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La fascinante historia del magnate petrolero Edward Doheny, que hizo su fortuna en México y terminó envuelto en un gran escándalo…


Edward L. Doheny
Su historia encarna el sueño americano… hasta que lo venció una tragedia.

BBC News Mundo — «Caminó por el pasillo que conduce desde la entrada principal hasta el cuarto donde yacía el cuerpo de su hijo».

Así reportó el diario Los Angeles Times la llegada de Edward Lawrence Doheny a la escena de un misterioso crimen que ocurrió en la noche del 16 de febrero de 1929, en una de las mansiones más famosas de Hollywood.

«Se tambaleó un poco y luego, con paso lento, pasó cerca de la cabeza del asesino, que yacía en el pasillo próximo a la puerta de la habitación, y entró. Miró el cuerpo de su hijo por un momento y luego se arrodilló junto a él».

Cuenta que, temblando de emoción, tomó la mano inerte de su hijo, y salió sollozando del lugar.

La pérdida, sumada al peso ejercido por su rol en el escándalo político más grande de Estados Unidos antes de Watergate, destrozó al famoso magnate. Edward L. Doheny no es un nombre tan familiar hoy en día, pero en su época, fue uno de los hombres más ricos y poderosos de EE.UU., a la par de Rockefeller, Hearst y Carnegie.

La fuente de su inmensa riqueza fue el petróleo, y su historia es una de las típicas de pobreza a riqueza que alimentan la imaginación estadounidense, una encarnación del sueño americano. Sólo que en su caso, el lugar en el que su fortuna se hizo colosal fue México, y su historia terminó en desgracia.

– El Wild West

Su padre, Patrick, emigró de Irlanda durante la Gran Hambruna, se casó con Ellen Quigley en Canadá, y la familia se estableció en Fond du Lac, Wisconsin. Edward Doheny, uno de cinco hijos, nació en 1856. Fue uno de los mejores estudiantes de la escuela secundaria.

«Era un genio de las matemáticas. Al igual que Rockefeller podía hacer todos los cálculos en su cabeza. Tenía ese don», señala el historiador y biógrafo Nick Curry, cuyo abuelo fue amigo de Doheny. Se unió al Servicio Geológico de EE.UU. cuando tenía solo 15 años, y sus viajes de campo a la naturaleza abrieron su apetito por buscar oro y plata cuando aún era un adolescente.

«Era la época de la fiebre del oro», apunta Curry. «Estuvo en Arizona, en Oklahoma, en Texas y en Nuevo México». El último es clave en su historia porque fue ahí donde se plantaron las semillas de lo que lo llevaría a forjar su fortuna… y su desgracia.

«Alrededor de 1887, aterrizó en Kingston, Nuevo México, un pequeño pueblo en el corazón de un condado infestado de ladrones de ganado, bandidos y pistoleros de todo tipo», relató el periódico Maryland Jeffersonian el 15 de marzo de 1924.

El jefe apache con su sombrero de plumas
Gerónimo fue un destacado jefe militar de los apaches Bendoke (Retrato tomado por Aaron B. Canady).

Kingston era parte del Salvaje Oeste donde la tribu apache de Gerónimo lideró frecuentes incursiones contra los miles de buscadores de oro y ganaderos que habían invadido sus tierras ancestrales en busca de fortuna. Era, también, una ciudad caótica de salones, burdeles, iglesias, escuelas, incluso un teatro de ópera.

Además de tratar de hacerse rico excavando en busca de metales preciosos, según el Jeffersonian, Doheny también fue jefe del comité de vigilancia local y luchó contra criminales en todo el Valle del Río Grande, enviando a muchos a prisión. «Era un hombre marcado para los forajidos. Le advirtieron que se fuera. No lo hizo», relata el artículo.

«Un día caminaba por la calle principal de Kingston y un famoso ladrón de ganado le disparó 16 tiros con un rifle Winchester. El hombre era conocido como un pistolero infalible, pero por alguna razón a Doheny no lo alcanzó ni una bala». Doheny cruzó la calle y lo apresó. Y, según el diario, sobrevivió otro atentado similar, así como un peligroso accidente, al caer por el pozo de una mina, pero se salvó.

No corrió con la misma suerte, sin embargo, en su búsqueda de oro. Pero conoció a dos hombres que cambiarían el curso de su vida: Albert Bacon Fall y Charlie Canfield.

Charlie Canfield, al aire libre, vestido formalmente y con sobretodo, bastón y sombrero
El magnate del petróleo y agente inmobiliario estadounidense Charles A. Canfield, además de haber sido pionero en extracción de petróleo en California y México junto a Doheny, cofundó Beverly Hills en California.

Fall era un buscador de oro y abogado, que más tarde sería el secretario de Interior bajo el presidente Warren G. Harding. Canfield se convirtió en su socio. Exploraron juntos una mina, sin éxito, y cuando Canfield decidió desarrollar otra, Doheny declinó la oportunidad.

Canfield hizo una pequeña fortuna y se fue con su familia a California, mientras que Doheny, ya casado y con una hija, tuvo que hacer trabajos ocasionales para sobrevivir.

– L.A.

Cuando Doheny se enteró de que Canfield estaba expandiendo su fortuna en California, sacando provecho del auge inmobiliario de 1887, se fue a Los Ángeles. Para cuando llegó, Canfield había perdido su fortuna. El boom había colapsado y Canfield estaba muy endeudado.

A los 40 años, Doheny estaba trabajando en lo que fuera para alimentar a su familia, y el matrimonio no iba bien. Pero su suerte finalmente estaba a punto de cambiar. «En noviembre de 1892, Doheny vio a alguien conduciendo un vehículo cargado de algo negro que nunca antes había visto», relata Curry.

«Le preguntó qué era, y él le respondió: ‘Breer’, erróneamente pues realmente es ‘brea'», resalta el historiador. Preguntó de dónde la había sacado y fue al lugar indicado, y efectivamente encontró una gran cantidad de esa negra sustancia. «Metió la mano y supo exactamente lo que era». «Se puso en contacto con Canfield y compraron una propiedad allí por US$400 y comenzaron a excavar».

Pozo de petróleo y bombas de extracción en la ciudad de Signal Hill con la ciudad de Long Beach al fondo.
Desde que Doheny y Canfield hallaron el primer pozo hasta el día de hoy, en el condado de Los Ángeles hay pozos de petróleo en medio de barrios residenciales.

Doheny ideó un sistema de perforación usando un tronco de eucalipto. «Excavaron unos 50 metros de profundidad y encontraron petróleo. «Doheny exclamó: ‘¡Me siento como un millonario!’, y Canfield concurrió. Doheny y Canfield acaban de perforar el primer pozo petrolero productivo en Los Ángeles.

Pero, apenas un mes después, la hija de los Doheny, Eileen, murió. Entristecido, Doheny se concentró en hacer un éxito del pozo y lo logró. De hecho, fue ese pozo el que desencadenó el auge petrolero de California. Los socios se expandieron rápidamente.

Perforaron docenas y docenas de pozos en Los Ángeles durante los años siguientes, produjeron cientos de miles de barriles, y empezaron a ganar mucho dinero. Junto con el éxito financiero, la esperanza llegó con el nacimiento de Edward Lawrence Doheny junior, conocido como Ned, en 1893.

Sería el heredero del imperio petrolero de Doheny Senior, que, como Ned, apenas estaba en su infancia. «No llegó a ser grande hasta México», anticipa Curry.

– Tampico

Doheny y Canfield estaban produciendo petróleo en el momento adecuado de la historia porque estaba a punto de ocurrir un gran cambio que transformaría el mundo. Los ferrocarriles estaban cambiando del carbón al petróleo, y ellos suministraban mucho de ese petróleo. Pronto una de las compañías les hizo una propuesta.

Albert Alonzo Robinson, del Ferrocarril de Santa Fe, y constructor y presidente del Ferrocarril Central Mexicano, le contó a Doheny que su línea que discurría entre San Luis Potosí y Tampico dependía del indeseable carbón importado.

Además, acababa de construir la línea secundaria a Tampico bajo presión del gobierno de Porfirio Díaz, y necesitaban desarrollar una nueva industria para que fuera rentable. Así que le ofreció costear todo lo necesario para que fuera a investigar rumores de pozos burbujeantes a lo largo del paso del ferrocarril.

Foto que muestra el pozo y las construcciones alrededor
En Ébano descubrieron el primer pozo comercial de México, y después la Faja de Oro, uno de los campos petroleros más importantes del mundo.

En 1900, Canfield y Doheny partieron en busca de oro negro en México. Cuando llegaron a un pueblo llamado Ébano en la región de Tampico, les sorprendió la gran cantidad de filtraciones de petróleo en el monte y el campo circundantes.

Algunos de los chapopotes, como los llamaban los locales, eran tan profundos que estaban cercados para proteger al ganado de ese aceite espeso y pegajoso que burbujeaba en la superficie. Doheny recordaría después cómo verlos «hizo que nos olvidáramos por completo del abrumador clima. Es un ambiente cálido y húmedo, con lluvias aparentemente incesantes en la densa selva boscosa, que parece crecer tan rápido como podemos talarla».

«Todo se olvidó en la alegría de descubrir. Sabíamos que estábamos en una región petrolera que produciría en cantidades ilimitadas lo que el mundo necesita». Tenía razón, y los socios repitieron la hazaña de Los Ángeles: descubrieron el primer pozo petrolero de uso comercial en México.

Pero el petróleo espeso y pesado que encontraron era difícil de procesar, y estaban bajo contrato y presión para suministrar combustible al ferrocarril. Doheny también había persuadido a muchos adinerados estadounidenses ávidos de aprovechar la fiebre del oro negro para que invirtieran.

Los tres hombres a caballo en un lugar con palmeras y chozas
En el campamento Tres Hermanos, en Veracruz, al frente, a caballo, Charles A. Canfield (izq.) y Edward L. Doheny, quienes ampliaron sus operaciones durante la Revolución Mexicana, se expandieron a Colombia y abrieron nuevos y grandes campos petrolíferos en Venezuela.

Compraron vastas extensiones de tierra sin explotar en Tampico, pero tuvieron dificultades para encontrar el petróleo que necesitaban y por un tiempo pareció que su compañía iba a colapsar. Sin embargo, se mantuvieron firmes y pronto su imperio petrolero mexicano, de hecho, toda la industria petrolera mexicana, comenzó a levantarse del suelo con una velocidad asombrosa.

Así lo retrató Los Angeles Examiner en 1912:

«Los campos petroleros están ubicados en la vertiente oriental de México, dos pozos conocidos como Casiano No. 6 y 7, se encuentran entre los mayores jamás explotados. «(Doheny) ha embarcado tanto oro negro fuera del territorio que ha convertido a Tampico, en el segundo puerto de este continente en valor de exportaciones».

Lo que una vez había sido una selva prístina salpicada de pequeñas aldeas se transformó por completo, como reportó el periódico Jeffersonian.

«A lo largo de su vasta área en México, se extendieron kilómetros y kilómetros de oleoductos, caminos de carretas construidos privadamente, vías férreas, nidos de tanques de almacenamiento monstruosos, refinerías con una capacidad de 30 millones de barriles, camiones, vagones cisterna, tractores oruga y equipos de mulas».

El hombre cuyo padre huyó de una hambruna se estaba convirtiendo en uno de los más ricos del mundo.

Jóvenes cargando canastos y barriles
Peones trabajando en los campos petrolíferos de México.

¿Cómo logró tanto éxito tan rápido? «La gran pregunta es ¿Dónde estaba Díaz en todo esto?», responde Curry. El general Porfirio Díaz rigió México desde 1876 hasta su destierro a París, Francia, en 1911. «Nunca hemos podido conseguir documentación sobre eso, si es que hubo alguna entre Doheny y los ferrocarriles y el gobierno mexicano».

