La última oración de los mártires cristianos (Jean-Léon Gérôme)
Historias de la historia(J.Sanz) — Supongo que para los que hayáis visto la película Quo Vadis? (1953) os resultará familiar la escena en la que Nerón contempla cómo los cristianos son devorados por las fieras en el Coliseo. En caso contrario, una pequeña sinopsis de la película: el general romano Marco Vinicio regresa victorioso del frente de batalla y, como recompensa, el emperador Nerón -interpretado por un extraordinario Peter Ustinov- le entrega a la esclava cristiana Ligia, de la que se enamora.
Mientras, los desmanes de Nerón en el poder son cada vez mayores. En su delirio, manda incendiar Roma y culpa de ello a la secta cristiana, cuya fama va en aumento y los romanos se sienten cada vez más amenazados por ella.
Para evitar que sean objeto de represalias, Marco va en busca de Ligia y su familia, pero todos son capturados y Nerón los condena a muerte en el Coliseo para que sean devorados por las fieras. Petronio, tío de Marco Vinicio y consejero del emperador, advierte a Nerón de que comete un error pues con esta decisión convertirá a los cristianos en mártires.
Sin embargo, el emperador se halla preso del delirio, y con sus deleznables actos sellará su destino. Y esta es la secuencia que os comentaba al comienzo:
Por otra parte, el Coliseo debe su nombre al Coloso, una estatua de bronce de más de treinta metros erigida por el emperador Nerón que estaba situada junto al anfiteatro.
Detalladas las vinculaciones de Nerón con el Coliseo, una cinematográfica y otra nominal, os diré que las mismas razones que los vinculan son las que os pueden despistar y hacer pensar que la pregunta es imposible de contestar. Pues no, la respuesta es que Nerón no sacrificó ningún cristiano en el Coliseo… porque cuando murió ni se había comenzado a construir.
Tras el gran incendio de Roma del 65 -por cierto, Nerón no estaba en Roma-, el emperador planeó levantar un palacio digno de su megalomanía y de su amor por el arte. Y así comenzó la construcción de la más extravagante edificación de la historia de Roma: la Domus Aurea (la Casa de Oro).
Cincuenta hectáreas de lujosos salones cubiertos de frescos, oro, marfil y piedras preciosas, techos con compuertas a través de las cuales los esclavos arrojaban flores y perfumes, un enorme salón cubierto por una cúpula dorada y que giraba continuamente movido por la fuerza del agua, jardines y patios porticados, más de trescientas habitaciones sólo en la zona privada y una gran laguna artificial, la Stagnum Neronis.
Además, una estatua de bronce representando a Nerón con los atributos de Helios, de más de treinta metros de altura, se levantó en el vestíbulo porticado de la Domus Aurea. Nerón moría en el 68 sin ver terminada su obra magna.
Su sucesor Vespasiano, el primer emperador de la dinastía Flavia, ordenó construir un anfiteatro en el 72 precisamente sobre la anterior ubicación de la laguna de la Domus Aurea. En el año 80, su hijo Tito inauguraba el anfiteatro llamado Flavio.
Con el tiempo, el anfiteatro comenzó a ser conocido popularmente como Colosseum, debido a la proximidad del Coloso, en italiano Colosseo, pasando al español como Coliseo.
The conversation(A.G.Gordo/D.Anton/P.B.Ortega) — En el siglo XVI, gracias al monopolio del comercio con América, la ciudad de Sevilla se encontraba en pleno apogeo. Aquel esplendor económico permitió la construcción de importantes edificios como el Archivo de Indias, el nuevo Ayuntamiento, la Casa de la Moneda, y el Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía.
Además, se renovaron las puertas medievales de la ciudad amurallada, con un lenguaje arquitectónico que evocaba a los antiguos arcos triunfales de Roma. Su diseño seguiría un informe que emitió en 1560 Hernán Ruiz II, el arquitecto que ideó y construyó el remate renacentista de la Giralda.
La Puerta Real, también llamada Puerta de Goles, se ubicaba cerca del puerto fluvial y era una de las más destacadas entradas a la ciudad. De ella partía un importante eje urbano, la actual calle Alfonso XII. Tras su profunda remodelación entre 1560 y 1566, el rey Felipe II hizo su entrada en Sevilla por esta puerta en 1570.
Detalle de la Puerta Real en el considerado ‘primer atlas de ciudades del mundo’, el Civitates Orbis Terrarum, 1588.
Sin embargo, fue demolida hacia 1864 por ser considerada un obstáculo para el desarrollo de la ciudad, al igual que ocurrió con la Puerta de Triana, la Puerta de la Carne, la Puerta de Carmona y otras bellas puertas de la ciudad histórica.
En una reciente investigación gráfica se ha recreado la Puerta Real y su entorno urbano, por primera vez con rigor científico. Como base documental se han reunido variadas imágenes que ilustran el esplendor de este hito arquitectónico y las transformaciones del lugar.
– Imágenes históricas
Entre las vistas más significativas que se han localizado destaca el grabado de Sevilla de Ambrosius Bambrilla de 1585. Esta misma vista fue incluida en 1588 en una famosa obra titulada Civitates Orbis Terrarum.
Junto a la Puerta Real y al río Guadalquivir, se representaron el palacio y los jardines de Hernando Colón, hijo del almirante Cristóbal Colón. Allí estuvo su importante biblioteca, después se ubicó el convento de San Laureano y más tarde un patio de vecinos que aún existe.
Resultan de gran interés las vistas del viajero hispanista Richard Ford, que, además de otras puertas desaparecidas, dibujó la Puerta Real desde el exterior del recinto amurallado en 1832. También la representó desde la plaza interior a la muralla, detallando las capillas laterales que la ocultaban parcialmente. Una vista similar fue dibujada en ese mismo lugar por el pintor sueco Edgron Lundgren hacia 1849-1860.
La Puerta Real desde el interior de la ciudad, Richard Ford, 1832.
Las transformaciones de aquel entorno también se reflejaron en diversos planos históricos. El primero de ellos fue el plano de Olavide de 1771. De gran valor resultan los planos de alineaciones de fachadas de finales del siglo XIX conservados en el Ayuntamiento de Sevilla. En ellos se detalla la posición de la Puerta Real, que concuerda con la documentación gráfica sobre la excavación arqueológica que descubrió su cimentación en 1995.
– La recreación virtual
Fotografía de la Puerta Real tomada por Luis Masson hacia 1858.
Para recrear esta composición clásica se han consultado tratados de arquitectura de la época, como el manuscrito de Hernán Ruiz II, el tratado de Serlio y el de Vignola.
Como base de la reconstrucción, se ha usado una fotografía de Luis Leon Masson tomada hacia 1858, poco antes de su demolición.
Dicha imagen ha sido “rectificada” para obtener, de forma fiable, las medidas necesarias en el modelado tridimensional de la Puerta Real.
Se ha considerado cada elemento como parte de un todo, con proporciones relacionadas entre sí.
A continuación, la tecnología del escaneado láser ha permitido recrear con precisión el estado actual del entorno urbano y documentar los restos de muralla adyacentes aún conservados.
Para integrar y visualizar todo ello, se han usado técnicas de motor gráfico de videojuegos, aquí aplicadas al patrimonio arquitectónico, incorporando de forma rigurosa texturas, luces y sombras.
– La reconstrucción científica
Dibujo de la Puerta Real de Rafael Manzano, en 2006.
En 2006 se plantearon interesantes propuestas para reconstruir las principales puertas históricas de Sevilla hoy desaparecidas.
Fueron dibujadas por el arquitecto Rafael Manzano Martos, catedrático y premio Driehaus 2010.
Se trataba de generar una mayor concienciación en la sociedad y en los poderes públicos sobre su gran importancia para la ciudad.
Gracias a esta investigación gráfica, ahora es posible reconstruir con rigor científico la Puerta Real.
Por ello, se pretende despertar el interés, más allá del ámbito universitario, por este destacado patrimonio arquitectónico y urbano.
A lo largo de la historia, muchos edificios importantes han sido reconstruidos tras su desaparición para revitalizar su entorno. Así ocurrió con el Campanile de San Marcos en Venecia, que se desplomó en 1902, o con el pabellón de Mies Van der Rohe de 1929 en Barcelona, entre otros muchos casos.
La Puerta Real era sin duda una de las más bellas del recinto amurallado de Sevilla. Por todo ello, esta joya del siglo XVI debería reconstruirse como símbolo de identidad y fuente de progreso para la ciudad.
