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Hiperestesia o aumento en la intensidad de las sensaciones…


Hiperestesia o aumento en la intensidad de las sensaciones

La Mente es maravillosa(V.Sabater) — Imagina que alguien te acaricia y sientes una incómoda rozadura en esa área de tu piel. Lejos de procesar este gesto afectivo como agradable, tu cerebro te hace reaccionar de forma sobredimensionada, transformando algo emocional y cotidiano en dolor. Si esta experiencia desconcertante resuena en ti, es posible que sufras hiperestesia.

Tal distorsión perceptiva dificulta la calidad de vida y, por lo general, siempre hay alguna causa médica subyacente, como por ejemplo neuropatías periféricas, fibromialgia, trastornos de ansiedad, etc.

– En qué consiste y cuáles son los tipos de hiperestesia

Tu sistema nervioso pasa gran parte de su tiempo procesando luces, sonidos, olores… Ahora bien, hay quienes viven con sufrimiento dichas interacciones. Esto es la hiperestesia, el síntoma de un trastorno neurológico caracterizado por la sensibilidad anormal a estímulos sensoriales inocuos.

Quienes la experimentan tienen problemas para desempeñar su trabajo o una vida socioafectiva normal. A ello se le añade otro factor y es el de la incomprensión. Al ser bastante desconocida, por lo general, es común que quien la padece sienta una gran soledad. Veamos su tipología y cómo suele manifestarse.

. Hiperestesia táctil: cuando la piel duele

Pocas experiencias resultan tan desgastantes como sentir dolor o molestia con el contacto físico. El roce de la ropa, la brisa en el rostro, el agua en la ducha, los abrazos, las caricias… La distorsión táctil cursa con una sensibilidad extrema de la piel y tiende a presentarse con ardor, hormigueo, sensación de pinchazos, etc.

Cabe señalar que esta característica es muy frecuente en personas con fibromialgia o con neuropatía periférica. De hecho, un trabajo divulgado en Perception describe tal fenómeno y cómo estos pacientes sufren esa sensación corporal dolorosa. Es más, se dispone de una herramienta para evaluar este tipo de sensibilidad extrema: el cuestionario sensorial de Glasgow.

Hiperestesia: hipersensibilidad al tacto - Salud Savia

. Hiperacusia: el dolor del sonido

Hay quien se ve en la necesidad de utilizar auriculares de cancelación del ruido en su día a día, porque los sonidos resultan insoportables. El zumbido de un refrigerador, la llamada de un móvil, el tráfico en la calle, la gente en el metro o una conversación en voz alta, causan un elevado estrés y malestar físico.

Un ejemplo de hiperacusia es el de alguien que, tras padecer un traumatismo craneoencefálico por un accidente de coche, ya no puede tolerar el sonido de la música en un volumen que antes le resultaba agradable. Otro caso es el de una persona con migrañas crónicas o los niños con TEA (trastorno de espectro autista).

. Hiperestesia visual: la luz que hace sufrir

Es evidente que la mayoría podemos sentir cierta molestia al exponernos a la luz intensa del sol o al pasar un tiempo excesivo ante una pantalla de móvil u ordenador. Los pacientes con hipersensibilidad visual experimentan dolor o fatiga ocular al exponerse a entornos iluminados.

Algo así es muy frecuente en quien padece migraña y se ve obligado a utilizar gafas de sol hasta en interiores. ¿La razón? La luz artificial intensifica aún más el dolor de cabeza. Un ejemplo es el de alguien que, tras una lesión cerebral traumática, sufre molestias severas al estar en un ambiente con luces fluorescentes.

Hiperestesia: definición, síntomas, causas y tratamiento

. Hiperestesia olfativa: todo huele demasiado

Esta es una sensibilidad desmesurada a los olores, haciendo que aromas sutiles o agradables, se perciban como desagradables y muy intensos. Cabe señalar que este aumento exagerado de la sensibilidad podría vincularse, a veces, a la ansiedad, logrando que el olor a productos de limpieza, por ejemplo, provoque náuseas.

. Hiperestesia térmica: cuando la temperatura duele

Sufrir lo indecible al entrar en contacto con el agua fría. Lo mismo sucede al estar cerca de una fuente de calor: es como si esto abrasara a la persona.

Alguien con neuropatía diabética puede sentir un ardor insoportable en los pies al caminar descalzo sobre un suelo que, para otros, está tibio. Asimismo, los pacientes con esclerosis múltiple suelen padecer un aumento de los síntomas neurológicos con el calor, viéndose obligados a evitar ambientes cálidos para no empeorar su estado.

– Qué origina la hiperestesia

El aumento en la intensidad de las sensaciones no es una condición médica por sí misma: es el síntoma de una enfermedad subyacente. Inclusive, puede ser el efecto secundario de la quimioterapia o radioterapia. Y desde una perspectiva neuropsicológica, resulta de una alteración en el procesamiento sensorial del cerebro, como ahora pasamos a explicar.

. Disfunciones neurológicas y lesiones cerebrales

El tálamo, la corteza somatosensorial o el sistema límbico regulan la percepción de los estímulos y su intensidad, por lo que una disfunción en estas áreas haría que señales normales se interpreten como excesivas o dolorosas.

Por ejemplo, en personas que sufrieron un traumatismo craneoencefálico, el daño en estas regiones podría derivar en hipersensibilidad al tacto o a la luz.

Sucede lo mismo en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. En tal sentido, la revista Parkinsonism & Related Disorders, describe esta mayor sensibilidad al dolor, debido a la disfunción en la dopamina y en la integración sensorial.

Diabetrics - Hiperestesia: ¿qué es y cuál es su semiología en la diabetes?

. Alteraciones en el sistema nervioso periférico

Este sistema es responsable de transmitir información sensorial desde la piel y otros órganos hacia el cerebro. Retomemos el caso de alguien con neuropatía diabética. Aquí, los nervios periféricos suelen estar dañados, hasta el punto de enviar señales erróneas y hacer que el simple contacto con una sábana se perciba como un dolor intenso.

Otro ejemplo destacable son las enfermedades autoinmunes como el síndrome de Guillain-Barré o incluso la neuralgia del trigémino. También en estas condiciones médicas se producen alteraciones en los nervios periféricos ya citados, logrando que buena parte de los estímulos se procesen de manera sobredimensionada.

. Trastornos psicológicos y sensibilidad sensorial

La ansiedad, los traumas y el estrés postraumático (TEPT) se traducen siempre en un sistema nervioso simpático hiperactivado. Un cerebro en estado de hipervigilancia procesa de manera disfuncional la información sensorial: la magnifica.

Partiendo de ello, una investigación realizada en la Universidad Texas describe cómo personas que vivieron experiencias de abuso, por ejemplo, presentan siempre una mayor sensibilidad al dolor.

Este trastorno también puede cursar con la depresión. Algunos pacientes experimentan una mayor sensibilidad a la luz, los ruidos o el tacto, debido a alteraciones en los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que regulan tanto el estado de ánimo como la percepción sensorial.

Sinestesia, cuando los sentimientos se tiñen de colores - La Mente es  Maravillosa

– ¿Cuál es el tratamiento?

Lo más importante es disponer de un buen diagnóstico clínico. Después, corresponde aplicar un abordaje multidisciplinario con neurólogos, psicólogos y terapeutas ocupacionales. En este sentido, las técnicas de respiración, el mindfulness y la terapia de integración sensorial, ayudan al paciente a gestionar mejor su respuesta ante los estímulos abrumadores.

Asimismo, y desde un enfoque más funcional, es útil modificar el entorno para reducir la sobrecarga sensorial: usar auriculares con cancelación de ruido, luces regulables o ropa con texturas cómodas. También es importante educar al paciente y su entorno sobre el tema, ya que entender y validar la experiencia siempre favorece.

– La sensibilidad sensorial extrema es controlable

A veces, el mundo duele. El roce de la lluvia al caer, el olor de la comida en un restaurante, la luz de una película en el cine… Hay quien sufre ante cada estímulo sensorial con el que se encuentra y puede pasarse meses o años buscando una explicación. De hecho, es frecuente pasar todo un periplo médico hasta dar con un diagnóstico adecuado.

Más tarde, llega el siguiente desafío: lograr un tratamiento que permita tener una buena calidad de vida. El proceso hasta conseguirlo puede ser largo, pero es posible alcanzar el bienestar y un mayor control de esta realidad. La hiperestesia es silenciosa en nuestra sociedad que, sin duda, merece mayor comprensión y visibilidad.

nuestras charlas nocturnas.

En deuda con los traductores: merodeos (deconstructivos) en torno a la confusión babélica…


deuda con los traductores
La piedra de Rosetta en el British Museum, 2003.

JotDown(F.C.Flores) — Babel no solo quiere decir «confusión», sino, más exactamente, el nombre de Dios como nombre del Padre. YHWH desciende para diseminar: este es el gesto de la desconstrucción, en el desplazamiento del Génesis bíblico a la escritura dif(i)erente derridiana, el acontecimiento del desmontaje. Dios rompe el linaje cuando, como leemos en el texto sagrado, «era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras».

Tras la dispersión de los constructores de la torre que desafiaba al poder celeste, la traducción se convierte entonces en algo necesario e imposible como resultado de una lucha por la apropiación del nombre: necesidad y prohibición, como apunta Derrida en su fulgurante ensayo «Torres de Babel», en el intervalo entre dos nombres absolutamente propios. Babel destina a la traducción generando una ley paradójica: transparencia prohibida.

La traducción se convierte en ley, deber y deuda, pero esta deuda es insaldable. Derrida reconoce su incapacidad para dar una imagen del laberinto. El espacio atópico de la modernidad se sedimenta en la figura del laberinto, que no es tanto una solidez arquitectónica cuanto un proyecto mental, como en el caso (arquetípico) del creado por Dédalo: un dibujo para ser recorrido por una danza ritual.

El laberinto es una de las imágenes favoritas de Borges: sus ensayos generan el lujo de la desorientación, sus narraciones abren trayectos imprevistos, pero nunca azarosos, gobernados por una lógica implacable. La duplicidad borgiana, esa comprensión del libro y del mundo como reflejos infinitos, subraya que el espacio no es finito, es decir, cerrado, sino que su estructura es infinita, siendo por ello una prisión sin salida.

Esto supone que la pugna con los límites del lenguaje no arroja un sentido en el que edificar seguridad alguna. George Steiner se ha referido, en el monumental Después de Babel, a esa constelación de escritores modernos que se sitúan en el laberinto de la lengua contemporánea como cabalistas modernos: BenjaminKafka y Borges.

En la tarea del traductor benjaminiano se escucha la expansión del idioma nativo, la tensión hacia un lugar místico, «hacia el absoluto secreto de la significación».

La obra de Borges es una travesía de las lenguas, una incursión transversal en la historia de la literatura; explorando el tema del hombre perdido en un laberinto de un tiempo hecho de cambios que son repeticiones, circunvala la Torre de Babel para transformarla en una aventura de la inteligencia en vez de una tragedia existencial colectiva. 

No hay una teoría que domine la performance babélica. Tal vez sea posible buscar refugio (precario) en la traducción del mencionado texto de «La tarea del traductor», de Benjamin, su extraño prólogo a la traducción de los «Tableaux parisiens», de Baudelaire.

El traductor está situado en un intercambio que establece una relación de don y deuda: una deuda en una escena genealógica. Derrida ha propuesto una noción de don que va más allá de las reglas del intercambio o la teoría antropológica sobre el gasto y el regalo; revisando a Marcel Mauss, ha sostenido que lo que hay que dar se denomina tiempo: el don es un deseo desmesurado, imposible, que no se puede hacer presente.

La deuda tiene que ver con la escritura, esto es, con la huella y el texto. «Allí donde hay huella y diseminación, si es que las hay, puede tener lugar un don, con ese olvido desbordante o ese desbordamiento olvidadizo que están radicalmente implicados en este.

La muerte de la instancia donadora (llamemos muerte, aquí, a la fatalidad que destina un don a no depender-ni-retornar a la instancia donadora) no es un accidente natural externo a la instancia donadora; no es pensable sino a partir del don». 

En la filosofía y en la práctica de la traducción hay una nostalgia de un lenguaje reconciliado. La tarea oscila entre lo poético y lo sagrado, la relación con el texto no es representativa ni reproductiva. La traducción implica una transformación del original: «Esa transformación no puede ser sino literaria porque todas las traducciones son operaciones que se sirven de dos modos de expresión a los que, según Roman Jakobson, se reducen todos los procedimientos literarios: la metonimia y la metáfora.

El texto original jamás reaparece (sería imposible) en la otra lengua; no obstante, está presente siempre porque la traducción, sin decirlo, lo menciona constantemente o lo convierte en un objeto verbal que, aunque distinto, lo reproduce: metonimia y metáfora. Las dos, a diferencia de las traducciones explicativas y las paráfrasis, son formas rigurosas, y la segunda es una ecuación verbal».

La traducción no es ni una imagen ni una copia: es una forma que encuentra lo inolvidable, produciéndose una mutación y renovación de lo vivo.

El original es el primer deudor, el peticionario que implora la traducción de la que carece.

«Esta petición —apunta lúcidamente Derrida— no se da solo por parte de los constructores de la Torre que quieren hacerse un nombre y fundar una lengua que se traduzca a sí misma; obliga también al destructor de la Torre: al dar su nombre, Dios apela también a la traducción, no solo entre la lenguas, que se han vuelto múltiples y confusas de pronto, sino, en primer lugar, de su nombre, del nombre que ha clamado, dado y que debe traducirse por confusión para ser entendido, y así dar a entender que es difícil traducirlo y de este modo entenderlo».

Babel se vuelve intraducible y Dios se aflige por su nombre. Su texto es el más sagrado y también el más poético, el más originario, indigente en su poder absoluto, necesitado de (la imposible) traducción.

