«Rosie, la remachadora» se convirtió en un símbolo de la fortaleza de la mujer durante la Segunda Guerra Mundial y desde entonces ha sido reinterpretada mundialmente como símbolo del empoderamiento femenino.
BBC News Mundo — La historia de esta fecha comienza un 8 de marzo de hace 50 años… y a la vez no.
Es que en 1975 Naciones Unidas formalizó la fecha como Día Internacional de la Mujer.
El llamado 8M «se refiere a las mujeres corrientes como artífice de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre», según la ONU.
Pero para explicar su verdadero origen y entender qué llevó a que se eligiera el 8 de marzo en concreto hay que viajar más atrás en el tiempo, a las protestas que desembocaron en toda una revolución a finales del siglo XIX y principios del XX.
– «Las mujeres y los hombres son creados iguales»
El Día Internacional de la Mujer tiene sus raíces en el movimiento obrero de mediados del siglo XIX, en un momento de gran expansión y turbulencias en el mundo industrializado, en el que la mujer comenzó a alzar cada vez más su voz.
La vida de la mujer en Occidente por aquel entonces era una continua historia de limitaciones: ni derecho a voto, ni a manejar sus propias cuentas, ni formación y con una esperanza de vida mucho menor que la masculina por los partos y los malos tratos.
Un ejemplo de ese creciente entre mujeres se encuentra en 1848, cuando las estadounidenses Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott congregaron a cientos de personas en la primera convención nacional por los derechos de las mujeres en Estados Unidos.
Para ellas, «todos los hombres y las mujeres son creados iguales», y por eso exigían derechos civiles, sociales, políticos y religiosos para el colectivo.
En 1913 las mujeres ya marchaban por el derecho a votar en Estados Unidos. También eran frecuentes las protestas para pedir mejores condiciones laborales.
Sus reclamos fueron recibidos con burlas, especialmente en cuanto al derecho de las mujeres a votar, pero plantaron una semilla que en los siguientes años fue creciendo, destaca la ONU en un especial sobre el activismo de la mujer a lo largo de los años.
Distintos historiadores coinciden en que una antesala directa de este día internacional fue la marcha de mujeres que se llevó a cabo en 1908 en Nueva York, donde unas 15.000 se manifestaron para pedir menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a votar.
Un año después, el Partido Socialista de Estados Unidos declaró el Día Nacional de la Mujer, que se celebró por primera vez el 28 de febrero de 1909 y que siguió conmemorándose anualmente hasta 1913.
Por ese entonces irrumpió en escena una mujer que pasó a la historia como la impulsora del Día Internacional de la Mujer: la comunista alemana Clara Zetkin.
Durante la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en 1910 en Copenhague, Zetkin propuso organizar una jornada de la mujer a nivel global para discutir particularmente el tema del sufragio femenino.
Su idea fue escuchada por un centenar de mujeres procedentes de 17 países y aprobada de forma unánime, aunque sin acordar una fecha concreta.
Clara Zetkin (izquierda) y Rosa de Luxemburgo (derecha), dos de las revolucionarias más destacadas del siglo XX.
Un año después, el 19 de marzo de 1911, se celebró el primer Día Internacional de la Mujer, reuniendo a más de un millón de personas en distintos países europeos como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, además de Estados Unidos.
Entre sus reclamos estaban el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, así como también el derecho al trabajo de la mujer, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
No obstante, en sus inicios, «la conmemoración (también) sirve de protesta contra la Primera Guerra Mundial», recuerda la ONU.
Y ahí se encuentra una de las claves de por qué se acabó eligiendo la fecha del 8 de marzo.
– Rusia y la Primera Guerra Mundial
Hay diferentes versiones de que por qué se eligió esta fecha en concreto.
No obstante, la ONU destaca la importancia de los acontecimientos que se vivieron en Rusia, en medio de las protestas contra la Primera Guerra Mundial.
«En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, las mujeres rusas conmemoraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero, organizando mítines clandestinos», recuerda el organismo.
Lo mismo ocurre en el resto de Europa en días cercanos a esa fecha, con manifestaciones en pro de los derechos de las mujeres y en contra de la guerra.
Pero el año clave para fijar el día fue en 1917. De acuerdo con la ONU, como reacción a los millones de soldados rusos muertos, las mujeres de ese país salieron de nuevo a las calles el último domingo de febrero bajo el lema «Pan y paz».
En 1917 miles de mujeres en Rusia se lanzaron a las calles contra la guerra, una protesta que desembocó en la revolución y marcó la fecha del Día Internacional de la Mujer.
«Los trabajadores de la metalúrgica se unieron a la protesta (de las mujeres) pese a que los bolcheviques veían la movilización de las mujeres como precipitada», explica la historiadora estadounidense Temma Kaplan, en On the Socialist Origins of International Women’s Day («Sobre los orígenes socialistas del Día Internacional de la Mujer»).
Dos días después de iniciadas las protestas, el 25 de febrero, «el zar ordenó (…) disparar si fuera necesario para acabar con la revolución de las mujeres», escribe Kaplan.
La medida del zar fracasó y en su lugar comenzó «la revolución de febrero», que acabó con la abdicación del zar Nicolás II ese mes de marzo.
El éxito de las mujeres rusas se consagró poco después, cuando el gobierno provisional que se formó tras la retirada del zar les reconoció el derecho a voto.
La fecha en la que comenzó esa huelga de mujeres en el calendario juliano, entonces el de referencia en Rusia, fue el domingo 23 de febrero. Ese mismo día en el calendario gregoriano fue el 8 de marzo, la fecha en que se celebra ahora.
Las manifestaciones de mujeres por el 8 de marzo a lo largo del mundo se siguen centrando en la búsqueda de derechos e igualdad.
En 1945, se forma Naciones Unidas para fomentar la cooperación internacional tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial y la Carta de este organismo multilateral se convierte en el primer acuerdo internacional que consagra la igualdad de género.
Tres décadas después, en 1975, la ONU establece y celebra por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer.
– ¿Hay razones para seguir la lucha…?
La respuesta la damos con cuatro datos publicados este año por la ONU:
«Ha crecido el número de mujeres que viven en contextos de conflicto y crisis, una cifra que duplica con creces la registrada en el decenio de 1990».
«Casi un 10% de las mujeres y niñas del mundo siguen sumidas en la pobreza extrema con escasas posibilidades de salir de ella».
«En 113 países, la jefatura del Estado nunca ha estado ocupada por una mujer. Se están produciendo avances en la participación de las mujeres en la esfera política; la proporción de mujeres ha aumentado más del doble a escala mundial, al pasar del 11 al 27% en la actualidad. Sin embargo, el ritmo del cambio hace que la paridad de género sea todavía un sueño lejano».
«La crisis mundial de violencia contra las mujeres y niñas continúa y muestra escasos indicios de remisión: alrededor de 736 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual a manos de una pareja o violencia sexual por parte de alguien más en algún momento de sus vidas».
En palabras de la Nobel de la Paz Malala Yousafzai: «Levanto mi voz, no para gritar, sino para que se escuche a quienes no tienen voz… No podemos triunfar si la mitad está siendo reprimida».
GQ(A.Telléz) — En la horologie, apreciamos aquello que hace latir un reloj, pero el savoir-faire lo que realmente hace la diferencia. Es por eso que las marcas de relojes con más historia poseen un gran número de adeptos, todos ellos conocedores y amantes del legado que se ha construido durante décadas.
Desde técnicas milenarias que han pasado de artesano a artesano hasta calibres icónicos y complicaciones perfeccionadas, este es el fruto de una marca cuya presencia se ha mantenido con determinación. Y aunque actualmente hay una amplía oferta en el mercado, son pocas las marcas de relojes que han persistido desde su fundación hace más de dos siglos. He aquí las firmas más longevas del mundo.
– Blancpain (1735)
Fundada en 1735, Blancpain es la marca de relojes más antigua del mundo. En sus casi 290 años de historia, la firma con sede en Villeret, Suiza ha acumulado varios éxitos, entre ellos los altos estándares de calidad y lujo que la distinguen. Sin embargo, el Fifty Fathoms es posiblemente la razón por la que los coleccionistas llegan a las puertas de esta marca, pues este es conocido como el primer reloj de buceo moderno.
– Vacheron Constantin (1755)
La cruz de malta se ha vuelto un símbolo de excelencia gracias a Vacheron Constantin, que ininterrumpidamente ha fabricado piezas magistrales de relojería desde 1755, cuando Jean-Marc Vacheron emprendió su camino como maestro relojero en 1755. En su catálogo, hay grandes complicaciones, materiales preciosos y movimientos de manufactura. Destacan los modelos Patrimony, Overseas y Fiftysix, pero la el recién renovado Vacheron Constantin 222 —que se presentó oficialmente en la década de los 70— es el que actualmente se roba la atención del coleccionismo.
– Breguet (1775)
La huella de Breguet en el mundo de la relojería es imborrable. La firma fundada en 1775, en París, Francia, se ha distinguido por su innovación técnica que se refleja en piezas de Alta Relojería sin comparación alguna.
Si ves un reloj Breguet, inmediatamente sabrás que se trata de uno, pues no hay nada en el mundo que sele parezca. Por supuesto, no podemos siquiera abordar esta marca sin traer a la mesa la invención del tourbillon por Abraham-Louis Breguet. Desde finales del siglo XVIII, este invento permitió compensar los efectos de la gravedad en el movimiento de un reloj.
– Longines (1832)
El logo de Longines sugiere mucho sobre su propia historia. Esta marca fundada en 1832, en Saint-Imier, Suiza, presenta un reloj de arena con alas como logo, lo que habla sobre su compromiso con la precisión del cronometraje. Además, tras la creación de la ley suiza de protección de marcas en 1880, y gracias a la determinación de sus fundadores, Longines se convirtió en la marca de relojes más antigua del Registro Internacional de OMPI.
– Jaeger-LeCoultre (1833)
La manufactura fundada en 1833 ha brillado por su elegancia y las innovaciones técnicas en sus movimientos. Entre sus aportaciones más destacadas se encuentra la creación del Jaeger-LeCoultre Reverso. Este reloj con caja reversible fue diseñado para que los jugadores de polo resguardarán el cristal de zafiro sin tener que dejarlos fuera del césped.
– Patek Philippe (1839)
Actualmente, Patek Philippe es una de las marcas de relojes más prestigiosasde todo el mundo. Su encanto ha conquistado a generaciones de coleccionistas. Artistas, mandatarios, raperos y empresarios, todos han caído ante la firma fundada en 1839 por Antoni Patek. Esta marca de lujo es más que exclusiva y acceder al reloj más sencillo de esta firma podría requerir de una inversión mayor a 24 mil dólares. El modelo emblema es el Nautilus.
– A. Lange & Söhne (1845)
Fundada en Glashütte, Alemania por Ferdinand Adolph Lange en 1845, esta marca de lujo es garantía de precisión. Si bien no pertenece al puñado de firmas arraigadas en la tierra de la horologie, A. Lange & Söhne se ha ganado el respeto de los coleccionistas por la pericia de su manufactura, que desarrolla complicaciones admirables, como el mecanismo de sonería que da vida al Zeitwerk Minute Repeater.
– Omega (1848)
Visitar el legado de Omega sería imposible sin resaltar la importancia del icónico Speedmaster, el primer reloj que viajó a la Luna. La misión Apolo 11 se completó en 1969 y desde entonces, este reloj incluso ha sido nombrado como ‘Moonwatch’. Pero en el portafolio de la marca fundada en 1848 por Louis Brandt en La Chaux-de-Fonds, Suiza, hay más que relojes certificados por la NASA, elegantes relojes de vestir, piezas tapizadas de piedras preciosas y poderosos cronógrafos completan la apuesta de la casa.
– Zenith (1865)
Existen muchas razones por las que Zenith sigue vigente luego de que se fundara en 1865 por Georges Favre-Jacot en Le Locle, Suiza. Por supuesto, el legado y la innovación encabezan la lista. La creación en 1969 del calibre de movimiento automático con cronógrafo de alta frecuencia El Primero ha sido uno de los mayores logros.
– IWC Schaffhausen (1868)
IWCse fundó en 1868 por Florentine Ariosto Jones en Suiza. Por supuesto, la casa de Schaffhausen es conocida por su Pilot Watch, un modelo diseñado para cumplir con las necesidades de los pilotos aviadores —incluso en las alturas—. Desde el primer reloj de la línea lanzado en 1936, IWC ha perfeccionado su modelo emblema con mayor precisión y complicaciones relojeras.
La Mente es Maravillosa(L.M.Carpio) — Si hay un acto que fluye con naturalidad para manifestar el desconsuelo es el llanto. Lloramos cuando estamos tristes para sacar todo lo que nos acongoja, ya sea por perder a una persona amada, porque tuvimos alguna experiencia negativa, porque nos sentimos mínimos ante los reveses de la vida o porque nos agobia la falta de propósito.
Llorar es la respuesta física a las emociones de gran intensidad. Sucede que desde niños aprendemos que la tristeza es la emoción contraria a la alegría y es por eso que al llorar exteriorizamos dolores profundos, esos que los analgésicos no sanan.
El significado de esta reacción va más allá de derramar lágrimas; implica un mecanismo cerebral que persigue el alivio o la calma. ¿Qué la produce? ¿Tiene consecuencias? ¿Qué buscamos con ella? Acompáñanos a descubrir por qué lloramos cuando estamos tristes.
– Pedir ayuda
Cuando lloramos nos valemos de un medio para comunicarnos. Sumemos que el llanto por tristeza cumple papel funcional: encontrar apoyo. Una investigación encabezada por profesores de la Universidad del Rosario, en Colombia, destaca que las lágrimas que provocan la tristeza denotan indefensión y necesidad deayuda.
