La Gran Muralla China …

National Geographic(A.Fischer/B.Pelegero)/Elle Decor — La Gran Muralla China, también conocida como «La Muralla de Diez Mil Li», es uno de los monumentos más emblemáticos y reconocidos del mundo. Cuenta con una extensión de más de 21.000 kilómetros y atraviesa montañas, desiertos y llanuras, por lo que se ha convertido en un símbolo imponente de la historia y la grandeza de China.
«… El viento otoñal levanta gemidos, / mientras marchamos muy lejos miles de millas. / ¿Marchando miles de millas con qué fin? / A través del desierto reconstruimos la Gran Muralla. / Pero ésta no fue idea Nuestra, / fue construida por sabios emperadores del pasado: / Establecieron aquí una política que durará miles de siglos, / para asegurar las vidas de sus millones de súbditos. / ¿Cómo podríamos, pues, evadirnos de estas preocupaciones, / y descansar en paz, despreocupados, en la capital?…».
Este poema compuesto por el emperador Yangdi a principios del siglo VII de nuestra era nos recuerda lo que fue una de las grandes preocupaciones de los emperadores chinos: la defensa de la frontera septentrional del país mediante una «Gran Muralla» que habría de durar «miles de años». Sin embargo, este tipo de estrategia defensiva fue sólo una de las que empleó el Imperio del Centro en las cambiantes relaciones que mantuvo con los pueblos de las estepas.
Desde el siglo IV a.C., las estepas al norte de China fueron ocupadas por pastores nómadas. Éstos dependían de sus vecinos sedentarios del sur para obtener todo lo que no les proporcionaba la estepa, sobre todo productos agrícolas con los que completar una alimentación basada en la carne y los lácteos.
Su población era muy inferior a la de China, pero constituían una grave amenaza. Armados con potentes arcos compuestos y a lomos de sus pequeños ponis esteparios, rápidos y muy resistentes, los guerreros nómadas se apresuraron a lanzar ataques sobre los Estados del norte de China.
Los emperadores ensayaron diferentes estrategias para defenderse de la amenaza de estos nómadas. Una de ellas era la muralla defensiva. El primer emperador, Qin Shihuang di (221-210 a.C.), construyó una línea de fortificaciones que unía las levantadas por Estados anteriores y abarcaba toda la frontera.
La idea original de Qin Shi Huang era defender su territorio de las oleadas invasoras que llegaban desde el norte. En gran medida, estaban compuestas por pastores nómadas, que se aprovechaban de la bonanza que el país recientemente unificado traía a la región. Llegó un punto que las revueltas campesinas se volvieron incontenibles.
Por ello, en el año 220 a.C., se inició la construcción de lo que sería una extensa fortaleza, el noroeste de la actual China. A lo largo de dos milenios, la muralla se siguió construyendo hasta el sur de Mongolia, según documenta Britannica. Hoy en día, es la construcción mejor preservada de la Dinastía Ming (1368-1644).

Luego, la dinastía Han trató de controlar a los bárbaros mediante sobornos (camuflados como subsidios) y campañas de conquista en la estepa, a la vez que construía una nueva Gran Muralla. Los nómadas, por su parte, pronto aprendieron que podían utilizar sus incursiones no sólo para obtener botín, sino como método de presión para aumentar el volumen de los subsidios, en forma de objetos de lujo, especialmente seda.
Durante los siguientes mil años se mantuvo un cierto equilibrio entre chinos y bárbaros, hasta que a principios del siglo XIII un jefe mongol llamado Temujin consiguió unificar la estepa y reanudó el ciclo de ataques al norte de China para obligar a los chinos a enviar subsidios y a comerciar.
La resistencia encontrada llevó a Temujin, convertido en emperador de los mongoles con el nombre de Gengis Kan, a lanzarse a la la conquista de China. Esta empresa sin precedentes para un nómada sería completada por su nieto Kublai Kan, quien además de ser kan de los mongoles fundó una nueva dinastía, la de los Yuan.
La Gran Muralla China consta de numerosos muros. Algunos de ellos son paralelos entre sí. La estructura serpentea de este a oeste, desde el Monte Hu hasta el suroeste de la provincia de Liaoing.
A lo largo de 21 kilómetros, traza la cresta de imponentes colinas, y se integra a extensas hectáreas de campo chino. Se estima que una cuarta parte del muro consiste únicamente de barreras naturales, como lo son ríos y cadenas montañosas.
A través de los siglos, largas secciones de la muralla han quedado en ruinas —o desaparecido por completo. Por el excelente estado de conservación en el que se encuentran otros fragmentos, fue catalogada como Patrimonio de la Humanidad en 1987. Incluso en la actualidad, documenta la UNESCO, «la Gran Muralla es la estructura militar más grande del mundo«.

