León, panteón de San Isidoro. Museo de la Real Colegiata de San Isidoro de León.
The Conversation(J.A.M.Morán) — Hacia los primeros años del siglo XI, en el antiguo reino de León, vivió una mujer poderosa y valiente llamada Flora.
Nos han llegado tan pocas noticias de ella que hacen difícil reconstruir su vida e imaginar la arrolladora personalidad de esta fémina.
En la capital del reino sabemos que existía un monasterio de monjas dedicado a Santa Cristina.
Un documento redactado en el año 1023, conservado en el Archivo de la Catedral de León, cuenta, rememorando su trayectoria, la historia de Flora y cómo la “furia divina” cayó sobre la que era su casa.
– Historia de una familia
La fuente nos dice que don Arias y Baldredo, padre e hijo, habían fundado y mandado construir el monasterio, protegido por las viejas murallas romanas de la ciudad de León. Como era habitual en la Edad Media, muchas mujeres se consagraban a Dios y vivían protegidas entre los muros monacales.
Ese fue el caso de las hijas y nietas de esta familia, citadas en el documento (que no diferencia los parentescos): Justa, María, doña Infante, Granda, Honorífica y Flora.
Sin embargo, lamentablemente don Arias no tardó en morir, y un poco más tarde lo hizo Baldredo. Ambos fueron enterrados en Santa Cristina, donde ingresó la viuda de éste último, doña Matre.
Las desgracias y calamidades no habían hecho nada más que empezar. El documento relata cómo los pecados del pueblo y las insidias del Diablo provocaron que los sarracenos asediasen León. Arrasaron la ciudad, decapitando a los hombres y destruyendo todo lo que encontraron a su paso. Esto incluyó la magnífica empresa familiar: su monasterio privado.
Los muros de la ciudad fueron derribados, las aldeas quemadas, los castillos devastados y los centros religiosos incendiados.
León, murallas tardo-antiguas y medievales. Según Parcerisa, año 1855.
Todas las mujeres de la familia fueron capturadas y convertidas en esclavas, trasladadas a Córdoba. Tan sólo doña Matre y su hijo Arias pudieron escapar del enemigo.
El documento continúa la narración indicando que, pasado mucho tiempo y gracias a la misericordia divina, algunas de las mujeres fueron liberadas de la cautividad. Tristemente, como suele ocurrir con frecuencia en la documentación medieval, la fuente no aporta más detalles.
Las que pudieron regresaron a su tierra, León, intentaron recuperar su vida y su patrimonio, pero hallaron una ciudad arruinada y no lograron subsistir allí. Ante tanta calamidad y penuria, las hermanas se retiraron a unas tierras que tenían en Villar de Mazarife (León) por herencia, entre los ríos Órbigo y Bernesga. Allí levantaron un pequeño monasterio y vivieron bajo la regla de San Benito.
– Regreso a León
Cuando todos los miembros de la familia habían perecido, Flora decidió regresar a la capital del reino e ingresar en la vida religiosa del monasterio de Santiago. Pero siempre mantuvo el recuerdo de sus seres queridos y familiares, que tantas desgracias habían pasado.
Ella fue la encargada de recorrer el arruinado monasterio de Santa Cristina y recuperar los restos mortales de Arias, Baldredo y Justa (enterrada allí posteriormente), trasladándolos a un nuevo espacio funerario en el monasterio jacobeo, velando por la memoria familiar. Sabemos por el diploma que Flora llegaría a ser la abadesa de la institución.
No es en absoluto habitual, dentro de los documentos hispanos, encontrar una joya manuscrita que relate con todo lujo de detalles la historia llena de contratiempos de Flora, pero también su tesón y capacidad de lucha, que le permitieron escapar de la esclavitud y perseverar en la protección de su familia y patrimonio.
Pero la Historia sí que nos muestra que fueron frecuentes ese tipo de figuras femeninas, activas política y religiosamente, buenas gestoras de sus bienes, en tiempo de calamidades.
De hecho, sabemos que al final de su vida Flora poseía viñas, prados, valles y tierras con afluentes ricas en agua. Además era dueña de bueyes, ovejas y objetos suntuarios de mucho valor, como “un vaso, una copa de plata”, un aguamanil y un servicio de seda y plata para la mesa “maravilloso” –mirificum se dice en el citado documento del año 1023–.
Epígrafe de Mumadomina. Museo de León.
– Mecenazgo artístico
Al ser abadesa y regentar un monasterio privado propio, propiedad de su familia, por Flora pasó la financiación de muchas obras de arte medievales, pero ante la ausencia de fuentes no podemos llegar a imaginar cuáles fueron las obras que patrocinó.
De hecho, resulta incluso muy difícil localizar hoy en la cartografía urbana de la ciudad de León el lugar en el que se ubicaron los monasterios de Santa Cristina y el de Santiago. Nada queda de esos edificios, ni tampoco conocemos los materiales con los que se erigieron.
En todo caso, gracias a la arqueología y los edificios que sí se han conservado sabemos que se trataría de construcciones de pequeño tamaño, con materiales reutilizados de cronología anterior, como es el caso de una pieza marmórea conservada en el Museo de León, que posee un epitafio labrado sobre un cimacio (el elemento que se colocaba sobre los capiteles para sustentar un arco).
En ella se cita a otra fémina notable, Mumadomina, quien murió en el año 950, diciendo que fue mujer de santa memoria, de corta edad, obediente y religiosa.
Desconocemos si en los altares de los monasterios de Santa Cristina y Santiago había objetos tan ricos como los descritos en el testamento de Flora. No sabemos si estuvieron pintados, sus suelos cubiertos de alfombras o los muros decorados con paños de seda.
Menos sabemos de la escultura, capiteles o portadas de esos pequeños cenobios, ni la forma que tendría el panteón familiar. Pero en él, a buen seguro, las velas y candelas encendidas y sufragadas por Flora arderían diariamente iluminando el sueño eterno de los antepasados.
The New York Times(D.G.Smith) — En los últimos años se ha producido un aumento de las muertes relacionadas con el alcohol y una oleada constante de noticias sobre los riesgos del consumo de alcohol para la salud. Los llamados a beber solo con moderación se han hecho más urgentes. Pero, ¿qué significa eso exactamente?
Tim Stockwell, científico del Instituto Canadiense para la Investigación del Consumo de Sustancias, dijo: “La gente lo define irónicamente como no beber más que su doctor”.
Más oficialmente, en Estados Unidos, el consumo moderado de alcohol se define como una bebida o menos al día en el caso de las mujeres y dos bebidas o menos al día para los hombres.
Pero otros países definen el consumo moderado de alcohol, también llamado consumo de bajo riesgo, de forma diferente, e investigaciones recientes sobre los daños del alcohol para la salud han planteado dudas sobre las directrices actuales.
– ¿Cómo se establecen las directrices?
Los expertos solían pensar que un consumo bajo o moderado de alcohol era bueno para la salud. Esta suposición se basaba en estudios que mostraban que quien bebía con moderación vivía más que quien se abstenía o bebía en exceso. El beneficio de la longevidad desaparecía aproximadamente a las dos copas al día en el caso de las mujeres y a las tres copas en el de los hombres, dijo Stockwell.
Sin embargo, ahora muchos investigadores piensan que esas conclusiones se basaban en análisis de datos que tenían “todo tipo de problemas metodológicos”, dijo Elizabeth Mayer-Davis, profesora de nutrición y medicina de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.
Por ejemplo, uno de los problemas era que muchas personas que se abstenían de beber alcohol lo hacían porque tenían problemas de salud, mientras que las personas que bebían moderadamente tenían más probabilidades de tener hábitos de vida saludables. Esto creaba “lo que era en verdad una ilusión de beneficios para la salud con cantidades de bebida de bajas a moderadas”, dijo Mayer-Davis.
Un nuevo método para establecer el riesgo examina solo las muertes por afecciones directamente relacionadas con el alcohol, como la cirrosis hepática, la intoxicación etílica, la pancreatitis y ciertos tipos de cáncer. “Resulta mucho menos sesgado y confuso enfocarse solo en las afecciones causadas por el alcohol”, dijo Stockwell.
Con este método, los expertos han descubierto que el consumo de alcohol de bajo riesgo implica menos alcohol del que aconsejan actualmente muchos países, incluido Estados Unidos. Pero el nivel exacto a partir del cual el consumo de alcohol empieza a ser perjudicial para la salud, y lo que se considera un nivel de riesgo aceptable, sigue siendo objeto de debate.
Algunos países han ajustado sus recomendaciones. Australia y Francia aconsejan ahora para ambos sexos no consumir más de 10 copas a la semana. (Eso supone una reducción de dos al día para hombres y mujeres en Australia y de tres al día para hombres y dos para mujeres en Francia).
Las últimas directrices canadienses, en las que Stockwell ha sido asesor, son más estrictas: el consumo de bajo riesgo se define como no más de dos copas por semana, independientemente del sexo.
En las directrices estadounidenses más recientes, publicadas en 2020, un comité consultivo dirigido por Mayer-Davis recomendó que los hombres y las mujeres no consumieran más de una bebida al día. Esa orientación incorporó los últimos descubrimientos de que “no había ninguna cantidad de alcohol que beneficiara la salud”, dijo Mayer-Davis.
“Pero no vamos a ir tan lejos como para decir que todo el mundo tiene que dejar de beber, porque eso no es realista”, añadió.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos, que establecen las directrices oficiales, rechazaron el consejo del comité.
Al preguntarles por qué, un representante del Departamento de Agricultura indicó en un correo electrónico que “las pruebas emergentes señaladas en el informe del comité no reflejan la preponderancia de las pruebas en este momento”. Está previsto que el próximo conjunto de directrices dietéticas se publique en 2025; queda por ver si cambiarán, y en qué medida.
– ¿Deben tener límites diferentes los hombres y las mujeres?
A pesar de la tendencia a establecer un límite para ambos sexos, algunos expertos afirman que tener directrices separadas tiene sentido.
Esto se debe a que se necesita menos alcohol para afectar negativamente la salud de las mujeres que la de los hombres, incluido un mayor riesgo de daños hepáticos relacionados con el alcohol, enfermedades cardiacas y ciertos tipos de cáncer, dijo Aaron White, asesor científico sénior del director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo.
Parte de ese mayor riesgo puede deberse a las diferencias de tamaño. Pero incluso si “una mujer y un hombre de la misma edad y el mismo peso beben exactamente la misma cantidad de alcohol, la mujer tendrá una concentración de alcohol en sangre superior a la del hombre”, dijo Sherry McKee, directora del Programa de Yale para las Diferencias Sexuales en el Trastorno por Consumo de Alcohol.
Una posible razón es que el alcohol no penetra en el tejido adiposo, y las mujeres suelen tener una mayor proporción de grasa que los hombres. Eso significa que hay menos espacio para que el alcohol se distribuya por el cuerpo, lo que da lugar a concentraciones más elevadas.
Las mujeres tampoco metabolizan el alcohol tan fácilmente como los hombres, por lo que más alcohol permanece en su organismo durante más tiempo, lo que puede provocar más daños.
Mayer-Davis dijo que las recomendaciones cambiantes y contradictorias pueden “frustrar mucho al público”. Pero,“eso es lo mejor que podemos hacer, formular recomendaciones basadas en la ciencia con la bibliografía y los conocimientos disponibles”.
