Psicología y mente(T.S.Cecilia) — Construir una relación de pareja es una experiencia emocional compleja protagonizada por diferentes sensaciones y dudas.
Entre ellas, el amor y el cariño se presentan como dos sentimientos fundamentales que, aunque a menudo se confunden, tienen características distintas que pueden influir en la calidad de la relación.
Muchas personas se enfrentan a momentos de incertidumbre, preguntándose si lo que sienten por su pareja es amor verdadero o simplemente un profundo cariño.
Estas dudas pueden ser especialmente desafiantes, ya que pueden afectar la comunicación, la intimidad y el futuro de la relación. Comprender las diferencias entre amor y cariño no solo ayuda a clarificar los propios sentimientos, sino que también facilita la construcción de una relación más saludable y auténtica.
En este artículo, exploraremos estas diferencias y ofreceremos consejos sobre cómo reconocer cada uno de estos sentimientos, así como la importancia de abordar estas dudas abiertamente.
– ¿Qué es el cariño?
El cariño es un sentimiento de afecto que implica cercanía emocional, pero sin necesariamente llevar consigo el compromiso profundo que caracteriza el amor romántico. Se manifiesta a través de gestos de amabilidad, cuidado y empatía, y puede surgir en diferentes tipos de relaciones, como las amistades, las relaciones familiares o incluso entre compañeros de trabajo.
El cariño se asocia con el bienestar de la otra persona y con el deseo de que se sienta bien, pero no siempre incluye una implicación emocional intensa o un proyecto a largo plazo.
En las relaciones de pareja, el cariño es fundamental, ya que proporciona una base de afecto y respeto mutuo. Sin embargo, puede llevar a confusión si se interpreta como amor cuando no lo es. Aunque el cariño es positivo y necesario, no necesariamente implica la pasión, la intimidad profunda o el compromiso a largo plazo que el amor suele conllevar.
– ¿Qué es el amor?
El amor en el contexto de una relación de pareja es un sentimiento complejo, multifacético y profundo, que abarca una conexión emocional significativa. A diferencia del cariño, el amor implica compromiso, intimidad y una voluntad de construir un futuro juntos. Se caracteriza por un deseo genuino de conocer a la otra persona en su totalidad, aceptando tanto sus virtudes como sus defectos.
El amor se manifiesta a través de acciones que reflejan cuidado y sacrificio, como estar presente en momentos difíciles emocionalmente y compartir experiencias significativas. A menudo, incluye una mezcla de pasión, deseo y afecto, creando un vínculo que puede superar los desafíos que surgen en una relación. Además, el amor fomenta un sentido de seguridad y confianza, en el que ambos miembros de la pareja pueden ser vulnerables sin miedo a ser juzgados.
Este sentimiento también se nutre de la comunicación abierta y la empatía, fortaleciendo la relación a medida que ambas partes crecen en conjunto y enfrentan las adversidades de la vida.
– Diferencias clave entre amor y cariño
Las diferencias entre amor y cariño pueden llegar a ser sutiles pero significativas, y comprenderlas en profundidad puede ayudar a clarificar los sentimientos que experimentamos en una relación de pareja. Reconocer estas diferencias es útil para que las parejas entiendan mejor su relación y tomen decisiones más informadas sobre su futuro.
1. Intensidad
En primer lugar, el cariño tiende a ser un sentimiento más ligero y menos comprometido; es una expresión de afecto que puede existir sin la necesidad de un compromiso a largo plazo. En contraste, el amor implica una conexión emocional más intensa y profunda, que puede incluir el deseo de construir una vida o futuro en conjunto, lo que conlleva la disposición a superar obstáculos.
2. Compromiso
Además, el cariño, por lo general, está centrado en el bienestar de la otra persona, valorándose los momentos compartidos sin necesariamente buscar un vínculo más profundo. Por otro lado, el amor se manifiesta a través de un compromiso emocional que va más allá de lo superficial, en el que cada persona se siente vista, escuchada y valorada en su totalidad.
3. Duración
Otro aspecto clave es la duración de estos sentimientos. El cariño suele ser más temporal o situacional, mientras que el amor busca perdurar y evolucionar con el tiempo al mismo ritmo que la relación en sí misma.
4. Reciprocidad
La reciprocidad también juega un papel importante; el amor suele requerir un equilibrio entre el dar y recibir, mientras que el cariño puede ser unidireccional o no requerir un esfuerzo igualitario.
– Cuando surgen dudas en la relación
Las dudas en una relación son comunes y pueden surgir en diferentes momentos, especialmente durante períodos de cambio, crisis o reflexión personal.
Es natural cuestionar los propios sentimientos, y esto puede ser un indicativo de que es necesario explorar más a fondo la conexión con la pareja.
Las dudas pueden manifestarse como inseguridades sobre el futuro, preguntar sobre el compromiso o incluso comparaciones con otras relaciones.
1. Crecimiento mutuo
Una señal de que la relación puede estar más basada en el cariño que en el amor es la falta de un deseo para invertir en el crecimiento mutuo de la pareja. Si uno o ambos se sienten cómodos en la rutina sin buscar profundizar la intimidad emocional, esto puede indicar que el amor no está presente en su forma más plena.
2. Falta de comunicación
Otra señal puede ser la falta de una comunicación abierta sobre las emociones y expectativas de ambas partes; si las conversaciones se limitan a temas superficiales y no abordan el verdadero estado de la relación, puede ser un indicativo de que falta un componente esencial.
– ¿Buscas asistencia psicológica ante tu relación de pareja?
Entender las diferencias entre amor y cariño es fundamental para navegar las relaciones de pareja. Mientras el cariño ofrece afecto y cercanía, el amor implica un compromiso más profundo y una conexión emocional significativa. Reconocer estas distinciones permite a las parejas reflexionar sobre sus sentimientos y la naturaleza de su vínculo.
Ahora bien, ante ciertas descompensaciones en el ámbito de las relaciones de pareja, es necesario disponer de ayuda externa.
JotDown(E.Filardi) — Una estatua de once metros de altura en una jaula sin techo. Una pequeña abertura, casi una rendija, permite al gran Buda observar al viajero que se acerca. Una de sus manos apunta al suelo y su mirada serena escruta el infinito. Los gatos que rondan el templo alguna vez se recuestan en su regazo y él sonríe, tal como lleva haciendo desde hace más de setecientos años.
Es Phra Achana, el Buda más bello de Tailandia.
Todo superlativo categórico pertenece al terreno de lo subjetivo, y más si hablamos de un país con millones de estatuas de Buda. Las hay más grandes que Phra Achana, más lujosas, más enigmáticas y más veneradas.
Es el caso del Buda reclinado y el Buda de esmeralda de Bangkok, la cabeza misteriosa en Ayutthaya o el recinto de templos y stupas de Doi Suthep. Phra Achana se encuentra en Sukhotai, una parada imprescindible cuando se visita Tailandia. Y para explicar por qué es el Buda más bello de ese país es necesario detenernos a explicar algunos de los principios básicos de esta religión milenaria.
Es muy posible que el gran público occidental comenzara a ver el budismo como algo cercano cuando actores tan carismáticos como Richard Gere o Keanu Reeves anunciaron públicamente que habían abrazado las enseñanzas de Buda. Esto, que pudiera parecer una boutade new age, no fue sino una consecuencia lógica: por un lado, la inmigración oriental a la costa oeste de Estados Unidos hizo florecer desde finales del siglo XIX algunas de las principales escuelas budistas de Occidente.
Por otra parte, el célebre live fast, die young californiano era un caldo de cultivo perfecto para una sociedad necesitada al mismo tiempo de búsqueda espiritual y superación personal. Eran, por tanto, dos mundos destinados a encontrarse.
¿Pero qué es exactamente el budismo? ¿Cuáles son sus principios, sus ritos? ¿Qué propugna? ¿Qué es eso del nirvana? No es una respuesta sencilla, pues estamos hablando de una religión con más de veinticinco siglos de antigüedad. Por eso hoy comenzamos en Jot Down una serie de artículos que pretenden ser una pequeña guía de viaje en la que los destinos servirán de excusa para conocer algunos de los conceptos básicos del budismo.
Nuestro punto de partida es Tailandia. Hay muchos otros lugares donde los templos budistas no están tan colapsados por el turismo de masas, pero el ser precisamente un destino tan exótico y al mismo tiempo tan occidentalizado lo convierte en un punto de partida accesible para quien viaja a Asia por primera vez.
Ruinas de Wat Mahathat, el templo real de Sukhothai.
Quien más quien menos, todos tenemos ciertas nociones básicas sobre arte occidental. Somos capaces de comprender y disfrutar de lo que tenemos delante cuando visitamos una iglesia románica o una catedral gótica, al menos en lo esencial: entendemos la importancia simbólica de la luz, conocemos términos como nave, altar o bóveda y podríamos mencionar uno o dos rasgos básicos de cada movimiento artístico.
Pertenecemos a una cultura cristiana y, seamos o no creyentes, sabemos de sobra quién es ese hombre crucificado y esa mujer que llora su muerte. Pero al visitar un país en el que ese código cristiano no existe, nos sentimos algo desarraigados porque nuestra percepción es la de un niño pequeño que no conoce el mundo y solo puede guiarse por lo que le dicen su instinto y sus sentidos.
Esto sucede con frecuencia en Tailandia, donde el budismo es especialmente exuberante y uno corre el riesgo de sobresaturarse de templos. La extravagancia (ante nuestros ojos occidentales) de sus formas, su colorida ornamentación y sus millones de estatuas de Buda en diversas posturas hacen que nos sintamos abrumados a los pocos días de estar allí.
Un síndrome de Stendhal magnificado por el hecho de no saber muy bien dónde mirar.
Quizás por esa necesidad de encontrar una explicación intentamos traducir lo que vemos a nuestros parámetros occidentales, igual que cuando queremos hablar en otro idioma traducimos literalmente del español y enseguida nos damos cuenta de que algo no funciona: budismo y cristianismo son dos religiones tan distintas que no existen tantos correlatos como quisiéramos.
Así que nos quedamos mirando a los ojos rasgados de Buda y nos preguntamos cuál es el mensaje principal de ese dios al que tanto adoran los monjes con sus cantos, sus túnicas anaranjadas y la cabeza afeitada.
Buda, a punto de alcanzar la iluminación en Sukhothai.
Ese es el primer concepto que debemos tener claro: Buda no es un dios ni pretende serlo. Al final de su vida, cuando su mensaje era venerado incluso por algunos reyes, él negó muchas veces ser un dios, un ángel o un santo. Cuando se le preguntaba qué era, Buda siempre respondía: «soy alguien que ha despertado».
Esta negación del propio Buda sobre su esencia divina ha suscitado y aún suscita un acalorado debate: ¿es el budismo una religión o no? Unos argumentan que no puede serlo porque no existe una figura divina a la que adorar. Otros defienden que la existencia de un rito establecido y codificado le confiere ese rango religioso y que, a fin de cuentas, el budismo es considerado como religión oficial en Tailandia.
En el fondo es una cuestión semántica: para cerrar esta discusión habría que llegar a un acuerdo sobre la definición de religión, igual que hubo que decidir qué significaba planeta antes de decidir que Plutón no lo era. Nosotros hablaremos del budismo como religión para evitar conceptos aún más complejos, como sucede con doctrina filosófica, línea de pensamiento o escuela de búsqueda interior.
Pero si no es un dios, ¿qué o quién es Buda? Muy sencillo: un príncipe indio del siglo VI a.C. llamado Siddharta Gautama que consiguió encontrar el modo de escapar del samsara, uno de los conceptos básicos del hinduismo. El samsara es el eterno ciclo de muerte y resurrección: cuando un ser muere su espíritu se reencarna en otro ser, tras cuya muerte llegará una nueva reencarnación y así hasta el fin de los tiempos.
El samsara provoca el sufrimiento de la mente, ya que cada nueva reencarnación le aporta dolor y ansiedad. Tras una serie de vivencias, Siddharta halló la iluminación necesaria para comprender el modo de alcanzar el nirvana, que no es ni más ni menos que la ruptura del samsara, la liberación de ese movimiento continuo. Una vez que se alcanza el nirvana, el espíritu queda libre de ese ciclo infinito y puede por fin descansar en un estado eterno de paz y relajación.
Tras ese momento de iluminación, Siddharta tomó el sobrenombre de Buda, que significa «aquel que ha despertado» o «aquel que ha sido iluminado», y se dedicó a divulgar sus enseñanzas sobre el nirvana. La tradición cuenta que él mismo lo alcanzó más de cuarenta años después, en el mismo día de su muerte. Sócrates aún no había nacido.
