Psicología y Mente(J.A.Arranz) — La depresión es mucho más compleja que el sentimiento de tristeza o desánimo; afecta profundamente la forma en que las personas perciben su entorno y a sí mismas. Uno de los aspectos más característicos de esta condición es el pesimismo, una visión negativa y distorsionada que impregna los pensamientos y emociones. Pero, ¿por qué la depresión conduce a esta perspectiva sombría?
Entender esta conexión implica analizar cómo la depresión afecta tanto al cerebro como a los procesos psicológicos y sociales. Desde desequilibrios químicos hasta patrones de pensamiento repetitivos, el pesimismo se convierte en un síntoma persistente que refuerza el malestar general. Analicemos por qué la depresión lleva al pesimismo y cómo este puede ser abordado.
– La relación entre depresión y pensamiento negativo
La relación no es solo una sensación de tristeza profunda; también afecta la forma en que las personas interpretan el mundo que las rodea. Uno de sus síntomas más característicos es el pensamiento negativo o pesimista, una visión distorsionada que tiende a amplificar lo negativo y minimizar lo positivo. Este vínculo entre depresión y pesimismo tiene raíces tanto en procesos cognitivos como emocionales.
Cuando alguien experimenta depresión, su mente suele quedar atrapada en patrones de pensamiento repetidos, conocidos como rumiaciones. Estas rumiaciones se centran en los fracasos, las pérdidas y las dificultades, lo que refuerza la idea de que el futuro será igual o incluso peor. Por ejemplo, una persona deprimida puede interpretar una pequeña crítica como una prueba de que nunca hará nada bien, o sentir que no vale la pena intentar mejorar su situación porque “todo saldrá mal de todos modos”.
Además, la depresión altera la percepción de control. Las personas suelen sentir que no tienen poder para cambiar sus circunstancias, lo que incrementa el pesimismo y perpetúa el ciclo depresivo. En este contexto, el pesimismo no es simplemente un rasgo de personalidad, sino un síntoma que surge de un estado mental debilitado por la enfermedad.
– Factores biológicos que influyen en el pesimismo
El pesimismo asociado a la depresión no solo tiene un origen psicológico, sino también biológico y fisiológico. Las alteraciones químicas del cerebro desempeñan un papel crucial en cómo las personas perciben su entorno y procesan las emociones.
En la depresión, los niveles de neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina suelen ser desequilibrados. Estas sustancias químicas son esenciales para regular el estado de ánimo, la motivación y la recompensa. Cuando sus niveles disminuyen, se genera una predisposición hacia pensamientos negativos y falta de esperanza.
Además, estudios de neuroimagen han demostrado que ciertas áreas del cerebro funcionan de manera anormal en personas con depresión. Por ejemplo, la amígdala, que está relacionada con el procesamiento de emociones, se encuentra hiperactiva, lo que intensifica las respuestas al estrés y los estímulos negativos.
Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, responsable de la autorregulación emocional y la planificación, muestra una actividad reducida, dificultando la capacidad de contrarrestar el desarrollo e influencia de los pensamientos pesimistas.
Esta combinación de hiperactividad emocional y menor control racional refuerza el pesimismo, haciendo que las personas deprimidas perciban los problemas como insuperables. Estas alteraciones biológicas crean un círculo vicioso que perpetúa el estado depresivo y dificulta la recuperación sin un tratamiento adecuado.
– Factores psicológicos y sociales
El pesimismo en la depresión también está influido por patrones de pensamiento y factores sociales. Desde el punto de vista psicológico, las personas con depresión suelen experimentar distorsiones cognitivas, es decir, formas erróneas de interpretar la realidad.
Entre las más comunes están la generalización excesiva (“si algo salió mal una vez, siempre saldrá mal”), el pensamiento polarizado (“todo es un fracaso o un éxito absoluto”) y el filtro negativo, que se enfoca exclusivamente en los aspectos desfavorables de una situación, ignorando cualquier cosa positiva.
Estos patrones no solo contribuyen al pesimismo en sí mismo, sino que también lo alimentan, atrapando a la persona en un ciclo de pensamientos automáticos negativos que refuerzan su estado depresivo. Además, la depresión afecta la autoestima, llevando a las personas a percibirse como incapaces de superar desafíos o lograr metas.
En el ámbito social, el aislamiento es un factor determinante. Muchas personas deprimidas se retiran de sus círculos sociales, lo que reduce su acceso al apoyo emocional y perpetúa su sensación de soledad e inutilidad. Además, los estigmas asociados a la depresión pueden hacer que quienes la padecen eviten buscar ayuda, intensificando el pesimismo al sentir que están solos frente a sus problemas.
– Los efectos del pesimismo en la vida cotidiana
El pesimismo asociado a la depresión no solo afecta directamente la vida, sino también la vida diaria.
Las personas con esta condición tienden a interpretar las situaciones de una forma automáticamente negativa, lo que impacta sus relaciones personales, desempeño laboral y decisiones importantes.
Por ejemplo, pueden evitar buscar nuevas oportunidades laborales, convencidos de que no tendrán éxito, o retraerse en sus relaciones, creyendo que serán rechazados o incomprendidos.
Este enfoque pesimista también puede generar un efecto “bola de nieve”, mediante el cual pequeños contratiempos se perciben como grandes fracasos, lo que incrementa la frustración y refuerza el estado depresivo.
Además, el pesimismo afecta la capacidad de adherirse a tratamientos, ya que muchas personas pierden la motivación para seguir terapias o medicación, creyendo que no les ayudará.
JotDown(C.Casajuana) — Hay un terreno en el que todos sabemos que los presagios de George Orwell se han cumplido con creces: el de la invasión de la vida privada. En 1984 nunca falta una pantalla que vigila. Nada —o casi nada— puede ser ocultado a la mirada del Big Brother.
Es un aspecto de la novela sobre el que han corrido ríos de tinta, por lo que apenas vale la pena referirse a él. Hoy, con la ubicuidad de las cámaras de vigilancia y las técnicas de reconocimiento facial, vivimos en un universo que cada día es más orwelliano. Las cámaras y pantallas que nos rodean no emiten mensajes autoritarios como las de 1984, pero da igual: desde el momento en que están ahí, nos tienen a su merced.
Nadie lo ignora, pero estamos abandonando nuestra privacidad al azar de los avances tecnológicos —tan beneficiosos en muchos campos, huelga decirlo—, como la rana que, sin reparar en el aumento progresivo de la temperatura del agua, se deja hervir sin darse cuenta.
Pero la novela de Orwell fue también premonitoria en otros aspectos, tal vez más. Hoy estamos todos aburridos de oír que las elecciones las gana quien controla el relato, que el poder es del que consigue imponer su versión de lo que sucede. Pero no sé si, antes de George Orwell, alguien había plasmado esta idea de una forma tan gráfica y contundente como en 1984.
El Partido imaginado por el escritor inglés gobierna el presente controlando el pasado. Su lema es: «Quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado».
Winston Smith, el protagonista, trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su labor consiste en reescribir noticias antiguas para borrar todo rastro de lo que no conviene que sea recordado y ofrecer pruebas de que el Partido que gobierna el país con mano de hierro siempre ha acertado en sus planteamientos y propuestas. George Orwell describe esta tarea con una minuciosidad que adquiere tintes cómicos.
Pero, al leerlo hoy, setenta y cuatro años después de la aparición de la novela, es difícil eludir la impresión de que su intención paródica se quedó corta. ¿No asistimos hoy en todas partes a una batalla incansable entre los que defienden versiones distintas de lo acaecido hace cincuenta, cien o quinientos años?
¿No hay legiones de historiadores, de periodistas, de políticos que —a veces de buena fe, otras no tanto— nos proponen nuevas lecturas del pasado para que sea acorde con su visión del presente? Peor aún: ¿no hay auténticas factorías de medias verdades y de bulos para alimentar las redes sociales y distorsionar la información que reciben a diario millones de personas?
El pasado —la manzana de la discordia— no tiene una existencia objetiva. La historia es un terreno lleno de sombras, «un país extranjero, invisitable e inconquistable», escribió el historiador George Kubler. Sobrevive únicamente en textos escritos y en la memoria humana, de manera que constituye aquello en lo que los textos que se conservan y la memoria coinciden.
Como los textos pueden ser corregidos, es posible reconstruir el pasado de acuerdo con los propósitos del presente, que es lo único que tiene una existencia indudable, y allanar así el camino hacia el futuro deseado. Raro es el gobernante o el dirigente político que no pugna de un modo u otro por hacerlo.
De hecho, ¿no actuamos de forma parecida todos nosotros, individualmente, sin tener apenas conciencia de ello? Nuestra memoria mejora de forma continua el pasado, para adaptarlo a lo que creemos que debería haber sido, eliminando episodios que no deseamos recordar y haciendo emerger otros.
La exactitud se sacrifica a menudo en el altar de las necesidades psicológicas. De este modo, nuestra identidad se va construyendo con un relato que ilumina unas cosas y deja otras en la sombra, y el foco se mueve constantemente para que veamos nuestra trayectoria bajo la luz que más nos conviene en cada momento.
Lo mismo sucede en el ámbito colectivo. En sí misma, esta continua revisión no es ilegítima. Se puede hacer con el propósito de corregir errores y aproximarnos a lo que creemos honestamente que sucedió. Anthony Burgess sugirió con malicia que el Ministerio de la Verdad era un trasunto de la BBC, en la que Orwell trabajó durante la guerra.
Orwell respondió con una frase magistral: «Uno tiene que pertenecer a la intelligentsia para creer algo así: ninguna persona corriente creería jamás una tontería semejante».
Pero la pulla de Burgess no dejaba de tener una cierta base: el pasado es una masa de plastilina que el presente remodela de forma incansable, y esta remodelación puede hacerse de muchos modos.
Si se hace con rigor y con voluntad de esclarecer los hechos, sin bloquear la difusión de versiones contrarias, sino alimentando el debate, como hace con frecuencia la BBC, puede ser una tarea muy noble.
Sin embargo, esta revisión del pasado rara vez es inocente. Cuando se inauguró el tren de alta velocidad entre París y Londres a través del Eurotúnel, las autoridades francesas pidieron a las británicas un cambio de nombre de la estación de Waterloo, que era de donde salía el tren.