Aunque los detalles siguen sin resolverse, la mayoría de los expertos están de acuerdo en una cosa. “Menos es más; menos es mejor”, dijo Stockwell. “Bebe menos; vive más”.
La mente es maravillosa(V.Sabater) — Uno de los fetiches más frecuentes es el parcialismo. Tiene que ver con la fascinación erótica hacia algún área corporal, como los pies, las axilas, la barba… Pero los fetichistas presentan más intereses.
Estamos normalizando cada vez más hablar de sexo. Esto propicia que, en el momento menos pensado, nuestro compañero de trabajo o esa amiga de siempre nos comente su fascinación por el cuero, el terciopelo, los pies femeninos o por ver a su pareja masculina disfrazada de algún animal. El fetichismo es más frecuente de lo que pensamos y menos patológico de lo que creemos.
Tal conducta entra dentro de las prácticas sexuales «poco convencionales», pero no tiene por qué conformar un trastorno clínico. Buena parte de los estigmas sociales alrededor de la sexualidad tiene mucho que ver con la falta de conocimientos en esta materia. El fetichista solo es alguien que encuentra placer erótico en objetos, partes del cuerpo o situaciones poco comunes. Profundicemos.
– ¿Qué es el fetichismo?
Esta es una forma atracción sexual en la que una persona obtiene gratificación o excitación erótica a través de estímulos poco usuales. De hecho, la pregunta que suele suscitar este tema es si entra dentro del ámbito de lo clínico y lo patológico. La respuesta al respecto es «no, no siempre».
La versión del 2013 del DSM-V despatologizó el fetichismo, diferenciándolo del trastorno fetichista, una condición en la cual ya se evidencian conductas disfuncionales y sufrimiento. Ejemplo de ello sería que no sintieras atracción por otras posibles parejas sexuales, sino que solo te excitaras con la visión del estímulo fetichista. Comprendamos ahora cómo es alguien con esta característica.
.Cómo se manifiesta
Cabe señalar que la investigación científica sobre este tema todavía es muy limitada. Además, es frecuente hallar trabajos orientados en exclusiva a la vertiente psicopatológica. No obstante, hay un claro consenso en que existen tres tipologías. Tal y como señala una publicación del Medical Journal, esta forma de atracción y excitación sexual puede manifestarse como lo planteamos enseguida.
.Fetichista de objetos
Definición: la excitación erótica aparece ante la presencia, observación o uso de objetos inanimados. Hay quien experimenta esta estimulación interaccionando en soledad con ese elemento en particular —acariciando, por ejemplo, unos zapatos de tacón—. Otros, en cambio, necesitan que sus parejas usen el objeto.
Ejemplos: muñecas de plástico, zapatos, ropa interior, telas de látex, de terciopelo, de plástico, máscaras, guantes, medias, peluches…
Cómo se practica: hay personas que disfrutan viendo a su pareja vestida con un uniforme, con un disfraz determinado, llevando ciertas piezas de ropa, quizás alguna máscara, etc. Otros, por su parte, necesitan acariciar o lamer el objeto.
.Fetichista parcialista
Definición: en este caso, tenemos a alguien que demuestra fascinación y deseo por una parte específica del cuerpo humano. Esa área se aleja un poco de lo convencional, de lo que consideramos tradicionalmente erótico, desde un punto de vista social y hasta cultural.
Ejemplos: uno de los fetichismos más frecuentes es el vinculado a los pies. Sin embargo, también podemos encontrar el relacionado con el cabello, las axilas, las manos, la barba masculina, el ombligo, las piernas, etc.
Cómo se practica: la interacción con la parte del cuerpo fetichizada puede incluir tocarla, mirarla, olerla, lamerla y fantasear con ella. A menudo, hay quien se deleita viendo, por ejemplo, cómo se mueve el cabello, tocar unas manos cubiertas por guantes, acariciar los dedos de los pies, etc.
.Fetichista situacional
Definición: el hombre o mujer fetichista situacional encuentra su estímulo erótico en un entorno o circunstancia específica. En esta tipología aparecen múltiples variantes, como puede ser el practicar sexo en lugares públicos. En este caso, la idea de ser vistos o sorprendidos actúa como el componente excitatorio.
Ejemplos: hay quien tiene fantasías en escenarios concretos como aulas de colegio, salas médicas, lugares sacros o religiosos, campos o bosques, etc. Otros, como ya hemos señalado, necesitan la emoción y el riesgo de tener encuentros íntimos en zonas públicas.
Cómo se practica: esta tipología implica la necesidad de repetir una misma situación de forma constante. Siempre será el mismo escenario o circunstancia concreta, algo que muchas veces puede cansar a sus parejas sexoafectivas. A veces, para recrear dichos escenarios, como puede ser una clase de instituto o un hospital, se opta por utilizar disfraces.
– ¿Es lo mismo fetichismo que parafilia?
En nuestra sociedad es muy frecuente diluir conceptos y confundirnos con determinadas entidades psicológicas. Ocurre sobre todo si están relacionadas con las prácticas y deseos sexuales. En este caso, es importante matizar que el fetichismo no es de modo exacto lo mismo que una parafilia. Hay pequeños matices.
Alcance
En realidad, el fetichismo es una categoría o una forma más de parafilia. Como ya señalamos, la persona fetichista es alguien que siente atracción sexual hacia objetos inanimados o partes del cuerpo no genitales. Por su parte, como definen en el Journal of Sex Research, la parafilia es un tipo de comportamiento sexual inusual o «no normativo».
Esta última incluye una amplísima variedad de conductas que no siempre tienen que ver con lo fetichista. Ejemplo de ello es el exhibicionismo (exponer los genitales en público), el voyeurismo (observar a personas en situaciones íntimas sin su consentimiento) o incluso el masoquismo (excitación derivada del propio sufrimiento).
.Objeto de deseo
Para un fetichista, el objeto de deseo es específico y concreto, como un tipo de tela, muñecas hinchables, tener sexo en coches deportivos… Ahora bien, en las parafilias, el objeto de deseo o la situación es más extensa y compleja, como, por ejemplo, las clásicas dinámicas BDSM (bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo).
.Condición para la excitación
En el plano fetichista, el objeto o la parte del cuerpo fetichizada es básica y esencial para alcanzar la propia excitación. Sin embargo, en las parafilias, las dinámicas son más elaboradas, como placer al acudir a lugares muy masificados y frotar el propio cuerpo en un desconocido, etc. Es más, en ocasiones, en esos juegos eróticos entre personas con parafilias, se incluyen objetos fetiche, como osos de peluche, medias, etc.
– ¿Cómo se produce un fetichismo?
En la investigación antes referenciada, (Ventriglio, Bhat, Torales, & Bhugra, 2019), llevada a cabo en las universidades de Foggia (Italia), Asunción (Paraguay) y el King’s College de Londres, se intentó dilucidar el posible origen del fetichismo. Cabe señalar que, en la actualidad, las causas de estas inclinaciones sexuales no están claras. Aún existen muchos prejuicios, pero podemos esbozar algunas ideas.
.Teoría conductual
Esta teoría sugiere que el comportamiento fetichista podría desarrollarse a través del condicionamiento clásico. Si un objeto específico se asocia de forma repetida con la excitación sexual o el orgasmo durante experiencias sexuales tempranas, el individuo puede llegar a asociar ese objeto con su propia sexualidad.
.Teoría neurobiológica
Otra teoría especulativa tiene que ver con el modo en que el cerebro organiza las experiencias sensoriales y sexuales. Es posible que exista alguna alteración en los neurotransmisores o en los genes que favorezca la percepción de ciertos objetos o partes del cuerpo, como algo excitante. Ahora bien, insistimos, son ideas que no presentan una evidencia científica fiable.
.Teorías socioculturales
Es posible que la cultura y el entorno en que crece una persona influya en lo que se considera erótico o atractivo. Si una sociedad o subcultura fetichiza ciertos objetos o partes del cuerpo, un individuo puede internalizar esas preferencias. Podría suceder lo mismo con el consumo en la infancia o adolescencia de un determinado tipo de pornografía.
.Experiencias tempranas
Algunas teorías sugieren que algunas experiencias tempranas podrían contribuir al desarrollo de un fetiche. Un evento que causa una impresión emocional significativa quizás lleve a la asociación entre ese evento y la excitación sexual. No obstante, una vez más, son suposiciones sin una validez demostrada.
– ¿En qué momento esta conducta evidencia un problema?
Llegados a este punto, no podemos dejar de lado una idea. La conducta fetichista es una manera más de entender, vivir y expresar la sexualidad; de forma respetuosa y consensuada, es una dinámica tan saludable como cualquier otra. Ahora bien, es inevitable que te preguntes en qué momento esto puede volverse patológico.
Hay una serie de indicadores para comprender si sorteas ese límite complejo y, sobre todo, causante de malestar psicológico. Los mismos responden al DSM-V y al trastorno parafílico y se trata de los siguientes:
Duración: los pensamientos, fantasías o comportamientos fetichistas deben ser persistentes y recurrentes durante al menos seis meses.
Fijación: ya se presentan claras dificultades para excitarte y encontrar placer sin la presencia del objeto o situación vinculada al fetichismo.
Malestar social y relacional: experimentas un desgaste en tu relación de pareja, ya que esta se siente insatisfecha o excluida. Esto, además, impacta en tu trabajo y en diversas áreas del día a día.
Compulsión: la conducta fetichista se ha convertido casi en una obsesión. Te cuesta pensar en otras cosas, pero sabes que esta dinámica no es funcional y que tu vida se deteriora. Al mismo tiempo, la vergüenza, la culpa y la soledad te carcomen y pesan en exceso en tu mente.
Peligro para ti o los demás: en algunos casos, las inclinaciones fetichistas pueden derivar en comportamientos peligrosos, poco éticos o incluso ilegales. Esto es algo que nunca debe sortearse y, en caso de creer que caerás en esta tendencia, no dudes en pedir ayuda especializada.
– El fetichismo, un ejercicio de autoconocimiento
No te sorprenderá saber que muchas personas utilizan su fetiche para mejorar la vida sexual en pareja. La comunicación sincera y expresarle al otro cuáles son tus fantasías y deseos eróticos puede actuar de maravilloso incentivo relacional. Sin embargo, con el fin de que eso suceda, es bueno que te conozcas, que dejes espacio a tus deseos para comprenderlos y expresarlos.
No hay nada patológico o disfuncional en los fetichistas. Buena parte de ellos son personas normales y con vidas plenas. Ten siempre en cuenta que no es fácil controlar lo que despierta en ti el deseo, pero sí puedes regular tus conductas. Es ahí donde reside tu capacidad para disfrutar de manera saludable y consensuada de tus estímulos fetiches.
Temperatura en la superficie terrestre al comienzo de la primavera de 2000.
JotDown(F.J.Tapiador) — El lenguaje de los climatólogos difiere un tanto del corriente. Esto genera múltiples malentendidos, del tipo de los que hacen que Wittgenstein se revuelva en su tumba de Cambridge.
Sucede, por ejemplo, con la propia palabra «clima», que se refiere, técnicamente, a valores estadísticos (como la media, o la mediana) de observaciones meteorológicas realizadas a lo largo de 30 años. Sin embargo, el diccionario de la RAE —que no hace sino reflejar la lengua viva— la convierte en sinónima de «tiempo».
