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A 40 años de la muerte de Truman Capote: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”…


Truman Capote había nacido en 1924 y murió a los 59 años

Infobae(A.Amato) — Buscó con desesperación tender un puente con su infancia desgraciada, sin amor, sin apuntes, sin esbozos de cariño, sin rincones.

En ese camino de regreso, desolador, impiadoso, Truman Capote dejó sembradas las semillas de la mejor literatura estadounidense y el embrión de una nueva concepción del periodismo, de una original y caudalosa manera de contar los hechos noticiosos que, para su época, fue incluso hasta insolente; también desplegó una fresca manera de acercarse al lector común para deslumbrarlo, para incitarlo y conmoverlo.

 Truman Capote buscaba cómplices, no lectores. También buscó el amor. Y también lo buscó con desesperación. Cuando en la infancia se es víctima del desamor, todo lo que queda a mano es la desgracia. Y el miedo. Y un coraje denodado para enfrentar y sufrir lo insufrible.

Sobre el final de sus días, murió el 25 de agosto de 1984, hace cuarenta años, ya estragado por el alcohol, las drogas y, de nuevo, por el desamor, porque la sociedad que lo había mimado le había dado la espalda y lo había condenado al ostracismo, definió su vida con un alarido: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”. Llevaba razón. En todo.

Dos meses antes de morir enfrentó una entrevista con otras dos frases breves, hirientes, endemoniadas que lo pintaban de cuerpo entero, pero que también tallaban su angustia: “Aquí está el incomparable Truman Capote. Nunca hubo nadie como yo. Y no habrá nadie como yo cuando me vaya”. También llevaba razón. En todo.

Y entre sus papeles revueltos, ya después de su muerte, encontraron el recorte de una revista que Truman había rasgado con sus uñas y que incluía una cita de Marco Polo, el gran viajero del mundo: “Y sólo escribí la mitad de lo que vi…”

Truman, que había sido el gran viajero de la sociedad americana de posguerra y de los años sigilosos y aterradores de la Guerra Fría, también contó la mitad de lo que había visto.

Y había visto mucho. Lo hizo con astucia, con malicia, con ternura y con asombro; pero también con un descaro implacable y una crueldad descarnada que sacudió las entrañas de una generación de escritores y de varias generaciones de lectores que, hasta entonces, estaban signados por próceres como Ernest Hemingway, William Faulkner, Tennessee Williams o John Steinbeck: allí hay tres Nobel de Literatura.

 Truman nunca alcanzó la altura de esos padres, pero puso un brasero ardiente bajo aquellos pies de bronce.

En su peor etapa, muchas de sus charlas y conferencias fueron suspendidas o levantadas “Por ebriedad evidente e incoherencia del escritor”

Truman Capote no se llamaba así. Era Truman Streckfus Persons. Sus padres eran dos chicos alocados; él, Archulus “Arch” Persons, tenía veintiséis años cuando conoció a Lilie Mae Faulk, de diecisiete. El bebé llegó el 30 de septiembre de 1924, en Nueva Orleans, cuando ya los dos chicos impetuosos estaban separados, se divorciarían recién siete años después. 

Truman nació en Nueva Orleans porque su mamá fue a parir en la ciudad donde vivía su papá. Pero su papá se deshizo de ambos y los mandó a Monroeville, Alabama, donde Lilie tenía familiares lejanos.

Truman diría de esos años: 

“Tuve una niñez difícil. Era raro que viera a mi padre: él se casó tres o cuatro veces. Mi madre no era mala conmigo; simplemente tenía otros intereses. No pasé privaciones económicas; siempre hubo dinero para mandarme a buenas escuelas y todo eso. Pero simplemente sufrí un total abandono emocional. Nunca sentí que perteneciera a ningún lugar.”

Sin embargo, Truman encontró un ancla en Monroeville: una chica dos años menor que él, Harper Lee, que sería su amiga y una escritora magnífica, autora de una novela célebre: “Matar a un ruiseñor”, y que años después acompañaría a Truman en una aventura extraordinaria: la investigación de un cuádruple crimen que daría origen a una obra maestra de Capote.

En aquella aldea sureña Truman era un chico raro. Era una especie de genio. Tenía un coeficiente intelectual de 215 que había sido calculado en unos exámenes a los que no tuvo más remedio que prestarse para que alguien descubriera por qué era un chico tan extraño. 

En medio del torbellino de su infancia, su madre cambió de vida, para lo que también cambió de nombre y fue de allí en más y para siempre, Nina. En el ambiente granjero, rural y un poco áspero del sur, Truman empezó a escribir para aliviar su aislamiento, para salir de una infancia solitaria y quién sabe si perdida.

Truman Capote era canario de adopción

Nina se casó por segunda vez con José “Joe” García Capote, un coronel, o al menos decía ser coronel, y empresario de las Islas Canarias que vivía en Cuba. 

El coronel hizo mucho, con poco, por aquellos dos seres desolados: le dio su apellido al chico y se alzó con su flamante esposa y su hijo adoptado a vivir a Brooklyn.

Truman siempre lo veneró por eso.

Es verdad que a Truman nunca le faltaron buenos colegios: estudió en el Trinity School, uno de las mejores instituciones privadas católicas de la zona alta oeste de Manhattan, en la calle 91 y a un paso del gran lago del Central Park, y luego en la St. John’s Academy.

 Pero a los diecisiete años ya era el aprendiz más joven de la prestigiosa revista “The New Yorker”. Según él mismo evoco, su tarea en “New Yorker” era la de “seleccionar tiras cómicas y recortar periódicos”. Pero su trabajo, aunque fuese digno de un catecúmeno, lo puso en contacto con un mundo que lo fascinaba.

A los veintiún años dejó la revista y publicó una serie de relatos, “Miriam”, “The headless hawk – El halcón sin cabeza” y “Shut a final door – Cierra la última puerta”, entre otros, que aparecieron en diferentes revistas de la época que unían la actualidad con la literatura.

Todo circulaba por el andarivel de una suerte dispar. “Shut a final door”, por ejemplo, fue rechazado por “Harper’s Bazaar” y fue publicado en cambio por “The Atlantic Monthly” lo que le valió a Truman el Premio O. Henry. El joven Capote, bello, de intensos ojos azules, pelo colorado, voz de pito, modos afeminados y poses provocativas, había caído de lleno en el mundo de la literatura.

La crítica lo aplaudió y lo elogió con abundancia de adjetivos, los merecía, y lo juzgaron como un discípulo de Edgar Allan Poe, comparación que Truman aceptó halagado y conmovido. 

A los veintitrés años era famoso: en 1948 publicó su primera novela, “Otras voces, otros ámbitos”, en la que habló en forma abierta de la homosexualidad y volcó gran parte de sus atormentadas experiencias de chico con un recurso propio que, hasta entonces, había sido ensayado apenas, con temor y prudencia, por otros escritores: mezclar realidad y ficción hasta que se hiciera imposible distinguir a una de otra. 

Enseguida llegan “El arpa de hierba”, el retrato de un joven huérfano en una pequeña, cerrada y curiosa comunidad americana, y la legendaria “Desayuno en Tiffany’s”, en 1958, que Blake Edwards llevaría al cine con Audrey Hepburn como protagonista.

Truman Capote, un nombre clave en el periodismo y en la ...

En el camino de regreso a la infancia, la fama era una de las piedras basales del puente del retorno. Y Truman se zambulló en aquel líquido viscoso y denso que era el corazón del jet set neoyorquino, que por entonces ni era jet ni era set, y en la estruendosa algarabía de Hollywood. 

Bailó con Marilyn Monroe, anduvo tras los pasos de Montgomery Clift, otro atormentado, frecuentó a Marlon Brando, se codeó con Tennessee Williams y escandalizó al mundo entero con sus desplantes y sus provocaciones sostenidas por el alcohol y la etapa iniciática en el fatal terreno de las drogas.

Gran parte de esa vida, la pasó junto al escritor Jack Dunphy, que fue su pareja de siempre en medio de un tumulto de amantes de Truman entre los que no faltaron desde actores jóvenes hasta técnicos en refrigeración.

Dunphy escribió una obra trascendental “Querido genio – Memorias de mi vida con Truman Capote” en la que describe al Truman que amaba y al Truman concentrado en alcanzar el éxito y sumergido en la bebida y la cocaína.

La de Dunphy es acaso el retrato más íntimo y profundo de Capote del que se desprende que hubo épocas en las que vivieron separados: eso les daba a ambos cierta autonomía afectiva y, a Dunphy, “me ahorraba la angustia de verlo beber y drogarse”. La de Capote parecía, en cambio, una angustia sin límites. 

Su puente de regreso a la niñez había sido bombardeado en 1954 por un hecho brutal: su madre se había suicidado con barbitúricos a los cuarenta y nueve años.

El 15 de noviembre de 1959 dos desconocidos, Dick Hickock y Perry Smith, llegaron a un pueblo que pudo ser el Monroeville de Capote, pero que era Holcomb, casi una aldea vecina a Garden City, Kansas; invadieron en la noche la granja solitaria de Herbert Clutter y asesinaron sin motivos al granjero, a su mujer, Bonnie, y a sus hijos Nancy, de 16 años y Kenyon, de 15. 

Habían creído las mentiras de un antiguo compañero de cárcel que aseguraba que los Clutter guardaban una suma vecina a los quince mil dólares. Fue noticia en el “New York Times” y la revista “Time” le dio al caso apenas una columna en su edición de la semana siguiente, con un título corto de tres líneas y de una síntesis magistral: “In cool blood – A sangre fría”.

Retrato de Truman Capote, un niño eterno cruel, talentoso y ...

Truman olió la gran historia. Años después, en enero de 1966, en un reportaje para Doubleday, frente a George Plimpton, evocaría:

“No lo decidí. Al menos, no inmediatamente. Luego de leer el artículo, de pronto me di cuenta de que un crimen, el estudio de esos asesinatos, podía aportar el contexto amplio que necesitaba para escribir el tipo de libro que quería escribir. Además, siendo el corazón humano lo que es, el asesinato era un tema con pocas probabilidades de envejecer con el paso del tiempo. 

Pensé en la noticia durante todo aquel día de noviembre y el día siguiente; y me dije a mí mismo: ¿por qué no este crimen? El caso Clutter. ¿Por qué no empacar y viajar a Kansas para ver qué pasa? ¡Claro que era un pensamiento atemorizante! Llegar sólo a un pueblo pequeño y extraño, estremecido por un caso no resuelto de asesinato múltiple.

De todas maneras, que las circunstancias del caso resultaran poco familiares -geográfica y atmosféricamente- lo hacía más tentador todavía. Todo resultaría fresco: el acento y la actitud de la gente, el paisaje, el clima. Consideraba que todo eso no haría más que agudizarme la vista y afinarme el oído.”

En “New Yorker” también habían olido la gran historia dado que tenían al hombre para contarla. Le dieron dos opciones a Truman que, un par de días más tarde, pidió consejo a su amiga Slim Keith.

Le confesó: “Me dieron a elegir entre salir por Manhattan con una empleada doméstica por hora que jamás ve a los dueños de los departamentos en los que trabaja, o ir a Kansas a cubrir el asesinato de una familia. ¿Qué hago?” La respuesta de Keith, sin imaginar lo que implicaba, fue: “Truman, hacé lo más sencillo: andá a Kansas”.

Y Truman fue, acompañado de su fiel amiga de Monroeville, Harper Lee. En 1966 le dijo a Doubleday: “Al final, no viajé solo. Fui con Harper Lee, mi amiga de toda la vida. Es una mujer muy talentosa, cálida y valiente. Tiene una capacidad para conmover instantáneamente a la gente, por más sospechosa o parca que sea.

Había terminado recientemente su primera novela, “Matar a un ruiseñor”, y sin demasiado por hacer, resolvió acompañarme en el papel de asistente de investigación. Si hubiera advertido entonces lo que me deparaba el futuro, jamás me hubiera detenido en Garden City. Habría continuado manejando”.

Así fue como nació “A sangre fría”, una tragedia griega, una gigantesca investigación de seis años en los que Capote vivió en Kansas, reconstruyó la historia de los Clutter y de sus asesinos, pintó con el pincel de Tolstoi la aldea estadounidense inmersa en la Guerra Fría, entrevistó a los criminales, se sintió atraído por uno de ellos, Dick Perry, y que sólo terminó cuando Capote, como testigo, vio la ejecución de los dos criminales en la horca, el 14 de abril de 1965.

El verdadero nombre del autor de «Plegarias atendidas» era Truman Streckfus Persons

Si Truman se enamoró o no del asesino Dick Perry, se llevó el secreto a la tumba. Su atracción, en todo caso, estuvo ceñida a cierta identificación en la historia personal del asesino de los Clutter con su propio historia; tal vez haya sido otra de las piedras del puente de retorno de Capote a su niñez.

Si Holcomb, el pueblo de los Clutter, pudo ser el Monroeville de Capote, tal vez Truman bien pudo ser Perry. En aquel reportaje de 1966 reconoció:

“Creo que Perry hizo lo que hizo por lo que él mismo sostiene. Su vida fue una acumulación permanente de desilusiones y retrocesos, y de pronto se encontró, aquella noche, en la casa de los Clutter, en un callejón psicológico sin salida. Los Clutter era un símbolo perfecto de todas sus frustraciones de vida. Como Perry mismo afirmó: ‘No tenía nada en contra de ellos y nunca me hicieron nada, como sí me hicieron otros en mi vida. Tal vez ellos eran los que debían pagar por todo’”.

Ese gigantesco fresco norteamericano que es “A sangre fría”, mezcla de realidad y ficción, dio origen a una nueva ciencia estilística en la narración periodística: “non fiction” la llamaron entonces los americanos y aún sigue vigente, aunque cada vez con menos exponentes.

 Y el padre de esa criatura, aquel que ansiaba sobre todo fama y éxito, trepó entonces a lo más alto de una pirámide que albergaba en su vértice a millonarios, políticos, intelectuales, actores y actrices símbolos de la época y, sobre todo, a la altísima sociedad estadounidense. Todos recibieron a Truman como a un niño mimado, travieso, obstinado, escandaloso, acaso algo peligroso pero manejable.

Fue un enorme y riesgoso error de percepción por ambas partes. Ni Truman era por entero la persona a la que veían, ni aquella “high society” había acunado a Truman como Truman pensaba que lo habían acunado. El escritor famoso ya deambulaba como un funámbulo, harto de alcohol y drogas, fidelísimo a sus definiciones talladas con un hacha: “Soy alto como una escopeta e igual de ruidoso”.

 Lo de la escopeta era verdad, medía un metro cincuenta y cinco. Y lo del ruido era la búsqueda de una madurez que jamás llegó y que había quedado atada al ancla inerte de sus ambiguos sentimientos hacia su madre, que también había caído en el alcohol antes de su temprano suicidio. Nadie le dijo a Truman que no tirara demasiado de la cuerda, que era lo que a Truman más le gustaba.

Capote había elegido una frase de Santa Teresa de Jesús para su siguiente obra. Teresa aseguraba que siempre se derraman más lágrimas por las plegarias a las que Dios atiende, que frente a las olvidadas por Su misericordia. En 1975 Truman publicó “Plegarias Atendidas”, que contenía un espejo brutal de la sociedad de exclusivos que le había abierto las puertas de sus mansiones y le había confiado sus secretos. 

Truman fue despiadado, crudelísimo, brutal e impiadoso con sus retratados. Quién sabe si aquella frase resentida y vengativa de Perry, el criminal, “tal vez ellos eran los que debían pagar por todo” no retumbaba en Truman en el momento de escribir “Plegarias…”

Estuvo en pareja con Jack Dunphy quien escribió “Querido genio – Memorias de mi vida con Truman Capote”

Fue un desastre y Capote sucumbió en él. Una de las mujeres cuya historia revelaba el libro, con un nombre de ficción que apenas simulaba su nombre real, su suicidó con barbitúricos. Un dato estremecedor rodeaba ese suicidio: la mujer había usado para matarse el mismo fármaco que había usado la madre de Capote.

 Las puertas de aquel mundo que se habían abierto a su genio, se cerraron ahora ante su crueldad. Los aterrados llamados telefónicos que Truman dirigió a los ofendidos no fueron contestados, sus plegarias no fueron atendidas, la mezcla de ficción y realidad había traspasado las fronteras. El juego había terminado.

Uno de sus amigos diría después: “Desde que escribió “Plegarias atendidas”, Truman nunca volvió a ser feliz”. Fue peor que eso: Truman nunca volvió a escribir, salvo “Música para camaleones”, en 1980.

Después, los años pasaron veloces y vacíos, entre el desenfreno de fiestas que presumían de millonarias, en el vértigo de las discotecas de moda, la legendaria “Studio 54″ de Manhattan lo tuvo entre sus clientes exclusivos, y entre conferencias y charlas en institutos y universidades prestigiosas, muchas de ellas anuladas sin embargo con un razón que sonaba a epitafio: “Por ebriedad evidente e incoherencia del escritor”.

Su intento por terminar de cruzar el puente lo llevó a intentar controlar el alcohol y la droga que rasgaban su cuerpo atacado también por la epilepsia. No pudo, como tampoco pudo abarcar el desierto de su enorme soledad. Recibió el año nuevo de 1983 en el hospital de Southampton de Nueva York. 

Después deambuló de hospital en hospital, Nueva York, Suiza, Miami, sin hallar una institución que se hiciese cargo de un paciente incontrolable. Su médico, Bertram Newmann, fue tan brutal como su paciente cuando escribía. Le dijo: “Truman, si se endereza tiene muchos, muchos años por delante. Pero si va a seguir por este mismo camino es mejor que se pegue un tiro en la boca.”

Truman ni se enderezó, ni se pegó un tiro. Eligió dejarse ir.

A los 24 años publicó su primera novela: “Otras voces, otros ámbitos”. Allí habló en forma abierta de la homosexualidad y contó parte de su infancia difícil

El 25 de agosto de 1984, en la mansión de Bel Air, Los Ángeles, donde vivía Joanna Carson, la esposa del animador Johnny Carson, Truman despertó pálido y agitado, agotado también. Si sabemos cómo fueron sus últimas horas, es gracias al testimonio de su amiga Joanna que pensó que un buen desayuno californiano podía reanimarlo. 

Pero Truman no la dejó irse de su lado. Habló. Durante tres, cuatro horas, habló de su vida, en especial de su madre. No había bebido. Sólo necesitaba hablar. La autopsia dijo que no había rastros de alcohol en su sangre. En cambio, sí había tomado Valium y Dilantin, y Codeína y Tylenol, y otras dos o tres marcas diferentes de drogas.

Joanna contó luego que quiso llamar a los médicos, pero que Truman no se lo permitió: “Joanna, no quiero volver a pasar por todo eso. Si te importo algo, no hagas nada. Déjame ir”. Minutos después, su voz se hizo un susurro. Dijo cuatro últimas palabras: “Mamá, mamá” y “Siento frío”.

Truman Capote murió a las 12.21, por fin del otro lado del puente.

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¿Una boda entre dos hombres en el Ourense del siglo XI?…


Una boda entre dos hombres en el Ourense del siglo XI?
Ilustración de dos parejas masculinas besándose. Imagen del Codex Vindobonensis 2554. Österreichische Nationalbibliothek, Viena.

The Conversation(J.M.Andrade) — Dos hombres, Pedro Díaz y Munio Vandilaz, suscribieron en el año 1061 un acuerdo legal por el cual se comprometían a compartir la gestión de la casa e iglesia de Santa María de Ordes –probablemente la actual parroquia homónima del municipio ourensano de Rairiz de Veiga–. Ambos varones, a tenor de sus “apellidos”, no parecen ser familiares sino, como luego se aclarará, amigos.

Hasta aquí, nada extraño, ni excepcional.

– Un documento habitual

Ni siquiera lo es el hecho de que sean dos laicos no emparentados los que deciden qué hacer con bienes que, hoy en día, definiríamos como eclesiásticos. Es importante recordar que las iglesias y los monasterios formaban parte del patrimonio de las familias más acomodadas económicamente, y que éstas decidían con total libertad y autonomía qué hacer con él.

Por otra parte, en estos años la Iglesia aún no tenía la fuerza ni la capacidad suficiente para reclamar y exigir la autonomía en la gestión de sus bienes materiales.

El documento que recoge este pacto se conserva en el cartulario del monasterio del Salvador de Celanova, uno de los más importantes del mundo hispánico en la Alta Edad Media, con un patrimonio documental especialmente rico e interesante. En él se especifica, además, que ambos son propietarios en pie de igualdad de dicha iglesia.

Y, acto seguido, se enumeran las funciones que les correspondería compartir.

Una relación, por cierto, que puede servir como una antología de las diversas tareas y competencias que se desarrollaban en los monasterios de la Europa altomedieval: atender a los huéspedes; dirigir, alimentar y vestir a los siervos dependientes; plantar y cultivar las tierras y huertos; y, por último, quizá en referencia a la concepción horizontal que idealmente tenían las sociedades monásticas, se especifica que ambos deben tener los mismos derechos a la comida, la bebida y la vestimenta.

– ¿Algo más?

A partir de este punto, el documento comienza a adquirir un tono menos habitual en su contenido. Menos habitual pero no por ello insólito, ya que este texto no deja de formar parte de lo que se ha dado en definir como ejemplos de fraternidad artificial, una fórmula legal rastreable por buena parte del mundo de la Europa de la Alta Edad Media.

Gracias a este modelo, individuos sin relación de parentesco podrían acordar considerarse como hermanos con el fin de defenderse mutuamente o compartir bienes en común. De este modo, en nuestro ejemplo se reitera la propiedad y la gestión compartida por parte de ambos. Se especifica, además, que todo esto ha de hacerse como “buenos amigos, llenos de fidelidad y de verdad”, a lo largo de todos los días y todas las noches, para siempre.

Fueron estas expresiones emocionales, que podríamos pensar que van más allá del mero formulismo documental, las que han llevado a algunos historiadores a ver en este pacto algo más que un nuevo ejemplo de esta fraternidad artificial.

El matrimonio gay no llegó a España con Zapatero: la historia de los hombres gallegos que se casaron en el siglo XI

El primero en abrir esta vía de investigación fue el medievalista norteamericano John Boswell (1947-1994). En su obra Las bodas de la semejanza, dedicada a las uniones entre personas del mismo sexo desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media, escogía este documento como uno de los que, según su hipótesis, encubría una unión de tipo afectiva y marital entre dos varones.

Previamente, un historiador del derecho que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el español Eduardo de Hinojosa, había editado y comentado este documento celanovense como un ejemplo de la fraternidad artificial de la que hablábamos anteriormente.

Hinojosa no tuvo en cuenta una interpretación semejante a la de Boswell, lo que no es nada sorprendente. La época en la que escribió este historiador y los estándares mentales y culturales de la misma no eran los más propicios para adentrarse en una historia de sentimientos, sexo u homosexualidad.

– Difícil de definir

La interpretación de Boswell ha sido seguida por otros historiadores contemporáneos. De ellos sobresale el filólogo e historiador gallego Carlos Callón. En su obra Amigos e sodomitas hace de este documento pieza esencial en su argumento sobre la existencia, en la Edad Media, de relaciones afectivas entre personas del mismo sexo, consentidas y reconocidas públicamente.

Aunque no es fácil la tarea de interpretar el documento original, lo cierto es que la Edad Media dista mucho de ser la época oscura, retrógrada y salvaje que algunos siguen imaginando. En este sentido, es importante recordar que en estos siglos centrales del medievo surge hasta una literatura homoerótica que nos habla de una cierta permisividad y reconocimiento de las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo.

¿Podría ser este documento un ejemplo, no literario, de este reconocimiento medieval a la unión de dos hombres?

Hace unos meses conocimos el caso documentado de una boda entre dos personas el mismo sexo en la Galicia del s. XI. Se trataba de la unión entre Pedro Díaz y Muño Vandilazen el año 1061 en una pequeña ermita de Santa María de Ordes, hoy provincia de Ourense. Es el caso mas antiguo que conocemos de España y de la Europa Occidental. en la Era Cristiana.( Los celtas e incluso los romanos celebraron ceremonias parecidas).

Este dato rompe con las teorías de que las bodas entre personas del mismo sexo llegaron a la Europa Atlántica a partir de las primeras cruzadas y, posiblemente, que a España llegaron a través del Camino de Santiago. Posiblemente no sea el único caso producido aquellos años, lo que no sabemos si su influencia se trasladó hacía regiones limítrofes o fue un caso aislado, llegando un siglos mas tarde a través de los movimientos migratorios entorno al célebre Camino.

El rito de la «adelphopoiesis», fraternitas iurata u «ordo ad fratres faciendum» es una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres). Adelphopoiesis proviene del griego ἀδελφός (adelphos) “hermano” y ποιῶ (poio) “yo hago”, literalmente “hacer hermanos”.

Este rito fue frecuente en todo el Mediterráneo Oriental a los inicios de la Edad Media.

El historiador de la Universidad de Yale John Boswell considera la unión de Sergio y Baco como un ejemplo de las parejas homosexuales del principio del cristianismo, reflejando la tolerancia hacia la homosexualidad de los primeros cristianos.

Normalmente era un pacto entre dos personas en recinto sagrado en el que no asistía ningún sacerdote, como era costumbre en las ceremonias de bodas, pues era Dios y no un hombre quien santificaba estas uniones y romper este pacto podía traer graves consecuencias para el alma de quienes lo realizaran. Es por ello que en este caso se habla que contó con la anuencia del «párroco» (dudoso, mas bien sería un monje) y no con la presencia.

Si no era en el marco de una misa y ante un sacerdote, los “hermanos” juraban de todas formas sobre un altar y lo anunciaban a la comunidad en la puerta de la iglesia. Pero más que el juramento, era el enterramiento común lo que daba una vertiente religiosa al “parentesco artificial”.

De la extensión de esta práctica son testigo los cementerios ingleses e irlandeses, en los que se pueden encontrar numerosos enterramientos con los nombres de dos hombres. Las inscripciones son a menudo una muestra del cariño que se tenían: “El amor los unió en la vida. Que la tierra los una en la muerte”.

John Boswell ha señalado decenas de manuscritos originales, que presentan los rituales religiosos matrimoniales efectuados durante toda la Edad Media por sacerdotes católicos y ortodoxos dentro de las iglesias para consagrar bodas entre personas del mismo sexo.

Para llegar a sus conclusiones Boswell recorrió todas las grandes bibliotecas de Europa, incluida la Vaticana, donde encontró muchos de sus manuscritos. Como resultado obtuvo 80 manuscritos originales de las ceremonias de bodas gays, en las que se invocaba como protectores a San Sergio y San Baco.

 Imagen de los santos Sergio y Baco, unidos por el rito de la Adelphopoiesis. En Estambul, Acre o el Sinaí podemos encontrar templos dedicados a esta pareja santificada por la iglesia cristiana. Si bien su existencía se cree fue durante el siglo IV, su culto se extendió a partir del siglo VI.

.Con la llegada del islam muchos cristianos huyen hacía Europa por la vía marítima y son Galicia e Irlanda dos destinos frecuentes. En realidad tomaron el sentido inverso de los vikingos seis siglos antes. Hasta hoy creíamos que había llegado a Irlanda  mas que a Galicia y desde allí los movimientos migratorios les habían trasladado hacía Inglaterra, Francia o el Norte de la Península Ibérica.

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El arte de mamar…


Linda Lovelace

JotDown(B.Valenzuela) — En 1972 un antiguo peluquero de Queens, un asistente de cámara, un ayudante de producción de origen judío en estado de excitación permanente, un chuloputas llamado Chuck y una chica llamada Linda Boreman aterrizaron en la ciudad de Miami y se dirigieron al motel The Voyager, en Biscaine Blvd.

Allí se encontraron con un tipo llamado Lenny Camp que debería mostrarles las localizaciones para la película que pretendían rodar.

Lenny les llevó hasta la casa de un supuesto conde llamado Sepy Dobronyi situada en Coconut Grove, al sur de la ciudad, y decidieron que grabarían en la bodega.

Cualquiera que haya visto los documentales de La 2 sabe que existen algunos animales capaces de dislocar la mandíbula para aumentar el tamaño de su boca y engullir así a sus víctimas enteras para luego digerirlas. Cualquiera que haya leído El principito sabe que las boas, por ejemplo, son capaces de tragarse un elefante para adoptar después el aspecto de un sombrero.

Cualquiera que haya viajado a Cataluña sabe que algunos catalanes se convierten en auténticos faquires tragadores de sables cuando se sientan a comer calçots. Y cualquiera que recuerde la serie V mantendrá en su cabeza la imagen de los visitantes deglutiendo roedores que se deslizaban por aquellas gargantas anfibias de aspecto humano.

La película que Jerry Gerard pretendía rodar se basaba en la extraña habilidad de Linda para, al igual que las boas, los comedores de calçots, los faquires o los visitantes de V, introducirse objetos de tamaño desproporcionado en la boca. En su caso, lo que Linda se introducía eran penes masculinos.

Gerry Damiano, verdadero nombre de Jerry Gerard, iba a hacer una película llamada Doctor makes a house call pero cuando descubrió las habilidades de Linda decidió aparcar el proyecto y ponerse a trabajar en un nuevo guión que se titularía Deep Throat.

Además de Linda, que sustituiría su apellido por el de Lovelace, participarían en la película Dolly Sharp, que acababa de rodar a las órdenes de Roberta Findley una película llamada Rosebud sobre una relación incestuosa entre un padre y una hija, y Harry Reems que interpretaría a un histriónico psiquiatra llamado Young.

A pesar de la pretensión de Damiano de convertirse en Godard, o en Hitchcock con cameo incluido, todo en la película parecía bastante amateur. El porno de aquella época lo era.

Linda no era la típica actriz porno recauchutada, teñida y con manicura francesa, sino que su aspecto era el de la chica a la que le hubiera gustado ganarse la vida vendiendo ropa en una boutique pero a quien el deseo de independencia había llevado a practicar las mejores mamadas de toda la costa este.

No era una intrusa que llega al porno gracias al doping de la cirugía sino que todo en ella parecía natural. Su marido, Chuck Traynor, le había enseñado que la clave para una felación profunda consistía en convertir la garganta en una prolongación de la propia boca. El secreto estaba en las amígdalas, no en la mandíbula. Además de su marido, Chuck era su chulo.

Linda Lovelace junto a su proxeneta, Traynor.
Linda Lovelace junto a su proxeneta, Traynor.

Tres años antes Robert Beck había contado, bajo el seudónimo de Iceberg Slim, su vida de proxeneta en un libro titulado Pimp, pero Chuck no necesitaba leerlo para saber que la primera lección que todo chulo debía conocer era que nada mejor que unas buenas botas con la punta metálica con las que patear a las chicas para mantener la cuadra en orden.

En una de las escenas de la película, Linda debía confesarle a su amiga Helen la incapacidad que tenía para alcanzar el orgasmo.

La secuencia se rodaría al borde de una piscina con ambas chicas en bañador.

Linda se estaría pintando las uñas de los pies y Helen aparecería secándose después de un chapuzón.

Cuando Damiano gritó «¡Acción!» se dio cuenta de que la pierna izquierda de Linda estaba llena de moratones con la firma de Chuck Traynor.

En la escena inicial, Linda tenía que conducir un cadillac azul a la altura del número 5700 de Miami Beach hasta llegar a un apartamento en el que se encontraría a Helen con un hombre metiendo el hocico entre sus piernas. «¿Te importa que fume mientras comes?», preguntaría Helen a su partenaire a modo de chiste.

Eso es lo que Deep Throat pretendía ser: una película porno con ciertos toques de humor surrealista protagonizada por una mujer con el clítoris alojado en la garganta, y en eso se habría quedado, de no haber sido por la obsesión de la administración Nixon en librar una campaña contra la pornografía y el desorden moral que salpicaba a una sociedad norteamericana dispuesta a dejarse llevar por el Peace & love pregonado por John Lennon en plena guerra de Vietnam.

El gran revuelo organizado alrededor de la película le dio al público norteamericano la excusa perfecta para abarrotar los cines en los que se proyectaba.

Al igual que nuestros padres trataban de convencernos de que se compraban el Playboy por los artículos y no por las fotos de las señoras en tetas, los espectadores de la película lo eran porque Deep Throat era la película que hablaba de una mujer en busca de un orgasmo, la película que las autoridades trataban de prohibir y el máximo exponente de lo que el New York Times había bautizado como porno chic.

En un país donde el sexo anal o las felaciones aún hoy son delito en algunos Estados, rodar una película sobre el arte de mamar era una idea cuanto menos original. «La diferencia entre follarte una boca y follarte un culo es la misma que existe entre caminar descalzo o caminar con zapatos por el campo», explicaba un tipo con aspecto de estibador a la salida del cine. «Para mí la verdadera dificultad no es hacer un deep throat, sino que no te lloren los ojos mientras lo haces», decía una señora de mediana edad con gafas.