Infobae(G. di Fazio) — Cuando las naciones entran en el cono de la sombra de la muerte, siempre surge la luz que se filtra entre las tinieblas. Ada Vallinda Walsh nació en Lowgate, condado de Hull, Inglaterra. Estudió en St. Charles Voluntary Catholic Academy y en la comunidad parroquial de san Carlos Borromeo. En esta comunidad parroquial sintió el llamado vocacional a la vida religiosa, que la encontrará en la congregación de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Paul.
Ya profesa tomó el nombre de Sour Agnes (Hermana Inés) y sirvió en los conventos de Irlanda, Jerusalén y luego Francia, donde terminó en un convento en Cadouin, una pequeña ciudad medieval muy famosa por su abadía y en la región de Dordoña. Fue en este lugar donde tuvo que soportar y ayudar durante la II Guerra Mundial.
La guerra estaba lejos de esta zona, pero las fuerzas del ejército alemán avanzaban generando terror y masacres por donde pasaban. París cayó el 14 de junio de 1940. En esos días, la madre superiora, Sor Louise Garnier, entabló una conversación casual con un refugiado judío, Pierre Cremieux, en una estación de tren. Había huido del norte de Francia a instancias de sus amigos, suponiendo que las tropas germanas no llegarían tan lejos; erró el cálculo.
Unos meses después del fortuito encuentro con la madre superiora en la estación del tren, en medio de un peligro cada vez mayor, Cremieux llamó al convento de las Hermanas de la Caridad para pedir ayuda. La hermana Agnes, delegada de la comunidad, respondió a la llamada y suplicó a su superiora que acogiera a la familia, compuesta por la esposa de Pierre, dos bebés y su hijo de seis años Alain. Los alemanes ya se habían instalado en la ciudad.
La hermana no lo dudó, los hizo pasar, y sin dudar presentó un plan para auxiliar a esta familia: la Sra. De Cremieux fue presentada como una pariente lejana de la superiora Sor Louise, la cual debía tener casi un reposo absoluto luego de un muy difícil parto de los gemelos, y se alojaría en el hospedaje del convento.
Para el resto de la comunidad no era nada extraño, dado que muchas veces venían familiares y amigos a alojarse allí. La familia Cremieux estuvo “oculta” delante de los nazis, gracias a la Hna. Agnes y nadie se percató de ello. El marido trabajó como jardinero y Alain, el niño de seis años, fue enviado a vivir con el párroco en la casa parroquial local. Aprovechó la biblioteca del sacerdote donde leyó todo lo que pudo y la hermana Agnes le dio lecciones de inglés.
Pero el convento corría un peligro adicional: la Hna. Agnes era inglesa, por tanto, podía ser deportada por los nazis dado que la ciudad estaba tomada por las fuerza de ocupación y comenzaban a hacer las averiguaciones sobre las ciudadanías de los habitantes por si había judíos o de otras nacionalidades en conflicto con Alemania.
La Hermana tenía pasaporte irlandés, dado el tiempo que había vivido en Irlanda. Por tanto, cuando llegó el turno de las averiguaciones en el convento, ella no solo era irlandesa, sino que hablaba perfectamente el idioma de la isla esmeralda, y no iban a pensar que los huéspedes del hospedaje no fueran católicos, así que ni siquiera les preguntaron nada.
Durante la ocupación de Francia se cree que 76.000 judíos fueron deportados de Francia a campos de exterminio alemanes. Alrededor de 2.500 sobrevivieron.
Así pasaron los días, los meses y los años. Y el 2 de septiembre de 1945 termino la guerra y la ocupación. Alain tenía 11 años, los gemelos 5 años; pero ya no vivían en el convento sino en una casa rentada en la ciudad. Nunca nadie se enteró que fueran judíos, y así sobrevivieron a la guerra.
La familia Cremieux mantuvo el contacto con Sor Inés, intercambiando cartas con ella hasta su muerte. La hermana Agnes Walsh murió en 1993 y fue reconocida como “Justa entre las Naciones” por el centro de conmemoración del Holocausto de Israel, Yad Vashem. Ella es una de los 21 británicos reconocidos como tales.
Hoy, su heroísmo es recordado no solo en la ciudad de Cadouin en Francia sino en Lowgate, condado de Hull, donde el intendente del lugar descubrió una placa en la casa natal de la Hna. Agnes donde dice: “…fiel religiosa y mujer valiente que protegió a judíos perseguidos y salvó vidas durante la ocupación nazi de Francia.”
En el 2010 fue honrada como “Héroe del Holocausto” británica, un premio creado por Gordon Brown, el entonces primer ministro.
Helena Studler
A la misma congregación de las Hijas de la caridad de san Vicente de Paul pertenece Helena Studler. Nació en Amiens durante la Tercera República Francesa, en el seno de una familia de origen alsaciano. Su padre, natural de Selestat, se refugió en Amiens en 1871 para no perder su nacionalidad, ya que después de la derrota de Francia en la Guerra franco-prusiana, Alsacia–Lorena había quedado en manos del imperio alemán.
Muertos sus padres, ingresó a la compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en 1912 bajo el nombre de hermana Helena. Luego de varias vicisitudes fue llevada a prestar servicio en Metz para servir en el Asilo de San Nicolás (Hospice Saint-Nicolas), el hospital más antiguo de la ciudad. El 17 de junio de 1940, las tropas alemanas ingresaron a la ciudad de Metz e instalaron un cuartel de la Gestapo en ella.
Al ser derrotados por los alemanes, los miembros del ejército francés deambulaban por la ciudad, y el interventor alemán decidió que todos fueron albergados en Fort de Saint-Julien, una instalación militar cercana a Metz. Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul de Metz obtuvieron en primera instancia un permiso para recibir donaciones (ropa, agua, comida, remedios) y socorrer a los prisioneros. Pero éstos seguían llegando cada vez más y era casi imposible dar cabida a todos.
La Hna. Helena más de una vez se enfrentó a los nazis por el trato hacia con los franceses, especialmente si eran de origen africano. Pero al caos que esto generaba, la Hna. Helena lo aprovechó para comenzar a organizar una red de escape con ayuda de algunas familias de la ciudad.
El 15 de agosto de 1940, fiesta de la Asunción de la Virgen, la procesión llegó hasta la imagen ubicada frente a la alcaldía de la ciudad, donde estaba ubicada la oficina de la Gestapo. Allí la Hna. Helena, acompañada de los fieles y el obispo Joseph-Jean Heintz entonaron el cantico: “Reina de Francia, ruega por nosotros, nuestra esperanza, ¡¡ven y sálvanos!!” (¡«Reine de France – Priez pour nous – Notre espérance – Venez et sauvez-nous!») y depositaron una ofrenda floral con los colores de la bandera francesa.
El 16 de agosto, el comando de ocupación alemán expulsó al obispo Heintz y a muchos sacerdotes y habitantes de Metz que participaron en la procesión. Pero la red de fuga de la hermana Helena estaba bien organizada, tenía como fin sacar a la mayor cantidad de prisioneros posible y para ello ayudaban iglesias, conventos, monasterios o familias. Iban en tren o autobuses, y en los lugares de refugio encontraban documentaciones falsas, ropa y algún que otro dinero para poder seguir la ruta.
Por este sistema puedo salvar a dos mil prisioneros, entre otros el teniente François Mitterrand, luego presidente de Francia; Boris Holban, comunista rumano de origen judío, organizador y líder militar de los grupos de resistencia FTP-MOI; o al joven sacerdote Marius-Félix-Antoine Maziers, quien sería obispo de Burdeos; y a 42 compañeros que escaparon por las alcantarillas.
Helena Studler junto a su familia
El 4 de febrero de 1941, la Hna. Helena fue puesta prisionera junto con su par, la hermana Cecilia Thil. Soportó 18 sesiones de interrogatorios que duraron tres días y fue condenada a un año de prisión. Al cumplir los 8 meses fue dejada en libertad por cuestiones de salud.
Pero los alemanes tomaron represalias con la Congregación de las hermanas de la caridad de san Vicente de Paul a la que perteneció la Hna. Helena. El 11 de febrero de 1943 arrestaron a la madre general la Rda. Madre Laura Decq, y la encarcelaron en Saarbrücken, Alemania. Fue liberada 4 meses después luego de terribles interrogatorios.
