Baby Boomers: los grandes testigos de la historia …

Yo nací en 1963, casi al final de lo que demográficamente se conoce como la cohorte demográfica de los/as Baby Boomers1, la generación que conforman todos los hombres y mujeres nacidos entre 1946 y 1964.
En la actualidad los/as Baby Boomers son, sin exagerar el núcleo poblacional que más hechos históricos, cambios tecnológicos y fenómenos naturales ha visto, más que cualquiera otra en la historia de humanidad, una generación única.
Considerando los rangos de edades que a la actualidad abarca la generación Baby Boomer, se estima que corresponde a cerca de un 15% de la población mundial. Su nombre “Baby Boom” surge de que los “Boomers” nacieron durante la explosión de natalidad que se dio posterior a la Segunda Guerra Mundial.
De lo que se concluye que prácticamente lo único que ha presenciado la generación de los Baby Boomers es una Guerra Mundial.
Aunque sí presenció lo que pudo haber sido el inicio de una: la Guerra de los Misiles de Cuba en 1962, el inicio y fin de la Guerra Fría, y los grandes conflictos bélicos de la segunda mitad del Siglo XX, entre los que destacan: la Guerra de Corea (1950-1953), la Guerra de Vietnam (1955-1975), la Guerra de las Malvinas (1982), la Guerra del Golfo (1990-1991), la Primera y Segunda Guerra del Congo, la Guerra de Kosovo; por citar unas cuantas. Ver el Anexo: Conflictos bélicos del siglo XX.

Asimismo, recién entrado el Siglo XXI: la Guerra Contra el Terrorismo, que por increíble que parezca, aún continúa; además de: la Guerra de Afganistán, la Guerra de Irak, la Guerra del Líbano del 2006, la Guerra contra el narcotráfico en México (que también continua), el Conflicto de la Franja de Gaza de 2008-2009; de nuevo, por citar unos cuantos.
Y más recientemente, la Guerra entre Israel y Hamás que inició en el 2023 y recrudeció este 2024 y por su supuesto la Guerra de Ucrania que aún continúa y junto con la de Israel contra Hamás, no se sabe cuándo terminara. Ver el Anexo: Conflictos bélicos del siglo XXI.
Bueno, pero numerosos conflictos bélicos no es lo único que los Baby Boomers han presenciado. También más cambios tecnológicos que ninguna otra generación en la historia humana.
Empecemos por la invención del transistor por los Laboratorios Bell en 1947 y su posterior desarrollo, innovación y miniaturización a mini transistores, posteriormente a micro transistores y actualmente a nano transistores.
El horno de microondas: en 1947 salió al mercado el primer horno comercial de microondas que era un monstro de 1,60 m de altura y 80 kg de peso y cuyo magnetrón (unidad que produce las microondas) se refrigeraba con agua, de modo que era necesario instalar un circuito especial para ese propósito; sin mencionar que su precio era elevado, de alrededor de US$5000.
Hoy día la tecnología de microondas no solo se utiliza en hornos de cocina, también en la Internet por satélite y en la comunicación entre aparatos tecnológicos que utilizan WiMAX.
A propósito, tanto la Internet como los satélites de comunicación y la tecnología WiMAX son desarrollos tecnológicos que han visto nacer los actuales Baby Boomers. Ver las Tecnologías que revolucionaron el Siglo XXI4.
Y, ¿qué hay de los hechos históricos presenciados por los Baby Boomers a partir de 1946? Podemos considerar todo lo sucedido durante 1950 a 2024, y hasta 2030 (2030 se refiere a las predicciones y otros eventos notables que podría ocurrir en esa década).
O sea, los que los Baby Boomers de los últimos años de la generación podríamos presenciar en un futuro cercano.
Como reflexión y corolario: los padres y abuelos de los Baby Boomers actuales nos contaron sobre la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, de lo que el fanatismo y el nacionalismo exacerbado puede causar a la humanidad, de lo que fue el ferrocarril, el telégrafo, el teléfono alámbrico y la televisión en blanco y negro, y otras cosas de su época.

Nosotros le contamos a nuestros hijos y nietos, porque lo vimos: cómo la sabiduría de un líder carismático evitó una Guerra Nuclear y la posible extinción de la raza humana; de que, a pesar de la advertencia de nuestros abuelos el fanatismo y el nacionalismo exacerbado, continúan hoy día con el agravante de las falsas noticias y memes de internet (cosa que no existía en tiempos de nuestros abuelos); de cómo surgieron las telecomunicaciones (comunicaciones inalámbricas); de cómo un teléfono inteligente actual tiene mas potencia de procesamiento, velocidad y memoria que toda la tecnología que llevó al Apolo XI a la Luna; de cómo se estableció la televisión a color y evolucionaron los televisores de transistores a pantallas planas, televisores inteligentes, 4K, 5G, y ¿…?; de qué era un diskette, un casete, un betamax o un ‘Atari’.
Y si les comentamos que la primera computadora comercial con teclado y monitor, la IBM 5150 costaba desde $1565 (16KB de memoria) hasta $20 000 (640KB de memoria), que tenía un procesador Intel 8088 @ 4,77 MHz y que no tenía “ratón”, seguramente pensarán: ¡se está burlando de mí!
nuestras charlas nocturnas.
Se descifra una parte sexy del manuscrito Voynich …

Ancient Origins(K.Brewer) — El manuscrito Voynich ha desconcertado y fascinado durante mucho tiempo a los historiadores y al público. Este documento de finales de la Edad Media está cubierto de ilustraciones de estrellas y planetas, plantas, símbolos del zodíaco, mujeres desnudas y fluidos azules y verdes. Pero el texto en sí, que se cree que es obra de cinco escribas diferentes, está cifrado y aún no se comprende
En un artículo publicado en Social History of Medicine, mi coautora Michelle L. Lewis y yo proponemos que el sexo es uno de los temas detallados en el manuscrito y que el diagrama más grande representa tanto el sexo como la concepción.

– Sexología y ginecología tardomedieval
La investigación sobre el manuscrito Voynich ha revelado algunas pistas sobre sus orígenes. La datación por carbono proporciona una probabilidad del 95% de que las pieles utilizadas para elaborar el manuscrito provengan de animales que murieron entre 1404 y 1438. Sin embargo, su primer propietario conocido con seguridad fue un asociado del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Rodolfo II, que vivió entre 1552 y 1612, lo que deja falta más de un siglo de propiedad.
Ciertas ilustraciones (los símbolos del zodíaco, el diseño de una corona y una forma particular de la muralla del castillo (llamada merlón cola de golondrina) indican que el manuscrito fue elaborado en las áreas culturales del sur de Alemania o del norte de Italia.
Una sección contiene ilustraciones de mujeres desnudas sosteniendo objetos adyacentes a sus genitales u orientados hacia ellos. Estos no pertenecerían a un manuscrito únicamente herbario o astronómico. Para dar sentido a estas imágenes, investigamos la cultura de la ginecología y la sexología de finales de la Edad Media, a las que los médicos de la época a menudo se referían como «secretos de mujeres».

Primero, analizamos al médico bávaro Johannes Hartlieb (alrededor de 1410-1468), que vivió en la época y el lugar en que se realizó el manuscrito Voynich.
Hartlieb escribió sobre plantas, mujeres, magia, astronomía y baños. También recomendó el uso de “letras secretas” (como una cifra, un alfabeto secreto o similares) para ocultar recetas y procedimientos médicos que puedan resultar en anticoncepción, aborto o esterilidad.
Aunque su alfabeto secreto no ha sobrevivido, analizar su obra nos ha ayudado a comprender las actitudes que habrían inspirado el uso del cifrado en su momento. Por ejemplo, Hartlieb sentía un fuerte temor a que los “secretos de las mujeres” se hicieran ampliamente conocidos. Le preocupaba que sus escritos pudieran facilitar las relaciones sexuales extramatrimoniales y que Dios lo condenara si esto sucediera.
En sus escritos no cifrados, se niega o duda en escribir sobre ciertos temas, como los ungüentos vaginales posparto, el placer sexual de las mujeres, las afirmaciones de las mujeres que dan a luz a animales, las posiciones coitales «correctas» para la concepción, los cambios en la libido. asesoramiento dietético e información sobre plantas venenosas, alucinógenas, anticonceptivas o abortivas.
Al escribir para aristócratas masculinos en bávaro vernáculo (en lugar de latín académico), Hartlieb dice que ese conocimiento debería restringirse a los trabajadores sexuales, los plebeyos, los niños y, en algunos casos, a las propias mujeres, que se estaban volviendo cada vez más alfabetizadas.
Como hombre que valoraba el matrimonio heterosexual y la “modestia” de las mujeres, y que condenaba la lujuria, la promiscuidad y la prostitución, era perfectamente convencional para su entorno.
– Censura
Si tales actitudes estaban muy extendidas entonces, ¿lo estaba también la censura de los secretos de las mujeres? La respuesta corta es sí.
Durante nuestra investigación, decodificamos varias cifras de este período (pero ninguna del manuscrito Voynich). El más largo era un cifrado de 21 líneas del norte de Italia de finales de la Edad Media que ocultaba una receta con usos ginecológicos, incluido el aborto.
También encontramos muchos ejemplos de autores que se autocensuran o de lectores que borran o destruyen información en textos ginecológicos y/o sexológicos. Los censores a menudo sólo ocultaban unas pocas palabras, generalmente términos genitales o nombres de plantas en recetas, pero a veces eliminaban páginas o capítulos enteros.
Un manuscrito bávaro incluye recetas para la invisibilidad y hechizos mágicos para coaccionar sexualmente a las mujeres, tras lo cual se eliminaron dos páginas. El censor escribe que esta eliminación se hizo «no sin razón».
– Las rosetas
Al analizar las ilustraciones de Voynich a través de esta lente, proponemos que las Rosetas, la ilustración más grande y elaborada del manuscrito, representan una comprensión medieval tardía del sexo y la concepción.
Nuestra propuesta está en consonancia con la cultura patriarcal de la época y resuelve muchas de las aparentes contradicciones del manuscrito. También nos permite identificar varios de los rasgos de la ilustración.

En la época medieval tardía se creía que el útero tenía siete cámaras y la vagina dos aberturas (una externa y otra interna).
Creemos que los nueve grandes círculos de las Rosetas los representan, con el círculo central representando la abertura exterior y el círculo superior izquierdo representando la abertura interior. Los ocho círculos exteriores tienen bordes lisos ya que representan la anatomía interna, mientras que el círculo central tiene un borde con forma ya que representa la anatomía externa.
Abu Bakr Al-Rāzī, un médico persa que influyó en la medicina europea de finales de la Edad Media, escribió que existen cinco pequeñas venas en las vaginas de las vírgenes. Los vemos corriendo desde el círculo superior izquierdo hacia el centro.

Los médicos de aquella época también creían que para la concepción eran necesarios un componente masculino y uno femenino, y a ambos se les llamaba «esperma». Estos se muestran en amarillo (masculino) y azul (hembra). Se pensaba que las mujeres obtenían placer del movimiento de los dos espermatozoides en el útero, que se representa a través de líneas y patrones.
También se pensaba que el útero tenía dos cuernos o púas, que podemos ver en los círculos superior derecho e inferior derecho.

Los castillos y las murallas de la ciudad pueden representar un juego de palabras con el término alemán schloss, que tenía significados que incluían «castillo», «cerradura», «genitales femeninos» y «pelvis femenina».

Y los dos soles en el extremo superior izquierdo e inferior derecho probablemente reflejan la creencia de Aristóteles de que el Sol proporciona calor natural al embrión durante su desarrollo temprano.

Si bien muchas características de la ilustración aún están por comprenderse, nuestra propuesta merece un examen minucioso. Esperamos que futuras investigaciones sobre el manuscrito lo aborden a través de una lente similar. Quizás, con suficientes pistas, podamos encontrar una manera de decodificar finalmente este texto esquivo.
nuestras charlas nocturnas.
Los experimentos soviéticos para conseguir un híbrido de hombre y simio que inspiraron una ópera inacabada de Shostakovich …

L.B.V.(J.Álvarez) — En 1932, Dimitri Shostakovich, uno de los compositores más importantes del siglo XX, empezó a escribir una ópera satírica que finalmente dejó inacabada. Su título, Orango, hace referencia al nombre del inaudito protagonista de un argumento casi surrealista sobre la vida de un periodista parisino, híbrido de hombre y simio.
Tan insólito planteamiento se hacía eco de unos controvertidos experimentos de cruce humano-animal, realizados en la Unión Soviética de los años veinte por el biólogo Iliá Ivánovich Ivanov.
Shostakovich, que por entonces era muy joven, veintiséis años, había acometido la composición de Orango por encargo del Teatro Bolshoi, para conmemorar el décimoquinto aniversario de la Revolución de Octubre.
Por tanto, la premisa era poner como tema de fondo «el crecimiento humano durante la revolución y la construcción socialista» y, así, la ópera fue concebida como una sátira contra la prensa burguesa. Se puso manos a la obra en la música mientras Aleksei Tolstoi y Aleksander Starchakov, escritores especializados en fantasía y ciencia ficción, se ocupaban del libreto.
El tema de la hibridación estaba por entonces muy de moda, como demuestra la producción artística rusa de aquella época.
En 1929 Shostakovich ya había puesto acompañamiento musical en el estreno de la obra teatral La chinche, del dramaturgo Vladímir Mayakovski, en la que su protagonista despierta cincuenta años después de quedar congelado para encontrarse una sociedad comunista ideal que contrasta con su triste mundo anterior.
Consecuentemente, es visto como un rara avis desubicado e inadaptado, siendo una chinche que había revivido con él su única compañera.

Asimismo, el literato y médico Mijaíl Bulgákov escribió en 1925 Corazón de perro, una novela corta en la que un científico injerta a un perro vagabundo los testículos y la hipófisis de un trabajador fallecido en unos disturbios.
La obvia alusión, insólitamente crítica, al novy sovietski chelovek («nuevo hombre soviético», el arquetipo de ciudadano socialista definido por Trostski en su libro Literatura y revolución), provocó que la obra fuera prohibida hasta 1987 (aunque circuló como samizdat, es decir, clandestinamente) y contribuyó a la caída en desgracia del autor, considerado desleal al régimen.
El propio Alexander Starchakov había publicado un cuento sobre un embriólogo francés que experimentaba con cruzar humanos y simios. Junto a Tolstoi (quien era pariente lejano del célebre León Tolstoi, el autor de Guerra y paz y Ana Karenina, así como del también escritor Iván Turgenev), concibió un libreto en tres actos y un prólogo para un argumento en el que Orango, un híbrido de hombre y simio creado por un biólogo francés, lucha en la Primera Guerra Mundial, se hace periodista, compra un periódico, especula en la Bolsa y viaja a la URSS, desarrollando un intenso odio hacia el comunismo y los trabajadores.

A lo largo de su vida, Orango va acentuando su parte simiesca, animal: se casa en París con una emigrante rusa, viola a su hermanastra, se arruina en el crack de 1929 y termina vendido por su esposa a un circo de Moscú, pasando el resto de su existencia en una jaula. En suma, una alegoría crítica y sutil del capitalismo, tal como se pedía.
El problema fue que mientras Shostakovich avanzaba rápidamente con la música aprovechando piezas e ideas anteriores, el libreto acumuló retrasos y el proyecto terminó cancelado, no se sabe si por haber pasado la efeméride revolucionaria o por quedar superado el tema.
Tolstoi, que abrazó el comunismo tras unos inicios dubitativos, tendría una próspera carrera literaria frente a Starchakov, que considerado desafecto sería fusilado en 1937, durante la Gran Purga. Shostakovich nadó en la ambigüedad, ora represaliado, ora aclamado, hasta que en 1960 decidió ingresar en el Partido Comunista y se acabaron sus problemas (incluso llegó a ser diputado del Sóviet Supremo).
Dedicó todo su esfuerzo a otra ópera, Lady McBeth de Mtsensk, y lo que se había hecho de Orango hasta entonces, unos pocos textos y trece páginas de música sólo en piano, languideció olvidado hasta 2004.

Ese año, su viuda, Irina, acompañada de la musicóloga Olga Digonskaya, lo encontraron en un archivador de cartón conservado en el Museo Central Estatal de Cultura Musical de Glinka, en Moscú.
Había llegado hasta allí gracias a una curiosa serendipia: un amigo de la familia se lo había apropiado, tras sobornar a una criada de los Shostakovich para que le entregara los originales que desechaba el compositor, y de alguna forma terminó entre los fondos del museo junto a otros cientos de papeles.
Y así, la viuda encargó al músico británico Gerard McBurney la orquestación de aquellos cuarenta minutos de su marido (procurando imitar su estilo), de modo que, finalmente, Orango se estrenó en Los Angeles en 2011.
Pero esta historia no se habría producido sin tener una base contextual. En 1929, Shostakovich visitó -y recomendó como «espectáculo que vale la pena ver»– el laboratorio de Sujumi, una ciudad de la costa del Mar Negro que hoy es capital de la República de Abjasia (un estado reconocido sólo a medias porque lo reclama Georgia para su región homónima).
Allí se llevaban a cabo experimentos de investigación con primates bajo la dirección de Iliá Ivánovich Ivanov, un biólogo que gozaba de gran prestigio por su éxito en la inseminación artificial aplicada a los caballos.
Ivanov, natural de Shchigry (una urbe de la Gobernación de Kursk), donde nació en 1870 en el seno de una familia de clase media acomodada -su padre era funcionario del tesoro local-, abandonó la Universidad de Moscú, donde cursaba la carrera de Historia Natural, su primera vocación, para matricularse en Biología en la de Járkov, graduándose en 1896. Completó su formación en laboratorios biológicos de San Petersburgo, Ginebra y París, trabajando luego en diversas instituciones veterinarias estatales hasta fundar un laboratorio propio en Sujumi.

Su especialidad era la reproducción y cruce de razas, orientadas al sector ganadero. Como decíamos, en ese campo obtuvo un notable éxito al conseguir fertilizar a medio millar de yeguas con un único semental (lo normal era que un caballo fertilizase sólo a veinte o treinta hembras), lo que llevó a que criadores de todo el mundo le visitaran en busca de ayuda.
También empleó la inseminación artificial para obtener híbridos domésticos: el cebroide (mezcla de cebra y burro), el zubrón (de bisonte y vaca) y muchos más salidos de cruzar antílope con vaca, ratón con rata, ratón con cobaya, cobaya con conejo, conejo con liebre, etc.
Ya dijimos que ese campo científico, que empezaba a andar en el primer cuarto del siglo XX, se volvió muy popular. No sólo en la Unión Soviética, sino también en otros países como Francia, donde el doctor Serge Vóronov trasplantaba tejido de testículos de chimpancés y babuinos a hombres para curarles la impotencia (o glándulas tiroides, si ése era su padecimiento), y EEUU, país en el que John Romulus Brinkley hacía otro tanto pero empleando genitales de macho cabrío.
Cabe apuntar, por cierto, que Vóronov fue el modelo del mencionado Mijaíl Bulgákov para el personaje del profesor Preobrazhenski, de su también reseñada novela Corazón de perro.
El caso es que, entre 1926 y 1927, Iliá Ivanov había dirigido una expedición a África occidental con la idea de conseguir ejemplares para realizar experimentos sobre la hibridación con grandes simios. De ese modo, sus instalaciones de Sujumi contaron con sus propios animales y permitieron que diera el salto de los equinos a los primates. Y
a en 1910, durante una conferencia en el Congreso Mundial de Zoólogos celebrado en Graz (Austria), había especulado con la posibilidad de conseguir un híbrido de humano y primate, y en 1924 recibió permiso del gobierno francés para capturar chimpancés en la Guinea Francesa. Ayudado por su hijo, reunió trece y procedió a inseminar con esperma humano -donado por voluntarios- a tres hembras.

No obtuvo resultados, evidentemente, así que se le ocurrió probar al revés; al prohibírselo el gobierno galo, regresó con su nuevo cargamento a Sujumi, donde sí recibió permiso de Nikolái Gorbunov, secretario personal de Lenin y jefe del Departamento de Instituciones Científicas del Comisariado del Pueblo para Educación y Ciencia.
Le apoyó entusiásticamente la Sociedad de Biólogos Materialistas, grupo dependiente de la Academia Comunista (una institución dedicada a la investigación en múltiples campos: biología, matemáticas, filosofía, derecho, historia, literatura, arte, lengua, economía, política…).
Se estimó que harían falta cinco voluntarias, pero el proyecto se retrasó porque sólo había un simio macho adulto, un orangután, que murió en el verano de 1929, justo cuando iba a comenzar el experimento, lo que obligó a esperar una nueva remesa de chimpancés prevista para el año siguiente.

Lamentablemente para él, se habían producido cambios en el panorama político; el quincuagésimo cumpleaños de Stalin supuso la instauración de un culto a su persona que le dotó de mayor poder personal y favoreció la aplicación de una serie de reformas -el Gran Giro- para industrializar el país, mejorar la economía y terminar definitivamente con la propiedad privada.
Todo ello supuso también la supresión de los kulaks y una limpieza ideológica en varios sectores. El científico fue uno de ellos; Gorbunov fue redestinado a otro puesto y con su marcha, muchos investigadores se quedaron sin apoyo, incluyendo a Ivanov, que de pronto empezó a ser visto como un excéntrico sospechoso.
Arrestado a mediados de diciembre de 1930, le condenaron a cinco años de destierro en Alma Ata, la por entonces capital de la República Socialista Soviética de Kazajistán, donde encontró trabajo en el Instituto Veterinario-Zoólogico local.
No duró mucho más, pues un derrame cerebral puso fin a su vida año y medio después, en la primavera de 1932.
Como dato curioso se puede añadir que Iván Pavlov (el famoso fisiólogo que en 1901 había formulado la ley del reflejo condicionado estímulo-respuesta) colaboró en la redacción de su obituario, que se publicaría en 1933 en la revista Nature, y envió una carta a su viuda en la que le decía: Es imposible no llorar la muerte prematura de una figura de la ciencia y la práctica como Iliá Ivánovich.
nuestras charlas nocturnas.
El misterioso origen de la palabra “abracadabra” y sus diversos usos a lo largo de la historia …

BBC News Mundo — Abracadabra es una palabra peculiar.
Quizás no recuerdas con exactitud cuándo la escuchaste por primera vez, pero probablemente fue en tu infancia.
Tal vez, te la presentaron como una palabra mágica cuando apenas estabas aprendiendo qué era la magia; pronto entendiste que apenas se pronunciaba ocurría algo inesperado: aparecían o desaparecían cosas, cambiaban de forma o color o se movían solas.
Sin ser una palabra cotidiana, se fijó en tu mente, como en la de innumerables niños en todo el mundo, pues forma parte del vocabulario de tantas lenguas que se ha dicho que precede a la bíblica Torre de Babel.
Lo que seguramente nadie te dijo fue qué significaba… porque nadie lo sabe a ciencia cierta. Si consultas el Diccionario de la Real Academia, por ejemplo, te dice qué es, pero no qué significa: «Palabra cabalística a la que se atribuyen efectos mágicos».
Y ese no es el único enigma. Como señala el prestigioso Oxford English Dictionary desde su primera edición de 1884, el origen de la palabra abracadabra es «desconocido». Eso no ha evitado que a lo largo de los siglos los expertos hayan intentado develar el misterio, elaborando numerosas teorías.
– De la Biblia a una constelación
Varias conjeturas sitúan el origen de abracadabra en el inicio de la tradición judeo-cristiana. La esotérica palabra podría derivarse de frase hebreo-aramea avra gavra, que, según el Antiguo Testamento, fue lo que Dios dijo en el sexto día: «Crearé al hombre».
Pero esa es sólo una de las posibilidades. Otra dice que quizás provenga del arameo avra c’dabrah o del hebreo abra kedobar, que significan «creo con la palabra» o «sucedió tal como fue dicho«.
Se trata de «una máxima talmúdica que expresa la creencia de que el habla tiene el poder de causar que el mundo exista”, explicó Alan Lew en su libro «This is real…» («Esto es real…»). Así que el mero hecho de pronunciar una palabra o nombrar algo puede instigar su creación.
Otros expertos también creen que abracadabra viene del arameo y el hebreo, pero consideran que el significado es completamente distinto, como por ejemplo, «desaparece como esta palabra«(abhadda kedkabhra) o «lanza tu rayo hasta la muerte» (abreq ad habra).

Hay más búsquedas de significado que siguen la hipótesis de que abracadabra proviene de esas lenguas semíticas, pero también otras que toman rutas diferentes.
Entre las muchas recogidas por Criag Conley en el libro «Palabras mágicas: un diccionario», está desde la que sostiene que Abracadabra era la deidad suprema de los asirios, hasta la que dice que es una corrupción del nombre del padre del álgebra, Abu Abdullah abu Jafar Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi, el matemático árabe del siglo IX.
O incluso la de que abracadabra es una frase formulada por los antiguos astrónomos para describir la constelación del Tauro, según aseguró el astrónomo Samson Arnold Mackey en 1822.
Podríamos seguir, pero al final no hay más que debate sin consenso pues, como sentencia el Oxford English Dictionary, «no se ha encontrado documentación que respalde ninguna de las diversas conjeturas».
No obstante, el que abracadabra sea una de esas palabras que se volvió «ininteligible para los herederos de la tradición, a menudo ignorantes de su sentido y lengua originales», como señaló el académico Joshua Trachtenberg, terminó siendo una virtud.
«Es tan poco necesario que la palabra mágica posea algún sentido inteligible que la mayoría de las veces se considera eficaz en la medida en la que es extraña y sin significado, y se prefieren, en particular, las palabras de lenguas extranjeras e incomprensibles», escribió el académico Benno Jacob en «Im Namen Gottes» («En nombre de Dios»).
Así, exótica y carente de significado, pero más potente por esa razón, abracadabra ha estado presente en la historia durante siglos. Y siempre se esperó mucho de ella.
– Poder trascendental

Mucho antes de que sirviera para hacer aparecer conejos en sombreros de copa vacíos, abracadabra se usaba para cosas más mundanas, como espantar a los demonios y a la muerte, y hacer frente a las enfermedades.
Su primer uso conocido aparece en los fragmentos que han llegado hasta nuestros días del «Liber medicinalis» del siglo III d.C. (también conocido como «De Medicina Praecepta Saluberrima«).
Es obra de Sereno Sammónico, de quien no se sabe mucho pero sí era considerado sabio y fue médico del emperador romano Caracalla.
Entre los tratamientos, remedios y antídotos de su libro, hay uno para «la mortal fiebre que los griegos llamaban ‘hemitritaion‘».
«La palabra nunca ha sido traducida al latín, ya sea porque la naturaleza del idioma no lo permite o porque los padres, creyendo que hacerlo sería perjudicial para sus hijos, no han querido darle un nombre», escribió Sammónico.
Se refería a lo que hoy conocemos como malaria, que devastó la antigua Roma.
Para curarla, recomendaba:
«Escribe en una hoja (de papiro) la palabra ABRACADABRA, repítela debajo, pero omite la última letra, de modo que cada vez faltarán más letras individuales en las líneas (…) hasta que quede una sola letra como el extremo estrecho de un cono.
«Recuerda sujetarlo al cuello con un hilo de lino».

La idea era que la enfermedad iría desapareciendo como desaparecía la palabra abracadabra.
Sammónico también recetó untarse el cuerpo con grasa de león o usar la piel de un gato doméstico adornada con joyas para protegerse de esas fiebres, pero lo que pervivió fue el uso de la curiosa palabra, de la que hay rastros en varias culturas y lugares.
Aparece, por ejemplo, grabada en algunas de las piedras de Abraxas que los basilideanos, la secta gnóstica del siglo II fundada por Basílides de Alejandría, usaban como talismanes.
Era parte de una fórmula mágica para invocar la ayuda de espíritus benévolos para combatir enfermedades y tener buena fortuna.
También aparece en «El árbol del conocimiento» (Etz ha-Da’at), un pequeño códice escrito por Eliseo ben Gad de Ancona en la Italia del siglo XVI.
El primero de los encantamientos que aparece en ese libro es una «cura del cielo» para «toda clase de fiebre», y comienza diciendo:
«Av avr avra avrak avraka avrakal avrakala avrakal avraka avrak avra avr av»
Como señala Zsofi Buda en el blog de la Biblioteca Británica, es fácil descubrir en este hechizo la mágica palabra “abracadabra”.

Como en muchos otros lugares, en Inglaterra, ya bien entrado el siglo XVIII, abracadabra seguía dando esperanzas de curación, como señalaba en su libro «El diario del año de la peste» de 1722 el autor de «Robinson Crusoe» Daniel Defoe.
Lamentaba que la gente confiara en engaños «como si la peste (bubónica) no fuera más que una especie de posesión de un espíritu maligno», recurriendo a supersticiones para alejarlo, entre ellas «papeles atados con tantos nudos; y ciertas palabras o figuras escritas en ellos, particularmente la palabra Abracadabra, formada en triángulo o pirámide«.
Quienes confiaban en los talismanes aún seguían las instrucciones dadas siglos atrás por Sereno Sammónico: los usaban durante nueve días y luego los desechaban, arrojándolos sobre el hombro izquierdo antes del amanecer en un arroyo que fluyera de oeste a este.
Todo en vano. «Cuántos pobres fueron después llevados en los carros de muertos y tirados en fosas comunes con esos infernales dijes colgados de sus cuellos», escribió Defoe.
Había también quienes llevaban amuletos con la pirámide apuntando hacia arriba, para atraer a la buena fortuna. A principios del siglo XIX, con el surgimiento de la obsesión británica por el espiritismo, el famoso ocultista inglés Aleister Crowley decidió apropiarse de la palabra mágica.
Reconstruyó abracadabra mediante una reformulación cabalística como «abrahadabra» en su obra «El Libro de la Ley», en el que esbozó los principios básicos de su nueva religión, Thelema. Según él, abracadabra era «la Palabra del Eón, que significa La Gran Obra cumplida».
Ya para entonces, la palabra había ido perdiendo sus supuesto poder curativo, pero al mismo tiempo había ido adquiriendo otro, al ser incorporada por los magos en sus repertorios. Así, como por arte de magia, desde las primeras décadas de 1800, abracadabra se convirtió en ese encantamiento que tantos conocemos desde niños.
nuestras charlas nocturnas.
Los crímenes de Heliogábalo …

Jotdown(R.D.Caviedes) — La historia, que con la edad se vuelve indulgente, a menudo perdona a sus malos y los trasunta, para poder digerirlos, en simples chistes. Un buen ejemplo lo tenemos en los emperadores romanos que por lunáticos, feroces o simples gilipollas suelen tenerse por responsables, por no decir culpables, de la caída del imperio.
El césar Cómodo, por ejemplo, ejerció a la vez de emperador y de gladiador, que dicho así no parece gran cosa pero resultó a sus tiempos, para hacernos una idea, como resultaría a los nuestros que el presidente del gobierno hiciera pressing catch. De Nerón, por su parte, se dice que calcinó Roma hasta los cimientos y de Calígula, que nombró cónsul a su propio caballo.
La historiografía de andar por casa, que a los hechos atiende lo mismo que al Trivial, a Saber y Ganar y a las pelis de Ridley Scott, normalmente recuerda a estas tres joyas y a alguna más —como a Galba o Caracalla, por ejemplo— como la encarnación casi alegórica de la caidita de Roma.
Un nombre, no obstante, escapa con frecuencia a sus muchas responsabilidades en el quién es quién de cuando Roma se fue al carajo. Quizás fuese por su brevedad —tan solo gobernó del 218 al 222— o quizá porque el Senado romano condenó su recuerdo a damnatio memoriae —el olvido por decreto—, pero lo cierto que es que hay quien dice que Heliogábalo, que así se llamaba, “fue considerado por la mayoría de los antiguos historiadores como uno de los peores de su clase”.
Sus cuatro años fueron breves, sí, pero intensos. Tanto o más que los de los restantes emperadores cofrades en el top five de la infamia aunque, no obstante, mucho menos recordados. El porqué es bastante sencillo.
Ya en la Historia Augusta —una obra anónima del siglo IV— el autor de la parte de Heliogábalo pide disculpas a los lectores cuando le toca, pobre hombre, repasar un poco por encima las prácticas sexuales del emperador, sobre lo que concluye que es “vergonzoso incluso decirlas”.
En el siglo XV el humanista Elio Lampridio evitó de nuevo abundar en los detalles y se refirió a Heliogábalo como “una bestia […] de lujurias antinaturales”. Y en su Historia de Roma de 1844, el alemán Barthold Georg Niebuhr pareció coincidir con los dos anteriores y escribió sobre los vicios de Heliogábalo que eran sencillamente “demasiado desagradables para aludir a ellos”.

Tan hardcore era Heliogábalo comparado con otros malos de Disney que el recato y el pudor de los historiadores, de hecho, mantuvieron su recuerdo fosilizado a través de la historia como si fuese un mosquito en ámbar.
Y no es para menos, porque en los cuatro años que duró su imperio Heliogábalo ejerció la prostitución, practicó el bondage, ofició sacrificios humanos, se casó con dos hombres, reclutó un ejército de putas, construyó una torre de suicidio e intentó cambiar de sexo quirúrgicamente. Entre otras.
Demasiada modernidad, comprenderán, para el entender cristiano de las cosas, que puesto en lid de balones fuera a la hora de explicar por qué Roma acabó a la remanguillé prefirió recurrir a Nerón —que se pasaba a los cristianos por el arco de Trajano— o a Calígula —cuyos pecados fueron terribles pero como más llevaderos—.
Para hablar de Heliogábalo, no obstante, hay que decir palabrotas o desplegar, si se quiere evitar, un aparato eufemístico que puede funcionar, no les digo yo que no, pero que quedaría, por abundante, como si Paloma Gómez Borrero reseñase la filmografía de Nacho Vidal.
Yacer con, tomar a, etcétera. De modo que su figura, la de Heliogábalo, sólo reapareció a efectos de revisión histórica al final del siglo XIX, que fue la prehistoria de la postmodernidad, cuando Bloomsbury, los románticos y demás tropa decadentista daban al traste con un modelo moral literalmente más viejo que la catedral de Burgos.
Unos lo reivindicaron y otros insistieron, y con razón, en que de poco sirve ser el primer transgénero de la historia o el anarquista coronado, como dijo Artaud, si luego eres el vil y mezquino hijo de una hiena. Y razón no les falta.
– Una historia que empezó mal y siguió regular
Era el año 217 y el emperador Caracalla, que era de Lyon y una bestia parda, según se dice, amaneció asesinado camino de Mesopotamia. Caracalla era el último varón en edad de merecer que le quedaba a la familia Severa y en el romano imperio, quien más quien menos, todo el mundo dio a la dinastía por extinta.
Al trono ascendió un tal Marco Opelio Macrino, de los Macrino de toda la vida, prefecto del pretorio que tenía lo que en nuestra postmodernidad por mortem nosotros llamaríamos un perfil bajo y nuestras abuelas, un tío en Granada, que ni tiene tío ni tiene nada. La tía de Caracalla y matrona de los Severos, no obstante, resultó ser de ascendencia cartaginesa y mujerona que ni Dido en tiempos y dijo que ah no y que sólo faltaba.
No se sabe muy bien cómo pero Julia Maesa, que así se llamaba, consiguió en su destierro en Siria instigar una revuelta en la Legio III Gallica —la legión fundada por Julio César, célebre por su lealtad al trono—, derrocó a Macrino y coronó emperador a su único nieto, Vario Avito Bassiano —de tan solo catorce años—, más conocido como Heliogábalo.
La primera medida del joven emperador, sin que le diese tiempo siquiera de haber entrado en Roma, fue ejecutar al comandante de sus tropas y disolver la legión que lo había aupado al poder. Por si las moscas, ya saben. No vaya a ser que tal.

En su Siria natal Heliogábalo era el sumo pontífice de El-Gabal, un antiguo dios solar semítico encarnado en un betilo —un meteorito sagrado, como La Kaaba islámica— tallado en forma fálica.
Una de las primeras medidas de su gobierno fue la de latinizar el nombre de la divinidad —que pasó a llamar Elagabalus, de ahí Heliogábalo— y llevar la piedra a Roma, en donde decretó su culto sí o sí para jódete y baila, figúrense, de los senadores patricios, que sin comerlo ni beberlo se vieron adorando a un pedrusco con forma de pene.
El historiador romano Herodiano cuenta que lo peor, no obstante, era la indignidad con la que Heliogábalo oficiaba el rito y cómo todo un señor emperador de Roma, ahí es nada, se encaramaba al altar “con autendo afeminado y las tetillas al aire” para deshacerse públicamente en reggaetones sabrosones hacia el pétreo falo aquel.
Los senadores y los funcionarios imperiales eran obligados a presenciar semejante afrenta al panteón romano tradicional sin poder decir, a todo esto, ni un triste hay que joderse. Con que imagínense las caras de póker.
La afrenta, por supuesto, quedó en nada comparado con lo que vendría después. Heliogábalo, ya para empezar, se casó con una sacerdotisa vestal, lo que de provocación al establishment pasaba a ser blasfemia de las gordas porque las vestales eran, y tenían que ser, vírgenes durante treinta años —so pena de morir enterradas vivas—.
Después de con Julia Aquilia Severa lo haría con Julia Cornelia Paula y después con la viuda Annia Faustina, cuyo marido mandó ejecutar a efectos precisamente de esto mismo.
Los matrimonios de Heliogábalo, no obstante, se leen más en clave política, religiosa o de ser underground, porque al emperador adolescente en realidad le ocurría como en la canción de Gurruchaga; que las prefería gordas y no precisamente a las mujeres.
Tan gordas le gustaban que en la Historia Augusta se cuenta que en algún momento instituyó una orden paramilitar, vamos a llamarlo así, con el objetivo de encontrar y reclutar por el romano imperio a los llamados onobelos, remedo helenista en latín coloquial de lo que hoy, sin tanto remilgo y con más cultura porno, podríamos llamar tranquilamente monster cocks, por tirar también de extranjerismo, o señores pollones, que diría Terenci Moix.
Normalmente se conviene que fue así como Heliogábalo conoció primero a Hierocles, un esclavo auriga natural de Esmirna, en la actual Turquía, y después a Aurelio Zotico, un atleta griego famoso en medio imperio y parte del extranjero por lo superlativo, dicho en fino, de su viril anatomía.
Con ambos llegó a casarse y al primero, de hecho, hasta pretendió sin éxito coronarlo césar para considerarse él mismo su emperatriz consorte.
Hombre rubio y dotado que además le daba al emperador bien para el pelo, Hierocles mantuvo con Heliogábalo su relación más duradera. En su Historia Romana, libro LXXX, Dion Casio especifica los términos altamente bondage en los que solían desarrollarse sus amores.
Heliogábalo, en efecto, se refería a Hierocles como su marido y llegó a decir sentirse encantado “de que me llamen la amante, la esposa, la Reina de Hierocles”. Tanto era que al emperador le gustaba y bien la gasolina que con frecuencia se jactaba ante el Senado de los cardenales y moratones que le producía su papito.
De Aurelio Zotico, por su parte, poco se sabe más allá de lo que legase la Historia Augusta; que “gozó de tanto poder que los jefes de las distintas cancillerías lo respetaban como si fuera el marido del emperador” y que su fenomenal cacharro, garante de su fulgurante posición en el star system imperial, dejó un buen día de funcionarle.
Zotico fue desterrado de Roma poco antes del fin del emperador y sería el único entre sus esposas, esposos, amantes surtidos y ocasionales affaires que le acabaría sobreviviendo.

– Un surtido catálogo de vilezas
La trayectoria de Heliogábalo en los que serían sus últimos años de vida deja la de Amy Winehouse a la altura del betún de Judea.
Con frecuencia se advierte, eso sí, que las canalladas del emperador seguramente han sido magnificadas a posteriori, pues su figura no ha despertado nunca las simpatías, por decirlo amablemente, de sus pocos historiadores, empezando por los de la época y siguiendo por los más modernos.
Edward Gibbon dijo de él en 1776 que «se abandonó a los placeres más groseros y a una furia sin control». En 1911 John Stuart Hay lo califica de “psicópata sexual” y Robert Hans van Gulik lo llama “sádico neurótico” en 1974. Nótese, por si acaso no queda claro, que objetividades ni media.
Aun así no es difícil concluir que la afición de Heliogábalo por prostituirse más que las gallinas, vamos a empezar por ésta, pudo venirle en el curso de su pubertad como sumo sacerdote de El-Gabal, una condición que muchos asimilan con la de hieródulo —prostituto sagrado—.
En la Historia Augusta se reseña cómo las prácticas religiosas importadas e impuestas por el emperador abundaban por igual en lo sexual, lo macabro y la gilipollez porque sí. Heliogábalo se empeño en oficiar personalmente los cultos a las divinidades latinas de consagración más guarrindonga —principalmente Venus, Adonis o Cibeles— a la par que organizaba desfiles de la piedra dios en forma de pene, por ejemplo, en un carro tirado por mujeres desnudas.
Las víctimas de sus sacrificios eran con frecuencia seres humanos e incluso “niños de toda Italia, de noble cuna y bella apariencia” en cuyas entrañas después leía los augurios, una costumbre romana de origen etrusco.
Alrededor del año 220, no obstante, Heliogábalo se deja de elaboraciones absurdas y empieza a ejercer la prostitución directamente. Primero sería por Roma, según cuenta la Historia Augusta, en donde “frecuentaba los prostíbulos más notorios expulsando a las prostitutas para hacer él mismo de puta”.
Después se mandaría construir unos baños públicos —léase un lupanar de rica miel— en el propio palacio “y al mismo tiempo abrió al pueblo los de Plauciano, para poder descubrir así las cualidades de los hombres mejor dotados sexualmente”.
Trasladó a palacio “a muchos individuos cuya complexión corporal le había agradado, haciéndoles abandonar el teatro, el circo o el anfiteatro” para después rasurarles los asuntos “usando la misma navaja con la que él se afeitaba” —perversión esta, por cierto, hoy conocida como manscaping—.
Dotó a la corte de un cartel de shows sexuales que ni el Bagdag de Barcelona, ordenando “que en los adulterios que representaban los mimos se realizaran de verdad aquellas escenas que sólo suelen ejercerse de forma fingida» y en una ocasión reunió a las meretrices que pululaban por las inmediaciones del circo hablándolas “como si se tratara de una arenga militar, llamándolas ‘compañeras de armas’ y discutió con ellas sobre las distintas clases de posturas y placeres”.
Finalmente adquiriría la costumbre, angelito, de posar desnudo en una habitación atrezzada a lo puticlub de mala muerte —“con las cortinas descorridas, como hacen las rameras”— desde donde le decía a los que pasaban toda suerte de guarreridas españolas, tipo ven para acá, moreno, que te voy a comer esto y aquello.

Cosa curiosa viniendo de quién acabó siendo el primero en tantas cosas es, precisamente, su afición por la novedad. Se jactaba, por lo visto, de beber sólo en vasos de oro y de no beber dos veces nunca del mismo, y “fue el primero que tuvo marmitas de cocción autónoma y el primero también que tuvo marmitas simples, vasos de cien libras de plata grabados y algunos de ellos deshonrados con figuras muy libidinosas”.
También fue el primero en disponer de colchas de oro, introdujo la novedad gastronómica de la morcilla de pescado —apuesta arriesgada, no me digan que no— y el vino aromatizado. En la Vita Heliogabali se cuenta además que fantaseaba frecuentemente con su propia muerte, mandándose construir una alta torre de suicidio dorada y enjoyada “para que incluso su muerte, declaró, fuese costosa y marcada por el lujo y que se dijera que nadie había muerto nunca tan a la moda”.
Agasajaba a sus invitados con festines y orgías de enorme boato y con tales lluvias de pétalos “que algunos de ellos murieron al no poder salir al exterior”.
También “sentía una pasión especial por los leones y leopardos privados de sus garras”, que mandaba domar hasta convertirlos en mansos pero luego azuzaba contra sus invitados para descojone suyo, se puede imaginar, e infarto de los invitados. Y es que “para él la vida —nos cuenta la Historia Augusta— se reducía a la búsqueda de nuevos placeres”.
La más determinante de sus faltas, no obstante, sería seguramente el poder que las mujeres obtuvieron durante su reino. El gobierno efectivo de Roma, de hecho, se atribuye durante Heliogábalo más al gineceo tras la púrpura que a los propios laureles, especialmente a su tía Julia Mamea, su madre Julia Soemia y su abuela Julia Maesa.
Estas dos, además, serían las primeras mujeres en ingresar en el Senado, condecoradas al efecto con sendos títulos de Clarissima y Mater Castrorum et Senatus. El propio Heliogábalo, de hecho, protagonizó una notoria evolución personal en el curso de su gobierno, empezando por maquillarse “con más exageración que la permitida a una mujer decente y ataviado afeminadamente con collares de oro y vestidos ligeros”.
En una ocasión “se afeitó sus mejillas y asistió a una fiesta para señalar el evento, pero después se arrancó los pelos para así parecerse más a una mujer» para acabar finalmente por referirse a sí mismo, de hecho, como una mujer.
La Historia Augusta reseña que no sólo se travestía, sino que además protagonizó algún acceso de drag-queenismo —o algo así— pues “le gustaba ir a las tabernas por las noche llevando una peluca y allí ejercer el oficio de las buhoneras”.
En su consideración como el primer transexual del que se tiene certero testimonio histórico pesa especialmente la mención que hace Dion Casio a que «llevó su obscenidad hasta tal punto que preguntó a los médicos si podían idear la manera de introducir en su cuerpo una vagina de mujer por medio de la incisión, prometiéndoles a cambio enormes sumas de dinero».
Hoy día Heliogábalo figura en diversos manuales de derecho como el primer antecedente legal del cambio de sexo.
– Nadie es profeta en su tiempo
A Heliogábalo lo asesinó su propia guardia, la pretoriana, en el 222. Lo ahogaron en unas letrinas cuando sólo contaba dieciocho años. La conjura en su contra fue organizada por su tía Julia Mamea y su abuela Julia Maesa y en ella no dudaron en llevarse por delante también a la madre de Heliogábalo, Julia Soemia, y a Hierocles, el marido del emperador.
El cuerpo del precoz monarca fue arrastrado en caballo por toda Roma y al final arrojado al río Tíber para que no recibiera sepultura. El Senado, como se ha dicho, prescribió para su memoria la damnatio memoriae, obligando a borrar su nombre de los registros, su efigie de las estatuas y prohibiendo su mención para siempre.

