Como tratar los «empachos» …

También denominado inflamación crónica del estómago.
Se trata de una enfermedad en nuestros días muy corriente que puede ser originada por un catarro agudo prolongado o mal curado.
Sus causas están asociadas a los abusos y la mala alimentación.
Enfermedades del corazón, riñones, hígado, gota o diabetes ejercen una acción directa también.
La persona que se ve afectada por esta enfermedad por lo general tiene mal sabor en la boca al despertar por las mañanas, tiene eructos agrios, boca maloliente y una sensación de peso en el estómago así como dolor al hacer presión sobre el mismo.
Algunas veces incluso aparecen vómitos después de comer o al levantarse por las mañanas.
- Recetas
1.- Orégano, flor de manzanilla, comino, raíz de valeriana y trébol de agua.
2.- Anís ajenjo, comino, tomillo y cálamo aromático.
3.- Menta, romero, raíz de genciana y cálamo aromático
4.- Potentila, tomillo, Anís, romero y Menta
. Preparación: Todas las recetas se preparan mezclando las plantas a partes iguales. Infusión de una cucharadita por taza. 5 minutos de reposo. Colar y beber con miel de romero preferiblemente.
. Posología: Dos tazas al día siempre después de la comida y cena. Cambiar de receta cada semana.
- Consejos
- Coma frutas frescas del tiempo y verduras, sobre todo apio y manzanas.
- No tomar alimentos ni bebidas muy calientes ni muy fríos.
- Comer despacio y masticando bien los alimentos.
- Prescinda de los picantes y especies fuertes.
- Abandone el alcohol.
- Las grasas y carnes fritas son muy perjudiciales para esta enfermedad, así como excitantes.
- No coma en exceso.
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Los viudos o divorciados tienen más riesgo de sufrir diabetes o depresión

Madrid — Casarse, divorciarse o enviudar son situaciones que a cualquier persona le cambian la vida.
Y de manera más profunda de lo que podríamos creer.
O eso se desprende de un estudio que afirma que las personas casadas gozan de un mejor estado de salud que las viudas o divorciadas.
El trabajo, publicado en ‘Journal of Health and Social Behavior’, da a conocer varios resultados, que se suman a las diferentes investigaciones que a lo largo de los años han investigado sobre la relación entre la longevidad y el estado civil.
Para llevar a cabo la investigación, se han analizado los antecedentes de más de 8.500 personas, de entre 50 y 60 años, y se ha estudiado la relación entre su vida sentimental y su historial médico.
Las personas que han estado divorciadas en, al menos, una ocasión, sufren una peor salud durante gran parte de su vida. También influye el tiempo que pasa entre un matrimonio y otro, puesto que es proporcional: a más tiempo, mayores repercusiones negativas en la salud.
La gente separada o viuda tiene un 20% más de posibilidades de sufrir enfermedades crónicas como diabetes, cáncer, o problemas cardiovasculares. Además, tienen una movilidad más limitada, al igual que las personas que nunca han pasado por el altar. Estos últimos padecen un 13% más de síntomas depresivos que los casados.
Todos estos datos dependen, claro está, de lo placentero que sea el matrimonio, pues una relación marcada por la tirantez también debilita la salud.
Según asegura Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, había antecedentes que apuntaban a que «cierta estabilidad matrimonial contribuye a una mejor salud». Además, añade que en los últimos años se han venido publicando estudios mucho más «contundentes» que refuerzan esta tesis.
Tal y como se explica en el artículo, volverse a casar tras un divorcio tampoco es la solución, puesto que la salud se ve perjudicada de todos modos, aunque retrasa la aparición de síntomas de enfermedades crónicas. Además, en este caso no se suelen percibir indicios de depresión. Se han hallado evidencias de que los beneficios en la salud cuando alguien vuelve a pasar por la vicaría no son tan extensos como los que se dan en la primera boda.
– Divorcio equivale a estrés
Una de las autoras del estudio, la doctora Linda J. Waite, de la Universidad de Chicago (EEUU), afirma que algunas enfermedades como la depresión suelen aparecer de manera rápida y contundente debido a cambios repentinos que se pueden producir en la vida de una persona. De ahí, pues, que vayan asociadas frecuentemente a rupturas sentimentales.
La diabetes, o las enfermedades del corazón, en cambio, van desarrollándose de manera lenta, durante un período sustancial de tiempo.
La viudez y el divorcio suelen ser siempre traumáticos y, por ello, asegura Trilla, acaban desembocando en procesos de estrés, lo cual deteriora inevitablemente la salud. En el caso de ancianos que enviudan, afirma que se dan bastantes casos en los que el cónyuge que sobrevive se deteriora rápidamente, y en ocasiones se pierde el interés por seguir viviendo.
Otra de las razones que se dan para explicar este fenómeno es la situación de equilibrio que suele vivir la persona casada, tanto a nivel emocional, como social y financiero. Pero ¿esta estabilidad es causa de una buena salud, o su consecuencia? Es lo que se pregunta el doctor Trilla, quien plantea la hipótesis inversa: que tener un nivel óptimo de salud haga tender a buscar una vida más estable.
– Estudios anteriores
No es la primera vez que se establecen vínculos entre la salud y la vida sentimental de las personas. En 1996, un estudio afirmaba que, al divorciarse, los hombres aumentaban sus posibilidades de morir, independientemente de cual fuera la causa de la ruptura de su matrimonio.
En cuanto a la salud mental, en 2000, otra publicación sostenía que las personas viudas o divorciadas, generalmente, presentan una peor salud mental que las que siguen casadas. Otra investigación trató la relación con la duración de los matrimonios y concluyó que influía incluso más que la edad, cuando se trataba de relaciones largas que terminaban.
Así pues, parece evidente que la situación sentimental de las personas tiene un efecto directo en su salud. Al fin y al cabo, el ser humano es un ser social, y la interacción con otras personas determina, en buena medida, nuestro futuro.
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Compasión: un enfoque para hipercríticos …

Un buen número de personas transita por la vida con pesadas mochilas emocionales.
Es una ingrata receta que combina dos ingredientes igualmente negativos: una permanente sensación de vergüenza y el aguijón punzante de la autocrítica.
El resultado es gente con enormes dificultades para ser amable consigo misma y que, en la dureza con la que se trata, encuentra serios problemas para tolerar el malestar e ingeniárselas, aun en momentos difíciles o de estrés, para encontrar sensaciones de tranquilidad, calma, reaseguro.
El drama suele beber de las aguas del abuso, maltrato, negligencia o falta de afecto en la infancia, que ocurren en familias de todo tipo y que no necesariamente deben producir mucho ruido para dejar consecuencias.
Cuando el lugar y los seres en teoría más confiables han resultado más amenazantes que contenedores, tanto el mundo externo como el interno se procesan como hostiles.
Para aquellos que luchan contra su corrosivo crítico interior y tienen gran dificultad para reconocer que necesitan ayuda, envueltos como están en un círculo de vergüenza interna (por lo que piensan y sienten de sí mismos) y externa (por lo que piensan y sienten que los otros piensan y sienten acerca de ellos), el psicoterapeuta inglés Paul Gilbert, profesor de psicología clínica de la Universidad de Derby, Reino Unido, desarrolló la terapia centrada en la compasión, que incorpora elementos del budismo y de las neurociencias.
El concepto, según dice el psicoterapeuta inglés, nada tiene que ver con la tan mentada autoestima que ha venido de la mano de muchos manuales de autoayuda, ligada con una visión egocéntrica y narcisista, que tiende a establecer diferencias sociales o económicas con los otros.
Tampoco se vincula con el sentir lástima por uno mismo. La compasión se refiere a la humanidad que tenemos en común con todos los seres del planeta. «El Dalai Lama dice que, si queremos que los demás sean felices y también ser felices nosotros, nos focalicemos en la compasión», explica Paul Gilbert.
La compasión se vincula con algunos preceptos del budismo, en tanto supone una mirada de recogimiento y amabilidad sobre el propio sufrimiento y el sufrimiento ajeno, y ser compasivos ofrece la posibilidad de sentirse (y ya no meramente de «saberse») parte del mundo y actuar en consecuencia, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, con el objetivo de disminuir ese dolor.
Gilbert dirige la Compassion Mind Foundation ( http://www.compassionatemind.co.uk ) en Derby, con el objetivo de estudiar científicamente el poder de la compasión. A través de resonancias magnéticas, se ha verificado que durante la meditación es posible llegar a estados de «compasión pura» (ser algo así como «uno con el universo») y que en esos trances se activan zonas del cerebro prefrontal izquierdo, que contiene redes neurales vinculadas con la empatía, el amor maternal y una mayor conexión entre pensamientos y sentimientos, al mismo tiempo que se aquieta la actividad del lóbulo prefrontal derecho, conectado con estados de ánimo más negativos.
«Un vez que la persona entendió que sus síntomas y dificultades no son otra cosa que estrategias adaptativas (por ejemplo, sufrir un trastorno alimentario buscando ilusoriamente confort emocional en momentos de gran angustia) -explica Gilbert-, y que puede dejar de criticarse y de culparse todo el tiempo por sus ideas y sentimientos, está más libre para comprender su situación real y manejarla.»
La compasión, así como la crueldad, dice Gilbert, son, más que sentimientos, formas de organización de nuestras mentes. La buena noticia es que es posible pasar de la crueldad a la compasión mediante técnicas de entrenamiento para trabajar la atención, el pensamiento, los sentimientos, la imaginación y el comportamiento desde una perspectiva compasiva y construir esas redes neurales vinculadas a la auto regulación de estados de tranquilidad, calma, seguridad, calidez.
El método propuesto por Gilbert se recomienda en cuadros que tengan como síntomas cardinales la vergüenza y la autocrítica: depresión, trastornos de ansiedad y alimentarios. También se ha probado en secuelas postraumáticas y en psicosis.
«Hay varios niveles de compasión -describe Gilbert-. Uno, la compasión que sentimos de parte de los demás hacia nosotros; otro, la compasión que tenemos hacia los otros y, finalmente, la compasión hacia nosotros mismos. Cada una puede desarrollarse con distintas prácticas.
Por ejemplo, podemos imaginarnos a nosotros mismos como personas compasivas, pensando cómo somos cuando somos lo mejor que podemos ser. Aprendemos a prestar atención a esas cualidades interiores y a tratar de vivir según ellas cada día. Otra práctica que ayuda a sentir la compasión de parte de los otros es trabajar con imágenes.
Aquí, las personas se concentran en una figura compasiva a la que dotan de sabiduría, fuerza, calidez, y que es capaz de confortarnos en los momentos de mayor crisis e inseguridad, pero sin juzgarnos.»
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La música favorita de los psicópatas …

La Mente es maravillosa(S.D.González) — El vínculo entre música y psicopatía ha sido objeto de exploración durante varios años.
En un estudio de 2017, un grupo de investigadores analizaron la conexión entre las tendencias psicopáticas y las preferencias musicales.
Los resultados arrojaron datos muy sorprendentes e interesantes sobre las canciones favoritas de aquellos con inclinaciones psicopáticas. En este artículo profundizamos en los hallazgos de esta relevante investigación y de otras que analizamos a lo largo del contenido.
– Una playlist de 260 canciones
El equipo de investigación del trabajo previamente citado reunió a 193 voluntarios de varios grupos étnicos y económicos para que escucharan una lista de 260 canciones. Después de que los participantes escogiesen sus favoritas, los científicos compararon los resultados en la conocida escala de psicopatía.
Dicho esto, el autor del estudio, Pascal Wallisch, advierte que las conclusiones podrían no ser definitivas, pues la muestra de población es demasiado pequeña, tal y como contó en su momento al diario The Guardian.
Aunque todavía quedan muchos matices que abordar, este primer experimento puede suponer un método eficaz y seguro de detectar psicópatas. Según el autor, sería en favor de la seguridad pública, ya que podría impedir que ciertos individuos ocupen puestos de trabajos en los que la empatía es especialmente importante, como la policía, el ejército o la atención sanitaria en general.
– Blackstreet y Eminem: la música favorita de los psicópatas
Las canciones «No Diggity», de Blackstreet, y «Lose Yourself», de Eminem, son dos de las más escuchadas. Claros ejemplos de cuál puede ser la música favorita de los psicópatas. Contrario a la creencia popular, el trabajo no encontró una relación entre el gusto por la música clásica y los rasgos de este tipo de personalidad.
En la otra cara de la moneda se encuentran temas como «My Sharona» de The Knack, o «Titanium» de Sia. Estos temas han sido calificados como «los que menos gustan a aquellos con menos tendencias psicopáticas».
– Tras la mente del psicópata
Este no es el primero ni el último trabajo que intenta aumentar el volumen de información valiosa con la que contamos sobre la mente del psicópata. Por ejemplo, un estudio publicado en Personality and Individual Diferences señala que aquellas mentes cercanas a la psicopatía tienen una fuerte tendencia a estudiar negocios o economía.
Se trata de una lectura que ya motivó la película American Pyscho (2000). En este filme, el protagonista, interpretado por Christian Bale, se presenta como un tío pulcro, frío y lobo de Wall Street. Aunque los productos audiovisuales influyen en el imaginario colectivo, este tipo de relaciones con los psicópatas no deben tomarse al pie de la letra.
Volviendo al tema de la música, parece que está quedando atrás el mito de la música clásica y el psicópata establecido por personajes como Álex DeLarge, de La Naranja Mecánica (1971),o Hannibal Lecter, de El Silencio de los Corderos (1991). Ahora sabemos que las personas con tendencias psicopáticas tienen gusto musicales más concretos.
– Psicopatía y entretenimiento

En la misma línea de indagación del estudio de Wallisch, en 2018 se analizó el vínculo entre la psicopatía y las preferencias de entretenimiento (música y películas).
El objetivo principal fue investigar si las personas con rasgos psicopáticos tienen preferencias de entretenimiento diferentes a las de las personas sin estos rasgos.
Para llevar a cabo la investigación, los autores utilizaron una muestra de 429 personas y midieron múltiples rasgos de personalidad tanto normales como anormales.
Los resultados mostraron que las personas con rasgos psicopáticos tenían preferencias de entretenimiento diferentes a las de las personas sin estos rasgos.
En particular, los psicópatas con un rasgo alto de audacia o «dominio intrépido» (fearless dominance) tienden a preferir música como el blues, el jazz, el rap y el rock . Con respecto a las películas, les gustan las de guerras, ciencia ficción, terror y suspenso.
Es importante tener en cuenta que este estudio tiene algunas limitaciones, como el hecho de que se basó en medidas de autoinforme y no en diagnósticos clínicos de psicopatía. Sin embargo, los resultados muestran que hay una ligera relación entre la psicopatía y las preferencias de entretenimiento.
– Problemas para reconocer emociones en la música
Un trabajo reciente divulgado en Cognition & Emotion permite completar la pieza del rompecabezas sobre la música favorita de los psicópatas.
Los investigadores evaluaron si los rasgos psicopáticos se asocian con dificultades para reconocer emociones en la música.
Después de todo, una de las características de la psicopatía son las limitaciones en el reconocimiento de emociones transmitidas frente a frente por otras personas.
Los expertos encontraron que, en general, los rasgos psicopáticos se asocian con una menor precisión de reconocimiento de emociones y una menor probabilidad de sentir la emoción al escuchar música. La relación fue más sólida en listas de música asociadas al terror o el horror. Por tanto, es probable que estos prefieran canciones que no estén cargadas de una potente carga emocional que requiera interpretarse para asimilar la letra o su mensaje.
– El problema ético que se plantea

En cualquier caso, no parece tan sencillo identificar la música favorita de los psicópatas.
Aunque muchos de estos estudios pueden arrojar luz sobre este aspecto de la salud mental, la ética se convierte en la gran asignatura pendiente.
Tal y como advierte el propio Wallisch, autor del estudio de la Universidad de Nueva York, realizar este tipo de exámenes sin el consentimiento de los aspirantes podría ser controvertido o, incluso, faltar a la ética profesional.
Por eso, es fundamental establecer normas y protocolos a la hora de intentar desentrañar la mente de una persona, sea psicópata o no. Anteriores indagaciones y conceptos como la tríada oscura son herramientas que pueden ser de ayuda, pero no deben convertirse en una excusa para caer en prejuicios o diagnósticos precipitados.
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Las claves del budismo para alcanzar la felicidad …

Muy Interesante(P,Nira) — ¿Cómo se puede alcanzar la felicidad, según los budistas?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que el budismo es una religión que surge a finales del siglo VI a.C. en plena efervescencia intelectual en el norte de la India.
Fundada por Siddharta Gautama (Buda), constituye un modo de vida mediante el cual los individuos buscan liberarse de la ignorancia, causa del sufrimiento, y conseguir la paz y la felicidad de la mente.
En el budismo, la felicidad se ve como un estado mental y emocional que surge de la paz interior y la satisfacción, en lugar de depender de factores externos.
Según la filosofía budista, la verdadera felicidad (“sukha”) se encuentra en el interior y se puede lograr a través del desarrollo personal y espiritual. ¿Pero cuáles son las claves para alcanzar esa felicidad?
El budismo enseña que el deseo y la aversión son las raíces del sufrimiento. Según la enseñanza de Buda, todo lo efímero es dolor, y a su vez, el origen del dolor reside en el deseo. Por tanto, se entiende que la abolición del deseo supone la desaparición del dolor.
Tal y como aseveran, al desapegarse de los deseos materiales y las expectativas excesivas, uno puede encontrar felicidad en el presente y aceptar las cosas tal como son. Es por ello que se apuesta por un “camino de ocho ramales o del centro”, que conduce a la extinción del dolor: opinión, pensamiento, palabra, acción, medios de existencia, esfuerzo, atención y contemplación.

Por otra parte, la filosofía budista se fundamenta en la práctica de la atención plena (mindfulness). Esto implica estar plenamente presente en el momento actual, sin dejarse llevar por los arrepentimientos del pasado o las ansiedades sobre el futuro. De esta manera, se puede alcanzar una sensación de paz y sosiego.
La meditación y la contemplación son prácticas comunes en el budismo, puesto que ayudan a calmar la mente y a alcanzar un estado de paz interior, que es considerado un precursor de la felicidad duradera.

Además, para los budistas es vital cultivar la compasión y la bondad hacia uno mismo y hacia los demás, como una fuente importante de felicidad. Según la enseñanza de Buda, ayudando a otros y practicando la compasión, se encuentra una alegría profunda y reconfortante.
Por otro lado, su ideología se basa en comprender que todo en la vida es impermanente, tanto las cosas buenas como las malas. Es decir, según los budistas, entender que todo es efímero nos puede ayudar a mantener una perspectiva equilibrada y a encontrar alegría en las experiencias cotidianas.
Al mismo tiempo, los seguidores del budismo hacen hincapié en el desarrollo espiritual como una de las claves de la felicidad. En este sentido, el camino hacia la iluminación y la liberación del ciclo de sufrimiento (“samsara”) se ve como la máxima realización de la felicidad en el budismo.

La palabra de Buda nos acerca a la moralidad en la conducta, el cultivo de la mente y el desarrollo de la sabiduría interior, según el texto cumbre del budismo (Dhammapada, La Enseñanza de Buda), una obra con una antigüedad de 2.300 años.
También aquí se alude a las tres raíces del dolor: el autoengaño, la avidez y el odio, revelando la vía para superarlas: el autoconocimiento, el desapego y el amor. Así, en estos textos, en referencia a la felicidad, encontramos afirmaciones como las siguientes:
- “Venciendo origina uno odios; vencido, vive uno apenado; despreocupándose de victorias y derrotas, vive uno sereno y feliz.
- No existe fuego como la pasión; no existe miseria como el odio; no existen males (dukkha) como los elementos que constituyen la existencia (khandha); no existe felicidad superior a la serenidad.
- El hambre es la peor molestia; las cosas condicionadas (sankhara) son la peor desgracia; conociendo esto, en verdad, el nirvana es la suprema felicidad.
- La salud es la mejor protección; la satisfacción es el mejor bien; la confianza mutua, el mejor parentesco y el nirvana la suprema felicidad.
- Bebiendo el nectar de la soledad y el néctar de la calma, bebiendo el néctar de la alegría que emana del dharma, se libera uno de la angustia y se libera del mal.
- Ver a personas nobles es provechoso y es provechoso convivir con ellas; apartándose de los necios puede vivir uno siempre feliz.
- Al que se juntó con un necio por mucho tiempo le pesa; tratar con necios es siempre desagradable, como tratar con un enemigo; pero es agradable tratar con un sabio, como tratar con amigos.
- Como la luna se acoge a sus constelaciones, acogeos al sabio, inteligente y culto, paciente, que cumple sus deberes, noble, bueno y sagaz”.
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Ensayo: El traje de bodas …

BBC New Mundo(L.Plitt) –— Para las mujeres que se aferran a su vestido de novia porque les recuerda uno de los momentos más felices de su vida, la sola idea puede parecer una pesadilla.
Las más desapegadas, quizás, se atrevan a considerarlo.
Se trata de un traje de bodas que, al entrar en contacto con el agua, se disuelve… sin dejar rastros.
La prenda -que en el peor de los casos se luce sólo una vez, el día del matrimonio, y en el mejor, se la pone una hija, una amiga o una nuera en su propia boda o en una fiesta de disfraces- fue creada por un grupo de estudiantes de la Universidad de Sheffield Hallam, en Inglaterra.
El secreto está en el material. Parte del vestido está hecho de un tejido que contiene alcohol polivinílico, un polímero sintético utilizado generalmente en detergentes, que se disuelve en el agua sin dañar el medio ambiente.
El resto del traje está compuesto por otros materiales que no son solubles, pero sí biodegradables, como algodón orgánico y accesorios 100% ecológicos.
Así, después del día de la boda, la flamante esposa puede sumergir una parte de la prenda en agua, hasta hacerla desaparecer, como por ejemplo las mangas, y como resultado, obtiene una prenda diferente.
«A medida que disuelves diferentes partes, el vestido se va transformando en un prenda distinta», le dijo a BBC Mundo Ben Herbert, estudiante de Diseño de Modas, parte del equipo responsable del invento, que está integrado también por estudiantes de Ingeniería.
- Cambio necesario

El objetivo detrás de esta creación, dicen los estudiantes, es invitar a la gente a reflexionar sobre el impacto que la industria de la moda tiene sobre el medio ambiente.
«Elegimos trabajar sobre el vestido de novia porque es una de las prendas de vestir en la que más dinero invertimos en toda nuestra vida y sólo la usamos una sola vez.
Además, lleva metros y metros de tela. La mayoría conserva el vestido como recuerdo, pero, eventualmente, termina en un basurero», explica Herbert.
En el Reino Unido, la cantidad de ropa que compra el público aumentó en los últimos años un 40% y actualmente ronda las dos millones de toneladas por año. Cerca del 74% de estas dos millones de toneladas termina cada año en la basura.
«La industria de la moda en general tiene que tomar conciencia de esta situación e introducir cambios en el rumbo que está tomando», dice Herbert. Con él coincide Jane Blohm, profesora de Diseño de Modas de la Universidad de Sheffield Hallam.
«Para reducir el impacto de la moda en el medio ambiente la industria de la moda debe confrontar las prácticas y las actitudes convencionales», dice Blohm. «Esta exhibición», comentó Blohm en referencia a la muestra donde se presenta el vestido creado por los estudiantes, «demuestra lo que se puede hacer cuando el diseño y la innovación científica suman esfuerzos».
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Un paladar exquisito devela los secretos de la yerba mate …

A.Páez — Los secretos de cómo preparar un «buen» mate -bebida típicamente argentina, tradición pasada de generación en generación y compartida por uruguayos, brasileños y hasta chilenos- se encuentran en las páginas de «El libro de la yerba mate», escrito por la sommelier Karla Johan Lorenzo.
«La yerba mate tiene poderes medicinales que fueron descubiertos en la época precolombina.
Es diurética, ayuda a controlar la ansiedad y, además, es un alimento» describe la autora en una entrevista con Télam, y agrega que «es un elixir reconfortante que brinda fuerza y energía».
En su libro, Lorenzo afirma que «los principios activos, resultan muy apropiados para combatir una de las patologías de mayor crecimiento en las últimas décadas: el sobrepeso y la obesidad, ya que contiene numerosas vitaminas y minerales, además de resinas, fibra, aceite volátil y taninos».
La autora brinda datos que sorprenden: «En Argentina se consume entre 6 y 6,5 kilos y medio de yerba por año por persona.
Uruguay, un país con el que compartimos la pasión de tomar mate, 7 kilos, pero ellos no son un país productor, además son menor en habitantes y nos ganan con el arte de cebar mate».
«La idea es no saturar al consumidor con algo que ya sabe, sino darle más información sobre lo que conoce. Comparto datos que adquirí en la carrera de sommelier y de mi experiencia personal como bisnieta y nieta de yerbateros en la zona de Misiones, lugar donde nací».
Editado por «Del Nuevo Extremo», el texto describe el proceso desde: la plantación del árbol, los diferentes tipos de hojas, el cultivo y los tipos de yerba que existen, el proceso de la cosecha, los sistemas de secado y el estacionamiento pasando por la molienda, hasta el envasado.
El volumen incluye fotografías de marcas típicas de ciertas zonas de la región argentina con su ficha de cata, su origen, el método de secado, el estacionamiento y las características del sabor.
«La idea de hacer esto es para que el lector que alguna vez viajó y probó una yerba que le gustó y nunca más la encontró, sepa un poco más de ella».
Ahora bien, la yerba mate, no se puede servir en cualquier recipiente, quién no recuerda los viejos mates de losa, cerámica, un simple vasito de plástico o improvisadas tapas de termos y demás adminículos que oficiaban de mate.