La deuda de la traducción no compromete a sujetos vivos, sino a nombres en el borde de la lengua. Lo sublime mismo es uno de los nombres de la traducción en el momento en el cual el sentimiento asume la miseria de la razón, ese ámbito de lo no-representable que conmociona. La traducción es una transposición poética que intenta tocar lo intangible: acercarse a una promesa.

La lengua tiene un tacto áspero (incluso se vuelve extraña, como apunta Hölderlin en su poema «Mnemosyne»), sus efectos de superficie son estriados; en último término, la lengua es un acontecimiento babélico, un repliegue desplegado. Derrida llega a hablar de un ser-lengua de las lenguas como un mestizaje de la traducción. Gracias a la traducción, a la suplementariedad lingüística, unas lenguas dan a las otras lo que les falta, es el «santo» crecimiento de las lenguas, ese mesianismo al que se refiere Benjamin.

El texto sagrado señala el límite, el modelo perfecto, aunque sea inaccesible, de la traducibilidad pura, el ideal a partir del cual podemos pensar, valorar y calibrar la traducción esencial, es decir, poética. La traducción custodia una lejanía, permite a la lejanía llegar como tal. Podemos decir que la traducción es la experiencia también de lo que se traduce o experimenta: la experiencia es traducción.

La traducción, el modesto arte de pasar fronteras - Jot Down Cultural  Magazine

Paul de Man ha subrayado que la traducción se parece más a la crítica o a la teoría de la literatura que a la poesía misma. La filosofía, la crítica, la teoría literaria y la historia tienen la «tarea» de desarticular, desequilibrar y desmontar al original, revelan que el original estaba desde siempre ya desarticulado. La traducción implica el sufrimiento de la lengua original en la que se nos impone «una alienación espacial».

El movimiento del original es un errar, un vagabundeo, una especie de exilio permanente, como aquel dispersarse por la tierra al que fueron condenados los orgullosos constructores de la Torre de Babel.

Aunque tal vez tengamos que comprender que no hay realmente exilio, ya no hay patria, nada de lo que uno haya sido expulsado, cuando lo que hemos conseguido, por emplear términos de María Zambrano, ha sido una suerte de «felicidad del desarraigo». Ese desplazarse es la historia misma, esto es, el abrirse de la confusión: el horizonte del traductor no es mesiánico sino nihilista. 

Somos los «herederos» de aquellos que terminaron por no entenderse los unos a los otros, «deudores» de aquellos que vinieron después del Diluvio, los que, confundidos por el nombre divino dejaron de construir la ciudad de Babel. Estamos condenados a una finalidad sin fin (propia del juicio reflexionante) y puede que tengamos una entrada privilegiada al laberinto del (sin)sentido en Finnegans Wake, un libro diseminado o monstruoso que pretende ser una imagen abreviada de la creación del mundo.

En cierta ocasión declaró Joyce: «Ulises lo hice con naderías. Work in progress lo hago con nada. Pero están los truenos». Jacques Mercanton recuerda un día en el que Joyce estaba en su dormitorio, tumbado en una chaise longue, releyendo un pasaje «que todavía no es bastante oscuro», lo que lo llevó a introducir palabras samoyedas, que consideraba «una lengua de perros». El laberinto de las lenguas confluye y se eleva.

En Ulises las alucinaciones están hechas con elementos del pasado que el lector reconoce si ha leído el libro muchas veces; en Finnegans reina lo desconocido. No hay pasado ni futuro: todo transcurre en un presente eterno. «Y en todas las lenguas —apunta Jacques Mercanton—, porque todavía no se han separado. Es la Torre de Babel. 

De hecho, en los sueños, si alguien te habla en noruego, no te sorprende entenderlo. La historia de los pueblos es la historia de sus lenguas». La Torre ha sido levantada sin fin, renovadamente (again).

Tenemos, a la manera beckettiana, que fracasar mejor. O, por lo menos, asumir que la «confusión de las lenguas» no es una mera maldición. «Si la Torre de Babel se hubiera concluido —sugiere Derrida—, no existiría la arquitectura. Solo la imposibilidad de terminarla hizo posible que la arquitectura así como otros lenguajes tengan una historia».

Incluso en esa Torre «abandonada» encontró Hegel el aspecto de una fundación del vínculo estatal, en esa «obra desmesurada» encuentra el presagio del Estado ético. Volvemos, por tanto, a re-escribir el Génesis: en el principio fue la confusión. 

No necesitamos el don de lenguas que recibieron los apóstoles en Pentecostés (sin que podamos determinar si se trataba de glosolalia o xenoglosia), no somos tanto los herederos-y-deudores de la divinidad que compromete su «confuso» nombre, sino más bien los espectadores del jeroglífico magrittiano de «Ceci n’est pas une pipe».

Sujetos meméticos (sic), propulsados y, al mismo tiempo, sedentarizados por el babelismo algorítmico, hemos llegado a disfrutar de la experiencia de estar lost in translation. No necesitamos las intrincadas clasificaciones de John Wilkins, convertido a la postre en un «personaje borgiano» que nos anima a descubrir animales (no) «incluidos» en la desconcertante enciclopedia china (para siempre marcada por los reflejos velazqueños de Las palabras y las cosas, de Foucault).

Todo se embrolla en el tejido textual de los giros (tours) de Babel. Nos hemos, valga la expresión, salido de madre por culpa de un Padre iracundo. Con estas palabras cierra Umberto Eco su libro La búsqueda de la lengua perfecta: «La lengua madre no era una lengua única, sino el conjunto de todas las lenguas.

Quizá Adán no tuvo ese don, tan solo se le había prometido, y el pecado original interrumpió su lento aprendizaje. Pero a sus hijos les queda la herencia de ganarse el pleno y armónico señorío de la Torre de Babel».

Señores, por tanto, de un fracaso «genésico» más que original. Placentera diseminación, terrenal deriva que nos obliga a entendernos en la diferencia, liberados en una confusión que acaso sutura el estigma del pecado cometido en el Paraíso por buscar el conocimiento.

Estamos en deuda con los traductores: no les pagaremos (con) nada porque sabemos que son (desde el principio) traidores.

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Así es la casa que desafía al tiempo: intacta desde la Primera Guerra Mundial y a casi 3.000 metros de altitud


Buffa di Perrero

A.C.yV. — Entre los paisajes imponentes de los Dolomitas, a 2.760 metros de altitud, se encuentra una estructura que desafía toda lógica.

Su acceso es prácticamente imposible y el misterio envuelve su origen, pues no hay registros claros sobre quién la construyó ni cómo se logró tal hazaña.

A lo largo del tiempo, alpinistas y montañeros han visitado este enclave, sin sospechar que sus muros guardan una de las historias más extremas de la Primera Guerra Mundial.

La contienda bélica de 1914-1918 se recuerda por las cruentas batallas en trincheras, pero existió un frente menos conocido y aún más despiadado: la Guerra Blanca.

Este conflicto se desarrolló en los Alpes italianos, donde las tropas de Italia se enfrentaron a las fuerzas de Alemania y el Imperio Austrohúngaro en condiciones extremas.

El 70 % del frente estaba por encima de los 2.000 metros de altitud, donde el frío, las avalanchas y la falta de oxígeno convertían la lucha en una pesadilla constante.

En este inhóspito escenario, la necesidad de refugios seguros llevó a los soldados a construir estructuras en lugares impensables. Uno de los más emblemáticos es el conocido como Buffa di Perrero, ubicado en el Monte Cristallo. Su acceso solo es posible a través de una vía ferrata, lo que hace aún más increíble su edificación.

Se cree que fue levantado por un destacamento italiano, pero el paso del tiempo ha borrado muchos detalles sobre su construcción y las vidas que allí encontraron refugio.

Pese a su deterioro con los años, en 2022 se acometió un ambicioso proyecto de restauración que permitió conservar esta reliquia histórica.

Se reforzó su estructura, se añadió aislamiento térmico y se renovó la cubierta para asegurar su supervivencia frente a las duras condiciones alpinas. Más que un simple refugio de montaña, este enclave representa un testimonio silencioso del sufrimiento y la resistencia de aquellos soldados que, entre balas y ventiscas, encontraron en sus muros un respiro en medio del horror.

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Trece años del hundimiento de ‘El Vaporcito’, el cadáver marino a orillas del Guadalete…


¿Conoces la historia del Vapor del Puerto? – Persianas Vila Sanchez

La Voz de Cádiz(J.Zaldívar) — El 30 de agosto en El Puerto y Cádiz es la efeméride de una muerte, del fallecimiento de parte del alma de la Bahía de Cádiz. Ese mismo día, a las 17:00 partiría desde El Puerto de Santa María la motonave Adriano III, más conocida por todos como ‘El Vaporcito‘, por última vez.

La mar estaba en calma, se gozaba de una tarde de verano de las de siempre, buena temperatura, sol y una tímida brisa que hacía que uno disfrutara del breve trayecto por mar, nada auguraba el desastre. Lo que no sabía la embarcación es que no volvería hasta el 28 de noviembre, 90 días después.

El origen de la embarcación, más concretamente del Adriano I, hermano mayor del actual, se localiza en la ría de Ferrol en 1927. Ahí operó durante tres años ofreciendo rutas turísticas. Llegó a la provincia un par de años después y se quedó hasta morir. Del primero explotó una caldera y pasó al olvido, el segundo fue jubilado por no cumplir la normativa de seguridad.

Tal importancia tenían estas tres naves que en 2001, la Junta de Andalucía lo declaró Bien de Interés Cultural (BIC) porque «su recorrido posee no sólo una dimensión material, de puesta en contacto, mediante el trasvase de población entre dos localidades, sino una dimensión simbólica, de reafirmación cotidiana de los límites simbólicos de la Bahía».

Alrededor de las 17:50 horas del 30 de agosto de 2011, ‘El Vaporcito’ colisionó con una escollera de Punta Soto, consiguió llegar al muelle a tres nudos un recorrido de casi 1,5 km hasta el muelle Reina Victoria de la dársena de Cádiz, desalojó a la tripulación y acabó por hundirse. Fue causado por un error humano.

El 27 de septiembre, tras 28 días hundido, fue reflotado por la empresa armadora y trasladado al Dique Nº3 de los astilleros de Navantia en San Fernando. Al poco tiempo fue trasladado al varadero del Guadalete, como se ha dicho antes, 90 días después de que saliera por última vez.

Desde entonces, el barco ha sido un sinvivir de falsas promesas, de ilusiones perdidas y de brindis al sol. Poco después de la vuelta de la embarcación al varadero, el portavoz de los nuevos socios de la propiedad compareció en rueda de prensa junto al alcalde para comunicar que la embarcación sería sometida a las primeras pruebas de navegación en febrero de 2012, y que el 12 de marzo, coincidiendo con el Bicentenario de la Pepa, haría su primer viaje de El Puerto a Cádiz volviendo a la normalidad, sin embargo, a la vista está no se pudo llevar a cabo.

En el primer aniversario del hundimiento, el nuevo propietario anunció que el Vaporcito volvería a navegar en la primavera del año 2013. La segunda promesa incumplida.

En el año 2014, la instalaciones del Varadero Guadalete, en el número 7 de la Avenida de la Bajamar, fueron derribadas desapareciendo los edificios que albergaban la empresa, quedando tan solo el cerramiento de las instalaciones. Quedando dentro del recinto los decrépitos restos de la embarcación.

En 2020 el insigne Adriano III pasó a pertenecer a la Asociación Cultural El Vaporcito, tras el anterior propietario desechar toda empresa de volverlo a surcar las aguas. Esta asociación sin ánimo de lucro se propuso la tarea deseada por muchos de restaurarlo. El nuevo capítulo de la nave venía anunciado en mayo de 2020, en plena pandemia, como un pellizco de fe que acabó siendo una nonada de esperanza.

Esta iniciativa anhelaba convertir la motonave en un museo en dique seco en ese varadero, todo mediante una financiación de colaboración público-privada. Cosa que no llegó a buen puerto, la entidad acabó por claudicar ante la incapacidad de poder llevarlo a cabo.

– En la actualidad

En la actualidad el barco se encuentra donde se dejó en su momento13 años al aire libre a merced de las asperezas del tiempo, en las que el sol, sin pudor alguno, ha ido encarroñando paulatinamente la embarcación; la lluvia ha ido hinchando, agrietando y corrompiendo la madera; y el viento ha ido lentamente agitando al Adriano III hasta que que temblaran todas sus tablas.

Los grafitis marcan heridas de muerte, al igual que marcan los bocados de los buitres en los torsos de los cadáveres tiesos que se encuentran en su camino. Una de esas pintadas asoma en uno de los cristales de la proa, una cara triste muy nimia, una bagatela que adorna los escombros como una flecha entre ceja y ceja adorna el cuerpo de un guerrero ensartado en una quincena de ellas.

La última parte en colapsar fue la popa, se vino abajo dejando tablas, astillas y tornillos pútridos sobre el fango del antiguo varadero. Las mareas en sus días de subida va arrastrando los restos que puede. Ni las gaviotas se acercan ya a rebañar basura.

Popa de la embarcación totalmente destrozada 

«Da asco verlo, para tenerlo así mejor tirarlo, esto hace más daño que honor», comenta un anciano que paseaba por los renovados puentes del nuevo paseo fluvial.

«Si lo rozas se derrumba, está para tirar, es una pena porque es nuestra historia pero esto ya está muy feo», comenta un hombre que estaba pescando deportivamente por la zona.

Este barco, o más bien montaña de cascotes de gran valor sentimental, se encuentra en un desagradable contraste con la gran obra de este mandato municipal de Germán Beardo, el nuevo Paseo Fluvial.

Este proyecto pretende devolver la identidad a la Ribera del Guadalete, utilizando las claves del proyecto de paisaje contemporáneo para convertirlo en dinamizador de la actividad cultural y económica de El Puerto.

Una obra que mezcla los valores históricos, la memoria del agua en la ciudad y su actualidad, poniendo en valor su pasado y su futuro. Entre toda esa obra, queda el último resquicio de esa memoria marina siendo carcomido por la mugre y el tiempo.