– Los Ming en el poder
Los Yuan fueron destronados por una revuelta campesina, y en 1368 la corte mongol evacuó su capital y se refugió en la estepa.
La nueva dinastía reinante en China, los Ming, llevó a cabo una agresiva campaña de ataques a la estepa con el objetivo, primero, de impedir cualquier intento de los refugiados Yuan para recuperar su trono perdido y, después, para mantener a los nómadas a raya.
Pero los Ming pronto comprobaron que su poder militar no bastaba para doblegar a los nómadas: en 1449 sufrieron una terrible derrota en la batalla de Tumu, y el mismo emperador, Zhengtong, cayó prisionero de los enemigos.

A partir de mediados del siglo XV, los Ming pasaron gradualmente a la defensiva. El gobierno consideró en repetidas ocasiones la opción de enviar subsidios a los nómadas para contenerlos en sus dominios, pero ésta era una medida impopular tanto para los diferentes emperadores como para los funcionarios civiles, por el perjuicio que causaba al tesoro.
La consecuencia de ello fue que los mongoles redoblaron sus ataques sobre la frontera para obligar a los chinos a comerciar. Como afirmaba en 1459 el Gran Secretario Li Xien, los mongoles «son una calamidad para China sólo porque necesitan desesperadamente ropa y comida».
No es exagerado afirmar que los Ming fueron la dinastía de toda la historia china que sufrió más ataques por parte de los nómadas.
No sería hasta 1571 cuando un cortesano, el ministro Wang Chung Ku, que había acumulado un gran poder, logró convencer al emperador Longqing de cambiar de política.
Se enviaron subsidios a la aristocracia mongola y se establecieron mercados en la frontera, con lo que se consiguió reducir el número de ataques mongoles y el gasto del dispositivo militar chino en la frontera.
– Una nueva muralla china
En realidad, desde decenios atrás la estrategia de defensa de los Ming frente a los nómadas había pasado por una de las soluciones clásicas del Imperio chino: la de la barrera defensiva. Los Ming construyeron una nueva Gran Muralla, aunque de características más avanzadas que las anteriores.

Mientras que en el pasado las fortificaciones se habían erigido empleando la tierra como materia primera, compactándola en una especie de tapial, ahora se empleó en la mayoría de los tramos una combinación de zócalo de piedra y alzado en ladrillo.
Este sistema era mucho más caro que los anteriores –se ha llegado a decir que cien veces más–, pero también resistía las inclemencias del tiempo mucho mejor.
Sin embargo, la eficacia militar de esta barrera fue siempre relativa. La frontera septentrional china sufrió un número de ataques muy alto, a veces por parte de grandes bandas de guerreros, verdaderos ejércitos que podían alcanzar los 100.000 efectivos, pero también por pequeños grupos de nómadas.
Un ejemplo de este último caso ocurrió en Wo Yan, en 1555. Una veintena de guerreros mongoles asaltó una torre en plena noche, trepando con ganchos, pero justo cuando el primero de ellos la coronaba los relinchos de sus caballos alertaron a los soldados chinos que pudieron rechazar el ataque.
Sería, sin embargo, un error presentar a los nómadas siempre como los agresores. En 1563, en el curso de una investigación por corrupción, se descubrió que unos soldados habían asesinado a un grupo de mongoles tras aceptar su rendición para fingir una victoria en combate y ser recompensados en consecuencia.
Hay que tener en cuenta que los militares chinos destacados en la Gran Muralla vivían en unas condiciones muy duras. Un documento del propio ministerio del ejército reconocía en 1443 que «los soldados en la frontera noroccidental están expuestos al viento y el frío.
Ya sirvan como vigías en las torres de señales o como guardias en los pasos […] pueden estar fuera durante meses o años sin regresar a su base, y sus familias e hijos, careciendo de ropa y comida, están en una situación desesperada.