Se llaman emocionales y se distinguen de las lágrimas basales (las que limpian y humedecen los ojos a diario) y las de reflejo (causadas por olores irritantes).
Cualquiera que nos vea sollozar, sabrá que estas secreciones son distintas a las basales o de reflejo, porque se acompañan de angustia, mejillas y cejas caídas, ojos cerrados, etc. Así, lo que activamos en otros es una conducta prosocial en la que, muy probablemente, nos ofrezcan apoyo y demuestren empatía.
– Desahogarnos
Casi en modo automático, apelamos al llanto emocional para desahogarnos cuando estamos tristes. Y si este llanto es profundo y auténtico, influye en la actividad de las neurotrofinas (proteínas que benefician la supervivencia de neuronas). Estas últimas fomentan la plasticidad neuronal, es decir, una propiedad del sistema nervioso gracias a la que se da el aprendizaje.
En resumen, llorar de tristeza funciona como un consuelo que, en simultáneo y gracias a la neuroplasticidad, ayuda a aprender de las experiencias que desencadenaron el sentimiento y nos hace más creativos para responder con conductas que favorezcan a la adaptación en cualquier contexto.
– Reducir el estrés
Entre otros beneficios de llorar, la Universidad Nacional Autónoma de México menciona en un artículo que el llanto minimiza el estrés, cumpliendo un papel catártico.
La publicación argumenta que «al terminar de llorar, el cerebro libera endorfinas, uno de los neurotransmisores que más nos tranquilizan y que, al mismo tiempo, generan la sensación de beneplácito, de esperanza y fe». El efecto es que nos sentimos más tranquilos y menos estresados, con claridad para pensar mejor qué hacer ante aquello que nos entristeció.
Además, en medio de la tristeza, el organismo libera hormonas y neurotransmisores como el cortisol, relacionado con el estrés. Entonces, llorar sería una manera de soltar el estrés que se mezcla con el dolor emocional.
– Sobrellevar el duelo
Ya sea por la muerte de un familiar, el despido de un trabajo, una ruptura amorosa u otra causa, todo duelo en cualquiera de sus fases implica llanto. Quizás has percibido que mientras lloras, liberas un peso, drenas las emociones negativas y sientes que te encaminas hacia la aceptación que supone la pérdida. En este caso, manifestamos con lágrimas lo que sentimos.
– ¿Qué ocurre en nuestro cerebro para que la tristeza nos genere llanto?
Como reseñan en el Diccionario de las Emociones, de la Gaceta UNAM, la tristeza se manifiesta con pesimismo, insatisfacción y tendencia al llanto. Lo que sentimos es un vacío debido a la ausencia de una persona, de una rutina o experimentamos una desconexión con nosotros mismos que nos conduce a las lágrimas. Entonces, lloramos para expresar esa marea sentimental.
Este acto responde a un proceso cerebral en el que es necesario comprender el papel de las lágrimas emocionales. Estas se generan a partir de una combinación de hormonas como la leucina encefalina, la cual actúa como un calmante natural, explica La Universidad EAFIT. ¿Pero cómo se orquestan estas y los sentimientos? ¿Por qué salen lágrimas cuando estamos tristes?
Así lo describe la Academia Estadounidense de Oftalmología: ante cualquier situación penosa, el área del cerebro que activa las emociones, o lo que conocemos como el sistema límbico, avisa al troncoencefálico o pons. De inmediato, esta parte remite una señal al sistema lagrimal para producir las lágrimas, originándose la reacción fisiológica que llamamos llanto.
– ¿Qué pasa si lloras mucho de tristeza?
Está bien llorar si eso es lo que queremos. No hay que reprimir tal respuesta fisiológica cuando se presenta. Pero debemos tener en cuenta que si lloramos mucho porque estamos tristes nos expondríamos a las siguientes consecuencias:
Dificultades para dormir: tanto la angustia como los pensamientos que nos acompañan cuando estamos tristes entorpecen conciliar el sueño.
Fatiga emocional: las sesiones intensas de llanto nos dejan bastante cansados, lo que interfiere en nuestra calidad de vida y responsabilidades.
Deterioro de la salud física: el lloro excesivo trae consigo migrañas, tensión en la musculatura del cuello y cara, dolores de cabeza. Aparte, en las lágrimas se pierden enzimas y sodio en grandes cantidades.
Problemas en las relaciones interpersonales: la familia, los amigos o la pareja, a veces no saben qué hacer o cómo responder cuando ven que lloramos demasiado por la tristeza, derivando en inconvenientes.
– Cómo afrontarlo
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades señalan que para sobrellevar la tristeza y no acabar en sesiones extendidas de llanto, lo principal es reconocer lo que pasa y entender que no eres la única persona que lo experimenta; otros atraviesan por lo mismo. La tristeza se va cuando aceptas lo que quiere decirte.
También, proponen cuidar de ti, descansando, comiendo saludable, ejercitándote y entendiendo que haces lo mejor que puedes. Con este mismo fin, realiza cualquier actividad que disfrutes y que mantenga tu concentración en el aquí y ahora, así estarás consciente de lo que te produce satisfacción.
Una última estrategia para contrarrestar esa tristeza que tanto te hace llorar es rodearte de personas vitamina. Pueden ser familia, amigos, compañeros de trabajo o quien conozcas que te transmita una vibra positiva, te escucha, es empático y tiene buen sentido del humor. Si en un momento de pena no hay nadie cerca, llama por teléfono, envía mensajes. No te ahogues en lágrimas y menos en soledad.
Si el llanto por tristeza es excesivo, frecuente y no lo puedas controlar, solicita ayuda profesional. A veces no es un tema de melancolía, sino que otras causas subyacentes provocan ese dolor emocional, por lo que la intervención médica es imprescindible.
– El llanto de tristeza es natural y necesario, pero no dejes que se instale
Es válido sentirse triste y llorar en ocasiones. Lo que no podemos permitir es que la tristeza se instale en la mente y en el corazón. Aunque el panorama parezca gris, siempre existen motivos para salir adelante y sobreponernos a las circunstancias, cualesquiera que sean.
Vive tus emociones entendiendo que la tristeza es de valientes, es natural y hasta necesaria. Rescata de ella solo lo que te haga crecer y reflexionar. No eres débil por llorar. Una vez que superas ese episodio, podrás pensar con más claridad, secar tus lágrimas y afrontar la realidad con una mejor actitud.
– La curiosa historia del obrero mexicano que construyó una “pirámide de Egipto” porque un “extraterrestre” se lo pidió…
Fayer Wayer — No sabemos si habrá ocurrido lo mismo con las antiguas civilizaciones de hace más de 4.000 años, pero un mexicano tiene una historia de vida que nos hace preguntarnos muchas cosas sobre la construcción de las Pirámides de Egipto. Veamos esta curiosa y llamativa historia que publica la gente de México Desconocida.
De acuerdo con el medio antes citado, un mexicano llamado Raymundo Corona, construyó una pirámide, a una escala mucho menor, pero del mismo estilo de las Pirámides de Egipto. Asegura que lo hizo por que “un extraterrestre” se lo pidió, en retribución a un favor que él le había pedido para su hija.
Esta misteriosa pirámide se encuentra en Coahuila en la Ruta del Desierto de Coahuila.
La estructura fue levantada por Corona, en el corazón del desierto de Coahuila, lejos del bullicio de las grandes ciudades. La región, acompañada de la historia que mezcla contacto alienígena, energías místicas y conocimientos ancestrales, se ha convertido el sitio en un punto de interés para curiosos y creyentes del fenómeno OVNI.
El relato de Corona inicia con el nacimiento de su hija, en 1983. Su esposa habría tenido un parto complicado y la bebé supuestamente nació muerta. Raymundo cuenta que se desvaneció y comenzó a tener visiones. Allí vio a una especie de entidad, vestida con una túnica negra, al lado de la cama de la mujer, que estaba en labor.
Esta entidad, cuenta el pueblerino, le dijo que no podía hacer nada, pero apuntó sus manos hacia arriba, en señal de que “el de arriba” sí. Raymundo cuenta que subió unas escaleras y se encontró con un hombre que estaba de espaldas, al que le pidió que salvara a su esposa e hija.
Al principio, esa entidad superior se negó, pero luego apareció una mujer exigiéndole que le cumpliera el deseo a Raymundo. Después de eso despertó y se encontró con que su esposa y su bebé estaban sanas y salvas.
Pirámide Monclova
. El contacto con extraterrestres y el más allá
Lo que cuenta Raymundo, es que en 1984, un año después, tuvo un encuentro con un ser de otro mundo llamado Herulayka, originario de un planeta ubicado en la constelación de Orión.
Según su testimonio, este visitante extraterrestre no solo le reveló conocimientos sobre el destino de la humanidad, sino que también le dio una misión clara: construir una pirámide en medio del desierto, en retribución al favor que le había concedido hace algún tiempo.
Pese a las burlas y el escepticismo de su comunidad, Corona se dedicó a la tarea con determinación, usando piedra y materiales locales para dar forma a su enigmática construcción.
Pirámide Monclova
La pirámide está adornada con inscripciones en náhuatl, un guiño a la sabiduría ancestral mexicana, y según Corona, su estructura no es solo un monumento, sino un canal de energía y conocimiento.
Su diseño está basado en principios matemáticos y geométricos que, según afirma, fueron transmitidos por Herulayka para ayudar a la humanidad en su evolución espiritual.
– Harvard revela bases extraterrestres en la Tierra
Imagen referencial
Un estudio científico, firmado por las universidades de Harvard y Montana, asegura que la Tierra es el hogar de múltiples bases extraterrestres. Sostienen que es la única manera de explicar tantos avistamientos de OVNIs, por lo que incluso se atreven a marcar las regiones en donde estarían estas locaciones alienígenas.
De acuerdo con una reseña del sitio web Debate, el estudio científico asegura que los extraterrestres, tal y como ocurre en “Hombres de Negro” (Men in Black), están mezclados entre nosotros.
Sostienen que los extraterrestres tienen bases subterráneas y en el lado escondido de la Luna, para poder estudiarnos como especie. De hecho, el estudio plantea la posibilidad de que una de las bases estén dentro de los cráteres de los volcanes, para evitar que los humanos los descubran.
Una de estas bases, dicen, podría estar en el volcán de Popocatépetl, situado en el centro de México, 55 kilómetros al sudeste de la CDMX.
volcán de Popocatépetl
. Actividades encubiertas
El estudio científico, que hasta ahora las únicas pruebas que tiene son decir que las bases están cerca de donde se han registrado avistamientos, asegura que los extraterrestres están realizando actividades, bajo la autorización de humanos que los encubren para mantener la calma de los humanos (en serio).
Además del volcán de Popocatépetl, los investigadores de Harvard y de Montana señalan el “Triangulo de Alaska” y la costa de Yonaguni Jima, en Japón.
La explicación para la primera locación es que una zona cercana a esa región de Alaska registra alrededor de 20.000 desapariciones, desde la década de los 70, que hasta ahora no tienen explicación alguna.
Mientras que la explicación para la segunda, es que en esa zona de Japón hay una pirámide que tiene 5.000 años de existencia, en la que estarían realizando sus actividades.
Imagen referencial
No descartan que hayan bases subacuáticas, en alguna región del Océano Pacífico, que todavía no son capaces de señalar.
Las pruebas son pocas, pero la imaginación es mucha. No podemos desacreditar el trabajo de un equipo científico, pero las evidencias nos hacen dudar fuertemente de lo que están diciendo.
– Locura en Internet después de que se revelara la mejor prueba de la existencia del monstruo del Lago Ness
Mientras entramos en el tercer mes del 2025, la tecnología hizo de las suyas para servir como herramienta de un testigo que asegura haber visto una “masa grande” en las aguas del Lago Ness. ¿Es el tan aclamado y famoso Monstruo del Lago Ness?
De acuerdo con lo que informa el Daily Mail, el Centro Loch Ness en Drumnadrochitdijo en un comunicado que la imagen es real. Explican que fue tomada por un testigo, a quien identificaron como John.
Esta persona tomó la foto con un Google Pixel 8 Pro. Dijo en un comentario (juramos que no es broma), que tomó “el cuerpo de Nessie” en la imagen.
Las autoridades del instituto antes mencionado informaron que John se encontraba en la zona de Dores Beach, en note del Lago Ness, en las Tierras Altas de Escocia.
Supuestamente el monstruo del Lago Ness
. Es el primer avistamiento del 2025
Las autoridades responsables del Lago Ness, quienes creen efervescentemente que el monstruo del Lago Ness existe, dicen que es el primer avistamiento del 2025, y que en los últimos años la criatura se ha dejado ver.
«Hemos tenido numerosas observaciones a lo largo de los años, pero este avistamiento reciente ha sido particularmente cautivador», dijo la directora general del Centro Loch Ness en Drumnadrochit, Nagina Ishaq.
“Las condiciones el día de este avistamiento eran absolutamente perfectas. Este bien podría ser nuestro primer avistamiento significativo del año, alimentando aún más el misterio que rodea al Lago Ness y su residente más famoso”, añadió Ishaq.
“Como siempre, estamos comprometidos a resolver el misterio de Nessie de una vez por todas. Nuestras colaboraciones anteriores con la Universidad de Aberdeen y Loch Ness Exploration nos permitieron avanzar significativamente en nuestros esfuerzos de investigación”, explicó la directora.
. Casi un siglo de misterio
Para comprender de que se trata esta leyenda hay que remontarse al año 1933. Aldie Mackay, gerente del antiguo Hotel Drumnadrochit, que se encontraba en las inmediaciones del lago, aseguró haber visto una bestia gigantesca en el agua.
