina perturbada: la curva que sale del punto de silla parece querer regresar hacia él, pero se acerca y se aleja en zig-zag.

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Figura 3: enredo homoclino: las trayectorias estable (en azul) e inestable (en negro) del punto de silla se cruzan una infinidad de veces.

Mittag-Leffler no ocultó su disgusto con la situación creada. La memoria original ya había sido imprimida y estaba lista para su distribución, por lo que el dinero presupuestado para ello ya había sido gastado. Por ello pidió a Poincaré que se hiciera cargo de los gastos de edición e impresión de la memoria corregida.

Y esa es la razón por la que Poincaré le enviaba 3.585 coronas en la carta que he reproducido al principio. Así que no se puede decir que Poincaré hiciera un buen negocio: recibió 2.500 coronas, del premio, pero tuvo que poner 3.585, por la reimpresión.

De todas formas, la obtención del premio tuvo gran repercusión en toda Europa, y en Francia el gobierno otorgó a Poincaré la Legión de Honor. Y, lo que quizás sea más importante, la detección del error llevó a Poincaré a un descubrimiento mayúsculo, que dotaba a su trabajo de una repercusión aún mayor. En fin, ¿cuánto vale pasar a la historia?

El movimiento planetario está determinado por las leyes de movimiento de Newton y su ley de la gravedad. Todo ello se traduce en un conjunto de ecuaciones que los matemáticos llaman diferenciales. Este tipo de ecuaciones se aplica no solo al movimiento planetario, sino a una gran variedad de sistemas.

Poincaré comprendió que, en casos como el problema de los tres cuerpos en que no es posible una solución explícita y cerrada, era importante tener una comprensión al menos cualitativa de cómo se iba a comportar el sistema en su globalidad. Esta idea le llevó a desarrollar métodos cualitativos y, más tarde, le llevaría a la topología, toda una rama de las matemáticas.

Los conceptos desarrollados por Poincaré se aplican a cualquier sistema cuya evolución pueda expresarse en términos deterministas. En realidad, las figuras 1, 2 y 3 no las he obtenido resolviendo las ecuaciones del problema de los tres cuerpos. Corresponden a un problema más sencillo: el de una pelota que bota sobre una superficie oscilante. Cuando la pelota bota sale disparada hacia arriba y la ley de la caída de los cuerpos nos dice cuánto va a tardar en volver a golpear la superficie.

Dependiendo de la velocidad de la superficie en el momento del impacto la pelota rebota con una u otra velocidad. Utilizando toda esta información obtenemos dos ecuaciones algebraicas que nos dan la velocidad de la pelota y el tiempo de impacto en función de la velocidad y el tiempo del impacto anterior. Es lo que los matemáticos llaman una aplicación.

Dos parámetros controlan el problema: el coeficiente de restitución, que llamaremos a, y la amplitud de las oscilaciones de la superficie, que denotaremos por g. El coeficiente de restitución es el cociente entre la velocidad relativa de la bola respecto de la superficie después del choque y antes del choque.

Si a vale 1 la bola no pierde nada de su energía al chocar y sale con la misma velocidad, respecto de la superficie, que traía antes del choque. Si el coeficiente vale 0 la bola se frena totalmente y se queda pegada a la superficie. Para valores intermedios la bola pierde parte de su energía en el choque.

Las figuras 1, 2 y 3 corresponden al caso en que a vale 1. A todos los efectos esta situación es la misma estudiada por Poincaré para el problema de los tres cuerpos y sus intuiciones sobre el enredo homoclino se aplican de lleno a la bola que bota. El parámetro g controla la perturbación. En la figura 1 g vale 0,2. En las figuras 2 y 3 vale 1,8.

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Figura 4: Diagrama de recurrencia. Codificación: 1 rojo, 2 verde, 3 azul, 4 amarillo, 5 magenta, 6 cian, 7 blanco y 8 negro.

Pero si analizamos el problema para a distinto de 1, el sistema presenta un comportamiento aún más interesante. Y Poincaré también nos ayuda a estudiarlo. Otro de los resultados destacados que el matemático francés describe en su extensa memoria para el premio del rey de Suecia es el teorema de recurrencia.

En lo esencial este teorema establece que, para un sistema acotado, esto es, que no se extienda hasta el infinito, las trayectorias vuelven sobre sí mismas tarde o temprano. Este teorema ha inspirado lo que se denominan diagramas de recurrencia.

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Figura 5: Altura de la bola en función del tiempo para diferentes valores de los parámetros. Se presentan los casos en los que el número de Poincaré es 1, 2 y 3.

En la figura 4 he representado el diagrama de recurrencia de la bola que bota. En el eje horizontal está el coeficiente de restitución y en el eje vertical la amplitud de las oscilaciones. En cada punto está codificado en colores lo que algunos llaman el tiempo de Poincaré (en nuestro caso es un número natural), porque este tiempo de recurrencia fue definido por él en su artículo.

La idea es la siguiente: para un valor dado de a y g, iteramos muchas veces las ecuaciones, obteniendo la velocidad y el instante de sucesivos impactos. Nos fijamos en la velocidad de un impacto dado y la comparamos con la velocidad del impacto siguiente. Si son iguales le asignamos un 1. Si son diferentes, comparamos con el impacto siguiente y si son iguales le asignamos un 2.

Si son diferentes, volvemos a comparar con el tercero siguiente, y así sucesivamente. Lo que esto significa en la práctica es que si el número de Poincaré es un 1 los sucesivos botes se producen a intervalos iguales y siempre con la misma velocidad. La bola haría «tic, tic, tic…».

Si el número es 2 habrá dos saltos distintos y luego se repetirá el primero: «tic, toc, tic, toc…». Si el número es 3 tendríamos «tic, toc, tac, tic, toc, tac…». Etcétera. En la figura 5 he representado la altura de la bola en función del tiempo para los casos 1, 2 y 3.

He llegado a comparar hasta 8 saltos sucesivos y he asignado el color negro a los puntos con este número de Poincaré o superiores. En la mayoría de los casos en la zona negra el número es mucho mayor que 8, el comportamiento es caótico y la pelota bota irregularmente. Mis cálculos están limitados fundamentalmente por la capacidad de mi PC: los diagramas tienen un millón de puntos.

