Coronación de Luis VIII y Blanca de Castilla, 1223. Jean Fouquet. Grandes Chroniques de France, Tours, ca. 1455-1460.
The Converesation(M.V.Herraez) — El fraile franciscano Guillaume de Saint-Pathus describió a la princesa hispana, madre de san Luis rey de Francia, como “la reina que tenía el coraje de un hombre en un corazón de mujer”.
Lo hizo en una crónica en la que añadía referencias a su sabiduría, prudencia, generosidad y toda una serie de virtudes que justifican el calificativo de “la reina magnífica”.
Otros cronistas destacaron, además, su belleza y elegancia.
Todas estas características probablemente motivaron a la reina Leonor de Aquitania a elegir a Blanca de Castilla entre sus nietas como candidata al trono francés a través del matrimonio con el heredero de dicha corona.
En 1200, cuando Blanca, la tercera hija de Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, contaba solamente con doce años de edad, se vio obligada a hacer un largo viaje que la llevaría desde Palencia hasta Normandía, escenario de sus esponsales con el futuro rey galo Luis VIII.
Los derechos de la princesa al trono de Inglaterra alimentaban la esperanza de unir ambas coronas y terminar con la discordia generada por el dominio inglés de los territorios continentales.
Conoció los reinados de su suegro Felipe Augusto (1180-1223), su marido Luis VIII (1223-1226) –junto al cual se coronó como reina en la catedral de Reims el 6 de agosto de 1223– y su hijo Luis IX (1226-1270).
Pero Blanca no fue un personaje secundario en la gobernación; muy al contrario, se convirtió en una figura dominante en el paisaje político de su tiempo, especialmente tras la muerte de su esposo.
Reinó en solitario durante la minoría de edad de su hijo y también cuando este fue a la cruzada. Siempre firmaba como reina junto a él y fue considerada como tal por encima de su nuera, Margarita de Provenza.
Algunos barones rebeldes opinaban que una mujer no debía gobernar el dominio real francés y trataron de vilipendiar a “esa extranjera que gobierna el reino”. Pero fue capaz de ganarse su respeto, tras someterlos en varias ocasiones con el apoyo militar de los burgueses.
Ejerció un matriarcado comparable al que otros miembros femeninos de su estirpe practicaron en sus respectivos territorios, utilizando la maternidad, la estrategia política y familiar y el mecenazgo religioso y cultural para asegurar su poder personal y promover su linaje.
Así, no debió ser menor el papel que jugó en la construcción de un rey santo, su hijo Luis, quien se mantuvo siempre bajo la atenta mirada y los firmes principios de su madre.
– La misión educadora de Blanca
La piedad de Blanca, su interés por la cultura y el arte y su misión educadora se aprecian en los libros que regaló a toda su familia: salterios para su esposo, su hijo y su nuera Margarita de Provenza, biblias y todo un conjunto de manuscritos destinados a la preparación religiosa y didáctica de ella misma y de sus descendientes, realizados en magníficos talleres parisinos de iluminación.
La representación de la reina junto a su primogénito en actitud de instructora la señala como patrona de la biblia moralizada de la catedral de Toledo –un fragmento de la cual se conserva en la Pierpont Morgan Library (Nueva York)– y deja entrever su papel activo en la formación del príncipe.
Blanca de Castilla y su hijo el rey Luis IX de Francia. ‘Biblia de san Luis’
Además, en uno de los ejemplares conservados en Viena, la abundante presencia de personajes femeninos, como la Virgen María y las grandes mujeres del Antiguo Testamento, vinculadas con escenas de maternidad y crianza de los hijos, conducen a pensar que se trata de un manuscrito hecho por y para una mujer.
Esto lleva a relacionar dichas imágenes con la figura de Blanca de Castilla, pieza importante en el orden de la dinastía capeta, perfecta regente y madre del heredero.
– Contacto con Castilla
Blanca amaba a su marido y sirvió con absoluta entrega al país que la había acogido.
Sin embargo, eso no impidió que mantuviera un estrecho vínculo con su familia castellana. La proximidad a sus hermanas se refleja en el envío de obsequios dirigidos tanto a Urraca, reina consorte de Portugal, como a Leonor, reina de Aragón y, muy especialmente, a Berenguela, reina de Castilla y madre de Fernando III el Santo.
Con esta última mantuvo una relación epistolar de la que se han conservado interesantes testimonios.
Sin duda, esa relación explica la debilidad que Blanca sintió por la Orden del Císter. Alfonso VIII y su esposa Leonor habían fundado el Monasterio de Las Huelgas de Burgos, como panteón real y casa madre de las abadías femeninas cistercienses de Castilla.
Del mismo modo, la reina de Francia concedió beneficios a distintas casas de la Orden y fundó la Abadía de Maubuisson con el deseo de ser enterrada allí e, incluso, de vestir el hábito monacal los últimos días de su vida. Lo hacía apelando, en el acta fundacional, a la memoria de sus padres.
Abadía de Maubuisson. Grabado de Claude de Chastillon, s. XVII.
Desgraciadamente, la mayoría de las obras de arte vinculadas a doña Blanca han desaparecido. Pero sus libros de cuentas dan noticia de un buen número de pagos por el encargo de libros iluminados, tejidos y vestiduras ricas, joyas y otras piezas de orfebrería, vidrieras, etcétera.
Las múltiples representaciones de la reina o de su heráldica castellana en edificios, miniaturas y vitrales, además de poner de manifiesto la relevancia del personaje, son indicativas de su probable implicación en la encomienda.
Y aunque la Sainte-Chapelle fue construida por deseo de Luis IX para albergar la corona de espinas de Cristo, que había adquirido en Constantinopla a un alto precio, la participación de su madre en el proyecto puede deducirse de la presencia de castillos heráldicos en las columnas del nivel inferior, en alternancia con los fustes que muestran la flor de lis de la monarquía francesa.
L.B.V.(J.Álvarez)/BBC(A.M.Valencia) — La playa neozelandesa de Koekohe alberga un sorprendente monumento natural: los enormes cantos rodados de Moeraki.
En este caso, como digo, no se deben a la mano humana sino a la acción que ejerce la naturaleza sobre las rocas de calcio cristalizado, recubriendo un núcleo capa sobre capa de forma similar a como hacen las ostras para formar las perlas.
El resultado son las decenas de bolas que se pueden contemplar desperdigadas por la arena, algunas con una superficie exterior cuarteada que las asemeja a conchas de tortuga.
Las hay de varios tamaños, entre medio metros y casi tres de diámetro, con un peso que puede alcanzar las siete toneladas.
Cosas de la edad, puesto que alcanzan casi sesenta millones de años; de hecho, en el interior de algunas se han descubierto fósiles de plesiosaurios.
En cualquier caso, es tiempo suficiente como para que los nativos locales, los maoríes, las consideren sagradas y hayan ido forjando en torno suyo numerosas leyendas.
Y si no tienen bastante, acérquense a la playa de Mendocino, en la costa de California (EEUU), y se toparán con más esferas. También están en una playa, bautizada como Bowling Ball Beach; un nombre suficientemente expresivo, creo.
Cuando hay pleamar el agua las cubre pero al bajar la marea quedan al descubierto para deleite de turistas y fotógrafos.
Al igual que en el caso anterior, el viento y el mar han sido los escultores de estos cantos, puliendo por erosión su superficie desde el Mioceno lo que antes se había ido formando por compactación de la arenisca.
– Las esferas Klerksdorp, las misteriosas piedras que fueron encontradas en una roca de 2.800 millones de años de antigüedad
Los surcos que atraviesan las esferas han llamado la atención de los creyentes en la vida extraterrestre.
Hacia la segunda mitad del siglo XX, se comenzaron a conocer reportes de misteriosos hallazgos en las minas cercanas a la ciudad de Ottosdal, en Sudáfrica.
Los artefactos hallados eran unas esferas, pulidas y con líneas perfectamente talladas, que eran muy similares a una pelota de criquet.
A simple vista, parecía que estos objetos, de no más 10 centímetros de diámetro, habían sido tallados por una mano humana y hacían parte del acervo arqueológico de una antigua civilización.
Sin embargo, lo sorprendente es que las bolas habían sido descubiertas dentro de una roca de pirofilita formada hace unos 2.800 millones de años.
O sea, cuando la Tierra era aún muy joven para albergar vida inteligente.
Las esferas fueron llevadas a la localidad de Klerksdorp, en el norte de Sudáfrica, para ser estudiadas y posteriormente fueron puestas en exhibición en el principal museo de la ciudad.
Por eso, se hicieron conocidas con el nombre de esferas de Klerksdorp.
Sin embargo, a principios de los años 80, comenzaron a circular artículos en publicaciones de divulgación pseudocientífica que asignaban a las piedras un origen alienígena y señalaban que eran «una prueba de la presencia extraterrestre» en la Tierra antes de la aparición de los humanos.
Uno de esos artículos estaba firmado por un investigador llamado Michael Cremo y fue publicado en un portal de noticias.
«Esas publicaciones aparecieron por la falta de estudios geológicos que explicaran el verdadero origen de esas piedras», le dice a BBC Mundo el geólogo sudafricano Bruce Caircorne, de la Universidad de Johannesburgo.
La presión y el calor dentro de las rocas producen estas esferas con forma de pelota de críquet.
Cairncross señala que las esferas están lejos de ser un misterio y mucho menos un posible vestigio del paso de seres extraterrestre en nuestro planeta.
«Se creyó que no se necesitaba explicar algo que parecía evidente: que las piedras habían sido extraídas de rocas que se formaron hace miles de millones de años», señaló el geólogo.
«Aunque se puede entender que llamen la atención, este tipo de esferas son muy comunes dentro de las formaciones de pirofilita«.
Pero, ¿cómo lograron tener esa forma?
– Millones de años de formación
Como lo señala el portal IFLScience, durante los años 80 varios artículos, con poca base científica, comenzaron a señalar que las esferas de Klerksdorp habían sido hechas por «una civilización superior, una civilización anterior al gran diluvio de la que no sabemos prácticamente nada».
Como anotan otros reportes, como la revista Lapidary Magazine, algunos medios iban más lejos y añadían que las esferas giraban solas dentro de la vitrina donde habían sido colocadas.
Por esa razón, una sociedad conocida como Sociedad para la Investigación Racional de los Fenómenos Paranormales buscó la colaboración de Cairncross para refutar los argumentos que cada vez ganaban más adeptos.
«No bastaba con la explicación básica: que habían salido de una formación de más de 2.800 millones de años, sino que tuvimos que ir más a fondo: explicar cómo se habían formado», señala el académico.
Para eso detalló que las piedras fueron halladas en una formación conocida como «grupo dominante».
«La principal característica es lo que forma este conglomerado, con varias capas de lava volcánica que se depositaron en la parte superior y que, después de mucha presión y calor, se convirtieron en pirofilita, que es lo que recubre las esferas», señaló.
El propio geólogo indica que la peculiaridad de las piedras se debe a que han permanecido millones de años bajo la presión y calor que se forman dentro de una roca más grande que de alguna manera las «aloja», y han estado expuestas a la erosión del agua.
«Las esferas se conocen como concreciones: objetos esféricos, elípticos u achatados compuestos de diferentes minerales que están en la roca huésped. Y son bastante comunes, habiéndose encontrado miles en todo el mundo», anota el geólogo.
Esas concreciones, agrega el experto, se encuentran en rocas de grano fino, como la pirofilita que abunda en esa región de Sudáfrica.