A principios de año, Germán Beardo, anunció que el Adriano III, propiedad por entonces de la Asociación Cultural El Vaporcito, iba a ser cedida a la empresa municipal Impulsa El Puerto para que se encargara de la retirada.

Una vez a buen recaudo en otro emplazamiento la empresa abordaría con carpinteros de ribera la manera de salvar lo que queda de la nave, de modo que con lo que se pueda recuperar se pueda crear una recreación tridimensional que aloje un centro de interpretación del Vapor.

Desde enero no hay cambios en la situación y la nave sigue a orillas del Guadalete siendo carcomida por el tiempo.

Se hunde el Vaporcito

– Un barco gafado

En 2022, se inauguró en la Avenida de la Bajamar un busto a su emblemático patrón, José Fernández Sanjuán, conocido popularmente como ‘Pepe el del Vapor‘.

A los seis meses de la inauguración de la escultura, fue robada con fuerza usando un soplete. Afortunadamente, al poco tiempo apareció cerca de una acequia en el parque acuático Aqualand. A la vista está que el barco y lo que le rodea no dan para disgustos.

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Una solución a los problemas matrimoniales en la Edad Moderna: el secuestro de mujeres…


La reina Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta  Catalina - Colección - Museo Nacional del Prado
La reina Juana la Loca recluida en Tordesillas con su hija la infanta Catalina, pintada por Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado

The Conversation(M.F.Peñarrocha) — En la Edad Moderna europea (del siglo XVI al XVIII) se consolidó la familia patriarcal, en la que todas las decisiones estaban subordinadas a la autoridad de los varones.

En ese contexto, la concertación de los matrimonios de las mujeres constituía una estrategia social y patrimonial muy importante –para el grupo familiar, para el linaje, para la comunidad–. La última palabra sobre el tema la tenían, en general, los hombres.

¿Y qué sucedía cuando surgían discrepancias en torno al matrimonio? Existía entonces una práctica mediante la cual se intentaba buscar una solución: el secuestro de la mujer.

Este consistía en depositarla y encerrarla durante un tiempo en un determinado lugar –un convento de monjas, la residencia de una viuda de buen nombre y fama, o incluso un hospicio o casa de misericordia–. Las distinciones entre lugares estaban determinadas por la clase social.

– El secuestro de las mujeres

El secuestro de las mujeres es solo una práctica más –aunque muy llamativa– de las que desarrollaban las familias para lograr sus objetivos. Estos objetivos podían incluir conseguir una alianza matrimonial deseada o afianzar una relación en crisis.

Los secuestros podían afectar tanto a las doncellas o solteras como a las casadas. Para las primeras, los padres –o en su defecto los tutores– decidían un secuestro si alguien pretendía a la joven contra la voluntad de la familia o si era ella misma quien disentía del parecer de sus mayores.

En el caso de las segundas, o bien ellas o bien el esposo, cada uno de su lado, acordaban un secuestro que interrumpía temporalmente la convivencia para recomponer la relación o bien iniciar una causa de divorcio –que en el mundo católico se entendía como mera separación de cuerpos–.

La intervención de la Iglesia era crucial. Tenía el monopolio jurisdiccional del matrimonio y las familias solicitaban el apoyo o el asentimiento del vicario de la diócesis para proceder legalmente al secuestro. De oficio, el tribunal eclesiástico podía dictar también el secuestro cuando ya se había iniciado un proceso de divorcio.

Y este instrumento mientras tanto convivía con otras respuestas, como las redes vecinales que servían de auxilio a las esposas envueltas en crisis matrimoniales peligrosas o violentas.

– Las bases culturales

Secuestrar a una mujer significaba confiscar su cuerpo, alejarlo de su vida cotidiana, reordenarlo, normativizarlo. Entraba dentro de la lógica de las bases culturales que existían sobre el matrimonio y el modelo de mujer.

Esta debía considerarse hogareña, nada dada a callejear, ni resuelta ni atrevida –todo lo contrario–, amante del retiro y entregada a las labores domésticas como esposa y como madre. Así lo habían dictado la mayor parte de teólogos, catequistas y humanistas, en especial desde finales de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna.

Ahí encontramos a Juan Luis Vives o fray Luis de León, quienes escribieron La instrucción de la mujer cristiana y La perfecta casada respectivamente.

Secuestrar a una mujer era un acto consecuente con la vieja práctica del rapto. Este, a pesar de encontrarse penalizado, hundía sus raíces en los rituales de formación del matrimonio. Y se usaba no pocas veces como mecanismo consentido por la comunidad y la Iglesia para atemperar la voluntad de los parientes.

Así, la doncella quedaba aislada y alejada de estas presiones para poder decidir libremente el casarse o no casarse.

Un hombre se lleva a una mujer a la fuerza mientras otro hombre intenta impedirlo.
El rapto de las Sabinas es uno de los ejemplos que vienen a la mente cuando pensamos en el concepto del ‘rapto’, aquí pintado por Francisco Pradilla y Ortiz. 

Las tensiones entre linajes feudales crearon el caldo de cultivo, en la Edad Media y más allá, para hacer que los cuerpos de sus mujeres estuviesen en el centro de la competitividad masculina y sus relaciones de poder. Paralelamente, también el derecho canónico matrimonial entendió que las desviaciones como el adulterio femenino merecían el castigo del confinamiento, el ocultamiento del cuerpo de la mujer.

Y cuando fueron posibles las anulaciones de matrimonios, se llegó a aconsejar que, tras el repudio del marido, la mujer debía entrar en un convento. Los monasterios femeninos se irían extendiendo siendo testigos en muchos casos de la presencia de mujeres repudiadas que sanaban allí su alma y –metafóricamente– también su cuerpo.

El secuestro tenía también un sentido doctrinal y teológico. El matrimonio era un solo cuerpo, rememoraba la unión de Cristo y su Iglesia, y la mujer era solo una de sus partes. Llevarla lejos o fuera se suponía que no tenía otra intención que recuperar la salud del todo. Además, como ella debía ser ejemplar, mientras estaba oculta mediante el instrumento del depósito esto diluía la amenaza que su mal ejemplo provocaba en la sociedad.

– El secuestro como liberación y como represión

Aunque se entiende el secuestro femenino en los asuntos concernientes al matrimonio como un instrumento de represión, se ha podido demostrar que las mujeres lo utilizaron también para liberarse. Hay que tener en cuenta que, cuando las secuestradas eran casadas, en la mayor parte de los casos habían sido precisamente ellas quienes habían interpuesto las acciones legales.

Dejar de convivir con un marido maltratador, rodeadas de quienes asumían ante la Iglesia la obligación de protegerlas, era un éxito sin paliativos.

Cuando la Iglesia ratificó la necesidad del libre consentimiento para la validez del matrimonio, bajo el Concilio de Trento en 1563, no faltaron tampoco muchachas casaderas que se dirigieron directamente al vicario de su diócesis para solicitar su propio secuestro.

Buscaban así alejarse de las presiones recibidas por sus padres o familiares, mostrando públicamente la relevancia de disponer de un espacio y un tiempo propio para reflexionar y tomar la decisión más conveniente.

De algún modo, utilizaron el secuestro no sólo para protestar sino también para ayudar a que se reconfigurase un modelo de matrimonio que, pese a la doctrina y norma católica, se encontraba controlado por los intereses familiares y en el que la voz de las mujeres tenía escaso peso.

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«La sed ha estado detrás de grandes adaptaciones anatómicas y metabólicas, de innovaciones, revoluciones y colapsos a lo largo de la historia»…


Niña tomando agua
Mendoza habla de sed y no de sequía, porque «cuando hablas de sequía parece que lo estás dejando todo en manos del cielo», dice.

BBC News Mundo(D.Massis) — «Para no morir de sed, los armenios expulsados del imperio otomano durante el genocidio de 1915 partían con una semilla de granada bajo la lengua».

«Un grano al día les había permitido sobrevivir en el desierto», cuenta Virginia Mendoza (Valdepeñas, 1987) en su libro «La sed, una historia antropológica (y personal) de la vida en tierras de agua escasa» y que la periodista aborda en el marco del Hay Festival Cartagena 2025.

Igual que el Quijote, la también antropóloga española, pasó sus primeros años de vida en La Mancha, que es parte de la España seca, aquella azotada por importantes sequías cíclicas.

De niña los baños eran compartidos en familia y por eso tiene fotos que inmortalizan las raras veces en que se duchaba sola. «Había que aprovechar y reutilizar hasta la última gota. Nos faltó exprimir el aire», explica.

Se ha dedicado a investigar sobre genocidios, personas abandonadas en pueblos vacíos y desplazados forzosos causados por la construcción de grandes presas. Esas historias, las de la España inundada, las publicó en su libro anterior, «Detendrán mi río».

En «La sed» va a los orígenes de la humanidad, desde la prehistoria hasta hoy, para relatar nuestra relación con el agua, uno de los motores de la evolución.

«La sed ha estado detrás de grandes adaptaciones anatómicas y metabólicas, de innovaciones, revoluciones y colapsos a lo largo de nuestra historia», dice Mendoza, agregando: «La enésima crisis climática no tendría por qué sorprendernos: somos hijos suyos».

Retrato Virginia Mendoza
Virginia Mendoza es licenciada en periodismo y en antropología social y cultural.

¿Por qué hablas de sed y no de sequía ?

Cuando hablas de sequía parece que lo estás dejando todo en manos del cielo.

Si te vas a la Edad Media, la sequía era un castigo divino, algo externo, y quería encontrar un término que me permitiese incluir factores que han coincidido para dar lugar a migraciones, hambrunas, a motines.

Entonces, la sed incluye al ser humano y a determinadas personas, sobre todo las que tienen el poder o la capacidad de acaparar, pues están detrás de un reparto injusto de los recursos.

Hay evidencias científicas de que, al igual que en invierno es más fácil deprimirse, en verano es más fácil sentir ansiedad.

No es casualidad que muchas guerras y revoluciones hayan estallado al final de la primavera o al principio del verano, porque en un pasado no tan lejano era el momento en que se estaba acabando la cosecha del año anterior, el grano escaseaba, el precio del pan empezaba a subir.

La gente ya estaba alterada, sobre todo si vivía en un contexto de sequía, de inundaciones o de epidemias.

Si no podían alimentar a sus hijos, tal vez tomaban la justicia por su mano, algo habitual en la Europa cerealista, en los siglos XVII y XVIII.

La sequía por sí sola, igual que la lluvia, nunca va a explicar un hecho histórico al completo: siempre va a haber algo más.

Tu historia también parte en un lugar de La Mancha y cuentas que en la novela de Cervantes solo llueve dos veces. ¿Cómo te marca haber crecido allí?

Terrinches, pero más concretamente la zona donde me crié, entre los olivos de la familia, siempre ha sido mi lugar en el mundo y cuando digo que acabaré viviendo en esa huerta, me dicen: «Tú estás loca, no puedes vivir allí, no hay agua.»

En los años 90 atravesamos una sequía grave en la que las restricciones fueron extremas. Llegamos a tener media hora de agua al día, una situación límite.

Precisamente la persona encargada de ir al depósito para abrir y cerrar la llave del agua era mi abuelo.

Cuando nos fuimos tenía 12 años y me arrancaron del pueblo a la fuerza; fue algo que me quedó clavado. La sed para mí tiene que ver con el arraigo, la infancia, los abuelos.

Al final somos desplazados climáticos.

Sequía en Cuenca
Vista del embalse de Buendía, el 27 de abril de 2023 en Cuenca, Castilla-La Mancha, España.

¿Cómo te determinó eso en tu relación con el agua?

Ha sido fuerte, sobre todo con la escasez.

Viví un tiempo en Armenia y no sentía el choque cultural hasta que vi en zonas rurales que el grifo no se cerraba nunca.

No me lo podía creer.

No conseguía comprenderlo, me irritaba.

Pero claro, para ellos el agua corriendo tiene que ver con el fluir de la vida y con sus difuntos.

Igual que mi abuela ponía una vela cuando los echaba de menos, ellos hacían esto con el agua.

A raíz del libro Detendrán mi río, como conecté con personas de ribera, algo que me era tan lejano, ahora me siento incapaz de vivir lejos del agua, necesito estar cerca de un río.

En La sed escribes: «El término ‘agua’ viene de la raíz indoeuropea akwā. Si la pienso en otros idiomas, puedo escuchar el balbuceo de un bebé sediento. Water. Eau. Aigua. Auga. Apa. Acqua. Incluso la excepción armenia, jur, me lleva a ese protolenguaje de los bebés que suele consistir en agú y a gugu tata, que es universal y trasciende lo humano». ¿Es el agua el origen, lo primario, lo esencial?

Entre las primeras palabras de los bebés, «agua» es de las más frecuentes y antes de ella emiten «a gugu tata».

Estaba escribiendo un reportaje sobre el lenguaje de nuestros primos simios con los que, a lo largo del siglo XX, hicieron experimentos para que hablasen en nuestro lenguaje, que normalmente era el inglés.

Como no se conseguía, se intentó con el lenguaje de señas y se hicieron aberraciones increíbles porque sacaron a bebés chimpancés de su hábitat y los llevaron a convivir con niños.

Estuve revisando esos trabajos y muchos simios demostraron ser buenos, como el gorila Koko, con una alucinante capacidad de comunicarse con su cuidadora mediante el lenguaje de signos norteamericano.

Entre las primeras cosas que intentaban decir estaban «beber», «sorber», «taza», «agua». También hacían construcciones. Por ejemplo, al ver un pato, usaban las señas de pájaro y agua.

Investigaste también sobre las palabras más antiguas, entre las cuales están «tú», «yo», «nosotros», «vosotros/ustedes», «no», «eso», «esto», «quién», «qué», «macho», «madre», «fuego» y «fluir», que es llamativa en ese contexto.

Es una cuestión lógica y podríamos imaginar qué podía estar viendo nuestro antepasado hace decenas de miles de años, que le generara el concepto de fluir.