El `mati`, etimología de la palabra mate, deriva del vocablo quechua que quiere decir `vaso o recipiente para beber`.
Los hay llamados: yergua, calabaza tipo pera, galleta, camionero, de madera, de plata, aluminio, marfil, guampa, coco y los más osados lo beben en frutos como: pomelo, naranja y ananá.
La bombilla es otro de los elementos que componen esta bebida.
Pero no siempre existió. Los aborígenes adoptaron diversas formas para disfrutar de las propiedades de la yerba mate: primero masticaban las hojas frescas, apenas partidas y extraían así su líquido expulsando luego sus restos hasta que descubrieron el tallo leñoso y hueco de la caña. Y así nació la primera bombilla.
La pava que tuvo sus orígenes como simple jarrito y se la llamaba caldera, nombre que aún se utiliza en Uruguay y en Entre Ríos, el termo y la temperatura del agua también se encuentran especificadas en la obra de la sommelier.
Una descripción con fotografías de cómo cebar el mate y otras formas de consumir la yerba mate en las que se encuentran el mate cocido, el mate con leche, el tereré y las infusiones que se le agregan a la bebida también están descriptas.
Comidas como el `Budín húmedo de mate y limón` o los `Bocaditos de almendra y mate`; los productos de belleza tales como shampoo, bálsamos, jabones de cilantro y yerba que posee propiedades antioxidantes y astringentes, se pueden encontrar en este tratado sobre la bebida nacional por excelencia.
Los viajeros pueden encontrar `La Ruta de la Yerba Mate`: un itinerario turístico en el entorno de la yerba, en el que los visitantes disfrutarán conociendo la cultura de su gente, deleitándose con una gastronomía singular con perfumes de yerbas y sabores de mandioca, descubriendo nuevos sabores.
Un diccionario al final del libro nos familiariza con términos y frases como `cimarrón` para describir el mate amargo; `cortar la cebadura` que significa arruinar la infusión con agua hirviendo; `cansarla` o que la yerba rinda al máximo y `mate llorón`, el que rebasa el agua. (Telam)
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La Ñ resiste …

S.Anaine/M.Wiñazki — Las direcciones ubicadas en España ahora pueden incluir la Ñ.
Pero falta que esa posibilidad se extienda a otros países.
Cómo fue el origen de esta letra, exclusiva de un idioma que usan 500 millones de personas.
A fines de 2006 se dio a conocer en España un anteproyecto de ley dentro del área informática, impulsado por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio (MITyC).
Su objetivo: incluir en Internet algunos caracteres castellanos, portugueses, valencianos, vascos o catalanes, entre ellos nuestra emblemática ñ.
La propuesta apuntaba a que esos caracteres aparecieran en nuevos dominios, con la extensión «.es».
Finalmente, se aprobó el proyecto de Ley de la Sociedad de la Información que establece el servicio «Petición de dominios multilingües.es», es decir: se puede poner un sitio web que tenga en su dirección esos caracteres si el sitio lleva el dominio que corresponde a España.
Los dominio en la red se refieren a un territorio político y se construyen con dos letras del nombre de un país: Argentina = ar; Uruguay: uy; Chile: cl. El dominio «.es» significa sólo España. No existe ningún acuerdo internacional para que caracteres como la Ñ pudieran incluirse con las extensiones propias de todos los países de habla hispana, como «.mx», para México, «.ar», para la Argentina.
El 5 de noviembre, en la Real Academia, el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sus ministros Juan Clos (MITyC) y César Antonio Molina (Cultura), la actual directora del Instituto Cervantes, Carmen Cafarell y el director de la RAE, Víctor García de la Concha, junto a los presidentes de las 22 academias de los otros países de habla hispana, celebraron que la letra ñ se pudiera comenzar a utilizar en los dominios de Internet.
Tras el acto, el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia, dijo a Clarín que ve con alegría que «la pobre letra Ñ, maltratada por la tecnología anglosajona», no se haya rendido, que haya dado batalla. En este triunfo influyó, afirma, que el Instituto Cervantes la tenga como uno de los logos estilizados y «que la revista argentina de cultura Ñ, de Clarín, la haya hecho título y bandera».
Los signos gráficos que se incluyen no se habían utilizado hasta el momento, según García de la Concha, por razones «técnicas». Existía una «limitación en el sistema binario de siete ‘bits'», lo que suponía que había un total de 128 posiciones, que ya estaban ocupadas por el alfabeto anglosajón. El reciente paso de siete a ocho ‘bits’ multiplicó las posibilidades, lo que ha permitido los dominios multilingües.
No todo el mundo se queda tranquilo con esta explicación. Dice el dramaturgo Rafael Spregelburd: «Desconozco los motivos por los cuales no hay eñe en Internet, pero sospecho que no deben ser totalmente técnicos. La gran red de democratización de la información sigue sólo el modelo de democratización norteamericana: es decir, representa sólo a una parte de todos los hablantes del mundo. No me sorprende: Internet fue pensada en inglés.
Pero ya es hora de que se la piense de nuevo, ¿no? La pesadilla anticipada por Zamenhof, quien diseñó una lengua universal, el esperanto, se cumple al pie de la ley: el idioma universal no es el más sencillo, ni mucho menos el más perfecto, sino sencillamente el idioma del Imperio».
El idioma latino no poseía inicialmente un sonido eñe, explica el lingüista José Luis Moure, titular de Historia de la Lengua en la UBA e investigador del CONICET. «Sin embargo, la eñe apareció luego en razón de un mecanismo por el cual, en algunas combinaciones de sonidos, el primitivo lugar de articulación se desplaza hacia el paladar. Así, «vinea» pasó a ser «vinia».
La n, influida por el punto donde se articula la i retrajo la lengua hacia el paladar, lo que determinó que se dijera viña; algo semejante pasó con el grupo gn y entonces «lignu» se transformó en «leño». En castellano también se cumplió este proceso en palabras que tenían dos enes juntas y así «annu» terminó en «año» y «canna» en «caña».
¿Cómo respondió el alfabeto latino a esas modificaciones si no tenía un signo para representarlas? Moure explica que durante siglos se escribió vinea aunque se pronunciase viña. Pero a medida que las regiones del antiguo imperio romano se conformaron como dominios diferenciados, necesitaron reformular el código gráfico y adecuarlo a sus novedades fonológicas.

Por eso, cada ortografía «nacional» escogió una determinada modalidad.
En el caso de la eñe, otros idiomas latinos optaron por representarla mediante dos caracteres: en portugués lo hacen con nh (Espanha), en francés e italiano, con gn (Espagne, Spagna); en catalán, con ny (Espanya).
¿Y de dónde salió esa extraña virgulilla -la ondita- de la Ñ? Esa virgulilla es una «n» abreviada.
«Los antiguos copistas -dice Moure- habían desarrollado una serie de signos que hacían menos gravosa la tarea de escribir.
Los escribas castellanos superponían las enes finales como tildes horizontales sobre la letra precedente.
Para escribir «nn» con el sonido de la actual eñe (Espanna), se consolidó este uso. La primera ene se escribía en su forma habitual y la segunda arriba, con un rasgo horizontal recto u ondulado».
Bienvenida a Internet, claro, ¿Cómo va a seguir ausente esta letra del sombrero enrulado, del firulete, que es casi un emblema de nuestro idioma?
Tanto lo es que la novelista y autora teatral Claudia Piñeiro tematizó en una obra las omisiones reiteradas de la eñe en su propio apellido como metáfora de la privación de la identidad. «El problema que le aqueja a esta protagonista», dice Piñeiro, «es que la compañía eléctrica, con una suba de tensión, le quemó la heladera.
Cuando va a hacer el reclamo no se lo aceptan porque en el DNI dice Piñeiro y en la factura Pineiro, entonces no puede demostrar ser quién es. A partir de allí se interna en una serie de laberintos kafkianos».
- Más de la Ñ
Cuenta Cervantes, en la primera página del Quijote que el caballero de la triste figura «tenía 50 años» al comenzar sus desventuras, o sus aventuras. Si alguien en Argentina quisiera hoy instalar ese dato cronológico como nombre de una dirección de Interne no podría hacerlo.
El abecedario es patrimonio de los que hablan y escriben y es asombrosa esta suerte de zona de exclusión para la Ñ: los portentosos dominios de Internet. Esto implica un monolingüismo, una declaración fáctica de supremacía tipográfica anglosajona que relega al español a un segundo plano. Se preferiría, desde ese orden geolingüistico, que se denominara «espanol» a nuestra lengua.
Mientras que en España, (hasta muy poco ‘Espana’ en los dominios virtuales), se ha liberado ya a la Ñ de su confinamiento fuera del ciberespacio, aquí prevalecen la morosidad y la burocracia. La Ñ quedó atrapada entre la papelería dormida, que obtura su utilización autorizada en los dominios. La Cancillería no apura el expediente para normalizar la dicción, que está distorsionada sin la Ñ activada en el territorio virtual.
La Ñ está exiliada de Internet. Tiene el ingreso aún prohibido en la Argentina, como si una letra no fuera crucial. Como si su ciudadanía idiomática fuera menor. Las batallas de las lenguas son batallas políticas. Sin una política de la lengua, se pierde soberanía. Se le resta potencia a la voz propia. Se pauperiza la identidad idiomática.
En Chile por ejemplo, no se rinden ni se duermen y ya hay un site que se llama Ñandú.com.cl; en México tampoco y ya existe sucompañía.com. La Ñ ausente es una Ñ presente y agigantada desde su falta. Es extraño que no esté y por no estar se extraña su entrañable unicidad.

A pesar de todo, la Ñ resiste desde su belleza y desde esa virgulilla superior que la vuelve entrañable y necesaria para colorear fonéticamente la cuadriculada barbarie de la lingüística ciberespacial argentina, aún unidimensional.
La eñe es la decimoséptima letra del abecedario español.
Su peculiaridad reside en que no existe en el orden latino internacional y esa peculiaridad se entiende al adentrarnos en su origen. Esta letra nació de la necesidad de representar gráficamente un nuevo sonido, inexistente en latín.
La eñe surgió, por lo tanto, al tiempo que surgía el castellano medieval en su forma escrita.
La eñe fue tomada del castellano por otros idiomas como el aymara, el bubi, el guaraní, el quechua o el tagalo; y con ellos y con el castellano y su expansión geográfica la eñe fue entrando en la comunicación escrita de millones de hablantes.
La última de sus conquistas se ha forjado en Internet. Su reconocimiento internacional ha llegado a los dominios virtuales, de los que había estado excluida sin más motivo que la inercia impuesta desde ámbitos informáticos anglohablantes.
Con ñ escribimos en español desde el siglo IX y hoy la ñ está presente en los dominios de Internet, el medio de comunicación escrita del siglo XXI. La ñ preside el logotipo del Instituto Cervantes por una razón: es una de las representaciones gráficas más breves y poderosas, en una única letra se condensan la lengua y la cultura hispana.
La eñe simboliza el idioma en el que se comunican hoy cerca de 500 millones de personas: el español.
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La Ferrari más cara de la historia: cuál fue la millonaria cifra que se pagó en una subasta privada en Nueva York …

Infobae(D.Zorrero) — Cada vez que se vende un auto clásico en más de diez millones de dólares o euros, inevitablemente esa es una noticia que no se puede dejar pasar.
Pero si ese auto es un Ferrari, esa repercusión es mayor aún, ya que se trata de autos deportivos y no de vehículos de lujo como podrían ser otros que consigan compradores multimillonarios.
Dentro del mundo Ferrari, por si la marca por sí misma no fuera suficiente, hay algunos modelos que tienen un atractivo especial para los coleccionistas, y si hay uno que se destaca ampliamente ese es el 250 GTO.
Se trata de una serie de automóviles fabricados en muy pequeña escala entre los años 1962 y 1964, hace seis décadas, que tuvieron por destino las competencias de autos sport más clásicas de la época, como las 24 horas de Le Mans, las 24 horas de Daytona o los 1.000 km de Nürburgring, Brands Hatch y Monza.
Un 250 GTO muy especial, se vendió por USD 51,7 millones, convirtiéndose en el Ferrari más caro de la historia, ya que otra unidad del mismo modelo pero distinta especificación había cambiado de dueño en 2018 por 44 millones de dólares.
Lo especial de la Ferrari 250 GTO se explica en el hecho de que se fabricaron sólo 39 unidades en esos tres años de producción.
Sin embargo, algunas tenían una especificación diferente como es el caso de la versión denominada 330 LM de 1962, que fue construida especialmente para correr Le Mans de ese año, lo que implicó un cambio de motor y forma del capó para poder alojarlo.
Además, esta unidad con número de chasis 3765, quedó en la historia por haber sido el único vehículo de este modelo que fue un auto oficial de la Scuderia Ferrari.
Todos los demás ejemplares de 250 GTO se vendieron a clientes externos y corrieron como privados o en equipos no dirigidos por Ferrari.
El 330 LM tuvo como pilotos nada menos que a Lorenzo Bandini, la estrella italiana que perdió la vida en el GP de Mónaco de 1967, y el británico Mike Parkes, y aunque sufrió un accidente en las primeras horas de la carrera y debió abandonar, luego tuvo un segundo puesto en Alemania, que permitió demostrar sus cualidades técnicas.

El auto estaba equipado con un motor V12 de 4 litros, que luego de ser vendido por Ferrari a un piloto particular, fue reemplazado por uno de 3.000 cm3 para poder acogerse a la reglamentación de las carreras italianas.
Tras ganar un campeonato italiano en 1965, este auto, que tiene el chasis número 3765, pasó a manos de Fred Leydorf, presidente del Ferrari Club of America (FCA), quien se encargó de una completa restauración a su forma original.
El automóvil transcurrió los últimos 38 años en manos de su único dueño, quién fue descripto por RM Sotheby’s, la casa de remates que lo ha vendido, como un obsesivo y detallista propietario.
Tras recibir muchos premios en los últimos años, el auto finalmente vendido en una subasta privada en Nueva York por el precio de 51,7 millones de dólares.

Si bien la expectativa estaba puesta en alcanzar los USD 60 millones, el precio fue suficientemente alto para ser el Ferrari por el que más dinero han pagado y quedar segundo detrás del inalcanzable, al menos por ahora, Mercedes-Benz 300 SLR Coupé Uhlenhaut de 1955, por el que se pagaron el pasado 5 de mayo de 2022, nada menos que USD 143 millones, en otra subasta de la misma casa, que también tuvo carácter de secreta y privada, y se realizó en Stuttgart.
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Cómo saber (y qué hacer) si tienes candidiasis vaginal

La Tercera(A.Guilera) — Si no fuiste tú misma, es muy probable que a alguna amiga o familiar le haya tocado experimentar candidiasis.
Un artículo de Harvard Health Publishing detalla que, a lo largo de su vida, el 75% de todas las mujeres tienen probabilidades de tener al menos una infección vaginal por candida, y hasta el 45% lo sufren dos veces o más.
La candidiasis, como se conoce generalmente a la vulvo vaginitis candidiásica, es una infección causada por distintos hongos del tipo cándida.
“La Candida albicans es el más frecuente”, señala Alessandra Dulanto, jefa de salud ocupacional en Pulso Salud.
A diferencia de lo que mucha gente cree, este cuadro no proviene de un contagio vaginal, sino que es una infección que ocurre a través de la propia persona.
“Este hongo vive comúnmente en la vagina y en el intestino. A pesar de que está presente en pequeñas cantidades, no suele causar síntomas”, explica Dulanto. Pero cuando las mujeres se encuentran sometidas a estrés y les bajan las defensas, ya sea debido a una mala alimentación, a falta de sueño, a enfermedades o, bien, por estar embarazadas o tomando antibióticos, tienden a tener más probabilidades de contraer candidiasis vaginal.
Las mujeres con diabetes o enfermedades inmunosupresoras, como el VIH, también corren un mayor riesgo. Estas externalidades son finalmente factores de riesgo que “pueden hacer que el hongo crezca más de lo habitual”, afirma.
Aunque no la veamos, la microbiota vaginal existe y es una pieza fundamental del equilibrio de nuestro organismo. “Es el conjunto de microorganismos, como bacterias, hongos o incluso virus, que habitan de manera natural en ciertas partes del cuerpo y que no causan daño”, profundiza Sara Parada, directora de Obstetricia de la U. Andrés Bello en Santiago.
El gran problema con la microbiota es que como no la vemos, la ignoramos fácilmente. “Los lactobacilos, por ejemplo, son los principales responsables del mantenimiento y protección del ecosistema vaginal”, comenta Parada. Por eso es habitual que las infecciones cervicovaginales sean una consecuencia de alteraciones de la microbiota —ya sea por una dieta desequilibrada, una higiene incorrecta o un episodio de estrés—, lo que conlleva una disminución de la inmunidad local.
– ¿Cómo se manifiesta?
Por lo general, la candidiasis vaginal suele ser leve y controlable, según el tratamiento indicado por el médico. Sin embargo, algunas mujeres pueden desarrollar infecciones graves, que implican enrojecimiento, hinchazón y grietas en la pared de la vagina.
”Las manifestaciones clínicas que la mujer puede presentar son prurito, enrojecimiento de genitales, dolor vaginal, dispareunia (dolor en la actividad sexual), disuria (ardor al orinar) y flujo vaginal de aspecto blanquecino, espeso o de olor ácido. En casos más severos pueden aparecer fisuras o lesiones por grataje”, dice Parada.
Dulanto sintetiza los signos así:
- Eritema: piel de color más rojizo
- Edema inflamatorio: inflamación por acumulación de líquido en la piel y las mucosas
- Aumento de secreción vaginal: en ocasiones maloliente, de color y características blanquecinas, algo espeso y grumoso. También puede ser un poco denso y acuoso.
El problema, dice la profesional de Pulso Salud, es que “la mayoría de las mujeres no puede saber si tienen una candidiasis genital”, plantea como problema Dulanto, ya que en ocasiones, los síntomas de la infección son muy similares a los síntomas de otras patologías.
“La mejor forma de determinar si una mujer tiene candidiasis genital es acudir a una consulta médica y, a través de un cultivo vaginal, que es la prueba adecuada para determinar la presencia de hongos, ver de qué tipo de infección se trata”, explica Dulanto.
– Tratamiento de la candidiasis
“En general, el tratamiento médico se indica después de la evaluación clínica y de revisar la misma historia clínica de quien consulta. Sin embargo, el tratamiento siempre es local y sistémico, aunque varía según cada condición”, comenta Parada.
La candidiasis vulvovaginal, complementa Dulanto, suele tratarse con comprimidos orales, con óvulos vaginales y crema vulvar. “En ocasiones, el tratamiento farmacológico no es suficiente para curar un episodio, y son muchas las recomendaciones para realizar un proceso completo y exitoso”, detalla.
Un proceso médico contra la candidiasis también suele incluir el consumo de probióticos, los que ayudarán a mejorar la diversidad de la microbiota vaginal y así potenciar el sistema defensivo de esa zona.

“Si no mejora después de completar el tratamiento, deberá volver al médico”, dice Dulanto. A veces eso significa repetir el tratamiento, pero en la mayoría de los casos se tendrá que cambiar de medicación o estrategia. “A nivel general, no parecen existir diferencias en cuanto a la eficacia entre los diferentes tratamientos, ni entre las distintas pautas”, comenta.
– ¿Y qué pasa con la pareja?
Si bien la mayoría de las candidiasis vaginales no se transmiten sexualmente, si la pareja es masculina y muestra síntomas de Candida balanitis —enrojecimiento, irritación y/o picazón de su glande—, es posible que también él necesite tratamiento.
Esto es algo que debe preguntarse sí o sí en la consulta médico tras el diagnóstico, ya que la única manera de controlar la situación, si es que ambas personas la están viviendo, es de manera conjunta. “El tratamiento de la pareja por candidiasis también incluye tratamiento oral y crema tópica”, añade Dulanto.
– Cómo prevenir la candidiasis
Cualquiera que haya sufrido de candidiasis sabe lo desagradable que es. Y a quien nunca le ha pasado, esperamos de corazón que jamás les afecte, ya que se trata de una infección incómoda, dolorosa y muy desmoralizadora.
Pero tenerla o no tenerla no depende de la suerte. Existen algunas medidas que pueden tomarse para evitar el desequilibrio bacteriano que la provoca. En el siguiente listado, Dulanto propone acciones, hábitos y consideraciones que ayudarán a prevenirla.
- Mantén tu zona genital limpia y seca: al bañarte, evita el jabón y enjuagua solo con agua.
- Evita las duchas vaginales: aunque muchas mujeres se sienten más limpias si usan duchas vaginales después de la menstruación o una relación sexual, esto puede realmente empeorar el flujo vaginal. Estas duchas eliminan las bacterias sanas que recubren la vagina y que la protegen contra las infecciones.
- Consume yogur natural: fíjate que tenga cultivos vivos de Lactobacillus acidophilus. Si no, también puedes consumir probióticos en tabletas que contengan esta cepa, especialmente si estás tomando antibióticos.
- Usa condones: para evitar contraer o diseminar otras infecciones en tus relaciones sexuales.
- Evita el uso de aerosoles: cualquier fragancia o polvo de higiene femenina en la zona genital puede ser contra producente.
- Elude los pantalones extremadamente apretados: esto puede causar irritación y una sudoración excesiva, lo que promueve la aparición de hongos.
- Usa ropa interior de algodón: las telas sintéticas, y también la seda, pueden incrementar la sudoración y humedad en la zona genital, lo cual lleva a la proliferación de más hongos.
- Si tienes diabetes: mantén un buen control del nivel de azúcar en la sangre.
- Evita usar trajes de baño húmedos o ropa deportiva por mucho tiempo: cámbiate y lava la ropa húmeda o sudada después de cada puesta.
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El verbo se transformó en carne (inobservables y la disyunción entre física y filosofía) …

Meer(R.C.Ochoa) — Todos en algún momento nos hemos preguntado qué es el espacio, tiempo, energía, gravitación, etc., y muchas veces acudimos a nuestros profesores en busca de respuestas. Sin embargo, no imaginábamos que tales preguntas meterían en serias dificultades a nuestros queridos docentes.
Ahora bien, si éramos un poco más perseverantes (como de seguro habrá jóvenes hoy día) entonces íbamos en busca de algún experto en física quien seguramente nos sacaría del aprieto. La desilusión llega pronto cuando vemos al físico sumido en una franca complicación que intenta esconder bajo explicaciones «tangenciales» y engorrosas, intentando esquivar la pregunta que hemos hecho. Al final, no obtenemos una contestación.
Y no es que el físico haya olvidado las respuestas. Lo que sucede es que no las conoce. Esto suena increíble, pero nociones como energía, materia, gravedad, neutrinos, etc., son conocidos en física como los «inobservables» un conjunto de entidades que existen, pero, nunca han sido observadas de manera directa y no tienen una significación clara.
Sin embargo, estos inobservables son los responsables de sustentar todas las teorías físicas. Pudiera decirse que el físico las «encarna» en cuanto las nombra o asigna una «palabra» o «término» (el verbo se vuelve carne). Es decir, al inicio, el físico las postula en sus teorías (sin tener certeza de si existen, o no) y posteriormente se descubre que tal «palabra» o «concepto» existe.
No es solo algo teórico. Realmente existe. Hay muchísimos ejemplos de esto, desde el neutrino hasta el bosón de Higgs o las ondas gravitacionales.
Estos inobservables han sido motivo de interés también para los filósofos, quienes en algún momento pasaron a considerarlos solo «términos» o «conceptos». Pronto esta postulación fue rechazada ya que la física lograba de alguna forma (bajo los grandiosos avances tecnológicos) obtener evidencia experimental de la existencia de los inobservables, aunque de manera indirecta.
Los inobservables son escurridizos. Se muestran a los físicos y filósofos de diversas maneras. Son una especie de «camaleones» que cambian sus pieles, pero sin dejar de ser lo que son. ¿Y qué son? Esta es la cuestión. Justamente es por ello que es tan difícil dar una definición certera acerca de lo que son. El misterio (junto a otros más) ha llevado a físicos y filósofos a enfrentarse, aunque no siempre fue así.
La Física y la Filosofía son dos disciplinas que despiertan la curiosidad del ser humano. Los avances más significativos en la historia de la ciencia y de la humanidad han estado protagonizados en su mayoría por físicos y filósofos. Sin embargo, y a pesar de compartir este lugar común, ambas esferas se enfrentan en encarnecidos debates, como por ejemplo, la génesis de los inobservables.