Desde entonces millones de personas eligen como destino esta locación de Escocia, bien sea por las bellezas de las montañas que lo rodean, por interés cultural relacionado a este relato o por una real creencia de que posiblemente puedan ver al monstruo del lago Ness.
– La NASA da más detalles del SIMP 0136, planeta que rodea Júpiter
Este concepto artístico muestra la nave Europa Clipper de la NASA mientras sobrevuela Marte, utilizando la fuerza gravitacional del planeta para alterar la trayectoria de la nave espacial en su camino hacia el sistema de Júpiter.
Nuevas observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb han arrojado luz sobre la naturaleza de SIMP 0136, un objeto de masa planetaria que flota libremente en el espacio.
Los datos recopilados indican que las variaciones de brillo observadas anteriormente en este objeto son el resultado de una interacción compleja de factores atmosféricos, y no pueden atribuirse únicamente a la presencia de nubes como dio a conocer la NASA mediante una nota.
El espectrógrafo de infrarrojo cercano al telescopio Webb ha permitido descomponer la luz emitida por SIMP 0136 en diferentes longitudes de onda, revelando la presencia de diversos componentes en su atmósfera.
Este análisis espectroscópico, similar a la observación de la Tierra desde la distancia, permite identificar patrones que revelan información sobre la superficie y la atmósfera del objeto.
El equipo de investigación utilizó el telescopio Webb para monitorear un amplio espectro de luz infrarroja emitida por SIMP 0136 durante dos períodos de rotación completos.
Este seguimiento permitió detectar variaciones en las capas de nubes, la temperatura y la química del carbono, proporcionando información crucial sobre la complejidad tridimensional de las atmósferas de los gigantes gaseosos.
SIMP 0136, un objeto de rotación rápida con una masa aproximadamente 13 veces la de Júpiter, se encuentra a solo 20 años luz de la Tierra.
Aunque no se clasifica como un exoplaneta, su aislamiento y su corto período de rotación lo convierten en un objetivo ideal para la exo-meteorología, permitiendo a los científicos estudiar su atmósfera en detalle.
Antes de las observaciones del telescopio Webb, SIMP 0136 había sido objeto de estudio por observatorios terrestres y telescopios espaciales como Spitzer y Hubble.
Los investigadores esperan que las lecciones aprendidas de este objeto puedan aplicarse a la observación directa de exoplanetas con futuros telescopios como el Nancy Grace Roman y el Extremely Large Telescope (ELT).
Los datos recopilados por el telescopio Webb sobre SIMP 0136 representan un avance significativo en la comprensión de las atmósferas de objetos fuera de nuestro sistema solar. Estos hallazgos podrían ser cruciales para la búsqueda de signos de habitabilidad o incluso de vida en exoplanetas.
Sam Houston en la batalla de San Jacinto, de Henry Arthur McArdle, 1898. La obra se encuentra en el Capitolio de Texas.
JotDown(A.García) — Sam Houston tenía prisa. Tanta, que envió sus tropas a cruzar el río San Jacinto en el ferry de Lynch sin darles tiempo ni para prepararse la comida. No era una cuestión de cobardía: un hombre que se fuga de un hogar acomodado a los dieciséis años para irse a vivir entre los indios cherokee no es precisamente un miedoso. Todo lo contrario.
Houston era un hombre de acción acostumbrado a los vaivenes de la vida fronteriza, y sabía reconocer una oportunidad cuando la tenía delante.
Tras casi dos meses de duras derrotas y amargas retiradas hacia la frontera estadounidense, huyendo del enemigo, por fin el general-presidente Santa Anna había cometido un peligroso error; encajado entre un bosque elevado al frente y un lago pantanoso a su espalda, el ejército mexicano se encontraba en posición vulnerable.
Era el momento de arriesgar y acabar de una vez por todas con un controvertido conflicto que se arrastraba durante al menos las últimas tres décadas.
1804. El famoso naturalista Alexander von Humboldt acaba de terminar un increíble viaje de cinco años a lo largo y ancho del virreinato de la Nueva España. Durante todo ese tiempo, el investigador prusiano ha contado con la generosa ayuda de las autoridades españolas y de lo más selecto de la intelectualidad novohispana para completar un impresionante compendio de conocimientos sobre aquellas tierras.
La información recopilada no solo es novedosa por su gran precisión y detalle; Humboldt es el primer viajero protestante que tiene acceso sin restricciones a las maravillas de las regiones coloniales hispanas, hasta entonces un terreno celosamente protegido de ojos foráneos.
Tras entregar los resultados de su trabajo al virrey, y antes de volver a Europa, Humboldt aprovecha para visitar a un hombre al que admira profundamente: el presidente de la flamante nueva república de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson.
Por aquel entonces el científico era un personaje tremendamente popular por su defensa del liberalismo político y el humanismo —teñido de cierto clasismo y supremacismo blanco—, al igual que Jefferson, por lo que el encuentro entre ambos dio lugar a una fructífera amistad. Sin embargo, no solo se dedicaron a teorizar sobre la capacidad de los habitantes de América para decidir su futuro en pie de igualdad con los europeos —origen remoto de la doctrina Monroe—.
Cuando el prusiano mostró los magníficos mapas de la Nueva España que había elaborado, Jefferson apenas podía creerse el golpe de suerte que tenía entre manos.
Humboldt era un hombre de ciencia, partidario de compartir el conocimiento, pero aun así es difícil asumir sin más que se le escaparan las implicaciones políticas que tenía la decisión de cederle a Jefferson tan valiosísima información sobre una potencia vecina.
Si bien las acusaciones de espionaje son infundadas, y Humboldt se pasó largo tiempo reclamando la devolución de los mapas al gobierno norteamericano, debía al menos intuir la ventaja estratégica que otorgó a la naciente república americana.
Sin duda la fortuna sonreía a los estadounidenses. Tan solo un año antes, habían tanteado al cónsul general francés, Napoleón Bonaparte, la posible compra de una porción de la Louisiana francesa, encontrando una sorprendente respuesta: o la adquirían entera o nada.
‘Progreso Americano’. Representación alegórica del Destino Manifiesto. Pintura de John Gast, 1873.
El futuro emperador había perdido todo interés en el continente americano tras el fiasco de la intervención en Haití y Santo Domingo, y por quince millones de dólares se deshizo de un área gigantesca que comprendía desde la frontera con Canadá a la desembocadura del Mississipi.
En la operación de bienes raíces más rentable de la historia de la humanidad, los Estados Unidos doblaron su territorio de golpe. Nuevas fronteras, nuevas preocupaciones: asegurar los flancos del río se convirtió en una prioridad para Washington, dando el pistoletazo de salida a una política de expansión sin precedentes.
Era necesario delimitar fronteras con el viejo nuevo vecino que ocupaba la mitad de la actual república federal: España. El tratado Adams-Onís de 1819 solucionó buena parte de los problemas, supuso la venta de la Florida —difícil de administrar para los españoles— y fijó los límites entre la República y el Virreinato.
A pesar de tratarse de un acuerdo satisfactorio para ambas partes, del lado anglosajón se alzaron voces discordantes que criticaban el supuesto olvido de las reclamaciones sobre Tejas, territorio que consideraban estratégico para una futura extensión hacia el suroeste.
Y es que en aquellos años se estaba gestando en aquel remoto lugar una tormenta perfecta de imprevisibles consecuencias. Las autoridades virreinales estaban bastante preocupadas por la despoblación que afectaba a su frontera norte: no más de cuatro mil almas habitaban Tejas, muchas de ellas misioneros o militares encargados de rechazar los ataques de los indígenas karankawa y apache.
La situación se complicó con el estallido de los movimientos independentistas mexicanos: partidas de filibusteros procedentes de la Luisiana estadounidense, desertores del ejército español y diversos aventureros se unieron a la lucha contra las tropas realistas.
Los intentos de atraer colonos novohispanos o canarios habían fracasado y la opción de alojar inmigrantes anglosajones era mal vista por el gobierno virreinal. Los anglos eran reacios a adoptar la lengua española o la religión católica y se sospechaba de su connivencia con los estadounidenses.
Mapa de Alexander von Humboldt, 1811.
Por todo ello no era en absoluto insólito que Moses Austin, un viejo conocido de la Corona española, tuviera tantos problemas para obtener una licencia como «empresario» para alojar a trescientas familias en Tejas. La familia Austin se había dedicado al negocio de las minas de plomo y Moses se había asentado en el Missouri hispano para ayudar a explotar el mineral allí.
Se naturalizó español, aprendió el idioma y catolizó, muy probablemente por interés en la concesión minera; al pasar Missouri a los Estados Unidos en 1803, siguió sus negocios por la geografía sureña de este país sin mayor inconveniente. La crisis financiera de 1819 le llevó de nuevo a la ruina, y el hábil emprendedor intentó por segunda vez la jugada.
Movió todas sus influencias, aceptó —o simuló aceptar— las condiciones del gobierno español y finalmente consiguió vencer las reticencias iniciales. Moses no pudo disfrutar de su triunfo, pues murió de neumonía en 1821, así que la empresa pasó a manos de su hijo Stephen.
Quien se encontró una sorpresa al cruzar el río Brazos, pues durante su viaje México se había independizado de España.
Stephen convenció a los mexicanos aceptando parecidas condiciones que su padre y finalmente se asentó con sus colonos en la nueva ciudad de San Felipe de Austin, en el estado de Tejas y Coahuila, en 1823.
El gobierno mexicano era más flexible y menos receloso que el español en la cuestión de la inmigración, y su necesidad de repoblación aún más acuciante, así que en pocos años el número de anglosajones que cruzaron el Brazos para instalarse en México se disparó hasta cuadruplicar a la población local: en menos de una década, los autodenominados «texians» totalizaban unas doce mil almas, o quizá más si se pudieran contabilizar las entradas ilegales.
La cuestión iba más allá del puro recuento demográfico; la forma de gobierno que adoptó finalmente México fue una república federal descentralizada, donde cada Estado tenía competencias para organizar sus propias milicias, así que los anglosajones pronto crearon la suya, germen de los famosos rangers de Texas.
Por supuesto, aunque el propio Stephen llegó a dominar el español, los recién llegados no tenían ninguna intención de cumplir los compromisos adquiridos, y se organizaron según las leyes, usos y costumbres de su patria originaria.
Una de ellas, fuente habitual de fricción entre México y los colonos estadounidenses, era la posesión de esclavos negros.
La Constitución mexicana, basada en la de Cádiz de 1812, prohibía la esclavitud, pero la legislación sobre este asunto fue contradictoria e incoherente durante prácticamente una década, hasta la ley de prohibición definitiva de 1829, lo que contribuyó a que muchos esclavos negros huyeran a territorio mexicano.
El puritanismo marcó el individualismo estadounidense.
Los incidentes escalaron durante este periodo: en 1827 un colono llamado Edwards proclamó la República de Fredonia y se alió con los cherokee en una revuelta sofocada por el ejército mexicano y la milicia de Austin.
La inestabilidad política de los primeros años en el México independiente, con problemas apremiantes como los intentos de España por recuperar la colonia, las dificultades financieras, la inexperiencia y el caos político, la corrupción y demás, habían desviado la atención sobre los acontecimientos en Tejas/Texas, pero en 1830 la tensión era tan elevada que el gobierno mexicano suspendió los permisos migratorios y adoptó una política muy similar a la del antiguo virreinato: la buena fe hacia los estadounidenses se había esfumado.
Al otro lado de la frontera, el nuevo presidente Andrew Jackson sigue los acontecimientos entre esperanzado e inquieto. Congresista por Tennessee, Jackson era un prestigioso abogado, terrateniente y propietario de esclavos, partidario de la mano dura con los indígenas. Había sido uno de los detractores del tratado Adams-Onís, y uno de sus objetivos declarados era la incorporación de Texas a los Estados Unidos; hoy se le etiquetaría como un halcón.
Sin embargo, Jackson no era precisamente un burro —o Jackass, como le llamaban sus rivales políticos—, y tenía claro que optar por la acción directa era impensable. Declarar una guerra a México supondría arriesgarse a una intervención británica, primera potencia mundial por entonces, con amplias posesiones en Canadá e intereses financieros en la excolonia española.
Lo que es peor, intervenir militarmente para crear un nuevo estado esclavista sureño desequilibraría la balanza entre estos y los estados abolicionistas industriales del norte, y pondría al país al borde de la ruptura. No, se necesitaba emplear medios menos directos para lograrlo, así que recurrió a dos buenos amigos suyos.
Uno de ellos, el coronel Anthony Butler, fue nombrado embajador en México, con la misión de intentar la adquisición de Texas por vía diplomática. Butler había servido a las órdenes de Jackson en el ejército y tenía un boyante negocio de alquiler de esclavos en Texas.
Desafortunadamente también era agresivo, bebedor, usurero, no hablaba español y despreciaba abiertamente a los mexicanos, a quienes consideraba una raza inferior. Se inmiscuyó en la política interior mexicana, intentó sobornar a cuanto funcionario le salió al paso y consiguió en tiempo récord ser despreciado por todos, incluido Austin.
Las relaciones con México quedaron irremediablemente dañadas y la posibilidad de compra se esfumó. A Jackson le quedaba la otra carta, que era fomentar la insurrección interna, y en esto le ayudó su íntimo colega de Tennessee, Samuel Houston. Desplegando una frenética actividad, Houston reclutó voluntarios en Louisiana y los introdujo en Texas, mientas agitaba las ansias revolucionarias de la población anglosajona.
Retrato de Antonio López de Santa Anna (detalle), de Carlos Paris, s. XIX.
Araba en terreno abonado, pues los colonos protestaban abiertamente por la suspensión de la política migratoria y la obligación de pagar impuestos. La gota que colmó el vaso vino de la política interior mexicana: la facción centralista, alarmada por la debilidad del gobierno federal, se acabó imponiendo de la mano del joven general Antonio López de Santa Anna.