Lo sucedió en el trono Alejandro Severo, de trece años, primo del emperador e hijo de Julia Mamea. El registro histórico dice de su imperio que fue cabal y pacífico y que no se dejó controlar por su abuela. Devolvió a Roma sus tradiciones religiosas, impuso la cordura financiera y se cuenta que fue el primer emperador en respetar a los cristianos, intentando incluso introducir a Cristo en el panteón latino tradicional.
Murió en Germania a los veintiséis años, sin descendencia y acabando así con la dinastía Severa. La historia, decíamos al principio, con la edad se vuelve indulgente y a menudo perdona a sus malos. A Heliogábalo, no obstante, no llegó nunca a recordarlo y por lo tanto, no lo ha personado aún.
Entre eso y su falta de sepultura el joven emperador seguramente mora todavía por las costas del río Aqueronte, de acá para allá y a la espera de juicio. Nos corresponde a nosotros, investidos jueces por dos mil años de perspectiva, enviarlo según sea nuestro criterio al Tártaro o a los Campos Elíseos.
La acusación ha hablado, el fiscal parece que también y podemos ahora retirarnos a deliberar. Cuando lleguen a un veredicto, ahí tienen el post de comentarios.
nuestras charlas nocturnas.
Rússkaya Amérika: el olvidado episodio en el que Rusia colonizó Alaska (y llegó a tener dominios en California y Hawái) …

BBC News Mundo(L.Ventas) — La tarde del 16 de diciembre de 1866 Alejandro II de Rusia, su hermano y un puñado de funcionarios de alto rango de los ministerios de la Marina, Asuntos Exteriores y Finanzas se reunieron en secreto en San Petersburgo para tomar una decisión urgente.
Tras apenas presentar argumentos en contra, la resolución no se hizo esperar y fue unánime: había que vender Alaska a Estados Unidos. El emperador tomó nota del consenso y respaldó la negociación con Washington. Al cabo de tres meses, la transacción—que implicaba el pago de US$7,2 millones— ya había sido aprobada por el Senado estadounidense y, para mayo de 1867, ratificada por el presidente Andrew Johnson.
Así se cuenta el fin de Rússkaya Amérika, la América rusa, un episodio colonial relativamente anecdótico y por muchos olvidado. Pero, aunque breve, hubo un tiempo en el que el Imperio ruso se extendió hasta el Pacífico, con presencia permanente no solo en Alaska, sino también más al sur, en lo que al principio eran territorios españoles y luego fue la provincia mexicana de Alta California, el actual estado de California.
“Cuando hoy se habla de imperialismo se tiende a juzgar el fenómeno por lo que se sabe de los grandes imperios, pero no es justo comparar el colonialismo ruso en América con el español, el británico o el portugués, las otras potencias en el continente”, le dice a BBC Mundo Ilya Vinkovetsky, profesor de la Universidad Simon Fraser en Burnaby, Columbia Británica, Canadá.
“Hay que leerlo en su propio contexto, con sus propias particularidades”, subraya el académico, quien ha dedicado su carrera a investigar la cultura, el comercio, la política y las prácticas coloniales del imperio ruso del siglo XIX. Para entender mejor cómo fue el único experimento colonial de ultramar de Rusia, empecemos, pues, desde el principio.
– Las primeras expediciones y el inicio de la colonización
Dos siglos después de que españoles y portugueses se lanzaran a la exploración, conquista y colonización de América —empresa a la que no tardarían en sumarse ingleses, franceses y holandeses—, los rusos se acercaban al continente por su extremo noroccidental.
Ya para los primeros años del siglo XVIII la política expansionista de Pedro I de Rusia “el Grande” había alcanzado los límites del Pacífico, cuando la península de Kamchatka quedó definitivamente bajo el dominio ruso. Sin embargo, y a pesar de que historiadores afirman que había habido presencia rusa en la América septentrional desde 1648, aún se dudaba de si el mar se interponía entre ambos continentes.
El encargado de esclarecerlo fue Vitus Bering (1681-1741), un danés que navegó esos gélidos mares bajo bandera rusa. Lo intentó primero en enero de 1725, cuando el emperador, poco antes de morir, lo puso al mando de una expedición que lo llevaría hasta los confines del imperio.
Acompañado entre otros del experimentado cartógrafo K.P. von Verd y el instructor naval Alekséi Chírikov, se demoró tres años en recorrer los 9.600 kilómetros desde San Petersburgo hasta la península de Kamchatka, aunque no llegó al punto más oriental de Asia ni pudo constatar que allí había mar ni divisar, al otro lado, la costa americana.
Eso lo logró en un segundo viaje, mucho más ambicioso. Esta vez tardó cinco años en llegar al Pacífico y tres más a América del Norte.

No sería hasta el 16 de julio de 1741 que el navegante avistó el monte San Elías, en el sur de Alaska. En el trayecto de vuelta, durante el cual descubrió algunas de las islas Aleutianas, enfermo de escorbuto y perseguido por el mal tiempo, que también hizo pedazos su barco, murió en una isla deshabitada que hoy lleva su nombre.
La tripulación que sobrevivió reconstruyó la nave y alcanzó la orilla de Kamchatka en 1742, informando sobre lo logrado por la expedición. Las pieles de nutria marina que traían y con las que se cubrían eran de tal calidad que fueron consideradas las más finas de la época.
Y eso fue precisamente lo que desencadenaría, en pocos años, el inicio de la colonización rusa de América.
– Todo por las pieles
Y es que para Rusia las pieles — de nutria, marta cibelina, armiño o zorro — fueron uno de sus principales productos de exportación desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX.
“El comercio peletero fue una fuerza fundamental en la historia económica y de expansión territorial de Rusia desde mucho antes ya de que los rusos colonizaran Siberia”, escribe el profesor Vinkovetsky en su libro Russian America: An Overseas Colony of a Continental Empire, 1804-1867 (“La América rusa: una colonia de ultramar de un imperio continental, 1804-1867”).
“Era el único bien que podían ofrecer de forma consistente a los mercados extranjeros. Era lo que los ingleses buscaban cuando empezaron a comerciar con Rusia en 1555, (…) y el único artículo que podía atraer el interés del consumidor chino, después de que (ambos países) empezaran a comerciar oficialmente tras la firma en 1689 del tratado de Nérchinsk (el que delimitó de forma oficial las fronteras entre China y Rusia)”, explica.
“Este producto fue en gran parte el responsable de la integración de Rusia en la economía global”. Y a su vez, su comercio internacional ejerció una poderosa influencia globalizadora en la economía y la sociedad rusa, con la llegada de productos extranjeros (desde el té hasta nuevas tecnologías) y la penetración de nuevas ideas, como el mercantilismo, señala Vinkovetsky.

Como un capítulo más de esa particular historia, a la exitosa expedición de 1742 le siguieron otras, esta vez comerciales.
Así, durante las décadas siguientes se produjeron diversas incursiones, autorizadas por la zarina Catalina II, por parte de rusos o indígenas siberianos que, bien colaborando, bien explotando a las poblaciones aleutas (o unangan) por sus habilidades para la caza, se introdujeron en el comercio de pieles al por menor.
Al principio levantaron asentamientos temporales, para los tres o cuatro años que duraba cada expedición. Para finales de 1790, eran ya permanentes. La frenética actividad hizo que la población animal disminuyera y que los cazadores tuvieran que avanzar cada vez más en el Pacífico Norte para asegurarse las provisiones de pieles.
Con una competencia cada vez mayor, la explotación fue concentrándose en corporaciones cada vez más escasas pero poderosas.
Así siguió hasta la creación en 1799 de la Rossiyskaya-Amerikanskaya Kompaniya, la Compañía Ruso-Americana, una empresa semiprivada que no solo monopolizaría la explotación de los recursos, sino que gestionaría las ambiciones imperialistas rusas en el continente y toda la vida en las colonias.

– Colonialismo semiprivado
“Que fuera una empresa comercial, un contratista del Imperio, la que gestionara los territorios y las gentes de ultramar hizo que aquello fuera un colonialismo menos arriesgado y más rentable, y les proporcionó a los gobernantes un chivo expiatorio”, señala el investigador Vinkovetsky.
“Era conveniente porque, si la empresa tenía éxito, el gobierno imperial podía después reclamar el territorio, los recursos, las pieles. Y si no lo tenía, siempre podría tachar a la compañía de ineficiente”, explica.
Como sociedad anónima, el capital lo aportaban los accionistas privados, quienes también se repartían los beneficios. Mientras, el Tesoro del Estado recaudaba los impuestos y también podía imponer otras obligaciones a la empresa que eventualmente generaran más ingresos para las arcas públicas.
Había asimismo ventajas para la empresa, que operaba bajo la protección del Imperio y tenía garantizado el monopolio a nivel interno, lo que lo volvía un competidor más fuerte en un escenario en el que empresas británicas y estadounidenses también se disputaban el comercio de las pieles de nutria en el Pacífico Norte.
A esto se le sumó el inicio de la circunnavegación en 1803, con almirantes de la Armada Imperial al mando y en nombre del zar. Fueron expediciones intermitentes, caras y de alto perfil, conformadas por personal de la Marina pero también científicos, diplomáticos, exploradores y artistas, que partieron del Báltico y cruzaron el mundo para llegar a Alaska.
A partir de 1808 la capital de la América rusa fue Nuevo Arcángel (actual Sitka), convertida en uno de los mejores puertos del Pacífico Norte, con barcos de última generación, una base estratégica para el comercio de pieles y una comunidad cosmopolita, cultivada y sofisticada para la época.

“Esto dio a los intereses coloniales e imperiales rusos una perspectiva nueva y ambiciosa (…). Y los rusos comenzaron a considerar planes para una mayor expansión por la costa de América del Norte y Hawái”, escribe el profesor Vinkovetsky en su libro. De hecho, los rusos se establecieron de cierta forma en el archipiélago del Pacífico, en Fort Elizabeth.
Fue en 1818 cuando el empresario ruso-alemán George Schaeffer negoció un Tratado de Protección en la isla de Kaua’i con el jefe supremo Kaumualii , vasallo del rey Kamehameha I de Hawái. La negativa del zar Alejandro I a ratificar el tratado acabó con el intento.
Asimismo, como veremos más adelante, en el tiempo en el que la compañía administró la América rusa, no hubo avances territoriales significativos ni constantes.
Divididos en siete distritos administrativos u otdely, cada uno con su oficina y con gerentes locales, así se administraron los dominios coloniales y sus gentes, entre las cuales, curiosamente, nunca llegó a haber de forma simultánea más de 700 rusos.
Y cuatro de cada cinco estaban involucrados en la administración de la colonia y en ofrecer servicios técnicos y de defensa a la flota.

– Una colonia poco poblada
“Como el objetivo era más bien comercial, la única colonia rusa de ultramar siempre estuvo muy poco poblada, y esa fue una de sus principales características”, explica Vinkovetsky. “Es por eso que no es justo comparar en esos términos el colonialismo ruso en América con el español o el británico”, prosigue.
La sociedad colonial rusa fue, por otra parte, multicultural; conformada no sólo por los llegados de Rusia y por indígenas de Siberia, sino también por población nativa, entre ellos los aleutianos, los tlingits y kodiaks. Aunque había más indígenas que colonos — entre 2.000 y 3.000 —, la sociedad estaba rígidamente jerarquizada. En eso no se diferenciaba de las demás potencias coloniales.
Los oficiales de la Marina, al frente de toda la operación desde 1818, dividieron a los nativos en dos grupos: los que dependían de la Compañía (y vivían en los asentamientos) y los que no; y entre los primeros distinguieron a los kaury (una suerte de esclavos, considerados propiedad colectiva) y los vol’nye aleuty o los “aleutas libres”.

“También surgió una notable población criolla, un término que los rusos aprendieron de otras potencias coloniales, porque era un tiempo en el que unos aprendían de los otros”, subraya Vinkovetsky. En eso se puede establecer un paralelismo con el colonialismo español, como también en el papel de la iglesia, en este caso la ortodoxa.
Y es que, siguiendo la misma teología pastoral de Fray Bartolomé de las Casas, en la América rusa también se predicó y hubo misiones, de las que aún quedan unas 90 parroquias. Pero la historia no acabó en el Pacífico Norte, y en busca de más nutrias para extraer sus pieles y fuentes de alimentos para sus asentamientos septentrionales, los rusos avanzaron hacia el sur.
– La California rusa
Entre 1806 y 1807 Nikolái Rezánov, representante de la Compañía Ruso-Americana, visitó el presidio español de la Yerbabuena, actual San Francisco. Y en vista de la debilidad del poder colonial de España a causa de las guerras napoleónicas y la insurrección de gran parte de las colonias, le recomendó al gobierno ruso la ocupación pacífica de la región norte de la Alta California.
En 1811 Ivan Aleksandrovich Kuskov, un administrador de la Compañía, exploró las costas del territorio, y en septiembre del año siguiente fundó Krépost Ross, mejor conocido como Fort Ross, en tierras del pueblo pomo. “Los nativos estaban interesados en que los rusos se establecieran ahí, como contrapeso de los españoles”, relata Vinkovetsky.
El fuerte fue poblado por algunos soldados, marineros y cazadores rusos, nativos de Alaska y locales y californios criollos.

En noviembre de 1822, cuando la Alta California pasó a ser una provincia mexicana, el fuerte ruso permanecía en un estatus impreciso (poblado por súbditos del Imperio ruso pero con soberanía de jure incierta) y con rendimientos agrícolas insuficientes.
Su costo de mantenimiento, el hecho de que no daba suficientes dividendos y un ventajoso acuerdo con la entonces inglesa Compañía de la Bahía de Hudson —entonces dedicada al comercio de piel de nutria, hoy la corporación más antigua de Canadá— para abastecer los asentamientos de Alaska llevó a que los rusos vendieran el fuerte al todavía ciudadano mexicano John Sutter.
Los últimos pobladores rusos abandonaron el lugar el 1 de enero de 1842, y en 1848, por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, el fuerte, con toda la Alta California hasta entonces mexicana, pasó a manos de EE.UU.
En 1850 la RAC estableció una oficina en San Francisco para negociar acuerdos comerciales con empresas estadounidenses, aunque apenas quedaba década y media para que todo aquello llegara a su fin.
– El fin de «la periferia» y un gran negocio
“Desde su misma creación, tanto la Compañía Ruso-Americana como el gobierno estuvieron más interesados en ganar acceso comercial e influencia en China y en Japón que en América del Norte”, escribe Vinkovetsky en su investigación sobre la que fue la única colonia de ultramar rusa.
Así que con las conquistas territoriales en el Extremo Oriente asiático entre 1858 y 1860, el interés de Rusia en Manchuria y la importancia estratégica cada vez mayor del puerto de Vladivostok —por su proximidad a China y Corea del Norte— en detrimento del de Nuevo Arcángel, las élites rusas empezaron a ver la América rusa como lo que en realidad ya era: “la periferia de la periferia”.
“Así que finalmente decidieron que no merecía ni la inversión ni el riesgo”, expuesta como estaba a la invasión de la flota británica.
Y así llegamos a la compra territorial quizá más rentable de la historia, una ganga, aunque en aquel momento no se viera como tal.

Si se toma en cuenta la inflación, los US$7,2 millones pagados por EE.UU. en 1867 al zar ruso Alejandro II por Alaska son equivalentes a algo más de US$100 millones de hoy. Una cifra inauditamente barata para haber comprado el que es hoy el estado más extenso de la Unión.
Sea como fuere, “Alaska en nuestra imaginación sigue siendo ese tesoro de recursos inagotables, un tanque estratégico lleno de combustible, un paraíso de aventuras en la naturaleza para empresas e inversores”, apunta Vinkovetsky.
“Es una tierra de posibilidades, lo suficientemente vasta como para abarcar muchos mitos”, prosigue. El de la “última frontera” estadounidense y el de la “colonia perdida” de Rusia, o más bien, de lo que pudo llegar a ser la América rusa.
nuestras charlas nocturnas.
Montañas Owl, las fabricas nazis subterráneas …

Historias Segunda Guerra Mundial — Nos encontramos en 1943.
Los aliados están realizando campañas de bombardeos sobre territorio alemán en las que la USAF americana de día y la RAF inglesa de noche hostigan los centros industriales del III Reich con el objetivo de golpear en el corazón de la maquinaria de guerra alemana.
Hitler, consciente del daño que pueden provocar estas campañas en el devenir del conflicto, ordena el traslado de varios centros productivos a complejos subterráneos desde donde poder seguir alimentando su maquinaria bélica.
Es así como nace Riese, un proyecto de construcción de fábricas subterráneas bajo el Castillo de Książ y en diversas localizaciones bajo las montañas Owl que se encargó inicialmente a la compañía Schlesische Industriegemein Schaft A, para pasar a ser gestionada por la Organización Todt en Abril de 1944, reforzada en Julio de 1944 por las empresas que estaban trabajando en La Guardia del Lobo.
Para que nos podamos hacer una idea de las dimensiones de Riese, destacamos que Albert Speer, arquitecto de Hitler y ministro de Armamento y Guerra estimaba en sus memorias que existían unos 213.000 m3 de túneles, 58 km de carreteras con 6 puentes y 100 km de tuberías y cifraba su coste en 150 millones de marcos.
La red tejida bajo tierra estaba formada por varios sistemas que se localizan en el Castillo Książ, Jugowice, Osówka, Soboul, Sokolec, Walim-Rzeczka y Włodarz, siendo este último el más grande de todos ellos.

No era casual la elección de estas localizaciones, con una gran tradición minera y ubicadas en una zona de difícil acceso.
La mano de obra que perforaba la montaña estaba formada en su mayor parte por prisioneros de varias nacionalidades como polacos, checoslovacos, rusos, griegos e italianos, a parte de prisioneros del campo de concentración de Gross-Rossen y aunque hay un baile de cifras, la más aceptada es la de 13000 trabajadores de los cuales unos 5000 perdieron la vida debido a las condiciones a las cuales estaban sometidos.
Ellos fueron los responsables de la construcción de salas como diversos tipos de almacenes (en uno de los cuales aún se encuentran abandonados sacos de cemento de la época), depósitos de agua, búnkers, un hospital (en el complejo de Włodarz), una red de alcantarillado, líneas telefónicas y de electricidad.
Los sistemas de ventilación mantienen el aire interior a una presión superior que en el exterior y existe también un pequeño ferrocarril utilizado en su día para ayudar en las tareas de construcción. Parte de los túneles y salas se encuentran sin ningún tipo de revestimiento, con la roca desnuda, aunque otras fueron reforzadas con acero y hormigón.
Los túneles construidos en Włodarz miden 3m de ancho x 2,5 m de alto, llegando algunos a medir 50m de ancho x 10m de alto. Decir también que bajo el Castillo de Książ se excavan 2 km de túneles junto a un foso de 50m para instalar un ascensor. Y en el complejo de Osówka hay varias salas sin terminar entre las que destaca una gran sala inacabada.
En la parte exterior de las montañas se construyeron diversos cuarteles, bunkers, almacenes y puestos de guardia que daban acceso a los complejos subterráneos. En las inmediaciones de la antigua mina de Wenceslao existe un complejo de edificios en ruinas entre los que destaca uno llamado “La Campana”.
Esta construcción ha desatado todo tipo de teorías fantásticas (desde experimentos antigravitatorios hasta fabulaciones tipo ovni), aunque lo cierto es que varios investigadores concluyen que lo más probable es que esta estructura corresponda a los restos de una torre de refrigeración industrial.

Al finalizar la guerra, los soviéticos vaciaron varios de los complejos para llevarse consigo la tecnología allí desarrollada y sellaron sus entradas originales (se entabló una auténtica carrera entre rusos y americanos por hacerse con los conocimientos en la denominada Operación Paperclip).
Muchas de las localizaciones se perdieron y hay infinidad de hipótesis sobre el contenido de la parte desconocida.
Se habla de que podrían albergar tesoros nazis como la famosa Cámara de Ambar de San Petesburgo o obras de arte aún desaparecidas, armas en desarrollo, etc.
Hoy en día tan solo están abiertos al público Osówka,Włodarz y Walim-Rzeczka y se conocen 100.000 m3 de la red, por lo que una rápida resta nos dice que si Speer estaba en lo cierto, se conoce menos que lo que queda por descubrir.
En la Localidad Austríaca de St Georgen an der Gusen se encontraba otro enorme complejo subterráneo que constaba de unas instalaciones que ocupaban 50.000 metros cuadrados y tenían más de 10km de túneles que discurrían a una profundidad media de 30-40m, lo que los hacía invulnerables a ataques aéreos.
Se trata del proyecto “B8 Bergkristall”, destinado a la producción del Messerschmitt Me 262, el caza a reacción alemán destinado a acabar con la supremacia aliada.
Hitler creía que la puesta en escena de este avión podía dar un giro de 180º al conflicto e impulsa este proyecto para el que se utiliza obra de mano esclava salida del campo de concentración de Gusen II.

La construcción del complejo se inicia y se compagina con el montaje de los fuselajes y las alas de los aparatos, que son llevados por ferrocarril hasta varias localizaciones en el sur de Alemania y Bohemia, en donde se acoplan las turbinas y se ponen a punto para entrar en servicio.
El proyecto era tan secreto que ni los propios pilotos conocían la procedencia de los aviones ni de sus piezas.
En verano de 1944 empieza la producción que se calculaba tenía que llegar a las 1250 unidades mensuales en su máximo esplendor, cifra que los informes de inteligencia aliada reducen a un total de 987 unidades construidas durante todo el tiempo en que las instalaciones estuvieron operativas.
Al finalizar la contienda, Himmler ordenó dinamitar las instalaciones junto a sus trabajadores, aunque finalmente no se cumplió y cuando las tropas americanas entran en la zona en mayo de 1945 sellan las instalaciones (El día 3 de mayo se paraliza la producción).
Para cuando el ejército ruso llega a finales de julio de 1945, los americanos ya se han llevado abundante información y se quedan en el complejo hasta noviembre de 1947, cuando intentar volar la red de túneles tras haber vaciado su contenido.
En la actualidad se puede acceder a parte de las instalaciones ya que hay zonas que están abiertas al público. Eso sí, se ha de realizar una inscripción en el Ayuntamiento de St Georgen para poder concertar una cita. Como curiosidad decir que gran parte de los túneles se han rellenado con cemento para poder asentar el terreno y permitir la construcción de viviendas en la superficie.
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Historias de mujeres …

– Luchando por la igualdad Frances Willard (1839-1898)
Mujeres en la historia(S.F.Valero) — La historia de Frances Willard fue la historia de una mujer comprometida con la lucha contra las injusticias sociales y a favor de los derechos de las mujeres.
Trabajadora incansable, durante décadas, se volcó en denunciar una de las lacras más dramáticas de la sociedad, el alcoholismo, considerado como la punta del iceberg de la violencia doméstica y de miles de dramas personales.
Como presidenta de la organización cristiana Woman’s Christian Temperance Union, Frances William abogó por la igualdad entre hombres y mujeres y no dejó de luchar por alcanzar esta igualdad en todos los ámbitos de la sociedad.
Frances Elizabeth Caroline Willard nació el 28 de septiembre de 1839 en Churchville, New York. Sus padres, Josiah Flint Willard, granjero y legislador, y Mary Thompson, profesora de escuela, la bautizaron con el nombre de Frances en honor a la novelista inglesa Frances Burney.
Además de Frances, la pareja tuvo tres hermanas, una de las cuales falleció prematuramente. Durante su infancia, la familia de Frances cambió varias veces de residencia, condicionados por la mala salud de su padre.
En aquella época, los Willard se acercaron a las creencias metodistas. Frances y su hermana Mary estudiaron en un instituto de Milwaukee donde su tía ejercía de maestra después de haber sido educadas en casa por su propia madre.
En 1858, Frances y Mary continuaron estudiando en el North Western Female College de Illinois, donde la familia se había trasladado y Josiah había empezado su carrera como banquero. Después de graduarse, Frances empezó a trabajar como maestra.
En 1871 fue nombrada presidenta del Evanston College for Ladies. Adscrita a la universidad de Northwestern, Frances fue nombrada decana del centro femenino, cargo que abandonaría pocos años después tras varias disputas con los directores de la universidad relacionadas con la educación femenina.
Por aquel entonces, Frances ya estaba muy concienciada en lo que a los derechos de las mujeres se refería y había desarrollado una gran sensibilidad hacia las necesidades sociales de distintos grupos desfavorecidos.
En 1874, el mismo año que abandonó su cargo en la universidad, se unió a un grupo de mujeres que formarían la Woman’s Christian Temperance Union (WCTU), una de las organizaciones feministas más importantes del siglo XIX. Primero asumió un cargo de secretaria pero pronto se hizo cargo de las distintas publicaciones y de la comunicación de la organización.

Su capacidad de trabajo y su liderazgo la llevó en 1879 a alcanzar la presidencia de la WCTU, cargo que ostentaría hasta su muerte.
Frances Willard trabajó de manera incansable durante muchos años dando conferencias a lo largo y ancho de los Estados Unidos y transmitiendo su principal lema, «Hacerlo todo».
Willard defendió la «templanza» (temperance), es decir, la abstinencia de bebidas alcohólicas, una lacra muy extendida entre los hombres.
Para ella y los miembros del WCTU, el alcoholismo era una de las causas de la violencia ejercida por los maridos sobre las mujeres.
En este sentido, Willard, defendía también la necesidad de dar a las mujeres el derecho al sufragio para que pudieran defenderse ante las instituciones.
Para ella, las mujeres no eran el sexo débil, pero debían encontrar en el hombre protección y no violencia. Frances Willard defendía una sociedad en la que hombre y mujer fueran iguales ante la ley y que ambos se convirtieran en compañeros dentro del hogar. Un hogar que debía estar basado en las leyes cristianas que según Willard hablaban de una igualdad entre ambos.
Frances lideró la WCTU enfocando sus actuaciones en el trabajo social, la lucha contra la prostitución, la mejora de la sanidad, las condiciones de los presos y poder alcanzar la paz social. Acogían a los inmigrantes y defendieron a la población negra. Frances abogaba por la igualdad salarial, la protección de mujeres y niños contra los abusos en el trabajo y la jornada laboral de ocho horas.
En este sentido, Frances defendía la necesidad de dar a las mujeres la misma educación que a los hombres y la posibilidad de poder acceder a los mismos puestos de trabajo.
El nombre de Frances Willard traspasó las fronteras de los Estados Unidos cuando empezó a participar en distintas asociaciones internacionales, entró en contacto con distintas sufragistas de otros países e impulsó la World WTCU. Hacia 1893, Frances Willard se acercó a las ideas del socialismo cristiano.
Frances se encontraba en el Empire Hotel de Nueva York donde se estaba preparando para viajar a Europa cuando falleció mientras dormía, el 17 de febrero de 1898. La figura de Frances Willard fue aclamada en los Estados Unidos convirtiéndose en la primera mujer americana en ser incluida en el Statuary Hall del Capitolio. Su estatua la realizó la escultora norteamericana Helen Farnsworth Mears.
– Inmortalizando a la emperatriz Katharine Carl (1865-1938)

En la primavera de 1903, una pintora americana que se encontraba de viaje por Shangai recibía una carta de su compatriota Sarah Pike Conger. Sarah era la esposa del embajador de los Estados Unidos en Pekín y había contactado con ella desde la capital del imperio chino para hacerle una proposición que no podía rechazar.
Katharine Carl llevaba años pintando retratos, algunos de personalidades famosas, y ahora se le presentaba la oportunidad de entrar en la Ciudad Prohibida para inmortalizar a su emperatriz.
Katharine Augusta Carl era una pintora nacida el 12 de febrero de 1865 en Nueva Orleans. Después de graduarse en arte en el Tennessee State Female College en 1882, se marchó a Europa a continuar estudiando. En París recibió clases de pintura de la mano de artistas como William Adolphe Bouguereau y llegó a exponer en el prestigioso Salón de la capital francesa.
Miembro de varias instituciones y sociedades artísticas, Katharine no dejó de viajar durante toda su vida y se especializó en el arte del retrato.

En 1903, Sarah Pike Conger, que vivía desde hacía años en Pekín y había entablado una estrecha amistad con la emperatriz Cixi, pidió a Katharine que viajara hasta la capital china para retratar a la emperatriz. Cixi era entonces una mujer de casi setenta años que llevaba décadas llevando las riendas del poder desde su posición de emperatriz viuda.
Cixi había hecho grandes esfuerzos por modernizar su país y había sufrido todo tipo de vicisitudes. Revueltas, intentos de asesinato y conjuras dentro de palacio que no frenaron su afán por abrir el país gobernado por la dinastía Qing y anclado en la tradición a una nueva era moderna.
Sarah se había convertido en una compañera de la emperatriz en sus últimos años de vida y creyó que sería beneficioso que un retrato suyo fuera realizado para mostrar al mundo la imagen de la mujer que había conducido un sinfín de reformas para acercar China a los modelos occidentales. Sarah propuso realizar el retrato para que fuera expuesto en la Exposición de San Luis de 1904.

Retrato de la Emperatriz Cixi.
Katharine no sólo pintó el retrato de la emperatriz sino que permaneció a su lado durante nueve meses en los que convivió estrechamente con Cixi. La emperatrizsintió tal estima por la artista que la honró con la Orden del Doble Dragón. Cuando Katharine regresó a los Estados Unidos tenía la orden expresa de no revelar los secretos de la Ciudad Prohibida, donde muy pocos occidentales se habían adentrado.
Sin embargo, inquieta e indignada por las cosas que oía y leía en la prensa acerca de su querida emperatriz, decidió explicar su propia versión de la personalidad de una mujer que durante mucho tiempo fue tachada de insensible y despiadada.
Cuando regresé a América – explicó la propia Katharine – leía en los periódicos declaraciones atribuidas a mí que yo nunca había hecho. Decían que su majestad me había amenazado para que la pintara como una mujer joven. Eran declaraciones falsas, como que se me negó una compensación por los retratos.
Katharine Carl escribió en 1906 Con la emperatriz viuda de China, un libro en el que plasmó su vida en la corte imperial y hizo otro retrato, esta vez escrito, de una mujer extraordinaria.
Katharine falleció el 7 de diciembre de 1938.
– La madre de la Química moderna, Marie Lavoisier (1758-1836)

Marie Lavoisier con su esposo. Jacques-Louis David (Metropolitan Museum, Nueva York)
La ciencia estuvo vetada durante siglos a las mujeres. Las que se empeñaron en romper con los moldes patriarcales, utilizaron a menudo su filiación o su matrimonio para conseguir escudriñar los secretos de la naturaleza. Tal fue el caso de Marie Lavoisier, quien encontró en su marido un esposo fiel pero también, y sobre todo, su compañero en la apasionante tarea de convertir la alquimia en la química moderna.
Marie Anne Pierrette Paulze nació el 20 de enero de 1758 en la localidad francesa de Montbrison. Su padre, Jacques Paulze, era un abogado y financiero que trabajó muchos años en la Ferme Générale, una institución que se encargaba de gestionar algunos impuestos estatales. Jacques había tenido tres hijos con su esposa, Claudine Thoynet, antes de que esta falleciera cuando Marie Anne era una niña de poco más de tres años de edad. Su padre decidió entonces que la pequeña ingresara en un convento donde creció y fue educada como una dama de la alta burguesía francesa.
Marie y Antoine Lavoisier se convirtieron en los principales impulsores de la evolución de la alquimia hacia la química moderna.
Cuando tenía trece años, el conde de Amerval, mucho mayor que ella, pidió su mano a un confundido Jacques que buscó la manera de deshacerse del viejo pretendiente, quien le llegó a amenazar con expulsarle de su puesto en la Ferme Générale si no daba su consentimiento para casarse con Marie. Jacques dio un golpe de efecto ofreciendo la mano de su hija a alguno de sus compañeros, más jóvenes que el conde. Antoine Lavoisier, un noble economista y químico de veintiocho años de edad, aceptó la oferta de su colega y se casó con Marie Anne el 16 de diciembre de 1771.
A pesar de ser un matrimonio convenido por su padre, Marie y Antoine congeniaron. Su mutuo interés por la química ayudó a que la pareja se convirtiera, además de en marido y mujer, en un equipo en el laboratorio. Marie no había recibido una formación científica tras los muros del convento en el que había crecido pero su inquietud por aprender fue suficiente para que Antoine buscara maestros que pudieran enseñar los rudimentos de la química a su esposa.

Dibujo de Madame Lavoisier.
En 1775 Antoine dejó la Ferme Générale para trabajar en el Arsenal de París como administrador de la pólvora. Instalados en la capital de Francia, la pareja empezó a construir un laboratorio que se convertiría en su verdadero hogar. Allí pasaron largas horas trabajando. Marie apuntaba todo lo que observaban en sus experimentos, tomaba notas y realizaba ilustraciones muy realistas. Marie había sido alumna del pintor Jacques-Louis David, amigo de la pareja, a la que inmortalizaría en su laboratorio.
Marie sabía varios idiomas que fueron de gran utilidad para traducir algunos de los principales textos de alquimia, como se conocía a la química. Además de realizar las traducciones que su marido utilizaría para avanzar en sus investigaciones, Marie realizó anotaciones propias. La pareja Lavoisier se convirtieron así en los principales protagonistas de la evolución de la alquimia hacia la química moderna.
La vida tranquila en el laboratorio se vio truncada en la época del Terror, la etapa más dura y sangrienta de la Revolución Francesa. Antoine y su padre Jacques fueron detenidos, acusados de traidores por haber trabajado en la Ferme Générale. Marie no se quedó de brazos cruzados e intentó por todos los medios, poniéndose ella misma en peligro, que su padre y su marido fueran liberados. Pero nada pudo hacer ante una condena firme. El 8 de mayo de 1794, Antoine Lavoisier y Jacques Paulze eran ejecutados.
Marie se encontró sola, en una ciudad sumida en el caos. Sus bienes fueron confiscados, principalmente todo el material del laboratorio, que suponía el trabajo de años de investigación junto a Jacques. Marie consiguió recuperar parte de la obra que habían realizado conjuntamente y publicó en dos tomos las Memorias de Química de Lavoisier.
Años después, Marie Lavoisier volvió a casarse con el conde de Rumford de quien se separó al poco tiempo. Hasta su muerte, el 10 de febrero de 1836, vivió sola en su casa de París.
LA ARTISTA SIN OBRA, IRENE DI SPILIMBERGO (1538-1559)

Retrato de Irene, escuela de Tiziano, National Gallery of Art, Washington.
El Renacimiento italiano fue uno de los momentos más espléndidos y creativos de la historia del arte. Pintores, escultores, arquitectos, poetas, eruditos, embellecieron todas las cortes italianas con su genio. Pero la gran mayoría fueron hombres.
Porque aquellos que hicieron renacer la cultura clásica fueron incapaces de romper con las estructuras patriarcales y continuaron defendiendo un modelo de sociedad en el que las mujeres no tenían otro lugar que el monasterio o el hogar. Así que durante el Renacimiento son escasos los nombres propios de mujeres artistas. Algunas simplemente son eso, nombres.
Este es el caso de Irene di Spilimbergo, pintora, poetisa y virtuosa de la música de quien conocemos su existencia por una recopilación poética de Dionigi Atanagi y el retrato que de ella se hizo en el taller de Tiziano. Irene había nacido el 17 de octubre de 1538, en la localidad de Spilimbergo, situada en la región italiana de Friuli.
Su padre, Adriano di Spilimbergo, era miembro de la nobleza local y su madre, Giulia, procedía de una influyente familia veneciana. Cuando Irene tenía tres años, falleció su padre pero ella, su madre y sus tres hermanos, continuaron viviendo en el castillo familiar. Hasta que su madre volvió a casarse, cuando Irene tenía alrededor de quince años, y ella y su hermana mayor se trasladaron a vivir a Venecia bajo la protección de su abuelo materno, Zuan Paolo da Ponte.
Como miembro de la nobleza, se esperaba de Irene que se convirtiera en una joven educada que dedicaba su tiempo a coser y bordar. Pero cuando su abuelo se dio cuenta del potencial de su nieta, decidió supervisar su educación y ofrecerle la posibilidad de estudiar música con reconocidos compositores venecianos.
Pronto empezó a tocar el laúd entre otros instrumentos de cuerda y a perfeccionar su técnica vocal. Irene leía a los clásicos y continuaba interpretando piezas musicales cuando descubrió su verdadera vocación. Fue gracias a un lienzo que contempló un día de la pintora Sofonisba Anguissola. Dispuesta a convertirse en pintora ella también, Irene consiguió entrar como alumna en el taller de Tiziano donde llegó a pintar al menos tres lienzos, hoy perdidos.
El arte de Irene di Spilimbergo que desarrolló a través de la música, la poesía y la pintura no pudo ser juzgado por generaciones futuras, porque nada de su obra se ha conservado. Además, tuvo una vida breve que le impidió afianzar su nombre en el mundo del arte como sí pudo conseguir aquella a la que admiró y a quien quiso imitar. Irene falleció a los veintiún años, el 15 de diciembre de 1559 después de enfermar repentinamente.
Poco tiempo después, el escritor y editor italiano Dionigi Atanagi publicó Vita di Irene da Spilimbergo, una antología de más de trescientos poemas en italiano y latín escritos por autores anónimos y otros de reputada fama, en los que evocaron la excelencia de esta dama de la que sabemos lo que sabemos gracias a la biografía que de ella escribió el propio Atanagi como introducción a su obra.
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La apuesta de US$665 entre dos magnates de la minería que hace dos siglos revolucionó el mundo del transporte terrestre …

BBC News(P.Shuttleworth) — No fue en la ajetreada Londres ni en la bulliciosa Berlín y tampoco en la concurrida Tokio: los viajes matutinos al trabajo no nacieron en una ciudad importante.
Todo comenzó en lo alto de un valle de Gales (uno de los cuatro países que forman el Reino Unido) cuando los Elon Musk y Mark Zuckerberg del siglo XIX apostaron sobre si se podía lograr que una máquina de vapor se moviera por sí misma.
En 1804 se hizo historia cuando un motor desarrollado por el inventor británico Richard Trevithick se desplazó por sus propios medios sobre rieles.
«Fue un momento que cambió el mundo para siempre», afirma el historiador Dan Snow.

– El punto de partida
Los orígenes del Expreso de Oriente, del Transiberiano, del Hogwarts Express y Thomas The Tank Engine (Thomas y sus amigos) se remontan a la modesta locomotora de Trevithick, considerada por los expertos como la primera del mundo.
«Hasta ese momento, casi todo el mundo vivía y moría en un radio de 18 kilómetros de donde nacieron y lo más rápido que cualquiera podía ir era la velocidad de un caballo a galope«, añade Snow.
«Mire el mundo ahora. Muchos tienen familias en otras regiones, la gente se casa con personas de diferentes partes del mundo y trabajamos junto a personas de todo el planeta. Los trenes, autobuses, automóviles e incluso aviones nos llevan a trabajar”, apunta.
«Fue un momento extraordinario para la raza humana, un avance tecnológico masivo. Esa revolución comenzó en (el pueblo galés de) Merthyr Tydfil”, agrega.
«Lo mejor es que esto ocurrió en respuesta a una apuesta entre los empresarios ricos, los Elon Musk y Mark Zuckerberg de la época», dice Snow.

– ¿Cuál fue la primera locomotora ferroviaria?
Trevithick ya había sido pionero en máquinas de vapor fijas para la minería y la industria. Por su parte, el empresario siderúrgico galés Samuel Homfray compró las patentes de sus invenciones y las llevó a sus fábricas en Gales.
«Trevithick ya había creado una locomotora llamada Puffing Devil (El diablo hinchado) en 1801, que era básicamente un tren de vapor para carreteras que se movía por sus propios medios”, recuerda Snow.
«Pero se incendió y quedó destruida, así que eso realmente no funcionó. Tenía máquinas de vapor estáticas funcionando, pero soñaba con hacer que los vehículos se movieran sin caballos«, narró.
Homfray animó a Trevithick a colocar una máquina de vapor sobre una locomotora que pudiera viajar por los rieles de un tranvía recién instalado en la zona, el cual comunicaba sus fábricas con un muelle, a 16 kilómetros de distancia, para facilitar la salida del hierro.
Richard Crawshay, un magnate rival del hierro, puso en duda que la idea pudiera llevarse a cabo, por lo que él y Homfray hicieron una apuesta de 500 guineas (unos US$665, que entonces era el ingreso estimado de una persona en toda su vida) sobre si funcionaría.

– ¿Cuándo funcionó?
Después de aproximadamente 12 meses de construcción, la innovadora locomotora de cinco toneladas sin nombre de Trevithick se puso en funcionamiento el 21 de febrero de 1804 y transportó a 70 personas y 10 toneladas de hierro a lo largo de las orillas del río Taff (a unos 250 kilómetros al oeste deLondres).
«Seguimos nuestro viaje con la máquina… la máquina, mientras funcionaba, avanzaba casi cinco millas por hora (8 kilómetros por hora). No se puso agua en la caldera desde el momento en que empezamos hasta el final de nuestro viaje. El carbón consumido fue de dos quintales (200 kilogramos)«, afirmó luego el inventor.
En el viaje de regreso, un perno de lo que hoy se conoce como locomotora Penydarren se rompió, lo que provocó una fuga en la caldera.
El incendio tuvo que ser sofocado, por lo que la máquina no regresó hasta el día siguiente.
La innovadora locomotora también rompió los rieles, ya que era muy pesada y luego se convirtió en una locomotora estacionaria que impulsaba un martillo de forja en la fábrica de Homfray.
«Trevithick demostró que una locomotora no sólo podía moverse por sí misma, sino que podía arrastrar una carga a una distancia significativa», dice la curadora principal del Museo de Gales, Jennifer Protheroe-Jones.
«También silenció a los escépticos que sentían que las ruedas de hierro liso no serían capaces de agarrarse a pistas de hierro liso. Trevithick demostró que sí podía”, agrega.
«Realmente fue el comienzo de una revolución en el transporte ferroviario. La locomotora Penydarren es la bisabuela de todos los trenes, ya que aquellos comienzos primitivos fue donde comenzó todo», remató.

– ¿Por qué apareció en Gales?
Gales es considerada una de las primeras naciones industriales del mundo y el sur del territorio fue un centro de innovación, pues de sus valles se extraía carbón que era enviado a todo el mundo.
«Algo extraordinario estaba sucediendo en Gales hace 200 años, cuando básicamente se convirtió en la primera región del mundo en industrializarse, y eso cambiaría el mundo», dice Snow.
«La forma en que todos vivimos ahora: en nuestras fábricas, nuestros desplazamientos, nuestras vidas mecanizadas, trabajando en industrias globalizadas, todo comienza en Gales y en (la región inglesa de) West Midlands«, sentencia.
Merthyr Tydfil era el centro de producción de hierro y, a principios del siglo XIX, era la ciudad más poblada de Gales.
Trabajadores de todo el mundo, incluido Trevithick, vinieron a trabajar a la industria siderúrgica y minera.
«Gales fue uno de los grandes crisoles de la Revolución Industrial, que arrasó Europa y más tarde el mundo», añade Protheroe-Jones.
«Gales era el centro mundial de la producción de hojalata y hierro, por lo que aquí estaban sucediendo grandes cosas y los inventores venían a desarrollar sus ideas. Gales, en ese momento, era uno de los grandes centros del avance tecnológico», remata.

– ¿Quién construyó la primera locomotora?
Aunque Trevithick inventó la primera locomotora de ferrocarril del mundo, George Stephenson es ampliamente considerado como el padre del ferrocarril.
Stephenson construyó la primera locomotora de vapor para transportar pasajeros en una línea ferroviaria pública (el ferrocarril de Stockton y Darlington) en 1825, antes de abrir la primera línea pública interurbana del mundo, el ferrocarril de Liverpool y Manchester, cinco años después.
«Stephenson perfeccionó la idea de un ferrocarril, de principio a fin», dice Snow.
«No sólo inventó el motor, sino que inventó las vías, las señales, los protocolos: inventó los viajes en tren interurbanos”, agrega.
«Por eso se le recuerda como el padre de los ferrocarriles, pero Trevithick es sin duda el abuelo«, aclara.

Trevithick, hijo de un gerente de mina, no tenía formación académica, pero mostró un talento de ingeniería intuitivo que ha hecho que los historiadores lo describan como un inconformista.
«Trevithick no tuvo tan buena publicidad como Stephenson, que era un excelente auto promocionándose», asegura Protheroe-Jones.
«Pero su logro supera al de Stephenson porque demostró que una locomotora de vapor era un artilugio viable y podía ser económicamente útil”, razona.
«Los desarrollos de Stephenson y todas las demás innovaciones ferroviarias descansan sobre los hombros de Trevithick, quien inventó la primera máquina de vapor que podía moverse sola y arrastrar una carga», zanja.
Pese a sus muchos inventos Trevithick, quien tuvo seis hijos, no tuvo suerte en el mundo de los negocios y murió sin un centavo a la edad de 62 años en 1833.
Y terminó enterrado en una tumba anónima.
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El hombre que se levantó un día y descubrió un planeta sin querer: la historia de William Herschel …
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El Confidencial(E.Zamorano) — No todos los días sucede que uno, de pronto, descubre una estrella en el firmamento. Esto es lo que le ocurrió al alemán William Herschel la medianoche del 13 de marzo de 1871 cuando, de forma casi azarosa, descubrió que había un objeto que despedía un brillo inusual a través de la lente del telescopio que había construido con sus propias manos.
Podría ser un cometa, pensó. La curiosidad le había desvelado, y preso de su innato entusiasmo, estudió su forma y movimiento en el cielo, sospechando de que en realidad podía tratarse de un nuevo planeta alojado en el Sistema Solar.
Y efectivamente, años después de su muerte, los avances astronómicos le dieron la razón: se trataba de Urano, el séptimo planeta del Sistema Solar, localizado entre Saturno y Neptuno. En aquel momento, Herschel estaba convencido de que eso no era un cometa como otro cualquiera, ni tampoco un asteroide (fue quien precisamente acuñó este término). Tanto es así que quiso bautizarle con el nombre de Georgium Sidus o «estrella georgiana», en honor al que era su patrón, el rey Jorge III.
«La historia del descubrimiento de Urano está llena de personas que no se dan cuenta de que lo tenían delante de él», afirma la NASA, en su web SpacePlace. «Es posible que personas ya lo vieran en el año 128 a. C. pero que pensaran que se trataba de una estrella en vez de un planeta del Sistema Solar». Personas como John Flamsteed, apodado como el «primer astrónomo real de Inglaterra», lo contemplaron hace casi un siglo, como cuenta un artículo publicado en la web del Museo Real de Greenwich.
En 1965, el rey Carlos II nombró a John Flamsteed como primer titular en el puesto de Astrónomo Real en el nuevo Observatorio Real construido en la colina de Greenwich por Chrisopther Wren. Su tarea consistía en trazar mapas precisos de los cielos para evitar muertes por naufragios causados por ‘el problema de la Longitud’, debido a la dificultad de medir grandes distancias en el horizonte a la hora de navegar. Flamsteed, de forma casual, descubre un objeto débil en la cúspide de la vista humana en la constelación de Tauro, al que llamó 34 Tauri.
Varios siglos después, William Herschel diseña un telescopio con sus propias manos mucho más potente que el que usaba por aquel entonces Nevil Maskelyne, el último astrónomo real del Observatorio. A pesar de ganarse la vida como músico y compositor, también destacaba por ser un apasionado de la observación celeste y un excepcional artesano de potentes lentes.
Entonces, pone sus ojos en ese punto en el cielo en el que se había fijado Flamsteed, que había salido de la constelación de Tauro para ocupar la de Géminis en 1781.
– ¿Inventor de la palabra «asteroide»?
Como decíamos, Herschel también fue quien acuñó por primera vez el término «asteroide», pero en realidad esto se lo apropió de otro compañero astrónomo. Según cuenta un artículo de la revista Space, fue un filólogo inglés llamado Stephen Watson a quien se le ocurrió inicialmente y se la ofreció a Herschel para que la popularizara entre sus círculos de aficionados a la astronomía.
Herschel quería encontrar un nombre para designar a rocas espaciales mucho más pequeñas que los planetas que viajaban por todo el Sistema Solar de forma libre e independiente. Watson le ofreció muchas alternativas que usaban el lexema morfológico de «planet», para finalmente recurrir a la palabra «asteroide», que derivaba del griego y significaba «parecido a una estrella».
Según narra la revista, a Herschel le convenció porque estas rocas espaciales son vistas a través de telescopios como pequeños puntos de luz que cruzan la bóveda celeste de vez en cuando. Entonces, debió de pensar que tenía más cosas en común con una estrella que con un planeta fijo en el cielo (de ahí también que posiblemente llamemos a las estrellas fugaces de esta forma, y no «planetas» o «rocas fugaces»).
No solo fue el responsable de considerar a 34 Tauri como un planeta más o crear el término «asteroide», sino que también pasó a la historia por ser un experto diseñador de telescopios. De hecho, en el Observatorio de Madrid hay una reconstrucción de un gran telescopio creado por él. El planeta podía haber llevado su nombre, pero finalmente decidieron bautizarle como Urano para así emparentarle con el resto de sus vecinos en cuanto a nombres de dioses romanos se refiere.
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¿Qué había antes del Big Bang? …

(The conversation(E.J.G.G.Caro) — Por mi trabajo, suelo dar charlas sobre astrofísica, especialmente a escolares. Una de las preguntas que siempre surgen al final de la conferencia es precisamente esta, qué ocurrió antes del Big Bang (las otras son “¿dónde se expande el universo?” y “¿qué pasa si te caes a un agujero negro?”).
Durante mucho tiempo, solía responder de la misma manera: “¿Qué sentido tiene preguntar por un período anterior al origen del tiempo? No existe un ‘antes’ del tiempo cero. ¡Eso sería como preguntar sobre tu existencia antes de que nacieras!”. Hasta que, en una ocasión, una niña comenzó a enumerar detalladamente todo lo que había sucedido entre su padre y su madre “antes” de que ella “existiera”. La detuve a tiempo.
La experiencia cotidiana nos muestra que cada acontecimiento es consecuencia de una causa previa. Nada surge espontáneamente porque sí. ¿Por qué nuestro universo debería ser diferente? Cuestionarse qué existía antes del Big Bang es una pregunta inevitable y muy lícita, hasta el punto de que la ciencia no ha dejado de explorar posibles respuestas. Pero no es una tarea fácil. Ni siquiera comprendemos plenamente el supuesto origen del universo.
De hecho, antes de abordar esta pregunta, deberíamos empezar definiendo qué entendemos por Big Bang.
– La teoría del Big Bang habla de todo menos del Big Bang
El término Big Bang (Gran Explosión en inglés) fue enunciado por primera vez, y con cierta ironía, por el brillante físico Fred Hoyle para expresar su desacuerdo con “esas teorías que sugerían que toda la materia fue creada en una gran explosión en un instante determinado del pasado remoto”.
Sin pretenderlo, Hoyle acuñó un concepto que, desde el punto de vista del marketing científico, hoy todo el mundo conoce. Sin embargo, este término genera una imagen errónea: la de nuestro universo naciendo como resultado de una gran explosión.
En realidad, este modelo cosmológico –sólidamente asentado en la teoría de la relatividad general y en unas extraordinarias pruebas observacionales– nos muestra que el universo que podemos observar no siempre ha sido igual, sino que ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Si proyectáramos la película del cosmos hacia atrás y viajáramos hacia el pasado, ocurriría algo alucinante: la distancia entre dos puntos cualquiera del espacio se haría cada vez más y más pequeña, hasta alcanzar un estado en que el universo sería extraordinariamente denso y caliente.
Si continuáramos retrocediendo en el tiempo, ¿podría llegar un momento en el que todo el cosmos estuviera concentrado en un solo punto? No podemos saberlo. Justo antes de llegar a ese instante, las leyes de la relatividad general pierden validez, se vuelven locas. Es lo que denominamos una singularidad.
Tradicionalmente, a este instante se le denomina Big Bang. Pero lejos de ser una gran explosión, representa un límite en nuestra comprensión actual de las leyes del universo. Para entender lo que sucedió en esos instantes iniciales, necesitaríamos una teoría física más completa que la actual. Es como si el proyector de la película se rompiera justo antes de llegar al inicio.
No sólo desconocemos qué ocurrió antes del Big Bang, sino que incluso nos resulta difícil comprender lo que sucedió un ínfimo instante de tiempo inmediatamente después.
– Rebotes, burbujas, colisiones y multiversos
Lo curioso es que, precisamente en estos escenarios límite, donde nuestras teorías se “rompen”, es donde surge un verdadero laboratorio de ideas para explorar nuevas teorías físicas. En la última década, se han propuesto numerosos intentos de crear un marco teórico que explique de manera natural lo que sucedió antes de lo que llamamos el Big Bang.
Por ejemplo, físicos de renombre como Roger Penrose o Abhay Ashtekar han desarrollado teorías en las que nuestro Big Bang podría haber sido el resultado de un “rebote” de un universo anterior que colapsó y dio origen al nuestro.
En otros modelos, el Big Bang se produce por la colisión de unas entidades fundamentales llamadas branas. Y para algunos, nuestro universo es como una burbuja en expansión contenida dentro de otro universo que ha estado expandiéndose eternamente.