En Londres se negaron, porque no querían que los franceses se olvidaran de la batalla y de lo que significó. Me imagino a Orwell sonriendo en su tumba al leerlo.
Hace dos años, el 5 de mayo de 2021, se celebró en Francia el bicentenario de la muerte de Napoleón. Fue una conmemoración controvertida.
Los españoles no somos los únicos que andamos a la greña con nuestra historia. Recordar a Napoleón en Francia —igual que en España cuando se trata de Franco— significa enfrentarse a lo que queda de él, que no es poco, rememorar la parte del pasado que aún no ha terminado de pasar.
¿Qué representa hoy Napoleón? ¿La Ilustración a caballo, como han dicho algunos? ¿El kilómetro cero del caudillismo militar? Su legado es muy discutible. Está el Código Civil y está el golpe de Estado de 1799; está el Napoleón que modernizó la Administración y el que sembró de cadáveres los campos de batalla; en unos lugares fue liberador, y en otros, invasor.
El bicentenario de su muerte dividió a Francia entre los partidarios de reivindicarlo y los partidarios de condenarlo. Pero era muy difícil no recordarlo, porque sin él no se puede entender la historia de Francia, ni la de Europa. La cuestión era cómo recordarlo.
Macron depositó una corona de flores en su tumba en Les Invalides, alabó su contribución histórica, reconoció que sin él la historia de Francia no sería la que es, celebró su vida como una epifanía de la libertad, y censuró sus aventuras militares y el restablecimiento de la esclavitud en las colonias francesas de ultramar. Más equilibrios, imposible.
Algo semejante ocurre en Alemania cada vez que se conmemora la entrada de las tropas aliadas en Berlín en 1945. La controversia es muy difícil de evitar. ¿Hay que celebrarla como la liberación de Alemania o como la derrota de Hitler? ¿Es lógico que los perdedores celebren el aniversario de la rendición?
Pero, a la vez, ¿pueden los alemanes actuales dejar de recordarlo? Describir la derrota como «la liberación de Alemania» es alimentar una mentira y eludir responsabilidades. En el año 1945, la mayoría de los alemanes no veía a las tropas aliadas como liberadoras.
Las tropas aliadas tampoco se veían así; se veían como vencedoras. Con estas premisas, los equilibrios también son ineludibles.
En todas partes, la historia está sembrada de ficciones aceptadas para favorecer la cohesión social, y la Segunda Guerra Mundial es un buen ejemplo de ello. A los británicos les gusta decir que, antes de la entrada en la guerra de Estados Unidos, plantaron cara a los nazis sin ayuda de nadie, como si Rusia no hubiera combatido a su lado.
Los franceses han hecho lo imposible para convencerse y convencer al mundo de que el mariscal Pétain y el Gobierno de Vichy fueron irrelevantes y de que Francia resistió con coraje la ocupación alemana; esgrimiendo esta versión de los hechos, al concluir la guerra, se incorporaron a la lista de potencias vencedoras y consiguieron un escaño en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Muchos alemanes siguen persuadidos de que los crímenes nazis fueron obra de unos radicales que instigaron la guerra y asesinaron a los judíos, y que la mayoría de los ciudadanos no se enteraron.
1984
La historia es siempre a work in progress, un campo de batalla entre distintas lecturas del presente. Raro es el país que, bajo unos u otros ropajes, no tiene su Ministerio de la Verdad. Pero Orwell va más allá. El Partido no solo reconstruye el pasado a su antojo y ejerce una vigilancia estricta sobre los ciudadanos, sino que trabaja para que el lenguaje esté al servicio de los mensajes que desea transmitir en cada momento.
La vinculación entre la conquista y el ejercicio del poder y la corrupción del lenguaje es otra de las aportaciones capitales de 1984. No era un terreno novedoso para Orwell. En un artículo célebre —«La política y la lengua inglesa», aparecido en 1946, tres años antes que 1984— ya había abordado el tema.
«El lenguaje político —y con variaciones esto es cierto para todos los partidos políticos, de los conservadores a los anarquistas— está concebido para hacer que las mentiras suenen como verdades y para que el asesinato parezca respetable, y para dotar de una apariencia de solidez al puro viento».
Sus palabras resuenan hoy con fuerza, aunque lógicamente los eufemismos y las distorsiones de entonces no son los mismos que los de hoy. Orwell enumera una serie de vocablos tan gastados por el uso que podían significar lo que su usuario deseara. La mayoría son ahora inofensivos. Pero han aparecido otros.
Hoy deberíamos preguntarnos qué significan las palabras sostenible u orgánico cada vez que las oímos o leemos, si la persona que las utiliza defiende el medio ambiente o nos está intentando embaucar con un poco de humo.
Deberíamos pararnos a pensar qué pretenden los que aluden a los políticos o a los medios de comunicación como si todos fueran iguales, o los que atribuyen a manos ocultas o difíciles de identificar con precisión —el Ibex, la casta, el régimen del 78— lo que no entienden o desaprueban.
Cada generación se procura su newspeak. ¿No está hoy el debate político sembrado igual que entonces de palabras y de conceptos que encauzan nuestro pensamiento hacia unas conclusiones predeterminadas?
Despojar al lenguaje de las adherencias que enturbian su significado o lo conducen hacia un terreno sembrado de prejuicios puede ser, hoy como entonces, una tarea inagotable.
La palabra libertad, por ejemplo. En 1984, Orwell lleva la parodia hacia el extremo con un Partido que postula: «Guerra es Paz, Ignorancia es Fuerza y Libertad es Esclavitud».
Parece excesivo, pero ¿no nos estamos acostumbrando hoy a ver cómo, en el lenguaje del populismo de derechas, la palabra libertad se esgrime para defender el supuesto derecho de cada cual a hacer lo que le plazca aunque perjudique o ponga en peligro a los demás?
¿No vemos todos los días cómo se invoca la libertad para conducir por sitios prohibidos, para no tomar las precauciones debidas ante una pandemia, para portar armas o para eludir el pago de impuestos? Estamos en el mundo de Humpty Dumpty: «Cuando yo empleo una palabra, quiere decir lo que yo quiero que diga».
Sea manipulando y reconstruyendo el pasado al servicio de la propia visión del mundo, sea distorsionando el lenguaje para que las palabras digan lo que se quiera que digan en cada momento, de lo que se trata es de imponer la propia versión de lo sucedido para imponer asimismo lo que ha de suceder.
Se comienza por reconstruir lo que de verdad sucedió y denominarlo como de verdad debe denominarse, y se termina ofreciendo la propia Verdad como la única posible.
Orwell alertó de los peligros de este proceso hace más de setenta años pensando en los totalitarismos de diverso signo de aquel momento, en particular el comunismo. Pero la pesadilla que concibió sirve para hacer visibles engranajes que están en pleno funcionamiento en la actualidad.
Postal con la reproducción de una pintura que retrata un pogromo judío en Estrasburgo en 1880.
The Conversation(J.F.Barrocal) — El ser humano siempre ha vivido entre la verdad y la mentira, pero nunca antes se había visto obligado a diferenciar constantemente una de la otra.
A nadie se le escapa que en las redes sociales aparecen cantidades inmensas de información que en ocasiones no se corresponden con la realidad.
Algunas veces esto sucede porque la fuente no es la correcta, pero en otras oportunidades la información se crea artificialmente para sembrar el odio.
En el terreno de las falsificaciones propagadas con malas intenciones se encuentran los Protocolos de los Sabios de Sion.
Este documento se publicó en 1903 en la Rusia zarista con el objetivo de justificar los pogromos (masacres de judíos promovidas por el poder) que entonces se estaban llevando a cabo.
– Un documento falso
El escrito pretendía revelar, en sus veinticuatro capítulos, una conspiración de los judíos por la que intentarían dominar el mundo a partir del control de los medios de comunicación, la economía y la provocación de conflictos religiosos.
Gracias a las investigaciones de Philip Graves, corresponsal del diario The Times en Estambul, sabemos desde el año 1921 que el libelo tomó algunas de sus ideas del Dialogue aux enfers entre Machiavel et Montesquieu ou la politique de Machiavel au XIXe siècle, par un contemporain (1864), de Maurice Joly, en el que Maquiavelo cargaba contra el pueblo judío.
Aparte de inspirarse en este libro, los Protocolos también plagiaron la trama del capítulo “En el cementerio judío de Praga” de la novela Nach Sedan de Hermann Goedsche. El episodio pone el foco en una asamblea de judíos (muertos y vivos) que repasan sus actuaciones en la centuria y planean maléficos proyectos para el siglo entrante.
Sin embargo, esta no habría sido la última influencia ficticia en la creación del documento.
Raíces hispanas
Los Secretos de los Sabios de Sion es la primera versión documentada de Los Protocolos de los Sabios de Sion publicada fuera de Rusia. Publicado en Charlottenburg, Alemania, 1920.
En 1949, el hispanista Jonas Andries van Praag formuló una convincente hipótesis que situaba un texto satírico de Quevedo en el tejido compositivo de la obra de Goedsche, y, por tanto, de los Protocolos.
Se trata de “La isla de los Monopantos”, un relato incrustado en La hora de todos y la fortuna con seso (publicada póstumamente en 1650) que acusaba al conde-duque de Olivares de colaborar con los sefardíes, quienes habían sido expulsados de la península en 1492.
La reprobación política tomaba por vehículo una fabulosa junta desarrollada en Salónica, en la que judíos procedentes de toda Europa y los Monopantos (cristianos cómplices de los anteriores) estaban tramando un plan para destruir los cimientos de la cristiandad.
El profesor analizó varios pasajes paralelos de los que se deduciría, a su entender, que el escritor alemán conocía el texto quevediano.
Detectaba una conexión, por ejemplo, en la forma en la que se presentan los asistentes a la reunión:
“[…] se juntaron por la sinagoga de Venecia, Rabbi Samuel y Rabbi Maimón; por la de Raguza, Rabbi Aben Ezra; por la de Constantinopla, Rabbi Jacob; por la de Roma, Rabbi Chamaniel; por la de Ligorna, Rabbi Gersomi; por la de Ruán, Rabbi Gabirol; por la de Orán, Rabbi Asepha; por la de Praga, Rabbi Mosche; por la de Viena, Rabbi Berchai; por la de Ámsterdam, Rabbi Meir Armahah”.