El nuevo gobierno ordenó disolver las milicias estatales, lo que precipitó la insurrección en Zacatecas y Tejas-Coahuila. La rebelión de Tejas, aunque incluyera tejanos-mexicanos opuestos al centralismo, presentó desde el principio un cariz independentista anglosajón próximo a los Estados Unidos.
Lo cual no impidió que pretextaran la causa de la libertad, la lucha contra la opresión, el liberalismo y el federalismo, por supuesto. En la Declaración de noviembre de 1835 donde la Convención General de Tejas se separa unilateralmente de México solo hay un nombre hispánico de los más de cincuenta firmantes.
Santa Anna respondió poniendo en pie un ejército para aplastar a los rebeldes. Después de diezmar Zacatecas, encaminó sus pasos hacia Tejas; las victorias iniciales de los «texians» sublevados eran para él una herida en el orgullo nacional. Arrogante y megalómano, más interesado en ostentar el poder que en las tareas de gobierno, era lo que en España se conocía como «espadón»; un militar con gusto por intervenir en política.
El general-presidente pasó por alto el enorme esfuerzo financiero y humano que la campaña exigía a un empobrecido México. La victoria mexicana en El Álamo apuntaló el peligroso exceso de confianza de Santa Anna, que crecía a medida que el débil ejército regular de Houston se retiraba hacia la frontera con EE. UU.
Hasta el 21 de abril de 1836 a orillas del San Jacinto. El rápido movimiento de Houston el día anterior no pareció inquietar a los mexicanos, que se limitaron a intercambiar disparos y escaramuzas intrascendentes con los texanos. Mientras tanto, estos descansaron, comieron y se prepararon para un arriesgado golpe de efecto.
Atacarían con todo simultáneamente desde el frente y ambos flancos. Hacia las cuatro y media de la tarde, todo parecía tranquilo en el campamento mexicano. Cuando los voluntarios de Sherman salieron de los bosques del flanco izquierdo texano, disparando una descarga contra las tropas enemigas, se quedaron estupefactos.
No hubo ninguna respuesta al fuego, más allá de algunas voces de alarma, así que cargaron una segunda vez sin ser molestados. Los hombres del general Martín Perfecto de Cos, llegados a toda prisa a primera hora de aquel día, llevaban más de siete horas durmiendo cuando el ataque se produjo.
Por todos los frentes de batalla se repetía la misma escena: el ejército mexicano fue sorprendido durmiendo imprudentemente la siesta, incluido el propio Santa Anna. Ni siquiera se había tomado la precaución de situar los preceptivos centinelas. Aquellos que no sesteaban, se dedicaban a la tertulia o a labores de forrajeo. Los texanos no salían de su asombro.
El caos se desató inmediatamente en las filas mexicanas y los soldados salieron huyendo despavoridos para caer en las marismas, desde donde se convirtieron en blanco fácil para los tiradores rebeldes. En menos de veinte minutos, los texanos destruyeron completamente el ejército de Santa Anna —seiscientos muertos, doscientos heridos y setecientos prisioneros—.
«Hacia el oeste sigue su curso el imperio», de Emanuel Gottlieb Leutze, simboliza el destino manifiesto.
El humillado general, cuya identidad fue revelada por los vítores y gritos de «presidente» de algunos prisioneros, fue obligado a reconocer la independencia de Texas en el Tratado de Velasco, el 14 de mayo de 1836. Santa Anna fue enviado a Washington como prisionero de guerra para ratificar lo firmado ante Jackson.
Aunque al volver a México dedicó sus esfuerzos a denunciar el acuerdo, lo cierto es que cumplió escrupulosamente con la evacuación de tropas mexicanas de la zona, a pesar de seguir estando en superioridad numérica. El impacto moral de «la siesta de San Jacinto» resultó devastador.
El reconocimiento estadounidense incluía una garantía de independencia, así que, pese a que el Congreso mexicano destituyera a Santa Anna y se negara a reconocer un tratado forzoso, Texas se encontraba de facto fuera de su alcance: una recuperación militar era imposible, pues implicaba una intervención de EE. UU.
La república de Texas ofreció rápidamente la anexión a Washington, pero la situación política exigía no precipitarse. Se necesitó una década para que el Congreso votara a favor de la incorporación; el 29 de diciembre de 1845, Texas se convirtió en nuevo estado —esclavista— de la Unión.
El periodista John O’Sullivan celebraba la decisión en la revista Democratic Review de Nueva York apelando al «Destino Manifiesto» por el que Estados Unidos tenía la misión de expandirse por América.
Los estadounidenses vieron claramente la debilidad de su vecino, y forzaron todo tipo de incidente fronterizos hasta desatar la guerra de 1846, en que le arrebataron la mitad del territorio.
Quince años después, como Jackson predijo, los Estados Unidos saltaban por los aires en una cruenta guerra civil.
Ambientum — Es la joya del mar Egeo, mucho más que un destino turístico de ensueño. La belleza inigualable Santorini, con sus casas blancas colgando de acantilados volcánicos y sus aguas azules que se funden con el cielo, oculta un pasado turbulento y misterioso.
La isla, que alguna vez fue un volcán activo, fue escenario de una de las erupciones volcánicas más catastróficas de la historia, la erupción minoica, alrededor del año 1600 a.C. Este evento, que cambió para siempre la geografía del Mediterráneo oriental, dejó un legado de leyendas y misterios que aún hoy fascinan a científicos y viajeros.
La erupción de Santorini ha sido vinculada a la leyenda de la Atlántida, la mítica isla que desapareció en el mar. Algunos investigadores creen que la erupción minoica pudo haber inspirado el mito, mientras que otros buscan evidencias de la Atlántida en las profundidades del mar Egeo.
Los terremotos, frecuentes en esta área debido a su ubicación en una zona tectónicamente activa, contribuyen al enigma que rodea esta isla.
– Contexto histórico de los terremotos en la región
La historia sísmica de Santorini está profundamente ligada a su origen volcánico. Esta isla, situada en el mar Egeo, forma parte del arco volcánico helénico, uno de los sectores tectónicamente más activos de Europa. Los registros históricos documentan una serie de terremotos significativos cuyo impacto ha moldeado tanto el paisaje como la vida de sus habitantes.
. Eventos destacados en la región
Erupción minoica (aprox. 1600 a.C.): Asociada a un terremoto mayor, este evento destruyó la civilización minoica local.
Terremotos en la Edad Media: Según crónicas bizantinas, las sacudidas frecuentes devastaron estructuras.
Siglo XX: El seísmo de 1956, con magnitud aproximada de 7.8, causó daños considerables.
La interacción entre placas tectónicas continúa siendo responsable de la actividad sísmica recurrente en esta área.
La isla volcánica de Thera (la actual Santorini) en el Mar Egeo representada durante una erupción del siglo XIX. Los arqueólogos que trabajan a más de 160 kilómetros de distancia han encontrado nuevas pruebas de la erupción de Thera en la Edad de Bronce y el posterior tsunami, que pudo haber matado a decenas de miles de personas.
– La conexión entre los volcanes y los terremotos en Santorini
La actividad sísmica en Santorini está estrechamente relacionada con su naturaleza volcánica. La isla forma parte del arco volcánico del mar Egeo, una de las regiones tectónicas más activas del mundo. Los terremotos en esta área suelen generarse debido al movimiento de placas tectónicas y a los procesos magmáticos bajo la caldera.
Los movimientos del magma pueden provocar tensiones en la corteza terrestre, desencadenando terremotos locales. Estos eventos suelen preceder o acompañar erupciones volcánicas. Además:
La caldera volcánica: Puede experimentar deformaciones, un indicio clave de actividad magmática.
Sismicidad tectónica: Resulta de la subducción de la placa africana bajo la euroasiática.
La interacción entre el magma y las estructuras geológicas locales crea un entorno dinámico que vincula los volcanes y los terremotos en la región.
– El papel de la caldera volcánica en la actividad sísmica
La caldera volcánica de Santorini es una estructura geológica clave que influye de manera significativa en la actividad sísmica de la región. Formada por el colapso de un volcán tras una erupción masiva, esta caldera actúa como un depósito de magma que se encuentra debajo de la superficie terrestre.
Los movimientos del magma dentro de la caldera generan tensiones que pueden desencadenar terremotos. Estas tensiones suelen manifestarse en forma de enjambres sísmicos, donde numerosos temblores de baja a moderada intensidad ocurren en un periodo corto de tiempo.
Además, el monitoreo de esta actividad permite a los científicos identificar posibles señales de erupciones futuras.
– Descubrimientos recientes sobre los movimientos tectónicos
Los estudios recientes sobre los movimientos tectónicos en Santorini han revelado una actividad sísmica más compleja de lo que se pensaba. Geólogos han identificado patrones de deslizamientos en placas tectónicas submarinas que podrían influir en la acumulación de tensión en la región.
Entre los avances más destacados se encuentran:
Monitoreo geodésico avanzado, que permite rastrear deformaciones milimétricas en la corteza terrestre.
Análisis sismológico de gran precisión, donde se han detectado microterremotos precursores vinculados con magma en ascenso.
Simulaciones computacionales, utilizadas para predecir patrones futuros de movimientos.
Estos hallazgos sugieren que la interacción entre fuerzas tectónicas y actividad volcánica desempeña un papel crucial en los riesgos sísmicos de Santorini.
– Tecnología moderna y su uso para estudiar los terremotos
El avance de la tecnología ha permitido a los científicos monitorear y estudiar los terremotos en Santorini con mayor precisión. Herramientas sofisticadas como los sismógrafos digitales miden vibraciones en el suelo con alta sensibilidad, detectando incluso los movimientos más pequeños.
Las imágenes satelitales y el uso de interferometría radar (InSAR) permiten observar deformaciones en la superficie terrestre, esenciales para identificar tensiones acumuladas en fallas geológicas activas.
Además, los GPS avanzados ayudan a rastrear desplazamientos milimétricos de la corteza terrestre. Redes de monitoreo en tiempo real integran estos datos, proporcionando alertas tempranas y modelos predictivos.
– Impacto de los terremotos en la población local y el turismo
Los terremotos en Santorini afectan de manera significativa tanto a la población local como al turismo, que constituye uno de los pilares económicos de la isla.
Población local: Los habitantes enfrentan daños a las infraestructuras, como viviendas, caminos y servicios básicos. En algunos casos, los desplazamientos forzados y la pérdida de medios de subsistencia complican aún más la recuperación cotidiana. El estrés psicológico derivado de la incertidumbre y las posibles réplicas también influye en la calidad de vida.
Turismo: Estos eventos naturales generan temor entre los visitantes, lo que resulta en cancelaciones masivas y una reducción en la afluencia turística. Además, los daños a puntos de interés histórico y cultural impactan negativamente en la imagen de Santorini como destino.
– Mitos y leyendas en torno a los terremotos de Santorini
Desde tiempos antiguos, los terremotos en Santorini han estado rodeados de misterios, creencias y relatos que intentan explicar estos fenómenos naturales.
La ira de los dioses: En la mitología griega, se atribuía la actividad sísmica a la ira de Poseidón, el dios del mar, quien agitaba la tierra y el océano como muestra de su furia.
Legado de la Atlántida: Algunos mitos conectan los catastróficos eventos volcánicos y sísmicos de Santorini con la desaparición de la ciudad mítica de la Atlántida.
Presagios divinos: En la antigüedad, los habitantes de la isla creían que los terremotos eran señales enviadas por los dioses para advertir sobre desastres futuros o cambios importantes.
Estas narrativas reflejan las preocupaciones humanas ante fuerzas incontrolables y su intento por racionalizarlas a través de historias simbólicas.
– El futuro de la investigación sísmica en la isla
El avance en la investigación sísmica en Santorini depende de la integración de tecnologías innovadoras y colaboraciones interdisciplinarias. Los científicos están explorando el uso de sensores inteligentes para monitorear la actividad tectónica en tiempo real, mejorando la precisión en la detección de anomalías. Además, se está fomentando la instalación de redes sísmicas más densas en la isla para obtener datos más detallados.
Sistemas de monitoreo avanzados: Tecnologías como el aprendizaje automático y modelos predictivos están ayudando a interpretar patrones sísmicos con mayor eficacia.
Colaboración internacional: Geólogos, vulcanólogos y geofísicos de todo el mundo trabajan juntos para desarrollar nuevas metodologías.
Esta futura innovación promete una mejor comprensión de los riesgos asociados en Santorini.
– Conclusiones: ¿Estamos más cerca de resolver el misterio?
El enigma de los terremotos en Santorini continúa siendo un área de estudio crucial para geólogos y vulcanólogos. Las investigaciones recientes se centran en varios factores clave:
Monitoreo sísmico avanzado: El uso de nuevas tecnologías permite detectar patrones más precisos en la actividad tectónica.
Análisis del magma: La composición química y los movimientos de magma bajo la caldera ofrecen pistas sobre el posible comportamiento del volcán.
Historia geológica: Estudios del pasado sísmico de la región ayudan a construir modelos predictivos más confiables.
Estos avances no solo profundizan la comprensión científica, sino que también mejoran las estrategias de mitigación del riesgo para las comunidades locales.
AARP(L.David) — Has oído hablar de los antioxidantes: compuestos que protegen el cuerpo de las moléculas inestables. Pero hay otro nutriente clave que se encuentra en muchos alimentos de origen vegetal que funciona como los antioxidantes y está atrayendo mucho interés.
Los investigadores están prestando atención y estudiando cómo estos nutrientes pueden ayudar en la lucha contra las enfermedades crónicas y mantener el cuerpo sano.