La física cuántica actual incluso permite la existencia previa de un “falso” vacío cuyas fluctuaciones de energía pueden amplificarse generando un paisaje de multiversos en los que nacen y mueren muchos universos. El nuestro, simplemente, sería uno más.
Algo más lacónico fue el célebre Stephen Hawking, que en una de sus últimas entrevistas defendía que “por difícil que sea de imaginar, quizás simplemente no hubo tiempo antes del Big Bang”.
Todas estas teorías, aunque muy especulativas, no son meros pasatiempos de físicos teóricos aburridos. En ellas podría estar la clave, el chispazo de creatividad, que conduzca al desarrollo de una teoría más completa que englobe a nuestros modelos actuales.
Sin embargo, la mayoría de estas alternativas encierran un “pequeño” problema: sugieren que cualquier rastro de un universo anterior se borra por completo después del Big Bang, lo que nos deja sin esperanzas de encontrar evidencia alguna sobre lo que pudo haber existido antes.
Así que, si me vuelven a preguntar sobre qué hubo antes del Big Bang, quizás debería responder que no lo sabemos y que quizás nunca lo sepamos. Tal vez, entonces, una estudiante levante la mano y me explique con detalle qué ocurrió antes de que existiera nuestro universo.
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El origen del jazz …

historiahoy.com(M.A.Hernandez) — Se ha hablado del jazz como el epítome de la música norteamericana. Sin embargo, en sus inicios fue denostado como «una manifestación del gusto de quienes no han sido educados». En tiempos más cercanos al actual, el jazz hoy es alabado como una de las formas más notables de expresión artística; un arte con improvisación que une la libertad de expresión con la calidad de su música.
A principios del siglo XIX New Orleans era una de las ciudades más ricas y cosmopolitas; una especie de crisol cultural donde gente de distintos orígenes y nacionalidades vivían puerta con puerta.
En esta ciudad, las melodías caribeñas empezaron a mezclarse con los ritmos africanos traídos por los esclavos y con las melodías clásicas occidentales traídas por los criollos (en ese entonces, eran considerados criollos los descendientes de los nativos de la Louisiana colonial, tanto en su período español como en su período francés, es decir, “europeos” franceses o españoles nacidos en las colonias).
La mayoría de estos músicos criollos, que se identificaban con sus ancestros europeos y no con los africanos, tenían formación clásica. A la mezcla mencionada se añadieron canciones de minstrel (género musical teatral, casi operístico, racista, originado en las plantaciones), los spirituals, y el sonido de las bandas de vientos y bronces que actuaban en funerales y bodas de New Orleans.
Esta mezcolanza musical terminaría por cuajar a finales del siglo XIX, cuando las “leyes Jim Crow” cambiarían más aún el panorama musical de New Orleans. Estas leyes, bajo el cínico lema “separados pero iguales” propugnaban la segregación racial en todos los ámbitos de la vida pública y se aplicaban a los afroestadounidenses y a otros grupos étnicos no blancos en los estados del sur de los Estados Unidos.
En los estados del norte la segregación fue por lo general “de facto” y predominantemente hacia los negros que vivían en ghettos urbanos.
Pero volvamos a New Orleans: las leyes de “separados pero iguales” generaron en los “criollos” el efecto de acercarse e interrelacionarse –musicalmente hablando– con la comunidad negra, en lugar de separarse de ella. Así, mezclaron su dominio técnico de varios instrumentos con la música de las bandas negras, claramente influenciadas por el blues.
Juntos crearon una música que empezó a emerger en el amanecer del siglo XX. A la mezcla de músicas mencionada se le agregaron reminiscencias e influencias del ragtime y el blues; a esa música se llamó inicialmemnte “hot music”, para dejar clara su naturaleza fogosa, y más tarde fue llamada “jass” (nombre que provenía del perfume a jazmín que solían usar las prostitutas de Storyville).
A finales del XIX y principios del XX la forma de entretenimiento más excitante en New Orleans no era escuchar a las bandas de jazz sino a las bandas de bronces (vientos), se escuchaba más música “de desfiles”, marchas, que ragtime.
Hacia 1907, cuando el pianista y compositor Jelly Roll Morton comenzó a mezclar el ragtime con el minstrel, el blues y los bailes caribeños cubanos (lo que él llamaba “el matiz español”), el término ya se había trasnformado en “jazz”, y así ha permanecido hasta nuestros días. Sin embargo, no existe una fecha de comienzo del jazz como música definida y autónoma.
Se lo suele ubicar entre 1895 y 1917; para entonces, el término “jazz” ya era usual y la “Original Dixielend Jazz Band”, la formación pionera del jazz, realizó sus primeras grabaciones.

Para los años 1917-1918 aún no se hacía improvisación sino “adornos” en la melodía. Parece ser que el ragtime al piano fue el influjo principal en la zona de Ohio, y que en esa zona el cambio al jazz tuvo lugar cuando entraron en las bandas el banjo de cuatro cuerdas y el saxo.
Mientras tanto, en New York a principios de los ’20 sólo se escuchaban blues y verdadero jazz en cabarets de mala reputación donde iban las clases inferiores.
En el hogar negro de clase media no solía permitirse interpretar blues y boogie-woogie, pues se asociaba a baja categoría; no se toleraba ninguna música “ruda o vulgar” todo era música refinada o “sentimental”. Las barreras sociales hacia los músicos de color también impedían grabaciones, por esto los primeros músicos de jazz solo se dedicaban a esta música de manera marginal y ocasional.
Así que los músicos de New Orleans tocaban todo tipo de música, aunque sólo una parte de ella contenía elementos que poco después se convirtieron en el jazz primitivo; la música que después comenzó a ser llamada “jazz” sólo se interpretaba marginalmente.
Fue en la década del ’20 cuando el jazz comenzó a unificarse, cuando pasó a ser artículo de consumo demandado en las zonas de entretenimiento de Chicago, Nueva York, Los Ángeles, Kansas City, y cuando –casi al mismo tiempo– los discos de la Original Dixieland Jazz Band comenzaron a difundirse, como quedó dicho.
Al entrar esta década el género creció y emigró hacia muchos lugares. New Orleans estaba ya en declive económico y Chicago surgió como la escena dominante, donde no sólo podían apartarse de la terrible segregación sureña sino que había más locales donde podrían tocar, después de aprobarse la ley de prohibición de alcohol; esto además, significaba trabajo para los músicos.
A partir de los años ’30 y durante toda la década de los ’40 y ’50, se produce la época dorada del jazz, con músicos afroamericanos convertidos en auténticos virtuosos del estilo, implementando instrumentos tan propios del género como el saxo o el contrabajo, y marcando las pautas que el jazz habría de seguir desde entonces.
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“Un caballero en Moscú”: la increíble historia del Hotel Metropol y los ilustres huéspedes que alojó …

BBC News Mundo (D.Bird) — «Un caballero en Moscú», la adaptación de Paramount+ de la novela más vendida internacional de 2016 de Amor Towles, sigue las aventuras de un aristócrata deshonrado a lo largo de las turbulentas décadas que siguieron a la Revolución de 1917.
El escenario del drama histórico es el legendario Hotel Metropol de la capital rusa.
Es ahí donde el protagonista, el noble conde Alexander Ilyich Rostov, es detenido por los nuevos amos bolcheviques de Rusia después de ser denunciado como enemigo de la Revolución debido a su herencia aristocrática.
Aunque el conde y las décadas de arresto domiciliario que soporta en el Metropol son obra de la imaginación de Towles, el escenario en el que se desarrollan los acontecimientos es un hotel real, con una historia que rivaliza con una obra de ficción.
Situado cerca del mundialmente famoso Teatro Bolshoi y a pocos pasos de la Plaza Roja y el Kremlin, el Metropol ha sido testigo de algunos de los acontecimientos más dramáticos de la historia moderna de Rusia. Su estilo es Art Nouveau, y la construcción comenzó en 1899, financiada por el industrial ruso Savva Mamontov, quien concibió la creación de un «palacio de las artes» con capacidad para 3.000 espectadores.
El arquitecto ruso-escocés William Walcot fue contratado para supervisar el proyecto, mientras que artistas como Mikhail Vrubel y Alexander Golovin crearon la célebre decoración y fachadas del edificio. Sin embargo, la repentina bancarrota de Mamontov (fue acusado de malversar fondos de una empresa ferroviaria y, aunque luego fue absuelto, enfrentó un fracaso financiero y de reputación) llevó a que la compañía de seguros de Petersburgo interviniera para encargarse del proyecto hasta su finalización.
En consecuencia, el concepto original de Mamontov cambió y se convirtió en un hotel lujoso con un bar de cócteles americano y un restaurante, en la línea del Ritz de París y el Savoy de Londres. El Hotel Metropol finalmente abrió sus puertas en 1905, justo cuando la agitación revolucionaria en Rusia obligó al zar Nicolás II a ceder ante las reformas constitucionales.


El Metropol fue uno de los primeros lugares en Moscú en tener instalaciones como refrigeradores y ascensores, y en proporcionar agua caliente y teléfono en sus suites para huéspedes. Pronto se convirtió en un imán tanto para la clase acomodada de Rusia como para los visitantes del extranjero, en vísperas de la Primera Guerra Mundial.
– El rol del Metropol en la Revolución
La caída de la monarquía Romanov en la primavera de 1917 allanó el camino para un Gobierno Provisional, que se dispuso a establecer una república rusa. Pero la Revolución de Octubre de ese mismo año vio a Vladimir Lenin y los bolcheviques tomar el poder en Petrogrado (ahora San Petersburgo) y proclamar el nacimiento de un nuevo Estado soviético socialista.
En Moscú, sus oponentes se refugiaron dentro del Metropol y lo fortificaron. Pero fue en vano. Lo que siguió fue una feroz batalla entre las fuerzas leales al derrocado Gobierno Provisional y los bolcheviques, durante la cual el Metropol sufrió graves daños, incluidas ventanas rotas y paredes marcadas por balas.
Incluso durante esta terrible experiencia, el hotel siguió atendiendo a los huéspedes, incluido Tomáš Masaryk, el futuro fundador y primer presidente de Checoslovaquia, quien fue testigo de primera mano de la vorágine. Las consecuencias del enfrentamiento callejero alrededor del hotel fueron descritas por el periodista estadounidense John Reed, quien hizo referencia a ellas en su clásico relato de 1919 sobre la revolución bolchevique, «Diez días que sacudieron al mundo».
“Habían estallado de nuevo combates desesperados en Moscú… «Los Guardias Blancos [opositores ultraconservadores de los bolcheviques] ocuparon el Kremlin y el centro de la ciudad… La artillería soviética estaba estacionada en la plaza Skobeliev, bombardeando el edificio de la Duma de la ciudad, la Prefectura y el Hotel Metropole [sic]».
– Estrella roja sobre el Metropol

En 1918, los bolcheviques trasladaron la capital de Rusia de Petrogrado a Moscú. El Metropol fue nacionalizado y se convirtió en la base de muchas instituciones soviéticas, así como en el hogar de los funcionarios del naciente régimen y sus familias.
El cambio se reflejó en el nuevo nombre del edificio: Segunda Casa de los Soviéticos (la primera fue el antiguo Hotel Nacional, no muy lejos del Metropol). Hasta el día de hoy, un friso de mayólica a lo largo de la fachada del Hotel Metropol frente a la Plaza de la Revolución contiene una cita de Lenin que proclama “Sólo la dictadura del proletariado puede emancipar a la humanidad de la opresión del capital”.
De hecho, el hotel aparece al fondo de una de las fotografías más emblemáticas de la época, la de Lenin pronunciando un discurso en la Plaza Sverdlov (ahora Plaza del Teatro). Después de la Revolución, a principios de la década de 1920, el Hotel Metropol continuó actuando como centro para algunos de los órganos del gobierno soviético, además de ofrecer habitaciones a los huéspedes.
El desprecio de los bolcheviques por la afectación burguesa significó que los lujosos interiores del edificio pronto se deterioraran por el abandono. Su deterioro reflejó la pérdida de estatus que sufrieron los miembros de la aristocracia rusa.
Aquellos que no huyeron al extranjero ni pasaron a la clandestinidad vivían en un mundo de sombras bajo la vigilancia de la Checa (la predecesora de la KGB), denunciados como «los de antes». El conde ficticio Rostov de «Un caballero en Moscú» es uno de ellos.
– La principal posada de Rusia
Sin embargo, poco después el Metropol se convirtió en parte integral del intento del gobierno de obtener reconocimiento internacional, y se utilizaba cada vez más para agasajar con diplomáticos extranjeros. Como consecuencia, el hotel también adquirió la reputación de ser un lugar indecente en el que se permitían relaciones lascivas.
Su célebre restaurante se trasladó bajo el techo de vidrieras de la Sala de la Fuente. El espectacular espacio fue el escenario del torneo internacional de ajedrez de 1925, en el que el campeón mundial, el cubano José Raúl Capablanca, perdió el título ante su oponente soviético, Efim Bogoljubov.

A medida que se acercaba la década de 1930, con la Unión Soviética en medio de la amplia campaña de industrialización de Josef Stalin (el Primer Plan Quinquenal), comenzó un nuevo capítulo en la historia del Metropol.
Los apparatchiks (burócratas) soviéticos se retiraron. El hotel se convirtió en una parte intrínseca de la campaña del régimen para atraer a los visitantes extranjeros e impresionarlos. Embriagadoras dosis de propaganda difundidas por guías turísticos de la Sociedad de toda la Unión para las Relaciones Culturales con Países Extranjeros (más conocida por su acrónimo en ruso, VOKS), exaltaban la gloria del sistema socialista de la URSS.
Durante la década siguiente, personajes importantes pasaron por sus puertas, incluido el dramaturgo ganador del Premio Nobel George Bernard Shaw y los reformadores sociales británicos Sidney y Beatrice Webb.
La década de 1930 fue una época de inmenso sufrimiento, miedo y derramamiento de sangre en la Unión Soviética. Millones de personas murieron de hambre –especialmente en Ucrania– debido a la presión del Kremlin para colectivizar la agricultura al convertir las granjas en propiedad estatal.
La última parte de la década vio la megalomanía paranoica de Stalin manifestarse en juicios y purgas de sus antiguos camaradas dentro de la élite soviética. El Metropol y la experiencia turística estrictamente controlada aseguraron que las luminarias occidentales se distrajeran de este lado oscuro de la tiranía de Stalin.
No muy lejos de la Lubyanka –la infame sede de la agencia de policía secreta, la NKVD–, el Metropol, como tantos otros lugares, no fue ajeno a las siniestras incursiones de los secuaces de Stalin durante esos años.

En 1938 nació en el hotel una de las más grandes escritoras rusas contemporáneas, Lyudmila Petrushevskaya. Su infancia allí fue objeto de una memoria de 2017, «La chica del hotel Metropol» En «Un caballero en Moscú» se pueden notar similitudes entre las experiencias de Petrushevskaya y las de las ficticias Nina y Sofía en la historia de Towles.
– La Segunda Guerra y la Fría
Cuando la Alemania nazi invadió la Unión Soviética en junio de 1941, Stalin de repente se encontró cooperando con el obstinado primer ministro británico antibolchevique, Winston Churchill. Y junto con Estados Unidos después del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de ese año, los aliados aunaron sus esfuerzos para derrotar al fascismo.
Durante la Segunda Guerra Mundial (conocida como la «Gran Guerra Patria» en varios países postsoviéticos, sobre todo en Rusia), el Hotel Metropol se convirtió en el hogar de varios periodistas aliados que cubrían noticias del Frente Oriental, y transformaron algunas de sus habitaciones en oficinas de prensa.
Sus escritos eran meticulosamente examinados y censurados por las autoridades soviéticas, antes de ser devueltos a los periodistas extranjeros, invariablemente salpicados de correcciones que se ajustaban al ángulo heroico exigido por el Kremlin.
Después de la guerra, el hotel siguió recibiendo visitantes internacionales. El escritor estadounidense John Steinbeck y el fotógrafo de guerra Robert Capa frecuentaron el Metropol cuando se embarcaron en una gira por la URSS para registrar las vidas de los ciudadanos soviéticos comunes y corrientes, que quedó plasmada en «Un diario ruso» de 1948.
Ese mismo año, Golda Meir, futura primera ministra de Israel, se instaló en el Metropol como primera ministra plenipotenciaria (embajadora) de esa nación ante la Unión Soviética. En la década de 1950, cuando la Guerra Fría comenzaba a calentarse, Stalin dio la bienvenida a la recientemente establecida República Popular China al campo comunista.
En una recepción a la que asistieron Stalin y Mao Zedong en el acertadamente llamado Salón Rojo del Metropol celebraron la firma del Tratado Sino-Soviético de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua a principios de 1950.
– Después de todo
Tras la muerte de Stalin en 1953 y el inicio del «deshielo de Khrushchev», el Metropol adoptó una existencia más sedentaria.
Su renombre significó que continuó sirviendo como lugar de estancia en Moscú para los visitantes extranjeros notables, incluida la estrella de cine Marlene Dietrich, en la década de 1960.
A finales de la década de 1980, el Metropol experimentó una extensa restauración mientras la Unión Soviética se embarcaba en un experimento de reformas políticas y económicas sistémicas –perestroika y glasnost– lanzado por Mikhail Gorbachev.
En 1991, las obras del hotel finalizaron justo cuando la URSS se desmoronaba y dejaba de existir. No así el Metropol, que hoy en día sigue dando la bienvenida a sus huéspedes y comercializa su rico y sorprendente legado.
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Mitos y Leyendas …

– Pegaso: el majestuoso caballo alado del Olimpo
Ancient Origins — Pegaso es el majestuoso caballo volador de la mitología griega. Tradicionalmente se ha representado a esta criatura como un caballo alado completamente blanco. Según la leyenda, Poseidón, dios de los mares, era su padre, mientras que su madre era la gorgona Medusa. Pegaso es conocido principalmente por estar vinculado a los héroes Perseo y Belerofonte.
En el relato en el que Perseo da muerte a Medusa podemos encontrar el mito del nacimiento de Pegaso. Este caballo alado se convirtió más tarde en la montura de Belerofonte, y aparece en las narraciones que cuentan las hazañas de este héroe, como aquellas en las que Belerofonte mata a la quimera e intenta volar hasta el monte Olimpo.
– La Teogonía de Hesíodo
En la Teogonía de Hesíodo podemos leer que: “Con ella sola [Medusa] yació el de Cerúlea Cabellera en un suave prado, entre primaverales flores.” De la unión carnal entre Medusa y Poseidón fueron concebidos Pegaso y Crisaor, que nacieron cuando Medusa fue decapitada por el héroe Perseo.
Y cuando Perseo le cercenó la cabeza, de su interior brotaron el enorme Crisaor y el caballo Pegaso. A éste le venía el nombre de que nació junto a los manantiales del Océano, y a aquél porque tenía en sus manos una espada de oro.

Hesíodo menciona asimismo que tras el nacimiento de Pegaso, el caballo voló hasta el monte Olimpo, donde entró a vivir en el palacio de Zeus. Allí se le encomendó la misión de transportar los rayos y truenos del dios olímpico. Por otro lado, los mitos griegos sugieren asimismo que Pegaso pasó algún tiempo en la Tierra antes de volar hasta el monte Olimpo. Durante esa época, el caballo alado sirvió de montura a dos héroes: Perseo y Belerofonte.
Tras la muerte de Medusa, se cuenta que Perseo emprendió el camino de vuelta a casa, y fue entonces cuando alcanzó a ver a una doncella encadenada a una roca. Era Andrómeda, hija de los reyes de Etiopía. La madre de Andrómeda había enfurecido a Poseidón al jactarse de que su hija era aún más bella que las Nereidas.
El dios castigó entonces al pueblo de Etiopía, enviándoles en primer lugar unas inundaciones, y a continuación un monstruo marino que sembró el terror. La única forma de aplacar la ira de Poseidón era sacrificar a Andrómeda, y ésta era la razón por la que la princesa se encontraba encadenada a una roca.

Perseo se ofreció para rescatar a la princesa y enfrentarse al monstruo, a condición de que se le concediera la mano de Andrómeda en matrimonio como recompensa. El rey accedió a su petición, y cuando el monstruo acudió para llevarse a la princesa, fue convertido en piedra por Perseo gracias a la cabeza decapitada de Medusa.
El vínculo entre Pegaso y Andrómeda aparece claramente reflejado en el firmamento, ya que sus constelaciones se encuentran la una junto a la otra.

– Pegaso y Belerofonte
Pegaso fue también la montura de Belerofonte, que cabalgó a lomos del caballo alado en el transcurso de su expedición destinada a dar muerte a la quimera. Según una de las versiones de este mito, el héroe había visitado la ciudad de Tirinto, de la que era rey Preto.
Su esposa, la reina Estenebea, se enamoró de Belerofonte, pero el héroe rechazó sus insinuaciones. Sintiéndose humillada, Estenebea acusó entonces a Belerofonte ante su esposo de intentar seducirla. Furioso, Preto envió a Belerofonte a la corte de su suegro Yóbates, rey de Licia, con una carta. En la carta se pedía al rey que matara al mensajero.
En lugar de dar muerte a Belerofonte, sin embargo, Yóbates decidió asignar al héroe la misión de matar a la quimera, creyendo que Belerofonte no sobreviviría a tal enfrentamiento. Poco antes de ponerse en camino, Belerofonte consultó con un vidente corintio, Poliido, quien le aconsejó buscar a Pegaso para realizar su misión.
En otra versión del mito, Poliido sabía dónde se posaba Pegaso para beber y compartió esta información con Belerofonte, quien pudo de este modo domarlo. Aún existe otro relato en el que Poseidón (padre en secreto de Belerofonte) es quien le lleva hasta Pegaso. Sin embargo, la versión más popular de este mito es aquella en la que Atenea entrega el caballo alado a Belerofonte. Con la ayuda de Pegaso, Belerofonte consigue dar muerte a la quimera.

Con el paso del tiempo, el orgullo de Belerofonte creció, y el héroe decidió alcanzar las cumbres del monte Olimpo cabalgando a Pegaso para ocupar un lugar entre los inmortales. Zeus se percató de la pretensión del héroe y envió un tábano para que picara a Pegaso. De este modo, Belerofonte perdió el equilibrio y cayó a tierra.
Pegaso, no obstante, prosiguió su camino, llegando hasta el monte Olimpo y siendo acogido en su palacio por Zeus, quien le asignó la tarea de transportar los rayos y truenos que el dios arrojaba desde el cielo.
– El dios Enki, la diosa madre Inanna y los deformes humanos de los mitos sumerios

Mesopotamia es el nombre con el que los antiguos griegos conocían a las tierras comprendidas entre los ríos Tigris y Eufrates, ubicadas en lo que hoy es Iraq. Unas tierras habitadas en el pasado por una abigarrada mezcolanza de pueblos y razas y en las que destacaba una misteriosa cultura, la desarrollada hace milenios por el pueblo sumerio cuyas creencias religiosas son las más antiguas de las que tenemos noticia en la región.
– nanna y Uruk
Inanna era la gran madre sumeria, la diosa de la fertilidad, del amor y la guerra, el principio de la vida, a quien los hombres habían dado culto desde tiempo inmemorial. Se la asociaba con la estrella de la mañana (el planeta Venus), y era la prolongación de la tradición de las «diosas madres» prehistóricas. Se la identifica con la diosa griega Afrodita y la Astarté fenicia.
Tal era su importancia que se construyeron en su honor siete templos por toda la geografía sumeria, aunque el principal se encontraba en la ciudad de Uruk, una de las mayores capitales sumerias: de los dos templos principales existentes en la ciudad durante su época de máximo apogeo (3.000 a. C.), uno de ellos estaba dedicado a Inanna.

Los templos empleaban por aquel entonces a un gran número de personas, y los sacerdotes ocupaban un puesto relevante en la vida de la ciudad. Toda ciudad sumeria importante era, a su vez, centro de culto de una divinidad concreta. Las divinidades menores poseían espacios propios dentro de los templos mayores, y también eran reverenciadas en pequeños santuarios levantados en los distintos barrios, entre las viviendas de los ciudadanos.
– Enki y Eridu
Pero si Inanna era importante, no lo era menos el poderoso Enki, señor de las frescas aguas, la fertilidad y la sabiduría. Surgido del caos húmedo de las aguas marinas, daba vida a todos los seres que poblaban la Tierra.
Enki, llamado Ea por los posteriores acadios, era el protector de marinos y navegantes, el guardián de las leyes divinas y de los MES: leyes preordenadas por los dioses e inmutables que fundamentaban las instituciones sociales, las prácticas religiosas, las tecnologías, los comportamientos, las costumbres y las condiciones humanas que hacían posible la civilización.
Enki, hermanastro del dios Enlil, tenía como misión crear a los hombres e impulsar a que otras divinidades los creasen, dotando a los humanos con las artes, oficios y medios técnicos necesarios para desarrollar la agricultura. Se le solía representar como un ser con cuerpo de pez del que surge una cabeza humana, con pies similares a los humanos y portando o vertiendo agua. Su ciudad era Eridu.

Eridu era la ciudad más meridional de la región mesopotámica, y según la tradición sumeria, la más antigua de todas: la primera creada por los dioses. Tanto es así, que según la Lista Real Sumeria, los primeros reyes mitológicos, sucesores del reinado del cielo, fueron los de Eridu.
La antigüedad de la ciudad quedó confirmada por los arqueólogos a lo largo del siglo XX, habiéndose datado su fundación en torno al año 4900 a. C.: hacia el año 3800 a. C. la ciudad ya contaba con un importante templo de culto a Enki y un cementerio del que se han descubierto unas mil sepulturas.
– El hombre y los humanos deformes
Como ha sucedido a lo largo de toda la historia de la humanidad, los sumerios se hacían a sí mismos multitud de preguntas, como por qué existía el mundo o por qué fue creado el hombre. En su cultura respondían a tales cuestiones a través de los mitos. De hecho, existe un ancestral mito sumerio que relata cómo Enki e Innana crearon al hombre.

Cuenta la leyenda que los dioses estaban cansados de labrar los campos y de crear canales para poder cultivar y de este modo alimentarse. Fue entonces cuando Enki tuvo la idea de modelar una figura de barro a la que Inanna, la diosa madre, daría a luz: fue así como nació el primer hombre.
Desde entonces, los hombres se vieron obligados a trabajar las tierras para poder producir alimentos, tanto para sí mismos como para los dioses. Sin embargo, Enki e Innana bebieron demasiada cerveza durante un banquete, se pelearon y la diosa se jactó de poder echar a perder su creación cuando ella quisiera. Enki la desafió, vanagloriándose de que él podría encontrar un lugar para cualquier criatura que Inanna fuese capaz de crear.
Como respuesta, la diosa produjo todo género de seres deformes, pero Enki encontró para cada uno de ellos un puesto en el mundo y en la sociedad sumeria. De esta forma, el mito no sólo explicaba la creación del hombre y el por qué fue creado, sino que también respondía a la existencia de seres humanos con algún tipo de tara física o psíquica.

La cultura sumeria alcanzó su cénit entre los años 3000 y 2000 a. C. Los poetas de aquellos siglos fueron los encargados de transmitirnos las leyendas de los dioses sumerios. Unos dioses que, como hemos observado, luchaban por mantener su posición frente a los poderes malignos, se enzarzaban en todo tipo de engaños y expresaban pasiones y sentimientos humanos.
– El temible Enlil: señor del viento y las tormentas de la mitología sumeria

La mitología sumeria es, sin lugar a dudas, una de las más ancestrales, apasionantes y misteriosas del mundo. Tal fue su importancia que influyó en toda la mitología mesopotámica, sobreviviendo en los mitos y creencias de Hurritas, Acadios, Babilonios, Asirios y otras civilizaciones.
De hecho los dioses sumerios, acadios y babilonios eran los mismos, a excepción del supremo de estos últimos. De entre todos ellos, uno de los más destacados fue Enlil, dios del cielo, el viento, las tempestades y la respiración.
Los sumerios imaginaban el universo como una cúpula cerrada rodeada por un mar de agua salada. Por debajo de la capa terrestre, que formaba la base de la cúpula, existía un inframundo y un océano de agua dulce llamado Kur. El firmamento de la cúpula estaba regido por el dios An y la tierra, a su vez, por Ki. Enlil, era hijo de An y de Ki, a quienes separó al nacer, provocando con ello la separación física del cielo y la tierra.

– Enlil en los mitos sumerios y acadios
Enlil, Anu y Enki forman la trinidad suprema del panteón sumerio. Enlil, que aparece protagonizando numerosos relatos mitológicos, era de carácter voluble: sentía y actuaba. Sobre todo actuaba en el ámbito de la creación, siendo además, el guardián de las Tablas del Destino, donde se encontraban decretados los destinos de todo lo existente.
De esta forma, en el poema sumerio conocido como Creación de la Azada se cuenta cómo, tras separar el cielo de la tierra, Enlil creó la azada, golpeó el suelo con ella y de la brecha abierta en la tierra brotaron los hombres.
Posteriormente los acadios, en su Poema de Atrahasis, narran cómo Enlil intentó destruir a la humanidad en tres oportunidades distintas, molesto por sus ruidosas costumbres. En el último de dichos intentos Enlil arrasa la Tierra con un diluvio, pero la humanidad consigue salvarse gracias a la intervención del medio hermano de Enlil, Enki, que ordena al héroe Atrahasis la construcción de un barco enorme en el que deberá cargar semillas y animales.
Es entonces cuando Enlil inunda la Tierra abriendo las compuertas del cielo. Pero los demás dioses reprenden a Enlil, ya que necesitaban de los sacrificios y ofrendas realizados por los humanos para alimentarse. Cuando las aguas se retiran, Atrahasis ofrece un nuevo sacrificio a los dioses, que lo reciben hambrientos. Finalmente, Enki solicita a la diosa madre la creación de nuevos seres humanos.

Enlil tenía además una esposa: Ninlil, la Señora del Aire. Pero también gozó de la compañía de varias concubinas así como de otras parejas ocasionales. Sus relaciones con Ninlil fueron objeto de un relato mitológico novelado: el Mito de Enlil y Ninlil.
Según este relato, Enlil −que pasó una temporada en el inframundo− fecundó a Ninlil en varias ocasiones −un tanto pintorescas y bajo diversas apariencias−, engendrando primero a la diosa Nanna (La Luna) y luego a Meslamta y a Ninazu, otras dos divinidades que sustituirían a su padre en el inframundo.
– Etimología y orígenes del nombre Enlil
Los expertos han propuesto dos posibles orígenes para el nombre Enlil:
Una primera corriente defiende que proviene del sumerio (EN.LÍL, de EN = «Señor + LÍL = «Tormenta» o «Viento ), por lo que su nombre significaría literalmente, «Señor de la tormenta» o «Señor del viento» o «dios del viento». Sin embargo, esta etimología ha planteado unos de los más serios rompecabezas teogónicos sumerios, ya que en este caso “aire” se entendería como una realidad cosmológica y no directamente atmosférica.
Por tanto, Enlil vendría a personificar la sutileza pura, el aliento al ser respirado, la brisa al acariciar el rostro, el viento al mover las ramas y el huracán al arrancar los árboles.
La otra opción, mucho más reciente y moderna, indicaría una sumerización de la raíz semita il (Dios), la misma que da origen a los términos El y Alá, significando así Dios Señor.

Asimismo, los sumerios relacionaban su nombre con el concepto kur, término que engloba tanto el significado básico de montaña como el de país −y, por extensión, país extranjero− e, incluso, mundo infernal.
Enlil es el Viento de la Montaña, cuya cumbre llega al cielo y cuyos cimientos se encuentran en la profundidad brillante del abismo (sa résásu samámisanna apsu ellim sursudu ussusu). Además, su hogar era el é.kur (Casa-Montaña) y siempre se le asociaba con los adjetivos kur.gal (Gran Montaña) y lugal.a.ma.ru (Rey de las Tormentas).
– El culto a Enlil
El culto a Enlil se encuentra documentado desde principios del período dinástico arcaico, hacia el año 3.000 a. C. Es posible que su origen provenga de las regiones montañosas del norte de Mesopotamia, donde habría tenido el carácter propio de un dios del viento y las tormentas: imprevisible e irascible, cruel y bondadoso a partes iguales.

A medida que se desciende en dirección a las regiones del sur de Mesopotamia, se puede observar que Enlil va perdiendo sus rasgos creadores y fertilizadores, mientras que por otro lado va adoptando una posición dominante dentro del panteón mesopotámico, hegemonía que mantiene hasta la popularización del culto a Ninurta, su hijo primogénito según la tradición posterior.
El principal templo de culto a Enlil se encontraba en el E.kur (casa-montaña) de Nippur, antigua ciudad sumeria cuyos primeros restos datan del V milenio a. C. Fue tal la correspondencia y la identificación entre la ciudad y su dios, que en la escritura sumeria cuneiforme las palabras Nibru (Nippur) y Enlil se escribían del mismo modo.
Nippur se mantuvo como un importante centro religioso durante el período acadio, la segunda dinastía de Lagash y la tercera dinastía de Ur. Actualmente sus ruinas se encuentran a unos 160 km al sureste de Bagdad, en Iraq.
– La antigua raza de gigantes blancos descrita en las leyendas de diversas tribus nativas americanas

Diversas tribus nativas americanas han transmitido de generación en generación leyendas de una raza de gigantes blancos que fue exterminada. Repasaremos a continuación algunas de estas antiguas leyendas, incluyendo entre ellas desde las de los Choctaw y los Comanches de los Estados Unidos hasta las de los Manta de Perú.
. Choctaw
Horacio Bardwell Cushman escribe en su libro de 1899 “Historia de los indios Choctaw, Chickasaw y Natchez”: “La tradición de los Choctaw […] habla de una raza de gigantes que habitaba en el pasado en lo que hoy es el estado de Tennesse, y a quienes sus antepasados combatieron cuando llegaron al Mississippi tras emigrar hacia el oeste. […] Su tradición sostiene que el pueblo Nahullo (raza de gigantes) era de una estatura grandiosa.”

Cushman explica en su libro que “Nahullo” era un término utilizado habitualmente para referirse al hombre blanco, pero que en su origen designaba específicamente a una raza de gigantes blancos con los que los Choctaw entraron en contacto cuando cruzaron el Mississippi por primera vez. Cuentan las leyendas que los Nahullo eran caníbales y que los Choctaw les mataban siempre que tenían ocasión.
. Comanches
Los comanches eran una tribu de las Grandes Llanuras .Uno de sus jefes, Trueno-que-retumba, narró en 1857 el siguiente relato sobre una raza de gigantes blancos: “Hace innumerables lunas, una raza de hombres blancos, de diez pies de alto (tres metros), y mucho más ricos y poderosos que cualquiera de los hombres blancos que viven en la actualidad, habitaba aquí en un extenso territorio del país, desde el sol que nace hasta el que muere.
Sus fortificaciones coronaban las cumbres de las montañas, protegiendo sus populosas ciudades construidas en los valles intermedios.”
“Sobrepasaban a cualquier otra nación que hubiera existido jamás, tanto antes como después, en todo tipo de ingeniosas artesanías. Eran valientes y belicosos, y dominaban las tierras que habían arrebatado a sus antiguos poseedores con orgullo y arrogancia. Comparados con ellos, los rostros pálidos de la actualidad son pigmeos, tanto en destreza como en la guerra.[…]”
El jefe explicaba que cuando esta raza olvidó la justicia y la piedad y se volvió demasiado orgullosa, el Gran Espíritu los exterminó, y todo lo quedó de su civilización fueron los túmulos visibles a día de hoy en las mesetas. Este relato aparece documentado en el blog de Dr. Donald “Panther” Yates, investigador y autor de libros sobre la historia de los pueblos nativos americanos.
– Navajos
Yates también escribe acerca del pueblo Starnake de las leyendas de los Navajos, en las que se les describe como “una majestuosa raza de gigantes blancos que conocía la tecnología de la minería y dominaba el Oeste, esclavizaba a tribus inferiores y poseía fortificaciones por toda América. Esta raza se extinguió o ‘regresó a los cielos.’”

– Manta
En 1553, Pedro Cieza de León escribía en el capítulo LII de su “Crónica del Perú” sobre unos legendarios gigantes que le habían descrito los indígenas del pueblo Manta: “Y porque en el Perú hay fama de los gigantes que vinieron a desembarcar en la costa en la punta de Santa Elena […] Cuentan los naturales, por relación que oyeron de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás […]”
Vinieron por la mar en unas balsas de juncos a manera de grandes barcas unos hombres tan grandes que tenían tanto uno de ellos de la rodilla abajo como un hombre de los comunes en todo el cuerpo, aunque fuese de buena estatura, y que sus miembros conformaban con la grandeza de sus cuerpos, tan disformes, que era cosa monstruosa ver las cabezas, según eran grandes, y los cabellos que les llegaban a las espaldas. Los ojos señalan que eran tan grandes como pequeños platos.
Cieza de León cuenta también que las costumbres sexuales de los gigantes repugnaban a los nativos, y que el cielo les castigó finalmente, exterminándolos a causa de este comportamiento.
– Paiutes
La tradición oral de los Paiutes nos habla de una raza de caníbales blancos y pelirrojos, de unos tres metros de alto, que vivían cerca del lugar que hoy conocemos como cueva de Lovelock, situada en Nevada (Estados Unidos).
No está claro si esta “tradición oral” acerca de los llamados gigantes Sitecah es real o si se trata de una exageración o deformación de las leyendas nativas creada cuando los Paiutes habían sido ya exterminados o dispersados en su mayor parte por la expedición del explorador Joseph Walker realizada en 1833.
Brian Dunning, de ‘Skeptoid’, investigó las leyendas Paiutes y no halló prueba alguna de que los Sitecah fuesen gigantes. Sí parece cierto, sin embargo, que existió en la zona un pueblo que practicaba el canibalismo y que habitaba en la cueva de Lovelock.
Se han hallado en esta cueva restos humanos, y en algunos de los huesos descubiertos el tuétano había sido vaciado, lo que sugiere que se alimentaban de él. No obstante, el canibalismo parece haber sido una práctica muy poco habitual entre estos pueblos.
Es cierto también que los cabellos de estos restos humanos son rojos, pero este hecho podría deberse a que su pelo negro original se volvió rojo con el paso del tiempo.

Unos mineros desenterraron estos hallazgos en el año 1912, depositándolos en un montón antes de ponerse en contacto con los responsables de la Universidad de California. El antropólogo Llewellyn L. Loud fue enviado por la universidad al yacimiento para investigarlo.
Es una opinión comúnmente aceptada que las excavaciones no se llevaron a cabo de forma correcta, y sin duda las actuaciones realizadas habrían sido consideradas deficientes en la actualidad. Pero algunos defensores de la teoría de los gigantes Sitecah insisten en que los investigadores podrían haber ocultado intencionadamente posibles restos de gigantes hallados en el lugar.
nuestras charlas nocturnas.
El Mahdi, El Califa, la muerte …

historiahoy.com(M.A.Hernandez) — En 1879, debido a guerras absurdas (¿qué guerra no lo es?) y a los derroches de dinero de un gobierno inoperante, Egipto se acercaba a la bancarrota. Preocupados por la seguridad del canal de Suez, franceses y británicos (cuándo no) se inmiscuyeron en el asunto para enderezar las finanzas egipcias.
Como suele ocurrir, los nacionalistas egipcios se rebelaron contra esos dos extranjeros que metían las narices en las cuentas del país. Los franceses se hicieron los desentendidos, pero los británicos aplastaron esa revuelta nacionalista. Esto convirtió a Egipto en un “protectorado” británico (algo así como una colonia, bah). A raíz de eso, los británicos se convirtieron en algo así como los “responables” de Egipto.
Lo que querían los británicos era que el canal de Suez fuera seguro y que Egipto les devolviera toda la plata que le habían ido prestando. Dejaban hacer al gobierno egipcio, pero lo supervisaban y dirigían entre bambalinas. El gobierno egipcio era corrupto y decadente, y las tradiciones árabes se desdibujaban: se bebía alcohol, se escuchaba música europea, se estudiaban “ciencias occidentales”, etc. Pero la gota que colmó el vaso fue el intento del gobierno, por expreso mandato de los británicos, de abolir el comercio de esclavos, que era el principal ingreso económico de los árabes en la por entonces provincia egipcia de Sudán, en el sur.
Así que, como era de esperar, los sudaneses se rebelaron contra el gobierno central en 1881.

El líder de esta rebelión fue Mohamed Ahmed, un “hombre santo” errante y rebelde, que siempre había sido desafiante con las autoridades constituidas. Era un estudioso del islam que de joven se había unido a los deviches, una especie de secta-congregación derivada de los sufíes místicos.
Ahmed fue creciendo en ese ámbito religioso-místico hasta que consideró que él era más “santo” que todos los demás, así que se separó de ese grupo y formó uno propio. Típico líder carismático, no tardó en reunir discípulos hasta finalmente declararse a sí mismo como el “Mahdi” (“el Guiado”, “el Elegido”).
Eso, más los temores apocalípticos que impregnaban la época (en el calendario musulmán se acercaba el fin de siglo) lo llevaron luego de un tiempo a reunir multitudes dispuestas a hacer lo que él les dijera. Un clásico.
Las autoridades sudanesas trataron de sobornarlo, pero Ahmed se mostró incorruptible. El gobierno egipcio puso usa recompensa por su captura y mandó dos compañías militares para apresarlo; cada una de ellas lo abordó desde direcciones opuestas y terminaron disparándose entre sí (increíble pero cierto); después llegó el ejército del Mahdi (a esta altura muy numeroso) y aniquiló lo que quedaba de ambos grupos, dejando claro que la “insurrección islámica” iba en serio.
El gobierno egipcio, ya muy procupado, hizo un segundo intento para eliminar al Mahdi: envió una fuerza de 4.000 hombres al mando de Yusef Pacha, que subestimó la situación: poco disciplinados, ni siquiera pusieron centinelas en su campamento. Resultado: los mahdistas atacaron de noche y los liquidaron a todos.
Llegó entonces un tercer intento: una fuerza egipcia de 8.000 hombres bajo el mando de Hicks Pasha, un mercenario británico convertido al islam.
Este ejército partió desde Khartum (o Jartum), la capital de Sudán, pero tras perseguir a los mahdistas sin rumbo fijo por el desierto durante semanas, los rebeldes mahdistas lograron cortarles su línea de abastecimiento (otro clásico), lo que hizo que quedaran como desamparados, con hambre y sed en medio del desierto, hasta que finalmente los mahdistas los emboscaron, mataron a todos y le cortaron la cabeza a Hicks Pasha para llevársela al Mahdi como trofeo. Ahora la “insurrección islámica” iba por todo.
El gobierno egipcio ya estaba en alerta roja, y envió (cuarto intento) a Khartum tropas bajo el mando de Charles Gordon, un mercenario británico de reconocida trayectoria en estos menesteres, con la orden de evacuar de la ciudad a todos los europeos y egipcios. Una vez allí, mientras esperaban que las guarniciones periféricas fueran desalojadas, los mahdistas sitiaron la ciudad (con Gordon adentro, claro).
Cuando los británicos se enteraron de esto, decidieron enviar tropas propias para rescatarlo y terminar de una vez por todas con este insoportable Mahdi y su gente (quinto intento), entonces envió una fuerza de 10.000 hombres comandada por el general lord Garnet Wolseley.
El trayecto hasta Khartum era largo y las tropas tardaron en llegar; antes de arribar a la ciudad sitiada, el Mahdi ordenó el asalto a la ciudad, cuya rotunda caída fue seguida de la masacre de la población atrapada. De paso también le cortaron la cabeza a Gordon y se la llevaron a Mahdi, que esta vez no la había pedido, parece. El general Wolseley y su gente llegaron tarde, se volvieron a casa y dejaron Sudán librado a su suerte, es decir, a merced del Mahdi y su poderoso ejército de fanáticos islamistas.
El fracaso en el rescate de Gordon provocó la caída del gobierno de William Gladstone en Gran Bretaña.
A Sudán le fue muy mal bajo el dominio de los mahdistas. Manteniendo guerras en todos los frentes, sobre todo en busca de esclavos, el estado de confrontación permanente sólo trajo desastres. Khartum quedó en ruinas, saqueada y sembrada de huesos, mientras el gobierno mahdista se estableció en la ciudad de Omdurman, transformada en la nueva capital.
Los mahdistas impusieron una estricta ley musulmana (otro clásico); la Sharia en su apogeo, digamos. Palizas, mutilaciones y decapitaciones estaban a la orden del día. Los impuestos se hicieron cada vez más onerosos y ayudaban a mantener el estilo de vida de los líderes mahdistas (otro clásico, y van…). El Mahdi prohibió todo lo ajeno a la cultura árabe: la educación “europea”, la industria, incluso usar fez (decía que era “demasiado turco”). Prohibió la medicina y expulsó y ejecutó a los médicos. Y resulta que en 1885, el Mahdi enfermó y murió de tifus.