El nirvana, por tanto, es el objetivo último del budismo. Para alcanzarlo es necesario desprenderse de las tres ataduras que nos mantienen fijados al mundo físico: el apego excesivo por los bienes materiales, el odio y la ignorancia. Estas tres ataduras, también consideradas como tres fuegos, son las que provocan nuestra ansiedad y nuestra desesperación, o, en términos budistas, el dukkha característico del samsara.
Pero basta de teoría por ahora. Volvamos a Sukhothai.
Vista general de Wat Mahathat, el templo real de Sukhothai.
Situada en el centro del país, Sukhothai se alza orgullosa recordando sus tiempos gloriosos como primer reino de la historia de Tailandia, aunque algunos historiadores piensan que existió algún otro reino anteriormente. El recinto histórico se encuentra a doce kilómetros de la moderna Sukhothai, donde se alojan los viajeros que quieren visitar las ruinas.
Son siete horas en autobús desde Bangkok o casi cinco desde Chiang Mai. Si se quiere viajar en ferrocarril es necesario llegar a la vecina Phitsanulok y desde ahí contar con una hora en autobús hasta Sukhothai.
El reino de Sukhothai comenzó en 1238, cuando los primeros tailandeses se rebelaron contra el poder del imperio jemer que dominaba una buena parte del sudeste asiático (y de cuya gran ciudad, Angkor, hablaremos en otro momento).
Ramkhamhaeng, hijo del primer monarca de Sukhothai, fue quien llevó al reino a su mayor esplendor: creó una organización social y militar a semejanza de los jemeres, inventó el alfabeto tailandés que se utiliza hoy en día y, lo que más nos interesa para nuestro cometido, convirtió al budismo en la religión oficial del reino.
Pero todo reino necesita una imagen propia con la que identificarse, y de esta forma apareció dentro de la iconografía budista el llamado «estilo Sukhothai». Este estilo, uno de los más reconocibles del budismo tailandés, se caracteriza por dotar a Buda de una nariz larga y fina y una protuberancia en la cabeza en forma de llama.
Otro de los grandes hallazgos iconográficos del estilo Sukhothai es representar a Buda caminando en una actitud que trasciende lo masculino y lo femenino para presentarse como una entidad celestial algo altiva que, a pesar de ello, no pierde en humanidad.
El recinto histórico de Sukhothai, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una visita imprescindible para cualquier amante de la iconografía budista. Sus numerosos templos (o wat, en tailandés) encierran innumerables joyas escultóricas que se ven magnificadas por la omnipresencia de la naturaleza.
Es el caso de Wat Mahathat, el impresionante templo real, o Wat Saphan Hin, con su monumental Buda de pie en lo alto de una pequeña colina.
Phra Achana, el Buda más bello de Tailandia, se encuentra en un templo del siglo XIII llamado Wat Si Chum, que está aproximadamente a un kilómetro y medio del recinto central de Sukhotai y del que apenas queda nada en pie.
Lo primero que llama la atención al llegar es el contraste entre su reducido tamaño y la grandiosidad de la estatua de Buda: la escultura mide once metros y permanece encerrada dentro de los quince metros de altura de la mandapa, una estructura cúbica con una cubierta piramidal que en el arte tailandés suele tener la función de santuario.
Pero de la cubierta no se sabe nada, ni siquiera si alguna vez existió: Sukhothai sucumbió ante el reino emergente de Ayutthaya allá por el siglo XV y poco a poco fue siendo pasto del olvido y de la selva, que durante cuatrocientos años se dedicó a devorar el esplendor pasado.
Y entonces, cuando parecía que todo estaba perdido, apareció por allí Lucien Fournereau, un arqueólogo y arquitecto francés que a finales del siglo XIX se dedicó a buscar los restos de los principales reinos de la zona dejando un legado fotográfico impresionante.
A Fournereau le debemos, entre otros, el descubrimiento de las ruinas de Angkor y de Sukhothai y nunca se lo agradeceremos bastante. También le debemos el testimonio gráfico que nos indica el estado en que se encontraba Phra Achana por esa época. Comparen la imagen actual del Buda con la que aparece en esta foto:
A lo largo del siglo XX Sukhothai fue debidamente restaurado, como lo demuestra la belleza actual de Phra Achana. Es difícil saber, sin embargo, cómo era la cubierta de Wat Si Chum. Existen muchas teorías, como esta o estas. Incluso hay quien opina que la cubierta nunca fue construida.
Sea como sea, y con esto vamos llegando por fin a la explicación del título de este artículo, la disposición actual otorga al entorno un encanto especial. No solo desde el punto de vista estético, sino también porque la ausencia de cubierta realza la postura representada por la estatua, uno de los momentos más importantes de la vida de Siddharta Gautama.
Existen varias formas de representar a Buda: sentado, de pie, caminando o reclinado. Cada una de estas posturas tiene un significado distinto, al igual que cada uno de los mudras, que son las distintas posiciones de las manos de Buda. Phra Achana está sentado con las piernas cruzadas, la mano izquierda sobre su regazo y la mano derecha apuntando al suelo.
Esta posición, quizás la más representada en Tailandia, remite al momento de su iluminación: tras varios años de búsqueda y presintiendo que el momento está cerca, Siddharta decide sentarse bajo un árbol y no levantarse hasta haber sido iluminado. Un demonio maligno llamado Mara intenta de varias formas hacerle desistir, pero Siddharta toca el suelo con su mano derecha para solicitar a la Tierra que sea testigo de su inminente iluminación.
La Tierra responde con una lluvia de flores que hace que Mara se rinda, tras lo cual Siddharta entra en un estado de meditación absoluta en el que tiene varias visiones. Entre ellas, todas sus reencarnaciones pasadas, la muerte y la resurrección de todo ser vivo del universo y cómo la ley del karma se relaciona con el hecho de conseguir una mejor o peor resurrección.
Gracias a esas visiones puede comprender profundamente el funcionamiento del samsara y el modo de alcanzar el nirvana. De ahí que su rostro se muestre sereno y apacible.
Es imposible apreciar en una sola foto la sensación de paz que desprende un Buda tan grande en un espacio tan reducido. Es un remanso de tranquilidad e infinitud a pesar de los anchos muros que le constriñen. El viajero podría sentirse agobiado en el poco espacio que queda libre en el interior del recinto ya que apenas se pueden dar unos cuantos pasos.
Y ya ven, no es así: hay pocos lugares tan mágicos en Tailandia como esos pocos metros cuadrados presididos por la dulce sonrisa de una estatua de ladrillo y estuco. Al igual que sucede en una catedral gótica, es imposible no mirar hacia arriba al entrar en la mandapa. Pero como ya dijimos, no siempre es posible hacer una traducción literal entre códigos artísticos.
La majestuosidad de Wat Si Chum es diametralmente opuesta a la del gótico, pues no radica en la fascinación por la suntuosidad sino en su reducido tamaño.
Los muros que rodean al Buda nos recuerdan la opresión del eterno ciclo del samsara, del que ni siquiera la propia escultura logró escapar: Phra Achana conoció una vida de esplendor hace setcientos años, cayó en el olvido, quedó casi destruida por completo para renacer tras el viaje de Fournereau.
Siddharta Gautama, el hombre representado en la estatua, está a punto de convertirse en Buda y sonríe porque sabe que existe un camino para descansar del sufrimiento eterno. Y el viajero, fascinado por la grandeza del momento, mira hacia arriba para encontrarse con esa sonrisa tan delicada.
Las espléndidas bóvedas de crucería que coronan las majestuosas catedrales occidentales nos hacen mirar al cielo para, entre otras cosas, recordarnos la grandeza de Dios, que ha creado al hombre que a su vez ha creado la catedral. Phra Achana, sin embargo, nos invita a mirar hacia arriba pero no para encontrarnos con Dios, que como sabemos no existe como tal en el budismo.
Cuando nuestra mirada se eleva, y gracias a la falta de cubierta, nos encontramos con el cielo abierto. La grandeza del universo del que algún día seremos parte, cuando nos hayamos liberado de nuestro apego excesivo a las cosas materiales, de nuestro odio y de nuestra ignorancia.
Antes de salir del recinto, el viajero suele volver la mirada para echar una última ojeada a la dulce imagen de Buda. Su emblemática mano está apuntando a la Tierra. Pidiéndole, ya saben, que sea testigo de su iluminación. Y el viajero comprende que él también ha sido testigo de esa iluminación. Incluso ha sido parte de ella porque el viajero también es parte de la Tierra.
Y el Buda más hermoso de Tailandia sigue sonriendo. Pero esta vez no sonríe por haber alcanzado la iluminación, sino porque sabe que, desde ese mismo momento, su belleza es ya una parte irrenunciable del viajero y del destino que le espera.
La Operación Garden Market fue recreada por el cine en más de una ocasión. Un puente demasiado lejos fue la más célebre de esas películas
Infobae(M.Bauso) — Al general británico Frederick Browning todos lo conocían como Boy. Usaba, como Montgomery, la boina ladeada y hacía un culto de la elegancia y su dandismo. Siempre pulcro se paseaba por el campo de batalla con sus prendas planchadas e impecables. Uno de sus asistentes llevaba varias prendas de vestuario para que él se cambiara por si se ensuciaba.
Estaba casado con la escritora Daphne du Maurier. La participación de Browning en la Operación Market Garden fue importante por diversos motivos. De él fue la frase que acompañaría a la batalla para siempre. Cuando le preguntaron si sus unidades de paracaidistas podían alcanzar el objetivo, dijo que por supuesto.
Pero poco después, cuando las cosas se complicaron agregó: “Creo que estamos yendo a un puente demasiado lejos”. Boy Browning utilizó 38 aeronaves para transportar elementos para montar su cuartel central en la zona de los hechos. Entre otras cosas llevó su sillón favorito, un grabado del pintor Alberto Durero y hasta tres osos de peluche.
Alguien habían impulsado el plan con una promesa grandilocuente pero tentadora: “Será el nuevo Normandía”. Pero nada salió según lo previsto y la operación se tornó una pesadilla. Un pequeño Waterloo. Pérdida de muchas vidas, miles de prisioneros, destrucción de gran cantidad de material bélico, pérdida de posiciones y, para peor, un enemigo que salió envalentonado e indemne.
La Operación Market Garden prometía ser el golpe final para la Alemania Nazi en el frente Occidental. Sin embargo, resultó ser la última victoria alemana de la Segunda Guerra Mundial, un triunfo que pareció poner en peligro todo el territorio ganado por los Aliados hasta ese momento.
Uno imagina que en la génesis de estos grandes hechos históricos, en estas operaciones militares trascendentes, hay meses de estudio y planificación y toma de decisiones ascéticas y frías, puramente racionales, alejadas de personalismos, rencillas personales, ansias de figuración y disputas por el poder. Pero no es así.
La vida de miles de soldados, en (muchas) ocasiones, se juega en un imaginaria mesa de póker, en una cinchada de egos descomunales de militares que no quieren dar el brazo a torcer, que más que avanzar en el territorio con las menores bajas posibles, piensan en ser perpetuados por los libros de historia.
La Batalla de Arnhem o La Batalla de los Puentes, ocurrida en septiembre de 1944, ochenta años atrás, fue una impensada caída de los Aliados motivada por un exceso de confianza, por errores de cálculo, alguna mala jugada del azar y por la colisión de egos entre los generales a cargo de la toma de decisiones.
Hubo escuadrones de paracaidistas de muchos de los países Aliados. Desde británicos a polacos
Los Aliados habían reconquistado Francia y Bélgica mucho más fácil de lo que habían pensado. Ese avance veloz y sorpresivo hasta le trajo problemas. Los cálculos previos a Normandía habían sido cautelosos. Creían que tardarían 11 meses en llegar a la frontera alemana. Pero lo habían logrado en 4. Eso hizo que la cadena de aprovisionamiento y logística fallara. Demasiado éxito.
Una vez que lograron acomodar la nueva situación, los generales, en especial los británicos, exigieron más. Presentaron sus proyectos y prometieron una victoria fácil. No podía ser de otro modo. El ritmo de su avance sorprendía al enemigo (y a ellos mismos); era mayor al de las fuerzas nazis en el inicio de la Segunda Guerra. Predominaban el optimismo y la ambición.
– La realidad los golpearía con dureza.
Es cierto que los hechos de los últimos meses parecían darle la razón. Mientras Europa estaba siendo reconquistada ante el avance de los norteamericanos e ingleses por un lado y el del Ejército Rojo en el Frente Oriental, los nazis y sus posibilidades se reducían cada vez más. Sus posiciones eran endebles y se limitaban a lo defensivo.
Fortalecer la Línea Sigfried era para septiembre de 1944 su mayor objetivo. Los Aliados querían abrir agujeros en esa línea para ingresar hacia el Rhur, el corazón productivo del Tercer Reich. Ese sería el golpe de gracia para Adolf Hitler.