Dales la bienvenida a los polifenoles. «Existen investigaciones específicas que afirman que el consumo de [polifenoles] puede mejorar la calidad de vida, la esperanza de vida y la salud, ya que ayudan a prevenir el envejecimiento cognitivo y específicamente la enfermedad de Alzheimer», dice Samantha Dieras, enfermera registrada y directora del servicio de nutrición ambulatoria en el Hospital Mount Sinai.
– ¿Qué son los polifenoles?
Los polifenoles son moléculas con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que se encuentran en las plantas y en los alimentos de origen vegetal.
«Las plantas producen polifenoles para protegerse del medio ambiente», dice Beth Goodridge, dietista registrada de Kaiser Permanente en el norte de California. «Cuando comemos plantas que tienen polifenoles, también nos proporcionan a nosotros cierta protección».
Es posible que hayas oído hablar de algunos polifenoles, como los flavonoides y el resveratrol, pero hay más de 8,000 de estas pequeñas moléculas agrupadas en categorías según sus estructuras químicas.
– ¿Por qué los polifenoles son buenos para ti?
«El superpoder principal [de los polifenoles] es que actúan como un antioxidante en el cuerpo», dice Goodridge.
Los antioxidantes son compuestos naturales que neutralizan las moléculas inestables o radicales libres y protegen el cuerpo.
«Los radicales libres interrumpen el flujo natural», afirma Goodridge.
«Causan daño en el cuerpo». La acumulación de radicales libres en el cuerpo daña las células; esto se conoce como estrés oxidativo. Los antioxidantes ayudan a ralentizar el proceso oxidativo y a retrasar el envejecimiento.
– Ayudan a los adultos mayores
Los polifenoles tienen muchos beneficios para la salud, especialmente para los adultos mayores.
Un análisis del 2022 de los beneficios para la salud de los polifenoles en las especias (en inglés), publicado en Current Research in Food Science, señala que el estrés oxidativo, un desequilibrio de antioxidantes y radicales libres en el cuerpo, es una causa importante de muchas enfermedades crónicas y el envejecimiento de las células.
Según los autores, los polifenoles pueden ayudar a minimizar el daño celular debido al estrés oxidativo.
– Proporcionan beneficios para la salud
Los polifenoles pueden ayudar con la función cerebral y la cognición. Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Nutrition determinó que comer polifenoles durante períodos moderados y largos puede mejorar tanto la memoria de trabajo como la memoria episódica en adultos de mediana edad y adultos mayores.
Un análisis publicado en la revista Antioxidants en el 2022 hipotetizó que los polifenoles como la curcumina podrían ayudar a proteger el cerebro al prevenir la acumulación de las placas beta-amiloides, que son una de las características distintivas de la enfermedad de Alzheimer.
– Mejoran la salud intestinal
Muchos alimentos que contienen polifenoles también tienen fibra, que es importante para las evacuaciones intestinales regulares. «Los polifenoles pueden ayudar con la digestión, y eso puede ayudarnos en el baño», dice Goodridge.
Según un estudio publicado en Journal of Food Biochemistry en el 2022, el microbioma intestinal transformó los polifenoles en compuestos bioactivos que podrían tener «efectos terapéuticos» en la salud intestinal (en inglés).
– Protegen contra las enfermedades del corazón
Las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades; una persona muere cada 33 segundos.
«Uno de los problemas causados por las enfermedades del corazón es que el interior de nuestras arterias puede volverse rígido y duro con los años», explica Goodridge.
Las arterias necesitan ser elásticas, pero el estrés oxidativo puede hacer que se vuelvan rígidas. «Los polifenoles pueden proteger la salud del corazón», dice Goodridge.
– Previenen los efectos negativos de la muerte celular
Los polifenoles pueden reducir la senescencia celular. La senescencia celular ocurre cuando las células mueren y se acumulan en el cuerpo en lugar de eliminarse. Pueden emitir compuestos dañinos, provocar inflamación y contribuir a otras enfermedades coronarias, dice Dieras. «El número de células que están en esa etapa aumenta a medida que envejeces», afirma.
– Alimentos ricos en polifenoles
Muchas frutas, verduras, nueces, hierbas, especias y bebidas, como el té verde y el café, contienen polifenoles. Las cantidades de polifenoles varían según el alimento o bebida, la frescura, el procesamiento e incluso la variedad. Comer una dieta saludable y variada ayuda a asegurar que estás comiendo suficientes polifenoles.
«Probablemente los obtienes de tu dieta si comes una dieta diversa con frutas, verduras, nueces y semillas», dice Dieras. Los polifenoles también se encuentran en el aceite de oliva, los granos integrales y las legumbres. Además, cuando comes estos alimentos, también te beneficias de la fibra y las vitaminas que contienen, explica.
Las frutas y verduras de colores vivos, especialmente las de color rojo, son ricas en polifenoles, dice Goodridge. Entre los alimentos ricos en polifenoles se encuentran los arándanos rojos; las granadas; las uvas rojas; las bayas, como fresas, arándanos azules y frambuesas; y ciertas verduras, como tomates, zanahorias, papas y cebollas, explica.
Come un arcoíris de colores para obtener una nutrición adecuada durante toda la semana, aconseja Goodridge. «Todos los diferentes colores ayudan al cuerpo de diferentes maneras», afirma. «El color es la forma en que la madre naturaleza dice: ‘Soy realmente bueno para ti, ya sea por los distintos polifenoles o vitaminas'».
– Por qué la frescura importa
Los productos frescos tienen un contenido de nutrientes más alto que las frutas y verduras que han estado en el frutero o en el cajón del refrigerador por un tiempo.
Cuanto más tiempo se tarda uno en consumir las frutas o verduras después de la cosecha, hay una disminución constante en la biodisponibilidad de los nutrientes, dice Dieras. «Muchos de los nutrientes, entre ellos los polifenoles, pueden oxidarse y degradarse con el tiempo», agrega.
¿Tienes muchas frutas y verduras que no vas a comer rápidamente? Mantenlas frescas. «Los polifenoles son delicados», dice Goodridge. Guarda las frutas y verduras en el refrigerador para preservar los polifenoles, aconseja.
Los productos frescos tienen más polifenoles que los productos enlatados. «Va a haber un mayor contenido de polifenoles en alimentos frescos en comparación con los enlatados», dice Goodridge. «La frescura definitivamente importa».
– ¿Cuánto necesitas?
Existen pautas sobre la cantidad de macronutrientes, como las proteínas, que deberías consumir diariamente. Entonces, te puedes preguntar si los polifenoles tienen recomendaciones similares. «Aún no hay pautas sobre la cantidad de polifenoles que los adultos deberían comer todos los días», dice Goodridge.
En lugar de tales recomendaciones, lleva la cuenta de las porciones de frutas, verduras y granos integrales que comes en un día. «Por ejemplo, intenta comer al menos una taza y media de fruta al día y al menos dos tazas y media de verduras o más», dice Goodridge.
La mitad de tu ingesta diaria de granos, como mínimo, debería estar compuesta de granos enteros, como arroz integral o pan de trigo, explica. Al hacer esto, estarás incluyendo una cantidad adecuada de polifenoles saludables en tu dieta.
– ¿Deberías tomar suplementos?
Las personas pueden recurrir a un suplemento cuando sienten que no están consumiendo una cantidad adecuada de una vitamina, un mineral o, en este caso, polifenoles. Los nutricionistas recomiendan que la mejor manera de obtener polifenoles es con la comida.
Cuando comes alimentos con polifenoles, también estás obteniendo macronutrientes importantes, entre ellos fibra y micronutrientes, como la vitamina C, dice Goodridge.
El cuerpo absorbe mejor los polifenoles en los alimentos que cuando están aislados en un suplemento. «Los otros componentes en la comida ayudan a que esos polifenoles se digieran y se absorban adecuadamente», afirma Goodridge. «No ocurre eso cuando es solo un suplemento».
Ten en cuenta que los medicamentos pueden interactuar con los suplementos de polifenoles.
«Una parte significativa de la población mayor de 50 años está tomando varios medicamentos», dice Dieras. «No sé específicamente cómo los distintos polifenoles interactuarán con sus medicamentos». Antes de tomar suplementos, siempre debes hablar con tu proveedor médico sobre cualquier riesgo o efecto adverso que pueda ocurrir.
«Es importante hablar con tu proveedor sobre todos los medicamentos que estás tomando y averiguar cómo interactúan entre sí, y cómo interactuaría un suplemento de polifenol con esos medicamentos», dice Dieras.
Ilustración de la cubierta de Los escritores plagiaristas
JotDown(A.A.Martín) — Hoy, día de afelio, paradójicamente el día de mayor alejamiento entre el Sol y la Tierra, nace el Movimiento Plagiarista en la sobremesa de El Greco. Borges es el Padre, Bolaño es el Hijo, y César Vidal es el Espíritu Santo. Más allá de eso, padrastros ni en los dedos.
Así comienza el Manifiesto plagiarista que firmaron hace casi diez años los escritores Leandro Romaña y César Ruiz-Tagle, dando lugar al Movimiento Plagiarista, que «nació» en el punto más alejado posible del Sol, de la órbita literaria, con el objetivo de ir acercándose progresivamente a él.
Desde las primeras charlas etílico-creativas subidas de tono que mantenían esos dos jóvenes escritores en un bar de Madrid (El Greco), hasta la reciente publicación de su segunda obra, Los escritores plagiaristas (Bandaàparte, 2017), la distancia entre tierra firme y el astro rey, entre el extrarradio de la literatura y el establishment, ha disminuido tanto que resultaría cómico si no fuera algo necesariamente trágico.
Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia, como misterio, o como monólogo cómico, pero ya no nos reímos. Bolañodixit.
¿Quiénes son Leandro Romaña y César Ruiz-Tagle? Durante años solo fueron dos escritores anónimos que, escondidos bajo estos dos seudónimos, escribían cuentos, debatían sobre literatura y bebían mezcal. Romaña cuenta qué pasó el día de la fundación del Movimiento.
«Cuando terminamos de escribir el Manifiesto nos reímos como dos niños que acaban de hacer una gamberrada, hicimos fotocopias, las repartimos por las calles de Malasaña el Día del Libro, y cuando nos cansamos de hacer el ridículo quemamos las hojas que nos quedaban en una esquina que olía a meado».
El Manifiesto plagiarista es el meollo de todo este asunto, el big bang, el aleph escondido en un sótano entre dos escaleras. Contiene diez puntos, diez epígrafes, diez sentencias que condensan y explican las motivaciones, las deudas y los compromisos de los escritores plagiaristas.
«El Manifiesto —dice Ruiz-Tagle— es probablemente la pieza más lograda que hemos creado. Es la puerta de entrada al Movimiento. Si te gusta el Manifiesto, te encantarán nuestros libros. Pero si no es así, bueno, no es necesario que te molestes…».
1. El plagiarismo y el humor son cosas muy serias.
Desde su fundación, el Movimiento Plagiarista ha seguido ciertos patrones prototípicos de las vanguardias europeas de principios del siglo XX. La clandestinidad, la subversión, el ensalzamiento de la literatura y la parodia, la necesidad de regeneración y el hastío generalizado.
Hasta que apareció su primera publicación, Romaña y Ruiz-Tagle llevaron a cabo varios actos plagiaristas, acciones pseudovandálicas que poco o nada repercutían en la vida literaria, pero que conmovían a sus participantes.
Según cuentan ellos mismos, publicaron entrevistas falsas con autores reputados; se hicieron pasar por un escritor de autoayuda en la Feria del Libro de Madrid y firmaron docenas de ejemplares; sustituyeron, en las placas conmemorativas que hay en algunas calles de la capital, los nombres de los escritores homenajeados por los nombres de escritores birmanos que nunca existieron; reventaron recitales de poesía entrando a gritos con el rostro tapado por un pasamontañas.
En medio de esos avatares apareció su primer libro, Doce cuentos del sur de Asia, una antología de textos de autores desconocidos en Occidente, quizá, más que nada, porque nunca llegaron a existir. Sin embargo, el libro era perfectamente posible.
La página de créditos aludía a una antigua edición en francés, que ahora se presentaba ampliada y mejorada, y en las solapas se hablaba de dos editores renombrados, Virginie Ooy y Alexi La-Bàs, quienes eran los encargados de presentar al lector los autores seleccionados.
Entre ellos estaban los birmanos Dee Jo Pai y Saw Htoo, la poeta tailandesa Renata Tarsio, el laureado escritor vietnamita Kokoro Pattani y el incivil filipino Queveco Chao. El artefacto era tan plausible que desde su aparición hubo periodistas, escritores y lectores que pensaron que ese libro, en efecto, era real (que lo era) y que estaba rescatando del olvido una literatura hasta entonces desconocida (que lo hacía).
Esa primera edición ilustrada cuya portada reproducía un viejo mapa del sur de Asia se agotó en poco tiempo.
La broma parecía a punto de agotarse, pero entonces surgió de la nada una pequeña editorial, El Hombre Bombilla, que ahora sí rescató a los plagiaristas e imprimió una nueva edición de los cuentos, esta vez advirtiendo al lector de las posibles grietas en la propuesta, pero de nuevo sin desvelar la verdadera identidad de los autores de los textos, y atribuyendo la responsabilidad de su aparición a la infatigable Virginie Ooy, verdadera heroína de la obra.
2. Una obra plagiarista es como un juego de niños. Antes de empezar el juego, un primer niño pregunta cómo se juega. Durante el juego, un segundo niño invierte las normas. El juego termina cuando un tercer niño empieza a llorar.
Romaña y Ruiz-Tagle rehusaron firmar ese primer libro, jugando con la idea de la autoría dispersa y el anonimato subversivo que está detrás de otros colectivos literarios, cuyo grupo más emblemático quizá sean los italianos Wu Ming. Sin embargo, cuando llegó la hora de publicar su segundo libro, ellos mismos invirtieron las normas y fue entonces que decidieron dar la cara.