Este es un caso benigno, aunque una frase como «se ha tenido que cancelar el partido por una climatología adversa» ponga nerviosos a algunos colegas exquisitos.
Pero hay otras situaciones en las que sí que importa que haya cierta distancia entre lo que el climatólogo tiene en su cabeza cuando afirma algo desde su especialidad, y lo que entiende un lego cuando lo recibe directamente, o a través de un canal.
Sin descartar el efecto de este último, el culpable de las interpretaciones erróneas suele ser el experto, que no hace el esfuerzo de ponerse en el lugar de alguien que no lo es.
El asunto de los malentendidos en las ciencias de la Tierra sería un discusión bizantina a pie de página si no fuera porque la confusión lingüística genera debates artificiales en un asunto, el del cambio y calentamiento global, que ha dejado de ser un tema de estudio de cuatro físicos y geógrafos para convertirse en un problema económico y de salud pública.
El marco general de la cuestión es que la ciencia contemporánea tiene un problema. La distancia entre la explicación precisa de cualquier cosa —desde un huracán hasta el ciclo de Krebs— y su versión vulgar, es decir, aquella que pueda ser comprendida por alguien sin formación específica en el tema, no ha parado de crecer en el último siglo.
La frase de Einstein de que si no le puedes explicar algo a un niño es que no lo has entendido bien, no deja de ser un cliché, seguramente apócrifo, y en esencia, falso. ¿Se puede explicar a un lego el proceso por el cual el vapor de agua acaba como lluvia sin recurrir ecuaciones y sin invocar conceptos previos como la presión parcial de saturación del hielo?
Naturalmente, pero la explicación está al nivel de describir el funcionamiento de un avión diciendo que es una máquina más pesada que el aire que vuela y que traslada a personas y mercancías.
Cuesta pensar que alguien que reciba esa explicación estaría en condiciones de discutir sobre el efecto de la turbulencia en la aviación comercial con un ingeniero aeronáutico, aunque casi todos los científicos estemos acostumbrados a que alguien que separó su vida de la ciencia en el bachillerato nos dé lecciones sobre cuestiones de las que nosotros damos clase en la universidad, o sobre las que hemos escrito artículos académicos.
En el caso concreto del clima, la brecha entre lo que conoce una comunidad de científicos que lleva décadas estudiando el tema y lo que sabe la persona de la calle nunca ha sido tan amplia, y de hecho no para de crecer.
La actitud natural ante este hecho debería ser la confianza en el trabajo de los expertos, pero estos también tienen sus cosas y de vez en cuando surgen episodios que alarman a la sociedad y que contribuyen al descrédito de la ciencia. No debería ser así; un caso particular o los errores no deberían mellar la confianza pública en esta actividad, y, de hecho, si se tuviera un conocimiento más preciso de las leyes de la naturaleza y del método científico eso no debería pasar.
Buscar una segunda opinión ante un diagnóstico grave es algo sensato teniendo en cuenta que hasta los mejores médicos a veces se equivocan, pero impugnar los avances de la ciencia médica por un error, o porque el conocimiento alcanzado en esa disciplina no sea absoluto; eso es irracional.
Los científicos tenemos que hacer un esfuerzo en comunicar lo que sabemos en términos comprensibles, aunque solo sea para evitar que una horda con antorchas vaya a buscarte al despacho, furiosa porque estás cambiando el clima de la provincia con tu ordenador y ya no llueve como antes.
La imagen puede parecer un chiste y fruto de la fantasía, pero no olvidemos que en la España de 2024 todavía se hacen rogativas a los santos en época de sequía.
Es decir, un grupo no despreciable de personas cree de buena fe (nunca mejor dicho) que sacando a pasear una talla de madera y escayola, y pidiéndole cosas, el santo va a interceder —si se ha sido bueno— ante Dios, para que este altere la circulación general de la atmósfera y llueva en los campos de alrededor.
En algunos ámbitos, el nivel del conocimiento del mundo aún está muy justito. Hay gente que simplemente no sabe cómo funcionan nada de lo que tiene alrededor (y ni le importa); y otra que provista de meros rudimentos escolares desconfía de todo aquel que ha llegado al final de una formación compleja en un tema porque cree que atiende a intereses oscuros.
Sucede a menudo con gente que ha leído un libro de divulgación científica y ya cree que sabe todo lo que hay que saber sobre el tema, sin darse cuenta de que ese texto no es sino el nivel cero de la disciplina, una herramienta destinada a excitar la curiosidad y a mostrar el mapa para invitar a recorrer el paisaje.
El caso de los gurús de autoayuda, crecimiento personal y todo ese tipo de cosas me deja especialmente perplejo.
Siempre me ha maravillado que alguien que no es capaz de entender un tema de complejidad media (digamos, por ejemplo, qué es una derivada, o el metabolismo de los lípidos), pretenda ser depositario o haber llegado por su cuenta a recetas infalibles sobre la felicidad, la organización humana, la educación de los niños, el trazado de las ciudades, la ordenación territorial, la salud, el sentido de la vida, o hasta los secretos del universo.
Estos últimos, a juzgar por las capacidades intelectuales de los elegidos que dicen conocerlos, deben estar expuestos en términos muy sencillos.
Sin olvidar este panorama, convendría esforzarse en comunicar aspectos complejos del conocimiento humano a quien le interese aprender. En el ámbito específico de la climatología —una ciencia a caballo entre la geografía y la física—, hay conceptos clave que son difíciles de trasladar.
Entender bien la sensibilidad climática, o el efecto invernadero requiere conocimientos de física que quizá se vieron en la educación secundaria, pero que la mayoría de la gente ha olvidado, si es que alguna vez se los enseñaron. Las partes más técnicas, aquellas en las que los especialistas tenemos debates, están demasiado alejadas de la cultura general como para poder ser entendidas sin conocimientos específicos que lleva tiempo asimilar, pero sin los cuales el debate deviene una caricatura.
Inténtese resolver una ecuación trivial como 2x=24842 utilizando números romanos en vez de los arábigos, y se verá lo que digo: la facilidad de entender y resolver algo cambia radicalmente si expresamos el problema con las herramientas adecuadas, a menudo convirtiendo en obvio lo que en palabras o en otro marco resulta enrevesado o caprichoso.
Temas tales como el proceso exacto por el cual un huracán experimenta una intensificación rápida no pueden ser discutidos en serio, es decir, con el apoyo de datos y medidas, sin recurrir a conceptos tales como el giro beta, la entropía o la entalpía.
No obstante, hay otros conceptos que también son centrales y que resultan más fáciles de trasladar si se pone un poco de atención. Son, además, básicos, en el sentido de que forman la base del conocimiento de temas más complejos e intrincados. El primero es la anomalía.
Para explicarla, definamos primero la climatología de la temperatura media en un lugar. Se calcula haciendo la media de la temperatura de cada día: sumamos la temperaturas de todos los días desde 1961 a 1990, y dividimos el resultado por el número de días. Si ahora queremos saber la anomalía de la temperatura del 5 de agosto de 2024, restamos el valor que tenga ese día de la media que hemos calculado antes.
El resultado puede ser positivo o negativo. Si es positivo, es que hace más calor de «lo normal». Si es negativo, hace más frío. Cuando decimos que el planeta se está calentando, lo que decimos es que la anomalía respecto a una referencia, la climatología de los treinta años que van de 1961 a 1990 es claramente positiva.
El «claramente» es la traducción al castellano de «dentro de los niveles de confianza de un test estadístico», que este sí que no es un concepto trivial ni que se pueda trasladar adecuadamente en menos de un par de páginas.
¿Por qué 30 años? Porque en periodos más cortos encontramos fluctuaciones que nada tienen que ver con la tendencia general. La mejor manera de explicar esto es con un símil que excite el interés del lector. En esto el dinero siempre funciona, como sabe cualquier profesor universitario.
No hay más que poner un ejemplo con euros para que los estudiantes recuperen súbitamente la atención. Por cierto, con Taylor Swift pasa lo mismo: las series de Taylor les parecen mucho más atractivas con la inestimable aparición de MissAmericana en el aula. Volviendo al por qué de comparar periodos de 30 años, imaginemos que queremos averiguar cómo le ha ido de bien (o de mal) en la vida a alguien que se jubila.
Si tomamos periodos cortos, y comparamos lo que ganó entre los 25 y los 26 años con lo que ganó entre los 57 y 58 puede que se nos pasen varias cosas: (1) que entre los 25 y 26 estuvo un año sin trabajo y que en los 57 y 58 le dieron un bonus; (2) que entre los 25-26 heredó y a los 57-58 vendió mal unas acciones y perdió mucho dinero; (3) que entre los 25-26 heredó, y a los 57-58 ganó tanto dinero como heredó de joven vendiendo sus acciones en NDVIA.
En el primer caso, su patrimonio parecerá haber aumentado; en el segundo, decrecido; y en el tercero, quedado igual. Pero si tomamos periodos más largos de tiempo, y comparamos su patrimonio en la primera década de su vida laboral (pongamos de los 25 a los 35) y en la última (de los 55 a los 65), es probable que esas pérdidas y ganancias patrimoniales se hayan ido compensando, y que la diferencia entre los valores medios de los dos periodos de 10 años dé una idea más cabal de la evolución patrimonial.
Además, empleando un periodo extenso, una media de 10 años, evitamos haber elegido años anómalos, como el del paro, la herencia y la venta de acciones. Nótese que el tercer caso, bastaría con haber escogido los años 27-28 y 60-61 para que el resultado hubiera sido muy diferente.
Lo mismo sucede con el clima. Si tomamos periodos cortos podríamos caer en uno de esos eventos periódicos y naturales que distorsionan temporalmente la secuencia —es el caso de la oscilación del sur y de el Niño (ENSO), así como de la Niña, o la oscilación de atlántico norte (NAO)—.
Son bandazos que se superponen a la tendencia general que nos interesa, que no tienen que ver directamente con la tendencia a largo plazo, y que debemos tener en cuenta para poder afirmar algo con rigor. Por eso, precisamente, empleamos series de 30 años.
¿Por qué esos 30 años en concreto, 1961-1990, como referencia de nuestro «clima presente», para compararlo con el clima futuro? En realidad, da igual mientras tengamos datos de calidad, pero no tendría mucho sentido escoger 1791-1820, época de inestabilidad y registros dudosos, o un intervalo en el que aún haya pocas observaciones globales o las que estén limitadas a las tierras emergidas, como es la época anterior a los satélites.
El lector se preguntará por qué escogemos la media para comparar. Se hace así en parte por comodidad, porque es algo que entiende todo el mundo. Pero si nos ponemos más finos, debemos utilizar otros estadísticos más precisos, que es lo que hacemos en realidad los profesionales. La media es sólo uno de esos estadísticos.
Es el más representativo cuando los datos están repartidos de una manera normal (el término técnico es distribución gaussiana), pero hay otras métricas. La varianza es una de ellas. Nos dice cómo de diferentes son los datos respecto a la media, porque podemos tener la misma media con valores que no se alejen mucho de ese valor, o con valores que sean radicalmente diferentes.