El liderazgo luego de la muerte del Mahdi fue asumido por Abdullah ibn-Muhammad (llamado Abdullahi), “el Califa”, el lugarteniente de confianza del Mahdi. Como era de esperar, parientes del Mahdi consideraban que el liderazgo les pertenecía por derecho natural (otro clásico).
Esta disputa desembocó en una guerra civil en la que se enfrentaron los diferentes clanes y tribus. Abdullahi aniquiló a todos: a los kababish de Kordofan, a los juhainas del Nilo Azul, a los rebeldes de Darfur. Como muestra de su crueldad, masacró a los bahatines y encarceló a los 70 jefes para ejecutarlos en público en la horca, pero la cuerda se rompió después de ejecutar a los primeros 18; se ve que no tendrían otra, porque a los restantes prefirieron decapitarlos.
En público, también. Pero cambiaron de idea otra vez y a los últimos 27 prefirieron cortarles las manos y los pies y los expusieron para que murieran desangrándose en la plaza pública.
El califa Abdullahi, ya subido al poder indiscutido, prohibió el tradicional peregrinaje musulmán a La Meca, estableciendo que ahora el peregrinaje sagrado debía hacerse hasta la tumba del Mahdi, en Omdurman.
Luego de tener el poder absoluto, las guerras y asaltos permanentes empezaron a llevarse a cabo hacia territorios vecinos con el objetivo principal de tomar esclavos, necesarios como recurso económico para sostener el régimen.
En 1887 los mahdistas invadieron Gondar, capital del imperio cristiano de Abisinia (hoy, Etiopía) y secuestraron a muchos de sus habitantes para venderlos como esclavos, violando y matando al resto. Pero Juan IV, emperador de Abisinia, recompuso fuerzas y contraatacó a los mahdistas en la ciudad fronteriza de Metema.
El mismo emperador fue herido en la batalla, lo que afectó enormemente el ánimo y la disposición de los abisinios; eso fue aprovechado por los mahdistas, que atacaron y dispersaron a las tropas etíopes, robaron el ataúd del emperador, le cortaron la cabeza al cadáver (tenían una fijación con eso, se ve) y la llevaron a Omdurman para exhibirla en las calles, antes de agregarla a colección.
Las guerras mencionadas, sumadas a la sequía de 1888, fueron los disparadores de una gran hambruna. Los soldados del califa confiscaron todos los granos que encontraron en la región y los trasladaron a Omdurman para repartirlo entre la población de acuerdo a su lealtad al régimen.
Todos estos desastres llevaron a que la población de Sudán disminuyera de 8.000.000 de habitantes que tenía cuando comenzó la insurrección mahdista a 2.500.000 de habitantes luego de quince años de dominio mahdista.
Durante todo este tiempo de sangre y muerte (unos 15 años), los británicos se mantuvieron al margen: Sudán era un problema “local” y no influía en sus intereses comerciales (o sea, el tránsito por el canal de Suez).
Pero hete aquí que empezaron a inquietarse cuando vieron que los franceses estaban consolidando un imperio en el interior de África, lo que además les permitiría acercarse al Nilo, cuyo control estratégico por entonces era egipcio-británico. Así que finalmente decidieron intervenir en Sudán.
En 1898 un ejército de 17.000 egipcios y 8.000 británicos, al mando de sir Herbert Kitchener, partió hacia Sudán a poner las cosas en orden (para los británicos) de una vez por todas.
En el primer enfrentamiento mataron a 3.000 mahdistas. Los mahdistas tenían fama de ser fanáticos insensibles al dolor, así que los fusileros británicos utilizaron balas explosivas y proyectiles de plomo blando que se expandían, arrancaban partes enteras del cuerpo y dejaban enormes agujeros; además los británicos remataban a los heridos en el suelo (por las dudas, vio).
Al acercarse a Omdurman fueron atacados por el ejército mahdista. Pero los británicos, equipados con un nuevo invento, la ametralladora Maxim (primera ametralladora automática portátil), barrieron del mapa a miles de mahdistas. La batalla de Omdurman fue muy desigual: los mahdistas perdieron 30.000 hombres entre muertos y gravemente heridos, mientras que los británicos sólo perdieron 48 hombres. Abdullahi escapó a Kordofan, una región en el centro de Sudán.
Los británicos profanaron y volaron la tumba del Mahdi, tiraron sus huesos al Nilo y se llevaron su calavera a un museo en Inglaterra. Al enterarse de esto, la reina Victoria (que se ve que estaba viviendo en un submarino) se mostró indignada y ordenó a las tropas (tarde) dejar en paz los restos del Mahdi. A esta altura lo único que estaba disponible era la calavera, así que por orden de la reina la misma (la calavera) fue enterrada siguiendo los ritos musulmanes.

La “limpieza” de los británicos en Sudán se mantuvo durante muchos años. El final llegó cuando el califa Abdullahi murió en la batalla de Umm Diwaykarat en noviembre de 1899. El mahdismo se debilitó por completo, ya que la mayoría de las tribus habían padecido al régimen y encontraron alivio con la muerte de los líderes mahdistas.
Más de 5.000.000 de personas murieron desde la insurrección islamista del Mahdi hasta la muerte de Abdullahi y el fin de los mahdistas en el poder.
Una pregunta surge inevitablemente: ¿por qué los mahdistas, supuestamente “hombres santos”, no tenían ningún problema con la esclavitud? Seguramente habrá explicaciones de todo tipo.
nuestras charlas nocturnas.
5 curiosidades de la casa de Charles Darwin, el lugar donde el naturalista inglés desarrolló su revolucionaria teoría de la evolución …

BBC News Mundo(F.Paúl) — Avanzamos por un estrecho camino rodeado de un bosque frondoso.
El bullicio de la ciudad de Londres quedó atrás y solo se oye el canto de unos cuantos pájaros que aprovechan de tomar el sol tacaño de un clásico día primaveral inglés.
De repente, entremedio de los campos abiertos del condado de Kent, ubicado a una hora y media de la capital británica, aparece una casona georgiana particularmente importante para la historia de la ciencia.
Se trata del lugar donde vivió y murió Charles Darwin, el naturalista que provocó un cataclismo a mediados del siglo XIX al plantear su teoría de la evolución por selección natural.
Su pensamiento cambió radicalmente la biología, dando otra explicación al origen del ser humano en momentos en que la idea de que Dios había creado a la humanidad a su imagen y semejanza era compartida por la mayoría de los científicos occidentales.
El recuerdo de quien ha sido reconocido como uno de los pensadores y científicos más importantes de la historia sigue latente en esta casa de techos altos, suelos crujientes y extensos jardines que fue convertida en un museo en 1929 y denominada Down House.
Su escritorio, dormitorio, invernadero y cada rincón de este lugar donde vivió más de 40 años -y donde desarrolló gran parte de sus estudios y crió a sus diez hijos- parecieran tener su presencia.
“Las ideas que Charles Darwin desarrolló en Down House cambiaron el mundo para siempre. Y cómo tú, yo y todos los que alguna vez han existido entendemos nuestro lugar en el universo”, dice Tessa Kilgarriff, curadora de la casa museo e investigadora de Darwin.
A 142 años de la muerte del naturalista, BBC Mundo recorrió la casona y aquí te presentamos 5 curiosidades que se pueden encontrar en lo que fue el gran refugio de Charles Darwin.

1. La silla donde escribió “El origen de las Especies”
Uno de los sitios predilectos de Charles Darwin en Down House era su estudio ubicado en la planta baja de la casa. Estructuralmente inalterado desde la época en que el naturalista inglés vivía allí, este lugar fue parte de su rutina diaria de trabajo.
Hoy, contiene casi todos los muebles originales y varios de sus objetos más preciados. Uno de ellos es, sin duda, la silla donde solía pasar largas horas sentado investigando. Con grandes brazos y la tela desgastada por el paso del tiempo, es una verdadera reliquia dentro de la casa museo.


“Esta es la silla donde él escribió ‘El Origen de las Especies’ así que es realmente increíble tenerla aquí”, le dice Tessa Kilgarriff a BBC Mundo.
“El Origen de las Especies” es considerado el fundamento del pensamiento de la biología evolutiva. A través de este texto -publicado el 24 de noviembre de 1859-, es que Darwin introdujo su teoría de que las poblaciones evolucionan a través de un proceso conocido como selección natural.
Tessa Kilgarriff destaca que la silla tiene unas ruedas de hierro sobrepuestas que Darwin colocó especialmente para deslizarse más fácilmente pero también para acomodar su alta estatura. “Darwin era un hombre alto, medía más de 1.80 metros, y necesitaba algo un poco más alta para trabajar. Y entonces hizo esta silla tipo Frankenstein para satisfacer sus propios intereses”, indica la curadora.
En el estudio también está la mesa original de madera donde trabajaba y donde aún se ven parte de sus instrumentos científicos, libros, correspondencia y pequeños cuadernos con sus anotaciones. De acuerdo con la casa museo, Charles Darwin pasaba aquí varias horas al día: durante la mañana y hasta el mediodía, y luego desde las 4:30 de la tarde hasta la hora de comida.
Pero no era un lugar inmaculado o silencioso como uno esperaría. Sus hijos muchas veces entraban y jugaban allí, mientras el naturalista intentaba concentrarse.
Así lo explica Tessa Kilgarriff. “Aunque el estudio era un lugar de interés científico muy importante, a veces también era una especie de sala de juegos para los niños”, dice.
2. El dormitorio de Darwin y su esposa Emma
Es quizás el rincón de la casa que refleja el lado más íntimo de Charles Darwin. Su dormitorio, el lugar donde murió en 1882 rodeado de sus familiares, era uno de sus refugios más importantes, donde podía relajarse y descansar.
El sitio fue recreado por English Heritage en 2016 a partir de cartas familiares, recuerdos, descripciones de la época, análisis de pinturas e investigaciones sobre su vida. Según los curadores del museo, se intentó igualar fielmente la apariencia original del dormitorio de finales de la década de 1850.
Aquí, además de una alta cama matrimonial (a la cual se accede a través de una pequeña escalera), se puede ver un sofá recreado donde supuestamente Darwin se sentaba a escuchar a su esposa Emma mientras ella le leía novelas y poesías.
En los estantes colindantes están parte de los libros que ella le leía. Desde la ventana de la habitación -ubicada en la segunda planta- Charles Darwin podía supervisar su extenso jardín, que ha sido denominado como un verdadero “laboratorio al aire libre” pues era ahí donde desarrollaba gran parte de sus experimentos.

En esta habitación también logró recuperarse de varias enfermedades que lo afectaron durante su vida. “Darwin tuvo una salud bastante mala. Mucha gente ha especulado que pudo haber contraído algún tipo de infección cuando estaba en el viaje del Beagle porque tenía constantes molestias estomacales, mareos y náuseas”, explica Tessa Kilgarriff.
“Y fue en este dormitorio donde pasaba sus enfermedades hasta recuperarse”, añade. A un costado del dormitorio, está el vestidor del naturalista y de su esposa. Aunque las prendas que hoy están ahí no son las originales, son iguales a las que Charles Darwin solía usar para pasear por su casa y el jardín.

3. El “tobogán infantil” en las escaleras y su vida familiar
Una de las facetas menos conocidas de Charles Darwin es su rol como padre de los 10 niños que tuvo con su esposa Emma, con quien contrajo matrimonio en 1839. Gran parte de estos niños nacieron y vivieron en esta casa hasta independizarse, por lo que fue adecuada para mantenerlos entretenidos y estimulados.
Entre los objetos que más llaman la atención está un tobogán (o resbaladilla) de madera pulida que solía colocarse en la escalera principal de la casa. Este fue encargado por el propio Charles Darwin al carpintero del pueblo.
“Los niños lo disfrutan mucho, lo pusieron en las escaleras y yo también me he tirado una o dos veces”, escribió Emma Darwin en una carta para su hijo mayor, William, en 1857. El tobogán se convirtió en uno de los recuerdos favoritos de muchas generaciones de los Darwin pues más tarde los nietos del naturalista también lo ocuparon.
Hay otros sitios de Down House que también retratan la intensa vida familiar del naturalista. Entre ellos, una sala con una gran mesa de billar -donde Darwin jugaba regularmente junto a su mayordomo-, y el salón principal donde está el piano que tocaba su esposa Emma y donde se refleja parte de la educación bulliciosa y liberal que tuvieron sus numerosos hijos.


De acuerdo con la casa museo, ellos también solían acompañar a Darwin en los jardines, ayudándolo con sus experimentos.
“De cierto modo, Darwin era un típico padre victoriano, envió a sus hijos hombres a un internado mientras que las mujeres fueron educadas en la casa. Pero también fue un padre bastante atípico, involucró mucho a sus hijos en ciencia, participaban en el conteo de las abejas en el jardín u otros experimentos”, explica la curadora, Tessa Kilgarriff.
Cabe recordar que de los 10 niños que tuvo Charles Darwin, tres murieron pequeños. Según los investigadores, el científico nunca se pudo recuperar del deceso de su hija mayor, Annie, quien murió a los 10 años (el 23 de abril de 1851) de una fiebre desconocida, posiblemente provocada por tuberculosis.
“La pérdida de su amada Annie fue para Darwin algo desgarrador, un golpe amargo y cruel”, dice Kilgarriff. “Tenemos correspondencia realmente conmovedora, donde Darwin monitorea su enfermedad y se puede sentir lo afectado que estaba emocionalmente. De hecho, después de su muerte, él dejó de creer en Dios e ir a la Iglesia”, añade.
En Down House está exhibida una caja donde Emma y Charles Darwin guardaron los recuerdos más preciados de su hija. Los otros dos hijos que fallecieron fueron Mary (la tercera, que sólo vivió un par de semanas después de su nacimiento en 1842) y el hijo menor del naturalista, Charles, quien vivió hasta los 19 meses cuando se contagió de fiebre escarlatina.

4. Su jardín, un verdadero “laboratorio al aire libre”
Pero la vida de Charles Darwin no se termina de conocer si no se visitan los extensos jardines que fueron centrales en su vida y su trabajo. Allí podía pasar largas horas observando el desarrollo de sus plantas que muchas veces le sirvieron para confirmar sus innovadoras ideas sobre la evolución y la selección natural.
En medio del jardín está el invernadero, el cual se mantiene hasta el día de hoy con las mismas especies que el naturalista solía cultivar. Este sitio fue creado por Darwin en 1863, pocos años después de haber publicado “El Origen de las Especies”, con el que se ganó varios enemigos y férreas críticas, sobre todo del mundo religioso.
Según el jefe de los jardineros de Down House, Antony O’Rourke, el naturalista se pasó el resto de su vida entre los jardines para “silenciar” a esos críticos y “apuntalar su teoría”. Así, comenzó a abastecerse de diversas especies.


En una carta al botánico y explorador británico, Joseph Hooker, fechada en 1863, Darwin deja clara su excitación por empezar a experimentar en el invernadero: “El nuevo invernadero está listo y anhelo abastecerlo, como un colegial. ¿Podrías decirme muy pronto qué plantas puedes regalarme y así sabré qué pedir?”, escribió.
Darwin tuvo especial fascinación por las plantas carnívoras -o “insectívoras”- de las que observó con detención sus hábitos alimenticios y sus técnicas para atrapar a los insectos a través de sus tentáculos. “Les dio de comer cosas bastante repugnantes, hay que decirlo… como uñas de los pies, trozos de carne e, incluso, su propia orina”, le explica a BBC Mundo Antony O’Rourke.
También se interesó por la biología reproductiva de las orquídeas y su particular anatomía, y por las plantas trepadoras y cómo sus tallos eran esenciales para encontrar apoyo. Todos sus estudios los dejó registrados en notas y cuadernos que hoy se exhiben en la casa museo y que han sido particularmente importantes para mantener este lugar lo más fielmente parecido a la época en la que Darwin vivió.
“Tenemos a nuestra disposición más de 15.000 cartas manuscritas de Charles Darwin, además de una multitud de notas y fotografías, que usamos para recrear este jardín. Y, por eso, podemos estar seguros de que lo que tenemos hoy es muy parecido al jardín que Darwin creó”, dice Antony O’Rourke.

5. El “camino del pensamiento”
Como es de esperar, la vida de Charles Darwin era intensa y no estaba exenta de tensiones y situaciones estresantes. Había ideado -y tenía que defender- una teoría que para muchos era completamente equivocada. Con 10 hijos e investigaciones repartidas por distintos lugares de su casa y jardín, Darwin decidió crear un camino de arena alejado de Down House donde podía pensar y reflexionar con tranquilidad.
“Era el camino del pensamiento de Darwin, un paseo de un cuarto de milla (400 metros) que constituía la base de sus paseos diarios (…). Daba vueltas regulares, por ejemplo, cinco vueltas al mediodía”, se explica en la casa museo. Aunque algunas veces lo acompañaban sus hijos, normalmente caminaba solo, “usando un bastón fuertemente calzado con hierro que golpeaba ruidosamente contra el suelo”, dice la información de English Heritage, basada en los recuerdos de su hijo Francis.

Como Darwin era un investigador innato, muchas veces sus ojos se iban hacia las malezas que rodeaban este tranquilo corredor. De ahí nacen, de hecho, algunos de sus estudios sobre la vida vegetal. Pero según Antony O’Rourke este lugar le permitía, más que cualquier otra cosa, “ordenar sus pensamientos”.
“Imagina todo el peso que tenía en su mente, lo que estaba desatando en el mundo. Y estaba muy preocupado por cómo sus teorías serían recibidas. Y entonces este camino de arena era parte de su rutina de salud mental, tenía un efecto terapéutico en él”, agrega.
También lo ayudó a recuperarse de las tantas enfermedades que lo afectaron a lo largo de su vida y hasta el día de su muerte, un día como hoy, 19 de abril, hace 142 años (1882). Luego del fallecimiento del naturalista, su familia decidió mudarse a Cambridge.
Tiempo después, en 1907, la casa se convirtió en una escuela para niñas. Pero 20 años más tarde, benefactores decidieron comprar la casa y restaurarla para convertirla en un museo que recordara la figura del prominente pensador inglés.
Leonard, el único hijo de Darwin que por entonces seguía vivo, ayudó a recrearla a través de inéditas fotografías y de sus propios recuerdos. Para el mundo de la ciencia, este sigue siendo un lugar único, lleno de tesoros y objetos preciados del padre de la teoría de la evolución.
Para él, fue su refugio por más de 40 años, el lugar donde siempre supo que quería pasar el resto de su vida. Poco después de mudarse a Down House, escribió: «Mi vida corre como un reloj y estoy fijo en el lugar donde terminaré».
nuestras charlas nocturnas.
22 científicos famosos que cambiaron nuestra forma de ver el mundo y la visión del universo (Última parte)…
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Biography(T.Piccotti) — Desde las primeras civilizaciones hasta la era moderna, los humanos nos hemos esforzado sin cesar por comprendernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Para algunas de las mentes científicas más importantes del mundo, como Galileo , Nikola Tesla , Marie Curie y Albert Einstein , esta curiosidad condujo a inventos y descubrimientos que han dado forma a todas las facetas de la vida.
Ya sea un medicamento que ha salvado innumerables vidas o una ecuación que ayudó a impulsar la evolución de la energía y la tecnología, estos avances surgieron del método científico de observación y experimentación.
Aquí están los científicos más famosos desde el siglo XV hasta la actualidad y cómo sus contribuciones cruciales en muchos campos de estudio todavía nos impactan.

– Raquel Carson
Biólogo1907-1964
Carson escribió el famoso libro Primavera silenciosa en 1962. A la investigación del científico estadounidense sobre los efectos adversos del DDT y otros pesticidas en la naturaleza se le atribuye el inicio del movimiento ambientalista moderno .
Poco después de la publicación del libro, se creó la Agencia de Protección Ambiental en 1970 y el uso de DDT se prohibió en 1972. Carson, que murió de cáncer de mama, recibió póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad en 1980.
La bióloga marina, ambientalista y escritora Rachel Carson nació el 27 de mayo de 1907 en Springdale, Pensilvania. Carson fue el primero en alertar al mundo sobre el impacto ambiental de los fertilizantes y pesticidas. Creció en una granja de Pensilvania, lo que le brindó un gran conocimiento de primera mano sobre la naturaleza y la vida silvestre.
Se graduó en el Pennsylvania College for Women (ahora Chatham College) en 1929 y continuó sus estudios en la Universidad Johns Hopkins.

Carson enseñó en la Universidad de Maryland durante cinco años antes de unirse al Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. en 1936. Su primer libro, Under the Sea-Wind (1941), describió la vida marina en una prosa clara, elegante y no técnica. Conservó su puesto en el gobierno durante la década de 1940, en parte para ayudar a mantener a su madre y a las dos hijas huérfanas de su hermana. En 1951 publicó El mar que nos rodea , que se convirtió inmediatamente en un éxito de ventas y la liberó de preocupaciones financieras.
Durante la década de 1950, Carson realizó una investigación sobre los efectos de los pesticidas en la cadena alimentaria, publicada en su obra más influyente, Primavera silenciosa (1962), que condenaba el uso indiscriminado de pesticidas, especialmente el DDT (posteriormente prohibido). El libro dio lugar a una comisión presidencial que respaldó en gran medida sus hallazgos y ayudó a formar una creciente conciencia ambiental.
Carson murió de cáncer el 14 de abril de 1964. Se la recuerda como una de las primeras activistas ambientales que trabajó para preservar el mundo para las generaciones futuras.

– Alan Turing
Informático y matemático 1912-1954
Turing, un criptoanalista experto, ayudó a descifrar mensajes codificados del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El matemático británico también es considerado el padre de la informática y la inteligencia artificial, y su prueba de Turing pretendía medir la capacidad de una máquina para exhibir comportamientos comparables a los de los seres humanos.
La vida y los esfuerzos de Turing durante la guerra fueron la base de la película de 2014 The Imitation Game , protagonizada por Benedict Cumberbatch .
El científico inglés Alan Turing nació como Alan Mathison Turing el 23 de junio de 1912 en Maida Vale, Londres, Inglaterra. Desde muy joven mostró signos de gran inteligencia, que algunos de sus profesores reconocían, pero no necesariamente respetaban. Cuando Turing asistió a la conocida escuela independiente Sherborne a la edad de 13 años, se interesó especialmente por las matemáticas y las ciencias.
Después de Sherborne, Turing se matriculó en el King’s College (Universidad de Cambridge) en Cambridge, Inglaterra, donde estudió de 1931 a 1934. Como resultado de su disertación, en la que demostró el teorema del límite central, Turing fue elegido miembro de la escuela al su graduación.
En 1936, Turing presentó un artículo, «Sobre números computables, con una aplicación al Entscheidungsproblem», en el que presentaba la noción de una máquina universal (más tarde llamada «Máquina Universal de Turing» y luego «máquina de Turing») capaz de de computar cualquier cosa que sea computable: Se considera el precursor de la computadora moderna.
Durante los dos años siguientes, Turing estudió matemáticas y criptología en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey. Después de recibir su Ph.D. de la Universidad de Princeton en 1938, regresó a Cambridge y luego aceptó un puesto a tiempo parcial en la Government Code and Cypher School, una organización británica de descifrado de códigos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Turing fue un participante destacado en el descifrado de códigos en tiempos de guerra, en particular los de cifrado alemanes. Trabajó en Bletchley Park, la estación de guerra del GCCS, donde realizó cinco avances importantes en el campo del criptoanálisis, incluida la especificación de la bomba, un dispositivo electromecánico utilizado para ayudar a descifrar las señales cifradas del Enigma alemán.
Las contribuciones de Turing al proceso de descifrado de códigos no terminaron ahí: también escribió dos artículos sobre enfoques matemáticos para descifrar códigos, que se convirtieron en activos tan importantes para la Escuela de Código y Cifrado (más tarde conocida como la Sede de Comunicaciones del Gobierno) que el GCHQ Esperó hasta abril de 2012 para entregarlos a los Archivos Nacionales del Reino Unido.
Turing se mudó a Londres a mediados de la década de 1940 y comenzó a trabajar para el Laboratorio Nacional de Física. Entre sus contribuciones más notables mientras trabajaba en las instalaciones, Turing dirigió el trabajo de diseño del motor de computación automática y, en última instancia, creó un modelo innovador para computadoras con programas de tienda.

Aunque nunca se construyó una versión completa del ACE, su concepto ha sido utilizado como modelo por corporaciones tecnológicas de todo el mundo durante varios años, lo que influyó en el diseño del DEUCE eléctrico inglés y el Bendix G-15 estadounidense, acreditado por muchos en la industria tecnológica. como la primera computadora personal del mundo, entre otros modelos de computadora.
Turing ocupó puestos de alto rango en el departamento de matemáticas y más tarde en el laboratorio de computación de la Universidad de Manchester a finales de la década de 1940. Abordó por primera vez la cuestión de la inteligencia artificial en su artículo de 1950, «Maquinaria informática e inteligencia», y propuso un experimento conocido como «Prueba de Turing», un esfuerzo por crear un estándar de diseño de inteligencia para la industria tecnológica. Durante las últimas décadas, la prueba ha influido significativamente en los debates sobre la inteligencia artificial.
La homosexualidad era ilegal en el Reino Unido a principios de la década de 1950, por lo que cuando Turing admitió ante la policía, llamada a su casa después de un robo en enero de 1952, que había tenido una relación sexual con el perpetrador, Arnold Murray, de 19 años. , fue acusado de grave indecencia.
Tras su arresto, Turing se vio obligado a elegir entre la libertad condicional temporal con la condición de recibir un tratamiento hormonal para reducir la libido o el encarcelamiento. Eligió lo primero y pronto se sometió a una castración química mediante inyecciones de una hormona estrógeno sintética durante un año, lo que finalmente lo dejó impotente.
Como resultado de su condena, se retiró la autorización de seguridad de Turing y se le prohibió continuar su trabajo con criptografía en el GCCS, que se había convertido en el GCHQ en 1946.
Turing murió el 7 de junio de 1954. Tras un examen post mortem, se determinó que la causa de la muerte fue envenenamiento por cianuro. Junto al cuerpo se encontraron restos de una manzana, aunque no se encontraron partes de manzana en su estómago.
La autopsia informó que en el estómago se encontraron «cuatro onzas de líquido que olía fuertemente a almendras amargas, así como a una solución de cianuro». También se registraron rastros de olor a almendras amargas en órganos vitales. La autopsia concluyó que la causa de la muerte fue asfixia por intoxicación por cianuro y descartó un suicidio.
En un artículo de la BBC de junio de 2012, el profesor de filosofía y experto en Turing, Jack Copeland, argumentó que la muerte de Turing pudo haber sido un accidente: la manzana nunca fue analizada para detectar cianuro, nada en los relatos de los últimos días de Turing sugería que tuviera tendencias suicidas y Turing tenía cianuro en su casa para experimentos químicos que realizó en su habitación de invitados.
Poco después de la Segunda Guerra Mundial, Turing recibió la Orden del Imperio Británico por su trabajo. Para lo que habría sido su 86 cumpleaños, el biógrafo de Turing, Andrew Hodges, descubrió una placa azul oficial de English Heritage en la casa de su infancia.
En junio de 2007, se inauguró una estatua de tamaño natural de Turing en Bletchley Park, en Buckinghamshire, Inglaterra. Una estatua de bronce de Turing fue inaugurada en la Universidad de Surrey el 28 de octubre de 2004, para conmemorar el 50 aniversario de su muerte. Además, el Princeton University Alumni Weekly nombró a Turing como el segundo alumno más importante en la historia de la escuela; James Madison ocupó el puesto número uno.

Turing fue honrado de muchas otras maneras, particularmente en la ciudad de Manchester, donde trabajó hasta el final de su vida. En 1999, la revista Time lo nombró una de sus «100 personas más importantes del siglo XX», diciendo: «El hecho es que todo el que toca un teclado, abre una hoja de cálculo o un programa de procesamiento de textos, está trabajando en una encarnación de una máquina de Turing.»
Turing también ocupó el puesto 21 en la encuesta nacional de la BBC sobre los «100 británicos más grandes» en 2002. En general, Turing ha sido reconocido por su impacto en la informática, y muchos lo acreditan como el «fundador» del campo.
Tras una petición iniciada por John Graham-Cumming, el entonces primer ministro Gordon Brown emitió una declaración el 10 de septiembre de 2009 en nombre del gobierno británico, en la que se disculpaba póstumamente con Turing por procesarlo como homosexual.
«Este reconocimiento del estatus de Alan como una de las víctimas más famosas de la homofobia en Gran Bretaña es otro paso hacia la igualdad y se debía desde hace mucho tiempo. Pero aún más que eso, Alan merece reconocimiento por su contribución a la humanidad», afirmó Brown.
«Es gracias a hombres y mujeres que estaban totalmente comprometidos con la lucha contra el fascismo, personas como Alan Turing, que los horrores del Holocausto y de la guerra total son parte de la historia de Europa y no del presente de Europa. Así que en nombre del gobierno británico, y A todos aquellos que viven libremente gracias al trabajo de Alan, estoy muy orgulloso de decirles: lo sentimos, se merecían mucho mejor.»
En 2013, la reina Isabel II concedió póstumamente a Turing un raro perdón real casi 60 años después de que se suicidara. Tres años después, el 20 de octubre de 2016, el gobierno británico anunció la “Ley de Turing” para indultar póstumamente a miles de hombres homosexuales y bisexuales que fueron condenados por actos homosexuales cuando era considerado un delito.
Según una declaración emitida por el ministro de Justicia, Sam Gyimah , la ley también indulta automáticamente a personas vivas que fueron “condenadas por delitos sexuales históricos y que hoy serían inocentes de cualquier delito”.
En julio de 2019, el Banco de Inglaterra anunció que Turing aparecería en el nuevo billete de £50 del Reino Unido, junto con imágenes de su trabajo. El afamado científico fue elegido de una lista de casi 1.000 candidatos nominados por el público en general, entre ellos el físico teórico Stephen Hawking y la matemática Ada Lovelace .

– Gertrudis B. Elion
Bioquímico y farmacólogo1918-1999
Elion, que ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1988, desarrolló 45 patentes en medicina a lo largo de su destacada carrera. Contratado por Burroughs-Wellcome (ahora GlaxoSmithKline) en 1944, el estadounidense pronto desarrolló un fármaco, el 6-MP, para combatir la leucemia.
En 1977, ella y su equipo crearon el fármaco antiviral aciclovir que desacreditó la idea de que cualquier fármaco capaz de matar un virus sería demasiado tóxico para los humanos. Se utiliza para tratar el herpes, la varicela y el herpes zóster.
Nacida de padres inmigrantes en la ciudad de Nueva York, Gertrude Elion pasó su juventud en Manhattan, donde su padre tenía un consultorio dental. Cuando nació su hermano, la familia se mudó al Bronx. Asistió a la escuela secundaria y se destacó con, en sus palabras, una «sed insaciable de conocimiento».
Motivada por la muerte de su abuelo, quien murió de cáncer, Elion ingresó al Hunter College, en la ciudad de Nueva York, a los 15 años y se graduó summa cum laude en química a los 19 años. Tuvo dificultades para encontrar empleo después de graduarse, porque muchos laboratorios se negaron a contratar mujeres químicas.
Encontró trabajos a tiempo parcial como asistente de laboratorio y volvió a estudiar en la Universidad de Nueva York. Elion trabajó como maestra sustituta de secundaria durante algunos años mientras terminaba su maestría, que obtuvo en 1941. Aunque nunca obtuvo un doctorado, más tarde recibió un doctorado honoris causa. de la Universidad Politécnica de Nueva York y un Doctorado honorario en Ciencias de la Universidad de Harvard.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial creó más oportunidades para las mujeres en la industria. Elion pudo obtener algunos trabajos de control de calidad en empresas de alimentos y productos de consumo antes de ser contratada en Burroughs-Wellcome (ahora GlaxoSmithKline) en 1944, donde comenzó una asociación de 40 años con el Dr. George H. Hitchings. Su sed de conocimiento impresionó al Dr. Hitchings, quien le permitió asumir más responsabilidades.
Elion y Hitchings emprendieron un camino poco ortodoxo para crear medicamentos mediante el estudio de la composición química de las células enfermas. En lugar de confiar en métodos de prueba y error, utilizaron las diferencias bioquímicas entre las células humanas normales y los patógenos (agentes causantes de enfermedades) para diseñar fármacos que bloquearan las infecciones virales.
Elion y su equipo desarrollaron medicamentos para combatir la leucemia, el herpes y el SIDA. También descubrieron tratamientos para reducir el rechazo del cuerpo a tejido extraño en trasplantes de riñón entre donantes no emparentados. En total, Elion desarrolló 45 patentes en medicina y recibió 23 títulos honoríficos.
Elion admitió que su trabajo era su vida, pero también disfrutaba de la fotografía y los viajes, ambos productos de su curiosidad por la vida. También disfrutó de la ópera, el ballet y el teatro. Aunque nunca se casó, disfrutaba ser la «tía favorita» de los hijos de su hermano.
Gertrude Elion se jubiló oficialmente en 1983, pero permaneció activa, ostentando los títulos de científica emérita y consultora en su antigua empresa. También se desempeñó como asesora de la Organización Mundial de la Salud y de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer.
En 1988, Elion recibió el Premio Nobel de Medicina, junto con George Hitchings y Sir James Black. Recibió otros premios por su trabajo, incluida la Medalla Nacional de Ciencias en 1991, y ese mismo año se convirtió en la primera mujer en ser incluida en el Salón de la Fama Nacional de Inventores. En 1997, recibió el premio Lemelson-MIT Lifetime Achievement Award.

– Katherine Johnson
Matemático1918-2020
Cada uno de los primeros hitos de la NASA, desde el envío de un astronauta, Alan Shepard , al espacio por primera vez en 1961, hasta el aterrizaje de Neil Armstrong y la tripulación del Apolo 11 en la luna ocho años después, fueron posibles gracias a Johnson. El nativo de Virginia Occidental ayudó a realizar los cálculos matemáticos necesarios para determinar sus trayectorias de vuelo correctas .
En muestra de gratitud, la NASA nombró a un edificio en su Centro de Investigación Langley en Virginia en honor a Johnson en 2017. Su inspiradora historia real fue contada en la película Hidden Figures de 2016 , con Taraji P. Henson interpretándola en la pantalla grande.
Johnson nació como Katherine Coleman el 26 de agosto de 1918 en White Sulphur Springs, Virginia Occidental. Una niña brillante con un don para los números, pasó rápidamente sus clases y completó el octavo grado a los 10 años. Aunque su ciudad no ofreció clases para afroamericanos después de ese momento, su padre, Joshua, condujo a la familia 120 millas hasta el Instituto. , Virginia Occidental, donde vivieron mientras ella asistía a la escuela secundaria.
Johnson se matriculó en West Virginia State College (ahora West Virginia State University) en Institute, West Virginia, donde encontró un cuerpo docente práctico. Un profesor particularmente comprometido fue el Dr. William W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado. en matemáticas, quien estaba decidido a preparar a Johnson para convertirse en un matemático investigador. A los 18 años se graduó summa cum laude en matemáticas y francés.
Al año siguiente, Johnson se convirtió en uno de los tres estudiantes que eliminaron la segregación en la escuela de posgrado de la Universidad de West Virginia en Morgantown. Sin embargo, encontró el ambiente menos acogedor que en el Instituto y nunca completó su programa allí.
A finales de la década de 1930, Johnson enseñó matemáticas y francés en escuelas de Virginia y Virginia Occidental.
En 1952, Johnson se enteró de que el Comité Asesor Nacional de Aeronáutica (NACA) estaba contratando mujeres afroamericanas para que actuaran como «computadoras»; es decir, personas que realizaron y verificaron cálculos para avances tecnológicos. Johnson presentó su solicitud y al año siguiente fue aceptada para un puesto en el Centro de Investigación Langley en Hampton, Virginia.
Johnson no sólo demostró ser experta en sus cálculos, sino que también mostró una curiosidad y una asertividad que tomó por sorpresa a sus superiores. «Las mujeres hicieron lo que les dijeron que hicieran», recordó. «No hicieron preguntas ni llevaron la tarea más lejos. Yo hice preguntas; quería saber por qué».
Después de sólo dos semanas, Johnson fue transferida del grupo de informática afroamericana a la división de investigación de vuelo de Langley, donde se abrió camino en las reuniones y obtuvo responsabilidades adicionales. Logró el éxito a pesar de las dificultades en el hogar: en 1956, su marido murió de un tumor cerebral.
En 1958, después de que la NACA fuera reformulada en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), Johnson estaba entre las personas encargadas de determinar cómo llevar y regresar a un ser humano al espacio. Al año siguiente se volvió a casar con el oficial condecorado de la Armada y el Ejército James A. Johnson.

Para Johnson, calcular el vuelo espacial se reducía a los conceptos básicos de la geometría: «La trayectoria inicial era una parábola, y era fácil predecir dónde estaría en cualquier punto», dijo. «Al principio, cuando dijeron que querían que la cápsula descendiera en un lugar determinado, estaban tratando de calcular cuándo debería comenzar. Yo dije: ‘Déjame hacerlo. Dime cuándo lo quieres y dónde lo quieres». aterrizar, y lo haré al revés y te diré cuándo despegar.’ » Como resultado, recayó sobre sus hombros la tarea de trazar el camino para el viaje de Alan Shepard al espacio en 1961, el primero en la historia de Estados Unidos.
El siguiente desafío era enviar a un hombre en órbita alrededor de la Tierra. Esto implicó cálculos mucho más difíciles para tener en cuenta la atracción gravitacional de los cuerpos celestes, y para entonces la NASA había comenzado a utilizar computadoras electrónicas. Sin embargo, el trabajo no se consideró completo hasta que se convocó a Johnson para comprobar el funcionamiento de las máquinas, lo que dio el visto bueno para impulsar a John Glenn a la órbita exitosa en 1962.
Si bien el trabajo de las computadoras electrónicas adquirió cada vez más importancia en la NASA, Johnson siguió siendo muy valiosa por su inquebrantable precisión. Realizó cálculos para el histórico viaje del Apolo 11 a la Luna en 1969, y al año siguiente, cuando el Apolo 13 experimentó un mal funcionamiento en el espacio, sus contribuciones a los procedimientos de contingencia ayudaron a garantizar su regreso seguro.
Johnson continuó sirviendo como un activo clave para la NASA, ayudando a desarrollar su programa de Transbordador Espacial y su Satélite de Recursos Terrestres, hasta su jubilación en 1986.
El libro de Margot Lee Shetterly de 2016 Figuras ocultas: el sueño americano y la historia no contada de las mujeres negras que ayudaron a ganar la carrera espacial celebró la historia poco conocida de Johnson y sus colegas computadoras afroamericanas. También se convirtió en un largometraje nominado al Oscar, Hidden Figures (2016), protagonizado por la actriz Taraji P. Henson como Johnson.
Johnson fue honrada con una serie de premios por su trabajo innovador. Entre ellos se encuentran el premio al equipo de operaciones y nave espacial Lunar Orbiter de la NASA de 1967, y la designación de la Asociación Técnica Nacional como Matemático del Año 1997. Además, obtuvo títulos honoríficos de SUNY Farmingdale, Capitol College de Maryland, Old Dominion University de Virginia y West Virginia University.
En noviembre de 2015, el presidente Barack Obama entregó a Johnson la Medalla Presidencial de la Libertad. El libro de Margot Lee Shetterly de 2016 Figuras ocultas: el sueño americano y la historia no contada de las mujeres negras que ayudaron a ganar la carrera espacial celebró la historia poco conocida de Johnson y sus colegas computadoras afroamericanas. También se convirtió en un largometraje nominado al Oscar, Hidden Figures (2016), protagonizado por la actriz Taraji P. Henson como Johnson.
En 1939, Johnson se casó con James Francis Goble, con quien tuvo tres hijas: Joylette, Katherine y Constance.
Johnson falleció el 24 de febrero de 2020. Tenía 101 años.

– Rosalind Franklin
Químico y biofísico1920-1958
Franklin comenzó a trabajar en el King’s College de Londres en 1951 y utilizó técnicas de difracción de rayos X para descubrir que el ADN humano tenía dos formas: una forma seca «A» y una forma húmeda «B». Sin embargo, el descubrimiento de Franklin fue pasado por alto después de que un colega filtrara sus hallazgos a los científicos Francis Crick y James Watson . Ese par creó el modelo de doble hélice para la estructura del ADN. Franklin murió de cáncer de ovario a los 37 años.
Rosalind Elsie Franklin nació en una familia judía acomodada e influyente el 25 de julio de 1920 en Notting Hill, Londres, Inglaterra. Mostró una inteligencia excepcional desde la más tierna infancia, sabiendo desde los 15 años que quería ser científica. Recibió su educación en varias escuelas, incluida la North London Collegiate School, donde destacó, entre otras cosas, en ciencias.
Franklin se matriculó en Newnham College, Cambridge, en 1938 y estudió química. En 1941, recibió honores de segunda clase en sus exámenes finales, que, en ese momento, fue aceptado como una licenciatura en calificaciones para el empleo. Continuó trabajando como asistente de investigación en la Asociación Británica de Investigación sobre la Utilización del Carbón, donde estudió la porosidad del carbón, trabajo que fue la base de su doctorado en 1945.
Tesis «La fisicoquímica de los coloides orgánicos sólidos con especial referencia al carbón».
En el otoño de 1946, Franklin fue nombrada en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat en París, donde trabajó con el cristalógrafo Jacques Mering. Él le enseñó difracción de rayos X, que jugaría un papel importante en su investigación que la llevó al descubrimiento del «secreto de la vida»: la estructura del ADN. Además, Franklin fue pionero en el uso de rayos X para crear imágenes de sólidos cristalizados al analizar materia compleja y desorganizada, no solo cristales individuales.
En enero de 1951, Franklin comenzó a trabajar como investigador asociado en el King’s College de Londres en la unidad de biofísica, donde el director John Randall utilizó su experiencia y técnicas de difracción de rayos X (principalmente de proteínas y lípidos en solución) en fibras de ADN.
Al estudiar la estructura del ADN con difracción de rayos X, Franklin y su alumno Raymond Gosling hicieron un descubrimiento sorprendente: tomaron fotografías del ADN y descubrieron que había dos formas, una forma seca «A» y una forma húmeda «B». Una de sus imágenes de difracción de rayos X de la forma «B» de ADN, conocida como Fotografía 51, se hizo famosa como evidencia crítica para identificar la estructura del ADN.

La fotografía fue adquirida tras 100 horas de exposición a rayos X de una máquina que la propia Franklin había refinado.
John Desmond Bernal, uno de los científicos más conocidos y controvertidos del Reino Unido y pionero en cristalografía de rayos X, elogió a Franklin en el momento de su muerte en 1958.
«Como científica, la señorita Franklin se distinguía por su extrema claridad y perfección en todo lo que emprendió», dijo.
«Sus fotografías se encuentran entre las más bellas fotografías de rayos X de cualquier sustancia jamás tomadas.
Su excelencia fue el fruto de un cuidado extremo en la preparación y el montaje de las muestras, así como en la toma de las fotografías».
A pesar de su ética de trabajo cautelosa y diligente, Franklin tuvo un conflicto de personalidad con su colega Maurice Wilkins, uno que terminaría costándole mucho dinero.
En enero de 1953, Wilkins cambió el curso de la historia del ADN al revelar, sin el permiso ni el conocimiento de Franklin, su Foto 51 al científico competidor James Watson, que estaba trabajando en su propio modelo de ADN con Francis Crick en Cambridge.
Al ver la fotografía, Watson dijo: «Mi mandíbula se abrió y mi pulso comenzó a acelerarse», según la autora Brenda Maddox, quien en 2002 escribió un libro sobre Franklin titulado Rosalind Franklin: The Dark Lady of DNA.
De hecho, los dos científicos utilizaron lo que vieron en la Foto 51 como base para su famoso modelo de ADN, que publicaron el 7 de marzo de 1953 y por el que recibieron el Premio Nobel en 1962.
Crick y Watson también fueron pudieron atribuirse la mayor parte del crédito por el hallazgo: cuando publicaron su modelo en la revista Nature en abril de 1953, incluyeron una nota a pie de página reconociendo que estaban «estimulados por un conocimiento general» de la contribución inédita de Franklin y Wilkins, cuando en realidad, mucho de su trabajo se basó en la fotografía y los hallazgos de Franklin.
Randall y el director del laboratorio de Cambridge llegaron a un acuerdo, y los artículos de Wilkins y Franklin se publicaron en segundo y tercer lugar en el mismo número de Nature . Aún así, parecía que sus artículos simplemente apoyaban los de Crick y Watson.
Según Maddox, Franklin no sabía que estos hombres basaron su artículo en Nature en su investigación, y ella tampoco se quejó, probablemente como resultado de su educación. Franklin «no hizo nada que pudiera provocar críticas… [eso] se lo inculcó», dijo Maddox en una entrevista de NPR en octubre de 2002.
Franklin dejó King’s College en marzo de 1953 y se trasladó a Birkbeck College, donde estudió la estructura del virus del mosaico del tabaco y la estructura del ARN. Como Randall dejó que Franklin se fuera con la condición de que no trabajara con el ADN, volvió a centrar su atención en los estudios del carbón. En cinco años, Franklin publicó 17 artículos sobre virus y su grupo sentó las bases de la virología estructural.
En el otoño de 1956, Franklin descubrió que tenía cáncer de ovario. Continuó trabajando durante los siguientes dos años, a pesar de tener tres operaciones y quimioterapia experimental. Experimentó una remisión de 10 meses y trabajó hasta varias semanas antes de su muerte el 16 de abril de 1958, a la edad de 37 años.