La salud de la Hna. Helena había sido completamente mellada por el hostigamiento de los nazis y su trabajo sin descanso. Fue al hospital de Clermont-Ferrand, donde murió de cáncer en noviembre de 1944, durante el curso de la batalla de Metz en la que el ejército estadounidense liberó a esa ciudad de la ocupación alemana.
No pudo ver a su patria liberada del horror nazi. Luego de su fallecimiento y al culminar la guerra su labor fue reconocida con la Orden Nacional de la Legión de Honor en grado de caballero (dama) y la “Croix de guerre” con palmas, junto con la siguiente cita en la placa:
“Ha sido uno de los elementos esenciales de la Resistencia y uno de los pilares de la causa francesa en la Lorena ocupada. Con peligro de su vida ha facilitado a más de dos mil soldados franceses y a numerosos lorenenses perseguidos por la policía, el poder escapar de los calabozos alemanes”.
El 16 o 17 de junio de 1946 el cuerpo de la Hna. Helena Studler fue trasladado al cementerio del convento de Belletanche en Metz, y más de cien mil personas acompañaron el cortejo fúnebre. La película Red de libertad (España, 2017) ofrece una dramatización de la vida de Helena Studler y de su red de escape durante la Segunda Guerra Mundial. Dirigida y escrita por Pablo Moreno, el papel de la hermana Helena es interpretado por la actriz Assumpta Serna.
The conversation(M.P.Carrillo/J.de Lucio) — Si vivió en España durante la pandemia recordará que la reproducción de “Resistiré”, del Dúo Dinámico, fue recurrente durante las semanas del confinamiento. La canción, publicada originalmente en 1988, encajaba con la necesidad social de encontrar un himno positivo al que agarrarse, hasta el punto de que se grabó una reedición de la canción a cargo de 31 artistas.
Y aunque ahora puede que estemos cansados de la canción, o que nos recuerde momentos complicados, en aquel momento… en cierto sentido nos salvó la vida.
La búsqueda de himnos felices en tiempos difíciles es algo natural, que se observa tanto en todos los países y en diversos tipos de crisis socioeconómicas. Por ejemplo, en Estados Unidos las canciones positivas llegaron a los puestos más altos de las listas durante crisis económicas.
En España no fue solo “Resistiré” la que triunfó en 2020. También lo hicieron tres amigos que, aprovechando que el confinamiento les pilló viviendo juntos, montaron una banda con la que sacaron hasta 45 canciones desde su terraza. Todas ellas tenían muy buen rollo y fueron compartidas por miles de personas. Hoy en día, Stay Homas es una banda consolidada con dos discos, otros dos EPs y giras internacionales.
– La alegría se busca más
Como hemos anticipado, este fenómeno no es propio de una canción, artista, país o crisis concreta. Tras analizar 46 697 canciones distintas, correspondientes a los rankings semanales de las 200 canciones más escuchadas en Spotify, en 31 países, entre diciembre de 2016 y octubre de 2022, comprobamos que es un fenómeno global.
El procesamiento del lenguaje natural, dentro del campo de moda que es la ciencia de datos, nos permite analizar el contenido positivo y negativo de las letras. En total se clasifican 23 859 canciones con un mensaje positivo y 13 390 con uno negativo.
El número de escuchas de estas canciones, tanto optimistas como pesimistas, tiene una trayectoria ascendente hasta 2020, ya que el consumo online de música lleva años en crecimiento. Sin embargo, a partir de la pandemia, el consumo de canciones negativas empieza a bajar, mientras que el de canciones positivas se mantiene, e incluso sigue aumentando.
Evolución del consumo de música positiva y negativa en el período estudiado. Elaboración propia
En el trabajo se demuestra que el consumo de música positiva depende de la situación económica y sanitaria. Los resultados son claros y significativos: cuanto peor es la situación, más música alegre escuchamos.
Los resultados se sostienen con multitud de comprobaciones: el impacto de la covid-19 se ha medido de siete formas distintas; el económico, con desempleo y con inflación. La forma de medir el consumo de música positiva ha incluido la repetición de todo el estudio utilizando datos de YouTube o un análisis musical en lugar de usar el contenido de la letra.
Las conclusiones obtenidas no dependen tampoco de país, época del año, idioma de la canción o plataforma musical.
– La cultura nos salvará
Con esta evidencia podemos entender mejor que la cultura es un elemento fundamental del bienestar y puede tener un impacto significativo en la gestión emocional y de las crisis sociales y económicas. La cultura puede ser una herramienta poderosa para mejorar la resiliencia y felicidad en una sociedad moderna.
A partir de los resultados podemos derivar varias recomendaciones de política pública. En primer lugar, la música y por extensión la cultura pueden favorecer el bienestar. Sería entonces interesante que desde el sector público se impulsase la posibilidad de que los ciudadanos pudieran cubrir sus necesidades psicológicas accediendo a los productos culturales que mejor se adapten a su situación.
En segundo lugar, a nivel personal, podríamos pensar que los resultados apoyan los programas de apoyo terapéutico para ayudar a gestionar las emociones que contengan elementos culturales. Sin duda las aplicaciones que recomienden música basada en las emociones y estados de ánimo de los usuarios están dando un paso adelante y pueden ayudar a mejorar su bienestar.
Finalizamos volviendo al principio. La música es una poderosa herramienta de comunicación. Mientras en España uníamos fuerzas a través de “Resistiré”, en Estados Unidos Gloria Gaynor, autora de “I Will Survive”, lanzaba el #IWillSurviveChallenge, concienciando a la sociedad de la necesidad de lavarse las manos durante la pandemia.
Así que, recuerde: siempre habrá una banda sonora acompañándonos en cada momento. Para tiempos difíciles, recetaremos canciones felices.
JotDown(R.Viguri) — No es lo mismo querer morir que querer matarse.
Y hasta que los desahucios y el acoso escolar no se han cobrado sus víctimas en un sacrificio ritual que la sociedad posmoderna ofrece a sus dioses —como el minotauro se cobraba puntualmente sus jóvenes de entre lo más selecto de la sociedad cretense—, hemos mirado poco el suicidio de frente.
Poco o nada.
“Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”, escribió ese poeta eléctrico que fue Gabriel Celaya, a propósito de algo que no era el suicidio, pero que lo absorbía como el cosmos fagocita la vida y la muerte: la habitual capacidad del ser humano para bajar los párpados cuando descubre incertidumbre en lugar de pálpito caliente de carne.
Ya lo sentenció Faulkner —y lo remarcó Laforet con marchamo patrio—, cuando imprimió que el sexo y la muerte eran “la puerta de delante y la puerta de atrás del mundo”.
Hoy los suicidios son noticia, igual que los asesinados han sido noticia desde que la Biblia se convirtiera en la publicación más extensa de sucesos de la humanidad. La muerte a mano propia la habíamos expulsado de los medios de comunicación por temor a un efecto contagio.
Ahora se ha dado la vuelta al asunto para intentar evitar que el sufrimiento de los jóvenes que son acosados —por Internet o en vivo y en directo— les empuje a la puerta de atrás del mundo sin haber transitado apenas por él, al menos en tiempo, aunque ya explicó Ernesto Sabato a quien quisiera entenderlo que el tiempo no era mesurable por cronología sino por intensidad de vida y, en eso, nadie puede saber cuánto vivió un suicida.
Lo que sí está claro es que el tema tabú por excelencia en cualquier religión monoteísta y, por tanto, en la mayoría de las sociedades por número de habitantes, se ha convertido de la noche a la mañana en trending topic.
Echemos la vista atrás para recorrer cómo estuvimos tanto tiempo de espaldas a un asunto al que ahora no sabemos cómo darle la mano.
Séneca, que tanto prestigio consiguió allá por los años cero de esta era cristiana que tan cainita está resultando, terminó con su propia vida. La enorme reputación conseguida por el patricio pensador era síntoma de la consagración de su nobleza de espíritu y —envidia mediante— soliviantó a tantos y tan tremendos enemigos, que el encarnizamiento con que tuvo que batirse le hizo paladear la tierra seca que es una vida vivida en serio.
A partir de esos años y con el afianzamiento cristiano como lo que hoy sería una política de Estado y entonces se llamó religión, lo de hacerse cargo uno de mismo de su propio final estuvo proscrito.
La grandeza de elegir matarse pasó a convertirse en pecado, sobre todo a partir de un pensador con cierto tufo hipócrita como fue San Agustín. Hipócrita, ¿por? Por convivir catorce años con una mujer, tener un hijo con ella y después renunciar al amor humano por la sed de poder en la institución más descollante de la época.