Durante mucho tiempo ha habido un debate sobre si Díaz tuvo razón al arrendar valiosos yacimientos petrolíferos a inversores extranjeros o si la industria debió haber sido nacionalizada. A Doheny lo que le apasionaba era encontrar petróleo, y tenía una habilidad casi sobrenatural para hacerlo.

Uno de sus hallazgos más que cualquier otro ilustra la escala colosal de los pozos petroleros mexicanos: el pozo Cerro Azul No. 4. «La relativa quietud de la selva fue rota primero por un gruñido de barro, que se hinchó hasta convertirse en un rugido amenazador que sacudió la tierra y se oyó como el sonido de un trueno lejano», recordó Doheny en sus memorias.

«Un poco más tarde, cada hoja, cada flor, cada brizna de hierba, antes vívida con los colores verdes y brillantes de la selva tropical, se convirtió como por arte de magia en el sueño fantástico de algún pintor futurista, todo negro reluciente como moldeado con un metal muy bruñido».

Grupo de petroleros mirando un manantial de petróleo
«Sobre un manantial de petróleo – Cerro Azul», dice la nota de la foto, con Doheny en el fondo.

En su biografía de Doheny, «El lado oscuro de la fortuna», Margaret Leslie Davis escribe que el diluvio de ese pozo en 1916 nunca será olvidado por los perforadores que lo presenciaron, ni por los residentes indígenas. Aparentemente se disparó más de 180 metros hacia el cielo, la tierra dentro de un radio de más de 3 kilómetros se saturó y se hizo inhabitable en los años venideros.

Más tarde, cuando le preguntaron a Doheny si había explotado a los nativos de Tampico y sus tierras con fines de lucro, y dijo:

«En el campo petrolero del oeste de Tampico, donde antes las selvas tropicales sólo sustentaban a unos pocos indígenas, 50.000 trabajadores de los campos petroleros, en su mayoría mexicanos, encontraron un empleo continuo inmediato».

Doheny les pagaba relativamente bien, y proporcionó educación y atención médica, pero su legado, así como el de otros barones petroleros extranjeros que ganaron millones en México, sigue siendo controvertido.

– Bajo la nube negra

Mientras Doheny amasaba su fortuna, su vida personal era complicada y marcada por la tragedia. Tras el nacimiento de su hijo Ned, su esposa lo abandonó y se divorciaron.

Él mantuvo la custodia de Ned y, en 1900, se casó con Estelle, una operadora telefónica que conoció a través de sus frecuentes llamadas de negocios. Cinco semanas después, su exesposa Carrie se quitó la vida.

Más estaba por venir: un evento impactante llevó a su socio a dejar México. «Su esposa fue asesinada», relata Curry. «Un exempleado le pidió un préstamo de dinero a la señora Canfield, ella se negó, y él la mató». Parecía como si una nube negra siempre acechara a Doheny, y estaba por oscurecerse más.

Retrato de Albert B. Fall
Albert B. Fall, el viejo amigo de Doheny, fue condenado a prisión. «El tribunal estaba inquieto cuando se anunció el veredicto. Fall, su esposa y su hija lloraron y uno de sus abogados se desmayó», informó la prensa.

A principios de la década de 1920, EE.UU. fue sacudido por el escándalo del Teapot Dome. Y Albert B. Fall estuvo en el centro, así como su viejo amigo de sus días de prospección en Kingston, Doheny. Fall, quien fungía como secretario de Interior, le había concedido los derechos de perforación de las valiosas reservas petroleras de la Armada de EE.UU. a su amigo Doheny…

…y a otro magnate petrolero llamado Harry Sinclair, sin que Doheny lo supiera. No sólo lo había hecho en secreto y sin licitación competitiva, sino que a cada uno les pidió un préstamo US$100.000 (unos US$2 millones de hoy). El 14 de abril de 1922 estalló el escándalo cuando el Wall Street Journal informó sobre los acuerdos.

Al día siguiente, se anunciaron planes para abrir una investigación del Senado. Las audiencias de esa investigación y los juicios penales y civiles duraron desde 1922 hasta 1930, plagados de reclamos y contrademandas, mentiras, sobornos, código Morse secreto, mensajes, manipulación de jurados y testigos, e intenso escrutinio público sobre los acusados.

Al final de la complicada saga, Doheny y Sinclair fueron obligados a renunciar a los acuerdos, y Fall se convirtió en el primer miembro de un gabinete presidencial en ir a prisión. Aunque los magnates petroleros fueron absueltos de conspiración para defraudar al gobierno, el juicio penal de 1929 en el que los fiscales federales se propusieron probar eso fue el que destrozó a Doheny.

Escaleras y puerta de la mansión Greystone de Beverly Hills
Lo que ocurrió en la suntuosa mansión Greystone que Doheny le había regalado a su hijo y familia esa noche de febrero hace 95 años siempre será un misterio.

El bolso con el soborno requerido por Fall fue entregado por su hijo Ned y su secretario, un amigo íntimo de la familia, Hugh Plunkett. Ambos tenían que testificar en el juicio, y eso puso en marcha los trágicos acontecimientos del 16 de febrero de ese año.

Ese otro hombre que estaba en la habitación en la que Doheny tomó la mano inerte de su hijo al principio de esta historia era Plunkett. Para las autoridades de Los Ángeles, se trató de un claro caso de asesinato y suicidio. No se llevó a cabo ninguna investigación.

Pero lo que ocurrió esa noche en la famosa Greystone Mansion en Beverly Hills sigue siendo un misterio. Doheny nunca superó la muerte de su hijo. Se retiró de la vida pública, convirtiéndose en una especie de recluso, y falleció seis años después, en 1935 a la edad de 70 años.

No llegó a ver expropiación petrolera del presidente de México Lázaro Cárdenas del Río de 1938. Hoy en día, su legado está incrustado en el paisaje mismo de Los Ángeles: Doheny Drive, Doheny Road, Doheny Greystone Mansion, la Biblioteca Conmemorativa de Doheny, la playa estatal de Doheny.

Su dinero construyó iglesias y catedrales desde California hasta México y, sin embargo, su historia es ajena para la mayoría de las personas que pasan por todos esos lugares a diario.

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¿Quién hizo a los moáis? El origen de las cabezas de la isla de Pascua


Muy Interesante(F.Navarro) — En las aguas del océano Pacífico, la Isla de Pascua es uno de los enclaves más enigmáticos del planeta. Descubierta el domingo de Pascua de 1722 por el explorador holandés Jakob Roggevee, esta remota isla chilena cautivó de inmediato a los primeros europeos con sus monumentales moáis. 

Estas imponentes estatuas de piedra fueron creadas por los antiguos rapanui y no solo dominan el paisaje, sino que también plantean un misterio fascinante: ¿cómo pudo una civilización aparentemente aislada y limitada en recursos construir y erigir más de novecientos gigantes de piedra? Este enigma sigue desafiando a historiadores y arqueólogos hasta hoy.

– El primer contacto con los colosos

La historia de la Isla de Pascua comenzó a escribirse en la conciencia europea con la llegada de Jakob Roggevee en 1722. Sorprendido por la presencia de gigantescas estatuas de piedra en una isla tan remota, Roggevee marcó el inicio de un fascinante capítulo de descubrimientos. Medio siglo más tarde, en 1774, el célebre explorador británico James Cook pisó la isla.

Cook, asombrado tanto por la escala como por la destreza técnica de los moáis, documentó meticulosamente su estructura y ponderó cómo una sociedad que encontró en declive pudo haber gestionado tal hazaña arquitectónica.

Estas primeras exploraciones plantearon preguntas duraderas sobre la capacidad y métodos de los antiguos rapanui, iniciando un debate que estimularía siglos de investigación. Estos enigmas sobre cómo una población tan reducida y con recursos limitados logró tales proezas técnicas continuaron intrigando y desafiando las percepciones occidentales sobre la tecnología y la cultura primitivas.

– Arqueología para resolver el misterio

Katherine Routledge, una pionera en la arqueología, emprendió una de las primeras investigaciones científicas sistemáticas en la Isla de Pascua en 1914. Con una formación académica en Oxford, Routledge llegó a la isla con su esposo a bordo del velero «Mana», equipado para llevar a cabo una exploración exhaustiva.

 Uno de sus descubrimientos más significativos fue en la cantera de Rano Raraku, el sitio donde la mayoría de los moáis fueron esculpidos directamente desde la roca volcánica. Aquí, encontró numerosas estatuas inacabadas, algunas todavía parcialmente incrustadas en la roca, proporcionando evidencias cruciales sobre las técnicas de construcción y transporte de los moáis.

Routledge también documentó los ahus, las plataformas ceremoniales sobre las que se erigían los moáis. Su interacción con los pobladores rapanui le permitió recoger valiosas tradiciones orales y leyendas que vinculaban a los moáis con representaciones de antepasados, sugiriendo una profunda conexión espiritual y cultural entre las estatuas y los habitantes de la isla.

Estas narrativas apuntaban a los moáis no solo como meras obras de arte, sino como pilares esenciales en la vida religiosa y social de la comunidad. Las teorías de Routledge sobre el significado y la función de los moáis ampliaron el conocimiento de la compleja estructura social y las creencias espirituales de los antiguos rapanui, marcando un punto de inflexión en la arqueología de la isla y proporcionando un marco para futuras investigaciones.

Su trabajo culminó en la publicación de «The Mystery of Easter Island», un detallado relato de sus hallazgos y experiencias en la isla.

– ¿Por qué desapareció esta cultura?

La construcción de los moáis en la Isla de Pascua fue un logro arquitectónico, pero también un factor que contribuyó al colapso ecológico y cultural de la isla. Según la hipótesis de Katherine Routledge y estudios posteriores, la demanda intensiva de recursos como madera para transportar estas gigantescas estatuas llevó a una deforestación masiva.

Este agotamiento de los recursos naturales críticos generó una cadena de consecuencias ambientales, incluyendo la erosión del suelo y la disminución de la capacidad de la tierra para sostener la agricultura y la vida silvestre local.

Esta crisis ambiental exacerbó las tensiones entre los distintos clanes de la isla, que competían por los menguantes recursos y el prestigio de erigir moáis cada vez más grandes. La rivalidad intensa condujo a conflictos y guerras tribales, marcando un período de inestabilidad social y el abandono progresivo de la construcción de nuevos moáis.

Esta serie de eventos culminó en la decadencia de las prácticas culturales que una vez florecieron alrededor de estos imponentes iconos de piedra.

– Mucho por conocer (y conservar)

Las teorías contemporáneas sobre el transporte de los moáis de la Isla de Pascua han evolucionado considerablemente. Una de las más fascinantes es la teoría del «caminar» de los moáis, propuesta por arqueólogos como Carl Lipo.

Según esta teoría, los moáis eran trasladados verticalmente en un movimiento pendular, una técnica que imitaba el acto de caminar, lo que explicaría cómo estas colosales estatuas podrían haber sido movidas largas distancias sin la necesidad de rodillos o trineos, utilizando solo cuerdas y mano de obra humana coordinada.

Paralelamente, proyectos como el Easter Island Statue Project, liderado por Jo Anne Van Tilburg, se han centrado en la conservación y estudio detallado de los moáis y sus plataformas. 

Este proyecto ha ayudado a catalogar las estatuas, estudiar su conservación y trabajar en la preservación del patrimonio cultural de la isla, con la intención de superar adversidades como la erosión y el impacto del turismo. Estos esfuerzos son cruciales para mantener vivo el legado de los antiguos rapanui y proteger estas impresionantes obras de arte para futuras generaciones.

Los moáis de la Isla de Pascua no son solo monumentos pétreos; son emblemas de la rica herencia espiritual y cultural de los rapanuis. Estas enigmáticas figuras continúan fascinando y desafiando a arqueólogos y científicos, manteniendo viva la magia y el misterio que envuelve a esta remota isla.