Ciertamente, reciben un salario mensual, pero muy a menudo tienen que gastarlo en armas o caballos y sus sufrimientos por el hambre y el frío son indescriptibles».
– Connivencia con el enemigo
Las tropas chinas acantonadas en la Gran Muralla mantenían múltiples contactos con los nómadas, a pesar de la oposición de sus superiores. Los soldados chinos comerciaban frecuentemente con sus enemigos, actividad que, como hemos visto, era especialmente importante para los nómadas, y en situaciones extremas los soldados podían llegar incluso a desertar.
En 1550, el comandante militar de Datong, al oeste de Pekín, escribía indignado: «Nuestras tropas y exploradores a menudo van al territorio mongol para comerciar con ellos y han hecho amigos. Los cuatro caudillos Altan, Toyto, Senge y Usin han incorporado torres de observación de nuestra Gran Frontera a sus campamentos.
Los mongoles reemplazan a nuestras dotaciones como vigías y nuestros soldados reemplazan a sus tropas como pastores, con el resultado de que ninguna información estratégica de nuestras defensas pasa inadvertida a los mongoles».
En numerosas ocasiones los funcionarios del gobierno demostraron una gran desconfianza hacia el comportamiento de sus propios soldados. En 1554, uno de ellos acusó a las tropas fronterizas de tener tanto miedo a los mongoles que, cada vez que éstos cruzaban la Gran Muralla, huían sin siquiera combatir.
Otro afirmó en 1609 que los guardias de las torres, incapaces de defenderse a sí mismos, al descubrir mongoles en las cercanías no se atrevían a dar la voz de alarma y preferían fingir que no los habían visto.
También se acusó a los soldados de sobornar a los nómadas para que no les atacasen, lo que no deja de ser chocante teniendo en cuenta la oposición radical del gobierno a este recurso.

La colaboración entre los nómadas y algunos soldados llegaba hasta tal punto que en 1533 un funcionario del gobierno afirmó que las dotaciones de las torres de observación servían de guías a las partidas de guerra mongolas durante sus incursiones en territorio chino.
– La invasión Manchú
La dinastía Ming se debilitó como consecuencia de dos siglos de enfrentamiento con los nómadas.
Además, en su obsesión por los mongoles, descuidaron protegerse de otros enemigos, como los manchúes, que aprovecharon este error para convertirse en un poder a tener en cuenta y, cuando se desató una rebelión interna en China, atravesaron la Gran Muralla, cuya guarnición les franqueó el paso, y derrocaron a los Ming en 1644.
Pasado el tiempo, la Gran Muralla, perdida ya su función original, se ha convertido en símbolo del orgullo colectivo del pueblo chino y en el icono más conocido del país, lo que no deja de ser irónico dado los escasos frutos que dio en la larga lucha de China por defenderse de sus vecinos nómadas del norte.
La Gran Muralla China está construida de ladrillo y piedra, principalmente. La estructura conecta una serie de torres de control, que servían para alertar a las autoridades de cualquier sospecha de invasión rápidamente. Los mensajes se corrían de voz en voz, cuando los arqueros mongoles emprendían carreras a toda velocidad montados a caballo, para alcanzar la torre siguiente.
La construcción de la Gran Muralla China implicó un esfuerzo monumental y movilizó a millones de trabajadores a lo largo de varias dinastías. Se aprovechó una gran variedad de materiales como los ladrillos, la piedra, la madera y, claro está, la tierra. Estos elementos se combinaron con técnicas de ingeniería mejoradas.
La muralla se desarrolló para adaptarse al terreno y a los desafíos geográficos, presentando torres de vigilancia estratégicamente ubicadas, pasos fortificados y sistemas de señales para alertar sobre posibles invasiones.

