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Descubren nueva especie humana que desafía teorías sobre evolución y reescribe la historia de nuestra especie…


Esquire(D.Orf) — Aunque en la actualidad sólo existe una especie de homínido (una tribu de la subfamilia Homininae) en el planeta -el bueno del Homo sapiens-, la familia humana, a lo largo de la historia geológicamente más reciente de la Tierra, estuvo compuesta por un complejo cuadro de miembros. Y a lo largo de los años, los científicos han intentado hacerse una idea más clara de esa historia prehistórica excavando antiguos yacimientos humanos por todo el mundo.

Ahora, antropólogos de la Academia China de Ciencias y de la Universidad de Hawai ilustran un capítulo hasta ahora desconocido -o, mejor dicho, sin categoría- de esa historia con la introducción de una nueva especie humana, H. juluensis. Los investigadores publicaron los detalles de esta nueva especie en las revistas Nature Communications y PaleoAnthropology.

H. juluensis -cuyo nombre significa “cabeza grande”- prosperó en Asia oriental desde hace 300.000 años hasta hace unos 50.000, cuando la especie se extinguió. Según los investigadores, este grupo probablemente cazaba caballos salvajes, fabricaba herramientas de piedra e incluso procesaba pieles de animales para sobrevivir a los frígidos inviernos. Christopher J. Bae, de la Universidad de Hawai, explicó que el descubrimiento de esta posible nueva especie se produjo cuando él y su equipo estaban ideando un nuevo sistema para organizar las pruebas fósiles.

“Aunque comenzamos este proyecto hace varios años, no esperábamos ser capaces de proponer una nueva especie de homínido (antepasado humano) y luego ser capaces de organizar los fósiles de homínidos de Asia en diferentes grupos”, dijo Bae en un comunicado de prensa. “Este estudio aclara un registro fósil de homínidos que ha tendido a incluir todo lo que no puede asignarse fácilmente a Homo erectus, Homo neanderthalensis u Homo sapiens”.

Un posible miembro de la nueva especie H. juluensis no es ni mucho menos un recién llegado a la ciencia. Los denisovianos -identificados por primera vez en 2010 a través del ADN extraído del hueso del dedo de una niña encontrada en Siberia- nunca han recibido una clasificación de especie, pero Bae cree que podrían pertenecer a esta nueva especie.

Parental y mandíbula de la nueva especie encontrada
Parental y mandíbula de la nueva especie encontrada 

H. juluensis también podría resolver otro misterio de los fósiles de homínidos de Xujiayao, que durante mucho tiempo han dejado perplejos a los investigadores, ya que los restos muestran una mezcla de rasgos de H. erectus y H. sapiens.

Según un estudio de los científicos en la revista PaleoAnthropology, estos restos se han confundido con diversas representaciones taxonómicas, pero señalan que las diferencias en el cráneo (spoiler: es grande), los dientes y mandíbulas, y algunos otros rasgos denotan una nueva especie representada en restos fósiles como Penghu 1 (mandíbula), Xiahe (mandíbula), Xuchang (cráneo parcial) y diversos fósiles de Denisova.

Aunque se trata de un argumento convincente de que estos especímenes concretos pertenecen a una especie humana desconocida hasta ahora, se necesitarán más investigaciones antes de que los antropólogos saquen a relucir las pancartas de “Bienvenidos a la familia”. Pero como estos fósiles siguen desafiando la clasificación de las especies, es probable que sólo sea cuestión de tiempo que la tribu de los homínidos aumente en uno (o más).

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¿Nos hacen felices las luces de Navidad? Esto dice la ciencia…


Las mejores luces navideñas están aquí

“La luz en las vidrieras celestiales tenía la fragancia de las rosas, y mi alma fue toda en aquella gracia como en un huerto sagrado… Amé la luz como la esencia de mí mismo”.

The Conversation(A.M.P.García) — Así describía don Ramón del Valle-Inclán en La lámpara maravillosa la experiencia casi mística que vivió una tarde en la catedral de León. Y aunque no sepamos explicarla de manera tan sublime, puede que todos hayamos percibido alguna vez una “imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente”. Es decir, una sinestesia.

La cuestión es: ¿huele siempre la luz como las rosas? ¿Podría oler también a Navidad y a recuerdos de tiempos felices? Consciente o inconscientemente, alcaldes y alcaldesas de todo el mundo creen que sí.

– La carrera por el alumbrado navideño: todo lo que quiero es… luz

Recientemente leíamos que Puente Genil (Córdoba) ha encendido su alumbrado navideño el 14 de noviembre. Pero la marca ha ido justa, pues solo dos días después, Vigo hacía lo propio encendiendo la friolera de 11 millones de LED. Y es que su alcalde, Abel Caballero, es conocido dentro y fuera de España por lo fastuoso de su alumbrado y su apuesta decidida por convertirlo en atractivo turístico y económico.

– ¿Qué dice la ciencia?

La ciencia dice varias cosas al respecto. Una de ellas es obvia: el gasto energético es considerable, hecho que afortunadamente se ha aliviado en los últimos años con el reemplazo de las clásicas bombillitas incandescentes de colores por luces LED, cuyo consumo es mucho menor. Para hacernos una idea, la potencia del alumbrado navideño de la ciudad de Granada es de 193 kW, equivalente a unos 200 microondas funcionando al máximo.

También sabemos que la atmósfera esparce la luz en todas direcciones. Y lo hace de manera mucho más acusada con las luces azules que con las cálidas, dando lugar a ese azul del cielo que tanto nos alegra el alma.

Pero parte de esa luz que sale despedida cual bola de pinball escapa hacia arriba. Y luz que no llega a los ojos es luz que no ilumina y, por tanto, energía desperdiciada.

Si además esa luz altera los ritmos fisiológicos de plantas y animales y afecta a las observaciones astronómicas de telescopios y aficionados, el perjuicio es patente. Es lo que llamamos contaminación lumínica y, aunque la legislación española la combate, muchas leyes autonómicas excluyen de las limitaciones al alumbrado festivo.

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– El estrés posible

¿Qué más nos dice la ciencia sobre un alumbrado navideño (o de cualquier otro alumbrado) excesivamente intenso y estridente? Que puede estresar a las personas interrumpiendo la secreción de la melatonina y aumentando la de cortisol durante la noche. Y eso no es buena idea porque la melatonina nos relaja antes de dormir y el cortisol nos activa al despertarnos.

Cuando los afectados son los paseantes, las consecuencias son menos serias, ya que en la calle debemos tener siempre cierto nivel de alerta para evitar accidentes e interactuar con el medio. Sin embargo, cuando un alumbrado navideño estridente penetra en nuestros hogares por las ventanas y rendijas de las persianas, la interrupción de ritmos circadianos tan importantes como el sueño-vigilia puede ser realmente negativa.

Llegados a este punto, parece que ciencia y alumbrado navideño son difícilmente conciliables. Pero la Navidad es tiempo de reconciliación donde todo es posible.

– ¿Algún argumento científico favorable?

Pese al mayor consumo energético, la contaminación lumínica, coste inicial de todos esos LED, mantenimiento, futuro reciclado, etc., hay un hecho innegable: aunque cada uno sea un mundo, un ambiente iluminado alegra a muchas más personas de las que entristece. Al ser humano le gusta la luz. Y los políticos que compiten por el alumbrado más espectacular lo saben. Y los comerciantes y publicistas, también.

Esto no debería causar sorpresa si tenemos en cuenta que nuestra estrella y fuente de vida nos mantiene vivos dándonos luz y calor. Podemos cambiar de dieta, pero una ligera variación en la radiación que nos llega del Sol acabaría con la vida de un plumazo. Puede afirmarse con rotundidad que la luz y sus radiaciones hermanas (infrarrojo y ultravioleta) constituyen nuestro alimento primordial.

Una mañana soleada coronada por un cielo azul eleva el espíritu mucho más que un día nublado y plomizo. ¿Vendrían tantos ciudadanos del centro y norte de Europa a pasar el resto de sus vidas en España tras jubilarse si no tuviéramos la luz que tenemos?

Por tanto, parece claro que el alumbrado navideño hace sentir mejor y más feliz a muchísimas personas que viven como un verdadero acontecimiento el encendido cada año. Conscientes de ello, en ciudades como Madrid se las han ingeniado para que nadie deje de disfrutarlo.

Pero pese a la influencia beneficiosa de la luz sobre nuestro estado de ánimo, no sabemos cuánta necesitamos para sentirnos más seguros ni más felices.

Nos hacen felices las luces de Navidad? Esto dice la ciencia

De hecho, cuantificarla constituye el Santo Grial de la luminotecnia y la iluminación. Conocemos relativamente bien la relación entre luz y melatonina, somnolencia, temperatura corporal, atención, etc. Pero seguimos dando palos de ciego al elucubrar, por ejemplo, sobre cómo influye la luz en la amígdala, una parte de nuestro cerebro relacionada con emociones y recuerdos positivos.

Al preguntarnos por los alumbrados navideños en España, me atrevo a decir que nos hacen más felices pero, en general, hay que moderarlos en intensidad y estridencia por su impacto nada despreciable y por un uso responsable de los recursos.

Seguiremos investigando cuánta luz es necesaria para que huela a Navidad.

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El asesino de Adán y Eva…


El primer beso, también conocida como Adan y Eva, obra del pintor Salvador Viniegra.
El primer beso, también conocida como Adán y Eva, obra del pintor Salvador Viniegra.

JotDown(M.deLorenzo) — El ser humano solo conoce aquello que puede nombrar. Y de la misma forma, solo puede nombrar aquello que conoce. No podemos referirnos a lo que desconocemos porque, sencillamente, no sabemos que existe. No hay palabras que designen aquello de cuya existencia no tenemos constancia.

La utopía de conocer todas las palabras posibles —palabras que no existen y que probablemente no existirán jamás—, de ser capaces de nombrarlo todo, implicaría haber descodificado la realidad hasta en el más remoto de sus enigmas. El ser humano siempre ha entendido su mundo tal y como lo veía, hasta que descubría que lo conocido tan solo era una parte más de ese mundo, o que este no era exactamente como lo veía. A lo largo de la historia, algunas personas nos han brindado más palabras.

Han sido capaces de ver lo que nadie más veía y ofrecernos términos, fórmulas matemáticas, teorías físicas. Explicaciones, al fin y al cabo, que desenmarañaban la realidad y contestaban a algunas de las grandes cuestiones que siempre nos habíamos formulado o que, directamente, no nos habíamos formulado jamás.

El De Revolutionibus Orbium Coelestium de Nicolás Copérnico, la teoría de la relatividad general y la de la relatividad especial de Albert Einstein o los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de Isaac Newton constituyeron algunas de esas ventanas a una realidad más nítida y comprensible.

Sus autores vieron el mundo con más claridad que nadie y contribuyeron a desenredar una pequeña porción más de un universo cada vez menos laberíntico. Debemos a sus obras el desciframiento del mundo que conocemos, y entre ellas ocupa un lugar de privilegio uno de los tratados más brillantes de la historia de la ciencia: El origen de las especies de Charles Darwin.

Darwin inició su viaje en el HMS Beagle el 27 de diciembre de 1831 y, como él mismo escribiría poco antes de morir, fue con mucho el acontecimiento más importante de su vida. Los cinco años que duró la travesía alrededor del mundo son un ejemplo perfecto de dos de las constantes que marcaron la vida del naturalista inglés.

Las primeras ideas sobre la evolución de las especies comenzaron a forjarse en la mente del joven Charles durante esta expedición, pero el temor a la reacción del capitán FitzRoy, con quien tendría que compartir camarote hasta su regreso a Inglaterra y quien veía en el viaje una inmejorable oportunidad para encontrar pruebas a favor de la Biblia y evidencias del diluvio universal, hizo que en ningún momento tratase de imponer su criterio y aceptase sin más su cometido, como tantas otras veces hizo a lo largo de su vida.

De igual forma, la oposición del capitán a cualquier idea contraria a los dogmas religiosos refleja con exactitud la gran batalla que Darwin habría de librar hasta el fin de sus días.

Ese sometimiento e inseguridad en sus pasos, unidos a la certeza de que sus ideas, a pesar de arrojar luz sobre lo desconocido, quebraban algunos de los principios fundamentales sobre los que se apoyaba el conocimiento desde hacía siglos, constituyen la clave para entender la figura de uno de los grandes genios de la humanidad.

– El mundo antes del Beagle

Tal vez, la primera ocasión en la que esa personalidad sumisa se manifiesta claramente fue en 1825, cuando a pesar de no tener ningún interés por la medicina, Charles se inscribe en la Universidad de Edimburgo dispuesto a satisfacer los deseos de su padre, el doctor Robert Darwin.

Desde niño, su atención se había centrado únicamente en las plantas, los árboles y los animales que se encontraban en los alrededores de The Mount, la casa familiar en la que Darwin nació el 12 de febrero de 1809, en la localidad de Shrewsbury. Tanto le habían atraído siempre, que en su Autobiografía figura la notable frase «Nací naturalista».

Durante los años en los que acudió a la escuela, de talante netamente religioso, su pasión por coleccionar insectos y flores derivó en unos resultados académicos tan pobres que en 1818 —un año después de fallecer su madre— su padre lo matriculó en el internado del doctor Samuel Butler advirtiéndole de que sería la vergüenza de la familia si no se centraba en sus estudios.

Sin embargo, Charles solía pasar parte de sus vacaciones en Maer Hall, el hogar de su tío Josiah Wedgwood, quien no solo comprendía las aficiones de su sobrino sino que le aconsejaba y le animaba a seguir su vocación. Siete años después, el progreso estudiantil del joven Darwin había sido tan escaso como las esperanzas de su padre en que se convirtiese en un hombre de provecho, y tal vez por eso aceptó cursar estudios de Medicina en Edimburgo, como su hermano.

No hay que olvidar, en cualquier caso, que la posibilidad de asistir a clases de Geología, Zoología y Botánica no dejaba de ser un aliciente para un adolescente aspirante a biólogo.

Como era de esperar, el intento de hacer de Charles un médico reputado como su padre fue un absoluto fracaso. No mostraba interés alguno por las asignaturas propias de su carrera, salvo en el caso de las clases de Química, se mareaba al ver sangre y era incapaz de aguantar las sesiones de disección —de lo que se arrepentiría más adelante—.

Después de dos años estériles, el doctor Robert Darwin propuso a su hijo la carrera eclesiástica como único modo de enderezar su vida, y en un nuevo ejemplo de obediencia sin reservas, el joven ingresó en el Christ’s College de la Universidad de Cambridge en octubre de 1827. Tenía dieciocho años.

El programa de estudios de la nueva carrera de Darwin se basaba fundamentalmente en disciplinas teológicas y asignaturas básicas como Latín, Griego o Historia. De nuevo, su interés por las ciencias naturales se acercaba poco o nada a su aburrida formación como clérigo, sin embargo no sería ésta una etapa inútil desde el punto de vista intelectual.

