actualidad, opinion, variedades.

Historia, leyendas, historias y sucesos, Reconocimientos.

Las 3 viajeras olvidadas por la historia que nos abrieron las puertas al Antiguo Egipto…


Imagen de estatuas de faraones en Egipto
El antiguo Egipto sigue generando fascinación y curiosidad.

BBC News Mundo(K.Sheppard) — En el siglo XIX, un trío de mujeres cambió para siempre el estudio y la comprensión del antiguo Egipto. ¿Por qué, entonces, se ha pasado por alto su legado?

En 1864, la escritora de viajes inglesa Lucie Duff Gordon se encontraba en su casa, en lo alto del Templo de Luxor, mirando por la ventana hacia la orilla oeste del río Nilo, en dirección a las montañas de Libia.

Su rostro se deleitaba con el sol mientras escuchaba la cacofonía de los camellos mugiendo, los burros rebuznando y los perros ladrando más abajo.

Echaba de menos a su familia, a la que había dejado en casa, en Londres, mientras convalecía en el cálido clima desértico de Egipto para aliviar sus síntomas de tuberculosis.

Vivía en la Maison de France, o Casa Francesa, construida por un contingente militar en la zona alrededor de 1815. Amaba su autoproclamado «palacio tebano» y escribía cartas a su familia desde su balcón casi a diario.

Estas «Cartas desde Egipto», que detallaban minuciosamente su estancia en el país, se publicaron un año después en forma de libro.

Al detallar vívidamente la política egipcia, las costumbres religiosas y las relaciones de Duff Gordon con sus vecinos egipcios, el libro se destacó por ser un comentario social y cultural en una época en la que la mayoría de las autoras escribían ficción.

El ejemplo de Duff Gordon de viajar -y vivir- sola en Egipto como mujer británica pronto inspiró a otras viajeras a hacer lo mismo.

Poco más de una década después, la novelista Amelia Edwards, conmovida por las experiencias de Lucie Duff Gordon, visitó Egipto y publicó un exitoso libro de viajes: «Mil millas por el Nilo».

El trabajo de Edwards, a su vez, despertó el interés de Emma Andrews, una rica viajera estadounidense que hizo avanzar la arqueología en Egipto a principios del siglo XX al financiar docenas de excavaciones de tumbas, muchas de las cuales todavía se estudian activamente en la actualidad.

 Ilustración del antiguo Egipto
La evocadora escritura y las vívidas ilustraciones de Edwards atrajeron a innumerables turistas a Egipto.

Aunque estas tres mujeres viajaron inicialmente al país como turistas, cada una de ellas tuvo un profundo impacto en la egiptología (el estudio científico del antiguo Egipto).

Y al hacerlo, no solo moldearon nuestra visión de una de las civilizaciones más importantes del mundo antiguo, sino también la forma en que los turistas viajaban a Egipto a principios del siglo XX.

– El libro de Edwards

Desde noviembre de 1873 hasta marzo de 1874, Edwards y su compañera Lucy Renshaw navegaron por el Nilo en una casa flotante, el Philae.

Visitaron todos los sitios recomendados en su guía de viajes escrita por John Murray: las pirámides de Giza; las pirámides de Saqqara; el cementerio de Beni Hasan; el templo de Dendera; templos en Luxor; el Valle de los Reyes y otras tumbas en Tebas; además de sitios en Esna, Asuán y Abu Simbel.

El trabajo de conservación de estos sitios aún no había comenzado, por lo que la mayoría de los lugares que visitaron estaban en mal estado. Edwards quería cambiar eso.

En marzo de ese año, las mujeres permanecieron varias semanas en Luxor. Edwards se sintió atraída por la antigua casa de Duff Gordon, pero cuando miró hacia arriba y vio la pila de ladrillos que cubría el templo, se sorprendió por su estado.

Después de a duras penas lograr sobrevivir por varios años a las inundaciones del Nilo, el amado «palacio tebano» de Duff Gordon ya no era habitable. Edwards subió al interior y se acercó a la ventana, desde donde se contemplaba el río y la llanura tebana que se extendía al otro lado.

Al ver lo que vio Duff Gordon, Edwards escribió que la vista «amueblaba la habitación y hacía que su pobreza fuera espléndida».

Soñó que podría vivir allí «si tan solo tuviera esa maravillosa vista, con su infinita belleza de luz, color y espacio, y su historia y su misterio, siempre ante mis ventanas».

Ilustración de turistas a bordo de un barco en Egipto
El libro de Edwards también estimuló los paquetes vacacionales con todo incluido a Egipto.

Ese fue el único viaje de Edwards a Egipto, pero su poético libro de viajes atrajo a innumerables mujeres viajeras al país.

Publicado en 1877, «A Thousand Miles up the Nile» se convertiría en uno de los libros de viajes más vendidos de todos los tiempos.

Mitad diario de viaje, mitad historia bien documentada, la narrativa de Edwards describía vibrantemente los lugares de interés a lo largo del Nilo.

Pero a diferencia de la guía de Murray, Edwards no solo recomendaba a los visitantes que se detuvieran a ver estos monumentos y sitios, sino que abogaba por su conservación para las generaciones futuras.

La popularidad de su libro efectivamente convirtió a las pirámides de Giza, el Valle de los Reyes y otras tumbas ahora famosas en paradas esenciales para los viajeros a Egipto durante los siguientes 50 años, pero lo más importante es que su amplio alcance entre los académicos dio forma al estudio y la recepción de estos sitios hasta el día de hoy.

El éxito del libro de Edwards la llevó a cofundar la Sociedad Exploradora de Egipto (EES por sus siglas en inglés), en 1882.

Inspirada por el objetivo de Edwards de explorar para conservar los monumentos de Egipto, la EES recaudó dinero para las excavaciones a través de suscriptores. Estos suscriptores, en su mayoría de la clase media británica, recibían informes de excavaciones y del sitio cada año.

Estos informes, que contienen mapas, listas, dibujos y nuevos estudios, han educado e informado la visión del público sobre el antiguo Egipto durante casi 150 años.

– Turismo «masivo»

«A Thousand Miles up the Nile» también estimuló y se benefició simultáneamente del auge de los viajes organizados que ofrecían turismo arqueológico.

A principios de 1855, la compañía de viajes homónima del empresario inglés Thomas Cook comenzó a ofrecer viajes con todo incluido por toda Europa.

Estos viajes, populares entre las clases medias altas y aristocráticas, animaban a la gente a viajar a destinos como Atenas y Roma no solo para explorar su cultura contemporánea, sino también para presenciar sus monumentos antiguos y aprender sobre su importancia histórica.

Si gastabas mucho dinero en unas vacaciones, se argumentaba, debías aprender de ellas y también apoyar a las economías locales.

En 1869, la compañía de Cook se expandió a Egipto, lo que permitió que el turismo arqueológico en el norte de África estuviera disponible para las masas y para las mujeres que deseaban viajar solas y con seguridad.

A finales de la década de 1880, la compañía de Cook guiaba a más de 5.000 personas por el Nilo cada año, siguiendo de cerca el itinerario de la propia Edwards. Gracias a la popularidad de sus vacaciones, la compañía tenía el control sobre los viajes en barco por el Nilo para todos los visitantes a Egipto.

En 1889, 15 años después de que Edwards partiera de ese país, Andrews y su pareja, Theodore Davis (dos millonarios estadounidenses y coleccionistas de arqueología) llegaron a Egipto con una copia del libro de Edwards y varios folletos de Cook.

La pareja era miembro de la rama estadounidense de la EES, que se había extendido a Estados Unidos tan solo unos años después de su fundación.

Inspirados por el diario de viaje de Edwards, rápidamente alquilaron y equiparon una casa flotante privada para realizar su primer viaje río arriba.

«A Thousand Miles up the Nile» y los folletos de Cook guiaron a la pareja mientras navegaban Nilo arriba y luego Nilo abajo. Pararon en todos los sitios que Edwards (y más tarde Cook) les habían sugerido.

Al igual que Duff Gordon y Edwards antes que ellos, se enamoraron inmediatamente de Egipto.

La pareja viajaría Nilo arriba todos los años durante los siguientes 25 años. Eran los turistas arqueológicos por excelencia: miembros de la clase alta, que deseaban pasar unas vacaciones y al mismo tiempo aprender sobre los sitios antiguos que encontraban.

Compraron artefactos antiguos y acumularon enormes colecciones. Andrews se vio influenciada tanto por sus propios viajes como por la exhortación de Edwards en su diario de viaje: «Siempre estamos aprendiendo, y siempre hay más que aprender; siempre estamos buscando, y siempre hay más que encontrar».

Una tumba excavada en Egipto
Andrews y su marido lograron excavar entre 25 y 30 tumbas en el Valle de los Reyes, incluida la tumba de Yuya y Thuya.

Desde 1900 hasta que abandonaron Egipto en 1914, Andrews y Davis financiaron y excavaron personalmente entre 25 y 30 tumbas en el Valle de los Reyes, algunas de las investigaciones arqueológicas más importantes del país.

Las leyes que regían las excavaciones en Egipto en aquella época establecían que la mayoría de los objetos se entregarían al Museo de El Cairo, y los duplicados pasarían a manos privadas del mecenas o del arqueólogo.

– La tumba 46

En 1905, la pareja y su equipo encontraron la tumba número 46, la de Yuya y Thuya, padres de la reina Tiye (la esposa principal del faraón Amenhotep III) y bisabuelos de Tutankamón.

En aquella época, era la tumba egipcia mejor conservada jamás encontrada, y la mayor parte del ajuar funerario todavía se conservaba en su interior. Sus impresionantes máscaras de ataúd todavía se exhiben en El Cairo, y su carro intacto (el segundo de su tipo jamás encontrado) se encuentra justo detrás de ellos.

Los objetos son importantes, pero los diarios de Andrews son cruciales para nuestra comprensión de los yacimientos. Sus registros proporcionan un relato detallado de su actividad y la de Davis a lo largo de un cuarto de siglo.

Hizo una crónica meticulosa de sus excavaciones con mapas y relatos diarios de sus visitantes y de los objetos que descubrieron.

Davis utilizó muchos de los diarios de Andrews en sus propios informes publicados sobre el yacimiento, sin darle nunca el crédito que le correspondía.

Crucialmente, Andrews también incluyó en sus relatos a las personas ignoradas por tantos escritores masculinos: los trabajadores egipcios, comerciantes de antigüedades, capitanes de barco y tripulantes. Su perspectiva es la base para la comprensión de siglos de historia egipcia.

El legado de Andrews sigue vivo también en el Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York. Ella y Davis donaron cada uno gran parte de sus colecciones (más de 1.600 objetos egipcios) y sus fortunas al Met.

Cada año, millones de visitantes ven esos objetos, como los vasos canopos de la controvertida tumba KV 55. Gracias a las deficientes prácticas de excavación de Davis, los arqueólogos aún no pueden ponerse de acuerdo de manera concluyente sobre de quién eran los restos momificados que estaban dentro.

También hay una botella de agua decorada y restaurada de la procesión funeraria del rey Tutankamón, uno de los pocos objetos de Tutankamón fuera de Egipto.

El trabajo de Andrews hizo que estos fragmentos de la vida y la muerte del antiguo Egipto fueran accesibles tanto a los académicos como a los escolares, lo que le dio a Occidente una visión poco común de cómo los antiguos egipcios honraban a los muertos.

Amelia Edwards
Amelia Edwards, quien inspiró a Andrews fue bautizada «la madrina de la egiptología».

Nuestra fascinación y comprensión contemporáneas del antiguo Egipto se deben en gran medida a este trío de mujeres olvidadas.

Al igual que sus homólogos masculinos, su trabajo no estuvo exento de controversia: se trataba de personas relativamente adineradas que viajaban a Egipto, vivían allí y se beneficiaban profesionalmente de sus viajes extrayendo objetos antiguos de su lugar de origen.

Sin embargo, sus legados, a menudo ignorados, sentaron las bases de la egiptología moderna e influyeron en nuestra comprensión del mundo antiguo desde el principio.

nuestras charlas nocturnas.


El secreto del gin-tonic…


Q_032160
Soldados británicos tomando su dosis diaria de quinina, 1916.

JotDown(D.S.Sáenz) — Hay escenas que explican la trayectoria de un país. Jardín Botánico de Madrid, agosto de 1861, interior de uno de sus cobertizos. Un hombre de unos treinta años contempla asombrado las decenas de cajas que permanecen allí amontonadas. No comprende cómo parte de la mejor ciencia europea del Siglo de las Luces puede compartir espacio con los aperos de labranza.

En su tierra, desde luego, jamás ha visto desatino semejante. Esta dejadez no solamente supone una deshonra para la institución que debería velar por la conservación de estas joyas de la historia natural, sino también un despilfarro para la nación que las financió en mejores días. Cortesía obliga, en cualquier caso, por lo que, en vez de expresar sus críticas, pide ayuda a los jardineros con un peculiar castellano aprendido al otro lado del océano Atlántico.

La obtendrá puesto que porta una carta de recomendación del director de los prestigiosos Jardines de Kew de Londres.

Los tiempos han cambiado. No hace tanto, esta colaboración hubiese resultado inviable. Pero ni España es ya un imperio ni considera la ciencia un apoyo fundamental para mantener una posición de supremacía en el panorama internacional.

Posiblemente, esto explique por qué nadie en medio siglo ha sido capaz de organizar los materiales recopilados por las célebres expediciones botánicas realizadas durante el reinado de Carlos III. Aunque acaso simplemente se deba al temor a enfrentarse al ingente trabajo que espera a quien lo intente.

Del Virreinato del Perú, Hipólito Ruiz y José Pavón regresaron con dos mil dibujos y tres  mil descripciones de plantas que, al menos, publicaron parcialmente en vida.

Pero José Celestino Mutis murió en Nueva Granada dejando cuatro mil páginas manuscritas y siete mil ilustraciones de dos mil setecientas especies vegetales diferentes, que se trasladaron a Madrid deprisa y corriendo poco antes de que la colonia lograse su independencia. Ahí las tiene, criando polvo en los mismos arcones en que fueron enviadas.

El grupo se pone manos a la obra. Trabajando como un auténtico equipo, los operarios del jardín van separando cajas del montón mientras que el visitante evalúa su contenido. Lo hará de un simple vistazo ya que el tiempo apremia. En alguna parte de este desbarajuste se esconde el único motivo de su viaje: la mejor colección sobre el árbol de la quina que existe en el mundo.

Y él no dispondrá más que de unos pocos días para estudiarla debido a que el deber para con su país le reclama en la India. Allí le esperan centenares de plantones de este vegetal incautados en diversas partes de Sudamérica.

Cortezas de quina del Perú. 

Al cabo de varias horas, la tarea de los jardineros españoles ha concluido.

No así la del invitado inglés, que en ese instante comienza realmente la suya.

Ya en solitario, Clements Markham, pues así se llama nuestro protagonista, examina con todo el detenimiento que le es posible los materiales seleccionados.

Necesita ampliar sus conocimientos sobre las decenas de variedades que existen de este árbol y los entornos en los que crece cada una.

Toda información es poca cuando la propia suerte del Imperio británico puede estar en juego. Continuará por ello durante varias jornadas entre antiguos herbarios y manuscritos y aún regresará cinco años más tarde para completar su escrutinio.

Hasta aquí la escena, retrocedamos ahora en el tiempo para enmarcarla.

Pero ¿Qué momento escoger entre todos los posibles dado que vamos a hablar de la enfermedad con mayor impacto en la historia del ser humano? Podríamos remontarnos hasta el Neolítico, cuando los cambios asociados al desarrollo de la agricultura aumentaron enormemente la incidencia de la malaria en su lugar de origen, África Occidental.

O tal vez hasta la Grecia clásica, cuando a pesar de no conocer su causa —para eso habría que esperar a finales del siglo XIX— la escuela hipocrática describió los síntomas de las fiebres tercianas con precisión. Por acotar la cuestión, sin embargo, nos conformaremos con empezar por el Perú colonial, donde en 1633 se publicó la primera crónica que menciona el «árbol de las calenturas».

Poco se sabe de los inicios del uso de la corteza del árbol de la quina como antipalúdico. Relatos míticos como el de la curación de la condesa de Chinchón, que hizo fortuna durante siglos, se han demostrado falsos.

Tan solo podemos conjeturar una probable búsqueda por parte de los indígenas del área andina de un remedio contra las fiebres intermitentes que comenzaron a sufrir tras la conquista, pues la malaria no existió en América hasta el arribo de los españoles, y la posibilidad de que ya empleasen previamente la corteza de este árbol como febrífugo.

Sí podemos afirmar, en cambio, que la «cascarilla del Perú» llegó a Europa por la época de su primera referencia escrita de la mano de los jesuitas, que controlaron durante décadas un lucrativo negocio alimentado por la presencia de estas fiebres en buena parte de Europa.

Así es, hoy ya lo hemos olvidado, pero el paludismo fue un mal endémico en amplias zonas de nuestro continente hasta mediados del siglo XX. Por poner un simple ejemplo, en la España de 1943 se registraron cuatrocientos mil casos y mil trescientas muertes por esta enfermedad.

No es de extrañar, por tanto, que este medicamento alcanzase fama rápidamente y su utilización se volviese habitual, al menos para quien podía pagarlo, primero en España y Roma y luego en el resto del mundo católico.

Flor del árbol de la quina en un grabado de 1878. Imagen: DP.
Flor del árbol de la quina en un grabado de 1878.

Esta creciente demanda todavía aumentaría más una vez desaparecieron los recelos que en el ámbito protestante causó un remedio promovido por la Compañía de Jesús y, llegados a la segunda mitad del siglo XVIII, la corteza del árbol de la quina se había convertido en uno de los principales artículos indianos, suponiendo en torno al dos por ciento de todas las importaciones procedentes de Sudamérica.

La mayoría de ella salía de los bosques andinos del valle de Loja, al sur del actual Ecuador, donde cascarilleros indígenas la recolectaban y transportaban a lomos de mula hasta los puertos del Virreinato del Perú, en los que embarcaba rumbo a la metrópoli previo paso por el istmo de Panamá. Poco se conocía, no obstante, sobre la especie vegetal que reportaba tales beneficios, una cuestión no menor que la Corona española trató de paliar durante su periodo ilustrado.

El reinado de Carlos III representó uno de esos escasos momentos en los que nuestro país se percata de la poca atención que dedica a las ciencias y trata de ponerse al día. Conseguiría su objetivo, dado que políticas audaces e inversiones generosas irían de la mano en este caso.

Así lo reflejó el sabio alemán Alexander von Humboldt en lo referente al campo de la botánica cuando dejó escrito «ningún Gobierno europeo ha invertido sumas mayores para adelantar el conocimiento de las plantas que el Gobierno español». Con ese dinero se pondrían en marcha diversas expediciones que recorrieron los distintos territorios ultramarinos del imperio con intención de catalogar una flora en gran parte ignorada hasta entonces.

Y si bien la labor desarrollada fue mucho más allá del mero utilitarismo de estudiar especies con posibles beneficios económicos, el árbol de la quina se convertiría en uno de los protagonistas de este monumental empeño.

Por desgracia, las dos expediciones que se ocuparon de investigar las numerosas variedades de este árbol no congeniaron bien y, en vez de sumar esfuerzos, acabaron tirándose los trastos a la cabeza. Una pena porque, visto en perspectiva, podían haberse complementado perfectamente.

Mientras que la del Virreinato del Perú dirigida por Hipólito Ruiz y José Pavón abarcó las regiones tradicionales de recolección de cascarilla, la de Nueva Granada a cargo de José Celestino Mutis descubrió nuevas áreas de distribución de esta especie que despertaron particular interés por sus ventajas a la hora del transporte a España, si bien quedaba por ver su eficacia frente a las fiebres.

Y aquí surgieron los problemas, ya que ambos equipos clasificaron de manera diferente las variedades de quina que hallaron en su territorio y criticaron abiertamente las conclusiones del contrario. Este desencuentro formaría dos bandos irreconciliables entre los botánicos de Madrid, que se fueron posicionando a uno u otro lado movidos muchas veces por simples afinidades personales.

Un frentismo muy nuestro que lastró los réditos tanto científicos como económicos que deberían haber acompañado al titánico trabajo de campo realizado pero que, para ser justos, se vio agravado por circunstancias todavía más negativas. Cuando llegó el momento de sacar a la luz la enorme cantidad de datos recogidos había transcurrido demasiado tiempo y nuestro país se encontraba en una situación poco boyante, por lo que se fue haciendo a cuentagotas.

Poco después, la invasión napoleónica iniciaría en España una época desastrosa, con pérdida de la mayoría de las colonias americanas incluida, que sepultó definitivamente el material recopilado en oscuros almacenes donde nadie se acordaría de ellos hasta bien entrado el siglo XX.

Reuniendo corteza en un bosque peruano. 1867. A. Faguet

Nadie en España, al menos. Ya conocemos la escena que nos ocupa.

La entrada en el siglo XIX no sentó nada bien a nuestro país, que volvería a encerrarse en sí mismo y a olvidarse del progreso científico, pero no así al resto del continente.

A lo largo de esta centuria las principales potencias europeas se lanzaron a la conquista del mundo y, con ello, aumentaron sus necesidades de cascarilla debido a la alta incidencia de la malaria en los trópicos, lo que hizo evidente un problema que tarde o temprano tenía que aparecer dado que se estaba explotando una especie silvestre.

Cada vez era más difícil encontrar árboles de la quina en los bosques andinos.

Las alarmas saltaron definitivamente en la década de 1850, cuando el precio de este remedio subió de manera patente. Aunque, para ser exactos, habría que decir que lo que aumentó fue el coste de su principal principio activo, la quinina.

Tres décadas antes, los farmacéuticos franceses Pierre Pelletier y Joseph Caventou habían desarrollado un método para extraer este producto natural de la corteza de la quina, iniciando una nueva etapa en el tratamiento del paludismo.

La sustitución de la fuente natural en bruto, la cascarilla, por su principio activo, la quinina, había conllevado dos ventajas obvias, simplificar su transporte y permitir conocer las dosis administradas con precisión, y otra menos evidente pero igual de importante, la posibilidad de identificar las variedades de quina con mayor contenido de este alcaloide.

También había derivado en el nacimiento de una todavía rudimentaria industria farmacéutica, pues en distintos países de Europa se habían abierto factorías que procesaban corteza procedente de Sudamérica para aislar el nuevo fármaco de referencia contra las fiebres. Pero, por supuesto, no había mejorado el problema de escasez de materia prima.

Particularmente preocupadas por esta cuestión se encontraban Holanda y el Reino Unido, que pensaron una misma medida para solucionar el inconveniente: cultivar el árbol de la quina en sus dominios. Y aquí, en los intentos de lograr este peliagudo asunto, es donde ubicamos al protagonista de nuestra escena.

Clements Markham fue un historiador metido a botánico circunstancial para mayor gloria del Imperio británico. Especializado en cultura andina, había recorrido Perú y aprendido español y quechua, lo que le convertía en el candidato idóneo para encabezar un audaz proyecto que pretendía apropiarse de plantones del árbol de la quina en su lugar de origen y trasladarlos a la India.

La malaria asolaba la «joya de la corona», por lo que a los funcionarios allí destinados se les suministraba diariamente una ración profiláctica de quinina, que algunos mezclaban con soda, azúcar y ginebra en un gin-tonic primigenio del que dependía la buena salud de la administración colonial.

De ahí la importancia del cometido de Markham que, al mismo tiempo, presentaba multitud de dificultades.

oie_dr942vvIRrAj
Sir Clements Markham ca. 1910.

Hagamos un recuento rápido: las trabas de las naciones productoras para no perder su monopolio, lo poco que se sabía sobre las decenas de variedades del árbol de la quina existentes, el traslado de los plantones y su aclimatación a los ecosistemas de destino, cualquiera de ellas podía dar al traste con la operación.

Es lo que había ocurrido con las tentativas anteriores de Holanda y Reino Unido, que sobre todo habían chocado con la defensa por parte de los países andinos de sus intereses comerciales. Esta se producía no solamente a nivel gubernamental, con prohibiciones que impedían la salida legal de ejemplares de especies autóctonas, sino también a nivel individual, ya que los cascarilleros contratados acostumbraban a calentar las semillas para hacerlas estériles y añadir arsénico a la tierra de las plántulas recogidas.

Un tipo de sabotaje que había sido efectivo durante años pero que los británicos consiguieron vencer al fin gracias a un exhaustivo control de todo el proceso de recolección.

Entre 1859 y 1861, Markham y su equipo, integrado por botánicos de la talla de Richard Spruce, se adentraron en distintas zonas del norte de Perú y el sur de Ecuador para reunir centenares de plantones de árbol de la quina que fueron embarcando hacia la India.

Vivirían momentos de peligro dado lo comprometido de su misión pero saldrían airosos al sacar ventaja de la inestabilidad política de la región y los sobornos con que calmaron a las autoridades locales que deberían haber imposibilitado su trabajo.

También intentaron acceder a Bolivia, de donde procedía una nueva variedad de cascarilla de gran calidad denominada calisaya, pero aquí sí se toparon con una administración firme que les denegó el acceso. Y, en una escala de sus viajes entre Sudamérica y Asia, Markham pasó por España para estudiar las colecciones del Jardín Botánico de Madrid, donde halló abundante información útil para la siguiente fase del programa.

Una vez llegados a la India, los especímenes supervivientes del largo viaje interoceánico debían servir como germen de una plantación concebida para abastecer de quinina a todo el Imperio británico.

Para ello, fueron transportados al sur del subcontinente, hasta las montañas Nilgiri, donde se daba un entorno similar al de los bosques andinos. Y como los futuros árboles se aclimataron bien, el éxito del plan pareció seguro. La vida está llena de imponderables, sin embargo, y acababa de producirse una azarosa circunstancia que iba a dar un vuelco al devenir de esta historia.

En 1861, Charles Ledger se encontraba en Australia enfrascado en uno de tantos negocios ruinosos con los que toda su vida trató de salir de pobre. Esta vez pretendía convencer a los ganaderos de la isla de las bondades de la lana de alpaca y para ello había realizado la extravagante heroicidad de reunir un rebaño de estos animales en la lejana Bolivia y cruzar con ellos medio mundo.

Malaria. 1883. Giulio Aristide Sartorio.

Pero nada podía competir con los rendimientos que proporcionaba la oveja merina, por lo que la empresa estaba destinada al fracaso.

Una vez más, se tendría que dar por vencido.

Y entonces, al borde de la bancarrota, leyó una noticia en el periódico que creyó capaz de cambiar su suerte.

La llegada a la India de las plantas recolectadas por Markham se vio reflejada en los diarios del Imperio británico.

También su imposibilidad de entrar en Bolivia, prohibición en la que Ledger vio su oportunidad.

Él llevaba dos décadas viviendo en el país andino, a donde había emigrado con tan solo dieciocho años en busca de la fortuna que Inglaterra no le podía ofrecer.

De hecho, recordaba perfectamente la localización de un espléndido bosque de quinas de la variedad calisaya con el que se había topado en una de sus múltiples correrías junto a su inseparable asistente indígena Manuel Incra Mamani. Solo tenían que volver allí y recoger unas cuantas semillas. Así que envió a Mamani una carta explicándole sus intenciones y algo de dinero y buscó la manera de regresar a Bolivia lo antes posible.

El plan de Ledger no resultó como este había calculado pero acabaría transformando por completo el mercado de la quina. La peor parte se la llevaría Mamani, que pagó con la vida su participación en un negocio ilícito. Tras cumplir el encargo, lo que no le resultaría nada fácil ya que hubo de volver al bosque indicado durante tres años hasta coincidir con el momento adecuado para la recolección, sería apresado por la policía boliviana y torturado cruelmente para que delatara a su patrón.

No lo haría, en un valeroso acto de fidelidad que su cuerpo no resistiría pero que permitió a Ledger salir indemne del asunto. Para entonces, este ya había enviado las semillas de calisaya a un hermano residente en Londres, que trató de venderlas sin mucha fortuna.

Sus compatriotas no mostraron el menor interés ya que estaban satisfechos con la marcha del programa liderado por Markham y solo pudo persuadir a un cónsul holandés, que pagó un precio ridículo teniendo en cuenta el provecho que su nación llegaría a obtener de ellas.

Las semillas cosechadas por Mamani fueron sembradas por los holandeses en la isla de Java, dando inició a una plantación que en pocas décadas monopolizó la producción mundial de quinina. La corteza de sus árboles poseía una cantidad de alcaloide muy superior a la de los cultivados por los británicos en la India, lo que les permitió producir a precios mucho más baratos.

Tampoco encontrarían rival en los países andinos pues estos nunca pasaron de la explotación de ejemplares silvestres. Y así, a principios del siglo XX, todas las naciones compraban este fármaco a Holanda. Incluso Gran Bretaña, que nunca lo produjo en la cantidad que su gigantesco imperio requería a pesar de que, como el resto de estados colonizadores, no atendía las obvias necesidades de la población autóctona de sus posesiones.

La quinina se había convertido en un instrumento de dominación más. Por eso, la existencia de un único proveedor plantearía una peligrosa situación de dependencia que, si bien no ocasionó contratiempos de consideración en las etapas de paz, provocó graves conflictos durante los episodios bélicos.

Fotografía: Imperial War Museums (CC).
Soldados británicos recibiendo formación sobre la malaria (Segunda Guerra Mundial).

El mejor ejemplo lo encontramos en la Segunda Guerra Mundial, cuando la campaña japonesa en el sudeste asiático dejó a los aliados al borde del colapso.

Tras el ataque a Pearl Harbor, los nipones invadieron Singapur y Java y con ello pasaron a controlar los cultivos que producían la inmensa mayoría del caucho y la quinina consumidos en el mundo, dos mercancías fundamentales para el discurrir de la guerra pues todavía no existían equivalentes sintéticos que los pudiesen sustituir con garantías.

En lo referente al fármaco, quizá el mejor resumen de la delicada tesitura vivida fuera expresado por el general Douglas MacArthur cuando dijo: «Esta será una guerra muy larga si por cada división que tengo enfrentándose al enemigo debo contar con una segunda división en el hospital con malaria y una tercera convaleciente por esta enfermedad»

Como medida de choque, el Gobierno de Estados Unidos requisó todas las provisiones de quinina del país para usarlas en los frentes del Mediterráneo y el Pacífico. Pero sabían que solo se trataba de una solución provisional a la espera de lo que realmente necesitaban, un sustituto.

Para su suerte, enseguida lo descubrieron, con la curiosa circunstancia añadida de que serían sus propios enemigos los que inadvertidamente les brindaron la respuesta. Los alemanes llevaban años manteniendo una línea de investigación orientada al desarrollo de antipalúdicos sintéticos tras sufrir una situación similar durante la Gran Guerra.

Y, como buena parte de este trabajo se había realizado antes de la llegada de los nazis al poder, los aliados habían tenido acceso a las patentes comerciales registradas. Así que solo tuvieron que poner a punto los procesos industriales de obtención de unos compuestos ya estudiados, en una operación desde la retaguardia que posiblemente les salvó de la derrota.

La Segunda Guerra Mundial constituiría el último episodio en el que la quinina jugó un papel fundamental en la lucha contra la malaria. Si posteriormente se consiguió erradicarla de Estados Unidos y Europa fue gracias a otras armas, como la fumigación con insecticidas y los nuevos antipalúdicos sintéticos.

Tras tres siglos de empleo, un récord absoluto para cualquier fármaco que cure una enfermedad infecciosa, la eficacia del principio activo de la corteza de la quina había disminuido considerablemente. Las especies de Plasmodium causantes de esta plaga se habían vuelto tan resistentes a ella que se abandonó su uso para este fin.

Aunque no desaparecería de nuestras vidas. Todavía le queda un ámbito donde mantiene intacta su fama. Cada día, miles de personas rememoran un hábito iniciado en la India hace más de un siglo. Naturalmente, el agua tónica contiene hoy una cantidad muy inferior de quinina pues su propósito es simplemente añadir ese toque amargo tan característico del rey de los cócteles.

Qué disfruten su gin-tonic.

nuestras charlas nocturnas.


El horrible descubrimiento en el último bote salvavidas del «Titanic»…


Una de las fotografías.

La Voz Digital(M.P.Villatoro) — Día 15 de abril de 1912, 2:15 de la mañana.

Durante una gélida noche en medio del Atlántico Norte, el primer oficial del « Titanic », William McMaster Murdoch , lucha a brazo partido junto a James Paul Moody (sexto oficial del «Buque de lo sueños») para arrojar al agua el último bote salvavidas -el Plegable A – que queda en cubierta.

Viven los últimos estertores del buque, los últimos cinco minutos que el transatlántico pasará sobre la superficie antes de ser engullido por el océano.

Y lo que no saben es que la barca que están tratando de arrojar al mar será recordada 104 años después por los horrores que fueron descubiertos en ella cuando fue encontrada.

Y es que, como demuestran una serie de imágenes que acaban de salir a subasta, cuando los marineros del « RMS Oceanic » se toparon con este bote salvavidas el 13 de mayo de 1912 (casi un mes después del desastre), se encontraron también con un espectáculo horrible que más les valdría haber olvidado. ¿La razón?

En su interior había desde algunos cuerpos inertes de los trabajadores de las calderas (uno congelado y cuyos brazos se desprendieron del torso en el momento de ser desplazado) hasta el anillo de compromiso de un hombre que no pudo salvar a su esposa.

– El Peglable A

Como muchos ya sabrán, el «Titanic» contaba con 16 botes salvavidas fabricados en madera. Estos estaban ubicados a lo largo de la cubierta. Curiosamente, y aunque con ellos no había espacio ni para la mitad del pasaje (solo podían albergar a 1.178 pasajeros de los 2.278 que viajaban contando con la tripulación), el buque cumplía perfectamente la normativa en curso para navíos de su tamaño.

Con todo, la compañía reforzó este total con cuatro más, todos ellos plegables y del modelo Engelhardt . Estos últimos podían embarcar hasta un total de 47 personas y fueron denominados como A, B, C y D (en contra de sus hermanos mayores, a los que se les asignó números.

Según se cree (y tal y como han informado varios medios internacionales como el « Daily Telegraph ») el Plegable A fue el último bote en abandonar el «Buqe de los sueños» aquella noche a las 2:15 de la madrugada. En palabras del diario, los oficiales Murdoch y Moody trataron de bajar esta barca hasta el mar colocándole sobre los cabrestantes.

Sin embargo, cuando el agua empezó a llegarles por las rodillas, abandonaron la tarea. El Plegable A, con todo, terminó cayendo sobre el líquido elemento y sirvió a un número indeterminado de personas ( entre 12 y 30 ) como plataforma sobre la que subirse para evitar morir.

