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Las nuevas «siete maravillas del mundo» …


DW  —  El 7 de julio de 2007 se dieron a conocer siete nuevas «maravillas del mundo». En la selección, que sigue siendo controvertida hasta hoy, figuran, entre otros, el Coliseo y la Muralla China.

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Taj Mahal – India

En 2007, millones de personas votaron por sus monumentos favoritos, de entre 21 preseleccionados. Así se formó la lista de las nuevas siete maravillas del mundo. No podía faltar en ella el Taj Mahal, en Agra, India. El mausoleo del siglo XVII, revestido de mármol, es considerado una obra maestra arquitectónica y atrae anualmente hasta ocho millones de turistas.

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Petra – Jordania

Son especialmente las fachadas de los templos mortuorios, esculpidas directamente en la roca, las que dieron a la antigua ciudad de Petra, en Jordania, la categoría de «nueva maravilla del mundo». La idea de ese título extraoficial la tuvo el suizo Bernard Weber, después de que las fuerzas talibanes destruyeran dos estatuas de Buda en Bamiyan, Afganistán, en 2001.

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La Gran Muralla china

Tampoco esta impresionante construcción podía estar ausente. Con más de 6000 kilómetros de largo, la Gran Muralla china fue concebida como un muro defensivo. Contrariamente al rumor que circula desde hace mucho, no se la puede ver a simple vista desde el espacio.

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Chichén Itzá, México

La ciudad maya de Chichén Itzá, en México, no solo fue incorporada a la lista de las nuevas maravillas por el templo piramidal que se levanta en su centro. También era un centro político-religioso del imperio maya, por lo que reúne distintos estilos arquitectónicos de diversas regiones.

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Machu Picchu, Perú

En Machu Picchu, Perú, se ve también la otra cara de la fama de las maravillas del mundo: las ruinas de la ciudad incaica se ven amenazadas por el turismo masivo. La UNESCO ha pedido regulaciones más estrictas para reducir el número de visitantes.

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Coliseo – Italia

El Coliseo de Roma es el único monumento europeo que logró obtener un lugar entre las siete nuevas maravillas. En su día escenarios de espectáculos y luchas de gladiadores, es hoy una de las principales atracciones de la capital italiana.

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El Cristo Redentor, Brasil

Tiene 30 metros de altura y pesa 1145 toneladas. Sus brazos extendidos, abarcan 28 metros. En Río de Janeiro, el monumental Cristo Redentor se levanta sobre la colina del Corcovado. La estatua se terminó en 1931.

nuestras charlas nocturnas.


Rasputín, uno de los personajes más polémicos de Rusia …


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National Geographic(J.M.Casals)/marcianosmx.com  —  Quizá alguna vez escuchaste hablar sobre un curioso personaje llamado Rasputín, un hombre medio loco que se ganó la fama de ser casi inmortal durante el inicio del siglo XX.

Pues este mismo personaje se convirtió en una figura muy influyente en la corte rusa hacia el final del régimen zarista, y sería el poder que conquistó junto a los monarcas – y los celos que su privilegiada posición inspiraba – lo que indirectamente provocarían su trágica muerte en el inverno del año 1916.

Grigori Yefímovich Rasputín había nacido el 9 de enero de 1869 en Prokrovskoie, una localidad de Siberia situada a más de dos mil kilómetros de San Petersburgo, entonces capital de Rusia.

Era hijo de Yefim Yákovlevich, un pequeño campesino. Su juventud no fue distinta de otras muchas en una tierra donde la vida era más que dura: borracho y juerguista, también resultó ser un ladrón. Un día, uno de sus vecinos lo sorprendió mientras robaba la cerca de madera de su almiar y le propinó una paliza que cambió a Grigori; según este vecino, Rasputín «se volvió extraño y como imbécil».

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Esta fotografía, tomada hacia 1912, muestra a Rasputín impartiendo la bendición.

Aquel ensimismiento era el signo de una transformación interior, que se manifestó cuando en 1897 peregrinó al monasterio de San Nicolás de Verjoturie. Acudió allí en busca de la guía espiritual del hermano Makari, un joven asceta que mortificaba sus carnes con una cadena.

Esta visita cambió su vida para siempre. El semianalfabeto Rasputín que volvió a la aldea atendía a los oficios divinos, rezaba con fervor y su fama llevó a que a su alrededor se formara un grupo de fieles que se reunía en una capilla bajo el establo de su casa para cantar y leer el Evangelio, cuyo significado glosaba Grigori.

Pero ¿eran esos cánticos y esos comentarios los que cabría esperar de un honesto seguidor de la Iglesia ortodoxa rusa? Los conciudadanos de Rasputín pronto pensaron que no: Grigori se ganó la fama –que no le abandonaría nunca– de pertenecer a la secta de los jlysti.

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Rasputín con sus hijos Dimitri (derecha), Varvara (en brazos) y Matriona o María; de los siete que tuvo, sólo ellos sobrevivieron.

Rasputín ingresó al monasterio de Verkhoturye en los Montes Urales, con el objetivo de ordenarse como un monje. Sin embargo, nunca finalizó sus estudios, terminó por contraer matrimonio a los 19 años con Praskovia Fyodorovna, con quien procreó a tres pequeños.

En 1906, Rasputín se mudó a San Petersburgo, y tan sólo dos años después, fue presentado ante el zar Nicolás II y su esposa, Alexandra Feodorovna. A partir de aquí Rasputín empezó a hacerse de fama.

El místico Rasputín

Los jlysti creían que Cristo se podía encarnar en cualquier hombre, letrado o iletrado. Éste, llamado Cristo, se unía a una mujer, la Madre de Dios, y dirigía la vida espiritual de su comunidad o «arca».

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En 1897, Rasputín peregrinó a este lugar desde su aldea natal. Aquí, de la mano de un asceta, el padre Makari, encontró a Dios, según dijo él mismo. En la imagen, la iglesia de la Santísima Trinidad.

Durante sus celebraciones nocturnas en lugares subterráneos cantaban, danzaban, se flagelaban y llegaban a un estado de éxtasis ritual que concluía en una sesión orgiástica: creían que el pecado llevaba al arrepentimiento y la salvación, una creencia a la luz de la cual se ha interpretado la sexualidad de Rasputín.

Pero ninguna de las investigaciones que la Iglesia emprendió sobre Grigori concluyó que fuese un sectario.

En este punto divergen las opiniones de quienes han estudiado la vida de Rasputín. Así, el escritor ruso Edvard Radzinsky sugiere que no fue considerado un jlyst debido a las presiones de los zares en su favor, mientras que el historiador estadounidense John T. Fuhrmann cree que no fue un sectario, pero adoptó elementos del pensamiento y la práctica de éstos; por ejemplo, no fumaba y sus seguidores se llamaban entre sí «hermano» y «hermana».

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La corona de Nicolás II Fue usada en la coronación de los zares desde Catalina la Grande. Sobrevivió a los avatares de la Revolución rusa y actualmente se conserva en la Armería del Kremlin, en Moscú.

Los rumores sobre su pertenencia a los jlysti, los escándalos sexuales –que su esposa Praskovia toleraba, quizá porque sabía que el sexo era para Grigori algo más que un motivo de placer– y las burlas sobre sus supuesta santidad hicieron que en 1902, tras un peregrinaje al monte Athos, Rasputín marchara a la ciudad de Kazán, un importante centro religioso.

El camino a la corte

Rasputín impresionó a los dignatarios religiosos de Kazán, que se hallaban al frente de una Iglesia ritualista, burocratizada y sometida al zar, y que buscaban la autenticidad y la sencillez que parecía encarnar aquel campesino de fe ardiente, que trataba a los jerarcas ortodoxos con la misma familiaridad que a las gentes de Pokrovskoie.

De hecho, los entusiasmó hasta el punto de que lo recomendaron a los dirigentes de la Iglesia en San Petersburgo, adonde llegó en tren durante la Pascua de 1903, a bordo de un vagón de primera clase. Ya no volvería a hollar el polvo de los caminos.

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Rasputín era semianalfabeto; a duras penas podía escribir. No recibió una educación formal, pero sabía algo de teología y leyó a los padres de la Iglesia. Es probable que adquiriera esa mínima formación en 1897, en el monasterio de Verjoturie, al que peregrinó. «Leí mucho», dijo tras volver a Pokrovskoie, y su habilidad para citar las Escrituras o los Padres apoya ese comentario. Pero eso era todo. Cuando el monje Iliodor quiso prepararlo para el sacerdocio, se desesperó: «Es un lerdo, no aprende nada, es más bruto que un tocón». Y cuando Hermógenes pretendió lo mismo, Rasputín le dijo que «yo no podía ni soñar con algo así. Para ser sacerdote hay que estudiar mucho. Hay que meditar con mucha concentración. Y eso no es para mí. Mis pensamientos son como pájaros del cielo, van de un lado a otro sin que yo pueda impedírselo».

La fe de Grigori conmovió al archimandrita Feofán, el confesor de los zares, que le presentó a sus otros valedores en la Iglesia: el obispo Hermógenes y el monje Iliodor, quienes luego se convirtieron en sus enemigos acérrimos.

A la muerte de Rasputín, Hermógenes diría: «Creo que al principio hubo en Rasputín un fulgor divino. Tenía la agudeza necesaria para penetrar en el interior de la gente y sabía mostrar conmiseración, cosa que, a fuer de ser sincero, experimenté en mi propia persona, pues en más de una ocasión fue capaz de aliviar mis padecimientos espirituales.

De esa manera me conquistó a mí y, al menos, en los inicios de su carrera, también a otras personas».

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En 1913, Nicolás II obsequió a Alejandra con este huevo de Pascua hecho en oro y brillantes por Fabergé, en conmemoración del Tricentenario de la dinastía Romanov.

Estos dones espirituales y el aval de Feofán abrieron a Rasputín los salones de la más alta aristocracia rusa, entre la que triunfaban toda clase de vendedores de mercancías místicas.

A éstas eran adeptas las grandes duquesas Militsa y Anastasia de Montenegro, hijas del rey de este país y casadas con dos miembros de la familia Romanov, que quedaron fascinadas con el campesino.

Fueron ellas quienes en 1905 introdujeron a Rasputín en la familia real, que por entonces vivía parapetada en un aislamiento incomprensible para la corte. Nicolás y Alejandra estaban dispuestos a recibir toda la ayuda posible, humana y divina, en un mundo que les era hostil y al que escondían un terrible secreto.

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La familia real.

Una pareja angustiada

En 1904, después de alumbrar cuatro hijas (Olga, Tatiana, María y Anastasia), la zarina dio a luz un varón, Alexei, el ansiado heredero del trono.

Pero la alegría por el nacimiento se esfumó pronto: el ombligo del pequeño sangró durante dos días al cortar el cordón umbilical; fue el primer síntoma de hemofilia, una enfermedad hereditaria que transmiten las mujeres y se caracteriza por abundantes hemorragias internas y externas.

Alejandra, nacida en el principado alemán de Hesse, era nieta de la reina Victoria, portadora de hemofilia, una enfermedad que entonces no tenía cura; en aquella época, la esperanza de vida de un hemofílico era de 14 años.

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El 29 de junio de 1914, en Pokrovskoie, se acercó a Rasputín una mujer con el rostro cubierto con velo. Él se puso las manos en los bolsillos en busca de una moneda, creyendo que era una mendiga. Entonces ella le hundió un cuchillo junto al ombligo. Rasputín, herido de gravedad, corrió hacia la iglesia, mientras una multitud atraída por sus gritos detuvo a la mujer. El starets dijo a la policía que detrás del ataque estaba su enemigo, el monje Iliodor. La asaltante, Jionia Guseva, carecía de nariz, que según dijo había perdido por una reacción a la medicación a los 13 años, aunque la prensa sostuvo que fue a causa de la sífilis. De educación elemental, Jionia era seguidora de Iliodor y estaba persuadida de que Rasputín era un libertino y un falso profeta. Un tribunal consideró que sufría locura y fue internada en un centro psiquiátrico. Ella insistió en que había actuado por cuenta propia, pero la policía no la creyó: no tenía recursos para pagarse el viaje hasta allí. De hecho, en un libro publicado en ruso por Iliodor, ya exiliado en Estados Unidos, éste reconoció que estaba tras la agresión. Pero ¿actuó solo? Tras el atentado cruzó la frontera a Finlandia en automóvil, lo que sugiere que contó con algún tipo de protección desde el poder.

Los zares abandonaron el palacio de Invierno de San Petersburgo y se recluyeron en el palacio Alexander, en la cercana Tsárskoye Tseló, para mantener en secreto una noticia que, de saberse, podía invalidar al zarevich Alexei como sucesor de su padre en el trono.

Esa no era su única preocupación. El año 1905 trajo aciagas novedades. En agosto, Rusia perdió la guerra contra Japón, lo que conmocionó a una sociedad rusa que en enero, durante el llamado Domingo Sangriento, había asistido a la brutal represión de miles de obreros cuando llevaban pacíficamente sus peticiones al zar.

La derrota militar mostró que se necesitaba una reforma del Estado, y la represión despojó al zar de su aura de batyushka o padrecito de sus súbditos.

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La zarina Alejandra estaba convencida de que la vida de su hijo dependía de Rasputín desde que en 1907 una hemorragia del zarevich se detuvo mientras el starets rezaba a su lado. Se ha dicho que los poderes de sugestión de Rasputín, sus rezos y su aplomo en momentos en que reinaba la ansiedad quizás ejercieron un efecto calmante, contrayendo los vasos sanguíneos (al contrario que la adrenalina, que los dilata). Rasputín insistía en rezar y rechazaba los fármacos, lo que pudo tener un efecto beneficioso, ya que para calmar los dolores del zarevich se le administraba ácido acetil salicílico (aspirina), del que entonces no se sabía que licua la sangre. Se ha apuntado que Rasputín compartía el don de detener las hemorragias con otros campesinos que hacían lo mismo en el ganado, presionando sobre ciertos vasos sanguíneos para disminuir el flujo de sangre (un secreto que estos sanadores guardaban celosamente). También se ha dicho que el hecho de que las hemorragias cesaran en su presencia era una coincidencia. Y se ha sugerido que en la crisis de Spala, en 1912, cuando aparentemente Grigori sanó al niño por vía telegráfica desde Siberia, el pequeño mejoró porque el doctor Fiodorov quizá recurrió en secreto a métodos quirúrgicos.

Nicolás concedió una Constitución y una Duma o parlamento con atribuciones ínfimas, pero jamás aceptó ser un monarca constitucional, lo que consideraba un menoscabo de su autoridad, y Alejandra, un robo de los derechos de su hijo como gobernante absoluto por la gracia de Dios.

En Tsárskoye Tseló, la emperatriz se sentía libre tanto de la presión política como del rechazo que manifestaba hacia ella una corte que la consideraba fría y distante (no hablaba ruso y se comunicaba en inglés con el zar).

Las montenegrinas Militsa y Anastasia aliviaron su aislamiento. Antes ya le habían traído al francés Nizier Anthelme Philippe, practicante de la «medicina astral», en quien los zares –que lo llamaban Nuestro Amigo– confiaron para concebir un hijo varón y que, cuando volvió a Francia en 1902, le dijo a Alejandra: «Algún día tendrá otro amigo como yo que le hablará de Dios».

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El 16 de diciembre de 1911 fue un día aciago para Rasputín. Los rumores sobre su comportamiento indecente y su control sobre nombramientos eclesiásticos incitaron a sus antiguos aliados, el obispo Hermógenes y el monje Iliodor, a librar a Rusia de su influencia. El obispo lo invitó al monasterio de Yaroslavl en San Petersburgo. Cuando llegó desprevenido, Mitia Kozelski, un místico, lo arrastró ante un icono y, según se dijo, intentó cercenarle el pene con unas tijeras y le escupió. Iliodor y Hermógenes lo acusaron de ensuciar la monarquía y la Iglesia. El obispo le golpeó la cabeza con la cruz que llevaba en el pecho, le prohibió que se acercara a una mujer y le obligó a arrodillarse y a jurar que no vería nunca más a los zares. El enfado de éstos fue monumental: Hermógenes fue enviado a Lituania, e Iliodor, recluido en un monasterio.

Ese nuevo amigo llegó en noviembre de 1905, cuando las princesas invitaron a Rasputín a tomar el té con los soberanos.

Una relación indestructible

Rasputín causó una profunda impresión en Alejandra y Nicolás, y sus lazos con los monarcas quedaron definitivamente anudados cuando en 1907 el zarevich sufrió una grave hemorragia que remitió en cuanto Rasputín le impuso sus manos y oró. ¡Un milagro!

A medida que la relación de Grigori con los soberanos se fue estrechando, las montenegrinas quedaron al margen de las preferencias reales, lo que las llenó de rencor hasta el punto de llamar «demonio» a Rasputín. Eso las distanció de Alejandra, que había hallado una nueva amiga en la que poner sus afectos: Anna Vyrubova.

Ésta se instaló cerca del palacio Alexander y se convirtió en una devota ferviente de Rasputín. El sanador siberiano, la emperatriz y su amiga formaron un triángulo que las circunstancias unirían cada vez más estrechamente para perdición de Grigori y de la dinastía de los Romanov.

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Dirigida al ministro de Interior, a cuyo nombramiento había contribuido: «Al ministro Jvostov envío una damita dulce querida y hermosa. Es pobre, sálvela, está necesitada. Hable con ella Grigori».

El monje fue solicitado por el zar quien estaba desesperado por encontrar una cura para su hijo Alexei, el heredero al trono. El pequeño padecía de hemofilia –una condición hereditaria que afecta la correcta coagulación de la sangre–, y Rasputín se convirtió en la única persona capaz de detener los sangrados del príncipe cada vez que este sufría una herida.

Actualmente se especula que el “poder” curativo de Rasputín estaba en su habilidad para tranquilizar al príncipe, disminuyendo su presión sanguínea y, consecuentemente, el sangrado del niño. Una de las posibilidades es que Rasputín se haya valido de la hipnosis para lograr tal efecto, pero no faltaron rumores de que el místico loco empleaba magia negra para curar a Alexei.

Además de las acusaciones que implicaban la utilización de poderes siniestros, otro aspecto controversial es que Rasputín decía ser capaz de liberar a las mujeres de sus pecados “durmiendo” con ellas para ayudarlas a encontrar la gracia divina. Y lo que no faltó a lo largo de toda su vida fueron seguidoras, así como un montón de acusaciones y desavenencias a causa de su comportamiento disoluto.

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Isabel Fiódorovna La hermana de Alejandra se quejó de que ésta la echó de palacio tras criticar la influencia de Rasputín.

En 1912, el zarevich padeció una crisis gravísima, hasta el punto de que se preparó un boletín previendo su posible fallecimiento.

Rasputín estaba en Siberia y envió un telegrama (o dos) diciendo que el pequeño se salvaría. El niño, en efecto, superó la crisis, y la vida de su madre quedó ligada para siempre a la persona del starets o «anciano» –así se conocía a los místicos del tipo de Rasputín–.

Como ha observado la biógrafa británica Helen Rappaport, la esclavitud emocional de Alejandra fue el precio que ésta pagó por la salud de su hijo: la zarina no sólo veía en Rasputín al salvador de Alexei, sino a un hombre santo y un vidente, alguien (de hecho, la única persona) en quien ella y su esposo podían confiar de verdad.

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Rasputín se hizo con la confianza de la zarina y, durante los cinco años siguientes, pasó a ejercer una enorme influencia en el tratamiento de Alexei. El problema fue que, a pesar del comportamiento indecente e incontrolable, el monje asumió el papel oficial de consejero personal de la zarina, y la inocente mujer defendía su presencia en la corte bajo la creencia de que Rasputín era la única persona capaz de salvar la vida de su hijo.

Los zares rechazarían como una calumnia cualquier prueba sobre su conducta libidinosa, que en 1911 ya escandalizaba a toda la capital.

Eran públicas su afición a la bebida, sus aventuras sexuales y sus equívocas relaciones con mujeres de la alta sociedad (casadas y solteras) que formaban parte de su círculo de entregadas adeptas.

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A finales de aquel año, Alejandra se enfrentó a su suegra, la emperatriz viuda María Fiodorovna, a propósito de la influencia de Rasputín, que se había manifestado en nombramientos de altos cargos eclesiáticos. Entonces estalló el escándalo.

Hermógenes e Iliodor, sus antiguos valedores, se habían vuelto contra él, pero cayeron en desgracia ante los zares. El despechado Iliodor puso en circulación cartas que la zarina había enviado a Grigori y que éste le había dado (o que Iliodor robó), en las que se podían leer frases como ésta: «Sólo deseo una cosa: dormir durante siglos sobre tu hombro mientras me abrazas«.

Estas palabras, que procedían de una mujer en busca de consuelo, consumida por la culpa de haber transmitido la hemofilia a su hijo y devastada por una ciática que la convertía en una inválida, fueron interpretadas en un sentido sexual. La Corona se desacreditaba ante el pueblo, y los monárquicos veían a Rasputín como un peligro para la monarquía.

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Tyumen, RUSIA 14 de agosto de 2018: el monumento a Grigory Rasputin en el parque en un día de verano

Fue la primera guerra mundial, comenzada en 1914, lo que llevó a Rasputín a la cima de su poder y a la caída final, que arrastró a la dinastía. En 1915, ante las derrotas en el frente, Nicolás asumió la jefatura del ejército y partió para la Stavka, el cuartel general, dejando a Alejandra a cargo de los asuntos del Estado en Tásrskoye Tseló.

La zarina, Anna Vyrubova y Rasputín se convirtieron en el gobierno en la sombra del país, aunque lo cierto es que los consejos de Rasputín, que Alejandra interpretaba como emanados de la Providencia, no hacían sino avalar las opiniones de la emperatriz, que buscaba ministros dóciles a la Corona: «No es mi sabiduría, sino un cierto instinto proporcionado por Dios más allá de mí misma para que pueda serte de ayuda», escribía al zar.

Mientras se nombraban ministros fieles, pero ineptos, lo que encendía la oposición de la Duma, se extendieron los rumores sobre la connivencia de la zarina y Rasputín con los alemanes, la idea de que espiaban para ellos, de que trabajaban por una paz separada.

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Y también rumores sobre las relaciones sexuales entre el zar, su esposa, Rasputín y Vyrubova. Este desprestigio de la Corona corrió paralelo a una crisis personal de Rasputín.

Beber sin medida

El starets, que en 1914 sobrevivió a un grave atentado y vio como su hijo era llamado a filas, se entregó a la bebida como si ya nada le importara, quizá consciente de que se acercaba su final; sabía que fuerzas muy poderosas se habían alzado contra él.

Por entonces, sus vínculos con la cúpula del Estado le habían convertido en la persona a la que recurrir para conseguir empleos o negocios, evitar ir al frente o ser deportado. Los peticionarios dejaban grandes sumas, que Rasputín gastaba en juergas épicas, hecho que aumentó su descrédito y el de la Corona.

Para salvar la monarquía, el campesino debía morir. La conjura para terminar con él partió del entorno más íntimo del zar: tuvo como figura central al príncipe Félix Yusúpov, heredero de la mayor fortuna de Rusia (y quizá del mundo), recién casado con la gran duquesa Irina, sobrina del monarca.

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Tumba de Rasputín.

Félix reclutó al gran duque Dimitri Pávlovich, primo de Nicolás, a quien éste quería como un hijo. El tercer implicado fue el ultraderechista Vladimir Purishkevich, diputado de la Duma. El 29 de diciembre de 1916, Félix atrajo a Rasputín a su palacio con la promesa de que vería a Irina, por la que aquél sentía fascinación.

Una vez allí, en una habitación del sótano, le dieron pasteles de crema con cianuro, que comió; como el veneno no le afectó, Félix le disparó con el revólver Browning de Dimitri.

Se ha dicho que este relato, ofrecido por Félix en su libro sobre los hechos, se aleja de la realidad. Según Radzinsky, por ejemplo, Rasputín jamás comía dulces, y esta crónica tendría como fin esconder que fue Dimitri quien mató a Rasputín, algo que le hubiera impedido convertirse en recambio del zar en el caso de un posible golpe de Estado.

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La muerte de Rasputín unió aún más al zar y su esposa, que cortaron sus lazos con la familia Romanov, cuyos más altos miembros –incluida Isabel Fiodorovna, la propia hermana de la zarina– no tuvieron empacho en pedir el perdón de los implicados (Dimitri fue enviado a Irán, y Félix, desterrado a sus posesiones en el sur de Rusia). Alejandra se aferraba a la túnica de satén azul manchada de sangre que lucía Rasputín la noche de su «martirio»: «La conservaba con gran fe, como una reliquia, un palladium o fuerza protectora del que depende el destino de la monarquía», escribió el embajador francés. Pero hubo otros que se entristecieron. Una dama de la alta sociedad se sorprendió al ver que sus pacientes del hospital militar no estaban contentos con las nuevas del asesinato. Cuando insistió en lo sucedido, un soldado replicó: «¡Sí, un campesino llegó hasta el zar y los nobles lo mataron!». Ése fue el sentir de millones de campesinos rusos; para ellos, Rasputín también era un mártir.

Según los relatos, Rasputín se encontraba tendido sin pulso sobre el suelo, de repente, abrió los ojos y saltó furiosamente sobre uno de sus agresores, intentando estrangularlo. Entonces los otros nobles dispararon en repetidas ocasiones contra el monje y, para garantizar que esta vez no regresaría del más allá, le dieron una golpiza brutal.

También cuentan que los agresores cercenaron el miembro viril de Rasputín antes de enrollar su cuerpo en una alfombra y lanzarlo al rio Neva, que estaba parcialmente congelado.

El cadáver sería recuperado tres días después, y el informe de la autopsia reveló, inexplicablemente, que Rasputín no había muerto por el cianuro, ni por los balazos, mucho menos por la golpiza, sino que probablemente murió ahogado o debido a la hipotermia.

Según la leyenda, después de que los agresores de Rasputín cercenaran su pene, una criada encontró el miembro amputado y lo guardo.

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En los años 20, el miembro habría ido a parar a las manos de un grupo de mujeres rusas que vivían en Paris y que lo consideraban una especie de amuleto de la fertilidad. Tras descubrir el paradero del miembro perdido, una de las hijas de Rasputín exigió que fuese inmediatamente devuelto.

Tras la muerte de esta hija en la década del 70, el miembro cambió de manos nuevamente, y el nuevo dueño, después de haberlo ganado en una subasta, descubrió que, en realidad, el miembro era un pepino de mar.

Nadie sabe a ciencia cierta que sucedió ni como el cambio –de un falo por una criatura marina– tuvo lugar, pero en 2004, supuestamente el verdadero miembro viril de Rasputín apareció.

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Un investigador de la Academia Rusa de Ciencias Naturales decidió abrir un museo dedicado al erotismo en San Petersburgo, Rusia, y, además de exhibir varias pertenencias de Rasputín, uno de los objetos más famosos en exposición era el miembro.

El mencionado investigador garantizó que el miembro – de 30 centímetros de largo – fue adquirido de un coleccionista francés no identificado, y que el objeto era autentico.

Datos recientes apuntan a la intervención de Gran Bretaña en el crimen para impedir que Rusia firmara una paz separada con Alemania, a la que Rasputín sería proclive.

Pero si bien es cierto que el starets veía la guerra como una desgracia para el pueblo y que su intervención impidió que Rusia entrara en 1912 en las guerras balcánicas, en realidad había dicho al zar que para salvar el trono debía luchar hasta la victoria.

Rasputín fue enterrado en los cimientos de una capilla que Vyrubova construía en Tsárskoye Tseló. Tres meses más tarde, después de la caída de la monarquía, su cadáver fue trasladado a la capital.

El final de su aventura resulta tan misterioso como su vida: se dijo que su cuerpo fue quemado en un bosque, pero hoy se cree que fue incinerado en los hornos del Instituto Politécnico del norte de la ciudad.

nuestras charlas nocturnas.


“Matilda”: el mágico filme que cambió para siempre la mirada sobre la niñez y la familia …


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Infobae(M.Debowicz)  —  “Toda la gente nace. Pero no toda la gente nace igual. Algunos, cuando crezcan, serán carniceros, pasteleros o veleros. Otros solo podrán preparar ensalada de gelatina. De una forma u otra cada ser humano es único.

Para bien…o para mal”, relata en los primeros segundos de Matilda la voz de Danny DeVito: actor, narrador y director de la película basada en la novela del inglés Roald Dahl.

Todos somos especiales, pero en particular Danny DeVito, por eso se identificó con la mirada rupturista del escritor de literatura infantil que le transmitió a diversas generaciones de niños que no están obligados a querer a su familia de sangre si lo que reciben es maltrato.

La novela Matilda, publicada en 1988 con ilustraciones de Quentin Blake, deja en claro que es falsa la idea de que la familia es la que te toca. La familia se elige. Es un relato que discute el conformismo y el concepto de amor incondicional al lazo biológico.

No es casual que Danny DeVito haya decidido adaptar Matilda al cine: Tira a mamá del tren, la primera película que dirigió el co-protagonista de Gemelos, también habla de la insatisfacción de un hijo frente a su madre biológica. Pero aquella historia no estaba dirigida a un público infantil.

Estrenada en Estados Unidos el 2 de agosto de 1996, Matilda transmite de manera fiel dos ideas revolucionarias del libro: la primera es que los niños son personas y no una extensión de sus padres. El texto original y la adaptación cinematográfica desestiman con furia el refrán “de tal palo, tal astilla”.

No existe correlación obligatoria entre la sangre y los vínculos: para Roald Dahl y Danny DeVito la genética no tiene un valor ineludible a la hora de relacionarse. Si los vínculos de sangre te atan a una situación de maltrato no hay nada que rescatar. Lo importante es encontrar tu lugar. Un lugar donde te hagan sentir a salvo.

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Danny DeVito y Mara Wilson

La segunda idea es que, así como los padres castigan a sus hijos cuando hacen alguna travesura, los niños también tienen el derecho a darles una lección a los adultos.

Matilda (el personaje que encarnó la pequeña actriz Mara Wilson después de trabajar en Mrs. Doubtfire y Miracle on 34th Street) encuentra justicia al llenar el frasco de la loción para el pelo que se aplica cada mañana su padre, el Sr. Wormwood (interpretado por DeVito) con agua oxigenada.

En pocos minutos el cabello de ese hombre malvado (y delincuente) se torna amarillo chillón, una desgracia capilar que intentará disimular con un sombrero.

Libros para escapar de casa

La primera familia que elige Matilda, antes de conocer a Miss Honey (Embeth Davidtz), son los libros. Una bibliotecaria de pelo blanco (la Sra. Phelps) se transforma en la persona más fascinante, en alguien que le cambia la cotidianidad al informarle que puede sacar una credencial de la biblioteca y así llevarse libros a su casa.

A veces podés tener más cosas en común con una viejita que trabaja en la biblioteca que con tus propios padres.

El paso del tiempo es narrado en una elipsis donde Matilda traslada libros de la biblioteca hasta su hogar en una pequeña carretilla que arrastra con una manija.

Varios años resumidos en apenas un fundido de un par de imágenes: dos versiones de Matilda (4 años/ 6 años y medio), y el desfile de libros que pasaron por su vida en ese lapso de tiempo. Años que se traducen en la cantidad de historias que pudo leer. También podría interpretarse que fueron esas lecturas las que hicieron crecer a la niña.

“Esos libros le dieron a Matilda un mensaje lleno de esperanza: ‘No estás sola’”, relata la voz del narrador.

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Matilda, una niña que creció entre libros

DeVito es fiel al texto original en una decisión clave: la voz del narrador es omnisciente, es la de Roald Dahl. Es muy probable que si hubiera sido otro el director de la adaptación al cine eligiera que la voz en off fuera de la misma Matilda, o en su defecto de Miss Honey.

Roald Dahl falleció en 1990, sin embargo Danny DeVito lo hizo presente de dos maneras: permitiendo que narrara la historia y mostrando su rostro en un cuadro. El retrato pictórico del padre de Miss Honey que se ve en la película es en realidad el rostro de Dahl cuando era joven.

DeVito escoge el personaje más detestado (el villano) y también el más amable, interpreta a Roald Dahl al ser la voz en off que cuenta la historia.

El actor quedó grabado en la memoria de grandes y chicos como el inescrupuloso Pingüino, el malo de Batman vuelve (Tim Burton, 1992). Matilda alimentó aún más la imagen de Danny DeVito como un hombre cruel. No obstante, detrás de las cámaras él era realmente Roald Dahl, como si continuara la novela que el novelista escribió en 1988.

Mara Wilson tenía 8 años cuando aceptó el papel, quiso hacer esa película porque su madre adoraba Matilda y le transmitió su amor por la novela infantil. Suzie Wilson acompañó a su hija durante parte del proceso de pre-producción y filmación de la película hasta que una enfermedad terminal la alejó del set.

A mitad del rodaje la madre de Mara Wilson falleció en el hospital. A pesar de la tristeza, la actriz de apenas 8 años decidió continuar con la filmación, quería terminar la película por su mamá que amaba a Roald Dahl. Era una forma de estar cerca de ella.

No obstante, Mara no podía evitar sentirse apagada y le costaba mucho actuar escenas donde debía mostrarse alegre.

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Escena de Matilda

Es ahí donde aparecía el director, Danny DeVito, para ayudarla en representación de su mamá: cuando Mara Wilson tuvo que interpretar la escena donde baila, mientras hace volar un mazo de cartas, la actriz se bloqueó. La amargura era demasiado grande y no podía mover los pies al ritmo de la canción Little Bitty Pretty One.

Para animarla Danny DeVito le pidió a todo el equipo de la película que bailara junto a ella dándole un motivo para sonreír, y lograr filmar la secuencia. Mara no solo pudo bailar sino que se olvidó por un rato que estaba triste.

Esta anécdota es apenas un detalle: durante esas primeras semanas tras la muerte de Suzie Wilson Danny DeVito y su esposa (Rhea Perlman, quien interpreta a Mrs. Wormwood, la madre de Matilda) se ocupaban de Mara Wilson mientras el padre trabajaba.

