La mente es maravillosa(V.Sabater) — Nuevos estudios mencionan que el déficit de esta molécula es común en pacientes con depresión severa.
¿Sirven los suplementos de acetilcarnitina para prevenir o tratar la depresión?
Según un estudio publicado hace solo unos meses por la Universidad de Stanford, los pacientes con depresión severa y resistente al tratamiento, presentan un déficit en una molécula muy concreta: la acetilcarnitina.
Esta sustancia regula el estrés, así como el gen que controla el glutamato, favoreciendo incluso la producción de la proteína BDNF.
Todos hemos oído hablar o hemos visto en las farmacias ese suplemento dietético llamado acetilcarnitina.
Se vende como nootrópico para mejorar nuestras funciones cognitivas y es común encontrarlo en tres formas: la L-carnitina como suplemento deportivo, el propionil l-carnitina para las enfermedades del corazón, y la acetil l-carnitina para el sistema nervioso central.
Ahora bien, a pesar de que lo podamos consumir de forma exógena (y siempre bajo consejo médico) cabe decir que nuestro organismo lo produce de manera natural. De este modo, las personas sanas lo sintetizan en una cantidad más que suficiente a través de alimentos como los lácteos, pescados, carnes rojas, aguacates, cacahuetes, etc.
Por otro lado, la acetilcarnitina tiene un uso farmaceútico muy común en cierto tipo de pacientes. Es habitual que se administre en enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo, en casos de hiperactividad y en situaciones de estrés elevado.
Podríamos decir por tanto que hemos dado un paso más en la utilidad de esta molécula fascinante, ya que según nuevos descubrimientos, podría servirnos para diseñar antidepresivos más efectivos y sin apenas efectos secundarios.
Los estudios han demostrado que la administración de fármacos experimentales con acetilcarnitina ofrece resultado en pacientes con depresión severa en pocos días. Por el contrario, los antidepresivos actuales tardan de dos a cuatro semanas en aparecer, tanto en experimentos con animales como con personas.
– Acetilcarnitina, un nuevo biomarcador para la depresión
Hay muchas personas que experimentan cierta frustración cuando se les diagnostica algún tipo de trastorno psicológico, como puede suceder con una depresión.
Lo sienten así por una razón bastante común: no siempre se les facilita pruebas de laboratorio, análisis de sangre o el resultado de una tomografía.
Los diagnósticos psicológicos, como sabemos, se basan en una serie de entrevistas, tests, pruebas y observaciones por parte de profesionales cualificados.
Ello hace que más de uno llegue a pensar que aquello que no se ve en la sangre, sencillamente no existe. Sin embargo cabe decir que hay determinados tipos de depresiones que sí cuentan con una correlación biológica.
Es más, hay muchas pruebas clínicas capaces de proporcionar evidencias fiables y válidas de que ese trastorno psicológico está ahí, alterando nuestra vida, nuestra percepción, nuestras emociones…
Un ejemplo, estudios como el llevado a cabo en el Instituto de Psiquiatría Max Planck de Munich, nos señalan que las personas con depresión presentan unos patrones del sueño alterados.
Asimismo, también es común presentar niveles bajos de magnesio y de zinc, tal y como nos revelan estudios como el llevado cabo en la Universidad de Toronto.
Por otro lado, un bajo nivel de serotonina o de la proteína BDNF también media en las depresiones.
Un nivel bajo de vitamina D también favorece el desánimo y determinados trastornos psicológicos.
Ahora, la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford nos trae un nuevo trabajo desde el que se da importancia a un nuevo biomarcador: la acetilcarnitina. Veamos más datos sobre este tema.
– ¿Por qué un nivel bajo de acetilcarnitina se relaciona con depresión?
La doctora Natalie Rasgon, profesora de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford, define este descubrimiento como algo emocionante.
Lo es por diversas razones.
La primera porque nos permitirá dar respuesta a esas personas que no muestran mejoría con el tratamiento ordinario para la depresión mayor.
En segundo lugar, porque podríamos desarrollar fármacos sin apenas efectos secundarios.
Asimismo, cabe señalar otro aspecto.
Si en la actualidad padecemos una depresión, tomar suplementos a base de la aceticarnitina de las farmacias no hará que los síntomas desaparezcan.
Falta todavía desarrollar ese fármaco idóneo con este componente, cuyo mecanismo de acción sea el justo y el adecuado. No obstante, comprendamos mejor cómo actúa dicha molécula.
Las personas con depresión mayor presentan un déficit en aceticarnitina. Este hecho es evidente sobre todo con pacientes que presentan ideas suicidas, que arrastran esta condición desde épocas tempranas y que además, no muestran mejoría con diversos psicofármacos.
La acetilcarnitina funciona como un mediador del metabolismo de las grasas y de la producción de energía de nuestras células. Es además quien reduce y calma las células nerviosas excitadoras en el cerebro de regiones como el hipocampo y la corteza frontal.
También regula la producción de glutamato y del BDNF, una proteína esencial para el buen funcionamiento de las células cerebrales.
Ayuda a eliminar las moléculas de deshecho tras la producción de energía.
– ¿Debo tomar suplementos de acetilcarnitina para prevenir (o tratar) la depresión?
Tal y como hemos señalado en el punto anterior la suplementación directa con carnitina no sirve para tratar la depresión clínica (y aún menos la depresión profunda).
Se necesita, como decimos, de más trabajos y del diseño de nuevos fármacos que cuenten con este y otros componentes específicos.
Ahora bien, en personas sanas y sin ningún problema cognitivo evidente, no es recomendable que recurramos al consumo de estos complementos por una razón muy simple: cuidando nuestros hábitos de alimentación y de vida podemos conseguir que nuestro cerebro esté sano y sin ningún déficit en ninguna molécula, vitamina o neurotransmisor.
¿De qué manera? Estos serían algunos consejos alimenticios:
Consumir carne de cerdo baja en grasa, así como carne de pollo.
El bacalao, el cangrejo, los boquerones y la lubina son también ricos en acetilcarnitina.
Los lácteos también son recomendables.
Aguacates.
Cacahuetes.
Almendras.
Berenjenas
Zanahorias
Manzanas.
Limones.
Cerezas.
Melocotones
Para concluir, los avances para comprender los mecanismos de la depresión siguen avanzando. Poco a poco llegaremos a ese punto donde disponer de estrategias más acertadas y efectivas para dar respuesta a esos millones de personas que sufren y sufrirán en algún momento una depresión.
JotDown(B.Ventura) — Nuestra vida es una carrera sin sentido. Vivimos presos de una cárcel que nosotros mismos nos hemos construido, que vemos cada día y que pensamos que es el lugar en el que tenemos que vivir. Pero no.
Pasamos un tercio de las horas del día en el trabajo, a lo que habría que sumarle el tiempo que nos cuesta ir y venir hasta casa. Si a eso le restas el tiempo que dedicas a todas esas pequeñas cosas cotidianas (aseo, ascensor, compras, cocinar…) y las horas que dormimos te sale la cuenta del día casi completa. ¿Dónde estamos nosotros? ¿En qué hora de toda esa mecánica absurda de nuestro cronómetro encajamos?
La prisa es algo en lo que nos educan. Sacar los estudios a curso por año, sin repetir. Eligiendo estudios aunque no sepas a ciencia cierta ni qué quieres estudiar ni si quieres estudiar. Pero estudiar aquí no es una opción, porque sin estudios superiores —antaño reservados a unos cuantos— no eres nadie. En esa escuela, la universitaria, aprenderás a pisar cabezas, a competir por ser el mejor, el primero, el más. Y entonces saltarás al ruedo, tú solo, ante el mundo. Sin tener ni idea de nada.
Una fábrica de parados en demasiados casos, víctima la institución de la pésima gestión política de las reformas educativas y de la estructura del funcionariado nacional, tan ajeno a la realidad que enseña que asusta pensar que haya formadores como los que hay.
Tras años y años de preparación es cuando, de verdad, empieza tu carrera. La carrera por medrar más rápido, por tener un contrato, por conservar tu empleo, por conseguir más sueldo, por cambiar de empresa, por cobrar mejor esas horas extra. Y ahí, en algún lugar de tu vida, entre la ducha matutina y el atasco de cada día, dejaste aparcado lo demás.
Nuestra existencia en esta sociedad es una carrera tan absurda como improductiva.
Toda nuestra sociedad occidental se rige por esa idea protestante del trabajo como absolución, como medio salvífico. Sin trabajo no somos nadie. El trabajo es el medio perfecto para poder vivir, tener una casa, un coche, un tren de vida, ir de vacaciones, conocer otros lugares, salir, divertirse… y cada lunes, tras los dos días de asueto, volver a la rueda.
Cada día, cada mañana y cada noche es un tramo de una carrera que no termina nunca.
Tomé conciencia por primera vez hace unas semanas. Estaba en el lugar más antipoético del mundo, un Starbucks en el centro de Madrid. Allí, dando sorbos a un café que no es café, en una atmósfera irreal y pretendidamente urbanita, me planteé algo que desde entonces me tortura cada día, lo que me lleva a escribir esto.
En la mesa de al lado un grupo de adolescentes desayunaba. Su ropa era más cara de lo que mi nómina seguramente podría pagar. Hablaban sin parar, pero sin mirarse, absortas como estaban en las pantallas de sus móviles, tecleando sin parar, deteniéndose solo a mirar su propio reflejo en la pantalla del aparato para ajustarse el pelo. Eran tan pijas que, cada tres palabras, decían una en inglés. Reían de cosas que no entendía y, pese al frío, salieron fuera a tomar el café —con leche de soja, supongo, y vete tú a saber cuántas cosas raras— para poder fumar.
Entonces lo vi.
Vi mi vida, la absurda carrera de mis últimos años buscando crecer profesionalmente, mis horas extra trabajando en cosas diversas para intentar ganar más dinero, mis frustraciones y mis fracasos, mis éxitos y mis deseos.
Todas esas cosas que empecé a cuestionar en los cien días que estuve en el paro empezaron a danzar ante mí.
Obviamente aquellas adolescentes tenían el riñón bien blindado. Les sobraba el dinero. No por su trabajo, claro, sino por su cuna.
Estábamos en una de las zonas más caras del país y, a juzgar por cómo hablaban, vivían ahí. No tenían pinta de conocer el valor del dinero. La crisis, claro, no iba con ellas. Seguramente ya tenían una casa reservada para cuando la necesitaran y un coche esperando a que se sacaran el carnet. La vida así da para mucho.
Me hice entonces esa pregunta: cómo sería mi vida si no tuviera que preocuparme por el dinero. Es decir, cómo viviría si tuviera una casa pagada, facturas cubiertas, y una holgada tranquilidad para vivir bien.
Piénsalo.
Entonces, claro, todo cambia.
Trabajar pierde el sentido si concibes trabajar como una forma de sustento. Tu tolerancia a determinadas cosas mengua, porque no necesitas tolerar abusos o tomaduras de pelo. No tienes que hacerte el imbécil para que otros de los que depende tu trabajo satisfagan sus pretensiones.
No tienes que temer con qué vas a darles de comer a tus hijos. No hay alquiler, no hay hipoteca, no hay facturas, no hay responsabilidad. Solo hay, ya ves, vida.
Y me di cuenta de lo estúpidamente que había corrido durante años. Porque, aunque sin duda soy una persona afortunada, sé bien lo que es vivir corriendo.
Durante esos cien días que estuve sin trabajo supe lo que es estar en la cola del paro, algo especialmente chocante cuando vives en un barrio periférico. Sentí lo que supone saber que, a mi alrededor, se apiñaba muchísima gente que tendría francamente difícil volver a encontrar trabajo.
Por su edad, por su origen, por su formación. Yo, imaginaba, lo encontraría antes o después. Fueron apenas cien días, tres meses. Pero no quiero olvidar esas sensaciones de entonces, de esos días en los que dejé la rueda y solo deseaba volver a ella.
No olvidaré, por ejemplo, la sensación de mirar a mi alrededor e imaginarme explicándole a cualquiera de los allí presentes de qué solía trabajar yo. Que si periodista, que si política, que si el Congreso, que si internet. Imaginaba las caras de esa gente mirándome con indolencia, como quien mira a un astronauta.
Sentí cuán prescindible e irreal era mi mundo, todo lo que había motivado mi absurda carrera hacia delante. Y tampoco he olvidado esa sensación de cómo en la burbuja en la que me muevo, en las redes sociales y las redacciones, todos nos entendemos con nuestro lenguaje y nuestras aspiraciones.