Jane Goodall
Primatólogo1934-presente
El extenso estudio de Goodall sobre los chimpancés nos ha ayudado a comprender cuán similares son los humanos a nuestros parientes evolutivos. Tras llegar a Tanzania en 1960, el científico británico descubrió que los chimpancés crean y utilizan herramientas, desarrollan un lenguaje y sistemas sociales complejos y no son exclusivamente vegetarianos como se creía.
Una vez que entendió a los chimpancés, Goodall centró sus esfuerzos en preservar sus hábitats y prevenir el trato poco ético de los animales en experimentos científicos.
Goodall nació el 3 de abril de 1934 en Londres, Inglaterra, de Mortimer Herbert Goodall, un empresario y entusiasta del automovilismo, y de Margaret Myfanwe Joseph, quien escribió novelas bajo el nombre de Vanne Morris Goodall. Junto con su hermana Judy, Goodall se crió en Londres y Bournemouth, Inglaterra.
La fascinación de Goodall por el comportamiento animal comenzó en la primera infancia. En su tiempo libre, observaba aves y animales nativos, tomaba extensas notas y bocetos, y leía mucho sobre literatura de zoología y etología. Desde pequeña soñaba con viajar a África para observar animales exóticos en su hábitat natural.
Goodall asistió a la escuela privada de Uplands y recibió su certificado escolar en 1950 y un certificado superior en 1952. Luego encontró empleo como secretaria en la Universidad de Oxford y en su tiempo libre también trabajó en una compañía de cine documental con sede en Londres para financiar un viaje muy esperado a África.
Por invitación de un amigo de la infancia, Goodall visitó South Kinangop, Kenia, a finales de los años cincuenta. A través de otros amigos, pronto conoció al famoso antropólogo Louis Leakey , entonces curador del Museo Coryndon en Nairobi. Leakey la contrató como secretaria y la invitó a participar en una excavación antropológica en el ahora famoso desfiladero de Olduvai, un sitio rico en restos prehistóricos fosilizados de los primeros antepasados de los humanos. Además, Goodall fue enviado a estudiar el mono verde, que vive en una isla en el lago Victoria.
Leakey creía que un estudio a largo plazo del comportamiento de los primates superiores proporcionaría información evolutiva importante. Tenía un interés particular en el chimpancé, el segundo primate más inteligente. Pocos estudios sobre chimpancés habían tenido éxito; O el tamaño del safari asustó a los chimpancés, provocando comportamientos antinaturales, o los observadores pasaron muy poco tiempo en el campo para adquirir conocimientos completos.
Leakey creía que Goodall tenía el temperamento adecuado para soportar un aislamiento prolongado en la naturaleza. A instancias suyas, ella accedió a intentar realizar dicho estudio. Muchos expertos se opusieron a la selección de Goodall por parte de Leakey porque ella no tenía educación científica formal y carecía incluso de un título universitario general.
En julio de 1960, acompañada por su madre y un cocinero africano, Goodall llegó a la orilla del lago Tanganica en la Reserva Gombe Stream de Tanzania, África, con el objetivo de estudiar chimpancés. Los primeros intentos de Goodall de observar de cerca a los animales fracasaron; no pudo acercarse más de 500 metros antes de que los chimpancés huyeran.
Después de encontrar otro grupo adecuado al que seguir, estableció un patrón de observación no amenazador, apareciendo a la misma hora todas las mañanas en un terreno elevado cerca de una zona de alimentación a lo largo del valle de Kakombe. Los chimpancés pronto toleraron su presencia y, en un año, le permitieron acercarse hasta 30 pies de su área de alimentación.
Después de dos años de verla todos los días, no mostraron miedo y a menudo acudían a ella en busca de plátanos.
Goodall utilizó su nueva aceptación para establecer lo que denominó el «club del plátano», un método de alimentación sistemático diario que utilizó para ganarse la confianza y obtener una comprensión más profunda del comportamiento cotidiano de los chimpancés. Utilizando este método, conoció de cerca a la mayoría de los chimpancés de la reserva. Ella imitaba sus comportamientos, pasaba tiempo en los árboles y comía sus alimentos.
Al permanecer en contacto casi constante con los chimpancés, Goodall descubrió una serie de comportamientos no observados previamente: observó que los chimpancés tienen un sistema social complejo, completo con comportamientos ritualizados y métodos de comunicación primitivos pero discernibles, incluido un sistema de «lenguaje» primitivo que contiene más de 20 sonidos individuales.
Se le atribuye haber realizado las primeras observaciones registradas de chimpancés comiendo carne y usando y fabricando herramientas. Anteriormente se pensaba que la fabricación de herramientas era un rasgo exclusivamente humano.

Goodall también señaló que los chimpancés arrojan piedras como armas, usan el tacto y los abrazos para consolarse unos a otros y desarrollar vínculos familiares a largo plazo. El macho no desempeña ningún papel activo en la vida familiar, sino que forma parte de la estratificación social del grupo: el sistema de «castas» de los chimpancés sitúa a los machos dominantes en la cima, y las castas inferiores a menudo actúan obsequiosamente en su presencia, tratando de congraciarse para evitar posibles dañar.
El rango del macho a menudo está relacionado con la intensidad de su actuación de entrada en las comidas y otras reuniones.
Derribando la creencia de que los chimpancés eran exclusivamente vegetarianos, Goodall fue testigo de cómo los chimpancés acechaban, mataban y comían insectos grandes, pájaros y algunos animales más grandes, incluidos bebés babuinos y antílopes (pequeños antílopes). En una ocasión registró actos de canibalismo.
En otro caso, observó a chimpancés insertando briznas de hierba u hojas en termitas para atraer insectos a las mismas. Al más puro estilo fabricante de herramientas, modificaron la hierba para lograr un mejor ajuste y luego usaron la hierba como una cuchara de mango largo para comerse las termitas.
Las credenciales académicas de Goodall se solidificaron cuando recibió un doctorado. en etología de la Universidad de Cambridge en 1965; ella fue apenas la octava persona en la larga historia de la universidad a la que se le permitió realizar un doctorado. sin obtener primero una licenciatura.
Posteriormente, Goodall ocupó una cátedra visitante de psiquiatría en la Universidad de Stanford de 1970 a 1975, y en 1973, fue nombrada para su antiguo puesto de profesora visitante honoraria de zoología en la Universidad de Dar es Salaam en Tanzania.
Después de asistir a una conferencia en Chicago en 1986 que se centró en el tratamiento ético de los chimpancés, Goodall comenzó a dirigir sus energías a educar al público sobre el hábitat en peligro de extinción de los chimpancés salvajes y sobre el tratamiento poco ético de los chimpancés que se utilizan para la investigación científica.
Para preservar el medio ambiente de los chimpancés salvajes, Goodall alienta a las naciones africanas a desarrollar programas de turismo amigables con la naturaleza, una medida que convierte la vida silvestre en un recurso rentable. Trabaja activamente con empresas y gobiernos locales para promover la responsabilidad ecológica.
La postura de Goodall es que los científicos deben esforzarse más para encontrar alternativas al uso de animales en la investigación. Ha declarado abiertamente su oposición a los grupos militantes defensores de los derechos de los animales que participan en manifestaciones violentas o destructivas. Ella cree que los extremistas en ambos lados del problema polarizan el pensamiento y hacen que el diálogo constructivo sea casi imposible.
Aunque se resigna a regañadientes a continuar con la investigación con animales, cree que los científicos jóvenes deben ser educados para tratar a los animales con más compasión. «En general», ha escrito, «a los estudiantes se les enseña que es éticamente aceptable perpetrar, en nombre de la ciencia, lo que, desde el punto de vista de los animales, ciertamente calificaría como tortura».
En 1962, el barón Hugo van Lawick (1937-2002), fotógrafo y cineasta holandés de vida silvestre, fue enviado a África por la National Geographic Society para filmar a Goodall en el trabajo. El encargo duró más de lo previsto y la pareja se enamoró; se casaron el 28 de marzo de 1964 y su luna de miel europea marcó una de las raras ocasiones en las que Goodall estuvo ausente de Gombe Stream. En 1967 dio a luz a un hijo, Hugo Eric Louis, conocido como «Grub».
Después de divorciarse de van Lawick en 1974, Goodall estuvo casada con Derek Bryceson (1922-1980), miembro del parlamento de Tanzania y director de sus parques nacionales, hasta su muerte por cáncer.

Stephen Hawking
Físico y cosmólogo 1942-2018
Hawking superó un diagnóstico de ELA en 1963, comúnmente conocida como enfermedad de Lou Gehrig , para convertirse en uno de los científicos más impactantes del último siglo. Junto con el matemático Roger Penrose, demostró que el Big Bang debió comenzar desde un punto o singularidad infinitamente pequeño . El científico británico también es conocido por su estudio de los agujeros negros, y la radiación que emiten ahora se conoce como radiación de Hawking .
Hawking nació el 8 de enero de 1942 en Oxford, Inglaterra. Su cumpleaños fue también el 300 aniversario de la muerte de Galileo , motivo de orgullo durante mucho tiempo para el destacado físico. Hawking, el mayor de los cuatro hijos de Frank e Isobel Hawking, nació en una familia de pensadores.
Su madre escocesa logró ingresar a la Universidad de Oxford en la década de 1930, una época en la que pocas mujeres podían ir a la universidad. Su padre, otro graduado de Oxford, era un respetado investigador médico con especialidad en enfermedades tropicales.
El nacimiento de Hawking se produjo en un momento inoportuno para sus padres, que no tenían mucho dinero. El clima político también era tenso, ya que Inglaterra se enfrentaba a la Segunda Guerra Mundial y el ataque de las bombas alemanas en Londres, donde la pareja vivía mientras Frank Hawking realizaba investigaciones en medicina.
En un esfuerzo por buscar un lugar más seguro, Isobel regresó a Oxford para tener el primer hijo de la pareja. Los Hawkings tendrían otros dos hijos, Mary y Philippa. Y su segundo hijo, Edward, fue adoptado en 1956.
Los Hawking, como los describió un amigo cercano de la familia, eran un grupo «excéntrico». La cena se desarrollaba a menudo en silencio, y cada uno de los Hawking leía atentamente un libro. El coche de la familia era un viejo taxi londinense y su casa en St. Albans era un edificio de tres pisos que nunca llegó a arreglarse. Los Hawkings también albergaron abejas en el sótano y produjeron fuegos artificiales en el invernadero.
En 1950, el padre de Hawking trabajó para dirigir la División de Parasitología del Instituto Nacional de Investigación Médica y pasó los meses de invierno en África realizando investigaciones. Quería que su hijo mayor se dedicara a la medicina, pero a una edad temprana, Hawking mostró pasión por la ciencia y el cielo.
Esto era evidente para su madre, quien, junto con sus hijos, a menudo se tumbaba en el patio trasero en las noches de verano para contemplar las estrellas. «Stephen siempre tuvo un fuerte sentido de asombro», recordó. «Y pude ver que las estrellas lo atraerían».

Hawking también estaba de viaje con frecuencia.
Con su hermana Mary, Hawking, a quien le encantaba escalar, ideó diferentes rutas de entrada a la casa familiar.
Le encantaba bailar y también se interesó por el remo, convirtiéndose en timonel del equipo en la universidad.
Al principio de su vida académica, Hawking, aunque reconocido como brillante, no fue un estudiante excepcional.
Durante su primer año en la escuela St. Albans , fue el tercero desde el final de su clase.
Pero Hawking se centró en actividades fuera de la escuela; Le encantaban los juegos de mesa y él y algunos amigos cercanos crearon sus propios juegos nuevos.
Durante su adolescencia, Hawking, junto con varios amigos, construyó una computadora con piezas recicladas para resolver ecuaciones matemáticas rudimentarias.
Hawking ingresó al University College de la Universidad de Oxford a la edad de 17 años. Aunque expresó su deseo de estudiar matemáticas, Oxford no ofrecía un título en esa especialidad, por lo que Hawking gravitó hacia la física y, más específicamente, la cosmología.
Según él mismo, Hawking no dedicó mucho tiempo a sus estudios. Más tarde calcularía que dedicaba en promedio aproximadamente una hora al día a concentrarse en la escuela. Y, sin embargo, en realidad no tuvo que hacer mucho más que eso. En 1962, se graduó con honores en ciencias naturales y asistió al Trinity Hall de la Universidad de Cambridge para obtener un doctorado. en cosmología.
En 1968, Hawking se convirtió en miembro del Instituto de Astronomía de Cambridge. Los años siguientes fueron una época fructífera para Hawking y su investigación. En 1973, publicó su primer libro altamente técnico, The Large Scale Structure of Space-Time , con GFR Ellis.
En 1979, Hawking regresó a la Universidad de Cambridge, donde fue nombrado para uno de los puestos más renombrados de la enseñanza, que data de 1663: el de Profesor Lucasiano de Matemáticas.
En una fiesta de Año Nuevo en 1963, Hawking conoció a una joven estudiante de idiomas llamada Jane Wilde. Se casaron en 1965. La pareja tuvo un hijo, Robert, en 1967, y una hija, Lucy, en 1970. Un tercer hijo, Timothy, llegó en 1979.
En 1990, Hawking dejó a su esposa Jane por una de sus enfermeras, Elaine Mason. Los dos se casaron en 1995. El matrimonio puso a prueba la relación de Hawking con sus propios hijos, quienes afirmaron que Elaine les cerró el paso a su padre.
En 2003, las enfermeras que cuidaban a Hawking informaron a la policía de sus sospechas de que Elaine estaba abusando físicamente de su marido. Hawking negó las acusaciones y la investigación policial fue cancelada. En 2006, Hawking y Elaine solicitaron el divorcio.
En los años siguientes, el físico se acercó más a su familia. Se reconcilió con Jane, que se había vuelto a casar. Y publicó cinco novelas para niños de temática científica con su hija, Lucy.

Enfermedad
A la edad de 21 años, a Hawking le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA o enfermedad de Lou Gehrig ). En un sentido muy simple, los nervios que controlaban sus músculos se estaban apagando. En ese momento, los médicos le dieron dos años y medio de vida.
Hawking comenzó a notar problemas con su salud física mientras estaba en Oxford (en ocasiones tropezaba y caía, o hablaba mal), pero no investigó el problema hasta 1963, durante su primer año en Cambridge. En su mayor parte, Hawking se había guardado estos síntomas para sí mismo.
Pero cuando su padre se dio cuenta de la condición, llevó a Hawking a ver a un médico. Durante las siguientes dos semanas, el estudiante universitario de 21 años se instaló en una clínica médica, donde se sometió a una serie de pruebas.
«Tomaron una muestra de músculo de mi brazo, me colocaron electrodos e inyectaron un líquido radiopaco en mi columna y observaron cómo subía y bajaba con rayos X mientras inclinaban la cama», dijo una vez. «Después de todo eso, no me dijeron lo que tenía, excepto que no era esclerosis múltiple, y que era un caso atípico».
Sin embargo, finalmente los médicos diagnosticaron a Hawking con las primeras etapas de ELA. Fue una noticia devastadora para él y su familia, pero algunos acontecimientos impidieron que se desanimara por completo.
El primero de ellos se produjo mientras Hawking todavía estaba en el hospital. Allí compartió habitación con un niño que padecía leucemia. En comparación con lo que estaba pasando su compañero de cuarto, reflexionó más tarde Hawking, su situación parecía más tolerable.
Poco después de ser dado de alta del hospital, Hawking soñó que lo iban a ejecutar. Dijo que este sueño le hizo darse cuenta de que todavía quedaban cosas por hacer con su vida.
En cierto sentido, la enfermedad de Hawking ayudó a convertirlo en el científico destacado que llegó a ser. Antes del diagnóstico, Hawking no siempre se había centrado en sus estudios. «Antes de que me diagnosticaran mi enfermedad, estaba muy aburrido de la vida», dijo. «No parecía haber nada que valiera la pena hacer».
Con la repentina comprensión de que tal vez ni siquiera viviría lo suficiente para obtener su doctorado, Hawking se dedicó de lleno a su trabajo y su investigación.
A medida que el control físico sobre su cuerpo disminuyó (se vería obligado a usar una silla de ruedas en 1969), los efectos de su enfermedad comenzaron a disminuir. Sin embargo, con el tiempo, la carrera en constante expansión de Hawking estuvo acompañada de un estado físico cada vez peor.

El 14 de marzo de 2018, Hawking finalmente murió de ELA, la enfermedad que supuestamente lo había matado más de 50 años antes. Un portavoz de la familia confirmó que el icónico científico murió en su casa en Cambridge, Inglaterra.
La noticia conmovió a muchos en su campo y más allá. Su compañero físico teórico y autor Lawrence Krauss tuiteó: «Una estrella acaba de apagarse en el cosmos. Hemos perdido a un ser humano increíble. Hawking luchó y dominó el cosmos con valentía durante 76 años y nos enseñó a todos algo importante sobre lo que realmente significa celebrar». sobre ser humano.»
Los hijos de Hawking siguieron con una declaración: «Estamos profundamente entristecidos porque nuestro amado padre falleció hoy. Fue un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado perdurarán durante muchos años. Su coraje y perseverancia con su brillantez y humor inspiraron personas de todo el mundo. Una vez dijo: «No sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas». Lo extrañaremos por siempre».
A finales de mes, se anunció que las cenizas de Hawking serían enterradas en la Abadía de Westminster en Londres, junto con otras luminarias científicas como Isaac Newton y Charles Darwin .
El 2 de mayo de 2018, su artículo final, titulado «¿Una salida suave de la inflación eterna?» fue publicado en el Journal of High Energy Physics . Presentado 10 días antes de su muerte, el nuevo informe, del que es coautor el físico belga Thomas Hertog, cuestiona la idea de que el universo seguirá expandiéndose.

Neil deGrasse Tyson
Astrofísico1958-presente
Tyson es uno de los científicos más identificables que trabajan en la actualidad. Habiendo sido presentador de la serie de PBS NOVA ScienceNOW y aparecido en otros programas de televisión, el nativo de la ciudad de Nueva York es conocido por hacer que teorías y fenómenos complejos sean comprensibles para una audiencia masiva.
Mientras dirigía el Planetario Hayden en el Museo Americano de Historia Natural, Tyson fue uno de los primeros en identificar a Plutón como un planeta enano. La Unión Astronómica Internacional finalmente aceptó y reclasificó el antiguo planeta en 2006.
Nacido en la ciudad de Nueva York el 5 de octubre de 1958, Tyson descubrió su amor por las estrellas a una edad temprana. Cuando tenía nueve años, hizo un viaje al Planetario Hayden en el Museo de Historia Natural, donde probó por primera vez la observación de estrellas.
Más tarde, Tyson tomó clases en el Planetario y consiguió su propio telescopio. Cuando era adolescente, contemplaba el cielo desde el tejado de su edificio de apartamentos.
Tyson, un excelente estudiante, se graduó de la Escuela Secundaria de Ciencias del Bronx en 1976. Luego obtuvo una licenciatura en Física de la Universidad de Harvard y un doctorado en astrofísica de la Universidad de Columbia en 1991. Después de pasar algunos años haciendo un trabajo de posdoctorado en Princeton Universidad, Tyson consiguió un trabajo en el Planetario Hayden.
Tyson finalmente se convirtió en director del Planetario Hayden y trabajó en una extensa renovación de las instalaciones, ayudando con su diseño y ayudando a recaudar los fondos necesarios. El proyecto de 210 millones de dólares se completó en 2000 y el sitio renovado ofreció a los visitantes una visión de vanguardia de la astronomía.
Una de las decisiones más controvertidas de Tyson en ese momento fue la eliminación de Plutón de la visualización de planetas. Clasificó a Plutón como un planeta enano, lo que provocó una fuerte respuesta de algunos visitantes.
Mientras algunos pidieron que se les devolviera el planeta Plutón, la Unión Astronómica Internacional siguió el ejemplo de Tyson en 2006. La organización etiquetó oficialmente a Plutón como planeta enano.
Además de su trabajo en el planetario, Tyson ha encontrado otras formas de mejorar la alfabetización científica del país. «Uno de mis objetivos es traer el universo a la Tierra de una manera que entusiasme aún más al público y quiera más», dijo una vez. Tyson ha llevado su mensaje a las ondas y ha sido presentador de la serie documental NOVA ScienceNow de 2006 a 2011.
Además de derribar barreras entre los científicos y el público en general, Tyson ha aportado diversidad a la astrofísica. Es uno de los pocos afroamericanos en su campo.
Tyson también se ha desempeñado como asesor presidencial. En 2001, el presidente George W. Bush nombró al astrofísico miembro de una comisión sobre el futuro de la industria aeroespacial. Tyson también sirvió en otra comisión tres años después para examinar la política estadounidense en materia de exploración espacial.
Hoy en día, Tyson es uno de los expertos científicos más solicitados. Da charlas en todo el país y es un favorito de los medios cada vez que aparece un tema científico importante en las noticias. Tyson es conocido por su capacidad para hacer accesibles conceptos difíciles a todos los públicos, sus habilidades de oratoria y su sentido del humor, lo que le ha llevado a aparecer en programas como Real Time with Bill Maher , The Colbert Report y The Daily Show .
Tyson vive en la ciudad de Nueva York con su esposa, Alice Young, quien tiene un doctorado. en física matemática. La pareja tiene dos hijos, Miranda y Travis.
nuestras charlas nocturnas.
Mata hari: un ‘sex symbol’ víctima de la gran guerra …

National Geographic(P.Shitman) — La leyenda ha hecho de Margaretha Zelle, la famosa bailarina Mata Hari, un sinónimo de mujer fatal y espía traidora. Hoy en día, sin embargo, muchos piensan que su muerte ante un pelotón de fusilamiento fue resultado de un proceso injusto.
al principio de su desafortunada vida, ya estaba claro que iba a ser una persona extraordinaria. Desde los primeros días de su infancia en el norte de los Países Bajos, Margaretha Zelle era alguien inusual: llamativa, descarada y con don de lenguas. Nacida en 1876, ya de pequeña aprendió que la mejor manera de lograr lo que quería consistía en satisfacer a los hombres, empezando por su querido padre, que la mimaba y la colmaba de caros regalos.
Era una orquídea entre dientes de león –como la definió una compañera de clase–, que aprovechaba su exótica morenez para destacar entre niños de piel blanca y pelo rubio. Su feliz infancia se vio truncada por la huida de su padre con otra mujer en 1889 y por la muerte de su madre dos años más tarde.
Consentida y sexualmente precoz, a los 14 años ingresó en una escuela para ser maestra de guardería, pero fue expulsada al cabo de dos años tras seducir a su director, un hombre casado de 51. De allí se fue a vivir con su padrino a La Haya, una ciudad llena de oficiales de las colonias que regresaban de su servicio en las Indias Orientales Holandesas (la actual Indonesia).
– Huida a Indonesia
A los 18 años, hastiada, triste y desesperada por vivir aventuras, respondió a un anuncio publicado en un periódico por uno de esos oficiales, el capitán Rudolf MacLeod, que quería conocer y desposar a «una muchacha de talante agradable». El matrimonio con un hombre así parecía el camino perfecto hacia una vida mejor. Margaretha sabía que los oficiales de las Indias Orientales vivían en grandes mansiones con muchos criados.
«Yo quería vivir como una mariposa bajo el sol», contó en una entrevista posterior. Se prometieron seis días después de conocerse y se casaron en julio de 1895. Pero la vida no resultó ser lo que la joven esperaba, pues MacLeod tenía poco dinero, muchas deudas y además era un adúltero.
En 1897, a bordo del buque que los llevaba a las Indias Orientales y ya con un bebé, ella descubrió que su marido le había contagiado la sífilis, una enfermedad que hacía estragos entre los militares coloniales neerlandeses. En aquella época no había ninguna cura, aunque se creía –erróneamente– que el tratamiento a base de varios compuestos tóxicos de mercurio podía servir.
De nuevo en la colonia neerlandesa, MacLeod siguió con sus costumbres disolutas. Entretanto, ella empezó a llamar la atención de otros hombres gracias a su belleza y a sus artes seductoras, cosa que enfurecía a su marido. En 1898 tuvo otro hijo, esta vez una niña, pero el matrimonio estaba muy deteriorado. La relación acabó de romperse tras la trágica muerte de su primer hijo, víctima de un tratamiento médico erróneo.
La pareja regresó a los Países Bajos en 1902 y allí se separó. Tras el divorcio, marcada por los padecimientos sufridos en las Indias, la joven neerlandesa experimentó una profunda y decisiva transformación; empezó a reinventarse como una mujer nueva y sorprendente.

– Amanecer en París
En 1905, una bailarina exótica que se hacía llamar Mata Hari –nombre que en malayo significa «amanecer» u «ojo del día»– irrumpió en la vida social con una actuación en el Musée Guimet, un museo de arte oriental de París. Las invitaciones llegaron a 600 miembros de la élite económica de la capital.
Mata Hari, vestida con un atuendo transparente y seductor, un sostén con pedrería y un sorprendente tocado, presentó unos bailes completamente novedosos. En otras circunstancias la habrían detenido por escándalo público. Sin embargo, la nueva Margaretha Zelle tenía muy pensado su plan y en cada actuación se tomaba su tiempo para explicar que aquellas eran unas danzas sagradas que había aprendido en los templos de las Indias.
Era una mujer sensual, hermosa, erótica y emotiva; sus danzas contaban relatos de lujuria, celos, pasión y venganza, y el público disfrutaba con entusiasmo. En una época en la que todo hombre rico y poderoso quería tener una bella amante, a Mata Hari se la consideraba la mujer más glamurosa, fascinante y deseada de París.
Se la veía en compañía de aristócratas, diplomáticos, financieros, militares de alto nivel y acaudalados empresarios que le regalaban abrigos de piel, joyas, caballos, vajillas de plata, muebles y elegantes viviendas sólo para poder estar en su compañía. Durante años llenó los teatros de casi todas las grandes capitales europeas.
En 1914, el estallido de la primera guerra mundial la sorprendió en Alemania. Sin trabajo en el teatro, se buscó varios amantes para que la mantuvieran y facilitaran su traslado a París, donde tenía una bonita residencia.
Finalmente sólo consiguió llegar a los Países Bajos. En el otoño de 1915, cuando se encontraba en La Haya, la exótica bailarina recibió la visita de Karl Kroemer, cónsul honorario de Alemania en Ámsterdam, quien le ofreció 20.000 francos –equivalentes hoy a más de 50.000 euros– a cambio de espiar para Alemania.
Ella tomó esa suma, considerándola una compensación por los abrigos de piel, joyas y dinero que los alemanes le habían confiscado tras el estallido de la guerra, pero, según aseguró ella misma, no desempeñó el trabajo.
– Seguida por los franceses
Desde entonces, Margaretha empezó a levantar sospechas allí donde pasaba. Por ejemplo, los británicos la interrogaron cuando volvía de los Países Bajos a Francia, y concluyeron: «No está libre de sospechas […] se le debería denegar el permiso para volver al Reino Unido».
Lo mismo sucedió en París. Instalada en el Grand Hotel, Mata Hari empezó a ser vigilada por agentes del servicio de contraespionaje francés, el Deuxième Bureau, dirigido por Georges Ladoux. Estaba tan acostumbrada a llamar la atención de los hombres que, al menos durante los primeros días, no se dio cuenta de que la estaban siguiendo por restaurantes, parques, teterías, tiendas de lujo y clubs nocturnos.
Además, abrían su correspondencia, escuchaban sus conversaciones telefónicas y llevaban un detallado registro de las personas con las que hablaba, pero aun así no hallaron pruebas de que estuviera recopilando o transmitiendo información importante para los agentes alemanes.
Ladoux estaba desesperado por capturar algún espía porque a Francia le estaba yendo muy mal en la guerra. En 1916 se libraron las dos batallas más terribles hasta el momento: Verdún y el Somme.
El fango, las malas condiciones higiénicas, las enfermedades y el horrible gas fosgeno causaron la muerte o mutilación de cientos de miles de soldados franceses, ingleses y alemanes. Al llegar el verano de 1916, las tropas francesas estaban tan desmoralizadas que algunos hombres se negaban a entrar en combate.

– Traicionada por su controlador
Mata Hari, ajena a la trampa que le estaban tendiendo, se mantenía muy ocupada en otros asuntos: se había enamorado apasionadamente de Vadime, o Vladimir de Massloff, un capitán ruso quince años más joven que ella, premiado con múltiples condecoraciones y que luchaba en el bando francés.
Ella esperaba lograr un salvoconducto para ir a tomar las aguas a Vittel, un balneario próximo al frente en el que estaba destinado Vadime. Mata Hari pidió consejo a un amante, Jean Hallaure, que trabajaba en el Ministerio de la Guerra y, sin que ella lo supiera, en el Deuxième Bureau de Ladoux.
Hallaure le gestionó una cita con Ladoux, que le permitió trasladarse a Vittel. Al llegar allí, Mata Hari descubrió que su amado había sido herido: expuesto al fosgeno, perdió la vista en un ojo y corría peligro de quedar completamente ciego. Aun así, cuando el capitán le propuso el matrimonio, Mata Hari aceptó de buen grado.
De vuelta a París, la antigua bailarina accedió a espiar para Francia a cambio de una recompensa de un millón de francos: lo suficiente para mantener a Vadime cuando se casasen, por si acaso su familia renegaba de él. Cumpliendo las indicaciones de Ladoux, Mata Hari marchó a España para allí tomar un barco rumbo a los Países Bajos.
Al hacer escala en Inglaterra volvió a despertar sospechas y unos agentes la llevaron incluso a Londres para someterla a otro interrogatorio. Al igual que en la anterior ocasión, no encontraron nada incriminatorio ni en ella ni en su equipaje.
Sin embargo, Mata Hari quedó horrorizada cuando decidieron retenerla mientras intentaban esclarecer si realmente era Margaretha Zelle MacLeod o Clara Benedix, una agente alemana a quien se parecía vagamente. Desesperada ya por que la liberasen, Mata Hari confesó repentinamente que era agente al servicio de Francia y trabajaba para Ladoux, y las autoridades británicas contactaron con éste.
Ladoux informó posteriormente que su respuesta fue: «No entiendo nada. Envíen a Mata Hari de vuelta a España». Aquello fue una descarada traición por parte de su propio jefe. Lo que pensaba realmente Ladoux se resume en un documento de los archivos británicos: «[había] sospechado de ella durante un tiempo y había fingido su contratación con el fin de, si era posible, obtener pruebas definitivas de que estaba trabajando para los alemanes. Le satisfaría saber que su culpabilidad ha quedado claramente acreditada».
– Madrid, nido de espías
De vuelta a España, Mata Hari decidió investigar qué secretos de relevancia militar podría descubrir en Madrid. Un diplomático alemán destinado en la capital española, el mayor Arnold Kalle, quedó prendado de su belleza y encanto. Pronto se le escapó que existía un plan para desembarcar a oficiales alemanes, turcos y munición en la costa de Marruecos desde un submarino.
Ansiosa por trasladar esa información a Ladoux y reclamar su recompensa, Mata Hari le escribió una carta para pedirle más instrucciones. Nunca obtuvo respuesta. También estableció relaciones con el coronel Joseph Denvignes, miembro de la legación francesa, quien se enamoró perdidamente de ella.
Se ponía furioso cuando Mata Hari salía a cenar o a bailar con otros hombres. Con la intención de apaciguarlo, ella cometió la ingenuidad de explicarle que trabajaba para Ladoux y contarle todos los secretos que había recabado. Él le pidió que le sonsacara a Kalle más información sobre el desembarco en Marruecos, pero cuando lo hizo, el alemán sospechó de ella.
Aprovechando que Denvignes iba a viajar en breve a París, Mata Hari escribió una larga carta llena de información y le pidió al oficial francés que se la entregara a Ladoux.

– Juego sucio
En diciembre de 1916, mientras Mata Hari se dedicaba a conquistar a diplomáticos alemanes en Madrid, Ladoux ordenó interceptar y monitorizar todas las comunicaciones por radio entre Madrid y Berlín empleando una estación de radioescucha instalada en la torre Eiffel.
Posteriormente afirmaría que los mensajes identificaban claramente a Mata Hari como espía alemana.
Cuando la bailarina regresó a París esperando su recompensa por la información que había pasado, Ladoux se negó a recibirla. Al final, ella consiguió ponerse en contacto con Ladoux, pero éste negó haber recibido comunicación alguna por medio de Denvignes. En el Deuxième Bureau dijeron a Mata Hari que «no conocían» a Denvignes.
Sólo más tarde quedó de manifiesto que había algo raro en los mensajes de radio interceptados desde la torre Eiffel. Los números de expediente franceses indican que Ladoux puso en conocimiento de la fiscalía los mensajes en que se mencionaba a Mata Hari como espía en el mes de abril de aquel año y no en diciembre y enero, que es cuando Ladoux afirmó que se habían enviado.
Al parecer, Ladoux era la única persona que había visto los mensajes originales antes de su decodificación y traducción. También se supo que los mensajes originales habían desaparecido de los archivos. Pese a ello, el contenido de aquellos mensajes se utilizaría con desastrosas consecuencias parra la bailarina.
Más adelante, el propio Ladoux acabaría arrestado y acusado de espionaje, pero su detención llegó varios días tarde y no sirvió para salvar a Mata Hari.
– La trampa

A finales de enero de 1917, Mata Hari se estaba poniendo cada vez más nerviosa.
Ladoux no solo había renegado de ella, sino que además ni siquiera le había pagado.
Llevaba tiempo sin noticias de Vadime y la inquietaba mucho la posibilidad de que lo hubieran herido.
Se estaba quedando sin dinero y se vio obligada a trasladarse a hoteles cada vez más baratos en la capital francesa.
El 12 de febrero de 1917 se cursó la orden de detención de Mata Hari, bajo la acusación de espionaje a favor de Alemania. A la mañana siguiente la detuvieron, registraron su habitación y se incautaron de sus pertenencias.
Se encargó de interrogarla Pierre Bouchardon, juez instructor del Tercer Tribunal Militar, un hombre estricto, implacable con los acusados y especialmente enemigo de las mujeres «inmorales».
En su diario revela el inmenso odio que sentía por las «devorahombres» como Mata Hari. Bouchardon ordenó encerrarla en régimen de aislamiento en la cárcel más espantosa de París: Saint-Lazare. Las celdas estaban infestadas de pulgas y ratas, la comida era nauseabunda, el agua escaseaba y no había jabón para lavarse.
Se le denegó el acceso a sus efectos personales, entre los que estaba la medicación para tratar las úlceras sifilíticas, mudas limpias, ropa interior y dinero para comprar comida y sellos postales. Mantuvo contactos esporádicos con su abogado, otro examante llamado Édouard Clunet, lamentablemente inexperto en materia de juicios militares como aquel al que iban a someterla.
Cuando cayó enferma, con síntomas parecidos a los de la tuberculosis, se le negó el tratamiento médico. Fueron pasando los días, luego los meses, y Mata Hari empezó a darse cuenta de que no creían sus alegatos y que corría un serio peligro de ser procesada.
Al cabo de tres meses entró en un estado de máxima ansiedad y suplicó por carta que tuvieran clemencia. Desquiciada, rogó que la dejaran ver a Clunet, su abogado, y especialmente a Vadime. Pero incluso le confiscaron las cartas en las que Vadime le pedía que fuera a visitarlo al hospital en donde lo estaban tratando de la exposición al gas.
El proceso comenzó el 24 de julio. Los telegramas y mensajes de radio aportados por Ladoux –que actualmente se consideran manipulados– eran la única prueba contra ella. Los siete hombres que componían el jurado eran todos militares.
Uno de ellos, en sus memorias, recogió el rumor de que Mata Hari había «causado la muerte de unos 50.000 de nuestros hijos, sin contar los que iban a bordo de los buques torpedeados en el Mediterráneo, sin duda gracias a la información facilitada por ella». Ninguna de las pruebas aportadas en el juicio avalaba semejantes calumnias.
– La muerte os sienta tan bien

Todas las acusaciones contra Margaretha eran imprecisa, y no se mencionaba ningún secreto en particular que hubiera sido transmitido al enemigo. Ahora bien, del estilo de vida «inmoral» de Mata Hari sí que se presentaron numerosas pruebas: uno de los policías que la habían seguido por París dejó constancia de sus derroches, así como de sus muchos amantes, todos de gran importancia y de diversas nacionalidades.
Un comisario testificó en relación con los objetos hallados en su habitación de hotel, ninguno de los cuales era indicio de espionaje. Ladoux testificó sobre los mensajes interceptados (y falsificados) que demostraban que Mata Hari era agente alemana, pero no que hubiera comunicado información alguna.
La defensa llevada a cabo por Clunet resultó totalmente ineficaz. Llamó a declarar a algunas personas que no dudaron en testificar que Mata Hari era una dama encantadora que jamás preguntaba por asuntos de índole militar. Henri de Marguerie, secretario del ministro de Asuntos Exteriores francés y amante de Mata Hari desde 1905, la defendió con vehemencia.
«Jamás ha habido nada que pueda mancillar la buena opinión que tengo de esta dama», declaró. Incluso llegó a acusar al fiscal de haber aceptado una causa que sabía que era infundada. De hecho, el fiscal llegaría a confesar posteriormente que con aquellas escasas pruebas «no había nada que rascar».
Hallada culpable de todos los delitos que se le imputaban, Mata Hari fue condenada a morir fusilada. Los intentos de conmutarle la pena capital por otra de prisión fueron desestimados, al igual que las peticiones de indulto al presidente. La ejecución se llevó a cabo con gran secretismo a primeras horas de la mañana del 15 de octubre.
Aquel día, el gobierno censuró varios periódicos. Entre los presentes estaban su abogado, Clunet, las monjas que la habían cuidado, el médico de la cárcel y un pelotón formado casi por adolescentes, perteneciente al 4.º Regimiento de Zuavos, ataviados con uniforme caqui y fez rojo, a las órdenes del sargento mayor del 23.º de Dragones.
La actuación de Mata Hari fue brillante, tal vez la mejor de su vida, moviéndose con gracia y dignidad y negándose a que la ataran al poste para permanecer en pie, orgullosa y con la cabeza bien alta. El sargento que comandaba el pelotón comentó entonces: «¡Por Dios! Esta mujer sí que sabe morir».
nuestras charlas nocturnas.
El país que existió entre España y Portugal …

Muy Interesante(S.Romero) — Andorra, Gibraltar, España y Portugal.
La península ibérica, situada entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo acoge estos cuatro territorios; el panorama geopolítico tiene muchos matices, y entre los grandes estados de España y Portugal también hay que contar con un pequeño principado y un territorio británico de ultramar.
Sin embargo, hubo una época de la historia en la que esta zona de Europa contaba con cinco naciones.
¿Cuál es la quinta?
Si bien no superaba los 30 kilómetros cuadrados de superficie, esta quinta nación existió y se localizaba entre España y Portugal.
Se trata de Couto Mixto y no fue reconocido como país durante un breve espacio de tiempo, sino que ostentó el título de nación durante siete largos siglos.
– El origen de la quinta nación
La República de Couto Mixto era una micronación independiente ubicada en la región gallega, dentro de, posiblemente, uno de los capítulos menos conocidos de la historia europea. No surgió a razón de una conquista de territorios sino de una anomalía jurídica medieval que le otorgó su propio sistema de administración, derechos y privilegios.
Con origen en el siglo XII, al territorio se le concedieron beneficios especiales y autonomía, probablemente debido a su ubicación estratégica. Nos encontramos en la época en la que se firmó el Tratado de Zamora, gracias al que Alfonso I de Portugal y Alfonso VII de León establecieron el 5 de octubre de 1143, un acuerdo que suele marcarse como el nacimiento del reino de Portugal y el inicio de la dinastía alfonsina.
Curiosamente, tras el establecimiento de esa espectacular frontera entre España y el nuevo reino de Portugal, se creó un pequeño espacio fuera de la ley por el que nació un particular «microestado» compuesto por solo tres villas: Rubias dos Mixtos, Meaus y Santiago de Rubiás. Esta última fue considerada la capital del país
– Gobierno
Couto Mixto estaba gobernado por una república federal cuyo sistema político se basaba en tres jueces electos, conocidos ‘home de acordo‘ seleccionados de dichas tres villas y el ‘xuiz’ o juez que ejercía la función de presidente del Gobierno y se elegía democráticamente; es decir, eran los propios vecinos los que elegían al juez o jefe político cada tres inviernos que ejercía la máxima autoridad. Estos jueces tenían poderes administrativos y judiciales, gestionaban los asuntos locales y resolvían disputas sin interferencia de autoridades externas a pesar de ser un territorio tan pequeño y aparentemente intrascendente.
Como curiosidad, la iglesia de Santiago ejercía las veces de Parlamento y allí se almacenaba el tesoro del Couto Mixto: un cofre con tres cerraduras (uno por cada juez) que atesoraba los documentos oficiales de la nación.
Imagina vivir en una pequeña comunidad donde las decisiones sobre asuntos locales las toman líderes electos dentro de la propia comunidad, sin tener que esperar a un gobierno central. Sus habitantes disfrutaban de un grado de autogobierno democrático que era bastante raro en el contexto de la Europa medieval cuando España aún no era España y Europa aún lidiaba con luchas de poder por muchos frentes distintos.

Aunque no extraña que con un país tan pequeñito de unos 27 kilómetros cuadrados, no tuviese una gran cantidad de población.
Entre las tres villas apenas alcanzaban a ser un millar de habitantes y puede ser que esta característica, junto al hecho de que no era un lugar particularmente floreciente. hiciera que la pequeña nación pasara desapercibida durante tantos siglos.
Su estructura social era igualitaria, muy centrada en la comunidad y la asistencia mutua, que era esencial para la supervivencia en una región tan aislada.
Hablaban gallego y celebraban fiestas locales que proporcionaban un sentido de identidad y tradición, vinculando el presente con el pasado. Sus ciudadanos podían optar por elegir su nacionalidad: podían decidir ser ciudadanos españoles, ciudadanos portugueses o ciudadanos de la República de Couto Mixto.
De la misma forma, tampoco estaban obligados a realizar servicio militar, ya que este microestado no necesitaba aportar soldados a la causa, a la par que tampoco tenían que pagar impuestos y podían comerciar y cultivar libremente.
(Imagina la cantidad de contrabando que existiría teniendo en cuenta que no había control fiscal ni de aduanas. Ni qué decir lo interesante que sería para los prófugos de la justicia).
– ¿Cuándo dejó de ser un país?
La anomalía territorial encontró su fin muchos siglos después de su nacimiento. La independencia de Couto Mixto duró hasta el Tratado de Lisboa de 1864, cuando el territorio se dividió oficialmente entre España y Portugal dando carpetazo al asunto. El Tratado de Lisboa se centró principalmente en resolver disputas fronterizas en curso y cuestiones relacionadas con la soberanía mutua, algo que afectó a la anomalía histórica de la independencia única de Couto Mixto.

El territorio se incorporó a España y, desde entonces, solo queda su recuerdo. Se erigió en 2008 una estatua en honor a Delfín Modesto Brandón, que ejerció de último juez de la pequeña nación y también se conserva una réplica de un cofre con el archivo de la vieja república en la iglesia de Santiago de Rubiás, como recordatorio a esa época en la que esa región quedaba custodiada por el gobernador de cada ciudad del reino.
nuestras charlas nocturnas.
Los pintores españoles más famosos de la historia y sus obras más importantes …
– JUAN GRIS

Fue un pintor nacido en Madrid que desarrolló su obra a principios del siglo XX en París, donde fue considerado uno de los grandes maestros del cubismo.
Su principal aportación al estilo fue el papier collé, que consiste en añadir en la obra recortes de revistas o periódicos.
Entre algunas de sus obras más destacadas podemos citar el ‘Retrato de Picasso’, ‘Bodegón con persiana’ y ‘Guitarra y Pipa’.
(José Victoriano González; Madrid, 1887 – Boulogne-sur-Seine, Francia, 1927) Pintor español, máximo representante del cubismo sintético.
Cursó estudios en la Universidad de Madrid, pero pronto se consagró a la pintura; en 1906 se trasladó a París y se instaló en el Bateau-Lavoir, donde fue vecino de Pablo Picasso y conoció a intelectuales y artistas como Guillaume Apollinaire, Max Jacob y Georges Braque, entre otros.
Pintó sus primeras acuarelas al mismo tiempo que publicaba ilustraciones humorísticas en distintas revistas.

Juan Gris
Sus primeras muestras cubistas datan de 1911, y en ellas se aprecia la influencia de Cézanne, aunque pronto derivó hacia un estilo geométrico muy colorista, con predominio del azul, el verde y el violeta ácido.
En 1912 empleó por primera vez la técnica del collage, franqueando de esta manera la línea divisoria que separa lo real y lo irreal.
Juan Gris fue el indiscutible maestro del cubismo sintético, término acuñado por el mismo artista. Con su pintura introdujo el método en la praxis cubista; la perfecta definición de unas premisas de trabajo a las que se mantiene fiel dota de un estilo fuertemente personal a sus obras.
En ellas, las formas se imbrican siguiendo una estructura clara y regular, el carácter plano del cuadro convive con el sombreado individualizado de algunos objetos, y el color, al que nunca renunció, crea ritmos visuales y armonías de indudable elegancia.

El desayuno (1915), de Juan Gris
De entre sus muchas telas cabe destacar El desayuno (1915), obra perfectamente representativa de la línea de trabajo del artista madrileño, que nunca más se alejó del cubismo e incluso llegó a criticar acerbamente que lo abandonaran algunos de sus más ilustres representantes.
El tema elegido, una naturaleza muerta en la que aparece el periódico Le Journal, responde a la imaginería más característica de este movimiento artístico; sin embargo, Juan Gris anduvo por senderos distintos de los transitados por Picasso o Braque, como puede apreciarse en la recreación del volumen y la luz en esta obra, en la que es fácilmente reconocible su impronta personal.
– ANTONI TAPIES

Tapies es un pintor y escultor catalán fallecido hace escasamente tres años. Durante toda su vida, Tapies se ha caracterizado por su estilo personal, siempre en consonancia con el expresionismo abstracto que floreció tras la 2ª Guerra Mundial.
Algunas de sus pinturas más emblemáticas son ‘Gran Pintura Gris’, ‘Blanco con signo rojizo’ o ‘Grattage Rojo’, de 2008.
(Barcelona, 1923 – 2012) Pintor español. A los veintidós años renunció a la carrera de derecho para dedicarse de lleno a la pintura, arte que abordó a través del collage (hojas de periódico, papel de estaño, cuerdas) y de pinturas terrosas que presentan grattages (raspaduras) y graffiti.
En esta primera etapa de su vida crea, con otros artistas e intelectuales catalanes (Joan Brossa, Joan Ponç, Modest Cuixart, Joan Josep Tharrats), el grupo «Dau al Set» (1948). Este movimiento ampara sus primeras exposiciones, que ya ponían de manifiesto su interés por el surrealismo.

Antoni Tàpies
Hacia 1949, renunciando a los efectos de la materia, se dedica a crear cuadros en los que predominan los tonos grises, aunque con interrupciones de importancia variable de colores vivos (verde, rojo), y en los que aparecen impresiones textiles, signos (semicírculos, triángulos) y letras deformadas.
En 1954, después de impartir un curso de arte abstracto en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, da entrada de nuevo a la materia: trabaja los cuadros con argamasa (mezclando al óleo mármol pulverizado y usando pigmentos en polvo disueltos en látex) para reencontrar la tradición secular de un mundo fosilizado, de colorido desvaído, que en 1958 le valió el premio Carnegie.
Su etapa posterior a 1965 pertenece a la neofiguración y al arte pobre: arpilleras, objetos rústicos y objetos cotidianos se funden en una obra que llegó a alcanzar difusión universal (Materia gris en forma de sombrero, 1966; Tres sillas, 1967; Dos cruces, 1967).
En la década de los setenta, sus «esculturas en el espacio» hacen que el objeto (maderas ensambladas, sillas, ropas, libros quemados), hasta entonces estampado en hueco o modelado en relieve en el espesor de la materia, se salga de la tela para inmovilizarlo en el espacio y darle una realidad más áspera.
En este aspecto Tàpies comunica al arte pobre una carga emocional muy importante.

