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¿Qué son las creencias limitantes y cómo identificarlas?…


¿Qué son las creencias limitantes y cómo identificarlas?

La Mente es maravillosa(G.Matamoros) — Imagina que estás a punto de tomar una decisión importante, como cambiar de trabajo, o que simplemente iniciarás un nuevo hábito saludable. Sientes emoción, pero, justo al dar el primer paso, una pequeña voz interna te dice: «No lo lograrás, no eres lo suficientemente bueno/a».

De repente, esa emoción se convierte en duda y, sin darte cuenta, te convences de que es mejor no intentarlo. Este tipo de pensamiento pertenece al abanico de las creencias limitantes.

Se trata de esa barrera invisible que, sin saberlo, te mantiene en tu zona de confort, impidiéndote avanzar hacia lo que en verdad quieres. Estos convencimientos tienen un poder enorme sobre nuestro punto de vista. Pero la buena noticia es que, una vez que sabes en qué consisten y los identificas, puedes comenzar a liberarte de ellos.

– ¿En qué consisten las creencias limitantes?

Las creencias limitantes son cualquier pensamiento que nos condiciona de manera negativa, haciéndonos sentir que no somos capaces de lograr algo, que no merecemos lo que deseamos o que ciertas metas están fuera de nuestro alcance.

Estos pueden estar tan arraigados en nuestra mente que los percibimos como verdades absolutas e impiden que tomemos riesgos que podrían llevarnos al fracaso o al éxito.

Son creencias que no siempre tienen que ver contigo. Pueden estar relacionadas con el funcionamiento del mundo, con tus ideas y con tu forma de interactuar con las personas.

Tales percepciones pueden cambiar tu vida, pero no de modo estricto para mejor. Si bien parecen inofensivas las frases como «nunca podré lograrlo», «es demasiado tarde para empezar algo nuevo» o «las cosas siempre me salen mal», en realidad restringen nuestro crecimiento y nos impiden avanzar.

Además de cohibirnos en lo personal, también influyen de manera negativa en nuestras relaciones con los demás. Su impacto afecta la calidad de nuestras conexiones sociales y cómo nos desenvolvemos en diferentes contextos. Estos límites subconscientes podrían conducir a emociones dañinas como el síndrome del impostor, la ansiedad y la procrastinación.

Creencias limitantes : Te contamos que son y como cambiarlas

. ¿De dónde vienen?

Estas suposiciones no aparecen de la nada, sino que se forman a lo largo de nuestra vida, influenciadas por diversos factores externos e internos. A continuación, exploraremos qué elementos contribuyen a ello.

. Valores y creencias familiares

Desde pequeños, aprendemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos a través de nuestra familia. Los valores y creencias que se transmiten en el hogar suelen ser los primeros cimientos sobre los cuales construimos la percepción de lo que es posible o no.

Si creciste en un ambiente donde era común hablar de limitaciones financieras, de miedo al fracaso o de la imposibilidad de cambiar el destino, es probable que adoptaras estas perspectivas como verdades. O si creciste escuchando frases como «es difícil salir adelante» o «la gente como nosotros no tiene oportunidades», podrías asimilar la idea de que ciertos logros o metas están fuera de tu alcance.

Aunque estas creencias no siempre reflejan la realidad, condicionan la manera en que tomas decisiones o enfrentas desafíos.

Nina Cooke, coach de mentalidad, explica en Forbes que las creencias limitantes se integran en nuestra identidad, porque creemos, de manera equivocada, que nos protegen del rechazo y la humillación. Sin embargo, son solo historias que armamos al atribuir significados inventados a los eventos que vivimos.

. Experiencias de vida

Lo que vivimos, tanto positivo como negativo, juega un papel importante en la formación de las creencias que te limitan. Es normal enfrentar momentos de éxito, pero también de fracaso, y la forma de interpretar estos escenarios refuerza o crea nuevos pensamientos. Un revés significativo, como perder un empleo, puede llevarnos a pensar que no somos capaces de lograr nuestras metas o que no estamos destinados al éxito.

Si en algún momento intentaste emprender un proyecto y no salió como esperabas, quizás desarrolles la creencia de que nunca serás un buen emprendedor o que arriesgarse no vale la pena. Estas experiencias nos marcan y, si no somos conscientes de ellas, se convierten en barreras que nos impiden intentar de nuevo o salir de nuestra zona de confort.

. Educación

No solo la educación académica, sino también los mensajes que recibimos en nuestro entorno escolar, social o religioso. En muchas ocasiones, el sistema tradicional fomenta un enfoque centrado en los errores y en las capacidades limitadas, lo que puede hacer que las personas desarrollen creencias negativas sobre su inteligencia o habilidades.

Si en la escuela recibías comentarios como «no eres bueno en matemáticas» o «es mejor que te enfoques en algo más sencillo», podrías asumir que ciertas áreas del conocimiento están fuera de tu alcance. Y es posible que esta mala percepción sobre tus capacidades se quede contigo durante años, afectando tus decisiones en el ámbito personal, académico y profesional.

. Fracasos anteriores

Los reveses o fracasos anteriores infunden miedo y desconfianza en uno, lo que lleva al desarrollo de limitar lo que creemos. Por ejemplo, ir a una entrevista de trabajo y no tener éxito o no conseguir un ascenso tal vez afecte tu confianza; entonces, tus creencias negativas actúan como mecanismos de protección para evitar futuras decepciones o dolor.

. Mensajes de las redes sociales

Día a día, las redes sociales nos bombardean con imágenes que promueven la perfección: cuerpos esbeltos, personas siempre felices, familias impecables y una vida profesional fácil de alcanzar. Estos escenarios imponen estándares poco realistas que intentan definir cómo deberíamos ser, qué deberíamos lograr y cómo debería verse el éxito. El problema es que esta constante exposición puede hacer que, al compararnos, nos sintamos insuficientes.

Este bombardeo de mensajes erosiona nuestra confianza y también limita nuestra motivación, haciéndonos creer que no somos buenos, inteligentes o afortunados para alcanzar nuestras metas.

CREENCIAS LIMITANTES: cómo identificarlas y superarlas - El Mundo Te  Necesita

– Tipos de creencias limitantes

Los pensamientos limitantes se agrupan en tres categorías principales, cada una refleja cómo percibimos nuestras capacidades, el mundo que nos rodea y nuestro sentido de merecimiento. Estas nos ayudan a entender de dónde provienen las barreras mentales y cómo afectan las decisiones y acciones. Enseguida, veremos ejemplos concretos para identificar su operación en la vida diaria.

. De capacidad

Consisten en ideas relacionadas con cómo percibimos nuestras habilidades. Nos hacen sentir que no somos competentes para enfrentar ciertos desafíos, lo que limita crecer como persona y profesional.

  • «No soy una persona inteligente».
  • «Me pone nervioso/a hablar con desconocidos».
  • «Nunca sabré hablar bien el inglés a nivel profesional».

. De posibilidad

Estas nos llevan a pensar que las circunstancias externas nos impiden lograr lo que deseamos. Además, nos convencen de que, debido a limitaciones económicas o de tiempo, es imposible alcanzar nuestros objetivos.

  • «No tengo tiempo para estar con mi familia».
  • «No tengo dinero para tomarme unas vacaciones».
  • «Conseguir un buen puesto hoy en día es complicadísimo».

. De merecimiento

Dichas barreras giran en torno a nuestro sentido de valor personal. Nos hacen sentir que no merecemos el éxito, la felicidad o el amor debido a errores pasados o a nuestra percepción de quiénes somos.

  • «No merezco que me quiera tanto».
  • «Por mi pasado no tengo derecho a ser feliz».
  • «Como no estudié cuando era joven, ahora debo conformarme con trabajos insignificantes».

. Sobre el mundo

Se relacionan con nuestra interpretación del entorno y las expectativas que creemos que los demás tienen sobre nosotros. Son pensamientos que nos hacen sentir que no podemos cambiar nuestra realidad debido a presiones sociales o culturales.

  • «Tengo una idea de negocio, pero nadie entiende mi visión».
  • «No puedo abandonar la carrera de ingeniería, porque mamá y papá estarán decepcionados».
  • «Soy mujer y la gente no escucha las ideas de las mujeres, así que me quedaré callada en las reuniones de trabajo».

. Sobre la vida

Este tipo de ideas abarca nuestra visión general de lo que la vida puede ofrecer. A menudo, incluyen pensamientos fatalistas que nos hacen sentir que no vale la pena esforzarse por cambiar nuestra situación.

  • «Tengo 40 años y no he encontrado el amor. ¿Para qué intentarlo si siempre me dejan?».
  • «No tiene sentido escribir mi novela, porque ya se ha escrito algo similar y no será original».
  • «El éxito es solo un ideal fabricado por la sociedad para controlarnos, entonces, ¿por qué hacer algo?».

Cómo impactan en tu vida las creencias limitantes

– ¿De qué manera nos afectan estas creencias?

Ya exploramos los diferentes tipos de ideas limitantes y cómo pueden arraigarse en nuestra mente. Sin embargo, entender sus categorías es solo el primer paso. Es importante reconocer que estas creencias también tienen consecuencias profundas en todas las áreas de la vida. Profundicemos.

  • Baja autoestima y falta de autoconfianza: estas ideas erosionan la confianza en nosotros. Al internalizar pensamientos negativos, comenzamos a dudar de nuestras capacidades.
  • Relaciones personales perjudicadas: si creemos que no somos dignos de amor o respeto, proyectamos esa inseguridad en nuestras relaciones, lo que puede generar distancia, desconfianza o dependencias emocionales.
  • Falta de motivación y procrastinación: creer que no somos capaces o que nuestros esfuerzos no valdrán la pena reduce la motivación para actuar. Esto, a su vez, fomenta la procrastinación, ya que nos convencemos de que intentarlo no servirá de nada.
  • Estancamiento personal y profesional: vivir bajo el peso de estas creencias detiene nuestro crecimiento y desarrollo en plenitud. Nos mantienen en una zona cómoda, donde evitamos situaciones que podrían impulsarnos hacia oportunidades novedosas.
  • Aumento de la ansiedad y el estrés: cuando vivimos con la constante sensación de que nuestras metas están fuera de nuestro alcance, sufrimos altos niveles de ansiedad y estrés. Las ideas limitantes alimentan pensamientos de fracaso, lo que nos hace sentir frustrados o incapaces de manejar los desafíos cotidianos. Esta presión mental también incide en la salud física, creando un ciclo negativo del que resulta difícil salir.

Las creencias limitantes afectan a la salud y el bienestar

¿Cómo identificarlas?

Todos tenemos creencias que actúan como barreras invisibles, impidiendo que alcancemos nuestro máximo potencial. Ahora, te planteamos cinco formas prácticas para ayudarte a identificar eso que frena tu desarrollo personal y laboral.

1. Escucha tu diálogo interno

El diálogo interno tiene un impacto profundo en nuestras acciones. ¿Qué te dices cuando enfrentas un desafío? Las limitaciones en lo que creemos se revelan a través de frases automáticas como «no lo lograré» o «esto nunca me saldrá bien». Las mismas pueden pasar desapercibidas, pero si comienzas a prestarles atención, descubrirás que son señales claras de un pensamiento limitante.

Tómate unos minutos para escribir tres frases negativas que repites en tu vida diaria. Luego, desafía cada una de ellas haciéndote la pregunta: «¿Tengo evidencia real de que esto es cierto?». Este ejercicio contribuirá a poner en perspectiva si esas creencias están fundamentadas o son solo percepciones que te limitan.

2. Observa tus emociones en momentos clave

Las emociones intensas, como el miedo, la ansiedad o la frustración, son indicadores de que podrías enfrentar una creencia que te condiciona. Pregúntate: ¿cuáles situaciones generan estas emociones y cuáles pensamientos acompañan esos momentos? Y recuerda la última vez que sentiste inseguridad antes de tomar una decisión importante. ¿Qué pensamientos pasaron por tu mente?

3. Haz un mapa mental de tus creencias

Visualizar tus creencias es una excelente manera de identificarlas. Dibuja un mapa mental de las áreas más importantes de tu vida (trabajo, relaciones, salud, crecimiento personal). Luego, anota junto a cada área las creencias que tienes sobre ellas.

Por ejemplo, en la sección de «trabajo» puedes escribir pensamientos como «nunca alcanzaré un puesto directivo» o «no soy tan creativo». Al ver tus creencias de manera visual, será más fácil detectar patrones de pensamiento que limitan tu crecimiento.

4. Pide retroalimentación a las personas cercanas

A veces, las personas más cercanas a nosotros ven aspectos que nosotros no notamos. Pide a amigos o familiares que te comenten cuáles comportamientos ven en ti cuando enfrentas un reto o tomas decisiones importantes. Este ejercicio es útil para revelar ideas limitantes que quizás no hayas identificado, pero que afectan tu manera de actuar.

5. Observa tu lenguaje corporal y tus reacciones físicas

La próxima vez que enfrentes una situación desafiante, observa a cómo reacciona tu cuerpo. ¿Te tensas, encorvas o experimentas incomodidad física? Estas reacciones indicarían la actuación de una creencia que te limita. Reflejamos en el exterior lo que la mente cree, por lo que es fundamental atender a estas señales físicas.

Tips para revertir las creencias limitantes - PsiquiatrasOnline.com

– ¿Cómo superar las creencias limitantes?

Liberarse de esta clase de ideas no es un proceso instantáneo, pero con paciencia y perseverancia es posible. Te compartimos algunos pasos clave para comenzar:

  • Pregúntate «¿qué pasa si me equivoco?»: imagina un escenario donde tu suposición sea incorrecta y abre tu mente a nuevas posibilidades. El propósito es aprender a ver que, muchas veces, las creencias limitantes son más débiles de lo que parecen.
  • Pregúntate «¿de qué manera me sirve esta creencia?»: reflexiona sobre cómo te beneficias y si en realidad vale la pena mantenerla.
  • Reemplázalas por creencias positivas: por ejemplo, cambia «no soy lo suficientemente bueno/a», por «tengo el poder de mejorar cada día». O «es demasiado tarde para mí», por «nunca es tarde para aprender algo nuevo».
  • Rodéate de personas que te apoyen: el entorno juega un papel fundamental en el proceso de superar creencias limitantes. Acompáñate de gente positiva y que te motive a crecer, y evita a quienes refuercen tus pensamientos negativos.
  • Practica el autocuidado y la autocompasión: cambiar nuestras creencias lleva tiempo, y es fundamental ser compasivo contigo durante este proceso. No te castigues si caes en viejos patrones, en lugar de eso, reconoce tus esfuerzos y sigue adelante.
  • Visualiza tu éxito: imagina cómo sería tu vida si no te limitaran esas creencias. La visualización positiva puede ayudarte a crear una nueva realidad, motivándote a tomar acciones concretas para cambiar tu situación actual.

– Toma impulso y libérate de lo que te frena

Con un poco de introspección y las herramientas adecuadas, podemos identificar, desafiar y liberarnos las ideas que nos restringen y condicionan. Al hacerlo, abrimos el camino hacia una vida más plena, llena de oportunidades y crecimiento. Recuerda que el poder de cambiar está en ti y que nunca es tarde para romper las cadenas de las creencias limitantes.

¡No dudes! Atrévete a cuestionar esos cercos invisibles que te han mantenido en tu zona de confort y explora las posibilidades que surgen cuando te deshaces de ellas. Cada pequeña acción cuenta y representa un paso más hacia tu versión más auténtica y poderosa.

nuestras charlas nocturnas.

Si te avisan del peligro …


si te avisan del peligro
Un funeral en Gaza, en el año 2014. Imagen Cordon Press.

JotDown(I.Tarrés) — A pesar de que la sabana africana es el hábitat natural del rinoceronte negro, puede que cualquiera de nosotros conozca mejor esos paisajes —ya sea por fotos o vídeos— que ellos. La explicación reside en que este animal no tiene muy buena vista, y por lo tanto es común que no advierta la presencia de cazadores en su cercanía.

Sin embargo, algunos cuentan con una ayuda que tampoco ven, pero escuchan: la de los pájaros picabueyes (o bufágidos) que se posan en sus lomos para alimentarse de garrapatas o heridas, y emiten un sonido cuando reconocen la amenaza humana. Gracias a esta alarma sonora, este mamífero en peligro de extinción puede, en muchos casos, elevar su atención y así salvar su vida.

Los paisajes de Varsovia son muy diferentes, pero en el año 1942 Bronisław Geremek también tuvo su salvador particular allí, precisamente en un tranvía, siendo «un niño de diez años demacrado y medio muerto de hambre», tal como rescata la anécdota en su último libro, Europa – Una historia personal (Taurus, 2023) el periodista inglés Timothy Garton Ash.