Linda Lovelace 2

A pesar de ser perseguida y prohibida en más de veinte Estados, o quizás por eso, la cinta llegó a recaudar una cantidad cercana a los cien millones de dólares, 25.000 de los cuales fueron a parar a los bolsillos de Damiano y apenas 1250 a los de la actriz principal. Harry Reems, poseedor del pene protagonista, no solo no vio un centavo de todo ese dinero sino que fue condenado a cinco años de cárcel al ser elegido como cabeza de turco por la cruzada por la moralidad de la administración Nixon.

Aunque Deep Throat no deparó dinero a sus protagonistas sí les convirtió en auténticas celebrities. Linda Lovelace apareció en la portada de Playboy y Esquire y comenzó a ser reclamada en los principales platós de televisión. Aprendió a firmar autógrafos en los que dibujaba un corazón sobre la letra “i” y aprendió a sonreír a la cámara.

¿Podía la mujer de las grandes felaciones convertirse en la novia de América? ¿Por qué no? ¿Acaso no existe el sueño americano? “Yo no era más que una entre tantas y, sin que me diera cuenta de cómo ocurrió, me vi convertida en artista, en un nombre que todos conocían. Un nombre que hacía que la gente sonriera”, escribió.

Conoció a Warren Beatty, a Anne Bancroft, a Hugh Hefner, a John Lennon, a Elvis Presley. “Cuando tenía once años tenía todas las paredes de mi cuarto cubiertas de fotos de Elvis.

No podía creer que ahora lo tuviese en carne y hueso delante de mí (…) Recuerdo que yo imaginaba siempre a Elvis como un muchacho, como si no tuviera que envejecer nunca porque había alcanzado la fama cuando todavía era joven. Todo le sonrió enseguida. Como a mí, en cierto aspecto. No quiero decir con esto que yo sea, ni que haya de ser nunca tan importante como Elvis, pero existe un cierto paralelismo entre él y yo”. Era evidente que ambos eran dueños de una prodigiosa garganta.

Hollywood revive el mito de la primera estrella X - La Opinión de A Coruña

En solo dos años Linda pasó de hacer películas en super 8 practicando el coito con un perro a codearse con lo más granado de Hollywood.

Pero escapar de las cloacas también significaba escapar del látigo de Chuck Traynor así que buscó un abogado, sacó a escondidas sus pertenencias del apartamento que compartían y solicitó el divorcio.

Traynor, que veía como con Linda se esfumaba por la puerta la posibilidad de ganar un buen puñado de dólares, encontró pronto acomodo en los brazos de otra estrella porno llamada Marilyn Chambers.

Subida en una nube y acostumbrada a contestar preguntas sobre la libertad, la represión sexual y la libertad de expresión, Linda Lovelace rodó Linda Lovelace for president, pero la película resultó un absoluto fiasco.

Volvió a casarse, tuvo dos hijos, renegó del porno y, en 1980, escribió una terrorífica autobiografía titulada Ordeal en la que abominaba de su vida anterior plagada de abusos y humillaciones.

Se enroló en el activismo feminista del que se desencantó para, años más tarde, mudarse a Denver donde vivió hasta que un accidente automovilístico acabó con su vida en abril del año 2002.

Harry Reems, por su parte, continuó haciendo porno, concedió algunas entrevistas y conoció a Jack Nicholson. Esquivó la cárcel gracias a la presión de algunas figuras de Hollywood.

En 1978 le llegó una oferta para interpretar al entrenador Calhoun en un musical que iba a llamarse Grease y que estaría protagonizado por John Travolta y Olivia Newton-John pero días antes del comienzo del rodaje le llegó la noticia de que no contaban con él y que su papel sería finalmente interpretado por Sid Caesar.

La decepción le llevó a arrojarse por el precipicio de la drogadicción, el alcoholismo y, finalmente, el catolicismo. Reems falleció el día 19 de marzo de 2013

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Cuadros de una decadencia: Vida y muerte de Modest Músorgski…


Modest Músorgski, por Iliá Repin.

Historia Hoy(O.L.Mato) — Modest Músorgski (1839-1881) fue, sin duda, el músico más original del conocido grupo de “Los Cinco” (en ruso: Mogúchaya kuchka). Sin embargo, en sus notas autobiográficas sostuvo no pertenecer “a ninguna agrupación de músicos, ni por el carácter de mis composiciones, ni por mis perspectivas sobre la música”.

Miembro de una antigua familia rusa de terratenientes, su padre había elegido para su segundo hijo la carrera militar, como era costumbre en tiempos del zar. Entre 1852 al 1856, Músorgski completó su formación como oficial del ejército imperial, pero su amistad con Mili Balákirev –también oficial– fue decisiva para abandonar las armas y dedicarse a desarrollar su talento musical.

Fue entonces que se unió al grupo de “Los Cinco”. Curiosamente casi todos estaban ligados al ejército: como ya dijimos, Balákirev era oficial, Aleksandr Borodín médico militar, César Cui ingeniero del ejército y Nikolái Rimski-Kórsakov cadete de la marina. Balákirev tenía una gran cultura musical y dictaba clases sobre la evolución del arte europeo a las que Músorgski asistía con entusiasmo.

Sin embargo, Modest  nunca tuvo una educación formal en armonía, contrapunto ni composición. Se podría afirmar que era un autodidacta que opinaba que la formación académica era europeizante y él estaba decidido a romper con el romanticismo y exaltar las tradiciones rusas.

Después de dejar el ejército, Músorgski experimentó un “quebranto emocional” que requirió un retiro a un spa a fin de recuperarse. Según él mismo relató, “estaba oprimido por una terrible enfermedad… una mezcla de misticismo con pensamientos cínicos sobre la deidad”. Se recuperó, pero jamás tuvo una vida estable: no se casó, no formó una familia ni tenía un domicilio fijo. Si había que ubicarlo, daba la dirección de su hermano.

Desde 1858 en adelante vivió en la casa de varios parientes, incluida su madre y su hermano, ya que su padre había muerto en 1853. A lo largo de su vida, tuvo problemas económicos, circunstancia que lo obligaba a trabajar en puestos burocráticos que detestaba. 

En 1865, con la muerte de su madre, una pianista amateur que lo había iniciado en la música, tuvo otro quebranto emocional. Ya había empezado a beber copiosamente y ese año padeció un “delirium tremens”. Una vez más, su hermano lo llevó a vivir a su casa.

Hasta 1871, vivió en la casa de una familia amiga, los Oposchini  y aprovechó esa paz hogareña para componer su ópera “Borís Godunov”, basada en la obra de Aleksandr Pushkin. La obra fue rechaza por el comité del Teatro Mariinski.

Vivió un tiempo con Rimski-Kórsakov mientras escribía una segunda versión de esta ópera que fue estrenada en 1874. En el ínterin, comenzó las investigaciones para su nueva ópera, “Khovanshchina”, además de preparar una obra basada en un texto de Nikolái Gógol, y canciones sobre los versos del conde Vladímir Goleníshchev, “Cantos y danzas de la muerte”.

Su permanencia en San Petersburgo se caracterizó por frecuentes visitas a burdeles y bares. Bebía a deshora y en forma exagerada. Su vida era desorganizada y errante. Solía quedarse dormido en cualquier lugar después de haber bebida hasta perder la conciencia.

En 1878, la cantante Daria Leónova lo tomó bajo su protección y juntos emprendieron un tour por el sur de Rusia. En 1880, fue despedido de su trabajo en un ministerio,  circunstancia que empeoró sus problemas económicos. Un grupo de amigos, entre los que estaba Balákirev y el crítico Vladímir Stásov, le prometieron apoyo económico a cambio que completara “Khovanshchina”, ópera que nunca concluyó (la reescribió y le dio forma su amigo Rimski-Kórsakov) .

Algunos estudiosos de la obra de Músorgski, como Stásov, marcaron la decadencia del compositor a partir de 1880. Atrás habían quedado “Cuadros de una exposición”, “Borís Godunov”, “Salammbô”, una ópera inconclusa basada en un texto de Gustave Flaubert, al igual que “Khovanshchina” …estas obras le granjearían su porción de eternidad.

Otros críticos, como Golenishchev Kutuzov, sostienen que en su último periodo también se adivinan chispas de genio y sus melodías eran menos estridentes.

Lo concreto es que en 1881, tuvo un ataque de excitación psicomotriz visitando a su amiga Leónova. Ella lo calmó y, después de un rato, creyó que estaba en condiciones de cumplir un compromiso donde Músorgski la acompañaría al piano. Sin embargo, bruscamente perdió el conocimiento. Todos pensaron que había sufrido un accidente cerebrovascular. Fue conducido a la casa de Leónova, donde, con su consentimiento, pasó la noche durmiendo en un sofá.

Al día siguiente, Músorgski dijo que se sentía muy bien, pero, al pronunciar esas palabras, una vez más perdió el conocimiento. Leónova le pidió al Dr. Lev Bertenson, un amante de la música, que lograse que Músorgski fuese admitido a uno de los hospitales en los que trabajaba. Así lo hizo y, según comentarios hechos años más tarde, gozó de una cómoda habitación individual con dos enfermeras atentas a sus necesidades, incluida una dieta equilibrada.

Durante su permanencia en el nosocomio, se barajaron varios diagnósticos: ¿era epilepsia? ¿era un accidente vascular o toda la sintomatología se debía a una intoxicación etílica crónica ?  Lo que llamó la atención a los amigos que lo visitaban era su verborragia contando historias delirantes.

Estando internado, fue visitado por el pintor Iliá Repin, quien realizó un retrato que lo muestra con la mirada extraviada y la nariz y mejillas coloradas pero aclaró que en su presencia siempre estuvo sobrio y colaborativo.

Sin embargo, como toda adicción, el alcoholismo es muy difícil de abandonar. Estando internado, no podía consumir alcohol, pero la oportunidad se presentó en marzo de 1881, cuando su hermano le acercó un dinero. Modest sobornó a una de las personas de vigilancia para que le comprara vodka … y así lo hizo.

Modest Mussorgsky. “Cuadros de una exposición”. Parte 7. “Dos Judios” –  ANDREI GAVRILOV

Después de una ingesta exagerada, no pudo mover piernas ni brazos, se quejó de dificultades respiratorias y, pocas horas más tarde, falleció en la madrugada del 16 de marzo (vale aclarar que en el resto de Europa era el 28 de marzo según el calendario gregoriano pero en Rusia hasta principios del siglo XX se usó el calendario juliano, de allí la diferencia).

En el obituario publicado días más tarde, se habló de “parálisis del corazón y la espina dorsal”, todos eufemismos para ocultar la causa de defunción.

Una vez más, Balákirev nos cuenta que pasó con su amigo: “Los médicos no sabían si habría de vivir unos años más… y desconocían si seguía bebiendo… solo hay que imaginar que cuando se descompuso en el apartamento de Leónova, al recuperarse pidió vino”.

Casi todos  sus coetáneos coinciden en señalar al alcohol como el causante de su declinación. La obnubilación de su mente y el debilitamiento de su cuerpo por la bebida conducía al estancamiento de su creatividad.

Otros sostenían que el alcoholismo solo ocultaba un desorden mental. El etilismo no era la causa de su deterioro “sino que hasta lo aliviaba”. Probablemente haya sufrido alguna forma clínica de epilepsia, que muchas veces se complican con accidentes vasculares.

En su diagnóstico final también señalaban la cirrosis, la cardiomegalia y una polineuritis –inflamación de las extremidades nerviosas– propias de los casos más avanzados de alcoholismo.

Cuando aluden a sus dichos incoherentes y fabulaciones es muy probable que Modest Músorgski padeciese el Síndrome de Wernicke-Korsakoff (que recién fue descripto siete años más tarde) o encefalopatía alcohólica, por falta de vitamina B1, dada la pobre alimentación de los bebedores. Este síndrome es causante de diplopía, delirios confabulatorios, ansiedad, insomnio, y amnesia.

Uno de sus más cercanos amigos, Leonter, se indignaba cuando decían que la causa de muerte era su adicción al alcohol. “¡Mentiras!”, exclamaba, “Es una blasfemia, aunque haya una verdad fisiológica en esa afirmación, él cayó víctima del peso de la imposibilidad de desarrollar su potencial humano que condenó su genio y lo encadenó a la pobreza”.

En interesante saber la opinión de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, un músico que estaba en las antípodas de Músorgski y sin embargo reconocía su talento pero resaltaba “su falta por completo de ansias de  perfeccionarse … adicto a las ineptas ideas de quienes lo rodeaban…estaba enamorado de todo lo tosco, desaliñado y rugoso…. Pero con frecuencia tiene intuiciones originalísimas”.

“El arte en sí no es un fin”, decía Músorgski, “más bien un medio para dirigirse a la humanidad”. Y Músorgski, a pesar de una vida desgraciada y la decadencia de su genio, anegado por el alcohol, legó su obra a la humanidad.

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Los numantinos espectadores del primer striptease público…


El cónsul Cayo Hostilio es entregado a los numantinos por su sucesor Publio Lucio Furio

Historias de la historia(J.Sanz) — En este post nos vamos a centrar en la resistencia de los arévacos (pueblo celtí­bero) y en su capital, Numancia.

Desde el 153 a.C. intentaron los romanos tomar Numancia, pero los aguerridos arévacos los rechazaban una y otra vez. Los cónsules Metelo, Quinto Pompeyo y Pompilio Lenas tuvieron que volver a Roma con las manos vací­as y humillados por «unos salvajes».

Pero el que se llevó la peor parte fue Hostilio Mancino. En 137 a.C. ordenó, como todos, asediar la ciudad pero ante la imposibilidad de tomarla y las noticias de la llegada de tropas de otros pueblos celtí­beros y cántabras, levantaron el sitio y se retiraron.

Los numantinos, crecidos, salieron tras ellos y los derrotaron. Hartos de lucha y de sangre ofrecieron a Hostilio Mancino un tratado de paz; el cónsul, lógicamente, aceptó y salvó su vida. Pero el tratado debí­a ser ratificado por el Senado romano; así­ que, Hostilio partió a Roma.

El Senado se indignó con el tratado de paz y obligó al cónsul Hostilio a presentarse desnudo ante las puertas de Numancia y permanecer así­ durante un dí­a.

Allí­ se presentó, a las puertas de Numancia, el  pobre Hostilio en pelotas a la vista de todos los defensores de la ciudad. Los numantinos lo dejaron en paz, ya tení­a bastante.

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Los supuestos guisantes asesinos de Alaska y la muerte de (Alexander) “Supertramp”…


Autofotografía de Chris McCandless en el autobús abandonado que le sirvió de refugio.

The Conversation(M.P.Lorca) — Mientras caminaba hace unos días por la taiga de Alaska cerca de Fairbanks, encontré una planta, Hedysarum alpinum, que me trajo el recuerdo del joven Christopher J. McCandless, encontrado muerto en aquellos pagos en unas circunstancias cuya causa última continúa sin aclararse.

La historia de McCandless, que encabezó su diario con el alias de “Alexander Supertramp”, fue narrada por el periodista y escritor Jon Krakauer en un superventas de 1996 publicado en España con el título de Hacia rutas salvajes y llevado a la gran pantalla por Sean Penn en la película homónima (Into the Wild, en inglés).

– Cuatro meses de penurias y soledad

Agobiado por el comportamiento intransigente de su padre, McCandless abandonó el hogar familiar en Virginia cuando terminó sus estudios en Historia y Antropología. A los 24 años, lo dejó todo atrás y comenzó una odisea de autodescubrimiento introspectivo que lo llevó hasta Alaska.

En su diario, encontrado junto a su cadáver, dejó escrito que en abril de 1992 se había adentrado imprudentemente en las tierras salvajes del corazón de Alaska sin mapa, sin brújula, sin apenas víveres y sin medios para comunicarse con el mundo exterior.

Cuatro meses después, unos cazadores de alces descubrieron sus restos cerca del autobús abandonado que le sirvió de improvisado refugio. Según determinaron los forenses, había muerto el 18 de agosto después de perder la mitad de su peso corporal: sus restos pesaban poco más de treinta kilos.

Bien visible en la puerta del autobús, había dejado días antes una nota manuscrita en una página arrancada de una novela de Gogol: “Atención a posibles visitantes. S.O.S. Necesito ayuda. Estoy herido, cerca de la muerte y demasiado débil para salir de aquí. Estoy solo, esto no es una broma. En nombre de Dios, por favor, quédate para salvarme. Estoy recogiendo bayas cerca y volveré esta noche. Gracias, Chris McCandless. ¿Agosto?”

Nota manuscrita que Chris McCandless dejó en la puerta del autobús poco antes de morir.

– A dieta de papa guisante

Durante las semanas que vivió en las inhóspitas tierras boreales, sobrevivió cazando un caribú, un puercoespín, decenas de ardillas y otros animales, y recolectando plantas y setas. En julio, las entradas de su diario, que parecían textos telegráficos, se tornaron lóbregas: “Extremadamente débil […]. Culpa de la papa guisante. Muchos problemas solo para levantarme. Muriendo de hambre […]. Gran peligro”.

La “papa guisante” es la leguminosa Hedysarum alpinum, una planta herbácea pariente de almortas, habas, lentejas y guisantes. Sus raíces, las llamadas “patatas esquimales” son, después de las frutas silvestres, los alimentos vegetales más consumidos por los pueblos de lengua atabascana.

Las primeras indagaciones, resumidas por Jon Krakauer en un artículo titulado Death of an Innocent, atribuyeron el extremado grado de debilidad de McCandless al trágico error de haber confundido una planta supuestamente tóxica, el guisante silvestre Hedysarum mackenzii, con la papa guisante H. alpinum. Krakauer, que había hecho algunas pesquisas, creía que las semillas de H. mackenzii eran venenosas y que el joven virginiano se había equivocado en la identificación de la planta.

Legumbres de Hedysarum alpinum.

Es poco probable que un antropólogo como McCandless cometiera un error que podía resultar fatal. Y más aún si se tiene en cuenta que llevaba consigo una guía de plantas silvestres comestibles de Alaska. Su autora, la etnobotánica Priscilla Russell Kari, advierte explícitamente que debido a que H. alpinum se parece mucho a otra papa silvestre (H. mackenzii), la cual “se sabe que es venenosa, se debe tener cuidado para identificarlas con precisión antes de intentar usar las papas silvestres como alimento”. A continuación, Russell Kari explica detalladamente cómo distinguir una de otra.

La mala fama de H. mackenzii arranca del diario del médico y naturalista John Richardson, uno de los escasos supervivientes de la desdichada expedición (1819-1822) del capitán John Franklin. Según anotó Richardson en su diario, los tubérculos de H. mackenzii formaron parte de un improvisado y magro potaje que los famélicos supervivientes cenaron una noche. Al día siguiente estaban tan enfermos que no pudieron avanzar.

Richardson era una autoridad científica, y la fama como planta venenosa de H. mackenzii quedó consolidada al menos hasta 2008, cuando una investigación fitoquímica demostró que carecía por completo de alcaloides tóxicos.

– Las gachas tóxicas de la Guerra Civil y la posguerra

Flor de la almorta, Lathyrus sativus.

Aunque la causa de la debilidad general que afectó a McCandless parecía un misterio, los alcaloides no son los únicos responsables de la toxicidad de las plantas. También lo son algunos aminoácidos presentes en algunas leguminosas como las almortas, pitos o titos (Lathyrus sativus), bien conocidas en España porque con sus semillas se obtiene la harina para elaborar gachas manchegas tradicionales.

Debido a la escasez de alimentos y al aislamiento internacional del régimen franquista, durante la Guerra Civil y la dictadura las gachas de almortas constituyeron un plato básico en la alimentación de las familias, especialmente en el medio rural. De hecho, su producción y comercialización fue promovida por el franquismo.

En 1944, tras ocultar los efectos tóxicos por la falta de alternativas alimenticias, se prohibió su consumo y se retiraron las existencias de harina de almorta ante la extensión de la enfermedad.

El descubrimiento de la toxicidad de la almorta se dio a conocer en un artículo de la Revista Clínica Española de 1941 en el que se describió una extraña epidemia. Los pacientes, afectados de parálisis en el tren inferior y diagnosticados en principio de esclerosis múltiple, resultaron ser víctimas de una enfermedad de la que la literatura clínica registraba un solo caso.

Se trataba de un cruel experimento llevado a cabo por los nazis en el campo de concentración de Vapniarca. Los reclusos judíos fueron alimentados deliberadamente con pan elaborado con harina de almortas, una dieta que provocó que cientos de ellos quedaran lisiados de por vida o murieran de latirismo, un mal conocido desde los tiempos de Hipócrates.

Gracias a la almorta, grabado de Francisco de Goya donde aparecen personas afectadas por latirismo.

– Causa probable de la muerte: latirismo

La neurotoxina responsable del latirismo es el aminoácido ODAP, un análogo del ácido glutámico (uno de los neurotransmisores humanos más activos). Su ingesta excesiva acarrea como efectos asociados la debilidad corporal generalizada, el agotamiento, los escalofríos, la desnutrición y el estado febril. Estos síntomas aparecen con mayor frecuencia en hombres jóvenes y se ajustan exactamente a los descritos por McCandless en su diario.

Hay, pues, razones más que suficientes para creer que McCandless contrajo latirismo al consumir papas guisantes en exceso. Si la guía de plantas comestibles que llevaba consigo hubiera advertido que aquel vegetal contenía una neurotoxina que puede causar parálisis, probablemente el joven habría salido de Alaska a finales de agosto sin mayores dificultades y aún seguiría vivo.

De haber sido así, “Alexander Supertramp” habría cumplido ahora cincuenta y seis años.

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Profecías apocalípticas: los mitos del fin de los tiempos y la destrucción del mundo…


Detalle del Tríptico del Juicio de Viena (c. 1482-c. 1516), obra de El Bosco (1450-1516). Academia de Bellas Artes de Viena, Austria.

Ancient Origins(D.Qi/T.Xu/A.Vucovikc) — Existen incontables profecías sobre el mismo evento universal en diferentes culturas alrededor del mundo. A juzgar por las fechas que algunas señalan –como el calendario maya– y las descripciones ofrecidas, muchos estudiosos y científicos coinciden en que se refieren al tiempo presente. La tradición judeo-cristiana, por ejemplo, habla del ‘juicio final’ y tanto los mayas como los hopi nos han legado mitos similares.

La única diferencia es que en vez de llamarlo ‘juicio final’, lo llaman un tiempo de ‘limpieza’ o ‘purificación’. Según estos mitos, la evolución del universo es cíclica y, como un cuerpo viviente, éste se vuelve sano y armónico cuando toda la suciedad y la escoria son eliminadas.

Cuando diferentes personas aportan pruebas de visiones sobre un mismo gran evento, éstas naturalmente pueden presentar  diferencias, pudiendo incluir diferentes mensajes y distintos significados. Para los antiguos chinos, detrás de las profecías hay dioses que desean transmitir un mensaje: a ciertas personas se les permitiría establecer una conexión con otros espacios y servir como hilo conductor entre los dioses y la sociedad humana.

Los dioses luego canalizarían a través de esas personas sus visiones del pasado o del futuro. Unas visiones que pueden reflejar, no solo sucesos de nuestra Tierra, sino también cosas que ocurrieron u ocurrirán en otros espacios ya que, según los sabios chinos, los grandes acontecimientos de nuestro mundo son reflejo de los cambios del fenómeno celestial. Antes de que estos sucesos ocurran realmente en el mundo humano, solo se nos permite advertirlos en un nivel metafórico o difuso.

Völuspá, la profecía de la vidente”, es un famoso poema del norte de Europa (Alemania y la península de Escandinavia). Tal y como ocurre con otros relatos épicos, los detalles de su origen son imposibles de confirmar. Se cree que fue escrito durante la era vikinga, antes de que el cristianismo llegase al norte de Europa; aunque también podría haber sido escrito antes. El poema cuenta la historia de la formación, destrucción y regeneración del universo.

La vidente de Völuspá, dibujo realizado por Carl Larsson para la versión sueca de la Edda poética de 1893, traducida por Fredrik Sander. 

Su descripción de la creación del universo es notablemente similar al relato chino sobre la deidad gigante Pan Gu que creó el Cielo y la Tierra. En el comienzo, había caos, luego aparecieron los dioses, seguidos por los seres humanos –incluidos gigantes y enanos, hasta que sólo sobrevivió el hombre actual–  y todos los demás elementos de la Tierra. Finalmente, comienza a tejerse una descripción de un tiempo por venir: el Ragnarök, el final de todos los dioses.

De acuerdo con la profecía, todos los dioses habrán de enfrentarse a una catástrofe predestinada, una batalla multitudinaria entre lo recto y las antiguas fuerzas del universo que terminará en una destrucción total. En este contexto emergerá un magnífico dios que realizará un juicio final sobre todos los seres y todas las cosas.

Un nuevo mundo será creado posteriormente, y todos los dioses, incluidos aquellos que murieron en la batalla, renacerán. Reinarán la paz y la felicidad, y aquellos humanos afortunados que hayan logrado sobrevivir comenzarán un nuevo futuro.

Existen varias versiones de este poema, y todas ellas resultan vagas y de difícil comprensión. Sin embargo, si bien los detalles menores difieren de una versión a otra, todas coinciden a la hora de captar el significado básico del poema: esa fue, quizás, la intención del autor.

Así es también cómo los antiguos chinos entendían que debía escribirse una profecía. No es que la intención del autor fuera dificultar la comprensión del poema, sino que, simplemente, las profecías no deben revelar demasiado. De no ser así, violarían la ilusión en la que –según las principales corrientes espirituales– se enmarca nuestro mundo.

Pan Gu esculpiendo el mundo. Ilustración extraida del libro ‘A history of China’, (1897) de Frederick Wells Williams, (1857-1928). Biblioteca de la Universidad Cornell. 

Las referencias del poema relacionadas con dioses que sufren calamidades recuerdan a una profecía de la Dinastía Ming, que conocemos por una conversación entre el primer Emperador de la dinastía Ming, Zhu Yuanzhang, y el famoso profeta Liu Bowen. Cuando el Emperador le preguntó: “¿Qué tienes que decir acerca del Dao en esa era?”, Liu Bowen respondió:

Al final del último periodo del Fa, un sinnúmero de reyes, fo, pusa, luohan y dao bajarán al mundo humano y a todos les resultará difícil escapar de esta calamidad. Una vez hayan visto la catástrofe que pronto aparecerá, también sabrán que en este periodo, el Rey de Reyes del universo, Mile –‘el Fo venidero’–, bajará al mundo humano para transmitir la Gran Ley del Universo. Entonces, todos se reencarnarán utilizando el cuerpo humano para asimilar la Gran Ley que el Señor transmitirá en el mundo humano. No importa quién, los dioses en el Cielo o sobre la Tierra no van a poder escapar de esta catástrofe y se les despojará de su posición si no encuentran la vía del hilo de oro, el camino del conocimiento.

– El calendario maya

Aunque los mayas desaparecieron hace largo tiempo, el calendario que empleaban, denominado Calendario de Cuenta Larga, perduró hasta nuestros días. Según este calendario, el final de la civilización humana actual sucedería el último día del decimotercer “Baktun”, lo que en nuestro calendario correspondería al 21 de diciembre del año 2012.

Cara este de la estela C de Quiriguá, con el mítico dato del inicio de la cuenta larga en el 13 (0) baktun, 0 katun, 0 tun, 18 (0) uinal, 0 kin, 4 ahau y 8 cumku, correspondiente al 11 de agosto del año 3114 a. C. del calendario gregoriano.

En noviembre del año 2011, según el Instituto Nacional de Historia y Antropología de México, se descubrió una nueva referencia a diciembre del 2012 en una piedra hallada en una pirámide maya. Difundida como “el ladrillo de Comalcalco”, la piedra tiene unos 1.300 años de antigüedad y estaba colocada en la edificación con su inscripción hacia dentro y sellada para, aparentemente, no ser vista.

Los mayas llamaban a los 20 años del 13er Baktun (del 1992 al 2012) el periodo de “la regeneración de la Tierra” o “purificación de la Tierra”. En el año 755 un monje maya predijo que después de 1991 ocurrirían dos grandes eventos: la conciencia cósmica de los seres humanos y la purificación y regeneración de la Tierra.

En efecto, la astronomía contemporánea confirmó que el 21 de diciembre del 2012 (día exacto de la profecía maya) correspondió a un solsticio de invierno. Además, el sol estaba ubicado justo en la “grieta” de la Vía Láctea, o lo que es igual, la galaxia se “sentó” sobre la Tierra. Algunos astrónomos lo definieron como que prácticamente “el cielo abrió sus puertas a la Tierra”.

El célebre “Ladrillo de Comalcalco”.

Las predicciones relacionadas con tales observaciones se encuentran hoy plasmadas en el reverso del billete de un dólar. Uno de los diseños allí estampados es el de una pirámide con 13 niveles. En la cúspide de la pirámide surge un ojo brillante que simboliza la sabiduría. Esto implicaría el despertar de los seres humanos tras el 13er Baktun.

Asimismo, los lemas “Annuit coeptis” y “Novus Ordo Seclorum” darían a entender que los dioses están cuidando de nuestro comportamiento, y que ha llegado el nuevo orden en la nueva era, respectivamente.

En cuanto a Michel de Nostradamus, quien vivió entre los años 1503 y 1566, no solo profetizó hechos como el nacimiento de Napoleón, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, el poder de Hitler, la independencia de los Estados Unidos, el desastre de Chernóbil o la caída del muro de Berlín.

También dio a entender que sobrevendría un gran cambio en la humanidad que se comenzaría a gestar a partir del año 1999, el mismo en el que la segunda de las siete profecías mayas hace referencia a una pérdida del control de las emociones de una cierta parte de la humanidad, y al despertar espiritual de la otra.

– La hora de la reflexión

Existen abrumadoras similitudes entre éstas y otras tantas profecías referidas al ‘juicio final’ o al tiempo de ‘purificación’, las cuales, coincidentemente, no se refieren a ninguna civilización en particular.

Retrato original de Michel de Nôtre-Dame (1503- 1566), pintado aproximadamente en 1614 por su hijo César. 

Otras profecías suelen apuntar principalmente a un hecho, una nación o una cultura específica, mientras que éstas suelen referirse, sorprendentemente, al mundo entero.

Muchas de estas profecías, de hecho, aunque son milenarias, han sido descubiertas o recuperadas recientemente, en plena era moderna, en un momento en el que, resulta trivial el lugar donde fueran escritas o desveladas porque la tecnología actual hace posible que el mundo entero pueda saber de ellas.

Tal es el caso de las famosas profecías chinas de Liu Bowen y de los milenarios códigos de los glifos mayas.

Verdad o mito, las profecías sobre el 2012, el tiempo de ‘purificación’, el ‘juicio final’ o ‘la nueva era’ se multiplican con notables coincidencias entre ellas, a través de datos astronómicos que han podido comprobarse científicamente y por las certeras descripciones sobre la moral actual.

En todo caso, constituyen un sólido argumento para reflexionar acerca del destino de la humanidad y de la misión de cada uno de nosotros  como ser humano consciente en medio de un inmenso y convulsionado universo.

– Las sorprendentes coincidencias entre las cuartetas de Nostradamus y las profecías chinas

Las profecías que dejó escritas Nostradamus en el siglo XVI han llamado mucho la atención y han sido foco de gran interés en el mundo occidental. Sin embargo, muchos en Occidente pueden no conocer el famoso libro chino de profecías “Tui Bei Tu” (推背图).

Algunas de las predicciones incluidas en el “Tui Bei Tu” coinciden casi por completo con las de Nostradamus, particularmente una referida al año 1999. Comenzaremos con una breve descripción del “Tui Bei Tu” y de las profecías de Nostradamus, para luego conocer esos pasajes concernientes a 1999 y estudiar sus posibles significados.

– ‘Tui Bei Tu’: Dibujos y poemas proféticos a través de numerosas dinastías

El libro de “Tui Bei Tu” fue escrito por Li Chunfeng (李淳风) y Yuan Tiangang (袁天罡), difundiéndose ampliamente entre la sociedad china desde la dinastía Tang (618-907). El régimen comunista chino, materialista y ateo, lo prohibió catalogándolo de “supersticioso”. Pero se trata de una publicación muy conocida en Hong Kong, Macao y Taiwán.

De hecho, se afirma que sus 60 dibujos surrealistas ofrecen pistas sobre la historia y el futuro de China, así como del resto del mundo. Cada dibujo aparece acompañado por un poema igual de enigmático, describiendo un acontecimiento histórico. Todos se muestran en orden cronológico.

Los primeros 40 dibujos representan cambios históricos a través de diversas dinastías. De ellos, los dibujos comprendidos entre el 2 y el 9 muestran los principales acontecimientos históricos de la dinastía Tang. Los numerados entre el 10 y el 14 serían predicciones relativas a las Cinco Dinastías, un período de unos 50 años surgido entre la dinastía Tang y la dinastía Song, durante el que cinco aspirantes a sucesores tomaron brevemente el control.

Dibujo correspondiente al número 3 en el Tui Bei Tu chino.