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Cuando mueren los buitres, también mueren las personas…


La extinción de los buitres en India provocó un aumento de más de 100.000 muertes humanas al año, según un reciente estudio.

DW/FEW (dpa, American Economic Review) — La desaparición repentina de millones de buitres en India inició una secuencia imprevista de eventos. Un aparente desequilibrio natural escaló rápidamente, resultando en casi medio millón de vidas humanas perdidas.

En la década de 1990, India fue testigo de una extinción masiva de buitres, con millones de estas aves muriendo de manera repentina y misteriosa. Sin sus carroñeros naturales, el ecosistema quedó desequilibrado. Ahora, un reciente estudio revela un impactante efecto secundario: el aumento de muertes humanas debido a la proliferación de cadáveres de animales sin consumir.

Según Anant Sudarshan, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), y Eyal Frank, de la Universidad de Chicago (EE. UU.), los buitres son especialmente eficaces a la hora de dejar solo los huesos de los cadáveres y evitar así la propagación de agentes patógenos. Lo calcularon a partir de datos demográficos: la desaparición de los buitres provocó más de 100.000 muertes adicionales al año.

En zonas con una población estable de buitres, un cadáver no suele pasar mucho tiempo sin ser detectado. Los enormes pájaros de cabeza escasamente peluda se abalanzan para hundir sus picos curvados en la carroña. Una vez que el enjambre de buitres se ha despejado, no queda nada para otros carroñeros. Los buitres pueden devorar una vaca entera en 40 minutos, escriben los autores.

Más perros callejeros, más ratas, peor agua

Otros carroñeros, como los perros callejeros y las ratas, no podrían sustituir a los buitres en su función, ya que abandonan ciertas partes del cadáver y, por tanto, no resuelven el problema de su eliminación.

Además, pueden transmitir enfermedades como la rabia. Si estos mamíferos tienen más comida disponible debido a la mortalidad de los buitres, su población aumenta, y con ella los peligros para los humanos.

«La ganadería también se convierte en una fuente de contaminación del agua si los ganaderos tienen que deshacerse ellos mismos de los animales muertos», escriben los dos autores en la revista American Economic Review. 

A menudo, los ganaderos se limitan a arrojar los numerosos cadáveres de vacas y bovinos a ríos y lagos, lo que favorece la aparición de nuevas enfermedades. Otros métodos de eliminación, como el entierro o la incineración en crematorios, llevan demasiado tiempo o son demasiado caros para muchos habitantes de la India.

El uso de diclofenaco en ganado fue la causa principal de la rápida disminución de la población de buitres en India.

Durante años, nadie supo por qué morían los buitres

La gran extinción de buitres en la India comenzó en 1994, cuando los granjeros empezaron a utilizar diclofenaco, un potente analgésico y antiinflamatorio, para sus vacas y otro ganado. Si más tarde los buitres se comían estos animales que aún tenían restos de diclofenaco, les destruía los riñones, lo que provocaba que las aves murieran agonizando. El número de buitres en la India se redujo de unos 50 millones a unos cien mil en la actualidad.  

La relación con el diclofenaco no se reconoció hasta 2004. Aunque el uso de este principio activo para animales de granja se prohibió en India en 2006, se sigue utilizando: algunos granjeros utilizan medicamentos de diclofenaco destinados a los humanos para dárselos a sus animales. Existen medicamentos sustitutivos de precio comparable, pero actúan más lentamente.

Sudarshan, que creció en la India, ha experimentado en carne propia el colapso de la población. «Cuando era pequeño, había buitres por todas partes.  Y de repente desaparecieron», recuerda. En la India hay nueve especies de buitres, y las tres que antes eran especialmente comunes están ahora clasificadas como «en peligro crítico». Según Sudarshan y Frank, nunca antes en la historia de la humanidad se había diezmado tan rápidamente una especie de ave.

Comparación de zonas con buitres y zonas sin buitres 

Para analizar el impacto en los seres humanos, los dos economistas medioambientales estudiaron las tasas de mortalidad en diversas comunidades indias entre 2000 y 2005. En las zonas que antes eran un hábitat adecuado para los buitres, las tasas de mortalidad aumentaron tras la extinción de los buitres. En otras zonas, donde los buitres ya escaseaban, las tasas de mortalidad se mantuvieron estables.

En las zonas de buitres, los autores calculan un aumento de las muertes del 4,7 %. Esto significa más de 100.000 muertes adicionales al año. Como analizaron cinco años con más detalle, su resultado final es de más de medio millón de muertes adicionales. «Antes de realizar nuestro estudio, no se había cuantificado el alcance del problema: sabíamos que había riesgos para la salud, pero no teníamos una cifra concreta de antemano», afirma Sudarshan.

Perros callejeros y ratas proliferaron en ausencia de buitres, aumentando los riesgos de enfermedades para los humanos.

Daños de miles de millones de euros

Los daños financieros causados por estas muertes ascienden a casi 70.000 millones de dólares (64.000 millones de euros) al año, calculan los economistas medioambientales.

Consideran que esta cifra es relevante: al fin y al cabo, la conservación de las especies también tiene que ver con la cuestión de cuánto puede costar. «Como el problema está resultando ser muy grande, merece la pena que la India destine más dinero a programas de conservación y reintroducción de buitres, para los que hasta ahora se ha dispuesto de muy poca financiación».

La construcción masiva de crematorios de animales, que podrían asumir la función de los buitres, también es muy cara, prosigue Sudarshan, pero sigue siendo más barata que los costes sanitarios de las muertes. Gracias al estudio, ahora están claros los costes y los beneficios.

Sudarshan cree que otros países también podrían sacar sus propias conclusiones. En muchas partes de África, en particular, sigue habiendo numerosos buitres, pero también corren el riesgo de morir en masa a causa del diclofenaco. «Nuestro estudio es, por tanto, una advertencia a los países en desarrollo donde aún hay buitres para que actúen con rapidez».

Consejo: la humanidad debe centrarse en las especies clave 

En general, los dos autores sugieren en su estudio que la humanidad debe decidir de qué animales quiere ocuparse. Al fin y al cabo, ya nos enfrentamos a una extinción masiva de proporciones sin precedentes. «Dado que, por desgracia, es imposible evitar todas las extinciones, la política de conservación debe resolver un problema objetivo crucial: ¿cuál de las muchas especies en peligro debemos proteger o reintroducir?».

Sudarshan añade que actualmente se gasta mucho dinero en proteger animales especialmente bonitos o especialmente espléndidos. Entre ellos están los osos panda y los tigres. «No decimos que esto sea malo, pero queremos señalar que el bienestar de los humanos está interrelacionado con el de otras especies». Hay algunas especies clave en el ecosistema que también son especialmente fundamentales para la salud y la seguridad humanas.

Hay que identificarlas y preservarlas para que sigan cumpliendo su función en el ecosistema. También hay que tener en cuenta los efectos que los medicamentos pueden tener en los animales, dice Sudarshan. «Nuestra recomendación política es que se compruebe la toxicidad de los nuevos productos químicos tanto para los humanos como para todas las especies clave».

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Por qué los avisos meteorológicos no reflejan toda la realidad sobre las olas de calor…


The Conversation(C.L.Gil/J.Díaz) — ¿Qué es una ola de calor?

Lo cierto es que existen al menos dos definiciones dependiendo de los parámetros que tengamos en cuenta.

Podemos considerar únicamente la meteorología o podemos contemplar su impacto en la salud, una variable determinante a la hora de activar alertas y planes de prevención.

Desde un punto de vista estrictamente meteorológico, se denomina ola de calor a un episodio de al menos tres días consecutivos en el cual, como mínimo, el 10 % de las estaciones registran temperaturas máximas diarias por encima del percentil 95 % de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del periodo de referencia vigente (1971-2000).

Se trata de una definición basada exclusivamente en la climatología histórica de cada lugar y esta definición es la misma para toda España.

Sin embargo, desde el punto de vista del impacto en la salud de las personas, una ola de calor se define como aquella temperatura máxima diaria a partir de la cual la mortalidad diaria aumenta de forma estadísticamente significativa.

En esta segunda definición, intervienen diferentes determinantes sociales que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como:

“Las circunstancias en que las personas nacen crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana”.

Estas fuerzas y sistemas incluyen políticas y sistemas económicos, programas de desarrollo, normas y políticas sociales y sistemas políticos.

Por tanto, en la mortalidad poblacional influyen factores socioeconómicos, demográficos, sanitarios, de infraestructuras, de urbanismo, geográficos, etc. que evidentemente varían de un lugar a otro.

Si el objetivo es determinar cómo influyen las altas temperaturas en la mortalidad, son muy importantes estos factores locales.

La citada OMS llegó en 2021 a la conclusión de que las temperaturas umbrales de definición de ola de calor deben basarse en riesgos en salud y no solo en condiciones meteorológicas.

– Cuando las temperaturas umbrales no coinciden

Para la cuantificación y evaluación de los impactos en salud de las altas temperaturas en olas de calor se debe determinar, para cada zona, cuál es la temperatura umbral a partir de la cual aumenta la mortalidad de forma estadísticamente significativa y determinar a qué percentil corresponde esa temperatura en la serie de temperaturas máximas de los meses de verano.

Las temperaturas que definen una ola de calor meteorológica y el impacto de una ola de calor en salud no tienen por qué coincidir ya que representan conceptos diferentes y sirven para fines distintos.

El conflicto aparece cuando se habla de impactos en salud y se utiliza la definición meteorológica de ola de calor, algo que se ve en publicaciones científicas y en los medios de comunicación de forma generalizada, no representando fielmente el impacto en salud sobre la población.

En un estudio reciente, investigadores del Instituto de Salud Carlos III determinamos la temperatura de definición de ola de calor desde el punto de vista del impacto en salud para 182 regiones coincidentes con las zonas de meteo-alerta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que son aquellas que presentan un comportamiento climático similar.

Para determinar las temperaturas umbrales en cada una de esas zonas, consideramos la mortalidad diaria registrada en todos los municipios incluidos en cada región y lo relacionamos mediante análisis de series temporales con las temperaturas máximas diarias obtenidas de aproximadamente 1 100 observatorios meteorológicos.

Los resultados obtenidos indican que en el 52,5 % de las regiones analizadas, la temperatura umbral de definición de ola de calor en salud se encuentra por debajo de la temperatura de definición meteorológica. Solo en el 16,8 % estaría por encima. Ambas coincidían en el 30,7 % de los casos.

Por ejemplo, en el área litoral de Barcelona, en el período 2009-2018 la temperatura umbral para considerar una ola de calor según el baremo de la AMET sería 31,2 ºC, mientras que la de salud sería 30,4 ºC. En la zona de Alcaraz y Segura, en Albacete, ambas temperaturas coinciden: 37,7 ºC. Y en la zona litoral norte de Valencia, la temperatura umbral en salud (34,7 ºC) estaría por encima de la meteorológica, situada en 33,6 ºC.

Resultados de la comparación de las temperaturas umbrales de las olas de calor con criterios de salud y meteorológicos en las distintas zonas iso-climáticas de España. 

– Alertas que tienen en cuenta la salud

Trasladando este resultado a los impactos en salud pública a nivel estatal, en el 52,5 % de los casos no se estaría alertando adecuadamente a la población de un riesgo para su salud al utilizar el aviso meteorológico. En el 16,8 % de las ocasiones, se estaría alertando a la población, activando servicios de protección y gestionando recursos ante una situación de riesgo mínimo.

Es obvio que los planes de prevención en salud ante altas temperaturas deben basarse en los valores de salud y no en los meteorológicos. Así lo hace el Ministerio de Sanidad utilizando umbrales provinciales basados en la relación temperatura-mortalidad desde el año 2015 y ahora, en 2024, a nivel de las 182 regiones con igual comportamiento climático, las denominadas zonas de meteo-salud.