El siguiente objetivo fueron los territorios neerlandeses, que todavía no habían sido liberados. El objetivo central eran los puentes del norte, los que permitían atravesar el Rin, claves para internarse en territorio enemigo.
La mayoría de los líderes Aliados proponía un ataque convencional, progresivo, que permitiera erosionar y derrotar por etapas divisiones enemigas y ganar terreno. Pero el inglés Bernard Montgomery, Monty, propuso un ataque relámpago que sorprendiera a los nazis. Pero para eso necesitarían una gran concentración de fuerzas: 2.000 aeronaves y casi 100.000 hombres. Todas las divisiones de paracaidistas disponibles y mucho apoyo terrestre.
El general Montgomery, siempre cauto, cambió sus modos e insistió a Eisenhower para lanzar la arriesgada operación
A esta altura de la Guerra, la convivencia entre los mandos aliados no era serena. La diferencia de nacionalidades de los que tomaban las decisiones hacían que los resquemores crecieran entre los generales. Montgomery (y Churchill y hasta podría decirse que cada soldado inglés) creía que los ingleses no eran reconocidos debidamente. Pero la relación de poderío no era equivalente entre los diferentes integrantes de los Aliados.
Estados Unidos era el que predominaba en cantidad de hombres y de armamento. El historiador Anthony Beevor afirma en su libro La Batalla de los Puentes que la convicción errada de que Inglaterra es subestimada por las grandes potencias en cuanto a su poderío nació en septiembre de 1944 en virtud de esta batalla, que sus fuerzas no eran ni son equivalentes a las de Estados Unidos.
Algunos de los generales norteamericanos se opusieron desde el principio. Les parecía que las posibilidades de éxito eran escasas. Dwight Eisenhower, el comandante general aliado, no estaba demasiado convencido; de hecho ya había rechazado otros intentos británicos de utilizar las divisiones de paracaidistas ociosas y ansiosas por entrar en acción. Montgomery sostenía que la operación decidiría el destino la guerra. A su favor, obviamente.
Después de poner en marcha su plan, ya no habría resistencia alemana. Eso sorprendió a varios porque el militar inglés solía ser cauteloso y nunca iba contra las probabilidades. Pero la posibilidad de convertirse en el que quebró definitivamente la defensa rival lo nubló. El general británico Urquhart dijo, en cambio, que se trataba de una misión suicida, que el margen de la posibilidad de éxito era mínimo.
Finalmente, Eisenhower dio la orden de que el plan se pusiera en marcha. Se llamó Market Garden. Market sería la primera parte, la invasión desde el cielo, con las brigadas de paracaidistas; Garden, el avance terrestre.
El 17 de septiembre de 1944, desde el cielo, llegó la primera oleada. Centenares de bombarderos descargaron miles de bombas sobre las defensas alemanas. Los paracaidistas se acercaban al lugar. Ese primer día, 20.000 hombres fueron movilizados. En los cálculos previos esa ofensiva debía ser suficiente. Pero no resultó, fueron ferozmente repelidos.
Una serie de decisiones erróneas, de falencias de equipamiento, de falta de comunicación y vicisitudes climáticas colaboraron para el desastre. La tormenta perfecta. Hasta fueron desoídos mensajes de la resistencia holandesa que afirmaban que el ejército nazi se mantenía fuerte en la región y que estaba esperando el ataque.
Los aliados lanzaron miles de paracaidistas detrás de las filas enemigas
El primer contingente de paracaidistas debió dividirse en varias tandas porque no había suficientes aviones disponibles y la niebla retrasó el despegue de otros. El apoyo terrestre debía acercarse por un camino de una sola mano y desguarnecido, lo que permitió que los alemanes atacaran fácilmente a los que llegaban.
Las defensas antiaéreas derribaron varios aviones. En uno de ellos los alemanes encontraron el plan de combate. Con esos papeles se adelantaron a cada movimiento de las fuerzas aliadas. El factor sorpresa se había perdido y varias compañías de paracaidistas fueron acribilladas antes de llegar a tierra. A las tropas que venían por tierra las emboscaron con facilidad separándolas del resto.
Cuando llegaron a Berlín las primeras noticias del ataque, la reacción de Hitler fue de sorpresa y de furia. Teniendo en cuenta las derrotas veloces y aplastantes de los meses anteriores, el Führer supuso que otra vez los Aliados lo derrotarían. Ordenó a su comandante que si la situación le era adversa a sus tropas, dinamitara cada uno de los puentes.
Walter Model desobedeció la orden y peleó. Dejo los puentes intactos y fueron fundamentales para el contraataque. La apuesta le salió bien. Defendió su posición a lo largo de diez días.
Las bajas de los Aliados fueron muy numerosas. La Operación Market Garden produjo más muertes para ellos que el Desembarco de Normandía. La cantidad de heridos fue enorme. Los alemanes tomaron más de 7.000 soldados enemigos como prisioneros de guerra. La Primera División de Paracaidistas, por ejemplo, dejó de existir por la enorme cantidad de bajas.
El historiador Anthony Beevor escribió un exhaustivo libro sobre la Operación Market Garden
En el campo de batalla, Frederick Browning, Boy, el encargado de las tropas británicas, pese al confort por el que se había hecho rodear, no podía hacer nada para evitar la derrota y las bajas.
El General James Gavin fue muy crítico de la actuación del inglés en Arnhem. Luego del fracaso de la operación, de las pérdidas y las muertes, Browning, por su parte, culpó al comandante polaco Sosabowski. Cargó sobre él todas las culpas. Los paracaidistas polacos mostraron gran valor y sufrieron muchísimas pérdidas.
Cuando los alemanes ya tenían en sus manos los planes del enemigo, esperaron en tierra la llegada de los contingentes restantes. Uno de ellos fue el de los polacos que fueron masacrados en el aire sin poder defenderse. Pero Sosabowski, según coinciden los principales historiadores, fue utilizado como chivo expiatorio por parte de los militares ingleses y norteamericanos.
Browning y sus actitudes chocaban con James Gavin, un general norteamericano que era llamado “El General Saltarín” porque se lanzaba con sus tropas en las misiones. También lo hizo en la Market Garden. El viento fuerte hizo que su descenso en vez de ser sobre el césped fuera sobre pavimento. La caída fue dura y lo dejó lesionado.
Aunque él no aceptó los consejos médicos y continuó en combate (tiempo después se comprobó que se había fracturado dos discos lumbares). Su compañía hizo contacto en un terreno bastante alejado del puente que debían asegurar. Al llegar al lugar, el combate fue intenso y fueron rechazados.
Otra parte del plan aliado que no podía llevarse a cabo. Gavin era otro que se destacaba por algunas excentricidades y por actos ajenos a sus habilidades militares. Tenía fama de rompecorazones. Durante la Segunda Guerra mantuvo romances con Marlene Dietrich y Marta Gellhorn, la periodista que había estado casada con Hemingway, entre otras celebridades.
Así, más o menos, fueron los grandes movimientos. Tropas, números, fechas, generales, comandantes, objetivos tomados o incumplidos. Pero en cada sector, durante cada hora, hubo como en toda guerra un drama humano. Mutilaciones, hambre, muerte. Dolor.
Un contingente de soldados norteamericanos tuvo que refugiarse en el sótano de una escuela. Decenas de ellos estaban heridos, sin posibilidad de moverse. Las bombas, cada tanto seguían cayendo. Habían quedado desconectados del resto de la tropa. Los equipos de comunicación estaban estropeados.
La potencia de las réplicas nazis, los habían obligado a cambiar el rumbo original. Ya habían perdido muchos hombres y nadie los buscaba. Las municiones se habían acabado. También la comida. En algún momento la sed fue tan acuciante que ingirieron cualquier líquido que encontraban.
Beevor cuenta que a uno de esos soldados, un afroamericano de veinte años, el pelo se le encaneció de manera completa en apenas una semana. En un momento el jefe de la compañía también herido, delegó el mando en otro oficial y le ordenó que escapara con los hombres que pudieran trasladarse por sí mismos; el resto, con él a la cabeza, se entregaron al enemigo para que los heridos de gravedad tuvieran alguna posibilidad de sobrevivir y para no morir de la inanición.
A los 16 años Audrey Hepburn fue enfermera y atendió a los heridos de la Operación Market Garden
En uno de los diarios personales que Anthony Beevor consultó para escribir su libro, un soldado escocés que estaba en la guerra desde hacía cuatro años escribió un llamado desesperado: “Esto no es una batalla. Esto es un asesinato masivo. Nos están liquidando”.
Otra historia personal. Uno de los aviadores norteamericanos herido en combate fue atendido en un hospital de campaña. Las enfermeras eran adolescentes belgas y holandesas que ayudaban en lo que podían. Una de ellas de 16 años lo asistió con denuedo hasta que el hombre se recuperó.
Ella estaba muy flaca, demasiado, debido a la escasez de alimentos. El soldado tiempo después del alta volvió al hospital para llevarle algo de comida a esa enfermera que estuvo junto a él en el peor momento. Pasaron muchos años, casi dos décadas, para que los dos se reencontraran. Fue en otras circunstancias.
En la filmación de Sola en la Oscuridad (Wait Until Dark) el director Terence Young descubrió que su protagonista, que Audrey Hepburn, había sido la enfermera que le había salvado la vida.
La Operación Market Garden llegó dos veces al cine. La primera fue poco después del fin de la guerra, Theirs is the Glory. La segunda fue en 1977. Una súper producción dirigida por Richard Attenborough y un elenco estelar: Michael Caine, Sean Connery, James Caan, Dirk Bogarde. Se llamó Un Puente Demasiado Lejos, la frase de Boy, ganó varios premios, lideró la taquilla y los hechos se ajustan bastante a la historia real.
Los Aliados recién lograron liberar Holanda muchos meses después, el 5 de mayo de 1945. Los alemanes durante esos meses aumentaron su ferocidad en uno de los pocos territorios europeos que quedaban bajo su poder. Recrudeció la persecución a la resistencia y las matanzas en revancha por lo sucedido.
Cuarenta mil holandeses fueron deportados a los campos de concentración. La ciudad de Arnhem fue vaciada y destruida. Sus más de 100.000 habitantes fueron obligados a emprender un éxodo. El racionamiento se ajustó todavía más. A la escasez se sumó la venganza. La dieta promedio dada a los holandeses bajó a las 350 calorías diarias.
Gran parte de la población cayó en la desnutrición. Alrededor de 20.000 personas murieron de hambre.
The Conversation(E.L.alberola) — Con El retorno de las brujas no nos referimos a la resurrección de las hermanas Sanderson después de que un adolescente prenda la vela de la llama negra en una noche de Halloween, como en la película homónima de Disney.
No, hablamos de la vuelta a la vida de las brujas de Zugarramurdi en el año 1811.
– El Auto de Fe de Logroño de 1610
El nombre de “las brujas de Zugarramurdi” nace a partir del Auto de Fe de Logroño de 1610.
En él se leen públicamente los cargos imputados a los supuestos brujos juzgados –aunque se usa habitualmente la forma femenina, también había hombres entre los acusados– y se condena a muerte a once personas, seis en persona y cinco en efigie –por haber fallecido en prisión–.
La repercusión de este auto, al que asistieron multitud de espectadores, fue notable. También lo fue la publicación, en 1611, de dos relaciones de sucesos que recogían lo allí expuesto, una en Logroño, por parte de Juan de Mongastón, y otra en Burgos, de mano de Juan Bautista Varesio.
La primera fue más célebre por su sensacionalismo y porque ha servido como base para la investigación de muchos expertos.
Tras estos acontecimientos, hubo un brote brujesco muy significativo en la zona vasco-navarra, aquejada por una histeria colectiva. Esto propició la intervención del inquisidor Alonso de Salazar y Frías, enviado por la Suprema. Salazar y Frías había sido, junto a Alonso Becerra Holguín y Juan de Valle Alvarado, uno de los inquisidores que juzgaron el caso de los brujos de Zugarramurdi.
Mientras los dos últimos creían a pie juntillas en todas las historias relatadas por los reos y reas, el primero dudaba de la veracidad de las narraciones expuestas en la sala de justicia y se opuso hasta el final a sus compañeros, aunque no logró inclinar la balanza a su favor.
Pero en esta segunda ocasión, tras hacer pesquisas por las distintas aldeas, envió informes al tribunal y finalmente concluyó que no había pruebas que corroboraran los casos de brujería. Según su opinión, para atajar las acusaciones y autoinculpaciones lo mejor era dejar de hablar sobre estas cuestiones.
Como consecuencia, la Suprema promulgó un edicto de Silencio en 1614. Esto propició que las brujas de Zugarramurdi cayeran, en cierto modo, en el olvido, permaneciendo en letargo durante dos siglos.
– Moratín reedita la crónica
El caso se recuperó en 1811, cuando el escritor ilustrado Leandro Fernández de Moratín reeditó el documento de Mongastón.