Los dibujos del 15 al 20 se refieren a la dinastía Song del Norte, mientras que los del 21 al 24 se refieren a la dinastía Song del Sur. Solo dos dibujos se refieren a la dinastía Yuan: 25 y 26. El dibujo 27 da inicio a la dinastía Ming y el 32 la cierra. Los comprendidos entre el 33 y el 37 son referentes a la dinastía Qing.

Sin embargo, en los últimos 20 poemas, el intervalo entre los eventos descritos se hace cada vez más corto. A veces, varios poemas representan los mismos acontecimientos desde diferentes ángulos.

Algunos entendidos aseguran que se han cumplido 55 de las 60 profecías, pero al igual que sucede con la obra de Nostradamus, las interpretaciones del “Tui Bei Tu” dependen, en gran medida, de perspectivas individuales. De hecho, determinados expertos han comparado diferentes versiones del “Tui Bei Tu”, descubriendo que el libro había sido reescrito muchas veces, existiendo algunas variaciones.

– Profecías de Nostradamus: De la muerte de un rey del siglo XVI hasta la bomba atómica

Michel de Nôtre-Dame o Nostradamus, fue un médico y boticario francés que vivió entre los años 1503 y 1566. Ganó fama en el sur de Francia al luchar contra diversos brotes de peste, aunque pasó a la historia como astrólogo y visionario. Entre 1555 y 1558 publicó casi mil cuartetas, supuestamente proféticas, escritas en un estilo enigmático, mezcla de francés antiguo, latín y griego.

Nostradamus las dividió en grupos de 100 que conformaban, a su vez, un capítulo llamado “centuria”. La centuria VII es la excepción: posee 42 cuartetas en lugar de 100.

La cuarteta 35 de la centuria I aparentemente se hizo realidad el 28 de junio de 1559. En ella se asegura que un joven león mataría a un viejo león en el campo de batalla. Los expertos defienden que alude a la muerte del rey Enrique II de Francia durante un torneo de justas. Concretamente, Nostradamus escribió:

El león joven superará al mayor en el campo de combate en una sola batalla; penetrará sus ojos a través de una jaula de oro, dos heridas en una y luego sucumbe en una muerte cruel.

Aquel día un noble, seis años más joven que el rey Enrique, partió su lanza en dos tras golpear al rey, con tan mala suerte que una de las mitades perforó el ojo del rey a través de su visor, mientras que la otra se introdujo por su sien. El rey tardó más de una semana en morir, y hay quien ha asegurado que tanto el monarca como el noble lucían leones en sus escudos, aunque la verdad es que este punto es dudoso.

Retrato de Enrique II de Valois, rey de Francia cuya muerte fue supuestamente predicha por Nostradamus.

Asimismo, existen quienes creen que otras muchas predicciones de Nostradamus se hicieron realidad a lo largo de los años, como el ascenso de Adolf Hitler, la fundación de los Estados Unidos, el poder de Napoleón, las revoluciones francesa y rusa, las guerras mundiales y la invención de la bomba atómica.

– Nostradamus y ‘Tui Bei Tu’ coinciden pese a su lejanía espacio-temporal

Entre Nostradamus y los autores del “Tui Bei Tu” hay mil años de diferencia, además de que nacieron, se formaron y vivieron en regiones geográficas muy diferentes, con trasfondos culturales absolutamente dispares, pero, pese a esto, fueron sorprendentemente coincidentes en determinadas predicciones.  

Así, el año 1999 se menciona, específicamente, tanto en la Centuria X, cuarteta 72 de Nostradamus, como en el poema de “Tui Bei Tu” que acompaña al dibujo 41. De hecho, es este preciso dibujo 41 el que marca el comienzo de una nueva era, a partir de 1999. El resto del libro describe acontecimientos ocurridos desde 1999 hasta el presente, así como algunos que aún estarían por ocurrir.

El poema 41 viene a describir lo siguiente:

El Cielo y la Tierra ingresan a la oscuridad, mientras la hierba y el arbusto se desenfrenan
Yin y Yang corren en rumbos opuestos; Sol y Tierra están del revés.
El gorro se usa siempre, sin cabeza.
¿Cuándo parará el juego de manipular al universo?
En el año 199, se comete un inmenso error.
El condado de Qin es el único lugar adecuado para reclamar el trono.

Dibujo 41 del Tui Bei Tu.

Por su parte, el francés mencionó 1999 en términos similares en la cuarteta 72 de la centuria X y, además, lo hace de modo directo —lo que no suele ser usual en él—, indicando el mes exacto de un año determinado.

Esto es lo que escribió al respecto Nostradamus:

En el año 1999, séptimo mes,
desde el cielo vendrá un gran Rey de Terror,
para resucitar al gran rey de Angolmois,
antes y después Marte reinará triunfante.

Si el supuesto profeta rompió adrede su constante ambigüedad, aportando una fecha precisa para emitir una advertencia verdadera, lo cierto es que funcionó: esta cuarteta despierta gran interés desde hace siglos. Pero, al fin y al cabo, el propio Nostradamus comentó que sus cuartetas no se entenderían completamente hasta 500 años después de ser escritas.

A día de hoy, son muchos los que creen que la supuesta profecía se refiere a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Este punto de vista se basa en el calendario juliano en lugar del gregoriano.

Los atentados del 11 de septiembre del 2001 fueron observados en directo por miles de millones de personas a través de la televisión. 

– Analizando el fin del mundo: Los cuatro jinetes del apocalipsis

A lo largo de la historia de la civilización, el concepto del apocalipsis ha estado siempre presente, de una forma u otra. La revelación imaginada, el temido fin del mundo que anunciará una era de purificación a través de medios horribles y caóticos, ha sido parte de todas las principales religiones y creencias a lo largo de los siglos. Pero una de las profecías más interesantes se relaciona con los famosos Cuatro Jinetes del Apocalipsis, que se describen en el Libro de Apocalipsis de la Biblia.

En el Nuevo Testamento, la segunda parte de la Biblia, y en su último libro, llamado Libro de Apocalipsis, escrito por Juan el Teólogo de Patmos, hay un capítulo que nos relata la historia de una revelación del fin del mundo, de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis que descienden sobre la tierra para diezmar a la población.

Cada uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis representa diferentes aspectos de la limpieza de la tierra, por el pintor ruso Viktor Vasnetsov.

La interpretación más directa y ampliamente aceptada de este capítulo es la descripción de un período en la historia en el que gran parte de la población de la Tierra perecería a través de una combinación de guerras, enfermedades y hambre. En la Biblia, estas dificultades se describen como jinetes, montando en sucesión a instancias de Jesús, en la forma del Cordero de Dios. Este título proviene de la Biblia, Juan 1:29, cuando Juan el Bautista exclama: «He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo».

El capítulo comienza describiendo un pergamino divino, sostenido por Dios en su mano derecha, y sellado con siete sellos. Su apertura, y el apocalipsis posterior, marcarían el comienzo de la segunda venida de Jesús.

Cada uno de estos siete sellos representa un aspecto diferente del apocalipsis: los primeros cuatro se relacionan con los jinetes, el quinto libera los gritos de los mártires por la ira de Dios, el sexto anuncia una serie de desastres naturales cataclísmicos, mientras que el séptimo convoca a los siete trompetistas angelicales, que llevan siete frascos de plagas e ira divina, que derraman sobre los pecadores y los malvados.

El Cordero de Dios, que es digno de abrir los primeros cuatro sellos, lo hace y convoca, uno tras otro, a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, poniendo en marcha la feroz limpieza de la tierra.

El Cordero abriendo el libro / pergamino con siete sellos. Los primeros cuatro sellos convocan a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

– El jinete blanco del apocalipsis

» Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer». – Apocalipsis, 6: 2

A lo largo de la historia, varias fuentes a menudo explicaron al primer piloto de varias maneras diferentes, ya que su papel es el único que no se menciona explícitamente. Si bien la mayoría de los intérpretes coincidieron en que el jinete blanco simboliza la enfermedad y la peste, no siempre fue el reclamo habitual. Hay una descripción ampliamente atestiguada que coloca a este jinete blanco como una metáfora de la justicia.

En un mundo donde el pecado es rampante, un justo precursor de justicia y rectitud parecería un purificador apropiado en un apocalipsis. La corona que se le «dio» podría significar sobre todo el imperio de la justicia, o simbolizar un líder verdaderamente justo, si es que tal puede existir.

Pero el simbolismo de la enfermedad y la peste podría ser la descripción más plausible. El aspecto de un conquistador está relacionado con el barrido de una gran plaga (la Gran Plaga es un buen ejemplo) y la corona simbolizaría la última regla de la muerte por encima de todo.

El primer jinete, el Jinete Blanco, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Pero a medida que avanzó el tiempo, y para principios del siglo XVI, muchos han llegado a interpretar al jinete blanco como la personificación de la Segunda Venida de Cristo, o incluso el mismo Cristo. En el momento de la gran crisis y la ruptura del cristianismo occidental con las reformas de Martín Lutero, esta fue la explicación más lógica y aceptada.

El color blanco del caballo y del jinete se relacionó rápidamente con la pureza divina y la ausencia de pecado, y el arco que llevaba como herramienta de castigo divino. Del mismo modo, el jinete blanco fue interpretado como el Espíritu Santo, puro y justo.

Otro punto de vista popular es mucho más simple: el jinete blanco podría ser la personificación de la conquista en masa. El pasaje, relacionado con el jinete que «salió conquistando» podría ser simplemente eso: un descenso de un conquistador profetizado que esclavizará a la población de la tierra.

– El jinete rojo del apocalipsis

» Y salió otro caballo, rojo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.» Apocalipsis 6: 4 4

El Jinete Rojo está ampliamente relacionado con la guerra. Las traducciones a menudo se correlacionan en las descripciones: el caballo es rojo «ardiente» y el jinete lleva una espada vertical en preparación para la batalla. Se cree que el color rojo simboliza el fuego y la sangre de la guerra, y la capacidad del jinete para hacer que los hombres se maten entre sí simboliza claramente la guerra constante y global.

El segundo jinete, el Jinete Rojo, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

La guerra como aspecto apocalíptico siempre estuvo presente a lo largo del tiempo y es el heraldo más directo de la muerte.

En Mateo, 24: 6-7, Cristo declara: «Y oirán hablar de guerras y rumores de guerras; Porque la nación se levantará contra la nación, y el reino contra el reino»… Esta cita se relaciona claramente con el aspecto siempre presente de la guerra como un símbolo de la revelación final.

Otra cita interesante también podría adaptarse al Caballero Rojo y la guerra como el aspecto del mal y el Anticristo:

«Del mar eterno se levanta,

creando ejércitos en cualquier orilla,

 volviendo al hombre contra su hermano,

hasta que el hombre ya no exista».

El jinete rojo también podría significar el pecado de odio y agresión como un factor que contribuye al fin profetizado del mundo. Y en un giro paradójico de los acontecimientos, el Cordero de Dios libera esa misma agresión para herir a los malvados con fuego y espada. La profecía de la guerra constante que se supone que desciende sobre la tierra se describe claramente con el jinete rojo que tiene la autoridad divina para sacar la paz de la tierra.

– El jinete negro del apocalipsis

» Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano» .

» Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.»- Apocalipsis 6: 5-6

Otra figura fácil de interpretar, el jinete negro fue casi siempre descrito universalmente como una personificación de la hambruna. El color negro del caballo se atribuyó ampliamente a aspectos negativos: luto, cuervos carroñeros, noche, desolación y todos los cuales también son aspectos de la hambruna. Se dice que el jinete lleva en sus manos un par de balanzas.

Esta es la traducción elegida de la palabra original, el zugón griego, que generalmente significa «yugo», como en una carga y un yugo para bueyes. Ambas descripciones tienen connotaciones negativas. El yugo es sinónimo de servidumbre y esclavitud, y el par de escalas significa el racionamiento y la medición de los alimentos. Esta era la práctica antigua común de atribuir valor a las cosas.

El tercer jinete, el Jinete Negro, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

El pasaje afirma que un solo centavo (orig. Denarius) sería suficiente para adquirir solo una escasa ración de trigo, y aún menos de cebada. Esta es claramente una visión antigua de cómo se vería una hambruna, ya que el trigo era un alimento básico de la dieta y sin él se perdió el pan.

La parte final del pasaje establece que, si bien los precios del trigo y la cebada se ven afectados, los del aceite y el vino no deben modificarse. Esto se interpretó de varias maneras diferentes, y podría significar un aspecto paradójico, en el que los alimentos básicos desaparecen, mientras que el vino permanece, lo que fomenta la hambruna y deja los lujos que no pueden alimentar a un hombre.

Una interpretación popular afirma que el jinete negro significa la opresión imperial y dominante de la clase baja. Los gobernantes ricos sostienen las escalas y distribuyen las raciones que consideran insuficientes, mientras que los lujos siguen siendo abundantes y están fuera del alcance de los pobres. Una división cada vez mayor entre las clases y los semejantes podría ser un aspecto perfecto de una revelación del tiempo del fin.

– El jinete pálido del apocalipsis

«Y Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. «- Apocalipsis 6: 8.

El cuarto jinete final sirve como una especie de epílogo, un dramático crescendo que culmina con el jinete más poderoso y temido: la muerte misma. En todo el capítulo, él es el único jinete que fue nombrado, y el único sin arma, porque él mismo es un arma. El jinete y el caballo se representan como pálidos, con el color enfermizo y sin vida de un cadáver, y la capacidad de extinguir todo tipo de vida terrenal a través de diversos medios naturales.

El jinete pálido contiene elementos de todos los anteriores y podría denominarse el más significativo de los cuatro. A su paso, sigue el infierno, la culminación final de todas las cosas horribles, aparentemente listas para tragarse a todos los malvados que perecerán en el apocalipsis.

El cuarto jinete, Muerte, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. 

La parte que establece que se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra podría interpretarse de varias maneras. Si bien podría ser que los cuatro jinetes causarían estragos en una cuarta parte del planeta, también podría significar que cada uno de los cuatro tendría una cuarta parte de la Tierra.

El pasaje dice que el jinete mataría con las bestias de la tierra. Esto podría ser una pista para los animales y la naturaleza que rápidamente retoman las regiones que están despobladas, lo que significa el último reino de la naturaleza salvaje sobre el hombre.

– La muerte monta un caballo pálido – Apocalipsis en el arte

La profecía de los Cuatro jinetes del Apocalipsis ha sido durante mucho tiempo el tema de inspiración para muchos artistas, que eligieron ese tema influyente y crítico como fuente de obras de arte monumentales. A lo largo del tiempo, muchos artistas retrataron a los jinetes en la forma en que los interpretaron, lo que también proporciona una buena visión de la profecía.

Una de las representaciones más populares fue realizada en 1887, por el famoso pintor ruso Viktor Vasnetsov. Su gran cuadro, «Воины Апокалипсиса», es una representación contemporánea colorida y detallada de la muerte, la guerra, la conquista y el hambre. Se les otorgan atributos modernos y estaban destinados a reflexionar sobre la población de la época.

Algunas de las representaciones medievales anteriores son mucho más dramáticas y casi inquietantes, ciertamente dirigidas a poner miedo en los creyentes más dudosos. Una de esas representaciones fue realizada entre 1496 y 1498, por Albrecht Dürer, el reconocido artista del Renacimiento alemán. Su dramático grabado en madera representa a los cuatro jinetes como hombres ancianos, espantosos y demacrados, cuyos sementales igualmente inquietantes pisotean a las personas pecaminosas.

Xilografía de Albrecht Dürer de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Un grabado en madera similar fue realizado entre 1851 y 1860 por Julius Schnorr von Carolsfeld, un pintor alemán, que retrató una masacre salvaje y despiadada de pecadores por los cuatro jinetes, todo bajo la atenta mirada del Cordero de Dios.

– Hasta que el hombre ya no exista

Hasta la fecha, la historia de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis sigue siendo una visión clara de la naturaleza paradójica e inherente del hombre. Desde sus primeras formas sirvió como una advertencia para que los malvados cambien sus formas, una súplica por la templanza, por la paz, por la moderación y la humildad.

Sin embargo, vemos que, en el siglo XXI, mucho de lo que se describió en el Libro de Apocalipsis ha sucedido. Desde innumerables hambrunas, hasta plagas y pestilencias, hasta guerras interminables y decadencia, el apocalipsis parece haber ocurrido varias veces. ¿O está por venir?

nuestras charlas nocturnas.


Sandro de América…


Historia Hoy(O.L.Mato) — Sandro publicó 52 álbumes y vendió no menos de 8 millones de copias, entre ellas “Rosa Rosa”, su obra más difundida, que llegó a vender casi 2 millones de discos.

Filmó 12 películas y hasta recibió un Grammy Latino. Cultivó una imagen como la de Elvis Presley de quien imitaba hasta la forma de vestirse, con trajes de cuero ceñidos al cuerpo, aunque con los años desarrolló un estilo muy personal. Alrededor de su figura se tejió un aurea erótica que producía reacciones paroxísticas entre la audiencia femenina. ¿Cómo fue que este pibe de Lanús ascendió al estrellato?

Como tantos jóvenes de la década del 50, Roberto Sánchez se sintió atraído por la música del Rock and Roll y el Blues que por entonces se gestaba en USA con el estrellato de Elvis Presley, a quien comenzó a imitar muy precozmente, con escasos 12 años en un acto escolar. Poco después se vio obligado a abandonar los estudios para ayudar en el trabajo a su padre que tenía ascendencia Húngara. De allí que se lo llamara “El Gitano”.

Compró a crédito su primer guitarra y junto a su amigo Enrique Irigoytía formaron un dúo de voces y guitarras con el que comenzaron a participar en concursos de canto y en los suburbios del sur de Buenos Aires con un repertorio muy variado, que iba desde el Rock, pasando por Tango, Boleros y Folklore.

La música lo alejó de la violencia callejera del Gran Buenos Aires, aunque habiendo adoptado las camperas de cuero propias de los rockeros había ganando esa fama de “macho”, siempre con un cigarrillo en sus labios, como una especie de James Dean latino. El mismo Roberto Sánchez reconoció que de no ser por la música hubiera caído en la delincuencia.

A partir de 1960 adoptó el nombre de Sandro que lo haría famoso (curiosamente, sus padres lo quisieron anotar con ese nombre pero en ese entonces no lo autorizaron).

Su primera actuación con su nuevo nombre, tuvo lugar en un local de la calle Warnes en Lanús.

Entonces formaba una banda que se llamó Los caniches de Oklahoma, con la cual grabó su primer sencillo “Comiendo rosquitas calientes en el Puente Alsina”.

En busca de un nombre con más gancho, comenzaron a llamarse Los de Fuego, y Sandro se convirtió en el solista que no solo cantaba, sino que dotaba a sus presentaciones de coreografías de lo más exuberantes, al mejor estilo de Elvis, Little Richard y Bill Haley. No era extraño verlo retorcerse y hasta ponerse de rodillas, siempre en una entrega total al público.

En 1963, antes de cumplir los 20 años grabó su primer single sin el apoyo de la banda que lo había hecho famoso.

El éxito llegó con la balada romántica “Dulce”, de Alejandro Chamica.

En el 64 volvió con Los de Fuego, e hicieron la versión en español de “Hay mucha agitación”. Este éxito le permitió el acceso a la televisión presentándose en “Sábados Circulares”, de Pipo Mancera, donde su actuación no dejó dudas sobre su histrionismo y entrega.

Saltaba, se movía de un lado al otro del escenario y llegaba a arrastrarse por el piso, algo que nadie había visto en el medio local. Sus actuaciones impactaban al publico más joven, poco habituado a estos excesos, que se replicaban en la audiencia: había gritos, llantos y desmayos como los que creaban las presentaciones de los Beatles.

Las autoridades del canal pretendieron censurar tales excesos pero al parecer fue el mismo Mancera quien salió a defender al grupo. De allí en más apareció con asiduidad en “Sábados Circulares”, a la vez que hacía su primera aparición en el cine con la película Convención de Vagabundos.

Bajo la dirección de Héctor Techeiro, Sandro grabó sus éxitos más resonantes que lo llevaron a ser conocido como “Sandro de América“, mientras sus discos se vendían de a miles.

Sus éxitos, sus películas, y presentaciones marcaron una época, más cuando en 1966 desde un local en la calle Pueyrredón llamado “La Cueva”, promovía la presentación de otros artistas del Rock Nacional como Lito Nebbia y Los Gatos.

Con los años Sandro fue dejando la ropa de cuero por el Smoking y desarrollando un estilo propio, más seductor y romántico, especialmente enfocado al público femenino, al que con cierto sarcasmo las llamaba “Sus Nenas”.

En 1967 ganó el Primer Premio en el Festival Buenos Aires de la canción con “Quiero llenarme de ti”, éxito que trascendió las fronteras del país y lo lanzó a una carrera internacional en EEUU, San Remo (Italia), y Viña del Mar.

Su estilo y su música de neto corte popular le valieron el mote despectivo de “grasa”, por esa sensualidad exagerada que sería su marca personal. Era una sociedad atravesada por la grieta de “mersas” y “chetos”, “grasas” y “niños bien”.

Grabó 12 películas y recibió un disco de oro en Nueva York. Fue premiado en Caracas, además de ser el primer artista latino en actuar en el Madison Square Garden.

En 1971 convocó a 60.000 espectadores para una presentación en el estadio de San Lorenzo y un año mas tarde llena el Luna Park.

Después de varios años de no presentarse en la Argentina hizo un recital en el Teatro Ópera que es transmitido por TV abierta.

Después de 15 años de trabajar junto a Oscar Anderle, se separa del cantautor y Sandro comenzó la búsqueda de un nuevo sonido y una nueva estética.

En la década del 80 su figura era mítica, apunto tal de ser premiado con un Martín Fierro y un Carlos Gardel. En ese entonces comenzaron a correr rumores sobre su salud. Cada vez le resultaba más fatigosa la conclusión de las presentaciones. Comenzaba a notarse el deterioro inducido por el cigarrillo que consumía incesantemente

Sin embargo, su prestigio no decayó y continuó creando escenas escandalosas con “Sus Nenas”, que no dudaban en arrojar ropa interior al escenario para demostrar su fervor erótico.

Su última presentación fue en el 2006 en el teatro Gran Rex, donde continuaba despertando pasiones.

A pesar de esta admiración lindante con el fanatismo no se le conocieron romances y vivió sus los últimos años de su existencia casi encerrado en su casa de Banfield.

El enfisema pulmonar secundario al tabaco fue limitando su actividad, alejándolo de los escenarios. En su presentación del “Hombre de la Rosa”, debió cantar con oxígeno conectado al micrófono.

La enfermedad lo llevó a permanecer varias semanas internado, en espera de un transplante de pulmón. Rodeado de aparatos, sensores e intubado, Sandro se definió a sí mismo como una “Chatarra Cósmica”

El 20 de noviembre del 2009, luego de ocho meses de vivir como esa “chatarra”, Sandro pudo ser transplantado en el Hospital Italiano de Mendoza.

Si bien la operación fue un éxito e inicialmente evolucionó favorablemente, un mes más tarde fue nuevamente operado por una perforación pulmonar, que se complicó con una neumonía, responsable final de la muerte del cantante de 64 años.

Su cuerpo fue velado en el Congreso donde lo despidieron mas de 50.000 personas e inhumado en el cementerio de Longchamps, junto a 100.000 personas que lo acompañaron en su último reposo a Sandro de América, quien en algún momento había dicho: “No te mueras pibe, trepate a tus sueños… (porque)no hay nada en la vida que valga la pena de pensar acaso que la muerte es buena!”

nuestras charlas nocturnas.


Malcolm X (I): Nacido en un mundo blanco…


Foto: Corbis
Malcolm X frente al Capitolio de Connecticut

El precio de la libertad es la muerte (Malcolm X).

JotDown(E.J.Rodríguez) — El 21 de febrero de 1965, Malcolm X, uno de los más relevantes líderes sociales de los Estados Unidos de América, se disponía a pronunciar un discurso ante varios cientos de personas.

Llevaba meses recibiendo amenazas de muerte, en su mayoría provenientes de miembros y simpatizantes de la Nación del Islam, grupo al que había pertenecido durante dieciséis años y que había abandonado meses antes en mitad de una enorme polémica; sabía bien que sus antiguos compañeros lo consideraban un traidor y admitió en público que no descartaba la posibilidad de terminar sus días asesinado. No le faltaban motivos.

Se enteró, por ejemplo, de que habían planeado poner una bomba en su coche, aunque el incidente más grave se había producido una noche en la que, mientras su familia y él dormían, varios desconocidos prendieron fuego a su casa. Malcolm y los suyos escaparon milagrosamente ilesos.

Pese a todo esto, se negó a modificar su agenda en función de las amenazas de sus enemigos fanáticos. No quería vivir con miedo, o no quería vivir de manera que los demás percibieran que tenía miedo. Malcolm X jamás se había arrodillado ante nadie y el día de su último discurso no iba a ser una excepción

Estaba ya frente al atril para comenzar a hablar cuando dos hombres iniciaron una trifulca entre el público. Parecía una pelea espontánea, pero en realidad se trataba de una acción planeada para atraer la atención de los guardaespaldas de Malcolm X, que se acercaron para intentar detener el altercado, dejando el escenario sin vigilancia. Mientras tanto, otros tres hombres se acercaron al estrado armados con una escopeta recortada y pistolas automáticas.

Apuntaron a Malcolm X. Él vio cómo le apuntaban, pero no tuvo tiempo de reaccionar: recibió un primer disparo de escopeta en el pecho que le hizo caer de espaldas («no se dobló, cayó recto, tal y como había estado de pie», recordaría su mujer, testigo del crimen). Una vez en el suelo, continuaron acribillándolo.

Fue alcanzado por un total de once disparos de pistola y diez fragmentos de metralla de escopeta. Todo ante la mirada aterrorizada de sus hijas —de siete, cinco y dos años de edad— que estaban sentadas en primera fila junto a la madre. Malcolm X no sobrevivió al atentado. Tenía treinta y nueve años.

Dos de los tres asesinos fueron detenidos al instante y un tercero estaba siendo linchado por la multitud cuando llegó la policía para salvarlo in extremis. No se sabe con seguridad quién ordenó el asesinato y existen diversas teorías al respecto, pero la Nación del Islam sigue siendo señalada como la principal responsable. De hecho, los tres asesinos fueron identificados como miembros del grupo.

En todo caso, la muerte de Malcolm X fue el precio que, decepcionado por la deriva corrupta de la organización, pagó por haber renegado de la facción más extremista de la lucha en pro de los derechos de los negros estadounidenses. Tan solo unos meses atrás, Malcolm X había experimentado un renacer espiritual y su pensamiento había empezado a bascular hacia posiciones más moderadas y flexibles; aquel giro pudo haberlo convertido en un personaje todavía más importante a nivel nacional y mundial.

Después de muchos años defendiendo un mensaje cuestionable en el que había dejado de creer, estaba al borde de transformarse en un líder modélico. Pero su destino ya estaba escrito: en cuanto había decidido actuar de acuerdo a los dictados de su conciencia, sus días pasaron a estar contados. Toda su inteligencia, su oratoria y su experiencia fueron desperdiciadas en aquel asesinato. Malcolm X desapareció justo cuando estaba en posición de haberle ofrecido muchas más cosas al mundo.

  • Los hombres blancos que mataron a papá
The Death of Earl Little — Violent Ends

Treinta y cuatro años antes, cuando Malcolm Little —tal era su nombre de nacimiento— tenía solamente seis años, su padre había muerto también en circunstancias violentas. 

Earl Little, que junto a su mujer Louise llevaba una granja en Michigan, era un hombre dinámico y emprendedor capaz de afrontar a base de trabajo las numerosas dificultades que encontraba para sacar adelante a sus siete hijos.

Era, además, muy activo en la defensa de los derechos de los negros y de los trabajadores, lo cual le había causado no pocos problemas. La familia era originaria de Omaha, estado natal del pequeño Malcolm, pero su anterior hogar había sido incendiado por miembros del Ku Klux Klan.

Tras mudarse a Michigan, los Little volvieron a recibir amenazas y su nueva casa fue también incendiada, también durante la noche y con toda la familia durmiendo dentro; una vez más, fue un milagro que nadie muriese entre las llamas o asfixiado por el humo. Aun así, Earl Little no estaba dispuesto a acobardarse. Ya se había marchado una vez de su hogar y no podía pasarse la vida huyendo.

No tendría ocasión de huir, de todos modos. Un día, mientras estaba en la ciudad recolectando pagos aplazados de algunos clientes, un tranvía lo arrolló, seccionando sus piernas y destrozando varias otras partes de su cuerpo. Murió al instante. No hubo investigación sobre un posible asesinato, pese a que era bien sabido que sobre él pesaban numerosas amenazas de muerte de la rama local del Ku Klux Klan. Nadie creyó la versión policial que hablaba de «accidente».

El mayor de sus hijos recordaría más adelante que Earl había sido «arrojado bajo el tranvía». La viuda de Earl, Louise, se quedó sola en la reclamación de una investigación a fondo. Para colmo, la compañía de seguros alegó un posible suicidio, a pesar de que Earl Little ni siquiera era el primero de la familia en conocer un final trágico: tres de sus hermanos habían sido asesinados a sangre fría por el Ku Klux Klan, y un cuarto había sido ejecutado durante un linchamiento multitudinario.

Ahora también él estaba muerto, pero a las autoridades les importaba poco y la policía archivó el asunto sin más pesquisas.

Louise, sola con sus siete hijos, se vio enfrentada a una multitud de obstáculos que empezaron a hacer que se sintiera empequeñecida. Por un lado estaban los problemas económicos; aunque era una mujer cultivada, carecía del espíritu emprendedor y la habilidad para llevar los negocios que había tenido su marido. Incapaz de responder a las crecientes deudas, tuvo que alquilar parte de su propiedad, pero eso no impidió que los Little se viesen condenados a vivir en la pobreza.

Por otra parte, su creciente dificultad para disciplinar a sus hijos ella sola hizo vislumbrar otra amenaza en el horizonte: que las autoridades le retirasen la custodia. Débil, asustada y sometida a enormes presiones durante varios años, acabó padeciendo una severa crisis psicológica que la llevaría a ser ingresada en un hospital psiquiátrico. Como había temido, se le retiró la custodia de sus siete hijos, que fueron repartidos por distintas casas de acogida. Malcolm Little tenía por entonces trece años. No volvería a ver a su madre en más de dos décadas.

Malcolm X

El hecho de crecer contemplando cómo su familia era destruida no hizo que Malcolm perdiese los ánimos de cara al futuro.

Al menos no de inmediato.

En su nueva vida como huérfano en un vecindario donde era el único niño negro parecía integrarse bien, aunque de adulto reviviría aquel periodo con amargura: «era el único negro, así que me tenían como mascota».

Por entonces, sin embargo, no se sentía discriminado; es más, podía llegar a liderar algunos juegos en el barrio y también se aplicaba en la escuela, obteniendo buenas notas y destacando por su aguda inteligencia.

Pronto descubrió su primera vocación y, quizá porque había visto tantos problemas de violencia y conflictos legales en torno a su familia, decidió que de mayor quería convertirse en abogado.

Sin embargo, uno de sus profesores —blanco, como el resto de la gente de su nuevo entorno— cortó de cuajo sus esperanzas y le despojó de sus sueños de la manera más brutal, diciéndole: «Desengáñate, Malcolm, y sé realista: nunca podrás ser abogado. Deberías buscar un trabajo más propio para un negro». El profesor, detalle que Malcolm X recordaría siempre, utilizó el término nigger («negrata»), con el que todos se referían a él en la escuela.

Un término del que Malcolm había llegado a olvidar el trasfondo despectivo, considerándolo casi un apodo cariñoso. Las palabras de su profesor asestaron un golpe definitivo en su autoestima: Malcolm Little se convenció de que nunca podría cumplir sus objetivos mediante el estudio en aquella sociedad gobernada por blancos y supo que nunca podría llegar a donde sí llegarían sus compañeros de clase, todos de piel clara.

Por desgracia para él, había buenos motivos para pensar así, dado que la segregación era endémica en los Estados Unidos y, salvo raras excepciones, los negros tenían las puertas cerradas en determinados ámbitos profesionales; en particular, todos los que implicasen buenas ganancias, respetabilidad y cierta cuota de poder. Al año siguiente, Malcolm hizo caso a su profesor: dejó de interesarse por los estudios y empezó a buscarse trabajos de poca monta.

Pasó buena parte de su adolescencia viviendo con su hermanastra en Boston, ejerciendo como cocinero en el restaurante de un tren. Restaurante donde, por descontado, los únicos negros estaban en la cocina o ejerciendo como camareros. Nunca como clientes.

  • La breve aventura delictiva de Detroit Red

Haber sido un criminal no es una vergüenza. Continuar siendo un criminal, eso sería la vergüenza. Yo fui un criminal. Estuve en prisión. Pero no me avergüenzo por ello. No pueden usar eso contra mí. Están usando el palo equivocado para intentar pegarme. Ni siquiera noto los golpes.

