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En qué fecha nació Jesús según los evangelios y cómo se llegó a la convención del 25 de diciembre…


Imagen del nacimiento de Jesús

BBC News Mundo(P.Rosas) — Pudo haber sido un 13 de abril. O el 14 de octubre. O el 3 de julio…

Y tampoco sabemos bien el año, ya que el monje medieval al que se encargó determinar la fecha de su nacimiento erró el cálculo.

Es imposible saber con certeza en qué fecha nació Jesús de Nazaret.

La única fuente con la que cuentan los historiadores para reconstruir su vida son los evangelios, que fueron escritos décadas después de su muerte por personas que nunca llegaron a conocerlo en vida y que eran propagandistas de la fe en Jesús como mesías.

Su relato llega de segunda, tercera o quinta mano, narrado por cristianos de primera generación interesados, según los historiadores, en la muerte y resurrección de Jesús, no tanto en su nacimiento.

Los textos de los evangelistas, sin embargo, dan pistas para situar a Jesús -sobre cuya existencia como personaje histórico existe un consenso amplio entre los investigadores- en un momento concreto de la historia.

– Las fuentes

Las principales fuentes, explica a BBC Mundo el historiador español Javier Alonso, son los evangelios de Mateo y de Lucas, escritos aproximadamente en torno a los años 80-90 d. C.

Mientras que los textos más antiguos del Nuevo Testamento, como el Evangelio de Marcos y las siete cartas del apóstol Pablo de Tarso consideradas auténticas, no mencionan nada de sus primeros años de vida, los evangelios de Mateo y Lucas incluyen lo que se conocen como los «relatos de la infancia» de Jesús.

Fresco de Filippo Lippi del nacimiento de Jesús en la catedral de Spoleto.
Los evangelios se escribieron décadas después de la muerte de Jesús.

«El problema es que, desde el punto de vista cronológico, son incompatibles«, afirma Alonso, quien también es filólogo semítico y biblista.

Marcos asegura que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, poco antes de su muerte. «Como ahora sabemos que Herodes falleció en el 4 a. C., según el Evangelio de Mateo, Jesús debió nacer en el 4, 5, 6 o 7 a. C.».

Posiblemente se hayan dado cuenta de la incongruencia de que Jesús naciera varios años antes de Cristo, es decir, de él mismo. Pero paciencia, llegaremos ahí.

Lucas, sin embargo, no habla de Herodes, pero relaciona el nacimiento de Jesús con el censo de Quirino. Según su relato, María y José, los padres de Jesús, tuvieron que viajar desde Galilea hasta Belén para poder registrarse en el censo.

El evangelista asegura que se trata del recuento realizado por Publio Sulpicio Quirino, gobernador romano de Siria, que en ese momento incluía Judea, y que la pareja tuvo que viajar hasta allí, a pesar del avanzado estado de gestación de María, porque era el lugar de nacimiento de José.

El censo existió, como lo testimonió el historiador Flavio Josefo, lo que nos permite dar una fecha: el año 6 d. C. «Es decir, hay una diferencia de mínimo 10 años entre Mateo y Lucas«, argumenta Alonso.

Adorno navideño con la imagen de José, llevando a María arriba de un burro
El Evangelio de Lucas asegura que José y María tuvieron que viajar hasta Belén para inscribirse en un censo, pero los historiadores consideran que se trata de un recurso profético.

A todo esto hay que añadir una circunstancia más: la posibilidad de que estos capítulos, Mateo 1 y 2, y Lucas 1 y 2, fueran añadidos a los evangelios respectivos una vez que estos estaban ya circulando, explica a BBC Mundo Antonio Piñero, catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, cuyo estudio se ha centrado en la lengua y la literatura del cristianismo primitivo.

«Sabemos que los pegaron porque los personajes del evangelio posterior, de Mateo 3 y Lucas 3, no tienen ni la menor idea de lo que ha pasado en los capítulos anteriores, y hay incluso datos contradictorios«, argumenta Piñero, quien asegura que los historiadores sitúan la redacción de esos relatos a principios del siglo II.

Así que es posible que, para cuando se escribió sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, hubieran pasado más de 60 años de su muerte.

Para entonces, señala Piñero, se estima que había unos 3.000 cristianos en el mundo, dispersos, además, en distintas comunidades.

– Entonces, ¿qué relato se acerca más a la realidad, Mateo o Lucas?

Para determinarlo, los historiadores han estudiado los otros anclajes históricos que aparecen en los evangelios, especialmente un personaje fundamental en la vida de Jesús: Poncio Pilato.

Se sabe que Jesús murió durante la prefectura del prefecto Poncio Pilato, que tuvo lugar del 26 al 36 d. C., y que comienza a predicar en el decimoquinto año del emperador Tiberio, explica Alonso.

«Si hacemos caso a Mateo, y Jesús nace en el año 4 a. C., tiene sentido. Moriría en el año 30 y tendría, quizás, unos 34 años», argumenta el historiador, autor de obras como «Las cinco caras de Dios» o «La resurrección, de hombre a Dios».

Sin embargo, si hacemos caso a Lucas, las cuentas no salen.

Cuadro de "La matanza de los inocentes", de Nicolas Poussin.
Los evangelios aseguran que Jesús nació antes de la muerte de Herodes el Grande, quien habría ordenado «La matanza de los inocentes», hecho, este último, que los historiadores disputan.

«Por fechas, lo que encaja es Mateo, es decir, que Jesús naciera aproximadamente en el 4 a. C., en los últimos años de Herodes el Grande.

En cambio, lo del censo de Quirino no encaja, y se entiende que Lucas lo utilizara como excusa para mover a unos personas que son de Nazaret, en el norte de Israel, hasta Belén, que es donde tiene que nacer el mesías, pero nada más.

Es un artificio literario», concluye Javier Alonso.

Antonio Piñero está de acuerdo con que se trata de un recurso profético: «Una vez que se cree que Jesús es el mesías, se está de acuerdo con la profecía de Miqueas, capítulo 5:1, que de Belén, de la ciudad en la que nació David, de ahí saldrá el mesías». 

La profecía, que estaba en el Antiguo Testamento, se cumple entonces si Jesús nace en Belén.

– ¿Existen más fuentes?

La respuesta es no.

Los evangelios ofrecen otros anclajes cronológicos que nos permiten situar a Jesús en el tiempo, pero no existen otros textos donde quedara registrada su vida.

Flavio Josefo, el historiador judeorromano del siglo I, «menciona a Jesús en su ‘Historia de los judíos’, que escribió en torno al año 95, pero lo hace de forma general, no menciona su nacimiento», explica Piñero.

«Se podía saber el día en que había nacido el emperador Augusto, pero no cuándo lo había hecho un predicador galileo, nadie lo sabría. Y, en realidad, las fuentes que tenemos no están escritas hasta mucho después», añade Javier Alonso.

El historiador Flavio Josefo.
El historiador Flavio Josefo menciona a Jesús en su «Historia de los judíos».

¿Y por qué los primeros cristianos no se interesaron por la infancia de Jesús?

¿Cómo es que Pablo no contó nada sobre los primeros años de su existencia?

¿Por qué Marcos, que escribió el evangelio más antiguo, unos 40 años después de la muerte de Jesús, no menciona nada de su nacimiento?

Según Piñero, hay que tener en cuenta que, para los primeros cristianos, el mensaje de Jesús era que la llegada del Reino de Dios era «inminente».

No era algo que ocurriría en un futuro, en el fin de los tiempos o tras el juicio final.

Por eso no había interés en recordar momentos o hechos concretos de las enseñanzas de su maestro.

«Para el cristianismo primitivo, la llegada del Reino era inminentísima, así que ¿para qué se iban a preocupar?

Ni de la tumba de Jesús, ni de la fecha exacta de su muerte, ni mucho menos de la de su nacimiento», asegura el catedrático.

Sin embargo, conforme los coetáneos de Jesús murieron y las siguientes generaciones se dieron cuenta de que el Reino no llegaba, surgió la necesidad de dejar por escrito lo que se sabía sobre él para transmitirlo a las siguientes generaciones.

«El nacimiento de Jesús en la religión cristiana primitiva no tiene ninguna importancia porque el mensaje original es que Jesús muere por los pecados de la humanidad y resucita. Y ese es el triunfo sobre la muerte. Todo lo demás son adornos», argumenta el historiador.

Pero, con el aumento de su popularidad, nace la necesidad de saber más del personaje, de llenar los huecos de la biografía que no se tienen.

«Por eso el cristianismo escribe la biografía de Jesús hacia atrás. Los textos más antiguos se refieren a la muerte y a la resurrección. Luego se empieza a hablar de su vida pública, de los 3 años de predicación. Y los dos textos que hablan del nacimiento son los más recientes, los de Mateo y Lucas».

Los cuatro evangelios en armenio, del s. XV
Solo los dos primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas mencionan la infancia de Jesús.

– El monje Dionisio

Entonces, si las evidencias históricas nos acercan más al año 4 a. C., ¿de dónde viene la fecha del año 1?

Aquí entra en escena un monje bizantino del siglo V, Dionisio el Exiguo.

Como explica Piñero, a Dionisio, estando en Roma en torno al año 497, el Papa le encarga que determine la fecha de la Pascua para ponerse de acuerdo con las iglesias orientales.

Y, una vez determinada la fecha de la Pascua, se le pidió que investigara cuándo nació Jesús exactamente.

Dionisio era un cronógrafo, es decir, estudiaba la cronografía a partir de los textos de la época.

«Él no contaba con las fuentes con las que cuenta hoy en día un historiador, así que lo hizo como Dios le dio a entender, y se equivocó», argumenta Javier Alonso.

El monje determinó que Jesús nació 753 años después de la fundación de Roma, y señaló el 754 como el año 1 de la era cristiana. Esta forma de numerar los años se impuso con el tiempo y, con él, el error de la fecha de nacimiento de Jesús.

En aquel entonces, en el mundo romano el tiempo se medía por el número de años del emperador (por ejemplo, el año 5 de Tiberio, o el 4 de Nerón) y, en algunas ciudades, por su fecha de fundación, como es el caso de Roma.

– ¿Y el 25 de diciembre?

En esto, Dionisio no tuvo nada que ver, ya que se estableció antes de él.

Se trata, explica Piñero, de un «invento cristiano»: el emperador Teodosio I el Grande estableció después del año 380 el cristianismo como religión exclusiva del Imperio Romano «y cuando la iglesia pasa de ser perseguida a ser perseguidora, intenta asimilar dentro del cristianismo todo lo que le sea posible del paganismo«.

Estela romana del "sol invicto".
El cristianismo adoptó la fiesta pagana del «sol invicto».

El 25 de diciembre en el imperio se celebraba la fiesta del «sol invicto», el día en que Zeus, el sol, vencía a las tinieblas.

Ni más ni menos que el solsticio de invierno, el momento en el que los días empiezan a ser más largos.

El solsticio es el día 21, «pero los antiguos lo celebraban el 25 porque era la fecha en la que ya se notaba que el «sol invicto», es decir, Zeus, estaba venciendo a las tinieblas.

¿Y quién era el sol invicto? Pues Jesús.

Por eso se cristianiza esa fecha y se determina que el nacimiento de Jesús fue el 25 de diciembre», explica Antonio Piñero.

En ese mes los romanos también celebraban los saturnales, una fiesta dedicada al dios Saturno «en la que se colgaban guirnaldas, se hacían regalos e incluso había árboles como los nuestros de Navidad. De esta forma se calcan, se suplantan las fechas y muchas veces las costumbres«, añade Alonso.

Así que hasta el siglo IV no se empieza a celebrar el nacimiento de Jesús.

– ¿Y cuándo toma relevancia como festividad cristiana?

El arte nos puede servir de pista, explica el historiador: en la iglesia de San Vital de Rávena, del siglo VI, de la época del emperador Justiniano, «ya hay imágenes, por ejemplo, de la adoración de los Reyes, por lo que ya se está dando importancia a episodios de los evangelios relacionados con el nacimiento de Jesús».

Si la fecha que celebramos no es realmente en la que nació Jesús, ¿qué otros datos de su nacimiento dan por probados los historiadores?

Antonio Piñero considera que, siendo los capítulos de Mateo y de Lucas en los que se habla de la infancia de Jesús tan diferentes entre sí, «hasta el punto de que parece que están hablando de dos personas diferentes«, podríamos considerar presuntamente histórico aquello en lo que coinciden. Básicamente, que sus padres se llamaban María y José, que era una familia muy religiosa y que Jesús era galileo.

