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6 cosas que le suceden a tu cuerpo cuando comes demasiado…


AARP(M.Crouch) — ¿Alguna vez has comido tanto que has tenido la sensación de que te iba a estallar el estómago? Casi todos recordamos alguna ocasión en la que hemos comido más allá del punto de saciedad, ya sea que nos excediéramos en un restaurante de comida rápida favorito o nos atiborráramos en una comida festiva.

Comer en exceso a menudo parece ocurrir durante las fiestas, cuando nos reunimos con la familia para celebraciones que giran en torno a alimentos especiales que no comemos habitualmente.

«Es fácil dejarse llevar por la alegría y la celebración de las fiestas, o recurrir a la comida como forma de controlar la ansiedad y el estrés; ambas cosas contribuyen a comer en exceso», afirma Kate Craigen, directora de integridad clínica y psicóloga clínica de Monte Nido & Affiliates, una organización nacional de tratamiento de trastornos alimentarios.

Si se convierte en un hábito, comer en exceso con frecuencia —sobre todo alimentos poco saludables— puede causar un trastorno alimentario o un aumento excesivo de peso. El sobrepeso aumenta el riesgo de padecer problemas cardíacos, derrames cerebrales, diabetes de tipo 2, problemas respiratorios, muchos tipos de cáncer y muerte prematura.

Pero incluso a corto plazo, comer en exceso tiene efectos sobre el organismo, según los expertos. A continuación, te explicamos seis cosas que le suceden a tu cuerpo cuando comes demasiado y qué hacer para sentirte mejor.

1. El estómago se expande y presiona los demás órganos

Piensa en tu estómago como un globo que se expande al comer. Cuando está vacío, se parece mucho a una pasa, explica el doctor Matthew Hoscheit, gastroenterólogo de Cleveland Clinic: «Está arrugado, por lo que no ocupa mucho espacio en el abdomen».

Al comer, el estómago se expande para dar cabida a la comida adicional, y todo el abdomen se distiende. Por eso empiezas a sentir que necesitas desabrocharte el botón superior o el cinturón, dice Jennifer Earles, dietista licenciada de Novant Health Bariatrics Solutions en Charlotte.

Si continúas comiendo, el estómago se expande tanto que comienza a presionar los demás órganos internos. «Es una sensación incómoda», señala Earles.

2. El metabolismo se acelera

Para ayudar a tu cuerpo a descomponer toda esa comida, tu metabolismo se acelerará temporalmente después de una comida copiosa, indica Brittany Werner, dietista licenciada y directora de orientación de Working Against Gravity, una empresa de asesoramiento nutricional en línea.

Esa aceleración puede hacer que algunas personas se sientan de forma temporal acaloradas, sudorosas o mareadas después de comer demasiado, dice Werner. «Es tu cuerpo intentando hacer su trabajo», explica.

3. El corazón bombea con más fuerza para enviar más sangre al sistema digestivo

Cuando comes demasiado, el cuerpo desvía el flujo sanguíneo y la energía del cerebro y otros órganos a los intestinos, señala Hoscheit. «Esa es en parte la razón por la que te sientes cansado», añade.

El corazón también late más rápido durante varias horas para bombear la sangre adicional que el cuerpo necesita para la digestión.

Un estudio dividió a los participantes en dos grupos: un grupo comió una comida pequeña y el otro comió una comida dos veces y media más grande. El estudio determinó que las personas que comieron la comida más grande produjeron el doble de sangre.

Su ritmo cardíaco también fue mucho más elevado en comparación con el grupo de la comida pequeña, y se mantuvo elevado dos horas después, mientras que el ritmo cardíaco del grupo de la comida pequeña había vuelto a la normalidad.

4. Te sientes cansado y lento

Es probable que te hayas dado cuenta de que no tienes mucha energía cuando tienes el estómago lleno. Una disminución en el nivel de energía es normal porque tu cuerpo está trabajando mucho para digerir la comida. Después de comer, tus órganos también liberan enzimas y hormonas adicionales, como la leptina y la serotonina, que contribuyen a la fatiga, indica Hoscheit.

Un estudio reveló que puedes sentirte somnoliento y aletargado hasta cuatro horas después de comer en exceso.

5. El nivel de azúcar en la sangre experimenta subidas y bajadas significativas

Cuando comes, aumenta el azúcar (glucosa) en la sangre, sobre todo si comes alimentos ricos en azúcar y carbohidratos. Esto hace que el cuerpo libere una hormona llamada insulina para transportar la glucosa del torrente sanguíneo a las células, donde se utiliza como fuente de energía, señala Werner.

Si comes en exceso y demasiado rápido, «tu cuerpo no da abasto», explica. «Si no secretas suficiente insulina, la cantidad de azúcar en la sangre se dispara y luego disminuye de manera súbita». Esa bajada repentina puede hacerte sentir nervioso y contribuir a la sensación de letargo y fatiga.

6. Es posible que experimentes acidez estomacal y reflujo ácido

Según Hoscheit, es frecuente que las personas sufran acidez estomacal y distensión abdominal después de comer en exceso. La acidez se produce cuando el ácido y otros contenidos del estómago suben al esófago, y provocan una desagradable sensación de ardor en el pecho.

Al distenderse el estómago por exceso de comida, el músculo que separa el esófago del estómago se relaja temporalmente.

Si el estómago está muy lleno, «la comida tiene que ir a alguna parte, así que regresa al esófago», dice Hoscheit.

– Cómo sentirse mejor después de comer demasiado

La buena noticia es que la mayoría de las personas se sienten bien unas horas después de comer demasiado. Y siempre que no sea algo habitual, los estudios indican que el organismo se recupera con bastante rapidez de un único episodio de comer en exceso.

A continuación te ofrecemos algunas medidas que puedes tomar para aliviar el malestar la próxima vez que sientas el estómago incómodamente lleno y distendido.

  • No te atormentes. «No hay razón para sentirse mal o avergonzarse por la comida», dice Werner, y señala que la mayoría de nosotros comemos en exceso al menos de vez en cuando. «Lo hecho, hecho está. Mira hacia delante y aprende de las lecciones del pasado».
  • Mantente en posición vertical. Cuando uno no se siente bien, es posible que se sienta inclinado a dormir la siesta o tumbarse en el sofá, pero permanecer de pie durante un rato favorece el flujo natural de la digestión, afirma Earles. También reduce el riesgo de acidez estomacal y reflujo ácido.
  • Muévete. Un poco de actividad ligera, como dar una vuelta a la manzana, ayuda a aliviar las molestias y a que el cuerpo empiece a quemar las calorías sobrantes. «También ayuda a regular el nivel de azúcar en la sangre para que no baje demasiado pronto… y esto hará que te sientas mejor», afirma Earles.
  • Bebe agua. Mezclar líquidos con sólidos facilita el proceso de digestión del estómago y ayuda a prevenir el estreñimiento. «Piensa en una licuadora: es más fácil mezclar los sólidos si añades agua», señala Hoscheit.
  • Prueba los productos de jengibre o menta. Se ha demostrado que ambos remedios caseros ayudan a calmar el estómago, afirma Hoscheit. Vienen en diferentes formas, como tés y pastillas.
  • Toma un antiácido para la acidez estomacal. Los antiácidos de venta libre ayudan a neutralizar el ácido estomacal y alivian con rapidez los síntomas de la acidez.

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Otramente…


Ilustración: Emiliano Bruner.

JotDown(E.Bruner) — Sea acertado o no, parece casi imposible evitar caer en un mecanicismo extremo cuando pensamos en nuestro cerebro. Aunque sea solo por una necesidad de cuadricular los elementos del sistema, lo interpretamos como si fuera un ordenador, con sus capacidades y sus limitaciones.

De hecho es posible que, sin darnos cuenta, estemos construyendo nuestras computadoras según relaciones iguales o parecidas a las que caracterizan los mecanismos de nuestro sistema nervioso central.

Sea como fuere, siempre hemos interpretado el cerebro como una máquina, y asimismo interpretamos sus éxitos y sus fracasos con la misma perspectiva. Y una máquina tiene sus capacidades, su potencia, su autonomía, y sus fallos.

Si a nivel evolutivo intentamos explicarlo en términos de adaptación y selección, con referencia a la población lo llamamos variabilidad. Tenemos pruebas de evaluación psicométrica que intentan medir las diferencias cognitivas entre las personas, asociando tareas y puntuaciones, según criterios que por necesidad metodológica son muy lineales y simplificados.

A veces podemos no estar seguros de qué es lo que estamos midiendo exactamente pero, más allá de la capacidad cognitiva específica que se supone estamos cuantificando, hay algo que la medición revela de forma más objetiva: su diversidad.  

Podemos no tener muy claro lo que hemos medido con un test psicométrico (que a menudo se refieren a factores muy complejos como por ejemplo la capacidad de memoria, la capacidad de cálculo, la velocidad mental, o a medidas generales de inteligencia), pero sí que puedo saber si lo que he medido es algo poco o muy variable entre los individuos. Es decir, si pensamos, sentimos y analizamos de forma similar o muy distinta.

Hay veces que uno se puede sorprender en este sentido, cuando los resultados nos sugieren que percibimos e interpretamos el mundo ahí afuera de forma muy pero que muy diferente el uno del otro.

El haber acosado y oprimido las diferencias a lo largo de siglos ha llevado a nuestra sociedad occidental a rechazar el concepto de diversidad, en lugar de llegar a reconocerlo y valorarlo como una riqueza.

Pero si es verdad que tenemos todos los mismos derechos, no es verdad que somos todos iguales.

Y es probable que no tengamos ni idea de cuán diferentes somos.

Sin darnos cuenta, a lo largo de nuestra historia y de nuestras vidas, establecemos patrones y códigos comunes que disimulan las diferencias, las esconden, las encarrillan, las suavizan, las camuflan y, en cierto modo, esto representa probablemente una premisa necesaria para poder desarrollar una estructura social razonablemente estable.

Integramos las diferencias personales en un contexto compartido y pensamos que somos todos iguales en el sentido de que, con algunos matices y cada uno con sus gustos, recibimos e interpretamos el mundo según los mismos criterios, teniendo todos los mismos filtros.

La sociedad se ha estructurado de forma que las diferencias en la percepción y en los mecanismos cognitivos no se noten, y desde pequeños vamos encajando y explicando los comportamientos ajenos según nuestros criterios, suponiendo o asumiendo que son los de todos.

Las diferencias cognitivas o neurales se pueden mimetizar hasta casos extremos. Hay peculiares cortocircuitos del cableado cerebral llamados sinestesias, que tienen como consecuencia la asociación perceptiva entre números y colores, o entre formas geométricas y otros efectos sensoriales.

Hay muchos casos en los que quien tiene sinestesias no lo sabe o, mejor dicho, cree que son algo normal, que son la forma común de asociar estímulos externos y sensaciones internas, y tardan muchos años en descubrir que no es así, que no para todos el miércoles es azul.