Una de las características de los sistemas caóticos deterministas, como el de la bola que bota, es que dan lugar a estructuras fractales. La figura 6 muestra una ampliación de una zona de la figura 4. En la figura 4, a varía entre 0,7 y 1 mientras que g lo hace entre 0 y 8. En la figura 6 los límites son 0,87 y 0,9, y 3,5 y 3,9, respectivamente.

Y la figura 7 es una segunda ampliación. Las tres figuras tienen el mismo número de puntos. Se observa que, a medida que ampliamos, se van revelando más detalles y las sucesivas ampliaciones muestran estructuras similares. Esta propiedad, en la que sucesivas ampliaciones muestran estructuras similares, se conoce como autosimilaridad.

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Figura 6: Diagrama de recurrencia. Ampliación

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Figura 7: Diagrama de recurrencia. Segunda ampliación

En la figura 4 las zonas más interesantes, donde se manifiestan la fractalidad y la autosimilaridad, son las fronteras entre la región roja y la negra, donde vemos varios colores. Ahí el comportamiento es muy sensible al valor concreto de los parámetros.

La bola que bota sobre una superficie oscilante es un sistema muy sencillo. Tiene dos variables: el tiempo de bote y la velocidad tras el impacto. Y dos parámetros: la amplitud de las oscilaciones y el coeficiente de restitución. Y sin embargo presenta un comportamiento dinámico muy complejo. Es algo que ya vislumbró Poincaré y que físicos y matemáticos desvelaron a lo largo del siglo XX.

Este sistema también ilustra un concepto importante. Tanto la regularidad como la aleatoriedad absolutas son anodinas. En un mundo perfectamente periódico no habría cambios ni evolución. Y en un mundo completamente aleatorio todo intento de aprendizaje o adaptación sería inútil, porque las circunstancias cambiarían caprichosamente.

Las cosas interesantes pasan en esa zona intermedia donde el comportamiento no es completamente periódico ni completamente aleatorio. Esa es la zona de la vida, y también la del amor o la desesperación.

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¿Es la palabra ‘medioambiente’ una mala traducción?…


Es la palabra 'medioambiente' una mala traducción?

The conversation(B.M.Gracia/F.J.R.Orecilla) — La historia de las lenguas, como la de nuestras vidas, está repleta de pequeños malentendidos que tienen consecuencias con las que aprendemos a convivir.

Este artículo va a tratar, precisamente, de malas traducciones, y de cómo muchas de ellas han pasado a formar parte del español, sin que su origen sea ya relevante.

¿Cómo dejamos que sucedan estos errores?

En primer lugar, hay que tener presente que las lenguas naturales cambian constantemente, y que muchos de estos cambios son el resultado de “errores” (inconscientes) de transmisión de la lengua, fenómeno conocido en Lingüística como reanálisis.

También ayuda que, ya desde muy pronto, aprendemos a no tomarnos los errores lingüísticos demasiado en serio.

Los niños usan incorrectamente muchas palabras mientras están aprendiendo a hablar. Además, ¿quién no ha jugado alguna vez al “teléfono roto” y se ha divertido comprobando cómo se distorsiona un mensaje original a través de la cadena de oyentes?

Finalmente, los hablantes de una lengua entran en contacto con otras, de las que toman palabras y estructuras prestadas, con mayor o menor acierto. Por eso podemos encontrarnos con traducciones desafortunadas desde que tenemos registros escritos.

– De ‘traiciones’ bíblicas y bélicas

Moises de Miguel Ángel. 

Traduttore, traditore. Como reza el dicho italiano, traducir es cosa de traidores. Y hay errores de traducción que forjan leyendas.

Durante siglos, se representó a Moisés con cuernos porque en la traducción latina de la Biblia, la Vulgata de san Jerónimo, se dice que este descendió del Monte Sinaí sin percatarse de que su cara estaba cornuta, ‘cornuda’.

Múltiples blogs y sitios de internet acusan a san Jerónimo de haber confundido la palabra hebrea qāran “resplandecía” con qeren ‘cuerno’.

En realidad, san Jerónimo estaba usando metafóricamente la expresión cara cornuda para traducir que su cara resplandecía, tal y como aparece en la traducción griega de la Biblia.

San Jerónimo trabajaba con la traducción griega junto al texto hebreo. Simplemente, en la Antigüedad tardía los cuernos se consideraban una manifestación simbólica del poder de la divinidad.

No menos sonada es la polémica existente en torno a la siguiente frase del Nuevo Testamento: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios” (Mateo 19:24).

Muchos han sospechado que se trata de un error de traducción, probablemente de hablantes de arameo pasando las enseñanzas de Jesús al griego.

Hay dos hipótesis: la primera, una confusión entre las palabras griegas para camello (κάμηλος) y soga (κάμιλος), algo quizá más factible de enhebrar. La confusión se habría visto facilitada porque la segunda vocal de las dos palabras (kámēlos : kámilos) se pronunciaba igual en esa época.

El camello y la aguja… 

Como las comparaciones con el camello son muchas en la Biblia, hay una segunda hipótesis: que las palabras empleadas para ojo de la aguja, distintas en cada Evangelio, signifiquen en realidad grieta.

En este caso, el camello tendría dificultad para pasar, simplemente, por un lugar demasiado estrecho.

Como sucede con los cuernos de Moisés, se trata de un problema de choque cultural: siglos después, lo que a san Jerónimo o a cualquier habitante de Oriente Medio le sonaba normal, a un lector de otro contexto le podía resultar extraño.

– El silencio atómico de Japón

Es célebre otro supuesto error de traducción de tintes históricos: la interpretación de la palabra japonesa mokusatsu como ‘lo despreciamos’ en lugar del pretendido ‘sin comentarios’. Mokusatsu fue la respuesta oficial de Japón a la demanda aliada en la Declaración de Potsdam de rendirse incondicionalmente en la Segunda Guerra Mundial.

La expresión era ambigua y agresiva (el sentido literal de los signos japoneses es asesinato silencioso). Se interpretó que Japón rechazaba esos términos, algo que contribuyó a la decisión del presidente Harry S. Truman de llevar a cabo los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Tras la guerra, Japón esgrimió como justificación un error de comprensión por parte del mando norteamericano. Desde luego, traducir de una lengua a otra no siempre es comprender una cultura ajena.

– ¿Medioambiente se originó en un error de traducción?

Uno de los casos más comentados es el que atribuye a una traductora sueca en 1972 la acuñación del término medioambiente (o medio ambiente), debido a un descuido en la traducción de environment juntando sus dos sinónimos en el diccionario: ‘medio, ambiente’. Simplemente, omitió la coma.