Para Javier Alonso, prácticamente ninguno: «Me parecen dos textos casi mitológicos«.

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Charles Fey, el padre de las tragaperras…


Historias de la historia(J.Sanz) — De la mano de los avances tecnológicos de finales del siglo XIX y de la pasión humana por el entretenimiento, se crean las primeras máquinas tragamonedas y su evolución ha continuado por más de un siglo.

En estos tiempos se despliegan online las tragamonedas de bar clásicas, cuyas jugadas y hermosos diseños retro, recrean el realismo y carácter de las máquinas tragaperras preferidas desde hace décadas.

En un período de importantes inventos que marcaron hitos en la vida, costumbres y usos de la humanidad, en Estados Unidos un mecánico inmigrante de Baviera llamado Charles August Fey, construyó en 1894 su primera máquina tragamonedas. Fey fue introduciendo mejoras e innovaciones hasta desarrollar la famosa Liberty Bell, una máquina de tres carretes y pago automático que constituyó la base de las tragaperras de todos los tiempos.

Como buen apasionado de su oficio, Charles Fey tuvo la capacidad e inventiva de perfeccionar constantemente las máquinas que creaba para adaptarse al creciente mercado del juego y, quizás esa sea la razón por la que ha obtenido el reconocimiento como creador de las famosas tragaperras.

En el siglo XIX Estados Unidos vivía un intenso movimiento industrial, la inmigración aumentó vertiginosamente, crecieron las fábricas, se producían inventos al lado de cambios económicos y sus ciudades experimentaban transformaciones. En el caso de San Francisco, abundaban los bares y las salas de juegos, en ellos proliferaban dispositivos mecánicos con monedas.

Estas máquinas estaban mucho más cerca de las máquinas expendedoras que de la idea de las máquinas tragamonedas, ya que dispensaban tabaco, bebidas o  boletos canjeables, y, además, solían requerir de un asistente para hacer el pago a los ganadores.

El enorme interés de Fey por el conocimiento de la mecánica y en especial hacia estos populares dispositivos muy populares en California, era compartido con otros dos inmigrantes alemanes llamados Theodor Holtz y Gustav Schultze, con quienes trabajó en California Electric Works.

Y aquí es donde la historia se enreda, porque Schultze desarrolló la tragamonedas Horsehoe o Herradura y obtuvo en 1893 una patente para su invento. Este dispositivo incorporaba un novedoso mecanismo de pago automático (se prescindía del asistente pagador).

Considerando estos hechos, muchos historiadores argumentan que Schultze debería ser reconocido como el inventor de la tragamonedas en lugar de Fey.

Lo cierto, es que Fey, inspirado en el diseño de Schultze, fabricó en 1894 su propia versión de la máquina tragamonedas. Al año siguiente introdujo algunas mejoras y creó la tragamonedas 4-11-44, denominada así por una popular lotería. Dicha máquina, de pago automático, se hizo muy popular en los bares y salones.

En consecuencia, Fey abrió una fábrica para producirlas y atender la demanda. En 1898 Fey crea la tragamonedas Card Bell, una máquina con tres rodillos que se detenían uno a uno creando suspense y cuyo mayor premio eran tres campanas alineadas.

Su inclinación a la inventiva y al perfeccionamiento de sus equipos lo condujo a crear en 1899 la más famosa de las tragamonedas de todos los tiempos: la Liberty Bell. Denominada así en homenaje a la “Campana de la Libertad”, un ícono estadounidense cargado de simbología e historia.

En 1900, las máquinas de Fey tenían un enorme éxito y se podían encontrar en muchos locales, a pesar de que las tragaperras, como artilugios de juego, eran ilegales (la verdad es que las autoridades y los agentes hacían la vista gorda en este tema).

De hecho, Schultze, amparándose en la patente que extrañamente le habían concedido, demandó a Fey por su tragaperras, pero los tribunales dictaminaron que la patente no lo protegía porque su máquina era ilegal.

Debido a esto, el mundo de la industria del juego y las máquinas tragamonedas, a partir de entonces, se convirtió en el salvaje oeste: los diseños se robaron, se copiaron…

En cuanto a Fey, explotaba el negocio tratando directamente con los propietarios de los locales y repartiéndose a partes iguales las ganancias.

En 1906, tras el gran terremoto y el incendio que asoló San Francisco, apenas sobrevivieron 4 máquinas de más de un centenar de tragamonedas Liberty Bell que había distribuidas por toda la ciudad, y los miembros del movimiento por la templanza y fanáticos religiosos aprovecharon la oportunidad para hacer responsable al juego de aquel castigo divino.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con base en regulaciones fiscales, el uso de las tragamonedas se propagó por todo el mundo.

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¿Es lo mismo ser inteligente que tener altas capacidades?…


Es lo mismo ser inteligente que tener altas capacidades?

The Conversation(J.R.Castillo) — Que pensamos con la cabeza puede parecer una obviedad, pero no siempre estuvo claro.

Fue en los siglos IV y III a. e. c. cuando en Grecia Herófilo diseccionó científicamente a humanos; que sepamos, fue la primera persona en hacerlo y en señalar que la cabeza es la sede de la inteligencia (Aristóteles, por su parte, proponía que el cerebro servía para enfriar la sangre).

Hubo que esperar mucho más hasta que comenzara a hacerse un registro sistemático de tareas consideradas “inteligentes”. Ocurrió a finales del siglo XIX gracias al británico Francis Galton, pero usó los resultados de estas mediciones para justificar sesgadamente teorías innatistas y eugenésicas.

Desde entonces, las propuestas ofrecidas para explicar qué significa ser inteligente pueden agruparse en dos tipos:

  1. Los modelos factoriales, que utilizan las matemáticas (análisis factoriales) para buscar puntos en común (factores) entre variables (puntuaciones en los test).
  2. Los modelos no factoriales, que no usan test, sino que parten de observaciones y comparaciones entre casos.

Debido a que las altas capacidades se relacionan con las puntuaciones en los test de inteligencia, podría pensarse que se ciñen exclusivamente al cociente intelectual, pero no es así. O, al menos, no debería. La idiosincrasia humana es más compleja que un simple número. Por consiguiente, para desentrañar este corpus, como hizo Herófilo, vamos por partes.

– ¿Sabemos medir la inteligencia?

En Francia nació la que está considerada como la primera prueba de inteligencia: el test de Binet-Simon (1905). Se creó para detectar deficiencias cognitivas en niños y niñas en edad escolar e implementar una educación especial (aquí apareció por primera vez el cociente intelectual).

Al diseñar el test, su autor principal insistió en señalar que no servía para medir fielmente la inteligencia, sino que solo desarrolló una herramienta para resolver una necesidad específica en un contexto determinado.

Sin embargo, esta nueva corriente basada en medir inteligencia con tareas exclusivamente académicas (excluyendo creatividad, música, habilidades sociales, emocionales…) fue aumentando y han ido surgiendo otras pruebas. Las más conocidas son las escalas Weschler (WAIS-IV, WISC-V y WPPSI-IV). Otra menos conocida es la batería de actividades mentales diferenciales y generales.

Las puntuaciones en los test estandarizados de inteligencia están diseñadas para que la media sea de 100 y la desviación típica de 15. Por ello, el rango de generalidad estadística, donde se sitúa casi el 70% de la población, se encuentra entre 85 y 115. Una puntuación superior a 115 se considera por encima de la media y se empezaría a valorar la presencia de altas capacidades. Elaboración propia.

Estas y otras pruebas conceden mayor importancia a establecer rankings de cociente intelectual que a explicar la estructura de algo llamado inteligencia.

– ¿Qué es el factor ‘g’?

Con los resultados en estos tipos de test, los análisis factoriales han demostrado que las habilidades cognitivas están influidas por una capacidad común llamada factor “g” (general). Pero el factor “g” no se considera sinónimo de inteligencia. Además, el cociente intelectual es un número que se obtiene como resultado de aplicar la inteligencia, y tampoco sirve para definirla.

El principal autor que defiende un modelo no factorial, Howard Gardner (que acuñó el concepto de “inteligencias múltiples”), no niega la utilidad del análisis factorial para agrupar variables y formar categorías abstractas (como “g”). Pero sí pone objeciones a que la concepción de lo que llamamos inteligencia se vea reducida a un filtro estadístico.

También Robert Sternberg, autor de la teoría triárquica (analítica, práctica y creativa), critica que la inteligencia se limite exclusivamente a la habilidad para responder a problemas académicos.

Parece, pues, que no existe consenso sobre cómo “desmembrar” la inteligencia. Incluso ha llegado a cuestionarse si existe algo a lo que llamar así. A pesar de ello, los test de cociente intelectual son la principal herramienta para comenzar a examinar las altas capacidades.

– ¿Qué son las altas capacidades?

El concepto altas capacidades se utiliza a modo de paraguas para englobar a aquellas personas que destacan por encima de la media en test de cociente intelectual y que, además, muestran otras particularidades. Bajo este paraguas se incluyen los siguientes términos:

Según el modelo de Enriquecimiento Triádico o de los Tres Anillos de Renzulli (1978, 2011), existe un perfil multidimensional asociado a la superdotación (marcado con el asterisco), lo que provoca que su manifestación no sea homogénea al ser producto de factores neurobiológicos, motivacionales y ambientales en continua interacción. Elaboración propia a partir de Renzulli (2011).
  • Superdotación: se diagnostica al obtener una puntuación de cociente intelectual superior a 130 (percentil 98). Sin embargo, Joseph Renzulli (apoyado por Lewis Terman) critica sólidamente esta separación “a bisturí” y propone el modelo de enriquecimiento triádico. Según este modelo, la superdotación debería identificarse valorando la interacción entre tres elementos: un cociente intelectual superior a la media, alto compromiso con la tarea y alta creatividad. Renzulli argumenta que las personas más creativas y productivas se encuentran por debajo del percentil 95 (cociente intelectual de 125), y con un punto de corte tan alto se deja fuera a quienes tienen el mayor potencial para alcanzar altos niveles de logro.

  • Talento: capacidad de dominar excepcionalmente una o varias competencias, cuya adquisición puede explicarse con el modelo integral de desarrollo del talento de Françoys Gagné. Se ha propuesto diagnosticar un talento con puntuaciones superiores a 125 en áreas específicas de una prueba citada previamente, la batería de actividades mentales diferenciales y generales, resultando en talento lógico, verbal, numérico o visoespacial.Además, como los test de cociente intelectual excluyen la creatividad, se ha propuesto usar el test de Torrance de pensamiento creativo para valorar este talento. Una combinación de estos cinco talentos resultaría en talentos múltiples, complejos o conglomerados.

  • Prodigio: se consideran niñas o niños prodigio a quienes han sido capaces de producir trabajos admirables comparándolos con los de una persona adulta –aunque a menudo limitado a una única área (música, matemáticas…)– y sin haber cumplido los 10 años. Suelen tener un cociente intelectual destacable, aunque no extraordinario.

  • Genio/a: persona que se encuentra en el extremo más alto de las altas capacidades (con un cociente intelectual mayor de 145) y ha realizado alguna contribución muy notable en un área determinada.

Conviene citar la precocidad, un término evolutivo referido a manifestar habilidades antes de lo característico para la edad cronológica habitual (especialmente, lenguaje fluido). Y la eminencia, referida a quien ha añadido a la sociedad grandes aportaciones, pero como fruto de la oportunidad o la suerte, sin que los factores intelectuales han sido determinantes.

– ¿Hay inteligencia más allá del cociente intelectual?

Un estudio reciente que ha aplicado análisis factorial a test que valoran las llamadas “inteligencias centradas en las personas” (social, emocional y personal) ha revelado que también dependen del factor “g”. Y éstas no se exploran en los test de inteligencia tradicionales, es decir, que no participan en el cociente intelectual.

Esos resultados tienen importantes consecuencias, ya que demuestran lo que numerosas teorías han estado criticando: que la inteligencia no puede limitarse al cociente intelectual actual.

Como crítica añadida a los test de cociente intelectual, la música no está considerada psicométricamente como un talento. Y la creatividad, como componente a valorar durante el diagnóstico de las altas capacidades, tampoco es registrada por este tipo de test, como ya se ha mencionado.

Los estudios empíricos de la creatividad han mostrado solo una ligera correlación con el cociente intelectual. Esto implica que el cociente intelectual es una condición necesaria a valorar, pero ciertamente no es suficiente.