Mapa de riesgo para la salud por calor basado en las zonas de meteo-salud para el 8 de agosto de 2024. 

– Olas de calor aún más frecuentes e intensas

Además, la evolución temporal de las olas de calor basadas en el impacto en salud es diferente a la de las olas de calor meteorológicas, siendo las basadas en salud más frecuentes y más intensas.

Las olas de calor con impacto en salud están aumentando a un ritmo de 3,9 días por década, mientras que las meteorológicas lo están haciendo a un ritmo de 3 días por década. La intensidad media anual de las olas de calor en salud está incrementándose 9,8 ºC/década, mientras las meteorológicas lo están haciendo a 6 ºC/década. Es decir, utilizar la evolución temporal de las olas de calor meteorológica estaría minimizando la cuantificación real de los impactos en salud.

En nuestro entorno geográfico, las olas de calor son una de las principales amenazas del cambio climático sobre la salud de las personas y cada verano se baten nuevos récords de temperatura. Por eso, la capacidad de gestionar sus impactos y riesgos representa un reto continuo para la gestión en salud pública y la adecuada comunicación a la población más vulnerable.

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Embarazo y depresión…


Meer(S.Gil) — Parece que la depresión, la enfermedad genérica del siglo XXI, puede tener uno de sus orígenes antes de lo que pensamos: en el mismo embarazo; de hecho, esta enfermedad mental afecta más a las mujeres que a los hombres. Según los últimos datos en España, un 9,2% frente a un 4%.

Es más, tal y como explica María de la Fe Rodríguez, coordinadora de la unidad de psicología perinatal de la UNED, «sabemos que el inicio de la depresión se da, en muchos casos, con el embarazo. Alrededor del 15% de las mujeres que van a tener un hijo tiene síntomas depresivos que, en algunos casos, se pueden prolongar si no se afrontan a tiempo.

Ahora, en la mayor parte de los casos no se tiene en cuenta este problema, en parte porque no es visible. La llegada de un bebé parece que se tiene que vivir como una alegría y muchas madres que se sienten deprimidas no piden ayuda porque se sienten culpables».

Sin embargo, y a pesar de la relevancia del problema, no existe un plan de prevención nacional frente a la depresión relacionada con el embarazo, aunque sí se vigilan los casos más extremos de trastorno mental después del parto -conocido como psicosis puerperal- que puede llevar tanto al suicidio como al infanticidio.

Lo que también es cierto y aunque no se llegue a situaciones tan dramáticas, es que las embarazadas deprimidas suelen tener más partos prematuros y bebés de menos peso, según demuestran las últimas investigaciones. Además, en los casos en los que la futura mamá sufre esta enfermedad mental, los mismos estudios aseguran que se incrementan en el recién nacido problemas en su interacción con otras personas, deficiencias en la atención y dificultades diversas a la hora del aprendizaje.

Para Ricardo Muñoz, profesor de la Universidad de Palo Alto (EE UU), hay dos métodos preventivos para paliar la depresión antes de que sea demasiado tarde.

El primero de ellos, la terapia cognitiva conductual, consiste en enseñar a la gente a fomentar pensamientos y comportamientos que les conducen a tener un mejor estado de ánimo y reducir aquellos que producen tristeza o desesperación.

El segundo enfoque, la terapia interpersonal, ayuda a mejorar la comunicación con otras personas y a apoyarse en la familia y los amigos, afirma.

Pese a todo, el verdadero problema que encierra la depresión es que es muy común.

Según la Organización Mundial de la Salud, en todo el mundo más de 300 millones de personas sufren depresión y la mayoría no tienen tratamiento.

No obstante, y con el objetivo de reducir esta cifra, Muñoz propone el empleo de sistemas de intervención online, es decir, la aplicación de tratamientos determinados a través del móvil, los cuales, bajo ninguna circunstancia, sustituirán al terapeuta o psicólogo.

En los casos más graves, Ricardo Muñoz comenta que en las aplicaciones se incluirían alertas para ponerse en contacto con el especialista adecuado.

Igualmente, el profesor de Palo Alto calcula que, basándose en experiencias previas, se podría recortar el impacto de la depresión entre las embarazadas en un 50% . Por su parte, Rodríguez está convencida de que las estrategias preventivas enfocadas en las embarazadas mejorarían la salud mental de toda la población.

Pero también sabe que aunque se incorporen los últimos adelantos tecnológicos y digitales en este ámbito, estas medidas requieren la inversión económica necesaria como para incluir psicólogos en los departamentos de ginecología y obstetricia. Lo que no es ninguna broma.

De cualquier modo, siempre hay un espacio para la esperanza. Como dicen los entendidos, «nosotros, los terapeutas, nos sentamos en nuestra consulta esperando a que la gente sufra tanto como para venir a vernos, o a que los traiga su familia o la policía porque están dando problemas.

Deberíamos acercarnos a nuestra comunidad para compartir lo que hemos aprendido sobre cómo prevenir los problemas mentales, emocionales y de comportamiento que hacen que la gente venga a nuestras consultas».

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Las ilusorias promesas de la liberación sexual…


Este truhan se las pincha a todas…

JotDown(J.Bilbao/G.Vázquez) — Cuando leo o escucho a hombres mayores clamar con vehemencia contra la Iglesia, el catolicismo y la represión sexual que trajeron consigo, a menudo asiento interiormente a lo que dicen e intento imaginarme cómo debió de ser aquella época que tanto les traumatizó.

Debió de ser terrible, sin duda, pero en tales ocasiones no puedo evitar pensar también en cómo creen ellos que habría sido su vida sexual en otro contexto. Viendo la virulencia que en ocasiones ha alcanzado el anticlericalismo en España, más de uno pensaría que la Iglesia era el único obstáculo entre él y una orgía perpetua. Quizá a pesar de todo no dejaron de creer en el paraíso y solo le dieron otra forma…

Sea como fuere, su discurso, el discurso de la liberación sexual, ha cuajado con intensidad en nuestro país y en todo Occidente durante las últimas décadas. Ya conocen la historia: la religión judeocristiana reprimió nuestros impulsos sexuales, amenazando en sus sermones con la condenación eterna a quien se masturbaba, era promiscuo o en general utilizaba el sexo para algo que no fuera la reproducción.

Pero ese oscurantismo debe quedar atrás, nos decimos convencidos unos a otros, y desde hace años contamos además con todo un ejército de sexólogos que nos han animado desde los medios de comunicación a sacudirnos por completo cualquier temor y a disfrutar sin más límites que nuestras fuerzas y el código penal.

Si en otros países la reivindicación del sexo y el hedonismo vino de la mano del movimiento hippie, aquí debido a las circunstancias políticas tardo algo más, pero también por ello con más brío de la mano del «Destape», de «La Movida» y del afán de europeizarse especialmente durante la década de los 80.

Muchos lectores recordarán a la pionera en estos lares, la doctora Elena Ochoa, rodeada de ese público de la época que lo mismo aplaudía a rabiar un apartamiento en la Manga del Mar Menor que ponía cara de pensar mientras oía hablar de penes y vaginas, porque es lo que tocaba. Había que subirse al carro de la modernidad.

La educación sexual además también debía entrar en los colegios e institutos, así que por ahí pasaban educadores a hablarnos de métodos anticonceptivos. Uno parecía despertar al sexo de forma simultánea a todo un despertar nacional y occidental.

Ahí estaban Porky’s o aquel programa de TVE que, en el colmo de la provocación y el escándalo, concluía cada semana con un strep-tease. Sonaba todo tan prometedor que recuerdo a un compañero de 2º de BUP viniéndose arriba y pedir a los profesores una máquina de condones. En un instituto bilbaíno. Porque la teoría ya nos la sabíamos todos de sobra y la práctica estaba a punto de llegar, creíamos.

Pero lo que no ha dejado de llegar en cantidades gigantescas desde entonces, año tras año, es la teoría.

Nada es más aborrecido en el discurso de los intelectuales, periodistas y líderes de opinión, en la opinión pública —en el discurso dominante en el que todos estamos inmersos, en definitiva— que todo aquello que pretenda poner cortapisas al pleno disfrute sexual, convertido en un sano ejercicio gimnástico.

Podría decirse que el terreno para su llegada ha sido completamente alisado…

Y por lo tanto quizá al discurso de la liberación ya no le quedan más cadenas que romper, más muros por derribar ni más enemigos por batir.

Parece que ya hemos llegado al final y esto que tenemos ahora es el paisaje que ha quedado después de la batalla. Sin que queden ya en el año 2013 muchas promesas de mejora.

Veamos por ejemplo el caso de algunos  foros con más de medio millón de personas inscritas y, a menudo, templos de sabiduría a este respecto. Pues bien, la gran mayoría son muy jóvenes y no falta un día sin que alguien abra un hilo titulado «tengo 25 años y soy virgen», «tengo 26 años y nunca he besado a una chica»… etc.

Hilos que se llenan de cientos de testimonios similares y en ocasiones realmente dramáticos. Por otra parte, según algunas noticias, los más jóvenes recurren a las prostitutas incluso con más frecuencia que los adultos. Y por último en este panorama no faltan ni las waifus, almohadas con el dibujo de algún personaje femenino del manga japonés que se han puesto de moda, cuyos propietarios tratan como a una novia de carne y hueso.

¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿No estábamos ya ante una juventud educada sexualmente, liberada de prejuicios y tradiciones reaccionarias? Han crecido con un acceso ilimitado al porno en internet, seguramente nunca hayan visto un cura de cerca y no han oído desde la adolescencia otra cosa que el sexo es algo fantástico y que uno ha de follar todo lo que pueda

¿Por qué entonces sus vidas no son un constante trasegar de fluidos genitales de Dios sabe cuántas personas distintas? Se me ocurren dos motivos: los llamaremos el imperativo biológico y el capitalismo sexual.

  • El imperativo biológico

Como dijo Yoko Ono: «la revolución sexual, de la que tanto se habla, fue principalmente para los tíos. Ellos hicieron «Yupi»… Para las chicas, creo que nuestra experiencia fue muy distinta. Si no éramos complacientes, decían que no estábamos en la onda o cosas así»Tal como viene señalando la psicología evolucionista, el comportamiento sexual de hombres y mujeres no es idéntico y no tiene visos de que llegue a serlo nunca.

A esa conclusión ha llegado el psicólogo David M. Buss en La evolución del deseo, tras entrevistara10.000 personas de entre 14 y 70 años de los cinco continentes y de toda clase de culturas, creencias, razas y estatus económicoUna promiscuidad muy elevada puede traer a los hombres una cantidad de descendencia prácticamente ilimitada, así que la evolución habría premiado esa predisposición.

Los datos del estudio entre otras muchas cosas mostraban una brecha similar en todas partes en torno a esa preferencia entre hombres y mujeres.

Lo más curioso es que no importa mucho lo moderno y rico que sea el país en cuestión. Harald Eia es un cómico y presentador que hizo un programa para la televisión noruega llamado Hjernevask, con reportajes sobre el debate entre la influencia de la naturaleza y la cultura en torno a temas como el interés por el sexo en hombres y mujeres, la homosexualidad, la educación, la violencia y el racismo.

Tiene un estilo desenfadado similar al de Jordi Evolé que los hace muy amenos e interesantes, además de contar con entrevistas a investigadores de primer nivel. Pues bien, el reportaje dedicado al sexo permite atisbar en algunos momentos exactamente esta misma situación en un país considerado a la vanguardia del mundo en tantos aspectos.