A pesar de que Charles había sido educado en la religión y jamás había puesto en duda los dogmas contenidos en la Biblia, el año previo al inicio de sus estudios en el Christ’s College, el doctor Robert Edmund Grant había despertado su interés por las ideas de Jean-Baptiste Lamarck, autor de una primera teoría de la evolución basada en el perfeccionamiento de órganos y especies —alejada, por tanto, de la precisión y veracidad de las ideas darwinianas—, y el propio Charles había comenzado a encontrar cierta fascinación en otras tesis evolutivas similares como las de los naturalistas del siglo XVIII Buffon y Erasmus Darwin, su abuelo.

Fue por este motivo por el que, al llegar a Cambridge, Darwin se puso en contacto con quien terminaría siendo su gran amigo y confidente, el profesor de Botánica John Stevens Henslow, quien solía organizar en su casa reuniones sobre ciencias naturales a las que asistían alumnos y profesores, en las que Charles entabló amistad con el geólogo Adam Sedgwick, seguidor de la escuela catastrofista de Georges Cuvier —que proponía una serie de cataclismos y sucesivas creaciones como explicación hipotética de la Tierra—.

Poco a poco, y gracias a la ayuda de científicos de la talla de Henslow y Sedgwick, la mentalidad científica de Darwin comenzaba a imponerse.

Los naturalistas Humboldt y Aimé Bonplant en la selva amazónica, con sus materiales de estudio. Óleo por Eduard Ender, hacia 1850.

Una vez hubo aprobado los exámenes finales de su carrera en 1831, un ya adulto Darwin comenzó a dedicar tiempo a sus lecturas favoritas —entre las que se encontraban los relatos de los viajes de Alexander von Humboldt, que llamarían poderosamente su atención sobre los trópicos y serían determinantes en su decisión de enrolarse en el Beagle—.

Además, invitó a pasar unos días en The Mount a Adam Sedgwick, con quien también estuvo algunas semanas en el país de Gales realizando mapas geológicos de la zona.

A su regreso a casa, Charles se encontró con una carta de Henslow en la que se hallaba una segunda carta remitida por George Peacock, encargado de designar a los naturalistas que debían ocuparse de las labores de estudio y análisis a bordo de los diferentes barcos que la Corona inglesa enviaba alrededor del mundo. Peacock, por recomendación del propio Henslow, había propuesto a Charles Darwin como naturalista del HMS Beagle.

De nuevo, el carácter inseguro y manejable de Charles volvería a ser clave. A pesar de conocer los pasos correctos, prefería evitar el enfrentamiento y plegarse una vez más a la voluntad de la autoridad correspondiente. Su padre no estaba dispuesto a que la carrera eclesiástica, a la que su hijo había entregado cuatro años, se disipase ante la posibilidad de iniciar una aventura para la que, en su opinión, no estaba capacitado.

Darwin se fue convenciendo de que no estaba lo suficientemente formado como naturalista y de que carecía de las más elementales nociones de navegación. Finalmente, escribió a Henslow rechazando la oferta y se marchó a descansar a Maer Hall. El viaje en el Beagle, la formación de su mente, toda la teoría de la evolución que el naturalista desarrollaría años después no habría sido nada si de la personalidad sumisa de Charles Darwin hubiese dependido.

Por fortuna, su tío Jos decidió intervenir y terminó convenciendo al doctor Robert Darwin de la inigualable oportunidad que se le estaba brindando a su hijo.

Rápidamente, Charles envió una carta a Henslow aceptando el puesto, pero se encontró con la desgraciada noticia de que otro candidato estaba siendo examinado y que la decisión final correría a cargo del capitán Robert FitzRoy, quien había manifestado que elegiría al que mejor le cayese de ambos —lo cual resulta francamente comprensible, teniendo en cuenta que el aspirante elegido tendría que compartir con él un pequeño camarote durante cinco largos años—.

Tras una entrevista agradable y cordial, FitzRoy designó a Darwin como su acompañante a bordo del Beagle. Décadas más tarde, cuando la vida del científico tocaba a su fin, este escribió cómo el capitán le había confesado posteriormente que había estado a punto de descartarlo para la expedición  debido a la forma de su nariz.

FitzRoy era un apasionado de Johann Caspar Lavater, autor de El arte de conocer a los hombres por la fisionomía, y consideraba que la nariz de Darwin revelaba su escasa energía y determinación. Afortunadamente para Charles, su nariz mentía.

– El viaje en el Beagle

Con la misión de elaborar mapas de las costas meridionales de América del Sur y regresar a Inglaterra cruzando los océanos Pacífico e Índico, el Beagle zarpó del puerto de Plymouth el 27 de diciembre de 1831, tras dos intentos fallidos debido a los fuertes vientos contrarios.

Desde el primer día y durante todo el viaje, Darwin sufrió molestos mareos que hacían muy incómoda la vida en el barco, a pesar de lo cual no tardó en adaptarse a ella.

En una de las cartas que escribió a su padre, decía: «Pienso que si no fuera por los mareos, todo el mundo se haría marinero».

La tripulación del bergantín, que no entendía las tareas de Charles consistentes en coleccionar y clasificar animales marinos e insectos, pero que sentía simpatía por el joven, le apodó «el cazamoscas».

Este tomaba apuntes de todo cuanto sucedía a bordo y de los estudios que iba realizando, redactando así su diario personal del viaje, la primera de sus obras importantes.

Asimismo, remitía cartas a Inglaterra desde los diferentes puertos a los que llegaba, enviando colecciones y conclusiones a Henslow, quien solía leerlas en la Philosophical Society de Cambridge ante la admiración de los presentes.

Charles, que antes de embarcar había leído la Introducción a las ciencias naturales de John Herschel así como otras importantes obras científicas, y se había llevado consigo el primer volumen de los Principios de geología de Charles Lyell, recibió las dos últimas partes de esta obra en Montevideo y Valparaíso en sendos envíos de Henslow, constituyendo un material que él mismo consideraría fundamental para su trabajo.

Realizó análisis geológicos, paleontológicos, zoológicos y botánicos allá en donde pisaba, y formó verdaderas colecciones completas de peces, aves, reptiles, rocas y plantas que llegaron a invadir el Beagle frasco a frasco. 

De 1832 a 1834, el barco estuvo recorriendo las costas del Atlántico sur, con las correspondientes excursiones tierra adentro. Por fin, en Bahía Blanca y en las zonas adyacentes a Montevideo, hizo el primero de los descubrimientos que en Galápagos desatarían el torrente de ideas sobre la evolución.

El hallazgo de fósiles de grandes mamíferos cuya anatomía venía a coincidir con la de pequeños animales autóctonos comenzó a hacerle dudar de las tesis creacionistas y de la inmutabilidad de las especies. Lo que para FitzRoy eran evidencias plausibles de un diluvio que había sepultado bajo las aguas a animales ya extinguidos, para Darwin eran indicios de lo erróneo y disparatado de los dogmas bíblicos. 

A finales de 1834, en una de las excursiones por la cordillera de los Andes, descubrió conchas y fósiles marinos a una altitud de cuatro mil metros. El 18 de enero de 1835, mientras la expedición se encontraba en San Carlos de Chiloé, entraron en erupción los volcanes Osorno, Aconcagua y Coseguina.

En febrero, estando en Valparaíso, se produjo un terrible terremoto que destruyó en segundos la ciudad de Concepción, afectó a cuatrocientas millas de costa y devolvió la actividad a varios volcanes.

Estos tres fenómenos hicieron comprender a Darwin la formación de la cordillera andina a partir de bruscos levantamientos de terreno desde el nivel de la costa causados por la actividad sísmica. La mano de Dios, por desgracia para FitzRoy, poco tenía que ver.

El Beagle por Conrad Martens

El 7 de septiembre del mismo año, el Beagle puso rumbo a las ecuatorianas islas Galápagos, el archipiélago de Colón. Lo que en principio solo era un destino más en la ruta, se convirtió en el punto de partida de una de las teorías científicas más importantes jamás elaboradas.

Darwin comenzó a percatarse de que había notables diferencias entre los animales y las plantas de las islas y los que se había encontrado en Sudamérica, pero también enormes similitudes. Igualmente, apreció variaciones entre individuos de la misma especie que habitaban en islas distintas del archipiélago.

Concretamente, observó cómo el tamaño del pico de los pinzones variaba de un lugar a otro en función de las diferentes clases de alimento que el medio ofrecía. Poco a poco, comenzó a darle vueltas a la idea de que tanto los pájaros como los animales y las semillas, probablemente arrastrados por efecto de las aguas, habrían llegado a las Galápagos desde el continente.

El aislamiento en un hábitat tan distinto —al fin y al cabo, se trata de islas volcánicas— provocó en la flora y la fauna la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias para poder sobrevivir. Ante la insuficiencia de recursos, la competencia entre las especies derivó en la extinción de las menos aptas y la variación biológica de las supervivientes hasta lograr un equilibrio natural con el ecosistema.

La evolución dependía de la presión ejercida por el medio, lo que derrumbaba las tesis religiosas e incluso los principios básicos del lamarckismo.

De nuevo, cualquier intento de exponer con convicción su idea a un FitzRoy que se volvía más rígido y fundamentalista a cada paso que daba Charles, no era más que una quimera. Como era previsible, el naturalista se dedicó sin más a su labor geológica, zoológica y botánica, desterrando de su pensamiento todo intento de hacer ver a su capitán el escaso fundamento de las tesis de creación única.

Sin embargo, aprovechó el resto del viaje para anotar y poner en orden sus ideas, deseando llegar a casa para desarrollar libremente su teoría. Los siguientes puertos en la travesía, en Tahití, Nueva Zelanda y Australia, fueron destinos agradables que solo alteraron a Charles al revelar el horror de cómo era tratada la población indígena, condenada a la extinción.

«Dondequiera que entran los europeos —anotó en su diario—, la muerte persigue a los aborígenes». El viaje continuó a través del océano Índico hasta Ciudad del Cabo y, tres meses después, el sábado 2 de octubre de 1836, el Beagle llegó al puerto de Falmouth trayendo consigo la revolucionaria idea que haría temblar los cimientos de la Iglesia.

Charles Darwin. DP adán y eva
Charles Robert Darwin, por John Collier.

– El mundo después del Beagle

Tres días después de llegar a Falmouth, Charles Darwin entraba en The Mount sin anunciar su llegada mientras su familia estaba desayunando. La alegría de su padre y sus hermanas, así como la de su tío Jos días después, fue enorme. Durante semanas, un Darwin de veintisiete años sorprendido del contraste entre su Inglaterra natal y los paisajes tropicales, desérticos, montañosos o volcánicos que había conocido, se dedicó a visitar a amigos y familiares y a preparar su nueva vida en tierra.

Más allá de algunas excursiones por Gran Bretaña, el Darwin expedicionario murió el mismo día que se bajó definitivamente del Beagle. 

A comienzos de 1837, Charles alquila unas habitaciones en el número 36 de la calle Great Marlborough, en Londres, próxima a la casa donde vivía su hermano Erasmus. Nada más instalarse, comenzó a completar su diario del viaje, la redacción del primer volumen de la Geología del viaje y la sistematización de los apuntes y notas que conformarían el preludio de su teoría de la evolución de las especies.

Un año más tarde, toma posesión del cargo de secretario de la Geological Society de Londres por recomendación de Henslow y Lyell, quienes además consiguen que se le otorgue un sueldo de mil libras esterlinas para llevar a cabo la labor de editor, supervisor y coautor de la Zoología del viaje. En esta época, Darwin lee Un Ensayo sobre la ley de la población, de Thomas Robert Malthus y se queda profundamente impresionado.

Fue esta obra la que le sugirió la idea fundamental sobre la que pivotaría toda su teoría, la selección natural, que explicaba por qué los organismos más aptos prevalecían frente a los que no eran capaces de adaptarse al medio y cómo la permanencia de las características de aquellos a través de la descendencia derivaban en la evolución biológica de las especies.

Una de las personas más importantes en la vida de Charles Darwin fue Emma Wedgwood, con quien se casó el 29 de enero de 1839. Como el propio Charles escribe en su Autobiografía, nunca le había hecho demasiada gracia la idea de casarse, pero la historia revela que fue un matrimonio feliz que permitió a Darwin dedicarse por entero a su labor intelectual mientras Emma se encargaba del resto. El único aspecto en el que discrepaban profundamente era el religioso.

El viaje en el Beagle había hecho que el antiguo estudiante de Teología fuese perdiendo poco a poco su fe hasta convertirse en un auténtico desertor de la religión. Emma, sin embargo, era una mujer de convicciones firmes y su fe en la letra de la Biblia carecía de fisuras. Más allá de estas cuestiones, el apoyo de su esposa fue básico para Charles, sobre todo a partir de la aparición de una extraña enfermedad que le acompañaría toda la vida.

Su hijo Francis, en La vida y cartas de Charles Darwin, publicado en 1887, escribió: «Durante cerca de cuarenta años, nunca conoció un solo día de salud como un hombre ordinario». Entre otras posibilidades, se ha aceptado como la explicación más probable de sus síntomas —dolor de estómago, vómitos, espasmos y taquicardias— una picadura de Triatoma infestans, transmisora del mal de Chagas-Mazzaque el naturalista recibió en una mano durante una de las expediciones en Chile.

Para minimizar el progresivo deterioro de su salud, el matrimonio y sus dos primeros hijos terminarían mudándose en 1842 a una casa de campo cerca de Downe llamada Down House, en la que actualmente se encuentra el Museo Darwin.

Darwin y el viaje del Beagle

Unos años antes, poco después de la boda y habiéndose mudado a una casa en la calle Gower, publica el diario del viaje con el nombre de Diario y observaciones. Entre 1841 y 1843 aparecieron los tres volúmenes de la Zoología del viaje, y en 1842 se publica el primer tomo de la Geología del viaje, que se completa con otros dos volúmenes que le convirtieron en uno de los geólogos más importantes del siglo XIX.

Mientras tanto, Charles continúa sus investigaciones con animales domésticos, obsesionado con la idea de la evolución de las especies.

En 1845, el editor John Murray compró los derechos de su diario y publicó una segunda edición denominada Diario de las investigaciones sobre la historia nacional y la geología de las regiones visitadas durante el viaje del buque real Beagle alrededor del mundo bajo el mando del capitán FitzRoy, que se convirtió en un éxito de ventas a medida que su título se iba reduciendo hasta el célebre Viaje de un naturalista.

Cuando en 1846 ya se había publicado la Geología del viaje al completo, Darwin evita centrarse de lleno en su obra maestra y pierde ocho años en un nuevo trabajo sobre el estudio de los cirrípedos. 