La media de las temperaturas -1,01 es cero, pero también es cero la media de los valores -33, 0 y 33. Con sólo la media no podemos apreciar la diferencia entre los datos. Pero la varianza en el primer caso es muy pequeña, y muy grande en el segundo, y eso ya sí nos dice algo: que en el primer caso no hay mucha dispersión y en el segundo, sí.
También puede suceder que los datos estén todos agrupados en un lado, o que tengamos valores muy extremos.
Lo estadísticos asimetría y curtosis nos miden precisamente eso.
Y más allá de ellos hay todo un mundo de índices multifactoriales.
La mediana es otro estadístico útil, quizá es más importante en la vida corriente y el que deberíamos tener en más consideración que la media, pero es más farragoso de calcular.
Nos da cuenta del valor que está justo en el medio, el que divide a los datos en dos grupos iguales, los que están por debajo y los que están por encima de ella.
¿No es eso la media?, se preguntará el lector. No, eso es la media solo si la distribución es la que hemos llamado normal. Si la distribución de valores tiene cierta asimetría, entonces la media y la mediana difieren.
Esto de la media y la mediana se entiende mucho mejor recurriendo, como no, a la pela. Tomemos los sueldos de los españoles. El valor medio oficial es de unos 27 000 euros, pero este dato esconde una realidad: que hay muchos sueldos bajos y algunos altos, pero muy altos.
La distribución tiene una asimetría clara hacia los bajos (esto es lamentable), pero en el otro lado encontramos sueldos estratosféricos, y eso hace que el valor que sale al hacer la media no sea muy representativo. Pero la mediana, 20 000 euros, sí nos da una idea más clara de cuánto se cobra en el país (más bien poco).
Y la moda, que es otro estadístico, el que me da el valor más frecuente, también. La moda de los sueldos es 18 000 euros, lo que quiere decir que este es el salario más común, lo que se lleva. Descorazonador teniendo en cuenta que una cerveza cuesta ya tres euros, sí; pero es la realidad.
Retomando el eje de este artículo, a Murakami, cuando hablo de clima y me refiero al efecto mariposa quiero decir una cosa muy diferente que lo que entiende la gente, que a menudo ha adquirido una interpretación errónea, a fuer de laxa. Se suele enunciar diciendo que «el aleteo de una mariposa en el golfo de México puede provocar un huracán en las Filipinas».
Esto no es lo que se deduce del descubrimiento de Lorentz, la «sensitividad a las condiciones iniciales», que lo que dice es que es imposible determinar el efecto del aleteo de una mariposa en la situación de la atmósfera en el futuro ni aunque nuestro modelo físico fuera perfecto, porque al cabo de unas pocas operaciones matemáticas en el ordenador una diferencia mínima a la hora de haber determinado las condiciones iniciales de la atmósfera (es decir, el que la mariposa haya aleteado o no), hace que el resultado pueda ser radicalmente distinto, del tipo que se genere un huracán o que, por el contrario, disfrutemos de un sol espléndido.
Por cierto, al «puede generar un huracán» cabe aplicarle una de las políticas más sanas que se pueden ejercer ante una noticia de ciencia cualquiera; una política que debería convertirse en un automatismo al leer notas de prensa y artículos científicos: añadir un «o no» a cada «puede», «podría» o cualquier otra forma hipotética o condicional.
Muy a menudo algunos investigadores consiguen que les publiquen un artículo científico, y olvidándose de que lo han logrado pagando, se vienen arriba y lanzan a los cuatro vientos una nota de prensa triunfante, con titulares del tipo «descubren una nueva molécula que puede curar el cáncer».
En esos casos es una política excelente leerlo así: «descubren una nueva molécula que puede (o no) curar el cáncer». Este tipo de profilaxis mental es muy útil para navegar por las noticias, y ahorra muchos disgustos y falsas expectativas no solo en medicina, sino en otros campos.
[Revelar aquí que si ahora hay tantas noticias es porque a algún alma cándida ministerial se le ha ocurrido que los profesores recibamos un suplemento en función del eco que tengan nuestras investigaciones en prensa; un incentivo perverso que solo sirve para ver quién propone a los periodistas el titular más exagerado y que genere más movimiento.]
En este sentido de lo condicional e hipotético, hay otro aspecto del «de qué hablo cuando hablo de clima» que son las llamasllamadas proyecciones climáticas. Aquí es muy necesario imbuirse de lleno del espíritu del segundo Wittgenstein y afanarse cuanto antes en que la mosca atrapada en la botella pueda encontrar la salida mostrándole el camino hacia el cuello.
En este concepto nos encontramos con uno de los malentendidos más graves de mi campo, el equivalente climatológico al error filosófico en el que desemboca el juego lingüístico de considerar que la frase «existe el alma» y «existe una mesa» son expresiones equivalentes.
Una proyección climática es el resultado de operaciones aritméticas en un modelo de clima, un programa informático que soluciona las ecuaciones físicas de la atmósfera a partir de condiciones iniciales y de contorno. Cuando estos modelos se aplican a conocer el clima del futuro es necesario hipotetizar, realizando una serie de asunciones previas sobre las emisiones futuras de gases de efecto invernadero, emisiones que, a la postre, se derivarán de eventos históricos y de una serie de comportamientos sociales.
Estos no podemos predecirlos, porque la psicohistoria de Asimov, o su versión técnica, la cliodinámica, avanza a pasitos cortos. De momento solo podemos formar hipótesis razonables sobre cuál va a ser la sociedad esa del futuro que emitirá gases, y establecer escenarios plausibles de su evolución sujetos a una serie de condicionantes.
A partir de ahí se ejecuta el modelo, y es entonces cuando llegamos a la conclusión de que si seguimos echando a la atmósfera gases de efecto invernadero con la misma alegría que hasta ahora, sucederá una cosa; y que si nos damos cuenta de que eso no es sensato y reducimos las emisiones a la mitad, sucederá otra. Una proyección climática es un «cómo sería el clima del futuro si»; es decir, un condicional. No es que el clima del futuro «vaya a ser así».
Las proyecciones climáticas no son pues pronósticos sobre lo que va a pasar en el futuro con el clima, sino situaciones plausibles en el caso de que se sigan una serie de sendas hipotéticas. Este matiz, que es importante, se pierde casi siempre cuando se traslada la información desde un artículo al público vía medios de comunicación. Considerarlas sinónimas es obviar un elemento esencial.
Y eso no es un tema de disquisiciones escolásticas de climatólogos exquisitos en sus congresos y conventículos, sino un asunto de interés público. La confusión de tomar las proyecciones como pronósticos confunde a la opinión pública y da gasolina al incansable motor de los escépticos de variado pelaje que merodean alrededor de los campos de azur de las ciencias de la atmósfera y el clima.
La pregunta clásica al respecto, la que todo climatólogo habrá sufrido decenas de veces en sus carnes, es esta: ¿cómo es que podéis saber el clima del periodo 2071-2100 si no sabéis si va a llover en Urueña, ciudad del libro, provincia de Valladolid, la semana que viene? La respuesta se ha explicado muchas veces, pero nunca hay que subestimar la necesidad de hacerlo de nuevo.
Se puede hacer porque en climatología no calculamos la secuencia del tiempo, es decir, si va a llover el 4 de abril del año 2073 en Valladolid, sino, como el lector recordará, las medias de un periodo de 30 años (o en general, los estadísticos de ese periodo). Es decir, calculamos si la media de lluvia en Valladolid en los años que van del 2071 al 2100 va a ser significativamente diferente de la media de la lluvia en el periodo 1961-1990.
Y esa proyección climática, la de 2071-2010 es —recordemos— un condicional. Está sujeta a que se dé un cierto escenario socioeconómico. No decimos lo que va a pasar, sino lo que puede pasar si la sociedad y la economía se comportan de una manera determinada.
Otro elemento importante para centrar el debate y que se entienda mejor lo que hacemos los que nos dedicamos a esto es el siguiente.
¿De qué hablo cuando digo que estamos experimentado un cambio climático a causa de las actividades humanas?
Primero, hablo de que cuando hemos hecho las cuentas hemos considerado por separado los efectos de las oscilaciones naturales del clima (como los de la ENSO o la NAO) de las contribuciones de la humanidad (emisiones de gases, cambios de usos de suelo, etc.).
Si se hacen las cuentas sin incluir el factor humano, no salen; es necesario meterlo en el modelo para que obtener el clima observado.
Dicho de otro modo: los resultados de los cálculos que incluyen únicamente las causas naturales no son compatibles con las medidas del clima presente.
Segundo, estoy diciendo que los cambios son lo suficientemente grandes como para que la diferencia no sea atribuible al azar. Tenemos herramientas matemáticas para determinar eso. Tercero, que también hemos descontado ya todos los efectos —bien conocidos— de largo plazo, incluyendo los astronómicos, los cambios en la radiación solar, etc.
A veces los climatólogos nos ponemos muy pesados con que lo que hacemos es ciencia sólida, y no especulaciones. Pero hay que decirlo más. Que el cambio del clima está ahí y que se ha producido por la acción humana es difícil de negar con los datos que tenemos y de hecho no es un objeto de discusión entre especialistas.
Pero el qué hay que hacer al respecto es otra cuestión. Ahí sí que hay debate posible. En este tema las ciencias «duras» como la física tienen menos que decir. Pueden advertir sobre los efectos materiales de tomar unas decisiones u otras, pero no pueden aconsejarnos —sin salirse de su marco epistemológico tradicional— sobre qué opción seguir.
Para eso están las disciplinas sociales, como la geografía humana, aunque esta —en su versión española— sea una disciplina con poco predicamento. Pero para explicar las excelentes razones que han llevado a este lamentable estado de cosas tendría que mojarme en el tema de la querella española, y eso es otra historia.
Sobre historia(marimar) — Si nos centramos en la mitología griega, podemos resumir que es la manera que encontraron para dar explicación al origen del mundo y a todo lo que aquí acontece por medio de mitos y leyendas que relatan las vivencias y experiencias de dioses y héroes, eran parte de su religión y a ellos se les rendía culto.
Obviamente existía entidades principales y otras más secundarias, pero ¿cuántos dioses hay en la cultura y religión griega? A continuación lo descubrimos.
La historia de los dioses del Olimpo comienza, cuando Zeus, hijo de Cronos, quien ayudado por los 12 dioses del Olimpo, vence a su padre en la terrible guerra contra los Titanes, consiguió el poder de los dioses. Buscó un sitio donde establecer su morada, creando el monte Olimpo donde viviría con sus hermanos e hijos.
En algunos casos podemos ver representados 14 Dioses y es que algunos de ellos podía variar como es el caso de Hestia y Héfeso. Siendo los 12 dioses principales que habitaban el Monte Olimpo:
Zeus
Hera
Poseidón
Afrodita
Ares
Atenea
Hermes
Apolo
Artemisa
Hefesto
Deméter
Hestia
– Cómo eran los dioses de los griegos
Los dioses griegos eran inmortales, con apariencia humana, muy guerreros y con los mismos vicios y virtudes que el resto de los mortales. Capaces de regir el futuro de los mortales, los dioses más representativos del Olimpo eran:
. Zeus
Zeus es el dios de todos los dioses, es quien realmente gobierna en el Monte Olimpo. Es el dios supremo, dios de los cielos y del trueno. Descendiente de los titanes Cronos y Rea, es el hijo menor de éstos y quien consiguió vencer a su padre haciendo de esta forma, cumplir la profecía.