Después de grabar la llevaban a la casa del matrimonio DeVito-Perlman para que juegue en la pileta y mire todas las películas que quiera en la televisión. Hace unos años Mara Wilson contó que Danny DeVito y Rhea Perlman le alquilaban Twister una y otra vez porque a la pequeña actriz le encantaba verla.

Como en Matilda, Mara Wilson también eligió una familia por fuera de la biológica. Una familia que descubrió gracias a un libro escrito por Roald Dahl.

Un final feliz alternativo

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Miss Honey (Embeth Davidtz) y Matilda, la familia que se encuentra

Miss Honey y Matilda se adoptan cuando la niña le cuenta que le encanta leer a Charles Dickens. “Podría leerlo todos los días”, dice. “Yo también”, responde la maestra. Si bien los papeles que oficialicen legalmente que son una familia tardan en llegar, ellas dos son familia desde ese instante.

Matilda deja de sentir orfandad al igual que Miss Honey porque ese sentimiento amargo no tiene límite de edad. “Tú naciste en una familia que no te aprecia. Un día todo va a ser muy distinto”, le explica la adulta a la pequeña Matilda porque ella conoce esa triste sensación al haber sido criada por su tía Trunchbull (Pam Ferris).

Más tarde Matilda compartirá un secreto con Miss Honey porque confía en ella: que tiene poderes telequinéticos y en muchos casos los usará para perturbar a todos los adultos que no consideren personas a los niños. “Se acabó la niña buena”, le anuncia Matilda a su maestra.

Más allá de todas las lecciones que Matilda le da a quienes lo merecen, en el desenlace de la historia los padres biológicos de la niña tienen un momento humano: por primera vez la ven como a una persona, y no como una propiedad, cuando firman los papeles de la adopción para que sea Miss Honey su tutora legal.

Mrs. Wormwood mira a su hija y le dice con un dejo de pena “Nunca te he entendido. Ni un poco”.

Miss Honey encuentra esa familia amorosa que tanto deseó en Matilda, y Matilda en Miss Honey, al igual que Mara Wilson en el matrimonio Devito-Perlman cuando ya no tenía a su mamá Suzie.

A quien está dedicada la película. En ese entonces, Mara Wilson estaba muy triste porque su madre falleció antes de poder verla actuar en Matilda.

Muchos años después, Danny DeVito y su esposa le regalaron a la actriz una verdad reparadora: sin que Mara lo sepa el matrimonio llevó al hospital donde estaba internada su madre algunas escenas de Matilda para que pudiera verlas.

Una revelación que logró modificar el pasado. En 2013 todo el elenco de Matilda se reunió para festejar el décimo séptimo aniversario: al ver el video que circula en internet se puede ver el vínculo afectuoso entre el director y Mara Wilson. La abraza como si fuera su hija. Y tal vez lo sea.

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En 2013 todo el elenco de Matilda se reunió para festejar el décimo séptimo aniversario

Matilda, la película y la novela, cambió y sigue cambiando la vida y visión del mundo de millones de niños y adultos. Si bien no fue un éxito de taquilla, durante los años 90 fue uno de los VHS más alquilados.

Mucho más que eso: Matilda creció tanto con los años que hoy es un legado que se pasa de generación en generación, borrando las diferencias etarias.

Se volvió tan un referente para quienes crecimos en los 90 que hoy explicamos nuestros estados de ánimo con una escena hecha meme: Bruce comiendo la enorme torta de chocolate o el gesto desquiciado de Trunchbull.

Todo lo que nos pasa y no podemos explicar se esconde en alguna escena de Matilda. Mara Wilson contó en su autobiografía (Where Am I Now? True Stories of Girlhood and Accidental Fame, 2016) que no recuerda su vida antes de Matilda. Al igual que todos nosotros.

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Bruce (Jimmy Karz), el niño que vence al sistema al comerse la torta

Danny DeVito tampoco olvida a Matilda: sigue rondando en su cabeza la idea de una secuela. Varias veces declaró que podría ser sobre la hija de Matilda, y tal vez una excusa para que Mara Wilson vuelva a actuar en la pantalla grande.

Sería una linda excusa para que DeVito vuelva a la dirección: la última película en la que se puso detrás de cámara fue Dúplex, en 2003. Mientras tanto podemos seguir viendo Matilda una y otra vez, repitiendo cada línea de diálogo. Porque siempre nos abre los ojos: la novela y el libro son esa familia para aprender a querer y a ser queridos.

nuestras charlas nocturnas.


Señoritas de Llangollen: el amor entre dos damas que la aristocracia británica más puritana aceptó …


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Yahoo Noticias(A.López9/Escuelas de Atenea/yorokobu.es(A.Bulnes)  —  Hubo un tiempo en el que se utilizó el término ‘amistad romántica’ para hacer referencia a la estrecha relación que podía existir entre dos personas del mismo sexo y que iba más allá de la amistad convencional y de camarería, siendo una forma culta de referirse a la homosexualidad.

Y es que ese tipo de ‘amistad romántica’ estaba entre personas del mismo género de todos los estatus sociales, por lo que fue un cultismo utilizado para referirse a estas, sobre todo cuando pertenecían a las clases más altas.

En la sociedad anglo-irlandesa, de la segunda mitad del siglo XVIII y primer cuarto del XIX, se produjo un curioso hecho en el que la estirada y puritana sociedad aristocrática acabó admitiendo que dos de las damas que pertenecían a esa selecta clase, convivieran juntas como cualquier pareja convencional, siendo conocidas como las ‘Señoritas de Llangollen’.

Lady Eleanor Butler (1739-1829), procedía de una familia católica irlandesa. Hablaba francés y su máximo interés era el conocimiento. Fue educada en un convento en Francia, donde su madre quería que ingresar al ir cumpliendo años sin encontrar marido.

La Honorable Sarah Ponsonby (1755–1831) vivía con sus parientes en Woodstock, Irlanda.

Sus familias vivían a solo dos millas la una de la otra. Se conocieron en 1768, cuando Sarah tenía trece años y Eleanor veintinueve. Rápidamente se hicieron amigas, en los diez años que siguieron su relación fue haciéndose más íntima. Ante la posibilidad de ser obligadas a contraer unos matrimonios forzosos, huyeron juntas y vestidas de hombre, en abril de 1778.

Las irlandesas Eleanor Butler y Sarah Ponsonby se conocieron cuando la primera tenía 29 años y la segunda 13. Pese a la diferencia de edad, enseguida se hicieron amigas epistolares íntimas. En esas cartas planearon una vida ideal; vida que, diez años después de conocerse, pusieron en práctica viviendo juntas en un pueblecillo galés. La convivencia duró más de 50 años. ¿Lo más sorprendente de todo? La aventura empezó en 1778.

Como era de esperar, no fue fácil. Su primer intento de fuga juntas se frustró cuando tuvieron que retrasar un día el viaje en barco para cambiar de isla. Partieron vestidas de hombres, con una pistola y con Frisk, el perro de Sarah. Al no poder coger el ferry, pasaron la noche fría y húmeda en un granero, con sus respectivas familias ya en plena búsqueda de las forajidas. Los ladridos algo histéricos de Frisk delataron su escondite.

De ese primer intento Sarah volvió envuelta en fiebre. Su familia, no obstante, fue bastante comprensiva: los tranquilizó el hecho de que no hubiese ningún hombre involucrado en el intento de fuga y se volcaron en la salud de la joven. Huérfana de padres, vivía desde hacía años con sus tíos.

Él, su tío político, tenía además grandes planes de futuro para ella: creía que su esposa no iba a vivir mucho más, por lo que planeaba casarse con Sarah, una perspectiva que a ella no le parecía muy atractiva (al final, por cierto, murió él antes que su mujer, enfermo de gota).

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En casa de Eleanor, que en el momento de la fuga era una solterona de 39 años, decidieron que solo había una solución: meterla en un convento en Francia.

Así, además, mataban dos pájaros de un tiro y compensaban ante la Iglesia la afrenta cometida por su hermano, que unos años antes se había hecho protestante.

Pero Eleanor nunca llegó al convento: fue acogida por la familia de Sarah (tras vivir unos días escondida en su habitación), que veía que su salud dependía mucho de estar con su amiga.

Y como era imposible disuadirlas de la locura de fugarse juntas, acabaron poniéndoles un carruaje y organizándoles la partida para evitar más noches en graneros.

Así, en mayo de 1778 acompañadas de Mary Carryll, una criada, partieron de nuevo. Nunca volverían a Irlanda.

Aunque a menudo fueron señaladas por esa especial amistad romántica que existía entre ambas, con el tiempo sus vecinos y miembros de la sociedad acabaron admitiéndolas entre ellos, convirtiéndose, además, en todo un referente de la intelectualidad de la época y lugar.

Tras unas semanas de turisteo rural, cambiaron sus planes iniciales de establecerse en Inglaterra y se instalaron en el valle de Llangollen, en Gales, en una casita de campo llamada Plas Newydd. Allí enseguida se entregaron a su ideal de vida, que consistía en una especie de retiro espiritual en el que dedicaban sus días a leer, estudiar, escribir, pasear e ir haciendo reformas en su nuevo hogar.

Famosa fue la extensa biblioteca que llegaron a poseer, siendo la casa donde habitaban un sitio en el que acudían numerosas personas (la mayoría intelectuales de la época) a conversar con las Señoritas de Llangollen, además de consultar sus libros o pasar una agradable velada de tertulia.

A pesar de conseguir aquella tolerancia por parte de sus vecina, Eleanor y Sarah no la obtuvieron de sus respectivas familias, llegando a perder la asignación monetaria que por la época se les otorgaba a las hijas solteras y teniendo que ser ayudadas económicamente gracias a la generosa solidaridad de vecinos y amigos.

Incluso llegaron a disponer de una fiel sirvienta, llamada Mary Caryll, que trabajó para ellas totalmente gratis durante el resto de su vida, a cambio de manutención y un lugar donde vivir (cuando falleció fue enterrada junto a las Señoritas de Llangollen).

Se instalaron en el valle de Llangollen, en Gales, en una casita de campo. Allí enseguida se entregaron a su ideal de vida, que consistía en una especie de retiro espiritual en el que dedicaban sus días a leer, estudiar, escribir, pasear e ir haciendo reformas en su hermoso jardín.

Ellas llamaban a esta forma de vivir «Su sistema» – en gran medida inspirado por Rosseau, del que eran grandes admiradoras las dos. En ese, su sistema, buscaban una fórmula de superación personal que no necesitara nada de la sociedad que las rodeaba.

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Sus días seguían una rutina muy estricta, lo que ellas llamaban su Sistema, que tenía como objetivo lograr vivir dándole la espalda a la sociedad y siendo autosuficientes. En este «exquisito retiro», como lo llamaba Eleanor, buscaban también de forma constante la mejora personal.

La estructura de un día cualquiera, cuenta su biógrafa Elizabeth Mavor, podía ser algo así: se levantaban sobre las 8 (aunque en los «días irresistibles» de verano a las 6 ya estaban paseando por el jardín), desayunaban a las 9, de 9:30 a 3, según la temporada, se dedicaban a cosas como cuidar del jardín, pasear, leer, pintar, contestar cartas o aprender idiomas.

Antes de acostarse se leían libros en voz alta la una a la otra (normalmente Eleanor a Sarah). Casi nunca salían de casa y evitaban lo máximo posible el contacto con el mundo exterior.

Vivían de las rentas que habían conseguido asegurar de sus familias y, finalmente, de una pensión, aunque el dinero fue siempre una preocupación, especialmente teniendo en cuenta que estaban ocupadas constantemente en obras y reformas para mejorar y hacer más bonitos la casa y el jardín.

Tras un par de años de vida en común, su caso llamó la atención del resto del mundo. Su casa fue visitada por personalidades de la época. Las señoritas fueron conocidas en toda Gran Bretaña, cosa que a ellas, que aspiraban a no tener mucho contacto con el «mundo exterior», no siempre les venía bien.

Sin embargo, su hazaña de huida y travestismo, su vida y sobre todo su mutua devoción traspasaron las fronteras, despertaron el interés y la curiosidad de muchísima gente. Su casa se convirtió en una especie de Meca de la “intelligentsia” del momento, escritores como Southey, Wordsworth, Shelley, Byron y Walter Scott, el Duque de Wellington, el industrial Josiah Wedgwood y la novelista aristócrata Caroline Lamb, se encontraban entre sus visitas más ilustres.

La reina Charlotte, esposa del rey Jorge III, quiso visitar su casa de campo y consiguió que el soberano garantizara una pensión para estas dos  Damas de vida tranquila y fama sorprendente.

Los visitantes llegaban a Plas Newydd atraídos por las razones más diversas. Muchos estaban interesados en cómo se plasmaba ese ideal de vida —muy inspirado por Rousseau, de quien eran grandes admiradoras—; algunos querían disfrutar de la conversación de Eleanor, de quien se decía que era brillante y sarcástica; otros tenían un interés más arquitectónico y querían ver las reformas de la casa y el enorme jardín.

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Eleanor y Sarah no llevaban este incesante goteo de visitas demasiado bien.

A veces intentaban escaquearse escondiéndose y espiando a los curiosos ocultas tras los setos del jardín, otras eran (solo Eleanor, en realidad) directamente maleducadas.

Pero es que toda esa gente interfería con su soñado retiro.

En una entrada en su diario (toda su vida quedó meticulosamente registrada en sus diarios), Eleanor Butler se preguntaba ya en 1785 cuándo las dejarían solas. Lo cierto es que su fama nunca hizo más que aumentar.

Una de las grandes incógnitas e inspiración para ensayos, estudios y todo tipo de escritos es el tipo de relación que unía a Sarah y Eleanor. Desde una perspectiva del siglo XX y XXI, parece claro que eran lesbianas: dormían en la misma cama, se referían la una a la otra como «mi Amada» (my Beloved) o «mi mejor mitad»; llevaban, en definitiva, la vida de un matrimonio.

Tanto Colette como Simone de Beauvoir, por ejemplo, escribieron sobre las señoritas de Llangollen, dando por sentado que su relación no era solo platónica. Su biógrafa Elizabeth Mavor, por el contrario, tras leer todo lo que Sarah y Eleanor dejaron por escrito, mantiene que lo más probable es que se tratase de una de esas amistades románticas típicas de la época y que en esa cama que compartían no hubiese nada sexual.

Durante su vida, esa era también la opinión generalizada: ellas mismas hablaban de amistad romántica, así como sus vecinos y visitas. Por supuesto, había también rumores de que podría haber algo más, algo «impuro».

En 1790, un artículo en el General Evening Post insinuaba esa «impureza» de forma muy británica, insistiendo en la feminidad de Sarah y la masculinidad de Eleanor, contando que esta había rechazado ofertas de matrimonio y que sus familias habían querido separarlas. Eleanor se puso furiosa al leerlo, consultó con un abogado sobre posibles medidas legales y, finalmente, se limitó a cancelar su suscripción.

La primera en morir, en 1809, fue Mary Carryll, fiel criada de las señoritas, que trabajó para ellas desde el primer minuto, siempre sin sueldo. 20 años después, con 90 años, fue Eleanor. Sarah la sobrevivió solo dos años y murió en 1831, a los 76.

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La casa de Llangollen está todavía en pie y que se puede visitar. No todo el mundo en la localidad de apenas 3.000 habitantes recuerda la historia, pero los que sí, cuenta Patricia Hampl en The Art of the Wasted Day, lo hacen con orgullo y admiración. Al fin y al cabo, platónica o no, fue una gran historia de amor e independencia, la historia de dos mujeres que en plenos siglos XVIII y XIX vivieron la vida que les dio la gana. No mucha gente puede decir eso. Ni siquiera ahora.

Las Señoritas de Llangollen han pasado a la posteridad como un ejemplo de empoderamiento femenino. Dos mujeres que consiguieron vivir dónde y cómo quisieron, sin tener que ajustarse a las estrictas normas y etiquetas sociales y son puestas a menudo como ejemplo cuando se habla de la ‘amistad romántica’ entre dos personas del mismo género en siglos pasados. Cabe destacar que numerosos son los estudios sobre ellas en los que se señala que la relación de ambas fue únicamente de amistad y camarería, sin existir ningún vínculo sexual entre ellas.

nuestras charlas nocturnas.


La velocidad de las cosas que no pueden pararse: ¿por qué es especial la velocidad de la luz? …


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La Razón(A.Aparici)  —  Durante los primeros años del siglo XX un joven Albert Einstein estaba cocinando todos los ingredientes que iban a desembocar en la teoría de la relatividad. A raíz de sus ideas tuvimos que replantearnos conceptos que creíamos entender bien, como el espacio, el tiempo y el movimiento.

En esa mezcla la velocidad de la luz juega un papel central.

Todos hemos escuchado alguna vez que no se puede ir más rápido que la velocidad de la luz. Es una predicción que tiene más de cien años: emerge de los trabajos publicados por Einstein en el año 1905.

Pero la velocidad de la luz es tan alta –exactamente 299.792,458 kilómetros por segundo– que difícilmente lo podemos comprobar en nuestra vida diaria.

Por fortuna hay máquinas que sí nos permiten comprobarlo: en los experimentos de física de partículas podemos impulsar pequeños trozos de materia a estas velocidades gigantes, y comprobamos que alcanzan el 99% de la velocidad de la luz, el 99,99%… incluso el 99,999999%, pero nunca llegan a la velocidad de la luz.

¿Qué sentido tiene esto? ¿Cómo puede ser que haya una velocidad inalcanzable?

En primer lugar, coloquemos algunas piezas del puzle en su lugar: cuando los objetos se mueven rápido acumulan energía cinética. Esto significa, esencialmente, que un coche a 100 km/h puede provocar más destrozos que un coche a 5 km/h.

Estamos acostumbrados a que hay una correlación clara entre velocidad y energía cinética: si un objeto tiene mucha más energía que otro será porque se mueve a una velocidad mucho más alta. Eso es lo que nos dice nuestra intuición, generada en el mundo de velocidades pequeñas en el que vivimos.

Y eso es lo que la relatividad nos dice que debemos cambiar: a velocidades altas esa intuición es errónea. Lo que ocurre a velocidades altas es que los objetos siguen acumulando energía cinética –o sea, su capacidad para romper cosas sigue aumentando–, pero su velocidad “se estanca” y aumenta cada vez menos.

Veámoslo con un ejemplo. Imaginemos un objeto que se mueve al 99% de la velocidad de la luz. Ese objeto contiene cierta cantidad de energía cinética. Ahora imaginemos que le damos un empujón y le transmitimos la misma energía cinética que ya tenía: ahora tiene el doble.

Como antes se movía al 99% de la velocidad de la luz nuestra intuición nos dice que ahora se tendrá que mover mucho más rápido. Sin embargo, vamos a las ecuaciones de la relatividad y éstas nos dicen que… su nueva velocidad es el 99,7% de la velocidad de la luz.

O lo que es lo mismo: que ha costado la misma energía llevarlo desde 0 al 99% de la velocidad de la luz que llevarlo desde el 99% al 99,7%.

La relatividad, en definitiva, nos dice que la relación entre velocidad y energía cinética es un poco más complicada de lo que creíamos. Nuestra intuición acierta al pensar que los objetos pueden acumular tanta energía como quieran; yerra al deducir que eso significa que la velocidad crecerá correlativamente.

Lo que ocurre es lo que hemos descrito: que cerca de la velocidad de la luz el aumento de velocidad se estanca. La velocidad sigue aumentando, pero cada vez hace falta más energía para hacerla crecer apenas un poquito más. De hecho, las ecuaciones nos dicen que sólo se podría alcanzar la velocidad de la luz con una cantidad infinita de energía cinética. Puesto que nadie tiene energía infinita, la velocidad de la luz es inalcanzable.

Dos tipos de movimiento

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Esto, desde luego, plantea tantas preguntas como resuelve: ¿qué tiene de especial la luz para que su velocidad juegue este papel único en la física?

¿Tiene acaso la luz energía infinita, y por eso ella sí se puede mover a esta velocidad que es inalcanzable para todos los demás?

La respuesta es que escondido dentro de la relatividad hay un principio del que solemos hablar poco: que en el universo hay dos tipos de objetos, muy diferentes entre sí y que siguen reglas un poco distintas. Por un lado están los objetos que pueden estar parados. Y por otro, los objetos que, si se pararan, dejarían de existir.

Einstein intuyó esta distinción en lo que él llamó el problema del rayo parado. En las etapas iniciales, cuando estaba aún cocinando la primera versión de la teoría de la relatividad, se imaginó qué ocurriría si pudiéramos ver un rayo de luz parado.

En ese momento ya se sabía que la luz está formada por campos eléctricos y magnéticos que “tiran” el uno del otro: el campo eléctrico aumenta, eso hace que el campo magnético cambie, y al cambiar hace que el campo eléctrico también responda. El resultado de este tira y afloja es un pulso electromagnético que se mueve por el espacio: un rayo de luz.

Einstein imaginó qué pasaría si pudiéramos parar ese pulso, y el resultado fue catastrófico: la única manera de que esté quieto es que los campos eléctrico y magnético dejen de oscilar, pero si eso ocurre… el rayo de luz desaparece.

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Una representación de un rayo de luz como una onda electromagnética. El rayo se mueve de izquierda a derecha, y está compuesto por un campo eléctrico, que apunta hacia arriba o hacia abajo, y por un campo magnético que apunta hacia dentro o hacia fuera. El rayo avanza gracias a que el campo eléctrico crece, y eso hace aumentar el campo magnético en un fenómeno llamado inducción. Pero el campo magnético tiene un efecto inverso: su crecimiento “suprime” al campo eléctrico, de forma que cuando el campo magnético se ha hecho suficientemente grande, el eléctrico empieza a decrecer. De esta forma, ambos campos están enredados en una oscilación permanente que se mueve hacia delante. Tal cosa es lo que llamamos “rayo de luz”.

Este razonamiento llevó a Einstein a conjeturar que quizá la luz nunca puede estar parada, que está en una especie de estado de “movimiento perpetuo”, ya que si se parara se convertiría en la nada. Tirando del hilo de esta idea surgió toda la teoría de la relatividad especial, que de forma natural distingue dos tipos de objetos.

Por un lado estamos nosotros, que podemos estar parados y no dejamos de existir. Nosotros podemos absorber energía cinética y cambiar nuestra velocidad, pero nunca podemos llegar a movernos a la velocidad de la luz, porque para eso necesitaríamos energía infinita.

Y por otro lado están los objetos que son “movimiento puro”, como la luz: objetos que sólo pueden existir si se están moviendo. Para ellos la teoría genera una velocidad especial, que es la única a la que se pueden mover: la velocidad de la luz. Estos objetos especiales no pueden ganar ni perder velocidad, y su energía no es energía cinética: está relacionada con otras propiedades – como el color, en el caso de la luz.

Estas reglas tan peculiares le permiten a la relatividad hilar muy fino, de forma que todo tenga sentido. Si nosotros pudiéramos movernos a la velocidad de la luz podríamos ponernos al lado de un rayo de luz y lo veríamos parado, lo cual quiere decir que… ¡no veríamos nada!

La existencia o no de la luz –y de la energía depositada en ella– dependería de la velocidad a la que yo me muevo. La teoría nos dice que eso no es aceptable, y para impedirlo se asegura que los objetos como nosotros jamás puedan moverse a la velocidad de la luz.

Sólo las cosas que nacen a esa velocidad se pueden mover a esa velocidad, y no pueden moverse a ninguna otra. La velocidad de la luz es un oasis, un territorio seguro que la física crea para que objetos como la luz puedan existir.

Normalmente, en física utilizamos un lenguaje ligeramente distinto para referirnos a estos dos tipos de objetos. Los que podemos estar parados somos objetos con masa, y cuando estamos parados seguimos teniendo energía, que viene dada por la famosísima fórmula de Einstein, E=mc².

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Los objetos que no pueden estar parados son objetos sin masa, lo cual implica inmediatamente que si se pararan su energía sería E=0, o sea, no existirían. La luz no es el único objeto de este tipo: los gluones, partículas mediadoras de la interacción fuerte, o las ondas gravitacionales, también pertenecen a este club y también se mueven obligatoriamente a la velocidad de la luz.

De esta forma, la velocidad de la luz no es especial porque sea “de la luz”, sino más bien al revés: como la luz tiene ciertas propiedades especiales se mueve a esa velocidad, que es especial. Simplemente la luz era el único objeto conocido con estas propiedades cuando esto se descubrió.

Tampoco es arbitrario o sorprendente que nosotros, seres con masa, no podamos alcanzar esa velocidad: es el mecanismo de seguridad que la física ha diseñado para que objetos como la luz puedan seguir existiendo.

QUE NO TE LA CUELEN

  • La relatividad es una teoría sutil, difícil de resumir en una frase corta. Podemos decir “nada puede moverse más rápido que la luz”, y es una afirmación totalmente cierta, pero para entender cuál es la lógica debajo de ella tenemos que mirar un poco más profundo.
  • Aunque es un sueño recurrente de la ciencia-ficción, lo cierto es que todo indica que no es posible viajar más rápido que la luz. Muchas de las ecuaciones de la relatividad dejan de tener sentido por encima de la velocidad de la luz, y no es posible hacer una “transición suave” entre velocidades bajas y velocidades superlumínicas, porque haría falta una cantidad infinita de energía. Además, nunca se ha encontrado un indicio experimental de que esas velocidades estén realizadas en la naturaleza.

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9 teorías de conspiración que resultaron verdad …


Oddee/The Huffington Post/The NY Times/Depto. de Justiça EUA/ABC News/The Atlantic/CDC/University of VIrginia  —  En muchas reuniones de conversación y, principalmente, foros de la Internet las teorías de la conspiración son algunos de los asuntos más comentados por las personas, que muestran sus opiniones sobre los más diversos misterios y acontecimientos.

Muchas de estas teorías son falsas y así se ha comprobado, sin embargo, existen algunas pocas que terminaron por ser totalmente ciertas, y no sólo parte de la imaginación de una persona o colectivo. En seguida te presentamos algunas de ellas.

1. Incidente en el Golfo de Tonkin

Teoría de conspiración: el incidente en el Golfo de Tonkin, el evento que justificó la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, en realidad nunca sucedió.

Así mismo. Este incidente involucraba al destructor estadounidense USS Maddox, que supuestamente habría sido atacado por tres torpedos de la Armada norvietnamita, respondiendo a la agresión con ayuda de aviones de la fuerza de tarea a la que pertenecía.

De forma casi inmediata, el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, fabricó la Resolución del Golfo de Tonkin, que sería la justificación legal (un pretexto perfecto) de su gobierno para entrar de lleno a la guerra de Vietnam. El problema es que tal agresión nunca tuvo lugar.

El gobierno vietnamita afirmó que nunca hubo tal ataque. Tanto así que, en 2005, documentos secretos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) norteamericana se hicieron públicos, en ellos se evidenciaba que la presencia de torpedos norvietnamitas en los ataques nunca fue confirmada.

Entonces, ¿sobre qué cosa hizo fuego el USS Maddox? Curiosamente en 1965, el presidente Johnson comentó: “hasta donde yo sé, nuestra Armada estaba disparando a las ballenas en el lugar”.

Cabe mencionar que el propio historiador de la NSA, Robert J. Hanyok, elaboró un informe asegurando que la agencia había distorsionado de forma deliberada los informes de inteligencia en 1964. También declaró: “Los paralelos entre la inteligencia defectuosa del Golfo de Tonkin y la inteligencia tergiversada empleada para justificar la Guerra de Irak hacen aún más interesante reexaminar los sucesos que acontecieron en agosto de 1964”.

2. El experimento de la sífilis en Tuskegee.

Teoría de conspiración: entre los años 1932 y 1972, el organismo de Servicios de Salud Pública de los Estados Unidos llevó a cabo un estudio clínico en hombres afroamericanos de zonas rurales que habían contraído sífilis.

El organismo nunca informó a estos hombres que padecían de una enfermedad de transmisión sexual, ni ofrecieron tratamiento, incluso después de que la penicilina estuviera disponible como una cura en la década de 1940.

Desafortunadamente, fue verdad. En lugar de recibir tratamiento, los sujetos de estos estudios fueron engañados con la versión de que padecían “mala sangre”.

Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó, 250 de estos hombres fueron registrados para el proyecto (y sólo ellos) fueron informados por primera ocasión que era portadores de la sífilis. Incluso así, el Servicio les negó el tratamiento.

Al comienzo de la década de 1970, 128 de los 399 hombres originales ya habían muerto debido a las complicaciones relacionadas con la enfermedad, mientras 40 de las esposas habían enfermado y 19 de sus hijos nacieron con sífilis congénita.

Un experimento semejante, realizado en prisioneros, militares y pacientes de un hospital psiquiátrico en Guatemala, infectó a los individuos y los trató con antibióticos.

3. Proyecto MK Ultra

Teoría de conspiración: la CIA (Agencia Central de Inteligencia) llevó a cabo experimentos secretos de control mental sobre ciudadanos estadounidenses de la década de 1950 hasta 1973.

Sí, esto fue real, tan cierto que en 1995 el presidente Clinton emitió un ofrecimiento formal de disculpas en nombre del gobierno de los Estados Unidos.

Básicamente, la CIA se valió de drogas, dispositivos electrónicos, hipnosis, privación sensorial, abuso verbal y sexual, y tortura para llevar a cabo prácticas experimentales de ingeniería del comportamiento.

El programa repartió cientos de estos proyectos en más de 80 diferentes instituciones, entre las que se incluían universidades, hospitales, prisiones y empresas farmacéuticas.

La mayor parte de todo esto se descubrió en 1977, cuando la Ley de Libertad de Información expuso 20 mil documentos previamente clasificados que desencadenaron una serie de audiencias en el Senado.

Dado que el director de la CIA, Richard Helms, destruyó la mayoría de los archivos relevantes del MK Ultra en 1973, gran parte de lo que realmente sucedió durante esos experimentos aun es un completo misterio y, obviamente, ni una sola persona fue llevada ante la justicia.

A modo de curiosidad, hay una creciente evidencia de que Theodore Kaczynski, conocido como Unabomber, fue un individuo que participó en el proyecto MK Ultra mientras estaba en la Universidad de Harvard en la década de 1950 y 1960.

Además, cualquier referencia del MK Ultra con la “Ultraviolencia” citada en la película La Naranja Mecánica, dirigida por Stanley Kubrick (adaptada del libro de Anthony Burgess), así como los esquemas de tortura de Alex, tal vez no sean una mera coincidencia.

Anthony Burgess trabajó para la inteligencia británica y, según uno de sus biógrafos, él hombre fue testigo de los experimentos del MK Ultra, ilustrando su obra con algunas pinceladas del proyecto.

4. Operación Northwoods

Teoría de conspiración: La Joint Chiefs of Staff de los militares de los Estados Unidos elaboró y aprobó planes para la creación de actos de terrorismo en suelo estadounidense, con el fin de influenciar la opinión pública nacional para que diera su apoyo en una guerra contra Cuba.

Es cierto, y los documentos comprueban que la teoría existe en realidad. Afortunadamente, el presidente Kennedy rechazó el perverso plan, que incluía: población civil estadounidense acribillada a tiros en las calles, navíos con refugiados de Cuba hundidos en alta mar, una ola de terrorismo violento desencadenada en Washington, Miami, y en otros lugares, personas acusadas de atentados que no cometieron y el secuestro de aviones comerciales.

Además, la Joint Chiefs of Staff, liderada por el presidente Lyman Lemnitzer, tenía planeado fabricar pruebas para implicar a Fidel Castro y a refugiados cubanos en estos ataques.

Quizá uno de los “objetivos” más aterradores fue que Lemnitze planeó un accidente “cuidadosamente organizado” en que un avión cubano atacaría y derribaría a un avión lleno de estudiantes universitarios norteamericanos.

5. Tráfico de droga de la CIA en Los Angeles

Teoría de conspiración: durante la década de 1980, la CIA facilitó la venta de cocaína a las pandillas en las calles de Los Angeles y canalizó millones de dólares en ganancias del tráfico a un ejército de guerrilla en América Latina.

Tan complicado y complejo, pero resultó verdad.

El libro de Gary Webb, Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion describe la forma en que los “Contras” – grupos de oposición al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua, que surgieron en 1979 –, en contubernio con la CIA traficaban cocaína hacia los Estados Unidos y, enseguida, distribuían crack a las pandillas en Los Angeles, embolsándose las ganancias.

La CIA apoyó directamente a los traficantes de droga mediante la recaudación del dinero para los Contras a cambio de información.

Según lo que Gary Webb escribió en un artículo de 1996, “dicha red de drogas abrió también un espacio para los cárteles colombianos y los barrios negros de Los Angeles”.

Cabe destacar que, el 10 de diciembre de 2004, Webb se suicidó en circunstancias sospechosas, pues utilizó dos balas para “meterse un tiro en la cabeza”.

6. Operación Mockingbird.

Teoría de conspiración: a finales de 1940, cuando la Guerra Fría comenzaba a gestarse, la CIA lanzó un proyecto secreto llamado Operación Mockingbird. Su objetivo era comprar influencia y control entre los principales medios de comunicación.

De hecho, también planearon poner a periodistas y reporteros directamente en las hojas de nómina de la CIA, cosa que algunos afirman sucede hasta nuestros días.

Los artífices de este plan fueron Richard Helms, Philip Graham (editor de The Washington Post), Frank Wisner y Allen Dulles, quienes planearon dar de alta a las organizaciones de noticias estadounidenses para que básicamente se convirtieran en espías propagandistas.

Su lista de agentes terminó por incluir a periodistas de las grandes redes como ABC, NBC, CBS, Time, Newsweek, Reuters, Associated Press, United Press International, Copley News Service, Scripps-Howard, Hearst Newspapers, entre otras. En la década de 1950, la CIA se había infiltrado en empresas de comunicación y universidades, con decenas de miles de agentes en activo.

7. COINTELPRO

Teoría de conspiración: un programa del FBI fue ejecutado para desestabilizar grupos de protesta, izquierdistas, activistas y disidentes políticos dentro de los Estados Unidos.