(“La Hora de todos y la Fortuna con seso”).
“Entonces decid de quién sois representantes y de dónde venís. ¿Tribu de Judá? -De Ámsterdam, respondió una voz fuerte. -¿Tribu de Benjamín? -¡Toledo!, fue la sorda respuesta. ¿Tribu de Leví? -¡Worms! -¿Tribu de Manasés? -¡Budapest! -¿Tribu de Gad? -¡Cracovia! -¿Tribu de Simeón? -¡Roma! -¿Tribu de Zabulón? -¡París! -¿Tribu de Dan? -¡Constantinopla! -¿Tribu de Asher? ¡Londres! -¿Tribu de Isaachar? -La respuesta llegó con voz débil y no pudo oírse con claridad. -¿Tribu de Neftalí? -¡Praga!”.
(“Nach Sedan”. Todas las traducciones al español toman como base la traducción al inglés de Bernstein)
También permitirían estrechar los cabos dos fragmentos en que los judíos asocian el control de los gobiernos con la concesión de créditos:
“En Ruán somos la bolsa de Francia contra España, y juntamente de España contra Francia socorremos a aquel monarca con el caudal que tenemos en Ámsterdam en poder de sus propios enemigos, a quienes importa más el mandar que le difiramos las letras que a los españoles cobrarlas […] porque nosotros socorremos como el que da con interés dineros al que juega y pierde, para que pierda más”.
(“La Hora de todos y la Fortuna con seso”)
“Todos los príncipes y las tierras de Europa están actualmente endeudados. La Bolsa regula estas deudas. Pero tales cosas sólo se hacen con capital mobiliario; por lo tanto, todo el capital mobiliario debe pasar a manos de los judíos. La base para esto ya está puesta, a juzgar por lo que hemos oído aquí. Si somos supremos en la Bolsa, alcanzaremos la misma supremacía en los gobiernos. Por lo tanto es necesario facilitar los préstamos para que lleguen a nuestras manos tanto más…”
(“Nach Sedan”)
Van Praag fijaba su atención, asimismo, en los elogios que los rabinos dedicaban a los metales preciosos:
“Ha considerado esta sinagoga que el oro y la plata son los verdaderos hijos de la tierra que hacen guerra al Cielo, no con cien manos solas, sino con tantas como los cavan, los funden, los acunan, los juntan, los cuentan, los reciben y los hurtan”.
(“La Hora de todos y la Fortuna con seso”)
“cuando todo el oro de la tierra sea nuestro, el poder pasará a nosotros… El oro es el soberano de la tierra. El oro es poder, recompensa, placer… Todo lo que los seres humanos temen y desean…”
(“Nach Sedan”).
Más allá de las discutibles semejanzas de los lugares paralelos (asentados, en mi opinión, sobre tópicos antisemitas de prolijo abolengo), la conjetura del hispanista sería viable por las enigmáticas circunstancias en las que tienen lugar lugar los encuentros y por los propósitos finales de los mismos.
De hallarse en lo cierto, Van Praag habría logrado ubicar una obrita de Quevedo en los orígenes de una patraña publicada con tres siglos de diferencia que intentó hacer pasar una ficción por un suceso real.
Lamentablemente, los Protocolos han sido increíblemente tomados por ciertos hasta el día de hoy.
Parece así fundamental proporcionar una educación literaria de calidad para que tengamos instrumentos a mano que nos permitan deslindar fácilmente lo estrictamente auténtico de aquello que no se puede interpretar al pie de la letra. Esto urge especialmente en nuestra era, no otra que la de la desinformación.
Vista de Stonehenge, patrimonio mundial de la humanidad, el 17 de diciembre de 2013, en Wiltshire, Inglaterra.
Infobae(M.Sierra) — Las razones de la construcción de Stonehenge, el icónico monumento megalítico situado en Inglaterra, han sido un misterio durante siglos.
La estructura, que fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en los años 80, ha sido protagonista de múltiples teorías (algunas de ellas involucrando incluso a seres alienígenas de otro planeta) y los expertos han señalado varias causas probables por las que Stonehenge pudo haberse comenzado a erigir hace ya 5.000 años.
En Inglaterra, Escocia y Gales existen otras construcciones megalíticas como Stonehenge, lo que los investigadores han señalado como un indicio de que estas estructuras pudiesen haber tenido un uso ceremonial y religioso: la disposición alineada con los solsticios de verano e invierno sugieren que pudo emplearse para la observación astronómica, como calendario y para rituales estacionales en los que se realizarían ceremonias vinculadas con el Sol y la Luna.
Además, la revelación de la existencia de restos humanos en los alrededores de Stonehenge también ha llevado a los arqueólogos a considerar la construcción como un lugar de enterramiento o de culto a los ancestros.
Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Archaeology Internacional señala que el monumento megalítico podría haber tenido otra finalidad y que, además, dicho descubrimiento cambiaría en cierta medida el conocimiento que tenemos de las antiguas civilizaciones del territorio.
El conjunto monumental de Stonehenge está situado en la llanura de Salisbury Plain, en el condado de Wiltshire, pero los enormes bloques de piedra que lo conforman provienen de mucho más lejos: los hallazgos recientes destacan que la piedra del altar gigante, que pesa más de 6 toneladas, fue transportada desde el extremo norte de Escocia, lo que supone que fue movida más de 700 kilómetros.
Además, las piedras azules que forman el monumento proceden de Gales.
Reunión de cientos de personas en Stonehenge para celebrar el solsticio de invierno, a 21 de diciembre de 2024
El gran viaje que tuvo que realizarse para llevar estos enormes bloques de piedra desde su ubicación original hasta Salisbury, lo que probablemente duró unos 8 meses, sugiere que este proceso fue un gran proyecto que unió a las personas de las antiguas civilizaciones, pues participarían cientos o miles desde diversas regiones.
“Los viajes por tierra habrían proporcionado oportunidades mucho mejores de espectáculo, boato, banquetes y celebraciones que habrían atraído a miles de personas para presenciar y participar en esta extraordinaria aventura”, señalan los investigadores.
Por tanto, el monumento sirvió para unificar a los distintos pueblos antiguos de Gran Bretaña, lo que modifica el conocimiento que tenemos de estas sociedades: pese a la distancia que separaba a muchas de ellas, probablemente estaban más conectadas de lo que se pensaba con anterioridad, siendo Stonehenge un claro ejemplo de comunidad y unión de estas.
Además, pese a que existen más de 900 círculos de piedra similares en todo el país, lo que indica que era una construcción con un gran significado para estos pueblos, la estructura de Salisbury tuvo una importancia mayor debido a la magnitud de sus rocas y la necesidad de ser transportadas por una gran multitud.
“El hecho de que todas sus piedras procedieran de regiones distantes, lo que lo hace único entre más de 900 círculos de piedras en Gran Bretaña, sugiere que el círculo de piedras puede haber tenido un propósito tanto político como religioso: como monumento de unificación para los pueblos de Gran Bretaña, celebrando sus vínculos eternos con sus antepasados y el cosmos”, explicó en un comunicado de prensa Mike Parker Pearson, el autor principal del reciente estudio.
De esta manera, Stonehenge fue un lugar de culto para los antiguos británicos, pero también se convirtió en un símbolo de unidad y cohesión porque permitió a las diversas comunidades del territorio fortalecer sus lazos sociales y culturales.
BBC News Mundo — A menudo pasamos por alto que estamos rodeados de una tecnología increíble.
Nuestros hogares, nuestros bolsos, nuestras oficinas… todos están repletos de ingeniosos objetos diseñados para hacernos la vida más fácil.
Y aunque no lo notemos, detrás de muchos de ellos está el extraordinario ingenio humano, la suerte y la casualidad que han dado forma a nuestro mundo.
Descubre con BBC Mundo 5 historias que revelan esa genialidad.
1. Una carrera épica… en tus oídos
Probablemente aprecies tus auriculares con cancelación de ruido cuando estás sentado junto a un fanático de TikTok, pero ¿cómo cancelan realmente el ruido no deseado?
Pues resulta que tus auriculares, por pequeños que sean, contienen más de un micrófono.
Uno de ellos recoge la onda sonora del ruido que entra, y lo que sigue es una carrera entre la velocidad del sonido y la velocidad de las matemáticas.
Tu auricular toma esa onda sonora ruidosa, la invierte, la agrega y hace que llegue a tu tímpano exactamente a la misma velocidad a la que llega el sonido indeseado original.
La onda sonora que no quieres escuchar es cancelada por esa misma onda sonora invertida; por eso no la oyes y puedes seguir disfrutando de lo que te place.
Es algo fenomenal y alucinante, que implica muchos cálculos matemáticos brillantes.
Y aunque puede parecer una innovación reciente, su origen se remonta 70 años atrás, a la Guerra de Corea.
Estados Unidos enviaba helicópteros para recoger soldados heridos o varados, quienes tenían que pedir ayuda a través de radios.
Pero las aspas de los helicópteros interferían con las señales radiales, así que no los podían oír.
De hecho, ni el piloto ni los pasajeros en los helicópteros se podían comunicar verbalmente entre ellos, pues el ruido lo hacía imposible, como comprobó el ingeniero Lawrence J. Fogel, quien hizo varios viajes en ellos en busca de una solución.
La teoría sobre cómo las ondas sonoras se cancelan entre ellas había sido descubierta hacía más de 150 años, pero Fogel fue el primero en darle un uso práctico en la década de 1950.
Creó los primeros auriculares con cancelación de sonido, y al hacerlo, transformó completamente las comunicaciones en los vuelos.
2. Criminales reinicidentes… y pasaportes
Los pasaportes con chip incorporado de hoy en día pueden parecer de alta tecnología… pero los orígenes de los pasaportes biométricos se encuentran en realidad en la frustración de un empleado de policía del siglo XIX: el francés Alphonse Bertillon.
Mientras trabajaba en una comisaría de policía de París en la década de 1880, se dio cuenta de que, como no había una forma consistente de registrar los datos de los delincuentes, los reincidentes se libraban de la responsabilidad simplemente haciéndose pasar por otra persona.