Ahora bien, paradójicamente, la física y la filosofía estuvieron fusionadas como un único saber hace muchos siglos atrás en la llamada era griega conformando una sola ciencia conocida como «Filosofía Natural». Los inicios de esta unión se remontan a la ciudad de Mileto, donde se funda la escuela de Thales de Mileto.
Para esta escuela el factor constante es la descripción de un mundo perfecto y equilibrado, un mundo bello en función de su orden y armonía; un mundo caracterizado por una permanencia en tanto estabilidad. A partir de estas consideraciones, y, posteriormente, la escuela pitagórica pasa a sostener que el número es el ente que vincula lo terrenal con lo divino mostrándolo –el número– como el principio fundamental que subyace en la naturaleza.
A estas consideraciones siguieron otras más, tan importantes como las que he citado; Anaximandro, Aristóteles, Platón, Eudoxo de Cnido, Demócrito, etc., cada uno realizó postulaciones realmente significativas que, hoy día, no pierden interés entre los estudiosos. Podemos sintetizar diciendo que para los griegos «hacer ciencia» se resume en buscar el principio fundamental que subyace en la naturaleza dándole orden, armonía y equilibrio.
Siglos después, y durante el periodo denominado por los historiadores «moderno» prosperaba la idea de un mundo en movimiento o dinámico dirigido por un Ser divino e inteligente que garantiza el orden, la belleza y la armonía del mundo a la cual referían los griegos.
Ya no se concebía la existencia de un principio fundamental, sino que se atribuía las características del mundo y la naturaleza a un Ser superior. Esta cosmovisión inspirará a pensadores como Copérnico, Galileo, Kepler, Newton o Leibniz a describir la realidad integralmente en forma de leyes de la naturaleza.
Luego, y con el desarrollo de la aplicabilidad descriptiva de las leyes y el lenguaje matemático, la física y la filosofía toman caminos diferentes. Cada una empieza a esbozar de manera más definida sus cosmovisiones, metodología, y lenguaje manteniendo solo un lugar común: la búsqueda constante de comprender la Realidad. Tanto físicos, como filósofos persiguen el mismo fin, aún, hoy en día.
Pero si físicos y filósofos persiguen el mismo objetivo, cabe preguntarse: ¿por qué no unen esfuerzos? Encontrar la respuesta pasa por comprender las diferencias entre los aspectos metodológicos, lingüísticos y epistémicos de cada una. Me centraré en uno de ellos: el lenguaje. No puede haber una comunicación efectiva si utilizamos lenguajes diferentes.
Para ningún académico es un secreto que el físico no comprende al filósofo cuando éste expone sus argumentaciones teóricas y enredadas precisiones terminológicas. De igual manera, el filósofo no comprende al físico cuando éste echa mano de sus interminables y complicadas ecuaciones fisicomatemáticas.

Entonces, pretender tender un puente lingüístico entre la física y la filosofía pasa por disminuir las diferencias y construir un lenguaje neutral, y hasta común, entre ambas. Tarea nada fácil, pero no imposible.
¿Y que tiene ver el lenguaje con los inobservables? Le pido al lector en este punto un poco de paciencia. Pronto vislumbraré la relación, por el momento es necesario comprender las diferencias entre física y filosofía. Comencemos. Es bien sabido que el lenguaje es una de las áreas de investigación más fascinante.
Dentro de las reflexiones más profundas que expertos académicos han escrito acerca del lenguaje y sus múltiples aristas, queda aún abierta una dicotomía no resuelta: la pertinencia (o no) de la ontología del lenguaje. Es decir, el lenguaje como realidad palpable, tangible.
Si algo existe, es porque ¿lo nombro o lo conceptualizo? O más bien, ese algo, ¿existe de manera independiente sin importar si lo nombro o no? Un ejemplo es el término «aporofobia» que significa «miedo o rechazo a los pobres». Este fenómeno ha existido desde siempre, sin embargo, al no tener un término, palabra, o nombre, pasaba «desapercibido» en las sociedades anteriores a la actual.
Antes del siglo XXI, nadie hablaba de algo como la «aporofobia» y así el fenómeno era invisible a nuestros ojos. Algo similar ocurre con el término ghosting tan popular en nuestros días. Sin embargo, nadie lo evidenciaba, o era motivo de estudio psicológico o social porque carecía de un término o nombre. Pero, ¿no existían? O, ¿no lo percibíamos porque no tenían un término? Esta es la cuestión.
Ahora bien, esta misma situación sucede en física con los inobservables, como por ejemplo, agujeros negros, ondas gravitacionales, gravitones, multiversos, materia oscura, energía oscura, etc., ¿existían antes de ser nominados? O más bien ¿empiezan a existir cuando los nombramos o conceptualizamos? Los físicos, ¿describen un mundo existente?
O, por el contrario, ¿describen el mundo que ellos perciben o miden indirectamente? Reflexionar sobre estas cuestiones exige niveles de abstracción bastantes fuertes. Este será nuestro punto de partida para construir el puente lingüístico entre físicos y filósofos (o al menos intentarlo) para reflexionar y analizar el misterio de los inobservables y su (¿posible?) encarnación a través del verbo.
El título de este artículo es «El verbo se transforma en carne» y justamente las ejemplificaciones anteriores muestran como a partir de «nombrar algo» éste –algo– empieza a «existir» (¿o no?) la dicotomía no resulta nada fácil de resolver y es aquí donde los denominados «inobservables» se vuelven tan interesantes tanto para la física, como para la filosofía (de allí la necesidad de «construir» un puente entre ellas).

Pero, volvamos un momento a los inobservables. ¿Existen, o no existen? Esa es la cuestión. Una mirada híbrida podría reflexionar de manera más completa acerca de este problema. Raphael Neelamkavil, filósofo de la física asume el desafío de ofrecer esta visión físico-filosófica. La propuesta de Neelamkavil es tender un puente entre la física y la filosofía a partir de la lingüística y la ontología científica.
Neelamkavil parte de una evidencia experimental dada en el año 2014 a través de los avances neurocientíficos: espacio y tiempo son condiciones cognoscitivas. Es decir, espacio y tiempo no son cosas que «están fuera de nosotros» sino que son condiciones que yacen en nuestro cerebro. He aquí una afirmación tajante: espacio y tiempo no existen fuera del sujeto. Son parte del sujeto.
Por supuesto, antes del advenimiento de la neurociencia, Einstein en física y, antes que él, Kant en filosofía ya habían vislumbrado este aspecto del espacio y tiempo.
Entonces, la física que en sus teorías ha concebido al espacio y al tiempo como «cosas existentes» debe pasar a cambiar su manera de expresarse. Neelamkavil propone dos categorías lingüísticas que pertenezcan tanto a la filosofía como a la propia física: «Extensión-Cambio». Según Neelamkavil, «Extensión» refiere a «Espacio» en tanto «algo que está fuera de nosotros» es decir, ontológico y, análogamente, «Cambio» refiere a «Tiempo».
¿Cómo se conecta esto con los denominados «inobservables»? Según Neelamkavil, existen cosas independientemente de si las nombramos o no, es decir, existen cosas fuera de mí. A esto lo denomina «Universales Ontológicos» y son, por ejemplo: energía, masa, neutrinos, agujeros negros, etc., es decir, todo aquello que existe de manera independiente de si lo percibimos o no, o más aun, si lo nombramos o no. En pocas palabras, los inobservables son los universales ontológicos.
Neelamkavil da ejemplos de cómo, previo a cualquier palabra o nombre que le diera el ser humano a lo que existe, ya existían los agujeros negros, neutrinos, etc. Tomemos un ejemplo fuera de la física, la palabra «aporofobia» ¿Quién no conoce la historia de Oliver Twist del gran escritor inglés Charles Dickens?
En esta historia, Oliver es un niño huérfano que sufre hambre continuamente. Junto a los demás niños del orfanato donde vivía, deciden echar a la suerte quien pedirá un plato adicional de comida y Oliver resulta ser el elegido. Cuando Oliver decide pedir un plato de comida más, el director del orfanato lo ofrece como aprendiz iniciando así, las aventuras y desventuras de Oliver.
Esta historia escrita por Dickens relata el ideario colectivo de la Inglaterra victoriana, y como la pobreza era merecedora de desprecio, hostilidad y rechazo. Resulta evidente ver a través de los personajes de Dickens el rechazo a la pobreza ¿No entra esto dentro del fenómeno denominado «aporofobia»?

Entonces, quiere decir que las cosas existen previa e independientemente de si las nombramos, o no. No es necesario esperar a que el «verbo se transforme en carne». Si nos llevamos este análisis a las teorías físicas, entonces veremos que éstas están soportadas en «conceptos» que existen independientemente de si los hemos «observado» o no.
Los físicos han evidenciado la existencia de muchos inobservables a través de mediciones indirectas, pero, aun no tienen una definición concreta de estos entes o «universales ontológicos» (por eso nuestros queridos profesores no pueden respondernos). Es muy difícil para el físico contestar a la pregunta ¿qué es la energía?
O, ¿Qué es la materia? y, muchos de ellos dirán que no es necesario una definición clara para «operar» con estos entes. Bien sabemos, que esta respuesta esquiva no satisface a la ciencia.
Ahora bien, si pudiésemos evidenciar dentro de las ecuaciones físicas las precisiones y significaciones filosóficas estaríamos tendiendo un puente lingüístico entre físicos y filósofos y con ello poder extender a mayor profundidad el estudio acerca del misterio que encierran estos inobservables. Justamente esta es la utilidad de incorporar las categorías físico-ontológicas «Extensión-Cambio» de Neelamkavil.
«Espacio» entendido ahora como «Extensión», y, «Tiempo» entendido como «Cambio», permitirán establecer estas evidencias. Tomemos como ejemplo la ecuación de campo de la relatividad general de Einstein. Esta ecuación está compuesta por dos partes: una parte ontológica (filosofía) y una parte epistémica (podemos relacionarla con física).
Esta ecuación pasa a referir al tensor métrico que, por supuesto, viene expresado en términos de espacio y tiempo, pero si observamos un poco más de cerca, encontraremos que a un nivel superior podemos identificar los elementos filosóficos presentes y, a su vez, las categorías «Extensión-Cambio», sobre todo si atendemos a los universales ontológicos o inobservables (en este caso, la gravedad).
Si extendemos este análisis a otras ecuaciones de la física (cuántica, física solar, astrofísica, cosmología, etc.) podemos identificar los elementos filosóficos presentes en ellas y evidenciar la presencia de la filosofía en las teorías físicas.
No quiere decir esto que, a través de la identificación de los elementos filosóficos en las ecuaciones daremos una respuesta definitiva al modo en que los inobservables se «encarnan» en ciencia, pero, si se generará un vínculo lingüístico entre físicos y filósofos para poder estudiar los inobservables desde la conciliación entre ambas.

Al mismo tiempo, al poder identificar los inobservables y elementos filosóficos dentro de las ecuaciones, se puede «aislar» al inobservable y compararlo con la funcionalidad que tiene éste mismo inobservable en otras teorías físicas. Al hacerlo, se podría evidenciar el carácter multifacético del inobservable y con ello dar cuenta del aspecto «procesual» de la Realidad.
Como dije, reflexionar acerca de los inobservables exige descender a las profundidades del pensamiento abstracto, pero hacerlo sin duda conduce a interesantes elucidaciones que permiten la apertura a nuevas postulaciones.
La Realidad, el Mundo, la Naturaleza, como la queramos llamar, es dinámica. No es estática. Está en constante movimiento. Está en constante «proceso», y, los inobservables muestran justamente la cara dinámica de la Realidad. Esto es lo que hace que sean tan esquivos a la hora de querer «encerrarlos» bajo un solo significado.
Es por ello que, lograr expresar la multiplicidad del dinamismo de los inobservables a través de categorías que transciendan nuestro aparato perceptual se hace tan necesario.
Si además de esto, estas categorías son comprendidas y adoptadas tanto por filósofos como por los físicos, ya habría un avance no solo en la conciliación entre físicos y filósofos, sino que, además, los físicos no tendrían que seguir esquivando las preguntas de sus estudiantes acerca de la naturaleza de cualquier inobservable (energía, masa, etc.) bastará con referir al carácter procesual de la Realidad al tiempo que se describirá estos inobservables como «entidades procesuales» en constante «Extensión-Cambio» en lugar de mantener, aun, la fantasiosa idea de que los inobservables se «vuelven carne» en cuanto los nombramos.
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¿Qué es y cómo afecta la presión social? …

La mente es maravillosa(V.Sabater) — En tu infancia ya te diste cuenta de algo muy importante: la necesidad de integrarte en tu entorno, asumir unos códigos de conducta e incluso imitar determinadas dinámicas facilitaba la aceptación y validación por parte de otros.
La presión social es la que hizo desde bien temprano que siguieras ciertas narrativas que no siempre mediaron en tu bienestar.
Es cierto que, a veces, tu cultura, familia y grupo de amigos ejerció —y ejerce aún— sobre ti numerosos beneficios.
Pero, en otras ocasiones, te sientes presionado/a y no sabes muy bien cómo responder.
Te inquieta ser juzgado/a, recibir críticas o, lo peor de todo, que te rechacen.
La exclusión social es algo que a nadie le agrada y que procuras prevenir, pero ¿a qué precio? Profundicemos un poco más.
La presión social es la influencia que la sociedad, los grupos e individuos ejercen sobre ti. Su finalidad es que te ajustes a ciertas normas y expectativas para ser aceptado/a en un escenario determinado. Asimismo, no nos equivocamos si te decimos que esta dinámica es, a veces, una de tus mayores fuentes de sufrimiento silencioso.
La psicología social lleva décadas estudiando este fenómeno. Así, figuras como Solomon Ash, Muzafer Sherif o Stanley Milgram, nos enseñaron cómo las personas, en ciertos contextos, alteramos nuestra conducta y hasta renunciamos a firmes valores solo por sentirnos integradas. En seguida, explicamos de qué manera te influye esta dimensión.
– La conformidad
Una de las formas más comunes en que la presión social te condiciona es a través de la conformidad. A menudo, con el fin de encajar en un grupo, terminas por diluirte en las expectativas y normas ajenas. Esto hace que, en ocasiones, lleves a cabo a acciones que van en contra de tus propios principios y valores personales solo por sentirte integrado/a.
Esto mismo lo observó la Universidad de Belmont en una investigación. En un experimento detectaron cómo los individuos eran más propensos a hacer trampa cuando sus compañeros se lo pedían. Uno llega a rendirse y a seguir las normas del entorno sin oponerse, con el fin de mantener la alianza con ciertos grupos sociales.
– La obediencia
¿Conoces el clásico experimento que realizó el psicólogo social Stanley Milgram en la Universidad de Yale y que, más tarde, se publicó en The Journal of Abnormal and Social Psychology? Aquella dinámica tenía como objetivo investigar hasta qué punto el ser humano está dispuesto a obedecer las órdenes de una autoridad.
Lo que pudo verse es que, a veces, la presión de ciertas figuras de mayor estatus hace que algunos individuos sean capaces de causar dolor a otras personas. La obediencia derivada de la presión social quizás conlleva a que se ponga en tela de juicio hasta tu propia moralidad. Son dinámicas muy complejas.
– Seguir normas sociales no escritas
Tu forma de vestir, de relacionarte, lo que compras y hasta qué series de moda ver. Buena parte de tu conducta está regida por normas sociales no escritas que sigues para construir tu sentido de pertenencia. Tal vez evitas ciertas modas y condicionamientos, pero a la hora de interaccionar con tu entorno, sabes que es clave seguir unos mismos códigos.
Presión social también es tener un móvil, una cuenta en una red social o ver el último éxito de Netflix. Muchas de las cosas que defines como «normales» son, en realidad, construcciones artificiales del entorno psicosocial que te contiene.
– Efectos emocionales

¿Cuántas veces en tu vida te has sentido mal por no encajar o ser juzgado/a por tu entorno?
Sin duda muchas.
Es más, todavía en la adultez esa presión existe y te estresa.
La tienen, por ejemplo, las madres que no optan por la lactancia materna y son criticadas por sus amigas.
También, quien se siente mejor en la soltería que en la vida en pareja.
Otra muestra de este fenómeno la describe un artículo de la revista Scientific Reports. En este trabajo se evidencia la presión social que existe en muchas culturas para que seamos felices.
La positividad tóxica, que tanto se vende a día de hoy, ejerce cierto condicionamiento sobre las personas. Pero eso sí, sin demasiado éxito.
– Autoconcepto y autoestima
Hay un hecho en el que estarás de acuerdo. Las críticas o el rechazo social del entorno se viven como algo devastador. Esto puede hacer que, desde bien temprano, te veas en la necesidad de recibir la aprobación y aceptación de los demás. Porque la exclusión duele, carcome y te afecta hasta el punto de debilitar tu autoestima.
Un ejemplo rotundo de esta realidad lo vemos a diario en adolescentes. Tal y como describen en Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, la presión psicosocial tiene un impacto directo en la imagen corporal y autoestima de los más jóvenes. Tanto es así que la obligación de ajustarse a unos modelos rígidos de belleza deriva, con frecuencia, en depresiones y trastornos de la alimentación.
– Inseguridad en la toma de decisiones
Si analizaras todas y cada una de las decisiones que tomas cada día te darías cuenta de algo. Una parte significativa de lo que decides está mediado por lo que puedan opinar de ti. El temor a los juicios ajenos es como esa sombra que nunca terminas de escampar de tu mente.
– Cambios en actitudes y creencias
A la hora de navegar en sociedad, es frecuente encontrarse con muchas tormentas y peligrosos arrecifes. Muchos de ellos tienen la forma de conflictos e incómodos desacuerdos. A veces, con el fin de evitar problemas, haces ciertos cambios en tus actitudes. Por ejemplo, darle la razón en casi todo a tu jefe para conservar tu trabajo.
Es más, es posible que hasta limas un poco tus creencias y opiniones ante los demás para evitar discusiones, para no ser criticado/a o rechazado/a en determinados escenarios sociales. Son fenómenos muy comunes derivados de esa presión invisible que tanto impacta en el ser humano.
– Comportamiento de riesgo

Rara es la persona que no haya pasado por una situación semejante en la adolescencia.
La presión psicosocial puede hacer que caigas en comportamientos de riesgo solo por no ser menos que los demás.
Un ejemplo evidente de ello es consumir alcohol en exceso porque tu grupo de amigos lo hace.
– Cuando la presión psicosocial es positiva
También es posible que la influencia que los grupos sociales ejercen sobre un individuo se traduzca en comportamientos positivos.
Al fin y al cabo, el ser humano está habituado a convivir en grupo y, si somos un claro ejemplo de éxito evolutivo, es porque demostramos conductas enriquecedoras entre nosotros.
De hecho, son la mayoría.
El sentirnos influenciados por familiares y amigos que llevan a cabo actos éticos, es una muestra evidente de ese beneficio. La cooperación, la empatía y la responsabilidad son dinámicas que nos sirven como modelado y que imitamos.
– La presión psicosocial nos determina, pero podemos elegir
Es cierto que adaptarte y seguir las normas del grupo hace sentir inclusión y validación. Pero… ¿A qué precio? ¿Hay que hacerlo siempre, a expensas del sentido común y de los propios valores? El coste emocional que tiene el diluirte en todos y cada uno de los condicionamientos sociales puede ser muy doloroso. Lo ideal es mantener un adecuado equilibrio.
Reconocer tus principios, creencias y límites personales es fundamental en todo contexto y circunstancia. Cuanto mejor comprendas quién eres y lo que te importa, más fácil será tomar decisiones informadas y resistir la presión del entorno. No todo vale y menos si se atenta contra tu dignidad y libertad. Hay que vivir en sociedad, pero sin perder la propia individualidad.
nuestras charlas nocturnas.
El autismo podría ser reversible …

MEER(S.Gil) — El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una afección del desarrollo neurológico que afecta a un 1% de los niños, aunque, principalmente, del sexo masculino.
Estrechamente relacionado con la genética, el origen del TEA se debe a una mutación en un gen llamado BCKDK que provoca diferentes síntomas tales como microcefalia, discapacidad intelectual o epilepsia.
En otras palabras, se trata de un gen defectuoso que altera la forma en la que el cerebro procesa nutrientes esenciales conocidos como «aminoácidos de cadena ramificada» y que, al mismo tiempo, crea unas condiciones que retrasan el desarrollo neurológico.
De hecho, según explica Gaia Novarino, profesora de neurociencia, cuyo equipo descubrió en 2012 la mutación BCKDK y su relación con el autismo, «una vez conocimos la causa de esta afección del neurodesarrollo, nos preguntamos si podríamos revertirla cuando el cerebro se hubiera desarrollado. ¿Es posible retroceder en el tiempo?».
En este sentido, viene bien subrayar que, dado que el autismo moldea el cerebro en desarrollo mucho antes del nacimiento del bebé, muchos asumen que es una afección irreversible y para toda la vida que, en el mejor de los casos, puede tratarse con apoyo psicológico combinado con logopedia y fisioterapia.
Es más, según añade Vittoria D’Alessio, especialista en el tema, «algunas personas prefieren renunciar al tratamiento, ya que no creen que sea un trastorno que necesite cura, sino que lo consideran una parte integrante de la personalidad de cada uno».
En línea paralela, Novarino pone de manifiesto que «no todos quieren seguir un tratamiento para su TEA o el de su hijo. Si los síntomas no son graves, es posible convivir con la enfermedad con un apoyo mínimo y llegar a considerar el autismo como una parte esencial de uno mismo».
– Ratones como base
El equipo de Novarino, que trabaja desde el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, recurrió a los ratones en busca de respuestas en el marco de un proyecto de investigación europeo denominado Reverseautism, que duró cinco años y finalizó en septiembre de 2022.