En definitiva, la inteligencia y las altas capacidades no son lo mismo. Ser inteligente se asocia a velocidad de procesamiento, memoria, fluidez verbal… es decir, a las tareas que rastrean los test de “inteligencia”, que resultan deficientes para detectar todas las capacidades humanas.

Y tener altas capacidades significa poseer un cociente intelectual superior como requisito imprescindible, pero se requieren otros elementos, como motivación, creatividad o haber producido trabajos prodigiosos y geniales.

Y así, tras “abrir en canal” a estos conceptos, coincidimos con Herófilo en que los análisis profundos son más reveladores que las observaciones de corte superficial.

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Casquetes polares: un fenómeno raro en la historia de la Tierra…


Infobae(M.Racovsky) — A pesar de la crisis climática actual y los récords de temperatura en todo el planeta, la Tierra se encuentra en una de sus fases más frías en términos geológicos.

Así lo indica un estudio publicado en New Scientist, que analiza la evolución del clima terrestre durante los últimos 420 millones de años y revela que la presencia de casquetes polares es un fenómeno excepcional en la historia del planeta.

De acuerdo con el modelo desarrollado por el equipo de Benjamin Mills, de la Universidad de Leeds, la formación de estos períodos glaciales, denominados ice house climates, solo ocurre cuando se combinan dos factores clave…

Por un lado, una reducción en las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) por parte de los volcanes y un aumento en la erosión de rocas, un proceso que extrae CO₂ de la atmósfera.

– Un clima resistente al frío

Los datos geológicos sugieren que la Tierra ha atravesado numerosas fases de temperaturas elevadas, pero pocas en las que el clima haya sido lo suficientemente frío como para permitir la existencia de casquetes de hielo permanentes.

Según Mills, “cuando se observan los registros geológicos, se encuentra mucha evidencia de climas cálidos, pero no tanta de glaciaciones”.

Los períodos glaciales están directamente relacionados con bajas concentraciones de CO₂ en la atmósfera, ya que este gas es el principal responsable del efecto invernadero.

Sin embargo, el estudio indica que la reducción del CO₂ no se debe a una sola causa, sino a la combinación de distintos procesos geológicos.

– Las claves del enfriamiento terrestre

Hasta ahora, se han propuesto diferentes hipótesis sobre qué factores propiciaron estos episodios de bajo CO₂ en la atmósfera.

Algunos científicos han sugerido que se debieron a una disminución en la actividad volcánica, lo que redujo la cantidad de CO₂ liberada al aire.

Otros han planteado que la clave estuvo en un aumento en la meteorización de las rocas, un proceso químico que extrae CO₂ de la atmósfera y lo fija en los sedimentos terrestres.

El estudio de Mills y su equipo incorpora ambas ideas en un modelo geológico detallado que cubre los últimos 420 millones de años, una fracción significativa del eón Fanerozoico.

A diferencia de modelos anteriores, este incluye por primera vez la posición tridimensional de los continentes a lo largo del tiempo, lo que permite evaluar con mayor precisión los efectos de la erosión y la actividad volcánica en la concentración de CO₂.

Los resultados indican que ni la reducción de la actividad volcánica ni la erosión de rocas, por sí solas, pueden explicar la formación de climas fríos.

Solo cuando ambos procesos ocurren simultáneamente, el CO₂ en la atmósfera desciende lo suficiente como para permitir la formación de casquetes polares. “Eso significa que todos tenían razón en cierta medida”, señala Mills.

Un modelo con limitaciones

A pesar de sus hallazgos, el estudio ha recibido algunas críticas. La geóloga Isabel Montañez, de la Universidad de California en Davis, argumenta que el hecho de que múltiples procesos influyan en los cambios climáticos no es un descubrimiento nuevo.

“Llevamos décadas entendiendo que el sistema terrestre funciona con la interacción de varios factores”, sostiene.

Además, el modelo no es capaz de explicar cambios climáticos a corto plazo, ya que su resolución se limita a períodos de decenas de millones de años.

También se ha señalado que los datos utilizados sobre las concentraciones de CO₂ pueden estar desactualizados y que el estudio no toma en cuenta el impacto de la evolución de la vegetación en la meteorización de las rocas.

Montañez afirma que el sistema terrestre funciona mediante la interacción de varios factores

– Lecciones para el futuro

Si bien los resultados del estudio no se aplican directamente a la crisis climática actual, ofrecen una advertencia sobre la vulnerabilidad del sistema terrestre.

Andrew Merdith, coautor del estudio, destaca que los períodos de ice house climate han llegado a su fin de forma relativamente rápida en el pasado, lo que sugiere que el equilibrio climático puede cambiar abruptamente.

En este sentido, Merdith advierte que no se debe asumir que una reducción en las emisiones de CO₂ logrará devolver al planeta a su estado climático preindustrial de manera automática.

La historia de la Tierra muestra que la estabilidad climática es un fenómeno complejo y que sus cambios pueden estar influenciados por múltiples factores que van más allá de la actividad humana.

El estudio deja abierta la puerta a futuras investigaciones que incorporen más elementos en la ecuación del clima terrestre.

Entre ellos, la influencia de la vegetación en la erosión de rocas y el impacto de otros procesos geológicos aún poco comprendidos.

Lo que queda claro es que la formación de casquetes polares es un fenómeno excepcional en la historia del planeta y que su permanencia no está garantizada.

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Cómo un pequeño «punto azul» en nuestro cerebro controla el sueño y genera un enorme interés entre los científicos…


Collage del dibujo de un cerebro con una mano al lado que sostiene una lupa. En la lupa se ve la imagen agrandada de un punto azul.

BBC News Mundo(D.Robson) — Cualquiera que padezca insomnio conoce la impaciencia y la frustración que aparece mientras se lucha por apagar la cabeza y silenciar las voces interiores.

Desearías tener un botón que pueda apagar instantáneamente toda esa actividad mental.

La idea de un regulador de intensidad mental no es tan descabellada como podría parecer. La mayoría de los neurocientíficos coinciden en que nuestro estado de vigilia existe en una especie de continuo.

Está coordinado por una red compleja de regiones cerebrales, en cuyo centro se encuentra un pequeño conjunto de neuronas conocido como «locus coeruleus», que en latín significa «punto azul».

Se trata de una descripción literal: las neuronas del locus coeruleus están teñidas del color del zafiro debido a un neurotransmisor en particular, la noradrenalina. Esto también nos da una pista sobre la función del punto azul, ya que la noradrenalina controla nuestra activación fisiológica y psicológica.

Durante mucho tiempo, los científicos asumieron que el locus coeruleus permanecía inactivo durante el sueño, pero cada vez está más claro que esto no ocurre y que presenta niveles bajos de actividad intermitente que pueden regular la profundidad de nuestro sueño.

Una mejor comprensión de este proceso podría ayudar a tratar las alteraciones del sueño asociadas a trastornos como la ansiedad.

– El sistema de engranajes del cerebro

El locus coeruleus se encuentra en el tronco encefálico, justo encima de la nuca, y contiene alrededor de 50.000 células, una pequeña porción de los 86.000 millones de neuronas que hay en el sistema nervioso central promedio.

El médico de María Antonieta, Félix Vicq d’Azyr, fue el primero en notar su existencia a fines del siglo XVIII, pero durante mucho tiempo no logró atraer más atención.

Esto empezó a cambiar en el siglo XX, cuando se hizo evidente que el pigmento azul del locus coeruleus desempeñaba un papel clave en la señalización cerebral.

La norepinefrina (también conocida como noradrenalina) aumenta la probabilidad de que una neurona se active con una corriente eléctrica.

Cuando se activan, las células del locus coeruleus pasan haces de este neurotransmisor a lo largo de sus proyecciones a otras regiones del cerebro, mejorando la comunicación entre las neuronas de esa zona.

Este proceso tiene matices. Dependiendo de los tipos de receptores que tengan, algunas neuronas son más sensibles a cantidades más pequeñas de noradrenalina, mientras que otras solo responden a umbrales más altos.

Esto significa que, a medida que aumenta la actividad del locus coeruleus, comenzará a afectar a algunas áreas del cerebro más que a otras, lo que puede tener efectos dramáticos en aspectos como el enfoque, la concentración y la creatividad.

Collage donde se ven unos ratones y dos manos sosteniendo cada una una lupa. Dentro de las lupas se ve la textura del cerebro y un punto azul
En ratones dormidos, el inicio del sueño REM está relacionado con una menor actividad en el locus coeruleus.

En su libro ‘Hyperefficient: Optimize Your Brain to Transform the Way You Work’ (Hipereficiente: Optimice su cerebro para transformar su manera de trabajar), la investigadora en neurociencia y escritora Mithu Storoni describe el locus coeruleus y su control sobre la señalización de la noradrenalina como la caja de cambios del cerebro, con diferentes modos que se adaptan mejor a determinados tipos de actividades.

Marcha 1 : actividad muy suave en el punto azul. Los bajos niveles de noradrenalina hacen que nuestra atención sea difusa y que nuestra mente divague de un pensamiento a otro.

Marcha 2 : activación moderada en el punto azul, acompañada de picos ocasionales en respuesta a los estímulos más relevantes. La corteza prefrontal, que está involucrada en el autocontrol y el pensamiento abstracto, es más sensible a esta concentración de noradrenalina.

En este estado cerebral, es posible que nos resulte más fácil mantener la concentración en tareas intelectuales.

Marcha 3: activación constante y alta del punto azul, que libera altos niveles de noradrenalina. Esto comienza a desencadenar la actividad en las regiones cerebrales asociadas con la «respuesta de lucha o huida», mientras que la corteza prefrontal comienza a apagarse.

Gracias a la mayor comunicación entre neuronas, eres extremadamente sensible a tu entorno, pero puede resultar difícil separar la señal del ruido. Se vuelve más difícil concentrarse y puedes comenzar a sentirte abrumado.

Tres imágenes de la de la cabeza desde distintas posiciones
El locus coeruleus se encuentra en el tronco encefálico y contiene sólo 50.000 células.

Muchos factores diferentes determinan en qué marcha nos encontramos, incluida la hora del día, ya que la actividad del punto azul cambia con nuestro ritmo circadiano.

Suele ser baja cuando nos despertamos, aumenta durante el día y disminuye por la noche.

– Vigilancia nocturna

Teniendo en cuenta el papel que desempeña el punto azul en la excitación, tiene sentido que esté más silencioso durante la noche, durante el sueño. Sin embargo, no es totalmente silencioso, sino que se activa esporádicamente.

Una investigación reciente de Anita Lüthi en la Universidad de Lausana (Suiza) sugiere que esta actividad puede determinar la calidad de nuestro sueño.

A lo largo de la noche, alternamos entre diferentes etapas del sueño. Existe el sueño de la fase REM «movimientos oculares rápidos», que como sugiere su nombre, se caracteriza por el parpadeo de nuestros globos oculares.

Se asocia con sueños vívidos y se cree que es crucial para procesar y consolidar recuerdos. Sin embargo, gran parte de nuestro descanso transcurre en el sueño no REM (NREM), durante el cual el cerebro puede realizar una limpieza profunda, eliminando los desechos celulares que pueden provocar disfunción neuronal si se permite que se acumulen.

Al medir la actividad cerebral de ratones que dormitaban, Lüthi descubrió que el sueño NREM se asociaba con ráfagas temporales de actividad del locus coeruleus cada 50 segundos.

Esto parecía galvanizar los tálamos, un par de regiones con forma de huevo que se encuentran en el medio del cerebro y están involucradas en el procesamiento sensorial. Como resultado, el animal era más sensible a estímulos externos, como ruidos, sin llegar a despertarse del todo.

«Se genera un estado de mayor vigilancia», afirma Lüthi. «Realmente te da la idea de que la vigilia se puede graduar en el cerebro».

Conexión entre neuronas.
El locus coeruleus obtiene su color azul intenso de la producción del neurotransmisor noradrenalina.

Lüthi sugiere que estos períodos regulares de mayor vigilancia ante posibles amenazas serían esenciales para la supervivencia en la naturaleza.

«El sueño es muy importante, pero debe complementarse con un mecanismo que permita un cierto grado de vigilia», afirma.

«Es necesario seguir reaccionando al entorno».

El inicio del sueño REM se asocia casi siempre a una baja actividad del locus coeruleus, lo que sugiere que también desempeña un papel central en la transición a este estado de sueño pleno.

