Tablillas Enigmáticas, los pequeños artefactos de la Edad del Bronce encontrados por todo el centro de Europa que nadie sabe para qué servían…

L.B.V.(A.García) — Las tablillas enigmáticas, objeto de intenso estudio por arqueólogos de toda Europa, son pequeños artefactos de terracota o piedra que datan de la Edad del Bronce, específicamente entre el 2100 y el 1400 a.C. Estos misteriosos objetos han sido encontrados desde la segunda mitad del siglo XIX en diversos yacimientos arqueológicos del continente, distribuyéndose principalmente en áreas que van desde Italia y Alemania hasta el Danubio y los Balcanes.
Desde que se encontró el primer ejemplar en Hungría en 1860 su significado y función ha desconcertado a los estudiosos, lo que ha generado múltiples hipótesis, aunque ninguna definitiva. Por ello se les ha dado el calificativo de enigmáticas. También se las conoce como Brotlaibidole, que significa “ídolos en forma de hogaza de pan” en alemán, porque esa es su forma más común.
Uno de los puntos más relevantes en la investigación de estas tablillas es la similitud de sus características formales y de grabados, independientemente de la distancia geográfica entre los yacimientos donde han sido halladas. En Italia, los descubrimientos más significativos se han producido en la cuenca meridional del lago de Garda y otros sitios cercanos, como Polpenazze, Gavardo y el lago de Ledro. Aquí es donde se da la mayor densidad de hallazgos.

Son principalmente de terracota, con pocos ejemplos de piedra, y de muy pequeño tamaño, y no hay dos iguales. Presentan formas ergonómicas, generalmente lenticulares o rectangulares, con líneas horizontales y diversos motivos geométricos impresos, como triángulos, círculos o cuadrados.
No obstante, su presencia no se limita a esta región del norte de Italia, ya que las tablillas también han aparecido en yacimientos desde Suiza hasta la cuenca del Danubio, lo que sugiere una posible conexión comercial de larga distancia en la Edad del Bronce.
Los grabados en las tablillas, a menudo repetitivos pero nunca exactamente iguales, suscitan un especial interés. Algunos investigadores han propuesto que estos signos podrían representar una forma rudimentaria de comunicación, quizás similar a los pictogramas, capaces de transmitir ideas o mensajes entre quienes supieran descifrarlos.
Sin embargo, la ausencia de una clave interpretativa clara ha dado lugar a teorías que oscilan entre lo comercial y lo ritual. Algunos sugieren que las tablillas servían para marcar mercancías o registrar transacciones, mientras que otros las ven como objetos votivos o de propiciación religiosa.
El debate sobre su función se ha intensificado en los últimos años, gracias a nuevas tecnologías de investigación. Por ejemplo, un proyecto internacional en colaboración con la Universidad de Brescia ha empleado escáneres tridimensionales para comparar los patrones morfológicos de las tablillas halladas en diferentes regiones, lo que ha permitido establecer correlaciones entre ellas y profundizar en el análisis de sus posibles usos.

En el marco de una exposición reciente organizada en Italia, se exhibieron cien de las aproximadamente trescientas tablillas conocidas, procedentes de museos de toda Europa.
Este evento, acompañado de un congreso científico, ha reavivado el interés por estas piezas, y aunque ninguna interpretación definitiva ha surgido hasta ahora, el consenso entre los especialistas es que estas tablillas jugaron un papel relevante en las redes comerciales de la Edad del Bronce, posiblemente como una forma de “etiquetas” o sellos para mercancías.
De particular interés es el yacimiento de Lucone, que ha proporcionado el mayor número de tablillas enigmáticas (19 en total), tanto en terracota como en piedra.
En estas piezas se observa una evolución en los diseños: mientras que los ejemplares más antiguos solo presentan puntos impresos, las versiones más avanzadas muestran líneas y figuras geométricas mucho más complejas.
Estas características han llevado a algunos estudiosos a proponer que las tablillas podrían haber funcionado como calendarios o instrumentos de contabilidad, aunque otros sugieren que eran una forma de proto-escritura, utilizada para transmitir información comercial o social.
La distribución geográfica de estas tablillas es otro factor clave en su análisis. Aunque son más comunes en el norte de Italia, también se han hallado en la región alpina y al sur de Alemania, donde presentan variaciones locales en sus motivos decorativos. Por ejemplo, en Suiza y Alemania se ha encontrado una mayor prevalencia de patrones rectangulares, mientras que en Italia predominan los diseños circulares y en espiral.
Algunos de los hallazgos más intrigantes provienen de sitios en la cuenca del Danubio, donde se han encontrado tablillas con incisiones radiantes y patrones que se distinguen claramente de los de Italia o Suiza. Esta variación en los motivos sugiere que, aunque las tablillas compartían una función común, también reflejaban influencias culturales y artísticas regionales.
Las pruebas actuales apuntan a su posible uso como una forma de identificación o contabilidad en las redes comerciales que conectaban las diferentes culturas de la Edad del Bronce, aunque no se descarta su función ritual o simbólica. Otra hipótesis asocia las tablillas al concepto de moneda antigua en una época en la que predominaba el trueque.
Así, podrían haber sido créditos que mostraban lo que el deudor aún tenía que dar cuando en aquel momento no tenía nada que trocar.
Residuos de color encontrados en algunas tablillas podrían indicar su uso como sellos o etiquetas para mercancías, algo que encaja con la presencia de incrustaciones de diferentes formas geométricas. No obstante, es difícil de demostrar. Hoy por hoy las Tablillas Enigmáticas siguen planteando numerosos interrogantes a los investigadores:
¿eran estos ídolos de hogaza de pan primitivos medios de comunicación, fichas comerciales, símbolos religiosos? ¿tenían una función calendárica? ¿o tenían una finalidad completamente distinta?
nuestras charlas nocturnas.
Una rockstar renacentista…

JotDown(C.Mayoral) — Teresa de Ahumada no puede apartar la vista de la biblioteca familiar que se alza frente a ella, recorriendo los títulos en diagonal, dejando que alguno le golpee, pero sin que las prisas le permitan interiorizarlos. De pronto se topa con un manuscrito de su propio padre.
Obligada a esconder el Sánchez de Cepeda que de él heredó por lo que su probada ascendencia judía pudiera sugerir, Teresa evoca su figura: altiva, cansada, imponente. Lo recuerda llegando a Gotarrendura, después de un verano laboralmente agotador, para pasar allí el invierno a la tranquilidad de la lumbre y al amparo de las tierras y el ganado que los Ahumada han conseguido reunir.
En uno de esos inviernos nace la pequeña Teresa. Es curioso, quinientos años después de aquel nacimiento, un puñado de aldeanos todavía lucha para demostrar que fue en este pequeño pueblo de la Moraña donde nació la santa y no en la, por entonces, poderosa capital abulense, que es la teoría que se empeña en defender el Carmelo.
De todas las borrosas y opacas pruebas me quedo con tres: no hay ni un solo escrito sincrónico que demuestre que nació en Ávila; sus nueve hermanos nacieron en Gotarrendura (donde también murió su madre); y, por último, en el sagrado libro de nacimientos del pueblo, las hojas coincidentes con la fecha natal de Teresa han desaparecido.
Pero volviendo a la escena con la que comenzó el artículo, Teresa es consciente de que hay algo que no funciona en esa autobiografía que con ahínco se empeña en escribir. Tiene cuarenta y seis años y, a pesar de que ha conseguido dirigir su vida hacia el recogimiento y la mística, no puede deshacerse de ese «dolor espiritual» que solo mitiga el increíble simbolismo que brota de su mente.
Necesita algo más. Un empujón que haga del deseo un producto tangible.
Tiene un plan, pero sabe que ponerlo en marcha tiene un precio muy caro: la vida. Necesitará que esa fuerza esté de su lado, aquella con la que entra en contacto a menudo, haciendo que su vida se eleve hasta estados inconfesables que terminan en inmovilismo, parálisis e, incluso, desmayo.
Pero, sobre todo, necesitará que el conocimiento que a sus espaldas cargaron aquellos innumerables libros que ahora contempla no le abandone. Tendrá que transmitir. Tendrá que llegar. Tendrá que encontrar la palabra exacta.
Se levanta y extrae de la estantería el manuscrito de su padre, un amasijo de organizaciones mercantiles. Lo firma don Alonso Sánchez de Cepeda, el hijodalgo que representaba el último eslabón de una exitosa cadena de mercaderes. Es, dada la muerte de su madre a temprana edad, el personaje familiar que más le ha marcado.
Alonso nunca pudo superar la ascendencia judía del abuelo de Teresa, Juan Sánchez de Toledo, quien fue obligado a renunciar a su fe y a realizar pública penitencia durante siete viernes para obtener el perdón inquisitorial. Esto trajo consigo numerosas riñas entre padre e hija cuando ella intentaba por todos los medios ingresar en alguna orden religiosa mientras él lo prohibía terminantemente.

A pesar de todo, lo había amado con fuerza. Él estuvo allí cuando las infinitas novelas de caballerías que Teresa devoró siendo todavía una adolescente estuvieron cerca de hacerle perder el seso. Cuando, en edad adolescente, quiso pisar tierra musulmana para morir decapitada, mártir y cristiana, fue su padre quien lo prohibió.
Él le quitó de la cabeza su obsesión por los perfumes y los aceites, enseñándole a buscar en su interior lo que no encontraba fuera. Él, con sus cuidados, hizo que pudiera superar una cardiopatía que la dejó paralítica durante años. Y, por supuesto, él acabó aceptando que entrara en su primer convento, entregando como dote unas tierras en… ¿adivinan? Sí, Gotarrendura.
Sabe que no habría salido con vida de todas aquellas encrucijadas sin él… pero ahora, tantos años después, Teresa se acuerda de su padre por un motivo bien distinto que más tiene que ver con el manuscrito que ha extraído del estante que con los favores paternales.
Sus genes comerciantes habían desarrollado en ella una notable habilidad financiera que habría de utilizar por fin en beneficio de su fe. Guarda el escrito de su padre. Ahora coge el papiro recibido unas cuantas horas antes proveniente del Perú. Lo firma su hermano.
Tiene que volver a leerlo para poder creerlo: su pariente ha decidido enviarle una cuantiosa cantidad de dinero desde la tierra de la plata, tal y como ella le había pedido. Teresa, que mantendrá correspondencia durante toda su vida con eminencias como el mismísimo rey de reyes, don Felipe II, escribe la carta más feliz de su vida agradeciéndole a su hermano la ayuda prestada.
Cuando termina, devuelve la vista al cúmulo de libros que adorna la estancia. Ha llegado el momento de tomar esa decisión que, si todo sale como planea, le arruinará la vida.
Pocos meses después, cansada del libre albedrío al que se ha lanzado la orden del Monte Carmelo, Teresa fundará el primero de una red de conventos que vertebrará la reforma de los Carmelitas Descalzos, encargada de acabar con el viejo orden y, a su vez, de convertir la vida de la fundadora en una persecución constante.
Entre otras cosas, la nueva mentalidad es condescendiente con los conversos (por ti, abuelo). Lejos de atemorizarla, esta nueva singladura le entusiasma («He cometido el peor de los pecados, quise ser feliz»).
– El ascenso de una rockstar

Teresa espera, junto al pequeño patio del convento de San José, la llegada de su ilustre invitado.
Ha tenido tiempo suficiente para dejar el puchero a punto pero ahora siente los dolores ocasionados por esa enfermedad congénita que le acompañará siempre.
No obstante, el gozo que le produce la llegada de aquel hombre aplasta cualquier síntoma nocivo.
Exactamente un minuto después de tomar la decisión de reformar la orden carmelita, Teresa explota en todos los sentidos. Lo primero que aflora en ella es un extraordinario monstruo literario.
Las copias de su primera obra, Camino de perfección, escrita para ser leída a las monjas del convento como si de un juego se tratara, se multiplican a lo largo y ancho de Castilla.
Los lectores, lejos de ver en la obra un simple tratado de ascética, se percatan de que el autor de aquella obra exhibe un estilo nunca antes visto: es capaz de convertir el mensaje en actitud. Para colmo, el genio es una mujer.
No podemos olvidar que se trata de una época donde a la mujer apenas se le deja pensar, con un patriarcado asfixiante. De pronto, por los mentideros más eruditos, la voz de alarma corre como la espuma: alguien está poniendo la religión y la literatura de la península patas arriba. No puede tratarse de una mujer.
Más tarde, el éxito inicial de Camino de perfección se dispara con la aparición de otras obras maestras como Las moradas o la versión teresiana del «Cantar de los cantares». Especial repercusión tiene el primero. Las Moradas, también llamado Castillo interior, se convierte en una obra maestra del simbolismo, una metáfora en sí misma que hace temblar el trono alegórico de Dante.
Es tan tremendo el éxito de la obra, que incluso el mayor intelectual de la época, Fray Luis de León, lo convertiría en su libro de cabecera (como decíamos ayer, quizás imitar el estilo de la santa fuera el motivo por el que más tarde tendría, como ella, problemas con la autoridad).
El segundo aspecto que detona el anonimato de Teresa es el interés social que despierta su nombre allí donde es pronunciado. Son numerosas las visitas que recibe al día, y pronto se desvela la admiración que su obra religiosa y su obra literaria despiertan en maestros como el ya citado Fray Luis, el padre Gracián, Francisco de Borja (más Borgias no, por favor) o Pedro de Alcántara.
Pero todos los nombres se retiran de su cabeza al verle entrar por el patio del convento. Es él, tan hermoso como siempre.
Fray Juan de la Cruz se emociona al volver a verla. Hay una conexión extraña entre ellos. Ella lo admira por su origen extremadamente humilde, por su paisanaje, por su gusto por la poesía y por su manera de entender el espíritu. Ambos se sientan para conversar, visiblemente nerviosos. Pero ella lo tiene perfectamente estudiado.
Dirigirá la conversación hacia los versos de Garcilaso, una pasión que ambos comparten. A partir de ahí, que la tertulia se propague por donde pueda.
Juan también admira a su anfitriona, especialmente, por su personalidad… pero también por su belleza. Y es que Teresa siempre fue una mujer muy hermosa. Llegó a afirmar: «En mi juventud me dirigían tres clases de cumplidos: decían que era inteligente, que era una santa y que era hermosa. En cuanto a hermosa, a la vista está; en cuanto a discreta, nunca me tuve por boba; en cuanto a santa, solo Dios sabe».
Célebres fueron también sus contestaciones a los piropos recibidos, todas ellas pícaras e ingeniosas. Maximiliano Herráiz nos recuerda dos. La primera cuenta cómo un albañil que participaba en la construcción de uno de sus conventos le vociferó: «¡Qué lástima, una mujer tan guapa y que sea monja!».
Ella, sin dejar de admirar la obra, replicó: «A ti te da igual porque nunca me hubiera casado contigo». La segunda ocurre durante la compra de unos terrenos para la Orden en Valladolid. Teresa escucha como el notario susurra: «Por un beso de esta mujer me daría por bien pagado». Ella se acerca: «Béseme». El notario obedece: «Nunca una escritura me ha resultado tan barata».
No ha terminado la reunión y Juan de Yepes ya se ha dejado subyugar por la personalidad arrolladora de aquella mujer. Su plan de retirarse con los cartujos a El Paular se esfuma con cada palabra que paladea. Para entonces, Teresa ya se ha metido en el bolsillo al mejor aliado posible.
Con el apoyo del futuro San Juan de la Cruz, Teresa funda diecisiete conventos, completa su obra en prosa y se adorna con una corta pero intensa colección de poesía. Para entonces, sus frases ya se utilizan como refranes populares en todos los hogares españoles. Los conventos por los que difunde su palabra recogen sus enseñanzas, guardan copias de sus libros y dejan claro que «Teresa estuvo aquí», como si de una estrella del rock se tratara.
Años atrás dudaba de su integridad como persona, desconociendo si aquel avanzado y particular sentir era obra de Dios o del Diablo. Pero aquellas dudas han dejado paso a un éxito casi sin precedentes. Intenta no caer en la cuenta de que se ha convertido en el referente espiritual e intelectual del país mientras se refugia, como siempre, en los restos de esa biblioteca que nunca le abandona.

– El ocaso de un mito
Alba de Tormes. 1582. Después de una cruenta persecución, Teresa agoniza al amparo del duque más importante del reino. Ha sido engañada, vilipendiada, perseguida y masacrada. Apenas siente parte alguna de su cuerpo, ese que será troceado y repartido tras su muerte, generando una devoción tal que hasta el dictador Franco utilizará una de sus manos como amuleto hasta el mismo día de su muerte.
Ya no tiene un libro a su alcance («lee y conducirás, no leas y serás conducido») y nada de lo quede por llegar será esperado.
Ni siquiera recuerda cómo fue denunciada a la Inquisición, una de las veces por la célebre princesa de Éboli (con quien, por cierto, se llevaba a matar). El tribunal llegó a juzgarla pero nunca se atrevió a proceder con su encarcelamiento. Sí se atrevió a examinar su biblioteca (otra vez su biblioteca) para requisar algunos libros.
«Cuando se quitaron muchos libros de romance, yo lo sentí mucho», dijo al respecto. Poco después le obligarían a reescribir su obra. Ella obedeció, pero guardando las copias originales que, por suerte, todavía se conservan cinco siglos más tarde.
Tampoco recuerda cómo los carmelitas calzados, los jesuitas y toda clase de nobles intentaron paralizar su reforma, obstaculizando las obras y encareciendo los terrenos. Durante una de las fundaciones, Teresa y sus siete acompañantes, todas ellas monjas, son apedreadas.
Los receptores de la obra teresiana son conminados a quemar las copias recibidas, bajo pena de persecución eclesiástica. Todo vale con tal de hacer que baje de su pedestal. «Son tiempos recios», había dicho en cierta ocasión. Y vaya si lo eran. Intentan que se exilie a América (estuvo muy cerca de hacerlo) para después recluirla en Toledo. Pero nada puede con ella, su nombre traspasa fronteras y en Europa se erige como la mujer que se sobrepuso al machismo reinante («basta ser mujer para caérseme las alas»).
La única maquinación que no soporta es la de su propio cuerpo, que ya desde la niñez se empeñó en no alcanzar la dimensión de su alma. Debido a que su muerte se produce el día que entra en vigor el nuevo calendario gregoriano, Teresa muere la noche del 4 de octubre y es enterrada al día siguiente… 15 de octubre. La estrella se ha apagado.
A pesar de todas las atrocidades que tuvo que aguantar dentro del mundillo eclesiástico, será canonizada cuarenta años más tarde con el nombre de Santa Teresa de Jesús. Debido a su condición de mujer, se responsabilizará de sus infinitos conocimientos únicamente a la gracia divina, olvidando el influjo de esa hermosa biblioteca que tanto necesitó. Solo será nombrada doctora de la Iglesia en 1970, casi cuatrocientos años después de su muerte.
En el mundo de las letras, el reconocimiento es inmediato. Cervantes, Góngora, Quevedo y Lope ensalzan su figura con poemas y obras de teatro memorables. Más tarde, en 1968, es nombrada patrona de los escritores en castellano.
El mundo por fin es consciente de que una mujer fue capaz de cambiar el estilo y el hábito españoles con la única ayuda de la palabra, esa que con tanta maestría utilizó. Ya lo había adelantado ella en una de sus innumerables conversaciones con Dios: «quién tuviere entendimiento… y letras… y nuevas palabras…».
No eran nuevas, Teresa, pero eran las exactas.
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Magnicidio en la catedral: el cura que mató a disparos al primer obispo de Madrid…

La voz de Cádiz(J.M.Villatoro) — El 18 de abril de 1886 , con motivo de la festividad del Domingo de Ramos , Narciso Martínez-Vallejo Izquierdo, primer obispo de Madrid, se disponía a celebrar la liturgia cuando uno de sus pupilos, el cura Galeote, le disparó tres tiros por la espalda a bocajarro.
El asesino, nacido en Vélez-Málaga, esperó a las 10 de la mañana a las puertas de la antigua Catedral de San Isidro donde cogió por sorpresa a su víctima. No le importó que alrededor del obispo se acumularan los fieles que se disponían a presenciar la misa. Tras disparar, Galeote exclamó: «¡Ya estoy vengado!» .
Según los historiadores, Galeote envió varias cartas al obispo exigiendo «justicia» porque no se sentía respetado por el rector de su capilla, el padre Vizcaíno, del Cristo de la Salud. Al no obtener respuesta de estos escritos, el cura malagueño lo recibió como un acto de pasotismo, como si el obispo no atendiera sus preocupaciones. Así, decidió vengarse y matarle .
Al parecer, el Galeote fue educado bajo una premisa de su padre: «el honor como lo más importante en la vida ». De ahí que la venganza fuera la única razón por la que mató a Martínez-Vallejo. Un día antes, el propio asesino llevó las cartas al director del periódico «El Progreso».
Tras el magnicidio, todo el pueblo de Vélez-Málaga pedía su cabeza. Galeote tuvo que ser aislado del pueblo y trasladado a la cárcel Modelo, donde se negó, en un primer momento, a comer y beber, algo que enfurecía más a los ciudadanos. Aunque fue condenado a muerte en el 89 , finalmente le trasladaron al manicomio de Leganés, donde murió años después, en 1922, a la edad de 83 años.
El suceso fue muy seguido por la prensa nacional e internacional, e incluso el escritor Benito Pérez Galdós le dedicó un libro, titulado « El crimen de la calle Fuencarral . El crimen del cura Galeote».
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Descubrimiento arqueológico espeluznante: hallan evidencias de canibalismo infantil de hace más de 6500 años en el medio de España…

El Cronista(efe) — Las primeras evidencias neolíticas de mordeduras sobre huesos humanos de infantes en el levante peninsular han sido halladas en la Cova del Randero, en Pedreguer en Alicante, un canibalismo ritual en el que no hay ningún gesto de violencia y que no se llevó a cabo por motivos de nutrición.
Este descubrimiento de canibalismo no violento de hace 6500 años y que no se llevó a cabo por motivos de nutrición, ya que los que poblaban esta cavidad gozaban de una economía asentada: vivían del pastoreo y del intercambio de carne de animales, ha sido dado a conocer este miércoles en rueda de prensa.
Han intervenido el presidente de la Diputación de Alicante, Toni Pérez; el diputado provincial de Cultura, Juan de Dios Navarro; el conservador de Prehistoria y director del Museo de Bellas Artes de Alicante, Jorge A. Soler, la técnico arqueóloga de la corporación provincial alicantina, Consuelo Roca de Togores, y el alcalde de Pedreguer, Sergi Ferrús.
Las mordeduras se han hallado en fragmentos de huesos de un bebé (perinatal de 40 semanas de gestación) y de un niño de unos 7 años de edad, y se produjeron ya cuando habían muerto (post mortem). En el caso de uno de los infantes, el consumo se llevó a cabo en huesos frescos, inmediatamente después de fallecer.
Por su parte, el jefe de Arqueología del Institut Valencià de Conservació, Restauració i Investigació (IVCR+i), Rafael Martínez Valle, ha resaltado que las mordeduras son «unos indicios ante la evidencia de un consumo humano» y ha reiterado que «no hay gestos de violencia» en este canibalismo ritual, del que se desconoce por el momento su motivo u origen.
– Los individuos consumidos eran bebes y niños
«El hecho de que los individuos consumidos sean infantiles e, incluso, perinatales es un dato del máximo interés, ya que en otros yacimientos no se ha documentado hasta ahora. Entonces, entramos en otra esfera de lo que sería el consumo de unos seres próximos y podemos caer en el riesgo de especular respecto a qué origina esta práctica», ha apuntado Martínez Valle.
El resultado de esta investigación es el fruto de catorce campañas de investigación desarrolladas entre 2007 y 2021 en la Cova del Randero, situada a 170 metros sobre el nivel del mar, integrada por muchas galerías y que se usaban para guardar el ganado, la residencia de sus ocupantes y también como enclave funerario.

Por su parte, Soler ha resaltado que «lo novedoso» del estudio es «la presencia de las dentelladas» y que se da «en un contexto arqueológico muy preciso», si bien los expertos no han encontrado si ambos infantes padecían algún tipo de enfermedad. «Cuando hablamos del canibalismo que puede haber en la Cova del Randero no nos estamos refiriendo al que podría tener los aztecas, por ejemplo, a resultas de violencia u otra causa», ha aclarado.
Mientras, Roca de Togores ha concretado que en esta cavidad se han encontrado más de 3600 restos de fauna, tanto doméstica (sobre todo, huesos de oveja y de cabra) como salvaje. Todos estos vestigios aparecieron con marcas causadas por sílex para desarticular y descarnar la carne para luego comerciar con ella. El resto se arrojaba a una especie de ‘basurero’.
– Los huesos humanos con mordeduras se hallaron en el ‘basurero’
«Lo curioso» ha sido que dentro del ‘basurero’ se localizaron huesos humanos, fragmentos y post mortem. Al estudiar uno de ellos, que era una mandíbula de un infante, se constató que presentaba unas marcas similares a los restos de la fauna depositados, lo que llamó la atención de los expertos, ha revelado Roca de Togores.
Se trataba de marcas para desarticular mandíbula de cráneo, para quitar músculo y arrancar la carne (descarnado) y para extraer la médula (fractura), ha especificado la experta.
Los fragmentos de huesos del infante y del recién nacido en los que figuran mordeduras humanas corresponden, en el primer caso, a una mandíbula y una falange, y, en el segundo, a una costilla, un cúbito y una tibia, han detallado los expertos. El extremo del cúbito del perinatal se halla como deshilachado, lo que significa que había sido masticado hasta el punto de extraer también la médula interna.
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La leyenda de Billy el Niño…

No me asusta morir luchando como un hombre, pero no me gustaría que me ejecuten desarmado, como a un perro. (Billy el Niño, en una carta).
JotDown(E.J.Rodríguez) — Las últimas cuatro palabras que pronunció en su vida las dijo en español, como las ven ustedes escritas: «¿Quién es? ¿Quién es?». Murió cuando tenía solamente veintiún años, pero ya era el forajido más célebre de su tiempo. Por entonces la leyenda había llegado incluso a la vieja Europa.
La prensa hablaba sobre él como un personaje novelesco y le achacaba toda clase de crímenes, incluso varios que no había cometido. Todo lo relacionado con él se había engrandecido; por algún motivo, su figura poseía la capacidad de incendiar la fantasía popular. Aún hoy su nombre, o mejor dicho su universal apodo, es el sinónimo por antonomasia de aventura en el salvaje Oeste.
Su último día de vida, el 14 de julio de 1881, William Bonney, en todo el mundo conocido como Billy el Niño, estaba solamente a unas decenas de kilómetros de la frontera mexicana. Fugitivo de la justicia y con una condena a muerte pendiendo sobre él, no le hubiese resultado difícil escapar hacia el sur para alcanzar la libertad, cabalgando por un territorio que conocía bien y donde tenía muchos amigos. Sin embargo, algo se interpuso en su camino: el amor.
Aun sabiendo que tenía a todas las autoridades de Nuevo Mexico persiguiéndole, Billy decidió no partir en dirección a México. Su fogosidad e inconsciencia juveniles lo arrastraron hacia el lugar donde más fácilmente podrían terminar encontrándole: la casa familiar de los Maxwell, la familia mexicana a la que pertenecía su novia de entonces, Paulita Maxwell.
Pero Billy no sería el único visitante de los Maxwell durante aquella noche de verano. Al sheriff encargado de su captura, Patrick F. Garrett, le había llegado información jugosa.
Sabiendo que el famoso forajido se cobijaba allí, Garrett se presentó silenciosamente sobre la medianoche, acompañado por un par de ayudantes a quienes dejó vigilando en el exterior de la casa mientras él se colaba por la ventana en la habitación de Pete Maxwell, amigo de Billy.
Garrett sorprendió a Maxwell en la penumbra y empezó a interrogarle sobre el paradero del fugitivo más famoso de América. La casualidad quiso que Billy saliera de la habitación de Paulita Maxwell. Hambriento, se dirigió hasta la caseta del exterior en la que la familia conservaba el ciervo que acababan de cazar, para cortarse un filete. Cuando estaba con el cuchillo en la mano, detectó la presencia de dos hombres en torno a la casa.
Regresó dentro, caminando con sigilo hacia el dormitorio de Pete Maxwell para avisarle de la presencia de aquellos extraños. Tras abrir la puerta, comprobó con sorpresa que su amigo Pete no estaba solo en la habitación, pero como la oscuridad no le permitía distinguir el rostro del acompañante, Billy preguntó en español, lengua que dominaba: «¿Quién es? ¿Quién es?».
Por toda respuesta, sonaron dos disparos. Billy cayó al suelo, quedando tendido sobre su espalda. En la oscuridad se escuchó su agónica y burbujeante lucha por respirar. Después se hizo el silencio. Una de las balas le había alcanzado cerca del corazón. Billy el Niño era historia.
Su prematura muerte no hizo sino disparar su fama todavía más, hasta convertirlo en la mayor leyenda del salvaje Oeste.
Algo en torno suyo excitaba la imaginación del público.
Se han rodado decenas de películas sobre su vida, y el número de libros publicados, ya sean novelas o biografías, es incontable en la práctica.
Pero el recuerdo de la persona quedó con frecuencia sepultado bajo una montaña de mitos, imprecisiones y malas interpretaciones.
Durante mucho tiempo las creencias populares sobre Billy el Niño contradecían lo que recordaban los conocidos más cercanos.
La literatura de todo pelaje, el cine y sobre todo la tradición oral fabricaron un molde acorde a los estereotipos del Oeste.
Por ejemplo, muchos pensaban que Billy el Niño había sido un tosco bandido sin apenas educación, como parecía deducirse de la única fotografía suya que existe y de las muchas fábulas que ha inspirado esa imagen, un primitivo ferrotipo que le hicieron cuando trabajaba como cowboy y que debió de costarle unos veinticinco centavos de la época (el equivalente de cinco euros, más o menos).
Muchos pensaban también que Billy había sido un asesino frío y despiadado, idea nacida de la prensa de su época y también de los manipulados recuerdos que el sheriff Pat Garrett plasmó más tarde en un libro. En sentido contrario, las revisiones del material biográfico hicieron que otros terminasen pintando a Billy el Niño casi como a un héroe.
Lo cierto es que fue un delincuente que mató por lo menos a cuatro personas (dos en defensa propia y otras dos durante una fuga carcelaria) y que participó en otros cinco asesinatos durante una guerra entre bandas rivales. Pero es improbable que como dice la leyenda matase a veintiún hombres, uno por cada año de su vida (las cuentas tradicionales bailaban entre quince y veintiséis víctimas). Ahora sabemos que Billy tenía un sistema de valores y que, aunque solamente se arrepintió de uno de sus asesinatos, según la mentalidad de la época casi nunca mató en vano.
No era un ángel, pero tampoco el demonio que pintaba la prensa; un periódico inglés llegó a contar que los testigos de su muerte hablaban de un intenso olor a azufre y la breve aparición sobre su cadáver de una figura con cuernos de bisonte y patas de carnero.
Lo cierto es que, exceptuando las flagrantemente falaces memorias de Pat Garrett, casi ningún testimonio de quienes conocieron en persona a Billy el Niño lo describía como un individuo desagradable, innoble o malvado siquiera. ¿Arrogante? Quizá. Pero fuese héroe o villano, se convirtió en el paradigma de pistolero del Oeste, viviendo siempre al límite, movido a veces por la venganza, a veces por el honor y otras veces por el mero instinto de supervivencia. Hay algo que no admite discusión: su breve vida fue tan intensa que ni siquiera las películas o las novelas han conseguido exagerarla. Pero vayamos al principio.
– El niño de Nueva York
Era siempre cortés, especialmente con las damas. Como su madre, era un entusiasta cantante y bailarín. Tenía una mente alerta y podía salir con un rápido proverbio para cada ocasión. Era buen lector y escribía mejor que la mayoría de los adultos.

La vida de Billy el Niño está bien documentada, excepto los primeros años de su infancia, que son un misterio.
Sabemos que fue un niño normal, pero no existe registro sobre su fecha de nacimiento, así que su verdadera edad será siempre motivo de disputa.
La versión oficialista, defendida por ejemplo en las memorias de Pat Garrett, dice que Billy nació en 1859 y por tanto tenía veintiún años cuando murió.
Lo cual lo convertía en mayor de edad, según la ley de Nuevo México, en el momento en que fue tiroteado por el propio Garrett.
Sin embargo, los testimonios más cercanos a Billy indican más bien que nació en 1860 o 1861, así que debió de tener diecinueve o veinte años cuando abandonó este mundo.
Tampoco existe documento alguno que nos ilustre acerca del lugar donde nació y vivió sus primeros años, aunque la prensa de su época siempre apuntaba a que Billy provenía de un barrio irlandés de Manhattan, por lo que se suele considerar esta opción como la más verosímil. En todo caso, le da un toque inusual a su biografía.
Nueva York era lugar habitual de llegada a América de los inmigrantes irlandeses como su madre, Catherine McCarty. No conocemos la identidad de su padre biológico. La confusión continúa cuando se intenta dictaminar cuál era el verdadero apellido de Billy.
Su madre lo bautizó como William Henry McCarty, pero más tarde el propio Bill se haría llamar William Bonney, seguramente adoptando el apellido de quien pensaba era su padre biológico.
Una confusión más: Billy tenía un hermano menor llamado Joseph —al parecer eran solamente hermanos de madre— aunque durante mucho tiempo se pensó que Joseph era el mayor, porque su certificado de nacimiento, que sí se conservó, tenía su fecha de nacimiento erróneamente apuntada.
Estas confusiones, que aquí resumo en un breve párrafo, han requerido a los historiadores décadas y más décadas de estudios para introducir correcciones o matices. Todo dato sobre el origen de Billy el Niño parece material de una investigación de Agatha Christie.
Por fortuna para el relato su biografía empieza a aclararse a partir de 1868, cuando Catherine y sus hijos se mudaron a Indiana. Allí, la mujer conoció a un aventurero llamado William Antrim, con quien terminaría casándose. De hecho, Billy llevó también el apellido Antrim, de ahí que durante cierta época en sus círculos lo conociesen como «Kid Antrim».
La nueva familia se desplazó a menudo hasta establecerse finalmente en Silver City, Nuevo México. Allí, William Antrim se dedicaba a la prospección de mineral y los juegos de azar, mientras Catherine trabajaba entre otras cosas como lavandera. Por aquel entonces, como decíamos, Billy era un niño perfectamente normal.
Los testimonios más tempranos, procedentes de antiguos compañeros de colegio lo describen como un chiquillo «flaco y algo pequeño para su edad», un niño bien educado que «nunca hacía nada malo, como mucho alguna travesura». Uno de sus profesores recordaría que Billy «no era más problemático que cualquier niño de su edad».
Tenía un carácter alegre y bromista que había heredado de su madre. Como a ella, le gustaba cantar y bailar. Buen alumno en la escuela, colaboraba en diversas tareas extraescolares y era un ávido lector, especialmente de ficción.
En alguna de las cartas que escribió más tarde podemos ver que poseía una caligrafía muy refinada, lo cual se contradice bastante con la idea que circuló durante tanto tiempo describiéndolo como un tosco y asilvestrado muchacho de campo.
En 1874, cuando Billy tenía unos trece o catorce años, se produjo un hecho que cambiaría su tranquila vida para siempre: Catherine McCarty murió a causa de la tuberculosis y William Antrin se desentendió completamente de los dos hermanos ahora huérfanos, que fueron enviados a distintas casas de acogida. Billy fue recibido por una familia que regentaba un hotel, y allí empezó a trabajar como pago por su manutención.
En principio su comportamiento fue bueno, y el dueño de aquel hotel diría más tarde que Billy era el único de sus jóvenes empleados que «nunca había intentado robar».
– El embrión del forajido

La vida tenía poco valor y matar no estaba considerado como un crimen particularmente nefasto. Los hombres endurecidos por el derramamiento de sangre de la guerra civil encontraron difícil romper con el hábito de luchar, así que matar se convirtió en un medio aceptable para resolver disputas. (Warren Beck, New Mexico: A History of Four Centuries, 1962).
Aconseje a sus lectores que nunca se involucren en un homicidio. (Billy el Niño hablándole a un reportero tras una de sus detenciones).
El adolescente Billy era adicto a las dime novels, unas novelas baratas que narraban las aventuras de forajidos del Oeste, reales o imaginarios, y que eran el antecedente de las revistas de pulp fiction. Difícilmente podía imaginar que en apenas cinco o seis años iba a convertirse en protagonista de muchas de aquellas novelas, pero tras quedarse huérfano y desprovisto de supervisión adulta su comportamiento empezó a cambiar. Se mezcló con pandillas juveniles.
Cuando terminaba su trabajo en el hotel era solamente un adolescente que ya no tenía grandes ataduras y que, ansioso de libertad, no tardó en tener conflictos con su familia de acogida, hasta que se marchó para alojarse en una pensión cuyas facturas pagaba ejerciendo toda clase de recados y trabajos.
Apenas había pasado un año desde la muerte de su madre cuando, empobrecido y tratando de sobrevivir en una ciudad de aventureros, Billy empezó a delinquir. Su primer encontronazo con la ley no tardó en llegar: fue detenido por robar un queso, pero el sheriff local simpatizó con aquel quinceañero que parecía un niño y lo dejó ir después de soltarle una reprimenda. Pero poco después fue detenido de nuevo por algo bastante más serio, el robo de una pistola.
De físico enclenque, Billy pensaba que necesitaba un arma para sobrevivir en aquella ciudad de buscavidas. Aquella vez no bastaba una reprimenda, así que dio con sus huesos en un calabozo. Sin embargo, ya entonces empezó a demostrar su habilidad como escapista, trepando por el interior de una chimenea para huir de la oficina del sheriff. Ahora era un fugitivo, si bien uno de poca monta por el que nadie iba a preocuparse demasiado. De momento.
Su carrera delictiva iba a más. Se inició como cuatrero, robando los caballos de los soldados acuartelados en diversas partes de Nuevo México. Aquel era un crimen grave. No desde el punto de vista judicial, ya que la pena por el robo de un caballo podía suponer un par de años de cárcel. Pero más allá de los tribunales, a los cuatreros sorprendidos in fraganti no se los perdonaba y no era raro que fuesen ejecutados mediante un ahorcamiento improvisado, sin esperar la presencia de autoridad alguna.
En el salvaje Oeste, donde había que viajar enormes distancias a través de unos territorios con frecuencia inhóspitos que podían poner a prueba la resistencia de cualquiera, un caballo constituía un seguro de vida. Sin montura, un hombre no podía pretender atravesar aquellas tierras con buenas posibilidades de sobrevivir.
Así que el robo de caballos implicaba que Billy era ahora un delincuente de mayor entidad. Pero su currículum delictivo aún tenía que crecer. Tenía unos dieciséis años cuando se convirtió también en un criminal de sangre, porque fue entonces cuando cometió su primer homicidio.
Ocurrió en Fort Grant, Arizona, donde tras su breve etapa como cuatrero finalmente encontró trabajo como conductor de ganado. Aquel empleo, sin embargo, no hizo que su existencia se tornase más relajada. BIlly no era propenso a los vicios. Rechazaba abiertamente el tabaco.
Casi nunca bebía y cuando probaba el alcohol era en muy poca cantidad. Aquello no era lo suyo. Pero sí le gustaban los juegos de azar y acostumbraba a frecuentar el típico saloon que tantas veces hemos visto en las películas, para apostar. En aquellos círculos la presencia de aquel quinceañero era generalmente bien recibida.
Era un individuo popular. Bien educado y simpático, con un expansivo sentido del humor, difícilmente caía mal a nadie. Especialmente a las chicas; su aspecto aniñado era más refinado de lo acostumbrado en aquellos círculos y su única fotografía, como decimos, fue contestada por quienes lo conocieron en persona y aseguraban que no le hacía justicia.
Billy tenía fama de ser bien parecido, cortés y de trato agradable. Pero eso no lo libró de roces. Como aparentaba muy poca edad y además era bastante enclenque, podía convertirse en objetivo de las burlas de algún que otro individuo con ganas de abusar de alguien más débil.
Fue en el saloon de Fort Grant donde un herrero irlandés llamado Frank Cahill se acostumbró a insultarlo cada vez que lo veía. Un buen día, el habitualmente apacible Billy se cansó y terminó devolviendo los insultos. El rudo Frank Cahill se abalanzó sobre él para pegarle. Craso error. Billy era un endeble chiquillo rubito, pero no iba a dejarse avasallar.
Cahill impuso su superioridad física y lo tiró al suelo, pero tras caer Billy sacó su revólver y sin pensárselo dos veces disparó a su agresor. Cahill, herido de gravedad, murió al día siguiente, convirtiéndose en la primera víctima de Billy el Niño. Los testigos del incidente calificaron el homicidio como «defensa propia», pero las autoridades locales no pensaron lo mismo, así que Billy supo que debía marcharse de Arizona.