El equipo de investigadores modificó genéticamente a los ratones para que no pudieran procesar correctamente los aminoácidos esenciales, de forma parecida a los niños con la mutación genética BCKDK.
El equipo descubrió que los roedores que presentaban la mutación desarrollaron problemas tanto a nivel motriz como social después del nacimiento.
«Estos ratones presentan problemas de comportamiento», indica Novarino. «También se mueven de forma extraña, con dificultades en la coordinación motora».
Al hilo de esto, Reverseautism llevó la investigación un paso más allá para comprobar si se podían revertir tales síntomas, similares a los del autismo, inyectando los aminoácidos faltantes directamente en el cerebro de los ratones afectados. «La respuesta fue afirmativa», señala.
«No desaparecieron todos los síntomas, pero los ratones que recibieron dichas inyecciones experimentaron mejoras considerables, tanto en su comportamiento social como en su capacidad de coordinación. Dicho de otro modo: logramos revertir algunos indicadores del trastorno».
– Esperanza para los bebés
Tan fantásticos resultados incitaron a la doctora Ángeles García-Cazorla, responsable de la Unidad de Enfermedades Metabólicas en el Hospital Sant Joan de Deu en Barcelona, a investigar si los niños con deficiencia de BCKDK mostraban mejoras tras ingerir los aminoácidos faltantes —leucina, valina e isoleucina— en forma de complemento alimenticio.
El estudio, realizado en 21 bebés, de entre 8 y 16 meses de edad, fue más que esperanzador. Según los propios términos de García-Cazorla:
En general, todos los pacientes presentaron mejoras, especialmente en lo que respecta al crecimiento del tamaño de la cabeza, lo que significa que se produjo una proliferación de neuronas. También mostraron mayores habilidades motrices. Los niños que antes no podían caminar, ahora sí que podían hacerlo y los que no podían hablar, desarrollaron cierto lenguaje básico.
Es más, los tres participantes que empezaron a tomar el complemento alimenticio antes de los dos años de edad tuvieron una evolución mucho más positiva que el resto, especialmente la niña que empezó con ocho meses de edad, quien a los tres años presentaba un desarrollo cerebral normal, sin señales de autismo.

– BCKDK en la «prueba del talón»
Así pues, si en futuros estudios en los que participen un mayor número de niños con deficiencia de BCKDK se validan los resultados de esta investigación, García-Cazorla y Novarino esperan que se modifiquen las políticas sanitarias nacionales para exigir que todos los bebés se sometan a pruebas de detección de la deficiencia de BCKDK al nacer.
«Se llevaría a cabo como parte de la ‘prueba del talón’ realizada a los recién nacidos, en la cual se diagnostican hasta veinticinco enfermedades graves consideradas raras», aclara D’Alessio.
Y a modo de conclusión, «uno de los problemas en el ámbito del autismo es que el diagnóstico llega bastante tarde, en contadas ocasiones antes de los tres o cuatro años de edad, y en ese momento ya es difícil tratarlo.
Nuestro trabajo demuestra que empezar el tratamiento con este complemento alimenticio en una fase temprana puede suponer un verdadero cambio en la vida de las personas», ultima Novarino.
nuestras charlas nocturnas.
¿Qué es la terapia de partículas? …

Muy Interesante(E.F.Aguilar) — El diagnóstico de cáncer es un momento que cambia la vida de cualquier persona.
En un abrir y cerrar de ojos, se abren numerosas preguntas y preocupaciones.
¿Cuál es el tratamiento adecuado?
¿Cómo afectará mi calidad de vida?
¿Hay opciones que minimicen los efectos secundarios?
En medio de estas preguntas, la terapia de partículas emerge como una prometedora respuesta. Este enfoque innovador en la lucha contra el cáncer utiliza partículas subatómicas para dirigirse específicamente a las células cancerosas, preservando los tejidos sanos.
– Qué es exactamente la terapia de partículas
La terapia de partículas es una modalidad de radioterapia que utiliza partículas subatómicas, como protones y iones pesados, para irradiar tumores cancerosos. A diferencia de la radioterapia convencional con rayos X, que emite radiación en un amplio espectro, la terapia de partículas permite una administración más precisa de la dosis de radiación en el tumor.
Esto se logra gracias a la característica distintiva de las partículas cargadas, que penetran en el tejido con una energía máxima y liberan su dosis de radiación en un punto definido. Esto minimiza el daño a los tejidos sanos circundantes y aumenta la efectividad del tratamiento.
– El poder de los protones
Los protones y los iones pesados son las partículas más comunes utilizadas en la terapia de partículas. Los protones son partículas cargadas positivamente que liberan su energía de radiación en una zona precisa. Esto permite que los protones penetren en el tejido canceroso y entreguen una dosis letal de radiación a las células malignas mientras minimizan el daño a los tejidos circundantes. Hay quien llama protonterapia a esta técnica.
Por otro lado, los iones pesados, como los iones de carbono, son partículas más masivas que también pueden utilizarse en terapia de partículas. Estos iones liberan su radiación de manera más efectiva y pueden ser especialmente útiles en tumores resistentes a otros tratamientos. Se usa especialmente iones de carbono y cada vez están recibiendo más atención para la comunidad científica.
También pueden usarse neutrones, aunque en España no es una técnica que esté aún implantada. Para este tipo de terapia se usan neutrones de alta energía.
– Cómo funciona la terapia de partículas

La terapia de partículas comienza con un proceso de planificación detallado.
Los médicos utilizan imágenes médicas de alta resolución, como tomografías computarizadas (TC) y resonancias magnéticas (RM), para determinar la ubicación y el tamaño del tumor.
Luego, diseñan un plan de tratamiento que aprovecha las características de las partículas utilizadas para enfocar la radiación con precisión en el tumor, para así minimizar la exposición en regiones sanas.
Durante las sesiones de terapia, el paciente se acuesta en una mesa de tratamiento y se le administra la dosis de partículas. El proceso es indoloro y dura solo unos minutos. A medida que las partículas penetran en el tumor, liberan su radiación en la zona objetivo. Esto daña irreparablemente las células cancerosas, lo que lleva a su muerte.
– Ventajas de la terapia de partículas
La terapia de partículas presenta varias ventajas notables en comparación con la radioterapia convencional con rayos X:
- Mayor precisión: La capacidad de enfocar la radiación en el tumor con una precisión excepcional minimiza el daño a los tejidos sanos cercanos. Esto es especialmente valioso en tumores próximos a órganos vitales.
- Menos efectos secundarios: Con menos radiación en tejidos sanos, los pacientes experimentan menos efectos secundarios adversos, lo que mejora su calidad de vida durante y después del tratamiento. A pesar de ello hay algunos efectos secundarios, como enrojecimiento e la piel y fatiga.
- Mayor eficacia: La alta concentración de radiación en el tumor aumenta la probabilidad de destruir las células cancerosas, lo que mejora la eficacia del tratamiento.
- Tratamiento de tumores resistentes: Las partículas subatómicas, como los iones pesados, pueden utilizarse para abordar tumores resistentes a otros tratamientos.
Aplicaciones pediátricas: La terapia de partículas es especialmente beneficiosa para niños con cáncer, ya que reduce el riesgo de efectos secundarios a largo plazo.
– Protonterapia en España
En España hay dos centros pioneros en protontercapia: el Centro de Protonterapia Quirónsalud y el Cancer Center Clínica Universidad de Navarra.
– El futuro de la terapia de partículas
El campo de la terapia de partículas sigue evolucionando a un ritmo acelerado. Los investigadores están explorando nuevas partículas y técnicas para mejorar la precisión y la eficacia del tratamiento. Además, se están desarrollando sistemas de imagenología en tiempo real que permiten un control aún más preciso durante las sesiones de tratamiento.
La colaboración internacional en este campo está en constante crecimiento, lo que garantiza que las lecciones y los avances se compartan globalmente. La terapia de partículas se perfila como una herramienta esencial en la lucha contra el cáncer y una vía para ofrecer una atención más efectiva y menos invasiva a quienes luchan contra esta enfermedad.
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¿Existen de verdad los fantasmas? …

Muy Interesante(E.F.Aguilar) — A lo largo de la historia, en todas partes de el mundo, ha habido gente que afirma haber sido testigo de fenómenos paranormales.
Creen haber presenciado la aparición de fantasmas o espíritus e incluso haber logrado captar alguna evidencia fiable de estos hechos.
Así, durante siglos y hasta el día de hoy, han existido incluso grupos de espiritismo dedicados a invocar fantasmas a través de diferentes métodos como la famosa güija.
Incluso hay quienes se han organizado para «cazar» fantasmas de una manera proactiva y organizada.
A finales del siglo XIX llegó a fundarse en Inglaterra la Sociedad de Investigación Psíquica. Eleanor Sidgwick, que fue presidenta de dicha grupo, en el que participaban incluso miembros de las Universidades de Cambridge y Oxford, se convirtió en la primera cazafantasmas.
Así pues, la tradición que afirma que los fantasmas existen y puede demostrarse científicamente viene de largo. Sin embargo, hasta el día de hoy no hay absolutamente ninguna prueba que confirme su existencia.
En realidad, no puede demostrarse científicamente la existencia de fantasmas porque, para empezar, ni siquiera hay consenso sobre qué es un fantasma.
Se elucubra que podría ser el alma vagabunda de alguien que debe cerrar sus asuntos en la Tierra antes de embaucarse definitivamente en su camino hacia el más allá, pero, ¿por qué se afirma entonces que existen también los objetos fantasma, como vagones, pueblos o edificios?
Además, ¿cuál es la apariencia de un fantasma? ¿Son inmateriales, tangibles o intangibles? ¿Tienen capacidad para interaccionar con objetos materiales y tocarlos, abrir y cerrar puertas, atravesar paredes, emitir sonidos? ¿O son simplemente presencias?
De hecho, si son inmateriales, ¿cómo pueden emitir sonidos? Para que haya sonido la materia debe vibrar, lo cuál es una contradicción con el concepto estándar de fantasma.
De hecho, los sociólogos Dennis y Michele Waskul entrevistaron a varias personas que decían haber experimentado la aparición de fantasmas para su para su libro Ghostly Encounters: The Hauntings of Everyday Life (Temple University Press) publicado en 2016 y concluyeron que incluso los propios testigos no eran capaces por sí mismos de afirmar con seguridad que aquello que habían visto, oído o sentido fueran en realidad fantasmas.
Las experiencias eran demasiado variadas entre sí, lo único que tenían en común era que lo sucedido no se podía explicar fácilmente.
– ¿Podrían los fantasmas ser pura energía?

Hay quien alega que, basándose en la primera Ley de la Termodinámina (la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma), tendría todo el sentido que existiesen los fantasmas, puesto que serían la energía resultante de nuestro ser cuando muere, que en lugar de desaparecer, adquiriría otra forma.
Sin embargo, lo que sucede con la energía de nuestros cuerpos al morir es que se libera en forma de energía calorífica a través de procesos de descomposición en el medio.
Así que, por el momento, no hay ninguna evidencia científica rigurosa de que los fantasmas en realidad existan.
A menos que queramos convertir el término «fantasma» en un cajón desastre en el que meter todo aquello que no sepamos cómo explicar de otra manera.
A pesar de todo, grandes científicos y figuras de la cultura han creído en la presencia de fantasmas.
Tales como William Crookes (físico y químico británico conocido por sus investigaciones en espectroscopia y electrólisis), Charles Richet (fisiólogo francés que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1913 por sus investigaciones sobre la anafilaxia) o Alfred Russel Wallace (naturalista y biólogo británico que desarrolló una teoría de la evolución por selección natural de manera independiente a Charles Darwin).
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Encuentran trazas fósiles en las profundidades marinas de hace 130 millones de años …

Sinc(EFE) — Los peces habían conquistado ya las profundidades marinas hace 130 millones de años, en el Cretácico inferior, según las trazas fósiles halladas en los Apeninos septentrionales, lo que adelanta en unos 80 millones de años su aparición en esas zonas.
Hasta ahora, los fósiles de peces de las profundidades marinas databan de 50 millones de años. La revista PNAS publica un estudio, con participación española, sobre la existencia de rastros fosilizados que habrían dejado diversos tipos de peces cuando se alimentaban o se movían.
La investigación se basa en trazas fósiles o icnofósiles, no en restos corporales directos de los peces (como podrían ser huesos, dientes o escamas), explican a Efe Zain Belaustegui, de la Universidad de Barcelona, y Fernando Muñiz de la Universidad de Sevilla, ambos firmantes del estudio.
Los icnofósiles se interpretan como diferentes tipos de trazas, principalmente de alimentación y locomoción, dejadas “muy probablemente por diferentes especies de peces en los sedimentos del fondo de un ambiente marino profundo”, señalan.
Estas “huellas” fosilizadas representan la evidencia más temprana de vertebrados que vivían en el fondo del mar, según el equipo de investigadores, encabezado Andrea Baucon, de la Universidad de Estudios de Génova (Italia).
– Piedras calizas de los Apeninos septentrionales

Los fósiles están preservados en piedras calizas procedentes de los Apeninos septentrionales, donde se conservan depósitos de llanuras abisales del Océano Tethys, que existió entre los antiguos continentes de Gondwana y Laurasia.
El equipo identificó trazas fósiles, en forma de hoyos y surcos, y propone que podrían haber sido producidas por tres especies diferentes de peces.
El primero un neoteleósteo desdentado, el segundo un pez parecido a una quimera -que habrían generado dos tipos distintos de trazas de alimentación- y un posible tercer pez con una gran aleta caudal que habría dejado la marca identificada como de locomoción, precisan Muñiz y Belaustegui.

– Comparación con análogos actuales
Una de las herramientas de la icnología se basa en la comparación con análogos actuales. Cuanta más información haya sobre las trazas que generan diferentes tipos de organismos en su interacción con diferentes tipos de sustratos, más recursos existen para interpretar los icnofósiles.
En este caso, hace 130 millones de años ya se tiene constancia de la existencia de diferentes tipos de peces con características anatómicas similares a los observados actualmente y que habrían podido dejar trazas similares a las que podemos ver hoy en día.
Para esta investigación, las trazas actuales se estudiaron en varias localidades de Italia, en el estuario del río Piedras (Huelva) y con fotografías submarinas a 1.544 metros de profundidad en la Fosa de Kermadec (Océano Pacífico).
Muñiz y Belaustegui son icnólogos y su labor en este estudio se ha centrado en la identificación e interpretación de esas trazas fósiles. Los resultados sugieren que los vertebrados colonizaron las profundidades marinas en el Cretácico Inferior y que esta transición pudo deberse a un aumento de las fuentes de alimento más que a un cambio en los niveles de oxígeno de las profundidades.
Además, indican que las llanuras abisales del Cretácico Inferior ya presentaban un ecosistema de aguas profundas de tipo moderno caracterizado por agregaciones multi específicas de peces.
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Síndrome de Charles Bonnet: visiones más allá de la realidad …

marcianosmx.com/Psicología y Mente(O.C.Mimenza) — El fascinante Síndrome de Charles Bonnet (SCB) es un fenómeno enigmático que viene intrigando a científicos y estudiosos desde hace siglos. Hoy, exploraremos este padecimiento que lleva el nombre del naturalista suizo homónimo. Acompáñanos a descubrir las extraordinarias experiencias visuales que enfrentan las personas afectadas por el SCB. Las teorías detrás de este fenómeno y su impacto en la comprensión de la percepción humana.
En 1760, un destacado naturalista suizo, Charles Bonnet, quedó asombrado y preocupado ante un fenómeno extraordinario que afectaba a su abuelo, Charles Lullin. Este anciano de ochenta y nueve años comenzó a experimentar lo que solo se puede describir como un desfile de visiones peculiares y sorprendentes. A sus ojos llegaban imágenes de personas, aves, carros y edificios que, en apariencia, eran invisibles para todos los demás. La razón detrás de esta inusual percepción residía en las cataratas que afectaban la visión de Lullin.
Lo más asombroso es que el abuelo de Bonnet, a pesar de estas vívidas alucinaciones, no presentaba signos de pérdida de lucidez. Su salud, aparte de estas visiones extraordinarias, parecía mantenerse robusta. Bonnet decidió registrar meticulosamente las experiencias de su abuelo, lo que con el tiempo llevó a la identificación de un fenómeno hasta entonces desconocido: el Síndrome de Charles Bonnet, también referido con las siglas CBS. Este síndrome, una vez descrito por Bonnet, empezó a revelarse como una condición más común de lo que se creía en ese momento, desafiando la etiqueta de rareza que alguna vez se le atribuyó.

¿Qué es el Síndrome de Charles Bonnet?
Se entiende por el Síndrome de Charles Bonnet el cuadro clínico caracterizado por la aparición de alucinaciones visuales en pacientes con problemas en la vía visual, sean estos problemas situados en los órganos visuales, sus conexiones al cerebro o las áreas cerebrales implicadas en la visión.
Los principales criterios diagnósticos de este síndrome son la citada presencia de alucinaciones visuales y que éstas se den en total ausencia de alteraciones cognitivas y de conciencia, trastornos psiquiátricos, neurológicos o de consumo de sustancias que podrían explicar su aparición.
Dicho de otro modo, estas alucinaciones se dan en sujetos sanos sin otro problema que el propiamente visual, habiéndose de descartar la presencia de demencia (cuadro que en ocasiones también presenta alucinaciones visuales), intoxicaciones y otros trastornos.
Así, el Síndrome de Charles Bonnet aparecería principalmente en individuos sanos que no padecen otra alteración que la pérdida de visión. Dado que una gran proporción de problemas visuales aparecen durante la vejez, es especialmente prevalente en la población anciana.
– Síndrome de Charles Bonnet: un mundo de visiones.
Para aquellos que se ven afectados por el Síndrome de Charles Bonnet, el mundo puede transformarse en un escenario de imágenes vívidas pero ficticias. Algunos observan patrones inexistentes en las superficies, como ladrillos o azulejos, mientras que otros son testigos de la aparición de objetos inusuales, con un nivel sorprendente de detalle. Incluidas figuras humanas, animales, edificios o cualquier otra manifestación generada por su mente.
Estas imágenes pueden surgir y desvanecerse de manera súbita, con una duración que varía desde unos pocos segundos hasta varias horas. Las visiones pueden incluir elementos cotidianos, como botellas o sombreros, o creaciones completamente ajenas a la realidad, como figuras infantiles que bailan con flores gigantes en lugar de cabezas.
Estas alucinaciones se den sin una causa clara que las desencadene; si bien el estrés, una iluminación excesiva o pobre o la falta o sobrecarga de estimulación sensorial facilitan su aparición. La duración de las alucinaciones suele ser corta, pudiendo variar entre segundos y horas, y suelen desvanecerse de manera espontánea al cerrar los ojos o redirigir la mirada hacia ellas o hacia otro punto.

. Pérdida de visión.
La mayoría de las personas afectadas por el Síndrome de Charles Bonnet se encuentran en las primeras etapas de la pérdida de visión. Además, las alucinaciones suelen manifestarse mientras todavía conservan parte de su capacidad visual, a pesar de su disminución progresiva.
La causa más común del síndrome de Charles Bonnet es la degeneración macular, una afección que daña ciertas células de la retina responsables de la percepción de la luz y que da lugar a un punto ciego en el centro del campo visual, cuya intensidad aumenta con el tiempo.
Otras enfermedades oculares, como el glaucoma y las cataratas, también pueden desencadenar estos síntomas, y en ocasiones excepcionales, se han registrado casos en personas sin problemas de visión aparentes.
La probabilidad de experimentar visiones similares a las de Bonnet parece aumentar entre aquellas personas que experimentan interacciones sociales limitadas, como individuos que viven en soledad.
Es sorprendente que, incluso con daños visuales, las alucinaciones suelen sorprender por su notable claridad. A diferencia de las imágenes vagas o difusas, estas visiones presentan una gran cantidad de detalles y se adaptan frecuentemente a su entorno. Por ejemplo, una figura imaginaria puede sentarse en un banco real o un grupo de pepinos puede aparecer en una repisa de chimenea legítima.
A veces, estas alteraciones afectan a elementos completos de la realidad, convirtiendo una escalera en una empinada ladera de montaña o modificando el tamaño y la forma de una habitación, lo que dificulta la exploración del mundo. Además, objetos reales pueden desaparecer temporalmente, dejando poca o ninguna evidencia de su presencia anterior.

– Los rostros en el Síndrome de Charles Bonnet.
Un porcentaje significativo de los pacientes describe también la percepción de caras flotantes, desprovistas de cuerpos, que se retuercen en su campo de visión, en ocasiones de manera aleatoria. Estas caras suelen presentar grandes ojos, dientes prominentes y rasgos que recuerdan a las gárgolas de piedra.
A pesar de que las imágenes de personas son comunes, rara vez se trata de rostros familiares. La mayoría de las apariciones son extrañas, aunque existen informes de personas que ven a sus seres queridos fallecidos durante estos episodios. Estas apariciones fantasmagóricas suelen llevar expresiones agradables en sus rostros y mantienen un misterioso silencio, estableciendo contacto visual frecuente con el espectador. Curiosamente, muchos de estos personajes imaginarios suelen llevar sombreros, a veces acompañados de elaborados trajes.
. Alucinaciones Liliput.
A pesar de que estas imágenes sorprendentemente realistas suelen ser inofensivas, no se pueden eliminar fácilmente. Frecuentemente, las mismas imágenes aparecen en múltiples ocasiones, pero rara vez están relacionadas con un significado emocional particular. A menudo se trata de objetos comunes, como camiones o árboles, aunque también hay informes de escenas dramáticas, como procesiones fúnebres y dragones.
Las visiones pueden variar en tamaño, desde dimensiones reales hasta miniaturas, en un fenómeno conocido como “alucinaciones Liliput”, en referencia a los pequeños liliputienses de la obra “Los Viajes de Gulliver”. Ocasionalmente, las visiones pueden parecer más grandes que la realidad.
. Entre la realidad y la ficción.
Aunque Charles Bonnet estaba consciente de que estas alucinaciones eran producto de su mente, no dejaban de ser inquietantes. La línea que separa la ficción de la realidad se volvía borrosa, y situaciones cotidianas, como una botella sobre una mesa o un camión en la calle, se volvían desafiantes para distinguir. Algunas personas llegaron a señalar situaciones irreales a sus conocidos, solo para descubrir que nadie más podía ver lo que ellos veían.
Algunas visiones del Síndrome de Charles Bonnet son tan extravagantes que pueden poner a prueba la cordura de quienes las experimentan. En un caso, una mujer se encontró con la presencia de varios deshollinadores pequeños que desfilaban por su hogar, mientras que otro hombre hablaba de una manada de monos con batas azules y sombreros rojos que se divertían en su patio día tras día.
Paradójicamente, muchas personas que padecen CBS deciden no informar sobre estas extrañas visiones por temor a que se cuestione su salud mental. En contraste, aquellos que sufren de psicosis a menudo elaboran explicaciones complejas para justificar sus alucinaciones y rara vez cuestionan su propia cordura.