Moratín se interesó por el panfleto desde un punto de vista crítico con la actuación inquisitorial. Por ello, retomó este material y añadió sesenta notas al pie de carácter jocoso, burlesco y descarnado.
Pero lo interesante es que, a partir de esta publicación, que conoce diversas ediciones (1811, 1812, 1813, 1820 y 1836), las brujas de Zugarramurdi vuelven a la vida.
Esa gran difusión posee repercusiones cruciales en la historia de estas mágicas, el análisis del proceso y sus representaciones artísticas. Si hoy es posible visitar el Museo de las Brujas o las consabidas cuevas en la población de Zugarramurdi, es gracias a esa reactivación del interés que se dio en el siglo XIX.
Si en la actualidad contamos, a nivel divulgativo y de entretenimiento, con novelas como Ars Magica, de Nerea Riesco, Las maléficas, de Mikel Azurmendi, o la más reciente Las brujas y el Inquisidor, de Elvira Roca,; o con películas como Las brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia, es porque en 1811 Moratín decidió volver a imprimir la relación de 1611.
Además, tal hecho tuvo consecuencias como una prolífica presencia en la prensa de la época de estas mujeres navarras –Bécquer no olvida mencionarlas en su colección epistolar “Desde mi celda” publicada en el diario madrileño El Contemporáneo–, a las que se aludía en distintos tipos de texto, pasando a formar parte del imaginario colectivo.
A lo largo del siglo XIX y a principios del XX, también se produce una interesante plasmación artística en obras como Las brujas en Zugarramurdi, de Pedro Martínez López, El fraile o la reliquia entre las ruinas, de Joaquín Castillo y Mayone, Aquelarre, una de las leyendas vascongadas de José María Goizueta, “Noche en Zugarramurdi” y “Grachina”, dos relatos de Arturo Campión incluidos en Euskariana. Fantasía y realidad, o La dama de Urtubi de Pío Baroja, por mencionar algunos títulos.
Así es como retornan las brujas de Zugarramurdi, sin necesidad de velas ni rituales, solo gracias a un texto que se rescata del olvido y se ofrece a los lectores. Este público, distinto al del siglo XVII, convierte las ideas en motivo de debate y hace de estas brujas un lugar común que citar al hilo de cualquier cuestión cotidiana y en materia estética. Gracias a ello, este proceso y sus protagonistas han llegado hasta nuestros días.
Cuando florece, el Aro Gigante expele un horroroso olor que busca simular el hedor de un animal en descomposición.
BBC News Mundo(J.Timperley) — Tarda una década en florecer, huele a muerto y atrae a grandes multitudes cuando florece.
Pero los científicos todavía están desentrañando el desconcertante ciclo de vida del Aro Gigante.
Estoy en una fila de personas que arrastran los pies sobre el serpenteante camino que atraviesa el cálido y mohoso aire de un invernadero.
Pasamos junto a colecciones de plantas carnívoras y rododendros que sobresalen, pero todos estamos aquí para ver una cosa en específico: un Aro Gigante en flor.
Esta enorme y maloliente planta, que pareciera de otro mundo, ha capturado la imaginación de las personas e inspirado asombro durante siglos. Pero los investigadores han empezado a observar su extraña anatomía con más detalle recién desde la década del 90.
Nunca había visto una antes. Doblo una esquina y ahí está, en el siguiente invernadero: una larga púa de color amarillo claro que sobresale varios metros de lo que parece un enorme, grueso y arrugado pétalo verde con una punta de color rosa violeta.
Me preparo para que me llegue el infame olor, el origen de uno de sus muchos nombres: la «planta cadáver».
New Reekie tardó más de una década en florecer por primera vez, pero desde entonces florece cada dos o tres años.
– New Reekie
Estoy en el Jardín Botánico Real de Edimburgo (RBGE por sus siglas en inglés) y, al menos durante unos días, este Aro Gigante es la atracción estrella.
La planta de 22 años, apodada New Reekie en un guiño al antiguo nombre de la capital escocesa (Auld Reekie), ha estado en flor durante dos días. No durará mucho más y soy apenas una de entre unos 2.000 visitantes que intentan echar un vistazo -y oler- este inusual evento.
New Reekie llegó a Edimburgo en 2003, procedente de Hortus Botanicus Leiden en los Países Bajos, como un bulbo latente de un año (un tallo de almacenamiento subterráneo similar a un tubérculo) del tamaño de una naranja .
La última vez que el equipo pesó el bulbo en 2010 tuvieron que pedir prestada una báscula que normalmente se utiliza para pesar crías de elefante en el Zoológico de Edimburgo. Pesó 153,9 kg, el peso más grande jamás registrado para un Aro Gigante.
Los muchos nombres del Aro Gigante: Amorphophallus titanum, conocida como la «flor cadáver» en Indonesia, también tiene apodos como pene de titán o planta de pene gigante.
Paulina Maciejewska-Daruk, horticultora de RBGE, se ocupa de New Reekie desde hace 13 años. Dice que en realidad es bastante fácil de cultivar. «Lo único que necesita es temperatura alta, mucha agua, mucho fertilizante y ya empieza a crecer». Sin embargo, el revuelo en torno a la planta se debe a otra cosa, añade.
«Después de tantos años, tiendo a decir: ‘Oh, va a florecer de nuevo, oh, tengo que preparar demasiadas cosas’. Entonces, en lugar de ser una madre orgullosa, me surge un sentimiento de tipo: ‘¿Estará mi bebé preparado para el mundo?'».
– Una planta fascinante
En su natal Sumatra, Indonesia, algunos ven la planta cadáver con interés y fascinación, dice Yuzammi, botánico del Centro de Investigación de Biosistemática y Evolución de Indonesia y experto en Amorphophallus, el género más amplio al que pertenece el Aro Gigante.
Sin embargo, otros lo ven con ansiedad, miedo y preocupación debido a la creencia en un viejo mito de que puede causar daño, según cuenta. «[Existe una] creencia errónea de que esta planta puede tragarse a los humanos debido al patrón que tiene el pecíolo de sus hojas, que se asemeja al de una serpiente». Pero el Aro Gigante también tiene una larga historia fuera de su isla natal.
Fue introducido por primera vez a la ciencia en 1878 por Odoardo Beccari, un botánico italiano que viajaba a Sumatra y enviaba informes y bocetos a Europa (aunque ignoraba en sus mensajes cualquier mención al conocimiento que tenían los locales sobre su propia flora). Luego comenzó a enviar los tubérculos de la planta.
Pronto esta especie se convirtió en la favorita de los victorianos, especialmente después de 1889, cuando floreció por primera vez en Kew Gardens, uno de los jardines más emblemáticos del Reino Unido. La segunda vez que floreció, en 1926, atrajo a tanta gente que hubo que llamar a la policía para mantener el orden.
Desde entonces, los aros gigantes se han extendido a los jardines botánicos de todo el mundo y periódicamente aparecen en los titulares locales cuando florecen, lo que solo ha ocurrido 21 veces en todo el mundo hasta 1989.
La planta generó una fascinación en el público europeo luego de que el botánico italiano Odoardo Beccari lo empezara a estudiar en 1899.
Entonces, ¿Qué tiene esta planta que tanto nos fascina? Por un lado, una inflorescencia de Aro Gigante (la cabeza floral de la planta) en cultivo sigue siendo un evento relativamente raro. Las plantas suelen tardar entre 11 y 15 años en producir sus primeras flores, según Yuzammi, debido a la enorme cantidad de energía necesaria para producir una estructura floral de ese tamaño.
El gran tamaño del aro titán es una rareza botánica relativa. La investigación ha encontrado que el gigantismo floral es más común en especies polinizadas por escarabajos o moscas carroñeras, posiblemente porque les permite imitar mejor el calor y el tamaño de las carcazas de animales grandes, así como atrapar temporalmente a estos polinizadores.
La desventaja son las diversas etapas de la vida que el Aro Gigante debe atravesar antes de tener la esperanza de reunir suficiente energía para florecer.
– Flor engañosa
En las plantas jóvenes, su ciclo de vida temprano oscila entre períodos en los que echan ojas y períodos de inactividad, sin flores presentes en ninguna de estas etapas.
En la etapa de echar hojas -las cuales utiliza para recolectar energía- el «tallo» permanece bajo tierra, mientras que la estructura que sobresale del suelo, la cual se puede confundir fácilmente con un árbol, es en realidad una hoja gigante, de la que brotan pequeños folíolos.
Mientras tanto, durante la fase inactiva, lo único que permanece bajo tierra es el cormo (cuerpo vegetativo característico de la fase adulta de las plantas vasculares), mientras que la planta vive de las reservas de energía en un «estado de reposo», dice Yuzammi.
Cuando finalmente reúne suficiente energía para florecer nos vuelven a engañar las apariencias.
«La flor que ha ganado un amplio reconocimiento público, en realidad, no es una flor auténtica», afirma Yuzammi y agrega: «El componente colorido no son los pétalos, sino más bien un medio para atraer insectos polinizadores y servir como estructura protectora durante el proceso de fertilización».
Un corte en la espata de un Aro Gigante muestra las flores femeninas (abajo) y masculinas (arriba) en su interior
La enorme estructura parecida a una flor se llama espata, mientras que las flores reales son pequeñas, numerosas y aparecen en la parte inferior del largo espádice amarillo; las flores femeninas abajo y las masculinas arriba.
Esto significa que el Aro Gigante no es la flor más grande del mundo, aunque sí la estructura floral no ramificada más grande.
– Mal olor
Después de algunos comienzos en falso, New Reekie floreció por primera vez en 2015, cuando tenía 13 años, y desde entonces ha florecido cada dos o tres años (mi visita fue en la quinta floración). Con el tiempo, los horticultores que la cuidan también han llegado a conocerla mejor.
«Esta vez mi colega y yo pudimos predecir exactamente qué día se abriría», dice Maciejewska-Daruk. «Por supuesto, nunca estamos 100% seguros, pero esta vez nuestra predicción fue acertada».
Y luego está el famoso olor. Cuando florece, el largo espádice amarillo del aro gigante emite un olor fuerte y penetrante.
Desafortunadamente, mi visita a New Reekie fue demasiado tarde para experimentar el hedor. Pero no faltan descripciones coloridas de su aroma.
«Es horrible», dice Maciejewska-Daruk. «Cada persona tiene una percepción diferente del hedor, como a pescado podrido o a calcetines muy malolientes. Para mí huele como un tacho de basura repleto de restos de comida».
Otros lo describen como orina apestosa, queso rancio o estiércol. Jane Hill, profesora asociada de Ingeniería Química y Biológica en la Universidad de Columbia Británica en Canadá, no cree que el olor sea muy parecido al de la mayoría de los cadáveres de animales. «Para mí, es un olor más ácido, más como a ratón muerto y disecado«, dice.
En un estudio de 2023, Hill y sus colegas se propusieron analizar las volátiles moléculas detrás de este olor que emiten sus flores femeninas y masculinas, utilizando equipos altamente sensibles que normalmente utilizan para buscar biomarcadores de enfermedades en el aliento humano.
Durante el muestreo, también notó que la planta emitía estas moléculas en pulsos que duraban apenas unos segundos.
Una cría (mucho más pequeña) de New Reekie en su etapa de hojas
«Nuestro estudio descubrió 32 nuevas moléculas y demostró que las flores masculinas y femeninas emiten diferentes tipos de compuestos y, a veces, son los mismos compuestos», dice Hill.
Los distintos olores producidos con el tiempo podrían atraer a diferentes insectos, afirma, y se pregunta «¿cómo descubrió una planta cómo oler como algo desagradable y muerto para poder reproducirse?».
Todos estos olores están ahí para engañar a los polinizadores y hacer que se posen en lo que creen que es carne podrida y muevan el polen entre las flores masculinas y femeninas de diferentes plantas (todos los aros gigantes tienen flores de ambos sexos, con las flores masculinas colocadas sobre las femeninas sin pétalos en el espádice amarillo).
También es mucho más fuerte por la noche, dice Yuzammi, cuando sus flores también maduran, ya que es entonces cuando sus polinizadores están más activos. Se ha documentado que el hedor atrae a insectos carroñeros como escarabajos, cucarachas y moscas, y se han encontrado abejas sin aguijón visitando la planta en la naturaleza.
De hecho, se ha informado que algunos insectos utilizan la planta como lugar para aparearse. Pero exactamente cuáles son las especies responsables de polinizar el Aro Gigante sigue siendo en gran medida un misterio.
El Aro Gigante es capaz de aumentar su temperatura a niveles parecidos a los de un cuerpo humano
Por si fuera poco, la planta cadáver tiene otro extraño truco bajo la manga para ayudar a atraer insectos: irradia calor.