La puntería que Billy demostró en aquel lance no era producto de la casualidad. Llevaba tiempo practicando con armas. Le gustaba disparar a objetos y, según contaban sus conocidos, «gastaba diez veces más balas que cualquier otro». Durante mucho tiempo se pensó que era zurdo, porque en su única fotografía aparecía con el revólver colgado en la parte izquierda de la cintura. Hasta que finalmente alguien se fijó en el mecanismo del Winchester que aparecía en la imagen, que estaba al revés.
La fotografía estaba invertida. Billy el Niño era diestro, algo que se descubrió muchas décadas después de su muerte, cuando ya se habían escrito novelas y estrenado películas con el título de El pistolero zurdo. Otra confusión más. En todo caso, se ganó fama de ser un excelente tirador. Era bueno con el revólver, aunque su arma favorita era el rifle Winchester. Lo manejaba tan bien que al parecer era capaz de disparar con un rifle en cada mano, manteniendo un buen índice de puntería tanto con la derecha como con la izquierda.
Tras abandonar Arizona a toda prisa se dirigió a Nuevo México, retornando a Silver City. Allí volvió a las andadas uniéndose a una banda de ladrones de ganado. La mitología posterior insistía en que durante aquel periodo Billy habría pertenecido temporalmente a la banda de otro forajido legendario, Jesse James. En la realidad, sin embargo, esto nunca sucedió.
Algunos historiadores aceptan que ambos llegaran a conocerse en Nuevo México, donde es verdad que estuvieron al mismo tiempo. Parece muy verosímil que Jesse James le hubiese ofrecido unirse a su banda al conocer su prestigio como tirador. Pero Billy declinó la oferta, probablemente considerando que el robo de ganado le daba para vivir y que no necesitaba involucrarse en las peligrosas actividades de Jesse James, que incluían atracos a bancos y asaltos a trenes.
No resulta extraño que BIlly rechazase convertirse en atracador, porque no le concedía demasiada importancia al dinero y se conformaba con tener lo suficiente para salir adelante. Su única preocupación material obsesiva era la compra de munición para practicar con sus armas. Por lo demás, las lucrativas ganancias de un atracador de bancos no le atraían.
– El fútil intento de llevar una vida honrada
Por aquel entonces Billy experimentó de primera mano el daño que podía causar un cuatrero. Mientras cabalgaba por el árido Nuevo México, su caballo fue robado por un grupo de apaches, nación india que llevaba décadas en guerra contra los invasores blancos. Sin caballo, abandonado a su suerte, Billy tuvo que recorrer varias decenas de kilómetros a pie, atravesando un inclemente territorio semidesértico.
Cuando finalmente llegó a una casa habitada, cerca de Fort Stanton, estaba agotado y deshidratado, casi al borde de la muerte. Tuvo que ser cuidado por la familia que habitaba aquella casa durante algún tiempo antes de que se recuperase y pudiese volver a valerse por sí mismo.

Tras reponerse, BIlly se trasladó al condado de Lincoln, el más extenso de Nuevo México, con una superficie algo menor a la de Galicia (Nuevo México tiene 315.000 km², en comparación España tiene 500.000 km²).
Sin embargo, la población del condado era escasa y dispersa. Allí parecía que pretendía abandonar sus escarceos delictivos.
Primero obtuvo un empleo en una fábrica de quesos.
Después se convirtió en cowboy, conduciendo y cuidando vacas o caballos.
Se puso al servicio de uno de los principales ganaderos del condado, John Tunstall, un joven emprendedor británico que había llegado a América decidido a hacer fortuna.
Era financiero y comerciante, dueño de un almacén donde vendía utensilios, municiones y repuestos a los colonos del condado.
En cuanto Tunstall supo por algunos vaqueros de la habilidad de Billy con las armas lo contrató como guarda para vigilar el ganado.
La leyenda dice que Tunstall fue algo así como su única figura paterna, pero esto es poco probable, ya que apenas le sacaba seis o siete años de edad. Aunque sí es cierto que Billy le debió tener en bastante consideración, dado que Tunstall se portó muy bien con él. Por ejemplo le regaló un caballo y un flamante rifle Winchester.
Billy empezó a sentirse como en casa en el condado de Lincoln y desarrolló un fuerte sentimiento de camaradería y hermandad con los otros cowboys que trabajaban para el inglés. Unidos como una piña, aquellos vaqueros se convirtieron en su nueva familia.
Billy también creó fuertes lazos de amistad con los mexicanos de la región. Esto era algo inusual para un anglosajón, incluso teniendo en cuenta que los matrimonios mixtos no constituían una rareza. La mentalidad racista imperante en la zona no cambiaba por ello. Los colonos anglosajones miraban con incomprensión y abierto desprecio a los mexicanos.
Amén de los conflictos territoriales que se habían producido entre Estados Unidos y México, que seguían estando latentes en el recuerdo de todos, eran dos culturas que en aquella región fronteriza no terminaban de encajar. Pero Billy no era como la mayoría de los anglosajones.
Con su carácter extrovertido —y en muchos aspectos naif— hacía caso omiso de estos prejuicios y se llevaba tan bien con los mexicanos que él mismo terminó hablando el español con bastante fluidez, amén de que le gustaba relacionarse con chicas hispanas.
Esto lo convirtió en un visitante bien recibido en las casas de las familias mexicanas de la zona, que a menudo le servirían como refugio y escondite en los turbulentos tiempos que estaban por venir. De aquella época, por cierto, data su única fotografía, en la que lo vemos vestido con las ropas de trabajo de un típico cowboy.
Billy abandonó el apellido Antrim para adoptar el de Bonney. Estaba muy cerca de llevar una vida feliz. Pero los acontecimientos en Lincoln estaban destinados a impedírselo. Por aquel entonces, aquellas regiones a medio civilizar eran caldo de cultivo para la corrupción a todos los niveles, con facciones similares a la mafia que trataban de hacerse con el monopolio de las actividades más lucrativas, frecuentemente en connivencia con las autoridades locales.

El condado de Lincoln no era una excepción. Hasta la llegada de Tunstall, el único almacén comercial de la zona había sido «La Casa», controlada por James Dolan y Lawrence Murphy, dos irlandeses que habían combatido en la guerra civil y que no estaban dispuestos a permitir que otros hombres de negocios intentasen romper su monopolio.
En aquellas tierras, el «sueño americano» estaba solamente al alcance de quienes pudiesen respaldar su iniciativa empresarial con la fuerza. Los tentáculos de la corrupción llegaban lejos: Dolan y Murphy dominaban la región compinchados con el sheriff local, William Brady, quien a su vez pertenecía a una corrupta red conocida como «el Círculo de Santa Fe», un grupo de funcionarios que hacían y deshacían a su antojo sin el menor respeto por la ley que supuestamente defendían.
A esa red pertenecían individuos como el fiscal de distrito William Rynerson, que asesinó de un disparo al Jefe de Justicia de Nuevo México y que, sorprendentemente, salió de rositas cuando un tribunal tan corrupto como él dictaminó que el homicidio se había producido en defensa propia, pese a que los testigos afirmaban lo contrario.
En el Círculo de Santa Fe había también jueces e incluso estaba pringado el propio gobernador de Nuevo México, Samuel B. Axtell, que combinaba sin problemas delincuencia y política.
Como se ve, en Nuevo México —y todavía menos en un territorio tan asilvestrado como el condado de Lincoln— existían pocas garantías legales para un emprendedor.
Cuando John Tunstall construyó su propio almacén y empezó a atraer a la clientela que hasta entonces había acudido invariablemente a comprar a La Casa, los caciques locales Dolan y Murphy empezaron a tener pérdidas y decidieron que Tunstall no podía seguir con vida. Con la dudosa excusa de una disputa sobre ganado y con la ayuda del corrupto sheriff, organizaron una expedición para capturarle.
El 18 de febrero de 1878, John Tunstall y varios de sus empleados, incluido Billy, atravesaban un camino para trasladar varios caballos de un rancho a otro. Iban formando una dispersa fila en la que Billy era el drag rider, esto es, el jinete que va en último lugar y se encarga de vigilar que ningún otro sufra algún otro tipo de problema.
Fue precisamente Billy quien avisó de la presencia de una banda de jinetes formada por el sheriff, sus ayudantes y varios pistoleros al servicio de La Casa. Tunstall y sus hombres se dispersaron, huyendo en varias direcciones. Billy no volvió a ver a su jefe con vida.
Tres ayudantes del sheriff alcanzaron al inglés y, según su versión, tuvieron que disparar cuando Tunstall se resistió violentamente al arresto. Nadie se creyó la historia. Como era habitual por entonces, manipularon la escena del crimen y dispararon la pistola de Tunstall después de que este hubiese muerto para simular que se había resistido. Lógicamente contaron con todo el respaldo de su sheriff y otras autoridades.
La Casa había eliminado a su principal competidor, pero varios de los cowboys empleados por Tunstall se negaron a que Dolan y Murphy se salieran con la suya. Como en una película de Clint Eastwood, Billy y varios de sus compañeros juraron venganza, decididos a eliminar a quienes habían asesinado a su querido jefe. Era la «guerra del condado de Lincoln», en la que Billy el Niño iba a cimentar su impresionante leyenda.

La muerte de John Tunstall fue un punto de inflexión en el destino del joven Billy Bonney. Trabajando en su rancho había encontrado un hogar. Sus compañeros cowboys eran lo más parecido a una familia que había podido encontrar desde la muerte de su madre.
Tunstall pagó con su vida la osadía de intentar establecer sus negocios en un territorio, el condado de Lincoln, donde imperaba la ley del más fuerte. Los dueños de «La Casa», que hasta entonces había sido el único comercio de la zona, controlaban el territorio en complicidad con el sheriff y la mayor parte de las autoridades locales, y no podían tolerar esa competencia.
La muerte de Tunstall colocó a Billy ante una difícil encrucijada. Podía marcharse para intentar encontrar empleo en otro territorio, empezando otra vez de cero. A fin de cuentas era joven, sociable, con una formación aceptable y un manejo virtuoso de las armas, habilidad muy valorada para los puestos de cowboy y vigilante de ganado.
La otra opción era quedarse en el condado para enfrentarse a los caciques locales, vengando el asesinato de Tunstall y tratando de mantener vivos sus negocios. Este segundo camino, el de la revancha, era el que muchos de sus compañeros querían tomar. Y Billy, que por entonces tenía unos dieciocho años, tomó la determinación de permanecer junto a ellos, bien por ansias de venganza, bien por su fuerte sentimiento de pertenencia.
De no quedarse en Lincoln hubiese llegado a cumplir los veintidós años, pero nunca hubiésemos escuchado hablar de él, ni hubiese protagonizado películas y novelas. En Lincoln habría de encontrar la muerte física y la inmortalidad histórica y literaria.
Los empleados de Tunstall que decidieron quedarse en Lincoln sabían que esa era la opción más temeraria, que la situación iba a degenerar en una guerra de bandas, pero no se condujeron de manera irreflexiva. Al contrario, calcularon muy bien los pasos a seguir en su ajuste de cuentas. Entre ellos se contaban algunos hombres experimentados que sopesaron muy bien las consecuencias negativas de una venganza en caliente.
Entendieron que si salían a cabalgar por las buenas para abatir a tiros a sus enemigos se convertirían ipso facto en criminales perseguidos por la ley, por lo que pronto tendrían encima a medio New Mexico. Además, recibieron la influencia ponderadora de Alexander McSween, el otro comerciante que intentaba abrirse camino frente al sistema local de poderes y que, escandalizado por la muerte de Tunstall, estaba de acuerdo en que había que castigar a los culpables.
Sin embargo, McSween era un hombre civilizado que abominaba la violencia y declaró que únicamente ofrecería su colaboración si se trataba de hacer justicia conforme a lo estipulado por la ley. Ese fue el acuerdo por el que McSween y sus cowboys se convirtieron en un importante apoyo para los antiguos empleados de Tunstall.

Así se conformó un grupo compuesto por hombres de Tunstall y de McSween, cuyo objetivo era capturar a los culpables de la muerte del comerciante inglés.
Acudieron al juez de paz de Lincoln, uno de los pocos funcionarios locales que no estaban comprados por La Casa, y expusieron su caso.
Solicitaban un permiso especial para detener a su lista de acusados. Aquella era una petición delicada, ya que entre los nombres de la lista se contaban algunos ayudantes del sheriff, pero no podía considerarse extraña.
De hecho, dado que la escasez de agentes de la ley en los territorios fronterizos era crónica, conceder una licencia temporal a ciudadanos comunes para que actuasen como alguaciles en la resolución de determinados asuntos era una práctica no solamente habitual sino perfectamente ajustada al código de derecho estadounidense.
Muchos criminales eran detenidos no por agentes de la ley profesionales, sino por partidas de ciudadanos autorizadas para ello.
El juez de paz de Lincoln, después de escuchar la narración de los hechos —hechos que sin duda ya conocía por otras fuentes— eligió a dos de los hombres más sensatos del grupo de peticionarios, Dick Brewer y Atanasio Martínez, y los nombró alguaciles jefe, responsables de conducir las detenciones.
De manera espontánea eligieron al primero como cabeza del grupo y después adoptaron una denominación para la ocasión; desde ese momento se harían llamar los Reguladores. Ese sería el nombre con el que pasarían a la historia.
Como es lógico, la licencia temporal concedida por el juez implicaba ciertas condiciones que los recién bautizados Reguladores debían cumplir a rajatabla. Convertidos en una improvisada policía ciudadana, se comprometían a hacer todo lo posible para que las detenciones se produjeran sin derramamiento de sangre.
Si los acusados eran atrapados, debían retornar vivos a Lincoln para ser juzgados con garantías (aunque, todo sea dicho, el que hubiese o no verdaderas garantías judiciales en aquel territorio era asunto dudoso). Es posible que el juez de paz no fuese completamente consciente por entonces, pero incluso con toda aquella parafernalia legal, el asunto tenía pinta de llevar dentro de sí el germen de una guerra de bandas.
También parece poco probable que alguien como McSween no entendiera que un brote de violencia resultaba inminente, pero sin duda el asesinato de Tunstall lo había convencido de que trataba con enemigos muy peligrosos y que debía poner de su parte para defenderse. Decidió confiar en que los Reguladores actuarían con una mesura acorde a la responsabilidad legal que ahora asumían como alguaciles. Se equivocó.
– De justicieros a forajidos
El nombramiento de aquella partida cuasi policial tomó por sorpresa a los propietarios de La Casa, los caciques locales Lawrence Murphy y James Dolan, quienes, por descontado, no recibieron la noticia con particular alegría. Varios de sus empleados estaban en la lista de sospechosos de los Reguladores y eso resultaba muy inquietante, sobre todo porque suponía una amenaza para la preponderancia de sus negocios. ¿Acaso no utilizarían los Reguladores su licencia legal para intentar desembarazarse de La Casa?
Tampoco el sheriff Brady se sintió muy feliz sabiendo que algunos de sus propios ayudantes figuraban en aquella lista. Pero, ¿qué podían hacer al respecto? Si aquella panda de cowboys tenía el beneplácito del juez para ir por ahí deteniendo gente, el asunto sobrepasaba la competencia de la Casa y sus ad latere. Aun así, Brady probó suerte y lanzó su dado.
Antes de que los Reguladores abandonasen Lincoln para cumplir su misión, detuvo a Atanasio Martínez, metiéndolo en una celda sin motivo alguno. La carencia de un pretexto legal medianamente verosímil era tan palmaria —y recordemos, el juez de paz estaba supervisando el asunto— que finalmente accedió a dejarlo en libertad transcurridas unas pocas horas. Brady se dio cuenta de que iba a necesitar la intervención de instancias superiores.
El juez de paz se había convertido en un obstáculo que ni él, ni Murphy, ni Dolan podrían sortear por sí mismos. Iban a necesitar la ayuda de sus contactos políticos en Santa Fe. Entretanto, los Reguladores montaron en sus caballos y cabalgaron por el territorio buscando a los cinco primero nombres de su lista, los considerados autores materiales del asesinato de Tunstall. No tuvieron que cabalgar mucho.
Localizaron a tres de ellos acampados cerca de un río; en cuanto reconocieron a los jinetes que iban en su busca huyeron, lo que dio lugar a una secuencia propia del mejor largometraje del Oeste, pues durante varios kilómetros fueron perseguidos a tiros hasta ser finalmente acorralados en un recodo sin escape.
Dick Brewer, líder de los Reguladores, les habló desde la distancia, haciéndoles notar que no tenían escapatoria y consiguiendo que se entregasen sin oponer resistencia bajo la promesa de llevarlos vivos hasta Lincoln.
Promesa que no llegaría a cumplirse. Aunque existen varias versiones de lo que sucedió durante el camino de regreso, a grandes rasgos todas coinciden en su desenlace. Se sabe que pese a la intención inicial de los quienes comandaban el grupo, que querían honrar la palabra dada y cumplir el mandato del juez, se produjo un conflicto interno entre los partidarios de respetar la ley y los partidarios de ejecutar una venganza inmediata.
Se impuso la voluntad de los segundos, al parecer con violencia de por medio cuando uno de los Reguladores —William McCloskey, que mantenía amistad con los detenidos y trató de defenderlos— fue tiroteado por uno de sus propios compañeros. Después, los tres detenidos fueron acribillados a balazos.
Varios días después los Reguladores volvieron a presentarse ante el juez de paz no con tres prisioneros, sino con tres cadáveres agujereados de forma macabra; se dice que cada prisionero había recibido once balas, una por cada uno de los Reguladores presentes, lo cual era la manera de asegurar que todos ellos se responsabilizarían por igual de los homicidios.
Huelga decid que necesitaban intentar justificar aquellas muertes ante el juez, así que afirmaron haber disparado en defensa propia al resistirse con violencia los detenidos, resistencia de la que presentaron como prueba el cadáver de McCloskey. El relato podía parecer inverosímil, pero fue dado como bueno.
A fin de cuentas era exactamente la misma mentira que tanto el sheriff como los pistoleros de La Casa habían argüido para justificar la muerte de Tunstall. Tal vez el juez de paz creyó el relato de los Reguladores. O quizá estaba harto de la corrupción imperante en el condado, por lo que tampoco cabe descartar la posibilidad de que en su ánimo pesara la idea de que un poco de manga ancha era lo que se necesitaba para contrarrestar el poder de la estructura mafiosa de La Casa.
En cuanto a los dos siguientes nombres de su lista, los Reguladores no tuvieron que molestarse en capturarlos. Ambos hombres sufrieron un casual giro del karma aquel mismo día: sorprendidos intentando robar ganado en una reserva india, fueron tiroteados por los vigilantes. Uno de los dos ladrones murió y el otro, herido de gravedad, fue encarcelado y puesto bajo cuidado médico con vistas a llevarlo ante un juez si conseguía sobrevivir.

La campaña de vendettas había empezado bien para los Reguladores.
Tras cometer tres homicidios (o cuatro, si les atribuimos también el de McCloskey) y habían salido indemnes.
Otros dos de sus objetivos habían caído en la reserva india, lo cual ayudaría a completar su lista con mayor rapidez.
Pero era cuestión de tiempo que los enemigos de los Reguladores recurriesen a su artillería.
Las noticias sobre aquella actividad alguacilesca no tardaron en llegar hasta Santa Fe, y las autoridades estatales, que siempre habían protegido a La Casa, también se dieron cuenta de que el poder de sus socios Dolan y Murphy podría derrumbarse rápidamente si no hacían algo al respecto.
El gobernador del estado, Samuel B. Axtell, era bien conocido por sus corruptos manejos y sus oscuras amistades, entre las que se encontraban los caciques de Lincoln, e hizo honor a esa fama con una jugada digna de Maquiavelo.
Como buen tahúr político que era, se sacó de la manga un as, anunciando que el nombramiento del juez de paz de Lincoln se había producido de manera irregular (con justificaciones tan peregrinas como podamos imaginar), por lo cual quedaba inhabilitado de inmediato por orden gubernativa.
Y ya de paso, cualquier potestad que hubiese concedido a los Reguladores para actuar en nombre de la ley quedaba revocada de manera automática. Esto era una muy mala noticia para Billy el Niño y sus compañeros. De continuar con sus acciones, que ya no contaban con el paraguas de una licencia judicial, se convertirían en criminales perseguidos por la ley.
Aquello volvía a situarlos en una difícil disyuntiva. Si bajaban la cabeza y renunciaban a continuar buscando los nombres que había anotados en su lista, nunca podrían vengarse y mucho menos reactivar los negocios del difunto Tunstall. Tendrían que emigrar. Pero si decidían continuar, todo el aparato policial y legal del condado, e incluso del estado, se echaría sobre ellos.
Una vez más, optaron por la venganza. Era demasiado tarde para echarse atrás. No iban a detenerse ahora. Si tenían que enfrentarse a la ley, lo harían. Si tenían que pelear, pelearían. Teniendo enfrente incluso al propio gobernador, aquello tenía visos de convertirse en una misión suicida, pero los Reguladores habían tomado, por segunda vez, una decisión irrevocable.
– Estalla la guerra de Lincoln
Bien sabían que estaban a punto de convertirse en forajidos, así que se dijeron que ya no tenía mucho sentido andarse con remilgos. Ahora ejecutarían su venganza por las buenas, sin necesidad de ningún simulacro de protocolo legal. De todos modos iban a ser perseguidos en cuanto hiciesen el siguiente movimiento.
Así pues, decidieron apuntar alto e ir a por quien de verdad era uno de sus principales objetivos, al que probablemente no hubiesen podido detener con respaldo legal, pero al que sí podían matar: el sheriff Brady.
Bill Brady era fácil de localizar, desde luego. Era el sheriff, así que, salvo emergencia, estaba siempre en la localidad de Lincoln. Lo único que los Reguladores necesitaban era apostarse y esperar a verlo pasar por la calle. Seis de ellos, incluido Billy el Niño, se ocultaron en la antigua tienda de Tunstall, que ahora permanecía cerrada al público.
En la parte trasera había una especie de corral que daba al exterior, y allí unos vigilaban la calle ocultándose tras el muro del patio mientras otros hacían tiempo dándole de comer al perro del difunto comerciante británico. Transcurrió el tiempo. Finalmente lo vieron acercándose al almacén acompañado por algunos de sus ayudantes.
Por sorpresa, desde detrás del muro y casi al modo de francotiradores, los Reguladores abrieron fuego sobre Brady, que fue abatido con más de una docena de disparos en el cuerpo, muriendo al instante. Uno de sus ayudantes quedaba tendido en el suelo —malherido, tampoco lograría sobrevivir, falleciendo a las pocas horas— mientras los demás corrían a esconderse.

Los testigos afirmaron después que la mayor parte de los aciertos fueron obra de Billy el Niño, que demostró tener la misma puntería en mitad de la acción que cuando practicaba disparándole a latas y botellas.
Pese a no ejercer todavía una posición de liderazgo, el nombre de Billy empezó a adquirir resonancia en la región, ya que se lo acusaría formalmente del asesinato de Brady, lo cual lo convertía en un buscado fugitivo.
Por cierto, también hubo heridos entre los Reguladores cuando dos de ellos corrieron hacia el cadáver del sheriff para recuperar su arma, poniéndose así en la línea de tiro de uno de los ayudantes, quien, asomándose desde su improvisado escondite, los sorprendió con un único disparo de rifle que atravesó el cuerpo de un Regulador, entrando la bala por un lado del abdomen, saliendo por el otro e impactando también en su compañero.
Cumplida la tarea de eliminar a Brady, los Reguladores recogieron a sus dos heridos y se marcharon de Lincoln para evitar una represalia.
Ahora que también estaban en alerta las autoridades de Santa Fe, nunca podían estar seguros de cuántos hombres iban a dedicarse a perseguirlos.
En todo caso, el asesinato de Brady enseñó a todos los poderes del condado —y del estado— que los Reguladores no estaban dispuestos a parar hasta conseguir tachar todos los nombres que tenían en su lista, ni siquiera cuando eso significaba que ahora serían unos proscritos.
La actitud de los Reguladores, en su contexto, tenía cierto sentido. Si pretendían continuar con los negocios del difunto Tunstall tenían que inhabilitar el poder de La Casa y sus secuaces. Y la violencia era la única forma de abrirse camino en un territorio tan salvaje como aquel, donde el futuro de un nuevo negocio dependía de cuánto y cómo de bien se era capaz de disparar, no de lo hábilmente que se manejase una empresa.
Esto era frecuente en territorios de la frontera, donde unos trataban de desplazar a otros por la fuerza. Así pues, decididos a hacerse con el control del condado, los Reguladores cabalgaron hacia el sur durante tres días, hasta estacionar en Blazer’s Mills, un aserradero en torno al cual había emergido una pequeña aldea formada por un puñado de viviendas y almacenes construidos con adobe, al estilo mexicano.
Es decir, un paisaje no muy distinto al que usted podrá imaginar si trata de situar la acción de un tiroteo propio del cine western. Se detuvieron allí para descansar y coordinar sus acciones venideras, pero una jugarreta del destino propició que aquella dispersa conjunción de casas se convirtiese en escenario de un insólito enfrentamiento que iba a parecer más propio de las novelas baratas de aquellos mismos años que de la propia realidad.
Los Reguladores estaban a punto de sufrir un inconcebible revés, derrotados por un único hombre.
Otro de los nombres que figuraba en la lista de los Reguladores era el de Buckshot Rogers, un empleado de La Casa, experimentado ranchero y cazador, que era además un magnífico tirador. Sabiendo el golpe que Rogers estaba a punto de asestar a los Reguladores, resulta paradójico pensar que había sido uno de los menos dispuestos a enfrentarse a ellos.
De hecho, días antes, en cuanto supo que los empleados de Tunstall se habían convertido en una especie de policía y entendió que irían a por él, pensó que la mejor decisión que podía adoptar era la de hacer el equipaje. Puso en venta su granja con urgencia, y aunque encontró un comprador, este necesitaba algunos días para tener preparado un cheque bancario, trámite que un territorio como aquel no podía ejecutarse al momento.
Así pues, Rogers se vio obligado a esperar por su cheque, suponemos que con muy pocas ganas de cruzarse con alguno de los hombres de Tunstall. Pero el destino no estaba de su lado y quiso que se citase con su comprador… en Blazer’s Mills.
Desconociendo que los Reguladores habían elegido precisamente ese lugar para reponerse, el mundo debió de caérsele a los pies cuando llegó con la idea de recoger su dinero y en cambio se encontró a una docena de sus enemigos sentados en torno a una mesa de la cantina local.
Ni siquiera habían tenido que ir a buscarle; él se había tomado la amable molestia de aparecer ante ellos. Desalentado, sabiendo que no tenía escapatoria —y que le habían visto— Buckshot Rogers se sentó en los escalones delanteros de una casa, con su rifle en las manos y sabe Dios qué cosas pasando por su mente.
Entretanto, en la cantina, los Reguladores discutieron cómo actuar. Rogers estaba solo. A alguno de ellos debió de parecerle excesivo atacarlo por las buenas sin darle ocasión a rendirse. Al menos eso debió de pensar Frank Coe, uno de los empleados de Alexander McSween, que se ofreció para intentar convencerlo de que se entregase sin resistencia.

Los demás decidieron esperar para comprobar si tenía éxito.
Coe salió de la cantina, fue hacia Rogers y se sentó junto a él en el escalón, iniciando una tranquila pero siniestra conversación cuyas palabras exactas no conocemos pero que suponemos hubiese encajado bien en una película de Sam Peckimpah.
Sí sabemos que Coe trató de razonar señalando lo obvio: Rogers estaba completamente solo ante una docena de pistoleros y la opción más sensata era la de entregarse.
Pero Rogers, silencioso y taciturno, se comportaba como si estuviese ya mentalizándose para lo peor.
Pensaba que era el objetivo de una venganza y que si se rendía sin luchar lo matarían igualmente. Coe insistió hasta entender que no tenía nada que hacer. Rogers no quería rendirse.
La conversación terminó justo cuando el resto de Reguladores, considerando que ya habían esperado lo suficiente, empezaron a salir de la cantina con paso rápido y armas en ristre. Si la presa no se doblegaba, ellos la cazarían.
En cuanto Buckshot Rogers los vio aparecer, alzó su propio rifle y empezó a disparar. Los Reguladores respondieron. Rogers había hecho las maletas, pero no era un cobarde, y cuando se vio obligado a luchar demostró que tenía los nervios de acero. Incluso en apabullante inferioridad numérica y con las balas de varios tiradores silbando a su alrededor, fue capaz de defenderse con frialdad, demostrando que su puntería de avezado cazador era aterradoramente precisa.
Uno tras otro, cuatro Reguladores fueron cayendo al suelo heridos, hasta que el resto entendió que lo mejor era protegerse de la endiablada precisión de Rogers detrás de algún objeto o esquina. Debieron de sentirse muy confusos. Habían sido apenas unos instantes —al contrario de lo que muestran las películas, aquellos legendarios intercambios de disparos al descubierto nunca duraban mucho— pero habían bastado para que todos hubiesen tenido que detener su avance por causa de un único hombre.
Cuatro de ellos permanecían en tierra heridos. Rogers había frenado a los Reguladores, aunque no pudo evitar ser diana a su vez. Pese a la numantina determinación que demostró durante aquella apoteósica exhibición de resistencia en solitario, estaba en el blanco de demasiados tiradores y con demasiadas balas volando en su dirección como para que la mera lógica no impusiera su sentencia. Fue herido de gravedad y, como pudo, retrocedió hacia la puerta de la casa, entrando en ella.
Ni sabiéndose malherido evidenciaba intención alguna de rendirse.

Los Reguladores estaban estupefactos. Buckshot Rogers se había defendido como una fiera y aun retrocediendo con balas en su cuerpo había sido capaz de abatir a varios de ellos. Aquel individuo era el más fiero luchador con el que se habían encontrado desde que comenzasen su campaña de represalias.
Tan impresionados estaban que el ánimo vengador resultó ahogado por el instinto de supervivencia. Empezaron a ocuparse de rescatar a sus compañeros heridos, sin saber muy bien qué más hacer. Podían rodear la casa, sí, pero, ¿quién en su sano juicio iba a acercarse hasta el escondite de Rogers, que parecía capaz de acertar a una mosca en pleno vuelo? El líder de los Reguladores, Dick Brewer, estaba exasperado.
Pero no le parecía buena idea pedir a sus compañeros que se jugasen el pellejo acercándose al edificio y, como capitán ejemplar, decidió hacerlo él mismo. A hurtadillas fue aproximándose a la casa, hasta llegar a una pila de troncos que había cerca de la entrada. Se parapetó tras ella. Rogers no había disparado. Eso demostraba que no estaba vigilando desde dentro, y que quizá no estaba en condiciones de defenderse. Con precaución, Brewer asomó la cabeza y echó un breve vistazo. Vio a Rogers tumbado boca abajo sobre un colchón, sangrando abundantemente.
Aquella era la ocasión perfecta para acabar con él. Pero Brewer no quiso exponerse demasiado y cuando disparó varias veces hacia el interior de la casa lo hizo a bocajarro, sin apuntar con demasiada precisión. Debió de creer, grueso error, que la cantidad de tiros bastaría por sí sola para hacer blanco. Cuando asomó la cabeza por tercera vez para comprobar si había dado en la diana, sonó un disparo.
Uno de sus ojos fue reventado por una bala. Dick Brewer, líder de los Reguladores, ya era cadáver cuando cayó al suelo. Rogers, tendido en el colchón, aún había tenido fuerzas para defenderse. Había visto volutas de humo revoloteando sobre la pila de troncos y así supo dónde se ocultaba el tirador. Había alzado su rifle, esperando astutamente a que Brewer volviese a asomar la cabeza.
El resto de los Reguladores se sintieron todavía más conmocionados. Un único hombre les había plantado cara con la terrible eficacia de todo un pelotón, y como desgraciado desenlace acababan de perder a su cabecilla. Desmoralizados, decidieron que Rogers era un objetivo inatacable. Subieron a sus monturas y se marcharon para lamerse las heridas en otra parte.
El destino de Buckshot Rogers, empero, no tenía mejor color. El hombre que había ido a Blazer’s Mills para recoger un cheque y que a cambio había protagonizado la proeza de hacer retroceder a toda una banda de pistoleros, continuó desangrándose sin que nadie pudiese hacer nada por ayudarlo. Murió al día siguiente.
– La esperanza después de la derrota
Los Reguladores ya no sabían si estaban huyendo o si todavía eran ellos quienes perseguían a otros. En la realidad, ambas cosas eran ciertas. Ahora eran fugitivos, pero la guerra no se iba a detener por sí sola, así que estaban obligados a continuar luchando. Cabalgando de nuevo hacia el norte, llegaron a Fort Sumner, una antigua instalación militar que los soldados estadounidenses habían abandonado tiempo atrás y que ahora estaba habitada por familias mexicanas.
Allí decidieron que Frank McNab sería su nuevo jefe. Era la opción más natural, porque McNab había estado ejerciendo de primer lugarteniente para el difunto Dick Brewer. Por lo demás, Fort Sumner era el sitio perfecto donde descansar, reponerse de las heridas e incluso divertirse, ya que entre los atractivos del lugar estaba el ambiente festivo de los mexicanos y la presencia de chicas jóvenes.
Allí permanecieron durante dos meses. Billy el Niño estaba como en su casa. Gracias a su carácter amigable, su facilidad para relacionarse con los mexicanos y su dominio del español, se integró a la perfección. Pero, al igual que sus compañeros, sabía que no podía quedarse allí para siempre.
Con el paso del tiempo, los Reguladores fueron abandonando el fuerte —para visitar a sus familias, para resolver sus asuntos económicos, etc.—, dividiéndose en grupos según el destino que tomase cada cual.