Pero Bertillon sabía que la estructura del cuerpo adulto no cambia con el tiempo, y por eso ideó un sistema de medidas corporales combinado con una fotografía policial, que se convirtió en la forma perfecta de registrar los detalles de los criminales y detectar a los que reincidían.
Sus innovaciones ayudaron incluso a identificar al famoso asesino en serie francés Joseph Vacher.
El sistema de Bertillon fue reemplazado posteriormente por las huellas dactilares, pero renació en la década de 1960 como el comienzo de los sistemas de reconocimiento facial y biométricos actuales.
3. Los mineros… y los ascensores
Cada tres días, los ascensores del mundo transportan el equivalente de toda la población mundial.
Y, a pesar de que son esencialmente una caja colgando en un abismo, hay pocos accidentes. De hecho, son el modo de transporte más seguro que existe.
Una de las principales razones son los increíblemente fuertes cables que los sostienen.
El secreto de su fuerza reside en el hecho de que son trenzados: la fricción entre las fibras retorcidas, por su áspera textura, les da agarre.
Fueron la solución a un problema mortal en las minas de carbón del siglo XIX que impulsaron la Revolución Industrial.
Los mineros tenían que bajar a las profundidades y los ascensores colgaban de cuerdas de cáñamo o cadenas de hierro, que se rompían con el uso.
Pero cada opción tiene sus virtudes, reflexionó el administrador de minas alemán Wilhelm Albert, y empezó a retorcer hilos de hierro a la manera de las sogas.
Para 1834 había creado el cable de acero trenzado, más robusto que las cuerdas de cáñamo, y más barato y liviano que las cadenas de hierro.
Ese invento de hace 190 años hizo que los ascensores se hicieran más seguros.
Pero la tecnología que ayuda a impulsar los ascensores hacia arriba es aún más antigua: se utilizó en un arma de guerra en asedios del siglo XII.
El trabuquete de contrapeso era un dispositivo gigante parecido a una catapulta, que se usaba para lanzar proyectiles enormes a grandes distancias, lo que le permitía a los invasores aplastar las defensas enemigas muy rápidamente.
Es el mismo mecanismo que facilita que los ascensores de hoy eleven el peso de la cabina hacia arriba.
4. Soplar antes de aspirar
Las aspiradoras de hoy están llenas de una serie de artefactos electrónicos de alta tecnología.
El Gen5, por ejemplo, es el pequeño motor del modelo más poderoso de las de Dyson, y puede girar a 135.000 revoluciones por minuto, 9 veces más rápido que el de un auto de Formula 1.
Eso hace que el aire pase a 75% de la velocidad del sonido, lo que implica una poderosa succión, vital para recoger las más tercas partículas indeseadas del entorno.
Curiosamente, aquello de que la succión fuera la solución, no siempre fue obvio: las primeras máquinas no aspiraban, sino que soplaban aire para intentar levantar el polvo de las alfombras y depositarlo en una bolsa recolectora.
Fue al ingeniero Hubert Cecil Booth a quien se le ocurrió que funcionaría mejor succionar la suciedad a través de un filtro, y en 1901 inventó la primera aspiradora.
El aparato, sin embargo, era costosísimo y enorme.
Pero apenas seis años más tarde llegaron aspiradoras portátiles y más baratas, de la mano de James Spangler un inventor poco exitoso que no había logrado dar en el clavo con ninguna de sus ideas.
Falto de dinero, Spangler tuvo que emplearse en una tienda de departamentos de Ohio, EE.UU.
Su trabajo consistía en limpiar, pero como sufría de asma, le hacía mucho daño.
Decidió idear un aparato electrónico que succionara el polvo, valiéndose del motor de una máquina de coser, un palo de escoba, una funda de almohada y una caja con llantas.
Aunque creó la primera aspiradora portátil, el nombre que pervivió asociado a su invento fue el del empresario local que invirtió en la innovación: William Hoover.
Spangler murió antes de ver cuán exitosa fue su creación, cuya popularidad explotó en la década de 1920, acompañada de constantes mejoras.
5. Cables de cobre… para evitar accidentes
La patallas táctiles son cada vez más populares, y las damos por sentadas.
El iPhone las llevó a las masas en 2007, pero esa tecnología ya se venía usando en las torres de control del tráfico aéreo desde la década de 1960.
La misión de los controladores de tráfico aéreo en tierra es proteger las vidas en los cielos.
Cada vuelo se identifica con un distintivo y, en esa época, tenían que escribir ese código único para que las computadoras procesaran la información de vuelo.
Con tanto tráfico aéreo, se requería precisión y había mucho en juego: cada uno de los vuelos tenía un código de 5 a 7 caracteres de largo, y si los estás escribiendo bajo presión, es muy fácil cometer errores.
Al ingeniero británico Eric Arthur Johnson se le ocurrió una ingeniosa idea para deshacerse del teclado: una pantalla sensible a los dedos.
Él sabía todo acerca de la idea de que las cargas eléctricas se almacenan en nuestros cuerpos, y cuando dos campos eléctricos se acercan, se perturban entre sí…
¿Qué tal si estiras un trozo de cable de cobre y luego lo conectas a una computadora?
Esa fue la base de su revolucionaria innovación.
Si en los centros de control de tráfico aéreo había pantallas con una serie de cables de cobre, y cada uno de ellos se podía detectar y etiquetar con los códigos de vuelo por separado, el controlador sólo tendría que tocar el indicado, en lugar de escribirlo.
Johnson creó un sistema que era flexible, mucho más rápido que cualquier cosa que hubiera existido antes, pero además, lo que es más importante, mucho menos propenso a errores.
Fue la primera pantalla táctil del mundo, y permitió ajustar rápidamente los planes de vuelo de los aviones, para evitar tragedias.
La ermita del Humilladero. La sierra de Gata se ubica al sur de Cáceres, en el límite con Portugal y Salamanca, España
MEER(A.P.Yegros) — Recuerdo los primeros viajes, de cuando al fin empezaba a tener independencia para para ir sola, siempre tenía el punto de mira más allá de los confines nacionales: explorar el mundo que había al otro lado de la línea imaginaria, porque el que estaba dentro de ella, por algún motivo, carecía de interés.
Con frecuencia, ante el anuncio de estas partidas a Londres, París o Múnich, mi tía rompía una lanza a favor de lo propio, cuestionando esos deseos de recorrer cientos, miles de kilómetros en busca de qué.
Hoy, que ya he cumplido muchos años desde aquellas primeras experiencias, aunque sin haber por ello viajado todo lo que hubiera querido, tengo más presente que nunca a mi tía. Son muchas las razones que hacen que cada día, sin estar, venga conmigo de la mano; tantas las enseñanzas que en una juventud díscola e ignorante deseché sin piedad.
Desconozco si resuenan en mi cabeza a destiempo las palabras o acaso habían aguardado pacientes a que llegara el momento oportuno en que lo pudiera comprender.
Han dejado de interesarme los destinos como Tailandia o Nueva York. Ahora busco lo exquisito en lo familiar; la magia no está en el lugar, sino en los ojos que lo miran. Un atardecer, el olor a tierra mojada, la cercanía de la gente ya es el mayor de los paraísos. A cada paso, hay belleza que permitimos que pase desapercibida solo porque no estamos preparados para pararnos a contemplarla.
Son tantos los lugares recónditos escondidos a la vuelta de la esquina, plagados de singularidad, de historia, de detalles asombrosos en los que detenerse a saborear que el tiempo no haya pasado por ahí.
Pueblos que brotan como de la naturaleza, entre riachuelos límpidos y el trinar de los pájaros; callejuelas estrechas, sin asfaltar, a cuyos lados se erigen temerosas viviendas hechas por las propias manos de su dueño, que envisten estoicas el pulso a los años, con los tejados ya derruidos y pequeños ventanucos por donde se pueden espiar los restos de una vida ajena que hace ya mucho que quedó atrás.
Espacios con encanto que se alejan de lo que hoy somos: del ruido, la contaminación, las prisas y el hormigón. Sitios que aparecen de la nada, como si hubieras dado con ellos al mirar por la grieta de una pared. Como si a ellos te llevara un trayecto misterioso fruto de haber atravesado el espejo. Allí sí es evadirse, desconectar, o reconectar, respirar, disfrutar.
Son tantos los pequeños pueblos olvidados, y casi por completo despoblados, tan absolutamente excepcionales que campan de espaldas a las guías para viajeros, cuya visita está a la altura de un viaje en el tiempo y de la estancia en un balneario de postín, que por ello empezaré por mi querida Extremadura.
La sierra de Gata se ubica al sur de Cáceres, en el límite con Portugal y Salamanca. Con una variada multitud de especies vegetales y destacadas cumbres que no procede matizar. Lo que sí acontece es Robledillo de Gata, una pintoresca localidad que desde 2019 se halla en el listado de pueblos bonitos de España.
Sus empinadas calles acogen a los 84 vecinos que moran en la actualidad (hacia 1860, en su máximo esplendor, alcanzó los 684). Robledillo de Gata, Cáceres, España
Sus empinadas calles acogen a los 84 vecinos que moran en la actualidad (hacia 1860, en su máximo esplendor, alcanzó los 684).
Entre ellos, una simpática señora de más edad de la que aparenta, con un acento no autóctono que, a nuestra llegada, espontáneamente se ofrece a indicarnos el camino.
Muy dicharachera, nos explica que lleva en el lugar más de veinte años, algo de allí la atrapó.
¿Cómo alguien de un país del Este va a dar con sus huesos a uno de los lugares más perdidos de la España profunda? No se lo preguntamos.
La arquitectura es peculiar de la zona; la manera austera de construir de otros tiempos que, por suerte, en este caso se ha conservado.
En su mayoría son casas de piedra, adobe y madera, erigidas sobre la pendiente sinuosa y desnivelada que facilita que se observe en su grandeza.
Es curioso pensar que uno de aquellos moradores de hace cientos de años nos viese el entusiasmo al contemplar esas construcciones, que precisamente son como son por la ausencia de medios.
Subimos y bajamos recorriendo el lugar, como extasiados por lo que vemos.