«El calor ayuda expandir el olor y a atraer a los polinizadores», dice Peter Wilkie, botánico y taxónomo del RBGE, quien ha trabajado en Sumatra durante más de 30 años.
Cuando lo visito en su oficina, un enorme herbario junto a los jardines, me cuenta que la planta emite «bastante calor, si recordamos que estamos en los trópicos [donde] la temperatura ambiente es bastante alta y hay mucha humedad».
La investigación demostró que el calor que emite la planta puede alcanzar hasta 36°C, similar a la temperatura que produce el cuerpo humano.
El Aro Gigante lo emite en pulsos sincronizados con la liberación de su olor especial. Algunos científicos dicen que el tono rojo-violeta de sus hojas le da la apariencia de carne podrida.
– Protección
Sin embargo, vale la pena señalar que el Aro Gigante no es una planta carnívora: atrae insectos para polinizarlos, no para devorarlos.
«Cada vez que florece, me sorprende cuánta gente está segura de que se come y mata a los insectos», dice Maciejewska-Daruk.
La biología única y el tamaño gigantesco del aro gigante le han ayudado a ganarse una reputación que pocas otras plantas disfrutan. Pero detrás del revuelo en torno a las inflorescencias en docenas de jardines botánicos de todo el mundo, no todo va tan bien para el Aro Gigante en su área de origen.
En 2015, después de que unos 20.000 escoceses hicieran cola fuera de los invernaderos para ver un solo aro titán en flor, Wilkie se sorprendió al darse cuenta de que la planta nunca había tenido una evaluación de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
«La lista roja de la UICN es una especie de estándar de oro para las evaluaciones de amenazas a las especies», dice. «Así que esta especie icónica no había sido evaluada». Se asoció con Yuzammi y la horticultor de RBGE Sadie Barber para realizar una evaluación. Publicada en 2018, puso su estatus como en peligro de extinción.
Encontró que en Sumatra, la población ha disminuido en un 50% en los últimos 90 a 150 años, y ahora hay menos de 1.000 plantas maduras en estado silvestre.
La disminución se debe a la tala ilegal, la conversión de bosques en tierras agrícolas y desastres naturales, dice Yuzammi, así como al mito local de que se traga a los humanos. La recolección ilegal de la planta para medicamentos alternativos también representa una amenaza, añade.
Una de las ventajas que tiene el Aro Gigante en su hábitat natural, es que crece por todo Sumatra.
Su salvación, dice Wilkie, es que todavía está relativamente extendida por toda Sumatra. También le gusta crecer en áreas abiertas, como senderos madereros, en lugar de solo bosques primarios intactos. La planta está ahora protegida por la ley indonesia, añade Yuzammi.
Los investigadores indonesios están estudiando la diversidad genética del Aro Gigante en la naturaleza, dice Wilkie, pero la evaluación también ha incrementado las posibilidades para las plantas cultivadas en jardines botánicos, ya que son una importante reserva genética.
Los científicos primero publicaron la secuencia completa del genoma del Aro Gigante en 2022, pero existe la inquietud de que muchas, o incluso todas, las plantas que se encuentran en los jardines botánicos puedan estar relacionadas.
«Hay muchas posibilidades de que sean todos descendientes de la misma planta», dice Maciejewska-Daruk.
Peter Wilkie con un ejemplar que hizo de la floración de New Reekie en 2015 en el herbario RBGE, que alberga unos tres millones de ejemplares
Los científicos ahora están utilizando métodos de cría de animales para conservar el Aro Gigante, utilizando un sistema similar a los «libros genealógicos» que se usan para seguir el linaje de la fauna.
La planta de Edimburgo fue fertilizada durante su floración en 2019 utilizando polen fresco de una planta similar que estaba floreciendo en Cornwall, Inglaterra, que se envió rápidamente a través del servicio de embalaje.
Los frutos rojos y ovalados del tamaño de un guijarro del Aro Gigante aparecen nueve meses después de la fertilización y cada uno contiene dos semillas. En la naturaleza, son consumidos y propagados por aves como el cálaos rinoceronte.
Sin embargo, producir frutos es muy agotador para el cormo, afirma Maciejewska-Daruk. «Por lo tanto, siempre existe el riesgo de que el cormo muera después de producir frutos».
El invernadero del RBGE está repleto de crías de diferentes tamaños de New Reekie, producidas sexualmente después de ser fertilizadas y asexualmente (a través de clones). En esta ocasión, sin embargo, no se fertilizó y cuando lo visito de nuevo, parece decididamente menos impresionante.
– El fin del Gigante
Paulina Maciejewska-Daruk con New Reekie aproximadamente tres semanas después de su floración
Después de haberse desplomado hacia un lado unos días después de mi primera visita, lo único que queda ahora, tres semanas después, es un montón arrugado de materia vegetal podrido de color marrón amarillento.
Cuando Maciejewska-Daruk excava la tierra de la maceta, esta se desprende por completo del cormo: ahora vuelve a entrar en su estado latente. Podrían pasar varios años antes de que exista la posibilidad de volver a ver el espectáculo.
«Cada vez que lo vemos, lo observamos, lo recopilamos, aprendemos pequeños fragmentos de cómo funciona», dice Wilkie. «Y todo eso encaja en cómo podemos ayudar a que prospere en la naturaleza».
Los científicos pudieron identificar la ubicación del tsunami en un fiordo alejado en el este de Groenlandia.
BBC News Mundo(V.Gill) — Un enorme deslizamiento de tierra en un fiordo de Groenlandia desencadenó una ola que «sacudió la Tierra« durante nueve días.
La señal sísmica, captada en septiembre del año pasado, fue registrada por sensores en todo el mundo.
La dimensión del impacto llevó a los científicos a querer investigar dónde había surgido.
El deslizamiento de tierra -una ladera de roca que se derrumbó y arrastró el hielo glacial- desencadenó una ola de 200 metros.
Esa ola quedó «atrapada» en el estrecho fiordo y se movió de un lado a otro durante nueve días, lo que provocó las vibraciones.
Los científicos dijeron que este tipo de desplazamientos de la tierra están siendo registrados con más frecuencia, debido al cambio climático, ya que los glaciares que sostienen las montañas de Groenlandia se están derritiendo.
– El origen del «megatsunami»
Los resultados de la investigación sobre este fenómeno, que fueron publicados en la revista Science, son el resultado de una misión de investigación en la que participó un equipo internacional de científicos y la Marina danesa.
“Cuando el año pasado los colegas detectaron esta señal no parecía tratarse de un terremoto. En ese momento, lo llamamos ‘objeto sísmico no identificado’«, recuerda uno de los científicos implicados, Stephen Hicks, doctor de la University College London.
«Durante nueve días, siguió apareciendo cada 90 segundos».
Fue así que un grupo de científicos empezó a debatir sobre esta desconcertante señal en una plataforma de chat en línea.
«Al mismo tiempo, unos colegas de Dinamarca, que realizan trabajo de campo en Groenlandia, recibieron informes de un tsunami que había ocurrido en un fiordo alejado. Fue así que unimos fuerzas», explicó Hicks.
Tras el deslizamiento de tierra, una nube de polvo fue identificada en una imagen satelital (derecha).
El equipo utilizó los datos sísmicos para localizar la fuente de la señal en el fiordo Dickson, en el este de Groenlandia. Después recopilaron otras pistas, incluidas imágenes satelitales y fotografías del fiordo que fueron tomadas por la Marina danesa, justo antes de que apareciera la señal.
Una imagen satelital mostró una nube de polvo en un barranco del fiordo. La comparación de fotografías, antes y después del evento, reveló que una montaña se había derrumbado y había arrastrado parte de un glaciar al agua.
Los investigadores finalmente calcularon que 25 millones de metros cúbicos de roca, un volumen equivalente a 25 edificios como el Empire State, se estrellaron contra el agua causando un “megatsunami” de 200 metros de altura. En las fotografías del “después” del lugar se puede ver una marca en el glaciar, dejada por el sedimento que la ola gigante dejó hacia arriba.
– Una ola «atrapada»
Los tsunamis que suelen ser causados por terremotos subterráneos se disipan en cuestión de horas en el océano abierto. Pero, en este caso, la ola quedó atrapada. “Este deslizamiento de tierra se produjo a unos 200 km tierra adentro del océano abierto. Y estos sistemas de fiordos son complejos, por lo que la ola no pudo disipar su energía”, explica Hicks.
El equipo creó un modelo para mostrar cómo, en lugar de disiparse, la ola se movió de un lado a otro durante nueve días. “Nunca antes habíamos visto un movimiento de agua a tan gran escala por tanto tiempo”, dijo Hicks.
Los científicos dicen que el deslizamiento de tierra fue causado por el aumento de las temperaturas en Groenlandia que ha derretido el glaciar en la base de la montaña.
“Ese glaciar sostenía a la montaña, pero se volvió tan delgado que simplemente dejó de sostenerla. Eso muestra cómo el cambio climático está afectando a estas áreas”, dijo Hicks.
Los científicos dicen que fue de «pura suerte» que no hubiera barcos en la zona en el momento.
Aunque este hecho tuvo lugar en una zona remota, algunos cruceros del Ártico suelen visitar estos fiordos. Por suerte, ninguno de estos barcos se encontraba en la zona donde se produjo el deslizamiento de tierra en el momento.
El investigador principal, Kristian Svennevig, del Servicio Geológico Nacional de Dinamarca y Groenlandia, aseguró que este era un fenómeno cada vez más común en el Ártico.
«Estamos siendo testigos de un aumento en los deslizamientos de tierra gigantes que provocan tsunamis, sobre todo en Groenlandia», le dijo a BBC News Svennevig.
«Si bien los hechos ocurridos en el fiordo Dickson, por sí solos, no confirman esta tendencia, su escala sin precedentes da cuenta de la necesidad de realizar más investigaciones».
Lo que pasó en el fiordo Dickson, agregó Hicks, “sea quizás la primera vez que un evento producto del cambio climático haya impactado en la corteza que está debajo de nuestros pies a lo largo del mundo».
La mente es maravillosa(V.Sabater) — Ira, tristeza, soledad, odio, celos, miedo, ansiedad… A nadie le agrada experimentar estos estados psicofisiológicos. Las conocidas como emociones desagradables o «negativas» dificultan, a menudo, tu funcionamiento en la vida diaria. Es más, son tan incómodas que hay quienes optan por reprimirlas. Sin embargo, lo que se logra con ello es agravar el malestar.
Ahora bien, estas reacciones cumplen una finalidad biológica. Su objetivo es facilitar tu adaptación y supervivencia. Ello explica la importancia de sintonizar y responder de forma efectiva a lo que sientes. Asimismo, desde la psicología se insiste en la necesidad de no procesarlas como algo adverso, sino como una realidad interna que se debe comprender y aceptar.
– ¿Qué son las emociones desagradables o incómodas?
Las emociones difíciles son reacciones bioquímicas que generan un sentimiento desagradable o una respuesta asociada. Surgen con relación a ciertos eventos, pensamientos o situaciones específicas que procesamos como estresantes o desafiantes.
Estos mecanismos nos han facilitado, a lo largo del tiempo, responder a las amenazas ambientales para avanzar como especie y grupos sociales.
Otro aspecto importante sobre estos estados, es que tienen una base fisiológica intensa. La liberación de ciertas hormonas y neurotransmisores pueden desregularte, alterar el flujo sanguíneo, la frecuencia cardíaca, la actividad cerebral, etc. Saber escuchar tu cuerpo, comprender cómo se manifiestan tal clase de emociones en tu organismo es un pilar básico de bienestar.
. Ejemplos de emociones «negativas»
Si bien es frecuente utilizar la etiqueta de «negativas» al hablar de estas respuestas biológicas, ten siempre en cuenta un detalle. Todas forman parte de nuestro ADN y, lejos de ser contraproducentes, buscan motivar cambios para facilitar tu homeostasis. El problema es que la mayoría de personas se desenvuelven en entornos caóticos sin dejar espacio para prestar atención a lo que sienten.
En vista de lo anterior, se adquieren hábitos inadecuados como la represión de las emociones con el fin de mantener la funcionalidad y productividad. Si te reconoces dentro de esta dinámica, lo más aconsejable es mejorar las habilidades de gestión emocional, y el primer paso es saber detectarlas, dejar de procesarlas como «malas» para darles el nombre que les corresponde.
Algunas de estas son las siguientes:
Ira
Odio
Celos
Miedo
Enfado
Envidia
Tristeza
Soledad
Angustia
Ansiedad
Vergüenza
Remordimiento
– ¿Qué origina las emociones desagradables y por qué las tenemos?
Las emociones desagradables son una fuente de información y de aprendizaje. No surgen porque sí ni son un mecanismo al azar del cerebro. Son reacciones ante desafíos, amenazas reales o irreales, son producto de tu intento por sobrevivir en una realidad compleja. Comprender sus desencadenantes te facilitará su comprensión.