Aparte de la lluvia, seguramente era un río, pues se desplazaban siguiendo fuentes de agua, que garantizaban la vida, no solo por saciar la sed: era lo que te daba la comida.

La pesca y el marisqueo tenían un papel fundamental, pues para los cazadores recolectores no solo era la carne. También seguían los cursos de agua, para cazar a las presas que iban a beber.

La historia de la lluvia nace en las estrellas y sigue con los dioses mitológicos. Ha sido para arcadios y sumerios el semen divino de Anu y la leche de Antu, su consorte, hasta que llegamos a la meteorología satelital. ¿Con qué episodio te quedas de esta evolución?

Me parecía curiosa la relación que tenían distintas culturas con las estrellas hace decenas de miles de años. No solo las utilizaban para orientarse, sino también para hacerse una idea de qué podía pasar y qué podían necesitar.

Imagino que les inquietaba la llegada de la lluvia y la constelación de Tauro servía para saber cuándo ocurriría. El no verla se asociaba con la sequía y su aparición, con la lluvia, que era especialmente importante en los inicios de la agricultura, cuando no se disponía de la capacidad para irrigar la tierra.

Tauro tiene una presencia considerable, incluso en la epopeya de Gilgamesh: quitar al toro celeste del cielo (ante el diluvio) y que llegue la sequía.

Es también curioso que el santo al que mi abuela le pedía la lluvia siempre aparece representado con bueyes.

La constelación de Tauro
Según Mendoza, hubo quienes asociaban la constelación de Tauro con las lluvias.

Te refieres a San Isidro, uno de los tantos hacedores de lluvia que mencionas en el libro. ¿Cómo surge esta figura?

El hacedor de lluvia era la persona que conseguía invocar la lluvia, traerla en momentos de necesidad.

Antes de la noción del santo, ese papel lo habían ostentado reyes y antes seguramente los animales del cielo.

No creo que sea casual que previo a que los dioses tuvieran aspecto antropomorfo y fueran los hombres con barba que conocemos, hubiera dioses de la lluvia muy antiguos, mitad hombre mitad toro, o un hombre con cuernos.

De pequeña iba con mis abuelos a la romería de San Isidro y si bien nos hablaban de la danza de la lluvia de los cherokees, pensé que nosotros también tenemos nuestra danza de la lluvia.

Vas encontrando en distintos lugares la misma idea de San Isidro, que es el santo hacedor de lluvia. Por ejemplo, en Francia hay un homólogo, San Medardo, en Inglaterra está Saint Swithin y hay creencias relacionadas como si en su día de celebración llueve, habrá 40 días de lluvia.

En tu libro hablas de la popular canción: «Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…». Pero en mi país, Chile, la cantamos diferente: «Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, los pajaritos cantan, la vieja se levanta…».

¿En Chile decís que la vieja está en la cueva? Esto me lo tengo que apuntar.

Que tengamos la misma canción y que digáis que la vieja está en la cueva y nosotros la Virgen de la Cueva al final habla de lo mismo.

En América Latina es donde más se extendió la idea de que hay una divinidad que consigue enviar la lluvia y que vive en las cuevas altas, en zonas de montaña: allí se creaban las nubes e iban a otros sitios.

No es casual que la Virgen de la Cueva exista: es real, su santuario está en Asturias (España) y no deja de parecerme alucinante que hayáis llegado a algo tan parecido.

San Isidro Labrador
Los católicos reconocen a San Isidro como el patrono de los agricultores.

Entre los motines y reacciones que narras provocados por la sed, cuentas el extraño episodio del baile maníaco, en el siglo XVI, en el que la gente no podía parar de moverse, incluso hasta la muerte. ¿Qué causó ese delirio?

Comenzó con Frau Troffea, que un día de 1518 en Estrasburgo (Francia) empieza a bailar sin parar y nadie sabe por qué lo hace, pero mucha gente se empieza a sumar a esta «danza maníaca».

No paran ni para comer, ni para dormir, ni para beber agua.

Al mes había muchísima gente bailando que no podía parar, algunos ya muriendo incluso.

¿Qué pudo pasar para que esta gente se jugase la vida? Una de las explicaciones más convincentes es que fue un estallido de pánico colectivo, no solo climático.

Se acumulaban años de sequía, inundaciones, muy difíciles a todos los niveles. Ese estrés al que estaban sometidos les llevó a tener esa reacción de pánico colectivo.

¿Crees que estamos estresados en este momento?

No sé si a ese nivel, pero creo que muchas personas vivimos con un estrés crónico que hemos normalizado a tal punto que ni siquiera somos conscientes de cómo nos está afectando, incluso cuando no lo notamos.

Tiene que ver con que estemos tan localizados con lo que llevamos en el bolsillo, que es el móvil; unido a la soledad que impera cada vez más.

Alucino viendo a los gurús del aislamiento en redes sociales con mensajes que te hacen creer que el ser humano es fatal y que mejor enciérrate. Si tu amiga te ha enfadado, corta las relaciones.

La soledad provoca un estrés extremo que tiene repercusión a nivel cardiovascular y mental.

Tuve una época en la que iba muy acelerada y me empecé a poner mala de un montón de cosas: un día se te bloquea el cuello, otro día pillas una gripe y empiezas a estar cansada, irritable.

Tengo tantísima gente alrededor que te dice: «Estaba asustadísima, se me estaba volviendo loco el corazón y el médico dice que es estrés».

¿A eso podemos añadirle el estrés que produce la crisis climática?

Claro y tiene nombre: es la ecoansiedad o ansiedad climática. En una época en la que estamos especialmente ansiosos, era lo que nos faltaba.

La primera vez que escuché el término pensé: esto me pasa, tenía todas las papeletas de que me ocurriera.

En este último tiempo todo en mí estallaba y vi un detonante claro, que era estar consumiendo todo el día noticias sobre la DANA. Tenía gente cerca, estaba pendiente, asustada, ves que no termina, no sabes si se puede acercar más.

Hay quien niega el cambio climático y gente a la que no le importan las catástrofes, pero si consumo mucha información sobre ellas, llego a un punto de bloqueo considerable y recibo avisos de que está pasando algo con mi pulsación.

Una mujer sacando agua tras la DANA en Valencia, España.
La DANA, el fenómeno meteorológico que provocó lluvias torrenciales en lugares como Valencia, es un ejemplo de clima extremo pero también de cooperación, según Mendoza.

«El clima nos llevó al borde de la extinción: somos los descendientes de los pocos (unos 1.300) humanos que sobrevivieron al frío y la aridez hace menos de doscientos mil años», escribes. La Tierra y la humanidad han pasado por distintos momentos climáticos, ¿en qué fase estamos?

Hay un término que no todo el mundo acepta y que han llamado Antropoceno.

Como su nombre lo indica, habla de que el ser humano habría alterado el clima.

Algunos marcan el inicio con la revolución industrial, pero hay quienes van al Neolítico, pues el modo de vida de gran parte de la humanidad cambia y nuestro impacto sobre el planeta también, porque se depende más de la agricultura, la ganadería.

Todo esto acarrea niveles de deforestación considerables y ya antes de la revolución industrial habría aumentado un grado y medio la temperatura.

En La Tierra transformada, Peter Frankopan cuenta que desde el 1700 había pensadores y políticos obsesionados con que la temperatura estuviese subiendo y que el ser humano tuviera un papel crucial.

Thomas Jefferson todos los días apuntaba la temperatura máxima porque estaba convencido de que el planeta se estaba calentando.

Dices en tu libro que un chatbot cuando responde diez preguntas bebe un litro ¿Cuál es la relación entre la inteligencia artificial (IA) y el agua?

A medida que normalicemos su uso, es posible que el consumo de agua se quintuplique, siendo optimistas.

Tengo una piscina de estas casi de juguete; pues este verano no la quise llenar porque no llovía. Además, estuve sin aire acondicionado. Pero luego leí sobre el consumo de agua en Aragón y me sentí tan tonta, porque qué son esos pocos litros en comparación con tener el centro de datos de Amazon al lado, que va a consumir lo que necesita toda la comunidad.

La IA tiene su parte positiva, pero me preocupa el consumo, no solamente por ella, sino por los centros de datos, que necesitan muchísima agua para mantenerse.

Cuando abrimos el grifo no somos conscientes de lo que ha perdido tantísima gente que se ha tenido que ir de su casa para que se puedan construir presas y que un embalse inundase sus pueblos.

Pero lo pienso también con otras cosas: en una videollamada consumimos agua, cuando utilizamos las redes sociales estamos consumiendo agua… es invisible.

Dices que, según la ONU, la sequía ha matado a 650.000 personas en los últimos 50 años. ¿Si hubiese una sequía extrema, sobreviviríamos?

Hemos estado al borde de la extinción, pero uno de los factores que nos ha permitido seguir aquí es precisamente la cohesión, el altruismo. Lo hemos visto con la DANA en Valencia: gente que estaba en su casa cogió sus palas y se fue a ayudar.

Evidentemente el daño estaba hecho, pero cuando ves esto entiendes: ¿cómo vas a perder la esperanza?

En 2024 tuvimos muchísimas razones para venirnos abajo y hay que mantener un optimismo razonable, porque las cosas no se van a arreglar solas, pero confío en la capacidad para adaptarnos.

Por esto estoy en guerra con los gurús del individualismo, creo que fomentan precisamente lo que menos necesitamos ahora mismo.

El ser humano como especie ha conseguido salir adelante en situaciones catastróficas, extremas, sobre todo cuando ha cooperado.

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Un estudio confirma que el Cannabis daña un tipo de memoria en la mente…


Psicología y Mente(J.Soriano) — El consumo de cannabis ha aumentado de forma significativa en muchas partes del mundo, impulsado en gran parte por su legalización en varios países y la percepción generalizada y errónea de que sus efectos son inofensivos.

Sin embargo, investigaciones recientes han comenzado a poner de relieve que, aunque pueda haber beneficios terapéuticos en ciertos contextos, un uso frecuente puede tener efectos adversos en el cerebro, especialmente en áreas relacionadas con la memoria y la cognición.

Un estudio reciente ha demostrado que el consumo de cannabis, tanto en el corto plazo como a lo largo de la vida, puede dañar un tipo específico de memoria: la memoria de trabajo. Esta memoria es fundamental para las tareas cotidianas, como seguir instrucciones, resolver problemas y tomar decisiones informadas.

– El impacto del cannabis en la memoria

El estudio sobre los efectos del cannabis en la memoria de trabajo surge a partir de una creciente preocupación por los impactos cognitivos que tiene esta sustancia, especialmente a medida que el consumo parece hacerse cada vez más accesible debido a su legalización o regulación en diferentes zonas del mundo.

Desde hace años, los científicos han investigado la forma en que el cannabis afecta el cerebro, particularmente en el contexto de sus compuestos psicoactivos, como el tetrahidrocannabinol (THC). Aunque estudios anteriores han sugerido que el cannabis puede tener efectos temporales sobre la memoria y la atención, este nuevo estudio ofrece una perspectiva más profunda y a largo plazo.

La memoria de trabajo es la que permite retener y manipular información en tiempo real, es esencial para realizar tareas cotidianas, como recordar instrucciones o resolver problemas. Sin embargo, las investigaciones previas no habían proporcionado una comprensión clara de cómo el consumo habitual de cannabis afectaba esta función cognitiva.

La investigación más relevante hasta la fecha, aunque pequeña en comparación con el estudio habitual, había señalado que los usuarios frecuentes de cannabis mostraron deficiencias en la memoria de trabajo, sin llegar a poder especificar el alcance de estos efectos perjudiciales.

El creciente uso del cannabis entre los jóvenes, particularmente en países en los que la planta ha sido legalizada para usos recreativos o medicinales, ha motivado una necesidad cada vez más urgente de estudios más amplios.

Esto ha generado una serie de debates sobre los potenciales riesgos vinculados con su consumo, no exclusivamente en términos de dependencia o adicción, sino también en relación a sus consecuencias en un nivel cognitivo.

La investigación presentada en este artículo, por tanto, se convierte en una contribución clave para comprender mejor cómo la droga impacta en las funciones cerebrales más complejas.

Un estudio confirma que el Cannabis daña un tipo de memoria en la mente

. Detalles del estudio

El estudio analizado a lo largo de este artículo, realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado, es el más grande de su tipo hasta la fecha y proporciona una visión detallada sobre los efectos que tiene el cannabis en la memoria de trabajo.

Se centró en más de 1000 jóvenes adultos, de entre 22 y 36 años, que fueron clasificados en función de su nivel de consumo de cannabis: usuarios frecuentes, recientes y no usuarios. Los investigadores utilizaron tecnología de imágenes cerebrales por resonancia magnética para observar la actividad cerebral mientras los participantes realizaban tareas de estimulación cognitiva.

Una de las tareas clave que realizaron los participantes de este estudio fue una prueba relacionada con la memoria de trabajo, diseñada para evaluar su capacidad para retener y manipular información de una forma temporal, como seguir instrucciones o resolver problemas simples.

Los resultados mostraron que el 63% de los usuarios frecuentes de cannabis y el 68% de los usuarios recientes experimentaron una disminución en la actividad cerebral durante esta tarea, lo que indica una menor capacidad para ejecutar la función de memoria de trabajo.

Además, el estudio identificó las áreas cerebrales específicas que se vieron afectadas.

Los usuarios frecuentes y recientes mostraron una disminución significativa en la actividad en regiones clave del cerebro, como el córtex prefrontal dorsolateral, el córtex prefrontal dorsomedial y la ínsula anterior, áreas involucradas en funciones cognitivas fundamentales, como la toma de decisiones, la atención, la memoria y el procesamiento emocional.

A pesar de que la disminución en la actividad cerebral fue significativa durante las pruebas de memoria de trabajo, los investigadores encontraron que los otros tipos de tareas cognitivas (como el control motor, el lenguaje y la emoción) no mostraron impactos tan marcados. Esto sugiere que los efectos del cannabis sobre la cognición son más específicos y afectan principalmente la memoria de trabajo.