Resulta curioso cómo una de las entrevistadas (a partir del minuto nueve) se autodefine como feminista y no duda en considerar la visión masculina del sexo como la correcta, la que las mujeres deben imitar. Pero no parece que muchas estén dispuestas a hacerle caso. Aquí vemos un curioso experimento en el que un joven de buen aspecto y en forma, en el año 2013 se acerca a 100 mujeres ofreciéndoles sexo. Este es el resultado:

Cero respuestas positivas, pobre hombre. Parece razonable concluir que si un joven en una región tan adaptada a los valores modernos y la revolución sexual como California, en el año 2013, tiene tan discreto éxito entonces el cambio no ha sido tan grande como algunos soñaban. Veamos qué ocurre en el caso inverso:

De 14 hombres a los que se ha acercado nada menos que la mitad han aceptado su ofrecimiento. Y algunos de los que son abordados con la novia al lado parecen estar pensándoselo antes de dar su negativa.

  • El capitalismo sexual

Prácticamente todas las sociedades humanas han institucionalizado la monogamia. Incluso aquellas que permiten la poligamia la reservan solo para sus élites.

La celebración con grandes dispendios del matrimonio, la persecución del adulterio y la desaprobación generalizada de la promiscuidad son las bases sobre las que se sustenta un sistema que pretende así evitar que unos pocos poderosos acaparen muchos, y que todos tengan acceso igualitario al sexo y a la posibilidad de reproducirse.

De esa manera disminuye la competencia y se incrementa la cooperación dentro del grupo. Un sistema, por decirlo así, de «marxismo sexual».

Abolido el igualitarismo y la garantía de la sociedad a cada miembro de que le tocará una pareja entonces su búsqueda pasa a convertirse un mercado libre donde uno es simultáneamente consumidor y objeto consumido. A veces de forma literal, como en la web de citas Adopta un tío, donde los usuarios son productos etiquetados que se echan a una cesta de la compra.

Pero en un supermercado no todos los productos se venden por igual, unos pueden ser muy demandados y otros quedarse en la estantería cogiendo polvo. Houellebecq pudo verlo con gran agudeza en Ampliación del campo de batalla:

Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero, y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como este. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes.

Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días, otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres, otros con ninguna.

Es lo que se llama la «ley del mercado». En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama.

En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas, otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante, otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad.

Siguiendo este símil, la liberación sexual prometió a todo el mundo que se haría rico. Pero para que unos ganen otros deben perder. El fin de la monogamia no viene seguido de un paraíso hippie donde todos follan constantemente con todos, puesto que el atractivo de cada uno difiere. Una vez abolida la monogamia lo que viene a ocupar ese hueco es la poliginia. En la naturaleza lo vemos constantemente. Entre los elefantes marinos, por ejemplo, un escaso 4% de los machos engendra el 85% de las crías nacidas

Y el resto a contemplar el horizonte y divagar poéticamente sobre las olas, cabe suponer. La gran mayoría de las personas tenemos distorsionada nuestra autopercepción por un sesgo favorable que nos hace estar más a gusto con nosotros mismos, aun a costa de engañarnos sistemáticamente sobre nuestras posibilidades reales (la culpa siempre pasa a ser de los demás). Por ello la mayoría aceptará ese nuevo reparto porque cree que formará parte de la minoría privilegiada. Y si no, lo fingirá.

De la misma manera que todos evitan parecer pobres, nada más ridículo y denigrante que ser considerado «nuncafollista». Hay que hacer ostentación de cada logro en ese terreno si no quiere uno perder la consideración de los demás.

Pero la realidad —tal como decían en el citado reportaje— es que uno de cada cuatro hombres noruegos de 40 años está soltero y sin hijos, cuando la proporción hace unas décadas era de un 10%. En España, un 27% de los hogares están ya habitados por una sola persona. En conclusión, la tarta ha aumentado su tamaño —menos de lo prometido, debido al «imperativo biológico»— pero está peor repartida, debido al «capitalismo sexual».

Dice el profesor de psicología de Harvard Dan Gilbert que los hombres casados viven más años, tiene mejor salud, se suicidan menos, ganan más dinero, practican sexo con más frecuencia y cometen menos crímenes que los solteros. De ser cierto en tal caso no parece que estemos yendo en la dirección correcta.

Pero dar marcha atrás al cambio social no parece ni deseable ni posible. ¿Cuál es entonces la respuesta? Pues no lo sé. Puede que sea un problema sin solución y que las personas simplemente no tengamos arreglo.

– El drama tardolescente

Tiene casi treinta años. Podría tener veinte o cuarenta.

En lo esencial nada ha cambiado ni lo hará.

En algún momento su carácter y posición en el mundo se detuvieron, como el aire de las cuatro paredes que lo encierran. Son muchos. En realidad demasiados.

No se les oye ni ve. Viven ocultos, palpitan en secreto y como perciben la existencia a solas se deslizan como espectros a la intemperie social, que con disgusto deben cruzar a diario.

Una ramplona perspectiva material los ha venido explicando por el retraso en su independencia.

Viven en casa de sus padres como si algo dramático fuese a variar de hacerlo fuera, en el alquiler de una habitación que comparten con otros iguales, donde a lo sumo cambiará el marco pero difícilmente el cuadro, en cuyo tenue interior apenas se ha reparado.

En el alma de ese eterno joven dormita una vida afectiva que sigue enfermando. Muy temprano asumió que su emoción no era permeable, que del intercambio amoroso universal había sido descartado y que sentimentalmente habría de bastarse a sí mismo. Que mejor le sabría renunciar a la vida social que seguir deambulando por ella y castigar así la conciencia con la privación que mayor tormento le causa.

Nada más decidió que resignarse. Y los años de rutina solitaria fortalecieron los barrotes que le separan del mundo exterior, el abismo que subraya su vulnerable condición.

Hubo un tiempo en que agrupado sentía algún calor. De noche se entregaba con otros al alcohol y hasta empleaba su primera lucidez en cruzar la orilla y acercarse a ellas. Eran momentos de una valentía instantánea, de una ingenuidad sin nombre que atenuaba el sinsabor de las negativas hasta la noche siguiente, como creyendo que siempre habría una más.

Ese tiempo ha pasado. Voló en un suspiro. Ahora apenas encuentra arreglo entre los mortales. Se siente ridículo en cualquier bar, un pasmarote sin sombra en corrillos que no le apetecen. Alguna vez se anima y entre compañeros más que amigos disfruta un ligero cosquilleo. Pero de reojo no pierde ocasión en descubrir un rostro bello, unas piernas suaves o unas formas glotonas y lamentar que algún otro las goce. Por eso de un trago vuelve en sí para acabar matando la noche en su refugio consumiendo a solas cualquier cosa de la FNAC, el comercio que más frecuenta y del que se atiborra a ritmo endiablado.

Porque careciendo de vida afectiva afirma la vida culta, motivo por el que su conciencia le recuerda sin piedad qué le lleva a matar su tiempo entre románticos y foreros que como él dieron la espalda a la luz. Y en penumbra encuentra un sordo placer en ignorar el ardor de las pasiones y hasta en masturbar aprisa sus brotes, cuya insistencia maldice.

La distancia al otro sexo ha tornado ya infranqueable. Lo hizo en el momento de justificarla. No se identifica con el vulgar escaparate de bíceps y berzas. Tampoco con el cargante 15-M, de cuya tribal estética sospecha. Y nada repudia más que el veneno conservador de las niñas bien, de ninguna de las cuales disfrutó jamás una mirada. En esta terrible simplificación del mundo femenino, deformado en molde político, cree así agotada su fauna. Pero no su añoranza.

Desea entonces una chica normal pero no sabe dónde encontrarla. Y su orgullo, ese gusano que devora sus entrañas, ha inflamado tanto que descarta entregarse a la red. La solución es, pues, la renuncia. La vuelta al ovillo sin haber dado un paso.

Pero el tormento vuelve enseguida a la carga. Porque la vida en quietud orbita en un bucle sin meta. Y porque sigue siendo un hombre. Solo que aún no ha tenido oportunidad de comprobarlo.

Por eso un encuentro sexual le viene grande. Ve el cielo abierto a su posibilidad. Pero se va nublando a medida que la inseguridad lo posee. No entiende cómo es posible haber deseado tanto lo que ahora le aterra. Así ocurre que la noche en que el azar del destino lo elige descubre con ingrata extrañeza la hediondez de un coño, la torpeza en acertar su diana a oscuras, las reacciones indescifrables de ella, su sospechoso silencio y como un terrible guión cuyo orden ignora de raíz.

Habituado a la vida mental, al placer cognitivo, esta violenta sobrecarga de los sentidos dificulta su erección.

Descubre entonces que la experiencia in situ nada tiene que ver con el atletismo sexual de que su sobredosis de porno le creyó convencido.

Admite así con horror la remota distancia entre el consumo y la escena protagonista.

Es un novicio.

Y la dictadura genital y el imperativo de satisfacción femenina con que ha sido bombardeado en vida le impiden el goce y hasta entender las razones por las cuales lo sexual era el último y como más importante plano de conquista.

Aterrado desea entonces huir, desaparecer del fracaso, regresar al único espacio que comprende, al muelle de la obesidad solitaria.

Hasta podría enamorarse sin saber qué le ocurre. Y desatender ensimismado todo cuanto no concentra su objeto amado. No siendo correspondido su frustración aumenta y una de las primeras consecuencias es renegar de aquellas sensibilidades atribuidas a la feminidad. Antes bien se convence de su naturaleza diabólica. Habrá cruzado entonces una peligrosa frontera. Ya no verá mujeres. Solo enemigos envueltos en seductora forma de presa sexual. Una visión envenenada al punto de percibir la belleza que no hace suya como un calvario, peor cuanto más irresistible aquélla.

El desarrollo de la misoginia es más lento y silencioso de lo que su perspectiva histórica sostiene. No es tanto origen como desenlace. No medra tanto en el subconsciente y albores de la vida cuanto en las vívidas decepciones sufridas en los años de flor y conquista. La coartada biológica de Aristóteles o la genética en Schopenhauer palidecen ante la definición alfonsina de la mujer como la fuente de confusión del hombre, el peligro que no guarda medida. Esto lo sabe bien tanto el misógino como el que se quedó a las puertas de padecerlo antes de entregarse.

Misoginia y misandria son males del alma. Males adquiridos que nada podrá combatir si la experiencia de la víctima es verdadera. No será otro el motivo de futuras cautelas en el terreno que más libre debiera verse de ellas. De ahí que Russell lamentara la cautela en el amor como la más letal para la felicidad auténtica.

El sujeto tardolescente vive en silencio su drama interior. Ese joven nació y creció sin un solo defecto. No congénito. Tres décadas después sigue sin haberlo. Y sin embargo nada siente con más fuerza que el defecto de su vida, fuente de todos los demás.

Cabe incorporar este proceso paradójico al derecho de inadmisión a que la masculinidad ha sido sometida en el último cuarto de siglo.

Ningún fundamento arquetípico ha sido más despreciado por la cultura moderna que la noción clásica de hombre. Hace tiempo que la publicidad norteamericana se sacudió los complejos de beatificar a mujeres y negros por una especie de atávica culpa que compensar la cultura popular. Hoy día informa esa mercadotecnia un desbordante sentido del humor libre por fin de morales reparaciones a presuntas víctimas del pasado. Dominada por vehículos, seguros y comida la publicidad norteamericana no se mete en líos. Elude así dar motivos al sediento enjambre de papanatas dispuestos a saltar a la mínima.

En España el proceso publicitario de la compensación, que culpaba al hombre deificando a la mujer, ha remitido notablemente. Pero hasta hace bien poco un hombre valía menos que una lavadora y ninguna asociación ponía el grito en el cielo. En el mundo comercial, el pilar simbólico sobre el que se sostiene la sociedad de consumo, el hombre ha venido encajando todos los golpes sin rechistar.

La cultura popular en los Estados Unidos no ha fortalecido tanto la figura femenina como en España, que acomplejada sigue dando saltos sin orden ni concierto. Del destape al porno a una cultura tan hiperfeminizada como para hacer del gay un icono de modernidad. El prototipo saliente de esa huida de la vergüenza presentaba a una mujer firme, poderosa, liberada y autónoma.