– La participación del cerebro.
La causa exacta del Síndrome de Charles Bonnet sigue siendo un misterio, aunque una teoría popular sugiere que el cerebro intenta compensar la falta de estímulos visuales. Cada ojo humano normal recibe datos a una velocidad de aproximadamente 8.75 megabits por segundo. La corteza visual, el sistema más grande en el cerebro humano, está diseñada para procesar este torrente de información visual antes de presentarlo a la mente consciente. Cuando la enfermedad afecta esta vía de procesamiento, numerosas neuronas quedan inactivas.
Es interesante destacar que el cerebro humano tiene la capacidad de lidiar con la ceguera parcial de manera natural. Cada ojo humano tiene un punto ciego donde el nervio óptico atraviesa la retina, y la corteza visual llena automáticamente estos puntos ciegos extrapolando lo que debería estar allí según la información circundante. Además, cuando ambos ojos están activos, el cerebro puede combinar la información de ambos para compensar las limitaciones individuales.
En casos de pérdida gradual de la visión, es posible que estas vías cerebrales intenten llenar las áreas oscurecidas. Dado que los ojos envían datos reducidos con una mayor probabilidad de errores, la corteza visual puede generar conjeturas extravagantes.
. ¿De dónde provienen las visiones en el Síndrome de Charles Bonnet?
Algunos han sugerido que las visiones presentes en el Síndrome de Charles Bonnet serían el resultado de los mismos mecanismos que generan los sueños. Durante el sueño, la mente carece de estímulos visuales, por lo que tiene sentido que tanto los sueños como las alucinaciones CBS puedan estar relacionados, ya que la corteza visual busca estimulación visual almacenada. Sin embargo, es importante destacar que los sueños también incluyen sonidos y sensaciones, mientras que las visiones de Bonnet se limitan a la vista.
En los casos en los que los pacientes ven caras flotantes, es probable que la región occipital lateral del cerebro esté involucrada. Esta área de la corteza visual se encarga de reconocer caras humanas entre los datos visuales entrantes y también se activa cuando se perciben patrones que se asemejan vagamente a caras, como la parte delantera de un automóvil. Cuando esta región carece de estímulos visuales, es probable que su actividad disminuya, lo que lleva a la percepción de rostros inexistentes.
. Explicaciones metafísicas.
Estudios formales han revelado que el Síndrome de Charles Bonnet es más común en personas con educación superior y en aquellos con inclinaciones creativas. Esto sugiere que las habilidades de asociación de conceptos inherentes a la creatividad y la inteligencia pueden desempeñar un papel importante en esta condición.
El síndrome también presenta similitudes con el síndrome del miembro fantasma, donde las personas que han perdido extremidades experimentan sensaciones como si esas partes del cuerpo aún estuvieran presentes.
Sin embargo, también existen teorías alternativas que afirman que estas extrañas visiones no están relacionadas con el cerebro, sino que son imágenes reales de una realidad alternativa paralela a la nuestra. Según esta teoría, las personas normalmente no pueden percibir estas realidades paralelas debido a la sobrecarga de información visual de nuestro propio mundo. Se sugiere que estas realidades paralelas serían lugares extraños donde las personas a veces tienen flores en lugar de cabezas y donde abundan las conjeturas absurdas en lugar de pruebas.
– Frecuencia del Síndrome de Charles Bonnet.
Uno de los estudios más exhaustivos sobre este fenómeno se llevó a cabo en el Departamento de Oftalmología de Hospital Universitario de Nijmegen, en Países Bajos, donde participaron quinientos pacientes con discapacidades visuales. De ellos, se descubrió que sesenta y tres habían experimentado alucinaciones visuales complejas en las cuatro semanas previas al estudio. Las evaluaciones psiquiátricas de estos pacientes no revelaron otros trastornos que pudieran causar tales efectos secundarios.
Estos hallazgos, junto con otros estudios similares, sugieren que hasta el 15 % de las personas con pérdida de visión pueden experimentar el Síndrome de Charles Bonnet en cierta medida. Incluso se rumorea que el propio Charles Bonnet sufrió sus propias visiones inexplicables cuando sus problemas de visión se intensificaron en el futuro.
Causas (etiología)
Las causas de este síndrome, como ya se ha comentado, se encuentran en la pérdida de visión. Esta pérdida suele darse por un daño al sistema visual, siendo generalmente debido a degeneraciones maculares o glaucoma y apareciendo principalmente en sujetos de edad avanzada. Sin embargo, también es posible que esta pérdida de visión se deba a la presencia de una patología cerebral que dificulte la conexión entre el ojo y el lóbulo occipital.
Pero, aunque una enfermedad ocular provoque la pérdida de visión, cabe preguntarse el porqué de la aparición de las alucinaciones y del Síndrome de Charles Bonnet. En este sentido existe una amplia diversidad de teorías que trabajan el tema, siendo una de las más aceptadas es la Teoría de la Desaferenciación Neuronal.
Esta teoría parte de la consideración de que debido a la enfermedad ocular se da una pérdida de los impulsos nerviosos que deberían llegar a la corteza occipital, zona del cerebro encargada de procesar la información visual. Esto provoca que el cerebro se vuelva especialmente sensible a los estímulos que le llegan, siendo afectado además por otras estimulaciones sensoriales que ante la hipersensibilidad de los receptores podrían formar la percepción de alucinaciones, activando el área visual.

. ¿Cómo tratarlo?
Dada la alta prevalencia de visiones del Síndrome de Charles Bonnet entre los pacientes estudiados, parece que esta condición no es tan rara como se pensaba. El número reducido de casos conocidos probablemente se deba a la renuencia universal de los afectados a compartir sus experiencias. La mayoría de las personas que padecen CBS no mencionarán sus alucinaciones a menos que se les pregunte directamente. Uno de los tratamientos más efectivos es informar al paciente de que sus visiones no reflejan su salud mental, lo que puede reducir significativamente la ansiedad relacionada.
Algunas personas logran controlar o disipar a sus “invitados” imaginarios al modificar su entorno, como encender las luces, aunque la mayoría de las veces los pacientes están a merced de sus visiones. Otros han encontrado consuelo al interactuar con estas apariciones, manteniendo conversaciones unilaterales mientras sus visitantes imaginarios observan en silencio. Afortunadamente, esta condición suele ser temporal y, en la mayoría de los casos, las visiones desaparecen por completo después de doce a dieciocho meses.
La percepción humana es claramente imperfecta, lo que plantea interrogantes sobre cuánto de nuestra experiencia es compartida y cuánto está moldeado por nuestras mentes. El Síndrome de Charles Bonnet es un recordatorio de la complejidad y la maleabilidad de la percepción humana, un enigma que desafía nuestra comprensión de la mente y la realidad.

Con respecto al tratamiento del Síndrome de Charles Bonnet, a nivel psicológico lo primero que debe realizarse es la tranquilización y dotación de información al paciente, el cual puede presentar gran angustia al no saber qué está ocurriendo y creer que presenta algún tipo de demencia o trastorno mental.
Se debe explicar que las visiones que experimenta son consecuencia de la pérdida de visión, siendo recomendable que los oftalmólogos informaran de la posibilidad de aparición de este fenómeno como consecuencia de la pérdida de vista en pacientes con enfermedades que degeneren este sentido, animando a los pacientes a que cuenten sus experiencias.
A nivel farmacológico, en general este tipo de trastorno no suele responder a neurolépticos de forma positiva, si bien algunos casos el haloperidol y la risperidona han mostrado cierta eficacia. También se han propuesto anticonvulsivos como la carbamazapina.
Sin embargo, lo más útil en este síndrome es tratar la causa médica que provoca la pérdida de visión, incrementando en lo posible la agudeza visual. Se ha comprobado que algunos pacientes con este síndrome no han vuelto a tener alucinaciones tras ser operados o tratados de su problema visual.
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Lelo Burti …

Historia Hoy(M.A.Hernández) — Una mezcla de juego, evento, tradición, deporte y ritual se lleva a cabo desde hace siglos en Guria, una región de Georgia. Este “juego feroz”, que se ha transmitido a lo largo de muchas generaciones, se llama Lelo Burti.
Lelo Burti, un símbolo de la cultura georgiana, se traduce como “pelota de campo”, a pesar de que “lelo” es una antigua palabra georgiana que significa “hacer algo por la fuerza”.
El origen del juego no está del todo claro: algunas versiones afirman que proviene de un antiguo juego georgiano llamado “Burtaoba” que ya era mencionado en un poema del siglo XII mientras que otras versiones sostienen que su origen es más cercano y remite a 1854, cuando un grupo de tropas gurianas (Guria está en el sudoeste de Georgia) derrotó a un ejército del Imperio Otomano empujando a los turcos con todas sus fuerzas hacia atrás en las colinas; esta versión dice que cada partido de Lelo Burti es a la vez un homenaje y una recreación de esa histórica batalla.
El juego en su modo tradicional se juega el domingo de Pascua en la región de Guria, en Shukhuti, un pueblo que abarca dos aldeas: Zemo Shukhuti (la zona norte del pueblo, “Alto Shukhuti”) y Kvemo Shukhuti (la zona sur, “Bajo Shukhuti”). Las dos comunidades se enfrentan ese día, y el habitualmente tranquilo pueblo se transforma en un caos ingobernable.
Después de la sovietización y aún hoy en día Lelo Burti ha superado las fronteras de la región de Guria, existiendo campeonatos entre las distintas regiones.
Se establecieron ciertas reglas que estandarizaron el juego a lo largo de todo el país transformándolo en una especie de “deporte nacional” más organizado, con torneos y calendarios establecidos, que se juega en estadios, en una cancha bien delimitada, de las mismas medidas que una cancha de rugby, con dos equipos con atuendo deportivo y cuya estética se asemeja a la de un “rugby desordenado”, si bien la pelota puede pasarse tanto hacia atrás como hacia adelante y no existe el offside ni posiciones fijas de los jugadores.

Pero la forma original, caótica y tradicional del juego sólo se mantiene en la pequeña aldea guriana de Shukhuti; así que vayamos al día del juego, que se desarrolla el domingo de Pascua.
La mañana comienza cosiendo una gran bola de cuero negro llena de arena, tierra y aserrín, simbólicamente empapada con una copa de vino tinto Aladasturi. La pelota en realidad no es redonda sino que tiene la forma de una enorme calabaza, de mayor diámetro horizontal que vertical, que pesa entre 15 y 18 kg.
Luego se escribe en el balón la palabra “Lelo” y el año en curso con pintura blanca. Cada año se utiliza una pelota nueva, que es llevada a la iglesia del pueblo (St. George) para ser bendecida y guardada por un buen rato hasta que comience el juego. Esa mañana se organizan también algunos otros juegos deportivos, eventos musicales con bandas locales y una feria en la que se venden comidas típicas de la región.
El área de disputa del juego es un amplio terreno entre dos arroyos; dicho terreno incluye jardines, parques, charcos, descampados, huertos, terreno irregular, en resumen: lo que haya. La carretera que pasa por el pueblo se cierra hasta que termine el partido.
El juego consiste en llevar la pelota hasta uno de los dos arroyos en los extremos del terreno; cada equipo debe trasladar la pelota “empujando” o “arriando” (como en un enorme o multitudinario scrum) al equipo rival hasta llevar la pelota hasta el destino final, esto es: llevar el balón a su propio lado del pueblo. Por eso, los equipos inician el juego en el lado opuesto al propio: Zemo Shukhuti del lado de Kvemo Shukhuti y viceversa.

En el Lelo Burti tradicional, la regla principal es que no hay reglas; en realidad, la única regla establecida es la que dice que los participantes no pueden jugar bajo los efectos del alcohol (aunque ni siquiera esa regla se cumple a rajatabla).
La cantidad de jugadores participantes en Lelo Burti tampoco está reglamentada, pero cuanta más gente participe de cada lado de la aldea, mayores serán sus posibilidades de ganar.
Pueden jugar todos los que quieran (ha habido enfrentamientos en los que había trescientos participantes de cada lado) y cualquiera puede participar en el juego: georgianos, extranjeros, niños y mujeres, aunque éstas rara vez lo hacen; todavía es principalmente un juego de hombres.
La duración del evento tampoco tiene límite, ya que se juega hasta que un equipo gane; esto puede llevar desde media hora hasta varias horas.
El partido-evento comienza a las 17hs en el centro del pueblo, a pocos metros de la iglesia. Mientras un hombre vestido con una camisa tradicional guriana y un Kabalakhi (un pañuelo masculino en la cabeza) dispara un tiro de escopeta, el sacerdote del pueblo lanza la pelota a los participantes (en el pasado, era el residente más viejo del pueblo quien daba inicio al juego lanzando la pelota).
Cuando comienza el juego se desata una locura salvaje en la que vale absolutamente todo: golpes, patadas, tackles, insultos, artes marciales, lo que sea. No hay reglas que limiten lo que alguien puede hacer para conseguir la pelota, y se permite cualquier maniobra o forma de empujarse unos a otros.
Es la locura en su forma más desatada: dos enormes hordas indistinguibles que se enfrentan en un cuerpo a cuerpo colectivo y caótico.
Como es de esperar, son frecuentes las lesiones; cuando ocurren, los participantes levantan la mano para indicar una pausa y darle tiempo a la persona para salir del enorme scrum.
Sólo se detiene el partido cuando hay fracturados o desmayados, y en la historia del Lelo Burti las personas fallecidas por problemas del corazón sobrepasan las doscientas.
El juego termina una vez que la pelota es llevada al otro lado del arroyo, y el único premio en el juego es la pelota, aunque el orgullo y el honor de ganar es lo más importante.
No se puede lanzar ni pasar la pelota, que siempre se mantiene en los brazos de alguien; el juego es tan caótico y tan intenso que la pelota sólo la ven quienes están inmediatamente cerca de la misma, mientras el resto forma parte de la enorme marea humana que empuja y golpea, por eso es casi imposible ver la pelota durante el partido y la mayoría de los jugadores, que ni siquiera llegan a tocar la pelota, tienen como tarea principal empujar el scrum gigante para mover la masa hacia el arroyo de llegada.
Cuando los jugadores necesitan aire, descansar o tomar agua, salen del amontonamiento, descansan y luego vuelven.
Después del “partido” el equipo ganador no se lleva el balón a casa, sino que lo lleva al cementerio y lo coloca en la tumba de algún vecino fallecido el año anterior. Para eso, antes del partido, cada equipo elige a qué fallecido de su comunidad le llevará el balón como homenaje y, camino al cementerio, los ganadores pasan previamente por la casa de la familia del fallecido para rendirle honores.
En la casa del fallecido, su familia prepara una gran mesa con comida y vino (“el vino nunca es suficiente”, dicen los georgianos), y todos son bienvenidos a brindar, felicitar a los ganadores y rendir homenaje a los muertos. Después de brindar, el equipo ganador y todos quienes quieran acompañar se dirigen hacia el cementerio.

Una vez allí, el enorme balón se coloca frente a la lápida, se encienden velas y todos muestran su respeto con un par de minutos de silencio. Luego hay una fiesta más grande (a la que llaman “supra”) en la que cualquiera puede participar y que comienza luego de la bendición del sacerdote, una oración y un nuevo brindis.
La intensidad y la violencia física del Lelo Burti es intimidante; Lelo Burti es anacrónico, anarquista, sin leyes, sin disciplina, sin táctica, sin entrenamiento previo, sin profesionalización: “el deporte más salvaje del mundo”, dicen orgullosos los georgianos.
En 2019 Lelo Burti obtuvo el status de Patrimonio Cultural de Georgia, y el seleccionado de rugby de Georgia es conocido en el mundo del rugby como “Los Lelos” en clara referencia a este juego que forma parte de la idiosincrasia georgiana.
nuestras charlas nocturnas.
Latinoamérica redonda: el poder del balón …
Jot Down(A.Lezcano) — Siempre existe el debate sobre fútbol y política. Para algunos es un cóctel innecesario. Para otros, son harina del mismo costal. Echando un ojo a la historia del último siglo y medio, desde que se inventó este deporte, no parece haber lugar a disputa. Desde su mismo nacimiento el fútbol se convirtió en fenómeno de masas, y por lo tanto en arma política.
Un gráfico ejemplo es Latinoamérica, una entidad más o menos algodonosa que comparte el amor por el fútbol —salvo en el Caribe, adscrito al béisbol, y aun así— y también una historia inestable, con una sucesión infernal de gobiernos militares en el siglo XX, a la par que se desarrollaba el llamado deporte rey.
A veces herramienta contestataria, casi siempre instrumento interesado del poder, el fútbol siempre ha sido un actor a tener en cuenta.
Tan redituable es para la política que su nombre llegó a invocarse para bautizar una guerra. Fue Ryszard Kapuściński quien tituló «La guerra del fútbol» a una crónica sobre el conflicto entre Honduras y El Salvador en 1969. En realidad él mismo explica en el texto que la causa real no fue el fútbol, sino problemas de otro calibre: una disputa demográfica y económica. Pero una eliminatoria premundialista sirvió para tensar más los ánimos y empujarse al enfrentamiento. Debía haberse llamado guerra de las Cien Horas, que es lo que duró; sin embargo, para la posteridad quedó como la guerra del Fútbol, señal de que hay algo más en ese deporte que humanos corriendo tras una pelota en un prado. Quizás un solteros contra casados, y ni siquiera. El fútbol sin contexto es como un partido sin balón, y su frontera con la política termina siendo más borrosa que el pasado de Zozulya. Estos otros cuatro episodios latinoamericanos así lo atestiguan.
- 1. De negros y anarquistas
Cuando los ingleses, después de dejar la pelota y el reglamento, subieron al barco y se fueron de vuelta a sus frías tierras, no sabían que con su invento deportivo acababan de aportar un elemento importante al activo laboratorio social que era la América de aquella época. En cada país, la construcción de su fútbol retrata a su sociedad.
En Brasil, por ejemplo, a la élite blanca se le ocurrió aplicar sus patrones habituales y le quiso poner puertas al campo: prohibieron alinear negros. Aunque parezca increíble, hasta la década de 1920. Arthur Friedenreich fue el mayor goleador de la historia. Era nieto de alemán y brasileña, mulato de ojos verdes y pelo rizado, y para jugar escondía, a duras penas, su mezcla natural.
Se cuenta que tardaba un mundo en salir al campo porque se alisaba el pelo y se ponía una redecilla en la cabeza. Su negritud disfrazada le permitió jugar en la selección de Brasil, y en 1919 un gol suyo le dio el primer título a la verde-amarela, el Sudamericano.
En aquella época, el club Fluminense empezó a ser apodado Pó de Arroz por el talco que otro crack mulato, Carlos Alberto, usaba para blanquearse la cara (el club sostiene que en realidad lo usaba como after shave).
Aún hoy la hinchada de Flu saluda la entrada de su equipo en el campo con una nube gigante de pó de arroz.
Unos años después, otro club de Río, Vasco Da Gama, revolucionó el fútbol brasileño al aceptar oficialmente a negros en sus filas.
Fue el primer gran club que lo hacía y obligó a que poco más de un año después se eliminaran las restricciones raciales en Brasil.
Era 1925 y todo estaba, en el país y en el campo, por hacer.
En Argentina el fútbol se instaló con fuerza en la década de 1880 de la mano de los ingleses, con sus navieras, ferrocarriles y talleres (no hay más que echar mano del nomenclátor de clubs argentinos para comprobarlo).
En un principio coto exclusivo de escuelas británicas y recoletos reductos poscoloniales, enseguida el deporte sirvió para agitar las estructuras de un país tan floreciente como desigual.
Osvaldo Bayer, escritor e historiador, glosa en Fútbol argentino el poder del anarquismo (y el socialismo) en los orígenes del fútbol austral. A inicios del siglo XX se popularizó una frase con sello ácrata: «Misa y pelota: la peor droga para los pueblos». Frente al opio redondo, intelectuales de izquierda y asociaciones obreras resolvieron fundar sus propios clubs y cambiar la cultura de un deporte que había sido hasta entonces cosa de señoritos.
Así nació en Buenos Aires Mártires de Chicago, fundado por socialistas y anarquistas como tributo a los obreros cuya muerte se conmemora hoy cada primero de mayo. Poco duró el nombre, pues enseguida se impuso otro, hoy conocido por todos: Argentinos Juniors.
Chacarita, otro club de la capital, fue fundado en una sede socialista del barrio. Un primero de mayo, claro. Independiente de Avellaneda, uno de los clubs más laureados del continente, también fue fundado por obreros de una fábrica —independientes del patrón—. Otros ejemplos como Libertarios Unidos —gráfico nombre, hoy llamado Colegiales—, El Porvenir o el Progreso de Montevideo dejaron patente un origen político explícito en la efervescente Sudamérica futbolística.
En los años treinta llegó el profesionalismo, en parte una solución a las huelgas de los futbolistas que denunciaban ser tratados como mercancía humana, y después el deporte, ya negocio, se precipitó hacia lo que todos sabemos.
Hoy aquellos clubs argentinos, instituciones sin ánimo de lucro que aglutinan barrios o ciudades en torno a la actividad deportiva, pueden convertirse en sociedades anónimas deportivas, en una iniciativa alentada por aquel que fue presidente de Boca Juniors y hoy lo es del país, Mauricio Macri.
Algunos clubs y una coordinadora de hinchas tratan de frenar al llamado Fútbol S. A., tan lejos de aquellos pioneros.
- 2. Paripé a puerta vacía
21 de noviembre de 1973. Comienza el partido en Santiago. Chile saca de centro y sus jugadores empiezan a pasarse la bola mientras avanzan en cohorte hacia el área de la URSS. Hasta cuatro jugadores la tocan en un tuya-mía dentro del área rival, hasta que Chamaco Valdés, capitán, remacha a gol sin oposición, a puerta vacía. 1-0 y Chile logra la clasificación para el Mundial de Alemania 1974.
Fin del encuentro, si es que se puede llamar así, porque el rival no se ha presentado al partido y el equipo local ha jugado sin oponente durante quince segundos, en una pantomima que parece sacada de los Monty Python, si no fuera por lo trágico del trasfondo.
Para entender el paripé hay que ir un par de meses hacia atrás. El 11 de septiembre los internacionales chilenos debían ir a la ciudad deportiva de la selección para probarse ropa, pues se iban al día siguiente a Moscú a jugar la ida de la repesca para alcanzar el Mundial. Al llegar, les avisaron de que acababa de producirse un golpe de Estado.
Les sorprendió, pero no les sonó a chino: Chile vivía una tensión política insoportable y algunos de ellos, por su filiación política, lo sabían de primera mano.
Ese 1973 fue el año del Colo-Colo.
Su base era la de la selección, y en ella jugaba un delantero, llamado Carlos Caszely, que atraía la atención de todos, un fuera de serie de cuerpo rechoncho, desgreñado, mofletudo y bigotón, con regate de pellizco y remate de dinamita.
Caszely marcaba chicharros a puñados a la vez que mostraba sin tapujos su ideario, próximo al del Gobierno de Allende.
Él y sus amigos jugaban como los ángeles y estuvieron a punto de ganar la Copa Libertadores, lo que mantenía de algún modo pendiente, si no unido, a un país fracturado.
Pero perdieron en la prórroga del partido de desempate contra Independiente de Avellaneda.
Según algunas tesis —la de Luis Urrutia y su libro Colo-Colo 73, el equipo que retrasó el golpe—, una vez tumbado el club que daba alegría al pueblo, no había razones para demorar lo que se barruntaba hacía meses: un pronunciamiento contra el Gobierno.
Con Allende muerto, la eliminatoria contra la URSS cobraba otra dimensión: levantó un telón de acero particular y puso en duda incluso el concurso de Chile, como sopesó el propio Augusto Pinochet. Finalmente viajaron a Moscú. La recepción fue fría, amarga, tiesa como el cemento del Estadio Lenin.
Por unos días la política cambió radicalmente el contexto del partido, que se disputó el 26 de septiembre. Las pocas fotos disponibles descubren gradas atestadas. No se puede comprobar en vídeo porque nunca se divulgó. Parece, eso sí, que Figueroa, central rocoso, anuló a Blojín y Chile se llevó un valioso 0-0 a casa. Un empate con sabor a victoria en plena guerra fría.
Cuando regresaron a Santiago se encontraron un país en pedazos. El ejército en el Gobierno, la represión en la calle y el horror en el Estadio Nacional, convertido en uno de los mayores centros de detención de la dictadura, por donde entraron miles de obreros, activistas y estudiantes en las semanas siguientes al golpe militar. De día, sentados en las gradas. De noche, bajo los tablones, en las escotillas, donde eran torturados.
Y allí era, justamente, donde debía disputarse la vuelta dos meses después. En repudio a la nueva situación, la URSS se negó a jugar en Santiago. La FIFA de Stanley Rous anunció un viaje para «inspeccionar» el campo. El 24 de octubre una delegación de encorbatados entraron al césped junto a gerifaltes del ejército, esto es, del Gobierno.
Diez minutos y un par de posados después, se fueron a los vestuarios. Había agua en las duchas y estaban limpios. Nada que objetar. Ni el ahogo de las voces ni las cadenas ni las picanas eléctricas se escucharon en aquella visita, pese a que hay constancia de que hubo detenidos hasta noviembre, y se dio por buena la celebración del partido.
Pese a todo, los soviéticos se negaron a viajar. Eso le daba la clasificación inmediata a Chile, pero los ideólogos del régimen tuvieron la idea de montar una tramoya en el estadio, en el que la selección le pisaría la cabeza al comunismo.
Diecisiete mil personas vitorearon la jugada, quince segundos ridículos que aún hoy hacen taparse la cara a jugadores que declararon sentirse como marionetas.
Caszely siguió su carrera en España —jugó en el Levante y el Espanyol—, pero en Chile fue marcado por el Gobierno y él respondió con audacia: en el besamanos tras la clasificación se negó a darle la mano a Pinochet.
Más tarde sería vetado para la clasificación al mundial 78 por el presidente de la federación chilena, a la postre general y subdirector de los carabineros, una evidencia de que el fútbol es un arma más efectiva que las balas o los camiones de agua. Como pasaría poco después con Argentina, la mejor muestra de normalidad era ofrecer al mundo un partido de fútbol y ganarlo. Aun sin oponente.
- 3. Al otro lado de la barbarie