Pero parece discutible que usar en español la expresión medio ambiente se deba a un error de traducción.

Uso de la palabra medioambiente en 1872. Vilanova y Piera, Compendio de geología, 1872

Como filólogos que somos, para verificar la fecha de incorporación de la palabra acudimos a los corpus de la Real Academia Española. En este caso, el Corpus del Diccionario histórico de la lengua española nos deparaba una gran sorpresa: la primera documentación de medio ambiente con un significado claramente afín al que manejamos actualmente se da en un texto de José Echegaray ¡de 1870!

No es una casualidad, ni mucho menos. La escritora Emilia Pardo Bazán también lo emplea hasta cuatro veces en La cuestión palpitante de 1883, al igual que Juan Vilanova y Piera, en su Compendio de geología de 1872.

Pardo Bazán, La cuestión palpitante, 1883. Archive.org

Así que parece que podemos descartar que esta expresión deba su presencia en nuestra lengua a una señora sueca (a lo sumo, sería responsable de su revitalización). Sobre la necesidad de una divulgación lingüística informada hemos advertido en otros foros.

– Compuestos tautológicos y redundancias

De haberse conformado, efectivamente, la palabra medioambiente por el solapamiento de dos sinónimos, nos encontraríamos con una unidad, poco frecuente, que se denomina compuesto tautológico, como la palabra pathway en inglés, literalmente, ‘camino, camino’.

Mucho más habituales son los ejemplos de lo que se denomina redundancia léxica, como insistir de nuevo o peluca postiza. En definitiva, no solo los hablantes extranjeros cometen errores de uso que implican la repetición de conceptos.

– Es de humanos cometer errores… y de máquinas también

En pleno siglo XXI, es imposible estar en el mundo y no toparse con errores humanos de traducción. Internet se hace eco de los más hilarantes. Ahora bien, las decisiones de traducción humanas son a veces, por casualidad o quizá por el buen hacer, fuente de inesperados hallazgos.

El rincón de Mortimer

Augusto Monterroso, en su divertido ensayo Sobre la traducción de algunos títulos comentaba con sorna diversos ejemplos: José Bianco tradujo The Turn of the Screw de Henry James por Otra vuelta de tuerca; la traducción literal hubiera sido La vuelta del tornillo, que en inglés se refiere a ‘coacción’.

Obviamente, Otra vuelta de tuerca suena mucho mejor que la traducción literal, es mucho más expresiva que La coacción, y por eso se ha integrado en el uso habitual.

En el caso de The Importance of Being Earnest de Oscar Wilde, su traducción literal es La importancia de ser formal (o serio), pero se suele conocer en el mundo hispánico por La importancia de llamarse Ernesto, un buen intento de mantener cierto tono juguetón, ya que en el original inglés, earnest es una alusión al (presunto) nombre del protagonista, Ernest.

Lo cierto es que hubo intentos de mantener el juego de palabras, cambiando el nombre del personaje por Severo o Franc (en catalán)

El País, 07/07/2016

En lo que respecta al uso de las inteligencias artificiales, incluso la traducción automática del inglés, tan perfeccionada, falla estrepitosamente a la hora de identificar matices como los que median entre una auténtica joya y una joya auténtica o un montón de libros y unos libros del montón (compruébelo en casa).

Así, queremos convocar a los profesionales de la traducción de lenguas diversas para que firmen un artículo en The Conversation compartiendo las más disparatadas interpretaciones que la traducción automática hace de pasajes de su lengua.

Quizá, el día que las máquinas resuelvan cuestiones lingüísticas mejor que las personas, sea el día que por fin un camello pase por el ojo de una aguja.

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Cómo son y dónde se encuentran las 7 de las cascadas más hermosas del mundo…


Infobae(C.Caruso) — A lo largo del mundo, existen caídas de agua que se convirtieron en emblemas naturales por su magnitud y belleza. Algunas destacan por su imponente altura, mientras que otras impresionan por el caudal con el que el agua se desploma sobre el terreno.

Desde formaciones enclavadas en densas selvas hasta aquellas rodeadas de glaciares o montañas, estas cascadas no solo son espectáculos visuales, sino también ecosistemas fundamentales que albergan una gran diversidad de vida.

Además de su impacto en el paisaje, muchas de estas maravillas han sido fuente de mitos y relatos históricos. Hoy, son destinos turísticos de gran atractivo, donde viajeros pueden recorrer senderos, navegar por sus aguas o simplemente contemplar la fuerza con la que el agua moldea la tierra.

– Cataratas del Niágara, Estados Unidos y Canadá

En la frontera entre Estados Unidos y Canadá, las Cataratas del Niágara se desploman con un caudal masivo que las convierte en una de las formaciones de agua más impactantes del planeta. Están compuestas por tres caídas: Horseshoe Falls, en el lado canadiense; American Falls, en el estadounidense; y Bridal Veil Falls, más pequeña pero igualmente llamativa.

Su altura de 51 metros puede parecer modesta en comparación con otras cascadas, pero su volumen es uno de los más altos del mundo. Desde Nueva York y Ontario, las vistas panorámicas y las excursiones en barco acercan a los visitantes a la bruma y el estruendo de este fenómeno natural.

– Cataratas Victoria, Zimbabue

El río Zambeze se precipita desde 108 metros de altura y recorre 1,7 kilómetros en las Cataratas Victoria, una de las más espectaculares del mundo. Conocidas como “Mosi-oa-Tunya”, o “el humo que truena”, dentro del parque nacional homónimo, generan una neblina que se divisa a varios kilómetros.

En 1855, David Livingstone las bautizó en honor a la reina Victoria tras quedar fascinado por su magnitud. Hoy, la zona es un destino clave en el turismo de aventura, con actividades como rafting en rápidos, paseos en helicóptero y caminatas junto al abismo.

– Catarata Gocta, Perú

Durante siglos, los habitantes de la selva amazónica peruana conocían la existencia de Gocta, pero no fue hasta 2006 que su impactante altura de 771 metros la colocó en el mapa mundial.

Su acceso no es sencillo: se llega tras una caminata de cinco horas a través de una densa vegetación donde es posible cruzarse con monos tucanes. Aislada en un entorno de montaña, la catarata se convirtió en un imán para el ecoturismo, ya que atrae a quienes buscan paisajes inexplorados y senderos poco transitados.