En esta segunda obra descubrimos que Leandro Romaña era Félix Blanco, filólogo e investigador, y que César Ruiz-Tagle era Daniel Jiménez, autor de la obra Cocaína (Galaxia Gutenberg, 2016), galardonada con el II Premio Dos Passos a la primera novela. Además, para este segundo proyecto, Los escritores plagiaristas (Bandaàparte, 2017), Blanco y Jiménez cooptaron, como se hace en el OULIPO, a Daniel Remón, guionista y director, y a Minke Wang, poeta y dramaturgo.
Entre los cuatro escribieron una nueva antología de cuentos, una colección de relatos originales que juegan a reinventar, versionar, homenajear o parodiar el estilo, la estructura o los temas que suelen emplear otros escritores. Entre ellos están, cómo no, Borges y Bolaño, padre e hijo del Movimiento, pero también podemos encontrar a Enrique Vila-Matas, a Ray Loriga, a Georges Perec, a Bryce Echenique y a Cortázar, autores reconocidos por su tendencia a componer sus obras evidenciando la fuerte influencia de los textos de otros.
En este segundo libro se materializa aún más claramente su propuesta literaria, un posicionamiento a favor de la metaliteratura, la autorreferencialidad, la intertextualidad y la transgenericidad, palabras quizá poco afortunadas, que arrastran una fama dudosa o controvertida, pero indispensables porque aluden a los recursos, técnicas y artificios que despliegan los escritores plagiaristas para crear una obra original y honesta a partir de lo viejo y lo ajeno.
El movimiento plagiarista hunde sus raíces en la obra de autores como Homero, Cervantes y Joyce, quienes son, sin ellos saberlo, autores plagiaristas; de hecho, en una carta escrita por el irlandés dirigida a su fiel amigo de la infancia, John O’Connor, podemos leer: «(…) sí, lo admito, pues, mi obra se [el siguiente párrafo es ininteligible] poder tachar sin escrúpulos de un monumental ejercicio plagiario. El plagiarismo se extiende por el tiempo y en la historia. Hubo muchos de entre los [la palabra siguiente es ininteligible] del XVI que lo practicaron. Otros, ya entonces, lo denostaban». En el siglo XXI hay escritores plagiaristas en Birmania y en Guayaquil, en Tlön y en Tordesillas. El plagiarismo no tiene fronteras ni lenguas. Es una tradición oculta y universal.
Tras la publicación de Doce cuentos del sur de Asia, el escritor Patricio Pron celebró en un artículo en el número 32 de la revista Dossier la llegada del Movimiento con el lema: «Aquí comienza la Internacional Plagiarista».
Recogía así la idea que postulan los fundadores de esta broma literaria muy seria: que antes de que existiera el término plagiarista propiamente dicho, tanto Borges como Bolaño, Joyce, Cervantes y Shakespeare, e incluso Homero, fuera uno o trino, fueron «plagiaristas por anticipación». Jiménez hace una genealogía temeraria pero posible:
«Si asumimos que Patricio Pron no habría escrito como escribe si no hubiera leído a Bolaño, que no habría escrito como escribía si no hubiera leído a Cortázar, que no habría escrito como escribía si no hubiera leído a Bioy Casares, que no habría escrito como escribía si no hubiera leído a Borges, que no habría escrito como escribía si no hubiera leído a todos y cada uno de los miles de autores que leyó, y que de algún modo plagió, entre ellos a Cervantes, que creó la primera novela moderna fusionando los estilos, los temas y los géneros que se practicaban en la época, llegaremos a la conclusión de que estamos salvados, de que no estamos solos en esto, y de que todos somos, lo sepamos o no, escritores plagiaristas».
Por si no bastara con la auctoritas inherente a estos escritores, los plagiaristas mencionan otros referentes contemporáneos. Juan Rodolfo Wilcock y La sinagoga de los iconoclastas, Stanislaw Lem y Vacío perfecto, Monterroso y Lo demás es silencio. Se ven reflejados en el periodista Clifford Irving, autor de una falsa biografía de Howard Hughes, y de Fraude, la biografía del falsificador Elmyr de Hory en la que se basó Orson Welles para su película documental F for Fake.
Y aluden a Tommaso Debenedetti, el periodista italiano que se hizo célebre porque inventó entrevistas con escritores contemporáneos en revistas italianas para denunciar la falta de contraste de la información en los medios, la pérdida de la relevancia de la literatura y la impostura inherente a la sociedad actual.
La escritura plagiarista se asemeja al principio de incertidumbre enunciado por Werner Karl Heisenberg. El plagiarista lee, y si le queda tiempo escribe sobre lo que ha leído. Vuelve a leer lo leído y a escribir lo escrito y es incapaz de distinguir cuál de las sombras que le rodean le pertenece (al igual que valores como la posición y velocidad de los átomos cambiaban al ser observados a través del microscopio del físico alemán haciendo imposible medirlos con exactitud). Así, los plagiaristas conocemos la naturaleza de nuestra literatura, pero esta naturaleza varía durante el acto de la escritura, y se vuelve incognoscible.
Es tan manido el ejemplo que se vuelve contraproducente, pero no está mal recordar que se atribuye a Picasso la frase: «Los artistas copian; los genios roban». No obstante, como no está documentado que fuera Picasso quien dijera esto, estamos ante un acto plagiarista generalizado en toda regla.
Quien sí dijo algo semejante fue Aristóteles, pues en su Poética dejó escrito que «el origen de la poesía es la imitación». Blanco amplía esta idea: «Hasta el Romanticismo, el poeta quería imitar a la naturaleza. A partir de ahí nace, como si dijéramos, el concepto de autor, y el poeta se diviniza y pasa a querer imitar a Dios y crear un nuevo lenguaje, cuando lo que está haciendo es transformar y reformular lo aprendido de otros autores, puesto que nadie escribe sin haber leído antes».
Está disponible en internet un breve informe sobre el plagiarismo escrito por el profesor de la Universidad de la Sorbona Kevin Perromat Augustin con el nombre Plagiarismo: ¿Estética o movimiento contemporáneo?. En apenas cinco páginas el autor hace un repaso sumarial al estado de la cuestión, en el que no faltan las menciones a Borges, las vanguardias, Lautréamont, los situacionistas, el OULIPO, Wu Ming y la pospoesía de Fernández Mallo, de quien luego hablaremos.
Perromat pasea su genealogía por la Edad Moderna, la Edad Media y llega hasta la Antigüedad, porque el plagiarismo estaría en el origen mismo de la concepción de la escritura occidental. En medio de su discurso lanza la siguiente pregunta:
«¿Debemos considerar el plagiarismo como un rasgo inherente, es decir necesario, de la posmodernidad, o, por el contrario, deberíamos escribirlo siempre con mayúscula, como denominación de un movimiento con vida autónoma, con múltiples adherentes en las literaturas nacionales contemporáneas más allá de denominaciones colectivas, con genealogías, escuelas y subgrupos propios?».
El plagiarismo es una brecha en mitad del territorio por el que deben transitar todos los escritores del siglo XXI. ¿Y cuál es ese territorio? El mismo de siempre, pero distinto, que es una forma de decir que no lo sabemos.
Minke Wang, Daniel Remón, Daniel Jiménez y Félix Blanco.
El propio Patricio Pron documentó muchos de estos casos de supercherías literarias en su obra El libro tachado (Turner, 2014). El escritor norteamericano Jonathan Lethem escribió una obra profundamente plagiarista, Contra la originalidad (Tumbona ediciones, 2008) escrita a base de fragmentos de otras obras en una especie de éxtasis de la influencia.
Algo similar hizo David Shields en el libro Hambre de realidad (Círculo de Tiza, 2015), un manifiesto a favor del arte, el plagiarismo y la transgenericidad de la literatura contemporánea, un ensayo a caballo entre la mitomanía del autor enunciada por Foucault y la desaparición del mismo postulada por Roland Barthes, en el que se encuentran fragmentos dispersos que contienen datos como este: «En el 450 a. C., Baquílides escribió: Un autor roba lo mejor de otro y llama a eso tradición».
«En el trasfondo del Movimiento Plagiarista —señala Jiménez— está el inconformismo, las ganas de sacralizar un tipo de literatura y desacralizar otra. Nosotros, como decía Borges de Kafka, queremos crear a nuestros precursores, insertarnos dentro de una genealogía enmarcada en una tradición de filias y fobias para construir finalmente nuestro propio canon literario, que seguramente no será el de nadie más».
Un plagiarista en ninguna ocasión olvida el célebre dictum: En literatura no hay nada escrito; es decir, que todo está escrito; es decir, que todo está por escribir. Si un alpinista sabe que al llegar a cualquier cumbre del planeta encontrará centenares de pisadas de todos aquellos que la hollaron antes que él, y no por ello deja de escalar; los plagiaristas escribiremos libros a pesar de saber que todos ellos están ya en las infinitas salas hexagonales de la biblioteca de Babel.
No hay nada nuevo bajo el sol. En el libro de Shields también se apunta que, en el siglo II antes de Cristo, Terencio dijo: «Ya no hay nada que decir que no haya sido dicho». Blanco explica así la voluntad de seguir escribiendo a pesar de saber que la originalidad se ha convertido en un mito inalcanzable, o al menos de difícil verificación:
«Los escritores plagiaristas, y cualquier escritor honesto, en verdad, sabemos que todo está escrito, sí, pero el espíritu de Pierre Menard nos impulsa a escribir el Quijote de nuevo, porque está claro que si lo escribimos nosotros será forzosamente distinto».
Escritores tan originales como Kurt Vonnegut se atrevieron a afirmar que «la ignorancia absoluta es la madre de la originalidad», mientras que Julia Kristeva, una eminencia en cuestiones plagiarias, no se cansó de exponer que «todo texto es absorción y transformación de otro texto». Estas dos premisas son aceptadas por la mayoría de los escritores contemporáneos, sean o no sean plagiaristas, lo admitan o no.
Jiménez cuenta que le entregó el libro Los escritores plagiaristas a Ray Loriga cuando este estaba firmando ejemplares de su obra Rendición, puesto que él es uno de los autores homenajeados, versionados o parodiados en dicha antología. Loriga se sorprendió al tenerlo en sus manos. Ya lo conocía, le dijo, y se rio.
Jiménez le entregó su ejemplar de Rendición a Loriga para que se lo firmara. Se despidieron afectuosamente y se separaron. Cuando leyó la dedicatoria de Loriga fue Jiménez quien se sorprendió, primero, y se rio, después. Ray Loriga había escrito en la página de cortesía: «Para Daniel, de un plagiarista a otro».
El escritor plagiarista se comporta como un farmacéutico sin titulación que no investiga ni prescribe, pero es quien otorga el acceso a la medicación conveniente. Nosotros le entregamos una receta, y él nos da la espalda y abre un cajón al azar. De ahí saca una caja. Antes de entregárnosla advierte: Lea detenidamente el Manifiesto plagiarista. Como todos los movimientos, el plagiarismo puede tener efectos secundarios, y estos son competencia exclusiva del lector. En caso de duda, dude.
El escritor español Agustín Fernández Mallo y el escritor argentino Pablo Katchadjian saben de qué efectos se habla en este punto.
La alargada sombra de María Kodama, la viuda (y heredera de los derechos de las obras) de Borges, llevó a que los libros El hacedor (de Borges), Remake, del español, y El aleph engordado, del argentino, fueran retirados del mercado, el primero «voluntariamente» por Alfaguara, pero el segundo tras un litigio que podría haber acabado de forma menos amistosa.
Ambos libros —sus títulos se explican por sí solos— son dos reescrituras de la obra de Borges, dos formas de expandir los límites del universo borgiano. Dos ejemplos audaces y ya canónicos de lo que se puede hacer con la literatura si se juega al plagiarismo, y de lo que ello puede suponer en la vida real.
En España, Mallo recibió el apoyo de escritores como Marta Sanz, Manuel Vilas y Jorge Carrión, y de editores como Constantino Bértolo, quienes firmaron una carta contra la retirada del libro, que a día de hoy sigue sin estar «legalmente» disponible.
En Argentina, César Aira dirigió la defensa intelectual de Katchadjian, quien tuvo embargados sus bienes y temió por su libertad.
En una entrevista, el escritor argentino defendió así su postura creativa cuando le preguntaron si no había pensado antes en las consecuencias que podía traerle su artefacto creativo si caía en manos de María Kodama:
«Yo no pienso en Kodama. Nadie piensa en Kodama. Yo no sentí que estuviera haciendo nada malo, ni que estuviera molestando a nadie. Nadie me lo preguntó tampoco. Si me lo hubiesen preguntado, en ese momento hubiera pensado que quizá no le gustaba, pero ¿cuánto puede hacer una lectora que se enoja? Yo no publiqué el cuento de Borges. Publiqué una novela mía. Es distinto. El plagio no es un concepto literario. Es un concepto jurídico, legal, lo que sea, pero no es un concepto literario. Yo estaba pensando en literatura».
Los escritores plagiaristas, huelga decirlo, no sirven para nada. La literatura entera no sirve para nada. La literatura solo sirve para la literatura, y para el plagiarista eso es más que suficiente.
Una de las posibles razones por las que el plagiarismo se ha apoderado de tantos creadores es la subversión, el rechazo a los modelos establecidos, y la crítica al capitalismo que mercantiliza y uniformiza los productos culturales.
La tendencia puede haberse trocado, y lo que antes era lo raro o minoritario, como defender públicamente el carácter polimorfo de tus textos y las deudas de tu obra, poco a poco se está convirtiendo en una postura mainstream, lo que no es necesariamente mejor. Así, lo que empezó siendo una broma, como el propio Movimiento Plagiarista, puede acabar convirtiéndose en una tragedia.