Las cosas no estaban menos agitadas en el otro bando. Se había nombrado un sustituto del difunto Brady, John Copeland, que como nuevo sheriff tendría la difícil papeleta de intentar pacificar un condado sumido en el más completo caos.
Nombró su segundo a George W. Peppin, que también había sido ayudante de Brady y había presenciado su muerte.
Pero Copeland cometió el error de mostrarse comprensivo con la causa de los Reguladores.
Debió de pensar que tenían su parte de razón o que no eran menos implacables que sus competidores, pero como fuese, su posición salomónica resultaba inaceptable para La Casa.
El jefe de la policía local debía trabajar para ellos, o de lo contrario debía renunciar al puesto. Copeland vio cómo conspiraba contra él incluso Peppin, su ayudante, que se sumó a la presión de La Casa para forzarlo a dimitir casi sin haber tenido tiempo de ocupar su silla.
Finalmente fue apartado del puesto. Peppin tomó su lugar. Era el tercer sheriff que Lincoln tuvo durante aquel turbulento periodo, pero como veremos no sería el último (ni el penúltimo).
Peppin no se molestó en disimular a quién entregaba su lealtad, ya que desde el principio actuó como comandante de campo de la facción de La Casa e incluso nombró como ayudante a uno de los sospechosos del asesinato de Tunstall. George Peppin era como una nueva versión de Brady y su política era exactamente la misma que la de aquel: cazar a los Reguladores a cualquier precio.
Organizó rápidamente un grupo de pistoleros recurriendo tanto a empleados de La Casa como a bandas aliadas, los «Guerreros de Seven Riders» o la banda de Jesse Evans. Este último era quizá el personaje más temido de todo el territorio y la sola mención de su nombre bastaba para hacer palidecer a muchos.
Cumplida la treintena, Evans era mestizo y su ascendencia cherokee se dejaba notar de manera evidente en su aspecto físico. Había trabajado de cowboy y también acumulaba un amplio historial delictivo como ladrón y cuatrero. Tenía varios homicidios a sus espaldas e incluso había sido procesado por asesinato, aunque había quedado absuelto de manera poco comprensible, ya que casi nadie dudaba de su culpabilidad.
Es muy probable que aquella absolución se debiese, como tantas otras decisiones judiciales extrañas de New Mexico, a la influencia de la corrupta cúpula del estado, con la que Evans tenía contacto.
La cacería no tardó en empezar. Una partida conjunta formada por los hombres de Jesse Evans y los Guerreros de Seven Rivers localizó a tres Reguladores en un rancho. Allí estaban el nuevo líder de los Reguladores, Frank McNab, Frank Coe y un tercero llamado Ab Saunders. No tuvieron demasiadas oportunidades.
Aunque trataban de esconderse, fueron acorralados y sobre ellos cayó una lluvia de balas. McNab murió en el acto —los Reguladores volvían a quedarse sin líder— y Saunders fue herido de gravedad. Frank Coe salió ileso, pero fue hecho prisionero y encerrado en una celda, aunque pocos días después escapó, al parecer con la colaboración directa de un ayudante del sheriff (no está claro si con ayuda de sobornos o sencillamente por amistad).
Esto supuso otro duro golpe para los Reguladores, aunque no quedó sin represalia, porque al día siguiente cuatro miembros de los Guerreros de Seven Rivers fueron tiroteados hasta la muerte, suponemos que después de haber sido tomados por sorpresa. Aunque nunca se llegó a saber quién lo había hecho, algunos lo atribuyeron a Billy el Niño, cuyo papel en la muerte de Brady era ya un hecho bien conocido.
Las tornas habían cambiado. Los Reguladores habían pasado de perseguidores a perseguidos. Tiroteo tras tiroteo su número había ido decreciendo. Varios de los que todavía quedaban con vida, entre ellos Billy el Niño, acudieron al único aliado que todavía tenían: el comerciante Alexander McSween. Se refugiaron en su casa, pero aquello pronto probó ser una mala idea.
Los pistoleros del cacique James Dolan rodearon con rapidez la vivienda, en la que quedaron atrapados McSween, su mujer y los Reguladores supervivientes. La guerra entre bandas había tomado un cariz alarmante, como prueba el que hiciese acto de aparición nada menos que un escuadrón de la caballería con el encargo de procurar que los Reguladores que se ocultaban en casa de Mcsween fuesen detenidos sin derramamientos de sangre innecesarios.
Aquello era la señal de que en Santa Fe empezaban a encontrar intolerable la situación de desorden en Lincoln, entre otras cosas porque la prensa de la ciudad estaba dándole una enorme repercusión y el público de la capital del estado, claro, se preguntaba para qué demonios servían unos gobernantes que no eran capaces de detener aquella sangría.
El asedio a la casa de McSween duró cinco días. Cabe imaginar la desesperación de quienes estaban dentro. Los sitiadores únicamente dejaron salir a la esposa del comerciante, la única mujer presente, pero los demás no parecían tener escapatoria. El propio McSween se mostraba completamente hundido; no era un hombre de acción, no sabía cómo asimilar la situación.
Su angustia empezó a resultar contagiosa y varios de los Reguladores terminaron también con los nervios a flor de piel al cabo de varios interminables días de encierro en aquella ratonera. Pero fue en aquellas circunstancias tan adversas, ya sin la presencia de algún jefe natural, cuando Billy el Niño empezó a demostrar, pese a su juventud, una enorme fuerza de carácter.

Mientras los demás flaqueaban, aquel chaval casi imberbe empezó a trazar un plan de huida que, si bien difícil, captó la atención de sus compañeros. Se agarraron a la idea de Billy como a un clavo ardiendo. Y la idea no era mala, o al menos era la única que en aquella situación ofrecía la posibilidad de que algunos de ellos, por lo menos, sobreviviesen. Billy planeó que durante la noche se dividiesen en dos grupos.
Uno, liderado por él, saldría por una ventana y a base de abrir fuego sobre el cerco trataría de correr hasta el almacén de Tunstall, que estaba bastante cerca, para atravesarlo y escapar hacia el exterior del pueblo.
El otro grupo —donde estarían McSween y los menos combativos— aprovecharía la confusión reinante en el lado opuesto de la casa para salir en dirección a un río próximo, y desde ahí aprovechar las horas nocturnas para alejarse de Lincoln. El entusiasmo de Billy empezó a contrarrestar el pesimismo reinante. El chaval era inteligente. Quizá su plan funcionase.
Fuese buena idea o no, tampoco tuvieron demasiado tiempo para discutirla. Durante la quinta noche de asedio no les quedó más remedio que ponerla en práctica cuando sus acosadores prendieron fuego a la casa para obligarlos a salir. Y salieron. Precipitadamente, pero siguiendo el plan de Billy.
Con una temeridad que sorprendió incluso a sus enemigos, Billy y algunos de sus compañeros salieron por una ventana disparando a bocajarro y haciendo a su vez frente a un aluvión de balas. El pequeño grupo corrió hacia el almacén de Tunstall, pero cuando estaban a punto de llegar se dieron cuenta de que también allí había tiradores esperando.
Se dieron vuelta y corrieron hacia el río, donde se encontraron con el otro grupo de fugitivos, que también había abandonado la casa bajo un chaparrón de disparos (el elemento de distracción no funcionó porque no había parte de la casa que no estuviese vigilada).
Allí pudieron hacer recuento de las bajas. Habían perdido a cuatro hombres (en el bando opuesto se había producido una única baja) y el propio Alexander McSween había muerto, con lo que se habían quedado sin su único aliado.
Los escasos Reguladores que consiguieron escapar aquella noche ya no podían ser considerados una facción capaz de continuar plantando cara a unos enemigos más numerosos que además contaban con apoyo de la ley y el propio ejército. La guerra de Lincoln había terminado. Los Reguladores habían perdido.
Y Billy el Niño era ahora un fugitivo bajo el que pesaba una acusación por el asesinato de un sheriff. Vagando a pie por aquel duro territorio, en mitad del inclemente verano de New Mexico, veía cómo su vida terminaba de desmoronarse, mientras, por el contrario, su nombre empezaba a resonar más allá de los límites del condado.
Ya no tendría descanso en los meses que le quedaban de vida. Pudo comprobarlo cuando desde Santa Fe llegó la gran noticia: con tal de pacificar el territorio, se concedía una aministía penal a todos los involucrados en la guerra de bandas que abandonasen de inmediato la violencia.
El joven William Bonney debió de sentir un duro golpe cuando supo que la amnistía se aplicaba a todos… excepto a él. Matar a un sheriff era algo ante lo que el estado no estaba dispuesto a hacer la vista gorda. Y veremos que, pese a todo, estuvo a punto de conseguir un perdón.
O eso creyó él. Porque, entretanto, la leyenda estaba atrayéndolo hacía sí como un remolino en el agua atrae al náufrago, y Billy el Niño se ahogaría en ella.

Billy no era una mala persona. Es decir, no asesinaba gratuitamente. La mayoría de quienes mató se lo merecían. Por descontado, no puedo defender sus robos de caballos y ganado, pero cuando consideras que le obligaron a llevar esa vida de forajido mediante los esfuerzos para asegurar su arresto y procesamiento, es difícil culpar al pobre chico por lo que hizo.
Una cosa es cierta: Billy era tan valiente como lo pintan, y sabía defenderse. Le cargaron prácticamente todos los asesinatos que se produjeron en Lincoln County durante aquellos días, pero fue simplemente porque su nombre se había convertido en sinónimo de atrevimiento e intrepidez. Cuando el sheriff William Brady fue asesinado, todos condenamos el hecho.
No porque a muchos de nosotros nos gustase el sheriff, sino por la manera en que sucedió. Como es natural, el asesinato de un representante de la justicia volvió a muchos de nuestros amigos en nuestra contra e hizo mucho daño a nuestro bando de cara a la opinión pública. (Susan McSweeen, viuda de Alexander McSween).
Debió de haber tenido buena madera dentro de él, ya que siempre se convertía en un experto de cualquier cosa que intentase hacer. Cuando era duro, era tan duro como cualquier hombre lo pueda llegar a ser. Demasiado duro en ocasiones, pero por entonces todo era duro en este condado. (John Meadows, amigo de Billy).
En 1878, el prestigio de Nuevo México ante el resto de la nación estaba por los suelos. El estado se había ganado justa fama de constituir el feudo de unas instituciones políticas y judiciales sumidas en un cenagal de corrupción. Y como ya narramos en episodios anteriores, la más extensa de sus comarcas había terminado inmersa en una completa anarquía, para preocupación de las altas instancias.
Los sangrientos enfrentamientos entre pistoleros del condado de Lincoln habían estado ocupando las portadas de los periódicos, produciendo la sensación generalizada de que las autoridades estatales habían perdido el control de aquel territorio. Es interesante comprobar cuán lejos resonaban los escándalos que se producían en Nuevo México, porque eso ayuda a entender la enorme relevancia internacional que terminaría adquiriendo una figura como la de Billy el Niño.
Aunque Nuevo México era un estado fronterizo en el que abundaban los parajes con baja densidad de población organizados como un simulacro de civilización, lo que allí sucedía tenía mucha repercusión en el exterior. Por ejemplo, para los habitantes de la costa este del país, las noticias sobre lejanos tiroteos en el Far West constituían un morboso entretenimiento.
Habían transcurrido más de dos décadas desde el final de la guerra civil americana, pero en la frontera parecía no disiparse nunca el olor a pólvora. Incluso en Europa se extendía la fascinación por aquella frontera donde merodeaban los forajidos, donde la ley era poco más que un molesto ruido de fondo al que rara vez se prestaba atención.
Podríamos casi decir que Nuevo México representaba en 1878 algo similar a lo que Chicago sería en 1930: un violento anfiteatro en donde ganaban fama criminales y justicieros y, por ende, un inagotable crisol de grandes historias.

Los propios habitantes de Nuevo México no eran demasiado felices contemplando el caos en Lincoln.
La capìtal del estado —Santa Fe, que era una de las ciudades más antiguas del país— contaba con un sector periodístico muy activo, cuyas informaciones sobre corrupción y un constante silbido de balas estaban atrayendo la atención nacional.
Bien pudo comprobarlo Samuel B. Axtell, gobernador y protector de los caciques de Lincoln, que había hartado a diversos sectores de la sociedad por culpa de su personalidad obtusa y dictatorial, de sus contactos mafiosos y, cómo no, de su total incapacidad para pacificar el avispero en que se había convertido el condado de Lincoln.
Los periódicos de Santa Fe hicieron del gobernador Axtell el blanco de sus iras, destapando muchas de las corruptelas en las que andaba mezclado, y la onda expansiva del escándalo no tardó en llegar incluso a la Casa Blanca.
El presidente estadounidense Rutherford B. Hayes —aunque pertenecía también al Partido Republicano, como Axtell— difícilmente podía tolerar un foco semejante de inestabilidad y barahúnda en el país, así que ordenó a su secretario de Interior que dirigiese una investigación sobre el gobernador de Nuevo México.
El secretario Carl Schurz se aplicó a ello con determinación germánica: era un inmigrante alemán, de pasado revolucionario, que tras haberse naturalizado estadounidense ocupó importantes puestos en el Senado o incluso fue embajador estadounidense en España (se dice que convenció a nuestro Gobierno para que no apoyase la causa confederada durante la guerra civil).
La investigación de Schurz fue rápida y eficaz. Tanto, que Samuel B. Axtell se vio forzado a abandonar su puesto. Se designó a un nuevo gobernador, el general Lew Wallace, sobre quien recayó la difícil tarea de intentar pacificar Lincoln, aunque hoy es internacionalmente famoso por haber sido el autor de la novela Ben-Hur: A Tale of the Christ, que estaba escribiendo justo durante aquellos días y cuya adaptación cinematográfica fue una de las películas más laureadas de todos los tiempos.
Wallace entendió al instante que el hecho de que la guerra entre bandas en Lincoln se considerase finalizada no significaba que la paz estuviese garantizada. Los Reguladores habían perdido el conflicto, sí, y sus escasos miembros supervivientes, aislados, deambulaban por el territorio escondiéndose donde podían y sabiéndose perseguidos por agentes de la ley, pistoleros a sueldo de sus enemigos e incluso militares.
Pero el gobernador suponía, y con razón, que aquella situación desesperada hacía de los Reguladores hombres peligrosos y que en cuanto se sintiesen acorralados responderían con violencia. Lo último que deseaba el nuevo gobernador era ver más noticias de muertes en las páginas de los periódicos, así que tomó una medida atrevida, para muchos discutible, pero que en la teoría prometía ser eficaz: proclamó una amnistía para los involucrados en la guerra de Lincoln.
Quienes abandonasen definitivamente la violencia no serían perseguidos por actos que hubiesen podido cometer durante el conflicto, excepto en aquellos casos donde se hubiese iniciado ya una causa penal antes de promulgarse dicha amnistía. Lo cual, en esencia, significaba que el perdón resultaba inaplicable para Billy el Niño, que ya tenía una acusación judicial en marcha por el asesinato del sheriff William Brady.

– La tregua que duró unas horas
Billy llevaba varios meses deambulando junto a lo poco que quedaba de los Reguladores, tratando de que sus perseguidores no le diesen caza. Era aquella una existencia agotadora y angustiosa. Habían huido de Lincoln a pie, en pleno julio, durante lo peor de verano de Nuevo México.
Después consiguieron hacerse con varios caballos con los que seguir su camino, pero aunque recibían la ocasional ayuda de los habitantes de la región, se vieron obligados a continuar robando caballos para venderlos y poder así sobrevivir. Billy, a su pesar, estaba de nuevo viviendo como un forajido.
Ejerciendo como cuatrero no podía esperar una existencia sin incidentes. Volvieron a verse envueltos en un tiroteo cuando tuvieron la mala idea de intentar robar caballos en la agencia india de la región.
Las agencias indias eran oficinas gubernamentales que, al menos sobre el papel, se encargaban de resolver los problemas de abastecimiento de las poblaciones indígenas confinadas en reservas. En realidad eran como almacenes de suministros frecuentemente utilizados por funcionarios corruptos para hacer negocio con los víveres y herramientas supuestamente destinadas a los indios, y se convertían en objetivo habitual de los ladrones y cuatreros.
Billy y sus compañeros, pues, intentaron llevarse monturas a hurtadillas de la agencia, pero fueron sorprendidos por sus empleados, que empezaron a disparar sobre ellos. Anastasio Martínez, uno de los Reguladores, disparó en represalia, matando a un empleado llamado Morris Bernstein. A continuación emprendieron la huida.
Aquel incidente constituyó la muestra perfecta de un fenómeno imparable: la creciente fama, o infamia, de Billy el Niño. Las habladurías empezaron a señalarlo como autor de la muerte de Bernstein, pese a que Martínez se reconocía autor material del asesinato y siempre aseguró que Billy ni siquiera había desenfundado sus armas durante el robo frustrado a la agencia india.
Pero eso poco importaba a quienes preferían hacer circular la noticia de que el Billy, por entonces todavía conocido como Kid Antrim, se había cobrado una nueva víctima. La resonancia que estaba adquiriendo su nombre podía explicarse en parte porque era considerado autor directo de la muerte de todo un sheriff.
Además, su excelente puntería era conocida en la región desde tiempo atrás y se había convertido en un tema habitual de conversación durante la guerra de bandas. Eso proyectaba hacia el exterior la imagen de que Billy, el virtuoso de las armas, era uno de los más sanguinarios forajidos de Nuevo México pese a haber sido un segundón durante casi toda la guerra de Lincoln, con menos asesinatos a sus espaldas que otros criminales de la región.
Billy tenía motivos para sentirse preocupado por aquella creciente fama, que para él significaba una mayor probabilidad de ser capturado, juzgado y ejecutado. El cansancio mental producido por la presión de una huida constante le hizo considerar idea de regresar a Lincoln y firmar una tregua con sus perseguidores, propuesta que algunos defendían como la mejor manera de conseguir que el condado volviese a la normalidad.
Lo cierto es que eran muchos los que anhelaban la paz. La guerra entre la Casa y los Reguladores había terminado, pero eso no había supuesto la pacificación del territorio.
El asesinato del sheriff Brady, especialmente, produjo la impresión de que la ley —por muy imperfecta o corrupta que hubiese sido bajo su jefatura— ya no imperaba en Lincoln, lo cual atrajo a criminales oportunistas de territorios colindantes que si bien no participaron directamente en la guerra de bandas, sí aprovecharon el revuelo para campar a sus anchas en busca de botín. Los peores de entre estos oportunistas fueron unos bandidos que se hacían llamar The Rustlers.
Si ustedes han visto la película Hasta que llegó su hora de Sergio Leone, recordarán sin duda aquella siniestra banda de asesinos ataviados con abrigos que comandaba un terrible personaje encarnado por Henry Fonda. Pues bien, los Rustlers eran algo muy parecido. Iban de granja de granja robando cuanto encontraban y acallando toda oposición a base de balazos.

No tenían escrúpulos, no sentían piedad. Les gustaba ejercer la crueldad sin motivo y cometieron varias violaciones, además del asesinato innecesario y gratuito de un par de muchachos indefensos que eran apenas unos niños. Según cuenta la leyenda, ellos mismos se presentaban ante sus víctimas diciendo que eran «demonios venidos del infierno», y desde luego llevaron el infierno a las pobres familias campesinas que tuvieron la mala fortuna de estar en mitad de su camino.
Cabe imaginar el terror que imperaba en el territorio y el agudo interés de casi todos por terminar cuanto antes con toda aquella violencia. Esto explica lo receptivos que se mostraron los enemigos de Billy cuando supieron que el chico, después de más de medio año huyendo sin cesar, efectivamente se había propuesto regresar voluntariamente para firmar una tregua con el cacique local John Dolan y la banda del temible Jesse Evans.
La reunión entre los Reguladores y sus antiguos enemigos se produjo la tarde del 18 de febrero de 1879. Llegaron al acuerdo de que no volverían a atacarse, quedando aparcadas las venganzas y represalias. Quedó estipulado que si algún miembro de las respectivas bandas rompía el trato, los demás lo perseguirían hasta matarlo.
Al terminar la reunión todos los implicados parecían dispuestos a continuar con sus vidas con normalidad, excepto Billy, quien, visiblemente serio, le daba vueltas a su negro porvenir. El acuerdo le evitaba ser objeto de una vendetta, pero no solucionaba sus problemas con la ley.
En un lugar como Lincoln, sin embargo, la paz no podía alcanzarse tan fácilmente. Apenas trascurrieron unas horas hasta producirse el siguiente asesinato.
Aquella misma noche, los miembros de las distintas bandas se dedicaban a celebrar el acuerdo emborrachándose, pero había una persona que no estaba dispuesta a olvidar lo sucedido y para la que una tregua entre pistoleros no significaba nada: Susan McSween, la viuda del comerciante que varios meses antes había sido abatido a tiros por los hombres de Jesse Evans.
La mujer intentaba llevar ante un tribunal a los responsables del asesinato de su esposo, y estaba preparando el caso con ayuda del abogado Huston Chapman. Lo cual, como resulta fácil suponer, no era muy bien recibido por la banda de Evans.
Cuando, ya ebrios, los hombres de Evans vieron pasar caminando a la viuda acompañada del abogado, empezaron a acosarlos con insultos y amenazas. Billy, según testimonios de los presentes, contemplaba la escena desde el otro lado de la calle con visible expresión de disgusto.
De repente, para asombro de muchos, alguno de los pistoleros sacó su arma y abatió a tiros a Huston Chapman, que murió al instante. La jornada en que se había firmado una la paz terminaba con la sangrienta certeza de que las cosas en Lincoln no iban a ir a mejor.
– Engañado por el poder
Porque el poder, ya lo sabes, es inquieto, y siempre tiene las alas despegadas para poder levantar el vuelo. (Ben-Hur. A Tale of the Christ, Lew Wallace, 1880).
Aquel nuevo asesinato era más de lo que el nuevo gobernador de Nuevo México estaba dispuesto a tolerar. Primero un sheriff, después un comerciante inocente, luego un abogado igualmente inocente… a sumar a los granjeros que habían sido aniquilados por los Rustler y los pistoleros que habían muerto en tiroteos varios.
Lew Wallace, con ímpetu propio de militar, abandonó su despacho y se desplazó al condado de Lincoln para investigar de primera mano el asesinato de Chapman. Él, personalmente, se encargó de efectuar los interrogatorios. Fue así como supo que Billy había sido testigo del crimen. Dado que el chaval estaba bajo acusación de asesinato y era un fuera de la ley, Wallace decretó una recompensa de mil dólares para quien lo capturase con vida.
Al saber que Wallace estaba en la región y lo buscaba como testigo, Billy entendió que quizá podía testificar a cambio de que se le hiciese extensiva la amnistía gubernamental. Aun sabiendo que una declaración como testigo lo volvería a poner en la diana de Dolan y Evans, también podía liberarlo de una muy probable condena a muerte.
Decidió ponerse en contacto con Wallace, con una carta que le envió por medio de terceros. Esta misiva, que fue escrita de su puño y letra, desmiente la imagen de bruto iletrado que muchas leyendas posteriores se empeñaron en componer:
A Su Excelencia el Gobernador, General Lew Wallace:
Estimado Señor, he sabido que usted ofrece mil dólares por mi captura, lo cual según entiendo significa que me busca vivo como testigo en contra de aquellos que asesinaron al Sr. Chapman. Si fuera así, yo podría aparecer en el tribunal y ofrecer la información deseada, pero existen acusaciones contra mí por cosas que ocurrieron en la reciente guerra de Lincoln y temo entregarme, dado que mis enemigos me matarían.
El día en que el Sr. Chapman fue asesinado yo había ido a Lincoln, por petición de algunos buenos ciudadanos, donde me encontré con J. J. Dolan. Como amigos, para poder así dejar de lado las armas y regresar al trabajo. Yo estaba presente cuando el Sr. Chapman fue asesinado y si no fuese por las acusaciones en mi contra, lo hubiese dejado en claro antes. Si está en poder de usted la anulación de esas acusaciones, espero que lo haga para darme la ocasión de explicarme.
Por favor, envíeme una respuesta diciendo que está en su mano hacerlo. Puede enviarla mediante un portador. No tengo más ganas de luchar, en absoluto, y no he levantado un arma desde su proclamación [como nuevo Gobernador]. En cuanto a mi carácter, le refiero a cualquiera de los ciudadanos [de Lincoln], ya que la mayoría de ellos son mis amigos y me han ayudado todo lo que han podido. Me llaman Kid Antrim, pero Antrim es el apellido de mi padrastro.
Esperando una respuesta, quedo como su obediente servidor, W.H. Bonney.

Es la carta, correcta y algo cándida, de un joven de unos dieciocho o diecinueve años que sabe que después de una detención le espera una posible pena de muerte. Con todo, describía la realidad.
Casi toda la población del condado de Lincoln tenía una buena imagen de Billy, algo que como ya dijimos en partes anteriores está bien documentado.
Ciertamente había asesinado al sheriff, y este era un crimen muy grave, pero era solamente la estrella que había lucido su víctima la que había mantenido a Billy fuera de la amnistía, porque otros hombres habían derramado tanta o más sangre que él y habían quedado sin cargo alguno.
Además, también era cierto que Billy era uno de los más dispuestos a abandonar la violencia y que llevaba varios meses resistiéndose a desenfundar fácilmente.
Wallace respondió afirmativamente a la oferta con otra carta, en la que decía: «Poseo autoridad para eximirte de tus cargos si das testimonio de lo que afirmas saber».
Un trato estaba en marcha. Ambos se citaron en una tienda de Lincoln.
En una conversación cara a cara, Wallace reiteró la promesa de perdonar los cargos de Billy si este le daba información.
Y Billy le contó todo cuanto sabía no solamente sobre el asesinato de Chapman sino también sobre la actividad y las casas francas de algunas bandas criminales locales, como los mencionados Rustlers.
Con ese gesto convertía en sus enemigos a casi todos los delincuentes del condado, pero lo que Billy deseaba era comenzar de nuevo.
Se escenificó una falsa detención —en realidad, claro, se estaba entregando— y Billy fue llevado a Santa Fe, donde testificó ante un juez señalando a los culpables de la muerte de Chapman. Después lo volvieron a llevar a Lincoln, donde permaneció recluso a la espera de la finalización del juicio y el prometido perdón.
Estaba en un almacén vigilado por guardias que debían evitar que escapase, pero también que otros entrasen a matarlo en represalia por su reciente declaración. Sin embargo, el juicio pronto puso de manifiesto que la justicia en Nuevo México continuaba plagada por la corrupción.
El juez y el fiscal del caso pertenecían al Círculo, la trama político-judicial que protegía a los caciques de Lincoln. Para asombro de Billy (y de casi todos en el territorio), se absolvió a varios de los acusados del asesinato de Chapman, pese a los testimonios de testigos oculares. A otros se les aplicó la amnistía de Wallace pese a que ahora se los estaba juzgando por hechos acaecidos con posterioridad a la proclamación de la misma. Billy el Niño, como se puede bien suponer, estaba escandalizado.
Pero todavía hubo más. El fiscal, ignorando la promesa hecha por el gobernador, arrancó el proceso penal contra Billy, bajo la acusación de haber matado al sheriff William Brady. El fiscal llegó a mover hilos para que Billy no fuese juzgado en Lincoln, donde residía, donde habían tenido lugar los hechos de los que era acusado y donde todos le conocían y tenían buena opinión de él.
Se consiguió que el caso fuese trasladado al tribunal del condado de Doña Ana, controlado por el corrupto Círculo. Desde su encierro en un almacén de Lincoln, Billy vio atónito y desesperanzado cómo Wallace ignoraba todo el asunto, olvidando la promesa y abandonándole a su suerte, más interesado al parecer en retornar a la redacción de su novela Ben-Hur.
Poca gente en el condado de Lincoln entendió aquello. Todos sabían que Billy había matado, pero no era ni de lejos el único o el peor homicida del lugar. Primero había quedado fuera de la amnistía general. Ahora había testificado a cambio de nada, sabiendo que se convertía en objetivo de los peores criminales de la región, mientras el gobernador Wallace se lavaba las manos.
La secuencia de acontecimientos debió de parecerles escandalosa incluso a los guardias que mantenían a Billy cautivo, ya que abrieron las puertas del almacén donde llevaba semanas preso y sencillamente le dejaron que escapase. Una vez más, Billy el Niño se daba a la fuga.
– Forajido una vez más
Se dirigió a Fort Sumner, donde todavía tenía un círculo de amigos que incluía a dos de los antiguos Reguladores y también a John Chisum.
El nombre de Billy ya corría de boca en boca, pero excepto sus amigos casi nadie conocía su aspecto físico, así que le resultaba fácil pasar desapercibido. Sin un empleo formal, retornó a la vida que había llevado antes de trabajar para el difunto John Tunstall. Se integró en una banda que practicaba el robo de ganado; eso y el juego volvieron a convertirse en su medio de vida.
Pero su celebridad, por más que pocos estuviesen familiarizados con su rostro, estaba convirtiéndose en un serio problema. En enero de 1880, mientras estaba tomando algo en el saloon de Fort Sumner junto a sus amigos, un individuo llamado Joe Grant comenzó a bravuconear en voz alta, diciendo que dispararía a Billy el Niño en cuanto se encontrase con él.
Lo decía, claro, sin saber que estaba en el mismo local, a pocos pasos de él. Billy entendió que en cualquier momento alguien podría revelarle su identidad a Grant, pero no reaccionó con precipitación, sino con frialdad. Pese a su juventud, estaba ya muy fogueado. Se lo podía considerar un veterano en cuanto a tiroteos y situaciones extremas.
Así que, sin perder la calma, se interesó por el revólver de Grant y le pidió echarle un vistazo. Grant se lo prestó. Por entonces era costumbre dejar un hueco vacío en el cargador, lo cual funcionaba como seguro en caso de que el gatillo se accionase por accidente (los tiradores accionaban el percutor una vez para dejar pasar el hueco vacío del cargador, y a continuación efectuaban el disparo propiamente dicho).
Sabiendo esto, Billy giró disimuladamente el tambor para asegurarse de que si Grant accionaba el percutor y después intentaba disparar, no hubiese bala. Le devolvió el arma y se dispuso a salir del local. En aquel momento alguien le dijo a Grant que acababa de hablar con el mismísimo Billy el Niño.
Grant trató de disparar al muchacho —según algunos testimonios, por la espalda— pero la treta de Billy funcionó. Al activar el percutor, Grant dejó pasar una bala. Cuando apretó el gatillo, no hubo disparo. En cuanto Billy escuchó el característico clic del gatillo, se dio la vuelta y disparó antes de que Grant se recuperase del asombro y volviese a probar suerte. Con su característica precisión, acertó a la primera. Joe Grant cayó muerto al instante, con una bala en el rostro.
Así supo Billy el Niño que su existencia iba a ser incluso más difícil que antes. Acababa de comprobar que individuos que no le conocían personalmente y con los que no había tenido nada que ver parecían tener ganas de darle caza. Para colmo, la muerte de Grant —aunque fuese en defensa propia— era la gota que colmaba el vaso de su infamia.
La prensa empezó a retratar a Billy el Niño con colores cada vez más sórdidos, achacándole casi cualquier acto delictivo grave que se cometiese en el condado de Lincoln. Sus numerosos enemigos ayudaron a exagerar todo lo negativo que se decía de él. Casi no había robo o acto violento en la región que los periodistas no asociasen con su nombre, pese a que por aquellos lares no escaseaban los criminales.
Billy se sentía sobrepasado por la situación. Ahora ya ni siquiera se lo consideraba un forajido cualquiera. Ahora era el villano de Nuevo México por antonomasia. Ni siquiera el gobernador Lew Wallace, que tenía plena constancia de la buena disposición de Billy para una reinserción, iba a mover un dedo por disipar la creciente leyenda negra del Niño.
Lo más razonable hubiese sido marcharse a otro estado donde, pese a que su nombre fuese cada vez más célebre a nivel nacional, no hubiese gente que pudiera delatarle. Pero Billy, que todavía no había cumplido los veinte años, se sentía atado al territorio y decidió permanecer en el condado, donde tenía a sus amigos, a las chicas con las que salía, y el único entorno estable que había conocido desde que había perdido a su familia.
Aunque ya dijimos que los testimonios de gente cercana lo pintaban como un muchacho inteligente, por no decir brillante, resulta fácil suponer que carecía de la madurez necesaria como para entender la necesidad de iniciar una nueva vida en otra parte.
Un nuevo comienzo que hubiese sido muy posible: los periódicos de entonces apenas imprimían imágenes y la única fotografía suya cuya existencia nos consta no era de dominio público, así que Billy no hubiese tenido grandes problemas para fabricarse otra identidad, como demuestra el hecho de que justo durante su estancia en Fort Sumner engañase a un agente del censo, inventándose datos biográficos sin despertar sospecha alguna.
Pero Billy no se marchó. Y a sus cada vez más numerosos problemas iba a sumarse otro aún peor. Por aquel entonces llegaba al condado un hombre que acababa de recibir el nombramiento como nuevo sheriff de Lincoln y que no se parecía a ninguno de los agentes de la ley que hubiese podido conocer en su corta vida. Iba a ser la encarnación de la némesis definitiva de Billy el Niño. ¿Su nombre? Patrick Floyd Garrett.

No os culpo por escribir las cosas que habéis escrito. Os tuvisteis que creer esas historias, aunque de todas maneras ya no sé si alguien se lo creería si decís algo bueno sobre mí. (Billy el Niño, a un reportero tras su captura).
A Patrick Floyd Garrett se lo podría describir como un tipo duro. Tenía treinta años cuando fue elegido nuevo sheriff del condado de Lincoln. No era ajeno a las duras condiciones de la vida en la frontera, cuyas vicisitudes había experimentado en primera persona.
Se había ganado la vida como cowboy, como cazador de búfalos y también como jugador de cartas. Fueron su carácter rocoso y su buena fama como tirador las características que le ayudaron a hacerse con ese delicado puesto justo cuando el condado estaba sumido en el caos. Pero era un hombre que inspiraba respeto.
Las varias fotografías suyas que se conservan nos lo muestran como un individuo de gesto severo; además medía un metro y noventa centímetros, lo que le hacía ser mucho más alto que la media de la época. Pero por encima de todo se sabía que había matado en defensa propia, así que no era un hombre con el que se pudiese bromear.
Eso sí, nunca hubiésemos oído hablar de él si no fuese porque ocupó el puesto de sheriff en el momento indicado. Su fama, como resume una placa conmemorativa erigida en su lugar de nacimiento, consiste en haber sido «el hombre que mató a Billy el Niño».

Se sabe que antes de ser nombrado sheriff conocía personalmente a Billy.
Ambos habían coincidido en Fort Sumner cuando Garrett se dedicaba al póquer, ocupación que junto a su estatura le ganó el sobrenombre de Big Casino.
El que ambos coincidiesen está bien documentado; de hecho no había sido inhabitual verlos jugando en la misma mesa.
En algunas novelas y películas se los cita por los respectivos apodos de Big Casino y Little Casino, que suenan demasiado bien para no parecer parte de la mitología, pero que sí pudieron ser apodos reales.
No resulta inverosímil que en Fort Sumner bautizasen así a tan peculiar pareja de juego.
Eso sí, el tipo de relación que hubo entre ambos cuando jugaban juntos resulta difícil de determinar.
Para empezar, como ya comentamos en algún episodio anterior de esta serie, las memorias de Garrett son cualquier cosa excepto fiables. Algunos historiadores creen que ambos pudieron ser amigos, incluso cómplices en algún robo de ganado, porque siendo ya sheriff, Garrett demostraría conocer bien los hábitos de Billy.
Sin embargo, los testimonios coinciden en que cuando Billy supo que Pat Garrett se presentaba al cargo de sheriff, recibió la noticia con poco entusiasmo. Por lo que sabemos, no da la impresión de que fuesen enemigos enconados a priori, pero tampoco de que hubiese una gran simpatía mutua.
Billy quería un sheriff que se mostrase comprensivo hacia su caso y su actitud ante el nombramiento de Garrett parece indicar que pensaba que no iba a ser así. Además hay otro hecho indudable: desde que recibió su estrella, Pat Garrett se mostró implacable en la cacería.
– Pat Garrett a la caza de Billy el Niño
Cuando decimos que no necesariamente eran enemigos, eso no significa que Garrett no tuviese buenos motivos para convertir al joven Billy en el principal objetivo de su agenda. No porque fuese el peor forajido del territorio, sino porque por entonces su fama se había desbocado. La prensaba hablaba de Billy como si fuese el responsable de los males de Nuevo México.
Los periodistas recurrían a toda clase de exageraciones sensacionalistas para adornar sus textos. Le atribuían una veintena de asesinatos, cuando en realidad había estado involucrado en muchos menos y judicialmente se le acusaba únicamente de dos. Se podría objetar que un criminal es un criminal con independencia del número de personas a las que ha matado, y esto es cierto, pero esta idea no funciona así a nivel periodístico.
El peculiar personaje de Billy, pintado con los trazos de un demonio de la frontera que tenía cara de escolar, había captado la atención de muchos lectores. Los periódicos, claro, respondían ofreciendo más y más titulares sobre su persona. Por entonces la prensa ya le había adjudicado el apodo de «Billy el Niño», cuyo uso se extendió de inmediato frente al apodo de «el niño Antrim» con el que se lo había conocido siempre en Lincoln.
En todo caso, la sola mención de Billy el Niño excitaba la imaginación del público. Su fama rivalizaba con la de Victorio, un importante jefe guerrero apache —aliado de Jerónimo y Cochise, nada menos— que había sembrado el terror en el estado. Victorio, capturado aquel mismo verano, era una figura legendaria de la que se había oído hablar incluso en Europa, pero Billy estaba a punto de superarlo en renombre.
La primera consecuencia de aquella fama fue que se convirtió en el primer objetivo de la ley. El gobernador Lew Wallace volvió a poner precio a su cabeza, pero esta vez no lo buscaba vivo como testigo. Eso sí, lo hizo mediante un anuncio en prensa: pese a lo que dicen las leyendas, nunca hubo un cartel de «Wanted Dead or Alive» colgado en las paredes y si alguna vez ven ustedes alguno, se trata sin duda de una falsificación. El anuncio decía así:
BILLY EL NIÑO
Recompensa de $500
Pagaré $500 a cualquier persona o grupo de personas que capture a William Bonny (sic), alias el Niño, y lo lleve ante cualquier sheriff de Nuevo México.
Se requerirán pruebas satisfactorias de su identidad.
El mensaje estaba claro: «Se requerirán pruebas satisfactorias de su identidad» implicaba que el precio sería pagado por Billy vivo, o por Billy muerto. Las cosas, pues, se le ponían más y más difíciles. Era un objetivo cada vez más débil. La banda con la que cabalgaba estaba reducida a cinco miembros, incluyéndolo a él. Estaba cansado de huir.
Pese a que el gobernador Wallace hubiese incumplido la promesa de aplicarle la amnistía general que había proclamado tras la Guerra de Lincoln, Billy continuaba evitando verse involucrado en más actos violentos, confiando todavía en llegar a algún tipo de acuerdo con las autoridades.
Se lo comunicó mediante carta a un abogado, Ira Leonard, con quien se citó en White Oaks, el típico poblado del Oeste tendido en hilera sobre una calle principal, como tantos que hemos visto en las películas. Sin embargo, por motivos que no se conocen bien pero que probablemente tuvieron que ver con su condición de fugitivo, Billy no se presentó a la cita. Leonard esperó durante días en vano.
Pat Garrett, entre tanto, reunió a un grupo de ayudantes y pasó varias semanas enfrascado en una trabajosa persecución. Ya era invierno, estaba nevando y las condiciones del terreno no eran las idóneas para una búsqueda como aquella. Además Billy todavía tenía muchos amigos en el condado que estaban dispuestos a esconderle.
Pero Garrett era listo y estaba bien informado sobre los patrones de movimiento del Niño. Además, da la sensación de que también sabía leer el carácter de Billy. Fue a Fort Sumner esperando encontrarlo allí, y no estaba en el pueblo, pero Garrett también tenía sus contactos y no tardó en averiguar que Billy se ocultaba en un rancho cercano.
Según se cuenta, le envió una nota, supuestamente escrita por algún compinche, en la que le daba el falso soplo de que el sheriff había partido hacia Roswell, la misma localidad que hoy es famosa por el supuesto accidente de un platillo volante (no puede decirse que en Nuevo México no tengan historias que contar).
La nota, como es obvio, pretendía conseguir que Billy se confiase y abandonase el rancho. Esperando esta reacción, el grupo de Garrett tendió una trampa en mitad del camino que unía el rancho y Fort Sumner. Apostándose tras la vegetación, esperaron a que apareciesen Billy y los suyos. La emboscada funcionó.
En plena noche, tras una larga espera, vieron aparecer a varios hombres a caballo. Era la menguada banda de Billy. Aunque no se podía distinguir bien cuál de ellos era realmente, Garrett debía de tener prisa, ya que dio la señal para que sus hombres abriesen fuego de inmediato.
El primero de los jinetes, Tom O’Folliard, fue alcanzado por un disparo en pleno pecho, mientras los demás salían huyendo. Garrett y sus ayudantes se acercaron a O’Folliard, que estaba muy malherido. Comprobaron que no se trataba de Billy. Lo llevaron al interior de una cabaña cercana y lo pusieron cerca del fuego. Allí, tendido sobre el suelo, O’Folliard agonizó y murió mientras el sheriff y sus hombres jugaban a los naipes.
El primer intento de Garrett había fallado por muy poco. Pero no era un hombre que perdiese demasiado el tiempo. Aquella noche apenas dejó dormir a sus ayudantes; todavía estaba oscuro cuando reanudó la persecución pese a la nieve y pese a la escasa visibilidad.
Pensó que Billy lo supondría a él descansando durante la noche para reemprender la persecución al amanecer, y que por tanto se permitiría el lujo de dormir toda la noche. Garrett acertó y su empeño tuvo recompensa. Salió cuando las huellas de los fugitivos estaban frescas y pese a la oscuridad consiguió seguir su rastro hasta un paraje de funesto nombre, Stinking Springs, «manantiales hediondos».
Allí, en el exterior de una pequeña y primitiva caseta de piedra abandonada, estaban atados los caballos de los fugitivos, que sin duda dormían en el interior. El sheriff y sus hombres se apostaron en el exterior, a cierta distancia para no hacer ruido, y esperaron a que amaneciese. Tarde o temprano, su objetivo terminaría saliendo.