– Las líneas de la sospecha
Cairncross señala que una de las razones por las que decidió dar una explicación más amplia de lo que ocurría con las esferas fue porque las publicaciones pseudocientíficas estaban siendo muy creíbles.
El geólogo se refiere a una revista que señalaba que las esferas habían sido llevadas a la Agencia Espacial Estadounidense (NASA, por sus siglas en inglés) y citaba un reporte que indicaba que habían sido hechas en «un lugar con gravedad cero».
Pero el experto acepta que las esferas de Klerksdorp tienen una particularidad que tal vez no se ve en todas las esferas similares que se han hallado en el mundo: las líneas paralelas que las atraviesan, esas que le dan un aspecto de pelota de criquet.
«En realidad no son líneas, sino capas», señala el geólogo.
«Eso es producto de las huellas que dejaba la roca huésped, que se fueron acumulando en capas durante mucho, mucho tiempo, creando el efecto que se pueden ver ahora», señala.
The Conversation(C.Lenne) — Es un árbol que destaca en nuestros parques y jardines. Sus pequeñas hojas bilobuladas, que se vuelven amarillas en otoño, tienen una curiosa venación en forma de abanico única en el mundo de los árboles. Hablamos del ginkgo (Ginkgo biloba), un árbol insólito que nos fascina desde hace tiempo por sus muchas peculiaridades.
En primer lugar, el ginkgo es único en el planeta. Pertenece a una familia de plantas muy antigua, las Ginkgoales, que tienen 270 millones de años, y es el último representante vivo de esta familia.
Es más, se parece tanto a sus primos fósiles lejanos que durante mucho tiempo se creyó que había permanecido inalterado durante millones de años, como si el tiempo y la evolución no hubieran tenido ningún efecto sobre él.
Darwin inventó el concepto de “fósil viviente” para describir a estos seres inmutables, y los medios de comunicación actuales perpetúan esta idea describiendo el ginkgo como un “árbol prehistórico”.
Pero es un concepto erróneo: la noción de fósil viviente no tiene sentido, puesto que un fósil es por definición un organismo muerto cuyas estructuras orgánicas se han conservado por mineralización. Y, en realidad, el ginkgo ha evolucionado como cualquier especie viva, pero esto no es evidente a primera vista.
Científicamente hablando, este árbol es una especie relicta y su forma, aparentemente inalterada a lo largo del tiempo, se dice que es pancrónica.
– Supervivientes a la bomba atómica
En segundo lugar, el ginkgo tiene fama de árbol “indestructible”. De hecho, es excepcionalmente resistente a las enfermedades y a la contaminación, y estas extraordinarias capacidades ayudan a explicar su longevidad, que supera fácilmente los 1 000 años en su área de distribución natural. Pero no es el único árbol que alcanza tales longevidades.
El roble también puede alcanzar los mil años, al igual que varios olivos y ciertos pinos de las Rocosas americanas (los pinos de conos erizados), que nacieron antes que las pirámides de Egipto, ostentan el récord mundial de los árboles más viejos del mundo con más de 5 800 años.
La reputación de inmortalidad del ginkgo se ve reforzada por el hecho de que sobrevivió a la bomba atómica que cayó sobre la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Sin embargo, no fue el único árbol que sobrevivió al apocalipsis aquel día.
Una veintena de otros árboles, entre ellos ailantes, sauces, eucaliptos, catalpas y otros incluso más cercanos al epicentro que él, también volvieron a la vida, produciendo vigorosos brotes de sus tocones carbonizados tras la catástrofe, pero curiosamente la memoria popular sólo lo ha recordado a él.
Esta etiqueta de “superhéroe” ligeramente sobrevalorada enmascara las verdaderas razones por las que el ginkgo es un árbol especial, entre ellas su extraordinaria sexualidad. A diferencia de los árboles de hoja caduca o las coníferas, y al igual que las aves, el ginkgo es un árbol que pone huevos.
Izquierda: en primavera, hojas bilobuladas con venación en abanico. Derecha: el árbol en otoño.
– Gingkos macho y hembra
De hecho, toda su vida sexual es muy original. En primer lugar, porque es una especie dioica, lo que significa que los sexos están separados.
Así que hay ginkgos machos y hembras. Esto es bastante raro en los árboles (sólo el 6 % de las plantas con flores), aunque esta separación de los sexos no es exclusiva del ginkgo, ya que también se da en árboles de hoja caduca como álamos, sauces, acebos, etc., y en unas pocas especies de coníferas como los tejos.
La regla general entre los árboles es la monoquia, en la que el sexo masculino y el femenino son producidos por el mismo individuo, en forma de conos en las coníferas o de flores en las frondosas.
Como recordatorio, en estos casos mayoritarios, los estambres presentes en los conos o flores masculinas producen los granos de polen que transportan las células sexuales masculinas (espermatozoides) a los órganos femeninos.
Éstos son los óvulos, una especie de caja que contiene y protege las células sexuales femeninas (las oosferas) y que son transportados por las escamas de los conos femeninos o están encerrados en el vientre del pistilo de una flor. El comportamiento sexual del ginkgo es, por tanto, diferente al de la mayoría de los demás árboles.
– Un óvulo desnudo perfumado con ácido butírico
En segundo lugar, los órganos sexuales del ginkgo son bastante inusuales. Los estambres productores de polen están agrupados en una especie de espiga minúscula llamada catkin porque se parece a la cola de un gato. Esta organización es comparable a la de los conos masculinos de las coníferas o incluso a la de las flores masculinas de muchas frondosas.
Pensemos, por ejemplo, en los amentos dorados y colgantes de los sauces o los avellanos en primavera. En el aspecto masculino, por tanto, hay poca originalidad.
En cambio, los órganos sexuales femeninos no son ni conos ni flores, sino enormes bolas carnosas amarillas, que cuelgan de largos tallos como grandes ciruelas. En otoño, caen al suelo y se pudren, desprendiendo ácido butírico con un olor potente y desagradable, a medio camino entre el vómito y la mantequilla rancia.
No hay duda de la identidad del ginkgo hembra: es una experiencia olfativa inolvidable.
A la izquierda, en otoño, los óvulos maduros son grandes y carnosos y caen al suelo donde se descomponen, emitiendo un potente perfume. A la derecha, amentos masculinos en primavera.
Estas bombas fétidas otoñales son los “frutos” del ginkgo, pero esta formulación es botánicamente incorrecta. Un fruto es el resultado de la transformación de una flor tras la fecundación, y como el ginkgo no tiene flores, no puede haber fruto.
La bola del ginkgo hembra es, de hecho, un óvulo simple pero grande, “desnudo” porque no está protegido por ninguna estructura, como es el caso de los óvulos de los árboles de hoja caduca enterrados en los pistilos de las flores femeninas o, hasta cierto punto, el caso de los óvulos de las coníferas, transportados por las escamas del cono hembra (la piña), apretadas cuando el cono es joven.
– Semillas que no son realmente semillas
Dado que produce óvulos, una estructura que apareció hace unos 350 millones de años, el ginkgo pertenece al grupo de las espermafitas, también conocidas como plantas con semillas, ya que los óvulos fecundados se convierten en semillas. Hasta aquí, no hay nada especialmente original, aparte del hecho de que sus semillas no son realmente semillas.
Para ser una verdadera semilla, debe cumplir cuatro requisitos. En primer lugar, por supuesto, debe contener un embrión, la futura planta, resultante de la unión de las dos células sexuales masculina y femenina durante la fecundación, el espermatozoide transportado por el grano de polen y la oosfera, el gameto femenino de la planta, que se esconde en el óvulo.
En segundo lugar, este embrión debe estar inmerso en un tejido nutritivo lleno de reservas de carbono que alimentarán las primeras etapas de su desarrollo durante la germinación. Estas reservas sólo se producen tras la fecundación, si y sólo si nace un embrión.
En tercer lugar, la semilla está protegida por una dura envoltura protectora y, en cuarto lugar, todo el conjunto se encuentra en un estado de vida ralentizada, una especie de sueño que permite aplazar la germinación hasta que las condiciones ambientales sean favorables para el crecimiento, es decir, hasta la primavera siguiente en climas templados.
Pero en el caso del ginkgo, no se dan las cuatro condiciones y sus “semillas” son falsas; por eso se llaman “pregerminaciones”. ¿Qué les falta? La razón por la que los óvulos del ginkgo son tan grandes es que están llenos de reservas de nutrientes que se han acumulado mucho antes de la fecundación.
Esto representa un gasto considerable de energía para el ginkgo y una inversión muy poco rentable, ya que todos estos óvulos llenos no serán fecundados y las preciosas reservas se perderán para el ginkgo cuando caigan en otoño. Por otro lado, al pudrirse, enriquecerán la tierra al pie del árbol, que acabará nutriéndolo más adelante.
De este modo, el ginkgo pone huevos muy parecidos a los de una gallina, cuyas reservas se acumulan durante el tránsito por el tracto genital, sin necesidad de fecundación. Además, estos huevos de gallina rara vez son fecundados, a menos que el gallo se haya cruzado con la gallina en el corral. Así pues, el ginkgo es realmente un ave extraña, ya que tiene algo de ovíparo.
– La fecundación se parece más a la de las algas
Por último, hay otra peculiaridad de la sexualidad que hace del ginkgo un árbol decididamente inusual. Cuando se produce la fecundación, el proceso es arcaico, más parecido al de las algas que al de los árboles.
De hecho, durante la evolución de las plantas, la aparición de la fecundación aérea liberó completamente esta etapa crucial de la presencia del agua, a diferencia del método ancestral de fecundación utilizado por las algas, los musgos y los helechos.
En la verdadera fecundación aérea, la de las coníferas o los árboles de hoja caduca, los espermatozoides no son nadadores; han perdido sus flagelos, especie de filamentos vibratorios que les permiten desplazarse por el agua. Por tanto, no pueden desplazarse para unirse a su pareja femenina oosférica en el óvulo.
Entonces, se acercan a ella por un sistema de sifón formado por la germinación del grano de polen depositado en el cono o en las flores. Este tubo polínico permite que la fecundación se produzca completamente libre de agua exterior, lo que se conoce como sifonogamia.
Fecundación en el gingko. Tomado del libro Vous avez dit biz’arbres? de Catherine Lenne, publicado por Belin.
Pero en el caso del ginkgo, que es un árbol adaptado a un medio aéreo, la fecundación sigue siendo acuática. El óvulo está ahuecado por una cámara polínica llena de un líquido que sobresale por encima de la cabeza de las oosferas.
En primavera, los granos de polen entran en el óvulo, aún muy pequeño, a través de un pequeño orificio, el micrópilo, que deja caer una gota de agua pegajosa que se retrae en su interior.
Los granos de polen que han entrado en el óvulo germinan entonces un corto tubo polínico que se ancla en la pared de la cámara, y sólo unas semanas más tarde el grano libera su contenido en el líquido, espermatozoides que nadan porque tienen cilios vibrátiles. Nadan hacia las oosferas del fondo para unirse a ellas.
La presencia de agua y de espermatozoides nadadores es característica de la fecundación acuática o zoidiogamia (de zoido, célula nadadora y gamia, matrimonio), que es casi única entre los árboles. Las cicas (Cycas revoluta), plantas con porte de palmera y parientes próximas de los ginkgos, también tienen espermatozoides nadadores y fecundación acuática.
Este método arcaico de fecundación en el ginkgo, heredado del pasado lejano de las plantas nacidas en el fondo de los océanos, justifica su apodo de árbol “prehistórico”.