– Seljalandsfoss, Islandia

Entre las muchas cascadas de Islandia, Seljalandsfoss es una de las más singulares. Su caída de más de 60 metros no es lo único que la hace especial: un sendero permite caminar detrás del agua, y ofrece una perspectiva única.

Alimentada por el glaciar Eyjafjallajökull, se encuentra en un entorno de verdes praderas. En invierno, la cascada se congela parcialmente, lo que transforma el paisaje en un espectáculo de hielo.

– Cataratas del Iguazú, Argentina y Brasil

En plena selva misionera, el río Iguazú se divide en 275 saltos que conforman una de las maravillas naturales más impactantes del mundo. La Garganta del Diablo, con 80 metros de altura, es el punto más imponente del conjunto.

La experiencia cambia según el país: en Argentina, pasarelas permiten acercarse a las caídas de agua, mientras que en Brasil la vista panorámica ofrece una dimensión completa del paisaje. Además de su atractivo visual, la zona es un refugio para diversas especies de flora y fauna, como tucanes y coatíes.

– Salto Yosemite, Estados Unidos

En el corazón del Parque Nacional Yosemite, el agua cae desde 739 metros en una serie de tres saltos que forman el Salto Yosemite, la cascada más alta de California.

Su caudal varía según la estación: en primavera, el deshielo de la Sierra Nevada lo convierte en un torrente rugiente, mientras que en verano puede secarse casi por completo. Desde distintos puntos del valle, se pueden apreciar vistas inigualables de esta caída de agua rodeada de bosques de secuoyas y acantilados de granito.

– Cataratas del Rin, Suiza

No es su altura lo que impresiona, sino la potencia con la que el agua del río Rin se desploma en estas cataratas, las más caudalosas de Europa. Con 23 metros de altura y 150 de ancho, su fuerza genera un estruendo constante y una neblina que envuelve la zona.

Varias plataformas permiten acercarse al borde del agua. La vista se complementa con el Schloss Laufen, un castillo medieval que domina el paisaje.

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¿Cómo maltratan los Narcisistas?…


Psicología y Mente — El narcisismo es un trastorno de personalidad caracterizado por una exagerada necesidad de admiración y una profunda falta de empatía hacia los demás. Cuando estas características son extremas, pueden dar lugar a comportamientos abusivos hacia aquellos que se encuentran cerca del narcisista. Las víctimas de maltrato narcisista sufren consecuencias emocionales y psicológicas devastadoras, ya que este tipo de abuso es sutil, pero insidioso.

A menudo, el narcisista manipula, controla y menosprecia a la persona para mantener su poder, lo que puede pasar desapercibido por quienes no están directamente involucrados. Reconocer las tácticas utilizadas por los narcisistas para maltratar es fundamental para poder protegerse y sanar. En este artículo, exploraremos cómo los narcisistas maltratan, las consecuencias de este abuso y cómo las víctimas pueden salir de una relación con un narcisista para recuperar su bienestar.

– ¿Qué es el narcisismo?

El narcisismo es un rasgo de personalidad caracterizado por una visión exagerada de uno mismo, necesidad de admiración y falta de empatía. Sin embargo, cuando estas características son extremas persistentes, pueden formar parte del Trastorno Narcisista de la Personalidad, una condición psicológica que afecta la manera en la que las personas se relacionan con los demás.

A diferencia del narcisismo “común”, que puede manifestarse en ciertos momentos sin ser patológico, el narcisista con Trastorno Narcisista de la Personalidad presenta un patrón estable de manipulación y desvalorización de los demás. Su conducta suele girar en torno a la obtención de poder, validación y control sobre quienes lo rodean.

Uno de los aspectos más problemáticos del narcisismo patológico es la falta de empatía, lo que les permite justificar su abuso sin sentir culpa. Esta combinación de rasgos hace que sus relaciones sean dañinas y, en muchos casos, destructivas para las víctimas.

– Tipos de maltrato que ejercen los narcisistas

El 'abuso narcisista' se ha vuelto algo común. Pero, ¿qué es? - Infobae

Los narcisistas, debido a su necesidad de control, poder y validación, utilizan diversas formas de maltrato para dominar a las personas a su alrededor.

A continuación, se describen los tipos más comunes de abuso que ejercen.

1. Maltrato emocional y psicológico

El narcisista utiliza tácticas de manipulación emocional para socavar la confianza y estabilidad mental de la víctima. Una de las formas más comunes es el gaslighting, una técnica que hace que la víctima dude de su propia percepción de la realidad. El narcisista distorsiona hechos y situaciones para que la víctima crea que está exagerando o perdiendo el juicio.

Además, el abuso psicológico incluye la desvalorización constante, en la que la víctima es frecuentemente ridiculizada y descalificada, lo que mina su autoestima. La indiferencia emocional también es habitual: el narcisista se muestra distante e incapaz de ofrecer apoyo emocional, lo que deja a la víctima sintiéndose vacía y no reconocida.

2. Maltrato verbal y social

El abuso verbal es otra herramienta que los narcisistas utilizan para mantener el control. Esto puede incluir insultos directos, humillaciones públicas o ridiculización constante para crear inseguridades en la víctima. Además, suelen buscar el aislamiento social de sus víctimas, manipulándolas para que se alejen de amigos y familiares.

En casos más extremos, el narcisista lleva a cabo una campaña de difamación contra la víctima, esparciendo mentiras o tergiversaciones para que otros también la rechacen.

3. Manipulación y abuso encubierto

El narcisista también emplea técnicas de abuso más sutiles, como el love bombing, en el que inicialmente muestran un afecto exagerado para enganchar a la víctima, solo para luego quitarle valor y alejarla emocionalmente. Otra táctica común es la victimización, donde el narcisista juega el papel de víctima para evadir cualquier culpa y seguir manipulando a los demás.

Además, el castigo silencioso es una forma de abuso emocional en la que el narcisista retira su afecto o atención como castigo, lo que deja a la víctima en una constante búsqueda de aprobación.

Así utilizan la estrategia de la triangulación para manipularte

– Cómo protegerse y salir de una relación con un narcisista

Salir de una relación con un narcisista puede ser un proceso desafiante, ya que el control psicológico y la manipulación emocional hacen que la víctima se sienta atrapada. Sin embargo, es fundamental reconocer las señales de abuso para poder dar el primer paso hacia la recuperación.