«Aunque lleva puestos cuatro jerséis, tirita pese al calor de agosto. Todos lo miran con curiosidad. Está seguro de que todos se dan cuenta de que es un niño judío que ha escapado del gueto de Varsovia a través de un boquete del muro. Por suerte nadie lo denuncia y un pasajero polaco lo advierte de que tenga cuidado y no se siente en la zona marcada como «Nur für Deutsche» («Solo alemanes»)».

Geremek no solo sobrevivió, sino que llegó a ser ministro de Polonia y un importante historiador. No obstante, como si su existencia hubiese estado marcada por las vicisitudes del tránsito, a sus setenta y seis años se durmió al volante del coche y se estrelló contra una furgoneta que venía en sentido opuesto, y ya no volvió a abrir los ojos.

Unos años antes, en Nueva York, quien sí los abrió, o quizá habría que decir que se los abrieron, fue Frederick Steiner. Lo relataba en una entrevista, cincuenta y cinco años después, su hijo George, reconocido profesor, crítico y teórico de literatura.

Era 1940, en Europa ya había comenzado la guerra, y el primer ministro francés le pidió «que viajara a Estados Unidos como parte de una delegación comercial para negociar con los alemanes la compra de aviones de caza Grumman». Por ese entonces, el país que iba a visitar era neutral, y en sus calles se mezclaban banqueros, ingenieros y enviados nazis.

Pese a este aparente distanciamiento de la realidad al otro lado del océano, meses después se estrenaría en esa misma ciudad The Great Dictator de Charles Chaplin, adelantada sátira antibelicista.

El film contiene un pasaje, por cierto, donde el comandante Schultz (Reginald Gardiner) le hace una poderosa (y premonitoria si se la traslada a la vida real) advertencia al dictador Hynkel (Chaplin) —trasunto de Hitler—antes de ser arrestado con destino a un campo de concentración:

«Muy bien, pero recuerda mis palabras / Tu causa está condenada al fracaso porque está cimentada en la estúpida, despiadada persecución de gente inocente / Tu política es peor que un crimen / Es un error garrafal».

Por qué debemos escuchar de nuevo el discurso de Chaplin contra el fascismo  : Ethic

El director y actor inglés, sin embargo, confesaría en su autobiografía: «Si hubiera conocido los verdaderos horrores de los campos de concentración alemanes, no hubiera podido hacer El gran dictador, no hubiera podido reírme de la locura homicida de los nazis».

Se encontraba, decíamos, el señor Steiner en un almuerzo en el Wall Street Club, sentado junto a representantes del tesoro público estadounidense, los bancos y la delegación francesa.

«En un momento dado, un camarero le entregó a mi padre una nota escrita que le enviaba un caballero de otra mesa. Mi padre rastreó el comedor con la mirada y vio a los miembros de una delegación nazi con la cruz gamada en la solapa».

Reconoció entre ellos al autor, alguien con quien había hecho negocios hasta 1933, año en que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán ganara las elecciones federales, con Hitler como canciller, y se convirtiera tres semanas después en un régimen totalitario. Sin intención de tener vínculo alguno, rompió el mensaje en pedazos.

Más tarde fue al baño, y el alemán, que estaba esperándolo allí, lo agarró del brazo y le dijo:

«Más te vale que me escuches, te guste o no. No puedo darte ningún detalle, porque no tengo más información, pero vamos a entrar en Francia cualquier día de estos. Saca a tu familia de allí como sea».

Era uno de los directivos de Siemens, la empresa eléctrica más importante de Europa en aquel momento». A pesar de los recelos, Steiner le hizo caso, y no regresó a Europa con la excusa de que las negociaciones se iban a extender. Su familia aprovechó para subirse a un barco y viajar a su encuentro.

«La reunión en la que se adoptó el plan para la «solución final de la cuestión judía» todavía no había tenido lugar, pero en Polonia ya habían empezado las matanzas, y los de Siemens sabían algo».

«Los de Siemens» seguramente sabían bastante. Tal como novela Éric Vuillard en El orden del día (Tusquets, 2018) otra reunión sí se había llevado a cabo, con fecha y lugar precisos: el 20 de febrero de 1933 en el edificio del Parlamento alemán, en Berlín. Siete años antes de la comida en Nueva York.

Allí, el presidente de la cámara, Hermann Göring, y el propio señor austríaco del bigote, reunieron a los más importantes industriales del país para decirles que «había que acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, suprimir los sindicatos y permitir a cada patrono ser un Führer en su empresa».

Hermann Göring - Death, Nazi & Hitler
Hermann Göring

Pero para eso debían liderar los comicios del cercano 5 de marzo. Y para la campaña no tenían un duro. Atentos les escucharon los dueños y representantes de algunas empresas conocidas por todos: Opel, Krupp, Bayer, Agfa, Varta, Allianz, BASF, entre otras. Allí estaba también Wolf-Dietrich von Witzleben, secretario particular de Carl von Siemens.

Y todos ellos se comprometieron con la causa nazi, entregando miles y miles de Reichsmark o marcos imperiales. Lo cual nos enseña que, con frecuencia, mucho antes del aviso urgente, existieron señales o sencillamente una fría planificación que fue moviendo las piezas antes de determinar el jaque.

– Cuando se sabe, pero no se actúa

Menos de dos meses después de que la organización palestina Hamás atacase Israel, el día 7 de octubre, el periódico The New York Times reveló que los oficiales israelíes conocían el plan desde hacía más de un año, pero lo desestimaron por considerarlo de ambiciones desproporcionadas. Demasiado complicado para llevarlo a cabo. En efecto, no se trataban de indicios sospechosos o aislados.

El documento, de unas cuarenta páginas, al que se le dio el nombre en clave «Jericho Wall» (Muro de Jericó) detallaba con gran precisión las distintas acciones que el grupo proyectaba con la intención de realizar un asalto sorpresa idéntico al que, sin encontrar oposición alguna, ejecutaron. Es decir, todo estaba ahí. Salvo la fecha fijada, obviamente. «No está claro si el primer ministro, Benjamín Netanyahu, u otros líderes políticos vieron el documento», explicaba la noticia.

Lo hubieran visto o no, los propios oficiales admitieron, en privado, que si la inteligencia militar —oxímoron donde los haya— hubiese tomado en serio las advertencias y redirigido refuerzos hacia el sur —donde Hamás atacó— Israel podría haber atenuado los ataques o posiblemente incluso evitarlos. En cambio, hasta los recientes permisos de palestinos para trabajar en el país fueron entendidos como una señal de que el grupo terrorista no estaba buscando una guerra.

El resultado de la cadena de fallos, mantenidos en el tiempo, fue el día más letal en la historia del Estado creado hace ahora setenta y cinco años: mil doscientos muertos (además de los cientos de personas secuestradas)

. «La audacia del documento hizo fácil subestimarlo», declararon los inteligentes. «La mentalidad israelí estaba a otra cosa y eso es lo que permitió la matanza. La arrogancia. Ese fue el problema», expresó categórico, por si no estaba claro, el ex primer ministro israelí Ehud Olmert el último día del año.

Volodímir Oleksándrovich Zelenski, presidente de Ucrania de origen judío, podría quizá haber estado dentro del país atacado si a los dieciséis años hubiese llegado allí con el subsidio de educación recibido para estudiar bajo el brazo. Pero eso nunca iba a suceder, sencillamente porque su padre no le permitió ir.

El destino, sin embargo, le tenía reservado ser invadido en su propia tierra, que era una de las quince repúblicas de la Unión Soviética cuando nació. Pero, ya sea por motivos de negligencia, o recursos insuficientes para impedir una agresión a medida que todo indica que se aproxima, él puede, a su vez, hacer su aporte sobre el tema.

The Washington Post's Isabelle Khurshudyan on her first year in Ukraine and  calling Kyiv home — The Village Україна
Isabelle Khurshudyan

Isabelle Khurshudyan, corresponsal de The Washington Post en Kiev, lo entrevista en agosto de 2022 y le empieza preguntando por el momento en que supo que la invasión a gran escala había empezado (en febrero).

El líder ucraniano contesta que la guerra había comenzado en 2014.

O incluso podía llegar a decirse que, de algún modo, lo había hecho hace cientos de años atrás.

La periodista desea indagar más sobre cómo fue para él personalmente, a lo que responde con un «nosotros entendíamos que este día llegaría».

Unas preguntas más tarde le recuerda que el director de la CIA, William J. Burns, le había dicho que los rusos podían intentar un aterrizaje en el aeropuerto de la ciudad de Hostómel, tal cual como finalmente sucedió en el día uno de la ofensiva.

«¿No debería haber habido más fuerzas ucranianas ya allí?», le cuestiona.

Zelenski responde que incluso seis meses o más antes del suceso se sabía que había tropas reuniéndose en territorio de Bielorrusia. Que entrenaban y tenían planes para tomar el aeropuerto de Borýspil (cercano a Kiev). Que algunos de los caminos que estudiaban utilizar eran los mismos por los que habían pasado los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Pero que las de Burns no fueron las primeras señales, sino que les habían llegado otras, de servicios de inteligencia, de colegas, etc. «Cuando se trata de todas las advertencias o señales de ciertos socios, esto es lo que les explico: «Si no tenemos suficientes armas, será difícil que luchemos»», resume.

Para después agregar:

«No puedes decirme simplemente, «Escucha, deberías empezar a preparar a la gente ahora y decirles que necesitan guardar dinero, tener reservas de comida». Si hubiésemos comunicado eso —y es lo que algunos querían, no diré quiénes— entonces hubiera estado perdiendo siete mil millones de dólares al mes desde octubre pasado, y al momento en que los rusos atacaron, les habría llevado tres días apropiarse de nosotros. […] Si sembrásemos el caos entre la población antes de la invasión, los rusos nos aniquilarían. Porque durante el caos, la gente huye del país».

Sentada en esa oficina presidencial, la enviada del medio estadounidense, que llegó hasta allí recorriendo pasillos oscuros con sacos de arena alineados en prevención de posibles ataques del país vecino, mantiene la determinación ligada al cumplimiento del oficio, y se resiste a dejar de averiguar en qué medida se sabía del peligro que acechaba, y por eso insiste: «¿Entonces creía, personalmente, que una guerra a gran escala estaba por venir?».

Zelenski, por lo tanto, amplía su defensa: «Mira, ¿cómo puedes creer esto? ¿Que torturarían a la gente y que ese sería su objetivo? Nadie creyó que sería de esta manera. Y nadie lo sabía. Y ahora todo el mundo dice te advertimos, pero nos advirtieron con frases generales. Cuando pedimos especificidad —de dónde vendrían, cuánta gente y demás— todos tenían tanta información como nosotros.

Y cuando dije, «OK, si vendrán por aquí y habrá una lucha intensa aquí, ¿podemos conseguir armas para detenerlos?». No las recibimos. ¿Para qué necesitaba todas estas advertencias? ¿Para qué necesitaba volver loca a nuestra sociedad?».

Es difícil dejar de lado el paralelismo que se revela en las dos guerras más recientes de mayor impacto mediático: por un lado, Israel subestima desde su soberbia y poderío armamentístico y militar un ataque palestino, y por ende no toma acciones. Por el otro, Ucrania lamenta poseer armas aún de los tiempos soviéticos, y a falta de unas mejores, se queda igual de inmóvil.

si te avisan del peligro
Un grupo de mujeres cava zanjas antitanques cerca de Moscú. Octubre, 1941.

Aquellos caminos en dirección a la antigua Unión Soviética a los que hacía referencia Zelenski, atravesados por el ejército alemán a partir de junio de 1941, no solo forman parte de un conocimiento general o de la historia aprendida en las escuelas de esas latitudes. Contra esos mismos invasores seguramente tuvo que enfrentarse de un modo u otro su abuelo Semyón, quien fuera soldado de infantería y alcanzara el rango de coronel en el Ejército Rojo.

Pero antes de que se produjera esa incursión, configurada dentro de lo que se conoció como Operación Barbarroja, hubo alguien que bien podría ostentar el récord en cuanto a desoír todos los avisos posibles de amenaza. Se trató, ni más ni menos, que del propio líder de aquel territorio de bandera roja con hoz, martillo y estrella en su cantón: Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Stalin.

Cierto es que el 23 de agosto de 1939 se había firmado, en Moscú, el Tratado de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), o Pacto Ribbentrop-Mólotov (el cual era, en la práctica, un reparto de la Europa Oriental y central, fijando los límites de las influencias de ambos países).

Pero no menos verdadero fue que, menos de un año después, concretamente el 31 de julio de 1940, los nazis aprobaron el mencionado plan de ocupación, dado que nunca habían renunciado a su plan de expansión hacia el este, y tenían como objetivo primordial asegurarse el petróleo y los productos alimenticios de tan vasto territorio.

Stalin, claro está, tenía sus sospechas. Por ejemplo, del gobierno británico de Winston Churchill, del cual pensaba que pretendía inducir a Hitler para que atacara su país.

Sin embargo, como explica el historiador inglés Antony Beevor en su libro La Segunda Guerra Mundial (Ediciones de Pasado y Presente, 2012) durante el 1941 Stalin ya había ignorado no solo las advertencias procedentes de Reino Unido acerca de los preparativos de invasión, sino también «las informaciones detalladas de sus propios servicios de inteligencia […] a menudo con el pretexto de que los agentes destacados en el extranjero habían sido corrompidos por las influencias foráneas».

Y eso es solo el principio. Hitler, a primeros de año, le escribe una carta asegurándole que «las tropas alemanas estaban siendo trasladadas al este únicamente con el fin de ponerlas fuera del alcance de los bombardeos británicos». La acepta. Por si acaso, conscientes del número creciente de grupos de la Wehrmacht (fuerzas armadas unificadas alemanas desde 1935 a 1945), elaboran un plan de contingencias donde «se analizaba la posibilidad de llevar a cabo un ataque preventivo para frustrar los preparativos alemanes».

Pero todo queda ahí. Richard Sorge, su agente más eficaz, le confirma también el peligro desde la embajada alemana en Tokio. Informe rechazado. Desde la propia Berlín, la embajada soviética comienza a su vez a inquietarse con la información que tienen entre manos: ciento cuarenta divisiones de ese país se distribuían a lo largo de la frontera de la URSS.

A estos soldados se les repartiría, tenían pruebas, un diccionario ruso de bolsillo, «de modo que supieran decir «¡Manos arriba!», «¿Eres comunista?», «¡Voy a disparar!»». Frases que, empero, pocos de ellos habrán pronunciado, teniendo en cuenta el grado de violencia del ataque. «El ruso es un adversario muy duro», cita Beevor a un soldado alemán. «No tomamos casi ningún prisionero, sino que los fusilamos a todos».

A esa altura de los hechos, la situación casi se asemejaba más a un sketch donde el protagonista no ve aquello que es obvio y uno está tentado de gritarle para lograr su reacción, que a una serie de avisos reales de un asalto inminente dentro del contexto de una guerra mundial. Pero no abandonen sus butacas, que «lo mejor» está por llegar. 

Friedrich Werner Graf von der Schulenburg | Stolpersteine in Berlin
Friedrich von der Schulenberg 

Friedrich von der Schulenberg era el embajador alemán en Moscú en ese entonces. De ideas contrarias al régimen que dominaba su país, sería ejecutado por participar en la conjura que tuvo lugar tres años después para asesinar a Hitler. Con lo cual no extraña tanto que comunicara a las autoridades rusas lo que estaba a punto de suceder.

Sin embargo, cuando la información alcanzó al señor del bigote llegado hasta la capital desde una pequeña ciudad georgiana, su postura siguió inamovible: «¡La desinformación ha llegado ya a nivel de los embajadores!», exclamó. No queriendo reconocer de ninguna manera la situación, Stalin se convenció a sí mismo de que lo único que pretendían los alemanes era presionarlo para que hiciera más concesiones en la firma de un nuevo pacto.

En la semana anterior a la invasión, los barcos alemanes se retiraron de los puertos soviéticos y el personal de la embajada moscovita fue evacuado. Pero esto tampoco constituyó una señal suficiente para promover un cambio. El 21 de junio, noche previa al inicio oficial de la ofensiva, el vicedirector del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) le comunicó que «se habían producido no menos de «treinta y nueve incursiones aéreas sobre la frontera estatal de la URSS»».

Después de «más de ochenta avisos claros de la invasión» —de hecho probablemente más de cien— el gran dictador empezó a inquietarse. Aun así, todavía tuvo tiempo para ordenar que fusilasen «por ser culpable de desinformación» a un desertor alemán, ex comunista, que había cruzado las líneas para advertir del ataque. Stalin puso entonces a las baterías antiaéreas que rodeaban Moscú en estado de alerta, les dijo que «estuvieran preparados, pero que no respondieran al fuego».