Hay quien puede pensar, incluso, que la disfrazó —su ambición—, como tantos otros, de ansia de virtud: opinable, pero no descabellado porque extraña al pensamiento racional la virtud rara que pueda existir en despreciar el amor palpable en la vida para convertirse a la misoginia.
En cualquier caso, el hecho objetivo y objetivable pasa por que San Agustín pintó el suicidio como pecado más que mortal porque violaba el sexto mandamiento y atentaba contra la voluntad de Dios, que ordenaba sufrir por encima de todas las cosas —diversos concilios han ido versionando el asunto con tintes más dulzones—. Así que uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia Católica le echó dos testículos para amenazar a las mentes lúcidas con el infierno si tomaban sus propias decisiones.
Se podría contar de otra manera, pero el resumen del pensamiento occidental filosófico entre la época helenística y la Edad Media transitó entre estos dos puntos como una recta. Y ya explicó Euclides en sus Elementos que “dos puntos determinan una recta, y solo una, a pesar de que ella contenga infinitos puntos”.
Yukio Mishima, fingiendo e anticipando su suicidio
En este tiempo también la cultura ha acumulado sabios y necios que han clamado que la vida no está para entenderla, sino para vivirla.
Pero parece que la vida de cada cual es eso: de cada cual, y cada uno debe hacer con ella lo que desee y pueda.
El hecho de que el suicidio fuera considerado un pecado mortal o un delito resulta realmente extraño cuando al estudiar la historia de la humanidad, cualquiera da de bruces con un mundo en el que el afán es dominar al otro, sin ulteriores consideraciones, tal y como se puede leer ya en Tucídides y La guerra del Peloponeso.
Por no hablar de Hobbes y otros ejemplos ilustres que enseñaron que quizá la condición humana no fuera la mejor posible ni éste el mejor de los mundos, con permiso de Leibniz y Voltaire.
Así que ahora podemos echar un vistazo a mentes preclaras, personajes amantes de la vida, incondicionales de la pasión, tremendos jugadores con las cartas del destino que, en un momento dado, supieron que la nobleza suprema, el homenaje máximo a la creación o a la misma condición humana era abandonarla por la puerta grande. Veamos.
Sócrates y Cleopatra desfilaron por la historia sin todavía monasterios y conventos que pudieran condenarlos a los fuegos eternos. A su casi coetáneo Periandro le ha dado menos publicidad la filosofía y el cine, pero ahí estuvo uno de los siete sabios de Grecia, con ganas de matarse.
Y trayendo el tema al presente del que somos hijos filosóficos, literarios y sociales, aunque no inmediatos, podemos afirmar que hace poco —poco en cuanto a formas de pensamiento, como aleccionados nietos de la Ilustración y del Romanticismo—, han desfilado por la muerte escogida mentes más o menos atormentadas, pero, paradójicamente, amantes de la vida todas.
El laberíntico Joseph Conrad, que lo intentó y nunca se supo que volviera a hacerlo; la caústica Dorothy Parker, que como poco reincidió dos veces; el adicto Ernest Hemingway, cuyos tragos son recordados folclóricamente a lo largo y ancho del mundo; el intrépido Emilio Salgari, que hizo de la imaginación su bandera; el atormentado Yukio Mishima, con ese celo asiático que a cualquier europeo hijo de la Ilustración asombra y repugna; la inabarcable Virginia Woolf, como la Antígona que fue, mucho antes de que Benjamín Prado las glosara en sus “Nombres de”; el intelectual Sandor Marai, genio y figura; el lúcido Mariano Larra, que pagó con su ira la imbecilidad ajena; el abrasivo Reinaldo Arenas, cuya carne Julian Schnabel convirtió en cine; o Cesare Pavese, Stephan Zweig, Sylvia Plath y cuantos más crea cada uno, que de ellos hay páginas y páginas… En Internet, sin ir más lejos ni venir más cerca.
De Jesucristo, primer suicida obligado, los observantes consideran sacrílego anotar que Dios exigió a su único hijo inmolarse de una manera que bien podría entroncar con los sacrificios rituales al estilo minoico o maya. Y a los no observantes la cuestión del suicidio les parece algo más científico que un rifirrafe teológico sobre la naturaleza inductiva del “Hágase tu voluntad y no la mía”.
En términos religiosos, Jesucristo podía haber elegido la mentira y la vida —o esa tremenda mentira que es la vida— en lugar de la verdad y la muerte —o esa única verdad que es la muerte—, igual que las víctimas de acoso y desahucio podrían elegir seguir viviendo, pero eligen suicidarse y la actualidad ya no puede obviarlo más.
A James Cameron —que lo mismo dirige Titanic que busca la tumba de María Magdalena, Jesús y el hijo de ambos—, también le parece más riguroso con la historia que el profeta tuviera una vida después de la cruz, sin suicidio inducido de por medio.
Tal y como también atestigua uno de los pergaminos hallados en Qumrán, ese lugar a orillas del Mar Muerto en el que los esenios escondieron una parte de la historia que permaneció siglos oculta, pero no silenciada.
Volviendo al hecho que la religión condene el suicidio como pecado mortal mientras cuenta que Dios lo exigió de su propio hijo, los medios tratan de alertar sobre la tasa creciente en medio de la crisis, también creciente.
Es una elección hecha por muchas personas: algunas lo ejecutan acicateadas por sus propios demonios o luminarias —luciferinos todos— y otras empujadas por la turba cainita y la jauría sedienta de sangre, por esos hijosdalgos —de meretrices— que se dedican al bullying o a la especulación y usura que conllevan los desahucios.
Nietzsche
En cualquier caso, Shakespeare y su ser o no ser, Camus y lo de la única cuestión filosófica seria, y Calderón con el hacer nacer y querer morir, laten ahí, sempiternos todos, con la cuestión imperecedera, que inquieta, palpita, atormenta y aletea entre las sábanas cada noche y cada despertar de quien duerme entre la preocupación y la congoja, entre los problemas y la indecisión, en las camas de esos miles de sonámbulos que pueblan el mundo con el terror que produce escuchar sin pausa ni tregua ni alivio ni refugio la conciencia a todas las horas del día.
Ese Nietzsche, que tanto magnetiza a millones de suicidas y adolescentes que lo conocen como materia de estudio antes de llegar a la universidad, viene a ser a la filosofía algo así como Tarantino a la historia del cine.
Pero es alimento nutritivo y disculpa de mucho atormentado, como Rousseau lo es de mucha mente despejada.
Cuando el alemán anunció que el suicidio era “el nuevo orgullo del hombre, que fija su fin e inventa una fiesta: el morir” llevaba unas poderosas razones vitales que los medios empiezan a considerar porque la realidad suicida ya es más real que fantasmagórica.
Y confunde que tantos años no se haya hablado de la muerte a voluntad propia mientras la violencia copa informativos y ficción. Por ejemplo, la selectiva, cruel pero jugosa, terrible pero infantil, casi pederástica, de los Juegos del Hambre, refocilados en la muerte si va precedida de combate, como si matar contuviera tanta nobleza como cobardía el suicidio.
Y ahí hemos estado como sociedad, dando cobertura a la rivalidad de la caverna, a la dominación del otro, a la subyugación hasta anularlo; mientras hemos obviado la posibilidad serena de terminar con lo que otros empezaron por nosotros. No soportamos “morir de un modo altivo, cuando no es ya posible vivir dignamente.
La muerte elegida voluntariamente, la muerte en tiempo oportuno, con claridad y serenidad”, aunque sea elegida por otros, nos amenaza como sociedad porque nos aterra que un día tengamos que ejecutarnos.
Aceptamos los homicidios, los asesinatos, los holocaustos, las guerras, el terrorismo, la tortura, los toros, las peleas de perros, el boxeo, los pirómanos, los descuartizamientos, las violaciones, el manga, el bullying, el mobbing y cualquier forma de violencia institucionalizada —ese mierding—, pero el suicidio es un tabú omnímodo.
“En tiempos de su formación, el cristianismo se sirvió del enorme deseo del suicidio para hacer de él una palanca de su poderío: no conservó más que dos formas de suicidio, las revistió de las más altas dignidades y de las más altas esperanzas y prohibió todas las demás con amenazas terribles.
Pero el martirio y la muerte lenta del ascetismo fueron lícitos”, explicaba el aclamado y odiado Nietzsche en El eterno retorno, y con semejante realidad y poquísimas explicaciones hemos vivido más de veinte siglos.