Malcolm Little en sus años como delincuente juvenil.
Malcolm Little en sus años como delincuente juvenil

Después de varios años de fregar platos y servir desayunos, Malcolm Little se cansó de estar al servicio de los blancos a cambio de un mísero sueldo.

Terminó de convencerse de que aquello no prometía ningún futuro cuando entró en contacto con gente de los bajos fondos y descubrió que, ejerciendo diversas actividades delictivas, podía ganar dinero mucho con mucha mayor rapidez.

Se mudó a Nueva York, estableciéndose en el barrio de Harlem, y formó una pequeña pandilla con un amigo negro y las novias de ambos, que eran dos chicas de raza blanca.

Liderados por Malcolm, se dedicaban a la estafa y el robo.

Empezó a consumir cocaína, droga por la que desarrolló una fuerte adicción.

Por entonces, sus conocidos lo llamaban «Red» por su pelo de tono rojizo, herencia de un abuelo biológico escocés, aunque era una herencia de la que no se sentía demasiado orgulloso: «Mi cabello rojo era el recordatorio de que mi abuela había sido violada por un blanco».

Red era un adolescente despreocupado, irresponsable y mujeriego, que vestía de forma estrafalaria, con los trajes coloridos y sombreros de ala muy ancha que gustaban a los jovenzuelos de la calle, los que se hacían llamar hustlers.

Se acostumbró pronto a su nueva y cómoda vida, contento por no tener que trabajar. Hasta que un día todo amenazó con venirse abajo: los Estados Unidos entraron en la II Guerra Mundial y a Malcolm Little le llegó una carta de la oficina de reclutamiento (por descontado, los negros sí eran ciudadanos de pleno derecho cuando se trataba de ser enviados al frente).

Decidido a no ser alistado, hizo gala de toda su astucia durante el examen psicológico previo al reclutamiento. Aunque muchos jóvenes intentaban fingir locura sin mucho éxito para librarse de la guerra, él sí consiguió ser declarado «no apto». Durante la entrevista dijo que su mayor ambición en la vida era reunir un ejército de negros para matar a todos los blancos que se cruzasen en su camino.

Los doctores que hacían la revisión no quisieron hacerse responsables de enviar a semejante individuo al frente, donde estaría con un fusil en las manos, mucha munición a su disposición, rodeado de blancos y con numerosas posibilidades de ejecutar sus planes de venganza racial haciendo creer que sus compañeros habían muerto a manos de los alemanes. Sonriente, Malcolm Little salió del despacho de los doctores con su exención sellada por el Gobierno.

Aunque había evitado la leva, su carrera delictiva no iba a durar mucho más. Al poco de cumplir los veinte años, tras una serie de robos en domicilios y estafas de diverso calado, fue detenido junto al resto de su pandilla. Una vez más, el ser un negro demostró convertirse en una desventaja de salida. Ninguno de los cuatro tenía antecedentes penales. A los cuatro se los había detenido y acusado a raíz de los mismos delitos.

Pero, mientras las dos chicas blancas salían del tribunal con una condena menor, los dos chicos negros fueron condenados a diez años de prisión. La policía había presionado a las chicas para que declarasen que los dos negros las habían inducido a convertirse en criminales. Ellas así lo afirmaron, haciendo que Malcolm se sintiera traicionado, aunque podía haber sido peor: los agentes también intentaron que las chicas acusaran a sus dos compañeros de violación.

Ellas se negaron a llegar tan lejos. Malcolm Little fue enviado a la cárcel con la perspectiva de vivir en una celda durante diez años, hasta que cumpliese los treinta.

Malcolm X: del crimen a la conversión al Islam y la lucha por los derechos  civiles de los negros :: Sabedoria Política

El Malcolm Little que entró en prisión era, según su propio recuerdo, «ineducado e ignorante».

Resentido, malcarado y descreído de todo, sus bruscas maneras le conferían una mala imagen incluso entre los demás presos, que se referían a él como «Satán» por su costumbre de blasfemar todo el tiempo y por lo que uno de sus hermanos definió como «una profunda aversión a la religión».

En realidad, el joven Malcolm estaba sufriendo una severa crisis de identidad.

Proveniente de una familia destrozada por el racismo, desanimado de proseguir los estudios por sus propios profesores, condenado a una existencia servil —o a la única alternativa que estaba a su alcance, la delincuencia—, traicionado por su novia blanca y condenado a pasar diez años en una celda sin perspectiva alguna de futuro, sin drogas que lo ayudasen a pasar el mal trago, Malcolm Little acumuló considerables motivos para deprimirse.

Sin embargo, en la prisión terminó encontrando un inesperado camino hacia la reforma cuando un preso de más edad se fijó en sus obvias aptitudes intelectuales y le aconsejó que, en lugar de vegetar en su celda y lamentarse durante todo el día, utilizase aquellos años en prisión para intentar mejorar como persona. Le animó a leer, a educarse. Malcolm reavivó su perdida pasión por el estudio y empezó a leer cuanto caía en sus manos: política, filosofía, literatura clásica, Historia.

Estudió en profundidad la Biblia y el Corán, así como otros textos religiosos y teológicos. Incluso se sumergió en el diccionario, que repasó con atención de principio a fin, anotando todo aquello que le llamaba la atención y adquiriendo de paso un amplísimo vocabulario por el que sería célebre más tarde. Leyó y se aplicó día tras día, hasta que, al cabo de unos pocos años de encierro, Malcolm Little ya no se parecía en nada al joven delincuente «ineducado e ignorante» que había sido al entrar.

Se transformó en un hombre culto y elocuente. Desarrolló un nivel tan alto de articulación en su discurso que se convirtió en la gran estrella del equipo penitenciario de debates, llegando a impresionar a los prestigiosos equipos de Harvard y Princeton, que de vez en cuando visitaban la cárcel. «Hasta entonces, muy pocos presos se habían interesado por los debates» —recordaría más adelante un funcionario de aquella prisión—, «pero cuando Malcolm participaba, todos los que podían acudían para ver el espectáculo».

  • Un hombre llamado Malcolm X

El preso que tanto le había animado a leer y estudiar tenía otros intereses hacia él, aparte del de compartir conocimientos. Pertenecía a una organización llamada la Nación del Islam, muy poco conocida, que contaba con apenas unos cientos de seguidores. Los ánimos de aquel hombre para que Malcolm se educase formaban parte de un ejercicio proselitista: pretendía captarlo para su organización, y lo consiguió.

En ciertos aspectos, la ideología de la Nación recordaba al nacionalismo negro de Marcus Garvey, el primer líder negro que había organziado un verdadero movimiento político masivo en defensa de su raza; los padres de Malcolm habían sido fervientes simpatizantes y defensores de Garvey.

En la Nación del Islam pensaban que los negros no tendrían nunca un lugar en los Estados Unidos, pero, mientras Garvey había propuesto que la solución consistía en regresar a África, la Nación del Islam abogaba por que Washington cediese a los afroamericanos una parte del territorio estadounidense para fundar una nueva nación en la que pudiesen vivir según sus propias leyes, sin la intervención de los mismos blancos que algunas generaciones atrás los habían mantenido como esclavos, los mismos blancos que ahora seguían viéndolos como siervos.

En la Nación también promulgaban la necesidad de que los negros cultivasen su intelecto para proyectar una imagen de dignidad y seguridad en sí mismos que desafiase los prejuicios de los blancos. Se sometían a estrictas normas de comportamiento, algunas tomadas del credo musulmán, como la prohibición de beber alcohol o comer cerdo, y otras de cosecha propia, como la renuncia a mantener contacto sexual con mujeres blancas.

Estos conceptos atrajeron a Malcolm Little, quien por fin encontraba un ideario que parecía responder a muchas de sus dudas y preguntas, algo que daba sentido a su vida.

El daño que los blancos le habían hecho a su familia y a él mismo, adquiría un significado, porque la Nación del Islam lo explicaba en un contexto histórico: el único propósito de los blancos había sido, durante cuatro siglos, el de esclavizar y humillar a los negros; nunca habían mostrado otra intención y todo el sistema social blanco estaba diseñado para seguir cumpliendo ese propósito maligno. Era hora de rebelarse.

En la Nación también criticaban que los negros estadounidenses se hubiesen convertido al cristianismo —aunque, como el resto de musulmanes, aceptaban la Biblia como texto revelado por Dios, si bien distorsionado en partes, y a Jesús como penúltimo profeta— y proclamaban que el Islam era la religión natural de su raza. También afirmaban que la raza negra era la original y superior a la raza blanca. El hombre blanco era un «diablo» cuyo reinado estaba a punto de terminar. También afirmaban, por descontado, que Dios era negro.

Rare photos of Malcolm X by famed photographer Richard Avedon. | by Great  Epicurean | The Great Epicurean | Medium

A Malcolm Little le costó superar la reluctancia inicial ante algunas de estas creencias, sobre todo la creencia de que los blancos fuesen «diablos».

Sin embargo, terminó adoptándolas como propias porque en el mismo ideario había otros conceptos que resultaban más fáciles de asimilar y en los que veía una incontestable lógica histórica.

Por ejemplo, el que Jesús fuese representado por el cristianismo como un hombre blanco, cuando en realidad debió ser similar a cualquier otro hebreo palestino de la época: piel cobriza, cabello ensortijado, rasgos semitas.

A Malcolm le resultaba fácil identificar estas manipulaciones como parte de la tendencia de la raza blanca a considerarse superior.

Así pues, las ideas políticas; de la Nación fueron lo que primero atrajeron su interés y, más tarde, a despecho de haber sido ateo durante su primera juventud, terminó sintiéndose atraído también por el credo religioso, hasta que se convirtió en miembro de pleno derecho.

Esto iba a suponer un cambio aún más importante en su visión del mundo. La Nación del Islam era, en realidad, más parecida a una secta religiosa que a una organización política como la de Marcus Garvey. La Nación se basaba en el culto a la personalidad de su líder, Elijah Muhammad, un iluminado al que sus fieles consideraban mensajero directo de Alá.

En prisión, Malcolm Little adoptó todas las normas vitales de aquella particular forma de Islam, convencido por fin de que Elijah Muhammad era, en efecto, el mensajero directo de un Dios negro. Su conversión no resulta inexplicable; en la práctica, Malcolm había comprobado que el contacto con miembros de la Nación del Islam era el único estímulo que podía hacer de él una persona de provecho.

Siguiendo una costumbre de la Nación, abandonó el uso de su apellido anglosajón, Little, considerándolo un «apellido de esclavos». Dado que los africanos esclavizados habían sido desprovistos de su apellido original y rebautizados con el de sus nuevos dueños en América, y dado que los negros estadounidenses no conocían el verdadero apellido africano de sus antepasados, Malcolm sustituyó su apellido por el signo matemático de la incógnita: la X.

Cumplió algo más de seis años de su condena de diez. Cuando salió a la calle, no solo era un miembro de la Nación del Islam sino que, a todos los efectos, era también un hombre nuevo. Ahora era Malcolm X: serio, disciplinado, culto, honesto hasta la rigidez.

En la Nación no tardaron en descubrir que acababan de reclutar a un portavoz nato, a un hombre que tenía las cualidades necesarias para ejercer un liderazgo natural ante las multitudes y también para destacar en plena era de la televisión, la nueva gran herramienta propagandística.

Llegaría a rivalizar en atención mediática con el otro gran líder negro de la época, Martin Luther King. Solo que el mensaje de Malcolm X no iba a ser un mensaje de amor, ni de perdón, ni de poner la otra mejilla, ni de ofrecer resistencia pasiva como predicaba King. Porque Malcolm X estaba preparado para impresionar al mundo con su carisma, pero también para sacudirlo con un mensaje más duro e inclemente, un mensaje que iba a causar preocupación entre los periodistas y políticos blancos.

Hubo un momento en que los blancos estadounidenses acusaban a Martin Luther King de ser un racista, un extremista y un comunista. Entonces llegamos los Musulmanes Negros… y los blancos empezaron a dar gracias a Dios por tener a Martin Luther King.

Foto: Corbis

Supe que nunca llegaría a ser alguien implorando al hombre blanco que me dé algo de lo que él tiene, sino consiguiéndolo por mí mismo y convirtiéndome yo a mí mismo en alguien.

  • El ejército de Harlem

Corre el año 1957. Todo sucede en la esquina de la 7ª Avenida con la calle 125, en Harlem, Nueva York. Dos policías efectúan un arresto con brutalidad innecesaria, golpeando a un sospechoso —negro— que, tirado en el suelo, ya no puede defenderse. La escena es vista por un transeúnte llamado Johnson Hinton, también negro, que interpela a los dos agentes: «¡Basta! ¡Esto no es Alabama! ¡Estamos en Nueva York!».

Por toda respuesta, los dos policías se abalanzan sobre Hinton y comienzan a golpearlo también, pese a que no ha cometido ningún delito y se he limitado a intentar detener una paliza. A resultas de los golpes, Hinton sufre varias fracturas en el cráneo. Aun así, es esposado, llevado a comisaría y encerrado en una celda sin que se le hayan procurado los más mínimos cuidados médicos. 

De normal, hubiese sido un ejemplo más de brutalidad y racismo policial que quizá finalizase con la muerte inexplicada de un pobre hombre inocente y un posterior silencio administrativo. No era la primera vez que sucedía, desde luego. Pero algo cambiaba en este caso: Johnson Hinton era un miembro de la Nación del Islam, la organización extremista cuya presencia estaba creciendo en Harlem.

Cuando el malherido Hinton es encerrado, corre la voz sobre el suceso. De boca en boca, la noticia llega a la principal mezquita de la Nación del Islam, que está situada en ese mismo barrio, Harlem. Su director, que tiene por entonces treinta y un años de edad, lleva un lustro fuera de la cárcel y ya se ha convertido en uno de los pesos pesados de la Nación. Decide intervenir. Acompañado de un nutrido grupo de seguidores, parte hacia la comisaría de Harlem.

Una vez allí, sus hombres se colocan en formación, ocupando la calle como si fuesen soldados, aunque no llevan armas. Se limitan a quedarse firmes e inmóviles. Algunos cientos de vecinos, atraídos por la marcha de los Musulmanes Negros, se congregan también y lanzan gritos de indignación contra la policía.

Pero los hombres de la Nación guardan completo silencio. Desde la comisaría, los mandos policiales contemplan con aprensión la insólita escena, sin entender quiénes son aquellos negros que permanecen impertérritos en la calle. Temen que la tensión pueda degenerar en un altercado de consecuencias imprevisibles, así que tratan de averiguar quién el líder de aquellos hombres, para hablar con él. Es ahí cuando escuchan por primera vez el nombre de Malcolm X.

El comisario le invita a entrar en su despacho. Malcolm X pide ver al «hermano Hinton» y comprobar su estado de salud. Exige que, si está grave, la policía se lo entregue para poder llevarlo a un hospital. El comisario se niega a aceptar esta demanda, pero insiste en que desea buscar una salida negociada antes de que las cosas se desmadren y tengan que intervenir instancias superiores.

Malcolm X escucha con atención, pero, al comprobar que su principal petición es desestimada, responde: «En ese caso, no hay nada más que hablar». Se levanta de su silla, sale del despacho y regresa a la calle junto a sus hombres, que ni siquiera se han movido. El número de ciudadanos que rodean el lugar se acerca ya a los dos mil.

Malcolm X - Wikipedia, la enciclopedia libre

El comisario de Harlem saben que la situación va a empeorar; incluso si no estallan disturbios, la noticia sobre la insólita presencia de aquellos misteriosos «Musulmanes Negros», como se hacen llamar, llegará tarde o temprano a los periódicos metropolitanos, quién sabe si hasta los nacionales.

De hecho, algunos reporteros locales ya están allí. Entre ellos James Hicks, periodista que mantiene cierta amistad con Malcolm X.

Como la tensión sigue creciendo, el comisario recurre a Hicks para convencer a Malcolm X de que continúe negociando. Malcolm X acepta regresar a la comisaría, pero dejando las cosas claras desde el principio: «Vuelvo únicamente por el respeto que siento hacia el señor Hicks, porque no siento un particular respeto hacia usted ni hacia el departamento de policía».

Declara que su postura sigue siendo inflexible: quiere ver a Hinton, de lo contrario sus hombres no abandonarán la calle. No hay otra opción posible.

El comisario, ante la posibilidad de ver unos hipotéticos disturbios causados por él en las págnias del New York Times, cede por fin. Malcolm X visita la celda de Johnson Hinton y comprueba que su estado es muy grave. Reclama una ambulancia. Pese a que Hinton está oficialmente detenido, Malcolm X se lo lleva con carácter de urgencia al hospital de Harlem. Los policías no osan impedírselo. Entretanto, los hombres de la Nación del Islam continúan ocupando la calle en perfecta formación.

Un sargento —negro, por cierto— hace guardia en la puerta de la comisaría y contempla con asombro el espectáculo. Nunca ha oído hablar de los Musulmanes Negros, pero se permite hablar de ellos con tono despectivo, asegurándose de que escuchen bien sus palabras.

Ese mismo sargento sugiere al inspector jefe que se autorice el uso de la fuerza para dispersarlos. Los hombres de la Nación continúan guardando escrupuloso silencio, excepto uno, que lo rompe para pronunciar una sola frase: «Inspector, será mejor que retire al sargento de la puerta».

El inspector capta el mensaje y ordena a su subalterno que se aparte de la vista de los miembros de la Nación. Aunque los Musulmanes Negros no han dado el menor indicio de querer iniciar un desorden, los policías se sienten intimidados.

Una vez satisfechas sus demandas y asegurada la atención médica de Hinton, Malcolm X regresa y se sitúa una vez más junto a sus hombres, mientras los policías siguen con atención cada uno de sus pasos. Entonces, Malcolm X, con un gesto de su mano y sin pronunciar una sola orden en voz alta, hace que su pequeño ejército se disuelva.

El periodista James Hicks y un agente de policía observan el momento y no dan crédito a sus ojos: «¿Ha visto usted lo mismo que yo?», pregunta el policía, boquiabierto. «Sí», responde Hicks. El agente sentencia: «Eso es demasiado poder para un solo hombre». Para un hombre negro, se entiende.

  • El radical más famoso de América
Malcolm X and Elijah Muhammad

Después de que Malcolm X saliese de la cárcel e ingresara en la Nación del Islam, el líder absoluto del grupo, Elijah Muhammad, había tardado bien poco en percibir su enorme talento.

Primero lo puso a prueba dirigiendo la mezquita de Harlem, donde su elocuencia y poder de atracción electrizaban a las multitudes, ayudando a crear una considerable base de seguidores que, de hecho, era la más importante de la organización.

Después lo convirtió en su hombre de confianza, primer ministro de la Nación y principal encargado de llevar el mensaje a diferentes partes de los Estados Unidos.

Al igual que en Harlem, las cualidades como líder carismático del nuevo portavoz oficial permiten que la Nación del Islam continúe creciendo con rapidez.

Había estudiado e interiorizado el ideario de Elijah Muhammad hasta el punto de poder defenderlo en público con mucha más eficacia y elocuencia que el propio Muhammad.

Y Muhammad estaba muy contento por ello; difícilmente podía haber encontrado un mejor representante.

El incidente de la comisaría hizo que los medios empezaron a volver sus ojos hacia Malcolm X, hasta entonces un total desconocido, y descubrieron que el personaje era un filón, así que los ciudadanos estadounidenses iban a familiarizarse muy pronto con su rostro, su voz y sus ideas.

Por lo general, los medios no daban tanto pábulo a una organización radical de semejante pelaje —y menos aún a una formada por negros musulmanes—, pero Malcolm X era un producto periodístico demasiado irresistible como para no cederle páginas y minutos de emisión.

La mayor parte del público, incluso entre los negros, lo consideró un extremista. Y lo era. Pero su discurso no podía ser desmontado con facilidad, por más que las ideas de la Nación del Islam, en ocasiones, rayasen lo delirante. Su capacidad dialéctica le permitía defender con éxito conceptos que resultaban difíciles de defender, por no decir que, en los peores casos, eran intrínsecamente indefendibles.

Y, aunque dado lo radical de su mensaje no puede decirse que convenciese a grandes mayorías, incluso aquellos a quienes no convencía se veían obligados a respetar su más que evidente brillantez intelectual. Malcolm X sabía hablar. La manera en que articulaba sus ideas, incluso cuando eran falaces, era muy sólida. Y, para muchos interlocutores, aparentemente inatacable en la práctica. Pocos periodistas u opinadores osaban llevarle la contraria en un cara a cara.

Así, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, Malcolm X era el rostro visible de la Nación del Islam hasta el punto de que mucha gente pensaba, por error, que él era el líder de la organización, aunque empezase muchas de sus intervenciones y razonamientos con la expresión «el honorable Elijah Muhammad dice…» o «el honorable Elijah Muhammad cree…», sin disimular el culto a la personalidad que imperaba en el grupo.

Era era su carisma, no el de Muhammad, el que interesaba a los medios y el que afectaba al público. Era su rostro el que aparecía en las noticias. Eso sí, en sus intervenciones públicas se mantenía siempre fiel al mensaje de la Nación y lo único de cosecha propia eran los argumentos con los que trataba de justificar un ideario ajeno; él mismo recordaría más adelante aquella etapa con cierto embarazo, comparándose a sí mismo con una «marioneta que se limitaba a repetir una y otra vez las ideas de Elijah Muhammad».

Su fama condujo a comparaciones con otros líderes negros. La prensa lo presentaba como el reverso tenebroso de Martin Luther King. Las acusaciones de radicalismo que muchos medios blancos habían vertido sobre King se atemperaron en cuanto Malcolm X apareció en escena; de repente, Martin Luther King ya no era un radical sino el mensajero de la hermandad y la paz, mientras que Malcolm X era visto como el mensajero del odio. La oposición ideológica entre uno y otro era, de hecho, muy pronunciada.

Malcolm X se mostraba muy crítico con King, a quien calificaba como «el tío Tom del siglo XX». Incluso lamentó su nominación para el Premio Nobel de la Paz: «Si sigo a un general y el enemigo le da un premio por la paz, empiezo a sospechar de él. Muy especialmente si le dan el premio por la paz cuando la guerra no ha terminado todavía». Menospreciaba al movimiento por los derechos civiles de King por causa de sus métodos pacíficos, que él calificaba como inoperantes.

Al contrario que Martin Luther King, Malcolm X jamás se dejaba ver en actitud de colaboración junto a los poderes públicos blancos. Si King abogaba por la integración, Malcolm X defendía la necesidad de la separación total entre razas. King apelaba al buen corazón de muchos hombres blancos que no eran racistas, pero que habían tolerado las injusticias del sistema.

Quería obtener su colaboración activa. Malcolm X, en cambio, aseguraba que todos los hombres blancos eran «diablos» (aquella idea que, al principio, se había resistido a asimilar) y que jamás consentirían en hacer la más mínima cesión a los negros, no si los negros no forzaban esa cesión por sus propios medios.

En alguno sus discursos decía: «Si alguien ha venido esperando que yo diga que hay que poner la otra mejilla ante el hombre blanco, se ha equivocado de lugar». Algunos de los juicios que emitía sobre King eran muy duros:

Cuando Alí conoció a Malcolm - Jacobin Revista

El hombre blanco paga a Martin Luther King. El hombre blanco subsidia a Martin Luther King. Así, el reverendo King puede continuar aleccionando a los negros para que sigan indefensos. Eso es lo que significa la no violencia: estar indefensos. Indefensos ante una de las bestias más crueles que hayan tomado a otros seres humanos en cautividad; esto es, el hombre blanco americano.

King, por su parte, respondía a las críticas afirmando que algunos confundían el concepto de «resistencia pasiva» con el de «no resistencia», pero el reverendo ya tenía sus propias preocupaciones —como contábamos en el artículo dedicado a su figura— y Malcolm X no era una de esas preocupaciones.

Ambos líderes nunca llegaron a debatir en televisión u otro evento público. De hecho, solo se vieron  en persona una vez y fue un encuentro tan breve que solo permitió que intercambiasen unas pocas frases y que los fotógrafos inmortalizasen la inesperada escena.

  • Crisis en la Nación del Islam

Malcolm X se empeñaba con afán en la tarea de extender el mensaje de Elijah Muhammad y captar prosélitos, pero su ritmo de vida resultaba agotador.

Dormía apenas tres o cuatro horas diarias, viajaba sin pausa siguiendo los requerimientos de la Nación y llevaba una existencia sometida a una férrea disciplina, donde su única alegría era Betty Shabazz, una conversa a la Nación con la que contrajo matrimonio (el nombre islámico que Malcolm X había adoptado en la esfera privada era El-Hajj Malik El-Shabazz) y con quien tuvo seis hijas, todas niñas  

Por lo demás, su espartano e incansable sistema de trabajo, sumado a su carisma, ayudó en gran manera a que la Nación del Islam se estableciese como un poder civil a tener en cuenta. A principios de los sesenta, sin embargo, aparecieron las primeras grietas en la relación entre la Nación y su más famoso líder mediático.

Algunas personas cercanas empezaron a notar que Malcolm X ya no resultaba tan convincente cuando predicaba el mensaje de Elijah Muhammad. Él negaba que estuviese perdiendo la fe en el «mensajero de Dios», pero en realidad se estaba gestando el desencuentro. Empezaba a sentirse incómodo en la organización.

El legado político de Malcolm X - Alternativa Socialista

Muchos en la Nación se sentían molestos por el hecho de que Malcolm X fuese el rostro reconocible que se llevaba toda la fama. Ahora que Elijah Muhammad, cercano a los setenta años de edad, daba muestras de mala salud, acusaban a Malcolm X de querer hacerse con las riendas de la congregación.

Terminó emergiendo un movimiento de oposición interna que ponía en cuestión la excesiva importancia que Malcolm X había adquirido; al frente de esa oposición se situaría un antiguo protegido suyo, Louis X (hoy más conocido como Louis Farrakhan, actual líder de la Nación del Islam).

Esa nueva corriente interna tenía, además, una manera distinta de hacer las cosas que no agradaba en absoluto a Malcolm X. No podía dejar de notar que, mientras él llevaba una vida modesta, otros dirigentes de la Nación parecían gozar de existencias bastante acomodadas, permitiéndose incluso la adquisición de automóviles lujosos y ropas caras. Él ni siquiera tenía su vivienda en propiedad, sino que habitaba una casa que le había sido cedida por la Nación, y podía darse muy pocos caprichos.

Cierto es que la organización siempre había poseído negocios y eso había formado parte importante de su estructura desde el principio, pero habían sido usados como sostén para financiar las actividades civiles y, sobre todo, para dar a sus hermanos de raza la oportunidad tener un empleo y prosperar.

Al menos así había sido en Harlem, bajo la dirección de Malcolm X. Ahora, sin embargo, daba la impresión de que el objetivo de algunos altos cargos en la Nación era enriquecerse con esos mismos negocios. Él incluso sospechaba que algunos de aquellos líderes coqueteaban con el crimen organizado. La desconfianza mutua entre Malcolm X y buena parte de la nueva cúpula dirigente empezó a constituir un serio problema. No sería el único.

Otro motivo de roce fue provocado por el asesinato de John Fitgerald Kennedy. El presidente estadounidense había sido objeto habitual de críticas por parte de la Nación del Islam y muy en especial por parte de Malcolm X, quien lo había acusado de hacer promesas a los votantes negros en materia de derechos para olvidar esas promesas después de ganar las elecciones:

Cuando los perros de la policía mordían a mujeres negras y niños negros en Birmingham, Alabama, Kennedy decía que no podía intervenir porque ninguna ley federal había sido violada. Pero, tan pronto los negros explotaron, tan pronto comenzaron a defenderse y empezaron a imponerse ante lo más granado de los blancos que tenían delante, Kennedy envió a las tropas.

Y no había ninguna nueva ley federal cuando los negros explotaron, ninguna ley aparte de las leyes que ya había cuando eran los blancos quienes estaban ejerciendo la violencia.

La relación entre Malcolm X y su líder Elijah Muhammad se vino abajo a principios de los sesenta (foto: Corbis).
La relación entre Malcolm X y su líder Elijah Muhammad se vino abajo a principios de los sesenta

Cuando se conoció la noticia del asesinato del presidente, sin embargo, Malcolm X recibió una rápida advertencia por parte de Elijah Muhammad: dado que Kennedy era un personaje muy querido y todo el país iba a estar de luto, la Nación del Islam iba a mostrarse respetuosa.

Aquello significaba que Malcolm X tenía que abstenerse de seguir criticando al difunto presidente, por el bien de la imagen pública de la Nación.

Aquello lo desconcertó por completo.

A sus ojos, el hecho de que Kennedy hubiese sido asesinado no cambiaba su naturaleza como político o el hecho de que su mandato pudiera ser aún criticado.

Malcolm X había defendido todas y cada una de las ideas de la Nación, incluyendo las críticas a Kennedy, pero ahora le estaban pidiendo que traicionase esas ideas para que la Nación hiciese un ejercicio de relaciones públicas.

No lo entendió y no quiso someterse a ello.

En uno de sus discurso, rompió la orden directa de Elijah Muhammad, dejando entrever que el asesinato de Kennedy habría sido una consecuencia lógica de su agresiva política exterior.

Dijo que, si los Estados Unidos causaban dolor en el extranjero, parte de ese dolor les sería devuelto a ellos, como cuando «las gallinas regresan a dormir al gallinero durante la noche» (un conocido refrán estadounidense).

Aquello causó un considerable revuelo, en especial porque la prensa se las arregló para hacer ver que Malcolm X había expresado «felicidad» por el asesinato de Kennedy, algo que él mismo desmentiría más tarde, pero que quedó impreso en la memoria colectiva.

Elijah Muhammad se enfureció. Durante los siguientes días, el periódico de la Nación se dedicó a glosar la figura de Kennedy para intentar compensar el ataque póstumo de Malcolm X. Incluso se hizo público un comunicado en el que la Nación se desmarcaba de las declaraciones de su portavoz, calificándolas como una salida de tono personal con la que ellos no tenían nada que ver.

No solo se le ordenó guardar silencio de nuevo, sino que lo destituyeron como portavoz principal de la Nación y lo apartaron de toda labor propagandística. Malcolm X empezó a sufrir un proceso de ostracismo en el que jugaron un papel importante tanto la oposición liderada por Louis X como, al parecer, la influencia de algunos importantes miembros que eran, en realidad, policías infiltrados, como el entonces subdirector nacional de la Nación.

Todos ellos empezaron a poner a Elijah Muhammad en contra de su antigua mano derecha. El mejor ejemplo lo constituye todo lo relacionado con el ingreso del boxeador Classius Clay en la Nación. Clay, cuando todavía no era campeón mundial, había trabado una estrecha amistad con Malcolm X y este tuvo una clara influencia ideológica sobre el púgil, quien pronto quiso convertirse en miembro de la Nación.

Sin embargo, en la Nación no veían con buenos ojos la personalidad histriónica del boxeador, ya conocido por sus características payasadas y salidas de tono; algo incompatible con la imagen de seriedad que siempre exigían a sus miembros. Además, la Nación había condenado el boxeo como un «espectáculo sucio», así que le habían dicho a Malcolm X que no aceptaban a su nuevo fichaje.

Sin embargo, tan pronto Cassius Clay ganó el título mundial y se convirtió en el deportista más famoso del planeta, la Nación cambió de idea. Como recordaría Betty Shabazz: «De repente, en la Nación se dejaban la piel por intentar acercarse al campeón del mundo». Cassius Clay fue finalmente aceptado con grandes honores bajo el nuevo nombre de Cassius X (poco más tarde adoptaría el de Muhammad Ali), lo cual constituyó una jugada propagandística internacional de enormes dimensiones.

Pero nadie en la Nación agradeció a Malcolm X lo que, en esencia, había sido su gran fichaje. En la multitudinaria ceremonia de ingreso de Cassius Clay en la Nación estuvieron presentes todos los miembros importantes excepto Malcolm X. Y aunque Cassius Clay no era ajeno al enfrentamiento entre la cúpula de la Nación y Malcolm X, no tuvo el más pequeño gesto de apoyo para su amigo.

En el futuro, el legendario campeón tendría tiempo de lamentarse por haber contribuido a que se le asestara aquella puñalada:

Darle la espalda a Malcolm X fue uno de los mayores errores que he cometido en mi vida. Desearía poder decirle que lo siento, que él tenía razón sobre muchas cosas, pero fue asesinado antes de que tuviera oportunidad de decírselo. Era un visionario, estaba por delante de nosotros.

  • El no tan honorable Elijah Muhammad
Malcolm X – Wikipédia, a enciclopédia livre

Malcolm X había caído del cartel.

Estuvo durante meses sin hacer ningún tipo de declaración pública, periodo en el que la Nación continuó haciendo todo lo posible por poner tierra entre ellos y las declaraciones de su antiguo portavoz sobre el presidente asesinado.