Pero al mismo tiempo insensible, material y superflua, un ente algo sádico que sobrevolaba al hombre cuando no lo pisaba con saña en su escrotal masculinidad reduciéndolo con moroso deleite a erótico delantal, a primario objeto sexual. Al fervor de la culpa masculina ocurrió que ni siquiera podrían darse mujeres frígidas. Solo falos incapaces. Así toda humillación encajaba para solaz de la nueva mujer, una estúpida caprichosa que ha venido triunfando en el discurso simbólico como preferible a toda mujer anterior.

Por el contrario el hombre no encontró un nuevo molde más allá de la erosión y desguace del anterior. No se repuso el cadáver. Admitir la congénita idiocia masculina y como una etérea superioridad del otro sexo pasó a formar parte del orden natural. La cultura devino así hermafrodita. Y cuanto más elevadas sus presunciones, cuanto más celestes sus metas, más lejos del empedrado masculino.

La campaña de Loewe por ejemplo, una oda al exterminio del publicismo indolente, exhibe en términos surreales a una pueril patulea de disfrazados con un único denominador común: la exclusión del hombre. Ni uno solo hace acto de presencia y cuanto lo sugiere es de plástico. Es el hombre, al margen de nociones, la figura de que huir, el polvo que sacudir bajo la alfombra.

El hombre es lo primitivo y mostrenco, la realidad prosaica y velluda sin tacto ni cabida en esos bolsos que figuran una sexualidad difusa de la que únicamente se desprende que las sutilezas de estilo y diseño, los alardes del arte, no están al alcance de lo masculino real.

En su desbocada provocación erraba así Umbral refiriendo mujeres de piscifactoría. Más bien al contrario, es su orbe el sexo intacto siendo el hombre el nervio confuso, zarandeado, anómico y errante.

El peaje de un feminismo activista y una deplorable interpretación del correctismo político vapulearon –en términos de Hayward– al varón, que en adelante sufriría una grave crisis de identidad como impelido a renunciar a lo más sagrado de su ser.

En medio de la confusa renovación, dominada por represalias en lugar de ideales, admitió el sexo masculino un nuevo tipo de hombre menos superior que deseable. No era nada definido. Solo retales con que ir cubriendo sus vergüenzas cosiendo de paso a flechazos el cuerpo del guerrero, el alma del héroe, el hombre rampante.

La solución pasaba por un tipo comprensivo, tierno y sensible. Que llorase si así procedía. Un hombre frágil como al servicio de la maternidad. Nadie tuvo en cambio el valor de advertir a los nuevos jóvenes que la bondad es a ellas la menos erótica de las cualidades. Y que más que deseo inspirará compasión.

El nuevo hombre se veía así abocado, lo quisiera o no, a amistar con ellas antes de dar otro paso.

Los efectos de la oleada pueden sentirse hoy día en una masa invisible. La primera generación que sucede al asesinato del hombre, la generación de jóvenes varones más inocente que ha conocido el sangrante pueblo español, padece hoy de improvisadas exigencias que nuevamente asestan golpes a su tierna medular.

Un realismo exacerbado potencia al macho que en el corazón de la noche sigue triunfando muy por encima de las sutilezas presumiblemente efectivas. Y hasta la fecha no se conoce índice más fiel a la temperatura erótica de un pueblo.

El tardolescente solitario sufre la inercia de llegar a creer que fuera de su refugio, en el mundo exterior que ya no respira, se libra un festín de desenfreno sexual cuya exclusión llega a padecer como un condenado.

No hace falta esa condición para hacer propia esa miopía.

Un ciudadano de a pie puede experimentar igual desolación al incesante desfile de putas y futbolistas. Pero la pesadumbre que invade al primero será mucho mayor, tendrá una raíz más honda y poética.

Ese chico incapaz de disfrutar su juventud, que ha renunciado a ella, está preparado, es inteligente, hábil y adaptable.

Sus valores no han sido enseñados sino asumidos. Es moralmente más justo que toda generación anterior. Y sin embargo es víctima de algo que no comprende.

Sufre así arrebatos en maldecir su independencia llegando a codiciar la unión ajena y hasta su denostada figura del matrimonio, que vio formar uno a uno a sus antiguos amigos.

Se apresuró en España un tiempo de engaño donde la primera institución a derribar era el matrimonio. Qué terrible fracaso. Nadie reparó en la gigantesca torpeza de concebir el ensayo al mezquino espíritu español, combativo en lo vulgar y sin mayores ambiciones que las domésticas. Fromm no pensó en la piel de toro como el mejor laboratorio para el miedo a la libertad. Y sin embargo no habría encontrado ejemplo más ideal.

De estudiarse en profundidad el origen de la mayor parte de matrimonios jóvenes de este país, de cómo se formaron y qué cualidades condujeron al acuerdo, los pilares sobre los que se asienta esa institución tendrían el grosor de un lápiz. Porque apenas se hallarían pruebas más veraces que el miedo a la castración vital de ellos y a la soledad en ellas, privación del mandato biológico. Con deplorable frecuencia el hombre asume la mano del primer coño que toma.

Ella, del primer interesado en tomarla. Así cumplen la trampa de Nietzsche de reproducir la especie sin la más remota intención de mejorarla ni divisar un horizonte de común felicidad.

Como hace tiempo que el lenguaje español perdió el mando de su destino, de bautizar a sus nuevos hijos, el nerd, el geek o el freak representan un tipo de inepto social que nutre el tejido en infinito mayor grado del que se presume. Pero a diferencia del idiota doméstico rendido al yugo forzoso este nuevo soltero, que pasó de ideal a denigrado, no entregó su vida a la primera carta y puede seguir jugando en libertad en torno a una pasión, una ambición, un especialismo en sana barbarie.

Es por ello que el tardolescente solitario puede ser el más digno de los infelices. Su alma está herida. Pero sigue siendo suya. No la vendió a la presión de un entorno que en el fondo nunca deseó así.

nuestras charlas nocturnas.

Fanny Angelina Hesse, la mujer que revolucionó el mundo de la microbiología con un ingrediente de cocina…


Fanny Angelina Hesse

BBC News Mundo(L.Pitt) — El agar (llamado a veces agar-agar) es un ingrediente común en la comida asiática.

Mezclado con agua caliente, es ideal para espesar sopas, darle estructura a los postres y, sobre todo, evitar que pierdan su forma cuando suben las temperaturas.

Sin embargo, lejos del mundo culinario, esta sustancia que se obtiene de las algas marinas tiene un rol fundamental en la ciencia: es el medio estándar en el que se cultivan hongos y bacterias en el laboratorio.

Como tiene una estructura semisólida, las bacterias pueden crecer por encima de forma controlada.

Así, en una placa de petri con agar (el recipiente de vidrio usado para estudiar microorganismos en el laboratorio), se pueden desarrollar distintas colonias bacterianas: pequeños grupos individuales de bacterias contenidos en un mismo espacio.

A simple vista, puede parecer un tecnicismo, pero, según le explica a BBC Mundo la doctora Vanesa Ayala-Nunez, investigadora de los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales (Empa), “esto es una maravilla, porque al controlar su crecimiento, las puedes aislar

Y este es un paso crítico tanto para estudiar y entender cómo funciona una infección, así como para llegar a un diagnóstico: identificar qué bacteria es la que está causando la enfermedad es el primer paso en la búsqueda de un tratamiento.

Postre
Postre elaborado con flores y agar-agar.

¿Cómo saltó este ingrediente básico de la cocina asiática a los laboratorios hace cerca de 140 años?

Fue gracias a Fanny Angelina Hesse, una mujer de la que pocos –incluidos muchos microbiólogos- han oído hablar.

– Trabajo en equipo

Nacida en 1850 en Nueva York de padres inmigrantes, Lina, como la llamaba su familia, se casó con Walther Hesse, un médico alemán a quien conoció en Nueva York, que investigaba una desconocida enfermedad pulmonar que afligía a los trabajadores de las minas de uranio y que luego se descubrió era cáncer.

La pareja se trasladó eventualmente a Berlín, donde Hesse comenzó a trabajar en el laboratorio de Robert Koch (conocido más adelante como el padre de la microbiología y ganador del Nobel de Fisiología y Medicina en 1905 por identificar el bacilo que producía la tuberculosis).

Aunque Walther era el “científico oficial” en la familia, Lina y su marido trabajaban, codo a codo en el laboratorio.

“Además de sus deberes en el hogar y en la educación de sus tres hijos, ella estaba muy familiarizada con el trabajo científico de Walther y lo ayudaba como si fuera una asistente técnica actual”, escribió el nieto de la pareja, Wolfgang Hesse, en una breve biografía en 1992.

Dibujo de Fanny Angelina Hesse
Ilustración de Lina Hesse de los experimentos con bacterias.

Lina no era científica en estricto rigor, pero “tenía una mente científica”, le explica a BBC Mundo Corrado Nai, doctor en microbiología con años de experiencia en el uso de agar.

“No podía serlo por la época y por su rol (era un ama de casa alemana), pero eran un equipo de trabajo”.

“Trabajaban juntos y el marido publicaba con su nombre, porque esa era la norma. Pero ella tenía un papel crucial en los resultados de su marido. Lina preservaba sus registros y hacía ilustraciones científicas”, dice Nai, quien actualmente participa en la elaboración de una novela gráfica sobre la vida de Lina Hesse.

“Estas ilustraciones muestran cómo crece un organismo, cómo se ve, qué forma tiene. Y esto es parte del proceso de identificación de un microorganismo”, agrega Ayala-Nunez.

Y fue trabajando juntos en el laboratorio de Koch, un día de verano 1881, después de muchos experimentos fallidos, cuando surgió la idea de probar el agar como medio de cultivo.

– De la cocina al laboratorio

Para investigar la contaminación microbiana en el aire, Walther utilizaba gelatina, uno de los medios de cultivo comunes en esa época, además de la clara de huevo, el suero, la carne, rodajas de papa y otros alimentos.

Pero una y otra vez, las bacterias degradaban la gelatina y el calor acababa derritiendo sus experimentos.

Mantenerlos en frío no era una solución: dado que el objetivo era estudiar bacterias que podrían producir una enfermedad en el cuerpo, era menester reproducir en el laboratorio la temperatura fisiológica del cuerpo humano.

Placa de petri
El agar se mantiene intacto pese al calor.

Y a Lina, entonces, se le ocurrió probar el agar, un ingrediente típico de la cocina tradicional de Java (excolonia neerlandesa, actualmente Indonesia) que acostumbraba usar desde hace años en la elaboración de postres y otros platos con vegetales.

Conocía en parte los secretos del agar y la cocina indonesia porque era mitad neerlandesa y porque tenía amigos en la familia que habían inmigrado a EE.UU. desde la excolonia. Sabía que, gracias al agar, los postres mantenían su estructura intacta más allá del calor que hiciera.

No se sabe con exactitud si fue Walther quien le preguntó a Lina cómo hacía para que sus postres se mantuvieran firmes en altas temperaturas o si fue Lina quien le sugirió reemplazar la gelatina con el agar.

Pero, definitivamente, “ella era la que sabía sobre el agar, ella fue la responsable de esta idea”, señala Nai.

Walther y Fanny Angelina Hesse, propiedad familiar
La pareja trabajaba codo a codo en el laboratorio.

– Carta a Koch

La pareja puso a prueba el agar, descubrió sus ventajas y le comunicó la noticia inmediatamente a Koch, que en ese momento estaba centrado en su investigación sobre la tuberculosis, la principal causa de muerte en los países industrializados en el siglo XIX y principios del XX.

Koch demostró en 1882 que la tuberculosis era provocada por una bacteria, lo cual abrió el camino a su diagnóstico y tratamiento.