Causas relacionales: entornos familiares disfuncionales, problemas de pareja, presión social, etc.
Son un mecanismo de supervivencia: el miedo o la ansiedad son reacciones normales ante posibles amenazas a tu equilibrio, bienestar y supervivencia.
Surgen por motivos externos: conflictos, pérdidas, entornos estresantes, rechazo, exclusión social, fracasos, razones sociales y estructurales como crisis económicas, conflictos bélicos, etc.
Causas internas: miedos, pensamientos negativos, traumas, falta de autoestima, problemas de salud mental, expectativas irreales, soledad, autocrítica excesiva, condicionamientos aprendidos, sesgos cognitivos, etc.
– ¿Cuáles son sus efectos?
Seguro que has escuchado o leído en más de una ocasión que las emociones desagradables nos enferman. ¿Qué hay de verdad en esto? ¿Si son reacciones psicofisiológicas normales en el ser humano, por qué nos causan daños? La clave, como siempre, está en el correcto manejo de dichas realidades internas.
Cuando el estrés se cronifica o ciertas experiencias adversas no se integran, se eleva el riesgo de que surjan determinados problemas de salud. En este sentido, una publicación de Brain, Behavior, & Immunity – Health nos habla de cómo las emociones difíciles pueden mediar en la inflamación.
Además, los niveles elevados de cortisol mantenidos en el tiempo, tienen un gran impacto en el organismo. Por no hablar de los traumas de infancia, de esas vivencias dolorosas en edades tempranas y su huella en el desarrollo cerebral de los niños (mayor impulsividad, falta de atención, etc.). Las adversidades, la sensación de miedo y amenaza acumuladas durante años, pueden alterar nuestro bienestar.
– ¿Cómo manejar estos estados emocionales?
En la práctica clínica es frecuente encontrar pacientes que evidencian serias dificultades para comprender y regular sus estados psicofisiológicos. Un trabajo divulgado en Emotion, resalta el hecho de que juzgar las emociones como «buenas» o «malas» repercute en la propia salud psicológica. Dichas valoraciones negativas dan paso a mecanismos nocivos de afrontamiento.
Un claro ejemplo de esto mismo, es controlar lo que sientes o «parchear» la emoción difícil con conductas de escape (ir de compras, comer productos poco saludables, etc.). Si te preguntas ahora qué hacer con este tipo de experiencias internas, lo cierto es que hay un amplio abanico de estrategias que puedes emplear.
. Autoconciencia y psicoeducación
¿Sabías que el cansancio en la tristeza tiene como finalidad inducir en ti la quietud y la introspección? ¿O que la ira genera una activación física para que promuevas cambios? La psicoeducación emocional facilita la correcta comprensión de estados que, por lo general, se desconocen.
Como describe un estudio de la Universidad de Foggia, los programas psicoeducativos entre los estudiantes reducen los niveles de alexitimia, mejoran la empatía y la regulación emocional. Nunca está de más empezar por comprender mejor dichos procesos biológicos y mentales. Al respecto, existen ensayos y libros especializados que pueden ayudarte.
Por ejemplo, el neurocientífico Antonio Damasio es uno de los exponentes más destacados en el estudio de las emociones. Su trabajo La sensación de lo que ocurre (2018) permite entender cómo las emociones facilitan la construcción de nuestra consciencia e identidad. Por su parte, Tiffany Watt Smith, muestra el impacto social y cultural que tienen estos procesos biológicos en El Atlas De Las Emociones Humanas (2022).
Asimismo, aparte de disponer de estas herramientas educativas, es importante desarrollar una buena autoconciencia. Es decir, la capacidad para saber qué sucede en tu interior. De este modo, conectarás mejor con esas emociones «negativas» con el fin de entender su utilidad y actuar de forma regulada en tu propio beneficio.
. La mirada neutral: dejar espacio a la emoción sentida
A la hora de tratar las emociones difíciles lo más frecuente es ignorarlas. Aun así, el papel de estas reacciones incómodas es indicar también que lo que haces en tu vida hasta ahora, no funciona del todo. Hay que cambiar la óptica, el modo en que miras estas realidades internas. Con este fin considera lo siguiente:
Aceptación para facilitar el cambio: si centras toda tu energía y recursos en negar, desplazar o reprimir dicha emoción, el malestar se intensificará. Todo cambio positivo y afrontamiento saludable se inicia con la aceptación de los estados psicofisiológicos que te dominan.
La neutralidad como estrategia: este concepto define la capacidad de retirar la negatividad de las emociones desagradables, para verlas como lo que son: estados de la experiencia humana que te ofrecen una información puntual. Lo ideal es hacerlo sin juicios, usando recursos como la imaginación, viéndolos, por ejemplo, como trenes ruidosos que, tal y como llegan, se van.
Reflexionar para entender: si te has habituado a reprimir tu ira, es probable que emerja de la manera más disfuncional, por ejemplo, gritándole a tu hijo o alguna persona que tengas cerca. Si deseas tomar el control de tus reacciones, empieza por abrir la puerta a esos estados difíciles para entenderlos y saber de qué están hechos. Antes de reaccionar, reflexiona y sintoniza.
. Comprender el problema
Las emociones «negativas» suelen entorpecer los procesos cognitivos. Es decir, cuando la ansiedad y el enfado se hacen presentes, hay dificultad para pensar con claridad. Incluso, puede disminuir la capacidad de resolver desafíos de manera eficiente. Si es tu caso, algunas estrategias pueden ser estas:
Pregúntate qué te ha generado esa sensación: en esencia, antes de querer resolver el problema, clarifica qué lo ha provocado y qué te ha llevado a esa situación de angustia, malestar, tristeza, etc.
Comprender para actuar: si sientes ira o rabia, no basta con regular este estado. Es cierto que practicar la respiración profunda, meditar o salir a correr generará alivio, pero no resolverá el problema. Lo prioritario es conocer qué lo desencadena para pensar después en cómo resolver esa injusticia o daño que te quita la calma.
Escribir para clarificar: un modo de llegar a la raíz de dichas emociones desagradables es la escritura. Y plantear preguntas como estas puede ayudarte: «¿qué emoción o emociones estoy sintiendo?», «¿desde cuándo las experimento?», «¿las he sentido más veces en el pasado?», «¿qué hice para manejarlas?», «¿qué experiencias, pensamientos o personas me han generado estas emociones incómodas?».
. Crear un kit de regulación emocional
La Universidad de Varsovia sugiere que cuanto más intensas son las emociones, más necesarias se hacen las técnicas de regulación. Son, por así decirlo, ese primer paso a la hora de manejar estas experiencias internas. Aunque lo ideal es no obsesionarse en controlar siempre lo que sientes.
Lo saludable es procurar regular lo que experimentas, para no derivar en conductas disfuncionales o estados de malestar. Si consigues reducir la carga psicofísica de dichas respuestas, lograrás pensar y actuar con mayor equilibrio. Te ofrecemos algunas claves para que crees tu propio kit de supervivencia.
Respiración diafragmática: los estados de ansiedad, de ira y enfado, se benefician de este tipo de respiración. Es una técnica que utiliza el diafragma para inhalar profundamente, permitiendo que el abdomen se expanda en lugar del pecho.
Respiración en dibujo: dibuja en forma de ondas el ritmo de tu respiración en tiempo real. Cuando cojas aire serán las subidas, cuando exhales, las bajadas. Ahora procura que esas ondas estén más separadas para que tu respiración se vuelva más lenta.
Expresar para sanar: compartir con alguien lo que sientes y poder expresar lo que te angustia sin que te juzguen y sintiéndote comprendido/a, actúa también como un magnífico ejercicio de regulación emocional. No dudes en acudir a esa persona especial y empática que siempre sabe escucharte.
Ejercicio de la figura humana: dibuja una figura. En color rojo, pinta las áreas en las que más tensión sientes en tu cuerpo y, en azul, las que notas en calma. Esta técnica facilita el dejar a un lado los bucles mentales, para centrarte en cómo sientes la emoción en el cuerpo y localizarla para poder nombrarla.
Técnica de distracción: cuando te acompañe la rumia incesante y necesites desviar la atención para reducir la intensidad de esas emociones, la técnica grounding puede ayudarte. Consiste en buscar 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas escuchar, 2 que puedas oler y una que veas.
Mi caja de supervivencia: consiste en llenar una caja de cartón con elementos que a ti te generen calma y bienestar. En ella, podrías incluir desde tarjetas con frases que te tranquilizan como, por ejemplo, «las emociones son pasajeras, esto también pasará», hasta fotos que transporten a momentos felices o botecitos de perfume que te relajen.
. Cambiar lo que se puede
Hay una evidencia innegable. Vivimos en escenarios sociales muy demandantes, cambiantes y hasta caóticos en ciertos momentos. Experimentar emociones incómodas es lo normal cuando tus circunstancias son anormales o complicadas. Este es un pequeño matiz que siempre conviene tener en cuenta. Además, para reducir su impacto siempre será recomendable hacer cambios.
Si algo te duele, te angustia o te frustra, procura variar lo que te sea posible para recuperar el equilibrio. Apóyate en tu entorno, empieza modificando pequeñas cosas para, poco a poco, ganar en confianza e iniciar transformaciones más drásticas, las que tú necesites con el fin de sentirte mejor.
Por otro lado, como dijo el psiquiatra Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido (1946), «cuando ya no podemos cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos». Ese será el instante en el cual aceptar tu realidad y buscar ayuda profesional para poder manejar el sufrimiento, el malestar, la ansiedad que no cesa, la tristeza que no halla remedio.
. Desarrollar la inteligencia emocional (IE)
Una herramienta «dorada» para manejar y comprender las emociones difíciles es sin duda la inteligencia emocional (IE). Desarrollar esta competencia te permitirá desde mejorar tu autoconciencia, manejar el estrés de manera más adecuada, afrontar de forma acertada los conflictos y optimizar la calidad de tus relaciones sociales.
Disponer de una buena habilidad en dicho ámbito no hará que seas más exitoso o feliz. Lo que lograrás es navegar mucho mejor por tu mundo afectivo, profesional y personal, para resolver retos y tomar decisiones más adecuadas al reducir tu reactividad emocional e impulsividad.
– Emociones difíciles y abrumadoras, pero necesarias
El ser humano no hubiera llegado donde se encuentra sin la presencia genética de las emociones incómodas.
Son parte de lo que somos, nos aportan información y aprendizajes valiosos.
Ahora bien, vivimos en una sociedad que, con frecuencia, cae en la «trampa de la felicidad».
Es como si estuviéramos obligados a sentirnos alegres, motivados y confiados en todo momento.
No obstante, la persona hábil y competente no es aquella que siempre está feliz. Sabio es aquel que sabe qué hacer con sus emociones desagradables sin reprimirlas o dejarse llevar por ellas. Inteligente es quien deja espacio a lo que siente sin juzgarse, para hallar la mejor estrategia y seguir avanzando. Aunque ello, en ocasiones, implique pedir ayuda especializada.
JotDown(M.deLorenzo) — La historia está repleta de frases magníficas que a cualquiera le habría gustado escribir. Algunas pertenecen a artistas. Otras a científicos. Otras a filósofos. Otras a escritores. Hay frases envidiables de Jorge Luis Borges, de Margaret Thatcher, de Paul Dirac, de Thomas Carlyle, de Hellen Keller.
Las hay anónimas y otras que, sin serlo, forman parte ya de la sabiduría popular. Algunas son más ingeniosas, otras más originales, pero, tal vez, una de las más bonitas que se hayan escrito jamás sea el riff de bajo con el que da comienzo «Under Pressure». Pocas frases se escuchan tan redondas y elocuentes como esa.
A simple vista, parece obra de John Deacon. Él era el bajista de Queen, al fin y al cabo, y no tendría mucho sentido que el autor de la línea de bajo fuese otro miembro del grupo. Ni siquiera Brian May. Sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños, en una entrevista concedida a la revista japonesa Musiclife en el año 1982, John declaró que el autor del riff que abre la canción no era él, sino David Bowie.
El mismo David Bowie que tuvo que explicar en su página web que no había sido cosa suya y que ya estaba escrito cuando él llegó. Roger Taylor, en el documental Queen: the Days of Our Lives, explica que Deacon fue quien compuso la línea de bajo de «Under Pressure», pero añade que, si hoy en día podemos disfrutar de tan afortunada melodía —Stylus Magazine la consideró en su momento la mejor línea de bajo de la historia—, fue gracias a él, puesto que fue capaz de recordarla cuando, en plena grabación del tema en el estudio, a John se le olvidó.