Cambiaba la FIFA de manos pero las costumbres continuaban. En la inauguración del mundial del 78, João Havelange, presidente del ente mundial, era condecorado por Jorge Rafael Videla en el Estadio Monumental de Buenos Aires, vecino de la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba un centro clandestino de detención, agujero de la muerte.
En los últimos años saltaron a las imprentas y las pantallas relatos de futbolistas que sufrieron la represión en sus carnes, como Claudio Tamburrini, el portero del club Almagro al que chuparon y encerraron en otro centro de detención, la Mansión Seré, de la que escapó y huyó. Pero existen otras historias, las del otro lado de la barbarie, consumadas en nombre del Estado por hombres de fútbol.
Edgardo «el Gato» Andrada pasó a la historia como uno de los grandes porteros del fútbol argentino. Internacional e ídolo de Rosario Central de los años sesenta, jugó también en el Vasco da Gama brasileño. Él estaba bajo palos en el penalti que supuso el gol número mil de Pelé.
En 1976, año en que se inició la dictadura, regresó a Argentina. A finales de los noventa se recibió en un juzgado una denuncia anónima sobre Andrada. Años más tarde se desclasificaron los archivos del llamado Personal Civil de Inteligencia de la dictadura.
Entre los más de cuatro mil agentes aparece su nombre. Andrada se dedicaba a recabar información y la soplaba al ejército, según las investigaciones que detalla el periodista Gustavo Veiga en Deporte, desaparecidos y dictadura.
Las cosas se complicaron más cuando un exmilitar y la propia fiscalía lo acusaron de formar parte del grupo que había secuestrado y asesinado a dos militantes peronistas en 1983. Andrada lo negó siempre y fue absuelto por falta de pruebas en 2012. Pese a ello y a la presunción de inocencia, fue expulsado de Rosario Central, donde trabajaba con las categorías inferiores.
A Juan de la Cruz Kairuz no lo llevaron a juicio, pero él sí a un abogado por calumnias, después de que este lo acusara de haber encabezado un secuestro junto a otros miembros de la policía. Él, Kairuz, reconoció formar parte de esa fuerza, pero dijo que no iba a trabajar, porque él era entrenador de fútbol. Kairuz jugó en Primera (Newell’s Old Boys) y a esas alturas era técnico en Jujuy. Treinta años después, mientras entrenaba al Gimnasia y Tiro de Salta, dimitió por la acusación presentada ante el club. El juicio por calumnias lo perdió.
Hay casos más cinematográficos recogidos por Veiga: un árbitro, Francisco Bujedo, y su juez de línea, Ángel Racedo, dirigían los partidos en fin de semana y por la semana participaban en operativos clandestinos en Mar del Plata, ciudad donde desaparecieron trescientas personas en los dos primeros años de la dictadura.
Ocurría que en las sombras de la noche la jerarquía se invertía y el linier pasaba a ser jefe del árbitro.
En cierta ocasión ni les hizo falta quitarse el traje de árbitros: descubrieron a un militante en uno de los equipos y se lo llevaron desde el propio campo.
Ambos fueron condenados en 2013. Racedo murió dos años después. Bucedo fue condenado en 2016 a ocho años.
En el juicio se le vio con los ojos cerrados y la cara tapada.
Y no podía faltar la figura del directivo vinculado estrechamente a la dictadura.
Guillermo Suárez Mason fue jefe del I Cuerpo del Ejército y jefe del Estado Mayor.
Además, era el hombre fuerte de Argentinos Juniors. Con el traje de represor cometió todo tipo de tropelías, según quedó determinado por la justicia. De civil, dominó el club y llegó a negociar el traspaso a Boca Juniors de aquel chico llamado Diego Armando Maradona.
Suárez Mason murió en 2005, pero futbolísticamente se le acabó la peseta seis años antes, cuando lo expulsaron como socio de Argentinos. El mismo club que había sido fundado, recordemos, en honor a los Mártires de Chicago. El círculo cerrado.
- 4. Socráticos y democráticos
Igual que Argentina, Brasil ganó un Mundial durante su propia dictadura, y lo hizo con el mejor fútbol que se recuerda. Fue en México 1970, en lo más crudo del régimen, mientras en los sótanos se agolpaban los militantes de izquierdas que —aun así— festejaban los goles de la selección.
Después de esa cita Brasil bajó el nivel futbolístico, coincidiendo con el ocaso de Pelé. Y solo lo elevó con la nueva década con un grupo de jugadores que más parecían hacer ballet que jugar con una pelota.
Era el Brasil del 82 y estaba comandado por un capitán que era un joven veterano, de planta inopinada y visión periscópica del juego. Medía 1,91 m, pero calzaba un 37 y jugaba, siempre que podía, de tacón. Era médico de formación. Se llamaba Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira.
Difícilmente haya habido personaje en el fútbol más identificado con la izquierda que Sócrates, o en todo caso que lo haya expresado con más determinación: cada gol lo celebraba puño derecho en alto, mirando a la grada.
1982 era el año de su Mundial —que no lo fue por la «tragedia de Sarrià»—, pero también el de Corinthians.
Allí, en el club más popular de São Paulo, Sócrates triunfó.
Pero no solo en el campo.
Como en una alineación de astros, un plantel liderado por tres futbolistas —Wladimir, el obrero del balón, Casagrande, el joven rebelde, y por supuesto Sócrates, el líder natural— consiguió hacer una revolución pacífica desde donde más les dolía a los militares.
Como suele ocurrir, una cadena de circunstancias y casualidades se aliaron, entre ellas la de fichar a un director deportivo —el sociólogo Adílson Monteiro— que no sabía nada de fútbol, pero que dio una libertad nunca vista en un club brasileño.
Sócrates y compañía comenzaron a votar todas las decisiones del plantel, desde un fichaje a la concentración previa a los partidos, pasando por los esquemas tácticos. «Un sistema de democracia perfecta», según dijo el propio Sócrates.
«Votábamos hasta para decidir si el bus tenía que parar para que alguien bajara a mear». Y todos votaban, de la estrella del equipo a la encargada de la lavandería.
Porque, antes de nada, se trataba de mejorar las condiciones de trabajo en un medio en el que el futbolista era tratado como un cacho de carne. Paralelamente a la autogestión, el grupo de barbudos y melenudos empezó a hacer propaganda antidictadura, sin ambages. De algún modo predicaban con el ejemplo.
La democracia era posible, solo había que mirar al Corinthians, que, casualidad o no, ganó así un bicampeonato por primera vez en treinta años. Con el impulso se vinieron arriba. Monteiro contrató a Washington Olivetto, publicitario top de São Paulo, que creó la frase «Democracia Corinthiana» y la estampó sobre el dorsal 9 de Casagrande en la camiseta blanca del Timão, en una foto icónica del fútbol mundial.
El poder del símbolo —se parecía sospechosamente al logo de Coca-Cola— traspasó cualquier límite esperado. No había redes ni internet, pero el Corinthians era el fenómeno que podía minar los cimientos de la dictadura.
No se detuvieron en su apuesta. Al no tener patrocinador en la espalda, arriesgaron y serigrafiaron su causa: «Día 15 Vote», porque la dictadura había permitido elecciones regionales.
Aquello fue un disparador, el antídoto contra la alienación del supuesto hincha adormecido. «Lo más importante fue discutir política con lenguaje del fútbol en un país de gente sin educación. El fútbol es lo universal en este país, lo que nos unifica porque todos lo entienden», dijo Sócrates.
Dio en la clave mucho antes de sesudos análisis sobre política y deporte. La camiseta fue vetada por la censura. Pero ellos siguieron, mientras se proclamaban campeones del campeonato paulista. Llegó 1983 y también llegaron a la final a doble partido. En el partido definitivo aquel día el eslogan cambió.
Y la puesta en escena significó el culmen del movimiento. Al Estadio Morumbi salieron con una pancarta larguísima con la que posaron frente a los fotógrafos y las cámaras de televisión: «Ganar o perder, pero siempre con democracia». Ganaron.
En abril del 84 se vivió el epílogo del movimiento. En el centro de São Paulo se celebró un mitin que pedía elecciones directas, en el que hablaron las cabezas visibles de Corinthians frente a un millón y medio de personas. Sócrates tiró el órdago futbolístico, hoy dirían populista: «Si finalmente se aprueban las elecciones directas, no me voy del país».
Se refería a que no ficharía por el fútbol italiano, que lo cortejaba desde hacía meses. En el colmo del anticlímax, no se aprobaron las elecciones y Sócrates se fue a la Fiorentina, donde duró un año, lo mismo que la dictadura tardó en darse por vencida. Por cierto, en la Fiore fue hostigado por la directiva del club, presidida por un aristócrata y senador democristiano que no toleraba bien las ideas izquierdistas del brasileño, hasta que se fue. No suena tan desconocida esa historia.
– Vírgenes, cábalas y macumba
La iconografía del descubrimiento de América retrata el desembarco de españoles (y más tarde, portugueses) hincando la rodilla en una playa, espada en mano, pendón en la cara y la cruz sobre sus cabezas: a Dios rogando y con el mazo dando.
La llegada a terra incognita comportaba la conquista espiritual, como quedó fijado por real instrucción a Colón, y también por eso lo primero que hicieron los portugueses al llegar a Brasil fue celebrar una misa, aunque no supieran ni dónde estaban.
Más allá del estereotipo y sus interpretaciones, el vínculo inextricable entre religión y poder explica bastantes cosas del modelo político y la organización social que se fue formando en lo que hoy conocemos como América Latina.
Se da la circunstancia de que el continente ya lo poblaban millones de personas, con sus creencias autóctonas, y que más tarde el hombre blanco llevó como esclavos a otros millones de africanos, que también tenían las suyas, a pesar de que a unos y otros se les pasó el rodillo adoctrinador católico. La llegada posterior de otros inmigrantes europeos y de Oriente Próximo añadió hielo y limón a la coctelera.
Entre todos impregnaron Latinoamérica de una religiosidad distintiva y vertebradora pese a las diferencias nacionales. En esa articulación regional ningún actor social ha mezclado tan bien con la religión como el fútbol. Si este es la puerta de entrada a la cultura latinoamericana, aquella es el pilar central de la casa.
No hay un pueblo, de Tijuana a la Patagonia, donde falte la cancha y la iglesia, cada cosa en su sitio y, a veces, todo junto, hasta llegar a tener un papa futbolero. Y es esa espiritualidad la que ha abonado el inagotable folclore futbolístico latinoamericano hasta dotarlo de un relato que ilustra a fogonazos la propia historia del continente.
- 1. El fútbol es un estado confesional
A mitad de camino entre Río de Janeiro y Sao Paulo se levanta un Maracaná de la fe: la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, tiene capacidad para cuarenta mil personas en su interior y más de doscientas mil en la explanada externa.
Su lugar más visitado, después del altar mayor, es la Sala de las Promesas (o Sala de los Milagros) un recinto lleno de figuras de piernas, brazos, corazones, pulmones y un sinfín de vísceras hechas de cera, yeso o madera. Son exvotos, ofrendas que los romeros dejan en pago de una promesa hecha a la Virgen, una retribución por los favores recibidos.
Entre el bazar de objetos resaltan los relacionados con el fútbol: pósteres de todo tipo de equipos, réplicas de copas y camisetas oficiales, también de futbolistas profesionales. Es el caso de Ronaldo. Con la rodilla derecha machacada, operada y remendada, el Fenómeno apostó a la Virgen de Aparecida para que le fuese bien en el Mundial de Japón 2002.
Poco antes de viajar fue a Aparecida, encendió unas velas, rezó y prometió volver si su rodilla aguantaba. Vaya si lo hizo: Brasil ganó el Mundial y Ronaldo fue Bota de Oro con ocho goles, dos de ellos en la final. A continuación fue traspasado al Real Madrid y ganó el Balón de Oro, todo ese mismo año.
A la vuelta de Yokohama regresó al santuario y dejó un balón y una camiseta autografiada como si fuera a un fan («En agradecimiento a la gracia recibida por Nuestra Señora de Aparecida»). Y también dejó, claro, una rodilla de cera. Aún hoy se expone todo el ajuar en una vitrina de este particular museo futbolístico.
Pero Ronaldo no fue el primero. Cuenta Alex Bellos en su monumental Brasil: futebol em campo, la célebre historia de Didí, el astro de los años cincuenta, el inventor de la folha seca, ídolo de Botafogo y con breve paso por el Real Madrid. Didí prometió al Señor de Bonfim que si su club ganaba el campeonato carioca caminaría vestido de corto los ocho kilómetros que separan Maracaná de la sede de Botafogo. Didí cumplió, pero no lo hizo solo: en su romería le acompañaron cinco mil hinchas.
Del otro lado de Río de Janeiro está el Vasco da Gama, el club de los emigrantes portugueses, que en 1955 decidió erigir una capilla —convenientemente llamada Nuestra Señora de las Victorias— tras una de las porterías de su estadio. Sao Januario solo tiene tres gradas y siempre las tendrá: varios planes de ampliación se han tumbado antes de presentarlos por obra y gracia de la Virgen de las Victorias.
Con el contraste habitual en la mixtura religiosa brasileña, en el Vasco las ruedas de prensa se siguen dando frente a una imagen de Nuestra Señora de Aparecida, aunque con el paso de los años un creciente número de futbolistas haya cambiado de acera para abrazar la fe evangélica.
En 1940 la práctica totalidad de los brasileños se declaraba católico. Hoy no llegan a un sesenta por ciento. Los evangélicos, mientras, no paran de aumentar, especialmente entre las clases más humildes y suburbanas, de donde proceden la mayoría de futbolistas. Cualquiera recordará, por ejemplo, a Kaká y sus camisetas con la leyenda «I belong to Jesus», por ejemplo, una imagen que en pantalla aporta más a la causa que mil misioneros.
En la profesión de fe evangélica también hubo pioneros. Hace treinta y cinco años un grupo de futbolistas se reunió bajo el nombre de Atletas de Cristo, un movimiento que parecía exótico en países como España, donde jugaba uno de sus líderes, Baltazar. Extrañaban aquellas celebraciones mirando al cielo o las camisetas con leyendas religiosas.
Hoy hay siete mil Atletas de Cristo en Brasil y tienen un programa de televisión, radio y periódico, y la estrategia proselitista ya tiene amplia historia en Europa —recordemos a Donato y su Fuerza para vivir—. La sobreexposición de la fe amplifica a las iglesias emergentes aun a riesgo de saltarse los reglamentos: en 2009 la CBF multó a la selección brasileña por arrodillarse y rezar formando un círculo tras ganar la Copa Confederaciones de Sudáfrica.
En junio de 2015, en Berlín, Neymar marcó un gol en el último segundo de la final de Champions y acto seguido se colocó en la frente una cinta que luce desde niño cada vez que gana un título: «100% Jesús», rezaba el pañuelo. Cuando la prensa española indagó, le dedicó fotos y titulares al Neymar evangélico.
No sorprendió en Brasil, donde en cambio criticaron duramente al COI cuando presentó una queja contra el futbolista en Río 2016, al colocarse la famosa cinta tras ganar la medalla de oro, en la enésima muestra de que para muchos brasileños y latinoamericanos, el fútbol es un estado —con mayúscula o sin ella—confesional.
- 2. Los dioses personales
El fútbol conforma un universo sensorial común: adoramos el olor de la hierba cortada y regada, admiramos la grada llena y colorida, esperamos el saludo del portero, ansiamos la celebración del gol, y al salir del campo rumiamos juntos el pesar de la derrota y disfrutamos la euforia del triunfo. Todo comporta un estado de ánimo, una sensación alejada de la razón, por más cartesiano que sea el hincha el resto de la semana.
En el reino de la irracionalidad comunitaria, muchos aficionados se comportan como fieles de un credo secreto, y son capaces de meterse en una espiral de tics supersticiosos con tal de que su equipo gane. A eso en el Río de la Plata le llaman cábala. En Argentina, también en Uruguay, se juega un partido paralelo al del campo. Todos —hincha, jugador, entrenador— encuentran una razón para darle a lo sobrenatural un papel preponderante, da igual que su camiseta la defienda Messi o Maradona.
El hincha necesita su colección de demonios y santos, dioses de las pequeñas cosas que no se pueden dejar de atender ni un segundo. Cualquier futbolero del mundo puede verse representado en aquel aficionado que va al fútbol con el mismo abrigo todo el año, aunque sea pleno verano, que bebe una caña a la misma hora en el mismo bar antes del partido, que va por el mismo camino al estadio, entra por la misma puerta y mea en el mismo baño antes del pitido inicial.
En Argentina esos hábitos se llevan al extremo e incluso se hace literatura de ello. Roberto Fontanarrosa llegó a la cumbre de la narrativa futbolística con un cuento sobre la cábala.
En 19 de diciembre de 1971 un grupo hinchas de Rosario Central secuestran al Viejo Casale, un señor famoso en el barrio porque nunca había visto perder a su equipo frente a Newell’s Old Boys, el clásico de Rosario.
En aquel partido fundamental (que existió de verdad en la fecha que titula el cuento), los hinchas se lo llevan a la cancha y allí, cuando Aldo Pedro Poy marca el gol de la victoria, (spoiler), el viejo Casale muere en la misma celebración.
El cuento se cierra con la alegría de los hinchas-secuestradores: no solo habían ganado gracias a la cábala de Casale; al viejo también le proporcionaron la muerte soñada.
Más allá del hincha y del propio jugador —un saco de cábalas en sí mismo— cabe detenerse en la figura del entrenador, el pastor del rebaño, que en los banquillos argentinos, además, es el rey de la superstición. De una cábala casi infantil, —echar los cuernitos con la mano izquierda cada vez que atacaba el rival—, salió una estatua: la de Reinaldo «Mostaza» Merlo, el entrenador que sacó campeón a Racing de Avellaneda después de treinta y cinco años.
A Mostaza le levantaron un monumento en su habitual postura cuernil, pero podía haber sido por cualquier otra de sus muchas supersticiones. En un momento dado, y porque frente a una cábala siempre hay una contracábala, alguien descubrió el antídoto contra Mostaza y sus tretas: arrojarle flores. Y así empezaron a lloverle ramos en cada cancha para contrarrestar sus poderes.
Un amigo suyo, supersticioso como él, es Alfio «el Coco» Basile, siempre escoltado por su escudero, Rubén «Panadero» Díaz. Durante su ciclo en Boca Juniors, la espalda del Coco aparecía, partido tras partido, llena de polvo blanco. Le preguntaron qué era: «Pregúntenle a Panadero», dijo.
No hizo falta: las cámaras descubrieron un vivero de talco en el bolsillo izquierdo del asistente. De vez en cuando, cuando el partido lo requería, Basile metía la mano en el pantalón de Panadero, como en un caldero de agua bendita, y amasaba el polvo, se tocaba la cara, la manga. El otro, por si acaso, también le tocaba la espalda con la mano blanca. Boca ganó cinco títulos en dos años.
Ahora bien, como Carlos Salvador Bilardo no hay ni habrá ninguno. De la exageración hizo un arte. Del histrionismo, una marca registrada. Aquellas locuras de echar sal en el banquillo o en el suelo de vestuario («No se podía andar de tanta sal que había», dijo una vez Ruggeri) o de mandar a su equipo a cruzarse con el rival cuando este salía al campo, como una manada de gatos negros, se quedan pálidas al lado de las que desarrolló en la selección.
Él las llama «costumbres» y llegaron al límite en el Mundial de 1986, que precisamente ganó. En México Bilardo comandó una selección que era una «cábala ambulante», como escribió Andrés Burgo en su brillante obra sobre el Argentina-Inglaterra titulada El partido.
En el libro Burgo cuenta el carrusel de supersticiones que seguía la selección los días de partido, «en el que se evita hasta la psicosis cualquier vínculo con el infortunio». Por ejemplo, erradicando la habitación número 13. O haciendo que un jugador, el Chino Tapia, se afeitase aunque no lo necesitara.
El día del choque contra Inglaterra el lugar de concentración de Argentina parecía, directamente, un frenopático: «Todo está sincronizado en la mañana del 22 de junio de 1986: Tapia debe esperar la llegada de Pumpido y el arquero pedirle la crema, mientras en simultáneo Bilardo visita a Brown y le toma prestada la pasta para cepillarse los dientes.
Como hasta Maradona necesita el poder sobrenatural de esa liturgia —o se presta a ese juego—, camina hasta el vestuario principal del América, se baña primero, se afeita después y recién entonces —un plan meticuloso— se encuentra con Valdano. En verdad, la clonación de dichos y hechos había afectado a todos los jugadores durante toda la semana.», cuenta Burgo.
El camino al estadio también era un rosario de rituales. Bilardo obligaba a escuchar en el autocar (donde por supuesto todos se sentaban en el mismo sitio) un tema del músico argentino Sergio Denis y, a continuación, «Eye of the Tiger». Solo cuando terminaba la canción de Rocky III podían salir.
Si iba muy rápido el bus, mandaba rebajar la velocidad. Delante del vehículo iba la escolta, formada habitualmente por dos motocicletas. Cuando en la final le pusieron una tropa de motos camino del Azteca los mandó parar: solo quería por delante a los dos de siempre, que ya conocía por su nombre, Tobías y Jesús, y el resto detrás. «Costumbres», insistía Bilardo.
Ya en el estadio el mundo oculto se complicaba. Según cuentan los protagonistas, en el vestuario Maradona tenía que dibujar su silueta en el suelo formada por su propia ropa, y nadie la podía pisar. Sucedió que en el primer partido sonó un teléfono en el vestuario y contestó el Tata Brown. Como no se escuchaba nada del otro lado, colgó soltando una frase: «Andá a la puta que te parió».
Como Argentina ganó, Bilardo hizo repetir la misma liturgia: mandaba llamar a alguien desde la AFA y Brown tenía que contestar y volver a mandar a la puta que lo parió al viento. Además, antes de los partidos solo se podía comer carne de vaca traída por pilotos argentinos la noche anterior.
Bilardo no dejaba comer pollo antes de jugar, pero en cambio esa era la comida oficial del postpartido. Lo curioso es que en ese juego también se incluye la negación de las creencias sobrenaturales, una suerte de metacábala. A las preguntas de los periodistas si tal o cual cosa se debe a una superstición, los entrenadores dan evasivas o ríen. Por favor, no me pregunten si esto forma parte de nuestra preparación científica profesional. Pero tampoco descuidemos esos detalles que, a todas luces, ayudan, parecen decir.
- 3. La mano negra
«Si la macumba ganase partidos, el campeonato bahiano acabaría siempre en empate», reza un dicho brasileño. Bahía es el estado de mayor herencia africana del país, el lugar donde está más presente el sincretismo religioso, donde hay más terreiros de candomblé, la religión de matriz africana que se funde con el catolicismo.
La macumba es el rito, la expresión más visible del candomblé y de la umbanda, otra rama religiosa, aunque también se ha equiparado, equivocadamente para los seguidores de las religiones afrobrasileiras, a la hechicería: magia negra. Y en el fútbol brasileño ha estado siempre presente, de ahí el dicho.
En los despachos, rituales de macumba, se hacen ofrendas a Exu, una de las divinidades de la naturaleza, los llamados orixás. En la reveladora obra de los años cincuenta Negro, macumba e futebol, del ensayista Anatol Rosenfeld, se repasan los refugios místicos de los futbolistas para buscar una «estimulación benévola». Cuenta Rosenfeld que los jugadores combinan la señal de la cruz con actos como empapar las botas en agua —«para calmar la sed de su santo»—, lavarse los pies con baños de hierbas y tirar agua sucia al campo de los rivales.
No es para tanto, dirán algunos. En los campos gallegos, por ejemplo, hemos visto cómo los balones hacían los extraños más extraños al rebotar en las decenas de cabezas de ajo que se tiraban desde la grada, por poner un ejemplo básico y cercano. Pero en Brasil la cosa se complica porque entran en acción los propios clubes.
Cuenta Rosenfeld que una vez el América de Río fue, con jugadores y directivos incluidos, a hacer un despacho para ofrecer a los orixás en una encrucijada cerca de la sede de Vasco Da Gama, contra quien jugaban un partido definitorio: en él colocaron un plato de yuca frita, aceite de palma, tres cigarros puros, tres monedas, un gallo negro, un puñadito de sal y tres velas.
En otra historia llegada de Bahía, el preparador físico de Brasil en los mundiales del 58 y el 62, Paulo Amaral, recordó que en una final del campeonato bahiano los jugadores se colocaron en las cuatro esquinas del campo con agua en la boca y, a la señal de ahora, escupieron el líquido y con él un trozo de comida que llevaban en las manos.
Algunos clubs encargaban la tarea a profesionales: los pais de santo o babalorixá. El Pai Edu, de Pernambuco, trabajó durante décadas para el Náutico de Recife. Era una eminencia y le hacían entrevistas previas a los mundiales. La revista Placar dedicó un reportaje el 2 de julio de 1982 a los babalorixás que debían pronosticar (o no) una victoria de Brasil en España 82.
Pai Edu no se atrevió a hacerlo campeón, pero sí habló sobre ciertos influjos.
«Habrá mucha macumba internacional», decía Pai Edu.
Con él coincidía otro pai de santo famoso, Eduardo Santana: «Si se enfrentan Alemania y Brasil hay que tener ojo con Hansi Muller, muy fuerte espiritualmente. Pero nosotros tenemos a Toninho Cerezo, que es un médium imbatible».
Brasil no llegó a enfrentarse a Alemania pero sí a Italia, tres días después de publicarse la revista. No contaban con Paolo Rossi y la tragedia de Sarrià.
Cabe detenerse en el pai Eduardo Santana: era masajista (lo fue de la selección en 1962 y 66) y paralelamente trabajaba para mantener contentos a los orixás. En realidad, no era el único: la figura del masajista muchas veces estaba asociada a la de encargado espiritual del club. Cuenta Alex Bellos en su libro que Santana fue fichado como masajista de la selección de Kuwait y que allí se convirtió, sin reparos, al Islam.
Después regresó a su club de siempre, a la institución a la que prestó servicios durante cincuenta años. Durante décadas repitió el ritual de entrar al campo vestido de frac blanco y besar una bandera del club sobre el césped, hasta su fallecimiento, en 2011. Ese campo en cuestión se llama Sao Januario y el club era el Vasco da Gama. Sí, el mismo club católico devoto de la virgen, el de la capilla católica en pleno estadio. Pese a la doble protección, aunque ganó una Libertadores y cuatro ligas, en la última década descendió tres veces.
- 4. Un dios en el santoral pagano
Quien va a Argentina y se topa con un altar con cintas rojas junto a un árbol, en una carretera o en una esquina de ciudad, puede pensar que se trata de una expresión católica. No lo es. Se elevan en honor al Gauchito Gil, un personaje popular devenido santo pagano que es venerado de manera creciente, como lo es Malverde en México, conocido como el santo de los narcos, y cuyo origen lo ubica como un Robin Hood a la mexicana.
Como el Gauchito, en él reside el espíritu del rebelde y aquellos que viven al margen de la ley se ven representados. Ahí está el gaucho con su pañuelo, ahí está Malverde con su traje y su bigotón y su parecido al cantante y actor Pedro Infante. En su inagotable mundo espiritual, los mexicanos van más allá con la veneración de la Santa Muerte, un esqueleto vestido con manto y corona que atiende a los descarriados y que según sus fieles obra milagros, devuelve trabajos, cura enfermedades, reúne familias.
Cumple. Y lo que es más importante, como ocurre con el resto de santos paganos, el devoto se reconoce en ella. En ese plano de idolatría terrenal y devoción religiosa se ubica también un futbolista. A Diego Armando Maradona lo veneran como un santo católico en Nápoles, idealizado con una mirada celestial dentro de su hornacina, pero en Argentina va más allá.
Ocurrió que en 1998 en Rosario —tierra fértil en todo lo referido al balón— un grupo de hinchas erigió la Iglesia Maradoniana, un invento estrambótico que parecía una parodia sin más, pero que fue ganando notoriedad —mediática sobre todo— cuando hizo varias reuniones de fanáticos del Diego y llegó a celebrar bodas, discurrir oraciones y redactar mandamientos en honor a Maradona.
Quítame allá esos pecadillos personales, a Maradona le atribuyen milagros (un Mundial) e incluso martirios (a manos de la Fifa de Havelange). Será un chiste, pero cuando llega el momento en que marca con la mano el gol a Inglaterra y él declara a la prensa que fue «la mano de Dios», al resto no le queda más que recurrir a lo que tienen interiorizado desde hace generaciones, lo que condiciona la existencia y la manera de pensar y las fórmulas sociales, y entonces la ecuación se resuelve sola. Por lógica aplastante, si fue la mano de Dios, entonces él es Dios.
– Barras bravas, el negocio del sentimiento
Todo comenzó con un ruido seco y ahogado, reconocible a la primera para quien vive en una gran ciudad latinoamericana: un disparo. A ese le siguió otro, y otro, y después un crash de botellas rotas. Y entonces vimos entrar por un portalón a una marabunta al galope.
—¡Corran, la concha de su madre!
Pero nadie movió un pelo.
Acabábamos de llegar al campo de fútbol del histórico club San Telmo de Buenos Aires, en la Isla Maciel, un barrio marginal a escasos quince minutos del centro de la capital argentina. Envuelta por el Riachuelo, una lengua de aguas pestilentes que desemboca en el Río de la Plata, la Isla no es tal, pero a ella se sigue accediendo por balsa desde el vecino barrio de La Boca.
Sus casas, de chapa y madera, podrían ser una postal turística, como Caminito, pero están sin pintar, y abrigan historias de desigualdad y decadencia. Siempre ha sido un lugar temido para los hinchas visitantes. Pero aquella tarde hirviente de febrero de 2006 empezó demasiado fuerte, entre los humos de la hamburguesa y el choripán, la garrapiñada y la marihuana, olores clásicos de las canchas argentinas.
En menos de una hora se iban a enfrentar San Telmo y Talleres de Remedios de Escalada, de Primera B Metropolitana, equivalente a Segunda B. El robo de unas pancartas en un partido previo provocó que la hinchada local recibiese con una emboscada a los valientes que iban a acompañar a su equipo en tierra hostil.
Primero fueron unos tiros al aire, luego varios cócteles molotov (uno de los cuales le quemó medio cuerpo a un aficionado rival) y, finalmente, carreras sin fin. Eso es lo que escuchamos del otro lado del campo de fútbol —dos gradas, una tercera de apenas tres tablones y un cuarto lado, tras la portería, convertido en aparcamiento—.
Se nos decía que corriéramos, no sabíamos si para involucrarnos en las peleas o para escapar, pero allí nadie hacía ademán de nada, como si hubiera que esperar algo más.
Ante el recibimiento de los de San Telmo, los de Talleres de Escalada respondieron como mandan los cánones de la batalla: contragolpeando. Una turba entró por una esquina, a empellones, al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Sin poder hacer nada, vimos como destrozaban en dos minutos la mayoría de coches con varas y trancas, saltaban encima de ellos, lanzaban patadas voladoras a los retrovisores, abollaban los capós.
La jauría hambrienta intentó entonces romper la reja que los separaba de la hinchada local. Y estos respondieron enzarzándose a puñetazos, patadas y palazos. A simple vista parecía un sálvese quien pueda. Pero para nuestros colegas, cincuentones imperturbables de ceja caída, parecía ser un domingo más.
Apareció entonces, campo a través, la policía: cuatro obesos manifiestamente mal pertrechados, tres con escudos y porras, uno con una escopeta de balas de goma. Para completar la escena, y mientras se molían a palos, entraron en el campo los jugadores locales a calentar junto a la terna arbitral. Viendo el chaparrón, volvieron al vestuario.
Veinte minutos después, el colegiado decidió suspender el partido, llegaron refuerzos policiales y todo pareció volver a la calma. Nada más lejos. Cuando los hinchas locales consiguieron devolver a la visitante a sus buses, se dirigieron a la tribuna principal y allí le abrieron la cabeza de una pedrada a un futbolista visitante que no estaba convocado. Luego corrió la versión de que lo habían arrojado al vacío desde la grada. Más caos, más ambulancias.
Pero ni un detenido. Eso sí, el estadio fue clausurado durante cinco años, lo que alimentó las teorías de los locales de que aquello había sido montado para perjudicarlos.
Fue, en cualquier caso, un episodio clásico de violencia en el fútbol latinoamericano: barrio contra barrio, violencia desmedida y un vacío social evidente disfrazado de pasión. Aquello que nosotros habíamos vivido como el desembarco de Normandía era un día más entre barras bravas, grupos organizados de fanáticos de un club de fútbol que han ido mutando su definición hasta convertirse en algo así como el brazo armado de las directivas de los clubes y de otros actores de la sociedad y la política.
Por su origen y conformación es un fenómeno relativamente tolerado dentro del mundo del fútbol, si bien su deriva lo ha llevado a ser incluido en los diagramas de los mayores grupos delictivos del continente (especialmente en Argentina, Uruguay y Brasil, pero también Colombia, Chile, Perú o Paraguay, que han ido replicando el esquema por imitación desde los años ochenta).
Las barras son hoy un negocio sucio con una camiseta puesta, un elemento mafioso que pasó de ser algo lateral a instalarse en los intestinos mismos del fútbol, al mismo tiempo que el propio deporte se convertía en negocio multimillonario. Pero no siempre fue así.
- La cultura del aguante
Se llamaba Prudencio Miguel Reyes, era uruguayo y fue el primer hincha de la historia. En los primeros años del siglo XX, cuando las costuras de los balones se cerraban con una tira de cuero enhebrado, se hacía indispensable la acción de un talabartero, un artesano del género, para montarlos e inflarlos a pulmón.
Prudencio se metía en el papel y daba rienda suelta a su pasión por ese deporte que había llegado hacía poco a Montevideo, su ciudad. En el Parque Central jugaba su amado Nacional. Y por él se dejaba la garganta, el pecho y el mostacho, inflando los balones y también gritando y animando como nadie lo había hecho hasta la fecha. T
anto se hacía notar que en el estadio se empezaron a preguntar: ¿Quién grita tanto? «Es el hinchador», respondían. «El hincha».
Se llamaba Pedro Demby, también era uruguayo y fue la primera víctima de la violencia en el fútbol sudamericano. Su muerte ocurrió en 1924, tras un clásico del Río de la Plata en Montevideo, cuando a un grupo de uruguayos no se le ocurrió otra cosa que celebrarlo frente al hotel de los argentinos. Un «allegado» a la delegación visitante lo mató de un balazo para que se callara. Según las crónicas, futbolistas y directivos trataron de encubrir el crimen llevándose al autor a Buenos Aires en su barco.
Reyes y Demby inauguran la historia de una arista que marca el carácter de los países sudamericanos, especialmente en Uruguay y Argentina: la cultura del aguante, una manera de defender unos colores al extremo, una incondicionalidad a una camiseta, un escudo, al barrio, a la ciudad, al país o a lo que se pase por delante.
Se dice que el aguante consiste en encontrar algo por lo que vivir más allá de la cotidianeidad. Y eso puede ser el fútbol, la política o una asociación de filatelia, es un decir. En el fútbol solo hay que remitirse al cancionero de la grada para definirlo: te sigo a todas partes, de local o visitante, desde la cuna hasta el cajón, nunca abandono, estoy en las buenas y en las malas, y todo para ser campeón.
Pero el aguante también implica, según las canciones, pegar, quemar, y, al final, matar. Es violencia verbal, pero todos cantan. Porque cuando se tiene delante al eterno rival y se le gana en el minuto noventa y mil, da igual todo y lo grita la señora, el niño a hombros del padre o el abuelo que vio jugar a Di Stéfano y Pelé.
La violencia está ahí, latente, digamos que a un nivel muy parecido al que se vive en el día a día en una gran ciudad latinoamericana. En una sociedad marcada por una injusticia rampante y una tensión permanente, el individuo recoge el estrés de la semana y lo repercute el domingo, adobado con un sentimiento de pertenencia intransferible: yo contra el resto.
En ese contexto, el autodenominado hincha común va al campo y viaja para ver a su equipo. Canta contra el rival, pero no arriesga la vida. Eso ya lo hacen aquellos dispuestos a transgredir los límites. Eso que llaman hinchada, la que enciende nitratos y bengalas, tira millones de papelitos y estira las pancartas y empieza los cánticos a golpe de bombo.
Y por eso se tolera, porque además de todo eso, se pelean, aguantan. Y entonces el hincha recuerda aquella vez que lo salvaron de la muerte en tal estadio o en tal ciudad. ¿Violencia? Es folclore, dicen, O decían. Porque una cosa es pegarse «por unos colores» y otra hacer negocio con ello. Entonces hablamos de barra brava.
- La mercantilización de la violencia
El plan era sencillo: queríamos ver el partido final de un campeonato argentino. Faltaba un detalle: no teníamos entradas. «Tranquilos, las conseguimos», dijeron los amigos porteños. Al llegar cerca del estadio, en el aparcamiento de un hipermercado, esperamos hasta que apareció un grupo de tipos con cara de malos.
Grandes y gordos todos, menos uno, el que mandaba, uno sesenta escaso, pelo largo y gorrito de ala entera. Nos dio a todos el protocolario beso con el que se saluda en Argentina y dijo: «¿Cuántos son?». Y acto seguido sacó de la cazadora sacó un fajo de relucientes entradas, extendió unas cuantas, sin contarlas, y se fue para siempre. Sin cobrar. Cándido de mí, pregunté si era un reventa. «No, no. Es uno de los jefes de la barra, amigo de un amigo».
El negocio de las entradas —cuando se venden, no como en este caso— representa una entrada de dinero fijo y jugoso en las barras bravas. Y es, además, el más tradicional en varios países. Es fácil para todos los actores implicados y por eso funciona en todos lados: dirigentes que dan entradas (pongamos, un tercio de las que se entregan) cuando el equipo es visitante para asegurarle un dinero que deje contentos a los barras, que a su vez le dan el apoyo necesario para dirigir el club.
Así fue durante muchos años y nadie lo cuestionó. Por ahí comenzó la proverbial condescendencia hacia un negocio de por sí fraudulento. Empezó, al menos tímidamente, en la época en que el diario La Razón de Buenos Aires llamó «barras fuertes» a aquellas bandas de hinchas cada vez más intimidatorias.
Era 1958 y Argentina vivía momentos de zozobra política que no se fueron por mucho tiempo. Y en el fútbol se daban los primeros pasos de violencia sin patrón. En los sesenta se produjeron varios asesinatos y la tragedia de la Puerta 12 del estadio Monumental, donde murieron setenta y un hinchas de Boca aplastados por una avalancha.
Fue en los setenta cuando se profesionalizó la violencia, cuando esta pasó de espontánea a racional. Las barras se hacían mayores. Se les ponía nombre como paraguas donde recoger la lógica tribal del grupo. Dice el periodista Amílcar Romero, autor de Muerte en la cancha, que la violencia creció con la sociedad de consumo y el retiro paulatino de la clase obrera, de algún modo semejante a sus primos hermanos de Inglaterra, que multiplicaron su virulencia en los años de vaciamiento industrial de Thatcher.
Pero enseguida se verá que no basta el discurso que se basa en la imagen de las clases populares dándose mamporros para liberar endorfinas. Hacía tiempo que ya excedía todo eso, porque comienza a ser un negocio, en un círculo vicioso alimentado por las directivas que necesitan el apoyo de un ejército a cambio de favores que agradecen con su apoyo instrumental: entradas, material deportivo, viajes y entrada en el vestuario.
Por entonces ya se habla de los acuerdos con la policía —«la barra uniformada»—, que hacía su propio negocio en los dispositivos de seguridad o en el reparto de otro negocio ya clásico de las barras: el control de los aparcamientos y la seguridad en las puertas de los conciertos en los grandes estadios de Buenos Aires.
Con la llegada de la democracia, en los ochenta, se amplían miras. Sindicalistas y partidos, principales patas del imbricado panorama político, los usan como fuerza de choque, sin que a las hinchadas les importe a quién se apoya, mercenarios sin cargo de conciencia. Las barras de River y Boca, por ejemplo, llegaron a sacar en los partidos pancartas pagadas por candidatos peronistas rivales.