Obra de 1850 de James Tissot que representa a Jesús a los 12 años.
BBC News Mundo(E.Veiga) — Era una tarde común de verano para los investigadores Gabriel Nocchi Macedo y Lajos Berkes. En la oficina de Berkes en la Universidad de Berlín, ambos «revisaban» imágenes digitalizadas de documentos antiguos.
«Sabíamos que había algunos papiros en la Universidad de Hamburgo que nos interesaban», comenta Macedo, en entrevista con BBC News Brasil.
«La documentación papirológica se conserva en bibliotecas, museos o universidades en general y muchas de estas colecciones hoy están parcial o totalmente digitalizadas, es decir, con fotografías disponibles en internet», señala.
«Este trabajo de mirar papiros a través de fotografías es realmente un acto de la vida cotidiana en la investigación papirológica».
Fue entonces cuando un documento llamó la atención de los expertos.
Ya en el primer trabajo de descifrado, notaron que había una secuencia de tres letras griegas antiguas con el sonido de ies, «de Jesús».
«No hay muchas palabras en el idioma griego que comiencen con estas letras, entonces nos dimos cuenta de que había una mención a Jesús«, explica.
Este tipo de trabajos de investigación suele comenzar con algunas palabras clave, para intentar dar una idea de lo que está escrito allí.
Al fin y al cabo, además de utilizar una lengua antigua, estos papiros suelen estar fragmentados y sus textos están escritos con una ortografía muy diferente a la actual.
Más tarde, ese mismo día, publicaron las palabras identificadas en una base de datos profesional donde se ingresan todos los textos conocidos de la literatura griega desde la Antigüedad hasta la Edad Media.
Descubrieron que ese papiro era una copia del extracto inicial del famoso Evangelio de Tomás Sobre la Infancia de Jesús, un texto apócrifo que cuenta pasajes de lo que habría sido la vida de Jesús entre los 5 y los 12 años, es decir, historias que no están incluidas en la Biblia, ya que los cuatro evangelios canónicos guardan silencio sobre esta fase.
Obra de William Holman Hunt que muestra a Jesús cuando era niño.
Durante los últimos 18 meses, el brasileño Macedo y su colega húngaro Berkes han estudiado minuciosamente el papiro. Estuvieron personalmente en Hamburgo para analizar físicamente el material.
Y, cada uno en su universidad -Macedo es profesor en la Universidad de Lieja, en Bélgica; Berkes, en la de Berlín, Alemania- estudió detalladamente todas las características del documento que, en junio pasado, fue dado a conocer al mundo.
El material tiene la distinción de ser el manuscrito más antiguo conocido sobre este importante relato de la infancia de Jesús. Según los investigadores, el papiro encontrado fue escrito entre los siglos IV y V.
Esta datación se realiza en función del estilo ortográfico.
«Los escritos son diferentes según la época. Y algunos son más difíciles que otros», dice Macedo.
«En el caso de nuestro papiro, no es caligráfico, no es bonito, bien hecho. Es una escritura más fea, hecha por alguien que no sabía escribir muy bien. No era un profesional, un copista, creo que por eso no llamó la atención [entre los muchos documentos archivados en Hamburgo]».
Una de las hipótesis planteadas por los investigadores es que el texto fue elaborado como una tarea de aprendizaje por un monje que estudiaba para, quizás algún día, convertirse en copista. Esto explicaría la escritura torpe y la irregularidad de los trazos.
«Lamentablemente, como no se conoce el contexto arqueológico de donde proviene [el papiro], el único instrumento que nos quedó para la fecha fue la paleografía, es decir el tipo de escritura. Usamos el método comparativo”, contextualiza.
En el artículo académico escrito por el dúo, señalan que «no hay evidencia de cómo ni cuándo se descubrió el papiro».
El fragmento de papiro descubierto.
Según los investigadores, la colección papirológica mantenida por la Universidad de Hamburgo se formó mediante la adquisición de una colección entre 1906 y 1913 y, «posteriormente, mediante compras individuales hasta 1939».
Creen que el documento analizado no fue inventariado por la universidad hasta este siglo, ya que en 2001 «la colección [conservada allí] tenía sólo 782 números», y este papiro fue catalogado con el número 1011.
«El fragmento podría haber pertenecido al núcleo original de la colección o a un lote de papiro […] trasladado en una caja de madera de Berlín a Hamburgo en 1990», afirman los investigadores.
«Intentamos encontrar documentos sobre la historia del papiro. Lamentablemente no hay mucho al respecto«, lamenta Macedo.
– El texto
El Evangelio sobre la infancia de Jesús, también llamado Evangelio de Pseudo-Tomás o Protoevangelio de Tomás, ya era muy conocido entre los investigadores de la religión.
Anteriormente, el documento griego más antiguo con este relato databa del siglo XI.
«Tiene una tradición, una transmisión muy compleja, como se conoce en nueve lenguas antiguas y algunas ya son traducciones medievales. Algunas de estas lenguas tienen varias versiones: el griego, por ejemplo, tenía cuatro versiones diferentes», afirma el investigador brasileño.
En el fragmento, que mide 11 por 5 centímetros y tiene 13 líneas de texto, hay un extracto del inicio de este evangelio. Es el relato del que habría sido el primer milagro realizado por Jesús, cuando era un niño de apenas cinco años.
Según el texto, «jugaba en el vado de un arroyo; y juntaba las aguas corrientes en lagunas y las purificaba; y hacía estas cosas con solo palabras», según lo traduce el profesor Frederico Lourenço, de la Universidad de Coimbra.
«Y haciendo arcilla maleable, formó con ella doce gorriones. Y era sábado cuando los hizo. Y había muchos otros niños que jugaban con él», continúa el texto.
«Cuando un judío vio las cosas que Jesús hacía jugando un sábado, inmediatamente fue y se lo contó a su padre José: ‘He aquí, tu hijo está junto al arroyo; y tomó barro y moldeó doce gorriones, y profanó el sábado'», continúa el informe.
En este caso, el problema se debe a la ley judía que exige no trabajar los sábados.
«Y José, yendo al lugar y viéndolo, le gritó diciendo: ‘¿Por qué haces estas cosas un sábado, cosas que no te está permitido hacer?'», dice el texto. «Jesús, batiendo palmas, llamó a los gorriones y les dijo: ‘¡Id!’. Y volando, los gorriones se fueron cantando».
Según el comentario de Federico Lourenço en el libro Evangelios apócrifos -griegos y latinos- «no es posible determinar, de este texto, ni su autoría, ni su fecha, ni su título original«.
Este profesor y traductor portugués ha escrito que las hipótesis presentadas para datar el texto eran dispares y abarcaban desde el siglo II hasta el siglo VI; el descubrimiento actual acorta un poco esta brecha.
«Se trata de un texto desconcertante en varios niveles, sobre todo en la forma en que retrata a un niño Jesús insensible y caprichoso«, analiza en el libro.
«Es también curiosa la circunstancia de que sea el evangelio apócrifo con el menor número de paralelos con los cuatro canónicos (y con otros apócrifos), existiendo como en su propia burbuja».
Lourenço añade que «ha habido quienes la han tildado del primer ejemplo de literatura infantil […] en un contexto cristiano».
María y el niño Jesús en un cuadro de Caravaggio, de 1606.
Macedo, profesor originario de Coimbra, comenta que, para su trabajo, se basó en la escritura en griego que proviene de dos manuscritos que datan del siglo XV. Dice estar sorprendido «de que los manuscritos griegos de este evangelio sean, en general, tan tardíos», ya que «existen testimonios más antiguos del texto (siglo VI) en traducción siríaca».
El investigador le dice a BBC News Brasil que ese es uno de los puntos que cambia su descubrimiento: había quienes creían que el informe había sido escrito originalmente en siríaco.
Ya no hay prácticamente ninguna duda de que la primera versión estaba en griego antiguo, la lengua franca de la intelectualidad mediterránea en aquellos primeros siglos de la era común.
Especialista en cristianismo primitivo y autor de varios libros sobre el tema, el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), destaca que, aparentemente, la preocupación por lo ocurrido en los primeros años de la vida de Jesús fue una construcción tardía, es decir, no fue preocupación de la primera generación de sus seguidores.
«Los autores que podrían habernos hablado de la infancia de Jesús , allá por los años 50, 60 del siglo I, no dijeron nada [al respecto]», dijo a BBC News Brasil.
«Así que lo más probable es que estas historias contenidas en el Evangelio de Pseudo-Tomás sean realmente tardías, de la segunda mitad del siglo II».
En una época en la que «quien podía contarnos cómo habría sido aquella infancia ya no estaba vivo para contarnos nada de nada», afirma el historiador.
El profesor de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, el teólogo, historiador y filósofo Gerson Leite de Moraes evalúa, en una entrevista con BBC News Brasil, que este texto «es un intento de llenar un vacío». En este caso: la falta de datos biográficos o hagiográficos. Información sobre un período significativo en la vida de Jesús.
«Fue escrito en un momento de la historia en el que existen y coexisten varias corrientes teológicas, al margen, dentro o fuera del cristianismo, compitiendo», analiza.
– Repercusión
Chevitarese comenta que la mayor importancia de este descubrimiento es “que rebaja significativamente la datación de este evangelio” y el hecho de que “el original, muy probablemente, estaba en griego”.
Moraes sostiene que “cualquier manuscrito que recorra los orígenes del cristianismo” es muy significativo porque “prueba y corrobora toda una tradición de elementos teológicos, filosóficos, históricos y sociológicos que estuvieron en la base de la organización del cristianismo”.
Moraes coincide en que «la gran novedad» del hallazgo es la datación:
«Hay pruebas de que [el Evangelio de Pseudo Tomás] es un documento muy antiguo, que tiene un enorme respaldo de una gran tradición», afirma.
La mente es maravillosa(V.Sabater) — Seguro que en más de una ocasión habrás leído u oído aquello de: «La mayoría de las personas no escuchan para comprender, sino para responder». Lo cierto es que esta frase encierra una realidad que vemos con frecuencia en nuestras interacciones cotidianas. Una parte de la población carece de esa habilidad nuclear en todo escenario comunicativo: la escucha activa.
Tal artesanía psicológica requiere buenas dosis de empatía, paciencia cognitiva, voluntad para entender al otro y adecuadas estrategias de validación emocional.
Puede que, a grandes rasgos, todas estas claves te parezcan algo complejas. Sin embargo, te aseguramos que son dimensiones muy fáciles de integrar y que te facilitarán no solo ser un buen conversador o conversadora; además, podrás consolidar vínculos más enriquecedores.
– Escuchar de forma activa: definición e importancia
La escucha activa es una habilidad comunicativa que implica prestar atención plena al interlocutor, comprenderlo y demostrarle confianza. Es también darle presencia en el tejido conversacional para que perciba que aquello expresado se acoge sin juicios ni críticas. Así, toda persona que desee ser escuchada, debe aprender primero a ser un buen oyente. Te explicamos, a continuación, la relevancia de esta dimensión.
. Es una forma de validación
Escuchar activamente es también un ejercicio de validación en el que se refuerza un anhelo básico en el ser humano: ser tenido en cuenta. Por ejemplo, una queja habitual que se observa en terapia es el reproche constante de que la pareja, los hijos, los padres o los amigos no los escuchan. Esa necesidad emocional es una constante. Todos queremos tener conversaciones donde nos escuchen, atiendan y comprendan.