– El hallazgo

Un mes después, el 13 de mayo de 1912, los marineros del «RMS Oceanic» se encontraron a unas 200 millas del lugar del naufragio (unos 320 kilómetros ) el bote Plegable A. Al acercarse para tratar de rescatar a aquellos que hubiesen sobrevivido, se toparon con un espectáculo horrible. En la barca había, para empezar, los cuerpos inertes de dos bomberos de la sala de máquinas del «Titanic».

Además, y según puede verse en una nota manuscrita escrita por un miembro de la tripulación del buque rescatador, uno de ellos estaba tan congelado que sus brazos se separaron del torso cuando fue movido. En cuanto a cadáveres, el último de ellos que ocupaba el interior de aquel bote era el de Thomson Beattie , un pasajero de primera clase que todavía llevaba su esmoquin.

Al buscar más a fondo en el bote, los seis miembros del «Oceanic» dieron también con un anillo de bodas con la siguiente inscripción: « De Edward a Gerda ».

El mensaje indica que era propiedad de Edward Lindell y su esposa, Gerda, ambos pasajeros de tercera clase.

El testimonio de August Wennerström (un superviviente) afirma que el marido trató de subir a su mujer al bote, pero no lo logró y se quedó apretando su alianza hasta que murió congelado.

Al parecer, su cuerpo fue arrojado después a las aguas por los supervivientes para aligerar la carga.

¿Qué fue de los pasajeros que sobrevivieron sobre el Plegable A?

Al parecer, fueron recogidos por otro bote salvavidas antes de la llegada del « Carpathia », el navío que salvó a la mayoría de los supervivientes. Tras el transbordo, se dejó aquella barca a su suerte con varios cuerpos inertes sobre ella.

Así hasta que fue descubierta por el «Oceanic», como bien muestran las fotografías y la nota guardadas durante 20 años por un coleccionista privado.

«Estas tres fotografías demuestra como se recuperó el último bote salvavidas del “Titanic”. Además van acompañadas de una inscripción que detalla pormenorizadamente el suceso», afirmó el subastador, Andrew Aldridge.

nuestras charlas nocturnas.


Qué es el Destino Manifiesto, la doctrina por la que EE.UU. se cree una nación elegida (y por qué la guerra con México fue un gran ejemplo)…


Una mujer con una túnica blanca es el símbolo del "Destino Manifiesto". Flota sobre la pradera sosteniendo un libro escolar y una bobina de cable telegráfico, que va tendiendo detrás de ella. En el suelo, los nativos americanos y los bisontes corren frente a ella. Detrás de ella hay signos de la expansión hacia el oeste: trenes, barcos, carromatos y colonos pioneros.
Una mujer con una túnica blanca es el símbolo del «Destino Manifiesto».

BBC News Mundo(F.Llambías) — “Texas ahora es nuestro (…) Entra dentro de la cara y sagrada designación de Nuestro País”.

Era 1845 y el periodista estadounidense John O’Sullivan escribía estas palabras como parte de una columna que tituló “Anexión”.

Habían pasado pocos días desde que el Congreso de la República de Texas -un país de cortísima vida, de 1836 a 1845- aprobaba unirse a Estados Unidos y O’Sullivan celebraba la incorporación de ese vasto territorio como parte de un designio divino.

“Otras naciones han emprendido una (…) interferencia hostil contra nosotros, con el objeto declarado de frustrar nuestra política y obstaculizar nuestro poder, limitando nuestra grandeza y frenando el cumplimiento de nuestro destino manifiesto de extendernos por el continente asignado por la Providencia para el libre desarrollo de nuestros millones que se multiplican anualmente”, continuó O’Sullivan.

Texas, que había sido dominio español y luego fue parte de México tras su independencia, se fue poblando cada vez más con estadounidenses que cruzaban la frontera alentados por el gobierno de su país.

Cuando México adoptó una reforma constitucional que dejaba atrás un Estado federal para pasar a ser uno centralista en 1836, los texanos decidieron independizarse por la fuerza primero y formar parte de EE.UU. después.

Esta no era la primera vez que EE.UU. crecía en superficie desde las iniciales 13 colonias británicas sobre la costa este de Norteamérica que declararon su independencia en 1776.

Pero O’Sullivan puso en palabras la idea que prevalecía en EE.UU.: tenían un destino manifiesto encomendado por Dios para expandir su territorio.

Y ese destino manifiesto se explicaba por otro concepto fundacional arraigado en esa sociedad: el denominado “excepcionalismo estadounidense”, una idea de pueblo superior a los demás, elegido por Dios.

Esta convicción continuó en el imaginario colectivo estadounidense durante décadas, y se vio reflejada en numerosas políticas impulsadas desde Washington.

Una caravana de emigrantes cruzando las llanuras en un viaje de Kentucky a California durante la expansión hacia el oeste de Estados Unidos, alrededor de 1850.
El destino manifiesto fue ilustrado en diversas obras pictóricas.

Tan incorporada está esta doctrina en el pensamiento estadounidense que la actual candidata demócrata a la presidencia, Kamala Harris, la expresó en su discurso ante la Convención Nacional Demócrata en agosto.

“En nombre de todos aquellos cuya historia solo podría escribirse en la mayor nación en la Tierra, acepto su nominación para ser presidenta de los Estados Unidos de América”, dijo la candidata.

Los republicanos también así lo creen. La primera frase de la plataforma de su campaña electoral 2024 dice: “La historia de nuestra nación está llena de historias de hombres y mujeres valientes que dieron todo lo que tenían para convertir a EE.UU. en la nación más grande de la historia del mundo”.

Y el germen de este pensamiento se remonta a su nacimiento como país.

– Las raíces

“Es un conjunto de ideas que empiezan a desarrollarse en el siglo XIX de manera explícita, pero tienen su origen bastante más atrás, en la época de la temprana colonización”, le cuenta a BBC Mundo la historiadora mexicana Alicia Mayer.

La conformación de las colonias británicas en América se dio en medio de un gran enfrentamiento religioso en Europa.

Cuando los primeros colonos británicos llegaron a América a comienzos del siglo XVII, menos de 100 años habían pasado desde que en Europa la reforma protestante partiera a la Iglesia católica.

En Inglaterra se formó la Iglesia anglicana y luego surgió la facción puritana, que chocaba con la religión de la Corona.

Fue por eso que muchos puritanos encontraron en las colonias británicas en América un lugar ideal donde asentarse y vivir sus creencias sin cortapisas.

Las ideas calvinistas, que son las raíces religiosas de los puritanos, incluían la predestinación -Dios ya había decidido quién sería salvado y quién condenado antes de nacer- y que ellos eran el pueblo elegido.

El desembarco de los colonos puritanos en América del Norte: los Padres Peregrinos desembarcan del Mayflower. 1864, grabado en madera de Cosson y Smeeton según la pintura de Antonio Gisbert.
Los colonos puritanos desembarcaron en América del Norte desde comienzos del 1600.

“El calvinismo tiene la idea de una elección de Dios hacia unos cuantos individuos que se hace extensiva a la idea de elección de naciones enteras. Por otro lado están aquellos que Dios elige para la condenación eterna, los réprobos”, señala Mayer, doctora en historia e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“También hay naciones enteras de gente inferior y, por lo tanto, dejadas de la mano de Dios”, agrega.

Si los puritanos podían profesar su religión libremente en América, esa era la tierra elegida.

– Las tierras de los pueblos indígenas

En 1763, Gran Bretaña controlaba todo el territorio norteamericano desde la costa atlántica hasta el río Misisipi.

Ese año, la corona británica les marcó a los colonos un límite en su avance: los montes Apalaches.

El rey Jorge III quería que las tierras al oeste de esa línea y hasta el río Misisipi fueran dejadas para las comunidades indígenas, pero eso generó indignación entre los recién llegados a América, que querían expandirse y sentían que debían hacerlo.

William Penn llega a Upland, Chester, provincia de Pensilvania en 1682.
Los colonos británicos fueron conquistando cada vez más territorios habitados por indígenas.

Ese fue uno de los motivos por los que años más tarde, en 1776, 13 colonias declararon su independencia de la corona británica para formar EE.UU.

El tamaño de las 13 colonias era como el de la actual Colombia, 8 veces menor al territorio estadounidense hoy.

Los líderes de la revolución, conocidos como “Padres fundadores”, veían al país que estaban creando como el nuevo Reino de Israel, la tierra escogida por Dios para sus fieles.

“Los Representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso General, apelamos al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones”, se lee en el documento fundacional.

Interior de la cabaña de una casa pionera de la década de 1640. Hombre, mujer y bebé en una cuna. Chimenea familiar. Peregrino y puritano. Nueva Inglaterra colonial.
El puritanismo marcó el individualismo estadounidense.

La impronta de nación elegida por Dios se vio rápidamente reflejada en el escudo nacional, denominado Gran Sello.

Para este emblema, Thomas Jefferson -principal autor de la declaración de independencia y uno de los “Padres fundadores”- imaginó a los estadounidenses como “los hijos de Israel en el desierto”.

Benjamin Franklin, otro de los políticos que fundó EE.UU., sugirió que tuviera a “Moisés alzando su vara y dividiendo el mar Rojo, y el faraón, en su carruaje, inundado por las aguas”. Una escena que recreaba el pasaje bíblico de los israelitas perseguidos por los egipcios.

Al final se optó por otra alternativa, también cargada de simbolismo.

El escudo, o blasón, «nace en el pecho de un águila estadounidense sin ningún otro apoyo para indicar que los Estados Unidos de América deben confiar en su propia virtud», explicó Charles Thomson, quien creó el diseño final, en su informe original.

Del otro lado del sello se puede ver una pirámide. “El ojo sobre esta y el lema aluden a las muchas y señaladas interposiciones de la providencia en favor de la causa estadounidense”.

Versión original del Gran Sello de Estados Unidos.
Versión original del Gran Sello de Estados Unidos.

– La gran compra

La expansión siguió en 1803.

EE.UU. estaba interesado en quedarse con Nueva Orleans, ciudad controlada por Francia, porque su puerto era estratégico para el comercio, así que les ofreció a los franceses comprarles ese territorio.

El entonces primer cónsul francés, Napoleón Bonaparte, hizo una contraoferta: venderle todo Luisiana, que en esa época iba desde el río Misisipi hasta las montañas Rocosas y desde el golfo de México hasta la frontera con Canadá.

Bonaparte quería deshacerse de ese territorio y para EE.UU. implicaba duplicar el tamaño del país.

Jefferson, entonces presidente, se vio seducido por semejante oportunidad expansionista, se endeudó y compró Luisiana.

Y la intención era continuar hasta llegar al océano Pacífico.

“Era la noción de From sea to shining sea, de costa a costa”, explica Mayer.

"Hacia el oeste sigue su curso el imperio", de Emanuel Gottlieb Leutze. Simboliza el Destino Manifiesto, la creencia de que Estados Unidos estaba destinado a la exploración y expansión hacia Occidente, desde las colonias iniciales a lo largo de la costa atlántica hasta el océano Pacífico.
«Hacia el oeste sigue su curso el imperio», de Emanuel Gottlieb Leutze, simboliza el destino manifiesto.

Dos décadas más tarde, la idea avanzó hacia la independencia de todo el continente del dominio europeo, cuando el presidente James Monroe dio un discurso ante el Congreso en el que advirtió a los países del viejo continente que cualquier intervención en América sería tomada como una agresión directa a EE.UU., y que actuarían en consecuencia.

“Como principio en el que están en juego los derechos e intereses de EE.UU., el de que los continentes americanos, por las condiciones de libertad e independencia que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante como sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, dijo Monroe.

Mayer parafrasea esta concepción de la siguiente manera: “Nuestro destino es expandirnos para para enseñarles a todos los americanos que nuestras instituciones republicanas son mejores que las monarquías de Europa”.

Es lo que se denominó la Doctrina Monroe, qué también explica la política expansionista y la posterior protección de los intereses económicos de EE.UU. en América.

La historiadora mexicana señala que además existía “una separación ideológica, religiosa y cultural entre EE.UU. y las colonias hispánicas”, donde los protestantes aborrecían al catolicismo impuesto por los españoles, y querían que su forma de ver el mundo prevaleciera.

– La idea de nación

Antiguo grabado de la conquista de Nuevo México en el que se ve al general Stephen Kearny proclamando el territorio como parte de Estados Unidos.
Antiguo grabado de la conquista de Nuevo México en el que se ve al general Stephen Kearny proclamando el territorio como parte de Estados Unidos.

En EE.UU., sobre todo en Nueva Inglaterra y en los estados del Atlántico Medio, el nacionalismo se acentuó entre 1820 y 1840.

“Hay un proyecto nacional que implica expansión, y cualquiera que se oponga a la expansión, por definición, no es un buen y verdadero estadounidense”, le explica a BBC Mundo el historiador sueco Anders Stephanson.

Las décadas de 1830 y 1840 fueron de resurgimiento religioso “muy poderosamente protestante, con un énfasis en la selección, en la elección de los elegidos”, señala.

“Se llevarán a cabo propósitos divinos en un sentido político y la esencia de ese proceso es la apropiación de cada vez más tierras en el continente norteamericano”, dice Stephanson, profesor de historia en la Universidad de Columbia (EE.UU.) y autor del libro “Destino manifiesto. La expansión estadounidense y el imperio del derecho”.

“No habría sucedido así si no hubiera habido ese resurgimiento religioso”, recalca.

– Las elecciones de 1844

Texas fue una república independiente desde 1836, cuando se separó de México.

Ocho años más tarde, en EE.UU. se celebraron unas reñidas elecciones presidenciales entre el Partido Demócrata y el desaparecido partido Whig. Y el asunto Texas era clave.

El demócrata James Polk no era el favorito de su partido, pero gracias a sus ideas expansionistas logró el apoyo del expresidente Andrew Jackson -quien había liderado las conquistas de territorios indígenas- y con ello ganó la interna.

Al mismo tiempo, los texanos, que habían pasado a ser mayoritariamente colonos y descendientes de colonos británicos, también querían unirse a EE.UU.

Tras ganar la presidencia, Polk negoció y anexó Texas. Pero quería más.

Los defensores texanos de El Álamo luchan contra soldados mexicanos dentro de los muros de la fortaleza. Davy Crockett (1786-1836), en el centro a la derecha, con su fusil sobre la cabeza, murió en el asedio.
Los primeros enfrentamientos con los mexicanos fueron en Texas.

El periodista John O’Sullivan lo describió de la siguiente manera.

“Texas ha sido absorbido por la Unión en el inevitable cumplimiento de la ley general que está desplazando nuestra población hacia el oeste; la conexión de esto con esa tasa de crecimiento de la población que está destinada dentro de cien años a aumentar nuestras cifras a la enorme población de doscientos cincuenta millones (si no más) es demasiado evidente para dejarnos en duda del designio manifiesto de la Providencia con respecto a la ocupación de este continente”.

“Imbécil y distraído, México nunca podrá ejercer ninguna autoridad gubernamental real sobre” California, agregó.

– Un designio controversial

Al inicio, el destino manifiesto “no era una ideología política de consenso, sino un grito partidista de una corriente particular dentro del Partido Demócrata”, le cuenta a BBC Mundo el historiador estadounidense Jay Sexton.

“En la década de 1850 se convirtió en un término más utilizado y normalmente lo empleaban de forma peyorativa quienes se oponían a la expansión imperial de EE.UU.”, agrega.

Ya con Texas anexado, una disputa entre EE.UU. y México acerca de cuál era el límite entre ambos países fue la excusa que le dio pie a Polk a declararle la guerra al país vecino, que por entonces vivía una gran inestabilidad política.

Escena de combate cuerpo a cuerpo entre tropas estadounidenses y mexicanas durante la Batalla de Palo Alto, cerca de la actual Brownsville, Texas, el 8 de mayo de 1846.
La Batalla de Palo Alto, cerca de la actual Brownsville, Texas, el 8 de mayo de 1846.

“La guerra contra México es un tema increíblemente polémico en la política estadounidense y en las elecciones intermedias de 1846”, recuerda Sexton, profesor de historia en la Universidad de Misuri y autor del libro “La Doctrina Monroe: imperio y nación en los Estados Unidos del siglo XIX”.

“Y también está el gran debate sobre qué parte de México tomar”, añade.

El presidente demócrata, señala el historiador estadounidense, creía que debían tomar California o los británicos o franceses lo harían. “Tenemos que hacerlo primero”, era su pensamiento.

– La guerra (o invasión) de México

La guerra comenzó en 1846 y el avance de las tropas estadounidenses fue imparable.

“Polk iba por todo México”, dice Mayer.

México había quedado destrozado por la guerra de independencia y no tenía el poderío militar estadounidense.

Stephanson apunta que en 1824, EE.UU. y México tenían aproximadamente el mismo tamaño y la población del primero era apenas superior a la del segundo.

Pero en 1850, EE.UU. tenía 23 millones de habitantes y México solamente 7,5 millones.

Tercer día del asedio de Monterrey, el 23 de septiembre de 1846.
Tercer día del asedio de Monterrey, el 23 de septiembre de 1846.

México terminó humillado con la bandera de EE.UU. ondeando en la principal plaza de la capital, el Zócalo, el 14 de septiembre de 1847.

“La negociación de las fronteras fue muy complicada y el enviado de Polk, Nicholas Trist, fue el salvador de México, porque firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo sin la autorización de Polk”, afirma Mayer.

De todas formas, existían presiones en EE.UU. para no quedarse con todo el territorio mexicano, donde hablaban del mestizaje de forma muy despectiva.

“Se veía a México como una nación de gente inferior -una idea discriminatoria que forma parte de las raíces ideológicas estadounidenses- y había políticos que preferían no anexar todo el país porque eso generaría problemas raciales”, recuerda la historiadora.

La entrada del general Scott al Zócalo de la Ciudad de México en la guerra entre México y Estados Unidos.
La entrada del general Scott al Zócalo de la Ciudad de México, con la bandera de EE.UU. izada en el Palacio Nacional.

“Para los estadounidenses, las mezclas raciales que habían sucedido en las colonias del imperio hispánico eran aberrantes. Parte del destino manifiesto es la exaltación de la raza blanca anglosajona”, agrega.

“Dios favorecía a los protestantes angloparlantes, quitándoles tierras a la Iglesia católica, abriendo nuevos mercados y nuevos territorios para la producción agrícola y para el comercio”, explica Sexton.

“Nuevos territorios para el asentamiento, nueva expansión del protestantismo, tal como lo vemos nosotros, es imperialismo. Ellos lo ven como el pináculo del liberalismo victoriano”, sostiene el experto.

Batalla de Chapultepec, septiembre de 1847. Las fuerzas estadounidenses al mando de Winfield Scott derrotaron a las mexicanas al mando de Nicolás Bravo.
La Batalla de Chapultepec, en septiembre de 1847.

– Una doctrina ampliada a través del tiempo

La visión expansionista de los gobiernos fue evolucionando desde los “Padres fundadores” en adelante.

“Hay una verdadera progresión del expansionismo de Jefferson a Jackson y luego a Polk. Jefferson comienza con la remoción de los indios, pero después Jackson la acelera. Y más adelante, por supuesto, Polk, al tomar el suroeste, pone todo eso a máxima velocidad”, afirma Sexton.

Stephanson agrega: “Aunque existen diferencias, la idea es que el compromiso fundamental con la expansión que EE.UU. ha encarnado es bueno por naturaleza”.

Batalla del Río San Gabriel
La Batalla del Río San Gabriel, en enero de 1847.

El destino manifiesto siguió presente en el siglo XX ya no necesariamente expandiendo su territorio sino controlando -o intentando controlar- el mundo desde la política exterior y la economía.

El historiador sueco recordó que este destino manifiesto, resignificado, llegó hasta el siglo XXI con George W. Bush o Barack Obama y sus guerras e incursiones militares.

La consejera de Seguridad de Bush, por ejemplo, defendía en 2002 la guerra que le había declarado EE.UU. a Irak bajo el argumento de que el país tiene el «derecho a la legítima defensa anticipada», como se había visto «desde la crisis de los misiles cubanos en 1962 hasta la crisis en la península de Corea en 1994».

“Como dijo el presidente, tenemos la responsabilidad de construir un mundo que no solo sea más seguro, sino también mejor”, señaló.

“Siempre que hay una crisis surge la evocación de un destino manifiesto y sólido. Nada más destinarista que la idea, siempre esgrimida en las ocasiones importantes, de que EE.UU. es la nación indispensable”, dice Stephanson.

“Es la convicción histórica del mundo de que lo que EE.UU. haga o deje de hacer es decisivo para el futuro de la humanidad. Y eso es pensamiento destinarista”, concluye.

nuestras charlas nocturnas.


Suecia, el pacífico país que quiso tener armas atómicas…


Construido en los sótanos del instituto de Investigación Defensiva, este reactor fue donde los suecos empezaron a producir plutonio para una futura bomba nuclear.

National Geographic(F.Cervera) — El bombardeo atómico de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 supuso un vuelco en el equilibrio de poderes mundial al poner sobre la mesa una arma capaz de arrasar una ciudad entera de un solo golpe. Un poder destructivo semejante podía aniquilar a un país con solo unos pocos ataques, por lo que empezando por los soviéticos, las principales potencias empezaron a equiparse con ellas para estar en igualdad de condiciones dentro del nuevo panorama militar.

Paradójicamente, la bomba atómica era a la vez una garantía de paz, pues en caso de ser atacada, una nación equipada con bombas nucleares podría desencadenar una serie de bombardeos que aniquilarían la mayoría de la población y la capacidad industrial de su oponente.

Aún peor, la guerra entre naciones armadas con arsenal atómico podría llevar a la extinción de la humanidad al crear una capa de cenizas y polvo en suspensión que ocultaría el sol durante meses matando a plantas y animales, por lo que cuando soviéticos y capitalistas iniciaron la Guerra Fría se encontraron con que una confrontación directa sería un suicidio.

Entre la espada y la pared

Al mostrarse neutral en la Europa divida en bloques del inicio de la Guerra Fría, Suecia no contaba con este tipo de protección, por lo que ya desde 1945 se empezó a interesar en desarrollar una industria atómica propia con miras a equiparse con la bomba, tarea confiada al recién fundado Instituto Nacional de Investigación Defensiva o FOA.

El comandante supremo del ejército Nils Swedlund (en la imagen sentado), fue el promotor inicial del programa nuclear sueco, como medida defensiva ante una posible invasión.

Pero las pesquisas del Instituto toparon desde el primer momento con la fuerte resistencia de los científicos americanos y de los países afiliados con la OTAN, quienes enfrentados al creciente poder nuclear de la URSS preferían que ningún otro bando contara con bombas nucleares por el miedo a que estas proliferaran por todo el mundo y su uso escapara a todo tipo de control.

Por ello los científicos suecos tuvieron que enfrentarse a una barrera académica al indagar sobre los procesos de enriquecimiento del uranio y la división de sus átomos, al tiempo que la obtención del preciado mineral se complicaba al acaparar rusos y americanos todas las fuentes de mejor calidad.

La falta de progreso era tal que las primeras centrales nucleares del país tuvieron que usar uranio sin enriquecer para generar electricidad, controlado la reacción con agua pesada noruega como ya habían hecho los nazis.

Las bombas atómicas se habrían lanzado desde bombarderos Lansen-1 como el de la imagen.

Con las importaciones cortadas, los suecos pensaron en una bomba de plutonio, y en 1948 se planeó un reactor especial para su obtención a partir del bombardeo de núcleos de uranio sueco con haces de neutrones. Con todo el proyecto no se podría en marcha hasta 1954, cuando el choque de bloques iniciado con la Guerra de Corea provocó que políticos y votantes clamaran por un seguro nuclear ante una posible invasión soviética.

De la demora a la no proliferación

Pese a la presión pública, el parlamento sueco no se decidió a dar el paso e iniciar un verdadero programa armamentístico, votando en repetidas ocasiones su postergación durante los años cincuenta, por miedo a que su éxito convirtiera al país en una amenaza para los dos bloques enfrentados provocando una invasión preventiva.

Según pasaban los años el inicio de la Guerra de Vietnam y la congelación del conflicto en Europa con la construcción del Muro de Berlín, alejó el fantasma de una invasión soviética de la mente de la sociedad sueca. De modo que el desarrollo de armas nucleares fue perdiendo terreno a inicios de los 60, en favor de posturas más pacificas como limitar la industria nuclear al sector civil.

Empezada a construir en 1957 cerca de Estocolmo la central nuclear de A°gestaverket fue la primera del país.

De hecho a lo largo de esa década Suecia se fue acercando progresivamente a los Estados Unidos, cuyo gobierno levantó la veda a la venta de uranio enriquecido para uso civil a cambio de la cancelación definitiva del programa. Los soviéticos también ofrecieron garantías de paz, ocupados como estaban en Vietnam, de manera que en 1968 el presidente Tage Erlander firmó el Tratado de no Proliferación Nuclear y Suecia se convirtió en una nación libre de armas atómicas.

La caída de la URSS en 1991 podría haber supuesto que se descartara la obtención de un arsenal atómico de manera definitiva, pero la creciente expansión de la Federación Rusa bajo el mandato de Vladimir Putin (y especialmente la reciente invasión de Ucrania), han provocado la entrada de Suecia en la OTAN para cubrirse bajo su paraguas nuclear, y quien sabe si el desarrollo de un arsenal propio en un futuro próximo. 

nuestras charlas nocturnas.


Canciones con historia…


Leaving Las Vegas
Sheryl Crow en el videoclip de «Leaving Las Vegas».

– «Leaving Las Vegas»

JotDown(E.de Gorgot) — Semanas antes de su suicidio, el escritor John O’Brien, autor de la hoy famosísima novela Leaving Las Vegas, se sentó ante el televisor para llevarse uno de los últimos disgustos en su breve y atormentado paso por este mundo. La causante fue la cantante Sheryl Crow quien, en un programa de máxima audiencia, interpretó una canción inspirada en el libro de O’Brien.

Ante la pregunta del presentador sobre si la letra era autobiográfica, Sheryl Crow respondió: «Sí, aunque nunca he vivido en Las Vegas». No hizo la más mínima mención al libro que había inspirado la canción, lo cual, ya veremos por qué, enfureció a O’Brien. Otro que se quedó atónito viendo el programa desde su casa fue David Baerwald, uno de los miembros del grupo que había compuesto el debut de Sheryl Crow, y el autor material de la letra de la canción.

Todavía faltaban unos días para que se publicase el sencillo que convertiría a Sheryl Crow en una estrella internacional (los más viejos ya saben de qué canción hablo), pero la mencionada actuación en el programa de David Letterman fue un importante paso hacia la fama y, sobre todo, dejaba claro a los músicos que habían ayudado a Crow que ella estaba embarcada en una campaña estratégica para convencer al mundo de que su buenísimo álbum de debut, Tuesday Night Music Club, era obra de ella y sobre todo de ella.

La historia de la canción «Leaving Las Vegas» es la historia de cómo Sheryl Crow, admirable intérprete pero no tan admirable persona, ascendió al Olimpo a costa de quienes se habían esforzado por ayudarla. Lo cual no es nada nuevo; la industria discográfica siempre ha sido escenario de puñaladas por la espalda. Me dirán ustedes que al igual que cualquier otro sector, incluido el periodismo. Cierto.

Lo que ocurre es que en la música era más fácil que estas historias saliesen a la luz, sobre todo cuando un disco vendía millones de ejemplares y empezaban a aflorar las historias que había detrás. Así pues, vamos con el cuento de una ganadora, varios perdedores, y una carrera estelar edificada sobre las cabezas de estos últimos.

Uno de los principales damnificados de esta historia fue Kevin Gilbert. Supongo que el nombre no le sonará a casi nadie, porque es casi como si el personaje estuviese enterrado en algún yacimiento arqueológico olvidado. Gilbert falleció en 1996, a la temprana edad de veintinueve años, ahogándose mientras practicaba la llamada «autoasfixia erótica».

Lo mismo que le sucedería el año siguiente a Michael Hutchence, cantante de INXS, solo que la muerte de Hutchence apareció en todos los noticiarios y a Gilbert apenas lo nombraron unas breves notas de prensa que, para añadir escarnio a la desgracia, lo mencionaban como «el antiguo pianista de la banda de Sheryl Crow».

Algo que le hubiese disgustado bastante; según David Baerwald: «Kevin odiaba el disco de Sheryl Crow y eso es todo por lo que es conocido: ¿el pianista? Debe de estar revolviéndose en su tumba». Gilbert había sido un individuo inseguro repleto de amarguras y dudas sobre sus propias capacidades musicales, acentuadas por el hecho de que había fracasado no una, sino tres veces en su intento de alcanzar el éxito.

No obstante, había sido uno de esos raros diamantes polifacéticos que aparecen muy de vez en cuando en la industria. Quienes coincidieron con él dicen lo mismo: que era uno de los músicos más talentosos con los que habían coincidido. Gilbert fue una de las principales mentes que estuvieron detrás del brillantísimo disco de debut de la que había sido su pareja, Sheryl Crow.

Aunque lo poco que conocemos de su versión de los hechos procede de los diarios que Gilbert dejó tras su muerte, esa versión ha sido ratificada varias veces por sus antiguos compañeros. En el diario había menciones poco amistosas sobre Sheryl: «No sé si podré perdonarla alguna vez. No la odio, pero estoy muy decepcionado».

John O'Brien - Leaving Las Vegas - First US Edition 1990

Kavin Gilbert había sido descubierto por la industria cuando aún no había cumplido la veintena. El productor Patrick Leonard, famoso por su trabajo junto a Madonna, lo vio en un concurso de grupos jóvenes y se apresuró a ficharlo. Esto permitió que el jovencísimo Gilbert se curtiese como músico de sesión para superestrellas como Madonna o Michael Jackson.

Recordemos que Sheryl Crow estuvo una de las giras de Jackson ejerciendo como corista y hasta teniendo la oportunidad de brillar junto al mismísimo Michael sobre el escenario. Así, las historias de Gilbert y Crow eran paralelas: ambos empezaron sus carreras ejerciendo como meros empleados de grandes estrellas. Y ambos eran talentosos, carismáticos y guapos, así que había productores que tenían grandes planes para ellos.

En 1989, Patrick Leonard reunió a varios de los músicos a sueldo que había conocido grabando con Madonna —nivel altísimo, como podrán suponer— para formar un grupo propio llamado Toy Matinee. La idea era facturar un pop-rock de vocación comercial. En aquel grupo, Kevin Gilbert empezó como cantante, pero no tardó en convertirse en el alma de la banda.

Además de cantar y componer, Gilbert podía tocar casi cualquier instrumento que le pusieran en las manos: guitarra, bajo, teclados, batería, etc. En una ocasión, cuando se necesitaba añadir una pista de cello pero no había cellista disponible, Gilbert se ofreció a grabarla él mismo; nunca había tocado ese instrumento, pero le bastó una hora de práctica para estar en condiciones de grabar.

Puesto que Patrick Leonard tenía mucho trabajo como productor de otros artistas y no podía centrarse al cien por cien en Toy Matinee, el disco fue producido por Bill Bottrell, quien había trabajado con Electric Light Orchestra y el supergrupo Traveling Wilburys, y había recibido dos nominaciones a los Grammy por su trabajo con Michael Jackson y el nunca lo bastante valorado Thomas Dolby.

Desde el punto de vista creativo, Gilbert terminó haciéndose con el timón de la grabación. Ilusionado por la oportunidad, pasaba noches enteras a los mandos de la mesa de mezclas, retocando pistas y tratando de perfeccionar el sonido. Gracias al dinero de Leonard, el álbum fue grabado con mucha libertad y sin las presiones habituales de las compañías discográficas. Tenían tal independencia creativa que una de las canciones estaba dedicada a Madonna bajo el cariñoso título «Queen of Misery».

El disco debut de Toy Matinee fue publicado en el verano de 1990. Era una muy buena combinación de pop ochentero y AOR («rock para adultos» o, si prefieren, rock melódico). La compañía lanzó dos sencillos que funcionaron relativamente bien, sobre todo «The Ballad of Jenny Ledge», en cuyo videoclip aparecía la actriz Rosanna Arquette, exnovia de Gilbert.

Aunque el tema que más me fascina es el otro sencillo que promocionaron, «Last Plane Out», una canción tristemente olvidada pero verdaderamente sensacional (que, por cierto, hablaba de un asunto que hoy está de actualidad, los refugiados de guerra).

El debut de Toy Matinee tenía muchísima calidad y al principio, gracias a la MTV, obtuvo un éxito modesto, vendiendo doscientos mil ejemplares en Estados Unidos. Era un buen arranque comercial pero, si atan ustedes cabos con las fechas, se darán cuenta de que el disco tenía un problema irresoluble: en 1990, ese tipo de pop-rock ochentero estaba condenado a la extinción.

Para situarnos en contexto, baste decir que en aquel mismo verano de 1990 aparecieron discos que ya sonaban a una nueva época, como Ritual de lo Habitual o Time’s Up. Aún pasarían unos meses más antes de que se hiciese del todo evidente, pero el ochenterismo musical ya estaba agonizando. En 1991 ya no quedaría duda.

Todo esto pilló a contrapié a Gilbert, que preparó con muchas ganas la gira de presentación del disco, reclutando a algunos músicos nuevos para suplir a los que no podían o no querían irse de gira. Entre los reclutas estaba su nueva novia Sheryl Crow (en estas imágenes se puede ver a Gilbert cantando y a Sheryl Crow en los teclados). Todo el esfuerzo fue inútil, pues Gilbert estaba nadando contracorriente.

La discográfica terminó entendiendo que los tiempos estaban cambiando y retiró su apoyo al proyecto. Eso significó que, pese a la aceptable repercusión inicial de los dos primeros sencillos, no habría más MTV, ni más radio, ni conciertos teloneando a artistas de renombre en recintos medianos o grandes.

El álbum de Toy Matinee quedó desfasado en cuestión de meses y la gira fue condenada a recintos pequeños. A finales de 1991, el disco ya estaba en las góndolas de descuento de los grandes almacenes. El grupo no se separó oficialmente, aunque desapareció de manera natural tras caer en la repentina irrelevancia.

A mediados del año siguiente, 1992, Sheryl Crow tenía similares problemas con su proyecto de disco de debut. La discográfica A&M la consideraba un diamante en bruto y había apostado por ella, no reparando en gastos: medio millón de dólares invertidos en la grabación (incluyendo un suculento anticipo para la todavía desconocida cantante) y la presencia del importantísimo productor británico Hugh Padgham, que había trabajado con Police y Phil Collins, y tenía dos Grammy a sus espaldas.