Para prevenir que los ataques de desplegaran al interior del territorio, cada torre contaba con un arsenal de al menos 30 soldados. Las más nutridas tenían equipos de hasta 50 efectivos. Todos vivían ahí mismo. Al interior, había comida y recursos suficientes para alimentar y mantener a cada uno de ellos. Algunos historiadores se han referido a estas estructuras, incluso, como «pequeños castillos«, que podían resistir asados prolongados.
Gran parte de la edificación que se tiene en la actualidad fue producto del trabajo que se hizo en el tiempo Hongzhi (1487-1505). A nivel estético, la idea era que la construcción simulara un dragón serpenteante, que cruzara a través de un mar de nubes.
El mandatario dividió el muro en dos grandes líneas: la sur y la norte, conocidas como ‘interior’ y ‘exterior’, respectivamente. Cada fragmento tenía pasos estratégicos, de los cuales se destacan los que estaban más cerca de Beijing, la capital:
- Juyong
- Daoma
- Zijing
En conjunto, se les conoce como Los Tres Pasos Exteriores, y tenían la función exclusiva de proteger la ciudad más importante del Imperio. Por lo cual, contaban con los cuerpos de seguridad más nutridos y preparados en todo el territorio.
Aunque la Gran Muralla China no pudo evitar las invasiones por completo, su construcción y presencia demostraron la determinación y el compromiso del pueblo chino por defender su tierra y su cultura.
Además de su importancia militar, esta grandiosa estructura se ha convertido en un símbolo nacional de China y un atractivo turístico de renombre mundial.
Cada año, millones de visitantes de todo el mundo se maravillan ante la grandeza y la historia que encierra este prodigio arquitectónico.
Con el paso de los siglos, la Gran Muralla perdió su función original. En la actualidad, la estructura se conserva como uno de los iconos arquitectónicos y arqueológicos de China. De la misma manera, se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional para el pueblo chino.
– Gran Muralla China en datos
La Muralla China , conocida en casa como Chángchéng , un término que puede traducirse literalmente como Muralla Larga, indica un conjunto de murallas que serpentea a través del norte de China a lo largo de 21196,18 km.
Esta medida real tiene en cuenta todos los ramales del complejo y, gracias a las tecnologías más recientes, hemos llegado a considerar 2500 km más que la estimación original.
El punto de partida de la construcción se encuentra en el paso de Jiayuguan en la provincia de Gansu , donde cruza la Ruta de la Seda. que en el pasado desempeñó un papel crucial en el sector comercial, así como un importante puesto de avanzada en la defensa fronteriza.
La ruta de la Gran Muralla termina en Husan , en la provincia nororiental de Liaoning, donde, cerca de Shanhaiguan, también se encuentra con el mar.
En el medio el majestuoso complejo atraviesa muchas provincias Hebei , Tianjin , Mongolia Interior e incluso la propia capital , Beijing. La Muralla China fue construida con diferentes materiales (según la zona y la época): entre los más utilizados se encuentran la piedra, la arena, el ladrillo y la tierra.
La estructura está salpicada de elementos dedicados a la defensa del territorio como torres de vigilancia, torres de luz para las comunicaciones y fortalezas utilizadas para el mando y gestión de la logística: todo ello en referencia a los fines militares de la Muralla China que se explorarán en profundidad en el seguimiento.
La Gran Muralla China goza ya de una fama considerable en el mundo antiguo , habiendo sido objeto de diversos escritos y numerosos elogios no solo en casa sino también entre otros pueblos y culturas.
Los árabes ya habían tenido la oportunidad de escuchar relatos de este prodigio del Hombre a través de las comunidades musulmanas locales y las historias de algunos viajeros.
En el siglo XVI, los europeos lograron llegar a China en la era Ming y gracias también al trabajo de exploradores y viajeros individuales -sobre todo de carácter religioso- comenzaron a circular informes empíricos, aunque hiperbólicos.
Habrá que esperar hasta el siglo XVI-con la apertura voluntaria de China a comerciantes y visitantes- por lo que este complejo comienza a ejercer constantemente la fascinación por la opinión pública que aún hoy persiste.