A Zeus se le simboliza con un rayo en la mano, con un águila, un roble, el cetro y una balanza como símbolo de justicia. De vida un tanto licenciosa, fue capaz de compartir su vida amorosa tanto con diosas como con mortales, teniendo múltiples hijos de todas sus relaciones.
.Hera
Era es la esposa y hermana de Zeus, se la considera la reina de los dioses, protectora de la familia, aunque a menudo fija su venganza en las amantes e hijos de Zeus. Es la hija mas pequeña de Cronos y Rea y sus símbolos son el Pavo Real, la fruta de la Granada, la Corona, el Cuco, León y una vaca.
.Poseidón
Poseidón se encuentra vinculado con el agua, es el dios de todos los mares, de los caballos y de los terremotos. Poseidón es hermano de Zeus y de Hades e hijo de Rea. Su símbolos son el caballo, los toros, el delfín y como no, el tridente.
.Dioniso
Es el dios de la fiesta, del vino y del éxtasis. Dionisio es el hijo del dios Zeus y de una mortal llamada Sémele. Dionisio está casado con Ariadna, una princesa de la Isla de Creta. Es quizás el mas joven de todos los dioses y el único cuya madre es mortal.
.Apolo
Dios de la belleza, la luz, el sol, la música, el arco, la poesía, el saber y la profecía. Apolo es el hermano gemelo de Artemisa y el hijo más pequeño de Zeus y Leto (hija de los titanes Ceo y Febe). Al dios Apolo le representa el sol, la lira, la flecha y el arco, el lobo, el cuervo, el ratón y el cisne.
.Artemisa
Diosa de la caza, el parto y la virginidad, estupenda tiradora con arco y protectora de los animales y del bosque. Hermana gemela de Apolo e hija mayor. A la diosa Artemisa se la suele representar con la luna, el ciervo, la osa, los perros de caza, el ciprés y las serpientes.
– Cuál es el mito que explica el origen de los dioses
Según relata Hesíodo, al principio de los tiempos, no existía nada sólo el «Caos», tras el Caos apareció la tierra, llamada «Gea». Cuando Gea recibió la luz cobró vida y comenzó a engendrar los distintos elementos como «el cielo estrellado» al que llamó Uranos, después creo las montañas.
Viendo Urano el gran esfuerzo que estaba realizando su madre Gea, derramó lágrimas que se convirtieron en una lluvia que regó la tierra, provocando la aparición de plantas, hierbas, árboles, etc. El agua que discurría por las laderas llenaban los ríos y estos generaron lagunas, lagos y el mar. Al mar se le dotó de vida con seres a los que se les llamó Titanes y Titánidas.
Otros hijos fueron los cíclopes, Arges, Astéropes y Brontes, seres inmortales de aspecto horrendo y portadores un sólo ojo. Engendraron también a los Hecatónquiros, 3 hermanos poseedores de 50 cabezas y brazos, cada uno de ellos.
La noche engendró a Hipno (el sueño), Tánatos (la muerte) y Hespérides (guardiana de los atardeceres).
El titan Crono (el tiempo) se unió con la titánida Rea (la fertilidad), pero pronto una cruel profecía haría mella en esta unión, ya que ésta vaticinaba que uno de sus hijos sería quién le destronara. Cronos comenzó a devorar a todos sus hijos con el fin de impedir el cumplimiento de dicha profecía.
Sin embargo, Zeus, hijo de Crono consiguió librarse de la muerte y plantar cara a su padre. Con la ayuda de sus hermanos Zeus consigue vencer a Cronos, dando lugar a la creación en el monte Olimpo de su morada, tanto para Zeus como para sus hermanos e hijos.
– Características de los dioses griegos
Los dioses del Olimpo eran los dioses más importantes de Grecia, como ya hemos comentado, reciben el nombre de Dioses Olímpicos por que su morada se situaba en el monte Olimpo. Todos los dioses eran integrantes de la misma familia y todos tenían en común su ganas de guerra y disputas.
Los doce dioses vivían juntos en un enorme palacio situado en lo alto de monte. Los dioses eligieron este monte por ser el más alto de toda Grecia y desde allí podían regir los designios del mundo griego. El Templo o palacio donde habitaban los dioses había sido construido por los cíclopes con un estilo palaciego estaba bordeado por una enorme y empinada e inexpugnable muralla.
Algunos dioses no habitaban en el monte Olimpo, tal era el caso de Hades (dios del inframundo), Perséfone (esposa de Hades), estos lógicamente vivían bajo la tierra. Otro dios que tampoco habitaba en el monte Olimpo era Poseidón (dios del mar), éste solía habitar en las aguas de los mares, ríos, lagos y fuentes.
Los dioses eran inmortales, bellos y perfectos, provistos de cuerpo y por lo tanto visibles. Los dioses tenían un gran parecido con los seres humanos en cuanto a apariencia y además les gustaba vivir como ellos, con sus virtudes y defectos. Grandes apasionados y formidables amantes.
Cuando se trataba de discutir asuntos terrenales, relacionados con los mortales, los dioses se reunían en una sala donde alcanzaría un acuerdo sobre el devenir de cada mortal, asuntos como quién ganaría tal guerra o quien sería duramente castigado. La mayor parte del tiempo, los dioses lo dedicaban a sus placeres, ya sea comer, beber, enamorarse o buscar confrontaciones entre ellos.
Entre los dioses era muy común los episodios de ira, cólera, la sed de venganza, la ambición, la envidia, en definitiva gozaban de los mismos malos hábitos y vicios que los mortales.
Los dioses se alimentaban de néctar, comían ambrosías, queso, cebada e incluso aceite de oliva. Aunque sin duda su alimento mas preciado eran las setas moteadas que aparecían cada vez que el rayo de Zeus tocaba la tierra.
El carácter de los dioses griegos era un verdadero misterio, unas veces se mostraban implacables, proporcionando castigos realmente duros y violentos, mientras que otras veces se mostraban comprensivos y justos. Los Sacrificios a menudo aplacaban al ira de los dioses, otras vez era la piedad con lo que se podían ganar sus favores.
Historia Hoy(M.A.Hernandez) — Frank Vincent Zappa será recordado como uno de los músicos más feroces e ingobernables del siglo veinte. Compositor incansable, lúcido, intransigente con el tedio, su trayectoria fue una constante explosión creativa desde sus inicios en la California de los años sesenta.
Leyenda en la historia del rock, músico tan prolífico como genial, excéntrico y comprometido, disparó (este es posiblemente el verbo más adecuado) más de setenta discos cargados de soda cáustica contra las cabezas de todos los títeres que a la izquierda y a la derecha asolaban, y sobre todo aburrían, a las “víctimas” del territorio musical americano de la época.
Pero su gran contribución al paisaje musical de nuestro tiempo consistió en cebar esos proyectiles con una especie de pólvora estética que aglutinaba las más diversas influencias, desde la atonalidad hasta el doo-wop, pasando por las veredas de Stravinsky, Stockhausen, el reggae de Marley o el jazz de Charlie Mingus, todo mezclado en combos tan indescifrables como asombrosos.
Tanto su obstinada desobediencia como la compleja extensión de su obra lo han convertido en una pieza insustituible de la cultura contemporánea y a la vez en una especie de anomalía para las liturgias del rock reglamentario.
Frank Zappa fue literalmente ex-céntrico, tocaba casi todos los instrumentos y compuso muchísima música clásica que jamás se editó. Se casó dos veces, y su segunda mujer, Adelaide Gail Sloatman, fue su compañera de vida. Tuvo cuatro hijos, Diva, Moon, Ahmet y Dweezil.
Adelaide Gail y Frank Zappa.
Posiblemente sean muy muy pocos los que conozcan su obra completa, y posiblemente también el mejor recuerdo de este genio único no sea solamente repasar su inigualable obra (que de comienzo a fin es tan disímil como empezar un viaje en Alaska y terminarlo en el Sahara), sino acercarnos a su personalidad anárquica (pero nada caótica, ojo) guiados por él mismo:
“Algunos científicos sostienen que el hidrógeno es el componente básico del universo. Yo discrepo; afirmo que existe menos hidrógeno que estupidez”.
Le gustaba comer tarta de arándanos, ostras fritas, anguilas fritas y sandwichs de maíz (pan blanco y puré de patatas con maíz blanco por encima).
Un muy joven Frank.
Su ascendencia era siciliana, griega, árabe y francesa. Su padre era meteorólogo en la base militar de Edgewood, Maryland, y sus abuelos maternos tenían un restaurante. Frank (que decía que su abuelo paterno “no se bañaba” y que su padre lo hacía “de vez en cuando”) solía jugar con elementos químicos que se llevaba del laboratorio de su padre, y sobre todo le atraía el mercurio, con el cual se intoxicó de niño.
Frank pasaba mucho tiempo enfermo, y su segunda infancia la pasó en California, lugar en el que su padre trabajó en una oficina estatal de balística.
Descubrió la batería a los doce años, luego vino la guitarra, y en la secundaria formó su primer grupo, The Black-Outs, la única banda de rythm and blues de la zona del desierto de Mojave (donde vivía entonces), formada por tres negros, dos mexicanos, un representante de “los demás pueblos oprimidos del mundo” (Terry Wimberly) y él.
“Nunca tuve la intención de convertirme en un tipo extravagante. Fue la otra gente la que siempre me endilgó esa etiqueta”.
The Black-Outs.
En 1957 conoce a su amigo y futuro colaborador, Don Van Vliet, alias Captain Beefheart, otro ilustre excéntrico del rock. Pronto Frank se integra en algunas bandas locales, como The Masters y The Soul Giants, escribiendo la música para películas de clase B.
En esa época se hizo cargo del estudio de grabación al que llamó “Studio Z”. En él trabajaba también con otros artistas, y por rumores sobre grabaciones pornográficas fue detenido (luego de un engaño del departamento de detectives de la policía) y juzgado. Se rió del juez en la cara y fue condenado a seis meses de prisión.
“Definición del periodismo de rock: gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe pensar cuyo mensaje llegará a gente que no sabe leer.”
Captain Beefheart y Frank Zappa.
Más tarde se traslada a Los Ángeles, donde formó una nueva banda, The Muthers, que actuará por todo el estado. Cambian su nombre a The Mothers en 1965. En 1966 son fichados por Verve y editan su primer disco, un doble llamado “Freak Out!”, que permaneció 23 semanas en listas, gracias a la promoción en medios independientes.
Para entonces ya eran Frank Zappa & The Mothers Of Invention, y hasta 1969 sacaron cinco álbumes.
“Solo la religión y las drogas nos trastornan más que la televisión y los padres”.
Antes de finalizar el año, Zappa disuelve la banda y lanza “Hot Rats”, con Captain Beefheart y el violinista Jean-Luc Ponty, proyecto que llega hasta el número nueve en las listas inglesas. A estas alturas, la fama de Zappa como héroe de la escena underground se extiende por todo el mundo, y reforma The Mothers en 1970.
“Detesto las letras de amor. Una de las causas de la mala salud mental de los Estados Unidos es que la gente se ha educado escuchando ese tipo de letras.”