Luego se fue a dormir. Pero a las 04:45 le despertaron. Se había producido un bombardeo sobre la base naval de Sebastopol. En una reunión en el Kremlin del máximo órgano de poder (el Politburó) una hora después, «Stalin siguió negándose a creer que Hitler supiera nada del ataque».

Al parecer, creía que se trataba de una provocación de los generales alemanes. Viacheslav Mólotov, el mismo ministro de Asuntos Exteriores que había firmado el famoso Pacto dos años atrás, fue finalmente el encargado, después de mantener una conversación con el propio embajador Schulenberg, de transmitir a su líder la confirmación de que los dos estados se encontraban en estado de guerra.

Entre las purgas que se habían realizado con anterioridad en el Ejército Rojo (que dejó oficiales sin experiencia de mando al frente de divisiones y de cuerpos enteros de la milicia) y lo desprevenidos que se encontraban aquel día 22, es fácil imaginar lo fácil que fue para la Wehrmacht superar la línea defensiva de la frontera soviética a lo largo de un frente de mil ochocientos kilómetros de extensión.

Puntos clave sin armamento pesado de ningún tipo, tanques inoperativos y hasta la aviación en tierra y dispuesta en fila como un blanco perfecto son solo algunos ejemplos del grado de falta de previsión ante la ofensiva. «Ante el caos de las comunicaciones, los mandos quedaron paralizados o bien por falta de instrucciones o bien por recibir órdenes de contraatacar que no tenían relación alguna con la situación reinante sobre el terreno», amplía Beevor.

Al mediodía, Molotov leyó por la radio un comunicado escrito por Stalin, haciendo pública la invasión.

La reacción de la gente, que lo escuchó en las calles por medio de megáfonos y que nada sabía de la inoperancia gubernamental, fue variada: a muchos se les despertó el sentido patriótico (siendo que ellos mismos detestaban al régimen nazi y por ende despreciaban la firma de ese tratado) y formaron largas colas en los centros de reclutamiento, y a otros tantos lo que se les despertó fue el espanto, y corrieron a comprar comida enlatada y a retirar dinero de los bancos. Justo un escenario similar al que quería evitar Zelenski.

Pero aquel mundo no era el de hoy, y si bien ese día de verano también fue el inicio del fin del Tercer Reich debido a una mezcla de error de cálculo, ambición desmedida y odio desenfrenado, la gran mayoría de soviéticos no pudo huir a ninguna parte, y tuvo que hacer frente como pudo, por convicción, obligación o desesperación, a la mayor ofensiva militar en la historia, con un saldo de millones de muertos. Ironía del destino, si puede decirse, que tampoco nunca hubiera sido mayor, seguramente, la falta de prevención.

Daños tras un bombardeo nazi en Londres. (DP) peligro
Daños tras un bombardeo nazi en Londres.

– El caso Trotski

Ni ironía, ni paradoja, en cambio, es que el fundador en la práctica del Ejército Rojo sí haya avisado tanto de la amenaza nazi, como del propio peligro de la conducción del gobierno estalinista. Lo curioso es que Lev Davídovich Bronstein, recordado para la historia como Trotski, no haya sido igual de cuidadoso con su persona.

Cuenta Joshua Rubenstein en su biografía León Trotsky – Una vida revolucionaria (Ediciones Península, 2013, traducción de Ricardo García Pérez) que el revolucionario ruso, de origen judío como Steiner y Zelenski, desconfiaba de Hitler, y dudaba si Stalin sería un adversario fiable del nazismo.

Tan pronto como en marzo de 1933, Trotski se puso en contacto con los miembros del Politburó, para decirles que el líder soviético —que lo había expulsado del país— estaba llevando la Unión al colapso. Quería, a pesar del rechazo que se le profesaba en aquellas tierras, intentar ayudar de algún modo. «Considero mi obligación —cita Rubenstein— hacer una tentativa más de apelar al sentido de la responsabilidad de quienes rigen el gobierno soviético en la actualidad». Nunca nadie le respondió.

En su exilio, Trotski mantenía una actividad frenética escribiendo libros, artículos, cartas, y manteniendo contacto con personalidades de todo el mundo. Por este motivo quiso abandonar su primer destino, Turquía, debido a que deseaba acercarse más a la relevancia de lo que sucedía en el centro de Europa.

Pasó a Francia en el mismo 1933 del comunicado al Politburó, donde llegó a estar casi dos años, pero la presión de militantes y autoridades de derechas le hicieron buscar a la desesperada asilo en otra parte, ya que temía que lo deportasen a la colonia insular francesa de Madagascar. Noruega, donde un gobierno socialdemócrata acababa de asumir el poder, fue el país que, tras muchas solicitudes, terminó concediéndole un visado.

Sin embargo, la residencia de Trotski y su esposa Sedova en el pueblito de Norderhov (hoy parte del municipio de Ringerike), a unos cincuenta kilómetros al norte de Oslo, no duró demasiado. Resultó que al año siguiente (1936) comenzó en Moscú el primero de los tres denominados «juicios ejemplares».

Allí, además de acusar a políticos rusos de alta traición, conspiración y tentativa de asesinato de Stalin, se declaraba que el propio Trotski se encontraba en el núcleo de la trama terrorista (ayudado por su hijo Lev, también exiliado, en París). El cargo principal, en cualquier caso, era la responsabilidad del grupo en el asesinato de Serguéi Kírov, otro popular político bolchevique, dos años antes.

Las autoridades soviéticas fueron entonces las que comenzaron a presionar a sus homólogas nórdicas para que dejaran de darle asilo.

El partido local fascista Nasjonal Samling se sumó a las críticas, y de hecho no solo fueron críticas, sino que llegaron a ingresar en la casa donde se alojaba, robando algunos documentos que luego serían utilizados como «evidencia» en su contra por el gobierno local.

Poco después, ocho policías llamaron a su puerta para informarle de que las condiciones para permanecer en el país habían cambiado, y lo conminaban a vivir básicamente como el más pacífico de los habitantes escandinavos, cosa que Trotski, de más está decir, rechazó de plano. 

La pareja fue puesta en arresto domiciliario durante ciento ocho días, custodiada por dos decenas de uniformados, sin poder recibir correo ni periódicos, y pudiendo salir para un paseo solo dos horas al día. Finalmente, en diciembre se les obligó a abandonar el frío nórdico a bordo de un buque petrolero. 

Trygve Lie, quien luego fuera primer secretario general de Naciones Unidas, era el ministro de Justicia noruego por ese entonces, y el que ordenó el confinamiento arbitrario para el matrimonio. En un momento dado, también fue blanco de estas palabras, proféticas, del propio Trotski:

«Es su primer acto de rendición al nazismo en su propio país. Lo pagará. Se creen ustedes a salvo y con libertad para mercadear a su antojo con un exiliado político. Pero se acerca el día, ¡recuerde esto!, se acerca el día en que los nazis les expulsarán de su propio país».

En efecto, cuatro años más tarde, los nazis lo ocuparon, y Lie, junto a otros ministros y hasta el rey Haakon VII, tuvieron que dejar atrás su tierra natal… en barco.

Trotski, alejado de la Unión Soviética que había logrado establecer junto con Lenin, se ocupó a su vez de anticipar el peligro nazi y genocidio realizado por el régimen del Tercer Reich durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

Luego de tener lugar «la noche de los cristales rotos» (o Kristallnacht, término alemán con el cual también se la conoce), una serie de linchamientos y ataques combinados contra los ciudadanos judíos en Alemania y Austria ante la mirada pasiva de las autoridades de esos países, en el transcurso del 9 al 10 de noviembre de 1938, el político soviético escribió en La burguesía judía y la lucha revolucionaria:

«El número de países que expulsa judíos aumenta sin cesar. El número de países capaz de acogerlos disminuye. No es muy difícil imaginar lo que aguarda a los judíos con el mero estallido de la futura guerra mundial. Pero, aun sin guerra, el próximo paso de la reacción mundial significa casi con certeza el exterminio físico de los judíos».

Llegados a este punto, y antes de dedicarnos a su último exilio, esa etapa donde podríamos aseverar que no tomó las suficientes precauciones para protegerse, a pesar de haber estado advirtiendo incansablemente del peligro que corrían las vidas de los demás, dígase que no era que Trotski viviera despreocupado.

Ya en su paso por el pueblo de Barbizon, cerca de París, las medidas de seguridad eran extremas, tal como podemos saber gracias al relato que recoge Rubenstein de un izquierdista británico que lo visitó en 1934:

«Conducido a medianoche hasta una estación de París, subido a un tren pero sin decirme cuál es el destino, bajado del tren siguiendo las instrucciones recibidas en determinado momento, reconocido por un camarada armado que tenía una descripción nuestra recibida por telégrafo, trasladados dando un rodeo para despistarnos en un trayecto adicional, aceptados después de diversos obstáculos y, finalmente, recibidos de todo corazón y efusivamente por el propio León Trotski».

José Stalin: La figura más influyente de la URSS
Stalin

Por otro lado, la persecución y exterminio de su familia por parte del gobierno soviético (con Stalin como principal instigador) no podía dejarle ninguna duda de que él era el verdadero objetivo: sus dos hijas y los dos hijos murieron por causas directas o indirectas relacionadas con el dictador, su primera esposa, un hermano mayor, una hermana menor, una sobrina, tres sobrinos y tres yernos fueron fusilados; y otras sobrinas y sobrinos y un nieto fueron encarcelados y exiliados; además, se desconoce cuál fue el destino de dos nietos suyos (de su hija Nina) y de su nieto (de su hijo Lev).

Al principio, el cruzar el océano en el buque pareció también transportarlo a una nueva realidad. Recibidos por el presidente mexicano, Lázaro Cárdenas, los Trotski fueron alojados por el pintor Diego Rivera y su mujer, Frida Kahlo, en su casa de Coyoacán, en Ciudad de México.

Vivieron con ellos más de dos años, y luego se trasladaron a una casa a unas pocas calles de allí, en abril de 1939. En el período que siguió, Trotski intentó obtener una visa, que al final se le denegó, para ir a declarar en Estados Unidos en un comité, un evento que quería aprovechar para exponer las actividades del NKVD en contra suyo y de sus seguidores, y de paso, protestar por la intención de reprimir al Partido Comunista de aquel país.

El movimiento frustrado solo sirvió para alimentar enemistades: desde el Kremlin, primero lo etiquetaban como un agente del imperialismo occidental, más tarde, con el ascenso de Hitler al poder, lo asociaron al fascismo, y por último, al conocerse la posibilidad de colaboración con la comisión estadounidense, los estalinistas mexicanos «empezaron a difundir el rumor de que Trotski iba a divulgar información sobre las actividades comunistas en América Latina».

En otras palabras, si antes querían expulsarlo del país por extranjero indeseable, a partir de ese momento solo buscaron liquidarlo. Y se pusieron manos a la obra para conseguirlo.

Alrededor de las cuatro de la madrugada del 24 de mayo de 1940, veinticinco hombres provistos de un verdadero arsenal, ingresaron al complejo donde vivía después de reducir (sin disparar un solo tiro) a la unidad de cinco policías que debía proteger la vivienda, y con la colaboración de uno de sus guardaespaldas, estadounidense.

Una vez dentro, realizaron un ataque de unos quince minutos de duración que incluyó bombas incendiarias y más de trescientas balas disparadas por ráfagas automáticas, para luego huir en los dos coches del propio Trotski. Pese al ensañamiento, el único herido —leve— a causa del asalto fue su nieto, Seva, ya que una bala que atravesó el colchón, del que se había tirado para buscar refugio, le rozó el tobillo.

La policía, una vez conocido el suceso, sospechó que «él mismo había urdido el ataque para contrarrestar las presiones a que se veía sometido para abandonar el país». 

No fue, a decir verdad, que Trotski no entendiera que querían atentar contra su vida luego de que enviasen trescientas balas en su dirección. Muy al contrario, las medidas de seguridad dentro de la casa aumentaron, y menos de un mes después «en el inventario de armas había una escopeta, una ametralladora Thompson y varios rifles y pistolas, incluido un Colt de calibre 38 para Trotski y una pistola automática para Sedova.

Cinco días después, pensaron en solicitar permiso para disponer de más armas: doce granadas de mano, cuatro rifles automáticos, dos ametralladoras, cuatro máscaras de gas y veinte cohetes».

Monte y Sylvia Ageloff después de su arresto

Pero hasta un escudo antimisiles hubiera sido inservible si lo que se hace es abrirle la puerta al asesino con toda la confianza. Trotski siempre había tenido ayudantes tales como mecanógrafas, traductoras o investigadoras. Una de ellas, Ruth Ageloff, de Estados Unidos, incluso recibía visitas de su hermana, Sylvia… y de su novio belga.

Un tal Frank Jacson, que ni era su nombre verdadero ni tampoco lo era el que le había dado a ella, Jacques Mornard. Y no solo eso: de belga, no tenía nada. Ramón Mercader había nacido un poco más al sur, en Barcelona. Hijo de una familia de la burguesía, luchó contra Franco en la guerra civil. Pero para cuando conoció a Sylvia ya era un agente de la NKVD que, sin embargo, nunca había pisado la Unión Soviética. 

Poco a poco, Mercader fue realizando «pequeños favores a los Trotski y sus amigos utilizando su coche para hacer recados o llevar personas al aeropuerto». A pesar del elevado nivel de alerta que existía en la casa desde el ataque, Trotski rechazaba algunos de los protocolos de seguridad dispuestos por sus guardias.

Así, el infiltrado entraba al recinto sin ser cacheado en ningún momento. Sacando provecho del trato amistoso, le pidió «que revisara un artículo que había escrito sobre la evolución política en Francia». Trotski accedió, pero también expresó luego a su esposa sentirse decepcionado por el escrito. 

Mercader regresó a visitarle a los pocos días, en teoría para revisar juntos el texto. Con traje y abrigo. En agosto. Pero el que pudiera ser en ese momento uno de los hombres más amenazados del mundo lo hizo pasar igual. No solo a su casa, sino hasta su estudio, y allí se sentó cómodamente en su silla.

No fue difícil, por lo tanto, para el sujeto que tiempo después fuera nombrado «Héroe de la Unión Soviética» asestar el golpe que sería fatal, con un piolet, en la cabeza de Trotski. A pesar de la violencia del acto, quien fuera uno de los organizadores de la Revolución de Octubre a tantos kilómetros de allí, se reincorporó y se abalanzó sobre Mercader, hiriéndolo.

Cuando así los encontraron Sedova y los guardias, que habían acudido al oír el alarido, le dijo a ella, todavía consciente: «Creo que esta vez lo han conseguido».

– Cuando se vive en peligro

Lo de Margarete Buber-Neumann —nacida con el apellido Thüring en Potsdam, Alemania, en 1901— bien merecería un artículo aparte. Su libro Prisionera de Stalin y Hitler (Galaxia Gutenberg, 2005), que ya desde el título puede darnos una idea del calvario que tuvo que vivir, contiene tal cantidad de personajes e historias que se lee como una novela.

Pero, lejos de ser una ficción, es un testimonio de lectura imprescindible no solo para asombrarse del afán de supervivencia de un ser humano, sino también para tratar de asimilar, en caso de ser posible, el nivel de atrocidades deliberadas que puede llegar a cometer la misma humanidad.

Margarete Buber-Neumann 

En sus años de encierro, Grete recibió más de una vez advertencias o pequeñas ayudas para que su situación no empeorase aún más.

No obstante, su relato contiene una anécdota, de un aviso emitido por ella misma, que deviene muy apropiado en este escrito: era probablemente el año 1939 —no especifica— y se encontraba en el «campo de trabajo y reeducación» (un eufemismo utilizado de manera oficial para sustituir de concentración o gulag) de Karagandá, en la estepa de lo que hoy es Kazajistán.

Cientos de kilómetros desprovistos de árboles o matorrales, con hileras de montañas en el horizonte, destinados a los prisioneros víctimas de la Gran Purga (la misma de la limpieza de los líderes del Ejército Rojo) que ayudó a consolidar en el poder a Stalin.

La mayoría eran miembros del Partido Comunista Soviético—pero también del alemán, como Buber-Neumann— y socialistas, anarquistas, profesionales, campesinos y minorías.

Aunque algunos habían sido acusados y sentenciados por no ser fieles al partido (como en el caso de los activistas «trostkistas»), en realidad era incontable el número de los reclusos sin tener ningún tipo de evidencia en su contra o por ser sospechosos de. Grete había conseguido lo que llama su primer trabajo —en contraposición a los que les eran impuestos y en condiciones miserables— como aprendiz de estadística en la oficina de un taller de reparaciones, junto a otros presos.