Y hay muchas personas que, ya en una edad adulta, descubren tener síndrome de Asperger (una variación del espectro autista) a veces por casualidad, cuando llevan sus hijos a un psicólogo infantil porque les parece que tienen un comportamiento peculiar.

¿A qué nivel llegan las diferencias cognitivas entre nosotros sin que nos demos cuenta? A menudo se pone el ejemplo de los colores, recordando que el rojo para una persona puede que no sea el rojo para otra, pero llamándolo siempre de la misma forma sencillamente no nos enteramos nunca de que utilizamos el mismo nombre para una experiencia sensorial diferente.

Pero ¿qué pasa si no fuera solo eso? Individuos que tengan diferencias sustanciales en sus capacidades mnemónicas, visoespaciales, ejecutivas, fonológicas, de cálculo o de velocidad mental, no solamente ven e interpretan el mundo de una forma totalmente diferente, sino sobre todo amontonarán a lo largo de sus vidas diferencias cada vez más importantes.

No solo reciben el mundo de una forma diferente sino que, sobre todo, el mundo moldeará sus cerebros de forma diferente. Si ya estas diferencias pueden tener un efecto significativo en las edades jóvenes, en los adultos pueden generar a largo plazo individuos que utilicen un mismo código (los comportamientos, reglas y cánones establecidos por la sociedad) pero que en realidad ven la vida con ojos totalmente distintos.

A veces esto se sobrelleva bastante bien y a veces no, porque antes o después las pequeñas divergencias llevan a las líneas rectas a separarse demasiado o, al revés, a chocar entre ellas.

Imagen: Emiliano Bruner.
Un espacio multivariante es como un espacio tradicional en dos dimensiones, solo que las dimensiones son… ¡más! Un eje para cada variable que se mide y que, si estamos analizando personas, pueden ser variables físicas (como altura y peso) o de cualquier otra naturaleza, incluyendo variables cognitivas (capacidad de cálculo, de memoria, de integración visual, etc.). Cada punto es un individuo, con su particular combinación de valores para cada una de las características que se están midiendo. Si la distribución es «normal» (la famosa campana de Gauss) los individuos más hacia el centro tendrán valores promedio, tendrán más individuos parecidos a ellos, y además los individuos cercanos serán realmente muy parecidos, hasta iguales. Los que están hacia la periferia, pues… ¡lo contrario! Por cierto, ¿tú dónde crees que estás?

Si cuantificamos todas nuestras capacidades cognitivas y hacemos un análisis estadístico de la población en que vivimos, transformando a cada uno de nosotros en un valor de un gráfico con muchas dimensiones (un eje para la capacidad mnemónica, uno para la capacidad visoespacial, uno para la velocidad mental, uno para la capacidad de cálculo, etc.), encontraremos una nube de puntos, un punto para cada individuo, en un espacio donde algunos están más cercanos al centro, y algunos más lejos, apartados hacia una periferia menos poblada.

En esta nube estamos todos, cada uno en un punto de este espacio, en función de su particular combinación de valores. Estás tú, y está también alguien que es el anti-tú. Es decir, alguien que tiene exactamente los valores opuestos a los tuyos. Estas distribuciones suelen tener forma de campana: valores frecuentes a un nivel promedio, y valores siempre más infrecuentes alejándose de este valor promedio.

El área central es «densa»: los que están allí presentan valores más corrientes y abundantes. Las áreas periféricas, en cambio, son menos tupidas, los puntos están más dispersos. Podemos aplicar esta perspectiva a nuestro entorno social y cultural, mapeando la posición de todos nosotros según nuestras capacidades cognitivas y descubriendo  nuestra posición dentro de esta «nube» de puntos. Y hay que tener en cuenta entonces tres consecuencias principales.

Primero: cuanto más lejos estés del centro, tanto más tu forma de ver las cosas será «diferente». Segundo: cuanto más te alejas del centro, menos personas «te entienden», y, por ende, menos personas puedes llegar a entender. Tercero: cuanto más te alejas del centro, los individuos más próximos a ti serán de todas formas «menos iguales» a ti.

¡Atención, que esta es quizás la consecuencia menos evidente pero más importante! Al ser la periferia de la nube menos densa, los puntos están más alejados. Por ende, quien está en el centro tendrá a su alrededor otros individuos realmente muy parecidos, mientras que si estás en la periferia, el individuo más cercano estará de todas formas bastante lejos, lo cual quiere decir que su forma de pensar será bastante disímil de la tuya, a pesar de ser tu vecino más inmediato.

A lo largo de este camino que va gradualmente desde el centro hasta la periferia de nuestras combinaciones cognitivas se encuentran las borrosas, imprevisibles y contingentes fronteras entre genio y locura, entre éxito y exilio, entre curiosidad y miedo, entre integración y soledad.

En muchas ocasiones nuestras sociedades, en contextos históricos y culturales muy distintos, han intentado seguir las sendas de esta geografía cognitiva, para dar con combinaciones mentales que puedan delatar al genio o al criminal.

Y muchas veces ambos caracteres han resultado ser el alter ego de un paquete indivisible que asocia una perspectiva diferente a una diferente interpretación de luz y tinieblas, juegos de sombras a veces productivos y a veces peligrosos, y siempre difíciles de gestionar según las reglas que gestionan los que buscan la diferencias sin ser diferentes.

Es una patente circularidad del sistema sociocultural: se busca una perspectiva alternativa, pero teniendo que utilizar las reglas establecidas para las perspectivas que no son alternativas. La aceptación total de las reglas conduce a un estancamiento cultural que ahoga el sistema social, mientras que el total rechazo de las reglas lleva a la némesis, disolución destructiva de la organización interna.

Para lidiar con todo esto se envían exploradores hacia las fronteras entre la norma y lo anormal, para tantear este espacio sin hacer demasiado ruido, para evaluar sin comprometerse, para aprovechar de la frontera sin tener que pagar sus peligrosas consecuencias.

La caza al genio (según nomenclatura más adecuada y norma europea, etiquetado con el término de «individuo con altas capacidades») tiene hoy en día dos objetivos complementarios, por lo menos a nivel formal.

Primero, hay que localizarlo para aprovechar el don, optimizar sus recursos, potenciar y desarrollar la combinación favorable. Segundo, hay que individuarlo para protegerlo, para sostenerlo, porque el genio en un contexto pensado por los demás se aburre, se desmotiva, y acaba malgastando el don.

Y otra vez volvemos a nuestro tautológico fracaso, porque intentamos encajar en nuestra cuadrícula social lo que tiene su valor precisamente por quedarse fuera de ella. A nivel estrictamente lógico, además, topamos por lo menos con tres límites patentes. Primero, las capacidades cognitivas pueden ser muy diferentes, y el espacio cognitivo tiene muchas dimensiones.

Así que probablemente no existe una solución para todos, porque cada persona puede tener una combinación muy particular, difícil de encajar en una escala simplificada que va desde un menos a un más que, sencillamente, no existen. Segundo, también es probable que no existan umbrales, y que estas capacidades en todas sus dimensiones generen un espacio continuo.

Así que una gestión en plan blanco y negro va a tener que lidiar con una gradación que funciona estrictamente con escala de grises. Tercero, tenemos un claro dilema sobre fines y objetivos, porque las capacidades de una persona no tienen por qué encajar necesariamente con sus esperanzas.

¿Qué pasa si el malabarista de los números no soporta las matemáticas? ¿Qué ocurre si el genio no agradece serlo? Está claro que estos problemas no son barreras imposibles, pero hay que considerarlos a la hora de planificar el rastreo de las mentes diferentes, así como de sus opuestos.

Sobre todo si, otra vez en nuestro sufrido principio de indeterminación, las mentes diferentes tienen que ser orientadas por mentes que no son diferentes.

Un caso especial y significativo es el espectro autista, donde una diferencia sustancial en la percepción de la realidad lleva demasiado lejos en la nube de puntos, generando una distancia cognitiva importante entre el individuo y la sociedad.

Después de décadas intentando encajarlo en nuestros esquemas médicos y psicológicos demasiado lineales, el autismo nos está revelando un mundo increíble, un mundo que mucho nos puede enseñar a los que supuestamente estamos amontonados en la constreñida distribución «neurotípica».

En aquel mundo nuestras etiquetas no funcionan, porque hay miles de autismos diferentes, casi uno para cada autista. Nuestros umbrales tampoco sirven de mucho, porque entre los extremos de la norma y de lo anormal hay todos los posibles grados.

De hecho, es probable que estemos intentando etiquetar como «autistas» sencillamente a todos aquellos satélites que están dispersados fuera de la nube, a lo largo de su extensa periferia multivariante, pensando que son todos el resultado de un mismo proceso, o de un alejamiento en una misma dirección.

Si el espectro autista es nada más y nada menos que aquella lejana periferia, precisamente por su posición alejada, entonces tiene mucho que enseñarnos.

Mentes diferentes con capacidades diferentes y soluciones diferentes, que observan nuestra amontonada nube de puntos con los ojos de un espectador remoto, aprovechándose de una perspectiva distante para contemplar el escenario desde la cumbre fascinante y solitaria de su diversa realidad.

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El Martillo de Texas…


Quora/Voces del misterio — Descubierto en la localidad de London, estado de Texas, Estados Unidos, en el año 1934, este artefacto apareció incrustado en el interior de una roca.

La madera se encontraba petrificada y su cabeza de hierro fundida con la piedra que lo alojaba.

Ante la escalofriante idea de que el martillo, para terminar en el interior de la roca, debía haberse construido antes de que esta se formase (unos millones de años atrás), los científicos decidieron olvidarla en el Museo Somerwell, de Texas.

Posteriormente, análisis realizados sobre el martillo demostraron que el interior del mango estaba carbonizado y que la cabeza (perfectamente formada) había sido construida en hierro con un grado de pureza, solo alcanzable con tecnología moderna.

El mango del martillo muestra no haber estado exento en el proceso de “petrificación” que evidencian los árboles de los bosques prehistóricos texanos. El lento proceso de petrificación prehistórica ocurrida en dicha zona, según los geólogos, data de hace 140 millones de años.

Una deducción rápida del contexto del hallazgo lleva a suponer no solo que existía una civilización humana antes del proceso histórico de petrificación de Texas, sino que esta ya poseía la tecnología necesaria para realizar un martillo de características modernas.

La cabeza, según estudios del Instituto Metalúrgico de Columbia, está conformada prácticamente en un 97 de hierro puro, un 2 por ciento de cloro y un 1 por ciento de azufre. Asombrosamente también se comprobó que el hierro había sufrido un proceso de purificación y endurecimiento, propios de una metalurgia del siglo XX.