. Fortalece las relaciones
Al escuchar de esta forma, demuestras empatía y comprensión, lo cual fomenta el lazo de la confianza que fortalece los vínculos interpersonales. Recordemos siempre que la buena comunicación es el engranaje de toda relación satisfactoria, pero en esa fórmula no basta con saber expresarse. Es esencial demostrar un interés auténtico, así como empatía y voluntad de comprensión.
. Más que oír, es el deseo de conectar
El término «escucha activa» lo introdujeron los psicoterapeutas Carl Rogers y Richard E. Farson, en el libro que lleva por título el mismo nombre, donde detallaron en qué consistía esta competencia. En el contexto terapéutico, se alzaba como un recurso muy efectivo para generar cambios en las personas.
Asimismo, para Rogers, este modo de escucha es la llave de la comprensión empática. Sin ella no se puede crear un espacio seguro en el proceso psicoterapéutico. Lo mismo sucede en cualquier interacción fuera del ámbito clínico. Esta habilidad demuestra, sobre todo, el deseo de conectar con el otro desde el respeto y la apertura emocional.
. Resulta clave para resolver conflictos
Todo aquel que sabe escuchar a los demás de forma activa, evitará malentendidos y facilitará la resolución de conflictos. Lo consigue porque facilita que todas las partes puedan expresar sus puntos de vista sin ser interrumpidas. De esta manera, el diálogo se vuelve ágil y cómodo con el fin de sintonizar diferentes posturas para llegar a acuerdos.
. Es un pilar de la comunicación
Si hay algo que todos deseamos cuando acudimos al médico, al psicólogo, a un asistente social o, simplemente, cuando le contamos a un amigo una mala experiencia, es que nos escuchen. Queremos comprensión, que sostengan nuestra realidad emocional y entiendan lo que expresamos. El motor que hace posible este proceso es la escucha activa.
Una investigación divulgada en International Journal of Listening nos recuerda que la escucha reflexiva o dialógica es una herramienta de comunicación esencial en una variedad de campos ocupacionales y terapéuticos. Por ello, cuando hablamos con alguien, esperamos que se active esta competencia comunicativa. Porque no siempre buscamos consejos, el primer paso es poder ser escuchados de forma plena.
– Características y ejemplos de escucha activa
Hay personas con unas dotes naturales en materia de comunicación y escucha activa. Otras, por su parte, son oyentes mediocres, con quienes todo diálogo resulta infructuoso y hasta invalidante. Ahora bien, hay un hecho indudable: todos podemos desarrollar y mejorar mucho más esta competencia comunicativa relacional. Te explicamos cómo.
. Escuchar sin emitir juicios
Lo señalábamos más arriba: la mayoría de las veces, cuando hablamos con alguien, no queremos que nos aconsejen y, aún menos, que nos juzguen. Solo queremos que nos «atiendan» y nos «entiendan». Escuchar sin emitir juicios significa prestar atención de manera abierta y empática, evitando evaluaciones o críticas internas mientras la otra persona habla. Esto facilita que el interlocutor se sienta aceptado y comprendido.
Ejemplo: Un amigo dice: «Me siento frustrado porque nada en mi trabajo sale como quiero». En lugar de responder con «deberías ser más positivo», se puede decir: «Entiendo que es un momento difícil para ti».
. Hacer silencios activos
Tal y como matizan en un trabajo publicado en Social Sciences, «el silencio no es una ausencia de comunicación». El silencio activo define la habilidad de estar presente en el proceso comunicativo escuchando sin interrumpir. Es aplicar esa paciencia emocional y cognitiva donde uno evita hablar o expresarse, para dejar espacio al otro en su turno durante el diálogo.
Ejemplo: Si alguien comparte contigo una experiencia, opinión o sentimiento, puedes mantener el contacto visual y asentir de forma suave con la cabeza sin intervenir.
. Demostrar atención concentrada
La escucha asertiva o reflexiva requiere que seas capaz de demostrar una atención auténtica y concentrada. ¿Qué significa esto? Implica utilizar ese lenguaje no verbal donde tu expresión facial y tu cuerpo reflejen interés hacia tu interlocutor. Ese mecanismo demuestra al otro que estás presente y que te interesas por lo que dice, siente y expresa.
Ejemplo: Durante una reunión con otros compañeros de trabajo, es imprescindible guardar el móvil, inclinarte un poco hacia donde se encuentra la persona que habla y mantener el contacto visual en todo momento.
. Parafrasear
Esto es repetir lo que la otra persona ha dicho, pero con tus propias palabras. Esto sirve para confirmar y demostrarle a tu interlocutor que has entendido de forma correcta aquello que ha dicho y que, además, has prestado atención.
Ejemplo: Ante el comentario: «He estado muy estresado estos días por toda la presión que está ejerciendo mi jefe sobre mí en el trabajo», podrías responder, «entonces, sientes que toda la carga de responsabilidades que te está asignando tu superior es muy abrumadora, ¿verdad?».
. Formular preguntas aclaratorias
El arte de la escucha activa requiere hacer preguntas aclaratorias para obtener más información sobre la persona que tienes en frente. Esto es demostrar un interés genuino por entender mejor al interlocutor. Pero cuidado, deben ser cuestiones respetuosas, interrogantes que no emitan juicios de valor en ningún momento.
Ejemplo:Cuando un amigo te dice «las cosas con mi pareja no van bien», puedes preguntar: «Entonces, ¿qué es lo que más te preocupa de tu relación de pareja?».
. Aplicar la validación emocional
A lo largo del artículo destacamos la relevancia que tiene esta esfera en la escucha activa. Validar emocionalmente implica reconocer y aceptar los sentimientos de la otra persona, haciendo que esta se sienta comprendida y aceptada. En realidad, es un área que todos deberíamos ejercer en cualquier conversación con los demás.
Ejemplo: Si un colega de trabajo te dice «me siento muy triste porque no he podido lograr el ascenso», podrías responder: «Entiendo que te sientas decepcionado, sé que has trabajado muchísimo para intentar lograr ese cargo. Lo siento de verdad».
– Escuchar desde el corazón, el arte de todo diálogo
Si hay algo que todos necesitamos es que nos escuchen, más allá de si tenemos razón o no. De hecho, no importa si aquello que expresemos tenga poco de lógica y esté filtrado por el miedo y la desesperación. En el momento en que se nos abre un espacio de escucha, comprensión y validación, la angustia se mitiga.
No dudemos en practicar esta herramienta en cada momento, contexto y situación. Tanto en escenarios personales, como profesionales, la escucha activa será ese instrumento que facilite la convivencia, los acuerdos y el bienestar. En una sociedad dominada por las prisas y el individualismo, necesitamos más oyentes empáticos y pacientes. Sé uno de ellos.
JotDown(E.deGorgot) — Nació durante un bombardeo. Murió en un tiroteo. Cantó a menudo sobre la paz pero su vida fue, en cierto modo, como una guerra.
1940. Caen las bombas alemanas sobre Liverpool. Es de noche y no hay iluminación en las calles excepto la luz temblorosa de los incendios y la intermitente que producen los destellos de las explosiones. Aun así, en mitad de semejante panorama, dos hermanas deambulan por una ciudad hecha añicos, exponiéndose al infierno que los nazis les están enviando desde los cielos. No les queda otro remedio: una de ellas está a punto de parir y necesitan un médico.
Tras un diabólico trayecto más propio de una película de Spielberg, las dos mujeres consiguen llegar al hospital de maternidad.
El bebé nace sano y salvo. Acaba de venir al mundo uno de los individuos más célebres del siglo XX. Se llamará John Winston Lennon —el segundo nombre es un homenaje al líder de la nación durante esa misma II Guerra Mundial, el conservador Winston Churchill: dos iconos universales de la historia británica unidos por una curiosa conexión—y en poco más de dos décadas no habrá persona en el planeta Tierra con acceso a radio y periódicos que no vaya a conocer su nombre.
John Lennon fue un personaje confuso, capaz de descolocar incluso a sus más acérrimos seguidores por lo complejo y frecuentemente contradictorio de su personalidad. Y es que sus mismos orígenes son confusos. Su madre apenas ejerció de madre; fue aquella hermana que la había acompañado al hospital quien realmente crió al pequeño John.
Su padre, un marino desertor, simplemente desapareció de su vida tras su nacimiento. El propio Lennon dejaría constancia de sus sentimientos hacia sus padres bastantes años después en la lastimera Mother:
Madre, tú me tuviste pero yo nunca te tuve a ti. Yo te quise pero tú nunca me quisiste. Padre, tú me dejaste pero yo nunca te dejé a ti. Yo te necesitaba pero tú nunca me necesitaste. Papá, vuelve a casa, Mamá, no te vayas.
…y su carácter resultó ser demasiado explosivo como para interiorizar estas heridas y sufrirlas en silencio. Empezó a hacerse notar desde muy joven por su actitud belicosa hacia el entorno. Poseía una aguda inteligencia que rara vez empleaba en fines constructivos: sus profesores estaban hartos de él, considerándolo un payaso indisciplinado y un molesto rebelde sin causa cuyos efectos en el ambiente escolar eran perjudiciales e indeseables.
No pocos de sus compañeros de colegio le tenían miedo debido a su carácter agresivo y sus arrebatos violentos.
Era ingenioso y carismático, pero no una persona fácil de tratar. en su adolescencia empezó a vestir como un “teddy boy”, con tupé y chaqueta de cuero, como uno de tantos adolescentes secuestrados por aquella revolución cultural norteamericana que asoló el mundo —y que asoló el Reino Unido más que ninguna otra parte fuera de los propios EEUU— llamada rock & roll. John Lennon escuchaba a todas horas las canciones de Elvis Presley, Chuch Berry, Fats Domino… por fortuna para él y para el mundo, pudo volcar parte de aquella destructiva energía suya en la guitarra, en escribir canciones imitando a sus ídolos.
En todo lo demás, siguió siendo el mismo: un historial académico de expulsiones y conflictos, una conducta desastrosa y un más que incierto porvenir. Nadie pensó nunca que el joven John tuviese futuro en la música, pero tampoco tenía futuro en ninguna otra cosa. Era un caso perdido. Una secuela más de la gris existencia en una no menos gris Liverpool.
Siempre le gustó recordar que procedía de la clase proletaria, aunque esta era una verdad sesgada, por no decir una mentira. Quizá era la manera de empastar mejor con sus futuros compañeros en The Beatles, todos ellos procedentes de la auténtica clase obrera. Y sobre todo la manera de empastar mejor con su propio mensaje ideológico progresista.
Sea como fuere, aun siendo Lennon de clase media en lo socioeconómico —no era de familia adinerada, pero no pasó penurias— creció también en aquella hosca ciudad portuaria, en un barrio cuyas calles eran una rápida escuela para un adolescente que las pisara más tiempo del recomendable, como era su caso.
Pese a la imagen de buenos chicos que los Beatles empezaron a cultivar por mediación de su manager durante su ascensión al éxito, lo cierto es que siempre hubo mucha calle en ellos. Mucha más que en los Rolling Stones, que hacían justo lo contrario, aprendiendo a proyectar una imagen de canallas pese a que procedían de familias pequeñoburguesas de los suburbios acomodados de Londres.
Los Beatles, sin embargo, consiguieron hacer creer al mundo que eran los perfectos niños de mamá, aunque sus orígenes tenían más bien poco de fácil o pacífico. De hecho, los Beatles eran el auténtico grupo proletario. Mientras los Stones acudían a escuelas de arte y se enfrascaban en conversaciones —más bien snob— propias de conoisseurs del rhythm & blues norteamericano, los Beatles se vestían de cuero negro, se drogaban y se peleaban con cualquiera por cualquier motivo, además de tocar rock & roll sin ningún complejo, sudorosos y anfetamínicos, sin pretender dárselas de bluesmen.