«Esa transición al sueño REM tiene que estar muy bien controlada», dice Lüthi, «porque en el sueño REM tenemos atonía». Es decir, la parálisis temporal de nuestro cuerpo que nos impide representar físicamente nuestros sueños. «Estamos completamente desconectados del entorno».

Lüthi enfatiza que sus experimentos se llevaron a cabo en roedores, por lo que aún necesitamos confirmar que el punto azul juega un papel similar en el sueño humano.

Si es así, sospecha que la actividad alterada del locus coeruleus podría estar implicada en condiciones como la ansiedad que pueden contribuir al sueño desordenado.

Descubrió que exponer a sus ratones de laboratorio a fuentes de estrés leves, como golpes en su jaula, aumentó la actividad del punto azul y aumentó su vigilancia durante la noche, lo que resultó en un sueño fragmentado.

– Encontrar la calma mental

Un creciente conocimiento de esta vía neuronal está llevando a algunos científicos a investigar si diferentes tipos de estimulación cerebral pueden calmar el punto azul para mejorar el sueño.

Un equipo de Corea del Sur, por ejemplo, ha probado recientemente un auricular que hace pasar una pequeña corriente eléctrica por uno de los nervios de la frente que está conectado al punto azul para amortiguar temporalmente su actividad, aunque todavía no se sabe si esto reduce el insomnio.

Por ahora, podemos intentar pensar un poco más detenidamente en nuestro comportamiento por la noche y evitar la sobreestimulación justo antes de irnos a dormir.

«Si nos obligamos a seguir adelante cuando estamos cansados, nuestro cerebro responde acelerando su marcha para proporcionar la máxima potencia a su maquinaria en apuros, hasta el punto de que casi se ‘queda atascado’ en un nivel alto», escribe Storoni en Hyperefficient.

El simple hecho de dejar que nuestra mente se relaje antes de acostarse, sin televisión, teléfonos ni ningún tipo de pantalla, se ha considerado durante mucho tiempo una buena «higiene del sueño».

Collage de una mano girando un interruptor sobre el cerebro.
Si nos obligamos a concentrarnos cuando estamos cansados, nuestro cerebro puede quedarse atascado en un nivel más alto, lo que dificulta el sueño.

También podemos aprovechar el tráfico bidireccional entre el locus coeruleus y el cuerpo.

El punto azul forma parte del sistema nervioso autónomo, que controla funciones fisiológicas inconscientes como la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Este se divide en dos brazos: el sistema nervioso simpático, encargado de desencadenar una respuesta de estrés, y el sistema nervioso parasimpático, que prepara el cuerpo para el descanso y la relajación. Y parece que podemos activar selectivamente cada brazo con diferentes actividades físicas.

Es probable que el ejercicio moderado a intenso (caminar, correr, remar, andar en bicicleta o boxear) active el brazo simpático, acelerando la actividad del punto azul y aumentando nuestra activación mental.

Es una gran noticia si te sientes aturdido por la mañana y necesitas despertarte, pero menos útil cuando intentas calmar tu mente después de un duro día de trabajo. Puede que pienses que el esfuerzo físico te cansará, pero si ya tienes problemas para dormir, las visitas al gimnasio a altas horas de la noche son una mala idea.

Por otro lado, los estiramientos suaves pueden promover una respuesta de relajación en el sistema nervioso parasimpático que, al mismo tiempo, calma nuestros pensamientos y sentimientos.

Los ejercicios de respiración controlada, como el pranayama (una antigua técnica de respiración que proviene de las prácticas yóguicas), parecen tener el mismo efecto, ya que los ritmos respiratorios más lentos reducen la excitación general .

Podemos aprovechar esto para relajarnos por la noche. Diversos estudios sugieren que la meditación y los movimientos conscientes pueden reducir el tiempo que lleva conciliar el sueño y mejorar la calidad general del mismo, más allá de los tratamientos estándar para el insomnio.

No tenemos un interruptor físico que pueda reducir nuestra actividad mental a voluntad. Sin embargo, si gestionamos nuestra rutina diaria y aprovechamos la conexión mente-cuerpo, tendremos muchas más posibilidades de conseguir el descanso profundo que necesitamos.

nuestras charlas nocturnas.

Bagatelas sobre la España Negra…


Desnudo. Anselmo Miguel Nieto
Desnudo. Anselmo Miguel Nieto.

JotDown(H.Quintela) — El mediodía de Viernes Santo se comió tarde en casa. Mientras se ponía la mesa, sonaba el telediario de fondo, y del presentador pudimos escuchar, en un momento cualquiera:

Sigue la España… nevada.

Y uno, en cuanto oyó el «ne»de «nevada», no pudo dejar de escuchar una frase que no era la dicha, una distinta, como en el niño que cree adivinar el dictado y superpone lo suyo, mentalmente, errando:

Sigue la España… negra.

«Ne» de «negra». Probablemente ambas frases no sean tan distintas en el fondo. Lo blanco y lo negro, en demasiadas ocasiones, son intercambiables: «El terror es blanco. La soledad es blanca» (lo escribió González Ruano, en su diario íntimo, a puerta gayola de la muerte). Bien podrían parecerle a alguien… negros.

De cualquier manera, la España negra o se lleva ya dentro o no se la ve por ninguna parte, lo que no quiere decir que no exista, o que sea cuestión de fe. Lo negro suele ser el espejo que le vendría bien a todo narciso, aunque no haya verdadera afición a reflejo alguno —ver al prójimo reflejado no suele importar mucho a nadie—: estamos en la era del ver a través.

Lo negro en lo negro se refleja mal, de todas formas. Solo los muy cándidos o los locos parecen afines, por lo que, la verdad, los resultados suelen tener la credibilidad del muy cándido o del loco, que es poca o ninguna.

Eso sí, hay que conceder que el término —España negra— no es un algo exacto, y es probable que, quien se empeñe en buscar indicios de negritud, seguramente los podría encontrar sin dar mucho rodeo bucólico o arrabalero, sino a la vuelta de cualquier esquina.

Hablar de todo esto resulta la mayor parte de las veces ocioso; no acaba de llevar a ningún sitio. Además, si no se tiene cuidado, se acaba enfangado en diatribas peligrosas que rayan lo político, y nada desearía menos con este texto, a pesar de lo citado del artículo de Del Pozo, que desde luego no se usa bajo esas directrices. La relación que hay entre la situación actual del país y del mito o concepto de España negra es la misma que entre el pescador y el río.

A España, si quisiéramos calificarla con algún palabro sacado de los insondables mundos del arte, la llamaríamos grosziana, y nos acordaríamos todos con ello, seguramente, de los Disparates de Goya y del goteo diario de viñetas de El Roto. No creo que sea necesario argumentar demasiado respecto a esto. El único propósito, de ser posible, sería el de divagar, jugar un rato, para pasarlo, el rato, que es lo importante, según Baroja, hombre menos político que sentimental.

Sé que hay gente a la que esto de la España negra le parece de lo más nocivo y cosa de estúpidos. Un ejemplo insigne es Raúl del Pozo. Eso no está mal, porque sería terrible que se formase un sentir, que arraigase en nosotros ese veneno que vemos flotar en la frase nietzscheana: «El que tiene carácter tiene también una experiencia que siempre vuelve».

«Vivir es ver volver», diría Azorín; según qué cosas vuelvan, le contestaría más de uno, nos devuelven un sinvivir. Pero volvamos a Del Pozo. Una de sus afiladas columnas de «El ruido en la calle», que lleva por título «Marca España», empieza así:

Émile Verhaeren y Darío de Regoyos, estúpidos autores de España negra, libro apadrinado y prologado por Pío Baroja, relataron la España del siglo XIX, hoy liquidada. Contaron los dos bribones cómo se consuela a la madre cuando se le muere un niño: «No llore, ¿no ve que los angelitos están mejor en el cielo?». Aquella España de cofradías de disciplinantes, que se azotaban hiriéndose la piel con vidrios rotos, se ha extinguido.

Archivo:Víctimas de la Fiesta - Darío de Regoyos Museu Abelló 685.png -  Wikipedia, la enciclopedia libre
Víctimas de la Fiesta, xilografía de Regoyos (1894)

Más que estúpidos, Verhaeren y Regoyos son románticos, y modernos, lo que les aliña con un tono de humor que el atormentado romántico, más cándido, por sí mismo no suele tener, resultando su España más negrita que negra.

Por otra parte, el tratado del consuelo que cita Raúl del Pozo no deja de ser de la familia de aquel epitafio en un cementerio francés, de un niño de seis años, del que nos habla Julien Gracq: «¡Ay, papá! ¡Ay, mamá! ¡Ay, señora B…! Tales fueron sus últimas palabras. Quiera Dios sumar a nuestros días los que a él le restó»; en todos lados cuecen habas.

Recuerda un poco también a aquel bohemio que, llevando el cadáver de su hijo envuelto, si no recuerdo mal, debajo del brazo, iba pidiendo, café por café, dinero para poder enterrarlo. En lo que hay que darle toda la razón a don Raúl es que con vidrios rotos no se hiere ya nadie, no sea alguna uña pintada en un bar de copas.

Los gatos, como en el pecio de Ferlosio, se alargan sin cortarse con el vidrial, como la espalda de la odalisca, que corona los muros. Y, eso, los que no están a las brasas, como Baroja.

Supongo que habrá gente a la que no le haya interesado nunca mucho o no se haya topado más que de refilón con esto de la España negra, y pueda estar no entendiendo del todo lo que aquí trata de decirse, así que estará bien hacer unas aclaraciones al respecto.

El concepto de España negra se refiere a una cierta visión de España pesimista y escéptica. Incide esta visión en lo truculento y árido de la actualidad —entendamos actualidad por, en este caso, algo perenne— del país, subrayando siempre la asociación de fanatismo religioso y miseria, que conllevan barbarie y atraso, resignación y muerte.

Sin embargo, tanto como denunciar la situación se acepta la misma, por veces, como algo inaceptable pero de difícil torna, sin complacencias; de ahí lo humanísimo de muchas de sus manifestaciones artísticas y de pensamiento.

El término es acuñado, se entiende que por vez primera, en el libro que se ha mencionado de Regoyos y Verhaeren, La España negra, de 1898, constituido por la traducción realizada por Regoyos de unas notas de Verhaeren publicadas inicialmente en L’ Art Moderne, junto con otras añadiduras suyas e ilustrado por el pintor con grabados y dibujos. Sobre el libro, Andrés Trapiello:

Digámoslo sin demora: estamos ante un libro fundacional. Por primera vez dos autores, uno belga y otro español, abordaban el mito de la España negra, y aunque no pretendían combatir con ese mito la leyenda negra, lo consiguieron mucho más eficazmente que todos los embajadores, cancilleres y escribanos que venían sucediéndose desde Felipe II, tan melancólicos como estériles. «Hay que mirar detrás de las puertas, señores», parecen decirnos, «las apariencias engañan, y si no engañan, mejor».

Ya lo decía el joven Odilon Redon, hermanos todos en el simbolismo: «El negro no miente».

Sin embargo, Raquel González Escribano, en su escueto y conciso La España negra, cree que precisamente la leyenda negra, auténtica losa de sepulcro, aparece en la génesis del concepto de la España negra, junto a cierta pintura española (Goya, El GrecoValdés LealZurbaránRiberaVelázquez y, como antecedente inmediato, el romántico Alenza, tan goyesco) y a los relatos de viajeros románticos, que de mostrarle al mundo una España jovial y luminosa acabaron en el funebrismo que da título al libro, funebrismo de aires norteños, en lo que el cándido Gautier y otros tantos ayudan a amoldar el rumbo, afrancesándolo de paso: como se suele decir, las dos caras de la moneda.

Aunque no venga del todo al caso ahora, el artículo referido de Del Pozo, por cierto, parece destilar la misma creencia en una relación muy estrecha entre leyenda negra y España negra, y no en una posible puja entre ambas: «El partido de la mayoría defenderá la iniciativa para promover una imagen potente de España en el extranjero.

El ministro de Exteriores, con cara de vendedor de alfombras, en vez de suprimir embajadas inventa nuevos consulados y ha reunido a los peces gordos de sangre fría, los patrones de 23 multinacionales para lanzar una sociedad que supervise y mejora la imagen de España».

Desde luego es para que todos los vicecónsules se tiren dos veces al río, como hizo Ganivet.