Cruz y tierra (1975), de Antoni Tàpies
Su labor creadora fue acompañada, en los años setenta y ochenta, de textos teóricos (La práctica del arte, 1970; El arte contra la estética, 1974; Memoria personal, 1978; Por un arte moderno y progresista, 1985). En 1984 se crea en Barcelona la Fundación Tàpies, ubicada en un antiguo edificio obra del arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Inaugurado en 1990, sus fondos, formados con la obra donada por Teresa y Antoni Tàpies, constituyen la más completa colección de las obras del pintor catalán.
Ese mismo año el artista fue nombrado académico de honor en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las artes y el Praemium Imperiale de pintura. Del resto de su producción cabe destacar los murales para la Expo’92, Embolcall (1994), inspirado de la guerra de Ruanda, y Cerimònia (1996).
– JULIO ROMERO DE TORRES

Julio Romero de Torres (1874-1930) destaca por el simbolismo de sus paisajes, la suavidad en la luz y una extraña capacidad para crear una atractiva artificiosidad en los escenarios. La mayor parte de su obra se puede ver en el Museo Julio Romero de Torres de Córdoba.
Algunos de sus cuadros más famosos son ‘La chiquita piconera’, ‘El retablo del amor’, ‘Naranjas y limones’ o ‘Amor místico y amor profano’.
Córdoba, 1880 – 1930) Pintor español. Era hijo del pintor y maestro andaluz Rafael Romero Barros, director del Museo de Bellas Artes de Córdoba, quien le inició en el sendero de la pintura desde muy temprana edad. Así, ya en 1907 pudo concurrir el joven Julio Romero de Torres a la exposición de pintores independientes celebrada en el Círculo de Bellas Artes (Madrid).
El realismo melodramático de sus primeras composiciones (como Conciencia tranquila o Vividoras del amor) no parecía preludiar el estilo personal, tan marcado y característico, que luego sacó a relucir en su obra de madurez.
En efecto, a raíz del lienzo titulado Musa gitana -que obtuvo el Primer Premio en una Exposición Nacional celebrada en Madrid-, el pintor cordobés adoptó una línea nacionalista y folclórica, atenta a los tópicos meridionales y centrada, principalmente, en el retrato de la mujer andaluza.
Se trata de un estilo en el que predomina la mezcla del retrato realista con un cierto aire idealista que sitúa a sus figuras en un vago halo intemporal, como si pretendiera hacer de las características físicas de la mujer andaluza un arquetipo universal de la belleza femenina.
Aupado por los cánones modernistas vigentes en su tiempo, logró éxitos -no exentos de una virulenta controversia crítica que siempre acompañó al enjuiciamiento artístico de su pintura- en varias exposiciones nacionales e internacionales, como las realizadas en Barcelona (1911), en Madrid (1912) y en Munich (1913).
Pero lo cierto es que en su tiempo fue aclamado por pintores, escritores y contempladores de su obra, quienes celebraban la exaltación de los tópicos nacionalistas difundidos por la obra de Romero de Torres; para probarlo, baste con recordar que las monografías de su pintura y los catálogos de sus exposiciones venían autorizados por comentarios elogiosos de autores como Jacinto Benavente, Ramón María del Valle-Inclán, Gregorio Martínez Sierra o Santiago Rusiñol.

Abanderado de un romanticismo ciertamente trasnochado en la actualidad, pero muy del gusto de la gente de su tiempo, Julio Romero de Torres resolvió en cada uno de sus cuadros un problema planteado en forma de copla andaluza, lance de toreo o episodio de romancero gitano.
Hizo, además, especial hincapié en los sentimientos trágicos y legendarios propios de la religiosidad y la cultura de sus paisanos, lo que explica la inmensa popularidad de que gozó tanto en vida como muchos años después de haber desaparecido.
Los hogares más populares de la España rural exhibieron durante mucho tiempo reproducciones de las principales obras de Romero de Torres, casi siempre decorando las extensas páginas de unos enormes almanaques.
Su recuerdo quedó vivo, además, en coplas y tonadillas folclóricas, y se hizo presente durante algún tiempo en las ilustraciones de sellos y papel moneda.
En la actualidad, una buen parte de su obra -bastante desprestigiada por la crítica moderna- puede contemplarse en la Casa Museo que la ciudad de Córdoba ha dedicado a uno de sus artistas más universales.
– JOSÉ DE RIBERA

José de Ribera (1591-1652) fue un pintor español que desarrollo gran parte de su obra en Italia. Allí conoció gran fama gracias a su dominio del estilo naturalista.
Caracterizado físicamente por su baja estatura, en Italia era conocido como «El españolito«. Aunque desarrolló su vida en Italia, nunca olvidó sus raíces españolas y, de hecho, firmaba muchos de sus cuadros como «Jusepe de Ribera, español».
Entre sus obras más destacadas se pueden citar ‘La Inmaculada Concepción’, ‘Sileno borracho’, ‘San Andrés’ o ‘San Pedro’.
(Llamado el Españoleto; Játiva, 1591-Nápoles, 1652) Pintor y grabador español. No se tienen noticias seguras sobre su formación artística, si bien se cree que fue discípulo de Francisco Ribalta.
Hacia 1608-1610 marchó a Italia, donde visitó la corte de los Farnesio en Parma (San Martín partiendo su capa con el pobre) y se interesó por la obra de Correggio. Hasta 1616 estuvo en Roma, donde admiró a Rafael, Miguel Ángel y, especialmente, a Caravaggio. Allí consiguió celebridad y realizó obras de una gran calidad, como evidencian El gusto y El tacto, de la serie de Los cinco sentidos.
Se estableció definitivamente en Nápoles, donde se impuso como la personalidad más importante del foco napolitano.
Gozó de la protección de los virreyes, que le fueron adoptando como pintor de cámara, como el duque de Osuna, para quien realizó el grupo de obras de la colegiata de Osuna, el conde Monterrey (Inmaculada y otras obras en la iglesia de las Agustinas de Salamanca) y don Juan de Austria.
Trabajó para la iglesia napolitana de Jesús Nuevo, la capilla de San Jenaro de la catedral y, sobre todo, para la cartuja de San Martín, que conserva un magnífico conjunto (serie de Profetas, Piedad). De 1620 a 1626 no se tienen noticias de obras pictóricas, pero a este período corresponden la mayoría de sus grabados, técnica que cultivó con maestría (Martirio de san Bartolomé).

San Andrés (c. 1616)
y Martirio de San Andrés (1628)

De su origen español conservó siempre el gusto por la temática religiosa (La bendición de Jacob), con figuras aisladas de santos (abundando los penitentes y mártires) de rostros atezados y frentes arrugadas, plasmados con crudo realismo (San Andrés, San Jerónimo), así como milagros, martirios (Martirio de San Felipe, Martirio de San Andrés), episodios del Nuevo Testamento y retratos de la Virgen María con el Niño.
Sin embargo, también cultivó el género mitológico y el retrato, y realizó las series de los Filósofos, así como representaciones de mendigos y tipos populares.
Hasta 1634 su estilo se caracterizó por un acusado tenebrismo, con violentos contrastes de luz, un plasticismo duro, un crudo realismo en los detalles y cierta tendencia a la monumentalidad.
A partir de ese momento optó por una pictoricidad más libre y un colorismo más rico, así como por temas y formas más amables, asimilando influencias venecianas y boloñesas.
En su producción final parece advertirse un repliegue hacia formas de su período juvenil, retornando al tenebrismo y los contrastes lumínicos.
– FEDERICO MADRAZO

Fue un pintor español del siglo XIX. Nació y murió en Madrid y alcanzó una gran popularidad, siendo uno de los principales exponentes del romanticismo y llegando a ser el pintor de cámara de Isabel II.
Federico Madrazo se destacó en el ámbito de los retratos, donde es considerado uno de los grandes maestros de la historia del país. Su especializó sobre todo en retratos a la alta sociedad y a la monarquía.
Entre sus obras más célebres podemos contar ‘Retrato de Isabel II’ o ‘Doña Amalia de Llano y Dotres, Condesa de Vilches’.
(Roma, 1815-Madrid, 1894) Pintor español. Principal continuador de la saga de los Madrazo, fue hijo de José Madrazo, también pintor y máximo representante de la escuela neoclásica cortesana.
Estudió en París, donde fue acogido por Ingres, que era amigo de su padre. Tras una estancia de dos años en Roma regresó a Madrid y fue nombrado director del Museo del Prado. El advenimiento de la Primera República en 1868 le supuso le pérdida del cargo, en el cual fue repuesto en 1881.
En sus inicios cultivó la pintura histórica y religiosa, y uno de sus cuadros, La continencia de Escipión, le valió el ingreso en la Escuela de San Fernando, si bien debe su renombre a su actividad como retratista. De entre sus retratos al óleo cabe destacar dos: Carolina Coronado y General San Miguel, mientras que sus dibujos más conocidos son los retratos de Mariano José de Larra y de Ponzano.
– JOAQUIN SOROLLA

Sorolla uno de los pintores más prolíficos, con más de 2.200 obras catalogadas, nace en 1863 y desde muy pequeño descubrió su verdadera vocación por la pintura. Destaca por un estilo maduro que le caracteriza como luminista aunque con poco acierto siempre ha sido calificado como impresionista.
Sus obras más representativas están pintadas al aire libre, y domina con maestría la luz para cuadros en los que representan escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea. Además también cultivó la pintura de denuncia social que le reportó muchoso éxitos.
Otra importante faceta suya fue la de retratista, de figuras importantes como fueron Juan Ramón Jiménez, el rey Alfonso XIII, Vicente Blasco Ibáñez y Ortega y Gasset entre otros.

Entre sus obras más famosas, Desnudo de mujer de 1902, pintado durante su etapa de culminación o Paseo por la Playa de 1909.
(Valencia, 1863 – Cercedilla, España, 1923) Pintor español. Formado en su ciudad natal con el escultor Capuz, estudió posteriormente las obras del Museo del Prado y, gracias a una beca, pudo residir y estudiar en Roma de 1884 a 1889. En esta época se dedicó sobre todo a cuadros de temática histórica, que no ofrecen demasiado interés.
Un viaje a París en 1894 lo puso en contacto con la pintura impresionista, lo que supuso una verdadera revolución en su estilo. Abandonó los temas anteriores y comenzó a pintar al aire libre, dejándose invadir por la luz y el color del Mediterráneo. Son precisamente las obras de colores claros y pincelada vigorosa que reproducen escenas a orillas del mar las que más se identifican con el arte de Sorolla.
Sin embargo, fue un artista muy activo, que realizó también numerosos retratos de personalidades españolas y algunas obras de denuncia social (¡Y aún dicen que el pescado es caro!) bajo la influencia de su amigo Blasco Ibáñez.
Su estilo agradable y fácil hizo que recibiera innumerables encargos, que le permitieron gozar de una desahogada posición social. Su fama rebasó las fronteras españolas para extenderse por toda Europa y Estados Unidos, donde expuso en varias ocasiones. De 1910 a 1920 pintó una serie de murales con temas regionales para la Hispanic Society of America de Nueva York.

¡Y aún dicen que el pescado es caro! (1894)
y Niños en la playa (1910), de Joaquín Sorolla

En el estilo más característico de Sorolla, el de técnica y concepción impresionista, destaca la representación de la figura humana (niños desnudos, mujeres con vestidos vaporosos) sobre un fondo de playa o de paisaje, donde los reflejos, las sombras, las transparencias, la intensidad de la luz y el color transfiguran la imagen y dan valor a temas en sí mismo intrascendentes.
Algunos críticos consideran estas obras un cruce entre los impresionistas franceses y los acuarelistas ingleses. Existe una importante colección de pintura suya en el Museo Sorolla de Madrid.
– BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla en 1617 y representa uno de los pintores más importantes de la pintura barroca española que, tras haber decaído en estimación a principios del siglo XX, vuelve a gozar de importante reconocimiento mundial. Su estilo barroco es tan detallado que incluso podemos decir que avanza el rococó.

En 1630 trabajaba ya como pintor independiente en Sevilla y en 1645 recibe su primer encargo importante, una serie de lienzos destinados al claustro de San Francisco el Grande; la serie se compone de trece cuadros, que incluyen La cocina de los ángeles, la obra más celebrada del conjunto por la minuciosidad y el realismo con que están tratados los objetos cotidianos.
(Sevilla, 1617 – 1682) Pintor español. Nació en 1617 en el seno de una familia de catorce hermanos, de los que él fue el benjamín. Quedó huérfano de padre a los nueve años y perdió a su madre apenas seis meses después. Una de sus hermanas mayores, Ana, se hizo cargo de él y le permitió frecuentar el taller de un pariente pintor, Juan del Castillo.
En 1630 trabajaba ya como pintor independiente en Sevilla y en 1645 recibió su primer encargo importante, una serie de lienzos destinados al claustro de San Francisco el Grande; la serie se compone de trece cuadros, que incluyen La cocina de los ángeles, la obra más celebrada del conjunto por la minuciosidad y el realismo con que están tratados los objetos cotidianos. En general, sus inicios manifiestan la influencia del naturalismo de Francisco de Zurbarán, José de Ribera y Alonso Cano; posteriormente conocería, en sus viajes a Madrid, la obra de Velázquez.

La Sagrada Familia del pajarito (c.1650), de Murillo
El éxito de aquella realización le aseguró trabajo y prestigio, de modo que vivió desahogadamente y pudo mantener sin dificultades a los nueve hijos que le dio Beatriz Cabrera, con quien contrajo matrimonio en 1645.
Después de pintar dos grandes lienzos para la catedral de Sevilla, empezó a especializarse en los dos temas iconográficos que mejor caracterizan su personalidad artística: la Virgen con el Niño y la Inmaculada Concepción, de los que realizó multitud de versiones; sus representaciones de la Virgen María son siempre mujeres jóvenes y dulces, inspiradas seguramente en sevillanas conocidas del artista.
Tras una estancia en Madrid entre 1658 y 1660, en este último año intervino en la fundación de la Academia de Pintura, cuya dirección compartió con Francisco de Herrera el Mozo.
En esa época de máxima actividad recibió los importantísimos encargos del retablo del monasterio de San Agustín y, sobre todo, los cuadros para Santa María la Blanca, concluidos en 1665. Posteriormente trabajó para los capuchinos de Sevilla (Santo Tomás de Villanueva repartiendo limosna) y para el Hospital de la Caridad (cuadros sobre las obras de misericordia).

Niños comiendo melón y uvas (c. 1650)
Murillo destacó también como creador de tipos femeninos e infantiles: del candor de La muchacha con flores al realismo vivo y directo de sus niños de la calle, pilluelos y mendigos, que constituyen un prodigioso estudio de la vida popular.
Después de una serie dedicada a la Parábola del hijo pródigo, se le encomendó la decoración de la iglesia del convento de los capuchinos de Cádiz, de la que sólo concluyó los Desposorios de santa Catalina, ya que, mientras trabajaba en el cuadro, falleció a consecuencia de una caída desde un andamio.
– ANTONIO LÓPEZ

Nace en 1936 y se trata del artista vivo con mayor proyección internacional actualmente. Tuvo una temprana vocación por el dibujo que provocó el que se acabara dedicando a la pintura. Viaja a Italia, donde conoció de primera mano la pintura italiana del Renacimiento se identifica en el estilo hiperrealista, y en la temporalidad y el deterioro de lo material.
Es miembro de la Real Academia de San Fernando y en 1985 se le concedió el prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Su obra fue adaptada al cine por el director cinematográfico Víctor Erice en el film titulado «El sol del membrillo».

Entre sus obras más conocidas están las esculturas Antonio y Mari, 1967-1968 o el cuadro Gran Vía, 1974-1981.
(Tomelloso, 1936) Pintor español. Permaneció algunos años en un seminario religioso. Se trasladó a Madrid en 1949, donde cursó estudios artísticos en la Escuela de Artes y Oficios y preparó su ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, cursando la carrera entre 1950 y 1955.
Sobrino del pintor de paisajes manchegos Antonio López Torres, éste le inició en el arte de la pintura, y se convirtió en su primer maestro. Realizó su primera exposición en 1951, en el Casino Liberal de Tomelloso. En 1957 celebró su primera muestra individual madrileña, en el Ateneo de Madrid.
Durante su paso por la Escuela de Bellas Artes coincidió y trabó amistad con artistas que posteriormente se inclinarían como él hacia la corriente realista, como Amalia Avia, Julio López, Francisco López o María Moreno, que se convirtió después en su esposa.
En sus inicios, su pintura estaba impregnada de irrealidad: los objetos flotan y las personas confunden sus contornos con el resto del cuadro. Hacia los años cincuenta su pintura dio un giro vertiginoso y se orientó decididamente hacia la precisión realista ejercida sin retórica; realidad desnuda y silenciosa que no puede en modo alguno calificarse, no obstante, de hiperrealista.
La separan del hiperrealismo la utilización de técnicas y métodos tradicionales y un lirismo intimista. En 1985 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en 2006 el Premio Velázquez de las Artes Plásticas. En 1993 fue elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
– EL GRECO

El Greco es un pintor nacido en 1541 con una técnica que acabó influenciando después en los pintores impresionistas. Comienza su carrera en Venecia yendo luego a Roma y finalmente se mueve a Toledo. En su diversa obra pictórica encontramos muchas obras religiosas, retratos de nobles y escenas de Toledo. El Entierro del Conde de Orgaz es uno de sus cuadros más conocidos.

Su estilo evoluciona hasta conseguir uno muy personal caracterizado por sus figuras manieristas extraordinariamente alargadas con iluminación propia, delgadas, fantasmales, muy expresivas, en ambientes indefinidos y una gama de colores buscando los contrastes. Otra de sus obras más famosas es La curación del ciego (1567), La purificación del templo, o El caballero de la mano en el pecho (1580).
(Doménicos Theotocópoulos; Candía, hoy Heraklion, actual Grecia, 1541 – Toledo, España, 1614) Pintor español. Aunque nacido en Creta, isla que en aquella época pertenecía a la República de Venecia, El Greco desarrolló su peculiar estilo y la mayor parte de su trayectoria artística en España. Se formó en su isla natal como pintor de iconos, antes de trasladarse a Venecia, donde conoció la obra de Tiziano y Tintoretto, artistas que, junto con Miguel Ángel, fueron los que más influyeron en su pintura.

Detalle de un autorretrato de El Greco (c. 1595)
A partir de 1570, tras una estancia de siete años en Roma, El Greco se trasladó a Toledo por invitación del canónigo Diego de Castilla, quien le encargó un retablo para la iglesia de Santo Domingo el Antiguo. Llevaba diez años en Toledo cuando Felipe II le encomendó una obra para el monasterio de El Escorial; pero El martirio de san Mauricio no gustó al soberano español, quien ya nunca volvió a contar con el artista.
Ello supuso una decepción enorme para El Greco, ya que aspiraba a convertirse en pintor de corte, pero no entorpeció su carrera, puesto que era ya un pintor solicitadísimo tanto por los aristócratas como por los eclesiásticos toledanos. No es de extrañar, por tanto, que su obra sea extraordinariamente fecunda.
Se conocen algunas de sus creaciones anteriores a su llegada a España, lo cual permite afirmar que El Greco creó su peculiar estilo después de su establecimiento en Toledo, seguramente influido por el fervoroso ambiente religioso de la ciudad.
Sus figuras alargadas, pintadas con pincelada fluida, parecen criaturas inmateriales, carentes de solidez física e imbuidas de una intensa espiritualidad. A ello hay que añadir su paleta originalísima, de colores fríos, que consigue efectos sorprendentes con los rojos, los azules y en particular los blancos, de una rara intensidad y nitidez

Aunque pintó sobre todo obras religiosas, se le deben también importantes retratos (Félix Paravicino, El caballero de la mano en el pecho) y algunos cuadros de temática diversa.
La obra más admirada de El Greco es El entierro del conde de Orgaz, por el hecho de que el artista se valió de este acontecimiento para dejar constancia del momento en que le tocó vivir; para ello, dividió el cuadro en dos planos, uno celestial en la parte superior y otro terrenal en la inferior, de tal modo que la obra es al mismo tiempo un cuadro religioso y un retrato de grupo.
El plano superior, el celestial, no se aparta de sus restantes obras religiosas y presenta idéntico hondo misticismo y parecida intensidad dramática; la novedad se encuentra en el plano terrenal, donde los principales personajes del Toledo de la época, incluidos el propio pintor y su hijo, aparecen reproducidos con absoluta fidelidad.
De la conspicua producción religiosa de El Greco cabe destacar El Expolio de Cristo, El Bautismo de Cristo, La Adoración de los pastores y los retratos de diversos Apóstoles, en los que resulta admirable la expresividad de los rostros y los ademanes.

Laoconte (c. 1612), de El Greco
En los últimos años de su carrera el artista pintó dos celebrados Paisajes de Toledo y un cuadro mitológico, Laocoonte, que sorprende por su temática, inusual en la España del momento. Sobre un fondo de hermoso paisaje, las figuras de Laocoonte y sus hijos se retuercen en su lucha contra las serpientes y el artista se sirve hábilmente de sus contorsiones para dotar a la obra de una composición admirable.
Máximo exponente del manierismo pictórico en España, El Greco es también la primera figura de proyección universal de la pintura española y uno de los grandes genios de la historia del arte.
– FRANCISO DE ZURBARÁN

Pintor que nace en 1598, y que se hace muy popular en la época del Barroco y la Contrarreforma, con sus cuadros religiosos y escenas de la vida monástica. Con un estilo que mantuvo durante décadas, se caracterizó como pintor tenebrista, debido al uso que hizo de los contrastes de luz y sombras.
Su obra está llena de pinceladas sencillas, realistas, detallista, con formas amplias y la plenitud en los volúmenes ,con influencia de Caravaggio, José Ribera y Diego Velázquez y al final de su carrera, por el estilo más sutil de Murillo.

Entres sus obras más conocidas tenemos San Francisco arrodillado con una calavera en las manos, 1658 o San Hugo en el refectorio de los Cartujos, 1630-1635
(Fuente de Cantos, 1598 – Madrid, 1664) Pintor español. A los quince años Francisco de Zurbarán se trasladó a Sevilla, donde fue discípulo del pintor Pedro Díaz de Villanueva y conoció a Velázquez. Contrajo matrimonio con María Páez en 1617, y desde ese año hasta 1628 permaneció en Llerena (Extremadura). Aunque existen noticias documentales de distintas obras realizadas por Zurbarán durante este tiempo, no se conoce ninguna que con seguridad pueda situarse en esta época.
En 1625 Zurbarán se casó en segundas nupcias con Beatriz Morales. En 1627 pintó su primera gran obra importante firmada y datada: la Crucifixión del oratorio de la sacristía del convento dominico sevillano de San Pablo el Real, para el que en 1626 había contratado la realización de veintiún cuadros en ocho meses. Entre 1628 y 1629 llevó a cabo un ciclo de pinturas para el colegio franciscano de San Buenaventura.

La defensa de Cádiz contra los ingleses (c. 1634), de Zurbarán
El arte de Zurbarán aparece ya perfectamente definido, y se aprecian en su pintura la fuerza realista propia de los mejores pintores españoles de la época, su sentido de la ordenación y de la monumentalidad; el fondo oscuro de sus cuadros subraya ya entonces la presencia volumétrica de las figuras.
En 1629 se estableció en Sevilla por invitación del Consejo Municipal de la ciudad, y era tan grande su reputación como pintor que no tuvo que pasar el tradicional examen para ejercer su oficio. Entre 1630 y 1639 se sitúa la etapa más fecunda en la obra de este artista, que abarca tanto naturalezas muertas (Bodegón con naranjas, 1633) como obras de tema religioso (Visión del beato Alonso Rodríguez, 1630; Apoteosis de Santo Tomás de Aquino, 1631; Santa Margarita; Santa Isabel de Portugal).
Llamado a Madrid en 1634, Francisco de Zurbarán participó en la decoración del salón de Reinos del Buen Retiro (La defensa de Cádiz contra los ingleses y la serie sobre los Trabajos de Hércules); durante este período, y siguiendo el ejemplo de Velázquez, renunció al tenebrismo; en el clasicismo toscano, influido a veces por los maestros venecianos, encontró un estilo acorde con sus aspiraciones. Las pinturas del retablo de la capilla de San Pedro de la catedral de Sevilla (1635-1636) permiten apreciar su evolución artística.

San Hugo en el refectorio de los cartujos (c. 1645)
Otra vez en Sevilla, Zurbarán trabajó para el convento de la Merced Descalza (1636), para el que pintó varias obras religiosas. Pintó también varios cuadros para la iglesia de Nuestra Señora de la Granada, en Llerena, y para la cartuja de la Defensión de Jerez de la Frontera, y en 1639 firmó un contrato con el monasterio de San Jerónimo de Guadalupe para la realización de varios cuadros. Son especialmente destacables las obras realizadas para la cartuja de las Cuevas de Sevilla (San Bruno y el papa Urbano II, San Hugo en el refectorio de los cartujos, Virgen de los cartujos).
En 1639 enviudó de nuevo, y en 1644 casó en terceras nupcias con la hija de un orfebre, Leonor de Tordera. En 1650 pintó la Anunciación para el conde de Peñaranda; muestra aquí un nuevo estilo, en el que el uso del difuminado intenta atenuar la rigidez de las formas. En su Inmaculada Concepción niña (1656) se detecta además una clara influencia de Guido Reni. En 1658 se trasladó a Madrid, donde parece que pintó bastante, aunque su arte no pudo adaptarse al cambio general del gusto, orientado hacia el pleno barroco.
– JOAN MIRÓ

Nacido en 1893 es uno de los pintores con una obra más variada y destacando en varios estilos como el surrealismo, el fauvismo o el expresionismo.

Su estancia en París, provoca que su obra se vuelve más onírica pasando luego a un estilo algo más naïf. Además de pintor fue, escultor, grabador y ceramista español, y está considerado uno de los máximos exponentes del arte de su generación. Uno de sus grandes proyectos fue la creación de la Fundación Joan Miró, ubicada en Barcelona, centro cultural y artístico para difundir las nuevas tendencias del arte contemporáneo; entre sus obras más conocidas tenemos Signos y constelaciones enamorados de una mujer (1941), o Metamorfósis (1936).
(Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, España, 1983) Pintor, escultor, grabador y ceramista español. Estudió comercio y trabajó durante dos años como dependiente en una droguería, hasta que una enfermedad le obligó a retirarse durante un largo periodo en una casa familiar en el pequeño pueblo de Mont-roig del Camp.

Joan Miró
De regreso a Barcelona, ingresó en la Academia de Arte dirigida por Francisco Galí, en la que conoció las últimas tendencias artísticas europeas. Hasta 1919, su pintura estuvo dominada por un expresionismo formal con influencias fauvistas y cubistas, centrada en los paisajes, retratos y desnudos.
Ese mismo año viajó a París y conoció a Picasso, Max Jacob y algunos miembros de la corriente dadaísta, como Tristan Tzara. Alternó nuevas estancias en la capital francesa con veranos en Mont-roig y su pintura empezó a evolucionar hacia una mayor definición de la forma, ahora cincelada por una fuerte luz que elimina los contrastes. En lo temático destacan los primeros atisbos de un lenguaje entre onírico y fantasmagórico, muy personal aunque de raíces populares, que marcaría toda su trayectoria posterior.
Afín a los principios del surrealismo, firmó el Manifiesto (1924) e incorporó a su obra inquietudes propias de dicho movimiento, como el jeroglífico y el signo caligráfico (El carnaval del arlequín). La otra gran influencia de la época vendría de la mano de Paul Klee, del que recogería el gusto por la configuración lineal y la recreación de atmósferas etéreas y matizados campos cromáticos.

El carnaval del arlequín (1925)
En 1928, el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió dos de sus telas, lo que supuso un primer reconocimiento internacional de su obra; un año después, contrajo matrimonio con Pilar Juncosa. Durante estos años el artista se cuestionó el sentido de la pintura, conflicto que se refleja claramente en su obra.
Por un lado, inició la serie de Interiores holandeses, abigarradas recreaciones de pinturas del siglo XVII caracterizadas por un retorno parcial a la figuración y una marcada tendencia hacia el preciosismo, que se mantendría en sus coloristas, juguetones y poéticos maniquíes para el Romeo y Julieta de los Ballets Rusos de Diaghilev (1929).
Su pintura posterior, en cambio, huye hacia una mayor aridez, esquematismo y abstracción conceptual. Por otro lado, en sus obras escultóricas optó por el uso de material reciclado y de desecho.
La guerra civil española no hizo sino acentuar esta dicotomía entre desgarro violento (Cabeza de mujer) y evasión ensoñadora (Constelaciones), que poco a poco se fue resolviendo en favor de una renovada serenidad, animada por un retorno a la ingenuidad de la simbología mironiana tradicional (el pájaro, las estrellas, la figura femenina) que parece reflejar a su vez el retorno a una visión ingenua, feliz e impetuosa del mundo.
No resultaron ajenos a esta especie de renovación espiritual sus ocasionales retiros a la isla de Mallorca, donde en 1956 construyó un estudio, en la localidad de Son Abrines.
Entretanto, Miró amplió el horizonte de su obra con los grabados de la serie Barcelona (1944) y, un año después, con sus primeros trabajos en cerámica, realizados en colaboración con Josep Llorens Artigas.
En las décadas de 1950 y 1960 realizó varios murales de gran tamaño para localizaciones tan diversas como la sede de la Unesco en París, la Universidad de Harvard o el aeropuerto de Barcelona; a partir de ese momento y hasta el final de su carrera alternaría la obra pública de gran tamaño (Dona i ocell, escultura), con el intimismo de sus bronces, collages y tapices.
En 1975 se inauguró en Barcelona la Fundación Miró, cuyo edificio diseñó su gran amigo Josep Lluís Sert.
– DIEGO VELÁZQUEZ

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nace en 1599 y está considerado como el pintor más famoso del Siglo de Oro español, además de ser uno de los maestros del Barroco y de la pintura universal, influenciando a los pintores realistas de generaciones posteriores. Considerado como uno de los mejores retratistas de la historia del arte.

Entre sus obras más famosas tenemos Las Meninas (1656) y La rendición de Breda (1635)
Sin duda, sus obras fueron de lo más enigmáticas y con toques de soberbia que llenaban de oscuridad sus cuadros. No por oscuridad, sino que sus colores eran muy oscuros. A pesar de ello, su fama no fue por la oscuridad, sino por su talento a la hora de crear. Debido a eso, se le ordenó como el “pintor del rey”, de manera que estaba alojado en las instalaciones reales, con trato exclusivo, en donde trabajó casi toda su vida para él.

Desde sus aposentos, comenzaron a salir los retratos que le hicieron famoso y en sus viajes, a Italia, consiguió que su arte se impregnara de influencias venecianas.
Ésta fue una de sus etapas, pero Velázquez, siempre fue recordado por cómo mantenía su esencia pero siempre evolucionaba según las tendencias. Por eso, sus cuadros, aparecen algunos oscuros y otros, dependiendo de la influencia, están más llenos de color. Podemos comparar, los movimientos y los colores del cuadro Vistas del jardín de la Villa Médicis, en Roma, con el cuadro El Bufón de Calabacillas.
Maestro sin par del arte pictórico, el sevillano Diego Velázquez adornó su carácter con una discreción, reserva y serenidad tal que, si bien mucho se puede decir y se ha dicho sobre su obra, poco se sabe y probablemente nunca se sabrá más sobre su psicología.
Joven disciplinado y concienzudo, no debieron de gustarle demasiado las bofetadas con que salpimentaba sus enseñanzas el maestro pintor Herrera el Viejo, con quien al parecer pasó una breve temporada, antes de adscribirse, a los doce años, al taller de ese modesto pintor y excelente persona que fuera Francisco Pacheco.
De él provienen las primeras noticias, al tiempo que los primeros encomios, del que sería el mayor pintor barroco español y, sin duda, uno de los más grandes artistas del mundo en cualquier edad.

Detalle de un Autorretrato de Velázquez (c. 1645)
- La mirada melancólica
Diego Velázquez fue hijo primogénito de un hidalgo no demasiado rico perteneciente a una familia oriunda de Portugal, tal vez de Oporto, aunque ya nacido en Sevilla, llamado Juan Rodríguez, y de Jerónima Velázquez, también mujer de abolengo pero escasa de patrimonio.
En el día de su bautismo, Juan echó las campanas al vuelo (previo pago de una módica suma al sacristán), convidó luego a los allegados a clarete y a tortas de San Juan de Alfarache y entretuvo a la chiquillería vitoreante con monedas de poco monto que arrojó por la ventana.
No le había de defraudar este dispendio y estos festejos el vástago recién llegado, que se mostró dócil a los deseos paternos durante su infancia e ingresó en el taller de Francisco Pacheco sin rechistar.
El muchacho dio pruebas precocísimas de su maña como dibujante, y aprendía tan vertiginosamente el sutil arte de los colores que el bueno de Pacheco no osó torcer su genio y lo condujo con suavidad por donde la inspiración del joven lo llevaba. Entre maestro y discípulo se estrechó desde entonces una firme amistad basada en la admiración y en el razonable orgullo de Pacheco y en la gratitud del despierto muchacho. Estos lazos terminaron de anudarse cuando el viejo pintor se determinó a otorgar la mano de su hija Juana a su aventajado alumno de diecinueve años.
Sobre las razones que le decidieron a favorecer este matrimonio escribe Pacheco: «Después de cinco años de educación y enseñanza le casé con mi hija, movido por su virtud, limpieza, y buenas partes, y de las esperanzas de su natural y grande ingenio. Y porque es mayor la honra de maestro que la de suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento de alguno que se quiere atribuir esta gloria, quitándome la corona de mis postreros años.
No tengo por mengua aventajarse el maestro al discípulo, ni perdió Leonardo de Vinci por tener a Rafael por discípulo, ni Jorge de Castelfranco a Tiziano, ni Platón a Aristóteles, pues no le quitó el nombre de divino.»
- A la conquista de la corte
Pronto se le hizo pequeña Sevilla a Velázquez e intentó ganar una colocación en la corte, donde se había instalado recientemente Felipe IV, rey de pocas luces diplomáticas aunque muy aficionado a las artes y que con el tiempo llegaría a sentir por el pintor una gran devoción y hasta una rara necesidad de su compañía.
En su primer viaje a Madrid no tuvo suerte, pues tenía menester de muchas recomendaciones para acceder a palacio y se volvió a su tierra natal sin haber cosechado el menor éxito. Hubiera sido una verdadera lástima que su protector y suegro no le hubiese encarecido y animado a intentarlo de nuevo al año siguiente, porque de otro modo el prometedor Diego hubiera quedado confinado en un ambiente excesivamente provinciano, ajeno a los nuevos aires que circulaban por los ambientes cosmopolitas de las cortes de Europa.

Tres músicos (c. 1618)
En Sevilla, durante lo que se ha dado en llamar, con artificio erudito de historiador, su primera época (aunque la obra de Velázquez es el resultado de una búsqueda incesante), su estilo sigue al de los manieristas y los estudiosos del arte veneciano, como Juan de Roelas, pero adoptando los claroscuros impresionantes de Caravaggio, si bien esta última influencia ha sido discutida.
No obstante, Velázquez se decantará pronto por un realismo barroco, audaz y estremecido, grave y lleno de contrastes, seguido igualmente por Francisco de Zurbarán o Alonso Cano.
Dicho realismo, en su vertiente más popular, había sido frecuentado por la literatura de la época, y ese mismo aire de novela picaresca aparece en los Almuerzos que guardan los museos de Leningrado y Budapest, así como en Tres músicos, donde, sin embargo, desaparece el humor para concentrarse el tema en la descripción de la maltrecha dignidad de sus protagonistas.
Más curioso es aún cómo, también por aquella época, utiliza los encargos de asuntos religiosos para arrimar el ascua a su sardina y, dejando en un fondo remoto el episodio que da título al cuadro, pasan a un primer plano de la representación rudos personajes del pueblo y minuciosos bodegones donde se acumulan los objetos de la pobre vida cotidiana.
Es el caso de Cristo en casa de Marta y María, cuadro en el que adquiere plena relevancia la cocina y sus habitantes, el pescado, las vasijas, los elementos más humildes.
El Museo del Prado guarda igualmente pinturas del período sevillano, como el espléndido lienzo La adoración de los Reyes Magos, fechado en 1619 (poco después de su matrimonio y de que Juana le diese descendencia), y donde se ha querido ver, sobre todo en los rasgos infantiles del Niño Jesús, un homenaje a su familia y un hálito de la felicidad del flamante padre.
Es seguro, por lo demás, que los Reyes Magos son auténticos retratos, no idealizaciones más o menos convencionales, y en ello se revela también la verdadera vocación de quien sería el más grande retratista de su tiempo.
En su segunda intentona en Madrid, ya convenientemente pertrechado de avales, recibió Velázquez las mercedes y favores del conde-duque de Olivares, quien le consiguió su gran oportunidad al recomendarle para que hiciera un retrato del nuevo monarca.
Felipe IV quedó tan complacido por esta obra que inmediatamente lo nombró pintor de la corte, obligando a Velázquez a trasladar su residencia a la capital y a vivir en el Palacio Real. En sus primeros años madrileños, el artista fue sustituyendo sus característicos tonos terrosos por una insólita gama de grises que con el tiempo sería su recurso más admirable y un vivo exponente de su genio sutil.
- La impresión del paisaje
Hacia 1629 pinta Velázquez su primer gran cuadro de tema mitológico, llamado Los borrachos porque el asunto dedicado a Baco se convierte en sus manos en una estampa de las francachelas populares de la época; al año siguiente llega a Madrid Rubens, con quien mantuvo una buena y leal amistad; Rubens le recomienda que no deje de visitar Italia, donde su arte podrá depurarse y ennoblecerse.
Empeñado desde entonces en ello, consigue, tras mucho insistir, licencia del rey y, saliendo del puerto de Barcelona, desembarca en Génova en 1629. Visita Verona, Ferrara, Loreto, Bolonia, Nápoles y Roma, sin apenas pintar nada, pero estudiándolo todo, memorizando gamas de colores, audaces composiciones, raras atmósferas, luces insólitas.

Los borrachos o El triunfo de Baco (c. 1629)
Probablemente entonces, aunque hay quien sostiene que fue en su segundo viaje a Roma, pinta las maravillosas Vistas del jardín de la Villa Médicis en Roma. En estos deliciosos parajes vivió el español gracias a la recomendación de su embajador y allí, al aire libre, tomó sus apuntes geniales.
Son, en realidad, paisajes románticos, melancólicos, intemporales, casi impresionistas por su libertad de trazo, pese a ser en más de dos siglos anteriores a los cuadros de ese estilo, y quizás aún más perfectos en la captura del instante luminoso huidizo, del aire limpio y quieto apresado por la tupida vegetación y la escenográfica arquitectura.
Y lo más asombroso es que estas imágenes que hoy conserva el Museo del Prado, inolvidables cuando se han visto una sola vez, fueron pintadas como al desgaire, como ejercicio ocioso y gratuito, sobre pequeños lienzos que no alcanzan el medio metro de alto y poco menos de ancho, pero que resumen, con impecable evidencia, la suprema sabiduría alcanzada en aquellos años por Velázquez.
Bien es cierto que, a su regreso a España, realizó obras de mayor envergadura y empaque, como La rendición de Breda, también conocida por Las lanzas, pero en esta pintura de compromiso, terminada en 1635 para el Salón de los Reinos en el recién inaugurado Palacio del Buen Retiro, también conmueve más lo anecdótico que la pomposa rememoración del pasado triunfo de un predecesor de Felipe IV.

La rendición de Breda o Las lanzas (1635)
Durante los años treinta y cuarenta del siglo fue Velázquez el pintor no sólo de su abúlico rey, sino de las «sabandijas de palacio», de los bufones como El Bobo de Coria, Diego de Acedo el Primo y el Niño de Vallecas, y después de su segundo viaje a Italia para comprar obras de arte en nombre de Su Majestad, su paleta produjo tres obras maestras insuperables y sumamente conocidas.
La Venus del espejo, conservada en la National Gallery de Londres, es célebre por ser uno de los pocos desnudos de autor español de la época que se han conservado, aunque se le supongan hasta tres más al pintor sevillano, para el cual tal vez sirviera de modelo la escandalosa y bella actriz Damiana, amante del alocado marqués de Heliche.
Para la realización de Las Hilanderas, radicada actualmente en el Museo del Prado, Velázquez plantó su caballete en la Fábrica de Tapices de la calle de Santa Isabel de Madrid. La representación del momento irrepetible de las mujeres alrededor de la rueca giratoria hizo pronto olvidar que se trataba de un tema mitológico (la fábula de Palas y Aracne), creyéndose desde antiguo que se trataba de un cuadro de género.
- Las Meninas
De entre los retratos que realizó de la familia real, hay uno que goza de inmensa fama, y se ha convertido en el paradigma de la obra del pintor: Velázquez y la familia real o Las Meninas. Este cuadro, que ha dado lugar a multitud de interpretaciones, tiene como marco espacial la habitación más importante del apartamento del palacio Real en el que vivía el pintor.
En la obra aparece el mismo Velázquez frente al caballete con la cruz de la Orden de Santiago, aunque la distinción fue añadida después de su muerte por orden del rey, ya que Velázquez todavía no la había recibido cuando pintó el cuadro.
En el fondo de la habitación, un espejo refleja la imagen del rey y de la reina; en el centro aparece la infanta Margarita acompañada por dos doncellas reales, y a la derecha del cuadro, en primer plano, figuran la enana Mari-Bárbola y el enano Nicolás de Pertusato, que intenta despertar con el pie a un mastín tumbado en el suelo. Detrás de este grupo hay dos figuras y finalmente, al lado de la escalera, vemos al mayordomo de la reina.

La composición es de una gran complejidad y constituye un extraordinario ejemplo de pintura de una pintura: los reyes se representan indirectamente, vistos a través de un espejo, mientras que por lo que respecta a los protagonistas de la obra, la infanta y sus acompañantes, no se sabe si son el tema del cuadro en que está trabajando Velázquez o bien si están mirando pintar al artista.
Por último, el espectador se siente incluido en el espacio del cuadro, ya que el espejo con las imágenes de los reyes le hace suponer que los monarcas están contemplando la misma escena que él pero a sus espaldas.
Dicho de otro modo, el espectador ocupa ilusoriamente el lugar de los retratados, el lugar de los reyes, y este hecho ha dado pábulo a incesantes especulaciones. Desde el punto de vista de la factura, es una obra de prodigiosa ejecución, incluso dentro de la pintura del artista. Las pinceladas son como toques de luz que modelan los vestidos y los cuerpos, dotándolos de una gran vivacidad.
Por empeño personal de Felipe IV, Velázquez recibiría, un año antes de morir en Madrid el 6 de agosto de 1660, la preciada distinción de caballero de la Orden de Santiago, un honor no concedido nunca ni antes ni después a pintor alguno.
Y aunque, al demoler la iglesia, nadie recordaba que sus restos habían sido sepultados en la Parroquia de San Juan Bautista, cuando en 1990 se organizó una magna retrospectiva de su obra en el Museo del Prado, miles y miles de personas llegadas de todos los puntos cardinales afluyeron incesantemente para reír el gesto idiota del bufón Calabacillas, admirar la pincelada que plasma el vestido de una infanta, interrogar la estampa ecuestre del conde duque de Olivares y respirar el aire penumbroso del siglo XVII aquietado e inmortalizado en los cuadros de Velázquez.
– SALVADOR DALÍ

(Figueres, Gerona, 1904 – 1989) Pintor español. Si bien parte del inmenso prestigio y popularidad de que gozó ya en vida se debió a sus estrafalarias e impostadas excentricidades, Salvador Dalí acertó a insuflar nueva vida al surrealismo europeo hasta convertirse en su más conocido representante; sus confusas ideas estéticas (el llamado método paranoico-crítico) fueron mucho menos decisivas que sus impactantes composiciones, a las que trasladó con magistral precisión técnica un personalísimo universo onírico y simbólico, tan nítido y luminoso como profundamente inquietante y perturbador.
Salvador Dalí nace en 1904 y es conocido como máximo exponente del Surrealismo y el Dadaísmo más allá de sus obras. Personaje polifacético, excéntrico y enamorado de su musa Gala, la obra de Dalí saltó fronteras siendo uno de los artistas más reconocidos en Estados Unidos donde es considerado un genio artístico.

Entre sus obras más famosas tenemos La persistencia de la memoria (1931), El gran masturbador (1929) y Gala Contemplating the Mediterranean Sea (1976).
Y es que Salvador Dalí, sin duda el pintor más extravagante de todos los tiempos cuyas obras han llegado a crear odio o amor, desde los puntos más extremos, dependiendo de su entendimiento y su recepción a la hora de admirar un cuadro.
Quién diría que sus obras fueron inspiradas por alguien que fue encarcelado, por marcharse de una clase de arte. Allí, en la cárcel, recibió una prensa para grabado que le mandó su padre y la visita de su compañero de clase, Federico García Lorca, que creaba versos en su “Oda a Dalí” y que leía a toda su familia, tras componerlos y así recordar a su compañero encarcelado, injustamente.

Sus obras surrealistas siempre llamaron la atención, especialmente sus famosos relojes de agua y sus elefantes con patas de mosquito.

Salvador Dalí
Salvador Dalí nació en una madrugada de la primavera de 1904 en el seno de una familia burguesa, hijo de un notario bienpensante y de una sensible dama aficionada a los pájaros. Muchos años más tarde escribiría en su autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí (1942): «A los tres años quería ser cocinero.
A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí».
Puesto que la persecución sería incesante y el objetivo no habría de alcanzarse nunca, y dado que en ningún recodo de su biografía estaba previsto que hallara el equilibrio y la paz, Dalí decidió ser excesivo en todo, interpretar numerosos personajes y sublimar su angustia en una pluralidad de delirios humorísticos y sórdidos.
Se definió a sí mismo como «perverso polimorfo, rezagado y anarquizante», o «blando, débil y repulsivo», aunque para conquistar esta laboriosa imagen publicitaria antes hubo de salvar algunas pruebas iniciáticas, y si el juego favorito de su primera infancia era vestir el traje de rey, ya a los diez años, cuando se autorretrata como El niño enfermo, explora las ventajas de aparentar una constitución frágil y nerviosa.
Su precocidad es sorprendente: a los doce años descubre el estilo de los impresionistas franceses y se hace impresionista; a los catorce ya ha trabado conocimiento con el arte de Picasso y se ha hecho cubista, y a los quince se ha convertido en editor de la revista Studium, donde dibuja brillantes pastiches para la sección titulada «Los grandes maestros de la Pintura».
- La Residencia de Estudiantes
En 1921 abandona su Cataluña natal y se traslada a Madrid, donde ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Instalado en la Residencia de Estudiantes, se hace amigo del gran poeta granadino Federico García Lorca y del futuro cineasta surrealista Luis Buñuel, de quien sin embargo se distanciará irreversiblemente en 1930.
En la capital adopta un extraordinario atuendo: lleva los cabellos largos, una corbata desproporcionadamente grande y una capa que arrastra hasta los pies. A veces luce una camisa azul cielo adornada con gemelos de zafiro, se sujeta el pelo con una redecilla y lo lustra con barniz para óleo. Es difícil que su presencia pase desapercibida.
En los revueltos y conflictivos meses de 1923 sufre un desafortunado contratiempo. En la Academia de Bellas Artes a la que está adscrito se producen manifestaciones en contra de un profesor, y antes de que dé comienzo el discurso oficial y se desate la violenta polémica, Salvador abandona la sala.
Las autoridades creen que este gesto suyo ha sido la señal de ataque y rebelión y deciden expulsarlo durante un año. Después, de nuevo en Figueres, los guardias vienen a detenerlo y pasa una temporada en la cárcel.