La porción de piedra que rodeaba la cabeza del martillo también presentó anomalías, pareciendo haberse fundido con algún tipo de recubrimiento (vaina) del martillo. Como prueba física de está supuesto envoltorio se encontró una muesca regular. El análisis químico de esta “vaina” detectó también ciertas cantidades de potasio, silicio, cloro, calcio y azufre.

Esta composición contradice a las hipótesis que postulaban que la cabeza del martillo pertenecía al fragmento de un meteorito, dado que los cuerpos de nuestro sistema solar no tienen tal naturaleza química.

El hecho de que la cabeza se haya encontrado fundida en la roca parece acusar que el proceso de incrustación se llevó a cabo bajo condiciones atmosféricas distintas a la actual (diferente presión atmosférica), probablemente según científicos, más concordantes a una época remota.

Contra las remotas posibilidades de que un meteorito de extrañísima composición química y morfología excepcional, atrapara en la prehistoria a un trozo de madera (de igual manera que la cabeza de un martillo aprisiona a su mango), los científicos aventurados ven en este oopart, solo un indicio más de que nuestro planeta cundió en algún momento de su historia, de civilizaciones de avanzada capacidad técnica, de las cuales hoy solo nos quedan leyendas, y algunos vestigios atrapados en roca.

– Argumentos a Favor y en Contra

  • A Favor: Los defensores del martillo argumentan que su presencia en la roca indica que podría tener una antigüedad extrema, desafiando las creencias establecidas sobre la aparición de las primeras civilizaciones humanas.

  • En Contra: Los detractores sostienen que el martillo es mucho más reciente y que su inclusión en la roca es el resultado de procesos geológicos naturales, como la formación de concreciones que pueden encapsular objetos modernos.

El Martillo de Texas sigue siendo un tema de debate entre los científicos y los entusiastas de los Ooparts (Out of Place Artifacts o Artefactos Fuera de Lugar.

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Esta es la duda ortográfica más frecuente entre los españoles: la mayoría usan esta palabra mal…


El Español(N.Gómez) — Los españoles suelen tener dudas a la hora de escribir determinadas palabras o que simplemente realiza búsquedas para evitar tener faltas de ortografía. Son frecuentes las faltas de ortografía y errores gramaticales, sobre todo, en la escritura de los nativos digitales.

Muchos de ellos, al no estar tan familiarizados con la escritura a mano, se guían por el código oral, es decir, que escriben tal y como suenan las palabras.

En este sentido, son muchos los usuarios que interactúan con la cuenta de X (antes Twitter) de @Raeinforma, una cuenta que utiliza la Real Academia de la Lengua Española para responder a dudas ortográficas. Algunas de las más frecuentes son las siguientes:

Las dudas ortográficas más frecuentes entre los españoles

Algunos detalles ortográficos que pueden enamorar por San Valentín:• usar la coma del vocativo• no prescindir de los signos de apertura de interrogación y exclamación• tildar las MAYÚSCULAS• no tildar «ti»• escribir «echo de menos» sin «h-» en «echo»¿Proponen más?

¿Cuáles son las palabras más comunes en español?

  • «Aun» o «aún»

Una de las dudas más frecuentes es «aún» o «aun» cuando lleva tilde o no. Tal y como indica Fundéu: «El adverbio aún se escribe con tilde cuando es palabra tónica y equivale a todavía, mientras que, cuando significa incluso, hasta, también o (ni) siquiera, es átono y se escribe sin tilde». De la misma manera, la RAE da ejemplos en su cuenta de X:

Se escribe «aun» cuando equivale a ‘incluso’ o con valor concesivo:

Lo saben todos; aun los niños.
Aun descalza corre mucho.
Aun así, iremos.

Se escribe «aún» con el valor de ‘todavía’:

Aún me emociona la canción.
Es mejor aún.
Si estás aún así, no vamos a llegar. 

  • Los superlativos

Otra de las dudas puede ser cómo usar un superlativo correctamente, teniendo en cuenta sus formas habituales, así como sus formas cultas, en este sentido, la RAE explica algunos ejemplos:

¿Usan superlativos habitualmente? Aquí les ofrecemos algunos con los que demostrarán un conocimiento superlativo del español:

cruel → crudelísimo
frío → frigidísimo
enemigo → inimicísimo
íntegro → integérrimo
mísero → misérrimo
pulcro → pulquérrimo
sagrado → sacratísimo 

  • Los diferentes tipos de comillas

Tal y como indica la página web de la Real Academia Española:

«En español usamos tres clases de comillas: las angulares, llamadas también latinas o españolas (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’). Aunque en los textos manuscritos se emplean las inglesas, en los impresos se recomienda usar primero las angulares, reservando las inglesas y las simples, en este orden, para entrecomillar partes de un texto ya entrecomillado».

¿Cuándo se usa cada tipo de comillas?

Se recomienda usar en primera instancia las comillas angulares (« »), reservando las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’), en este orden, para entrecomillar partes de un texto ya entrecomillado: «Me dijo: “Vaya ‘cacharro’ se ha comprado”». 

  • «Porque», «por que», «porqué» y «por qué»

Tal y como indica Fundéu, esta es la distinción que hay que tener en cuenta para usarlos correctamente:

«Porqué es un sustantivo, sinónimo de ‘causa’, ‘motivo’ o ‘razón’: «El responsable de fotografía de la casa de subastas explica el porqué de su valor», que puede ir también en plural: «Los porqués del entrenador no tienen sentido».

Por qué es la combinación de la preposición por y el interrogativo qué: «¿Por qué no aumenta el número de vivienda protegida?»; se reconoce si se le agrega la palabra razón: «Le preguntaron por qué (razón) ingresó al club».

La palabra porque es una conjunción que equivale a puesto que, dado que, ya que: «Es difícil porque hay tres equipos más de un nivel muy alto». También puede tener valor de finalidad con un verbo en subjuntivo, equivalente a para que: «Hizo lo que pudo porque (o para que) su trabajo fuera excelente». En este caso, también es válida su escritura en dos palabras.

Por que es la combinación de por y el pronombre relativo que y se reconoce fácilmente porque siempre se puede intercalar un artículo entre ellos: «Ese es el motivo por (el) que decidió no ir».

También puede tratarse de la preposición por exigida por el verbo, el sustantivo o el adjetivo, y la conjunción que: «Los trabajadores votaron por que no se convoque la huelga» (votar por algo).»

Ortografía | Ejemplos de uso de «porque», «por que», «porqué» y «por qué»

Fui porque iba ella.

No sabemos la razón por que dijo eso.
Al final optaron por que fuese.

No entiendo el porqué de tu actitud.

¿Por qué no viniste?
No sé por qué se pone así.
No tiene por qué hacerlo. 

nuestras charlas nocturnas.

La enfermedad de Christmas, el riesgo de morir en estas fechas y otras curiosidades médicas «navideñas»…


The Conversation(I.L.Goñi) — Movido por la curiosidad he buscado en la base de datos de PubMed temas de ciencia relacionados con la palabra “Christmas”.

Lo primero que he descubierto es que hay una enfermedad que se denomina Christmas disease, pero que nada, o casi nada, tiene que ver con la Navidad. La enfermedad de Christmas, que es como habría que traducirla, es en realidad el nombre alternativo para la hemofilia B. La razón de que se llame así es que esta patología fue descubierta por primera vez en 1952 en un niño canadiense de cinco años llamado Stephen Christmas.

– La extraña dolencia de Stephen Christmas

Hasta entonces, sólo se conocía un tipo de hemofilia, una enfermedad genética que causa problemas de coagulación de la sangre y pone a los pacientes en riesgo de sufrir hemorragias graves. Quien la sufría, carecía de una proteína en la sangre llamada factor de coagulación VIII.

Sin embargo, los investigadores descubrieron que, aunque Stephen Christmas tenía los problemas de coagulación asociados con la hemofilia, no presentaba ese déficit del factor VIII, sino que carecía del factor de coagulación IX. Los investigadores llamaron a este tipo de hemofilia enfermedad de Christmas en honor al niño. Más tarde se llamaría hemofilia B y la deficiencia del factor VIII pasaría a conocerse como hemofilia A.

La vida de Stephen dependía de transfusiones de sangre y, de adulto, se infectó con el virus VIH (en aquellos años la sangre no se analizaba de forma rutinaria para detectarlo). Murió a los 46 años de sida, irónicamente justo antes de la Navidad de 1993, el 20 de diciembre.

En julio de 2022 se anunció un nuevo tratamiento contra la hemofilia B basado en terapia génica con un virus adenoasociado para restaurar la proteína del factor de coagulación IX. Y por cierto, el artículo donde se describió por primera vez esta enfermedad se publicó durante las Navidades de 1952. Concretamente, el 27 de diciembre.

– Otras “enfermedades” de Navidad

Otra enfermedad “relacionada” con la Navidad recibe el nombre de Christmas tree. No implica tener alergia al árbol de Navidad y, en realidad, no es una enfermedad: así se denominan las lesiones secundarias que se encuentran en la pitiriasis rosada, un tipo de dermatitis.

La pitiriasis rosada es una erupción benigna de la piel, con una distribución característica y que dura varias semanas. No está claro su origen, y aunque se ha relacionado con un virus del herpes, no parece que sea contagiosa.

Es más frecuente en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Aunque las manchas o lesiones pueden aparecer en varias partes del cuerpo, suelen seguir un patrón en la espalda formando una distribución característica que recuerdan a un árbol de Navidad.

La primera mención a este patrón parece ser un artículo de 1956 escrito por John T. Crissey, profesor de Dermatología en la Universidad del Sur de California (EE. UU), que describió las lesiones como una distribución en la que la columna vertebral sirve como el tronco del árbol con las lesiones de la piel delineando sus ramas.

Desde entonces se menciona en casi todos los libros de texto de dermatología.

Y hace ya varios años, un investigador acuñó el término Christmas Eye Disease o la enfermedad del ojo de Navidad, para describir un tipo de erosión aguda y dolorosa de la córnea que parece ocurrir sólo entre finales de noviembre y mediados de enero en áreas rurales de Australia.

Los casos a menudo se relacionaban con haber realizado actividades al aire libre, como la jardinería, la tarde o noche anterior de ir al médico. La enfermedad también se denomina síndrome de Albury-Wodonga o queratitis de Harvester, y la lesión afecta únicamente a uno de los ojos.

Durante años, la causa fue un misterio. Sin embargo, se ha sugerido que pueden producirla las secreciones de un compuesto irritante que generan un tipo de diminutos (menos de un milímetro) escarabajos australianos del género Orthoperus y la familia Corylophidae.

– El “efecto Navidad”, ¿un factor de riesgo?

Un tema que también se ha estudiado ampliamente, revisado y en el que no hay consenso es el siguiente: ¿aumenta la mortalidad los días de Navidad y Año Nuevo?