Allí debía llevar, con precisión, la contabilidad del trabajo efectuado día a día por los tractores, de las horas de trabajo perdido y sus causas. Un día comenzó a hablar con un obrero ruso —el saber el idioma le fue fundamental tanto para sobrevivir como para ayudar a muchos—, antiguo conductor de locomotoras, quien a medida que fueron entrando en confianza le empezó a revelar sus ideas políticas.

«Me habló con entusiasmo de un movimiento de resistencia en el país, que no esperaban más que la guerra con Alemania, pues su última y única esperanza era Hitler. Me quedé sorprendida y repliqué con toda la fuerza de mi convicción: «Pero ¡eso sería cambiar un caballo tuerto por otro ciego! ¿Sabes lo que significa Hitler? Eso sería reemplazar una dictadura por otra»». Nótese, por cierto, que ya un obrero de la fragua de un taller del campo de concentración en Siberia daba por hecha, unos dos años antes, la invasión nazi que el líder soviético se empeñó en negar.

Debido a la firma del Pacto Ribbentrop-Mólotov, Buber-Neumann fue entregada por la NKVD a la policía secreta oficial de la Alemania nazi, la Gestapo, en 1940, quien la destinó al campo de concentración de Ravensbrück, situado unos noventa kilómetros al norte de Berlín. Así, cambió condiciones de vida de abandono por un régimen militar estricto hasta la extenuación en su propia tierra.

«En el verano de 1942 las SS desplegaron una intensa actividad constructiva. Al otro lado del muro había grandes talleres de moderna edificación en los que se disponía de puestos de trabajo para varios miles de esclavas. En el costado opuesto la empresa Siemens & Halske levantaba barracones a toda prisa».

Sí, «… los de Siemens sabían algo», que decía George Steiner. Por si fuera poco, aquellos barracones no solo eran construidos por los propios prisioneros, sino que también luego algunos trabajaron allí —incluida Grete— del modo en que lo hacían los operarios de la empresa en libertad… pero como esclavos.

Buber-Neumann no tenía en mente hacer perdurar sus vivencias llevándolas al papel hasta que conoció en Ravensbrück a Milena Jesenská, una periodista checa que quizá les suene si están familiarizados con la obra de su compatriota Franz Kafka. Novios de 1920 a 1922, para ella eran las Cartas a Milena. Se hicieron amigas íntimas.

Milena, que también era escritora, escuchaba atentamente los relatos de la reclusión en Siberia de Grete con idea de escribirlos algún día, al recuperar la libertad, pero nunca cumplió su sueño porque su salud, que ya era frágil, se deterioró en el campo y murió en 1944 a causa de una infección renal. Su compañera le prometió que lo haría por ella, y materializó la obra.

En 1914 Kafka, «el más importante narrador en lengua alemana de nuestro siglo», según observó Buber-Neumann, no conocía todavía a Milena (la conoció, de hecho, por una carta de ella, pidiéndole autorización para traducir al checo su relato El Fogonero).

Tampoco Praga era parte de la República Checa que hoy conocemos, sino del Imperio austrohúngaro. Pero guerras ha habido siempre, y el 28 de julio —otra vez, en verano— había dado comienzo la denominada Primera Guerra Mundial, con el intento de la superpotencia de invadir Serbia.

Solo cinco días después, y a pesar de que la ciudad de Bohemia se encontraba, igual que hoy, a escasos trescientos kilómetros de distancia de la frontera alemana, el autor de La metamorfosis, en otro ejemplo histórico de reacción en claro contraste con el nivel de peligro, escribiría allí, en su diario personal, estas llamativas palabras: «Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Esta tarde, escuela de natación». 

Epílogo

Anschluss: anexión de Austria por la Alemania nazi - 12 de marzo de 1938 -  Zenda
Anschluss

¿Y qué pasa si no hay ningún aviso? ¿Qué pasa si uno no tiene, como Geremek, alguien que nos diga dónde no debemos sentarnos, o qué camino evitar, o alguien que nos agarre por el brazo para hacernos reaccionar a tiempo como a Steiner? 

Escribe Vuillard que justo antes de realizarse lo que se conoce como Anschluss (la anexión de Austria por parte de Alemania en marzo de 1938) «se produjeron más de mil setecientos suicidios en una sola semana». Personas que fueron superadas por la desesperación de saber qué podía pasarles, en qué se podía convertir su vida bajo el dominio nazi. Lo que habían visto o escuchado hasta ese momento les bastó para entender que lo que venía era todavía peor.

Siendo que no podemos fiarnos siempre de la ayuda de un otro que nos advierta del peligro, quizá la memoria —la misma que hace reconocer el cazador al picabuey— ese instrumento que hoy cuesta ejercitar ante la llegada continua de información y de miles de hechos instantáneos y efímeros, tenga que ser en definitiva la encargada natural de ese rol en nosotros.

La memoria no solo como cúmulo de recuerdos personales y colectivos, sino como manera de entender que «lo pasado» nunca es un pasado cerrado y sellado para siempre. Lo pasado llega hasta hoy y llegará hasta mañana y, por lo tanto, puede repetirse. Una memoria, bien preservada y en constante nutrición, que encienda, avizora, una luz de alerta ante la amenaza de olvido.

En su libro La traducción del mundo – Las conferencias Weidenfeld 2022 (Alfaguara, 2023) el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez ejemplifica su sensación personal de tiempo continuo con una anécdota. Al mismo tiempo que sus hijas gemelas intentaban superar un nacimiento difícil, visitó a un doctor que le enseñó dos fragmentos humanos distintos entre sí, pero ambos pertenecientes a líderes políticos asesinados en su país, con treinta y cuatro años de diferencia.

«Después de visitar repetidas veces —relata Vásquez— a mi amigo médico, después de sostener en mis manos el cráneo de Uribe y la vértebra de Gaitán, yo solía llegar a la clínica donde mis hijas prematuras se recuperaban, y las enfermeras me permitían sacarlas de sus incubadoras y ponérmelas sobre el pecho.

En esos momentos, no lograba apartar una emoción compleja: en mis manos habían estado los restos humanos de las víctimas de la violencia colombiana, y ahora estaban los cuerpos vivos de dos niñas que luchaban (la terca biología) por seguir viviendo. Las preguntas eran: ¿cómo marcarían las violencias del pasado sus vidas futuras? ¿Cómo protegerlas de esa violencia? Entonces sentía vivamente que el pasado, como escribió Faulkner en Réquiem por una monja, no está muerto: ni siquiera es pasado».

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Más que un palacio flotante, el Titanic era un barco de migrantes…


National Geographic(Abel M.G.) — “Llamaban al Titanic el barco de los sueños. Y lo era, realmente lo era”. La frase con la que Gloria Stuart introducía, en la película de James Cameron, la narración del último viaje del transatlántico más famoso del mundo describe perfectamente la imagen que la mayoría del mundo tiene del Titanic: como un palacio flotante.

Una imagen que, aunque tenga su parte de verdad, no refleja la compleja realidad de los pasajeros que se embarcaron en aquel fatídico viaje.

El Titanic llevaba algo más de 1.300 pasajeros, de los cuales menos del 25% eran de primera clase y poco más del 20% de segunda, mientras que más de la mitad viajaban en tercera clase. De hecho, los pasajeros representaban aproximadamente el 60% de las personas que iban a bordo, ya que el barco contaba con una tripulación de más de 900 personas entre marineros y personal de servicio.

El precio de un billete de tercera clase en el Titanic era de siete libras esterlinas de la época, lo que equivaldría a algo menos de mil euros actuales. Los de segunda costaban doce libras (unos 1.800 euros actuales) y los billetes estándar de primera costaban treinta (casi 4.000 euros).

Sin contar las suites, que podían alcanzar precios astronómicos, los billetes de tercera y segunda clase combinados representaban más de la mitad de las ventas.

15 de abril de 1912: el RMS Titanic se hunde en su primer viaje de  Inglaterra a Estados Unidos - El Orden Mundial - EOM

La llamada de las Américas

Aunque lo recordemos como un crucero de lujo el Titanic era, en buena medida, un barco de migrantes; desde la gente de tercera clase que esperaba empezar una nueva vida, hasta los pasajeros de primera que iban a América en busca de nuevas oportunidades de negocio.

“Todos tenemos esta imagen del Titanic como un palacio flotante, pero la mayoría de los pasajeros eran gente que viajaba en tercera clase”, afirma la escritora Carmen Posadas, que acaba de publicar su novela El misterioso caso del impostor del Titanic, un thriller inspirado en uno de los diez pasajeros españoles que viajaban en el transatlántico.

Muchos de estos pasajeros de tercera clase eran irlandeses que se embarcaron en Queenstown (hoy Cobh), el último puerto donde el Titanic hizo escala antes de cruzar el Atlántico. El deseo de emigrar a América era muy común debido a la crisis económica y social en Irlanda en esa época. Según Posadas, “eran gente que vendían todo lo que tenían y compraban un billete para empezar desde cero”.

En ese momento, en Estados Unidos había mucha demanda de mano de obra para trabajos que no requerían un conocimiento previo del idioma. El país vivía un período de auge en sectores como la construcción, la minería y el ferrocarril, lo que requería trabajadores en grandes cantidades, lo que empujó a muchos extranjeros europeos, latinoamericanos y asiáticos a emigrar.

No era solo el Titanic: casi todos los viajes transatlánticos tenían una gran proporción de pasajeros migrantes.

La autora atribuye una parte de la tragedia al hecho de que muchos de estos pasajeros no hablaban inglés y, por lo tanto, no pudieron entender bien las indicaciones de la tripulación. Aunque una gran parte de estos pasajeros eran irlandeses o británicos, también había muchos italianos y gente de otras nacionalidades.

Cuando estos pasajeros se dieron cuenta de que el barco se hundía, unido al hecho de que los accesos de segunda y tercera clase se abrieron solo después de evacuar a los de primera, se desató el pánico.

La tierra de las oportunidades

Titanic: dónde se hundió exactamente el transatlántico y cómo encontraron  sus restos en 1985 - BBC News Mundo

Pero incluso en primera clase había gente que viajaba a América en busca de oportunidades: empresarios y familias adineradas, gente que veía el viaje en el Titanic no solo como una experiencia de lujo sino como una oportunidad para hacer contactos.

Algunos de los pasajeros eran inversores o propietarios de cadenas que esperaban abrir nuevos negocios en Estados Unidos, que en ese momento era una tierra de oportunidades económicas.

Otros pasajeros de primera clase viajaban a Estados Unidos para explorar oportunidades en el mercado inmobiliario y de la construcción.

El desarrollo urbano en ciudades como Nueva York atrajo a familias acaudaladas que veían un gran potencial de inversión en estos sectores. Además de los empresarios y grandes inversores, también había profesionales de alto nivel como médicos y abogados, que aspiraban a establecerse en América para hacer prosperas sus carreras.

Finalmente, entre los pasajeros de primera clase también había herederos de familias aristocráticas y figuras de la alta sociedad europea que viajaban con el objetivo de codearse con la rica élite estadounidense.

Organizando cenas y eventos privados a bordo, algunos buscaban fortalecer sus redes de influencia con los nuevos ricos americanos, especialmente mediante alianzas matrimoniales con familias acomodadas. Esta era una práctica común en aquella época: los europeos aportaban el linaje y los americanos la fortuna.

Finalmente, lo que debía ser un viaje de oportunidades para muchos se transformó en una pesadilla. La gran mayoría de víctimas fueron de tercera y segunda clase, aunque también murieron un gran número de hombres en primera clase.

El del Titanic no fue el mayor accidente marítimo de la historia, pero el aura mítica que acompañaba al barco ha contribuido a hacerlo, sin duda, el naufragio más famoso de todos los tiempos.

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Universo 25: así fue el famoso experimento sobre el hacinamiento con ratones…


Psicología y mente(L.M.C-Hernández) — A lo largo de la historia, se han realizado diferentes experimentos para estudiar el fenómeno de la sobrepoblación. Sin embargo, es posible que el del Universo 25 sea el más famoso de todos ellos.

Por este motivo, vamos a dedicar este artículo a estudiar en profundidad dicha investigación y todos los fenómenos asociados a la misma, pues sus conclusiones fueron muy reveladoras.

– ¿Qué fue el experimento del Universo 25?

Para entender las implicaciones del Universo 25, es necesario realizar partir de unas premisas que nos sitúen en el contexto de este tipo de investigaciones. Por eso, antes de entrar de lleno en el desarrollo de dicho experimento, vamos a realizar una pequeña introducción general sobre los trabajos de esta índole.

Durante mediados del siglo XX, algunos etólogos decidieron estudiar cuáles eran los efectos que el hacinamiento por sobrepoblación podían tener en los individuos a largo plazo. Para ello se desarrollaron una serie de experimentos en el que se disponía a un grupo de animales, generalmente roedores, en un espacio con condiciones ideales para su desarrollo y reproducción.

Se podría decir que se generaba una utopía para dichos animales, pues contaban de antemano con todos los recursos que podrían necesitar. Es decir, se había creado de manera artificial un hábitat en el que los individuos no tendrían, aparentemente, ningún problema para alimentarse y reproducirse, de cara a aumentar la población original. Veremos más adelante que el Universo 25 era uno de estos escenarios.

Ahí es donde entró John Bumpass Calhoun, uno de los etólogos más importantes en las investigaciones sobre la densidad de población. Este autor fue uno de los más prolíficos en cuanto a este tipo de estudios. De hecho, fue Calhoun el creador del llamado Universo 25, entre otros muchos escenarios de utopías de ratas y ratones.

La hipótesis de partida a este tipo de experimentos es que, el emplazamiento elegido debería dar cabida y sustento, sin ningún tipo de problema, hasta que la población alcanzase un punto crítico, que se había estimado haciendo una serie de cálculos y dependía fundamentalmente del área del recinto, siempre teniendo en cuenta que había comida y agua suficiente para todos los individuos y no existían amenazas externas.

Pero los resultados eran implacables: nunca se alcanzaba ese punto crítico, porque la población colapsaba mucho antes. ¿Por qué?

Universo 25: un error epistémico y antropológico - Informatepy.com

. Creación del Universo 25

Pero, ¿qué pasó en el Universo 25? ¿Por qué lo que nació como una utopía acabó convirtiéndose más bien en una distopía apocalíptica para estos roedores? Para conocer la respuesta a estas cuestiones, vamos a entrar de lleno en el desarrollo de este experimento. Tendremos que remontarnos al año 1968, momento en el que John B. Calhoun creó un nuevo mundo para un pequeño grupo de ratones.

El Universo 25 tenía una superficie de 6,5 m2, que albergaba originalmente a una pequeña población de 8 individuos. Si existía un paraíso en la tierra para los ratones, era desde luego este lugar. Comida suficiente para todos, agua fresca, ningún depredador acechando… Las condiciones eran ideales. Aparentemente. Según los cálculos, este pequeño mundo debería haber podido dar cobijo a 3500 ratones. Pero nunca llegó a esa cifra.

Los ocho primeros pobladores del Universo 25 no tardaron en emparejarse y comenzar a reproducirse, provocando un crecimiento exponencial en esta peculiar civilización. En poco más de un año, la población se había duplicado en sucesivas ocasiones hasta alcanzar una cifra de 620 individuos, momento en el que este crecimiento comenzó a ralentizarse.

Hasta ese momento, la vida de los roedores había sido prácticamente perfecta. Tenían todo lo que necesitaban y nada ponía en peligro su vida. Pero la vida en el Universo 25 estaba a punto de dejar de ser tan bucólica, pues, sin saberlo, estaban aproximándose a una cifra crítica, no por la escasez de recursos, sino por otros factores, que no se habían tenido en cuenta.

Experimento sobre el hacinamiento en ratas

– El declive del proyecto

Fue entonces cuando comenzaron a aparecer las anomalías a nivel conductual. El comportamiento de los ratones del Universo 25 empezó a ser errático. Parecía que los ratones ya no se sentían tan cómodos, y aunque todos cabían físicamente en el recinto, empezaban a sentir los efectos de una sobrepoblación. Todos se cruzaban en el camino de los otros constantemente al ir en busca de comida o agua, o al regresar al nido.

No había amenazas externas, pero comenzaron a generarse las de tipo interno. Los ratones estaban cada vez más juntos y eso implicaba peleas territoriales, traslados constantes a otras zonas del Universo 25, etc. Y surgió el problema fundamental: muchos ratones dejaron de tener un papel en esa pequeña sociedad. No había roles para todos los individuos.

Debido a este fenómeno, muchos de los roedores se mostraban apáticos, dejaban de moverse e interactuar, ya que no ocupaban un papel significativo en ese pequeño mundo. No tenían utilidad. John B. Calhoun bautizó este fenómeno con el término de drenaje conductual, o hundimiento conductual.