. Implicaciones para la salud de estos hallazgos

Los hallazgos de este estudio tienen importantes implicaciones para entender cómo el cannabis afecta las funciones cognitivas, particularmente la memoria de trabajo. La memoria de trabajo es esencial para llevar a cabo tareas diarias que requieren concentración, como seguir instrucciones, tomar decisiones rápidas o resolver problemas.

Esta capacidad resulta crucial no solo en el ámbito académico o laboral, sino también en actividades rutinarias y del día a día, como cocinar, conducir o interactuar socialmente.

Por lo tanto, una disminución en la eficiencia de la memoria de trabajo puede tener un impacto directo en la calidad de vida de los usuarios frecuentes de cannabis.

El estudio reveló que tanto los usuarios frecuentes como aquellos que se acababan de iniciar en el consumo de cannabis presentaron una actividad cerebral reducida en regiones concretas del cerebro estrechamente relacionadas con la memoria, la atención y la toma de decisiones, como el córtex prefrontal.

Esto sugiere que el consumo de cannabis podría llegar a interferir en la capacidad de los individuos para realizar múltiples tareas cognitivas a la vez, o mantener información importante en mente durante periodos prolongados.

Las personas afectadas por esta disminución en la actividad cerebral podrían tener dificultades para mantener la atención o recordar detalles importantes, lo cual puede generar frustración y afectar la eficiencia de la vida diaria.

Además, el hecho de que los efectos del cannabis en la memoria de trabajo fueran más pronunciados en los usuarios frecuentes y recientes plantea preguntas sobre la reversibilidad de estos efectos.

El estudio también sugiere que abstenerse de consumir cannabis antes de realizar tareas cognitivas podría mejorar el rendimiento, lo que abre la puerta a estrategias para mitigar estos efectos a corto plazo.

Sin embargo, también es necesario profundizar en estudios a largo plazo para determinar si el cannabis tiene efectos duraderos en la estructura cerebral o si el cerebro puede recuperarse con el tiempo.

Cómo el consumo de marihuana afecta nuestra mente, según nuevos estudios -  BBC News Mundo

– Consejos para usuarios de la marihuana

A pesar de los alarmantes hallazgos en torno a los efectos del cannabis en la memoria de trabajo, los investigadores enfatizan que se necesita más investigación para comprender completamente las implicaciones a largo plazo.

Este estudio, aunque amplio y riguroso, se centró únicamente en los efectos inmediatos del consumo de cannabis en la actividad cerebral durante el desempeño de tareas cognitivas.

Aunque los resultados indican una disminución en la actividad cerebral de áreas clave relacionadas con la memoria y la atención, los científicos aún no han podido determinar con precisión si estos efectos son permanentes o reversibles.

Uno de los puntos más destacados de este estudio es que la abstención del consumo de cannabis podría mejorar el rendimiento cognitivo en el largo plazo. Sin embargo, el impacto del consumo de una forma crónica a lo largo del tiempo es todavía incierto y requiere más investigación.

Los investigadores sugieren que se necesitan estudios longitudinales, es decir, investigaciones a largo plazo, para observar la forma en que el cannabis puede cambiar permanentemente las estructuras cerebrales involucradas en las funciones cognitivas. También deben tenerse en cuenta factores como la edad de inicio del consumo, la duración de su uso y la cantidad consumida.

Además, el estudio subraya la importancia de tomar conciencia de los propios hábitos de consumo. Si bien los efectos en la memoria de trabajo son preocupantes, el objetivo es proporcionar una base sólida para que los individuos tomen decisiones informadas sobre su consumo de cannabis, particularmente en jóvenes adultos, que son los más afectados.

Con más datos y análisis, se podrá establecer una imagen más clara de los riesgos y beneficios de esta sustancia en la salud mental y cognitiva.

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Ocio y vicio: Juegos de mesa y estrategia…


– Tsundokus roleros

Imagen Wikicommons. Tsundokus roleros

JotDown(H.Goon) — Cuántas veces he alzado la vista de la novela que estaba leyendo para divagar y crear al mismo tiempo una historia paralela; una historia que podría protagonizar yo mismo. Es más, a la que podría hacer que podría cobrar vida a través de ese juego de rol que me mira con renovada esperanza desde la estantería en la que reposa junto a una decena más de manuales. 

«Puede ser una epopeya grandiosa», elucubra mi cabeza. 

En esos momentos esbozo algunos personajes, algunos giros e incluso alguna línea de diálogo. Me levanto del sofá y corro al escritorio para apuntar todas esas ideas en una libreta, pero pronto mi entusiasmo empieza a flaquear. Me doy cuenta de que quizá me lleve días o incluso semanas preparar esa partida que acaba de nacer en mi mente.

Su destino no es otro que quedar en el olvido encuadernada al lado del manual que adorna mi estantería junto a tantos otros. 

Abro los ojos y al mirar alrededor me doy cuenta de que me he trasformado en un Tsundoku. En uno rolero. Una persona que acumula libros y más libros, la mayoría de ellos sin llegar a leerlos —o jugarlos, en este caso—. He recordado que no tengo una mesa estable para jugar a rol y que me es difícil poder encontrar alguna que otra de forma ocasional y esporádica.

La ilusión se repliega y regreso a la novela. Retomo la lectura justo en esa frase donde mi imaginación voló y vislumbró, una vez más, las maravillas de jugar a rol. 

Entonces, ¿qué me lleva a seguir acumulando juegos de rol si no puedo sacarlos en ninguna mesa? Quizá sea lo mismo que mueve a quienes acumulan libros, comics, revistas, películas, música, videojuegos, complementos para el gimnasio…

Hay una parte de coleccionismo —formar parte de una comunidad con un interés de nicho concreto—; también un componente nostálgico —intentar regresar a aquellos momentos de la adolescencia cuando empezábamos a jugar a rol, escuchar grunge o a leer Watchmen; o lo que es lo mismo: la necesidad de atrapar el tiempo, de vencerlo o de que este no nos venza a nosotros—.

También, claro, está el virus del consumismo, del fear of missing out —¿para qué demonios podemos querer todos esos dichosos muñecos cabezones atrapapolvo en nuestras estanterías?—. Aún con todas las similitudes que pueda haber con otros hobbies, en el caso de los juegos de rol existe un motivo más importante aún, por lo menos en mi caso: 

  • La promesa de la aventura 
Eres un maestro del tsundoku sin saberlo? (estás en buena compañía) - BBC  News Mundo

Las personas curiosas o con una imaginación poderosa queremos verlo todo, conocerlo todo. Somos puros aventureros.

«Quiero saber», como diría Irina Spalko (Cate Blanchett) a los extraterrestres que aparecen en la escena final de la película Indiana Jones y la calavera de cristal

Para eso, para conocerlo todo, los juegos de rol son un medio inmejorable. Quizá sea por eso que también se utilizan cada vez más en entornos educativos. 

Cada uno de los manuales de rol ofrece oportunidades infinitas: mundos y ambientaciones actuales o futuristas, fantásticas o históricas; personajes y arquetipos; clases y razas; magia y esoterismo… Hay de todo tipo y para todos los gustos.

Por eso, los curiosos no podemos evitar ir acumulando juegos y más juegos con la ilusión de explotar todas esas posibilidades de conocimiento.

Queremos tener un juego específico para cuando nos apetezca ir al espacio, otro para cuando deseemos luchar contra orcos y gigantes o para cuando queramos resolver un misterioso asesinato en una abadía abandonada del siglo XII.

También ese que nos transporte al Japón medieval, al oeste americano o ese otro que nos muestre un futuro distópico en el que debamos sobrevivir enfrentándonos a bandas sanguinarias. Todos se nos hacen indispensables porque cada uno tiene una particularidad que lo hace único: la promesa.

Debido a esto, las estanterías roleras siempre están repletas de manuales, de aventuras y de suplementos porque cada uno de ellos aporta conocimiento que hará más auténtica y diferente la experiencia de juego. 

Desde la sola mención del conjunto de palabras «juego de rol» algo se mueve en el interior de la mente de quien ya ha experimentado aquello que sucede cuando se juega.

Una sonrisa ilumina nuestro rostro al tiempo que la adrenalina comienza a brotar por las venas anticipando una serie de viajes, de misterios y aventuras trepidantes en mundos maravillosos y desconocidos. Nuestra imaginación se dispara y hace predicciones acerca de los peligros y emociones que viviremos dentro del entorno seguro que proporciona el juego. 

Da igual quién seas o de dónde vengas o a dónde vayas, porque en un juego de rol puedes ser quien desees. Es más, debes serlo para experimentar y compartir esa sensación inolvidable. 

Abrir un manual, respirar el olor de las páginas y empezar a hojearlas es toda una liturgia donde se mezclan placer y emoción. Explorar las secciones donde se pueden ver los atributos y las habilidades con los que rellenar la ficha del PJ ya hace que en la imaginación se formen infinidad de posibilidades: personajes seductores, situaciones inquietantes…

Cuando era adolescente, las sesiones de creación de personajes eran memorables entre mi grupo de amigos. A veces, ni siquiera llegábamos a sacar esos PJ a mesa por diversas circunstancias que no recuerdo, pero solo el hecho de trasladar a la hoja todo aquello que habíamos creado en nuestra mente era motivo de horas de diversión. 

Qué tipo de persona quería que fuese, en qué sería habilidoso, cuál sería su debilidad, qué ocultaría, qué equipo debía de llevar encima… Supongo que eso mismo es, más o menos, lo que seguimos experimentando los que acumulamos juegos y no podemos disfrutar de la afición todo lo que nos gustaría. 

Mientras tanto, estoy seguro, seguimos llenando el escritorio de nuestro ordenador o los cajones de la mesa de estudio con semillas de aventuras, con aventuras ya completas u hojas de personajes detalladas. Fantasmas que susurran voces llamando a la aventura.

Cada manual es prácticamente un compendio mágico capaz de transformar tu vida anodina en una épica y maravillosa siempre y cuando lleves a cabo de forma apropiada cada uno de los pasos del ritual que requiere el conjuro. Para ello, lo principal y fundamental es reunir una mesa de juego; a ser posible estable y bajo la luna llena.

  • ¿Dónde consigo una mesa estable?

10 partidas de rol que no deberías perderte – Rolerøs No Representativøs

Tranquilo.

Si no tienes un grupo con el que jugar no se trata de un problema de socialización o de que tus amigos de toda la vida te quieran más o menos.

En los tiempos que corren, la gran variedad de ocio existente provoca que tengamos unos gustos muy diferentes los unos de los otros.

Si ya es difícil coincidir con uno dentro de nuestro grupo de siempre, es prácticamente imposible coincidir con al menos tres o cuatro, que es lo que se requiere para poder organizar una partida de rol. 

La variedad de ocio, la falta de tiempo, el cansancio acumulado de la semana, problemas personales —adulting lo llaman algunos—… No es algo por lo que nos debamos culpar. Es muy habitual entre aquellos a los que nos encanta el rol pero vivimos en ciudades tirando a pequeñas. 

Madrid y Barcelona lo tienen más fácil a la hora de conectar hobbies y personas. Hay infinidad de clubes donde jugar. Además, se organizan de tanto en tanto jornadas varias que reúnen a muchísima gente. En el resto del país la situación es diferente.

Es cierto que siempre se encuentra algún club —cada vez más presentes—, que también se organizan alguna que otra jornada —incluso específica de rol, muy minoritarias—, pero sucede que para poder convocar a un número considerable de gente, estas jornadas —o clubes— han de concentrar todas las ramas de la afición en un concepto más generalista: clubes o jornadas en torno a los juegos de mesa, entre los que se incluyen los juegos de rol.

Aunque tengan muchas similitudes unos con los otros, los juegos de rol requieren de unas características y especificidades que los hacen muy particulares. 

La dinámica, lo que se genera y lo que se necesita alrededor de un juego de rol es muy diferente con lo que propone, se necesita y se disfruta con un juego de mesa corriente. Por eso, desde mi experiencia, en los clubes o en las jornadas más generalistas, el rol tiene una presencia normalmente residual, precisamente por sus particularidades. Y los que están enfocados únicamente en el rol son contados.  

El rol requiere de una preparación y disposición que no todo el mundo está dispuesto a hacer por el motivo que sea. No se puede organizar una partida que funcione al cien por cien si no se han preparado previamente los papeles a desempeñar de jugadores y máster.

El rol requiere de concentración, de tiempo, de compromiso, un mínimo de proactividad y de complicidad entre los miembros del grupo para que la experiencia sea completa y satisfactoria. Es verdad que en cuanto a la complicidad también funciona en sentido inverso, pues esta se genera a través de la interacción de los personajes durante la partida. Otra de las maravillas del rol.

Los juegos de rol no suelen funcionar bien en un aquí te pillo aquí te mato. Son juegos mucho más sosegados aunque luego, durante la partida, el ritmo llegue a ser trepidante. Pero eso, en estos tiempos —una vez más—, no se lleva mucho, especialmente entre los que ya tenemos una edad. El trabajo, la familia y los mil y un compromisos provocan que los ratos de ocio estén  muy muy pensados para el disfrute inmediato. 

En cualquier caso, desde su creación, el rol siempre ha sido minoritario y en eso precisamente reside parte de su encanto, pues lo hace misterioso. Pero ese es uno de sus hándicaps. Uno de los grandes. 

Dentro de esa minoría, Dungeons & Dragons sea quizá una excepción. La compañía asegura que su comunidad de jugadores en todo el mundo es de más de cincuenta millones, y subiendo. 

Las series de televisión Big Bang TheoryStranger ThingsHora de Aventuras o Gravity Falls han dado un nuevo impulso a la franquicia y a los juegos de rol en general, recogiendo el testigo de películas como E.T., el extraterrestre. También video juegos como Baldur’s Gate 3.  

Según la página web Rol de los 90, las campañas de financiación de crowdfunding para juegos de rol recaudaron en 2020 más de medio millón de euros. En cinco años, hasta el 2022, el total había alcanzado los casi dos millones de euros.