Lo malo es que el mundo real está ahí fuera.
Yo, el afortunado, ni siquiera estaba en el paro del todo. Tenía un contrato a tiempo parcial con el que complementaba mi trabajo principal. En realidad había estado trabajando más de las horas que marca la ley con más de un contratante. Y eso sin contar colaboraciones. Yo, el parado, había estado sobretrabajando. Corriendo aún más rápido en esa carrera.
Luego llegaron aquellas adolescentes del Starbucks.
Lo peor de todo es que, tal y como están las cosas, la mía es la vida de un afortunado.
Hay gente ahí fuera que mataría por poder correr.
Es decir, por poder tener trabajo.
Gente que ha pasado toda esa fase de preparación para poder ser un tiburón que pise la cabeza de los demás y poder así medrar pero que, por culpa del momento en el que ha nacido, no puede hacerlo.
Es fácil plantearte cosas cuando tienes trabajo y unos ingresos. Igual de fácil que debe verse la vida si eres una de esas niñas bien del Starbucks.
Pero la verdad es que estamos corriendo tanto —o intentando sumarnos a la carrera—, que no vemos lo que pasa por nuestro lado. Ahí sigue la familia, siguen los amigos, sigue el tiempo entero. Siguen los lugares a los que ya quizá nunca iremos, y todas y cada una de esas oportunidades que pasaron.
Las cunetas de nuestras vidas están llenas de opciones muertas que no tomamos, de decisiones que desaprovechamos. Ahí hay un montón de errores y otros tantos aciertos.
Sin embargo la carrera no puede parar. Por un momento puedes ser consciente, abrir los ojos en mitad de este enorme Matrix social, mirar a tu alrededor y ver la realidad. Ver que te pasas la vida perdiendo el culo para conseguir dinero para comprar cosas, y más dinero, y más cosas.
Puedes cobrar conciencia de que te matas a hacer cosas para que, al fin, cuando te jubiles, estarás tan solo y cansado que ya no tendrás fuerzas para disfrutarlo.
Eso, claro, si tienes jubilación.
La carrera no puede parar. No puedes liarte la manta a la cabeza e irte a un pueblo, a una playa, a otro país a intentar vivir sin correr contra el reloj. No estamos educados para eso y muy pocos son capaces de tomarse esa pastilla roja. ¿Qué te espera al otro lado? ¿Luchar lo que te quede de vida contra todo lo establecido y sin garantía de éxito?
En esta sociedad lo único que nos queda es la evasión.
Evasión, bonita palabra.
Evadirse puede querer decir —así, sin mirar el diccionario— marcharse, esquivar algo, ocultar algo, huir, tener la cabeza en otras cosas, incluso robar. Esta última, la evasión fiscal está muy de moda en este país, pero no es precisamente esa acepción la que hace del vocablo de marras una bonita palabra.
La evasión es la necesidad de la huida. El respiro cotidiano, el cerebro en stand by, la mirada al infinito, la vista perdida, el imaginar lo que dirías o harías si tuvieras valor. También es, claro, el temer, el expresar los peores demonios internos de forma irracional, el machacarte internamente mientras fuera sigues sonriendo.
Julio Verne no inventó la evasión, pero la hizo mágica. Él fue el padre de historias increíbles que materializaron los mayores anhelos y los principales miedos de la humanidad. La exploración, la aventura, lo desconocido, el reto de superar aquello para lo que la naturaleza nos diseñó.
Da igual que sea visitar el centro de la tierra, volar o, incluso, viajar en el tiempo. Esa desazón ante lo imposible, ante lo que no controlamos, es como esa pizca de pimienta mental para seguir creyendo.
Veinte mil leguas de viaje submarino
Porque si no creemos en algo, en que podemos conseguir esa meta secreta que ambicionamos, para qué vale la pena luchar.
¿O acaso tú no vives tus días esperando que llegue un momento en que consigas eso que buscas?
Verne era un visionario.
Pero no porque adelantara descubrimientos o búsquedas, que también.
Era un visionario porque consiguió regalar una ventana a millones de personas por la que evadirse de una realidad mucho menos mágica.
Leer sus narraciones es sumergirse en algo superior, diferente e ignoto, que te hace olvidar por un momento la miseria de una vida mucho más mundana, rutinaria y gris.
Él escribía, y ese era el canal de evasión que ofrecía. Pero evasiones hay tantas como humanos. La música, la poesía, el cine. También un viaje, una persona, un olor. A veces un recuerdo, un café, un cigarro. Incluso, claro, dormir y soñar.
Las cosas más mágicas de la vida son precisamente las que no son, las que no tienen forma, las que no tienen definición posible ni pueden ser explicadas. La magia es así, y ese es su valor.
La sensación de la evasión, del desconectar, está al alcance de todos. La capacidad de crear algo que ayude a los demás a desconectar, no. Por eso Verne es Verne, un tipo moderno y vivo aunque en nuestro imaginario colectivo vista pantalones de pana y lleve mapas acartonados bajo el brazo.
Un loco imaginativo, un soñador. Esos son los que acaban siendo recordados, no los que fichamos cada día, a la misma hora y en el mismo lugar para hacer lo mismo de siempre. Ahí no hay aventuras, ahí solo hay necesidad de evasión.
La evasión es inherente al ser humano en tanto en cuanto es racional: los animales no se evaden, simplemente hacen. Nosotros, humanos, mentimos, urdimos estrategias y conspiramos. Y, entre tanta actividad cerebral, necesitamos un descanso. Necesitamos evadirnos.
El mundo, tal y como lo hemos conocido, es una carrera demente hacia la nada. Competir por ser mejores, por llegar más alto, por ganar más, por comprar algo, por tener algo. Dedicamos más tiempo al trabajo que a la familia, más a las preocupaciones que a bailar, más a tener miedo que a gritar a pleno pulmón.
Cuesta imaginar a gente tan mágica como Mario Benedetti o Silvio Rodríguez negociando horas de productividad o haciendo horas extra. Sin embargo son los poetas (los cineastas, los artistas) los que más evasión nos regalan.
Ni siquiera las evasiones son como las de antes.
Ahora ya nadie pinta ni esculpe. Los que levantan soberbios edificios lo hacen para dignificar a sus nuevos mecenas, no ya con su cara en una vidriera de la catedral, sino haciendo de su ciudad un monumento en memoria de su ego.
Aunque las calles se llenen de persianas metálicas de comercios cerrados, aunque ya no haya grandes eventos deportivos que justifiquen el despilfarro, aunque la mayoría de campos de golf y hoteles se hayan quedado desiertos. Ahí quedan, erigidas, esas edificaciones para escarnio de nuestro tiempo.
Ni siquiera las evasiones son como las de antes.
Ahora lo que más aceptación tiene es ir a un estadio a vociferar. Una suerte de nueva guerra sin sangre, en la que tenemos unos colores y una bandera, apoyamos a «los nuestros» aunque sean mercenarios llegados de lejos para combatir por espurios intereses. Cantaremos contra «los otros», desearemos su derrota y señalaremos al traidor que deje nuestro ejército para irse con el otro.
El fútbol no es solo una vaga representación de aquel circo romano, sino todo un compendio de cómo funcionaba la lógica de la guerra.
Pero es que ahora las guerras tampoco son como fueron.
Lo que queda es, pues, eso.
Sentarnos a leer un libro, a escuchar una canción, a fumar un cigarrillo o a tomar una copa.
Una conversación, una persona, un poema, un olor, un recuerdo o un sueño. O quizá un ejercicio catártico de insulto colectivo en un estadio de fútbol, desvanecer mi identidad con la masa saliendo a la calle, dejarme llevar.
Evadirse acaba siendo eso, desconectar el cerebro. Parar la carrera sin dejar de correr.
Al final nos pasamos la vida evadiéndonos de una realidad última, insuperable e incontestable: que a la que te quieres dar cuenta de que llevas toda la vida trabajando para poder evadirte en condiciones, eres ya demasiado mayor como para disfrutar de la evasión.
Y entonces llega la evasión de verdad, la única. La irrebatible.
Cuando ves la meta supongo que ya es tarde como para pararte en la carrera.
La fortaleza de Guaita, uno de los sitios icónicos del estado soberano de San Marino.
BBC News Mundo(E.Bertolini/the conversation) — Europa continental alberga cuatro microestados con poblaciones de entre 30.000 y 80.000 habitantes: Andorra, en la frontera entre Francia y España; Liechtenstein, incrustado entre Suiza y Austria; Mónaco, que yace sobre la Riviera francesa; y San Marino, rodeado por la región norte de Italia.
Estos estados han existido desde la época medieval y sus diminutos tamaños les han permitido desarrollar y mantener convenios constitucionales singulares.
Todos han desarrollado soluciones originales a los problemas de andamiaje del estado, muchas de las cuales sobreviven en la actualidad.
Los cuatro microestados participan en el Consejo de Europa (la organización de derechos humanos del bloque) y por eso han tenido que modernizarse para cumplir con los estándares internacionales de gobierno. Eso incluye la separación del poder judicial.
Sin embargo, los cuatro también han logrado implementar estas reformas sin alterar sus identidades institucionales.
Su compromiso de mantener su carácter distintivo de otros países les impide aplicar reformas más amplias a sus instituciones.
Para ellos, la protección de una tradición e identidad nacionales es una forma de autopreservación en lugar de una mera expresión de ideología.
La singularidad de los cuatro microestados yace en la supervivencia de convenios institucionales que prácticamente no se pueden encontrar en ninguna otra parte en el mundo.
En los principados de Liechtenstein y Mónaco, por ejemplo, la monarquía todavía cumple un papel central en la Constitución.
La familia real de Mónaco, encabezada por el príncipe Alberto II, conmemora el día nacional del principado.
Al contrario que la mayoría de los estados europeos con una monarquía, en Liechtenstein y Mónaco el monarca jefe de estado continúa ejerciendo un poder significativo.
Andorra y San Marino, por su parte, operan bajo un acuerdo de doble jefatura del estado. En efecto, tienen dos monarcas.
Los convenios institucionales en estos principados han sido moldeados por su pequeño tamaño, tanto en términos de territorio como de población, y su ubicación geográfica.
Y estos acuerdos han sobrevivido desde la Edad Media porque se han convertido en sus identidades.
Mientras que la tradición nacional es un debate en otros estados, en estos, la preservación del pasado es un mecanismo de supervivencia.
– Liechtenstein y Mónaco
Liechtenstein y Mónaco son monarquías constitucionales del tipo que ofrece poder sustancial a la familia real. Todo está organizado en torno a un príncipe, que ostenta poder ejecutivo.
Según la legislación occidental tradicional, las monarquías contemporáneas generalmente tienen un rey o una reina ceremonia mientras que el poder ejecutivo lo tiene un gobierno electo.
Liechtenstein y Mónaco han mantenido su histórica organización de gobierno, centrada en un monarca muy poderoso.
Aunque sus poderes no son ilimitados, en Mónaco, el príncipe ni siquiera tiene que rendirle cuentas al Parlamento por los poderes que ostenta.
El príncipe de Liechtenstein goza de aún más poderes, incluyendo el derecho a designar a la mitad de los miembros del Tribunal Constitucional.
El príncipe Hans-Adam II de Liechtenstein (tercero a la derecha) ostenta un gran poder, pero lo comparte con el pueblo.
No obstante, el poder soberano del príncipe de Liechtenstein se comparte en asociación con el pueblo de esa nación. La estructura institucional está construida para permitir un sistema de controles y equilibrios entre el príncipe y el pueblo.
Desde una enmienda constitucional de 2003, por ejemplo, el pueblo puede interponer una moción de no confianza contra el príncipe si más de 1.500 ciudadanos están de acuerdo en hacerlo, lo que da lugar a un referendo de confianza en el monarca.
El mismo número de ciudadanos puede lanzar una iniciativa para abolir completamente la monarquía, si así lo deseasen.
– Andorra y San Marino
El principado de Andorra debería ser designado un coprincipado para ser más exactos, debido al acuerdo de sus copríncipes.
Uno de los príncipes es el obispo de Urgell -de Cataluña- y el otro es el presidente de la República de Francia (y anteriormente el rey o emperador francés).
De manera que otra peculiaridad de Andorra es que ninguno de los príncipes es un ciudadano andorrano.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el obispo de Urgell, Joan Enric Vives, son los copríncipes de Andorra, pero ninguno es ciudadano de ese pequeño país.