Sin embargo, una vez finalizada la grabación, en A&M no sabían qué hacer con el resultado. Era un disco al estilo Belinda Carlisle (para quien Crow también había hecho coros en el pasado), algo que podía haber funcionado en 1989, incluso a principios de 1990, pero que en 1992 sonaba asombrosamente demodé.

En 1992, recordemos, Nirvana habían terminado de ponerlo todo patas arriba. Una vez más, contexto temporal: aquel costoso disco de sonido tan ochentero fue grabado después —insisto, después— de que el público ya se hubiese familiarizado con cosas como esta o esta otra. La discográfica hizo lo inteligente y decidió no publicarlo.

Ojo, aclaro que yo pienso que el arte es intemporal y que el decir «esto no me gusta porque suena antiguo» es una demostración de gilipollez, pero si lo reducimos al puro negocio y me pongo en la piel de quienes querían vender discos, he de admitir que pretender promocionar a la nueva Belinda Carlisle en 1992 era una idea tan absurda como pretender crear una estrella del Charleston en 2021.

Ahora las cosas van más despacio, pero en los noventa todo avanzaba a velocidad de vértigo, y había estilos musicales enteros que fenecían en cuestión de meses. Así, el debut de Sheryl Crow se quedó en un cajón y ella tuvo que resignarse a tener una sustancial deuda económica por haber aceptado cobrar anticipos de un disco que no nunca llegó a publicarse.

Breaking it Down: The Timeless Power of Sheryl Crow's “Strong Enough” -  Musicology Blog

Así pues, Kevin Gilbert y Sheryl Crow formaban una talentosa pareja de perdedores. Irónicamente, eran tan jóvenes como los músicos que triunfaban y les habían dejado fuera de juego.

Pero había una diferencia entre ellos dos, que se habían curtido como empleados del mainstream ochentero, y gente como Nirvana o los Red Hot Chili Peppers (los de entonces, no los de 1999 en adelante), que surgieron de la nada haciendo la música que les daba la gana sin pensar en vender millones de discos; eso los había hecho sonar frescos y diferentes, justo lo que se requería cuando los adolescentes de la generación X empezaron a reclamar nuevas sensaciones.

Tras el fracaso de Toy Matinee, Kevin Gilbert se había refugiado en un grupo de músicos que se reunían para ensayar y componer los jueves por la noche. Se hacían llamar Tuesday Night Music Club. El grupo había sido reunido por el productor de Toy Matinee, Bill Bottrell, que había construido un estudio de grabación en su casa para poder estar pendiente de su hijo pequeño, nacido con problemas de salud (el pobre niño sobrevivió a sus difíciles primeros meses, pero estaba marcado por el destino: en 1998, a los ocho años de edad, moriría al caer por un barranco).

La intención de Bottrell era crear, a pequeña escala, un grupo de músicos-compositores a semejanza de los que trabajaban en las discográficas negras de los sesenta. Esto es, instrumentistas con talento que pudiesen componer buenas canciones, grabarlas ellos mismos y, en caso necesario, defenderlas en directo.

En Tuesday Night Music Club, Bottrell ejercía como productor y tocaba la guitarra, mientras que Kevin Gilbert tocaba varios instrumentos, dependiendo de lo que requiriese el momento. También estaban David Baerwald (guitarra), David Ricketts y San Schwartz (que se alternaban guitarras y bajos), y Brian MacLeod a la batería. Todos ellos tenían buenas ideas, algunas de las cuales se habían plasmado ya en canciones o en temas instrumentales, aunque todavía no habían planeado qué hacer con todo ese material.

Un día, Kevin Gilbert llevó a Sheryl Crow al ensayo para presentársela al resto de miembros del grupo. Sheryl empezó a cantar algunos temas que ellos habían compuesto. Funcionaba. Por ejemplo, la famosa «All I Wanna Do» había sido escrita como instrumental y así la ensayaban Tuesday Night Music Club, pero cuando apareció Sheryl le añadieron una melodía vocal y vieron que se convertía en un tema con gran potencial.

Pronto, los ensayos derivaron en sesiones para preparar un disco completo en el que Sheryl sería la cantante (lo cual también tenía sentido desde el punto de vista discográfico, pues la compañía A&M continuaba interesada en Sheryl, en caso de que ella presentase material adecuado).

Las sesiones de grabación en el estudio de Bottrell tenían un ambiente más que distendido; solían beber hasta tarde, tocando y grabando como si estuviesen de fiesta. Por la mañana, mientras los demás dormían o combatían la resaca, Bottrell mezclaba las pistas e iba dándole forma al sonido del futuro disco.

David Baerwald: Singer-Songwriter Blending Rock, Folk, and Country

En una de las primeras sesiones nació «Leaving Las Vegas».

David Baerwald la había escrito inspirándose en la mencionada novela de su amigo John O’Brien.

Baerwald se presentó en el estudio habiendo tomado LSD, y empezó a cantarla con la guitarra. Crow le puso voz después de haber bebido bastante.

Tras comprobar que el tema era perfecto para el disco, David Baerwald fue a ver a O’Brien y le pidió permiso para poder usar el título de su libro como título.

O’Brien aceptó y ni siquiera pidió derechos de autor. Se conformó con pedir que, si el futuro disco era promocionado, se dejase claro que la canción estaba inspirada en su libro.

Por entonces, O’Brien necesitaba esa promoción; todavía no había recibido una oferta de Hollywood para convertir el libro en película, y si la canción recibía algo de difusión, podía contribuir muchísimo a la publicidad de la novela. O’Brien y Baerwald cerraron el trato verbal con un apretón de manos, pero sin contratos de por medio.

La novela Leaving Las Vegas narraba, como muchos de ustedes ya saben, la historia de un hombre que se muda a esa ciudad con la intención de matarse bebiendo. John O’Brien ambientó el libro en Las Vegas porque, decía, era la única ciudad estadounidenses donde se podía comprar alcohol a cualquier hora del día o de la noche. La publicó cuando tenía solo treinta años y había pasado más de un tercio de su vida consumido por una salvaje adicción al alcohol.

No hablamos de un escritor que romantizaba sus vicios para proyectar una imagen de «artista maldito», no: O’Brien tenía un serio, serio problema. Era incapaz de levantarse por la mañana sin pegarle un trago a una botella de vodka porque, sin suficiente alcohol en sangre, su cuerpo padecía violentos temblores que le impedían funcionar en la vida diaria.

Por el mismo motivo llevaba siempre consigo una petaca. Le entraba pánico si no conseguía almacenar en su residencia suficiente alcohol para llegar al día siguiente: de pasar más tiempo del acostumbrado sin beber, era presa del delirium tremens. Ese alcoholismo aparentemente incurable se combinaba con un historial de depresiones profundas, y la familia de O’Brien estaba comprensiblemente preocupada por su deriva.

El libro Leaving Las Vegas es, según la hermana del escritor, una «fantasía» sobre la manera en que a O’Brien le hubiese gustado morir: bebiendo. Su padre fue incluso más conciso y calificó Leaving Las Vegas como una «nota de suicidio». En cualquier caso, antes de su muerte, O’Brien estaba necesitado de promoción y estabilidad profesional.

Volviendo al disco, Sheryl Crow escribió algunas letras, pero la música era en su inmensa mayoría, por no decir toda, obra de los miembros originales de Tuesday Night Music Club. Aun así, a Sheryl se le dio coautoría en todas las canciones para ayudarla a pagar sus antiguas deudas con A&M.

Su contribución como compositora había sido muy pequeña, pero iba a aparecer en los créditos de todas las canciones y, por lo tanto, a quedarse con una gran tajada de los derechos de autor. Obviamente, ninguno de los implicados sospechaba que el disco terminaría teniendo ventas millonarias.

El ambiente en las grabaciones era muy bueno, pero en 1993, conforme avanzaba el proceso y se acercaba el momento de sacar el disco a la calle, las cosas empezaron a torcerse. Para empezar, la relación sentimental entre Kevin Gilbert y Sheryl Crow se agrió cuando esta inició una relación con un ejecutivo de A&M.

Esto, incidentalmente, otorgaba a Crow una posición de mayor poder de decisión en cuanto a cómo aparecería cada cual en la carpeta del disco y la futura gira. Por otra parte, empezaba a ser patente que A&M planeaba un lanzamiento por todo lo alto. Se perfilaba ya una estrategia: la biografía de Sheryl Crow iba a ser vendida como un cuento de hadas. Sheryl iba a ser la antigua corista anónima empleada de grandes estrellas, que ahora rompería moldes con su primer disco.

Un talento rescatado del olvido. En realidad, esto mismo podía aplicarse a todos los miembros de Tuesday Night Music Club, pero la discográfica no estaba interesada en promocionar un grupo. Sheryl Crow tenía la imagen perfecta para ser presentada como lo que A&M pretendía vender: una Cenicienta.

El inminente disco empezó a ser reinventado no solo como un disco en solitario, sino como un disco que, en el relato publicitario, era obra casi exclusiva de la brillante mente de Sheryl Crow (táctica respaldad por el hecho de que, como decíamos antes, iba a aparecer como coautora en todos los temas).

Empezaron a sucederse los signos de que Sheryl no quería compartir con sus compañeros la hipotética gloria del disco: los miembros de Tuesday Night Music Club fueron ninguneados en el diseño de la carpeta de un álbum que irónicamente se iba a titular como el propio grupo (eso sí, no se los pudo eliminar como autores de canciones ya registradas; más tarde, con el inesperado aluvión de ventas millonarias, vendrían nuevas disputas por los créditos de las canciones).

Incluso Kevin Gilbert fue relegado a una nota de agradecimiento, en la que Sheryl decía «Te debo una por dos años de apoyo emocional y musical», como si él no hubiese sido uno de los principales responsables de la música que ahí sonaba. Como estacazo final, los Tuesday Night Music Club supieron que no iban a formar parte de la gira de presentación.

La noticia les llegó tan in extremis que algunos de ellos ya se habían gastado mucho dinero comprando flamantes instrumentos nuevos para lo que sabían iba a ser una campaña promocional por todo lo alto.

Tuesday Night Music Club (Deluxe Edition) de Sheryl Crow en Amazon Music  Unlimited

Para cuando el disco apareció en agosto de 1993, era ya el debut «en solitario» de Sheryl Crow, pese a conservar el título previsto Tuesday Night Music Club.

Los demás miembros de la banda así llamada no se lo podían creer.

Quien sí lo había visto venir había sido Kevin Gilbert. Antes del lanzamiento, desanimado por la ruptura sentimental, se había desvinculado para refugiarse en la grabación de su propio debut en solitario.

El disco Tuesday Night Music Club no había salido a la venta, pero Gilbert ya intuía que iba a ser un bombazo y anotó en su diario que envidiaba el lanzamiento que A&M le estaba preparando a su expareja.

Esto era una frustrante segunda oportunidad perdida de tener éxito: «Ese disco probablemente va a ser enorme. Tengo que prepararme mentalmente».

En marzo de 1994, Sheryl Crow ya estaba dando que hablar, aunque el terremoto internacional de «All I Wanna Do» todavía estaba a pocas semanas de suceder. Por entonces, solamente había promocionado dos sencillos, «Run Baby Run» y «What I Can Do For You», pero el relato biográfico que debía respaldar su ascenso estaba funcionando.

Sheryl Crow era la gema recién descubierta, la gran artista que había languidecido como corista de sesión. Ni Kevin Gilbert, ni John Baerwald formaban parte del relato.

Los únicos que siguieron junto a Crow fueron Bill Bottrell, que estaba atado a A&M por contrato, y el batería Brian MacLeod, que no tenía grandes pretensiones y no discutía nada pues no había aportado mucho en el aspecto compositivo. Eso sí, la relación entre Sheryl Crow y Bill Bottrell también se volvería agria durante la grabación del siguiente álbum de la cantante.

En ese marzo de 1994, Sheryl apareció en el programa de David Letterman tocando «Leaving Las Vegas». El presentador le dijo: «Esta canción debe de ser autobiográfica, ¿es correcto?». Ella respondió: «Sí, aunque nunca he vivido en Las Vegas» (Letterman, con su habitual agudeza, comentó: «¿Puedes encontrarla en un mapa?»).

La cantante no hizo mención a la novela de O’Brien ni al hecho de que había sido John Baerwald quien había escrito la canción. O’Brien, al ver esto desde su casa, creyó que había sido Baerwald quien había incumplido su palabra; furioso, el escritor salió en plena noche, fue a casa de Baerwald y empezó a aporrear la puerta. Baerwald tuvo que tranquilizarle asegurándole —como era cierto— que él mismo no había tenido idea de que Sheryl Crow iba a atribuirse la autoría de la canción o de la temática.

Al día siguiente, Kevin Gilbert telefoneó a Sheryl para recriminarle que estuviese ninguneando a sus antiguos amigos, amén de incumpliendo acuerdos verbales con terceros. La discusión telefónica fue muy avinagrada. Gilbert y Crow ya nunca volvieron a estar en términos amistosos, aunque aún se los vería juntos en los Grammys donde ambos recibieron un premio como coautores de «All I Wanna Do».

O’Brien se sintió muy dolido cuando Sheryl Crow le ignoró. Sobre el papel, pudo resarcirse ese mismo mes, cuando un productor de Hollywood le propuso convertir Leaving Las Vegas en una película. Era el espaldarazo definitivo que podía impulsar su carrera literaria y, desde luego, darle liquidez financiera. Por desgracia, el escritor ni siquiera llegaría a ver la etapa inicial de los preparativos del guion.

Quince días después de haber firmado el contrato con Hollywood, sucumbió a sus padecimientos y se quitó la vida con un disparo. Este suceso, como es lógico, terminó desviando la atención hacia Sheryl Crow. La familia de John O’Brien descartó que el asunto de la canción «Leaving Las Vegas» tuviese algo que ver con el suicidio, pero para entonces ya había empezado a aflorar la historia que había detrás del ascenso de la cantante.

David Baerwald fue menos diplomático y publicó una carta en la prensa donde acusaba directamente a Crow de haber contribuido al suicidio de O’Brien. Pero los medios no se cebaron mucho con el asunto, pues por entonces O’Brien y los demás eran poco conocidos. Con el tiempo, Bill Bottrell rehusó defender la versión de los hechos que contaba Sheryl Crow, lo cual terminó de arruinar su relación con ella.

Mientras Sheryl Crow se hacía mundialmente famosa, Kevin Gilbert trabajaba componiendo bandas sonoras bajo pseudónimo. Incluso tuvo que producir una canción que Sheryl Crow cantaba para una película, aunque Gilbert no estuvo presente cuando ella fue al estudio para cantar, así que no llegaron a verse. En marzo de 1995, editaba su disco de debut en solitario, titulado Thud.

Era un muy buen disco con un sonido propio («Joytown», «Goodness Gracious», «Waiting»), pero la discográfica PRA fue incapaz de promocionarlo. Tanto fue así, que el único tema que funcionó en las radios lo hizo por sí mismo, ya que la discográfica ¡lo había dejado fuera del álbum!

Hablo de una versión del clásico «Kashmir» de Led Zeppelin, en la que Kevin Gilbert cantó y grabó todos los instrumentos, modificando de forma muy hábil la cadencia del original. Esta versión empezó a sonar en las radios californianas pese a que la compañía no había hecho nada por promocionarla, mientras que las canciones que sí había (presuntamente) promocionado sonaron mucho menos. En fin, la industria.

Por entonces, según contó después su nueva novia, Gilbert estaba completamente desencantado con el negocio y no tenía ganas de amoldarse a las modas, como demuestra el que sus últimos proyectos fuesen la reunión del grupo de su adolescencia, Giraffe, y de los propios Toy Matinee. No tendría tiempo para mucho más: Gilbert murió trece meses después del fallido lanzamiento de su disco Thud.

Tras el descomunal éxito de Tuesday Night Music Club, Sheryl Crow era una gran estrella que no tenía intención de renunciar al relato de la Cenicienta. Y no lo hizo. Sobre la polémica con sus antiguos compañeros se limitó a decir que «quizá debí cambiar el título del disco», como si ese hubiese sido el único problema que la había enfrentado a ellos.

De Kevin Gilbert dijo, tras la aparición del diario con referencias a ella, que el músico era una de las personas «más autodestructivas» que había conocido.

Mientras, la familia de Gilbert, la familia de John O’Brien y los antiguos miembros de Tuesday Night Music Club han hablado sobre Sheryl Crow con una frialdad que apenas disimula su común disgusto. En fin, y sirva esto como recordatorio en cualquier ámbito de la vida: el camino al éxito está empedrado de cadáveres.

Como decían en Hill Street Blues, «tengan cuidado ahí fuera».

nuestras charlas nocturnas.


Cómo las ciudades mayas han sobrevivido durante más de un milenio en medio de la selva…


El Templo IV en Tikal, Guatemala
Construido hace más de 1.200 años, el Templo IV en Tikal, Guatemala, es un testimonio de la durabilidad de la antigua albañilería maya.

BBC News Mundo(J.F.Skelly) — Ruinas de ciudades antiguas siguen apareciendo en los bosques de América.

¿Cómo han podido permanecer en pie durante más de un milenio a pesar de las lluvias tropicales, los huracanes y el crecimiento de la selva?

Cualquiera que conduzca por el asfalto áspero de la carretera 269 que divide en dos la península de Yucatán, en el sureste de México, nunca habría sabido que estaban allí.

Una espesa selva bordea ambos lados de la carretera, con algún que otro trozo despejado para el ganado. Sin embargo, después de una curva inofensiva en la carretera, cerca del pequeño asentamiento de Dos Lagunas, se ha estado escondiendo una ciudad entera.

Oculta bajo una maraña de árboles, enredaderas y otra vegetación, los científicos han descubierto una extensa colección de casas, plazas, pirámides de templos e incluso un campo de juego de pelota que tienen las «señales de una capital política maya clásica».

Los restos de la ciudad, a la que los investigadores han llamado Valeriana, se encuentran entre las 6.674 estructuras que encontraron dispersas en sitios a lo largo del estado de Campeche en el lado occidental del Yucatán.

Algunas de las construcciones más grandes pueden incluso rivalizar con pirámides más famosas en otros sitios mayas.

El descubrimiento, realizado mediante una técnica de escaneo láser aéreo llamada Lidar, ha planteado la tentadora posibilidad de que aún haya muchos más restos del antiguo mundo maya esperando ser encontrados.

Pero también revela algo extraordinario sobre el antiguo mundo maya. A pesar del clima tropical húmedo y el abrazo envolvente de la jungla, muchos de sus edificios siguen en pie después de 1.500 años.

«Si se observan los modelos digitales del terreno que se producen con el sistema Lidar, se pueden ver las habitaciones individuales de los edificios en las que se han derrumbado las bóvedas», afirma Luke Auld-Thomas, arqueólogo de la Universidad de Tulane y de la Universidad del Norte de Arizona (EE.UU.), que dirigió el equipo que hizo el último descubrimiento.

«Se pueden ver columnas a lo largo de la fachada de los edificios que se utilizaban para actividades administrativas. Por lo tanto, están en muy buenas condiciones. No se podía entrar en ellos, pero muchos de ellos todavía tienen paredes en pie y detalles arquitectónicos que están bastante bien conservados».

Entonces, ¿cuál era el secreto de los antiguos mayas? ¿Cómo ha resistido su famosa arquitectura a los estragos del tiempo?

Construcción maya en excelente estado
Las construcciones de los antiguos mayas estaban hechas para resistir contra los elementos de la naturaleza.

– Constructores prolíficos

La antigua civilización maya surgió por primera vez en algún momento antes del año 2000 a.C. en un área que hoy comprende el sureste de México, Guatemala, Belice y las partes occidentales de Honduras y El Salvador.

Durante el Período Clásico de esta civilización, entre el 250 y el 900 d.C., los mayas construyeron imponentes templos piramidales, hermosos palacios y edificios finamente decorados con intrincadas esculturas y máscaras elaboradamente talladas.

Entre los ejemplos notables se incluyen Chichén Itzá, un sitio en Yucatán, México, que cuenta en su centro con una pirámide de 30 metros de altura llamada el Templo de Kukulcán.

También está el Templo IV, una pirámide de 65 metros de altura en las ruinas de la antigua ciudad maya de Tikal, en Guatemala.

En el pasado, descubrir una ciudad maya implicaba atravesar una espesa jungla y abrirse paso a machetazos entre la vegetación.

Pero ahora, tecnologías como Lidar están ayudando a revelar cuán extendidos están realmente los restos de antiguos asentamientos mayas.

Juan Carlos Fernández-Díaz, ingeniero de la Universidad de Houston, Texas, que participó en el último estudio, ha estado cartografiando áreas de Mesoamérica (incluidos México, Guatemala, El Salvador y Honduras) con Lidar durante los últimos 15 años.

Dice que casi dondequiera que mires puedes ver arquitectura maya bien conservada.

Entre los descubrimientos recientes se encuentra la estructura ceremonial maya más antigua y más grande, que se descubrió en el sitio arqueológico de Aguada Fénix en Tabasco, México, en 2020.

La plataforma elevada, larga y rectangular mide 1.400 metros de largo y entre 10 y 15 metros de alto. Fue construida con arcilla y tierra entre el 1.000 y el 800 a.C. y probablemente se utilizó para rituales ceremoniales.

Otro equipo utilizó el Lidar para descubrir un enorme yacimiento maya que se extiende aproximadamente 1.700 kilómetros cuadrados a lo largo del norte de Guatemala.

Los científicos detectaron 1.000 asentamientos conectados entre sí por caminos que los mayas probablemente recorrieron a pie.

«A medida que cartografiemos más y más partes de Yucatán, vemos que si arrojamos un dardo al mapa, donde sea que caiga ese dardo habrá algún tipo de infraestructura maya«, dice Fernández-Díaz.

Parte de la razón por la que estos descubrimientos siguen en pie es porque los antiguos mayas construían con piedra, que no se pudre como la madera.

Pero también eran especialmente buenos haciendo mortero para evitar que sus estructuras de piedra se desmoronaran y se convirtieran en montones de escombros.

Templo piramidal en Calakmul
No hay fotografías de Valeriana, pero tenía templos piramidales similares a éste en la cercana Calakmul.

– «Cemento» y yeso maya

Los estudios han demostrado que los antiguos constructores mayas utilizaban una variedad de materiales naturales, como sangre, huevos y caucho natural obtenido de árboles locales, para preparar el mortero.

Por ejemplo, cuando en 2018 los investigadores analizaron el mortero extraído de las piedras de la pirámide principal del sitio arqueológico de Witzinah, cerca de Yucatán, encontraron rastros de grasas saturadas típicas del caucho natural degradado.

Los expertos creen que los albañiles mayas obtenían el caucho de árboles locales y lo usaban como aglutinante junto con una arcilla de grano fino para crear un mortero duradero para unir la piedra.

Un estudio independiente realizado en 2014 examinó muestras de mortero del sitio arqueológico de Río Bec, en el sureste de Campeche, y encontró evidencia de que los albañiles mayas añadían ceniza volcánica al mortero para reforzarlo.

Sin embargo, quizás aún más sorprendente que sus estructuras de piedra es la conservación de yesos decorados que también se han descubierto en algunos lugares.

Los científicos saben desde hace tiempo que los antiguos mayas sabían hacer yeso de cal, que utilizaban para recubrir y proteger suelos o paredes interiores, unir piedras y cubrir y decorar la superficie de los edificios de piedra.

En Tikal y Copán, un antiguo yacimiento maya en Honduras, todavía se pueden ver ejemplos de edificios recubiertos de yeso con una intrincada decoración.

– Reproduciendo la técnica maya

En 2023, Carlos Rodríguez-Navarro, mineralogista de la Universidad de Granada (España), se propuso descubrir cómo las esculturas y templos adornados con yeso de cal de Copán se mantenían en excelente estado a pesar de haber estado expuestos a un ambiente tropical cálido y húmedo durante más de 1.000 años.

Como parte de su estudio, el equipo de Rodríguez-Navarro se reunió con albañiles locales de la zona y les preguntó sobre sus técnicas para hacer mortero de cal.

Los albañiles, que son descendientes directos de los antiguos mayas, dijeron que suelen utilizar extractos de plantas y, en particular, savia de los árboles Chucúm y Jiote (Chaká) en su mezcla.

A continuación, los investigadores analizaron el yeso antiguo del yacimiento de Honduras y prepararon una réplica del mismo.

El proceso de elaboración del yeso implica hornear material de roca carbonatada, como piedra caliza, utilizando altas temperaturas, antes de añadir agua a la cal viva resultante, formando una pasta de cal que se mezcla con arena.

A medida que el material se endurece, absorbe el dióxido de carbono del aire y lo atrapa en el cemento de calcita.

Los investigadores también siguieron el consejo de los albañiles y agregaron jugo de la corteza de los árboles Chucúm y Jiote a la mezcla.

Descubrieron que el yeso resultante era especialmente resistente y duradero.

«Pudimos reproducir exactamente la estructura, la textura y las propiedades mecánicas del material antiguo», dice Rodríguez-Navarro.

Tronco del jiote
Los albañiles mayas usaban la savia de árboles como el Jiote (Bursera simaruba) para ayudar a endurecer su mortero de cal.

Los científicos analizaron el yeso original mediante difracción de rayos X de alta resolución, una técnica que les permitió ver el material a escala atómica.

Los resultados mostraron que las moléculas del material orgánico de la corteza se habían incorporado a la estructura molecular del yeso de cal durante el proceso de fraguado o endurecimiento.

Según Rodríguez-Navarro, esto hace que el material sea muy duradero y resistente a la erosión física y química.

«Es muy difícil romper el material, porque es un compuesto entre materiales orgánicos e inorgánicos«, dice Rodríguez-Navarro.

«Por lo tanto, si intentas romper la calcita puramente inorgánica es muy fácil: es frágil, así que simplemente la golpeas y se derrumba. Pero si incorporas los átomos orgánicos de la savia del árbol, el material se vuelve más duro. Por lo tanto, la energía que tienes que gastar para romper ese material es muy, muy alta».

La incorporación de material vegetal orgánico también hace que el material sea más insoluble, lo que evita que se disuelva con la lluvia, una característica importante en el clima tropical que a menudo se ve azotado por huracanes que traen fuertes lluvias.

Otros estudios realizados en yacimientos como Ek’Balam, en Yucatán, también han demostrado que los extractos de otro árbol (pixoy o Guazuma ulmfiolia) ayudan a actuar como fijador para preservar las capas de color utilizadas en el yeso de cal.

– Protección natural

Por supuesto, existe otra razón por la que las ruinas de las ciudades mayas abandonadas pueden haber sobrevivido tanto tiempo: la propia selva.

Aunque los árboles han dificultado el hallazgo de las ruinas, también las han protegido de ser destruidas o saqueadas.

«Hay partes del mundo donde se han demolido pirámides con excavadoras para usarlas como relleno de carreteras o porque están en el camino de donde pasa el ganado», dice Auld-Thomas.

«Sin embargo, es difícil hacerlo cuando hay un montón de árboles en el camino».

Una construcción maya
Muchas de las ciudades construidas por los mayas tenían plazas y áreas reservadas para jugar juegos de pelota.

Los mayas también transformaron el paisaje que rodeaba sus asentamientos para protegerse de los estragos del agua.

Auld-Thomas vio evidencia de esto en el sitio de Valeriana que ayudó a descubrir.

«Se encuentra en una zona que ha sido ampliamente modificada para la agricultura», dice.

«Es bastante montañosa y, básicamente, cada superficie inclinada que está por encima del nivel de inundación estacional está esculpida, aterrazada y completamente remodelada para que la gente pudiera usarla para cultivar alimentos y mantener sus pies secos en la temporada de lluvias».

– Lecciones mayas

Entonces, ¿podrían las sociedades modernas aprender algo de estos antiguos constructores mayas en lo que respecta a la creación de ciudades que sean resistentes al cambio climático?

«El caso de los mayas demuestra que es posible gestionar el paisaje de forma que pueda sobrevivir y prosperar durante un milenio, incluso en entornos bastante extremos en los que no llueve durante la mitad del año, pero luego llueve todos los días durante la otra mitad», afirma Auld-Thomas.

También podríamos aprender de la elección de materiales de los mayas. El hormigón armado que se encuentra en la mayoría de los edificios modernos es lo suficientemente fuerte como para sostener enormes rascacielos, pero no están construidos para durar.

La vida útil de la mayoría de los edificios de hormigón armado con acero es de unos 50 a 100 años.

Al mismo tiempo, la producción de cemento representa actualmente el 8% de las emisiones globales de carbono, mucho más que la aviación.

Algunos investigadores están buscando alternativas al cemento basadas en cal.

Actualmente, la producción de cal es una fuente importante de emisiones de dióxido de carbono, pero los expertos están investigando la obtención de esta sustancia de otras fuentes, como los subproductos de la industria papelera, por ejemplo, lo que puede hacerla más sostenible.

Según Rodríguez-Navarro, inspirarse en los conocimientos de los antiguos mayas podría ayudar a que estos materiales sean más duraderos.

Los morteros de cal también pueden actuar como sumidero de carbono, absorbiendo el dióxido de carbono del aire a medida que se remineralizan y se endurecen formando piedra caliza.

«La cal está atrayendo mucha atención como posible material sostenible para la construcción moderna», afirma Rodríguez-Navarro.

«No solo absorberá el CO2 durante la carbonatación, sino que al mismo tiempo se obtiene un material muy duradero si se añaden los aditivos orgánicos adecuados».

nuestras charlas nocturnas.


Antes de Tinder estuvo Harvard: hace casi 60 años que la tecnología nos busca parejas…


El IBM 1401 salió al mercado en 1959 como un ordenador como un sistema de proceso electrónico de datos accesible para un mercado más general por su tamaño compacto en comparación con los ordenadores de primera generación. 

National Geographic(B.E.Soto) — Si crees que las aplicaciones de citas son algo relativamente novedoso y actual, ¡estás muy equivocado! La prestigiosa Universidad de Harvard tomó la iniciativa antes que soluciones tan famosas como Tinder, Bumble o Hinge. De hecho, esto ocurrió tan pronto como en 1965, mucho antes de la llegada de Internet. 

Y es que, como ya sabemos, las relaciones románticas han sido de interés para las personas desde el mismísimo albor de los tiempos, pero es la forma en que se conocían y formaban estas parejas la que ha ido cambiando significativamente a lo largo de la historia.

 Una potencial pareja puede estar en cualquier parte, cierto, pero ¿cómo encontrarla? Las formas más habituales han estado presentes desde hace mucho tiempo: a través de amigos en común o familiares, en la escuela, en lugares públicos, o incluso en el trabajo o la iglesia. Sin embargo, cualquier persona más alejada de nuestro entorno podría quedar fácilmente fuera de los límites, especialmente si salimos poco de nuestra rutina y nuestra zona de confort. 

Para un grupo de alumnos de Harvard con estos exactos problemas, la solución estaba en la tecnología. Habitantes en la residencia de estudiantes de una universidad principalmente atendida por hombres, y sin mucho tiempo para la socialización, Jeff Tarr y Vaughan Morrill dieron forma a la idea, por entonces bastante inusual, de que fuera un ordenador quien les buscara las citas. 

Así nació un programa que sería conocido como Operación Match, el primer servicio de búsqueda de pareja por ordenador de los Estados Unidos, y que en su esencia no funcionaba de forma tan distinta a las de ahora: a través de una enorme base de datos y un algoritmo. 

Eso sí, cada perfil tuvo que entrarse de manera manual. Imagina por un momento a estos estudiantes realizando encuestas (¡de forma presencial y en papel!) a potenciales usuarios de su programa, con preguntas orientadas a registrar sus datos básicos e intereses. Sin duda, algo que ahora tardamos unos pocos minutos en hacer a través de nuestro propio smartphone y de forma más confidencial.

Portada del cuestionario de Operación Match. 

– De la idea al negocio

No obstante, el sistema fue todo un éxito. Parece ser que las personas estaban interesadas en nuevas formas de encontrar el amor y el contacto humano en una época en la que la sociedad, y en especial las mujeres, empezaban a salir de la represión de las construcciones sociales y los estereotipos en cuanto a las citas se refiere. Tan solo unos meses más tarde, miles de estudiantes ya se habían registrado al programa. 

Después, un potente ordenador conocido como el IBM 1401, uno de los primeros que se comercializaron, emparejaba a cada persona con 5 potenciales parejas en base a los resultados ofrecidos en sus cuestionarios. Por un precio de tan solo 3 dólares de la época, estas personas recibían el resultado por correo y podían ponerse en contacto con sus potenciales parejas. 

Para conseguirlo, Tarr y Morrill alquilaban uno de estos ordenadores. Más tarde Tarr sumó a su equipo a Douglas H. Ginsberg y David L. Crump, también compañeros de la universidad. El negocio empezó en una de las habitaciones de la residencia de estudiantes de la misma universidad, pero pronto se expandió por distintas partes del país y se abrieron oficinas donde las personas podían acudir a llenar el cuestionario y así apuntarse al programa, convirtiéndolo en un trabajo a tiempo completo para sus creadores.

– El algoritmo del amor

Pero con Operación Match pasó lo que con tantas otras cosas en nuestra era: dejó de ser una novedad, pasó de moda, y eventualmente fue reemplazado con una versión mejorada de la misma idea. Y es que, al final, la propia ciencia ha demostrado a lo largo de los años que enamorarse es un proceso complejo. 

La universidad de Harvard ha estudiado durante décadas las emociones complejas, como la felicidad o las dinámicas amorosas, descubriendo que el amor es una reacción química desencadenada en gran parte por razones genéticas o biológicas, más allá de las razones culturales y psicológicas que intervienen en el proceso. 

Por tanto, conocer a personas objetivamente ideales, por mucho que las haya seleccionado un superordenador especialmente para ti, no garantiza que vaya a surgir el amor, aunque esto nunca le ha quitado al ser humano las ganas de seguir buscando conexiones humanas de distintos tipos.

Sin duda, con el paso del tiempo, hemos ampliado las fronteras y hemos ido dejando a un lado los prejuicios, y en eso sí, las nuevas tecnologías nos ha ofrecido algunas ventajas.

nuestras charlas nocturnas.


El soldado español «ligón» y mujeriego que acabó fundando una orden religiosa…


San Ignacio de Loyola (1620-1622) por Pedro Pablo Rubens, Museo Norton Simon de Pasadena.

La Voz de Cádiz(M.P.Villatoro) — A día de hoy le conocemos por ser el fundador de la Compañía de Jesús , una orden que cuenta con 17.000 miembros en todo el mundo .