A nadie se le escapaba ya que la relación entre Malcolm X y la Nación podía terminar en cualquier momento.

Pero el asunto de Kennedy era apenas la punta del iceberg.

El peor de todos los desencuentros aún estaba por llegar.

Malcolm X hizo ciertas averiguaciones sobre la vida privada de Elijah Muhammad, destinadas a destruir todo lo que quedaba de su fe en la Nación.

Antes del asesinato de Kennedy, Malcolm X había sido el principal apologista de Muhammad, su campeón mediático, pero además le había profesado una ciega y sincera veneración. Sin embargo, no pudo evitar que le llegaran rumores sobre las supuestas relaciones sexuales de Elijah Muhammad con varias de sus jovencísimas secretarias y ayudantes.

Se decía que había tenido hijos ilegítimos con algunas de ellas, en ciertos casos cuando eran menores de edad. En un principio, Malcolm X se negaba a creer esos rumores y ni siquiera hizo caso a indicios que él mismo había observado para desecharlos después considerándolos sugestiones creadas por su imaginación y disparadas por las habladurías.

La Nación del Islam abogaba por la familia tradicional y tenía un ideario sexual bastante puritano, condenando el adulterio y la fornicación (esto es, el sexo fuera del matrimonio). Malcolm X era incapaz de creer que Elijah Muhammad hubiese roto estos principios en no una, sino numerosas ocasiones.

No había querido ver nada sospechoso en el hecho de que se rodease de jovencísimas ayudantes; a fin de cuentas, Elijah Muhammad tenía ayudantes de todo tipo y siempre estaba rodeado de una corte de seguidores, entre los que había también varones. Sin embargo, los indicios resultaban cada vez más claros y sus dudas se hicieron más y más urgentes.

Atormentado por las sospechas, acudió a Warith Deen Muhammad, uno de los hijos mayores de Elijah Muhammad, con quien mantenía una estrecha amistad. Le preguntó sin rodeos si los rumores eran ciertos. Para su sorpresa, Warith le confirmó que sí, que Elijah había tenido hijos con varias chicas jóvenes de la organización.

La fe de Malcolm X en Elijah Muhammad se vino abajo. Muhammad había sido el hombre cuyo mensaje transformó a Malcolm Little, el delincuente sin futuro, en Malcolm X, la respetada figura de relevancia social. Las ideas de Muhammad lo habían sacado del arroyo y le habían dado sentido a su vida, así que lo consideraba casi un segundo padre.

Pero ahora su ídolo estaba cayendo del pedestal. Desesperado, Malcolm X se armó de valor y se presentó ante Elijah Muhammad para comprobar, cara a cara, si todo aquel asunto era real. Muhammad no negó la veracidad de los hechos —porque la evidencia era aplastante—, pero empezó a citar ejemplos de profetas bíblicos que habían tenido un harén a su disposición y dijo que, dado que él iba a ser el último mensajero de Alá, era importante que su semilla se dispersara lo más posible.

Malcolm X no se tragó esta justificación. Poco después, en marzo de 1964, anunció que abandonaba la Nación del Islam, aunque en un principio no hizo pública la razón última de la ruptura y le bastó con citar los desencuentros ideológicos que ya eran conocidos de todos. Su discreción, sin embargo, no lo iba a librar de las represalias.

En la Nación sabían que Malcolm X guardaba un peligroso secreto, la vida sexual de Elijah Muhammad; un arma en sus manos. Era algo que no podían permitir. La cúpula de la Nación calificó a Malcolm X como «hipócrita» (que en su lenguaje era sinónimo de apóstata o traidor), sabiendo que así azuzarían el odio de sus miembros más radicales hacia él. Y la jugada tuvo efecto.

Empezó a recibir constantes amenazas de muerte, tanto en el teléfono de su casa como mediante correo anónimo. Esas amenazas no eran en vano. Le quedaba poco menos de un año de vida. Sin embargo, ese último año sería muy intenso y daría paso al surgimiento de un nuevo Malcolm X.

Durante aquellos meses, como había sucedido con su periodo de prisión, iba a sufrir una transformación. Haría frente a sus enemigos con un fiero valor, pero también se enfrentaría a la certeza de que había pasado años defendiendo un mensaje fanático, cegado por un concepto limitado del mundo. Durante aquellos últimos meses terminaría perdiendo la batalla terrenal contra sus enemigos, pero ganaría la batalla por la inmortalidad.

Malcolm X

Durante el periodo álgido de su papel como portavoz en la Nación del Islam, Malcolm X ofreció numerosos discursos y conferencias en instituciones de todo tipo. Era, por ejemplo, uno de los oradores más solicitados por las universidades estadounidenses.

En una ocasión, después de hablar para los estudiantes de una universidad en Nueva Inglaterra, se le acercó una chica joven a la que más tarde describiría como una «pequeña universitaria rubia». Se mostraba conmovida por el discurso y Malcolm X estaba muy sorprendido: «Nunca antes había visto a alguien tan afectado por mis palabras».

Tiempo después, volvería a verla. Mientras tomaba en una cafetería de Nueva York, vio con asombro cómo la misma chica entraba por la puerta y se dirigía hacia su mesa. La joven se había tomado la molestia de viajar desde el sur del país para encontrarse con él. Parecía provenir de una clase acomodada («Su forma de vestir, de hablar, de estar en pie… todo daba indicaciones de una chica crecida en un adinerado entorno sureño») y afirmaba estar dispuesta a convertirse en una conversa de su causa.

Una causa en la que, como Malcolm X había dejado siempre bien claro, no había sitio para los blancos. Pero ella parecía decidida a demostrar que no todos los blancos eran diablos y que de verdad se había sentido impelida a colaborar en la tarea de combatir el racismo: «¿No cree usted que existen buenas personas blancas?», le preguntó la chica. «Creo en los actos, señorita, no en las palabras», respondió él.

La chica replicó: «Entonces, dígame, ¿Qué puedo hacer para demostrarlo?». Malcolm X, con frialdad, sentenció: «Nada». La chica lo miró en silencio durante un instante y, de repente, se echó a llorar; a continuación, salió corriendo hacia la calle. En el futuro, este pequeño incidente, que en apariencia no va más allá de ser una anécdota sin importancia, regresaría una y otra vez para causarle sentimientos de culpa.

De hecho, hizo varias menciones al suceso en su autobiografía, señal de que, para él, tenía una gran importancia simbólica. De alguna manera, aquella chica enfocaba los remordimientos que sentía por haber malgastado buena parte de su vida defendiendo un mensaje fanático: «Supongo que un hombre está en su derecho de volverse estúpido si está dispuesto a pagar el coste. A mí me costó doce años de mi vida».

  • Revelación en La Meca

Tras abandonar la Nación en 1964, no perdió sus convicciones religiosas islámicas, o mejor dicho, las modificó. Abandonó el islamismo sui generis de la Nación y se convirtió al sunismo, la forma de Islam predominante en el mundo. Se dispuso a cumplir el Hajj, la peregrinación a La Meca que todo musulmán debe efectuar al menos una vez en la vida, salvo eximentes económicos o de salud.

Aunque tenía varias hijas que alimentar y no disponía de medios económicos para el viaje, su hermanastra le prestó el dinero. Malcolm X subió a un avión con destino a Arabia. El inicio de la peregrinación no resultó fácil. Tras aterrizar en Arabia, y pese a su fama internacional, fue retenido en la ciudad de Jedda, donde las autoridades locales querían impedir que continuase viajando hacia a La Meca.

Su condición de estadounidense y el hecho de no saber hablar árabe hacían que dudasen de su fe musulmana, así que el primer contacto de Malcolm X con el mundo islámico extranjero fue bastante incómodo. Sin embargo, la intervención directa de la familia real saudí permitió levantar la prohibición y, por fin, pudo peregrinar a La Meca.

Histórica conversación de Fidel con Malcom X

Aquel fue un momento de revelación.

La peregrinación y los posteriores meses de viajes por África y Europa propiciarían un cambio profundo en su interior, como él mismo admitiría ante la prensa nada más regresar a los Estados Unidos.

Malcolm X se había pasado la vida en la cárcel o en los barrios negros de grandes ciudades estadounidenses.

Había visto poco mundo.

Durante el Hajj, descubrió que en su religión había facetas cuya existencia nunca antes había contemplado.

Para empezar, le impresionó el ambiente de hermandad, hospitalidad y camaradería que reinaba entre los peregrinos musulmanes. Todos debían vestir un ropaje humilde para que no fuese posible distinguir a los ricos de los pobres. Para que la nacionalidad o cultura careciese de importancia y nadie fuese tratado de manera diferente debido a su condición.

Además, se mezcló con musulmanes que procedían de todos los lugares del mundo y aquella experiencia le hizo abrir los ojos: «Aunque no te lo creas» —le escribió a su mujer durante su peregrinación— «estoy compartiendo agua y comida con musulmanes de piel clara, cabello rubio y ojos azules».

Esto le resultó chocante y revelador. En la Nación del Islam, como recordaría él, se le había enseñado que era «física y divinamente imposible» que un blanco acudiese a La Meca para pisar los recintos sagrados. La realidad era bien distinta. El Islam no era una religión racial, como enseñaba Elijah Muhammad. Por primera vez en su vida,Malcom X experimentó la hermandad entre individuos de distintos colores de piel.

Tras el Hajj, fue invitado por gobiernos e instituciones de diversos países africanos y recorrió medio continente, donde continuaba viendo cosas que rompían sus esquemas, en las que nunca habría reparado cuando estaba inmerso en el ambiente social y político tan combativo de los Estados Unidos.

Vio, por ejemplo, a estudiantes blancos que intentaban ayudar a la población negra con un desinterés en el que, en última instancia, no había distinciones por el color de piel. También en Europa se le rasgó el velo. Pasó por algunos países como Francia o el Reino Unido, donde su fama había provocado mucha curiosidad y ansia por escucharlo hablar.

En las islas británicas, sobre todo, causó una honda impresión. Primero participó en un debate universitario en Oxford que fue retransmitido por la BBC, una muestra del interés que despertaba su figura. Después se hizo notar cuando defendió a los negros de Birmingham de una campaña propagandística —no oficial, cabe aclarar— organizada por simpatizantes de la derecha británica, que utilizaba el desafortunado lema «si quieres un negrata en tu barrio, vota a los laboristas».

Malcolm X se refirió al eslogan con su característica acidez, calificando a los conservadores que usaban esas expresiones como «hitlerianos» y advirtiendo con sorna: «Yo de vosotros no esperaría hasta que esta gente se decida a construir hornos crematorios». Con todo, Malcolm X comprobó el genuino interés de muchos jóvenes blancos europeos por su mensaje y aquello le trajo de nuevo a la mente la «pequeña chica rubia» de Nueva Inglaterra.

Cada vez que atravesaba una nueva frontera, sus antiguos prejuicios iban resquebrajándose. Cuando regresó a los Estados Unidos, la prensa estaba esperándole ya en el mismo aeropuerto, excitada por las habladurías de que Malcolm X había sufrido una transformación durante su etapa como peregrino y sus meses visitando África y Europa.

—¿Usará ahora el apellido Shabazz y dejará la X?
—Probablemente, seguiré utilizando el nombre Malcolm X mientras la situación que lo ha producido continúe.
—No siente que Shabazz pueda ocupar el lugar de la X.
—El que yo haya ido a La Meca, el que haya conocido el mundo musulmán y el mundo africano, el que allí me hayan reconocido como musulmán y como hermano… eso es algo que puede haber resuelto el problema para mí, personalmente. Pero pienso que, en realidad, mi problema personal no estará resuelto mientras no se resuelva también para toda nuestra gente aquí, en este país. Así que seguiré llamándome Malcolm X, en tanto exista la necesidad de protestar, de luchar, de pelear las injusticias cometidas contra nuestra gente en nuestra tierra.

Malcolm X con Clayton Powell
Malcolm X con Adam Clayton Powell, primer afroamericano en ser elegido como miembro del Congreso estadounidense

Durante aquellos viajes, por cierto, tuvo un inesperado encuentro cuando dio la casualidad de que el campeón mundial de boxeo y su antiguo amigo, Muhammad Ali, se alojaba en su mismo hotel.

Ambos se vieron en el hall y mantuvieron una breve conversación, en tono cortés, pero con la incomodidad que era de esperar entre dos antiguos amigos que habían sido enfrentados por la supuesta traición de Malcolm X hacia la Nación del Islam, organización a la que Muhammad Ali rendía ahora pleitesía, y para la que Malcolm X se había convertido en el enemigo número uno.

Por lo demás, sus viajes marcaron no solamente el inicio de un cambio ideológico —que no terminaría de completarse, dado que iba a ser asesinado en apenas unos meses—, sino también que se sintiera reforzado por el hecho de que tanto en África como en Europa lo hubiesen tratado como a un líder respetable por sí mismo, ya no por ser portavoz de nadie, cuyas ideas debían escucharse con atención, más allá de que sus interlocutores estuviesen de acuerdo o no con ellas.

En el extranjero era respetado como ideólogo y orador, y eso ayudó a que se reafirmase frente a los tiempos en que, como él mismo decía, había sido un «títere» de Elijah Muhammad. De todos modos, su cambio ideológico empezó siendo progresivo.

Aún tuvo tiempo de pronunciar un famoso discurso (The ballot or the bullet, «La urna o las balas») en el que instaba a los negros a intentar pelear sus derechos mediante el voto, aunque advertía que, si la sociedad blanca continuaba impidiendo el progreso de sus derechos por demasiado tiempo, podía llegar a resultar necesaria una revuelta armada.

No obstante, por primera vez se mostraba proclive a tender una mano «a cualquiera» que estuviese dispuesto a colaborar en la consecución de sus objetivos. Y este «cualquiera» incluía tanto a blancos como a figuras a las que hasta entonces había denostado en público, como Martin Luther King.

Sabemos por él mismo que su peregrinación y posteriores viajes fueron cruciales para que sometiese sus planteamientos a una nueva autocrítica, pero el giro había comenzado a producirse antes. Malcolm X viajó a La Meca durante abril de 1964, pero antes de eso, en marzo, fue cuando se produjo el breve encuentro con Martin Luther King, sucedido tras una rueda de prensa que este había ofrecido en el Capitolio. El encuentro, decíamos, fue tan fugaz como inesperado.

Los fotógrafos captaron la imagen de ambos líderes juntos. Una imagen que, por sí misma, parecía constituir el signo visible del inicio de una nueva era en la lucha por los derechos civiles. Una era que no tuvo tiempo de materializarse, desde luego, pero se hacía patente que Malcolm X parecía haber dejado de considerar al reverendo King un mero perrito faldero de los blancos.

Esa impresión se redobló cuando regresó de sus viajes sosteniendo posiciones más abiertas y flexibles. Un buen ejemplo, al fundar su nueva mezquita, llamada Muslim Mosque Inc, creó también una organización paralela —y secular— en la que podría participar cualquier persona que lo deseara, con independencia de su color de piel, de sus creencias religiosas o de la carencia total de las mismas.

Algo que, un tiempo antes, cuando le dio un desaire a la pequeña chica rubia de Nueva Inglaterra, había parecido impensable. Eso sí, la lucha interna de Malcolm X por liberarse de sus demonios ideológicos no iba a ser nada en comparación con la lucha externa que mantendría con la Nación del Islam durante sus últimos meses de vida.

  • «Probablemente ya soy hombre muerto»

Tienen que matarme. No pueden permitirse el que yo quede con vida. Sé dónde tienen enterrados los cadáveres. Y si me presionan, desenterraré unos cuantos (Entrevista en la revista Ebony, 10 de marzo de 1964).

—¿No se siente quizá preocupado por lo que pueda ocurrirle a usted a raíz de haber hecho estas revelaciones sobre Elijah Muhammad?
—[Sonriendo] Oh, sí. Probablemente ya soy hombre muerto. (Durante una entrevista televisiva, 8 de junio de 1964).

Imagen del único encuentro entre Malcolm X y Martin Luther King. (Foto: DP)
Imagen del único encuentro entre Malcolm X y Martin Luther King.

La relación entre Malcolm X y sus antiguos correligionarios de la Nación del Islam se convirtió en un asunto de vida o muerte, y convirtió su último año de vida en una pesadilla.

Para empezar, la Nación exigió que Malcolm X y su familia desalojasen la vivienda que se les había asignado años atrás, comenzando un proceso legal de desahucio que se prolongó durante varios meses.

El juicio se celebró a principios de verano y, para entonces, Malcolm X llevaba tiempo recibiendo constantes amenazas de muerte por vía telefónica y correo postal.

No le cabía ninguna duda sobre la autoría de esas amenazas y tenía incluso constancia directa de que la Nación del Islam había puesto precio a su cabeza.

En febrero de 1964, su antiguo ayudante en la Mezquita de Harlem fue a visitarlo a su casa. Le confesó que había recibido órdenes directas de la Nación para poner una bomba en su automóvil, pero que al final se había sentido incapaz de hacerlo. Sin embargo, pese a que en el día del juicio por desahucio había presentes unos quince miembros de la Nación del Islam y Malcolm X ni siquiera había pedido medidas especiales de protección policial, la vista tuvo lugar sin incidentes.

No se abstuvo de responder a las amenazas, de todos modos. Sobre todo a través de la prensa, donde habló sin tapujos sobre el hecho de que su vida estaba en peligro. Aunque decía, y era cierto, que no tomaba medidas especiales de seguridad, sí dejó claro que estaba dispuesto a cualquier cosa para defender a su familia: «Tengo un rifle, y estoy dispuesto a usarlo si alguien viene a mi casa con malas intenciones».

En marzo, de hecho, la revista Life había publicado una de sus fotografías más famosas: Malcolm X aparecía junto a una ventana, observando el exterior mientras sostenía un rifle automático. Era la demostración gráfica de que sabía que iban a por él, con la que lanzaba un mensaje a sus enemigos: no pensaba permanecer de brazos cruzados.

Centraba su atención en la cúpula de la Nación. Los seguidores de base, decía él, «sinceramente creen que están haciendo la voluntad de Alá cuando defienden a un hombre, Elijah Muhammad, del que yo mismo les dije que era divino».

En julio, poco después del juicio, puso una denuncia por lo que consideraba un atentado frustrado contra su vida; cuando volvía a su casa alrededor de la medianoche, dos hombres le estaban esperando. Los evitó y no sucedió nada más, pero era una señal de alarma. Durante toda la jornada siguiente, la policía hizo guardia frente a la casa. Las amenazas fueron haciéndose más y más graves.

Además, algunos sucesos le hicieron sospechar que no solamente la Nación del Islam (y, como es obvio, grupos racistas como el Ku Klux Klan) estaban interesados en hacerlo caer. La primera semana de febrero de 1965, viajó a Francia para dar una conferencia en París, donde ya había hablado con mucho éxito durante sus anteriores viajes. Sin embargo, el Gobierno francés le denegó la entrada en la misma frontera.

Aquello le hizo pensar que quizá podía haber otros poderes involucrados en lo que podría ser una conspiración en marcha, ya que no le encontraba sentido a que, tras una primera visita que había transcurrido sin problemas, ahora el Gobierno de París lo tratase como a un delincuente.

Se preguntaba si, quizá, las autoridades estadounidenses estaban intentando ponerle las cosas difíciles. Conocemos estas sospechas porque habló de ellas por teléfono con el escritor Alex Haley, su amigo y biógrafo (y autor de la celebérrima novela Raíces). Nunca sabremos con seguridad hasta qué punto tenían base esas intuiciones.

Como mínimo, hay un dato que hoy conocemos: entre los dirigentes de la Nación del Islam había algún agente policial infiltrado, así que el FBI debía de estar bien informado sobre cuáles eran las verdaderas intenciones de la organización hacia Malcolm X. No hicieron nada por evitarlo. Pero es todo especulación.

Malcolm X en el último año de su vida (Foto: Corbis)
Malcolm X en el último año de su vida

Menos de una semana después de que se le denegase la entrada en Francia y cuando aún estaba rumiando aquellas sospechas, ocurrió el suceso más grave. La noche de San Valentín, a pocos días de la fecha fijada para el desahucio de su vivienda familiar, la casa fue atacada durante la madrugada con bombas incendiarias.

Una de las bombas rebotó en la ventana de la habitación donde dormían sus hijas pequeñas y el que, por puro milagro, no rompiese el cristal evitó que las niñas pereciesen entre las llamas y sirvió además para alertar a la familia. Todos los miembros de la familia escaparon ilesos del incendio. Aquella, como sabemos, no era una escena nueva para Malcolm X.

Siendo niño había visto dos veces cómo su hogar familiar era pasto de las llamas y ahora, muchos años después, volvía a asistir a tan terrible espectáculo… con la diferencia de que ahora él era el cabeza de familia y quienes estaban en peligro eran su mujer y sus hijas. Como de costumbre no se anduvo por las ramas.

Acusó públicamente a la Nación del Islam como autores del atentado y dijo ante las cámaras que, si alguna de sus hijas hubiese sufrido daños a raíz del incendio, él mismo hubiese tomado un rifle para encargarse de los responsables. El 15 de febrero, el día siguiente al ataque, afirmó que Elijah Muhammad «podría parar todo esto con solo levantar una mano», pero que no deseaba hacerlo.

Le acusó de ordenar varios asesinatos y afirmó que se había vuelto loco, destapando la caja de Pandora: «Un hombre no puede tener setenta años, rodearse de chicas de dieciséis, diecisiete o dieciocho años de edad, y mantener la cabeza en su sitio». Malcolm X puso todas las cartas sobre la mesa, revelando por fin ante la prensa una de las principales razones de su ruptura con la Nación del Islam: la vida sexual de Elijah Muhammad.

Aquello ponía en marcha la cuenta atrás para su eliminación definitiva. Le quedaba menos de una semana de vida.

El día 18, a primera hora de la mañana, el duro litigio legal entre Malcolm X y la Nación del Islam llegaba a su fin con la ejecución del desahucio de la familia, que tuvo que trasladarse a otra vivienda. Aquello no interrumpió el nivel de actividad pública de Malcolm X, una actividad que estaba volviendo a ser frenética.

No se ocultaba, pese a que estaba convencido de que un nuevo atentado contra su vida era cuestión de tiempo; de hecho, ya se había podido descubrir a miembros de la Nación del Islam entre los asistentes a alguno de sus actos públicos, lo cual constituía una señal más que inquietante.

Malcolm X era tan consciente del peligro que no quería dormir en viviendas ajenas. El día 20, tras una larga e intensa jornada, un amigo le invitó a pasar la noche en su casa para no tener que desplazarse y poder descansar antes del discurso que debía pronunciar al día siguiente, pero Malcolm X rechazó la invitación: «Tú tienes una familia y yo no quiero que nadie salga herido por mi causa». Palabras premonitorias. En menos de veinticuatro horas sería asesinado.

Al día siguiente, sin embargo, parecía sentirse más confiado, como demuestra el hecho de que, pese a sus reticencias iniciales, permitiese que su mujer y dos de sus hijas acudieran a verlo pronunciar su discurso. Es muy posible que pensara que el auditorio Audubon, asociado a su nueva organización, era un lugar seguro. Allí estaba jugando en casa. Se equivocó.

Como ya narramos en la primera parte, apenas había comenzado a hablar cuando estalló una trifulca entre dos hombres del público, una maniobra de distracción para atraer a los encargados de la seguridad. Mientras, tres hombres se aproximaron al escenario y tirotearon a Malcolm X hasta la muerte, todo ante la horrorizada mirada de su mujer y sus dos niñas presentes. Malcolm X tenía treinta y ocho años.

Dejaba detrás de sí cuatro hijas pequeñas y una mujer embarazada que alumbraría gemelas en el mes de septiembre. En noviembre de ese mismo año, se publicaba su autobiografía. En ella, Malcolm X había dejado escrito estas palabras: «No espero vivir lo suficiente para ver publicado este libro en su forma final».

Foto: Corbis

  • Epílogo

Aunque no siempre estuvimos de acuerdo sobre los métodos para solucionar el problema racial, siempre albergué un profundo respeto por Malcolm y sentí que tenía una gran habilidad para poner el dedo sobre la llaga en cuanto a la existencia y la raíz de este problema. (telegrama de Martin Luther King a Berry Shabazz, enviado justo tras el asesinato de Malcolm X).

El pésame de Martin Luther King a la viuda de Malcom X tuvo un tono más diplomático que cercano. Un tono característico de King, es cierto, pero quizá también el producto de la distancia ideológica que siempre había existido entre los dos líderes más relevantes de la causa negra en los Estados Unidos. Aquel telegrama, sin embargo, contenía también un trasunto que casi nadie podía captar por entonces.

Porque King llevaba tiempo recibiendo también amenazas de muerte, aunque en su caso provenían de supremacistas blancos y —cosa que ni siquiera él sospechaba— de la infame Cointelpro, sección de operaciones encubiertas del FBI. Al contrario que Malcolm X, de carácter mucho más guerrero, Martin Luther King nunca hizo públicas esas amenazas y solo las dejó entrever en alguno de sus últimos discursos, en los que también anunciaba su propia muerte, aunque con palabras más crípticas.

Sin duda, el asesinato de Malcolm X le hizo sentir que la posibilidad de un atentado contra él mismo se tornaba todavía más palpable. No se equivocaba porque, como sabemos, fue asesinado tres años después. Había transcurrido menos de un año desde la peregrinación de Malcolm X, tiempo en el que su ideología empezó a cambiar hacia posiciones más flexibles incluso en mitad del tormentoso e irrespirable ambiente de amenazas y violencia que rodeó sus últimos meses de vida.

Solamente podemos teorizar sobre el papel que Malcolm X hubiese podido desempeñar una vez que su discurso empezó a ser de verdad un discurso propio y no una mera repetición automática de las enseñanzas fanáticas de Elijah Muhammad. Lo que sabemos con seguridad es que su carisma y capacidad de oratoria eran únicas y que, sin duda, hubiese continuado siendo un líder social.

Todavía más relevante. No llegó a suceder. Tampoco King pudo disponer de mucho más tiempo. Ambos fueron mártires en la lucha por los derechos civiles (aunque a Malcolm X no le gustaba llamarlos así e insistía en hablar de «derechos humanos»).

Los asesinos de Malcolm X fueron detenidos y juzgados; los tres eran miembros de la Nación del Islam, demostrando que las continuas advertencias públicas de Malcolm X sobre las intenciones de la Nación habían tenido una sólida base. No obstante, Elijah Muhammad afirmó sentirse «impactado y sorprendido» por la muerte de su antigua mano derecha, negando toda implicación de la organización y presentando el atentado como la acción independiente de fanáticos incontrolados.

En 1975, Muhammad murió por causas naturales y fue sucedido por Louis Farrakhan, el antiguo protegido de Malcolm X y el mismo que había conspirado contra él dentro de la cúpula de la Nación. La actitud de Farrakhan respecto al asesinato ha sido, como poco, sospechosa.

Negó durante muchos años cualquier conexión entre la cúpula de la Nación y el crimen, mantuvo su visión de Malcolm X como de un «hipócrita» —esto es, un traidor— y continuaría atacándolo con tono encendido incluso décadas después de muerto, como si fuese un fantasma con el que tenía que pelear.

Pero en 1993, quizá a su pesar, se dejó llevar y se excedió en sus palabras. Dio a entender, o eso parecía, que ellos lo habían asesinado. Dijo: «Malcolm X era un traidor, y si la Nación se ocupó de él como hace siempre con los traidores, ¿por qué se meten los demás en nuestros asuntos?».

Cuando esta parte del discurso le fue mostrada a la viuda de Malcolm X, Betty Shabazz, ella afirmó en televisión estar convencida de que Louis Farrakhan había ordenado el asesinato de su marido.

Betty Shabazz - Wikipedia

Qubilah Shabazz, segunda hija de Malcolm X y una de las dos que vieron con sus propios ojos su asesinato, fue arrestada en 1995 bajo la acusación de conspirar para asesinar a Louis Farrakhan, a quien consideraba responsable directo de la muerte de su padre.

Según la acusación, habría contratado a un sicario para eliminar a Farrakhan, aunque ella lo negó.

Para sorpresa de muchos, Farrakhan dijo en público que creía en la inocencia de Qubilah; es más, organizó un evento para recaudar dinero destinado a su defensa legal.

Todavía más sorprendente fue que Betty Shabazz asistiese al evento, lo que muchos interpretaron como una señal de reconciliación con Louis Farrakhan, a quien había señalado no mucho antes como instigador de la muerte de Malcolm X.

A nadie le quedó muy claro si Betty Shabazz había perdonado a Farrakhan, o si solo estaba allí para que su hija tuviese un buen abogado. Sea como fuere, Qubilah evitó la posible condena de cárcel mediante un acuerdo extrajudicial.

Poco después, en 1997, Betty Shabazz murió como consecuencia de las graves quemaduras sufridas durante el incendio de su hogar, lo cual impidió resolver el enigma de qué era lo que pensaba sobre Farrakhan a aquellas alturas. El fuego, por cierto, fue provocado por su nieto de diez años e hijo de Qubilah, Malcolm Shabazz.

El niño no murió en el incendio; al contrario, fue encontrado vivo en la calle, con muestras evidentes de haber estado manipulando gasolina. Fue diagnosticado de esquizofrenia; aquel incendio era el último de diversos incidentes producto de su personalidad antisocial e incontrolable.

Incluidas agresiones físicas a su propia madre, quien había pedido a las autoridades, sin éxit,— que lo ingresaran en un sanatorio. Por aquel motivo, el niño estaba viviendo con su abuela cuando provocó el incendio que la mató. La accidentada biografía de Malcolm Shabazz daría para un artículo propio: tras una breve vida de actos delictivos, murió a los veintiocho años, apaleado en México por dos camareros de un bar en el que, al parecer, estaba montando una trifulca.

En el año 2000, Louis Farrakhan, después de muchos años de hacer como que el asesinato de Malcolm X no había tenido nada que ver con la Nación del Islam —salvo aquel desliz de 1993—, llegó a reconocer que, en la época en que Malcolm X fue asesinado, la virulencia verbal de los dirigentes de la Nación y muy en especial la suya propia podía haber sembrado el terreno para el asesinato.

Aseguraba que lamentaba que sus palabras pudiesen haber tenido semejante efecto. Esta especie de arrepentimiento se produjo en el famoso programa televisivo 60 Minutes, pero no convenció a casi nadie. Incluida Quibilah Shabazz.

La hija de Malcolm, durante un tenso cara a cara con el propio Farrakhan, afirmó que, pese a las habladurías sobre la complicidad del FBI en la muerte de su padre, habladurías no del todo descabelladas, ella seguía teniendo claro que la Nación del Islam había sido la principal responsable del asesinato su padre (pueden ver sus palabras en el último minuto de vídeo). Hasta el día de hoy, no existen motivos para pensar lo contrario.

Malcolm X, la voz insumisa de la América negra

Cuando esté muerto —y digo esto porque, por las cosas que sé, no espero vivir lo suficiente para ver este libro publicado en su forma final—, quiero que observéis y me digáis si acaso no tengo razón en lo que voy a decir: que el hombre blanco, en su prensa, va a identificarme con el odio.

Hará uso de mí cuando muerto, como lo ha hecho cuando estuve vivo, como un conveniente símbolo del odio, y eso le ayudará a evitar enfrentarse a la verdad de que todo lo que he estado haciendo ha sido sostener un espejo para reflejar, para mostrar, la historia de los inefables crímenes que su raza ha cometido contra la mía.

nuestras charlas nocturnas.


Santo San Dalia…


Historias de la historia(P.Castañon) — Continuando con nuestro inabarcable periplo por las biografías de los grandes personajes de la historia nos detenemos, por no pisarle, delante de Dalia, noble cristiano que vivió a finales de siglo, principios del siguiente.

Gregorio Gustaf Dalianevof, hijo de su padre y de su madre y hermano de su hermana postró su cara a la luz por primera vez en las extensas estepas normandas de Normandía.

Nació a la edad de 5 años con un cuerpo totalmente desarrollado, salvo por pequeñas deficiencias como la ausencia total de uñas. De todas.

Lejos de ser un hándicap, Dalia combinó una extraordinaria fuerza por vivir con un no menos portentoso optimismo al ver la vida.

Pronto, a eso de las 9 a.m., comenzó a sufrir en sus carnes los estigmas propios de los santos de la época. Véase caída de pelo, encorvamiento de la columna vertebral, dolores punzantes en el dedo pulgar del pie…

Evidentemente la Iglesia se hizo eco de tales fenómenos e hizo llamar a Dalia a reunión personal con el santísimo padre. En dicha reunión, el Papa no hizo otra cosa más que quedar asombrado con las vivencias de ese niño de 37 años.

Reseñables son las anécdotas en las que el joven Dalia partía de su hogar a altas horas de la madrugada adentrándose en lúgubres bosques de bonsáis, totalmente absorto y alejado de la vida terrenal, o lo que se conoce como sonámbulo, caminando a paso ligero

Decidido hacia lo que él definiría como una intensa luz que a medida que se acercaba tornaba en dos intensas luces que a medida que se acercaban tornaban en dos luces y un estrepitoso pitido capaz de atormentar al hombre más robusto, que en el momento de acercarse hasta hacer contacto con el propio Dalia era capaz de hacer perder, inexplicablemente, el conocimiento a cualquiera.