Cierto es que, en términos cuantitativos y demográficos, la mayoría de la gente no suele suicidarse, pero hay quienes ejecutan su muerte sumarísima a conciencia. Quizá comprender el sentido de la existencia puede asemejarse a encender una bombilla dentro de un submarino con el objetivo de iluminar el fondo marino: inútil.
Y para quien vive no ya en el dolor, que tiene fin y amortiguadores, sino en el sufrimiento, infinito en su calamidad y depredador máximo de la moral humana, la vida puede ser insoportable.
También están los santos y los mártires, los héroes y los supervivientes, los que todo lo soportaron con o sin fe y salieron vivos, o al menos con vida en el cuerpo, de los fuegos locos que arrasaron con devoro su existencia. Los medios, como reflejo y cimiento social, abogan para que todos los que sufren pertenezcan a estos, pero demonizar o ningunear a los otros acaba de terminar. Vivimos en el siglo XXI.
sobrehistoria.com — A lo largo de la historia han existido varios tipos de períodos, algunos de ellos mas pacíficos que otros, otros que trajeron muchos descubrimientos para la sociedad y algunos de ellos que fueron una auténtica guerra por luchar por tierras o por las religiones, uno de estos momentos mas duros de la historia fueron las Cruzadas.
Las Cruzadas fueron una serie de campañas militares organizadas por el Papa y las fuerzas cristianas occidentales para recuperar Jerusalén y Tierra Santa del control musulmán y luego defender esos logros. Entre 1095 y 1270 hubo ocho grandes cruzadas oficiales y muchas más no oficiales.
Las Cruzadas fueron una serie de campañas militares que realizaron los Papas por diversos territorios de la Europa latina cristiana, principalmente por Francia e Italia, pero también por España y otros países de Europa del este. Los ejércitos estaban formados por los cruzados, ciudadanos a los que les eran perdonados sus pecados a cambio de combatir en las cruzadas.
El objetivo de estas Cruzadas era recuperar los territorios de la Tierra Santa y volver a restablecer el dominio de la religión cristiana en ellos.
De esta manera, las Cruzadas de libraron contra pueblos cuya ideología e idiosincrasia rivalizaba con el concepto de cristianismo y Tierra Santa, principalmente contra los musulmanes, pero también contra muchos otros pueblos o incluso clases sociales (esclavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos) y enemigos del cristianismo o del Papa en cuestión.
El punto álgido de las Cruzadas duró unos 200 años (entre 1099 y 1291), aunque en algunos países como España o en Europa del este se prolongaron incluso hasta el siglo XV.
Las Cruzadas tiene su origen a finales del siglo XI, cuando el emperador bizantino Alejo I pidió ayuda al Papa Urbano II para proteger a los pueblos cristianos de oriente ante la dominación musulmana. Estas cruzadas fueron entonces promulgadas durante el Concilio de Clermont. Tras la predicación de las Cruzadas el pueblo cristiano asintió en masa y las aprobó al grito de Deus lo vult («Dios lo quiere»).
Es por ello que el origen de las Cruzadas normalmente se atribuye al fervor religioso y a la necesidad de los cristianos de proteger su religión y sus territorios. Sin embargo, otras lecturas históricas también ven a las Cruzadas como un símbolo del ansia de poder del Papado y de sus ansias de expansión por oriente.
La primera de las Cruzadas se puso en marcha a finales de 1095. Estaba formada por un grupo de fieles cristianos que iban comandados por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño. Su destino era Hungría. Avanzaron aniquilando a todos los judíos que salían a su paso y llegaron finalmente a HUngría. Allí fueron escoltados por los soldados del Rey Coloman.
Sin embargo, los Cruzados mataron a parte de los soldados de la escolta y a más de 4.000 húngaros no cristianos, por lo recibieron el posterior trato hostil del rey Coloman. A esta Primera Cruzada se la denominó Cruzada Popular.
En total se realizaron 9 Cruzadas, de las cuáles 5 de ellas se consideran Cruzadas menores. Pero, ¿cuáles fueron sus consecuencias? ¿Logró el Papado su objetivo de reconquistar lo que ellos consideraban como Tierra Santa?
Asimismo, también se produce el desarrollo de una nueva clase social como es la burguesía. Se trataba de pequeños artesanos o comerciantes que eran cada vez más necesarios para proveer de armas y herramientas al ejército. Esta burguesía todavía tardaría tiempo en adquirir gran importancia pero comenzaba a asomar la cabeza como un nuevo grupo social que ganaba terreno a los señores feudales.
También se abrieron vías al expansionismo y al comercio, sobre todo entre Europa u oriente. De esta manera, ciudades como Génova o Pisa se convirtieron en importantes centros comerciales, sobre todo para el comercio naval en el Mar Mediterráneo.
Por supuesto, otra de las consecuencias de las Cruzadas fue un fortalecimiento del cristianismo y de los símbolos religiosos. Por el lado contrario, se creó entre la población una fuerte animadversión hacia los pueblos judío y musulmán.
Por otro lado, hay que decir que los musulmanes se habían mostrado tolerantes con los cristianos o practicantes de otras religiones en sus territorios de la Tierra Santa.
Sin embargo, las Cruzadas buscaban eliminar de raíz cualquier creencia contraria al cristianismo, por lo que tras el restablecimiento del poder islámico al término de las Cruzadas, muchos seguidores del profeta no se mostraron tan tolerantes como hasta entonces con los cristianos. Ello derivó en persecuciones y matanzas.
En definitiva, las Cruzadas son unas guerras iniciadas por el fervor religioso que cambiaron en gran medida la sociedad, la cultura y la ideología de Europa y oriente.
– Personajes principales protagonistas de las cruzadas
Aunque ya hemos ido dando algunas pinceladas, es cierto que en Las Cruzadas hubo una serie de personajes clave que conviene que conozcamos un poco más en detalle, al menos para ir memorizando sus nombres y el hito que les destaca. Por ejemplo, los siguientes nombres son para recordarles.
Pedro el Ermitaño
Pedro el Ermitaño: También conocido como Pedro de Amiens, fue un clérigo que se hizo líder de la que fuera denominada la Cruzada de los pobres. Esta tuvo lugar en el año 1095 y se extendió hasta el año 1096.
Apenas duró un año. La Cruzada Popular, como se la conoce, fue el pistoletazo de salida de la primera cruzada oficial, por decirlo de algún modo y, aunque fracasó finalmente, reunió a un grupo de hombres armados que, de manera espontánea, decidieron iniciar una peregrinación hacia Tierra Santa.
Junto a Pedro, también destacó como codirector de esta cruzada a Gualterio Sans-Avoir (Walter el indigente).
En la Cruzada de los Príncipes (año 1096-99), destacan Alejo I Commeno, quien fuera el emperador del imperio bizantino en la época; Urbano II, o Papa número 159 de la Iglesia católica; y Godofredo de Bouillón. Este último fue el jefe de la rebelión y llegó a ser rey de Jerusalén tras la conquista. Sin embargo, lo más destacado de él es que se autonombró defensor del Santo Sepulcro.
Aunque hay otros muchos nombres de participantes en las batallas, conviene al menos quedarse con estos que hemos nombrado, y que fueron responsables directos de las Cruzadas.
Si nos ponemos a investigar, podemos encontrar hasta cerca de 40 cruzadas, si bien no todas ellas fueron aprobadas por el Papa. Podemos clasificarlas en cuatro grupos. El primero es el de las Cruzadas en Tierra Santa, que suceden entre los años 1095 a 1291 donde encontramos hasta 13 diferentes. Luego vendrían las Cruzadas posteriores a 1291, que son unas 13.
Más tarde llegaron las Cruzadas populares, donde clasificamos 5 movimientos. Finalmente hay que hablar de las Cruzadas Contra los Cristianos, donde hay hasta seis y que acaba con la Reconquista, en el año 718 a 1492, año del descubrimiento de América.
La Primera de ellas tiene lugar en el año 1905 y sienta las bases para las Cruzadas posteriores y tiene lugar en Tierra Santa. La Segunda Cruzada tiene lugar cuando es tomada la ciudad de Edesa en Mesopotamia y esto conllevó a la muerte de muchos cristianos. Es el año 1144.
Más tarde vendría la Reconquista, en 1147, cuando los moros son expulsados de España. Luego vienen las Cruzadas Bálticas, en los siglos XII a XV. Luego vendría la Tercera Cruzada o Cruzada de los Reyes, donde los líderes europeos quisieron reconquistar Tierra Santa. Sin embargo, se quedaron con las ganas de conquistar Jerusalén.