Sin embargo, lo que muy pocos saben sobre Ignacio de Loyola es que, antes de tomar los hábitos, fue un soldado español que combatió en Navarra y que -además de la espada- fue conocido por ser un « ligón » empedernido y por haber cautivado a multitud de jovencitas con su melena.

Al menos, así fue hasta que cayó severamente herido en la defensa de Pamplona , donde una bala de cañón casi le dejó lisiado.

Sin embargo, logró recuperarse y -gracias a la ingente cantidad de libros narrando la vida de santos que leyó durante su convalecencia – terminó entendiendo que debía dedicar su vida a la religión cristiana.

Todos los entresijos de la vida de este soldado, religioso y -a la postre santo- han vuelto a salir a la luz gracias a la obra « Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión ».

Creado por las hermanas María y Laura Lara (ambas escritoras, profesoras de la UDIMA y Primer Premio Nacional de Fin de Carrera en Historia), el libro ha sido galardonado con el Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas que convoca cada año El Corte Inglés y la editorial Edaf .

La investigación, a su vez, profundiza no solo en la vida de Ignacio de Loyola, sino también en el medio milenio de vida de la Compañía. Hoy, hablamos con María y Laura de la faceta militar de este personaje.

  • -¿Cuándo vino al mundo Ignacio y en qué familia?

MARÍA – Bueno, lo primero que se puede decir es que Ignacio recibió el nombre de Íñigo . Desde entonces se ha dicho que fue bautizado como Íñigo López de Recalde , aunque puede ser que el nombre se le haya atribuido por error.

Está consensuado que nació en la Nochebuena de 1491, unos días después llegaría el ocaso de la Guerra de Granada y los Reyes Católicos pondrían los cimientos del Estado Moderno.

Se quedo huérfano muy pronto, lo cual marcó su personalidad. Era uno de los ocho hijos y tres hijas de un linaje con cierto abolengo, aunque sin pertenecer a la alta nobleza.

  • -¿Dónde pasó su infancia?

LAURA – De niño vivió en el valle de Loyola. La nodriza que lo crió era una campesina cuyo marido trabajaba en la herrería del padre de Íñigo. Allí aprendió las costumbres populares, siempre lo entusiasmó el escuchar al calor de la chimenea cuentos ancestrales y tonadas típicas. Muy pronto se quedó huérfano.

Curiosamente, su progenitor lo quiso conducir hacia el clero , pero él rechazó esto de entrada porque le gustaba la vida caballeresca. Quería seguir el ejemplo de sus hermanos, que habían combatido con el Gran Capitán en las guerras de Nápoles. Como Íñigo aparentaba tener las ideas muy claras, todos tuvieron que acatar esa voluntad.

  • -¿Cómo se introdujo en el arte de la espada?

MARÍA – Su hermano Martín y su cuñada Magdalena (dama de Isabel la Católica) ejercieron como tutores. Posteriormente se trasladó de Guipúzcoa a Arévalo. Viajó a Castilla para labrarse un futuro profesional. Se incorporó así a la familia de Juan Velázquez de Cuéllar , contador mayor de los reyes (una especie de ministro de hacienda).

Juan Velázquez lo trató como si fuera su propio hijo, con él Íñigo hizo las veces de paje. El tránsito supuso un cambio bastante drástico: pasó de vivir en una casa-torre a un palacio, el mismo en el que se criaría el nieto de Fernando el Católico , el futuro emperador Fernando I.

  • -¿Fue un joven vividor?

LAURA – Si. El mismo Íñigo confesó que se dio a las vanidades del mundo y que se deleitaba con el ejercicio de las armas como medio de ganar honra. Dentro de su alegría juvenil afirmó que le gustaba el baile. Por otro lado, siempre tuvo bastante atractivo para las chicas.

Era un galán , bastante mujeriego y participaba en las fiestas y en los deleites cortesanos. Allí conoció a muchas damiselas. Pudo tener una hija, María de Loyola, a la que legaría sus bienes al poco de su conversión, consciente de que se trataba de un paso en firme en su trayectoria y de que, a la vez, debía dejarla bien posicionada.

Parece ser que su amor platónico fue Catalina de Aragón , la desdichada hija de Isabel y Fernando , a quien los imperativos de la conveniencia casaron con Enrique VIII, nacido, paradójicamente, el mismo año en que Íñigo vino al mundo, mas el cruel monarca inglés la repudió y rompió con Roma dando inicio al anglicanismo.

verdadera imagen de S. Ignacio, con armadura militar. Anónimo del siglo XVI, escuela francesa.
  • -¿Su atractivo era solo físico?

MARÍA – Bueno. Media 1,58, pero tenia una tremenda capacidad de persuasión.

En esos momentos llevaba una melena hasta los hombros y ésta le daba una apariencia graciosa.

Solía vestir de colores vivos, así eran tanto los jubones como los guadamecíes en las casas del Siglo de Oro .

Pero su simpatía la conservó siempre.

Era una persona que mantuvo el genio de la amistad por encima de todo.

Además, destacaba en heroísmo y valentía.

Constituye el anticipo de un líder en una edad en la ni siquiera estaba pensado este vocablo.

  • -¿Cómo empezó su vida militar?

LAURA – Tal cual apuntábamos, en el año 1507 y en coincidencia con la muerte de la madre de Ignacio, María de Velasco , que era la esposa de Velázquez de Cuéllar, pidió a Beltrán, el padre del muchacho, que le mandara un hijo para educarlo en la corte.

Optó el caballero de Loyola por mandar al menor, a Íñigo, quien marchó a Arévalo, donde pasaría once años, realizando frecuentes viajes a Valladolid.

En este tiempo se hizo con el dominio de las armas . Paralelamente, como la biblioteca de Arévalo era rica y abundante, su afición por la lectura cobró alas y, en cuanto a la escritura, no dejó de pulir su buena letra.

Velázquez de Cuéllar cayó en desgracia tras la defunción de Fernando el Católico y, nuevamente, su viuda, María de Velasco, mandó a Íñigo a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, que era virrey de Navarra, donde dio muestras de tener ingenio y prudencia.

Esto quedó reflejado en la pacificación de la sublevación de Nájera en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en los conflictos entre las villas de Guipúzcoa.

  • -¿Cuándo sucedió su última batalla?

MARÍA – Cuando tenía 30 años, corría el 20 de mayo de 1521. Sin atisbar el desenlace, marchó rutinariamente a Pamplona con el ejército castellano para defender a la población del ejército francés. Es ahí donde cayó herido. Se posicionó en primera linea de batalla y animó a los soldados que se encerraron en la fortaleza a que resistieran.

Y eso, en contra del parecer del alcaide, que sabía que los castellanos eran inferiores en número. Mantuvo el baluarte en pie con heroísmo. Se confesó el día del ataque con uno de los compañeros de armas por si moría. Al final, una bala de cañón le fracturó una pierna y le lesionó la otra .

  • -¿Cómo logró sobrevivir al asedio?

LAURA – Admirados por su labor, los franceses cooperaron en su traslado. ¡Cómo un simple soldado podía motivar con tanta eficacia a sus superiores! Le ayudaron a ser conducido a la casa fuerte de Loyola para que falleciera con su familia. Íñigo estuvo transitando durante más de un mes entre este mundo y el otro .

Los médicos llegaron a perder la esperanza. El 24 de junio le pidieron de hecho que se confesase de nuevo pensando que iba a fenecer. Por ventura, sobrevivó. Curiosamente, en el hospital siguió siendo tan presumido como antes . Pidió que le cortasen el hueso que le sobresalía de la pierna sin anestesia para poder usar las botas.

Retrato de Ignacio de Loyola como Superior general de la Compañía de Jesús, obra de Francisco de Zurbarán.
  • -¿Cuándo pasó de militar a ser un ferviente religioso?

MARÍA – En el lecho de la convalecencia, en su casa solariega. Cómo se aburría al tener que permanecer postrado, pidió libros.

Le llevaron novelas de caballerías , de las que era asiduo.

Cuando se le acabaron empezó a leer vidas de santos , como la hagiografía compuesta por el cartujo Ludolfo de Sajonia .

Carecían de más volúmenes del otro género en la torre.

Entonces encontró una paz desmedida.

Decía que cuando contemplaba el ejemplo de los venerables se tranquilizaba y se sentía animado a imitarlos , y cuando se preocupaba por las cosas del mundo se sentía vacío.

En aquellos tomos piadosos encontró la paz y, a partir de ese instante, experimentó una profunda conversión.

Dicen que el líder nace dos veces.

Pues bien, Íñigo inició una segunda vida a la luz de la herida de 1521. Al recuperarse, y en contra del parecer de su hermano, se puso en camino hacia Cataluña para velar las armas ante la virgen de Montserrat .

Posteriormente viajó a Jerusalén, en Tierra Santa . Allí recorrió los santos lugares y demostró su fervor religioso.

  • ¿Hasta dónde llegó su obsesión por el catolicismo en aquellos años?

LAURA – Aunque desde los primeros días de vida estaba bautizado y las devociones estaban omnipresentes en la sociedad del pícaro y la celestina, del sacristán y la dueña, Íñigo pasó en un mes de la noche al día, experimentó una conversión sincera que, justo en el mismo año en que Lutero rompió con el Papado, lo llevó a profesar un cristianismo intimista pero alineado con Roma, de ahí surgiría el cuarto voto.

En su ruta hacia Manresa, que desde 2015 conmemoramos como Camino Ignaciano, se planteó trabar duelo con un morisco por cuestionar su fe . Viajó a Jerusalén y, estando allí, las autoridades se opusieron a la idea de que se instalara en Tierra Santa porque veían que los turcos podían eliminarlo en venganza por su defensa a ultranza de Cristo.

El provincial tuvo que amenazarlo con la excomunión para que volviese a Europa.

  • ¿Cuándo regresó a Europa?

MARÍA – En enero de 1524 volvió a Venecia y posteriormente se instaló en Barcelona. Allí Isabel de Roser y el maestro Jerónimo de Ardevol le costearon los estudios. Después se fue a Alcalá, la cuna del humanismo. Permaneció en la universidad cisneriana en el curso 1526-1527.

Vivió en la pobreza en el Hospital de Antezana (hoy pared con pared con la mítica “ casa de Cervantes ”), pero su predicación popular por las calles le cosechó a los primeros “compañeros”, así como también a seguidores de su doctrina.

Los recelos de la jerarquía eclesiástica ante un laico que hablaba descalzo, y sin título académico, de Teología en Alcalá de Henares- uno de los principales focos de los alumbrados-, lo empujaron hacia la universidad de Salamanca , allí la oposición se hizo más feroz y, por ello, el estudiante terminó marchándose de la Península Ibérica.

Viajó a París, 7 años trascendentales después de los cuales Ignacio sería el nombre universal del guipuzcoano Íñigo.

En la capilla de san Ignacio de la iglesia del Gesú de Roma, está la urna de bronce dorado que conserva los restos del santo. Esta es obra de Alessandro Algardi, el retablo fue hecho por el jesuita Andrea Pozzo, finalizado en 1695.
  • ¿Allí fue donde creó la Compañía?

LAURA – Sí. Estudiando en la Sorbona, en el Colegio de Santa Bárbara, conoció al navarro Francisco de Jasso (posteriormente San Francisco Javier), uno de los siete miembros que realizaron la profesión de fe en la iglesia de Sant Pierre de Montmartre en agosto de 1534.

Francisco Javier era un campeón de los deportes y un alumno muy aventajado en las aulas. Para auxiliarlo en la financiación de su carrera, puesto que su familia había venido a menos por combatir los hermanos de Francisco con las tropas de Francia, Íñigo le conseguía clases particulares que impartir .

El objetivo de este grupo de amigos era crear una orden cuyos miembros viajasen a Jerusalén y vivieran en pobreza y castidad. Pero, como en ese año no zarpó un barco de peregrinos, decidieron ponerse bajo la obediencia del papa y dirigirse adonde les mandara.

Estaban a punto de dar el gran salto “ del castillo a la misión ”, de Europa al Extremo Oriente y los confines de la Amazonía.

nuestras charlas nocturnas.


10 productos que existen debido a las Guerras Mundiales…


L.B.V.(V.R.Villar) — Las dos Guerras Mundiales devastaron los países implicados en ellas y están consideradas como los conflictos más sangrientos de la historia. Sin embargo todos estos períodos bélicos sirvieron de inspiración y acicate para que inventores y empresas visionarias sacaran a la luz una serie de productos y artículos que hoy nos parecerían tan comunes como si toda la vida hubieran existido. Aquí están 10 de los más famosos.

10. Fideos instantáneos

El nombre de Momofuko Ando no parece que sea familiar a nadie. Sin embargo, este taiwanés, nacido en 1910 y exiliado en Japón durante la ocupación de la isla durante la II Guerra Mundial, tuvo la idea de elaborar industrialmente y a un precio económico un producto rompedor: la sopa de fideos instantáneos.

Su empresa, Nissin Productos Alimenticios, fue la que puso en las tiendas la llamada Chicken ramen a la que siguió años después la sopa Cup Noodle.

9. Patatas fritas de McDonalds

J.R. Simplot fue el encargado de proveer al ejército de los Estados Unidos un producto rompedor como las patatas y verduras liofilizadas. Al tener un período de consumo preferente más grande, sus vegetales congelados ayudaron a las tropas a sobrevivir en sus misiones en Europa.

Tras el final de la II Guerra Mundial y terminar su contrato con los militares firmó un contrato con Ray Kroc para ser su proveedor de patatas fritas congeladas.

Con el paso del tiempo, el emporio Simplot, que ha sido el causante de la asociación Idaho-patata, se convirtió en el proveedor de más de la mitad de las patatas fritas de McDonalds en todo el mundo.

8. Fertilizantes químicos

Tras el final de la II Guerra Mundial la maquinaria industrial que había sido utilizada para fabricar municiones en masa a través de la síntesis del nitrógeno se recondujo para producir fertilizantes químicos.

Gracias a este producto, la agricultura comenzó a ser rentable y las cosechas comenzaron a crecer de modo exponencial en virtud de la relación entre los niveles de nitrógeno en las tierras y el rendimiento de los cultivos.

7. Tampones femeninos

La higiene femenina tiene un antes y un después a partir del desarrollo de una gasa ligera, altamente absorbente llamada Cellucotton.

La empresa Kimberley-Clark la fabricó para ayudar en las curas de los soldados estadounidenses heridos en combate. Después de la I Guerra Mundial el stock sobrante de Cellucotton fue utilizado por las enfermeras de la Cruz Roja durante sus ciclos menstruales. Kimberley-Clark tuvo noticia de ello y a partir de ahí fabricó la primera compresa.

Tampax se inspiró en la marca Kotex para empezar a producir en medio de la II Guerra Mundial lo que hoy conocemos como tampones.

Cómo se fabrica el teflón? | Tecnimacor

6. Teflón

Los científicos aliados se empeñaron en perfeccionar el armamento militar un paso por delante del de los fascistas. El teflón fue accidentalmente descubierto en 1938 por Roy J. Plunkett a partir de una investigación para encontrar un material que resistiera a los componentes volátiles de las primeras bombas atómicas.

Se desarrolló dentro del Proyecto Manhattan que lamentablemente acabó con la destrucción de Hiroshima y Nagasaki.

Después de esto, el teflón tuvo un nuevo uso: como revestimiento antiadherente en ollas y sartenes, además de cómo un revestimiento resistente a las manchas de la ropa.

5. Sacarina

El substituto del azúcar fue descubierto por el químico Ira Remsen en 1879, aunque también se afirma que Constantin Fahlberg un año antes. Sin embargo, no fue hasta la I Guerra Mundial cuando comenzó a utilizarse como edulcorante.

Y no lo era por cuestiones de pérdida de peso sino porque el azúcar empezó a estar racionada al no poder garantizarse su suministro. Lo mismo ocurrió durante la II Guerra Mundial, pero en 1957 Benjamin Eisenstadt, que había sido el inventor de los sobres de azúcar, y su hijo Marvin Eisenstadt, combinaron dextrosa y sacarina en un revolucionario producto llamado Sweet’n’Low.

Esta sacarina granulada que venía empaquetada en sobrecitos de color rosa sobrevivió al regreso del azúcar a la dieta de los norteamericanos.

4. Horno microondas

Antes de su fabricación como electrodoméstico indispensable en cualquier cocina, el concepto de microondas no era más que un efecto secundario de los emisores de radar de la II Guerra Mundial.

Percy Spencer, un ingeniero autodidacta que investigaba los magnetrones, se dio cuenta que el calor que éstos desprendían se podían utilizar en la cocina. Después de esto, los primeros hornos microondas se comenzaron a fabricar en 1955.

3. Cinta americana

La cinta americana empezó a utilizarse durante la II Guerra Mundial. Los soldados norteamericanos necesitaban un material flexible, resistente al agua que pudieran usar para reparar cualquier cosa.

La compañía Johnson And Johnson fue la encargada de fabricar para las tropas unos rollos de cinta médica que tenía un lado autoadhesivo. Tras la guerra este producto únicamente militar comenzó a ser demandado por el resto de la población: había nacido la cinta americana.

2. Jeringuillas desechables

Durante la Guerra Civil Americana y la I Guerra Mundial los soldados que eran heridos en combate sufrieron lo indecible recurriendo solamente a la morfina para calmar sus dolores.

En la II Guerra Mundial las jeringuillas tradicionales de vidrio y metal fueron sustituidas por un nuevo producto llamado ‘syrette’, compacto y desechable. Entonces venían precargadas con una dosis única de morfina y fueron distribuidas entre los destacamentos médicos de los ejércitos.

Fue el precedente de las actuales jeringuillas de material plástico. A partir de entonces ya casi nadie se acordaría de aquellas viejas jeringuillas que había que hervir para esterilizarlas.

1. Disney

Disney no nació como empresa de entretenimiento en la II Guerra Mundial. Sin embargo, por entonces el gobierno americano, ante una posible bancarrota de la empresa fundada por Walt Disney, le encargó la realización de una serie de películas de animación para propagar la cultura latinoamericana y con ello frenar la popularidad del Fascismo en la población de países sudamericanos como Brasil o Chile.

Es entonces cuando Disney se convirtió en la superpotencia del espectáculo que ha llegado hasta nuestros días.

nuestras charlas nocturnas.


Venus y la maldición de Gioachino Rossini…


Historia Hoy(O.L.Mato) — Fue el compositor de óperas más exitoso de su época, con las que ganó una fortuna que le permitió vivir lujosamente los últimos años de su existencia sin trabajar, dedicándose a su actividad favorita: la cocina.

¿Quién no ha probado los canelones a la Rossini? En realidad, y para ser precisos, los canelones que cocinaba Rossini eran de carne con foie gras de canard –cosa que hoy saldría una fortuna, razón por la cual ese ingrediente ha sido eliminado –. “El apetito es la batuta que dirige la gran orquesta de las pasiones”, sostenía Rossini.

Fama, fortuna y mujeres –sí, las mujeres caían rendidas a sus pies–. ¿Qué más podía pedir Gioachino? ¡Salud! Pues eso era lo que le faltaba… y todo por culpa de Venus.

Rossini compuso la primera ópera a los 18 años y, en menos de 20 años, ya contaba con 39 óperas en su haber, además de música de cámara, cuartetos, música religiosa, etc. Era famoso por su velocidad para componer, aunque muchas de sus obras eran como variaciones de melodías que se repetían ante un público cambiante. Según él mismo afirmaba, le podía poner música a una lista de lavandería.

“El barbero de Sevilla”, “Otelo”, “La Cenicienta”, se cuentan entre sus muchos éxitos, pero después de componer la Obertura de “Guillermo Tell”, y sin haber cumplido aún los 40 años, decidió retirarse a gozar de su fortuna. ¿Acaso fue esta la única razón? ¿Acaso sabía que poco nuevo podía ofrecerle al público? ¿Era su salud o pasaba por un proceso depresivo? Sabemos que Rossini tuvo épocas de enorme productividad, alternadas con periodos de desgano y abulia propias de un bipolar.

Como dijimos, no faltaron mujeres en su vida y se le conocieron varias amantes como Esther Mombelli y Marietta Marcolini, pero fue la prima donna Isabella Colbran con quien vivió varios años y a quien le dedicó muchas de sus óperas…

Pero al final, la relación se desgastó –al igual que la voz de la Colbran–, y Rossini pasó los últimos años de su vida con Olympe Pélissier, una joven cortesana de vida airada que también había sido amante de Honoré de Balzac (quien se inspiró en ella para escribir “La mujer sin corazón”, un título que ya lo dice todo, más viniendo de un conocedor del alma humana como Honorè).

A lo largo de su retiro, cuando caía en uno de esos pozos depresivos, Rossini buscaba alivio en los baños termales, como aconsejaban los médicos de esa época a falta de antidepresivos.

Pero lo que realmente lo atormentaba era una uretritis secundaria a una gonorrea crónica, o “un exceso de Venus”, como le decían entonces a las enfermedades venéreas. La estrechez uretral le dificultaba la micción, y para dilatar su uretra se introducía un catéter por 20 minutos a fin de dilatar las adherencias que dificultaban el paso de la orina.

Además, hacia lavados con una solución de almendra, malva, flor de azufre y crema de tártaro, una mezcla poco efectiva, pero era lo único disponible.

Recién en 1832 el Dr. Philippe Ricord diferenció como entidad clínica la gonorrea de la sífilis que, hasta entonces, se creía que era la misma enfermedad.

Desde 1844, Rossini utilizó las sondas “beniques” que eran dilatadores de la uretra para tratar la estenosis que lo atormentaba. Esta afección, además de dolorosa, era humillante y ponía al genio de mal humor.

En busca de una solución a su problema, Rossini recurrió a baños en distintas termas en Europa, dietas curativas y hasta “curas magnéticas” valiéndose de imanes.

No acababan acá sus problemas, ya que todos lo retrataban como un hombre obeso, “una persona adiposa de aspecto jovial con una suerte indefinida de malicia en la mirada”, según lo describió Richard Osborne.

Rossini llevaba una vida sedentaria que se complicó en 1856 con una trombosis venosa de la que se recuperó sin secuelas. En 1868, tuvo deposiciones sanguinolentas, que se supuso que se debían a una fistula anal, aunque en realidad se trataba de un cáncer de recto. Inmediatamente se puso en contacto con uno de los mejores cirujanos de París, el Dr. Auguste Nélaton, pionero de la cirugía abdominal.

Nélaton (1807-1873) fue médico de Napoleón lll y Garibaldi además de caballero de la Legión de Honor. Aún hoy se lo recuerda por una sonda que lleva su nombre.

Sin embargo, con Rossini no tuvo oportunidad de lucirse: la enfermedad estaba muy avanzada y, el sobrepeso, una bronquitis crónica y los problemas circulatorios aumentaban el riesgo anestésico.

El 3 de noviembre, se extirpó parte del tumor bajo anestesia con cloroformo. No satisfecho con el resultado, Nélaton hizo otra resección dos días más tarde, pero la herida se infectó (las condiciones de asepsia quirúrgica recién se conocía)y la septicemia subsecuente lo llevo a la muerte el 13 de noviembre de 1868.

“Todos trabajamos por tres cosas”, dijo Rossini durante su retiro, “fama, oro y placer. Tengo fama, no necesito oro y los placeres de antaño me aburren…”

Pero se olvidó de la salud, cuya ausencia le quita sentido a las demás.

nuestras charlas nocturnas.



El desaparecido batallon de Norfolk…


gallipoli_turquia

marcianosz.com — Uno de los casos de desapariciones más famosos, tal vez porque no se trata de un individuo, sino de un grupo de hombres, de produjo durante la Primera Guerra Mundial, cuando el batallón del Regimiento Real dl Norfolk se desvaneció en los Dardanelos, el plena campaña, en el mes de agosto de 1915.

Entre marzo y diciembre de 1915, Inglaterra y Francia intentan adueñarse de los Dardanelos, punto estratégico que controla las comunicaciones entre el Mediterráneo y los puertos rusos del Mar Negro.

Pero los ejércitos del Imperio otomano, dirigidos por los alemanes, mantienen en jaque al cuerpo expedicionario occidentales.

Las pérdidas son tan importantes (46.000 muertos), que los aliados abandonan finalmente la lucha en diciembre.

– La desaparición de Norfolk.

La historia de la desaparición del batallón de Norfolk es conocida por el relato de los soldados de la Mancomunidad que asistieron a este acontecimiento. 

El 21 de agosto de 1915, durante el ataque de la península de Gallipoli, uno de los episodios más sangrientos de la campaña de los Dardanelos, veintidós soldados neozelandeses de una compaña de ingenieros vieron al cuarto regimiento de Norfolk, formado por 267 hombres, dirigirse a socorrer al cuerpo del ejército del Comando Unido de Australia y Nueva Zelandia (CUANZ), que estaba atacando la cota 60, al sur de la bahía de Suyla.

Mientras se encontraban en el lecho seco de un río, los soldados de Norfolk penetraron dentro de una extraña nube. En cuanto todos los hombres desaparecieron detrás de la cortina de bruma, la nube se elevó suavemente para alejarse en el cielo, contra el viento, perdiéndose rápidamente de la mirada de los observadores.

No se veía ningún ser vivo en el pequeño valle y Turquía afirmó no haber capturado jamás a ningún miembro de ese regimiento.

– Las contradicciones.

Este relato se apoya sobre el testimonio hecho cincuenta años después de la campaña de los Dardanelos. Redactado, luego de un encuentro conmemorativo del CUANZ, por tres soldados neozelandeses que pertenecían a la tercera sección de la primera compañía de ingenieros, este testimonio fue presentado como un llamado a prestar declaración destinado a las personas que eventualmente se encontraran todavía vivas y que hubieran asistido a este hecho.

Un examen del documento reveló, sin embargo, varios errores de hecho en el relato, que hacían dudar de su confiabilidad.

Así, el cuarto regimiento de Norfolk mencionado por los res soldados no es un regimiento sino un batallón y éste, por lo demás, terminó la campaña de los Dardanelos. En cambio, otro batallón de mismo regimiento, el quinto de Norfolk, fue efectivamente reportado como desaparecido luego de un ataque.

Este tuvo lugar, no el 21 de agosto como lo indica el documento sino el 12, de acuerdo con los archivos militares ingleses y sucedió a cinco kilómetros de la posición supuesta por los testigos neozelandeses.

Sin embargo, existe otro texto que relata un episodio similar, escrito poco después de la campaña, en el que no se encontró ninguna contradicción ni afirmación dudosa, y cuyo testimonio parece claramente más confiable.

– ¿Recuerdos verídicos o sugestiones posteriores?

bahia_gallipoli

Se trata del Informe final de la Comisión de los Dardanelos publicado en 1917.

Según este documento, una «extraña bruma», que reflejaba los rayos del sol, cubrió la bahía y la llanura de Suyla el 21 de agostos, desdibujando las trincheras ocupadas por los otomanos y permitiendoles, de ese modo, disparar más fácilmente sobre los aliados.

Pero por más extraño que esto pareciera, tal fenómeno meteorológico era al parecer corriente en la región.

Es igualmente ese mismo día 21 de agosto, en el curso de la tarde, que el informe cita un ataque a la famosa cota 60 por 3.000 hombres de la CUANZ.

Al leer los dos episodios descritos en este documento oficial, las semejanzas con el tardío testimonio de los soldados neozelandeses son impactantes.

De hecho, este último más parece una mezcla de los dos acontecimiento, presentados en el Informe Final como distintos pero relatados en dos páginas enfrentadas…

Tal vez esta disposición pudo influir en la memoria de los tres testigos. Habría que agregar que del quinto de Norfolk, que se reporto efectivamente como desaparecido, se recuperaron 122 cadáveres a partir del 23 de septiembre de 1919.

Y, si se toma en cuenta que 27.000 de los 34.000 muertos, entre soldados ingleses y del CUANZ, nunca fueron sepultados, se puede suponer que los cuerpos de los 145 soldados que faltan hayan podido ser mezclados con la tierra de un campo de batalla ahogado bajo un calor terrible, que podría haber sido un factor de putrefacción acelerado.

Estos diversos elementos nos constituyen ningún apoyo en favor de la autenticidad del testimonio de los tres neozelandeses.

Sin embargo, algunos autores siguen viendo allí el relato de un hecho real y justifican las contradicciones sobre la identidad del batallón o la fecha de aparición de la extraña nube aduciendo ciertas faltas en la memoria que serían del todo normales después de cincuenta años.

No es tampoco menos cierto que los documentos oficiales de la época hablan de una bruma de gran superficie y no de una nube de 250 metros de largo posada sobre el suelo. Se podría pensar que si un fenómeno como ese hubiera producido, habría llamado inmediatamente la atencion de los observadores militares que están siempre al acecho de un ardid del enemigo.

nuestras charlas nocturnas.


Los sorprendentes objetos del Titanic que guarda un almacén secreto al que tuvo acceso la BBC…


Tomasina Ray
Tomasina Ray es directora de colecciones de RMS Titanic Inc, la empresa que durante años ha recuperado 5.500 objetos del lugar del naufragio.

BBC News Mundo(R.Morelle/A.Francis) — Un moderno bolso de piel de cocodrilo y pequeños frascos de perfume que aún desprenden un potente aroma son sólo algunos de los objetos recuperados del Titanic, el naufragio más famoso del mundo.

La ubicación exacta del almacén donde se resguardan estos objetos es un secreto bien guardado para prevenir robos.

Lo único que podemos decir es que se encuentra en algún lugar en la ciudad de Atlanta, en Georgia, Estados Unidos.

Los estantes están repletos de miles de artículos: desde una bañera y una puerta abollada, hasta cristalería grabada y botones diminutos.

La BBC tuvo la rara oportunidad de explorar las instalaciones de este almacén y descubrir las historias detrás de algunos de estos objetos.

El Titanic abandona de Belfast para hacer pruebas en el mar en 1912.

– La historia detrás de un bolso

«Es un bolso pequeño realmente hermoso y moderno», dice Tomasina Ray, directora de colecciones de RMS Titanic Inc, la empresa estadounidense que ha recuperado estos artículos.

La compañía tiene los derechos de salvamento del barco y a lo largo de los años ha recuperado 5.500 objetos del lugar del naufragio, que ocurrióentre la noche del 14 y la madrugada del 15 de abril de 1912.

Una selección de esos objetos se exhibe en todo el mundo.

El bolso, fabricado con piel de cocodrilo, ha sobrevivido durante décadas en las profundidades del Atlántico Norte. También conserva los delicados objetos de su interior, que revelan detalles de la vida de su propietaria, una pasajera de tercera clase llamada Marian Meanwell.

“Era una sombrerera de 63 años”, dice Tomasina. “Viajaba a Estados Unidos para estar con su hija, que había enviudado recientemente”.

Entre los recuerdos había una fotografía descolorida, que se cree que es de la madre de Marian Meanwell.

Una fotografía descolorida de una mujer que se cree que es la madre de Marian Meanwell.
Una fotografía descolorida de una mujer que se cree que es la madre de Marian Meanwell.

También había documentación que la pasajera necesitaría para su nueva vida en Estados Unidos, incluida una carta de referencia escrita a mano por su antiguo arrendatario en Londres.

«Siempre hemos considerado que la señorita Meanwell es una buena inquilina y puntual en el pago».

Dentro del bolso también estaba su tarjeta de inspección médica, que todos los pasajeros de tercera clase necesitaban para demostrar que no llevaban enfermedades a Estados Unidos. Sin embargo, este documento maltratado por el agua revela un trágico giro del destino.

Marian Meanwell tenía una reserva en el Majestic, otro barco de la compañía White Star Line. Pero no zarpó, por lo que en la tarjeta aparece tachado Majestic y su boleto muestra que fue trasladada al Titanic, donde se convirtió en una de las 1.500 personas que perdieron la vida durante el naufragio.

“Poder contar su historia y tener estos objetos es realmente importante”, afirma Tomasina. «De lo contrario, ella sólo sería otro nombre en la lista».

Una cartera de cocodrilo y una carta dañada por el agua, ambas propiedad de Marian Meanwell.
Un bolso de cocodrilo y una carta dañada por el agua, ambas propiedad de Marian Meanwell.

– Una colección de perfumes

También se han recuperado de las profundidades objetos que pertenecieron a los sobrevivientes.

Tomasina abre un recipiente de plástico y un olor dulzón y empalagoso llena el aire. «Es muy potente», admite.

En el almacén hay pequeños frascos de perfume. Están sellados, pero su fuerte aroma se escapa, incluso después de décadas en el fondo marino.

“A bordo había un vendedor de perfumes que tenía más de 90 frasquitos de este perfume”, explica Tomasina. Se llamaba Adolphe Saalfeld y viajaba como pasajero de segunda clase.

Se han recuperado frascos de perfumes del área del naufragio.
Se han recuperado frascos de perfumes de la zona donde ocurrió el naufragio.

Saalfeld fue una de las 700 personas que sobrevivieron. Pero como las mujeres y los niños tuvieron prioridad durante la evacuación, algunos hombres que lograron salir del barco quedaron en problemas.

«Ya había fallecido cuando encontramos esto», afirma Tomasina. «Pero tengo entendido que vivió con un poco de culpa, la culpa del sobreviviente«.

– Botellas de champán

En la colección también figura una botella de champán completa, que conserva la bebida en su interior y un corcho en la parte superior.

“Probablemente habría entrado un poco de agua a través del corcho al comprimirlo e igualar la presión. Luego simplemente se quedó en el fondo del océano”, dice Tomasina.

Cuando el Titanic se hundió en 1912, después de chocar contra un iceberg, el barco se partió y todo lo que estaba dentro salió desperdigado y creó un vasto campo de escombros.

Esta botella de champán conserva la bebida y el corcho intactos.
Esta botella de champán conserva la bebida y el corcho intactos.

«Hay muchas botellas en el fondo del océano y también muchas ollas y cacerolas de cocina, porque el Titanic se rompió alrededor de una de las cocinas«, cuenta Tomasina.

A bordo había miles de botellas de champán. El propietario del transatlántico quería que sus pasajeros de primera clase experimentaran lo último en opulencia, con un entorno suntuoso y la mejor comida y bebida.

«Era como un palacio flotante y se suponía que el Titanic era el transatlántico más lujoso«, añade Tomasina. «Así que tener champán, tener un gimnasio, tener todas estas comodidades y estas cosas maravillosas para los pasajeros habría sido muy importante para ellos».

Había un gimnasio dentro del Titanic.
Había un gimnasio dentro del Titanic.

– Remaches reveladores

Cuando chocó contra el iceberg, el Titanic estaba en su viaje inaugural desde Southampton, una ciudad portuaria en el sur del Reino Unido, hacia Estados Unidos.

El barco tenía características de seguridad avanzadas para la época y se decía que era insumergible.