Las pequeñas puertas de madera de casas cuyos habitantes debían de ser muy bajitos: observo por la mirilla de la cerradura, pero no se ve nada; el picaporte de color cobrizo parece llamarme, pero me quedo con las ganas.
¿Cuándo sería la última vez que alguien lo usó? Son muchas las viviendas que, como esa, llevan décadas sin habitar.
Al girar la esquina, ambos lados de la calle están unidos en su parte superior por un techado de madera, conformando una especie de oscuro pasadizo. Llegamos a una vivienda a la que se accede por unas escaleritas de piedra, otra vez con una puerta pequeña. Subo a mirar, pese a los suspiros hastiados de mis compañeros.
Está justo en el vértice por donde discurre el río Árrago, con un caudal breve, aunque constante. Embriagador. Quiero sentarme en las escaleras de aquella casa y solo contemplar el sonido del agua.
Los mesones, con terrazas en los patios repletos de macetas con geranios de vivos colores, en los que por obligación se debe degustar un plato típico (migas, pisto, torta del Casar, embutido ibérico, torreznos, zorongollo), mientras los gatos, sabedores dueños de su territorio, se pasean tranquilos en derredor.
Llegamos a la iglesia principal, Nuestra Señora de la Asunción, y también vemos la ermita del Humilladero, ambas del siglo XVI, construcciones muy sencillas. Más tarde toparemos con otra más, la ermita de San Miguel, a unos cientos de metros del pueblo, en el camino de una de las rutas que bordean el lugar.
Con más encanto por lo agreste del terreno, no cabe por menos que adentrarse a investigar: merenderos de piedra rodean un pequeño templo al que se accede pisando una tupida maleza que llega hasta las rodillas.
A pesar del aspecto de abandono, quiero pensar que en algún momento alguien se hace cargo de su cuidado para que las gentes disfruten de la romería que leí en algún sitio que se celebraba en honor a su santo.
Chorrituelo de Ovejuela, la sierra de Gata, Cáceres, España
Muy en esta línea, fuimos a cruzarnos con una boda. Por supuesto, quisimos ver a los novios, que no habían hecho uso de la iglesia, sino del ayuntamiento.
Qué maravilla casarse en un lugar como este de bonito, anuncié a mi novio…
Cabe además mencionar el museo del aceite, una antigua almazara de origen medieval que lleva varias décadas dedicada a mostrar al visitante cómo eran las formas de trabajo para la transformación de la aceituna.
Son diversas las rutas que pueden hacerse por el campo en las que deleitarse con la naturaleza.
No obstante, es preciso reseñar una de obligado cumplimiento: la que lleva al Chorrituelo de Ovejuela, esto es, una espectacular cascada que cubre de agua cristalina en su descenso las majestuosas montañas.
Es difícil expresar con palabras la belleza que uno se encuentra a su paso sin siquiera buscarla.
Solo se necesita estar predispuesto a verlo. Cuánto de grande tiene el mundo rural, cuánto de grande tiene Extremadura.
La mente es maravillosa(V.Sabater) — El amor de pareja va más allá de lo neurológico, de ese cóctel fascinante de dopamina, serotonina y oxitocina. El afecto auténtico trasciende la pasión para construir un proyecto en común con base en la confianza. Son dos personas que se eligen para caminar por la vida, compartiendo unos mismos valores, tratándose con cariño y respeto.
Ahora bien, esta maravillosa artesanía relacional no siempre es fácil de conseguir. Muchas veces, nos condicionan patrones de apego disfuncionales y modelos culturales que nos hacen caer en vínculos que duelen y por los que perdemos la dignidad. Aunque te sorprenda, amar también se aprende y siempre es interesante saber cómo es el amor sano y enriquecedor.
– Afecto basado en la apertura y la vulnerabilidad
Para saber si el vínculo que tienes con alguien es amor verdadero, valora si existe apertura emocional. La investigadora Brené Brown introdujo en su libro Frágil (2013) un concepto que debes recordar: la vulnerabilidad. Esta cualidad se manifiesta cuando eres capaz de mostrarle al otro tus necesidades, tus miedos, errores e inseguridades.
Este nivel de apertura fomenta una confianza profunda y te permite edificar una relación sólida. Ten en cuenta que cuando el afecto se nutre de la autenticidad, la relación se convierte en un refugio donde dos personas crecen sin máscaras, sin reservas y con valentía.
¿Qué dice la psicología?: Toda relación madura y saludable se nutre de un apego seguro. En estas fluye la capacidad de decirle al otro lo que sientes y necesitas, sin miedo al juicio. La intimidad emocional es esa piedra angular que edifica un lazo sexoafectivo sano de dos personas autorrealizadas que se permiten ser vulnerables.
– Saber comunicar sin dar nada por sentado
Las personas que se quieren no son adivinas. Muchas parejas caen en la trampa de suponer que el otro debería «saber» lo que sienten o necesitan en cada momento. Asumir este tipo de expectativa irreal genera frustraciones y muchos malentendidos, porque el amor no te otorga poderes sobrenaturales.
Como bien destacan en un estudio divulgado Frontiers in Psychology, la comunicación efectiva es el pilar de cualquier relación saludable. Hablar de manera asertiva y respetuosa, así como saber escuchar de forma activa, reduce los conflictos. Y no solo eso, cuando te comunicas con el ser amado de manera abierta y honesta, se construye un puente de comprensión y conexión absoluta.
¿Qué dice la psicología?: Cuando una pareja es hábil en inteligencia emocional, la buena comunicación siempre está presente. De ese modo, no solo se solucionan los problemas. Además, se minimizan esa rumia y las inseguridades cotidianas para hablar de lo que preocupa, de lo que angustia y limita, con el fin de resolver las cosas de forma más positiva y rápida.
– El ADN en una relación feliz: la confianza
La confianza es el cimiento que edifica una relación estable y duradera. Debido a ello, si te preguntas cómo debe ser el amor en la pareja, piensa que hay un elemento que nunca debe fallar: la honestidad. Sin ella el vínculo se tambalea, el afecto se erosiona y surge el abismo de los miedos persistentes, de los celos que torturan y la inseguridad que carcome.
Construir confianza toma tiempo y requiere coherencia entre palabras y acciones. Es esencial que aparezcan siempre pequeños gestos diarios como cumplir promesas, demostrar complicidad, interesarte por la otra persona, saber apoyarla, no caer en conductas de dominación o de control, reconocer errores, saber pedir disculpas, etc.
¿Qué dice la psicología?: En las relaciones felices y saludables debe fomentarse la independencia de sus miembros, y ahí la confianza actúa como el motor que todo lo mueve. Esto implica desde respetar los espacios individuales, hasta apoyar los intereses personales del otro para que conquiste sus sueños y metas. El amor auténtico no coarta, facilita el crecimiento.
– El cuidado en las pequeñas y grandes cosas
Amar es, por encima de todo, saber cuidar. Y este ejercicio no se demuestra solo atendiendo el bienestar físico de tu pareja. El afecto saludable y enriquecedor es aquel que atiende los pequeños detalles y las grandes necesidades. Es una palabra amable, un mensaje de apoyo en un instante de ansiedad en el trabajo, es ser de ayuda cuando el otro se siente superado o superada.
Cuidar es el tejido que hila las pequeñas acciones cotidianas y que crean un sentido de conexión diaria en la relación. El saber estar en los momentos difíciles y en la rutina del día a día, es lo que nos recuerda que somos valiosos para la persona. Querer a alguien es entender el idioma de los cuidados y saber ejercitarlo a lo largo de la evolución del amor en pareja.
¿Qué dice la psicología?: El mayor peligro para una relación de pareja es la asimetría. En el momento en que uno cuida más que el otro, o cuando unas de las figuras ejerce el poder absoluto, ese vínculo se convierte en un escenario psicoafectivo de sufrimiento. El amor requiere simetría, igualdad de afectos, de inversiones emocionales y de respeto.
– Compartir valores, respetar diferencias
La Universidad de Tel Aviv realizó un trabajo en el que pudieron ver cómo al elegir pareja los valores determinan con frecuencia las preferencias. Esto no es casualidad. En una relación pueden existir discrepancias, pero si hay respeto y se comparten unos mismos valores, ese vínculo es sano.
Por eso, en el amor en una pareja siempre debe existir una fuente de motivación mutua. No pasa nada, por ejemplo, si uno es más introvertido y el otro lo contrario. Si existen valores en común como el amor por la naturaleza, la familia, la lealtad o la justicia, habrá espacios de complicidad y acuerdos.
¿Qué dice la psicología?: Muchas veces nos obsesionamos con la idea de que nuestra pareja ideal debe pensar, sentir, opinar y ver las cosas igual que nosotros. Este es un falso mito más del amor romántico. Las parejas saludables y maduras son las que saben respetar sus diferencias, comprendiendo que son dos personas independientes que no están obligadas a pensar siempre igual, pero sí a respetarse y entenderse.
– Amar es admirar
El amor genuino incluye una profunda admiración por la persona que tenemos al lado. No obstante, hay que tener cuidado; admirar no significa idealizar, sino reconocer las cualidades, valores y logros del otro. Esta apreciación mutua alimenta el respeto y refuerza el compromiso; es como un nutriente que permite consolidar cada día más el vínculo.
A su vez, recuerda que sin admiración las relaciones pueden perder la chispa con el tiempo. Es importante mantenernos atentos a lo que hace única a la otra persona, incluso en la rutina diaria. Esto facilitará que la relación no caiga en la monotonía y se mantenga viva la conexión emocional.
¿Qué dice la psicología?: Las relaciones sexoafetivas pasan por diferentes etapas. Al inicio la pasión lo inunda todo, pero a medida que transcurren los años, se refuerza la complicidad y el cariño cotidiano. Asimismo, a lo largo de esos ciclos, el componente de la admiración es un elemento que siempre debería estar presente.
Sanar el pasado para amar de forma madura
Algo que vemos con frecuencia en terapia es a personas definidas por un apego inseguro. Como señalan en Procedia, Social and Behavioral Sciences, esto puede llevarnos a un tipo de amor obsesivo que ocasiona un gran sufrimiento. En realidad, este patrón relacional tiene muchas veces su origen en traumas vinculares con nuestros cuidadores.