1. Reconocer las señales

Reconocer las señales de abuso es esencial. Estas incluyen el gaslighting, la manipulación emocional, las críticas destructivas y la constante devaluación. Aceptar que se está siendo maltratado es el primer paso hacia la liberación. La educación sobre el trastorno narcisista también es importante para entender que el comportamiento del abusador no es una reflexión de uno mismo, sino una manifestación de su trastorno de personalidad.

2. Apoyo emocional

Buscar apoyo emocional es crucial. Hablar con amigos, familiares o profesionales de la salud mental puede proporcionar el respaldo necesario para tomar decisiones difíciles. Las víctimas de abuso narcisista a menudo se sienten aisladas, por lo que crear una red de apoyo es vital para mantener la claridad mental y emocional.

3. Establecer límites

Una vez que se ha tomado la decisión de salir de la relación, es importante establecer límites claros y mantenerlos firmes, incluso si el narcisista intenta manipular la situación. Si es posible, cortar todo contacto con la persona narcisista y buscar ayuda profesional para sanar y reconstruir la autoestima.

En conclusión, el maltrato narcisista es insidioso y destructivo, afectando profundamente la salud mental de la víctima. Reconocer las señales de abuso y buscar apoyo son pasos clave para salir de una relación con un narcisista. La sanación es posible, pero requiere tiempo, apoyo emocional y, en muchos casos, ayuda profesional para restaurar la autoestima y recuperar el bienestar.

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No quieres tener un millón de amigos…


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JotDown(A.García) — Hace cientos de miles de años que los humanos sabemos perfectamente que necesitamos del grupo para nuestra supervivencia. El contacto frecuente con otros semejantes presenta múltiples beneficios materiales y psicológicos, principalmente protección, ayuda mutua o afecto.

Es por esto que la soledad, el vernos rechazados o marginados del grupo más cercano a nosotros, sea uno de los miedos principales y más aterradores de las personas. Por lo que, en correspondencia, un problema recurrente en psicoterapia es la necesidad de tener amigos.

Cada vez más personas pasan por la consulta del psicólogo preocupadas por una sensación mayor de desarraigo y aislamiento en su día a día, que suele dedicarse a largas jornadas laborales, a mantenimiento y logística de la vida cotidiana; hay quien además está estudiando, cuida de algún familiar y si queda un resquicio en la agenda, aprovecharlo para tomar un indispensable descanso.

El invento de las redes sociales, llamado a facilitar la construcción de redes de amistades entre los usuarios, parece haberse convertido más en un sustituto que en un potenciador. Paradójicamente estamos más conectados que nunca y sin embargo nos sentimos más solos en medio del triunfo de las sociedades individualistas.

La amistad es esencial para nuestra calidad de vida y uno de los factores principales que contribuyen al bienestar y la felicidad de los seres humanos (Demir, 2015); un aliado importante cuando nos enfrentamos a malos tiempos o problemas psicológicos de toda clase. Si hay tantas ventajas, ¿cómo puede ser que tantas personas sufran un bloqueo a la hora de conocer a alguien? La respuesta es compleja y requiere primero hacerse una idea de qué se entiende por amistad.

Podríamos definir la amistad como una relación interpersonal —es decir, que implica una reciprocidad— construida entre dos personas y que incluye además un componente importante de cercanía e intimidad (Amichai-Hamburger, 2012).

Se ha de entender como una interdependencia donde dos personas adquieren un compromiso implícito de asistencia mutua en el que también se ha de destacar la dimensión del compañerismo entendido como el tiempo y las actividades desarrolladas en común.

Por último, no hay que olvidar que, como en cualquier otro tipo de vínculo estrecho, existe un factor de conflicto potencial y de control psicológico: el establecimiento de una amistad implica cierto grado de exposición a la retirada de afecto o desaprobación en función de aquello que se juzgue inadecuado, y por tanto modula el comportamiento prosocial (Padilla-Walker, 2014).

En estos términos, construirse una red de amistades, especialmente de carácter íntimo, puede parecer una tarea descomunal, puesto que necesita movilizar multitud de recursos personales, psicológicos —además de, por descontado, dedicar tiempo— y nos va a exigir enfrentarnos a situaciones sociales, campo abonado para la aparición de nuestros miedos y distorsiones favoritas.

Encontrarse en un momento vital donde la sensación de soledad sea muy notoria, como por ejemplo al terminar los estudios, cambiar de trabajo, divorciarse, mudarse a un país o ciudad nueva, etcétera, puede aportar un sesgo negativo de entrada. Ante todas estas dificultades es habitual que los beneficios a medio plazo de la inversión a realizar se vean borrosos.

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Sabiendo que no hay nada que nos garantice que toda esta inversión en sociabilidad dará los resultados que deseamos; la metáfora podría ser la del buscador de oro en los ríos del Yukón, que no sabe cuándo ni dónde encontrará la tan deseada pepita de oro.

Pero antes de hacernos una bola en el sofá y decidir aislarnos del mundo ante semejante esfuerzo, quizá sería interesante plantearse cómo es una red de amistades.

En general, se acude a dos parámetros principales para medirla; la cantidad de contactos y la calidad del vínculo (Demir, 2015).

Así que una de las primeras preguntas que uno puede hacerse es de cuántas amistades estamos hablando.

La mayoría ansía un vínculo de intimidad, disponer de lo que llamamos «mejores amigos», y los suele cifrar en no más de cuatro o cinco.

Un número asombrosamente constante que coincide con las conclusiones de Robin I. M. Dunbar al respecto.

Este psicólogo y biólogo evolucionista británico lleva investigando desde 1975 el comportamiento prosocial de primates y humanos, y sostiene que tanto el tamaño como la calidad de las relaciones de amistad de los homínidos están restringidos por factores diversos como la capacidad cognitiva y el tiempo y capital emocional invertido.

En última instancia, las dimensiones de la red de relaciones de un individuo estarían correlacionadas con el tamaño de su neocórtex: la Teoría del cerebro social implica que el enorme cerebro de los primates habría evolucionado para manejar la inusual complejidad de su mundo social (Dunbar, 2018).

En el caso de los humanos, parece existir un límite consistente de unos ciento cincuenta contactos de promedio, una cifra común detectada en organizaciones tan dispares como sociedades de cazadores-recolectores, ejércitos modernos, comunidades rurales o incluso en mamíferos altamente sociales.

