De naufragios o perdidos en una isla: Historias reales de supervivencia y esperanza…

Esquire(A.Thompson)/Gradesaver/Coope/bbc(N.Yousif) — La idea de estar perdido en una isla desierta, rodeado de naturaleza salvaje y sin ningún contacto con la civilización, es un escenario que ha cautivado la imaginación de la humanidad durante siglos. Desde novelas como robinson crusoe hasta películas como náufrago, la lucha por la supervivencia en un entorno hostil ha sido un tema recurrente en la cultura popular.
Pero más allá de la ficción, existen historias reales de personas que se han enfrentado a este desafío, historias que nos muestran la resiliencia humana, la capacidad de adaptación y la importancia de la esperanza en momentos de adversidad.
– Los seis de Tonga: Una historia de supervivencia y esperanza
En 1965, seis adolescentes del Reino de Tonga, en un acto de rebeldía juvenil, robaron un barco con la intención de llegar a Australia. Su aventura terminó en un naufragio, dejándolos varados en la isla desierta de Ata. A pesar de la falta de recursos, los jóvenes demostraron una asombrosa capacidad de supervivencia. Aprendieron a pescar, a construir refugios, a extraer agua de los árboles y a cultivar alimentos. Su experiencia en la isla duró 18 meses, un tiempo durante el cual se enfrentaron a la soledad, al hambre, a la enfermedad y a la constante amenaza de la naturaleza.
Lo que diferencia a la historia de los seis de Tonga de la novela de Golding es la ausencia de violencia y la prevalencia de la cooperación. Los jóvenes se apoyaron mutuamente, resolvieron sus conflictos de manera pacífica y se mantuvieron unidos frente a la adversidad. Su experiencia es un testimonio de la capacidad humana para la bondad y la resiliencia, incluso en las circunstancias más extremas.

En junio de 1965, seis adolescentes tonganos tomaron una traviesa decisión: escaparse de su internado en Nuku’alofa, la capital del país, para pasar un divertido día de pesca todos juntos. El grupo estaba liderado por Sione Fataua de 17 años. Lo acompañaba el fortachón Luke Veikoso, de 16; Stephen Tevita, el manitas del grupo; Kolo Fekitoa, el artista; y Mano Totau de 16, y el benjamín, David Tevita, de 15, que como más tarde confesó, fue elegido por ser el único de los seis que sabía navegar.
El plan de los seis chicos no era muy elaborado. Escaparse del colegio aprovechando un descuido y robar un pequeño bote de apenas 7 metros de eslora con el que salir a pescar. Navegaron unas 5 millas hacia el norte de la isla de Tongatapu y disfrutaron de una agradable tarde de pesca. Al anochecer, decidieron prolongar un poco más su insensata aventura y echar el ancla para pasar la noche durmiendo bajo las estrellas del Pacífico.
Mientras los chicos dormían, el tiempo comenzó a cambiar. El cielo estrellado se fue cubriendo de nubes y el viento comenzó a mover la frágil embarcación en la que estaban los chicos. Cuando se despertaron en mitad de una tormenta ya era muy tarde para reaccionar. El viento había roto la amarra del ancla y navegaban a la deriva por el océano más extenso del planeta.
Durante ocho días, los jóvenes navegaron a la deriva en un bote muy deteriorado por la tormenta, y sobreviveron con agua de lluvia y los peces que lograban capturar. Los vientos les transportaron más de 320 kilómetros, hasta que divisaron a lo lejos la isla de ‘Ata. Era el momento de la verdad, su única salvación pasaba por llegar a tierra firme.
Después de pensárselo, los chicos decidieron actuar: se tiraron al agua y nadaron durante 36 horas, con ayuda de los restos de su bote naufragado, hasta que lograron por fin pisar tierra en esta isla deshabitada.
La isla de ‘Ata es una de las 169 islas que forman el archipiélago de Tonga. Situada a unos 160 kilómetros de Tongatapu, la islaprincipal del archipiélago, durante años estuvo habitada, aunque una catástrofe cambió su historia para siempre.
Sus orígenes se remontan a los primeros habitantes del país, ya que, según la leyenda de Tonga, ‘Ata y ‘Eua fueron las primeras islas habitadas por tonganos. Durante muchos años, los escasos 200 habitantes de la isla vivían prácticamente aislados del mundo, hasta que en 1863, el barco esclavista Grecian, con el capitán McGrath al mando, llegó a la costa de la isla.
Según cuenta la leyenda, fue el alcalde de la isla el que convenció a la mayoría de sus habitantes de que subieran a bordo del barco para realizar «un intercambio comercial». Lo cierto es que, una vez 144 de ellos montaron en la nave, el capitán los encerró y partió con ellos a bordo, con el propósito de venderlos como esclavos en Perú.
Cuando el rey de Tonga escuchó la historia, mandó a buscar a los pocos habitantes que quedaban para evacuarlos a ‘Eua, por lo que el antiguo pueblo de Kolomaile, escenario de esta tragedia, quedó con los pollos de los que vivían los antiguos indígenas como únicos habitantes.
Al llegar a la isla, los seis adolescentes se refugiaron en una pequeña cueva en un acantilado, donde vivieron durante tres meses. Fueron 90 días de mucha hambre y sed, y sus únicos alimentos los obtenían de las gaviotas, a las que cazaban para comerse su carne y sus huevos y beberse su sangre.

Fueron días muy duros para los chicos, como explicaba Mano en una entrevista a la ABC australiana: «Rezábamos día y noche por ser rescatados. Tenía miedo, hambre y frío. La mayoría de los días llovía sin parar y había mucho viento».
Esta soledad sirvió a los pobres chicos para unirse aún más: «Un grupo de gente que no sabe dónde está y no tiene suficiente comida y bebida…No estábamos de acuerdo en todo, pero no hay más remedio que trabajar juntos para sobrevivir».
Con el paso del tiempo, comenzaron a organizar paseos para explorar la isla, y, una mañana, tras una marcha de dos días, encontraron por casualidad las ruinas abandonadas de Kolomaile.
A partir de entonces, la situación de los jóvenes mejoró. Encontraron los descendientes de los pollos que habían abandonado los pobladores originales, las antiguas plantaciones de plátano y taro, y reutilizaron los mecanismos que los antiguos habitantes utilizaban para almacenar el agua de lluvia.
Stephen logró hacer fuego utilizando dos palos y los chicos se fueron turnando durante un año para asegurarse de que la preciada hoguera nunca se apagara.
Un día, los chicos distinguieron a lo lejos una embarcación que navegaba no muy lejos de la isla. Inmediatamente, avivaron las llamas e hicieron señales para llamar la atención de los tripulantes del barco que podía salvarles la vida. El navío empezó a virar, llenando a los jóvenes de esperanza, pero todo se desmoronó cuando se dieron cuenta de que se alejaba de la isla
A partir de madera y coco, Kolo logró fabricar una guitarra con la que entretenerse tocando música y cantando por las noches. Juntos, los seis adolescentes compusieron hasta cinco canciones con las que disfrutar durante su particular confinamiento.
Hartos de esperar a que alguien los encontrara, los chicos pasaron a la acción: utilizando troncos de árbol construyeron una pequeña lancha con la que navegar de vuelta a casa. Apenas un kilómetro después de partir, la embarcación se rompió, obligando a los chicos a retornar una vez más a la isla.
Afortunadamente, pocos días después, el 11 de septiembre de 1966, un barco pesquero australiano se acercó a la isla de ‘Ata y su capitán, Peter Warner, se mostró sorprendido al ver trozos de vegetación quemados. Warner, picado por la curiosidad, ordenó acercarse a la isla, y pudo observar a los seis adolescentes desnudos. Desde la distancia, por miedo a que fueran peligrosos, intentó comunicarse con ellos, y se sorprendió al darse cuenta de que le respondían en perfecto inglés: «Somos seis y creemos que llevamos aquí unos quince meses».
El capitán dudó debido del aspecto de los jóvenes, como explicó Mano en una entrevista: «Estaban muy asustados, porque estábamos desnudos, con el pelo largo. Nos tiramos al agua y nadamos hasta el barco. El señor Warner no puso la escalera porque estaban asustados. Por suerte, pudimos hablar con ellos en inglés, nos hicieron algunas preguntas. Nos enseñaron la foto de la reina y dijimos: ‘sí, esa es nuestra reina Salote».
Una vez admitió a los jóvenes en el barco, el capitán contactó por radio con la capital tongana, Nukuʻalofa, donde le explicaron que los seis adolescentes habían sido dados por muertos, e incluso se habían celebrado funerales por ellos.
Los jóvenes fueron recibidos con honores por todos al llegar a casa. Por todos, menos por una persona: el dueño del barco en el que habían huido los denunció por robo y tuvieron que responder a unas preguntas de los agentes. Una vez se aclaró todo, se celebró un gran banquete al que fue invitado, cómo no, el capitán del barco que los había rescatado.
Más tarde, los chicos volvieron a la isla, donde grabaron un documental sobre su aventura.
– Los 3 náufragos rescatados en una isla desierta tras escribir HELP en la arena de una playa

En 2020, tres marineros de Micronesia fueron salvados por las Fuerzas de Defensa de Australia después de deletrear «SOS» en la playa.
Tres hombres fueron rescatados por la Guardia Costera de Estados Unidos frente a una isla en Micronesia después de que escribieran la palabra “HELP” (ayuda, en inglés) utilizando hojas de palmera.
Fueron encontrados nueve días después de que partieran en un viaje en barco a la isla Pikelot, un espacio coralino deshabitado a unos 667 kilómetros de Guam.
Es la segunda vez en cuatro años que se rescata a personas en ese lugar.
La Guardia Costera dijo en un comunicado que los tres marineros eran experimentados. Se habían embarcado en su viaje en barco desde el atolón Polowat, una isla que forma parte de los Estados Federados de Micronesia.
Partieron el domingo de Pascua en un esquife tradicional de seis metros con motor fuera de borda. Después de que no regresaran durante varios días, un familiar alertó a la Guardia Costera de Guam, que lanzó una misión de búsqueda.
– El rescate
Los socorristas buscaban inicialmente en un área de más de 78.000 millas náuticas cuadradas en un periodo de malas condiciones climáticas. Pero acabaron localizando a los hombres desde el aire gracias al improvisado mensaje que decía “HELP».
«En un notable testimonio de su voluntad de ser encontrados, los marineros deletrearon ‘HELP’ en la playa usando hojas de palma, un factor crucial para que fueran descubiertos», dijo la teniente Chelsea García, quien dirigió la misión el día que fueron encontrados.
Más adelante, el personal de la Guardia Costera lanzó desde el aire paquetes de supervivencia y una radio mientras uno de sus barcos se dirigía a la isla. Los marineros respondieron por radio y dijeron que gozaban de buena salud y tenían acceso a alimentos y agua.
Fueron rescatados el día 9 de abril. Micronesia, en el Pacífico occidental, está formada por unas 600 pequeñas islas esparcidas en una vasta extensión oceánica. Aunque está deshabitado, el atolón Pikelot suele ser visitado temporalmente por cazadores y pescadores.
– Increíbles historias reales de personas que sobrevivieron a perderse en el mar

El océano es como un desierto húmedo: no hay comida, ni agua, ni refugio, y en todas las direcciones, la vista es simplemente una brillante reflejo de la nada. Por no hablar de que abundan los depredadores peligrosos, que acechan justo debajo de las profundidades. Sí, hablamos de los temidos tiburones, que en mar abierto son implacables en muchas ocasiones.
Un naufragio en mar abierto puede ser una sentencia de muerte. Si un equipo de rescate no llega en las primeras 48 horas, probablemente nunca lo hará. Aprender a sobrevivir requiere habilidad, coraje y un montón de suerte. Miles de kilómetros en algunos casos, sobreviviendo sin prácticamente comida y sobreviviendo con el agua de la lluvia y las pocas capturas en forma de pájaros o pescados que pasaban por ahí y fueron cazados.
Aunque suene duro, cuando leas lo que viene a continuación te darás cuenta de que es todavía peor, porque la exposición al sol y la falta de agua es una mezcla mortal.
– Filo Filo, Etueni Nasau y Samu Pelesa

En muchas cadenas de islas del Pacífico, la gente utiliza pequeñas embarcaciones para navegar de una isla a otra. Las islas están lo suficientemente cerca entre sí como para que navegar de una a otra sea un modo de viajar relativamente sencillo, barato y directo.
Para tres adolescentes de la pequeña isla de Tokelau, navegar era una rutina. Sin embargo, cuando Filo Filo, Etueni Nasau y Samu Pelesa zarparon el 5 de octubre de 2010, el viaje sería más largo de lo que ninguno de ellos esperaba.
Poco después de adentrarse en el océano, los tres adolescentes perdieron de vista la orilla y se desorientaron. Sin saber cuál era el camino a casa, el grupo se perdió, alejándose cada vez más de tierra.
Habían llevado agua suficiente para dos días, pero ésta se agotó rápidamente y tuvieron que recurrir al agua de lluvia. Al cabo de unas semanas -sin comida y sin señales de rescate- se desesperaron lo suficiente como para atrapar un pájaro y comérselo.
Mientras tanto, tras un mes sin noticias, su comunidad creyó que los chicos habían muerto. Alrededor de 500 personas asistieron a un servicio funerario conmemorativo por los chicos, lo que representa un tercio de la población total de la cadena de islas.
Tras pasar más de un mes a la deriva en el mar, los tres chicos no tenían comida ni agua, y sufrían una exposición al sol extrema. Su situación era tan grave que empezaron a beber agua de mar, señal inequívoca de que la muerte está cerca. Cuando sólo les quedaban días o incluso horas de vida, un barco pesquero a medio camino entre Samoa y Fiyi los avistó. Habían quedado a la deriva más de 800 kilómetros.
El marinero rescató a los tres chicos y los llevó a un hospital en Fiyi, y luego de vuelta a sus hogares en Tokelau. Habían estado perdidos en el mar durante 50 días en total.
– Brad Cavanagh y Deborah Kiley

Deborah Kiley no era ajena a los mares. Había pasado la mayor parte de su vida trabajando como tripulante en yates de todo el mundo. Así que pensó que enrolarse como tripulante del velero Trashman, de casi 18 metros, en octubre de 1982, era un trabajo más. Pero resultó ser todo lo contrario.
John Lippoth, el capitán del barco, llevó a su novia Meg Mooney para que la acompañara. Los otros dos miembros de la tripulación eran Mark Adams y Brad Cavanagh. El plan era llevar el yate desde Annapolis (Maryland) hasta Florida para reunirse con su propietario.
La primera mitad del viaje fue bastante tranquila, aunque Kiley empezó a notar cosas que la inquietaban. Por ejemplo, Lippoth no paraba de poner excusas para bajar a cubierta, y Kiley no tardó en darse cuenta de que el capitán tenía miedo al mar. Además, Lippoth y Adams se pasaron todo el viaje completamente borrachos. De las cinco personas que iban en ese yate, sólo Kiley y Cavanagh eran marineros experimentados y capaces.
Después de que el barco pasara por Carolina del Norte, el viaje dio un giro hacia peor. Apareció una enorme tormenta de la nada, y el Trashman se dirigió directamente al corazón de la misma. Kiley recuerda vientos de más de 70 nudos y olas de 12 metros tan potentes que agujerearon el barco. Dos días después de zarpar, el yate, destrozado por el mar, empezó a hundirse.
La tripulación consiguió llegar a un bote salvavidas, pero no antes de que la jarcia del barco hiriera gravemente a Mooney, dejándole graves laceraciones en brazos y piernas. Su hemorragia atrajo a los tiburones, que siguieron al bote salvavidas durante el resto del viaje. La tripulación se encontró a la deriva, sin provisiones ni agua, a kilómetros de tierra.
Dos días después del hundimiento del Trashman, Lippoth y Adams, ya deshidratados por el alcohol y muertos de sed, empezaron a beber agua de mar. Empezaron a alucinar y a divagar de forma incoherente. Al tercer día, Lippoth -en un estado de delirio- se lanzó al agua e intentó nadar hasta la orilla. Inmediatamente fue atacado y muerto por los tiburones. Al poco tiempo, Adams también saltó por la borda, murmurando algo sobre ir a buscar cigarrillos. Los tiburones también le atacaron, con tanta violencia que el barco giró y el agua se volvió roja.
Esa noche, Mooney sucumbió a sus heridas, muriendo por envenenamiento de la sangre. Kiley y Cavanagh, los dos únicos que quedaban, tuvieron que arrojar su cuerpo por la borda, donde también fue devorada por los tiburones. Poco después, Kiley y Cavanagh, al borde de la muerte, fueron avistados por un carguero ruso frente a la costa de Cabo Hatteras. La tripulación los rescató cuatro días después de que abandonaran el barco, y cinco días después de zarpar.
– Steven Callahan

Steven Callahan es un experto en navegación. Concretamente, un ingeniero naval que lleva navegando en barcos desde que era joven. Incluso construyó su propio barco, llamado Napolon Solo, y zarpó de Rhode Island en 1981. Sus viajes le llevaron por todo el Atlántico: primero a las Bermudas y luego a la costa de Europa. A la vuelta, con destino a Antigua, se encontró con problemas.
Una semana después de zarpar hacia su casa, empezó a gestarse una tormenta. La tormenta era relativamente suave, y Callahan dijo que no estaba preocupado. Pero su barco chocó con algo que abrió un enorme agujero en el fondo. Callahan sospechó que se trataba de una ballena o de un gran tiburón.
El barco empezó a llenarse de agua y Callahan consiguió llegar a su balsa hinchable. Pero necesitaba los suministros de emergencia en la cabina, que ya estaba bajo el agua. Sumergiéndose una y otra vez, consiguió recuperar comida, agua, bengalas, un fusil submarino, alambiques solares y un puñado de otros artículos. En definitiva, estaba especialmente bien equipado para estar a la deriva.
Y es una buena cosa, porque Callahan estuvo a la deriva en su balsa durante 76 días. Durante ese tiempo, se enfrentó a amenazas de inanición, deshidratación, tiburones y pinchazos en la balsa. Finalmente, unos marineros de la costa de Marie-Galante, cerca de Guadalupe, lo vieron. Había perdido un tercio de su peso y apenas podía mantenerse en pie, por lo que lo llevaron a un hospital para que recibiera tratamiento. Sin embargo, Callahan ni siquiera pasó la noche, sino que optó por recuperarse en la isla, mientras hacía autostop por las Antillas.
Mucho más tarde, Steven Callahan trabajaría como asesor en la película La vida de Pi, aportando sus conocimientos de supervivencia en el mar para que la película fuera más realista.
– Poon Lim

Poon Lim tiene el récord mundial de mayor supervivencia en una balsa salvavidas. Y no es un récord que parezca que se puede batir facilmente.
Poon era un marinero chino del buque mercante británico SS Benlomond durante la Segunda Guerra Mundial. El barco había salido de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) camino de Nueva York cuando un submarino alemán lo atacó a unos cientos de kilómetros de la costa de Brasil. Ese encuentro destruyó el barco, pero Poon logró escapar con un chaleco salvavidas. Fue el único superviviente del barco.
Después de unas dos horas, Poon encontró una pequeña balsa de madera y subió a ella. Sorprendentemente, la balsa contenía algunos suministros de supervivencia, como comida, agua y bengalas. Pero cuando los días se convirtieron en semanas y la comida empezó a escasear, Poon tuvo que improvisar.
Empezó a fabricar un anzuelo improvisado y a pescar. Con su nuevo suministro de alimentos y el agua de su balsa, pensó que podría sobrevivir. Todavía tenía sus bengalas, y todo lo que tenía que hacer era esperar a que un barco se acercara.
Entonces las cosas se pusieron peor. Una tormenta arreció, y Poon perdió toda su comida y agua. Sin provisiones y al borde de la muerte, Poon tuvo que llegar al límite para sobrevivir. Con sus últimas fuerzas, atrapó un pájaro que pasaba por allí y lo mató, bebiendo su sangre para saciar su sed.
Poon se dio cuenta de que si quería sobrevivir, necesitaría una fuente de agua más permanente. La única disponible estaba protegida por muchos dientes afilados. Aun así, Poon reforzó su sedal y empezó a intentar pescar tiburones. Consiguió enganchar uno y lo subió a bordo. Bebió la sangre del hígado del tiburón para mantenerse.
Después de 133 días, Poon quedó a la deriva cerca de la costa de Brasil, donde unos pescadores lo rescataron y lo llevaron a un hospital para que se recuperara. A pesar de llevar casi medio año perdido en el mar, sólo había perdido unos 6 kilos y podía caminar por sí mismo.
– Maurice y Marilyn Bailey

En 1973, Maurice y Marilyn Bailey planeaban cumplir su sueño de mudarse de su casa en Inglaterra a Nueva Zelanda. Vendieron su casa, compraron un yate y zarparon con sus posesiones. Creían que el viaje sería placentero. Se equivocaron.
La primera mitad de su viaje fue bien, y pasaron por el Canal de Panamá en febrero de ese año. Poco después, se encontraron con problemas, o mejor dicho, los problemas se encontraron con ellos.
Mientras los dos estaban bajo cubierta, sintieron un gran impacto. La pareja se precipitó a la cubierta y vio una ballena sumergida en el agua y un gran agujero en el casco. El barco empezó a hundirse rápidamente, y los Baileys cogieron lo poco que pudieron y se dirigieron a su balsa salvavidas.
La pareja quedó varada en el Pacífico con unos pocos días de comida, una brújula, algunas bengalas y poco más. Recogieron agua de lluvia para beber y, cuando se les acabó la comida, comieron pájaros, peces e incluso tortugas.
Durante su estancia en el mar, avistaron siete barcos, a los que intentaron hacer señales, pero nadie se fijó en ellos. Cuando las semanas se convirtieron en meses, sufrieron quemaduras de sol y desnutrición. Su balsa salvavidas empezó a desinflarse, se vieron acosados por tiburones y sufrieron múltiples tormentas.
Tras 117 días varados en el mar, sin provisiones y al borde de la muerte, fueron finalmente rescatados. Un barco coreano que pasaba por allí los vio en el agua y cambió el rumbo para subirlos a bordo. Apenas podían moverse y estaban tan débiles que no podían comer alimentos sólidos.
El barco coreano les dejó en Hawái, donde inmediatamente juraron construir otro yate y volver al mar, porque está claro que no entendieron el mensaje la primera vez. Con las ganancias del libro que escribieron sobre sus experiencias, construyeron un segundo yate y pasaron años navegando alrededor del mundo sin mayor problema.
– Tripulación del Rose Noelle

John Glennie, Rick Hellriegel, Jim Nalepka y Phil Hofman eran cuatro amigos que decidieron tomarse unas vacaciones de invierno en la isla de Tonga. Partieron en su barco, el Rose Noelle, y esperaban una navegación tranquila.
El 4 de junio de 1989, tres días después de zarpar, una enorme ola surgió de la nada y golpeó el barco, volcándolo completamente y dañándolo gravemente. La tripulación se encontró atrapada en la cabina del barco, que empezó a llenarse rápidamente de agua.
Activaron una baliza de señalización en un intento de obtener ayuda, pero la baliza no obtuvo respuesta. Solos y atrapados en un camarote oscuro, los tripulantes tuvieron que abrir un agujero en el casco del barco para escapar. Afortunadamente, el Rose Noelle, aunque ahora estaba boca abajo, no se hundió del todo, y sus restos sirvieron de embarcación en la que los hombres pudieron seguir flotando.
Una semana más tarde, con los suministros agotados, la baliza de señalización dejó de funcionar, sin que todavía hubiera respuesta ni rescate. La tripulación estaba sola.
Cuando se agotaron las reservas de agua del barco, la tripulación montó un sistema para recoger agua de lluvia y empezó a pescar para alimentarse. Seguían a la deriva, tenían comida, agua y refugio, así que no corrían peligro inmediato mientras el tiempo no cambiara.
Estuvieron a la deriva durante semanas sin ser rescatados. Glennie empezó a bucear entre los restos para recuperar piezas del barco que pudieran utilizar. Consiguió recuperar una cocina de gas para que los cuatro hombres pudieran hacer barbacoas de vez en cuando.
El 30 de septiembre, 118 días después de quedar a la deriva, los cuatro náufragos y los restos del Rose Noelle aparecieron en una playa de Nueva Zelanda. Tuvieron mucha suerte. Unos meses después, el viento y las corrientes de agua los habrían llevado en dirección a Sudamérica.
Incluso el lugar de la playa donde llegaron a la orilla fue afortunado. A unas decenas de metros a la izquierda o a la derecha había acantilados rocosos, y si el barco hubiera llegado allí, se habría roto contra las rocas.
– Salvador Alvarenga

José Salvador Alvarenga ostenta el récord de mayor supervivencia en solitario en el mar. Estuvo 438 días a la deriva y recorrió más de 10.780 kilómetros.
Alvarenga es pescador, y el 17 de noviembre de 2012 zarpó del pueblo pesquero de Costa Azul, en México. Con él estaba Ezequiel Córdoba, otro pescador, con el que Alvarenga nunca había trabajado antes.
Poco después de zarpar, una tormenta azotó el barco. Desvió el rumbo del barco y dañó el motor y la mayor parte de los aparatos electrónicos de a bordo. Alvarenga consiguió ponerse en contacto con su jefe por radio antes de que se apagara, pero no pudo ayudarle.
La tormenta duró cinco días. Cuando terminó, Alvarenga y Córdoba no sabían dónde estaban ni cómo volver a casa. La tormenta había destruido la mayor parte de sus aparejos de pesca, dejándolos sólo con las provisiones básicas. Y sin motor, sin velas y sin remos, su barco estaba a la deriva.
Los dos navegaron a la deriva durante meses, sobreviviendo con el agua de la lluvia y capturando animales marinos como peces, tortugas y aves. Tras cuatro meses, Córdoba perdió la esperanza. Dejó de comer y murió de hambre. Alvarenga dice que también pensó en rendirse, pero perseveró.
Incluso después de cuatro meses en el mar, Alvarenga no había superado ni la mitad de su calvario. Intentó hacer señas a todos los barcos que veía, pero ninguno lo vio. Siguió sobreviviendo a base de agua de lluvia y animales marinos, y se mantuvo al tanto del tiempo por las fases de la luna.
Más de un año después de la tormenta que lo dejó a la deriva, Alvarenga divisó tierra. Abandonó su barco y nadó hacia la costa, y se encontró en una de las islas Marshall, al otro lado del Pacífico de donde había partido. Fue trasladado a un hospital, donde se recuperó completamente.
– Louis Zamperini

Louis Zamperini saltó a los titulares de prensa por primera vez en 1938, cuando viajó a Berlín para competir en los Juegos Olímpicos. Corrió en los 500 metros lisos y quedó en octavo lugar, lo que es más que suficiente para ganarse un lugar en los libros de historia. Pero Zamperini aún no había terminado.
En 1941, sólo unos meses antes de Pearl Harbor, Zamperini se alistó en el ejército de Estados Unidos. Se convirtió en subteniente de las Fuerzas Aéreas y, cuando comenzó la guerra, fue destinado como bombardero al Pacífico.
En 1943, durante una misión de búsqueda y rescate, su bombardero sufrió un fallo mecánico que lo hizo caer. Se estrelló en el océano, y ocho de los 11 miembros de la tripulación murieron. Los tres que sobrevivieron fueron Zamperini y sus compañeros de tripulación Russell Allen Phillips y Francis McNamara.
Los tres tripulantes estaban a la deriva en el Océano Pacífico, en territorio enemigo, sin comida, agua ni provisiones. Consiguieron salvar dos balsas de los restos de su avión y recogieron suficiente agua de lluvia para sobrevivir. Comieron pequeños peces y pájaros.
Estuvieron a la deriva durante semanas. Después de 33 días, McNamara murió, dejando sólo a Phillips y Zamperini. Dos semanas después, sus balsas llegaron a la costa de las Islas Marshall y los dos hombres fueron capturados inmediatamente por los japoneses.
Zamperini y Phillips fueron enviados a varios campos de prisioneros de guerra, y Zamperini acabó en el campo de Naoetsu, en el norte de Japón. Allí fue torturado durante dos años por el infame guardia de la prisión Mutsuhiro Watanabe, uno de los criminales de guerra más brutales de Japón. Cuando la guerra terminó en 1945, Zamperini fue liberado y se reunió con su familia.
– Oguri Jukichi

Jukichi era un marinero durante el periodo Edo de Japón, hace unos 200 años. Era el capitán del carguero Tokujomaru y su tripulación de 14 hombres. Estaba transportando soja a la ciudad de Edo, que se convertiría en la actual Tokio, cuando su barco se vio envuelto en una gran tormenta. La tormenta dañó el mástil del barco y los dejó a la deriva.
Rápidamente, la tripulación agotó sus provisiones de comida y agua. Comenzaron a sobrevivir exclusivamente con el agua de lluvia capturada y las grandes reservas de soja de la bodega del barco. Al cabo de varios meses, los miembros de la tripulación empezaron a sufrir escorbuto por falta de nutrientes.
Uno a uno, a lo largo de los meses, la tripulación empezó a morir, mientras el Tokujomaru se alejaba cada vez más de casa. Tras más de un año a la deriva, sólo quedaban tres personas: el capitán Jukichi, y dos miembros de la tripulación, Otokichi y Hanbe. Los tres sufrían los efectos del escorbuto y probablemente estaban a punto de morir cuando su barco fue descubierto frente a la costa de California en 1815.
Los tres marineros japoneses se convirtieron en las primeras personas de ese país en pisar las costas estadounidenses. Habían navegado más de 5.000 millas a la deriva y estuvieron perdidos en el mar durante 484 días.
Los tres marineros regresaron a Japón tras recuperarse, pero Hanbe murió durante el viaje. A su regreso, Jukichi recibió numerosos honores y se le concedió un apellido, Oguri. Incluso 200 años después, Jukichi sigue ostentando el récord Guinness de mayor tiempo a la deriva en el mar.
– Adrián Vásquez, 26 días a la deriva
Lo que empezó como una noche tranquila de pesca, acabó en tragedia para dos de los tres jóvenes panameños que quedaron a la deriva durante 26 días en el Pacífico, en febrero de 2012.
Todo parecía ir según lo planeado: el grupo de amigos consiguió atrapar varios peces, por lo que la experiencia estaba siendo satisfactoria, hasta que de forma repentina el motor de la embarcación se detuvo.
Los dos jóvenes que acompañaban a Adrián Vásquez fallecieron, aunque se desconoce la causa de su muerte porque los cuerpos fueron arrojados al mar, y el rescatado, que fue localizado a 965 kilómetros de la costa de San Carlos (Panamá), sobrevivió a base de pescado crudo.
– Louis Jordan, 66 días a la deriva
En este caso, el que luego se convertiría en náufrago por 66 días, emprendió su viaje en solitario. Desde Carolina del Sur y rumbo a la Corriente del Golfo, su velero de 10 metros se volcó a causa de la marea, y el mástil de la embarcación se rompió. Pero, sorprendentemente, el hábil marinero logró improvisar una vela y sobrevivir a base de pescado crudo, que conseguía capturar con la tela de su propia ropa, y de agua fresca de la lluvia.
Dos meses más tarde -tiempo suficiente para que su barco volcase hasta tres veces-, un buque alemán localizó al náufrago a 321 kilómetros de la costa de Carolina del Norte y lo trasladó hasta el lugar desde donde había partido.
nuestras charlas nocturnas.
Una estrella pasó tan cerca del Sistema Solar hace miles de millones de años que originó las lunas de los planetas exteriores…

L.B.V.(G.Carvajal) — Hace miles de millones de años, una estrella pudo haber pasado increíblemente cerca de nuestro Sistema Solar, desencadenando una serie de eventos cósmicos que llevaron a la creación de las lunas alrededor de los planetas exteriores y las órbitas inusuales de los cuerpos celestes distantes.
Esta nueva teoría, respaldada por más de 3000 simulaciones por computadora, fue propuesta por un equipo de científicos liderado por Simon Portegies Zwart, un profesor de simulaciones de dinámica estelar, en colaboración con investigadores de Alemania y los Países Bajos.
Los astrónomos han estado perplejos por la gran cantidad de pequeños cuerpos celestes ubicados más allá de la órbita de Neptuno, a menudo referidos como objetos transneptunianos. Estos objetos, muchos de los cuales son más grandes de 100 kilómetros de diámetro, siguen órbitas altamente inusuales alrededor del sol.
Sus trayectorias a menudo están estiradas y inclinadas en ángulos extraños en comparación con las órbitas regulares, casi circulares, de los planetas. Algunos de estos objetos incluso viajan en dirección opuesta a la de los planetas, añadiendo al misterio de cómo llegaron allí y por qué sus órbitas son tan diferentes.
Para explorar este misterio, Portegies Zwart y su equipo realizaron extensas simulaciones por computadora, examinando las posibles causas de estos extraños patrones orbitales.
Sus hallazgos sugieren que una estrella, con aproximadamente el 80% de la masa del sol, pasó cerca del Sistema Solar hace miles de millones de años.