Después de una reforma de 1993 que estableció una Constitución íntegra, ninguno de los príncipes ostenta un poder soberano. Su actual rol constitucional es casi totalmente ceremonial.
Sin embargo, todavía persisten las dudas por el hecho de que no son ciudadanos del estado y que los jefes de Estado no son elegidos ni por el pueblo andorrano ni por sus representantes.
La razón histórica de que tengan un jefe de Estado extranjero es la ubicación geográfica de Andorra; enclaustrado entre Cataluña y Francia.
El permitir estar bajo esta doble soberanía fue la garantía de su supervivencia.
San Marino también tiene una doble cabeza del estado, pero ambos líderes, llamados capitanes regentes, son sanmarinenses.
Son elegidos por el Gran Consejo General (el órgano legislativo de San Marino) y su característica distintiva es que sólo cumplen un período de seis meses en el poder.
La razón de esta permanencia tan corta es que San Marino tiene una población inferior a 34.000 habitantes. Todos se conocen entre sí, lo que supone una situación que puede ir en detrimento de la independencia de los cargos electivos.
Los capitanes regentes no pueden acumular suficiente poder en su corto período al frente como para derrocar la república.
Los capitanes regentes fueron establecidos por primera vez en 1243, poco después de que una serie de repúblicas italianas fueran derrocadas por familias adineradas.
Una de las razones por las que San Marino ha podido sobrevivir se debe a que durante siglos ha evitado que una familia sea más poderosa que las otras.
De manera que los microestados no son como los estados de tamaño regular de Europa. Tienen estructuras institucionales singulares, frecuentemente por razones lógicas.
Fotografía de la Oficina de Prensa del Vaticano, con vista parcial del interior de la necrópolis situada en el sótano de la Basílica de San Pedro, en 1998
abc(I.Viana) — El 24 de diciembre de 1950, hace casi tres cuartos de siglo, ABC titulaba: ‘Pío XII anunció al orbe cristiano el hallazgo de la tumba de San Pedro’. El Papa acababa de dar la que puede considerarse una de las noticias más importantes de la religión católica en los últimos siglos. Así lo consideraba, al menos, la mayoría de la comunidad cristiana.
Habían pasado casi dos mil años desde la crucifixión del santo y más de treinta de trabajos desde que se iniciaron las excavaciones arqueológicas en el corazón del Vaticano. Hasta que, por fin, la Santa Sede pudo dar su gran exclusiva.
El descubrimiento fue calificado por muchos historiadores de «providencial», aunque para llegar a ese punto el Vaticano tuvo que realizar un pequeño viacrucis que incluyó diez años de excavaciones arqueológicas, el traslado en secreto de los supuestos restos del santo y dos décadas más para confirmar su autenticidad.
Así explicaba Pío XII el hallazgo en su discurso de Navidad, aunque todos los interrogantes no estuvieran resueltos:
«El resultado de las excavaciones son de sumo valor e importancia, pero la cuestión esencial es: ¿se ha encontrado realmente la tumba de San Pedro? La conclusión final de los trabajos y estudios responde con un clarísimo sí, se ha encontrado la tumba del Príncipe de los Apóstoles. Una segunda cuestión, subordinada a la anterior, se refiere a las reliquias del santo.
¿Han sido halladas? Al lado del sepulcro se encontraron restos de huesos humanos, los cuales, sin embargo, no se puede probar con certeza que pertenecieran al cuerpo del Apóstol».
Las primeras palabras sobre las citadas excavaciones las había pronunciado el mismo Papa en 1942, tres años después de que comenzaran los trabajos de saneamiento de las grutas vaticanas bajo la basílica de San Pedro. Dijo: «Saxa loquuntur!» («¡Las piedras hablan!»).
Estos se habían iniciado con el objetivo de hacerlas más espaciosas y poder abrirlas al público, lo que les obligó a bajar el pavimento del suelo unos 80 centímetros. Sin embargo, durante los trabajos, el 18 de enero de 1941 concretamente, los obreros hallaron por sorpresa la parte superior de un panteón romano del siglo II al que denominaron ‘sepulcro F’ o ‘sepulcro de los Caetenni’.
– El primer hallazgo
La extraordinaria importancia de este descubrimiento fue lo que determinó que se comenzasen las investigaciones arqueológicas en busca de la tumba de San Pedro.
En el Vaticano suponían que no iba a resultar fácil, puesto que, a lo largo de los siglos, los sucesivos emperadores y Papas habían ido incorporando al lugar donde creían que se encontraba enterrado Pedro altares cada vez más suntuosos. A mediados del siglo XX pensaron que había llegado la hora de comenzar a desenterrar capa por capa en busca de los restos de su primer Pontífice.
El Papa nombró como director de las mismas al sacerdote Ludwig Kaas, siendo sus principales supervisores sobre el terreno los jesuitas Antonio Ferrua y Engelbert Kirschbaum y los arqueólogos Enrico Josi y Bruno María Apollonj Guetti.
Un año después, descubrieron un complejo de mausoleos paganos ubicados bajo los cimientos de la basílica, la llamada todavía hoy necrópolis vaticana, que estaba datada en los siglos II y III. Gran parte de esta se encontraba, efectivamente, destruida por la construcción de la antigua basílica que el emperador Constantino I había ordenado erigir en el siglo IV y que hoy está desaparecida.
Sobre él se construyó también, en el siglo VII, el monumento del Papa Gregorio Magno, que más tarde quedó encerrado en el altar erigido por el Papa Calixto II en el siglo XIII. Lo que todavía vemos hoy bajo la cúpula de Miguel Ángel se remonta a 1594 y fue construido, a su vez, por voluntad de Clemente VIII.
La antigua basílica constantiniana fue a su vez reconstruida por el Papa Julio II a principios del siglo XVI. Así nació la Basílica de San Pedro que se conoce hoy, bajo la cual será enterrado esta semana Benedicto XVI.
– «Una funda»
Así lo explicaba en ABC el escritor y sacerdote José Luis Martín Descalzo en 1968:
«La tumba era uno de los más curiosos documentos arqueológicos existentes: una especie de caja china en la que cada tumba encerraba siempre otra más antigua; así se halló que el gran altar de la Basílica de San Pedro era, en realidad, una funda del que en el siglo XII construyó allí mismo Calixto II.
Este, a su vez, encerraba un tercer altar, el construido a fines del siglo VI por San Gregorio Magno. Este altar, una vez más, encerraba dentro un monumento de pórfido rojo construido en el año 315 por el emperador Constantino.
En el corazón de este monumento había aún una pequeña ‘edícula funeraria’ erigida en el año 150 para proteger una tumba muy humilde del siglo primero: un simple hoyo en la tierra cubierto por dos grandes tejas rojas».
Esta tumba, sin embargo, estaba vacía. Todo parecía indicar que a lo largo de los siglos los huesos habían sido guardados en otro lugar por temor a su profanación. Aún así, en un lugar cercano Ludwig Kaas encontró una serie de restos humanos.
Enseguida pensó que podrían ser los huesos del apóstol y, preocupado porque no fuesen tratados con el respeto que merecían, decidió trasladarlos a otro lugar dentro de la misma necrópolis sin contárselo a nadie, ni siquiera a sus ayudantes más cercanos. El sacerdote mantuvo la ubicación de las reliquias en el más absoluto secreto.
Ludwig Kaas murió el 15 de abril de 1952 y se llevó el secreto a la tumba.
Pío XII ordenó que el cuerpo de su amigo descansara en la cripta de la misma Basílica de San Pedro, convirtiéndose en el único sacerdote que tiene el honor de descansar cerca del lugar donde se encuentran enterrados todos los papas del siglo XX.
Como sucesor fue nombrada la profesora Margherita Guarducci, experta en epigrafía griega y paleocristiana, las cual descubrió los supuestos restos ocultos del apóstol por casualidad, mientras descifraba unos grafitis escritos en uno de los muros hallados.
– «Un ser robusto»
Una vez traducidos los mensajes junto a los huesos, se llevaron la sorpresa. En estos ponía: «Pedro, ruega por los cristianos que estamos sepultados junto a tu cuerpo» y «Pedro está aquí», además de un monograma que los cristianos primitivos usaban como signo de Pedro, con una ‘P’ y una ‘E’ mayúsculas.
Por su parte, el estudio de los huesos, encargado al antropólogo Venerando Correnti, determinó que pertenecían «a la misma persona, un ser robusto, de sexo varón, con avanzada edad, posiblemente de setenta años, y del primer siglo».
Las otras dos conclusiones de Corranti establecían, por un lado, que «los huesos del animal encontrado están prácticamente limpios a diferencia de los restos humanos, pues estos últimos tenían tierra que después de estudiada son de la tumba que estaba abierta y vacía, la misma que habían identificado como de San Pedro».
Y, por otro: «Los huesos tienen un color rojo provenientes del paño dorado y púrpura en que el cadáver fue envuelto. Aparte de la tela, hay restos de hilos de oro, lo que nos lleva a pensar que era una persona venerada. Posiblemente, los huesos se retiraron de la tumba original para guardarlos en el nicho y así quedar protegidos, pues este estaba intacto desde Constantino hasta el hallazgo».
Un detalle importante que los arqueólogos tuvieron en cuenta es que no encontraron entre los restos los huesos de los pies. Este hecho reforzaría la tesis de que los restos del cuerpo pertenecían realmente a San Pedro, pues se tiende a pensar que el santo fue crucificado cabeza abajo. Se sabe que la forma de descolgar a estos condenados era cortándoles los pies para que el cuerpo sin vida cayera al suelo.
– El anuncio oficial
En julio de 1968, Pablo VI no dudó en anunciar oficialmente el «feliz acontecimiento del hallazgo de los restos de San Pedro».
En la noticia de ABC, publicada el día 27, se recogían algunas consideraciones del Papa al respecto:
«No se habrán agotado con esto las investigaciones, comprobaciones, discusiones y polémicas, pero, por nuestra parte, nos parece un deber, según se hallan actualmente las conclusiones arqueológicas y científicas, daros a vosotros y a la Iglesia este anuncio feliz, obligados como estamos a honrar las sagradas reliquias que fueron en un tiempo vivos miembros de Cristo destinados a la gloriosa resurrección».
Y continuaba:
«En el caso presente, tanto más solícitos y gozosos debemos estar, pues tenemos motivos para sostener que han sido encontrados los pocos, pero sacrosantos restos mortales del Príncipe de los apóstoles, de Simón, hijo de Jonás, del pescador a quien Cristo llamó Pedro.
De aquel que fue elegido por el Señor como fundamento de su Iglesia y a quien el Señor confió las supremas llaves de su Reino con la misión de apacentar y reunir a su rebaño hasta su glorioso retorno final».
The convesation(C.E.F.Pérez) — Las ciudades están desempeñando un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. En el mundo, más del 50 % de población reside en áreas urbanas. Se estima que, para 2045, la población urbana mundial aumentará en un 150 %, alcanzando los 6 000 millones de personas.
Esto implica que el crecimiento de la población debe ir de la mano de un desarrollo urbano sostenible capaz de mejorar la calidad de vida de sus residentes. Y que las autoridades municipales deben actuar con rapidez.
Sin embargo, el desarrollo de las ciudades tradicionalmente ha seguido un modelo de gobernanza donde los gobiernos locales no siempre han escuchado las peticiones de los ciudadanos.
Se imponen, en algunas ocasiones, las leyes del mercado, en las que el sector industrial y económico desempeñan un papel fundamental (promoción de eventos deportivos y culturales destinados a captar la atención del sector turístico y financiero), sin que esto repercuta en una mejora de la calidad de sus residentes.
– La opinión de los urbanitas cuenta
En este contexto, la participación ciudadana está cambiando las reglas del juego. En lugar de seguir el enfoque tradicional de “arriba a abajo” de la Administración pública, se está adoptando un nuevo modelo de gobernanza basado en el urbanismo participativo, en que se pide a los responsables públicos que busquen nuevos mecanismos para gestionar la ciudad.
Hoy en día, las normativas europea y estatal en España apuestan por la iniciativa ciudadana. Las personas de a pie ya no somos simples espectadores de las políticas públicas urbanas; ahora exigimos participar en la toma de decisiones y en el diseño del modelo de ciudad donde vivimos.
Así, para afrontar este desafío, los gestores públicos deben ser proactivos en este proceso. Es necesario que se anticipen a las necesidades de la comunidad, promuevan activamente la participación ciudadana y favorezcan el fácil acceso a los mecanismos de interacción a los urbanitas, para que exista una verdadera representatividad de los ciudadanos.