Pero volvamos a nuestros hermanos románticos y a sus tours por España, tan de moda entonces, y ahora, puesto que el sol es siempre el mismo y ruinas tenemos prácticamente las mismas de entonces y muchas más, construidas ex profeso para su ruindad. Incide en esto, en el espíritu viajero, Trapiello:

Él es un viajero, sí, pero no en pos de improntas prestigiosas. No le interesa el prestigio, sino la fuerza de las cosas comunes, aunque le lleguen sin pedigrí: un camino, un huerto, un campo de maíz, el Consistorio de una villa, una plaza mayor de cualquier parte, unos oficios, unas beatas (que trasplantó de los dulces beguinados belgas a las ásperas mesetas españolas). Sus ojos, como los de los pintores primitivos (Regoyos tiene algo de primitivo como lo tuvo el Giotto), miran por vez primera el mundo.

El quid de la cuestión, y de tantas otras.

Creo que tiene razón Andrés Trapiello, y que el asunto de la España negra estorba mucho al de la leyenda negra, y que no está arraigado el uno en el otro. Más tiene que ver con el llamado problema de España, no tan lineal como a veces se piensa, por lo demás. Pero bueno, uno es proteína para con el otro, como lo son al ratón las migas que acaban por no barrerse.

A eso se le uniría el gusto romántico por el viaje y, en especial, por España, además del simbolismo, fértil en melancolías y brujerías íntimas, pintorescas, habiendo puesto verdadero empeño los franceses en ello, cum laude en la materia (los artistas españoles del fin de siglo cambian Roma por París como destino para sus estancias de aprendizaje; Regoyos va a Bélgica, donde nacen, del simbolismo de estos lares, muchas de las mejores obras del movimiento al completo), que desarrolla, Francia, decía, una vía del gusto especialmente sanguinolento desde el Barroco, contaminado por los vientos negros del norte de Europa.

Suya la harían los artistas del novecientos, más o menos europeístas declarados —recordemos que de alguien que aparece a veces como de lo más cerril, Pío Baroja, decía Pla que había marcado profundamente a su generación (más joven) porque las ideas de Baroja, tan chocantes aquí en su momento, eran las de un europeo normal—, tanto los más afines al espíritu regeneracionista, como ZuloagaRusiñol o Romero de Torres; tanto los más ajenos a lo que vino en llamarse, Azorín mediante, noventayochismo, como Anglada Camarasa con sus sílfides castigadas a soportar, como mulas con pretensiones, el peso de la pedrería más barata y tosca. También se centrarían en temáticas similares los círculos nacionalistas, como por ejemplo el gallego Nós, que es el que más cerca me toca. Así hasta culminar el proceso y refrescarse en Gutiérrez Solana, erudito de la cuadratura del vino que le llamó, más o menos, Ramón Gómez de la Serna.

Lo que sigue lo he visto pintado en la puerta de un bar de mi barrio, y no me he resistido a ponerlo aquí, pues parece bastante apropiado:

Dijo la mosca a la rana
prefiero morir en el vino
que vivir en el agua.

Las coristas, de 1921. José Gutiérrez Solana
Las coristas, de 1921. José Gutiérrez Solana.

«Los adelantos pueden conseguir tristezas nunca antes conocidas; ya algún pintor francés del siglo XIX nos mostró cómo la luz de una bombilla puede llegar a ser infinitamente más triste que la de un candil». Ferlosio acierta siempre.

No parece del todo aplicable al caso de Regoyos —desde luego se podría, con suficientes garantías, a su La dama ante el espejo (1885)—, donde lo negro tiene, excepto en sus grabados forzosamente oscuros, unos colores vivísimos y extranjeros, estos sí refrescantes, pero sí podría ser el caso de cualquier interior de Solana, llegados a trasmano, o alguna de las calladas medias caras iluminadas de Nonell.

José Gutiérrez Solana, como se sabe, además de pintor fue escritor, no fue un pintor al que le diese por escribir de vez en cuando, o que escribiese bien y ensayase sobre la materia. Tiene, como todos los escritores, detractores y valedores. Dos de sus valedores de más empaque son el propio Trapiello, que venimos citando, y su, podríamos decir, padrino póstumo, Camilo José Cela, primero en hacer valer la figura del escritor Solana.

Entre sus detractores, Ángel González García que, si bien suele ser un auténtico huracán en sus escritos arborescentes, no parece haber atinado en su visión de la escritura de Solana a la que despacha, según la modesta opinión del que escribe, a base de cañonazos en su mayor parte innecesarios, aunque sea marca de la casa. Valga como ejemplo:

Los puntos suspensivos no van con él. El suyo es un costumbrismo de sus desechos, estrafalario y bravucón. Como los mozos borrachos de las capeas, Solana no se arredra ante nada; al fin y al cabo, ya está muerto.

Muerto estaba, lo dijo él mismo, y lo subraya Ángel González, que nos alienta a separar la literatura de Solana de su pintura, de la que alaba gran parte, y a no ver una a la luz de la otra, a no contaminar su pintura con su literatura, «que la desmerece». Lleva razón, en que no hay que mezclarlas; una no son apuntes sobre la otra, ni la otra ilustraciones de la una. Ramón Gaya, valedor también de Solana, al menos del Solana pintor, remata con el párrafo que sigue un escrito sobre Solana pintor:

Solana es como una novela de Galdós de la que se han perdido o traspapelado páginas y nada concuerda ya, en donde los hechos no coinciden, no coinciden pero existen.

Solana escribió varios libros, y proyectó escribir algunos más que no llegaron a ver la luz. Sirva esto para probar la importancia que le daba al escribir, esto es, no lo tenía por afición, sino que consideraba sus libros obra.

Ignacio Zuloaga, El Cristo de la Sangre (1911).

Novelas, una; colecciones de costumbrismo, estampas, impresiones, opiniones y descripciones el resto, en los que reina soberanamente un sentido anárquico de la sintaxis y un sentir que suele parecer tosco, pero que es, ante todo, muy hondo, y sutil: un sentir de artista, de artista alucinado y medio demente. 

La España negra es uno de los títulos del Solana escritor.

Decir que Solana tenía esa España negra por orejeras, y allá adonde fuere así veía, lo que, como dice bien Ángel González, hace que Solana viaje sin salir de su habitación; tal es el caso de París.

Cuando vive allí exiliado, junto con Baroja, Azorín y otros, los apuntes suyos sobre la ciudad de la luz son idénticos a los suyos sobre Madrid, y Baroja, del que decía Montherlant que andaba haciendo cumbre por los desmontes del extrarradio y las plazas industriales, describiría luego, después de haber echado buenas pestes de Solana —de todas formas Baroja, los cumplidos, si tenía alguno para alguien, se los ha callado todos— un París muy semejante al de Solana.

No hará falta matizar demasiado, porque tampoco se trata de ser muy exhaustivos ni de citar y explayarse, sino de dar una idea general e intentar una propia, y haría falta mucho para escribir acerca de Solana como se merece, y de otras tantas cosas que aquí se tocan, incluso de lo principal.

Sin embargo me gustaría enredar un poco con el Solana pintor. Son sus cuadros, si abreviamos, solanescos, como son los de Goya goyescos; otra cosa no se puede decir: se reconocen enseguida.

Los temas que trata son hijos de un costumbrismo muy suyo de lo más lúgubre, o, a veces, cuando el tema elegido es más tópico (algunos a los que llega pasada la moda, como vitrinas —del Museo Arqueológico Nacional—, bibelots y muñecos y peleles o autómatas, posiblemente bajo la nebulosa ramoniana) le sale el cuadro siempre menos melancólico, como a otros, que siniestro e inquietante.

Todos de colores ocres, de costra ahumada, mugrosos. Pero los colores de Solana no son colores de tierra, sino colores de piel, de hombres con piel de tambor mazado; sus blancos, que no lo son nunca del todo, entre leche materna y pus; un mundo de cuartucho de curtidores.

Si se me permite ser un tanto trágico, diría que dentro de las pinceladas de Solana van embalsamados olores de todo tipo, desagradables sin duda pero que no siempre nos desagradan, como el candor que desprende el sudor de una madre, incluso de una desquiciada madre de la calle, tal es la humanidad de la pintura de Solana, nada nueva, por cierto, en la tradición artística española. Es cierto que a veces las figuras de Solana pueden resultar estáticas, demasiado estáticas, como hechas de carne de momia.

Habrá a quien le parezca que una puta estática, machacada, por seguir con el ejemplo, es más majestuosa que una machacada puta dinámica, y habrá a quienes les parezca un defecto grande este estatismo, una taxidermia, a los que se les podría replicar que hay animales, y faraones, que han ganado así en dignidad, por muy pantanoso que me resulte el meterme por estos derroteros.

Final de la Jornada. La Muerte sobre el Puente, de 1910. Ricardo Baroja
Final de la Jornada. La Muerte sobre el Puente, de 1910. Ricardo Baroja.

Yendo hacia el salón de casa, a tomar café a media tarde, con mis padres y demás familia, oigo decir:

Si viese Juanma a la Macarena como yo la vi, lloraría. Una cabeza…, un armazón de palos y una cabeza, sin el manto. Venía el cura, echándonos amablemente: «Venga, venga, que hay que vestir, no hay nada que ver»; así está claro que no les gusta que se la vea. Pero lo visto, visto está.

Afirma Andrés Trapiello que «la España negra no hay que ir a buscarla. Está por todas partes. Y es hermosa. No hay que darle más vueltas, insiste Regoyos, harto de dar explicaciones a los que no acaban de comprender qué le encuentra a todo eso. Basta con comprenderla. Comprensión es compasión, virtudes cervantinas».

Casi podría decirse que es una cosa intrahistórica, lo de la España negra. La intrahistoria la define la Real Academia, como se verá ahora, sin olvidarse de Unamuno, de manera simple que nos valdrá: «Voz introducida por el escritor español Miguel de Unamuno para designar la vida tradicional, que sirve de fondo permanente a la historia cambiante y visible».

La historia cambiante y visible, es decir, lo importante, suele ocurrir en las ciudades. Pero en este país es difícil separar dónde empieza la ciudad, o dónde acaba el pueblo; las ciudades y los pueblos suelen estar hibridados de una manera que, como en los siameses, la separación es algo fatal.

Lo que no es cambiante y visible, diríamos, se aprecia, sobre todo, en los diarios locales, que abarcan zonas relativamente amplias en las que caben, según, ciudades más o menos grandes y pueblos más o menos cativos, pequeños. Estos sufridos medios son los que se hacen eco de las cosas grandes de los sitios pequeños, sucesos, anécdotas, tejemanejes, infortunios varios, a menudo más significativas para el individuo que la historia cambiante y visible.

Es imposible no acordarse, después de haber escrito lo anterior, de Luis Carandell, que en una sección de la revista Triunfo, más tarde recopilada en libro, Celtiberia Show, fue construyendo un zibaldone de la moderna España negra, a base de recopilar todo tipo de «hechos reales, a menudo acompañados de documentos probatorios, que precisamente por su carácter de objetos museables no requieren otro comentario que el meramente aclaratorio de su significado», sin moralizar sobre ninguno de ellos, ni falta que le hizo: solo a trancas y barrancas puede haber moraleja en lo que es suceso.

Dicho esto, quisiera recuperar de la hemeroteca de lo local un par de noticias que siguen frescas, no tanto porque sigan teniendo interés, que no tenían ni siquiera entonces, más allá del humano y del morboso, sino porque podrían ser de cuando son o de mañana o de pasado o de hace mucho más, si no somos demasiado quisquillosos con los detalles de temporada.

Hace 40 meses, como se indica en un foro que he encontrado ahora, al recuperar la noticia, ocurrió lo siguiente, y copio el frontispicio de la noticia, omitiendo la localización porque, aunque pudiera no parecerlo, da lo mismo:

Los quintos de X. matan a una burra a patadas y con un palo en el recto.

Ignacio Zuloaga, Las brujas de San Millán (1907).

Fue robada de una finca y murió en la mañana de ayer abandonada y atada por el cuello a la parada del autobús.

Los dueños del animal culpan del hecho a una docena de jóvenes de 17 años que festejaban los quintos. El veterinario ha escrito un info.

Y comienza la noticia con una efectiva redacción de la escuela Solana y demoledora, que haría replantearse a Stendhal su predilección por la prosa del Código Civil:

Una docena de jóvenes de 17 años de X. mataron a una burra a puñetazos, patadas e insertándole un palo en el recto hasta dejarla reventada por dentro. Ocurrió en la madrugada de ayer, tras celebrar una noche de juerga.