Supongo que, a menudo, una misma realidad puede recordarse de formas muy distintas. Incluso interpretarse de formas muy distintas. Lo que desde cierta perspectiva parece una cosa, puede parecer la contraria desde cualquier otra. Precisamente ahí radica la importancia del enfoque.
Resulta curioso que, tratándose de un elemento tan concreto, de tan pocos ángulos, exista semejante confusión sobre quién fue el autor de la tablatura para bajo de «Under Pressure». O, al menos, de su parte más reconocible. Sin embargo, en el caso de esa canción, toda su composición se reduce a una cuestión de perspectiva.
Desde un determinado punto de vista, se considerará su autor al compositor de la melodía. Desde otro, al responsable de la letra. Habrá quien entienda que el tema pertenece a quien desarrolló su base rítmica o a quien aportó la primera idea. Según desde dónde se mire, «Under Pressure» puede ser una canción escrita por Queen con la colaboración de David Bowie o una canción escrita por David Bowie con la colaboración de Queen. Incluso ambas.
Por eso a veces, para poder enfocar las cosas de cerca, conviene alejarse todo lo posible. Casi hasta perderlas de vista. Un fan de Queen reconocerá a Freddie Mercury en cada nota.
Uno de Bowie notará la enigmática presencia del Duque Blanco en toda la canción. Si atendemos a las declaraciones de los músicos en diferentes artículos, entrevistas y biografías, no es difícil comprender que las cosas no fueron blancas o negras. Todo depende, en realidad, de cómo queramos enfocarlas.
En julio de 1981, Mercury y compañía se encontraban grabando el álbum Hot Space en los estudios Mountain, ubicados en la comuna suiza de Montreux.
Algunos meses antes, tras dar por finalizada su etapa alemana con el disco Lodger, que cerraba la denominada «Trilogía de Berlín», y haber publicado el Scary Monsters (and Super Creeps), David Bowie se había mudado precisamente a aquella misma villa del cantón de Vaud, por lo que Roger Taylor le pidió que se acercase algún día al estudio para colaborar con ellos en alguna de las canciones del disco.
Y así lo hizo. Brian May explicaría más adelante en una columna que escribió para el Daily Mirror en enero de 2016 que, a pesar de provenir todos de Londres y de la amistad que unía a Roger y a David, este y el resto de los miembros de Queen no tenían realmente mucho trato, por lo que decidieron que la mejor forma de conocerse era tocando algo juntos.
Cogieron los instrumentos, entraron en el estudio y comenzaron a improvisar algunas armonías hasta que, grosso modo, «Under Pressure» fue tomando forma. La historia, no obstante, no fue exactamente así.
David Bowie había acudido a los estudios Mountain con un objetivo tan concreto como grabar los coros de la canción «Cool Cat» que acompañarían a la voz de Mercury. Planteó algunas ideas, registraron algunas tomas y, finalmente, decidió descartar esa colaboración porque ni a él ni a los integrantes de Queen les satisfacía el resultado.
Un tanto desencantados debido a ese pequeño fracaso, optaron por probar suerte con una jam session, una improvisación instrumental entre los cinco sobre una base no ensayada de la que pudiesen terminar rescatando algo para el disco. O lo que es lo mismo, un brainstorming en el que participaban David Bowie, Freddie Mercury, Roger Taylor, Brian May y John Deacon. Casi nada.
Sin embargo, hubo trampa. El único que partía de cero en aquella improvisación era Bowie. Cualquiera sabe que la forma más rápida de crear algo de la nada es hacerlo a partir de algo, y los chicos de Queen conocían de sobra lo que estaban tocando.
Roger Taylor había escrito una canción para Hot Space llamada «Feel Like» que el grupo estaba pensando en descartar porque no conseguían encontrar el modo adecuado de terminarla. En la columna mencionada, Brian May explica que cada uno fue colocando ideas sobre la mesa hasta que aquello empezó a cobrar sentido, pero lo cierto es que ellos jugaban con ventaja.
Si uno escucha la demo original de Feel Like, es fácil adivinar entre sus notas la silueta de «Under Pressure». En realidad, ya estaba ahí. Solo hacía falta esculpir un poco más la idea original de Taylor. Retirar lo accesorio hasta obtener la figura deseada. Pero a veces hace falta algo de ayuda para encontrar aquello que, a pesar de todo, lleva frente a tus narices desde el principio.
Y qué mejor ayuda que la de David Bowie.
Algunos podrán considerar, pues, que el autor de «Under Pressure» es Roger Taylor. Lo único que se hizo aquel día en Montreux fue desarrollar un embrión que ya existía. Depurarlo. Añadir los pequeños detalles.
Cuántas veces, sin embargo, son esos pequeños detalles los que encierran toda la genialidad. Cuántas veces son ellos los que otorgan a algo su sustantividad. Cuántas veces son enormes esos pequeños detalles.
John Deacon declaró en una entrevista que concedió a la televisión francesa en el año 1984 que la melodía de la canción, la línea de la voz principal, había sido compuesta en su totalidad por Freddie Mercury. De ser cierto eso, Mercury se convertiría de inmediato en el autor moral de «Under Pressure».
En Strange Fascination. David Bowie. The Definitive Story, el biógrafo David Buckley apunta, no obstante, que fue Bowie quien escribió toda la letra de la canción, que tituló «People On Streets». Algo que, a ojos de muchos, le otorgaría de pleno derecho la autoría del tema.
No resulta descabellado pensar que uno pudo componer la melodía y otro la letra, pero tratándose desde el inicio de un proceso de contagio de ideas, lo más conveniente es suponer que no ocurrió ni lo uno ni lo otro.
En la columna del Mirror, Brian May relata lo ocurrido una vez se precisó una base instrumental a partir de «Feel Like»:
¿Nos deteníamos ahí? ¿Nos marchábamos y escribíamos una melodía? «No», dijo David [Bowie]. Él había estado trabajando con un grupo de gente que había desarrollado una técnica creativa basada en la democracia, como en la base instrumental.
El método consistía en que cada uno de nosotros entraba en la cabina de grabación de voces de forma consecutiva, sin escuchar lo que habían hecho los demás, y, siguiendo la base instrumental, cantábamos lo primero que nos venía a la cabeza, incluyendo cualquier palabra que se nos ocurriese, trabajando sobre la progresión de acordes que había.
Fue en ese momento cuando a Freddie se le ocurrieron las asombrosas partes de «De Dah Day», que conservamos en la mezcla final [se refiere aquí a pedacitos de la melodía de «Under Pressure» en los que Freddie Mercury parece improvisar sin cantar nada inteligible].
El siguiente paso fue cortar las grabaciones de todos y hacer un recopilatorio con lo mejor de cada pista de voz, que sería usado como plantilla para la melodía definitiva.
Mercury, por lo tanto, no fue el autor de la línea principal del voz. Tampoco lo fue Bowie. Lo fueron todos a la vez y al mismo tiempo, lo que en buena medida explica por qué nunca se ha determinado con claridad quién es el autor real de «Under Pressure».
El tema de la letra es distinto. Por lo que May cuenta en la columna, al día siguiente todos regresaron al estudio para añadir más elementos a la canción, pero Bowie se opuso. Consideró que había que finalizarla tal y como estaba, que sabía exactamente lo que quería de la canción y que solo era necesario añadirle una letra.
«No era habitual que nosotros cediésemos así el control, pero David estaba teniendo, verdaderamente, un momento de genialidad», aclara May. El biógrafo de Bowie estaba en lo cierto. David escribió una letra titulada provisionalmente «People On Streets», él y Mercury la cantaron sobre la melodía resultante del experimento del día anterior y, algunas semanas después, viajaron a Nueva York para realizar la mezcla final.
Un momento en el que los dos músicos tuvieron, por cierto, algún que otro desencuentro debido a su diferentes formas de entender la canción. Brian May confesaba en 2008 a la revista Mojo que «se trata de una buena canción, pero debería haber sido mezclada de otro modo», añadiendo que, en lo que se refiere a la mezcla, Freddie y David mantuvieron «una batalla feroz».
En los créditos del álbum, «Under Pressure» se atribuye a los cinco. A David Bowie, Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor. Y es natural. Dependiendo de cómo lo enfoquemos, su autor podría ser Roger Taylor, que había compuesto la canción «Feel Like», desde cuyos cimientos se levantó «Under Pressure».
También lo podría ser Freddie Mercury, cuya impronta está presente en toda la melodía —sería interesante saber qué músico de los cinco realizó una aportación mayor a la plantilla que se construyó entre todos—. O David Bowie, que parece ser quien dirigió el desarrollo del tema y su grabación, además de haber escrito una letra que, a base de insistir en la idea de la calamidad y la opresión de un mundo desdichado, lleva indudablemente su sello.
Sin embargo, una vez analizados los hechos, no parece muy sencillo atribuir la autoría del tema a alguno de los músicos de forma individual. Quizá por ello los cinco firmaron la canción. Quizá por ello ni siquiera sus autores han tenido alguna vez muy claro quién es el responsable último de «Under Pressure». Porque, al mismo tiempo, no lo fue ninguno y lo fueron todos. Dependerá de cómo lo enfoquemos.
El resultado, en cualquier caso, es una canción magnífica. Un tema que Queen jamás habría escrito sin David Bowie y David Bowie jamás habría escrito sin Queen. Empezando por la letra, continuando por la melodía y terminando por su soberbio riff de bajo.
Un riff que, por cierto, escribió John Deacon. El mérito no corresponde a David Bowie ni a Roger Taylor. Tal y como explica Brian May, después de rechazar los coros de «Cool Cat» y de pasar casi toda la tarde improvisando sobre la base de «Feel Like», Queen y David Bowie se marcharon a cenar.
Volvieron tres horas después con unas cuantas copas encima y, cuando se pusieron a grabar, John no recordaba la línea de bajo que había estado tocando durante la jam session, antes de la cena. Empezó a probar con un riff muy parecido, tanteando opciones en el mástil, pero, de repente, Bowie lo detuvo. Le sujetó la mano izquierda sobre el mástil del bajo, obligándolo a parar de tocar, y sentenció: «No es así».
May cuenta que fue un momento un tanto tenso, porque Deacon no llevaba muy bien que le dijesen lo que tenía o no tenía que hacer con su instrumento. Y mucho menos mediante «interferencias físicas». Por fortuna, lo aceptó con elegancia, dejó de tocar lo que estaba tocando y repitió el patrón que le indicó David Bowie: «Seis golpes seguidos en re y después un la».
Y de esa forma, la canción recuperó lo que Brian May describe en su columna como un «Ding-Ding-Ding Diddle Ing-Ding». Sin duda alguna, una de las frases más bonitas de la historia.
Psicología y mente(S.R.Comas) — Jheronimus van Aken, más conocido como El Bosco (Bosch en su lengua original) es uno de los pintores más conocidos de los siglos XV y XVI. Pero, al contrario que sus contemporáneos italianos, El Bosco ha adquirido su fama por su lenguaje turbador y fascinante, aparentemente caótico, que cautivó a personalidades de su época (por ejemplo, al mismísimo rey Felipe II).
¿Qué tienen las obras de este artista que resultan tan atrayentes? Desde nuestra visión contemporánea, puede que sea precisamente nuestra lejanía de la moral que impregna sus cuadros lo que nos llama más la atención. En efecto; a los artistas hay que situarlos en su debido contexto, y El Bosco no es una excepción.
Así, en sus pinturas, el flamenco exhibe un repertorio ideológico y moral muy vinculado a la religión o, más bien, a la visión que se tenía de ella en el norte de Europa en las postrimerías del siglo XV. Sus obras hacen hincapié, pues, en el pecado y en la salvación, modelos constantes de los hombres y mujeres de la época. En el artículo de hoy hacemos un repaso a cómo presenta el pintor el pecado en una de sus obras más famosas.
– La mesa de los pecados capitales, de El Bosco
La obra en cuestión no es otra que La mesa de los pecados capitales, conservada en el Museo del Prado de Madrid (España) y que fue adquirida en su momento por el mismísimo rey Felipe II, un auténtico enamorado del artista.
La mesa es una tabla, hecha de madera de chopo (un material bastante raro en la obra del artista, que solía utilizar el roble), en cuya superficie están representados en un orden escrupuloso los 7 pecados capitales y el destino del ser humano tras la muerte. Examinemos la obra más detenidamente y veamos cómo representa El Bosco el tema.
Esta frase de terribles resonancias para nosotros está inscrita, en su forma latina (cave, cave, Dominus videt), en el centro de la tabla, en el iris del enorme Ojo de Dios que El Bosco sitúa como eje vertebrador de todo. En efecto, un enorme círculo semejante a un globo ocular es el centro de la composición, el “Ojo de Dios”, un símil de que Dios siempre está presente y conoce todas nuestras acciones.