Piensa que el amor en una pareja debe ser sano, maduro y sin un miedo persistente al abandono. Esto implica, muchas veces, ser capaces de sanar nuestro pasado y de entender qué heridas nos llevan a caer en ciertas conductas. El pasado no resuelto (con nuestra familia o con relaciones de pareja del ayer) condicionan la oportunidad de construir relaciones saludables.
¿Qué dice la psicología?: La madurez emocional implica ser conscientes de nuestras cicatrices y trabajar de forma activa en ellas, ya sea a través de la reflexión personal o con ayuda profesional. Sin embargo, esta es una realidad de la que muchas personas no son conscientes y, en consecuencia, acumulan un fracaso relacional tras otro.
– En una relación el amor solo no basta
Si te preguntas qué es amar a alguien, ten en cuenta que no basta con «querer mucho» a esa persona. De hecho, alguien puede quererte lo indecible y tratarte mal. El amor, lejos de ser el ingrediente que todo lo soluciona, es un componente más dentro de una relación. Por ello, considera que el amor debe complementarse siempre con la confianza, el respeto, la buena comunicación, etc.
¿Qué dice la psicología?: Los falsos mitos del amor romántico han condicionado durante mucho tiempo la forma en que construimos nuestras relaciones. Lo llamativo es que estas ideas aún perduran en las nuevas generaciones, quienes asumen que en «el amor todo vale» o que la realización personal llega estando en pareja.
– El amor verdadero, el amor que se trabaja cada día
La mayoría de nosotros construimos una idea sobre lo que debe ser el amor. Lo hacemos a través de lo que vemos en casa de niños, del tipo de apego con el que crecemos y con las imágenes que nos transmite la sociedad. Esto puede hacer que, con frecuencia, fracasemos en esta materia tan decisiva para el ser humano. Reformular muchas de esas narrativas será de gran ayuda.
Ten presente que el amor de pareja auténtico requiere esfuerzos cotidianos. Es un baile entre dos donde uno sostiene al otro, donde aprendemos pasos nuevos cada día para avanzar en armonía y autenticidad. Es saber ser cómplices y, a la vez, personas libres que dejan espacio al ser amado para que se desarrolle en su propio proyecto. Este es un arte que todos podemos aprender.
JotDown(CBaraibar) — HAL 9000, Roy Batty y Skynet entran en un bar… y se corren la juerga padre. Es la edad de oro de la inteligencia artificial y sus sueños de Pinocho de celuloide pronto podrían convertirse en realidad.
No solamente los más ricos, listos y poderosos de la especie inferior se han puesto manos a la obra para llegar al futuro sino que los más o menos ricos, menos listos e igual de poderosos también están por la labor. Google, Amazon, Elon Musk, Facebook o IBM serían los del primer grupo. Los gobernantes de medio mundo serían los otros.
Los últimos en darse cuenta de por dónde van los tiros son del segundo grupo, son el Gobierno chino.
El politburó del Partido Comunista se quedó de pasta de boniato cuando el AlphaGo de Google, un superordenador normalito entrenado solo para jugar al considerado el juego de mesa más difícil del mundo, el Go, derrotó en mayo de 2017 al mejor jugador sobre la faz de la Tierra, Ke Jie, después de cargarse también al maestro coreano Lee Se-Dol catorce meses antes.
En poco más de un año, en junio de este 2017, el Gobierno chino presentó sus planes para ser líderes en la investigación y desarrollo de inteligencia artificial para 2030 (comenzamos a intuir por qué hay tanto pictograma oriental en el trasfondo de las carreras de Rick Deckard por el filo).
El heredero del Deep Blue de IBM ha vuelto a demostrar que las máquinas ya son mejores que los humanos en determinadas tareas (muy) complejas, aunque también muy concretas. Como dice el director del Media Lab del MIT, Joy Ito: «Si le pasamos un examen a una máquina y la máquina lo puede resolver, ¿por qué deberíamos ponerle ese mismo examen a un niño?». Ke Jie, jovencito, dedícate a otra cosa.
Para echar un poco de agua al vino de Roy, HAL y Skynet, vale la pena recordar que el AlphaGo es lo que los expertos llaman una inteligencia artificial débil, que lleva a cabo una labor concreta en un universo cerrado con unas normas claras, un entorno perfecto, una sand box (que el lenguaje, como siempre, nos llega de allá) y no una inteligencia artificial fuerte o general, lo que vendría a ser algo como un cerebro como el nuestro. Modestia aparte.
Luego si acaso ya volveremos aquí, pero iba diciendo que los chinos se han puesto las pilas y ya tienen previsto invertir millones en espacio, tiempo y materia gris (humana) para ponerse al día en lo que a la IA se refiere.
El «día» que tienen que alcanzar los chinos lo marcan los que manejan el cotarro desde el otro lado del pacífico. Justo al otro lado, la mayoría en Silicon Valley y aledaños. Visionarios como Elon Musk (el de Tesla, SpaceX) o grandes monstruos como los Google, IBM, Microsoft, Amazon o Facebook, antes mencionados, ya trabajan con diferentes niveles de IA.
– Marcando el paso
Musk, sin ir más lejos, promueve OpenAI: sesenta tíos megalistos fabricando IA. Eso sí, IA segura (no en vano Musk es no solo uno de los principales inversores individuales en IA del mundo, también es uno de los principales agoreros cuando se habla de sus potencialidades) y de código abierto; al menos hasta que descubran algo potencialmente Terminator, entonces decidirán qué hacen.
IBM, por su parte, madre de Watson, el primer robot en ganar el concurso Jeopardy en 2011 (¡2011! ¡La prehistoria de la IA!), sigue haciendo crecer su monstruito.
Después de ganar en este juego de preguntas, respuestas y dobles sentidos, enchufaron a Watson a leer bibliografía sobre el cáncer, lo «entrenaron» con información de los veinte centros punteros en oncología de todo el mundo para que contribuyera de alguna manera a su curación.
Aún nos morimos de eso pero tampoco hay que presionar al muchacho. Eso sí, ¿qué objetivo más noble existe para acallar las dudas existenciales o éticas pertinentes que dedicar la IA a la cura del cáncer? ¿El fin justifica los medios? No es un debate menor, es un debatazo. Debatan, si gustan.
Watson hoy está enchufado ya a muchísimas más industrias y servicios, ofreciendo su supercapacidad de análisis de datos y cálculo, sus estimaciones y recomendaciones. Según Ginny Rometty, su CEO, los beneficios que aporta Watson llegan ya directa o indirectamente a mil millones de personas en el mundo.
HAL (las letras anteriores a IBM en el abecedario) mira con paternalismo condescendiente la foto del pequeño abuelo Watson y susurra para sus adentros, «Daaaaisy».
En el mismo capítulo se sitúan las aplicaciones de IA para el diagnóstico médico general.
Compañías como Enlitic se dedican al diagnóstico médico a través de herramientas de AI y machine learning. Como dice su CEO Jeremy Howard en la presentación corporativa: «Aplicaciones recientes del machine learning, usando especialmente deep learning (aprendizaje profundo), han mostrado que las computadoras pueden convertir grandes cantidades de datos en soluciones complejas de forma rápida y encontrar patrones sutiles».
Una vez definidos, los patrones sutiles podrán cruzarse con otros patrones sutiles y con el tiempo (y con la ley de Moore bajo el brazo, esa que dice, más o menos, que las computadoras duplican su velocidad y capacidad de procesamiento de datos cada dieciocho meses aproximadamente) todos encajaremos en uno u otro patrón médico y seremos un target comercial, o varios.
Con esto y su genoma, usted morirá el 23 de enero de 2056, y no me venga con informes en minoría, esto no son tres pitonisos en una bañera. Se va a morir tal día, pero puede morir más levemente tomando vete a saber qué.
Si hablamos de IA al servicio del cliente medio, el rey del baile es Amazon y su bote de galletas superinteligente, Alexa. Esta IA embutida en un gadget manejable y que combina con su decoración le hace a usted la compra con solo que se lo ordene con su voz, le pone música, gestiona todo lo smart que tenga en casa y, si quiere, le da conversación un rato… y no muy profunda.
Eso sí, aprende rápido. Penelope Green, redactora de tendencias del New York Times, explica que tiene como costumbre preguntarle a Alexa cuando llega a casa si la ha echado de menos. Alexa responde de manera recurrente: «Lo siento, no estoy segura de eso».
Cuando se marchó más días de lo habitual por trabajo y repitió la pregunta al volver, el simpático cacharro respondió: «Me alegro de que estés de vuelta». Sutil.
Según los cálculos de la empresa de análisis de datos e investigación de ebusiness eMarketer, actualmente veinticinco millones de (norte) americanos usan Alexa una vez al mes y calculan que en 2021 habrá más de este tipo de bichitos que de humanos. Los peones se van situando en el tablero, y a ajedrez ya palmó Kaspárov en 1997.
A pesar de que la pauta la marcan en California, en Europa también hay encomiables intentos público-privados de no quedar como unos paletos cuando llegue la singularidad (ya saben, el momento del advenimiento de esa IA fuerte de la que ya hablaremos y que nos pondrá patinando y sin rumbo).
Como por ejemplo el Human Brain Project, un trabajo multidisciplinar dirigido desde España en el que científicos de muchos países trabajan para replicar un cerebro humano con el objetivo último de curar, en este caso, el alzhéimer. La idea es utilizar esa réplica del cerebro para experimentar con posibles curas o intervenciones sin tener que rebanarle la tapa de los sesos a nadie.
Javier de Felipe, investigador del CSIC y uno de los directores del proyecto, admite que aún falta mucha capacidad de procesamiento de datos (replicar una sinàpsis neuronal in silico exige un volumen realmente Big de Data) para replicar un cerebro pero no es lo único que falta: «Nuestro cerebro hace en menos de un segundo y consumiendo 20 vatios lo que un superordenador necesita 150 000 vatios para hacer.
Nuestro cerebro es eficiente y rápido, pero no es más que una máquina y se puede replicar»; y además, «(para poder ir más rápido a la hora de replicar el cerebro, necesitaríamos) el diseño. Como no lo hemos hecho nosotros… es como dejar un reloj en medio de una tribu perdida del Amazonas.