Según su modelo, esta estrella se acercó al Sistema Solar en un ángulo de aproximadamente 70 grados y se acercó a unas 110 veces la distancia entre la Tierra y el sol, un encuentro increíblemente cercano en términos cósmicos. En comparación, Neptuno, el planeta más externo de nuestro Sistema Solar, orbita a una distancia de solo 30 veces la distancia de la Tierra al sol.
Esta estrella pasajera pudo haber tenido un impacto gravitacional significativo en el Sistema Solar, perturbando las órbitas de pequeños objetos en las regiones exteriores y enviándolos a sus trayectorias extrañas actuales. Esto explicaría por qué algunos objetos, como el planeta enano Sedna, siguen órbitas tan alargadas e inclinadas.
Además, podría dar cuenta de las órbitas peculiares de objetos como 2008 KV42 y 2011 KT19, que se mueven en la dirección opuesta a la de los planetas, desafiando los patrones orbitales habituales observados en el Sistema Solar.
Pero quizás el hallazgo más sorprendente del estudio es su explicación de las lunas alrededor de los gigantes planetas exteriores: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Estos planetas tienen dos tipos distintos de lunas: lunas regulares que siguen órbitas relativamente circulares cerca de los planetas, y lunas irregulares que orbitan lejos en trayectorias estiradas e inclinadas. Hasta ahora, el origen de estas lunas irregulares ha sido un tema de debate entre los astrónomos.
Portegies Zwart y su equipo sugieren que el encuentro cercano con la estrella hace miles de millones de años pudo haber causado que algunos de los pequeños objetos en las regiones exteriores del Sistema Solar fueran lanzados hacia adentro, donde fueron capturados por la atracción gravitacional de los gigantes planetas.
Estos objetos capturados se convirtieron en las lunas irregulares que observamos hoy, orbitando los planetas en caminos distantes e inclinados.
Para nuestra sorpresa, las simulaciones también ayudaron a explicar por qué Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno tienen dos tipos de lunas, dijo Portegies Zwart. Debido al paso de la estrella, algunos pequeños cuerpos celestes del exterior del Sistema Solar fueron arrojados hacia adentro y capturados por los gigantes planetas. Estos se convirtieron en las lunas irregulares que ahora orbitan lejos en trayectorias inusuales e inclinadas.
La autora principal, Susanne Pfalzner, del Forschungszentrum Jülich en Alemania, destacó la simplicidad y elegancia del modelo. La belleza de la simulación y el modelo resultante radica en su simplicidad, dijo. Responde a varias preguntas abiertas con un solo evento.
nuestras charlas nocturnas.
¿Cómo vivía una mujer en la época victoriana?…

The Conversation(M.I.R:Ruiz) — En el Reino Unido, la época victoriana debe su nombre al reinado de Victoria (1837-1901), una de las soberanas más admiradas y longevas de la historia.
La situación de la mujer en este período y lugar está determinada por la Revolución Industrial, que abarcó desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XIX, siglos en los que el Reino Unido se convirtió en la “factoría del mundo”.
Todo ello propició numerosos cambios, como la emigración del campo a la ciudad o la concentración de la clase trabajadora en los suburbios de las ciudades.
Esta consideración de “fábrica universal” se vio favorecida por la existencia de un Imperio británico que alcanzó su máximo apogeo en esta etapa. Así, la materia prima se obtenía en las colonias británicas repartidas por todo el mundo y se llevaba a la metrópolis, donde era manufacturada.
Después, los artículos producidos en el Reino Unido se vendían y exportaban para el consumo de vuelta en las colonias.

Dentro de las transformaciones que se produjeron, el concepto de clase social empezó a tomar fuerza. Apareció y se consolidó una clase media a la vez que nacía el proletariado, lo que provocó que la situación de la mujer en esa época estuviese directamente relacionada con la clase social a la que pertenecía.
– Valores morales propios en las clases trabajadoras
En definitiva, las vidas de las mujeres victorianas podían ser muy diversas dependiendo de su entorno.

Para empezar, la emergente clase media trató de imponer sus valores morales a una incipiente clase trabajadora, que tenía los suyos propios.
Estos estaban caracterizados por la solidaridad y la relajación en las prácticas sexuales, hasta el punto de que, en las zonas rurales, un embarazo antes del matrimonio era deseable para demostrar la fertilidad de la pareja.
Las mujeres de clase trabajadora estaban condenadas a una vida monótona y muy dura. Trabajaban largas horas en las minas y las fábricas, o como sirvientas, lavanderas o costureras, para ayudar a la economía familiar, ya que el sueldo del progenitor no era suficiente.
Muchas de ellas incluso tenían que dedicarse a la prostitución temporal o de forma permanente para mantener a sus familias.
Entre los miembros de su clase esto se veía como una actividad laboral más.
Estas mujeres encadenaban un embarazo detrás de otro.
Tenían familias muy numerosas donde todos los hijos e hijas contribuían a la renta familiar con su trabajo a partir de cierta edad, y en diversas ocasiones se veían solas o abandonadas por sus maridos o compañeros.
Muchos de estos hombres eran a menudo violentos y adictos al alcohol, lo que las acababa dejando desprotegidas.
– Ángeles del hogar en las clases medias
Aunque no se dedicasen al trabajo manual, las mujeres de clase media debían cumplir con los estereotipos asociados a su género de acuerdo con el concepto de “ángeles del hogar”. De hecho, aquellas que tenían una vida sexual activa eran conocidas como “mujeres caídas” o “ángeles caídos”.
Entre éstas se encontraban aquellas que habían sido seducidas y abandonadas por sus amantes y las que se dedicaban de una forma más o menos explícita a la prostitución. La falta de medios y la “mancha” que acarreaban las llevaban a ejercer este trabajo que no era tolerado por sus semejantes.

Sus atributos estaban relacionados con sus papeles fundamentales de esposas y madres, y entre ellos se encontraban la pureza, la falta de deseo sexual, la sumisión, la dependencia, la fragilidad y la empatía.
Todos estos conceptos estaban estrechamente relacionados con la denominada “teoría de las dobles esferas” que se aplicaba a hombres y mujeres. De acuerdo con esta teoría, la esfera pública –el trabajo, los negocios y la vida social– pertenecía a los hombres, mientras que la esfera privada –el hogar y la familia, protegidos del vicio y la corrupción del exterior– pertenecía a las mujeres.
Dentro de la clase media, se podían distinguir diferentes estratos: clase media-alta, clase media y clase media-baja. La situación de las mujeres podía ser ligeramente diferente en cada uno de ellos, y pasar de ser un elemento casi decorativo a colaborar con el marido en las empresas y negocios familiares.
También había una amplia gama de mujeres de clase media que contaban con asistentas y sirvientas de clase trabajadora para llevar sus hogares y hacer las tareas domésticas.
– Vidas confortables pero desiguales en las clases altas
Finalmente, las mujeres de la aristocracia británica llevaban unas vidas económicamente confortables y una actividad social relevante. Esto implicaba contar con residencias en el campo y la ciudad, especialmente en Londres, en las que pasaban diferentes temporadas y acudían a distintos tipos de eventos. Entre estos se incluían el teatro, los bailes, los tratamientos termales o las visitas.

En cualquier caso, es necesario recalcar que en este período, en cualquier clase social, las mujeres se encontraban siempre en una situación de inferioridad con respecto a los hombres.
Sus vidas podían ser precarias no sólo en el terreno económico, sino también en el emocional, ya que la inmensa mayoría de ellas no tenían acceso a la educación ni al mundo laboral de los hombres, llevando unas vidas arduas y sin poseer los mismos derechos que tenía el género masculino.
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La lucha contra las barbas: una perspectiva histórica…

JotDown(A.Aimautre)/Truefitt and Hill(J.Lee)/National Geographic(D.F.Marón) — Allan Peterkin, MD, es psiquiatra y profesor de la Universidad de Toronto. Autor de One Thousand Beards : A Cultural History of Facial Hair , One Thousand Mustaches y The Bearded Gentleman, el Dr. Peterkin es considerado uno de los principales expertos en vello facial del mundo .
Una de las conclusiones a las que llegó en su investigación histórica fue que los monarcas, el clero u otras «figuras de poder» a menudo han liderado las modas históricas en cuanto a folículos. Echemos un vistazo a las tendencias de la barba desde antes de la historia registrada hasta la actualidad.
La historia del cuidado personal masculino es mucho más antigua de lo que se cree. “Todos los hombres de las cavernas tenían vello facial , pero hacia el año 100.000 a. C., los hombres ya se tatuaban, se limaban los dientes y se depilaban con conchas de almeja”, afirma Peterkin.
Peterkin añade que los antiguos egipcios tuvieron que refinar un poco su enmarañado cabello y que también incorporaron la idea de la pelusilla facial como símbolo de estatus. “Sus barbas reales solían tener forma cuadrada y eran más largas que las de los no aristócratas: el tamaño importaba. También estaban profusamente trenzadas, pintadas, espolvoreadas con oro, aceitadas y perfumadas”.
En la cultura mesopotámica , la barba larga y ciertos estilos de vello facial denotan la posición social de un hombre, lo que hace que los hombres pasen demasiado tiempo cuidando sus barbas .
En la antigua Grecia , las barbas eran vistas como signos de virilidad y sabiduría, y a menudo se rizaban con tenazas . La barba griega antigua era un indicador de virilidad tal que los espartanos afeitaban partes de la barba de un hombre como castigo por la cobardía.
Sin embargo, Alejandro Magno ordenó que todos sus soldados fueran imberbes , preocupado de que los soldados enemigos agarraran las elaboradas barbas durante la batalla. Pronto, la tendencia se extendió por todo el Imperio Romano de modo que un rostro bien afeitado distinguiría a un romano de un griego .
Los hombres romanos visitaban a un barbero cada mañana o hacían que un sirviente los afeitara. Esta tendencia terminó siglos después cuando un emperador romano comenzó a usar barba para cubrir las cicatrices faciales.
La barba era común en la sociedad griega, donde su existencia se consideraba un símbolo de sabiduría, y su ausencia una señal de afeminamiento. Los grandes sabios y filósofos de la época solían llevar largas barbas, y en ocasiones, se utilizaba el afeitado como castigo para los delincuentes, al ser este visto como una forma de humillación.
Las tornas comenzaron a cambiar ante la aparición del primer simbarbista de la historia: el gran conquistador Alejandro Magno. El soberano macedonio, a quien al contrario que a sus antecesores siempre vemos representado afeitado, fue entre muchas otras cosas el fundador del simbarbismo, al hacer que todo su ejército se armase… de navajas de afeitar.

Alejandro consideraba que el vello facial podía poner a sus soldados en situación de desventaja en las batallas, ya que si sus enemigos tiraban de sus barbas en pleno combate cuerpo a cuerpo esto distraería la atención del combatiente, y podría ser aprovechado para asestar un golpe mortal.
Espero que si usted está leyendo esto mientras se atusa la barba, corra raudo y veloz a su proveedor de cuchillas de afeitar más cercano. Recuerde: es por su seguridad, estar afeitado no solo le hará más guapo, sino que alargará su vida.
Existen muchas similitudes entre la cultura griega y la romana, pero precisamente las barbas fueron uno de los símbolos que los habitantes del Imperio romano utilizaron para diferenciarse, y es que en Roma el hecho de ir afeitado pronto se convirtió en un signo de ser ciudadano romano y no griego.
Esto no fue así desde el principio, sino que debemos agradecer tal cambio a Publius Cornelius Scipio Aemilianus Africanus (Escipión el Joven para sus amigos), conocido por haber sido elegido cónsul por aclamación pese a ser demasiado joven según la legalidad vigente («que las leyes duerman por esta noche», se dijo entonces), y por haber llevado a cabo la conquista de Cartago.
Su verdadero legado para la historia, sin embargo, no es otro que el de haber sido en el siglo II a.C. el primer cónsul que se afeitaba a navaja a diario. Pronto se impuso la sensatez, y Escipión no hizo sino crear una tendencia que duraría siglos, hasta que el emperador Adriano (casualmente un tipo tirando a feo cuya cara estaba repleta de cicatrices), que gobernó el Imperio entre el 117 y el 138 , decidió volver a la barba, imponiendo con esto una nueva moda que permanecería durante casi dos siglos.
Señal de que los romanos eran simbarbistas de corazón es la anécdota que nos cuenta que, cuando el senador M. Livius volvió a Roma tras años retirado de la ciudad, solo fue autorizado a entrar en el Senado cuando se hubo librado de su aspecto poco higiénico y, por supuesto, de su barba.
Uno de los argumentos más repetidos por los amantes de las barbas hoy en día, es que el vello facial contribuye a dar a quien lo porta un aspecto más masculino que si llevase el rostro al descubierto.
Sin embargo, en la sociedad romana se sostenía todo lo contrario, siendo tradición el que los adolescentes dejasen crecer su barba hasta el momento de proclamar su entrada en la edad adulta. El pelo recortado era entonces ofrecido a los dioses, y el nuevo afeitado se interpretaba como un símbolo de masculinidad.
En esta línea está también la tribu germánica de los Catti, cuyos jóvenes no estaban autorizados a afeitarse hasta haber matado a su primer enemigo y ser verdaderos adultos.

Recapitulando: la ausencia de barba aumenta la esperanza de vida, hace que los hombres sean más apuestos, da un aspecto limpio y, es además, señal de masculinidad.
En la Edad Media , en Europa , la barba simbolizaba el honor de un caballero. Tocar la barba de otro hombre sin permiso era una ofensa que merecía un duelo.
El vello facial de los hombres con barba también tenía un significado cultural y religioso.
Las barbas largas solían ser un requisito para los hombres de las clases dominantes.
Incluso hubo una ley aprobada en Inglaterra en el siglo XIX que multaba con 20 chelines a quien cortara la barba de un hombre.
Durante la era del renacimiento europeo, la barba era el rasgo distintivo del hombre.
Si bien el clero católico se afeitaba como signo de celibato , la mayoría de los hombres de este período lucían algún tipo de vello en la mandíbula .
Eso no quiere decir que el vello facial no tuviera oposición.
Enrique VIII llegó a imponer un impuesto por llevar barba (aunque él mismo la llevaba).
De manera similar, Pedro el Grande de Rusia ordenó que todos los hombres se afeitaran la barba o pagaran un impuesto similar.
– Edad Media y Renacimiento
En la Edad Media , en Europa , la barba simbolizaba el honor de un caballero. Tocar la barba de otro hombre sin permiso era una ofensa que merecía un duelo. El vello facial de los hombres con barba también tenía un significado cultural y religioso.
Las barbas largas solían ser un requisito para los hombres de las clases dominantes. Incluso hubo una ley aprobada en Inglaterra en el siglo XIX que multaba con 20 chelines a quien cortara la barba de un hombre.
Durante la era del renacimiento europeo, la barba era el rasgo distintivo del hombre. Si bien el clero católico se afeitaba como signo de celibato , la mayoría de los hombres de este período lucían algún tipo de vello en la mandíbula . Eso no quiere decir que el vello facial no tuviera oposición. Enrique VIII llegó a imponer un impuesto por llevar barba (aunque él mismo la llevaba).
De manera similar, Pedro el Grande de Rusia ordenó que todos los hombres se afeitaran la barba o pagaran un impuesto similar.
El monarca inglés ha pasado a la historia por haberse casado con hasta seis mujeres, separando la Iglesia anglicana de la católica de Roma por el camino. Sin embargo, los libros de historia tienden a olvidar que fue el primer soberano en establecer un impuesto sobre las barbas.
Ya en 1447 Enrique VI había impuesto la prohibición de los bigotes, decretando el afeitado obligatorio del labio superior al menos una vez cada dos semanas, pero no sabemos si esta ley aplicaba al resto del vello facial. Es en 1535 cuando Enrique VIII, pese a ser portador de una frondosa barba, establece una sumptuary law por la cual se imponía una sanción monetaria a los ciudadanos que se negaran a afeitarse.
Esta ley seguirá vigente hasta ser derogada en el año 1560, ya durante el reinado de Isabel I, aunque se desconocen los motivos por los que dejó de aplicarse.
El impuesto más famoso que conocemos en contra de las barbas se estableció en la Rusia de principios del siglo XVIII. Su artífice fue el zar Pedro I, el Grande, quien se ganó este sobrenombre no solo por su altura (medía dos metros y cuatro centímetros), o por haber occidentalizado en gran medida su país durante su zarato, sino sobre todo por la expansión de la cultura simbarbista a lo largo y ancho de su imperio.
En 1697, el soberano ruso emprendió un viaje de incógnito por Europa con el objetivo de buscar aliados contra el Imperio otomano. Su empresa como tal fue un fracaso, ya que los países del oeste europeo estaban por aquel entonces entretenidos con la Guerra de Sucesión española, y tampoco les convenía renunciar a la paz establecida con el sultán otomano.
Sin embargo, el viaje fue fructífero ya que propició que el Zar entrase en contacto con las más avanzadas costumbres occidentales, entre las que se contaba, cómo no, el afeitado regular. Así, a su regreso, ordenó a toda su corte afeitarse sus largas barbas, para que tuvieran un aspecto más europeo.

Esta medida fue aceptada en su mayoría sin protestas, salvo por parte de los boyardos, que estaban al parecer muy orgullosos de ir por la vida con felpudos en la cara.
Entra así en vigor el primer impuesto simbarbista del zarato, que gravaba con cien rublos anuales a los boyardos que quisieran guardar sus barbas.
En 1705, Pedro decide ir más lejos, y exige que todos los hombres se afeiten y se vistan de modo occidental. Esto disgusta profundamente a un grupo de fieles tradicionalistas, más conocidos como los viejos creyentes, que comienzan a referirse a él como «Pedro Belzebubovich»: Pedro, hijo del diablo, y se niegan a afeitarse.
Lejos de echarse hacia atrás, Pedro comienza a poner en práctica una serie de medidas para quitar poder a la Iglesia ortodoxa, lo que enfada aún más a los viejos creyentes.
Tras años de disputas, en 1722 se establece finalmente un impuesto anual para todo aquel que quisiese continuar llevando barba; que obligaba además a quienes lo pagasen a llevar un medallón con la inscripción «las barbas son ornamentos ridículos».
– De la época victoriana al siglo XX
Las fuerzas armadas también tienen un pasado rico y velloso, según el historiador Christopher Oldstone-Moore, autor de Of Beards and Men: The Revealing History of Facial Hair .
“El bigote militar empezó a usarse hace 200 años, cuando los soldados de caballería de toda Europa adoptaron el impresionante bigote negro de los húsares húngaros”, explica. “Los ejércitos exigían a los oficiales y soldados rasos que lo llevaran para parecer temibles, y si no tenías pelo, tenías que hacerte con uno falso”.
Confirma que la antigua unión de bigotes y jerarquía social se cortó en el siglo XIX. “Las grandes barbas del siglo XIX –Abraham Lincoln , Charles Darwin, Karl Marx– eran el rostro de la democracia.
Era la época en que se conferían derechos políticos sobre la base de la hombría; ¡una buena razón para que los hombres dijeran con su pelo que eran tan buenos como cualquier otro!”
Sin embargo, la moda es caprichosa y esta “barba de la libertad ” ( como la llamo yo), popularizada durante la Guerra Civil estadounidense , se desvaneció a principios del siglo XX.
Pero la democratización de las cerdas ya había echado raíces. Para Peterkin, eso significaba “barbas de barba extravagantes” en la posguerra: perillas beatnik de los años 50; barbas tupidas y rebeldes de los años 60 ; y bigotes Magnum, PI en los años 70”.
Hubo otros factores que moldearon la moda facial masculina. Durante la Primera Guerra Mundial, muchos hombres comenzaron a esculpir su vello facial en forma de bigotes que encajaban mejor debajo de una máscara de gas .
Esto inició una revolución del bigote, siendo uno de los estilos más populares el bigote de manillar, como el que lució William Howard Taft , el último presidente estadounidense que llevó vello facial .

Nos acercamos ya hacia nuestros días, y al evento que supuso la democratización del afeitado: la invención a finales del siglo XIX de la maquinilla de afeitar por King Camp Gillette.
Hasta entonces, los hombres que deseaban afeitarse debían hacerlo utilizando navajas, lo cual requería especial destreza y podía provocar más cortes de los deseados.
En el año 1901 se crea la American Safety Razor Company (posteriormente Gillette Safety Razor Company) y se comienzan a popularizar las primeras maquinillas.
Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército americano llega a comprar hasta tres millones y medio de maquinillas, y treinta y dos millones de cuchillas de afeitar.
A partir de este momento, asistimos a grandes campañas de marketing que promocionan la imagen del hombre afeitado, y las barbas descienden en popularidad, comenzando a relacionarse solo con sectas y grupos marginales.
Héroes de películas, grandes estrellas, políticos y otros referentes de la sociedad lucían un perfecto afeitado.
La sociedad había visto la luz.
Casi un siglo más tarde, y pese a la irrupción de grandes avances como el acero inoxidable o las cuchillas de hoja múltiple en el mercado de las maquinillas, las barbas amenazan con volver.
Pero estemos tranquilos. Siempre habrá un sin-barbista esperando para luchar contra las tinieblas de la Oscuridad Velluda.
– Los estilos de barba de hoy
Según Oldstone-Moore, que recientemente se afeitó su barba “desaliñada” para el verano, la actual edad dorada del vello –con el resurgimiento de diversos estilos de muchas épocas– indica que las costumbres sociales están siendo cuestionadas nuevamente. “Los hombres vuelven a dejarse barba para declarar la realidad de la masculinidad, su identidad y un sentido de independencia personal”.
Pero, ¿hay algún look histórico que le gustaría ver revivido? El elegante Van Dyke de principios del siglo XVII es uno de sus favoritos, dice.
“Pero nada se compara con la moda alemana de la década de 1890 de bigotes puntiagudos y levantados hacia arriba. Desarrollado por el káiser Guillermo II, requería mucho trabajo, incluidas lociones especiales y un entrenador nocturno atado a la cara para mantenerlo en su lugar”.
Peterkin viaja aún más lejos en el tiempo para encontrar su renacimiento preferido. “Los asirios, fenicios, sumerios y persas adornaban y daban forma a su vello facial con tintes, pinturas, hilo de oro y polvos de colores. Me encantaría ver más de esta decoración de barba ”.
Sea cual sea la tendencia que se imponga, desde la histórica hasta la hippie o la hipster , Oldstone-Moore cree que todavía queda mucho por hacer en la época dorada actual. “A diferencia del pasado, tenemos una cultura muy diversa y segmentada, con diferentes grupos que adoptan diferentes estilos. Mi prueba es la política y los negocios.
Cuando los empresarios y los políticos adoptan la barba , sabemos que estamos en un verdadero movimiento de barba ”.
– Normas y controversias en el lugar de trabajo
Los centros de trabajo de principios del siglo XX en adelante también regulaban el vello facial y exigían a sus trabajadores masculinos que se afeitaran como signo clave de profesionalidad y limpieza.
En 1904, King C. Gillette patentó su maquinilla de afeitar en EE. UU. y en 1937, según Oldstone-Moore, la crema de afeitar y sus accesorios alcanzaron unas ventas estimadas de 80 millones de dólares sólo en Estados Unidos.

Las controversias sobre el vello facial también llegaron al más alto tribunal del país: un caso del Tribunal Supremo de EE. UU. en 1976, Kelley contra Johnson, incluso defendió la autoridad de un empleador para dictar normas de aseo para sus empleados.
En ese caso, los policías del condado de Suffolk (Nueva York) se habían opuesto a unas normas laborales que les prohibían dejarse crecer el pelo por debajo del cuello o el vello facial, salvo un bigote bien recortado que no llegara hasta el labio.
El condado argumentó con éxito que esas normas de aseo hacían que la policía fuera reconocible para el público y contribuían a la cohesión del cuerpo. En los años siguientes, el precedente de este caso se aplicó a los empleados escolares y a otros trabajadores de todo el país.
Más de 12 años después de la sentencia del Tribunal Supremo, en 1992, los policías de Massachusetts se opusieron a una prohibición estatal del vello facial entre sus agentes. También perdieron.
Sin embargo, en los últimos años, a pesar de esas sentencias judiciales, las normas occidentales sobre el vello facial han cambiado y las empresas han dejado de aplicar normas estrictas, al menos de manera informal.
«Las barbas o el vello facial de algún tipo suelen volver a aparecer cuando se debate de algún modo el género o la masculinidad», afirma Alun Withey, historiador de la Universidad de Exeter del Reino Unido y autor del libro de 2021 Concerning Beards: Facial Hair, Health and Practice in Britain (A propósito de las barbas: Vello facial, salud y práctica en Gran Bretaña).
«Hoy en día hay múltiples debates y desafíos en torno a los conceptos de género y el cuerpo, por lo que quizá las recientes tendencias de la barba reflejen en parte esto», afirma.
Con el aumento de la libertad facial, se han impuesto diversas opciones de aseo personal. Pero los proveedores de equipos de afeitado y aseo personal masculino no se inmutan: un análisis de mercado de junio de 2022 indica que, en lugar de maquinillas de afeitar, los hombres invierten ahora más en recortadoras eléctricas.
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Cómo las civilizaciones antiguas lidiaban con las consecuencias psicológicas de la violencia y la guerra…

BBC News Mundo(Z.Gorvett) — El atacante se acercó por detrás.
Su víctima era un hombre musculoso de mediana edad al que le faltaban dientes, posiblemente un luchador inglés curtido, que ya había sufrido una grave lesión en la cabeza años antes.
El soldado normando levantó su pesada espada de doble filo y asestó un golpe cerca de la oreja derecha de su objetivo. No se detuvo.
Tras un un frenesí de movimientos cortantes que desgarraron el cráneo del inglés, la víctima cayó.
Y allí quedaron sus huesos, en la ladera de una colina en Sussex, durante casi 1.000 años hasta que los arqueólogos los descubrieron debajo de una escuela en 1994. Se cree que el propietario original del «Skeleton 180» murió durante la invasión normanda de Inglaterra en 1066. Si es así, sus huesos son los únicos restos humanos encontrados de este conflicto.
Pero aunque las reliquias de esta violencia se han disuelto en su mayoría en el suelo ácido de la región, la evidencia de su impacto psicológico que tuvo ha persistido en un oscuro documento medieval.

La guerra más antigua registrada en la historia ocurrió en Mesopotamia en el año 2.700 a. C., entre las civilizaciones de los elamitas y los sumerios, desaparecidas hace mucho tiempo, y a pesar de alguna época ocasional de relativa paz, como a principios del siglo XXI, la guerra se ha cernido sobre nuestra especie desde entonces.
Como era de esperar, nuestros antepasados no eran inmunes a los efectos psicológicos de toda esta muerte, como tampoco lo somos hoy. Pero en ausencia de tratamientos modernos, muchas sociedades antiguas desarrollaron sus propios métodos ingeniosos para afrontar el trauma, desde justificaciones religiosas hasta rituales purificadores o incluso juegos de inmersión.
¿Qué podemos aprender de estas prácticas?
– Europa medieval: rituales de limpieza
Apenas un año después de la conquista normanda, un grupo de obispos se reunió para crear una lista inusual. La Penitencial de Ermenfrid registra un conjunto de instrucciones para aquellos que participaron en el derramamiento de sangre, estableciendo las acciones de arrepentimiento que deben realizar para expiar sus actos.
Hay penitencias específicas para cada circunstancia: si los soldados habían cometido una violación, habían matado a alguien, habían infligido una herida o no sabían cuántas personas habían acribillado. Si hubiera sobrevivido, el soldado responsable de las heridas del «Skeleton 180» habría tenido que hacer penitencia durante un año entero.
Este documento medieval no fue un acto ordinario de compasión. Ahora se piensa que la Penitencial pudo haber sido un intento de absolver a los soldados normandos de «daño moral»: las angustiosas consecuencias de actuar de una manera que va en contra de los valores morales.
«Está claro que los combatientes medievales sabían que el trauma era una posibilidad», dice Kathryn Hurlock, profesora titular de Historia Medieval en la Universidad Metropolitana de Manchester.
Las batallas en la Edad Media implicaban principalmente combates cuerpo a cuerpo, un estilo de lucha carnicero que provocaba heridas horripilantes y, a veces, miles de muertes en un solo día.

Incluso el tapiz de Bayeaux, una obra maestra medieval de 68 m (224 pies) que cuenta la historia de la invasión normanda, contiene escenas desgarradoras.
Mientras los ejércitos normando e inglés chocan con hachas de batalla, espadas, garrotes, lanzas, arcos y lanzas, la carnicería se extiende a los márgenes de la tela; caballos atravesados por lanzas caen, soldados sacan armaduras de cadáveres desnudos y el recuento de cabezas desmembradas y otras partes del cuerpo se acumula.
Sin embargo, la evidencia del impacto psicológico de toda esta violencia es escasa, en parte porque los registros medievales tienden a ser cuentos heroicos o registros históricos de eventos, dice Hurlock. «Los relatos en primera persona de los combatientes son poco comunes y la autorreflexión es prácticamente inexistente», dice.
– Algunas pistas del trauma
Pero hay algunas pistas. Tomemos como ejemplo el Libro de Caballería, un manual de combate escrito durante la Guerra de los Cien Años por uno de los caballeros más famosos de la época.
Además de proporcionar instrucciones prácticas sobre técnicas de lucha, el autor advierte sobre los tipos de cosas que hoy reconoceríamos como causantes de trauma, dice Hurlock, escribiendo sobre «grandes terrores» incluso cuando los caballeros no estaban en peligro inmediato.
Otros registros de la época incluso mencionan síntomas específicos, como miedo, vergüenza y traición, dice.
«Había expectativas sobre lo que debería y no debería suceder en la guerra, como tomar rehenes para pedir un rescate, y cuando esas expectativas o ‘reglas’ se transgredían, la gente parecía haber tenido más probabilidades de sufrir algún tipo de trauma», añade Hurlock.
Ahí entra el daño moral, un tipo de herida psicológica que parece ser universal y que afecta a guerreros de muchas culturas humanas diferentes a lo largo de miles de años, desde los cristianos medievales hasta los veteranos de la guerra de Vietnam del siglo pasado.

Para ayudar a los veteranos a evitar el trauma y darles herramientas para afrontarlo, las sociedades medievales dependieron en gran medida de la religión. Hubo oraciones y bendiciones de los sacerdotes antes de las batallas, y las penitencias permitieron a los veteranos absolverse de cualquier atrocidad que hubieran cometido.
Más tarde, durante las Cruzadas, a la gente se le dijo que entrar en la guerra era un acto sagrado en sí mismo y que podía acabar con todas las transgresiones anteriores, dice Hurlock.
– El papel de la superstición
Es posible que las gallinas estuvieran un poco mareadas. Era el año 264 a.C. en el puerto de la ciudad siciliana de Drepana, y los romanos se disponían a atacar una flota de barcos pertenecientes a su enemigo, los cartagineses.
El comandante del ejército estaba realizando el ritual previo a la batalla para determinar si los dioses estaban a su favor: todo lo que tenían que hacer era liberar un lote de pollos sagrados de su jaula y convencerlos de que comieran un poco de grano. Cuanto más ávido fuera el picoteo, más auspiciosa sería la predicción.
El problema era que los romanos tenían un poco de prisa. Entonces, en lugar de realizar el ritual antes de botar los botes, en la playa, el comandante insistió en que debía realizarse en el bote. Las gallinas se negaron rotundamente a comer y él, furioso, las arrojó al mar. El ejército perdió rápidamente.
El comandante romano había cometido un error elemental. «Los soldados siempre han sido supersticiosos y los romanos no fueron una excepción», dice Barry Strauss, profesor de estudios humanísticos en la Universidad de Cornell, Nueva York.
Este presagio no sólo habría socavado la confianza del ejército al ir a la batalla, sino que potencialmente habría hecho que sus experiencias posteriores fueran más traumáticas, dice.