Totalmente verdad. La COINTELPRO fue una serie de proyectos clandestinos e ilegales del FBI, quienes se infiltraron en organizaciones políticas nacionales para desacreditarlas y difamarlas. Esto incluía a los críticos de la guerra de Vietnam, líderes por los derechos civiles como el Dr. Martin Luther King y a una gran variedad de activistas y periodistas.

Los actos cometidos contra estas personas iban desde la guerra psicología, la calumnia empleando documentos falsos e informes pagados en los medios de comunicación, el asedio, la prisión ilegal, la intimidación y, posiblemente, la violencia y el asesinato. Tácticas similares y, posiblemente, más sofisticadas son empeladas en la actualidad, incluyendo el monitoreo constante de la NSA.

8. Operación Blancanieves.

Teoría de conspiración: durante la década de 1970, la Iglesia de la Cienciología hurtó los archivos confidenciales del gobierno sobre ellos y sobre su fundador (L. Ron Hubbard) para limpiar registros inconvenientes en decenas de agencias gubernamentales. Esta acción criminal fue titulada Operación Blancanieves.

Y de hecho, sucedió. Este proyecto contemplaba una serie de infiltraciones y hurtos de las 136 agencias gubernamentales, embajadas y consulados extranjeros, así como de las organizaciones privadas de la Cienciología, que fueron establecidas en más de 30 países.

Fue la mayor infiltración en la historia del gobierno de los Estados Unidos, involucrando hasta cinco mil agentes secretos entre los que se encontraban miembros de la iglesia, funcionarios públicos corruptos o chantajeados e investigadores particulares.

Once ejecutivos de la Iglesia con un alto mando, entre los que se incluía Mary Sue Hubbard (esposa del fundador), se declararon culpables y fueron condenados en un tribunal federal por obstrucción de la justicia, robo de oficinas, documentos y propiedades del gobierno.

9. Espionaje del gobierno de los Estados Unidos a sus ciudadanos.

Teoría de conspiración: el gobierno de los Estados Unidos espía a toda su población.

Este tipo de información solía ser ridiculizada como una fantasía derivada de una imaginación fértil. Sin embargo, incluso después de que se reveló que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) había hecho escuchas telefónicas ilegales en gran parte de los estadounidenses, recopilando datos de celular durante más de una década, las personas tratan de engañarse pensando que tal cosa no sucede.

Sí, ellos analizan todo (además de los datos transmitidos por Internet), pero cubiertos bajo el paraguas de la “seguridad nacional”. Usando los sucesos del 11 de septiembre de 2001 como justificación, el gobierno afirma que ciertas libertades deben ser sacrificadas en pro de la seguridad. ¿Verdad?

No sólo no existe evidencia de que la NSA haya protegido a la población contra el terrorismo, sino que hay cada vez más evidencia de que, de hecho, la hace más vulnerable a este tipo de actos.

Gracias a las revelaciones sobre la NSA y su proyecto Prism (de vigilancia global, que fue revelado por los documentos de Edward Snowden), sabemos que en el ámbito del espionaje la NSA va más allá de lo que muchos teóricos de la conspiración originalmente creían.

A principios de junio de 2014, el The Washington Post reveló que casi el 90% de los datos que están siendo colectado por los programas de vigilancia de la NSA son de usuarios de Internet sin conexión con actividades terroristas. Según la American Civil Liberties Union, se trata de una clara violación a la Constitución.

En todo este revuelo incluso México entró al baile, con miles de usuarios mexicanos espiados, incluyendo al expresidente Felipe Calderón y a su majestad Enrique Peña Nieto.

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Señales que indican que tu relación de pareja es tóxica …


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20Minutos  —  Las relaciones de pareja se enfrentan a diario a circunstancias difíciles que ponen a prueba a los dos miembros de la misma. Aunque cada uno tiene que poner de su parte, a veces nos encontramos con que uno de los cónyuges tienen una actitud llamada tóxica.

Ta y como recoge el portal Psicología y Mente, estas personas tóxicas son aquellas que llevan a cabo «comportamientos y actitudes totalmente impropias, que pueden llegar a suponer una situación de vulnerabilidad psicológica y emocional para la otra persona».

Este portal presenta 23 señales de que estamos inmersos en una relación de este tipo.

Actitudes de control y celos

  1. Le molesta que pases tiempo con tus amigos o familiares.
  2. Controla tus gastos, tus cuentas bancarias, o incluso pide explicaciones sobre tus facturas.
  3. Espía tus redes sociales y tu teléfono móvil sin respetar tu privacidad.
  4. Pregunta por tus horarios y te planifica la vida sin pedirte opinión.
  5. Cuando te hace un favor, exige compensación inmediata.
  6. Te menosprecia y te da a entender que sin él/ella no serías nadie.
  7. En reuniones con otras personas, evitas emitir tu opinión sobre algo por miedo a que te reprenda
  8. Usa el chantaje emocional: si no haces lo que él/ella quiere, se enfada.
  9. Cada vez que pasas tiempo con alguien del sexo opuesto, se molesta y se pone celoso, obligándote a no ver más a esa persona.
  10. Te trata con paternalismo y sobreprotección.

Actitudes de falta de respeto y conflicto

  1. Critica tu forma de vestir e intenta influir con malas maneras para que cambies tu estilo.
    12. Resta importancia a tus méritos y virtudes.
    13. Quita importancia a tus problemas que le expresas, minimizándolos.
    14. En una discusión, tienes que ceder tú siempre, porque puede pasar días sin hablarte.
    15. Te echa la culpa de problemas de su vida laboral o con terceras personas.
    16. Te recuerda todos los fallos y errores de tu pasado.
    17. No cuentas tus problemas de pareja a tus familiares, amigos y allegados porque sabes que si él/ella se entera, se enfadaría.
    18. No le explicas los problemas o evitas hablar sobre ciertos temas con él/ella porque sabes que se lo tomaría mal.
    19. Te habla con exigencias y malos modos muy frecuentemente.
    20. Toma decisiones que afectan a ambos sin pedir tu opinión o informarte.

Actitudes tóxicas en el plano sexual

21.Ms relaciones sexuales con él/ella aun sin ganas, solo por complacer sus deseos o para que no se enfade.
22. Te chantajea o exige que realicéis prácticas sexuales que no te gustan.
23. Te compara con otras parejas sexuales.

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¿Cómo era la vida de un faraón? …


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National Geographic/Biografías y vida/marcianosmx.com  —  Básicamente con muy pocos lujos y con mucha devoción a sus dioses. A pesar de vivir en un palacio, de tener varias esposas y de disponer de esclavos y siervos, un faraón no desperdiciaba su poder en fiestas y orgías. En lugar de eso, permanecía constantemente concentrado en actividades administrativas y ceremonias religiosas.

Los faraones eran considerados los intermediarios de los dioses en la tierra. Al morir se fusionaban con Osiris, momento en que eran venerados como una deidad más del Olimpo egipcio.

Horus y posteriormente Ra les designaron sumos sacerdotes de todos los templos del país. Su poder era absoluto e incuestionable. Sin embargo, no faltaron impíos que buscaron el medio de acortar su mandato para cambiar el curso natural de sucesión.

A pesar de esta regla, diversas guerras y disputas internas entre familias nobles modificaron los linajes reales y las dinastías, lo que abrió un espacio para que las mujeres se hicieran con el trono, como sucedió con Cleopatra.

En los momentos finales del reinado de Ramsés III, una de sus mujeres llamada Tiyi conspiró en palacio para lograr que su hijo, Pentaur, le sucediera en el trono.

Para lograr su objetivo, Tiyi buscó la ayuda de un mayordomo llamado Pebakkamen, que fue quien reclutó a los hombres que se rebelarían contra el rey. Gracias a ellos y al apoyo que recibió de otras mujeres que vivían en el atestado harén de Ramsés III, Tiyi estuvo a punto de desalojar del trono a su marido.

No hay datos que arrojen luz sobre cómo se frenó el complot, pero sabemos quienes fueron los traidores. También conocemos que se constituyó un tribunal para juzgar a los imputados en la conspiración y que ciertos miembros de la comisión de investigación intentaron boicotear el proceso para no inculpar a algunos familiares suyos.

Tras ser descubiertos, la ira del faraón cayó sobre sus cabezas. Los verdugos les cortaron la nariz y las orejas, castigo que se reservaba a los prefectos y magistrados que abusaban de sus funciones.

En los jeroglíficos se describe de forma un tanto ambigua la condena que aplicó el tribunal a los cabecillas del fallido golpe de estado: «Los han puesto en su lugar. Ellos solos han muerto». ¿Les obligaron a suicidarse? En realidad, su final fue mucho más lento y terrible.

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Una momia hallada en Deir el Bahari, que corresponde a un varón de unos 25 años bien formado y sin lesiones, aporta pistas sobre el ajusticiamiento de los traidores. La momia es de un hombre que fue introducido en su sarcófago sin habérsele practicado las operaciones usuales del embalsamamiento.

Su rostro desvela una horrible agonía, lo que sugiere que el desafortunado joven fue enterrado vivo.

El harén real, donde vivían las ambiciosas esposas del faraón y sus concubinas, siempre fue un foco de conspiraciones e intrigas políticas. El primer complot del que tenemos noticia se produjo durante el reinado de Pepi I, de la VI dinastía.

En la autobiografía grabada en la tumba de un funcionario real llamado Weni se cuenta que fue llamado por el faraón para declarar en un grave caso de intriga que se produjo en el harén.

No hay datos que desvelen quiénes fueron los traidores, pero sabemos que el rey le regaló a Weni una buena cantidad de oro para que embelleciera su última morada.

Hubo otra conspiración mucho más grave que culminó con el asesinato del faraón Amenemhat I, de la XII dinastía. La historia se relata en un escrito en el que el espíritu del rey asesinado alerta a su hijo Senwosret I de los traidores que medran en palacio.

Este breve relato aporta detalles muy precisos del atentado mortal que sufrió el faraón cuando se encontraba solo y desprevenido en su dormitorio. «De haber podido empuñar el arma, habría devuelto los golpes a los cobardes con una sola mano», le cuenta el espíritu de Amenemhat I a su afligido hijo.

El título en sí no existía entre los antiguos egipcios, es un término hebreo, originado de la palabra “pr”, un jeroglífico que significaba “casa grande” por referir a la importancia del rey.

Un dios en la Tierra.

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Isis

Como un líder administrativo, judicial y religioso, el faraón era considerado una divinidad y tenía muy poco tiempo para dedicar a su familia o al ocio.

Quizá tendría dos o tres palacios, que se trataban de grandes complejos integrados por habitaciones y despensas.

Pese a su devoto trabajo religioso y a las campañas militares, el gobernante disponía de abundantes platillos, vestimentas de primera y varios esclavos y siervos a su completa disposición.

El arte se dedicaba exclusivamente a adorarlo.

Al despertar, el gobernante era bañado con agua pura del Nilo y untado con aceites de esencias – el hedor se consideraba algo pecaminoso. Después, era perfumado y vestido con plumas de halcón, ropa y joyas por hijos de familias nobles cuidadosamente seleccionados – estaba prohibido que un siervo o esclavo de origen vistiera al faraón.

Generalmente antes del almuerzo, el rey recibía a las visitas, hablaba con sus consejeros y juzgaba algunos casos. Era un sacerdote supremo, juez y general de todas las cuestiones del reino. Aunque tenía delegados en autoridad, la última palabra siempre era la suya. No existía una constitución: las leyes se basaban en las tradiciones.

Durante el día, el líder podía asistir a visitar edificaciones y recorrer los cultivos de trigo, siempre rodeado por un sequito de siervos y con mucha pompa. Sus viajes eran hechos generalmente a través del río Nilo y, cuando estaba en tierra, se erigía sobre una litera para ser visto.

Durante la tarde, antes de la puesta del Sol, el faraón regresaba al palacio para ofrendar flores y aceites a Amón.

Los jeroglíficos mostraban a los faraones en batallas y practicando deportes. Pero algunos historiadores creen que se trataba de pura publicidad. Además de eso, los escritos son de difícil interpretación, pues muchos símbolos tienen más de un sentido. Entre las actividades más probables estaban las carreras de carruajes y los juegos de mesa.

Se casaba a una edad temprana, generalmente a los 12 años, con la hija de un noble que estaba “prometida” desde la infancia. También podía tener otras mujeres y diversos hijos con todas ellas. Durante la noche, no hay evidencias de que se quedara con su esposa – la teoría más aceptada es que dormía a solas.

Todos los días participa de una ceremonia de adoración en un templo fuera del palacio. Tenía que atravesar un salón y arrodillarse frente al dios al que rendía devoción (Amón, Horus u otro). Al final, un esclavo sacrificaba un búfalo como ofrenda a la divinidad.

En tiempos de paz, cuando el enemigo no acechaba las fronteras, ni tampoco los vasallos desleales o las esposas despechadas amenazaban la vida doméstica, los reyes vivían plácidamente en sus palacios, donde tenían a su alcance un gran número de distracciones.

La caza en el desierto y en los pantanos, las peregrinaciones y los grandes banquetes eran actividades frecuentes. En algunas tumbas aparecen representadas las fiestas gastronómicas que disfrutaban los faraones y sus cortesanos más allegados.

Se asaban bueyes, ocas en espetón y otros variados platos que eran degustados en vajillas de oro, plata o alabastro y regados con vinos y licores. A la fiesta acudían los músicos, cantantes y bailarines de ambos sexos. Ellas danzaban completamente desnudas o lucían un pequeño tanga, tal y como aparecen en una pintura de la tumba de Nebaum, que actualmente se puede admirar en el Museo Británico de Londres.

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Los invitados que acudían a las celebraciones reales se deshacían en cumplidos con su anfitrión, al que trataban como deidad.

«¡Que la gracia de Amón sea en tu corazón!».

Los faraones se sentaban en sillas de alto respaldo ricamente decoradas con incrustaciones de oro, plata, turquesa y otras piedras preciosas.

Los sirvientes circulaban entre las mesas, distribuyendo bebidas, flores y perfumes. Las jóvenes criadas, desnudas o con sencillos vestidos transparentes que dejaban entrever sus encantos, ofrecían a los invitados unos conos de color blanco que éstos se ponían en la cabeza.

Mientras los comensales comenzaban a comer, los músicos interpretaban alegres composiciones. Esas orquestas incluían instrumentos de percusión, entre los que destacaban las matracas, los crótalos, los cascabeles y los tambores, que ayudaban a acompasar el ritmo de las canciones.

Junto a ellos se encontraban los instrumentos de viento y de cuerda, con flautas simples y dobles, obóes y arpas. Desgraciadamente, es muy difícil saber con precisión qué tipo de melodías interpretaban los músicos que amenizaban las fiestas de palacio.

Los hombres y mujeres bebían vino por igual. Parece que no existía la prohibición de servirles alcohol. De hecho, en algunas pinturas funerarias podemos contemplar escenas de grandes cenas en las que aparecen mujeres totalmente bebidas y vomitando.

En la tumba de Paheri se aprecia una figura femenina que da órdenes a un criado. Los jeroglíficos que acompañan esta representación demuestran que las egipcias de alta cuna no tenían que recatarse con la bebida y lo decían claramente: «Dame dieciocho vasos de vino, quiero beber hasta emborracharme, tengo la garganta seca como la paja».

En los momentos culminantes de la fiesta, algún cantante improvisaba versos que alababan la generosidad de la familia real y la bondad de los dioses.

Según cuenta Herodoto, en las mansiones de los ricos, una vez finalizado el gran banquete, el mayordomo exhibía un pequeño sarcófago esculpido y pintado de tal forma que simulaba con gran realismo una momia.

De esa manera, los anfitriones mostraban a los invitados la realidad del final de la existencia: «Mírala y luego bebe y disfruta de la vida, pues una vez muerto serás como esta figura».

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Junto al faraón debía estar presente su esposa principal, que al comienzo del Imperio Nuevo actuaba como reina consorte y transmisora del linaje real.

Su posición en palacio le permitía realizar determinados ritos en los templos y actuar como garante del faraón durante su reinado.

Los egipcios creían que la Gran Esposa Real era la que realmente otorgaba la legitimidad al aspirante al trono.

De ahí que algunos príncipes que no estaban en el primer puesto en la línea de sucesión intentaran legitimarse como faraones casándose con las hijas de su antecesor, que en muchas ocasiones eran sus hermanas o sus hermanastras, como fue el caso de Tutmosis II, que era hijo de una reina de menor rango.

Los faraones podían ser unos padres de familia cariñosos e intachables. Al menos esa es la imagen que el arte egipcio de la época exhibió de Akenatón, que disfrutaba tanto de la vida familiar en su palacio que apenas lo abandonaba. Se le mostraba como un padre afectuoso que se deleitaba en compañía de su mujer y sus seis hijas.

Durante su reinado estuvo de moda representar las manifestaciones cariñosas de la pareja real en pinturas o estatuillas. En ellas se puede ver al rey y la reina cubriendo de besos a sus hijas y cómo ellas responden acariciando con sus manitas la barbilla del padre y la madre.

En la dinastía XIX, el arte egipcio recuperó su austeridad. Sin embargo, en las pinturas que adornan muchos sepulcros del Valle de los Reyes el marido y la mujer están representados siempre uno junto al otro, unidos para toda la eternidad. Al llegar al trono, Akenatón dio la espalda al dios Amón e instauró el culto único a Atón, el disco solar.

También abandonó la tradicional capital de Tebas para construir otra a 290 kilómetros al norte, en un lugar que actualmente se denomina Tell el-Amarna. En esa ciudad vivió con su amada Nefertiti y juntos actuaron como sumos sacerdotes y mediadores de Atón en la tierra.

El aspecto de esta reina nos resulta muy familiar gracias a la conservación fortuita de la escultura pintada de su cabeza, una obra maestra del arte egipcio que se conserva en un museo berlinés.

Los egiptólogos ignoran qué papel pudo desempeñar Nefertiti en la revolución religiosa que emprendió su marido. También desconocen qué ocurrió en los años finales del reinado de Akenatón.

Sin embargo, sí han podido averiguar que el faraón no fue tan fiel a la bella Nefertiti como se creía hasta hace poco, ya que mantuvo relaciones con su propia hermana, fruto de las cuales nacería un niño que diez años después llegaría al trono bajo el nombre de Tutankamón.

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Además de los ritos obligados, el sexo y los grandes banquetes formaban parte de la rutina cortesana en Egipto. En los suntuosos palacios donde mantenía a sus esposas, hijos y concubinas, el monarca conservaba el poder pese a las intrigas.

El enfermizo monarca que murió demasiado joven

Este dato ha sido desvelado gracias a los análisis de ADN de los restos mortales de Tutankamón y de otras diez momias.

El estudio, que fue coordinado por Yehia Gad y Somaia Ismail, del Centro Nacional de Investigación de El Cairo, aportó otros datos importantes; por ejemplo, que el joven faraón padeció malaria, lo que quizá pudo debilitarle el sistema inmunitario.

Asimismo, un estudio más detallado de las imágenes tomográficas que se tomaron de la momia hace años han revelado que el faraón tenía el pie izquierdo equinovaro (le faltaba un hueso en uno de sus dedos). Es probable que el estado enfermizo de Tutankamón se debiera al incesto, una práctica que conllevaba ventajas políticas pero que podía acarrear consecuencias letales para la salud.

Además de por razones sucesorias, el incesto también se produjo por la necesidad del faraón de consolidar su condición divina, lo que lograba relacionándose sexualmente con sus hermanas y en algunos casos con sus propias hijas. En este aspecto, Ramsés II estuvo a altura de su condición de faraón entre faraones. Es sabido que su gran amor fue la reina Nefertari, pero el rey también contrajo matrimonio con princesas extranjeras, con su hermana y con tres de sus propias hijas. A estos enlaces hay que sumar las relaciones que mantuvo con infinidad de concubinas. No es extraño que en su larga vida tuviera más de 130 hijos, muchos de los cuales murieron antes que él.

Nefertari parece haber sido la esposa preferida de Ramsés II, esta fama se basa en la buena conservación de su tumba, en la proliferación de representaciones de esta reina y en la belleza del templo menor de Abu Simbel, que mandó edificar el faraón para rendir culto a su mujer.

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Construida hace 3.200 años y decorada por los mejores artistas de la época, la cámara funeraria de Nefertari es la más espectacular del Valle de las Reinas, la conocida necrópolis ubicada en las cercanías de la ciudad de Luxor (la antigua Tebas).

Cuando la descubrió el italiano Ernesto Chiaparelli en 1904, la tumba ya había sido saqueada.

Lo único que quedaba era el sarcófago de la reina sin momia y los magníficos frescos que representan a los dioses del panteón egipcio: Horus, Anubis, Isis, Osiris y Serket.

Aunque muchos matrimonios eran estables, algunos acababan en divorcio de mutuo acuerdo. El proceso se llevaba a cabo sin la costosa colaboración de abogados y tribunales. La mujer abandonaba el hogar matrimonial y regresaba a la casa de sus padres llevándose consigo sus pertenencias y las partes correspondientes de la propiedad conyugal.

En algunos casos, era ella la que se quedaba con la casa, siendo el hombre el que tenía que abandonar el hogar familiar. No sabemos quién se quedaba con la custodia de los hijos.

A las mujeres casadas no se les permitía ninguna libertad sexual. Si cometían adulterio, recibían el desprecio social y podían ser castigadas con dureza. Se censuraba que un hombre mantuviera relaciones con una mujer casada. Y no era tanto por motivos morales, como por evitar la reacción de los maridos cornudos, cuya ira podía alterar el equilibrio y la paz de la comunidad.

Las esposas del faraón que no podían amamantar a sus hijos recurrían a los servicios de nodrizas, uno de los oficios mejor pagados y al que podían acceder mujeres de todas las clases sociales. En el Periodo Dinástico, el puesto de nodriza real era muy buscado, ya que era un trabajo muy influyente.

Su posición en el harén y la cercanía a la corte les permitía relacionarse con altos funcionarios, facilitando a las nodrizas un rápido ascenso en la pirámide social.

En el país de las «Dos Tierras», formadas por el Alto y el Bajo Egipto, el sexo era el origen de todo lo conocido y la poderosa maquina que movía los engranajes del universo, cuyos mandos estaban en manos de los dioses. Los egipcios no se preocupaban por la virginidad de los hijos.

Lo verdaderamente importante era la fertilidad y la capacidad de procrear. Sin embargo, apenas nos han llegado datos o representaciones pictóricas que desvelen cómo y en qué circunstancias se practicaba el sexo.

La excepción es el denominado Papiro Erótico de Turín, que incluye una serie sexual de los egipcios es a través de los relatos mitológicos, dado que éstos siempre se inspiran en la conducta social del pueblo que los concibe.

También los dioses tenían celos y peleas conyugales

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Al igual que ocurría con sus intermediarios en la tierra, los dioses del Nilo practicaban la endogamia frecuentemente.

Según creían los egipcios, todo lo que existe surge de un único demiurgo que en su soledad tiene que masturbarse para procrear la primera pareja divina, dos hermanos que al alcanzar la pubertad contraen matrimonio.

A partir de ahí comienza la saga de incestos entre las distintas divinidades, cuyas relaciones se van complicando con el paso del tiempo.

Por ejemplo, el dios Horus tiene como esposa a Hator, pero mantiene relaciones con siete concubinas, lo que provoca celos y continuas peleas conyugales.

Las mismas trifulcas domésticas que debieron producirse en los atestados harenes de los palacios reales del antiguo Egipto por alcanzar o perder el lecho real. El comportamiento del dios Seth aporta algunos datos sobre cómo era percibida la homosexualidad a orillas del Nilo.

Una de las versiones del mito desvela sus coqueteos con el dios Horus, del que alaba su espalda, y como éste confía a su madre Isis las inquietantes insinuaciones de Seth. Aunque la madre le aconseja olvidar el asunto, Horus termina cediendo a las proposiciones de Seth.

Otros textos parecen sugerir que la relación homosexual es sobre todo un acto de supremacía del poderoso sobre un inferior o un subordinado. Los egiptólogos han descifrado jeroglíficos que desvelan la íntima relación del faraón Pepi II con uno de sus generales, llamado Sasenet.

La aventura amorosa entre los dos aguerridos varones encaja de alguna manera con la que mantienen los dioses Seth y Horus en el Olimpo egipcio. Los investigadores también han aportado información sobre las relaciones homosexuales entre algunos sacerdotes del templo de Jnum en Elefantina.

Otras evidencias parecen sugerir que la homosexualidad fue rechazada por el pueblo, aunque consentida entre las clases dirigentes. El Libro de los Muertos, la guía indispensable del Más Allá, califica de virtuosa la abstinencia de las prácticas homosexuales, pero no aclara si esas prácticas eran ocasionales o muy frecuentes, ni cuál era su consideración social.

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Al igual que a otros nobles, a los faraones y sus hijos les sometieron al morir al trabajo de los embalsamadores.

El tratamiento de lujo incluía la extirpación del cerebro y, con excepción del corazón, de todos los órganos internos del difunto, (riñones, pulmones, hígado) que se guardaban en cofres junto al sepulcro, los llamados vasos canopos.

Tras el lavado del interior del cuerpo, los expertos en momificación lo rellenaban con plantas aromáticas y después los salaban aplicándoles natrón, un carbonato sódico que sirve de conservante.

Al cabo de 70 días, lo envolvían con vendas de lino y tapaban los ojos, las orejas, nariz y boca con cera de abeja. Estas manipulaciones daban como resultado un cuerpo esquelético revestido de una piel amarillenta y rostro afilado que conservaban bastante fielmente los rasgos del fallecido.

Tras fabricar la momia, los sacerdotes iniciaban los ritos funerarios que facilitaban el viaje del fallecido a su residencia divina.

Dado que se consideraba que la potencia sexual y la fertilidad eran atributos necesarios para disfrutar del Más Allá, a los cuerpos momificados de los difuntos se les añadía unos penes postizos, del mismo modo que se colocaban pezones artificiales en los pechos de las mujeres para hacerlas plenamente funcionales en el otro mundo.

Bendecidos con sus atributos humanos, los reyes disfrutaban del paraíso toda la eternidad. Las magníficas pinturas y jeroglíficos que decoran sus tumbas nos permiten imaginar con gran detalle cómo vivieron y murieron en sus suntuosos palacios a orillas del Nilo.

Atributos y forma de vida de estos monarcas

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Deidad

Básicamente, por su linaje de origen divino, los faraones egipcios eran los intermediarios entre los hombres y los dioses.

Siendo los monarcas absolutos de los territorios de la cultura egipcia, los pobladores debían obedecer sus órdenes sagradas, rendirles culto e incluso levantar estatuas en su honor, y como retribución obtenían la bendición de los dioses para que Egipto prosperara.

El primer faraón fue Narmer, quien gobernó hacia el año 3100 A.C., y la última Cleopatra VII, entre los años 49 y 31 A.C.

El reinado de los faraones egipcios comenzaba con su coronación a los 70 días de fallecido su antecesor, que se realizaba bajo una estricta ceremonia mística y solemne en la capital del Antiguo Egipto.

En la primera etapa del acto, les colocaban la Doble Corona, una blanca que representaba al Alto Egipto y otra roja al Bajo Egipto, simbolizando el mandato de ambos reinos. Al finalizar la coronación recorrían las murallas localizadas alrededor del palacio.

Los faraones vivían con la Esposa Real y un harem de mujeres que eran calificadas como reinas, en un palacio. Su vida diaria transcurría en reuniones importantes, el uso de vestimenta egipcia muy fina y la veneración a los dioses.

La forma de gobierno se regía en base a un sistema de creencias religiosas, además gobernaban hasta su muerte, que era el momento en que los egipcios llevaban a cabo una serie de rituales para asegurarse de que se unieran al más allá y continuaran su camino inmortal.

En la antigüedad gobernaron una gran cantidad de faraones egipcios, pero pocos han contado con especial relevancia hasta la actualidad, entre algunos de ellos están:

Keops.

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Fue el segundo faraón de la IV Dinastía, que gobernando durante 23 años, construyó la Gran Pirámide de Guiza, y años más tarde de su muerte, fue idolatrado como un verdadero dios.

Jufu (ḫwfw en egipcio antiguo), Jéops (Χέοψ Kheops en griego), más conocido como Keops, fue el segundo faraón de la cuarta dinastía, perteneciente al Imperio Antiguo de Egipto.

Reinó desde el año 2589 a.C al año 2566 a. C.​

En la Lista Real de Abidos y la Lista Real de Saqqara se le denomina Jufu.

Fue llamado Jeops (Χέοψ) por Heródoto, y Sufis (Σοῦφις) por Manetón, Sexto Julio Africano, Eusebio de Cesarea y Jorge Sincelo.

Se han encontrado cartuchos dibujados en la Gran Pirámide de Guiza con su nombre Jufu y el que pudiera ser su epíteto: Jnum-Jufu, «el Dios Jnum me protege».

El Canon Real de Turín le asigna 23 años de reinado, aunque su nombre es ilegible. Heródoto comentó que gobernó 50 años y para Manetón, Sufis reinó 63 años, según el epítome de Julio Africano y la versión de Jorge Sincelo.

Ambas cifras son claramente exageraciones o malas interpretaciones de textos antiguos. Últimos hallazgos, como el Diario de Merer, el libro de registros de un inspector de obras en las canteras de Tura durante la finalización de la gran pirámide, indicando el 26 año de reinado, permite suponer una duración en torno a los 30 años.

Posiblemente, fue hijo del faraón Seneferu y de la reina Hetepheres I. Se casó con Meritites I y Henutsen, ambas enterradas en pequeñas pirámides, junto a la Gran Pirámide de Guiza.

Parece que el hijo mayor de Keops, Kauab, no vivió para sucederle, y tras la muerte del faraón la familia se dividió en tres linajes, del tercero de los cuales surgió Jafra (Kefrén en griego). Le sucedieron cuatro de sus hijos: Dyedefra, Jafra (Kefrén), Dyedefhor y Baefra, que reinaron uno tras otro a la muerte de su padre.

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Parece constatarse que durante el reinado de Jufu la monarquía alcanzó su mayor poder, como puede apreciarse por las disposiciones adoptadas durante su reinado, tendentes hacia la concentración total del poder en torno al faraón.

Entre dichas disposiciones destacó el reforzamiento del cargo de chaty, nombrado personalmente por el propio faraón, asegurándose así el control casi absoluto sobre todos los estamentos del primer gran estado absolutista y centralizado conocido.

Como sus antecesores y sucesores, Keops recibió culto en su templo funerario durante siglos hasta que la mayoría fueron abandonados durante la crisis del Primer periodo intermedio. El culto a varios de ellos, incluyendo Keops, resurgió en el Imperio Medio.

En el Imperio Nuevo estos cultos locales y la misma necrópolis de Guiza se reactivaron. El rey Amenhotep II levantó un templo conmemorativo de sus antepasados y una estela cerca de la Gran Esfinge. Su hijo y sucesor, Tutmosis IV, liberó la figura de la arena que la semienterraba, volvió a repintarla y colocó entre sus patas delanteras la Estela del Sueño.

A finales de la XVIII dinastía se erigió un templo de Isis en la pirámide satélite G-Ic (la de la reina Henutsen) en la necrópolis de Khufu. Durante la XXI dinastía el templo fue ampliado, realizándose más ampliaciones en la XXVI dinastía. Allí oficiaban «sacerdotes de Isis» y «sacerdotes de Khufu».

En la Baja Época se vendieron allí gran cantidad de escarabeos con el nombre de Keops a los visitantes. Sin embargo, los egiptólogos modernos creen que para entonces Khufu ya no era adorado personalmente como antepasado real, sino que era visto como una figura simbólica de la historia del templo de Isis, que daba buena suerte a través de sus amuletos.​

La Gran Pirámide

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Según Heródoto: «Keops mandó construir la Gran Pirámide de Guiza«, llegando a la cumbre de la inverosimilitud cuando dice que «llegando incluso a prostituir a su propia hija, para así obtener fondos con los que construir su pirámide… en su época todos los templos estaban cerrados al culto y Egipto se encontraba en la mayor indigencia, siendo detestado por los egipcios«.

Manetón comentó: «Sufis se ensorberbeció contra los dioses aunque, después, compuso el Libro Sagrado, que los egipcios tienen en gran estima«.

Las historias negativas de los autores de época griega y romana no tienen la menor credibilidad y se basan en la propia mentalidad de los autores. Las tumbas colosales como las pirámides de Guiza debían horrorizar a los griegos, que solo podían verlas como un acto de soberbia y tiranía.

En la época, tanto los griegos, como los mismos sacerdotes egipcios las verían como obra de un megalómano. Probablemente, los autores griegos también recolectaron leyendas negativas trasmitidas entre la gente común.

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Barca funeraria de Keops hallada en un foso junto a la Gran Pirámide de Guiza.

Se data la finalización de la Gran Pirámide hacia el año 2570 a. C.

Su nombre era El Horizonte de Khufu.

Si Keops ordenó erigir la Gran Pirámide, no lo hizo con esclavos, como se había pensado durante mucho tiempo, sino con trabajadores altamente cualificados, mandados por capataces de considerables conocimientos en geometría, estereotomía (arte de cortar la piedra), astronomía, etc.

Y fue un acto de fe, un poco como los constructores de catedrales medievales.

Entre otros pueblos, los soberanos eran los representantes de los dioses, pero en Egipto eran creídos dioses mismos, encarnación de Horus y difunto, de Osiris, hijos y sucesores de las deidades que habían reinado sobre Egipto al principio de los tiempos.

Los antiguos egipcios no veían las crecidas anuales del Nilo como un fenómeno natural, sino un fenómeno misterioso regido por los dioses.

Por tanto, ayudar al rey a alcanzar su lugar con las otras divinidades, repercutiría favorablemente en esa única fuente de vida y prosperidad.

Los pacíficos y prósperos reinados de Keops y Kefrén les permitieron levantar unos monumentos nunca superados por sus sucesores.