Luego vendrían tres cruzadas populares más, hasta un total de 8 que fueron las más conocidas, aunque como hemos dicho antes, se cuentan hasta casi 40 de estas campañas.
– Las cruzadas ¿Consiguieron su objetivo?
Las cruzadas tuvieron un fuerte impacto político y social. Gracias a ellas, los papas se convirtieron en los líderes absolutos de la Iglesia Cristiana. Además, muchos territorios fueron cristianizados y los moros expulsados de ellos. Sin embargo, el objetivo principal que era la recuperación de Jerusalén, se resistió.
Historias de la historia(J.Sanz) — La Gran Muralla China en realidad no es una gran muralla. Lo que muchos han considerado la octava maravilla del mundo antiguo es más bien un entramado de muros y distintas estructuras defensivas construidas a lo largo del tiempo, bajo el mandato de diferentes dinastías y de forma dispar.
El propósito de tamaña obra de ingeniería y arquitectura militar -con un promedio de 7 metros de altura y 5 de ancho, y una longitud, contando sus ramificaciones y construcciones secundarias, de más de 20.000 kilómetros de largo, desde la frontera con Corea, al borde del río Yalu, hasta el desierto de Gobi, aunque hoy solo se conserva un 30%- fue en todo momento doble: para protegerse de los recurrentes ataques que los pueblos nómadas del norte y para establecer el límite de las tierras cultivables, sobre las que el Estado chino podía imponer unos impuestos y una administración estables.
La Gran Muralla sirvió tanto para no dejar entrar como para no dejar salir.
Fue hacia el año 220 a.C. cuando Qin Shi Huangdi, primer emperador de una China unificada, ordenó la conexión entre las murallas septentrionales preexistentes -algunas del siglo V a.C.- y la construcción de otros tramos que formarían una primera línea continua y que sería la precursora de la actual Gran Muralla, aunque la mayor parte de esta barrera defensiva data de la dinastía Ming (1368-1644).
Los Ming construyeron una nueva Gran Muralla -más de 6.000 kilómetros de nuevos tramos defensivos- de características más avanzadas que las anteriores.
Mientras que en el pasado las fortificaciones se habían erigido empleando la tierra compactada como materia primera, ahora se empleó en la mayoría de los tramos una combinación de piedra en la base, alzado de ladrillo… y una especie de «arroz con leche«.
En Xichang, provincia de Sichuan, se ha puesto en marcha un proyecto para la reconstrucción de parte la antigua muralla de la ciudad tratando de ser fieles a las técnicas de los constructores originales de la dinastía Ming. Las tareas de los trabajadores incluyen la fabricación de ladrillos, la colocación de los ladrillos … y hervir arroz en grandes ollas.
Un estudio reciente sobre los antiguos métodos utilizados para la construcción publicado en la revista American Chemical Society por el Dr. Zhang, profesor de química de la Universidad de Zhejiang, ha demostrado que el secreto del antiguo mortero chino fue el arroz.
Este mortero se elaboraba, y se elabora ahora en la reconstrucción de la muralla de Xichang, mezclando una pasta de arroz pegajoso o glutinoso (una variedad de arroz que se cultiva principalmente en el sur y sureste de Asia hervido y con una textura similar al arroz con leche) con cal apagada o muerta (piedra caliza calentada a alta temperatura y a la que luego se añade agua).
El componente inorgánico es carbonato de calcio, y el componente orgánico es la amilopectina, que viene de la sopa de arroz pegajoso. La amilopectina ayuda a crear una microestructura compacta, estable y resistente.
Aunque el uso de esta mezcla de arroz como cemento para la construcción se desarrolló por primera vez hace 1.500 años, fue la pieza angular de las grandes construcciones bajo la dinastía Ming, como la Gran Muralla.
Curiosamente, es el mismo tipo de arroz, y con la misma textura, que el utilizado en platos chinos tales como zongzi, en el que se envuelve la pasta en hojas de bambú en forma de paquete, o el nian gao, un tipo especial de torta para las celebraciones del Año Nuevo.
BBC News Mundo — Todos, en algún momento o en más de uno, enfrentamos problemas.
Y tendemos a encontrar alguna forma de solucionarlos, así no sea la mejor o la más creativa.
Pero hay un método para solucionar problemas complejos que viene recomendado por una larga lista de grandes pensadores.
Se le conoce como «el pensamiento de primer principio» y promete generar soluciones originales, liberando nuestra creatividad.
La estrategia es identificar al meollo de la cuestión: al primer principio, aquello que el filósofo Aristóteles describió como «la primera base a partir de la cual se conoce una cosa».
En otras palabras, consiste en despojar el asunto de convenciones y prejuicios, hasta quedarse con lo esencial.
En el proceso, dejas de lado todo lo que sobra y distrae, desde los «así se ha hecho siempre» hasta «no se puede» y «nunca se hizo así», y abres el camino a la innovación.
Una vez se deconstruido el problema, e identificado lo que importa, se reconstruye sobre esa base sólida.
Como aconseja el visionario empresario Elon Musk, quizás el más grande promotor del pensamiento de primer principio en nuestros tiempos:
«Es importante ver el conocimiento como una especie de árbol semántico; asegúrate de comprender los principios fundamentales, es decir, el tronco y las ramas grandes, antes de preocuparte por las hojas (los detalles), o no tendrás dónde ponerlas».
Musk ha hablado de ese enfoque en varias ocasiones.
«Tiendo a abordar las cosas desde un marco físico», le dijo Musk a Chris Anderson, de la revista Wired.
“La física te enseña a razonar a partir del primer principio y no por analogía«.
A veces, no se pueden usar recetas sino actuar como chefs.
En una entrevista con Kevin Rose, explicó que razonar por analogía es «hacer cosas porque se parecen a algo que se hizo, o es como lo que otras personas están haciendo… con ligeras iteraciones sobre un tema».
Agregó que aunque el pensamiento de primer principio «requiere mucha más energía mental» es imprescindible para innovar.
Tim Urban, cofundador del popular blog Wait But Why, explicó la distinción entre razonar por primer principio y por analogía como la diferencia que hay entre un chef pionero y un cocinero.
El chef que crea a partir de los ingredientes, instinto, experiencia, conocimientos y sentidos razona por los primeros principios.
El cocinero que sigue una receta, así sea de los que captan la esencia y la interpretan, razonan por analogía.
Ambos pueden preparar platos deliciosos, y hasta los chefs siguen recetas.
La cuestión es que cuando enfrentas un desafío importante, y la opción es crear o copiar, lo mejor es ponerse no solo el delantal sino también el sombrero blanco.
– Un auto y un cohete
Como a muchos otros antes, ese modelo le ha permitido a Musk a hacer cosas como no se habían hecho antes, una y otra vez.
Cuando incursionó en la industria de vehículos eléctricos, por ejemplo, la misión de Tesla era acelerar la transición mundial hacia la energía sostenible.
Uno de los desafíos fundamentales que identificó fue la reducción de costos, para producir autos a un precio asequible para el mercado masivo.
Aunque el incentivo no era el mismo, el reto hacía eco del que enfrentó Henry Ford a principios del siglo XX.
Ninguno de los dos inventaron los autos, ni la línea de ensamblaje.
La genialidad de Ford fue adaptar el proceso de la línea de montaje móvil, lo que le permitió fabricar, comercializar y vender el Modelo T a un precio significativamente más bajo que el de su competencia, llevando a la creación de un mercado nuevo y en rápido crecimiento.
La genialidad de Musk fue darse cuenta de que “el verdadero problema, la verdadera dificultad y dónde está el mayor potencial es construir la máquina que fabrica la máquina. En otras palabras, es construir la fábrica», resaltó.
Al concebir a «la fábrica como un producto”, nació la «gigafábrica», una instalación que fue aclamada como un punto de inflexión en las industrias automotriz y energética.
Elon Musk encarna y promueve la filosofía del pensamiento del primer principio.
Famosamente, volvió a utilizar la estrategia del primer principio cuando empezó a explorar la idea de enviar el primer cohete a Marte, y se topó con precios astronómicos.
«Entonces dije: ‘Está bien, veamos los primeros principios. ¿De qué está hecho un cohete? Aleaciones de aluminio de grado aeroespacial, además de algo de titanio, cobre y fibra de carbono ‘.
«Pregunté: ‘¿cuál es el valor de esos materiales en el mercado de productos básicos?’ Resultó que el costo de los materiales de un cohete rondaba el 2% del precio típico”.