A Lennon no le costó convertirse en líder de los Beatles en los inicios, antes de hacerse famosos: no resultaba sencillo intentar llevarle la contraria, porque su respuesta podía ir desde lo meramente sarcástico a lo físicamente agresivo. Era un tipo duro y mientras The Beatles fueron algo similar a una pandilla callejera, él tenía siempre la última palabra.
Pero cuando las cosas se tornaron más profesionales y el factor puramente musical entró en juego, resultó que ya no estaba solo al frente. El destino o la casualidad hicieron que en aquella misma banda se juntasen dos individuos con una facilidad pasmosa para sacarse melodías inolvidables de la manga.
Lennon inició una competición con Paul McCartney, que convirtió al cuarteto de Liverpool en una de las fuerzas artísticas y culturales más poderosas del siglo XX, y probablemente de toda la historia de la humanidad. Ambos jóvenes eran conscientes del talento del otro, y por ello firmaban sus canciones como Lennon/McCartney aunque en realidad las componían generalmente por separado.
Entre ambos producían la inmensa mayoría del repertorio de la banda y fueron el ente bicéfalo que manejó el timón durante la existencia de aquel extraño milagro llamado Beatles.
Así, si Paul aparecía con She loves you o Can’t buy me love, John hacía lo propio con A hard’s day night o Ticket to ride (por cierto, da gusto ver una actuación en directo de los Beatles primerizos en que se los oiga por encima de los gritos femeninos). Si Paul se descolgaba con el himno nostálgico Penny Lane, John le respondía con Strawberry fields forever. Si McCartney quería sonar en todas partes con Yesterday, Lennon lo hacía con Lucy in the sky with diamonds.
No se podía competir con una pareja semejante.
Era casi imposible. George Harrison tuvo que sacar lo mejor de sí mismo y resulta realmente asombroso que finalmente lograse ponerse a la altura de sus dos compañeros, si no en productividad, sí en cuanto a la calidad de sus mejores temas. Ringo Starr se resignó a ser reconocido únicamente como instrumentista, porque componer algo al nivel de Lennon/McCartney estaba fuera del alcance de casi todos los seres humanos.
Muchos otros artistas de la época se resignaron también a estar a la sombra de los Beatles.
En menos de diez años, los Cuatro Fabulosos de Liverpool provocaron un cambio de paradigma musical no sólo a nivel popular, sino a nivel de reconocimiento de la esfera artística en bloque, pocas veces visto. Su éxito no tenía parangón y el propio Lennon lo resumió con una elocuente “somos más famosos que Jesucristo”.
Lo cual, por otra parte, era técnicamente cierto pese al escándalo que produjo esa cita y que le ganó no poca animadversión entre sectores religiosos. Lennon era consciente del estatus de fenómeno mundial que habían adquirido los cuatro, y pronto fue quien empezó a dar más que hablar debido a lomarcado de su temperamento y a su tendencia a decir las cosas claras.
Pero el éxito no mató los demonios internos de Lennon. En su incesante búsqueda de sí mismo despistó a propios y extraños con sus cambios de rumbo a final de los sesenta , embarcándose en cruzadas ideológicas que le valieron incluso la enemistad de algún que otro gobierno (especialmente el norteamericano), protagonizando numeritos estrafalarios de toda índole y convirtiéndose en una figura de la avantgarde más esperpéntica junto a su novia intelectual —y después segunda esposa—, la célebre Yoko Ono.
El Lennon callejero, el antiguo Teddy Boy de pantalones de pitillo y fijador, quiso reconvertirse en un gurú de la vanguardia. El resultado no pudo ser más desconcertante. Lennon, como decíamos, seguía teniendo la calle en él, y su sarcasmo, su impertinencia y su tendencia —reconocida por él mismo— a hablar más de la cuenta le convirtieron una figura que basculaba entre el santón etéreo y el pandillero demagogo.
No siempre supo medir sus pasos en aquella época. Él mismo se sintió después avergonzado por algunos de sus excesos culturetas de esos años, y especialmente por la transitoria pérdida de control de su ego. Siempre habló de que su mayor cura de humildad se produjo el día en que tuvo el atrevimiento de encabezar con la entonces infumable The Plastic Ono Band un festival en el que actuaron como teloneros varios de sus ídolos y maestros: Bo Diddley, Jerry Lee Lewis, Little Richard y su adorado Chuck Berry.
Después de que semejantes pesos pesados del rock hubiesen calentado al público con su magia y energía, Lennon tuvo los santos redaños de pisar el escenario y ofrecer una muestra de sus desvaríos —hoy diríamos que “gafapastas”— junto a Yoko Ono, que provocaron una oleada de abucheos en la audiencia.
Aquella fue una lección que Lennon no olvidaría nunca. Una lección que permitiría emerger al Lennon más legendario e idolatrado, el de los setenta, el de mensajes políticos aún extremistas pero más razonados y mejor presentados, el Lennon que supo finalmente combinar espectáculo y música con mensaje sin caer en experimentos aburridos y absurdos.
Precisamente su relación con Yoko Ono, casi universalmente denostada por los fans de los Beatles y de la música en general, le marcó profundamente.
No fue una relación idílica.
Hubo problemas y rupturas, y Lennon se vio con otras mujeres en dichos paréntesis, porque no era precisamente un santo.
Pero sería absurdo no admitir que John y Yoko se querían.
Él le dedicó algunas de sus mejores canciones, como Woman, o la eternamente impresionante Jealous Guy, una sobrecogedora canción sobre los celos que fue una de sus obras cumbre.
Si tuviera que escoger una única canción de Lennon, esta sería probablemente mi favorita.
Aunque yo también soy de los que piensan que Yoko Ono fue a menudo una mosca cojonera que no colaboró a mejorar el ambiente en lo que —de todos modos— era una disolución cantada de los Beatles, y que su influencia sobre Lennon, al menos a nivel de imagen pública, fue a menudo negativa, he de decir que lo que ocurre entre dos personas queda entre esas dos personas, y para bien o para mal, es tan difícil entender al Lennon de los últimos años sin Yoko como lo es entenderlo sin el propio rock & roll.
En los setenta, decíamos, Lennon abandonó las ínfulas vanguardistas y retornó a la música que realmente amaba: el rock & roll… incluso grabó un disco de versiones llamado sencillamente así, Rock ‘n’ roll. Mientras, su estatus como figura pública se había disparado y era uno de los individuos que más daban que hablar a nivel mundial.
McCartney —el «más musical» de los Beatles— seguía centrado en su carrera, George Harrison continuaba colgado en los sesenta y Ringo Starr rodaba películas estúpidas y se iba de juerga alcohólica con Keith Moon, formando la pareja de baterías más divertida de todos los tiempos (en serio, ¿cómo no pueden caerte bien estos dos tipos?).
Pero Lennon era el hombre de las convicciones fuertes, el hombre cuyas opiniones eran escuchadas y tenían repercusión. Seguía siendo el Beatle a quien más atención se prestaba, como al principio, cuando eran sólo una pandilla de chavales en las calles de Liverpool.
No era un intelectual, por mucho que casi lo hubiese pretendido en ciertos momentos, pero sí era muy inteligente. Terminó resultando convincente cuando hablaba de la paz, de la forma en que el mundo era manejado por los poderes establecidos, en un humanismo poco académico y más bien rabiosamente instintivo.
Era el izquierdista, el feminista, el pro-abortista, el defensor de las minorías, el artista que sin avergonzarse de su condición de millonario —a fin de cuentas la gente le había pagado por su música y él no le había robado a nadie— hacía lo que podía por enviar un mensaje de libertad, igualdad y fraternidad desde el púlpito que entre todos le habíamos concedido.
Era Lennon, el inesperado portavoz de una clase proletaria a la que nunca perteneció realmente, pero a la que conocía de cerca y respetaba. Quizá no fue nunca el mejor marido o el mejor padre, pero eso es algo que deben juzgar sus mujeres y sus hijos. A nosotros, a quienes lo admiramos por lo que aportó a la cultura universal y nunca lo conocimos personalmente, no nos debería importar.
Tampoco fue nunca exactamente simpático, aunque en ocasiones —cuando a él le venía bien o sencillamente cuando se sentía relajado— sí conseguía desplegar ese encanto macarra que habitaba bajo su más reciente segunda piel de ideólogo concienciado.
Era muy distinto, no puedo dejar de hacerlo notar, el Lennon de las entrevistas junto a Yoko que el Lennon de las entrevistas en solitario, más propenso al ingenio rápido que uno esperaría de aquel chaval carismático de la Liverpool cruda y portuaria, y no tanto al discurso solemne que a veces, sobre todo cuando su mujer estaba al lado, podía resultar demagógico y en ciertos momentos francamente estomagante.
Durante esos mismos años setenta, el reconciliado matrimonio de John y Yoko convirtió Nueva York en su nueva casa, como hicieron muchos artistas británicos que emigraban a EEUU por cuestiones, sobre todo, de impuestos. Lennon se estableció en la Gran Manzana muy a disgusto de las autoridades norteamericanas, las cuales —hoy es bien sabido— buscaron cualquier excusa legal para conseguir deportarlo de vuelta a las Islas Británicas, aunque nunca lo consiguieron.
Y aquella ciudad era sin duda el nido ideal donde podía establecerse alguien como él, porque allí era donde se estaba cociendo todo y Lennon —excepto en su eterno amor a la música de los cincuenta con la que había crecido— no estaba dispuesto a estancarse en el pasado. Seguía siendo el más afilado de los ex-Beatles, el que más bordeaba los límites en lo cultural, y seguía calando entre las nuevas generaciones.
Y no era el más cercano a la gente de a pie porque Ringo —aun con todos sus millones— era pura “working class” y auténtica carne de taberna, pero sí era el que la gente sentía más cercano a ella. Nunca fue un personaje cómodo y eso le valió, incluso en vida, algunas admiraciones encendidas y profundas de una naturaleza que ninguno de los otros Beatles consiguió despertar. También le valió no pocas enemistades, pero como decíamos más arriba, Lennon siempre estuvo en guerra con el mundo.
Sólo que en su guerra contra el mundo nunca debió verterse sangre, pero ese mundo, por desgracia, está plagado de alimañas.
Y hablando de alimañas, Mark David Chapman debe de ser uno de los individuos más odiados del planeta. Sí, hay gente que ha cometido crímenes incluso peores, pero él se las arregló para tocar una fibra que en cierto modo estaba conectada con casi todo individuo en nuestra sociedad moderna.
No fue hasta el 8 de diciembre de 1980 —se cumplen treinta y un años mientras escribo estas líneas— en que dicha sociedad adquirió plena consciencia de lo importante que son (con justicia o no, pero inevitablemente) determinadas figuras del ámbito de la creación artística y cultural.
Ese 8 de diciembre de 1980 John Lennon y Yoko Ono salieron del hoy tristemente legendario edificio Dakota, un complejo neoyorquino de apartamentos de lujo, para pasar la jornada grabando música en el estudio. Nada más pisar la calle y aproximarse a su limousine, se produjo el primer encuentro entre Chapman y Lennon: el joven de veinticinco años se acercó a Lennon camuflado entre varios fans que pedían autógrafos, a los que el cantante atendía amablemente.