De hecho, los antiguos romanos invirtieron mucho para obtener el permiso adecuado de los dioses para sus guerras. «Los romanos eran un pueblo muy legalista», dice Strauss. Sólo consideraban aceptable la guerra defensiva y cada conflicto era aprobado por un comité especial de sacerdotes, los feciales.
«Y por supuesto, es absurdo, los romanos pasaron siglos conquistando un imperio, así que por supuesto se involucraron en agresiones. Pero los feciales siempre insistieron en que lo que estaba sucediendo era defensivo y que la guerra estaba justificada», dice Strauss.
– Antigua Roma: permiso especial y combates de gladiadores
Esto era importante, porque la guerra romana era particularmente brutal y espantosa para los combatientes involucrados. Si bien la antigua Grecia tenía hoplitas (soldados de infantería fuertemente armados que se movían en formación de falange y atacaban a su enemigo con lanzas de 2,4 m), la estrategia romana era mucho más cercana.
Luchaban con el gladius, una especie de espada corta. «Se lo ha comparado con un machete», dice Strauss, quien sugiere que habría sido más difícil ocultar el horror de lo que estaba sucediendo. «Oímos hablar de soldados de las batallas romanas que caminaban a través de la sangre; había peligro de resbalar porque había mucha sangre», dice.
Pero los romanos tenían otra forma de evitar que los soldados quedaran traumatizados: los juegos de gladiadores. Estos espectáculos sangrientos a menudo se utilizaban como una forma de acostumbrar a los jóvenes a la violencia, dice Strauss, y al público en general les encantaban.
«Encontramos recuerdos de juegos de gladiadores por todas partes, de un extremo al otro del imperio, y en Pompeya hay grafitis de los aficionados a los gladiadores», afirma. «Y sabemos que algunos de ellos fueron escritos por niños porque están escritos en un nivel muy bajo al que los niños pueden llegar».
Sin embargo, Strauss no está convencido de que estas estrategias fueran completamente efectivas para prevenir el trauma. «El mundo antiguo está lleno de advertencias (no huyas de la batalla), lo que nos dice que la gente huía de la batalla porque era muy aterradora», dice.

– Antigua Grecia: obras de teatro inmersivas
Aproximadamente a 40 kilómetros (25 millas) al noreste de Atenas hay una llanura cubierta de hierba. Este lugar tranquilo, que hoy está envuelto en flores silvestres y rodeado de pinos y olivos, es donde, un día de otoño del año 490 a.C., más de 6.000 antiguos guerreros encontraron su perdición en la Batalla de Maratón.
El trágico y veterano militar Esquilo estaba allí ese día, parte del antiguo ejército griego que cargó contra una fuerza invasora persa. Posteriormente, escribió alrededor de 90 obras de teatro, aunque sólo siete sobreviven, muchas de las cuales describen las consecuencias de estos conflictos, incluido el trauma psicológico.
De hecho, Esquilo era famoso como soldado. Después de su muerte, el epitafio sobre su tumba no mencionó su trabajo como dramaturgo, sino que destacó su valor en la batalla. Una traducción de sus hazañas dice: «La famosa arboleda de Maratón podía hablar de su coraje y el Medo [un guerrero persa] de pelo largo lo sabía bien».
Peter Meineck, profesor de Clásicos del Mundo Moderno en la Universidad de Nueva York, cree que los antiguos griegos utilizaban las obras dramáticas como una forma de catarsis, lo que ayudaba a los veteranos a procesar estas experiencias. De hecho, existe una larga tradición de ver el poema épico «La Odisea», escrito por Homero, como un libro sobre el estrés del combate.
Las obras de Esquilo son inusuales, porque no solo dramatizaba acontecimientos lejanos o mitológicos. En «Los persas» escribe sobre lo que sucedió después de la batalla de Salamina en el año 480 a. C., en la que luchó. «Muestra realmente empatía por el enemigo», afirma Meineck .
El siglo V antes de Cristo fue una época de conflictos sangrientos en el mundo clásico, con las guerras persas y la guerra del Peloponeso ocurriendo casi consecutivamente. «Se podría describir el siglo V como una época en la que hubo guerra y, ocasionalmente, estalló la paz», dice Meineck.
Las batallas fueron sangrientas y aterradoras. «Te van a empalar con una lanza, te van a empujar al suelo con una espada, o vas a estar sirviendo en un barco, que básicamente choca contra otro barco, y esperas sobrevivir. Fueron tiempos terriblemente brutales», dice.

En opinión de Meineck, la tensión de combate que esto provocó queda patente en los registros de la época. Cita el relato de un historiador sobre la expedición a Sicilia, una campaña militar ateniense que comenzó en el 415 a.C.
El ejército tuvo que partir a toda prisa y no pudo llevarse a los heridos, aunque rogaron que no los dejaran atrás. «Esta es una descripción muy traumática y cualquier lectura humana permitirá ver cuán poderosamente afectó a los sobrevivientes», dice.
La Batalla de Maratón incluso dio lugar a una historia curiosa que algunos expertos ven como un relato de un trauma psicológico, aunque esto es controvertido.
Cientos de años después del enfrentamiento, un historiador griego escribió sobre un hombre que había estado luchando en la batalla, cuando de repente vio una figura imponente, parecida a un fantasma, con una barba tan grande que eclipsaba su escudo. Esta aparición pasó rozándolo y en su lugar mató al hombre que estaba a su lado.
A partir de ese día, aunque no sufrió heridas físicas, quedó completamente ciego. «La sociedad griega [antigua] era una sociedad ritualizada», dice Meineck. Antes de la batalla de Maratón, los atenienses prometieron sacrificar una cabra a la diosa Artemisa por cada persa que mataran, aunque al final no tuvieron suficientes cabras.
Cuando los veteranos regresaban, podían inscribirse en los Misterios de Eleusis, rituales ultrasecretos que prometían contentar a la gente, aunque lo que implicaban sigue siendo completamente difícil de alcanzar hasta el día de hoy.
– Veteranos de Irak y Afganistán
Las obras trágicas fueron una extensión de esta cultura. En Atenas, las obras sólo se representaban en invierno y primavera, en el ambiente íntimo de un pequeño teatro al aire libre. Fue una experiencia inmersiva bajo el sol, a menudo con una narrativa mitológica que habría afectado profundamente a la gente.
«Esto es difícil de replicar [hoy en día]», dice Meineck. Sin embargo, eso no ha impedido que Meineck dé lo mejor de sí. Después de trabajar con veteranos de Irak y Afganistán, Meineck lanzó el «Warrior Chorus Project», una iniciativa que ayuda a las personas a procesar su trauma utilizando la literatura antigua.
Explica que estas obras no podrían ser más adecuadas para quienes regresan de la guerra en los tiempos modernos; «Fueron [originalmente] escritas por veteranos de combate e interpretadas por veteranos de combate, para una audiencia de veteranos de combate».

Pero ¿qué pasa con el trauma de los civiles? En el mundo antiguo, como hoy, la guerra a menudo se extendía al mundo del público en general, provocando violaciones, torturas, esclavitud, robos, asesinatos y desplazamientos masivos de personas, con ciudades enteras arrasadas.
«Cuando un ejército ataca una ciudad, si se rinde, los civiles se quedan en gran medida en paz», afirma Strauss. «Sin embargo, si la ciudad resistió y fue tomada después de un asedio o inmediatamente por asalto, entonces, lamentablemente, todos los que estaban en ella eran presa fácil».
Al igual que con el trauma de combate, los antiguos griegos abordaron el impacto psicológico que éste tenía a través de poemas, obras de teatro y rituales. «En la Ilíada [el poema épico de Homero] escuchamos mucho sobre el sufrimiento de mujeres y niños», dice Strauss.
En opinión de Meineck , tenemos mucho que aprender de la forma en que los antiguos griegos afrontaron el trauma. «Creo que debemos unirnos colectivamente y experimentarlo juntos», dice. «Creo que las historias de los demás deben conmovernos. Y creo que debemos abrirnos a la catarsis… si podemos hacer eso, entonces podremos [comenzar a] curarnos a nosotros mismos», concluye.
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Concurso de verano: elija reina de España…

The Objective(L.Reyes) — El 18 de agosto de 1905, el diario ‘Abc’ convocó un concurso para designar la princesa con la que debía casarse el joven rey Alfonso XIII
El 16 de noviembre de 1870 unas Cortes en la que estaban presentes todos los colores del arco político español, desde republicanos a carlistas, eligió rey de España.
Es un acontecimiento único en la Historia de España y raro en la del mundo, pero los diputados votaron libremente según sus ideologías: 191 lo hicieron por Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia, apoyado por el gobierno progresista del general Prim; 27 por el duque de Montpensier, hijo del rey Luís Felipe de Francia, casado con una hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda, la cual recibió también un voto.
Hubo 63 votos por la República, 8 por el general Espartero, eminente figura del liberalismo, y 2 por el príncipe Alfonso, adolescente hijo de la destronada Isabel II.
Curiosamente sería este último quien, al cabo de cinco años de tremendas turbulencias políticas, terminaría subiendo al trono, en un proceso político llamado la Restauración que supuso la pacificación de España para cuatro décadas.
Fue en la etapa final de la Restauración, un 18 de agosto de 1905, cuando se produciría un nuevo proceso de elección de monarca, en este caso de la reina de España. Pero no fue una circunstancia dramática como la elección de Amadeo de Saboya, sino algo festivo, simpático e intrascendente: un concurso para las lectoras de un periódico.
Lo organizó el diario ABC, un medio informativo declaradamente monárquico, aprovechando la expectación que despertaban los viajes del joven rey Alfonso XIII «buscando novia»”», para ofrecer una de esas diversiones que caracterizan el contenido de la prensa durante el verano.
ABC había aparecido como semanario en 1903, convirtiéndose en diario en junio de 1905. Para promocionarse ideó una serie de concursos que revolucionaron la tranquilidad de las clases medias a las que iba dirigido el periódico.
El primer concurso fue a los pocos meses de aparecer, en septiembre de 1903. Anunció que un personaje desconocido, hombre o mujer, se pasearía por varias calles madrileñas y asistiría a ciertos espectáculos el domingo 27 de septiembre, llevando un sobre con 500 pesetas. Se las daría a la primera persona que le preguntase «¿Tiene usted las 500 pesetas de ABC?».
La idea era que todo Madrid se lanzase a la calle ese domingo, preguntándose unos a otros por las 500 pesetas. Habría sido divertido, pero al gobernador civil don Juan de la Cierva, un prócer muy serio, le pareció que alteraría el orden público y prohibió el evento. Las 500 pesetas serían «para cuatro niños pobres», de los cuales se publicaron las fotografías.

Pero en cuanto don Juan de la Cierva fue substituido en el gobierno civil por un regidor más tolerante, ABC volvió a la idea del sobre con una gran cantidad de dinero circulando de incógnito por las calles madrileñas, que despertaba tanta expectación.
Esta vez anunció que dos empleados del periódico se pasearían por la calle de Alcalá, y a las 12 en punto de la mañana le entregarían cada uno 250 pesetas a las personas que tuviesen más cerca, siempre que llevasen en la mano un ejemplar de ABC.
Ese día se alcanzó una cifra récord de venta de más de 40.000 ejemplares, y las aceras de la calle de Alcalá se llenaron de una multitud que casi no podía moverse. Uno de los sobres fue para una señora que iba con un niño en brazos y su marido, los tres con ejemplares del diario.
La empresa editora de ABC convocó otros concursos más convencionales, ninguno de los cuáles tendría tanta repercusión como los anteriores, hasta que las circunstancias de la alta política de estado ofrecieron otra oportunidad.
En el mes de junio de 1905 Alfonso XIII, que acababa de cumplir los 19 años pero era rey desde el mismo momento de su nacimiento, realizó un viaje a Francia e Inglaterra. Entonces los personajes de la realeza no estaban sometidos al escrutinio del menor de sus actos como ahora, pero de todas maneras enseguida se corrió la voz de que «iba a buscar novia».
Lo cierto es que el rumor público respondía a la realidad. Un año antes, al cumplir los 18 años, el 17 de mayo de 1904, una comisión del Congreso que fue a felicitarle le planteó que era urgente que se casara. La preocupación de los políticos estaba justificada, Alfonso era el único varón de la Familia Real y no parecía muy fuerte.
Su padre había muerto con 27 años, su hermana mayor, María de las Mercedes, que era la heredera, moriría poco después de esta entrevista, con sólo 24. Sin embargo el joven monarca, que había sido muy mal educado y pensaba que su voluntad era la ley suprema, les hizo un desplante a los diputados. Les dijo que pensaba casarse por amor y que no se iba a echar novia “por fotografía”.
– La princesa del pelo blanco
Se oponía así Alfonso XIII los planes de un matrimonio de estado que estaban haciendo, cada cual por su lado, su madre la reina María Cristina y el gobierno.
Doña María Cristina quería que se casara con una princesa germánica y católica, como ella misma, mientras que el gobierno prefería una británica sin lazos sanguíneos, y que además acercara España a Inglaterra, que era la primera potencia del mundo. El ministro de Estado (Exteriores) se encargó de buscar la candidata adecuada y eligió a la princesa Patricia de Connaught, nieta del rey Eduardo VII.

Pero como el joven rey no quería echarse novia “por fotografía”, se organizó el viaje al que nos hemos referido, en el que Alfonso XIII aprovechó su paso por Francia para conocer otra posible esposa, Luisa de Orleans, hija del conde de París, pretendiente al trono de Francia.
En Inglaterra encontraría no una, sino un ramillete de princesas entre las que elegir. Afortunadamente, hay que decir, porque la candidata del gobierno español, la princesa Patricia, tenía ya novio y no le hizo ni caso.
El joven monarca se quedó hecho polvo, no estaba acostumbrado a que lo rechazasen, y le preguntó a uno de sus acompañantes de confianza: “¿De verdad soy tan feo?”. Pero el disgusto se le pasó en cuanto vio a otra princesa británica que le gustó muchísimo, a la que apodó “la del pelo blanco”.
Como Alfonso XIII no era discreto la princesa aludida le oyó y se enfadó. “Éste se ha pensado que soy albina”, comentó irritada.
La relación empezaba mal, aunque enseguida se encauzó. Ella era Ena de Battenberg, sobrina de Eduardo VII y nieta de la reina Victoria. No era de una realeza impoluta, porque su madre, la princesa Beatriz, se había casado con un inferior, pero en cambio era, sin duda, la princesa más bella de Europa.
Para Ena, el impertinente joven español le daba una oportunidad de ascenso única, convertirse en reina de una antigua e importante dinastía. Además, Alfonso, aunque feo, era muy simpático, de modo que cuando le dirigió la primera fase que intercambiaron, “¿coleccionas postales?”, ella aceptó entablar relaciones.
Alfonso XIII volvió de aquel viaje de junio de 1905 con la candidata a esposa elegida, aunque para no disgustar a su madre aceptó realizar otro viaje en octubre por Alemania para pasar revista a las candidatas de la reina María Cristina.
Entre ambos viajes, el 18 de agosto de 1905 ABC tuvo una ocurrencia genial. Publicó una página con los retratos de ocho bellas principesas, y pidió a sus lectoras -solamente mujeres- que participasen en un concurso para designar cuál de ellas debía convertirse en reina de España.
Era una idea novedosa, que el público, femenino por más señas, interviniese en la Historia, asumiese una especie de representación de la soberanía nacional para “elegir” reina. Lo de menos eran los premios que ofrecía el periódico, “un artístico abanico y una elegante sombrilla”, lo importante era realmente participar.
Y las lectoras participaron, pues enviaron más de 72.600 “papeletas de votación”, recortadas de la misma página en que aparecían los retratos. Ganó la que tenía que ganar, naturalmente, Ena de Battenberg, que recibió 18.427 votos, 5.000 más que Patricia de Connaught, que quedó en segundo lugar.
No es que el periódico hiciese trampas, es que el público ya había recibido noticias sobre el naciente romance entre Alfonso y Ena, empezando por los elogios –“No podéis imaginaros una muchacha más linda, más delicada y espiritual que esta princesa rubia”- que había hecho el famoso Azorín, enviado especial de ABC al viaje del rey…
Aunque ya se sabe que Azorín, cuando el periódico lo enviaba al extranjero, se quedaba en su piso de Madrid y simulaba estar por ahí, pero eso es ya otra historia.
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Historia de la lotería…

Basado en hechos reales — La lotería, esa tentadora posibilidad de cambiar la vida con un solo boleto, ha cautivado a la humanidad durante siglos. Desde sus humildes inicios como una forma de recaudar fondos para obras públicas hasta su transformación en una industria multimillonaria, la lotería ha dejado una huella imborrable en la historia.
En este viaje a través del tiempo, exploraremos el maravilloso historial de la lotería real, desde sus orígenes hasta los eventos más memorables que han marcado su trayectoria, incluyendo los grandes ganadores que han vivido el sueño de la fortuna.
Las raíces de la lotería se remontan a la antigüedad. Los registros históricos sugieren que las primeras formas de lotería surgieron en China hace más de 000 años. Se cree que la dinastía Han, entre los años 206 a. C. Y 220 d. C., utilizó la lotería para financiar proyectos gubernamentales, como la construcción de la Gran Muralla China.
En Europa, la lotería se introdujo en el siglo XVI, inicialmente como una forma de recaudar fondos para proyectos benéficos y obras públicas. El primer sorteo documentado en Europa se llevó a cabo en la ciudad de Génova, Italia, en 1530. Posteriormente, la lotería se extendió a otros países europeos, como Francia, Inglaterra y España.
En América, la lotería llegó con los colonos británicos. El primer sorteo público registrado en América del Norte se llevó a cabo en la ciudad de Jamestown, Virginia, en 161Los fondos recaudados se destinaron a financiar la construcción de una iglesia. A lo largo del siglo XVIII, la lotería se convirtió en una forma popular de recaudar fondos para diversos proyectos, desde la construcción de puentes y carreteras hasta la financiación de escuelas y hospitales.
En el siglo XIX, la lotería experimentó un auge en popularidad, especialmente en los Estados Unidos. Sin embargo, a finales de ese siglo, la lotería comenzó a ser percibida como una forma de juego problemático, y muchos estados la prohibieron.
– La Lotería Moderna: Un Fenómeno Global

La lotería moderna, tal como la conocemos hoy en día, surgió en la década de 1960.
En 1964, el estado de New Hampshire fue el primero en legalizar la lotería estatal.
La introducción de la lotería estatal fue una respuesta a la creciente demanda pública por un medio de recaudación de fondos para proyectos gubernamentales.
La popularidad de la lotería creció rápidamente en los Estados Unidos, y pronto se extendió a otros países del entorno. Hoy en día, la lotería es una industria multimillonaria, con miles de millones de dólares en premios que se reparten anualmente.
– El Impacto Económico de la Lotería
La lotería tiene un impacto económico significativo en los estados y países donde se juega. Los ingresos de la lotería se destinan a una variedad de propósitos, incluyendo educación, salud, programas sociales y obras públicas.
En los Estados Unidos, los ingresos de la lotería representan una fuente importante de ingresos para los estados. De hecho, muchos estados dependen de los ingresos de la lotería para financiar programas educativos y de salud.
Sin embargo, la lotería también ha sido criticada por su impacto social. Algunos argumentan que la lotería promueve el juego problemático y que puede tener un impacto negativo en las comunidades de bajos ingresos.
– Las Historias de los Grandes Ganadores de la Lotería

La lotería ha sido responsable de crear innumerables millonarios a lo largo de los años. La historia está llena de historias de personas que han ganado grandes premios y han visto su vida cambiar de manera radical.
Uno de los casos más famosos es el de Evelyn Adams, quien ganó la lotería de Nueva Jersey en dos ocasiones, en 1985 y 198Adams se convirtió en una sensación mediática, y su historia fue portada de periódicos y revistas de todo el entorno.
Sin embargo, la historia de Adams también sirve como un recordatorio de que ganar la lotería no siempre es un camino fácil. A pesar de su fortuna, Adams terminó perdiendo la mayor parte de su dinero debido a inversiones imprudentes y a la presión de familiares y amigos.
Otro caso notable es el de Jack Whittaker, quien ganó el premio mayor de Powerball en 2002, por un valor de $315 millones. Whittaker también experimentó dificultades después de ganar la lotería, incluyendo el robo de su casa y la muerte de su hija.
Estas historias nos recuerdan que ganar la lotería puede ser una bendición o una maldición. Si bien puede traer riqueza y libertad financiera, también puede traer consigo una serie de desafíos y presiones.
– Consejos para Jugar a la Lotería de Manera Responsable
Si decides jugar a la lotería, es importante hacerlo de manera responsable. Aquí te presentamos algunos consejos:
- Establece un presupuesto y no gastes más de lo que puedas permitirte perder.
- No te endeudes para jugar a la lotería.
- Recuerda que las probabilidades de ganar son muy bajas.
- No te obsesiones con la lotería.
- Si sientes que tienes un problema con el juego, busca ayuda.
Las probabilidades de ganar la lotería son muy bajas. Dependiendo del juego específico, las probabilidades pueden variar, pero generalmente son de uno en millones o incluso miles de millones.
Si ganas la lotería, es importante buscar asesoramiento financiero profesional. Deberías proteger tu identidad, elegir un asesor financiero de confianza y crear un plan para administrar tu dinero de manera responsable.
La legalidad de jugar a la lotería en línea varía según el estado o país. En algunos lugares, es legal jugar a la lotería en línea a través de sitios web autorizados. En otros lugares, es ilegal. Es importante verificar las leyes locales antes de jugar a la lotería en línea.
La lotería ha sido una parte integral de la historia humana durante siglos. Desde sus humildes inicios como una forma de recaudar fondos hasta su transformación en una industria multimillonaria, la lotería ha tenido un impacto profundo en la sociedad. Las historias de los grandes ganadores de la lotería nos recuerdan el poder de la esperanza y el sueño de la fortuna.
Sin embargo, es importante recordar que las probabilidades de ganar son muy bajas y que la lotería debe jugarse de manera responsable.
nuestras charlas nocturnas.
Periodismo, el arma secreta del espía soviético que cambió la II Guerra Mundial…

Richard: Deberías reducir tus gastos.
Max: ¿Cómo?
Richard: ¿Tenías que comprarte un Mercedes nuevo?
Max: Bueno, he tenido que cambiar mi estilo, como tú. Me gusta dirigir mi propio negocio, disfruto condiciendo este coche.
[Richard baja la mirada apesadumbrado]
Max: Quizá ya no soy un buen comunista. Y para ser honesto, Stalin me ha decepci…
Richard: ¡Max! ¡Tu negocio es una tapadera! ¡¡¡Lo montaste con fondos del departamento!!!
Diálogo entre los espías soviéticos en Tokio Richard Sorge y Max Clausen de la película Spy Sorge (Masahiro Shinoda, Japón 2003)
JotDown(A.C.Rural) — Me encanta esta conversación entre espías soviéticos de la película de Shinoda. Demuestra que por muy comunista que sea uno siempre puede llevar dentro un amigo de lo ajeno que puede aparecer en cualquier momento de debilidad, pero nada, ahí estaba Richard Sorge, el espía que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial, para meterle en vereda.
Muy importante tuvo que ser este agente para que de él se hayan escrito libros, filmado varias películas, tenga una novela gráfica y hasta un sello de correos con su cara, por no hablar de una lancha rápida de la Marina del Pueblo de la República Democrática Alemana que también fue bautizada con su nombre.
Una relevancia la de este hombre que, como suele ocurrir, no fue acorde con su suerte. Le ahorcaron sin que sus jefes movieran un dedo por salvarlo pese a las ofertas de canjearlo por otros prisioneros que se recibieron.
Pero su contribución en la Segunda Guerra Mundial no pudo ser más importante. Espía soviético en Tokio, envió a Stalin la fecha de inicio de la Operación Barbarroja.
El padrecito ignoró el mensaje creyendo que se trataba de una argucia de Churchill para enfrentarlo a los alemanes, pero cuando la Wehrmacht cruzó el río Bug cayó en la cuenta del error que había cometido.
Cuentan los historiadores que Stalin sufrió un colapso nervioso, se aisló en su dacha y que, cuando Molotov y Mikoyan fueron a buscarlo para preparar la defensa de la nación, creía que se lo iban a cepillar.

Tonto no era Stalin, ni mucho menos.
Y aprendió la lección. Cuando llegó el siguiente mensaje de Richard Sorge desde Tokio asegurando que Japón había pospuesto sin fecha un ataque a la Unión Soviética, no dudó en movilizar todas sus tropas hacia el oeste y el resto de la historia ya es bien conocido.
¿Pero quién era este hombre capaz de dar así en el clavo?
La historia de Sorge es apasionante.
La película la edulcora, la novela gráfica es un tanto más tremendista, pero la información que hay documentada deja un relato mucho más comedido y que, precisamente por eso, resulta fascinante.
Nació en los alrededores de Bakú el 4 de octubre de 1895, en Azerbaiyán, en los campos petrolíferos del Cáucaso.
Su padre era un ingeniero alemán que trabajaba en una empresa petrolera, hijo a su vez de Friedrich Sorge, ayudante de Karl Marx, también secretario general de la Primera Internacional en el momento de la escisión de los anarquistas de Bakunin y fundador, en su exilio estadounidense, del Partido Socialista Laborista de América.
Casi nada. La madre del espía, Nina Semionovna Kobieleva, era rusa.
La familia abandonó Azerbaiyán y volvió a Alemania en los albores del nuevo siglo. Pese a la carrera política del abuelo, llevaron una vida burguesa. Es ahí tal vez donde los genes hicieron mella en el joven Richard, que decidió alistarse voluntario en la Primera Guerra Mundial para huir del confort y el sosiego —que sumados equivalen a tedio como todo el mundo sabe— de las ambiciones familiares.
Sirvió en las «unidades estudiantiles» alemanas que fueron a parar a Dixmude, en Bélgica, donde se dice que entonando himnos patrióticos se abalanzaron sobre las trincheras enemigas siendo barridos por las ametralladoras con una proporción de bajas como la del videojuego Operation Wolf.
Era julio de 1915 y fue herido en la pierna derecha, pero su fervor patriótico permaneció intacto. Sin embargo, cuando en marzo de 1916 fue enviado al frente ruso, la metralla le destrozó las dos piernas. Se quedó cojo para toda la vida y le concedieron la Cruz de Hierro de Segunda Clase, pero él ya había empezado a pensárselo mejor y le surgieron ciertas dudas con eso de la patria y las banderitas.
Además, la enfermera que le cuidaba era hija de un miembro del Partido Alemán Socialdemócrata y ahí, en el hospital, leyendo sobre filosofía y marxismo, Richard se hizo de izquierdas a la tierna edad de veintiún años. El contexto, una Alemania que acaba de perder la guerra, sufría carestías de toda clase, paro y efervescencia ideológica en las calles, no hizo sino radicalizarlo. Como a buena parte de sus compatriotas, por otra parte.
No obstante, Sorge estudió Economía y llegó a ser asesor científico en la Universidad de Aquisgrán, donde realizó grandes progresos intelectuales, entre ellos, robarle la esposa al profesor titular. Ella se llamaba Christiane Gerlach, se casó con ella y se escapó a la URSS «para ser libres», como se decía entonces.
Allí ingresó en el PCUS con el carné número 0049927, que pronto tuvo que depositar cuidadosamente en un cajón puesto que fue reclutado por los servicios secretos soviéticos.
En una entrevista que concedió Christiane cuarenta años después, explicó que la personalidad de Richard estaba inclinada a una profesión como esa de forma natural. Dijo: «Nadie pudo acceder nunca a su soledad interior y eso es justamente lo que le hacía totalmente independiente».
Su primera misión importante fue en Shangai. Allí empezó a tejer una red de agentes entre comunistas chinos y logró reclutar al japonés Hotsumi Ozaki, brillante corresponsal del diario Asahi Shinbun y comunista furibundo en la intimidad, que de vuelta en Japón llegó a ser asesor del primer ministro Fuminaro Konoe para así convertirse en el informante clave de toda la red.

Porque Sorge también fue enviado a Tokio con la misión de infiltrarse a su vez entre los alemanes.
En la Unión Soviética cundía el pánico por aquel entonces ante la posibilidad de un ataque combinado de los nazis por el oeste y los japoneses por el este.
De hecho, ese parecía el plan de los japoneses con sus conquistas en China ejerciendo, como se aludía, el «derecho a la expansión» de las «naciones sin espacio».
Este hipotético ataque combinado es un escenario sobre el que han fantaseado muchos amigos de la historia-ficción.
Lo consideran la estrategia perfecta para haber salido de la Segunda Guerra Mundial sin países totalitaristas, pues el Eje, divagan, habría acabado con la URSS y luego las democracias con el Eje.
Una teoría que por supuesto es cierta, ya que como dijo el sabio: toda conclusión que parte de una premisa falsa es siempre verdadera.
Pero dejemos la fantasía militar para seguir con Sorge.
Afiliado al Partido Nazi en 1934 y, tres años después, miembro de la Asociación Nazi de la Prensa, Sorge ejerció como periodista del Frankfurter Zeitung, se introdujo en la vida social de los alemanes de la embajada y empezó a acceder a información sensible.
Lo gracioso de todo el tema viene ahora. Sorge no tenía un coche que hablaba ni un bolígrafo cazabombarderos, tampoco atravesaba la ciudad por las alcantarillas ni se disfrazaba de vendedora ambulante y tampoco se vio atrapado en tiroteos donde salió ileso bailando break, no; Sorge cuando llegó a Tokio lo que hizo fue lo más difícil: ponerse a estudiar.
El tío reunió una colección de mil volúmenes sobre la historia de Japón y se encerró con ellos. A partir de ahí, ejerciendo la humilde profesión de periodista, con sus informaciones contrastadas y bien documentadas, logró la suficiente influencia para, el muy cabrón, terminar enterándose de absolutamente todo.
Hacer un frívolo ejercicio de fabulación es irresistible: imaginen los cuarteles secretos del NKVD en, yo qué sé, Siberia, el espía más peligroso de la URSS se está entrenado, está él solo sentado en una silla y una mesa con… un manual de periodismo. Quién sabe si hasta le tuvieron copiando teletipos.
Coñas aparte, como buen periodista en situación límite, Sorge también era un bebedor de tomo y lomo. Además de un enamorado de la velocidad y las motocicletas. En una ocasión en que convergieron ambas pasiones se estrelló contra un muro de piedra y su compañero Max Clausen tuvo que ir volando al hospital para coger los secretos que guardaba en el bolsillo de la chupa no fuera ser que toda la misión diera al traste por tamaña insensatez.
Por supuesto, en un perfil de esas características no desentona la cualidad estrella, la de follador empedernido. Para muestra, al poco tiempo de andar en los pasillos de la embajada alemana se tiró a la esposa del embajador, Eugen Ott.
Es muy gracioso cómo relata este episodio la película de Shinoda, que es una producción germano-japonesa para la televisión, y que por lo tanto no caricaturiza como malvados villanos a los miembros del Eje, sino más bien al contrario.
El embajador, que por cierto está interpretado por Ulrich Mühe —el espía de la Stasi en La vida de los otros— cuando se entera ¡le da las gracias por hacerlo! Dice que desde que lo hace su relación ha mejorado porque ella ya no está todo el día quejándose por chorradas.
En la novela gráfica Isabel Kreitz profundizan un poco más y describen a Helma Ott como una mujer que había sido simpatizante de la izquierda en Berlín para, una vez casada con un alto cargo nazi, convertirse en una persona superficial a la que solo le interesaban los cotilleos y los problemas matrimoniales. Y el nacle de Sorge, añadimos.