Nuestras redes sociales se organizan además en una especie de «círculos de amistad» (Dunbar, Roberts 2010), en los que estructuramos la jerarquía de proximidad en capas concéntricas: la más íntima corresponde a la cifra de hasta cinco amistades —incluida nuestra pareja si la tenemos—, el círculo de «simpatía» a unos doce o quince individuos con los que tenemos una buena conexión y decreciendo progresivamente en cercanía emocional, los de conocidos hasta cincuenta y finalmente el tope de ciento cincuenta, que forma el nivel más exterior.

Pues bien, parece ser que dedicamos el 40% de nuestro tiempo social al círculo más estrecho y un 20% al inmediatamente posterior; son aquellos a quienes contactamos con más frecuencia.

Para forjar unas conexiones más íntimas es necesaria una mayor inversión de tiempo, estar presente con mayor periodicidad y dedicar más habilidades cognitivas y emocionales, de tal manera que, si dejamos de sostener la frecuencia de contacto con alguien, caerá a alguno de los círculos exteriores.

De hecho, parece ser que iniciar una relación sentimental provoca que desviemos recursos sociales de tal manera que alguna de nuestras amistades íntimas se desplaza a la zona de simpatía, que correspondería al famoso «efecto de desaparición» de algunas personas cuando se emparejan.

Hay cierta variabilidad en este número de Dunbar en función de varios parámetros, además del tamaño de nuestro cerebro; por ejemplo, los extrovertidos tienen redes más amplias, pero de conexiones más débiles (Pollet, 2011).

Normalmente las redes de amistades de los jóvenes son más ricas y densas, ya que su promiscuidad social es mayor, para decaer con la edad cuando aparece el fenómeno de la soledad en edades avanzadas. Las mujeres tienden a formar círculos íntimos más grandes, incluida la figura de la «mejor amiga para siempre» (best friend forever), generalmente una mujer (Dunbar, 2018).

Hay incluso estudios sobre cómo gestionan sus amistades los individuos de la llamada «tríada oscura»: los psicópatas buscan amistades volátiles; los maquiavélicos, que puedan ser fácilmente explotadas; y los narcisistas son los más variados, oportunistas y por tanto menos restrictivos (Jonason, 2012).

Ahora que sabemos que no hacen falta tantos amigos, ¿qué tengo que hacer para crear esta red? Para que una amistad empiece a rodar se necesita proximidad: cercanía en el espacio y en el tiempo, más disponibilidad para aquellos que me interesan (Amichai-Hamburguer, 2012).

Quiero tener un millón de amigos? - Periódico El Regio

Un segundo aspecto importante es la similaridad, pues es más probable que nos hagamos amigos de quienes se parecen a nosotros, en términos de apariencia física, intereses y rasgos psicológicos comunes, origen étnico o trasfondo cultural (KupersmidtDeRosier y Patterson, 1995; Schneider, 2000; TessierTremblay y Bukowski, 1994).

Dunbar propone una serie limitada de siete dimensiones que predicen nuestras elecciones de amistades: el género, la lengua (o mejor aún, la variante dialectal, ya que nos une más estrechamente a una comunidad), el lugar de origen —dónde creciste—, la historia educativa, los intereses y aficiones —incluidos gustos musicales—, el sentido del humor y la visión del mundo en el plano moral, religioso y político. Así que no, los extremos no se atraen: solemos juntarnos por afinidad.

Internet es una aliada en este proceso de selección; ofrece acceso inmediato a personas con opiniones, creencias, rasgos e intereses parecidos a los nuestros, puesto que las redes sociales tienden a segmentar por afinidad de opiniones, y nos resulta más fácil detectar afinidades (Ben-Ze’ev, 2005; Schneider y Amichai-Hamburger, 2010).

Los expertos no terminan de ponerse de acuerdo sobre si la irrupción de las redes sociales provoca un desplazamiento de las físicas o bien resultan en una estimulación que enriquece las redes de amistades reales (Valkenburg y Peter 2011), aunque parecen apuntarse algunas evidencias de lo segundo.

Sin embargo, con matices: si hablamos de internet, el tiempo social invertido es más efectivo normalmente entre gente que vive en la misma zona (Mazur y Richards, 2011) o para incrementar el contacto entre parientes y amigos que están fuera de alcance (HamptonWellman 2001).

Si no tenemos tiempo para relaciones reales, es muy probable que lo usemos como sustituto dada su comodidad e inmediatez, pero no resolverá por sí sola la sensación de soledad. Para la intimidad, internet puede ser un entorno menos amenazador en personas con inhibiciones sociales, debido a la protección que el anonimato y la ausencia de presencia física ofrecen.

El principal hándicap de las amistades cibernéticas es la ausencia del tercer factor a tener en cuenta; el compañerismo, ya que la posibilidad de realizar actividades de manera conjunta es limitada y de alguna manera nos empuja a buscar el contacto en el mundo real.

Ahora bien, las amistades son demandantes cognitivamente, puesto que suponen establecer «contratos sociales» basados en la confianza mutua, y por tanto hay un componente importante de promesa de apoyo futuro y de comportamiento prosocial: en otras palabras, tener amigos lleva aparejado saber inhibir algunos de nuestros deseos en aras de que los demás puedan satisfacer los suyos —mantener un balance—.

Las consecuencias de nuestra conducta a medida que la red de relaciones crece se complica; indisponerse con un amigo puede hacer peligrar la relación con otros amigos comunes.

También nos exigen una buena capacidad de mentalización, entendida como la capacidad de leer o entender estados mentales e intenciones de otros.

Hacer amigos requiere un esfuerzo cognitivo y emocional importante cuya recompensa no está ni mucho menos asegurada, y es por esto que la respuesta a la perspectiva de tejer redes de contactos sea habitualmente un «me da pereza», por mucho que lo deseemos.

El Rincón de Voilà: yo (no) quiero tener un millón de amigos

Por último, no hay que descartar la presencia de problemas con las habilidades sociales necesarias o percibidas. Puede que nos falte repertorio —verbal y no verbal— para dominar el arte de la comunicación, o bien sufrir la famosa inhibición por ansiedad social, sobre todo cuando nos vemos en la tesitura de iniciar un contacto con completos desconocidos sin alguien conocido en quien refugiarnos.

En todos los casos de miedo al contacto aparecen creencias distorsionadas que se centran en una imaginaria inferioridad propia —«no voy a saber de qué hablar», «no soy interesante»— y una adivinación del juicio ajeno, que además es invariablemente negativo y sobrevalorado —«les caeré mal», «a saber qué piensan de mí»—, entre otros esquemas mentales fantasiosos.