Observó que muchas hembras del Universo 25 dejaron de tratar de reproducirse. Los machos, igualmente, se alejaban de los nidos y simplemente se iban a la zona del recinto donde se encontraba el alimento. Los conflictos vecinales eran constantes y era difícil encontrar algún ratón que no contase con alguna herida o cicatriz debido a una disputa territorial.

Se observaron conductas sexuales anómalas. Había individuos que realizaban estos comportamientos de manera frenética, sin discriminación de sexos, para luego pasar a no realizar cópula alguna. Aparecieron las luchas intrafamiliares. Algunos de los ratones acabaron con la vida de sus crías. Otros expulsaban a miembros del nido. Incluso se llegaron a registrar comportamientos caníbales.

Hay que decir que no todos los ratones tenían conductas violentas. Existía un grupo, al que Calhoun bautizó como “los guapos”, cuyo comportamiento se limitaba a conductas de higiene como atusarse el pelo, aparte de alimentarse y dormir, que es la única actividad a la que se reducía la conducta de todos los componentes de la colonia.

Experimento Universo 25 – Cultura Vegana

. El colapso

El caos en el Universo 25 era absoluto. El paraíso de los ratones se había convertido en un infierno. En 1970, habiendo pasado menos de dos años desde que se inició el experimento, nació la última camada de ratones de este hábitat, por lo que la población se estancó y comenzó a caer en picado.

Los individuos habían perdido la fertilidad, por lo que, llegados a este punto, la sociedad no tenía salvación posible. Lo que ocurrió desde entonces hasta el año 1973 fue la progresiva e inevitable muerte de todos y cada uno de los ratones que conformaban el Universo 25, extinguiendo para siempre ese intento de utopía, pero dejando cuestiones muy interesantes tras este evento.

La progresión poblacional dibujó una parábola cuya cúspide se situó en marzo de 1970, momento en el cual la tendencia empezó a ser negativa, hasta llegar a 1973, cuando el Universo 25 definitivamente dejó de existir. Su población máxima llegó a ser de 2200 individuos. Recordemos que, idealmente, se consideró que este espacio podría haber albergado hasta 3500 ratones.

Pero ya hemos comprobado que, debido al drenaje conductual, un factor que los investigadores no habían tenido en cuenta, la población colapsó mucho antes de ni siquiera acercarse a esa cifra.

EL EXPERIMENTO DE LA SUPERPOBLACIÓN Y SU IMPACTO EN LA PSICOLOGÍA |  Psiconetwork

– Conclusiones sobre el experimento del Universo 25

Una de las primeras preguntas que suelen surgir tras conocer el experimento del Universo 25 es cómo de extrapolable son los procesos que acabaron con esa pequeña civilización a la propia sociedad humana, o al menos a alguna de ellas. Lógicamente, cualquier conclusión en este sentido debe tomarse con suma cautela, pues ambos escenarios distan mucho de ser comparables.

El propio John B. Calhoun trató de buscar esos paralelismos para intentar encajar lo que había descubierto en su estudio sobre ratones en una sociedad humana. Otros autores, como Jonathan Freedman, realizaron sus propias investigaciones, esta vez con personas, pidiéndole a una serie de alumnos que realizaran diferentes tareas en unas condiciones de sobrepoblación.

Freedman observó que las conductas agresivas, así como el estrés y el malestar de los participantes se elevaba a medida que la densidad de personas en el mismo espacio crecía. De hecho, algunos autores apuntaron, acerca del del experimento del Universo 25, que la clave no residía en cantidad de individuos que compartían un mismo área, sino en el número de interacciones que todos esos animales se veían obligados a realizar.

En cualquier caso, establecer una comparativa con seres humanos es complicado, pues la sociedad humana es sustancialmente más compleja y en ningún caso cuenta con recursos infinitos para hacer crecer la población indefinidamente hasta que colapse por otros factores, como el drenaje conductual.

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El pueblo conocido como el “Marruecos español”: cultura, historia, naturaleza y agua, mucha agua…


Chelva, en Valencia 

Infobae(F.S.Martínez) — A 60 kilómetros al noroeste de la ciudad de Valencia, en el interior de la provincia, existe un pequeño pueblo de unos 1.645 habitantes llamado Chelva. Rodeado de naturaleza y cargado de historia y cultura, esta comunidad también ha sufrido los efectos de la reciente y catastrófica DANA, aunque, según informa el medio Levante, el mercantil valenciano, los daños se han concentrado en caminos forestales, en la Ruta del Agua, y en toda la zona del cauce del río Tuéjar.

Según Clara Isabel Folgado, concejala de Chelva, “los caminos que van hasta el río están muy mal. Hemos empezado con lo urgente, que es limpiar y quitar piedras y ramas. Pero hemos tenido muchísima suerte de que no haya llegado al pueblo”.

Chelva se trata de una villa que ha sido habitada por diversos pueblos desde la prehistoria y que conserva a día de hoy varios vestigios del dominio romano sobre la península, de la cultura arquitectónica de Al-Ándalus, y de los cristianos medievales, todo ello concentrado en 190 kilómetros cuadrados. Es, además, la capital de La Serranía del Turria, una comarca compuesta por 19 municipios de la provincia de Valencia.

– Tres rutas para conocer Chelva a fondo: agua, naturaleza, cultura e historia, un poco de todo

En este pueblo hay mucho que ver: existen tres rutas, una conocidísima y otras no tanto que muestran, entre todas, la gran oferta cultural e histórica de esta pequeña comunidad. Con un casco histórico declarado Interés de Bien Cultural, este pueblo enmarca la huella dejada por musulmanes, cristianos y judíos a lo largo de sus siglos de historia.

La Ruta del Agua es la más conocida de las tres: se trata de un camino circular que “combina naturaleza y cultura”, según el Levante, de aproximadamente dos horas de duración y con varias áreas de descanso que parte de la Plaza Mayor de Chelva.

Atraviesa paisajes tan particulares como la Playeta, un remanso fruto de la caída de unas cascadas cargadas de agua del Tuéjar y que es, además, perfecto para darse un baño; o el Paso de Oliches, un túnel de 100 metros excavado en la montaña.

A pesar de ser uno de los destinos más populares de la región, esta ruta se mantendrá cerrada hasta nuevo aviso debido a los desperfectos provocados por la DANA.

Barrio del Arrabal, en Chelva, en Valencia

Existen, sin embargo, otras dos rutas imprescindibles que visitar. La Ruta de las Tres Culturas, por ejemplo, comienza junto a la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, adentrándose en el barrio andalusí de Benacacira a través de un pasadizo que se encuentra bajo el ayuntamiento, en la plaza mayor.

Las calles laberínticas y desniveladas que acogen las casas encaladas de este barrio árabe son de las más fotografiadas del pueblo y lo que, junto con las fachadas blanquiazules, dio al pueblo de Chelva su fama de “marruecos español”.

Pasando por la Ermita de la Soledad y el Museo Arqueológico de Chelva, el recorrido desemboca en el barrio cristiano a través de la calle de San Francisco de Asís.

Una vez se alcanza el Palacio Vizcondal de Chelva, una imponente construcción del siglo XIV, los visitantes se encontrarán en el Portal del Azoque, la entrada al barrio judío, descendiendo a continuación por las calles serpenteantes del barrio del Arrabal al son del agua de las antiquísimas acequias que, tanto tiempo ha de su construcción, siguen funcionando.

La Ruta de los Lavaderos, por su parte, también tiene el agua como protagonista: lleva a los visitantes en un recorrido a través de los 7 lavaderos del pueblo, la mayoría de los cuales sigue en uso, según Chelva turismo. Estas construcciones “tuvieron un papel muy importante en el desarrollo de las condiciones higiénico-sanitarias de la sociedad del s. XIX y XX.”

Y, además, también tenían una destacada función en cuanto a las relaciones sociales, ya que solían ser uno de los puntos de encuentro y reunión del pueblo, sobre todo de las mujeres.

Esta ruta empieza en el lavadero de Górgol, llevando a continuación a los visitantes al Lavadero del Baño, algo oculto tras un muro pero lleno de vegetación.

El Lavadero del Arrabal I y II, y el lavadero de Peirería son los últimos ubicados en el interior del pueblo, tras lo cual el camino lleva hasta el lavadero público de Querefil, una réplica pero pequeña del siguiente lavadero a visitar, el de Embaranycon tres pórticos y un gran estanque alrededor, haciendo las veces de ubicación ideal para descansar los pies en el agua y almorzar rodeados de naturaleza.

La historia, la cultura, y la naturaleza hacen de Chelva un destino muy valioso e ideal para todo aquel que busque alejarse un poco de todo y desconectar arropándose con el ambiente tan particular de este precioso pueblo valenciano.

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Cómo Internet ha revolucionado la vida en los cruceros…


El M/V Narrative, propiedad de la línea de cruceros Storylines.

Forbes(C.C.Campbell) — El mundo cambió en 2020 con la pandemia. Todos tuvimos que encontrar la manera de cambiar nuestra forma de trabajar. Las «reuniones con Zoom» se convirtieron en la norma, nuestros armarios evolucionaron para centrarse en la comodidad y nuestro tiempo con la familia volvió a ser importante.

Avanzamos rápidamente unos años y empezamos a ver cómo podríamos haber apreciado el entorno laboral pandémico: trabajando donde y cuando quisiéramos.

Desde entonces, nuestras vidas se han convertido en nuestra máxima prioridad, y las empresas inteligentes han aprendido a envolver sus empresas en torno a las vidas de sus empleados, en contraposición al entorno laboral tradicional en el que los empleados se visten y se cubren en un vasto universo de oficinas.

Cuando viajaba en el Jewel of the Seas de Royal Caribbean el año pasado por el Atlántico Norte, probablemente uno de los lugares más remotos del planeta, me sorprendió descubrir que tenían Internet de alta velocidad.

Podía hacer llamadas con Zoom, podcasts y entrevistas. Instalaron el nuevo «Starlink», desarrollado por la empresa de Elon Musk, Space X. Se trata de un satélite de órbita baja, extrañamente rápido. Normalmente, Internet por satélite no responde muy bien, es lento y frustrante.

Cualquiera que haya intentado utilizar Internet en el pasado sabe exactamente a lo que me refiero. Es caro y no consigues que funcione correctamente, así que te das por vencido después de tomar demasiados cafés y decir palabrotas.

Las líneas de cruceros parecen estar doblando la apuesta.

Me puse en contacto con Royal Caribbean para que me dieran su opinión al respecto, y parece que van ‘a por todas’ hacia un universo de Internet de alta velocidad. «La conectividad sin fisuras ha supuesto un cambio de juego en la experiencia de los huéspedes a bordo», declaró Martha Poulter, Vicepresidenta Senior y Directora de Información del Grupo Royal Caribbean.

«Starlink nos permite ofrecer Internet de alta velocidad en toda nuestra flota para que nuestros huéspedes puedan estar conectados, independientemente de dónde naveguen con nosotros».

Esta innovación suscita la pregunta: ¿Es Starlink un cambio tecnológico que podría transformar nuestra forma de trabajar a un nivel completamente nuevo? Con Starlink, cualquiera puede utilizar Internet por negocios o por placer en cualquier parte del mundo. ¿Estamos a punto de poder trabajar «cuando» y «donde» queramos, incluido el mar del Atlántico Norte?

El libro Start. Escala. Exit. Repeat. analiza cómo los cambios tecnológicos pueden transformar el mundo y cómo ese cambio puede afectar a la humanidad. Los cambios tecnológicos ocurren todo el tiempo.

Vimos cómo el acceso a Internet en los años 90 conectó al mundo, cómo la banda ancha creó la computación en nube en línea y cómo Internet permitió una economía de intercambio con empresas como Airbnb que conectaban a inquilinos con propietarios de viviendas.

Hoy, estamos viendo cómo la IA transforma las industrias. La llegada de Internet de alta velocidad a cualquier lugar por parte de SpaceX y otras empresas emergentes similares desencadenará otro cambio de paradigma: Vivir, trabajar y jugar en cualquier parte del mundo.

Hoy puede reservar un crucero y seguir trabajando en su empresa. Cierre algunos tratos y disfrute de un cóctel por la tarde con vistas a los icebergs de Alaska.

Cómo conectarse a Internet en un barco

Me impresionó la velocidad de Internet, pero tengo que admitir que también me frustró la falta de privacidad necesaria para llevar a cabo mis reuniones. Normalmente me encontraba en el salón de la suite haciendo reuniones y podcasts, sólo para encontrarme con otros adictos al trabajo de ideas afines aporreando teclas en sus portátiles y haciendo reuniones por vídeo.

En un momento dado, incluso intenté encontrar sitio en el casino cerrado, pero pasaba demasiada gente y me ponía caras raras.

Mi habitación no era mucho mejor, ya que mi mujer y mis hijos no querían que trabajara allí. En un futuro próximo, predigo que las compañías de cruceros empezarán a construir cierta infraestructura de oficinas para permitir a la gente trabajar en el mar, ampliando el tiempo que la gente puede pasar en un crucero.

La idea de que realmente se pueda trabajar en el mar nos impulsó a mi esposa y a mí a comprar un apartamento en un barco llamado Storylines MV Narrative, cuya botadura está prevista para 2027.

El barco viene totalmente equipado con todas las comodidades que cabría esperar de un crucero: restaurantes, gimnasio y teatro, pero también incluye oficinas privadas y compartidas en unas instalaciones dedicadas a los trabajadores remotos. Piense en ello como un «We Work» en alta mar.

No se trata del típico crucero, sino de un barco residencial: un estilo de vida móvil en el que su hogar viaja con usted por todo el planeta.

La noción de que necesitamos trabajar en una oficina de 9 a 5 se ha ido por la ventana con la pandemia. Ahora, la noción de que necesitamos vivir en un solo lugar ha cambiado con la llegada de Internet a todos los rincones del planeta.

En Storylines, piensan en la importancia de vivir y trabajar en el mar. «Hay muchos espacios de trabajo a bordo, como salas de reuniones, espacios de oficina, el estudio de grabación, el centro de aficionados y creadores, el estudio de artistas, el laboratorio médico y mucho más», afirma Alister Punton, director general de Storylines.

Storylines se ha comprometido a instalar el Internet más avanzado disponible, haciendo posible trabajar en cualquier lugar del planeta. «Starlink ocupa un lugar destacado en nuestra lista de proveedores.

Estamos trabajando para proporcionar niveles de conexión en casa y en el trabajo para todos los residentes del barco, que se proporcionarán utilizando una combinación de métodos, incluyendo LEO, VSAT y MBB».

El barco, que suele atraer a jubilados, también atrae a familias y empresarios que desean llevar un estilo de vida viajero sin dejar de acumular riqueza.

Mi esposa y yo planeamos viajar de tres a seis meses al año. Además de conectar con una comunidad de compañeros de viaje y explorar el mundo, lo veo como una oportunidad única para avanzar en mi misión de hablar globalmente sobre cómo ayudar a los empresarios a poner en marcha, ampliar y sacar adelante sus empresas.

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Ansiedad Social: Consejos para recuperar la Confianza en Entornos Sociales…


Ansiedad Social: Consejos para recuperar la Confianza en Entornos Sociales

Psicología y Mente(R.L.Riego) — La ansiedad social es una respuesta de miedo o incomodidad intensa frente a situaciones de interacción con otras personas.

Esto puede manifestarse de muchas maneras, como el temor a ser juzgado, a hacer algo embarazoso o incluso al simple hecho de iniciar una conversación.

Este tipo de ansiedad afecta tanto a la vida personal como a la profesional, y aprender a gestionarla es crucial para poder relacionarnos libremente en el mundo en el que vivimos.

– ¿Qué es la ansiedad social y por qué aparece?

La ansiedad social es una forma de ansiedad caracterizada por una preocupación excesiva sobre cómo uno es percibido. Este miedo al juicio puede hacer que la persona sienta síntomas físicos (como sudoración o taquicardia) y cognitivos (como pensamientos de autorreproche).

En esencia, el cerebro percibe las interacciones como «situaciones de riesgo» y responde con una alarma de ansiedad que se convierte en un obstáculo para la interacción.

– Estrategias para manejar la ansiedad social

Existen varias técnicas que pueden ayudarte a gestionar la ansiedad social de manera efectiva y a recuperar la confianza en ti mismo en situaciones de interacción.

1. Trabaja y tolera tus pensamientos intrusivos

Uno de los principales retos en la ansiedad social es la autocrítica y los pensamientos intrusivos que generan inseguridad. Las personas con ansiedad social suelen enfrentarse a pensamientos distorsionados como “seguro que hago el ridículo” o “todos notarán que estoy nervioso.” Una herramienta clave es aprender a identificar estos pensamientos y cuestionar su validez.