En cualquier caso, había más. La red de espionaje de Sorge no solo trataba de acceder a información. También tenía la misión de influir, de interponerse entre los aliados del Eje. A los alemanes les transmitía la imagen de un Japón que no estaba preparado para la guerra, a los japoneses de que los rusos se defenderían.
Para ello tampoco falsificó documentos oficiales durante una noche entera y luego le dio el cambiazo a un diplomático en una acción de despiste trepidante y con volteretas. No, se pillaba borracheras con unos y otros y soltaba sus impresiones de experto como hará usted el mismo viernes que viene en la barra de un bar teorizando sobre el efecto Podemos.
Cuando se enteraba de algo, llamaba a sus compañeros Branko Vukelic, un croata, y el aludido Max Clausen y transmitían por radio a Moscú la información sensible. Los expertos japoneses interceptaban todos los mensajes, pero nunca supieron ni localizarles ni descifrar qué carajo estaban diciendo.
Hay un episodio que queda muy bien retratado en la película, cuando Sorge envía a un compañero al Japón rural para informar del verdadero estado del país. El agente reporta que las sanciones de Roosevelt han empobrecido el campo hasta el hambre y que muchos campesinos estaban vendiendo a sus hijas a redes de prostitución.
Una situación que fue el germen de lo que sería la rebelión del 26 de febrero, de militares japoneses exigiendo más reformas sociales y menos guerra. Para Sorge, todo esto eran síntomas de debilidad de la nación del sol naciente. Sumadas a la carestía de petróleo y materias primas, evidenciaba que no eran un enemigo tan fiero como lo pintaban.
Además, en 1939, Sorge reportó a Moscú que el objetivo de las negociaciones entre alemanes y japoneses era atacar al Reino Unido y que su objetivo no era la URSS. Esta información influyó en la decisión de Stalin de postergar la inevitable guerra con los nazis con el pacto Ribbentrop-Mólotov.
En 1941, el embajador Ott, encantado, no lo olviden, con que Sorge follara con su esposa, también le confió una valija diplomática para que la entregase en Shangai.
Sorge, desde su privilegiada nueva posición de mensajero de la embajada alemana con pasaporte japonés, informó a Moscú de que las conversaciones entre el gobierno de Hirohito y Estados Unidos fracasarían. Ocho meses después estalló la guerra entre ambos.
Sin embargo, la información estrella que logró para la Unión Soviética —la fecha de inicio de la operación Barbarroja y el número de tropas que la llevarían a cabo—, Stalin no se la creyó. Como hemos relatado al principio: Iósif se dio cuenta de su error. Y Sorge solo se había equivocado en dos días.
Más adelante, la información de que Tokio no se lanzaría sobre la URSS, que pensaban atacar a Estados Unidos tomando Singapur, sirvió a Stalin para concentrar sus tropas en el oeste contra Hitler. Cuando al final no cayó Moscú ante el avance alemán, Sorge dio parte de que en Tokio cundía la desmoralización general por el curso que iba a tomar la guerra y su estrategia era irreversible.

Y no siguió informando porque le detuvieron en pijama y zapatillas una mañana de otoño del 41. Las palizas a un miembro de la red detenido facilitaron la información necesaria al contraespionaje japonés.
Detenido y torturado Sorge, había engañado tan bien a los alemanes que le enviaban tabaco y comida a la cárcel. Incluso el embajador, quién sabe si preocupado por que ya nadie se iba a querer tirar a Helma, emitió una serie de protestas oficiales.
Durante el juicio años después, su traductor le informó de la victoria soviética en la batalla de Stalingrado. Sorge pensó que podrían liberarlo en negociaciones con la URSS, pero la documentación desclasificada años después constató que a todo intento de canjearlo por espías japoneses la embajada soviética contestaba un lacónico: «El hombre llamado Richard Sorge es desconocido para nosotros».
Hay que mencionar que al protagonista de esta historia le preocupaban las noticias que le llegaban durante los años treinta de las purgas estalinistas. Se enteraba con horror de que casi todos sus camaradas, revolucionarios de la primera hornada, habían sido juzgados. Cuando le dijeron a él que acudiera a Moscú en 1937, se negó. Dejaron de enviarle dinero y costeó el resto de operaciones de su bolsillo, pero gracias a esa negativa luego pudo enviar tan valiosa información.

Robert Whymant, que investigó el caso durante veinte años, dio con antiguos miembros de la red de espionaje y pudo acceder a los archivos soviéticos, escribió en su libro El espía de Stalin que el líder soviético no quiso canjearlo para no admitir la vergüenza de su error.
Sorge fue ahorcado en la prisión de Sugamo a los cuarenta y nueve años en un patíbulo que tenía enfrente un altar budista y en el que tardó dieciséis minutos en morir.
El pánico por la red de Tokio se trasladó a Estados Unidos.
En 1951 el general Willoughby alertó de que células como esa estaban operativas en el país de la libertad. La inteligencia militar de McArthur le había informado de que «la historia de Sorge no empezaba y acababa en Tokio».
No tardó en llegar el Macarthismo y el juicio y ejecución de Ethel y Julius Rosenberg por supuestamente haber revelado el secreto de la bomba atómica a los rusos.
La última amante del Sorge, Hanako-San, al terminar la guerra fue a buscar sus restos al cementerio de la prisión. La lápida, de madera, había desaparecido en la desesperación por la falta de materias primas en Japón. Al final dieron con el cuerpo en una fosa común para vagabundos.
Pudo distinguirlo por su tamaño en comparación con los otros esqueletos y las heridas de la Primera Guerra Mundial que se percibían claramente en su fémur. Trasladó el cuerpo al cementerio de Tama, a las afueras de Tokio, y escribió en su nueva lápida: «Aquí descansa un valiente guerrero que consagró la vida a luchar contra la guerra y en favor de la paz en el mundo».
Fue condecorado como héroe de la Unión Soviética a título póstumo en 1964. En la novela gráfíca de Kreitz, figura entre la documentación que una vez le confesó a otro agente: «Siento que de algún modo no necesito a nadie para vivir… soy tan apátrida que las carreteras son mi lugar favorito».
Hanako-San arrancó las muelas de oro del cadáver y se hizo un anillo con ellas. El New York Times constató que lo llevó durante toda su vida.

nuestras charlas nocturnas.
La muerte del bandolero…

The Objective(L.Reyes) — Primero lo ahorcaron, luego lo descuartizaron y enviaron los despojos a ser expuestos a diversos puntos de las provincias de Murcia y Alicante, hasta que los devorasen las aves carroñeras. Para que todos se enterasen de cómo se las gastaba Fernando VII. Y eso que Jaime el Barbudo era de los suyos.
La historia del que se conoce como «el bandido de Murcia» responde a un patrón muy repetido en la España del pasado. Un campesino que lleva una vida honrada, pero que en un día se ve envuelto en un delito de sangre por una cuestión de honor, o por una disputa de tierras con un vecino, o por una pelea de borrachos en la taberna.
Por miedo al castigo de la ley «se echa al monte», y entonces, en las sierras que le protegen de la persecución, no tiene otra forma de sobrevivir que hacerse bandolero, salteador de caminos, ladrón y asesino… Hasta el día que lo capturan y lo ahorcan o que lo mata a tiros la Guardia Civil.
Jaime Alfonso, llamado Jaime el Barbudo, es en efecto un muchacho de campo, nacido y criado al sur de la provincia de Alicante, en la zona castellanoparlante lindante con Murcia.
De niño trabaja como pastor y de hombre es el encargado de la finca de otro. Por exceso de celo en la defensa del patrimonio de su señor, Jaime se enfrenta a un bandolero llamado El Zurdo y lo mata.
No tiene que huir de la ley, pero sí de la banda del Zurdo que busca vengar a su jefe, aunque el resultado es el mismo: se echa al monte y no tiene otra forma de sobrevivir que robar. Es la maldición del bandido muerto, que su matador se convierta en bandido.
Pero en 1808 se produce el Dos de Mayo y estalla la Guerra de Independencia contra los franceses.
Es al parecer una ley histórica que bandoleros y contrabandistas se transformen en guerrilleros luchadores por la libertad de España, unas veces por patriotismo, y otras para aprovechar el río revuelto, porque en la guerra siempre hay botín, y más para gente sangrienta y temeraria como suelen ser estos fuera de la ley.
Jaime el Barbudo lucha contra el francés en el Reino de Murcia, gana fama de valiente, ingresa en la nómina de los patriotas, pero cuando termina la guerra ya no vale para la vida civil y ordenada y vuelve al bandolerismo. Ahora es famoso y se crea una leyenda de bandido generoso, repartiendo su botín con los pastores que encuentra y le recuerdan su propia infancia.
El Barbudo se mantiene en esta situación durante siete años, hasta que la estabilidad política se vuelve a quebrar por el Pronunciamiento de Riego, primero de los repetidos intentos de cambiar por las armas el régimen político, que durante más de un siglo estremecerán a la Historia de España.
El coronel Riego se subleva en 1820 contra el absolutismo que había reimplantado Fernando VII tras la Guerra de Independencia, triunfa y da comienzo el llamado Trienio Liberal. Pero desde el principio una conspiración reaccionaria, en la que están involucradas todas las grandes potencias continentales, pretende derribar el régimen liberal y devolver a Fernando VII el poder absoluto.
Participan de la reacción muchos antiguos guerrilleros que forman las llamadas «partidas realistas». Entre ellos está Jaime el Barbudo. Cuando en 1823 se produce la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luís, un ejército francés enviado por la Santa Alianza que forman las potencias absolutistas, Francia, Austria, Rusia y Prusia, las partidas realistas se van sumando a los invasores según avanzan hacia Cádiz, donde se ha refugiado el gobierno liberal.
Es una de esas paradojas en las que se complace la Historia: los guerrilleros que lucharon ferozmente contra la invasión francesa de 1808, son ahora aliados de la invasión francesa de 1823. Jaime el Barbudo es uno más de ellos, pero aquí ocurre un fenómeno extraño, el encuentro y la estrecha relación entre dos personalidades absolutamente opuestas, las del bandolero murciano y un aristócrata francés.
– El Barón Taylor

Los franceses que dirigen la invasión de España resultan ser menos reaccionarios que los españoles partidarios de Fernando VII.
Su comandante en jefe es Luís de Borbón, duque de Angulema, que será el último Delfín de Francia aunque no llegará al trono por la Revolución Francesa de 1830.
Angulema intenta frenar a su primo Fernando VII, impedir la brutal represión sobre los liberales vencidos, aunque no lo logrará.
En su ejército hay muchos oficiales que son de ideas abiertas, que tienen preocupaciones culturales.
Como anécdota se puede decir que los primeros visitantes internacionales que tiene el recién creado Museo del Prado (llamado entonces Museo Real de Pinturas) son oficiales franceses de los Cien Mil Hijos de San Luís, que aprovechan su campaña bélica para hacer turismo cultural.
Serán ellos los que animen en París el interés por la pintura española y por ese museo madrileño ignorado en Francia.
Entre estos militares ilustrados se halla Isidore-Justin-Séverin Taylor, caballero de la Legión de Honor y futuro barón Taylor, que pronto dejará el ejército para dedicarse en exclusiva a viajar, escribir y al arte.
Taylor es un destacado representante del Romanticismo francés, gran viajero cosmopolita, famoso escritor, pintor, experto en arte y dramaturgo que llegará a dirigir la Comédie Française, además de un reconocido filántropo.
Entre sus actividades públicas será la más importante la creación de la llamada Galería Española del Louvre. Tras la Revolución de 1830 reina en Francia Luís Felipe de Orleans, «el rey burgués», que ha substituido el absolutismo de los Borbones por una monarquía parlamentaria.
Luís Felipe es un francés hispanófilo, que conoce nuestro país y habla nuestra lengua, y concibe la idea de crear su propia colección de pintura, eligiendo la escuela española como su único componente.
Para hacerse cargo de esta misión el rey Luís Felipe no encuentra a nadie mejor que Taylor, que dice haber pasado «las jornadas más dulces y hermosas de mi vida» en el Real Museo de Madrid. Acompañado de otros dos artistas y recabando en España la colaboración de los Madrazo -José de Madrazo va a ser nombrado por esas fechas director del Prado-, Taylor realiza la mayor campaña de compra de pinturas que nadie haya hecho en España.
En esos momentos se ha producido la desamortización de los conventos, y la bolsa sin fondo de Taylor le permite adquirir unas 400 obras de arte español, entre ellas 80 de Zurbarán.
Pero ¿qué tiene que ver una personalidad tan refinada como Taylor con un bandolero como Jaime el Barbudo? La respuesta es «el Romanticismo». Los románticos adoran lo exótico, Taylor de hecho viajará por Oriente Medio y escribirá sobre ello, como haría Chateaubriand.
Y para los románticos ese exotismo empieza al pasar los Pirineos, en esa España medio mora, de religiosidad incomprensible, de mujeres bravías como la Carmen de Merimée, de toreros que sacrifican la vida para demostrar su valor, y donde los bandoleros generosos son héroes populares.
Cuando Taylor llega al Reino de Murcia como ayudante de campo del general D’Orsay, y el más famoso bandido de la región, Jaime el Barbudo, ahora guerrillero realista, se suma a las tropas francesas, surge entre ellos una especie de flechazo.
Aprovechando la campaña, Taylor quiere viajar como enamorado del país por esa España a la que ha llegado como conquistador, y no encuentra mejor compañero de viaje que Jaime el Barbudo, a quien contrata como guardaespaldas y guía por Levante.
Fruto de ese periplo será un libro de gran éxito, Voyage pittoresque en Espagne (Viaje pintoresco por España) y una curiosa amistad, que hace que, al separarse, Jaime el Barbudo le regale a Taylor su trabuco, que el aristócrata francés exhibirá durante muchos años en su mansión por donde pasa el todo París social, político y cultural.
Sin embargo el Barbudo debe tener otro trabuco de repuesto, porque al poco de terminar la emergencia bélica para restaurar el absolutismo, despreciando la consideración de héroe que ha ganado entre los partidarios de Fernando VII, Jaime vuelve a echarse al monte, regresa a la condición de salteador de caminos y fugitivo de la justicia.
Se dice que en algún momento empieza a colaborar con el Ángel Exterminador, una sociedad secreta ultra reaccionaria, que considera a Fernando VII demasiado moderado y pretende que le suplante en el trono su hermano Carlos, es decir, unos avanzados del carlismo.
Y no se sabe por qué, los del Ángel Exterminador lo traicionan y lo entregan a las autoridades, aunque esto es leyenda y no Historia, puesto que ni siquiera hay constancia histórica de la existencia de dicha sociedad secreta.
Lo cierto es que Jaime el Barbudo es capturado en Murcia en 1824, juzgado y condenado al suplicio que hemos relatado al principio. ¿Llegaría a enterarse el barón Taylor?
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Los tres cerditos: ¿Quién esconde su origen?…

Basado en hechos reales — La historia de Los Tres Cerditos es un clásico de la literatura infantil, transmitido de generación en generación, cautivando a niños y adultos por igual. Pero, ¿Quién fue el responsable de esta encantadora fábula? ¿Cuándo se escribió por primera vez? A pesar de su popularidad, la autoría de Los Tres Cerditos es un misterio envuelto en la bruma del tiempo.
El cuento de Los Tres Cerditos no se originó como un texto escrito, sino como una historia oral transmitida de generación en generación. Se cree que las primeras versiones se contaban en Inglaterra en el siglo XVIII, aunque no hay registros escritos que lo confirmen.
Estas versiones iniciales probablemente no tenían un formato fijo, con variaciones en los detalles de la historia, los personajes y la moraleja. Se cree que la historia de Los Tres Cerditos era una forma de enseñar a los niños sobre la importancia del trabajo duro, la prudencia y la preparación ante los peligros.
A finales del siglo XIX, la historia de Los Tres Cerditos comenzó a ser registrada por escrito. En 1890, el escritor inglés James Orchard Halliwell-Phillipps publicó una versión del cuento en su libro nursery rhymes and tales. Esta versión, aunque similar a las versiones orales, ya presentaba algunos elementos que se convertirían en parte de la historia que conocemos hoy en día.
En 1893, el escritor inglés Joseph Jacobs publicó una versión de Los Tres Cerditos en su libro english fairy tales, que se considera la versión más popular del cuento en la actualidad. La versión de Jacobs incluía detalles como el lobo que intenta entrar en la casa de los cerditos disfrazado de vendedor y la frase soplar y soplar y la casa se va a caer.
Los personajes de Los Tres Cerditos son tan icónicos como la historia misma. Cada uno representa diferentes valores y actitudes, y su interacción da forma a la moraleja del cuento.

Los tres cerditos representan diferentes tipos de personas: el primero, impulsivo y poco preparado; el segundo, un poco más responsable, pero aún no lo suficiente; y el tercero, trabajador, previsor y sensato. Cada uno de ellos representa diferentes formas de afrontar la vida y las dificultades.
- El primer cerdito , que construye su casa de paja, simboliza la impulsividad y la falta de planificación. Representa a las personas que no se toman el tiempo para pensar en las consecuencias de sus acciones y que se dejan llevar por la comodidad y la facilidad.
- El segundo cerdito , que construye su casa de retama, representa a las personas que hacen un esfuerzo por ser responsables, pero no lo suficiente. Son personas que no se toman el tiempo para hacer las cosas bien y que se conforman con soluciones rápidas y poco duraderas.
- El tercer cerdito , que construye su casa de ladrillos, representa la responsabilidad, la previsión y el trabajo duro. Es un símbolo de las personas que se toman el tiempo para planificar, que trabajan duro para lograr sus objetivos y que no se conforman con soluciones fáciles.
El lobo, el antagonista de la historia, representa la amenaza, el peligro y la tentación. El lobo simboliza los desafíos y las dificultades que todos enfrentamos en la vida. Representa la necesidad de estar preparados para afrontar los peligros y la importancia de la perseverancia.
El lobo también puede interpretarse como una metáfora de los malos hábitos, la pereza y la falta de responsabilidad. Es una representación de las cosas que nos pueden llevar a la ruina si no aprendemos a controlarlas.
La historia de Los Tres Cerditos, a pesar de su apariencia simple, es una fábula rica en simbolismo y con una moraleja profunda. La historia nos enseña la importancia de la responsabilidad, la previsión y el trabajo duro. Nos recuerda que los peligros siempre están presentes, pero que con preparación y perseverancia podemos superar cualquier obstáculo.
También nos enseña que la comodidad y la facilidad pueden ser engañosas y que la verdadera seguridad se encuentra en la planificación y el trabajo duro. La historia de Los Tres Cerditos es un recordatorio de que debemos ser como el tercer cerdito, siempre preparados para enfrentar los desafíos de la vida.
La historia de Los Tres Cerditos ha sido adaptada y reinterpretada a lo largo de los años, con diferentes versiones que se han adaptado a las nuevas generaciones. La historia ha sido contada en películas, series de televisión, libros ilustrados y videojuegos, manteniendo su popularidad a través de los tiempos.
Las adaptaciones modernas de la historia suelen incorporar elementos contemporáneos, como la inclusión de personajes femeninos, la exploración de temas más complejos y la adaptación a las nuevas tecnologías. Sin embargo, la esencia de la historia, con su mensaje sobre la importancia del trabajo duro y la responsabilidad, se mantiene intacta.
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5 bandas que cambiaron de cantante y no tuvieron éxito…

Infobae(A.Saldaña) — Linkin Park, una de las bandas más emblemáticas de la historia, anunció este septiembre su regreso con una nueva vocalista, Emily Armstrong, después de siete años de la trágica muerte de Chester Bennington. Desde entonces, mucho se ha hablado sobre la integración de la cantante con comentarios que van desde lo musical hasta lo personal.
Lo cierto es que Armstrong tiene unos zapatos muy grandes que llenar, y aunque la banda ha reiterado que no busca borrar el pasado con un nuevo rostro (o voz), las comparaciones son inevitables, por lo que la agrupación tendrá que demostrar con sus próximos álbumes y puestas en escena que la decisión que tomaron fue la correcta.

En esa misma línea, la historia del rock ha sido testigo de momentos en los que otros grupos consolidados han tenido que enfrentar la difícil tarea de reemplazar a su vocalista principal. Este fenómeno ha sido vivido tanto por gigantes del heavy metal, como Black Sabbath, al sustituir a Ozzy Osbourne, como por leyendas del rock clásico, como Journey, al intentar llenar el vacío dejado por Steve Perry
¿Qué otras agrupaciones han pasado por esto y cómo fue que varios vocalistas sucesores causaron polémica?
– Black Sabbath: de Ozzy Osbourne a Ronnie James Dio

Formada en 1968, Black Sabbath se convirtió en una de las bandas más influyentes en la historia del heavy metal. Con una alineación que incluía al baterista Bill Ward, el bajista Geezer Butler, el guitarrista Tony Iommi y el carismático vocalista Ozzy Osbourne, la banda innovó al inclinarse hacia temas oscuros y esotéricos, y al afinar sus instrumentos en tonos más bajos para generar una ambientación mucho más lúgubre.
Después de una década y ocho álbumes, todo cambió cuando Tony despidió a Ozzy debido a su creciente y problemática adicción a las sustancias. Sería Ronnie James Dio, quien tenía una credibilidad considerable en el mundo del rock, la persona elegida para sustituirlo, pero dicha tarea resultaría más difícil de lo esperado.

Aunque James aportó su propio estilo y talento al grupo, muchos están de acuerdo en que Black Sabbath nunca volvió a alcanzar las mismas alturas que con Ozzy. Por ejemplo, Bill Ward, el baterista original, llegó a declarar en una ocasión: “Era intolerable para mí subir al escenario sin Ozzy”, dando a entender su inconformidad con el despido del cantante.
Eso sí, hay quienes tienen presente que Dio fue extremadamente profesional. En 2022, Wendy Dio, la esposa y mánager del fallecido Ronnie, admitió que en ese tiempo, “el espacio de Ozzy era muy difícil de llenar” y que “le escupieron, abuchearon y muchas cosas más al principio, pero Ronnie siguió adelante e hizo lo suyo”.
En sus palabras: “Siempre he dicho: hay un Black Sabbath con Ozzy y hay un Black Sabbath con Ronnie. Ambos son igual de buenos. Uno no es mejor que el otro; es sólo que son diferentes”.
– Journey: de Steve Perry a Arnel Pineda

Journey, una de las bandas más emblemáticas del rock, ha experimentado un par de cambios a lo largo de su trayectoria, especialmente en la figura de su vocalista principal. Liderada en su mejor momento por el dinámico Steve Perry, el grupo se convirtió en un titán internacional del rock durante los 13 años que Perry estuvo al frente, excluyendo un paréntesis de ocho años.
La llegada de Perry en el cuarto álbum de la banda, “Infinity”, marcó el inicio de la etapa más exitosa de Journey. Bajo su liderazgo, el conjunto musical logró encontrar su propio sonido, empezar a distinguirse de los iconos del género y eventualmente conquistar a una legión de seguidores.

Sin embargo, tras la salida definitiva de Steve en 1998, la banda entró en un período de inestabilidad. Durante esos años, la banda probó con varios vocalistas, pero ninguno logró replicar el éxito ni el impacto del cantante original.
Esta fase de transición duró hasta 2007, año en que el guitarrista Neil Schon descubrió a Arnel Pineda. Al ver un video de Pineda interpretando “Faithfully” en YouTube, Schon lo invitó a audicionar, resultando en su contratación como nuevo vocalista.
A pesar de su talento y su notable capacidad para replicar el estilo de Perry, Arnel ha sido percibido por muchos como un miembro que cumple un excelente rol de dar tributo al Journey inicial, pero que nunca ha podido aportar a una renovación auténtica del grupo.
Por ello, se cree que aunque Pineda revitalizó la banda, la esencia que Perry imprimió en sus años dorados sigue siendo incomparable.
– Van Halen: de David Lee Roth a Sammy Hagar

Van Halen se formó en 1972 en Pasadena, California, y rápidamente se convirtió en un ícono del rock con su alineación clásica compuesta por David Lee Roth, Eddie y Alex Van Halen, y Michael Anthony.
Con Roth al frente, la banda lanzó álbumes que revolucionaron el rock, destacando por su alucinante energía en el escenario, bien acompañadas de letras provocadoras. Sin embargo, tras el lanzamiento de “1984″, Roth decidió dejar la banda en busca de nuevos horizontes, lo que generó un cambio significativo en la dirección musical del grupo.
La llegada de Sammy Hagar en 1985 marcó el inicio de la era “Van Hagar”. Si bien Hagar era un artista ya establecido, su estilo y enfoque lírico eran diferentes, pues su propuesta musical tenía un enfoque más romántico en sus canciones en comparación con las letras sugerentes de Roth.

La primera colaboración de Sammy con la banda, “5150″, alcanzó el número uno en las listas, lo que demostró que la banda podía seguir teniendo éxito. Sin embargo, después de más de una década de “Diamond Dave”, muchos fans sentían que Hagar representaba un “equipo B”.
A pesar de que la era de Hagar resultó en álbumes sólidos y ventas exitosas, algunos críticos y fans sostienen que la chispa y la personalidad distintiva que Roth aportaba a la banda se perdió en el proceso.
La evolución musical de Van Halen bajo Hagar simplemente fue diferente: aunque lograron hits y mantuvieron su popularidad, la banda nunca alcanzó el éxito que encontrar con David y sus increíbles saltos en el escenario.
– Ian Gillan: la época de oro de Deep Purple

Deep Purple es otra de esas agrupaciones que ha cambiado múltiples veces a lo largo de los años. Formada en Londres en 1968, su alineación inicial tenía presente al organista Jon Lord, el guitarrista Ritchie Blackmore y el vocalista Rod Evans. Con este último al frente, lanzaron sus primeros álbumes, “Shades of Deep Purple” y “The Book of Taliesyn”, que presentaron un sonido suave y psicodélico.
Ese último tipo de música no iba a permanecer para siempre, ya que en busca de un estilo más pesado, la banda tomó la complicada decisión de reemplazar a Evans por Ian Gillan y a Nick Simper por Roger Glover. Este cambio dio origen a la famosa formación conocida como Mark II.

Con Gillan al frente, el grupo lanzó algunos de sus álbumes más icónicos, como “Machine Head” y “Made in Japan”, que cimentaron su legado en la historia del rock.
Las letras potentes y la voz poderosa de Gillan llevaron a la banda a alcanzar una nueva dimensión de éxito, convirtiéndola en una de las figuras clave del heavy metal junto a Led Zeppelin y Black Sabbath. Sin embargo, en 1973, después de un arduo período de giras y conflictos internos, Gillan decidió abandonar la banda.
Aunque Deep Purple continuó su trayectoria con vocalistas como David Coverdale y Joe Lynn Turner, el impacto no fue el mismo, pues la clara esencia de la banda se diluyó, y los álbumes de esta era, aunque disfrutados por algunos, no lograron igualar la influencia y el reconocimiento de los trabajos realizados con Gillan.
A pesar de que este regresó en años posteriores, y la banda ha seguido produciendo música, la etapa Mark II sigue siendo recordada como la cúspide creativa del conjunto.
– INXS: de Michael Hutchence a J.D. Fortune

La banda INXS sufrió un cambio significativo cuando su vocalista principal, Michael Hutchence, falleció en 1997. La tragedia dejó un vacío difícil de llenar y el grupo probó distintas opciones antes de decidirse por J.D. Fortune, a través del programa de televisión “Rock Star: INXS”.
Fortune, un cantante talentoso, pero con una vida marcada por la pobreza, vio una gran oportunidad en esta competencia, donde llegaría a estar aproximadamente seis años.
Durante el período con Fortune como vocalista, el grupo lanzó el sencillo “Pretty Vegas” que tuvo un éxito considerable. Alcanzó la posición número 9 en Australia y la número 37 en el Billboard Hot 100, y fue un gran éxito de radio en Canadá. En noviembre de 2005, lanzaron el álbum “Switch”, con Fortune al frente, que fue apoyado por una gira mundial en 2006.

A pesar de este éxito inicial, la relación con su discográfica Epic Records terminó ese mismo año y, aunque continuaron de gira, la banda enfrentó varios desafíos, incluyendo problemas de salud de uno de los miembros. Esto, poco a poco se convertiría en el terreno que prepararía la salida de Fortune.
Cuatro años más tarde, en 2009, Fortune anunció que había sido despedido de INXS, aunque el director creativo de la banda, Chris Murphy, lo desmintió y mencionó la posibilidad de su retorno. A pesar de la confusión y la falta de comunicación, J.D. volvió a presentarse con la banda en eventos selectos, como los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.
Sin embargo, su regreso no fue permanente y la banda continuó explorando otras colaboraciones.
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Antiguos camaradas de las SS con esmoquin y gafas de sol… y otras fotografías de la vieja Alemania

JotDown(A.C.Rural) — La crisis tiene sus cosas buenas. Ahora no es extraño que un español tenga a su pandilla dispersa por varios países. Gracias al paro que les ha echado puedes hacer turismo barato yendo a visitarles.
No llegamos al nivel de los exyugoslavos, forzados a abandonar su país por las ridículas guerras nacionalistas y las crisis consecuentes, que pueden dar la vuelta al mundo de barbacoa en barbacoa sin dejar de comer ćevapi un solo día. Pero todo se andará. Por ahora no vamos mal, cada vez tenemos más bases. Más diáspora. ¡Bien!
Con este panorama, Alemania, como es normal, es un país en el que todos tenemos montones de amigos. En el caso que nos ocupa en esta entrega de «Busco en la basura algo mejor», hablaremos de Martín y María José, una pareja que se está ganando la vida en Kassel.
Nos encontramos en Berlín hace un año y pude escuchar historias alucinantes de sus experiencias en este país entre cervezones, comida turca y tíos modernos que iban descalzos por la calle.
Por ejemplo, Martín un día tuvo que visitar una antigua fábrica de pieles por asuntos del curro y se encontró en una habitación un montón de máscaras antigás numeradas y sin usar, todas apiladas contra la pared. Desde la II Guerra Mundial llevaban ahí. Y lo que es mejor, en otra pared, al lado, había una pintada.
Decía: «Salamanca, arte, saber y toros». Eso no era de los nazis, suponemos, era un vestigio de nuestro paso en los años sesenta como mano de obra barata.
Pero la historia buena era la de María José. Había conocido a un caballero en Kassel que era propietario junto con su mujer del Foto Motel. Un hotel lleno de fotos, juguetes antiguos, máquinas de fotos viejas, un piano… Todo un museo.
Se llama pitze Eckart (1949, Iserlohn) y él y su mujer, Elfi, son artistas. Montan en el salón de su casa conciertos de música experimental, improvisación y rollos de ese estilo. No obstante, lo que más me interesó de lo que me comentaron de él fue uno de sus trabajos fotográficos.
A finales de los años 2000, se pusieron de acuerdo dos museos de Alemania, uno de Erfurt, ciudad de la antigua RDA y otro de Bad Arolsen, en lo que era la RFA, para sacar un libro de fotografías: West Menschen / Ost Menschen (Gente del oeste / Gente del este). Imágenes cotidianas a un lado y otro del telón de acero.
Me consiguieron un ejemplar y, ojeándolo, las historias que había detrás de cada fotografía que pitze Eckart les había contado me parecieron increíbles. Lo suficiente como para traerlas aquí. Estas son algunas de las fotos de la mitad correspondiente a la vieja Alemania Federal de este maravilloso libro y, «en exclusiva» para este blog, sus relatos. Habla pitze Eckart.

«Eran las bodas de plata de este hombre (señalando al del centro). Mi mujer y yo nos mudamos a Korbach para trabajar y econtramos una casita en las afueras. Nuestra casera era una mujer muy amable y su marido, que era enorme, era ciego. Había estado en las SS. Supongo que por su gran tamaño, no creo que fuera una mala persona. Era evidente por sus características físicas que lo alistaron en las SS.
Tenía un perro lazarillo muy malo que se escondía debajo de los camiones. El hombre también tenía la manía de, cuando llovía, coger una regadera, llenarla de agua y ponerse a regar las plantas del jardín.
De vuelta al día que saqué la foto, estas tres personas, que destacaban entre los invitados de la celebración, se sentaron en una mesa aparte. Yo no tenía, por lo demás, nada que ver con ellos, pero me dijeron: «son nuestras bodas de plata, haga por favor un par de buenas fotos, señor Eckart».
Los tres eran ciegos, por este motivo se llama la imagen «Alte Kameraden» (viejos camaradas). Al final de la guerra, los rusos les obligaron a limpiar campos de minas. Era un batallón de castigo. Les dijeron: «ustedes son los más malvados entre los soldados y ahora que son nuestros prisioneros de guerra, van a encargarse de limpiar campos de minas».
El término «Batallón de castigo» venía de los nazis, del batallón de castigo 999, para tareas especialmente peligrosas en el frente.
Se debieron quedar ciegos por un explosivo, después de la guerra era frecuente. Cuando yo iba al colegio, un compañero encontró una granada y como vio que brillaba, la golpeó. Perdió ambas manos y le destrozó la cara.
Korbach está cerca de Bad Arolsen, un principado. El príncipe heredero, Josias, fue miembro de la Totenkopfdivision y era el jefe de la Policía de Thüringen y Hessen, así como jefe de Buchenwald. Estuvo en los primeros procesos después de la guerra y fue condenado, pero debido a su mala salud fue liberado al poco tiempo.
Él estaba en la prisión de Dachau y se marchó rápidamente al castillo en Schaumburg an der Lahn, que era propiedad de la familia Waldeck.
Waldeck es un lugar muy especial de Alemania. Fue el último principado que tuvo el país. Un principado muy, muy pequeño con un castillo enorme para la familia principesca, que hoy todavía sigue allí, es la mayor terrateniente de la región y mantiene aún esta terrible historia en secreto. Ningún historiador puede investigar a la familia.
Siguen bautizando a sus hijos con nombres como Wittekind (Viduquindo). Hubo muchos encuentros después de la guerra de camaradas de la SS Totenkopfdivision en el castillo… Y durante mucho tiempo nadie dijo que eso fuera un escándalo. Era, sencillamente, el «pasado pardo» de la región de Waldeck».