Al despuntar el día, en efecto, vieron salir a un hombre. El impetuoso Garrett pensó que era Billy cuando creyó reconocer el sombrero ancho que este siempre llevaba puesto, así que ordenó abrir fuego. Una vez más, se equivocó. El hombre era Charlie Bowde, que fue alcanzado por varios disparos. Aunque consiguió volver a meterse en la caseta, estaba muy malherido y entendió que necesitaba ayuda médica.
Desde el interior de la casa pidieron a Garrett que permitiese salir a Bowde. Garrett dio su permiso. Bowde apareció de nuevo, tambaleándose, y caminó lentamente hacia donde estaba el sheriff, aunque solo consiguió desplomarse sobre la nieve antes de llegar. No sobrevivió. Hoy, sus restos permanecen enterrados junto a los de Billy.
Transcurrieron las horas. Dentro y fuera de la casa, la tensión acumulada empezaba a pasar factura. Pero Billy, que se crecía en las situaciones de emergencia, ideó un osado plan de fuga consistente en aprovechar alguna distracción de sus perseguidores para meter los caballos en la caseta y después salir al galope desde dentro.
Como ya había hecho en el asedio de la casa de Alexander McSween, su espíritu resultó contagioso. A punto estuvieron de conseguir meter un caballo, pero Pat Garrett se percató de la maniobra y disparó al pobre animal, cuyo cuerpo quedó tendido en el umbral de la puerta, bloqueándola y haciendo imposible un intento de huida. Billy y sus compañeros supieron que estaban atrapados.
Al principio se negaron a rendirse. Garrett dejó que los suyos encendiesen un fuego para preparar la comida, sabiendo que el olor llegaría a los hambrientos prófugos. Después, en voz alta, los invitó a salir y unirse al festín. Una voz llegó desde dentro; era la respuesta de Billy: «¡Vete al infierno!».
Pero no pudo más que terminar entendiendo lo desesperado de su situación. Su captura, o su muerte, era cuestión de horas. Garrett no se iba a marchar. Garrett tenía comida y ellos no. Dedujeron que lo mejor era entregarse cuando la comida que ofrecía el sheriff estaba todavía caliente. Finalmente, se rindieron y salieron de la caseta.
Garrett confiscó las posesiones más preciadas de Billy, su rifle Winchester y su yegua, que después daría a sus ayudantes como pago por participar en la misión. Aun así, cumplió con su palabra y compartió sus víveres con los fugitivos. Billy el Niño, pues, comió junto a Pat Garrett antes de ser conducido a Las Vegas en condición de prisionero.
En Las Vegas, por cierto, se formó una multitud de curiosos para contemplar la llegada del que ya se estaba convirtiendo en el criminal más famoso del planeta.
– Un juicio amañado
En Las Vegas tomaron el tren a Santa Fe, donde Billy pasaría sus primeros días detenido. El 27 de diciembre de 1880, encarcelado, concedió su primera entrevista. Habló con un reportero de Las Vegas Gazette, explicándole los motivos por los que se había entregado: «Podríamos habernos quedado dentro de la casa pero no había nada que ganar y nos hubiésemos muerto de hambre. Pensé que era mejor salir y comer bien, ¿no crees?».
También negó que hubiese seguido dedicándose al robo de ganado: «Me he ganado la vida jugando pero porque era la única manera en que podía vivir. No me han permitido establecerme. Si me hubiesen dejado establecerme, hoy no estaría aquí». Así, con las muñecas esposadas, con grilletes en los tobillos y con cierto tono de resignación, se expresaba Billy en su primer contacto con la prensa.
A sus diecinueve (o quizá dieciocho) años, parecía que le costaba hacerse a la idea de que el mundo lo estuviese conociendo como el peor criminal del momento. Por momentos hasta se lo tomaba con humor. Así fue como lo describió el reportero:
Tiene un rostro desvergonzado, pero agradable. Cuando lo entrevisté entre rejas esta mañana, estaba de ánimo conversador, aunque afirmó que nada de lo que él dijese sería creído por el público. Se rio de buena gana cuando se le informó de que los periódicos del estado le han construido una reputación solamente superada por la de Victorio.
El Niño afirma no haber tenido nunca un gran número de hombres junto a él y que los pocos que estaban con él cuando fue capturado eran empleados de un rancho. Esta es su declaración y la ofrecemos en lo que vale.

Como se ve, Billy recibió con carcajadas la noticia de que su fama igualaba a la de uno de los grandes jefes indios del país, y además desmentía haber sido el jefe de ninguna banda, exculpando a sus acompañantes de cualquier crimen.
A su vez, sus acompañantes trataron de desmentir, con poco efecto, muchas de las exageraciones que la prensa había publicado sobre Billy.
Dijeron también que Billy nunca había sido el jefe de ninguna banda, cosa que era cierta incluso si tenemos en cuenta los breves momentos de liderazgo natural que había mostrado en situaciones desesperadas.
Billy podía reírse pero no debió de alegrarle tanto comprobar que ya no tenía salida.
Se estaba preparando el juicio por los asesinatos de Buckshot Rogers y el sheriff William Brady, los dos cargos de los que se le acusaba formalmente.
La pena, de ser declarado culpable, podía ser la muerte por ahorcamiento.
Billy tuvo serias dificultades a la hora de encontrar un abogado.
Intentó contratar al defensor de uno de sus compañeros, pero como no tenía dinero, su yegua era lo único que podía ofrecer como pago.
Sin embargo, el animal estaba ahora en manos de uno de los ayudantes de Pat Garrett. Aquella confiscación era ilegal y Billy presentó una demanda judicial contra el sheriff para que le fuese devuelta la yegua. La demanda no tuvo el efecto deseado y de todas maneras el abogado terminó desentendiéndose.
Aunque lo peor fue, una vez más, el significativo silencio del gobernador Wallace, el mismo que le había prometido la amnistía. Billy volvió a intentar ponerse en contacto con el gobernador mediante cartas escritas desde su celda. Primero una breve nota: «Estimado señor, me gustaría verle unos momentos si dispone usted de algo de tiempo».
No hubo respuesta. Meses después, ya en primavera, poco antes del juicio, volvió a escribir ofreciendo un trato. Tampoco hubo respuesta. Exasperado, envió una tercera carta:
Al Gobernador Lew Wallace.
Estimado señor:
Le escribí una breve nota antes de ayer pero no he recibido respuesta. Supongo que usted ha olvidado lo que me prometió ahora hace dos años, pero yo no, y creo que debería usted haber venido a verme como le pedí. He hecho todo lo que le prometí y usted no ha hecho nada de lo que me prometió.
Creo que cuando usted reflexione sobre el asunto vendrá a verme y podré explicárselo todo.
El juez Leonard pasó por aquí de camino al este, y prometió venir a verme a su regreso, pero no ha cumplido con su promesa. Parece que me están dejando desamparado.
No estoy siendo bien tratado por [mi carcelero] Sherman, que permite pasar a cualquier extraño que venga a verme por curiosidad, pero no permite entrar a ninguno de mis amigos, ni siquiera a un abogado.
(…) Confío en poder verlo a usted en algún momento hoy.
Esperando pacientemente, sinceramente suyo,
Wm. H. Bonney
Es la carta de un joven recluso al que se le estaban terminando las opciones. Llevaba varios meses encarcelado sin que las autoridades hubiesen hecho honor a los pactos previos. Además debía de sentirse como un monstruo de feria, expuesto tras unos barrotes para que los curiosos lo contemplasen.
Aún faltaban ocho años para que Jack el Destripador cometiese sus crímenes en Londres, y Billy el Niño era el personaje predilecto de los periódicos. El gobernador, ni que decir tiene, continuó ignorando sus reclamos.
El juicio iba a celebrarse en el tribunal de Mesilla. En circunstancias normales hubiese debido tener lugar en Lincoln, pero había poderes interesados en que no fuese así. Billy, de hablar ante un tribunal favorable o al menos neutral, era uno de los individuos que mejor podía construir la narración de todo lo sucedido en el condado de Lincoln durante aquellos años.
Una narración que pondría en evidencia al «Círculo» de autoridades corruptas que todavía dominaba el estado. En Lincoln hubiese habido muchos testigos dispuestos a corroborar esa versióny hablar en favor de Billy.
Muy interesados en eliminar al que ya era símbolo del bando perdedor en la Guerra de Lincoln, desde el Círculo presionaron para que el juez de Mesilla se ocupase del caso. Y el juez de Mesilla, claro, estaba bajo el control de los enemigos de Billy.
El juicio fue rápido, expeditivo y muy irregular. Billy no solamente era el único acusado en dos asesinatos cometidos en grupo, sino que el juez demostró ser un perfecto servidor de los intereses del bando ganador en la Guerra de Lincoln.
Durante la primera jornada, sin embargbo, Billy fue brillantemente defendido por el abogado Ira Leonard, que hizo un buen trabajo al conseguir que el primero de los cargos contra el acusado (el asesinato de Buckshot Rogers) quedase desestimado por cuestiones de jurisdicción territorial.
El abogado lo hizo tan bien que al día siguiente el juez —que no podía permitir la más mínima posibilidad de que Billy quedase también exento del segundo cargo— decretó la sustitución de Leonard. Aparecieron en la sala un par de abogados más cercanos a los intereses del Círculo, y desde luego menos dispuestos a salvar a su defendido.
Las arbitrariedades del juez no terminaron ahí. Por ejemplo, no se permitió la escucha de testimonios favorables a Billy. En su contra, en cambio, sí declararon algunos hombres que habían estado implicados en asesinatos pero que ahora gozaban de la amnistía gubernamental. La guinda de la prevaricación del juez fue su alegato final, que parecía más propio del fiscal.
Aunque siendo juez debía mantenerse neutral y limitarse a dictar sentencia según resultase el dictamen del jurado, condicionó a este diciendo cosas como «una vaga conjetura o la mera posibilidad de que el defendido sea inocente no es suficiente para provocar una duda razonable sobre su culpabilidad», o «para justificar un veredicto de culpabilidad no es necesario que estén ustedes [los miembros del jurado] tan seguros de que el defendido es culpable como lo están de que dos y dos son cuatro».
El juez, pues, le estaba diciendo al jurado que Billy era culpable por defecto. Incluso asumiendo que Billy fue con mucha probabilidad el responsable directo de la muerte del sheriff Brady (como mínimo fue cómplice activo), la actitud del juez de Mesilla pone de manifiesto que ante el tribunal no estaban consiguiendo probar su culpabilidad con total certeza, ni siquiera impidiendo testimonios a su favor o boicoteando a su abogado.
Se había necesitado condicionar al jurado. Aunque Billy no fuese inocente, el juicio sí constituyó una farsa con el fin único de condenarlo a la horca. El jurado lo declaró culpable. Era un 13 de abril. Billy el Niño quedó sentenciado a la horca. La fecha de su ejecución quedó establecida para el 13 de mayo, justo un mes después. El lugar sería el condado de Lincoln, a donde debía ser trasladado a continuación.

– La fuga
Tras el juicio, Billy empezó a sentirse molesto con algunos periodistas, que a sus ojos estaban tratando de «provocar a la multitud para que me linchen». Estaba dándose cuenta de que lo retrataban como a un monstruo. El viaje a Lincoln puso a prueba su compostura. Se le adjudicó una escolta de siete hombres que le dejaron las cosas bien claras desde un inicio: no iban a dejar el más mínimo resquicio para una posibilidad de escape.
Le hicieron saber que, de producirse un ataque externo ya fuese de sus partidarios queriendo rescatarlo o de sus detractores queriendo lincharlo, el asunto sería solucionado de manera preventiva metiéndole una bala en la cabeza. Para colmo, entre sus guardianes figuraban tres pistoleros que habían peleado contra él en la Guerra de Lincoln, incluyendo a uno de sus enemigos más acérrimos, Bob Olinger, que había matado a uno de sus mejores amigos.
Imaginen sus pensamientos durante los cinco días que duró el traslado, sabiendo que ante cualquier incidente la primera medida sería la de volarle la cabeza. Y si no, tenía la horca esperando en cuestión de semanas. Aun así, parece que conservó el buen ánimo, según recuerdan los testigos.
Uno de sus guardianes diría después que «nunca, ni de palabra ni en acto, mostró sus prejuicios, si es que los había». Esto, sin embargo, no evitó que su odiado Olinger se divirtiese maltratándolo. Cuando llegaron a Lincoln, Billy fue encerrado en una celda del juzgado.
En el turno de guardia diario solían estar Bob Olinger y un individuo más amable llamado James Bell. Olinger llegó a someter a Billy a torturas y palizas. Parece que fue el único y que los demás guardias se abstuvieron de actuar con violencia, comportándose con corrección, incluso con respeto y simpatía.
Pero nadie tuvo el valor o la entereza de pararle los pies al sádico Olinger. Billy, por su parte, no iba a olvidar ni perdonar esos maltratos.
Lo que nadie esperaba era que Billy volviese a fugarse. Parecía imposible. Llevaba esposas y grilletes. Estaba desarmado. No era un individuo particularmente fuerte. Pero durante su agitada vida, todas las veces que había sido detenido o capturado había conseguido escapar. Este es uno de los aspectos más llamativos de su leyenda, que por una vez sí responde a la realidad. Y esta, su última captura, la que desembocó en su juicio y condena a muerte, no fue una excepción. Su fuga iba a dejar atónito a todo el país.
Cada día, Olinger y los ayudantes del sheriff Pat Garrett iban a comer a una cantina que había justo enfrente del juzgado. Por turnos, uno de ellos se quedaba de guardia vigilando a Billy, que estaba en su celda, esposado y con las piernas encadenadas entre sí. Todo parecía en orden y nadie podía imaginar que el Niño intentaría una huida.
Sin embargo, había un pequeño detalle en el que no habían reparado: el modelo de esposas que Billy llevaba puestas. Aunque por entonces ya se habían inventado las esposas regulables, eran una novedad tecnológica de la que solamente disponía la policía de grandes ciudades.
En Lincoln, al menos, continuaban con el sistema antiguo de esposas rígidas que se vendían por tallas. Resultó que Billy, gracias al pequeño tamaño de sus muñecas, descubrió una manera de zafarse de las que llevaba puestas. El 28 de abril, Billy acababa de perfeccionar la técnica para desembarazarse de sus esposas.
Durante la hora de la comida, decidió que había llegado el momento de intentarlo, porque además Pat Garrett no estaba en el pueblo. Su vigilante de guardia era James Bell, a quien consideraba menos duro que Olinger. Pidió ir al retrete. Bell lo sacó de la celda.
Billy, esposado y encadenado, caminaba delante. Su guardián iba detrás, con la pistola enfundada. De repente, cuando estaban junto a las escaleras que conducían a la planta baja, Billy se dio la vuelta con la velocidad del rayo. Estaba libre de las esposas. Con un felino movimiento golpeó a Bell en la cabeza y le arrebató el revólver del cinto.
Luego le apuntó, pidiéndole que se quedase quieto para no tener que dispararle (como decíamos, Bell era el guardia que mejor lo había tratado). Pero Bell comenzó a correr escaleras abajo. Billy, que llevaba grilletes y no podía alcanzarlo, se limitó a dispararle. El disparo fue mortal. El cuerpo de Bell quedó tendido al pie de la escalera. Aquel fue el único asesinato del que Billy verdaderamente se arrepintió porque no tenía nada en contra de su víctima.
Pero todavía no tenía tiempo de lamentar su acción. Sabiendo que el disparo haría regresar a Olinger, pensó que necesitaba algo más certero que un revólver, arma que resultaba eficaz a muy corta distancia pero no cuando el objetivo estaba algo más alejado. A toda prisa, corriendo —es un decir— con sus grilletes, fue al despacho de Olinger, donde sabía que este guardaba un rifle Winchester que en ocasiones había usado para golpearle y torturarle.
El rifle Winchester, además, era el arma predilecta de Bily. Armado con él, se asomó a la ventana para localizar a Olinger. Esta vez sí estaba dispuesto a matar a sangre fría al hombre que lo había torturado. Vio a Olinger cruzando apresuradamente la calle en dirección al juzgado.
Billy gritó desde la ventana: «¡Hola, Bob!». Este, sorprendido, miró hacia arriba y vio a Billy con su Winchester. Según cuenta la leyenda, en aquel momento salió un empleado del juzgado gritando «¡Billy ha matado a Bell!», a lo que Olinger, a descubierto en mitad de la calle bajo la mira de un tirador con puntería infalible, respondió proféticamente: «Sí, ¡y me ha matado a mí también!».
Fuesen o no pronunciadas esas palabras de película, lo que sí es un hecho es que la célebre puntería de Billy el Niño continuaba intacta. Disparó desde la ventana y Olinger cayó muerto a la primera.
Billy bajó y salió al exterior del juzgado, acompañado por algunos amigos que habían acudido corriendo al escuchar los disparos (uno de ellos le oyó murmurar una disculpa cuando pasaba junto al cadáver de Bell). Usaron un pico para intentar quitarle los grilletes. Nadie intentó detenerlo.
Según contaría después Garrett, la gente le tenía demasiado miedo a Billy, aunque parece más verosímil y consistente con otras fuentes la versión de que la población local simpatizaba con él. Billy, de hecho, llegó a hablar con los presentes, diciéndoles que no había sido su intención matar a Bell.
Eso sí, Billy permanecía con un arma en la mano, impidiendo que se le acercase nadie excepto sus amigos más cercanos. Cuando finalmente consiguió montar a caballo para salir de Lincoln, todavía llevaba un grillete en uno de los tobillos. Una vez más, estaba en libertad. Esta última hazaña de su carrera iba a convertirlo, ya definitivamente, en el criminal más famoso del mundo.

– Epílogo
Billy era muy querido en Fort Sumner y tenía muchos buenos amigos, que estaban muy indignados con Pat Garrett. Si hubiese estado presente algún líder local, Garrett y sus dos oficiales hubiesen recibido el mismo destino que ellos le dieron a Billy (Frank Lobato, residente de Fort Sumner).
Garrett tenía miedo de volver a la habitación para asegurarse de comprobar a quién había matado. Yo entré y fui la primera en descubrir que habían matado a mi chiquillo. Odié a aquellos hombres y soy feliz por haber vivido lo suficiente como para verlos a todos muertos y enterrados (Deluvina Maxwell, sirvienta y amiga de la novia de Billy).
La opción más sensata para cualquiera en la situación de Billy era la de dirigirse al sur, hacia México. Si lograba cruzar la frontera estaría fuera del alcance de la justicia estadounidense. Pero Billy era joven e incauto. Es muy probable que cuestiones sentimentales le hiciesen permanecer en Nuevo México, donde tenía una novia, amigos y un entorno que era lo más parecido a una familia.
También es posible que pensara que allí tenía gente que lo protegía mientras que en México estaría a merced de los cazadores de recompensas. Quién sabe lo que pasaba por su cabeza. Lo único seguro es que no se marchó. Aquel fue su último error.
Pat Garrett, huelga decirlo, se había lanzado de nuevo en su busca. Esta vez tenía un abanico mucho más restringido de posibles escondites. Con una condena de horca pendiente, Billy no confiaría su suerte a cualquiera. De hecho, como ya contamos en la primera parte de esta serie, se refugió en casa de la familia mexicana Maxwell, con una de cuyas hijas, Paulita, estaba manteniendo una relación.
Al astuto Garrett no le costó encontrar su pista. Recordarán que contamos cómo el sheriff entró en la casa, interrogando en la penumbra al hermano de Paulita, Pete Maxwell. Y cómo Billy, casualmente, salió al exterior para buscar algo de comer y vio a un par de hombres merodeando; eran los dos ayudantes de Garrett, aunque él no lo sabía.
Cuando volvió a entrar en la casa para avisar a su amigo Pete, distinguió dos siluetas en vez de una en la oscuridad de la habitación. Sin sospechar quién era el misterioso visitante, preguntó en español:
¿Quién es? ¿Quién es?
Al oír aquella voz, Garret disparó dos veces. Una de las balas alcanzó a Billy, que cayó al suelo. En la oscuridad, Garrett y Pete Maxwell escucharon una especie de gruñido en el que podían percibir el borboteo de la sangre. Pocos instantes después, el silencio. Billy el Niño había muerto.
Garrett salió de la habitación sin comprobar que aquel era cadáver de Billy. Parecía trastornado por la situación. Fueron los amigos de Billy quienes comprobaron su identidad mientras Garrett permanecía en el exterior. Los disparos alertaron al vecindario, cuyos habitantes empezaron a acercarse a la casa para encontrarse con un singular espectáculo: Paulita Maxwell gritando y llorando mientras daba puñetazos en el pecho de Pat Garrett.
La investigación posterior determinó que la muerte de Billy el Niño se había producido en legítima defensa, porque Billy llevaba en la mano el cuchillo con el que había pretendido cortarse un filete de la despensa, motivo por el que había salido de la casa. En realidad Billy no había atacado a Garrett.
La versión oficial de los hechos era falsa, pero nadie la iba a contradecir. Entre tanto, la noticia saltó a los periódicos de ambos lados del Atlántico. En la prensa británica se escribieron informes biográficos sobre sus correrías. Los diarios estadounidenses llenaron sus páginas de exageraciones que hoy pueden parecernos incluso cómicas.
Un periódico neoyorquino decía que Billy dirigía un imperio criminal comparable al de las mafias de algunas ciudades europeas, cuando sus únicas posesiones habían sido un rifle y un caballo. Más delirante era la crónica de un diario de Santa Fe, que describía con tintes fáusticos el momento de la muerte de Billy.
Según aquel periódico, la habitación se había llenado de olor a azufre y por unos instantes se había visto revolotear sobre el cadáver de Billy una «oscura figura con alas de dragón, garras de tigre, ojos como bolas de fuego y cuernos de bisonte».
Esas absurdas imágenes más propias de una película de terror no aparecían en la versión de los hechos que Pat Garret publicó dos años después con el título de La auténtica vida de Billy el Niño. No obstante, el libro tampoco tenía mucho de auténtico. Garrett se había convertido en un héroe, pero en Nuevo México había muchos que cuestionaban su relato de los hechos.
En el libro los manipuló a su conveniencia, contradiciendo un buen número testimonios contemporáneos. Pintaba a Billy casi como un psicópata sediento de sangre y en general justificaba su propia actuación en el momento de matarlo. Pero como ya decíamos en la primera parte, la versión de Garrett, pese a no vender bien en su momento, se impuso durante mucho tiempo.
La popularización de la única fotografía de Billy el Niño ayudó a trazar el retrato de un joven embrutecido, algo que se correspondía bien poco con la realidad, pero que encajaba bien con la versión oficial y sobre todo con la versión de Pat Garrett.
El recuerdo de Billy el Niño, tal y como puede reconstruirse por los testimonios de quienes lo conocieron, quedó pues sepultado bajo los mitos y exageraciones de multitud de novelas y películas. Es, por ejemplo, uno de los personajes que ha aparecido en un mayor número de largometrajes, si acaso el que más.
Hoy es el nombre más célebre en la historia del salvaje Oeste. El original de su única fotografía fue vendido por una fortuna —más de dos millones de dólares— y actualmente es la séptima fotografía más cara de todos los tiempos. De hecho, ha habido quienes han intentado hacer el agosto «descubriendo» fotografías alternativas de diverso pelaje.
Cada vez que se descubría una foto de la época mostrando a un joven cuyas características físicas pudiesen recordar vagamente a Billy, se pretendía haber encontrado su segunda imagen auténtica. En mi opinión no hay razones para pensar que alguna de ellas sea verdadera, excepto la que ya conocemos.
Entre otros motivos porque Billy era mundialmente famoso antes de su muerte y dejó atrás muchísimos testimonios de amigos cercanos, antiguos compañeros de colegio, o personas que lo conocieron circunstancialmente. Es muy probable que ni siquiera hubiese cumplido los veinte cuando murió, así que imaginen la cantidad de gente que lo sobrevivió y que pudo haber sabido de la existencia de otras fotografías suyas.
Pero ninguno de sus conocidos mencionó jamás ninguna otra. En aquellos tiempos la gente no se hacía demasiados retratos y una cámara fotográfica era una rareza, manejada casi exclusivamente por profesionales del ramo. Basta pensar que ni siquiera los reporteros de los periódicos llevaban consigo una, u hoy tendríamos más imágenes certificadas de Billy.
La vida de Billy el Niño fue una epopeya tan breve e intensa que parece nacida de la imaginación de un novelista. En cualquier caso es la perfecta metáfora de la violenta vida en aquella Norteamérica fronteriza donde muchas cosas se resolvían a base de balazos.
Billy, hijo de inmigrantes y después huérfano, fue delincuente, cowboy, aventurero y, al final, la inesperada cabeza de turco de un sistema corrupto. También el espectáculo favorito de los lectores de periódicos. Todo ello en el mismo tiempo que tardaba cualquier chaval normal en terminar sus estudios.
Aunque quizá nada sea tan ilustrativo para resumir la naturaleza trágica de su existencia como echar un vistazo a las últimas palabras de la última carta que Billy escribió desde su celda a una edad en que otros chavales estaban estudiando. Una carta con la que trataba de conseguir la ayuda de un abogado para conmutar su sentencia de muerte.
Disculpe por la mala escritura; estoy con las esposas puestas.
Respetuosamente suyo,
W.H. Bonney
nuestras charlas nocturnas.
El cinturón de castidad medieval: ¿mito o realidad?…

Ancient Origins(S.P.Young) — El cinturón de castidad es un objeto que fascina y estremece a partes iguales. La idea del valeroso caballero medieval encerrando el sexo de su amada, creyendo ingenuamente que un simple candado será suficiente para mantener alejados a otros hombres y conservarla pura, ha sido parodiada en infinidad de medios.
Películas como Arriba el cinturón de castidad, El cinturón de castidad, y la más famosa de todas, Las locas, locas aventuras de Robin Hood, han exprimido la idea del cinturón de castidad con un gran efecto cómico.
Ciertamente hay referencias a cinturones de castidad en la literatura medieval, y se han conservado incluso algunos ejemplos de estos artefactos. ¿Pero eran realmente utilizados? Y de no ser así, ¿cómo surgió este mito?
La información que ha llegado hasta nosotros y las fuentes de las que disponemos describen en todos los casos el cinturón de castidad de la misma forma: un artefacto metálico que se cerraba con llave alrededor de los genitales de una mujer para impedirle cualquier tipo de actividad sexual. Hay variaciones en el estilo.
Se dice que algunos de estos cinturones tenían correas de cuero para la cintura, mientras que otros son descritos con un mayor poder disuasorio para cualquier hombre que intentara eludirlo, bajo la forma de clavos con la punta hacia fuera amenazando a cualquier eventual aspirante a pretendiente.

E.J. Dingwall concluye que probablemente fueran inventados en Italia alrededor del año 1400, pero aclara asimismo que muy raramente eran utilizados, y que la evidencia de su uso continuado en la época del Renacimiento sólo se produce, siendo realistas, en la literatura erótica del siglo XVI.
– Verdad y ficción
Aunque existen algunas evidencias de cinturones de castidad del siglo XV, algunos historiadores han argumentado que las primeras referencias a cinturones de castidad eran puramente metafóricas, particularmente porque llevar puesto un cinturón de metal alrededor de la cintura provocaría cortes en su portador y, en un tiempo en el que aún no existía el acero inoxidable, el metal no hubiera tardado mucho en comenzar a oxidarse, conduciendo probablemente a una infección que rápidamente se hubiese vuelto mortal.
Los artefactos menos dolorosos – pero, francamente, aún con aspecto de aparatos de tortura, con correas o forros de cuero o terciopelo, tendrían que haber sido limpiados con frecuencia, con lo que la retirada periódica del cinturón de castidad para su limpieza sin duda habría ido en contra de su propósito original.

El Museo Británico sostiene la creencia de que la gran mayoría de cinturones de castidad que forman parte de colecciones de museos se hicieron en los siglos XVIII y XIX como “curiosidades para los lujuriosos, o bromas para los aburridos.”
Ésta es una opinión compartida por el Museo Haáz Rezsö, que recientemente dedicó una exposición entera a refutar el mito del cinturón de castidad medieval.
Su consenso es que el cinturón de castidad era algo muy parecido a la doncella de hierro – objetos diseñados sencillamente para deslumbrar a un público entusiasmado con la idea de los aparatos de tortura y las retrógradas creencias de sus antepasados.
La mayoría de las más antiguas imágenes de cinturones de castidad son caricaturas que parodian la propia idea del cinturón de castidad, dejando claro al lector que el aparato no es más que una absurda iniciativa condenada al fracaso. Estas imágenes a menudo bromean a costa del marido celoso que se va de viaje.

Un grabado en madera de finales del siglo XVI llega hasta el punto de dibujar al marido con orejas de burro. Realizado en la misma época aproximadamente que se escribió Sueño de una noche de verano, las orejas de burro, como la cabeza de burro de Bottom en la obra, habrían sido universalmente interpretadas con el significado de ‘este tío es tonto’.
Por lo tanto, podemos suponer que, aun en el caso de que hubiera cinturones de castidad disponibles en una época determinada, no eran considerados una forma efectiva de mantener intacta la fidelidad de una mujer.
– ¿El golpe definitivo?
La representación más antigua que ha llegado hasta nosotros de un cinturón de castidad es una ilustración del Bellifortis de 1405. Fue realizada por el ingeniero militar alemán Konrad Kyeser. Es un dibujo bastante utilitario y, a diferencia de las parodias del siglo XVI, en él no aparece ningún marido cómicamente ausente.
Ésta podría ser la prueba necesaria para poder afirmar que los cinturones de castidad existieron realmente, de no ser por un detalle.

La obra de Kyeser no siempre es completamente seria. De hecho, el mismo libro en el que se encuentra el dibujo muestra otros chistes y referencias que no estaban destinados a ser tomados en serio. En su contexto es probable que este dibujo no fuera más que otro toque de humor para divertir al lector.
Si examinamos las evidencias que tenemos empieza a estar más claro que el cinturón de castidad tal y como lo imaginábamos probablemente nunca existió. Las fuentes históricas de las que realmente disponemos habrían sido interpretadas en el pasado igual que Las locas, locas aventuras de Robin Hood en nuestros días.
Casi todos los cinturones de castidad ‘originales’ conservados en museos ya han sido desacreditados como falsificaciones de los siglos XVIII o XIX, sin prueba alguna de que fueran utilizados para cumplir su supuesta función original.
Pero una cosa sí nos queda después de la refutación de los cinturones de castidad medievales – el humor.
Los medios han cambiado con el paso de los siglos, del grabado en madera al artefacto, y por último a la gran pantalla, pero parece que la idea de que una cerradura y una llave pudieran ser una forma efectiva de asegurar la fidelidad de tu pareja resultaba tan divertida hace seiscientos años como lo es hoy.

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Descubrimiento arqueológico: hallaron evidencias sobre la existencia de una antigua y poderosa reina en Sudamérica…

El Cronista — Un nuevo descubrimiento arqueológico dejó perplejos a especialistas y académicos, ya que involucra un importante tesoro de una civilización ancestral, y daría cuenta de la existencia de una antigua y poderosa reina en Sudamérica.
Excavadores del yacimiento de Pañamarca, ubicado en Perú, fueron quienes protagonizaron este descubrimiento. En concreto, lo que encontraron fue una «sala del trono» pintada donde se ve a una mujer perteneciente a la cultura Moche o Mochica, la cual habitó la zona entre los siglos I y VIII d.C.
El sitio arqueológico de Pañamarca se encuentra en la región de Ancash, situada al norte de Lima, capital del mencionado país sudamericano. Por su parte, Jessica Ortiz Zevallos es la directora del proyecto de investigación y fue ella la encargada de describir en detalle la pintura en cuestión.
Según Ortiz Zevallos, el área donde se observa a la monarca fue denominada como «Sala del Imaginario Moche». Allí se pueden ver diferentes escenas y en algunas de ellas se ve a una mujer sentada en su trono; mientras que en otras se la observa recibiendo invitados en procesión.
Al día de hoy continúa el debate por saber si dicha reina fue real o es una representación mítica. No obstante, al haberse encontrado evidencias físicas del trono, como por ejemplo la erosión de su soporte o el hallazgo de cuentas de piedra verde, indicarían que se trató de una gobernante real del siglo VII.
Por su parte, los templos fueron ornamentados con diferentes dibujos y representaciones, como las que se detallan a continuación:
- Figuras heroicas de la mitología
- Diferentes criaturas
- Luchadores
- Procesiones rituales
- Escenas de ofrendas sacrificiales.

– ¿Qué otros elementos se hallaron en la Sala del Imaginario Moche?
Si bien este descubrimiento es de gran relevancia histórica y cultural, en la Sala del Imaginario Moche se documentaron otras superficies durante las fases anteriores de la investigación.
Según lo expuesto en un comunicado oficial, algunas de esas pinturas halladas muestran lo siguiente:
- Hombres y mujeres vestidos de gala
- Guerreros con rasgos de araña, ciervo, cánido y serpiente
- Batallas míticas
- Un taller de mujeres hilando y tejiendo
- Una procesión de hombres cargando productos textiles y la corona de su reina.
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Historia del póquer, del «As-Nas” persa al episodio Moneymaker…

Historias de la historia(J.Sanz)/ — El póquer ha sido durante años uno de los juegos de casino más populares y aclamados del
mundo. Prácticamente, todos los casinos (físicos y en línea) incluyen mesas y cada vez más personas se interesan en este juego. Los casinos online europeos y americanos han logrado que este juego de apuestas cotice más y gane mucho público. Pero, ¿cuál es el origen del póquer?
Para comprender la historia del póquer, debemos explorar sus antepasados y predecesores que sentaron las bases del juego que conocemos hoy. Varios historiadores creen que las raíces del póquer se remontan a diferentes juegos de cartas que evolucionaron a lo largo de siglos en diferentes regiones.
La conexión persa: Algunos historiadores postulan que el póquer podría tener su origen en el juego de cartas persa «As-Nas», que surgió en el siglo XVI. As-Nas presentaba una baraja de 25 cartas y los jugadores hacían apuestas en varias combinaciones de manos. El juego incluía rondas de apuestas y elementos de farol, similar al póquer moderno.
Aunque realmente es incierto, la versión que más partidarios tiene es la que sitúa sus orígenes en el As-Nas, un juego de naipes persa que data del siglo XVI con cartas de diferentes valores según la imagen representada y que había que combinar para conseguir la mejor jugada y ganar algún dinerillo apostando a la mejor mano.
La influencia francesa: Posteriormente, a través de los comerciantes europeos que frecuentaban Persia y Oriente Medio, llegaría a Europa. De este modo, con algunas variaciones, nacería el Poque, el predecesor europeo más cercano al póquer que se hizo popular en Francia en el siglo XVII. El juego se basaba en repartir tres cartas a cada jugador y éstos apostaban y trataban de engañar al resto de jugadores («ir de farol»).
El poque se jugaba con una baraja de 52 cartas e incluía elementos de faroles y apuestas, muy parecido al póquer. Los colonos franceses llevaron al Poque a sus asentamientos en América del Norte, concretamente hasta Nueva Orleans, ciudad de la colonia francesa de Lousiana.
Y al otro lado del charco es donde se modificó el nombre, pasando de Poque a Poker. Nuestro póquer vivió su época de mayor esplendor en Estados Unidos a partir del siglo XIX popularizándose en todo el país.
La influencia alemana: Otro candidato al antepasado del póquer es el juego alemán «Pochen». Este juego implicaba apostar, farolear e intentar conseguir la mejor mano, lo que lo convertía en un precursor potencial del póquer. Pochen también llegó a América a través de los primeros colonos alemanes y contribuyó al desarrollo del póquer.
En 1871, como un nuevo juego, se introdujo en Europa después de que la reina Victoria escuchó al ministro estadounidense en Gran Bretaña explicar el juego a los miembros de su corte y le pidió las reglas. Varias décadas después se produjo una aceptación más generalizada del póquer en Europa, en gran parte gracias a la influencia de los soldados estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial.
– El auge del póquer en Estados Unidos

Se cree comúnmente que el póquer, tal como lo conocemos ahora, se desarrolló y prosperó en los Estados Unidos a principios del siglo XIX.
Como crisol cultural de Estados Unidos, el país proporcionó el entorno perfecto para que diversos juegos de cartas se fusionaran y evolucionaran hacia una forma nueva y distinta de póquer.
Paralelamente, los casinos (físicos) y los juegos de carta, comunes en estos espacios, comenzaron a extenderse a finales del siglo XIX por tabernas y bares en el sur y oeste de los Estados Unidos. Pero, los casinos online deben sus orígenes a otros motivos.
La conexión de Nueva Orleans: Nueva Orleans, una bulliciosa ciudad portuaria, era un crisol de culturas y sus salones se convirtieron en un caldo de cultivo para la evolución del póquer. El juego se extendió rápidamente por el río Mississippi y más allá, transportado por barcos fluviales y pioneros. A medida que se difundió, las reglas del juego comenzaron a estandarizarse y la baraja de 52 cartas se convirtió en la norma.
La influencia de la Guerra Civil: La Guerra Civil (1861-1865) tuvo un profundo impacto en la popularidad del póquer. Soldados de diferentes partes del país jugaron el juego durante su tiempo de inactividad y lo llevaron a sus lugares de origen cuando terminó la guerra. Cuando los veteranos regresaron a casa, trajeron consigo el amor por el póquer, solidificando aún más su posición como pasatiempo estadounidense.
La invención de las variantes «Flush» y «Draw»: A medida que el póquer ganó popularidad, surgieron nuevas variantes para mantener el juego fresco y emocionante. Se introdujeron los conceptos de “color” (cinco cartas del mismo palo) y “draw” (reemplazar las cartas en la mano), enriqueciendo aún más la profundidad estratégica del juego.
El siglo XIX vio al póquer establecerse como un juego estadounidense por excelencia, particularmente durante la era del Lejano Oeste, donde se convirtió en sinónimo de salones y el espíritu de la época.
La baraja de 52 cartas y el poker Draw : Hacia mediados de la década de 1830, el poker de 52 cartas empezó a rivalizar con la versión de 20 cartas para intentar imponerse. Con una baraja más grande, podían jugar más jugadores, lo cual supone más acción y botes más atractivos.
Al utilizar 52 cartas, se incorporaron nuevas dinámicas al juego, como la introducción del color como una mano de poker válida. Y más importante todavía, tener cartas “de sobra” en la baraja abrió el camino a que se pudieran pedir cartas.
Poder pedir más cartas tiene una importancia para la evolución del poker que no se puede menospreciar.
Mencionado por primera vez en el libro de Bohn New Handbook of Games de 1850, el poker Draw (en el que se pueden pedir cartas) incorporó la posibilidad de mejorar una mano floja y tener opciones de bote. Este cambio incluía una ronda adicional de apuestas; ahora, los jugadores podían seguir en el ajo y ver si su mano podía ganar.
Aunque el cambio fue gradual, hacia finales de la década de 1850, la versión de 20 cartas se empezó a quedar obsoleta, y el Draw convirtió al poker en un juego de habilidad.