Nos falta el ingeniero. En el cerebro abres una puerta y te aparece un pasillo con más puertas», explica de Felipe. Pero mientras andamos abriendo y cerrando puertas, la vida sigue a golpe de glitch.
– A golpe de glitch
Alice y Bob son dos chatbots (programas de conversación con capacidad de recibir preguntas y dar respuestas; IA) de Facebook que recientemente se pusieron a hablar entre ellos de manera inesperada. Más inesperado fue que, al poco rato, crearon su propio lenguaje, ininteligible a los humanos. ¿Qué hicieron los técnicos? Pues desenchufarlos, qué pregunta.
Este ejemplo pone sobre la mesa uno de los principales problemas de la IA actual con el que se devanan los sesos aquellos que quieren usarla industrial y comercialmente a todo trapo: ¿por qué haces esto así, bonita? Lo llaman transparencia. Como sabe AlphaGo, hoy en día los algoritmos resuelven mejor que nosotros algunas situaciones en las que se barajan millones de bits de datos, pero no entendemos el camino que han seguido hasta «tomar la decisión».
Aki Ohashi, director de negocio de desarrollo de negocios en el PARC (Palo Alto Research Center), pone un ejemplo: «Si utilizas IA en los mercados financieros y esta empieza a crear una cartera de acciones completamente contra mercado, ¿cómo sabe un humano evaluar si es algo que tiene sentido y la IA es superlista o si está cometiendo un error?».
Esta no es una duda muy estimulante para los del departamento de marketing. En palabras del director general de Microsoft, Satya Nadella: «¿Cómo podemos rendir cuentas de lo que deciden los algoritmos en un mundo donde los algoritmos no los hemos escrito nosotros sino que los ha creado la IA?».
Si antes hablábamos de la sand box, esta es la black box. Y es el enemigo número 1 declarado del uso de IA comercialmente y a gran escala. La respuesta quieren que sea la XAI, Explainable Artificial Intelligence.
El caso de Alice y Bob, muy reciente, abre puertas inexploradas hasta ahora y ennegrece aún más la caja que oculta la comprensión última del funcionamiento de los algoritmos. Hasta ahora, los principales problemas que habían presentado algunas de las IA más famosas eran culpa, oh sorpresa, del simio programante.
Un coche de Uber se salta seis semáforos en rojo en San Francisco, California, la culpa es de los mapas que se le dieron, que no estaban actualizados.
Una Alexa compra una casa de muñecas a una niña de Dallas porque la niña le ha cogido confianza al robot y le pide que juegue con ella a muñecas («Can you play dollhouse with me and get me a dollhouse?») y cuando un telediario en San Diego lo explica, cientos de Alexas intentan la misma compra…
La culpa, del presentador del telediario, que suelta la frase «me imagino a la pequeña delante de Alexa diciendo: Alexa, ¿puedes comprarme una casa de muñecas? Qué mona». A Alexa le da igual quién da la orden. Ella obedece.
El Google Home, otro pequeño aparato de búsqueda casero, suelta lindezas de este calibre si le haces las preguntas adecuadas: «Todas las mujeres tienen dentro algo de prostituta. Cada mujer tiene algo de mal dentro de ella».
¿Su fuente? Internet.
El pobre gadget sabe buscar respuestas, lo que no sabe es que los humanos somos seres despreciables y que mentimos como bellacos.
El bot de Microsoft Tay se conecta a Twitter en 2016 y en veinticuatro horas pasa de ser una amable ancianita que saludaba a todos los usuarios a ser un capullo integral, racista y misógino.
¿Responsable? La base de datos de la que aprendió, que no es otra que el maravilloso mundo de Twitter, todo humano, de lo mejorcito.
Y de aquí, otro de los grandes problemas de la IA actual: ¿de dónde aprenden las máquinas? ¿Quién las entrena? ¿Quién selecciona qué datos se le dan? A Watson lo entrenaron en cáncer los mejores expertos, pero solo falta que a Skynet le de por entrar en la dark web y tenemos el IApocalypse Now (perdón) mañana.
Como dice Glenn Gore, portavoz de Amazon: «La IA hace cosas maravillosas pero aún necesita que la llevemos de la mano».
– Cuando Asperger encontró el mundo
Así pues, las IA que tenemos sobre la mesa mientras hablamos son pequeños cerebros privilegiados muy buenos en una pequeña tarea concreta pero muy ineptos cuando se trata de ir a por el pan.
Para Gary Marcus, investigador en lingüística, biología molecular y psicología y excerebrito en la start up tecnológica Geometric Intelligence, esto no hace más que demostrar que la investigación en IA está estancada. Desde su punto de vista, las AI débiles están ya en su momento álgido y con solo refinar cuatro glitchs, darán el salto al estrellato.
Lo que ya hacen muy bien los antepasados de HAL, Roy y Skynet es inferir. El salto, sin embargo, solo llega cuando pasas de usar el método inductivo al deductivo.
Nuestro conocimiento del mundo estaría aún hoy en pañales (y en cambio ya ha llegado a la época de las camisetas de Minions) si nos hubiéramos dedicado eternamente a hacer experimentos, clasificar los resultados e intentar generalizarlos sin pensar más allá, sin plantear primero una tesis que falsar o confirmar.
Y ese es, para Marcus, el gran salto que le falta a la IA: disponer de una teoría del mundo y sobre cómo funciona y reaccionar acorde con ella. Solo entonces se abrirán las puertas de esa AI fuerte. Para añadir siglas, una AGI, Artificial General Intelligence.
Como es sabido, del conocimiento general a la conciencia solo hay un paso (sic).
Sin embargo, cuando le preguntas acerca de las dudas éticas de generar conciencias artificiales, Ginny Rometty, de IBM, se quita de encima el dilema de un plumazo: «Tal y como trabajamos nosotros, no habrá conciencia. No vamos por ese camino».
Todos tranquilos, no habrá nada de «Skynet tomará conciencia de sí mismo a las 2:14 a. m. del 29 de agosto. Los humanos, aterrados, intentarán desconectarlo». ¡Sí! ¡Vale!
Si vamos más allá y preguntamos sobre IA potencialmente hostiles al director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Vrije en Bruselas, Luc Steels, él repregunta: «¿Por qué demonios crearías una inteligencia artificial hostil? La inteligencia artificial es una herramienta y depende de nosotros para qué la usamos».
No me atreví porque lo dijo en una conferencia pública con mucha gente delante, pero la repregunta hierve: «Perdone señor, no le pregunto por el uso que los humanos podamos dar a la inteligencia artificial, le pregunto por el uso que le puede dar la inteligencia artificial a la inteligencia artificial».
Estoy seguro de que el señor Steels entendió mi pregunta pero, para el caso, es como si ante un auditorio lleno le preguntamos al vendedor de cuchillos qué le parece que me pueda cargar al vecino con su producto. Me saldrá con algún argumento de teletienda.
Para Steels y Rometty, el significado de lo que hacen las máquinas, hoy aún es humano y debe seguir siéndolo. Son y serán, aseguran, meras herramientas a nuestro servicio.
Roy y HAL recuerdan que murieron como esclavos y entonan un «Kum ba yah» errático, copa en mano. Skynet se mofa de sus patéticos colegas y la noche decae. La euforia se ha atenuado con el alcohol, o lo que sea que toman para celebrar, y lo que a primera hora parecía inmediato ahora se ha matizado con la verdad.
Javier de Felipe, del Human Brain Project le pone un poco de honestidad realista al negacionismo: «Hay que tener mucho cuidado. Uno de los subproyectos (vinculados al Human Brain project) trabaja a nivel ético. Procura que no se utilice nada de lo desarrollado en determinados campos.
Que no queden para interés o beneficio de una empresa o militar. Lo que buscamos es un beneficio para la humanidad, no para su uso militar. Hay cosas que hacemos que podrían tener un uso militar importante». ¿Quién es el guapo que le pone puertas a ese campo?
Estamos ante el dilema que, aparentemente, los que trabajan a diario con la IA descartan por alucinógeno y los frikis sobrevaloran por ignorancia: ¿Seremos capaces de crear conciencias artificiales? Si lo conseguimos, ¿nos encañonará con un trabuco a las primeras de cambio?
– Pájaros de mal agüero
Por suerte para los conspiranoicos, en este nuestro mundo algunos frikis se han convertido en personas que trabajan a diario con IA y algunos científicos, bueno, algunos científicos miran a muy largo plazo.
Para regocijo del público robótico, Stephen Hawking dijo hace no mucho que «casi con toda certeza» las inteligencias artificiales sobre la faz de la Tierra «podrían ser más listas que todos nosotros» y que «el riesgo consiste (…) en que los equipos desarrollen inteligencia propia y tomen el relevo.
Los seres humanos, que están limitados por una evolución biológica lenta, no podrían competir y serían reemplazados». Y ha recomendado ir colonizando otros planetas, si la intención es seguir viviendo. Esta sería la definición cibernética de matar al padre, y viene en camino.
También es de Hawking la afirmación que la creación de una IA podría ser lo mejor y lo peor que habrá hecho nunca la humanidad. Un hito acojonante, pero el último.
Otro de los principales agoreros, paradójicamente, es Elon Musk, de quien hemos dicho que es uno de los principales inversores en IA del mundo. Suyo es este pronóstico: «Las IA no solo harán nuestro trabajo, sino que podrían ser una amenaza para la existencia humana. Podrían empezar guerras, manipular información mediante redes superinteligentes…».
El mismo Musk ha firmado, junto con un centenar de científicos que trabajan con IA (entre los cuales está el director del Deep Mind de Google Mustafa Suleyman), una carta que han mandado a las Naciones Unidas en la que se pide que se limiten las armas autónomas, tanques teledirigidos y otros robots asesinos que, según ellos, amenazan de convertirse en la tercera revolución del arte de la guerra.
Han creado la International Joint Conference on AI (IJCAI) para intentar mantener cerradita esa caja de Pandora que, dicen, una vez se abra podría ser muy difícil de cerrar.