Y aunque ese mismo año mencionó en una conferencia el papel que jugó el agar en el descubrimiento del Mycobacterium tuberculosisno incluyó ni el nombre de Lina ni el del Walther Hesse.

“Esta fue la primera vez que el agar-agar apareció en la literatura científica”, comenta Nai.

Investigadora mirando una placa de petri en el laboratorio
Hoy día, el agar es una sustancia básica en los laboratorios de microbiología.

Pero el microbiólogo no cree que obviar a los Hesse haya sido una suerte de “mal comportamiento científico”, sino que se debe en parte a que Koch no había reconocido aún lo importante que era este medio de cultivo.

“En el mismo texto dice que, en su opinión, el agar no funciona tan bien como el suero de la sangre”, señala Nai.

Fue un proceso gradual hasta que se reconoció el valor del agar en el laboratorio.

Además, Walther no publicó ningún estudio sobre el agar, y ni él ni Lina intentaron patentar su descubrimiento.

«Los Hesse nunca recibieron ninguna recompensa económica por su ‘invención’, ni siquiera se plantearon explotar el asunto comercialmente. No hubiera sido apropiado», escribe Wolfgang en la biografía de sus abuelos.

“Ellos no buscaron que se reconociera. Simplemente lo tomaron como una forma de solucionar una situación técnica que era muy importante”, sostiene Ayala-Nunez.

“Y es que a veces, en el laboratorio, cuando es algo es técnico se minimiza mucho, pero la verdad es que sin esa parte, no existe la ciencia”, enfatiza la investigadora.

Hoy día, el agar –un producto además barato y sencillo de preparar– es un elemento básico en todos los laboratorios de microbiología.

E incluso, como lo demuestra la competencia anual de la Sociedad Estadounidense de Microbiología, hay quienes hacen arte con él.

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La historia de Rolf Friedland, el futbolista que salvó a un adolescente judío de la persecución en la Alemania nazi…


Bert Sproston, defensor del Tottenham, ayudó a Friedland a obtener una visa para el Reino Unido, salvándolo de la persecución nazi

Infobae(J.M.Godoy) — En la década de 1930, ser judío en Alemania significaba vivir bajo una intensa presión y peligro constante. El ascenso al poder de Adolf Hitler y el Partido Nazi en 1933 marcó el inicio de una sistemática persecución y discriminación hacia la comunidad judía. Las políticas racistas y antisemitas del régimen nazi, junto con la creciente violencia, hicieron la vida cada vez más insoportable para los judíos alemanes.

La situación se agravó dramáticamente en 1938 con eventos como la Kristallnacht, una noche de violencia extrema que resultó en la destrucción de sinagogas y la detención de miles de judíos.

En este contexto de creciente hostilidad y peligro, las familias judías intentaban desesperadamente encontrar una salida del país. Una de esas historias dramáticas se centra en Rolf Friedland, un joven judío de 17 años que, solo y aislado, supo que dejar Alemania era crucial para su supervivencia. Su encuentro con el defensor inglés Bert Sproston cambió el curso de su vida, permitiéndole escapar de la persecución nazi y comenzar de nuevo con una nueva identidad: Ralph Freeman.

Todo comenzó luego de que Alemania recibiera al equipo de fútbol de Inglaterra en mayo de 1938, Rolf Friedland esperaba pacientemente fuera del Olympiastadion de Berlín. Como muchos fans del deporte, este joven estaba ansioso por conversar con algunas de las estrellas del fútbol; pero para él, había mucho más en juego. Friedland sabía que uno de los jugadores ingleses en ese partido tenía el poder para salvar su vida.

– “Me van a matar”

La familia de Friedland ya había huido de Alemania, dejándolo solo y aislado, consciente de que salir del país era esencial para su supervivencia. “Psicológicamente, él estaba desesperado por salir”, contó su hijo, Alan Freeman en diálogo con CNN. “Se quedó con la esperanza de que sus padres pudieran sacarlo, pero no estaba completamente seguro de ello”.

Gracias a Sproston, Friedland, quien se convirtió en Ralph Freeman, logró escapar antes de la Kristallnacht

Determinación y desesperación llevaron a Friedland al estadio ese 14 de mayo de 1938. Ideó un plan para atraer la atención de un jugador inglés que pudiera ayudarlo a escapar del país.

Al salir los jugadores del estadio, fue Bert Sproston, defensor del Tottenham Hotspur, quien se detuvo a escuchar a Friedland. “No creo que mi padre seleccionara especialmente a Sproston como la persona más probable para ayudarle”, dijo Alan. “Simplemente habló con ese jugador en particular, y ese jugador registró la desesperación de mi padre. Tocó su corazón y decidió hacer algo al respecto”.

Sproston fue un destacado defensor inglés cuya carrera deportiva abarcó varios equipos importantes en el fútbol inglés. Inició su carrera profesional en el Leeds United en 1931, donde jugó hasta 1933 antes de unirse al Manchester City. Su paso por Manchester City fue notable, contribuyendo significativamente al equipo hasta 1938, año en que se trasladó a Tottenham Hotspur. Después de su etapa en el Tottenham, también jugó brevemente para el Bolton Wanderers.

Además, Sproston tuvo el honor de representar a su país, vistiendo la camiseta de la selección de Inglaterra en varias ocasiones.

– La vida en peligro de los judíos en Alemania

Mientras que Sproston no conocía los detalles específicos de la vida de los judíos en Alemania, el autor y periodista John Leonard cree que estaba al tanto de la hostilidad nazi hacia los judíos. “Estoy seguro de que se dio cuenta de que para los judíos en Alemania, para decirlo educadamente, les esperaba un tiempo difícil”, comentó Leonard.

Europa estaba al borde de la guerra cuando Inglaterra se dirigió a Berlín en 1938. Las tensiones geopolíticas estaban al límite y el poder de Hitler y el Partido Nazi continuaba creciendo. Ese año incluyó eventos críticos como la anexión de Austria y la Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos, en noviembre.

El ascenso al poder de Adolf Hitler en 1933 marcó el inicio de la persecución sistemática contra los judíos en Alemania

“1938 fue un año realmente crucial”, explicó Berkowitz. La violencia contra los judíos aumentó dramáticamente, incluyendo la quema de sinagogas y ataques en las calles. Según el Museo Memorial del Holocausto de EE.UU., al menos 91 judíos fueron asesinados y 30,000 hombres judíos alemanes fueron arrestados y enviados a campos de concentración durante la Kristallnacht.

– Conseguir una visa para el Reino Unido y comenzar una nueva vida

Después de hablar con Sproston, quien llevó sus detalles de vuelta a Gran Bretaña, Friedland obtuvo una visa para el Reino Unido y pudo dejar Alemania antes de los eventos de noviembre. “No solo Bert Sproston cambió la vida de Ralph Freeman. Le salvó la vida”, sostuvo Leonard. “Sin su intervención, las probabilidades eran que Ralph Freeman hubiera terminado en un campo de concentración”.

El resultado de ese encuentro fue que Sproston tomó los datos de Freeman y los llevó de vuelta al Reino Unido. Gracias a su intervención, él obtuvo una visa para visitar Inglaterra y ver a su equipo favorito jugar. “Necesitas a alguien que te respalde, o puedes venir como parte de algún esfuerzo organizacional”, explicó Berkowitz a CNN. Añadió que era muy difícil obtener una visa sin conexiones personales.

Así, Freeman logró abandonar Berlín y llegó a Londres semanas antes del 9 y 10 de noviembre de 1938 cuando ocurrió la Kristallnacht. Este momento marcó una diferencia clave para sus perspectivas de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. Freeman fue finalmente capaz de huir antes de que se intensificara la persecución que llevó a muchos judíos a los campos de concentración.

– Un legado que perdura

Sproston falleció en 2000, y Ralph Freeman en 2010, pero permanecieron en contacto hasta el final. Alan Freeman comentó que su relación se mantuvo fuerte, incluso tras la muerte de Sproston, gracias a la conexión que habían formado.

Alan concluyó: “Si todos pudiéramos actuar con decencia hacia los demás de la manera en que Bert lo hizo con mi padre, el mundo sería un lugar mejor”.

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Pequeñas observaciones sobre el fin del mundo, que ya viene…


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Imagen promocional de El planeta de los simios, 1968

JotDown(A.V.Francés) — Este curso he tenido un alumno que me ha dicho que quería estudiar Historia. Es un chaval normal, majo, optimista y esperanzado en el futuro en general y en su futuro en particular —cosas de la edad, hay que perdonarlo—. Saca buenas notas y podrá estudiar otra cosa. Tiene amigos, en fin, es un estudiante normal, no entiendo como quiere fastidiarse la vida tan pronto.

Estudiar Historia es mancharse las manos de sangre. Una vez te las manchas la primera vez, ya no hay vuelta atrás. Se te acaba todo el optimismo, toda la ilusión por el futuro. Siempre lo digo: si quieres adivinar el futuro, solo tienes que mirar al pasado. Y el pasado siempre es terrible.

El pasado siempre es mejor no conocerlo. Por supuesto, es un trabajo inevitable como el de los médicos forenses: hay que analizar las heridas, el rastro de la violencia sobre un cuerpo. Y alguien tiene que enterrar ese cuerpo. Y si es posible, alguien debería juzgar y condenar, y evitar que se repita lo que ha pasado.

Pero la teoría nunca se corresponde con la realidad. Y la realidad es que el trabajo del forense no tiene continuación. Nadie llega al final del proceso que se inicia cuando se descubre el cadáver. Porque si se llegara al final del proceso habría que encontrar a los culpables, y nadie realmente quiere encontrar a los culpables: somos todos.

«No queremos ni podríamos destruirla. Nuestro mayor error sería darle razones poderosas para que quisiera un día tomarse la revancha».

Son palabras del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson en el momento en que se estaba discutiendo lo que luego sería la Paz de Versalles. Se refiere, claro está, a Alemania, la que los ingleses y sobre todo los franceses consideraban que tenía que pagar muy caro lo que había hecho, es decir, siempre según ellos, ser la principal culpable de la llamada entonces «Gran Guerra», esa guerra que nadie quería repetir nunca.

¿Nadie quería repetir nunca? Pues lo hicieron estupendamente, desde luego. Pero eso es la Historia, eso estudia la Historia: ver cómo los errores se van repitiendo en el tiempo, y como siempre hay alguien que avisa, siempre hay alguien suficientemente lúcido para decir «¡Eh!, por ahí no, por ahí vamos mal», pero nunca le hacen caso.

El fin del mundo en la historia: ¿cómo son los apocalipsis de las  mitologías antiguas?

En realidad los «culpables» de esa guerra ya no estaban en el poder en Alemania. Habían sido alejados del poder por el mismo pueblo que antes había obedecido ciegamente sus órdenes. El Kaiser Guillermo II había tenido que abdicar y se había declarado la República de Weimar, que empezaba con muchos problemas, y que era el primer intento serio de tener un gobierno democrático en Alemania. Necesitaba un poquito de ayuda y de comprensión por parte de los vencedores.

¿La tuvo? No, para nada. El resultado lo podemos ver analizando de qué iban los primeros discursos de Hitler: atacar el Tratado de Versalles. Y le fue bien, le fue bien porque tenía razón. Y tenía razón no únicamente porque era un acuerdo moralmente injusto, que lo era, sino porque también era un castigo imposible de cumplir.

Y eso lo sabía cualquiera que supiera un poco de economía. No hacía falta ser Keynes, el gran economista británico, para saberlo. Aunque lo dijo, sí, él también lo dijo, pero tampoco sirvió de nada.

«No hay que buscar respuestas, hay que buscar culpables», repito muchas veces. Pero no me refiero a los culpables verdaderos, que esos se escapan siempre. Me refiero a cualquier culpable, al que tengamos más a mano, al que peor nos caiga.