  • Mesa virtual (aunque no es lo mismo, tiene sus ventajas)
Reportaje | CÓMO SER MÁSTER DE ROL y no matar a todos los jugadores en el  intento.

No todo es llanto, no todo es complicado en la actualidad para los jugadores de rol que vivimos en pequeñas ciudades de provincia.

Internet ha abierto un portal inter-dimensional en el que han comenzado a colisionar ideas, aventuras y jugadores de todo el mundo creando un nuevo cosmos cultural dentro de la afición.

Aún es pronto para hacer una predicción acerca de lo que puede salir de ahí, pero cuánto hubiésemos agradecido hace años las posibilidades que trae internet para los juegos de rol. 

Sí, es verdad que no es lo mismo.

Una parte de la magia presencial se pierde.

No es lo mismo el contacto visual en directo, o las risas, o las interacciones sin miedo a interrumpir el ritmo de la partida, o las complicidades generadas por los cuchicheos entre jugadores y máster en una mesa que a través de la pantalla donde las posibilidades de distracción también son mucho mayores.

Pero, ¿y eso de que tu cama espere calentita justo al lado de la mesa del ordenador al terminar la partida?  

Las dos son experiencias de juego diferentes, pero ambas muy placenteras. 

Música y ambientación; imágenes; recursos creados por aficionados de acabado profesional; plataformas VTT (tableros virtuales) para preparar y organizar partidas como Roll20 o Foundry; la posibilidad de ver infinidad de partidas en streaming —como Critical Role— de cualquier tipo de juego en las que nos dan ideas y consejos de cómo llevar la dirección o qué tipo de personaje encarnar o, simplemente, para ponernos los dientes largos a aquellos que solo llenamos nuestras estanterías con juegos que no conseguimos sacar a mesa.

Pero sobre todo lo que aporta internet son personas; gente de cualquier rincón del mundo que quiere jugar o dirigir partidas… a desconocidos.  

Antes, la aventura comenzaba justo en el momento en el que comprábamos el manual o en el momento en el que lo veíamos en el escaparate de nuestra tienda habitual y nuestra imaginación emprendía el vuelo. Ahora, lo difícil comienza un poco más allá, cuando ya tenemos todo preparado pero tenemos que enfrentarnos a ese primer encuentro con una serie de desconocidos al otro lado de la pantalla con los que estamos dispuestos a compartir unas horas de diversión. 

Existen muchas iniciativas en páginas de Facebook, en plataformas o en clubes online —como Resistencia Lúdica o Academia Rolera en Discord— donde la gente se ofrece para jugar y dirigir partidas de rol de forma altruista para novatos y experimentados. También hay editoriales del mundillo que hacen lo mismo.

Shadowlands ofrece un canal en Telegram donde hay cientos —en realidad creo que miles— de personas creando y compartiendo partidas de rol a diario, y donde también tienes posibilidades de ofrecerte tú mismo como máster o como jugador. 

Por vergüenza, desconfianza o desconocimiento puede parecer complicado encontrar online a ese grupo con el que conectar verdaderamente y disfrutar profundamente de lo que esperas y deseas que sea tu partida, tu experiencia rolera. Puede serlo, claro que sí. Pero esa es otra de las maravillas que tiene el rol.

Estos juegos son capaces de hacer que personas que acaban de conocerse recorran de la mano mundos desconocidos arriesgando sus Puntos de Golpe con tiradas de dados inverosímiles en pos de un objetivo en común: disfrutar imaginando.

De todas formas, si lo tuyo no es lo virtual y aun así prefieres seguir comprando manuales de rol por la simple promesa de la aventura —y porque te sobra hueco en la estantería—, recuerda: leer manuales ya es jugar a rol.

– ¿Jugaremos a rol cuando seamos ancianos? ¡Deberíamos!

Jugaremos a rol cuando seamos ancianos

En el caso de que alguno de los primeros jugadores de rol —los otrora primigenios, allá por los años 70 del siglo pasado— siga jugando a día de hoy lo hará con al menos cincuenta años en su haber. Aunque lo más probable es que no empezase a jugar partidas con cero años sino que lo haría rondando ya la veintena, quizá más.

Lo que significa entonces que ese jugador inicial promedio ha de tener, en el 2024, unos setenta años. 

¿Te das cuenta? ¡El jugador de rol centenario no existe! ¡Aún está por llegar! 

En cualquier caso, setenta años es una edad considerable. Sobrepasa la edad de jubilación en España. Pero, ¿se puede uno jubilar jugando al rol? O, lanzo otra pregunta, ¿se puede uno jubilar de jugar al rol?

Recuerdo vivamente las escapadas de mi abuelo todos los domingos, cuando íbamos a verle al pueblo. Se marchaba después de comer, justo tras el postre —que él no tomaba—. Se marchaba solo, cuando ya algunos dormitábamos en el sofá o veíamos el siguiente capítulo de la telenovela de moda. Ni siquiera se despedía.

Cogía su boina y su bastón y cerraba la puerta silenciosamente después de salir.

Una vez lo acompañé llevado por la curiosidad de saber a dónde iba. Su excursión no era muy lejana. Terminaba justo a la puerta del único bar del pueblo donde, una vez al entrar, se transformaba en el templo de recreo de los hombres de la comarca. Si en el pueblo había cien hombres censados, entonces allí estaban todos.

Repartidos de cuatro en cuatro por diferentes mesas, donde una pareja se enfrentaba a la otra en partidas de mus, dominó o remigio. Alrededor de esas personas sentadas estaban los streamers de la época, pues ya había otros cuantos hombres observándolos con atención y comentando las jugadas que se llevaban a cabo. 

Me encantaba ver las manos fuertes, callosas algunas, huesudas otras y arrugadas todas agarrando con desparpajo las cartas o fichas de dominó. Era fascinante observar la velocidad con la que se sucedían las rondas, cómo disimulaban las señas, cómo hacían el recuento de puntos o cómo resolvían los conflictos después de algún malentendido o intento de trampa (poco común, eso sí).

Viajo en el tiempo cada vez que rememoro las imágenes que tengo grabadas en la cabeza de aquellos días. Las vivo como si fueran semillas de aventura de rol en la que mi PJ acabara de entrar en la escena para sentarse a jugar su propia partida. 

No imagino a mi abuelo jugando a rol. Leer sabía, pero leer no leía ni el periódico. Tampoco veía mucho la televisión. Su carácter estaba mucho más conectado con la tierra, con el campo, la huerta… excepto cuando jugaba a las cartas. Ese era uno de sus momentos sagrados. 

Siempre quise saber a qué seguiría jugando cuando tuviera la edad de mi abuelo. Cuál sería ese hobby que no dejaría de hacer nunca.

Desde niño, también quise jubilarme pronto para así tener todo el tiempo del mundo para jugar. Es verdad que también quería estar enfermo todo el día para quedarme en casa jugando, hasta que me di cuenta de que cuando lo estaba de verdad, no tenía fuerzas para hacerlo. 

¿Con la jubilación será lo mismo? ¿Querré seguir jugando o me habré quedado sin fuerzas para entonces? 

Al fin y al cabo, ahora, con casi treinta años todavía por delante para jubilarme, a veces me cuesta preparar una partida de rol. Me canso física y mentalmente. Aunque disfrute una barbaridad haciéndolo, hay días que son tortuosos. Eso hace que me plantee las posibilidades que tengo para que mi hobby de jubilación sea el rol. 

Pero, ¿a quién pretendo engañar? ¿Puede uno escapar del rol?

  • Las ventajas y los inconvenientes de ser un viejo (sabio) del rol

No me acuerdo especialmente bien de los giros, ni las moralejas de los cuentos que me contaba mi abuela cuando yo era un niño pero los recuerdos de algunas escenas son muy claros. Tanto como si me lo estuviera contando una vez más en este mismo instante. 

¿Llegaremos a contar historias como lo hacía mi abuela? Es posible que sí. Nunca he conocido a nadie que me haya contado un cuento de la misma forma que lo hacía mi abuela, pero lo que más se ha acercado son algunas de las mejores partidas de rol que he jugado, de las que tengo muy presentes algunas escenas imborrables. 

Mi forma de jugar, como la de mis amigos y seguro que la de vosotros, ha ido cambiando a lo largo de los años. Las historias son cada vez más profundas y los personajes más complejos. Nos interesamos por la investigación y por la acción, pero las aventuras se alargan incesantemente únicamente por nuestro interés en el trasfondo y relaciones de y entre los personajes.  

Con setenta años se supone que ya has tenido tiempo para vivir un montón de experiencias y un montón de situaciones de todo tipo. Lo que para un jugador de rol —ya sea como DM o PJ— es oro puro a la hora de generar una inmersión mucho más profunda en la historia que se esté contando, precisamente por la facilidad para comprender las historias de unos y otros. 

Por otro lado, también habremos tenido tiempo para jugar a un montón de juegos y aventuras diferentes, para leer aún más manuales y expansiones y libros y cómics y habremos visto un montón de películas y documentales y… El nivel de aprendizaje y conocimiento de reglas y ambientaciones será amplísimo, lo que harán mucho más inmersivas y fluidas las partidas.

Con setenta años se supone que hemos podido hacerlo y probarlo todo, y que ya todo nos parecerá aburrido y repetitivo; pero nada más lejos de la realidad. Siempre querremos más. 

No puedo afirmarlo por experiencia, pero sí creo que a los seres humanos nunca nos sobrarán conocimientos ni experiencias que queramos aprender. La curiosidad nunca se agota. 

Es verdad que, quizá, con la edad de jubilación ya estemos un poco cansados de dragones y de mazmorras. No me parece mala idea interpretar a una hechicera de nivel 12 con setenta y pico años o a un elfo o a un dracónido, pero siempre aparecerán nuevos mundos que nos fascinen de la misma manera por su novedad o por su complejidad.

El mundo evoluciona y nuestra curiosidad y necesidad de comprenderlo cambia a la misma velocidad. Aunque es muy difícil seguir el ritmo, uno de los mecanismos para lograrlo es a través del juego, y uno de las mejores son los juegos de rol.  

Juegos de rol y estrategia a partir de los 50 años - Uppers

  • ¿Pero cómo lo haremos si tendremos más años que D&D?

Lo primero que tendremos que hacer es utilizar una letra bien grande para las fichas y los manuales y también unos dados gigantes. Los problemas de vista no deben ser un obstáculo. 

Fuera de bromas, si ya hoy por hoy existen mil recursos tecnológicos para jugar a rol, qué no habrá de aquí a dentro de treinta, cuarenta o cincuenta años. La tecnología es una ayuda tanto en cuanto nosotros queramos que lo sea. Los límites los ponemos nosotros. Los juegos de rol que existen estarán ahí para siempre.

Si hubiera algo de la tecnología que entorpeciera la experiencia de juego, lo clásico está ahí para dar un paso atrás y recurrir a ello en caso necesario. 

Pero volviendo a la pregunta: ¿cómo lo haremos? Esperemos que la respuesta sea: con un buen grupo de amigos. El rol es una gran excusa perfecta para reunirse con más personas. Uno de los grandes males de nuestra sociedad, más entre las personas mayores, es la soledad. El rol puede ayudar a paliarla. 

No sé si mi abuelo se hubiera sentido igual de bien si cuando acudía al bar del pueblo al mediodía solo hubieran estado los integrantes de su mesa. No lo creo.

Lo que hacía especial sus escapadas no solo era la rutina diaria de la partida; era el ruido, era el humo del tabaco flotando por el techo, era la tensión del resto de jugadores, la de los espectadores, era la luz que entraba desde los maizales que rodeaban el edificio, era el reto, la posibilidad de victoria o de derrota…

Era, en definitiva, el sentimiento de comunidad que se formaba. Mi abuelo estaba censado en el pueblo, pero eran esos ratos los que hacían que de verdad se sintiera parte de un todo. Que el pueblo fuera parte de él y él del pueblo.

Jugar a rol ya de por sí es un buen gancho para hacer comunidad a pesar de ser un nicho minoritario. Es precisamente eso lo que envuelve los juegos de un aura especial y enigmática con la que nos seducen de una manera tan profunda. 

Hacer amigos se complica con el paso de los años. Nunca haremos amistades como las que se forjan en la infancia. Aunque la vida te lleve por otros caminos, las amistades reafirmadas en esos años son un ancla, la boya con la que conocer dónde queda la orilla. Aun así, la amistad que se crea después de unas cuantas partidas de rol también es especial.

Se tenga la edad que se tenga, cuando en una partida hay conexión y fluyen los diálogos y las acciones se establece una relación especial entre los jugadores. 

Ya no es que compartáis imágenes, sino que habéis formado parte de hechos tan vívidos y reales como los de mi abuelo. Una partida de rol es un viaje, son emociones, son aventuras. Imposible olvidar a las personas con las que vives las mejores. 

  • ¿Cómo será la relación con las nuevas generaciones?
Jugaremos a rol cuando seamos ancianos? ¡Deberíamos! - Jot Down Cultural  Magazine

Han pasado cincuenta años desde la aparición del primer juego de rol.

Desde entonces los estilos de juego, la cultura en torno a ellos y las expectativas de los jugadores han cambiado.

La táctica, la estrategia y la densidad de los manuales de los primeros años han dado paso a la narrativa y ligereza de los sistemas de los manuales actuales, lo que ha hecho que surjan fricciones generacionales entre los veteranos y los novatos. Nada nuevo…

Pero es verdad que a nosotros nos puede pasar lo mismo —si no nos ha pasado ya—.

Llegado un cierto momento podríamos encontrar difícil adaptarnos a las preferencias de los jugadores más jóvenes o a las tendencias que están por llegar en torno al rol.

En todo caso, mi abuela me contaba cuentos maravillosos y mi abuelo me enseñó a jugar al mus y al dominó. ¿Qué les mostraremos nosotros a nuestros nietos? 