Rescato un par de párrafos más, donde, más que Solana, parece que ha metido mano C. J. Cela:

Según explicó a este diario los chicos tuvieron que entrar en su finca a por la burra. Para ello tuvieron que romper el cemento en que se asienta la puerta, toda vez que estaba cerrada con el candado, tal como su padre la había dejado. Luego la levantaron alrededor de un metro. Por ese espacio sacaron el animal. (…)

Ellos (los quintos), que no quisieron identificarse, aseguran que se encontraron a la burra sola por las calles del pueblo y que no la maltrataron. «Solo la atamos a una cuerda y la llevamos hasta la parada. No le hicimos nada». Los seis coincidieron en que cuando se la encontraron «ya sangraba por abajo« —aludiendo al trasero— y murió «porque era vieja».

No puedo dejar de agradecer, después de haber leído ese «porque era vieja”», la sutilísima razón que me dio mi padre cuando era niño, ante la muerte de la burra de mi abuelo, al poco de haber muerto este: «La burra, hijo —me confesó—, murió de pena». Pasé años contando esto orgulloso en el colegio, y más al considerarlo algo insólito, a profesores y compañeros.

Canta bien una jota de quintos extremeña, en la que desconocemos si el burro es de raza española, últimamente protegida, como fue el caso de los quintos de X.:

Acabarse la paja
morirse el burro
y caerse el pesebre
todo fue uno.

Víctimas de la fiesta, 1894. Darío de Regoyos
Víctimas de la fiesta, 1894. Darío de Regoyos.

El empirismo fugaz de andar por casa indica que la noche de juerga es el detonante de las mayores atrocidades para mayor gloria de esta España enajenada de la que se viene hablando.

Después de la Tomatina de Y. (omitimos, tontamente, por coherencia interna) del año pasado, fiesta que nos brinda connotaciones hasta donde a uno le pueda parecer bien, unos jóvenes muy por la mañana tiraron a un mantero de un puente abajo, de nacionalidad senegalesa o subsahariana y de edad entre los 32 y los 36 años (según la fuente que se consulte), puente donde se topó con ellos. Fortuna la suya: se ve que Caronte estaba pescando en otras aguas; igual estaba el río seco.

Por el momento no se han producido detenciones al respecto, pero fuentes próximas al caso apuntaron que un testigo presenció cómo un grupo de dos a tres jóvenes agredían a un hombre de color en el puente de La Jarra hasta arrojarlo al vacío, desde una altura aproximada de seis metros, y cómo posteriormente estos salían corriendo hacia los tenderetes de la fiesta ocultándose entre la multitud. (…)

Se desconocen los motivos por los que estas personas arremetieron contra el «mantero», si pretendían robarle o fue acto violento por pura diversión producto de la borrachera. Lo cierto es que en un momento dado, según apuntaron los testigos, estos empujaron a su víctima desde el citado puente, que tiene una altura de unos seis metros.

Dada la vuelta la tortilla: el mantero es manteado, si bien este pobre hombre lo único que lleva dentro del manto es vacío, como un fantasma de cuento, su miseria y la de todos, liviana como el aire, e igual de inabarcable. Es como para desquiciarse por completo.

Raquel González Escribano habla de seguirle la pista a la cada vez más escurridiza y ramificada España negra en generaciones posteriores: en F. G. Lorca, embrujada en palpitaciones flamencas (Romero de Torres, Anglada Camarasa); Buñuel, aunque los pudrideros de mulas, una constante, sean más bien cosa de Pepín Bello, como dice él mismo en libro de conversaciones.

En cuanto al arte contemporáneo español, marcado en gran parte por la etapa franquista, ha recuperado o continuado tópicos pictóricos relacionados con la muerte, como las vanitas —Cristino de Vera, ejemplo esclarecedor, se pasó la vida pintando, en una rara especie de ascetismo puntillista, bodegones metafísicos en los que alterna péndulos, espejos, velas, relojes y calaveras—, y, por otro, la estampa goyesca de calamidades y brutalidades nacidas de la miseria moral y la devastación que siempre orbita en torno a la guerra.

El grupo El Paso, germinado este en mitad del franquismo, contaba, como se ha visto, con un buen caldo de cultivo para coronas de flores de la índole tratada. El artista de este grupo en el que más evidente se hace su propensión a ahondar en la tradición pictórica e intelectual española parece que es Antonio Saura, con esas pinturas suyas que más que pinturas son dibujos, una versión bufa de un Van Gogh siempre furioso.

Recuerdo la primera vez que vi un cuadro suyo, en Cuenca: impetuoso, gris y colosal, como el retrato de Alfonso XIII de Ramón Casas con el cielo todo caído encima, aplastado. Parecía haberlo pintado un hombre terrible. Luego supe que ese tipo de cuadros los pintaba tendidos en el suelo, como se tiende el mantel de un picnic, à la Pollock, y nunca he entendido del todo como se puede estar tan cabreado todo el rato durante tantos años. Sin embargo, gusta.

Como no se pretende contradecir a la autora, vamos a hablar un poco de un cuadro de Saura, de 1963, titulado Sudario (Barón). Pero antes, otra cosa. Todo el mundo recordará a Cecilia y su amable historia de la restauración del Ecce Homo de Borja.

El resultado, conocido como Ecce Mono, fue objeto de análisis y comparación con mil cosas distintas, se hicieron con él memes de todo tipo: el famoso con la cara de Paquirrín, tan carnavalero, que no desentona en absoluto en esto de la España negra; grutescos cualquiera.

Pues bien, lo que le vino a uno a la mente fue el cuadro del pintor, vecino, nacido en Huesca: la restauración de Cecilia parece una versión entre nabi y naïf de la postrimería de Saura. Es difícil saber si estoy incurriendo en una calamidad al incluir el salto a la fama de Cecilia en algo tan serio, porque en el fondo la España negra, si bien parece un asunto sobre todo lúdico aunque tenebroso no lo es tanto, o si, por el contrario, estoy cerca de acertar.

La romería de San Isidro, una de las pinturas negras realizadas por Francisco de Goya entre 1819 y 1823.

Desde luego, con Buñuel no tiene nada que ver, pero con Berlanga bastante, y con otras comedias más o menos negras y castizas como Amanece que no es pocoLa torre de los siete jorobadosEl pisito o El extraño viaje tiene muchísimo que ver, y hasta podría convertirse el periplo de Cecilia en una versión del Judas de Iquino hecho sainete.

Recapitulemos. Una buena señora decide, de buena fe (nunca mejor dicho, puesto que nos aventuramos a suponer que es católica apostólica y romana),  restaurar una pintura del siglo XIX, Ecce Homo, de un pintor de raigambre local, Elías García Martínez, que se ha ido estragando con el paso del tiempo en una pared del interior de la capilla de su parroquia, de su pueblo.

A ella la ve el cura y otros tantos vecinos, no es ningún secreto la labor de restauración que está realizando, por amor al arte y guiada por ese instinto, tan popular y humano, de conservación de lo que es bello, de lo que estaba ahí ya. Cecilia, además, es artista, pues ella lo dice, que ha pintado cuadros, y otros vecinos lo corroboran: tienen cuadros suyos. 

Todo bien hasta que alguien descubre que la restauración es un estropicio y, además, graciosa, cuando no debería haber sido ninguna de las dos cosas. Y las cámaras con sus luces, como en una película de Fellini, convierten las noches en días y el pueblo, Borja, en un plató. Han llegado los medios.

La historia traspasa así las lindes de lo local: primero en España y luego en el resto del mundo se vale la gente de la anécdota para convocar Juegos Florales de ingenio, de caducidad incógnita, pero que, a todas luces, teniendo en cuenta lo rápido que gira el mundo, será breve. Ella languidece, mientras asegura que lo ha hecho, como se ha dicho, de buena fe, y que a ver, que está sin terminar. Llega la piedad, pues la misericordia parecía haber estado siempre, camuflada, al acecho, y la dejan respirar.

Se detiene el desasosiego. Pero vuelve Cecilia a la palestra cuando, tras la indómita cantidad de turistas, nunca vista en el pueblo hasta entonces (muchos de ellos, por cierto, probables aspirantes a los laureles de los Juegos Florales, aún en boga), la Iglesia decide cobrar por la visita a la capilla donde se encuentra la pintura, y así conseguir financiación para sus quehaceres.

Por otro lado, la burocracia y las diferentes abstracciones representadas en diversos representantes de distintos ideales discuten y estudian lo que ha de hacerse y quién ha de correr con los gastos de lo que decida hacerse, según lo cual se hará algo o nada u otra cosa, mirando de reojo por dónde sopla el viento.

El párroco, exultante, se deja entrevistar escuetamente en televisión, pues no habían visto, se recalca, tanto interés nunca. Ante ello, Cecilia se plantea denunciar, ya que el maná no ha caído esta vez del cielo, y a nadie le vienen mal unas pesetas, más si provienen del esfuerzo propio.

Luego, tengo que reconocer que no sé muy bien qué pasa, algo de una agencia de publicidad y no sé qué más, aunque quizá debiera informarme, pero, en fin, ya parece suficiente. Podría ser de risa, pero no lo es, y, de serlo, será una risa de lo más nerviosa.

Por si alguien se lo pregunta, el gran premio de los Juegos Florales lo ganó el que dio nombre a la criatura, el Ecce Mono:

¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!

Por otro lado, el jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo del Prado, Javier Barón Thaidigsmann declara que «el peor enemigo del arte no es el tiempo sino el tratamiento erróneo por parte de falsos profesionales», y que «un mal restaurador hace más daño que una legión de malos historiadores». Por suerte, dice, en el Museo del Prado tiene muy buenos restauradores.

Profetiza, o más bien constata Raúl del Pozo en el artículo que venimos mareando que «llegó la maldición gitana de Cánovas: es español el que no puede ser otra cosa», y más de uno pensará como él, no sin razones poderosas, que sería un reto discutir. Llegados a este punto, casi podemos decir que la España negra ha sido negocio de cándidos, románticos melancólicos y locos.

A pesar de ello, o precisamente por ello, se nos presenta, así, una triste paradoja: solo los cándidos, los románticos melancólicos o los locos parecen poder alegrarse de haber nacido aquí. Es de justicia recordar las palabras infantiles y honestas del loco Solana, que hay que proteger de cualquier lectura maliciosa, más allá de lo que le concierne a su persona: «Uno solo puede vivir en España; fuera le falta a uno algo. Hay que ser ante todo español, porque eso es lo mejor».

Disparate 1. Disparate femenino, entre 1815 y 1823. Francisco de Goya
Disparate 1. Disparate femenino, entre 1815 y 1823. Francisco de Goya.

nuestras charlas nocturnas.

La República de Indian Stream, el pequeño país que existió durante 3 años entre EE.UU. y Canadá y hoy da nombre a un whisky…


Ilustraciónb de unos colonos estadounidenses del siglo XVIII y XIX
La pequeña república contaba con una asamblea que dictaba leyes y jueces para resolver disputas.

BBC News Mundo(J.F.Alonso) — «Muchos canadienses quieren que Canadá se convierta en el estado número 51.

Ahorrarían muchísimo en impuestos y en protección militar.

Creo que es una gran idea. ¡El estado número 51!».

Con este mensaje publicado en su red social Truth, el flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaparó los titulares de medio mundo a finales del año pasado.

La ocurrencia, junto a la amenaza de imponer aranceles a las exportaciones canadienses si las autoridades de su vecino no frenan la inmigración ilegal y el tráfico de drogas, ha tensado las tradicionalmente buenas relaciones entre los dos países norteamericanos.

Sin embargo, el malestar todavía no se ha trasladado a la frontera entre Canadá y EE.UU., la cual, a pesar de ser la más extensa del mundo, sigue siendo poco militarizada en comparación con otras.

No obstante, hace casi dos siglos, las diferencias sobre cómo interpretar los límites dio pie al nacimiento de un tercer país, hoy casi olvidado: la República de Indian Stream.

El Estado, aunque no fue reconocido internacionalmente, operó de manera autónoma e independiente durante más de tres años.

Mapa de la ubicación de India Stream

– Aprovechando una zona gris

La República de Indian Stream se situaba en una franja de tierra de aproximadamente 730 kilómetros cuadrados en el noreste de lo que hoy es el estado estadounidense de New Hampshire, cerca del vecino estado de Vermont y de la frontera con la actual provincia canadiense de Quebec.

El bucólico valle, ubicado justo por encima del paralelo 45, está atravesado por tres afluentes que alimentan al río Connecticut; uno de ellos es el arroyo Indian (Indian Stream, en inglés) y estuvo habitado por miembros de la etnia abenaki antes de la llegada de los colonos europeos.