Poker en los Salones: Los salones del Salvaje Oeste servían como centros sociales y el póquer era un entretenimiento básico, jugado por vaqueros, forajidos y mineros por igual. La asociación del juego con el estilo de vida fronterizo solidificó aún más su imagen como símbolo de individualismo rudo y aventura.
La mano del muerto: La infame leyenda de la «Mano del hombre muerto» proviene de una mano de póquer que tenía Wild Bill Hickok en el momento de su asesinato en 1876. La mano constaba de dos pares, ases y ochos, y desde entonces se ha convertido en un ícono del póquer. Esta mano icónica se convirtió en sinónimo del destino y de la imprevisibilidad del juego.
La influencia del ferrocarril: A medida que los ferrocarriles se expandieron por todo el país, los juegos de póquer también se extendieron. Se convirtió en un pasatiempo imprescindible para los pasajeros durante los viajes largos. Las mesas de póquer se podían encontrar en los trenes y en las ciudades ferroviarias, lo que permitía que el juego llegara a más comunidades.
Innovación en el Salvaje Oeste: El poker empezó a estar mucho más extendido durante los años de la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865), desarrollándose en múltiples direcciones en poco espacio de tiempo.
La primera referencia que hay sobre el Stud poker es de 1864. En la versión de 5 cartas, a los jugadores se les reparte una carta de inicio boca abajo, después tres boca arriba, y una más boca abajo. El 5-card Stud fue popular hasta bien entrados los años 20 y 30, momento en el que, según Britannica, llegó a suponer dos terceras partes de todas las partidas profesionales y de apuestas altas, para después desaparecer en los años 50.
El 7-card Stud se hizo fuerte a principios del siglo XX, y todavía sigue siendo una opción muy popular hoy en día.
Entre otros avances importantes de los años de la Guerra Civil se encuentra la introducción de la escalera como mano de poker válida. Curiosamente, en un principio, a la escalera se le dio menos valor y estaba por debajo del trío en el ranking de manos -una muestra de la oposición que hubo a introducirla en el juego.
La escalera de color también estaba infravalorada si lo comparamos con su rango matemático real. Los jugadores más tradicionales se negaban a aceptar que nada pudiera estar por encima de los cuatro ases.
A finales de la década de 1800, apareció el Jack Pot, sobre todo en el Oeste de EE. UU. En aquella época, este concepto tenía un significado muy distinto. En su origen llevaba implícito que solo se podía apostar con un par de Jacks (J) o algo mejor y, según en qué modalidad, los jugadores también podían estar obligados a apostar si llevaban Jacks o algo mejor (lo cual, en Stud, no es demasiado extraño).
Esto se hacía para que los jugadores más conservadores apostasen, y para evitar que los jugadores más locos se pusieran a apostar sin llevar nada. La regla del Jack Pot se encontró con una férrea oposición en su momento, y no llegó a cuajar en el poker moderno. Aun así, se dice que hizo que los jugadores de poker fueran menos cautelosos.
En 1903, se hace referencia al poker High-Low (Split), que se hizo popular en los años 30. En esta modalidad, se paga tanto la mano más alta como la más baja. Esto evolucionó en el poker Lowball, en el que solo se paga la mano más baja, cuya variante más popular es el Razz.
Pese a que fue una época de innovación en la historia del poker, el siglo XIX hizo flaco favor a la reputación del juego. Se jugaba a poker principalmente en salones, donde la corrupción, los timos y las trampas estaban a la orden del día. Para protegerse de las malas artes, era frecuente que los jugadores llevasen pistolas y puñales en las mesas, lo cual (como era de esperar) solía acabar en episodios violentos.
No fue hasta después que el poker se convirtió en el entretenimiento limpio que es hoy en día.
– El nacimiento del póquer moderno

El cambio de siglo XX fue un período crucial en la historia y el desarrollo del póquer, ya que vio cómo el juego atravesaba cambios sustanciales que finalmente dieron lugar a lo que hoy se conoce como póquer moderno. Este capítulo profundiza en los desarrollos clave, la estandarización de reglas y el surgimiento de variantes icónicas que dieron forma a la identidad y popularidad del juego.
El sorteo de las World Series of Poker: La creación de la Serie Mundial de Póquer (WSOP) en 1970 por Benny Binion en Las Vegas fue un momento decisivo para el póquer. La Serie Mundial de Póquer (WSOP) se convirtió en una ocasión anual que atrae a los mejores jugadores de todo el mundo.
El Evento Principal, con su buy-in de $10,000, se convirtió en el pináculo de los logros del poker, atrayendo a los mejores profesionales y aspirantes a amateurs por igual. La prominencia y la cobertura mediática de las WSOP elevaron el póquer a un nuevo nivel de popularidad y legitimidad.
La introducción del Texas Hold’em: El Texas Hold’em, una variante del póquer, ya se jugaba de diversas formas antes del siglo XX. Sin embargo, a mediados del siglo XX, experimentó un aumento en popularidad que finalmente lo impulsó a convertirse en la variante de póquer más popular en todo el mundo.
La naturaleza simple pero estratégica del juego, con cartas comunitarias compartidas entre los jugadores, cautivó a los entusiastas y permitió emocionantes rondas de apuestas y maniobras estratégicas. El atractivo de la variante se extendió tanto a jugadores ocasionales como a profesionales, lo que contribuyó a su adopción generalizada.
Reglas de póquer estandarizadas: A medida que el póquer ganó fuerza, se hizo evidente que estandarizar las reglas del juego era crucial para el juego limpio y la uniformidad. Durante este tiempo se publicaron varios libros de reglas, con el objetivo de brindar coherencia y claridad.
Una de las contribuciones más notables fue “Las reglas de los juegos de Hoyle”, publicada por primera vez en 1742. Con el paso de los años, este libro evolucionó hasta incluir las reglas del póquer y se convirtió en una guía definitiva para los jugadores.
La influencia de Las Vegas: Las Vegas jugó un papel fundamental en el crecimiento y desarrollo del póquer. La ciudad sirvió como centro para los juegos de póquer, ofreciendo varias variantes y apuestas para atender a una clientela diversa. Con las WSOP celebradas anualmente en Las Vegas, la ciudad se convirtió en sinónimo de torneos de póquer y atrajo a jugadores de todos los ámbitos de la vida.
Popularizar el póquer en los medios y la cultura: Durante el siglo XX, el póquer llegó a los principales medios de comunicación y a la cultura popular. Numerosos libros, películas y programas de televisión presentaban juegos de póquer, lo que contribuía a su imagen romántica.
La clásica película de póquer «Rounders» (1998), protagonizada por Matt Damon y Edward Norton, se convirtió en un éxito de culto e inspiró a una nueva generación de entusiastas del póquer. Además, los torneos de póquer televisados llevaron la emoción del juego a los salones de todo el mundo, con comentaristas y personalidades icónicos que mejoraron la experiencia visual.
Expansión de las salas de póquer del casino: El póquer no era muy popular en los casinos ya que es un juego de habilidad más que de azar, pero a medida que crecía su popularidad, más casinos comenzaron a ver la necesidad de salas de póquer especiales.
Las mesas de póquer se multiplicaron en los casinos de todo el mundo, y la disponibilidad de juegos y torneos en efectivo atrajo tanto a los jugadores experimentados como a los recién llegados.
Las salas de póquer de los casinos se convirtieron en centros para que los entusiastas del póquer pusieran a prueba sus habilidades, compitieran y socializaran, fomentando una comunidad de póquer vibrante.
Propagación mundial del póquer: El siglo XX fue testigo de cómo el alcance del póquer se extendió más allá de América del Norte. Europa, Asia y otros continentes adoptaron el juego, lo que llevó al establecimiento de torneos y eventos de póquer en todo el mundo. El atractivo intercultural del juego y el auge de las plataformas de póquer en línea facilitaron el intercambio de estrategias de póquer y estilos de juego entre jugadores de diferentes orígenes.
El siglo XX fue un punto de inflexión en la historia del póquer, ya que el juego experimentó cambios que prepararon el escenario para su dominio actual. El establecimiento de las WSOP, el auge del Texas Hold’em, la estandarización de las reglas, la influencia de Las Vegas y la expansión del póquer en los medios y la cultura desempeñaron un papel integral en la popularización del juego.
Con sus raíces firmemente plantadas, el póquer sentó las bases para una nueva era de crecimiento e innovación en el siglo XXI, impulsándolo hasta convertirse en el fenómeno global que es hoy.

– El auge del póquer y el efecto generador de dinero
El póquer experimentó un aumento de popularidad sin precedentes a principios del siglo XXI, un fenómeno conocido como el «boom del póquer». Hay varias causas para este aumento del interés, pero el “efecto Moneymaker” puede haber tenido el mayor impacto.
El auge del auge del póquer: El póquer comenzó a adquirir popularidad como pasatiempo a fines de la década de 1990, especialmente en los EE. UU. Las cadenas de televisión comenzaron a transmitir torneos de póquer, mostrando la emoción y el dramatismo del juego a una audiencia más amplia. A medida que más personas miraban estos eventos televisados, el interés en el póquer como deporte para espectadores comenzó a crecer. Además, el auge de las plataformas de póquer en línea proporcionó accesibilidad y conveniencia para que los jugadores participaran en el juego desde la comodidad de sus hogares.
El efecto Moneymaker: El momento crucial que encendió el auge del póquer ocurrió en 2003 durante el Evento Principal de la Serie Mundial de Póquer (WSOP). Chris Moneymaker, un modesto jugador de póquer aficionado y contador de Tennessee, ingresó al torneo a través de un torneo satélite en línea $39 en PokerStars, una plataforma de póquer en línea. Sorprendentemente, Moneymaker consiguió un asiento en el Evento Principal, que normalmente tenía un buy-in de $10,000.
Chris Moneymaker (y sí, es su apellido real), un contable de Tennessee sin experiencia profesional en las mesas, consiguió una invitación para participar en las World Series of Poker de 2003 tras ganar un torneo satélite en línea con una inversión de tan solo 39 dólares. Contra todo pronóstico, consiguió superar ronda tras ronda, dejando en la cuneta a los profesionales más destacados de aquella época, y ganando un premio de 2,5 millones de dólares.
La victoria de Moneymaker fue un terremoto en la industria del póquer. Su historia inspiradora capturó la imaginación de miles de aficionados alrededor del mundo, que se vieron motivados a probar suerte en el juego. El póquer experimentó un auge sin precedentes, con un aumento masivo en la participación en torneos y un crecimiento exponencial del juego en línea. El Efecto Moneymaker dejó una huella imborrable en el póquer, democratizando el juego y convirtiéndolo en un deporte accesible para todos.
El efecto dominó: El Efecto Moneymaker tuvo un impacto de gran alcance en el póquer que se extendió mucho más allá de la victoria en el Evento Principal de la WSOP. Se produjeron varios cambios significativos dentro de la industria del póquer:
Explosión del póquer en línea: Tras el triunfo de Moneymaker, el póquer en línea explotó en popularidad. Las plataformas experimentaron un aumento en los registros, ya que millones de jugadores buscaron emular el éxito de Moneymaker. Permitió a los jugadores perfeccionar sus habilidades, competir contra otros de diferentes rincones del mundo e incluso clasificarse para prestigiosos torneos en vivo como las WSOP.
La celebridad de los profesionales del póquer: La victoria de Moneymaker puso a los profesionales del póquer en el centro de atención. El público quedó intrigado por las personalidades, estrategias y naturaleza competitiva de los mejores jugadores. Nombres muy conocidos en el póquer, como Phil Hellmuth, Doyle Brunson, Daniel Negreanu y Phil Ivey obtuvieron un amplio reconocimiento y sus perfiles aumentaron significativamente.
Ampliación de Torneos en Vivo: A medida que aumentó el interés por el póquer, los torneos en vivo presenciaron un aumento sustancial en la asistencia y en los premios acumulados. Los casinos y salas de póquer de todo el mundo comenzaron a organizar eventos más grandes y frecuentes para satisfacer la demanda. Las WSOP, en particular, vieron un enorme aumento en la participación, atrayendo a jugadores de varios países ansiosos por convertirse en el próximo Moneymaker.
El impacto cultural del póquer: El póquer se arraigó en la cultura popular y apareció en películas, programas de televisión y libros.
Legitimación del póquer como un juego de habilidad: El efecto Moneymaker ayudó a desafiar la percepción del póquer y contribuyó a su reconocimiento como un juego basado en habilidades. El éxito de Moneymaker como jugador aficionado demostró que con dedicación, práctica y perspicacia estratégica, cualquiera podía competir y triunfar contra los mejores del mundo.

– El póquer en línea y su impacto en el crecimiento del póquer
Con la llegada de Internet y los avances tecnológicos, el póquer experimentó una transformación revolucionaria que lo impulsó a nuevos niveles de popularidad.
La revolución del póquer en línea: A fines de la década de 1990 y principios de la de 2000, comenzaron a surgir plataformas de póquer en línea que ofrecían a los jugadores la comodidad de jugar desde sus hogares en cualquier momento del día.
La disponibilidad de diferentes variantes, entradas y torneos atrajo a una base de jugadores amplia y diversa, lo que expandió la comunidad de póquer en todo el mundo. Los jugadores ahora pueden competir contra oponentes de todo el mundo, fomentando un sentido de camaradería global entre los entusiastas.
Accesibilidad global e influencia intercultural: El póquer en línea no solo hizo que el juego fuera accesible para jugadores en rincones remotos del mundo, sino que también facilitó un intercambio intercultural entre los entusiastas del póquer.
Jugadores de diferentes orígenes, que hablaban diferentes idiomas y provenientes de varios países compitieron entre sí, trascendiendo las barreras geográficas. Este intercambio cultural contribuyó a la evolución de las estrategias de póquer y los estilos de juego.
A principios de los 2000, hubo un enorme aumento de popularidad del poker en general y el Texas Hold’em en particular.
Esto se debe a cinco factores determinantes:
- La invención del poker online
- Los anuncios de sitios de poker online en televisión
- La aparición del poker en la cultura popular, por ejemplo, en series de televisión y películas de Hollywood
- El uso de la “cámara de cartas de inicio” en el poker en vivo que mejora la experiencia del espectador
- Chris Moneymaker ganando las WSOP de 2003 después de clasificarse a través de un satélite online
Estos factores se combinaron para crear lo que se ha dado a conocer como “boom del poker”. Ahí despegó realmente el poker online. La primera web de poker online empezó a funcionar en 1998, y el sector ya estaba creciendo. Pero en 2004 (el año siguiente a la victoria de Moneymaker en las WSOP), la industria del poker online triplicó su facturación.
El crecimiento del poker online trajo consigo un nuevo tipo de evolución. Ahora, los jugadores pueden disfrutar del poker desde la comodidad del hogar o en movimiento gracias a los móviles. Las webs de poker online han aumentado su oferta con formatos innovadores, como los PKO o los Spin N Go, haciendo que el poker sea más rápido e intenso.
La participación internacional, que incluye cientos de miles de jugadores, ha aumentado los botes de premios de los MTT, lo que hace posible que haya torneos semanales como los Sunday Million.
Desde sus enigmáticos orígenes hasta su popularidad actual, el póquer ha atravesado el tiempo y las culturas hasta convertirse en un juego de cartas universal que cautiva a millones.
A medida que continúa evolucionando, el atractivo del póquer sigue siendo tan potente como siempre, fomentando un espíritu de competencia, camaradería y brillantez estratégica entre los jugadores de todo el mundo.
Ya seas un principiante o un profesional experimentado, el encanto atemporal del póquer te invita a barajar la baraja, hacer tus apuestas y embarcarte en un viaje inolvidable a través del cautivador mundo de las cartas y las fichas.
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Patas para arriba: un recorrido por los cuadros que fueron colgados al revés…

Historia Hoy(O.L.Mato) — A lo largo de la historia del arte, una serie de creaciones han sido exhibidas de forma incorrecta.
Además de tener una vasta obra pictórica, Henri Matisse, confinado a una silla de ruedas, escribió extensamente sobre su arte, su obra y su concepción estética. En sus textos relucen afirmaciones como “yo no pinto la mesa sino la emoción que produce en mí pintarla”, “yo pinto la diferencia entre las cosas”, o bien “la exactitud no es verdad”.
Para un esteticista como Matisse, y más aún cuando una de sus obras pasó semanas exhibiéndose al revés, la inexactitud aparece como un gran inconveniente.
El 18 de octubre de 1961, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se exhibió una obra de Matisse llamada Le Bateau (El barco). A lo largo de 47 días, 160 mil personas desfilaron ante esta obra y ninguno de ellos se percató que el cuadro estaba al revés.
No fue esta la única obra que sufrió un destino singular. Un cuadro de Edward Dickinson expuesto ante la Academia Nacional de Diseño de Estados Unidos, también fue colgada al revés, y sin embargo el jurado de expertos le otorgó el segundo premio del concurso. Nadie sabe cuál hubiese sido su destino de haber sido colgado correctamente.

Este tipo de errores se da casi exclusivamente en pintura abstracta o geométrica, aunque no es exclusiva de estos estilos. A Georgia O’Keeffe, la famosa pintora norteamericana, conocida por sus cuadros de flores gigantes y su relación con Frida Kahlo, le pasó dos veces.
El Árbol de Lawrence se exhibió en forma inapropiada en 1931 y, nuevamente, desde 1979 a 1989. También le pasó con Amapolas Orientales, el cual estuvo expuesto dado vuelta durante 30 años, en el Museo de la Universidad de Minnesota, hasta que un experto determinó su posición correcta.

Pero no hay que irse a Minnesota para ver errores, en la National Gallery de Londres, en el año 1965, a lo largo de dos semanas se exhibió en forma invertida la pintura de título Hierba alta y mariposas, de Vincent Van Gogh, sin que nadie se percatara del error.
Un caso similar sucedió en el Metropolitan de Nueva York, cuando se dispuso en forma inapropiada la obra de Salvador Dalí llamada Cuatro mujeres de pescadores de Cadaqués, o bien en el Reina Sofía, de Madrid, donde colgaron al revés El violinista, de Picasso.
Este fenómeno no se debió siempre a error o falla del curador. Un retrato de Felipe V, que no tenía nada de abstracto, fue expuesto boca abajo en el Museo de L’ Almodí, en Valencia, porque el personaje retratado, el Rey Felipe V, había ordenado quemar esta ciudad durante la Guerra de Sucesión.

Siguiendo el mapa, Georg Baselitz, el controvertido pintor neoexpresionista alemán, ha presentado una serie de cuadros pintados al revés, ya que, según afirmaba el artista, había escogido dar vuelta al mundo en que le ha tocado vivir.
Tanto Las meninas de Velázquez como el retrato de La familia de Carlos IV de Goya están pintados invertidos, o mejor dicho, de forma especular, ya que ambos se valieron de un espejo al momento de hacerlos.
Por su parte, Manuel Moldes, un pintor gallego, ha pintado a Cristo desnudo y cabeza abajo. Su cuadro expuesto en el Auditorio de Galicia de Santiago de Compostela, fue censurado en la Bienal de Pontevedra, ciudad de la que el artista es oriundo.

Tal como afirma el conocido cliché sobre que “el mundo está al revés”, no debe extrañarnos que una serie de valiosas obras de arte hayan sido colgadas, pintadas o expuestas de forma inapropiada.
No he encontrado historias de cuadros de pintores argentinos que hayan sufrido este percance, aunque sería bueno que algún curador o especialista del arte revise que los cuadros de Felipe Noé y Roberto Mackintosh estén colgados de la forma en que corresponde.
nuestras charlas nocturnas.
Curiosidades de América …

– Argentina
monografías(G.Nocetto) — Sabias que? Argentina es el segundo país de América del Sur en extensión y población.
El pico más alto de los Andes y del continente americano, es el Aconcagua, situado en la provincia de Mendoza, en el oeste de Argentina, cerca de la frontera con Chile.
Este volcán tiene 6,959 metros (22,830 pies) de altitud y, aunque fue considerado sin actividad en un principio por los materiales
encontrados en su parte superior, no es un volcán extinto.
Ushuaia es la ciudad más austral del planeta. Es la más importante urbe y capital de Tierra del Fuego. Allí está la mayor colonia de pingüinos de la tierra (casi 1.000.000), además de ballenas y elefantes marinos.
¿Sabías que…el Río de la Plata es el más ancho del mundo?
¿Sabías que…la avenida 9 de julio, en pleno centro de la capital, es la más ancha del mundo y la avenida Rivadavia, también en Buenos Aires, es la más larga del mundo?
– Bolivia
¿Sabías que…En Bolivia, el Lago Titicaca es el mayor lago de agua fresca en América del Sur? Cubre un área de 8,290 kilómetros cuadrados (3,200 millas cuadradas) en la frontera entre Bolivia y Perú, y tiene una longitud de unos 190 kilómetros (120 millas) con un ancho promedio de 72 kilómetros (45 millas)..y es el lago navegable más alto del mundo? Se encuentra a una altura de 3,815
metros (12,500 pies) sobre el nivel del mar.
– Brasil

¿Sabías que… El río Amazonas es el más caudaloso y el segundo más largo del mundo . El río alcanza una longitud de 6.280 kilómetros. En su recorrido recibe las aguas de numerosos afluentes, los que son importantes recolectores de aguas y hacen que Amazonas sea uno de los más caudalosos. Sus aguas (que algunos describen como grises) desembocan en el Océano Atlántico,
adentrándose unos cien kilómetros dentro de él, atenuando incluso la salinidad del mar.
La isla más grande del mundo tierra adentro, (tierra rodeada por ríos) es la Ilha do Bananal, en Brasil, con 18.130 km2.
¿Sabías que…El Brasil está entre los primeros productores de minerales como el cristal de roca, el cuarzo y la mica?
¿Sabías que… Brasilia, la capital de Brasil, tiene forma de cruz y en sus grandes avenidas se encuentran los principales edificios
oficiales.
– Chile
¿Sabías que… La principal ciudad y puerto del norte de Chile es Antofagasta, capital de la provincia del mismo nombre y su condición próspera se debe a su condición de ser puerto de salida de la producción minera de la zona septentrional chilena, la zona del desierto. Antofagasta tiene un gran desarrollo urbano pese a la aridez reinante.
Esta zona tiene relativamente escasa población, pero es la que produce la mayor parte de los artículos de exportación del país, especialmente cobre, salitre, nitrato, bórax, yodo, hierro.
¿Sabías que…La explotación de nitrato ocupa un lugar muy importante en el norte de Chile, se halla en las salitreras en forma de
depósito superficial, llamado «caliche».
En la planicie desértica desde el límite norte con Perú hasta el río Copiapó se encuentran los yacimientos de salitre más grandes del mundo.
El desierto de Atacama es uno de los lugares más secos del planeta.
¿Sabías que… Una de las ciudades más australes de la tierra, es el puerto de Punta Arenas, sobre el Estrecho de Magallanes.
¿Sabías que…La Isla de Pascua, denominada también Rapa Nui está ubicada en el Océano Pacífico, a 3760 km de Santiago, fue
descubierta en 1722. Es famosa por las estatuas gigantes erigidas frente al mar, y es uno de los centros arqueológicos más importantes del mundo.
Los Moai que se pueden observar en la Isla de Pascua o Rapa Nui, en parte agrupados en orden en ahues o santuarios, y también desperdigados por la isla, se supone que respondían a un culto religioso, y el material provenía de la cantera ubicada en el volcán Rano Raraku, pero que intempestivamente fueron dejadas de fabricar.
Se estima que esto fue a causa de un violento cambio de culto religioso impuesto en el Siglo XVI.
Se estima que la cultura de la Isla de Pascua fue aislada, incluso su escritura pictográfica no ha sido totalmente descifrada.
Por su valor científico y cultural, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1995.
¿Sabías que…El PARQUE NACIONAL TORRES DEL PAINE: Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978, el Parque Nacional Torres del Paine (ubicado en la XII Región de Magallanes, Chile), es internacionalmente reconocido como uno de los lugares más bellos, sin contaminación y únicos del planeta, pues aún no ha sido tocado por el hombre.
Sus mayores atractivos radican en la espectacularidad de su relieve, los lagos, la flora y la fauna.

– Colombia
¿Sabías que…En Colombia hay numerosos ríos que descienden de los Andes, y van a formar parte de la gran cuenca del Orinoco?
Y junto a sus márgenes se desarrolla la vegetación exuberante de la selva ecuatorial.
¿Sabías que…Del subsuelo colombiano se extrae el 95% de la producción mundial de esmeraldas.
Colombia es el segundo productor mundial de café y posee las mayores reservas carboníferas latinoamericanas.
El Parque Arqueológico de San Agustín fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995 por la Unesco.
En la región de San Agustín (Departamento de Huila) se han efectuado los principales hallazgos arqueológicos: templos excavados en la roca, tumbas y grandes estatuas de piedra, de ídolos, zoomórficas o antropomórficas?
– Ecuador
¿Sabías que… El Oriente de Ecuador es la zona de la selva húmeda, y en esa zona se encuentran los menores porcentajes de población de todo el país? Pero a la vez es una región a la que se le dedica especial atención, para colonizarla.
¿Sabías que… En esa zona se dedican a los cultivos de bananas, cítricos y café, así como a la cría del ganado y a la explotación
forestal?
¿Y que en el lago Agrio, desde 1967, se extrae petróleo, con lo que Ecuador se convirtió en país exportador de crudo?
¿Sabías que… La llanura oriental forma parte del Amazonas?
¿Sabías que…el cacao es originario de América, y que Ecuador es uno de los países que ha tenido las mejores plantaciones?
¿Sabías que… frente a las costas de Ecuador se encuentran las Islas Galápagos?
¿Y que…además de las tortugas gigantes, se encuentran allí gran cantidad de iguanas?
¿Sabías que… Dicen que Cuenca es una de las ciudades más religiosas del Ecuador? En la mayoría de las casas hay una pequeña cruz en la puerta o en el techo para protegerla por Dios, de los males.
En unas pocas cuadras se pueden visitar doce Iglesias. Los taxistas llevan cruces e imágenes de distintas vírgenes.
En algunos comercios las empleadas atienden con un rosario en la mano, del que no se desprenden. A la par, existen muchas creencias, mitos y leyendas. En la Plaza de la Catedral, en pleno Centro Histórico, venden un sinfín de productos sanadores, yerbas, brevajes, ungüentos, y hasta el «perro sanador» de asma y los derivados del árbol «Sangre del Dragón», que dicen que puede curar de todo.
La montaña más alta de Ecuador es el Volcán Cayambe (5878 m). Muchas de las altas cumbres andinas son volcánicas, como el Chimborazo (extinguido) y el Cotopaxi, de 5.943 metros. Este último, que en el s. XIX hizo violentas erupciones, es el más alto de la Tierra entre los volcanes activos del mundo. El Sangay es uno de los más activos del mundo.
El volcán extinguido Chimborazo, de 6267 metros, es el monte más elevado del país . Los volcanes de esta región son más de treinta, entre ellos se pueden citar: el Cayambe, otro de los volcanes más espectaculares del Ecuador en plena latitud 0º0’0» en la Cordillera central, con 5790 metros; el Pululahua, la única caldera poblada de un volcán activo en el mundo; el Altar o Cápac Urcu, en la
Cordillera Central, de 5.320 metros; el Sumaco, en la Cordillera Oriental, de 3.900 metros; el Pichincha de 4.787 metros, en cuyas
faldas se libró la celebre batalla del 24 de mayo de 1822, ganada por Sucre a las fuerzas realistas acaudilladas por Aymerich; el Tungurahua, ubicado en la Cordillera Central, de 5.005 metros de altura, el Sangay, también en la Cordillera Central, con 5230 metros de altitud.

– México
¿Sabías que…La ciudad de México fue fundada en 1325 por los aztecas, y que el México actual presenta vestigios de tres civilizaciones distintas.
¿Sabías que…México es zona de volcanes? Uno de ellos es el Popocatépetl, que significa «la montaña que humea», pues la actividad volcánica no ha cesado del todo. Uno de los volcanes más nuevos es el Paricutín, el que surgió de improviso en un campo sembrado, en 1943.
¿Sabías que…Ciudad México es actualmente una de las más poblada del mundo con 22.5 millones de habitantes? La contaminación ambiental y polución son un grave problema en Ciudad México y que con frecuencia los niveles de contaminación en el aire sobrepasan los niveles aceptables para nuestra salud?
Sabías que… El golfo más grande del mundo es el de México, con un área de 1.500.000 km2 y una longitud de costa de 4.990 kilómetros, desde Cabo Sable (Florida, EEUU) hasta Cabo Catoche (México).
¿Sabías que… México es uno de los principales productores mundiales de plata, flúor y estroncio.
– Paraguay
¿Sabías que… Las Misiones Jesuíticas conforman un conjunto arquitectónico de gran importancia histórica, cultural y artística, erigido entre 1609 y 1768 por la orden religiosa Compañía de Jesús. Estas eran más de 80, pero actualmente sólo quedan 30 entra los territorios de Argentina, Brasil y Paraguay.
Dignas de ser visitadas, estas misiones constituyen un legado inestimable de lo que fue la labor de evangelización de las poblaciones nativas en los países mencionados. De las siete misiones existentes en Paraguay dos han sido declaradas Patrimonio Universal de la Humanidad: Jesús del Tavarangue y Trinidad del Paraná.
La primera fue fundada en 1685, cuenta con una iglesia restaurada y en este momento se está llevando a cabo el proyecto para
la rehabilitación de colegios, talleres y casas de indios. Fundada en los inicios del siglo XVIII, Trinidad del Paraná es la más acabada de las 30 misiones jesuíticas existentes entre los mencionados países sudamericanos.
Cuenta con una imponente Plaza Mar bordeada por casas de indios y una Iglesia Mayor con valiosísimos elementos como la pila bautismal, el púlpito y el pórtico de la sacristía, recinto en el que se exhiben piezas de museo de gran valor artístico.
¿Sabías que… Paraguay es uno de los pocos países con una biosfera no contaminada, que sorprende al visitante con sus áreas naturales intactas y equilibradas ecológicamente, y es uno de los máximos exponentes de la riqueza natural de América del Sur.
¿Sabías que… El sub-afluente más largo del mundo es el Río Pilcomayo (1609 km de longitud). Es un afluente del Río Paraguay, que a su vez es afluente del Paraná, que desemboca en el Río de la Plata.

– Perú
El nombre del Perú deriva de una palabra quechua que significa «abundancia», recordando la opulencia de las épocas del imperio incaico. Y según el Inca Garcilaso de la Vega, Cuzco significaba «el ombligo del mundo».
El desfiladero más profundo es el del Cañón de Colca en Perú (descubierto en 1929) con una profundidad de 3223 m. Fue atravesado por primera vez en 1981, por una expedición polaca de 79 kayaks.
¿Sabías que… Las ruinas de Machu Pichu, la ciudadela de los Incas, situada a 2700 metros entre los desfiladeros de Urubamba, fueron descubiertas en 1911, por el arqueólogo e historiador norteamericano Hiram Bingham. Muchos investigadores habían
pasado por sus cercanías anteriormente, sin descubrirla.
Machu Picchu, la Ciudad Perdida de los Incas, su Santuario Histórico, se encuentra a 2430 metros de altura, y es una magnífica obra arquitectónica en su emplazamiento montañoso, con su sillería tallada en la roca, con su esplendor de los siglos XV y
XVI. La ciudad se divide en dos partes: la baja (hurin) y la alta (hanan). Presentaba edificaciones militares, religiosas, residenciales; y por su valor histórico, cultural arquitectónico y artístico, fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1983.
En el sector religioso de la ciudad se encontraban la Plaza Sagrada, el Templo de las Tres Ventanas, el Templo Sagrado, un Observatorio Solar Intihuatana (Altar del Sol) y la Mansión Sacerdotal.
¿Sabías que… El Parque Nacional de Huascarán también fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como reserva de la biosfera, en 1985, y se halla en la Cordillera Blanca, en Ancash, en la Sierra Central del Perú.
El Huascarán es la cima más alta del Perú, con 6768 metros y da el nombre al Parque. Cerca de treinta montes allí superan los 6.000 metros, que se alzan entre ruinas precolombinas dejadas por la cultura Chavín, y una exuberante manifestación de la flora y la fauna del lugar. Y para complementar el paisaje paradisíaco en las alturas, se hallan las lagunas de Llanganuco y Parón.
También son Patrimonio de la Humanidad en Perú:
| La zona Arqueológica de Chan Chan, declarada por la Unesco en 1986. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| El Parque Nacional de Manú, declarado por la Unesco en 1987. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| El Centro Histórico de Lima, declarado por la Unesco en 1988. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| El Parque Nacional del Río Abiseo, declarado por la Unesco en 1990. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Líneas y Geoglifos de Nazca y de Pampas de Jumana, declarados por la Unesco en 1994. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Las líneas de Nazca fueron descubiertas en 1930, por unos aviadores que observaron que las líneas formaban dibujos de animales y
figuras geométricas.. Se observan desde alturas, y ocupan unos 1.500 metros de largo.
Las líneas y geoglifos de Nazca y de Pampas de Jumana fueron declarados Bienes del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es 1994.
En esta región, miles de líneas se extienden por 520 km2, y algunas incluso se prolongan hasta un área de 800 km2. Las longitudes de las líneas son variables, llegando a medir algunas hasta 65 km de largo. El diseño de los dibujos adquiere significado a partir de los 200 metros de altura.
Son numerosas las figuras que se hallan en Nazca, particularmente en la Pampa de San José: figuras geométricas, meandros, representaciones animales, vegetales y humanas, laberintos, y dibujos que simulan aeropuertos inexistentes.
En Nazca proliferan espirales, grupos de constelaciones, hombres coronados, y formas imposibles de identificar. Pero son los dibujos de animales los que más llaman la atención: aves de entre 25 y 275 metros de largo (colibríes gigantes, cóndores, y otras), una llama, un mono, una araña, una lagartija, un perro, una «ballena asesina» de 27 metros.
Muchos de los dibujos se encuentran mezclados con líneas y espirales. Casi todos los dibujos fueron hechos en la superficie llana; sólo hay unos pocos en las laderas de las colinas. Casi todas las figuras que se sitúan en las laderas representan hombres. Algunos están coronados por tres o cuatro líneas verticales que quizás representen las plumas de un tocado ceremonial (algunas momias
peruanas llevaban tocados de oro y plumas).
Las líneas de Nazca son de una técnica impecable. Las rectas presentan una linealidad perfecta, con insignificantes desviaciones a lo largo de kilómetros. Las curvas y volutas parecen trazadas con útiles geométricos.
Las figuras de las laderas aparecen menos definidas que las del desierto, quizás porque no las ha desbrozado la científica María Reiche, o quizás porque las piedras que han rodado por la ladera han borrado los detalles.
¿Sabías que…Hay muchas teorías sobre las figuras que representan las líneas de Nazca. En esta región, miles de líneas se extienden por 520 km2, y algunas incluso se prolongan hasta un área de 800 km2. Las longitudes de las líneas son variables, llegando a medir algunas hasta 65 km de largo. El diseño de los dibujos adquiere significado a partir de los 200 metros de altura.
A los arqueólogos especializados en el estudio de la cultura nazca, el esfuerzo que debe haber representado la realización de las líneas, se explica por el tipo de organización de esa sociedad: firmemente estratificada y gobernada por un fuerte poder centralizado. Es un tipo de organización social bien conocida en las distintas civilizaciones antiguas que dependían de la agricultura para su alimentación, como los egipcios, los mayas o los sumerios.
Todas ellas eran, al igual que la Nazca, sociedades capaces de movilizar grandes masas humanas para construir templos, monumentos y palacios. Y, por qué no, también imponentes observatorios astronómicos.
Lima, cuyo nombre proviene del vocablo indígena «Rímac», que significa hablador, creció rápidamente y se convirtió durante
los siglos XVI y XVII en la metrópoli más importante y poderosa de la América Española. Fue centro de las actividades comerciales y culturales del virreinato hasta el siglo XVIII, cuando pierde su hegemonía debido a la creación del Virreinato del Río de La Plata que absorbe consigo las minas de Potosí.
El lago Titicaca se encuentra en el altiplano andino, en la frontera entre Perú y Bolivia. La superficie abarca unos 9000 kilómetros cuadrados y a unos 3800 metros sobre el nivel del mar.