De hecho, Lennon le firmó un disco al propio Chapman y tras estampar su firma en la carpeta del vinilo le dijo “¿deseas algo más?”. Después, John y su esposa entraron el automóvil y se marcharon. Poco podía saber el ex-Beatle que acababa de toparse cara a cara con su inminente asesino. Volverían a encontrarse aquella misma noche, lo cual significaba que John Lennon no volvería a contemplar otra mañana.
Tras la hora de cenar, cuando el ex-Beatle y su mujer regresaban a su apartamento, Chapman estaba esperando en el portal, agazapado entre las sombras. Allí le había visto el portero de la finca, quien no sospechó nada extraño porque no era raro que también por la noche hubiese fans esperando a Lennon ante el edificio o en el mismo patio.
De hecho, el cantante se apeaba de su limousine en plena calle a propósito —en vez de entrar directamente con el coche en el complejo del edificio, cosa que podía hacerse— porque le gustaba atender personalmente a sus seguidores. Además Chapman era de aspecto más bien inofensivo, así que el portero no concedió mayor importancia a su presencia.
John Lennon empezó a caminar por el portal en semipenumbra. Todo sucedió rápidamente, no hubo grandes ademanes ni escenas grandilocuentes. Fue un asesinato rápido, frío y francamente cobarde. Sin mediar palabra, Chapman se acercó a Lennon por la espalda y disparó cinco tiros a bocajarro, de los cuales cuatro hicieron blanco en su cuerpo, causándole severas heridas internas.
Lennon aún pudo dar unos pasos y subir algunos escalones hacia el lugar donde estaba el guarda de seguridad, diciendo: “me han disparado”. Después, no fue capaz de mantenerse más en pie. El guarda lo ayudó a tenderse, cubriéndolo con su propia chaqueta y quitándole las gafas. Se llamó a una ambulancia.
En algún momento entre quedar tendido en el portal y su llegada al hospital, John Lennon dejó de respirar. No tenía pulso cuando entró en la sala de emergencias y pese a los desesperados intentos del equipo médico no pudo ser reanimado.
Las heridas eran demasiado graves, y una de las balas había seccionado la arteria aorta —la principal vía sanguínea del organismo humano— con lo que su cuerpo sencillamente había dejado de funcionar en el breve tiempo transcurrido desde los disparos. John Lennon había muerto.
Mientras tanto, la policía detuvo a un tranquilo Mark Chapman que no se había resistido cuando el portero del edificio, tras oír los disparos, había corrido hacia él, logrando reducirle y quitándole la pistola. Horrorizado, el conserje le había dicho:
—Pero, ¿tú te das cuenta de lo que acabas de hacer? —Sí, acabo de matar a John Lennon.
La muerte de Lennon fue un suceso de impacto mundial, cuya repercusión y efecto sobre el ánimo de la opinión pública es algo que nadie podía haber previsto hasta que realmente aconteció. Muchos actores y músicos habían muerto jóvenes, el propio Elvis Presley había fallecido sólo unos pocos años antes, lo cual había sido también una noticia de alcance planetario.
Pero esto era diferente; el que John Lennon, que llevaba tantos años cantándole a la paz, fuese acribillado a tiros en el portal de su casa era un sinsentido, un crimen sin explicación posible. Incluso en los asesinatos tanto o más deleznables de individuos todavía más admirables como el MahatmaGandhi o Martin Luther King había ciertas connotaciones políticas que hacían del crimen algo no menos horrible, pero sí relativamente explicable y, en cierto modo, incluso previsible.
Eran personas ejemplares, pero que se habían metido en luchas políticas de cuyo peligro eran perfectamente conscientes. Se habían creado enemigos entre ciertos bandos ideológicos que no querían tolerar su existencia y se habían prestado a ser mártires de su causa. Pero, ¿John Lennon? Con todas sus opiniones políticas, no era más que un simple músico.
Uno de los más famosos, sí, pero no un verdadero líder político ni la cabeza de ningún movimiento destinado a cambiar un país como lo fueron Gandhi y el reverendo King. Era solamente alguien que había escrito canciones que mucha gente asociaba con su propia infancia y adolescencia, con momentos de su vida unidos a aquella banda sonora.
Solamente así se explica el shock que produjo el asesinato de John Lennon y el modo en que su figura ascendió casi inmediatamente a los altares. Si los sesenta y la Era del Amor habían muerto, asesinar a John Lennon había sido como escupir en el ataúd.
El mundo pareció mucho menos inocente, mucho más oscuro después de aquel 8 de diciembre. Nadie salía ganando con aquel asesinato: ni rivales políticos, ni gobiernos, ni nadie. Incluso el propio Chapman —quien finalmente dijo haber matado a Lennon para “adquirir su fama”— siguió siendo un perdedor, un bicho raro cuya fama consiste únicamente en la infamia de haberle robado al mundo uno de esos escasos individuos capaces de crear cosas que hacen felices a mucha gente.
Lennon se convirtió en otra clase de mártir: el no-político, el hombre cuyo único pecado era la fama. No lo mataron las drogas ni el alcohol, ni se suicidó, ni sufrió un accidente de coche o de helicóptero. Su muerte no tenía sentido, literalmente, no podía ser definida ni encuadrada de alguna motivación ideológica, sectaria o religiosa. Murió solamente porque era famoso. Aquello cambió la vida de muchas otras estrellas.
Para empezar, las de los demás Beatles. De repente, haber sido miembro de tan famosa banda era un factor de riesgo: ya no podían caminar tranquilamente por la calle atendiendo a un público que, en el 99% de los casos, los amaba y admiraba, porque había un 1% de ese público que al parecer era capaz de vaciarte un cargador de revólver por la espalda sólo porque habías sido un Beatle.
Como aquel asesinato no tenía significado alguno más allá de un absoluto absurdo, ese 99% restante de la gente decidió darle su propio sentido. Hicieron que el mensaje de Lennon trascendiera su figura física, su vida terrenal. Respondieron al horror del crimen amplificando el legado del artista y el pensamiento de la persona inteligente que fue.
Los seguidores de Lennon, o sencillamente todo aquel para quien The Beatles significó algo en algún momento de sus vidas, se resistieron a rendirse ante aquella pérdida de la inocencia colectiva y lo hicieron situando en primer plano las facetas mejores y más brillantes de John Lennon, idealizándolo sin duda, pero también poniendo de manifiesto que fue una de las pocas estrellas que intentó construir algo diferente utilizando ese estrellato.
Lennon había intentando devolverle al mundo lo que el mundo le había dado a él y lo había hecho a su manera —mejorable a veces, pero ¿quién no es mejorable?— y eso era algo que, tras su sangrienta y paralizante desaparición, el mundo quiso agradecerle.
Por eso hoy Lennon sigue siendo tan relevante. Era sólo un artista, o era nada menos que un artista, como cada cual lo quiera ver. Pero en estos tiempos de estrellatos vacuos, música superficial —en la forma y en el fondo— y entretenimiento intrascendente, alguien como John Lennon es más añorado que nunca.
No por ninguna supuesta perfección, sino por todo lo contrario: se atrevió a dar un paso adelante aunque ello supusiera ponerse a veces en evidencia y mostrar a todos sus defectos. Pero lo hizo, dijo lo que pensaba y vinculó sus actos con ese pensamiento en la medida de lo posible. No se acomodó en una fama fácil de plumerío autocomplaciente.
Fue comprometido, fue incómodo, fue atrevido, fue impertinente en ocasiones y fue molestamente pertinente en otras, fue directo, fue controvertido, no dudó en entrar en materia sobre asuntos importantes y lo hizo todo cuando sabía que millones de personas iban a juzgar cada uno de sus movimientos al milímetro.
No es que un artista deba ser todo esto para justificar su condición o su lugar en el mundo, pero John Lennon sí lo fue y la verdad es que nunca está de más reconocérselo.
Y, por si fuera poco, fue un individuo complejo e imprevisible, digno de estudio, que dejó un poso de fascinación en la cultura popular. Te caiga bien o te caiga mal, es precisamente el tipo de personaje público interesante en el que siempre merece la pena indagar, del que siempre hay algo intrigante que descubrir; la clase de estrella que cada día añoraremos más porque cada día abunda menos.
Alguien que nos da motivos para pensar y reflexionar aunque sólo sea por el mero hecho de intentar analizar su figura. No fue un artista superficial, tampoco «inodoro, incoloro e insípido». Aunque su famoso grupo definió la esencia de la palabra «pop», él nunca fue un artista poppie.
Y no me refiero sólo a lo musical —porque Lennon adoraba el rock & roll y tenía siempre la palabra en la boca— sino a su actitud vital. Nunca quiso ser un personaje blando y vendible. Nunca quiso ser una «estrella amable» ante los medios, ni un producto descafeinado para todos los públicos.
Fue un rockero también en la vida: rebelde, contestatario, siempre haciéndose preguntas y cuestionando a la autoridad. No era alguien a quien verías en un reality show manteniendo conversaciones estúpidas sobre asuntos banales.
Así que, aunque suene a horrendo tópico de carpeta de quinceañera, admitiré que sí, que yo también echo de menos a John Lennon.
Si incluso Ray Charles lo echaba de menos, entonces es que hay buenos motivos para ello. R.I.P. John.
The Conversation(R.G.González) — ¿Reía la gente en la Edad Media? Probablemente muchos piensan que no. A fin de cuentas, somos carne de tópico: nuestro sentido común (ese “todo el mundo sabe que”) nos dice que la época era sucia, oscura, misógina, terraplanista y, en general, cualquier cosa que no nos guste.
Que todo eso sea mentira es lo de menos, porque cumple una función: esa creencia nos reconforta, nos hace sentir superiores a las gentes del pasado o a otras culturas “que aún siguen en la Edad Media”, y eso basta.
Por eso, “todo el mundo sabe que” el Medievo era una época especialmente lúgubre, donde reinaban el miedo, la angustia y la represión: supuestamente, la risa estaba incluso condenada por la Iglesia, que atenazaba con su poder omnímodo a las masas.
Y sin embargo, nada de eso es cierto. Hasta tal punto que los habitantes de la Edad Media real podían tomarse unas libertades para el humor que a ojos del presente resultan cuando menos chocantes.
– Las canciones de Isabel y Fernando
En la biblioteca del Palacio Real de Madrid se conserva un libro (un “códice”) maravilloso: el Cancionero musical de palacio. Gracias a él podemos conocer la letra y partitura de cientos de canciones que sonaban en la corte de Isabel y Fernando de Trastámara, los “Reyes Católicos” españoles.
No pocas de ellas fueron compuestas por Juan del Enzina, nacido en las tierras del viejo reino de León, que acabaría siendo prior de la catedral leonesa. Una de las más curiosas, titulada “Si abrá en este baldrés”, narra cómo a tres mozas parece quedárseles corto, en algún sentido, ese misterioso objeto.
La edición actual del diccionario de la Real Academia Española conserva aún la voz baldrés o baldés, que define como “Piel de oveja curtida, suave y endeble, empleada especialmente para guantes”. Las versiones anteriores añadían, tímidamente, “y otras cosas”.
Página del Cancionero Musical de Palacio en el que se reproduce ‘Si abrá en este baldrés’, con tachados posteriores que suprimen del texto todas las apariciones de las palabras ‘pija’ y ‘carajo’.
Como el siglo XV era algo menos mojigato, podemos conocer la verdadera naturaleza del objeto en cuestión gracias al anónimo texto satírico conocido como las Coplas del provincial. En él se preguntaba sin remilgos “a cómo vale el valdrés / por falta de cuerpo de hombre”.