Puestos a exagerar, la asimilación masiva de la doctrina plagiarista podría estrechar el obligatorio debate interno sobre qué es y qué no es literatura, sobre qué es original y qué es copia, sobre la dicotomía entre tradición y vanguardia, sobre la necesidad y los límites de la creación, y sobre el origen de la cultura y su transmisión a las generaciones futuras.
Si todos somos plagiaristas, es factible pensar que en algún momento del futuro nadie cuestionará la naturaleza de ese nuevo sistema de pensamiento único.
Porque, como señala Blanco, «el Movimiento Plagiarista es inútil, sí, pero irrevocable. Cualquier contrariedad o negación del Movimiento será incorporada a él al instante, ya que el plagiarismo a gran escala ha aprendido del capitalismo a integrar las dudas, las críticas y las discrepancias.
Cuando no nos valen los grandes relatos, cuando todo es falso o fácilmente manipulable, es cuando hay que volver a los orígenes. Pero ¿cuál es el camino para llegar hasta ese paraíso terrenal? Nosotros no tenemos ni idea. Lo único que hacemos es dar machetazos a las ramas que nos vamos encontrando para buscar una nueva senda, que será válida o no, eso no depende de nosotros, en medio de la selva de la literatura».
El plagiarismo y el humor son cosas muy serias, es cierto. Son tan serias que, si alguien se las toma a broma, se convierten en una tragedia. Son cosas tan serias que, en lo más profundo de sus motivaciones, esconden el deseo enorme de ponerse a llorar.
En 1988, María Kodama intentó reclamar derechos de autor por la reedición de un libro de conversaciones publicado por Osvaldo Ferrari con el título Diálogos con Borges. Inició un litigio que llegó a dirimirse en la Corte Suprema de Justicia argentina. En esa ocasión, los jueces dictaminaron que «el universo de los derechos de Kodama tiene sus límites y no está en perpetua expansión».
Un universo que tiene límites pero está en perpetua expansión es una imagen claramente borgiana para explicar las enormes paradojas que conlleva hacer una lectura legal y jurídica de un proceso libre, abierto y multidireccional, incontrolado e incontrolable, como es el plagiarismo en todas sus versiones.
Uno de los últimos relatos del libro Los escritores plagiaristas es una reescritura del cuento de Julio Cortázar Instrucciones para dar cuerda a un reloj. En él, los plagiaristas han mantenido la estructura y la sintaxis del relato, pero han cambiado por otros todos los sustantivos del texto, dando lugar al relato Instrucciones para dar cuerda a Cortázar.
En YouTube puede verse un vídeo casero en el que dos personas con caretas leen ambos relatos enfrentándolos frase por frase. ¿Qué habría hecho Aurora Bernárdez, la albacea de los derechos de la obra del argentino, si hubiera leído este ejercicio plagiarista, que no plagiario? ¿Quién está ahora a cargo de esos derechos? ¿Cabe la posibilidad de que los plagiaristas sean llevados a los tribunales? ¿Hasta qué punto están admitidas por la legislación actual estas prácticas? ¿Qué puede y qué no ser considerado como un plagio?
Todo lo demás se deduce de lo anterior.
Merecería la pena detenerse a responder esa última pregunta, pero como dice este último punto del Manifiesto plagiarista, todo lo demás, lo que sea que esté por venir, se deducirá imperiosamente de lo anteriormente expuesto. Es decir, que la pregunta lleva implícita su propia respuesta, y no nos compete a nosotros descifrarla.
Al fin y al cabo, estamos hablando de literatura, no de jurisprudencia. Para elevar el desconcierto, Jiménez recomienda leer las críticas de los lectores de varios diarios que comentaron en las respectivas webs los artículos dedicados al libro Los escritores plagiaristas para entender la dimensión del rechazo que genera la mala comprensión de este fenómeno literario y creativo, y la confusión que implican conceptos tan difusos como los que estamos hablando.
«Hasta el momento —apunta Jiménez— nosotros no tenemos constancia de haber hecho nada ilegal, Dios nos libre, o inmoral, aunque en cierto sentido lo sea. Pero está claro que esos lectores opinaban todo lo contrario»
En la carta abierta que firmaron los escritores, críticos, profesores y editores defendiendo a Fernández Mallo se podía leer lo siguiente:
«¿Cuántas obras artísticas y webs hoy en día se valen de textos, vídeos, imágenes o sonidos de procedencias diversas? El hacedor (de Borges), Remake, más que como singularidad, podría tomarse como ejemplo de un procedimiento que se aplica de forma masiva en la actividad creativa de nuestros días, a través de formas que no son más que la versión actualizada de un principio rector de la cultura y el conocimiento: lo nuevo siempre se construye a través de lo viejo, y de lo ajeno. Seguir ese principio, que se halla muy por encima de legislaciones e intereses particulares, no solo es legítimo; es fundamental».
Ahí está la clave de todo este asunto. Que todos somos plagiaristas de nacimiento es algo innegociable y evidente, puesto que nacemos con un ADN que nos condiciona y aprendemos a movernos en el mundo a partir de la imitación de gestos, palabras, conductas y pensamientos.
El plagiarismo va a llegar, diría Fernando Arrabal si ahora le llevaran a un plató de televisión y le pusieran el mismo jersey y la misma copa al lado de la mesa que se va a vencer si no la sujeta Campillo.
«Pero el plagiarismo ya está aquí, siempre ha estado aquí, en realidad, mirándonos dormir, como el dinosaurio de Monterroso. Por eso —dice finalmente Blanco— todos los escritores son plagiaristas, porque llevan décadas, siglos, construyendo a partir de lo viejo y de lo ajeno sin haberle puesto nombre a su proceso creativo. Y ahora, por fin, lo tiene. Ya era hora».
Imagen de un grupo de internos de la escuela Dozier.
BBC News Mundo(R.Abuchaibe) — El infierno de Johnny Lee Gaddy empezó cuando apenas tenía 11 años, una noche de 1957 en la que dos hombres se presentaron en la casa de su madre y le dijeron que «lo llevaban a ver al juez».
Gaddy creía saber por qué lo estaban buscando -solía escaparse de la escuela, huyendo de los niños que lo molestaban por su tartamudeo- pero, a pesar de su corta edad, no podía dejar de sentir que toda la situación era extraña.
Y por eso dijo mirando a su madre: «Mamá, los jueces no trabajan de noche».
Así comenzó la historia de abusos, trabajos forzados y maltrato que Johnny Lee Gaddy, hoy de 79 años, tuvo que enfrentar durante los 5 años que estuvo internado en la escuela correccional para niños Dozier de Florida, en EE.UU. y que cuenta en su libro They Told Me Not To Tell (Me Dijeron que no lo contara).
Cientos de niños como él estuvieron internados en Dozier desde que se inauguró en 1900 y, a pesar de que varios denunciaron lo que vivieron durante su estancia en la institución, su cierre no se produjo hasta el año 2011.
Luego de una investigación forense llevada a cabo por la la Universidad del Estado de Florida (FSU) en 2013, se concluyó que al menos 100 niños murieron en las instalaciones de Dozier y sus cuerpos se enterraron allí.
Fue tal el nivel de los abusos que ocurrieron en Dozier, que en 2017 el Senado del estado de Florida aprobó una declaración en la que se pedía disculpas a las víctimas por lo ocurrido en una institución que estaba a cargo del gobierno. El año pasado, el gobernador Ron De Santis aprobó la creación de un fondo de US$20 millones para compensar a los afectados.
La historia de la escuela sirvió de inspiración para la novela ganadora del premio Pulitzer The Nickel Boys (Los chicos de la Nickel, 2019) del escritor Colson Whitehead, cuya adaptación cinematográfica compite en las categorías de Mejor Guión Adaptado y Mejor Película en los premios Oscar 2025.
Johnny Lee Gaddy le contó su historia a BBC Mundo.
Una noche que lo cambió todo
Johnny Lee Gaddy (dcha.) estuvo internado en la escuela Dozier entre 1957 y 1962.
«Me dijeron que el juez estaba esperándome en el juzgado, pero yo sabía que algo no encajaba. Ningún juez hace audiencias de noche», recuerda Gaddy. Esa misma noche, dos hombres –a los que él solo describe como «agentes»– se lo llevaron de su casa: «Nunca apareció ningún juez. Simplemente me encerraron en una celda y, cuando desperté, me dijeron: ‘Te vas a Marianna'».
En esa localidad de Florida quedaba la Escuela Reformatoria Dozier para varones, famosa entre los lugareños como un espacio para «enderezar» a los adolescentes con problemas de disciplina.
«Yo no era un delincuente», cuenta. «Me escapaba de la escuela porque no soportaba las burlas de mis compañeros por mi tartamudeo.»
Tuvo el presentimiento de que no volvería pronto a casa, y su madre no pudo despedirse de él: «A ella le dijeron que me llevarían al juzgado y luego la mantuvieron desinformada durante al menos un par de días», relata.
La llegada a la Escuela Dozier estuvo llena de contrastes: «El camino estaba flanqueado de pinos altos, todo parecía muy bonito a primera vista». Sin embargo, al ser Dozier una escuela segregada, como era costumbre en esa época en los estados del sur de EE.UU., un agente le advirtió que esa parte era para muchachos blancos y que él tendría que trasladarse al otro lado de la carretera, donde estaría con otros jóvenes como él.
«Era 1957 y, aunque el racismo era parte de la vida cotidiana, yo no dimensionaba lo que significaba estar en un sitio tan separado», comenta.
A través de los años, se hicieron denuncias de abusos en el reformatorio Dozier, para niños, de Florida, pero su cierre solo se dio hasta 2011.
– Dozier, una escuela con muros propios
Cuando Gaddy ingresó a la institución, lo primero que hicieron fue darle un uniforme y asignarle una cabaña: el Bunch Cottage.
«Estaban segregadas también las áreas de dormitorios. Teníamos distintos ‘cottage fathers’ -padres de cabaña-, que eran los encargados de vigilar y controlarlo todo», explica. Lo que más le llamaba la atención era la ausencia casi total de sonrisas: «Los chicos parecían tristes o aterrados. No era un colegio, sino una prisión infantil disfrazada».
La rutina combinaba un día de clases con otro de labores agrícolas. Gaddy, que tenía poca experiencia en trabajos en el campo, se vio de pronto obligado a cuidar cerdos, recoger guisantes y desbrozar terrenos pantanosos donde había cocodrilos y serpientes.
«Nos decían que teníamos que limpiar esas zonas para luego sembrar. Usábamos serruchos de doble mango, y si te negabas o te retrasabas, te castigaban», asegura.
En Florida, las historias sobre la «Casa Blanca» de Dozier eran conocidas entre exinternos y funcionarios: ese pequeño edificio, pintado de un tono claro que tiraba más a amarillo, era el lugar de los castigos corporales. «Nada me preparó para ese horror», dice Gaddy.
La historia de la escuela Dozier es la base de la novela ganadora del Pulitzer «The Nickel Boys», y de una película nominada al Oscar.
La primera vez que lo llevaron allí fue tras acusarlo de sabotear un remolque. «Dijeron que yo había pinchado las ruedas para no trabajar, lo cual no era verdad. De todos modos, me sentenciaron a un ‘castigo ejemplar'».
Al entrar, los encargados le ordenaron tumbarse boca abajo en una cama metálica y sujetarse de los rieles. «Usaban correas con agujeros, a veces con monedas que intensificaban el impacto. Cada golpe era como una puñalada. Te decían que, si soltabas la cama, reiniciaban la cuenta desde cero. Recuerdo ver mi sangre chorrear por mis piernas y aún así no me dejaban ir a la enfermería. Me mandaron al comedor para que los demás vieran cómo terminabas si incumplías algo».
«Fue la peor humillación de mi vida», confiesa. «Tenía 14 años y apenas pesaba 40 kilos. No podía entender esa saña». Y no sería la última vez: la amenaza de la Casa Blanca pendía sobre todo aquel que no obedeciera órdenes. Según Gaddy, muchos chicos lloraban de antemano al ver al ‘cottage father’ aparecer con la correa en mano.
La escuela fue clausurada en 2011, a pesar de varias denuncias sobre los maltratos que ocurrían dentro.
– «No te atrevas a hablar»: el silencio como norma
Muy pronto, los internos empezaron a entender que hablar sobre lo que les estaba sucediendo podía significar otro castigo. «La orden era clara: ‘No cuentes nada de lo que pasa aquí fuera de la escuela, y mucho menos a tus padres o a las autoridades'», explica Gaddy.
Cuando le contó a su ‘cottage father’ que un vigilante nocturno lo había llevado a la ciudad y había abusado sexualmente de él, la respuesta fue violenta: «Me golpearon más que nunca. Aprendí a callar».
Ese clima de terror se mantenía con rumores de desapariciones, fugas y persecuciones.
«Traían perros de la prisión local para cazar a los chicos que se escapaban. Luego, los atrapaban y los hacían cruzar la ‘línea de correas’, con muchachos azotándolos a ambos lados», relata.
A pesar de todo, había quienes preferían arriesgar sus vidas a seguir en Dozier y muchos intentaron escapar. «A mí me frenaba el miedo de que me mataran. Era un niño de 11, 12, 13 años en un lugar desconocido, sin mi familia».
Según Gaddy, no tuvo visitas durante todo el tiempo que pasó en el reformatorio: «Éramos muy pobres, y mi madre no podía costear viajes ni sabía exactamente dónde estaba. Tampoco se lo facilitaban. Querían que la gente pensara que ahí los chicos estaban mejor siendo reformados».
Las cartas que llegaban –si llegaban– solían ser leídas o filtradas. «Mi madre solo recibía mensajes de que yo estaba ‘correctamente disciplinado’. Ella imaginaba que era algo como pequeñas nalgadas, no la brutalidad que en realidad sufría.»