En definitiva, se trata de fomentar una nueva cultura territorial entre los residentes y los gestores públicos. Para ello, se deben implementar mecanismos y procedimientos adecuados para un modelo de gobernanza urbana democrático, transparente, abierto y accesible para todos los ciudadanos en la búsqueda de un desarrollo urbano sostenible.
– Desafíos a superar
Parque Fuente Nueva, Granada.
Llevar el urbanismo participativo a la práctica no es tarea fácil y plantea varios retos, tanto para las instituciones públicas como para la población.
Entre ellos, están movilizar a los participantes, arbitrar las distintas propuestas que pueden ser de carácter privado, público o mixto y eliminar las barreras de accesibilidad a las herramientas tecnológicas, elemento básico y determinante para garantizar el éxito de proyectos que permitan mejorar el bienestar de la ciudadanía en las zonas urbanas.
En un trabajo desarrollado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, proponemos las cooperativas digitales como una solución clave para que los profesionales públicos impulsen, dentro de un entorno tecnológico, una gobernanza democrática, participativa y deliberativa con el objetivo de alcanzar un desarrollo urbano sostenible.
Esta innovadora visión en la gobernanza requiere resolver, desde una perspectiva jurídica, técnica y económica, el análisis, la votación y validación de las iniciativas urbanísticas presentadas.
En la cooperativa digital propuesta, toda esta información debe estar perfectamente diferenciada, junto con los motivos argumentados, con criterios explícitos y objetivos, que han facilitado la aprobación o desaprobación de las propuestas urbanísticas.
– Accesible a todos
Además, en la cooperativa propuesta, los gestores públicos deberían depositar en la red información que sea imprescindible para que los ciudadanos puedan seguir el proyecto de transformación urbana.
Es clave hacer accesible el propio proyecto, documentos resumidos, la organización de talleres o jornadas que generen debates y que favorezcan el éxito de la transformación urbana planteada.
Al mismo tiempo, es recomendable huir de mostrar un exceso de documentación tediosa que desanime la implicación activa de los habitantes.
Este enfoque de gobernanza tiene como objetivo principal involucrar a la ciudadanía, mejorar el acceso a herramientas de participación tecnológicas y fomentar la interacción virtual entre la sociedad y las iniciativas públicas.
Además, promueve el intercambio de opiniones, el diálogo, el debate y el aprendizaje mutuo. De este modo, las iniciativas públicas y la sociedad civil podrán alcanzar los objetivos establecidos para renovar el tejido urbano y luchar contra el cambio climático, tal y como demanda un verdadero urbanismo participativo.
Hija y nieta de mineros, Raiele nació y murió en las minas de Itaituba.
BBC News Mundo(T.Carranca/M.Schreiber) — Cuando el cuerpo de Raiele da Silva Santos, de 26 años, fue encontrado en Cuiú-Cuiú, una de las minas de la zona rural de Itaituba, en el estado de Pará, en el norte de Brasil, ya llevaba tres días desaparecida.
Raiele fue hallada muerta en su habitación «en avanzado estado de putrefacción, medio desnuda, con signos de violencia y posible violación», según un documento de entonces de la policía local.
Madre de dos hijos –hacía poco que había perdido un tercer embarazo–, hija y nieta de mineros, Raiele acabó su vida en la zona de minería, donde a lo largo de los años trabajó como cocinera, camarera y en cabarets.
Vívía en Cuiú-Cuiú, a 11 horas del centro urbano de Itaituba, desde hacía unos cuatro años. Aún así, nadie se dio cuenta de su desaparición hasta que el mal olor que salía de una de las habitaciones del pueblo minero llamó la atención de los vecinos.
«Siempre vimos este problema de mujeres asesinadas en la minería. Siempre ha existido», dice Railane da Silva Santos, de 34 años y hermana mayor de Raiele.
«Solo que pensé que nunca le pasaría a mi familia. Nací en la minería, crecí en la minería y hoy tengo miedo de vivir en la minería», agrega Railane, en una entrevista con BBC News Brasil para este reportaje y para el documental «Sexo, oro, violencia: La vida de las mujeres en las minas del Amazonas», que se puede ver en el canal de YouTube de BBC News Brasil.
La muerte de Raiele en 2023 no fue el único caso reciente de una mujer encontrada muerta y con brutales signos de violencia en la mina Cuiú-Cuiú. Un año antes, Luciana do Nascimento, amiga de la infancia de Raiele, fue asesinada a golpes por un hombre mientras trabajaba allí como prostituta, según documentos oficiales.
Estos casos son ejemplos extremos de una violencia rutinaria a la que son sometidas las mujeres en las trabajan en actividades relacionada con la minería.
Es un problema difícil de cuantificar y que ha crecido en la última década con la fuerte expansión de la extracción de minerales en la Amazonía . Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), la mayoría de las veces las violaciones de los derechos de las mujeres en las zonas mineras quedan fuera del radar de las autoridades.
«En la minería, las mujeres están expuestas a todo tipo de violencia: física, emocional, patrimonial y también sexual, obviamente», advierte Marcela Ulhoa, coordinadora de la ONUDD.
En la última década, Brasil ha experimentado una explosión de la minería ilegal de oro en su región amazónica, en medio del aumento de los precios de los metales en el mercado internacional, la crisis económica agravada por la pandemia de covid-19 y la flexibilización de las medidas de fiscalización durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022).
El territorio ocupado por la minería de oro en la Amazonia brasileña se duplicó con creces entre 2014 y 2023, pasando de 92 mil hectáreas a 220 mil hectáreas -un área equivalente a 229 mil campos de fútbol-, según cifras de MapBiomas, una iniciativa del Observatorio del Clima para mapear la cobertura y el uso del suelo en Brasil.
En Brasil, la prostitución no es un delito, pero atraer a alguien a la prostitución, facilitarla o mantener una casa de prostitución son delitos contemplados en el Código Penal.
Según un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), alrededor del 20% de la producción de oro brasileña tiene evidencias de ilegalidad, como exploraciones en áreas de conservación o indígenas, falta de documentación y el uso de químicos contaminantes, como el mercurio.
En Itaituba, minas como Cuiú-Cuiú mezclan áreas de exploración legal e ilegal.
Aunque las recientes acciones del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT) han ayudado a controlar la expansión de la minería, según expertos entrevistados por BBC News Brasil, los altos precios del metal en el mercado internacional sirven de incentivo para que miles de brasileños sigan probando suerte en zonas de extracción ilegal de oro en medio de la selva.
Mientras continúa la actividad minera, continúan también la prostitución y explotación sexual en estas áreas. Atraídas por la promesa de riqueza en regiones que carecen de otras oportunidades laborales bien remuneradas, miles de mujeres arriesgan sus vidas.
Después de meses de investigación y decenas de entrevistas, BBC News Brasil viajó al epicentro de la minería en Brasil para conocer el día a día de estas mujeres. Aquí nos cuentan sus historias.
– «Cuando un hombre paga, quiere ser dueño de la mujer»
Leide Dayane Leite dos Santos, de 34 años, debe su nombre a la princesa Diana de la Familia Real británica. «Mi padre quería ponerme un nombre de princesa», dice la madre de siete hijos, de entre 2 y 16 años.
La primera vez que Dayane fue a las minas tenía 12 años. Fue secuestrada por una mujer que conoció en el paseo marítimo de Itaituba con un grupo de cuatro niñas; las otras, según ella, tenían entre 13 y 15 años.
Dayane trabaja en algo relacionado con las minas de oro desde que tenía 12 años.
A orillas del río Tapajós, Itaituba es el municipio con la mayor superficie de minas de Brasil, representando por sí solo el 16% de toda la superficie con minas del país en 2022, según MapBiomas.
De la ciudad de 123.000 habitantes y de las calles cubiertas por el polvo rojo de la carretera Transamazônica proceden muchas de las máquinas utilizadas en las explotaciones mineras de la región: entre 2020 y 2021, Itaituba representó el 75% de todo el oro ilegal producido en Brasil, según otro estudio de la UFMG .
En su primera incursión, Dayane dice que solo ayudó en la cocina. Pero la experiencia se vio trágicamente interrumpida: una de las chicas de su grupo, prostituta y consumidora de drogas, fue asesinada a tiros por el proxeneta delante de ella, cuenta.
«Regresamos a la ciudad en el coche de la policía, porque todas éramos menores de edad. Después del crimen descubrimos que la niña tenía 13 años».
Traumatizada por la experiencia, Dayane tardaría algunos años en volver. A los 17 años tuvo su primera experiencia en la prostitución.
Su marido murió y ella quedó con una deuda de US$1.300 por el funeral, una suma impagable para su familia. «15 días después de su muerte, una amiga me invitó a ir a zona de la minería».
«Fui a trabajar allí, allí cumplí 18 años. Pagué la deuda en 15 días, que en ese momento eran 12 gramos de oro. Estuve cuatro meses trabajando allí, para tener dinero para irme».
Desde entonces, Dayane ha vuelto varias veces, trabajando como cocinera, lavandera, en máquinas de extracción de oro y en bares, como camarera y trabajadora sexual.
Como la mayoría de las mujeres que trabajan en la minería, alterna períodos en la ciudad y otros en la selva, donde intenta ganar dinero para mantener a sus hijos.
En la minería, el dinero del oro llega más rápido que en otros trabajos «más tranquilos y seguros», afirma Dayane. Pero también pasa factura.
«Estaba durmiendo en mi habitación y un tipo saltó y me puso una pistola en la cabeza», recuerda, explicando que le había dicho «no» a este hombre antes.
«Las mujeres son muy humilladas por trabajar en un bar. Cuando los hombres pagan, quieren ser dueños de las mujeres».
– «Quiero ganar en oro»
Natalia Souza Cavalcante, de 28 años, se volvió viral en las redes sociales como ejemplo de «emprendimiento femenino», cuando mostró en videos en Instagram y TikTok su día a día como propietaria de un cabaret en la región minera de Itaituba.
Antes de la minería, trabajaba en una tienda, limpiaba, era camarera y vendía loncheras. Al igual que Dayane, Natalia dice que se fue a trabajar como prostituta a la región minera por una deuda.
«Mi nombre estuvo sucio durante más de un año, estaba tratando de pagar y no funcionaba. Así que decidí ir la minería», dice. «No quería ir, pero ni modo».
Natalia se hizo viral en las redes sociales cuando mostró videos de su día a día como dueña de un cabaret en una mina de oro.
En su primer viaje a las minas, dice que recaudó más de US$800 en un mes. «Si estuviera trabajando en la ciudad, me tomaría cinco o seis meses ganar ese dinero».
La segunda vez que fue, Natalia conoció a su actual marido, el dueño de un bar de allí. Ella comenzó a ayudarlo a administrar el bar y luego se convirtió en «dueña del cabaret».
Los bares, los cabarets y las tiendas son los centros de la vida social de los pueblos mineros. A su alrededor, a pocos kilómetros, se encuentran las tierras bajas o barrancos donde se extrae el oro.
En estos claros de la selva trabajan generalmente el propietario de las máquinas, los mineros y un cocinero, que viven en precarias tiendas de lona.
Después de días de extraer oro, los mineros lo dividen entre ellos y luego bajan al bar, cuenta Natalia.
«En cuanto al pago, son las chicas las que deciden con el cliente: ‘Quiero ganar en oro’. Cogemos una balanza, pesamos el oro y se lo entregamos a la chica», añade.
Según ella, las chicas se quedan con el dinero, pero el cliente paga una «llave» a los dueños del cabaret. «Funciona como un hotel, pagas por el uso de la habitación, que dependiendo de la minería es de US$8, US$13, hasta US$25».
En los claros de la selva suelen trabajar el propietario de las máquinas, los buscadores y un cocinero, que viven en precarias tiendas de lona.
Natalia dice que muchas de las chicas que vienen a trabajar al cabaret la buscan, pero a veces también busca activamente chicas nuevas, preguntando a las que ya estuvieron allí si tienen amigas interesadas en probar suerte.
«Si la persona es de confianza, le enviamos el dinero del billete o acordamos con un conductor que la recoja. Si quiere arreglarse el pelo o las uñas (…) antes de ir, le enviamos el dinero. Y nos pagan después de hacer las ‘tareas'», explica
Habiendo experimentado ella misma la prostitución, ¿Ve Natalia algún conflicto en atraer a otras mujeres a la actividad?
«A veces pensamos: ‘Vaya, voy a hacer que la chica venga al bar, a trabajar’. He pasado por eso y sabemos que no está tan bien», reflexiona.