«Lo especial de la foto no tiene que ver con la toma ni con el encuadre. En aquel momento trabajaba en una casa de la juventud, en una instalación municipal, y tenía la foto en gran formato colgada en mi despacho. El asunto de la foto era la lactancia.
En aquella época en Alemania era absolutamente imposible que una mujer diera el pecho. En el hospital era normal que el bebé recién nacido fuera llevado inmediatamente a la sala de nidos y la mujer permaneciera en su habitación mientras que su hijo era amamantado por una nodriza.
Y si una quería amamantar a su propio hijo, era una batalla. Se pesaban los senos y te decían: «sus pechos son muy pequeños. Usted tiene solo 30 gramos y deberían ser 50. Tendríamos que añadir 20 gramos con el biberón».
Por otro lado, cuando por ejemplo ibas a un restaurante y el niño tenía hambre, pensabas ¿qué hacemos ahora? Era un tabú. La mujer se tenía que esconder debajo de la mesa a dar el pecho a su hijo.
Entonces, como protesta por todas estas situaciones absurdas, puse esta foto en la pared de mi despacho. A veces entraba alguien a mi oficina y era gracioso cuando decía:
—Menudas tetas tiene esta.
Y yo respondía:
—Sí, es mi mujer
—Oh, discúlpeme».

«Esta foto la tomé en los años setenta en la ciudad de la que provengo, Iserlohn, donde fui al colegio. Allí, durante mis estudios universitarios, trabajé como cartero. Había vuelto para fotografiar las calles donde diez años antes había trabajado.
No tenía previsto fotografiar a personas, pero de repente, este hombre, al que no conocía, pasó por delante. Me propuse como fuera que saliera en la foto y, como a él no le apetecería, vino hacia mí y me escupió.
En aquel momento no había ninguna legislación aplicable a la fotografía. Ahora todo el mundo de alguna manera tiene interiorizado que hay una legislación que dice que se tiene derecho a la propia imagen y solo bajo unas circunstancias determinadas te pueden fotografiar.
En los años setenta la gente no era tan sensible. Te puedo poner un ejemplo: en esta década podías ir a un gran concierto de rock de Emerson, Lake and Palmer, que estaban en ese momento entre los veinte grupos más importantes del mundo, y los organizadores te llevaban delante del todo y te decían, «aquí tienes mejor sitio para sacar fotos». Ahora hacen controles a la entrada y te quitan la cámara. Era otra situación»..

«Es un taller para discapacitados con el que estuve relacionado. Están con las tiras de papel encerado en las que se introducían cerillas.
No las conocía, se nota en su mirada».

«Tampoco conocía a esa joven. La foto la tomé durante la documenta, delante del museo Fridericianum. En Korbach, que era donde vivíamos, había muchos punks. Yo era el responsable de la casa de la juventud y se escuchaba mucho a los Sex Pistols y los Dead Kennedys. Sí había un movimiento punk.
Estudié Pedagogía, pero lo que quería realmente era dar clases en el movimiento sindical. Como no era políticamente sencillo, no conseguí ningún puesto y acabé en la nueva casa de la juventud. En los años ochenta, se tenía la idea de que la juventud se autogestionaba, de que podían autoorganizarse, aunque fuera en una ciudad de treinta mil habitantes como Korbach. Pero el centro tenía mala fama entre los vecinos porque siempre había muchos problemas por excesos con el alcohol y peleas. Al final lo demolieron.
Llegué al centro después de que se fuera al garete. Lo curioso es que yo venía del mundo sindical, donde teníamos una estructura muy cuadriculada, con los enlaces sindicales y los comités de empresa. Fue sorprendente llegar de pronto a una casa joven donde todos decían ¡queremos una discoteca! Y se les dejaba hacer una discoteca de la que desaparecían todos los vinilos y se bebía un montón.
Transformamos la casa de la juventud en un centro de formación. Montamos talleres de serigrafía y fotografía. He leído recientemente que no ha vuelto a haber una época como esa, al principio de los años ochenta, donde todo el mundo conocía lo que era la apertura del diafragma, la distancia focal y el tiempo de exposición. Fue el punto álgido de las cámaras Réflex».

«No es sangre lo que tiene en la cara, es henna de color rojo, de la que se usa para teñir el pelo. Era un fin de semana que nos fuimos con los jóvenes a Dörnberg que está en las cercanías de Kassel. Allí había un centro juvenil del estado de Hessen, unas instalaciones educativas donde los grupos de chavales tenían la posibilidad de pernoctar.
Disponían de treinta habitaciones, una cocina y espacios de trabajo.
Esta chica pertenecía a una tribu social. Los jóvenes se sienten más fortalecidos cuando están absorbidos por estos movimientos. Tenía afinidad con el punk, por eso se tiñó el pelo de rojo y aparentaba ese aspecto de estar acabada, que en casa de sus padres no hubiera podido tener».

«Esto es el muro de Berlín, era como una instalación artística de Dalí, una situación surrealista. Había una plataforma separada a una distancia del muro desde la que se podía ver el lado este. Lo que hacían estos jóvenes era una mezcla de turismo, afirmación y formación política. Algo más típico del lado oeste».
Ahora me he propuesto realizar una serie de fotos que vuelve a estar relacionada con Waldeck. Es un trabajo que tiene que ver con la transformación del paisaje natural en paisaje cultural. Waldeck es una zona natural con grandes bosques de hayas y arroyos, sin embargo es un paisaje marcado por el hombre, fundamentalmente para la economía.
Me interesa este aspecto que es tan típico, no es símplemente naturaleza salvaje, sino paisaje donde está la acción del hombre. De momento me fijado en tres elementos: las avenidas arboladas, las canteras y los cobertizos.
Me he comprado un Smart con un portabicicletas y una bicicleta eléctrica y cuando tengo tiempo, con el hotel tengo poco, me voy a Waldeck, me informo previamente de dónde puede estar lo que me interesa, subo con la bicicleta las montañas y fotografío.
Tuve un acuerdo con Bad Wildungen para mostar las fotos en su museo para el 2015, pero me doy cuenta de que no me viene bien trabajar bajo presión así que en principio estoy haciendo las fotos para mí.

– Cinco segundos de vida en cuarenta años de República Democrática Alemana
En «Busco en la basura algo mejor» habíamos descubierto el trabajo de pitze Eckart en West Menschen / Ost Menschen, una colección de fotografías sobre la vida cotidiana en la Alemania dividida. Nos cedió sus instantáneas sobre el oeste y, ahora, tras unas llamadas y emails, hemos conseguido que el fotógrafo del este, Dieter Demme, comparta también con esta publicación sus mejores fotos para comentarlas aquí. Sin más, habla el artista.

«Todas las fotos que aparecen en este libro las hice sin encargo alguno. Las saqué durante el tiempo que trabajé en la agencia ADN-Zentralbild y también después como autónomo, que recorrí la entonces RDA y los países fronterizos. Estas fotos son mi visión personal de este tiempo y si con ello ayudo a mejorar la comprensión mutua, el esfuerzo habrá merecido la pena.
Crecí en una ciudad pequeña, y desde el principio de mi carrera como fotógrafo me interesaron las costumbres y los ritos cotidianos de la gente de mi alrededor. Cuando tomaba fotografías no podía sospechar la evolución política de la RDA y que todas esas fotos se fueran a convertir luego en documentos de la vida diaria de un país que ya no existe.
En mis fotografías nunca he hecho modificaciones, no planteado ni organizado nada de las tomas que hice. Si contamos el tiempo de exposición de las sesenta fotos que componen mi parte del libro, son quizá cuatro o cinco segundos de los cuarenta años de la RDA.
En un estudio de retratos, en la región de Sonderhausen de Thüringen, aprendí el oficio de fotógrafo. En este tiempo leí los libros de Egon Erwin Kisch. Ahí nació mi anhelo de ser reportero y recorrer el mundo.
Pero como no veía posibilidad alguna de ser allí un reportero gráfico, solicité trabajo en la editorial Sport und Technik de Berlín. Los deportes de motor me encantaban y esa era una revista especializada. Presenté mis fotos y lo conseguí.
En 1960 comencé a trabajar e hice mis primeras fotografías aéreas para la revista Aerosport y navegué para la revista Seesport por el mar Báltico hasta Polonia. Era el trabajo de mis sueños. El redactor jefe de estas revistas era Carl Dickel, que luchó en las Brigadas Internacionales en España.
En 1961 se construyó el inefable muro y me quise marchar de Berlín. Fui el primer fotógrafo de la RDA que trabajó durante 1963 y 1964 para la agencia Worldpress. Después recibí una oferta de la agencia ADN-Zentalbild, a partir de 1967 estuve en la sección de deportes y me pude marchar a Erfurt.
Mi cometido era principalmente hacer fotos a los deportistas internacionales de la RDA. Viajé por Italia, Francia, Inglaterra y los países escandinavos tomando imágenes en campeonatos mundiales. En 1969 me fui tres meses a Cuba. Hicimos una exposición y una película documental que se llamó Cuba, diez años después de la revolución.
En la RDA, oficialmente no había censura, pero los periódicos no mostraban fotografías de contenido crítico, salvo algunas pequeñas excepciones. Otra cosa era el mundo del arte, las exposiciones fotográficas sí podían ser más contestatarias.
En 1972 empecé los estudios en la escuela universitaria de artes gráficas de Leipzig y los terminé en 1977. La escuela era muy abierta. En la biblioteca encontrabas las mejores revistas de fotografía y de literatura. Aprendimos de los fotógrafos franceses y americanos, como Doisneau y Freidländer, así como de los de la agencia Magnum, como Robert Capa o Cartier-Bresson.
A partir de 1979 trabajé por mi cuenta. Hice libros, calendarios y hasta fotografía industrial para empresas exportadoras… Y también hice fotos para mi archivo privado de la gente en mi entorno, igual que hacían los fotógrafos callejeros. En 1989 cayó el muro y se abrieron las fronteras. Yo continúo trabajando como entonces.
En este momento estoy participando en un libro que se llama La pura vida. Fotografías de los cuarenta años de la RDA. Trata sobre el altruismo y la solidaridad. Ahora nos hemos vuelto más agresivos y desconfiados».

«Este niño era de Mozambique y fue ingresado en la Clínica Universitaria Charité de Berlín para que le practicaran una operación muy compleja que en su país no le podían realizar.
Fue uno de mis primeros encargos en la agencia, sacar fotos de esta nueva técnica de operación. Cuando entré en la clínica vi en una sala de tratamientos a esta enfermera rubia con el niño negro en su brazos y me pareció una virgen moderna.
Algunas fotos a veces no se pueden explicar. También hay que tener en cuenta la imaginación del que mira.
El sistema de salud en la RDA era sobre todo gratuito, excepto la cotización mensual a la Seguridad Social, pero todos los medicamentos y tratamientos eran sin coste alguno. Venían jóvenes africanos y de Vietnam a aprender el oficio y se marchaban al cabo de tres años a sus respectivos países».

«Son los jóvenes de Metzels, un pequeño municipio de los bosques de Turingia. Se reunían por las tardes para pasear en moto. Yo estaba allí para hacer fotos de las fiestas del pueblo, una celebración popular tradicional, con trajes especiales, mucha música y alcohol».
Se dice que quienes vivieron y crecieron en países comunistas perdieron su juventud. ¿Está usted de acuerdo?
«Yo tuve una juventud maravillosa, mis padres eran obreros y con dieciocho años ya tuve una moto. ¿Te parece que a estos jóvenes de la fotografía alguien les esté robando algo?»

«La calle estaba vacía y caía la primera luz del día. La figura de la mujer arrojaba una sombra alargada. Si iba a coger el bus para ir a la ciudad o al trabajo, lo que hiciera, realmente quedaba para la imaginación del que mira. El pueblo se llama Berlsted, está cerca de Weimar. Había una próspera cooperativa agraria que ha llegado hasta nuestros días. Las grandes extensiones de tierras se reservaban para cooperativas agrícolas».

«No puedo saber qué se imagina cada uno de cómo era la vida en la RDA, si su idea es acertada o no, eso es algo que no lo puedo valorar. Pero en la foto se ve que un padre se divierte con su hija pequeña con el reflejo del espejo deformado en una feria. Sin más».

«No sé lo que fue de estos trabajadores, con el paso del tiempo les he perdido de vista. Son trabajadores de la brigada de gruistas de la empresa de construcción de viviendas de Erfurt. Montaban y desmontaban las grúas que transportaban los módulos de hormigón prefabricado. Los obreros de la construcción estaban bien considerados y recibían un buen sueldo.
Las condiciones de trabajo son mucho mejores ahora técnicamente, pero se han vuelto mucho más crudas por la competencia tan dura que hay en el sector de la construcción».

«Todos los años en abril se reúnen en el campo de concentración de Buchenwald exprisioneros provenientes de todos los países para recordar a los compañeros asesinados. También suelen participar grupos juveniles internacionales. El hombre del parche pertenece al grupo de exprisioneros.
Era inconcebible que en la RDA hubiera reuniones de antiguos miembros de las SS-Totenkopf o de cualquier cosa parecida. No me puedo imaginar que en la RDA fuera posible que unos asesinos en serie como los de la NSU (grupo terrorista neonazi desmantelado en 2011) matasen como hicieron a nueve ciudadanos extranjeros y a una policía. El filósofo francés Stephane Hessel, autor de ¡Indignaos!, que sobrevivió en el campo de concentración de Buchenwald, era de los que siempre estaba presente».

«Era una exposición de Günter Rössler, un fotógrafo de Leipzig, conocido también fuera de la RDA por sus fotografías de moda y de desnudos. Era una exposición pública y se vendían allí también los pósters. Siempre hubo exposiciones con obras de desnudos. La pornografía, propiamente dicha, estaba prohibida, pero siempre se podía conseguir clandestinamente».

«Era un domingo en una nueva construcción residencial en el norte de Erfurt. Aquí vivían sobre todo trabajadores. Por el sistema de calefacción urbana y su precio eran pisos muy demandados.
Seguro que muchos echan de menos el estado de bienestar. En aquel entonces nunca vi a nadie sin techo ni indigentes por las calles.
Por supuesto que la reunificación fue importante y largamente deseada. No deberíamos olvidar y estar agradecidos a la que fue una revolución pacífica en la que nadie perdió la vida. Quisiera reivindicar cordialmente aquí que la gente de la RDA fue la que derribó el muro y posibilitó la reunificación.
Todas estas opiniones son, naturalmente, personales. Cualquier otra persona tendrá otra experiencia.
Con mi trabajo intento lo que decía Cartier-Bresson: «Llevar la razón, el ojo y el corazón a la misma línea visual» y si, además, se tiene suerte, se consiguen buenas fotos».
nuestras charlas nocturnas.
El Grand Tour…

The Objective(L.Reyes) — Los romanos inventaron el turismo, pero faltaban muchos siglos para que naciese esa palabra que hoy existe en todos los idiomas del mundo: “turista”. La referencia escrita más antigua que se conoce aparece en El viaje a Italia, que como su título sugiere es una guía de viajes publicada en París en 1670, dos años después de la muerte de su autor, Richard Lassels.
Lassels no era francés, sino inglés, aunque no vivía en Inglaterra, sino en Italia. En realidad era un exilado político, un sacerdote católico que había tenido que abandonar su país por las persecuciones religiosas, pero que hizo de la desgracia un medio de vida, ya que formaría parte del amplio sindicato de profesionales de todo tipo que explotaban a los turistas ingleses que empezaban a llegar a Italia.
El adelantado de todos ellos, el modelo para los aristocráticos turistas ingleses del XVIII, fue Lord Arundel. Thomas Howard, conde de Arundel, era todo un personaje de la Historia de Inglaterra. Pertenecía a una familia, los Howard, conocida como “la segunda Casa de Inglaterra”, lo que significaba que era la más noble del reino después de la Casa Real inglesa.
Por si no tuvieran bastante gloria con sus hazañas militares y su protagonismo político, los Arundel tenían incluso un mártir por la fe, San Felipe Howard, padre de nuestro primer turista, que murió preso en la Torre de Londres en la persecución anticatólica de la reina Isabel I.
Lord Arundel también fue a dar con sus huesos en la cárcel, pero para no terminar como su padre mártir simuló convertirse al protestantismo.
Se convirtió en lo que se llama un “criptocatólico”, es decir, un católico secreto y clandestino, figura muy generalizada en la nobleza inglesa. Debido a su altísimo rango nobiliario, Lord Arundel desempeñó diversas misiones diplomáticas como embajador por varios países de Europa, pero de todos ellos hubo uno que conquistó su corazón: Italia.
Había varias razones para esa preferencia. Una de ellas era Roma, cabeza de la cristiandad y sede del Papa. Para un católico secreto como Arundel, que venía de una Inglaterra donde se perseguía al catolicismo, suponía una experiencia vital irrepetible acudir a la basílica de San Pedro y en medio de una ceremonia llena de esplendor rendir pleitesía al Sumo Pontífice de la Iglesia católica.

Visitar el Coliseo o los lugares donde fueron sacrificados los primeros cristianos suponía una especial emoción para el hijo del mártir San Felipe Howard, así que Italia sumaba a sus bellezas y placeres el carácter de peregrinación religiosa, disimulada bajo el viaje turístico.
Otro de los motivos del enamoramiento con Italia era el temperamento artístico de Lord Arundel, al que sus contemporáneos apodaban “el conde coleccionista”.
Era un auténtico mecenas equiparable a los príncipes del Renacimiento, que llegó a reunir más de 700 pinturas, además de una fabulosa colección de escultura greco-romana conocida como “los Mármoles de Arundel”, que se exhibe en la Universidad de Oxford.
Italia, y muy especialmente Florencia, era la Meca de los artistas europeos desde finales del Renacimiento, muchos genios de la pintura como el alemán Durero, el flamenco Rubens o el español Velázquez, consideraron imprescindible para su formación la visita a Italia, que también era el vivero al que acudían los amantes del arte –y por supuesto, los marchantes- para comprar pinturas y esculturas.
Lord Arundel tuvo la suerte de que su esposa, Lady Aletheia Talbot, fuera igualmente sensible al arte e inmensamente rica, capaz de sostener los caprichos de su marido, de modo que en 1613 el matrimonio y sus hijos emprendieron un viaje de placer –de intenso y caro placer- que les llevaría a recorrer Italia hasta Nápoles.
Para disfrutar más de su viaje de acuerdo con sus inquietudes culturales, se hicieron acompañar de Iñigo Jones, el gran arquitecto que introdujo el estilo renacentista en la arquitectura inglesa, para que les sirviese de guía de viajes viviente.
En ese periplo –luego prolongado con largos periodos de residencia en Italia- lord Arundel sentó las bases de lo que se llamaría el “Grand Tour”, el viaje iniciático de los jóvenes aristócratas ingleses a Italia. Arundel fue el primer “gran turista” mucho antes de que se publicara ese Viaje a Italia que hemos citado al principio, donde se inventó la palabra.
– El primer turista sueco
En el siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces por los avances de la cultura, el saber y la ciencia en toda Europa, se había convertido en un precepto para la nobleza inglesa enviar a sus vástagos a un viaje educativo a Italia. Al salir de la adolescencia, como colofón a sus estudios, los jóvenes nobles emprendían el Grand Tour, según el modelo fijado por Lord Arundel.
Iban acompañados de su preceptor, alguien que dominaba el latín y conocía la Historia y el Arte de la Antigüedad, para que le fuese explicando los monumentos y vestigios de aquel glorioso pasado, del que la nobleza inglesa se sentía heredera.
Pero el viaje no era sólo educativo, tenía una parte de placer, de muchísimo placer podríamos decir. La primera etapa del Grand Tour era, inevitablemente, París, donde se producía una metamorfosis.

Los nobles ingleses solían vivir en el campo y se veían algo paletos cuando llegaban a París, pero allí una legión de peluqueros, sastres, zapateros y perfumistas se ocupaban de transformarlos en auténticos petimetres.
Una vez puestos a la moda, visitados los salones aristocráticos y corridas sus primeras aventuras galantes –o sea, con sexo- el joven turista estaba listo para afrontar su viaje iniciático.
Iban a Marsella, embarcaban y llegaban a Italia por mar, generalmente por los puertos de Livorno o Génova.
Alli caía sobre ellos una casta de ingleses residentes en Italia, que bajo capa de agentes consulares que se prestaban a resolver problemas, aristócratas expatriados que hacían de anfitriones, expertos en arte que asesoraban en compras, profesores que se ofrecían como cicerones, o artistas que los retrataban, se dedicaban a saquear la rica bolsa del turista, con la entusiasta colaboración de otros buscavidas italianos…
Es decir, igual que ahora, sacarle los dineros al turista formaba parte del juego que todos aceptamos.
Además de culminar su formación cultural y divertirse con todos los excesos que le ofrecía la ardorosa Italia, el joven turista cumplía con sus deberes religiosos y políticos.
La nobleza inglesa era en general criptocatólica, y partidaria, también en secreto, de la dinastía católica de los Estuardo, cuyo último rey, Jacobo II, había sido destronado por los protestantes.
El hijo del Jacobo II, conocido por el Viejo Pretendiente, era reconocido por el Papa como rey de Inglaterra, y tenía su corte en Roma desde 1715, de modo que los turistas no sólo rendían pleitesía al Papa, sino también al “rey Jacobo III”.
El modelo del gran turista inglés resultaba tan atractivo que sería imitado por todo el Norte de Europa, extendiéndose no sólo geográficamente, sino también a otras clases sociales, y a personas de más edad.
El poeta alemán Goethe realizó el Grand Tour entre 1786 y 1788, cuando ya tenía casi 40 años, aunque pese a su madurez resultó conmocionado por la visión de Italia, y ese viaje le hizo salir del romanticismo y entrar en su etapa clasicista.
La llamada del Grand Tour llegó hasta la lejana Suecia, y fue tan poderosa que incluso su rey, Gustavo III, decidió emprenderlo en 1783, cuando tenía 37 años. Fue el primer turista sueco, y desde entonces los suecos no se pueden resistir al atractivo de los países mediterráneos y pueblan nuestras costas, aunque vengan en busca de sol más que de cultura clásica.
nuestras charlas nocturnas.
Henri Bergson, el gran filósofo que desafió «cara a cara» a Einstein sobre la naturaleza del tiempo (y cambió para siempre la discusión sobre el tema)…

BBC News Mundo(M.Rodríguez) — Como lo hizo en la primaria, brilló en la secundaria.
En el último año, el adolescente se especializó en matemáticas y ganó una competencia nacional al resolver un problema que formuló nada más y nada menos que Pascal en una carta a -nada más y nada menos- que Fermat.
No hablamos de Albert Einstein, sino de Henri Bergson, quien, pese a su gran talento para las matemáticas, prefirió desarrollar una carrera en humanidades.
Se convirtió en uno de los filósofos más eminentes de inicios del siglo XX. De hecho, llegó a ser una especie de celebridad global.
Se cuenta que una de sus presentaciones en la Universidad de Columbia generó tanto entusiasmo que causó el primer embotellamiento de tráfico en Broadway, recuerda Mark Sinclair en su libro “Bergson”.
El 6 de abril de 1922 y en un mismo recinto, ambas figuras ofrecieron sus ideas -opuestas- sobre el tiempo. Einstein era famoso, ya había publicado su teoría de la relatividad. Sin embargo, “Bergson tenía buenos motivos para sentirse más poderoso que su rival”, señala Jimena Canales en el libro “El físico y el filósofo”.
Y es que el pensador francés, casi 20 años mayor que Einstein, era renombrado por su teoría sobre el tiempo. La historiadora de la ciencia le cuenta a BBC Mundo que ese día, el gran físico conocería a “un hombre que no olvidaría jamás”.
– El encuentro
Einstein había llegado a París procedente de Berlín para participar en algunos eventos, entre ellos el de la Société française de philosophie, que lo había invitado a exponer su punto de vista sobre el espacio y el tiempo. Ese 6 de abril fue una “fecha destacable” para el físico, indica Canales, quien hace notar que había razones por las cuales se sentía nervioso.

Tras la Primera Guerra Mundial, las relaciones entre las comunidades científicas alemana y del extranjero eran casi inexistentes.
La situación social y política aún era delicada.
“Pero, sobre todo, porque en el público de una de sus charlas estaba una persona que era más reconocida que él.
Aunque ahora el nombre de Einstein es más conocido, en ese momento era al revés”.
Otro factor era el idioma.
Pese a que el físico hablaba bien francés, no se sentía del todo cómodo.
Einstein habló primero y Bergson, quien no tenía planeado intervenir, fue prácticamente empujado a hacerlo por uno de sus estudiantes.
“En concreto, me parece que el problema del tiempo no es el mismo para Einstein que para Bergson”, dijo Édouard Le Roy, quien invitó al filósofo a tomar la palabra.
Bergson “respondió a regañadientes”, dice la historiadora. “Insistió que estaba allí para escuchar”, como lo había hecho el día anterior en la conferencia que el físico había ofrecido en el Collège de France.
– La frase
Bergson llevaba una década pensando sobre la teoría de la relatividad y estaba a punto de publicar “Durée et simultanéité” (Duración y simultaneidad), un libro sobre dicha teoría.
En su intervención, de unos 20 minutos, el filósofo alabó y felicitó a Einstein. Su intención no era criticar su teoría, mucho menos incitarlo a debatir.

“No presento ninguna objeción contra su teoría de la simultaneidad, así como tampoco contra la teoría de la relatividad en general”, dijo. “Lo que quiero exponer es simplemente esto: una vez admitimos que la teoría de la relatividad es una teoría física, no todo queda cerrado”.
Es decir, para Bergson, la filosofía todavía tenía un espacio. Pero Einstein sentenció: “El tiempo de los filósofos no existe”. “Esa frase, ese momento, marcó el paso de la batuta de estudiar el tiempo filosóficamente a estudiarlo científicamente”, señala Canales.
“Abrió una caja de pandora sobre la relación entre la ciencia y la filosofía. Ese día se transformó en un debate que duró el resto del siglo y que refleja una de las divisiones más importantes del siglo: las ciencias y las humanidades”.
La investigadora escribió que “durante el cara a cara entre el mayor filósofo y el mayor físico del siglo XX, el público aprendió a ser ‘más einsteiniano que Einstein’”.
– ¿En qué se diferenciaban?
Sinclair, quien es profesor de Filosofía de la Universidad Queen’s de Belfast, le explica a BBC Mundo las concepciones del tiempo de Bergson y Einstein. “La de Bergson se enfocó en la experiencia vivida del tiempo y sostuvo que esta experiencia no se puede reducir al tiempo cuantificado y, por lo tanto, al tiempo medido por los relojes”.

“Existe una experiencia puramente cualitativa y subjetiva del paso del tiempo, antes de que lleguemos a cuantificarlo, pero ésta es la verdad del tiempo y no una mera deformación subjetiva de un hecho originalmente objetivo”. La visión del tiempo de Einstein, explica el experto, es casi diametralmente opuesta a la del filósofo.
El físico consideraba que la experiencia del paso del tiempo era “secundaria, incluso ilusoria, y que la verdad del tiempo residía más allá de la experiencia individual”.
“El espacio y el tiempo habían sido considerados constantes, pero cuando se descubrió que la velocidad de la luz era una constante invariable, Einstein, para asegurar la objetividad de la física, estaba dispuesto a imaginar que el tiempo y el espacio no eran lo que pensábamos que eran: se ‘dilatan’ según el marco de referencia de cada uno y la velocidad a la que se viaja”.
En ese marco, Einstein llegó a una noción de “espacio-tiempo” en la que el tiempo es otra dimensión del espacio.
– Bergson sobre el tiempo de Einstein
El profesor señala que para Bergson, la concepción del tiempo de Einstein no era más que “una radicalización de una tendencia de sentido común a tratar el tiempo como espacio”.

“Pensamos que el tiempo consiste en el pasado, el presente y el futuro, pero en cuanto separamos estos tres aspectos y los representamos en una línea de tiempo, hemos, de hecho, espacializado el tiempo. En el tiempo no hay líneas, para eso se necesita el espacio”.
El tiempo de Einstein, señala Sinclair, es un tiempo que no podemos experimentar. “Yo no puedo experimentar la dilatación del tiempo, solo puedo presuponer que el espacio y el tiempo se están dilatando para la persona que se aleja de mí a miles de kilómetros por segundo”.
Para Einstein, debían dilatarse porque de no hacerlo, “la física se encontraría en una maraña imposible”. Aunque Bergson reconocía que era una teoría interesante, para él seguía siendo solo eso: una teoría.
– Más que una manecilla
La respuesta de que el tiempo es lo que marca un reloj, se le hacía a Bergson “realmente absurda e infantil porque los relojes están hechos para medir el tiempo”, explica Canales. Veía una circularidad en esa definición.

Como cualquier otro instrumento de medición, los relojes, que son construidos y usados para propósitos humanos, son “leídos” y, ese leer, Bergson lo entendía de manera filosófica. “No era simplemente una aguja apuntando a un número, que fue la definición de Einstein”.
El que la manecilla pequeña de un reloj marque el número 7 representaba para Bergson “una lectura que necesitaba educación, memoria, recordar qué es el número 7, qué es la aguja”. De acuerdo con la autora, mientras Bergson profundizó en las bases filosóficas y metafísicas detrás de la teoría de la relatividad, Einstein no quería hablar de ellas.
Para el filósofo, no se podía tener una sociedad basada en “creer en la ciencia como tal” sin una mirada crítica, histórica, social, política. Bergson escribió: “El tiempo es lo que se hace, e incluso lo que hace que todo se haga”.
Según la historiadora, para el pensador el tiempo de los relojes es un aspecto del tiempo real y el tiempo entendido de una manera más profunda hace que ese tiempo surja.
– Los gemelos
En “Duración y simultaneidad”, Bergson abordó la paradoja de los gemelos, clave en la teoría de Einstein. El físico teórico Carlo Rovelli explica dicha paradoja en su libro «¿Y si el tiempo no existiera?»:
“Si uno de los gemelos viaja a gran velocidad alejándose del otro, y luego regresa, cuando se encuentren tendrán edades diferentes: el que nunca ha cambiado de velocidad será el más viejo».
«Se han realizado experimentos concretos (no con gemelos, sino con relojes idénticos muy precisos a bordo de aviones rápidos) y cada vez se ha comprobado que el mundo funciona exactamente como lo entendió Einstein: los dos relojes marcan horas distintas cuando se reúnen de nuevo«.

Volvamos al filósofo: Bergson planteó, en su libro, que ese retraso de un reloj con respecto al otro no existía. “Pero su punto era mucho más profundo que un comentario simplemente técnico”, aclara Canales.
“Su punto era que en ese ejemplo, Einstein confundía relojes con personas, con viajeros, y confundía el tiempo marcado por un reloj con el tiempo vivido y que para pensar en la relación entre el tiempo vivido y el tiempo del reloj habría que pensar sobre la relación entre las máquinas, lo material, y lo humano, lo vivo”.
“Al asumir que lo que marca un reloj y lo que vive temporalmente un ser viviente es lo mismo, Einstein estaba cayendo en el error cartesiano de equiparar a los humanos con las máquinas”.
Bergson no cuestionó las afirmaciones científicas de Einstein sobre la relatividad, lo que desafió fue cómo el físico las interpretó, afirma la investigadora. Creía que era “una metafísica injertada en la ciencia”. Para el filósofo el tiempo no debía entenderse únicamente a través de la ciencia.
– Einstein sobre el tiempo de Bergson
La posición de Einstein frente a Bergson era que la filosofía tenía otra visión del tiempo que, “al no ser objetiva, tampoco era real, tenía que ver con ideas y, por tanto, no estaba acotada a la realidad”, le indica Canales a BBC Mundo. De acuerdo con Sinclair, el físico se oponía a la idea de que la filosofía tuviera derecho legítimo a un tiempo que solo ella podía abordar.
“Para Einstein, el tiempo del físico no es radicalmente diferente del tiempo psicológico, por lo que, según su explicación, la ciencia puede informarnos sobre la naturaleza del tiempo de manera muy simple”. La polémica ocurrida en el encuentro en París y el libro de Bergson hicieron que los seguidores de Einstein se volvieran muy críticos del filósofo.