Tomasina nos muestra algunos de los remaches del barco, gruesas piezas de metal que mantenían unidas las vastas placas de acero. Se calcula que había más de tres millones de remaches.

“Cuando el Titanic se hundió, existía la teoría de que tal vez utilizaban materiales de mala calidad y eso fue lo que hizo que se hundiera más rápido”, explica Tomasina.

Imágenes del exterior del Titanic y tres remaches del barco.
mágenes del exterior del Titanic y tres remaches del barco.

Algunos de estos remaches han sido examinados para ver si contienen impurezas.

«Había altas concentraciones de escoria, que es un material similar al vidrio que los hace quizás un poco más quebradizos con el frío», dice.

«Si estos remaches fueran quebradizos y una de las cabezas de los remaches se hubiera soltado más fácilmente, entonces podría haber permitido que la costura se abriera donde golpeó el iceberg y la hiciera más grande de lo que hubiera sido de otra manera».

Tomasina dice que aún queda mucho por aprender sobre cómo se hundió exactamente el barco.

«Podemos ayudar a investigar las teorías, por lo que contribuir a la ciencia y la historia detrás de ellas es algo que estamos muy felices de hacer».

– La división de clases

La vida a bordo del Titanic variaba según las clases sociales, incluso en las tazas y platos en los que bebían y comían.

Una taza blanca de tercera clase era simple y resistente, con un logo de White Star de color rojo brillante. Un plato de segunda clase tenía una bonita decoración floral azul y un aspecto un poco más elegante. Sin embargo, un plato de primera clase estaba hecho de porcelana más delicada. Tenía un borde dorado y, bajo la luz, se podía vislumbrar un intrincado patrón de guirnaldas.

«Ese patrón habría sido coloreado, pero como estaba fijado sobre el esmalte se pudo lavar», dice Tomasina.

Los pasajeros adinerados de primera clase recibieron un servicio de plata para sus comidas, pero en tercera clase la historia fue diferente.

«Los pasajeros de tercera clase probablemente habrían manipulado la vajilla ellos mismos. Sin duda, debía ser mucho más estable y manejable, con mucha más rudeza que la otra vajilla», explica Tomasina.

Las tazas de tercera clase eran sencillas y resistentes. El plato de segunda clase era de porcelana más fina, mientras que el plato de primera clase tenía detalles confeccionados en oro.
Las tazas de tercera clase eran sencillas y resistentes. El plato de segunda clase era de porcelana más fina, mientras que el plato de primera clase tenía detalles confeccionados en oro.

En 1944, un tribunal estadounidense le concedió a RMS Titanic Inc el derecho a ser la única empresa legalmente autorizada para recuperar objetos del sitio. Pero tiene que hacerlo bajo condiciones estrictas: los artículos siempre deben permanecer juntos, no pueden venderse por separado y hay que conservarlos adecuadamente.

Hasta ahora, todos los artefactos han sido recogidos del campo de escombros. Pero recientemente la empresa suscitó polémica al afirmar su deseo de recuperar un objeto del propio barco: el equipo de radio Marconi que transmitió las llamadas de socorro del Titanic la noche del hundimiento.

Una fotografía de la cubierta del Titanic
Una fotografía de la cubierta del Titanic.

Algunos creen que los restos del naufragio son una tumba y deberían dejarse en paz.

«El Titanic es algo que queremos respetar», responde Tomasina. «Queremos asegurarnos de preservar la memoria, porque no todos pueden bajar al Titanic y queremos poder llevar eso al público».

Es posible que pronto se necesite más espacio en las estanterías de este almacén secreto.

La última expedición de la compañía al sitio implicó tomar millones de fotos de los restos del naufragio para crear un escaneo detallado en 3D.

Además de estudiar el estado actual de la sala de radio de Marconi, el equipo también ha identificado objetos entre los escombros que quiere recuperar en futuras inmersiones.

Quién sabe qué encontrarán y qué historias no contadas puede revelar cada artículo sobre el desafortunado Titanic y sus pasajeros.

nuestras charlas nocturnas.


Leyendas de terror: las macabras historias para Halloween que estremecen a países enteros…


Infobae — En cada rincón del planeta, la humanidad ha compartido durante siglos historias de apariciones, rituales y criaturas sobrenaturales. Estas leyendas, algunas macabras y otras escalofriantes, han cruzado generaciones y fronteras, manteniéndose vivas a través de la tradición oral y el misterio que las envuelve. Hoy, cuando Halloween y las festividades en honor a los difuntos invitan a explorar los miedos humanos, estos relatos parecen cobrar aún más fuerza.

Aquí, un recorrido por algunas de las historias de terror más emblemáticas de diversos países:

– Venezuela: La Sayona

La Sayona es una de las leyendas de terror más famosas y arraigadas de Venezuela, especialmente en las zonas rurales y llaneras. Este relato cuenta la historia de una mujer espectral que vaga en las noches, acechando principalmente a hombres infieles y borrachos que se aventuran lejos de sus hogares.

Su aparición suele ser descrita como una figura femenina de gran belleza, que primero atrae a sus víctimas y luego se transforma en una visión aterradora, revelando su verdadero y macabro aspecto. A menudo se la presenta con largos cabellos negros, vestida de blanco, y con una expresión de ira y dolor que hiela la sangre de quienes la encuentran.

– Argentina: la Luz Mala

Es una de las leyendas rurales más extendidas en Argentina, especialmente en las regiones de la pampa y el litoral. La historia cuenta que esta luz misteriosa aparece en los campos durante la noche y, aunque en ocasiones parece inofensiva, trae consigo un mensaje de advertencia o peligro. Según la tradición, se trata de una aparición sobrenatural, una especie de fuego fatuo que flota cerca del suelo, con un brillo azul o verdoso, y que suele verse en lugares deshabitados o cercanos a cementerios y rutas solitarias.

– China: los cadáveres andantes

En las antiguas rutas de China, existía una procesión que podía hacer temblar a quienes la encontraban en plena noche. Era liderada por un hombre que sostenía una linterna blanca y dispersaba papel moneda mientras entonaba una extraña melodía. Tras él caminaba una figura encapuchada y erguida, y, detrás, otra persona guiaba a la siniestra comitiva. Esta figura central, alta y rígida, no era otra que un cadáver.

Conocidos como “cadáveres andantes”, estos encargados cumplían un papel importante: devolver al fallecido a su lugar de origen. En la tradición china, si alguien moría lejos de casa, debía ser enterrado en su tierra natal para evitar que su espíritu se convirtiera en un “fantasma hambriento”. Las familias, entonces, contrataban a especialistas en el arte de transportar a los muertos, en un trayecto que combinaba ritual y misticismo.

En su investigación de esta leyenda, el escritor Liao Yiwu documentó testimonios de aquellos que decían haber visto este ritual, e incluso oyeron que algunos “caminantes” utilizaban un gato negro para generar electricidad estática y hacer “caminar” el cuerpo. Aunque hoy ya no existen registros de estas procesiones, la historia de los caminantes de cadáveres perdura, recordando una de las tradiciones funerarias más enigmáticas de China.

– Francia: la leyenda de San Dionisio

La leyenda de San Dionisio, patrón de París, es una de las más antiguas y aterradoras de Francia. Se dice que en el siglo III, tras ser decapitado por las autoridades romanas en lo que hoy es Montmartre, el cuerpo de San Dionisio recogió su cabeza y caminó unos seis kilómetros hasta el pueblo de Saint-Denis, donde finalmente cayó al suelo.

San Dionisio, considerado el primer obispo de París, sufrió torturas por su fe y se convirtió en un símbolo de devoción. Hoy en día, su imagen decapitado y sosteniendo su cabeza aparece en esculturas y representaciones, incluyendo una estatua en Montmartre. En la actual ciudad de Saint-Denis, donde se encuentra la famosa basílica que lleva su nombre, esta leyenda continúa siendo una parte central de la historia y la religiosidad de la región.

– Mongolia: el gusano de la muerte

Bajo las vastas arenas del desierto de Gobi se esconde, según la leyenda, un temido ser conocido como el Gusano de la Muerte de Mongolia. Esta criatura, de unos 60 centímetros de largo y sin extremidades, tiene la capacidad, según se dice, de liberar un veneno letal e incluso de matar a distancia a través de una descarga eléctrica.

El mito del gusano se popularizó en 1926 cuando el explorador estadounidense Roy Chapman Andrews relató la historia en su libro tras una expedición a Mongolia. Aunque ni él ni su equipo lograron verlo, la descripción de la criatura como un gusano en forma de intestino y de color rojo oscuro llamó la atención de exploradores y científicos. A pesar de los intentos por encontrar alguna prueba de su existencia, el Gusano de la Muerte permanece como un enigma en el folclore mongol.

Francia: la leyenda de San Dionisio

– Brasil: Bárbara dos Prazeres

En el Río de Janeiro colonial, a finales del siglo XVIII, una mujer llamada Bárbara dos Prazeres ganó notoriedad por su belleza y por los oscuros rumores que la rodeaban. Se dedicó al trabajo sexual en el Arco de Teles, donde se relacionó con figuras de la alta sociedad de la época. Sin embargo, con el paso de los años y el deterioro de su salud, Bárbara comenzó a realizar prácticas siniestras en busca de juventud.

El relato, cargado de elementos macabros, afirma que Bárbara se volvió tan desesperada que comenzó a usar sangre de bebés abandonados en una institución de la época. A pesar de que no hay registros oficiales que confirmen su existencia, la leyenda asegura que su espíritu todavía vaga por las oscuras calles del Arco de Teles, donde se dice que continúa buscando sangre para saciar su inquietante sed de juventud.

– Nigeria: Madam Koi Koi

En las escuelas internado de Nigeria, pocas historias han sido tan perturbadoras para los estudiantes como la de Madam Koi Koi. Esta leyenda urbana narra la historia de una mujer que camina por los pasillos en las noches, con el eco de sus zapatos rojos resonando, un inquietante “koi koi” que da nombre a su historia.

La leyenda de Madam Koi Koi carece de un origen definido, pero se cree que era una profesora que falleció poco después de ser despedida y que, desde entonces, regresa en busca de venganza. Estudiantes de distintas escuelas afirman haber oído sus pasos y, en algunos casos, los dormitorios han sido cerrados para evitar cualquier encuentro con el espectro.

– Reino Unido: el Talbot Hotel y el fantasma de María, reina de Escocia

En Oundle, un antiguo poblado del Reino Unido, se encuentra The Talbot Hotel, un lugar que guarda entre sus muros una escalera legendaria. Esta misma escalera, según se dice, fue descendida por María, reina de Escocia, camino a su ejecución en 1587. Décadas después, la estructura fue trasladada al hotel desde el castillo de Fotheringhay, donde María fue decapitada.

Los visitantes y trabajadores del hotel han reportado avistamientos de una figura espectral vestida de blanco o negro en las escaleras. Algunos aseguran haber escuchado sollozos en la madrugada, atribuyendo estos sonidos al alma de la reina escocesa. The Talbot Hotel, conocido por su atmósfera histórica, se ha convertido en un destino popular para quienes buscan vivir experiencias paranormales en un entorno cargado de historia.

– Indonesia: apariciones en el sitio del accidente de tren de Bintaro

En Indonesia, el accidente de tren de Bintaro en 1987 dejó una cicatriz profunda en la memoria del país, cobrando la vida de 139 personas en un choque frontal entre dos trenes. Desde entonces, historias sobre apariciones espectrales en la zona han surgido, describiendo figuras con ropas ensangrentadas deambulando cerca de las vías.

La tragedia dejó una huella imborrable en la zona, y los residentes creen que los espíritus de aquellos que murieron en el accidente aún rondan el lugar. En 2013, otro accidente en el mismo sitio reforzó las leyendas de que las vías de Bintaro están malditas. La historia de estas apariciones ha cobrado tal relevancia que muchas personas consideran que la tragedia aún no ha liberado a las almas atrapadas en aquel siniestro.

Indonesia: apariciones en el sitio del accidente de tren de Bintaro

– Japón: Yotsuya Kaidan, la venganza de Oiwa

Una de las historias de fantasmas más conocidas de Japón es Yotsuya Kaidan, un relato sobre la traición y el poder del rencor eterno. Oiwa, la protagonista, es una mujer que tras ser envenenada y desfigurada por la amante de su esposo, muere y regresa como un espectro para perseguirlo. La imagen de Oiwa como un espíritu vengativo ha sido representada en el teatro Kabuki y en varias películas, consolidando su lugar en la cultura japonesa.

El mito de Oiwa sigue siendo poderoso, explorando temas como el amor y la traición. Su historia ha perdurado no solo como una advertencia, sino como una reflexión sobre los sentimientos humanos y las consecuencias de la injusticia.

– Kenia: el ogro de las colinas de Ngong

En la tradición Maasai de Kenia, existe una historia sobre un ogro que solía atacar aldeas para robar ganado, la fuente de riqueza y sustento de la comunidad. Sin embargo, este monstruo encontró su fin cuando se enamoró de una mujer Maasai llamada Sanayian, quien reveló su verdadera identidad a los guerreros de su pueblo. Aprovechando este momento de vulnerabilidad, los guerreros emboscaron y mataron al ogro.

La leyenda sostiene que los cinco picos de las colinas de Ngong, ubicadas en las afueras de Nairobi, representan los dedos del ogro caído. Hoy en día, estas colinas son un popular destino de senderismo, pero para los Maasai, el lugar sigue teniendo un significado profundo que conecta a las generaciones actuales con sus raíces ancestrales.

– Filipinas: la dama de blanco de Balete Drive

En la ciudad de Manila, Filipinas, Balete Drive es una calle envuelta en misterio, donde según la leyenda, se aparece una “dama de blanco” que causa escalofríos a quienes transitan por allí de noche. Los relatos de esta figura femenina, de largos cabellos y un vestido blanco, han sido contados y recontados desde la década de 1950.

Se dice que esta figura aparece especialmente ante los taxistas que recorren la calle en altas horas de la noche, pidiendo un viaje para luego desaparecer misteriosamente del asiento trasero. Aunque su origen es incierto, la leyenda ha inspirado películas y es motivo de precaución para quienes circulan por Balete Drive durante la madrugada.

– Hungría: La novia de mármol en Budapest

En una de las avenidas arboladas de BudapestHungría, una figura inusual observa desde un balcón de piedra: la estatua de una mujer con una expresión melancólica, conocida como la “novia de mármol”. Según la leyenda, la figura representa a una joven que esperó en vano a su amado, quien nunca regresó de la guerra.

Una versión de la historia dice que el esposo, tras regresar y hallar a su esposa muerta, mandó esculpir la estatua en su honor. Otra versión asegura que la joven se convirtió en piedra esperando eternamente a su amor. Este enigmático monumento sigue capturando la atención de los transeúntes, quienes no pueden evitar sentir la tristeza que emana de esta escultura.

nuestras charlas nocturnas.


Cómo era la vida en los monasterios medievales…


Imagen de Li livres dou santé de Aldobrandino de Siena, finales del siglo XIII.
Imagen de Li livres dou santé de Aldobrandino de Siena, finales del siglo XIII.

Jesús salió de la casa y vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. (Lucas 5, 27-28)

JotDown(J.Bilbao)/National Geographic(J.L.Arribas) — La novela El nombre de la rosa y su excelente adaptación al cine tenían muchos atractivos y no fue el menor de ellos la manera en que supieron acercarnos a un mundo tan enigmático y lejano como el de una abadía medieval. El scriptorium, la sala capitular, los maitines, la tonsura, los fraticelli… todo ese microcosmos que para los comienzos del siglo XIV ya era tan alambicado y sutil tuvo un origen mucho más sencillo, con aquellos primeros cristianos ascéticos que quisieron seguir el ejemplo de los apóstoles y dejarlo todo atrás ante la llamada de la fe.

En torno a los siglos III y IV en el Bajo Egipto comenzaron a recorrer el desierto unos peculiares monjes solitarios llamados eremitas que renunciaban al dinero, a la familia y los amigos y a las comodidades, a la vida en su conjunto, para abrazar la pobreza y la soledad en la que esperaban encontrarse a Dios y alcanzar la vida eterna.

Uno de ellos fue san Antonio, que a los veinte años lo vendió todo y se fue a dormir a un sepulcro, únicamente acompañado de animales. De hecho se le atribuye el haber curado mágicamente la ceguera a un jabalí. Que no es que sea el milagro más portentoso de la historia, pero oye, tiene su mérito.

Otro fue Simeón el Estilita, que estuvo treinta y siete años viviendo en lo alto de una columna, lo que no sabemos si le abriría las puertas del cielo, pero al menos alcanzó la fama inmortal gracias a esa película tan graciosa que le dedicó Buñuel. Por su parte san Onofre decidió no cubrirse por otro vestido que una luenga barba con la que se tapaba y a modo de calzoncillos unas hojas de parra.

Desde entonces surgieron en diversas fechas y lugares abstinentes que parecían competir por ver quién vivía con más renuncias, de una manera que en cierta forma evoca a los Monty Python en aquel sketch sobre los viejos tiempos. Así, Romualdo se pasó un año comiendo garbanzos, pero Aero hubiera considerado eso un lujo intolerable, dado que intentó alimentarse únicamente a base de nieve.

Algunos permanecían siempre erguidos, sin protegerse de las inclemencias del tiempo, y parte de ellos incluso sobre un solo pie. Frente a los ermitaños que vivían al aire libre disfrutando de la contemplación del paisaje, un paso más allá estaban los ermitaños reclusos. Permanecían encerrados en una habitación tan pequeña que a veces no podían tumbarse en ella y no disponían de ninguna ventana salvo un agujero en el techo.

Cómo se vivía en los monasterios medievales?

No obstante vivir solo no deja de ser un privilegio, así que Pedro de Gálata consideró mejor martirio compartir su habitación junto a un «poseído por el demonio» que probablemente no fuera más que un loco. Pero las construcciones humanas son signo de comodidad, así que Adhegrino estuvo treinta años viviendo en una cueva de la que solo salía los domingos.

Para ir al monasterio, ojo, no por vicio. Salamanes en cambio no era partidario de tales lujos y vivía más modestamente en un agujero en el suelo junto al Éufrates, en tanto que Acepsimas optó por algo aún más austero y pequeño: qué mejor vivienda que el hueco de un árbol.

Mientras tanto, los teóricos de la Iglesia partiendo de la premisa de que cuanto mayor es la renuncia mayor es la virtud llegaron a la conclusión de que el martirio era la mejor opción imaginable… y que por tanto evitarlo era la renuncia suprema, y pasaba a ser entonces una virtud aún más deseable.

Aunque por mucho que rivalizasen por llegar un poco más lejos que el resto, por rizar aún más el rizo, estos hipters del ascetismo presentaban además otro inconveniente. No eran auténticamente pobres dado que no habían renunciado al más valioso don de un ser humano: su libre albedrío.

Los cenobitas, que surgieron poco después que los eremitas, eran unos monjes que contaban con la ventaja sobre estos de vivir en comunidad, sometidos a un voto de obediencia que los hacía menos libres y por tanto también más santos. Quien vendría a darles la organización y el funcionamiento que caracterizarían a los monasterios fue san Benito.

Nacido a finales del siglo V en lo que actualmente es Italia, llegó a ser el autor de los principios fundacionales de los monasterios cristianos, llamados en honor a su nombre la Regla de Benito. Sus ideas al respecto se basaban en buena parte en autores previos, aunque él las desarrolló y las aplicó al fundar un monasterio que alcanzaría un gran renombre no solo por motivos religiosos, la abadía de Montecasino.

Ese fue el lugar en el que muchos siglos después se atrincherarían las tropas nazis en una de las batallas más encarnizadas de la Segunda Guerra Mundial, lo que supondría por desgracia la completa destrucción de un edificio de incalculable valor histórico. Una de tantas pérdidas que tuvieron lugar en esta guerra.

Monje defendiéndose a garrotazos de los demonios dibujado en los Decretos de Smithfield, año 1300.
Monje defendiéndose a garrotazos de los demonios dibujado en los Decretos de Smithfield, año 1300.

Pero como diría Adso no nos detengamos demasiado en los marginalia y volvamos al hilo del relato. Los monasterios creados desde entonces siguiendo este modelo de san Benito se llamaron «benedictinos», aunque dada la extensión tanto geográfica como temporal en que iban apareciendo resultaban poco uniformes.

Lo que cambiaría a partir de la fundación a comienzos del siglo X en Cluny de una abadía que serviría de modelo. Sería la regla cluniacense. Dentro de la aversión más o menos subterránea que tradicionalmente ha existido en el cristianismo por el comercio, el dinero y el capitalismo en su conjunto, uno de los principios fundamentales sobre los que debía sustentarse la vida monacal era el voto de pobreza.

No solo debían desprenderse de todas sus posesiones personales al ingresar, sino que en él no debían acumular ninguna otra. Todos los bienes eran comunitarios, si bien la riqueza colectiva del monasterio y de la Iglesia en su conjunto sí estaba permitida, aunque ello diera lugar a innumerables disputas teológicas en torno a la pobreza de Cristo y a condenas por herejía a los discrepantes, como era el caso de los fraticelli que menciona en su novela Umberto Eco.

Así que junto al voto de obediencia, pobreza, castidad, humildad y penitencia se estableció también el voto de silencio y a diferencia de lo establecido por la Regla de Benito el trabajo dejó de valorarse como remedio contra la ociosidad, que ya se sabe que es la madre de todos los vicios. En su lugar ganaron peso la espiritualidad y la ceremonia, dando pie al canto gregoriano. La posterior llegada de la Orden de Císter recuperaría sin embargo ese valor del trabajo y rebajaría el voto de silencio.

Aunque en general las reglas eran comunes en bastantes aspectos para monjes y monjas e incluso llegó a haber centros en los que estaban juntos pero no revueltos, con una sección masculina y otra femenina, Idungo de Prüfenig explicaba que la clausura debía ser más estricta para estas últimas dado que «el sexo femenino tiene cuatro grandes enemigos. Dos en sí mismo, a saber la concupiscencia carnal y la curiosidad propia de su ligereza.

Otros dos están fuera, y consisten en el temerario apetito de placer de los hombres y en la muy perniciosa envidia que impulsa al demonio a hacer el mal». Es decir, que respecto a los monjes no era frecuente que alguna mujer saltara los muros para retozar con ellos, pero a la inversa sí podía ser más probable.

De hecho uno de los cuentos del Decamerón gira en torno a una situación así, sobre un convento en el que entraba un joven hortelano fingiéndose mudo y aprovechándose de la circunstancia todas quisieron catarlo.

Cómo se vivía en los monasterios medievales?

Para evitar esa clase de excesos el reglamento imponía una serie de castigos a los monjes que iban desde los tres años a base de pan y agua por caer en la masturbación, la fornicación o el bestialismo, hasta los diez por la homosexualidad o el asesinato. Además se sancionaba con tres días de excomunión a quien tuviera una polución nocturna y no se lo comunicara al abad.

Un monasterio podía estar formado por unos setenta monjes aproximadamente, si bien aquellos que no eran autosuficientes terminaban generando en su entorno una economía a escala con empleados a su servicio y finalmente llegar a convertirse en un núcleo de población.

Su interior estaba organizado en diferentes estancias, tal como recordará todo aquel que haya jugado a La abadía del crimen, como por ejemplo la sala capitular, donde se celebraban las reuniones y se confesaba o se acusaba a los demás por alguna falta cometida.

Aunque sin citar su nombre, que hay que señalar el pecado pero no el pecador. También solían contar con una enfermería, a la que llamaban «puertas del cielo», demostrando así que no tenían muchos remedios medicinales a su alcance pero sí un agudo humor negro.

Precisamente uno de sus principales remedios para la salud eran las sangrías, ideales para prevenir toda clase de males, desde la viruela hasta las hemorroides. Se realizaban a cada monje en algunos casos hasta una vez al mes y tenían para ello una sala específica llamada minutorio.

Existía todo un ritual para llevar a cabo la sangría que incluía un buen banquete con toda clase de manjares para que el afectado repusiera fuerzas tras la operación, quizá por eso se hacían con tanta frecuencia. Aunque respecto a la comida no puede decirse en general que llevasen una vida de excesiva renuncia.

La Regla de Benito desaprobaba la glotonería y establecía que todos los monjes debían ser cocineros, por turnos, así como que debían servirse dos platos para que los comensales pudieran escoger el que les gustase, al que luego se añadía unas frutas como postre. Había días de ayuno como penitencia pero lo más interesante era lo relacionado con la bebida.

«El vino hace claudicar hasta a los más sensatos» advierte la Regla mientras desaconseja caer en la embriaguez; sin embargo numerosos monasterios llegaron a convertirse en destacados productores de vino y cerveza, en los que se llegaba a ingerir en ciertos casos hasta diez litros diarios por persona. Cabe suponer que vivirían en un perpetuo estado de espiritualidad y alegría divina.

Monasterio de Moreruela, en Zamora, imagen de Tamorlan (CC)
Monasterio de Moreruela, en Zamora, imagen de Tamorlan

El mencionado voto de pobreza no estaba reñido con la buena apariencia y mantenían unas rigurosas costumbres en su higiene personal de manera que, hiciera falta o no, cada sábado se lavaban los pies. Además cada día, antes de tercia, se cambiaban coquetamente el calzado y se limpiaban las manos mientras que una vez por semana, en un día variable según el monasterio, tocaba afeitarse.

No todos estaban de acuerdo en esto e incluso un tal Burcardo de Bellevaux llegó a escribir en el siglo XII una Apología de las barbas, un libro que lamentablemente no hemos tenido ocasión de leer pero seguro que era muy interesante.

Respecto al corte de pelo que les proporcionaba esa característica calva, conocido como tonsura, variaba tanto en su estilo —celta, romano o griego (rapado)— como en la frecuencia, desde los quince días a las tres semanas. Sobre la ropa y complementos, según la Regla se debía proporcionar a los hermanos «cogulla, túnica, escarpines, calzado, ceñidor, cuchillo, estilete, aguja, pañuelo y tablillas ».

Respecto al mencionado voto de silencio, no solo favorecía la introspección y la elevación del espíritu tan características de la experiencia religiosa, además como seres sociales que somos renunciar al placer de la charla y la conversación es también uno de los mayores sacrificios que pueden realizarse y por tanto da más puntos de santidad.

Pero la convivencia requiere inevitablemente un mínimo de comunicación y fue desarrollándose una lengua de signos. En algunos monasterios llegaron a contar con un lenguaje con las manos que abarcaba nada menos que cuatrocientos setenta signos distintos, que por tanto podía suplir con bastante solvencia a la lengua hablada.

Economía de Monasterios Medievales: Análisis Clave

¿Qué sentido tenía entonces el voto de silencio? Algo parecido pasaba en ocasiones con la flagelación, una práctica recomendada y habitual pero que algunos ejercían con colas de zorro, para no hacerse daño.

Lo que me recuerda el caso ya de nuestra época de una chica que, según me contaron, siguiendo las consignas de las monjas del centro en el que estudiaba se metía garbanzos en los zapatos como forma de martirio, pero se los metía ya cocidos porque los otros estaban duros y dolían, decía.

Por último, un aspecto fundamental de la vida en estos lugares fueron los horarios. El monasterio aspiraba a ser una Ciudad de Dios agustiniana a escala, un pequeño espacio de orden, sosiego y regularidad en una época de incertidumbre y violencia. Eso se aplicó a la distribución del espacio, del trabajo y también, en lo que terminaría adquiriendo una gran importancia, del tiempo.

Las horas canónicas en las que san Benito estableció la distribución del día según los rezos fueron maitines (medianoche), laudes (3:00), prima (6:00), tercia (9:00), sexta (12:00), nona (15:00), vísperas (18:00) y completas (21:00). El historiador JacquesLe Goff señaló que esta racionalización del tiempo terminaría transmitiéndose a toda la población, sentado así las bases del desarrollo de la economía burguesa y, en último término, de la modernidad.

Pero no fue ni mucho menos el único legado de esta institución que debía ser «bastón de los ciegos, despensa de los hambrientos, esperanza de los desgraciados, consuelo de los afligidos».

También, en su labor bibliotecaria, conservaron el legado cultural de la antigüedad clásica (exceptuando el tratado sobre comedia de Aristóteles, naturalmente) y por si lo anterior no fuera ya más que suficiente, encima inventaron o mejoraron la mayoría de las bebidas alcohólicas que conocemos, desde el champán hasta el whisky ¿Se les puede pedir más?

– Un día en la vida de un monasterio medieval

Santa Maria de Poblet. Fundado a instancias del conde Ramón Berenguer IV de Barcelona a inicios del siglo XI, este monasterio tuvo cincuenta monjes en su época de esplendor, los siglos XII y XIII.

Los primeros grupos de cristianos que decidieron llevar una vida en común al margen del mundo nacieron en el Oriente del Imperio Romano, en el siglo IV. Esta forma de vivir el cristianismo no tardó en difundirse por Europa occidental, donde surgió el personaje considerado el padre del monasticismo europeo: Benito de Nursia (480-547). 

La orden benedictina, subdividida a partir del año Mil en dos grandes ramas, la cluniacense y la cisterciense, ejercería un gran influjo sobre las otras órdenes que se desarrollaron en la Edad Media, como la cartujana, las mendicantes (franciscana, dominica), la jerónima, los canónigos regulares (que seguían la Regla de San Agustín) o incluso las órdenes militares (templaria, hospitalaria, de Calatrava, de Santiago…). 

Los monjes medievales hicieron de los monasterios no sólo un centro de religiosidad y de intercesión con el más allá, sino un mundo autónomo que representaba el propio universo. Desde las construcciones impulsadas por la orden benedictina de Cluny en el siglo X, los monasterios tendieron a ser autosuficientes y funcionaron como pequeñas ciudades.

Su centro de gravedad era la iglesia monástica, donde se administraba la Palabra y se desplegaba un programa iconográfico que había de extasiar y educar a quienes tuvieran acceso a él. 

– Pequeños mundos

En torno a la iglesia se crearon enormes complejos arquitectónicos compuestos de múltiples edificios, unidos por diversos claustros o patios, tierras de labor y construcciones auxiliares de uso agropecuario, todo rodeado por la necesaria cerca que los aislaba del exterior.

Este detalle de la decoración del Cappellone de la basílica de San Nicolás, en Tolentino, muestra a un grupo de monjes agustinos durante la oración. Obra del Maestro de Tolentino. Siglo XIV.

Esas grandes dimensiones se justificaban por la necesidad de acoger a importantes concentraciones de personas, a veces hasta trescientas, que además de los monjes o monjas propiamente dichos incluían a conversas o conversos (como se llamaba al personal religioso que no había hecho todos los votos necesarios) y un amplio conjunto de sirvientes, que iba desde administradores hasta lavanderas, mozos de cuadra, agricultores o artesanos de todo tipo.

Esta muchedumbre hacía posible la actividad primordial de un monasterio: la religiosa. En efecto, la dedicación a la oración era lo que definía la forma de vida monástica (la del clero regular, es decir, sujeto a una regla), o al menos así lo sostenían los monjes en su pugna histórica frente a su competidor en la empresa de salvar almas: el clero secular (el que vivía en el siglo, es decir, en el mundo, fuera del monasterio). 

En la práctica, los monasterios medievales tuvieron intereses materiales tan poderosos como los del resto de la Iglesia católica. Recibían rentas, diezmos y derechos sobre explotaciones agrarias e industriales, y a menudo ejercían poderes jurisdiccionales sobre las poblaciones de su entorno, hasta ser incluso jueces «de horca y cuchillo», esto es, con autoridad para imponer la pena capital.  

Adoración de la Virgen por parte de los monjes. Miniatura de las Cantigas de Santa María.

Los monjes buscaban llevar a la práctica una de las máximas aspiraciones del cristianismo desde sus orígenes: «Orar sin cesar», como había establecido san Pablo. Dada la dificultad de un rezo ininterrumpido, los monjes siguieron la práctica –ya establecida entre las comunidades cristianas primitivas– de concentrar las plegarias en momentos concretos de la jornada. 

Para ello siguieron una división horaria heredada de la Antigüedad, según la cual el día se dividía en 24 horas iguales, agrupadas a su vez en dos mitades, las horas del día y de la noche. Las horas del día se contaban desde la salida a la puesta del sol, yendo así desde la primera (el amanecer) a la duodécima (el crepúsculo), con la hora sexta justo en mediodía.

Los antiguos, además, subdividían la jornada en tramos de tres horas. Así se desarrolló la costumbre de rezar cada tres horas: en la hora prima, la tercia, la sexta, la nona y la de vísperas (el crepúsculo). En el siglo VI, san Benito de Nursia convirtió esas horas en «horas canónicas» y las estableció tal y como las conocemos en su Regla.

Claustro del monasterio románico de Silos, construido entre los siglos XI y XII.

Las horas canónicas estaban jerarquizadas según su importancia. Así, las horas comprendidas entre prima y nona (el amanecer y la tarde), ambas inclusive, constituían las «horas menores», también llamadas diurnas. El resto componían las «horas mayores» o nocturnas, los servicios de mayor duración e importancia: vísperas, completas, maitines y laudes. 

Las ocho horas canónicas que se rezaban en los monasterios se concebían como una progresión de la oscuridad hacia la luz, en una clara metáfora de la salvación a través de la gracia divina. El ciclo se iniciaba con las vísperas (a la puesta del sol), seguían las completas y los maitines (durante la noche), las laudes (por lo común rezada al amanecer) y luego se reanudaba el ciclo con las horas diurnas, ya mencionadas.

– Empieza la jornada

Gracias a diversas fuentes, entre ellas las llamadas consuetudines o costumarios, que detallan las obligaciones diarias de quienes ingresaban en un determinado monasterio, es posible conocer cómo se desarrollaba la jornada en los monasterios benedictinos entre los siglos XI y XIII. Los monjes dormían en un dormitorio común, con camastros corridos. 

El italiano Perineto da Benevento realizó para la iglesia de San Giovanni a Carbonara, en Nápoles, unas Escenas de vida eremítica a las que pertenece esta imagen.

Entre las dos y las tres de la madrugada, dependiendo de la estación, un monje –que se había quedado despierto o que disponía de un reloj mecánico que funcionaba a modo de despertador– hacía sonar la campana que convocaba a sus compañeros al primer oficio de la jornada. De inmediato todos se dirigían al coro de la iglesia para celebrar los maitines, los oficios más complejos y extensos. 

La asistencia a los oficios era ineludible, empezando por el que se celebraba a la hora más intempestiva, los maitines. Muchos monjes tenían miedo de quedarse dormidos. En el siglo XI, el monje Raúl Glaber contaba que una madrugada lo visitó el diablo y lo tentó aconsejándole que se quedara en la cama. «¿Por qué saltas tan rápido de la cama en cuanto has escuchado la señal? Podrías entregarte todavía un poco a la dulzura del descanso, al menos hasta la tercera señal». 