«Pero pienso: la niña tiene una familia, a veces tiene hijos que criar, y mucho (de lo que ganan) va para ayudar a criar a los niños. Así que lo aceptamos».
– Naturalización de la situación
Marcela Ulhoa, de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, explica que la naturalización es uno de los factores que obstaculiza la acción de las autoridades locales en el combate a la violencia contra las mujeres en la minería.
«Las instituciones tienen dificultades para ver la situación de estas mujeres a través de la lente de la trata de personas y la explotación sexual», afirma.
Entre los elementos que caracterizan estos delitos, explica, están la contratación, el transporte y el alojamiento de estas mujeres, su situación de vulnerabilidad y su endeudamiento.
Señala que este movimiento de mujeres no sólo ocurre en Brasil, sino también en países vecinos como Guyana, Surinam y Guayana Francesa, donde muchas venezolanas también se dedican a la prostitución.
«La gente y las instituciones consideran que la mujer está ahí porque quiere y eso es una barrera para entender lo que ellas quieren, pero hay una situación de vulnerabilidad muy grande detrás de ese querer».
«Hoy existe un gran cuello de botella que es la identificación (de los delitos de trata de personas y explotación sexual en zonas mineras)», afirma la especialista
«Si no se identifica el problema, no se puede medir, no se tiene un registro del mismo. Es como si no existiera».
Brasil es el 14º mayor productor mundial de oro
Según la portavoz de la oficina de la ONU, esto se evidencia en lafalta de estadísticas sobre el trabajo de las mujeres en las regiones mineras. El gobierno ni siquiera sabe cuántos mineros operan en el país; un documento oficial reciente afirma que las estimaciones oscilan entre 80.000 y 800.000.
Cuestionado por la BBC, el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública reconoce la falta de datos. Sin embargo, enfatiza los esfuerzos para combatir la trata de personas y la explotación sexual en las minas de oro, incluidas operaciones conjuntas, asociaciones con organizaciones internacionales y campañas de sensibilización.
El gobierno de Pará afirma que la Policía Civil del Estado investiga denuncias de explotación sexual en la región y realizó un operativo este año para investigar posibles delitos en zonas mineras y promover la conciencia comunitaria.
Una característica del trabajo actual de las mujeres en la zona minera es que muchas de ellas se sienten atraídas por los anuncios en redes sociales, como Facebook y WhatsApp.
En Brasil, la prostitución no es un delito, pero atraer a alguien a la prostitución, facilitarla o mantener una casa de prostitución son delitos contemplados en el Código Penal.
La BBC se comunicó con Meta, controlador de Facebook, que afirmó que las políticas de la red social no permiten ofrecer o solicitar actividad sexual, y que coopera con las autoridades locales. WhatsApp señaló que, debido al cifrado, no tiene acceso al contenido de los mensajes y no modera el contenido.
Marcela Ulhoa señala que hay un ciclo de pobreza que se perpetúa entre generaciones en la Amazonía, lo que crea las condiciones de vulnerabilidad que llevan a las mujeres a trabajar en las minas.
«Estamos hablando de comunidades que a veces tienen entre 5.000 y 6.000 habitantes, donde sólo hay escuela primaria. Ni siquiera tienen escuela secundaria, no tienen actividades de ocio para los niños, no tienen nada. Así que el niño (o la niña) crecerá y ¿qué es lo único que le queda? Trabajar vinculado a la minería«.
– «Ya no sé qué es el sueño»
Raiele da Silva Santos fue una de esas niñas nacidas y criadas en la minería. Hija menor de una familia de cinco hermanos, todos nacidos en la comunidad de Penedo, a orillas del Tapajós.
Rosilda da Silva Carvalho, la madre de Raiele, llegó de Maranhão cuando tenía poco más de 20 años, atraída por su hermana con promesas de riqueza en las minas de Pará.
En Penedo conoció al padre de sus hijos y una vida cotidiana de violencia doméstica. Tras separarse y experimentar dificultades para mantener a su familia, decidió probar suerte en las minas de oro de la Guayana Francesa.
«Pasamos casi 16 años lejos de nuestra madre», recuerda Railane, la hermana mayor de Raiele. «Ella se fue a vivir su vida a estas minas lejanas, fuera de Brasil, y nos quedamos con alguien de la familia».
La hermana mayor cuenta que, a los 13 años, Raiele empezó a ir a las minas.
Antes de los 26 años se había casado tres veces y tuvo dos hijos, que también fueron criados por conocidos y familiares. Poco antes de morir, volvió a estar enamorada y embarazada, pero perdió al niño cuando aún estaba en su vientre.
El cuerpo de Raiele fue encontrado el 31 de mayo de 2023. Tres días antes, estaba bebiendo con amigos en un bar de la mina Cuiú-Cuiú, cuando un hombre supuestamente le ofreció dinero para acostarse con ella.
Ella habría dicho que no, y se fue con sus amigas, ya bastante borrachas, a la habitación donde se alojaba.
Fue en esta habitación donde días después fue encontrado su cuerpo, en avanzado estado de descomposición y con signos de violencia. En el lugar se evidenciaron signos de forcejeo físico y se registró presencia de sangre humana en varios objetos, según la investigación de la policía civil.
Un hombre fue arrestado como sospechoso del asesinato de Raiele. Contactados por BBC News Brasil, sus abogados prefirieron no hacer comentarios. En el expediente del caso niega todas las acusaciones.
La muerte de Raiele desató una inusual ola de protestas en Itaituba, pidiendo justicia y llamando la atención sobre la violencia contra las mujeres en la región.
El caso, sin embargo, no llamó la atención de la prensa nacional ni tuvo repercusión más allá de las noticias de la policía local.
La última vez que la mina Cuiú-Cuiú fue noticia fue a principios de la década de 1990, cuando un periodista brasileño reveló la realidad de la prostitución de las niñas en las minas en ese momento.
Hoy en día, la prostitución infantil es menos común en la región gracias a la acción de las autoridades locales, pero la violencia contra las mujeres continúa ocurriendo.
De regreso a Brasil después de 15 años en las minas de la Guayana Francesa, la madre de Raiele ahora se ocupa de sus dos nietos huérfanos.
La casa de madera que alquila en un pueblo de la región minera de Itaituba no tiene muebles en la sala, sólo una alfombra y un televisor. En el dormitorio, comparte la cama con su nieta mayor.
«La justicia en Brasil es muy lenta», dice Rosilda, que sueña con una casa propia para vivir y cuidar de sus nietos, ahora huérfanos.
«Apenas llegué aquí dormíamos en el piso. Luego me compré esta cama, ahora la niña duerme conmigo en ella y el niño duerme en la hamaca», dice Rosilda.
Cuenta que le cuesta dormir por las noches, pensando en la justicia para su hija menor. «Veo el anochecer, veo el amanecer… Ya no sé qué es el sueño».
En su celular guarda las brutales fotos del cuerpo de Raiele, que circularon en las redes sociales tras la muerte de su hija.
«La gente me pregunta: ‘¿Por qué no borras eso?’ No lo voy a borrar porque, un día, si lo quieren liberar (al sospechoso del crimen), puedo mostrar lo que le hizo a mi hija», dice Rosilda.
«La justicia en Brasil es muy lenta.»
Más de un año y medio después de la muerte de Raiele, el caso aún no ha llegado a juicio.
– «No quiero esta vida para mis hijos»
Según Marcela Ulhoa, de ONUDD, para cambiar la violencia cotidiana que enfrentan las mujeres en las minas de la Amazonía se requiere una combinación de sensibilización de las comunidades y autoridades locales, con más oportunidades educativas y laborales para las mujeres.
Destaca, sin embargo, que una política para ampliar las oportunidades para las mujeres de bajos ingresos en la Amazonía debe tener en cuenta la cuestión del cuidado.
«No se trata sólo de empleo, se trata de entender que a veces esta mujer es madre soltera de cinco hijos. Incluso si tiene un trabajo, ¿con quién dejará a sus hijos? Es una cuestión de empleo y de ingresos, pero también es algo mucho más más complejo».
Pensando en sus hijos, Dayane quiere volver a la zona de la minería por última vez. Ella planea ahorrar dinero para algún día tener su propio negocio, una cafetería en la ciudad.
«Todavía no tengo los medios para hacer realidad este sueño. Todavía tendré que volver a la minería por otros dos o tres meses, pero ya no tengo la salud para trabajar así. Quiero parar e invertir en mis hijos ahora».
Luego de su experiencia como «dueña de cabaret», Natalia regresó a vivir a la ciudad, para ayudar a cuidar a las dos hijas de su hermano, quien falleció en un accidente automovilístico.
Con el dinero que ganó en la selva se construyó su casa y se compró una motocicleta. Ahora sueña con ir algún día a la universidad.
«No quiero que mis hijos aprendan lo que enseña la minería», dice Railane.
Railane, la hermana mayor de Raiele, es madre de tres hijos y también sueña con una vida para ellos lejos de las minas de oro
«Estoy aquí porque mi madre no me dio otra visión, ella me ofreció lo que ella vivió y yo aprendí a vivir de la misma manera. No quiero esa vida para mis hijos».
Para los hijos de Raiele, ahora al cuidado de su abuela, ella también quiere una vida lejos de allí.
«No quiero que aprendan lo que enseña este lugar (en las minas). Si vas aquí al centro, ves cabaret, borrachos, prostitutas. No hay manera de que un niño pueda crecer con otros deseos».
«Entonces tal vez todo esto sucedió para que pudiéramos intentar hacer de sus hijos algo diferente».
Psicología y Mente(T.S.Cecilia) — Hablar de masturbación puede incomodar a muchos, pero lo cierto es que es una práctica común y, en general, saludable. Sin embargo, como en todo, es importante encontrar un balance, pues cuando pasa de ser una actividad ocasional a algo que se siente fuera de control, es normal preguntarse qué está pasando y cómo manejarlo.
En este artículo vamos a repasar las señales que indican que algo no va bien, qué podría estar causando este comportamiento y, sobre todo, cómo la terapia puede ayudarte a recuperar el control y sentirte mejor contigo mismo.
– ¿Cuándo es «demasiado» cuando se habla de masturbación?
La masturbación es algo natural y parte de la exploración sexual, sin embargo hay muchos mitos alrededor, a menudo por creencias religiosas, culturales o morales que han creado tabúes. Algunos dicen que puede causar ceguera, infertilidad o ser un signo de enfermedad mental, pero estas ideas no tienen respaldo científico.
De hecho, masturbarse tiene beneficios, como aliviar el estrés, mejorar el sueño y conocerse mejor a uno mismo.
Aun así, es importante fijarse en el contexto. Si masturbarse empieza a interferir en cosas importantes como el trabajo, las relaciones o tu bienestar emocional, podría convertirse en algo compulsivo. En esos casos, es cuando puede ser un problema.
Pero, ¡ojo! Esta es solo una aproximación al tema desde una perspectiva que no busca juzgar una práctica de forma general, así que no se trata de ver algo natural como algo malo, sino de reconocer cuando algo positivo cruza un límite y empieza a afectar tu vida de forma negativa.
– ¿Qué hay detrás de la masturbación compulsiva?
Cuando la masturbación se vuelve algo incontrolable, suele ser una señal de que hay algo mucho más grande motivando este comportamiento. Muchas veces, está relacionada con otros temas psicológicos o emocionales, como:
. Ansiedad y estrés
La masturbación puede convertirse en un mecanismo de escape temporal de la ansiedad y el estrés. Una vez que la persona ve que al masturbarse siente un alivio momentáneo de la tensión, se crea un ciclo en el que recurre a esta conducta cada vez que se siente abrumada, lo que hace que refuerce el hábito y que se le dificulte encontrar otras formas de manejar el estrés.
. Depresión
En estados depresivos, la capacidad de experimentar placer se ve disminuida, por lo que la masturbación puede ser una forma de buscar un breve momento de satisfacción en un contexto general de apatía o tristeza. Sin embargo, es clave recordar que no es una solución a largo plazo para la depresión.
. Problemas de control de impulsos
La dificultad para regular ciertos comportamientos puede ser un síntoma de trastornos como el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) o de trastornos de personalidad. En estos casos, la persona experimenta una fuerte necesidad de realizar la conducta aunque sabe, dentro de sí, que no es saludable realizarla tan constantemente.
. Adicción al material pornográfico
La exposición constante a material pornográfico puede desensibilizar a las personas y llevar a una necesidad cada vez mayor de estímulos más intensos para experimentar placer. Es así como esta búsqueda constante puede conducir a la masturbación compulsiva y hacer más difícil que se pueda establecer una conexión sexual más genuina.