Y en 2009 ambas hinchadas acabaron por desvirtuar una rivalidad devenida negocio. Gracias al dinero por primera vez parecían estar de acuerdo en algo: durante un superclásico en la Bombonera, ambas sacaron sendos grandes banderones con mensajes contra el grupo Clarín, el grupo mediático más importante de Argentina, en aquella época enfrentado al Gobierno.
La connivencia con el poder queda claro en cada detalle. Recordemos aquí al Gusano, el jefe de la barra del club Nueva Chicago que la AFA puso como guardaespaldas de Messi. Pero la bestia seguía y había que alimentarla. Se supo, gracias a la pelea a navajazos entre varios barras de River, que Los Borrachos del Tablón, así se llaman, sacaron un porcentaje por la venta de Higuaín al Real Madrid. Y no es un caso único, desde luego.
A la barra de Rosario Central se le atribuye algo parecido con el pase de Di María al Benfica, pero van más allá, con publicaciones que aportan pruebas a las sospechas de que las dos grandes barras de Rosario, la de Central y la de Newell’s Old Boys, tienen lazos con el narcotráfico, muy presente en la ciudad.
El Ministerio de Justicia, incluso, asegura que el líder de la de Central maneja también la barra rival con la tutela de la mayor banda narco de la ciudad. Siempre con la pantalla del fútbol por delante y pasando olímpicamente del qué dirán. La lógica aplastante es la siguiente: «Si el fútbol es un negocio, ¿por qué no nos vamos a lucrar también?».
Un ejército de matrioskas
Un perfil interminable de brazos acompasados al ritmo de bombos, tambores y platillos reverberan en la grada. Va a empezar el partido, un clásico, y la coreografía es perfecta. Solo queda, en el centro de la tribuna, un vacío perfecto, un círculo de cemento donde en breve su ubicará la barra brava tras su entrada triunfal en el estadio.
En ese vacío se ven, cada pocos metros, unas estructuras metálicas normalmente usadas para evitar caídas en una repleta grada de pie. Eso se llama en Argentina paravalanchas y vale más dinero que cualquier otra cosa en el estadio, contando los sueldos de los futbolistas.
Porque el paravalanchas se usa como símbolo de estatus, el trono del campo de batalla, el altar de un torneo medieval. A ellos se suben los barras en orden jerárquico, un verdadero ejército que entrará desde el vomitorio a golpe de bombo y en formación. Y lo harán, incluso, con el partido empezado, como verdaderas estrellas, con el resto de la grada volviendo el cogote hacia ellos, hinchas de su propia hinchada.
Primero entran los portadores de la larga pancarta que se superpone a los tirantes de tela de los que se cuelgan encima de los paravalanchas. Detrás, los bombos y tambores redoblantes. Luego, paraguas, banderas, banderones. Y después el grupo que arrastra a su paso hasta ocupar el centro de la escena.
En esta cohorte van haciéndose a un lado las capas, como una cebolla, desde la última línea de soldados hasta los capos, en el centro mismo, en una liturgia casi geométrica que acaba cuando los jefes y sus laderos copan el paravalanchas principal. Eso si la casa está en paz, claro. Y últimamente casi nunca es así.
Una barra hoy es un ejército de matrioskas, muñecas rusas, que van saliendo una de dentro de otra en un movimiento sin fin.
Caen unos, pero hay otros dentro, en una regeneración interminable.
Tienen todas las trazas de las organizaciones mafiosas, que se pone especialmente de manifiesto a la hora de las sucesiones.
Porque, como se puede suponer, los cambios de líderes no se votan precisamente en asamblea y a mano alzada, sino que se decantan por enfrentamientos, trufados de traiciones y alianzas espurias, que normalmente acaban en prisión o muerte.
Y así llega el siguiente, y el siguiente, ad infinitum.
- Los adaptados de siempre
Entrar a un estadio latinoamericano es gracioso para el turista, curioso para el que va una vez al año e insoportable para el que lleva toda la vida aguantando un filtro de seguridad que no sirve para nada. El hincha siente al llegar cerca de la cancha que es un borrego maltratado. A doscientos metros hay un primer control.
A la vuelta de la esquina, el primer cacheo. A salir de él, cámaras policiales graban a los hinchas. Más adelante, señores haciendo soplar aleatoriamente un test de alcoholemia y drogas.
Cuando después de haber pasado por todo esto, con el ruido incesante de un helicóptero encima, los ladridos de los perros policía, las cagadas de caballo de la montada, el aficionado cree que ha tirado una hora de tu vida a la basura, sobreviene la ridícula realidad: cuando va a colocar, por fin, su entrada en el láser y atravesar el torno, un policía le hace atrás con la mano en el pecho.
Sus compañeros uniformados hacen un pasillo de honor y entonces piensa que va a aparecer la reina británica. Pero quien surge, en cambio, es la barra, un tropel de búfalos a los que se le abren las puertas de par en par, con los bolsos gigantes guardando pancartas y quién sabe qué más, mientras los policías solo aciertan a calarse la gorra y mirar hacia un lado por si algún hincha normal tiene la imperdonable intención de entrar con un mechero o incluso unas llaves.
Pero a la barra, angelitos, ni cacheo ni test de alcoholemia ni vídeo ni mucho menos un control de entrada.
En los grandes países de Latinoamérica se intenta atajar la violencia matando moscas a cañonazos, frivolidades que serían cómicas si no fueran trágicas. En los noventa, mientras se mataban las barras, un juez argentino ordenaba prohibir las banderas de más de 2×1 metros, una arbitrariedad de bombero: destruyen la cultura futbolística criminalizando hasta las pancartas —como se empieza a ver hoy en España— pero la víscera no la tocan, y los crímenes y sus autores siguen impunes.
Hoy, en Argentina, con otra de esas medidas surrealistas, los visitantes no pueden viajar en el campeonato pero sí en la Copa. Vaya usted a saber por qué. En Brasil optaron por algo más sutil que recuerda a Inglaterra, que optó por subir el precio de las entradas de forma drástica como una forma de elitizar el fútbol y ello, unido a reglamentos severos, permitió rebajar los niveles de violencia.
En Brasil saben la teoría (encarecer las entradas) pero hecha la ley, hecha la trampa, como se ha demostrado en partidos recientes, porque las barras —torcidas organizadas— siguen consiguiendo entradas baratas o gratis por el lado que todos sabemos. Si la impunidad existe en Argentina, Brasil la supera.
Y ni cuenta los muertos como propios del fútbol, en ocasiones, como ocurrió hace meses con una carnicería en la que mataron a ocho miembros de una torcida de Corinthians. Porque se da por hecho que son ajustes de cuentas, y tan diversificado está el fenómeno —la torcida Gavioes da Fiel tiene una de las más famosos escolas de Samba de Sao Paulo— que ya no se le suma los muertos al fútbol.
Hay una frase hecha que se repite en los medios de comunicación de Argentina, los mismos que se regocijan por el espectáculo de las gradas y un minuto después reniegan de sí mismos por la vergüenza de las barras, sin solución de continuidad. La frase más repetida es la que les llama «los inadaptados de siempre». Pero no hace falta analizar demasiado las cosas para darse cuenta que ellos, los barrabravas, cebados por el poder y la política, son los más adaptados de todos.
nuestras charlas nocturnas.
Esto es lo que ocurre en el cerebro cuando deja de latir el corazón tras un paro cardíaco …