Hoy pueden ser los inmigrantes ilegales —que nunca tienen modo de ser legales, por cierto—, en el pasado fueron los judíos, los moriscos, las brujas y los herejes —cualquier hereje sirve—, los cristianos —sí, ya se nos ha olvidado, pero en la Roma imperial, cuando el emperador tenía problemas o pasaba algo, por ejemplo con el incendio de Roma con Nerón, los cristianos eran el «chivo expiatorio» perfecto—, o los vecinos.

Sí, los “vecinos”, así en general, porque todo el mundo tiene vecinos y siempre hay alguno que nos cae mal, o peor que los otros, A mí me hace mucha gracia lo de «envenenar el agua de los pozos». Todos son unos envenenadores. No es el cólera, no es ninguna enfermedad, no, la explicación es muy simple: son los vecinos, los del otro lado de la frontera, que vienen a envenenarnos los pozos por la noche, como si allí, en su país, no estuviera también la gente cayendo como conejos.

Pero lo decían, y funcionaba, porque la gente no quiere respuestas: quiere culpables.

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Hasta a los curas se les acusó de envenenar los pozos, cuando las guerras carlistas, y eso sirvió para quemar y saquear los monasterios y los conventos. Nada nuevo bajo el sol. A los judíos, antes de matarlos, también se les robaba. Pero pasaba algo más, siempre había alguien que quemaba unos documentos comprometedores, una deuda que no podía pagar, o que no quería pagar.

Y el rey, el supuesto protector de los judíos —en la Castilla de la Edad media, cuando los judíos eran sus prestamistas y sus aliados contra los nobles—, pues miraba para otro lado. Luego pillaba a unos cuantos pobres desgraciados, los mandaba ahorcar y asunto solucionado. Se había hecho justicia. No: simplemente el rey había demostrado que seguía en su sitio, en su trono, y que todo podía continuar como siempre.

Y continuaba, por supuesto, porque si las cosechas eran malas, si el pueblo estaba agobiado por los impuestos, alguien tendría que pagar por ello, y ese alguien debía ser débil y odioso, —o odiable, es decir: que se le pudiera aplicar eso que el miserable inteligente de Goebbels llamaba «el principio del enemigo único»: alguien a quien se pudiera echar la culpa de todo, de cualquier cosa, sin necesidad de ninguna prueba, sin que esa persona o grupo tuviera la menor oportunidad de defenderse—.

Así ha funcionado el mundo durante muchos milenios, y ha ido bien, ha ido bien para los que tenía que ir bien: los de arriba. Los de abajo nunca han importado lo más mínimo.

El problema fundamental es que esto ya no funciona, porque hasta ahora el hombre podía destruir el planeta tanto como su capacidad de destrucción lo permitiera. Durante siglos la población creció lentamente, y la presión sobre la naturaleza era, pese a todo, soportable para ésta.

Y eso ya no es así, ni lo será nunca más —a no ser que de repente desaparezca la mitad de la especie humana, cosa que esperemos que no ocurra, aunque si no queremos que eso ocurra, entonces tendremos que buscar una solución, y si algo demuestra la Historia es que buscar soluciones no es el punto fuerte del ser humano—. Somos muchos y nuestra capacidad de destrucción ha aumentado salvajemente.

Pero seguimos actuando como actuábamos hace mil años, o dos mil años, o tres mil años. En la llamada «crisis de la patata», en la Irlanda del siglo XIX, medio país, los que no se habían muerto de hambre, se largó a otros continentes.

El fin del mundo - René Magritte - Historia Arte (HA!)
El fin del mundo – René Magritte 

En el siglo XIX quedaba mucho espacio «libre» para el hombre blanco —los nativos no importaban en absoluto, eran una pequeña molestia, como la fauna local, algo que se solucionaba con buenas armas, o, en el caso de los reyezuelos locales, con diplomacia, la misma diplomacia que sabían usar perfectamente los romanos del siglo II antes de Cristo, por poner un ejemplo, cuando pactaban con los jefes íberos—. Ahora sabemos que el mundo es pequeño y los recursos se agotan.

Pero actuamos como si el mundo fuera infinito y los recursos inagotables. ¿Y cuándo hay problemas? Bueno, ya lo he dicho, no hay que buscar soluciones, hay que buscar culpables…

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Así se desvanece el aroma favorito del mundo …


Este ensayo forma parte de Qué comer en un planeta en llamas, una serie de textos donde se exploran ideas atrevidas para asegurar nuestro suministro de alimentos.

The New York Times(A.Nezhukumatathil) — Una vez que te percatas del aroma a vainilla, lo percibirás por todas partes. Está en los dulces, los productos farmacéuticos, los repelentes de mosquitos, agua carbonatada, el maquillaje y los productos capilares. Cuando los agentes inmobiliarios invitan a posibles compradores a conocer una propiedad o asesoran a sus clientes, sugieren impregnar la casa con vainilla, por su especial capacidad relajante.

Hace dos años, científicos de la Universidad de Oxford y del Instituto Karolinska de Suecia presentaron diez aromas distintos a 225 personas de nueve culturas de todo el mundo. Todos coincidieron en que el aroma a vainilla fresca era su favorito. Desde las natillas hasta las velas, vivimos en un mundo impregnado de vainilla.

Y la planta que la produce está en peligro.

La vainilla, que se obtiene de la vaina de una delicada orquídea, debe cultivarse en condiciones excepcionalmente precisas a lo largo de una franja muy estrecha del mundo, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio. Esta delicadeza suprema la hace inusualmente vulnerable a los crecientes impactos del cambio climático y la deforestación.

La mayor parte de la producción comercial de vainilla se realiza en Madagascar, México y Tahití. A medida que el mundo se calienta, los ciclones y las tormentas en estas regiones son cada vez más fuertes, lo cual ocasiona que las flores de la orquídea y las vainas se caigan antes de que puedan madurar por completo.

En 2017, un ciclón de categoría 4 diezmó cerca del 30 por ciento de las plantas de vainilla de Madagascar, que produce el 80 por ciento de la que se utiliza en todo el mundo.

Como resultado, el precio de las vainas de vainilla se disparó a casi 300 dólares por 450 gramos. Las condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles, junto con la presión para talar los bosques que albergan las orquídeas, son un factor de especial inquietud para los agricultores que dependen de este cultivo y esperan hasta cuatro años para que florezca una sola orquídea.

La mayoría de las personas que conozco que temen y se desesperan por el cambio climático saben que las condiciones meteorológicas extremas podrían amenazar pronto cultivos como el maíz y el café. Pero es probable que no hayan imaginado lo que supondría perder el aroma y el sabor de la vainilla auténtica.

Sí, existen sustitutos de la vainilla, pero no se puede sustituir la complejidad sinfónica del original. Para mí, no hay nada comparable al recuerdo de preparar pasteles de cumpleaños o flan de leche en la cocina junto a mi madre, o de tener a mis hijos adolescentes cocinando junto a mí.

Retrato de Edmond Albius, 1863

A fin de entender lo mucho que podríamos perder si desaparece la vainilla natural, es necesario entender la historia, en parte oscura, de cómo se convirtió en una mercancía mundial.

No tendríamos helados, perfumes ni postres de vainilla sin un niño de 12 años llamado Edmond Albius.

Su madre murió a principios del siglo XIX, en la isla de Reunión, entonces llamada Borbón, frente a la costa de Madagascar.

El hombre que lo esclavizó era un botánico preocupado porque sus orquídeas de vainilla no florecían.

En aquel entonces, solo las abejas sabían cómo polinizar las flores de vainilla, lo cual suponía un problema para los dueños de plantaciones tropicales que querían cultivar esta costosa especia, solo superada en precio por el azafrán.

El atractivo del irresistible sabor y aroma de la vainilla se extendió por todo el mundo, creando una febril demanda y deseo por ella.

En el siglo XVII, los franceses empezaron a añadir vainilla a los helados, como señala Tim Ecott en su libro Vanilla: Travels in Search of the Ice Cream Orchid (Vainilla: viajes en búsqueda de la orquídea del helado).

El Marqués de Sade, el escritor francés, solicitaba pastillas de vainilla mientras estaba en prisión. Según Ecott, a Madame de Pompadour, una de las amantes del rey Luis XV, le gustaba tomar chocolate saborizado con vainilla y ámbar gris junto con sopa de apio y trufas en la cena.

Los historiadores no saben si el joven Albius recibió órdenes de encontrar una solución o si se le ocurrió por su cuenta, pero en 1841 desarrolló la técnica (aplastar el saco de la antera y el estigma de la flor de la orquídea con el dedo y el pulgar) que aún se utiliza hoy en todo el mundo para polinizar manualmente las orquídeas de vainilla y producir grandes cantidades del extracto.

Este descubrimiento facilitó sobremanera el cultivo comercial de la vainilla y contribuyó a convertirla en la especia esencial y omnipresente que es hoy.

Los agricultores también descubrieron que, cuando se doblan las plantas de vainilla, que crecen entre 10 y 15 metros de altura, y se mantienen bajas, producen más flores. Pero la floración de las orquídeas es breve: al amanecer, florecen en un amplio despliegue, pero al mediodía, la flor se cierra, por lo que la ventana para la polinización manual es muy estrecha.

Luego, por cada flor polinizada, se necesita casi un año para que los granos crezcan hasta la madurez y se sequen. Cuando las vainas se marchitan y se vuelven flexibles, adquieren un color café oscuro y es cuando desprenden su delicioso aroma.

En la actualidad, cada año se cultivan 1995 toneladas de vainas de vainilla secas, pero se necesitan unas 300 flores de orquídea polinizadas a mano para producir medio kilo. Por eso, si el viento y unas lluvias inusualmente intensas destruyen estas flores antes de tiempo, los agricultores deben empezar de cero todo el largo proceso, que dura un año.

Esta planta no se cultiva en invernaderos debido al altísimo costo que supone proporcionar suficiente espacio, calor, luz solar indirecta y humedad a las enredaderas, que crecen colgadas de árboles y arbustos y se extienden hasta más de 30 metros, floreciendo bajo la luz tenue que se cuela entre las copas de los árboles.

Dado que la producción de vainilla real requiere mucho trabajo, los científicos han experimentado con sustitutos. Pero muchos de ellos son perjudiciales para el medioambiente, ya que generan grandes cantidades de aguas residuales.

El castóreo, una secreción que los castores utilizan para marcar su territorio, es un sustituto de la vainilla.

El extracto de castóreo posee un olor cálido y dulce, y puede utilizarse como sustituto del extracto de vainilla en muchos productos lácteos y de la panadería, pero ahora se emplea sobre todo en perfumes y colonias.

No me gustaría un mundo en el que estos fueran los únicos aromas a vainilla que nos quedaran.

Cuando cocino o preparo regalos para amigos utilizando vainas de vainilla, las yemas de los dedos quedan impregnadas del aroma de las vainas de vainilla y el olorcillo de las orquídeas durante días.

El aroma crea una especie de nostalgia de los dulces que me preparan en las reuniones familiares, que mis abuelos de la India y Filipinas han transmitido a mis padres aquí en Estados Unidos, y que espero transmitir a mis hijos que viven en el norte de Misisipi.

Sería una lástima perder esas sensaciones cálidas y relajantes por algo químico y unidimensional, mientras que lo auténtico queda relegado a los baúles de los recuerdos de una generación mayor.

Sobre todo, espero que aprendamos a reconocer el valor y el tiempo que lleva cultivar una sola vaina de vainilla, en especial en el cinturón tropical lleno de cantos de pájaros e insectos de colores brillantes.

Bajo ese colorido dosel de plumas y caparazones salvajes y atrevidos, la pálida orquídea de la vainilla brilla como si fuera un centinela, un faro que nos ofrece una suave advertencia antes de que sea demasiado tarde.

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