Muchos estudios apuntan a que una mayor habilidad social es un factor implicado clave en el bienestar psicológico, un hallazgo consistente entre culturas.

Demir (2012) comparó culturas individualistas (Estados Unidos) con colectivistas (Malaysia) y comprobó este efecto en ambos modelos, aunque esta relación está fuertemente mediatizada por la calidad de las amistades; tener una gran habilidad social no predice bienestar por sí misma si no está sirviendo para tener buenos amigos.

No solo las habilidades sociales se pueden entrenar, sino que existe una tendencia a infravalorarlas, quizá debido al culto contemporáneo a la extroversión y el protagonismo.

De hecho, cuando la exposición a otras personas tiene lugar en un ambiente en el que aceptamos la obligatoriedad de acudir regularmente, como es el trabajo o la escuela, resulta que somos capaces de lidiar con nuestras limitaciones sociales e incluso de hacer amistades significativas.

Es decir, con mayor o menor competencia social, todos tenemos la capacidad de hacer amigos. Si optamos por salir ahí fuera y probar voluntariamente alguna actividad grupal, tampoco hay que desanimarse si acudimos a algún evento multitudinario: según Dunbar, es imposible sostener una misma conversación por parte de más de cuatro personas concurrentes.

En cuanto una quinta se incorpora, la tendencia es a derivar en más de una temática, así que es poco probable que estemos manejando más de cuatro relaciones simultáneas. Por mucha gente que se haya presentado a la cena, no estaremos interactuando nunca con demasiada a la vez.

Así que si estamos planeando conocer nuevas personas es esencial no perder de vista que la red de amistades que necesitamos no es tan grande como podría pensarse, lo que nos libera en alguna medida de la presión imaginaria de tener que caerle bien a todo el mundo.

Con unos cuantos contactos podemos ir construyendo la base para futuras ampliaciones, e ir aprovechando las conexiones de nuestros nuevos amigos. También es una buena oportunidad para valorar nuestras creencias limitadoras y analizar críticamente cuál es el estado real de nuestras habilidades sociales.

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Quién fue Jacobo Grinberg y por qué desapareció…


GQ(P.González) — Jacobo Grinberg no era el típico científico escéptico que confiaba solo en la ciencia, él estaba dispuesto a cuestionarse, a creer en lo imposible e incluso a probar que, detrás de la magia, de la telepatía y de lo inexplicable, podrían existir explicaciones inesperadas. Grinberg pensaba que muchas de esas cosas que otros científicos rechazaban, también tenían algo de ciencia detrás.

Algunos lo llamaban Chamán, pero en realidad era un neurofisiólogo y psicólogo, un científico con una gran curiosidad y que decidió seguir un camino poco convencional, con lo que terminó convertido en leyenda.

La vida de Grinberg tomó un giro tan misterioso como sus teorías cuando, en 1994, desapareció sin dejar rastro. Nadie supo qué pasó con él, a dónde fue o si seguía con vida, solo se supo que el Dr. Grinberg ya no estaba, y que las teorías para intentar explicar su desaparición no paraban de acumularse.

El Secreto del Doctor Grinberg, un documental de Netflix, explora la vida y las teorías del doctor, pero también el caso de su desaparición, reuniendo testimonios de amigos, colegas y de personas que lo conocieron para intentar explicar qué le sucedió.

¿Quién fue Jacobo Grinberg?

El misterio del científico que estudiaba los fenómenos paranormales y  desapareció sin dejar rastros

Jacobo Grinberg pensaba que la telepatía era posible, que los niños podían ver objetos con solo tocarlos (con la visión extraocular) y que tenían la habilidad de ver muchas realidades y dimensiones distintas. Él estaba interesado en entender la conciencia humana y el enorme potencial de nuestros cerebros, proponiendo ideas y teorías que parecían sacadas de alguna película de ciencia ficción.

Grinberg era neurofisiólogo y profesor de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), escribió decenas de libros y fue considerado por muchos como un hombre brillante, creativo y con una enorme curiosidad.

Al científico le interesaba explorar los límites de la conciencia y de la realidad, y en el poder de los Chamanes mexicanos y en las supuestas habilidades que muchos de ellos alegaban tener, como la de curar todo tipo de enfermedades y condiciones sin usar la medicina tradicional. El experto pensaba que la mente humana tenía muchas más capacidades de las que conocíamos o alcanzamos a entender, y esto lo llevó a convertirse en una figura controversial.

De acuerdo con Muy Interesante, la teoría que Grinberg proponía era que la realidad que experimentamos es solo un holograma y que “el cerebro humano es capaz de crear interferencias en el patrón espacio-tiempo, que esas interferencias son el origen de la experiencia consciente de las personas y que los chamanes pueden “provocar aperturas espacio-temporales por medio de sus actos perceptivos”, dice.

Según las teorías de Grinberg, los chamanes, por alguna razón, tienen un nivel de conciencia mucho mayor, y por eso pueden hacer cosas que la ciencia no puede explicar. El hermano del doctor llegó a decir que “Para los científicos era un chamán. Para los chamanes era un científico. Estaba entre dos mundos”.

Antes de desaparecer, Grinberg supuestamente tenía planeado un viaje a la India para realizar un experimento revolucionario sobre la conciencia y el cerebro, pero el viaje nunca llegó a realizarse.

¿Qué le pasó Jacobo Ginberg?

Jacobo Grinberg, el científico mexicano que desapareció misteriosamente en  1994

El 8 de diciembre de 1994, Jacobo Grimberg desapareció y no se volvió a saber de él.

Sus amigos pensaban que esposa María Teresa, con quien Grinberg dijo haber tenido problemas, tenía algo que ver con la desaparición, o incluso que lo había matado, y que por eso ella huyó poco tiempo después del doctor, no sin antes cobrar cheques y retirar objetos de la casa que compartían.

Según el documental, Grinberg le dijo a su amigos que le tenía miedo a Teresa y algunos llegaron a pensar que ella podría ser una espía enviada para monitorear su trabajo, pero realmente nadie tenía la certeza de lo que había sucedido con él.

Algunos decían que se había desmaterializado de alguna forma para convertirse en otro holograma, otros que había sido asesinado o que alguna organización del gobierno lo había secuestrado para silenciarlo, que fue la teoría que surgió después de que se descubrió que los CPU de sus computadoras habían desaparecido.