Para responder a esta pregunta, un grupo de científicos analizó todos los certificados de defunción oficiales de EE. UU. entre los años 1979-2004 (un total de 57 451 944 registros) en las semanas alrededor de Navidad y Año Nuevo.

Comprobaron que había más muertes los días 25 y 26 de diciembre y 1 de enero que en cualquier otro día. Además, en las semanas de Navidad había un exceso de 42 325 muertes por causas naturales por encima del aumento normal de invierno.

Según estos investigadores, la Navidad y el Año Nuevo sí parecen ser factores de riesgo de muerte por diversas enfermedades.

Para explicar sus resultados, sugieren varias posibilidades: el aumento del estrés por las celebraciones, las vacaciones del personal médico y la saturación de los servicios de urgencias y emergencias, el abuso de sustancias (drogas, alcohol…), la coincidencia con los picos de gripe y otras enfermedades respiratorias o “el efecto 1 de enero” en los registros civiles.

Sin embargo, los propios autores reconocen que se necesita más investigación para poder sacar conclusiones.

Con el fin de averiguar si este fenómeno era debido a la estación del año o a los días de Navidad, otro grupo de investigadores realizó un estudio similar en Nueva Zelanda, donde el período de vacaciones de Navidad cae dentro de la temporada de verano.

Así, tras analizar los datos de mortalidad durante un período de 25 años (1988-2013), los investigadores detectaron que la mortalidad cardíaca era más elevada durante la Navidad, independientemente de si era invierno o verano.

Sin embargo, no todos los estudios corroboran ese “efecto Navidad”. En otro trabajo publicado en 2020 se evaluó la incidencia de la mortalidad cardiovascular y por accidentes cerebrovasculares durante el período navideño en Australia entre 1989 y 2015 y no se encontró un aumento significativo durante esas fechas.

La leyenda urbana sugiere también que las enfermedades psiquiátricas tienden a aumentar durante las vacaciones navideñas. Para comprobarlo, unos investigadores realizaron una búsqueda bibliográfica entre 1980 hasta 2011 con el fin de ver la relación entre Navidad, suicidio, depresión, trastornos psiquiátricos y conducta autolesiva.

Los resultados sugerían un aumento en el empeoramiento del estado de ánimo y las muertes relacionadas con el alcohol.

Sin embargo, durante las vacaciones también parecía haber una reducción en la utilización general de los servicios de emergencia psiquiátrica y las admisiones, el comportamiento de autolesión y los suicidios, disminuciones que parecen exhibir un fenómeno de rebote después de las vacaciones de Navidad.

Por lo tanto, parece que la Navidad tiene un cierto efecto protector con respecto a muchas formas de psicopatología, con la excepción de los trastornos del estado de ánimo y las intoxicaciones relacionadas con el alcohol.

– El milagro navideño de Von Behring

La difteria era una enfermedad terrible muy temida a finales del siglo XIX y principios del XX. Se conocía como “el ángel estrangulador”, y la mayoría de sus víctimas eran niños.

El ataque comenzaba con fiebre y una faringitis tan grave que los pacientes adquirían un aspecto de “cuello de toro” debido a la linfadenopatía masiva. A los dos o tres días aparecía una especie de membrana inflamatoria en la garganta que asfixiaba paulatinamente a sus víctimas, con una mortalidad casi segura.

La bacteria que produce la enfermedad, Corynebacterium diphtheriae, fue identificada por primera vez en 1884 en Berlín en el Instituto de Higiene de Robert Koch. El bacilo produce sus efectos tóxicos a través de la síntesis de una toxina.

En 1890, Emil Adolf von Behring, uno de los ayudantes de Robert Koch, demostró que el suero de animales inmunizados con la toxina tenía una nueva propiedad: cuando ese suero se inyectaba en otro animal, se evitaban los efectos de la toxina y le protegían contra el desarrollo de la enfermedad.

Von Behring fue el creador de la sueroterapia, y era de la opinión que unas sustancias (que llamó antitoxinas) eliminaban las toxinas segregadas por las bacterias. Demostró que la resistencia a una enfermedad (él trabajó sobre el tétanos y la difteria) no está en las células del cuerpo, sino en el suero sanguíneo libre de células.

Todos esos estudios se habían realizado en animales. En 1891, el laboratorio de Behring no tenía suficiente suero antitoxina para uso en humanos, y había sido prohibido su utilización en los hospitales.

Pero la noche de la Navidad de ese año, Von Behring inyectó la antitoxina experimental derivada del bacilo de la enfermedad a una niña que estaba a punto de morir por difteria en un hospital de Berlín. Su rápida recuperación fue catalogada de milagro.

Tres años después, se habían inmunizado más de 20 000 niños berlineses con esa vacuna antitoxina contra la difteria. Emil Adolf von Behring fue el primer Premio Nobel de Fisiología y Medicina que se otorgó en 1901.

¡Feliz Navidad!

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¿Éramos más felices sin redes sociales?…


La mente es maravillosa(C.R.Rivera) — El uso de las redes sociales está totalmente implantado en nuestra rutina diaria.

Tras unos años formando parte de nuestra vida y más allá de los datos e información que nos aportan, en este artículo nos preguntamos si éramos más felices sin ellas.

Hay una pregunta que viene y va en nuestras mentes. ¿Éramos más felices sin redes sociales? 

La verdad es que si reflexionamos respecto a todo lo que hemos aprendido con las redes sociales, podríamos decir que han sido, por un tiempo, una buenísima fuente de información alternativa.

Sin embargo, la pregunta va más allá de la funcionalidad y utilidad. Con cualquier invento tecnológico que añadimos a nuestra rutina, tenemos que analizar si está sirviendo para hacernos sentir mejor. Si ha optimizado nuestras relaciones, cambiado rutinas desadaptativas o si nos produce bienestar utilizarlas.

Después de varios años utilizándolas, es conveniente pararnos a pensar en todo lo que nos ha traído o robado, en todo lo que nos ha ayudado o no en lo personal y profesional. Nos preguntamos por tanto en este artículo: ¿Éramos más felices sin redes sociales? La respuesta será diferente para cada uno de nosotros, pero reflexionar sobre algunos puntos nos ayudará a contestarla.

– ¿Éramos más felices sin redes sociales?

Tres mil millones de personas, alrededor del 40 % de la población mundial, usan las redes sociales en línea. Pasamos un promedio de dos horas al día compartiendo, dando me gusta, twitteando y actualizando información en estas plataformas, según algunos informes.

Con las redes sociales jugando un papel tan importante en nuestras vidas, ¿podríamos estar sacrificando nuestra salud mental y bienestar, así como nuestro tiempo? ¿Qué sugiere realmente la evidencia?

.¿Éramos más felices sin redes sociales? La sensación de estrés

La gente usa las redes sociales para desahogarse. La desventaja de esto es que nuestros feeds a menudo se asemejan a un flujo interminable de estrés. En 2015, los investigadores del Pew Research Center con sede en Washington DC buscaron averiguar si las redes sociales inducen más estrés del que alivian.

En la encuesta de 1800 personas, las mujeres informaron estar más estresadas que los hombres. Se descubrió que Twitter era un “contribuyente significativo al estrés” porque aumentó la conciencia sobre el estrés de otras personas.

.Estado amínico y redes sociales

Si nos paramos a pensar en muchas publicaciones que hemos visto, numerosas de ellas no las esperábamos o nos han afectado negativamente. Las buenas noticias sobre algo de nuestra vida o de nuestros amigos y familia se comunican de otra forma.

Por tanto, ¿qué estamos buscando? ¿Compararnos con los demás? ¿Conseguir encontrar gente afín con nuestra forma de pensar?

Compararse con los demás siempre conduce a frustración, porque siempre nos comparamos con los logros ajenos. Encontrar gente afín a nuestros ideales es inspirador, pero ¿realmente podemos ir con ellos a tomar un café o llamarlos algún día por teléfono?

Esto puede ocurrir, pero seguro que el tiempo invertido en redes sociales es muchísimo mayor que el acompañamiento real y humano en nuestras vidas.

– Más allá de los datos concretos, ¿éramos más felices sin redes sociales?

El fin de este artículo, cuyo título es una pregunta abierta, es invitar a reflexionar a los lectores a si las redes sociales, en su caso particular, han contribuido a su bienestar y si también observamos esa mejora en la sociedad en general. Tras unos años utilizándolas, podemos fijarnos en algunos indicadores.

.¿Han mejorado las redes sociales nuestras relaciones íntimas? ¿Han combatido nuestra soledad?

La respuesta es radicalmente distinta para una persona que para otra, pero es necesario reflexionar acerca de si las redes sociales nos han aportado cosas positivas respecto nuestras relaciones, si lo siguen haciendo y, si fuera lo contrario, cómo enmendarlo o cambiarlo.

Cuando reflexionamos acerca de la mejora de las relaciones sociales, nos referimos al incremento del bienestar general en una persona por mantener relaciones frecuentes y significativas. 

La intimidad en las relaciones se traduce en la cantidad de apoyo social percibido. La sensación de sentirnos queridos y de poder contar con distintas personas para distintos planes nos hace más felices.

En definitiva, para mantener buenas relaciones, hay que mantener un contacto, hablar cara a cara, no dar las cosas por sentado y escucharse. Sin embargo, las redes sociales nos han dado una falsa sensación de familiaridad y contacto con los demás en donde parece que no hay que esforzarse por conocer al otro.

.La pérdida de naturalidad y sensación de soledad

Cada uno expone lo que quiere en sus perfiles y con eso nos quedamos. Se ha perdido, en parte, la magia de las miradas, de las manías y complejos visibles que nos hacen imperfectos y a la vez apasionantes. Se ha perdido la conexión o rechazo inexplicable en las distancias cortas.

La sensación de ajetreo, de viaje constante, de prueba y error. Ahora estamos sistematizados y programados. Al principio parecía apasionante, pero añoramos los pequeños detalles. Cada vez estamos más hastiados de la perfección prefabricada. De una relación fluida en redes que no se traduce en un interés genuino por el otro en la vida real.

Echamos de menos a esa gente que no es nada perfecta en redes, pero es especial con tan solo saludarte con una sonrisa. Que no es protocolaria en todo lo que escribe, pero sí natural y buena en todo lo que dice y hace. No es que demos menos importancia al comportamiento en redes, pero con el paso de los años el tiempo invertido en ellas no es proporcional al beneficio emocional que nos aporta.

Así, nos vemos cualquier día queriendo disfrutar un día maravilloso y el teléfono no suena como antes. No hay gente que tenga que “buscarse la vida” para entretenerse. Tenemos un universo de perfiles en redes sociales abiertos, de plataformas digitales y de videollamadas o chats que hacer. Nunca el entretenimiento fue tan fácil y la dopamina dispensada tan rápido y a demanda.