– Espacios
La Gran Muralla está compuesta de muros, pasos, atalayas y torres. Tiene una altura que oscila entre los siete y los ocho metros, su base mide unos siete metros y su parte superior seis.
- Muros
Una de las secciones que más llama la atención en esta larga muralla está en una de las zonas construidas por la dinastía Ming, a 980 metros sobre el nivel del mar. El muro de 11 kilómetros de largo, entre 5 y 8 metros de altura y con un ancho de 6 metros en la base y 5 en la parte superior. A tan solo 25 kilómetros de la Gran Muralla Ming, al oeste de Tian Ling Liao, los muros son muy bajos.
- Torres
Estas fueron levantadas según los criterios de las diferentes dinastías. Su ubicación en la muralla dependió de las características topográficas de cada región y una característica fue la de camuflarse lo mejor posible y entorpecer el acceso al enemigo, construyendo una sola escalera de acceso y una entrada poco accesible. A lo largo de su recorrido hay aproximadamente 24000 torres.
- Pasos o puertas
Las tres más importantes son:
Paso Juyong, en el, con 7,8 metros de altura y 5 de ancho. Las almenas del muro tienen casi dos metros de alto y también hay troneras.
Paso Jiayu (Jiayuguan), en el borde occidental, este paso era la puerta para la ruta de la seda.
Paso Shanhai, en el borde oriental.
- Cuarteles y atalayas
Como todas las construcciones concernientes a la Muralla, los cuarteles fueron construidos a lo largo de la misma o directamente integrados en las paredes y ubicados a largas distancias.
En la mayor parte del recorrido de la muralla existen atalayas en la parte superior con pequeñas lagunas defensivas. El paso Jiayu alberga una atalaya de observación militar de 14 metros de ancho y 15 de largo, está a siete kilómetros y medio de la entrada.

El muro tenía una altura de siete u ocho metros, llegando a diez en algunos puntos, con una anchura de siete metros en la base y seis en la cresta.
Básicamente, su estructura consistió en una larga tapia de arcilla y arena apisonada cubierta con varias paredes de ladrillo que la hicieron muy resistente.
La técnica más utilizada para la realización de los muros fue la de realizar un esqueleto de madera que se rellenaba con capas de tierra, una sobre otra. Se dejaban secar y se retiraba el armazón, dejando sólidos muros de tierra. En algunos tramos dicha tierra era mezclada con piedras o cubiertas con ladrillos.
Materiales
- Muros
Los materiales usados son aquellos disponibles en los alrededores de la construcción. Cerca de Pekín se utilizó piedra caliza, en otros sitios se utilizó granito o ladrillo cocido. En ciertas regiones se utilizaron piedras con un alto contenido en metal, como las provenientes de Shan Xi, que daban a la construcción el aspecto de estar hecha con piedras de plata.
- Suelos
Los suelos eran a base de una mezcla de piedra y mortero en cuatro o seis capas, compactados con rodillos hechos con troncos de árbol, otorgándoles un pavimento fuerte y con buena circulación.
Se evitaron las escaleras y en su lugar se pusieron rampas, pudiendo de este modo ser utilizada como vía de comunicación y transporte.
– Significado y curiosidades
La obra sigue siendo objeto de fascinación y hace tiempo que el gobierno estableció un fondo económico para el mantenimiento y la restauración, especialmente para partes del muro sujetas a la erosión.
Aunque la estructura puramente militar del edificio se haya perdido con el tiempo, la Gran Muralla sigue siendo un espejo de la historia y la cultura chinas: desde las fases imperiales hasta nuestros días, persisten valores como la unidad, la resistencia a las dificultades y el orgullo.
Simboliza tanto la apertura espiritual del país al mundo como el deseo de proteger y preservar vigorosamente su herencia intelectual y cultural.
No solo eso: desde la antigüedad el edificio ha sido objeto de varias leyendas, poemas, canciones e incluso billetes y sellos.
Icono del patrimonio de esta nación capaz de atravesar los siglos no sólo físicamente sino también y sobre todo en lo que se refiere al legado cultural.
En la actualidad, la Gran Muralla China sigue siendo una fuente de inspiración y orgullo para el pueblo chino. Además de su valor histórico y cultural, se considera un testimonio tangible del ingenio humano y una obra maestra de la arquitectura.
Su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en el año 1987, y su designación como una de las Nuevas Maravillas del Mundo, en el año 2007, han reforzado aún más su relevancia global.
Como conclusión, la Gran Muralla China es mucho más que una simple fortificación defensiva. Es un símbolo de la grandeza y la perseverancia del pueblo chino a lo largo de la historia. Su construcción y evolución a lo largo de los siglos es un testimonio vivo de la capacidad humana para superar desafíos y dejar un legado duradero.
Visitar y contemplar la majestuosidad de la Gran Muralla China es sumergirse en la riqueza cultural y la grandeza arquitectónica de una de las civilizaciones más antiguas del mundo.
Un último apunte sobre una creencia falsa: no es cierto que la Muralla China se pueda ver a simple vista desde el espacio.



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