Por ello, es probable que no haya sido la construcción de la pirámide la causa del descrédito del reinado de Khufu, sino las supuestas medidas administrativas y religiosas adoptadas por este rey, creyendo que llegó a perseguir el culto a Ra, cuando en realidad lo favoreció como todos los soberanos de la época, y muestra incluso el mismo nombre de su pirámide, lo que influyó muy negativamente en la tradición egipcia posterior, empeorando con el paso de los siglos la imagen de Khufu.

Tutankamon.

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Formando parte de la XVIII Dinastía, duró en el poder un total de 9 años, siendo el último faraón de sangre real logró el retorno a la normalidad social y religiosa del Antiguo Egipto.

Faraón egipcio de la XVIII dinastía (?, h. 1372 – Tebas ?, 1354 a. C.).

Uno de los más singulares reyes del Antiguo Egipto fue Amenofis IV o Akenatón, quien, rompiendo con tradiciones milenarias, emprendió una reforma religiosa que estableció con carácter casi monoteísta el culto a Atón, dios del Sol, movido probablemente por un afán de limitar las prerrogativas de la casta sacerdotal y concentrar el poder en torno a su persona.

Esta tentativa de reforma (que lo llevó a adoptar el nombre de Akenatón, «el que es grato a Atón») sobrevivió apenas a su propio reinado, y aparte de su reflejo en un arte más realista y creativo, no hizo sino abrir un periodo de inestabilidad.

Es uno de los faraones más conocidos, pero la realidad es que el reinado de Tutankamón fue corto y difícil.

Entronizado con apenas nueve años, el clero de Amón quiso convertirlo en el símbolo de la restauración de los antiguos dioses después del monoteísmo del “hereje” Akenatón.

Reinó durante una década, muriendo alrededor de los 20 años en circunstancias que siguen siendo objeto de debate, y fue enterrado en un discreto hipogeo en el Valle de los Reyes.

Allí quedaría en el olvido durante más de 3.000 años hasta que el arqueólogo Howard Carter abrió la pared de su tumba casi intacta y, a la pregunta de si veía algo allí, respondiera “sí… cosas maravillosas”.

Durante mucho tiempo se supuso que Akenatón falleció sin dejar hijos varones, razón por la que le sucedieron sus yernos: en primer lugar, Semenkera, y tras su corto reinado, el jovencísimo Tutankamón, que accedió al trono hacia el año 1360 a. C.

Investigaciones recientes basadas en el examen del ADN sugieren, sin embargo, que Tutankamón era hijo del mismo Akenatón, aunque no de su esposa Nefertiti. Hasta la muerte de Akenatón, Tutankamón llevó el nombre de Tutankatón, en honor del dios solar Atón.

Tres años después de acceder al trono, Tutankamón restableció el culto tradicional y, consiguientemente, el poderío de los sacerdotes de Amón, seriamente debilitado en el reinado de Akenatón.

Al mismo tiempo, devolvió la capitalidad a Tebas, abandonando la capital creada por el faraón hereje en Amarna; y, como simbólica ratificación de estos cambios, sustituyó su propio nombre por el de Tutankamón (que significa «la viva imagen de Amón»).

El reinado de Tutankamón no tuvo otro significado que este restablecimiento del orden tradicional del Egipto faraónico, bajo la influencia de los sacerdotes y generales conservadores. Llamado el faraón niño por la temprana edad en que asumió el trono, Tutankamón murió cuando sólo contaba 18 años y llevaba seis de reinado, probablemente en un motín palaciego.

Tutankamón debe su fama a que su tumba fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea; su descubrimiento por Howard Carter en 1922 constituyó un acontecimiento arqueológico mundial, mostrando el esplendor y la riqueza de las tumbas reales y sacando a la luz valiosas informaciones sobre la época.

La tumba de Tutankamón

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Trono de Tutankamón

En comparación con las de otros faraones, la tumba de Tutankamón es de proporciones modestas y no presenta grandes ornamentos, posiblemente debido a la repentina e inesperada muerte del joven soberano, que obligó a preparar precipitadamente su mausoleo.

No obstante, sus cuatro salas (la antecámara, la cámara del tesoro, la cámara sepulcral y el anexo) contenían intacto el ajuar funerario completo del faraón, y constituyen por ello un inapreciable tesoro arqueológico.

El equipo de Howard Carter empleó diez años en catalogar más de cinco mil piezas, desde los objetos más sencillos y cotidianos hasta los adornos más exquisitos.

De hecho, tanto la antecámara como la cámara del tesoro y el anexo se hallaban repletos de los innumerables y valiosísimos enseres que componían el ajuar funerario del faraón, dispuestos en un desorden y abigarramiento semejantes al de un trastero; tal revuelo y el hecho de que los sellos de la entrada estuviesen rotos ha llevado a suponer que la tumba sobrevivió a por lo menos un intento frustrado de saqueo.

Uno de los muebles más preciosos era el trono, recubierto de oro y piedras preciosas, con patas de león y serpientes aladas sobre los brazos.

Otra pieza excepcional la constituye, entre los muebles, un arca de madera estucada; su superficie está adornada con escenas del faraón en lucha contra el caos, contra los enemigos y contra los animales de la estepa. De gran calidad artística son también los carros, arreos de caballos y bastones de mando.

Un armario guardaba dos de estos últimos, uno en oro y otro en plata, primorosamente cincelados.

La maldición de Tutankamón

Con todo, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón fue uno de los grandes hitos de la historia de la arqueología, y sin duda el más mediático.

La amplia resonancia y el interés que despertó en todo el mundo se prolongó artificialmente atribuyendo la muerte del mecenas de la expedición, lord Carnarvon, a «la maldición de Tutankamón», una afortunada invención periodística que pasaría a la literatura de terror y, a partir de La Momia (1932), protagonizada por Boris Karloff, al cine de serie B.

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Howard Carter examina el sarcófago de Tutankamón

Es cierto que a la muerte de lord Carnarvon siguió la de otras personas vinculadas directamente o indirectamente con el hallazgo; hacia 1930, la prensa sensacionalista computaba ya veintitrés víctimas de la maldición.

Sin embargo, la relación de muchas de ellas con las excavaciones era tangencial o nula, y la causa de su fallecimiento era casi siempre tan corriente como la del propio lord Carnarvon, que había fallecido en abril de 1923 por la infección de una picadura de mosquito.

Creado ya un misterio donde no lo había, se buscaron también explicaciones científicas del mismo, y se atribuyeron las defunciones a esporas de hongos u otros tóxicos contenidos en el aire enrarecido de la tumba, obviando el hecho de que Carter y casi medio centenar de personas que participaron directamente en los trabajos seguían vivos.

Resulta irónico que esta morbosa fabulación, alimentada durante años, se originase precisamente en un descubrimiento egiptológico. A diferencia de las necrópolis de otras civilizaciones, en que se emplearon como estrategia disuasoria, las tumbas egipcias carecen de inscripciones destinadas específicamente a execrar a los sacrílegos.

Por lo demás, casi cinco mil años de expolios y profanaciones (no sólo de aventureros y arqueólogos occidentales: los súbditos de todo recién enterrado faraón fueron siempre los primeros en intentarlo) no han dejado noticia alguna de venganzas de ultratumba anteriores a la de Tutankamón.

Ramsés II.

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Conocido por ser uno de los faraones egipcios más notables, fue un gran guerrero que permaneció en el trono durante 66 años, construyendo obras como los templos de Abidos, Osireion, y Ramesseum, entre otros.

Ramsés II, tercer faraón de la dinastía XIX, fue coronado en 1279 a.C. «como rey de Egipto sobre el trono de Horus de los que están vivos, sin que pueda haber nunca jamás su repetición«, según narran las fuentes de la época.

Durante su reinado acometió un programa constructivo sin precedentes.

El país se llenó de nuevos edificios religiosos, en los que aparecían los diversos nombres del soberano, así como la imagen del rey impartiendo justicia, honrando a los dioses o en el campo de batalla, como artífice de victorias reales o supuestas.

Da la sensación de que en Egipto no existió ningún rincón donde el rey no estuviera inmortalizado en piedra para asegurar su memoria más allá de la muerte.

En Abydos concluyó la obra de su padre Seti y erigió su propio templo; fundó y agrandó santuarios en diversos lugares, entre ellos Tebas, Karnak y Luxor.

Para afianzar su presencia en Nubia edificó allí varios templos, entre los que destaca el de Abu Simbel, éste dedicado a Amón, Re-Horakhty, Ptah y al propio Ramsés deificado. Allí, en Abu Simbel, dedicó un templo más pequeño a su esposa Nefertari, asociada a Hathor.

Además hizo grabar estelas e inscripciones, levantar obeliscos y tallar estatuas que sembró por sus dominios, más allá del valle del Nilo, desde Nubia hasta Libia y Palestina.

Ramsés fue un maestro en el uso de la propaganda, y para engrandecerse a sí mismo no dudó en usurpar edificios, inscripciones y estatuas de monarcas anteriores, incluido su propio padre, Seti I.

Para mantener vigilada la frontera del norte, siempre amenazada por incursiones de libios o de pueblos del Próximo Oriente, y para alejarse del poderoso clero de Amón en Tebas trasladó la capital de Egipto a Pi Ramsés, una pequeña ciudad del Delta fundada por su abuelo, Ramsés I. Pi Ramsés llegó a alojar a unos 300.000 habitantes y Tebas quedó relegada a capital religiosa.

El Templo de Millones de Años

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Entre todas las construcciones de Ramsés II hubo una que le fue especialmente querida. Se erigió justamente en Tebas, en la orilla occidental del Nilo, próxima a la tumba del faraón en el Valle de los Reyes. Actualmente la conocemos como Ramesseum, desde que Jean-François Champollion la bautizó así al identificar un cartucho con el nombre del rey.

En la época de Ramsés, en cambio, se la conocía como «Residencia de los Millones de Años de User-Maat-Re Setepenre que se une con la ciudad de Tebas en los dominios de Amón, al oeste de la ciudad».

User-Maat-Re Setepenre era el nombre que tomó Ramsés al subir al trono y de él deriva la denominación que le dieron los griegos en la Antigüedad, como Diodoro de Sicilia, que pensó que el edificio albergaba la «tumba de Ozymandias», deformación del nombre User-Maat-Re. Estrabón, por su parte, habla de un templo en Tebas oeste al que llama Memnonio, asociándolo con un personaje de la Ilíada de Homero llamado Memnón, supuesto rey de Etiopía.

Las obras del Ramesseum duraron casi veinte años, desde el comienzo del reinado de Ramsés hasta su conclusión en el año 21. En la construcción participaron los mejores especialistas del país, al mando de los maestros de obras Penra de Coptos y Amoneminet de Abydos, dos ministros de confianza del faraón.

Ambos lo proyectaron para que fuese uno de los templos más grandes de Tebas oeste. Sus casi seis hectáreas de superficie comprenden el templo principal, un templo dedicado a su esposa Nefertari y a su madre Tuya, un palacio y las dependencias anexas dedicadas a la administración del santuario.

Se sabe que para la construcción se reutilizaron algunos bloques de templos de la dinastía XVIII. Este edificio, creado con los mejores materiales, edificado en piedra y destinado a mantenerse en pie eternamente quedó muy deteriorado a causa de un terremoto, y sus ruinas se emplearon como cantera de materiales para otros edificios, en especial el vecino templo del faraón Ramsés III en Medinet Habu.

Protector de su pueblo

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La fiebre constructiva de Ramsés podría parecer una forma de megalomanía o de egocentrismo; pero en realidad respondía a motivaciones más profundas. Por un lado, el rey quería que sus súbditos supieran que era el brazo fuerte y dominador, aquel al que no se podía vencer.

Así se refleja en la decoración grabada en el Ramesseum, tanto en los muros exteriores como en los interiores: abundan las escenas de batallas, con el rey conduciendo victorioso a su ejército y venciendo a las fuerzas del mal, personificadas por sus enemigos.

Como en otros templos, Ramsés hizo grabar en el Ramesseum episodios de la batalla de Qadesh y de otros enfrentamientos contra pueblos extranjeros. Igualmente, reprodujo el desfile de algunos de sus numerosos hijos e hijas.

Algunas escenas del Ramesseum muestran al faraón junto a diversos dioses del panteón egipcio, e incluso él mismo aparece representado como un dios. En efecto, las edificaciones reales del Imperio Nuevo no sólo mostraban el poder militar o político de los faraones, sino también su condición divina, algo que resulta patente en el Ramesseum.

Como otros templos repartidos en Tebas oeste, el Ramesseum era un lugar de culto tanto para el dios Amón como para el rey divinizado. Mediante diversos rituales, fiestas y ceremonias se simbolizaba la constante regeneración del faraón.

Estas ceremonias eran necesarias para que rejuveneciera y se revitalizara tanto mientras estaba vivo como tras su muerte. El Ramesseum quedaba así unido de un modo simbólico con la tumba del faraón en la necrópolis real tebana; santuario y sepulcro, pese a estar separados físicamente, formaban una unidad destinada a mantener al difunto en la inmortalidad.

Ramsés, igual a los dioses

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anillo de oro, lapisázuli y cornalina, de Ramsés II

La identificación de Ramsés con Amón se traducía en las esculturas.

En la zona más interna del templo se alojaba la sagrada estatua de Amón con los rasgos del soberano. La estatua era objeto de un culto diario, en el que recibía alimento y se la vestía, enjoyaba y perfumaba como si fuera un ser vivo, pues mediante el rito volvía a cobrar vida.

Otra importante fiesta local era la Bella Fiesta del Valle, en la que la estatua de Amón partía de su residencia en Karnak para visitar los templos de Millones de Años de los faraones y revitalizar a los difuntos enterrados en la orilla occidental.

La imagen se trasladaba en barca, por el río y los canales, hasta los muelles situados frente a los templos de Millones de Años.

Después se colocaba en un navío transportable que era acarreado a hombros por los sacerdotes hasta el interior del Ramesseum, donde se celebraban las ceremonias más secretas.

Si bien es cierto que los templos egipcios no estaban pensados para acoger feligreses, el pueblo sí podía acceder a los primeros patios. En estos lugares se alzaban grandes colosos del faraón a los que el pueblo hacía ofrendas y elevaba sus súplicas en el transcurso de algunas fiestas.

En el Ramesseum esta función la cumplía un coloso de dimensiones extraordinarias, de 18 metros de altura sin contar la base, colocado en el primer patio, justo ante el pilono que da acceso al segundo patio del templo. Recibía el nombre de «Ramsés Sol de los Soberanos».

Actualmente se ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para reconstruir el coloso caído a partir de los más de quinientos fragmentos que se han localizado de la estatua.

El rey en la eternidad

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Belzoni y sus hombres arrastran la estatua del «joven Memnón» desde su ubicación en el Ramesseum. Grabado por Luigi Ademollo. 1822.

La estructura del santuario refleja la creencia egipcia en la regeneración del faraón después de la muerte.

A partir de la entrada, conectada con el Nilo por un embarcadero, los distintos espacios del templo –dos patios sucesivos, la sala hipóstila y la cámara de la barca– se orientaban en una dirección este-oeste, siguiendo, por tanto, el curso de la salida y la puesta de Sol.

De este modo, el rey acompañaría al Sol en su curso diario por toda la eternidad, en una repetición diaria del milagro del renacimiento y la renovación.

Un significado parecido tienen los grandes «pilares osiríacos» del segundo patio del santuario, situados a la entrada de la sala hipóstila, en los que se representaba a Osiris envuelto en un sudario; se evocaba así la regeneración del monarca tras su muerte, como el resucitado Osiris, dios del más allá con el que el faraón se identificaba.

Ramsés, como hombre piadoso que era, quiso rendir culto en su templo a sus progenitores. De este modo, decidió integrar en su Palacio de Millones de Años una pequeña edificación, conocida como Mammisi, en honor de su madre Tuya.

Esta muestra de piedad filial respondía también a un fin propagandístico, el de afirmar su nacimiento legítimo y divino, pues se consideraba que el dios Amón se había encarnado en su padre, Seti I, para fecundar a Tuya.

Asimismo, al sur del primer patio, Ramsés erigió un palacio en piedra dotado con una «ventana de aparición» desde la que el rey se mostraba a sus súbditos en ocasiones solemnes. Este palacio sería imitado más tarde por Ramsés III en el cercano templo de Medinet Habu.

La memoria, el poder y las hazañas de Ramsés II se perpetuaban, así, en las obras de sus descendientes, y aún en nosotros, al recordar la memoria de este gran faraón.

Cleopatra VII.

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Representando la última reina de la cultura egipcia, heredó el trono a los 18 años de edad, su belleza trascendió en la historia, pero sus escritos demostraron que su encanto se debía más bien a su gran personalidad.

Cleopatra, cuyo nombre significa «gloria de su padre», nació durante el invierno del 69 al 68 a.C. en la capital de Egipto, Alejandría. Su padre fue Ptolomeo XII y su madre probablemente fue Cleopatra VI, aunque otras fuentes aseguran que era hija de una egipcia de clase alta.

Cuando ascendió al trono de Egipto, a los 18 años, Cleopatra ya había desarrollado un atractivo irresistible, fruto de una intensa educación y de su presunta belleza. Poco más se conoce acerca de los primeros años de la vida de Cleopatra. Su figura está irremediablemente ligada a los últimos años de la historia de Egipto, un período que supuso la decadencia de una larga estirpe: la de los Ptolomeos.

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Tras la muerte de Alejandro Magno, sus generales se repartieron el inmenso imperio que él había reunido.

Ptolomeo Lagos adquirió el territorio de Egipto, nombrándose faraón e iniciando la dinastía lágida, época que se conoce con el nombre de ptolemaica.

Sus sucesores gobernaron Egipto concediendo poca atención a la milenaria cultura faraónica, mientras Roma dominaba el Mediterráneo.

En un periodo de suma inestabilidad, los egipcios entronaron a Ptolomeo XII, hijo ilegítimo de Ptolomeo IX, que se casó con su hermana Cleopatra VI Trifena y tuvo con ella tres hijas.

Una de ellas, Cleopatra VII, se convertiría en la futura reina de Egipto.

Se esposó con Arquelao, gobernante de Asia Menor, un imperio vecino y poderoso que era visto con recelo por parte de Roma. Ptolomeo XII, subordinado al imperio de Roma, derrotó a las tropas de su propia hija, y al entrar en Alejandría, ordenó ejecutarla acusada de traición.

La joven faraona, amaba la historia de su país, , uno de los motivos por el cual se granjeó el reconocimiento de sus súbditos egipcios.

Aún hoy en día la ubicación de sus restos es un misterio: se sigue buscando la tumba de Cleopatra.

Para la cultura egipcia los faraones constituyeron la divinidad personificada como verdaderos hijos de sus dioses.

nuestras charlas nocturnas.


Una niña momificada hace más de 94 años abre los ojos …


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Clarín(G.Londeix)/La Nación/marcianosmx.com  —  Rosalía Lombardo (Palermo, 13 de diciembre de 1918-6 de diciembre de 1920), apodada La Bella Durmiente,​ fue una niña de origen siciliano que falleció a la edad de casi dos años a consecuencia de una neumonía.

Sus padres estaban desolados. Mario Lombardo y María Di Cara se habían casado unos meses después del nacimiento de la niña y los que los conocieron dicen que la llegada de Rosalía fue lo único que faltaba para que la felicidad fuera completa.

Mario Lombardo, el padre de Rosalía no soportó la muerte de su hija apenas una semana antes que la nena cumpliera los dos años. No podía vivir sin ver su amado rostro. Y decidió embalsamarla para verla todos los días.

Se hizo famosa post mortem, cuando su padre encargó al químico Alfredo Salafia (1869-1933), que procediese a embalsamar el cadáver de la niña conforme a su innovadora y duradera técnica.

¿Pero dónde llevarla? En el siglo XVI la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos de Palermo, en Sicilia, se enfrentaron a un gran problema: su cementerio estaba completo. La solución fue construir una cripta bajo el monasterio.

En 1599 la cripta ya albergaba los primeros cuerpos embalsamados. Las catacumbas eran reservadas para los monjes, pero con el pasar de los años muchos aristócratas acabaron descansando allí.

Una vez momificado el cuerpo, este fue trasladado a la Capilla de los Niños de las catacumbas de los Capuchinos de Palermo,​ siendo uno de los últimos cuerpos en ser aceptados en la cripta.

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Un reciente estudio con rayos X demostró que el cuerpo, incluidos los órganos, se encuentran en muy buen estado de conservación y con un grado de deterioro muy leve.

Un equipo de investigadores del Instituto de Momias y Hombre de Hielo de Bolzano (Italia) encabezados por el bióantropologo Darío Piombino-Mascali ha tenido acceso a las notas personales de Alfredo Salafia, e incluso han podido hablar con descendientes directos del mismo para descubrir la técnica empleada por el embalsamador, que nunca reveló en vida.

La fórmula tan celosamente guardada por Salafia consistía en una mezcla de formol diluido en agua que actuaba como desinfectante y eliminaba a las bacterias, saturada en sales de zinc.

También incluía alcohol, que podría haber secado el cuerpo de Rosalía y permitir de este modo su momificación; ácido salicílico, que evitaba la proliferación de hongos, y glicerina, que prevenía el excesivo secamiento de los tejidos corporales.

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En diciembre de 1920, el cuerpo de Rosalía Lombardo entró en los túneles de las catacumbas de los Capuchinos de Palermo. Y se convirtió en leyenda.

Otros factores clave que intervinieron en la perfecta conservación del cuerpo de Rosalía fueron el clima particularmente seco de las catacumbas y la aplicación de parafina disuelta en éter en el rostro de la niña, lo que favorecería la perfecta conservación del mismo a lo largo del tiempo.

El cadáver de Rosalía fue descubierto en las Catacumbas Capuchinas de Palermo. Entre todos los cuerpos encontrados, el de la niña era el único que permanecía totalmente intacto. Se creía que todo se debía a las técnicas de momificación muy bien aplicadas por el Dr. Salafia. Pero algo intrigante estaba por suceder.

El trabajo de embalsamamiento fue tan sorprendente que Rosalía parece estar simplemente dormida. Y hay algo que asombra aún más. Los ojos de Rosalía se abren y cierran todos los días, como si despertara de un sueño.

El féretro de la niña, debido a las constantes visitas de sus familiares, algunos de ellos residentes en el extranjero, fue permanentemente visible en las catacumbas capuchinas durante años.

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El féretro de la niña, debido a las constantes visitas de sus familiares, algunos de ellos residentes en el extranjero, fue permanentemente visible en las catacumbas capuchinas durante años. Actualmente ya no es posible, aunque quien escribe esta nota lo pudo ver en el año 1996.

Un embalsamamiento perfecto

¿Cómo hizo Salafia para lograr ese embalsamado? Utilizaba una técnica química innovadora para eliminar las bacterias y otros componentes del interior de los cadáveres, causantes de la descomposición. Mientras que hoy en día los cuerpos comienzan a mostrar signos de descomposición después de unos años, la sorprendente técnica utilizada para preservar el cuerpo de Rosalía soporta el paso de un siglo.

Con la muerte de Salafia, en 1933, todos creyeron que el misterio de cómo lo había logrado nunca se conocería. Pero décadas después se encontró un libro de memorias escrito por él mismo en secreto, donde había notas originales sobre la fórmula utilizada en la preservación del cuerpo de Rosalía Lombardo.

Allí explica que primero drenó la sangre del cuerpo de Rosalía y luego utilizó técnicas milenarias como la inyección arterial de fluidos que usaban los egipcios, junto con la mezcla de aceites y especias que protegían al cuerpo de la descomposición natural.

Salafia describió los ingredientes que utilizó. Muchos de ellos novedosos. Inyectaba un compuesto de ácido salicílico para matar los hongos, sales de zinc para que el exterior permaneciera rígido, alcohol para secar y formalina contra las bacterias. Además daba un tratamiento final con glicerina para evitar la sequedad excesiva.

Según unas pruebas que se hicieron al cuerpo hace unos años con rayos X, los órganos están sorprendentemente intactos.

El trabajo sobre el cuerpo de Rosalía lo hizo el prestigioso químico, taxidermista y embalsamador italiano Alfredo Salafia. Y la tarea fue tan bien ejecutada que, muchos años después, un equipo de expertos en la materia trató de analizar el método utilizado por el químico para lograr que la pequeña pareciera, décadas después de su deceso, simplemente dormida.

Descubrieron que la fórmula utilizada para el embalsamamiento fue una mezcla de formol diluido en agua, que actuaba como desinfectante.

La preparación también contenía alcohol, ácido salicílico -para combatir los hongos-, sales de sinc y glicerina para que la piel no se seque demasiado.

Además, el clima seco de esa zona de Italia y las condiciones de su ataúd ayudaron a que los órganos se conservaran de manera extraordinaria.

Lo que Salafia no creó es el misterio de los ojos de Rosalía, que parecen abrirse y cerrarse dándole un aspecto inquietantemente realista.

Los expertos explican que el extraño fenómeno es un simple efecto causado por la luz ambiental.

La gente cree que se trata de una especie de milagro, una evidencia de las capacidades sobrenaturales de Rosalía, a la que consideran la reencarnación de la santa patrona de Palermo, que se llama Santa Rosalía…

Para demostrar este proceso inexplicable en los ojos de Rosalía, se instaló una cámara con la técnica de time-lapse, mostrando claramente que durante un período de doce horas, sus ojos se abrían y se cerraban. La ciencia aún no ha podido dar una explicación racional al hecho.

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El insólito papel que jugaron las drogas durante la ofensiva militar de los nazis en la Segunda Guerra Mundial …


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A inicios de su gobierno, Hitler prohibió las drogas recreacionales, pero posteriormente su régimen impulsó el uso de metanfetaminas entre sus tropas

BBC New/L.B.V.(J.Álvarez)  —  La Alemania nazi logró ensamblar una de las más formidables maquinarias de guerra hasta ese momento conocidas, más ágil, mecanizada y avasallante que los ejércitos que combatieron durante la Primera Guerra Mundial. Y por eso desbordó a los ejércitos vecinos y logró controlar todo un continente.

Los historiadores han resaltado que esto fue resultado del avance científico y la impresionante ingeniería alemana.

A eso se agrega, el uso masivo de drogas, particularmente de metanfetaminas.

Eso, al menos, es lo que plantea el autor alemán Norman Ohler, en su libro «En la vorágine total», que examina el papel estratégico que jugaron las drogas y en especial las metanfetaminas en la ofensiva nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Pese a ello, tanto Ohler en su libro como algunos críticos advierten que no se puede concluir que las drogas fueron el factor determinante en la conducta de Hitler o de sus tropas.

¿Un ejército sano?

Ohler pone en entredicho el mito de que el Nazi era un ejército «sano», idea que fue una parte importante de la propaganda hitleriana.

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Metanfetaminas como las que se consumían en la Alemania Nazi son las precursoras de los que hoy se conoce como Chrystal Meth, o cristales y anfetas.

Los historiadores concuerdan en que el propio Hitler estimulaba a los soldados a realizar ejercicios diarios y a evitar drogas recreacionales como la cocaína, el opio y la morfina.

«Era esencial para la ideología nazista esta imagen de una fuerza de gobierno y militar sanos.

Prohibieron el uso de drogas en 1933 cuando Hitler llegó al poder señalando que las drogas eran un problema judío. Hitler combinó su política antinarcóticos con la ideología antisemítica».

Pero a partir de 1937 hubo una producción en masa de una droga sintética llamada «Pervitín», que fue distribuida ampliamente entre las fuerzas armadas germanas.

Olher explica que este narcótico hacía que los soldados estuvieran más alerta y necesitaran dormir menos, además de que los hacía sentirse invencibles porque disminuía el miedo.

Y no sólo las tropas la usaban: «los trabajadores la consumían, las amas de casa también, así como los empresarios antes de ir a reuniones de negocios. Había incluso chocolates de venta en el mercado que contenían Pervitín».

Clave en la invasión a Polonia y Francia

Según las investigaciones de Ohler, «la división de tanques del ejército utilizó grandes cantidades de Pervitín» durante la invasión de Polonia y de Francia.

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El autor alemán Norman Ohler plantea que hubo una política deliberada del régimen de distribuir drogas entre soldados, particularmente entre los que conducían los tanques de guerra.

«Los aliados occidentales, Winston Churchill incluido, estaban completamente sorprendidos por la hazaña de los tanqueros alemanes, que lograban cubrir tanto terreno en un día», afirmó Ohler.

A fines de los años 30, se emitió un decreto -el Decreto de los Estimulantes- que explicaba cómo las metanfetaminas debían utilizarse en el terreno, y fue puesto en vigencia durante la invasión a Francia, en mayo de 1940.

Ohler encontró que el gobierno Nazi ordenó la producción de 35 millones de tabletas de Pervitín a fin de distribuirla entre los soldados para su ofensiva de 1940.

Y posteriormente hubo una política sostenida de incremento de la producción de la droga para saciar la demanda.

Hitler: ¿Un adicto a las drogas?

Hitler mismo tenía una imagen de ser un hombre sano, vegetariano, que evitaba el alcohol y las drogas recreacionales.

«Una parte importante del culto a Hitler se basaba en que era un ser superior, obsesionado con la salud, que no comía carne y no tomaba drogas, ni alcohol», sostuvo Ohler.

Aunque no hay evidencia de que haya tomado Pervitin, en sus últimos dos años su médico personal, Theodor Morell, lo inyectaba diariamente con un cóctel de drogas, que incluía asteroides, opiáceos y decenas de otras sustancias.

Ohler tuvo acceso a las notas de Morell y, según estas, el médico lo inyectó unas 800 veces en un período de 1.349 días.

«Hitler se convirtió en esos años en un adicto a las drogas», afirmó.

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El autor alemán Norman Ohler plantea que hubo una política deliberada del régimen de distribuir drogas entre soldados, particularmente entre los que conducían los tanques de guerra.

En particular, Hitler desarrolló una dependencia de una droga llamada Eukodal, un analgésico dos veces más potente que la morfina convencional.

Ohler señala que la primera vez que Hitler tomó Eukodal fue antes de reunirse con líder italiano fascista Benito Mussolini en 1943, que en ese momento estaba considerando retirarse de la guerra.

«Hitler estaba muy nervioso antes de la reunión, Morrell le dio a Hitler esta droga y ya en el avión cuando se dirigía a la reunión le dio una segunda dosis».

A partir de ese momento, Hitler pasó a ser un adicto a esta droga que lo hacía sentir eufórico.

Moral y políticamente peligroso

Algunos críticos han expresado su preocupación porque la investigación de Olher pueda de alguna manera justificar lo que sucedió durante el Tercer Reich, al dar la impresión de que ni los dirigentes ni los soldados ni la ciudadanía estaban en sus cabales.

«Según este argumento, los alemanes no fueron realmente responsables por el apoyo que le dieron al régimen nazi. El autor implica que no se levantaron en contra de Hitler porque estaban completamente drogados», señaló el historiador británico Richard J. Evans, uno de los que opinan que el libro pueden ser moral y políticamente peligroso.

«(Según esto), las tendencias genocidas de Hitler fueron alimentadas no sólo por su odio a los judíos y eslavos, pero también por su continuo abuso de metanfetaminas. (O sea que) Hitler era un drogadicto que al final no fue responsable por sus acciones«, criticó Evans.

Otros han defendido a Olher señalando que él no plantea eso.

El mismo autor del libro explica en una sección del libro que el uso de drogas no fue el factor determinante, en última instancia, en la conducta de Hitler y en su política genocida. Él tenía «libertad para tomar decisiones».

Pese al debate, todos concuerdan en que la investigación reveló un aspecto poco conocido del gobierno nazi y de la Segunda Guerra Mundial: cómo las drogas influyeron en el curso de los acontecimientos y, hasta cierto punto, contribuyeron a cambiar la historia.

Pervitin, la droga que hacía sentirse invencibles a los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial

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Tropas alemanas en Rusia

En 1940, un soldado alemán de veinte años llamado Heinrich Böll incluía en varias cartas escritas a sus padres y hermanos una petición para que le hicieran un curioso envío. Decía: «Es difícil estar aquí y espero que entendáis que sólo puedo dirigirme a vosotros cada dos o cuatro días. Hoy os escribo para pedir un poco de Pervitin».

Böll, que sería el primer germano en ganar el Nobel de Literatura tras el conflicto (en 1972), estaba solicitando un fármaco de uso legal que se había vuelto muy popular entre la tropa, especialmente en la primera fase de la guerra, en las invasiones de Polonia y Francia.

Aquel primer semestre, cuando el concepto de Blitzrieg requería velocidad y decisión, la Wehrmacht suministró metanfetamina para ayudar a los hombres a mantenerse despiertos y eufóricos, según explica un libro de reciente publicación titulado Der total rausch.

En realidad su autor, Norman Ohler, recoge y actualiza algo que ya era conocido. Aún cuando Hitler recomendaba la abstención de alcohol y tabaco (pese a que se inyectaba sistemáticamente Eukodal, un narcótico analgésico más potente que la morfina), el uso de drogas por parte de los soldados alemanes no estaba prohibido por los mandos si contaban con la correspondiente receta médica.

De hecho, la ley de drogas oficial del Tercer Reich fue heredada de la República de Weimar (1919-1933) y muchos desarrollaron cierta adicción a cocaína y morfina.

Ésta última había provocado que, en 1925, el mismo Herman Goering tuviera que ingresar en un hospital psiquiátrico de Suecia para desintoxicarse. En el caso concreto del Pervitin, creado por la farmacéutica Temmler, se comercializaba desde 1938 en forma de pastillas y estaba diseñado para combatir el cansancio y el estrés.

Era metanfetamina y, por tanto, provocaba subida de adrenalina y autoconfianza, a la par que reducía el cansancio, el dolor, el hambre y el sueño.

Pero nadie lo consideraba una droga desde el punto de vista negativo sino sólo algo equiparable al consumo de café. Por eso tuvo bastante éxito entre la población en general y atrajo la atención de un médico militar llamado Otto Ranke, director del Instituto para la Defensa de Fisiología General y de la Academia de Medicina Militar de Berlín.