Nos encontramos otra vez ante un Charles Darwin temeroso de exponer sus ideas y de las reacciones que su teoría sobre la evolución pudiese desencadenar. Su insegura personalidad volvía a requerir de la asistencia de alguien que, como anteriormente había hecho su tío Jos, le apoyase en su proyecto y reforzase su voluntad.

Esa ayuda necesaria se la brindaron sus amigos Joseph Hooker, director del Real Jardín Botánico de Kew; Asa Gray, médico y botánico norteamericano; y el también botánico Thomas Henry Huxley. Hooker, a quien había conocido en 1842, era uno de los principales confidentes de Charles junto con Henslow, y quizá el único que por aquel entonces comprendía perfectamente las ideas de su amigo.

En una de las cartas que Darwin le escribió, confesaba que no estaba de acuerdo con las ideas de Lamarck, pero temía exponer las suyas porque la sociedad podría considerarlas como la obra de un loco. Igualmente, su desconfianza en el resto de personas próximas a él queda patente en la frase «Creo que mis amigos me creen hipocondríaco». Gray conoce a Darwin en 1851 e inmediatamente le manifiesta el apoyo a su teoría, que comienza a difundir en Estados Unidos.

Huxley aparece en la vida de Charles en 1854, cuando concluye su obra sobre los cirrípedos, y además de ser uno de los científicos que más apoyarían sus ideas, sería uno de los protagonistas destacados en la polvareda que poco después levantaría la publicación de su teoría de la evolución. Con el apoyo de estos tres hombres y la confianza incondicional de Henslow y Lyell, Darwin decide al fin dedicar todo su tiempo a la elaboración de su gran obra, El origen de las especies.

Una primera edición de «El origen de las especies», de Charles Darwin,  saldrá a subasta en México
Primera edición de El Origen de las especies.

Cuatro años más tarde, el avance en la plasmación teórica de sus ideas sobre dinámica biológica era notable, aunque su meticuloso método de trabajo y su carácter perfeccionista lastraban bastante su redacción. A esto hay que añadir la modestia del naturalista inglés, que nunca tuvo un gran concepto de sí mismo como divulgador científico.

En una de las cartas que envió a Henslow durante el viaje en el Beagle, confesaba: «Una gran fuente de duda es mi total ignorancia respecto a si anoto los hechos que conviene y si son lo suficientemente importantes como para interesar a los demás». Sus trabajos progresaban de forma pausada, pero la publicación de su teoría pronto se convertiría en una urgencia.

En 1858, cuando Darwin tenía cuarenta y nueve años, aparece publicado un artículo titulado Sobre la ley que ha regulado la aparición de nuevas especies, firmado por Alfred Rusell Wallace, un joven naturalista autodidacta de procedencia modesta, aunque muy bien considerado entre los círculos científicos de la época, que se encontraba en una expedición en la isla de Borneo.

Los principios biológicos utilizados por Wallace eran similares a los que Darwin manejaba en la formulación de su teoría, lo que provocó la preocupación de sus amigos y sobre todo de Lyell, principal promotor del trabajo de Charles. Tres años más tarde, este recibió una carta de Rusell Wallace que contenía un ensayo denominado Sobre las tendencias de las variedades a alejarse ilimitadamente del tipo original.

En la carta no solo se pedía la opinión de Darwin sino también que se lo entregase a Lyell con el mismo objetivo. Charles no daba crédito a lo que leía. El ensayo de Wallace se basaba en un planteamiento exactamente igual al suyo.

A partir del aislamiento geográfico de un grupo de animales que suponía un nuevo hábitat para ellos, se proponía un proceso de adaptación al medio de la misma forma en la que Darwin entendía la selección natural, señalando que esta podría producirse igualmente a lo largo del tiempo como respuesta a leves variaciones medioambientales en una misma zona y con respecto a un mismo grupo de individuos.

La situación, como se puede apreciar, era delicada. Darwin llevaba más de dos décadas trabajando y madurando su idea de evolución, pero Wallace tenía todo el derecho a que su trabajo también fuese reconocido. 

Estando seguro de cuál era la decisión correcta, Charles remitió el ensayo a Lyell y posteriormente le escribió buscando consejo. En julio de ese mismo año, por mediación del propio Lyell y con ayuda de Hooker, se alcanzó la solución al problema. Alfred Newton leyó el ensayo de Wallace ante la Linnean Society de Londres, mostrando además el esquema que Darwin había elaborado de su teoría en 1844 y la carta que años después envió a Asa Gray explicándole sus ideas y la intención de publicarlas.

De esta forma, el trabajo de Wallace quedaba a salvo, pero la originalidad de las ideas de Darwin, en las que llevaba trabajando desde que se bajó del Beagle, quedaba fuera de toda duda. A partir de ese momento, Charles se dio cuenta de la necesidad de publicar su obra cuanto antes y comenzó a trabajar en su finalización como nunca lo había hecho.

Apenas un año más tarde, y después de reelaborar todo el proyecto, el texto definitivo estaba por fin listo para su publicación. Había terminado la obra clave de la biología evolutiva. 

Charles Darwin. DP adán y eva
Charles Darwin.

– El origen de las especies

El 24 de noviembre de 1859, John Murray publicaba Del origen de las rspecies por medio de la selección natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. La primera edición, de mil doscientos cincuenta ejemplares, se agotó en un solo día.

Cuando apareció la segunda edición, en enero de 1860, la sociedad ya estaba absolutamente dividida entre la evolución de las especies y las tesis creacionistas, que reunían a muchos más partidarios, entre los que no solo se encontraban hombres de la Iglesia y comunidades religiosas sino también un elevado número de científicos.

La presión ejercida por las autoridades religiosas, que controlaban el sistema universitario y lideraban la opinión social de la época, condicionaba la postura de todos aquellos cuya reputación dependía de evitar cualquier enemistad con la Iglesia.

A propósito de la presentación oficial de El origen de las especies —título oficial de la obra a partir de su sexta edición—, el 30 de junio de 1860 se organizó un debate en Oxford con el objetivo de analizar la teoría evolutiva de Charles Darwin, quien no pudo asistir debido en parte a los fuertes dolores que su enfermedad le causaba y en parte al mismo temor que le había impedido explicar sus ideas a FiztRoy casi treinta años antes.

La hostilidad en las intervenciones de los anti-darwinistas era previsible. En 1650, el arzobispo James Ussher había calculado en Los anales del mundo que la Tierra había sido creada el 22 de octubre del año 4004 antes de Cristo. Por otra parte, los dogmas bíblicos de la creación simultánea de todas las criaturas y su supervivencia tras el diluvio no eran susceptibles de ser cuestionadas por nadie.

Sin embargo, la idea que con más escándalo había sido recibida era la que ponía en duda la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. Algo que actualmente puede parecernos tan absurdo como la creencia en una Tierra plana, era una verdad incontestable en 1860.

Lo cierto es que Darwin no mencionaba expresamente la evolución del ser humano desde especies inferiores, pero la frase «Se arrojará mucha luz sobre el origen del hombre y su historia» y la sugerencia de que el ser humano no era más que un animal sujeto al mismo proceso de dinámica biológica que un mono, un perro o un gato había irritado a todos los hombres de fe. El origen de las especies, considerada cercana a la herejía, debía ser derrotada.

El debate, no muy lejano a un verdadero juicio inquisitorial, comenzó con dos horas de sucesivas declaraciones que parecían no conducir a ningún lado. Entre las casi mil personas que asistieron, destacaban Hooker y Huxley del lado de Darwin y el obispo Samuel Wilberforce entre los antidarwinistas.

Harto de disertaciones, Wilberforce pidió la palabra a Henslow, quien había sido elegido como moderador, y lanzó su ataque a Darwin mediante la ridiculización de su libro, afirmando que todo su contenido era la simple opinión personal del autor. Sus acusaciones se iban endureciendo a medida que hablaba y su elocuencia de predicador fue inundando poco a poco el auditorio.

Al fin, consciente de que sus palabras no estaban siendo escuchadas por el responsable de tamaña blasfemia, decidió volcar su ira en alguno de sus partidarios preguntándole en tono cínico si descendía del mono a través de su abuelo o bien de su abuela. No pudo cometer un error mayor.

La persona elegida para responder era Thomas Henry Huxley, famoso por su agudeza y su dominio del sarcasmo. Huxley, quien al igual que Darwin negaba cualquier fundamento racional en la letra de la Biblia, se levantó y murmuró: «El Señor ha querido que caiga en mis manos». Acto seguido, contestó enérgicamente que prefería descender de un mono que de un hombre culto que se aprovechaba de su dignidad episcopal para ridiculizar una discusión científica y desacreditar a quienes buscaban humildemente la verdad.

En ese momento, el auditorio estalló. Los estudiantes y partidarios de Darwin comenzaron a aplaudir y a vociferar con rabia mientras los clérigos exigían con vehemencia que Huxley pidiese disculpas al obispo. Dirigirse de tal forma a un representante de la Iglesia era considerado tan indecente que una de las mujeres asistentes al debate sufrió un desmayo y tuvo que ser sacada de la sala.

En medio del alboroto, un hombre se levantó y comenzó a gritar que él ya había avisado a Darwin de lo peligrosas que eran sus ideas y que le había advertido de lo que sucedería si las hacía públicas. Era el almirante Robert FitzRoy, el primer hombre que se había opuesto a la teoría de la evolución de las especies cuando todavía era capitán.

Agitando una Biblia, exclamó: «La verdad, la única verdad, está aquí». Los gritos de los partidarios de Darwin se elevaron de tal forma que FitzRoy, profundamente intimidado, tuvo que abandonar el lugar. Cinco años más tarde, se suicidaría cortándose el cuello.

Comprobado científicamente 140 años después: Darwin tenía razón

El revuelo causado por El origen de las especies era comprensible. Tanto como el temor de Darwin a publicar su teoría. Tal y como había sucedido tres décadas antes durante el viaje del Beagle, era perfectamente consciente de que sus ideas suponían la anulación y desvanecimiento de algunos de los principios básicos sobre los que se sustentaba la visión que el ser humano tenía del mundo y de sí mismo, patrimonio hasta entonces de la religión.

Darwin ofrecía en su libro una explicación, una solución a preguntas que el ser humano se venía formulando desde el principio de los tiempos. De la nada, elaboró una teoría que colocaba ante los ojos de la humanidad lo que hasta ese momento ni siquiera existía, un razonamiento que descifraba una pequeña pero importantísima fracción de la realidad. La Iglesia y, por extensión, la sociedad, asistían al desmoronamiento de su verdad, a la anulación de la palabra de Dios. 

Más allá de algunos errores flagrantes de la teoría darwiniana —en 1868 se publicaba su trabajo sobre la Pangénesis, en la que trataba de explicar mediante unos elementos que denominó «gémulas» por qué las características que hacían a algunos organismos más aptos en un determinado medio permanecían a través de la descendencia, formulando una explicación que él mismo calificó de «provisional, temeraria y tosca» y cuya ingenuidad se puso de manifiesto al compararla con las ideas sobre la herencia genética contenidas en los Estudios sobre los híbridos vegetales de Gregor Mendel—, los principios sentados por el naturalista eran brillantes.

El concepto de selección natural, pieza clave de El origen de las especies, que explicaba que los miembros de una población con características menos adaptadas a un medio superpoblado morirían con mayor probabilidad que los miembros más adaptados, cuyas características heredaría su progenie, se veía reforzado en 1871 con la publicación de La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo, donde Darwin estudia de forma explícita la especie humana a partir de la idea de evolución biológica y explica el proceso de hominización señalando la importancia de la especialización de la mano y el desarrollo del cerebro a través del lenguaje.

Con la demostración de que las emociones humanas y su expresión externa también forman parte del proceso evolutivo en el libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, Darwin refuerza definitivamente su idea de dinámica biológica y pone fin a su extraordinaria obra teórica, después de treinta y tres largos años.

A partir de 1872, Charles se dedica únicamente a la investigación botánica y en una carta a Ernst Haeckel, confiesa: «Ya nunca volveré a tratar problemas teóricos». Es en esta época cuando escribe su Autobiografía y es declarado doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge.

El viaje del Beagle" de Charles Darwin: 5 anécdotas poco conocidas de su  recorrido por América del Sur - BBC News Mundo

A finales de 1881, visitando a una de sus hijas en Londres, sufrió un desmayo en plena calle.

Su estado de salud era tan precario que durante los meses siguientes los mareos y desvanecimientos fueron continuos.

Consciente de que su final estaba cerca, se retiró para siempre en Down House.

A las tres y media de la tarde del 19 de abril de 1882, Charles Darwin fallecía en Downe a los setenta y tres años de edad.

A pesar de su deseo de ser enterrado en esa misma localidad, la Royal Society decidió celebrar un funeral de Estado en la abadía de Westminster, donde sus restos descansan desde entonces  junto a los de Isaac Newton y John Herschel.

– Humani Generis

A pesar del carácter inseguro de Darwin, responsable de que en su juventud perdiese dos años estudiando Medicina, de que aceptase el futuro clerical que su padre había pensado para él, de que rechazase la propuesta para ocupar el puesto de naturalista en el Beagle, de que no se atreviese a contradecir las tesis creacionistas que defendía FitzRoy, de que retrasase una y otra vez la publicación de su teoría y de que no tuviese la confianza suficiente en sus ideas como para explicar la evolución biológica del ser humano desde un primer momento, lo cierto es que siempre terminó adoptando la decisión correcta.

Necesitó el apoyo de familiares y amigos en cada uno de los momentos cruciales de su vida, pero finalmente fue capaz de reunir el valor necesario para enfrentarse a un mundo sumido en el error y el fundamentalismo religioso. ¿Pero quién podría culparle? La publicación de El origen de las especies era una verdadera detonación intelectual en el mismo corazón de la Iglesia.

Dos siglos antes, Galileo Galilei se vio obligado a abjurar de sus ideas para evitar pasar el resto de su vida en prisión. De igual modo, en el siglo XVIII, Buffon tuvo que retractarse y aceptar la edad de la Tierra calculada por el arzobispo Ussher. Tal vez Darwin no fuese un valiente, pero una vez publicada su teoría y a pesar de la furia que esta desató entre los creacionistas, jamás se desdijo.

Habrá quien opine que en la segunda mitad del siglo XIX no existían motivos suficientes como para temer la reacción de la Iglesia. Al fin y al cabo, y a diferencia de Buffon o Galileo, Darwin nunca vio comprometida su libertad ni su cabeza. Sin embargo, la polémica sobre El origen de las especies no terminó aquel 30 de junio de 1860 en el Museo Universitario de Oxford.

El libro se convirtió en un bestseller desde el mismo momento de su publicación y la Iglesia veía cómo un gran sector del pueblo se posicionaba a favor de las teorías evolucionistas. No se trataba de defender la literalidad de la Biblia, sino uno de los dogmas esenciales del cristianismo que, en caso de ser rechazado por los fieles, pondría en peligro la propia subsistencia de la religión.