El profesor nos recuerda que en la segunda edición de “Duración y simultaneidad”, Bergson aseguró que había sido malinterpretado y aclaró el punto. Sin embargo, los cuestionamientos hacia el filósofo continuaron y, sumados a otros factores, su figura empezó a decaer.
“En general, se consideraba que Bergson había perdido la discusión con Einstein”, dice el profesor. “En otras palabras, se consideraba que, de algún modo, la ciencia había triunfado sobre la filosofía, y se llegó a pensar que, si queremos aprender sobre la naturaleza del tiempo, debíamos recurrir a los físicos en lugar de a los filósofos”.
Canales asevera que lo que se había transformado en “una especie de competencia entre dos titanes sobre quién tenía la autoridad para hablar del tiempo”, terminó en el momento en que la ciencia le arrebató el tema a la filosofía.
– Una paradoja privada
Meses después del debate, a Einstein le concedieron el Premio Nobel de Física por su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico, no por la teoría de la relatividad. En la presentación de la distinción, el presidente del Comité del Nobel dijo: “No es ningún secreto que el famoso filósofo Bergson ha desafiado esta teoría en París”.
Cuando era profesora en la Universidad de Harvard, Canales escribió “El físico y el filósofo: Einstein, Bergson y el debate que cambió nuestra comprensión del tiempo” (traducción de Àlex Guàrdia Berdiell, Arpa Editores). Halló fascinante rescatar el encuentro entre ambos personajes cuyas visiones no lograron conciliar.
“Bergson siguió pensando de la misma manera y no volvió a hacer comentarios públicos sobre Einstein o su teoría”, dice la autora. “Einstein continuó criticando a Bergson en cartas que le mandó a terceros”.

“Duración y simultaneidad” se volvió una especie de “libro malo” porque “la lectura común” fue que Bergson se había equivocado en su interpretación de la teoría de la relatividad y eso, dice la autora, fue una visión “demasiado simplista”. Adentrarse en ese libro fue revelador, como también lo fue leer escritos del físico.
“Einstein por fin lee el libro de Bergson y escribe, en su propio diario de viaje, que cree que Bergson entendió la teoría perfectamente bien”. “Como historiadora me sorprendió muchísimo, al leer la correspondencia privada de Einstein, que su descripción del tiempo era muy bergsoniana”.
“A Einstein frecuentemente le faltaba el tiempo, pensaba que el tiempo iba más rápido de lo que él quería”. “Queda claro que él sentía esta paradoja de manera personal, muy íntima. Había cuestiones del tiempo que no podía comprender, ni explicar”.
nuestras charlas nocturnas.
La Tierra pudo haber tenido un anillo hace 466 millones de años…

The New York Times(B.Ferreira) — Si hace 466 millones de años hubiéramos mirado hacia arriba desde la Tierra, podríamos haber visto un anillo brillante que se extendía por el cielo, afirman algunos científicos.
Un estudio publicado este mes relaciona el aumento de cráteres de impacto durante el período Ordovícico, un período anterior a que los animales vivieran en tierra firme, con un anillo formado por restos de asteroides que rodeó nuestro planeta durante millones de años.
Los científicos llevan mucho tiempo especulando sobre el origen del evento de meteoros del Ordovícico, cuando la Tierra fue bombardeada por rocas espaciales a un ritmo inusualmente alto, lo que produjo decenas de cráteres y sedimentos repletos de meteoritos.
Investigaciones anteriores implicaban a un gran asteroide que se fragmentó en el cinturón principal entre Marte y Júpiter y envió metralla rocosa al sistema solar interior, donde salpicó a nuestro planeta.
Pero, ¿y si este antiguo objeto estalló en pedazos a nuestras puertas? El grupo de investigadores liderado por Andy Tomkins, catedrático de ciencias de la Tierra y planetarias de la Universidad de Monash, Australia, imagina un asteroide que pasó a miles de kilómetros de la Tierra, lo suficientemente cerca como para ser despedazado por la gravedad del planeta.
Los restos de la desintegración se unieron formando un anillo alrededor del ecuador, un escenario que podría estar relacionado con cambios drásticos en el clima y la biodiversidad de la época.
“Se me ocurrió la idea cuando leí un artículo de divulgación científica sobre que Fobos y Deimos, las lunas que rodean Marte, se habían formado a partir de restos de un anillo alrededor de Marte”, dijo Tomkins, cuyo estudio se publicó en Earth and Planetary Science Letters. “Eso me hizo pensar cómo se vería, en el registro geológico, si la Tierra también hubiera tenido un anillo en el pasado”.
Tomkins y su equipo trazaron un mapa de los lugares de la Tierra en los que se habrían situado 21 cráteres del Ordovícico en aquella época. Si los restos hubieran procedido del cinturón de asteroides, los cráteres deberían haberse distribuido por todo el planeta. Pero los cráteres estaban agrupados alrededor del Ecuador, lo que sugiere que fueron hechos por meteoritos que cayeron de un anillo ecuatorial.
“Eso es lo que los delató”, dijo Tomkins. “Todos están bastante cerca del ecuador, y es muy difícil que eso ocurra por procesos normales de craterización por impacto”.
El equipo argumenta que, hasta ahora, no hay evidencias de que Marte y la Luna experimentaran picos similares de craterización por impacto en esa época, lo que sugiere que la localización de los restos estaba restringida a la Tierra.

Además, los investigadores señalaron meteoritos ordovícicos de Suecia que muestran una baja exposición a la radiación del espacio, lo que significa que las rocas cayeron a la Tierra decenas de miles de años después de la desintegración de su cuerpo progenitor. En cambio, los restos procedentes del cinturón de asteroides suelen estar expuestos a la radiación espacial durante millones de años.
El equipo también se planteó si la sombra proyectada sobre la Tierra por el anillo enfrió el planeta, lo que habría desencadenado una gran edad de hielo llamada glaciación hirnantiana que sacudió la trayectoria de la vida. Tomkins dijo que esta conexión era más especulativa, pero que merecía un estudio más profundo.
Estos “múltiples pedazos de evidencia” se combinan en lo que “creemos que es una hipótesis plausible”, dijo Tomkins.
Birger Schmitz, catedrático de geología de la Universidad de Lund, Suecia, elogió el enfoque novedoso y creativo del equipo, pero dijo que se necesitaban más datos.
“El artículo adopta una perspectiva completamente nueva, lo que sin duda nos permitirá dar un paso adelante en la comprensión de lo que ocurrió en el Ordovícico”, afirmó Schmitz, quien también está afiliado al Observatorio de la Montaña Púrpura en China.
Gretchen Benedix, catedrática de ciencias de la Tierra y planetarias de la Universidad de Curtin, Australia, calificó el estudio de “incitante”, pero no quedó convencida. Señaló que los meteoritos podrían haber impactado lejos del ecuador sin dejar huellas geológicas. También se mostró escéptica sobre el vínculo propuesto entre el anillo y la glaciación hirnantiana.
“Hay muchas afirmaciones hipotéticas en todo esto, y eso no es malo”, dijo Benedix sobre el estudio. “Pero creo que hay física y química por resolver”.
Con ese fin, Tomkins y sus colegas esbozaron métodos para poner a prueba su hipótesis, incluyendo estudios de meteoritos ordovícicos en diferentes latitudes y modelos más complejos de cómo un asteroide en desintegración podría formar un anillo terrestre.
“Lo que más me gusta es que los autores presentan una idea que se puede poner a prueba”, dijo Schmitz. “Buscando minerales meteoríticos en sedimentos de distintas latitudes, obtendremos una respuesta a si la Tierra tuvo efectivamente un anillo”.
De momento, resulta cautivador imaginar una Tierra pasada, habitada casi en su totalidad por vida marina, anillada por los restos de una roca espacial fragmentada.
nuestras charlas nocturnas.
La investigación de la BBC que pone al descubierto las acusaciones de abuso sexual contra el magnate Mohamed Al Fayed, padre del que era novio de Lady Di…

BBC News Mundo(C.C.Trestrail/K.Stone/E.Gornall/S.Bell) — (Advertencia: esta historia contiene detalles que pueden afectar la sensibilidad de algunos lectores.)
Cinco mujeres dijeron que fueron violadas por el exjefe de Harrods Mohamed Al Fayed, cuando trabajaban en los grandes almacenes de lujo de Londres.
La BBC escuchó el testimonio de más de 20 exempleadas de Harrods que afirman que el multimillonario, que murió el año pasado a los 94 años, cometió agresiones sexuales contra ellas, incluyendo violación.
El documental y el podcast Al-Fayed: Predator at Harrods («Al Fayed: Depredador en Harrods») recopiló pruebas de que, cuando Fayed era dueño de los almacenes, la empresa no sólo no intervino, sino que ayudó a encubrir las acusaciones de abuso.
Los actuales propietarios de Harrods dijeron que están «absolutamente consternados» por las acusaciones y afirmaron que la compañía les falló a las víctimas, por lo que se disculpan sinceramente.
«La telaraña de corrupción y abuso en esta empresa era increíble y muy oscura», señaló el abogado Bruce Drummond, integrante del equipo legal que representa a varias de las mujeres. Los incidentes supuestamente tuvieron lugar en Londres, París, St Tropez y Abu Dhabi.
«Dejé en claro que no quería que eso sucediera. No di mi consentimiento. Sólo quería que todo terminara», dijo una de las mujeres, quien aseguró que Fayed la violó en su apartamento de Park Lane. Otra mujer afirmó que era una adolescente cuando él la violó en la misma dirección del barrio londinense de Mayfair.
«Mohamed Al Fayed era un monstruo, un depredador sexual sin brújula moral alguna«, dice, y añade que todos los trabajadores de Harrods eran sus «juguetes». «Estábamos todos muy asustados. Él cultivó activamente el miedo. Si decía ‘salten’, los empleados solo hubieran preguntado ‘¿a qué altura?'».
Fayed enfrentó denuncias de agresión sexual mientras estaba vivo, pero las acusaciones en esta investigación son de una escala y una gravedad sin precedentes. La BBC cree que es posible que muchas más mujeres hayan sido agredidas.
– «Fayed era vil»
La carrera empresarial de Fayed comenzó en las calles de Alejandría, Egipto, donde vendía bebidas gaseosas a los transeúntes. Pero fue su matrimonio con la hermana de un millonario saudita traficante de armas lo que le ayudó a forjar nuevas conexiones y construir un imperio empresarial.
Fayed se mudó a Reino Unido en 1974 y ya era una figura pública muy conocida cuando se hizo cargo de Harrods en 1985. En las décadas de 1990 y 2000 aparecía regularmente como invitado en programas de entretenimiento y charlas de televisión en horario de máxima audiencia.
Mientras tanto, Fayed -cuyo hijo Dodi murió en un accidente automovilístico junto a Diana, la Princesa de Gales, en 1997- se hizo conocido para una nueva generación a través de las dos temporadas más recientes de The Crown en Netflix.

Pero las mujeres con las que habló la BBC dicen que su imagen de persona agradable y sociable está lejos de la verdad.
«Era vil», dijo una de las mujeres, Sophia, que trabajó como su asistente personal de 1988 a 1991.
Sophia asegura que Al Fayed intentó violarla más de una vez.
«Me da rabia, la gente no debería recordarlo así. Él no era así».
Algunas de las mujeres renunciaron, total o parcialmente, a su derecho al anonimato para ser filmadas, y la BBC acordó no utilizar apellidos.
Otras optaron por permanecer en el anonimato. En conjunto, sus testimonios revelan un patrón de comportamiento depredador de abuso sexual por parte de Fayed.
El propietario de Harrods recorría regularmente las amplias plantas de venta de los grandes almacenes e identificaba a las jóvenes asistentes que encontraba atractivas, que luego serían ascendidas a trabajar en sus oficinas arriba, nos dijeron antiguos empleados, tanto hombres como mujeres.
Las agresiones se llevaron a cabo en las oficinas de Harrods, en el apartamento de Fayed en Londres o en viajes al extranjero. Los abusos se realizaron a menudo en París, en el hotel Ritz, que también era de su propiedad, o en su mansión cercana Villa Windsor.
En Harrods otras antiguas integrantes del personal nos dijeron que estaba claro lo que pasaba. «Todas nos mirábamos al cruzar esa puerta pensando: ‘pobre niña, hoy eres tú’ y sintiéndonos completamente impotentes para detenerlo», señaló Alice, cuyo nombre no es real.
– «Me violó»
Rachel, nombre ficticio, trabajó como asistente personal en Harrods en los años 90. Una noche, después del trabajo, contó que la llamaron al apartamento de lujo de Fayed en un gran edificio de la avenida de Park Lane con vistas a Hyde Park, en el centro de Londres.
El edificio estaba protegido por personal de seguridad y contaba con una oficina atendida por empleados de Harrods. Rachel dijo que Fayed le pidió que se sentara en su cama y luego le puso la mano en la pierna, dejándole claro lo que quería. «Recuerdo sentir su cuerpo sobre mí, su peso, escucharlo hacer esos ruidos. Y… simplemente me fui en mi cabeza a otra parte», relató.
«Él me violó». La BBC habló con 13 mujeres que dicen que Fayed las agredió sexualmente en el edificio del número 60 de Park Lane. Cuatro de ellas, incluida Rachel, aseguraron que fueron violadas.
Sophia, quien dijo haber sido agredida sexualmente, describió toda la situación como una pesadilla ineludible. «No podía irme. No tenía una casa (familiar) a la cual ir, tenía que pagar el alquiler», afirmó. «Sabía que tenía que pasar por esto y no quería. Fue horrible y mi cabeza estaba revuelta».

Gemma, que trabajó como asistente personal de Fayed entre 2007 y 2009, señaló que el comportamiento del empresario se volvió más aterrador durante los viajes de trabajo al extranjero.
Y agregó que eso culminó con su violación en Villa Windsor, una antigua mansión junto al parque de Bois de Boulogne en París en la que vivió el rey Eduardo VIII, luego de su abdicación, junto a su esposa, Wallis Simpson.
Gemma relató que se despertó sobresaltada en su dormitorio. Fayed estaba al lado de su cama vestido sólo con una bata de seda. Luego intentó acostarse con ella. «Le dije: ‘no, no quiero que lo haga’. Pero Fayed siguió intentando meterse en la cama, y para ese entonces estaba encima de mí y realmente yo no podía moverme a ningún lado.
«Yo estaba boca abajo en la cama y él simplemente se presionó contra mí». Gemma dijo que después de que Fayed la violó, ella lloró, mientras él se levantaba y le decía agresivamente que se lavara con el desinfectante Dettol. «Obviamente quería que borrara cualquier rastro de su presencia cerca de mí», explicó.
Otras ocho mujeres también nos dijeron que fueron agredidas sexualmente por Fayed en sus propiedades en París. Cinco mujeres describieron las agresiones como un intento de violación.
– «Secreto a voces»
«Yo era consciente del abuso a las mujeres cuando trabajé en los almacenes», dijo Tony Leeming, gerente de departamento de Harrods de 1994 a 2004. «Ni siquiera era un secreto», recordó Leeming, quien afirmó que desconocía las acusaciones más graves de agresión o violación.
«Y creo que si yo lo sabía, todo el mundo lo sabía. Quien diga que no, miente, lo siento«. El testimonio de Leeming está respaldado por exmiembros del equipo de seguridad de Fayed.
«Éramos conscientes de que tenía un interés muy fuerte en las chicas jóvenes», dijo Eamon Coyle, quien se unió a Harrods en 1979 como detective y luego se convirtió en subdirector de seguridad de 1989 a 1995.
Steve, que no quiere que usemos su apellido, trabajó para el multimillonario entre 1994 y 1995. Nos dijo que el personal de seguridad «sí sabía que ciertas cosas les estaban sucediendo a ciertas empleadas en Harrods y Park Lane».
Muchas de las mujeres nos dijeron que cuando comenzaron a trabajar directamente para Fayed debieron someterse a exámenes médicos, incluyendo invasivas pruebas de salud sexual realizadas por médicos.
Esto fue presentado como un beneficio, nos dijeron las mujeres, pero muchas no vieron sus propios resultados, a pesar de que fueron enviados a Fayed.
«No hay ningún beneficio en que alguien sepa cuál es mi salud sexual, a menos que estés planeando acostarte con alguien, lo cual me parece bastante escalofriante ahora», apuntó Katherine, quien fue asistente ejecutiva en 2005.
– «Cultura del miedo»
Todas las mujeres con las que hablamos describieron haberse sentido intimidadas en el trabajo, lo que les dificultó hablar. Sarah, nombre ficticio, explicó: «Definitivamente había una cultura de miedo en toda la tienda. Era palpable para todos los empleados, desde quienes tenían los cargos más bajos hasta los que ocupaban los puestos más altos».
Otros nos dijeron que creían que los teléfonos de Harrods habían sido intervenidos y que las mujeres tenían miedo de hablar entre ellas sobre los abusos de Fayed, temiendo que estuvieran siendo filmadas por cámaras ocultas.
El exsubdirector de seguridad Eamon Coyle lo confirmó, explicando que parte de su trabajo consistía en escuchar grabaciones de llamadas. También se habían instalado cámaras que podían filmar en toda la tienda, dijo, incluso en las suites ejecutivas.
«Él (Fayed) espiaba a todos los que quería espiar». Harrods le dijo a la BBC en un comunicado que estas habían sido acciones de un individuo «con la intención de abusar de su poder», algo que la empresa condenó en los términos más enérgicos.
El comunicado señala: «El Harrods de hoy es una organización muy diferente a la que Al Fayed poseyó y controló entre 1985 y 2010; buscamos poner el bienestar de nuestros empleados en el centro de todo lo que hacemos».

Hubo varios intentos de exponer a Fayed antes de su muerte, especialmente por parte de la revista Vanity Fair en 1995, que publicó un artículo acusando al empresario de racismo, vigilancia del personal y conducta sexual inapropiada. Fayed respondió con una demanda por difamación.
Más tarde, Mohamed Al Fayed accedió a desistir de la demanda, siempre y cuando no se divulgaran todas las pruebas adicionales que la revista había reunido sobre su conducta sexual inapropiada en preparación para el juicio. El acuerdo fue negociado en nombre de Fayed por un alto ejecutivo de Harrods.
En 1997, el programa The Big Story de la cadena de televisión británica ITV informó sobre otras acusaciones graves, incluyendo acoso sexual y manoseos, que se categorizan como agresión sexual.
Una de las mujeres en la investigación de la BBC, Ellie, nombre ficticio, tenía 15 años en 2008 cuando denunció una agresión a la policía. La acusación llegó a los titulares de la prensa, pero no resultó en ningún cargo.
En 2017, el programa Dispatches de otro canal de televisión, Channel 4, informó sobre acusaciones de manoseos, agresiones y acoso, y una mujer renunció a su derecho al anonimato por primera vez.
Esto dio a algunas mujeres el valor para dar un paso al frente y el programa fue seguido por otra investigación en 2018 en el noticiero de Channel 4. Pero sólo ahora, tras la muerte de Mohamed Al Fayed el año pasado, muchas de las mujeres se sienten capaces de hablar públicamente sobre violación e intentos de violación.
– Dinero y acuerdos de confidencialidad
El documental de la BBC revela que, como parte del acuerdo de Gemma en 2009, ella tuvo que firmar un compromiso de confidencialidad (Non Disclosure Agreement o NDA), un contrato legalmente vinculante que garantiza que la información no sea divulgada.
Gemma dijo que después de ser violada se puso en contacto con un abogado que comunicó a Harrods que ella dejaría su trabajo por acoso sexual. Gemma señaló que entonces no se sentía capaz de revelar el alcance y la gravedad de las agresiones de Fayed.
Harrods acordó que la joven podía irse y que le pagaría una suma de dinero a cambio de que firmara un acuerdo de confidencialidad y se destruyeran todos los documentos en posesión de ella o de su abogado.
Gemma relató que un miembro del equipo de recursos humanos de Harrods estuvo presente cuando se llevó a cabo en las oficinas de su abogado la destrucción de todos los documentos incluyendo emails y grabaciones con mensajes de voz amenazantes.
La BBC obtuvo información según la cual las mujeres fueron amenazadas e intimidadas por el entonces director de seguridad de Harrods, John Macnamara, para impedirles hablar.
Catorce de las mujeres con las que hablamos presentaron recientemente demandas civiles contra Harrods por daños y perjuicios.
Los propietarios actuales de la tienda, que no piden a las mujeres que firmen acuerdos de confidencialidad, comenzaron a llegar a acuerdos extrajudiciales con las demandantes en julio de 2023.
Sophia y Harrods tardaron cinco años en llegar a un acuerdo. En su caso, la tienda lamentó lo ocurrido, pero no admitió responsabilidad. Muchas más mujeres están considerando ahora emprender acciones legales contra Harrods.
Los abogados que representan a algunas de las mujeres con las que hablamos, Bruce Drummond y Dean Armstrong, argumentan que la tienda fue responsable de un sistema de trabajo inseguro.
«Cualquier lugar de trabajo tiene el deber de garantizar la seguridad de sus empleados. Sin lugar a dudas, la empresa les falló a estas mujeres», afirmó Drummond.
«Es por eso que intervenimos. Porque simplemente no hicieron nada para evitar esto. Hicieron todo lo contrario. Lo hicieron posible».
Armstrong añadió: «Nosotros afirmamos que hubo claramente intentos por parte de los altos cargos de Harrods de barrer esto debajo de la alfombra«.
Muchas más mujeres están considerando ahora emprender acciones legales contra Harrods.
La abogada Maria Mulla, que también forma parte del equipo legal que representa a algunas de las mujeres, explicó que sus clientas se están presentando ahora porque antes estaban «absolutamente petrificadas» por el miedo.
«Quieren ser parte de este movimiento para responsabilizar a las personas por lo que les ocurrió y tratar de asegurarse de que estas cosas no vuelvan a suceder en el futuro por sus propios hijos y los hijos de ellos».
Harrods le dijo a la BBC: «Desde que salió a la luz nueva información en 2023 sobre acusaciones históricas de abuso sexual a manos de Al Fayed, nuestra prioridad ha sido resolver las reclamaciones de la manera más rápida posible. Este proceso todavía está disponible para cualquier empleado actual o anterior de Harrods.
«Si bien no podemos deshacer el pasado, estamos decididos a hacer lo correcto como organización, impulsados por los valores que tenemos hoy, garantizando al mismo tiempo que ese comportamiento nunca se repita en el futuro».
El hotel Ritz de París afirmó que «condena enérgicamente toda forma de comportamiento que no se alinee con los valores del establecimiento».
Cuando Fayed murió, informes no confirmados estimaron su fortuna en más de US$1.300 millones. Pero el dinero no es la motivación de las mujeres que decidieron hablar.
«He pasado muchos años callada y callada, sin decir nada», dice Gemma, «y espero que hablar ahora de lo que me sucedió ayude. Todas podemos empezar a sentirnos mejor y a sanar».
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El día que George Michael derrotó a Michael Jackson…

JotDown(M.C.Castillo) — En su estelar actuación ante todo el planeta durante la clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (qué mejor londinense para representar a la multicultural capital que este británico de origen grecochipriota) George Michael interpretó una de sus últimas creaciones publicadas, «White Light».
En ella, como fue haciendo desde hace años, nos contó con pelos y señales (aunque sin tacos, por aquello de la audiencia) lo que estaba pasando en su vida, que en ese momento no era otra cosa que el esquinazo que acababa de dar a la muerte, una neumonía que le tuvo durante días más allá que acá. «Sigo respirando, amigos… no hay ninguna luz blanca y no estoy acabado, estoy vivo».
También nos confesaba que aún tenía mucho que hacer con la música. Que quizá la música le había salvado. Para alguien que compuso su primera canción a los dieciséis años, su reflexión tenía todo el sentido.
Ahora, tras su inesperado fallecimiento, sabemos que estaba ya preparando un nuevo disco. Y aún más, que tenía material para casi tres álbumes sin publicar desde hacía años. Además de otros proyectos inacabados como ese prometedor Trojan Souls (que incluía un dúo con Sade, entre otros, lo que este periodista hubiera dado por ver a sus dos artistas favoritos interpretando un tema juntos…).
Sin duda ya hace años que George Michael había llegado a la conclusión de que el elemento más sólido al que podría agarrarse en su desordenada vida de adicciones, pérdidas, insatisfacciones, amores —en pareja y libres— y escándalos diversos era la música, a la que él había dado tanto desde los lejanos ochenta.
Porque, aún hoy, todavía queda en mucha gente ese inmerecido poso de cantante pop de cara bonita, temas pegadizos y baladas llenapistas (aunque estas sean auténticos referentes, como «Careless Whisper»). Cuando ha sido, para empezar, una de las voces más prodigiosas de la música popular (así, a secas) del último medio siglo, con unos inconfundibles registros vocales amplios y complejos, llenos de matices, capaces de moverse de los graves al falsete con asombrosa naturalidad.
Que se lo digan a los miembros de Queen, que le miraban boquiabiertos mientras ese guaperas con apenas veintinueve años interpretaba de forma tan brillante como lo hacía el mismísimo Freddie Mercury un tema tan desafiante como «Somebody to Love», precisamente en el fastuoso homenaje al gran showman en Wembley.
Y, al igual que May, Taylor y Deacon, millones de personas (incluido un humilde servidor y también David Bowie y Seal, que le observaban absortos en los ensayos en una joya de documento) nos dimos cuenta ese 20 de abril de 1992 de que ese «forracarpetas» de adolescentes que ya vendía millones de discos no era solo otro producto prefabricado más de una discográfica. Era también un vocalista excepcional.
Uno de los más grandes. George Michael diría después que ese concierto había sido el momento más exultante de su carrera.
Pero detrás de ese chorro de voz había mucho más. Él es el autor —letra y música— de prácticamente todos sus temas (contando los de Wham!, claro) y en todos sus discos produce, arregla todos los temas y toca la mayoría de los instrumentos. Y aún tenía tiempo de dirigir algunos de sus hipnóticos y elaborados vídeos (la recopilación de todos ellos en Twenty Five es compra obligada), que su arrebatador carisma delante de la cámara (y a veces detrás) ha convertido en míticos.

Claro que si hay algo que ha hecho George Michael a lo largo de su carrera ha sido sorprendernos.
Las más de las veces, por su inmenso talento y su asombrosa capacidad de reinventarse.
También por sus patinazos.
Y desde hace tiempo por su brutal honestidad.
Tras conocer un enorme éxito con Wham! (su histórico concierto en China, cuyo Gobierno les eligió en vez de a Queen tras ver una foto de George Michael, sigue siendo un símbolo de aquellos años), donde George trató al bueno de Andrew Ridgeley (de quien aún tenía fotos en su casa) con una generosidad que aún hoy conmueve (los primeros planos de su amigo en los vídeos para «interpretar» unos coros que en realidad cantaba George Michael casi sonrojan), decide por fin emprender una carrera en solitario con un giro como pocas veces se ha visto en la historia del pop.
Empieza con una puesta en escena embriagadora, por simple y contundente: chaqueta de cuero, vaqueros y botas, una guitarra, gafas de sol, barba recortada con cartabón y una máquina antigua de discos.
Y la adereza con su extraordinario tema rockabilly-pop «Faith» y unos movimientos de cadera que habría aplaudido el mismísimo Elvis. George Michael no era aún consciente de que acababa de alcanzar la inmortalidad.
Si además sumamos que aquel disco era un cañonazo en el que cada canción era una maravilla —desde el pop más provocador de «I Want Your Sex» hasta el jazz aterciopelado de «Kissing a Fool» (que luego versionaría Michael Bublé)—, el resultado solo podía traducirse en ventas millonarias, más de veinticinco según las últimas cifras, el Grammy al disco del año y la consideración casi unánime como uno de los mejores discos pop/soul de la historia.
Sin haber cumplido aún treinta años, George Michael era una de las más brillantes estrellas del firmamento musical, en una época en la que la competencia no era precisamente de saldo: Michael Jackson, Madonna, Prince…
Tanto fue así que en los prestigiosos American Music Awards de 1989, George Michael se alzó con el galardón de mejor artista masculino de R&B/soul, derrotando al mismísimo Michael Jackson (para asombro de George Benson, como se puede ver cuando lee su nombre), que estaba nominado nada menos que por Bad.
El bueno de Michael (Jackson) tenía motivos de sobra para sentirse amenazado, puesto que Faith, en aquel año, estaba en cifras de acercarse en ventas al hasta entonces inalcanzable Thriller.
- Una vida contada en acordes
Tras el incontestable éxito de Faith empiezan los problemas.
Primero, su larga cruzada contra su compañía discográfica, Sony Music, cuya gran víctima fue su segundo disco en solitario, otro sensacional trabajo si no tan comercial y brillante como Faith, sí más maduro y sofisticado (que pasó a la historia por el tema «Freedom» y el vídeo con algunas de las más famosas top models), cuya promoción se vio irremediablemente contaminada por la cruenta batalla, y su éxito fue infinitamente menor que el de su predecesor («solo» ocho millones de discos).
George Michael empezaba a estar obsesionado con quitarse de encima su etiqueta de sex symbol y ser considerado como el artista total que era, reivindicando el pop como un género tan prestigioso como cualquier otro.

Después llegó su cantada salida del armario, a lo grande, como no podía ser de otra forma, simbolizado en el fabuloso tema disco «Outside», que lució aún más con esa masterpiece en forma de irreverente vídeo dedicado al policía que le tendió la trampa en unos lavabos públicos de Los Ángeles, Marcelo Rodríguez (que incluso aparece en los falsos títulos de crédito iniciales).
Tras aquello, Michael admitió su homosexualidad con orgullo, en alguna ocasión hasta dejando caer —con no poca mala baba— que siempre había pensado en hombres en todas las canciones románticas que había compuesto.
Algo que posteriormente él mismo matizó reconociendo que había tenido también una vida previa heterosexual (confirmada por sus exparejas, como la modelo Kathy Jeung que aparece en el vídeo de «I Want Your Sex») y que fue a los veinticuatro años cuando empezó a tener clara su orientación.
Si no lo desveló antes fue por miedo a herir a su madre, con quien siempre le unió una relación muy estrecha, y por las presiones de su discográfica, en un momento en el que ser gay (especialmente si gran parte de tu público es del sexo contrario) podría suponer un serio hándicap en una carrera artística, sobre todo en esos malditos ochenta donde los términos homosexualidad y sida aparecían de la mano en demasiados titulares.
George Michael salió fortalecido de todo aquello. Fue ese tipo de saltos de madurez que cambian definitivamente a un ser humano.
En su siguiente álbum, Older, un trabajo casi tan fino como Faith —que también supuso un cambio de look igualmente impactante, que sustituyó definitivamente la exuberancia por la elegancia— nos hablaba de nuevo de su vida con la preciosa «Jesus to a Child», dedicada al que fue su primer gran amor, Anselmo Feleppa, que había muerto de sida años antes causándole una profunda depresión.
Un momento anímico terrible al que se unió pocos años después la muerte de su madre, su gran soporte sentimental (experiencia también recogida, como todas las pérdidas que sufrió en esos años, en la desgarradora «You Have Been Loved»). Older supuso la luz al final de un largo y oscuro túnel que, como buen genio que se precie, no hizo sino incrementar su vena creativa.
Y, ya desatado, lo mismo nos contaba su entusiasmo por el «sexo indecente con desconocidos» (como él mismo lo denominaba) en uno de los mejores dance de los noventa, «Fastlove», como nos narraba ese proceso de maduración en el sobrio y relajante tema que da nombre al álbum.
Esa madurez artística llegó acompañada de cierta estabilidad emocional que le proporcionó su nueva pareja Kenny Goss.
A su encuentro y enamoramiento debemos ese temazo llamado «Amazing», que encabezó su último álbum de estudio, Patience, un nueva y brillante mezcla de sentidas baladas, con letras cada vez más personales y elaboradas («My Mother Had a Brother» nos habla del terrible suicidio de su tío y su abuelo), temas discotequeros elegantes y sofisticados («Flawless», «Precious Box») y, cómo no, su habitual ración de irreverencia y provocación de la mano de la intencionadamente bizarra «Freek» y, por supuesto, «Shoot the Dog» donde en un vídeo subversivo ponía a Blair y a Bush Jr. de imbéciles para arriba.