En 1939, Ranke probó el Pervitin en un centenar de estudiantes universitarios y los buenos resultados le llevaron a proponer su aplicación en soldados. El resultado de la campaña de Polonia avalaría su uso. Popularmente era conocido entre los aviadores como Stuka-Tabletten o Hermann-Göring-Pillen.

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Farmacodinámica de la anfetamina en una neurona de dopamina

Así, se suministraron 35 millones de tabletas de Pervitin y un producto gemelo llamado Isophan, que fabricaba la farmacéutica Knoll, contando cada pastilla con 3 miligramos de sustancia activa.

Fueron distribuídas bajo las siglas OBM como estimulantes, aunque recomendando una dosis de una a dos tabletas sólo cuando fuera necesario mantenerse despierto. El OBM desplazó a otro tipo de drogas hacia las que había peor consideración y que habían demostrado ser adictivas, como cocaína, opio o morfina.

En cambio, el Pervitin parecía un fármaco bueno y no nocivo; algunos lo compararon con la Coca-Cola y se añadió al chocolate.

El producto demostraba su eficacia en situaciones extremas, como una vez de 1942 en el frente oriental donde, a 30 grados bajo cero y perseguidos por el Ejército Rojo, medio millar de alemanes extenuados, tendidos sobre la nieve esperando la muerte, salvaron sus vidas al recibir sus pastillas y recobrar tanto las fuerzas como el ánimo.

Incluso los mandos lo tomaban; Norman Ohler asegura que Rommel lo hacía como si fuera «el pan de cada día». Y no fue una exclusiva alemana: los japoneses y los aliados también lo usaron.

Después de la guerra, el Pervitin siguió consumiéndose, bien con receta en farmacias, bien en el mercado negro, como antidepresivo y para reducir la sensación de hambre, al igual que los estudiantes de medicina también lo usaron para mantenerse despiertos y estudiar. En los años setenta se proscribió y fue declarado ilegal.

Aimo Koivunen, el soldado finlandés que protagonizó el primer caso documentado de sobredosis por Pervitin en combate

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Aimo Koivunen

Como decíamos, Pervitin no fue la única droga suministrada a la tropa; también estaban Isophan y algunas no fabricadas bajo licencia legal, caso de la cocaína o la morfina.

Pero las primeras, fabricadas por la farmacéutica Temmler y distribuidas bajo las siglas OBM, se daban con receta cuando se consideraban necesarias para mantenerse despierto y con la dosis recomendada de dos tabletas máximo. Además, eran fármacos de gran eficacia antidepresiva y para quitar el hambre -para ambas cosas se usaron en la posguerra.

Pero la razón para ser admitidas era, aparte de ayudar a no dormirse y a superar el dolor, que podían salvar vidas en situaciones concretas; así quedó demostrado en 1942, cuando un extenuado contingente alemán perseguido por fuerzas soviéticas superó la crisis -y la muerte esperable- gracias al Pervitin.

En consecuencia, nadie consideraba nocivas aquellas sustancias y se solían equiparar al café, de ahí que se llegaran a dispensar unos treinta y cinco millones de tabletas durante la contienda; y no sólo entre los soldados, pues se sabe que Rommel era un consumidor habitual.

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Distintas formas de presentación de Pervitin (tabletas, inyectables…)

Ése era el contexto del episodio que experimentó Aimo Allan Koivunen en la primavera de 1944.

Nacido el 17 de octubre de 1917 en el seno de una familia de cinco hijos de Alastaro, un pequeño pueblo del suroeste de Finlandia, fue un testigo de los avatares bélicos que sacudieron el país en 1939. Uno fue la llamada Guerra de Invierno, surgida de la invasión que la Unión Soviética inició el 30 de noviembre con el objetivo de recuperar la soberanía sobre territorio finlandés que había perdido en 1917, durante la revolución.

Los fineses lograron mantener su independencia, aunque a costa de perder un diez por ciento de su territorio y sufrir un deterioro económico importante.

Uno de los factores decisivos fue la formación de jägers, voluntarios germanófilos que combatieron en la Primera Guerra Mundial por el Imperio Alemán y luego, al estallar la Guerra Civil Finlandesa en 1918, se integraron en la Suojeluskunta o Guardia Blanca, contribuyendo a la victoria final del bando valkoiset (blanco, conservador) frente al punaiset (rojo, socialdemócrata).

Los jägers, profundamente nacionalistas, reivindicaban una Gran Finlandia haciendo incursiones armadas en la Unión Soviética que obligaron a firmar un pacto de no agresión.

Aunque ese acuerdo se mantuvo hasta el estallido de la Guerra de Invierno, era endeble porque el istmo de Carelia -la frontera- estaba demasiado cerca de Leningrado y constituía un paso probable para una invasión, de ahí que Moscú exigiera su entrega y, ante la negativa, se desataran las hostilidades.

La contienda duró un centenar de días pero se solapó con la invasión alemana de Polonia y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que en aquellas latitudes se conoció como Guerra de Continuación. A consecuencia de todo lo anterior, Finlandia se alineó con el Eje.

Así, el 15 de marzo de 1944 Aimo Koivunen fue destinado a una patrulla de esquiadores que tenía la misión de realizar un reconocimiento de los alrededores de Kandalakcha (Kantalahti, en finés), una ciudad rusa de la península de Kola, en la desembocadura del río Niva, sobre la que se había desatado una ofensiva germano-finesa en 1941 por el control de su estratégico ferrocarril.

Durante tres días la misión transcurrió sin novedad pero el 18 de marzo la patrulla fue descubierta.

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Soldados fineses con sus esquíes detrás, en combate durante la Guerra de Invierno

Los soviéticos atacaron por sorpresa a los esquiadores en la colina Kaitatunturi, tratando de rodearlos.

Los finlandeses pudieron romper el cerco y huir a través de la nieve pero seguidos de cerca, con un intercambio constante de disparos.

Koivunen quedó aislado de sus compañeros pero aunque lograba mantener la distancia con sus perseguidores, poco a poco el cansancio iba haciendo mella.

Finalmente llegó a un estado de agotamiento, con lo que se le presentaban dos opciones: o darse por vencido y rendirse, con lo que tenía muchas probabilidades de que le mataran, o recurrir al Pervitin.

No era un consumidor habitual pero tampoco se trataba de una situación normal. Mientras seguía deslizándose por la nieve con sus esquíes, trató de sacar una tableta pero no pudo.

Mantener el equilibrio, la velocidad de la escapada, los gruesos guantes y las balas volando a su alrededor no constituían una combinación de factores que facilitara la toma, así que, sin detenerse, abrió el bote y vertió su contenido en una mano para después llevárselo a la boca.

Cada envase llevaba una treintena de grageas y si bien es razonable imaginar que Koivunen no pudo ingerirlas todas, que algunas se caerían, el caso es que se tomó una dosis superior a la recomendable; muy superior.

Por supuesto, el fármaco cumplió su función y el joven soldado recobró fuerzas inmediatamente, intensificó su ritmo y dejó atrás a los soldados soviéticos.

Pero con tal cantidad de anfetaminas en el organismo no tardaron en aparecer también efectos secundarios que a punto estuvieron de hacer el trabajo que no pudieron sus perseguidores.

El estado de euforia pasó a ser de delirio, se empañó la visión y todo empezó a dar vueltas hasta que perdió el conocimiento.

Se despertó por la mañana, medio enterrado en la nieve (lo que, irónicamente, ayudó a camuflarle) pero todavía bajo los efectos de la sobredosis: temblores, alucinaciones pasajeras, taquicardia, malestar general…

A lo largo de las jornadas siguientes alternaba fases de ímpetu con otras de decaimiento y, pese al sueño que le atenazaba, no conseguía dormir, por lo cual el agotamiento hacía mella.

Todo ello se juntó con otros factores adversos, como el estar lejos de sus líneas sin víveres y soportar temperaturas extremas, de hasta veinte grados bajo cero

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Prisioneros de guerra soviéticos vestidos con ropa nueva cerca del Círculo Polar Ártico en Rovaniemi en enero de 1940 (colorizada).

Esa situación duró dos semanas, durante las cuales tuvo que esquivar a nuevas patrullas enemigas y resultó herido por una mina que pisó y cuya explosión seguramente fue amortiguada por la nieve (o quizá estaba defectuosa). Incapaz de seguir, cavó como pudo una zanja para ocultarse dentro y descansar.

Permaneció en ella siete días, alimentándose de bayas y de un arrendajo siberiano (un pájaro córvido) que logró cazar pero tuvo que consumir crudo.

Por fin, fue encontrado por una patrulla finesa que lo trasladó a un hospital de campaña. Los médicos tuvieron que tratarlo a conciencia por varias razones.

Primero, porque había perdido tanto peso que en la báscula sólo marcó cuarenta y tres kilos; segundo, porque su frecuencia cardíaca superaba las doscientas pulsaciones por minuto. Es decir, la sobredosis todavía estaba latente y, de hecho, tardaría un tiempo en desaparecer del todo con el tratamiento adecuado.

Éste debió ser acertado, pues Aimo Koivunen vivió hasta 1989.

Lo realmente curioso, aparte de que se trató del primer caso documentado de sobredosis por anfetamina en combate, es que la decisión que tomó puede considerarse correcta.

La cantidad ingerida fue brutal, excesiva incluso, pero lo cierto es que cumplió su función de salvarle la vida: cuando lo encontraron aquellos soldados estaba a más de cuatrocientos kilómetros de Kandalakcha, el punto donde empezó su huida.

nuestras charlas nocturnas.


A 14 años de la muerte de Marcel Marceau, el héroe que salvó de los nazis a más de 400 niños antes de convertirse en el mayor mimo de la historia …


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Infobae(A.Serra)  —  Vista desde lejos, la escena era extraña. Casi surrealista. Y repetida a lo largo del tiempo… Una larga lista de niños caminando por una carretera entre Francia y Suiza, dirigidos por un hombre extraño. Una especie de payaso que bailotea, hace piruetas, no habla, y con un dedo índice cruzado sobre los labios, les pide silencio.

Pero acerquémonos…

Los niños son judíos. Los comanda Georges Loinger, primo del danzarín y jefe de la unidad secreta de la Resistencia Francesa llamada Oeuvre de Secours aux Enfants: grupo judío de ayuda que sacaba a niños, también judíos, del espanto de la Francia ocupada por las tropas nazis…

La historia dirá que el intrépido y longevo Loinger –murió en 2018 a los 108 años– y su compañero salvaron no menos de 350 niños recluidos en un orfanato.

El payaso danzarín y silencioso era Marcel Manguel (Estrasburgo, 1923-Cahors, 2007), que después de la guerra sería llamado «El poeta del silencio«: mutismo que lo ayudó a salvar a otro centenar de niños. Y que diría: «Viajar con grandes grupos de ellos no era nada fácil, y muy peligroso, porque los soldados nazis de los retenes eran estúpidos…, pero no tanto. Mi arma secreta era mi entrenamiento como mimo. Jugábamos a que nadie hablara. Ni yo ni ellos. Marchaban, se reían, creo que me amaban, y sé que muchos años después comprendieron que yo luchaba por sus vidas.»

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Su nombre real era Marcel Manguel. Cambió su apellido por Marceau para escapar del nazismo

Pero la niñez de Marcel y su hermano Alain fue aún más dramática que la de aquellos salvados de los asesinos del Tercer Reich…

Trashumantes desde los cuatro años e hijos de un carnicero judío apresado por la Gestapo y deportado al campo de exterminio de Auschwitz, del que jamás volvió, cambiaron su «Manguel» judío por «Marceau» para eludir la garra del invasor.

Apellido inspirado en François Séverin Marceau-Desgraviers, general de la Resistencia Francesa. Inspiración que los impulsó a alistarse en los grupos rebeldes de Limoges, donde muchas sus célebres porcelanas fueron robadas por jerarcas nazis y –aun peor– destruidas por las botas de la soldadesca. Porque «el mal siempre insiste»: palabras de Albert Einstein.

Se batieron con coraje en las fuerzas de la Francia Libre de Charles de Gaulle, y para Marcel empezó una segunda y luminosa vida…

El instante de epifanía sucedió en la oscuridad de un cine. En la platea, Marcel. En la pantalla, Chaplin. Charles. Charlot. Cuando se encendieron las luces y Marcel salió a la calle, esa segunda vida estaba en el primer naipe del mazo: caminó hasta la Academia de Arte Dramático Charles Dullin que latía en el teatro con nombre de mito: Sarah Bernhardt. La máxima.

Nacida en 1844 y muerta en 1923: el mismo año en que Marcel llegó a este mundo… Esas simetrías que, según Borges, tanto le gustan al Destino.

Su Majestad el Talento no tardó en abrirse paso. Unido ya a la compañía, le concedieron el rol de Arlequín –nada menos– en la pantomima «Baptiste».

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Marcel Marcear junto a Sting, en el Royal Festival del Londres en 1997

Llegado el 1947, y acaso remedando a Chaplin cuando entró en una sala de vestuario y eligió –para la eternidad– el bombín, el bastón y los imposibles saco, pantalón y zapatones, Marceau se transformó en «Bip«: cara pintada de albayalde (carbonato de plomo de purísmo blanco), labios de intenso rojo, suéter liso con rayas a medio pecho, sombrero de copa que parecía aplastado por las ruedas de un auto y adornado por una flor algo marchita que, según él, simbolizaba «la fragilidad de la vida», su efímera existencia…, y calló: condición sine qua non del mimo.

Mimo triste como el vagabundo de Chaplin, con «las manos tan expresivas como las de Miguel Ángel» –según The Indianapolis Star– y un cuerpo adaptable a todo rol como agua a todo recipiente, logró hits breves e inolvidables: Bip con mariposas, con leones, en barcos, trenes, restaurantes, caminando contra el viento –notable caballito de batalla–, siempre a mitad de camino entre las dos máscaras del teatro: Tragedia y Comedia.

Y después, piezas largas en teatros del entero mundo –salvo en países gobernados por dictadores y violadores de los derechos humanos–, con más de trescientas representaciones por año: ¡casi una por día!

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De su pieza breve «Joven, maduro, anciano y muerte» dijo un crítico: «Logra en menos de dos minutos lo que la mayoría de los novelistas no logran en sus volúmenes».

En mil y una entrevistas afirmó su credo: «No hablo: basta ese grito interior para desnudar el alma… Trabajo por la paz: soy un activista de esa causa tantas veces perdidas… Bip es un héroe sin edad, sin época, y con eterna esperanza… El silencio es infinito: los límites los pone la palabra…»

Y una fina chanza: «Nunca le pidan a un mimo que hable: ¡jamás se callará!»

Pasó por el cine con otro gag inolvidable: en «La última locura de Mel Brooks», 1976, es el único personaje que habla: dice «¡No!, y ni una palabra más…

Creador de la Escuela de Mimos de París, casado tres veces, cuatro hijos, «judío con tendencias budistas» (textual), murió el 22 de septiembre de 2007, a sus 84 años.

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Marceau murió el 22 de septiembre de 2007, a los 84 años

Está sepultado en el mítico Cementerio de Père-Lachaise, junto a los más grandes de los grandes: de Oscar Wilde a Frédéric Chopin, de Edith Piaf a Jim Morrison… en la esquina de Cyrano de Bergerac.

Por su heroísmo durante la Segunda Guerra Mundial le fue concedida la Legión de Honor. Por su vida y obra como artista, las de Caballero de la Orden de las Palmas Académicas y Comendador de las Artes y las Letras.

Empezó a actuar en la Argentina desde 1951, y a sus 82 años honró el escenario del Colón.

Sólo rechazó contratos durante las dictaduras militares.

En silencio, un hombre de palabra.

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10 lugares naturales que hay que visitar en Asturias …


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Lago Ercina

L.B.V.(G.Carvajal)  —  Hay quien opina que en invierno es el mejor momento para visitar Asturias, porque es cuando la mezcla de colores resalta la belleza de los bosques. Aunque la belleza de estos lugares es admirable todo el año.

Hoy veremos diez espacios naturales que se pueden visitar tanto en otoño como en cualquier otra época del año, para lo cual es recomendable dedicar varios días, buscar un apartamento barato en Oviedo que nos servirá de campo base, y armarse con un buen par de botas y un impermeable. En cuanto al alojamiento Hundredrooms es un buen lugar para comenzar la búsqueda.

1. Los Lagos de Covadonga

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Visitar el Lago Enol y el Lago Erina es deber casi obligado para cualquiera que se acerca al Principado. Si en primavera y verano el acceso rodado está restringido, en otoño e invierno se puede subir en coche propio sin mayores problemas (salvo que el tiempo no lo permita). Lo mejor es hacer a pie el tramo entre ambos lagos.

2. Los Lagos de Saliencia

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Están situados en el concejo de Somiedo, dentro del parque natural del mismo nombre. Son cuatro lagos de origen glaciar en cuyo valle podemos encontrar osos, nutrias, alimoches o salamandras, entre otras especies. Imprescindible acercarse antes al centro de interpretación situado en la capital del concejo, Pola de Somiedo.

3. El Bosque de Muniellos

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Se trata del mayor robledal de España, y uno de los mejor conservados de Europa. Visitarlo es complicado, ya que solo se permiten 20 visitas al día, por lo cual es recomendable efectuar la reserva con mucha antelación (el plazo de reserva anual se abre en diciembre).

4. Las Fuentes del Narcea

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Están situadas en el mismo parque natural que el Bosque de Muniellos, el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Pero aquí nos referimos a las fuentes en si mismas, a las que se puede ascender en coche desde la capital Cangas del Narcea. Antes podemos pasarnos por el centro de interpretación situado en las antiguas cuadras del Monasterio de San Juan Bautista de Corias.

5. El Desfiladero de las Xanas

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Esta ruta situada en el concejo de Santo Adriano conecta los pueblos de Pedroveya, Rebollada y Dosango a lo largo de unos cuatro kilómetros, la mitad de los cuales discurren por una senda tallada en la roca que se asoma a un precipicio no apto para quienes padecen de vértigo. Aun así es una de las rutas de mayor belleza de Asturias, comparable a la famosa ruta del Cares.

6. Los Bufones de Pria

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Situados cerca de Llames, en el concejo de Llanes, se trata de grietas y chimeneas abiertas en la roca de los acantilados, que están conectadas con simas marinas por las que las olas empujan el agua y el aire con gran fuerza. Esto produce surtidores de agua pulverizada que pueden alcanzar gran altura y son muy espectaculares. Para visitarlos hay que llegar hasta la playa de Guadamía y luego seguir el camino de tierra a la derecha.

7. La Cuevona de Ardines

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Forma parte del sistema cavernario de Tito Bustillo, en Ribadesella, y su sala principal tiene unos 80 metros de diámetro. Es una cueva de estalactitas y estalagmitas, de gran belleza natural, que se puede visitar los fines de semana a razón de 20 personas al día, por lo que es necesario reservar con bastante antelación.

8. La playa de Gulpiyuri

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Esta pequeña playa situada en el concejo de Llanes se ha hecho muy famosa en los últimos años gracias a las redes sociales. Y no es para menos. Se trata de una playa que, aparentemente, no tiene comunicación con el mar, entrando el agua por un túnel en la rocas.

9. El Ojo de Buey de Peña Mea

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Situada en la parte central de la cordillera asturiana, Peña Mea es una de las montañas más frecuentadas por los aficionados montañeros y senderistas. Antes de llegar a la cumbre nos encontramos con este singular y fascinante Ojo de Buey, que tiene unos 20 metros de diámetro, producido por obra de la acción erosiva sobre la roca caliza.

10. La Hoya de San Vicente

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Uno de los lugares más frecuentados por los asturianos en la época estival es esta poza natural formada por el río Dobra en Cangas de Onís, famosa por el color verde esmeralda de sus aguas y su profundidad que alcanza los cinco metros.

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Reportaje: Matrimonios rápidos (o cómo sortear la culpa del sexo extramatrimonial en el islam)…


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El Confidencial(M.Ferreira)  —  «Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva«. Mark Twain.

«Y entre sus signos está el haberos creado esposas nacidas entre vosotros, / para que os sirvan de quietud, / y el haber suscitado entre vosotros el afecto y la bondad». Corán, 3:21.

«Alabo a Dios como un siervo incapaz de evitar las cosas buenas». Jeque Al Nefzaui, ‘El Jardín Perfumado’, siglo XV.

Sara se levantó la falda y mostró sus muslos abiertos, como una rutina, como una costumbre.

“Así no”, dijo Yahya.

Le cerró las piernas. Le bajó la falda.

Y entonces se casó con ella, en una ceremonia insólita que no requirió siquiera que se levantaran de la cama del hotel.

El matrimonio ‘Misyar’, o ‘visita’ se trata de un tipo de enlace dentro del islam suní, celebrado en secreto y que permite que los esposos puedan vivir separados. Se da mucho en los casos en los que el hombre toma una segunda esposa en países en los que la poliginia es ilegal, o en casos en los que los familiares de los esposos se oponen al enlace por cuestiones culturales, religiosas o económicas.

Los sabios discrepan sobre su validez; la mayoría de los estudiosos del islam señalan que este tipo de matrimonio viola la jurisprudencia islámica por la que los matrimonios están obligados a ser públicos, tanto para la sociedad como para la familia de los contrayentes.

“Hay quien señala que los matrimonios Misyar sirven para hacer del sexo casual algo legítimo”, explica Adnan, imán egipcio en Berlín. “Pero la realidad es que es un tipo de matrimonio que brinda un espacio para la reflexión y el conocimiento emocional y físico sin caer en pecado, conciliando el estilo de vida europeo con la fe islámica.”

Yahya era el imán de una mezquita en Francia.

Sabía mucho de pecados y bendiciones. Había aprendido a organizar lo humano en categorías bien diferenciadas. Había memorizado cada acto lícito y había condenado públicamente la debilidad de la carne.

Pero se enamoró.

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Y el amor le desordenó las doctrinas y la voz. Las ‘jutbas’, los discursos que proclamaba cada viernes en la mezquita, se volvieron mensajes tiernos e inclinados levemente hacia la tierra, en vez de alzarse arrogantes hacia el cielo.

Se trataba de un amor prohibido; no podía reconocer en público su relación con una ‘kafir’, una infiel. Sabía que debía protegerse de la mirada de la sociedad. Del dedo acusador de sus fieles. ¿Quién entendería que el imán pudiera postrarse ante una chica que sabía muy poco de rezar y bastante de vivir?

Y sin embargo besarla tenía el poder de una ‘dua’, de una oración.

Yahya sabía que el remedio a todo mal, tanto físico como espiritual, se encontraba en los libros. Así que pasó tres noches leyendo, tres noches rezando, tres noches deseando que su amor no fuera pecado.

Entonces encontró la solución: el deseo era sunna, una conducta sagrada dentro del matrimonio. Leía: “Vuestras mujeres son como campo de labranza. Id a vuestro campo cuando (y como) queráis, pero haceos preceder.” (Corán 2: 223)

La boda duró un minuto y medio:

Una llamada rápida a los testigos.

El nombre de Alá y el de ella en una misma frase, habitando un mismo aliento.

La voluntad de ambos, mezclada en saliva y hambre.

También la dote. Sara pidió libros. “¿Qué libros quieres?”, preguntó Yahya. “Los que estén prohibidos en tu país”, respondió ella.

No hay nada más feo que hacer el amor a un cuerpo al que amas teniendo la certeza de que es un acto ilícito, con todas las consecuencias y amenazas que ello conlleva. El sexo se convierte entonces en un acto angustioso. ¿Por qué pasar por eso si se puede recurrir a una pequeña fórmula religiosa, sin pesada burocracia de por medio?

“Podríamos entender estos ‘matrimonios rápidos’ como un mal menor que previenen el pecado”, explica Adnan, el imán egipcio. “Hay teólogos que lo justifican si cumple con el resto de los requisitos del matrimonio islámico y se trata de un matrimonio justo.”

Lamentablemente la realidad no se forma solo de historias de amor.

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Turismo de matrimonios

Yasmin, emprendedora marroquí y residente en Madrid, habla de un tipo de matrimonio que se asemeja a una oferta de viajes de “todo incluido”. Una especie de prostitución hecha “lícita” o “halal”, una trama de abogados, imanes y mujeres dispuestas a casarse por un corto periodo de tiempo a cambio de una irrisoria y miserable suma de dinero, que es lo que al final les llega.

“Mi primer matrimonio fue con un hombre de Kuwait”, cuenta Yasmin. “Duró desde el día en el que aterrizó en Marruecos hasta el día de su partida. Estoy convencida de que en el fondo sabía que nuestro matrimonio no estaba bien, porque a veces durante el sexo repetía: ‘Esto es halal, esto es halal’. Como teniendo que convencerse continuamente de lo lícito de su acto”.

Este tipo de matrimonio ‘turista’ es una clara manipulación de la religión en una cultura que castiga y juzga la ‘zina’, la fornicación. Un abuso del cuerpo de las mujeres pretendiendo que la agresión es sagrada.

Los abogados ganan dinero.

Los imanes ganan dinero.

Los clientes, placer.

Y las mujeres solo ganan embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y problemas de salud mental. Todo por menos de un dos por ciento de la suma económica que cuesta el ‘matrimonio’. Todo con un Corán en la mano y el nombre de Alá en los labios.

Divorcio por Whatsapp

También en Madrid, Alia, estudiante de enfermería de origen egipcio, acaba de recibir un triple ‘talaq’ por WhatsApp: un divorcio rápido e ilegal. Su exmarido ha estado casado más de 10 veces antes de conocerla mediante el matrimonio ‘urfi’, la modalidad más extendida de ‘matrimonios rápidos’ en Egipto que no deja de causar controversia tanto en las esferas político-social como en la religiosa.

“Es una forma de poder tener sexo prematrimonial, sin la necesidad de registrar el contrato pero cumpliendo el resto de los requisitos”, explica Alia. “Yo no tengo hijos, pero si los hubiera tenido probablemente tendría problemas a la hora de pedir el reconocimiento de paternidad o cualquier tipo de responsabilidad”.

Cuando uno se embarca en este tipo de matrimonios al margen de la ley es prácticamente imposible que el divorcio esté regulado, lo que supone un grave problema para muchas mujeres que se encuentran en un limbo cuando sus ‘maridos’ desaparecen.

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“Mi ‘marido’ me bloqueó en WhatsApp y desapareció”, explica Fatma. “Nunca se divorció de mí, así que no sé si puedo casarme porque entonces estaría practicando poliandria, delito castigado con hasta siete años de prisión en Egipto.”

Crecemos con la convicción de que el matrimonio es la sublimación del amor, pero en muchos casos es solo un simulacro, un producto de consumo, un placebo.

“Uno de mis matrimonios duró una hora” cuenta Vahit, estudiante de origen turco en Heidelberg. “El más largo fue de dos meses, pero siempre cuido de los derechos de mi compañera.”

Para muchos sabios, el abuso de los matrimonios rápidos los convierte en ilícitos, ya que los matrimonios islámicos parten de la base de que el vínculo se forma con la intención de formar una familia y conservarla.

En otros casos, los matrimonios rápidos son un pseudónimo de violación. “Cuando tenía doce años fuimos a Túnez y un amigo de mi padre me dijo que a Alá le complacía el matrimonio y que él podía ayudarme a ser mejor musulmana si me casaba con él”, explica Noor, madrileña de origen tunecino.

«Yo no entendí sus palabras pero confié en él, se ‘casó’ conmigo y me violó. Al cabo de los años fui capaz de contárselo a mis padres y ambos le restaron importancia al saber que el acto había sido ‘halal’ o ‘lícito’».

En Europa este tipo de matrimonios son ilegales. Sin embargo, desde el punto de vista religioso no está claro hasta qué punto están permitidos y en qué situaciones. Tres de las escuelas jurídicas del islam sunní, la Malikí, la Shafií y la Hanbalí exigen la obligatoriedad de la presencia de un tutor durante el enlace.

Asimismo consideran que un matrimonio que no sea anunciado públicamente y dado a conocer entre la comunidad islámica contradice las enseñanzas del islam.

Sin embargo la escuela Hanafi, siempre y cuando los esposos cumplan las demás condiciones y la boda sea por voluntad propia, no se opone a que el enlace sea secreto y no se registre, alegando que es así cómo funcionaba la ley islámica antes de que existieran las instituciones civiles.

Tantas denominaciones y reglas tratando de regular el deseo que nos define. Aprender a vivir sorteando la ira de Alá en un tiempo en el que el amor y el sexo son de las pocas cosas que hacen de esta vida un poco más soportable.

El árabe tiene más de cincuenta palabras para decir ‘amor’.

Saber eso es suficiente para entender que la regulación es prácticamente imposible. Que el amor desborda.

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‘alaqa, ‘ishq, te quiero, sé mi hogar, déjame cobijarme en tu nombre. Aunque dure una semana.

Hawa, huyam, walah. El amor es colosal. Alá nos reprende por no saber esperar.

«Cuando alguien se escuda en el ‘es haram’ o ‘es halal’ para explicar la vida, convierte a Alá en un ser limitado que nos señala con el dedo y dice no», declara el imán Yahya.

“Cuando la religión hace difícil el día a día no se trata de Alá, se trata del hombre y sus libros sagrados. Nuestro deber es la toma de decisiones desde el conocimiento y la responsabilidad, no desde la regla impuesta, no desde el miedo».

Sin embargo el imán esconde su amor y lo sofoca en los límites del matrimonio secreto.

Porque su valentía solo alcanza a provocar a Alá, pero no a la sociedad. No a la comunidad.

Así que el amor se extinguirá en habitaciones de hoteles y miedo al ‘qué dirán’.

Y cuando se agote, el final llegará en una llamada también rápida.

Talaq. Me divorcio de ti.

Talaq. Me divorcio de ti.

Talaq. Me divorcio de ti.

Tres ‘talaq’ para reventar un malquerer. Y que no quede mancha.

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¿El vello de la nariz es esencial para protegernos de las enfermedades virales? …


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The New York Times(R.Klasco)  —  ¿El vello de la nariz es esencial para combatir los resfriados y otras enfermedades virales? Pregunto esto como una mujer que, antes de la pandemia, solía depilarme las cejas. La persona que me hace la cera siempre recomendaba que me depilara el vello de la nariz.

Un lugar común de la medicina sostiene que el vello de la nariz filtra el aire que respiramos y, por tanto, nos protege de las infecciones por virus, bacterias y otros patógenos transmitidos por el aire. Pero, como suele ocurrir con los tópicos, su historia puede ser más venerable que verificada.

La idea de que los pelos de nuestra nariz, conocidos médicamente como vibrisas, podrían ofrecer protección contra los gérmenes infecciosos se remonta a hace más de un siglo. En 1896, un par de médicos ingleses, escribiendo en la prestigiosa revista médica The Lancet, señalaron que:

El interior de la gran mayoría de las fosas nasales normales es perfectamente aséptico [estéril]. En cambio, los vestíbulos de las fosas nasales, las vibrisas que los recubren y todas las costras que se forman en ellos suelen estar repletos de bacterias. Estos dos hechos parecen demostrar que las vibrisas actúan como un filtro y que un gran número de microbios encuentran su destino en las mallas húmedas del pelo que bordea el vestíbulo.

La conclusión de los médicos ingleses podría parecer lógica, pero en ese momento nadie había estudiado realmente si recortar los pelos de la nariz podría facilitar la penetración de los gérmenes en las vías respiratorias.

No fue hasta 2011 cuando se estudió con rigor la densidad del vello de la nariz como posible correlato de la enfermedad. En un estudio de 233 pacientes publicado en la revista International Archives of Allergy and Immunology, un equipo de investigadores de Turquía descubrió que las personas con un vello nasal más denso tenían menos probabilidades de padecer asma. Los investigadores atribuyeron este hallazgo a la función de filtración del vello de la nariz.

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Su observación es interesante, pero se trata de un estudio de observación que no puede demostrar la causa y el efecto, y el asma no es una infección.

Los investigadores tampoco realizaron ningún estudio de seguimiento para evaluar cómo el recorte del vello de la nariz podría afectar al riesgo de asma, o de infección.

Hubo que esperar hasta 2015 para que los médicos de la Clínica Mayo realizaran el primer, y hasta ahora único, estudio para analizar los efectos de recortar los pelos de la nariz.

Los investigadores midieron el flujo de aire nasal en 30 pacientes antes y después de cortarles los pelos de la nariz y descubrieron que el recorte producía mejoras en las medidas subjetivas y objetivas del flujo de aire nasal.

Las mejoras fueron mayores en aquellos que tenían más vello nasal al principio. Los resultados se publicaron en la revista American Journal of Rhinology and Allergy.

Una vez más, se trata de una conclusión interesante, pero ¿se correlaciona un mejor flujo de aire nasal con un mayor riesgo de infección?

Ninguno de los dos estudios abordó directamente esta cuestión. Pero David Stoddard, autor principal del estudio de Mayo, señaló que si alguien trabaja con paneles de yeso, por ejemplo, “puedo saber si acaba de salir del trabajo por el polvo blanco atrapado en los pelos de la nariz.

Pero son las partículas más grandes las que quedan atrapadas en los pelos de la nariz. Los virus son mucho más pequeños. Son tan pequeños que probablemente pasarán por la nariz de cualquier manera. No creo que recortarse el pelo de la nariz suponga un mayor riesgo de infección respiratoria”.

Según el limitado estudio sobre los pelos de la nariz, no hay pruebas de que recortarlos o depilarlos aumente el riesgo de infecciones respiratorias. Y, como especuló al menos un experto que ha trabajado en este campo, probablemente no lo haga.

nuestras charlas nocturnas.


La extrema falta de higiene en la Edad Media …


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La Vanguardia(I.G.Melenchon/F.Badía)/marcianosmx.com  —  En las películas de Hollywood ambientadas en la Edad Media acostumbramos a ver a nobles acaudalados y hermosas damas bien peinadas y llenas de joyas. Vistiendo ropas que destacan por su pulcritud y blancura. Pero todo es mentira, pues en realidad el pasado era una época en la que no a muchos les hubiera gustado vivir.

Entre la caída del Imperio Romano, allá por el año 476 y hasta el descubrimiento de América, en 1492, la higiene personal no se consideraba una prioridad que digamos.