La persistencia de la memoria (1931)
A la salida de prisión recibirá dos alegrías. La primera, una prensa para grabado que su padre le regala, y la segunda, la visita de su excelente compañero de la Residencia de Estudiantes de Madrid, Federico García Lorca, quien en las calurosas noches del verano de Cadaqués lee a toda la familia Dalí sus versos y dramas recién compuestos.
Es allí, junto al Mediterráneo, donde García Lorca redacta la célebre «Oda a Salvador Dalí», publicada unos años después, en 1929, en la Revista de Occidente. Pronto será también Luis Buñuel quien llegue a Cadaqués para trabajar con su amigo Salvador en un guión cinematográfico absolutamente atípico y del que surgirá una película tan extraña como es Un perro andaluz (1929).
- En París
En 1927 Dalí viaja por primera vez a París, pero es al año siguiente cuando se establece en la capital francesa. Se relaciona con Pablo Picasso y Joan Miró y, con la ayuda de este último, se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton.
En 1929 expone en la Galería Goemans y obtiene ya un gran éxito; las originales imágenes de sus cuadros, en las que los objetos se muestran con irritante precisión, parecen adentrarse en unas profundidades psíquicas anormales y revelar un inconsciente alucinatorio y cruel.
Pero Breton terminará expulsándolo del movimiento algunos años después, en una memorable sesión de enjuiciamiento a la que Dalí compareció cubierto con una manta y con un termómetro en la boca, aparentando ficticiamente estar aquejado de fiebre y convirtiendo así el opresivo juicio en una ridícula farsa.
La triple acusación a la que tuvo entonces que enfrentarse Dalí fue coquetear con los fascismos, hacer gala de un catolicismo delirante y sentir una pasión desmedida e irrefrenable por el dinero. A esto precisamente alude el célebre apodo anagramático con que sería motejado por Breton, Avida dolars, acusación que, lejos de desagradar al pintor, le proporcionaba un secreto e irónico placer.
De hecho, después de conocer a la que sería su musa y compañera durante toda su vida, Gala, entonces todavía esposa de otro surrealista, el poeta Paul Éluard, Dalí declaró románticamente: «Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero.»

Gala y Dalí
Salvador Dalí se enamoró de Gala en el verano de 1929 y con ella gozó por primera vez de las mieles del erotismo. Es la época en que pinta Adecuación del deseo, Placeres iluminados y El gran masturbador, pintura esta última que fue atacada y desgarrada por el fanático grupo puritano los Camelots du Roy.
Mientras tiene lugar la exposición de sus obras en la Galería Goemans de París, la joven y apasionada pareja se refugia y aísla en la Costa Azul, pasando los días y las noches encerrados en una pequeña habitación de un hotel con los postigos cerrados.
Enterado de la vida disoluta de su hijo por un artículo de Eugenio d’Ors aparecido en La Gaceta Literaria, el padre de Dalí rompe relaciones con su vástago; pero ello no debió afectarlo demasiado, o quizás sí, puesto que es en esa época cuando el artista realiza lo mejor de su obra, como el célebre cuadro La persistencia de la memoria (1931), donde blandos relojes cuelgan de la rama de un árbol, del borde de un pedestal y sobre una misteriosa forma tendida en la vasta extensión de la playa.
- El surrealismo daliniano
Antes de llegar a París, el artista había realizado su primera exposición en las Galerías Dalmau de Barcelona, en 1925, y su obra había transitado por el cubismo y las corrientes realistas, como en Muchacha en la ventana (1925) o su primera Cesta de pan (1926).
Cuando Dalí se incorporó al grupo surrealista, el movimiento atravesaba momentos de fuertes contradicciones internas. La vitalidad y extravagancia de aquella joven promesa española resultó decisiva para la renovación y proyección del grupo, del que también por su parte absorbió energías que resultaron en la etapa más apreciada de su obra.
En teoría, sus mejores cuadros fueron el fruto de la aplicación del llamado «método paranoico-crítico», que Dalí definió como un sistema espontáneo de conocimiento irracional «basado en la asociación interpretativo-crítica de los fenómenos delirantes».
Tal metodología propugna un alejamiento de la realidad física en favor de la realidad mental: gracias a un uso controlado de la alucinación y del sueño (lo paranoico o irracional debe someterse a la lucidez interpretativa o crítica), los objetos de la vida cotidiana se convierten en iconos de los deseos y temores del ser humano.
A través de sus obras y siguiendo los dictados de las teorías freudianas, el artista saca a la luz los aspectos más ocultos de su vida erótica, sus fantasías y sus deseos. Dalí pretendía que sus telas fueran contempladas como sueños pintados; sus imágenes de relojes blandos, miembros hipertróficos sostenidos por muletas y elefantes de patas zancudas, por citar algunas de las más conocidas, son a la vez expresión y liberación de las obsesiones sexuales y de la angustia ante la muerte.

El gran masturbador (1929)
Probablemente para Dalí eran menos relevantes su teorizaciones que el tono provocador e irónico con que las exponía. En cualquier caso, la plasmación de sus obsesiones personales es el motivo que aglutina la mayor parte de sus telas en esta etapa, en la que se sirvió de las técnicas del realismo ilusionista más convencional para impactar al público con sus insólitas e inquietantes visiones, que a menudo aluden directamente a la sexualidad. El gran masturbador (1929, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid) es en este sentido una obra paradigmática de este periodo.
Una magnífica ilustración del método es el cuadro titulado Mercado de esclavos con el busto evanescente de Voltaire (1940, Fundación Reynolds-Morse, Cleveland), en el que el rostro del filósofo está constituido por dos figuras que, simultáneamente, forman parte del grupo humano del segundo término. A la izquierda, contempla la escena una mujer que se apoya en una mesa; el contenido de los fruteros sobre la mesa es a su vez parte del conjunto de figuras que participan en el mercado que da título a la tela.

Mercado de esclavos con el busto evanescente de Voltaire (1940)
El enigma sin fin (1938, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid) o las múltiples reinterpretaciones delirantes del famoso Ángelus de Millet constituyen otros excelentes ejemplos de ese reiterado juego de perversión significativa de la imagen.
La obsesión paranoica de que bajo el aparente misticismo de la escena campesina latía la presencia de la muerte llevó a Dalí a pedir al Louvre que realizara una radiografía del cuadro, lo que permitió ver en el lugar que ocupa la carretilla el contorno de un ataúd que Millet había pintado originalmente, confirmando así su propia intuición paranoica.
- La consagración internacional
Unos pocos años en el grupo bastaron para que Dalí se convirtiese en la gran figura del surrealismo y su obra alcanzase una considerable resonancia internacional. En 1934 viaja con su ya inseparable Gala a Estados Unidos, donde desembarca y se presenta ante los periodistas con un enorme pan cocido por el cocinero del trasatlántico que les ha transportado.
En sus erráticas manifestaciones no duda en asociar el mito hitleriano con el teléfono y a Lenin con el béisbol. Son todas bromas absurdas que tratan de quitar hierro a una situación política amenazante.
Dos años después se desata la atroz guerra civil en España y una de las primeras muestras de la probidad de los militares insurrectos es el infame asesinato de su amigo Federico García Lorca, crimen que conmocionó a la opinión pública mundial. Dalí escribió: «Lorca tenía personalidad para dar y vender, la suficiente para ser fusilado, antes que cualquier otro, por cualquier español.»
En 1938 conoce por fin, gracias al escritor vienés Stefan Zweig, a Sigmund Freud, quien había sido el gran inspirador de la estética surrealista, de la que Dalí no se siente marginado pese a las bravatas de Breton; por el contrario, se considera el único y más genuino exponente del movimiento.
El padre del psicoanálisis había dado pábulo a la nueva indagación del inconsciente con su libro La interpretación de los sueños (1900), pero nunca se había tomado demasiado en serio a sus jóvenes admiradores de París.
No obstante, el 20 de julio de 1938, tras el encuentro, Freud anotó en su diario: «Hasta entonces me sentía tentado de considerar a los surrealistas, que aparentemente me han elegido como santo patrón, como locos integrales (digamos al 95%, como el alcohol puro).
Aquel joven español, con sus espléndidos ojos de fanático e innegable dominio técnico, me movió a reconsiderar mi opinión». Por su parte, el artista realizó asombrosos y alucinantes retratos del «santo patrón» de los surrealistas.

Premonición de la Guerra Civil (1936)
Instalado otra vez en Nueva York en 1939, Dalí acepta un encargo para decorar unos escaparates comerciales. El tema que elige es el del Día y la Noche, el primero evocado por un maniquí que se mete en una bañera peluda y la segunda por medio de brasas y paños negros extendidos, pero la dirección modifica el decorado sin consultar al autor.
Dalí, iracundo, vuelca la bañera de astracán llena de agua y la lanza contra los cristales del escaparate produciendo un gran estrépito y un notable destrozo. Pese a que la opinión pública norteamericana le aplaude el vigor con que ha sabido defender la propiedad intelectual, es juzgado por los tribunales y condenado a pagar los desperfectos.
Tampoco consigue concluir su siguiente proyecto para decorar un pabellón de la Feria Internacional de Nueva York, el cual debía llevar el significativo título de Sueño de Venus.
El desarrollo de la Guerra Civil española (cuyo estallido había intuido en Construcción blanda con judías hervidas, luego titulado Premonición de la Guerra Civil, 1936) y el presagio de la Segunda Guerra Mundial habían provocado en Dalí el deseo de refugiarse en un mundo sin conflictos, y sublimó su experiencia surrealista retomando la iconografía renacentista e interesándose, sobre todo, por el valor económico de sus cuadros; esto le convirtió en el Avida dolars con que Breton, reordenando las letras de su nombre, le había bautizado.
De particular relevancia en cuanto a la evolución de su obra resulta el viaje que realizó a Italia en 1937; tras el contacto directo con los clásicos, adquirió cierto gusto por los temas religiosos y por una técnica más academicista, que durante mucho tiempo seguiría aplicando, no obstante, a lo onírico y extraño; pueden destacarse, entre otros muchos ejemplos, lienzos como Madonna de Port Lligat (1950, Museo Minami, Tokio), Crucifixión (1954, Museo Metropolitano, Nueva York) y La última cena (1955, National Gallery, Washington). Al mismo tiempo, el pintor producía una enorme cantidad de objetos decorativos carentes de la fuerza transgresora de sus primeras obras surrealistas.

- Últimos años
En 1948 regresó a España, fijando su residencia de nuevo en Port Lligat y hallando en el régimen del general Francisco Franco toda suerte de facilidades.
El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor «Paraje pintoresco de interés nacional».
Para muchos historiadores del arte lo mejor de su obra ya había sido realizado y, sin embargo, aún le quedaban cuarenta años de caprichosa producción y de irreductible endiosamiento y exhibicionismo, con apariciones públicas del estilo de la que protagonizó en diciembre de 1955, cuando se personó en la Universidad de la Sorbona de París para dar una conferencia en un Rolls Royce repleto de coliflores.
En vida del artista incluso se fundó un Museo Dalí en Figueres; ese escenográfico, abigarrado y extraño monumento a su proverbial egolatría es uno de los museos más visitados de España.
Durante los años setenta, Dalí, que había declarado que la pintura era «una fotografía hecha a mano», fue el avalador del estilo hiperrealista internacional que, saliendo de su paleta, no resultó menos inquietante que su prolija indagación anterior sobre el ilimitado y equívoco universo onírico.
Pero quien más y quien menos recuerda mejor que sus cuadros su repulsivo bigote engominado, y no falta quien afirme haberlo visto en el Liceo, el lujoso teatro de la ópera de Barcelona, elegantemente ataviado con frac y luciendo en el bolsillo de la pechera, a guisa de vistoso pañuelo, una fláccida tortilla a la francesa.
En su testamento, el controvertido artista legaba gran parte de su patrimonio al Estado español, provocando de ese modo incluso después de su muerte (acaecida en 1989, tras una larga agonía) nuevas y enconadas polémicas.
El novelista Italo Calvino escribió que «nada es más falsificable que el inconsciente»; acaso esta verdad paradójica y antifreudiana sea la gran lección del creador del método paranoico-crítico, de ese maestro del histrionismo y la propaganda, de ese pintor desaforado y perfeccionista, de ese eximio prestidigitador y extravagante ciudadano que fue Salvador Dalí.
El chiflado prolífico del Ampurdán, la llanura catalana barrida por el vertiginoso viento del norte que recoge las suaves olas del mar Mediterráneo en una costa tortuosa y arriscada, descubrió el arte de la mixtificación y el simulacro, de la mentira, el disimulo y el disfraz antes incluso de aprender a reproducir los sueños con la exactitud de su lápiz.
Su longeva existencia, tercamente consagrada a torturar la materia y los lienzos con los frutos más perversos de su feraz imaginación, se mantuvo igualmente fiel a un paisaje deslumbrante de su infancia: Port Lligat, una bahía abrazada de rocas donde el espíritu se remansa, ora para elevarse hacia los misterios más sublimes, ora para corromperse como las aguas quietas.
Místico y narcisista, impúdico exhibidor de todas las circunstancias íntimas de su vida y quizás uno de los mayores pintores del siglo XX, Salvador Dalí convirtió la irresponsabilidad provocativa no en una ética, pero sí en una estética, una lúgubre estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro.
– FRANCISCO DE GOYA

Francisco de Goya y Lucientes nace en 1746 y está considerado como pintores que iniciaron la estética del Romanticismo, además de ser precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX con sus obras maduras. Es también muy conocido por su talento como retratista al representar el aspecto psicológico de sus modelos más allá de su apariencia.
También fue famoso por la cantidad de autorretratos que se hacía, gracias a los cuales, se le puso seguir la pista, desde bien joven.
Su obra siempre podía plasmarse en cualquier parte, de manera que destacaba por grandes cuadros pintados en caballete, mural, a modo de grabados y en forma de dibujos. Su arte, contemplaba las diferentes fuentes en las que se podían plasmar sus obras.

Entre sus obras más famosas tenemos El tres de mayo de 1808 en Madrid (1814) y Saturno devorando a su hijo (1823)

A pesar de la fama de muchos de sus cuadros, ya no sólo por lo que hacían sentir y recordar, sino por lo perturbadores que podían ser, tuvo cuadros que se acercaban más al realismo y entre ellos, no podemos dejar fuera a la Maja Desnuda. Un cuadro de la época en donde mostraba a la mujer sensual, de la manera más natural posible.
Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego. Y a fuer de mirar a su aire se convirtió en un visionario. Ese hombre cabal, lúcido y baturro gestó las pesadillas que creemos tan nuestras afincado en un Versalles provinciano y en una Ilustración de pueblo.
La dieciochesca y acanallada España que le tocó vivir le valió para todo y para nada. Su tozudez y brío fueron su patrimonio; con tales alforjas saltó desde su infancia hasta la infancia de las vanguardias, que en el siglo XX lo reivindicaron como maestro. Nadie se explica aún ese raro fenómeno: fue un pintor y un profeta solitario venido desde antiguo hasta ahora mismo sin pasar por la historia.
Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, «pintar de mi invención».
A medida que fueron transcurriendo los años de su longeva vida, este «pintar de mi invención» se hizo más verdadero y más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas y caprichosas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de su tiempo.
Pero antes de su viaje a Italia en 1771, el arte de Goya es balbuciente y tan poco académico que no obtiene ningún respaldo ni éxito alguno; incluso fracasó estrepitosamente en los dos concursos convocados por la Academia de San Fernando en 1763 y 1769.
Las composiciones de sus pinturas se inspiraban, a través de los grabados que tenía a su alcance, en viejos maestros como Simon Vouet, Carlo Maratta o Correggio, pero a su vuelta de Roma, escala obligada para el aprendizaje de todo artista, sufrirá una interesantísima evolución ya presente en el fresco del Pilar de Zaragoza titulado La gloria del nombre de Dios.
Todavía en esta primera etapa, Goya se ocupa más de las francachelas nocturnas en las tascas madrileñas y de las majas resabidas y descaradas que de cuidar de su reputación profesional, y apenas pinta algunos encargos que le vienen de sus amigos los Bayeu.
De los tres hermanos pintores (Ramón, Manuel y Francisco Bayeu), el último, que era doce años mayor que él, fue su inseparable compañero y protector. También hermana de éstos era Josefa, con la que contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1773, año decisivo en la vida del pintor porque en él se inaugura un nuevo período de mayor solidez y originalidad.

Detalle de su primer Autorretrato (hacia 1773)
Por esas mismas fechas pinta el primer autorretrato que le conocemos, y no faltan historiadores del arte que supongan que lo realizó con ocasión de sus bodas. En él aparece como lo que siempre fue: un hombre tozudo, desafiante y sensual.
El cuidadoso peinado de las largas guedejas negras indica coquetería; la frente despejada, su clara inteligencia; sus ojos oscuros y profundos, una determinación y una valentía inauditas; los labios gordezuelos, una afición sin hipocresía por los placeres voluptuosos; y todo ello enmarcado en un rostro redondo, grande, de abultada nariz y visible papada.
- Cartonista de la Fábrica de Tapices
Poco tiempo después, algo más enseriado con su trabajo y asiduo de la tertulia de los neoclásicos presidida por Leandro Fernández de Moratín, en la que concurrían los más grandes y afrancesados ingenios de su generación, obtuvo el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, género donde pudo desenvolverse con relativa libertad, hasta el punto de que las 63 composiciones de este tipo realizadas entre 1775 y 1792 constituyen lo más sugestivo de su producción de aquellos años.
Tal vez el primero que llevó a cabo sea el conocido como Merienda a orillas del Manzanares, con un tema original y popular que anuncia una serie de cuadros vivos, graciosos y realistas: La riña en la Venta Nueva, El columpio, El quitasol y, sobre todo, allá por 1786 o 1787, El albañil herido.
Este último, de formato muy estrecho y alto, condición impuesta por razones decorativas, representa a dos albañiles que trasladan a un compañero lastimado, probablemente tras la caída de un andamio. El asunto coincide con una reivindicación del trabajador manual, a la sazón peor vistos casi que los mendigos por parte de los pensadores ilustrados.
Contra este prejuicio se había manifestado en 1774 el conde de Romanones, afirmando que «es necesario borrar de los oficios todo deshonor, sólo la holgazanería debe contraer vileza».
Asimismo, un edicto de 1784 exige daños y perjuicios al maestro de obras en caso de accidente, establece normas para la prudente elevación de andamios, amenaza con cárcel y fuertes multas en caso de negligencia de los responsables y señala ayudas económicas a los damnificados y a sus familias. Goya coopera, pues, con su pintura, en esta política de fomento y dignificación del trabajo, alineándose con el sentir más progresista de su época.

El quitasol (1776-78, Museo del Prado)
Hacia 1776, Goya recibe un salario de 8.000 reales por su trabajo para la Real Fábrica de Tapices. Reside en el número 12 de la madrileña calle del Espejo y tiene dos hijos; el primero, Eusebio Ramón, nacido el 15 de diciembre de 1775, y otro nacido recientemente, Vicente Anastasio. A partir de esta fecha podemos seguir su biografía casi año por año.
En abril de 1777 es víctima de una grave enfermedad que a punto está de acabar con su vida, pero se recupera felizmente y pronto recibe encargos del propio príncipe, el futuro Carlos IV. En 1778 se hacen públicos los aguafuertes realizados por el artista copiando cuadros de Velázquez, pintor al que ha estudiado minuciosamente en la Colección Real y de quien tomará algunos de sus asombrosos recursos y de sus memorables colores en obra futuras.
- Pintor de la corte
Al año siguiente solicita sin éxito el puesto de primer pintor de cámara, cargo que finalmente es concedido a un artista diez años mayor que él, Mariano Salvador Maella.
En 1780, cuando Josefa concibe un nuevo hijo de Goya, Francisco de Paula Antonio Benito, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el cuadro Cristo en la cruz, que en la actualidad guarda el Museo del Prado de Madrid, y conoce al mayor valedor de la España ilustrada de entonces, Gaspar Melchor de Jovellanos, con quien lo unirá una estrecha amistad hasta la muerte de este último en 1811.
El 2 de diciembre de 1784 nace el único de sus hijos que sobrevivirá, Francisco Javier, y el 18 de marzo del año siguiente es nombrado subdirector de pintura de la Academia de San Fernando. Por fin, el 25 de junio de 1786, Goya y Ramón Bayeu obtienen el título de pintores del rey con un interesante sueldo de 15.000 reales al mes.

La familia de Carlos IV
A sus cuarenta años, el que ahora es conocido en todo Madrid como Don Paco se ha convertido en un consumado retratista, y se han abierto para él todas las puertas de los palacios y algunas, más secretas, de las alcobas de sus ricas moradoras, como la duquesa de Alba, por la que experimenta una fogosa devoción.
Impenitente aficionado a los toros, se siente halagado cuando los más descollantes matadores, Pedro Romero, Pepe-Hillo y otros, le brindan sus faenas, y aún más feliz cuando el 25 de abril de 1789 se ve favorecido con el nombramiento de pintor de cámara de los nuevos reyes Carlos IV y doña María Luisa de Parma.
- La enfermedad y el aislamiento
Pero poco tiempo después, en el invierno de 1792, cayó gravemente enfermo en Sevilla. Durante aquel año sufrió lo indecible; tras meses de postración, empezó a recuperarse, pero, como secuela de la enfermedad, había perdido capacidad auditiva. Además, andaba con dificultad y presentaba algunos problemas de equilibrio y de visión. Se recuperaría en parte, pero la sordera sería ya irreversible de por vida.
La historia ha especulado en múltiples ocasiones sobre cuál fue la enfermedad de Goya. Los médicos (fue atendido por los mejores facultativos del momento) no coincidieron en cuanto al diagnóstico. Algunos achacaron el mal a una enfermedad venérea, otros a una trombosis, otros al síndrome de Menière, que está relacionado con problemas del equilibrio y del oído. También, más recientemente, se ha creído que podía haberse intoxicado con algunos de los componentes de las pinturas que usaba.
Comenzó, entonces, una nueva etapa artística para Goya. Debido a la pérdida de audición y a las secuelas de la grave enfermedad que había padecido, el maestro tuvo que adaptarse a un nuevo tipo de vida. No menguó, pese a lo que se ha dicho en ocasiones, su capacidad productiva ni su genio creativo.
Siguió pintando y todavía realizaría grandes obras maestras de la historia del arte. La pérdida de capacidad auditiva le abriría, sin lugar a dudas, las puertas de un nuevo universo pictórico. Los graves problemas de comunicación y relación que ocasionaba la sordera harían también que Goya iniciase un proceso de introversión y aislamiento.
El pesimismo, la representación de una realidad deformada y el matiz grotesco de algunas de sus posteriores pinturas son, en realidad, una manifestación de su aislada y singular (aunque extremadamente lúcida) interpretación de la época que le tocó vivir.
Por obvios problemas de salud, Goya tuvo que dimitir como director de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1797. Un año más tarde él mismo confesaba que no le era posible ocuparse de los menesteres de su profesión en la Real Fábrica de Tapices por hallarse tan sordo que tenía que comunicarse gesticulando.
- Majas y Caprichos
Desde los años de infancia, en las Escuelas Pías de Zaragoza, por donde Goya pasó sin pena ni gloria, unía al pintor una entrañable amistad, que perviviría hasta la muerte, con Martín Zapater, a quien a menudo escribía cartas donde dejaba constancia de pormenores de su economía y de otras materias personales y privadas.
Así, en epístola fechada en Madrid el 2 de agosto de 1794, menciona, bien que pudorosamente, la más juguetona y ardorosa de sus relaciones sentimentales: «Más te valía venirme a ayudar a pintar a la de Alba, que ayer se me metió en el estudio a que le pintara la cara, y se salió con ello; por cierto que me gusta más pintar en lienzo, que también la he de retratar de cuerpo entero.»
El 9 de junio de 1796 muere el duque de Alba, y en esa misma primavera Goya se traslada a Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, con quien pasa el verano, y allí regresa de nuevo en febrero de 1797.
Durante este tiempo realiza el llamado Album A, con dibujos de la vida cotidiana, donde se identifican a menudo retratos de la graciosa doña Cayetana. La magnánima duquesa firma un testamento por el cual Javier, el hijo del artista, recibirá de por vida un total de diez reales al día.

Detalle de La maja vestida
De estos hechos arranca la leyenda que quiere que las famosísimas majas de Goya, La maja vestida y La maja desnuda, condenadas por la Inquisición como obscenas tras reclamar amenazadoramente la comparecencia del pintor ante el Tribunal, fueran retratos de la descocada y maliciosa doña Cayetana de Alba; en cualquier caso, es casi seguro que los lienzos fueron pintados por aquellos años.
También se ha supuesto, con grandes probabilidades de que sea cierto, que ambos cuadros estuvieran dispuestos como anverso y reverso del mismo bastidor, de modo que podía mostrarse, en ocasiones, la pintura más decente, y en otras, como volviendo la página, enseñar la desnudez deslumbrante de la misma modelo, picardía que por aquel tiempo era muy común en los ambientes ilustrados y libertinos de Francia.
Sea como fuere, las obras se hallaron en 1808 en la colección del favorito Godoy; eran conocidas por el nombre de «gitanas», pero el misterio de las mismas no estriba sólo en la comprometedora posibilidad de que la duquesa se prestase a aparecer ante el pintor enamorado con sus relucientes carnes sin cubrir y la sonrisa picarona, sino en las sutiles coincidencias y divergencias entre ambas.
De hecho, la maja vestida da pábulo a una mayor morbosidad por parte del espectador, tanto por la provocativa pose de la mujer como por los ceñidos y leves ropajes que recortan su silueta sinuosa, explosiva en senos y caderas y reticente en la cintura, mientras que, por el contrario, la piel nacarada de la maja desnuda se revela fría, académica y sin esa chispa de deliciosa vivacidad que la otra derrocha.
Un nuevo misterio entraña la inexplicable retirada de la venta, por el propio Goya, de una serie maravillosa y originalísima de ochenta aguafuertes titulada Los Caprichos, que pudieron adquirirse durante unos pocos meses en la calle del Desengaño nº 1, en una perfumería ubicada en la misma casa donde vivía el pintor.
Su contenido satírico, irreverente y audaz no debió de gustar en absoluto a los celosos inquisidores, y probablemente Goya se adelantó a un proceso que hubiera traído peores consecuencias después de que el hecho fuera denunciado al Santo Tribunal. De este episodio sacó el aragonés una renovada antipatía hacia los mantenedores de las viejas supersticiones y censuras y, naturalmente, una mayor prudencia cara al futuro, entregándose desde entonces a estos libres e inspirados ejercicios de dibujo según le venía en gana, pero reservándose la mayoría de ellos para su coleto y para un grupo selecto de allegados.

El sueño de la razón produce monstruos (Capricho nº 43)
Mientras, Goya va ganando tanto en popularidad como en el favor de los monarcas, hasta el punto de que puede escribir con sobrado orgullo a su infatigable corresponsal Zapater: «Los reyes están locos por tu amigo». En 1799, su sueldo como primer pintor de cámara asciende ya a 50.000 reales más cincuenta ducados para gastos de mantenimiento.
En 1805, después de haber sufrido dos duros golpes con los fallecimientos de la joven duquesa de Alba y de su muy querido Zapater, se casa su hijo Javier, y en la boda conoce Goya a la que será su amante de los últimos años: Leocadia Zorrilla de Weiss.
- El horror de la guerra
El 3 de mayo de 1808, al día siguiente de la insurrección popular madrileña contra el invasor francés, el pintor se echa a la calle, no para combatir con la espada o la bayoneta, pues tiene más de sesenta años y en su derredor bullen las algarabías sin que él pueda oír nada, sino para mirar insaciablemente lo que ocurre.
Con lo visto pintará algunos de los más patéticos cuadros de historia que se hayan realizado jamás: el Dos de mayo, conocido también como La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Madrid, y el lienzo titulado Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid.
En Los fusilamientos del 3 de mayo, la solución plástica a esta escena es impresionante: los soldados encargados de la ejecución aparecen como una máquina despersonalizada, inexorable, de espaldas, sin rostros, en perfecta formación, mientras que las víctimas constituyen un agitado y desgarrador grupo, con rostros dislocados, con ojos de espanto o cuerpos yertos en retorcido escorzo sobre la arena encharcada de sangre.
Un enorme farol ilumina violentamente una figura blanca y amarilla, arrodillada y con los brazos formando un amplio gesto de desafiante resignación: es la figura de un hombre que está a punto de morir.

Los fusilamientos del 3 de mayo
Durante la llamada Guerra de la Independencia Española (1808-1814), Goya irá reuniendo un conjunto inigualado de estampas que reflejan en todo su absurdo horror la sañuda criminalidad de la contienda. Son los llamados Desastres de la guerra, cuyo valor no radica exclusivamente en ser reflejo de unos acontecimientos atroces, sino que alcanza un grado de universalidad asombroso y trasciende lo anecdótico de una época para convertirse en ejemplo y símbolo, en auténtico revulsivo, de la más cruel de las prácticas humanas.
El pesimismo goyesco irá acrecentándose a partir de entonces. En 1812 muere su esposa, Josefa Bayeu; entre 1816 y 1818 publica sus famosas series de grabados, la Tauromaquia y los Disparates; en 1819 decora con profusión de monstruos y sórdidas tintas una villa que ha adquirido por 60.000 reales a orillas del Manzanares, conocida después como la Quinta del Sordo: son las llamadas «pinturas negras», plasmación de un infierno aterrante, visión de un mundo odioso y enloquecido.
En el invierno de 1819 cae gravemente enfermo pero es salvado in extremis por su amigo el doctor Arrieta, a quien, en agradecimiento, regaló el cuadro titulado Goya y su médico Arrieta (1820, Institute of Art, Minneápolis). En 1823, tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, contingente del ejército francés venido para derrocar el gobierno liberal, se ve obligado a esconderse y al año siguiente escapa a Burdeos, refugiándose en casa de su amigo Moratín.

En 1826, Goya regresó a Madrid, donde permaneció dos meses, para marchar de nuevo a Francia. Durante esta breve estancia el pintor Vicente López Portaña (que se encontraba en su mejor momento de prestigio y técnica) realizó un retrato de Goya, cuando éste contaba ya con ochenta años.
Enfrentado al viejo maestro, de rostro aún tenso y enérgico, López Portaña llevó a cabo la obra más recia y valiosa de su extensísima actividad de retratista, tantas veces derrochada en la minucia cansada de traducir encajes, rasos o terciopelos con aburrida perfección. Este lienzo, hoy en el Museo del Prado, es el retrato más conocido de Goya, mucho más, incluso, que los también famosos autorretratos del pintor.
El maestro murió en Burdeos, hacia las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, tras haber cumplido ochenta y dos años, siendo enterrado en Francia. En 1899 sus restos mortales fueron sepultados definitivamente en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, cien años después de que Goya pintara los frescos de dicha iglesia (1798).
En el Museo del Prado se conserva La joven de Burdeos o La lechera de Burdeos (1825-1827), una de sus últimas obras. Pero acaso su auténtico testamento había sido fijado ya sobre el yeso en su quinta de Madrid algunos años antes: Saturno devorando a un hijo, es sin duda, una de las pinturas más inquietantes de todos los tiempos, síntesis inimitable de un estilo que reúne extrañamente lo trágico y lo grotesco, y espejo de un Goya visionario, sutil, penetrante, lúcido y descarnado.
– PABLO PICASSO

Pablo Picasso que nace en 1881, es posiblemente el pintor más famoso del mundo y, sin duda, el pintor más famoso del siglo XX. Fue líder del movimiento cubista, abordó otros géneros como el dibujo, el grabado, la ilustración de libros, la escultura, la cerámica y el diseño de escenografía y vestuario para montajes teatrales.

Entre sus obras más famosas tenemos Guernica (1937) y Las señoritas de Avignon (1907).
Este pintor de origen andaluz, que ha revolucionado al mundo entero, destacó por obras cubistas que no sólo mostraban su visión del mundo en cuanto a lo que era la belleza, sino que podía transmitir, toda una historia.

Tenemos The Blue Room, un cuadro con movimiento propio, lleno de vibraciones, Don Quixote, que era lo más parecido a las siluetas de una tira cómica, Sylvette, una mezcla entre el modernismo y su pasión por el cubismo, en donde los colores consiguen profundidades asombrosas. Y cómo no, Ciencia y Caridad, uno de sus cuadros más realistas que pintó.
(Pablo Ruiz Picasso; Málaga, 1881 – Moulins, Francia, 1973) Pintor español. La trascendencia de Picasso no se agota en la fundación del cubismo, revolucionaria tendencia que rompió definitivamente con la representación tradicional al liquidar la perspectiva y el punto de vista único.
A lo largo de su dilatada trayectoria, Pablo Picasso exploró incesantemente nuevos caminos e influyó en todas la facetas del arte del siglo XX, encarnando como ningún otro la inquietud y receptividad del artista contemporáneo. Su total entrega a la labor creadora y su personalidad vitalista, por otra parte, nunca lo alejarían de los problemas de su tiempo; una de sus obras maestras, el Guernica (1937), es la mejor ilustración de su condición de artista comprometido.

Pablo Picasso
Hijo del también artista José Ruiz Blasco, en 1895 se trasladó con su familia a Barcelona, donde el joven pintor se rodeó de un grupo de artistas y literatos, entre los que cabe citar a los pintores Ramón Casas y Santiago Rusiñol, con quienes acostumbraba reunirse en el bar Els Quatre Gats. Entre 1901 y 1904, Pablo Picasso alternó su residencia entre Madrid, Barcelona y París, mientras su pintura entraba en la etapa denominada período azul, fuertemente influida por el simbolismo.
En la primavera de 1904, Picasso decidió trasladarse definitivamente a París y establecerse en un estudio en las riberas del Sena.
En la capital francesa trabó amistad, entre otros, con los poetas Guillaume Apollinaire y Max Jacob y con el dramaturgo André Salmon; entre tanto, su pintura experimentó una nueva evolución, caracterizada por una paleta cromática tendente a los colores tierra y rosa (período rosa).
Al poco de llegar a París entró en contacto con personalidades periféricas del mundillo artístico y bohemio, como los hermanos estadounidenses Leo y Gertrude Stein, o el que sería ya para siempre su marchante, Daniel-Henry Kahnweiler.
A finales de 1906, Pablo Picasso empezó a trabajar en una composición de gran formato que iba a cambiar el curso del arte del siglo XX: Les demoiselles d’Avignon. En esta obra cumbre confluyeron numerosas influencias, entre las que cabe citar como principales el arte africano e ibérico y elementos tomados de El Greco y Cézanne.
Bajo la constante influencia de este último, y en compañía de otro joven pintor, Georges Braque, Pablo Picasso se adentró en una revisión de buena parte de la herencia plástica vigente desde el Renacimiento, especialmente en el ámbito de la representación pictórica del volumen. Las tramas geométricas eliminan la profundidad espacial e introducen el tiempo como dimensión al simultanear diversos puntos de vista: era el inicio del cubismo.

Les demoiselles d’Avignon (1907)
y detalle de Guernica (1937)

Picasso y Braque desarrollaron dicho estilo en una primera fase denominada analítica (1909-1912). En 1912 introdujeron un elemento de flexibilidad en forma de recortes de papel y otros materiales directamente aplicados sobre el lienzo, técnica que denominaron collage.
La admisión en el exclusivo círculo del cubismo del pintor español Juan Gris desembocó en la etapa sintética de dicho estilo, marcado por una gama cromática más rica y la multiplicidad matérica y referencial.
Entre 1915 y mediados de la década de 1920, Picasso fue abandonando los rigores del cubismo para adentrarse en una nueva etapa figurativista, en el marco de un reencuentro entre clasicismo y el creciente influjo de lo que el artista denominó sus «orígenes mediterráneos».
Casado desde 1919 con la bailarina rusa Olga Koklova y padre ya de un hijo, Paulo, Pablo Picasso empezó a interesarse por la escultura a raíz de su encuentro en 1928 con el artista catalán Julio González; entre ambos introdujeron importantes innovaciones, como el empleo de hierro forjado.
En 1935 nació su hija Maya, fruto de una nueva relación sentimental con Marie-Therèse Walter, con quien Pablo Picasso convivió abiertamente a pesar de seguir casado con Olga Koklova; a partir de 1936, ambas debieron compartir al pintor con una tercera mujer, la fotógrafa Dora Maar.
El estallido de la Guerra Civil española, preludio de la Segunda Guerra Mundial, lo empujó a una mayor concienciación política, fruto de la cual es una de sus obras más universalmente admiradas, el mural de gran tamaño Guernica (1937).
La reducción al mínimo del cromatismo, el descoyuntamiento de las figuras y su desgarrador simbolismo conforman una impresionante denuncia del bombardeo de la aviación alemana, que el 26 de abril de 1937 arrasó esta población vasca en una acción de apoyo a las tropas del general golpista Francisco Franco.
En 1943 conoció a Françoise Gilot, con la que tendría dos hijos, Claude y Paloma. Tres años más tarde, Pablo Picasso abandonó París para instalarse en Antibes, donde incorporó la cerámica a sus soportes predilectos.
En la década de 1950 realizó numerosas series sobre grandes obras clásicas de la pintura, que reinterpretó a modo de homenaje. En 1961 Pablo Picasso contrajo segundas nupcias con Jacqueline Roque; sería su última relación sentimental de importancia.
Convertido ya en una leyenda en vida y en el epítome de la vanguardia, el artista y Jacqueline se retiraron al castillo de Vouvenargues, donde el creador continuó trabajando incansablemente hasta el día de su muerte.
– EDUARDO ARROYO
Entre los pintores españoles más famosos de la historia se encuentra Eduardo Arroyo, un pintor madrileño que utilizó su creatividad y talento como herramienta de protesta; en sus obras se encuentra implícita una huella crítica utilizada para ridiculizar a los dictadores, los toreros e incluso a artistas célebres como Marcel Duchamp y Joan Miro; esta postura artística de Eduardo Arroyo generalmente ha causado controversia entre el público y los críticos de arte.

El trabajo de Arroyo apuesta por la vanguardia y la experimentación abstracta; asimismo, el pintor español ha creado sus composiciones pictóricas basado en una gran influencia del realismo, el expresionismo y la abstracción. Arroyo instituye sus imágenes en una serie de conceptos que incluyen la yuxtaposición de imágenes coloridas que representan un trabajo ramificado del pop art.
(Madrid, 1937) Pintor y escritor español. Licenciado en periodismo en 1957, ha desarrollado casi toda su carrera en París.
Está considerado como uno de los principales exponentes de la nueva figuración y ha colaborado con frecuencia con Aillaud y con Recalcati. Su pintura debe interpretarse como una crítica a la sociedad y la política, preferentemente española, forjada desde una madurez en el exilio y no tolerante con el régimen franquista.
Predomina el color plano y las figuras recortadas caracterizan la mezcla de insolencia y de humor de una obra incorporada a un proceso narrativo (Robinson Crusoe, 1965; Un caballero español, 1970). Es autor también de varias escenografías (La vida es sueño, dirigida por J. L. Gómez).
En 1982 obtuvo el premio nacional de artes plásticas. En los años noventa mostró su obra en la Galerie Kühn de Lilenthal (1996). Realizó decorados y escenografías para Splendid’s (Piccolo Teatro de Milano, Milán, 1995), y Otello (Deneder Landse Opera, Amsterdam, 1996).
– MARIANO ANDREU ESTANY
Mariano Andreu fue un pintor español importante, escenógrafo, dibujante catalán; Andreu fue un prolífico artista autodidacta. Mariano comenzó su carrera creativa como ilustrador de revistas en Francia, en este país aprendió diversas técnicas gráficas como la litografía y el grabado.

El trabajo que Andreu realizó durante toda su carrera ha hecho que no pueda ser catalogado en alguna corriente artística especifica; sin embargo, las características de sus pinturas eran elementos ornamentalistas y artesanos.
Durante su mayor apogeo, Mariano Andreu participó en afamadas exposiciones en la Galería del Fayans Catalá (1911), el Salón de Artistas y Artistas de Barcelona (1916) y en la Ciudad Condal en el Salón Parés (1934). Actualmente, parte de su obra puede ser apreciada en el Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques de Barcelona y en el Museu d’Art Modern de Barcelona.
Tuvo una vida acomodada proporcionada por su padre Joaquim Andreu Cabanellas, médico en el Maresme. Vivió su adolescencia en la calle Montserrat de Barcelona, junto a la sede del Circo Barcelonés, y así inició su atracción por el mundo del arte y del espectáculo.
Su primera actividad artística fue el esmalte y la manipulación del cobre para crear todo tipo de objetos decorativos. Pasó esporádicamente por la escuela de Francesc A. Galí. La V Exposición Internacional de Bellas Artes e Industrias Artísticas (1907) le aproximó a la orfebrería de Alexander Fischer. Fue a Londres, se matriculó en la Municipal School of Arts & Crafts y allí desplegó su fascinación por la tendencia hedonista y sarcástica del arte gráfico de Aubrey Beardsley (1872-1898).
En 1911 exponía su obra, por primera vez, junto con la de sus amigos Néstor M. Fernández, Ismael Smith y Laura Albéniz en el Faians Català, y repitió individualmente en 1913. Participó con ellos en la ilustración de las revistas Papitu y Picarol. Eugenio d’Ors manifestó ser un admirador de estos artistas como paradigma de la idealización de la vida moderna y fueron denominados Decadentistas, o primera manifestación del Noucentisme (1906-1912).

Expuso en las Galeries Laietanes (1916), en la Exposició promoció d’artistes del Cercle de Sant Lluc (1918) y en la Sala Parés (1933).
Del 11 de marzo de 1916 hasta el 28 de marzo de 1921 fue miembro del Reial Cercle Artístic.
En este período también destacó como retratista frívolo, representando la vida de la alta sociedad sin entrar en juicios de valor, y se introdujo en un nuevo género artístico, las naturalezas muertas.
Experimentó con el color y sus límites, con las transparencias y la luminosidad y realizó composiciones dominadas por un dibujo ágil y determinadas por la búsqueda de su identidad pictórica.
Después de un viaje por Italia y de sus estancias intermitentes en París, se instala en la capital francesa con su esposa Filo Ster van Lounot en 1920. Abandona definitivamente el esmalte para dedicarse al dibujo y a la pintura, opta por el género de las naturalezas muertas y los temas de concepción onírica, marcados por lo placentero y banal, así la toilette femenina y la escena musical con su Pulcinella pasan a ser sus protagonistas.
A partir de este momento empieza su carrera ascendente y de reconocimiento internacional.
Desde un principio colabora como ilustrador de libros de lujo, demostrando su habilidad en el arte del grabado. Las litografías para La vie Brève. Almanach (1928) de Eugenio d’Ors, la Opera des Gueux (1947) de J. Gay y La Petite Infante de Castilla (1947) de H. Montherlant; los aguafuertes para Les papiers de Cléonthe (1928) de J. L. Vaudoyer, y las xilografías para Amphitrion 38 (1931) de J. Giraudoux y La princesa Babylone (1945) de Voltaire son algunos ejemplos más remarcables de su producción.
Paralelamente compaginó su actividad pictórica con la de diseñador de escenografías y vestuario para obras teatrales. Entre sus intervenciones destacan: Odysseus para el Künstler Theatre de Múnich (1913); Sonatina para la Opera Comique de París (1928); Don Juan de M. Fokine para el Alhambra Theatre de Londres (1936), y La guerre de Troie n’aura pas lieu de L. Jouvet para el Athené de París (1935). Pero es a partir de los años cincuenta cuando su dedicación al mundo del espectáculo se intensifica, por ejemplo en Le maître de Santiago para el Théâtre Hebertot de París (1948); Much Ado About Nothing, Hamlet y All’s well that ends well de W. Shakespeare para el Memorial Shakespeare Theatre de Stratford upon Avon (1949, 1950 y 1955); The Trojans para la Royal Opera House de Londres (1957), y su último proyecto L’Atlàntida de J. Verdaguer y música de Manuel de Falla (1961).

Desde 1911 a 1937 se presentó regularmente en los Salones de Otoño de París. En 1927 era solicitada su obra en una exposición colectiva en Tokio y Osaka, para iniciar su singladura en exposiciones individuales en ciudades como París, Múnich, Londres, Bruselas, Barcelona, Nueva York, Los Ángeles, Buenos Aires y Madrid.
Desde 1929 hasta 1939 acude cada año y nuevamente en 1950 en The International Exhibition of Paintings que celebraba el Carnegie Institute de Pittsburgh. Su pintura fue galardonada con la Primera Mención de Honor en 1933 con el Harlequin y en 1939 con The Duel with One’s Self.
Obtuvo diversos reconocimientos académicos y sociales como el título de Chevalier de l’Ordre National de la Légion d’Honneur (1931). El Prix l’Ille de France por su óleo Le potager de Corot a la Ville d’Auvray (1953). Fue nombrado Membre Associé de l’Academie de Beaux Arts en Francia y recibió de Alfonso XIII el espadín (1958).
En 1962 la Diputació Provincial de Barcelona le concedía la Medalla de Honor del Institut del Teatre de Barcelona y el artista, a su vez, regalaba a la Junta de Museus de la ciudad su fondo de figurines y escenografías teatrales. En 1963 se inauguraba una exposición en el Palau Güell para rendir homenaje al pintor por sus cincuenta años dedicados al teatro y un año después era nombrado Académico por la Reial Acadèmia de Belles Arts de Sant Jordi.
Entre las entidades museísticas que tienen su obra destacan el British Museum de Londres; Château Mussée de Cagnes sur Mer; Toledo Museum of Art (Ohio); Detroit Museum of Arts (Michigan); el Institut del Teatre de Barcelona; el Museu Comarcal del Maresme-Mataró; el Museu Cau Ferrat de Sitges, y el Museu d’Arts Decoratives de Barcelona, entre otras instituciones y coleccionistas privados.
– ANTONIO PERIS CARBONELL
Antonio Peris Carbonell nació en 1957 en Valencia, España. Carbonell se caracterizó principalmente por sus trabajos como pintor, sin embargo, a su labor creativa también se añaden trabajos en materia de escultura. Una de sus afamadas obras conocida como “La Caravana” fue realizada cuando apenas contaba con 12 años de edad.