Una vena guerrillera que sacaba con frecuencia, enfrentándose a figuras tan poderosas como Margaret Thacher y Rupert Murdoch.
George Michael no supo, sin embargo, articular su buen momento artístico y sentimental con un equilibrio vital que le aportara sosiego.
Sus adicciones a la marihuana (en una de sus últimas entrevistas admitía haber reducido el consumo de porros de veinticinco a ocho al día) y a otras drogas más fuertes, aunque él insistiera que su consumo era esporádico, le llevaron a sufrir una detención y algunos incidentes de tráfico.
La prensa británica se cebó con él. Sus problemas de salud empezaron a ser evidentes, y él mismo reconocía en aquella misma entrevista que estaba sorprendido de haber sobrevivido a sus dislates.
Tenía absolutamente claro cómo quería vivir su vida (en una de sus últimas composiciones bailables, «Easy Affair», nos lo cuenta al detalle), pero no terminaba de dominar su vertiente autodestructiva.
Al final fue un 25 de diciembre, en plena celebración de las fiestas navideñas, en las que también dejó una huella imborrable en forma de canción melosa y cursi pero irresistible, cuando pasó al Olimpo de los genios que se fueron antes de tiempo, como no muchos años antes habían hecho algunos a los que aquel chico de Londres se había atrevido a mirar a los ojos con un talento que nunca terminó de ser entendido por todos.
George Michael nos deja mucho, pero también se lleva mucho que le quedaba por hacer, como decía en «White Light».
Solo el paso de los años engrandecerá una figura que ahora se percibe demasiado confusa entre su controvertida vida sexual (que varias veces quiso dejar claro que era mucho menos escandalosa de lo que se quería hacer ver, según él dentro de la comunidad gay era considerado «vainilla»), su tortuosa relación con las drogas y una cruda honestidad que, en un mundo en el que prima la impostura, descolocaba más que agradaba.
En sus escasas entrevistas era capaz de contar detalles muy íntimos sobre su vida («Sé que puedo tener a cualquier hombre, pero quiero un poco de todo»), probablemente con la única intención de seguir mostrando su perfil más oscuro y deshacerse de una timidez que le condicionó durante años y por la que, en parte, usaba con tanta frecuencia gafas de sol.
Decía en estos últimos años que se sentía mucho más cómodo en el papel de héroe defectuoso, o antihéroe, que en el de Mr. Perfecto que había interpretado durante años.
La envidia desaparece cuando la gente ve tus debilidades. Yo no las veo como tales. Simplemente es cómo soy.
Así, incluso era capaz de reírse de sus adicciones abiertamente como hizo en el programa de James Corden. Qué jugosa habría sido esa autobiografía que decía dejar para más adelante debido a que todavía era un «hombre en proceso de cambio».
Yo tuve la ocasión de verle dos veces en concierto, en 2006 en la gira por sus veinticinco años de carrera, en un concierto en el que daba la sensación de querer bailar más de lo que su cuerpo ya le permitía —algo que no ocurría con su voz, que seguía esplendorosa aun habiendo pasado sus mejores años—, y en la presentación del álbum Symphonica, mucho más cómodo en el papel de crooner que ya había explorado en su disco homenaje a los grandes del soul y el pop, Songs from the Last Century (en el que se encontraba una de las mejores versiones que jamás se han hecho de «Roxanne», de The Police).
Ahora se habla de sus más de cien millones de discos vendidos, de la herencia de su inmensa fortuna, de sus continuas y abundantes contribuciones a causas caritativas, y aún hay quien se atreve a escribir que su inspiración se marchó hace tiempo.
También se recuerdan sus sombras, como la evasión de impuestos (que justificó malamente argumentando que no le gustaba pagar a los conservadores) o sus conciertos privados por dos millones de euros ante personajes tan oscuros como Vladimir Putin.
Seguro que el tiempo borrará todo ese ruido para dejar despejado el reconocimiento de uno de los más grandes y talentosos artistas que ha dado la música contemporánea. Y también un ser muy humano, tanto como para reconocer con sinceridad sus defectos y debilidades, y a la vez haber sido lo suficientemente educado como para dañarse solo a sí mismo.
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Historia del Cemento…

Infobae(J.L.Cieri)/La UniónEl cemento forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo vemos como un elemento más que construye nuestra realidad. Está presente en las paredes de nuestras casas, en los edificios, las piscinas, las calzadas, pero ¿cuándo surge realmente el cemento?
Milenaria como la propia historia de la humanidad, es también la historia del cemento. Desde que el hombre dejó de pernoctar en cavernas, creció su interés por limitar su espacio vital y mejorar sus condiciones de habitabilidad a través de los años.
Es este hecho el que marca el inicio de las construcciones en la antigüedad desde la que se dejan ver vestigios del uso de los materiales cementantes. Varias investigaciones actuales muestran, en territorio israelí y de la antigua Yugoslavia, hallazgos de restos de construcciones primitivas en la antigüedad (entre los años 7000 y 6000 a. C.) en que se utilizaron estos materiales.
Con el transcurrir de los siglos y cuando el hombre optó por levantar edificaciones utilizando materiales arcillosos o pétreos, surgió la necesidad de obtener pastas o morteros que permitieran unir estos mampuestos para poder conformar estructuras estables. Inicialmente se emplearon pastas elaboradas con arcilla, yeso o cal; pero estas se deterioraron rápidamente ante condiciones ambientales desfavorables.
Se utilizaron diversas soluciones a partir de la mezcla de agua con minerales triturados, para conseguir pastas que no se degradan con facilidad.
Es de esta manera como en el antiguo Egipto (alrededor del año 2,570 a. C.) se utilizaron pastas obtenidas con mezclas de yesos y calizas disueltas en agua, para poder unir sólida.mente sillares de piedra; como las que aún perduran entre los blo.ques calizos de la Gran Pirámide de Gizeh.
Los egipcios utilizaron este mortero para levantar sus prodigiosas construcciones, como es el caso también de las mezclas que se emplearon hacia el año 1950 a. C. en los muros de piedra del mural de Tebas.
Cuenta la historia que mientras en Egipto los egipcios ya empleaban morteros de yeso y de cal para construir sus monumentos, en Troya se empleaban piedras unidas con arcilla para la construcción de los muros, sin embargo el hormigón como tal, confeccionado con una técnica mínima, aparece en las bóvedas construidas cien años antes de Cristo.
Los romanos dieron un paso más al descubrir un cemento que fabricaban mezclando cenizas volcánicas con cal viva. Este cemento se puede hallar hoy en día en la localidad de Pozzuoli. De hecho, el Panteón de Roma ha sido construido con este cemento y su cúpula de 44 metros de luz está fabricada con hormigón.
Pero hay una personalidad clave en la historia del cemento: Louis Joseph Vicat, un científico y divulgador francés, considerado como el padre del cemento.
En 1817 inventó el sistema de fabricación de vía húmeda, que se sigue empleando en la actualidad, mientras estudiaba la acción destructiva del agua de mar sobre el mortero y hormigón.
En 1818 publicó su “Recherches experimentales” y en 1928 “Mortiers et ciments calcaires“.
Estos trabajos marcaban las pautas a seguir en la fabricación del cemento por medio de mezclas calizas y arcillas dosificadas en las proporciones convenientes y molidas conjuntamente.
En el año 1824 Joseph Aspdin, un constructor de Leeds (Inglaterra), daba el nombre de cemento ‘portland’ y patentaba un material, que amasado con agua y con arena, se endurecía formando un conglomerado de aspecto parecido a las calizas de la isla de Portland.
Probablemente, el material patentado por Aspdin era una caliza hidráulica debido, entre otras cosas, a las bajas temperaturas empleadas en la cocción. Años más tarde, el ingeniero británico Isambard K.Brunel utiliza en el año 1838 un cemento de la fábrica de Aspdin, en con el que logra una parcial sinterización debido a la elección de una temperatura adecuada de cocción.
Este cemento será el que más tarde se aplicará a la construcción de un túnel bajo el río Támesis, en Londres.
– Se extiende el uso industrial del cemento
Si continuamos indagando en la historia para conocer el origen del cemento moderno, descubrimos que empieza a producirse a escala industrial por Isaac Johnson, que en 1845 logra conseguir temperaturas lo suficientemente altas para clinkerizar la mezcla de arcilla y caliza empleada como materia prima.
Y así pasan los años hasta que en la segunda mitad del siglo XIX el intenso desarrollo de la construcción de ferrocarriles, puentes, puertos, etc. confiere especial importancia al cemento.
Las fábricas empiezan a extenderse y a partir de 1900 los cementos portland se imponen en las obras de ingeniería, hasta el punto de que en la actualidad es el material industrializado de mayor consumo.

Este año marca el bicentenario del patentamiento del Cemento Portland, un hito que significó una revolución en el panorama de la construcción a nivel mundial, permitiendo el desarrollo de infraestructuras clave y transformando radicalmente el diseño urbano en diversas ciudades.
Este material ha sido esencial para la viabilidad de proyectos de gran envergadura, tales como carreteras, puentes, túneles, y jugó un papel crucial en el impulso del desarrollo económico y edilicio, facilitando obras de viviendas, escuelas y hospitales, entre otras.
El Cemento Portland no solo se consolidó como el principal material de construcción debido a su resistencia y durabilidad, sino que también evidencia un compromiso con el desarrollo sostenible.
La industria del cemento trabaja activamente en la innovación para hacer frente a los desafíos medioambientales, desarrollando tecnologías que permitan una producción más sostenible.
Este esfuerzo incluye la reducción del contenido de clínker y la implementación de estrategias como la captura y almacenamiento de carbono y el uso de combustibles alternativos.
Es un componente vital en la construcción y a pesar de cumplir dos siglos, existen registros milenarios que testimonian su uso.
Su historia se remonta a más de 6.000 años A.C. La mezcla de cemento con agua, arena y áridos dio lugar a un material maleable que, al fraguar, exhibía notables propiedades de solidez, resistencia y durabilidad, marcando así el surgimiento del hormigón. Aunque hay diversas teorías sobre los pioneros, algunos señalan a los antiguos griegos como los verdaderos pioneros.
En la Antigua Grecia, comenzó el uso del cemento con tobas volcánicas extraídas de la isla de Santorini. No obstante, algunos expertos argumentan que la construcción más antigua en hormigón, datada en el 5.600 A.C., es el suelo de una cabaña en Lepensky Vir, a orillas del río Danubio, un asentamiento de la prehistoria europea ubicado a 166 km de Belgrado, en Serbia.
Hay monumentos del mundo antiguo que lo utilizaron. El pueblo egipcio empleaba un mortero, una mezcla de arena con material cementoso, para unir bloques de piedra y erigir sus asombrosas construcciones.
Incluso, una parte de una de las pirámides de Guiza fue construida utilizando hormigón (hace 2.600 A.C). Y el Coliseo Romano, del 82 A.C. contiene hormigón en los cimientos, los muros interiores y la estructura.
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Más aquí en el tiempo, en 1759, John Smeaton, un ingeniero de Leeds, en el Reino Unido, desarrolló un nuevo mortero para unir los bloques de piedra del faro de Eddystone. Al cabo de pocos años, el reverendo James Parker creó un nuevo cemento de manera accidental al quemar unas piedras calizas.
Este nuevo cemento, denominado cemento romano porque se pensaba que era el que se había utilizado en la época romana, se patentó y se empezó a utilizar en diversas obras en el Reino Unido.
Finalmente, en 1824, los ingleses James Parker y Joseph Aspdin obtuvieron la patente de un novedoso cemento hidráulico artificial, producido mediante la quema conjunta de caliza y carbón. Denominaron a este material Portland Cement debido a su tono oscuro, similar a la piedra de la isla de Portland (sobre el Canal de la Mancha).
El cemento, un polvo fino de tono grisáceo, se produce mediante un proceso industrial que implica la extracción, molienda y calcinación de rocas. Al mezclarse con agua, forma una pasta que, al fraguar y endurecerse con el tiempo, ofrece propiedades de adherencia, cohesión y resistencia
En sus primeras etapas, este material no experimentó una amplia adopción, principalmente debido a la complejidad de su proceso de fabricación, que encarecía su producción. Sin embargo, en los últimos dos siglos, los avances tecnológicos perfeccionaron tanto la fabricación como la aplicación del cemento, consolidándose como un elemento fundamental en las obras principales a nivel global.
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– Cronología
- 6000 aC
La mezcla de cemento con agua, arena y áridos dio como resultado un nuevo material que se podía modelar fácilmente y que, cuando endurecía, adquiría características de solidez, resistencia y durabilidad notables. Este nuevo material fue el origen del hormigón.
- 5600 aC
Según fuentes históricas, la construcción más antigua realizada en hormigón es el suelo de una cabaña en Lepensky Vir (Serbia).
- 2600 aC
El pueblo egipcio ya utilizaba un mortero –mezcla de arena con materia cementosa- para unir bloques de piedra y levantar sus prodigiosas construcciones. Parte de una de las pirámides de Gizeh fue levantada con hormigón.

- 1950 aC
En el mural de Tebas se conservan escenas de hombres fabricando hormigón y aplicándolo en una obra.
- 450 aC
Los constructores griegos y romanos descubrieron que ciertos materiales procedentes de depósitos volcánicos, mezclados con caliza, arena y agua, producían un mortero de gran fuerza, capaz de resistir la acción del agua dulce y salada.
- 100 aC
La civilización romana utilizaba el hormigón en la construcción de grandes edificios, y también en la red de agua potable y en la evacuación de aguas residuales.
- 75 aC
Se construye el anfiteatro de Pompeya, que muestra anillos de hormigón en su perímetro.
- 82 dC
El Coliseo de Roma contiene hormigón en los cimientos, los muros interiores y la estructura.
- 127 dC
Construcción del Panteón de Roma donde se utilizó un hormigón aligerado para construir la cúpula, de 50 m de diámetro.

- 1200 dC
Construcción de grandes obras como la Catedral de Salisbury en Inglaterra, cuyos cimientos están hechos de hormigón.
- 1759 dC
John Smeaton, un ingeniero de Leeds, en el Reino Unido, desarrolló un nuevo mortero para unir los bloques de piedra del faro de Eddystone. Al cabo de pocos años, el reverendo James Parker creó un nuevo cemento de manera accidental al quemar unas piedras calizas. Este nuevo cemento, denominado cemento romano porque se pensaba que era el que se había utilizado en la época romana, se patentó y se empezó a utilizar en diversas obras en el Reino Unido.
- 1824 dC
James Parker y Joseph Aspdin patentaron un nuevo cemento hidráulico artificial, fabricado por la combustión conjunta de caliza y carbón, que denominaron Portland Cement por su color oscuro, similar a la piedra de la isla de Portland. En sus inicios este material no fue demasiado empleado, a causa de su complejo procedimiento de fabricación, que encarecía su producción.
- 1890 dC
El proceso de industrialización y la introducción de hornos rotatorios propiciaron la extensión de su uso para todo tipo de aplicaciones.
- 1980 dC
A pesar de todas las mejoras técnicas introducidas, el cemento Portland continúa siendo, en esencia, muy similar al primero que se patentó, aunque su impacto y prestaciones han mejorado muy significativamente.
- 2000 dC
Hoy en día, los hormigones fabricados con cemento portland admiten múltiples posibilidades de aplicación. La diversidad de características pone al alcance de la sociedad un amplio abanico de modalidades para escoger. Todas las modalidades de hormigones han demostrado a lo largo del tiempo sus excelentes propiedades y su elevado grado de durabilidad y resistencia, lo que se puede constatar en las grandes edificaciones, las obras públicas o los conjuntos artísticos (como esculturas), muestra de la funcionalidad y el buen comportamiento de todo un clásico actual.
nuestras charlas nocturnas.
El crimen del verano: atentado a Mountbatten…

The Objective(L.Reyes) — La explosión tuvo lugar cuando el pesquero había zarpado de la península de Mullaghmore, en Irlanda, y se adentraba en la mar. Era una carga de 25 kilos de gelignita, el explosivo favorito del IRA, adosada al barco varias horas antes y detonada por control remoto.
Se trataba de una acción terrorista profesional, y sus efectos fueron letales sobre las personas que iba a bordo, cuatro murieron y otras tres resultaron gravemente heridas. Por fortuna había más pescadores por la zona que las rescataron.
Entre los muertos estaba el grumete de 15 años que ayudaba a manejar la barca al patrón, un hombre de 79 años que no era pescador, sino lo que la población local consideraba un excéntrico aristócrata inglés, que prefería una humilde barca de pesca a un yate.
Aún más excéntrico parecería a quienes supieran que aquel hombre había sido Primer Lord del Mar, es decir, comandante en jefe de la Marina Real británica.
Se trataba de Lord Louis Mountbatten, el objetivo del atentado, pues los otros muertos serían «víctimas colaterales», según el IRA: su nieto de 14 años, su consuegra de 83 y el grumete de 15. Los heridos graves eran la hija de Mountbatten, su yerno y otro nieto.
Al asesinar a Lord Mountbatten el IRA había apuntado a uno de los personajes más emblemáticos de la sociedad británica.
Era un miembro «especial» de la Familia Real, pues además primo de la reina Isabel II, era tío de su consorte el príncipe Felipe, de quien había sido lo más parecido a un padre, y últimamente actuaba como mentor del príncipe de Gales (hoy rey Carlos III), para quien ocupaba la figura del abuelo que nunca tuvo.

Pero además del oropel cortesano de un Royal –como llama la prensa inglesa a los miembros de la realeza- Mountbatten era un auténtico héroe de leyenda para su país y para las naciones del antiguo Imperio Británico, «un león, un jefe nato», según el obituario que le dedicó Indira Gandhi, primera ministra de la India.
¿Cómo se forjó ese héroe? Paradójicamente, en el fracaso. Mountbatten había comenzado su vida de guerrero como guardiamarina en la Armada británica durante la Primera Guerra Mundial, cuando sólo tenía 16 años y se llamaba Louis de Battenberg, pues su padre era de estirpe alemana, aunque su madre era nieta de la reina Victoria de la Gran Bretaña.
Al empezar la Segunda Guerra Mundial, Mountbatten recibió el mando de un destructor, y lo torpedearon. Pasó a mandar otro destructor, y también lo hundió un torpedo. Le confiaron un tercer buque, y lo echó a pique la aviación alemana. Una de dos, o era un desastre como comandante naval o era un gafe irremediable.
En realidad era un hombre con suerte, no solamente sobrevivió a las tres catástrofes, sino que su amigo Noel Coward, una celebridad en el mundo del espectáculo –y amante del hermano del rey- decidió hacer una película contando su historia de superación de los infortunios.
In which we serve (Sangre, sudor y lágrimas en la versión española) resultó un gran éxito. Era un momento en que Inglaterra recibía palos en todos los frentes, aunque resistía en pie, y la gente se identificó con el marino indomable, al que lo hundían pero no lo vencían. Churchill, que era un mago creador de ilusiones para mantener en alto la moral de su pueblo, fichó de inmediato al «capitán insumergible».
– Jefe de comandos
De la noche a la mañana, en vez de ser desterrado a una oficina tras perder tres buques, Mountbatten fue ascendido a almirante, y además Churchill lo nombró general del Ejército y de la RAF (Aviación) y jefe de Operaciones Combinadas, el departamento del que dependían los comandos, las primeras fuerzas especiales, un invento de Churchill.
Los comandos vendían humo: hacían incursiones por sorpresa en las costas de Europa, daban audaces golpes de mano contra posiciones alemanas, conseguían pequeños triunfos intrascendentes, pero la prensa los presentaba como grandes victorias sobre Alemania.
Un hombre como Mountbatten, con carisma y valor temerario, era su jefe ideal, pero además tenía iniciativas que podían ser geniales.
La leyenda de Mountbatten dice que visitó Pearl Harbor en 1941, torció el gesto ante las pocas medidas de protección de la principal base naval USA del Pacífico, y predijo con exactitud cómo iba a ser, unos meses después, el ataque por sorpresa japonés.
También se atribuye a Mountbatten la inspiración de los muelles artificiales que, remolcados desde Inglaterra, harían posible el éxito del Desembarco de Normandía. Tras la invasión aliada de Europa ya no tenía razón de ser el departamento de Operaciones Combinadas, y Churchill envió a Mountbatten a Asia como comandante supremo.
Allí lideró la reconquista de Birmania, el país vecino de la India desde el que los japoneses amenazaban, desde hacía cuatro años, con invadir «la perla de la Corona», es decir, la India.
Después del final de la guerra, Mountbatten se quedó en la India como el último virrey. Gracias a su mano izquierda y a los encantos de su mujer, de la que se enamoró el principal líder de la independencia india, Nehru, el traspaso de poderes del Imperio británico a la nueva nación soberana, la Unión India, se realizó en plena armonía.

Tras haber vivido en semejantes circunstancias históricas como protagonista, los altos cargos que ocuparía en la posguerra tenían poco que añadir al currículum de Mountbatten, pero lo cierto es que fue sucesivamente jefe de la Marina Real y de todas las Fuerzas Armadas británicas, hasta que se retiró al cumplir 65 años, en 1965.
Sin embargo, seguiría siendo una persona citada por la prensa, aunque como socialicé, es decir, en la sección de cotilleos sociales, como un Royal con gran influencia dentro de la Familia Real. Fue esta notoriedad social lo que hizo que el IRA lo pusiera en su punto de mira, aunque luego se justificaran con el absurdo de que era «un objetivo militar legítimo».
El IRA o Ejército Republicano Irlandés, había luchado contra el dominio británico durante casi todo el siglo. En 1921 había conseguido la independencia de tres cuartas partes de Irlanda, pero en los años 70 seguía luchando por expulsar a los ingleses de Irlanda del Norte y anexionar esta región a la República de Irlanda.
El IRA practicaba operaciones que podían considerarse guerra de guerrillas legítima. El mismo día del atentado a Mountbatten, una emboscada a un convoy de paracaidistas británicos provocó 18 muertos y más de 20 heridos graves entre los soldados, lo que fue el encuentro más mortífero de todo el conflicto para el Ejército británico.
Sin embargo, el IRA también cometía acciones terroristas execrables, especialmente la utilización de bombas que siempre causaban víctimas inocentes, como el atentado a Mountbatten, un crimen cuyo balance fue el asesinato de dos niños y dos ancianos, aunque uno de ellos hubiera sido antaño «un león».
nuestras charlas nocturnas.
Las Maldiciones de las Tumbas del Antiguo Egipto: Conjuros Mágicos de los Muertos…

Ancient Origins(B.Hilliard) — Nada inspiraba más temor a los saqueadores de tumbas del pasado, que la posibilidad de caer presa de una maldición de consecuencias funestas para quienes no hubieran hecho caso de las advertencias.
En el antiguo Egipto, las maldiciones a veces se escribían sobre las entradas de las tumbas para proteger a los monumentos sagrados de curiosos y saqueadores.
Las inscripciones a menudo hablaban de la vuelta a la vida del difunto para cobrarse venganza, o amenazaban con arrastrar a los profanadores al inframundo para que luego allí, fueran juzgados. Quien no hiciese caso de tales advertencias, tendría que asumir los riesgos a los que se exponía.
Las historias y rumores que rodean a las maldiciones que protegen a tumbas y a momias han existido durante siglos.
Hay documentos que se remontan a épocas medievales y a las primeras etapas de la edad contemporánea en los que se afirma que los enterramientos de los antiguos egipcios no debían ser alterados, ya que las tumbas y las momias que descansaban en ellos poseían cualidades desconocidas y al parecer maléficas.
Se creía que los sacerdotes escribían las maldiciones alrededor de los enterramientos para proteger tanto a la momia como a su vida espiritual después de la muerte.
Estas creencias dieron pie a la idea de una supuesta «maldición de los Faraones» que caería sobre todo aquel que osara profanar una tumba o momia. En particular, si se trataba de las de un Faraón, abocaría al sujeto a la mala suerte y a una muerte inevitable.

El poder de la maldición como fuerza disuasoria dependía en gran medida de dónde estaba situada.
Aunque las maldiciones habitualmente no eran utilizadas en las propias tumbas del antiguo Egipto, sí que se empleaban en ocasiones para la protección del enterramiento.
Dichas maldiciones estarían inscritas en la capilla de la tumba, en la parte más pública del complejo y también sobre paredes, puertas falsas, estelas, estatuas y a veces incluso sarcófagos.
Entre las maldiciones más insólitas destacaba la “Maldición del Asno» que amenazaba al saqueador de la tumba con ser violado por un asno, el animal representativo de Seth.
Otra terrible maldición procedía del administrador de la decimoctava dinastía Amenhotep, hijo de Hapu.
En ella se amenazaba a quien violara su tumba con una larga lista de castigos:
…perderán sus puestos terrenales y honores, serán incinerados en un horno con ritos de execración, zozobrarán y se ahogarán en el mar, no tendrán ningún sucesor, no recibirán ninguna tumba ni ritos funerarios propios y sus cuerpos se pudrirán porque pasarán hambre al no tener sustento. Sus huesos se perderán.
Una estela que pertenece a Sarenput I, monarca de Elefantina bajo el Faraón Senusret I (Dinastía 12), propone proteger las ofrendas dejadas ante la estatua con su imagen:
A todo administrador, funcionario, escribano o noble que tome [la ofrenda] de la estatua, su brazo será cortado como el de este toro, su cuello será torcido como el de un pájaro, su puesto no existirá ni habrá un puesto para su hijo, su casa no existirá en Nubia, su tumba no existirá en la necrópolis, su dios no aceptará su pan blanco, su carne pertenecerá al fuego, sus niños pertenecerán al fuego, su cadáver no será enterrado, estaré contra él como un cocodrilo sobre el agua, como una serpiente sobre la tierra, y como un enemigo en la necrópolis.
La leyendas que rodean a las supuestas «Maldiciones de los Faraones» comenzaron alrededor del siglo VII, cuando los árabes conquistaron Egipto y no eran aún capaces de leer los jeroglíficos (que no serían descifrados hasta principios del siglo XIX). La conservación de las momias debió de ser algo extraño de contemplar.
Se contaban muchas historias y llegaron a creer que si alguien entraba en una tumba y pronunciaba una fórmula mágica, sería capaz de materializar objetos que los antiguos Egipcios convirtieron en invisibles. También, se pensaba que gracias a la magia, las momias podrían volver a la vida.
Creían además que los egipcios protegían sus tumbas por medio de sortilegios mágicos o maldiciones que recaerían sobre quien entrase en ellas. Los escritores árabes advertían a la gente de que no molestara a las momias ni profanasen sus tumbas pues sabían que los egipcios practicaban la magia durante los ritos funerarios.
El primer libro publicado sobre una maldición egipcia apareció en 1699 y le seguirían muchos centenares más.
La apertura de la tumba del Faraón Tutankamón en 1923, es probablemente el caso más famoso de maldición de una tumba. Dicha apertura provocó que cundiera el pánico y extendió la creencia en «la maldición de los Faraones”. Varias personas que estaban presentes en el momento de abrir la tumba murieron antes de tiempo, en extrañas circunstancias.
La mayor parte de las versiones de esta historia cuenta cómo Howard Carter, arqueólogo inglés jefe de la excavación, descubrió una tablilla de arcilla en la antecámara de la tumba. Unos días después de catalogarla, un miembro del equipo descifró el jeroglífico. La presunta maldición decía, “la muerte matará con sus alas a quien ose interrumpir la paz del faraón«.
Sin embargo, nunca se ha encontrado prueba alguna ni documento acerca de la existencia de esta tablilla, asumiéndose que, o simplemente desapareció o se trata de otro mito más.

La primera señal de la maldición tuvo lugar cuando Carter envió a un mensajero a su casa. A su llegada, el mensajero oyó un grito ahogado y vio al canario de Carter siendo devorado por una cobra, símbolo de la monarquía egipcia
. Siete semanas antes de la apertura de la tumba, el Conde de Carnarvon, co-descubridor de ésta junto a Clark, había muerto por culpa de las complicaciones provocadas tras una picadura de mosquito. Los medios de comunicación rápidamente difundieron la idea de la Maldición de los Faraones.
Conan Doyle, ocultista y autor de Sherlock Holmes y la novelista Marie Corelli, extendieron el rumor de que quien entrase en la tumba antes sellada, sufriría las terribles consecuencias.
Los escépticos defienden que muchos otros que visitaron la tumba o que ayudaron a descubrirla vivieron por largo tiempo y gozaron de buena salud.
Un estudio demostró que de las 58 personas que estaban presentes cuando la tumba y el sarcófago fueron abiertos, sólo ocho murieron en los 12 años posteriores al hallazgo. Todos los demás siguieron vivos, incluyendo a Howard Carter, que murió a causa de un linfoma en 1939 a la edad de 64 años.

La mayor parte de las maldiciones egipcias son metafísicas, pero en algunos casos, incluían trampas y venenos que realmente hacían cumplir los conjuros, causando heridas o incluso la muerte a quienes no respetaban las advertencias. Por ejemplo, las tumbas fueron selladas, aseguradas con cerrojos e introducidas en cámaras secretas de muy difícil acceso.
Los pasos fueron bloqueados con colosales losas de piedra y en ellos se ocultaban agujeros, trampillas y cables que actuaban como trampas.
Los antiguos ingenieros egipcios también cubrían los suelos y paredes de las tumbas con polvo de hematita, afilado y metálico, diseñado para causar una muerte lenta y dolorosa a quienes lo inhalaran en grandes cantidades y que era liberado en el aire cuando se retiraban las piedras.
Cuando el Doctor en Egiptología, Zahi Hawass, entró en la tumba del Oasis Bahariya en el año 2001, su equipo encontró la tapa del sarcófago cubierta con 8 pulgadas de polvo de hematites, obligándoles a abandonar la expedición hasta que pudieron regresar con material específico y respiradores.
Aunque las maldiciones podrían parecer antiguas supersticiones, en la actualidad todavía hay muchos que portan con ellos amuletos o conjuros de protección contra los efectos de las supuestas maldiciones.
Numerosos estudios científicos han revelado un poderoso fenómeno psicológico por el que quien cree firmemente que está “maldito” más tarde o más temprano, acabará sucumbiendo a una dolencia física producida como respuesta a tan fuerte tensión emocional.
De este modo, quizás las antiguas maldiciones aún conservan su poder en la actualidad.
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La villanía del verano: regalo de Stalin a Hitler…

The Objective(L.Reyes) — «Somos un regalo de Stalin a Hitler». Esta frase, que resume perfectamente uno de los dramas históricos más deprimentes del siglo XX, la dijo Margarete Buber-Neumann, activista política y escritora que sobrevivió al gulag soviético y al campo de concentración nazi, dos de las vergüenzas del siglo XX.
Margarete Buber-Neumann era un arquetipo, una hija de su época, los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando Europa, desde España a los Urales, era un hervidero de movimientos revolucionarios, anarquistas, fascistas, nazis, socialistas y comunistas de distintas facciones. Todos ellos querían acabar con el orden existente mediante las armas, alumbrar violentamente un mundo nuevo y exterminar a sus oponentes mediante el terror y el totalitarismo.
Margarete Thürin había nacido en Postdam con el siglo, en el seno de una familia burguesa y monárquica. A los 20 años se casó con Rafael Buber, hijo del filósofo judío Martin Buber y compañero de militancia comunista, pero antes de esta temprana boda Margarete ya se había casado con la revolución: de adolescente militó en las Juventudes Socialistas, y al poco de crearse en 1918 el KPD (Partido Comunista de Alemania) se afilió.
Su matrimonio duró poco, dejó a Rafael Buber porque «al entrar en el partido uno debía renunciar a su vida privada», según escribiría en su autobiografía. Mantuvo entonces una relación estable con uno de los peces gordos del KPD, Heinz Neumann, un hombre de confianza de Stalin, y aunque nunca se casaron ella añadió el apellido Neumann al de su primer marido, formándose así lo que sería su nombre de guerra y literario, Margarete Buber-Neumann.
Tras el ascenso al poder de Hitler tuvieron que huir de Alemania y buscaron refugio en Moscú, pero allí se encontrarían con un peligro aún mayor, la paranoia de Stalin, que daría inicio a la época de las purgas, dirigidas contra los propios comunistas. El papel destacado de Heinz Neumann en el Partido Comunista de Alemania y en la Internacional Comunista, su trato íntimo con Stalin, le hacía precisamente más sospechoso, más vulnerable.
Así, en abril de 1937, pasó de vivir el Hotel Lux de Moscú, donde se alojaba la elite dirigente de la Internacional, a una celda de la NKVD, la policía política de Stalin. En noviembre, tras un proceso secreto en el que fue acusado de «trostkista», Neumann fue sumariamente fusilado. A Margarete nunca le dijeron lo que había pasado con su marido, pero supo que había caído en desgracia porque ella misma fue detenida como «esposa de un enemigo del pueblo».
Fue condenada a cinco años en el campo de trabajo y reeducación de Karaganda, en el Kazajstán, en Asia Central. Era entrar en el Gulag, el universo concentracionario soviético, y estando allí ocurrió algo que conmocionó al mundo comunista: la firma del Pacto Germano-soviético. Hasta la primavera de 1939 comunistas y nazis se habían batido a muerte en la Guerra Civil española, sin embargo a finales del verano una serie de acontecimientos desarrollados en Moscú lo cambiaron todo.
– La infamia paso a paso

El 19 de agosto de 1939 se firmó en Berlín el Acuerdo de Crédito Germano-soviético, primer paso en la colaboración oficial entre las dos potencias, que cuatro días después, el 23 de agosto, firmaron el Tratado de No Agresión, comúnmente llamado «Pacto Molotov-Ribbentrop», porque fueron los ministros de Exteriores ruso y alemán quienes lo firmaron en Moscú, en presencia de un satisfecho Stalin.
Con ese pacto Hitler tenía las manos libres para invadir Polonia, cosa que hizo el 1 de septiembre, dando inició a la Segunda Guerra Mundial. Pero todavía le faltaba su culminación a la villanía del verano de 1939: el día 17 de septiembre la Unión Soviética atacó por la espalda a Polonia y el Ejército Rojo avanzó con enorme superioridad numérica hasta la línea Brest-Litovsk, pues ese era el reparto de Polonia que había acordado con Alemania.
De la «no-agresión» entre Moscú y Berlín se había pasado a una colaboración en la agresión a otros países.
Esa política tuvo su concreción oficial en un nuevo Tratado Germano-soviético de Amistad, Cooperación y Demarcación, firmado el 28 de septiembre en Moscú. Hitler y Stalin se había quitado la careta, se declaraban compañeros de viaje dispuestos a sojuzgar los países que les pareciese bien.
En los partidos comunistas de todo el mundo muchos militantes se dieron de baja, horrorizados, e incluso se produjeron suicidios entre los militantes más idealistas.
Además del reparto de Polonia, Finlandia y las Repúblicas Bálticas entre Alemania y Rusia, o de la orden de Stalin al Partido Comunista Francés para que boicotease la defensa nacional cuando se produjera la ofensiva alemana, la «Amistad, Cooperación y Demarcación» tenía un capítulo especialmente perverso: el «regalo de Stalin a Hitler» de comunistas alemanes que se habían refugiado en Rusia huyendo de los nazis.
En febrero de 1940 Margarete Buber-Neumann formó parte de ese regalo, dentro de un grupo de 30 alemanes que fueron llevado hasta la estación fronteriza de Brest-Litovsk, y allí entregada directamente por la NKVD a la Gestapo, de policía política a policía política.
Según Maragarete se entregaron unos 150 comunistas alemanes a Hitler, aunque otras fuentes elevan la cifra hasta 600. Hay incluso testimonios de entregas anteriores al Pacto Germano-soviético, comunistas alemanes o austriacos a los que Stalin consideraba trostkistas o simplemente no muy afectos, y de los que se deshacía expulsándolos de Rusia con un pasaporte solamente valido para viajar a Alemania.
Es muy difícil llegar a cifras contrastadas de los «regalos de Stalin a Hitler», porque han sido un tema tabú. El cambio de alianzas en 1941, cuando Hitler invadió Rusia, hizo que los gobiernos occidentales no quisieran saber nada de los crímenes de su nuevo amigo Stalin, que era imprescindible para vencer al III Reich.
Y cuando después de la contienda comenzó la Guerra Fría entre los antiguos aliados, era la izquierda de todo el mundo la que estigmatizaba a quien criticara cualquier aspecto de la Unión Soviética.