Como conclusión, destacar que el documental “El dilema de las redes sociales” ya nos lo explicó: hemos hipotecado una vida más placentera de liberación prolongada por dosis continuadas de dopamina que nos atrapan y nos distraen.

Y tú qué piensas, ¿confundiste la satisfacción de pequeñas dosis por la satisfacción a largo plazo? Quizás esto nos ayude no a eliminarlas si no es eso lo que deseamos, pero sí a repensar nuestra relación con ellas.

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Qué es la homofobia interiorizada y cómo puede afectar a la salud mental…


Qué es la homofobia interiorizada y cómo puede afectar a la salud mental

The Conversation(B.A.Peraita) — Si queremos comprender la homofobia interiorizada, es esencial empezar por definir la homofobia en sí.

Con este término nos referimos a la discriminación hacia las personas que se sienten atraídas por otras del mismo género.

Parte de la idea de que existe una forma “correcta” o “normal” de relacionarse –en este caso, la heterosexualidad– y que cualquier otra orientación sexual es anormal o inferior.

El concepto de “normalidad” es fluido y depende de las circunstancias culturales y sociales.

En general, lo que consideramos “normal” tiende a ser aquello que vemos con mayor frecuencia y que nos es presentado como deseable o aceptable.

Esta concepción afecta a las personas del colectivo LGBTIQ+.

– Rechazo de la propia orientación sexual

La homofobia interiorizada surge cuando una persona no heterosexual crece o vive en un entorno que considera la heterosexualidad como la única forma válida o “normal” de orientación sexual.

Aparece cuando no existen modelos visibles de otras orientaciones, cuando no se habla de ello, cuando se da un trato diferente a las personas no heterosexuales y cuando se hace una crítica explícita a orientaciones diferentes a la heterosexualidad o se oculta su existencia.

Esta internalización de normas sociales puede llevar a que alguien rechace su propia orientación sexual, experimentando sentimientos de vergüenza, culpa o incomodidad.

Además, puede manifestarse como rechazo hacia ciertos comportamientos o características que esa persona asocia con la homosexualidad, incluso si los observa en individuos de su misma orientación. Esto es, trata de “no parecer” homosexual u ocultar las señales que se podrían identificar como tal.

Un ejemplo de esto sería la “plumofobia” (rechazo a expresiones, forma de caminar, gestos, etc. que podrían interpretarse como más femeninos) en los hombres homosexuales o bisexuales o el rechazo a una manera de vestir más “masculina” en mujeres homosexuales o bisexuales.

En términos psicológicos, la homofobia interiorizada supone la adopción de los prejuicios y actitudes negativas de la sociedad hacia la homosexualidad por parte del propio individuo.

– ¿Cómo afecta a la salud mental?

Homofobia interiorizada: cómo identificarla y evitarla

Como punto de partida, el colectivo LGBTIQ+ es población de riesgo cuando hablamos de salud mental.

Sus problemas son consecuencia de las dificultades que estas personas tienen que atravesar por no pertenecer a la cisheteronormatividad.

A ello podría sumarse la interseccionalidad, es decir, la circunstancia de pertenecer a otros colectivos discriminados.

Si nos ceñimos a la homofobia interiorizada, esta ejerce un impacto significativo en el bienestar psicológico.

Dado que no se dirige necesariamente hacia la comunidad homosexual en su conjunto, sino más bien hacia la orientación sexual personal y su expresión, quienes la experimentan pueden manifestar este conflicto interno a través de sentimientos de vergüenza, culpa, ansiedad y depresión, y es un factor de suicidio en la población gay y lesbiana.

Además, el rechazo hacia la propia orientación sexual puede tener repercusiones en las relaciones de pareja, ya que se traduce en la ocultación de dichas relaciones a familiares y amistades.

La vida amorosa no se comparte, se mantiene en el ámbito privado. Impulsada por el miedo y la vergüenza, esta dinámica puede acabar dañando gravemente la relación.

– ¿Cómo se puede ayudar desde la terapia?

El trabajo del profesional es acompañar desde la perspectiva de la psicología afirmativa LGBTIQ+ con el fin de conocer factores como la homofobia interiorizada a la hora de trabajar con personas del colectivo. No todas estas particularidades se dan en todas las personas, pero son variables a tener en cuenta al evaluar casos individuales o de pareja.

De la misma manera, deben considerarse cuáles son las variables relacionadas con el suicidio en poblaciones LGBT para dar un acompañamiento adecuado y un tratamiento psicológico libre de sesgos cisheterocentristas.

No obstante, la verdadera solución a largo plazo pasa por la educación en diversidad sexual y de género. Es una manera de hacer visibles otras realidades liberándonos de prejuicios.

La crítica de las normas de género debe situarse en el contexto de las vidas tal como se viven y debe guiarse por la cuestión de qué maximiza las posibilidades de una vida habitable, qué minimiza la posibilidad de una vida insoportable o, incluso, de la muerte social o literal.

Judith Butler, “Deshacer el género” (2004)

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Biografía autorizada del Diablo: los orígenes…


La caída de los condenados, de Rubens

.«Porque Jesús le había dicho: ‘¡Sal de este hombre, espíritu impuro!’. Después le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Él respondió: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos’»
(Marcos, 5:8-9)

JotDown(J.Bilbao) — Según el tuitero y Papa Benedicto XVI “la casa de Satanás existe y es eterna”. No quisiera contradecir a tan alta autoridad, pero me gustaría puntualizar que aunque no tenga final, sí tuvo un origen. El Apocalipsis de San Juan ya menciona los convulsos sucesos que llevaron al Diablo a habitar el Infierno.

Pero fue una de las obras clave de la literatura universal, El paraíso perdido de John Milton, la que nos dio a conocer en detalle el fallido golpe de Estado celestial, liderado por un ángel singularmente majestuoso y audaz que quiso arrebatar el trono de los Cielos al mismísimo Dios. Un alzamiento que dio lugar a una batalla acojonante que partió el universo en dos y cuyo eco aún resuena en nuestros días. Así ocurrió.

Nuestro protagonista, conocido bíblicamente como La Serpiente Antigua, El Gran Dragón Rojo, El Acusador de Hermanos, El Ángel del Abismo, Lucifer, Mammón, Belzebú, Abaddon, השָׂטָן, Belial, El Espíritu Inmundo y El Dios de Este Siglo entre otros muchos motes que nos asoman a lo que debió ser una infancia difícil, vivía junto a los demás ángeles en el Cielo antes de que la Tierra y el ser humano fueran creados, en un entorno de lujo y armonía aunque con una oscura indignación que iba apoderándose de él. Cierto día, congregó en su suntuoso palacio a gran número de seguidores, que según Daniel Defoe en su erudito Historia del diablo oscila entre 10.511.675,5 (ese medio correspondería a lo que posteriormente sería un cura veneciano) y nada menos que 15.000.050.000.002 billones —debía de ser un palacio bastante amplio en cualquiera de los casos— y una vez en torno a él reunidos, los arengó de esta manera:

“Tronos, dominaciones, principados,
Virtudes, potestades, si estos títulos
Ilustres permanecen todavía
Como no meramente nominales
Ya que otro se arroga todo el poder
Y nos deja eclipsados con su nombre
De Rey ungido”

Ya se le nota ahí malmetiendo. Pero sigue —cual Espartaco primigenio— incitando a la rebelión en nombre de la libertad y la igualdad, negándose a vivir de rodillas ante Dios:

La caída de los ángeles rebeldes, de Luca Giordano

«¿Quién puede, pues, por derecho o por razón,
Asumir la monarquía de quienes
Viven por derecho como sus iguales,
Si no con tanto poder y esplendor,
Iguales sí en la libertad?

¿Quién puede
Dictarnos leyes e imponer decretos
A quienes aún sin leyes nunca yerran?»

Pero su discurso se vio repentinamente interrumpido por Abdiel (cuyo nombre significa “siervo de Dios”) que se irguió airado al grito de “¡Argumento blasfemo, altivo y falso!” y le llamó ingrato y cosas peores.

Pero nadie más le secundó y tuvo que irse, aunque sin dejarse amedrentar por ello.

El único fiel entre infieles, entre tan inmensa congregación que en el palacio de Lucifer había reunida y crecientemente encorajinada por su líder.

La Rebelión estaba en marcha y Abdiel debía acudir raudo al Creador para advertírselo…

Pero Dios es Dios y cuando llegó su fiel siervo a su presencia él ya estaba al tanto del asunto.

Con el fin de aplastar la insurrección puso al frente de los ejércitos celestiales a dos generales de su plena confianza, los arcángeles San Miguel y San Gabriel. Su misión era clara:

“Atacadles con fuego y con hostiles
Armas sin temor, y perseguidlos
Hasta los mismos límites del Cielo;
Arrojadlos de la gloria de Dios
Al lugar del castigo, el abismo
Del Tártaro, que con presteza abre
Su caos inmenso y sus fauces ardientes
P
ara acogerlos en su derrumbamiento”

No se harían prisioneros. No habría piedad. Acto seguido se llenó todo de humo y de fuego, que es lo que suele ocurrir cuando se desata la ira de Dios. Sonaron las trompetas de guerra y con gran presteza se formaron inmensas legiones de ángeles perfectamente alineadas.

Marchaban levitando sobre el suelo, imparables, hasta que atisbaron en el horizonte “una feroz legión, apretada de cascos y de escudos que ostentaban jactanciosos emblemas”. Eran las fuerzas de Satanás. Ambos ejércitos “quedaron frente a frente y en formación las líneas de combate de la más pavorosa longitud”.

Si alguna batalla merece tener por banda sonora a Carmina Burana o Lux Aeterna es esta que estaba a punto de estallar.

Entonces el Apóstata Supremo descendió altivo de su carro y avanzó al frente de sus líneas. Su porte era tan desafiante que el mismo Abdiel —a quien anteriormente vimos demostrar gran coraje— tuvo ahora que apartar la mirada amedrentado. Pero tras esa flaqueza inicial, sale de entre sus compañeros dispuesto a retar a Satanás: “Soberbio, ya ves como te hacen frente”.

Tras un largo intercambio de insultos y alardes Abdiel lanza el primer golpe sobre el casco de su enemigo, con tal fiereza que le hace retroceder diez pasos e hincar la rodilla en el suelo, ante los gritos de entusiasmo de las tropas de Dios. En ese momento, San Miguel ordena tocar su arcangélica trompeta:

“(…)Tormentosa
Furia entonces se crispa y un clamor
Tan grande que jamás se había oído
Hasta ahora en el Cielo; con horrible
Discordancia se oía el bronco choque
De armas con armaduras, y rugían
Enloquecidas las ruedas de los carros
(…) Andanadas de flamígeros dardos,
Su vuelo cual bóveda cubría
A los ejércitos de los dos bandos.
Así debajo de esta nave ardiente
Se arrojaron el uno contra el otro”

Luchaban a ras de suelo y en las nubes. Todo el aire parecía fuego, contagiado de la furia mostrada por cada uno de los millones de ángeles en encarnizado combate. Pero Lucifer no parecía encontrar un enemigo a su altura, destrozaba sin dificultad a los enemigos que salían a su paso, de la misma manera que le ocurría a San Miguel contra la atea mesnada.