Tras recuperarse de aquel atropello, Dalia decidió convertirse al cristianismo, al darse cuenta de que tenia un huevo colgando y el otro lo mismo, alcanzando un nivel de misticismo más bien bajo, pero que ahí estaba.

A la edad de 45 años, Dalia falleció, víctima de la terrible gota, entre estremecedores gritos de dolor. Gritos de otra persona, pero gritos al fin y al cabo.

En su honor, aquel calzado que con esmero, Dalia, había modificado cortando la puntera del zapato para liberar los tremendos dolores de dedo pulgar, dolores que igualmente sufría el santísimo Papa y que vio aliviados al aplicar las mismas técnicas, Gregorio Gustaf Dalianevof entró a formar parte del santoral cristiano con el sobrenombre de San Dalia.

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Cassirer contra Hitler: el filósofo kantiano de origen judío que combatió al nazismo…


The Conversation(R.R.Aramayo) — Como es bien sabido, en 2024 se conmemora el tricentenario del nacimiento de Immanuel Kant. Pero hay otra efeméride que no debería pasar inadvertida: el nacimiento, hace 150 años, del filósofo Ernst Cassirer, un filósofo de origen judío que combatió el nazismo con los ideales ilustrados.

Cabe advertir cierto paralelismo entre la cronología de los intereses temáticos cultivados por ambos autores. Inicialmente, Cassirer estudió con ahínco la teoría del conocimiento, tal como lo hizo el Kant de la primera Crítica y los Prolegómenos.

Además, del mismo modo que Kant prioriza todo lo práctico desde su Fundamentación, Cassirer da prioridad a lo funcional. Por otra parte, con su Filosofía de las formas simbólicas, Cassirer trata las mismas cuestiones estéticas y teleológicas abordadas por Kant en la Crítica del discernimiento.

A estos se suma que, en su diálogo con Axel Hägerström, Cassirer aborda los mismos problemas éticos y jurídicos que Kant trata en La Metafísica de las costumbres. Finalmente, el corpus kantiano se cierra con su Antropología, e igualmente Cassirer publica como colofón de su obra una Antopologia filosófica.

Con todo, el paralelismo que nos interesa resaltar aquí es cómo los dos pensadores culminan sus reflexiones con un meridiano compromiso político explicitado desde la historia de las ideas.

– La llegada al poder de Hitler

Ernst Cassirer.

Cassirer queda desolado con el conformismo con que se asume la toma del poder por parte de Hitler. Cuando este accede a la Cancillería del Reich, gentes cultivadas y con juicio propio no se atreven a mostrar sus discrepancias, adoptando una postura de sumisión, como si acataran un fatídico decreto del destino.

En el décimo aniversario de la República de Weimar, Cassirer había intentado ensalzar el pedigrí filosófico del ideal republicano que defendía su constitución, pero las fuerzas reaccionarias acorralaron a una socialdemocracia que fue aniquilada por el fanatismo de los más extremistas.

El conservadurismo nacionalista se alió con Hitler creyendo que podría manejarlo a su antojo, pero no fue así.

Al pertenecer a una familia de origen judío, Cassirer tiene que partir a un exilio desde donde no dejará de combatir al nazismo con sus escritos filosóficos, tal como testimonia su obra póstuma El mito del Estado.

– Ilustración frente a las tinieblas del nazismo

En esa época tenebrosa, Cassirer vuelve a releer las obras de Kant y Rousseau, porque piensa que los ideales de la Ilustración pueden contribuir a despejar las tinieblas del oscurantismo político. Su Filosofía de la Ilustración es un escrito de combate fechado en 1932.

Para la edición inglesa dejó al morir sobre su mesa de trabajo un texto introductorio cuyo significativo título en castellano es Rousseau, Kant, Goethe: Filosofía y Cultura en la Europa del Siglo de las Luces.

Pero su contienda contra la ideología nazi cristalizó en muchos textos breves que resultan más accesibles, tal como sucede con los opúsculos kantianos relativos a su filosofía de la historia. Sería el caso de “Filosofía y política”, publicado en la revista Arbor, o “El judaísmo y los mitos políticos modernos”, aparecido en Isegoría, lo que les hace fácilmente accesibles al estar en abierto.

Cassirer protagonizó en 1929 un duelo dialéctico mantenido con Heidegger que se ha hecho legendario por su simbolismo. En ese debate se confrontaron dos visiones del mundo que presentaban sendas interpretaciones de Kant. Ese torneo filosófico tuvo lugar en Davos, la localidad que Thomas Mann eligió para La Montaña mágica.

Esta novela contiene diálogos que pueden homologarse con las tesis confrontadas por Cassirer y Heidegger. Ambas cosmovisiones flotaban en el ambiente, porque la literatura refleja el clima social y la filosofía contribuye a modelarlo.

No es baladí leer los textos clásicos de una manera u otra. El modo de hacerlo condiciona los rumbos del devenir sociopolítico. Albert Speer, ministro de Armamento y Producción de Guerra de la Alemania nazi, lamentó no haber leído antes a Cassirer –lo hizo en la prisión de Spandau– porque, según confesó, de haberlo hecho quizá no hubiese sucumbido al encantamiento del Führer.

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Grabados en Göbekli Tepe son el calendario más antiguo del mundo, creado para recordar el impacto de un cometa que dio comienzo a la civilización…


Detalle del pilar 43 de Göbekli Tepe. 

L..B.V.(G.Carvajal) — Las marcas en un pilar de piedra en un yacimiento arqueológico de 12000 años de antigüedad en Turquía probablemente representan el calendario solar más antiguo del mundo, creado como un memorial a un devastador impacto de cometa, sugieren expertos.

Las marcas en Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, un antiguo complejo de recintos similares a templos adornados con símbolos intrincadamente tallados, podrían registrar un evento astronómico que desencadenó un cambio clave en la civilización humana, dicen los investigadores.

La investigación sugiere que las personas antiguas pudieron registrar sus observaciones del sol, la luna y las constelaciones en forma de un calendario solar, creado para llevar un registro del tiempo y marcar el cambio de estaciones.

Un nuevo análisis de los símbolos en forma de V tallados en los pilares del sitio ha encontrado que cada V podría representar un solo día. Esta interpretación permitió a los investigadores contar un calendario solar de 365 días en uno de los pilares, consistente en 12 meses lunares más 11 días adicionales.

Izquierda: Plan de recintos A-D en Göbekli Tepe. Derecha: Pilar 43 en Göbekli Tepe, recinto D.

El solsticio de verano aparece como un día separado y especial, representado por una V alrededor del cuello de una bestia parecida a un pájaro que se cree representa la constelación del solsticio de verano de la época. Otras estatuas cercanas, posiblemente representando deidades, han sido encontradas con marcas en V similares en sus cuellos.

Dado que tanto los ciclos de la luna como del sol están representados, las tallas podrían representar el calendario lunisolar más antiguo del mundo, basado en las fases de la luna y la posición del sol, superando a otros calendarios conocidos de este tipo por muchos milenios.

Las personas antiguas pueden haber creado estas tallas en Göbekli Tepe para registrar la fecha en que un enjambre de fragmentos de cometa impactó la Tierra hace casi 13000 años en 10850 a.C., dicen los investigadores.

(A) Símbolos probables de luna y sol debajo de un «símbolo H» debajo de la «cabeza» del Pilar 18. (b) Siete pájaros que posiblemente simbolizan las Pléyades en la base del Pilar 18. (c) Hebilla de cinturón y piel de zorro, ambos que recuerdan a un cometa, en la cara estrecha e interior del Pilar 18. (d) El disco del cielo de Nebra, que muestra símbolos para el sol, la luna, las Pléyades y, posiblemente, un cometa. 

Se sugiere que el impacto del cometa dio lugar a una mini edad de hielo que duró más de 1200 años, acabando con muchas especies de animales grandes. También podría haber desencadenado cambios en el estilo de vida y la agricultura que se piensa están vinculados al nacimiento de la civilización poco después en el creciente fértil de Asia Occidental.

Otro pilar en el sitio parece representar la corriente de meteoros Táurida, que se cree es la fuente de los fragmentos de cometa, que duró 27 días y emanaba de las direcciones de Acuario y Piscis.

El hallazgo también parece confirmar que las personas antiguas pudieron registrar fechas utilizando la precesión, el bamboleo en el eje de la Tierra que afecta el movimiento de las constelaciones a través del cielo, al menos 10000 años antes de que el fenómeno fuera documentado por Hiparco en la Antigua Grecia en 150 a.C.

Izquierda: una escena alrededor de Escorpio de Stellarium. El asterismo de la tetera de la constelación de Sagitario está resaltado en amarillo. Derecha: un boceto del Pilar 43.

Las tallas parecen haber permanecido importantes para las personas de Göbekli Tepe durante milenios, sugiriendo que el evento de impacto pudo haber desencadenado un nuevo culto o religión que influyó en el desarrollo de la civilización.

El hallazgo también apoya una teoría que la Tierra enfrenta un aumento en los impactos de cometas a medida que su órbita cruza el camino de los fragmentos de cometas en círculo, que normalmente experimentamos como corrientes de meteoros.

El Dr. Martin Sweatman, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Edimburgo, quien dirigió la investigación, dijo: 

Parece que los habitantes de Göbekli Tepe eran observadores atentos del cielo, lo cual es de esperarse dado que su mundo había sido devastado por un impacto de cometa. Este evento podría haber iniciado la civilización al iniciar una nueva religión y motivar desarrollos en la agricultura para enfrentar el clima frío. Posiblemente, sus intentos de registrar lo que vieron sean los primeros pasos hacia el desarrollo de la escritura milenios después.

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El origen del Champagne…


Mathusalems, nabucodonosor ... pero ¿de dónde vienen estos nombres? -

Historias de la historia(P.Castañón) — Fí­zose de dí­a a eso de las 5:49 del 24 de Julio de 1621. Al margen de esto, el 13 de Febrero de 1712, gracias al anterior dato, fí­zose de dí­a también.

Franí§oise Bourbone Catre-Dix de tous les saints, más conocido por Mon Perignon, afamado vendimiador del sur de Francia se disponí­a a abrir las barricas de su última cosecha.

Conocido por la utilización de la mader del roble airoso (Aeolus robustus) para macerar sus vinos y el buen uso sus patentadas botellas de vidrio verde (gringlass), sin duda estaba preparado para la sorpresa que en los toneles le aguardaba.

Dispúsose a abrir la más pequeña de las barricas, como era costumbre en su familia desde hací­a más de cinco dí­as y menos de diez años, cuando, de repente, un infernal silvido manó de ella acompañado de un potentí­simo chorro de vino blanco que fue expulsado del interior de la misma con una brutal fuerza.

Del impacto, tanto él como su hijo Gregori Monpetit du Parnasse, más conocido por Andrés, perdieron instantánemente, después de un rato, el conocimiento.

Mon, tras recuperarse y darse cuenta de que su hijo habí­a fallecido a causa de una caí­da sufrida tras recuperar, ileso, el conocimiento, no cabí­a en sí­ del asombro.

El vino, su vino, habí­a logrado alcanzar un estado burbujeante y chisporroteante jamás visto. Desfí­zose en fuerzas y tras superar la muerte de Andrés, inició una campaña publicitaria sin precedentes para lograr la comercialización del nuevo néctar.

Gracias al boca a boca (web 2.0) fueron muchos los voluntarios que se ofrecieron a trabajar en las bodegas de Mon, tanto es así­ que a finales de ese 1712, dosmil cuatrocientas ventiseis personas desempeñaban algún trabajo para el vendimiador.

Dosmil trescientos treinta y un trabajadores perecieron en la bodega en la dificil tarea de abrir las barricas, más de la mitad por impacto directo del nuevo vino. Pero pronto, a principios de 1719, todas las barricas, las tres, estaban abiertas.

Parecí­a que el negocio por fí­n iba a poder lanzarse, sin embargo un nuevo contratiempo apareció en escena.
Tras embotellas las botellas, la tremenda fuerza del vino airoso lanzaba los tapones violentamente. Ciento veinticuatro trabajadores perecieron en esta ocasión debido a traumatismos de diferente gravedad.

Destacable es el momento en el que Mon, interesado y astiado por este nuevo problema, pregunta a uno de sus trabajadores por la muerte de otro de estos; conversación que quedará en los libros de historia:

– ¿Qu’est-ce que il est passé?

– Horrible. Le bouchon a sauté et impactó contre l’oeil de Maurice.  J’Ai seulement écouté un Chhhhaaaaa …. PAN!

 ¡¡ C’est magnifique !!, Nous l’appellerons Champan!

Finalmente, tras conseguir dominar las diábolicas burbujas, Mon Perignon logra llenar todas las cortes europeas y parte de las extrangeras de su néctar, de su jugoso nuevo vino… de su Champán.

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7 cosas que la ciencia “descubrió” siglos después que los pueblos indígenas…


Agricultores indígenas en un campo de quinua en Ecuador.
Agricultores indígenas en un campo de quinua en Ecuador.

BBC News Mundo(F.Paúl) — A lo largo de la historia, los indígenas han contribuido sustancialmente a las ciencias aplicadas modernas, como la medicina, la biología, las matemáticas, la ingeniería y la agricultura.

Muchas de esas contribuciones, sin embargo, son desconocidas.

Numerosos fármacos, instrumentos médicos, alimentos o técnicas de cultivo que hoy se utilizan a diario en el mundo occidental tienen sus raíces en lo más profundo del conocimiento de los pueblos originarios.

Y es que para sobrevivir y adaptarse a los diversos ambientes, los indígenas han fabricado productos o aplicado técnicas sofisticadas, algunas de las que recién ahora los científicos y expertos han empezado a valorar.

“El conocimiento ancestral es tan importante o válido como la ciencia moderna, igual de rigurosa, y que se ha adquirido con la práctica durante siglos”, le dice a BBC Mundo Hugo Us Álvarez, especialista en desarrollo social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Guatemala, e investigador sobre pueblos originarios de América.

El antropólogo George Nicholas, de la Universidad Simon Fraser, coincide. «Lo que a menudo se ignora es que ‘el conocimiento es conocimiento’, independientemente de la forma que adopte», señala a BBC Mundo.

En este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en BBC Mundo te mostramos siete ejemplos de cosas que estas comunidades saben desde hace siglos y que la ciencia «descubrió» después.

1. Para el dolor

Muchos pueblos indígenas desarrollaron una cultura de la medicina basada en la naturaleza, cuyos descubrimientos han servido de base para tratamientos en la actualidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 40% de los productos farmacéuticos que hoy se utilizan se basan en el conocimiento tradicional.

Uno de los más emblemáticos es la aspirina, cuya sustancia base es el ácido salicílico que viene del sauce negro. Los indígenas norteamericanos lograron extraer el ácido de la corteza de este árbol hace cientos de años y lo usaban con quienes sufrían de algún dolor muscular u óseo.

“Hay muchas plantas que han sido utilizadas por los pueblos indígenas y que después fueron aplicadas a la farmacología moderna”, explica Hugo Us Álvarez.

Aspirina
La sustancia base de la aspirina es el ácido salicílico que viene del sauce negro.

Otro ejemplo es lo que sucedió durante la pandemia de covid-19, cuando los científicos detrás de las vacunas descubrieron en el quillay, un árbol endémico de la zona central de Chile, un ingrediente clave para combatir el coronavirus.

El quillay es conocido por su “corteza de jabón” por sus saponinas vegetales, unas moléculas que hacen espuma al entrar en contacto con el agua y que se han convertido en un codiciado potenciador de la respuesta inmunológica.

Pero sus propiedades curativas habían sido descubiertas mucho antes, desde tiempos ancestrales, por los indígenas mapuches que las utilizaban para curar todo tipo de males, desde enfermedades estomacales y respiratorias hasta problemas en la piel y reumatismos.

De acuerdo con la ONU, hay otras plantas y hierbas ancestrales que han contribuido enormemente a la ciencia moderna, como el ñame silvestre mexicano, del que sale uno de los primeros ingredientes activos en las píldoras anticonceptivas o el espino blanco y la dedalera que se han utilizado para tratar enfermedades cardiovasculares y la hipertensión.

2. Superalimentos

Actualmente, hay alimentos que están viviendo un boom de consumo en el mundo gracias a que, según expertos, tienen increíbles propiedades nutricionales. Uno de ellos es la espirulina, que hoy aparece en los menús en forma de licuados (o batidos) o, incluso, en tortillas, ensaladas o galletas.

Pero siglos antes de considerarse un “superalimento”, este tipo de microalga, que crece en lagos y estanques alcalinos cálidos y ríos, era un alimento básico prehispánico.

Los mexicas, los descendientes de los aztecas, recolectaban el alimento rico en proteínas de la superficie del lago Texcoco. Se cree que lo consumían con maíz, tortillas, frijoles, chiles o mole como un «combustible» para viajes largos.

Tribu un África recolecta espirulina
Las tribus de África también se han dedicado a recolectar espirulina durante años.

Así, incluso sin la ciencia moderna, los indígenas mexicanos podían reconocer la densidad de nutrientes de la espirulina.

Lo mismo ha sucedido con otros alimentos que fueron ignorados durante años, pero que hoy se posicionan como favoritos por sus propiedades: la quinua, por ejemplo, era un alimento básico de los incas.

O la chía, cuyo cultivo era crucial para los indígenas de América, superado solo por el maíz y el frijol.

Hugo Us Álvarez agrega otro más: el amaranto. “Es una de las especies más utilizadas por los pueblos mesoamericanos, una semilla alta en hierro, que aporta proteína y energía, y que ahora está en proceso de rehabilitación”, dice.

Así, el mundo moderno recién está descubriendo los increíbles beneficios para la salud de aquellas semillas que, sin duda, son una importante herencia culinaria de los pueblos originarios.

Quinua
La quinua era un alimento básico para los incas.

3. Jeringas

El médico escocés Alexander Wood pasó a la historia como el inventor de la primera jeringa hipodérmica en el mundo.

Wood hizo su descubrimiento en la década de 1850, luego de inyectarle con éxito morfina a una mujer que sufría de un dolor crónico.

El trabajo del escocés fue precedido por investigaciones de otros científicos que años antes habían experimentado con instrumentos similares a la jeringa: el irlandés Francis Rynd, por ejemplo, había logrado inyectar medicina por la vía subcutánea, mientras que el físico francés Charles Pravaz le frenó el sangrado a una oveja administrándole un coagulante con la que sería la primera aguja hipodérmica.

Jeringa 1850
Así lucía una jeringa en los años 1850.

Sin embargo, muchos años antes, hubo otras personas que también habían fabricado esta herramienta que hoy es indispensable para la práctica médica.

De acuerdo con estudios basados en el hallazgo de objetos arqueológicos, diversos grupos nativos usaban huesos de pájaros que unían a vejigas de animales pequeños y que terminaban cumpliendo una función parecida a la de las jeringas.

Estos hallazgos han sido reportados en sitios ocupados por indígenas en países de Sudamérica, como Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Se cree que fueron diseñados para introducir líquidos en las cavidades del cuerpo, así como para administrar medicina en cantidades dosificadas.

También hay referencias sobre su uso para irrigar heridas e, incluso, limpiar los oídos.

4. Protección contra el Sol

El uso del protector solar tiene una historia mucho más larga de lo que probablemente imaginas.

Si bien las técnicas para aminorar los efectos del sol en la piel se han perfeccionado en el siglo XXI, el concepto de aplicarse sustancias o cremas para no broncearse viene desde hace cientos de años atrás.

Se sabe, por ejemplo, que los indígenas americanos utilizaban cosas como el aceite de la planta de achiote (que hoy algunas marcas lo venden bajo la promesa de disminuir arrugas o eliminar manchas), de girasol o el cactus opuntia.

Actualmente, muchas empresas de cosméticos naturales fabrican sus productos en base a lo que han utilizado los indígenas durante siglos.

indigena con protector solar
Los indígenas han usado protector solar en base a productos naturales durante siglos.

Para protegerse del sol, los pueblos originarios también crearon otro objeto que hoy forma parte de nuestra cotidianeidad: las gafas de sol.

Según los registros históricos, fueron los indígenas innuit, que habitan la zona del Ártico americano, quienes diseñaron este artefacto para resistir al reflejo del sol sobre la nieve.

Los anteojos eran hechos con madera o con huesos de los antílopes que vivían en la zona y tenían una delgada apertura por donde se podía mirar.

Gafas de sol indígena
Los indígenas inventaron las gafas de sol para protegerse del reflejo del sol en la nieve.

5. Hibridación de plantas

Las técnicas de cultivo de los pueblos indígenas han sido admiradas por el mundo moderno debido a su sofisticación.

Investigadores han observado cómo lograron construir acueductos o canales para el abastecimiento del agua y diseñar otros métodos -entre ellos, el cultivo intercalado- que los ayudaron a aumentar la producción.

Pero algunos grupos ancestrales fueron incluso más allá y consiguieron cruzar especies diferentes de plantas, un proceso que se conoce como “hibridación”.

Este tipo de avances hoy se le atribuyen principalmente a Gregor Mendel, considerado el padre de la genética, quien revolucionó el mundo con sus estudios por la década de 1860.

Cultivo de Maíz en México
Los indígenas aprendieron que la selección persistente de ciertas semillas les permitía controlar la diversidad de sus siembras, como sucedió en el caso del maíz.

No obstante, en el libro “Hibridación de plantas antes de Mendel”, de Herbert Fuller Roberts, se señala que hay evidencia de que algunas culturas antiguas incluso aplicaban técnicas de polinización artificial y que tenían conocimiento de que ciertas especies tenían sexo femenino o masculino, lo que les permitió hacer discriminaciones en pro de sus cultivos.

Otros investigadores han asegurado que los indígenas aprendieron que la selección persistente de ciertas semillas les permitía controlar la diversidad de sus siembras, como sucedió en el caso del maíz, los frijoles o calabazas.

“Las especies de maíz que hoy se conocen han sido resultado de procesos de cruces que se fueron haciendo durante años y que les permitieron a los pueblos indígenas desarrollarse», explica Hugo Us Álvarez.

«Se fue logrando la combinación genética que permitió llevar a las especies que se consumen actualmente”.

“Algo similar sucedió con la papa. Los incas también lograron su domesticación y crearon combinaciones que le permitieron tener muchas especies de papas”, agrega.

De esta forma, de acuerdo con Chris R. Landon, autor de una investigación titulada “Contribuciones de los indios americanos a la ciencia y la tecnología”, los indígenas “se convirtieron en maestros de la hibridación de plantas mucho antes de que los investigadores botánicos del siglo XIX Gregor Mendel y Luther Burbank”.

6. Cambio climático

Muchos científicos expertos en cambio climático han basado sus estudios en observaciones satelitales, en registros de temperatura o en análisis de núcleos de hielo.

Sin embargo, hay muchos otros datos que se pueden utilizar.

Y una fuente de información cada vez más requerida por los expertos son, justamente, las comunidades indígenas.

Debido a su cercanía con la tierra y a su vasto conocimiento del entorno, los indígenas a menudo tienen sus propios registros y recuerdos que pueden incluir detalles extraordinarios sobre alteraciones en los patrones climáticos, cambios en la vegetación o comportamientos desconocidos de animales.

Amazonas
Cada vez más científicos recurren a los pueblos indígenas para entender las alteraciones de los patrones climáticos.

Actualmente, muchos antropólogos e investigadores recurren a los pueblos ancestrales para preguntarles qué han observado sobre el mundo que los rodea.

«Creo en la ciencia nativa, en que es ciencia real», le dijo a la BBC Richard Stoffle, antropólogo de la Universidad de Arizona.

El académico, que realizó un estudio sobre los cambios ambientales presenciados por el pueblo anishinaabe (situado en Norteamérica) a lo largo de las décadas, explicó que los indígenas han estado “monitoreando el cambio climático antropogénico mucho antes de que fuera un tema regular de discusión pública”.

Para muchos antropólogos, contar con la información de los indígenas te da una imagen “más completa” de lo que está sucediendo, algo que jamás se obtendría utilizando sólo mediciones.

7. Los “halcones de fuego”

Hace unos años causó especial interés una investigación dirigida por un grupo de expertos en Australia que revelaba cómo algunas aves rapaces propagan intencionalmente el fuego para generar incendios.

El estudio explicaba que en la sabana tropical australiana estas aves transportan palos encendidos en sus garras o picos con el fin de producir quemas que hacen que los insectos, roedores y reptiles huyan y, por lo tanto, les aumentan las oportunidades de alimentación.

Sin embargo, lo que fue prácticamente una novedad para la ciencia occidental, era ampliamente sabido por los pueblos indígenas del norte de Australia desde hace cientos de años.

De hecho, los expertos que condujeron el estudio, aseguran que gran parte de su información fue recopilada del conocimiento indígena ancestral y de experimentos de campo controlado, entre otros.

Ave volando
Aves rapaces propagan intencionalmente el fuego para generar incendios.

Hace mucho que se sabe que los indígenas hacían ceremonias donde se incorporaban representaciones de aves rapaces transportando o iniciando fuego, algo que era mirado con distancia por parte de la ciencia moderna.

Ahora, no obstante, hay un conocimiento más aceptado de este fenómeno lo que puede ayudar a combatir los incendios no sólo en Australia sino en muchas otras partes del mundo.

Para el profesor de arqueología, George Nicholas, este es un ejemplo más de “cómo los científicos occidentales finalmente se ponen al día con los conocimientos tradicionales después de varios miles de años”.

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¿Cómo consiguieron los británicos tomar Gaza en 1917 sin pegar un tiro?…


Richard Meinertzhagen
Richard Meinertzhagen

Historias de la historia(J.Sanz) — Al inicio de la Primera Guerra Mundial, la región de Palestina se encontraba bajo el dominio del Imperio Otomano. En octubre de 1917 la ofensiva del ejército británico se estancó en Gaza, donde los turcos se defendían obstinadamente.

Los mandos británicos decidieron entonces que para desbloquear esta situación y romper las líneas turcas la principal batalla no debería librarse en Gaza sino en Beersheba, una ciudad situada a 30 kilómetros al este.

De esta manera, si conquistaban Beersheba llegarían fácilmente a Jerusalén; pero hacía falta un plan. Y es aquí donde entra en escena el astuto oficial de inteligencia británico Richard Meinertzhagen.

Meinertzhagen sabía que la clave para engañar a los turcos no era simplemente ocultar lo que el ejército británico pretendía hacer, sino que previamente había que convencerles de que realmente se planeaba un ataque contra la fortificada Gaza, obligando a los turcos a mantener su ejército principal en aquella ciudad, mientras que Beersheba quedaba más desprotegida gracias a este ardid –similar a lo que hicieron en Huelva para engañar a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial-. 

Antes de poner en marcha su engaño, quiso proteger su plan eliminando a los posibles espías turcos que pudiesen operar entre las tropas británicas. Se envió una carta de agradecimiento por la valiosa información que había pasado a los británicos el «supuesto espía turco» acompañada de una importante recompensa en moneda turca por los servicios prestados.

Como estaba previsto, los turcos interceptaron la carta y creyendo que su mejor espía, que efectivamente existía, se había convertido en agente doble lo ejecutaron. Ahora Meinertzhagen tenía el camino libre… tomó una bolsa de lona y metió en ella documentos falsos relativos a un supuesto ataque a la ciudad de Gaza, junto con una cantidad de dinero lo suficientemente importante como para hacer creer que la bolsa no se había perdido intencionadamente.

Añadió también otros documentos para dar más sensación de veracidad, como una carta supuestamente escrita por la esposa de un oficial (escrita realmente por la hermana de Meinertzhagen) en la que anunciaba a su marido el nacimiento de su hijo. A continuación, un soldado tomó la bolsa y se adentró cabalgando hacia las líneas enemigas en busca de una patrulla.

Tan pronto abrieron fuego contra él, dejó caer la bolsa —previamente manchada con sangre de caballo— y huyó cabalgando de nuevo hacia las líneas británicas fingiendo estar herido. Los turcos recuperaron la bolsa mientras los británicos teatralizaban que la estaban buscando. Uno de los documentos falsos que el supuesto ataque a Gaza no se produciría antes del 14 de noviembre.

Lo que no se imaginaba el ejército turco es que el Alto Mando británico había fijado el 31 de octubre como fecha para el asalto real sobre Beersheba.

fumando-primera-guerra-mundial

A pesar de que el General Von Kressenstein, comandante alemán de las fuerzas turcas, sopesó la posibilidad de que los documentos pudiesen ser falsos, se vio obligado a actuar como si fueran auténticos. De hecho, era difícil para él pensar en un ataque que se realizase en cualquier otra dirección que no fuese Gaza.

La primera parte del plan había dado resultado: los turcos mantenían el grueso de sus tropas en Gaza a la espera del ataque británico. Mientras tanto, los británicos fueron capaces de mover un gran número de hombres desde Gaza hasta sus posiciones de ataque en Beersheba sin alertar a las fuerzas otomanas.

Pero Beersheba también estaba defendida y no iba a ser tarea fácil. Meinertzhagen ejecutó entonces la segunda parte de su plan. Aunque parecía una nimiedad, por los interrogatorios a soldados turcos capturados sabía que estaban escasos de cigarrillos y, aprovechándose de esta situación, ordenó que el día antes del ataque sobre Beersheba un avión sobrevolara las trincheras otomanas que defendían la ciudad y lanzara sobre ellas cientos de cajetillas de cigarrillos junto a panfletos con mensajes de propaganda.

De este modo, los soldados turcos creerían que el motivo de suministrarles cigarrillos era hacerles llegar propaganda británica tratándoles de convencer para que se rindieran. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Meinertzhagen también había ordenado que se mezclase el tabaco de aquellos cigarros con opio obtenido en el mercado negro.

Allenby entra en Jerusalén
Allenby entra en Jerusalén

El 31 de octubre de 1917 el ejército británico, junto con efectivos australianos, lanzó el ataque sobre Beersheba y allí pudieron comprobar los efectos de los cigarrillos de Meinertzhagen: muchos soldados turcos fueron incapaces de ponerse en pie y mucho menos de defender con éxito sus posiciones.

El General Edmund Allenby, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Egipto y Palestina, que inicialmente había calificado el plan de Meinertzhagen como «una pérdida de tiempo«, escribió tras la guerra que un alto porcentaje de las fuerzas turcas no pudieron combatir aquel día gracias a los efectos de la droga.

Las tácticas astutas y engañosas de Richard Meinertzhagen contribuyeron al éxito en esta batalla, en la que británicos y australianos consiguieron romper la línea defensiva Gaza-Beersheba abriendo el camino hacia la victoria británica en Palestina.

Los turcos no tuvieron más remedio que retirarse de sus posiciones en el desierto y abandonar Gaza, que fue conquistada sin pegar un tiro el 7 de noviembre. La resistencia turca se desmoronó y al mes siguiente Allenby entraba a pie en Jerusalén por la puerta de Jaffa.

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La trágica y apasionada historia de L’Hymne à l’amour…


La trágica y apasionada historia de L'Hymne à l'amour

The Conversation(A.M.I.Botrán) — “Dios reúne a los que se aman” dice la letra de esta canción premonitoria, dedicada a la pasión en la vida y al amor tras la muerte, al deseo de encontrarse en el más allá, a un amor trágico eterno. Eso es lo que escribió y cantó Édith Piaf en el Hymne à l’amour (1949).

La historia detrás de esta canción que interpretó Céline Dion en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024 es trágica, como lo fue casi toda la vida personal de la cantante Édith Piaf, que la escribió, la interpretó y la inmortalizó, con la música de Marguerite Monnot.

Édith Piaf es la cantante francesa más universal y, en estos días, la más recordada. Se calcula que sus ventas pueden ascender a más de ochenta millones de discos en total gracias a éxitos como La vie en rosePadamMilord, o La foule.

– Un amor apasionado y trágico

Corría el año 1949 y Édith Piaf estaba locamente enamorada de Marcel Cerdan. Era el boxeador más importante de su época. Ese año era el campeón del mundo del peso medio, y años atrás había sido el vencedor del campeonato de Europa (1939). Estaba casado y tenía tres hijos.

Ambos eran estrellas internacionales cuando se conocieron en Nueva York en el verano de 1948: el flechazo fue instantáneo. No era ningún secreto que fueran amantes. Se sabía, se dejaban ver y fotografiar juntos sin reparos. Este romance apasionado y el deseo de estar juntos fue precisamente lo que llevó a un trágico final a Cerdan.

Céline Dion actuó en la Torre Eiffel, bajo un cielo nocturno lluvioso. 

Mientras el amor inunde mis mañanas/ Mientras mi cuerpo tiemble en tus manos/ No me importan los problemas/ Mi amor, ya que tú me amas/ Yo iría hasta el fin del mundo.