El éxito de Darwin implicaba la negación de Dios como creador. O al menos en los términos bíblicos. Mientras algunos científicos de renombre como Richard Owen o Adam Sedgwick, antiguo amigo de Charles, criticaban ferozmente las ideas darwinianas, otros como Ernst Haeckel conseguían que la comunidad científica en su mayoría aceptase la ubicación del ser humano en la escala zoológica y situase a sus antepasados en un grupo de primates prehomínidos.

La naturaleza biológica de los fósiles había servido hasta entonces para reforzar la postura de la Iglesia, que identificaba en plantas y animales fosilizados a especies que se habrían extinguido en el diluvio universal. Sin embargo, el progreso imparable de la paleontología conducía poco a poco a la utilización de esos mismos fósiles como pruebas en contra de las teorías diluvialistas y a favor de las de Darwin.

El descubrimiento en 1856 de los restos óseos de un espécimen que actualmente se conoce como Neandertal 1 en una cueva cerca de Dusseldorf, la aparición de cinco esqueletos en la cueva de Cro-Magnon en marzo de 1868, el hallazgo del esqueleto hoy conocido como «el viejo» en La Chapelle-aux-Saints en el año 1909, etc.

Hoy en día la evolución de la especie humana es un proceso científicamente demostrado que pone de manifiesto el error de quienes se obcecaban en defender las tesis creacionistas y diluvialistas. 

La evolución de Darwin: una mirada desde la Iglesia y los Papas
La evolución de Darwin desde la visión de los Papas de la Iglesia: mucho más que un relato.

Como hemos dicho, a finales del siglo XIX la biología no albergaba dudas respecto a la teoría de la evolución de las especies, pero el mundo religioso prefería seguir aferrándose a mitologías indefendibles antes que verse obligado a reconocer el escaso fundamento de uno de los pilares elementales del cristianismo.

El distanciamiento entre ciencia y religión empezaba a ser tan dañino para esta —cada vez eran más los teólogos que consideraban insostenible la postura de la Iglesia— que finalmente, el 12 de agosto de 1950, el papa Pío XII sorprendía al mundo admitiendo como posibles las ideas darwinianas en la celebérrima encíclica Humani Generis.

La compatibilidad entre ciencia y fe se imponía como una exigencia, como un principio necesario para evitar «falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica». La Iglesia hacía una concesión, en efecto, pero no estaba dispuesta a perder totalmente la batalla.

El modernismo teológico, condenado años antes por Pío X en la encíclica Pascendi Dominici Gregis, hundía sus raíces en el divorcio entre la razón y la fe, imponiendo la reducción de los principios bíblicos a conceptos mínimos compatibles con cualquier formulación científica, filosófica o religiosa que conducían a un relativismo dogmático «que ha comenzado ya a dar los primeros frutos venenosos».

La Humani Generis, por lo tanto, suponía una tímida reconciliación entre ciencia y religión, pero con la intención de que el progreso científico adaptase sus postulados a la fe y no al revés. Se admitía la posible veracidad de las teorías evolutivas, siempre y cuando fuesen interpretadas a partir de la palabra de Dios. «Ninguna verdad que la mente humana haya podido descubrir mediante una investigación sincera puede estar en contradicción con la verdad ya conocida».

Por fortuna, el transcurso del tiempo ha demostrado que la Humani Generis fue el primer paso para la aceptación definitiva de la evolución biológica por la Iglesia. Hoy en día, la mayoría de los teólogos reconocen que la interpretación literal del Génesis ha sido uno de los grandes errores del cristianismo y que su defensa no es esencial para la religión. 

En el año 2008, la Iglesia anglicana admitió haberse dejado llevar por un «fervor antievolucionista» al rechazar las ideas contenidas en El origen de las especies. 

En un gesto sin precedentes, manifestó:

«Charles Darwin, doscientos años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Las personas y las instituciones cometen errores y los cristianos y la Iglesia no son la excepción. No existe nada en las teorías de Darwin que contradiga las enseñanzas del cristianismo».

La Iglesia católica sostiene actualmente que la evolución de las especies fue el método creador de Dios al que se refiere alegóricamente el primer libro de la Biblia. Extrañamente —o quizá no tanto—, el Vaticano ha declarado que la actitud de la Iglesia de Inglaterra es «curiosa y significante», pero que la Iglesia católica no pedirá perdón.

La evolución de Darwin: una mirada desde la Iglesia y los Papas

Poco antes de morir, Charles anotó, entre otros recuerdos, el siguiente pensamiento:

«Mirando atrás, puedo darme cuenta ahora de la forma en que mi devoción por la ciencia se fue imponiendo gradualmente al resto de mis aficiones. Descubrí, aunque inconsciente e insensiblemente, que el placer de observar y razonar era mucho mayor que el que reside en la destreza y el deporte».

Charles Darwin alcanzó la verdad a través de la razón. Fue capaz de ver algo donde los demás nunca vieron nada. Como ocurre con tantos otros, nuestra deuda con él es impagable, ya que gracias a su trabajo, algunas de nuestras preguntas por fin han encontrado respuesta.

En Cien años de soledadGabriel García Márquez escribe «El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Darwin fue una de esas personas que señaló con el dedo a lo que carecía de nombre y, de paso, nos indicó a todos el camino.

Si no hubiese sido él tal vez habría sido cualquier otro, pero parafraseando a Thomas Henry Huxley, supongo que el Señor quiso que cayese en sus manos.

nuestras charlas nocturnas.

El edificio Flatiron, conoce su increíble historia…


La 5th con Bleecker st(I.Leyva) — En 1820 Madison Cottage, situada en la esquina noreste de la calle 23 y Broadway, era una posada para viajeros cansados pero también una casa de entretenimiento público.

Cada 4 minutos se detenía un carro de caballos.

Las familias acomodadas de la zona (con el objetivo de evitar el comercio que atraía este tipo de transporte), desplazaron sus hogares hacia el norte de la isla (actual Upper East Side) convirtiendo esta zona en barrios de lujo.

Pero en 1856 el banquero y agente inmobiliario Amos Eno, se mudó al número 26 West 23rd Street.

Por aquel entonces en ese mismo punto existía el hipódromo Franconi y por allí se veía de todo: caza de ciervos, tiendas de campaña, vuelos aéreos… así que poco tiempo después de mudarse decidió demoler el complejo y en su lugar construyó el legendario Fifth Avenue Hotel.

Apodado «la locura de Eno», ya que la calle 23rd en aquella época se consideraba muy lejana del Uptown de Manhattan, confundía a la gente con su lujoso hotel.

Justo al lado los espectáculos de burlesque y comedia copaban el área convirtiéndolo en un centro de recreación, aunque el extremo norte era lugar de las compras chic, restaurantes, galerías, club y entretenimiento, la llamada «Ladies Mile».

La 5th Avenida y Broadway se cruzaban formando una intersección en la calle 23 dando lugar a una parcela de tierra triangular, así que Amos Eno decidió comprar el terreno para que se convirtiera en la casa del futuro edificio Flatiron de Nueva York, aunque a lo largo de los años se le llamó «el triángulo de Eno» «la esquina de Eno» y tantos otros nombres.

El hotel St.Germaine había estado en la zona sur de esta parcela desde 1850. Después de que la zona se revitalizara, el distrito se había convertido en un lugar muy atractivo para otros hoteles que se habían ubicado en la 5th Avenida y Broadway como Albermale, Hoffman, Worth… incluso el centro comercial más grande, Stern, abrió sus puertas ahí en 1878.

En 1880 la punta norte, la más estrecha de la parcela, se había convertido en la oficina de tickets de la compañía de trenes Erie y la Wells Fargo y a partir de aquí, la fama de la zona comenzó a dispararse a la vez que decaía su exclusividad. En 1890 edificios de viviendas se convirtieron en tiendas y oficinas, e incluso la actividad de venta al por mayor y de fabricación de secados se extendió.

Metropolitan Life Insurance se trasladó hasta Park Place y los teatros, clubs y hoteles de lujo se mudaron hacia el Uptown. Así que los herederos de Eno decidieron vender algunos de sus terrenos.

Samuel y Mott Newhouse planearon la construcción de un edificio que debía tener 12 plantas en la zona norte y apartamentos y oficinas en la parte superior, mientras que el hotel St.Germaine (situado en la zona sur de la parcela) se renovó y expandió convirtiéndose en un edificio de 7 pisos que pasó a llamarse apartamentos Cumberland.

Esta esquina de la calle 23 se había convertido en la más famosa de la ciudad, los turistas se congregaban para verla, hombres y mujeres bien vestidos se paseaban exhibiéndose por sus calles.

Los edificios Townsend y St.James, relativamente nuevos y altos en la época, fueron precursores de muchos edificios de oficinas modernos que se construirían en la parte alta de la ciudad.

El proyecto del Flatiron era la oportunidad que la ciudad estaba anhelando, un diseño bonito que rompía las ordenanzas de 1807 que exigían calles rectangulares. Pero antes había que persuadir a inversores para que se apuntara a participar en el proyecto.

Winfield Stratton, un buscador de oro rico, planeaba construir el edificio residencial más noble de toda América.

El arquitecto Daniel Burnham y el constructor George Fuller, probablemente abrumados por las enormes construcciones que se estaban realizando en su vecindario, se apuntaron al plan de Stratton.

En 1901 la Fuller Construction Company (quienes también han construido el hotel Plaza, Macy’s Nueva York y la estación original de Pennsylvania) compró la parcela completa en forma de triángulo a Samuel y Mott Newhouse por $801.000 (su tío Amos Eno, había comprado la parcela por $30.000 40 años antes)

El triángulo estaba listo para alojar un edificio que se iba a convertir en punto de referencia tanto por su diseño como por su ubicación.

Harry S.Black, el dueño de la compañía Fuller, había mostrado su interés por la eficiencia de los edificios de oficinas altos que se ubicaban en solares estrechos.

La finalización en 1902 del Flatiron Building fue el fin de la llamada «Ladies Mile» y de Madison Square como centro social. 

El tamaño del edificio doblaba en altura al de sus vecinos, convirtiéndolo así en el edificio más alto de la ciudad que podía verse desde más allá de Central Park y la Estatua de la Libertad.

La compañía de George A.Fuller había construido otros edificios de estructura similar al Flatiron, convirtiendo a su compañía en una de los mayores constructoras de la nación.

En un inicio el nombre iba a ser Fuller Building, pero su evidente semejanza con la forma de una plancha le valió el sobrenombre de Flatiron (plancha en inglés) que perdura hasta nuestros días.

– La construcción del Flatiron Building

Estrecho y aislado, tal y como puedes ver en la foto superior, el esqueleto se compone de 3500 toneladas de acero y 87 metros de altura, que actúa como refuerzos cruzados para hacer frente a los fuertes vientos de la zona. El edificio albergaba 6 ascensores hidráulicos «rápidos» con sus propias plantas de vapor y eléctrica.

El coste total de su construcción fue de $2.5 millones.

Dos años después de su inauguración se añadió una coraza de hierro y vidrio en el punto norte y más estrecho del edificio, encerrando así los dos pilares de granito de la entrada original y alterando su forma original.

Este cambio se realizó ante la insistencia de Harry Black, que quería darle uso a ese espacio y así poder obtener ingresos.

Otro añadido que no estaba en el plan original fue el ático, que se construyó después de que el resto del edificio se completara para ser utilizado como estudio de artistas. Estos espacios se alquilaron rápidamente a artistas como Louis Fancher.

.El restaurante y el observatorio del edificio Flatiron

¿Sabías que en el edificio Flatiron había un restaurante?

Estaba ubicado en el piso superior y junto con el observatorio situado en la última planta, se podía disfrutar de unas vistas panorámicas de la ciudad.

En 1911 se abrió un nuevo restaurante/club en los sótanos del edificio, fue uno de los primeros locales que permitió que una banda de jazz negra actuara.

A partir de ese momento, la base del edificio Flatiron comenzó a convertirse en lugar de encuentros para los hombres gay y prostitutas, hasta que en 1911 el restaurante fue comprado por Louis Bustanoby que lo convirtió en un restaurante muy trendy estilo Beaux-Arts con capacidad para 400 personas. Se llamó Taverne Louis.

A su vez fue uno de los primeros locales que permitió la entrada a clientela gay, inusual para un restaurante de este tipo en esa época.

– La arquitectura y decoración del edificio Flatiron

El edificio Flatiron, finalizado en 1902, fue diseñado por el arquitecto Daniel Burnham como un palacio renacentista vertical de esto Beaux-Arts.

El estilo del edificio personifica la concepción de la escuela de Chicago, una corriente pionera que trabajaba con nuevos materiales y técnicas constructivas, además de ser precursores en la construcción de los primeros rascacielos de Nueva York.

La construcción del Flatiron fue posible gracias a un cambio en los códigos de construcción de la ciudad de Nueva York en 1892, que eliminó el requisito de que la mampostería se usara como medida de protección contra incendios, lo que permitió que se pudiera añadir el esqueleto de acero.

El edificio representa perfectamente a una columna griega clásica, a medida que los pisos se elevan se divide entre base, fuste y capitel.

La parte inferior es de piedra caliza y en la parte superior cambia a terracota esmaltada de Atlantic Terra Cotta Company y gracias a que se añadió el acero en su estructura, se pudo elevar el edificio hasta alcanzar los 87 metros de altura y 22 plantas.

En la base se pueden ver ventanas recubiertas de cobre mientras que en la parte superior, correspondiente al fuste, puedes ver ladrillos con ondulaciones que quieren emular a los miradores.

En la última parte, el capitel, si te fijas puedes ver arcos y columnas coronados por una cornisa y un techo plano con balaustrada.

La parte más estrecha, que emula la proa de un barco, refuerza la idea de columna griega que se quería transferir al edificio ya que crea la ilusión de una columna independiente y colosal.

Purdy y Henderson fueron los ingenieros estructurales, encargados de fortalecer la estructura para lidiar con la carga del viento, ya que el edificio era bastante estrecho y por lo tanto tenía menos volumen para resistirlo.

Su construcción fue muy rápida, el acero estaba pre-cortado y eso permitió construir un piso por semana.

Cuando los andamios se retiraron y durante más de una hora, más de 700 trabajadores de oficinas de la zona se quedaron con la boca abierta cuando miraban al edificio.

En 1959 el medio de comunicación St.Martin se mudó al edificio y gradualmente otra compañía del grupo, Macmillan, comenzó a alquiler otras oficinas del edificio a medida que estuvieron disponibles. En 2004 todo el edificio ya fue ocupado por esta compañía.