En 1971, en una visita al Reino Unido, toca junto a Ringo Starr y Keith Moon, y, meses más tarde, actúa en directo en Nueva York junto a John Lennon. Llega uno de sus mejores momentos en 1974 con el álbum “Apostrophe”; disco que se ubica en el Top 10. Su producción comienza a ser cada vez más variada y abarca desde el jazz rock hasta las composiciones de corte clásico.
De estas últimas, la primera fue un concierto con la filarmónica de Los Ángeles, dirigida por Zubin Mehta, e interpretando “200 Motels”. En los ochenta siguió en activo, compuso Joe’s Garage Act I y luego el doble Joe’s Garage Acts II & III, sin abandonar su originalidad.
“La música la hacen los compositores, no los intérpretes. Si un músico improvisa mientras está actuando, entonces se convierte por unos momentos en compositor.”
En 1988 gana un Grammy por “Jazz for Hell”, en la categoría de mejor álbum de rock instrumental. A partir de ese año, y hasta 1992, se lanzan al mercado seis volúmenes de una serie llamada “You can’t do that on stage anymore”, con grabaciones inéditas en directo y con buena parte de los dos centenares de colaboradores de músicos con los que había tocado en su carrera.
Pero en 1990 se le detectó un cáncer de próstata, única circunstancia que pudo detener su genial y prolífica creatividad. Falleció el 4 diciembre de 1993, sin llegar a cumplir los cincuenta y tres años.
La mejor elegía para este genio inclasificable la dijo El Gran Wyoming: “Frank Zappa sería un superventas si el mundo no fuera una mierda. Es el gran genio de la música del siglo veinte. Avergonzaos, no tenéis ni puta idea de quién es.”
The Conversation(N.D.Rodríguez) — Hace más de noventa años, el 8 de septiembre de 1934, un discurso sacudió España.
El líder ideológico de la CEDA –Confederación Española de Derechas Autónomas–, José María Gil-Robles, voceaba desde el Santuario de Covadonga sus anhelos gubernamentales.
El 19 de noviembre de 1933 la CEDA había ganado las elecciones generales, pero había sido el Partido Radical de Alejandro Lerroux el encargado de formar gobierno. Para Gil-Robles, en septiembre del 34 ser un mero apoyo táctico escapaba a su deseo, ya inminente, de participar operativa y decisivamente en la Administración.
Lo consiguió un mes después, cuando Lerroux incluyó a tres ministros de la CEDA en su nuevo Gobierno, responsables de Justicia, Agricultura y Trabajo. Esto provocó la mayor movilización obrera vista hasta la fecha, un movimiento huelguístico e insurreccional que se levantó frente al gobierno de derechas.
– Los inicios de la desinformación del 34
La Revolución de octubre de 1934 suele apellidarse “de Asturias” porque fue donde más impacto y duración tuvo. Dentro de la región, su génesis se focalizó en Mieres y su repercusión social en Oviedo. No fue esta, sin embargo, su única geografía.
Hubo movilizaciones en Cataluña, Madrid, Castilla, León. Además, los episodios orquestados en el norte, entre el 5 y el 18 del citado mes, provocaron una segunda revolución: la mediática.
Collage de imágenes. Izq. arriba: doble paginación gráfica de ABC, nº9.805, 27-X-1934, pp. 8-9. Izq. abajo: reportaje del ABC dedicado a la Cámara Santa ovetense, 7-XI-1934. ‘Foto V. Muro’. Dcha. arriba: Ahora, 2-XI-1934, p. 24. Dcha. abajo: Mundo Gráfico, portada del 24-X-1934 y reportaje del 31-X-1934. Archivo ABC y Hemeroteca Digital
Algunos medios nacionales fieles a la derecha política contribuyeron a maquetar la idea de una insurrección que rescataron, convenientemente, durante la posterior guerra civil española. Periódicos, revistas ilustradas y seminarios gráficos de actualidad le dedicaron crónicas, pequeños artículos y reportajes a doble página.
Las cabeceras miraban al norte del país y repetían la misma cantina visual, la de la destrucción.
Mientras tanto, si consultamos las hemerotecas históricas, vemos cómo los diarios regionales fueron suspendidos durante los principales días del conflicto. La sociedad asturiana estaba, por tanto, a merced de la desinformación.
Tanto que la resistencia en Oviedo fue una víctima colateral de esta falta de noticias: el 14 de octubre se creía aún en el desarrollo de una revolución a escala nacional, cuando, a excepción de algunas zonas del norte del país, por esas fechas ya se habían ahogado todos los levantamientos.
Tras la vuelta a las redacciones, a los pequeños cuadernos de anotaciones rápidas, máquinas de escribir y cámaras fotográficas de los ya conservadores El Carbayón, La Voz de Asturias y Región se sumaron los vecinos de la villa marinera de Gijón: El Comercio, La Prensa y El Noroeste –camaleónico éste último entre su apoyo al reformismo melquiadista y un supuesto progresismo–: los medios retrataron Asturias como un mar de ruinas, con especial énfasis en la capital vetusta.
Las noticias que llenaron portadas durante algunas semanas en las cabeceras de gran tirada nacional ocuparon meses, e incluso años, en los talleres tipográficos de la región. Su exposición se ejecutó en varias escalas de acción, y evolucionó de lo mediático a lo cinematográfico e, inclusive, turístico.
– La pena de ser asturiano
En octubre y noviembre de 1934, los titulares de la prensa regional destacaban la pena, la indignación y la miseria que suponía sentirse asturiano, porque lo ocurrido no era español . Se tildó de antipatriótico a todo aquel vinculado con la revolución. No había apenas retratos; a sus protagonistas se les representaba con las huellas dejadas a su paso.
Recortes del diario asturiano La Prensa. Fototeca del Museo del Pueblo de Asturias.
Recortes de La Voz de Asturias. Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica.
En Oviedo, manzanas enteras de la calle Uría, numerosas construcciones eclesiásticas, el Hotel Inglés, la universidad, el Teatro Campoamor y hasta la Casa del Pueblo, sede del diario socialista Avance, se habían transformado en escombros.
Todos, según se dijo, pasto del bando revolucionario. Hoy en día conocemos que algunos de estos desmanes –como el incendio en el edificio de la universidad– que se atribuyeron a los revolucionarios podrían no haber sido de su autoría, sino de las fuerzas represoras.
– La “Asturias leal”
A finales de octubre, los vecinos de Oviedo recibieron la visita de sus ministros, quienes habían llegado a Asturias para comprobar tamañas destrucciones. Haciendo propaganda, jugaron a la esperanza, a la recomposición del país, la reconquista de la Patria o, al menos, su salvaguarda de una ideología que el Gobierno consideraba negativa.
Los medios conservadores aprovecharon la situación para reconquistar esas ruinas. Modificaron la terminología, para indicar que las destrucciones no eran solo asturianas, sino también heridas hechas a España. La reconstrucción de Asturias se convirtió en urgencia nacional.
Collage de recortes del diario Región. Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica
Una vez asegurada la “Asturias leal” pero manteniendo aún el odio hacia los protagonistas revolucionarios, Acción Popular –partido integrado en la CEDA– deseaba posicionarse como el salvador de la situación. El diario Región relataba frecuentemente las continuas partidas de ropas y alimentos desde la generosidad española para el socorro de los damnificados.
La destrucción se volvió cotidiana y banal, parte del día a día. Los restos de los edificios se transformaron en un elemento turístico de la capital asturiana. Mantener con andamios buena parte del arruinado perfil ovetense quizás fue una estrategia, nunca criticada desde la prensa, para recordar algo que no querían que fuese olvidado.
Collage hecho con recortes del diario El Carbayón y una postal de la época. Hemeroteca El Carbayón (Biblioteca Virtual del Principado de Asturias) y Fondos Gijón 2.0 (Fototeca del Museo del Pueblo de Asturias)
– El primer aniversario
La desinformación, los rumores, la desconfianza y, finalmente, el caso del estraperlo al que se vio arrastrado destruyeron la idea pública de Alejandro Lerroux en octubre de 1935.
Sin embargo, ese mes en el que estuvo sumido en el escándalo no incluyó apenas imágenes periodísticas del político. Más bien, los diarios regionales distrajeron al público con fotografías del primer aniversario revolucionario, y se reutilizaron e intercalaron varias escenas de octubre del 34 con retratos de los honorables desfiles a los héroes militares.
El periódico ovetense El Carbayón arrancó 1936 mencionando la revolución e indicando –con la vista puesta en las elecciones generales– la reconstrucción vetusta.
Tanto esta publicación como Región relacionaban constantemente estas obras con la candidatura de Acción Popular, sin que el partido tuviese en ningún momento la potestad en la reconstrucción, buscando generar una relación de conceptos en la mente de los lectores. Sin embargo, los vecinos de la ciudad continuaban con sus calles andamiadas y arruinadas más de un año después.
Collage de recortes de Región y El Carbayón de inicios de 1936. Hemeroteca El Carbayón (Biblioteca Virtual del Principado de Asturias) y Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica (Región)
– Lo que habían contado… no ocurrió así
Tras el triunfo del Frente Popular, se empezó a hablar de las víctimas de la represión de la revolución, hasta entonces opacadas por la existente censura previa de imprenta. No todos los medios cubrieron estas historias, sino solo aquellos más afines a la izquierda, como el diario Avance (que incluso había visto cómo su publicación se suprimía en algunos momentos o se censuraba).
Así, se habló de la muerte de la joven militante comunista Aida LaFuente, de los Mártires del Carbayín, detenidos y asesinados en la represión posterior a la revolución, y del periodista asesinado Luis de Sirval, entre otros.
Esta otra visión convirtió a Asturias y su historia reciente en un lugar mitológico, mártir y víctima de la propaganda en diferentes sentidos.
Más adelante, la Guerra Civil incrementó aun más esta leyenda. Franco reutilizó durante el combate la imagen de una Asturias rebelde que debía ser reconquistada. En 1937 se inició la última ofensiva sublevada en Asturias que dio lugar, meses después, a la caída del Frente Norte.
Desde entonces, ha sido común el empleo de Asturias como escenario propagandístico, tanto durante la dictadura como en casos posteriores. La idea de la revolución cada vez está más desdibujada y más mitificada. Pero ni una ni la otra suponen una lectura correcta sobre lo ocurrido hace exactamente 90 años.
No sólo el pan tiene calorías, también lo que se le añade.
BBC News Mundo(F.P.C.Mayorga) — El pan parece responsable poco menos que de todos los males del mundo.
Por lo menos así lo hacen ver ciertos contenidos de internet que aseguran difundir consejos de alimentación.
Ante eso, es como si estuviéramos atrapados en la trama de la novela “Miedo y asco en Las Vegas”, de Hunter S. Thompson, en la que las percepciones se distorsionan y las exageraciones toman el control de la realidad.
El pan ha sido un alimento básico desde hace más de 10.000 años. Últimamente se le atribuye ser la causa de la hipertensión y la diabetes, cuando estas condiciones crónicas son multifactoriales.
De hecho, el consumo de ciertos tipos de pan está asociado con una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares. El pan es fuente de carbohidratos complejos, fibra dietética, vitaminas y minerales.