Cabe sospechar que, medio milenio después, en las cortes reales ya no se cantan esas cosas. O, al menos, no se ponen por escrito. Con el correr de los siglos, nuestros oídos parecen haberse vuelto mucho más sensibles al escándalo que los de los Reyes Católicos.
– Las risas del clero
En el París del año 1414, una epidemia de tos ferina dio pie a una canción humorística muy popular entre los niños que se reunían en cuadrillas para hacer los recados de la tarde.
Su estribillo decía así: “Vuestro coño tiene tos, comadre / Vuestro coño tiene tos, tiene tos”.
Fragmento de ‘Cómo Enrique Curtmantle, hijo de la emperatriz Matilde, fue coronado rey de Inglaterra’, de David Aubert, ‘Histoire abrégée des Empereurs’: París.
Pocas cosas hay más humanas que ese recurso a la risa como mecanismo liberador frente al miedo que produce una epidemia.
Por eso sorprende que, mientras que un clérigo de la época no tuvo reparos en recoger estas palabras textualmente en su crónica (conocida como Diario de un burgués de París), la historiadora que preparó en 1990 una edición de la misma para el gran público se sintiese obligada a censurar el vocablo malsonante.
Un milenio antes, el 13 de agosto de 1099, la elección papal se celebraba en esta ocasión en la venerable basílica romana de San Clemente de Letrán.
La ceremonia tenía lugar a la vista de unos frescos entonces recientes que cubrían las paredes de la iglesia, en los que se narraban los milagros del santo titular.
En uno de ellos, situado muy cerca del altar, la risa cobra un especial protagonismo.
A la manera de una viñeta de tebeo moderno con bocadillos, podemos ver allí a varios personajes acompañados de sus frases respectivas.
El efecto cómico se produce por contraste: San Clemente se expresa solemnemente en latín, y los paganos que intentan apresarlo sin éxito dicen zafiedades en lengua vulgar (sus palabras son, de hecho, uno de los testimonios escritos más antiguos de los romances itálicos).
El jefe de los paganos emite una orden crudamente realista, posiblemente el más hilarante de los textos fundacionales de una lengua: “Fili dele pute traite” (“¡Hijos de puta, arrastrad!”).
No parece que la broma disgustase a los prelados allí reunidos, ya que eligieron como papa precisamente al cardenal al frente de la basílica, Raniero de Bleda, quien adoptaría el nombre pontifical de Pascual II.
A diferencia de nosotros, las gentes del siglo XI encontraban espacio para el sentido del humor incluso en los asuntos sagrados.
– La culpa no es del Medievo
De hecho, la comicidad era un elemento esencial de la cultura medieval en todas sus manifestaciones: arte, literatura, música, rituales, costumbres…
Claro que la Edad Media, como cualquier otra época, tuvo sus fanáticos, sus inquisidores, sus eunucos, sus predicadores de rostro enjuto y corazón helado, sus enemigos del cuerpo, el placer y la alegría.
Pero a lo largo de aquellos siglos nunca dejaron de ser una minoría, incluso dentro del clero.
En general, los intelectuales y los clérigos del Medievo se atenían a la opinión de Aristóteles, para quien la risa era un atributo humano esencial.
Por eso cuando, allá por el año 1000, el monje Notker escribía en la abadía de San Gall (en la actual Suiza) un libro de definiciones, no encontró otra mejor para el ser humano que la de “animal racional, mortal, capaz de reír”.
Inscripción de San Clemente, detalle de un fresco de finales del siglo XI en la basílica subterránea de San Clemente de Roma. Affreschi della Basílica di San Clemente
No fueron los tiempos medievales sino otros posteriores los que erradicaron la estación carnavalesca, las cencerradas, la fiesta de los locos, la risa pascual o las travesuras de la víspera de Todos los Santos.
La anulación de la risa, como la doma de los cuerpos, es un fenómeno mucho más reciente de lo que nos gustaría creer. Tanto, que todavía está en marcha. Y a qué velocidad.
En Estados Unidos, investigadores lograron mantener funcionando un riñón de cerdo en un paciente durante 61 días.
National Geographic(N.Freire) — La ciencia y la innovación nunca se detienen. Cada día y a cada hora, existen científicos alrededor de todo el mundo trabajando por el avance, el bienestar y la mejora de calidad de vida de todos los seres vivos que habitamos el planeta.
Por ello, este año nos ha dejado avances sorprendentes que van desde nuevas terapias que transforman la lucha contra enfermedades hasta herramientas tecnológicas que expanden las fronteras del conocimiento, recordándonos que la curiosidad y el esfuerzo colectivo son motores del progreso.
Hoy hacemos un recorrido por siete avances científicos que marcaron el 2024. Cada uno de ellos representa no solo un logro técnico, sino también un paso hacia un futuro más saludable, sostenible y lleno de posibilidades.
– Lenacapavir, un tratamiento contr el VIH
A principios de 2024, el lenacapavir recibió luz verde en numerosos países como un tratamiento revolucionario para el VIH. Este fármaco destaca por ser el primero que puede administrarse mediante una inyección subcutánea cada seis meses, simplificando enormemente la rutina de tratamiento de las personas con VIH, especialmente aquellas con virus resistentes a otros antirretrovirales.
Su eficacia para reducir la carga viral y su bajo perfil de efectos secundarios lo convierten en una herramienta crucial para avanzar en el control de la epidemia. Además, representa una solución más accesible para poblaciones con dificultades para seguir tratamientos diarios, marcando un hito en la lucha contra una enfermedad que sigue afectando a millones de personas en todo el mundo.
Imagen de archivo de una conceptualización del virus del VIH
– México aprueba un fármaco clave contra el Alzheimer
En julio, México sorprendió al mundo al convertirse en uno de los primeros países en aprobar un medicamento innovador para tratar el Alzheimer en sus etapas tempranas.
Este fármaco, cuyo nombre comercial aún genera debate público, no cura la enfermedad, pero ha demostrado ser capaz de ralentizar su progresión al atacar las placas de beta-amiloide en el cerebro, uno de los principales causantes del deterioro cognitivo.
La aprobación por parte de la COFEPRIS no solo representa una esperanza para pacientes y sus familias, sino que también destaca el papel de México en la adopción de tecnologías médicas de vanguardia.
Este avance nos recuerda que cada paso, por pequeño que parezca, puede marcar una gran diferencia en la vida de millones de personas que viven con esta condición.
– Júpiter, la supercomputadora más eficiente y poderosa de Europa
En noviembre, Europa inauguró la supercomputadora Júpiter, un proyecto monumental que redefine el panorama de la computación científica. Localizada en Alemania, esta máquina se posiciona como una de las más rápidas y, al mismo tiempo, como la más eficiente energéticamente del mundo.
Júpiter no solo servirá para resolver problemas complejos como las predicciones del cambio climático con una precisión sin precedentes, sino que también se dedicará a la creación de «gemelos digitales» de órganos humanos como el corazón y el cerebro.
Esto permitirá a científicos simular enfermedades y tratamientos con una precisión inimaginable hasta ahora. Además, su compromiso con la sostenibilidad demuestra que el progreso tecnológico puede ir de la mano con el cuidado del planeta.
Supercomputador Júpiter
– Xenotrasplantes, un paso más en el futuro de los trasplantes
La escasez de órganos para trasplantes es un problema crítico en la medicina, pero este año se dio un paso prometedor hacia su solución. En Estados Unidos, investigadores lograron mantener funcionando un riñón de cerdo en un paciente durante 61 días, un récord que demuestra que los xenotrasplantes están más cerca de convertirse en una realidad.
Este avance se logró gracias a modificaciones genéticas en los órganos de los cerdos para reducir el riesgo de rechazo por el sistema inmunológico humano. Aunque todavía hay desafíos éticos y técnicos por resolver, este tipo de logros nos acercan al día en que los órganos de origen animal podrían salvar la vida de miles de personas que hoy están en lista de espera.
– Observatorio Vera Rubin, la fotografía del universo cada 3 días
Este 2024 también marcó el inicio de operaciones del esperado Observatorio Vera Rubin, situado en el desierto de Atacama en Chile. Equipado con el telescopio de rastreo más avanzado del mundo, este observatorio escaneará el cielo nocturno completo cada tres días, produciendo un mapa dinámico del cosmos.
Sus objetivos principales incluyen desentrañar los misterios de la materia oscura y la energía oscura, dos de los enigmas más grandes de la física moderna. Además, permitirá a los astrónomos detectar asteroides cercanos a la Tierra y estudiar eventos transitorios como explosiones de supernovas.
Este proyecto no solo impulsará nuestra comprensión del universo, sino que también reafirma el liderazgo de Chile como una capital mundial de la astronomía.
Imagen del observatorio Vera Rubin bajo el cielo nocturno.
– Terapias personalizadas, una revolución en la lucha contra el cáncer ERA
En la Conferencia Mundial de Cáncer de Pulmón celebrada en septiembre, se presentaron avances en terapias personalizadas que están transformando el tratamiento oncológico.
Estas terapias, basadas en el perfil genético de cada paciente, permiten atacar las mutaciones específicas que causan el cáncer, aumentando significativamente la efectividad del tratamiento y reduciendo los efectos secundarios.
En 2024, se destacaron especialmente los avances en inmunoterapia, donde los investigadores lograron potenciar las defensas naturales del cuerpo para atacar las células cancerosas. Este enfoque está marcando un antes y un después en la oncología, ofreciendo una nueva esperanza a pacientes con tipos de cáncer que antes eran difíciles de tratar.
– Impresión 3D para reparar tejidos humanos
La impresión 3D ha alcanzado un nuevo nivel este año, con desarrollos que permiten crear tejidos humanos funcionales. Investigadores lograron producir tejido óseo personalizado y estructuras vasculares que podrían usarse en trasplantes y cirugías reconstructivas.
Uno de los avances más impresionantes fue la creación de tejido óseo viable para implantes en pacientes con lesiones complejas. Este desarrollo no solo reduce los riesgos asociados a los injertos tradicionales, sino que también abre la puerta a tratamientos más rápidos y personalizados. La combinación de tecnología y medicina está transformando lo que antes parecía ciencia ficción en una realidad tangible.
Los gangsters de Río fusionan religión y crimen mientras toman control del territorio.
BBC NewsMundo (L.Diseko/J.Carneiro) — Cuando la policía de Río de Janeiro confisca paquetes de cocaína y marihuana, es muy probable que los encuentre marcados con un símbolo religioso: la estrella de David.
No es una referencia a la fe judía, sino a la creencia de algunos cristianos pentecostales de que el regreso de los judíos a Israel conducirá a la segunda venida de Cristo.
El cartel que vende estas drogas de marca es el Tercer Comando Puro, uno de los grupos criminales más poderosos de Río, famoso tanto por hacer desaparecer a sus oponentes como por su fanatismo cristiano evangélico.
Tomaron el control de un conjunto de cinco barrios de favelas en el norte de la ciudad, conocido ahora como el Complejo Israel, después de que uno de sus líderes tuvo lo que él creyó una revelación de Dios, afirma la teóloga Vivian Costa, autora del libro «Traficantes evangélicos».
Costa explica que estos mafiosos se ven a sí mismos como «soldados del crimen», con Jesús como «el dueño» del territorio que dominan.
Algunos los han apodado, de forma controvertida, «narcopentecostales».
Las bandas de narcotraficantes usan la violencia para expulsar a las religiones no cristianas de las favelas.