Para reforzar el mensaje, el artista sitúa en la pupila de este ojo divino a Cristo saliendo del sepulcro y mostrando las llagas del martirio, recordando de esta forma que Jesús murió por la salvación del alma de los fieles.
Las impecables diagonales doradas que parten de la pupila y se expanden por todo el diámetro del globo ocular son, además de un recurso para iluminar la imagen, una representación de los rayos divinos que emanan de Cristo redentor. En otras palabras: solo con Cristo hay esperanza.
– Los 7 pecados capitales según El Bosco
Alrededor de ese “Ojo de Dios” se disponen los 7 pecados capitales, que el artista ilustra como escenas cotidianas para que el espectador se identifique mejor con cada uno de ellos. De hecho, para muchos expertos, El Bosco fue un pionero en el tema del costumbrismo pictórico, que tendría después tantos adeptos en Flandes.
1. La ira
La ira es el primer pecado representado (en la parte inferior central), puesto que, según la interpretación de El Bosco, es el pecado originador de muchos más. La ira se convierte, de esta forma, en un hervor insano que puede desencadenar una cascada de actos impíos (asesinato, adulterio, hurto, injurias…).
La escena cotidiana que escoge el artista para ilustrar la ira es una escena de taberna, en la que vemos a dos hombres enfrascados en una lucha que inútilmente intenta detener la mujer vestida de rosa. Por el suelo, encontramos un sinnúmero de objetos esparcidos por el suelo, tirados en el fragor de la riña.
Significativo es el estandarte que cuelga de la casona, en el que, si observamos bien, podemos ver un fondo rojo (el color de la sangre y, por tanto, de la pasión) con un león dibujado en él, un animal tradicionalmente relacionado con la valentía, pero también con la cólera y el furor.
2. La soberbia
La soberbia está representada por El Bosco en la forma de una pequeña escena de menores dimensiones que las demás, en las que se muestra un interior doméstico. En él, una mujer, de espaldas, se contempla encantada en un espejo, que no por casualidad sostiene un demonio, curiosamente tocado con el velo que solían llevar las mujeres en la época. Aquí, El Bosco relaciona claramente el pecado de soberbia con el género femenino.
A la izquierda de la escena, a los pies de la mujer, vemos un arcón del que sobresalen joyas, complemento para la vanidad de la dama. Es muy destacable la naturaleza muerta que plasma el artista, tan característica de los pintores flamencos: encima del armario, una serie de utensilios magníficamente dibujados y, junto a la ventana, un jarrón de cerámica con flores (de nuevo, símbolo de la vanidad y la soberbia) y una fruta que reposa en el alféizar.
3. La lujuria
El Bosco escoge para este pecado una escena elegante, donde dos parejas se cortejan mutuamente y se requieren tratos “ilícitos”. El fragmento se sitúa a la derecha de la tabla; en un paisaje bucólico y sugerente, se levanta una tienda en la que se solazan los cuatro personajes.
Por el suelo, vemos diversos instrumentos de música, símbolo de la vanidad y del pecado, que también plasma el pintor en su Jardín de las Delicias. Un dato curioso son los dos bufones que se ríen de los amantes y se pegan mutuamente, como ridiculizando su deseo.
4. La pereza
Detrás de la lujuria viene representada la pereza, conocida en la Edad Media como acidia y estrechamente relacionada con la melancolía y los estados depresivos. En la escena, una mujer presenta un rosario y un libro de oraciones a su compañero, como instándolo a rezar. Sin embargo, él permanece holgazaneando en su sillón y no parece tener ninguna intención de obedecerla.
El interior doméstico donde se desarrolla esta escena es, nuevamente, una delicia, y vuelve a mostrar el talento de El Bosco y de los artistas nórdicos en general para captar los detalles cotidianos.
5. La gula
En la parte superior central se ilustra el pecado de la gula, representado por una familia que se entrega a un banquete pantagruélico sin límite ni mesura.
La mujer aparece en el comedor con una bandeja llena de carne, mientras que los dos hombres beben copiosamente de sendas jarras.
El niño, representado de forma un tanto grotesca, intenta beber también de la jarra del padre.
El búho que vemos parapetado en el nicho de la pared es una alusión al pecado, puesto que, tradicionalmente, esta ave ha representado en la iconografía cristiana el mal y la tentación.
En la esquina inferior izquierda de la escena vemos un perro que El Bosco tapó pero que, con el tiempo, ha trepado a la superficie de la tabla. ¿Por qué el artista quiso quitar al can?
No lo sabemos, pero puede que tenga algo que ver con la simbología del animal, relacionada con la fidelidad, aunque puede que sea, simplemente, una cuestión de distribución de elementos.
6. La avaricia
El sexto pecado capital, la avaricia, está representado por un caballero suntuosamente vestido (un funcionario, quizá, o un abogado) que acepta un soborno. Su condición de hombre de leyes se ve reforzada por el libro abierto en primer plano.
7. La envidia
Por último, El Bosco recrea la envidia como una pareja que desea obtener la posesión de su vecino; en este caso, un hermoso halcón que, por cierto, el dueño muestra desdeñosamente.
Y tras la muerte… ¿qué?
La iconografía de la tabla de los 7 pecados capitales de El Bosco no termina aquí. Porque, en los cuatro vértices del cuadro (como si de un tablero de parchís se tratara) vemos 4 círculos más; cuatro escenas en las que el artista nos habla sobre lo que nos sucederá tras la muerte.
En la consecución de las posibilidades (que, en realidad, solo son dos: Infierno o Paraíso) tenemos mucho que ver, puesto que, según la ideología de la época, son los actos en vida los que repercuten en la vida postmortem.
En la primera escena (esquina superior izquierda), El Bosco ha representado la muerte como el principio de todo. En la escena vemos a un moribundo al que se le está suministrando la Extremaunción. Detrás, en la cabecera de la cama, un demonio y un ángel se disputan su alma, mientras la Muerte, representada antropomórficamente por un tránsido (un cadáver viviente), espera paciente el resultado.
En la segunda escena (esquina superior derecha) vemos a Cristo como Juez Supremo, ante la llamada del cual se levantan los muertos de sus tumbas. Es el inicio del Juicio Final, anunciado por los cuatro ángeles que tocan las trompetas. El estruendo de su anuncio es terrible, puesto que vemos cómo algunos de los difuntos se llevan las manos a los oídos, espeluznados. Con ello, El Bosco quiere transmitirnos la idea de lo terrible del juicio divino.
En la tercera escena (esquina inferior izquierda), tenemos una de las dos opciones postmortem: el Infierno. El Bosco lo recrea como un averno sin luz, iluminado tenuemente por un enorme incendio. En la escena, los demonios infringen los castigos a los condenados: vemos como una especie de cocodrilos se lanzan a devorar a una pareja lujuriosa que está en la cama; a otro demonio enseñando un espejo a una mujer víctima de la soberbia (que tiene un sapo en los genitales), o a un hombre que se ahoga en un caldero lleno de monedas, purgando así su pecado de avaricia.
Finalmente, en la cuarta escena (esquina inferior derecha), podemos ver la opción de los que no han cometido pecados, el Paraíso. A los bienaventurados (las almas justas), desnudos como símbolo de pureza, los recibe San Pedro, mientras un coro de ángeles toca instrumentos alrededor de Cristo. San Miguel, con la cruz en alto a modo de espada, sacude a un demonio que intenta llevarse por la muñeca a una mujer.
Conclusiones
La tabla de los pecados capitales de El Bosco es un magnífico resumen de la ideología y la moral de la época. En ella se expresa claramente cómo solo a través de las buenas acciones el ser humano puede alcanzar el Paraíso tras la inevitable muerte. Así, la condena eterna queda en manos del albedrío humano, que es libre de escoger su destino.
La obra funciona como una advertencia que, a nosotros, seres del siglo XXI, puede parecernos cruel y oscura. Sin embargo, no era nada inusual que las familias pudientes tuvieran este tipo de obras en sus hogares. De hecho, esta tabla fue adquirida por el rey Felipe II de España, que la tenía en tanta estima que la conservó en sus aposentos privados.
Meer(S.Rey) — El protagonismo de las uñas en la belleza ha perdurado por aproximadamente 3.000 años, formando parte esencial de las prácticas para embellecer al ser humano. Estas han sido y siguen siendo protagonistas en la expresión de la belleza, evolucionando por los vaivenes de la moda en colores, formas y hasta convertirse en una profesión reconocida a nivel mundial.
El tratamiento de las uñas no solo aborda la cuestión estética, sino también el cuidado físico. Profesionales como podólogos y manicuristas desempeñan roles cruciales en el cuidado y realce de las uñas. La manicura, generalmente enfocada en el diseño y la creatividad, puede tener un impacto positivo en la autoestima, especialmente en casos de onicofagia.
Por otro lado, la podología se ocupa de aspectos más específicos como callosidades, durezas y uñas deformadas, proporcionando educación sobre el cuidado de uñas y pies.
La evolución de las uñas a lo largo de la historia ha sido marcada por transformaciones significativas. A principios del siglo XX, la influencia de la incipiente industria automotriz se reflejó en la incorporación de pinturas en la industria de la belleza de uñas. En 1925, el color rosa causó furor entre las mujeres estadounidenses, marcando un hito en las preferencias estéticas.
Durante los años 30, hizo su entrada triunfal el rojo, consolidando la manicura como el sector más sólido de la industria de la belleza en la década de 1950.
Fue en los años 50 cuando las célebres uñas postizas surgieron de manera inesperada.
El dentista Frederick Slack, al enfrentarse al desafío de reparar una uña rota, utilizó material dental, dando origen a esta innovación.
La llegada del cine en Hollywood en los años 70 catapultó la expansión de la moda de las uñas, abriendo camino a nuevas tendencias introducidas por artistas influyentes como Madonna en las décadas de 1980 y 1990.
El auge de las redes sociales y YouTube catapultó la popularidad del arte de las uñas, convirtiendo esta destreza en una profesión muy reconocida y apreciada en la actualidad.
La belleza de las uñas ha alcanzado tal importancia que, actualmente, el sector de la moda considera esencial reconocer sus tendencias.
Modelos, artistas, figuras públicas y la sociedad incorporan activamente en sus estilos la forma de llevar sus uñas.
A través de las diferentes épocas, las uñas han ocupado un lugar central en los cánones de belleza, experimentando variaciones significativas en su longitud. Si bien ha habido periodos en los que las uñas cortas eran favorecidas, en la actualidad presenciamos una prominente inclinación hacia las uñas de longitud XXL.
Esta transformación en la percepción de la belleza a lo largo del tiempo refleja la dinámica naturaleza de las preferencias estéticas.
En la reciente entrega de los Globos de Oro 2024, Jennifer Aniston y Margot Robbie optaron por uñas cortas y colores clásicos, evocando una elegancia atemporal.
En contraste, Selena Gómez eligió deslumbrar con uñas largas en un audaz tono negro; Taylor Swift destacó con uñas largas de efecto cromado que resplandecían de manera notable, complementando perfectamente su elección de vestuario esa noche. Estos ejemplos evidencian las diversas formas en que las uñas pueden adaptarse, ofreciendo un espectro multifacético de estilos.
En la actualidad, la profesión ha experimentado un impacto significativo, transformando a quienes ejercen como manicuristas en auténticos artistas de uñas, conocidos como Nails Arts, y convirtiéndolos en figuras públicas gracias a su colaboración con celebridades.
Entre los artistas más reconocidos se encuentran Chaunlegend, responsable de embellecer las manos de una de las Kardashian; Tom Bachik, destacado por su trabajo con Selena Gómez; Betina Goldstein, cuyo estilo más sobrio ha dejado huella, incluso al realizar las uñas para la celebración de los Globos de Oro de Margot Robbie; y, por último, Mei Kawajiri, conocida por su versatilidad en los diseños y su participación en diversas campañas publicitarias.
Estos profesionales no solo son expertos en su oficio, sino que también se han convertido en referentes de la moda y la belleza.
Este 2024 presenta tendencias como uñas con letras sobre una base de color natural, tipografías que van desde góticas hasta más sencillas, y efectos 3D mediante aplicaciones o gel, con toques cromados. Las uñas metálicas o con efecto cromado también adoptan colores más intensos como el gris o verde oscuro en diseños llamativos.
La estética coquette sigue reinando con uñas en tonos rosados vibrantes y efectos románticos como lazos y perlas. Las uñas rojas, clásicas y atemporales, se llevan en esta temporada con uñas más cortas. Finalmente, las uñas francesas mantienen su estilo convencional con una línea más delgada o la opción de una línea flotante hacia el centro, ideal para aquellos que buscan un estilo más sutil.
Como se puede observar, la belleza de las uñas ha sido y seguirá siendo parte de la tendencia de moda del momento, y en algunos casos, constituye un elemento esencial para definir el propio estilo y mejorar la autoestima.