La práctica del baño en la Edad Media.

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Los médicos tenían la creencia de que el agua, sobre todo la caliente, debilitaba los órganos, dejando el cuerpo expuesto a condiciones insalubres y que, de llegar a penetrar por los poros, podría transmitir todo tipo de enfermedades.

Incluso llegó a extenderse la idea de que una capa de suciedad protegía contra las enfermedades y que, por lo tanto, el aseo personal debía de hacerse “en seco”, solamente con una toalla limpia para frotar las partes expuestas del cuerpo.

Los médicos solían recomendar que los niños se limpiaran el rostro con una tela blanca para limpiar el sebo, pero no en demasía para evitar retirar el color “natural” (sucio) de la piel.

En realidad, los galenos consideraban que el agua era perjudicial para la vista. Que podía provocar dolor dental y catarros, empalidecía el rostro y dejaba los cuerpos más sensibles al frio durante el invierno y la piel reseca en verano.

Además, la Iglesia condenaba el baño por considerarlo un lujo innecesario y pecaminoso.

La falta de higiene no era una costumbre exclusiva de los pobres, el rechazo por el agua llegaba a las esferas más altas de la sociedad. Las damas más entusiastas del aseo tomaban baño, cuando mucho, dos veces por año, y el propio monarca sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones.

Los baños, cuando tenían lugar, se tomaban en una tina enorme llena de agua caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego lo otros hombres de la casa por orden de edad y después las mujeres, también por orden de edad.

Al final llegaba en turno de los niños y bebés que incluso podían perderse dentro del agua sucia. No es de extrañar que los niños de aquella época tuvieran un desagrado por el baño.

La pestilencia corporal.

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Todo era reciclar. Había gente dedicada especialmente a recoger los excrementos de las fosas sépticas para venderlos como abono.

Los tintoreros guardaban la orina en grandes recipientes, que después utilizaban para lavar pieles y blanquear telas.

Los huesos también se trituraban para hacerlos abono.

Aquello que no se reciclaba se tiraba a la calle, porque los servicios públicos de limpieza urbana y sanidad no existían o resultaban insuficientes.

Las personas tiraban su basura y residuos en cubetas por las puertas de sus casas o castillos. Imagínate la escena: el sujeto despertaba por la mañana, tomaba el orinal y lanzaba el contenido por su propia ventana.

La pestilencia que las personas desprendían por debajo de sus ropas se disipaba con abanicos. Pero sólo los nobles tenían el privilegio de poseer lacayos para hacer dicho trabajo.

Además de disipar el aire, también servían para ahuyentar los insectos que se acumulaban alrededor. El típico príncipe de cuento de hadas hedía más que su caballo.

En la Edad Media la mayoría de los matrimonios se celebraban en el mes de junio, de forma que coincidiera con el verano boreal. La razón es simple: el primer baño del año se tomaba en mayo; así, en junio, la hediondez de la persona (en este caso los novios) era todavía tolerable.

De cualquier forma, como algunas personas apestaban más que otras o simplemente se rehusaban a tomar el baño.

Disfrazando el mal olor corporal.

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Enrique VIII

Las novias solían llevar ramos de flores al lado de su cuerpo en los carruajes para disfrazar el mal olor.

Volviéndose, entonces, una costumbre celebrar los matrimonios en mayo, después del primer baño.

No es casualidad que mayo se considere el mes de las novias y que de allí naciera la tradición del ramo de flores.

En los palacios y casas de familia la existencia de baños era prácticamente nula.

Cuando surgía el llamado de la naturaleza, el fondo del patio o un matorral eran los elegidos, según la preferencia de la persona.

No era raro también ver a alguien cagando en las calles.

Los sistemas de drenaje aun no existían; por lo que las ciudades medievales eran verdaderos depósitos de basura y excrementos.

Las grandes metrópolis, como Londres o París, en aquella época se consideraban como algunos de los lugares más sucios del mundo.

Hábitos peligrosos.

Los más ricos poseían platos de estaño. Ciertos alimentos oxidaban el material llevando a mucha gente a morir envenenada, sin saber por qué. Los alimentos ácidos provocaban este efecto y algunos pasaron a considerarse tóxicos durante mucho tiempo.

Con las copas ocurría lo mismo: el contacto con el whisky o la cerveza hacía que el individuo entrara en un estado de narcolepsia provocado tanto por el alcohol como por el estaño.

Alguien que pasara por la calle y viera a otra persona en este estado podía pensar que estaba muerto y luego preparaban el entierro.

El cuerpo se disponía sobre la mesa de la cocina durante algunos días, mientras que la familia comía y bebía esperando a que el “muerto” volviera a la vida o no. Fue de aquí que surgió la costumbre de velar al muerto.

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Una miniatura holandesa de alrededor de 1470 muestra a hombres y mujeres bañándose juntos, mientras incluso algunos comen.

La higiene de los reyes.

El rey Enrique VIII, famoso por romper con la Iglesia Romana y por haberse casado en seis ocasiones, tenía más de 200 empleados que le servían como cocineros, cargadores, agitadores, etc. Pero los sirvientes con la peor de las suertes eran aquellos que debían cuidar de las “necesidades” del rey.

Tenían que despiojarlo una vez al día, limpiarlo luego de que hiciera sus necesidades y lavar sus partes mientras el rey estaba sentado.

Incluso cuando la reina estaba embarazada y el monarca tenía ciertas necesidades, uno de los sirvientes –hombre o mujer– debía “echarse una cascarita” con el rey. Esto, por supuesto, se hacía frente a varias personas, que después del “acto” cambiaban sus ropas.

Sin embargo, incluso ante toda esta suciedad, cuando un noble viajero o cualquier miembro de la nobleza se presentaban ante el rey o la reina, se debía inclinar en señal de veneración. Y si por cualquier motivo esa persona, en ese justo momento, tenía que libertar una flatulencia frente al monarca, la pena era el destierro.

El desafortunado flatulento quedaba exiliado y no podía volver durante 7 años, y eso si el rey admitía su retorno. Esto muy probablemente dio origen a la vergüenza y desaprobación de peerse frente a otros, pese a que es un acto natural y común a todos los mamíferos.

Edad Media: una época solo medianamente apestosa

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El detalle de la letra B con la que empieza el manuscrito «Omne Bonum», c. 1360-1375 muestra una mujer bañando a un hombre.

Blanca y radiante va la novia con su ramo de flores… olorosas.

Las malas lenguas de la historia, esas que presentan la Edad Media como una era de brutos malolientes, sitúan el origen de la tradición del ramo nupcial en el tufo que destilarían las contrayentes de aquellas épocas: la fragancia de las rosas y demás ayudaría a mitigar el pestazo en tan importante día.

Tan importante que la costumbre de celebrar las nupcias en primavera también nos vendría de entonces, porque el baño anual tenía lugar en mayo y así los novios llegarían aún fragantes al altar…

Puede que Isabel la Católica efectivamente sólo hubiera tomado dos baños en su vida, el día de su nacimiento y el de sus esponsales con Fernando el Católico, algo de lo que su propia majestad se jactaba, pero lo de los esponsales primaverales es una invención: en la Edad Media, las bodas tenían lugar en cualquier momento del año, en verano coincidiendo con festivales o otoño e invierno, cuando el trabajo en el campo aflojaba, así que de poco serviría un baño tantos meses atrás.

Claro que, ¿y si resulta que ese no era el único día en que se lavaban? ¿Eran tan poco higiénicos los europeos en la Edad Media como tradicionalmente se les ha presentado?

La historiadora de la Universidad de Londres Katherine Harvey no está de acuerdo en absoluto en esta visión apestosa de la Edad Media y explica en un artículo para la BBC que, para empezar, la propia hija de Isabel la Católica, Juana la Loca, sentía tal afición por bañarse y lavarse el pelo que su marido, Felipe el Hermoso, llegó a temer que enfermara.

La preocupación del real cónyuge respondía a la creencia arraigada entonces de que demasiados baños debilitaban el cuerpo.

La leyenda atribuye al leonés Alfonso VI la destrucción de todos los baños de su reino en el siglo XI tras varias derrotas contra los musulmanes, porque sus soldados se habrían debilitado a causa de tomar las aguas, mito que incluso se recoge en la Estoria de España, el que se considera primer libro de historia de España no traducido del latín, compilado por iniciativa de Alfonso X el Sabio en el siglo XIII.

Tal vez episodios como el de Alfonso VI ayudaron a crear esta leyenda negra sobre la aversión medieval a los baños, que se extiende a toda Europa.

Sin embargo, el propio Alfonso X respetó los establecimientos de aguas tomados en la conquista musulmana, por sus propiedades medicinales; en general, en la península ibérica y tras la conquista cristiana se mantuvieron los baños, habituales entre musulmanes y judíos.

De Carlomagno se dice que era tan aficionado a las aguas termales que por ello hizo construir su residencia en Aquisgrán, conocida por sus manantiales.

Los médicos medievales recomendaban el baño para condiciones tan distintas como un resfriado o las piedras en el riñón; únicamente advertían contra su uso durante las epidemias, porque supuestamente abría los poros, lo que facilitaría la entrada de la enfermedad.

Posiblemente esta reticencia a los baños en plena peste esté en la base de la nuestra visión sobre la higiene en la Edad Media, que se remonta a la Ilustración.

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Una imágen del códice «De balneis Puteolanis» de Petrus de Ebole, siglo XIII, la que se considera primera guía de baños termales

Pero la realidad era que no sólo se recomendaba la limpieza corporal, sino también del pelo, al menos cada tres semanas, con agua y hierbas medicinales; también se peinaba cada día, a veces con polvos hechos de pétalos de rosa, e incluso se recomendaba la depilación del vello y el afeitado.

Y por las mañanas disponían de una vasija o aguamanil para lavarse la cara y las manos.

Los que se lo podían permitir, sin embargo, recurrían a los baños, que mayoritariamente se tomaban de noche; Juan I de Inglaterra, en el siglo XII, viajaba siempre con una especie de bañera y un sirviente para que le ayudara en este menester y llevó a tomar nada menos que diez baños en seis meses; su descendiente, Eduardo III, compró en 1351 una grifería especial para su cámara de baño en Westminster, que disponía de agua fría y caliente.

Los no tan afortunados, es decir, el pueblo, disfrutaba de este placer cuando podía: se sabe que en París sobre el 1200 había al menos 32 baños públicos, más según la estudiosa Régine Pernoud de los que había en 1950, y los retretes en las ciudades estaban más desarrollados que en el siglo XVIII.

De hecho, en sus escritos el filósofo Alexander Neckham, que estudió en la escuela de Petit Point en París entre 1175 y 1182, se quejaba de los gritos de “Los baños están calientes” con que continuamente lo molestaban desde la calle.

El jabón era ampliamente utilizado en toda Europa desde el siglo IX, que ya es decir.

No, el problema con los baños en la edad media no tenía nada que ver con la higiene, sino con la promiscuidad, supuesta o real.

Ya en el siglo XVI, el fraile Luis de Escobar afirma en su obra Las respuestas quinquagenas que en los baños “los sanos se recreaban y los dolientes sanaban”, pero “más también hay grandes males que del mucho uso resultan, que los que en ellos se juntan, hacen pecados mortales, que se hacen lujuriosos, delicados y viciosos”.

Et voilà, fin del misterio. Los baños podían convertirse en una tentación moral, ya que en muchos lugares los tomaban juntos hombres y mujeres, con las consecuencias que no es difícil imaginar.

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Gente quitándose piojos. Miniatura extraída de la «Hagadá Dorada», hacia 1320

Por eso, otro de los motivos por los que algunas personas renunciaron a los baños en particular y a la higiene en general era la obsesión religiosa. Si la limpieza resultaba placentera, ¿qué mejor para purificar el cuerpo, y sobre todo las intenciones, que evitarla?

Porque la suciedad era (es) el caldo de cultivo de muchos y variados gérmenes, pero también de parásitos entre los que destacaban y destacan piojos, chinches y pulgas.

Por eso, repetimos, encontramos casos como el de Santa Margarita de Hungría, que se negaba a lavarse el pelo para que los piojos la martirizaran, o el de Thomas Beckett: cuando fue asesinado, los monjes que prepararon su cuerpo para el entierro descubrieron que su ropa interior estaba llena de piojos y pulgas, algo que fue interpretado como una especie de penitencia.

Y tampoco hay que atribuir la presencia de bichos como un signo de suciedad buscada, ya que la mayor parte de la población europea dormía en jergones de paja, muy propensos a desarrollar estos huéspedes tan poco buscados.

Pero la gente normal, la que no había caído en el aquel sinsentido pietista, se lavaba la ropa. Bien es cierto que los más pobres a veces disponían de una única muda, la que llevaban puesta, pero a poco que se hicieran con una camisa o calzones extras procuraban irlos lavando, tarea que se adjudicaba a las mujeres.

Y con tanta dedicación se empleaban en la labor que para quitar bien la suciedad utilizaban cenizas de madera y orina, y la apaleaban con barras de madera después de sumergirla en tinas, en la orilla de los ríos o lavaderos, una escena que se ha podido ver en nuestros pueblos hasta no hace tanto.

Los baños, la ropa, el pelo… y los dientes. Nuestros hombres y mujeres medievales eran conscientes de la importancia de una buena y sana dentadura, y abundaban los consejos para cuidarla y no tener que terminar en la barbería.

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Luis XIV, sentado, en un retrato de Nicolas de Largillere, cerca de 1700

Gilbert el inglés, un médico del siglo XIII, recomendaba frotarse los dientes con polvos hechos de hierbas, como la menta, también que se secaran los dientes después de comer con un paño de lino seco, “para que no se pegara la comida y se produjera podredumbre”.

En Gales la costumbre era limpiarlos con brotes de avellano y secarlos y frotarlos hasta que brillaran, y en la Península Ibérica se solía utilizar para su higiene un trapo de lino seco y cenizas de romero.

Fue sin embargo un cirujano francés, Guy de Chauliac (1300-1368), quien más y mejor se dedicó a la dentadura de sus contemporáneos: sus recomendaciones van desde evitar los alimentos de fácil tendencia a la putrefacción a su limpieza con una mezcla de miel, sal quemada y una pizca de vinagre.

El cuidado corporal no se detenía ahí, sino que llevaba hasta los olores. Existen numerosos tratados, recetarios y costumbres para evitar la fetidez corporal.

Trota de Salerno, médica italiana de mediados del siglo XI, recomendaba a las mujeres cuya transpiración era demasiado intensa que se limpiaran con «un paño humedecido en vino, en el que se habrían hervido hojas de arándanos y moras”.

Sí, en plena Edad Media se preocupaban por que el sudor no fuera pestilente y lo hacía un médico, mujer, para más señas. ¿Cómo se les ha quedado el cuerpo?

La sucia historia del lavado de manos

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Semmelweis (1818-1865) en un retrato en torno al año 1850

Hasta mediados del siglo XIX la idea de que lavarse las manos era importante para no enfermar era algo difusa.

Es cierto que, antes, algunos manuales recomendaban mantener las manos limpias por decoro y que los médicos lo aconsejaban por un cierto sentido común, pero con una base científica poco sólida.

En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis demostró que esta práctica, literalmente, salvaba a muchas personas de la muerte, algo que hoy se da por descontado pero que entonces constituía una novedad.

La técnica, no obstante, no se abrió paso en la comunidad científica hasta décadas después, por el rechazo de una parte de sus colegas y por el propio carácter de su inventor, y si bien es cierto que los avances de Semmelweis salvaron muchas vidas, también lo es que arruinaron la suya.

Sería injusto decir que en épocas anteriores se ignoraba el concepto de higiene.

El Islam incorporó desde sus inicios esta idea como medio para la purificación, y en la Edad Media , entre ciertos estamentos, era común lavarse las manos antes y después de las comidas (el tenedor es un invento relativamente reciente).

En el Renacimiento , el médico italiano Tommaso Rangone señalaba que las manos “debían ser limpiadas de las superfluidades, el sudor y la suciedad que la naturaleza suele depositar en esos lugares”. Los médicos pensaban que, efectivamente, las manos sucias podían transmitir enfermedades, pero más bien de tipo de dermatológico.

El historiador Peter Ward, autor de The clean body: a modern history (El cuerpo limpio, una historia moderna), destaca el chocante punto de vista que las clases altas de los siglos XVII y XVIII tenían sobre la limpieza.

Uno de los primeros personajes que trata en su libro es Luis XIV , quien sólo se dio dos baños en su vida adulta y por razones médicas.

Como fuera que no resolvieron sus trastornos, nunca volvió a bañarse. Eso sí, el monarca se lavaba con asiduidad las manos y se cambiaba a menudo se ropa. Más allá de que se trate de un personaje excepcional, la postura del rey francés ante la higiene ejemplifica la actitud de las clases altas occidentales al respecto durante la edad moderna.

A mediados del siglo XIX, la limpieza personal había seguido ganando consideración entre las clases acomodadas, pero, como recuerda Ward, se le daba una importancia más social que médica, porque se la consideraba un símbolo de estatus.

Por eso, cuando un médico húngaro, Ignaz Semmelweis (1818-1865), cuestionó las prácticas de sus colegas señalando que podían dar lugar a enfermedades, se enfrentó al rechazo de la vieja guardia de su profesión.

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Una ilustración de un catálogo de baños de 1884 de una empresa estadounidense Smith Collection

Semmelweis trabajaba en el hospital general de Viena, cuya maternidad contaba con dos alas. En la primera, atendida por comadronas, las muertes de madres a consecuencia de infecciones y fiebre puerperal eran muy elevadas, pero en la segunda, que estaba a cargo de médicos y estudiantes de medicina, la cifra era mayor y llegaba a un monstruoso 10%.

Realizó pruebas de toda clase para averiguar el motivo de esa diferencia e incluso llegó a considerar la posibilidad de que hubiera mujeres para quienes ser atendidas por hombre supusiera una tensión nerviosa tal que desembocaba en la muerte.

A ojos de hoy, la razón de aquella diferencia es inconcebible. Como parte de la formación de los nuevos doctores, los médicos y estudiantes de la clínica realizaban autopsias a diario y, aunque parezca increíble, luego, sin solución de continuidad, atendían a las pacientes en el parto, con resultados funestos.

Las comadronas no participaban en esas autopsias y eso explicaba que el nivel de fallecimientos en su caso fuera menor aunque continuara siendo muy elevado. Semmelweis hizo que unos y a otras, antes de atender a una paciente, se lavaran las manos con una solución de hipoclorito cálcico.

La tasa de fallecimiento de madres durante el parto se situó entre un 1 y un 2%.

Aunque faltaba mucho para que fuera desarrollada una teoría sobre los gérmenes, Semmelweis vinculó las infecciones con una substancia que el calificó de “partículas cadavéricas” transmitidas por los médicos.

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En otro punto del planeta, en Estados Unidos, Oliver Wendell Holmes desarrolló, prácticamente de forma simultánea, la misma teoría y formuló las mismas recomendaciones.

Pero a pesar del éxito espectacular de las técnicas, la innovación no fue bien recibida por todos. En la Viena de la época convivían dos generaciones de médicos: la primera, conservadora y vinculada con prácticas pasadas; la otra, a la que él pertenecía, renovadora.

Para los primeros, era muy difícil admitir que el culpable de la muerte de aquellas mujeres era justamente el contagio procedente de quien se suponía que debía cuidar de ellas.

Además, había una cuestión de clase: la mayor parte de los médicos pertenecían a clases bien situadas y tenían de sí mismos la imagen de personas con una escrupulosa higiene, porque la limpieza personal se había popularizado en las últimas décadas y se había convertido en un símbolo de posición.

La suciedad, pensaban, era propia de las capas sociales más bajas.

Por eso, tanto sus trabajos y recomendaciones como los de Holmes en Estados Unidos fueron ridiculizados por una parte de la comunidad médica que veía sus conclusiones como inaceptables. Algunos investigadores, por su parte, añaden otros dos aspectos que dificultaron la difusión de sus ideas.

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El primero es que en una sociedad machista como la de mediados del siglo XIX, el embarazo y el parto eran considerados cosa de mujeres y la obstetricia era una especialidad médica de poco prestigio; el otro, que el propio científico no fue capaz de transmitir sus ideas de forma adecuada, sea por un dominio deficiente del alemán o porque no utilizó los canales habituales de divulgación del momento.

Semmelweis perdió su empleo y terminó sus días en un sanatorio psiquiátrico donde falleció en 1865, según algunas fuentes de una infección generalizada o de trastornos relacionados posiblemente con el alzhéimer.

No obstante, en las siguientes décadas se descubrieron los gérmenes y se comprendió su comportamiento, a partir de Louis Pasteur o de Robert Koch. Joseph Lister, por su parte, fue el pionero de la antisepsia en la cirugía, que incluía el lavado de manos en profundidad con un éxito espectacular, aunque tampoco logró sortear las críticas de muchos de sus colegas.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, lavarse las manos se había convertido no ya en una costumbre dictada por los cánones sociales, el decoro o la estética, sino que tenía claramente una base científica.

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Dos cuidadoras supervisan a un grupo de niños mientras se lavan las manos en París, cerca de 1920

Al mismo tiempo que la figura de Semmelweis era reivindicada, al fin, por la comunidad científica, la idea de la higiene personal dio otro paso adelante vinculado a los efectos de la revolución industrial.

Por una parte, las grandes concentraciones crecían y se consolidaban como puntos de concentración de riqueza; por otra los avances tecnológicos y arquitectónicos permitían que el agua corriente empezara a llegar a los domicilios acomodados y que el cuarto de baño, tal y como lo conocemos, ocupara la función imprescindible que hoy le otorga nuestra cultura.

La idea de lavarse las manos adquirió otra dimensión, propia de la población instruida, con la inestimable ayuda, por supuesto, de la publicidad de las marcas de jabón y detergentes.

Sin embargo, a la historia del lavado de manos todavía le queda, por decirlo de algún modo, mucho recorrido.

Un estudio realizado entre estudiantes universitarios publicado el 2009 por el American Journal of Infection Control señalaba que tras la micción el 69% de las mujeres y sólo el 43% de los hombres se lavaban las manos; y que antes de comer únicamente lo hacían el 7% de ellas y el 10% de ellos.

La guerra que empezó Semmelweis -por utilizar el lenguaje marcial de estos días de coronavirus- aún no está ganada.

nuestras charlas nocturnas.


Qué fue “la gran renuncia masculina”, una peculiar consecuencia de la Revolución Francesa …


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«¡Ah, qué antigüedad!», dicen los de la izquierda. «¡Oh, qué locura esa novedad!», dicen los de la derecha, en esta ilustración satírica de Alexis Chataignier (1797).

BBC News  —  Libertad, igualdad, fraternidad… y una gran renuncia, en un aspecto de la vida cotidiana que no siempre se asocia inmediatamente con la Revolución Francesa.

Sin embargo, dado que París fue el epicentro de ese terremoto social, no extraña que las ondas sísmicas sacudieran un mundo en el que solía dictar las reglas: el de la moda.

A lo largo de la historia, los hombres y las mujeres en Occidente habían usado ropa y accesorios esplendorosos para denotar su estatus.

Telas fastuosas, colores brillantes, joyas relucientes, pelucas enormes, polvos en el pelo y rostros y diseños extravagantes e imprácticos para mostrar cuán ricos eran y cuán poco trabajo manual tenían que hacer.

Pero de repente, estalló la Revolución y todo cambió, incluso en sociedades como la británica, donde la aristocracia rechazaba horrorizada la destrucción de su forma de vida al otro lado del Canal de la Mancha.

Ni en estilo ni en sustancia

El cambio ya había empezado con el movimiento intelectual que llegó a conocerse como la Ilustración, que trajo consigo un nuevo respeto por lo racional y útil, y un énfasis en la educación en lugar de los privilegios.

La moda masculina se inclinó hacia prendas más prácticas, y hasta los aristócratas ingleses habían comenzado a usar ropa simplificada más a tono con su trabajo de gestión de sus grandes propiedades en el campo.

La Revolución reforzó esa tendencia hacia la sencillez y fue más allá.

En su fervor, hasta los objetos y costumbres más comunes se convirtieron en emblemas políticos y fuentes potenciales de conflicto político y social, y la vestimenta pasó a ser una forma de expresar simpatías políticas.

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No exactamente jeans y camiseta, pero esta era la moda «sencilla» en Francia durante la penúltima etapa de la Revolución Francesa (1795-1799).

La vestimenta masculina se volvió particularmente emblemática; el traje distintivo de los partidarios más militantes de ese movimiento, los sans-culottes, -pantalones largos con doblez abajo, así como el carmagnole (chaqueta corta) y el gorro frigio de la libertad-, se convirtió en símbolo del igualitarismo jacobino.

A medida que los radicales y los jacobinos se hicieron más poderosos, creció la repulsión contra la alta costura debido a su extravagancia y su asociación con la realeza y las aristocracia.

Los caballeros tenían que parecer como si fueran hombres de acción y resolución, nada parecidos a la odiada nobleza, ni en estilo ni en sustancia.

Así, los pantalones largos desplazaron a los bombachos de seda hasta la rodilla que usaban las clases altas, y detalles como las grandes y elaboradas hebillas de metal cortado con joyas falsas «al estilo París» fueron abandonadas, así como los colores brillantes. Y aunque la alta moda y la extravagancia regresaron a Francia durante la época del Directorio, (1795-1799), la forma de vestir de los hombres había cambiado para siempre.

El «influencer»

En Inglaterra, el joven George «Beau» Brummell, amigo del príncipe de Gales y árbitro de la moda masculina, notó que el cambio tenía mucho en común con varios de los valores tradicionales ingleses, como la modestia y la templanza.

Desarrolló entonces un estilo que era enteramente nuevo y discreto.

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Todo un influencer.

Un caballero, insistió, debe estar fastidiosamente limpio, delgado y elegante.

Su ropa debía ser admirada por la perfección de su corte y ajuste, y debía estar hecha en tonos sutiles y tenues.

En resumen, los hombres debían mostrar su valía a través de su atención a los detalles, sus conocimientos y sus obras, y no sencillamente cubriéndose de símbolos de riqueza.

En detalle, su uniforme era un abrigo azul con un chaleco de ante, camisa de lino blanquecino con una corbata blanca, pantalones de ante y botas de montar oscuras. Por la noche, el chaleco era blanco, el pantalón negro, con calcetines de seda a rayas y zapatillas negras.

Además, reemplazó la dependencia de perfumes y polvos para la higiene personal por el concepto de un baño diario.

Su estilo se extendió de una manera parecida a lo que ocurre de hoy: alguien influyente innova y todos en su círculo -que gracias a su amistad con la realeza y su encanto era el 1% de la sociedad británica- lo imitan.

Su ropa representaba una elegancia discreta que incluía un desdén por todo lo «exagerado», y lo que hizo a principios del siglo XIX todavía conforma el consenso de muchos sobre cómo se ve el buen gusto en la moda masculina.

Atroz

El cambio no complació a todos, por supuesto.

A algunos les pareció tan atroz que en 1929, en Reino Unido, surgió el Men’s Dress Reform Party (MDRP), o el Partido por la reforma de la vestimanta masculina, para el que movimientos como la Revolución Francesa habían propiciado una manera de vestir aburrida que era «deprimente» y carente de creatividad que impedía la individualidad.

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Entre los objetivos del MDRP estaba «liberar el cuello» usando el «estilo Byron» (como el poeta), así como la de las partes nobles, con la falda escocesa.

Abogaban por mejorar la salud y la higiene de los hombres cambiando los estilos y materiales típicos de la vestimenta masculina, que cada vez eran más restrictivos y dañinos, en contraste con la «emancipadora» ropa de las mujeres.

El psicólogo John Carl Flugel, uno de sus miembros, sostenía que, desde el final del siglo XVIII, los hombres habían dejado progresivamente de usar formas de ornamentación más brillantes, elaboradas y variadas, «haciendo de su propia sastrería la más austera y ascética de las artes».

Fue él quien le dio a ese evento el nombre de «la gran renuncia masculina», o la ocasión en la que los hombres «abandonaron su pretensión a ser considerados hermosos» y «desde entonces aspiraron solamente a ser útiles».

nuestras charlas nocturnas.

 

 

 

 

 

 


Juventud y odio en la red, un cóctel cada día más normalizado …


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The Conversation(S.K.Kardelis)  —  El fenómeno del discurso de odio no es reciente ni novedoso. Sin embargo, en las últimas décadas los mecanismos por los que se transmite y la envergadura de su impacto se han transformado. Un indicador muy significativo es la evolución que muestran los informes anuales sobre delitos de odio del Ministerio del Interior desde 2013.

Ese primer año se registraron por parte de los cuerpos policiales 1172 delitos de odio y en el último informe publicado, en 2019, el total de delitos de odio asciende a 1706, de los cuales 204 se cometieron en el ámbito virtual.

Teniendo en cuenta que únicamente una fracción de los discursos de odio llegan a considerarse delitos, podemos deducir que la magnitud real del fenómeno es mucho mayor. Cada vez hay más prácticas sociales mediadas por la tecnología y la digitalización del discurso de odio no es una excepción.

Existen varios mecanismos y características del ecosistema comunicativo contemporáneo que ayudan a explicar la proliferación de los discursos de odio en el espacio virtual.

La sensación de anonimato

El primero es la sensación de anonimato, a pesar de la huella digital que inevitablemente dejamos con nuestro paso por la red y de la que cada vez somos más conscientes.

Desligar las interacciones de la propia corporalidad y gestualidad contribuye a despersonalizar y deshumanizar las actuaciones online. Se genera cierta sensación de irrealidad o distancia sobre lo que ocurre en Internet que enmascara las consecuencias que tienen esas acciones y produce cierto efecto desinhibidor.

Internet es un altavoz inmediato

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El segundo es la capacidad para constituirse en altavoz: el alcance de las conductas realizadas por Internet o redes sociales resulta incomparablemente más amplio que el de las conductas realizadas presencialmente debido a la globalidad, flexibilidad, inmediatez y permanencia de la información en el ecosistema digital.

En tercer lugar, Internet es un terreno abonado para la desinformación. Los perfiles capaces de generar y compartir información en el espacio online son tan diversos y heterogéneos como usuarios existen de Internet y esto ha incrementado enormemente la capacidad de generar y difundir informaciones manufacturadas o bulos.

Tras el primer confinamiento, ligado a la crisis del Covid-19, aunque la mayoría de los y las jóvenes (62,8 %) afirmaba sentirse muy informada, únicamente el 41,2 % sentía un nivel de confianza alto en la información recibida y un 31,5 % consideraba que la información en Internet es menos veraz que la de los medios tradicionales.

El espacio virtual permite generar cámaras de eco informativas puesto que cada individuo puede personalizar y filtrar las fuentes y el contenido que recibe hasta configurar un acceso a la realidad segregado ideológicamente.

Los filtros burbuja

Por otro lado, el aprendizaje automático de los motores de búsqueda en línea y de las redes sociales personaliza los contenidos y puede terminar configurando filtros burbuja, un acceso a información mediado por algoritmos automatizados que inadvertidamente también contribuyen a incrementar la segregación ideológica y el sesgo informativo.

Por último, también están las herramientas de la inteligencia artificial en formato bot, herramientas automatizadas diseñadas para crear un clima de opinión concreto que influye sobre cualquier debate boicoteando o fomentando posturas específicas.

Todos estos mecanismos ayudan a crear espacios virtuales en los que interactúan principalmente individuos con posicionamientos afines que pueden reforzar mutuamente sus discursos creando una sensación de pertenencia a una comunidad.

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El impacto en los jóvenes

El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (CRS) de la Fad ha desarrollado recientemente el proyecto de investigación “No More Haters. Romper cadenas de odio, tejer redes de apoyo: los y las jóvenes ante los discursos de odio en la red”, que permite poner el foco sobre el impacto de estos mecanismos de la comunicación online en las vidas de los y las jóvenes.

En el proyecto se abordó desde una aproximación cualitativa la percepción, las actitudes y las experiencias de la juventud española a la hora de interactuar con el discurso de odio en el entorno virtual.

Los y las jóvenes tienden a asimilar Internet con una “ciudad sin ley”. Se interpreta que la propia naturaleza de la red es no tener límites ni fronteras, por lo que se presupone que es ingobernable. De este modo, se asume una carga inevitable de discursos de odio como peaje necesario para aprovechar la libertad asociada al entorno virtual y esta normalización del odio facilita su difusión.

Esta forma de odio normalizado resulta especialmente peligrosa por su integración y asimilación en las prácticas culturales y por la legitimación que ofrecen agentes sociales como referentes mediáticos o influencers, amplificando conductas que de otro modo serían marginales.

En la cima de la pirámide de ese ejercicio de legitimación del ataque y el insulto se encuentra el odio institucionalizado como arma arrojadiza entre partidos políticos, odio como propaganda de polarización, líderes que desacreditan a medios de comunicación mientras transmiten bulos y emplean un lenguaje y enfoque que puede perpetuar estereotipos discriminatorios.

Hay un nexo de unión claro entre los bulos y las estrategias comunicativas de los nuevos partidos populistas de ultraderecha a nivel global que persiguen reforzar una imagen de actor político antisistema o alternativo que les otorga rédito electoral ante la desafección política de la ciudadanía.

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La reproducción de los problemas sociales

En definitiva, el discurso de odio en el espacio virtual no es otra cosa que la exteriorización y reproducción de los problemas y discriminaciones subyacentes en el mundo social y la generalización del uso de Internet es un caldo de cultivo propicio para que proliferen.

Sin embargo, no podemos obviar el enorme potencial democrático del espacio virtual con la emergencia de una mayor diversidad y polifonía de voces. Los mismos mecanismos que abonan el discurso de odio también propician que los movimientos sociales tengan un mayor impacto y una mayor capacidad movilización y denuncia.

Internet no es únicamente una herramienta de reproducción y difusión de mensajes, sino que actúa también como espacio de reflexión y transformación y puede facilitar las herramientas para construir contranarrativas y combatir el discurso de odio.

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¿A quién no le gustaría tener el auto, la camioneta o la mismísima casa rodante de Tom Hanks?