Decidió fabricar sus propias astronaves y en unos pocos años, su compañía SpaceX redujo el precio de lanzamiento de un cohete casi 10 veces sin dejar de obtener ganancias.
– ¿Y si no eres ningún Musk?
Las experiencias de Musk son muy citadas no sólo por ser ilustrativas sino porque él se ha interesado en divulgar el concepto del pensamiento de primer principio.
Pero los ejemplos de su aplicación son innumerables y en todos los campos y tiempos… hasta a nivel más personal.
¿No tienes buena memoria porque en tu cabeza no caben tantas cosas?
Esa es una suposición.
Si adoptas el enfoque de primer principio, la cuestionas y te preguntas realmente cuánta información podemos almacenar físicamente en nuestra mente.
Resulta que tenemos más capacidad para recordar de lo que creemos.
El cerebro humano adulto medio puede acumular el equivalente a 2,5 millones de gigabytes de memoria.
Si no quieres olvidar, puedes replantear el problema y buscar la manera más óptima de solucionar tu problema de memoria.
Así, el método llama a pensar como los científicos, basándonos no en suposiciones sino en certezas.
La meta es tener la claridad que necesitas cuando estás haciendo algo por primera vez o lidiando con algo complejo o tratando de comprender una situación con la que estás teniendo problemas.
Como dijo el físico y premio Nobel Richard Feynman: “El primer principio es no engañarte a ti mismo… y tú eres la persona más fácil de engañar”.
La Tercera(A.P.Mack) — Diciembre, 1978. Una niña de 9 años estaba en una parada de autobús en la ciudad de Shajty, una localidad ubicada en el sudoeste del territorio de la Unión Soviética, pero que hoy es parte de Ucrania.
Mientras esperaba el transporte público, un desconocido de 42 años se le acercó con la supuesta intención de ofrecerle un chicle.
Ella recibió la goma de mascar y el hombre inició una conversación.
Su nombre era Andréi Chikatilo, aparentaba una actitud tímida y había trabajado como profesor en un colegio. Estaba casado y era padre de familia.
Dicho perfil, en ese entonces, no cuadraba con el de un delincuente para la mayoría de las personas.
Sin embargo, ese mismo día, Chikatilo llevó a la menor a una vivienda apartada que tenía en las afueras de la ciudad.
Ahí la asesinó crudamente y dio inicio una serie de crímenes seriales que años más tarde llevaron a que fuese apodado como “El carnicero de Rostov” o “El destripador rojo”.
Cuando fue arrestado y sometido a un interrogatorio con un psiquiatra tras negarse a cooperar con la investigación, Chikatilo reconoció haber sido el responsable de 56 muertes.
Las víctimas eran en su mayoría niños, adolescentes y mujeres, de entre 9 y 45 años, contra quienes efectuaba crueles ataques y abusos.
Y del número mencionado anteriormente, finalmente fue condenado por 53 ante la justicia.
Chikatilo recibió la pena máxima y la noche del 14 de febrero de 1994 fue ejecutado con un disparo en la nuca.
No obstante, la policía tardó más de una década en acusarlo formalmente por esos horribles atentados.
Antes —incluso previo a que asesinara a la niña del paradero— ya había recibido múltiples denuncias de abuso de parte de sus estudiantes en una escuela secundaria, mientras que también había sido detenido como sospechoso en 1984 y liberado poco después.
Los investigadores no creyeron que Chikatilo pudiese haber sido el autor de una sostenida masacre, pero el tiempo demostró que sus impresiones fueron erradas.
– Andréi Chikatilo, la historia del “Carnicero de Rostov”
Nació el 16 de octubre de 1936 en Yablochnoye, en medio de una época en la que el dictador Iósif Stalin estaba en el poder y en el que la población soviética enfrentaba un escenario de hambruna.
Esto último se intensificó aún más cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939.
Según han sugerido algunos historiadores, su madre le decía durante su infancia que su hermano mayor había sido secuestrado, para luego ser víctima de un episodio de canibalismo.
Aquello nunca pudo ser corroborado, pero sí se supo que los relatos de ese tipo y lo que escuchaba sobre la guerra le desencadenaron un intenso temor desde que era un niño.
De la misma manera, informes revisados por La Nación aseguran que supuestamente vio en una ocasión cómo un soldado alemán abusó de su mamá, durante la ocupación de las tropas nazis.
El padre de Chikatilo era un uniformado del Ejército Rojo y en 1949 regresó al hogar familiar. Había sido acusado de traicionar los intereses del gobierno.
Tales situaciones influenciaron a que desarrollara una personalidad más bien introspectiva y temerosa, según se narra en el libro The Killer Department(Pantheon, 1993) de Robert Cullen.
Su etapa escolar tampoco estuvo exenta de complicaciones: le costaba entablar amistades, sus compañeros se burlaban de él y en más de una oportunidad fue agredido por ellos.
Más adelante, cuando se afilió al Partido Comunista, también fue el blanco de otros militantes que lo humillaban constantemente.
Junto con ello, enfrentaba dificultades para tener relaciones sexuales, una arista de la que que se enteró gran parte del pueblo.
Con el propósito de olvidar esas traumáticas experiencias, se fue a Moscú en 1955 y rindió una prueba de admisión para entrar a estudiar derecho en la universidad, pero terminó siendo rechazado.
Tras esa amarga respuesta, optó por formarse académicamente en otras escuelas y cursos, en ámbitos tan variados como la literatura, la política y la ingeniería.
Ya en 1963 contaba con diversos conocimientos y estaba instalado en Rostov, en donde conoció a una amiga de su hermana con quien inició un romance.
La pareja se casó al poco tiempo de haberse conocido. Si bien, Chikatilo seguía enfrentando dificultades para tener relaciones sexuales, pudieron tener dos hijos y formar una familia que aparentaba ser cariñosa y unida.
A 8 años de su llegada a Rostov, obtuvo un puesto como profesor en una escuela secundaria, pero rápidamente se frustró con el comportamiento de sus alumnos, quienes se burlaban de él y lo apodaban “El ganso”.
Solo bastaron tres ciclos como docente para que fuese despedido en 1974, aunque no porque enseñara mal sus asignaturas, sino que más bien, porque recibió numerosas denuncias que lo acusaban de abusos.
A raíz de aquello, él y su familia se trasladaron a la localidad de Shajty, en donde consiguió empleo en un instituto de formación profesional y empezó a mantener una vivienda a escondidas, ubicada en las afueras.
Ese sería el lugar en el que posteriormente concretaría la mayoría de los asesinatos.
La historia del “Carnicero de Rostov”, el peligroso asesino serial que atacó a mujeres y niños en la Unión Soviética. Foto: Andréi Chikatilo.
– Asesinatos, canibalismo y la detención del “Destripador rojo”
El primero de ellos fue en contra de la niña de 9 años que esperaba en la parada de autobús.
Dos días después de que la pequeña desapareciera, su cadáver fue hallado en un río cercano con rastros de haber sido apuñalada, mientras que también le había sacado los ojos, un macabro acto que posteriormente replicó en otras de sus víctimas.
“Lo hacía porque creía que en los ojos se quedaba la imagen de la última persona a quien había visto la víctima”, explicó recientemente a Cadena SER el académico de criminología de la Universidad Rey Juan Carlos de España, Alberto Albacete, tras hacer una revisión del caso.
La segunda persona que murió a manos de Chikatilo fue una joven de 17 años que ejercía como prostituta, quien fue asesinada el 3 de septiembre de 1981.
Al igual que con la niña de 9 años, la encontró en una estación del transporte público —específicamente en una de trenes— y la llevó a un bosque en el que trató de tener relaciones sexuales con ella.
Cuando la instancia no salió como él deseaba, sacó un cuchillo que siempre llevaba con él, para luego darle múltiples puñaladas.
De esa manera, continuó cometiendo decenas de asesinatos en periodos saltados de tiempo. Todos bajo una modalidad parecida y hacia víctimas que generalmente estaban solas en estaciones de trenes o paradas de buses.
Uno de los puntos que más impactaron a las autoridades cuando descubrieron al responsable de esta masacre, es que Chikatilo tendía a mutilar órganos de los afectados y, en ciertos casos, incluso llegó a practicar el canibalismo.
Asimismo, cuando abandonó la docencia en 1979 y empezó a trabajar para una empresa que vendía materiales de construcción en Rostov, comenzó a viajar más, por lo que fue sumando nuevas víctimas en distintos lugares.