Infobae(C.Thykjaer) — Cuatro de cada 10 personas que entran en paro cardíaco presentan una actividad cerebral que equivale a la consciencia durante la reanimación cardiopulmonar (RCP) hasta una hora después de que deje de latir el corazón.
Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio publicado por la revista oficial del Colegio Europeo de Resucitación y realizado por equipos de investigadores de 25 hospitales de todo el mundo. La investigación concluyó también que hasta el 39% de los pacientes que sobrevivieron a un paro cardíaco recuerdan ciertas partes de su tratamiento o experiencias trascendentales de su muerte.
El estudio, llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos, Bulgaria y Reino Unido, siguió a 567 pacientes cuyos corazones dejaron de latir mientras estaban ingresados en un hospital.
Los investigadores fueron alertados por un buscapersonas cuando un paciente entró en paro cardíaco y mientras el personal sanitario ejercía la reanimación cardiopulmonar, los científicos monitorizaron la consciencia visual y auditiva de la persona. En los casos en los que la RCP duró un poco más, también vigilaron la actividad cerebral y la saturación de oxígeno en el cerebro.
– Un 39% de los pacientes que sobrevivieron tienen recuerdos de la muerte
De las 567 personas participantes en el estudio, solamente 53 pacientes sobrevivieron el paro cardíaco y de ellos, sólo 28 individuos eran capaces de hablar sobre su experiencia y sus recuerdos del suceso.
A pesar de sufrir una depravación de oxígeno importante, uno de ellos aseguró haber visto al personal sanitario poner electrodos en su pecho y sentir los estímulos eléctricos, mientras otro paciente decía que podía ver y escuchar a los médicos hablando durante la RCP.
Por otra parte, seis de los sobrevivientes eran capaces de describir su experiencia cercana a la muerte como, por ejemplo, escuchar a seres queridos hablando o ver desde arriba lo que les estaba ocurriendo.
Sin embargo, en los pacientes que murieron como consecuencia del paro cardíaco y, por tanto, no podían contar sus experiencias posteriormente, los investigadores solamente eran capaces de concluir que estas personas mostraron una actividad en el cerebro equivalente a la consciencia, pero no si realmente eran conscientes o no.
– Las experiencias vividas durante la RCP influyen en el bienestar emocional despues

Hasta ahora, científicos estimaron que tan sólo el 1% de las personas que recibían RCP eran conscientes, teniendo en cuenta sus movimientos, sonidos y otros signos de consciencia. Sin embargo, los resultados de esta investigación apuntan a que esta cifra se acerca más al 7%.
Los autores también descubrieron que las experiencias mentales calificadas como positivas por los pacientes durante la PCR como, por ejemplo, hablar con seres queridos, tuvieron un efecto positivo en la recuperación emocional de aquellos pacientes. Por otro lado, aquellas personas que aseguraron haber sufrido dolor durante la RCP sufrieron más consecuencias emocionales negativas después del suceso.

– Sólo un 30% de los españoles saben realizar la reanimación cardio-pulmonar
Sólo tres de cada 10 personas en España sabe cómo se lleva a cabo la reanimación cardio-pulmonar, una técnica que puede salvar miles de vida cada año, según datos de 2016 de la Fundación Española del Corazón.
En una entrevista con la fundación, el cardiólogo Ignacio Fernández Lozano ha estimado que las muertes por paro cardíaco se podrían reducir hasta un 30% si la población supiera hacer de forma correcta la RCP.
Según cifras de 2021 de la Sociedad Española de Cardiología, se producen más de 52.000 paradas cardiacas cada año en España.
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Cómo los criminales usan (presuntamente) Apple AirTags para rastrear armas ilegales …

Forbes10Years(T.F.Brewster) — En noviembre del año pasado, el Customs and Border Protection (CBP, Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras) interceptó un paquete que se dirigía de Illinois a Israel. Contenía una parrilla George Foreman, algo bastante inocuo.
Pero cuando los agentes lo pasaron por los rayos X y lo abrieron, encontraron cañones de rifle envueltos en papel de aluminio y un AirTag de Apple.
Cuando la multinacional lanzó en 2021 estos dispositivos de localización del tamaño de una moneda de diez centavos, los presentó como una tecnología barata que te ayudaría a vigilar tus pertenencias, como equipajes, llaves y carteras.
Pero AirTags y dispositivos similares como Tile también han sido utilizados por delincuentes, sobre todo acosadores.
Ahora, los inspectores del CBP afirman haber encontrado pruebas de otro uso ilícito de las AirTags: ayudar a los contrabandistas ilegales de armas a vigilar sus envíos, según una orden de registro de una cuenta iCloud de Apple vinculada a los rastreadores obtenida por Forbes.
Los traficantes de drogas y armas llevan mucho tiempo utilizando localizadores GPS para controlar sus envíos, ya sea para asegurarse de que llegan a su destino o para detectar si se pierden.
Pero mientras que los rastreadores más antiguos han demostrado ser voluminosos y poco fiables, el AirTag de Apple es pequeño, ligero y eficaz.
«Al igual que los traficantes de drogas, [los traficantes de armas] quieren asegurarse de que la carga no ha sido encontrada por la policía o por otra persona», afirma Brady Wilkins, investigador de Arizona recientemente jubilado.
«Si otro grupo se lo lleva o se lo incautan, pueden abandonarlo o saber que algo no va bien».

– Limites al uso del AirTag
Apple no respondió a las solicitudes de comentarios en el momento de la publicación, pero en los dos últimos años ha intentado limitar los usos malintencionados del AirTag.
Recientemente se ha añadido una función que avisa a los usuarios cuando se detecta un dispositivo de rastreo desconocido, vía Bluetooth, en su persona.
«Condenamos enérgicamente cualquier uso malintencionado de nuestros productos», escribió la empresa en un comunicado de prensa el año pasado.
– Envío a Israel
Según la orden judicial, la unidad de Investigaciones de Seguridad Nacional del DHS rastreó el envío de cañones de rifle hasta un hombre de Palos (Illinois), Amin Betuni. Los registros que el gobierno dijo haber obtenido de un proveedor de armas online anónimo mostraban que Betuni había comprado varios cañones AR-15 y Glock.
Los investigadores dijeron que el CBP interceptó un paquete que contenía lo que parecían ser esas mismas piezas, junto con la parrilla y un AirTag, en ruta hacia un contacto en Jerusalén, Israel.
Según la orden judicial, la etiqueta de envío del paquete indicaba que había sido enviado por «Ameen Betuni» desde un terreno baldío próximo a una propiedad del sospechoso.
La patrulla fronteriza de Israel, por su parte, informó de la interceptación de un paquete diferente que contenía piezas de armas también ocultas en el interior de una parrilla George Foreman y un AirTag al lado, según la orden judicial.
Ese paquete tenía una dirección de remitente de la residencia de Betuni, según el DHS. Las autoridades israelíes también confiscaron otro envío de FedEx que contenía otros componentes de armas ocultos dentro de piezas de automóviles, según los investigadores.
En ese paquete también se descubrió un AirTag.
Wilkins dijo que añadir una propiedad personal como dirección del remitente sería un error estúpido. «Los delincuentes también se vuelven autocomplacientes», añadió.
– Sospechas
A finales de diciembre, las fuerzas del orden allanaron la propiedad de Betuni, aunque él no estaba en casa.
Los investigadores sospechaban, sin embargo, que estaban siendo observados por las cámaras de seguridad de su casa, ya que solo diez minutos después de que la policía entrara en la residencia de Betuni, uno de sus dispositivos AirTag se desvinculó misteriosamente de su cuenta de iCloud, dijo el DHS.
Betuni fue detenido en julio y ha sido acusado de enviar a Estados Unidos interruptores ilegales para Glock, que convierten de hecho una pistola en un arma automática.
Sin embargo, aún no ha sido acusado de enviar aparatos para armas a Israel ni a ninguna otra nación. En una presentación reciente, el gobierno solicitó al tribunal una prórroga del plazo para presentar una acusación, ya que seguía investigando la conducta de Betuni. La solicitud fue aceptada la semana pasada.

– Más implicados
Otros implicados en la presunta trama, pero cuyas identidades el gobierno desconocía, también utilizaban AirTags como parte de su operación para «sacar mercancías de contrabando de Estados Unidos», escribió el agente en la orden. No se facilitó más información sobre el uso generalizado de los dispositivos de Apple.
El Departamento de Justicia declinó hacer comentarios sobre el caso. El abogado de Betuni no respondió a las solicitudes de comentarios.
No sólo los delincuentes han encontrado usos para la AirTag, también las fuerzas del orden, aunque el uso de estas herramientas para la vigilancia subrepticia vaya en contra de la política de Apple.
En marzo, Forbes encontró una orden judicial en la que se detallaba el uso de una AirTag por parte de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), después de que ésta colocara uno de los dispositivos en una máquina que los agentes sospechaban que se estaba encargando por Internet para fabricar narcóticos ilegales.
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La soledad, una pandemia silenciosa que genera monstruos: “Es un factor de riesgo enorme para la depresión” …

Infobae(J.Carmona) — “No es un chico problemático, pero está siempre solo”. Con esas palabras, los alumnos del IES Elena García Armada definían al menor que este jueves ha apuñalado a varios de sus profesores en Jerez de la Frontera (Cádiz), que también era víctima de bullying en su centro.
La soledad no deseada, un mal que afecta sobre todo a gente mayor, gana cada vez más espacio en una sociedad invadida por la prisa, la premura y la inmediatez, términos sobre los que el aislamiento construye imperios.
El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos define la soledad como “sentirse solo independientemente de la cantidad de contactos sociales” y hay investigaciones que relacionan la soledad no deseada con mayores cifras de presión arterial, alteraciones del sistema inmune y un aumento de riesgo de muerte prematura, tal y como muestra un estudio publicado en 2016 por la British Medical Journal (BMJ).
El Observatorio español de la soledad no deseada, en uno de los primeros acercamientos a esta pandemia silenciosa, revelaba datos como que más de un 9% de las personas no tienen a nadie que les pueda ayudar cuando tienen problemas.
En cuanto a los periodos de soledad, la generación Z y los millennials son las que más han sentido soledad no deseada: un 9,9% se ha sentido solo sin desearlo de manera frecuente o muy frecuente y un 29,6% lo ha hecho ocasionalmente.
“La soledad es un factor de riesgo enorme para la depresión, sobre todo en la gente mayor, pero hemos normalizado el aislamiento en la tercera edad”, asegura Eduard Vieta, jefe de psiquiatría y psicología en el Hospital Clínic De Barcelona. “La soledad no deseada es tanto causa como consecuencia de una mala salud mental.
Cuando trae consecuencias, pueden aparecer ciertas enfermedades como psicosis o demencia. Pero puede ser una causa fruto de que a esa persona le cueste interaccionar con los demás. La soledad no deseada puede producirse como consecuencia de un sufrimiento mental”, alega el psiquiatra.
Además, pasar demasiado tiempo solo daña poco a poco ciertas funciones básicas. Nacho Peña, psicólogo y profesor de la Universidad Alfonso X El Sabio, asegura que “la gestión emocional se ve dañada”. “Las interpretaciones de las normas sociales también se pueden deteriorar y todo eso puede generar ansiedad o ataques de pánico”, asegura el psicólogo.
En el caso del joven que ha intentado apuñalar a sus profesores, donde también ha aflorado presunto bullying de varios compañeros hacia el menor, el contexto agrava la situación: “Si encima tu contacto es a través de la violencia, complica todo aún más. Si solo conoce la violencia, pues por ahí te puede salir la reacción.
En general, cada vez es más común pasar tiempo solo y no es lo mejor para la salud mental”, asegura. La soledad no deseada es eso, no deseada, porque invertir tiempo con uno mismo sí es sano y necesario: “Es importante para la intimidad y procesar muchos eventos, el tiempo solos tiene que existir y tiene su función. El problema es que se vuelva desmedido”.
– Soledad no deseada en menores
La soledad no deseada en gente joven, un dato menor que en personas mayores, sí refleja ciertas conductas de la sociedad, cada vez más habituada a dinámicas propias de otras culturas como la estadounidense. “Convergemos a modelos sociales y culturales que tienen esos inconvenientes, pero aún tenemos la red familiar que ayuda mucha.
En EEUU, la gente tiene una gran movilidad, un divorcio puede ser un impacto mayor porque no hay tanta red cercana que te apoye”, sostiene Eduard Vieta, que tiene claro que el exceso de soledad en personas jóvenes es causa de problemas mayores: “En jóvenes, el aislamiento suele ser una consecuencia de que algo va mal”.
Sin embargo, el exceso de naturalidad con el que se asume la soledad de una persona mayor también revela una forma de tapar problemas que requerirían medidas estructurales: “Hay gente mayor deprimida que no se diagnostica porque se da por hecho que está solo y por eso llora y está como está. Y es una pena, porque eso tiene tratamiento, no hay que negligir en mayores”, asegura Vieta.
Las nuevas tecnologías, los smartphones y las redes sociales también son potenciales generadores de soledad bajo la apariencia de sociabilización. Vieta zanja el asunto con una advertencia en torno a estas plataformas: “Es una vertiente del aislamiento generada por ciertas adicciones. Si la adicción es grave, aísla a la persona.
O incluso su núcleo son gente también sola. Hay jóvenes que están en soledad no deseada sin ser demasiado conscientes de ello porque la vía para comunicarse es puramente telemática. E incluso a veces las redes son la solución para quienes sufren de soledad, pero es una solución imperfecta, las redes sociales son un sucedáneo de la sociabilidad”.
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Encuentran trazas fósiles en las profundidades marinas de hace 130 millones de años …

Sinc — Los peces habían conquistado ya las profundidades marinas hace 130 millones de años, en el Cretácico inferior, según las trazas fósiles halladas en los Apeninos septentrionales, lo que adelanta en unos 80 millones de años su aparición en esas zonas.
Hasta ahora, los fósiles de peces de las profundidades marinas databan de 50 millones de años. La revista PNAS publica un estudio, con participación española, sobre la existencia de rastros fosilizados que habrían dejado diversos tipos de peces cuando se alimentaban o se movían.
La investigación se basa en trazas fósiles o icnofósiles, no en restos corporales directos de los peces (como podrían ser huesos, dientes o escamas), explican a Efe Zain Belaustegui, de la Universidad de Barcelona, y Fernando Muñiz de la Universidad de Sevilla, ambos firmantes del estudio.
Los icnofósiles se interpretan como diferentes tipos de trazas, principalmente de alimentación y locomoción, dejadas “muy probablemente por diferentes especies de peces en los sedimentos del fondo de un ambiente marino profundo”, señalan.
Estas “huellas” fosilizadas representan la evidencia más temprana de vertebrados que vivían en el fondo del mar, según el equipo de investigadores, encabezado Andrea Baucon, de la Universidad de Estudios de Génova (Italia).
– Piedras calizas de los Apeninos septentrionales
Los fósiles están preservados en piedras calizas procedentes de los Apeninos septentrionales, donde se conservan depósitos de llanuras abisales del Océano Tethys, que existió entre los antiguos continentes de Gondwana y Laurasia.
El equipo identificó trazas fósiles, en forma de hoyos y surcos, y propone que podrían haber sido producidas por tres especies diferentes de peces.
El primero un neoteleósteo desdentado, el segundo un pez parecido a una quimera -que habrían generado dos tipos distintos de trazas de alimentación- y un posible tercer pez con una gran aleta caudal que habría dejado la marca identificada como de locomoción, precisan Muñiz y Belaustegui.
– Comparación con análogos actuales
Una de las herramientas de la icnología se basa en la comparación con análogos actuales. Cuanta más información haya sobre las trazas que generan diferentes tipos de organismos en su interacción con diferentes tipos de sustratos, más recursos existen para interpretar los icnofósiles.
En este caso, hace 130 millones de años ya se tiene constancia de la existencia de diferentes tipos de peces con características anatómicas similares a los observados actualmente y que habrían podido dejar trazas similares a las que podemos ver hoy en día.
Para esta investigación, las trazas actuales se estudiaron en varias localidades de Italia, en el estuario del río Piedras (Huelva) y con fotografías submarinas a 1.544 metros de profundidad en la Fosa de Kermadec (Océano Pacífico).
Muñiz y Belaustegui son icnólogos y su labor en este estudio se ha centrado en la identificación e interpretación de esas trazas fósiles. Los resultados sugieren que los vertebrados colonizaron las profundidades marinas en el Cretácico Inferior y que esta transición pudo deberse a un aumento de las fuentes de alimento más que a un cambio en los niveles de oxígeno de las profundidades.
Además, indican que las llanuras abisales del Cretácico Inferior ya presentaban un ecosistema de aguas profundas de tipo moderno caracterizado por agregaciones multi-específicas de peces.
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Los científicos descubrieron un nuevo secreto químico detrás de la “Mona Lisa” …

Infobae — La “Mona Lisa” ha revelado otro secreto.
Utilizando rayos X para observar la estructura química de una pequeña mota de la célebre obra de arte, los científicos han obtenido nuevos conocimientos sobre las técnicas que utilizó Leonardo da Vinci para pintar su innovador retrato de la mujer de la sonrisa exquisitamente enigmática.
La investigación, publicada el miércoles en el Journal of the American Chemical Society, sugiere que el famoso maestro del Renacimiento italiano, curioso, erudito e inventivo, pudo haber estado en un estado de ánimo particularmente experimental cuando se puso a trabajar en la “Mona Lisa” a principios del siglo XVI.
La receta de pintura al óleo que Leonardo utilizó como capa base para preparar el panel de madera de álamo parece haber sido diferente para la “Mona Lisa”, con su propia firma química distintiva, descubrió el equipo de científicos e historiadores del arte en Francia y Gran Bretaña.

“Era alguien a quien le encantaba experimentar, y cada una de sus pinturas es técnicamente completamente diferente”, dijo Víctor González, autor principal del estudio y químico del principal organismo de investigación de Francia, el CNRS. González ha estudiado las composiciones químicas de decenas de obras de Leonardo, Rembrandt y otros artistas.
“En este caso, es interesante ver que efectivamente existe una técnica específica para la capa base de ‘Mona Lisa’”, dijo en una entrevista con The Associated Press.
Específicamente, los investigadores encontraron un compuesto raro, la plumbonacrita, en la primera capa de pintura de Leonardo. El descubrimiento, dijo González, confirmó por primera vez lo que los historiadores del arte sólo habían planteado como hipótesis: que Leonardo probablemente usó polvo de óxido de plomo para espesar y ayudar a secar su pintura cuando comenzó a trabajar en el retrato que ahora se asoma detrás de un vidrio protector en el Museo del Louvre en París.
Carmen Bambach, especialista en arte italiano y curadora del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, que no participó en el estudio, calificó la investigación como “muy emocionante” y dijo que cualquier nuevo conocimiento científicamente probado sobre las técnicas de pintura de Leonardo es “una noticia extremadamente importante para el mundo del arte y nuestra sociedad global en general”.

Encontrar plumbonacrita en la “Mona Lisa” atestigua “el espíritu de experimentación apasionada y constante de Leonardo como pintor: es lo que lo hace atemporal y moderno”, dijo Bambach por correo electrónico.
El fragmento de pintura de la capa base de la “Mona Lisa” analizado era apenas visible a simple vista, no superaba el diámetro de un cabello humano y procedía del borde superior derecho de la pintura.
Los científicos examinaron su estructura atómica utilizando rayos X en un sincrotrón, una gran máquina que acelera partículas casi a la velocidad de la luz. Eso les permitió desentrañar la composición química de la mota. La plumbonacrita es un subproducto del óxido de plomo, lo que permite a los investigadores decir con mayor certeza que Leonardo probablemente usó el polvo en su receta de pintura.
“La plumbonacrita es realmente una huella digital de su receta”, dijo González. “Es la primera vez que podemos confirmarlo químicamente”.

Después de Leonardo, el maestro holandés Rembrandt pudo haber utilizado una receta similar cuando pintaba en el siglo XVII; González y otros investigadores también han encontrado anteriormente plumbonacrita en su trabajo.
“Esto también nos dice que esas recetas se transmitieron durante siglos”, dijo González. “Era una muy buena receta”.
Se cree que Leonardo disolvió polvo de óxido de plomo, que tiene un color naranja, en aceite de linaza o de nuez calentando la mezcla para hacer una pasta más espesa y de secado más rápido.
“Lo que obtendrás es un aceite que tiene un color dorado muy bonito”, dijo González. “Fluye más como miel”.

Pero la “Mona Lisa” (que según el Louvre es un retrato de Lisa Gherardini, la esposa de un comerciante de seda florentino) y otras obras de Leonardo todavía tienen otros secretos que contar.
“Sin duda, hay muchísimas más cosas por descubrir. Apenas estamos arañando la superficie”, dijo González. “Lo que estamos diciendo es sólo un pequeño ladrillo más en el conocimiento”.






