Para ello, puede ayudarte pensar si tienes pruebas objetivas que confirmen esas creencias o si estás siendo demasiado severo contigo mismo. En vez de resistir o intentar eliminar estos pensamientos, es importante también aceptar que aparecerán y que son normales. Al enfocarte en tolerar el malestar que estos pensamientos producen, les restas poder y permites que se vayan debilitando con el tiempo.

2. Practicar la exposición gradual a situaciones temidas

La exposición gradual es una técnica eficaz para enfrentar la ansiedad, pues permite al cerebro habituarse a situaciones que inicialmente resultan intimidantes. La clave está en abordar cada situación de manera progresiva, comenzando por interacciones menos intimidantes e incrementando el nivel de exposición conforme te sientas más cómodo.

Para ello te recomiendo que hagas una lista de las situaciones que nos intimidan y en cada una de ellas añadas niveles progresivos de menor nivel de ansiedad a mayor nivel de ansiedad. Ve superando los niveles poco a poco practicando la exposición y rebajando así los niveles de ansiedad de cada una de las situaciones.

Ansiedad Social

3. Desarrollar habilidades de comunicación

Muchas personas con ansiedad social temen quedarse sin tema de conversación o hacer comentarios inapropiados. Desarrollar habilidades de comunicación mejora la confianza en estas situaciones. Una de las más sencillas de practicar puede ser la escucha activa, que me permite mostrar interés por los acontecimientos en la vida de las demás personas y mantener una conversación fluida.

4. Ejercicios de respiración para reducir la respuesta de ansiedad

La ansiedad provoca una aceleración en la respiración y en el ritmo cardíaco. Practicar ejercicios de respiración te ayudará a calmar el sistema nervioso cuando sientas que la ansiedad aumenta. Hay diferentes formas de hacerlo, incluso aplicaciones que pueden ayudarte con tus ejercicios de respiración. Practicar habitualmente ejercicios de respiración nos ayudará a calmarnos y si lo hacemos previo a situaciones sociales que no generen estrés o ansiedad nos ayudarán a ir más calmados a ellas.

5. Practicar la autocompasión

La autocompasión implica tratarte a ti mismo con la misma amabilidad con la que tratarías a un amigo. La ansiedad social suele hacer que las personas sean duras consigo mismas, por lo que cultivar la autocompasión puede ayudar a reducir la autocrítica y la vergüenza.

Te recomiendo que en las situaciones sociales en las que empiezas a cuestionarte y a criticarte te imagines contestándote como si lo hicieras con tu mejor amiga/o, intentando ser más amable y encontrando el motivo por el que quizás cometí ese error o he llegado a pensar de esa manera.

6. Visualización de situaciones exitosas

Antes de enfrentarte a una situación que te cause ansiedad, visualiza un resultado positivo. Imaginar que te sientes tranquilo y en control reduce la probabilidad de que los pensamientos ansiosos dominen tu mente. Busca un lugar donde te sientas tranquilo y tras una relajación practica la visualización de ese momento que te genera tanta ansiedad social siendo exitoso.

Este tipo de visualización refuerza una sensación de confianza y ayuda a mitigar los pensamientos negativos.

7. Pedir apoyo profesional

Si la ansiedad social persiste y afecta significativamente tu vida, buscar el apoyo de un terapeuta puede ser muy útil. La terapia, ofrece técnicas estructuradas que ayudan a identificar patrones de pensamiento, desafiar creencias irracionales y desarrollar herramientas para manejar la ansiedad en situaciones sociales.

Cómo podemos tratar la Fobia Social? - En Clínica EOS te ayudamos

En conclusión

La ansiedad social es una experiencia común, pero puede superarse con un enfoque gradual y prácticas específicas.

La exposición controlada, el desarrollo de habilidades de comunicación y la autocompasión son pasos clave para reconectar de manera sana y equilibrada con los demás.

Trabajar en cada una de estas áreas te permitirá avanzar a tu propio ritmo y reconquistar la confianza en entornos sociales, para que disfrutes de las interacciones sin el peso de la ansiedad.

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Canciones con historia: «Sweet Home Alabama»…


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Lynyrd Skynyrd. (1977)

JotDown(E.deGorgot) — Iba conduciendo, me puse a escuchar la radio y el locutor dijo: «Ahora, una canción de Leonard Skinner». Pensé que algo estaba pasando». (Leonard Skinner, profesor de gimnasia en Jacksonville, Florida)

—One, two, three…

—Turn it up

Aunque Miami tiene un área metropolitana con más del doble de habitantes, Jacksonville es el municipio más poblado de Florida.

En España, ese nombre resuena mucho menos que el de Nashville o Memphis, pero en Jacksonville pueden alardear de que fue allí donde se produjo la génesis de dos de los grupos más legendarios de la música estadounidense, los dos más importantes de lo que alguien bautizaría como southern rock o «rock sureño»: Allman Brothers Band y Lynyrd Skynyrd.

Ambos, por cierto, perseguidos por la desgracia. Los primeros se formaron en 1969 y podría decirse que nacieron dentro del negocio musical por iniciativa del jovencísimo guitarrista Duane Allman, que antes de cumplir los veintitrés años ya se había convertido en un cotizado músico de estudio, dejando la inconfundible impronta de su guitarra en grabaciones de Wilson Pickett o Aretha Franklin.

Decidido a publicar su propio material, Duane reclutó a otros músicos de sesión con quienes había congeniado, convenció a su hermano pequeño para que se convirtiera en su cantante y teclista, y con ellos formó una nueva banda. Aprovechando la honda impresión que su trabajo anterior había dejado en los ejecutivos discográficos, logró tener su primer LP en las tiendas antes de terminar el año.

Conocidos por la barroca intensidad de sus conciertos, alcanzaron el estrellato en julio de 1971 gracias a su tercer disco, precisamente un directo. Unos meses después, en octubre, Duane Allman se mató en un accidente, al chocar su moto con un camión que transportaba troncos de madera.

La historia de Lynyrd Skynyrd comenzó de manera muy diferente. Sus cinco miembros fundadores se conocieron en el instituto y en 1964 formaron el típico grupo de novatos adolescentes que hacen música sin demasiadas perspectivas, pero con muchos sueños. En aquel instituto, el Robert E. Lee, había una más que notable tradición musical. Una de sus profesoras de lengua, Mae Boren Axton, había escrito la excelente letra de «Heartbreak Hotel».

Su hijo Hoyt Axton, que estudió en ese instituto unos pocos cursos antes que nuestros protagonistas, compuso, entre otras cosas, el mega clásico «Never Been to Spain» de Three Dog Night, que también terminaría interpretando Elvis.

Los cinco chavales empezaron con versiones de grupos británicos como los Rolling StonesYardbirds o Them. Cuando uno de ellos se compró el disco Beatles ’65, lo escucharon y quedaron tan fascinados que se propusieron aprenderse todas las canciones, aunque por entonces apenas sabían tocar: «Era difícil, pero lo intentábamos».

Cada cierto tiempo cambiaban el nombre de la banda, aunque no acertaban con uno bueno: My Backyard, The Noble Five. Un día se toparon con unos Ángeles del Infierno que llevaban tatuado su distintivo «1%», y rebautizaron la banda como One Percent «como si fuésemos moteros».

Lynyrd Skynyrd. (1973)

El nombre definitivo lo sacaron de uno de sus profesores de gimnasia, Leonard Skinner, a quien no le gustaba el rock ni mucho menos que los alumnos llevasen el pelo largo.

Varios de ellos dejaron los estudios precisamente porque Skinner los castigaba una y otra vez con suspensiones, así que casi no acudían a clase.

El apellido Skinner, que se podría traducir como «peletero» o «desollador», era una broma recurrente entre los cinco jovenzuelos, así como el nombre Leonard, que es como un juego de palabras: le nerd, el empollón.

Tanto lo mencionaban, que terminaron por adoptar «Leonard Skinner» como nombre oficial, aunque reescribiéndolo «Lynyrd Skynyrd», que se pronuncia exactamente igual (cosa que, de manera muy cachonda, aclaraban con el título de su primer disco, Pronounced Lêh-nérd Skin-nérd).

Años después, el profesor quedó atónito cuando escuchó su propio nombre en la radio. Al principio no le hizo ninguna gracia. Durante años, el que aquella panda de antiguos alumnos melenudos usara su nombre le provocó un sentimiento agridulce. Con el tiempo, sin embargo, empezó a sentirse orgulloso de formar parte de la leyenda.

Lynyrd Skynyrd siguieron tocando de manera incesante hasta que, en 1973, consiguieron publicar aquel primer disco. Fue uno de los debuts discográficos más imponentes de la historia del rock, con cosas como «Gimme Three Steps», «I Ain’t the One», y tres baladas inmortales: «Simple Man», «Tuesday’s Gone» y, cómo no, la monumental «Free Bird» y sus cuatro minutos finales, que por sí solos le hacen plantearse a uno la existencia de Dios.

El exitoso debut con la discográfica MCA había acabado con «siete años de mala suerte», como dirían más tarde en una canción, pero no fue hasta su segundo disco, Second Helping, cuando «Sweet Home Alabama», les permitió entrar en el Top Ten estadounidense. Fue la primera y única vez que lo consiguieron, aunque los cinco discos que grabaron en los setenta vendieron bien.

Eso sí, no tuvieron tiempo de establecer un estatus comercial digno de su estatura artística; fueron exitosos, pero no tanto como merecían. Fuera de los Estados Unidos, en especial, les costó dar que hablar. Lo consiguieron gracias a su poderío en directo, sobre todo cuando en 1976 alcanzaron la que, para mí, era su composición ideal de cara a los conciertos. Primero ficharon a un trío de coristas femeninas, que se harían llamar The Honkettes. Después, pasaron a adoptar un formato de tres guitarristas, en vez de dos.

Cuando uno de ellos, Ed King, dejó la banda, la corista Cassie Gaines, sugirió que fichasen a su hermano pequeño Steve para sustituirlo, diciendo que estaba en un grupo y que tenía mucho talento. Pensando que la chica quería enchufar a un familiar, cegada por pasión de hermana mayor, y sabiendo que los enchufes no suelen funcionar demasiado bien en lo musical, ignoraron su propuesta.

Ella insistió en que, al menos, lo invitasen tocar una canción cuando actuasen en Oklahoma, donde él vivía. Así, ambos hermanos podrían compartir escenario por unos minutos. El resto del grupo accedió de mala gana y lo sacaron al escenario de manera improvisada durante la canción más fácil de su repertorio —la versión del tema del colosal J. J. Cale, «Call Me The Breeze»— aunque pusieron su amplificador a muy bajo volumen, por si acaso era un inútil. Le habían dicho a su técnico de sonido: «Si es muy malo, quítale la corriente».

El técnico, sin embargo, no quitó la corriente. Gary Rossington recuerda que él y el otro guitarrista, Allen Collins, se quedaron alucinados: «Justo al acabar el concierto, le dijimos que dejara a su grupo y que se viniera con nosotros. Lo metimos en la furgoneta. No tenía ni maleta».

Cassie, supongo, diría algo así como «¿Lo veis?». En cualquier caso, su hermano era una auténtica joya. Fantástico guitarrista, que también cantaba muy bien, hasta el punto de que en el siguiente disco le dejaron compartir voces con el cantante principal, Ronnie Van Zant (algo que, conociendo al tiránico Ronnie, que mandaba en el grupo con puño de hierro, dice mucho de lo impresionado que estaba).

Hasta le dejaron cantar otro tema él solo, todo un reconocimiento. Además descubrieron que componía muy bien; se trajo de casa dos canciones que también terminaron en el disco: la contagiosa «You Got That Right» y la increíble «I Know A Little», en cuya introducción demostraba su finísimo estilo con la guitarra… ¡Su hermana no había exagerado lo más mínimo!

La presencia de Steve Gaines también los hizo crecer todavía más en directo. Siempre cerraban sus conciertos con «Free Bird», porque el solo final de Allen Collins dejaba al público flotando. Gaines empezó a doblar algunos fragmentos del solo, que empezaron a sonar más potentes (en la original del disco, Collins se había doblado a sí mismo).

En 1976, eran casi imbatibles sobre el escenario. En uno de sus mayores momentos de triunfo, eclipsaron a sus antiguos ídolos, los Rolling Stones, en el festival de Knebworth. Los Stones tocaban como cabezas de cartel ante su propio público y Lynyrd Skynyrd no eran tan conocidos en Inglaterra como en Estados Unidos, así que tenían mucho que demostrar.

De hecho, tuvieron que tocar de día, en una posición más bien modesta del programa. Sin embargo, se merendaron al resto del cartel. Como de costumbre, terminaron con «Free Bird», cuyo apoteósico crescendo de guitarras era algo con lo que los Stones no podían aspirar a competir.

En realidad, algo así no se había visto en las Islas británicas. Sí, había grupos de rock progresivo que hacían largos temas instrumentales mucho más complejos que «Free Bird», pero lo de Lynyrd Skynyrd era mucho más visceral. Dejaron la sensación, compartida por el público local y la prensa musical británica, de que habían arrasado Knebworth en plan napoleónico.

Unos meses después se produciría el fatídico accidente de avión en el que murieron el cantante Ronnie Van Zant y los hermanos Gaines, y que puso final a la andadura de la formación clásica del grupo. Pero quedaron para el recuerdo las imágenes de aquella jornada épica en que Lynyrd Skynyrd dejaron estupefacto al público inglés.

Lo que empezaba como una dulce y melancólica balada, incluso más reposada en directo que en disco, se terminaba transformando en un volcánico festival de adrenalina. Por si fuera poco, el escenario se prolongaba en una especie de lengua que se suponía estaba reservada para uso exclusivo de los Stones, pero Ronnie Van Zant, que siempre ejercía como líder en los directos, obligó a sus compañeros a ocuparla durante el susodicho solo.

Una actuación absolutamente impresionante (una lástima que las cámaras no enfocasen un poco más a Cassie Gaines, que también estaba dando espectáculo por su cuenta):

Las desgracias no terminaron ahí. En 1986 estaba prevista una gira de reunión para conmemorar los diez años de aquellas muertes, con algunos miembros miembros nuevos y Johnny Van Zant ocupando la vacante de su fallecido hermano mayor a las voces (no es tan carismático ni desde luego tiene ese «algo» cuando canta, pero el timbre de voz es similar).

Pues bien, unos meses antes Allen Collins sufrió un accidente de automóvil que lo dejó parapléjico y afectó también sus brazos, dejándolo incapacitado para tocar la guitarra. Nunca más pudo interpretar el famoso solo de «Free Bird». Han existido bandas malditas y Lynyrd Skynyrd, desde luego, fue una de ellas.

Hay otra sombra que los acompañó siempre: el sambenito de que eran unos racistas.

Es cierto que los Lynyrd Skynyrd de los años sesenta y setenta no eran los tipos más sofisticados del mundo. Las historias sobre sus peleas en los camerinos o fuera de ellos no ayudaban. Los cinco miembros originales, que llevaban juntos desde el instituto, tenían la costumbre de arreglar sus cosas a hostias. ¿Eran brutos? Sí, pero, ¿racistas?

Quizá cabe recordar que en Allman Brothers Band había individuos todavía peores. Aunque claro, los Allman, aunque fuesen muy primitivos (ellos, no su refinada música), nunca pudieron ser acusados de racismo por la sencilla razón de que uno de ellos era negro.

Pero los Allman tampoco grabaron una canción como «Sweet Home Alabama», que fue malinterpretada en su día y ha seguido siendo malinterpretada durante décadas. Podríamos mencionar el hecho absolutamente obvio de que la principal influencia de Lynyrd Skynyrd era la música negra, el blues.

Pero los estereotipos son poderosos y, aunque choquen con la realidad, nunca parecen extinguirse. Por ejemplo, la idea de que Lynyrd Skynyrd eran rednecks totalmente contrarios al movimiento hippie de los blanditos estudiantes de California.

Ni siquiera parece importar que la portada de su segundo disco, Second Helping, luciese ¡un arcoíris con alas y hojas de marihuana! Incluso en su propio país, la memoria colectiva se empeña en recordar aquella formación clásica como un hatajo de cowboys de ultraderecha. Y eso es falso.

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Ronnie Van Zant

El cantante Ronnie Van Zant ejercía como líder carismático no solo sobre el escenario sino también entre bastidores.

Era el portavoz oficial y el hombre a quien la prensa preguntaba cuando había controversia, lo cual sucedía a menudo.

Poco antes de morir, empezaba a estar harto de que la prensa y una parte del público los considerase white trash.

El prestigio musical de la banda crecía sin parar y les faltaba apenas un peldaño para alcanzar el Olimpo, pero no conseguían desprenderse de la imagen de sureños descerebrados.