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Infobae  —  Comprar el auto de un actor puede ser siempre muy atractivo para cualquier fanático de las estrellas del cine o la TV, algo similar puede ocurrir con los automóviles de grandes figuras del deporte, aunque en este caso, suele encontrarse que algunos autos tienen detalles personales que los hacen únicos. Tal fue el caso de varios modelos de Ferrari que el alemán Sebastian Vettel puso en venta el año pasado, tras terminar su relación deportiva con la casa de Maranello. Los autos de Vettel tenían, de hecho, su nombre grabado, impreso o incluso bordado en los distintos modelos que sacó a la venta.

Pero hay vehículos verdaderamente especiales por otras cosas, como por ejemplo, por la historia que se vivió con ellos. La casa rodante Airstream de Tom Hanks, es una de esos raros casos.

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La casa rodante es de 1993, Hanks la decoró a su gusto, sin estridencias ni excentricidades, y la usó como su «casa» en el rodaje de 18 películas

Las casas rodantes Airstream son muy populares en EE.UU. y suelen verse en todo el país, incluso cuando los Motorhome autoportantes son un verdadero furor. Por su diseño, su color y su largo, son probablemente tan típicos como los Ómnibus de Greyhound que hemos visto en las películas toda nuestra vida.

Pero aunque por fuera lo parezca, este Airstream modelo 34 Limited Excella de 1992 no es común. En primer lugar, porque al ser la “casa fuera de casa” de Tom Hanks durante tantos años de rodajes, tiene una colección de calcomanías con las locaciones, sus fechas y las películas en las que se utilizó, pero una vez adentro, es realmente una casa rodante con un diseño personal.

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El gran sofá que Hanks quiso poner tuvo que tener patas rebatibles para que pudiera pasar por la puerta de la Airstream

Hanks la compró en 1993 y pidió que la decoración interior fuera de determinada manera. Pidió que la cocina y el baño estuvieran uno al lado del otro en el centro. Al entrar a su casa rodante, lo primero que encontraban sus visitantes era un living con un gran sillón, una chimenea eléctrica, un pequeño comedor con una mesa y sillas frente al artefacto de cocina, y una buena pantalla de TV sobre la cabina del conductor. En la parte trasera, una cama común de una plaza y media con su placard y una mesada que podía servir como escritorio. Todo esto con una buena superficie vidriada propia del diseño de las casas rodantes Airstream.

Pero la casa rodante se subastará completa, con todo lo que hay dentro, como platos y utensilios de cocina, cafeteras espresso de metal, y una taza del Apolo 13 firmada por Hanks y sus coprotagonistas en la película: Gary Sinise, Kevin Bacon y Bill Paxton. Para que tenga más valor, Hanks también autografió un mueble al lado de la puerta y el aire acondicionado.

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Un dormitorio austero y práctico, para tener un lugar de descanso sin el lujo que uno podría imaginar de un atro de Hollywood

“No olvidaré las sesiones nocturnas en Gump y The Green Mile con las ventanas abiertas y el aire fresco entrando. O la vez que Kevin Bacon, Bill Paxton y yo vimos un documental de Buster Keaton en la televisión, antes de correr por Forest Lawn cementerio con nuestros trajes de Apolo 13 para rendir homenaje en su tumba”, dice el actor ganador de un Oscar.

Para Hanks, venderla no es más que desprenderse de algo que le recuerda grandes momentos, pero que ya no es útil, porque “las películas se mueven más rápido ahora y ya no tienen tanto tiempo durante durante las filmaciones”.

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El medio de arrastre de la casa rodante también se subasta. Es una Ford F-150 Super Duty Lariat de 400 CV

Vale el juego de palabras, para decir que la subasta del Airstream arrastra también a su medio de arrastre. Porque junto a la casa rodante, se venderá también la Ford F-150 Super Duty Lariat de 2011. Una camioneta que hace combinación con su remolque por su color, aunque no tanto por su aspecto. Mientras adelante tira una “bestia” con un V8 diésel de 6.7 litros que logra 400 CV con un aspecto moderno e imponente, atrás hay una casa rodante Vintage. Combinaciones que un astro de Hollywood se puede permitir.

La F-150 está completamente equipada con un sistema multimedia, climatizador, iluminación interior, monitor de presión de neumáticos o asistente de arranque en pendiente, control de balanceo de remolque y controlador de freno de remolque especialmente ajustado para frenos hidráulicos y eléctricos. Y por supuesto, tiene la firma de Hanks en su tablero.

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Tom Hanks con uno de sus «juguetes» favoritos: el Toyota Land Cruiser 1980 al que le puso un motor GM de 180 CV

Pero fuera de la casa rodante y la camioneta que el actor no manejaba por razones de seguridad, hay dos autos completamente distintos entre sí, pero igualmente únicos que se subastarán el próximo 13 de agosto a través de Bonhams Quail Lodge, en Carmel, California.

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Además del motor, al Land Cruiser le cambiaron las butacas, reemplazando las originales por estas de Porsche, nada menos

Uno es el Toyota Land Cruiser FJ40 de 1980, en el que, por pedido de Hanks, se reemplazó el motor original Toyota 6 cilindros de 4,2 litros que tenía unos 135 CV, por un poderoso GM V6 de 4.3 litros que alcanza 180 CV. Además, por sobre otra reforma en las suspensiones, que lo elevaron más aún del despeje original de este fabuloso 4×4, uno de los más extremos de todos los tiempos, la sorpresa está en el interior, ya que los asientos originales fueron reemplazados por dos butacas Porsche, y el actor le agregó un poderoso equipo de aire acondicionado, que naturalmente no venía de serie en este vehículo en los años 80.

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El último de los exponentes sobre ruedas que subasta Hanks, es este Tesla Model S P85D de 2015, color verde British Racing, que no viene de serie y el actor mandó a pedir por ser su color favorito

El último auto del “lote Hanks” es también único, pero por su color. Se trata de un Tesla Model S P85D de 2015, el predecesor del actual Model S Plaid. ¿Y por qué es especial por su color? Porque el protagonista de Forrest Gump, Apollo 13, Sully, Rescatando al Soldado Ryan o Naufrago, lo encargó de color verde oscuro British Racing Green, que no viene de serie en los autos de la empresa californiana de autos eléctricos y es el color favorito de Hanks.

Cuánto se pide por estos vehículos es la cuestión. Por la casa rodante Airstream, se calcula que el monto estará cerca de los 300.000 dólares. Por la F-150 se espera alcanzar los 85.000 dólares, por el Tesla Model S unos 60.000 y por el Toyota Land Cruiser, nada menos que 150.000 dólares, aunque claro, al ser subasta, cada vehículo puede encontrar su media naranja que sea capáz de pagar el doble si así lo cree necesario para asegurárselo en su garage.

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A 130 años del falso incendio del Museo del Prado …


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Titular de la noticia, publicada hace ahora 130 años por «El Liberal»

Ocurrió un 25 de noviembre de 1891, hace unos 130 años. El titular de la portada de «El Liberal» era elocuente: «La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio del museo de pinturas». Su autor, Mariano de Cavia, describía la desgracia al detalle.

Una columna de humo que salía del edificio, trazado por Juan de Villanueva unos 70 años antes, era visible desde cualquier punto de la ciudad. No es que ardiera una de sus alas: el edificio entero estaba siendo pasto de las llamas. Las pérdidas no eran humanas.

Eran casi espirituales. Los haces de chispas que revoloteaban en torno al fuego «semejaban luminosos residuos del espíritu de Velázquez, Murillo, Rafael, Rubens, Tiziano, Goya…». El listado de bajas era comparable al de un parte de guerra: «La rendición de Breda», de Velázquez; «Doña Isabel la Católica dictando su testamento», de Eduardo Rosales; la «Sagrada Familia del Pajarito», de Esteban Murillo…

De la puerta central de la pinacoteca, escribía el cronista, salían varios hombres arrastrando lienzos, arrancados de sus marcos gracias a cuchillos, navajas y cualquier otro objeto afilado que tuvieran a mano.

Sin embargo, nada conseguía congelar aquel infierno. Las mangueras de los bomberos parecían avivar aún más las llamas. «La confusión era inmensa. Todos mandaban; nadie obedecía», decía De Cavia.

¿En qué estaban pensando?

Los trabajos de extinción, proseguía, fueron seguidos en primera línea por Manuel Linares Rivas, ministro de Fomento. Cuando fue conocedor de las causas del infortunio, entró en cólera. «Pero, ¿en qué pensaban mis antecesores? Esto se hallaba en el más escandaloso de los abandonos (…)

¿A quién se le ocurre tolerar que en los desvanes del museo se albergase toda una muchedumbre, con niños, mujeres, perros y gatos? ¿Cómo lo consentían los directores de Instrucción Pública? ¿Cómo lo autorizaban los ministros de Fomento?», se lamentaba el político. «El incendio está en todo su horrible apogeo, y el Museo del Prado, gloria de España y envidia de Europa, puede darse por perdido», escribía De Cavia.

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Fachada del Museo del Prado, en una fotografía tomada en los años veinte del pasado siglo

Muchos madrileños salieron a la calle aquel 25 de noviembre nada más toparse con el titular de «El Liberal». No se hablaba de otra cosa en la capital. En algunos casos, los vecinos acudieron en dirección al museo con varios cubos de agua encima, dispuestos a salvar lo poco que quedaba del Prado.

Sin embargo, una vez allí, descubrieron que el edificio estaba intacto. Nada había ocurrido. Si hubieran leído la noticia hasta su último párrafo, se habrían dado cuenta del engaño: «Ahí va, en brevísimo extracto, la reseña de los tristes sucesos… que pueden ocurrir aquí el día menos pensado», finalizaba el autor.

Así es. El falso incendio del Prado, que cumple 130 años este 2021, puede considerarse una de las primeras «fake news» acreditadas.

Y lejos de constituir una broma, es muy posible que aquel artículo salvara la vida del museo. En el texto, De Cavia señalaba que el fuego se inició en uno de los desvanes del edificio, «ocupados, como es sabido, a ciencia y paciencia de quien debía evitarlo, por un enjambre de empleados y dependientes de la casa».

Esto era de lo poco cierto que relataba: entonces, los trabajadores del Prado residían en la pinacoteca y se servían habitualmente del fogón «para toda clase de menesteres caseros», sin ser conscientes de que «una sola chispa podía bastar para la destrucción de riquezas incalculables».

Tampoco ayudaba el hecho de que los suelos y la techumbre, «desnudos», sin ningún tipo de protección, constituyeran «inmejorables agentes para el elemento destructor, gracias a la endeblez y combustibilidad de sus tablones» de madera. «Un brasero mal apagado, un fogón mal extinguido, un caldo que hacer a media noche, una colilla indiscreta…».

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Así, en 1891, no eran pocas las voces que se alarmaban por la impunidad de estos funcionarios y a la vez inquilinos.

Actuaban como si la pinacoteca fuera su propia casa: guisaban, se calentaban y secaban la ropa en torno al fuego, lo cual, ya por aquel entonces, era percibido como una temeridad. Su director, Federico de Madrazo, alertó al Gobierno de la situación, sin ningún éxito.

Quien si lo obtuvo fue el artículo de De Cavia.

No esperaba que aquella mentira piadosa obtuviera tanta repercusión. Incluso más allá de nuestras fronteras.

Periódicos como «Le Temps», «Il Secolo» y «The Daily Chronicle» se hicieron eco de la falsa noticia.

Mientras, el resto de rotativos nacionales recogieron el guante lanzado por De Cavia y publicaron editoriales sobre las medidas que debía tomar el Gobierno de Cánovas para que no se produjera la catástrofe predicha.

De hecho, solo entonces, y por clamor popular, el ministro Linares Rivas, el mismo que era retratado por De Cavia en su ficción, decidió visitar el Prado. Así, ordenó que los sótanos fueran desalojados y mandó construir dos pabellones para los empleados del Museo.

Eso sí, el público seguiría pisando suelos de madera hasta bien entrado el siglo XX, cuando fueron sustituidos definitivamente por los de mármol.

Madrid llora

Un día después, De Cavia publicó un nuevo artículo titulado «Por qué he incendiado el Museo del Prado». Defendía que su invención no era «una broma, un camelo ni una originalidad». «Por de pronto, hemos logrado despertar la atención del Gobierno y conmover hondamente al pueblo de Madrid.

Ayer hubo gentes que lloraron… por lo que tenía facilísimo remedio. ¿No es esto mejor, y más sano para la patria, que llorar por lo irremediable? Hemos inventado una catástrofe… para evitarla», finalizaba el texto.

Y así ha sido. Desde aquel 25 de noviembre de 1891, el Museo del Prado ha sufrido los males propios de cualquier institución de sus dimensiones, encargado, además, de custodiar tanto y tan sensible material.

Eso sí, jamás un incendio. Más bien su reverso, las humedades, que pueden ser igual de dañinas en el patrimonio. Nunca lo sabremos con certeza, pero es muy probable que si hoy podemos mirar a los ojos a Velázquez en «Las Meninas», perdernos en «El jardín de las delicias» del Bosco o sentirnos retados por «El caballero de la mano en el pecho» del Greco, sea debido a aquella noticia falsa que sobresaltó no solo a los madrileños, sino a todo un planeta.

Una pluma afilada

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Mariano de Cavia reconoció que, a la hora de describir su falso incendio, se inspiró en un artículo de «Le Figaro», publicado en el primer trimestre de 1889. «Golpe de Estado.

La República ha muerto. Ernesto I, emperador», rezaba el titular.

Con aquel encabezamiento, el rotativo francés pretendía llamar la atención de los lectores sobre el curso que podrían tomar los acontecimientos si el general George Ernest Jean-Marie Boulanger seguía acaparando poder en el país.

En todo caso, De Cavia estaba predestinado a ser un renovador del oficio. Un hombre de y para el periodismo. Aragonés de nacimiento y habitual de las tertulias, Valle-Inclán no pudo evitar deslizar su nombre en «Luces de Bohemia» (1920), prácticamente a modo de homenaje póstumo.

Podía escribir de cualquier cosa y siempre de manera brillante: crítica taurina, usos y costumbres, modas importadas…y neologismos. Dedicó un artículo a solicitar que el término «football» se sustituyera por el de balompié. De estar vivo, no es difícil imaginarle sacando su afilada punta a términos como «fake news» o «postverdad».

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Siete dichos populares y sus orígenes …


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marcianosmx.com  —  El castellano es un idioma antiguo muy divertido. A lo largo de la historia se han acuñado toda una serie de modismos y dichos que, cuando son analizados lógicamente, tienen muy poco sentido.

Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a ellos que simplemente se nos escapan de la boca sin que nos pongamos a pensar de donde vinieron. ¿Alguna vez has querido saberlo?

Romper el hielo

En el ambiente náutico, romper el hielo originalmente aludía a los días en que todo el comercio existente se hacía por barco, sin importar el clima o las condiciones.

Como es de imaginarse, no era nada raro que los grandes barcos quedaran varados entre el hielo espeso, y otros navíos más pequeños eran enviados con el fin de romper este hielo frente a los barcos en problemas para abrirles camino y que siguieran avanzando, de una manera similar que una broma o chiste puede allanar el camino para futuras relaciones.

A caballo regalado, no le mires el diente

Mirar en la boca de un caballo para inspeccionar su dentadura era una forma tradicional de determinar su valor.

Por lo tanto, si alguien te regalaba un caballo, mirarle los dientes sería el equivalente a ver la etiqueta de precio de la nueva baratija que alguien te había regalado. Esto era considerado algo verdaderamente grosero.

Dormirse en los laureles

De vuelta en la antigua Grecia, no había nada que amaran más los griegos que copular o mostrar su destreza. No olvidemos que ellos iniciaron los Juegos Olímpicos, pero incluso antes de eso, ya se disputaban los Juegos Pythian, que eran premiados con coronas de laurel – cuyas hojas eran asociadas con el dios griego de la música y la poesía, Apolo.

Se podría decir que los campeones se dormían en sus laureles cuando disfrutaban del resplandor de sus victorias – aunque en ese entonces la frase no tenía connotaciones tan negativas como en la actualidad.

Lágrimas de Cocodrilo

Artífices de la palabra como Sir John Mandeville, e incluso el viejo conocido Shakespeare, difundieron el mito de que los cocodrilos lloraban con el fin de provocar en sus presas un falso sentimiento de seguridad.

Y aunque los cocodrilos son capaces de producir lágrimas, no lo hacen con el fin de engañar a sus presas, sino más bien para lubricar sus ojos. Pero aunque el mito es falso, la frase se quedó en el idioma.

Salvados por la campana

Por desgracia, antes de que la ciencia médica descubriera la diferencia entre la muerte y el estado de coma, un montón de pobres desgraciados fueron enterrados vivos.

Así fue que, para evitar este acto tan desagradable, se puso en boga la práctica de enterrar a las personas con campanas atadas a los dedos de los pies, con el fin de que pudieran alertar a los demás de su regreso de entre los muertos.

Entonces, si eran desenterrados a tiempo, habrían sido, literalmente, salvados por la campana.

No cuentes los pollos antes de que nazcan

Este dicho se lo debemos al viejo sabio Esopo. Él escribió un relato de una joven doncella que llevaba un jarrón de leche mientras contaba todo tipo de fantasías sobre lo que haría con el dinero de la venta de la leche.

La mujer planeaba comprar huevos, que eclosionarían en pollos, que iba a vender para poder comprarse un vestido, lo que atraería a todos los hombres, a los que no tendría reparo en coquetearles.

Atrapada en su fantasía, la mujer sacudió la cabeza olvidándose de que sobre esta se balanceaba la jarra de leche.

Terminó derramando todo el contenido de la jarra, y con este sus sueños, por suerte, su madre estaba cerca y acuñó la famosa frase para la posteridad.

Hacerse el ciego

El oficial naval británico Horatio Nelson, fue famoso por lucir un parche en uno de sus ojos. También fue famoso por haber tenido un par de pelotas muy bien puestas.

Cuenta la leyenda que, durante una difícil batalla naval donde todas las probabilidades estaban en su contra, un compañero oficial sugirió una retirada.

A lo que Nelson respondió tranquilamente colocando el telescopio en su ojo malo, y a continuación comentó que no veía motivo de preocupación.

Luego pasó a ganar la batalla contra una flota nórdica mucho más grande que la suya. Los historiadores actualmente siguen peleando por la veracidad de esta anécdota, independientemente, el dicho persiste.

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Chitwan, el último paraíso del rinoceronte indio …


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Rinoceronte indio en el Parque Nacional de Chitwan, Nepal.

El Confidencial(A.Canela)  —  Nepal es mucho más conocido por el Himalaya y sus grandes montañas que tienen su punto más alto en los casi nueve mil metros del Everest. Sin embargo, el país alberga tesoros naturales de carácter muy distinto, como el Parque Nacional de Chitwan.

Con cotas tan bajas como los cien metros de altura, este parque se encuentra en la zona conocida como el Terai nepalí. Es un área con grandes zonas de pastizales y praderas con hierba muy abundante, que se alternan con la sabana, los bosques de ribera, de sal, de pinos y ceibas.

Con un alto grado de humedad y una época de lluvia generosa gracias a los monzones, ese lugar es un paraíso para los herbívoros. Desde finales del siglo XIX, fue el coto de caza de la realeza y la clase alta del país, que venía a estas tierras a cazar todo lo que podía: tigres, leopardos, elefantes, rinocerontes, gaúres…

Entre ellos destacaba el rinoceronte indio, que estuvo a punto de extinguirse y es la especie que he venido a buscar.

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Axis o chital en el Parque Nacional de Chitwan, Nepal.

Rinocerontes indios

Me encuentro con mi primer rinoceronte indio entre las altas hierbas de unos pastizales que se extienden bajo una pequeña colina boscosa. Aquí crecen algunas de las hierbas más altas del mundo.

Los rinocerontes parecen tener una especie de coraza añadida a su cuerpo; su aspecto es muy primitivo y diferente al de los rinocerontes africanos. El rinoceronte indio es muy escaso y está amenazado de extinción. En la década de los años setenta, menos de un centenar sobrevivían en el valle de Chitwan.

Por esta razón, se estableció el Parque Nacional: el objetivo era salvar al rinoceronte de su desaparición. Actualmente, la población total en Asia está en torno a los 3.500 ejemplares. De ellos, unos 700 rinocerontes viven en Chitwan, el segundo refugio más importante del mundo para ellos.

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Rinoceronte indio.

Marabúes y gaviales

Junto a una de las zonas pantanosas de Chitwan, con las orillas bien verdes, diviso una gran cigüeña. Tiene poco que ver con las aves blancas y negras de Europa. Se trata de un marabú menor.

Es una especie típica de Asia que vive en las tierras tropicales de baja altitud del Terai. Lo que me llama la atención son sus colores extraños y su cuello desprovisto de plumas. Tiene cierto parecido a los buitres con los que comparte el hábito de comer carroña, cosa que hace de manera habitual.

Su pico, largo y fuerte, le sirve para romper la piel de los animales. Sus presas más habituales, como en el resto de las cigüeñas, son anfibios, reptiles y roedores. Esta ave es tan solo una de las más de seiscientas especies que habitan en la región del Terai, una con la mayor biodiversidad en avifauna del continente.

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Marabú

Después de ver a la cigüeña, en medio del camino aparece una cría de chital (también llamado ciervo moteado o axis) uno de los mamíferos herbívoros más comunes del lugar. Aun así, su belleza es singular con esas manchas delicadas en el pelaje.

Hay otra especie interesante en Chitwan que ha estado también a punto de desaparecer de la región. Se trata del gavial, un cocodrilo de morro muy largo. A principios del siglo XX quedaron menos de cincuenta ejemplares en libertad. Gracias a un proyecto de conservación, la población se ha ido recuperando y ahora es posible encontrarlo en los ríos y lagunas de Chitwan.

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Gavial en el Parque Nacional de Chitwan, Nepal.

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Nuevas respuestas a enigmas de la historia y cultura de la humanidad. Y Descubrimientos arqueológicos misteriosos …


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Los amantes de Módena, la obra figurativa más antigua, biberones del Neolítico y las piedras que unieron el cielo y la tierra.

El País(A.Cortés)/marcianosmx.com/DW  —  La arqueología es una disciplina que destaca por dos aspectos: nuevos descubrimientos mediante excavaciones y la obtención de resultados novedosos sobre objetos provenientes de antiguas investigaciones y que integran hoy las colecciones de museos.

Marcela Sepúlveda, investigadora en el laboratorio de arqueología molecular y estructural de la Universidad de La Sorbona (LAMS) pone el foco en el uso en los últimos años de nuevas tecnologías que permiten obtener datos antes inalcanzables.

«Gracias al uso de técnicas físico-químicas elementales o moleculares, de ADN o isótopos, por ejemplo, se aborda los vestigios materiales arqueológicos de una manera novedosa. Estas herramientas amplían nuestra mirada y plantean nuevas preguntas sobre las sociedades del pasado», comenta.

El patrimonio histórico y cultural esconde aún todavía muchos misterios, por ejemplo, sobre las formas de interacción entre comunidades, la dieta y causas de muerte de las personas, sobre los materiales que emplearon y las tecnologías que desarrollaron, entre muchos otros aspectos.

«Es muy importante realizar nuevos hallazgos, por supuesto, pero es esencial también revisitar y estudiar antiguas colecciones y con la información obtenida ofrecer nuevas interpretaciones sobre ese legado patrimonial», concluye la experta. 

Manuel González Morales, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, expresa la tendencia que hay últimamente en decir que los descubrimientos arqueológicos cambian completamente lo que se sabía. «Parece que todo cambia, pero a veces tan solo confirma», expecifica.

El experto comienza por comentar el análisis del ADN antiguo gracias a las nuevas técnicas y reconoce que permite seguir mejor las pistas de cómo se ha movido la gente en la prehistoria. «El registro que tenemos ahora revela movimientos importantes.

Hoy sabemos mejor nuestra historia. Entramos con más precisión en el pasado y obtenemos detalles con los que ni siquiera soñabamos», asevera. González concluye que la evolución humana es mucho más compleja de lo que se creía hace 10 o 20 años. «Ahora comprendemos, antes deducíamos», apunta. 

Estos diez descubrimientos han revelado nuevas respuestas sobre las sociedades urbanas antiguas o cambiado la visión que se tenía del pasado:

Los Amantes de Módena son dos hombres que se dan la mano

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Los amantes de Módena han representado durante años el mito del amor eterno: dos esqueletos enterrados juntos, cogidos de la mano, y con uno de ellos con la cabeza vuelta hacia el otro.

Hasta septiembre del 2019, se suponía que eran un hombre y una mujer. Pero se ha descubierto, gracias a la composición del esmalte de los dientes, que los dos esqueletos, enterrados hace 1.600 años y descubiertos en 2009 en la ciudad de Módena (Italia), pertenecen a dos hombres de unos treinta años de edad.

En el cementerio, el resto de los cuerpos muestran marcas de traumas que se pueden relacionar con una muerte violenta. Los investigadores sugieren que el entierro se realizó de esta manera para ilustrar una unión entre dos hombres que murieron juntos en la guerra o bien que eran de la misma familia y por eso compartieron tumba. Sin embargo, ¿por qué se dan la mano?

Un asesinato de hace más de 6.000 años

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Bajo un campo de hockey en San Fernando de Cádiz se esconde una necrópolis de 6.200 años de antigüedad con 59 tumbas.

Hace pocos meses, un estudio reveló uno de los casos de muerte violenta más antiguos de la península Ibérica: los restos de la sepultura número 11.

Era la más majestuosa y lujosa y los arqueólogos hallaron en ella dos hombres de 30 y 45 años que presentaban una gran herida en el cráneo.

Posiblemente, esta lesión había causado la muerte de estos dos cuerpos que recibieron un rito funerario diferente del resto. Además, son los únicos en mostrar dichas huellas de agresión.

Por otro lado, el análisis del ADN de algunos de los otros cádaveres muestra que eran poblaciones europeas de agricultores, cazadores y recolectores.

A los niños prehistóricos se les alimentaba con biberones

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Tres posibles biberones de arcilla de la Edad del Bronce.

Tres vasijas de hace 7.000 años, halladas en distintos puntos de Baviera (Alemania) en tumbas de niños de corta edad, muestran cómo se acortó la lactancia y se adelantó el destete durante la revolución neolítica.

Un estudio demuestra que se usaron como biberones: mediante un análisis molecular y de los distintos isótopos encontrados, los investigadores identificaron residuos de diversos lípidos que procederían de grasas de origen animal, como vacas, ovejas y cabras.

Esta nueva información supone que estos objetos tuvieron su papel crucial en las primeras sociedades. Al permitir un adelanto del destete, facilitaron que la tasa de fertilidad de las mujeres aumentara hasta los dos hijos.

Este procedimiento provocó quizás el crecimiento explosivo de la población e implantó las bases de la transición demográfica. 

Los señores compartían techo con los siervos

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El enterramiento de esta mujer de alto estatus y origen foráneo es uno de los más ricos que se conocen en Alemania durante la Edad del Bronce.

Hace más de 200.000 años ya existían jerarquías, injusticias y desigualdades. No es algo reciente, pero sí que existió una época donde las clases sociales ni siquiera se dibujaban.

Un estudio de un yacimiento alemán de hace 4.000 años muestra que los señores compartían techo con los siervos.

Leonardo García Sanjuán, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, cuenta que al contrario de lo que se creía, no siempre ha habido ricos y pobres.

«Hace unos 10.000 años, todos eramos prácticamente iguales», precisa. A partir de esa época neolítica, nacieron familias que acumulaban riquezas y en la Edad del Bronce empezaron a nacer las brechas y las distinciones entre nobles y plebeyos que forman el mundo de hoy. 

Los mayas no eran ecológicos

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Imagen de la red de canales y campos conocida como Pájaros del Paraíso, en Belice.

Un pequeño avión bimotor con un dispositivo láser (lídar) sobrevoló la selva de Belice, en Centroamérica, y desveló que bajo los árboles se encuentran los restos de una enorme red de 14 kilómetros cuadrados de canales de transporte y campos de cultivo que fueron construidos por la civilización maya.

Esta extensión geográfica implica que los mayas tuvieron un importante impacto medioambiental, según suponen los investigadores del estudio en cuestión. Como se hace hoy, los mayas también quemaban espacios cada vez más grandes para obtener tierras de cultivo.

Los isótopos rescatados del sedimento muestra que en ellas, trazaron canales y plantaciones de maíz, calabaza o aguacate.

Las piedras que unieron el cielo y la tierra son naturales

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El investigador Fernando Muñiz señala una de las piedras modificadas por fauna marina y utilizada de forma intencionada para cubrir el pasillo del ‘tholos’ de La Pastora. El efecto recuerda un cielo estrellado.

Hace algo más de 4.000 años, en la zona más elevada junto a lo que hoy es Sevilla nacieron muestras de artesanía desconocidas hasta entonces.

Este espacio, se convirtió en un lugar sagrado dominado por un flujo de personas considerable. Se pensaba que la acción humana estaba detrás de algunas de estas estructuras que se parecen a agujeros. Pero no es así, son de origen natural y es posible que tengan unos seis millones de años.

Estas rocas sustituyen a las pinturas y grabados empleados en otros bloques porque son el producto de la naturaleza como si fuera un diálogo interno entre sus elementos.

La obra de arte figurativa más antigua no es europea

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Una imagen de la pintura rupestre descubierta en Indonesia, la más antigua obra figurativa conocida.

Un hombre pájaro pintado en la cueva de Lascaux (Francia) era la pintura figurativa más antigua conocida hasta ahora. Sin embargo, las sociedades de Indonesia adelantaron a las de Europa.

Hace 43.900 años, una escena de caza fue pintada sobre un lienzo dee más de cuatro metros de largo por el Homo Sapiens que llegó en las islas de Célebes entre 40.000 y 50.000 años atrás, según cuenta un estudio publicado el pasado mes de diciembre.

Pak Hamrullah, acompañado por arqueólogos, fue quién la descubrió en el fondo de una cueva desconocida en diciembre del 2017. 

A juzgar por el color y su grado de desgaste, los científicos piensan que todas los dibujos que la componen se hicieron a la vez y por lo tanto componen la narración de una historia y posiblemente, la primera conocida. 

El ídolo de Pachacámac: lo que se creía sangre, era pintura

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El ídolo de Pachacámac en el Museo de sitio arqueológico de la zona.

En el pasado, varios investigadores pensaron que la figura tenía un solo color y que estaba hecha de la misma madera (Pouteria lucuma) que el resto de las obras del santuario arqueológico de Pachacámac, antiguo centro de devoción de 450 hectáreas ubicado a 30 kilómetros de Lima en la costa pacífica.

La figura idolatrada desde hace más de 800 años sigue sin embargo unos patrones que se diferencian de los demás objetos. Lo que fue inicialmente interpretado como sangre ha resultado corresponder a restos de pintura que siguen ahí.

Además, la policromía identificada sobre este icono de la arqueología peruana constituye hoy el único ejemplo identificado con tal variedad de colores.

‘El Rollo del Templo’ tiene una composición peculiar

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Un conservador de los Manuscritos del Mar Muerto los examina durante una exposición en 2014 en Hong Kong.

En 1956, los beduinos encontraron un manuscrito de más de 2.000 años que no era como los demás: El Rollo del Templo. En septiembre, un estudio del MIT (Massachusetts Institute of Technology), delata que el papel de ocho metros ha guardado su brillo y su blancura gracias a una alta presencia de minerales sobre el tejido.

Además, los judíos lo guardaron en un ambiente seco para prevenir su deterioro: vivió en una jarra, bajo escombros en el desierto de las cuevas de Qumrán (Cisjordania).

El manuscrito se elaboró con piel de animal y encima de esa capa orgánica, se depositó otra inorgánica para preservar la tinta.

Esta última desprende restos de sodio en altas concentraciones, junto a calcio y azufre. Aquella alta y sorprendente presencia de minerales ha permitido mantener el brillo del pergamino y la legibilidad de la escritura.

Los humanos ya conquistaron la montaña hace 40.000 años

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El refugio de Fincha Habera, en las montañas Bale de Etiopía, sirvió de hogar a varios grupos humanos durante milenios.

Se creía que uno de los últimos espacios conquistados por el Homo Sapiens fueron las montañas más elevadas, a partir de 2.500 metros de altitud.

No se imaginaba al hombre capaz de vivir más allá, donde las condiciones eran aún más hostiles, con falta de oxígeno, temperaturas muy bajas o terrenos árido. 

Sin embargo, un yacimiento en Etiopía muestra que los Homo Sapiens eran capaces de vivir a 4.000 metros de altura durante largos periodos alimentándose de roedores.

El Tachyoryctes macrocephalus, una rata topo de más de medio kilo de peso, era una fuente de alimento abundante ya que el 93,5% de los restos animales encontrados en esa zona del continente africano pertenecen a este animal.

Descubrimientos arqueológicos misteriosos

En los museos y archivos de algunas universidades alrededor del mundo se encuentran almacenados algunos artefactos arqueológicos cuyo origen sigue siendo un enigma.

El criptozoólogo Ivan Sanderson le dio el nombre de OOPA a estos misteriosos objetos, por las iniciales de «Out Of Place Artifact» (artefactos fuera de lugar). Y esencialmente se trata de objetos que fueron descubiertos en áreas o épocas que no corresponden a su existencia.

En otras palabras, no podrían / ​​deberían existir, pero su descubrimiento descomponen y contradicen las nociones arqueológicas y antropológicas establecidas.

El término «out of place artifact» rara vez se utiliza por científicos y académicos de renombre, pero es una expresión bastante común entre los amantes de la criptozoología y los partidarios de las teorías de los «Dioses Astronautas«. Según estos teóricos sólo los individuos con una tecnología superior habrían sido capaces de construir estos artefactos cuya mera existencia desafía el conocimiento e intriga a los especialistas.

Hierro de Wolfsegg (Cubo Salzburgo)

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Este objeto fue descubierto en las proximidades de la ciudad de Wolfsegg en Austria, hacía el año 1886 durante las obras de exploración en una mina de carbón.