El nacimiento del pequeño país fue propiciado por la confusión causada por las diferentes interpretaciones que Londres y Washington daban al acuerdo que puso fin a la guerra de independencia de Estados Unidos: El Tratado de París de 1783.

El pacto no solo sirvió para que Reino Unido reconociera la emancipación de sus antiguas 13 colonias norteamericanas; sino para demarcar también la frontera internacional con Canadá, la cual seguía bajo su dominio.

«La cláusula establecía que la línea fronteriza avanzaría hacia el oeste ‘hasta la cabecera más noroccidental del río Connecticut, desde allí por el medio de ese río hasta el grado 45 de latitud norte'», apuntó el fallecido reverendo Carl Gustafson, en su artículo «La República de Indian Stream, la república más pequeña del mundo».

En su texto, el religioso, quien era un aficionado a la historia, explicó que las autoridades de New Hampshire interpretaron que «la cabecera más noroccidental del río Connecticut» incluía al arroyo Hall, que desembocaba en él.

Por su parte, los canadienses consideraban que la disposición incluía únicamente al propio río Connecticut; y, por lo tanto, consideraban que el territorio les pertenecía.

Ilustración del momento de la firma del Tratado de París de 1873 entre EE.UU. y Reino Unido
Las diferencias al momento de interpretar la frontera trazada en el Tratado de París dse 1783 fueron uno de los motivos que permitieron el nacimiento de la República de Indian Stream.

La confusión fue aprovechada por dos empresas (Eastman y Bedel) para hacer negocios, explicó a BBC Mundo el abogado Robert Tsai, autor del libro «America’s Forgotten Constitutions: Defiant Visions of Power and Community» (Las constituciones olvidadas de América: Las desafiantes visiones del poder y la comunidad, en español).

«Las compañías explotaron esta ambigüedad obteniendo títulos de propiedad (muchos de dudosa legalidad) de los pueblos nativos, los cuales se los ofrecieron a los colonos blancos dispuestos a entrar en la zona en disputa y construir casas y explotar la tierra», indicó el profesor de las universidades estadounidenses de Princeton y de Boston.

En 1796, David Gibbs, Nathaniel Wales y Moody Bedel, residentes de New Hampshire, le dieron a un jefe de una tribú US$3.000 a cambio de unos 64 kilómetros de tierra y derechos de caza, según algunos documentos.

Para principios del siglo XIX, decenas de familias se habían instalado en el área que tanto los nacientes EE.UU. como la Canadá británica consideraban propia.

«Como el territorio se encontraba en una zona alejada de los centros habitados, ambos países lo ignoraron en gran medida y los colonos se vieron obligados a depender de sus propios recursos», narró Gustafson.

«Y al quedar abandonados a su suerte, los habitantes formaron una organización comunitaria que se reunía periódicamente para aprobar las transferencias de tierras y recaudar dinero para cubrir la construcción de carreteras, escuelas, etc.», agregó.

En 1831, Londres y Washington acudieron al rey de los Países Bajos para resolver la disputa, pero el arbitraje no agradó a las autoridades estadounidenses y las dudas continuaron.

Ilustración de un poblado norteamericano de principios del siglo XIX.
Decenas de familias se instalaron en terrenos que dos compañías compraron, de manera dudosa, a unas tribús indígenas y que eran disputados por dos países.

– Un experimento democrático

El aislamiento, el desinterés mostrado por las autoridades estadounidenses y de la Canadá británica por ejercer soberanía en el territorio y las ansias mercantilistas crearon las condiciones para la conformación de un país con unas características peculiares.

«Se produjo una tormenta perfecta que permitió a los colonos intentar gobernarse a sí mismos de una manera diferente», afirmó Tsai.

«Los residentes estaban hartos de vivir en una zona gris en la que ninguna autoridad reconocía su propiedad sobre las tierras y tampoco hacían lo suficiente para garantizar su seguridad y ocuparse de otras necesidades. Y, por ello, crearon su propia asamblea, redactaron algunas leyes y registraron los títulos de propiedad en su propia oficina de tierras», agregó el experto.

Para junio de 1832, los habitantes dieron el paso definitivo y redactaron una Declaración de Derechos y una Constitución de 13 artículos; y el 9 de julio declararon a la República de Indian Stream como «un Estado libre, soberano e independiente».

De acuerdo con registros que reposan en la Sociedad Histórica de Pittsburg (Pensilvania), el nuevo país que apenas tenía una fracción del tamaño de la isla de Manhattan (Nueva York) estaba habitado por unas 400 personas, las cuales formaron una milicia para defenderse.

Los habitantes de la nueva república se inspiraron en los nacientes EE.UU. y abrazaron el sistema democrático como su modelo de gobierno.

Pintura de la firma de la Constitución de EE.UU.
Los fundadores de la República de Indian Stream se inspiraron en la Constitución de EE.UU., aunque no la copiaron exactamente.

Sin embargo, los pobladores de la República de Indian Stream no calcaron el modelo de sus vecinos del sur, sino que aplicaron algunas diferencias.

Una de ellas fue que el poder ejecutivo no recaía sobre una sola persona, sino sobre cinco, quienes integraban el consejo de gobierno.

«Lo hicieron por dos razones:

La primera, el consejo solo se reunía parte del tiempo, por lo que querían que más de una persona estuviera involucrada en la gestión y aplicación cotidiana de las leyes.

Y la segunda, se inspiraron en el modelo de municipio de Nueva Inglaterra, construido a su vez sobre la idea de ciudad-estado pequeña (trasplantada de Europa), el cual era gobernado por una junta de concejales», explicó Tsai.

Otra diferencia es que la República de Indian Stream no establecía una clara diferenciación entre los poderes legislativo y ejecutivo, sino que atribuía a ambos las funciones de dictar las leyes y normas para regir la convivencia en la comunidad.

Aunque solo unas 70 personas tenían derecho a elegir a quienes iban a tomar las decisiones, los fundadores del nuevo Estado abrazaron ideas que hoy son pilares de los sistemas democráticos modernos, tales como la libertad de culto o la prohibición de los castigos crueles.

Para Tsai, el hecho de que los fundadores del pequeño país se hubieran decantado por un modelo republicano y democrático tiene una explicación.

«Los estadounidenses todavía estaban inmersos en el fervor revolucionario y tomaban en serio las ideas de soberanía popular», dijo.

«Al principio, estas ideas estaban ligadas a la tierra: el derecho a gobernar era territorial y se daba cuando alguien realmente trabajaba la tierra. En segundo lugar, el Estado de Derecho, que proporciona instituciones como tribunales, legisladores y magistrados, así como leyes de propiedad que prometían a los colonos garantizar sus reclamaciones», remató.

Hombres vestidos como soldados estadounidenses del siglo XVIII y XIX
Las autoridades de New Hamsphire pusieron fin al experimento de autogobierno al ocupar militarmente el territorio de la República de Indian Stream.

– El grande se comió al pequeño

Las autoridades estadounidenses respondieron a la independencia del territorio con un reconocimiento tácito, pues impusieron una aduana y cobraron impuestos a los productos que salían de la República de Indian Stream, reseñó Gustafson.

Por su parte, en Canadá ni se dieron por enterados de la secesión.

Sin embargo, en los meses siguientes, una serie de incidentes entre los habitantes del nuevo país y sus divisiones internas terminaron favoreciendo la desaparición del experimento.

«Una facción esperaba que New Hampshire interviniera y otra facción esperaba que Canadá finalmente hiciera valer su derecho sobre la región», afirmó Tsai.

Para 1835, el gobernador de New Hampshire calificó a la República de Indian Stream como una «rebelión» y envió a un grupo de milicianos armados a anexar el territorio por la fuerza.

«Los capturados o quienes estaban rodeados tuvieron que jurar lealtad al estado de New Hampshire. EE.UU. no envió tropas, pero validó la acción. Así, los que apoyaban a Canadá huyeron, fueron encarcelados o apaciguados», relató Tsai.

Frontera entre Canadá y EE.UU.
En 1842, un nuevo tratado entre EE.UU. y Reino Unido definió claramente la frontera con Canadá.

Las autoridades canadienses enviaron una comisión para investigar, pero fue rechazada por los soldados estadounidense a punta de bayoneta.

Tras la caída de la pequeña república, Londres y Washington iniciaron conversaciones para definir claramente la frontera, se lee en un artículo publicado por el municipio canadiense de East Hereford.

«El 9 de agosto de 1842 se firmó el Tratado de Ashburton, que resolvió la disputa y colocó al territorio del Indian Stream dentro de los límites de New Hampshire», afirmó Gustafson.

«Esto puso fin a lo que seguramente debe haber sido la república más pequeña del mundo», remató.

Lo que una vez fue un país independiente hoy forma parte de un pueblo llamado Pittsburg.

Botellas del whisky de la República de Indian Stream
Como homenaje al experimento de autogobierno, unos empresarios bautizaron su whisky con el nombre del desaparecido país.

– Un brindis por el desaparecido país

Aunque la República de Indian Stream dejó de existir hace mucho y su historia no es muy conocida, algunos se han dado a la tarea de rescatarla, algunas de manera curiosa.

Los empresarios Ron Vars y Dan Gray forman parte de este grupo de entusiastas del experimento de autogobierno. Hace unos años, los socios pusieron en marcha una destilería de whisky y bautizaron a uno de sus productos con el nombre del desaparecido país.

«Nos decidimos por esta marca debido a nuestro amor por la región y por la intrigante historia de la República de Indian Stream», explicó Vars a BBC Mundo.

«Desde que era pequeño, me ha encantado la idea de que un grupo de personas en el siglo XIX crearon su propia república en suelo estadounidense. Es una historia entrañable», remató.

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Perón y sus circunstancias…


Historia Hoy(O.L.Mato) — Perón recibió un Banco Central lleno de oro, fruto de los alimentos que Argentina había vendido durante el conflicto, y utilizó esos fondos para promover programas sociales que mejoraron su caudal electoral.

El coronel Perón ganó las elecciones el 24 de febrero de 1946, en un mundo que acababa de sufrir una guerra devastadora. Japón capituló el 2 de septiembre del 45, tras las explosiones de dos bombas atómicas.

El 17 de octubre, Perón era consagrado como líder popular y encabezó la lista del Partido Laborista, fundado por Cipriano Reyes.

Una semana después comenzaron a deliberar las Naciones Unidas. Todos pensaban que el mundo no podría resistir otro conflicto como el que acababan de vivir. “Si hubiésemos tenido esta carta… no habría los millones de muertos que tuvimos”, dijo un muy optimista presidente Truman.

Argentina tuvo dificultad para ser incluida en las Naciones Unidas debido al rechazo de Stalin. El intento de aliarse con la Alemania del general Ramírez para invadir Brasil pesaba en el ánimo del jerarca soviético. El ingreso argentino se negoció a cambio de la incorporación de Ucrania y Bielorrusia como miembros individuales, aunque ya pertenecían a la Unión Soviética.

Las esperanzas de mantener la paz mundial se diluyeron a medida que la Guerra Fría se helaba, y el general Patton proponía aprovechar la presencia de tropas estadounidenses en Europa para marchar sobre Moscú.

En marzo del 46 , Churchill, que acaba de perder las elecciones frente al laborismo, declaró en Fulton, Missouri, que acababa de caer sobre Europa una “cortina de hierro” e instó a fortalecer una “relación especial” entre EEUU e Inglaterra, propuesta que, para Stalin, era una velada declaración de guerra.

Perón asumió la presidencia el 4 de junio de 1946. Mientras que Alemania había pagado con oro y tierras las sanciones impuestas por el Tratado de Versalles, esta vez lo haría con cerebros. Los científicos alemanes fueron el botín de guerra de rusos y estadounidenses, que se adueñaron de las mentes más brillantes, los “armeros de Hitler”. Gran parte del desarrollo de la carrera espacial entre la Unión Soviética y Estados Unidos se debió a estos genios capturados. Sin von Braun, el camino a la luna habría sido más largo.

Argentina recibió una “mesa de saldos” con figuras como Adolf Galland, un as del aire; diseñadores como Kurt Tank; científicos como el Nobel Friedrich Bergius (químico que asistió a diseñar el primer plan quinquenal); y Ronald Richter, responsable del fantasioso Proyecto Huemul para desarrollar la fusión nuclear. Según el Dr. Balseiro, Richter había mostrado “una ignorancia sorprendente”.