Durante años, Gaddy se convirtió en un portavoz de los sobrevivientes de Dozier.
– Un día a día de trabajos forzados
El sistema de la escuela no se limitaba a castigos físicos: también requería jornadas de trabajo extenuantes. «Un día estabas en ‘clase’ –que, en realidad, era cualquier cosa menos una clase normal– y al siguiente, salías a la granja antes del amanecer. Tenías que talar, cosechar, criar cerdos, alimentar vacas. Sin quejas, sin pausas», señala Gaddy.
En la parte superior del predio estaban las oficinas y las instalaciones donde dormían los adolescentes blancos.
«A ellos los ponían a hacer tareas menos pesadas, como manejar la enfermería o la parte administrativa. A nosotros, todo el trabajo manual y, en mi caso, a los 14, me pusieron a manejar tractores para transportar comida a la granja».
Los internos nunca recibían un pago. «Lo que producíamos se vendía. Recuerdo camiones saliendo con maíz, leche, huevos… Dozier se beneficiaba de nuestra mano de obra», afirma.
A medida que cumplía años, le daban tareas más pesadas: «Cuando tenía 14, me encargaron manejar un tractor para recoger los productos de la granja y llevarlos al depósito. Veía cómo todo salía en camiones a la ciudad, donde se comercializaba. Nosotros no olíamos ni un dólar de esa venta. Dozier tenía su propio ‘negocio’ con nosotros».
Y el día que su cuerpo no resistía, la amenaza de la Casa Blanca servía de motivación.
– El retorno a casa y el inicio de las pesadillas
Muchas de las cosas que Gaddy recordaba llevaron a los investigadores a descubrir varios cuerpos alrededor de Dozier.
«Cuando cumplí 16 años, un día me dijeron ‘Arréglate tus cosas’, y me llevaron a la estación de autobuses. Me subieron a un bus y me mandaron de vuelta a casa. Así, sin más», cuenta Gaddy, más de 60 años después de su paso por Dozier.
Dice que ni siquiera hubo un proceso de liberación oficial ni una explicación. «A mi mamá no le avisaron con tiempo. Simplemente aparecí en la puerta, hecho un desastre, con cicatrices y miedo».
El encuentro con su madre no fue la escena emotiva que uno podría imaginar. «Yo intenté mostrarle mis marcas para que entendiera, pero a ella le costaba creerlo. Pensaba que un ‘castigo’ era algo menor. No concibió la idea de que me hubieran golpeado hasta hacerme sangrar o que hubiera visto cosas horribles en la escuela», explica Gaddy.
Agrega que, de haberlo sabido todo, su madre habría ido a reclamarlo. «Pero le contaban mentiras, diciéndole que yo estaba en buenas manos, formándome para ser un hombre de bien».
Durante un tiempo, sintió mucho resentimiento hacia ella por no haberlo protegido, pero con los años y la perspectiva que dan las heridas emocionales, comprendió la manipulación del sistema.
«No es que mi madre no quisiera ayudarme; es que la desinformaron. Y en esa época, una familia afroestadounidense pobre tenía muy poca fuerza para luchar contra una institución del Estado», reflexiona.
Además, estaban las imágenes que había visto en la escuela y sobre las que tardaría años en tener una explicación.
«Se hablaba de que algunos chicos que huían jamás regresaban. Unos dijeron haber visto a otros morir en condiciones muy sospechosas. Yo no vi disparos, pero sí escuché historias de perros que rasgaban a los que se escapaban y de cuerpos enterrados en la finca».
Johnny menciona, además, el llamado «hog pen», un corral de cerdos donde él dice haber visto restos humanos mezclados con los desperdicios. «Cuando conté eso, me llamaron mentiroso. Pero luego, arqueólogos encontraron la base de concreto que describí. Para mí, fue una especie de reivindicación, aunque la realidad es demasiado macabra».
Johnny Lee Gaddy volvió a la escuela para recordar junto a otros internos lo que vivieron en los años 50s y 60s
Gaddy lleva décadas intentando reponerse de las secuelas psicológicas que arrastra desde su adolescencia.
«A veces tengo pesadillas con las correas, escucho el ruido y me despierto sudando», confiesa. Su esposa –a la que conoció años después de salir de Dozier– fue un gran apoyo. «Yo no soportaba que me dijeran ‘te amo’. Me parecía una burla porque nadie me quiso en Dozier», afirma con voz entrecortada. Se casaron y vivieron más de cinco décadas juntos, hasta que ella falleció recientemente.
Gaddy contó que probó terapia psicológica, pero al principio fue duro. «El psiquiatra me preguntó por qué reía cuando hablaba de episodios tan terribles. Le dije: ‘Es la forma de mantenerme cuerdo’. Reír o romperme. Prefiero reír».
Decidió publicar su historia en un libro que tituló They Told Me Not To Tell (Me dijeron que no lo contara), un homenaje a todos aquellos que, como él, recibieron órdenes explícitas de guardar silencio. «Lo hice para dejar un testimonio, para que nadie pueda decir que no sabía. Y para que las futuras generaciones entiendan que, si un niño te dice que está siendo maltratado, hay que creerle y actuar», enfatiza.
En las páginas, relata detalles de su encierro, la segregación racial, la brutalidad de los castigos y también su difícil adaptación a la vida después de Dozier.
El caso de Gaddy ha llamado la atención de varias autoridades del estado, incluída la ex fiscal estatal Pam Bondi, quien hoy ejerce como Fiscal General de EE.UU.
«A mis 79 años, miro hacia atrás y me pregunto cómo sobreviví. Creo que si no hubiera encontrado el amor de mi esposa y el apoyo de algunas personas, no estaría aquí», comenta.
Aunque su esposa falleció, hoy cuenta con la compañía de su hija y nietos, quienes lo animan a dar su testimonio y a dormir tranquilo, sabiendo que ese lugar que lo aterró durante media vida ya no está en funcionamiento. «A veces me despierto gritando, y mi hija me dice: ‘Papá, estás a salvo. Dozier cerró hace tiempo’. Y yo respiro hondo y digo: ‘Sí, pero nunca cierra aquí dentro'», explica, señalando su cabeza.
Johnny Lee Gaddy se considera un sobreviviente. A sus 79 años, dice que está cansado, pero agradecido de poder hablar sin temer el castigo que tantas veces lo silenció. «Cada vez que cuento mi historia, libero un pedacito de la rabia y el miedo que me acompañan desde niño. Me deshago un poco de Dozier», explica.
En su libro y en las charlas que ofrece, el mensaje central es claro: «Si un niño te dice que algo va mal, escúchalo. No lo dejes solo. Un niño que calla es un niño que puede terminar atrapado en un lugar como Dozier. Y ya vimos lo que eso significa».
The Objective(C.Ros) — Empecemos por el final: el protagonista de esta historia se quitó la vida el 23 de julio de 1942. Dejó dos cartas, para su esposa y para sus colegas del Consejo Judío.
Les contaba que no había sido capaz de llevar a cabo la última misión que le habían encomendado: «Me exigen que mate con mis propias manos a los hijos de mi pueblo. No tengo otra salida que morir», le escribió a su mujer.
«Vinieron a verme […] y exigieron la preparación de un transporte de niños para mañana», contaba a sus compañeros, «no puedo mandar a la muerte a los inocentes niños. He tomado la decisión de irme». Y una última petición: «No lo tratéis como un acto de cobardía o huida. […] Mi acto mostrará la verdad a todos y tal vez les indique el camino».
Ese hombre que prefirió suicidarse antes que colaborar en un exterminio no aparece en los libros de Historia. No era ningún genio, no destacó, no llevó a cabo ninguna hazaña.
Es más, fracasó en su intento de salvar al pueblo judío, claro que él no tuvo la culpa. Se llamaba Adam Czerniaków (Varsovia, 1880-1942), trabajó como maestro, empresario y funcionario, hasta que se involucró en la política local de su ciudad como representante de la comunidad judía.
De padre judío y madre de familia asimilada progresista, él no se caracterizaba por una gran abnegación religiosa ni tenía una adscripción ideológica muy definida. Tras la invasión alemana de Polonia, en septiembre de 1939, el Consejo Judío se disolvió y muchos de sus miembros huyeron. Él se quedó y fue nombrado presidente.
También comenzó a escribir un diario, que llega por primera vez al lector en castellano de la mano de la editorial Confluencias, con traducción de Elżbieta Bortkiewicz: Diario del gueto de Varsovia. 6 septiembre 1939-23 julio 1942. Como si hubiera intuido desde el principio que estaba viviendo unos hechos de los que tarde o temprano habría que dar cuenta, Czerniaków tomó apuntes de su labor como responsable de velar por sus congéneres confinados.
Llenó nueve cuadernos, de los que se han conservado ocho, reproducidos en este volumen, en una edición minuciosa, con abundantes notas de la traductora (imprescindibles para entender los entresijos del gueto y su administración) y una exhaustiva introducción sobre el funcionamiento de la comunidad a cargo de los historiadores Raul Hilberg y Stanislaw Staron.
Más que meditaciones existenciales o elucubraciones sobre el futuro, Czerniaków anota las tareas rutinarias, por lo general en un registro aséptico: «Por la mañana la Comunidad. Después fui a ver a Heilmann. Por el asunto de nuevos impuestos. Después Schubert y Auerswald por el tema de inmuebles. Compresas de menstruación.», escribía el 22 de noviembre de 1940.
Este «no estilo» responde a una necesidad: él sabía que, si entraba en detalles, si opinaba, se metería en problemas; un cuaderno de apuntes sucintos era un ejercicio de astucia que, quizá, como se sugiere en el prólogo, le serviría de base para unas hipotéticas memorias. Ese libro no llegó, pero queda leer entre líneas.
De vez en cuando, hace comentarios muy significativos: «Le pedí [al comisario] que la amnistía abarcara también otras categorías de prisioneros […] me encargó un listado de prisioneros para mañana, para los que pedía la cárcel. Pedí […] un contingente adicional de alimentos para la población», consignaba el 15 de enero de 1942. Como intermediario entre las autoridades alemanas y la comunidad judía, Czerniaków tenía claro quiénes eran los suyos.
Quizá su papel de gestor pueda parecer un privilegio al lado de sus homólogos recluidos –a los que les arrebataron sus negocios y sus bienes, y que subsistían a duras penas, con escasas oportunidades de empleo y un racionamiento de alimentos que nunca alcanzaba para todos–, pero tampoco es, desde luego, deseable. Tenía que interceder en favor del pueblo judío ante unos superiores que nunca pretendieron facilitarle la existencia.
– Un mediador, no un héroe
Czerniaków escuchaba las necesidades de los vecinos –que empeoraban por momentos: desposeídos, famélicos, hacinados, enfermos, en una crisis económica que se agravó con el tiempo–, libraba pequeñas batallas a diario para mejorar las condiciones de la comunidad; pedía, proponía, insistía, discutía en la medida de sus posibilidades.
Sin alzar demasiado la voz, porque se la jugaba. Y su rol de intermediario –aún más: de intermediario con una preocupación real por los judíos– era demasiado precioso, demasiado necesario, no tanto para él mismo como para el bien común, como para arriesgarse a perderlo. Si él caía, quienes dependían de él saldrían (todavía más) perjudicados.
Lo que entonces nadie sabía –aunque cabe pensar que Czerniaków lo acabó intuyendo– era que desde el principio se pretendía exterminarlos; el gueto no era más que una estación en el camino, una degradación más en la cadena de vejaciones. Él, en su calidad de mediador, estaba, por lo tanto, destinado a fracasar.
Tal vez por eso su nombre no ha trascendido: no fue un «héroe» en el sentido hollywoodiense, no salvó de la muerte a la población judía ni impidió que muchos murieran de hambre.
A cierto tipo de lector-espectador, le gustan esos relatos, pero la realidad suele ser más prosaica. Y el autor de este diario era, como le definen en el prólogo, más bien «pragmático» (aunque era más atento, culto, sensible y perspicaz de lo que su aspecto adusto revelaba).
Tanto interesa este diario por lo que dice como por lo que calla, por esa tensión que se respira en el ambiente. Incluso el cuaderno que falta –el quinto, correspondiente al periodo de diciembre de 1940 a abril de 1941– resulta ilustrativo: ese mes Czerniaków fue detenido y encarcelado durante unos días; salió de ahí enfermo y maltrecho por las torturas.
Se cree que quizá tenía el cuaderno consigo en el momento del arresto o que se deshizo de él a conciencia.
Esta ausencia –y el acierto de los editores al señalarla, no solo en la introducción, sino a modo de capítulo sin contenido, en medio del resto de entradas– es tan informativa como el propio texto: expresa lo que no se puede decir, el terror, el miedo, la incertidumbre, la censura y la autocensura; es un silencio que dice más que las palabras, pone de relieve que incluso alguien con el cargo de Czerniaków era, también, una víctima, otra más.
– Victorias cotidianas
Ahí reside su valor.
Jornada a jornada, desmenuza la dinámica del gueto: las jerarquías, la administración, la economía, los arrestos, la sanidad.
La parte «técnica» que no se cuenta en las ficciones, pero que constituye la base sobre la que surgen las historias.
Aunque no opine ni parezca expresar emociones, se entrevé su humanidad al insistir sobre la liberación de prisioneros, al pedir financiación para abastecer a la gente, al luchar contra el traslado a los campos de concentración, al escribir frases como «Por la noche estuve dando vueltas en la cama: el gueto» (1 de julio de 1940).
Era un artífice de victorias cotidianas que no incidían en las estadísticas, quizá, pero mejoraban la vida en el aquí y ahora. Un trabajador diligente que no quiso cumplir el último encargo.