Según los testimonios de los conocidos de Grinberg en el documental de Netflix, un hombre que trabajaban en un laboratorio en Boulder, Colorado, reveló que había visto a Grinberg y a su esposa siendo escoltados por el FBI, pero eso nunca se demostró.

En México, se realizó una investigación para intentar descubrir qué había pasado con Grinberg, pero no se tenía un cuerpo, pistas o señales de que se hubiera cometido un crímen, y eso lo complicaba todo.

Actualmente, nadie sabe qué pasó con Jacobo Grinberg o dónde está, pero algunas teorías aseguran que está vivo y viviendo en algún lugar en secreto, trabajando en los mismos temas y teorías que comenzaron a interesar desde que era un niño.

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La causa del incendio de la torre Windsor continúa siendo una incógnita dos décadas después…


Se cumplen 18 años del incendio del Windsor y sigue sin estar claro su  detonante | Cine y Series

RTVE — La imagen de la torre Windsor en llamas, uno de los edificios más emblemáticos de Madrid, sigue viva en nuestra memoria colectiva. Hace dos décadas, el 12 de febrero de 2005, una imponente columna de fuego iluminó la noche madrileña. Se trataba de uno de los rascacielos más famosos de la ciudad en aquella época, que alcanzaba las 32 plantas. Sin embargo, su estructura fue, poco a poco, carcomida por un incendio que no se extinguió hasta el día siguiente.

No hubo fallecidos ni heridos graves. Tampoco hubo respuesta a cuál había sido el desencadenante y origen del fuego. Una duda que todavía, cuando se cumplen 20 años del suceso, sigue sin resolverse.

– En pocas horas, las llamas calcinaron 15 plantas

Pocos minutos después de las 23:00 horas, se activó la alarma de incendios del edificio Windsor, ubicado en el complejo de oficinas de Azca, en pleno distrito financiero de Madrid. El vigilante de seguridad presente en el lugar recibió la alerta y avisó a un compañero, quien, tras revisar el cuarto de ordenadores, subió hasta la planta 21, donde confirmó la presencia de humo en el despacho 2.109.

Quince años después del incendio de la torre Windsor, su origen sigue siendo un misterio.

Al no poder contener el humo ni las llamas incipientes, los vigilantes alertaron a los bomberos, que llegaron a las inmediaciones del edificio alrededor de las 23:30 horas. Justo cuando se preparaban para ingresar y sofocar el fuego en la planta afectada, uno de los bomberos advirtió que las llamas habían roto la fachada que daba al paseo de la Castellana. El incendio se intensificó rápidamente, haciendo peligroso permanecer dentro del inmueble debido al riesgo de colapso del techo.

En pocas horas, el fuego consumió 15 plantas y se propagó a lo largo de los 106 metros de altura del edificio, construido en 1979 por los arquitectos Genaro Alas y Pedro Casariego. El incendio ardió durante toda la noche y, finalmente, hacia las 11.00 horas del domingo 13 de febrero, los bomberos anunciaron que estaba bajo control. Sin embargo, algunos focos permanecieron activos en el interior hasta las 13.00 horas.

– El esqueleto negro fue demolido un mes después

Tras varios análisis y valoraciones durante los días posteriores, no quedó más opción que demoler el esqueleto negro de lo que en aquel entonces era la cuarta torre más alta de la capital. El fuerte viento había provocado la caída de cascotes y de restos de la estructura, por lo que los bomberos determinaron que el estado era «bastante inestable» y que había un riesgo alto de derrumbe. Sin embargo, el núcleo central mantenía una estabilidad relativa.

La causa del incendio del edificio Windsor sigue siendo una incógnita dos décadas después

Así, el 2 de marzo comenzaron las tareas de demolición, unos trabajos que se prolongaron durante 6 meses y que costaron 17 millones de euros.

El vacío fue ocupado, dos años más tarde, por la torre Titania, un nuevo rascacielos que El Corte Inglés comenzó a edificar tras comprar a la familia Reyzábal por 480 millones de euros la parcela donde se ubicaba el Windsor.

– Investigación judicial

La investigación de lo sucedido cayó en manos del Juzgado de Instrucción número 28 de Madrid, que tardó casi un año hasta determinar el sobreseimiento del caso al estimar que no existía responsabilidad penal.

A partir de aquí, el terreno de las hipótesis y especulaciones comenzaron a cobrar fuerza. Técnicamente, se determinó un foco de fuego, el de la planta 21, despacho 2.109, según el auto del juez. Esta dependencia estuvo ocupada desde las 16.00 horas hasta las 23.00 horas por una empleada de Deloitte, que admitió ante el juez haber fumado varios cigarros en la estancia. El último había sido media hora antes de abandonar el lugar, aunque la empleada defendió haberlos apagado correctamente.

Ante esto, el magistrado arguyó que no concurrieron «indicios para poder establecer un engarce causal entre el consumo de cigarrillos y el origen o propagación del incendio». Este razonamiento se fundamentó en el informe de los peritos, que determinaron que no había causas que evidenciaran «la utilización de acelerantes en la combustión en ningún lugar del inmueble, no concurriendo indicio alguno que permita concluir en la intencionalidad del fuego».

– Algunas teorías especulativas

La dificultad para determinar el origen del fuego con una certeza absoluta abrió la puerta a otras teorías. En uno de los vídeos incorporados en la investigación aparecían focos de luz y sombras de figuras humanas, lo que desató la posibilidad de que hubiera algún interés detrás del suceso.

Este material no había sido manipulado, así que el juez aseveró que «aunque se pudiera admitir la posibilidad de la presencia de personas en el interior del edificio Windsor, no existía evidencia alguna de que ello pudiera haber tenido alguna incidencia en la causación o propagación del incendio».

Otro de los aspectos que opacaron la resolución fue la aparición de un butrón en la pared de una de las oficinas situada en la zona del garaje que comunicaba con el interior de la torre. El informe pericial aclaró que se trataba de un hueco pequeño realizado en un panel de pladur por el que difícilmente podía pasar una persona delgada.

Pese a la amalgama de teorías y especulaciones, dos décadas después algunas de las incógnitas sobre la causa real del incendio siguen sin resolverse. De lo que no hay duda es de que la imagen de uno de los rascacielos má importantes de la ciudad en llamas sigue viva en el recuerdo de los madrileños.

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