Hasta que ambos se encontraron frente a frente. Con el fragor de la contienda como trasfondo iba a tener lugar la lucha entre los dos grandes líderes. Quisiera hacer aquí un breve inciso, tal vez esta escena le haya recordado al lector a la Batalla de los Campos del Pelennor en El Señor de los Anillos, cuando Éowyn, hija de Éomund, se enfrentó al Rey Brujo.

O quizás tenga más reciente en la mente la lucha final en las calles de Gotham entre Batman y el terrorista anarquista Bane. O la escena de la batalla final de Excalibur, o de El Guerrero número 13, o de El último Mohicano o de El patriota, o de Gangs of New York con Di Caprio vs. Daniel Day Lewis.

En definitiva, se trata de un elemento arquetípico del cine de acción y aventuras y es aquí donde tiene su origen. Pero volvamos al clímax en el que habíamos dejado a nuestros protagonistas. Como si dos planetas se embistieran, San Miguel y el Demonio se arrojaron uno contra otro, como ya viene siendo costumbre tras un intercambio de amenazas e insultos:

paraíso perdido

Al terminar de hablar se dispusieron
Ambos para un combate indescriptible
Porque ¿Quién, ni aún con lenguaje de ángeles,
Pudiera relatar estas hazañas,
O a qué cosas terrestres compararlas
Que levantaran la imaginación
A tal altura de poder divino?

Puesto que dioses parecían, firmes
O en acción, estatura, movimiento
Y armas, prestos para disputarse
El Imperio de los Cielos.

Agitaron
Sus fogosas espadas en el aire
Describiendo círculos espantosos
(…) al tiempo que reinaba
una horrorosa expectación”

Pero San Miguel contaba con una espada del arsenal de Dios, forjada en una aleación tan resistente que en un lance logró partir en dos la de Satanás y a continuación le hendió todo el costado derecho.

Cayó herido y sus compañeros del ejército rebelde rápidamente acudieron a auxiliarle.

Mientras unos montaban una línea de defensa, los otros lo transportaron sobre los escudos hacia su carro, donde quedó “rechinando los dientes”. Con su líder fuera de combate, las tropas se batieron en retirada en caótico desorden. Acababa ya el día y las Fuerzas del Mal habían perdido la batalla, pero aún no la guerra.

Dada la condición inmortal y etérea de Mammón, en tanto que ángel, esa misma noche ya estaba recuperado de sus heridas y planeó junto a su consejo de caudillos la estrategia para el día siguiente.

En su enfrentamiento con San Miguel había comprendido que era la tecnología armamentística lo que podía marcar la diferencia, y menciona que bajo la superficie celestial se hallan grandes cantidades de una sustancia “nítrica y sulfurosa” que por la descripción se asemeja a la pólvora, y propone que:

“Colocadas en instrumentos huecos,
Largos, redondos, y bien atacadas,
Del otro extremo al contacto del fuego
Se dilatarán con furia, disparando
Desde lejos con ruido atronador
Su maléfica carga de ruina
Entre los enemigos, que en pedazos
harán saltar”

Es decir, el Príncipe de las Tinieblas es el inventor de la pólvora y la artillería —no en vano se dice que las armas las carga el Diablo— y en esta desigual batalla frente a la fuerza bruta y la magia de Dios, aporta el ingenio, la ciencia y la tecnología. Sus seguidores pasaron con rapidez aunque gran secreto del consejo a la obra.

Esa misma noche excavaron las profundidades y elaboraron potentes cañones de hierro y bronce armados sobre ruedas. A la mañana siguiente ambos ejércitos se dispusieron de nuevo para el combate, que se presumía definitivo.

Las tropas de Dios avanzaban confiadas por rematar la victoria del día anterior hasta que, una vez suficientemente cerca, las huestes de Satán mostraron las nuevas máquinas que habían  permanecido astutamente ocultas por su apretada formación, entonces:

el ángel caído

“Un súbito fulgor inflamó el Cielo,
Que pronto quedó todo oscurecido
Por el humo eructado por aquellas
Máquinas de garganta tan profunda,
Cuyo rugido destripaba el aire
Con un ruido estruendoso que rasgaba
Sus entrañas, al vomitar su horrible
Y demoníaca hartura, encadenados
Rayos y una espantosa granizada
De esferas de hierro, que cayeron
Sobre la hueste antes victoriosa,
Castigándola con violencia tal,
Que de aquellos que hirió ninguno pudo
Permanecer en pie, y aunque aguantaron
Como rocas, cayeron a millares”

Ante esta hábil jugada el Ejército del Bien tuvo que retroceder posiciones, ahora la victoria parecía decantarse del lado rebelde… pero no por mucho tiempo. Para resistir los cañonazos bastaba emplear escudos lo suficientemente grandes, pero como no había tiempo para elaborarlos y como si del mismo Bilbao fueran dichos ángeles, optaron por arrancar las montañas. Las esgrimieron por sus cumbres y apuntaron sus bases hacia el enemigo.

La batalla una vez más volvía a estar igualada y Dios —contemplando todo ello desde lo alto— decidió que ya era hora de intervenir para zanjar el asunto. Ordenó a su hijo, el Mesías, que acudiera para aplastar definitivamente al Diablo. El Hijo montó entonces en un carro autopropulsado, conducido por cuatro querubines y tuneado con llantas que despedían fuego al girar y otra clase de adornos muy lujosos.

En el otro asiento del carro iba acompañado por la Victoria, y a los lados le escoltaban otros 20.000 carros y una infantería de 10 millones de ángeles. ¿Sería ese por fin el punto de inflexión?

No tardó el Hijo en plantarse en pleno campo de batalla, pero su impresionante aparición, lejos de espantar a las tropas diabólicas, les sumió en la envidia y la ira. Dispuestos a luchar hasta el final, presentaron batalla con renovado brío. El Hijo se lanzó en su carro contra ellos enarbolando 10.000 rayos en su mano derecha:

“Los condujo ante sí anonadados,
Perseguidos de terrores y furias
Hasta el borde y el muro de cristal
Del Cielo, que al abrirse replegose
Hacia adentro, mostrando una espaciosa
Brecha que daba al desolado abismo”

Por ahí fueron despeñados Satanás y todos y cada uno de sus seguidores. De esta manera concluyó la mayor guerra que vieron los tiempos. Los ángeles del Ejército del Bien, jubilosos como ewoks al final de El Retorno del Jedi, lanzaron gritos de alegría, bailaron y  entonaron cánticos de gloria al Creador.

Mientras tanto, los rebeldes permanecieron nueve días cayendo —pues así de grande es la distancia que separa el Cielo del Infierno— hasta dar con sus etéreos huesos en la que pasaría a ser desde ese momento “La Casa de Satanás”. Expulsado del Paraíso, el Gran Dragón Rojo juró su venganza y odio inconmensurable por siempre jamás a Dios y a toda su obra.

Pero su historia solo acaba de comenzar…

El aquelarre, de Goya
El aquelarre, de Goya.

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”
(San Mateo, 24:7)

Como veíamos el ángel más altivo del Cielo se rebeló contra Dios en nombre de la libertad, para ser finalmente expulsado al infierno junto a todos sus seguidores. Allí permaneció 20.000 años “sin otra ocupación que la de  rascarse la tripa y estar continuamente angustiado”, según Daniel Defoe. Mientras tanto, Dios observaba bastantes espacios vacíos en el Cielo después de esa purga de proporciones estalinistas, pero consideró que en lugar de crear más ángeles, probaría algo nuevo. Poniendo esta vez más énfasis en la obediencia de sus criaturas:

“(…) Yo sabré
Reparar esta pérdida, si tal
Puede considerarse al perder
A los que se perdieron a sí mismos,
Y en un momento crearé otro Mundo,
Y de un hombre una raza innumerable
De hombres para que vivan allí,
No aquí, hasta que elevados gradualmente
Según sus propios méritos se abran
Hasta aquí con el tiempo su camino
Probados por una larga obediencia
Y la Tierra sea convertida en Cielo” 

Es decir, en última instancia, tanto los seres humanos como el mundo que habitamos existimos debido a esa rebelión celestial. Gracias a Satanás, en suma. No está de más recordarlo cada vez que usemos expresiones malsonantes tan habituales entre los castellanoparlantes como «Maldita sea Jack, ¿qué diablos estás haciendo?”.

Así que el Creador hizo el mundo en siete días, con su sol, sus estrellas, sus mares, sus peces y animales. Una obra grandiosa que causó tal envidia en el Diablo que él también intentó crear sus propias estrellas, pero con tan poco tino que no fue capaz de fijarlas en la bóveda celeste y adoptaron órbitas irregulares que escaparon a su control: eso es lo que son los cometas.

Una vez Dios hubo creado el mundo, puso sobre él como más sublimes criaturas a Adán y Eva. En ellos vio nuestro protagonista su gran oportunidad para vengarse. Este nuevo mundo le permitió escapar del cautiverio en el Abismo del Tártaro donde tanto tiempo había pasado, aunque para ello debía ocultarse en alguna criatura, no encontrando otra más idónea que la astuta serpiente.

“La más sutil de todos los animales terrenos”, aquella cuyo turbio comportamiento más se aproxima al del Diablo y que por tanto menos sospechas provocaría. Tras esta apariencia recorrió la Creación de un extremo a otro, descubriendo con pesar que en este entorno carecía de poder para perturbar su orden.

Lo cual nos acerca a un concepto clave, no solo del cristianismo sino de todo el pensamiento occidental: el libre albedrío. El Demonio no tiene poder real sobre el ser humano, solo puede seducirlo mediante la tentación y el engaño, dependiendo entonces de nuestra libre voluntad escoger entre el Bien y el Mal. Una idea de una enorme repercusión filosófica, que ha dado mucho que hablar y ha acabado teniendo consecuencias inesperadas.

Pero fue un reto que el Gran Dragón Rojo aceptó gustoso cuando arenga a sus seguidores en el infierno:

“Desde entonces conocemos su poder,
Y el nuestro, para no provocar una
Nueva guerra, ni temerla una vez
Provocada; nuestra ventaja está
En idear un proyecto tan perfecto
Que por el fraude o por la astucia obtenga
Lo que la fuerza no pueda conseguir;
Para que también él, al fin, aprenda
De nosotros que quien vence a la fuerza
A su enemigo sólo a medias vence”

Cómo no recordar aquí aquello de Unamuno de “venceréis pero no convenceréis”. Y eso es lo que hizo al convencer a Eva de que tomase la manzana del Árbol de la Ciencia, según el episodio ya conocido por todos. Desde entonces el Pecado y la Muerte ya no permanecieron más tiempo sentados en el infierno, sino que se trasladaron a nuestro mundo.