A veces pienso en si seré capaz de transmitir a mis hijos lo que mi abuela logró hacer conmigo cuando me contaba cuentos de memoria, cambiando las voces para los diferentes personajes, componiendo muecas y gestos… Creo haber perdido, si alguna vez la tuve, su memoria y capacidad narradora. 

Pero de repente, cuando estoy frente a la pantalla del DM, ese miedo desaparece. En ese momento veo con claridad lo que hacía mi abuela.

Me siento un narrador épico y pienso que quizá esa, el rol, sea mi forma de enseñarles a las nuevas generaciones, a mis hijos y nietos, a utilizar la imaginación como una herramienta poderosísima para dar forma a sus propios universos, con los que interpretar y aceptar este en el que les ha tocado vivir.   

Aprenderán también que las mejores historias no se escriben solas; que se trata de un trabajo en equipo, donde cada jugador contribuye con su valor al éxito de la misión. Que no siempre hay una única respuesta correcta. Comprenderán a valorar y respetar la diversidad de experiencias y personalidades. Y que pensar por ellos mismos puede llevarles a soluciones sorprendentes.

Podremos transmitirles el valor de sentarse alrededor de una mesa (o a través de la pantalla del ordenador) para compartir una experiencia común fascinante. Y ante todo, que jugar, reírse junto a otros, crear momentos insospechados y disfrutar del tiempo compartido son las experiencias que como humanos más necesitamos. 

nuestras charlas nocturnas.

Los antiguos nativos norteamericanos…


Esfinge(M.D.Sanahuja) — Durante décadas, Hollywood dedicó muchas de sus producciones a los conflictos entre nativos norteamericanos y colonos venidos de Europa. Aprendimos, a través de esas películas, cómo eran los nativos de esas tierras y por qué perdieron sus territorios.

Desde hace unos años, una serie de investigaciones arrojan una nueva visión de aquellos acontecimientos, de la cual podemos extraer conclusiones diferentes. Aunque son muchos los temas que podríamos tratar en estas líneas, nos limitaremos a señalar algunos aspectos considerados más importantes por aquellas personas.

Previamente, necesitamos puntualizar o aclarar algunos conceptos que tenemos integrados a través del cine.

  • Piel roja

Los términos «piel roja» e «indio» han sido utilizados desde la colonización de América del Norte para referirse a los pueblos indígenas. El término es ahora ampliamente considerado como peyorativo, y rara vez se utiliza en público. Es mejor denominarles «indígenas», «nativos» o «primeros americanos».

Algunas hipótesis quieren explicar el origen de ese término. Una hipótesis afirma que fue utilizado por primera vez por los nativos americanos para diferenciarse de la creciente población colona blanca. Otros autores afirman que se les denomina así por la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate, que era de subido color rojo.

No debemos olvidar que la practicidad ha existido en todas las sociedades. Una manera de proteger la piel de los rayos solares y de las picaduras de los insectos era tintarse la piel con una mezcla de jugo de raíces, bayas y cortezas de árboles que en muchas ocasiones daban un color rojizo.

  • La lucha con el hombre blanco
Indios ¿Como vivian los nativos norteamericanos y cómo desaparecieron?

Al principio, las relaciones entre indígenas y colonos fueron pacíficas y, básicamente, de índole comercial.

Pero la diferente mentalidad de cómo se hacen las cosas y el poco interés de los blancos por conocer el concepto que los nativos tenían de la belleza, de la forma en que cuidaban la tierra o de la necesidad de vivir en la naturaleza llevó al hombre blanco a la destrucción de su cultura sin pensar en la posibilidad de convivir con los nativos.

Los esfuerzos de los nuevos pobladores europeos se centraban en reconvertir a los pueblos autóctonos a su imagen y semejanza, sin comprender que las culturas que viven de un modo diferente también viajan por la senda del progreso y de la mejora de la vida.

Prácticamente se exterminaron los búfalos (elemento básico de la alimentación, vestidos y tipis de muchas tribus) y se talaron los bosques para tender vías de tren. Los nativos no entendieron esa brutalidad, y los blancos no entendieron su «falta de ambición de civilización».

Los conflictos entre las dos maneras de entender las cosas se resolvían por tratados escritos, que los blancos no cumplían. Al final, los jefes y grandes guerreros de las tribus lucharon en defensa de sus tierras, de sus modos de vida y de su libertad. Pero, como ya sabemos, los indígenas que no murieron acabaron en sucias y estrechas «reservas». Un pueblo que había vivido en completa interacción con la naturaleza se sintió prisionero en su propia tierra.

La misma desesperación, el hambre, sus vidas controladas por extraños, su economía desintegrada y la cultura tribal anulada llevaron a los nativos (sobre todo a los guerreros) a la autodestrucción con el alcohol, que además era suministrado por los vigilantes de las reservas para mantenerlos «tranquilitos».

  • Diferencias

Generalmente, al hablar de estas tribus tendemos a imaginarlas todas muy parecidas. Sin embargo, debemos saber que América del Norte (donde se sitúan estas culturas) es muy grande. Para ubicarnos, en el actual Estados Unidos caben 19,5 Españas; si además contamos Canadá, donde también había nativos norteamericanos, la cifra llega a 39 Españas.

Indios Nativos americanos: La Historia, lucha y legado - Flautas Étnicas  Luthería

Podemos pensar las diferencias existentes entre las diferentes tribus simplemente por la distancia geográfica y climática que las separaba.

En cuanto a la población, actualmente en España (enero de 2024) somos 48,59… millones de habitantes.

Se estima que, cuando los ingleses comenzaron la conquista, había en Norteamérica unos 12 millones de nativos.

Se ha comprobado que existían doce ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demás como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano.

Además de esas doce ramas se hablaban dialectos varios, de tal manera que, al llegar el hombre blanco, había alrededor de dos mil lenguas habladas.

Como curiosidad, podemos comentar que la mayoría de los nombres de Estados y ciudades en Estados Unidos conservan o derivan de palabras de sus idiomas: Oklahoma, «el pueblo rojo»; Iowa, «los dormidos»; Kansas, «una brisa cerca del suelo»; Kentucky, «el suelo oscuro y sangriento»; Illinois, «la tribu de los hombres perfectos»; Texas, «amigos»; Mississippi, «padre de las aguas»…

  • ¿Qué sabemos de ellos realmente?

Los pueblos originarios norteamericanos no conocían la escritura, pues sus tradiciones eran orales. Contaban sus orígenes y su pasado en forma de leyendas y cuentos. El hecho de no conservar su historia escrita provoca que tengamos la realidad de aquellos pueblos muy distorsionada, ya que el cine y la televisión han difundido la versión de quienes ganaron la guerra, es decir, los blancos.

Los han descrito como hombres salvajes, muy simples o carentes de «luces», crueles, alcohólicos, holgazanes, y de mujeres sumisas y tontas. Nada más lejos de la realidad. Seguramente, todos estos calificativos que les dio el hombre blanco fueron para «tapar» su mala conciencia por haber destruido una forma de vida tan pura y natural, por haber «contaminado» a unos seres humanos que no tenían vicios ni falsedades.

Es muy poco lo que conoce el público en general sobre la historia de estos pueblos, aunque existen muchos estudios rigurosos sobre los indígenas norteamericanos. Estos estudios se han basado en el testimonio de nativos que pasaron su infancia (o parte de ella) viviendo como sus antepasados y luego fueron al colegio de los europeos, y en algunos casos a las reservas.

Los testimonios nativos entrevistados cuentan que les enviaban a colegios de monjas y estas les pegaban si les oían hablar en voz alta su idioma. Los represaliaron tanto que llegaron a avergonzarse de su cultura y de sus antepasados. Afortunadamente algunos antropólogos y escritores se interesaron por estos temas y, poco a poco, se ha rescatado el valor de su cultura. En este trabajo hay testimonios de los jefes sioux Toro Sentado, Luther Oso Erguido y de la maestra blood Beverly Lobo Hambriento, quien se ha dedicado a recopilar historias y tradiciones de sus antepasados.

Es cierto que en todos los momentos históricos y en todas las culturas o civilizaciones ha habido personas de todo tipo, con más o menos integridad moral. Sin embargo, hay unas características grupales que nos pueden indicar a qué tipo de cuestiones o costumbres se le da importancia en una época u otra. En estas líneas nos vamos a ceñir a aquellas cuestiones, anécdotas y costumbres que nos den una idea de cuáles eran sus valores como personas y como conjunto humano.

antiguos nativos norteamericanos

Aunque tenían diferentes idiomas, formas de vestir y de decorar su cuerpo, la mayoría de las tribus eran nómadas. Vivían principalmente de la caza y la pesca, aunque también cultivaban un poco en sus campamentos de primavera y verano.

Esto nos da una pista a la hora de ver similitudes entre costumbres y valores humanos de las tribus: el aguante ante la adversidad, el valor, la camaradería, el poco apego a los bienes materiales, el amor a los animales, etc. Lo vamos a comentar con un poco más de detalle.

  • Religiosidad de los nativos norteamericanos

Muchos europeos desestimaron los rituales y creencias de los nativos norteamericanos porque no tenían un sacerdote o un libro sagrado. No veían sus creencias como una religión propiamente dicha. Para nosotros, «hombres blancos», la religión está llena de implicaciones abstractas, pues se refiere a un culto a algo que está fuera del plano material o terreno.

En cambio, ellos tienen una concepción mucho más tangible, ya que identifican el mundo que conocen (tierra, nubes, lagos, plantas, animales) con lo sagrado. Por ello, por ejemplo, en algunas tribus el dios principal es descendiente de un búfalo, es decir, del animal que durante siglos les ha proporcionado sustento. Y también porque este animal vende cara su muerte, es valiente.

También nos han hecho creer que carecen por completo de ideas filosóficas, y que no pueden albergar el más mínimo pensamiento acerca de la vida y de las complejidades de la vida. Sin embargo, esto son apreciaciones del hombre blanco, quien ha escrito mucho sobre los aspectos externos de la vida de los nativos, sin conocer cuáles son sus motivaciones internas.

La contemplación de la naturaleza les invitaba a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía a elevar su corazón a Dios. El nativo norteamericano nunca olvidaba su insignificancia ante el Misterio. Pero era humilde sin servilismo, se dirigía a los Poderes por medio de la oración, y nunca se humillaba sobre el suelo.

Todos los días se empezaba la jornada con un saludo al sol, al que consideraban el hacedor de la luz, durante unos instantes en silencio y en pie, para agradecer. Antes, se lavaban bien, como ritual y como medida higiénica, incluso haciendo un agujero en el hielo para acceder al agua.

Hay unas palabras del jefe Seattle: «Hombre blanco: no tejemos la vida; somos tan solo uno de sus hilos. Si deshaces el tejido te deshaces a ti mismo». Con esta frase tenemos una visión muy exacta del concepto principal de las religiones nativas de Norteamérica: la espiritualidad sencilla y en armonía con la naturaleza.

  • Las personas sagradas y sus visiones
Tras la senda de los ancestros: Mitos de los nativos norteamericanos

Aunque la religión de las tribus norteamericanas no disponía de alguien que se dedicara exclusivamente a los actos religiosos, como un sacerdote, tenían líderes religiosos: eran conocidos como el chamán u hombre/mujer medicina.

Desempeñaban una parte importante en los rituales y ceremonias por su capacidad de comunicarse e interceder ante los dioses para ganar batallas, curar enfermedades o hacer que lloviera, entre otras cosas.

También, el o la chamán ayudaba a las personas de la tribu a buscar una visión que le orientara en su vida.

En este tipo de sociedades, las prácticas de iniciación a etapas de la vida también las organizaban y preparaban los chamanes.

En realidad, eran procesos de iniciación místicos.

Determinadas prácticas sagradas otorgan mucho poder y sería peligroso que cualquiera accediera a ellos, por lo que solo unos pocos elegidos (los y las chamanes) podían iniciarse en el uso de la magia y el contacto con los espíritus.

  • Relación con la naturaleza

El ser humano es parte de la naturaleza. La tierra no podía ser explotada ni poseída. Nadie se quejaba nunca de lo que la tierra le daba, así que las variaciones del clima no eran un tema de conversación, ya que quejarse hubiese sido una ofensa a las cosas que nos otorga el Gran Misterio.

El sol no era adorado, pero sí se le tenía mucho agradecimiento porque sus rayos dan vida a todos los seres vivos. Nunca se guarecían de la tormenta o el granizo, pues eran una manifestación más de la naturaleza. Al contrario, se hacían concursos a ver quién aguantaba más el temporal.

Amaban al viento porque era una fuerza de la naturaleza, un amigo que lleva mensajes a familiares lejanos.

Respetaban a los animales, pues de ellos se aprende la lealtad, las diferentes habilidades y otros muchos conocimientos. El caballo no era considerado un animal de carga, sino el mejor amigo del jinete. Nunca se mataba por diversión porque todos los seres vivos tiene el mismo derecho a la vida. Y cuando se abatía una pieza, se aprovechaba cada parte del animal.

Tan cuidadosos eran con la vida (y la muerte) de los animales que, desde la mitad de la flecha hasta el extremo de la punta se abrían una estrías para que la sangre del animal herido manara más deprisa, lo que sin duda aceleraría su muerte; por lo tanto, le evitaban una muerte lenta y un dolor innecesario.

Según las creencias de estas tribus, el ser humano no ocupa un lugar especial a ojos de Dios, solo somos una parte del mundo y sus seres vivos.

  • La muerte

Vivir en contacto estrecho con la naturaleza es percibir la muerte y la vida en cada momento, por lo que consideraban la muerte como un paso a otra forma de vida. Muchas veces escogían ellos mismos el momento de morir, retirándose a las montañas o esperando su momento dentro de sus tiendas de campaña y esperando tranquilamente a que se produjera su gran viaje.

También, el hecho de que en sus visiones o sueños podían comunicarse con sus antepasados corroboraba que la muerte y la vida son dos dimensiones de una misma realidad.

La educación

El aprendizaje de los niños era vivir y aprender de la naturaleza. Una parte importante de esa educación la constituía la formación del carácter, que empezaba en el momento del nacimiento y terminaba cuando se acababa la vida.