.Reacciones tras su construcción

La finalización de la construcción del edificio vino cargada de reacciones, incluso antes de su finalización, los periódicos y revistas auguraban que con a la primera ráfaga fuerte de viento el edificio comenzaría a moverse y se derrumbaría sobre los vehículos y peatones, y que los escombros se dispersarían hasta la Avenida Madison.

Y es que la forma aerodinámica de el edificio junto con la fuerza del viento, producía un efecto túnel por las calles superiores. Este hecho fue motivo de burla y portada de numerosas revistas, tal y como puedes ver en la imagen superior.

Muchos años tuvieron que pasar hasta que el edificio Flatiron fue aceptado como un símbolo de belleza.

Los primeros inquilinos del edificio fueron editores, una compañía de seguros, pequeñas empresas, editores de música, un arquitecto paisajista, el Consulado Imperial de Rusia… y el sindicato del Crimen entre otros.

La proa del edificio, y parte más estrecha, fue arrendado por United Cigar Stores.

En 1959 el medio de comunicación St.Martin se mudó al edificio y gradualmente otra compañía del grupo, Macmillan, comenzó a alquiler otras oficinas del edificio a medida que estuvieron disponibles. En 2004 todo el edificio ya fue ocupado por esta compañía hasta 2019.

Desde su construcción el edificio ha cambio de manos en diversas ocasiones, su último propietario Sorgente Group, lo compró en enero de 2009 con la intención de convertirlo en un hotel de lujo.

.El edificio Flatiron en la actualidad

Se han renovado algunos pisos pero aún así, el edificio es peculiar y con instalaciones anticuadas.

Las ventanas son redondas con marco de madera y revestidas de cobre, sin aire acondicionado central, un sistema de calefacción que utilizaba radiadores de hierro fundido, un sistema anti incendios anticuado y sería necesaria una escalera que permitiera la evacuación del edificio en caso de necesidad.

La forma triangular del edificio le valió el sobrenombre de «laberinto de conejos» debido a la formas extrañas de las habitaciones.

Otras rarezas sobre el interior del edificio incluyen que los baños para hombres y mujeres se ubican en pisos alternos, con las habitaciones de los hombres en los pisos pares y las habitaciones de las mujeres en los impares. Además, para llegar al piso superior, el 21, que se agregó en 1905, tres años después de que se completó el edificio, se debe tomar un segundo ascensor desde el piso 20.

Después que la compañía Macmillan abandonara el edificio, Sorgente Group su actual propietario, planea mejorar el interior del edificio, instalar el sistema de aire acondicionado y calefacción central y eliminar todas las particiones interiores, para conseguir pisos triangulares abiertos.

También la instalación de un nuevo sistema anti incendios, una segunda escalera para evacuaciones, nuevos ascensores y la renovación del vestíbulo de entrada. El coste de las obras será entre $60-$80 millones.

Según últimas declaraciones, por ahora la intención es que sigan siendo oficinas y locales comerciales. Veremos qué depara el futuro.

.Visita el vestíbulo del edificio Flatiron

No está permitida el acceso a personas ajenas al edificio, pero si te mata la curiosidad sí que puedes acceder al vestíbulo.

Te diré y tal y como puedes ver por las fotos, que si el edificio en su exterior es peculiar y precioso el interior es… insípido, nada interesante te depara dentro. Siento desilusionarte.

– Dónde está situado el edificio Flatiron y cómo llegar

El edificio Flatiron o el edificio triangular de Nueva York (que es como mucha gente lo conoce), está situado junto al Madison Square Park, lugar donde podrás comer una de las mejores hamburguesas de Nueva York.

La estación de metro más cercana es la 23 St (líneas R y W).

nuestras charlas nocturnas.

¿Dónde está el baobab más grande del mundo?…


¿Te preguntas dónde está el baobab más grande?

Muy Interesante/BBC News Mundo(H.Briggs) — Según el Libro Guinness de los Récords 2022, el baobab más grande lo encontraremos en Sudáfrica.

Los baobabs son célebres por el grosor de sus troncos, donde almacenan enormes cantidades de agua. El gran árbol de Sagole, un ejemplar de Adansonia digitata localizado en Masisi, Vhembe, Sudáfrica, tiene un pie de 60,6 metros cuadrados y una altura de 19,8 metros. Es el más colosal del planeta. 

A pesar de este colosal tamaño, la madera de los baobabs es muy ligera; el gran árbol de Sagole, por ejemplo, tiene una superficie sobre el suelo de «apenas» 54 toneladas. Durante la última década han muerto en territorio africano dos baobabs aún más grandes, por desgracia. 

El Baobab es una especie nativa de Madagascar y difundido en África. Famoso por su grandeza, el diámetro del tronco puede alcanzar los 10 metros. Es considerado como el centro de gravedad de la vida social de los pueblos: bajo de su sombra se llevan a cabo mercados, reuniones, bailes y juegos. Se planta para contribuir a la recuperación de los bosques naturales.

– Científicos resuelven el misterio detrás de los antiquísimos baobabs, los «árboles de la vida»

Un grupo de árboles baobab
Por sus peculiares formas y gran altura los baobabs son uno de los árboles más famosos del mundo.

Los científicos han resuelto el misterio del origen de los antiguos árboles baobab.

Según estudios de ADN, estos árboles icónicos surgieron por primera vez en Madagascar hace 21 millones de años.

Posteriormente, sus semillas fueron transportadas por las corrientes oceánicas a Australia y también a África continental, evolucionando hasta convertirse en especies distintas.

Los investigadores ha pedido mayores esfuerzos para conservar estos árboles, los cuales, según ellos, pueden estar más cerca de la extinción de lo que se pensaba hasta ahora.

Los baobabs son conocidos como «el árbol de la vida» o «árbol al revés» por sus extrañas formas y su longevidad. Y están en peligro debido al cambio climático y la deforestación generalizada.

Un grupo de árboles baobab en la neblina.

Otro árbol  baobab en medio de rocas
Un grupo de científicos han encontrado pruebas de que los baobab nacieron en Madagascar y se expandieron luego por África y Australia.

La doctora Ilia Leitch, del Real Jardín Botánico de Kew, en Londres, trabajó en el estudio junto con su marido, el profesor Andrew Leitch, de la Universidad inglesa Queen Mary.

«Hemos podido identificar el origen de los baobabs, que son una especie clave e icónica que sustenta una amplia diversidad de animales y plantas, así como de humanos», le dijo la experta a la BBC.

«Y los datos nos han permitido proporcionar nuevos conocimientos importantes que servirán de base para ayudar a su conservación y salvaguardar su futuro», agregó.

Los investigadores estudiaron ocho especies de baobab, seis de las cuales se encuentran en Madagascar, una extendida por África y otra en el noroeste de Australia.

La especie africana de los baobab

Un niño africano junto a un  baobab
Los baobab son capaces de almacenar grandes cantidades de agua dentro de sus enormes troncos, lo cual les permite sobrevivir a las sequías.

Los expertos reclamaron medidas especiales para dos especies malgaches (gentilicio de Madagascar) en peligro de extinción, incluido el más grande y famoso de los baobabs: el gigante.

Los baobabs son uno de los árboles más notables del mundo y están profundamente entrelazados con las culturas y tradiciones locales.

También se les conoce como «madre del bosque» en lengua malgache, el «árbol al revés» y el «árbol de la vida».

Una fruta de  baobab
La fruta de los baobab es considerada un superalimento, debido a su alto nivel nutricional.

Los árboles pueden vivir miles de años, crecen hasta alcanzar un tamaño descomunal y pueden almacenar grandes cantidades de agua en sus troncos para sobrevivir durante las estaciones secas.

Sus frutos se consideran un superalimento y su tronco se puede utilizar para fabricar fibras con las que se elaboran cuerdas o ropa.

Los árboles producen grandes flores blancas que se abren al anochecer, atrayendo a los murciélagos como polinizadores, que viajan grandes distancias para alimentarse de su néctar, y son importantes sitios de anidación para las aves.

La investigación fue producto de una colaboración entre el Jardín Botánico de Wuhan (China), el Real Jardín Botánico de Kew (Reino Unido) y las universidades de Antananarivo (Madagascar) y Queen Mary de Londres (Reino Unido).

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Las 10 familias más ricas del mundo en 2024…


Infobae(D.Martignoni) — En un mundo donde el poder económico se concentra en manos de unas pocas dinastías, las familias más adineradas no solo acumulan vastas fortunas, sino que también moldean industrias enteras y ejercen una influencia significativa en la economía global. Según el informe anual de Bloomberg sobre las mayores fortunas familiares, el 2024 ha sido un año excepcionalmente lucrativo para estas élites.

1. Familia Walton

  • Patrimonio estimado: USD 432.400 millones
  • Origen de la riqueza: Walmart

Su historia es un ejemplo de cómo la riqueza puede trascender el tiempo y las generaciones, manteniendo su expansión intacta gracias a una combinación de decisiones inteligentes, unidad familiar y visión a largo plazo.

Hoy, más de seis décadas después de la apertura de la primera tienda Walmart, los descendientes de Sam Walton, el fundador de Walmart Inc., son los más ricos del planeta, con una fortuna que alcanza los 432.400 mil millones de dólares, según informa Bloomberg en su listado de las 10 familias más ricas del planeta.

A través de Walton Enterprises, la empresa que gestiona el patrimonio familiar, han logrado consolidarse como una de las dinastías más poderosas del mundo. Aunque el modesto edificio que alberga la sede de la empresa en Bentonville, Arkansas, no lo indique a simple vista, detrás de esas paredes se esconde la riqueza de una de las familias más influyentes de la historia económica.

El secreto detrás del impresionante aumento de la fortuna de los Walton no radica solo en una visión empresarial acertada, sino también en la capacidad de aprovechar al máximo las acciones de Walmart.

De hecho, el incremento de un 80% en el valor de sus acciones durante 2023 fue fundamental para que la familia aumentara su riqueza en 172.700 millones de dólares en solo 12 meses.

Este crecimiento ha sido tan vertiginoso que la familia sumó 473 millones de dólares al día o 328.577 dólares por minuto, desbancando a otras familias millonarias, como los jeques emiratíes, que ocuparon el primer lugar en el ranking de Bloomberg en 2023.

El principio que subyace a este éxito es claro: la riqueza genera más riqueza. Walmart, bajo la dirección de la familia Walton, ha sido el motor de este crecimiento sostenido. Desde la muerte de Sam Walton en 1992, los herederos han mantenido la cohesión familiar, lo que ha asegurado que la fortuna de la familia continúe creciendo gracias a la propiedad controlada colectivamente.

La familia Walton recuperó el primer puesto del ranking global

Sam Walton, al ser consciente de que el control familiar era esencial para mantener la unidad y el crecimiento de su imperio, implementó una estrategia clara desde el principio: dividir su fortuna entre sus hijos para que pudieran trabajar juntos y mantener la riqueza unificada. Este modelo de propiedad compartida ha sido fundamental para la prosperidad de la familia Walton y se ha convertido en un ejemplo para otras dinastías millonarias.

A través de la gestión de Walton Enterprises, la familia ha logrado preservar la mayoría de su participación en Walmart, lo que les ha permitido seguir siendo los principales accionistas de la empresa que fundó Sam Walton. Este modelo de gobernanza familiar ha sido un pilar en el éxito a largo plazo de la familia, pues ha permitido a los miembros mantener el control sobre sus activos y fortalecer la relación entre ellos, a pesar de las diferencias o intereses individuales.

Aunque Walmart sigue siendo el pilar principal de la fortuna Walton, la familia ha sabido diversificar sus inversiones a lo largo de los años. Un ejemplo destacado de esta diversificación fue la compra en 2022 de los Denver Broncos de la NFL, por un monto récord de 4.650 millones de dólares. Este movimiento no solo ha aumentado su riqueza, sino que también ha establecido a los Walton como una familia de gran influencia en el mundo deportivo.

A nivel cultural, Alice Walton, hija de Sam, ha transformado la ciudad de Bentonville en un destino cultural a través de la creación de un museo de arte de renombre internacional. Este proyecto es solo una muestra del interés de los Walton por invertir en proyectos fuera del ámbito de la venta al por menor.

Además, Lukas Walton, nieto de Sam, ha dedicado parte de su fortuna a Builders Vision, una plataforma multidisciplinaria que abarca inversiones, filantropía y la lucha contra la crisis climática, lo que refleja cómo la familia ha comenzado a alejarse del comercio tradicional para involucrarse en iniciativas que podrían tener un impacto global positivo.

2. Familia Al Nahyan

  • Patrimonio estimado: USD 323.900 millones
  • Origen de la riqueza: Petróleo y fondos soberanos

Al Nahyan de Emiratos Árabes Unidos continúa dominando la economía petrolera y fondos soberanos

Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos y hogar de la mayoría de sus vastas reservas de petróleo, ha sido liderado durante décadas por la familia Al Nahyan, incluso antes de que la explotación petrolera transformara la economía local y la riqueza de la realeza.

Actualmente, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan ejerce como gobernante de Abu Dabi y presidente del país. Otros integrantes de la familia ocupan puestos clave en el gobierno y en empresas privadas.

3. Familia Al Thani

  • Patrimonio estimado: USD 172.900 millones
  • Origen de la riqueza: Gas natural y petróleo

La dinastía Qatarí Al Thani diversifica sus inversiones globalmente

El legado de los Al Thani, gobernantes de Qatar, se remonta a mediados del siglo XIX. La explotación de los vastos campos de gas offshore del país ha sido la base de su ascenso económico.

Más allá del sector energético, los Al Thani poseen activos internacionales en bienes raíces como propiedades en Londres, moda y deportes ecuestres, consolidando su presencia en diversas áreas de la economía global.

4. Familia Hermès

  • Patrimonio estimado: USD 170.600 millones
  • Origen de la riqueza: Moda de lujo

Desde 1837, Hermès ha pasado de una pequeña casa de moda a un icono mundial de lujo, manteniendo una estructura cohesiva para asegurar su prestigio y éxito continuo

Desde sus inicios en 1837, la casa Hermès ha pasado por seis generaciones, transformándose en un emblema de lujo y sofisticación.

Con productos icónicos como los bolsos Birkin, y los pañuelos de seda, la familia ha mantenido una estructura unificada, creando una oficina centralizada en 2022 para gestionar sus diversas inversiones y garantizar su cohesión empresarial.

5. Familia Koch

  • Patrimonio estimado: USD 148.500 millones
  • Origen de la riqueza: Conglomerado industrial

Koch Industries combina conglomerado industrial en energía, químicos y bienes de consumo

Los Koch han convertido su empresa familiar en un imperio industrial con ingresos anuales cercanos a los 125 mil millones de dólares.

Desde su base en Wichita, Kansas, se han expandido a diversas áreas, incluyendo energía, productos químicos, gas natural, plásticos y bienes de consumo. 

A través de su oficina familiar, 1888 Management, la familia asegura el manejo estratégico de sus vastos recursos.