. Baja autoestima o haber experimentado traumas
La masturbación compulsiva también podría estar asociada a una serie de factores psicológicos más profundos. Por ejemplo, quienes experimentan baja autoestima pueden buscar en la gratificación instantánea de la masturbación una forma de validación o compensación.
Asimismo, la falta de habilidades sociales o la incapacidad de establecer vínculos íntimos, pueden llevar a la persona a buscar satisfacción sexual de manera solitaria. En otros casos, traumas sexuales pasados pueden generar disfunciones sexuales y comportamientos compulsivos como una forma de lidiar con el dolor emocional.
Estos son solo ejemplos, pero lo importante es entender que la masturbación compulsiva no es un tema de «fuerza de voluntad». Generalmente, está atada una necesidad emocional o psicológica no resuelta.
– Consecuencias de masturbarse en extremo
Ya lo dijimos arriba: no se trata de juzgar una práctica, sino de evaluar las consecuencias de los extremos. Por un lado, a nivel emocional, muchas personas que se masturban en exceso experimentan culpa, vergüenza o una autoestima dañada, lo que puede perpetuar el ciclo de compulsión.
También puede generar conflictos en las relaciones, como una desconexión emocional o física con la pareja. Además, este comportamiento puede empezar a interferir en responsabilidades importantes, como afectar tu trabajo, estudios u otras actividades diarias. En algunos casos, aunque menos frecuentes, puede haber problemas físicos, como irritación o molestias.
– Así se trata la adicción a la masturbación con un psicólogo
Tratar la masturbación compulsiva requiere un enfoque personalizado. Aquí hay algunas opciones que suelen funcionar bien:
. Terapia Cognitiva-Conductual (TCC)
Ayuda a identificar y cambiar pensamientos y comportamientos que mantienen la compulsión. Por ejemplo, si usas la masturbación para evitar emociones difíciles, la TCC te puede enseñar formas más saludables de manejar esas emociones.
Esta intervención psicológica actúa a la vez modificando patrones de conducta objetivos y, por el otro lado, patrones de pensamiento e interpretación de la realidad. Por ejemplo, mediante estrategias como la reestructuraciónm cognitiva, consistente en ayudar al paciente a poner en duda sus creencias más problemáticas y disfuncionales.
. Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT):
Este enfoque psicoterapéutico te ayuda a aceptar tus impulsos sin ceder a ellos. Esto incluye trabajar en estar más presente y enfocarte en lo que realmente importa en tu vida, en lugar de intentar reprimir lo que sientes. No aferrarse a la expectativa de estar constantemente «bien» y feliz ayuda a disfrutar de la vida sin caer en excesos.
Por eso, esta forma de psicoterapia «entrena» a los pacientes en el desarrollo de la capacidad de aceptación ante los sinsabores de la vida, sobre todo aquellos que están más allá de nuestro control.
. Medicación
En algunos casos, un psicólogo puede recomendarte trabajar con un psiquiatra para usar medicamentos que ayuden a manejar la ansiedad, depresión u otros factores relacionados. Por ejemplo, los antidepresivos como los ISRS pueden ser de ayuda. Ahora bien, esta es una ayuda transitoria, ya que el objetivo siempre es facilitar que la persona modifique sus procesos psicológicos sin necesidad de alterar el funcionamiento de sus neuronas.
. Apoyarse en los demás
El apoyo social también puede marcar una diferencia. Hablar con personas que pasan por algo similar en grupos de apoyo puede hacer que te sientas entendido y darte estrategias útiles.
JotDown(B.P.del Valle) — Nos guste más o menos, somos seres sociales. Puede que a algunos les vaya la introversión y a otros el colegueo o incluso fundirse con las masas, pero a todos nos agrada ser aceptados, compartir aficiones y hasta aspiraciones existenciales.
De lo que no siempre tenemos conciencia es de hasta qué punto la forma en que nos expresamos refleja el entorno en que nos movemos, nuestra realidad e intereses. Si formamos parte de un grupo, resulta muy común que vayamos adoptando una manera de hablar específica, ciertas palabras que son codacitos de complicidad: esto solo lo pillamos tú y yo.
Cuanto más exclusivo pretenda presentarse el grupo ante nuestros ojos, más privado se querrá ese idioma secreto que les distingue del resto, el común de los mortales.
La escritora y lingüista Amanda Montell (Baltimore, 1992), que se dio a conocer con el libro Wordslut —subtitulado Una guía feminista para rescatar el inglés— ha descubierto que lo que define, en gran medida, la pertenencia a un culto o a ciertas sectas es justamente el lenguaje. Un descubrimiento que desarrolla en su último ensayo, Cultos, publicado de forma reciente en nuestro país por Ediciones Urano.
Conviene que nos detengamos un momento en la traducción del título y lo que de esa elección se deriva: el original, Cultish, viene a aludir a la terminación de los idiomas en inglés (como Spanish), aunque en esa lengua es un vocablo existente y traducible como «de culto» o «sectario». De hecho, algunos de los grupos de los que habla Montell entrarían sin duda en la categoría de sectas, con todas sus connotaciones negativas en español.
Pero la traducción es acertada. La autora estadounidense no solo analiza el uso persuasivo, coercitivo, controlador o manipulador de las palabras en comunidades espirituales y pseudorreligiosas, sino también en otros ámbitos. El marketing, las redes sociales, el fitness o el running u otras actividades físicas, los emprendedores y las start-ups, las publicaciones sobre moda… incluso corrientes incontestables desde la sensatez y el sentido común, como el feminismo, al menos en su vertiente mercantilizada.
«Para bien o para mal, en la actualidad hay un culto para cada uno de nosotros» y cada escenario social tiene su propio vocabulario, sus giros lingüísticos que los distinguen como grupo. Algunas prácticas habituales del culto incluyen la redefinición de palabras, su invención, los códigos secretos, los lemas o mantras, los hashtags y, en casos extremos, la glosolalia: «Una vez que entiendas cómo suena el cultish, no podrás dejar de escucharlo».
Como es obvio, la influencia que se ejerce a través del lenguaje no es igual de dañina en una secta que en otras comunidades, pero en todas resulta decisiva para que los adeptos se entreguen sin reservas. Las que investiga Montell comparten la veneración de una personalidad central o una gran corporación por la que, en el peor de los casos, se acaba poniendo en juego la cuenta bancaria o la salud.
Además, y a diferencia de algunos de los grupos que he mencionado antes, el estudio se centra en aquellos que coaccionan o amenazan a sus miembros, con métodos más o menos sutiles, para que ni hablen de ellos ni los abandonen.
Pero ya que «tendemos a los cultos por naturaleza», la autora no observa a sus víctimas con condescendencia sino con empatía y compasión: todos somos susceptibles de vernos atrapados en uno, por inofensivo que sea, porque a menudo necesitamos creer en algo y lo religioso se nos queda obsoleto.
Aunque ¿Qué hay de los nuevos profetas? ¿Y si organizaciones vendedoras de futuro, como Amazon, tuvieran algo de secta? ¿Podemos comparar a Jeff Bezos con el siniestro reverendo de Jonestown? Este libro lo hace.
Cáptame, me dijiste cáptame
«Tan pronto como los cultos se volvieron algo aterrador, también se volvieron algo guay», cuenta Montell en su estudio, que en sus dos primeros bloques y tras un capítulo introductorio, se centra en el uso del lenguaje en las sectas puras y duras, sobre todo a partir del llamado Templo del Pueblo.
La vinculación de la famosa masacre de Jonestown al hecho lingüístico tiene ramificaciones sorprendentes: la bebida que se creyó había sido mezclada con cianuro y otras drogas para el masivo suicidio colectivo de 1978 dio origen a una expresión popular hoy día, «Drinking the Kool-Aid» —con un sentido parecido al de «tener fe ciega»—.
En el culto de Jim Jones, descrito aquí como «un camaleón lingüístico que poseía un monstruoso arsenal de astutas estrategias retóricas», las palabras establecían el carácter oculto de aquel luctuoso proyecto, pero también conferían el proverbial don de lenguas y una suerte de suero de la verdad para que sus seguidores se animaran a expresar lo inefable.
Todavía resulta escalofriante oír o leer el discurso final (la editorial La Felguera incluye una transcripción en su reedición de 2021 de Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico) que ofreció el reverendo a sus groupies para convencerles de la funesta ingesta.
La autora de Cultish establece una pertinente semejanza entre los líderes de sectas y los maltratadores en cuanto a su poder verbal sobre las víctimas; son relaciones tóxicas en ambos casos —y lo fue de modo literal en Jonestown—.
El ensayo de Montell es aún más sugerente por cuanto la primera persona está muy presente en el (adictivo) relato de los hechos. Varias experiencias muy cercanas le han ayudado a entender en profundidad el funcionamiento de las sectas a propósito de sus códigos de expresión.
Su padre vivió siendo joven en la comuna —más tarde, secta— Synanon, donde practicaban un ritual llamado El Juego que tenía su propio lenguaje especial para controlar el comportamiento y las creencias de sus prosélitos. Ella misma, a los diecinueve años, sufrió un intento de abducción (en realidad habla de «secuestro») por dos jóvenes cienciólogos que la llevaron a hacer un test sorpresa de personalidad.
Aunque quizá uno de los eventos que más la han ayudado en su investigación sea su labor como voluntaria en una línea de ayuda al suicidio juvenil: allí aprendió que el lenguaje usado a conciencia puede ayudar a que alguien no muera, pero también puede ser mortal.
Lo demuestra el caso de Michelle Carter, quien a través de mensajes de texto indujo a su novio al suicidio; true crime que muchos conocimos por el documental de HBO Te quiero, muérete (2019), y sobre el que ahora también se ha estrenado una miniserie de ficción con Elle Fanning.
La fascinación por las historias de sectas o cultos muy chungos se observa en cómo han proliferado durante los últimos años en todos los formatos: libros como Ascensión (2013), de Tom Perrotta; Las chicas (2016), de Emma Cline, o El círculo (2017), de Dave Eggers; series como Wild Wild Country (2018), El juramento (2020) o Los hijos de Sam (2021); películas como Martha Marcy May Marlene (2011), de Sean Durkin, The Master (2012), de Paul Thomas Anderson, La invitación (2015), de Karyn Kusama, o Midsommar (2019), de Ari Aster… son solo algunos buenos ejemplos.
Esta tendencia, aparte de mostrarnos que es un fenómeno con especial arraigo en Estados Unidos, evidencia que no ha pasado de moda, y que el clima actual —global— de incertidumbre y miedo, sobre todo tras la pandemia, favorece la aparición de comunidades en torno a líderes o asuntos de muy diverso pelaje, asociadas a tiranías bastante mundanas.
Quizá el culto más cercano y democratizado de cuantos se han extendido en los últimos tiempos sea el que se asocia de forma más directa con la cultura capitalista y su carisma, su popularidad generalizada que ha convertido el sistema económico dominante en el nuevo tótem que adorar, al que destinar nuestros sacrificios en pos de una causa mayor, más elevada.
Porque ¿qué hay más gratificante para el alma que aspirar al dinero y triunfar en el arte de la prosperidad? Me temo que aquello de la posteridad se ha quedado, valga la paradoja, antiguo. Uno de mis mantras personales —también yo tengo mis cultos— es que el marketing es el demonio (frase cuya autoría, según veo, comparto con Billy Bob Thornton).
Y en gran parte es por cómo ha articulado el lenguaje, la comunicación, para fundar una retórica perversa que vende, a fin de cuentas, fe y esperanzas en el propio sistema que nos somete y nos utiliza. Igual que cualquier gurú espiritual.
Tú eres Dios y tu marca personal, tu religión
La elección del término gurú no es casual, claro, pues así se define hoy en día también a los líderes del mercado, iluminados de los negocios que definen las claves del éxito y a los que algunos acompañarían hasta el mismo infierno si pronuncian las palabras adecuadas.
Decía antes que la autora de Cultish equipara a Jones con Bezos, pero también establece similitudes oratorias entre el líder del Templo del Pueblo y Donald Trump, exlíder del mundo libre (ji, ji): según Montell, una crema para ojos promete tanto como un caudillo de esta calaña.