La cantante se encontraba de gira en Estados Unidos en el otoño de 1949. Marcel viajó la noche del 27 al 28 de octubre de ese año en el vuelo de Air France 009 de París a Nueva York para ir a visitarla. El avión se estrelló en las islas Azores sin supervivientes. La noticia impactó al mundo entero. Entre los restos del avión se encontró la maleta de Marcel, reconocible porque tenía grabadas las letras EC: E de Édith y C de Cerdan. Él tenía 33 años.

La muerte inesperada de su amante sumergió a Édith Piaf en una profunda tristeza, cayó enferma y estuvo alejada de los escenarios durante mucho tiempo. Aunque la canción se publicó grabada en 1950, ella ya la había interpretado en septiembre de 1949, un mes antes de la muerte de Marcel Cerdan. Sin saberlo, su letra contenía una macabra premonición:

Si la vida te arranca de mí/ Si mueres, estás lejos de mí/ No me importa, si tú me amas/ Porque yo también moriría/ Tendremos para nosotros toda la eternidad/ En el azul de toda la inmensidad/ En el cielo, no más problemas.

L’Hymne à l’amour canalizó toda su tristeza y emocionaba al público en cada interpretación. Mostraba con gran dignidad y profundidad el dolor por la pérdida del amado y el deseo de reunirse con él. Fue uno de sus grandes éxitos mundiales: la canción de amor y muerte se convirtió en mito.Édith Piaf canta L’Hymne à l’amour en una grabación de 1950.

– El principio de su final

Tumba de Édith Piaf. 

Édith Piaf nunca se recuperó del todo de la muerte de Marcel Cerdan.

Su vida después de él la protagonizan otros amores fallidos, varios accidentes de tráfico, adicción a la morfina para evitar el dolor de las secuelas y el alcoholismo.

No faltan las terapias de rehabilitación y recaídas continuas.

Aunque su salud era muy frágil, siguió publicando discos, cosechando éxitos mundiales, dando conciertos y con la voz increíblemente impecable.

Es el caso por ejemplo de Non, je ne regrete rien publicada en 1960.

Cuando muere, en 1963, parece una anciana a pesar de que sólo tenía 47 años. La vida de excesos era visible.

En ese momento estaba casada con el apuesto y jovencísimo Théo Sarapo, cantante y actor que tenía entonces 26 años y que la cuidó hasta el final como si de una madre se tratara. Por cierto, siete años después, Théo Sarapo también murió en un accidente, de tráfico en esa ocasión, y sus restos descansan en una tumba junto a ella.

– Más allá de la muerte: su deseo cumplido

Para Édith Piaf L’Hymne à l’amour fue quizá la más trascendental de su repertorio. De hecho, en el epitafio de su lápida del cementerio Père Lachaise de París está grabada precisamente el último verso de esta canción:

Dieu réunit ceux qui s’aiment

(Dios reúne a los que se aman).

L’Hymne à l’amour ha seguido siempre vivo y brillando con intensa luz desde su publicación. Desde que Édith Piaf murió, otros grandes artistas la han interpretado, como es el caso de Johnny Halliday, Mireille Mathieu, Lara Fabian o Patricia Kaas. En español hay una versión interpretada por Paloma San Basilio.

El éxito de esta cantante y de su canción permanecen intactos hasta hoy y es considerada uno de los orgullos culturales de Francia. Sesenta años después de su muerte, sus canciones siguen siendo reconocidas y universales. De ahí que fuera elegida para el momento culminante de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París.

Édith Piaf & Theo Sarapo.

– Céline Dion renueva el mito

La interpretación de Céline Dion en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de l’Hymne à l’amour emocionó a los cientos de millones de espectadores en todo el mundo que vieron la impresionante actuación por televisión. Sin duda, la más memorable de su historia, al menos hasta hoy, y muy difícil de superar.

La reaparición de Céline Dion tiene algunos aspectos trágicos en común con la de Édith Piaf en su momento. Céline Dion perdió a su marido en 2016 enfermo de cáncer y sufre una enfermedad rara incapacitante que le ha impedido subirse a los escenarios durante cuatro años.

En su documental Soy Céline Dion (2023) se puede comprobar el sufrimiento y la tristeza que le han acompañado durante los últimos años. Permite comprender lo difícil que ha podido ser llegar hasta la impecable y deslumbrante actuación de los Juegos Olímpicos de París.

Céline Dion ha actualizado la épica de este himno al amor y ha añadido otro capítulo mayúsculo a la historia y el mito de esta canción de pasión, tragedia y superación.

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Breve historia del aborto: de las antiguas hierbas egipcias a la lucha actual contra el estigma…


Breve historia del aborto: de las antiguas hierbas egipcias a la lucha  actual contra el estigma

The Conversation(A.Palmer) — Podríamos pensar que el aborto es un fenómeno especialmente moderno, pero hay muchas pruebas que sugieren que ha estado presente en la sociedad durante miles de años.

Aunque su historia se cuenta a menudo desde una perspectiva legal, la existencia del aborto ha tenido lugar independientemente de las leyes que lo acompañasen.

La necesidad de controlar la fertilidad antes o después del sexo existe desde hace tanto tiempo como el embarazo. El Papiro Ebers del Antiguo Egipto se considera a menudo una de las primeras pruebas escritas sobre la práctica del aborto.

El texto, que data de 1600 a. e. c., describe métodos mediante los cuales “la mujer vacía lo concebido en el primer, segundo o tercer trimestre”, recomendando hierbas, duchas vaginales y supositorios. Hipócrates, en torno al siglo IV a. e. c., registró métodos similares para inducir el aborto, aunque no los recomendó.

El aborto también formaba parte de la vida cotidiana de los ciudadanos de la Antigüedad. En Amores, una colección de poemas, el romano Publio Ovidio Naso, comúnmente conocido como Ovidio, describe la agitación emocional del narrador al ver a su amante sufrir un aborto mal gestionado:

El Papiro Ebers (c. 1600 a. e. c.) del Antiguo Egipto. 

Mientras se deshace precipitadamente de la carga de su vientre preñado, la cansada Corinna se encuentra en peligro de muerte.

Habiendo intentado un peligro tan grande sin decírmelo.

Ella merece mi ira, pero mi ira muere de miedo.

Al principio, Ovidio se preocupa por el riesgo de perder a su amada Corinna, no por el posible hijo.

Más tarde, pide a los dioses que ignoren la “destrucción” del niño y salven la vida de Corinna.

Esto deja ver algunos aspectos importantes de las actitudes históricas que se tenían hacia el aborto.

Aunque los debates sobre el aborto en el siglo XXI a menudo giran en torno a cuestiones de vida y persona, no siempre fue así. Los antiguos griegos y romanos, por ejemplo, no creían necesariamente que un feto estuviera vivo.

Los primeros pensadores, entre ellos San Agustín (354-3430), distinguían entre el embrión “informatus” (no formado) y el “formatus” (formado y dotado de alma).

Con el tiempo, la distinción más común pasó a establecerse en lo que se conocía como “quickening”, el momento en el que la mujer embarazada podía sentir al bebé moverse por primera vez. Esto determinaba que el feto estaba vivo (o tenía alma).

Como un retraso en la menstruación era a menudo el primer signo de que algo iba mal, y una mujer podía no considerarse embarazada hasta mucho más tarde, muchos consejos sobre el aborto se centraban en restaurar las irregularidades menstruales o las obstrucciones en lugar de interrumpir un posible embarazo (o feto).

Dibujo de una mujer preparando hierbas para un aborto con la paciente tumbada en una cama.
El arte de un manuscrito del siglo XIII muestra a una herborista preparando un brebaje que contiene poleo para una mujer. El té que se hizo famoso en la canción de Nirvana, ‘Pennyroyal Tea’, se utilizaba en la medicina popular para inducir el aborto y aliviar los síntomas menstruales.

Como resultado, muchos de los consejos sobre el aborto a lo largo de la historia no necesariamente lo mencionan. Y a menudo quedaba a la interpretación personal si se había producido o no dicho aborto.

De hecho, se podían encontrar recetas de “abortivos” (cualquier sustancia que se utiliza para interrumpir un embarazo) en textos médicos como los de la monja alemana Hildegard von Bingen en 1150 y en recetarios domésticos con tratamientos para otras dolencias comunes hasta bien entrado el siglo XX.

En Occidente, la distinción del quickening pasó de moda gradualmente a finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, las mujeres siguieron abortando a pesar de los cambios en sus creencias sobre la vida y la ley. De hecho, según algunas fuentes, en esas décadas parecían ser más comunes que nunca.

– “Una epidemia de abortos”

En 1920, Rusia se convirtió en el primer estado del mundo en legalizar el aborto, y en 1929, Marie Stopes, famosa defensora del control de la natalidad, lamentó que “una epidemia de abortos” estuviera arrasando Inglaterra. Afirmaciones similares de Francia y EE.UU. también indican que se percibía un repunte.

Dibujo de dos mujeres, una embarazada y otra con aspecto de matrona, rodeadas de fetos.
Imagen de 1902 en un periódico francés de una mujer en busca de un aborto tardío. 

Estas afirmaciones se acompañaron con una oleada de obras de teatro, poemas y novelas que trataban el tema.

De hecho, en 1923, Floyd Dell, editor de revistas y escritor estadounidense, publicó una nueva obra de ficción, Janet March, en la que la protagonista se queja de la cantidad de novelas en las que aparecen abortos, afirmando que “había suficientes cosas espantosas en las novelas, pero sólo les ocurrían a las pobres chicas, ignorantes e imprudentes”.

Pero la literatura de principios del siglo XX, con muchas historias basadas en experiencias reales de mujeres, da fe de un abanico de abortos mucho más amplio que esa imagen estereotipada de las pobres e indigentes operaciones callejeras.

Por ejemplo, la novelista inglesa Rosamond Lehmann menciona en su novela de 1926 El tiempo en las calles una seductora “conspiración femenina” de mujeres abortistas que aguardan con “tacto, simpatía, píldoras y bolsas de agua caliente”.

Estos textos forman parte de una larga tradición de narraciones sobre el aborto que precede al activismo contemporáneo. Por ejemplo, We Testify es una organización que promueve el liderazgo y la representación de personas que han abortado. Y Shout Your Abortion es una campaña en las redes sociales en la que la gente comparte en línea sus experiencias de aborto sin “tristeza, vergüenza o arrepentimiento”.

El aborto tiene una historia larga y variada, pero sobre todo estos textos –desde los papiros egipcios de 1600 a. e. c. hasta las publicaciones en las redes sociales de hoy– demuestran que el aborto ha sido y sigue siendo fundamental en nuestra historia, nuestras vidas e incluso nuestro arte.

Anuncio de aborto en un periódico
Los anuncios de servicios de aborto, como éstos del New York Sun de 1842, eran habituales en la época victoriana. En aquella época, el aborto era ilegal en Nueva York.

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La epidemia que cambió las reglas del mercado laboral (en favor del obrero)…


Historias de la historia(J.Sanz) — A los que les tocó vivir en Europa durante el siglo XIV debieron pensar que qué habían ellos para merecer aquello: el tema cultural estaba revuelto por el humanismo italiano y, con Francesco Petrarca a la cabeza, había iniciado una campaña en favor de recuperar la cultura clásica (lo que se llamará Renacimiento), porque decía que tras la decadencia de Roma la creación artística y literaria había caído en su pozo sin fondo y que las musas se habían exiliado -fueron los creadores de la cantinela de calificar a la Edad Media como Edad Oscura-.

La Iglesia andaba manga por hombro con el traslado de la corte papal de Roma a Aviñón por las injerencias de poder; el viejo continente intentaba sobrevivir a la guerra de los Cien Años, un conflicto bélico que se inició en 1337 y que mantuvo en armas a toda Europa durante 116 años -a pesar de llamarse de los cien años-; tuvo lugar la llamada Pequeña Edad de Hielo, un periodo frío que acabó con los años de bonanza climática e influyó de manera catastrófica en las cosechas…

Para rematar la faena, llegó la peste negra en 1348 provocando el colapso demográfico, económico, social y, también, moral. Y aun así, no todo fue negativo, porque la epidemia cambio las reglas del mercado laboral y lo hizo en favor de los obreros.

La alta tasa de mortandad de la peste, que atacaba por igual a ricos y pobres, provocó una despoblación generalizada, siendo mucho peor en el campo que en la ciudad, hacia donde muchos campesinos huyeron buscando algún remedio milagroso de los profesionales de la medicina. Remedio que, lógicamente, no encontraban porque no existía.

Se tiraba de sangrías, que mira que les gustaba lo de las sangrías en la Edad Media, de incisiones en los bubones para vaciarlos y aplicar algunos ungüentos. Algo más efectivo era separar a las personas infectadas de las sanas y aislarlos en sus casas a cal y canto para que, por lo menos, no propagasen la enfermedad.

Además, y aunque pueda parecer lo contrario, las ciudades eran más «seguras» porque la progresión de la peste es más lenta cuanto mayor es la densidad de población. Las pulgas tenían más víctimas a las que atacar y, por tanto, había más posibilidades de librarse de aquella macabra lotería.

El éxodo hacia las grandes ciudades permitió a éstas compensar las enormes pérdidas de población y, a la vez, provocó una grave crisis de mano de obra en los feudos, las tierras que el señor otorgaba al vasallo en el contrato de servidumbre o vasallaje. El campo quedó despoblado, mientras la vida en las ciudades se revitalizaba.

Los señores feudales que sobrevivieron, acostumbrados a vivir de las rentas que les proporcionaba el trabajo de sus vasallos, vieron cómo sus tierras se vaciaban, sus cosechas quedaban sin recolectar, las rentas agrarias caían estrepitosamente y los precios se derrumbaban.

Así que, muy a su pesar, no les quedó más remedio que optar por vender o arrendar las tierras a precios muy bajos a quien las pudiera pagar o contratar a campesinos pagándoles salarios más altos. La peste negra había traído mejoras salariales para los campesinos y cierto poder en la «negociación colectiva en el sector agrario».

Aquella reconversión social y laboral permitió a terceros, ajenos al mundo rural, ocupar el puesto de aquellos señores feudales que tuvieron que vender o arrendar sus tierras. Aquellos terceros no eran otros que una nueva clase social, la burguesía. Estos habitantes de los «burgos» no eran ni chicha ni limoná: no eran señores feudales, pero tampoco siervos; no eran de la nobleza ni del clero, pero tampoco campesinos; eran mercaderes, artesanos o pertenecían a las llamadas profesiones liberales (médicos, letrados…).

El auge de las ciudades en los primeros tiempos de la Baja Edad Media (siglos XII y XIII) habían permitido a los burgueses acumular ciertas rentas que ahora, con los estragos de la peste negra, podían invertir en el campo y sustituir a parte de la vieja nobleza rural.

Los trabajadores del campo seguían siendo el eslabón más débil de la cadena agrícola y los nuevos jefes les «apretaban» para que la producción hiciese rentable su inversión. Pero, al contrario de las tradicionales estrategias de la nobleza para aumentar la producción que habían quedado obsoletas y en aquel momento eran inviables (roturar más tierras y más horas de trabajo), la burguesía introdujo nuevos métodos de cultivo y herramientas que racionalizaron el trabajo y permitieron aumentar la productividad.

Así que, la peste la negra fue la encargada de «proteger» los derechos de los trabajadores y emprender una serie de reformas en favor de sus condiciones laborales, lo mismo que hoy en día deberían hacer, porque para ello se crearon en el siglo XIX, los sindicatos. 

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Hic futui: pornografía pompeyana…


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Quisquis amat valeat, pereat qui nescit amare. / Bis tanto pereat quisquis amare vetat.

(Que quien ame prospere, que muera quien no sepa amar / Y que muera dos veces quien prohíba el amor). 

Grafiti pompeyano.

JotDown(J.Lapidario) — Una tórrida mañana de agosto de 2014, uno de los vigilantes jurados que patrulla las ruinas de Pompeya oye un gemido en las Termas Suburbanas. Tratando de no pensar en historias de fantasmas, aparta la cortina que protege el tepidarium y se topa con tres jóvenes desnudos, dos mujeres y un hombre, a punto de embarcarse en un trío bajo la atenta mirada de los frescos eróticos de las paredes.

Si yo hubiera sido el guarda habría preguntado si podía unirme a la fiesta, pero incomprensiblemente la juerga acabó en comisaría.

Es extraña esta fama pompeyana de ciudad del pecado. No hay en realidad tantas pinturas eróticas en Pompeya como se suele creer, aunque sus habitantes no se limitaron a decorar con pornografía los burdeles sino también baños, villas y jardines, con variados propósitos que iremos desentrañando en este artículo. Para ello empezaremos remontándonos al pasado, a otra mañana de agosto mucho más trágica…

  • Una ciudad congelada en el tiempo

Una estela negra y espesa se nos venía encima, como un torrente vertido sobre la tierra para perseguirnos. 

Plinio el Joven, carta a Tácito.

Amanecer del 24 de agosto, 79 d. C. El joven Cayo Plinio traduce textos griegos en una villa de Miseno, a treinta kilómetros del Vesubio. De repente se oyen dos estampidos prodigiosos y una nube gigantesca con aspecto de árbol llena el cielo. Plinio permanece en su habitación tomando notas; un visitante de Hispania rezuma españolidad echándole la bronca por leer mientras arde el mundo.

Arte erótico en Pompeya y Herculano - Wikipedia, la enciclopedia libre

El almirante y naturalista Plinio el Viejo, su tío, zarpa en un rapto de heroísmo y curiosidad científica al frente de sus barcos de guerra, tratando de rescatar a los habitantes de las villas costeras.

Llueve piedra pómez, cenizas, pedruscos ardientes.

Los barcos deben refugiarse en la playa cerca de Estabias.

Cae una oscuridad más negra que la noche. Se oyen gemidos, llantos, gritos. Plinio el Joven escribe: «pensé que perecía junto con todas las cosas, y que el inmenso mundo moría al mismo tiempo que yo».  

Al amanecer del día siguiente empieza lo peor. Seis corrientes piroclásticas, tsunamis de gases ardientes y ceniza a 300 grados de temperatura, surgen del Vesubio a sesenta metros por segundo.

Una de ellas entierra Pompeya, otra Herculano. Plinio el Viejo, corpulento y con dificultades respiratorias, muere mirando fijamente a la nube que se abate sobre Estabias. Mueren unas quince mil personas. La ceniza conserva sus cadáveres abrasados en la misma postura en que la ola volcánica les atrapa. El tiempo se congela.

  • Hic futui

Arphocras hic cum Drauca bene futuit denario. 

(Aquí Harpócrates folló muy bien con Drauca por un denario). 

Grafiti pompeyano.

En 1599 una cuadrilla de obreros que cavaba un canal topó con un muro repleto de pinturas. Se llamó al arquitecto Domenico Fontana, que desenterró varios frescos y objetos de contenido pornográfico. No está claro qué ocurrió entonces: parece ser que las pinturas le impactaron lo suficiente como para ordenar que se volviera a enterrar el conjunto, sea por haberse escandalizado, sea como acto de preservación de las obras a la espera de tiempos menos conservadores.

Pasaron un par de siglos hasta que otra casualidad permitió redescubrir Pompeya. En el siglo xviii el príncipe Elbeuf mandó cavar un pozo cerca de su casa y encontró ruinas en muy buen estado. Un constructor español medio las hubiera tapado con hormigón antes de que se enterase el Ayuntamiento, pero el príncipe accedió a esperar mientras el descubrimiento era examinado.

Se puso a cargo de las excavaciones al coronel del cuerpo de ingenieros de Nápoles, un mentecato que causó un daño incalculable hasta ser sustituido. Nada más llegar descubrió una gran inscripción en relieve, y mandó arrancar las letras del muro sin copiar antes las palabras.

Se metieron las letras mezcladas en una cesta y así fueron enviadas al rey de Nápoles… Nadie pudo averiguar qué significaban, aunque durante años estuvieron expuestas y cada cual podía ordenar aquella sopa de letras según su imaginación le dictase.

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En otra decisión lamentable movida por la pacatería, se cubrió con yeso un fresco del dios Príapo con su enorme pene erecto: no fue redescubierto hasta 1998 y gracias a la lluvia. También se clasificaron como pornográficos objetos inofensivos: amuletos protectores en forma de pene o móviles de viento fálicos con campanillas llamados tintinabulum, decoración de buen gusto en la época.

En 1819 se agruparon en el Museo Arqueológico de Nápoles ciento dos frescos, esculturas y mosaicos dentro del «Gabinete de objetos obscenos», cambiado poco después a «Gabinete de objetos reservados» hasta que Alejandro Dumas, ya en 1860 y comisionado por Garibaldi, se dejó de eufemismos y lo llamó «Colección pornográfica». Solo se permitía entrar en ese gabinete a hombres «maduros y de costumbres respetables» que se avinieran a pagar una tarifa extra…

El último intento de censura lo llevó a cabo el mismísimo Mussolini, por suerte sin éxito, y hoy en día pueden verse todas las piezas sin problemas.

En cualquier caso, Pompeya se había ganado una injusta fama de Sin City del Mediterráneo. Por ejemplo, los primeros arqueólogos clasificaron como burdel todo edificio que contuviera frescos eróticos, con lo que contabilizaron treinta y cinco burdeles para una ciudad con poco más de tres mil hombres adultos. Una locura.

Métodos posteriores algo más sensatos usaron parámetros como la presencia de falos grabados en las aceras, que guiaban a los transeúntes al burdel más cercano, o los grafitis en las paredes de algunas casas. 

Hic ego puellas multas futui («aquí me follé a muchas chicas»), que suena a la típica fardada napolitana; el autoexplicativo Myrtis, bene felas Myrtis, la chupas bien»); o mi favorito: Hic ego, cum veni, futui, deinde redei domum («Aquí llegué, follé y me volví a casa»), una versión porno y casera del veni, vidi vici de César

Incluso con estos criterios más restrictivos aparecen nueve o diez burdeles, más teniendo en cuenta que varias tabernas o incluso particulares alquilaban una habitación (cella meretricia) a prostitutas ocasionales.

A las prostitutas, en su mayoría esclavas griegas, se las llamaba lupas («lobas»), pero solo un edificio de Pompeya acabó siendo conocido como el Lupanar con mayúscula, o Lupanare Grande: un burdel situado en el cruce de dos calles secundarias. Tenía diez habitaciones divididas en dos pisos: una planta baja con incómodas camas de piedra destinadas a clientes pobres; y cinco habitaciones en el primer piso con balcón y entrada independiente.

Los precios eran variables, pero sabemos por los grafiti que solían ser baratos: entre dos ases (el coste de dos vasos de vino) hasta varios sestercios, nunca precios exagerados porque los verdaderamente ricos tenían concubinas en sus casas. La prostitución no era exclusivamente femenina:

Erotismo y arte en las ruinas: los frescos prohibidos de Pompeya

en una pintada leemos Maritimus cunnu linget a(ssibus) quattuor / virgines ammittit, es decir «Maritimus te lame el coño por cuatro ases / se admiten vírgenes»…  

Aunque hay arqueólogos que creen que esas pintadas eran más bien insultos a los hombres mencionados, como hacen pensar grafitis ambiguos que suenan a invectiva política cutre, como «Vota Isidoro para edil, es el mejor comiendo coños».

Las paredes del Lupanar están cubiertas de pinturas eróticas, empezando por un Príapo bifálico que sostiene sus dos penes erectos sobre la entrada principal.

En las entradas de las habitaciones hallamos varios frescos literalmente pornográficos: pornographía significa «retrato de prostituta».  

No está claro cuál era su objetivo, si calentar a los parroquianos o informar del tipo de servicios que llevaba a cabo cada lupa; en cualquier caso, la variedad de posturas representada nos permite asomarnos a la complicada vida sexual romana.

  • ¿Prefieres un more ferarum o una Venus pendula?

Suspirium puellam Celadus thraex.

(Celadón hace suspirar de placer a las mujeres.)

Grafiti pompeyano, probablemente escrito por Celadón.

Varios frescos eróticos del Lupanar muestran parejas hombre-mujer copulando en la postura del perrito, el actual y un tanto ridículo nombre de la posición a cuatro patas, el coito a tergo o, en denominación romana, more ferarum, «al modo de las bestias». Esta postura en que una parte domina y la otra se deja hacer era muy del gusto romano, cuya moralidad consideraba infame la pasividad sexual. 

Esa misma postura puede emplearse para la sodomía, y en un fresco aparece representada con una variante en que se levantan más las nalgas. La palabra culibonia significaba experta en sexo anal, una especialidad habitual para evitar embarazos…

Aunque las matronas romanas usaban otro anticonceptivo, insinuado por Julia la Mayornunquam enim nisi navi plena tollo vectorem («solo acepto pasajeros cuando la bodega está llena»). El verbo para «penetrar analmente» es pedicare, usado frecuentemente con ánimo amenazante o chulesco como en el famoso verso de Catulopedicabo ego vos et irrumabo, o en traducción literal, «os sodomizaré y os follaré la boca».

Otros frescos muestran coitos en la postura de la Venus pendula, también llamada mulier equitans equus eroticus… Vamos, con la mujer encima, la posición favorita de la altísima Andrómaca en Troya, apodada «la jinete de Héctor». Esta postura ha sido interpretada de modos muy diferentes.

El historiador Kenneth Dover sostiene que representa una emancipación sexual de las mujeres romanas, al ser una posición que les permite  cierta independencia de movimientos durante el coito. Sin embargo, Pascal Quignard en El sexo y el espanto la interpreta de otra manera: el pater familias se queda tendido en el lecho porque es el amo y no tiene por qué esforzarse, mientras que la matrona se sienta sobre su cuerpo desnudo como en un sillón correspondiente a su rango.

A veces incluso una esclava se coloca sobre el hombre, en ningún caso para dominarlo (la sumisión es impúdica para el hombre libre), sino para ofrecerle placer molestándolo lo menos posible. Es fácil considerar la sexualidad romana como machista desde los ojos actuales, aunque nada es tan sencillo: ahí está por ejemplo el Ars amandi de Ovidio dando consejos sobre orgasmos femeninos… Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

  • Termas, dormitorios y clubes sexuales privados

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Apollinaris, medicus Titi imperatoris hic cacavit bene. 

(Apolinario, médico del emperador Tito, cagó bien aquí.)

Grafiti pompeyano.

Los jóvenes con que abríamos este artículo no intentaron consumar su pasión en el Lupanar, sino en las Termas Suburbanas, cerca de la Puerta Marina. Los frescos sexuales de esas termas no tienen un propósito claro: hay quien cree que informaban de que había prostitutas disponibles en la primera planta, pero los actos mostrados no son realistas como los del Lupanar, sino más bien exagerados o paródicos.

Un fresco muestra un trío de dos hombres y una mujer; otro representa un cuarteto en que una mujer le practica un cunnilingus a otra, que a su vez está felando a un hombre que es sodomizado por un cuarto personaje  que mira directamente al espectador con aire triunfante. Un tercer fresco muestra un cunnilingus: una matrona lo recibe complacida, mientras el lamedor tiene una expresión furtiva y asustada.

Mi teoría favorita sobre el porqué de estas pinturas es la de la arqueóloga Luciana Jacobelli, según la cual las pinturas son viñetas chocantes para identificar los vestuarios («¿Dónde dejé mi toga? ¡Ah, sí, en la cesta bajo el comecoños!»).

También encontramos frescos eróticos decorando dormitorios de casas particulares, como en la Casa de los Vettii y sus pinturas de mujeres semidesnudas. Pero al menos en una ocasión, en la lujosa residencia llamada Casa del Centenario, los frescos parecen esconder algo más.

En esta mansión encontramos piscina, baños privados y hasta un nymphaeum o monumento dedicado a las ninfas. Los frescos de sus paredes son magníficos y detallados: la representación más antigua conservada del Vesubio, por ejemplo… Pero para el propósito de este artículo resultan más significativas otras pinturas más inaccesibles.

Una de las habitaciones se encuentra extrañamente escondida en un rincón de la mansión, y en su interior se han encontrado detallados frescos pornográficos de mayor calidad que los del Lupanar. Ese rincón erótico-festivo fue bautizado como «habitación 43» por poco imaginativos arqueólogos y el misterio sobre su uso aún perdura hoy en día.

Se cree que el cuarto era un club sexual privado, un cuarto oscuro en el que los dueños de la casa entretenían a sus invitados con fiestas subidas de tono en que los participantes daban rienda suelta a sus deseos. Una pequeña abertura de la pared podría haberse utilizado para observar desde fuera lo que ocurría en el interior: una invitación al voyeurismo y quién sabe si un proto-glory hole.

¿Para qué aventurarse en el sórdido barrio de los burdeles si puedes traerte el lupanar a casa? Estos clubes privados de lujo no eran infrecuentes en las ciudades romanas. El historiador Valerio Máximo describe así una de esas fiestas: «¡Cuerpos desvergonzados en total sumisión, listos para un juego de sexo borracho!

Un banquete no para honrar a cónsules y tribunos, sino para denigrarlos». Claro que otros académicos quizá menos proclives a la fiesta piensan que la habitación 43 era simplemente un dormitorio decorado con pinturas eróticas para diversión de los dueños de la casa. Nada sabemos con seguridad.

Erotismo y arte en las ruinas: los frescos prohibidos de Pompeya

  • ¿Qué ocurría en la Villa de los Misterios?

Hay un desorden inexpresable bajo la superficie del orden social. 

Eurípides.

Las pinturas más intrigantes de Pompeya se encuentran en una lujosa villa de las afueras. Sobre un fondo rojo intenso, una pintura en friso muestra un extraño ritual formado por escenas de una iniciación dionisíaca. A la izquierda una matrona se sienta en un sillón. Un niño desnudo lee un antiguo ritual.

Varias sacerdotisas llevan cestas con pasteles. Una fauna amamanta a una cabrita. Una mujer de pie, con la cabeza echada hacia atrás, retrocede con el espanto grabado en su cara. El dios Baco, completamente borracho, se apoya en Ariadna. Una mujer arrodillada retira el velo que cubre un objeto que no vemos, probablemente un fascinus, un pene erecto.

Un demonio femenino de grandes alas negras azota con un látigo a una joven aterrorizada, apoyada en las rodillas de una nodriza. Una bailarina desnuda vista de espaldas danza girando sobre sí misma mientras entrechoca los címbalos… Es una ménade («mujer loca»), sacerdotisa del dios del extravío.

El culto mistérico de Dionisio siempre fue visto con desconfianza por el poder político, en parte por estar dirigido por un clero femenino fuera del control de la religión oficial. En El sexo y el espanto, Quignard interpreta el fresco de la Villa de los Misterios como un reflejo de las antiguas prácticas paganas del sacrificio humano: la bacchatio original consistía en castrar a un hombre, desmembrarlo (sparagmos) y comérselo crudo (omophagia).

Con el tiempo se sustituyó al hombre por una cabra, y más adelante el sacrificio devino rito sexual. Pero bajo el velo de la sociedad civil se escondía la ferocidad de las bacantes descuartizando a Orfeo cuando no quiso bailar con ellas… En el 186 d. C., Livio escribió sobre las bacanales:

«Cuando la bebida, las palabras lascivas, la noche y la mezcla de los sexos habían extinguido toda modestia, empezaban los actos de libertinaje. Toda persona encontraba a su alcance el tipo de disfrute al que estuviera dispuesto por la pasión predominante en su naturaleza».

Nunca conoceremos los misterios de Dionisio, los órgia de Eleusis. Aristóteles explicó que los misterios tienen tres partes: tà drómena (lo que hacen los personajes), tà legómena (lo que lee el niño, el fatum) y tà deiknýmena (las revelaciones). Es decir: teatro, literatura, pintura. Sea lo que sea lo oculto en la Villa de los Misterios de Pompeya, está relacionado con todas las artes humanas, y en particular con la muerte y el sexo.

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El coitus interruptus y otros anticonceptivos (y abortivos) en la Antigua Roma…


Derecho Romano 101 - EL USO DE ANTICONCEPTIVOS EN ROMA. Amplio resulta  siempre el panorama de los temas cotidianos de la vida en la Roma antigua.  Mucho es lo que se conoce

Historias de la historia(J.Sanz) — Antes de nada habría que precisar que el único método anticonceptivo seguro al 100% era (y es) la abstinencia, el problema es que es muy difícil de vender, hasta el punto de que es el más impopular.

Por el contrario, el más popular de todos en la Antigua Roma, por sencillo y barato, fue el  coitus interruptus (la marcha atrás de toda la vida). El médico griego del siglo II Sorano de Éfeso ya escribió:

En el momento más crítico del coito, cuando el hombre esté próximo a descargar la simiente, la mujer debe contener la respiración y retirarse un poco, de manera que la simiente no sea depositada demasiado profundamente en la cavidad uterina.

Entonces, la mujer debe levantarse inmediatamente, acuclillarse, inducirse el estornudo y limpiar la vagina en su alrededor y quizás tomar además algo frío.