6. Familia Al Saud

  • Patrimonio estimado: USD 140.000 millones
  • Origen de la riqueza: Petróleo y pagos reales

La familia Al Saud de Arabia Saudita producen su fortuna principalmente a través de la industria petrolera

La monarquía saudita, con 92 años de historia, debe su inmensa fortuna a las vastas reservas de petróleo del país. 

Su patrimonio neto estimado proviene principalmente de los pagos acumulados que los miembros de la familia real han recibido durante las últimas cinco décadas del Royal Diwan, la oficina ejecutiva del rey.

Muchos de los miembros de la realeza incrementaron su fortuna mediante la intermediación de contratos gubernamentales, transacciones de tierras y la creación de empresas que proveen servicios a compañías estatales como Saudi Aramco.

7. Familia Mars

  • Patrimonio estimado: USD 133.800 millones
  • Origen de la riqueza: Confitería y cuidado de mascotas

Frank Mars comenzó a vender caramelos de melaza en 1902, a los 19 años, y fundó un negocio ahora conocido por productos como M&M’s, Milky Way y Snickers.

Hoy en día, los productos para el cuidado de mascotas representan más de la mitad de los ingresos de la empresa. 

Este año, Mars adquirió por 36.000 millones, incluida la deuda, el fabricante de snacks Kellanova, conocido por sus productos Cheez-Its y Pringles.

8. Familia Ambani

  • Patrimonio estimado: USD 99.600 millones
  • Origen de la riqueza: Reliance Industries

A través del conglomerado Reliance Industries, la familia Ambani lidera sectores químicos y telecomunicaciones

Mukesh Ambani lidera este conglomerado indio que opera el complejo de refinación de petróleo más grande del mundo. 

Desde su sede en Mumbai, Reliance Industries durante el trascurso de los años se ha diversificado en el área de telecomunicaciones, en la industria química, comercio minorista y energía renovable, consolidándose como un pilar de la economía india.

9. Familia Wertheimer

  • Patrimonio estimado: USD 88 mil millones
  • Origen de la riqueza: Chanel

Alain y Gérard Wertheimer lideran Chanel, la célebre casa de moda fundada en los años 20 tras la visión empresarial de su abuelo, quien apostó por el talento de Coco Chanel en París.

Bajo su dirección, la marca se ha consolidado como un símbolo de la alta costura, destacando con piezas icónicas como el “Little Black Dress” y logrando ingresos de casi 20.000 millones de dólares en 2023. 

Además de su éxito en el mundo de la moda, la familia ha diversificado su fortuna con inversiones en viñedos y carreras de caballos.

10. Familia Thomson

  • Patrimonio estimado: USD 87.100 millones
  • Origen de la riqueza: Medios de comunicación

De la radio al imperio mediático: la transformación de un modesto origen en Ontario a un gigante en los servicios financieros en Toronto muestra la expansión estratégica de la familia Thomson

La fortuna de la familia más acaudalada de Canadá se remonta a los años 30, cuando Roy Thomson inauguró una estación de radio en Ontario, marcando el inicio de un imperio mediático.

Posteriormente, expandió su influencia al sector de la prensa, consolidándose como el principal propietario de medios en el país.

Actualmente, la familia controla cerca del 70% de Thomson Reuters, líder en datos y servicios financieros, a través de su firma de inversiones Woodbridge. Con sede en Toronto, la compañía registró ingresos de 6,800 millones de dólares en 2023.

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¿Han arruinado los móviles la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca explicaciones a un problema universal…


El Diario(A.M.Ron) — El 9 de enero de 2007, cuando Steve Jobs presentó el primer iPhone y anunció que iba a “reinventar el teléfono”, el mundo de las comunicaciones cambió para siempre. Pero aquel día, según el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, se produjo otro cambio siniestro e inesperado: fue el pistoletazo de salida de la gran crisis de salud mental que atenaza hoy a jóvenes y adolescentes, con tasas de ansiedad y de depresión nunca vistos.

Esta es la atrevida tesis de su nuevo libro, La generación ansiosa, que se publicará en español a finales de mayo y en el que pone el foco en el supuesto “recableado mental” que ha experimentado la llamada generación Z por culpa de las nuevas tecnologías y el botón de “me gusta”. “Sostengo que esta gran reconfiguración de la infancia es la principal razón del maremoto de enfermedades mentales en los adolescentes que comenzó a principios de la década de 2010”, escribe Haidt. 

El autor también defiende que los padres de estos niños cometimos el error de sobreprotegerlos en el mundo real, mientras los dejábamos indefensos en el mundo virtual cuyos peligros se desconocían, como si los hubiésemos enviado al planeta Marte sin conocer previamente las condiciones. “Estas son las razones principales por las que los niños nacidos después de 1995 se convirtieron en la generación ansiosa”, resume.

“No está respaldado por la ciencia”

El libro ya ha tenido respuesta de conocidos científicos que estudian la cuestión. La psicóloga Candice L. Odgers, de la Universidad de California en Irvine, rebatió los argumentos de Haidt en la revista Nature y le acusó de establecer una falsa relación causal entre dos factores que coinciden en el tiempo. También anticipa que el libro va a vender muchos ejemplares por su enfoque amarillista “que muchos padres están dispuestos a creer”, aunque su tesis central “no está respaldada por la ciencia”. 

“Un análisis realizado en 72 países no muestra asociaciones consistentes o medibles entre el bienestar y el despliegue de las redes sociales a nivel mundial”, escribió la experta. “Además, los hallazgos del estudio Adolescent Brain Cognitive Development, el mayor estudio a largo plazo sobre el desarrollo del cerebro adolescente en los Estados Unidos, no han encontrado evidencia de cambios drásticos asociados con el uso de la tecnología digital”.

Haidt se ha defendido con una gran profusión de datos en su popular newsletter, en la que admite que este miedo a que los jóvenes se estén “pervirtiendo” es un tic generacional que se repite desde la antigüedad. “Hasta ahora, los escépticos han tenido razón la mayoría de las veces, y cuando tienen razón, se ganan el derecho de llamar alarmistas a los que han fomentado un pánico moral infundado”, escribe.

Pero, como pasó antes con el tabaco, el alcohol o la violencia en televisión, los escépticos no siempre tienen razón, advierte. Como en el cuento de Pedro y el lobo, sugiere, “la pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente: ¿tienen razón los escépticos… o realmente el lobo llegó alrededor de 2012 y desde entonces ha estado atacando a los jóvenes a través de sus teléfonos inteligentes y cuentas de redes sociales?”.

Han arruinado los móviles la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca  explicaciones a un problema universal

Separar el trigo de la paja

Para tener una visión fundamentada y completa del problema, conviene reconocer primero los hechos que recoge Haidt que son incontestables. A lo largo de su libro, el psicólogo muestra las tablas con la evolución de las tasas de depresión y ansiedad en Estados Unidos y en otros países, y en todos se repite la misma tónica.

A partir de 2010, en las sociedades occidentales se disparan los problemas de salud mental en todos los tramos de edad, pero entre adolescentes y jóvenes se observan aumentos de hasta el 134% en ansiedad y del 104% en depresión, con especial incidencia en las mujeres. Si acudimos a los datos de España observamos lo mismo: las cifras se disparan en los dos grupos de edad, de 15 a 19 años y de 20 a 24.

“Lo que postula Haidt es que ya tenemos estudios que hablan de causalidad y no solo de correlación”, explica Gregorio Montero, médico psiquiatra infantil y juvenil, experto en TDAH y problemas con las nuevas tecnologías.

“Y desde el otro lado, donde yo me incluyo, se le critica que efectivamente no tenemos estudios longitudinales con una población muy amplia que demuestren claramente una relación causal, porque para eso necesitamos ensayos clínicos aleatorizados, y es muy difícil hacerlos, sobre todo con grandes poblaciones”.

La sensación entre la comunidad científica, resume, es que Haidt se está dejando llevar por el sensacionalismo y que su libro está plagado de afirmaciones que no son del todo ciertas a nivel científico, aunque el problema sobre el que pone el foco sea grave y muchas de sus recetas, válidas.

“Mamá, ¡mírame a los ojos!”

“A esta generación le ha pasado mucho más que el iPhone”, asegura Sara Toledano, psicóloga de la Fundación Manantial. “A estos jóvenes también les ha pasado tener unos padres que están igual de estresados que ellos, dedicando toda la energía al trabajo y que están usando muchas veces las redes para desconectar”, apunta. Y recuerda el caso de una paciente que sufrió un shock cuando su hija le dijo: “Mamá, ¡mírame a los ojos!”.

Un estudio confirma que los smartphones están afectando a la salud mental  de los niños

“Lo que yo veo en consulta es que padres y madres trabajan cada vez más horas y los chavales están cada vez más solos”, recalca Montero. “Si un chaval está solo porque sus padres no llegan a final de mes y no tienen más remedio que trabajar todo el día, y al mismo tiempo otros chavales están como él, tenemos el cóctel perfecto”, asegura.

Así que, en general, no es solo el hecho de usar el móvil y las redes, hay que entender el contexto, lo mismo que sucede con el alcohol y otras drogas. “Es muy diferente tomar cerveza que tomar tequila, y tomarte un vino porque ha ganado tu equipo el sábado, que tomarte un tequila por las noches, que es lo que hacen [metafóricamente] los adolescentes”.

“Por mi experiencia y mi conocimiento —insiste Toledano—, te puedo decir que en el campo de la salud mental no podemos establecer causas directas de ningún problema, no funciona la causalidad lineal”. 

Ella y su equipo lideraron recientemente el informe #Rayadas en el que se abordaba con profundidad este asunto y se mostraba su especial incidencia en las mujeres más jóvenes. En este estudio trataron de entender qué ocurre a nivel emocional con la población entre 16 y 24 años y la conclusión es que la causa es multifactorial, aunque las pantallas lo hayan empeorado. 

“En el estudio preguntábamos a estos 2.000 chicos cuáles eran las preocupaciones que asociaban a su salud mental, y colocaban la crisis climática, el desempleo y la ausencia de expectativas como tres factores muy importantes que condicionaban su bienestar o malestar emocional”, recuerda.

“Lo que sí creo es que las redes sociales han supuesto un cambio en el comportamiento, en la manera de ser y de percibir el mundo y, por tanto, en el bienestar o malestar emocional de estos jóvenes, pero que impacta igual que el resto del contexto social”, asegura.

“Creo que es multifactorial, pero está claro que estamos ante un experimento en tiempo real en todo el mundo”, afirma Gabriel Rubio, catedrático de la Universidad Complutense (UCM) y jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Doce de Octubre.

“Lo que sí que vemos en las consultas es que cuanto más grave es el cuadro clínico que tiene el joven, mayor es el enganche que tiene con el móvil y las redes sociales”. Hace un año, en la facultad de Medicina de la UCM, en la que él trabaja, hicieron una encuesta anónima en la que participaron 657 estudiantes, casi el 70% de los matriculados.

“Y nos encontramos que una de las conductas que claramente estaba más sobrerrepresentada era la de uso abusivo de las tecnologías, la adicción al móvil”, asegura. “¡Y esto en estudiantes de Medicina!”. 

Arruinaron los celulares la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca  explicaciones a un problema

Adolescencia vulnerable 

Un posible argumento contra la tesis de Haidt es que este aumento de los problemas de salud mental está presente en todos los tramos de edad, como si la causa fuera el gran cambio en los modos de vida, en las formas de relacionarse y de informarse.

“Pero no hay que olvidar que es mucho más fácil condicionar los rasgos de personalidad de un crío que de una persona de 35 años”, matiza el doctor Rubio. “Cuando un chaval está conectado en redes sociales desde los 11 años, acostumbrado a que le respondan, a que se le acepte, a los likes, le estás condicionado su forma de ser, seguramente para mal”.

“El motivo por el que nos preocupa más la adolescencia es por el desarrollo cerebral”, afirma Rubén Baler, especialista en salud del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EEUU (NIDA). “La adolescencia es un periodo de vulnerabilidad y las autoridades de salud pública tienen una responsabilidad mayor de enfatizar el mensaje e intervenir de forma temprana para poner a esos individuos en una trayectoria más saludable”.

Para Baler, de visita en España por el Congreso Mundial de Patología Dual de Mallorca para hablar de este tema, aunque el mensaje de Haidt sea simplificador y no del todo correcto científicamente, es mejor pasarse de alarmista que reaccionar tarde.

“No cuesta tanto hacer algo preventivo”, sostiene. “Yo creo que los responsables deberían al menos tomarlo con cautela, para que los adolescentes no sufran los efectos más contundentes y nocivos que, sospechamos, pueden tener”. Y recuerda que hay ejemplos en la historia en los que, a pesar de que no había una prueba contundente de estudios longitudinales, resultó que se debía a intereses de la industria, como pasó con el tabaco, o la culpabilización de las grasas de los problemas cardiovasculares, cuando lo que estaba detrás era sobre todo el azúcar. 

“En medicina y psicología conviene aplicar el principio de prudencia”, coincide Montero. “Que la ciencia no haya demostrado al 100% que la epidemia de trastornos mentales en adolescentes y adultos sea por las redes sociales o los smartphones, no significa que no debamos hacer nada al respecto ni tomar medidas”.

Aunque los argumentos de Haidt son muchas veces inconsistentes, las recomendaciones que hace en su libro le parecen válidas: retrasar la compra del smartphone y el acceso a las redes sociales, evitar el uso de dispositivos digitales en los centros escolares y la supervisión por parte de los padres para enseñar a los jóvenes a usarlos.

“Hay que enseñarles a conducir y ponerse al volante del móvil, pero para circular con responsabilidad y madurez”, concluye.

“Nos han puesto en un experimento global de magnitudes épicas, en el cual millones de ciudadanos en el mundo somos conejillos de Indias”, asegura Baler. “Lo que hay que conseguir es una alfabetización, el primer paso es educarnos, porque la gran mayoría están viviendo como sonámbulos sin darse cuenta de lo que está pasando”.

“A los chavales hay que ayudarles desde la escuela y la familia a que tomen cierta distancia crítica de los mensajes que escuchan, que puedan tener experiencias presenciales, relacionales, y no solo a través de las redes sociales”, recomienda Toledano. “Hay que volver a hacer interesante el mundo real”. 

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Siempre quiero tener la razón: ¿qué puedo hacer?…


Siempre quiero tener la razón: ¿qué puedo hacer?

Psicología y Mente(L.Gómez) — Gracias a la democracia, todo el mundo tiene derecho a opinar.

Sin embargo, esto puede ser también un cultivo de conflictos, porque a todos nos gusta llevar la razón.

Cuando nos dan la razón, nos suben la autoestima y nos ayuda a reafirmar nuestras creencias.

Esto no quita que sea importante para mantener las relaciones el respetar las opiniones de los demás y el ser capaces de apreciar su punto de vista.