El propio Ronnie era un individuo sensible y mucho más sofisticado de lo que la gente llegaba a imaginar; todos quienes conocieron al grupo en aquellos tiempos concuerdan en que parecía muy inteligente.

Eso sí, luego era capaz de partirle a un tipo una botella en la cabeza, como sucedió cuando telonearon a Black Sabbath. Está claro que no eran Lori Meyers.

Ronnie era el sexto hijo de un camionero y una dependienta de panadería. Abandonó el instituto en el último año, pese a haber sido buen estudiante, porque la mayoría de compañeros provenían de hogares más acomodados y no se sentía adaptado. Los deportes eran una de sus grandes pasiones. Jugó al béisbol, donde llegó a destacar en las ligas juveniles.

También quería ser boxeador. Creció en un barrio donde abundaba la delincuencia y buscaba pelea siempre que podía. De hecho, su primera inspiración para escribir letras no vino de ningún cantante; fue la inagotable e improvisada verborrea de su ídolo, el campeón mundial Cassius Clay, la que lo fascinó hasta el punto de intentar crear sus propios discursos en un cuaderno.

Ronnie, pues, provenía de un entorno donde la dureza física había formado parte de su educación. Sin embargo, a punto de cumplir los treinta años, era muy consciente de que la mala reputación del grupo se había convertido en un serio problema.

Y había dos cosas de las que se arrepentía, no porque considerase que estaban intrínsecamente mal, sino por el perjuicio que habían causado a la imagen de Lynyrd Skynyrd. Una, haber girado con la bandera confederada en el escenario. Y dos, haber escrito la letra de «Sweet Home Alabama».

«Sweet Home Alabama» nació en 1973, durante un ensayo en el que preparaban material para el segundo álbum. Gary Rossington tocó un riff con la guitarra —en el disco, es lo que suena después de la primera estrofa— y Ed King, al escucharlo, se quedó dándole vueltas a la idea. Se fue a dormir, pero la idea seguía ahí, martilleando en su cabeza.

Aquella noche soñó con una sencilla secuencia de acordes que encajaba con el riff y también soñó con los solos de guitarra «enteros, nota por nota». Al despertarse, cogió el instrumento y tocó lo que había soñado, para no olvidarlo. Después se lo mostró a sus compañeros. A todos les encantó el resultado. Ronnie le puso letra.

En la grabación final, podemos escuchar a  Ed King diciendo «one, two, three» antes de ponerse a tocar el famoso arpegio con el que empieza la canción; el productor, Al Kooper, quiso dejar la cuenta como inicio del álbum. Pero hubo otro detalle, más inesperado: cuando Ronnie Van Zant se puso los auriculares para grabar la pista de voz, comprobó que no oía bien la música.

Pidió por el micrófono que el ingeniero de sonido subiera el volumen de los auriculares, diciendo: «Turn it up!» («¡Súbelo!»). A Kooper le hizo gracia el detalle y propuso dejarlo en la pista definitiva. Cuando el grupo lo escuchó, a todos les gustó cómo sonaba, así que el «Turn it up!» se quedó en la canción y sonó en las radios medio mundo, como si Ronnie le pidiese a los oyentes que subieran el volumen de su receptor o su tocadiscos.

Como es bien sabido, van Zant escribió la letra como respuesta a dos canciones de Neil Young, «Southern Man» y «Alabama», en las que el cantautor canadiense denunciaba el racismo imperante en el sur de los Estados Unidos. Ronnie pensó que Young generalizaba demasiado.

Por trazar un paralelismo, es como si un grupo español escribiese una canción sugiriendo que los andaluces son vagos o los vascos etarras, así, sin especificar. No es que Neil Young quisiera acusar a todos los sureños, porque entre ellos tenía a muchos amigos y a una buena parte de sus ídolos musicales; era más bien que no había calculado el alcance de aquellas letras.

De hecho, él mismo terminaría reconociendo en su autobiografía, que «no me gustan esas letras cuando las escucho hoy. Eran acusadoras y condescendientes, no del todo meditadas, y muy fáciles de malinterpretar». En concreto, sobre «Alabama», decía que «merecía muy mucho la pulla que Lynyrd Skynyrd me propinaron con su magnífico disco».

LOS PILOTOS BORRACHOS CULPABLES DEL ACCIDENTE MORTAL DE LYNYRD SKYNARD | PyD
Accidente de la banda Lynyrd Skynyrd

La famosísima pulla de «Sweert Home Alabama» hacia Neil decía así: «He oído que el señor Young se mete con ella [Alabama], he oído que el viejo Neil la pone por los suelos. Pues bien, espero que Neil Young recuerde que a un hombre del sur no le hace ninguna falta que él esté cerca».

Ronnie escribió estas frases como un cariñoso tirón de orejas; todos en el grupo, y sobre todo él, eran fans de Neil Young, a quien calificaba como «una de nuestras personas favoritas».

Lo conocían en persona y confiaban en que encajase bien la alusión. Y sí, la encajó bien.

Neil Young captó la broma y, después de oír «Sweet Home Alabama», les envió un telegrama afirmando que estaba orgulloso de aparecer en la canción.

Eso no impidió que la prensa intentase enemistar a las dos partes. Algunos periodistas quisieron leer en el disco un furibundo ataque a Young. El productor del disco, Al Kooper, los terminó de tranquilizar al respecto cuando saltó la polémica: «Ahora tendréis más cuidado cuando escribáis una canción, pero que sepáis que a Neil Young le ha encantado.

Podéis estar seguros, él mismo me lo ha dicho en persona». Por cierto, al propio Kooper se lo puede escuchar en la canción, muy de fondo, imitando la voz de Young y cantando las palabras «southern man».

Ninguna de estas cosas impidió que, ni antes ni después del accidente, buena parte del público pensara que Lynyrd Skynyrd y Neil Young eran enemigos por causas políticas. La gente escuchaba el tema por la radio, oía las frases de turno y asumía que los Skynyrd avisaban al canadiense de que no se le ocurriera pasarse por Alabama… aunque ellos fuesen originarios de Florida.

El motivo por el que le tenían especial cariño a Alabama era porque habían pasado bastante tiempo allí, grabando en un estudio de Muscle Shoals, que también es mencionado en la letra. Pero no había ningún tipo de animadversión. Era todo un invento de la prensa musical o del propio público.

Cuando se produjo el accidente de avión que mató a Ronnie y los hermanos Gaines, Young interpretó «Sweet Home Alabama» en directo, como homenaje.

Y vean al grupo tocando «Sweet Home Alabama» en directo; Ronnie van Zant luce una camiseta con la imagen de Neil Young que aparece en la portada de su disco Tonight’s the Night. En aquellos años no eran tan frecuente usar camisetas con artistas estampados, así que está claro que van Zant admiraba a Young y pretendía dejarlo bien claro:

La alusión al canadiense no fue, ni mucho menos, la única parte de «Sweet Home Alabama» que se prestó a confusión. En otra estrofa se decía «En Birmingham aman al gobernador. Nosotros hicimos todo lo que pudimos. A mí el Watergate no me preocupa, ¿te preocupa a ti tu conciencia?».

Estas frases muestran la ambigüedad característica de las letras de Van Zant, pero la gente, una vez más, creyó ver un mensaje claro. Aunque no se lo citara por el nombre, el mencionado «gobernador» era el infame George Wallace, mandatario de Alabama, que en los sesenta había sido partidario de la segregación racial.

Birmingham es la ciudad más grande de Alabama y también era unas de las que había aplicado la segregación racial de manera más estricta. Mucha gente interpretó que Lynyrd Skynyrd estaban defendiendo a Wallace y las políticas por las que Birmingham era famosa.

Y sin embargo, como Ronnie se empeñó en recordar sin que casi nadie le hiciera caso, había más de un detalle que desmentía esa interpretación. Cuando cantan la frase «En Birmingham aman al gobernador», los coros de acompañamiento hacen «Boo, boo, boo».

Es decir: el propio grupo lo abuchea. «Wallace y yo tenemos muy poco en común», dijo Ronnie en un antrevista, «No me gusta lo que dice sobre la gente de color. No nos metemos en política porque no tenemos una buena formación, pero Wallace no sabe nada sobre rock and roll».

Otro detalle más: mientras suena el último solo de piano, y aunque esto no se suele incluir en las transcripciones de la letra, Ronnie dice muy claramente My Montgomery’s got the answer, «Mi Montgomery tiene la respuesta». ¿Quién o qué era Montgomery? Obviamente, se refería a la localidad de Alabama que había sido el centro de la lucha por los derechos civiles: allí Rosa Parks se había negado a ceder su asiento en el autobús, y allí había iniciado sus marchas Martin Luther King.

En cuanto a la alusión al Watergate, también fue interpretada al revés. No era un ataque a los demócratas que criticaban al corrupto Nixon, sino una manera de decir: nosotros, en el sur, hemos hecho lo que hemos podido para echar a gente como Wallace, aunque ahí siguen; eso sí, tampoco juzgamos a todos los del norte porque en Washington haya gente como Nixon.

A Ronnie lo exasperaba la estupidez de muchos periodistas y oyentes. Su hartazgo era comprensible, porque «Sweet Home Alabama» no fue la única canción problemática que su propio público malinterpretó. El tema «Gimme Back My Bullets» también les dio quebraderos de cabeza.

El título hacía referencia a las listas de éxitos; en su argot, una canción «con bala» era aquella que tenía pinta de subir posición en las listas de ventas de la siguiente semana. Tras una etapa en que sus singles no terminaban de despegar, «Devuélveme las balas» era una manera de reivindicar el regreso a las posiciones altas de las listas.

Pues bien, parte del público, sobre todo en el sur, lo entendió de manera literal y empezó a arrojar balas al escenario cada vez que tocaban la canción. Al final, tuvieron que retirarla de su repertorio, temerosos de que alguien saliera herido durante un concierto. Que era lo que les faltaba.

Guitarrista de Lynyrd Skynyrd y el uso de bandera confederada en sus shows  — Futuro Chile

Ronnie reconocía que el grupo tenía su parte de culpa. En especial porque, al inicio de su contrato, habían cedido a las presiones de MCA, aceptando girar con la bandera confederada en el escenario. Ellos, en principio, no tenían problemas con aquella bandera, porque era un símbolo cultural que representaba a todo el sur del país. La discográfica les dijo que proyectar una imagen de rednecks, de tipos rústicos del sur, les ayudaría a ser más reconocibles.

Ellos eran básicamente rednecks y tipos rústicos del sur, así que no les había importado presentarse como tales. Sin embargo, cuando empezaron a notar que la misma bandera proliferaba entre el público, se sintieron incómodos. Sí, era un símbolo cultural, pero sabían que una parte de la gente la estaba ondeando con otras connotaciones.

Ya en 1975, Ronnie expresó su disgusto en una entrevista: «Lo de la bandera fue estrictamente un truco de imagen ideado por MCA. Al principio nos fue útil, pero ahora es embarazoso, excepto en Europa, donde realmente les gustan todas esas cosas porque las ven como propias de macho americano».

Al grupo no le molestaba ver que los espectadores europeos ondeaban la bandera sudista porque era algo puramente estético, algo que en el extranjero asociaban con el rock and roll, y con el «rock sureño» en particular (aunque la etiqueta «rock sureño», ¡tampoco gustaba a van Zant!). En los Estados Unidos, sin embargo, Lynyrd Skynyrd no se hacían ilusiones: la bandera era agitada por algunos individuos partidarios de la segregación. Al final, también retiraron la bandera del escenario.

Si nunca se hubiese producido aquella maldita desgracia aérea, es muy posible que la imagen de Lynyrd Kynyrd hubiese cambiado. Durante la etapa final de su vida, Ronnie Van Zant se mostraba más reflexivo. Se daba cuenta de que su propia personalidad había formado parte del problema. En el escenario parecía un tipo muy tranquilo, pero entre bastidores había sido un líder tiránico y, cuando bebía, hasta agresivo.

Nadie discutía sus órdenes, pero las viejas peleas entre colegas se habían transformado en una considerable causa de estrés. Como no paraban de girar y grabar, los roces aumentaban. La bebida y las drogas estaban pasando la consabida factura. Gary Rossington empezaba a venirse abajo; a veces se echaba a llorar —algo inédito— porque se veía incapaz de gestionar tanta tensión. Había crecido peleándose con Ronnie, pero todo tenía un límite.

La bebida hacía que Ronnie fuese «como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde»: cuando estaba sobrio, era un tipo contenido y agradable. Cuando bebía, «era difícil llevarse bien con él. El redneck que había en su interior le hacía querer pelear todo el tiempo». Hasta habían tenido que cancelar fechas porque la policía lo había detenido tras alguna trifulca, o incluso porque perdía la voz a causa de una combinación entre el alcohol y su rústica técnica vocal (o ausencia de ella): cantaba forzando la garganta, cosa que ningún vocalista debe hacer.

La grabación del último disco (sin contar los de formaciones posteriores) empezó con tormenta pero, al final, terminó de confirmar que la entrada de Steve Gaines estaba actuando como un bálsamo. De hecho, estaba cambiando las dinámicas de la banda. El entusiasmo del nuevo guitarrista, «un gran tipo para pasar el rato», resultaba contagioso, y su talento como compositor prometía mucho.

Ronnie empezó a sentirse más relajado porque Steve podía cantar y dejarle descansar en algún tema durante futuros conciertos. Cuando habían probado algunas nuevas canciones en directo, el público había reaccionado muy bien. Notaban que estaban al borde del superestrellato. Esto les daba motivación para intentar poner las cosas en orden.

Felices, titularon el disco Street Survivors. En la portada, se los veía rodeados de llamas, como metáfora de esa supervivencia ante una crisis profunda.

Fue publicado el 17 de octubre de 1977. Tres días después, el avión en que viajaban se quedó sin combustible en pleno vuelo. Los pilotos intentaron efectuar un aterrizaje de emergencia planeando, pero el avión se estrelló en un bosque, partiéndose en dos. Veinte de los veintiséis ocupantes sobrevivieron con heridas de diverso grado, pero los dos pilotos murieron.

Ronnie, que no llevaba el cinturón de seguridad, salió despedido contra un árbol, muriendo al instante. Steve y Cassie Gaines y el road manager Dean Kilpatrick también fallecieron. Curiosamente, Aerosmith habían estado a punto de alquilar el mismo modelo, pero su personal de gira lo había inspeccionado, considerándolo inadecuado.

Cassie Gaines, a la que aterraba volar, había querido viajar en el camión que llevaba los enseres de la banda, porque aquel avión no le daba buena espina. Ronnie la había convencido de que con el avión ganaría tiempo, y que el viaje por carretera la dejaría agotada. Resultó que, entre los varios defectos de fábrica del aeroplano, el indicador del combustible no era fiable.

Los pilotos no se molestaron en realizar una comprobación manual antes de despegar. En fin, a quien todavía no conozca sus cinco discos de los setenta, solo puedo decirle una cosa: escúchelos ya. No sabe lo que se está perdiendo.

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¿Cómo se construyó el Golden Gate?…


Ferrovial(L.M.Tereso) — El Golden Gate es un puente colgante de acero ubicado en la costa oeste de los Estados Unidos, en la ciudad de San Francisco, California. El puente conecta la zona norte de San Francisco con el condado de Marin; forma parte tanto de la Ruta Interestatal 101 como de la Ruta Estatal de California 1.

El puente Golden Gate está conformado por seis carriles para el tráfico vehicular (tres en cada dirección) y una acera protegida de cada lado: los peatones pueden circular únicamente la acera este, mientras que las bicicletas pueden utilizar ambas, pero en la acera oeste deben ceder el paso a los peatones.

No está permitida la circulación de monopatines. Además de permitir el tráfico de personas y vehículos, el Golden Gate también se utiliza para el cruce del tendido eléctrico.

Golden Gate significa puerta dorada. El puente recibe su nombre del estrecho sobre el que se despliega, y este estrecho, a su vez, fue bautizado por el capitán John C. Fremont en su Memoria geográfica por la Alta California (Geographical Memoir Upon Upper California).

En ella, dice que al verlo lo consideró una «puerta de oro para el comercio con Oriente», razón por la cual le da este nombre, así como se le dio al Cuerno de Oro de Constantinopla por las mismas razones.

– ¿Cuál es la importancia del puente Golden Gate?

Pese a no ser el puente más grande de San Francisco, el Golden Gate es el puente más importante, y representa la única salida en dirección norte de la ciudad. El Puente de la Bahía, también ubicado en San Francisco, es el más grande y guarda algunas similitudes estéticas con el Golden Gate debido a que es un puente parcialmente colgante.

El puente Golden Gate es la estructura artificial más fotografiada de los Estados Unidos el puente más visitado del mundo.