– Uruguay
Las playas de Uruguay son renombradas, elegantes o populares. Punta del Este, más hacia el norte, sobre la costa uruguaya, es la que más turismo atrae.
El Río Uruguay hace su nacimiento en la Sierra do Mar, en la unión de los ríos Canoas y Pelotas, a una altitud de 2.050 m. sobre el nivel del mar. Hasta su desembocadura en Punta Gorda (Departamento de Colonia, Uruguay), a los 33°54´, recorre alrededor de 1.500 kilómetros de sinuoso cauce.
En el Uruguay medio forma cascadas como la de San Gregorio. Los Saltos Grande y Chico, que antes eran otras de las características
atractivas del río, en la actualidad han desaparecido debido a la construcción de la Represa de Salto Grande. En la zona más cercana a su desembocadura, formando el límite entre Argentina y Uruguay, el río se ensancha hasta alcanzar alrededor de 12 kilómetros de
ribera a ribera.
Uruguay es el país independiente más pequeño de América del Sur.
El Faro de Colonia es el eterno vigilante que alumbra la bahía, junto a las ruinas del Convento de San Francisco, que fuera construido a finales del Siglo XVII.
– Venezuela
¿Sabías que…En Venezuela hay tres sitios que han sido declarados Patrimonios de la Humanidad por la Unesco:
Coro y su Puerto, Este es un conjunto arquitectónico en que se pueden apreciar los distintos períodos de colonización, con estilos indígena, holandés y español.
Parque Nacional Canaima, En estas elevadas mesetas y profundas quebradas se encuentran variedad de ambientes, biodiversidad
y diversas formaciones geológicas. Son tres millones de hectáreas, y en la zona occidental predominan las sabanas, mientras que hacia el este se halla la laguna de Canaima, Auyán-tepui y Kavac.
El mayor atractivo del Parque Nacional Canaima es el Salto Ángel. el Salto Ángel, ubicado en la geografía venezolana, es el más alto del mundo? Mide 978 metros y está ubicado en el Macizo de Guayana (Estado de Bolívar).
El río que origina al Salto Ángel se llama Churún, el cual es afluente del río Carrao, que a su vez lo es del río Caroní. Este salto
toma su nombre del apellido de su descubridor, James (Jimmy) Ángel, aviador estadounidense, el cual lo avistó por primera vez en 1937
La catarata nace en la parte superior de una meseta (o «tepuy», como se denominan a estas formaciones geológicas) llamada Auyan Tepuy. Estos tepuyes, conjuntamente con otras formaciones geológicas se denominan «simas» (las cuales son profundos y enormes
cráteres, de paredes casi verticales), también presentes en esta zona, son formaciones sumamente antiguas, lo que le confiere a todo el Macizo Guayanés un interés geológico y biológico particular.
Se estima que dentro de estas simas y en lo alto de los tepuyes existen géneros de plantas y animales (principalmente invertebrados) nunca vistos por el hombre, y menos aún clasificados.
El Río Orinoco es el mayor de los ríos venezolanos, y que su caudal es muy considerable en los períodos de crecida, en que alcanza los 50.000 m3/seg.?
Sabías que…en 1917 se descubrió petróleo en Venezuela, convirtiendo al país en un importante proveedor de petróleo? Una
significativa porción de los campos petroleros se encuentra en y alrededor el Lago Maracaibo, dando singular importancia al Golfo de Venezuela (también conocido como Golfo de Maracaibo) en el comercio petrolero.
– Curiosidades Caribeñas

– CUBA
¿Sabías que…La isla de Cuba, que se extiende de oeste a este, en una longitud de unos 1.300 km., es predominantemente llana en la parte central. Es la mayor isla de las Grandes Antillas.
¿Sabías que…La madera más ligera es la del Aeschynomene Hispida de Cuba, con un peso de sólo 44 kg por metro cúbico.
Sabías que…Las playas de Guardalavaca se extienden entre altos acantilados en la parte oriental de la isla, y son lugares elegidos por el turismo por su belleza. Sus aguas tibias y tranquilas de un color turquesa están protegidas por barreras coralíferas a 300 metros de la costa y generan un microclima marino ideal.
El buceo se puede practicar en lugares como «Boca de las Esponjas», «El salto» y «El cañón de los aguajíes». En Gibara se encuentra un conjunto de cavernas submarinas únicas en toda la isla. Allí se puede practicar espeleobuceo.
Guardalavaca es denominada «Capital Arqueológica de Cuba». La leyenda cuenta que el nombre deriva de que allí, los españoles , en los siglos XVI y XVII ocultaban sus reses para evitar que los piratas y corsarios que frecuentemente visitaban la isla en busca de
tesoros y riquezas, les saquearan sus animales.
También cuentan otras versiones, que las playas de Guardalavaca eran un lugar de trueque de cueros y carnes de res salada, con los
bucaneros, para realizar cambios por mercancías provenientes de Europa.
¿Sabías que…Un lugar digno de ser visitado es el Museo ubicado en Chorro de Maita, donde se hallan sepulturas indígenas y joyas y objetos funerarios. Otro Museo de interés es el Indocubano de Banes, en que se encuentran piezas arqueológicas, allí se halla un ídolo de oro representando una figura femenina.
¿Sabías que…Un lindo Balneario de Cuba es el de Varadero, a 135 km de La Habana, ubicado entre las ciudades de Matanzas y Cárdenas. Este balneario de blanquísimas arenas tiene un a longitud de 20 kilómetros, cuya naturaleza ha sido modificada por casas turísticas y restaurantes. Pero su fondo marino con aguas transparentes, cristalinas, puede observarse en recorridos desde un catamarán.
¿Sabías que…En este país se elaboran los mejores cigarros del mundo, siendo las marcas más famosas Montecristo, Partagás, Hoyo de Monterrey y Upmann. Hasta que dejó de fumar, en 1985, Fidel Castro prefería los Cohiba, una marca creada por el Che
Guevara.
Ya Cristóbal Colón había escrito en su diario, sobre el tabaco que fumaban los indios. La industria tabacalera nació en Cuba en el S.
XIX.¿Sabías que…La capital de Cuba, La Habana, es la ciudad más grande del Caribe.
El complejo turístico Varadero se convirtió en un escondite de millonarios, incluso el jefe de la mafia en Chicago, Al Capone, solía vacacionar allí.
¿Sabías que…Cuba es una de las principales productoras de caña de azúcar, y derivado de esta, se obtiene el alcohol para la realización del aguardiente de caña, el cual, procesándolo, produce la bebida típica del lugar: el ron.Los piratas tomaban -siglos atrás- una bebida fuerte similar al ron, a la que llamaban tafia.
– HAITI
¿Sabías que…En Haití se halla el Parque Nacional Histórico con la Ciudadela, Sans Souci y Ramiers, declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1982.
El Palacio de Sans Souci fue construido en plena época de guerra civil, después de la Independencia de Haití y de la muerte de
Dessalines. En su realización se quería imitar la belleza del Palacio de Versalles.
Más de 20.000 negros haitianos liberados de la esclavitud trabajaron en las construcciones; y posteriormente estas construcciones, en especial la Citadelle, constituyeron un símbolo de libertad.
– JAMAICA
Jamaica pertenece a las Grandes Antillas y es la tercera isla por su tamaño.
¿Sabías que… la zona septentrional de la isla tiene un clima húmedo y las lluvias frecuentes favorecen el desarrollo de una tupida vegetación.
¿Sabías que…al término de cada verano, la costa norte está expuesta a fortísimos ciclones.
¿Sabías que… El subsuelo jamaiquino posee los más ricos depósitos de bauxita de latinoamérica.
…Una cordillera atraviesa la isla de este a oeste? Y la mayor altura es el Monte Azul que alcanza los 2.256 metros, y está ubicada hacia el este.
¿Sabías que… en la costa septentrional se ubica la ciudad y puerto de «Ocho Ríos», rodeada de hermosos paisajes naturales y frondosa vegetación. Otras ciudades que sobresalen son Spanish Town y Montego Bay.
Estos lugares son muy visitados por el turismo internacional.
¿Sabías que…hacia el oeste de Jamaica se halla una altiplanicie caliza con frondosa vegetación y de la cual descienden un centenar de
ríos y riachos hacia el mar. De todos ellos, sólo es navegable el Black, que desemboca en el Mar Caribe, en la costa sur.
¿Sabías que…Sir Henry Morgan tuvo su base en la Bahía de Kingston, que fue uno de los más famosos piratas que asoló las
regiones de Panamá, Cuba y Maracaibo.
El plato típico nacional es el bacalao, el pescado salado.
La música «reggae» es originaria de Jamaica y comenzó en la población de origen africano. El principal cantante de «reggae» fue Bob
Marley.
– PUERTO RICO
Puerto Rico es la más pequeña y la más oriental de las Grandes Antillas.
En 1898, Puerto Rico fue declarado un territorio de los Estados Unidos al firmarse el Tratado de París que puso fin a la guerra
entre España y los Estados Unidos. A los portorriqueños les fue otorgada ciudadanía estadounidense en 1917. En Julio de 1950 el Congreso de los Estados Unidos legisló la Ley Pública 600, autorizando a Puerto Rico a redactar y aprobar su propia Constitución, la cual entró en efecto el 25 de julio de 1952.
Los primitivos habitantes de la isla de Puerto Rico fueron los indios Arawak, que venían desde la costa venezolana. Así iniciaron la civilización taína. Actualmente no sobrevive esta etnia en la isla.
– REPÚBLICA DOMINICANA
¿Sabías que… La primera Catedral que se erigió en el Nuevo Mundo es la dedicada a Santa María la Menor, y se encuentra en Santo Domingo (República Dominicana)?
¿Sabías que … En este templo se conservaron por espacio de más de dos siglos y medio, los restos de Cristóbal Colón?
En Santo Domingo se estableció el primer núcleo europeo en territorio americano.
¿Sabías que … Las Plazas Ceremoniales de La Aleta, conjunto de plazas ceremoniales tainas que se encuentran al pie del manantial de La Aleta, en pleno centro del Parque Nacional del Este, es el más grande localizado en la isla de Santo Domingo, y junto
con los grupos de plazas ceremoniales de Tibes y Caguana, en Puerto Rico, uno de los mayores descubiertos hasta el momento en
la Antillas.
¿Sabías que … La cueva del Vallelico es uno de los yacimientos con Arte Rupestre más interesantes que encontramos en la zona de
amortiguamiento del Parque Nacional del Este. Su interés radica, además, en el gran número de petroglifos existentes, en la calidad de su factura, y principalmente en las distintas técnicas con que fueron realizados.
Sabías que…Este país fue descubierto por Cristóbal Colón en 1493. Los ingleses colonizaron Barbuda en 1628 y Antigua en 1632. En 1685 la familia Codrington arrendó la isla a los británicos, pagando por ella en forma anual, un cerdo robusto. En el siglo XIX fue devuelta a la corona. En 1981 alcanzaron su independencia.
Además de Antigua y Barbuda, el país está formado por otro pequeño islote de 2 km2, Redonda, que es un peñasco con yacimientos de fosfatos, totalmente deshabitado. Antigua es la isla más grande, con 280 km2.
¿Sabías que…Este país forma parte del grupo de las Islas de Sotavento en el Caribe Oriental.
¿Sabías que…No existen ríos en Barbuda y en Redonda. En Antigua hay muy pocos. Antigua posee bellas bahías con grandes médanos y arrecifes de coral.
En Antigua se lleva a cabo la Semana de la Vela de Antigua, una de las regatas más importantes del Caribe, en donde compiten embarcaciones de todo el
mundo.
¿Sabías que…Al noroeste de la isla de Antigua se encuentra el Parque Nacional Indian Town Point. En él existe una construcción
llamada El Puente del Diablo, formado por un arco de piedra caliza esculpido por las olas del mar. Los nativos del país creían que el diablo vivía allí, ya que el estruendo y la fuerza de las olas que llegaban allí impedían el escape de quien ingresara. Los esclavos llegaban a este lugar para suicidarse, buscando escapar de su condición.
¿Sabías que…Las 365 playas del país son unas de las más atrayentes de las Antillas por su agradable clima tropical y su bello paisaje
de corales.
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Sarcófagos y ataúdes del antiguo Egipto, cápsulas para la eternidad…

National Geographic(C.Mayans) — A lo largo de su vida, los antiguos egipcios preparaban minuciosamente su tumba y ajuar funerario, y procuraban que no faltase detalle alguno para garantizar el éxito de su viaje a la eternidad. Objetos imprescindibles para lograr ese éxito eran los sarcófagos y los ataúdes para contener la momia del difunto, elementos funerarios que fueron cambiando con el tiempo y algunos de los cuales muestran decoraciones pictóricas de gran calidad y belleza.
Es ampliamente conocido que los antiguos egipcios preparaban con todo lujo de detalles su vida de ultratumba con el objetivo de evitar cualquier contratiempo cuando llegase el momento de emprender el peligroso y temido viaje hasta el reino del dios Osiris, los campos de Iaru, donde, si todo iba bien, disfrutarían de una vida como la que tuvieron en la tierra.
Para ello, lo más importante era conservar el cuerpo a la perfección mediante el proceso de momificación.
Una vez llevado a cabo este largo y costoso procedimiento (del cual existían distintas calidades), la momia resultante, cuidadosamente envuelta en telas de lino entre las que se habían intercalado diversos amuletos protectores, tenía que ser depositada en un ataúd y colocada en su tumba. Evidentemente dependiendo de la categoría social y del poder adquisitivo del difunto y su familia, también había ataúdes más ricos, mejor decorados y más bellos.
Lo que sí está claro es que toda momia necesitaba su ataúd… Y también su sarcófago. Ya desde las primeras dinastías tenemos constancia de la existencia de estos elementos funerarios. Aunque debemos destacar la diferencia entre sarcófago y ataúd, ya que muchas veces ambos conceptos se confunden.
En los ataúdes, que normalmente son de madera, se depositaba la momia, y los sarcófagos, por lo general de piedra, eran, de hecho, «contenedores de ataúdes». Con el paso del tiempo, la forma y decoración tanto de unos como de otros fue variando, y su estudio ha constituido una valiosa fuente de información para los investigadores.
-Decoraciones protectoras
Los primeros ataúdes egipcios de los que tenemos noticia eran de forma rectangular, no muy largos, y adquieren forma antropomorfa desde finales del Reino Medio (2055-1650 a.C.). Pero algunos difuntos no solo disponían de un ataúd, sino de varios. Como si de una muñeca rusa se tratara, algunos ataúdes iban introducidos uno dentro de otro para resguardar mejor a la momia del difunto.

Estos ataúdes presentaban normalmente una profusa decoración, tanto por dentro como por fuera, siempre de tema religioso. Se representaban escenas de divinidades y también textos funerarios como el Libro de los muertos.
A partir de la dinastía XVII, se implementó un tipo de decoración característica conocida como rishi, adornado con un diseño de plumas, que representaría, según algunos expertos, las alas de las diosas Isis y Nefits.
Como hemos visto, los ataúdes se decoraban tanto por fuera como por dentro. La decoración interna acostumbraba a contener una imagen de Nut, la diosa del cielo, que se mostraba estirada para proteger completamente la momia del difunto. Así, el ataúd se convertía en una representación a pequeña escala del mundo.
En cuanto a los sarcófagos, que eran normalmente de piedra y de forma rectangular, durante el Reino Nuevo (1550-1069 a.C.) los de los faraones estaban decorados con imágenes de las cuatro diosas protectoras, Isis, Neftis, Neith y Selkis, una en cada esquina y con las alas desplegadas. En época saíta (664-332 a.C.) estos sarcófagos adoptan una forma antropomorfa bastante robusta y contundente.
Como curiosidad también podemos destacar que dependiendo de si el difunto era un hombre o una mujer, el rostro pintado en el ataúd (recordemos que los ataúdes normalmente tenían forma antropomorfa) tenía distinto color: rojo para los hombres y amarillo para las mujeres.
Asimismo sobre el rostro y los hombros de la momia se acostumbraba a colocar una máscara funeraria, casi siempre hecha de cartonaje (estaba pintada y se elaboraba con capas de lino empapado en yeso), que estaba pensada para ofrecer una protección adicional a la momia.

– Compañía para el otro mundo
Pero no todo el mundo quería viajar solo a la otra vida. Quienes habían tenido una amada mascota que había muerto antes que ellos, se hacían acompañar por el animal (tanto si era un perro, un gato, un babuino o un hurón) para disfrutar de su compañía eternamente. En algunos casos la momia del animal se colocaba dentro del ataúd, a los pies de su amo.
Otra compañía imprescindible para un difunto eran los ushebtis o «replicantes». Estas figurillas eran sustitutos mágicos del muerto y tenían el deber de trabajar en el más allá en su lugar cuando se les instaba a ello. De forma momiforme, llevaban inscrito en su cuerpo el capítulo 6 del Libro de los muertos, que explica cuál será su labor en los campos de Iaru.
Los ushebtis se guardaban en unas cajas específicas para ellos y se depositaban como parte importante del ajuar funerario.
Los egipcios también consideraban que un difunto debía viajar al más allá con todos sus elementos, su cuerpo debía estar completo. Por eso, aunque durante el proceso de momificación se extraían las vísceras, estas eran también momificadas y depositadas en unos recipientes especiales, los vasos canopos, cuyas tapas a partir del Reino Medio representaban a los cuatro hijos de Horus: Qebehsenuef con cabeza de halcón y protector de los intestinos, Duamutef con cabeza de chacal y protector del estómago, Amset con cabeza humana y protector del hígado y Hapy con cabeza de babuino y protector de los pulmones.

Finalmente, los ataúdes disponían de una base amplia para poder ponerlos de pie. Esto era necesario durante la celebración de los ritos funerarios que se llevaban a cabo en la entrada de la tumba, justo antes del entierro.
El más importante de ellos era el conocido como el ritual de Apertura de la boca, mediante el cual el difunto recuperaba todos sus sentidos para tener una vida completa en el más allá.
De este modo, si el difunto podía disfrutar de todo lo necesario para su viaje, sin que le faltase ningún elemento, nada podía fallar. Solo faltaba esperar que hubiera sido una persona justa de corazón y que el juicio del tribunal de Osiris le fuera favorable…

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Silfio: la fenomenal planta de la antigüedad…

marcianosz.com — El silfio, conocido también como laserpicio, representa una de las plantas más fascinantes y enigmáticas de la antigüedad. Este hinojo gigante alguna vez proliferó en las laderas secas de la costa mediterránea. Y llegó a convertirse en un símbolo de riqueza y poder para la ciudad de Cirene, en lo que hoy es Libia.
A través de su historia, al silfio no solo se le valoró por sus propiedades nutrimentales, sino también por sus usos medicinales. Sobre todo, por su capacidad anticonceptiva. En los siguientes párrafos exploraremos la historia, usos, valor y la eventual extinción de esta enigmática planta.
La historia del silfio inició aproximadamente 2,600 años en el pasado, cuando un grupo de colonos griegos dejó la isla de Thera, actualmente conocida como Santorini. A esta migración la impulsó una prolongada sequía y un aumento de la población en su isla natal.
Los colonos se establecieron en Cirene, donde encontraron un entorno propicio para la agricultura y la recolección de recursos naturales. Entre estos recursos, descubrieron el silfio, una planta autóctona que pronto se convertiría en un pilar de su economía.
Rápidamente, los Cireneos de percataron del valor del silfio. Esta planta, que crecía de forma silvestre y no requería cultivo, ofrecía una masa comestible que se utilizaba como guarnición en diversas comidas. Además, las flores amarillas del silfio se transformaban en esencias y perfumes, algo que aumentaba aún más su demanda.
Con el tiempo, la planta se convirtió en un símbolo de la riqueza de Cirene, llegando a aparecer en las monedas de oro y plata acuñadas en la ciudad.
Al silfio no solo se le apreciaba por su valor culinario, también le atribuían propiedades medicinales excepcionales. La resina extraída del tallo se destinaba a tratar una variedad de afecciones, desde tos y dolor de garganta hasta mordeduras de serpiente y epilepsia. Sin embargo, su uso más famoso y valorado era como anticonceptivo.
La resina y las semillas de la planta se convirtieron en métodos populares para prevenir embarazos, lo que llamó la atención de mujeres de diversas culturas en el mundo antiguo.

La efectividad del silfio como anticonceptivo se propagó rápidamente, convirtiéndose en un producto de gran demanda en Europa, África y Asia. Las mujeres de la antigua Grecia, Egipto, Roma e India comenzaron a utilizar sus semillas, que también se consideraban un potente afrodisíaco.
El poeta romano Catulo mencionó en sus escritos que el silfio podía facilitar el amor y la pasión, lo que aumentó aún más su popularidad.
La demanda del silfio creció tanto que sus semillas llegaron a tener un valor equivalente a su peso en plata. Esta alza en los precios llevó a los Cireneos a establecer regulaciones para proteger la planta de la sobreexplotación.
Aunque algunos contrabandistas intentaron ingresar al mercado del silfio, la mayor parte de la producción y el comercio estuvieron bajo el control de la realeza de Cirene, que instauró un monopolio sobre este aprecia recurso natural.
La imagen del silfio se estampó en casi todas las monedas de Cirene, simbolizando no solo la riqueza de la ciudad, sino también la importancia de la planta en la vida cotidiana de sus habitantes. Este símbolo de la fertilidad se considera precursor del del corazón moderno, que representa el amor en la actualidad.
Los médicos de la antigüedad, incluidos eruditos como Sorano de Éfeso, elogiaron la eficacia del silfio como método anticonceptivo. Sorano recomendaba a las mujeres beber extracto de silfio con agua una vez al mes, afirmando que no solo prevenía el embarazo, sino que también podía interrumpir uno ya existente.
Además, se utilizaba un trozo de lana empapado en el extracto como un método alternativo.
Durante el apogeo del laserpicio, la tasa de natalidad en Roma disminuyó notablemente, lo que algunos historiadores interpretan como evidencia de la efectividad de la planta. Sin embargo, la ciencia moderna no ha podido confirmar la eficacia del silfio como anticonceptivo, lo que mantiene un aura de misterio alrededor de su uso.

A pesar de su popularidad y valor, el silfio enfrentó un destino trágico. A finales del siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo documentó la extinción de la planta. El último tallo conocido de Silfio se envió al emperador Nerón como una curiosidad, marcando el final de su existencia en el mundo antiguo tras un descenso de cinco décadas en el número de plantas.
La causa de la extinción del laserpicio es un tema de amplio debate. La teoría más aceptada sugiere que la sobreexplotación y el pastoreo excesivo llevaron a la disminución de la población de silfio. A medida que Roma se expandía y absorbía Cirene como parte de su imperio, la gestión de la planta pasó a manos de gobernantes temporales que priorizaban beneficios inmediatos sobre la sostenibilidad.
Además, factores ambientales como la desertificación natural de la región también pudieron contribuir a la desaparición de la planta. Algunos botánicos sugieren que la planta nunca se extinguió por completo y que su pariente cercano, la Ferula tingitana, sería una descendencia directa del laserpicio. Sin embargo, esta teoría es poco probable, ya que el hábitat del silfio no se ha reproducido en áreas donde la Ferula tingitana crece.
– El legado de una planta.
Pese a su extinción, el legado de la planta perdura en la historia. El silfio se considera uno de los primeros ejemplos de error ambiental, donde la codicia y la falta de regulación llevaron a la pérdida de un recurso valioso. Si el laserpicio era más eficaz que las alternativas en el control de la natalidad de la época, entonces sin duda se merece su brillante reputación.
La evidencia sugiere que el mundo natural le permitió a la mujer de la antigüedad controlar su vida reproductiva sin la necesidad de abstinencia.
Pero a medida que la humanidad se acostumbró a los beneficios de este bien escaso, finalmente terminó cayendo en la codicia y la ceguera, sobrecargando un recurso renovable hasta erradicarlo para siempre. Actualmente, los científicos ya investigan otras plantas con propiedades anticonceptivas similares.
Algunas hierbas, como la Daucus carota y el poleo, mostraron cierto éxito en la prevención del embarazo en estudios con animales. Además, parientes del silfio, como la Ferula assafoetida y la Ferula jaeschkeana, han sido objeto de investigación, mostrando potencial en la anticoncepción.
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La familia que quiere comprar una granja para tratar de hallar el cuerpo de su abuela secuestrada tras ser confundida con la esposa de Rupert Murdoch…

BBC News mundo — La familia de una mujer que fue secuestrada y asesinada en una finca en Inglaterra quiere comprar la propiedad y excavar en busca de su cuerpo.
Tras su muerte en 1969 en Stocking Farm (antes Rooks Farm), en el condado de Hertfordshire, Muriel McKay nunca fue encontrada.
Su caso es emblemático.
Fue secuestrada porque se pensó que era otra persona; nada más ni nada menos que la entonces esposa del magnate de la prensa Rupert Murdoch.
La señora McKay era la esposa de Alick McKay, quien en esa época trabajaba junto al poderoso empresario. Según Louise Parry, reportero de la BBC, «Murdoch había prestado a los McKay (su auto) Rolls Royce, lo que condujo al caso de confusión de identidad».
«Sus secuestradores la confundieron con Anna, entonces esposa de Murdoch, en un intento fallido de extorsionarla por un millón de libras (US$1.300.000)». En julio de 2024, 55 años después, la Policía Metropolitana volvió al lugar y gastó 160.000 libras esterlinas, equivalentes a alrededor de 200 mil dólares, en realizar una búsqueda de ocho días. Pero, tal como ocurrió en una excavación de 2022, no tuvo éxito.
Ahora, el nieto de la señora McKay, Mark Dyer, dijo que estaba dispuesto a pagar más de un millón de libras para comprar la propiedad, la que calificó como «el lugar más malvado de la tierra», y continuar así con la incansable búsqueda de su abuela.
Los reporteros de la BBC, Lewis Adams y Justin Dealey, explican que Dyer admitió que esto sería «algo díficil de hacer» emocionalmente, pero que a la vez podría ser necesario para encontrar al menos un cierre al proceso de duelo que arrastra la familia.

Las excavaciones de julio tuvieron lugar después de que el último asesino sobreviviente, Nizamodeen Hosein, quien ahora vive en Trinidad, diera información sobre el lugar donde supuestamente estaba enterrada la señora McKay.
Pese a que Hosein estuvo dispuesto a viajar para ayudar con el proceso de búsqueda del cuerpo, las autoridades no le permitieron regresar al Reino Unido, lo que la familia McKay consideró un obstáculo en sus esfuerzos. Ian McKay, el hijo de la señora McKay, le dijo a la BBC: «Todo esto depende de que el propietario quiera vender».
«La compra de Rook’s Farm sería una respuesta emocional para permitir a la familia buscar adecuadamente y, con suerte, encontrar un cierre». Dyer dijo que si su familia compraba la granja en el futuro, serían propietarios sólo de forma «transitoria»: la comprarían, contratarían a especialistas para llevar a cabo una búsqueda privada y luego la venderían, explicó.
A principios de este año, el señor Dyer voló a Trinidad con la hija de la señora McKay, Dianne, y Nizamodeen les mostró en un mapa dónde creía que estaba enterrado el cuerpo, lo que reactivó su búsqueda. El abogado del asesino, Matthew Gayle, dijo a la BBC que Nizamodeen seguía dispuesto a viajar Inglaterra para colaborar en una eventual excavación.
En marzo de 2024, Hosein declaró que estaba dispuesto a viajar a Hertfordshire y señalar el lugar donde estaba enterrada. «Estoy dispuesto a dar un lugar de descanso a la familia, paz mental, como se diría», dijo.

– Los detalles del caso
El 29 de diciembre de 1969 la señora McKay volvía a su casa cuando fue interceptada por sus secuestradores y subida a un auto.
En ese momento, Muriel tenía 55 años, era madre de tres hijos adultos y tenía cuatro nietos.
Años después, al conversar con Nizamodeen, su hija Dianne conoció mayores detalles de ese momento.
«Durante años le había dado vueltas a la pregunta de ‘¿cómo dejó mi madre entrar en casa a esos hombres, que parecían bastante rudos?’ Él me lo dijo muy sencillo: ella estaba fuera», afirmó en julio en conversación con la BBC.
«Los vio venir. Entró corriendo y cogió el teléfono, pero no puso el cerrojo. Así fue como entraron».

Tras el secuestro, tanto Nizamodeen como su hermano hicieron llamadas en repetidas oportunidades a la familia McKay pidiendo sumas de dinero y amenazando con el asesinato de Muriel.
Luego, su nieto Mark Dyer, dijo que se hizo una llamada anónima desde la cabina telefónica de un pub, afirmando que estaba muerta.
A pesar de vastas búsquedas que condujo la policía en Rooks Farm en 1970, el cuerpo de la señora McKay no fue encontrado.
– Los responsables
Arthur Hosein, propietario de Rooks Farm, y su hermano menor, Nizamodeen Hosein, fueron detenidos el 7 de febrero de 1970.
En uno de los primeros juicios por asesinato celebrados en el Reino Unido sin que aún se descubriera un cadáver, ambos fueron condenados a cadena perpetua por el secuestro y asesinato de Muriel McKay. Arthur murió en prisión, pero Nizamodeen fue deportado a su Trinidad natal tras cumplir su condena.
Con los años, el caso se enfrió y la familia intentó seguir adelante con sus vidas. Pero en 2021, Sky emitió un documental titulado The Wimbledon Kidnapping, que incluía una entrevista reciente con Hosein. Dyer dijo que eso «abrió la puerta» a una nueva investigación. «Vi a un hombre que quería confesar», sostuvo en esa oportunidad.
Junto con su madre, Dianne, contrató a un abogado en Trinidad para establecer contacto con Hosein. En poco tiempo, hablaron por videollamada y dijo que «Nizam lo reveló todo». La familia señaló que Hosein admitió haber secuestrado a la señora McKay, pero les dijo que ésta murió de un ataque al corazón tras ver a su familia hacer un llamado sobre el caso en televisión.
Hosein reveló que, tras la repentina muerte de la señora McKay, los hermanos escondieron su cuerpo bajo un gran montón de estiércol detrás del granero. Así, les señaló el lugar en un mapa de Rooks Farm, donde se reactivaron -aún sin éxito- la búsqueda de los restos de la mujer australiana.
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Rembrandt y el elefante perdido

JotDown(A.M.Ron)/La Nación(N.Siegal) — Hubo un tiempo en que la ciencia y las artes eran casi una misma cosa. La historia que acaba de descubrir un equipo internacional de biólogos es un magnífico ejemplo de ello y una aventura que contiene elefantes, fetos conservados en alcohol y al mejor pintor de la historia de Holanda.
Todo comenzó cuando un grupo de científicos encabezados por Enrico Cappellini, del Museo de Historia Natural de Dinamarca, decidieron seguir el rastro del primer espécimen de elefante asiático identificado en la historia.
Como no podía ser menos, el asunto les llevó hasta los trabajos del naturalista sueco Carlos Linneo, quien fundó la moderna taxonomía y clasificó centenares de animales y plantas. Y en 1758 identificó el primer espécimen de elefante asiático, al que bautizó como Elephas maximus.
Para clasificar a la especie, Linneo se basó en las dos fuentes que tenía a mano en la época. La primera era una descripción de un esqueleto escrita en latín por John Ray, un naturalista británico del Trinity College, y la segunda era un feto de cinco centímetros conservado en etanol en la colección de su contemporáneo Albertus Seba.
Unos años antes, en 1734, Seba había elaborado un tesauro con especímenes animales y su pequeño elefante se convirtió, con la ayuda de Linneo, en la referencia de los científicos para estudiar la especie.
Pues bien, el equipo de Cappellini ha analizado el ADN de este pequeño feto —que aún se conserva en un tarro del Museo de Historia Natural de Suecia— y han descubierto con sorpresa que no es un elefante asiático sino que se trata de un ejemplar de elefante africano (Loxodonta africana), una especie que no fue clasificada como tal hasta el año 1797 por el naturalista alemán Johann Blumenbach, sesenta años después del trabajo de Seba.
Es decir, durante años los científicos estuvieron tomando las características del feto para una especie a la que no pertenecía.
Pero la historia no acaba aquí. El siguiente paso del equipo fue seguir las huellas de la descripción de John Ray y descubrieron que estaba describiendo un esqueleto de elefante que aún se conserva en el Museo de Historia Natural de Florencia, una ciudad que Ray visitó en 1667 mientras recogía muestras por Europa.
Se dirigieron al museo, tomaron muestras de los huesos, analizaron su ADN y ya pueden afirmar con propiedad que este sí era el elefante perdido, el primer y auténtico elefante asiático (Elephas maximus) identificado en Europa.

¿Cómo llegó este elefante a Florencia? Aquí viene la parte más entretenida.
Los científicos están convencidos de que se trata de la famosa Hansken, una hembra que viajó por toda Europa en aquellos años como parte de un espectáculo de curiosidades, hasta dar con sus huesos —nunca mejor dicho— en la ciudad de Florencia en 1655.
Antes de morirse, en una de aquellas giras por los países europeos, la elefanta pasó por Holanda entre 1637 y 1641 y Rembrandt no solo la vio, sino que la retrató a carboncillo y trazó un boceto que hoy se conserva en el British Museum.
En un aguafuerte de Rembrandt de 1638 titulada Adán y Eva en el Paraíso, aparecen dos símbolos del bien y el mal. Mientras la pareja contempla la manzana emponzoñada, un dragón sobrevuela ominosamente la escena, como imagen de la tentación.
Y en el fondo, un pequeño y contundente elefante retozando al sol, signo de la castidad y de la gracia divina. El significado de esos símbolos, aunque hoy nos sean lejanos, debía resultar muy reconocible en la Europa del siglo XVII.
El dragón era fruto de su imaginación, pero el elefante parece sorprendentemente realista. ¿Cómo hizo Rembrandt, que nunca puso un pie fuera de los Países Bajos, para saber cómo era un elefante?
La respuesta a esa pregunta cuenta la historia de una elefanta asiática que fue llevada a los Países Bajos en el siglo XVII, pasó el resto de su vida en Europa y se convirtió en un objeto de atracción famoso y muy popular.
La vida de esa elefanta ha sido una extraña obsesión durante casi dos décadas para el naturalista e historiador del arte holandés Michiel Roscam Abbing.
En 2006, Abbing publicó un primer libro breve sobre Hansken, pero durante los siguientes 15 años siguió investigando en busca de documentación adicional sobre el derrotero y la biografía de la elefanta, trabajó que reunió en un nuevo libro y que condujo a la actual exhibición en la Casa Rembrandt.
Y lo que Abbing descubrió es que durante su corta vida de apenas unos 25 años, Hansken tuvo una enorme importancia en el arte, el entretenimiento popular y la ciencia de su época: Rembrandt la representó al menos tres veces, la elefanta viajó a los países bálticos en barco, y a pie hasta Dinamarca y de ahí hasta Italia, y se convirtió en el primer ejemplar de elefante asiático descrito por la ciencia occidental.
“La historia de Hansken es muy trágica y a la vez fascinante”, dice Leonore van Sloten, curadora de la Casa Rembrandt. “Es increíble descubrir que se ha conservado tanta información sobre un animal. Fue trasplantada a un mundo al que no pertenecía -agrega-, pero hoy se ha convertido en una especie de ventana a cómo era la vida en ese momento”.
Hansken nació en 1630 en la isla de Ceilán, actualmente Sri Lanka. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales estaba comerciando con la isla, y el gobernante de los Países Bajos, el príncipe Federico Enrique de Orange-Nassau, le pidió a sus funcionarios que le enviaran un elefante joven como curiosidad.
Antes de la era moderna, los elefantes eran una verdadera rareza en Europa. “En el siglo XV, en Europa había un elefante”, dice Abbing. “Y sabemos que en el siglo XVI había dos o tres, al igual que en el siglo XVII.”
El viaje desde Ceilán duró unos siete meses y la elefanta Hansken llegó a los Países Bajos en 1633. El príncipe Federico Enrique la mantuvo en sus establos reales, junto a sus otros animales exóticos. Pero, tal vez debido al costo y la dificultad de su mantenimiento, más tarde se la entregó a un pariente, el conde Juan Mauricio de Nassau.
Hansken cambió de manos al menos dos veces más hasta que Cornelis van Groenevelt, un aspirante a artista del espectáculo, la compró por 20.000 florines (el equivalente a medio millón de dólares de la actualidad); con él pasó el resto de su vida y fue quien la llevó de pueblo en pueblo de Europa como atracción.
Van Groenevelt le enseñó a hacer trucos —a cargar una balde con la trompa, a acostarse, empuñar una espada y hasta a disparar un arma de fuego— que fueron representados en grabados del artista suizo Jeremias Glaser, y en dibujos y grabados de artistas desconocidos, a veces como publicidad del espectáculo ambulante de la elefanta.
Una de las primeras paradas de Hansken fue en Ámsterdam, en 1637, y probablemente esa haya sido la primera vez que Rembrandt la vio. Ese mismo año, el artista hizo un boceto detallado del animal, capturando con especial detalle la texturas y pliegues de su piel y la curvatura de su lomo. El dibujo probablemente sirvió como estudio para el grabado posterior de Adán y Eva.
“A Rembrandt le interesaba el animal como tal y no los trucos que sabía hacer”, dice Abbing. “Los demás artistas se enfocaron en Hansken disparando un arma o cargando un balde con agua, pero Rembrandt no, quería era captar al elefante en sí.”
Abbing logró documentar fehacientemente la llegada de Hansken a por los menos 136 ciudades y pueblos de Europa. La elefanta visitó Ámsterdam cuatro veces durante su vida y Rembrandt pudo haberla visto en dos o tres de esas oportunidades.
Hacia 1641, la volvió a dibujar en tres versiones, representándola desde varios ángulos y en diferentes poses: comiendo, reclinada y caminando.
Después de años de giras y actuaciones, probablemente descuidada y mal alimentada —los europeos sabían poco y nada sobre el cuidado de un animal así—, Hansken se derrumbó en la Piazza della Signoria, en pleno centro de la ciudad de Florencia, Italia, el 9 de noviembre de 1655.
Tenía alrededor de 25 años. Sus momentos finales fueron capturados en tres dibujos por un artista italiano, Stefano della Bella, que casualmente se encontraba en el lugar.
Tras años de giras y actuaciones, probablemente descuidada y mal alimentada, Hansken se derrumbó en la Piazza della Signoria, en pleno centro de la ciudad de Florencia, Italia, el 9 de noviembre de 1655.
“Al principio no quedaba claro lo que había sucedido, y algunos pensaban que había sido envenenada”, dice van Sloten. Después de un examen médico, se determinó que había muerto de fiebre a causa de una infección: tenía graves abscesos en las patas.
Van Groenevelt le vendió el cuerpo de Hansken al gran duque de Toscana, Fernando II de Médici, un hombre muy interesado en las ciencias naturales. El gran duque hizo que el cuerpo de Hansken fuera estudiado y descrito extensamente en la literatura científica. Más tarde, tanto su cuero como su esqueleto se exhibieron en la Galería de los Uffizi.
La piel de Hansken se deterioró y en el siglo XIX fue desechada, pero el esqueleto de la elefanta sobrevivió y hoy forma parte de la colección permanente del Museo della Specola de la Universidad de Florencia. Su cráneo fue cedido en préstamo a la Casa Rembrandt y forma parte de la exposición actual.
“No hay huesos que puedan verse de ningún otro contemporáneo de Rembrandt, ni siquiera los huesos del propio Rembrandt”, dice van Sloten. “Así que la sola idea de estar frente a los restos de Hansken es totalmente increíble.”
Con los nuevos datos conocidos, y publicados en Zoological Journal of the Linnean Society, la conclusión es fantástica: ahora sabemos que el primer retrato científico y correcto de un elefante asiático fue obra de Rembrandt. Lo que demuestra, según Cappellini, «cómo la ciencia y el arte siguen siendo inseparables».
¿No os dan ganas de aplaudir como al final de un cuento?
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Las esclavas sometidas a cruentos procedimientos quirúrgicos que acabaron transformándose en las madres de la ginecología…

BBC News Mundo — En 1845 en Alabama, Estados Unidos, Anarcha, una esclava de 17 años, acaba de tener un bebé, pero hay un problema.
«Una curiosidad quirúrgica muy desafortunada», escribiría más tarde el médico que la trató.
El doctor, James Marion Sims, nunca antes había visto algo así, pero decidió hacer algo al respecto.
Una vez que obtuvo la aprobación para tratarla del esclavista, el señor Westcott, comenzó sus procedimientos experimentales y una operación se convirtió en 30.
Esta es la historia de las mujeres negras cuyos cuerpos fueron explotados y cuyos sacrificios nos dieron instrumentos médicos que siguen ayudando a salvar vidas hoy.
Sucedió en un momento en la historia de Estados Unidos en el que la trata de humanos transatlántica ya no era legal, pero la esclavitud aún no está prohibida.
Faltaban dos décadas para la Proclamación de Emancipación, que terminó legalmente con todas las formas de esclavitud formal.
– Anarcha
Anarcha vivía en una plantación en Montgomery, Alabama, y estuvo en trabajo de parto durante 72 horas. Tuvo un parto obstruido, uno que no avanza a pesar de las contracciones uterinas adecuadas porque el tamaño del feto está fuera de proporción con el canal de la madre.
Muchas mujeres en ese momento no habrían sobrevivido, y no sabemos por los registros si su bebé sobrevivió. El parto la dejó con una fístula vesicovaginal. Una fístula es el término médico para un orificio que está donde no debería haber uno, una abertura anormal entre dos partes del cuerpo.
En el caso de una fístula vesicovaginal, la abertura se encuentra entre la vejiga y la vagina. Un artículo publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. describe las fístulas vesicovaginales, o FVV, como una de las complicaciones más angustiantes de los procedimientos ginecológicos y obstétricos, que resulta en una incontinencia urinaria continua e incesante.
Y la Organización Mundial de la Salud estima que entre 50.000 y 100.000 mujeres desarrollan FVV cada año. A Anarcha la dejó incontinente, y en constante dolor y ardor. El doctor Sims, que asistió al parto, fue llamado para tratarla.
Después de verla por primera vez, escribió en su autobiografía: «Aparte de la muerte, este fue el peor accidente que le pudo haber pasado a la pobre joven».