Querer tener siempre la razón puede conducir a relaciones desiguales, convivencias hostiles o al aislamiento, además de suponer mucha energía, tiempo, sufrimiento e incluso problemas de salud.

A nadie nos gusta discutir (aunque a veces parezca lo contrario). Es por eso por lo que imagino que estás aquí, en este artículo. Sigue leyendo y te cuento por qué y qué hacer si siempre quieres tener la razón.

– ¿Por qué siempre quiero tener la razón?

Cuando nos empeñamos por querer tener siempre la razón, estamos subestimando la opinión de los demás y mostrándonos poco empáticos. Por eso es difícil entender por qué nos ocurre esto.

Pues depende de diversos hábitos y características estables en el tiempo comunes entre todas las personas. ¿Y cómo es que no todo el mundo quiere tener siempre la razón? La diferencia está en que, dependiendo de cada uno/a, podemos mostrar las características y hábitos en mayor o menor medida.

1. Inflexibilidad cognitiva

El primer rasgo que puede determinar el querer llevar la razón es la inflexibilidad cognitiva. Cuando somos inflexibles cognitivamente, nuestros esquemas mentales están estructurados de manera que están muy bien instaurados y confirmados.

Estos esquemas mentales se van formando gracias a las experiencias y aprendizajes a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, puede ocurrir que no tengamos la mente abierta como para aprender información contradictoria a nuestros esquemas mentales, tan bien asentados.

De esta manera, preferimos discutir para intentar cambiar la perspectiva del otro y tener nosotros la razón, en vez de intentar integrar lo que está diciendo la otra persona en nuestros esquemas.

2. Miedo a equivocarnos

Como he mencionado, querer tener la razón es también algo compartido entre todas las personas, pero puede llegar a ser un problema cuando queremos que siempre sea así, incluso en las veces en las que sepamos que somos nosotros los que nos equivocamos.

Y es que realmente nos da miedo cometer un error, y por tal de no aceptarlo o que lo descubran los demás, preferimos seguir defendiendo nuestro punto de vista. Es una manera de evitar sentirnos juzgados, lo cual nos preocupa porque posiblemente, en algún momento de nuestras vidas, nos regañaban por cometer errores. Sin embargo, querer tener siempre la razón no hace más que empeorar nuestra relación con los que nos rodean.

3. Querer el control de la situación

Obsesión por querer tener la razón | Activital Psicólogos

La incertidumbre es una de las causas más frecuentes del malestar psicológico.

La falta de información segura y predecible ante una situación nos crea ansiedad y miedo.

Esto es debido a que el cuerpo, cuando no sabe lo que va a pasar, se prepara ante un posible problema.

Cuando no tenemos el control de la situación, hay muchas personas que sienten incertidumbre, porque no dependen de ellas lo que va a ocurrir y no son capaces de predecirlo de otra manera, o no les gusta lo que va a pasar.

Conseguir tener siempre la razón asegura que se haga lo que nosotros decimos, y no dependemos de la opinión impredecible de los demás.

4. Defender nuestra autoestima

En el momento en el que alguien está opinando distinto a nuestros esquemas cognitivos, puede ocurrir lo que se llama una disonancia cognitiva: una discrepancia entre nuestros esquemas cognitivos y lo que está ocurriendo. Si tenemos una disonancia cognitiva, es posible que sea porque nuestros esquemas están equivocados.

Asumir que nuestros esquemas son erróneos puede ser un duro golpe a nuestra autoestima. Supondría de nuevo admitir que nos hemos equivocado, pero posiblemente desde hace años, porque esos esquemas mentales los teníamos desde hace tiempo.

Por eso, cuando alguien nos lleva la contraria, podemos sentirnos atacados, porque están intentando cambiar algo muy nuestro desde hace tiempo, que es parte ya de nosotros y de nuestra personalidad. Es más, por eso podemos incluso reaccionar agresivamente, y preferimos despreciar la opinión de los otros antes de que nos desprecien a nosotros. Que nos den la razón siempre, en cierta manera, nos da más prestigio.

– ¿Qué hago si siempre quiero tener la razón?

Entender por qué queremos siempre tener la razón no justifica el intentarlo siempre. Este hábito puede tener consecuencias graves en cualquier relación, e incluso nos supone a nosotros mismos un estrés y desgaste innecesarios. ¿Qué puedes hacer entonces por cambiar?

1. Toma la decisión de cambiar

Para ello, primero tienes que haberte dado cuenta de que tienes esta mala costumbre, y de las consecuencias que tiene el querer tener siempre la razón (para lo cual, espero que te haya ayudado el artículo). Una vez dado este paso, lo más importante es que seas tú quién de verdad quiera cambiar, porque los demás necesitan constancia y un esfuerzo consciente por ser y comportarte de manera distinta.

2. Afronta tu miedo a equivocarte

El siguiente paso que puedes dar es afrontar el miedo a cometer errores. Puedes ir asumiendo este riesgo con situaciones en las que no sea relevante tener la razón o no, pero en las que normalmente te empeñes en ello. Ve poco a poco y siendo consciente de que es mejor equivocarse a veces, que hacer daño a otras personas.

3. Delega el control de la situación

Otro miedo que puedes afrontar es el de la incertidumbre, cediendo el control de la situación a otras personas. Para ello, hazlo igual que en el caso anterior, ve poco a poco, empezando con situaciones en las que consideres que hay menos riesgos. Intenta confiar más en el criterio de los demás; aunque no seas tú quien tenga el control de la situación, no tiene por qué ir mal.

Como actuar con las personas que siempre quieren llevar la razón -  Psicología Mens Sana

4. Permite cambiar a tus esquemas mentales

Intenta ir con la mente abierta, escucha las opiniones de los demás activamente y plantéate con juicio crítico si llevas tú razón o no. No pasa nada si nos damos cuenta de que nuestro esquema no se ajusta a la realidad. A lo largo de la vida podemos seguir cambiándolos y ajustándolos. Tómate estas situaciones como oportunidades para aprender y mejorar.

5. Mostrarnos más empáticos

A veces nos basta con todo lo anterior, y es que hay muchas ocasiones en las que no hay respuestas correctas o incorrectas, de manera que ninguno de los dos puede equivocarse. ¿Y entonces, por qué generan disputas igualmente? Porque el mundo no es blanco o negro, casi todo es gris.

En estos casos, lo mejor que puedes hacer es simplemente ser empático/a. Intenta ponerte en la posición de la otra persona para entender su punto de vista y sus motivos, e intenta aceptarlos. Como dicen en un muy buen libro, «Cuando puedas elegir entre tener razón o ser amable, elige ser amable».

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Opinión: Inteligencia y evolución, a la sombra de la mente…


Imagen NBC. La sombra de la mente inteligencia y evolución

JotDown(E.Bruner) — A pesar de llevar un par de siglos de debate, aún no queda claro si, para que luzca el intelecto, la clave evolutiva está en el tamaño cerebral absoluto (las dimensiones del cerebro) o bien en su proporción (su valor relativo al tamaño del cuerpo).

Probablemente ambos factores aumentan la complejidad cognitiva, aunque luego en cada grupo zoológico influirán otros parámetros añadidos, específicos de su propia historia natural. Desde luego el tamaño importa, pero tampoco hay que olvidar todo el resto.

En el caso del cerebro, las conexiones, las proporciones internas, los neurotransmisores o el metabolismo también tienen un peso crucial a la hora de establecer las habilidades mentales de una especie o de un individuo.

Y si los pájaros fardan de su destreza voladora y los peces de su pericia acuática, los primates fardamos de nuestra inteligencia, presentándonos como acróbatas del pensamiento y maestros de la cordura.

Desde luego un alarde merecido, fruto de decenas de millones de años de evolución, que parece haber alcanzado una cumbre de expresión y de grado en nuestra propia especie. Pero tampoco hay que cebar demasiado nuestro ego filogenético, porque lo que nos parece una gloria, a los ojos de la evolución, puede que no sea nada más que una especialización más entre el montón.

Al fin y al cabo, a la evolución le interesa solo la capacidad reproductiva y la difusión de la especie (lo que en biología se llama fitness), de modo que nuestra suma inteligencia no compite con el éxito incontestable de cucarachas y medusas, lombrices y moscas, los verdaderos triunfadores de este planeta.

Y si incluimos bacterias o plantas, nuestras medallas parecen todavía menos merecidas. Así pues, por lo menos a nivel evolutivo, antes de fardar de habilidades cognitivas hay que preguntarse en qué medida estas pueden proporcionar un aumento del éxito reproductivo, que en plata no es nada más que el número de hijos.

Y solo con esto ya es suficiente para plantear dudas sobre la incierta relación entre inteligencia y evolución, porque sabemos que para tener muchos hijos tampoco hay que ser muy listo.

Hace unos años, la película Idiocracy polemizaba precisamente sobre este aspecto, recordando que, a menudo, en la sociedad humana, los que tienen más capacidad de discernimiento son los que se reproducen menos, y los que sin embargo no razonan demasiado son los que acaban sembrando genes por doquier.

Tal vez la clave de esta paradoja esté en la cultura y en el grupo social: un puñado de iluminados (que se reproducirán poco) sirven para proporcionar a los demás (que se reproducirán mucho) aquellos recursos complejos (tecnología y organización) que necesitan para aumentar su éxito genético.

Para optimizar su fitness, el grupo necesita mantener un cierto número de individuos innovadores que carguen con la responsabilidad de un mundo mejor, y los otros aprovechan el tirón. Generalmente, además, son los segundos los que linchan a los primeros, para luego, eventualmente, celebrar su ingenio unos siglos más tarde.

De hecho, la inteligencia a veces se halaga más de cara a la galería que en la realidad cotidiana, donde puede chocar violentamente con las múltiples hipocresías y absurdeces que estructuran profundamente nuestra sociedad.

Curiosamente, insistimos en que lo que nos hace humanos es la inteligencia, pero al mismo tiempo a esta cualidad le tenemos cierto miedo y recelo y, cuando alguien es «demasiado» inteligente (en el sentido de que es perspicaz, analítico, crítico, racional y coherente, lo cual a menudo requiere una buena dosis de distancia y objetividad), lo miramos con cierta desconfianza, tachándolo de… ¡poco humano!

En resumen, la correlación entre habilidades cognitivas y éxito, ya sea evolutivo o individual, queda poco clara.

Tal vez el problema principal sea que, a pesar de todas las atenciones que hemos dedicado al estudio del intelecto, en realidad todavía no tenemos un criterio que pueda, de forma común y cuantificable, proporcionar una definición redonda y consistente para contestar a la pregunta número cero: ¿qué es la inteligencia?

En muchos ámbitos de la psicología y de las ciencias cognitivas hay muchos especialistas que aseguran que se trata de una habilidad cognitiva general, superior y todopoderosa, que depende de genes y de factores biológicos y que se puede medir con una apropiada estadística.

Este factor nos pone a todos en una escala que va de menos a más, en cuyo extremo positivo hay «inteligentes» que lo hacen todo bien, y exceden en todas las habilidades mentales. En una versión más suave de esta perspectiva, algunos sugieren que la inteligencia no es más que la capacidad de integrar entre sí las otras habilidades mentales, más específicas.

De hecho, no sirve de mucho tener una gran habilidad mnemónica, lingüística, espacial o de cálculo, si luego no se sabe cómo coordinarlas adecuadamente. Otros piensan que no existe esta jerarquía, y que lo que llamamos «inteligencia» es solamente una de aquellas habilidades más específicas, que destaca sobre las otras (por ejemplo la atención, la velocidad mental, o la memoria de trabajo).

Finalmente, hay quien opina que no existe ningún factor general que se llame «inteligencia», que las tendencias generales son artefactos de la estadística, que la susodicha inteligencia es un algo borroso que depende de la biología pero también del contexto, y que hay muchas formas, a veces opuestas, de ser inteligentes.

Desde luego, el contexto no se puede obviar y, de hecho, probablemente tiene más sentido hablar de «comportamientos» inteligentes que de «personas» inteligentes, precisamente porque sabemos que de individuos con excelentes habilidades mentales que han hecho desastres está repleta nuestra historia, tanto la personal como la colectiva.

Para ser sincero, después de haber tanteado este tema a lo largo de los últimos veintipico años, confieso que yo, por lo menos, no he llegado a ninguna conclusión, a ninguna certeza. Primero, porque las respuestas concluyentes y tajantes son incompatibles con los principios de la ciencia, y siempre desconfío cuando oigo soltar certezas a alguien que se autoproclama «científico».

Pero además, en este caso, me parece que todas las hipótesis tienen sus evidencias, aunque siempre parciales y, muchas veces, inevitablemente sesgadas.

Me atrae la idea de una «habilidad» que integre y coordine todas las otras, y soy un forofo declarado de la atención como principal factor limitante de todos los otros recursos mentales, pero es verdad que entiendo que etiquetar de «inteligente» a una persona o un comportamiento depende del contexto, del criterio y, sobre todo, de los objetivos.

Cabe mencionar una quinta forma de explicar qué es la inteligencia, una perspectiva más reciente, que da la vuelta a la tortilla de una forma elegante y sensata, y que la interpreta no como un factor que está por encima de los otros y causa una mejoría en todas las performances cognitivas, sino como un factor emergente que es consecuencia de la interacción entre todo el resto, es decir el fruto de un encaje entre habilidades y contexto.

Aunque la diferencia puede parecer sutil, esta interpretación es totalmente opuesta a la tradicional, porque explica el comportamiento inteligente como el resultado de una sinergia de elementos cognitivos, y no como la fuente que determina lo que viene después.

Es una lectura que funciona tanto en los modelos psicométricos (los que se basan en las correlaciones numéricas de los tests sin entrar en el mecanismo que hay detrás) como en los modelos cognitivos (los que se basan en una representación del mecanismo, buscando aval en los resultados experimentales).

Si la inteligencia es un factor emergente (que surge como consecuencia) y no un factor latente (que subyace a lo que pasa), sigue teniendo sentido medirla de alguna forma, aunque el significado cambia radicalmente: cuantifica nuestra habilidad general para resolver problemas, pero solo como índice global y promedio, resultado de factores y mecanismos que pueden ser muy distintos. Tiene sentido. 

Sin embargo, al no tener una definición común y al no aclarar los objetivos, queda patente que es muy arriesgado medir, cuantificar, testar. La ciencia de la inteligencia se basa sustancialmente en la psicometría, los tests y las pruebas que miden nuestra habilidad para resolver un problema, ya sea numérico, mnemónico, espacial, verbal o analítico.

Son tests diseñados (y, dentro de lo posible, validados) para medir algo en concreto, y efectivamente pueden transformar una habilidad para ejecutar ciertas tareas en una puntuación, que acaba siendo el ladrillo de una futura estadística. Las habilidades más generales luego se infieren acoplando e integrando baterías de tests, e intentando revelar una posible estructura de fondo que delate tendencias y patrones. Es una herramienta increíblemente útil, pero que no hay que tomar demasiado al pie de la letra.