Tras esta audaz victoria, Azazel se encontraba eufórico. Había logrado sabotear la Creación de Dios, nada más y nada menos. De vuelta a la capital de su Imperio del Mal —conocida como Pandemonium— habló a sus seguidores:

“Tronos, dominaciones, principados,
Virtudes, potestades, pues estáis
En posesión, y no solo de derecho,
De estas dignidades con que os llamo
Y ahora os proclamo, al regresar triunfante
De una acción que rebasa la esperanza,
Para sacaros victoriosamente
De este abominable hoyo infernal,
De esta mansión maldita de dolor,
El calabozo de nuestro tirano,
Ahora poseéis como señores
Un espacioso Mundo, inferior
En poco al Cielo en que nacimos,
Que con mi ardua aventura y gran peligro
Conseguí. (…)
¿Qué os queda ahora, dioses, sino alzaros
Y celebrar la dicha más completa?”

Así concluyó su discurso a las masas, esperando que fuera seguido de un atronador ruido de aplausos y vítores. Sin embargo, con gran asombro escuchó en su lugar el odioso silbido de miles de lenguas de serpiente, pues en eso se convirtieron repentinamente sus legiones. Y él, antes de poder exclamar nada, cayó al suelo convertido en un dragón.

Reptando tuvo que moverse entre “el escorpión, el áspid, la horrible anfisbena, la cornuda cerata, la hidra, el horrendo elope, la dipsa y las asquerosas serpientes”.

Había más bichos allí que en una película de Indiana Jones. Ese fue el castigo de Dios, quien no contento con someterles a tal humillación, hizo que estuvieran “abrasados de una sed ardiente y de un hambre feroz” y plantó instantáneamente junto a ellos una gran arboleda, de cuyas ramas pendían en vivos colores grandes cantidades de la misma fruta prohibida con la que pecaron Eva y Adán. A por ellas se lanzaron con avidez las legiones de demonios convertidas en infames reptiles.

Pero, al morderlas, lo que mascaron fueron amargas cenizas una y otra vez, espoleados por un ansia que no lograban colmar, hasta que un tiempo después pudieron regresar a su forma originaria.

El caso es que al Creador le debió parecer un espectáculo tan divertido que lo convirtió en una tradición anual —como si de alguno de nuestros pueblos españoles se tratase— en la que durante unos días todos los demonios volvían a sufrir ese tormento.  O al menos así nos lo narró Milton en El paraíso perdido.

Breve fue, pues, la victoria del demonio. Pero si algo le sobra es tiempo y tenacidad en su misión. Según nos cuenta el Génesis, durante los siguientes 1500 años nuestro protagonista fue ganando para su causa a más y más hombres, pese a que Noé estuvo predicando en su contra durante 500 años sin lograr convencer a nadie (el pobre no debía tener mucha elocuencia) así que Jehová finalmente le dijo que construyera una gran arca para que se salvase él, sus tres hijos y sus respectivas mujeres.

A continuación vino el Diluvio Universal, que arrasó con la obra de Dios de nuevo corrompida por su antiguo ángel, constatación de que estaba resultando un enemigo realmente complicado. Más tarde, en el año 1879 de la Creación, por sugerencia de Lucifer Nimrod, biznieto de Noé, edificó la ciudad de Babilonia, a la que sus vecinos sospecho que con cierto retintín denominaban “La madre de las rameras y de las abominaciones de la Tierra”. No debía ser un lugar aburrido.

Allí El Acusador de Hermanos se sentiría como en su propia casa, ya que no faltan profecías bíblicas sobre su completa destrucción: “Babilonia, la perla de los reinos, la gloria y el orgullo de los caldeos, quedará como Sodoma y Gomorra cuando Dios la destruyó. Nunca más volverá a ser habitada” (Isaías 13:19).

Feo demonio llevándose un alma durante el Juicio Final
Feo demonio llevándose un alma durante el Juicio Final.

Pero además de instigar la lujuria y la embriaguez como en esta urbe de condenación, otra estratagema muy socorrida del Robador de Buenos Deseos fue la de promover la idolatría.

De tal manera, dice Defoe, que se comenzaba adorando al Sol, la Luna y las estrellas, luego se pasaba a imágenes y figuras, de ahí a los troncos y piedras hasta llegar a venerar finalmente a los monstruos.

Y de ellos a Satán había apenas un paso. Sobran ejemplos, como el del becerro de oro que tanto indignó a Moisés.

Pero tras el Pecado Original, tras el Diluvio Universal, tras el exterminio de Sodoma y Gomorra y la destrucción de Babilonia… poco valía el castigo, que nuestros antepasados parecían no aprender y pecaban una y otra vez.

Ya decía Kant que el hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse.

Es importante insistir en lo que decíamos anteriormente sobre la ausencia de poder real del demonio sobre los seres humanos.

Puesto que si los obligase o los matase, entonces crearía mártires, santos que irían a reforzar las huestes del Cielo y no las suyas, debilitando así su posición.

Era necesario, pues, que el Anticristo no venciera con la fuerza, sino que convenciera, que su victoria se alcanzase respetando la libre voluntad de su víctima. Corrompiéndola, no sometiéndola. Estas eran las reglas del juego, y una vez más lo estaba ganando…

Por ese motivo, en la partida de ajedrez cósmica que estaban manteniendo la Luz y las Tinieblas, Dios decidió realizar un movimiento de jaque enviando nada menos que a su Hijo a la Tierra. Había que echar mano de la artillería pesada.

La llegada de Cristo tuvo como consecuencia, según el erudito inglés, que “fue desde entonces cuando empezó a parecer un Diablo débil, estúpido e ignorante en comparación con lo que antes había sido”. Con el comienzo de la era cristiana estaba en campo rival, así que tuvo que contraatacar recurriendo más a menudo a la brujería y la posesión diabólica.

  • Aquelarres, pactos con el diablo y posesiones

Las víctimas más propicias de ambas artimañas fueron las mujeres, el eslabón más débil que golpear. Pues según advertía severamente uno de los padres de la Iglesia, Tertuliano: “mujer, tú eres la puerta del diablo.

Eres tú quien ha tocado el árbol de Satanás, y la primera que ha violado la ley divina (…) mujer, deberías ir siempre de luto, estar cubierta de harapos y entregada a la penitencia, a fin de pagar la falta de haber perdido al género humano”.

Posteriormente Fray Martín de Castañeda, escribiría en su influyente Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechizerías y vanos conjuros y abusiones, y otras cosas al caso toc¯ates, y de la possibilidad y remedio dellas que las mujeres eran más propensas a ser poseídas, debido a que “son pusilánimes y de corazón más flaco, y de celebro más húmido”.

Ellas acaparaban el 90% de las condenas por brujería, que consistía en una asociación con el diablo que incluía trato carnal y dotaba de poderes sobrenaturales a sus practicantes, tal como pudieron advertir los autores del mayor best-seller de su tiempo, El martillo de brujas. Una parte consustancial a la brujería fueron los aquelarres, su rito fundamental.

De acuerdo al Compendium Maleficarum, de Fra Francesco María Guazzo, antes de acudir a ellos las brujas se untaban de un ungüento hecho con niños asesinados y acudían volando en una escoba u otro objeto de madera a la celebración, que daba comienzo en torno a las 10 u 11 de la noche.

El evento estaba presidido por el Gran Cabrón, sentado en un trono e iluminado a su alrededor por velas negras, que previamente había encendido soplando sobre ellas con su trasero. Como también era negro el espárrago con el que un oficiante salpicaba a los presentes con orina diabólica.

Al comienzo se realizaban las ofrendas (a menudo cordones umbilicales) y se servía algo para picar, aunque eran alimentos “asquerosos de apariencia o hedor, y que fácilmente darían náuseas al estómago más vorazmente hambriento”. El vino era negro como la sangre coagulada y no había pan ni sal.

Tras la comida —que nunca lograba saciar— venían los bailes, en círculo y hacia la izquierda y que resultaban extremadamente agotadores. A continuación se cantaban canciones obscenas al son de una flauta y un tamboril y, finalmente, llegaba la cópula. Pero tampoco resultaba placentera y el semen de Belial, estéril y frío como el hielo, resultaba muy doloroso para las receptoras.

Tras el rito solía quedar una marca de garra en el hombro de la bruja, que generalmente servía luego para identificarla como tal y poder quemarla debidamente en una hoguera. Pero el Diablo podía encontrar otras formas con las que ganarse la confianza de sus víctimas. Una de sus favoritas era aparecerse en sueños. Hay antiguas narraciones al respecto, como esta:

“Quasi este mismo quento oya yo alias referir de otro que poniendo unas candelillas a los Doze Apóstoles puso otra que le sobraba al diablo a quien tenía atado a sus pies San Bartolomé. Y esa noche le apareçió y le dixo que por aquella honra que le avía fecho le quería mostrar dónde hallaría un tesoro.

Y en sueños le avía llevado a un campo donde dixo que hallaría el tesoro y que por señal porque açertase a donde estaba se ensuziase allí ençima y durmiendo se avía ensuziado en la cama y avía recordado y halládose suzio. En fin, el demonio es tal que a quien sirve no puede dar buen pago”.

Otro cuento hablaba de cómo se le aparece en sueños a un marido celoso para ofrecerle un anillo con el que evitar los cuernos, él sin dudarlo introduce el dedo y entonces se despierta, comprobando que el tal anillo era en realidad, ejem, “el pozo sin centro de su querida mujer”. Al Dios Negro ciertamente nunca le ha faltado sentido del humor…

En otras ocasiones se aparecía a gente despierta, aunque a menudo engañando a sus sentidos.  Como por ejemplo aparentando ser una atractiva mujer desnuda, tal cual se le apareció a San Antonio para tentarle, pero él —que por algo era un santo— se concentró fuerte en “las amenazas del fuego y el tormento del gusano”.

Por su parte, a Sor Leonor María de Cristo también se le aparecía, aunque ella nunca se dejó engañar. Se despertaba por las noches y salía del convento, donde quedaba con el Demonio en lugares apartados para pelear a hostia limpia con él en tremendo duelo: “callen los Anfiteatros de Roma, donde los hombres solían luchar con las fieras y hable el convento de los Ángeles donde la Madre peleava”.

La tentación de San Antonio, de Lovis Corinth
La tentación de San Antonio, de Lovis Corinth.

La característica esencial de Satanás es su poder de transmutación, es lo que le permite acercarse a los humanos y tentarlos mediante engaños. Si bien a menudo ha sido representado como un animal o como mezcla de hombre y animal (excepto paloma u oveja), también podía ser “un señor muy aseñorado”.