– Una aclaración
En ese momento, la esclavitud y la salud reproductiva están entrelazadas, como explica la doctora Deirdre Cooper Owens, historiadora, activista por los derechos reproductivos y autora de «Medical Bondage: Race, Gender, and the Origins of American Gynecology«.
«La Constitución de EE.UU. prohibió el comercio transatlántico de esclavos en 1807, por lo que hubo que recurrir a una nueva forma de aumentar la población de personas esclavizadas».
«Por lo tanto, era en el mejor interés y el análisis de costo-beneficio reparar o restaurar la salud reproductiva de las mujeres esclavizadas porque, literalmente, los vientres de las mujeres negras eran el eje de la esclavitud«.
Así que «no es que tuvieran una visión compasiva de ‘Oh, Dios mío, cuidemos de estas pobres mujeres embarazadas o posparto'», aclara Cooper Owens. «Se trata de cómo mantener mejor la propiedad, porque el estatus legal de las personas esclavizadas era el de enseres o bienes muebles.
«Esta es la razón por la que Sims tuvo un acceso tan fácil a sus cuerpos, porque era parte de la cultura y la práctica de los hospitales o los médicos ir a los dueños de las personas esclavizadas y decirles: ‘Oye, si me alquilas a tu esclavo, puedo tratar de reparar o restaurar su salud'».
– Algo que odiaba
Sims intentó coser la fístula de Anarcha, pero no funcionó. Regresó a casa y comenzó a investigar la literatura sobre el tema a fondo.
Más tarde regresó y le comunicó el pronóstico a Westcott, el esclavista:: ella viviría, pero nunca sería capaz de cumplir con los deberes requeridos de un sirviente.
Poco después, un médico se acercó a Sims con otra sirvienta adolescente llamada Betsy, que sufría de incontinencia urinaria. Dijo que la examinó a regañadientes y declaró que su condición era incurable.
Luego, le enviaron a una tercera esclava, Lucy, de 18 años, que tenía una fístula en la vejiga, según su autobiografía. Harto, declaró: «El caso es absolutamente incurable. No quiero verla a ella ni al caso». Hasta entonces, Sims no estaba interesado en los procedimientos ginecológicos, que eran en su mayoría un misterio.
De hecho, escribió: «Si había algo que odiaba, era investigar los órganos de la pelvis femenina».
También escribió que hasta que conoció a Anarcha, «nunca pretendí tratar ninguna de las enfermedades de las mujeres, y si alguna mujer venía a consultarme a causa de cualquier trastorno funcional del sistema uterino, respondía inmediatamente: ‘Esto está fuera de mi línea'».
Sin embargo, su actitud cambió cuando una mujer blanca, la señora Merrill, lo consultó. Aunque en esa época era inusual que los hombres realizaran exámenes vaginales, ella le dio permiso para hacerlo. Al examinarla, descubrió que poner a una mujer en una determinada posición física le daba acceso para que poder ver mejor sus órganos y poder tratarla.

Pensó que si ponía a sus pacientes con FVV en esa posición, podría ver lo suficiente como para hacer algo con respecto a esta condición que había eludido a tantos médicos y cirujanos durante tanto tiempo. Fue un momento importante. En sus palabras, estaba «inspirado con la idea».
Tanto que se olvidó de los otros pacientes que tenía que atender. Agarró a dos de sus estudiantes de medicina y se los llevó al hospital a ver a otra de sus pacientes. Era Betsy, quien estaba en el hospital esperando ser dada de alta. Sims probó por primera vez su teoría con ella, y funcionó.
En su autobiografía escribió: «Vi todo como ningún hombre había visto antes». Entusiasmado, pensó que todo sería muy simple. Todo lo que tenía que hacer era cerrar quirúrgicamente la abertura. «Estaba seguro de que estaba en vísperas de uno de los mayores descubrimientos de la época. Cuanto más lo pensaba, más me convencía de ello».
Pero primero, tuvo que inventar los instrumentos que necesarios para la operación, y creó varios. Luego, le escribió a los esclavizadores de Anarcha, Lucy y Betsy y les dijo que le gustaría conservarlas e intentar curarlas. También buscó otros casos para experimentar en todo el país y terminó con seis o siete mujeres esclavas más que tenían condiciones similares.

Para entonces, ya había establecido su propio hospital, y decidió agregarle otro nivel, lo que le dio 16 camas: 4 para sirvientes y 12 para pacientes.
Aunque, años más tarde, en 1855, crearía el que a menudo se conoce como el primer hospital de mujeres de Nueva York, este en Alabama fue el primero que se creó para tratar, o mejor dicho, experimentar con mujeres negras. Y también era un hospital que esas mismas mujeres ayudaban a gestionar.
– ¿Cómo así?
Suena raro pero sí: las pacientes terminaron trabajando en el hospital mientras experimentaban con sus cuerpos. Esto fue lo que ocurrió: Sims estaba encantado… de nuevo en sus propias palabras: «Recuerden, yo estaba muy entusiasmado y esperaba curarlas en seis meses. Nunca soñé con el fracaso y pude ver la precisión y la belleza con la que se podía realizar la operación».
Anarcha pasó al cuidado de Sims, lo que significaba que él estaba legalmente autorizado a hacerle casi cualquier cosa, sin importar lo que ella quisiera o pensara. Y él le estaba haciendo cirugías a ella, y también a Lucy y Betsy y a otras nueve esclavas. Al principio, otros médicos lo ayudaron porque estaban ansiosos por presenciar el nuevo procedimiento.
Pero como él mismo escribe, «dos o tres años de fracaso constante y esfuerzos infructuosos hicieron que mis amigos se cansaran».
Cuando los otros médicos perdieron interés y sus asistentes renunciaron, le ordenó a sus pacientes que lo ayudaran. Entrenó a las esclavas a operarse unas a otras.
«A veces la gente se sorprende: ‘¡Pero si eran sus pacientes!’. Y yo digo: ‘Sí, pero eran esclavas. ¿Qué crees que hacían las personas esclavizadas? Trabajaban, desde el nacimiento hasta la muerte», señala Cooper Owens.

Las cirugías además implicaban sujetarse unas a otras, pues se realizaban sin anestesia. «La anestesia existía, pero Sims era un hombre de la época, y la creencia médica científica reinante era que las personas negras no experimentaban dolor, y si lo hacían, es bastante leve«, explica la historiadora.
«Hoy sabemos que es ficción, pero eso era lo que se pensaba».
– Las madres
El procedimiento de Sims para cerrar las fístulas vesicovaginales finalmente funcionó. Y cambió la vida de muchas mujeres para mejor. Es en parte por esto que sus pares empezaron a referirse a él como el padre de la ginecología moderna.
«Fue un hombre notable en su campo. Fue un prolífico escritor médico, tuvo cargos muy altos en la Asociación Médica Americana, en la Academia de Medicina de Nueva York», cuenta Cooper Owens.
«Y así, después de su muerte, sus colegas dijeron: ‘¡Sí! Este hombre entregó su vida al servicio de estas valientes sirvientas negras. Fue el padre de la ginecología'». Pero recientemente, hubo un cambio de perspectiva respecto a esta historia.
En 2018, por ejemplo, un grupo llamado Black Youth Project 100 organizó protestas artísticas e hizo campaña para que se retirara una estatua del doctor Sims en Nueva York. Y lo logró.
Además, aunque se siguen usando versiones de las herramientas que Sims desarrolló, lo que mantiene su nombre presente, la atención se ha ido centrado en Anarcha, Betsy, Lucy y las otras mujeres esclavas desconocidas con las que experimentó.
Ahora a ellas se les conoce como las madres de la ginecología.
En su honor, la artista y activista estadounidense Michelle Browder erigió una escultura con Anarcha, Lucy y Betsy en Montgomery, Alabama, cerca de donde Sims condujo los experimentos.
nuestras charlas nocturnas.
El cortejo de Étaín: relato de amor, desamor y celos…

Ancient Origins(R.Stone) — Étaín, una joven de inmensa belleza física y espiritual, es un personaje de la mitología irlandesa con una vida y una historia extraordinarias.
Hija primero del rey Ailill de los Ulaid, más tarde del jefe tribal Etar y futura esposa tanto de Midir de las colinas de los elfos como del mortal Eochaid Feidlech, a menudo es descrita en la literatura, particularmente en el texto en Irlandés Medio Togail Bruidna Da Derga, como una mujer de resplandecientes cabellos ondulados de un ardiente dorado, piel blanca como la nieve y mejillas de un rojo encendido como el de las amapolas.
Sus ojos son de un azul vibrante, como de otro mundo, y sus formas sensuales ondulantes como la espuma del mar. Es, de manera bastante literal, el tipo de belleza al que toda mujer irlandesa aspira en sus sueños. A causa de esta belleza se encuentra en un terrible dilema—amada por dos hombres separados por un abismo de mil años.
La cronología del relato de Étaín es como sigue: da comienzo mientras transcurre su vida con Midir en el mundo mágico de los Tuatha de Dannan (“tribus de la Diosa Danu”) y finaliza tras haber nacido por segunda vez, en su vida mortal con Eochaid.
Uno de los Tuatha de Dannan, el rubio guerrero Midir vivía entre los sídhe de Irlanda, la raza de hadas y elementales que construyeron sus hogares bajo las colinas de la tierra. Se casó primero con una mujer llamada Fúamnach, pero muy pronto quedó prendado de la bella Étaín, a quien decidió tomar como segunda esposa.
Con la ayuda de su hijo adoptivo, Oengus—que le debía una fuerte compensación por haberse quedado Midir ciego a causa del acebo durante una visita que éste le hizo—Midir se casa con Étaín con el permiso del padre de ésta.

Étaín se convirtió rápidamente en la favorita de Midir, y, como mujer celosa y despechada, Fúamnach hizo todo lo que estuvo en su poder para alejar a su marido de la mortal Étaín, en este momento hija de Ailill de los Ulaid. Fúamnach lanzó numerosos hechizos sobre la mortal, que nada sospechaba en un principio, transformándola primero en un estanque con agua, después en gusano y finalmente en mariposa.
Como mariposa, sin embargo, Étaín continúa junto a su marido, que la ama con ternura, aun sin tener idea de que esta criatura es su segunda esposa bajo una nueva forma. No obstante, se lleva a la mariposa consigo dondequiera que va y muy pronto pierde todo interés por las mujeres.
Aún más furiosa, Fúamnach obliga a Étaín a alejarse de Midir provocando un viento que la aleja de él durante siete años.

Por desgracia, el mundo de los Tuatha de Danann estaba contaminado por la presencia de otros parientes y la mariposa Étaín acaba en compañía de Oengus, en algunas variantes Aengus, el hijo adoptivo de Midir.
Aunque Oengus la reconoce como la esposa de Midir, no la lleva ante él, sino que le construye una casita de madera con una pequeña ventana por la cual ella puede entrar y salir siempre que lo desee, y lo suficientemente ligera como para poder llevársela consigo de viaje.
Pero cuando las noticias de cómo Oengus cuida de Étaín llegan hasta Fúamnach, ésta provoca otro viento que la alejará siete años más, obligándola esta vez a posarse en el cáliz de la esposa de Etar, el jefe tribal del Ulster.
La reina de Etar, inadvertidamente se traga la mariposa al beberse su vino y queda así embarazada, dando a luz como es bien sabido a Étaín por segunda vez, más de mil años después de su primer nacimiento.

A medida que Étaín crece en su nueva vida, no conserva recuerdo alguno de su pasado, y se casa con Eochaid Airem, Rey de Reyes de Irlanda. Curiosamente, el hermano del Rey también se enamora de ella, consumiéndose por dentro a causa de este amor no correspondido.
Es solo porque Étaín prometió a su marido hacer todo lo que estuviera en su poder para curar a su hermano, también llamado Ailill, que Étaín accede finalmente a dormir con él con la esperanza de curar su mal. Irónicamente, Ailill se pierde el encuentro debido a un hechizo de sueño lanzado sobre él por Midir, quien, a decir verdad, intenta usar el atractivo físico de aquél para que Étaín pase la noche con él y recuerde su vida anterior.
Sin embargo ella es demasiado lista como para dejarse engañar por su antiguo marido sidhe y en su interior siente que algo no es lo que parece. Hasta en tres ocasiones rechaza dormir con “Ailill”, hasta que Midir se revela finalmente como el hombre con quien ella se estaba viendo.
Le habla del tiempo que pasaron juntos en su vida anterior, pero ella se niega a abandonar a su nuevo esposo Eochaid y aquella vida que había llegado a amar. De todos modos, ella le confiesa que si Eochaid le da permiso para marcharse con Midir, no pondrá objeción alguna.
En un intento de recuperar a su esposa en esta nueva vida, Midir se muestra a Eochaid bajo forma humana en numerosas ocasiones, ofreciéndole toda suerte de riquezas y tesoros en un esfuerzo por persuadirle.
Eochaid, sabedor de lo que Midir desea realmente, encarga al sidhe una serie de tareas que Midir completa con éxito, una tras otra, después de lo cual Midir desafía a Eochaid una última vez, ganando de nuevo y reclamando un beso de Étaín como premio.
Sin embargo, en lugar de limitarse a tomar aquello que Eochaid le había concedido, Midir abraza a Étaín de tal manera que ella recuerda la antigua vida que pasaron juntos y le permite llevársela consigo a su colina bajo tierra Brí Léith, que se cree es el monte Ardagh en el condado de Longford.

Dependiendo de los textos, el cuento acaba aquí, con Midir y Étaín viviendo felices por siempre y Eochaid pasando el resto de su vida abatido y angustiado, cavando en toda colina con que se encuentra (habitada por hadas o no) en un intento desesperado por recuperar a su esposa perdida.
La versión más antigua de la historia, Tochmarc Étaíne, continúa después del momento en que Midir escapa, y nos habla de cómo Midir vuelve a Eochaid y le plantea un nuevo desafío como última oportunidad para recuperar a Étaín.
De entre cincuenta Étaíns idénticas, Eochaid debe elegir aquella que él desposó, garantizándole Midir su vuelta en caso de que acierte.
Pero la mujer que Eochaid escoge es su propia hija, a la que deja embarazada sin saberlo antes de conocer la verdad.
En ambas versiones Eochaid sufre un duro revés y una gran pérdida, y jamás vuelve a reunirse con su esposa.
Uno de los rasgos más curiosos del relato de Étain es que no da comienzo con la historia de su primer nacimiento. En lugar de eso, empieza con el primer encuentro de su personaje con su segundo marido, Eochaid.
Se suele hacer notar que la primera vez que la ve Eochaid, el Rey de Reyes, ella se está dando un baño ritual, utilizando una jofaina de plata sobre un pozo.
Pudiendo haber sido descrita como un hada o ninfa en la mitología griega, Étaín es sorprendida en el momento en que se estaba lavando sus largos cabellos, de un ardiente color dorado, peinándolos después con un precioso peine de plata, acompañada de cincuenta doncellas.
Poco después de observar el Rey de Reyes esta íntima escena, Étaín es cortejada por él, se casan y la vida de Eochaid se trastorna por completo de manera dramática.
Así pues, “El cortejo de Étaín» trata tanto del anhelo de Midir y Eochaid por recuperar a su amada como de los celos de Fúamnach. Aun siendo Étain la figura principal del relato, la historia gira en gran medida en torno a las reacciones del resto de personajes a su presencia (o ausencia) y a su deseo de no separarse jamás de ella.
De alguna manera, la historia de Étain no es muy diferente del mito griego de Helena de Troya, la mujer cuya belleza y consecuente rapto encendieron la mecha de una larga y cruenta guerra entre Grecia y Troya. A causa del marcado énfasis que el relato pone en las emociones, “El Cortejo de Étaín” continua siendo a día de hoy uno de los clásicos de la mitología y literatura irlandesas.
nuestras charlas nocturnas.
Las duras impresiones que Albert Einstein escribió sobre tres países de Sudamérica…

La Tercera(N.Iporre) — Albert Einstein recorrió varios países del mundo haciendo anotaciones en sus diarios de viaje. Sin embargo, el reconocido científico, que se solía mostrar como una persona de mente abierta y progresista, escribió impresiones polémicas y prejuiciosas en esos cuadernos.
En especial, sobre sus visitas a algunos países de Sudamérica.
“Sus diarios revelan una clara discrepancia entre sus pronunciamientos públicos, que eran progresistas y humanitarios, que invitaban a la tolerancia”, dijo el historiador Ze’ev Rosenkranz a BBC Mundo en 2018, cuando se publicaron los escritos del científico sobre sus viajes al Lejano Oriente, Palestina y España.
Y es que en estos documentos, al igual que los que se revelaron ahora de Sudamérica, expresó prejuicios y estereotipos sobre las distintas personas que conoció.
En esa ocasión, el científico dijo que los chinos eran “gente trabajadora, asquerosa y obtusa”.
Sin embargo, Einstein nunca quiso que sus diarios fueran publicados. Y, por el contenido, podríamos adivinar el por qué.
Esto es lo que dijo sobre Sudamérica en sus viajes de 1925.
– Qué dijo Albert Einstein sobre Sudamérica
The Collected Papers of Albert Einstein es un proyecto del Instituto de Tecnología de California que se ha encargado de reunir, traducir y publicar los documentos de interés que escribió Einstein, el aclamado Nobel alemán.
En conversación con la BBC, Ze’ev Rosenkranz, editor de los diarios, reveló que cuando Einstein visitó algunos países de Sudamérica en 1925, terminó “encantado con la cordialidad genuina” de los uruguayos y dijo tener “un afecto ambivalente por los brasileños”.
Sin embargo, sus comentarios sobre los argentinos fueron muy duros.
En ese año, Einstein subió a un barco que navegaba desde Berlín hasta Sudamérica para ampliar su horizonte. Según Rosenkranz, podría haber sido motivado por decisiones personales, como alejarse de Alemania un tiempo, pero también científicos, como para conocer más sobre la teoría de la relatividad.
El historiador también resaltó que Einstein usualmente escribía diarios concisos porque quería tener un registro para sí mismo, pero también para compartirlos con su esposa Elsa y con su hija más joven, Margot.
A grandes rasgos, la opinión del científico sobre el continente fue positiva, en especial por la geografía y la naturaleza.
Sin embargo, algunos de sus comentarios sobre los países fueron demasiado “descabellados” y prejuiciosos.
– Qué pensaba Albert Einstein sobre Argentina
Einstein comenzó su pequeña gira en Sudamérica en Argentina, uno de los países que tenía la mejor infraestructura del momento para la investigación en matemáticas y física, según relató Rosenkranz a BBC Mundo.
El científico ya había sido invitado anteriormente al país por científicos y también por la comunidad judía. Al llegar, su agenda estuvo llena en todo momento.
“La impresión que Einstein se hace de Argentina es compleja. Llegó con preconcepciones sobre Argentina, sobre Sudamérica en general, y creo que no se apartó de ellas”, advirtió el historiador.
Antes de abordar, le había dicho a uno de sus amigos que estaba entusiasmado por viajar a Argentina, pero que lo desmotivaba tener compromisos sociales con “los indios semicultos que están allí vestidos con sus esmóquines”.

En el mes completo que estuvo en tierra argentina, Einstein dio conferencias científicas y se reunió con estudiantes jóvenes que estaban interesados en su trabajo. Hasta ahí, todo estaba bien.
Sin embargo, sus prejuicios le ganaron a la experiencia.
El comentario de los “indios vestidos de esmóquines”, para el historiador, es un “comentario muy ofensivo, porque es como insinuar que la población nativa no tenía una cultura que él valoraría y que ellos estaban disfrazándose de gala”.
“Desde su punto de vista elitista invertido, no le gustaban los esmóquines independientemente de quién los usara. Pero, en este caso, estaba como diciendo que incluso gente que usualmente no se vestía con esmoquin se lo ponía. No veo cómo evitar ver eso como ofensivo, pero quizás es mi punto de vista”.
Pero eso mismo escribió en sus diarios, que los argentinos eran “indios” y “españoles”.
Y aunque algunas de sus investigaciones dieron luces de que Einstein podría haber tenido una connotación “positiva” sobre el término “indio”, aún así el científico se estaba refiriendo de forma generalizada a la población sudamericana.
Sin embargo, eso no fue todo lo que escribió. También dijo que no le gustó Buenos Aires. Describió a la ciudad como “estéril desde el punto de vista del romanticismo y la intelectualidad”. Uso términos como “superficial” y “fría”.
Aunque Córdoba le gustó mucho más: dijo que en aquella ciudad encontró “vestigios de una cultura genuina” y “un sentido de lo sublime”.
Aún así, continuó refiriéndose a los argentinos como “displicentes”, “infantiles” y “estúpidos”.
Para el historiador, estos prejuicios que cargaba el reconocido científico están ubicados en el contexto de los estereotipos alemanes y europeos sobre América Latina.

– Qué dijo Albert Einstein sobre Uruguay
El siguiente destino de Albert Einstein fue Montevideo, Uruguay, donde su experiencia fue completamente distinta. Estuvo alrededor de una semana de visita.
“En Uruguay me encontré con una cordialidad genuina como pocas veces en mi vida. Allí conocí el amor a la tierra propia sin ningún tipo de megalomanía”, escribió en su diario de viaje.
Según Rosenkranz, a Einstein le gustaban mucho los países pequeños, porque decía que las naciones se llevarían mejor entre sí (si es que fueran de menor tamaño) y se reduciría el poder gubernamental.
Además, sobre Uruguay, al científico le gustó el clima y la arquitectura, porque le recordaron a Europa.
“También le atrajo que Uruguay era una república y que había una estricta separación del Estado y del clérigo. Eso era importante para él. Le impresionaron mucho los programas de bienestar social que existían”, añadió el historiador.
Einstein dijo que era un país “muy liberal” y que sintió “una genuina admiración por los uruguayos”.
“Uruguay, país pequeño feliz”.

– Qué pensaba Albert Einstein sobre Brasil
La última parada de Einstein fue Río de Janeiro, Brasil, donde estuvo por un poco más de una semana.
En sus anotaciones, se lee que le asombró “la majestuosidad” del paisaje y la vegetación en el país. En Río, Corcovado y Pan de Azúcar fueron los sitios que se ganaron un lugar especial en su diario.
“También quedó encantado con lo que llama la ‘mezcla racial’, la diversidad étnica”, relató Rosenkranz.
Sin embargo, también realizó comentarios despectivos: “Aquí soy una especie de elefante blanco para los demás, ellos son monos para mí”.
Para el historiador, esto “se acerca mucho a una deshumanización de los brasileños. Esta tendencia también es reflejada en su visión de los habitantes locales como monos. También se refiere a los residentes como ‘chiquitines’”.

El experto explicó que Einstein, en general, creía que el clima más caliente o húmedo podía perjudicar las facultades cognitivas de la población. “Creía en lo que se denomina determinismo geográfico”.
“Y lo de monos es una clase de término difícil en alemán porque también puede significar solo tontos. Pero, por supuesto, en el contexto lingüístico, estrictamente hablando, es una deshumanización porque estás comparando a personas con monos y, claro, hay una historia de llamar a personas simios que no es positiva”.
– Las contradicciones de Albert Einstein sobre la humanidad
El historiador explicó que estos eran pensamientos de Einstein “muy privados que fueron publicados”.
Pese a referirse así de algunas poblaciones de Sudamérica, varios años después, el reconocido científico se convirtió en un activista contra la discriminación de los negros en Estados Unidos y, en general, contra el racismo.
“Cuando uno ve cómo Einstein se comporta a lo largo del tiempo, nos damos cuenta de que dice cosas diferentes en momentos distintos. Incluso se contradice a sí mismo, es como cualquier otro ser humano, cambia de opinión”.
Además, Rosenkranz reflexionó que la publicación de estos diarios, que se hacen sin censura, nos dan una oportunidad de “lidiar con el hecho de que incluso los seres humanos más venerados tienen un lado más oscuro, más primitivo que no podemos ni debemos ignorar o descartar”.
nuestras charlas nocturnas.
Carta de Colón a los reyes acerca de La Española y de otras islas…

JotDown(A.L.F.Recuero/T.G.Ballester) — Carta de D. Cristóbal Colón acerca de la población y negociación de La Española y de otras islas descubiertas y por descubrir.
Sin fecha
Muy altos y muy poderosos Señores:
Obedeciendo lo que Vuestras Altezas me mandaron, diré cuanto sé sobre la población y administración tanto de la isla Española como de las otras, las halladas y por hallar, según mi parecer.
En primer lugar, que a la isla Española vayan hasta un número de dos mil vecinos, los que quieran ir, para que la tierra esté más segura y se pueda granjear y tratar mejor, y para que desde allí se puedan mover hacia las islas cercanas.
Que en dicha isla se levanten tres o cuatro pueblos repartidos en los lugares más convenientes, y que los vecinos que allá vayan sean repartidos por dichos lugares y pueblos.
Que por más y más rápido que se pueble dicha isla, que nadie tenga licencia para coger oro en ella, salvo en la población de la que sean vecinos y en la que hagan casas para su morada, para que así vivan juntos y más seguros.
Que en cada lugar y población haya un alcalde o alcaldes con su escribano del pueblo, según uso y costumbre de Castilla.
Que haya iglesia y abades o frailes para la administración de los sacramentos y cultos pinos, y para la conversión de los indios.
Que ninguno de los vecinos pueda ir a coger oro, salvo con licencia del gobernador o alcalde del lugar donde viva, y que primero haga juramento de volver al mismo lugar de donde vaya a salir y de registrar fielmente todo el oro recogido. Deberá volver una vez al mes o a la semana, según el tiempo que le sea asignado, a dar cuenta y manifestar la cantidad de dicho oro, la cual deberá ser anotada por el escribano del pueblo y ante el alcalde, y si se considerase necesario, que esté presente así mismo un fraile o abad destinado para ello.
Que todo el oro que así se consiga se tenga luego que fundir y señalar con alguna marca que cada pueblo convenga, y que se pese y se entregue a cada alcalde en su lugar la parte que pertenezca a Vuestras Altezas. Y que de todo ello escriba un abad o fraile, de manera que no pase por una sola mano, y así no se pueda faltar a la verdad.
Que todo el oro que se encuentre sin la marca de dichos pueblos, en poder de los que una vez se hayan registrado por pertenecer a una orden, les sea tomado y dado por perdido, y se dé una parte al acusador y otra a Vuestras Altezas.
Que de todo el oro que haya se consigne el uno por ciento para la construcción de iglesias y sus ornamentos, y para el sustento de los abades o frailes de ellas. Si se decide dar algo a los alcaldes y escribanos por su trabajo y por hacer fielmente sus oficios, que se remita al gobernador y tesorero que allá sean enviados por Vuestras Altezas.

En lo que toca a la pisión del oro y de la parte que debe haber para Vuestras Altezas, esto, a mi parecer, debe ser remitido a dichos gobernador y tesorero, porque deberá ser más o menos según la cantidad del oro que se haya encontrado; o que por tiempo de un año tengan Vuestras Altezas la mitad y los cogedores la otra mitad, que después podrá mejor determinarse dicho reparto.
Que si los alcaldes y escribanos hicieran o consintieran algún fraude, se les haga cumplir una pena, y también a los vecinos que por entero no declaren todo el oro que poseen.
Como por la codicia del oro cada uno querrá más ocuparse en buscarlo que en otras cosas, me parece que se deben establecer periodos específicos con licencia de ir a buscar oro, para que en la isla se hagan otros trabajos.
En lo de descubrir nuevas tierras, me parece que se debe dar licencia a todos los que quieran ir, y ser permisivo con respecto al pago del quinto, moderándolo de alguna buena manera, a fin de que muchos estén dispuestos a partir.
Ahora diré mi parecer para la ida de los navíos a la isla Española, y la orden que se debe guardar, que es la siguiente:
Que no puedan ir los navíos a descargar, salvo en uno o dos puertos para ello señalados, donde registren todo lo que lleven y descarguen; y que cuando tengan que partir que lo hagan desde los mismos puertos y registren todo lo que hayan cargado, para que no escondan cosa alguna.
En cuanto al oro que se vaya a traer de las islas para Castilla, así como todo lo que se tenga que cargar, ya sea de Vuestras Altezas como de otras personas, todo ello se deberá poner en un arca que tenga dos cerraduras con sus llaves, una para el maestro y otra para el gobernador o tesorero; y que se deje testimonio de la relación de todo lo que se ponga en dicha arca, y se señale, para que cado uno encuentre lo suyo. Si más oro se encontrara fuera de dicha arca, poco o mucho, se dará por perdido, con el fin de que sea para Vuestras Altezas.
Que todos los navíos que vengan de dicha isla hagan su descarga en el puerto de Cádiz, y que nadie entre ni salga hasta que vayan a dichos navíos la persona o personas que para ello Vuestras Altezas designen en la ciudad, a quienes los maestros declararán todo lo que traen y darán fe de lo que hay cargado, para que se pueda ver y requerir si dichos navíos traen alguna cosa encubierta y no declarada al cargar.
Que en presencia de la justicia de dicha ciudad de Cádiz y de quien fuese para ello designado por Vuestras Altezas se abra el arca en la que se trae el oro, y se dé a cada uno lo suyo.
Vuestras Altezas me han encomendado, y quedo rogando a Nuestro Señor Dios por las vidas de Vuestras Altezas y engrandecimiento de muy mayores estados.
- La Española
La Española es una de las islas más grandes y montañosas del Caribe. Actualmente, alberga dos países: Haití y República Dominicana. Antes de la llegada de Colón, la isla estaba habitada por indígenas de la etnia Taína y en menor medida por Lucayos, Ziguayos y Caribes. Colón decidió establecer relaciones con ellos; pensó que en la isla había un gran número de minas de oro pues los nativos lucían muchas joyas y lo recibieron con oro y regalos pensando que los europeos eran dioses llegados del cielo.
Cuando durante el primer viaje la nave Santa María encalló, parte de la tripulación tuvo que quedarse en tierra. Entonces se inició la construcción de una guarnición, llamada Fuerte Navidad, el primer asentamiento occidental del que se tiene conocimiento en el llamado Nuevo Mundo. En el segundo viaje, Colón encontró el asentamiento destruido.

Este texto es una referencia sobre una carta perdida del Almirante. El contenido lo recoge Fray Bartolomé de las Casas, hijo de uno de los hombres que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje, en su Historia general de las Indias Occidentales.
Dice el Almirante en una carta que escribió a los Reyes que su propósito en este viaje era ir a las islas de los caníbales para destruirlas.
Sin embargo, tras los continuos y fatigosos trabajos durante noches y días sin descanso que había padecido durante el descubrimiento de Cuba y Jamaica —especialmente cuando andaba entre las muchas isletas y bajos, cercanas a Cuba, a los que dio el nombre de «El Jardín de la Reina», y por donde anduvo treinta y dos días sin dormir—, y al rodear La Española y hacer parada en la isleta de Mona, y ya cuando llegaba cerca de la isla de San Juan, súbitamente le dio una modorra pestilencial, que totalmente le quitó el uso de los sentidos y todas las fuerzas, y quedó muerto, y no pensaron que un día durara.
Por esta causa, los marineros, con cuanta diligencia pudieron, dejaron el camino que llevaba o quería llevar el Almirante, y con los tres navíos lo llevaron a La Isabela, donde llegó el 29 de septiembre del mismo año.
- El Jardín de la Reina
En su segundo viaje a América, Cristóbal Colón recorrió el sur de Cuba. Durante el recorrido descubrió un archipiélago de más de 250 islas y cayos que decidió llamar El Jardín de la Reina, en honor a Isabel la Católica. Actualmente es uno de los parques naturales más grandes de Cuba, sin ningún edificio ni infraestructura que lo altere. Posiblemente todo se mantiene en el mismo estado de conservación que cuando los navegantes españoles lo descubrieron por primera vez.
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Norman Lewis: una visión distinta de los aliados…

La Gaceta-Ideas(J.Laínz) — Ya que este 2024 es el octogésimo aniversario de la victoria aliada en Italia, paso esencial hacia la derrota del Eje, merece la pena recordar al novelista y ensayista británico Norman Lewis. Fallecido casi centenario en 2003, ha pasado a la historia como uno de los mejores escritores en lengua inglesa del siglo XX, conocido sobre todo por sus libros de viajes.
Al que dedicó a su experiencia como espía en Italia se le suele considerar uno de los libros imprescindibles sobre la Segunda Guerra Mundial. Titulado Nápoles 1944, relata la tragicomedia que a Lewis le tocó vivir desde su llegada en septiembre de 1943 hasta su cambio de destino en octubre del año siguiente.
Su desencantada visión de su propio bando contrasta grandemente con las apologías en que suelen consistir, en cualquier época y lugar, los recuerdos bélicos, sobre todo los de los vencedores.
Ya con el proceso de selección del personal aparece una de las claves de la acción de las victoriosas fuerzas aliadas, por sorprendente que pueda resultar: su escasa organización. Para empezar, un detalle que parece salido del bando enemigo: los reclutas preferidos para las labores de información eran, por ser considerados más fiables, los de ojos azules.
Para continuar, la ignorancia de los altos mandos parece salida de un monólogo de Gila: enviaron hispanohablantes a Italia dando por supuesto que las lenguas española e italiana eran prácticamente intercambiables; infiltraron a hablantes de rumano entre los guerrilleros yugoslavos; a la Argelia francesa destinaron a un experto en noruego medieval que ignoraba el francés; y un militar de alta graduación se dirigió a los próceres de una ciudad francófona argelina en latín.
Menos cómicos fueron otros asuntos. La aviación aliada bombardeaba poblaciones civiles con mayor contundencia que la Luftwaffe, provocando miles de víctimas, como los dos mil sepultados bajo las ruinas de la bimilenaria Benevento en lo que Lewis calificó de “ataque gratuito”. Al general Clark, íntimo amigo de Eisenhower, Lewis le definió como “el ángel exterminador de Italia meridional”.