La fibra es esencial para el funcionamiento digestivo y la prevención de enfermedades como el cáncer colorrectal y la obesidad. El consumo diario recomendado de alrededor de 25 gramos de fibra puede ser cubierto con la ingesta de pan.
Y los carbohidratos complejos proporcionan energía útil para el organismo y la crítica hacia ellos se da por la confusión entre los carbohidratos simples y los complejos:
Los carbohidratos simples pueden causar aumentos repentinos en los niveles de azúcar en la sangre.
Los carbohidratos complejos tienen un efecto moderado y sostenido sobre la glucosa en sangre, lo cual puede ayudar a prevenir la resistencia a la insulina y, en última instancia, la diabetes tipo 2.
La glucosa es la fuente principal de energía del cuerpo. Lo relevante no es su presencia en los alimentos, sino la rapidez con la que se absorbe en el torrente sanguíneo.
El índice glucémico de ciertos tipos de pan es menor comparado con otros alimentos ricos en azúcares simples. Además, la presencia de fibra ralentiza tanto la digestión como la absorción de glucosa.
El pan forma parte de la dieta humana desde la antigüedad.
– ¿Qué pasa con el gluten?
El gluten, un complejo proteico que se encuentra en el trigo y otros cereales, ha tenido su cuota de demonización en algunos círculos.
Sin embargo, las enfermedades relacionadas con el gluten, como la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten, afectan a una pequeña parte de la población (menos del 1 % para la enfermedad celíaca; entre el 1 y el 6 % para la sensibilidad no celíaca).
Eso implica que para la gran mayoría de personas,más del 90 %, el gluten no supone ningún daño.
El daño lo puede generar consumir sin necesidad muchos productos sin gluten que, paradójicamente, están más procesados y contienen menos nutrientes y menos fibra que los elaborados con gluten.
Los celíacos e intolerantes deben evitar los panes de trigo y otros cereales con gluten.
También se han criticado los aceites vegetales y la margarina usados en las formulaciones de pan. Las grasas con ácidos grasos trans, presentes en las margarinas clásicas y los aceites hidrogenados, están asociadas con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.
Sin embargo, las margarinas modernas han reducido su contenido y algunas están formuladas con aceites vegetales ricos en ácidos grasos insaturados.
Los aceites vegetales no hidrogenados (como el aceite de oliva y el de canola) son conocidos por sus beneficios para la salud cardiovascular.
El aceite de oliva, en particular, es una piedra angular de la dieta mediterránea, la cual tiene al pan como una de sus guarniciones emblemáticas, siendo esta reconocida mundialmente por su impacto positivo en la longevidad y la salud en general.
– ¿Es el pan un ultraprocesado?
El consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y dietas ricas en azúcares añadidos y grasas (particularmente aquellas con ácidos grasos saturados) contribuye al riesgo de enfermedades crónicas.
El pan, no obstante, no cae necesariamente en esta categorización.
La inclusión de granos enteros en las formulaciones de pan se relaciona con una reducción del riesgo de diabetes tipo 2, obesidad y enfermedades cardíacas.
El pan puede contener compuestos con acción antioxidante y compuestos antiinflamatorios que pueden reducir el daño celular y la inflamación sistémica.
El pan puede ser una buena fuente de carbohidratos que son necesarios para una dieta balanceada.
El consumo de granos enteros, como los que se encuentran en el pan integral, se asocia con una reducción significativa del riesgo de mortalidad por cualquier causa, incluidas las enfermedades cardiovasculares y cáncer.
– El pan puede formar parte de una dieta sana
Todos estos estudios enfatizan la importancia de considerar la calidad del pan y su inclusión dentro de un patrón de alimentación saludable en lugar de realizar afirmaciones categóricas sobre su peligrosidad.
El pan no es inherentemente dañino. Las afirmaciones extremas sobre su consumo pasan por alto su complejidad.
Como parte de una dieta balanceada con alimentos frescos, granos enteros, frutas, verduras y grasas saludables, el pan puede ser el complemento que proporciona energía y nutrientes esenciales.
Otorgarle a un solo alimento la responsabilidad principal de varios problemas de salud desvía la atención de los factores de riesgo reales, como el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y el sedentarismo.
El consumo moderado de pan, de hecho, puede ayudarnos a tener una percepción de la realidad no distorsionada en un cuerpo sano y satisfecho por períodos prolongados.
Impresiones de manos, mayoritariamente izquierdas, en la cueva de las Manos, en Argentina.
The Conversation(I.A.Tinoco/A.V.de Andrés/P.P.Barrena) — Es curioso que la mayoría de los humanos seamos diestros, pero ¿es algo azaroso o es consecuencia de la selección natural?
En general, lo derecho se asocia con destreza, competencia y corrección, mientras que lo izquierdo está cargado de connotaciones negativas. De hecho, zurdo, según la RAE, es sinónimo de maligno, siniestro, perverso o amenazador, consideración presente desde tiempos remotos.
Sin ir más lejos, en las representaciones paleocristianas del Juicio Final los justos se sitúan a la derecha de Dios Padre, mientras que los condenados eternamente se ubican a su izquierda. En culturas orientales se encuentran valoraciones similares y en el mundo islámico se reserva la mano izquierda para funciones escatológicas.
En cualquier caso, lo siniestro ha incorporado culturalmente un estigma negativo, asociándose con “rarezas sospechosas” y marginando a sus portadores. Algo similar a lo que sucede con otras anomalías, como el albinismo en el África negra.
– ¿A qué obedece esta distinta valoración?
La explicación intuitiva es que lo más frecuente, estadísticamente, es tener más habilidad en el brazo derecho que en el izquierdo. Aunque hay variaciones entre distintos pueblos (China: <5 % de zurdos, Occidente: 10-12 %), la opción diestra siempre es mayoritaria.
No obstante, lo frecuente no tiene por qué ser lo mejor en términos adaptativos, pudiendo obedecer a una contingencia aleatoria. Entonces, ¿por qué somos mayoritariamente diestros? ¿Qué es lo que subyace biológicamente a este fenómeno?
– Primera hipótesis: naturaleza genética ligada al sexo
Se sabe que los zurdos tienen una probabilidad ligeramente menor de sobrevivir hasta edades avanzadas y su porcentaje es superior en los hombres, por lo que se ha relacionado con los niveles de testosterona. La condición zurda se fija en torno a la pubertad y se asocia con mayor frecuencia de enfermedades inmunes, migrañas y desórdenes cognitivos durante el aprendizaje y la maduración.
¿Está entonces la condición zurda codificada genéticamente en los cromosomas sexuales? En el cromosoma Y desde luego que no, puesto que hay mujeres zurdas. Entonces, ¿se localizaría este supuesto gen en el cromosoma X? En tal caso, la condición hemicigótica masculina (XY) haría más frecuente tales fenotipos si fuese un carácter recesivo.
No obstante, esta propuesta tampoco sería satisfactoria, puesto que no explica que la condición zurda sea más frecuente en mellizos, neonatos prematuros e individuos que han soportado estrés o condiciones de hipoxia fetales. De hecho, tales circunstancias ocasionan también una prevalencia de la condición zurda en los chimpancés, nuestros parientes vivos más próximos.
Tampoco las frecuencias de aparición responderían a una herencia mendeliana típica ligada al sexo, pues entonces sería esperable que un 50 % de los hombres fuesen zurdos y sólo el 25 % de las mujeres. De tener, pues, una naturaleza genética, se trataría de algo más complejo.
– Segunda hipótesis: la presunta ventaja adaptativa de los diestros
Aunque ambas manos pueden, potencialmente, desarrollar la misma fuerza y destreza, la realidad es que no lo hacen. Esta asimetría morfológica podría evidenciar procesos anatómicos internos que sufren desarrollos diferenciales en ambos lados del cuerpo. Las primeras etapas embrionarias de los mamíferos responden a un desarrollo de órganos y sistemas de clara simetría bilateral.
No obstante, el aparato digestivo manifiesta asimetrías muy tempranas en el posicionamiento de sus órganos.
También aparecen en la configuración diferencial de los pulmones (dos lóbulos en el izquierdo frente a tres en el derecho). Igualmente, el vaso circulatorio primigenio se curva, retuerce, compartimenta y crece diferencialmente, generando un mayor desarrollo del arco aórtico izquierdo (en mamíferos, porque en aves el dominante es el derecho).
El resultado es que el órgano vital por antonomasia, el corazón, se sitúa desplazado hacia el hemitórax izquierdo, al igual que la aorta.
Reflexionemos sobre este hecho. Dado que cualquier lesión potencial revestirá más peligrosidad en el tórax que en el abdomen, y más en el hemitórax izquierdo que en el derecho, los humanos hemos tendido siempre a proteger esta zona. La bipedestación aumentó la exposición y vulnerabilidad de nuestro tórax.
Esto nos llevaría a pensar que la condición diestra es potencialmente más “adaptativa”, por implicar una mayor tasa de supervivencia.
Los ejércitos de diferentes culturas han desarrollado escudos que, portados con el brazo izquierdo, protegen el hemitórax de este lado del cuerpo. Con ello, dejan libre para atacar la mano derecha. Ahora bien, en biología evolutiva hay que tener en cuenta que, en ciertas características, se da una selección inversamente dependiente de la frecuencia.
En otras palabras, los zurdos tienen ventajas de cara al combate individual en un mundo de diestros.
No obstante, esta razón se descarta porque integrar zurdos en formaciones militares cerradas acarrea más problemas de coordinación con los diestros que ventajas individuales. Además, esta explicación no afecta a las mujeres, que no han participado masivamente en formaciones militares.
Para intentar contrastar esta hipótesis necesitaríamos conocer si las primeras manifestaciones de lo zurdo son anteriores a la aparición, relativamente reciente, de escudos y espadas. Efectivamente es así, pues las poblaciones de cazadores-recolectores actuales, con un género de vida similar al del Paleolítico y que no usan escudos, son también predominantemente diestras.
Estimaciones tempranas de la condición zurda las tenemos en la argentina cueva de las Manos, cuyos motivos más antiguos se han datado en el octavo milenio a. e. c. En ella, las 829 impresiones negativas de manos izquierdas, frente a tan solo 31 derechas, nos hablan de que sus pobladores eran mayoritariamente diestros.
Las manos estampadas con técnicas parecidas en cuevas españolas, francesas e italianas reflejan una condición similar en poblaciones europeas más antiguas: el caso de las 57 manos izquierdas impresas de la cacereña cueva de Maltravieso (quizás de neandertales por su cronología, estimada en más de 64 000 años) o las 275 de la santanderina cueva del Castillo, la mayoría de mujeres.
Otra forma de conocer la naturaleza zurda o diestra de las poblaciones primigenias sería el análisis de la lateralidad en marcas y ralladuras producidas con útiles líticos sobre los huesos de sus presas o sobre su propia dentición.
En la población de la Sima de los Huesos de Atapuerca, con más de 450 000 años de antigüedad, se ha descubierto así que los Homo heidelbergensis eran ya predominantemente diestros. Otras especies más antiguas de nuestro linaje evolutivo muestran en sus moldes cerebrales evidencias de dominancia diestra.
Según lo expuesto, pues, no queda definitivamente clara la causa del predominio de la condición diestra. En cualquier caso, y considerando que la esperanza de vida de los zurdos es algo menor que la de la población general, podría considerarse que esta condición sigue entrañando “mala suerte”.