Debido a su gran talento artístico, se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, en la década de los 70 fue recibido en la Escuela de San Carlos de Bellas Artes, Valencia, para continuar con su instrucción artística.
Fue hasta el año de 1985 cuando Antonio Peris Carbonell realizó su primera exposición individual, la cual tuvo una gran aceptación por parte de los expertos; tal fue el recibimiento de su trabajo individual que en dos día vendió todo el lote de sus obras.
Las pinturas de Peris Carbonell son un compendio de colores vibrantes, que se centran en una vena del expresionismo con tendencias místicas; las imágenes que presenta van desde paisajes naturales hasta escenas religiosas. Carbonell ha sido aclamado por la Crítica Internacional de Arte en Madrid y ha sido denominado un digno «representante del expresionismo místico español actual».
Pintor, escultor y artista expresionista universal, Antonio Peris Carbonell nació en Valencia, España, en 1957. Desde niño mostró una notable capacidad artística y pintó una de sus primeras obras, La Caravana, a los 12 años de edad. Estudió dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia y en 1976 fue admitido en la Escuela de San Carlos de Bellas Artes, Valencia.
En 1979 participó en varios concursos nacionales de arte y ganó un total de siete primeros premios, entre ellos uno de escultura. Durante este año realizó retratos al carboncillo; aunque con impronta académica, ya se apartaban de lo simplemente narrativo. En una serie de retratos, recurre al collage para acentuar la expresividad y el mundo interior del retratado.
En 1980 se casó con María Celda en el Real Monasterio de El Puig en Valencia, España, y completó su primera colección de pinturas expresionistas, Montes Calcinados y Cementerios . La expresión del dolor de la naturaleza es el rasgo distintivo de estos cuadros.
Un año más tarde, en 1981, pintó una serie de retratos espirituales para la Comunidad de Los Padres Capuchinos. Su estilo adquirió luminosidad, esencia, y pureza espiritual a través de distintas series de pinturas en las que comenzó a incorporar el simbolismo gráfico y elementos caligráficos en las imágenes.
En la busca del alma del retratado, en la esencia del ser el resultado plástico es color, abstracción y simbolismo, » la materia tiene forma, el espíritu no». En diciembre nació su hija María.

La primera exposición individual del artista tuvo lugar en 1985 y fue muy bien recibida por la crítica y el público y las obras se vendieron en dos días.
En 1986 y 1987 viajó a diferentes países para trabajar y estudiar arte en museos de Francia, Italia, los Países Bajos, Egipto e Inglaterra. Egipto y París, en particular, imprimieron un nuevo sentido de la luz en su obra.
El primer libro sobre su obra, Peris Carbonell, Obras 1976-1987 , fue publicado en 1988 en cuatro idiomas y se presentó a la Crítica Internacional de Arte en Madrid, siendo reconocido como «representante del expresionismo místico español actual».
Durante los años 1988-1990 trabajó y expuso regularmente en España, Inglaterra y los Países Bajos y trabajó en colecciones de pinturas místicas, muchas de ellas centradas en la Faz de Cristo.
En abril de 1990, el artista y su familia viajaron a Roma para una audiencia semiprivada con el Papa Juan Pablo II, uno de los momentos más importantes en la vida del artista.
Peris Carbonell presentó al Pontífice una pintura al óleo El rostro de Cristo durante su Pasión, que el artista creó basándose enteramente en la expresión de un profundo «sentimiento interno». Después de una exposición individual en mayo de 1991 en la Galeria Chrysmart de Arles (Francia), el trabajo de Peris Carbonell comienza a ser conocido internacionalmente cuando un crítico de arte francés lo describe como «perteneciente a la larga lista de grandes artistas ibéricos».
El libro Conocer a Peris Carbonell se publicó también el mismo año en Londres escrito por M. Quintanilla y se presentó en la Galería El Ensanche en Valencia por el crítico de arte internacional Rafael Pons. Peris Carbonell comenzó a pintar paisajes marinos franceses y la organización de exposiciones de arte sacro en la iglesia de la Peyrade en Francia. La primera exposición de arte sacro en La Peyrade fue adquirida en su totalidad por un coleccionista de arte francés.
En 1992 finalizó 14 lienzos del Via Crucis para la Iglesia de los Padres Capuchinos en Valencia, dos óleos en gran formato para el Real Monasterio de El Puig, y comenzó una serie de 20 paneles semicirculares sobre la vida de San Francisco de Asís para el claustro del Convento de la Magdalena, también en Valencia.
En este mismo año se inauguró una exposición retrospectiva de su obra desde 1982-1992 en la Sala Tarbouriech en el Musée Paul Valery en Sete, Francia, y el museo adquirió algunas de sus piezas para su colección permanente.
Al año siguiente, Peris Carbonell presentó la colección sobre la vida de San Francisco de Asís para el claustro del Convento de la Magdalena en Valencia y viajó a Francia para inaugurar la exposición de las 14 pinturas del Vía Crucis en la iglesia de La Grande Motte.
El Monasterio de El Puig dedicó una de sus salas a la exposición permanente del Vía Crucis. En mayo de 1993, Peris Carbonell fue investido Caballero de la Real Orden de Santa María del Puig (España) y residió en julio y agosto en Asís, dando comienzo a una colección de 100 pinturas sobre la vida de San Francisco y Santa Clara para el Museo Franciscano de Roma.
Terminó la colección en septiembre de 1994 y se publicó el libro con estas pinturas titulado: Francesco e Chiara: Un Avventura Evangelica sognata Insieme (Francisco y Clara: Una aventura evangélica soñada juntos), de Alessandro Pronzato, con comentarios del Padre Francisco Iglesias.
Peris Carbonell siguió trabajando y exponiendo en España, Italia, Francia y Suiza. En 1995 finalizó los 20 paneles para el Convento de la Magdalena. En 1996 completó la colección La Vida de Jesús en 103 obras (iniciada en 1992) y 40 pinturas sobre la vida de San Francisco de Asís para un coleccionista español.
Viajó a Noruega por primera vez en 1999 y estudió la ciudad de Oslo. Ese mismo año comenzó una nueva forma de expresión en cristal representada en las vidrieras de la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza en Teruel, España. En 2000 se publicó un libro sobre sus trabajos para esta iglesia ( Altar Mayor, Vía Crucis y vidrieras ), escrito por Jerónimo Beltrán.
Continuó realizando vidrieras para el Convento de los Padres Capuchinos en Alicante, España (2001), así como para la cúpula del Hotel Olympia de Alboraya en Valencia de 530 m2 (2002) y la cúpula de cristal para el Solvasa Hotel en Barcelona ( 2004).

Entre 1996 y 2004 continuó trabajando en diversas colecciones de pinturas y expuso sus obras en varios países, explorando nuevos temas como veleros, la feria, corridas de toros y naturaleza muerta.
En 2005, regresó a la escultura y finalizó un panel de aluminio de 9,7 x 1,85 metros y así como decoración de interiores para los Hoteles Solvasa de Barcelona y Valencia. Realizó la escultura, Paisaje Nocturno en bronce en una edición limitada de siete piezas en 2006 y creó su primera escultura con movimiento y realizada en cristal pintado y horneado a 950º, Cosmos en 2007.
Peris Carbonell visitó Estados Unidos por primera vez en 2008 y finalizó la serie de pinturas Italia 2008 en Florencia y Pisa.
En 2009 comenzó a trabajar en otras grandes esculturas y obras de arte de cristal. Terminó la decoración del hotel Solvasa Mazagon de Huelva, España, en 2010 y, motivado por este gran proyecto, empieza a estudiar la combinación de la escultura en la edificación » la arquitectura es la escultura donde se integran las personas «.
En 2011, finalizó el gran panel de hierro y acero Cristo a Través del Tiempo ( 25m2 ) para la Ermita de la Virgen del Tremedal en Teruel, España, así como un panel de las mismas dimensiones de San Francisco y el lobo de Gubbio para los Padres Francisanos de Cocentaina, Alicante, España.
Ese mismo año visitó los EE.UU. e Italia y viajó a Fortaleza, Brasil, para inaugurar una exposición de sus pinturas, Peris Carbonell, um Mestre das Cores (Peris Carbonell, un Maestro del Color). Su trabajo fue muy bien recibido por los arquitectos e ingenieros brasileños y está considerando futuros proyectos de colaboración.
El Museo Peris Carbonell abrió su colección al público en julio de 2012 en Palma de Mallorca, España donde se exponen obras de pintura y escultura realizadas a partir de 1999.
Desde 2012 el artista viaja con frecuencia a USA, inspirándose especialmente en el paisaje urbano de la ciudad de Nueva York.
– JOAQUÍN ESPALTER Y RULL
Joaquín Espalter y Rull nació en Barcelona en el año 1809. Este pintor e ilustrador español realizó obras enfocadas a la pintura decorativa, histórica, religiosa y el retrato. Fungió como académico de la Escuela Superior de Bellas Artes y fue profesor emérito de la Real Academia de San Fernando.

El carácter de su trabajo se encuentra representado en la decoración diversos recintos como el Teatro del Instituto, el Teatro del Príncipe, el Palacio del Congreso, el salón de baile en el Palacio Gaviria y en el Paraninfo de la Universidad Central que congrega imágenes de hombres distinguidos y retratos alegóricos.
Su trabajo pictórico se basa en temas melancólicos, su técnica se caracteriza por la realización pulcra del dibujo acompañada por una gran gama de colores. Como ilustrador su obra más reconocida fue la realizada para El Quijote; en materia pictórica su trabajo más emblemático es La era cristiana, realizada en 1871.
Esperamos que hayáis disfrutado repasando la vida y las obras de nuestros pintores españoles más vanagloriados y que compartas con nosotros, tu amor por el arte y la belleza de cada uno de sus cuadros.
Pintor español nacido en Sitges (Barcelona) en 1809 y fallecido en Madrid en 1880. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge y completó su formación en Francia, primero en Marsella y más tarde en París; en esta ciudad, fue discípulo del Barón de Gros.
Como tantos artistas de su época, pasó después a Italia, donde estudió en Florencia y Roma; sus viajes incluyeron, además, el centro de Europa.
De regreso a España, vivió en su tierra natal y, más tarde, en Madrid, donde acabó por establecerse y donde trabajó como profesor y académico de la de San Fernando; además, fue pintor honorario de Corte.
Espalter siguió la moda al uso, con unos cuadros de tema histórico y unos frescos en los que se revela como el más consumado de los artistas. Pintó los techos de varios edificios: el Congreso, el Paraninfo de la Universidad Complutense en la calle de San Bernardo o la Presidencia del Congreso.
La obra de Espalter como retratista es mucho más conocida; de hecho, debe considerarse como uno de los mejores del siglo XIX; aparte, pintó numerosas escenas costumbristas.
*sobrehistoria.com(Blanca)/Biografías y Vida
nuestras charlas nocturnas.
Ascendencia resucitada: revelaciones genéticas más allá de los israelitas …

Ancient Origins(E.Elhaik) — La profecía del Valle de los Huesos Secos, tal como la imaginó el profeta Ezequiel, es una de las revelaciones más potentes de su repertorio. Dentro de esta visión, Ezequiel es transportado a un valle desolado sembrado de restos óseos de israelitas. Con la tarea de dar vida a estos huesos, también les infunde esperanza y los guía de regreso a la tierra de Israel. Como alguien a quien a menudo se le asigna la tarea de hacer lo imposible (aunque no exactamente en proporciones bíblicas), esta profecía siempre me conmovió.
La mano de Jehová estuvo sobre mí, y por el Espíritu de Jehová me sacó, y me puso en medio de un valle; estaba lleno de huesos. Me llevó de un lado a otro entre ellos, y vi muchos huesos en el suelo del valle, huesos que estaban muy secos… Y mientras estaba profetizando, hubo un ruido, un ruido, y los huesos se juntaron, hueso con hueso. Miré, y aparecieron sobre ellos tendones y carne, y piel los cubrió, pero no había en ellos aliento… Entonces me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel». Ezequiel 37
– ¿Podemos cumplir la visión de Ezequiel?
Es difícil responder a la pregunta de qué quiso decir exactamente Ezequiel. Las profecías de Ezequiel están repletas de palabras extrañas y únicas sin paralelos, como hashmal, harel y lo yeitachen. El significado original se perdió, pero hoy denotan electricidad, ángel e imposible, respectivamente, en hebreo.
El misticismo judío está firmemente arraigado en las visiones de Ezequiel que involucran la visión del palacio de Dios y su vehículo, que luego fueron desarrolladas por los sabios judíos, principalmente Enoc. Los debates sobre el significado de esas visiones y su impacto en el judaísmo han perdurado hasta hoy.
Muchas personas que leen mis artículos sobre Orígenes Antiguos o mis estudios se toman el tiempo para escribirme y compartir sus historias y aspiraciones. A menudo me siento asombrado por la influencia de la literatura enoquiana en el público: una colección de libros que se consideraban demasiado «fuera de lo común» para ser incluidos en la Biblia y que casi se extinguieron varias veces.

Si vamos a entender la visión de Ezequiel en un significado algo literal, es decir, resucitar cosas muertas, entonces podemos preguntarnos: ¿se ha cumplido esta visión? Aquí es donde entran en juego la arqueología y la paleogenética. En 2005, científicos israelíes lograron cultivar una palmera que se extinguió a partir de una semilla de palma de 2.000 años de antigüedad encontrada en el desierto de Judea. En 2023, el quinto árbol dio frutos.
En mi última visita a Jerusalén, escuché a un guía turístico hablar con entusiasmo sobre la recuperación de más especies de plantas extintas. Se detuvieron ahí, pero mi imaginación siguió adelante. Imagínese tener un judío vivo contándonos sobre sus verdaderas creencias antes del surgimiento de la ortodoxia, la rama dominante del judaísmo en Israel. Probablemente se habría suicidado allí mismo, lo que plantea la pregunta de si vale la pena el esfuerzo.
Por supuesto, resucitar una planta a partir de una semilla, que había evolucionado para permanecer inactiva bajo estrés, y resucitar personas, incluso suponiendo que se pudieran encontrar un óvulo humano y semillas de 2.000 años de antigüedad, son cosas completamente diferentes desde el punto de vista científico, práctico y ético sin mencionar que está demasiado lejos de la profecía original que hablaba de resucitar a las personas específicas que sufrieron.
En ese sentido, el campo que se ocupa de los genomas antiguos cumple el espíritu de la profecía cuando recupera el conocimiento sobre esos pueblos antiguos a partir de su ADN antiguo y nos permite compartir las historias de sus vidas y cómo impactan las nuestras. ¿Es esto lo que Ezequiel tenía en mente? Como dijimos antes, a veces puede ser un poco complicado saberlo cuando se considera el libro de Ezequiel.

– Resucitando a antiguos israelitas, semitas y más
En un artículo de 2019 publicado en Ancient Origins Español, predije que estamos muy cerca del día en que podamos usar el ADN antiguo para aprender qué tan relacionados estamos con los antiguos israelitas.
Ahora, cinco años y casi 200.000 lectores después, esta es una realidad cotidiana. Desarrollé pruebas genéticas que permiten a cualquiera comprobar qué tan cerca están genéticamente de cada una de las trece tribus israelitas (sí, trece; José tuvo dos hijos).
Mirando hacia atrás, cuando empezamos, Las diez tribus perdidas de Israel y el Reino de Judá incluyen las trece pruebas individuales, que son las pruebas más deseables. ¡Recientemente completé la prueba de ascendencia semítica antigua que ofrece un desglose de la ascendencia de los nueve grupos de lenguas semíticas conocidas!
Me llevó cinco años desarrollar esta prueba debido a la alta precisión necesaria para alcanzar una resolución de escala tan fina. La acumulación masiva de datos procedentes del Levante permite desarrollar pruebas aún más específicas sobre los cananeos que habitaron la región. Y esto es sólo el principio.
– Secuenciación de ADN de culturas antiguas
La importancia de este campo quedó patente cuando en 2022 se concedió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a Svante Pääbo, uno de los fundadores de la paleogenética. Hoy en día, las bases de datos de ADN antiguo están creciendo rápidamente y cada día se añaden nuevas muestras.
Utilizando muestras extraídas de la oreja, el cabello, el cráneo o los dientes, los científicos pueden secuenciar el ADN de personas que vivieron hace 100.000 años. Actualmente se encuentran disponibles más de 10.000 secuencias de ADN antiguas, o genomas.
Culturas como los vikingos, las tribus de la antigua India, los amerindios (por ejemplo, chumash e incas), los antiguos británicos o los griegos y romanos se encuentran entre las pruebas más populares. El sesgo hacia los genomas europeos está disminuyendo lentamente.
Los genomas africanos, que son particularmente importantes para mí, suelen estar subrepresentados en todos los campos científicos. Estas pruebas incluyen a los antiguos clanes egipcios, zulúes y malawi de hace más de 15.000 años, cazadores etíopes de la cueva de Mota, donde se encontró uno de los humanos antiguos más importantes, habitantes de las cavernas de Tanzania y cuatro generaciones de personas del reino cristiano de Makurian en ¡Sudán!
Es como ver todas las escenas eliminadas de una película que lleva 200.000 años.
En esta era, grandes empresas como 23andMe están luchando por sobrevivir, en parte debido a su desprecio por la privacidad de los usuarios. Además, la innovación en genealogía genética casi se ha estancado. La paleo-genética es el único motor que impulsa este campo y ofrece constantemente nuevos y emocionantes resultados semanalmente.

– Secuenciación del ADN de pueblos antiguos
La tendencia reciente en paleogenética es secuenciar genomas individuales de personalidades importantes, como Ludwig van Beethoven (a quien, con un poco de ayuda de la IA, podemos oír hablar), Toro Sentado de los Lakota Sioux y el emperador chino Wu.
Es posible comparar su ADN con el de ellos si sobrevive suficiente material genético (lo que obviamente resulta más fácil para las personas más recientes). Seis personajes VIP más, incluidos Otzi el Hombre de Hielo, Anzick el Anciano, el Hombre Cheddar, el Hombre Kennewick y un Nobel cananeo, están incluidos en la prueba de Hombres Antiguos Famosos.
Una prueba paralela a esta prueba es la de Mujeres Guerreras. Esta es también una nueva tendencia en paleogenética porque la noción de mujeres luchadoras solía ser controvertida hasta que las pruebas de ADN pudieron confirmar el género de algunos de esos esqueletos.
Hoy en día, libros como Las Amazonas: vidas y leyendas de mujeres guerreras en el mundo antiguo de Mayor tienen mejor recepción cuando incluyen evidencia de ADN. Es importante enfatizar que las pruebas genéticas que comparan su ADN con el de hombres o mujeres famosos no son específicas de género.
Las mujeres pueden estar más cerca de los hombres antiguos famosos, al igual que los hombres podrían descender de las mujeres guerreras.
– Espera, ¿qué pasa con Génesis 10?
Esta es una de las preguntas más frecuentes que recibo. ¿Ha identificado los acervos genéticos de las personas mencionadas en la Tabla de Naciones de Génesis 10? La respuesta es Sí, en su mayoría.
Tomó mucho tiempo, pero la acumulación de registros de ADN antiguos, junto con los avances en la IA, finalmente ha permitido la identificación de la mayoría de esos acervos genéticos antiguos, que están disponibles en una serie de pruebas que abarcan desde el Paleolítico hasta la Edad del Cobre con el objetivo final de abarcar todas las eras humanas.
En la prueba de Orígenes Mesolíticos, encontrarás Canaán. En la prueba del Neolítico Temprano y la prueba del Neolítico Tardío, que comparten los mismos acervos genéticos, encontrará Kush, Tiras, Shem, Riphath y Gog y Magog. En la Edad del Hierro (por publicar), descubrirás Tograma, Ashkenaz, Javan y Tiras. Realizar estas pruebas le ofrecerá un desglose de esas antiguas ascendencias regionales.
– ¿Qué nos depara el futuro de la paleogenética?
La paleogenética es el campo más apasionante de la genética y sólo hemos arañado la superficie. El mes pasado lanzamos cinco nuevas pruebas de acervo genético, lo que permitió a los usuarios desglosar su ascendencia antigua hasta 50 acervos genéticos. El futuro del campo radica en su integración con otros conjuntos de datos históricos.
Por ejemplo, al comparar nuestra base de datos de ADN antiguo y una base de datos de mitos antiguos, podemos decirle a la gente qué creencias antiguas tenían sus antepasados y cuantificarlas. Los usuarios de esta nueva serie de pruebas, reciben el desglose de criaturas mitológicas adoradas o temidas por sus antepasados, no acervos genéticos como en Gene Pool Series. Estas pruebas innovadoras son el lugar al que debería dirigirse el campo.
nuestras charlas nocturnas.
Peter McAleese, el mercenario escocés contratado para matar a Pablo Escobar …

BBC News Mundo — En 1989 un equipo de mercenarios británicos, encabezados por el escocés Peter McAleese, viajó al corazón del imperio criminal del hombre más peligroso del mundo con el objetivo de asesinarlo.
Pablo Escobar era el líder del cartel Medellín en Colombia y uno de los criminales más ricos de la historia.
Era el mayor fabricante y distribuidor de cocaína del mundo, responsable entonces de hasta 80% del comercio global de esa droga.
McAleese, un ex-agente del SAS -un grupo de élite del Ejército británico-, fue contratado por un cartel de droga rival para eliminar a Escobar.
El mercenario murió este pasado 19 de marzo a los 81 años. En el documental Killing Escobar (Matar a Escobar), que estrenó en 2021, se cuenta la historia de esa misión -que acabó en fracaso- y del hombre detrás de la misma.

El cineasta David Whitney dijo que McAleese, quien nació en Glasgow en 1942, era un «hombre complejo» que tenía una gran «inquietud interior». Fue criado en el barrio de Riddrie a la sombra de la cárcel de Barlinnie Prison, donde su padre -«un «hombre muy duro y violento» – pasó algún tiempo.
En el documental, McAleese, dijo: «Fui entrenado para matar por el Ejército pero el instinto de lucha vino de Glasgow». McAleese afirma que dejó la ciudad y se unió el Ejército a los 17 años para encontrar una forma de canalizar su agresividad.
Se alistó en el regimiento de Paracaidistas y luego se convirtió en miembro del regimiento 22 del SAS.

Sirvió en Borneo con las SAS, participando en una feroz guerra que se combatía en la selva, antes de retirarse del Ejército británico en 1969, una decisión que calificó como lo peor que ha hecho en la vida. McAleese estuvo a la deriva, pasando de un trabajo a otro «sin encajar». Contó que se sentía solo y que su agresividad empeoró.
El hombre llegó a ser tan agresivo que estuvo en la cárcel por agredir a una novia. Al recuperar su libertad, McAleese trató de recrear la «emoción» de su carrera en el Ejército buscando acción como «mercenario» en la guerra civil de Angola y luego en Rodesia (actual Zimbabue), así como en Sudáfrica.
Conoció a Dave Tomkins en Angola en 1976. Tomkins no era un soldado común, sabía cómo hacer negocios para vender armas.
Ambos se hicieron grandes amigos y fue Tomkims quien se acercó a McAleese para ofrecerle participar en la misión para matar a Escobar. Jorge Salcedo, quien era parte del cartel de Cali -un grupo rival de narcotráfico en Colombia-, estaba coordinando el ataque y quería que Tomkins reclutara un equipo para llevarlo adelante.

– El entrenamiento
McAleese fue la primera persona a la que intentó reclutar. «No te piden que asesines a Pablo Escobar a menos que tengas la experiencia requerida», dijo McAleese. «No tenía conflictos morales sobre matarlo. Nunca lo he considerado como un asesinato. Lo he visto como un objetivo», dijo.
El cartel de Cali confiaba en que Escobar podía ser asesinado cuando fuera a su lujosa Hacienda Nápoles. La enorme propiedad incluía un zoológico completo lleno de animales exóticos, una colección de autos de lujo y antiguos, un aeropuerto privado y una plaza de toros.
McAleese sobrevoló la hacienda para hacer un reconocimiento del lugar y estuvo de acuerdo en que podía llevarse a cabo. La misión era ambiciosa. Tomkins reclutó un equipo de 12 mercenarios. Había gente que había trabajado con él anteriormente y personas que le habían sido recomendadas.
Jorge Salcedo les ayudó a pasar los controles de aduana y el cartel de Cali financió su estadía. Cada uno de los hombres recibiría US$5.000 al mes más gastos pero Tomkins cobraba US$1.000 al día.

El documental tuvo acceso a videos grabados por Tomkins que incluyen escenas en las que se ve a los hombres jugando con grandes pacas de dinero. Al principio ellos se quedaron en la ciudad de Cali pero allí corrían el riesgo de llamar demasiado la atención, así que se mudaron a una hacienda en una zona rural donde les entregaron un gran arsenal de armas.
«Era como Navidad. Todo lo que necesitábamos en términos de armas estaba allí», dijo McAleese. Los mercenarios entrenaron duro para su misión pero solamente Tomkins y McAleese sabían quién era su objetivo.
Antes de que les informaran, un miembro de grupo decidió retirarse y se le permitió irse a casa. Él vendió su historia a los periódicos pero no reveló nombres ni ofreció detalles de la operación. A medida que se acercaba el momento del ataque, los hombres trasladaron sus entrenamientos a la selva, donde podían practicar con armas y bombas sin ser escuchados.

– El plan de ataque
El plan de ataque implicaba el uso de dos helicópteros para trasladarlos hasta el complejo de la Hacienda Nápoles, donde los mercenarios tenían que abrirse camino a tiros a través del gran dispositivo de seguridad de Escobar, matarlo y traer de vuelta su cabeza como trofeo.
Cuando fueron notificados por un informante que Escobar estaba en su rancho, salieron hacia su objetivo. Pero el ataque nunca ocurriría. El helicóptero que transportaba a McAleese y a Tomkins se estrelló mientras volaba a baja altura entre las nubes sobre los Andes. El piloto resultó muerto.
Los demás sobrevivieron pero McAleese quedó muy mal herido como para salir del lugar. Padeciendo grandes dolores, permaneció tirado en la ladera de la montaña durante tres días hasta que fue rescatado. Escobar escuchó sobre el plan del ataque y envió a sus hombres a la montaña para encontrarlos.
«Si Pablo me hubiera atrapado, yo habría tenido una muerta larga, prolongada y dolorosa», dijo McAleese. En lugar de ello, escapó e intentó cumplir con las promesas que le hizo a Dios mientras estaba tirado sobre la ladera de la montaña.

McAleese reconoció que él era un «hombre sucio, desvergonzado; una basura» y que se dio cuenta de que tenía que cambiar. Pero afirmó que lo que lamentaba no eran sus acciones en las zonas de guerra, sino sus fallas como esposo y como padre.
«Tengo una horrible cantidad de remordimientos y ninguno de ellos tienen que ver con la parte de mi vida como soldado», dijo a los 78, como parte del documental. En aquel momento dijo haber encontrado «la paz».
Mientras tanto, Pablo Escobar murió tiroteado en Medellín en 1993 cuando intentaba huir de las autoridades.
nuestras charlas nocturnas.
‘Navidad negra’: la venganza oculta de Simón Bolívar contra el pueblo más leal a España …

abc historia(M.P.Villatoro) — La llegada a España de Napoleón Bonaparte, el personaje de moda en las últimas semanas, cambió el tablero de ajedrez internacional. Al otro lado del Atlántico, en los territorios rojigualdos de ultramar, la castiza guerra de liberación contra el galo espoleó los movimientos de emancipación del ya no tan Nuevo Mundo.
Al calor de aquellos tumultos emergió además un tipo tan popular como controvertido: Simón Bolívar. Porque sí, el hombre que lideró durante dos décadas la guerra para conseguir la independencia de Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela y Colombia atesoró también episodios oscuros contra los pueblos que se mantuvieron fieles a la Monarquía hispánica.
De entre todos ellos, existe uno que ha derivado en mil discusiones por parte de los historiadores: la llamada ‘Navidad negra’ de 1822.
El 24 de diciembre de ese mismo año, las tropas del edecán de Bolívar, Antonio José de Sucre, penetraron en la ciudad de San Juan de Pasto, en el corazón del Virreinato de Nueva Granada, para teñir de barbarie y sangre la contienda. Allí, en la cordillera andina, acabaron con la vida de medio millar de hombres, mujeres y niños que se habían declarado leales a España.
El episodio escandalizó incluso al que fuera amigo personal de Bolívar, Daniel Florencio O’Leary, cuyas palabras sobre aquella pesadilla fueron recogidas por el cronista decimonónico Rufino Gutiérrez:
«La esforzada resistencia de los pastusos habría inmortalizado la causa más santa o más errónea, si no hubiera sido manchada por los más feroces hechos de sangrienta barbarie con que jamás se ha caracterizado la sociedad más inhumana; y en desdoro de las armas republicanas, fuerza es hacer constar que se ejercieron odiosas represalias, allí donde una generosa conmiseración por la humanidad habría sido, a no dudarlo, más prestigiosa.
Prisioneros degollados a sangre fría, niños recién nacidos arrancados del pecho materno, la castidad virginal violada, campos talados y habitaciones incendiadas, son horrores que han manchado las páginas de la historia militar de las armas colombianas en la primera época de la guerra de la independencia».

– Germen de la revuelta
La guerra que asoló el Virreinato de Nueva Granada –hoy parte de Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela– se cuenta entre las más cruentas de la región y se extendió hasta mucho después de la fundación de la República de Colombia –la llamada ‘Gran Colombia’– en 1819.
Aunque, de entre todas las regiones realistas de la zona, hubo una suerte de pequeña aldea gala que se transformó en un verdadero escollo para las tropas de Bolívar: San Juan de Pasto. La larga resistencia de sus habitantes a las ideas independentistas se vio favorecida por los privilegios que habían adquirido durante su etapa colonial, sus firmes convicciones monárquicas y católicas, y un rechazo a los mangoneos que arribaban desde la nueva república.
«En Pasto se sostuvo una oposición a la independencia porque implicaba la desaparición de una monarquía que protegía sus propiedades colectivas frente a los abusos históricos cometidos por los terratenientes criollos que simpatizaban con la república», explicaba el historiador Felipe Arias a la cadena BBC en 2019.
A esta larga lista de causas se sumó la zona privilegiada en la que se asentaba Pasto; un valle rodeado de montañas que, en palabras del experto, convertían la población en una fortaleza natural contra los hombres de Bolívar. Las cifras no mienten: desde los primeros vientos independentistas, esta urbe resistió durante 15 años los envites del enemigo.
Con lo que no contaba Bolívar era con que las llamas de ese sentimiento realista no se habían extinguido y que no tardarían en crepitar. En octubre de 1822, la región se alzó en armas por enésima vez contra los ejércitos de la ‘Gran Colombia’. Al frente de las tropas se pusieron dos antiguos oficiales del ejército leal: el español Benito Boves y el pastuso Agustín Augalongo.
Y durante las primeras semanas pusieron en aprietos a sus enemigos a golpe de guerrilla. Pero, como toda acción conlleva una reacción, los independentistas enviaron a la zona al Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre –uno de los mejores amigos del ‘Libertador’– con un amplio ejército formado, entre otros, por el veterano Batallón Rifles.

A partir de entonces se vivió una etapa de golpes y contragolpes en la que los pastusos demostraron su tenacidad con varias victorias. El mandoble más doloroso se lo propinaron al ejército de Sucre en la batalla de Cuchilla de Taindalá, acaecida a finales de noviembre de 1822.
Edgar Bastidas Urresty, autor de ‘Las guerras de Pasto’, confirma en sus muchos artículos sobre el tema que el general tuvo que hacerse fuerte y aguardar hasta la llegada de refuerzos un mes después. Ya con sus ansiados refuerzos, derrotó a los realistas en Yacuanquer y les obligó a retirarse hasta San Juan de Pasto. En palabras del autor, aquello condenó a los revoltosos:
«Para no dar lugar a que se organizara la defensa de Pasto, el general Sucre dispuso el avance de su ejército al amanecer del 24. En las horas del mediodía aparecieron por el sur de Pasto las vanguardias del Rifles. Boves trató de hacerse fuerte en la colina donde está el templo de Santiago y en pequeños montículos cercanos, pero todo fue inútil.
El Ejército patriota entró sin mayores esfuerzos, ocupó las calles y al atardecer, la resistencia había terminado. Boves y los curas que le eran adictos huyeron hacia el Putumayo. Agualongo y su colaborador Merchancano se ocultaron».
– Navidad negra en Pasto
Fue entonces cuando se desató el infierno. Con las tropas realistas vencidas y, en su mayor parte, huidas, las tropas de Sucre entraron a San Juan de Pasto y dieron rienda suelta a su barbarie. Según una buena parte de los expertos, bajo las órdenes de un Bolívar que anhelaba dar un escarmiento ejemplar a los realistas.
Murieron medio millar de hombres, mujeres y niños, amén de la larga lista de tropelías que perpetró el Batallón Rifles. «Ocupada la ciudad, los soldados cometieron todo género de violencias. Los mismos templos fueron campo de muerte. En la iglesia matriz le aplastaron la cabeza con una piedra al octogenario Galvis», desvela el historiador Leopoldo López Álvarez en uno de sus artículos.

El historiador de mediados del siglo XX, Alberto Montezuma Hurtado, dejó escrito también que «bajo la vista del general Sucre, los vencedores se entregaron al saqueo de la ciudad, distinguiéndose por sus atrocidades el famoso Batallón Rifles, con su jefe Arturo Sanders a la cabeza».
La venganza recayó sobre familias enteras que acabaron bajo tierra. No hubo piedad para nadie; ni siquiera para las esposas y chiquillos que se escondieron en la iglesia de San Juan de Pasto. Todos ellos abrazaron a la Parca tras un desfile de cuchilladas, bayonetazos y fusilamientos. Heridos, rendidos, lisiados… Todo aquel que no huyó de la urbe fue castigado, como explicó José María Obando, testigo de los tristes sucesos:
«Las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho saliese a la calle llevando a su hija de la mano para entregada al soldado blanco, antes que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiadas, fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir por menor tantos actos de inmoralidad ejecutados en un pueblo entero que de boca en boca ha trasmitido sus quejas a la posteridad».
El número total de bajas todavía está en entredicho. El general de la época Tomás Cipriano de Mosquera recalcó que habían caído más de cuatrocientas personas. A cambio, explicó, «el gobierno nacional solamente tuvo seis muertos y cuarenta heridos».
Aunque otros tantos como el historiador Pedro Fermín Cevallos apuntan que el número pudo ascender hasta los ochocientos. Lo que está claro es que la barbarie contó con la aprobación de un Bolívar que, en 1825, todavía llamaba a la destrucción de la urbe: «Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto».
nuestras charlas nocturnas.
Consejos de Plutarco para aprender a escuchar en un mundo en el que ya no escuchamos al otro …
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El Confidencial — El filósofo griego estaba convencido de que para ser un buen orador era necesario antes saber emplear bien el sentido del oído. En ‘Cómo escuchar’ (Rosamerón) explica cómo lograrlo.
«Para saber hablar es preciso saber escuchar», sentenció Plutarco. Para el filófofo griego, ser un buen oyente es un arte que todos deberíamos aprender. El libro Cómo escuchar: Sabiduría clásica en tiempos de dispersión (Rosamerón) reuné varios textos en los que Plutarco explica las claves para una escucha inteligente. Publicamos un extracto.
– Dedicatoria a un joven
Tras haber puesto por escrito mi disertación sobre Cómo escuchar, Nicandro, te la envío para que aprendas a escuchar correctamente a quien trate de aconsejarte ahora que has tomado la toga viril y te has apartado de quienes te guiaban con sus instrucciones.
La ausencia de alguien que te ponga normas que algunos jóvenes, por falta de formación, toman por libertad, como dejar libres de sujeciones a los deseos, los pone como dueños y señores, aún más severos que los maestros y pedagogos de cuando éramos niños.
E igual que, según Heródoto, las mujeres se desvisten del pudor al tiempo que de la túnica, así algunos jóvenes al quitarse la toga infantil, abandonando el respeto y el temor y despojándose de la vestimenta que modelaba su comportamiento, se llenan de grosería.
Pero tú, que has oído muchas veces que obedecer a la razón es lo mismo que seguir a la divinidad, piensa que para los jóvenes sensatos el paso de niños a hombres no representa la supresión de la autoridad, sino un cambio de mentor; en vez de tomar a alguien a sueldo o comprado con dinero, toman por guía divina de la vida a la razón, que solo quienes la siguen merecen el nombre de libres; y es que solo viven como quieren quienes han aprendido a querer lo que deben; en los impulsos y las acciones ineducados y carentes de raciocinio hay algo innoble, y en quien cambia muchas veces de intención algo de ruin.
– El oído, vía de entrada de la virtud

Además, igual que de los recién inscritos en los registros de ciudadanos, unos, que han nacido en otra parte y son extranjeros por completo, se quejan de muchas cosas y se enfadan por lo que sucede mientras que otros, que llevan tiempo de residentes, que se han criado allí y están acostumbrados a las normas, las aceptan sin dificultades y se contentan con lo que se les impone, así tú, que recibes de la filosofía tu alimento desde hace mucho y estás acostumbrado desde el principio a que todo género de lección y disertación para principiantes se te ofrezca mezclada con razonamientos filosóficos, has de acercarte a la filosofía como lo haría una persona bien dispuesta y familiarizada con ella, pues es la única que verdaderamente envuelve a los jóvenes en el decoro varonil y pleno que procede del raciocinio.
Creo que previamente oirás con agrado algo respecto al sentido del oído, del que Teofrasto dice que es el más sensible de todos, pues ni la vista ni el gusto ni el tacto producen enajenaciones, trastornos y arrebatos semejantes a los que se apoderan del alma cuando se presentan bruscamente al sentido del oído estrépitos, crujidos y zumbidos y que, por otra parte, tiene más de racional que de emocional.
Muchas zonas y partes del cuerpo proporcionan a la maldad una vía para que penetre a través de ellas y alcance el alma, pero los oídos de los jóvenes son para la virtud como presas si son puros e inaccesibles a la adulación y se mantienen desde el principio inalcanzables a los razonamientos despreciables.
Por eso prescribía Jenócrates poner orejeras a los niños antes que a los atletas: no por precaución ante la falta de atención o la sordera, sino exhortando a guardarlos de las malas palabras, pues si a estos últimos les protegen los oídos de los golpes, a los primeros les evitan que su carácter se pervierta por las palabras viles que oyen hasta que otras palabras, virtuosas, alentadas por la filosofía como salvaguarda de su carácter, se adueñen de la parte que puede ser más influenciada y persuadida.
También el antiguo Bías, una vez que le ordenaron que enviara a Amasis la porción de la víctima del sacrificio que a la vez era la mejor y la peor, eligió la lengua y se la mandó, en la idea de que hablar produce tanto los mayores perjuicios como los mayores beneficios
Muchos, cuando hacen carantoñas a los niños, les tocan las orejas y les mandan que hagan ellos también eso mismo, dando a entender con esa broma que hemos de querer sobre todo a los que nos benefician por medio del oído; pues es evidente que el joven excluido de toda disertación y que no puede saborear ningún discurso no solo es completamente improductivo y estéril para la virtud, sino que incluso podría torcerse a la maldad, y su alma, como tierra sin remover ni roturar, daría gran cantidad de maleza.
Porque los impulsos hacia el placer y los resquemores frente al esfuerzo —que no son de origen externo ni introducidos por las palabras, sino como fuentes innatas de miles de padecimientos y enfermedades—, si uno los deja sueltos para que se muevan por donde los lleve su natural y no disciplinar su naturaleza arrancándolos o encarrilándolos mediante razones buenas y útiles, no hay animal que no parezca más manso que el hombre.
– Tan importante aprender a escuchar como a hablar
Por ello, como escuchar conlleva para los jóvenes un gran beneficio y un no menor riesgo, creo que está bien que uno discurra sobre el escuchar, tanto consigo mismo como con algún otro. Porque vemos que la mayoría lo usa mal, que se ejercita en hablar antes de haberse acostumbrado a escuchar y cree que hay un aprendizaje y un estudio de cómo hablar, pero que de escuchar uno se beneficiará lo haga como lo haga.
Muy cierto que entre quienes juegan a la pelota es simultáneo el aprender a lanzarla y a recibirla; en el uso de la palabra, sin embargo, recibirla correctamente es previo a emitirla, como concebir y gestar son previos a alumbrar un ser viable.
En el caso de las aves, se dice que los huevos y las puestas hueros son fecundaciones de ciertos residuos vanos e inanes, y en el caso de los jóvenes que ni son capaces de escuchar ni están acostumbrados a beneficiarse mediante el oído, su discurso huero, cayendo «sin gloria e ignoto, se disuelve bajo las nubes».
Las vasijas se inclinan y se hacen girar para llenarlas apropiadamente sin que el líquido se vierta, pero algunos jóvenes no aprenden a atender al que habla y aplicarse a la disertación con atención bastante para que no se les escape ninguna de las cosas útiles que se dicen; por el contrario —una cosa que es lo más ridículo de todo—, si se encuentran con alguien que está contando un banquete o una procesión o un sueño o los insultos que ha intercambiado con otro, escuchan atentamente en silencio y se centran en ello.
Pero si alguien llevándolos aparte les enseña algo útil o los exhorta al deber o les reconviene si tienen un descuido o les aplaca cuando se enfadan, no lo soportan, sino que, si pueden, ansiando quedar por encima, se enfrentan a la reconvención y, si no, se apartan y se van a otras charlas y banalidades, llenándose los oídos, como vasijas vulgares y estropeadas, de cualquier cosa antes que de lo necesario.
Los que saben educar bien, a los caballos los hacen dóciles al bocado y a los niños dóciles a la palabra, enseñándoles a escuchar mucho y no hablar mucho. Espíntaro, alabando a Epaminondas, decía que no era fácil encontrar a otro que supiera más ni que hablara menos. Y dicen que la naturaleza nos ha dado a cada uno dos orejas y una sola lengua por que debemos hablar menos que escuchar.
– Alabanza del silencio

En cualquier situación, el silencio es para el joven decoro seguro, sobre todo si mientras escucha a otro no se excita ni se pone a aullar a cada palabra, sino que, aunque el discurso no le agrade mucho, lo soporta y espera a que termine el que habla; y cuando el otro acaba, no se lanza de inmediato a la objeción, sino que, como lo aconseja Esquines, deja pasar un tiempo por si el que hablaba quisiera añadir algo a lo ya dicho o cambiar algo o retirarlo.
Los que interrumpen de inmediato no guardan la compostura ni cuando escuchan ni cuando se les escucha mientras se dirigen a los que estaban hablando. Por el contrario, el que está acostumbrado a escuchar contenida y respetuosamente te recibe y guarda las palabras benéficas, pero las inútiles o falsas las distingue y reconoce con facilidad, dejando claro que es amigo de la verdad, pero no aficionado a las disputas ni apresurado ni peleón.
De ahí que algunos digan —y no les falta razón— que es más necesario vaciar a los jóvenes
cómo escuchar de presunción y engreimiento que de aire a los odres si se quiere verter en ellos algo útil, pues de lo contrario, mientras estén llenos de ampulosidad y jactancia, no les cabe otra materia.
– La envidia, obstáculo para escuchar adecuadamente
La presencia de la envidia junto con la maledicencia y la mala intención no son un bien para ninguna tarea, sino un obstáculo para todo lo bueno, y un pésimo compañero y consejero para el que escucha, pues le transforma lo provechoso en hiriente, desagradable y molesto, porque los envi diosos disfrutan más con cualquier otra cosa que con lo que está bien dicho.
Quien se siente dolido por la riqueza, el buen nombre o la belleza que otros poseen es, sencillamente, un envidioso, pues le pesa que a otros les vaya bien, y quien se molesta por un discurso bien dicho, se aflige de su propio bien, porque igual que la luz es un bien para los que ven, también el discurso acertado es un bien para quienes lo escuchan si quieren aceptarlo.
«Hay que escuchar benévola e indulgentemente al que habla, como si a uno lo hubieran invitado a un banquete sagrado o al sacrificio de las primicias»
A veces, la envidia la hacen nacer, entre otras cosas, modos de ser groseros y perversos; la envidia a los que hablan, que viene del ansia inoportuna de renombre y de la
ambición injustificada, ni siquiera permite a quien tiene esa forma de ser prestar atención a quienes están hablando, sino que arma alboroto y distrae el pensamiento, que al tiempo se dedica a revisar su propia condición, por si es inferior a la del que habla, y a atender a los demás, a ver si les está gustando y les produce admiración.
Y aturdido por los elogios y enfadado con los presentes si dan por bueno al orador, desecha y rechaza la parte ya dicha del discurso porque al recordarla se disgusta; se altera ante lo que falta por decir y, temblando por si fuera mejor que lo ya dicho, apresura a los oradores para que acaben lo antes posible cuando mejor están hablando; y cuando la disertación ha terminado no está a favor de nada de lo dicho, sino que recuenta las exclamaciones y gestos de los presentes como si fueran votos, rehúye como loco a los que elogian y salta y corre para unirse a los que ponen pegas y retuercen lo que se ha dicho.
Y si no hay nada que retorcer, compara al orador con otros para decir que hablaron mejor y más vigoro samente sobre ese mismo tema, hasta que echando a per der la disertación y deslustrándola consigue que también para él resulte inútil y de nulo provecho.
– Saber aprovechar los aciertos y los errores del orador
Por eso es preciso, llegando a un equilibrio entre el de seo de escuchar y el deseo de buena reputación, escuchar benévola e indulgentemente al que habla, como si a uno lo hubieran invitado a un banquete sagrado o al sacrificio de las primicias; hay que alabar la parte que lo merece, deleitándose con la propia buena voluntad del que expone públicamente lo que sabe y convence a otros mediante los mismos argumentos que le han convencido a él.

Se ha de considerar que los que aciertan no aciertan por azar ni espontáneamente, sino por aplicación, esfuerzo y aprendizaje, y que en eso se ha de imitar a aquellos a los que admiramos y deseamos emular y que con los que se equivocan hay que reflexionar sobre las causas y el ori gen de su error; como dice Jenofonte, igual que a los que administran bien su casa les son de provecho amigos y enemigos, a los que están alerta y atienden les benefician los que hablan tanto cuando aciertan como cuando se equivocan.
La pobreza de pensamiento, la vacuidad del lenguaje, la pose insolente, el apasionamiento con muestras groseras de alegría ante los elogios y todas esas cosas nos parecen más evidentes en los otros cuando los escuchamos que en nosotros mismos cuando hablamos.
Por eso las cuentas hemos de pedírselas no al que habla, sino a nosotros mismos, examinando con atención si nos hemos equivocado por habérsenos pasado inadvertido algo de ello, porque lo más fácil del mundo es hacer reproches al prójimo, cosa inútil y vana a menos que lo aplique mos a corregir o evitar errores semejantes.
Cuando se ve a alguien que se equivoca, no hay que ser perezoso en repe tirse uno siempre a sí mismo lo que decía Platón: «¿Seré yo acaso igual que ese?».
Porque igual que vemos brillar nuestros ojos en los de quienes tenemos cerca, así también en cuestión de discursos hemos de ver como en un espejo nuestros discursos en los de los demás para no despreciar los con demasiada osadía y poner mayor cuidado al hablar nosotros.
A este efecto también es útil la comparación, cuando estamos a solas tras haber salido de una disertación y tomamos algo que nos parece que se ha dicho no bien o no suficientemente y nos empujamos a nosotros mismos a completar unas cosas, a corregir otras, a expresar algunas de otro modo, y otras veces a intentar reelaborarlas íntegramente desde el principio hasta el punto fundamental. Eso es lo que hizo Platón con el discurso de Lisias.
Oponerse al discurso pronunciado no es difícil, sino muy fácil, pero oponerle otro mejor es sumamente costoso. Como dijo el lacedemonio al oír que Filipo había devastado Olinto: «Pero probablemente no sería capaz de levantar otra ciudad igual». Y cuando al hablar de un tema determinado salte a la vista que no somos mucho mejores que los que ya han hablado, nos cuidaremos mucho de despreciarlos y rápidamente rebajaremos nuestra arrogancia y egoísmo al vernos puestos a prueba en semejantes comparaciones.