Este bajorrelieve, del siglo XII, labrado por el Maestro de Cabestany, forma parte de la decoración del monasterio catalán de Sant Pere de Rodes.

Otro problema era el de mantenerse despierto durante el oficio de maitines o el que seguía, el de laudes. Según las costumbres de Cluny, durante la celebración un monje deambulaba por el coro con una lámpara para asegurarse de que todos estaban despiertos, y si veía a alguno adormilado se acercaba y movía la vela delante de su cara para despertarlo.

En algunos períodos del año, tras rezar las laudes los monjes volvían al dormitorio a descansar hasta que las campanas los despertaban al amanecer. Con todo, la tendencia en los monasterios fue a espaciar los oficios nocturnos para no interrumpir demasiado el necesario sueño.

Nada más levantarse al alba, los monjes realizaban el servicio de prima. Los oficios diurnos eran más breves que el resto e incluso no había obligación de asistir al coro, pues se podían realizar individualmente, interrumpiendo el trabajo que en ese momento se estuviera haciendo.

Entre prima y tercia había un período que los monjes aprovechaban para ponerse el calzado diario, lavarse las manos y la cara –el baño integral se reservaba para las ocasiones especiales, no más de tres al año, lo mismo que el afeitado– y realizar diversas tareas antes del siguiente oficio, el de tercia. Inmediatamente después de ésta se celebraba una misa matutina.

– Tiempo de debate

Después de la misa, todos los monjes se reunían en el capítulo. Sentados en sitiales (asientos pegados a la pared) y bajo la presidencia del abad o el prior, los monjes escuchaban la lectura de una lección o un capítulo de la regla, discutían las cuestiones económicas que los afectaban a todos y examinaban las faltas de disciplina que hubiera cometido alguno de ellos. 

Monjes orando en un manuscrito italiano del año 1500. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

El ambiente no era siempre de serenidad monástica, si hemos de creer lo que decía un cisterciense de sus rivales cluniacienses, quienes aprovechaban el capítulo para «aplicarse a las distracciones y al parloteo. Se sientan –pues se demoran tanto tiempo en el capítulo que no podrían permanecer de pie– y todo el mundo habla con todo el mundo de cualquier cosa.

Las habladurías vuelan en un sentido y luego en otro y como todos hablan con su vecino se produce una formidable algarabía como entre los habituales de una taberna o en medio de un tugurio lleno de borrachos.

A veces se ponen a gritar en la sala capitular, uno se precipita sobre el que le ha dicho una mala palabra durante la conversación, de la disputa se pasa a las amenazas y los insultos, hasta que se hace necesario golpear sobre la mesa para convocar la asamblea de los monjes a un segundo capítulo».

Reloj por Paolo Uccello. Siglo XV. Catedral de Florencia.

Tras el capítulo, y hasta la hora sexta (mediodía), los monjes se dedicaban al trabajo en aplicación del célebre lema benedictino: ora et labora, «reza y trabaja». La tendencia fue que los trabajos manuales más duros o rutinarios los ejecutaran sirvientes laicos, mientras que los monjes desempeñaban los servicios comunitarios según los oficios que les correspondían en el monasterio, generalmente rotatorios. 

Por ejemplo había claveros encargados de vigilar las puertas del monasterio, cantores que enseñaban música y dirigían el canto en los oficios, cillereros o administradores de la despensa, enfermeros, refitoleros que organizaban el refectorio o comedor, obreros o fabriqueros que estaban al tanto de las obras, etcétera. Otros realizaban tareas intelectuales, como la escritura o copia de libros en el scriptorium. 

– El yantar de los monjes

Tras el oficio de sexta, a mediodía, se celebraba la segunda misa del día. A continuación, los monjes se reunían en el refectorio para tomar la comida principal de la jornada, el yantar, pues además del alimento espiritual, era necesario el físico. La comunidad religiosa realizaba dos comidas diarias. 

Monjes comiendo. Escena de la vida de san Benito. Fresco de la abadía de Monte Oliveto Maggiore, en Italia.

Así, el capítulo XLI de la Regla de San Benito establece que durante la Pascua los monjes comerán a mediodía (hora sexta) y cenarán al anochecer (hora de vísperas); en cambio, desde Pentecostés hasta el final del verano, los miércoles y viernes no se probará bocado hasta la tarde (hora nona), y el resto de los días se comerá al mediodía; desde mediados de septiembre hasta el principio de la Cuaresma comerán por la tarde, y durante la Cuaresma se ayunará, rompiendo la privación en la cena, que tendrá lugar al anochecer. 

Monje bebiendo de un tonel. Manuscrito del siglo XIII, Biblioteca Británica.

Los monjes tenían estipulada una cantidad moderada de vino (mezclado con agua) que podían tomar al día, pero no las monjas, a quienes se les prohibía por la asociación misógina de las mujeres con las bajas pasiones. Lo que no se permitía –así lo afirma a comienzos del siglo XII el monje y filósofo Pedro Abelardo– era el consumo de vino puro, mezclado con miel o bien condimentado con especias como la canela, «preparados» que se dejaban a los enfermos.

Esta dieta, que llegó a ser insana, se vengó en forma de gota, enfermedad relativamente frecuente ente los monjes, pero no entre las monjas.

Tras el almuerzo, los monjes podían echar una siesta, especialmente en verano, antes de realizar el oficio de nona, al que seguía un nuevo período dedicado al trabajo o el estudio.

Los monjes podían aprovecharlo para dar un paseo por el claustro o ir a su celda, un espacio que no se usaba para dormir –ya hemos visto que había un dormitorio común–, sino para realizar las obligaciones particulares que precisaban recogimiento o bien para leer.

Colegiata de San Isidoro de León, iniciada en 1063 por Alfonso V y terminada en el siglo XII.

A la puesta del sol se celebraba el oficio de vísperas, más largo que los anteriores. La jornada concluía, ya de noche, con el servicio de completas, tras el que los monjes se encaminaban al dormitorio para descansar unas horas antes de que la campana los volviera a despertar en plena madrugada para una nueva jornada de oración, trabajo y estudio. 

nuestras charlas nocturnas.


El fin del mundo de 1524…


El fin del mundo de 1524

The Objective(L.Reyes) — Veinte mil personas abandonaron Londres en febrero de 1524, buscando terrenos elevados, lo que no es tan fácil de encontrar en la llana Inglaterra. Huían de una inundación anunciada por astrólogos y geógrafos, un nuevo Diluvio Universal que supondría el fin del mundo. Pero las lluvias apocalípticas no llegaron y, según los registros históricos, 1524 resultó ser un año de sequía en Inglaterra. ¡El mundo se había salvado! Como siempre.

Desde la aparición del Cristianismo y su difusión por el Imperio Romano ha existido la idea de un regreso de Jesucristo a la Tierra, la llamada Parusía, palabra griega que significa «venida» o «llegada». Ese acontecimiento traerá el Juicio Final y, por tanto, el final del mundo material. 

No es necesariamente un final traumático, para los justos abrirá las puertas del Cielo, aunque a menudo se ha supuesto precedido de catástrofes y calamidades, entre otras cosas la venida del Anticristo, figura diabólica con la que se han asociado muchos personajes históricos considerados nefastos por los cristianos, desde Mahoma a Napoleón.

En la Alta Edad Media española tenemos un monumento cultural, los soberbios manuscritos iluminados del Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana, donde este monje de un monasterio de los Picos de Europa anunciaba la Parusía para el 6 de abril del año 793. Pero Beato de Liébana es solamente uno más de una legión de profetas del fin del mundo, que incluía incluso papas.

Con la llegada del año 1000 de la Era Cristiana se exacerbaron las creencias en la Parusía, y surgieron los movimientos milenaristas, fenómenos de histerismo de masas, que se entregaban a los dos extremos de la penitencia o el desenfreno y que provocarían disturbios y agitaciones sociales.

Cuando pasó el año 1000 sin que se terminase el mundo, los milenaristas fueron dándose nuevos plazos. Puede decirse que al fin quedaron satisfechos en el siglo XIV, cuando entre las décadas de 1340 y 1350 se produjo la Peste Negra. Casi, casi fue el fin del mundo, porque en Europa murieron entre 20 y 60 millones de personas, lo que en su cálculo más pesimista supondría un 80 por 100 de la población.

Pero tras las obscuridades de la Edad Media llegó el Renacimiento, la recuperación de la cultura y la civilización clásicas, lo que permitiría el desarrollo de la llamada nueva ciencia, iniciada a principios del siglo XVI por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico y su De revolutionibus orbium coelestium (Revoluciones de los orbes celestes), y que alcanzaría su esplendor en el XVII con Newton y sus Philosophiæ naturalis principia mathematica (Principios matemáticos de la Filosofía natural).

En este ambiente ambiguo, entre la magia medieval y la nueva ciencia, cuando los alquimistas se iban convirtiendo en químicos y los astrólogos en astrónomos, se movían los que anunciaron el fin del mundo para 1524. Porque no hablaban de Parusía ni de Anticristo, sino de un fenómeno natural, una inundación generalizada. No estaban muy lejos de los que ahora nos sobrecogen anunciando que el calentamiento global derretirá los Polos, y el agua engullirá nuestras ciudades costeras y hará desaparecer países insulares.

El científico y clérigo alemán Johannes Stoeffler predijo un diluvio universal que acabaría con la humanidad previsto para el 25 de febrero de 1524

– Conjunción astral

Lo más curioso es que esa gran inundación fue predicha a la vez en varias partes de Europa. El desencadenante fue un hecho científico, la alineación en el firmamento del Sol con Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. 

El pasado mes de agosto, en la noche del 27 al 28 se produjo en nuestro cielo una alineación parecida, aunque se añadieron Urano y Neptuno, que no se podían ver con los medios ópticos del siglo XVI, y la prensa daba consejos de cómo observarlos, para disfrutar de un espectáculo de la noche veraniega.

Pero en siglos pasados se creía que estas conjunciones astrales tenían influencia sobre los fenómenos de la naturaleza, e incluso sobre nuestro destino. Todavía hoy existe mucha gente adepta a los horóscopos, que nos predicen si vamos a encontrar un amor o nos van a echar del trabajo basándose en los movimientos de los astros.

Volviendo al pánico que se propagó en Inglaterra, lo exacerbó aún más la llegada desde Italia de un vaticinio similar al de los astrólogos reunidos en Londres. Basándose en la alineación astral antes apuntada, el humanista, literato, alquimista y astrólogo Niccolò Peranzone de Montecassiano había predicho una gran inundación para febrero de 1524, con consecuencias apocalípticas para el planeta entero.

Mayor peso tenía todavía la predicción del alemán Johannes Stöffler, matemático, astrólogo, astrónomo y geógrafo, que era un conocido profesor de la Universidad de Tübingen.

Stöffler había publicado obras científicas reconocidas, participó en la elaboración del nuevo calendario de la reforma gregoriana, y fabricaba instrumentos de navegación como astrolabios o esferas terrestres. Además, no había hecho su pronóstico a la vez que los otros, sino en 1499, por lo que no se podía decir que estuviese influido por un estado de ánimo general apocalíptico.

Quien sí se dejó influir por esa histeria colectiva fue un noble alemán de la zona de Renania, el conde Von Ingelheim, que siguiendo el ejemplo bíblico se hizo fabricar un «Arca de Noé» para salvarse del nuevo Diluvio Universal. El 25 de febrero de 1524 comenzó a llover en la región, como había predicho Stöffler, y cundió el pánico.

Una multitud enloquecida quiso salvarse en el Arca del conde, la asaltaron y arrollaron al aristócrata que intento detenerlos. Para Von Ingelheim fue efectivamente el fin del mundo, porque murió pisoteado por las masas.

Hubo ciertamente voces disonantes que mostraron su escepticismo. La más notoria fue la del humanista bávaro Georg Tannstetter, profesor de la Universidad de Viena y médico tan famoso que el emperador Maximiliano I lo nombró su médico personal.

Transtetter, que era además matemático, astrónomo y cartógrafo, negó que el fin del mundo fuera a llegar en 1524, aunque como suele ocurrir, las masas no quisieron aceptar la voz de la sensatez. Lo más curioso del caso, una muestra más de esa etapa de paso de la magia medieval a la nueva ciencia, es el argumento esgrimido por Transtetter.

No se basaba en ningún razonamiento científico, sino en que su horóscopo señalaba que seguiría vivo después de 1524.

nuestras charlas nocturnas.


No fueron solos (mujeres recordadas por los cronistas de América y olvidadas por la historia)…


Historias de la historia(J.Sanz) — En el año 2019 el Museo Naval de Madrid inauguró la exposición «No fueron solos. Las mujeres en la conquista y colonización de América», en un intento más de reivindicar el papel de las mujeres en las expediciones al Nuevo Mundo.

Según los datos ofrecidos en la propia muestra, 30 mujeres acompañaron a Colón en su tercer viaje, más de 300 llegaron a Santo Domingo en el primer cuarto del siglo xvi y la población femenina constituyó casi una tercera parte de los pasajeros embarcados con destino a América entre 1560 y 1579.

De los 45 327 emigrantes de procedencia conocida (y hay que puntualizar que era bastante fácil y frecuente la emigración clandestina), 10 118 eran mujeres, y, de ellas, el 50 %, andaluzas, el 33 %, castellanas, y el 16 %, extremeñas. Ya fuese acompañando a sus maridos, como buenas esposas y madres cristianas, o escapando de ese rol femenino y de un destino marcado, arrancaron sus raíces del Viejo Continente para replantarlas en un mundo desconocido.

En este viaje al continente americano nos vamos a centrar en Hernán Cortés, del que creo que, más allá de sus luces y sus sombras, no se puede dudar de su genialidad. Utilizo este término por las increíbles hazañas militares y políticas que protagonizó este novato. Como leéis, un novato. Cortés no tenía experiencia en batallas ni en expediciones.

Lógicamente, se trató de una aventura colectiva en la que participaron personas de toda condición y personajes de todo pelaje, de los que tenemos conocimiento por las cartas del propio Cortés y por los cronistas de América.

En esta expedición a México, no me extenderé mucho por ser de sobra conocida la historia de Malinalli, rebautizada como doña Marina por los españoles y apodada despectivamente por los mexicas como Malinche, pero sí daré unas pinceladas para reconocer su papel relevante:

Doña Marina sabía la lengua de Guazacualco, que es la propia de México, y sabía la de Tabasco, como Jerónimo Aguilar sabía la de Yucatán y Tabasco, que es toda una. Entendíanse bien, y el Aguilar lo declaraba en Castilla a Cortés; fue gran principio para nuestra conquista. Y ansí se nos hacían todas las cosas, loado sea Dios, muy prósperamente. He querido declarar esto porque sin doña Marina no podíamos entender la lengua de la Nueva España y México (Benal Díaz del Castillo).

Y el propio Cortés escribió en una carta: «Después de a Dios, le debemos esta conquista de la Nueva España a doña Marina». Por cierto, la calificación de traidora por parte de algunos no es muy acertada, porque ella fue la traicionada por su familia cuando su padrastro la vendió como esclava.

De entre todas las mujeres que participaron en la aventura mexica con el paisano de Medellín (Badajoz) destaca María de Estrada, cuya primera aparición en esta película data de comienzos del XVI en Cuba, desde donde partirá el 18 de noviembre de 1518 con la expedición de Cortés rumbo al continente.

La semana del 1 al 7 de julio de 1520 se producen dos hechos relevantes que determinarán el devenir de este territorio: la Noche Triste, así se llamó la derrota sufrida por Hernán Cortés y sus aliados tlaxcaltecas a manos del ejército mexica el 1 de julio, y la batalla de Otumba, la victoria de Cortés sobre los mexicas el 7 de julio.

Durante esta semana se van a producir las hazañas que «obligarán» a los cronistas, porque no era la costumbre que las mujeres fueran las protagonistas de sus relatos, a fijarse en esta valerosa mujer. Diego Muñoz Camargo escribió en su Historia de Tlaxcala:

Se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando con tanta furia y ánimo que excedía al esfuerzo de cualquier varón, por esforzado y animoso que fuese, que a los propios nuestros ponía espanto y, ansimismo, lo hizo la propia el día de la memorable batalla de Otumba, a caballo, con una lanza en la mano, que era cosa increíble en ánimo varonil, digno por cierto de eterna fama e inmortal memoria.

En términos muy similares habla de ella en Monarquía indiana (1615) el franciscano Juan de Torquemada:

Mostrose muy valerosa en este aprieto y conflicto María de Estrada, la cual con una espada y una rodela en las manos hizo hechos maravillosos, y se entraba por los enemigos con tanto coraje y ánimo, como si fuera uno de los más valientes hombres del mundo, olvidada de que era mujer, y revestida del valor que en caso semejante suelen tener los hombres de valor, y honra. Y fueron tantas las maravillas y cosas que hizo, que puso en espanto y asombro a cuantos la miraban.

De su determinación tenemos conocimiento por la obra Crónica de la Nueva España, del humanista Francisco Cervantes de Salazar, primer catedrático de Retórica y dos veces rector de la Real y Pontificia Universidad de México, creada veinte años atrás por real cédula del emperador Carlos V, cuando Hernán Cortés ordenó que las mujeres que formaban parte de sus tropas se quedaran a descansar en la ciudad de Tlaxcala, María de Estrada, ni corta ni perezosa, le soltó:

No es bien, señor Capitán, que mujeres españolas dexen a sus maridos yendo a la guerra; donde ellos murieren moriremos nosotras, y es razón que los indios entiendan que somos tan valientes los españoles que hasta sus mujeres saben pelear.”

Nuevamente por el historiador Muñoz Camargo sabemos de su situación personal cuando nos dice que estuvo casada con Pedro Sánchez Farfán (amigo fiel de Hernán Cortés) y, al enviudar, se casó con Alonso Martín Partidor, según parece, uno de los fundadores de Puebla en abril de 1531, por aquel entonces llamada Ciudad de los Ángeles, donde vivió nuestra valerosa amiga hasta el fin de sus días.

No sería María la única mujer entre las tropas de Cortés durante la conquista mexica, Cervantes de Salazar hace referencia a Beatriz Bermúdez de Velasco, la Bermuda, en la batalla por Tenochtitlán:

Beatriz Bermúdez, que acababa de llegar de otro real, viendo así españoles como indios amigos todos revueltos, que venían huyendo, saliendo a ellos en medio de la calzada con una rodela de indios y una espada española y una celada en la cabeza, les dijo:

«¡Vergüenza de españoles! ¿Qué es esto de huir de gente tan vil a quien tantas veces habéis vencido? Volved a ayudar y socorrer a vuestros compañeros que quedan peleando, haciendo lo que deben; y, si no, por Dios os prometo que no dejar pasar vivo a ninguno de vosotros. Quien de gente tan ruin vienen huyendo merecen que mueran a manos de una flaca mujer como yo.

A ver quién era el guapo que no volvía a su puesto y seguía luchando.

Fue tal la vergüenza que sintieron los soldados españoles y el efecto de las palabras de Beatriz, que volvieron hacia los enemigos ya victoriosos, dando lugar a la batalla más sangrienta y reñida que jamás hasta entonces se había visto. […]

Finalmente, los españoles vencieron, poniendo en huida a los enemigos, siguiendo el alcance hasta donde los compañeros estaban peleando, a los cuales ayudaron de tal manera que todos salieron aquel día vencedores […] de donde se entenderá lo mucho que una mujer tan valerosa como esta hizo y puede hacer con hombres que tienen más cuenta con la honra que con la vida, cuales entre todas las naciones suelen ser los españoles.

Ahí queda eso. Bueno, no, todavía nos queda una protagonista más. Según cuenta el cronista Bernal Díaz del Castillo, autor de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, hubo tres mujeres invitadas a la selecta cena que Hernán Cortés dio el 13 de agosto de 1521 para celebrar el triunfo sobre los mexicas: María de EstradaBeatriz Bermúdez de Velasco e Isabel Rodríguez.

Dependiendo de las crónicas, el número de mujeres españolas que participaron en la toma de Tenochtitlán varía entre ocho y doce, así que, al igual que de entre los hombres se invitó a los capitanes y poco más, podríamos considerar a estas tres valientes como la representación femenina de aquella gesta. Así que vayamos con la tercera.

Isabel Rodríguez, esposa de Miguel Rodríguez de Guadalupe, llegó acompañando a su marido y, al final, le robó todo el protagonismo. Aunque seguro que también tuvo que tomar las armas, ocupó un lugar en esa mesa por otros menesteres: el cuidado de los heridos y de los enfermos.

[…] como eran tan continuas las refriegas, salían de la una parte y de la otra muchos heridos, de tal manera que no había día que no saliesen cientos heridos, a los cuales una mujer española, que se decía Isabel Rodríguez, lo mejor que ella podía les ataba las heridas y se las santiguaba «en el nombre del Padre y del Hijo e del Espíritu Sancto, un solo Dios verdadero, el cual te cure y sane», y esto no lo hacía más de dos veces, y muchas veces no más de una, y ocurría que aunque tuviesen pasados los muslos, iban sanos otro día a pelear, argumento grande y prueba de que Dios era con los nuestros, pues por mano de aquella mujer daba salud y esfuerzo a tantos heridos, y porque es cosa que de muchos la supe y de todos con forme, me pareció cosa de no dejarla pasar en silencio.

A las órdenes de Isabel, porque coordinó y organizó a otras mujeres de la expedición, tanto españolas como indígenas aliadas en una especie de hospital de campaña. Abundando en lo dicho, tenemos al hispanista británico Hugh Thomas, que recordó, en su obra La conquista de México (1994), el papel fundamental desempeñado por Isabel Rodríguez:

Un artillero que era además curandero, Juan Catalán, iba de un lado a otro murmurando plegarias y encantorios para los heridos. Varias mujeres castellanas actuaban como enferme ras en el real de Cortés, por ejemplo Isabel Rodríguez, de la que se decía que sabía atender muy bien a los heridos, y Beatriz de Paredes, una mulata que no solo cuidaba a los heridos, sino que, en ocasiones, luchaba en lugar de su marido, Pedro de Escobar.

Doña Isabel Rodríguez enviudó y se casó de nuevo, estableciéndose en Tacubaya, donde, según parece, siguió ejerciendo como médico por el resto de su vida. Incluso se cuenta que pudo haber recibido de la Corona el nombramiento de médico honorario para practicar la medicina en todo el territorio de Nueva España.

Y si María, Beatriz e Isabel fueron las representantes de las mujeres en aquella mesa, me gustaría hacer extensiva su representación al de tantas mujeres (olvidadas por la historia) que lucharon junto con los hombres, algunas, como hemos visto, con más valor incluso, y que, mientras los hombres se dedicaban a jugar a las cartas o a emborracharse al final de la jornada, ellas se ocupaban de cuidar a los heridos y de otras múltiples labores de intendencia.

nuestras charlas nocturnas.


Breve cronología de una civilización perdida…


Retrato de un mundo mítico y rural donde la naturaleza, los dioses y los humanos conviven en un ciclo continuo de vida, muerte y transformación
Retrato de un mundo mítico y rural donde la naturaleza, los dioses y los humanos conviven en un ciclo continuo de vida, muerte y transformación

Meer(G.Urbán) — Un cauce de agua. Cielo inmenso. Ocho cabras lecheras de montaña. Seis cabezas de ganado. Treinta hectáreas de monte y diez de valle. Veinte caballos. Diez peones. Un caldero para el guiso. Un aljibe. Una hectárea de tréboles de cuatro hojas. Dos arcoíris pos-llovizna. Un dragón, lejos.

Una vela todos los días para los dioses. Dos visitas de la diosa de la fertilidad al año. Una visita del dios de la guerra una vez cada diez años. El dios del vino nunca se va, vive en la montaña. Treinta y tres palabras al viento. Una llave enterrada bajo un árbol. Demasiados vientres hinchados.

Un sacrificio humano por siembra y cinco de animales. Un tazón de sangre para cuando la voluntad es endeble. Fogatas para la gente del pueblo. Un cantador de noticias. Danza en el verano. Sexo en el invierno. Un patriarca. Una matriarca. Críos. Un espejo frente al cauce de agua, cerca de los rosales enredándose en espinas.

Vanidad. Reflejos. Sol.

Un masculino sale de estos rosales bañado en su propia sangre, espinado, desnudo.

Pide ayuda a un reflejo en el espejo, femenino. Ahora son dos reflejos en el espejo, femenino y masculino. Desnudez al cuadrado. Masculino de rizos. Femenino de cabello rubio. Ojos de miel. No es invierno. Hay danza. Hay fuego. Hay dos polos jurándose pertenencia por la eternidad del momento.

El perfil de un poderoso y amenazante dragón

Conjunción de lo femenino y lo masculino.

Unión.

Semillas en el pasto.

Semillas en el vientre.

Flores abriéndose.

Tres horas de encantos.

Las alas se abren, doradas.

Una serpiente de fuego sube desde las entrañas y sale por la cien.

El final de la eternidad.

Pequeñas muertes efímeras.

Lo masculino regresa por los rosales.

Pasan los meses del desencanto.

La cosecha de lo femenino parece tardía pero es próspera.

Está a punto. Está redonda. Se pincha. Está en el agua. Del agua y hacia el agua, flotan dos seres idénticos. Dos espejos. Cada uno tiene un ojo miel y el otro cielo. Lo masculino y lo femenino ha nacido. Comienza otro ciclo.

Nacieron los hermanos dragón.

Canta el cantador en las fogatas del pueblo, sobre la llegada de los hermanos que escupen fuego. De los hermanos espejo. De los hermanos que hablan y crean realidades de piedra. Se levantan monumentos. Se escriben las historias en barro para conservarlas. Se organizan las gentes. Se vuelven letradas, o casi letradas. Empiezan a pensar un poco de más.

Cesan los sacrificios humanos.

En vez de sangre, se bebe cerveza. En vez de guiso, se come ensalada. La matriarca y el patriarca se dicen tantas barbaridades sensatas que ya no se soportan. La gente se olvida de encender velas a los dioses. Los dioses se olvidan de la gente. Los tréboles se ocultan a la vista. El dragón duerme para siempre en su cueva.

La superficie de los cauces se congela. El dios del vino inunda la tierra. Todo sin que se note. Así es como actúa el cambio.

Los hermanos dragón se retiran.

El mundo se les hace muy chiquito.

Sin sentido.

Entre las rocas y el agua, la miel y el cielo, el agua y el fuego, los hermanos dragón se retiran a su vientre escondido, porque lo dicho ya fue dicho y lo hecho ya fue hecho. No quedan más posibilidades bajo ese cielo. Pero el fuego de sus bocas sigue quemando los pueblos. Aún quedan treinta y tres palabras en el viento. Aún hay sangre corriendo bajo el sello de sus nombres.

Nombres prohibidos. Si los dices tres veces frente al río ellos aparecen, y si les caes bien, no te arrastran al fondo. Pero es difícil, ya no les gustan los humanos.

nuestras charlas nocturnas.


Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta …


 Retrato de la Condesa Erzsébet Bathory

Ancient Origins(Mariló T.A.)/Xakata(C.Ortíz) — Aunque su nombre real era Erzsébet Báthory, lo cierto es que ha pasado a la historia como “La Condesa Sangrienta”. Pero, ¿qué mujer se esconde tras la personalidad de quien, según relata el sumario de su juicio, acabó con la vida de al menos 612 mujeres jóvenes de entre 9 y 26 años, para poder bañarse en su sangre y mantenerse, así, joven eternamente?

Erzsébet nació el 7 de Agosto del año 1560 en Byrbathor, ciudad perteneciente a Transilvania, región de la Hungría más profunda. Una época convulsa en un país dividido, con una parte ocupada por los otomanos y otra bajo el mandato de los austriacos Habsburgo.

Nacida fruto del matrimonio consanguíneo entre dos primos hermanos (Anna Báthory y Jorge Báthory), sus padres provenían de sendas ramas de los Báthory, familia que llegó desde Escandinavia a mediados del siglo XI, aunque realmente descendían de un poderoso clan de los hunos, comenzando a ganar relevancia a partir de mediados del siglo XIII.

Tras abandonar sus costumbres tribales, la familia adoptó el nombre de sus estados como apellido (Bátor significa, de hecho, «valiente»). Su poder e influencia iría  desvaneciéndose paulatinamente, hasta desaparecer por completo en la segunda mitad del siglo XVII.

Ilustración mostrando a nobles damas transilvanas, contemporáneas a Erzsébeth Bathory, paseando por sus posesiones. Siglo XVI (Wikimedia Commons)
Ilustración mostrando a nobles damas transilvanas, contemporáneas a Erzsébeth Bathory, paseando por sus posesiones. Siglo XVI

Erzsébet perteneció a una de las familias más adineradas y poderosas de la nación, una familia de la más alta aristocracia húngara. Era sobrina de Istvan Bathory, Príncipe de Transilvania y Rey de Polonia entre los años 1575 y 1686 y prima de Segismundo Báthory quien fuera Gran Príncipe de Transilvania mediante su matrimonio con la princesa María Cristina de Habsburgo. Otros príncipes y un cardenal se contaban, además, entre sus familiares cercanos.

Su infancia transcurrió en el castillo de los Ecsed, la rama más extravagante de los Báthory, repleta de tarados y locos a causa de la continua co-sanguinidad. Su infancia se vio marcada, a partir de los cuatro años, por convulsos ataques debidos, probablemente, a una epilepsia infantil. Pero dichos ataques remitieron pronto y no parecen guardar relación alguna con su posterior comportamiento.

A diferencia de lo que solía suceder con las mujeres de su tiempo, Erzsébet recibió una rica y esmerada educación. En una época en que muchos nobles eran analfabetos, la pequeña hablaba cuatro idiomas, dominando a la perfección el húngaro, el latín y el alemán.

Asimismo, muchos de sus familiares gustaban de prácticas esotéricas y eran estudiosos de la alquimia y la magia. La propia Erzsébet fue influida por su nodriza quien la inició en prácticas de brujería y en otros rituales relacionados con artes prohibidas.

Retrato de Istvan Bathory, Príncipe de Transilvania y Rey de Polonia entre los años 1575 y 1686, tío carnal de la “Condesa Sangrienta”. (Wikipedia)
Retrato de Istvan Bathory, Príncipe de Transilvania y Rey de Polonia entre los años 1575 y 1686, tío carnal de la “Condesa Sangrienta”.

A los 11 años la prometieron con un importante caballero: el Conde Ferencz Nadasdy, once años mayor que la niña. Inmediatamente, siguiendo las costumbres de la época, se vio obligada a trasladarse para convivir con la familia de su prometido. A partir de entonces será su futura suegra Orsolva, una austera y puritana dama, la encargada de su educación.

La convivencia resultó durísima, manteniendo continuos enfrentamientos con Orsolva, a la que despreciaba recordándole una y otra vez que el apellido Báthory poseía mucho más abolengo que el suyo.

Según algunas fuentes, a los 13 años ocurrió el primer suceso sangriento que, tal vez, marcase de forma atroz la personalidad de la joven: Erzsébet queda embarazada de un sirviente. Al hacerse pública la noticia, es enviada a un remoto castillo hasta el momento del parto, tras el cual le quitan el bebé y lo hacen desaparecer. Mientras, el sirviente es castrado y, posteriormente, despedazado y devorado por los perros del castillo.

– El matrimonio 

A los 15 años, convertida ya en una mujer de extraordinaria belleza, se celebró su esperada boda con el Conde Ferenc Nadasdy, que tenía por entonces 26 años y se pasaba la vida batallando contra los otomanos. El Conde Nádasdy era un valiente caballero que solía participar en todos los conflictos bélicos, sobre todo contra los turcos.

Una de sus prácticas habituales era la de empalar a sus enemigos y se distinguía por su crueldad ante los vencidos. De ahí que fuese apodado como el “Caballero Negro de Hungría”. “Curiosa” es la correspondencia que mantuvieron los esposos durante las ausencias del Conde intercambiando ideas sobre las técnicas más adecuadas de castigo sobre los criados. Algo que, por otro lado, era de lo más normal entre los nobles de la época.

Ilustración de la ciudad de Ecsed y del castillo en que Erzsébet vivió gran parte de su infancia. (Siglo XVII) (Wikimedia Commons)
Ilustración de la ciudad de Ecsed y del castillo en que Erzsébet vivió gran parte de su infancia. (Siglo XVII)

Se casaron, rodeados de gran lujo y boato, en el castillo de Varannó. A la ceremonia incluso acudió el Emperador Maximiliano II. Como la familia Báthory disfrutaba de mayor rango que la Nádasdy, el Conde adoptó el apellido Báthory tras su matrimonio.

Las posesiones del nuevo matrimonio eran inmensas y la pareja se trasladó a vivir al castillo de Čachtice, en los Montes Cárpatos que, por entonces eran territorio húngaro aunque en la actualidad pertenezcan a Eslovaquia. Además del propio castillo, la propiedad incluía diecisiete pueblos habitados por numerosos campesinos húngaros, rumanos y eslovacos.

Tuvieron cinco hijos de los que dos murieron a edades muy tempranas y, durante las ausencias de Ferencz, la ya Condesa tuvo tres amantes: un campesino y dos de sus doncellas. Algunas fuentes indican que fue su tía lesbiana Karla quien la inició en las prácticas homosexuales.

Retrato del Conde Ferenc Nadasdy, esposo de la Condesa Báthory (Wikipedia)
Retrato del Conde Ferenc Nadasdy, esposo de la Condesa Báthory

La soledad y el aburrimiento la llevaron a rodearse de alquimistas, magos, astrólogos, brujas, sabios y charlatanes que la fueron introduciendo de nuevo en el mundo esotérico mientras administraba el castillo con mano de hierro.

Es en estos años cuando empieza a pinchar a sus doncellas, clavándoles alfileres bajo las uñas. También comienza a hacerse traer jóvenes y robustas campesinas para morderles los hombros y masticar las carnes arrancadas.

– La necesidad de sangre 

La muerte de Ferencz en el año 1604, asesinado en Bucarest supuestamente por una prostituta a la que no pagó sus servicios, fue el punto de inflexión definitivo que permitió a Erzsébet dar rienda suelta a sus actitudes violentas. Actitudes a las que la empujaba su más que probable psicopatía.

Lo primero que hizo al enviudar fue echar del castillo a su suegra –con la que convivía el matrimonio- y a toda su parentela política.

Retrato de Orsolya Kanizsai, suegra de la “Condesa asesina”. (Wikipedia)
Retrato de Orsolya Kanizsai, suegra de la “Condesa asesina”.