Así se levantó el puente más famoso del mundo

– ¿Cuál es la historia del puente Golden Gate?

El proyecto del puente Golden Gate se aprobó en 1928, pero la obra se retrasó debido al crac del 29. En 1932 el banquero Amadeo Giannini adquirió los bonos necesarios para cubrir los costos de fabricación, y los trabajos finalmente comenzaron el 5 de enero de 1933, bajo la supervisión de Joseph Strauss. Las obras finalizaron en 1936.

El puente se construyó durante la Gran Depresión, contribuyendo a su valor simbólico.

Una de las grandes innovaciones introducidas por la construcción de este puente fue la instalación de una red de seguridad que salvó la vida de 19 personas durante la construcción. Sin embargo, 11 personas fallecieron durante la ejecución de la obra; 10 de ellas cuando la red de seguridad cedió por el peso de un andamio caído en ella.

El puente Golden Gate fue inaugurado el 27 de mayo de 1937, y ese fue el inicio de una semana de celebraciones (Opening Fiesta Week). El primer día de circulación en el puente fue exclusivamente peatonal, y despertó una suerte de competencia informal de las primeras veces; se registraron: las primeras personas que cruzaron el puente en patines y en esquíes, el primer cruce del correo postal, la primera niña perdida en el puente, etc. 

El segundo día se dedicó a los vehículos, e incluyó un anuncio del presidente declarando el puente abierto para el mundo entero. Cuando se inauguró, el Golden Gate era el puente más largo y alto del mundo.

El puente Golden Gate fue pintado con un color llamado International Orange (naranja internacional), que es ampliamente utilizado en la industria aeroespacial. Tiene una doble función: evitar la oxidación y hacer que el puente sea visible para las embarcaciones en la espesa y frecuente niebla de la bahía de San Francisco. Solo existe otro puente en el mundo pintado del mismo color: el puente 25 de abril, en Portugal.

En enero de 2015 se instaló una barrera de seguridad que divide los carriles que circulan en sentidos opuestos. Esta barrera aumenta notablemente la seguridad de conducción del puente, pues elimina, virtualmente, la posibilidad de un choque frontal. Anteriormente, los dos sentidos del tráfico estaban demarcados por tubos de plástico amarillos que se insertaban en agujeros especialmente destinados a ello cada cierto número de metros, y que también se movían para facilitar el flujo de vehículos según las necesidades del tráfico.

– ¿Por qué fue tan difícil construir el Golden Gate?

El puente Golden Gate: ¿cómo y cuándo se construyó? - Ingeoexpert ®

El Golden Gate fue tan difícil de construir porque la ubicación del puente planteaba varias dificultades.

Por un lado, el equipo de construcción tendría que lidiar con el viento, la niebla y el movimiento de las mareas de la bahía.

Y también estaba la falla de San Andrés, situada a tan solo siete millas de la costa.

En cuanto a la construcción en sí, la bahía era tan profunda que resultaría imposible construir los pilares de un puente de vigas tradicional, por lo que la única opción viable era construir un puente colgante que cruzara la bahía.

Pero esto llevó a otro problema: por aquel entonces, ningún puente colgante había cruzado una distancia tan grande como la del Golden Gate.

Este puente sería un 20% más largo que el puente colgante más largo jamás construido en aquella época.

Pero un ingeniero llamado Joseph Strauss decidió asumir el desafío.

Y aunque no tenía mucha experiencia en la construcción de puentes de esta envergadura, tenía un as bajo la manga: era un gran vendedor.

De modo que Strauss creó una empresa a la que llamó Golden Gate Bridge and Highway District y recorrió la zona de la bahía para tratar de conseguir apoyo para su puente.

Pero no solo consiguió el apoyo de los vecinos en forma de firmas, sino que también le brindaron su apoyo financiero comprando bonos, una iniciativa que hizo que, cuando finalmente presentó el proyecto, este fuera aceptado.

– ¿Cuál era el diseño original del Golden Gate?

Una vez aceptado el proyecto, publicaron el diseño del puente en el San Francisco Chronicle. Pero al ver el diseño propuesto por Strauss, los habitantes de San Francisco no tardaron en dar su opinión: no les gustaba. 

el diseño del puente en el San Francisco Chronicle

Lo que no les gustaba era la aparatosa estructura de acero que se extendería a ambos lados de la bahía. Decían que no encajaba con el entorno. Nadie quería que algo así se convirtiera en el icono de San Francisco.

¿Por qué no les gustó a los lugareños? Bueno, el diseño de Strauss era en realidad un híbrido entre dos tipos de puentes: un puente colgante, y un puente en ménsula, y la parte en voladizo era la que no terminaba de convencer a la gente, aunque Strauss tenía sus motivos para diseñarlo así.

El voladizo resolvería el problema de construir un puente colgante cuyos límites nunca se habían puesto a prueba. Al construir los voladizos a ambos lados de la bahía, Strauss podría reducir el tramo en suspensión del puente. Era una solución ingeniosa, pero al final, la estética y la opinión pública le forzaron a reconsiderar su idea.

Así que Strauss reunió a un equipo de ingenieros y lo convencieron para que intentara construir un puente totalmente colgante en toda su longitud. Strauss firmó el nuevo diseño sabiendo que no solo complacería al público, sino que su nombre siempre quedaría ligado al puente.

Sin embargo, el retraso trajo consigo algo de buena suerte, ya que la tecnología había avanzado lo suficiente como para hacer posible la construcción del puente colgante más largo del mundo. Ahora solo había que construirlo.

– ¿Cómo se construyó el Golden Gate?

Cuando se construye un puente colgante, todo debe construirse en un orden muy específico, y el Golden Gate no fue una excepción. Primero tuvieron que construir los muelles a ambos lados de la bahía. Después, sobre estos, las emblemáticas torres art decó.

A cada lado de la bahía construyeron enormes anclajes de hormigón donde se fijarían los cables. A continuación, llevaron los cables desde uno de los anclajes hasta el otro, pasándolos por encima de las dos torres. Una de las cosas más sorprendentes de estos cables es que no son un solo cable.

En su lugar, cada cable está compuesto por 27.527 hilos más pequeños agrupados. Esta técnica, utilizada por primera vez por John Roebling durante la construcción del puente de Brooklyn, resolvería el problema de tener que construir en tierra un cable demasiado pesado para poder levantarlo y colocarlo en su sitio.

Por último, se descolgaron los cables de suspensión del cable principal y se colgó de ellos la carretera.

Una sección transversal de un cable principal del puente Golden Gate

Una vez terminado, el Golden Gate, como todos los demás puentes, tendría que luchar contra los elementos, siendo el más perjudicial de todos el viento.

– ¿Por qué se derrumbó el puente de Tacoma Narrows?

El Golden Gate no es el único puente colgante que se construyó en Estados Unidos en los años 30 y 40. Y muchos de los que se levantaron no tuvieron el comportamiento esperado. El más famoso de estos puentes con un comportamiento deficiente fue el puente de Tacoma Narrows en Washington.

El puente terminó de construirse 3 años después del Golden Gate, pero antes de su inauguración, los obreros notaron algo inusual: la calzada se movía y doblaba, incluso con viento suave.

La razón por la que el puente se doblaba era que los ingenieros del Tacoma Narrows habían decidido utilizar vigas de chapa en lugar de cerchas para dar rigidez al puente. Fue una elección estética. Pero el viento que se desplazaba por las vigas hacía que el puente tuviera un movimiento ondulatorio.

Algo que los ingenieros llaman flameo aeroelástico.

el puente de Tacoma Narrows

El día del derrumbe, el viento, de algún modo, provocó la torsión del puente, formando remolinos por encima y por debajo de la calzada. Estos pequeños remolinos se amplificaban cada vez que el puente se retorcía. Era como los columpios. Al mover las piernas, al principio no te mueves mucho.

Pero si sigues moviéndolas al mismo ritmo, ese mismo impulso con las piernas te lleva cada vez más alto. Eso es lo que los remolinos estaban causando en el puente. De hecho, hay vídeos donde se puede apreciar este comportamiento, e incluso se capturó el momento en que los cables no pudieron aguantar más la carga y el puente se derrumbó.

El Golden Gate no sucumbió al mismo destino que el Tacoma Narrows porque se colocaron cerchas bajo la carretera. Aunque esto tampoco impedía que el Golden Gate también se moviera.

Cuando el viento era fuerte, la calzada del puente se desplazaba lateralmente y también se ondulaba, que es lo que hizo que se derrumbara el Tacoma Narrows. Pero lo que hicieron fue reforzar el Golden Gate con el tiempo añadiendo acero a las cerchas. 

– ¿Cuánto mide el puente Golden Gate?

El puente tiene una longitud total de 2737 metros, de los cuales la parte colgante corresponde a 1970 metros. Su vano mayor —es decir, la mayor distancia entre apoyos estructurales— es de 1280 metros, y cuelga de dos torres de 227 metros de altura.

El Golden Gate tiene 27 metros de ancho y 67 metros de gálibo —la distancia que hay entre la parte baja de la estructura del puente y la media del nivel del agua—.

Cada uno de los cables utilizados para la suspensión del puente fue fabricado mediante un proceso llamado hilado de cables a partir de alambres individuales que fueron extendidos in situ y trenzados juntos.

Cada cable está conformado por más de 25000 alambres, que equivalen a 128.748 km de alambre, tiene un grosor de casi un metro, una longitud de más de 2300 metros y pesa alrededor de 12 toneladas, peso que asciende casi al doble si se cuentan los suspensores y accesorios.

La cantidad de alambre utilizada podría darle la vuelta al planeta hasta tres veces. El fabricante de los cables es el mismo del Puente de Brooklyn.

A pesar de ser principalmente un puente colgante, el Golden Gate incluye una pequeña zona de puente en arco en el lado de la península de San Francisco.

– ¿Cuál es la relación del puente Golden Gate con el suicidio?

Puente Golden Gate de San Francisco: los "ángeles" que han salvado a  cientos de personas del suicidio - BBC News Mundo

Desde su inauguración, en 1937, más de 1700 personas se han quitado la vida saltando desde el puente; esto sin contar a las personas que han saltado y han sobrevivido extraordinariamente. 

El puente Golden Gate es uno de los lugares con mayor índice de suicidios en el mundo entero.

Según las estadísticas de 2018, 214 personas intentaron saltar del puente —es decir, un promedio de una persona cada dos días—.

Sin embargo, gracias a los distintos mecanismos de prevención que se han puesto en marcha, solamente 27 personas lo hicieron.

Las estrategias de prevención del suicidio en el puente Golden Gate incluyen:

  • Un grupo de voluntarios que patrulla el puente en fechas de alto riesgo de suicidio —como San Valentín, vísperas de Navidad, Año Nuevo, etc.—. La organización Bridgewatch Angels, fundada en 2011, está constituida por personas que han sido capacitadas para desplegar distintas estrategias de negociación para disuadir a los suicidas y están habilitadas para abordar a cualquier persona que consideren en peligro.

  • Carteles a lo largo del puente con mensajes de disuasión acompañados por contactos de líneas de prevención de crisis a las que se puede llamar o escribir a todas horas todos los días del año.

  • Teléfonos especiales para contactar a una línea de crisis, también activa las 24 horas del día, 7 días a la semana, durante todos los días del año.

  • En 2014 se aprobó la colocación de una red de acero de 6 metros de altura para prevenir físicamente los suicidios. Los trabajos comenzaron en 2017, pero han sufrido diversos retrasos. Se estima que se concluya el proyecto en 2023.

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El origen histórico del Black Friday…


¿Se trata el Black Friday de un invento moderno, de la era de internet, o tiene raíces más antiguas y arraigadas?

National Geographic(C.Mayans) — El viernes después del día de Acción de Gracias (que se celebra el cuarto jueves de noviembre) tiene lugar en Estados Unidos, y ahora prácticamente en medio mundo, una jornada muy especial, un día donde el consumismo se convierte en el protagonista.

Millones de personas llenan los centros comerciales, las tiendas ofrecen enormes descuentos para atraer clientes, las páginas de internet se colapsan y baten récords de ventas… Se trata del ya mundialmente conocido como Black Friday («viernes negro» según su traducción literal en castellano), un ritual consumista que se repite cada año. Pero ¿Cuál es el origen del Black Friday? ¿Se trata el Black Friday de un invento moderno, de la era de internet, o tiene raíces más antiguas y arraigadas?

– Las teorías sobre el origen del Black Friday

Existen diversas teorías sobre el origen del Black Friday en Estados Unidos. Una de las primeras que se difundió, y que hoy está totalmente descartada, es aquella que afirma que este día tiene un origen esclavista.

Esta información falsa mantenía que los traficantes de esclavos negros bajaban justo sus precios el día de Acción de Gracias de cara a la temporada de invierno. Evidentemente no existe ningún dato ni documento que confirme esta hipótesis.

Otra hipótesis es mucho más plausible y es que esta expresión se originase el viernes 24 de septiembre de 1869, cuando dos agentes de bolsa de Wall Street (Jay Gould y Jim Fisk) intentaron acaparar todo el mercado del oro en sus manos aliándose con un famoso político de Nueva York, Boss Tweed, aunque fracasaron en el intento.

Los tres intentaron sobornar a varios personajes importantes, incluidos algunos jueces. Pero el plan falló, ya que el precio del oro se desplomó en cuestión de minutos y muchos inversores se arruinaron, con lo que la jornada pasaría a ser conocida como «Viernes Negro».

La expresión Black Friday se usó casi un siglo más tarde, una jornada después de Acción de Gracias, a mediados de la década de 1950. Según recoge el diario Telegraph, el sábado después de la festividad iba a tener lugar un partido de fútbol americano entre el ejército y la marina.

El clásico Army-Navy de 1950 en Filadelfia.

La ciudad de Filadelfia se colapsó el viernes ante la avalancha de personas que llegaron para hacer sus compras de Navidad y asistir al día siguiente al encuentro.

Ante el caos, ningún policía pudo tomarse el día libre en la víspera del partido y los agentes tuvieron que trabajar largas jornadas de doce horas para controlar a las multitudes que abarrotaban la ciudad, por lo que bautizaron ese día con el nombre de «Viernes Negro».

La iniciativa tuvo éxito y pronto los comerciantes de Filadelfia empezaron a usar ese término para describir a las hordas de personas que se daban cita en las tiendas de la ciudad el día después de Acción de Gracias.

Sin embargo el Black Friday no se extendió y popularizó hasta varios años después. Exactamente esto ocurrió en 1966, cuando apareció impreso por primera vez en la revista The American Philatelist. Pero la guinda llegó de la mano del prestigioso periódico americano The New York Times, el cual usó esta misma expresión el 19 de noviembre de 1975. 

Su intención era referirse al problema de tráfico que se generó en la ciudad norteamericana a raíz de los descuentos del día posterior a Acción de Gracias, pero realmente lo que supuso fue volver a traer a la actualidad el término Black Friday.

– Éxito del Black Friday en el siglo XXI

Desde entonces su éxito ha subido como la espuma. Las jugosas rebajas de los establecimientos junto al ansia de compra de cara a las navidades ha sido el caldo de cultivo perfecto para que el Black Friday haya ganado adeptos en todos los países.

En Estados Unidos, en 2003, los famosos almacenes Walmart y Sears ofrecieron a sus clientes grandes descuentos ya antes de las cinco o las seis de la madrugada. En 2011, Walmart amplió aún más la jornada de compras abriendo sus puertas desde las diez de la noche del día de Acción de Gracias hasta todo el Black Friday.

Internet no ha hecho más que fomentar este éxito. Cada año se superan las ventas online y, en 2023, todas las marcas esperan batir récord de ventas.

Las grandes colas en los comercios de Estados Unidos eran la tónica dominante durante el Black Friday.

– Black Friday en España

En España, el Boom del Black Friday llegó en 2012 de la mano de la cadena alemana MediaMarkt. Inicialmente parecía una frivolidad y la acogida no fue muy entusiasta. Sin embargo, en 2013, grandes empresas como El Corte Inglés o Amazon se sumaron también a esta moda consumista.

Desde entonces, cada vez más los comercios y grandes almacenes se han unido a la iniciativa ofreciendo grandes descuentos a los compradores.

Ya en 2015 la popularidad de la iniciativa estaba tan implantada en España que más de dos millones de personas compraron ese día, gastando una media de casi trescientos euros en un solo día. Pero no hay dos sin tres. Y para completar el negocio, se ha instaurado una nueva jornada de compras desenfrenadas, el Cybermonday, el cual se celebra el lunes siguiente al Black Friday, y que se dedica a las ventas por internet. 

Así no sólo se incita a comprar el viernes, sino que la cosa se alarga todo el fin de semana hasta el lunes, sumando cuatro días de compras sin parar. Negocio redondo.

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