Incluso llegó a tomar la apariencia de un Papa, Gregorio VII. Pero más allá de su aspecto hay rasgos inmutables en su carácter: aborrece el agua bendita y el tañer de las campanas y le encantan las armas de fuego (se decía que los arcabuces eran forjados en el infierno), es noctámbulo, le gusta bailar, fumar y usa como transporte un caballo, trineo volador o sus propias alas.

Sus profesiones pueden ser muy variadas: profesor, segador, tahúr… y tiene la peculiar habilidad de atrapar con el culo el pie de quien intenta darle una patada. Respecto a su hábitat, las legiones del Demonio podían ser fogosas, aéreas, terrestres, acuáticas, subterráneas o lucífugas.

En ocasiones, podía llegar a sincerarse y proponer un pacto ofreciendo determinados favores (como aprobar exámenes, en el caso de algunos alumnos de Salamanca) a cambio de ciertos servicios o incluso del alma, realizando si era necesario la firma de un contrato.

A los que pactan con el Diablo debían decir “Reniego al Creador del Cielo y de la Tierra. Reniego de mi bautismo. Reniego de la adoración que antes porte a Dios. Rompo con ellos, y en esto creo”. Belcebú entonces coloca su garra en la frente, borrando así el Santo Crisma y destruyendo la marca del Bautismo.

Por ultimo, nos queda por mencionar las posesiones diabólicas. Si todo lo que hemos visto hasta ahora requería la connivencia de la víctima, aquí Lucifer directamente se adueñaba del sujeto, que era entonces denominado “energúmeno”. Aunque había aún posibilidad de salvación, mediante la realización de un exorcismo.

El procedimiento que el exorcista debía seguir consistía en situarse delante del cuerpo y preguntar si son muchos o pocos los que entraron en el energúmeno, sus nombres y el motivo por el que lo hicieron. Si se avenían a decir sus nombres el proceso resultaba más sencillo, ya que a partir de ellos se podía saber las propiedades del demonio que allí estuviera.

En tal caso el exorcista le gritaba los “improperios y maldiciones” que más le podían herir, cosa que así descrita resulta bastante menos solemne y aterradora que lo que veíamos en la película El exorcista.

De entre los abundantes testimonios que han pervivido hasta hoy de tales obras demoníacas, merece la pena rescatar el del escritor y periodista Jerónimo de Barrionuevo, que dio noticia el 18 de diciembre de 1655 de la espantosa posesión de un alcalde… y ya de paso aprovechó para insultar todo lo que pudo a quienes ostentaban tal cargo:

«A don Francisco Guillén del Águila, alcalde de Corte, que está endemoniado, como todos lo están de este pelaje, le han sacado del cuerpo 990.850 legiones de demonios, echando por la boca extraordinarias señales. Llamábase el general de todos Asroel. Cada legión tenía su capitán y se componía de 6.666 soldados. Mire Vuestra Merced cuál sería el bagaje, artillería y tren, y lo que cabe en el cuerpo de un alcalde. Y aún dicen que estaban holgados y muy a su placer. Todo esto que digo es cierto».

Ah, bueno, si dice que es cierto no necesitamos más pruebas. En El Jardín de flores curiosas, de Antonio de Torquemada, narra algo parecido a una posesión debido a un disfraz que en cierta forma se apodera de su portador, con fatales consecuencias:

Un hombre del pueblo representó un  demonio, yendo vestido con unos aderezos e insignias feas y espantables, y acabada de hacer la representación, se volvió a su casa, tomándole codicia de tener acceso con su mujer sin mudar el hábito ni quitarse los vestidos, y dejándola preñada de este ayuntamiento, teniendo ella en la imaginación lo que representaba la figura y hábito en que su marido estaba vestido, vino a parir una criatura que representaba la misma imagen de demonio, tan espantable y con tanta fealdad, que ningún diablo del infierno se podía pintar más feo ni abominable”.

Si bien en la Edad Media el Demonio inspiraba una mezcla de terror y risa, en el Barroco se representó cada vez más como algo cómico. Según los estudiosos del tema era una manera de soportar la ola de terror desatada en esa época por la inquisición y la caza de brujas.

La literatura del Siglo de Oro está rebosante de representaciones burlonas de él, desde El diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara hasta El alguacil alguacilado, donde Quevedo retrata una conversación entre un exorcista y el diablo del que intenta liberar a un alguacil.

Pero no todo han sido burlas desde entonces y también ha gozado de notables homenajes, quizá uno de los más destacados sea la escultura que se le dedicó a finales del siglo XIX en Madrid. Concretamente en el Parque del Retiro, a 666 metros de altura sobre el nivel del mar.

Y finalmente qué decir de la época contemporánea. Durante las últimas décadas es tal la cantidad de referencias en el cine, el rock, los videojuegos, la televisión, el arte, las novelas… que podríamos decir de nuestro biografiado —y sin temor a exagerar— que es la mayor musa de la cultura pop.

Mencionar todas las representaciones que se han hecho de él en nuestro tiempo sería una tarea que merecería otro artículo, y ya es hora de ir acabando este. Quizá me quedaría con El corazón del ángel (Alan Parker, 1987) por esa estética sureña que tan bien retrata, y con Buffy Cazavampiros, sobre una escuela de secundaria situada encima de la boca del infierno por la que pasan toda clase de criaturas.

Una serie de la que inexplicablemente aún no hemos hablado en Jot Down, aunque merezca estar ahí junto a The Wire y Los Soprano. La gran partida del Diablo contra aquel del que se negó a ser siervo sigue abierta y no parece dispuesto a rendirse.

Aún hoy, su presencia nos inspira, atrapa nuestra atención, a veces nos aterroriza, pero también nos hace reír (cosa que jamás ha logrado un santo, por cierto, siempre tan serios). En conclusión, Satanás, el mundo sería sin duda un lugar mucho más aburrido sin ti… ¡Gracias!

The Spell IV, de HR Giger
The Spell IV, de HR Giger.

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El misterioso pilar de hierro de 1600 años que nunca se oxida y desafía los límites de la ciencia…


EL PILAR INOXIDABLE DE DELHI | pesadillo.com

El Cronista — En la ciudad de Delhi, en la India, se encuentra un enigmático pilar de hierro de 1600 años, que tiene 7 metros de altura y que llama la atención de los especialistas porque desafía las bases de la ciencia

Para los residentes de la ciudad, esta construcción es un icono de la cultura y de las creencias de la zona.

Además de despertar la curiosidad de los científicos, a su alrededor giran mitos, historias y maldiciones para la comunidad.

– ¿Cómo es el pilar misterioso de la India?

Este monumento ubicado, en el complejo Qutb Minar de Nueva Delhi, fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en la colección de monumentos y edificios históricos construidos a inicios del siglo XIII. 

Hasta el día de hoy, la estructura se encuentra en buen estado de conservación.

Esto despertó la curiosidad de los especialistas, ya que el hierro debería oxidarse con la exposición al aire y humedad durante el paso del tiempo.

– Los mitos del pilar eterno de 1600 años 

El origen de este monumento se relaciona directamente con un gran misterio. Su creación fue dedicada a la deidad hindú Lord Vishnu. Con el paso del tiempo se cree que fue comprado por el astrónomo Varhamihira, quien hizo cálculos de posiciones astrales y eclipses.

Los historiadores creen que cuando el científico se mudó de región trasladó el pilar con él y lo colocó en su observatorio. Los sacerdotes hindúes le advirtieron que traería terribles consecuencias, ya que al removerlo descubrieron que su base era roja como la sangre de la serpiente marina Sheshnag.

Hoy en día, la leyenda dice que si alguien se coloca de espalda al pilar, y lo rodea con sus brazos, sus deseos más profundos se harán realidad. Sin embargo, y a fin de promover su preservación, las autoridades colocaron una valla para que nadie pueda tocarlo.

– ¿Qué descubrieron los científicos?

El estudio sobre por qué la estructura no se oxida inició en 1912. De todas maneras, no fue hasta el 2003 que el Instituto Indio de Tecnología, ubicado en la ciudad de Kanpur, obtuvo una respuesta.

Tras varios análisis de la composición, descubrieron que el pilar milenario contiene un 1% de fósforo y, a diferencia del hierro moderno, no cuenta con azufre ni magnesio. Esta técnica utilizada por los antiguos artesanos se llama soldadura por forja. 

Durante el proceso de construcción calentaron el hierro y lo martillaron, así mantuvieron el contenido de fósforo que permite esta extraña reacción tras los años. Además, cuenta con una delgada campa de «Misauita», un compuesto de hierro, oxígeno e hidrógeno para preservarlo.

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¿Por qué se utiliza un lazo morado en el 8M? Este es el motivo del símbolo del Día de la Mujer…


El Español(N.Gómez) — El Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de marzo, tiene su origen en 1975 cuando la ONU decidió oficializar este día para reconocer y respaldar las demandas de las mujeres en su búsqueda de igualdad con respecto a los hombres.

Entre los símbolos asociados al 8 de marzo se encuentran los lazos morados, que han sido utilizados durante décadas en los movimientos del 8 de marzo. Pero, ¿sabes por qué se utilizan los lazos y por qué el color morado? 

Existen diversas teorías que explican por qué el lazo morado se ha convertido en el símbolo del 8 de marzo. Una de ellas se remonta a 1908 en Nueva York, cuando un grupo de mujeres inició una huelga el 5 de marzo para exigir condiciones laborales y salariales equitativas a las de los hombres.

Tres días después, el 8 de marzo, se dice que ocurrió un incendio en la fábrica textil Cotton, donde fallecieron 129 mujeres debido a que las puertas estaban cerradas.

Se rumoreaba que las telas que se producían allí eran de color morado, lo que explicaría el humo de ese tono visto desde la distancia. Sin embargo, investigaciones recientes han desmentido este evento, ya que la fábrica estaba cerrada ese día.

Sin embargo, en realidad, el trágico incendio ocurrió en la Triangle Shirtwaist Company el 25 de marzo de 1911, donde perdieron la vida muchas mujeres, la mayoría jóvenes inmigrantes que trabajaban en condiciones precarias.

Otra teoría, que se remonta al siglo XIX, sostiene que el color morado fue elegido por las sufragistas inglesas junto con el blanco y el verde para simbolizar sus acciones en favor del sufragio femenino. El morado se asociaba con la realeza y la nobleza, representando así la «sangre real» que fluía por las venas de cada sufragista.

Además, se sugiere otra teoría basada en el concepto de igualdad entre hombres y mujeres que promueve el feminismo. Al mezclar el azul, representativo del hombre, con el rosa, que simboliza a la mujer, se obtiene el color morado, que representa la igualdad. Aquellos que portan este lazo muestran su apoyo a la igualdad de derechos en la sociedad.

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