En el Génesis, capítulo 38…

Tomó Judá para Er, su primogénito, una mujer llamada Tamar. Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, y Yahvé lo mató. Entonces dijo Judá a Onán: «Entra a la mujer de tu hermano, y tómala como cuñado que eres, para suscitarle prole a tu hermano».

Pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba a la mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Yahvé lo que hacía Onán, y le mató también a él. [Este Onán es el personaje bíblico que originó el término onanismo, sinónimo de masturbación].

Dejando a un lado los métodos naturales, también se hizo hueco en la disciplina de la contracepción el mundo de la magia y de la superchería en forma de amuletos, como el que recomendaba colgarse hígado de pato del pie izquierdo y colocarse en el cuello un saquito de larvas de araña antes de la salida del sol.

Incluso el mismísimo Plinio el Viejo recomendaba algo de ese estilo: ingerir apio silvestre o raíces de helecho al tiempo que se colocaba sobre el vientre un saco de piel de cuervo que contuviera dos larvas de tarántula. Eso sí, los fabricantes recomendaban leerse detenidamente los prospectos y seguirlos al pie de la letra para que funcionase; en caso contrario, no se atenderían reclamaciones.

La eficacia de estos métodos se podía reforzar (para llegar hasta las probabilidades de cualquier juego de azar) con brebajes tales como agua de cobre  o infusiones de corteza de sauce con miel y pócimas elaboradas con la ruda, el mirto, las semillas de sauce y otras muchas más… siempre disueltas en vino.

Si tales métodos no convencían siempre quedaba el recurso de los métodos barrera (de esos que a lo largo de la historia han llenado la vagina como si fuera una tienda de todo a cien) introduciendo por la vagina hasta el cuello del útero una bola de lana empapada en vino u otra sustancia espermicida (¿?) o, como recomienda nuestro amigo Sorano, sustituir la bola por un emplasto a base de aceite rancio de oliva, miel y resina de cedro.

Nuestro médico de cabecera ya advertía de los posibles efectos secundarios de todos estos métodos que podían provocar nauseas, dolores de cabeza, y la destrucción de “todo aquello que esté vivo”.

Y como método estrella de aquel momento y lugar: la píldora del día después, el anticonceptivo de emergencia femenino para prevenir los embarazos no deseados. Y aunque ha sido en el siglo XXI cuando se ha comercializado, mal haríamos en pensar que somos los pioneros.

El silfio era una planta silvestre que sólo crecía en las inmediaciones de la ciudad griega de Cirene, en la zona mediterránea de la actual Libia. Según Plinio el Viejo, la planta era silvestre e imposible de cultivar, con fuertes y abundantes raíces y tallo similar al de la asafétida y de grosor parecido.

El nombre latino de la planta era laserpicium, de ella se extraía el laser, que era la resina aromática que exudaba la planta y que tenía propiedades medicinales y culinarias. Pero de entre todos los usos que tuvo el silfio, el que hoy nos ocupa era el de método anticonceptivo, similar a nuestra “píldora del día después“, o como un abortivo por sus propiedades estrogénicas. La sobreexplotación, la pequeña franja costera donde crecía y la imposibilidad de cultivarla llevaron a su extinción en el siglo I.

Un único tallo enviado a Nerón es todo lo que ha sido hallado (en Cirenaica) en la memoria de nuestra generación (…) desde entonces no ha sido importado otro laser que aquel de Persia, Media y Armenia, donde crece en abundancia aunque muy inferior al de Cirenaica y además es adulterado con goma, sacopenio o alubias molidas… (Naturalis Historia – Plinio el Viejo)

Por cierto, lo del método estrella es porque estudios modernos con plantas estrechamente relacionadas con la asafétida muestran una tasa de éxito de casi el 100% de eficacia cuando se administran en el plazo de tres días tras el apareamiento de ratas. Así que, igual…

¿Y que hay de los métodos anticonceptivos masculinos? Pues dejando a un lado los típicos preservativos, que igual se dice que se hacía con tripas que con vejigas y a que a mi personalmente no me acaban de convencer -y digo la veracidad, porque «aparecen» en cualquier época y lugar-, tenemos que preguntarle a Dioscórides, médico y botánico griego del siglo I, quien en “De materia médica” dedica un capítulo, y es el primero en hacerlo, a la anticoncepción masculina.

Habla en concreto del eneldo, de cañamones y de corteza de sauce o nenúfar, que bien podían ser consumidas como tisanas (y también ayudaban a acabar con los sueños eróticos) o  versión ungüento untadas directamente sobre el glande como espermicida. No obstante, Dioscórides advertía de que su uso prolongado podría causar esterilidad definitiva.

Por otra parte, no debemos olvidar que, como debía de ocurrir frecuentemente, los métodos anticonceptivos podían fallar y la futura madre debía afrontar un embarazo no deseado.  Ya fuese por ocultar un infidelidad o por la imposibilidad de mantener al niño, por ejemplo, la gestante se podía plantear el aborto.

Hecho que suponía, en mayor o menor medida, un riesgo para su vida, ya fuese directamente por la práctica en cuestión o por hacerlo sin autorización del padre  y ser condenada a muerte (el padre tiene el poder exclusivo sobre los hijos).

Ya fuese con el consentimiento del pater familias o clandestinamente, los métodos utilizados iban desde la inducción al aborto mediante infusiones o lavativas de hierbas abortivas y la práctica de ejercicios físicos de alta intensidad (cargar pesos, saltos enérgicos…) en los días siguientes al coito (entiendo que para que el espermatozoide no consiguiese unirse al óvulo) hasta la propia cirugía con agujas de bronce, un método al que solo se recurría en casos desesperados porque, en caso de sobrevivir a la hemorragia, era muy posible que la mujer quedara estéril.

Y si a pesar de todo el bebe nacía, no le quedaba más remedio que enfrentarse al veredicto del paterfamilias: sublatus (tomarlo) o expositus (abandonarlo). Si lo recogía del suelo, significaba que lo aceptaba, lo legitimaba y pasaba a gozar de todos los derechos y privilegios como miembro de la familia. Si por el contrario no eran aceptados, la criatura era expuesta, es decir, era abandonada. En tal caso, los recién nacidos o bien morían, o bien eran adoptados por otras familias.

En muchos casos, eran recogidos por tratantes de esclavos que los criaban para posteriormente venderlos o, en el caso de niñas, por algún proxeneta que regentaba un lupanar para ponerlas a trabajar en cuanto pudiesen. De hecho, en España el apellido Expósito se asignaba a los hijos de padres desconocidos que habían sido abandonados en las inclusas, hospicios o casas de expósitos.

Al no tener estos niños padres conocidos, se les ponían el apellido de Expósito que delataba su condición de niños abandonados y se convertía en un estigma social. A partir de 1921 se modificó la ley para que pudiesen cambiarse el apellido Expósito por cualquier otro y de forma gratuita.

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Bikini y su familia léxica: historia de una palabra atómica…


Bikini y su familia léxica: historia de una palabra atómica

The Conversation(R.C.García) — Eva María se fue, buscando el sol en la playa, con su maleta de piel y su bikini de rayas. Se podía haber ido con un monokini de rayas, un trikini, un tankini, un flamenkini o un minikini.

También, sin la menor indulgencia, Eva María se podía haber preguntado, ante todas esas opciones de moda playera que parecen compartir una misma raíz, qué es entonces un kini y por qué nunca podría meterlo en la maleta.

Kini, la base de creación para esta inagotable familia léxica que orbita en torno a bikini, es una palabra que ni existe ni debería existir en la lengua, porque es producto de un error de percepción lingüística.

Los hablantes vieron en bikini, ese traje de baño de dos piezas, una estructura morfológica que replicaba la de términos como bicéfalobicentenario o bisílabo, donde bi- significa ‘dos’ y duplica, por tanto, el concepto representado por la base a la que precede (cabezas, centurias o sílabas). Así, despojado el bikini de ese multiplicador, naturalmente un traje de baño de una pieza sería un monokini, y uno de tres piezas, un trikini.

La operación matemática era infalible. La operación lingüística, no tanto. Los hablantes cometieron un error al interpretar la estructura del término, en un fenómeno conocido como reinterpretación morfológica, que puede considerarse un ejemplo de etimología popular (como sucede en el par vagabundo/vagamundo).

– Bikini, atolón de las Islas Marshall

La modelo francesa Micheline Bernardini llevando el primer bikini, 1946. 

Para entender por qué esta era una interpretación errónea, debemos remontarnos al origen mismo del término bikini.

El 20 de junio de 1946 es la fecha del registro de patente firmado por Louis Réard, un ingeniero francés que diseñó un traje de baño de dos piezas, al que decidió denominar bikini en referencia al atolón de las Islas Marshall en el que ese mismo año se habían realizado pruebas nucleares, por lo que era un nombre muy presente en la cultura popular de la época (tanto que el atolón Bikini está vinculado también al origen de Godzilla).

Además, el nombre aludía al carácter atómico (por lo pequeño y a la vez explosivo) de su creación textil.

La novedad del bikini cubrió todos los periódicos pero muy pocos cuerpos femeninos, aunque el escándalo no hizo más que alimentar su popularidad.

Veinte años después, el despertar de su productividad léxica nos da idea de que su uso se ha extendido de manera definitiva: en 1964 se registra el término monokini (prenda de baño de una pieza), al que seguirá el trikini y, a lo largo de los años, una interminable colección de términos que, a partir de la base kini, nombran las prendas de baño más diversas.

– La familia léxica de bikini

Algunas variantes de bikini hacen referencia al tamaño de la prenda (minikini o microkini), mientras otras aluden a la parte del cuerpo que cubren (facekini o carakini, que sirve para proteger el rostro de las picaduras de mosquitos y medusas) o bien su hibridez con otras prendas (burkini, con el burka; tankini, con un tank topflamenkini, con el traje de flamenca; o toallakini, con el tejido y forma de una toalla).

Finalmente hay creaciones conectadas a la cultura popular, como el baykini (de la serie Baywatch; en español, Los vigilantes de la playa o Guardianes de la bahía) y el mankini (de la película Borat). Junto al mankini, el penekini y el pubikini son quizás los ejemplos más atómicos de toda la familia, cuya búsqueda de imágenes en internet, advertimos, debe realizarse con cautela.

En cualquier caso, para saber más sobre esta familia léxica recomendamos un recurso fantástico y accesible para todos los hablantes: el Diccionario Histórico de la Lengua Española de la RAE, que ofrece información detallada sobre estas palabras y su uso en español, así como sobre muchas otras de la historia de nuestra lengua.

– Palabras de moda

Bikini y su familia léxica: historia de una palabra atómica

La increíble, volátil productividad léxica existente en torno a bikini no es casualidad.

A fin de cuentas, el bikini es un producto comercial, y esto tiene consecuencias lingüísticas inevitables.

Si la neofilia (la obsesión por la novedad) ha sido definida como una característica esencial de la cultura de consumo, es esperable que los neologismos (las nuevas palabras) se integren en ella naturalmente, como sucede en la industria de la moda.

¿Qué vida puede tener el toallakini o el pubikini, más allá de viralizarse en redes durante un breve verano?

¿Qué diferencia hay entre el monokini y el bañador de toda la vida?

Probablemente ninguna, pero es también probable que el primero venda mucho más que el segundo, o se venda, al menos, más caro. Como con los muffins y las magdalenas, las palabras foráneas y novedosas explotan el prestigio lingüístico como un valor de mercado.

Esto no implica que debamos rechazar los neologismos, pero conocer el origen (nuclear, a veces) de las palabras, la manera en que se entretejen y relacionan, nos permite entender mejor nuestra lengua y también, en último término, la realidad que nombran.

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El escándalo Watergate: qué llevó a Richard Nixon a convertirse en el primer presidente de EE.UU. que dimitió de su cargo hace más de 50 años…


Richard Nixon dando un discurso con una mueca de desagrado
Richard Nixon fue presidente de Estados Unidos por el Partido Republicano.

BBC News Mundo(A.M.Roura) — El escándalo Watergate es hoy en día símbolo de corrupción y conspiración.

Lo que comenzó como un robo en un edificio de Washington terminó con la renuncia del presidente número 37 de Estados Unidos, Richard Nixon, el 8 de agosto de 1974.

“Nunca he sido un desertor. Dejar la presidencia antes de que termine mi mandato es abominable para cada instinto de mi cuerpo. Pero como presidente, debo poner los intereses de Estados Unidos en primer lugar”, dijo Nixon en un mensaje emitido por radio y televisión.

El hecho sacudió la política y la sociedad estadounidenses.

Fue el primer y único mandatario del país en dimitir, un hecho que marcó un punto de inflexión en la confianza ciudadana hacia quienes ejercen el poder.

El caso Watergate tuvo cuatro momentos clave que culminaron, hace 50 años, con la caída de Nixon.

1. El robo

Todo comenzó con un supuesto robo.

El 17 de junio de 1972 cinco hombres —tres cubanos, un cubano-estadounidense y un estadounidense— entraron de madrugada en la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata, ubicado en el complejo de edificios Watergate en Washington D.C.

En ese lugar se centralizaba la campaña del partido, que aspiraba a derrotar a Nixon en las elecciones de noviembre de ese año.

El conserje del edificio notó algo sospechoso y llamó a la policía, que detuvo a los cinco individuos.

Al día siguiente, The Washington Post, uno de los principales diarios del país, reportó el hecho con algunos datos que comenzaron a levantar sospechas.

Por ejemplo, los supuestos ladrones estaban vestidos de traje, usaban guantes quirúrgicos y llevaban equipos de escucha y cámaras de fotos.

Además, tenían casi US$2.300 en efectivo.

Bob Woodward (izquierda) y Carl Bernstein (derecha)
Bob Woodward (izquierda) y Carl Bernstein (derecha) en un evento para conmemorar los 50 años de Watergate, en 2022.

Con estos datos, Carl Bernstein y Bob Woodward, dos jóvenes reporteros del Post, comenzaron a investigar el caso.

Para ello fue crucial «garganta profunda», una fuente anónima cuya identidad fue revelada tres décadas después: se trataba de Mark Felt, el entonces subdirector del FBI.

Con su ayuda, los periodistas le dieron un vuelco a la trama: empezaron a encontrar conexiones entre el supuesto robo y la Casa Blanca.

2. Los «plomeros» cubanos

La primera prueba de este vínculo fue publicada en agosto de 1972: un cheque de US$25.000 para la campaña de reelección de Nixon había sido depositado en la cuenta bancaria de uno de los ladrones.

Las indagaciones de los reporteros también revelaron que algunos de los involucrados en el robo habían participado en operaciones de la CIA contra el régimen de Fidel Castro.

Pero esta fue solo la punta del ovillo.

También encontraron que el fiscal general John Mitchell controlaba un fondo secreto para recopilar información sobre miembros del Partido Demócrata.

todo apuntaba a que las órdenes venían de la Casa Blanca.

En aquel entonces, Nixon se encontraba sobre el final de su primer mandato y desde la Casa Blanca un comité dirigía la estrategia para su reelección.

Aunque Nixon se perfilaba como el favorito para ganar las elecciones, no tenía el camino allanado.

Los equipos incautados a los "ladrones" de Watergate
Los equipos incautados a los «ladrones» de Watergate.

Uno de sus principales obstáculos era no haber cumplido con la promesa con la que llegó a la presidencia en 1968: poner fin a la guerra en Vietnam.

Esto ocurría en un momento en el que los movimientos de defensa de los derechos civiles y contra el conflicto bélico estaban en plena efervescencia.

Además, en 1971 una filtración escandalosa conocida como los «Papeles del Pentágono» había dejado mal parado al mandatario.

Estos documentos secretos sobre el conflicto en Vietnam filtrados al diario The New York Times revelaban cómo se había engañado al público sobre lo que ocurría en la guerra.

Tras este escándalo, Nixon creó dentro de la Casa Blanca una Unidad de Investigaciones Especiales, más conocida como la unidad de “Los plomeros” porque su tarea era detener cualquier filtración.

Es en este punto donde esta historia se cruza con la de Watergate.

Uno de los “plomeros”, G. Gordon Liddy, fue transferido al Comité para la Reelección de Richard Nixon.

De ahí salió la orden para espiar a los demócratas en las oficinas del edificio Watergate y encontrar cualquier documento que pudiera perjudicarlos.

Pero mientras esta información salía a la luz, la popularidad de Nixon seguía intacta.

De hecho, arrasó en las elecciones de noviembre de 1972.

3. El encubrimiento de la Casa Blanca

Todo dio un giro dramático en febrero de 1973, cuando las investigaciones llegaron al Senado.

En las audiencias públicas del caso, que fueron seguidas en televisión por millones de estadounidenses, varios testigos coincidieron en que si bien Nixon no había dado la orden directa de espiar a los demócratas en Watergate, sí había mandado a encubrir los vínculos del caso con la Casa Blanca.

Pero no solo salieron a la luz detalles de Watergate.

También se conoció que la red de espionaje y conspiración se había convertido en casi una cultura de “el fin justifica los medios” en la Casa Blanca.

Incluso se dieron detalles de la financiación ilegal de muchas de las operaciones ilegales y de contribuciones al Partido Republicano a cambio de favores políticos.

Nixon saludando desde la puerta de un avión.
Nixon prefirió dimitir antes que ser destituido mediante un proceso de impeachment.

Sin embargo, una de las revelaciones más graves fue la que destapó el sistema de escucha telefónica y de conversaciones que el propio presidente Nixon tenía instalado en la Oficina Oval.

El mandatario se justificó diciendo que había instalado ese dispositivo para escribir sus memorias.

La batalla feroz por las grabaciones marcó el principio del fin del segundo mandato de Nixon.

4. La caída de Nixon

Según los expertos, el proceso que acabó con la renuncia de Nixon puso a prueba la independencia de los poderes en Estados Unidos: la Justicia, el Senado, el Congreso y el Poder Ejecutivo.

El historiador Dafydd Townley, de la Universidad de Portsmouth en Reino Unido, le dijo a BBC Mundo hace algunos años que este acontecimiento marcaba «el fin de la relación entre la presidencia y la gente«.

Y agregó: «En última instancia, la vínculo entre el pueblo estadounidense y la confianza que tenía en el Poder Ejecutivo desapareció en 1974. Y realmente no ha vuelto».

Primero fue la disputa entre el Senado, que quería obtener las grabaciones del despacho de Nixon, y el presidente, que se negaba a entregarlas alegando razones de seguridad.

Pero el drama se intensificó cuando renunciaron varios funcionarios del Departamento de Justicia, incluido el fiscal general, mientras que otros eran despedidos en medio de la presión desde la Casa Blanca para sofocar la investigación de la Cámara Alta.

Hubo una fuerte condena por parte de la opinión pública y algunos calificaron este episodio como un intento de golpe de Estado por parte del gobierno, por interferir en la Justicia.

Las grabaciones finalmente se hicieron públicas cuando lo exigió la Corte Suprema de Justicia el 24 de julio de 1974.

Una de ellas puso al presidente en el centro de la conspiración.

Personas protestando frente a la Casa Blanca. Se ve un cartel que dice: "Jail to the chief" ("Cárcel para el jefe")
Para el historiador Dafydd Townley, este hecho marca «el fin de la relación entre la presidencia (de EE.UU.) y la gente».

En el audio se escuchaba cómo Nixon conversaba con uno de sus asesores sobre cómo la CIA debía bloquear las investigaciones del FBI en el caso Watergate, solo seis días después de que la prensa reportara el supuesto robo.

De inmediato, el Congreso inició un proceso de juicio político o impeachment contra Nixon, acusándolo de obstrucción de la Justicia y abuso de poder.

Quince días más tarde Nixon renunció a su cargo.

A los pocos días de asumir, su sucesor, Gerald Ford, perdonó a Nixon y muchos analistas piensan que esto causó aún más desilusión en la sociedad.

Sin embargo, otros expertos afirman que el caso también demostró que, a pesar de sus fallas, las instituciones en Estados Unidos son fuertes y funcionan de manera independiente.

En lo que muchos coinciden es que este fue uno de los episodios más turbios de la política estadounidense en el siglo XX.

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La bacteria que ayudó a la resistencia checa contra los nazis


JotDown(J.J.Gallego) — El mercedes negro descapotable circula a gran velocidad, el director de la Oficina Central de Seguridad del Reich grita a su chofer «Schneller! Schneller!» («¡Más rápido, más rápido!»). Es 27 de mayo de 1942 y Reinhard Heydrich, apodado «el Carnicero de Praga», «la bestia rubia» llega tarde.

Él es el cerebro tras la idea de los guetos; también presidente y artífice de la conferencia Wannsee, lugar donde se decidió la «Solución Final» que más tarde se conocería como el Holocausto, y probablemente el hombre más temido de todo el Reich incluso por sus propios compañeros.

Su descapotable, un Mercedes con lo último en tecnología, comodidad y lujos, a la altura de uno de los miembros más poderosos del partido Nazi. Un coche sin blindaje, un coche sin escolta. Heydrich, segundo al mando de las SS, virtuoso del violín, grande de la esgrima y prácticamente señor de Praga, no la necesita.

El Carnicero de Praga pasa siempre por el mismo lugar. Los sargentos checos de la resistencia Jozef Gabčík y Jan Kubiš lo saben. Llevan meses preparando la operación Antropoide. Saben que es su última oportunidad, ya que Hitler ha decidido enviar a Heydrich a Francia. Pero todo está listo, el coche tendrá que aminorar al pasar por la curva de Holešovice.

Allí Gabčík espera con un subfusil Sten inglés y Kubiš con una granada antitanque modificada. Valčík, tercer miembro del equipo, hace señales desde la lejanía con un pequeño espejo para avisar de la llegada del nazi. Nadie sospecha de Gabčík, aunque lleva una gabardina bajo el brazo en un caluroso día de primavera, nadie sospecha hasta que se gira y se planta en medio de la carretera.

El coche frena, la gabardina cae, Heydrich ve un arma apuntándole. Gabčík aprieta el gatillo: no ocurre nada, el tiempo se detiene. Los nazis aún están en shock y Gabčík encasquillado como su propio subfusil. Pero Kubiš camina tranquilo, nadie se ha percatado de su presencia. Se acerca desde atrás, saca de su bolsillo la granada y la lanza apuntando a los asientos del descapotable: también falla.

La granada cae junto a la rueda trasera, detonando y haciendo volar un metro al Mercedes. Sin embargo, Heydrich solo sufre heridas por metralla amortiguadas por el asiento y la carrocería del vehículo. Se inicia una persecución que termina con una de las batallas más increíbles de la historia.

Gabčík y Kubiš morirán sin saber que lograron su objetivo, eso sí… con la ayuda más que probable de un microscópico aliado. Heydrich llega al hospital de Praga donde es tratado de sus heridas. Los rayos X muestran que tiene esquirlas alojadas en algunas partes de su cuerpo pero ninguna mortal, o al menos aparentemente.

Y es que en su bazo tiene incrustado un minúsculo trozo del lujoso asiento de su Mercedes, un asiento de cuero relleno con crin de caballo. Aunque se le trata con sulfamidas, un bacteriostático que impide la proliferación bacteriana sin llegar a matarlas, pocos días después la fiebre y una septicemia acabarán con su vida.

Imagen a microscopía electrónica de la bacteria del Antrax: This image is a work of a U.S. military or Department of Defense employee, taken or made as part of that person's official duties. As a work of the U.S. federal government, the image is in the public domain.
Imagen a microscopía electrónica de la bacteria del Antrax.

La crin de caballo suele contener esporas de una bacteria llamada Bacillus anthracis.

La bacteria sobrevive durante años en un estado de dormición formando esporas en el pelo del animal, hasta que logra entrar dentro del organismo de alguna víctima.

Una vez dentro produce dos factores de virulencia.

El primero es una cápsula anti-fagocítica que, como a los checos, permitirá a la bacteria evitar ser detectada por las defensas, actuará como un camuflaje perfecto para la infiltración.

El segundo es la exotoxina tripartita o antracita; esta tiene tres subunidades, como nuestro equipo.

La primera se encarga de introducir a las otras dos en las células y es conocida como (PA), protector de antígenos.

Las otras dos, casi imitando al dúo checoslovaco, serán las que eliminen al nazi, reciben el nombre de (EF) factor de edema y (LF) factor letal. Unidas se conocen como (LT) toxina letal. Una vez las bacterias detecten la humedad y la temperatura de la herida, despertarán reactivando su metabolismo.

Luego, como la resistencia checa, se infiltrarán camufladas en el organismo del Carnicero, y tras unos días se lanzarán al ataque liberando en la sangre sus terribles exotoxinas; en pocas horas los delirios y la fiebre se adueñarán de Heydrich, después todos sus órganos fallarán.

Lo único que lo hubiera salvado sería la penicilina, pero afortunadamente el único que la poseía en aquellos días… era Winston Churchill.

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Primero los matamos, luego los prohibimos (y otras historias edificantes)…


carlos i
Detalle de El emperador Carlos V, de Juan Pantoja de la Cruz en 1605.

JotDown(A.V.Francés) — Francisco de Vitoria declaraba que no era lícito empezar una guerra solo por diferencias de religión.

Por su parte, Erasmo, en su Institutio Principes Chistiani (Educación del principie cristiano), un manual de conducta elaborado para la formación de un joven Carlos I, le proporcionaba al futuro emperador una buena ración de moral cristiana, le recordaba que la ley de Dios estaba por encima de la ley humana y se atrevía incluso a decirle que un «rey debe abandonar el cetro antes de cometer una injusticia».

Naturalmente, Carlos I, como todos los demás reyes de la época, se limpió el culo con los libros de estos dos grandes humanistas. Y lo de limpiarse el culo no es metafórico. En esa época, uno se limpiaba el culo con cualquier papel que tuviera a mano, ya fuera una de las primeras ediciones del Quijote, ya fuera un documento oficial de cualquier cancillería o consejo de los muchos existentes.

Los cronistas de la época nos refieren curiosos hallazgos bibliófilos y archivísticos en las cuadras y cuartuchos de las posadas, mesones, hospederías y demás establecimientos hoteleros del momento, donde las buenas gentes iletradas se limpiaban las partes con valiosísimos legajos que habían llegado hasta allí no se sabe por qué oscuros caminos (aunque se puede imaginar: saqueos, ventas de nobles arruinados, robos…).

No, mejor dicho, Carlos I acabó haciendo caso al bueno de Erasmo, solo que unos treinta años más tarde, cuando abdicó en 1556. Un año después de dejar que su hermano Fernando se entendiese con los protestantes alemanes, a los que se les concedió la libertad religiosa. ¡Pero ojo! Se les concedió la libertad religiosa a ellos, a sus nobles personas, a nadie más.

Es decir, que si tal o cual duque o conde o príncipe quería ser protestante o católico todos sus súbditos tenían que seguir su religión, sin posibilidad de libertad o de disconformidad alguna. Es lo que se conoce como «Cuius regio, eius religio». Vamos, que en ese momento, a más de uno le tocó cambiar de religión de un día para otro, por las buenas o por las malas, y a callar se ha dicho.

Francisco de Vitoria Compludo | Real Academia de la Historia

¿Cuántas guerras de religión tuvo que librar Carlos I para llegar a la Paz de Ausburgo, que para él era simplemente una derrota total? ¿Cuántos muertos? ¿No hubiera sido mejor hacer caso al fraile salmantino, que se molestaba en escribir en castellano, no como otros que escribían en latín para ponerlo más difícil?

Francisco de Vitoria tuvo un cierto éxito al defender a los indígenas de América y al promulgar el principio del «derecho natural». Pero los monarcas europeos habían leído a Maquiavelo y sabían que entre ser amado y ser temido, y dado que lograr ambas cosas no es posible (para Maquiavelo eso sería lo ideal, que tu regia figura suscitase tanto amor como miedo), un gobernante debe elegir siempre ser temido, que eso te garantiza un futuro más largo.

Y hablando de futuros más largos… Ahí tenemos el ejemplo de Enrique IV, el rey que quería «Un pollo en las ollas de todos los campesinos, todos los domingos»y al que le acabaron pegando una puñalada, y bien trapera, porque lo mandó directo al otro mundo.

Enrique IV era un rey que también sabía mucho de guerras de religión. Se libró por los pelos de morir en la matanza de la noche de San Bartolomé, pero luego tuvo que pelear como cabecilla del bando hugonote durante muchos años hasta que finalmente, y viendo una oportunidad de oro delante de sus narices, soltó eso de «París bien vale una misa» y se quedó tan ancho, y con una bonita corona que ceñir sobre su cabeza.

En este caso también podíamos decirle lo mismo que a Carlos I: ¿Para eso tantos muertos, para pasarte de religión cuando conviene? Hay que decir que luego quiso ser un buen gobernante, que se preocupó por su pueblo y firmó el Edicto de Nantes, que concedía la libertad religiosa a los protestantes (en este caso a todos y cada uno de ellos).

Y eso fue precisamente lo que lo llevó a la tumba. A alguien no le hizo mucha gracia esa política de tolerancia tan poco habitual en aquellos tiempos.

De hecho, el edicto de Nantes fue primero restringido y luego prohibido por sus sucesores, que quisieron una Francia unida bajo una misma religión, algo nada raro porque bien se preocupaban los otros reyes de hacer lo mismo en sus respectivos países, ya fueran los campeones del catolicismo, como nuestro insuperable Felipe II, o ya fueran renegados reformadores, como los reyes ingleses, y así con todos o casi todos, la tolerancia religiosa era un concepto un poquito difícil de entender en la Europa de los siglos XVI, XVII, XVIII e incluso XIX.

Y si no que se lo pregunten al pobre Miguel Servet, que huyó de una condena a muerte de los católicos para acabar condenado a muerte (y muerto) por los calvinistas de Ginebra.

MIGUEL SERVET
Miguel Servet

Miguel Servet es el ejemplo más vivo de lo que decía Luis Vives en sus cartas: «En estos tiempos es peligroso hablar y callar».

Vamos, que hagas lo que hagas estás jodido.

Pero claro, el que debía empezar a dar ejemplo era el papa.

¿Y qué hizo Gregorio XIII cuando se enteró de lo ocurrido en París en la noche de San Bartolomé? ¿Rezar por los miles de hugonotes muertos, incluidos mujeres y niños y todo el que pillaron por delante?

Eran pecadores y renegados, pero también eran hijos de Dios, después de todo (¿o no?).

Pues al enemigo ni agua, ni piedad, nada de nada… Gregorio XIII se puso muy contento. 

Se presentó en la iglesia de San Luis a dar gracias a Dios por la victoria.

Ordenó que se acuñara una moneda celebrando el acontecimiento y le envió al rey un trofeo.

Y como colofón mandó que se cantara un himno de acción de gracias (Te Deum) y que esta gloriosa fecha se conmemorara todos los años.

Se suele decir que Gregorio XIII pensaba que con eso se había acabado con el problema del protestantismo en Francia, pero las cosas no se acaban tan fácilmente, por mucha sangre que corra, y aunque las matanzas de hugonotes se extendieron como la pólvora por el resto de Francia (las modas de la capital siempre llegan a provincias, ya se sabe, sobre todo cuando se trata de acuchillar, ensartar y decapitar a los vecinos molestos), la matanza de San Bartolomé no hizo sino empeorar el problema, provocando una nueva guerra de religión.

Y eso que la matanza se celebró cuando la boda de un noble protestante (el futuro Enrique IV) con una princesa católica (Margarita de Valois) pretendía justo lo contrario. Pero ya se sabe, los hombres disponen y Dios decide. ¿O es al revés? ¿Dios dispone y los hombres deciden? ¿Pero Dios pinta algo en esto? ¿No son los hombres los que disponen y deciden, los que se lo guisan y se lo comen?

El Conde Duque de Olivares, después de años y años de sangrientas y costosas guerras que habían dejado el reino extenuado y arruinado, llegó a la conclusión de que Dios debía de querer la paz, pues le quitaba todos los medios para hacer la guerra. E iluminado por esa súbita certeza quiso parar la guerra de los Treinta Años. Y entonces descubrió que parar una guerra no es tan fácil como empezarla.

Mejor hubiera sido releer bien a Maquiavelo, que si algo tiene de bueno, además de su muy útil cinismo, es que deja a Dios de lado, y se centra en lo que hacen los hombres. Lo que hacen, no lo que deberían hacer, como bien nos recordó Pascal. En El príncipe, Dios no aparece por ningún lado. Todo lo contrario, Maquiavelo es como Hobbes pero un siglo antes. La política es cosa humana, vamos a dejar las cosas claras, y si metemos a Dios es siempre como una excusa para nuestros fines.

Aunque claro está, se puede ir contra la religión o se puede usar a tu favor, y ahí Maquiavelo se luce: «Dios y la religión tienen demasiada fuerza sobre el espíritu de los necios y esto debe ser aprovechado por el soberano». ¡Ah!, si al final resulta que Felipe II era más listo de lo que parecía… Tantas misas y tanta «religión socorrida por España» iba a tener un fin práctico… Y Tiziano era un espabilado, por cierto…

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