Portadoras de la Cruz Roja durante la Gripe Española (que no surgió en España). Washington DC.
JotDown(C.de la Fe Rodríguez/ .M.V.Rojas) — La literatura está repleta de adjetivos calificativos para darle color a especies animales hasta límites insospechados: perros verdes, rinocerontes grises o cisnes negros.
Con ellos, y con alguna que otra situación estrambótica como los «elefantes en las habitaciones o en cacharrería» o «como patos o pulpos en un garaje», hemos ido dándole forma a situaciones, en muchas ocasiones desde comparaciones imposibles, que nos preocupan y que nos han venido acompañando a lo largo los siglos.
La relación entre los virus gripales y nuestra especie tiene un poco de todas ellas. Siempre estamos asombrados e, incluso con frecuencia alarmados, con quienes siempre acuden a su cita invernal con el ser humano.
Eso sí, la historia también está repleta de ejemplos y «desencuentros» calamitosos entre nuestra especie y los virus gripales, siempre fieles exponentes del cambio constante como el mitológico Proteo, la colonización de nuevas especies como aquella vieja película de «la invasión de los ladrones de cuerpos» y por ende, el desarrollo de todos los mecanismos de adaptación que sean necesarios en post de una supervivencia que ni la mejor de las vacunas sería capaz de poner en entredicho hoy en día.
Porque enfrentarse a un enemigo de este calibre, siempre debe hacerte desear salir lo más airosamente posible, ya que ganar, lo que se dice vencer, no puede ser nunca una opción.
Los mil millones de años de guerra contra los virus que da título al libro de Juan José Gómez Cadenas y Juan Botas nos recuerdan que son mas las batallas que se pierden que las que se ganan. Y si no, basta echar un vistazo a la estadística anual de la gripe «convencional», la de todos los años, para darse cuenta del tremendo impacto que ocasiona a pesar de todo lo que hacemos para su prevención.
Muchos años han pasado desde aquella pandemia de gripe ocasionada en 1918 por un virus H1N1 de origen aviar, con mareantes cifras de fallecidos que aún hoy en día oscilan entre los 40 y 50 millones —ahí es nada— en función de la fuente. Una pandemia que nos recuerda a otra vivida recientemente y que comenzó en el mercado de la ciudad china de Wuhan.
Por cierto, aquella pandemia de gripe fue llamada erróneamente «gripe española», sin relación alguna con el origen de la enfermedad, que se sitúa en los Estados Unidos. Fue el número de noticias en España el que nos otorgó «semejante honor» ya que en el resto del continente estaban relacionadas con la evolución de la I Guerra Mundial que estaba asolando por aquellos días las llanuras europeas.
Eso si, no estamos solos en las vinculaciones geográficas de virus o enfermedades víricas. Algunos ejemplos, la bonita ciudad alemana de Marburgo, cuyo nombre porta un letal virus africano que poco tienen que ver con la ciudad salvo haberse detectado por vez primera en algunos monos importados a un laboratorio de la misma.
O el río Ébola, cuya enfermedad no es necesario presentar y que se encuentra, geográficamente, a cientos de kilómetros de la zona exacta donde se detectó este terrible filovirus por vez primera.
O la península de Crimea ubicada en la costa septentrional del Mar Negro y el Congo, país africano, separados por más de 5.500 km pero unidos por un guion para darle nombre a una enfermedad hemorrágica producida por el mismo virus identificado en ambos lugares, hoy presente en la península ibérica y transmitido por la picadura de garrapatas infectadas.
Pero volvamos con las gripes, además de la mencionada pandemia cuyo centenario recordamos hace solo 6 años, ya que varios más son los ejemplos que ilustran a gran escala la facilidad que tienen estos virus para saltar de las aves o de otras especies a la especie humana.
La gripe asiática (1957, H2N2) y la gripe de Hong Kong (1968, H3N2), procedentes en ambos casos de saltos de la especie aviar, la reciente pandemia «mal llamada» de gripe A (2009, H1N1) de origen porcino o la gripe rusa (1977, H1N1) de origen incierto, son solo algunas de las grandes pandemias de gripe documentadas en los últimos cien años.
Muchos de estos virus saltaron a la especie humana y se quedaron por un tiempo, como es el caso del virus porcino de 2009, que se quedó con nosotros y frente al que «nos vacunamos» todos los años, al estar incluido en la vacuna de gripe estacional que estamos elaborando en este momento. Nosotros «no somos dueños» de ningún virus gripal.
Todos ellos, proceden de los animales, principalmente de las aves, y entre estas, las anátidas, mayoritariamente representadas por patos y gansos.
Ellas son las que mantienen la mayor parte de estos virus en la naturaleza, donde podemos observar la clásica sintomatología gripal que nos afecta a nosotros o, en otros casos, infecciones que no les generan ningún tipo de síntomas ni perjuicio. Todos proceden de ellas, salvo algunos tipos de virus detectados por primera vez en los murciélagos (H17N10 y H18N11).
¿Y los cerdos?, ¿qué papel tienen los cerdos en todo esto?. Curiosamente desempeñan un papel «estelar», al servir de lugar de contacto preferente para que convivan virus aviares, porcinos y humanos al mismo tiempo.
Una unión de la que, fruto de los procesos de recombinación de material genético entre ellos —mecanismo conocido como salto antigénico—, surgen mayoritariamente quimeras inviables que no van a ningún sitio, pero que, en determinadas ocasiones, pueden dar con la tecla, como sucedió con el mencionado H1N1 de 2009.
Y así con posterioridad, ello permite su salto y transmisión eficaz en el ser humano. Nada tienen que ver dicho mecanismo con lo que sucede habitualmente todos los años, la acumulación de cambios menores en el genoma de estos virus asociados a los fallos de replicación, —mecanismo conocido como deriva antigénica—, que motiva que tengamos que cambiar nuestra vacuna todos los años y que, en ocasiones, su protección no sea eficaz al 100%.
Pues bien, andan preocupados por tierras norteamericanas en estas fechas con la evolución de un virus gripal, concretamente un H5N1, agente causal de la gripe aviar y curiosamente… viejo conocido de todos nosotros, aunque es una ilusión pretender que lo recuerden.
En una sociedad donde lo que pasa ayer ya es pasado, y tendemos a olvidar fácilmente las cosas, no podemos tratar de retrotraerles a lo acontecido en Hong Kong en el siglo pasado, en 1997. Pero sí recordarlo. Pues bien, allí, y asociado a un brote agudo de gripe aviar en pollos por este virus, se detectaron los primeros casos de salto a la especie humana.
Y no es un problema menor, ya que la mortalidad de este agente en nuestra especie es aproximadamente del 50%.
Muchas cosas han cambiado desde ese año. En 2020, fruto de esa «búsqueda incansable» de la variabilidad, surgió el clado 2.3.4.4b del virus H5N1, el cual se ha expandido globalmente y lo que es peor, ha variado su forma de actuar, comportándose de un modo muy agresivo incluso con las aves silvestres que, en teoría, deberían ser su reservorio natural permanente.
Virus de la gripe
Dice el refrán que no muerdas la mano que te da comer, algo que este virus o no ha leído o quiere interpretar a su manera. El resultado, una mortalidad en algunas regiones del globo sin precedentes en aves silvestres y un desastre ecológico difícilmente cuantificable.
Pero no acaba ahí la cosa. La versatilidad de este virus, le ha hecho capaz de generar infecciones viables en diversas especies de mamíferos terrestres e incluso marinos, ocasionando también episodios clínicos en ocasiones muy importantes. Y tanto va el cántaro a la fuente, que a finales de 2023-principios de 2024, las fechas no están claras, ha dado otro paso más, infectando por vez primera al ganado vacuno.
Parece que el evento está relacionado con el contacto entre un ave infectada y una vaca, y lo cierto es que, meses después, son ya más de 200 las explotaciones donde se ha detectado la infección en diversos estados norteamericanos, donde en ocasiones, la calidad de la leche se ve infectada y la infección a nivel respiratorio está presente.
Sin embargo, aun siendo muy grave, no es esa la mayor de las preocupaciones. Estos meses se habían registrado infecciones en trabajadores de algunas de estas explotaciones. Pero hace unos pocos días, unas pocas semanas, se ha diagnosticado la infección en una persona del estado de Missouri aparentemente sin contacto con animales.
Y ahí surge la pregunta ¿Cómo ha pasado esto? ¿Es que podríamos estar ya ante el primer caso de transmisión entre humanos? Aun no hay respuesta a dicha pregunta, aunque puede estar cerca. Algunas personas -familiares y sanitarios- en contacto con esta persona, desarrollaron síntomas con posterioridad, aunque aún no se ha demostrado que fuera por el H5N1.
Si esto fuera así, evidentemente, el virus habría dado un salto importante hacía la difusión entre nosotros, y tendríamos que estar atentos a su evolución en los próximos meses.
Mucho hemos hablado al respecto en relación con el concepto de «nuestra salud» y al hecho de que solo existe una salud, One Health, que engloba lo que sucede en todas las especies animales, en el ser humano y en el medioambiente. Los virus gripales son un claro ejemplo de ello.
Este verano, día sí y día también, nos hemos despertado con noticias en España asociadas al virus del Nilo oeste, al fallecimiento de alguna persona con la infección de Crimea-Congo, la llegada, por primera vez, de casos importados del virus de Oropouche, o el brote de virus de Marburgo que ha dejado ya 11 muertos en Ruanda y dos pacientes aislados en Alemania con sospechas de haberse contagiado en el continente africano.
Algo que ha pasado y seguirá pasando. Con virus conocidos que nos visitan con frecuencia, con otros virus conocidos que nos visitan esporádicamente hasta tal punto que, en ocasiones, los olvidamos o con virus desconocidos en donde la investigación científica permite identificarlos, cada vez con mayor precisión y rapidez.
La presencia de los virus entre nosotros impide plantear un programa de erradicación eficaz para todos y cada uno de ellos. Pero ello no es óbice para que no empleemos todos los recursos y el tiempo necesario para vigilar lo que sucede y tratar de prevenir, en la medida de lo posible, todas las consecuencias asociadas a esto que está pasando.
Desarrollar estrategias One Health y establecer una gran red de alerta temprana ante estas infecciones es mas necesario que nunca. ¿Podría generar el clado 2.3.4.4b del virus H5N1 una pandemia en el ser humano? Sí. ¿Eso asegura que vaya a suceder? No.
Nos queda estar alerta y actuar en el caso de que esta variante de aquel virus detectado por vez primera hace ya bastantes décadas emprenda el complejo viaje de infectar a todas las personas que habitamos los 5 continentes.
Decía el investigador británico y Premio Nobel Peter Medewar que un virus es un trozo de ácido nucleico rodeado de malas noticias. Pero también, en su libro La amenaza y la gloria: reflexiones sobre la ciencia y los científicos reflexionaba en que el éxito de la Ciencia reside en que todo lo que en principio es posible se puede hacer si existe el empeño suficiente para hacerlo.
Lo vivimos hace apenas 4 años como respuesta a la pandemia por SARS-CoV-2, una situación que no debemos olvidar para estar preparados, como lo estuvo Menelao para cazar al dios marino Proteo.