Los soldados recibieron órdenes de no hacer prisioneros y matar a culatazos a los alemanes rendidos.
Pero al mismo tiempo, según Lewis, eran unos cobardes que caían fácilmente en el pánico.
Y, para salvar el pellejo, los oficiales no dudaban en escabullirse dejando abandonados a sus hombres.
Las tropas de vanguardia solían dedicarse al saqueo de las oficinas postales y otros lugares en los que conseguir dinero fácil; e incluso a cortar los lienzos de cuadros antiguos para enviarlos a Inglaterra, junto a otros objetos de gran valor, con la connivencia de la Royal Navy. Según Lewis, “los oficiales han demostrado ser mucho más eficaces en este género de asuntos que los soldados”.
Y su acusación de corrupción generalizada incluyó esferas bastante más altas que la oficialidad: el propio gobierno militar aliado.
Además, los saqueadores de uniforme tuvieron que trabajar en dura competencia con los bandidos locales, que aprovecharon el caos para hacer su agosto tras décadas de dura persecución por parte de las autoridades fascistas.
Capítulo aparte merecen los asuntos sexuales, pues abundaron las violaciones, en el mejor de los casos a cambio de mantas o comida. Los canadienses dejaron amargo recuerdo por su predación sexual hasta con niñas de corta edad. Pero especialmente vandálicas fueron las tropas coloniales francesas.
No dejaban casa sin saquear y violaban a todas las mujeres que encontraban, sin importar su edad. Cuando no había mujeres para todos, incluían en sus desmanes a los niños y los ancianos. Y muchos de los soldados africanos, tras desertar, se dedicaban a extender el horror por todo el territorio ocupado por los aliados:
“Se ha informado de que es habitual que dos marroquíes violen simultáneamente a una mujer: uno practica el coito normalmente mientras el otro la sodomiza. En muchos casos les han causado graves daños en genitales, recto y útero”.
Cuando se constató que la prostitución en la Italia conquistada por los aliados había alcanzado cotas nunca vistas, se acusó a elementos pro Eje de fomentarla para propagar enfermedades venéreas entre los aliados.
Pero no tardaron en darse cuenta de que lo que sucedía era lo contrario. En la Italia septentrional, todavía en manos enemigas, las autoridades fascistas y el ejército alemán efectuaban estrictos controles médicos en unos burdeles en los que las enfermedades venéreas eran escasas. En el sur, por el contrario, los gonococos habían sido reintroducidos por las tropas americanas.
Así pues, el mando aliado trazó un plan para invertir la situación:
“El mencionado plan se dispuso para propagar estas infecciones, que han alcanzado niveles epidémicos en el sur, al norte no infectado aún y disminuir así la eficacia del ejército alemán, sin tener en cuenta consideraciones como el sufrimiento que tendría que soportar la población civil y los muchos niños condenados a nacer ciegos”.

Para ello reclutaron una veintena de prostitutas napolitanas que padecían una forma de sífilis especialmente virulenta e incurable pero que no provocaba signos externos de la infección. Sin embargo, el plan fracasó debido a su escaso entusiasmo por abandonar sus hogares y a sus chulos para ir a un territorio fascista en el que ganarían menos dinero que entre los soldados aliados.
La otra gran fuente de corrupción fue el regreso de la mafia a lomos del ejército americano tras haber sido barrida de Italia por Mussolini, “único que les había plantado cara”, según Lewis. Porque el gobierno de Roosevelt concedió el indulto a los capos Lucky Luciano y Vito Genovese a cambio de la colaboración de la mafia en el contraespionaje y la posterior invasión de Italia.
Como denunció Lewis, Genovese ejerció de asesor del jefe del gobierno militar y consiguió que los alcaldes de Nápoles y ciudades vecinas fueran hombres de su confianza, protegidos por las autoridades aliadas:
“Estos hechos, que antes eran secretos de Estado, son bien conocidos hoy por el napolitano medio. Pero no se hace nada. Por muchas denuncias que se presenten sobre las actividades de altos funcionarios del gobierno militar, ellos siguen donde están”.
Otro grave factor desestabilizador surgió como consecuencia de la derrota: el separatismo. Cuando una nación fracasa, es habitual que algunos se sientan tentados de cortar amarras y seguir un camino propio. Así había sucedido veinte años en Renania, que intentó separarse en 1923 de la Alemania recién derrotada.
Pero el caso más cercano y conocido por los españoles fue, naturalmente, el de unos separatismos vasco y catalán que despegaron gracias al desatre del 98. En la Italia derrotada en la Segunda Guerra Mundial, las regiones en las que se desarrollaron planes de secesión fueron las meridionales, aspirantes a la reinstauración de una especie de reino de las Dos Sicilias.

Como el norte industrializado había sido un baluarte rojo antes del triunfo fascista, algunos sureños soñaron con evitar el peligro de un nuevo ascenso de los socialistas reinstaurando la antigua unión política de Nápoles y Sicilia, para lo cual estaban dispuestos a construir una nueva monarquía cristiana o incluso pasar a ser colonia de Gran Bretaña o estado norteamericano.
Curiosamente, en el plan secesionista se incluían medidas tan pintorescas como la demolición de las fábricas, la abolición del automóvil y, en gesto más propio de revolucionarios dieciochescos que de reaccionarios cristianos, el cambio de los nombres de los meses según los dioses romanos.
Por todo esto, Lewis, hombre de una ecuanimidad poco habitual sobre todo en las muy pasionales circunstancias de una guerra, observó que “casi todo el mundo ha empezado a considerar la época del fascismo como un interludio dorado de seguridad y gobierno firme”.
Evidentemente, la derrota aplastante y la condena universal que cayó sobre Mussolini y sus aliados del Eje borraron para siempre la nostalgia por el régimen fascista en la inmensa mayoría de los italianos.
La narrada por Lewis es un magnífico ejemplo de esas historias pequeñas que ayudan a comprender y matizar las brillantes palabras de la historia grande.
nuestras charlas nocturnas.
París 1863: el «Salon de Refusés»…

Meer(A.FischerUn total de 3 mil obras se desecharon, y un profundo descontento permeó en la comunidad artística emergente de París.
Rechazados. Las eminencias académicas del Salón de París no creyeron que su trabajo fuese de suficiente nivel: tenían deficiencias en la definición de los personajes, en el tratamiento de las sombras, en la representación del espacio. “Están mal de la vista”, decían. “No saben pintar”.
La exposición oficial de la Academia de Bellas Artes, en fin, no encontró gusto en los trabajos de los pintores nóveles de 1863. Sería uno de los eventos más lustrosos del siglo: con el auspicio del emperador francés, se esperaba una de las muestras más exquisitas que se habían visto en la capital cultural de Europa, y los impresionistas no dieron el ancho.
A los ojos de los eruditos más ilustrados de la época, las corrientes nuevas que se gestaban apenas entre las generaciones más jóvenes no estaban a la altura de la selección distinguidísima que se exhibiría en la sala de exposición por excelencia.
La situación política del país en el momento permitía concesiones más abundantes para las artes, y ese tendría que ser el momento para mostrarlo en todo su esplendor.

Sin embargo, los filtros rigurosos bajo los que la academia juzgó las obras participantes fueron, a lo menos, exagerados: el número ridículo de 3 mil obras fueron desechadas, y un profundo descontento permeó en la comunidad artística emergente de París.
Uno de ellos fue Édouard Manet. Presentó ante el jurado su obra más reciente, que fue tachada de vulgar y obscena: no podía ser que se representase a una mujer desnuda, sentada sobre el pasto, frente a dos hombres contemporáneos, y mucho menos, enfrentando al público con la mirada.
Déjeuner sur l’Herbe —o Almuerzo campestre, por su traducción al español— resultó en una mezcla indeseable entre lo pedestre de los nuevos experimentos que se estaban haciendo con el óleo y lo vulgar de representar libremente la desnudez del cuerpo femenino.
El cuadro de Manet, junto con los otros miles que no fueron aceptados para la exposición, quedó reducido a un intento fallido de realismo, que no cumplía con el rigor técnico que la academia requería, y que además atentaba contra los valores fundamentales de elegancia de la sociedad francesa.
La crítica no lograba concebir cualquier tipo de producción que faltara a sus estándares estrictos, y el descontento inicial de la comunidad artística se convirtió pronto en una serie de protestas públicas que el emperador en turno, Napoleón III, no pudo dejar de lado.
Manet tuvo gran injerencia entre los grupos inconformes. Estaba a favor del cambio, buscando horizontes estéticos y sociales mucho más profundos. No estaba necesariamente de acuerdo con el régimen político de los Bonaparte y, sobre todo, estaba recalcitrantemente en contra del llamado arte oficial: aquel que la academia sí aprobaba.
Muchos de sus alumnos y seguidores más cercanos no solamente lo escucharon, sino que estuvieron presentes en las numerosas manifestaciones públicas que contradecían el veredicto final de los organizadores de la exposición.
Se hicieron tan presentes, tan constantes y tan ruidosas, que llegó un punto en el que el gobierno francés no pudo ignorarlo más, y decidió tomar acción al respecto: ya no se trataba únicamente de un acto artístico, sino que estaba rozando peligrosamente en el ámbito político, y eso no gustó nada.

Debido a la fuerte presencia de la oposición a los supuestos fallos inapelables de la academia —cada vez con más audiencia, cada vez con más voz—, y con la presión añadida de Napoleón III, el Salón de París se vio obligado a abrir una sala anexa a la exposición original.
La intención inicial no era, sin lugar a dudas, que fuese el centro del evento, pero la fuerte polémica que alzaron las manifestaciones públicas —así como el poder inextricable del chisme y el morbo— logró que el Salon de Refusés se convirtiese en el atractivo principal de la exposición parisina.
Como resulta natural, se trató de matizar el fracaso —y la profunda humillación— que la academia había sufrido anunciando la sala anexa como solamente eso: un detalle adicional que enriquecería lo que realmente valía la pena apreciar.
Sin embargo, la primera edición del Salon de Refusés fue el centro de la atención de todo el mundo.
Incluso los críticos más conservadores de la época se aparecieron por ahí: algunos con recelo, otros por no manchar su nombre en el medio, y un número considerable por verdadero interés.
Todos los que consideramos hoy como los grandes maestros del impresionismo tuvieron un espacio en la sala de los rechazados: Pissarro, McNiell Whistler, Corot e incluso los primeros destellos de Monet vieron sus obras más recientes colgadas ahí, ante los ojos de las grandes audiencias del arte europeo.
Gracias a la notable aceptación que esta selección alternativa tuvo, la crítica finalmente desistió en sus intentos puristas y reconoció a la creciente vanguardia como un movimiento con, por lo menos, presencia en su contemporaneidad.
Como es natural, las siguientes ediciones de esta misma exposición quisieron integrar nuevamente el Salon de Refusés como una parte más de la muestra.
Sin embargo, los impresionistas más comprometidos con el sentido original del movimiento —es decir: la inconformidad ante la rigurosidad ridícula de la academia, la intención experimental de apuntar a nuevos horizontes estéticos, etc.— vieron esto como una versión desvirtuada de la victoria inicial sobre los estándares conservadores.

Era, en realidad, una manera de atraer al mismo número de visitantes que en la primera ocasión: un refrito, un fraude, y así no tenía ningún sentido para ellos.
A pesar del carácter divergente de los primeros años del impresionismo, es cierto que el Salon de Refusés trajo una luz sobre ellos que no habían podido conseguir por su cuenta.
A fin de cuentas, antes de ser expuestos eran considerados como artistas incompletos, insuficientes, incompetentes.
El espacio en la exposición de 1863 desdibujó esas líneas absurdas con las que la crítica los había limitado, y a partir de entonces fueron, por lo menos, reconocidos: el tratamiento de la luz fue progresivamente más aceptado como una técnica por sí misma, y no tanto como un intento experimental fallido o el resultado de un realismo mal logrado.
La oleada de aceptación a esta nueva corriente trajo consigo, sin embargo, sentimientos encontrados entre la bohemia: si bien podía entenderse como una desvirtualización del espíritu divergente, también le dio su propio carácter al movimiento.
Se empezaron a definir más formalmente los principios y características del impresionismo, y a moldear las bases que sostienen a las que hoy continúan como obras icónicas. La atención se centró, sin duda, en el nuevo tratamiento de la luz: uno que no representase la realidad como es, sino como aparece ante los ojos del artista.
A pesar de todo, Manet no estuvo de acuerdo. Fue un artista que siempre quiso mantener su individualidad, sin ataduras que restringiesen su capacidad creativa.
Así fue como decidió desapegarse a «la dictadura de la luz», como él mismo la llamó, y seguir su propio camino estético: sin compromisos, sin restricciones técnicas ni estilísticas, y con ese mismo ímpetu innovador con el que presentó –Déjeuner sur l’Herbe ante los ojos conservadores de personas que no pueden ver más allá de lo contemporáneo.
nuestras charlas nocturnas.
¿Por qué la humanidad tardó tanto en inventar la Escritura?…

Psicología y Mente(S.R.Comas) — La escritura es una invención relativamente reciente. Si tenemos en cuenta que el Homo sapiens, el único animal capaz de escribir, surgió hace unos 300.000 y que la escritura tiene un poco más de 5.000, su naturaleza “novedosa” es más que evidente.
¿Por qué los primeros sapiens no sintieron la necesidad de dejar nada por escrito? ¿O sí lo hicieron, pero no se ha conservado documentación escrita anterior a la que conocemos…? En el artículo de hoy intentaremos responder a estas y otras preguntas y trataremos de esclarecer por qué la humanidad tardó tanto en inventar la escritura.
– ¿Cuándo (y dónde) inventó la humanidad la escritura?
La pregunta es más compleja de lo que parece. La historiografía tradicional ha señalado Mesopotamia como la cuna de la escritura, puesto que los hallazgos más tempranos corresponden a la ciudad de Uruk: unas tablillas de arcilla escritas en alfabeto cuneiforme.
Sin embargo, el debate sigue abierto. Porque, si bien las tablillas de Uruk datan aproximadamente del 3.100 a.C. (es decir, tienen más de 5.000 años), casi de forma coetánea, en Egipto, los pobladores de la tierra del Nilo empezaban a plasmar sus ideas en forma de una incipiente escritura jeroglífica, tal y como demuestra la famosa paleta de Narmer, en la que el nombre del faraón aparece representado con dos jeroglíficos, un pez y un cincel.
La cuestión es que esta paleta, que cuenta con la inscripción jeroglífica más antigua, data de alrededor del año 3.050 a.C., lo que la hace prácticamente contemporánea a las tablillas de Uruk. Con tan pocos años de margen, cabe la posibilidad de que la primera escritura se diera en Egipto y no en Mesopotamia (y que no se hayan conservado testimonios), o también puede que ambas escrituras evolucionaran de forma paralela.
El tema se complica todavía más si tenemos en cuenta los descubrimientos relacionados con una cultura muy antigua denominada Yangshao, que vivió en China hacia el año 4.500 a.C. Entre los vestigios se han hallado unos signos que parecen constituir uno de los precedentes del actual alfabeto chino… lo que vendría a decir, entonces, que en China conocían la escritura 1.000 años antes que en Mesopotamia.
. Una cuestión administrativa

Todo apunta a que la escritura surgió simultáneamente en varias regiones del mundo que no mantenían contacto alguno entre sí, y que evolucionó de forma paralela.
Así pues, cabe preguntarnos: ¿qué impulsó a los seres humanos de Mesopotamia, Egipto y China a materializar sus pensamientos?
Los restos señalan hacia una voluntad eminentemente práctica.
Volvamos a las tablillas de Uruk, una de las ciudades-estado más importantes de la cultura sumeria, y que cuentan como las manifestaciones escritas más antiguas (o, al menos, por el momento).
Están escritas en alfabeto cuneiforme, llamado así porque la incisión se practicaba con una caña sobre la arcilla húmeda cuyo resultado eran unos signos parecidos a cuñas.
No se trata ni mucho menos de un texto poético ni literario, ni siquiera de una misiva entre familiares. Las tablillas contienen información administrativa y contable, evidentemente necesaria en una civilización basada en la agricultura y el comercio.
Por tanto, podemos afirmar que las primeras muestras escritas en Mesopotamia tienen como objetivo llevar un orden exacto de los productos y de sus entradas y salidas.
En Egipto debió suceder algo parecido, puesto que los primeros textos que conservamos están igualmente relacionados con la administración (de la que se encargaban los escribas), así como con la identificación de lugares y personajes. La escritura era para estos pueblos algo sagrado, un regalo enviado por los dioses que les permitía crecer como civilización.
Por ello, muchos de estos pueblos antiguos poseen en su panteón un dios o una diosa escribiente, como el famoso Thot egipcio, que es el que otorga el don de la escritura a la humanidad.
. ¿Qué relación existe entre el sedentarismo y la escritura?
Si estos hombres y mujeres de la antigüedad necesitaban poner por escrito sus posesiones era, evidentemente, porque ya estaba establecida una jerarquía sólida. Y si esta jerarquía existía era, por supuesto, gracias a la sedentarización humana, que llegó con el Neolítico.
Con ello no queremos decir que no existiera una cierta jerarquización en los pueblos nómadas del Paleolítico, pero es indiscutible que, una vez que las comunidades se asentaron y garantizaron su alimentación a través de la agricultura y la ganadería, las aldeas fueron prosperando y, con ello, se produjo una especialización del trabajo que desencadenó la aparición de grupos sociales.
Puede que sin la sedentarización nunca nos hubiéramos puesto a escribir. El ser humano primitivo no tenía necesidad de plasmar de forma clara e indeleble sus posesiones, puesto que las sociedades nómadas tendían a ser comunitarias.
Fue precisamente durante el auge de la agricultura, la ganadería y, sobre todo, el comercio, cuando el ser humano advirtió la necesidad de llevar la cuenta de las idas y venidas de sus productos y, especialmente, de las riquezas que estos comportaban. En pocas palabras: la escritura nació de la sedentarización.
– Entonces, ¿por qué la humanidad tardó tanto en escribir?

Podemos concluir que la humanidad tardó más de 250.000 años en empezar a escribir porque también tardó muchísimo tiempo en asentarse en un lugar.
El sedentarismo pleno no comenzó hasta hace unos 10.000 años, con ejemplos notables como el yacimiento de Çatal Hüyük en la actual Turquía, cuyos restos más antiguos corresponden al VII milenio a.C., y Jericó, en lo que hoy es Palestina, cuyas primeras construcciones se remontan nada menos que al VIII milenio a.C.
El Neolítico fue una auténtica revolución, que cambió la vida del ser humano para siempre; no solo fue la época de la gran domesticación de especies (tanto de plantas como de animales), sino que también conllevó la instalación de las tribus en un terreno concreto y permitió, de este modo, el crecimiento de una jerarquía y de una sociedad.
Los excedentes que producían las cosechas permitieron el nacimiento de un incipiente comercio que, con el tiempo, fue creciendo y necesitó de la escritura para plasmar sus evoluciones.
La respuesta, no obstante, no es conclusiva.
Existen algunos interrogantes que no es posible esclarecer, como, por ejemplo, si las pinturas paleolíticas podrían constituir un antiquísimo sistema de comunicación.
Por otro lado, las primeras manifestaciones claras de escritura en China corresponden a los conocidos como huesos oraculares, unos oráculos religiosos del II milenio a.C., por lo que también deberíamos incluir la religión como detonante de la aparición del texto.
Y la religión estuvo presente en las comunidades paleolíticas, de eso no hay prácticamente ninguna duda. Entonces ¿pueden ser las pinturas rupestres un indescifrable código de comunicación?
El debate sigue abierto, como todo lo concerniente a esta época tan lejana de la trayectoria del ser humano. Puede que algún día aparezcan manifestaciones escritas más antiguas, pero, por el momento, lo más sensato es pensar que la escritura nació a raíz del sedentarismo, fruto de la necesidad de poner por escrito los bienes de cada grupo.
Y, precisamente por ello, las comunitarias sociedades paleolíticas no tuvieron ninguna necesidad de escribir.
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Nike: primeros 60 años de historia…

Meer(M.A.M.Nieves) — Nike es una marca de ropa deportiva ampliamente reconocida en todo el planeta por el diseño, fabricación y comercialización de indumentaria, calzado, así como equipamiento para todas las disciplinas (atletismo, fútbol, baloncesto, tenis, golf, entre otras). Se trata de un referente no solo en la moda deportiva, sino también en la moda casual debido a que la confección de sus prendas va desde atuendos elegantes para competencias hasta piezas cómodas ideales para el uso diario.
Actualmente, ocupa el 62% de la industria del calzado deportivo en Norteamérica, razón por la cual es considerada la compañía más importante del sector, con ingresos que superan los 50.000 millones de dólares al año.
Este 2024 celebró su aniversario número 60, por consiguiente resulta apropiado conocer todo sobre esta icónica marca. Para ello, te recomiendo seguir con la lectura de este artículo.
– Blue Ribbon Sports fue su primer nombre
Esta firma fue creada en 1964 por el exatleta Phil Knight y su entrenador Bill Bowerman, pero no comenzó llamándose Nike, sino Blue Ribbon Sports. Durante sus inicios, se dedicaron a la importación de calzado japonés. Pero desde 1971, la marca en cuestión empezó a responder al nombre conocido en la actualidad.
Nueve años después, la empresa decidió expandirse para ofrecer otro tipo de productos además del calzado. En 1982, se estrenó la primera colección de ropa; durante ese mismo año, también empezaron a comercializar equipos deportivos.
– ¿De dónde surgió el nombre actual y su famoso logotipo?
Nike es el nombre de la diosa griega de la victoria. De acuerdo con la leyenda, es el símbolo del triunfo y se representa como una mujer con alas. El característico “Swoosh”, inspirado precisamente en las alas de esta diosa, fue creado por la estudiante de diseño gráfico Carolyn Davidson por un precio total de 35 dólares.
El emblema apareció por primera vez en las zapatillas de futbol que se hicieron en 1971 y posteriormente, se integró en otros equipos. Aunque se han realizado cambios basados en la adición del nombre en dos tipografías diferentes, hoy en día se mantiene la forma original del Swoosh en blanco o negro, pero dependiendo de la tonalidad que tenga la pieza, este color puede cambiar.
– Just do it, su famoso slogan

Esta frase que en español significa “solo hazlo”, se utilizó por primera vez en 1988 pero según el fundador de la agencia de publicidad Wieden and Kennedy, conocida por acompañar a Nike a lo largo de su trayectoria.
La inspiración para tomar tal frase correspondió a las últimas palabras de Gary Gilmore, un delincuente condenado a muerte, quien había dicho “Let’s do it” (que en español quiere decir: “hagámoslo”).
Al principio, Knight no se sintió atraído por la idea, pero decidió seguirla como sugerencia del publicista. Gracias al uso de este eslogan, Nike pudo conquistar otros mercados, haciendo que cualquier persona que adquiriera sus productos se sintiera empoderada e identificada con el mensaje.
– También alberga otras marcas
Gracias a su importante crecimiento a través de los años, Nike se convirtió en un grupo empresarial dueño de otras firmas de la talla de Hurley, Starter, Cole Haan e incluso Converse a finales de la década de 1990 y comienzos de los 2000.
– Embajadores icónicos
Gran parte de su éxito radica en que la empresa se ha encargado de vestir a innumerables atletas de diversas disciplinas, haciendo gala de su versatilidad. Algunos de ellos son los siguientes: Serena Williams, Mia Hamm, Maria Sharapova, Naomi Osaka, Roger Federer, Rafael Nadal, Tiger Woods, LeBron James, Kevin Durant y Cristiano Ronaldo.
Sin embargo, la alianza más importante que estableció desde su fundación fue con el astro del baloncesto Michael Jordan. Esta inició en 1984 con un contrato de 500.000 dólares y la posibilidad de tener su propia marca de zapatos (los conocidos Air Jordan), cuyas ventas llegaron a los 100 millones de dólares en el primer año de lanzamiento.
Actualmente, tiene un salario anual de 130 millones de dólares, en el cual se encuentran incluidas todas las ganancias generadas con su línea de ropa, accesorios, y por supuesto de calzado.
Aunque no lo creas, Jordan no estaba seguro de realizar esta colaboración debido a que tenía dudas con respecto al diseño y la calidad de los productos. Pero, terminó por aceptar la oferta tras la intermediación de sus padres.
– Feroz competencia
Actualmente, enfrentan una fuerte rivalidad con otras grandes marcas deportivas, este es el caso de Adidas, Puma, New Balance, Reebok, Fila, Asics y Skechers, situación que ha llevado a Nike por el camino de la innovación constante a fin de permanecer con vida dentro del mercado.
Para ello, la tecnología ha jugado un papel fundamental, pues con el propósito de seguir ofreciendo servicios de calidad, la compañía estadounidense ha recurrido al uso de las herramientas digitales. Una muestra de ello es Nike Plus, un programa de membresía que brinda información personalizada, acceso a productos e incluso disponibilidad.
Asimismo, han creado las primeras zapatillas deportivas con cámara de aire llamadas “Nike Air” y en 2021, construyeron las “Nike GO FlyEase”, el primer calzado capaz de colocarse y quitarse sin el uso de las manos.

– Han sido ganadores de varios Emmys
En varias ocasiones, los anuncios publicitarios de la marca conquistaron el premio Emmy en la categoría de “Outstanding Comercial” (Comercial Destacado) debido a la carga motivacional que se hace presente gracias a la inclusión de valores como la disciplina, la importancia de soñar y mucho más.
Las publicidades que se llevaron este galardón fueron las siguientes: “The Morning After” (2000), “Move” (2002), “Dream Crazy” (2019) y “You Can’t Stop Us” (2021).
– ¿Dónde está su tienda más grande?
La sede de Nike con mayor tamaño se encuentra en la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York. Su capacidad es de 6.000 metros cuadrados, distribuidos en seis pisos, donde además de ofrecer todos sus productos, cuenta con zonas temáticas, tecnología innovadora e incluso la posibilidad de personalizar los productos. De este modo, es posible vivir las mejores experiencias.
Nike no solo ha influido en el deporte, sino que también ha tenido un impacto significativo en la moda y la cultura, sus productos han sido utilizados en pasarelas, películas e incluso por celebridades.
Tener un calzado, ropa o cualquier equipo de esta marca hace que las personas se sientan bien consigo mismas: más empoderadas, con ganas de dar lo mejor en sus compromisos. Ese es el efecto “Just Do It” que transmite Nike, capaz de brindar la energía necesaria para seguir avanzando en la vida.
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La intrépida Flora y el documento que cuenta su historia…

The Conversation(J.A.M.Morán) — Hacia los primeros años del siglo XI, en el antiguo reino de León, vivió una mujer poderosa y valiente llamada Flora.
Nos han llegado tan pocas noticias de ella que hacen difícil reconstruir su vida e imaginar la arrolladora personalidad de esta fémina.
En la capital del reino sabemos que existía un monasterio de monjas dedicado a Santa Cristina.
Un documento redactado en el año 1023, conservado en el Archivo de la Catedral de León, cuenta, rememorando su trayectoria, la historia de Flora y cómo la “furia divina” cayó sobre la que era su casa.
– Historia de una familia
La fuente nos dice que don Arias y Baldredo, padre e hijo, habían fundado y mandado construir el monasterio, protegido por las viejas murallas romanas de la ciudad de León. Como era habitual en la Edad Media, muchas mujeres se consagraban a Dios y vivían protegidas entre los muros monacales.
Ese fue el caso de las hijas y nietas de esta familia, citadas en el documento (que no diferencia los parentescos): Justa, María, doña Infante, Granda, Honorífica y Flora.
Sin embargo, lamentablemente don Arias no tardó en morir, y un poco más tarde lo hizo Baldredo. Ambos fueron enterrados en Santa Cristina, donde ingresó la viuda de éste último, doña Matre.
Las desgracias y calamidades no habían hecho nada más que empezar. El documento relata cómo los pecados del pueblo y las insidias del Diablo provocaron que los sarracenos asediasen León. Arrasaron la ciudad, decapitando a los hombres y destruyendo todo lo que encontraron a su paso. Esto incluyó la magnífica empresa familiar: su monasterio privado.
Los muros de la ciudad fueron derribados, las aldeas quemadas, los castillos devastados y los centros religiosos incendiados.

Todas las mujeres de la familia fueron capturadas y convertidas en esclavas, trasladadas a Córdoba. Tan sólo doña Matre y su hijo Arias pudieron escapar del enemigo.
El documento continúa la narración indicando que, pasado mucho tiempo y gracias a la misericordia divina, algunas de las mujeres fueron liberadas de la cautividad. Tristemente, como suele ocurrir con frecuencia en la documentación medieval, la fuente no aporta más detalles.
Las que pudieron regresaron a su tierra, León, intentaron recuperar su vida y su patrimonio, pero hallaron una ciudad arruinada y no lograron subsistir allí. Ante tanta calamidad y penuria, las hermanas se retiraron a unas tierras que tenían en Villar de Mazarife (León) por herencia, entre los ríos Órbigo y Bernesga. Allí levantaron un pequeño monasterio y vivieron bajo la regla de San Benito.
– Regreso a León
Cuando todos los miembros de la familia habían perecido, Flora decidió regresar a la capital del reino e ingresar en la vida religiosa del monasterio de Santiago. Pero siempre mantuvo el recuerdo de sus seres queridos y familiares, que tantas desgracias habían pasado.
Ella fue la encargada de recorrer el arruinado monasterio de Santa Cristina y recuperar los restos mortales de Arias, Baldredo y Justa (enterrada allí posteriormente), trasladándolos a un nuevo espacio funerario en el monasterio jacobeo, velando por la memoria familiar. Sabemos por el diploma que Flora llegaría a ser la abadesa de la institución.
No es en absoluto habitual, dentro de los documentos hispanos, encontrar una joya manuscrita que relate con todo lujo de detalles la historia llena de contratiempos de Flora, pero también su tesón y capacidad de lucha, que le permitieron escapar de la esclavitud y perseverar en la protección de su familia y patrimonio.
Pero la Historia sí que nos muestra que fueron frecuentes ese tipo de figuras femeninas, activas política y religiosamente, buenas gestoras de sus bienes, en tiempo de calamidades.
De hecho, sabemos que al final de su vida Flora poseía viñas, prados, valles y tierras con afluentes ricas en agua. Además era dueña de bueyes, ovejas y objetos suntuarios de mucho valor, como “un vaso, una copa de plata”, un aguamanil y un servicio de seda y plata para la mesa “maravilloso” –mirificum se dice en el citado documento del año 1023–.

– Mecenazgo artístico
Al ser abadesa y regentar un monasterio privado propio, propiedad de su familia, por Flora pasó la financiación de muchas obras de arte medievales, pero ante la ausencia de fuentes no podemos llegar a imaginar cuáles fueron las obras que patrocinó.
De hecho, resulta incluso muy difícil localizar hoy en la cartografía urbana de la ciudad de León el lugar en el que se ubicaron los monasterios de Santa Cristina y el de Santiago. Nada queda de esos edificios, ni tampoco conocemos los materiales con los que se erigieron.
En todo caso, gracias a la arqueología y los edificios que sí se han conservado sabemos que se trataría de construcciones de pequeño tamaño, con materiales reutilizados de cronología anterior, como es el caso de una pieza marmórea conservada en el Museo de León, que posee un epitafio labrado sobre un cimacio (el elemento que se colocaba sobre los capiteles para sustentar un arco).
En ella se cita a otra fémina notable, Mumadomina, quien murió en el año 950, diciendo que fue mujer de santa memoria, de corta edad, obediente y religiosa.
Desconocemos si en los altares de los monasterios de Santa Cristina y Santiago había objetos tan ricos como los descritos en el testamento de Flora. No sabemos si estuvieron pintados, sus suelos cubiertos de alfombras o los muros decorados con paños de seda.
Menos sabemos de la escultura, capiteles o portadas de esos pequeños cenobios, ni la forma que tendría el panteón familiar. Pero en él, a buen seguro, las velas y candelas encendidas y sufragadas por Flora arderían diariamente iluminando el sueño eterno de los antepasados.
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¿Cuántos dioses hay en la mitología griega?…

Sobre historia(marimar) — Si nos centramos en la mitología griega, podemos resumir que es la manera que encontraron para dar explicación al origen del mundo y a todo lo que aquí acontece por medio de mitos y leyendas que relatan las vivencias y experiencias de dioses y héroes, eran parte de su religión y a ellos se les rendía culto.
Obviamente existía entidades principales y otras más secundarias, pero ¿cuántos dioses hay en la cultura y religión griega? A continuación lo descubrimos.

La historia de los dioses del Olimpo comienza, cuando Zeus, hijo de Cronos, quien ayudado por los 12 dioses del Olimpo, vence a su padre en la terrible guerra contra los Titanes, consiguió el poder de los dioses. Buscó un sitio donde establecer su morada, creando el monte Olimpo donde viviría con sus hermanos e hijos.
En algunos casos podemos ver representados 14 Dioses y es que algunos de ellos podía variar como es el caso de Hestia y Héfeso. Siendo los 12 dioses principales que habitaban el Monte Olimpo:
- Zeus
- Hera
- Poseidón
- Afrodita
- Ares
- Atenea
- Hermes
- Apolo
- Artemisa
- Hefesto
- Deméter
- Hestia
– Cómo eran los dioses de los griegos
Los dioses griegos eran inmortales, con apariencia humana, muy guerreros y con los mismos vicios y virtudes que el resto de los mortales. Capaces de regir el futuro de los mortales, los dioses más representativos del Olimpo eran:
. Zeus

Zeus es el dios de todos los dioses, es quien realmente gobierna en el Monte Olimpo. Es el dios supremo, dios de los cielos y del trueno. Descendiente de los titanes Cronos y Rea, es el hijo menor de éstos y quien consiguió vencer a su padre haciendo de esta forma, cumplir la profecía.
A Zeus se le simboliza con un rayo en la mano, con un águila, un roble, el cetro y una balanza como símbolo de justicia. De vida un tanto licenciosa, fue capaz de compartir su vida amorosa tanto con diosas como con mortales, teniendo múltiples hijos de todas sus relaciones.
.Hera

Era es la esposa y hermana de Zeus, se la considera la reina de los dioses, protectora de la familia, aunque a menudo fija su venganza en las amantes e hijos de Zeus. Es la hija mas pequeña de Cronos y Rea y sus símbolos son el Pavo Real, la fruta de la Granada, la Corona, el Cuco, León y una vaca.
.Poseidón

Poseidón se encuentra vinculado con el agua, es el dios de todos los mares, de los caballos y de los terremotos. Poseidón es hermano de Zeus y de Hades e hijo de Rea. Su símbolos son el caballo, los toros, el delfín y como no, el tridente.
.Dioniso

Es el dios de la fiesta, del vino y del éxtasis. Dionisio es el hijo del dios Zeus y de una mortal llamada Sémele. Dionisio está casado con Ariadna, una princesa de la Isla de Creta. Es quizás el mas joven de todos los dioses y el único cuya madre es mortal.
.Apolo

Dios de la belleza, la luz, el sol, la música, el arco, la poesía, el saber y la profecía. Apolo es el hermano gemelo de Artemisa y el hijo más pequeño de Zeus y Leto (hija de los titanes Ceo y Febe). Al dios Apolo le representa el sol, la lira, la flecha y el arco, el lobo, el cuervo, el ratón y el cisne.
.Artemisa

Diosa de la caza, el parto y la virginidad, estupenda tiradora con arco y protectora de los animales y del bosque. Hermana gemela de Apolo e hija mayor. A la diosa Artemisa se la suele representar con la luna, el ciervo, la osa, los perros de caza, el ciprés y las serpientes.
– Cuál es el mito que explica el origen de los dioses
Según relata Hesíodo, al principio de los tiempos, no existía nada sólo el «Caos», tras el Caos apareció la tierra, llamada «Gea». Cuando Gea recibió la luz cobró vida y comenzó a engendrar los distintos elementos como «el cielo estrellado» al que llamó Uranos, después creo las montañas.
Viendo Urano el gran esfuerzo que estaba realizando su madre Gea, derramó lágrimas que se convirtieron en una lluvia que regó la tierra, provocando la aparición de plantas, hierbas, árboles, etc. El agua que discurría por las laderas llenaban los ríos y estos generaron lagunas, lagos y el mar. Al mar se le dotó de vida con seres a los que se les llamó Titanes y Titánidas.

Otros hijos fueron los cíclopes, Arges, Astéropes y Brontes, seres inmortales de aspecto horrendo y portadores un sólo ojo. Engendraron también a los Hecatónquiros, 3 hermanos poseedores de 50 cabezas y brazos, cada uno de ellos.
La noche engendró a Hipno (el sueño), Tánatos (la muerte) y Hespérides (guardiana de los atardeceres).

El titan Crono (el tiempo) se unió con la titánida Rea (la fertilidad), pero pronto una cruel profecía haría mella en esta unión, ya que ésta vaticinaba que uno de sus hijos sería quién le destronara. Cronos comenzó a devorar a todos sus hijos con el fin de impedir el cumplimiento de dicha profecía.
Sin embargo, Zeus, hijo de Crono consiguió librarse de la muerte y plantar cara a su padre. Con la ayuda de sus hermanos Zeus consigue vencer a Cronos, dando lugar a la creación en el monte Olimpo de su morada, tanto para Zeus como para sus hermanos e hijos.
– Características de los dioses griegos
Los dioses del Olimpo eran los dioses más importantes de Grecia, como ya hemos comentado, reciben el nombre de Dioses Olímpicos por que su morada se situaba en el monte Olimpo. Todos los dioses eran integrantes de la misma familia y todos tenían en común su ganas de guerra y disputas.

Los doce dioses vivían juntos en un enorme palacio situado en lo alto de monte. Los dioses eligieron este monte por ser el más alto de toda Grecia y desde allí podían regir los designios del mundo griego. El Templo o palacio donde habitaban los dioses había sido construido por los cíclopes con un estilo palaciego estaba bordeado por una enorme y empinada e inexpugnable muralla.
Algunos dioses no habitaban en el monte Olimpo, tal era el caso de Hades (dios del inframundo), Perséfone (esposa de Hades), estos lógicamente vivían bajo la tierra. Otro dios que tampoco habitaba en el monte Olimpo era Poseidón (dios del mar), éste solía habitar en las aguas de los mares, ríos, lagos y fuentes.

Los dioses eran inmortales, bellos y perfectos, provistos de cuerpo y por lo tanto visibles. Los dioses tenían un gran parecido con los seres humanos en cuanto a apariencia y además les gustaba vivir como ellos, con sus virtudes y defectos. Grandes apasionados y formidables amantes.
Cuando se trataba de discutir asuntos terrenales, relacionados con los mortales, los dioses se reunían en una sala donde alcanzaría un acuerdo sobre el devenir de cada mortal, asuntos como quién ganaría tal guerra o quien sería duramente castigado. La mayor parte del tiempo, los dioses lo dedicaban a sus placeres, ya sea comer, beber, enamorarse o buscar confrontaciones entre ellos.

Entre los dioses era muy común los episodios de ira, cólera, la sed de venganza, la ambición, la envidia, en definitiva gozaban de los mismos malos hábitos y vicios que los mortales.
Los dioses se alimentaban de néctar, comían ambrosías, queso, cebada e incluso aceite de oliva. Aunque sin duda su alimento mas preciado eran las setas moteadas que aparecían cada vez que el rayo de Zeus tocaba la tierra.

El carácter de los dioses griegos era un verdadero misterio, unas veces se mostraban implacables, proporcionando castigos realmente duros y violentos, mientras que otras veces se mostraban comprensivos y justos. Los Sacrificios a menudo aplacaban al ira de los dioses, otras vez era la piedad con lo que se podían ganar sus favores.