El que fuera presidente norteamericano, empresario autoengendrado, ha sabido valerse de lo que Anna Wiener define como «lenguaje basura» de las corporaciones tecnológicas —aunque precede a la era dorada de Silicon Valley— en su libro de memorias Valle inquietante (2020): «un tipo de no-lenguaje que no era ni hermoso ni particularmente eficiente», pero que sirve a la grandilocuente visión de futuro de aquellos gurús.
Si lo acercamos a nuestro ecosistema económico, observaremos que la burbuja emprendedora es también la del lenguaje inflado.
En España tenemos a tipos como Isra Bravo, copywriter persuasivo, especialista en cartas de venta o email marketing, aunque leo que es mucho más, «un conocedor de la condición humana y la Psicología de Ventas» —en mayúsculas—. Hace unos meses sacó un libro titulado Escribo porque me gusta ganar dinero, así que volvemos a lo que funciona comercialmente hoy día: la esperanza, porque mucha hay que tener para pensar que se puede vivir bien de escribir.
Por otro lado, razón no le faltará, pues hoy en día toda transacción parece depender de la marca personal; personal branding, no la de los deportes (bueno, esa también, pero ahí entraré en el siguiente ladillo). El lenguaje propio de internet y los dialectos de las redes sociales o de los foros virtuales han llevado a que las palabras se conviertan en medidores de clics, se moneticen para seguir ofreciendo alimento al ídolo que supone la ideología económica / política al mando.
Montell pone uno de sus focos en el culto del marketing multinivel (MLM), que pese a su gran cantidad de sinónimos, puede simplificarse como el hermano legal de las estafas piramidales.
Gracias a esta práctica basada en la «positividad tóxica» y una «sintaxis alegre de robot», cualquier tragedia puede convertirse en carnaza de venta, o bien de reclutamiento, ya que tratan de captar a afiliados —no confundir con trabajadores asalariados— que busquen la independencia económica.
Una estrategia que me recuerda al timo que me pareció el concepto de prosumidor cuando lo oí por primera vez, en 2014, durante un curso acelerado de marketing digital.
Es la idea base para la construcción de la figura del influencer en redes sociales, que son verdaderamente los gurús, a pequeña o gran escala, que más abundan en el universo contemporáneo: «Buscar una comunidad religiosa marginal con empeño sería visto como una exageración por muchos ciudadanos modernos, pero tomarse un trago de misticismo seguido de uno de ambición capitalista lo hace más llevadero».
Teal Swan es, en sus propios términos, una «catalizadora espiritual» o «revolucionaria de la transformación personal» que tiene 1,3 millones de suscriptores a su canal de YouTube, 1,6 millones de seguidores en Facebook y unos 629 000 en Instagram. Por cierto, no será por nada que se nos denomine así, seguidores, en el mundo de las redes sociales, donde cada uno se construye su propio culto a partir del mayor o menor predicamento de sus publicaciones.
El caso de Swan, que además de sus vídeos también vive de sus conferencias-espectáculo, multitudinarios retiros, varios libros superventas y todo tipo de merchandising a partir de su condición de superviviente de abusos durante la infancia, ha sido particularmente señalado por su vinculación (desinformativa) a la salud mental y sus invitaciones a «visualizar la muerte» como algo no tan poco deseable o lejano.
A menudo este tipo de figuras manejan una narrativa biográfica que los presenta como críticos o rebeldes, por lo que muchos de sus fans son personas a las que les gusta ir contracorriente, desconfiando de las verdades asumidas, ya procedan del Gobierno, los medios de comunicación, los médicos o la industria farmacéutica, como hemos visto de forma reciente con las teorías sobre una plandemia y la explosión de conspiritualidad a la que se refiere Montell en su ensayo.
La escritora estadounidense, que a su manera se ha convertido en influencer en el ámbito de los cultos gracias a este libro y al pódcast Sounds Like A Cult (que alcanzó el top 20 de Spotify en su país y fue nombrado entre lo mejor del año por Vulture y Wired), resume de forma brillante el trasfondo sociocultural de esta corriente:
«Como dice nuestra tradición generacional, los padres de los millennials les dijeron que podían ser lo que quisieran al crecer, pero luego ese pasillo de cereales lleno de interminables qué pasaría si y puede ser resultó tan aplastante que lo único que querían era un gurú que les dijera cuál elegir».
Luego cita la genial serie Fleabag y esa contradicción con patas que nos representa en el personaje de Phoebe Waller-Bridge confesando: «Quiero que alguien me diga qué ponerme todas las mañanas». Eso es; que alguien amable nos diga, POR FAVOR, cómo emplear nuestro tiempo aquí en la Tierra.
Cult-iva tu cuerpo escultural
En el contexto de la cultura consumista, estresada y sobrededicada al trabajo, uno de los cultos más populares es el del ejercicio físico.
No cuesta ver por qué para mucha gente se ha convertido en una actividad sustitutiva de la práctica religiosa: una serie de personas reunidas en torno a una comunidad con ciertos valores en común, usando símbolos externos que les identifican como parte del grupo, llevando a cabo un ritual colectivo, lideradas por un guía enseñante y motivador, y desde luego, hablando en una jerga específica o reafirmando sus convicciones a través de una determinada manera de expresarse.
Es lo que Montell —pero no solo ella— denomina cult fitness o también cult workout, gente que acude a diario a una cita con su cuerpo en esos templos que son los gimnasios, o que se ejercitan desde casa, pero a menudo siguiendo una determinada escuela y, sobre todo, confiando en instructores para que les impongan pautas de entrenamiento y a veces de alimentación.
En Estados Unidos hay toda una gama de actividades que van desde correr al ciclismo, el yoga, el pilates, el jiu jitsu y casi cualquier forma de sudar pagando que se nos ocurra.
Existen grandes emporios que exportan sus infalibles métodos para estar cachas y lucirlo, como SoulCycle, CrossFit o CorePower Yoga, muy populares por vincularse con frecuencia a ciertas estrellas del cine o el entretenimiento (al igual que Tom Cruise o Elisabeth Moss han dado lustre y promo a la cienciología).
«En Estados Unidos se nos enseña a fetichizar la superación personal», justifica la autora de Cultish aquella obsesión por el machaque corporal que, como todo lo demás, se ha propagado por el resto del planeta; el que más y la que menos han probado las mieles y los sinsabores de la zumba, incluso en pleno confinamiento.
Yo mismo me he vaciado, con lamentables resultados, en ese desenfrenado tren aeróbico. Todos conocemos a alguien —puede que antes haya sido un denodado fiestero— que ha acabado consagrando sus extremidades al deporte con excesiva devoción, como si la abstinencia de otras aventuras le llevaran a abrazar nuevos riesgos que palíen el tono gris-acera de la rutina.
El argot vuelve a ser fundamental para sentirse parte de ese grupo de elegidos para la gloria. Antes he hablado de «correr», pero es obvio que hoy en día nadie corre; se hace running.
Y se es, según el tipo de pisada, pronador o supinador, que es algo que aprendí —de nuevo— en el entorno del marketing: concretamente, en el peor empleo de mi vida, por un exjefe que cuando llegaba a la oficina después de correr, te contaba las maravillas de aquella innovadora afición en su despacho, rodeado de manuales del buen gestor de talentos.
Desintoxicar, disciplina, perfección, son algunos de los términos habituales cuando se pone toda la fe en el propio cuerpo. En su vertiente más cuestionable y propia de un culto, el negocio del físico usa un «lenguaje de adoración agresivo» que, según Montell, se construye a base de «los cánticos y los gritos, la jerga mística y los monólogos motivacionales».
Un hecho que convierte este tipo de coaching en homilía concienciadora y a sus instructores en «el nuevo clero».
El caso más tétrico es el del gurú del hot yogaBikram Choudhury, que llegó a tener mil seiscientos cincuenta centros repartidos por el globo en 2006, antes de recibir múltiples denuncias de exalumnas por abusos y agresiones sexuales.
Cuando aún era un admirado multimillonario, se le conocía como «el antiyogui» o «el Walter White del yoga» (es decir, una especie de Mourinho o del aberrante profesor que encarna J. K. Simmons en Whiplash), pero en la simpatía por el personaje que hablaba sin filtros se camufló una validación del culto a la personalidad de este depredador misógino, racista y, por supuesto, gordófobo.
Hay algo de masoquista en darle a alguien nuestros ahorros para que nos diga lo que no queremos oír sobre nosotros mismos, pero es que lo difícil, como bien sabe Amanda Montell, es saber lo que en realidad queremos oír. Por no hablar de lo que querríamos decir, con estas u otras palabras, más convincentes.
Ilustración que representa a Isaac Newton experimentando con la luz.
National Geographic(N.Freire) — En todas las disciplinas, existen momentos que marcan la historia. Seguro que puedes señalar cual es la película que, según tu criterio, ha influido más en la evolución de la sociedad.
Sin embargo, en el mundo de la ciencia, estos momentos cobran una importancia singular pues, además de quedarse grabados en los libros, significaron puntos de no retorno en el conocimiento humano, es decir, situaciones en las que cambió completamente la forma en la que se aprecia la realidad y la naturaleza.
Aunque decidirse por cinco es una tarea muy complicada, te traemos una compilación de aquellos experimentos que, sin duda, supusieron un punto de inflexión en la historia del conocimiento.
– Newton divide la luz blanca
En el año 1672, Sir Isaac Newton llevó a cabo un experimento trascendental que revolucionó la comprensión que se tenía en aquel momento de la luz y de la óptica. En un laboratorio oscuro, Newton hizo pasar un delgado rayo de luz blanca a través de un prisma de vidrio triangular.
Lo que emergió al otro lado del objeto, para sorpresa de Newton, no fue un simple haz de luz, sino un espectro que se abría en un abanico de colores. Se trataba de la revelación de la verdadera naturaleza de la luz blanca: no era una entidad homogénea, sino una combinación de colores individuales.
Este experimento de refracción de luz blanca no solo desafió las creencias arraigadas de la época, sino que también sentó las bases para teoría corpuscular de la luz, en donde Newton postuló que la luz consistía en partículas distintas que viajaban a diferentes velocidades y se desviaban al pasar a través de diferentes medios.
Así, no solo se transformó la óptica de forma radical, sino que fue un experimento que allanó el camino para los futuros avances en la ciencia de la luz y la visión.
– Cavendish pesa la tierra
En el año 1798, Henry Cavendish realizó un experimento que permitió, por primera vez, calcular la masa de la Tierra con enorme precisión. Utilizando un dispositivo conocido como balanza de torsión, Cavendish midió la fuerza de atracción gravitatoria entre dos masas pequeñas y dos masas grandes.
Al suspender las masas pequeñas en un alambre y observar su ligero giro debido a la atracción gravitatoria de los objetos más grandes, Cavendish pudo determinar la constante de gravitación universal y, a partir de ella, calcular la masa de la Tierra.
Dibujo de la sección vertical de la balanza de torsión de Cavendish, incluyendo el recinto en la que estaba ubicada. Las esferas grandes estaban suspendidas de un bastidor, de forma que se podían orientar desde el exterior respecto a las esferas pequeñas mediante un sistema de poleas.
Se trata de un experimento que requirió una precisión meticulosa y una enorme paciencia, pero que ofreció resultados sorprendentes: proporcionó una medida revolucionaria de la densidad y la masa de nuestro planeta, sentando así las bases para la comprensión moderna de la gravedad y la geodesia.
Además, contar con un valor tan exacto permitió avanzar en los cálculos y las investigaciones de la época, tal y como si se tratase de la pieza que faltaba para completar el puzzle.
– Joule demuestra la conservación de la energía
James Prescott Joule, en el año 1840, llevó a cabo un experimento que revolucionó por completo la comprensión de la naturaleza más fundamental: el principio de conservación de la energía. Joule diseñó un dispositivo muy ingenioso que consistía en una serie de paletas sumergidas en agua dentro de un recipiente aislado térmicamente.
Al hacer girar las paletas utilizando un peso suspendido, Joule notó que la temperatura del agua aumentaba. Mediante medidas de la cantidad de trabajo realizado y la cantidad de calor generada, Joule consiguió establecer una relación directa entre el trabajo mecánico y el calor producido.
En otras palabras, este experimento demostró de manera concluyente y definitiva que la energía no podía ser creada ni destruida, sino que podía transformarse de una forma a otra, sentando así las bases para el principio de conservación de la energía, una ley fundamental en la física moderna.
Este trabajo pionero de Joule cambió por completo la definición de energía, sentando las bases para futuros avances en la termodinámica y la física de partículas, así como dando origen a la famosa frase “la energía no se crea ni se destruye, se transforma”.