Los tests acaban utilizándose para medir una habilidad concreta, pero en realidad son quimeras difíciles de manejar: de la habilidad que dicen medir probablemente requieren solo una parte muy específica y, al mismo tiempo, requieren también el uso de otras habilidades complementarias.

Por ejemplo, para puntuar alto en un test que mide una determinada habilidad de cálculo podrían ser necesarios a la vez también recursos mnemónicos y una cierta velocidad mental. Además, está visto que un mismo problema se puede resolver con habilidades diferentes, e incluso con estrategias diferentes, lo cual genera aún más trampas a la hora de tener que interpretar los resultados.

Por ejemplo, un test que supuestamente mide la memoria se podría resolver en parte utilizando recursos espaciales. Finalmente, las habilidades generales, obtenidas mezclando tests diferentes, son síntesis obtenidas por inferencia estadística, algoritmos y mucha cábala numérica, con lo cual hay que saber emplear cierta cautela cuando estos números se transforman luego en conclusiones.

Todas estas incertidumbres, cuando analizas unos resultados, generan una variación muy marcada, lo cual nos recuerda que, más allá de tendencias y patrones comunes (que desde luego existen e influyen parcialmente en nuestra estructura mental), cada uno somos al final el fruto de una combinación muy particular de factores y contingencias individuales.

Y claro, en esta variación numérica habrá un poco de diferencias verdaderas (somos todos bastante únicos, quien más y quien menos), y un poco de ruido producido por la imprecisión del método. A pesar de esta diversidad, a menudo la psicometría se alegra de encontrar correlaciones que delatan un trasfondo biológico, y esto es fundamental en biología.

Pero la verdad es que estas correlaciones, cuando las hay, son tan blandas que dicen poco o nada acerca de los individuos. Un ejemplo clásico es la correlación entre tamaño cerebral e «inteligencia»: sí que la hay (con lo cual tiene que haber un factor biológico detrás) pero es tan blanda que es imposible predecir, en un individuo, un valor a partir del otro. 

La psicología suele además separar una inteligencia digamos natural, más asociada a la biología de un individuo y a su capacidad de resolver problemas abstractos (inteligencia fluida) de una inteligencia más bien asociada al aprendizaje, a la cultura, y a la capacidad de emplear nuestros conocimientos en determinadas tareas (inteligencia cristalizada).

La primera suele aumentar hasta los treinta años, para luego caer, desgraciadamente, en picado. La segunda aumenta lentamente hasta los cuarenta y pico, y luego se estanca. El resultado de nuestra habilidad general será entonces un promedio de estas dos inteligencias. Y aquí hay que rematar tres puntos fundamentales.

Primero, la inteligencia cristalizada se estanca porque a menudo las personas, después de los cuarenta años, ya pasan de aprender, de meterse en nuevos retos, de renovarse y de crecer. Queda claro que es una elección personal, y evidentemente depende en gran parte de la propia voluntad.

Segundo, el bajón tremendo de la inteligencia fluida después de los treinta tiene un fundamento biológico ineludible, que incluye una reducción de los tejidos cerebrales, un deterioro del sistema vascular y una larga serie de atascos metabólicos asociados al envejecimiento.

Dicho esto, tampoco hay que rendirse sin más, porque esa decadencia depende en parte de un reloj interno, pero en parte de nuestros hábitos (dieta, ejercicio físico, sueño, estrés, etc.). Es decir, la caída no se puede evitar, pero sí ralentizar, y desde luego no procede machacarse para acelerarla.

Con lo cual, incluso en este caso la voluntad puede marcar la diferencia entre una habilidad mental eficiente y una deteriorada, y la responsabilidad personal sigue teniendo un peso importante. Tercero, la estadística se suele hacer promediando, y la variabilidad individual es, como siempre, desconcertante. Así que, dada la receta, que cada uno la adecue a su horno. 

Pero al fin y al cabo aún queda pendiente la pregunta: ¿quién es inteligente? Carlo Cipolla sugirió que inteligente es quien se hace bien a sí mismo haciendo el bien a los demás. Lo cual me parece sencillamente genial, aunque solo rebota la pregunta a un nivel más sutil: ¿cuál es el bien de uno, o, más difícil aún, qué es lo que hace bien a los demás?

Mi abuelo era categórico al respecto, y repetía (obsesivamente, casi reprochándoselo a sí mismo) que el hombre inteligente es el que vive bien. Pero esto tampoco nos ayuda, porque lo que llamamos «vivir bien» puede tener colores de lo más variados, y sobre todo terriblemente confusos.

Una gran mayoría de personas malviven una existencia donde sus prioridades son cruelmente manipuladas por la economía, la religión o la política, moldeadas por pulsiones atávicas e instintos primordiales, o distorsionadas por nefastas presiones sociales. Vivir bien, en todos estos casos, se puede malinterpretar precisamente como cebar las falsas necesidades que los tienen atados a reglas absurdas y nocivas, que degradan cada día más su calidad de vida y su autonomía mental.

A los monos capuchinos les chifla el mascarpone más que su comida natural y, si se les deja la posibilidad de decidir, se ponen tibios de queso grasiento hasta enfermar a los pocos días. Así que concretar qué quiere decir «hacer el bien» no es nada fácil para quien carece de una consciencia atenta y reflexiva, y es adicto a recompensas tóxicas manipuladas por intereses ajenos.

Me temo que al final, si uno rasca, como índice de «vivir bien» solo queda lo más sencillo, lo más íntimo y lo más natural: ser libre, y ser realmente feliz. Una libertad y un bienestar que van más allá de las contingencias, y que radican en un sentido de plenitud, de gratificación y de equilibrio.

Algo que no casa necesariamente con nuestra idea más popular de inteligencia, anclada al éxito más que al bienestar, al resolver problemas más que al saber evitarlos, al saber cómo ganar más que al saber cómo compartir.

Y el debate se embarra actualmente aún más cuando el término «inteligencia» se usa también para definir algoritmos que, sin saber o poder pensar, afinan reglas de asociación que proporcionan soluciones automáticas. Lo cual, paradójicamente, es el opuesto de una verdadera habilidad mental, y exalta la confusión entre inteligencia y capacidad de cálculo.

De hecho, si es difícil definir la inteligencia, a lo mejor es más fácil detectar su ausencia. En el caso de los algoritmos mágicos, hay mucha preocupación sobre las consecuencias de añadir procesos informáticos a nuestro sistema cognitivo, olvidando que aquí el verdadero problema no es la tecnología, sino los intereses inmorales y deshonestos de quien la produce, y la incompetencia irresponsable de quien la compra y la consume. 

Tal vez aquí sí nos valgan las categorías de Carlo Cipolla, donde el necio es quien se hace daño a sí mismo dañando a la vez a los demás.

Como suele decir mi mujer, es curioso cómo a todo el mundo le preocupa hoy en día la inteligencia artificial, cuando el único verdadero peligro sigue siendo, desde siempre, la estupidez natural. 

nuestras charlas nocturnas.

El puente de Londres que fue construido por mujeres (y cómo una soldadora llamada Dorothy ayudó a recuperar su olvidada historia)


Dorthy Puente de Waterloo
En 2015 la historiadora Christine Wall encontró el registro de una mujer trabajando como soldadora en el Puente de Waterloo.

BBC News Mundo(I.Caro) — Conocemos su nombre, Dorothy. De su historia personal, poco y nada.

Pero sí sabemos que una fotografía que la retrató en 1944 se convirtió en una pieza esencial para recuperar una historia olvidada: la de cerca de 350 mujeres que construyeron el estratégico Puente de Waterloo, en el centro de Londres, en plena Segunda Guerra Mundial.

El hallazgo en 2015 de las imágenes que retrataban a Dorothy soldando partes del puente, que pasaron años juntando polvo en un archivo del Museo Nacional de Ciencia y Medios, confirmó lo que en esa época no era más que un mito urbano en la capital inglesa.

El material fue encontrado por la historiadora Christine Wall y se convirtió en la prueba fehaciente del rol que jugaron cientos de mujeres en la construcción del puente, en particular, y en la industria de la construcción, en general, durante el periodo de las grandes guerras.

Antes de eso, la idea de que el Puente de Waterloo había sido construido por mujeres se había sostenido mayormente en relatos orales.

Los navegantes del Támesis que pasaban por debajo de sus amplios arcos de hormigón y acero lo llamaban “el puente de las damas» (the ladies’ bridge).

Pero no había registros que demostraran que esas mujeres existieron.

No fue hasta el 2005 que las cineastas Karen Livesey y Jo Wiser iniciaron un esfuerzo por recopilar relatos orales de algunas de las miles de mujeres que participaron en la industria de la construcción en esos años, los que quedaron plasmados en el documental The Ladies’ Bridge.

«Recuerdo haber visto a las mujeres, eran muchísimas, creo que unos cuantos cientos de ellas», dice en el documental David Church, cuyo padre trabajó en la construcción del puente.

Pero registros materiales de las soldadoras seguían sin aparecer, hasta el descubrimiento de las imágenes de Dorothy.

En su búsqueda por saber si este mito londinense tenía algo de realidad, Wall encontró en un archivo las fotografías que habían sido publicadas por el Daily Herald y se contactó con las realizadoras del documental para contarles la gran noticia.

Puente de Waterloo
Cerca de un 65% de quienes construyeron el Puente de Waterloo fueron mujeres.

– Hombres al frente, mujeres al puente

El rol de las mujeres en la Primera y la Segunda Guerra Mundial en diversos ámbitos que antes habían estado dominados por hombres está bien documentado.

Mientras ellos eran llamados al frente de combate, ellas asumían labores tan diversas como operarias de las fábricas, productoras de municiones o reparadoras de aviones.

Sin embargo, la participación femenina en la industria de la construcción (que según el documental de Livesey y Wiser llegó a unas 25.000 mujeres en 1941) no tuvo la misma divulgación.

Wall cuenta que cuando llegó a Londres a finales de los años 70 y logró entrar a un curso de construcción, pensaba que ella y su grupo eran pioneras en ese campo.

«Creíamos que eramos las primeras en hacer esto, pero solo 35 años antes hubo miles y miles de mujeres», dice en la pieza audiovisual.

«Pero no había rastros de ellas, no había fotografías, no había nada».

El Puente de Waterloo en 1950.
El Puente de Waterloo en 1950.

La historia del Puente de Waterloo comenzó mucho antes de que el mundo se fuera a la guerra a nivel global.

La construcción del primer puente se inició en1809. Por esos años, la estructura se conocía como el Puente Strand. No fue hasta después de la Batalla de Waterloo -donde tuvo lugar la derrota de las tropas napoleónicas- que este fue rebautizado, en 1816.

A fines del siglo XIX los cimientos de la estructura habían sido gravemente dañados por las crecidas del río Támesis, lo que lo hacía peligroso al punto de que se levantó una estructura paralela de acero como un reemplazo temporal.

Fue por eso que el Consejo del Condado de Londres decidió demoler el viejo puente y construir uno nuevo.

El diseño del Puente de Waterloo se le encargó al arquitecto Giles Gilbert Scott y las obras se iniciaron en 1937. Por ese entonces, según registros de la Sociedad de Mujeres Ingenieras, 500 hombres fueron llamados a trabajar en la construcción de la estructura.

Waterloo Bridge
El rol clásico de la mujer en la sociedad dio un giro entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Pero en 1939, cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, cerca de unos 350 de ellos fueron convocados al frente de batalla.

En 1940, cuando la Alemania Nazi de Adolf Hitler bombaredeaba Londres se pensó incluso en suspender las obras. Pero la decisión de mantenerlas se convirtió en un gesto de resistencia por parte de Inglaterra.

Fue así que cientos de mujeres asumieron las labores de soldadura y empalme del puente. En The Ladies’ Bridge, Wall explica que algunas de ellas trabajaban extensas horas y -algunas veces- tenían que protegerse de los bombardeos que amenazaban la ciudad.

Como pasó en otras industrias, a esas mujeres les ofrecieron contratos temporales por los que les pagaban mucho menos que a los hombres.

– Las razones del olvido

Las razones de por qué esta historia estuvo olvidada por tantos años son variadas.

Wall explica en el documental que por las extensas y agotadoras jornadas de trabajo que asumían, las mujeres no tenían tiempo para documentar su experiencia en diarios personales.

Eso podría haber servido para que -como ha ocurrido con otras mujeres- su participación en el sector laboral durante esos años se inscribiera en la historia mucho antes.

Por otro lado, la constructora que estuvo a cargo de las obras del puente fue liquidada y, según sus ejecutivos, se perdieron muchos de los contratos y archivos en el proceso.

La hija del dueño de esa empresa, Betty Lind, sin embargo, era una de las que recordaba claramente que al llegar la guerra las mujeres apoyaron la labor de la constructora de su padre.

Puente de Waterloo
Esta fue otra de las fotografías que encontró en 2015 Christine Wall.

El hecho de que el aporte de las soldadoras tampoco fuera destacado en la narrativa posterior tampoco contribuyó a que quedaran registros de su trabajo.

“Los hombres que construyeron el Puente de Waterloo son afortunados. Ellos saben que aunque sus nombres puedan ser olvidados, su trabajo será un orgullo y utilidad para Londres por muchas generaciones”, dijo Herbert Morrison en la apertura oficial del Puente de Waterloo en diciembre de1945.

Para las mujeres no hubo agradecimientos.

– Un reconocimiento tardío

Pese a que el salario no era bueno y que las jornadas de trabajo eran exigentes, las mujeres que asumieron labores en distintas industrias en la Segunda Guerra Mundial estaban orgullosas de su trabajo.

Cuando la guerra terminó, según relata el documental, tanto el gobierno como los hombres que volvían a casa esperaban que las mujeres también retornaran a sus roles previos.

Pero varias se resistieron.

«Odiaba a esos hombres porque realmente amaba mi trabajo», dice una de las entrevistadas en The Ladies’ Bridge entre risas.

De lo que no hay duda es que esas mujeres hicieron historia y que la aparición de las fotos de una de ellas permitió que por primera vez su contribución en el Puente de Waterloo fuera reconocida oficialmente.

Tras la divulgación de las imagénes de la construcción del puente, en 2015, el Historic England –organismo encargado de la protección del patrimonio de Inglaterra- catalogó la obra arquitectónica con el grado II de protección, es decir, que merece mayor cuidado a raíz del interés especial que tiene a nivel histórico.

En ese momento, Emily Gee de Historic England dijoa la BBC: «Estos roles (de las mujeres) han sido históricamente pasados por alto, pero a medida que la investigación, comprensión y conciencia los revelan, se pueden iluminar muchas historias fascinantes e inspiradoras».

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