Cifras rescatadas por La Nación detallan que solo hasta 1984, llevaba un total de 24 muertes en su historial.
Ese mismo año fue detenido por un policía, quien vio cómo se acercó a varias jóvenes en una parada de bus.
Cuando los agentes revisaron las pertenencias que llevaba, vieron que en su maleta tenía un cuchillo, una soga y unas muestras de material pornográfico. Sin embargo, aquello no les llamó mayormente la atención y pensaron que Chikatilo no parecía ser un criminal, así que lo dejaron irse al poco tiempo.
Al año siguiente cometió otro atentado.
Según el libro de Cullen, las autoridades soviéticas no consideraban en ese momento la posibilidad de que existiese un asesino serial en su territorio, debido a que lo veían como un fenómeno propio de Estados Unidos y el mundo occidental.
Ese punto fue clave, ya que ni siquiera se permitía informar sobre estos brutales ataques en los periódicos.
Aún así, en noviembre de 1990 —casi un año antes de la caída de la URSS— un policía vio a Chikatilo salir de un bosque con sus zapatos embarrados y rastros de sangre en el rostro.
Le pareció sospechoso, por lo que le solicitó sus datos personales.
Al día siguiente se encontró otro cadáver de una niña en las cercanías de ese sector, por lo que rápidamente pensaron en él como un presunto culpable y fueron a arrestarlo.
Quedó en prisión preventiva.
La historia del “Carnicero de Rostov”, el peligroso asesino serial que atacó a mujeres y niños en la Unión Soviética.
En un inicio, Chikatilo se negó a cooperar con la investigación y a confesar sus crímenes, por lo que le pidieron a Alexander Bukhanovksy, un psiquiatra que había escrito un extenso perfil sobre él, que tratara de convencerlo.
Bajo ese objetivo, el especialista se reunió con el acusado y le leyó cada una de las más de 60 páginas que había desarrollado.
Cuando terminó de recitar el detallado archivo, Chikatilo se emocionó. Y según contó el psiquiatra en una entrevista con The Guardian en 1999, ese mismo día de 1990 reconoció su culpabilidad por los asesinatos de 56 mujeres y niños, además de manifestar su disposición a ayudar a encontrar el resto de los cadáveres.
Dos años más tarde, en abril de 1992, inició su juicio formal en los tribunales, instancia en la que fue posicionado en una especie de jaula para impedir que los familiares de los fallecidos se levantaran para agredirlo.
En su defensa, aseguró que no tenía intenciones de asesinar, pero que una fuerza interior lo hacía perder el control. Luego, insultó a quienes estaban ahí y hasta se bajó los pantalones.
Los peritos sugirieron que lo hizo para aparentar que enfrentaba problemas de salud mental, lo que podría haber reducido su pena y desembocar que fuese llevado a un psiquiátrico, pero aquello no le resultó y fue culpado por atentar contra un total de 53 personas.
El último sonido que escuchó Andréi Chikatilo, “El carnicero de Rostov”, fue el del tiro detrás de su cabeza en febrero de 1994.
La película Ciudadano X (1995) —disponible en HBO Max—está inspirada en su historia, además de otros filmes como Evilenko (2004) y El niño 44 (2015).
Según una crítica de cine publicada el año pasado en El País, esta última es la que presenta contenidos más explícitos, hasta el punto en que una reseña del New York Post la calificó como “una extraña mezcla entre Doctor Zhivago (1965) y El silencio de los corderos (1991).
The conversation(S.P.Hernandis) — La soledad es un asunto de gran importancia social y sanitaria.
No se puede banalizar.
A menudo, está unida a problemas de salud mental.
En los últimos años ha aumentado la concienciación y el interés por la soledad y el aislamiento social, sobre todo a raíz de la pandemia por covid-19, que visibilizó un problema ya existente.
Pero no es suficiente.
Aún quedan muchas preguntas sin resolver que precisan de respuestas basadas en la evidencia científica:
¿Cómo viven las personas que se sienten solas?, ¿Qué necesitan?, ¿Qué les ayudaría a vivir mejor?, ¿Cómo podemos ayudarles a conectar con otras personas y consigo mismos?, ¿Cómo aprender a aceptar la soledad?
Vivimos, como advierte el pensador Zygmunt Baumann, en sociedades líquidas, muy cambiantes, con relaciones poco duraderas y comprometidas, muy individualizadas. Además, cada vez somos más digitales. Nunca hemos estado tan conectados como ahora. Una ilusión de conexión. Nos comunicamos mucho, pero por WhatsApp u otras vías. Nos sentamos poco a estar con otras personas.
– ¿Soledad y aislamiento social son lo mismo?
La soledad es subjetiva y el aislamiento social es un hecho objetivo. La soledad es un sentimiento personal que se refiere a la falta de conexión con otras personas y el deseo de relaciones más satisfactorias. Pero no es nada fácil definirla.
“Es una cosa muy mala, que te paraliza”, “no sabría decirte”… Son algunos testimonios de las personas entrevistadas en un estudio que realizamos en Cantabria en el marco del Programa Viernes contra la soledad no deseada. Encontramos más de 140 palabras diferentes que agrupamos en 12 categorías: la soledad como tristeza, pena, dolor, fracaso, vacío, miedo, abandono, ansiedad, depresión, vergüenza, rumiación.
Pocas personas nos hablaron de la soledad como algo positivo (solitud, paz, tranquilidad, encuentro con uno mismo…). Podemos citar diferentes elementos que se deben incluir en una definición de la soledad como experiencia negativa, entendiéndola como una situación que no se elige voluntariamente (no deseada) y que no se controla. Se relaciona con tener una red insuficiente para ofrecer el apoyo social que se necesita, y que genera sentimientos desagradables en quienes la padecen.
Por su parte, el aislamiento social es algo objetivo que se refiere a tener pocas relaciones sociales y un contacto social nulo o infrecuente.
Tampoco debemos confundir sentirse solo con estar solo o vivir solo. Algunas personas pueden experimentar soledad viviendo acompañadas. En cambio, otras pueden no experimentar soledad viviendo solas.
El aislamiento social y la soledad también pueden tener un impacto negativo en la salud mental, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión y deterioro cognitivo, y física (problemas cardiovasculares, por ejemplo).
– ¿Qué factores de riesgo pueden llevar a sentirnos solos?
Si bien la soledad puede afectar a cualquiera, hay grupos de especial riesgo como las personas mayores, las personas migrantes, las personas con discapacidad o enfermedad mental, las personas sin hogar, las personas jóvenes que viven en situación de precariedad económica o las personas de colectivos LGTB, entre otras.
Las diferentes investigaciones han encontrado factores de riesgo de los sentimientos de soledad que a veces ocurren a la vez. Uno de ellos es vivir solo, pero también hay elementos socioestructurales –como las barreras arquitectónicas y la falta de transporte y recursos adecuados–, la discriminación o aspectos sociales y culturales.
– ¿Qué estrategias hay frente a la soledad?
En los últimos años han surgido estrategias, planes y programas para luchar contra la soledad en diferentes lugares del mundo. Algunos de ellos están dirigidos a aumentar la conexión social y el sentido de comunidad. Otros se enfocan directamente a que la gente no se sienta sola o esté aislada: End loneliness (Reino Unido), estrategia frente a la soledad no deseada de Madrid y Barcelona; programa Cerca de ti de Castilla-León; programa Te acompaña de Cruz Roja; programa Siempre acompañados de Fundación la Caixa, etc. Pero lo cierto es que aún no disponemos de análisis sobre la efectividad de las políticas implementadas.
Si la soledad tiene diferentes causas, es un fenómeno multidimensional y multifacético, precisará de diversos modos de afrontarla. Por esta razón, debemos hablar de soledades y realizar distintos tipos de acciones para tratar de mitigarla: individuales, sociales y comunitarias.
Entender lo que puede llevar a las personas a sentirse solas y lo que mantiene a algunas atrapadas en la soledad es crucial para el desarrollo de buenas intervenciones para prevenir y mitigar sus efectos. También es necesario atender a otros grupos de personas, más allá de los mayores.
Somos seres sociales y relacionales y necesitamos de los vínculos y la compañía, y el apoyo social es un factor protector que ayuda a las personas a afrontar diversas situaciones que ocurren a lo largo de la vida. Aunar esfuerzos para crear comunidades amigables que cuiden de las personas de todas las edades es un asunto al que debemos dedicar esfuerzos.