Esquema en movimiento que ejemplifica el experimento de Joule para determinar la conservación de la energía.
– Hipplyte Fizeau mide la velocidad de la luz
En el año 1851, Hippolyte Fizeau realizó un experimento innovador que permitió medir la velocidad con gran precisión. Utilizando un dispositivo óptico, Fizeau envió un haz de luz a través de un engranaje giratorio hacia un espejo situado a varios kilómetros de distancia.
El espejo reflejaba la luz de regreso al punto de origen, donde otra sección del engranaje interceptaba el haz de luz en su regreso. Así, al medir la velocidad de rotación del engranaje necesaria para que la luz se bloqueara por completo, Fizeau pudo calcular la velocidad a la que se desplazaban los haces de luz.
Este ingenioso montaje fue esencial no solo para una de las primeras mediciones precisas y rigurosas de la velocidad de la luz, sino que también actuó como pionero de un amplio abanico de investigaciones pioneras en este ámbito. El conocimiento de la velocidad de la luz fue indispensable para comprender el comportamiento y cómo recibimos desde la luz que emite una luciérnaga hasta la luminosidad del Sol.
– Rosalind Franlin fotografía el ADN
En el año 1953, Rosalind Franklin cambió la trayectoria de la genética al llevar a cabo un experimento en el que conseguía capturar las primeras imágenes del ADN utilizando la técnica de difracción por rayos X. Trabajando con una gran habilidad, Franklin produjo imágenes cristalográficas detalladas del ADN que revelaban su característica forma de doble hélice, proporcionando una visión sin precedentes de la estructura molecular del ADN, arrojando luz sobre su disposición espacial y su composición química.
Aunque el experimento en sí mismo no condujo directamente al descubrimiento de la estructura del ADN, ya que las imágenes se las apropiaron sus colegas Watson y Crick, sí fueron esenciales para formular el famoso modelo estructural de la doble hélice.
Este fue un momento clave en la biología molecular y la genética, pues abrió las puertas al nacimiento de la medicina personalizada y a la comprensión de la herencia.
Muy Interesante(D.Delgado) — Las gárgolas servían como desagües, solucionando un problema de forma práctica y estética. Pero, además funcionaban como símbolos de la lucha entre el bien y el mal, como reflejo de las culturas o como mensajes de moralidad.
La palabra gárgola deriva del latín, «gurgulio», «gargula». Su raíz es «gar» que hace referencia a «tragar». En Italia es Doccione, en Alemania son Wasserspeier y en Holanda Waterspuwer, todas ellas hacen referencia a vomitador de agua, escupe agua, etc.
Por ello, se cree que su etimología indica que se nombró en función de su utilidad arquitectónica, la cual hace referencia al infierno como desaguar los tejados de las catedrales.
Las gárgolas tienen un origen que se remonta a las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma. Estas culturas ya utilizaban figuras talladas en piedra para canalizar el agua de lluvia lejos de sus edificios. En Egipto, por ejemplo, se empleaban esculturas de leones para este propósito, mientras que en Grecia y Roma se preferían figuras humanas o de animales mitológicos.
Estas primeras gárgolas no solo cumplían una función técnica, sino que también reflejaban el simbolismo y las creencias de sus respectivas culturas. En Pompeya, aún se pueden encontrar restos de estas piezas, testigos silenciosos de cómo las civilizaciones antiguas entendían y utilizaban la arquitectura para resolver problemas prácticos y estéticos.
. La influencia de la Edad Media en su popularización
Con la llegada de la Edad Media, las gárgolas experimentaron un renacimiento en Europa, especialmente en el contexto de la arquitectura gótica. Este periodo histórico, marcado por la influencia de la Iglesia católica, vio cómo las gárgolas se transformaban de simples conductos de agua a complejas esculturas cargadas de simbolismo.
La Iglesia, consciente de la escasa educación del pueblo, utilizó estas figuras para transmitir mensajes de moralidad y protección. Las gárgolas se convirtieron en guardianes de los edificios religiosos, alejando a los malos espíritus y asegurando la pureza del espacio sagrado.
Esta transformación no solo popularizó las gárgolas, sino que también las convirtió en un elemento esencial de la arquitectura gótica.
– Gárgolas en la arquitectura gótica
Esas criaturas de piedra talladas son un elemento característico de la arquitectura gótica. Aunque nacieron con una función práctica para evitar filtraciones en los edificios, rápidamente adquirieron un simbolismo más profundo. Estas figuras, mitad animal, mitad humano, se convirtieron en guardianes para ahuyentar los malos espíritus, vigilando desde las alturas.
Su presencia, también embellecía las fachadas, pero son mucho más que simples adornos arquitectónicos, las gárgolas son testigos de la rica simbología de la Edad Media.
. La catedral de Notre-Dame y su legado
La catedral de Notre-Dame de París es uno de los ejemplos más emblemáticos de la arquitectura gótica y su relación con las gárgolas. Este majestuoso edificio, construido durante la Edad Media, alberga algunas de las gárgolas más famosas del mundo.
Aunque muchas de las figuras que adornan la catedral son en realidad quimeras, las gárgolas auténticas de Notre-Dame han inspirado a artistas y escritores durante siglos. Víctor Hugo, en su novela «Nuestra Señora de París», inmortalizó estas figuras, otorgándoles un papel significativo en la narrativa.
La catedral de Notre-Dame no solo es un monumento arquitectónico, sino también un símbolo de cómo las gárgolas han influido en la cultura y el arte a lo largo de la historia.
. Función práctica: canalización del agua
La función práctica de las gárgolas, especialmente en la arquitectura gótica, es fundamental para la protección de los edificios. Estas figuras están diseñadas para desviar el agua de lluvia lejos de los muros, evitando así la erosión y el daño estructural. La canalización del agua a través de las gárgolas es un ingenioso ejemplo de cómo la arquitectura gótica combinaba estética y funcionalidad.
Las largas gargantas de las gárgolas permitían que el agua cayera a una distancia segura del edificio, preservando así la integridad de las construcciones. Este uso práctico es una de las razones por las que las gárgolas se han mantenido como un elemento esencial en la arquitectura a lo largo de los siglos.
. Función simbólica: protección y purificación
Las gárgolas también desempeñan un papel simbólico en la arquitectura gótica. Estas figuras eran vistas por las personas como protectoras de los edificios sagrados, ahuyentando a los malos espíritus y asegurando la pureza del espacio interior. La Iglesia católica utilizó las gárgolas como una herramienta visual para comunicar la seguridad y la protección divina a los fieles.
Al colocar estas criaturas en las fachadas de las iglesias, se reforzaba la idea de que dentro de esos muros se encontraba un refugio seguro. Las gárgolas, por lo tanto, no solo eran desagües, sino también símbolos de la lucha entre el bien y el mal, recordando a los creyentes la importancia de la fe y la salvación.
– De animales reales a criaturas fantásticas
Estas enigmáticas piezas esculpidas se exhiben en una amplia gama de formas, desde animales reales, como leones, dragones o serpientes, hasta criaturas fantásticas producto de la imaginación medieval. Las terroríficas gárgolas, con elementos animales y humanos, nos transportan a un mundo de misterio donde la rica simbología refleja la unión de lo real y la fantasía.
. Evolución de su representación a lo largo del tiempo
La representación de las gárgolas ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. En sus inicios, estas piezas solían representar animales reales, como leones, águilas o perros, que tenían un significado simbólico para las culturas que las crearon. Sin embargo, con el paso de los siglos, las gárgolas comenzaron a adoptar formas más fantásticas, incorporando elementos de criaturas mitológicas y demoníacas.
Esta evolución reflejó no solo los cambios en las creencias y valores culturales, sino también el deseo de los artistas de explorar nuevas formas de expresión. Las gárgolas se convirtieron en un lienzo sobre el cual se proyectaban los miedos y las esperanzas de las sociedades que las creaban.
. Mitología y leyendas: el mito de San Román
Las gárgolas también están profundamente arraigadas en la mitología y las leyendas, como el famoso mito de San Román. Según esta leyenda, San Román derrotó a un dragón llamado Gargouille, que aterrorizaba a una aldea en Francia. Después de mostrarle la cruz, el dragón fue vencido, pero su cabeza y cuello, inmunes al fuego, fueron colgados de las murallas de la iglesia católica como advertencia.
Esta historia no solo explica el origen de las gárgolas como guardianes de los edificios religiosos, sino que también ilustra cómo las leyendas y la religión se entrelazan para dar significado a estas figuras.
Fue entonces cuando, Romanus, un sacerdote cristiano, dominó a la bestia con la señal de la cruz y la llevó a Rouen donde le cortó la cabeza y la colocó en lo alto del ayuntamiento.
Notre Dame
– Gárgolas en la arquitectura
Fue a partir de la Edad Media y con el auge del arte gótico cuando los artistas y arquitectos comienzan a colocar en sus edificios la representación de estos seres, con cabeza y alas de dragón y un cuerpo casi humano, y cuya función era la de expulsar agua de lluvia de los tejados de dichos edificios, para de este modo actuar como un desagüe.
Principalmente se colocaban en las iglesias, y de ahí que todavía se conserven en lugares que son tan emblemáticos como la catedral de Notre Dame, en Francia.
Gárgolas y quimeras: diferencias fundamentales
Las gárgolas se convirtieron en símbolos de protección y triunfo sobre el mal. Así pues, su imagen es más que decorativa, cumpliendo múltiples trabajos en la arquitectura. Sin embargo, no hay que olvidar el papel fundamental en el embellecimiento de construcciones que tienen tanto las gárgolas como las quimeras.
. Definición y características de las quimeras
Las quimeras, a menudo confundidas con las gárgolas, son figuras que comparten una apariencia similar, pero tienen funciones y significados distintos. A diferencia de las gárgolas, las quimeras no tienen un canalón para el agua y son puramente decorativas.
Estas figuras, que también adornan muchas catedrales góticas, representan criaturas fantásticas que combinan elementos de diferentes animales.
Su propósito es estético, añadiendo un toque de misterio y fantasía a la arquitectura. Las quimeras son un testimonio de la creatividad y la imaginación de los escultores medievales, que utilizaban estas figuras para embellecer y enriquecer los edificios con elementos de mitología y leyenda.
. La confusión común entre gárgolas y quimeras
La confusión entre gárgolas y quimeras es común debido a su apariencia similar y su presencia en el mismo tipo de edificios. Sin embargo, es importante distinguir entre ambas para comprender su verdadero significado y función. Mientras que las gárgolas cumplen una función práctica al canalizar el agua, las quimeras son meramente decorativas.
Esta distinción es crucial para apreciar el papel de cada una en la arquitectura gótica y su simbolismo. La catedral de Notre-Dame, por ejemplo, alberga tanto gárgolas como quimeras, lo que ha contribuido a la confusión, pero también ha enriquecido el legado cultural y artístico de este emblemático edificio.
La evolución de las gárgolas, desde simples funciones prácticas hasta representaciones simbólicas, refleja la creatividad artística.
– Influencia cultural de las gárgolas
La influencia de las gárgolas en la cultura es un testimonio de su poder evocador y su capacidad para trascender el tiempo. Su figura se ha popularizado en la cultura por su relación con lo macabro y lo fantástico, convirtiéndose en un icono cultural omnipresente.
. Inspiración en la literatura y el arte
Las gárgolas han sido una fuente inagotable de inspiración en la literatura y el arte a lo largo de los siglos. Escritores como Víctor Hugo han inmortalizado estas figuras en sus obras, otorgándoles un papel simbólico y narrativo. En Nuestra Señora de París, las gárgolas son más que simples adornos; son personajes que reflejan el drama y la historia de la catedral.
En el arte, las gárgolas han sido representadas en pinturas, esculturas y grabados, capturando la imaginación de artistas que ven en ellas un símbolo de la lucha entre el bien y el mal.
. Las gárgolas en la cultura popular y el cine
En la cultura popular y el cine, las gárgolas han encontrado un lugar destacado como elementos de misterio y fantasía. Películas y series de televisión han utilizado estas figuras para crear atmósferas góticas y narrativas intrigantes. La serie animada Gargoyles, por ejemplo, presenta a las gárgolas como personajes principales que cobran vida durante la noche, explorando temas de traición y redención.
En el cine, las gárgolas a menudo aparecen como guardianes de secretos antiguos o como criaturas que cobran vida en momentos de peligro. Esta representación en la cultura popular ha contribuido a mantener viva la fascinación por las gárgolas, asegurando su lugar en el imaginario colectivo como símbolos de misterio y protección.