El objeto es una masa de hierro de forma cubica, pesa poco menos de un kilo y mide aproximadamente 10 centímetros.

El cubo se encontró en la capa terciaria que corresponde a un período geológico de entre 65 a 1.8 millones de años, en la Era Cenozoica.

En un inicio pensaron que el objeto era un meteorito, pero un análisis detallado terminó por desechar esta hipótesis. Según el análisis, aparentemente el metal fue moldeado con los métodos actuales.

Según los teóricos, el cubo de Salzburgo es un OOPA dada su antigüedad. Y sería una pieza de un motor o maquinaría de origen extraterrestre. Pero los expertos suponen que la pieza no es tan antigua como se piensa.

En 1910, el Cubo desapareció del Museo de Salzburgo, un hecho que despertó la curiosidad publica respecto a este objeto. Años más tarde, fue localizado en el Museo Heimathaus en Vöcklabruck, Austria.

Piedras o discos de Dropa.

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La historia de las piedras de Dropa inicia en el año 1938, cuando una expedición arqueológica encabezada por Chi Pu Tei investigaba la remota región de las montañas de Baian-Kara-Ula, en la zona fronteriza entre China y el Tíbet.

Estos arqueólogos descubrieron cavernas que mostraban signos de haber sido ocupadas por pueblos primitivos. Los objetos recuperados de estas cuevas son bastante extraños y controversiales. Las cavernas contenían una serie de tumbas y las paredes estaban decoradas con dibujos que mostraban a personas con cabezas alargadas e imágenes del Sol, la Luna y de las estrellas.

Los arqueólogos también encontraron piedras redondas en forma de discos de unos 30 centímetros de diámetro, con un agujero al centro. En torno a estos discos se encontraban grabados algunos símbolos de origen desconocido que conformaban un intricado alfabeto.

Algunos rumores dicen que la Universidad de Beijing envió grupos de especialistas para estudiar el descubrimiento no confirmado de decenas de otros discos que constituyen una especie de biblioteca. Los artefactos habrían sido almacenados por la Universidad, pero robados por los japoneses durante su ocupación en la Segunda Guerra Mundial.

Durante la década de los 60 surgieron algunos documentos y fotos que mostraban a los misteriosos Discos de Dropa. Para algunos teóricos, estos discos contienen una narración completa de la caída de una nave espacial en el lugar hace unos 12,000 años.

Los sobrevivientes a dicho accidente habrían sido venerados por los primitivos habitantes de la región a quienes heredaron una serie de avances tecnológicos. Los extraterrestres incluso se habrían mezclado con los humanos y utilizado la tecnología de aquella raza para grabar el piedras perfectamente cortadas su historia.

Fuente Magna.

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La Fuente Magna es una especie de tazón de piedra descubierto en las inmediaciones del lago Titicaca, en Bolivia en los años 50. El objeto se encuentra decorado con multitud de inscripciones que algunos creen son de origen sumerio, proto-sumerio y mesopotámico.

El objeto estaba enterrado en una región habitada en el pasado por tribus que la consideraban como sagrada. Posiblemente esta vasija era utilizada en rituales religiosos como un cuenco de libación, empleada para limpiar las impurezas tanto del cuerpo como del espíritu.

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Se cree que estas inscripciones son una prueba de que los pueblos antiguos ya habían hecho contacto entre sí. Para otros, la Fuente Magna tendría la misma función que la Piedra Rosetta, sirviendo para traducir idiomas. La parte central del objeto posee caracteres cuyo origen es totalmente desconocido.

Esferas Klerksdorp

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Estos curiosos artefactos fueron encontrados en un depósito de pirofosfato y pirita que datan de 3 mil millones de años en Ottadal, Sudáfrica.

Se trata de peculiares esferas metálicas de 0.5 a 10 centímetros de diámetro que poseen ranuras laterales que circundan todo el objeto. Las esferas tienen una coloración entre castaña y avellanada, en un tono que es inusual para la hematita, sustancia de la que se constituyen estas esferas.

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Los geólogos creen que estas esferas se fueron formando a través de la fisión de distintas capas de tierra.

Pero son las ranuras laterales que despiertan el interés y la curiosidad de los expertos.

Los seguidores de los OOPA creen que las esferas y los surcos desempeñaron un papel en algún tipo de máquina desconocida.

Las ranuras habrían sido dejadas por un sistema de lectura alienígena, como un código de barras.

Los especialistas están convencidos de que la naturaleza puede producir ranuras similares, que aunque curiosas, no tienen nada de anormal.

Las esferas fueron estudiadas a fondo y se encuentran en exhibición en varios museos tanto de Sudáfrica como de Europa y América.

Vaso de Dorchester

El vaso o tarro de Dorchester es un objeto metálico recuperado en dos partes luego de una explosión en una mina en Dorchester, Massachusetts en 1852. Según los informes de la época recogidos por el Boston Transcript, las dos piezas fueron encontradas en medio de los escombros de la explosión.

Aparentemente, el vaso estaba en el interior de la piedra en un pedazo solido de conglomerado y granito a aproximadamente 5 metros de profundidad.

El objeto en cuestión tiene una forma semejante a una campana con exactamente 11.5 cm por 16.5 cm de diámetro en la base y 6.4 cm de diámetro en la parte superior.

El cuerpo del recipiente está hecho de una aleación de zinc en coloración plateada.

Los testigos describieron símbolos curiosos alrededor del jarrón con motivos florales y marcas curiosas semejantes a arabescos que sugieren un extraño idioma. Los especialistas de la época afirmaron que el objeto tendía unos 100,000 años y fue mostrado como un descubrimiento sensacional.

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Durante algún tiempo, el vaso estuvo en exhibición en el Museo de Historia Natural en Dorchester. Se creía que era una reliquia perteneciente a una civilización avanzada que lo había depositado en la roca para que fuera encontrado en un futuro distante. Los rumores de una extraña luminosidad y propiedades magnéticas rodearon al jarrón durante décadas.

Estudios posteriores informaron que el «vaso» no era tan viejo como se pensaba y que posiblemente no se trataba más que de un objeto de decoración (tal vez un simple candelabro) abandonado en el lugar hasta que fue desalojado por la explosión.

Los teóricos, sin embargo, creen que el jarrón de Dorchester es una clara evidencia de que una civilización avanzada, capaz de dominar técnicas complejas metalurgia, creó el objeto por alguna oscura razón y lo colocaron al interior de la roca.

Los hallazgos arqueológicos más sorprendentes de 2021

¿Por qué desenterrar cosas del pasado nos fascina tanto? Es difícil saberlo, pero siempre los descubrimientos arqueológicos son carne de noticia. Acá les mostramos algunos de los más notables de lo que va de 2021.

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Buque de guerra heleno en una ciudad sumergida

Un barco de guerra descubierto en la ciudad sumergida de Heraklion, en la bahía Abi Qir, en Egipto, es el más reciente hallazgo de navíos helenos. Heraklion, o Thonis, fue golpeada por terremotos, tsunamis, aumento del nivel del mar y la licuefacción del suelo a fines del siglo II a. C. El barco estaba atracando cerca del templo de Amón cuando la ciudad colapsó, enterrándolo bajo los escombros.

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Un salón opulento

A comienzos de julio, arqueólogos israelíes encontraron lo que pudo ser un edificio del ayuntamiento de unos 2.000 años de antigüedad cuando excavaban en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Se cree que el fastuoso salón servía para ofrecer banquetes a la élite. El lugar está ubicado cerca del sitio del Segundo Templo, que fue destruido por los romanos durante el asedio de Jerusalén del año 70 d.C.

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Pieza faltante en el alfabeto histórico

Un fragmento de una cerámica de 3.100 años de antigüedad fue encontrado en julio en el sur de Israel. La pieza tenía inscrito el nombre «Jerubbaal,» relacionado con el libro bíblico de Los Jueces. Escrito en cananeo temprano, el hallazgo proporciona una pista rara y valiosa sobre el desarrollo y expansión de los sistema de escritura en la región.

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Talento artístico de un neanderthal

Este hueso de 51.000 años de antigüedad decorado por un neanderthal fue encontrado en julio en la Cueva del Unicornio, en las montañas Harz de Alemania. Las líneas talladas en los huesos de un ciervo podrían tener un significado simbólico. Los arqueólogos quedaron impresionados, porque el trabajo pone en evidencia que los homínidos de la Edad de Piedra eran capaces de expresarse artísticamente.

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Un hallazgo peculiar

Durante unas excavaciones en la ciudad israelí de Yavne, en junio, un grupo de arqueólogos descubrió un huevo de gallina intacto de 1.000 años de antigüedad. Los especialistas señalaron que la preservación se debió «a las condiciones en las cuales permaneció durante siglos, dentro de un pozo con desechos humanos blandos que lo protegieron». Por desgracia, después se rompió en el laboratorio.

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Un nuevo tipo de homínido

En junio, investigadores hallaron los restos de un Nesher Ramla Homo. El descubrimiento tomó el nombre de la zona de Israel donde fue desenterrado, mientras se hacían trabajos de excavación para un sumidero. Estos homínidos fueron contemporáneos del Homo sapiens durante miles de años. Esta mandíbula pertenece a una persona que vivió hace unos 120.000 o 140.000 años.

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Ciudad dorada perdida de Luxor

Egiptólogos anunciaron el descubrimiento de una «ciudad dorada perdida» de 3.000 años de antigüedad cerca de Luxor en abril, y la promocionaron como uno de los descubrimientos más importantes desde la tumba de Tutankamón. La ciudad se remonta al reinado de Amenhotep III, uno de los faraones más poderosos de Egipto, que gobernó entre 1391 y 1353 a. C.

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¿Un antiguo mapa en 3D?

En abril, arqueólogos franceses dijeron que creían que la losa de Saint-Belec, que data de la Edad del Bronce y fue desenterrada en 1900 en el oeste de Francia, podría ser el mapa en 3D más antiguo de Europa. Los grabados, de 4.000 años de antigüedad, se ubican en la losa de 2,2 por 1,5 metros y parecen mostrar colinas y ríos, quizás refiriéndose a un área de la actual Bretaña occidental.

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La máscara que generó numerosos memes

Esta máscara ceremonial de oro fue descubierta en marzo en Sanxingdui, en la provincia china de Sihuan, y se convirtió en toda una sensación en las redes sociales, donde generó memes y videos. La obra, de 3.000 años de antigüedad, es una de las 500 reliquias de la Edad del Bronce que los expertos estiman que podría entregar luces sobre la dinastía Shu, que gobernó la región antes del 316 a.C.

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La cesta tejida más antigua del mundo

En marzo, arqueólogos israelíes encontraron una canasta bien conservada con capacidad de unos 100 litros, que se remonta al neolítico anterior a la alfarería, aproximadamente 10.500 años atrás. Hallada en las cavernas de Muraba’at, en el desierto de Judea, estaba enterrada bajo un metro de tierra. Su exquisita conservación se debe a las altas temperaturas y extrema aridez de la región.

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La pintura rupestre más antigua conocida

Arqueólogos australianos e indonesios encontraron unas pinturas ruprestres en Sulawesi, Indonesia. En ellas se representa a cerdos en una obra realizada con ocre, un mineral inorgánico que no puede ser datado. Por ello, los investigadores dataron las estalactitas que rodeaban las pinturas, y determinaron que se trata de las representaciones más antiguas conocidas: fueron creadas hace 45.500 años.

nuestras charlas nocturnas.

 

 


El trabajo forzado de los ‘Rotspanier’…


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Tarjeta de identificación de Francisco Sánchez Samper, obligado a trabajar en las obras del Muro Atlántico nazi cerca de Cherburgo, donde enfermó de tuberculosis. Murió en Francia en 1958

La Vanguardia(M.P.López)/Berlín  —  En el verano de 1941, cuando la Alemania nazi movilizó al grueso de su ejército para invadir la Unión Soviética, Adolf Hitler se encontró con dos problemas en su plan para sojuzgar Europa.

Las sucesivas levas de hombres alemanes iban vaciando de mano de obra las fábricas fundamentales para la economía de guerra, y también por eso el frente occidental –la mitad de Francia estaba ocupada desde mayo de 1940- registraba una reducción de soldados. La solución ideada por el Tercer Reich para afrontar la perentoria necesidad de obreros fue redoblar un método que ya había iniciado: el trabajo forzado de extranjeros.

Memorial a los republicanos españoles ante la base de submarinos nazi de Burdeos en cuya construcción fueron obligados a trabajar durante la Segunda Guerra Mundial

“Intentaron acogerse a una ley de indemnizaciones del Gobierno de Adenauer de 1956, pero les pusieron muchas trabas; miles de ellos perseveraron, fueron a juicio, y lograron ganar”, explica Muñoz Sánchez.

Los Rotspanier (españoles rojos), como les llamaban los nazis, habían sido reclutados a la fuerza por ser percibidos como enemigos políticos del nazismo, concluyó un tribunal de Colonia en una sentencia avalada en 1972 por el Tribunal Supremo alemán.

Los demandantes recibieron 150 marcos por mes de cautiverio, y pensión vitalicia si sufrían secuelas físicas o psíquicas.

Sobre este asunto casi desconocido tanto en Alemania como en España puede verse en Berlín hasta el 30 de octubre la exposición Rotspanier. Trabajadores forzados españoles durante la Segunda Guerra Mundial. Víctimas olvidadas del nazismo, comisariada por Muñoz Sánchez y por el historiador alemán Peter Gaida.

En mayo de 1940, cuando la Wehrmacht lanzó su ofensiva contra Francia, había en el país unos 140.000 refugiados españoles que habían tenido que huir tras la victoria de Franco, de los que unos cien mil eran antiguos combatientes, y el resto, mujeres, ancianos y niños.

Fueron tratados de modo despiadado por la Francia de Édouard Daladier, y en torno a la mitad de esos hombres se enrolaron en compañías de trabajadores extranjeros en duras condiciones.

Pero el régimen títere de la ‘Francia libre’ instalado en Vichy por Pétain en junio tras el armisticio con los nazis empeoró su situación. Pétain forzó entonces a más de 30.000 españoles a trabajar en condiciones extremas y sin salario en los llamados Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE), en Francia y en Argelia, construyendo infraestructuras, como la vía para el tren transahariano, o en labores agrícolas.

“En 1995, Chirac admitió la responsabilidad francesa en la deportación de judíos; en 2016, Hollande admitió el internamiento de gitanos; pero el grupo más numeroso de extranjeros internados fueron los españoles -dice el historiador Peter Gaida-.

Emmanuel Macron estuvo hace poco con Pedro Sánchez en Montauban ante la tumba de Manuel Azaña y alabó a los exiliados españoles, pero no dijo nada del internamiento, el trabajo forzado y la deportación de españoles; ese asunto espera aún un reconocimiento oficial por parte del Estado francés, que sigue desentendiéndose”.

Con la decisión de Hitler de construir el Muro Atlántico, la necesidad de mano de obra se hizo imperiosa para los nazis. Su ejecución fue encargada a la Organización Todt (OT), un ente que reparaba y construía infraestructuras coordinando a empresas alemanas y a veces también de los países ocupados.

Se llamaba así por su fundador, Fritz Todt, y a su muerte en 1942 pasó a depender del arquitecto Albert Speer.

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El arquitecto Albert Speer, supervisor de la Organización Todt (OT), informando a Hitler en mayo de 1943 sobre las obras de fortificación de la costa atlántica; se desconoce dónde se tomó la foto.

La Organización Todt (OT) llegó a emplear a millón y medio de personas, entre voluntarios, trabajadores forzados, prisioneros de guerra y deportados de campos de concentración. En ese magma acabaron unos 35.000 Rotspanier , suministrados a los nazis por las autoridades de Vichy para trabajar en la zona ocupada.

LOS TESTIMONIOS

Hijos de republicanos explotados como obreros por Hitler relatan a ‘La Vanguardia’ las penurias que ellos les contaron

En Burdeos (Francia)

Carlos Ruiz García

“Mi padre fue de la quinta del biberón, se alistó él con 19 años porque quiso, para defender a la República; pasó a Francia en la retirada en 1939, y acabó obligado a trabajar en la construcción de la base de Burdeos-Bacalan, que los nazis hicieron para los submarinos italianos”, explica José Ruiz desde esta ciudad francesa.

Su padre, el catalán Carlos Ruiz García, nació en Camarasa pero vivió en Súria. Y al quedarse para siempre en Francia, donde se casó con una española, mantuvo correspondencia con el hijo de quien había sido su maestro en Súria, el señor Sau.

“Nos decía siempre: ‘Cuando me muera, haced lo que queráis con estos papeles’, así que cuando falleció, lo recogí todo en un libro”, explica José. El libro se titula Carta a un amigo. 1939-1944. Un republicano español. Barcelona a Burdeos .

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Portada del libro del republicano español Carlos Ruiz García, que se quedó en Francia, publicado por su familia tras su muerte en el 2006

“En 1939 el Gobierno de Daladier trató a los republicanos españoles como a enemigos; mi padre pasó un año y medio en el campo de Argelers, y luego Pétain entregó a los españoles rojos a los nazis –prosigue José Ruiz–.

Mi padre contaba que en las obras de la base había dos personajes que eran verdaderos verdugos, golpeando con la porra a quien no trabajaba muy deprisa; los españoles dormían en un campo a las afueras de Burdeos, en Saint-Médard-en-Jalles, les levantaban a las tres de la mañana, y les llevaban en un tren que iba muy despacio; empezaban a trabajar a las cinco y hasta las seis de la tarde ahí estaban”.

En Burdeos se les hizo un tardío primer homenaje civil en septiembre del 2006, pero Carlos Ruiz ya no pudo verlo; había muerto en el mes de junio. Gracias a una abogada, había pedido indemnización a la RFA y recibió así una pensión alemana.

En las islas del Canal (Reino Unido)

Francisco Font Saboya

También en las islas del Canal, único territorio británico ocupado por Hitler pues el Reino Unido las desmilitarizó en junio de 1940 al no poder defenderlas, hubo unos 4.000 españoles deportados desde Francia para trabajo forzado.

Uno de ellos era el barcelonés Francisco Font Saboya, que tras la liberación se quedó a vivir en las islas, casado con una británica. Falleció en 1981.

“Él era anarquista, y tras pasar a Francia, fue capturado por Vichy y forzado a trabajar en La Rochelle, donde se construía una base para submarinos”, explica su hijo Gary Font desde Jersey.

“Mi padre nos contó, y este testimonio suyo está en el Imperial War Museum, que se presentaron hombres de las SS y gendarmes de Vichy a pedir voluntarios, y como nadie dio un paso al frente, se llevaron a la mitad; uno de ellos era mi padre, y así fue enviado en 1942 a Jersey”, prosigue Font.

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El antiguo trabajador forzado español Francisco Font Saboya, en 1972 ante el memorial de Westmount, en la isla de Jersey 

Un contingente de españoles tuvo que construir túneles fortificados en Jersey para los nazis. “Una vez mi padre fue golpeado hasta quedar inconsciente y enviado a un campo de castigo en otra isla por escamotear un trozo de pan –explica Gary Font–.

Pero los españoles eran tratados relativamente bien en comparación con los prisioneros de guerra soviéticos que llegaron después; mi padre vio cómo un soldado de las SS mataba de un tiro en la cabeza a un joven ruso porque este, que no tenía zapatos, se había envuelto los pies con papel de los paquetes de cemento”.

En Westmount (isla de Jersey) se construyó en 1972 por iniciativa civil un memorial a los 16.000 obreros forzados de varias nacionalidades, cuyo primer maestro de ceremonias fue Francisco Font, y ahora lo es su hijo Gary. “En Jersey quedamos entre 50 y 60 descendientes de trabajadores forzados españoles”, explica Gary Font, quien recuerda que su padre recibió una indemnización alemana de 5.000 libras.

En el land de Sarre (Alemania)

Narciso Jiménez Donaire

La experiencia del extremeño Narciso Jiménez Donaire, que tras la guerra se quedó a vivir en Alemania, casado con una alemana, ilustra un destino inusual en los españoles exiliados. Soldado republicano como sus dos hermanos, Narciso escapó a Francia, y allí fue internado en los campos de Argelers y Saint-Cyprien, tras lo cual trabajó para los franceses.

“Al principio la organización Todt buscaba voluntarios; en 1941 a mi abuelo le prometieron un día libre y más comida, hay que ponerse en aquella situación”, explica su nieto Rafael Kulms desde Wadgassen (land alemán de Sarre).

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El republicano español Narciso Jiménez Donaire, en una foto de 1939

“Le enviaron trabajar a La Rochelle, Boulogne-sur-Mer y Paso de Calais, y al final a Alemania –relata Kulms–. Mi abuelo tuvo suerte; la OT le destinó a una firma metalúrgica pequeña, donde fue relativamente bien tratado; por supuesto oficialmente eran trabajadores forzados y el trabajo era muy duro, pero él nos contó que no era vigilado, y que entraba y salía libremente.

Era soldador, y ser un obrero cualificado probablemente también contribuyó a que le trataran mejor”.

En el juicio en Colonia, Narciso Jiménez declaró ante el juez que durante esos años él no fue un trabajador forzado; “subjetivamente, él lo veía así”, concluye su nieto.

Narciso, que conservaba sus ideas republicanas, no pisó España hasta 1975; falleció en el 2002. En el otro extremo de la historia familiar figura uno de sus hermanos, Feliciano Jiménez Donaire, enviado desde Francia al campo de concentración de Dachau, donde murió en febrero de 1945.

En el conjunto de los 20 millones de europeos sometidos a trabajo forzado por la Alemania nazi en su territorio y en los países ocupados, los Rotspanier son un caso menos numeroso y particular.

“Sus peculiares características de exiliados políticos de un país no beligerante pero simpatizante del Eje, y considerados por las autoridades de Vichy y Berlín como enemigos ideológicos a los que había que controlar y reprimir, les otorgaron unos rasgos únicos”, señala el historiador Muñoz Sánchez.

La dictadura franquista nunca intercedió por ellos ni por los españoles deportados a Mauthausen y a otros campos nazis; todos eran también para Franco enemigos ideológicos derrotados.

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A más de 30 años de “Innuendo”: historias y secretos del disco que Freddie Mercury grabó sabiendo que se moría…


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«Innuendo», la última genialidad de Queen. El nombre era una de las palabras con las que el cantante solía sorprender a sus rivales en el Scrabble

Infobae(M.Bauso)  —  Faltaban todavía dos meses para que saliera The Miracle, el álbum que habían grabado luego de un parate de más de un año. Pero eso no importó. En marzo de 1989, Freddie Mercury citó a sus compañeros y les pidió que volvieran a entrar al estudio. Sabían que no quedaba mucho tiempo.

Se reunieron en los Mountain Studios de la ciudad suiza de Montreux, un lugar que ya habían utilizado para el anterior disco. Les sirvió para escapar de los periodistas ingleses que perseguían a Freddie por todos lados: entre intimidades sexuales y trascendidos sobre su salud, el cantante se había convertido en la presa favorita de los tabloides.

Las sesiones de grabación duraron más de siete meses. La metodología de trabajo la determinaron al comienzo pero los cuatro músicos sabían que las circunstancias determinarían la rutina. En un principio decidieron que grabarían tres semanas (la mayoría en Montreaux y algunas en Londres) y descansarían las dos siguientes.

Esas dos semanas libres las utilizarían para que Freddie se recuperase y para que el resto se dedicara a proyectos propios. Además, en el medio, estaba el lanzamiento de The Miracle. Debían dar notas a medios de todo el mundo; de esa tarea se encargaron Roger Taylor y Brian May.

Durante ese trabajo promocional, May y Taylor tuvieron que responder recurrentes preguntas sobre la salud de Freddie.

Mintieron cada vez. Decían que el cantante se encontraba muy bien. Querían que estuviera lo más tranquilo posible. “Escuchen cómo canta en el álbum. ¿Acaso parece alguien que está enfermo o desfalleciente?”.

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La imagen icónica del popular cantante británico Freddie Mercury, líder del grupo musical Queen

En las semanas en que no grababan, Freddie descansaba en la casa que se había comprado recientemente a orillas del lago de Ginebra. Allí se sentía seguro y tranquilo. En sus últimos tiempos en Londres los paparazzis no lo dejaban tranquilo.

Desde que unos años antes Paul Prenter vendió sus secretos sexuales al Sun, su presencia en los tabloides era constante. Esos medios estaban ávidos de nuevo material. Freddie vendía. Y el desmejoramiento físico los hacía montar guardias interminables para obtener al menos una foto.

El 18 de febrero de 1990, Freddie Mercury apareció por última vez en público. En los Brit Awards, Queen fue galardonado por su aporte extraordinario a la música inglesa. Los cuatro subieron al escenario. Quien tomó el micrófono fue Brian May. El discurso fue corto, como si no quisiera que su amigo estuviera expuesto mucho tiempo. Freddie estaba parado atrás, sostenía el premio.

Estaba flaco, sin bigote, con un traje cruzado gris que camuflaba apenas su extrema delgadez. El rubor en las mejillas ocultaba su palidez. Cuando Brian terminó su intervención, Freddie se acercó al micrófono y saludó: «Gracias. Buenas noches» Esas fueron sus últimas palabras públicas.

La prensa a esa altura ya ni siquiera especulaba; afirmaba que Freddie estaba muy enfermo. El VIH estaba haciendo estragos y se presumía que lo padecía cualquier persona que se viera desmejorada y que hubiera adelgazado mucho. Taylor y May lo negaban de manera terminante: «Freddie no tiene Sida. Sólo está pagando momentáneamente una vida salvaje de rockero».

En el año que transcurrió entre esa última aparición pública y la entrada al estudio para grabar Innuendo, el estado de Freddie empeoró de manera evidente. Las fuerzas lo abandonaban. Nadie sabía qué podía suceder, cuánto tiempo aguantaría en el estudio y si su voz todavía conservaba algo de poder.

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La última aparición en público fue el 18 de febrero de 1990 en los Brit Awards. Solo dijo: «Gracias. Buenas noches»

El título del disco, y del primer tema, lo aportó Freddie. La causa de inspiración fue bastante menos profunda o esotérica de lo que se podría suponer. Era una de las palabras con las que él solía sorprender a sus rivales en el Scrabble. Mercury estaba muy orgulloso de su habilidad en ese juego de mesa.

Innuendo era una palabra derivada del latín que significaba un presagio, o era u n eufemismo para nombrar algo malo que podría ocurrir.

La canción en especial y todo el disco es como un repaso por la carrera del grupo. Allí están sus temas, sus modos, sus obsesiones. El tema, que fue elegido como primer sencillo, es largo, más de 6 minutos. Tiene una estructura operística que hace recordar a Bohemian Rhapsody.

Hay diversas partes, guitarras, arreglos vocales, grandilocuencia. También participa Steve Howe, de Yes, con una guitarra española. Su participación fue fruto de la casualidad. Descansaba en Montreaux cuando un asistente de Queen lo vio y lo invitó al estudio. Luego de escuchar el disco, Brian May le pidió que grabara una parte de guitarra para el tema inicial.

Freddie estaba muy mal. Todos estábamos preocupados y pendientes de él. Intentábamos que la pasara bien. A pesar de esas circunstancias, fue un buen momento para nosotros. Tal vez uno de los mejores porque estuvimos más unidos que nunca”, dijo años después Roger Taylor.

Los cuatro miembros se movían como una unidad. Todos estaban pendientes de Freddie y trabajaban con celeridad para poder llegar a grabar las canciones necesarias para editar un disco.

En algunos temas Freddie grabó la parte vocal desde la cabina de control. No tenía fuerzas para trasladarse hasta la sala del estudio. Su piel no resistía ni siquiera el uso de los auriculares. Debía estar sentado pero si permanecía en un sillón mucho tiempo los dolores se volvían insoportables.

Pero la voz se mantenía vital y luminosa. Por momentos parecía que cuánto peor estaba, mayor era su necesidad de grabar. Las canciones, extender su legado, era su paliativo.

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La cobertura del medio sensacionalista inglés Sun de la muerte de Freddie Mercury

Cada una de las canciones estaba firmado por Queen. Desde el trabajo anterior habían dejado de lado los créditos individuales. Sin importar quién era el que aportaba la mayoría de las ideas, los cuatro compartían la autoría de los temas. Era una manera de reconocer la unión del grupo en los malos momentos, una reacción ante la enfermedad de Freddie.

Eso tenía también consecuencias económicas: las regalías ahora se repartían en partes iguales. Y ya no había tantas peleas en el momento de decidir cuál serían los simples de difusión, al quedar los egos de lado. Ahora las canciones eran de todos. “Era algo que tendríamos que haber hecho hace muchos años”, explicó Brian May.

Los temas tuvieron diferentes orígenes. La que da título al álbum fue fruto de una tradición del grupo. Cada vez que se juntaban para iniciar la grabación de un disco, pasaban los primeros dos o tres días zapando. Esas improvisaciones los hacían entrar en calor, volver a tomar confianza, engrasar al grupo.

En ese relajado proceso previo encontraron lo que luego sería Innuendo. Otros temas estaban destinados a ser parte del disco solista de Brian May. Pero los otros tres lo convencieron de que las comparta y de inmediato, con los aportes musicales de Deacon y Taylor, y con la voz de Freddie, se transformaron de inmediato en canciones de Queen.

All God´s People parecía condenada a no ver la luz. Escrita para Barcelona, el trabajo que Mercury grabó con la catalana Monserrat Caballé (Africa by night se llamaba en ese tiempo), fue dejada fuera del disco. Freddie la ofreció al grupo para The Miracle pero una vez más fue desechada.

Finalmente fue aceptada para este trabajo. Tal vez, el motivo haya sido que el rápido reingreso en los estudios los haya dejado sin material y tuvieron que echar mano a canciones que en el pasado no los habían convencido.

These are the days of our lives nació de unos apuntes de Roger Taylor. Al escribir la letra tenía en mente a sus dos hijos. Recordaba momentos de la infancia de ellos con cierta nostalgia. Pero esos mismos versos cantados por Freddie, por ese Freddie final, adquirieron un nuevo significado. El mensaje era otro. Y estremecedor.

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La muerte del cantante en 1991 por el virus del VIH fue de las primeras que impactaron a nivel global

El trabajo anterior también había estado rodeado de incertidumbre. En esos años ser HIV positivo era una sentencia de muerte. En The Miracle el deterioro de Freddie ya era evidente para sus compañeros aunque no supieran con exactitud cuán grave era la situación.

Por eso pequeños gestos, decisiones artísticas, se resignificaron con el paso del tiempo. En la tapa las caras de los cuatro están unidas, formando una sola. El último surco de su penúltimo LP lo reservaron para Was It All Worth It? (¿Todo esto valió la pena?), una especie de balance de la carrera. ¿Valió la pena entregar todo mi corazón, mi alma?, se pregunta el cantante.

En Innuendo, lo que era incertidumbre y temores se convirtió en certeza: Freddie estaba muy mal, no tendría la posibilidad de participar en muchas sesiones más de grabación. El tema que eligieron para cerrar el disco, con la convicción que sería el último con Mercury, fue The Show Must Go On, otra evidente declaración de principios.

“Por dentro, mi corazón se está rompiendo, mi maquillaje se sale, pero mi sonrisa sigue ahí”, canta Mercury. Y eso era lo que estaba haciendo. La canción la había aportado Brian May. Al verlo derrumbado en un sillón, Brian le propuso a Freddie cambiar algunas partes y cantar él otras, las más exigentes.

Freddie lo miró con sorpresa y hasta con cierta indignación. ¿Para qué estaba él ahí? Cantar era su trabajo y eso iba a hacer. Hasta el final. Estiró con lentitud el brazo derecho, agarró un vaso de vodka que descansaba sobre la tapa de un piano y lo terminó de un solo trago. Se puso de pie, con esfuerzo, como si cada movimiento de su cuerpo debiera ser previamente urdido, y con decisión dijo: “Lo voy a hacer yo”. Y lo hizo.

The Show Must Go On se editó como simple a mediados de octubre de 1991, para acompañar el lanzamiento del segundo volumen de los Grandes Éxitos del grupo. Un mes antes de la muerte de Freddie Mercury.

Los videos, piezas indispensables para el éxito de un disco y campo en el que Queen fue pionero con Bohemian Rhapsody, mostraron también, a su modo, la fragilidad de Freddie. Blanco y negro, difuminados, animaciones, grandes capas de maquillajes y pelucas.

Modos de que no fuera tan evidente el avance de la enfermedad. Pero dos de esos videos son los que más impacto producen. El de The Show Must Go On es como un grandes éxitos visual del grupo, viejos buenos momentos de videos anteriores, el repaso a una carrera extraordinaria.

El de These are the days of our lives conmociona. En él hay poco artificio, casi nada de camuflaje más allá del maquillaje. Freddie canta con emoción y fuerza (uno se pregunta de dónde la saca) enfrentando la cámara, enfrentando la situación.

Está muy flaco, los pómulos se marcan, los ojos parecen más grandes, la piel traslúcida y los dientes enormes; se pueden adivinar cada uno de los huesos de esa cara. Freddie Mercury no se mueve. Los pies clavados al piso.

Uno puede imaginar que a la altura de la filmación cada desplazamiento para él era un esfuerzo supremo. Pero la interpretación es enérgica, vital. Las manos subrayan las palabras y los ojos conservan el entusiasmo de antes.

Innuendo es el testamento musical de Queen y, muy especialmente, de su cantante.

Es complicado juzgarlo, a pesar de las tres décadas que pasaron de su salida, sin tener en cuenta las circunstancias en que fue grabado. Freddie Mercury decidió morir de la misma manera en que vivió: cantando. Atrás habían quedado esas demostraciones de energía en el escenario, shows impactantes con un despliegue vocal y físico extraordinario.

Las fuerzas se habían esfumado, la salud lo había abandonado. Apenas se mantenía en pie. Libraba una batalla cuyo final era inminente. Sabía que le quedaba poco tiempo. No lo quería desaprovechar. Necesitaba hacer lo que mejor hacía. Cantar un poco más. Cantar hasta el final.

nuestras charlas nocturnas.