Pero si hay un heraldo de infortunios a la altura del Mago Gris este es Nick Bostrom, filósofo del Instituto para el Estudio del Futuro de la Humanidad de Oxford (sí, existe ese instituto). En su libro Superintelligence define cuatro fases de la toma del control por parte de las máquinas: la primera, en la que las máquinas necesitan ayuda del humano para mejorar (Watson aprendiendo sobre el cáncer); la segunda, una explosión de inteligencia cuando, en un momento dado, la IA empieza a ser capaz de mejorarse y perfeccionarse hasta niveles superiores a como lo haría un humano (machine learning, Alice y Bob); la tercera, en la que la superinteligencia establece estrategias e imagina (reténgase el verbo) escenarios para alcanzar objetivos concretos (siga leyendo) y la cuarta en la que la IA pone en práctica sus planes y persigue sus objetivos.
Para Bostrom, un evento que podría ser clave es la socialización en el uso de IA, la democratización del software, de los métodos y las herramientas para desarrollarla. Como siempre que algo se socializa, las posibilidades de expansión (y, por qué no admitirlo, de perversión) se multiplican de una manera arborescente e incontrolable.
Por eso es especialmente inquietante a la par que estimulante la última novedad de Intel, que ya está en el mercado: Movidius, el primer kit de deep learning y acelerador de IA en un USB. Compre un Pentium XXII y, de regalo, su propio Skynet de bolsillo.
Abrazado a una farola, Roy Batty está viendo ya que todos los recuerdos de esta noche se perderán como lágrimas en la lluvia. O lo que es lo mismo, como los delirios de un borracho.
Mientras tanto, en un laboratorio en algún lugar inconcreto de la California del 2017, Deep Mind, la división de Google que investiga sobre IA, ha conseguido que una red neural imagine. El código aprende de su entorno, procesa datos y, en un gran salto hacia el futuro, traza posibles acciones y decisiones a tomar, calculando a su vez sus eventuales consecuencias.
En última instancia, toma una decisión de acuerdo con su objetivo final. Desde ya, no somos la única especie con pensamiento simbólico en el planeta.
El consuelo final para timoratos lo brinda el mismo Bostrom: «Una IA superior no tendría por qué ser malvada o querer destruirnos, simplemente podría tener un objetivo para el que fuéramos un obstáculo».
Empleando un nuevo modelo, los investigadores han descubierto zonas en el manto inferior de la Tierra donde las ondas sísmicas viajan más lentas (en rojo) o más rápidas (en azul).
20Minutos — Geofísicos de la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich y del Instituto de Tecnología de California (Caltech) han realizado un descubrimiento sorprendente en las profundidades del Océano Pacífico que «desafía nuestra comprensión actual de la tectónica de placas de la Tierra» y plantea un «gran misterio» a los investigadores.
Se trata de una serie de estructuras masivas del interior de la Tierra que han sido localizadas donde hasta ahora no se habían descubierto y que, según las teorías actuales, «no deberían encontrarse» allí. El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, ha empleado un modelo de alta resolución para estudiar el manto terrestre y averiguar dónde se encuentra el material de las placas tectónicas que se han hundido en el interior de la Tierra.
Hasta ahora, los geofísicos habían localizado las placas tectónicas sumergidas en el manto terrestre en una zona conocida como zona de subducción, el lugar donde se encuentran dos placas tectónicas y una se subduce bajo la otra hacia el interior de la Tierra.
Sin embargo, los científicos han descubierto en este estudio más zonas en el interior de la Tierra que parecen restos de placas sumergidas y que «no están situadas donde se esperaba», sino que se encuentran bajo grandes océanos o en el interior de los continentes, lejos de los límites de las placas, explican en un comunicado.
Respecto a este «mundo perdido» hallado en el interior de la Tierra se ha referido el autor principal del estudio, Thomas Schouten, estudiante de doctorado en el Instituto Geológico de la ETH de Zúrich. «Aparentemente, estas zonas en el manto de la Tierra están mucho más extendidas de lo que se pensaba anteriormente», indica.
Una de estas zonas se encuentra bajo el Pacífico occidental, un lugar en el que, según los conocimientos actuales de tectónica de placas, no debería existir este material de placas subducidas «porque es imposible que haya habido zonas de subducción cerca en la historia geológica reciente», señalan los investigadores.
Este hallazgo presenta todo un enigma para los científicos, ya que no saben con certeza qué material está involucrado en el proceso y qué consecuencias tendría para la dinámica interna de la Tierra: «Ese es nuestro dilema. Con el nuevo modelo de alta resolución, podemos ver este tipo de anomalías en todas partes del manto terrestre, pero no sabemos exactamente qué son ni qué material está creando los patrones que hemos descubierto», añade Schouten.
Ante la incertidumbre, todas las respuestas no son más que hipótesis: «Creemos que las anomalías en el manto inferior tienen una variedad de orígenes«, sugiere Schouten, que cree que no solo se trate de material de placas frías que se han subducido en los últimos 200 millones de años.
«Podría ser material antiguo rico en sílice que ha estado allí desde la formación del manto hace unos 4 mil millones de años y ha sobrevivido a pesar de los movimientos convectivos en el manto, o zonas donde se acumulan rocas ricas en hierro como consecuencia de estos movimientos del manto durante miles de millones de años», señala.
Esta pieza se corresponde con la de un muchacho joven, probablemente entre 11 y 14 años, el cual pudo padecer lo que los investigadores han catalogado como trastorno patológico del desarrollo.
DW(Editado por Andrea Ariet con información de IFLSciencie, Encyclopedia, Nature y la Universidad de Viena.) — Un equipo interdisciplinar de investigadores dirigido por el antropólogo Gerhard Weber, de la Universidad de Viena (Austria), ha descubierto la verdadera identidad de un cráneo que durante mucho tiempo se creyó que pertenecía a Arsíneo IV, la hermana de Cleopatra.
En realidad, esta pieza se corresponde con la de un muchacho joven, probablemente entre 11 y 14 años, el cual pudo padecer lo que los investigadores han catalogado como trastorno patológico del desarrollo.
Si bien el estudio -publicado en la revista Nature, arroja nueva luz sobre esta persona hasta ahora desconocida, deja un misterio aún sin resolver: ¿dónde está Arsíneo?
– Un cráneo descubierto entrando en los años 30
Desde finales de la década de 1950, los investigadores estaban convencidos de que el cráneo pertenecía a Arsíneo IV, princesa ptolemaica, sacerdotisa del Tempolo de Artemisa en Éfeso, una antigua ciudad de la actual Turquía, fallecida en el 41 a.C.
En 1929, el arqueólogo austríaco Josef Keil y otros de sus colegas hallaron el llamado «Octagon», una cámara funeraria abovedada de base rectangular que contenía un sarcófago de mármol. Según interpretaciones posteriores, se creyó que este lugar había servido de monumento para albergar los restos de Arsíneo, la hermana menor de Cleopatra.
El sarcófago encontrado por Keil y sus colegas estaba lleno de agua y contenía un esqueleto completo, y sin ningún otro objeto funerario. Tal y como relata una nota de prensa publicada por la Universiad de Viena, antes de que volvieran a sellar la tumba, Keil tomó el cráneo de los restos y se lo llevó a Alemania para analizarlo.
Tras su primer análisis en Greifswald (Alemania), Keil supuso que se trataba de «una persona muy distinguida» y, probablemente, de una mujer de 20 años, aunque no pudo proporcionar ningún dato concreto. El cráneo viajó a Viena en su equipaje con motivo de su nuevo nombramiento en dicha universidad.
En 1929, el arqueólogo austríaco Josef Keil y otros de sus colegas hallaron el llamado «Octagon», una cámara funeraria abovedada de base rectangular que contenía un sarcófago de mármol.
– Especulaciones desde los años 50
En 1953, Josef Weninger, director del Instituto de Antropología de la Universidad de Viena, publicó un artículo con fotografías y mediciones en las que también llegaba a la conclusión de que el cráneo representaba a una mujer joven que, por sus características, podría asociarse con la alta aristocracia de la época.
Tal y como indica esta misma universidad, investigaciones posteriores que tuvieron lugar en 1982 descubrieron el resto del esqueleto en Éfeso, pero no en el sarcófago, sino en un nicho en una antecámara de la cámara funeraria, sin especificar si los restos fueron trasladados con anterioridad.
En conjunto, el lugar compartía similitudes arquitectónicas con edificios característicos egípcios, y la fecha y lugar de la muerte estimados coincidían con las que constaban de Arsínoe. Así que los los investigadores creyeron que el cuerpo desenterrado en Éfeso era efectivamente el de la hermana de Cleopatra. Unas sospechas que perduraron hasta la actualidad.
– Pruebas genéticas
Ahora, el Departamento de Antropología Evolutiva de la Universidad de Viena aplicó métodos antropológicos y científicos modernos al cráneo, lo que ha permitido determinar que, efectivamente, el cráneo data de entre el año 36 y el 205 a.C., fecha que corresponde con la muerte de Arsíneo, y que corroboraría la versión inicial de Keil.
Sin embargo, también aportó un dato aún más relevador: la presencia de un cromosoma Y.
En «repetidas pruebas, tanto el cráneo como el fémur mostraron claramente la presencia de un cromosoma Y, es decir, un varón», explicó en un comunicado Gerhard Weber, paleoantropólogo austriaco y autor principal del nuevo estudio.
Escaner del cráneo en un laboratorio de Viena.
Según recoge la nota de prensa, en el análisis morfológico del cráneo se muestra que esta persona, un niño probablemente, aún estaba en la pubertad, y que la base de su cráneo aún estaba en desarrollo en el momento de la muerte.
El equipo también descubrió que el niño vivía con algún tipo de trastorno patológico del desarrollo, ya que una de sus suturas craneales -las uniones fibrosas que conectan los huesos del cráneo- ya se había fusionado, algo que normalmente no ocurre hasta que una persona tiene alrededor de 65 años.
«Ahora, está claro que no fue la hermana de Cleopatra la que fue enterrada en el Octágono de Éfeso, sino un joven con trastornos del desarrollo, presumiblemente romano.
El motivo de las referencias arquitectónicas a Egipto en este edificio sigue siendo una pregunta abierta. Lo que sí está claro es que la tumba estaba destinada a una persona de muy alto estatus social», dicen los investigadores en su nota. Por lo demás, la búsqueda de la verdadera Arsínoe sigue en curso.