Su aburrimiento se incrementaba. La Condesa tenía ya 44 años y crecía su obsesión por mantenerse bella y joven, renaciendo en su mente todo lo que había estudiado sobre hechicería y brujería. Recordando que algún sabio le había comentado que la sangre de las doncellas aseguraba la eterna juventud y aconsejada por una supuesta bruja de la región, de nombre Darvulia, montó una cámara de suplicios en los sótanos del castillo.

Un día, mientras una de sus doncellas la estaba peinando, un nudo hizo que diese un fuerte tirón, sin querer, al cabello de Erzsébet provocándole un fuerte dolor. La Condesa se giró en un acto reflejo y asestándole un bofetón rompió la nariz de la criada. La sangre manchó a Erzsébet quien tuvo la impresión de que la piel rejuvenecía y se volvía más tersa y suave en las zonas manchadas.

Entonces ordenó llevar a la joven a la celda de torturas donde la desangró. La sangre fue vertida en una bañera y por vez primera se bañó en ella. Desde ese momento su mayor obsesión sería la de encontrar mujeres, cuanto más jóvenes mejor y a ser posible vírgenes, para poder bañarse en su sangre y, por supuesto, también beberla.

Para ello ordenó que le trajeran campesinas muy jóvenes, a ser posible casi niñas, utilizando la persuasión y, si ésta no resultaba, ordenó que las secuestrasen. Además, utilizó diversos métodos de tortura para que las muchachas pudieran ser desangradas sin ocasionarles la muerte y, tras cuidarlas un tiempo, volver a desangrarlas. Así, una y otra vez, día tras día.

Torre del Castillo de Cachtice donde Erzsébet cometía sus atroces asesinatos (Wikimedia Commons)
Torre del Castillo de Čachtice donde Erzsébet cometió sus atroces asesinatos

Ante la masiva desaparición de jóvenes en las zonas limítrofes al castillo comenzaron a desatarse los rumores, pero durante un tiempo se mantuvo impune porque elegía a sus víctimas entre las siervas y campesinas a quienes, en aquellos tiempos, cualquier noble podía usar como simples objetos. Sin embargo, tras la muerte de la bruja Darvulia, la Condesa fue menos precavida y empezó a raptar a jóvenes de buenas familias.

Los rumores se fueron extendiendo por todo el reino de Hungría hasta llegar a la corte donde, además, no gozaba de grandes simpatías. Entonces, el Emperador Matías II, enemigo político de Erzsébet, ávido de adueñarse de las propiedades de la Condesa, decidió intervenir y envió al primo de Erzsébet  y Palatino de Hungría, el Conde Jorge Thurzó, a investigar lo ocurrido.

Las ruinas del Castillo de Čachtice, residencia de Erzsébet Bathory en cuyas mazmorras cometió supuestamente sus atroces crímenes.

Cuando el 29 de Diciembre del año 1610, el Conde Jorge Thurzó se personó junto con sus hombres en el castillo de su prima, la condesa Erzsébet Báthory, la sorprendieron torturando a varias jóvenes. Nada más traspasar la puerta encontraron el cadáver desangrado de una mujer. A continuación, hallaron a otra aún con vida.

Seguidamente se toparon con otra joven muerta por culpa de las torturas a las que había sido sometida. Observaron que por todas las habitaciones había gran cantidad de objetos de tortura y recuperaron un diario en el que la Condesa había anotado el nombre de, al menos, 610 víctimas.

Además, en los calabozos hallaron a otro grupo de chicas que aún permanecía con vida, aunque en un grave estado de debilidad debido al permanente sangrado a que se las sometía. Estas jóvenes les dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas.

Por todas partes había toneles de ceniza y serrín, empleados para recoger la sangre que se vertía en el lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un nauseabundo olor a podredumbre.

El Conde Jorge Thurzó, principal acusador en la causa contra la “Condesa Sangrienta” (Wikimedia Commons)
El Conde Jorge Thurzó, principal acusador en la causa contra la “Condesa Sangrienta”

En otra ala del castillo la Condesa y su séquito de brujos y acólitos fueron sorprendidos realizando un sangriento ritual. Inmediatamente fueron todos detenidos y llevados a juicio. Poco a poco fueron recuperando todos los cadáveres que habían ocultado, durante 6 años, por los alrededores del castillo.

– El juicio

En el año 1612 se celebró el juicio en Bitcse contra Erzsébet y sus colaboradores. La Condesa ni siquiera compareció a la vista judicial, acogiéndose a sus derechos nobiliarios por los cuales podía negarse a declararse inocente o culpable. 

Además, la acusación se centró, exclusivamente, en el asesinato de las doncellas nobles, pues los crímenes sobre siervas y campesinas carecían de importancia en aquella época. Pese a ello, algunas de las declaraciones de los testigos y víctimas, así como la descripción de las torturas y vejaciones infligidas, estremecerían, incluso, al más frío de los hombres.

Como muestra de sus terribles pasiones, esta es parte de la declaración tomada a una de las pocas chicas que lograron escapar:

…una joven de doce años llamada Pola logró escapar del castillo de algún modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena Jo se enteraron de dónde estaba por los alguaciles, y tomándola por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevaron de vuelta al Castillo de Čachtice por la fuerza, oculta en un carro de harina.

Vestida sólo con una larga túnica blanca, la Condesa Erzsébet le dio la bienvenida de vuelta al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia salían de sus ojos la pobre ni se imaginaba lo que le esperaba. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena Jo, arrancó las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula.

Las víctimas de la condesa solían ser torturadas dentro de jaulas colgantes (Flickr)
Las víctimas de la condesa solían ser torturadas dentro de jaulas colgantes

Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado estrecha para sentarse y demasiado baja para estar de pie. Por su [cara] interior, estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una vez la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con la ayuda de una polea.

Pola intentó evitar cortarse con las cuchillas, pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo que la jaula se balancease de lado a lado, mientras que desde abajo Piroska la punzaba con un largo pincho para que se retorciera de dolor.

Un testigo afirmó que Piroska y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche acostados sobre las cuerdas, para obtener un malsano placer del tormento que con cada movimiento padecía la desdichada. La agonía terminó al día siguiente, cuando las carnes de Pola acabaron despedazadas y ensangrentadas en el suelo.

Las torturas practicadas por la Condesa y por su grupo de colaboradores, brujas y acólitos se pueden dividir en dos claras etapas. La primera etapa corresponde a los años en que aún vivía su marido.

En esos tiempos, siempre asesorada y aconsejada por su esposo, se dedicaba a introducir finas agujas bajo las uñas de sus doncellas o a clavárselas directamente, les entregaba monedas y llaves al rojo vivo, las tumbaba en la nieve y las empapaba con agua helada hasta que morían congeladas o las desnudaba, las untaba en miel y las sacaba al campo de esa guisa para que mosquitos, moscas, abejas y avispas las picasen sin cesar.

La segunda etapa corresponde a sus años de viudez cuando Erzsébet sólo vestirá de blanco como símbolo de extrema pureza. Es la etapa de torturas más sádicas y atroces. Algunas de las más destacadas eran las siguientes:

Una de las torturas preferidas de la Condesa era clavar agujas a sus doncellas (Torange)
Una de las torturas preferidas de la Condesa era clavar agujas a sus doncellas

  • Encerraba a las muchachas en la jaula que, posteriormente, era alzada. Los barrotes de la jaula, internamente, están formados por afiladas hojas cortantes. Erzsébet se colocaba debajo del artefacto mientras sus secuaces pinchaban desde el exterior a la víctima para que no dejara de moverse y, así, se clavase las cuchillas de la jaula, su sangre no dejase de manar y empapase a la Condesa.

  • La doncella de hierro era su método de tortura preferido. Consistía en un autómata que Erzsébet compró en Nuremberg a un relojero. Con el tamaño, la forma y hasta el color de una persona, estaba dotado con un mecanismo que le permitía mover los ojos y los labios esbozando una sonrisa. La Condesa le ponía pelucas rubias y lo maquillaba y se sentaba a contemplar la escena. Cuando la víctima, curiosa, tocaba las piedras preciosas del collar que lucía el autómata, éste se accionaba y, muy lentamente, elevaba sus brazos abrazando lo que tuviese justo delante. Una vez abrazada, a la víctima ya le resultaba imposible soltarse. Entonces, los senos del autómata se abrían surgiendo, de pronto, una serie de puñales que atravesaban a la joven inocente provocándole grandes hemorragias. Consumado el sacrificio, se tocaba otra piedra del collar para que la “Doncella de hierro” dejase caer los brazos y cerrase los labios y los ojos, liberando al ya, casi seguro, cadáver.

  • Azotaba y flagelaba hasta que la piel se desgarrara para aplicar hierros al rojo sobre las tumefactas llagas. 

  • Les cortaba los dedos con tijeras, les realizaba incisiones con navajas y si chillaban les cosía la boca. Si se desmayaban, les hacía arder papel empapado en aceite entre las piernas.

  • Otras prácticas consistían en arrancar la carne mediante pequeñas pinzas de plata, cortar la piel entre los dedos y quemar las plantas de los pies con planchas y cucharas también al rojo.

Instrumentos de tortura y una rudimentaria “Doncella de hierro” similares a los utilizados por la Condesa Sangrienta (Wikimedia Commons)
Instrumentos de tortura y una rudimentaria “Doncella de hierro” similares a los utilizados por la Condesa Sangrienta

– La sentencia final 

La sentencia declaró a todos culpables. Unos fueron condenados por brujería, otros por asesinato y el resto por cooperación. El mayordomo del castillo y más  íntimo colaborador de la Condesa, Ficzkó, fue decapitados y quemados sus cadáver.

A las brujas Dorotea y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo y luego las quemaron vivas lanzándolas a una gran hoguera. Herís Majorova, una burguesa acusada de colaboración, fue ejecutada.

La más joven colaboradora llamada Katryna, que sólo tenía catorce años, fue la única acusada a la que se le perdonó la vida gracias a que salió en su defensa una de las víctimas. Fue condenada a recibir 100 latigazos.

Escudo de armas de la Familia Báthory (Wikimedia Commons)
Escudo de armas de la Familia Báthory

El Palatino, considerando la alcurnia de la Condesa, le perdonó la vida pero fue condenada a ser emparedada en una habitación de su castillo, sin comunicación ni diálogo alguno con el exterior y con sólo una rendija por la que se le pasaría algo de alimento y agua. Allí vivió durante casi cuatro años, medio muerta de hambre y frío.

Nunca mostró arrepentimiento ni comprendió los motivos por los que la condenaron a semejante sufrimiento. Finalmente, el 21 de Agosto del año 1614, al anochecer y “abandonada de todos” según escribieron los cronistas de la época, apareció muerta la Condesa Erzsébet Báthory a la edad de 54 años.

La crónica oficial de su muerte decía: «Erzsébet Báthory, esposa del influyente barón Ferencz Nádasdy, magistrado del rey y gran maestre de los caballos, viuda infame y homicida, ha muerto en prisión en Csetje. Murió repentinamente, sola y sin luz, el 21 de agosto de 1614».

Quisieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los vecinos del pueblo se negaron, considerándolo una ofensa. Al final pudo ser enterrada al noreste de Hungría, en Ecsed, su localidad natal. Durante muchos años se prohibió hablar de ella y toda la documentación referente a su caso fue sellada y oculta.

Retrato de la Condesa Erzsébet Bathory en su juventud (Wikimedia Commons)
Retrato de la Condesa Erzsébet Bathory en su juventud

Aunque ha quedado constancia tanto del juicio como de su diario personal, donde aparecen detallados todos sus crímenes, muchos investigadores actuales se decantan por creer que sus asesinatos –o al menos una gran parte de ellos- fueron fruto de una complicada trama montada por sus enemigos en una clara lucha de poder interna.

¿Acaso fue una víctima más de la ambición y envidia que causaron en su tiempo sus influencias, su poder y sus propiedades?

– La leyenda de los Báthory, la familia más sanguinaria de la historia de Europa

 

A mediados del siglo XI, cuando media Europa lanzaba ofensivas sobre Tierra Santa y en España el Califato de Córdoba se iba descomponiendo en diversos reinos de taifas, el clan de los Gutkeled llegaba a la gran llanura húngara desde Alemania. Su origen era tan antiguo que se pierde en la noche de los tiempos, aunque se especula que podrían provenir de los restos del Imperio romano.

De todas las familias nobles descendiente de este clan, la mayoría eran todo lo sanguinarias que se puede esperar de la nobleza centroeuropea de la Baja Edad Media, es decir, mucho.

Pero hay una en concreto que traspasa todos los límites de lo que podríamos considerar una crueldad «habitual» o «pragmática» al configurar, generación tras generación, una historia familiar que entra dentro del campo de la leyenda, del horror inconmensurable. Se trata de la familia Báthory.

Ya lo decía Alejandra Pizarnik en la fabulosa La condesa sangrienta: hay mucha fuerza en un nombre, si uno cree en él. La leyenda de la familia se remonta a su fundador, Vitus Báthory, que habría sido premiado con el ilustre apellido y las tierras que lo acompañaban tras derrotar y ejecutar al dragón que habitaba las marismas del condado de Heves, al norte del país. 

El escudo de armas de la familia, tan alucinante como la propia historia de la misma, evoca tal hazaña, constando de un dragón y tres dientes, correspondientes a las tres heridas de lanza que consiguieron tumbar a la mole.

Aún a día de hoy, el escudo es visible en algunos edificios, como en la portada de la iglesia de la Sagrada Trinidad en Košice (Eslovaquia) cuya construcción fue sufragada por Sofía Báthory.

A la izquierda, Vlad. A la derecha, su pasatiempo favorito, uno que le dejaría como el «primo cuerdo» de la famila Báthory.

A partir de ahí, la historia de la familia es una escalada de violencia y locura que ríete de los Borgia. István Báthory V, sin ir más lejos, era voivoda de Transilvania (magnífico título) y ya disponía de fama de ser un magnífico y sanguinario guerrero cuando el rey Matías Corvino de Hungría lo puso a mediados del siglo XV a la cabeza de un ejército destinado a ayudar a Vlad III a reclamar el trono del principado de Valaquia, en Rumania. Vlad III.

Sí, ese Vlad. Vlad el Empalador. Vlad III DRÁCULA. Cuando István y Vlad se conocieron, descubrieron que tenían muchísimos intereses en común (por lo que fuera) y se juraron amistad y alianza eternas.

Vlad moriría en batalla poco después. István, por su parte, continuó batallando contra los turcos de forma feroz, hasta el punto de que fue desposeído de su título de voivoda debido a la extrema crueldad que mostraba con los sículi, una etnia que habitaba el norte de Transilvania.

– Incesto, rituales satánicos y Drácula

Y es que la historia y la leyenda de los Báthory se entrelazan de tal modo que es difícil desenmarañar una de otra. Se habla de rituales satánicos, accesos de locura e incesto entre hermanos.

Incluso los hechos que sabemos ciertos están cubiertos por una cierta película de barbarie y violencia desenfrenada que solemos asociar a la ficción (como por ejemplo sucede con András Báthory, cardenal de la iglesia católica que fue asesinado el 31 de octubre de 1599 en la cima de un glaciar de un hachazo en la testa tras ser incansablemente perseguido por un sículi).

La propia Alejandra Piznarik habla de un Báthory que se volvió tan loco que no distinguía el verano del invierno y mandaba arrastrar trineos por la tierra seca.

También cuenta que Klara Báthory, muy aficionada a practicar el sexo tanto con hombres como con mujeres (lo cual la convertía, evidentemente, en el mismo demonio), asesinó presuntamente a cuatro maridos antes de que el último le cortase el cuello tras cazarla con un amante, no sin antes hacer que la violara toda una guarnición turca.

A la izquierda, la cabeza de András Báthory, tal y como se la enviaron de vuelta al Papa. A la derecha, el escudo de armas original de los Báthory, bastante alucinante.

Klara habría sido, en teoría, la responsable de iniciar en el camino de la depravación a la Báthory más ilustre de todas: Erzsébet Báthory.

Erzsébet nació de dos Báthory de ramas diferentes y, según lo que se cuenta de ella, habría heredado todos los demonios que habían acompañado a sus ancestros. Se sabe que de pequeña sufría terribles dolores de cabeza y que tenía un temperamento espantoso, propicio a los cambios de humor, aunque por lo demás era bastante inteligente.

A los catorce años la casaron con Ferenc Nadasdy, cinco años mayor y perteneciente a una de las familias nobles más distinguidas de Hungría. No tan distinguida, no obstante, como la de su señora, por lo que Ferenc tomó el apellido Báthory tras las nupcias.

Ferenc era el típico noble centroeuropeo de gustos sencillos: le gustaba guerrear, masacrar y los largos paseos a caballo por la estepa.

Parte de la rumorología que rodea a Erzsébet asegura que esta tuvo un affair con un sirviente antes de casarse con Ferenc y que este romance resultó en un hijo. 

Según recoge Kimberly Craft en Infamous Lady, el bebé habría desaparecido poco después de su nacimiento sin dejar rastro y Ferenc, ni corto ni perezoso, castró al padre de la criatura para acto seguido echárselo a sus perros. Nada que envidiar a Ramsay Bolton.

El caso es que Erzsébet se casó y se mudó al castillo de Čachtice, situado los Pequeños Cárpatos (Eslovaquia), junto a su suegra, Orsolya Nádasdy, que por supuesto también era de traca. Ferenc estaba todo el día de picos pardos guerreando contra los turcos (tardaron una década en tener hijos porque Ferenc no paraba por casa ni a cambiar de muda) y Erzsébet se aburría como una mona.

Al menos, eso sí, podía entretenerse con pasatiempos inocuos como pinchar con alfileres a sus sirvientas y mordiéndolas salvajemente para aliviar sus jaquecas (según ella, mano de santo).

Por lo visto también gustaba de castigarlas sacándolas al jardín y untándolas de miel en verano para dejarlas a merced de los insectos y bañándolas en agua helada en invierno.

– Las atroces torturas a las criadas de Erzsébet

Ferenc conocía las particularidades de su señora, si bien le parecía bien hacer la vista gorda mientras ella cuidara de su castillo y sus tierras en su ausencia, aunque no parece muy extraño considerar que una persona que arroja a los perros a un rival amoroso considere tales actos como simples «pequeñas extravagancias«.

Ya en vida de Ferenc, una vez fallecida la suegra de Erzsébet y libre esta de cualquier cortapisa, empezaron a desaparecer las chicas del castillo a las que la condesa sometía a mil perrerías con la ayuda de sus fieles sirvientes Jó Ilona, Dorkó y Ficzkó.

Para colmo de males, al morir su marido, murió el último ser al que Erzsébet tenía que rendirle cuentas, así que invitó a vivir en el castillo a Darvulia, una bruja que habitaba los bosque y que llevó consigo a Čachtice sus conocimientos de magia negra y rituales satánicos además de docenas de gatos negros.

Para entonces, Erzsébet estaba completamente descontrolada, yendo las torturas y los asesinatos en escalada imparable tanto en cantidad como en depravación. Así las describe Craft en su libro (si eres propenso a marearte, te recomiendo fervientemente que te saltes el siguiente párrafo):

…lo que era, quizá, más impactante eran la acusaciones de cómo habían sido torturadas y asesinadas estas chicas: frotadas con ortigas y obligadas a rodar en ellas, alfileres introducidos en sus labios y bajo sus uñas; agujas insertadas en sus hombros y sus brazos; inmovilizadas con cadenas y golpeadas en el pecho; marcadas con hierros al rojo en las manos, los brazos y el abdomen; pedazos de carne arrancados de la espalda con pinzas; narices, labios, lenguas y dedos atravesados con agujas; bocas cosidas; trozos de carne cortados de las nalgas y los hombros, cocinados y luego servidos a ellas mismas; partes íntimas quemadas con velas, cuchillos clavados en los brazos, las manos y las piernas; manos aplastadas y mutiladas; dedos cortados con tijeras; atizadores al rojo introducidos por la vagina; cuerpos golpeados hasta la muerte con garrotes; latigazos hasta que la carne se desprendía del hueso; chicas obligadas a sumergirse en los ríos helados en pleno invierno.

Erzsébet Báthory, en un buen día.

En La condesa sangrienta se habla también de todos los artilugios que Erzsébet mandó construir para torturar a sus víctimas, incluida una jaula esférica con las paredes llenas de pinchos que se elevaba gracias a un sistema de poleas, balanceándose en el aire con la víctima dentro.

Un prodigio de la ingeniería. Además del placer sádico que sacaría de estos actos, en teoría la condesa utilizaba la sangre de estas pobres muchachas para sus rituales de belleza particulares, estando Erzsébet dominada por un miedo terrorífico a envejecer y dejar de ser bella.

Estaba convencida, por tanto, de que un baño en sangre de doncella era el mejor de los peelings y un tratamiento antiarrugas imbatible. De lo suyo estaba más bien tirando a regular, la condesita.

Tras años de realizar estas prácticas, lo que finalmente llamó la atención de otros nobles respecto a la situación que se vivía en el castillo de Čachtice no fue la desaparición de las campesinas, que no le importaban a nadie, sino que al ir agotándose las existencias de chicas de baja cuna, la condesa comenzó a invitar al castillo a jovencitas nobles con la excusa de hacer compañía a una pobre viuda.

Como estas aspirantes a grandes señoras también morían de las más extrañas y repentinas afecciones, se mandó desde Viena una comisión para que se presentase por sorpresa en el castillo e investigase lo que ocurría ahí.

Lo que se encontraron fue, básicamente, un escenario de pesadilla: decenas de adolescentes encerradas en los sótanos a medio mutilar, pucheros llenos de sangre seca, instrumentos de tortura, suelos cubiertos de ceniza para absorber la sangre y todo rodeado de un fuerte olor a cadáver.

El castillo de Čachtice, lugar de tan bellas travesuras.

Erzsébet fue juzgada por la desaparición y muerte de la de las hijas de los gentileshombres húngaros y si bien sus colaboradores fueron ejecutados, ella era mujer noble, por lo que su destino debía ser otro.

Y así fue como Erzsébet Báthory fue emparedada en sus aposentos, sin más contacto con el mundo exterior que una minúscula abertura por la que le pasaban todos los días los alimentos y por la que un sacerdote le leía en latín. Duró cuatro años hasta que, finalmente, el 21 de agosto de 1614 la condesa murió rodeada de oscuridad, frío y sus propias heces.

Existen, por supuesto, teorías que desmienten la leyenda de Erzsébet Báthory y que afirman que todo fue un complot urdido para hacerse con las valiosas tierras de una viuda que no contaba con protección alguna.

Pero en cualquier caso Erzsébet Báthory ha quedado para siempre retratada en el imaginario colectivo como uno de los grandes exponentes de la encarnación del mal absoluto. Si bien le han acabado saliendo competidoras.

nuestras charlas nocturnas. 


Lo que revela el mapa más antiguo del mundo sobre el relato del Arca de Noé…


Mapa babilónico del mundo, de Sippar, Mesopotamia.

National Geographic(C.Vacas) — La cartografía es una disciplina con siglos de historia: surgida de la necesidad humana por conocer los límites de la Tierra, personajes como el matemático greco-egipcio Claudio Ptolomeo, el geógrafo flamenco Gerard Mercator o el explorador inglés James Cook se encargaron, en sus respectivas épocas, de elaborar mapas que contribuyeron a la comprensión del mundo, llegando a registrar zonas tan inhóspitas como la Antártida. 

Ninguno de sus trabajos, sin embargo, ha logrado superar en longevidad al Imago Mundi: una tablilla cuneiforme descubierta en 1882 por el arqueólogo Hormuzd Rassam en Sippar (una ciudad babilónica en el actual Irak), la cual constituye el mapa más antiguo de Mesopotamia y también del mundo.

Las inscripciones de la pieza fueron descifradas en 1889, y resultaron en descripciones geográficas de los límites de la civilización babilónica.

Pero ahora, el Museo Británico, la institución que custodia esta reliquia arqueológica datada del siglo VI a.C., ha sacado a la luz, a través de un vídeo protagonizado por el asiriólogo británico Irving Finkel, un nuevo hallazgo: el Imago Mundi no solo ayuda a comprender la cosmovisión de Mesopotamia, sino que además contiene sorprendentes referencias a uno de los relatos más famosos de la Biblia: el del Arca de Noé.

– Lo que muestra el mapa más antiguo de Mesopotamia y del mundo

La tablilla muestra un mapa con vista aérea del mundo: en el centro, Mesopotamia –entre los ríos Éufrates y Tigris–, y en los alrededores, aquello que los babilonios creían que había. Todo esto quedó dibujado en el interior de un anillo al que denominaron, según Finkel, «río amargo». Asimismo, en los márgenes del mapa incluyeron la figura de criaturas míticas y tierras que son fruto de la especulación y no de la evidencia: es decir, que nunca existieron pero sí imaginaron. 

La información obtenida hasta entonces fue crucial para comprender más sobre cómo los babilonios interpretaban su mundo: de hecho, las inscripciones en idioma acadio revelaron que esta civilización no solo quiso dejar registro de lo tangible, sino también de los elementos que constituían su imaginario colectivo.

Sin embargo, el asiriólogo destaca en el vídeo que, si bien sus creadores lograron «encapsular en este diagrama circular todo el mundo conocido en el que la gente vivió, floreció y murió», ahora se sabe que «hay más en este mapa que eso». Y es que entre las inscripciones se han encontrado referencias a lo que sería una versión mesopotámica del relato del Arca de Noé.

El arca de Noé (Simón de Myle)

-Un relato que resulta familiar

Se llama Utnapishtim (y no Noé), pero de igual manera protagoniza una historia mítica: la de un hombre que construye un arca, en el 1800 a.C. y por mandato de Dios, para sobrevivir a un diluvio. Así, los antiguos babilonios creían que los restos de esta nave se encontraban detrás de una montaña, cuya ubicación coincide con la mencionada por la Biblia en el momento en que el arca de Noé se estrella. 

Es a causa de este punto en común que Finkel desmonta el misterio que ha envuelto a la tablilla durante décadas: al igual que sucede con cuentos populares que se han convertido, con algunas modificaciones, en películas de Disney, las similitudes entre el relato de Utnapishtim y el de Noé no son casualidad.

En palabras del propio Finkel, «eso es algo bastante sustancioso, bastante interesante de pensar porque muestra que la historia era la misma y, por supuesto, que una llevó a la otra». Es decir, se trata de una misma historia que fue transmitiéndose de generación en generación para más tarde convertirse en un pilar narrativo de las tradiciones judía y cristiana

nuestras charlas nocturnas.


La mosca española …


oie_PhIGtICGXkDx
Fernando II de Aragón, ca. 1470.

JotDown(J.R.Alonso) — A la muerte de Isabel la Católica, su marido Fernando II de Aragón proclamó reina de Castilla a su hija Juana, pero encargándose él de la gobernación del reino. Aquello no gustó a su yerno, el archiduque Felipe el Hermoso, quien buscó el apoyo del enemigo habitual, la complicidad francesa.

Fernando, siempre astuto, neutralizó este respaldo firmando el Tratado de Blois y casándose con Germana de Foix, sobrina del rey Luis XII de Francia. Él tenía cincuenta y tres años y ella diecisiete.

Las capitulaciones matrimoniales incluían que Germana aportaba los derechos dinásticos del reino de Nápoles y el título de rey de Jerusalén a un futuro hijo y el Rey Católico se comprometía, por su parte, a nombrar heredero a ese posible vástago del matrimonio.

Aquello hizo brotar la cólera de los castellanos, que veían que la dinastía de Isabel quedaba apartada de esos acuerdos entre el monarca francés y el aragonés. 

Pero el mayor problema es que todo dependía de la actividad procreadora de Fernando, y a pesar de que la retahíla de hijos naturales y bastardos que había sembrado daban buena cuenta de su fecundidad, la joven reina no llegaba a concebir y cuando lo hizo, como en el caso del príncipe Juan, el bebé murió pocas horas después de nacer.

En aquella época sin Viagra, Fernando recurrió al polvo de cantáridas, uno de los afrodisíacos más famosos de la época y a comer testículos de toro, considerados excelentes remedios para «cumplir» con su joven esposa.

Fernando murió sin llegar a tener nueva descendencia, según algunos por la toxicidad de las cantáridas, y aquello evitó la disolución temprana de aquel nuevo reino llamado España.

La cantárida era llamada «mosca española» pero no es una mosca ni tampoco es exclusiva de España. Su nombre científico es Lytta vesicatoria, que proviene de  lytta «rabia» y vesicatoria «capaz de generar ampollas». En realidad es un escarabajo de la familia Meloidae, de unos dos centímetros de longitud, presente en bosques desde el sur de Europa hasta Siberia.

Su increíble fama como potente afrodisíaco se ha mantenido durante milenios. Aparece en el Papiro Ebers, un texto egipcio del 1550 a. C., considerado la primera farmacopea de la historia; aparece también en el Corpus Hippocraticum, el compendio de la medicina griega, y se cree que se usaba para producir abortos. 

Livia, la esposa de Augusto, lo repartía a escondidas entre los invitados a sus banquetes, al parecer para que la excitación les hiciera desvelar secretos con los que luego poder chantajearlos.

También se lo administraban subrepticiamente en la comida a Luis XIV para que no cesara en su pasión por madame de Montespan y en la corte francesa del siglo XVII se repartía en las llamadas pastillas Richelieu, una sátira al cardenal y primer ministro inmortalizado por Dumas en Los tres mosqueteros.

Las cantáridas se capturaban, se secaban y se trituraban, obteniéndose un polvo iridiscente de sabor amargo y olor desagradable. En el Manual de la práctica farmacéutica (Handbuch der Pharmazeutischen Praxis) de Hager, un texto considerado un clásico, se lee: «Antes se utilizaba de manera interna con fama de afrodisíaco y diurético, ahora ha caído en desuso pues sus efectos aparentemente afrodisíacos no son más que síntomas de severas enfermedades en las vías urinarias».

Aun así ha seguido usándose —siempre estamos deseosos de mejorar nuestra actividad sexual—, y aparece también en obras literarias modernas. 

Roald Dahl describe su uso como estimulante sexual en Mi tío Oswald, presentando al polvo de la mosca española como la sustancia soñada: «Una de estas píldoras en tan solo nueve minutos puede convertir a cualquier hombre, incluso a un anciano, en una máquina sexual increíblemente efectiva, que está en disposición de satisfacer a su pareja durante seis horas ininterrumpidas. Sin excepción». No es de extrañar que quien se crea eso, lo pruebe.

Lytta vesicatoria o mosca española. Fotografía: H. Zell (CC).
Lytta vesicatoria o mosca española.

Los textos farmacológicos modernos, a los que les falta sin duda imaginación y capacidad de emocionar, consideran al contrario que su efecto es doloroso y lejos de cualquier sensación placentera, y señalan como síntomas habituales tras su contacto con la piel irritación y formación de ampollas y, si se toma oralmente, insomnio, agitación nerviosa, malestar, dolor abdominal, sangrado gastrointestinal, inflamación de las vías urinarias y retención urinaria.

El motivo de estos síntomas es que ni la ingestión ni la digestión acaban con su poder irritante. Así, según va siendo expulsada del cuerpo, el polvo de cantárida genera una inflamación del epitelio intestinal y del epitelio de la uretra. El supuesto efecto afrodisíaco es en realidad una irritación de los genitales que hace que aumente el riego sanguíneo a la zona, un efecto con cierta similitud con lo que sucede tras la excitación sexual.

En las mujeres no se nota externamente pero en los hombres se convierte en una erección prolongada, lo que se conoce como priapismo. No es algo agradable, pero eso no ha impedido que causase furor desde la antigüedad, que se regalase a los novios antes de la noche de bodas, que lo busquen aquellos que tienen miedo a hacer un mal papel o que lo tomasen los reyes para satisfacer a sus amantes o a sus esposas, como el católico Fernando.

El principio activo, la cantaridina, fue aislado y bautizado en 1810 por Pierre Robiquet, un químico francés. Es muy tóxica, con lo que el riesgo de sobredosis es alto —la dosis eficaz y la dosis mortal están desgraciadamente próximas— y ha ido siendo prohibida en la mayoría de los países aunque al parecer todavía se puede comprar en Marruecos y en México.

El peligro ha sido demostrado numerosas veces: se cree que el filósofo y poeta Lucrecio murió por sobredosis de cantaridina, que el rey francés Henri IV tuvo serios problemas por la toxicidad de este compuesto y que el propio marqués de Sade fue acusado de envenenamiento y sodomía por haber repartido unas pastillas anisadas con cantáridas a unas prostitutas con las que organizó una orgía en 1772.

Afortunadamente para el marqués, fue indultado de la condena de muerte que le había sido impuesta por un comportamiento tan poco edificante. Finalmente, la muerte de Simón Bolívar  también pudo estar relacionada con la administración de cantáridas por su médico el doctor Reverend, no como afrodisíaco sino para «reducir los excesos de humores».

Las cantáridas pueden ser también tóxicas para el ganado que coma hierba o beba agua donde estén los pequeños escarabajos. Los animales más comúnmente afectados son caballos y vacas y sucede en todos los continentes. El tratamiento es complejo, porque el daño en los sistemas gastrointestinal y excretor requiere el uso de antibióticos de amplio espectro pero el daño renal impide el uso de algunos como los aminoglicósidos, que son tóxicos para el riñón.

A menudo se favorece el limpiado del tubo digestivo con carbón activado o aceite mineral y suplementos de calcio y magnesio con fluidos o diuréticos para mantener los niveles normales de pH y electrolitos, así como analgésicos para controlar el dolor. Finalmente, la actividad vesicante es la justificación de un uso moderno del polvo de cantáridas: se aprovecha para eliminar de la piel verrugas, lunares y tatuajes.

¿Y por qué los escarabajos meloides fabrican cantaridina? Su función en el insecto se cree que es actuar como elemento protector frente a los depredadores, pues se coloca en la cubierta de los huevos y su alta toxicidad disuade a otros animales de comerse la puesta o a la propia madre. Entonces, ¿por qué es más abundante en los machos?

Los escarabajos secretan la cantaridina como un fluido lechoso en las articulaciones de las patas y lo almacenan hasta el momento del apareamiento. En esa fase, el macho acerca a la hembra un paquete de esperma y ella decidirá si fertiliza sus huevos con él o no.

Las hembras pueden desechar paquetes espermáticos que, por el motivo que sea, no les agradan y, para mejorar sus posibilidades, los machos ofrecen junto con sus espermatozoides cantaridina para que las hembras puedan recubrir sus huevos con ella y aumentar sus posibilidades de supervivencia. Es lo que los economistas llaman una bonificación y los biólogos, que somos más románticos, un regalo nupcial.