Perón recibió un Banco Central lleno de oro, fruto de los alimentos que Argentina había vendido durante el conflicto, y utilizó esos fondos para promover programas sociales que mejoraron su caudal electoral, mientras esperaba el comienzo de una tercera guerra que le permitiría volver a gozar de los beneficios económicos, aprovechando la neutralidad argentina bajo el slogan: “Ni yankees ni marxistas” .

Con el estallido del conflicto en Corea, Perón pensó que la tercera guerra se había iniciado, pero esta no evolucionó en enfrentamientos masivos, sino en estallidos espasmódicos y multicéntricos a lo largo décadas.

El plan de Perón fracasó. La economía colapsó y un golpe militar lo obligó al exilio madrileño, donde, periódicamente, políticos y sindicalistas lo visitaban para trazar alianzas o abrevaban de sus opiniones, mientras López Rega, por entonces su mayordomo, ofrecía copitas de anís.

Desde los albores de la humanidad, cada actor toma decisiones basadas en información imprecisa, desconociendo cómo actuarán los demás. Las consecuencias de estos actos, los escribirá la historia.

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Ensayo: ¿Qué puede pasarme si duermo con los ojos abiertos?…


Qué puede pasarme si duermo con los ojos abiertos?

The Conversation(H.D.F.Angel) — Al empezar a escribir sobre este tema vino a mi mente mi infancia y los momentos en los que veía dormir a mis hermanos.

Alguno de ellos, no recuerdo cuál, lo hacía con los ojos abiertos, por así decirlo.

Ahora sé que realmente es solo una parte del ojo la que no se cierra durante el descanso nocturno.

Esta imagen es más común de lo que imaginamos; incluso se presenta sin que exista alguna enfermedad ocular.

La gran mayoría de las veces lo nota una tercera persona, pero el individuo afectado por esa circunstancia no se da cuenta, ni duerme mal, ni se aplica gotas. Sin embargo, algunos estudios sugieren que hasta 1 de cada 5 personas podría experimentarlo, como señala la Fundación Nacional del Sueño estadounidense.

– De molestias leves a úlceras en la córnea

El problema surge en el momento en que dormir con los ojos abiertos (que recibe el nombre médico de lagoftalmos nocturno) pasa de ser anecdótico a producir molestias como sensación de cuerpo extraño, ojos rojos, visión borrosa, fotofobia o algo tan simple como no lograr dormir bien.

En algunas ocasiones puede ir más allá de esas manifestaciones leves y generar el trastorno llamado ojo seco, que puede desembocar, entre otras dolencias, en queratitis (inflamación de la córnea) o algo más grave (ocurre muy rararamente) como úlceras en la córnea.

Hay una prueba que cualquier persona puede realizar en casa para determinar la gravedad del lagoftalmos: cerrar completamente los ojos y que alguien intente abrirlos con algo de fuerza. Comúnmente, el resultado es que los órganos de la visión se mueven hacia arriba, lo que es buena señal.

Se denomina fenómeno de Bell y es la manera natural que tiene la córnea para protegerse de la sequedad si los ojos están abiertos (o entreabiertos) mientras dormimos.

– Causas y posibles remedios

Existen algunas causas de lagoftalmos a las que hay que estar atentos para adelantarnos a las consecuencias:

  • Sufrir parálisis de Bell, un trastorno del nervio que controla los movimientos de la cara y es muy común.
  • Nacer con alguna alteración de los párpados que impidan que cierren bien.
  • Traumas (incluidas cirugías estéticas como una blefaroplastia, la extirpación de exceso de grasa en los párpados), infecciones o cualquier lesión muscular del párpado.
  • Parálisis del nervio facial por un accidente cerebrovascular o por un tumor.

Después de identificar el origen de los problemas oculares, solo queda intentar por cualquier medio cerrar los ojos al dormir. Existen varios métodos, como:

  • Cintas médicas que unan los párpados sin lastimar la piel.
  • Gotas, gel o ungüentos oftálmicos formulados con o sin cinta que ayuden a mantener los ojos lubricados.
  • Cirugías para cerrar los ojos que el oftalmólogo puede sugerir según la severidad de las patologías primaria y secundaria.

Qué puede pasarme si duermo con los ojos abiertos?

– La importancia de identificarlo

Ahora quizá se está preguntando: ¿será que duermo con los ojos abiertos y no me he dado cuenta y por eso me molestan tanto al despertar? Siempre es necesario considerarlo cuando cuente a su oftalmólogo el motivo de la consulta. Esto ayuda a efectuar un mejor diagnóstico y, por lo tanto, una mejor manera de tratar las molestias.

O incluso, si es más grave, encontrar la forma de abordar la existencia de alguna patología derivada del lagoftalmos nocturno.

De hecho, los oftalmólogos casi no tenemos en cuenta esta causa de ojo seco en el momento de una consulta y, sin duda, esa nota nos ayudará a recordarla. Precisamente, tengo una paciente joven que no puede someterse a una cirugía refractiva con láser porque sufre de ojo seco leve, sin presentar ningún antecedente que lo ocasione. Esta podría ser la causa; ya les contaré.

Solo espero que le digamos a nuestros amigos, pareja, hermanos o padres que se fijen si tenemos los ojos abiertos al dormir y nosotros, a su vez, estemos pendientes de nuestros seres queridos.

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La generación Z está más harta que nunca del trabajo…


Business Insider(A.Ito) — ¿Te entusiasma tu trabajo estos días? Si estás bastante desanimado, coincides con la mayoría de tus colegas. 

Cada año, Gallup encuesta a decenas de miles de estadounidenses sobre sus trabajos, y los últimos resultados revelan una mano de obra excepcionalmente desanimada. El año pasado, solo el 31% de los encuestados estaban comprometidos con su trabajo, el porcentaje más bajo de los últimos diez años.

Esto por sí solo es preocupante para los empresarios, que necesitan que sus ejércitos estén motivados. Pero hay un detalle aún más alarmante en el informe: el desplome se debe a una profunda desilusión entre los empleados jóvenes. Es un dato sorprendente, dado que los novatos suelen estar mucho más entusiasmados con su trabajo que los veteranos.

De hecho, la moral de los menores de 35 años se ha hundido tanto que ahora están menos comprometidos que sus colegas de más edad, una tendencia que no se producía desde 2007.

La cuestión es por qué. Hace dos años, cuando la brecha de compromiso empezó a reducirse, sostuve que el principal factor era probablemente el repentino aumento del teletrabajo. Podría pensarse que la generación Z es la más proclive al trabajo a distancia, pero un estudio tras otro demuestra que los veinteañeros son los que menos prefieren trabajar desde casa cinco días a la semana.

Recién salidos de la universidad, son más propensos a recurrir a la oficina para hacer amigos. También son los que más asesoramiento necesitan, algo que no ocurre tanto con Zoom. Llegué a la conclusión de que, si se les deja solos, su trabajo les entusiasma menos.

Desde mi reportaje original, sin embargo, he empezado a preguntarme si hay otros factores que influyen. Para empezar, el lugar de trabajo es cada vez más caótico y hostil.

Las empresas han iniciado despidos masivos, han ordenado a los trabajadores remotos que vuelvan a la oficina y han eliminado los programas de integración laboral diseñados para que el trabajo resulte más equitativo e inclusivo. El varapalo ha sembrado la confusión: en la encuesta de Gallup, solo el 40% de los menores de 35 años afirma saber lo que se espera de ellos en el trabajo.

A la incertidumbre se añade el auge de la inteligencia artificial (IA). En otra encuesta publicada este mes, Gallup descubrió que el 78% de los adultos menores de 30 años creen que la IA tendrá un impacto negativo en las oportunidades laborales, frente a solo el 45% de los mayores de 65 años. Si crees que los chatbots van a usurpar tu trabajo, ¿para qué esforzarte en mejorarlo?

Pero sospecho que el principal factor que alimenta la caída del compromiso de la generación Z es algo más profundo que toda la agitación de los últimos años. ¿Y si los jóvenes simplemente tienen más claro que las generaciones mayores lo que pueden esperar de sus trabajos y lo que el trabajo no puede proporcionarles? 

Quizá no es que sean vagos. Tal vez simplemente no estén dispuestos a soportar todas las cosas malas que conlleva un trabajo a cambio de una escurridiza recompensa durante décadas.

La generación Z está tan harta como los 'boomers' de sus puestos de trabajo

Por supuesto, el trabajo siempre ha sido una lata: difícil, aburrido y exigente. Por eso lo llaman trabajo. Pero para las generaciones anteriores, había alicientes que hacían que el trabajo diario pareciera merecer la pena. Para los boomers, el premio era una vida de seguridad laboral. Para la generación X, el prestigio de tener un despacho.

Para los millennials, era desarrollar su verdadero potencial y hacer del mundo un lugar mejor. Fueran cuales fueran sus sueños, cada generación trabajó durante años antes de descubrir que las recompensas que les habían prometido a cambio de su esfuerzo a menudo resultaban ser un espejismo.

La generación Z, en cambio, parece haber comprendido la naturaleza transaccional del trabajo desde el principio. No tienen las expectativas ingenuas sobre el empleo que yo tenía cuando a su edad. Han visto a sus padres trabajar durante años en empleos que les mataban el alma para acabar sin lo suficiente para jubilarse.

Saben que la cultura del ajetreo es un billete de ida al agotamiento. Y saben que, por mucho que aguanten en el trabajo, no les protegerán de ser despedidos. Se desvinculan del trabajo porque no confían en que se les recompense por trabajar.

Por eso, muchos miembros de la generación Z se centran en proyectos paralelos: están tan hartos de sus empleadores que prefieren ser sus propios jefes. También explica por qué están cautivados por FIRE, el movimiento viral que es la abreviatura en inglés de independencia financiera y jubilación anticipada. A los pocos años de empezar sus carreras, ya sueñan con el día en que se liberen de ellas.

Entonces, ¿qué deben hacer los empresarios ante el sorprendente nivel de desvinculación de la generación Z? En primer lugar, no los manden a todos a la oficina. Como escribí hace dos años, los estudios demuestran que los requerimientos de volver a la oficina solo desmoralizan aún más a todo el mundo.

En lugar de eso, los empresarios tienen que ser más intencionados a la hora de diseñar los puestos de trabajo para satisfacer las necesidades de su personal más joven. No pueden dejar al azar cosas como la mentoría y el networking, como hacían cuando la oficina obligaba a todo el mundo a estar cerca.

También tienen que ofrecer a los empleados más previsibilidad y estabilidad, en lugar de oscilar de un extremo a otro como han estado haciendo con el trabajo a distancia y las iniciativas de diversidad. Y, para aliviar la ansiedad de sus jóvenes empleados ante la IA, las empresas deberían centrarse en implantar tecnología que ayude a su personal, en lugar de sustituirlo por completo.

Sin remordimientos: el sigiloso auge de los viernes en los que no se trabaja

Todas estas medidas serían útiles. Pero, para implicar de verdad a sus trabajadores más jóvenes, las empresas tienen que darles una razón concreta para que les entusiasme su trabajo. Pueden adaptar las tareas a los intereses y objetivos de cada empleado en la medida de lo posible, así como variar las tareas dentro de cada función, de modo que un empleado no esté atascado haciendo lo mismo una y otra vez.

Pueden acabar con los jefes tóxicos y ofrecer a los empleados un poco más de libertad para elegir cómo hacer su trabajo. Y pueden cultivar una cultura corporativa que anime incluso a los empleados con menos experiencia a aportar ideas y dar su opinión, algo que solo ocurrirá si los directivos escuchan realmente las opiniones de todos.

La generación Z está harta de las malas condiciones laborales pero  necesitan el trabajo. Así que están aplicando la "renuncia silenciosa"

No se trata de satisfacer los caprichos de la generación Z.

Estos son los métodos probados y comprobados, respaldados por décadas de investigación rigurosa, para crear trabajos más atractivos para todos, independientemente de la edad.

Hacer que los trabajos sean más interesantes motivará a toda la plantilla.

Y no hay nada superficial en hacer felices a los empleados: una plantilla poco comprometida está relacionada con todo tipo de factores que perjudican a las empresas, como una mayor rotación, menores beneficios e incluso insatisfacción de los clientes.

El año pasado, Gallup calculó que el bajo nivel de compromiso ya está costando a las empresas 9 billones de dólares (8,6 billones de euros) al año en pérdida de productividad en todo el mundo.

Si las empresas no hacen algo pronto para abordar la crisis de falta de motivación que se está gestando, esa cifra acabará pareciendo calderilla.

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