Pero para Margarete Buber-Neumann la denuncia de aquella villanía se convertiría en una razón de vivir, porque seis meses después de su entrega a la Gestapo en Brest-Litovsk, fue internada en Ravensbrück, un campo de trabajo para 45.000 mujeres situado no lejos de Berlín.
Allí logró sobrevivir durante cinco años gracias a sus especiales circunstancias.
Aunque su primer marido fuera judío, ella no lo era, y aunque había sido comunista desde siempre, tras su experiencia con el estalinismo se declaró anticomunista.
Añádase a ello una buena educación que incluía hablar y escribir el ruso, y todo eso explica que recibiera un trato de favor, siendo destinada a trabajos de oficina.
Aunque las comunistas del campo le declararon el boicot por «traidora», encontró una potente relación humana que le ayudó a sobrevivir, pues se hizo íntima amiga de la periodista checa Milena Jesenka, la novia y traductora de Kafka.
Ambas se conjuraron: si sobrevivían a Ravensbrück, escribirían un libro denunciando los campos de concentración nazis y soviéticos.
Milena murió en mayo de 1944, pero Margarete escribió no uno, sino siete libros, empezando por Prisionera de Stalin y Hitler, que publicó en Suecia en 1948.
Fue vituperada por la izquierda mundial -incluidas sus dos hijas, que vivían en Israel-, pero su obra constituye un fresco de la época que le tocó vivir y de las dictaduras que le tocó padecer, cuya moraleja se puede resumir en que el nazismo y el comunismo, en la práctica, eran parecidos.
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Bugs Bunny, el conejo de la suerte…

Historia Hoy(V.Catta) — A más de 80 años de su primera (primitiva) aparición en el corto Porky’s Hare Hunt repasamos la historia de Bugs Bunny, un personaje que una y otra vez a lo largo de su historia ha probado su capacidad para emocionar y hacer reír.
Su cara, su figura alargada, su voz y su forma de ser -tan queriblemente calculadora como potencialmente cruel- son solo algunos de los elementos que contribuyeron a hacer de Bugs Bunny (inexplicablemente conocido en la Argentina simplemente como “el conejo de la suerte”) uno de los personajes más queridos de la historia del cine de animación y una de las caricaturas más reconocibles a nivel mundial.
Como tantos otros de los grandes personajes de la llamada “era de oro” de los estudios Warner, Bugs nació humildemente a finales de la década del treinta gracias al trabajo colaborativo de varios de los artistas que convivían en la famosa “Termite Terrace” (literalmente, terraza de las termitas), las oficinas miserables en las que funcionaba la división de animación del estudio.
Aunque muchos se arrogaron ese rol, es difícil definir quién fue su padre, pero si se tuviera que elegir un punto de partida para contar su historia, este ciertamente fue un corto llamado Porky’s Hare Hunt que apareció por primera vez el 30 de abril de 1938.
Actuando más como una prefiguración que como una verdadera introducción del personaje, para cualquiera que hoy mire la película probablemente resulte un tanto forzado establecer una relación entre Bugs y el anónimo animal desquiciado que Porky trataba de cazar.
Y, sin embargo, ya por entonces el conejo que Charles Thorson diseñó para Ben “Bugs” Hardaway, director del corto junto con Cal Dalton, y que etiquetó “Bugs’ Bunny” (literal, “el conejo de Bugs”) logró cautivar a las audiencias lo suficiente como para hacer de él un personaje recurrente.

Cada vez un poquito más distinto, el conejo pasó por las manos de varios directores en distintos cortos, pero finalmente emergió como algo más parecido al Bugs que hoy conocemos en A Wild Hare (1940) del gran Tex Avery.
Allí, por primera vez, el actor Mel Blanc (quien lo terminaría encarnando hasta 1988) definió la voz del personaje y le hizo decir su famosa línea “What’s up, doc?” (“¿Qué hay de nuevo, viejo?”) mientras masticaba una zanahoria en una clara parodia al personaje de Clark Gable en Lo que sucedió aquella noche (1934).
Pero más allá de estas características, la brillantez de Avery radicó también en la innovación narrativa por la que fue capaz de establecer una dinámica simbiótica entre Bugs y su némesis, el cazador Elmer Gruñón, que sería reinterpretada incontables veces a lo largo de la vida del personaje.
Por regla siempre previamente provocado para evitar hacer de él un cretino, en los siguientes años Bugs tuvo enfrentamientos con todo tipo de adversarios que fueron forjando su legendario ingenio.
A tono con el tipo de humor cultivado por los artistas de Warner, la cultura popular se colaba constantemente en los cortos de Bugs Bunny, aparejándolo con figuras relevantes del cine, por ejemplo, por lo que no sorprende que pronto, con su popularidad en ascenso, él mismo comenzara a influir en el mundo real.
Para la década del cuarenta, el gobierno de los Estados Unidos lo aprovechó durante el esfuerzo de guerra y, además de protagonizar varios cortos nacionalistas, lo usó como vendedor de bonos.
En paralelo, tras ser representado con su uniforme en un corto, Bugs recibió un nombramiento honorario del cuerpo de Marines, y, además, varios escuadrones de la Fuerza Aérea pintaron su cara en más de un avión y lo adoptaron como mascota oficial.

Sin embargo, las posibilidades de influencia de Bugs Bunny no se comprobarían con toda su fuerza sino a partir de la década del cincuenta. En esos años, sus más memorables, fue adoptado célebremente por directores que hoy son sinónimo del conejo como Fritz Freleng, Robert McKimson y Chuck Jones.
Pero fue especialmente este último quién – además de dirigir unos cincuenta cortos, entre ellos la famosa serie conocida como “temporada de pato/temporada de conejo” que incluía el triángulo junto con Elmer Gruñón y el pato Lucas- sería instrumental en la elevación de las peripecias de Bugs al nivel de un arte.
Como queda claro en sus cortos “operísticos” (“Rabbit of Seville” de 1950 y “What’s Opera, Doc?” de 1957), frecuentemente citados como algunos de los mejores jamás hechos, a través de su innovadora mezcla de animación, travestismo, gags absurdos y arias de óperas famosas, Jones logró desarrollar un tipo de caricatura único que, sin perder de vista la seriedad del material de base, lograba hacerlo funcional a la acción, atractivo (y hasta educativo) para los niños y gracioso para los adultos.

De este modo, hoy, a más ochenta años de su primera primitiva aparición, Bugs Bunny ha adquirido una vida propia más allá de lo que sus creadores pensaron para él.
Como bien quedó claro en la revista TV Guide cuando fue nombrado el mejor personaje animado de todos los tiempos, él no sólo es eso, sino que también “es un gran comediante. Estaba bien escrito. Estaba hermosamente dibujado. Emocionó e hizo reír a muchas generaciones. Es lo máximo”.
nuestras charlas nocturnas.
La increíble historia de Henry Gustav Molaison…

JotDown(J.S.Burgos) — Corría el año 1953. El republicano Eisenhower tomaba posesión como presidente de los Estados Unidos, mientras Francis Crick y James Dewey Watson elucidaban la estructura helicoidal del ADN a partir de unas fotos de Rosalind Franklin que Maurice Wilkins mostró sin permiso a los descubridores del hallazgo más importante de la historia de la biología molecular.
Ese año el campeón del mundo Rocky Marciano derrotaba por K.O. en el primer asalto a Joe Walcott, y los entonces Minneapolis Lakers ganaban el anillo de la NBA endosando un rotundo 4 a 1 a los New York Knicks.
Por aquel entonces, Henry Gustav Molaison ya no lograba llevar una vida normal como consecuencia de sus frecuentes y temibles ataques epilépticos.
Henry era un chico normal, de una familia normal, en una ciudad normal. La ciudad de Hartford en Nueva Inglaterra no era un mal sitio para vivir en esos años dorados.
Los profusos bosques del estado de Connecticut envolvían la pequeña ciudad, mientras Henry ayudaba a sus padres con la compra, cortaba el césped o rastrillaba las hojas secas de los árboles del jardín, como un chico más de las familias acomodadas del barrio residencial en el que vivía.
Pero las cosas no iban bien desde hacía unos años. Henry daba paseos en su bicicleta por los alrededores de Hartford y de East Hartford, como cualquier niño de nueve años de una pequeña ciudad norteamericana. Pero Henry tuvo una desafortunada caída a esa edad que le dejó cinco minutos inconsciente.
A partir de ese momento el joven Henry empezó a padecer crisis epilépticas, al principio leves, aunque con el tiempo se tornaron cada vez más terribles y agresivas. A los dieciséis años los ataques eran dramáticos e incontrolables. Ningún medicamento de la época era capaz de paliar las fuertes convulsiones.
En 1953, cuando Henry tenía veintisiete años, ya estaba incapacitado incluso para trabajar. Las crisis eran extraordinariamente severas y frecuentes.
Pero todo cambió ese año.

Fue derivado al hospital de Hartford. A partir de entonces las vidas del doctor William Beecher Scoville y de Henry estarían unidas para siempre.
El doctor Scoville, reputado neurocirujano y experto reconocido internacionalmente, decidió practicarle una cirugía experimental en la que extirparía parte de su cerebro.
El diagnóstico del doctor Scoville fue de epilepsia del lóbulo temporal, identificando en esa región el origen de la patología que sufría Henry.
El neurocirujano decidió realizar una resecación radical bilateral de los lóbulos temporales mediales, en la que eliminaría el hipocampo, el giro hipocampal, el uncus y la amígdala.
Según Scoville, sugirió esta operación por las conocidas capacidades epilépticas del uncus y del complejo hipocampal.
La operación se realizó el 1 de setiembre de 1953 y fue todo un éxito.
Tan solo quedaron dos centímetros de su hipocampo, que resultaron atrofiados. Toda la corteza entorrinal, el principal centro de comunicación con el hipocampo, fue también destruida.
Henry no sufrió convulsiones nunca más.
Veinte meses después, Henry fue examinado rutinariamente en el hospital de Hartford. El 26 de abril de 1955, el doctor Karl Pribram sometió al paciente a un examen psicológico. Henry se sentía bien, no había vuelto a tener crisis epilépticas, curiosamente había mejorado en aritmética, y apenas recordaba la operación.
Unos minutos después del examen, Pribram volvió a entrar a la habitación. Henry no lo reconoció. Nadie había hablado con él unos minutos antes. Henry seguía teniendo veintisiete años. Seguía siendo 1953.
Henry sufría una profunda amnesia. Alarmado, Scoville decidió recurrir a una segunda opinión profesional. Esa misma noche, los doctores Wilder Penfield y Brenda Milner, de la Universidad McGill en Canadá viajaron en el tren nocturno desde Montreal a Hartford.
Ambos realizaron una amplia batería de test psicológicos a Henry. Brenda destacaba su ejemplar comportamiento: «Era un hombre muy gentil, muy paciente y siempre muy dispuesto a realizar las tareas que le ordenábamos, aunque cada vez que me levantaba a pasear por la habitación, me miraba como si nunca me hubiese visto».
La cirugía había eliminado dos terceras partes de su hipocampo. Ya nunca pudo volver a conocer a nadie. Cada rostro era siempre un nuevo rostro. Cada nombre era siempre un nuevo nombre. Cada lugar era siempre un nuevo lugar. Cada hecho fue siempre un nuevo hecho. No fue consciente de la muerte de sus padres. No era consciente de que había envejecido.
No era capaz de reconocer al hombre que le devolvía el espejo. No se reconocía a sí mismo en una fotografía más allá de 1953. Henry fue sujeto de estudio a partir de entonces. Fue sometido a cientos de pruebas psicológicas, exámenes neurológicos y ensayos científicos. Cada uno de esos test y cada una de estas pruebas fue para él siempre la primera.
La amnesia anterógrada severa que sufría Henry le impedía fijar nuevos recuerdos, aunque sí podía adquirir nuevas habilidades motoras que, por supuesto, olvidaba inmediatamente que había aprendido.
Henry era capaz de dibujar una estrella de cinco puntas reflejada en un espejo, podía resolver la compleja tarea de la Torre de Hanói o trazar un mapa bastante detallado de su casa, aunque se mudó de residencia tan solo cinco años después de la operación realizada por Scoville.

A Henry le tranquilizaba hacer crucigramas. Resolvía dos crucigramas al día, a veces más.
Eso sí, siguiendo en estricto orden la lista de instrucciones y resolviendo solo cuestiones previas al año 1953.
Al final de su vida encontraron en una cesta atada a su andador un libro de crucigramas y el bolígrafo que permaneció siempre con él.
Las consecuencias de la ablación bilateral del lóbulo temporal medio del cerebro de Henry fue la primera prueba concluyente de que el hipocampo era la región cerebral implicada en la adquisición de nuevos recuerdos.
La amnesia retrógrada graduada temporalmente que presentaba Henry demostró que los recuerdos de la infancia no se almacenan, al menos exclusivamente, en el lóbulo temporal medial.
Henry ayudó involuntariamente a los neurólogos y neurocientíficos de todo el mundo a identificar y comprender las estructuras cerebrales implicadas en la adquisición de nueva información.
Pero Henry seguía siendo un tipo normal. La doctora Milner lo sorprendió una vez sentado en una esquina, ruborizado y murmurando que no pensaba que él fuera interesante y que se quería ir a su casa.
En 1980, con cincuenta y cuatro años, se trasladó definitivamente a la residencia de Windsor Locks, también en Connecticut, donde siguió siendo estudiado y analizado durante los siguientes veintiocho años.
Henry murió el 2 de diciembre de 2008 en Windsor Locks, a la edad de ochenta y dos años. Murió un martes por la tarde a las 17:05 horas. Suzanne Corkin, investigadora del Massachusetts Institute of Technology, pasó varias décadas de su vida estudiando a Henry. Como la veía muy habitualmente, él pensaba que era una compañera del colegio.
Suzanne certificó su muerte por insuficiencia respiratoria. Ese mismo martes, la doctora Corkin y su equipo científico trabajaron durante toda la tarde y toda la noche para analizar el cerebro de Henry.
Lo analizaron por resonancia magnética, obteniendo multitud de exhaustivas imágenes e información anatómica. El cerebro de Henry fue fotografiado pormernorizadamente, extraído y fijado en formalina para su análisis.

Una vez procesado, el cerebro fue enviado a la Universidad de San Diego, donde fue diseccionado un año después por el equipo del doctor Jacopo Annese, director de The Brain Observatory, y retransmitido por streaming. Durante cincuenta y tres horas ininterrumpidas se realizaron miles de secciones histológicas de unas setenta micras de grosor, de las cuales se seleccionaron dos mil cuatrocientas una para su estudio detallado.
De todas ellas, tan solo dos se mostraron claramente dañadas. A partir de las imágenes obtenidas, se ha conseguido construir un mapa tridimensional del cerebro de Henry, a disposición de todos los neurocientíficos del planeta. La reconstrucción virtual del cerebro de Henry tan solo arrojó una pequeña lesión en el córtex orbitofrontal izquierdo.
De esta forma, Henry se convirtió en el individuo más estudiado en la historia de la neurología. En el campo siempre se le conoció como el paciente H.M., y no se reveló su identidad hasta después de su muerte.
Pero murió solo y sin recuerdos. Tal vez murió con la mayor de las soledades del ser humano, que es la de no recordarse ni siquiera a sí mismo. Henry murió a los veintisiete años. No tuvo hijos.
Aunque consiguió mantener un nuevo recuerdo que sí fue capaz de fijar. Supo que el hombre había llegado a la luna. Tal vez fue por su afición a los cohetes espaciales, tal vez por cierta actividad residual de su maltrecho hipocampo, o tal vez porque todavía no hemos alcanzado a comprender la profunda complejidad que esconde nuestro cerebro.
nuestras charlas nocturnas.
Josefina Guerrero, la heroína que aprovechó su terrible enfermedad para ayudar a EE.UU. a derrotar a Japón en la Segunda Guerra Mundial

BBC News Mundo — Cuando Joey Laeumax murió en 1996 ninguno de los amigos que había hecho en los 20 años que llevaba viviendo en la capital de EE.UU. sabía mucho de su pasado.
Según su obituario en el Washington Post, era «una secretaria jubilada que había trabajado como acomodadora en el Centro Kennedy para las Artes Escénicas durante los últimos 17 años».
Todo eso era cierto, pero también lo era que esa mujer había sido una de las espías más importantes durante uno de los conflictos más brutales de la Segunda Guerra Mundial.
Mientras padecía los dolorosos estragos de una enfermedad grave, había salvado miles de vidas y contribuido a marcar el curso de ese capítulo de la historia.
Joey Laeumax era Josefina Guerrero, condecorada en 1948 con la Medal of Freedom (Medalla de la Libertad) de EE.UU., y aplaudida por el mayor general George F. Moore por demostrar “más coraje que el de un soldado en el campo de batalla”.
– Felicidad interrumpida
En la década de 1930, la ocupación estadounidense en Filipinas parecía estar llegando a su fin. EE.UU. había adquirido Filipinas de España en 1898. Para los estadounidenses, como para los españoles, Manila era el centro comercial del Pacífico, un punto de apoyo para oportunidades comerciales y militares.
Muchos filipinos lucharon contra la ocupación estadounidense. La guerra duró hasta 1902, y unos 20.000 filipinos perdieron la vida. Pero para cuando Josefina Veluya nació en 1917, la resistencia a la ocupación era en gran medida democrática. A los 16 años, Josefina se casó con Renato Guerrero, un joven médico y heredero de una familia muy adinerada.

Dos años y medio después, la pareja tuvo una hija, Cynthia. Ambos padres estaban felices, enamorados uno del otro y ambos de la pequeña y sus grandes ojos marrones.
Pero unos síntomas ominosos comenzaron a acosar a Josefina. «Sufría dolores de cabeza muy fuertes, una fatiga que la dejaba sin aliento durante días y días», le relata a la BBC Ben Montgomery, autor de The Leper Spy («La espía leprosa»). Cuando una mancha apareció en su rostro, su esposo la llevó adonde un colega experto en infecciones.
El diagnóstico fue devastador: lepra, ahora llamada enfermedad de Hansen. «Era una situación desesperada porque en ese momento el tratamiento disponible no era tan efectivo y podía ayudar muy poco», le explica a la BBC Patricia Duarte Deps, dermatóloga especialista en Hansenología, radicada en Brasil.
«La enfermedad de Hansen es una dolencia infecciosa, con fenómenos inflamatorios que afectan la piel y los nervios periféricos de las manos, los pies y los ojos», señala Deps, quien estudió el caso de Guerrero. «Pero creo que el estigma y la discriminación son incluso peores que la enfermedad en sí«, declara.

El antiguo nombre de la enfermedad de Hansen, lepra, conllevaba un enorme bagaje histórico. Mencionada con frecuencia en la Biblia, se la consideraba una maldición incurable. En un país católico como Filipinas, era interpretada como un castigo divino por el pecado.
Guerrero sabía que si la gente se enteraba de su condición, la rechazaría. En Manila, las personas que padecían la enfermedad eran obligadas a dejar sus trabajos y las enviaban a colonias de leprosos fuera de la ciudad. Tenían que tocar una campana o llevar un cartel que indicara que eran contagiosos, gritando «impuro».
Así que, como miles de otros con la enfermedad de Hansen, Guerrero lo mantuvo en secreto. Pero como puede transmitirse por contacto cercano, tuvo que tomar una decisión desgarradora: irse a vivir sola. Era 1941. A los 24 años, había perdido todo: su vida acomodada, su esposo y, lo más doloroso, su amada hija.
– Cambio de mando
El 8 de diciembre de ese mismo año, 10 horas después de su devastador ataque a Pearl Harbor en Hawái, Japón llevó la guerra a Filipinas. Manila era un objetivo clave tanto por su posición estratégica como por su condición de bastión estadounidense.
Como había hecho en Pearl Harbor, la marina imperial japonesa lanzó una ofensiva sorpresiva. La mitad de los cazas y bombarderos estadounidenses fueron destruidos en el primer asalto. Pronto, Manila y sus alrededores estaban en llamas, con aeródromos, muelles y diques quemándose, y comenzó la ofensiva terrestre japonesa.

Japón había estado planeando un ataque durante años. Una red de espías les había suministrado información sobre todas las posiciones defensivas. Sabían dónde aterrizar. Las tropas estadounidenses no estaban preparadas para repeler el avance de 43.000 soldados japoneses.
Para enero de 1942, la ocupación de Manila era completa. Los japoneses acorralaron a europeos y estadounidenses en primer lugar y los pusieron en campos de prisioneros. Para todos los demás, comenzó un nuevo y duro régimen. «La vida estaba controlada por el toque de queda», cuenta Montgomery.
«Soldados japoneses que patrullaban las calles solían abofetear a cualquiera que no les mostrara respeto haciéndoles la venia en la calle». Cualquier desobediencia podía ser castigada con la pena de muerte. Además de aislada, Guerrero se quedó sin medicamentos, pues con la ocupación los suministros no llegaban rápidamente a la ciudad.
Su salud se deterioró.
– La doncella de Manila
Adolorida y sola, Guerrero buscó consuelo en su fe. Tenía tres años en 1920, cuando la Iglesia Católica canonizó a Juana de Arco, la heroína francesa de la Edad Media. De niña, a Guerrero le habían fascinado las historias de esa joven campesina que tenía visiones y dirigió un ejército contra los invasores ingleses.
La Doncella de Orleans se convirtió en su inspiración: quería servir a una causa noble, así que arriesgaría su vida por su país. No le fue fácil convencer a la resistencia que la aceptara, pero en su primera misión consiguió tanta información valiosa de los labios de soldados japoneses en una fiesta que disipó cualquier duda.
Impresionados, los dirigentes de la resistencia le preguntaron si aceptaría una tarea más peligrosa.

La resistencia en Manila no podía operar un servicio de radio ni una imprenta. La única manera de comunicarse era mediante notas escritas a mano. «A menudo las escribían en cáscaras de cebolla para poder tragárselas si los interceptaban», cuenta Montgomery.
«El país estaba ocupado por brutales soldados japoneses que, si sospechaban que eras un espía, llamaban al Kempeitai, el escuadrón de élite de la policía que a menudo torturaba para obtener su información». Pero tendían a acechar a hombres, especialmente de aquellos que podrían haber estado en el servicio militar.
Lo que veían cuando Guerrero pasaba era una mujer joven y menuda con el pelo largo recogido en una cola de caballo llevando sus compras. «Se ataba los mensajes en el pelo o ahuecaba frutas y los ponía adentro», detalla el escritor. En una ocasión la detuvieron y la obligaron a desnudarse en busca de mensajes, pero los tenía entre las medias y se las arregló para que no los vieran.
Sin embargo, aunque su ingenio seguía tan agudo como siempre, los efectos físicos de la enfermedad de Hansen no daban tregua.
– Trampa mortal
A pesar de las altas fiebres, intensos dolores de cabeza e insoportable fatiga, Guerrero había continuado con su misión, pero el mal comenzó a mostrarse en su cuerpo. «Probablemente tenía lesiones rojas en la piel muy, muy notables, como una ulceración. A veces se borran las cejas y también podría haber desarrollado algún tipo de lesión ocular», indica Deps.
Guerrero ya no podía hacerse pasar por una joven común que iba de compras, pues «una ulceración es algo muy impactante de ver».
Pero halló la manera de usar sus síntomas a su favor como espía: su mal se convirtió en su disfraz. Se vestía de negro, a veces hasta se ponía un velo, e iba por las calles anunciando que era «impura», lo que le abría el paso, sin que la requisaran, pues las autoridades japonesas no querían ni acercársele.
Pero «no solo se arriesgaba yendo y viniendo entre el ejército japonés, sino que podría haber desarrollado un daño nervioso muy severo», subraya Deps.

Guerrero sabía que tal vez no viviría lo suficiente para ver la victoria, y los comandantes estadounidenses sabían que le estaban pidiendo que arriesgara su vida. Pero estaba dispuesta a emprender misiones cada vez más difíciles para ayudarlos a expulsar a los japoneses.
Sus tareas aumentaron en importancia y peligro. Aprovechando la libertad de movimiento que su enfermedad le daba, Guerrero conseguía la información actualizada y muy detallada que necesitaban. En enero de 1945, recibió un misión tan peligrosa que le aconsejaron “confesarse e hacer un buen acto de contrición” antes de emprenderla pues quizás no sobreviviría.
Siguió el consejo y al salir de la iglesia, pudo escuchar en la distancia el ruido de la campaña del general Douglas MacArthur para retomar Filipinas. Los bombarderos habían atacado por primera vez hacía cuatro meses, eliminando las defensas portuarias de Manila valiéndose de mapas que Guerrero había trazado.
La batalla terrestre ya estaba en marcha, pero las tropas iban camino a una trampa mortal. «EE.UU. se había enterado de que el comandante de un campo de prisioneros de guerra tenía la intención de masacrar a unos 4.500, incluidos muchos estadounidenses. Para evitarlo, se apresuraban a llegar a Manila», relata Montgomery.
Lo que no sabían era que los japoneses habían sembrado enormes campos minados dondequiera que las tropas estadounidenses pudieran acercarse.

Pegado con cinta adhesiva entre sus omóplatos, Guerrero llevaba un mapa de esos campos minados meticulosamente dibujado por la resistencia, que podría salvar la vida de las tropas y de miles de prisioneros. «Había tantos peligros en el camino», señaló Montgomery.
«Había una guerra tribal en las afueras de Manila, piratas en el río Pampanga, sin mencionar que el riesgo de ser interceptada por los soldados japoneses». Desafiando los malestares que su mal le provocaba, Guerrero burló guardias y francotiradores a lo largo de kilómetros y kilómetros de campo traicionero.
Cuando llegó al río Pampanga, alquiló un bote. Había combates activos en tierra, por lo que el agua parecía más segura. No fue así. Fue perseguida por 6 barcos llenos de piratas fluviales. Rehuyéndolos, volvió a tierra.
Siguió a pie hasta que llegó al lugar indicado sólo para enterarse de que sus contactos se habían marchado hacía tres horas, en dirección al lugar donde ella había alquilado el bote. Salió corriendo y finalmente pudo encontrarlos, tras haber recorrido sin descanso 56 kilómetros.
Los estadounidenses quedaron asombrados por la valentía de Guerrero. Sus acciones habían salvado la vida de innumerables soldados.
– Paz y paria
Con la posibilidad de atravesar los campos minados que rodeaban la ciudad, las tropas estadounidenses entraron a caballo en Manila, tras liberar el campo de prisioneros de guerra. Durante los meses de intensa y caótica guerra urbana que destruyó alrededor del 80% de la ciudad de Manila y mató a unos 100.000 civiles, Guerrero encontró una nueva forma de luchar en la guerra.
En medio de la violencia, atendía a los soldados y civiles heridos y llevar a los niños a un lugar seguro. Los soldados la describieron como una figura casi santa, serena, a pesar del caos y las balas que volaban a su alrededor. Pero, sin medicinas para controlar su enfermedad, ella seguía sufriendo.
«Uno de sus pulmones comenzó a sangrar y pensó que por fin había llegado su oportunidad para ver a Dios», cuenta Montgomery.
No fue así. Las tropas del general MacArthur sacaron a todos los soldados japoneses de Manila a principios de marzo. Los combates continuaron en algunas islas hasta los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, que llevaron a Japón a rendirse finalmente.
Poco menos de un año después, el 4 de julio de 1946, Filipinas finalmente logró la independencia de EE.UU. y se convirtió en una república. Tras el fin de la guerra, a Josefina Guerrero su enfermedad la convirtió en una paria una vez más.

Fue exiliada a un leprosario al noreste de Manila en el que las condiciones eran deplorables. No obstante, Guerrero continuó trabajando incansablemente, como maestra de los niños, atendiendo a los enfermos y haciendo campaña para mejorar la vida de todos los que sufrían la misma enfermedad que ella.
Hasta que, despues de recibir en mayo de 1948 la Medalla de la Libertad de EE.UU., se convirtió en la primera extranjera en ser aceptada como paciente en el Leprosario Nacional de Carville, en Louisiana. A fines de la década de 1950, el tratamiento para la enfermedad de Hansen había avanzado: podían curarla.
No era un asunto sencillo. La trataron durante nueve años antes de que su enfermedad fuera declarada inactiva y fuera, por fin, dada de alta del leprosario. Sin embargo, el estigma era aún más difícil de vencer que la enfermedad misma.
Cuando quienes la empleaban se enteraron de que había sido paciente de Carville, la despedían. Sus amigos, se alejaban. Guerrero se reunió brevemente con su hija, Cynthia, una vez en San Francisco. Antes de establecerse en Washington, estudió en Madrid desde donde, en 1970, le escribió una carta a un médico amigo:
“La mayoría de la gente piensa que he muerto porque he intentado con todas mis fuerzas borrar el pasado. ¡Simplemente quiero olvidarlo! Fue demasiado traumático y me ha causado un sufrimiento inconmensurable». Le contó que había pasado hambre cuando la echaban de los trabajos, pero le aseguró que seguía “llena de entusiasmo por la vida”.
Y le anunció: «Joey Leaumax es ahora mi nombre legal». Fue con ese nombre y con pocos datos de su pasado que la conocieron los amigos que la enterraron tras su muerte a los 78 años. «Trabajó con absoluta humildad contra viento y marea, sufriendo una enfermedad que estaba devastando su cuerpo, salvando un número incalculable de vidas y arriesgando la suya en el proceso», resume Montgomery.
«Para mí, eso es una heroína».