Imagen cortesía de the-line-up.
Imagen cortesía de the-line-up.

Una muestra de la toxicidad de la cantárida es que se supone que formaba parte, junto con el arsénico, la belladona y la cimbalaria, de uno de los más famosos venenos de la historia, el acqua toffana, el arma letal de los Médici. El nombre proviene del su inventora, una tal Giulia Toffana,que vivía en Palermo y que ayudó a numerosas mujeres a quedarse viudas antes de tiempo durante una carrera laboral de más de medio siglo.

Bastaban unas pocas gotas mezcladas en agua o en vino para que la persona notara que le ardía la boca, sufriera disfagia, náuseas, vómitos de sangre, problemas cardíacos y respiratorios, fallo renal, orina tintada en sangre, convulsiones, coma, y muriera pocas horas después.

La leyenda de que Mozart murió envenenado con el agua tofana carece de fundamento, aunque al parecer el responsable de su difusión fue el propio músico, pues en una entrevista que realizaron en 1829 a su viuda, Constanza, ella declaró que «seis meses antes de morir» el famoso compositor «tenía la horrenda impresión» de que unos desconocidos le habían envenenado con el famoso tóxico.

El aqua toffana se usaba además de para el asesinato como instrumento de las ejecuciones, en su versión legal. Los primeros forenses, para comprobar si la causa de la muerte había sido el uso de este veneno, hacían una prueba de vesicación. Consistía en sacar un órgano del difunto, machacarlo en aceite y frotar la solución así preparada en la piel afeitada de un conejo. La aparición de ampollas en la piel del animal era una señal de que el polvo de las cantáridas había sido el agente mortal.

Las cantáridas son tan solo una de las posibilidades disponibles para usar como afrodisíacos. Otros escarabajos de la misma familia de los meloidos se han utilizado como afrodisíacos de los Alpes a China. En la preparación de estimulantes también se han utilizado escarabajos sanjuaneros, infusiones con las pinzas del ciervo volante o los cuernos del escarabajo rinoceronte.

Otras opciones son una babosa de mar de Malasia conocida como «dugu-dugu», la piel de algunos sapos, un veneno que se extrae de escorpiones amarillos y unas especies de arañas brasileñas, el ámbar gris de los cachalotes y una proteína que se encuentra en la secreción vaginal de los hámsteres.

Más aún, hay un alto número de animales a los que se les atribuye en algunos países propiedades afrodisíacas tales como moluscos (las ostras y los caracoles), crustáceos como los langostinos, o reptiles como las víboras, las lagartijas y los huevos de tortuga o cocodrilo. No hay pruebas de que nada de esto sea eficaz.

La avutarda, uno de los animales famosos por la pasión de su cortejo en el que según dicen se olvida de todo lo demás a tal punto que los cazadores pueden acercarse mucho a ellas y matarlas, es de los pocos animales que consumen determinadas especies de escarabajos (Berberomeloe majalis y Physomeloe corallifer) evitados por las demás aves por su alto contenido en cantaridina.

Las avutardas macho comen de uno a tres de estos insectos como máximo, porque de consumir más podrían envenenarse y morir. Se cree que lo usan como un medicamento para acabar con sus parásitos o al menos para persuadirles de que se busquen un nuevo hogar.

Germana de Foix era sobrina nieta del propio Fernando de Aragón, algo que solucionó oportunamente una dispensa papal. Fray Prudencio de Sandoval la retrató como «poca hermosa, algo coja, gran amiga de holgarse en banquetes, huertas, jardines y fiestas» y a ella se le hace responsable de darle los afrodisíacos «porque la reina, su mujer, con codicia de tener hijos, le dio no sé qué potaje ordenado por unas mujeres».

Fernando falleció en 1516 en la aldea de Madrigalejo y no toda la culpa de no darle hijos a Germana debió de ser suya, pues su viuda contrajo segundas nupcias con el marqués flamenco Juan de Brandemburgo, uno del los nobles del séquito de Carlos V y terceras con Fernando de Aragón, hijo de Fadrique I de Nápoles, y con ninguno tuvo descendencia. Y es que cuando la cigüeña se pierde, la cuna queda vacía.

nuestras charlas nocturnas.


Las últimas cargas de caballería de la Historia sucedieron durante la Segunda Guerra Mundial…


Cargas caballaría WWII
Jinetes del 26th Cavalry Regiment de los Philippine Scouts junto a un tanque ligero.

L.B.V.(J.Álvarez) — Aunque en principio parece más propia de otras épocas, la caballería se mantuvo en activo hasta mediados del siglo XX. No nos referimos al concepto actual, en el que el nombre ha sido adoptado por unidades de carros de combate y/o helicópteros de ataque, sino a la caballería en sentido estricto, aquella en la que se combatía a caballo.

De hecho, en la Segunda Guerra Mundial todavía se empleó más de lo que se cree y en ese contexto se produjo la última carga que protagonizó la caballería de EEUU, poniendo fin a una andadura inmortalizada por el cine; la hizo el 26th Cavalry Regiment de los Philippine Scouts en enero de 1942, contra los japoneses.

La Caballería de EEUU fue fundada oficialmente por una ley que promulgó el Congreso el 3 de agosto de 1861. Eso no quiere decir que no hubiera antes, ya que constan diversas unidades desde el estallido mismo de la Guerra de Independencia.

Tras ver el pánico generado en su filas por el 17º de Lanceros del duque de Cambridge, George Washington solicitó al Congreso Continental la creación de una fuerza de caballería ligera. Se le concedió a finales de 1776 y reclutó tres mil hombres.

Los organizó siguiendo el modelo del 5º Regimiento de la Milicia de Caballería Ligera de Connecticut, que se dedicaba a labores de inteligencia y había destacado en la retirada a Nueva Jersey y que, a su vez, fue convertido en uno de los cuatro regimientos del nuevo Cuerpo de Dragones Ligeros Continentales, a los que adiestraron oficiales húngaros y polacos.

Después hubo más unidades de dragones que si bien constituían una caballería de facto, tenían el matiz de que, por regla general, en aquellos tiempos primigenios se reclutaban las tropas montadas sobre la marcha para misiones específicas y se disolvían en cuanto pasaba la emergencia.

Cargas caballaría WWII
El capitán Charles A. May, del 2º de Dragones de EEUU encabezando el asalto a una batería mexicana en 1846. 

Habría que ir hasta 1832 para que la expansión hacia el Oeste impulsase la creación del Batallón de Rangers Montados, cuyo objetivo era proteger a los colonos y que al año siguiente se transformó en el 1º Regimiento de Dragones regular, al que siguieron el segundo en 1836 y los Fusileros Montados en 1846.

Combatieron contra los semínolas y los mexicanos, y con la mencionada ley de 1861, en el contexto del estallido de la Guerra de Secesión, fueron reunidos en un cuerpo al que se añadieron otro par de regimientos.

Como hemos visto tantas veces en la gran pantalla y la televisión, las Guerras Indias consagraron a la Caballería de EEUU: el famoso 7º de Custer, el 9º y 10º de los Buffalo Soldiers (así llamaban los indios a los soldados negros)…

La Guerra de Cuba supuso la última intervención decimonónica y en ella tomaron parte unos célebres jinetes a caballo voluntarios, los Rough Raiders, que organizó y lideró el futuro presidente Teddy Roosevelt. Contra los españoles también se luchó en Filipinas, a donde se enviaron algunas unidades que servirían de germen para la fundación del 26º dos décadas más tarde.

Y eso que el nuevo siglo parecía augurar una disminución de la importancia de los caballos como arma, ya que, pese a que en la Primera Guerra Mundial todavía mantuvieron cierta importancia, la aparición de los tanques y la difusión de las ametralladoras jugaban claramente en su contra.

Sin embargo, aún hubo tiempo de gloria para ese arma, como demostraron las cargas del Regimiento de Alcántara contra los insurgentes marroquíes en Annual (1921), las de los dos bandos contendientes de la Guerra Civil Española (con mención especial para las de Singra y Alfambra de 1938, en la batalla de Teruel), las de la Konarmiya (Caballería Roja) del mariscal Budionni en la Guerra Civi Rusa…

Cargas caballaría WWII
Jinete estadounidense en la Primera Guerra Mundial. 

En 1922, cuatro años después de terminar su participación en la Gran Guerra, el Ejército Regular de EEUU creó el nuevo 26º Regimiento de Caballería, que engrosaba el número de fuerzas de ese tipo que había a esas alturas: once divisiones, algunas de la Guardia Nacional.

El 26º tenía su base en Fort Stotsenburg, una gran acuartelamiento situado a unos ochenta kilómetros al norte de Manila (en Filipinas, el archipiélago arrebatado a España en 1898), aunque una pequeña parte del regimiento estaba acantonada en el aérodromo de Nichols Field, al sur de la capital.

Se formó con efectivos del 25º Regimiento de Artillería de Campaña y el 43º de Infantería, con equipo y monturas del 9º de Caballería, que acababa de ser trasladado a Kansas. Caballos aparte, disponía de seis vehículos blindados, camiones y ametralladoras, estando formado el grueso de sus hombres por scouts (exploradores) filipinos, tropas indígenas a las órdenes de oficiales estadounidenses que ya habían participado en la represión de la Rebelión Moro de Mindanao entre 1902 y 1913.

Cuando se produjo la invasión japonesa en diciembre de 1941, el mando correspondía al coronel Clinton A. Pierce.

El 26º participó en la retirada aliada a la península de Bataán, en la isla de Luzón, realizando una acción de distracción que retuvo el avance enemigo permitiendo salvar la inexperiencia de las divisiones de infantería.

Eso sí, a costa de importantes bajas que redujeron el número de soldados a 450, aunque al mes siguiente recibió refuerzos alcanzando los 657 y logrando con ellos mantener abiertas las carreteras para facilitar la resistencia del resto del ejército.

Fue entonces cuando el 26º protagonizó la que iba a ser la última carga de la caballería.

El honor de dar la orden le correspondió al teniente Edwin P. Ramsey, graduado en la Academia Militar de Oklahoma que había abandonado una carrera universitaria para alistarse y no tenía mucha idea del lugar al que le destinaron: … ni siquiera sabía dónde estaba, excepto que era un país cálido, tropical y que tenía un buen equipo de polo.

Ramsey dirigía una sección de 27 soldados durante la retirada a Corregidor cuando, a su paso por la aldea de Morong, en la reseñada península de Bataán, se topó inesperadamente con el enemigo.

Cargas caballaría WWII
El teniente Edwin P. Ramsey a lomos de su caballo Brynn Awryn

Era el 16 de enero de 1942.

Los japoneses, formados por una fuerza de infantería apoyada por tanques, estaban cruzando un río en ese momento.

Ramsey, pese a hallarse en inferioridad numérica y material, mandó cargar contra ellos al galope, disparando sus Colt 1911 (ya no usaban sables desde hacía una década).

Cuenta el teniente en sus memorias:

Inclinados casi boca abajo sobre el cuello de los caballos, nos lanzamos contra el avance japonés, disparando con las pistolas a sus sorprendidas caras.

Algunos devolvieron el fuego, pero la mayoría huyó confundidos.

Para ellos debimos haberles parecido una visión de otro siglo, caballos con ojos desorbitados golpeando de cabeza; hombres vitoreando y gritando disparando desde las sillas.

La sorpresa que se llevaron ante tan osada e inusitada acción fue tal que los nipones rompieron sus líneas y huyeron, permitiendo que los exploradores tomaran posiciones y se dispusieran a sostenerlas ante el previsible regreso de sus adversarios.

Así fue, pero consiguieron aguantarlos más de cinco horas, bajo fuego intenso y a la desesperada, hasta que la llegada de refuerzos les liberó.

No obstante, los japoneses reanudaron su avanece y Ramsey tuvo que esconderse en la selva, donde organizó una guerrilla que molestó al enemigo durante tres años, hasta el punto de que se ofreció una recompensa (equivalente a 200.000 dólares) por su captura, sin éxito.

Cargas caballaría WWII
Invasión y avance de los japoneses en Filipinas entre el 8 de diciembre de 1941 y el 8 de enero de 1942. 

Aquella carga no fue más que una escaramuza; los historiadores suelen englobarla dentro de la batalla de Bataan, en la que los Scouts, algunas unidades de la Guardia Nacional y diez divisiones del ejército filipino -mal adiestrados y peor equipados- fueron la columna vertebral de la defensa estadounidense.

Pero a Ramsey le sirvió para ganar la Estrella de Plata y el Corazón Púrpura, al igual que varios soldados también fueron condecorados. Los caballos, en cambio, sufrieron peor destino: la escasez de provisiones y la imposibilidad de recibir abastecimiento obligaron a los jinetes a sacrificarlos y alimentarse con su carne.

De ese modo, el 26º experimentó una reestructuración, quedando formado por dos escuadrones, uno de fusileros motorizados y otro de exploradores mecanizados, que empleaban un tipo de vehículo blindado de transporte de tropas de fabricación británica denominado Universal Carrier (o Bren Carrier).

Algunas secciones quedaron aisladas en el norte insular defendiendo Baguio junto al 71º y el 11º de Infantería y luego pasaron a incorporarse a las guerrillas, a veces siguiendo órdenes tácticas y a veces por mera superviviencia.

Con el final de la contienda, el 26º fue desactivado primero (1946) y disuelto después (1951). Decenas de miles de scouts filipinos habían muerto en los campos de concentración japoneses, con especial mención para Camp O’Donnell, donde fueron recluidos 60.000 filipinos y 9.000 americanos.

Los segundos serían trasladados al continente asiático para ser usados como mano de obra esclava y muchos fallecieron en la tristemente célebre Marcha de la Muerte de Bataán; de los primeros se calcula que murieron más de 20.000, a razón de unos 400 diarios, por los malos tratos, el hambre y las enfermedades tropicales (malaria, disentería, beriberi…).

En julio de 1946, al serle concedida a Filipinas la independencia, cerca de un millar de supervivientes aceptaron convertirse en ciudadanos estadounidenses y pudieron continuar su vida militar; algunos incluso alcanzaron el generalato.

La mayoría, en cambio, no recibió esa oferta y se quedaron con la consideración de soldados filipinos al servicio de EEUU; como tales, se les empleó en la ocupación y control de la isla japoensa de Okinawa, entre otros destinos similares.

La controversia generada por ese olvido se mantuvo durante las décadas siguientes y no fue hasta 2009 que el Senado de EEUU les concedió una indemnización por los servicios prestados.

Cargas caballaría WWII
Jinetes polacos en 1945. 

Como decíamos antes, la caballería había dado sus últimas bocanadas en la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que los ejércitos alemán y soviético llegaron a usar 2.750.000 y 3.500.000 caballos respectivamente entre 1939 y 1945.

Es cierto que la mayoría se destinaban a tareas logísticas, pero no faltaron ocasiones de entrar en combate directo desde que en 1939 los lanceros polacos lanzaron su mítica carga contra los alemanes, la primera de docenas que harían a lo largo de la contienda, repitiendo algo que ya habían tenido ocasión de hacer no mucho antes contra los jinetes soviéticos (el mariscal Budionni pertenecía a ese arma y se negaba a admitir su obsolescencia).

Al inicio de la Operación Barbarroja la URSS opuso trece divisiones de caballería a la invasión germana; en 1942 los escuadrones del regimiento italiano Savoia Cavalleria tuvieron que fajarse en proteger la retirada de su 8º Ejército del frente ruso; en 1945 la caballería polaca tomó un pueblo defendido por el enemigo en Schoenfeld (Pomerania) en lo que fue la última carga a caballo exitosa de la Segunda Guerra Mundial.

Aquel canto del cisne sería todo un símbolo del cambio de los tiempos que, sin embargo, todavía tendría algún que otro epílogo y además protagonizado por jinetes de EEUU.

Fue el 22 de octubre de 2001, cuando doce miembros de los Boinas Verdes que acompañaban a los muyahidines de la Alianza del Norte en Afganistán entraron en batalla contra los talibanes en Cobaki, en la provincia de Bakh, montados.

Ese singular episodio quedó inmortalizado en la película 12 Strong («12 valientes») y revela que en algunos rincones del mundo el caballo todavía no ha sido desplazado por el motor.

nuestras charlas nocturnas.


Quitando el velo a un Picasso…


La Vie (196x129 cm) óleo sobre lienzo (1903) de Pablo Picasso. Fuente: The Cleveland Museum of Art.
La Vie (196×129 cm) óleo sobre lienzo (1903) de Pablo Picasso.

Barcelona, 1903

JotDown(O.González) — El joven pintor da los últimos retoques a su creación en un taller de la calle Riera de Sant Joan. Entre las nubes del humo del tabaco se puede entrever un gesto que refleja una mezcla de melancolía y culpabilidad. Sus labios apenas se abren para musitar:

—Da igual, nadie se enterará jamás.

Cleveland, 1976

Hoy no es un día como los demás en el museo de arte de Cleveland. La Vie, una de las joyas de la colección permanente, ha abandonado la pared donde habitualmente reposa y ahora se encuentra en una sala rodeada de instrumentos científicos de última generación.

Allí se han reunido una pléyade de especialistas en arte y un joven científico para intentar arrojar algo de luz sobre una de las obras más misteriosas del genio malagueño Pablo Picasso. La expectación se palpa en el ambiente.

—¿Y dices que con estos trastos que has traído podemos ver a través de la pintura?

—Con todo el respeto señor, ¡estos no son trastos! Los aparatos que veis aquí cuestan más que cualquiera de esos Chevrolets que tenéis aparcados ahí fuera. Y sí, podemos ver a través de la pintura, pero tampoco penséis que es ningún tipo de magia, ¡es ciencia! Lo que vamos hacer no es más que una radiografía, como las que te hacen en un hospital cuando te rompes un hueso.

El funcionamiento es muy sencillo: ponemos una placa fotográfica detrás del objeto que queremos radiografiar y lo exponemos a una fuente de rayos X.

Los rayos traspasarán el objeto en cuestión en función de las propiedades y la densidad de sus componentes. Por ejemplo, nuestros huesos, por tener calcio, absorben la radiación mucho más que los músculos o la piel, formados por átomos más pequeños. Por eso los podemos identificar en una radiografía.

—No sabía que los cuadros tuviesen calcio…

—Bueno, no solo el calcio absorbe los rayos X; si hacemos una radiografía de un cuadro los rayos atravesarán con facilidad el barniz, las resinas, los aceites… Pero no lo tendrán tan fácil con las capas de pintura. Estas atenuarán la radiación en función de lo gruesas que sean y de la composición química del pigmento que usase el pintor.

Así, podremos tomar una imagen en la que veamos las capas de pintura interiores en vez de la exterior que acostumbramos a ver. Eso si el pintor no ha usado algún pigmento que tenga átomos demasiado grandes. Por ejemplo, el mercurio o el plomo absorben los rayos X casi por completo, por lo que solo veríamos una mancha blanca.

—¡Qué interesante! Antes se usaban mucho pinturas con esos compuestos que mencionas: el bermellón, el albayalde… Pero han caído en desuso, entre que son venenosos y envejecen mal… Bueno, dejémonos de cháchara y, veamos qué secretos esconde La Vie. ¡Tratad con cuidado ese cuadro, que vale millones!

—Está todo listo, empezamos con el análisis. Por cierto, ¿por qué es tan importante este cuadro? Yo solo veo a una pareja ligera de ropa a la que se les aparece una especie de virgen… Y tampoco es que esté muy bien pintado…

Como si las palabras del científico hubiesen activado un resorte, la cabeza de todos los presentes se giraron hacía él. Un insulto a sus madres hubiese creado un ambiente menos tenso. Finalmente una de las restauradoras explotó:

—¡Qué atrevida es la ignorancia! Este cuadro que no está «tan bien pintado» es una de las primeras obras maestras de Picasso. Hay una época, de aproximadamente cuatro años, en la que el azul dominó la paleta del pintor y que por eso conocemos como «el periodo azul».

Pues bien, el cuadro que tienes delante de tus narices es posiblemente el más importante de ese periodo. ¿Ves al hombre «ligero de ropa»? Ese es Carlos Casagemas, uno de los mejores amigos de Picasso. Con él viajó a París siendo muy joven y, precisamente, creemos que fue su suicidio en 1901 lo que desató el periodo azul del artista.

—¿Suicidio?

—Así es, la verdad es que ambos llevaban una vida bastante licenciosa en el barrio de Montmartre. Ya sabes, solo se vive una vez, carpe diem, los pintores necesitan musas… La cuestión es que frecuentaban la compañía de ciertas mujeres, entre ellas Germaine, que podría ser la mujer desnuda del cuadro.

Casagemas se enamoró terriblemente de ella, pero la cosa no funcionó demasiado bien y la historia acabó como el rosario de la aurora. En una cena, Casagemas sacó una pistola y disparó a Germaine. Afortunadamente no tuvo éxito, pero acto seguido, con la misma pistola, se quitó la vida.

—A ver si me aclaro. El tipo la intentó matar y después, ¿Picasso los pintó juntos en un cuadro?

—Pues sí, yo creo que era una manera de plasmar en la pintura lo que no pudo ser en la realidad. En ese sentido Picasso estaba influido por Nietzsche, que dijo aquello de «tenemos el arte para no morir de la verdad». Aunque en este caso no sea la expresión más apropiada…

Desde luego que este cuadro, pese a lo trágico, tiene un contenido muy poético: Casagemas dibujado junto a su antigua amante por quien acabó matándose. Todo ello en un cuadro que se llama La vida. Es cuando menos paradójico, ¿no crees?

—Bueno, si usted lo dice… Miren, ¡ya podemos ver los resultados!

La radiografía de La Vie nos muestra asombrosos detalles que quedan ocultos en la composición final. Fuente: The Cleveland Museum of Art.
La radiografía de La Vie nos muestra asombrosos detalles que quedan ocultos en la composición final.

De este modo el científico logró escabullirse de una conversación en la que no se encontraba nada a gusto. Al colocar las radiografías sobre la pantalla luminosa se produjo un silencio instantáneo. Todos aquellos expertos en arte se habían quedado mudos a la vez.

Nadie se atrevía a decir lo que era obvio para todos, hasta que al final, como aquel niño que gritó que el rey estaba desnudo, alguien consiguió articular las palabras:

—Es… el hombre es… es… ¡Picasso!

Efectivamente, los rayos X habían sido capaces de atravesar la pintura superficial y, en el lugar donde estaba el rostro de Casagemas, ahora se veía una cara que bien podría ser la del propio autor del cuadro.

—Vaya, si el cuadro ya era difícil de interpretar esto lo complica todavía más. Ya sabemos que Picasso tuvo un affaire con Germaine después de la tragedia, pero, ¡quién nos iba a decir que se había retratado junto a ella!

—O sea, que Picasso, que en teoría estaba traumatizado por el suicido del amigo, ahogó las penas con la mujer de la que este se había enamorado. ¡Desde luego que los bohemios son especiales!

Supongo que después no se sentiría muy cómodo dibujando esa traición y necesitaba ocultarla —sentenció el científico que ya había sido absorbido por la intrahistoria de la obra que había venido a radiografiar— Oigan, ¿y este pájaro que se ve en medio del cuadro, qué es?

Las miradas abandonaron momentáneamente su primer objetivo y se dirigieron a una desdibujada imagen que se hallaba entre la pareja y la madre. Allí donde antes había una mujer en posición fetal se podía ver una extraña figura, una especie de Ícaro futurista, que una de las expertas intentó justificar:

—Creo que comienzo a encontrarle el sentido a tanto cambio. ¿No os parece ese fantástico personaje una especie de mensajero? Quizás un símbolo de fertilidad que parte de la pareja de amantes para llegar a esa matrona y que su cumpla el eterno ciclo de la vida, La Vie.

—Podría ser… Pero, ¿por qué quitarlo? A mí desde luego me gusta la idea.

—¡Porque Casagemas era impotente! Ese hombre pájaro estaba ahí para reflejar algo entre Picasso y Germaine, pero perdió su sentido cuando Picasso se convirtió en Casagemas. Así que a nuestro artista no le quedó otro remedio que eliminarlo.

Estas conjeturas fueron apoyadas por muchos de los presentes mientras otros se negaban a creer que aquella pieza fuese una especie de portada de una enrevesada historia de la prensa rosa. En medio de aquella acalorada discusión alguien percibió un detalle que se les había escapado:

—Oigan, me estoy acordando de aquello de que ciertos compuestos químicos absorben mucho los rayos X y dejan una imagen blanca en la radiografía. ¿Es eso lo que pasa con esa especie de esfera blanca a los pies de Casagemas, Picasso o quien Dios quiera que sea?

Como si en mitad de una noche cerrada alguien hubiese apuntado hacia la estrella más brillante, todos repararon en aquella forma sin ningún significado aparente. ¿Qué era aquello que rompía la armonía de la composición?

Lo más posible era que se tratase de algo pintado con albayalde, un pigmento blanco, también conocido como blanco de España, que contiene plomo en su composición. Por eso, como bien indicaba uno de los presentes, absorbía tanto los rayos X. Pero eso era todo, nadie podía encontrarle ninguna explicación.

Entonces, el científico, en un intento de expiar su anterior metedura de pata, se aventuró a hacer una interpretación de la navaja de Ockham:

—Si para ustedes esa mancha no representa nada, la explicación más sencilla sería que no fuese parte de la obra. ¿No puede ser que Picasso comenzase el cuadro por ahí y, como quien tras escribir las primeras líneas de una carta arruga el folio y lo tira a la papelera, él tapase sus errores para comenzar de nuevo? Supongo que un lienzo no se puede desechar tan fácilmente como una hoja de papel…

Aunque la conjetura del científico era errónea, su comentario fue el catalizador que la mente de un veterano historiador del arte necesitaba para exclamar ¡eureka!

—¡Perspectiva! ¡No lo estamos mirando bien! —y, cogiendo la radiografía, la giró noventa grados—. Efectivamente, un lienzo no se tira porque no te guste el dibujo, menos aún si mide dos metros de lado y eres un veinteañero que está pasando penurias económicas.

¡Aquí había otro cuadro! Picasso tuvo que pintar sobre otra obra, bien porque se había hartado de ella o porque no tenía un perra chica para gastar en utensilios. Señoras y señores, ¡acabamos de descubrir un Picasso oculto! Me juego el cuello a que se trata del desaparecido Últimos momentos —dijo con la voz entrecortada por la emoción—.

¡Disfruten del momento porque os aseguro que esto no pasa todos los días!

Al girar la radiografía de La Vie se puede apreciar una lámpara sobre una mesilla de noche con un cajón abierto en la esquina inferior derecha que delata la composición anterior. Fuente: The Cleveland Museum of Art.
Al girar la radiografía de La Vie se puede apreciar una lámpara sobre una mesilla de noche con un cajón abierto en la esquina inferior derecha que delata la composición anterior.

Y así es, debajo de La Vie se encuentra la desaparecida Últimos momentos, obra que un jovencísimo Picasso exhibía en 1899 en el bar barcelonés Els quatre gats, el favorito del artista y lugar ahora de peregrinaje para sus admiradores. Este descubrimiento solo fue posible tras obtener la radiografía de la obra y compararla con algunos bocetos preparatorios y las descripciones de los periódicos de la época.

En la desaparecida obra se representaba el lecho de muerte de una persona, posiblemente Conchita, una hermana de Picasso que había muerto de difteria cuando ambos eran niños. La mancha blanca que veían los protagonistas de nuestra historia no es otra cosa que una lámpara que reposa sobre una mesilla de noche, iluminando la estancia incluso después de haber sido apagada por las pinceladas del artista.

Resulta conmovedor saber que esta obra había acompañado a los dos amigos en su viaje a París para la Exposición Universal de 1900, ignorantes de que pocos años después la temática mortuoria iba a ser reemplazada por esa complicada alegoría que es La Vie, donde Germaine, Picasso y Casagemas permanecen unidos para siempre.

El propio Picasso dijo en una ocasión que conocer las obras de un artista no era suficiente. También había que saber cuándo, por qué y en qué circunstancias las realizaba. Lo que él desconocía es que apenas tres años después de su muerte, gracias a la tecnología, se iba a poder entender mucho mejor una de sus más grandes obras, aquella en la que en algún momento decidió cederle el rostro a su amigo Casagemas.

nuestras charlas nocturnas.


Quién compuso realmente el «Réquiem» de Mozart…


Pintura que muestra a Mozart en cama rodeado por dos mujeres y 5 hombres
«Las últimas horas de Mozart», década de 1860. Artista: Henry Nelson O’Neil.

BBC News Mundo(M.A.Marín/the conversation) — Ninguna obra canónica del arte occidental ha suscitado un problema tan crítico sobre su autoría como el famoso Réquiem, (parcialmente) compuesto por Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

El hecho de que su muerte fuera relativamente imprevista, con apenas 35 años, disparó una serie de fantasías que, alimentadas por la épica del Romanticismo, acabarían incrustadas en el imaginario de todos los oyentes.

Tal ha sido el efecto del mito mozartiano que sus últimos coletazos todavía perduran en la actualidad en la oscarizada película «Amadeus», dirigida por Miloš Forman hace cuatro décadas.

Pero el resultado más demoledor de la muerte temprana de Mozart fue la imposibilidad de concluir la misa de difuntos que le habían encargado pocos meses antes.

De las 14 secciones que conforman el Réquiem, solo pudo culminar las dos primeras.

Otras ocho quedaron en borrador y de las cuatro últimas no llegó a esbozar material alguno.

En este estado era imposible interpretar la obra, que parecía así irremediablemente condenada al olvido en un rincón del catálogo mozartiano, como embrión de lo que pudo haber llegado a ser.

– Retomando la tarea

Sólo el tesón de su viuda Constanze cambió el destino.

Movida por el aliciente de cobrar el encargo y honrar la memoria de su marido, encomendó al compositor Franz Xaver Süssmayr, uno de sus discípulos, la tarea titánica de completar la obra del maestro.

Constanze Mozart
Constanze Mozart, retratada en 1761 en Salzburgo, Austria.

Süssmayr fue el responsable de dos operaciones sustantivas que nunca llegaron a ser del todo reconocidas en el ámbito público de la interpretación.

La primera fue completar las ocho secciones esbozadas (del Dies irae al Hostias) añadiendo nuevos materiales y orquestando el torso que había ideado Mozart.

Y la segunda, más complicada, fue componer al completo las tres secciones finales (Sanctus, Benedictus y Agnus Dei), para las que no había ningún borrador de partida.

Para aliviar la magnitud del encargo, y con el fin de garantizar cierta coherencia, Süssmayr optó por reutilizar la música de las dos primeras secciones para la Lux aeterna final, simplemente sustituyendo un texto por otro.

Sin su intervención, la obra probablemente nunca hubiera entrado en el repertorio canónico.

Completada la operación, el Réquiem pudo entonces recibir su estreno 13 meses después, en enero de 1793.

Con la publicación de la partitura en Leipzig en 1800, la obra se propagó rápidamente por todos los rincones de Europa, incluidas muchas ciudades españolas: desde centros capitales como Madrid, Barcelona, Sevilla y Zaragoza a poblaciones más modestas como Olot, Mondoñedo, Orihuela y Cervera.

– La indefinición de la autoría

Pero quizá sin ser del todo consciente, con este proceso de difusión Constanze había dado pie a uno de los debates más agitados y controvertidos que nunca se han visto en la historia de la música: el de la verdadera autoría de la composición.

¿Qué partes de la obra que todos conocían eran realmente de Mozart y cuáles habían surgido de la pluma de Süssmayr?

Las polémicas entre musicólogos sobre este espinoso asunto se han sucedido en olas desde entonces.

Pero ninguna ha evitado que se acabara estableciendo la práctica de atribuir el Réquiem en exclusiva a Mozart.

Los carteles anunciadores, los programas de mano y las críticas de conciertos han obviado durante estos dos siglos la imprescindible participación de Süssmayr en la finalización de la obra.

Portada de la partitura con ilustración de gente en cementerio
Como ha sido desde siempre, esta partitura para piano francesa del Réquiem de la década de 1820 sólo le atribuye la autoría a Mozart.

A partir de la década de 1970 empezaron a plantearse propuestas alternativas en el ámbito de la musicología.

¿No era posible, a partir de los autógrafos conservados, imaginar el Réquiem que Mozart hubiera podido componer de haber vivido algún tiempo más?

A fin de cuentas, todos los expertos coincidían en que Süssmayr, con todo su mérito, era un compositor de oficio pero de talento modesto, que además había trabajado con la presión psicológica de someterse a la equiparación con un genio.

– ‘Recuperar’ un Réquiem inexistente

De modo que en las últimas décadas han surgido una veintena larga de versiones alternativas del inacabado Réquiem que modifican la versión “original” en grados muy diversos, en ocasiones incluso extremos.

El avance en la investigación de las fuentes mozartianas y la continua actualización de los principios de la filología musical demandan nuevas ediciones que integren estos desarrollos.

Además, en la medida en que conocemos mejor los procedimientos compositivos de Mozart, las prácticas litúrgicas de su entorno y la técnica compositiva del propio Süssmayr, es posible evaluar con más precisión la edición de 1800 y proponer realizaciones mejor fundadas históricamente.

La idea quimérica de reconstruir el Réquiem ha inspirado tácitamente muchos de estos intentos.

Mozart en cama escribiendo y su esposa sentada con él, tomándole la mano
Retrato de Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791) mientras componía el Réquiem, pintado por William James Grant, 1854.

La conclusión inapelable que podemos extraer hoy de este complejo panorama es que esa empresa, la de completar el Réquiem mozartiano en su versión perfecta y definitiva, no es solo una operación difícil: es sencillamente imposible.

Existe una tensión irresoluble entre dos facciones.

Por un lado, quienes abogan por una versión originada en el círculo vienés del compositor, que suene como tal y transmita la visión única e irrepetible de quienes vivieron en ese preciso lugar y momento (ideales que encarna la versión de Süssmayr).

Por el otro, quienes sostienen que, precisamente gracias a la gran distancia estilística que nos separa de Mozart, ahora resulta mucho más fácil que entonces observar los detalles de su lenguaje y codificarlo de una manera más objetiva.

Solo nos queda esperar a que la inteligencia artificial haga pronto su propia propuesta.

Si este dilema no tiene una solución definitiva, al menos podemos promover una aproximación más transparente a este complejo asunto: consignar siempre quién es el autor, junto a Mozart, de la versión que se esté interpretando o grabando.

El reconocimiento de esta autoría secundaria en nada eclipsa la grandeza mozartiana.

Más bien, si acaso, la dignifica al recordarnos la grandeza de cómo un fragmento musical ha podido desplegar una de las composiciones más extraordinarias de la historia de la humanidad.

nuestras charlas nocturnas.