– Un rifle y la Biblia
Un hombre que tiene experiencia en el crimen y la religión -aunque en su caso, no a la vez- es el pastor Diego Nascimento, quien se convirtió al cristianismo después de escuchar el evangelio de boca de un gánster con un arma en la mano.
A simple vista es difícil creer que este ministro metodista wesleyano de 42 años de aspecto infantil, con una sonrisa fácil y hoyuelos en las mejillas, fuera en el pasado miembro de la notoria pandilla criminal Comando Rojo de Río, dirigiendo sus actividades en la favela Vila Kennedy de la ciudad.
Cuatro años en prisión por tráfico de drogas no fueron suficientes para que abandonara el crimen. Pero, cuando se volvió adicto al crack, su posición en la banda cayó.
«Perdí a mi familia. Viví prácticamente en la calle durante casi un año. Llegué al punto de vender cosas de mi casa para comprar crack«, relata.
Fue entonces, cuando estaba en su peor momento, cuando un conocido traficante de drogas de la favela lo llamó.
«Comenzó a predicarme, diciéndome que había una salida, que había una solución para mí, que era aceptar a Jesús», recuerda.
El joven adicto siguió ese consejo e inició su camino hacia el púlpito.
El pastor Nascimento todavía pasa tiempo con criminales, pero ahora es a través de su trabajo en las cárceles donde ayuda a las personas a cambiar sus vidas, como hizo él.
Pese a haber sido convertido por un mafioso, considera una contradicción la idea de criminales religiosos.
«No los veo como creyentes evangélicos», afirma.
«Los veo como personas que van por el camino equivocado y tienen miedo de Dios porque saben que Dios es quien guarda sus vidas».
«No existe la combinación de las dos cosas, ser evangélico y matón. Si una persona acepta a Jesús y sigue los mandamientos bíblicos, no puede ser traficante de drogas».
En las favelas de Río se vende cocaína con la estrella de David estampada.
– «Vivir bajo asedio»
Según algunas predicciones, el cristianismo evangélico superará al catolicismo como la religión más importante de Brasil a finales de esta década.
En su expansión, el carismático movimiento pentecostal ha resonado particularmente entre la gente que vive en las favelas plagadas de pandillas, y ahora algunas de estas están recurriendo a elementos de la fe con la que crecieron para ejercer su poder.
Una de las acusaciones de las que son objeto es que utilizan la violencia para reprimir a las religiones afrobrasileñas.
Christina Vital, profesora de sociología en la Universidad Federal Fluminense de Río indica que las comunidades pobres de Río de Janeiro llevan mucho tiempo viviendo «bajo asedio» de las bandas criminales, y esto ahora está afectando a su libertad de religión.
«En el Complejo de Israel no se puede ver a personas con otras creencias religiosas practicándolas públicamente. No es una exageración hablar de intolerancia religiosa en ese territorio», explica.
Vital dice que también se han cerrado centros religiosos afrobrasileños de Umbanda y Candomblé en los barrios circundantes, y que los pandilleros a veces dibujan mensajes en las paredes como «Jesús es el Señor de este lugar».
Los fieles de las religiones afrobrasileñas se han enfrentado a prejuicios durante mucho tiempo, y los traficantes de drogas no son las únicas personas que los han atacado.
Rita Salim, quien dirige el Departamento de Delitos Raciales e Intolerancia de la policía de Río, afirma que las amenazas y los ataques de las bandas de narcotraficantes tienen un impacto especialmente poderoso.
«Estos casos son más graves porque son impuestos por una organización criminal, por un grupo y su líder, que siembra el miedo en todo el territorio que domina».
Señala que se ha emitido una orden de arresto contra el hombre que se considera el jefe criminal número uno en el Complejo Israel por supuestamente ordenar a hombres armados que atacaran un templo afrobrasileño en otra favela.3
El ‘Complejo Israel’ es un grupo de favelas dirigido por una de las bandas más peligrosas de Río.
– «Neocruzada»
Si bien las acusaciones de extremismo religioso en las favelas de Río comenzaron a llamar la atención a principios de la década de los 2000, el problema ha «aumentado drásticamente» en los últimos años, según Marcio de Jagun, coordinador de Diversidad Religiosa del Ayuntamiento de Río.
Jagun, quien es un babalorixá (sumo sacerdote) de la religión Candomblé, asegura que el problema ahora es nacional, con ataques similares registrados en otras ciudades brasileñas.
«Es una forma de neocruzada», lamenta. «El prejuicio detrás de estos ataques es tanto religioso como étnico, con forajidos que demonizan las religiones de África y afirman desterrar el mal en nombre de Dios».
Pero la religión y el crimen han estado entrelazados durante mucho tiempo en Brasil, asevera la teóloga Vivian Costa. En el pasado, los gánsteres pedían protección a las deidades afrobrasileñas y a los santos católicos.
«Si nos fijamos en el nacimiento del Comando Rojo, o el nacimiento del Tercer Comando, las religiones afro (y el catolicismo) han estado ahí desde el principio. Vemos la presencia de San Jorge, la presencia de Ògún (deidad afrobrasileña), los tatuajes, los crucifijos, las velas, las ofrendas.
«Por eso, llamarlo narcopentecostalismo es reducir esa relación tan histórica y tradicional entre crimen y religión. Yo prefiero llamarlo ‘narcoreligiosidad'», sentencia.
Sin importar cómo se denomine a esta mezcla de fe y criminalidad, una cosa parece clara: pone en peligro la libertad religiosa, un derecho consagrado en la Constitución brasileña.
Y es una forma más con la que los narcotraficantes violentos causan daño a las comunidades obligadas a vivir bajo su dominio.
The Conversation(F.Blasco) — El año que comienza es un año cuadrado: 2025 = 45².
No decimos que eso sea bueno ni malo, porque el anterior año cuadrado fue 44² = 1936, que no brilla precisamente por ser un año de paz.
Pero lo que sí podemos afirmar es que, para la mayoría de nosotros, 2025 será el único año cuadrado en el que vivamos: algunos mayores sí que vivían en 1936 y algunos de los más jóvenes de hoy puede que lleguen al 2116.
Comencemos con un pequeño juego.
En el calendario de enero de 2025 marque un cuadrado de tamaño 4×4. Tiene 4 posibilidades:
calendario enero 2025.
Sume los números que aparecen en los vértices del cuadrado que ha elegido y apunte ese número.
Elija ahora uno de los números del interior del cuadrado, rodéelo con un círculo y tache todos los que están a izquierda y derecha y arriba y abajo del que ha señalado.
De entre los números que están sin tachar (ni rodear), elija un segundo número. Márquelo también con un círculo y tache los que están por encima de él, por debajo, a su izquierda y a su derecha.
De los que quedan sin tachar ni rodear elija uno, rodéelo y, de nuevo, tache los que están en su misma fila y columna.
Ya le quedan pocos números sin usar. Elija uno de ellos, enciérrelo con un círculo, y tache todos los que queden sin usar en el cuadrado.
Sume los números que había metido en los círculos.
¿Coincide esa cantidad con la que había escrito antes? ¿Sorprendente?
– Por qué coincide la cifra
El hecho de rodear números y tachar los que se encuentran en la misma fila o columna fuerza a que se elijan 4 números con una propiedad importante: cada uno de los números encerrados con un círculo está en una fila diferente y, a la vez, en una columna diferente.
Así, entre los 4 números se barren todas las filas y todas las columnas. Por otra parte, los números de la segunda fila se obtienen sumando 7 a los de la primera fila. Los de la tercera se obtienen añadiendo 14 y los de la cuarta sumando 21 a los de la primera.
Si llamamos “a” al vértice superior izquierdo, los demás números de esa fila serán a+1, a+2 y a+3. Si, por ejemplo, los números elegidos fueran los de la diagonal, la suma sería a+(a+1+7)+(a+2+14)+(a+3+21). Cualquier elección que hagamos nos llevará a esa misma suma (aunque expresada en un orden diferente). No es magia. Son matemáticas.
Por ejemplo, esta imagen representa a = 7 y la suma descrita sería (a+1)+(a+3+7)+(a+2+14)+(a+21)
– 1 de enero de 2025
Hay un desfase entre el 1 de enero y el primer día de cada uno de los otros meses. Dicho desfase se produce porque, salvo febrero en años no bisiestos, los meses no constan de semanas completas.
Maurice Kraitchik menciona en su libro Mathematical Recreations una fórmula ideada por Carlos Federico Gauss para poder determinar el día de la semana, pero es mucho más versátil y rápida la que descubrió Lewis Carroll y que fue publicada en Nature como nota corta.
El método de Carroll requiere hacer algunos cálculos: básicamente dividir entre 4 y entre 7 y quedarnos con los restos.
En 2020 Miquel Durán, profesor de química y entusiasta divulgador, y yo mismo adaptamos los cálculos de Carroll a un esquema gráfico en el que para determinar el día de la semana en que cae una fecha no hay más que contar con los dedos. Este es nuestro calendario perpetuo:
Calendario perpetuo.
Elija el año. Atención, los años bisiestos están escritos con tinta blanca. Ponga su dedo índice sobre el año elegido.
Busque el mes. Verá un número debajo del mes. Muévase en el sentido de las agujas del reloj tantos pasos como indica el número que está bajo el mes.
Muévase en el sentido de las agujas del reloj tantas veces como indique el número del día de la fecha que ha elegido.
Precaución: si el año elegido era bisiesto y el mes es enero o febrero, debe moverse una posición hacia atrás.
El lugar donde está ahora su dedo índice indica el día de la semana en que cae la fecha elegida.
– El orden de los días
El día 1 de enero de 2025 es miércoles, el día de Mercurio.
El origen del nombre de los días de la semana es bastante conocido: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus. Sábado y domingo nos descuadran la idea astronómica por tratarse de nombres religiosos: el Sabbat y el Dies Domini. En latín sí estaban las referencias a Saturno y Sol, que se mantienen en inglés todavía hoy.
Rob Eastaway comenta en su libro How Long is a Piece of String la razón del orden en el que aparecen los días de la semana. Los datos conocidos de los que partimos son los tiempos que tardan los objetos celestes, desde nuestro punto de vista, en dar una vuelta y volver a la posición inicial:
Saturno tarda 28 años; Júpiter, 12 años; Marte, 687 días; el Sol, 365 días; Venus, 225 días; Mercurio, 88 días, y la Luna, 28 días. Podríamos haber puesto los nombres de los días de la semana por este orden y haber acabado, pero ese no es el orden que utilizamos.
La clave del orden en el que aparecen mencionados los días de la semana se debe a que los babilonios nombraron las horas, no los días, según los periodos de las órbitas, de mayor a menor. Así, escribieron las 24 horas del día asignando esos nombres:
En vertical las horas, en horizontal los siete días de la semana. La primera hora del primer día de la semana fue asignada a Saturno y las siguientes a Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna respectivamente. La primera hora del segundo día de la semana se asignó al Sol, manteniendo la misma rotación el resto de las horas y días.
Si nos fijamos en una línea cualquiera de esa tabla veremos el orden habitual en el que aparecen los días de la semana.
El final de un año y el principio de otro nos evoca muchos sentimientos: hacemos balance de lo que ha pasado y también propósitos para el nuevo periodo que comienza. Podríamos hacerlo en cualquier momento pero, como todo ritual, bien merece una ocasión solemne.
2025 puede ser el único año cuadrado de nuestras vidas. ¡Habrá que celebrarlo!