Las mujeres, sobre todo las abuelas, eran las encargadas de la educación de los niños y niñas. Les enseñaban a ambos géneros a ser honestos, valientes, resistentes, trabajadores y fieles. También les enseñaban normas de cortesía: hablar gritando y comportarse de modo fanfarrón no se consideraba una actitud digna de un hombre o de una mujer.

Si algún enemigo estaba cerca, la discreción y el silencio podían salvar a toda una tribu, por lo que desde el primer día se enseñaba a los bebés a no llorar ni gritar.

Los huérfanos no existían. Cuando un niño o niña quedaba sin padres, era adoptado por toda la tribu: todos eran responsables de su cuidado y su educación.

Lo más difícil de la paternidad no era vigilar la conducta de los niños, sino vigilar la propia de los padres, ya que el método de enseñanza que usaban era que los niños debían observar detenidamente la conducta de los adultos, por lo que estos siempre estaban sometidos a examen.

Las puertas de los tipis nunca se cerraban porque no habían robos, y tampoco había nada que ocultar.

La fortaleza se demuestra no solo en la acción, sino también en la resistencia: tenían tanta fuerza muscular como fuerza de voluntad, y eso se manifestaba cuando se distribuía la comida: primero comían niños y ancianos; luego, mujeres; y al final, los cazadores y guerreros (los más fuertes). No se permitía la glotonería ni la gula porque esto era señal de debilidad.

La generosidad y la caridad estaban consideradas las mejores virtudes. El mejor guerrero era aquel que se desprendía de sus posesiones más queridas y era capaz al mismo tiempo de cantar canciones de alegría. El bien de la comunidad era lo más importante en tiempos de penuria. Desde niños se les enseñaba a dar a los demás y a hacerlo con generosidad.

Si alguien hacía un regalo que no valía la pena, no podía considerarse una persona generosa.

Los prisioneros de guerra no se convertían en esclavos, se les dejaba ir con su tribu después de un tiempo de convivencia; así, en una nueva confrontación, esos guerreros no los verían como enemigos, sino como antiguos amigos con los que no había que luchar.

Pueblos nativos de Norteamérica - Enciclopedia de la Historia del Mundo

  • La organización de la tribu

La vida de los guerreros está rodeada de un halo de admiración.

Sin embargo, los ancianos eran escuchados por su sabiduría, los chamanes cuidaban el cuerpo y el alma de la tribu, las mujeres organizaban el poblado y educaban a los niños, pero una de las funciones más importantes dentro de estas sociedades eran los exploradores: toda la tribu dependía de ellos para obtener alimento y escapar del peligro a tiempo. Su entrenamiento era muy arduo y su palabra inapelable.

Nadie de la tribu tenía pereza, su estilo de vida les obligaba a ser trabajadores, ya que la naturaleza no admite holgazanes. La vida de cada habitante dependía del trabajo, la caza y la defensa del poblado.

Cada miembro del poblado tenía sus tareas específicas que realizar. La edad, el sexo o las habilidades marcaban las diferencias. Como todas las funciones eran necesarias, nadie se consideraba superior a otro, sino complementario. Y si un hombre no quería ser un guerrero, no se le despreciaba, ocupaba otro lugar en la tribu haciendo tareas de mujer.

O si una mujer quería ser guerrera también lo podía ser. Por ejemplo, Lozen fue una guerrera y profeta de los apaches chiricahua. Era la hermana de Victorio, un importante jefe. Según dicen, era capaz de utilizar sus poderes en batalla para conocer los movimientos del enemigo. Victorio aseguraba: «Lozen es mi mano derecha…

Fuerte como hombre, más valiente que la mayoría, y astuta en la estrategia. Lozen es un escudo para su gente».

Esto tenía como grata consecuencia que nadie quedaba excluido ni desatendido, porque la tribu funcionaba como una comunidad, cada cual con sus características y capacidades.

La tribu era gobernada por un jefe que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su sabiduría, que siempre era tenida en cuenta, junto a la del chamán, que podía ser hombre o mujer. También la experiencia de las ancianas era tenida en cuenta en muchas de las decisiones que debían tomarse.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba a su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por toda la tribu. Si se indicaba como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este debía, sin más, cederle el título.

La conciencia tribal no tenía leyes escritas; sin embargo, es un error creer que un pueblo que no tiene leyes escritas es un pueblo anárquico. Nadie dominaba a otro, la única dominación que existía era la del individuo sobre sí mismo.

  • Personas veraces y valientes

El silencio era muy apreciado, pues mostraba respeto y autodominio. Quien sabe estar en silencio muestra un poder incluso más grande que el que sabe emplear bien las palabras, pues sabe someter sus emociones a un control estricto: el ser humano silencioso siempre es digno de confianza, el parlanchín jamás puede ser tomado en serio.

El halago y la adulación no formaban parte de sus costumbres, pues eran considerados falsedades.

Los sioux tenían un proverbio que repetían con frecuencia a los jóvenes: «Un lakota puede mentir una vez, pero después ya nadie volverá a creer lo que dice». Sus discursos eran cortos y se hacían sin retórica. Sus palabras siempre eran «de verdad». De hecho, los mentirosos recibían el menosprecio de la tribu en general.

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Pero el valor, la valentía, era la cualidad personal más apreciada. Eran muy valientes tanto hombres como mujeres. El valor en el combate, en la caza, en la doma de los caballos, no era nada comparado con el valor del autodominio y la capacidad de tener generosidad y compasión por todos los seres vivos. En todas las fotos que nos han llegado, transmiten e irradian dignidad, serenidad y autodominio.

Pensemos en las condiciones en las que vivían estas personas cuando se hicieron las fotos: les habían destruido su hábitat natural, se les había relegado a reservas, se les usaba como atracción de feria o circo, y aun así, su mirada es de sereno orgullo. Esto no puede ser una pose, es algo que se irradia.

Para finalizar, una anécdota del jefe más famoso, Toro Sentado, perteneciente a los hunkpapas (una de las tribus de lakotas o sioux).

Había gran rivalidad entre las tribus hole y los hunkpapas, continuamente había enfrentamientos entre ellos. En cierta ocasión, hubo un asalto a un campamento hole. Toro Sentado era el cabecilla de los guerreros hunkpapa.

Como los pillaron por sorpresa, hubo algunos guerreros muertos y otros escaparon. Solo un niño de once años les hizo frente para proteger a los más pequeños y a las mujeres. Solo tenía un arquito para cazar pájaros, y aun así les disparó. Los guerreros hunkpapa le rodearon, pero el niño no gritó ni lloró. Miró a Toro Sentado y pidió merced para su tribu.

Dicen que la compasión, entre muchos valores, era el más notable de Toro Sentado. Se apiadó del niño y lo protegió de sus compañeros, quizá porque acababa de perder a su mujer y a su hijo. Y también por su sentido de justicia, porque su argumento definitivo para que no le quitasen la vida fue que «alguien tan valiente como ese niño no debía morir». No solo le salvó, sino que lo adoptó como hermano. Y este nunca le abandonó, fue su «hermano» más fiel.

  • Conclusión

Cuanto más profundizamos en la vida y costumbres de los antiguos pobladores de Norteamérica, un horizonte humano más ancho se presenta ante nuestra conciencia. Tal vez, inconscientemente, tengamos sed de su autenticidad y sus valores.

Seguramente, este anhelo nos impulsa a regalar atrapasueños, a utilizar una imagen de un gran jefe o guerrero como punto de lectura o, las personas más entusiastas, se tatúen una representación relacionada con estas gentes.

El uso de estas imágenes no nos convertirá en las personas íntegras que fueron y que admiramos, pero, quizá, su permanente presencia nos impulse a investigar sobre sus valores y ponerlos en práctica.

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Silfio: la fenomenal planta de la antigüedad…


marcianosz.com — El silfio, conocido también como laserpicio, representa una de las plantas más fascinantes y enigmáticas de la antigüedad. Este hinojo gigante alguna vez proliferó en las laderas secas de la costa mediterránea. Y llegó a convertirse en un símbolo de riqueza y poder para la ciudad de Cirene, en lo que hoy es Libia.

A través de su historia, al silfio no solo se le valoró por sus propiedades nutrimentales, sino también por sus usos medicinales. Sobre todo, por su capacidad anticonceptiva. En los siguientes párrafos exploraremos la historia, usos, valor y la eventual extinción de esta enigmática planta.

La historia del silfio inició aproximadamente 2,600 años en el pasado, cuando un grupo de colonos griegos dejó la isla de Thera, actualmente conocida como Santorini. A esta migración la impulsó una prolongada sequía y un aumento de la población en su isla natal.

Los colonos se establecieron en Cirene, donde encontraron un entorno propicio para la agricultura y la recolección de recursos naturales. Entre estos recursos, descubrieron el silfio, una planta autóctona que pronto se convertiría en un pilar de su economía.

Rápidamente, los Cireneos de percataron del valor del silfio. Esta planta, que crecía de forma silvestre y no requería cultivo, ofrecía una masa comestible que se utilizaba como guarnición en diversas comidas. Además, las flores amarillas del silfio se transformaban en esencias y perfumes, algo que aumentaba aún más su demanda.

Con el tiempo, la planta se convirtió en un símbolo de la riqueza de Cirene, llegando a aparecer en las monedas de oro y plata acuñadas en la ciudad.

– Propiedades y usos del Silfio.

Al silfio no solo se le apreciaba por su valor culinario, también le atribuían propiedades medicinales excepcionales. La resina extraída del tallo se destinaba a tratar una variedad de afecciones, desde tos y dolor de garganta hasta mordeduras de serpiente y epilepsia. Sin embargo, su uso más famoso y valorado era como anticonceptivo.

La resina y las semillas de la planta se convirtieron en métodos populares para prevenir embarazos, lo que llamó la atención de mujeres de diversas culturas en el mundo antiguo.

La efectividad del silfio como anticonceptivo se propagó rápidamente, convirtiéndose en un producto de gran demanda en Europa, África y Asia. Las mujeres de la antigua Grecia, Egipto, Roma e India comenzaron a utilizar sus semillas, que también se consideraban un potente afrodisíaco.

El poeta romano Catulo mencionó en sus escritos que el silfio podía facilitar el amor y la pasión, lo que aumentó aún más su popularidad.

– Relevancia económica del Silfio.

La demanda del silfio creció tanto que sus semillas llegaron a tener un valor equivalente a su peso en plata. Esta alza en los precios llevó a los Cireneos a establecer regulaciones para proteger la planta de la sobreexplotación.

Aunque algunos contrabandistas intentaron ingresar al mercado del silfio, la mayor parte de la producción y el comercio estuvieron bajo el control de la realeza de Cirene, que instauró un monopolio sobre este aprecia recurso natural.

La imagen del silfio se estampó en casi todas las monedas de Cirene, simbolizando no solo la riqueza de la ciudad, sino también la importancia de la planta en la vida cotidiana de sus habitantes. Este símbolo de la fertilidad se considera precursor del del corazón moderno, que representa el amor en la actualidad.

. La efectividad del Silfio en la medicina antigua.

Los médicos de la antigüedad, incluidos eruditos como Sorano de Éfeso, elogiaron la eficacia del silfio como método anticonceptivo. Sorano recomendaba a las mujeres beber extracto de silfio con agua una vez al mes, afirmando que no solo prevenía el embarazo, sino que también podía interrumpir uno ya existente. Además, se utilizaba un trozo de lana empapado en el extracto como un método alternativo.

Durante el apogeo del laserpicio, la tasa de natalidad en Roma disminuyó notablemente, lo que algunos historiadores interpretan como evidencia de la efectividad de la planta. Sin embargo, la ciencia moderna no ha podido confirmar la eficacia del silfio como anticonceptivo, lo que mantiene un aura de misterio alrededor de su uso.

– La trágica extinción del Silfio.

A pesar de su popularidad y valor, el silfio enfrentó un destino trágico. A finales del siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo documentó la extinción de la planta. El último tallo conocido de Silfio se envió al emperador Nerón como una curiosidad, marcando el final de su existencia en el mundo antiguo tras un descenso de cinco décadas en el número de plantas.

La causa de la extinción del laserpicio es un tema de amplio debate. La teoría más aceptada sugiere que la sobreexplotación y el pastoreo excesivo llevaron a la disminución de la población de silfio. A medida que Roma se expandía y absorbía Cirene como parte de su imperio, la gestión de la planta pasó a manos de gobernantes temporales que priorizaban beneficios inmediatos sobre la sostenibilidad.

Además, factores ambientales como la desertificación natural de la región también pudieron contribuir a la desaparición de la planta. Algunos botánicos sugieren que la planta nunca se extinguió por completo y que su pariente cercano, la Ferula tingitana, sería una descendencia directa del laserpicio. Sin embargo, esta teoría es poco probable, ya que el hábitat del silfio no se ha reproducido en áreas donde la Ferula tingitana crece.

. El legado de una planta.

Pese a su extinción, el legado de la planta perdura en la historia. El silfio se considera uno de los primeros ejemplos de error ambiental, donde la codicia y la falta de regulación llevaron a la pérdida de un recurso valioso. Si el laserpicio era más eficaz que las alternativas en el control de la natalidad de la época, entonces sin duda se merece su brillante reputación.

La evidencia sugiere que el mundo natural le permitió a la mujer de la antigüedad controlar su vida reproductiva sin la necesidad de abstinencia.

Pero a medida que la humanidad se acostumbró a los beneficios de este bien escaso, finalmente terminó cayendo en la codicia y la ceguera, sobrecargando un recurso renovable hasta erradicarlo para siempre. Actualmente, los científicos ya investigan otras plantas con propiedades anticonceptivas similares.

Algunas hierbas, como la Daucus carota y el poleo, mostraron cierto éxito en la prevención del embarazo en estudios con animales. Además, parientes del silfio, como la Ferula assafoetida y la Ferula jaeschkeana, han sido objeto de investigación, mostrando potencial en la anticoncepción.

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