actualidad, opinion, variedades.

Más reciente

Quiénes son los 51 hombres condenados por violar a Gisèle Pelicot, la mujer francesa drogada por su esposo y abusada durante más de una década…


Un dibujo retrata a algunos de los acusados
Todos los acusados en este histórico proceso han sido declarados culpables por el tribunal, en su gran mayoría por violación agravada.

BBC News Mundo — Los hay jóvenes, viejos, corpulentos, flacos, negros y blancos. Entre ellos hay bomberos, camioneros, militares, guardias de seguridad, un periodista y un DJ.

50 hombres ―además del marido― fueron acusados de violar a Gisèle Pelicot con la venia de su marido, Dominique Pelicot, de 72 años, quien la drogó durante una década para someterla a los reiterados abusos.

El hecho de que representen en gran medida un microcosmos de la sociedad francesa les ha valido el sobrenombre de Monsieur-Tout-Le-Monde («Señor Cualquiera»).

Este jueves fueron sentenciados, en el dramático final de un juicio que comenzó en septiembre pasado.

Dominique Pelicot fue declarado culpable y condenado a la pena máxima de 20 años de cárcel por drogar a Gisèle, violarla e invitar a docenas de hombres a abusar de ella, junto con otros cargos.

Él había admitido los cargos en su contra.

Sin embargo, la mayoría de los 50 hombres que fueron juzgados con él negaron los cargos de violación.

A lo largo del juicio, algunos de ellos actuaron desafiantes, pero la mayoría miraba hacia abajo cuando respondían las preguntas de los jueces.

Ocasionalmente levantaban la vista para buscar los ojos de sus abogados y encontrar algo de reafirmación.

Ahora el tribunal declaró a 46 de los acusados culpables de violación, a dos culpables de intento de violación y a dos culpables de agresión sexual, imponiéndoles penas de entre 3 y 15 años de prisión.

La mayoría de los 50 hombres viene de pueblos y ciudades de un radio de 50 km alrededor del propio pueblo de los Pelicot, Mazan.

Algunos abogados defensores encontraron en lo ordinario del grupo una línea de defensa. «La gente común hace cosas extraordinarias», argumentó Antoine Minier, un abogado que representa a tres de los violadores.

«Creo que casi todo el mundo podría terminar en una situación ―bueno, tal vez no exactamente como esta― pero podría ser susceptible de cometer un crimen grave», le dijo a la BBC.

Advertencia: algunos detalles de esta historia pueden resultar inquietantes.

– «Mi cuerpo la violó, pero mi mente no lo hizo»

Los fiscales basaron sus demandas de sentencia en factores agravantes: cuántas veces los acusados fueron a la casa de los Pelicot, si tocaron sexualmente a Gisèle y si la penetraron.

Joseph Cocco, un entrenador deportivo retirado de 69 años, fue encontrado culpable de agresión sexual agravada y condenado a 3 años de prisión. Los fiscales habían solicitado una pena de 4 años, la más leve de todas.

En el otro extremo de la escala se encuentra Romain Vandevelde, de 63 años, sobre quien los fiscales solicitaron 18 años de prisión.

Vandevelde sabía que tenía VIH y fue acusado de violar a Gisèle en seis ocasiones distintas sin llevar protección, aunque su abogado dijo al tribunal que llevaba varios años en tratamiento y no podía haber transmitido el virus.

Recibió una pena de 15 años de cárcel, la segunda más alta.

Los fiscales han logrado llegar a este nivel de detalle porque, aunque inusual en un juicio por violación, hay una cantidad asombrosa de pruebas dado que los presuntos abusos fueron grabados durante casi una década por Dominique.

Toda la evidencia registrada en video hizo imposible que los hombres pudieran negar que fueron a la casa de los Pelicot.

Gisèle Pelicot saliendo del tribunal.
Gisèle Pelicot renunció a su derecho al anonimato para generar conciencia sobre la violación.

La ley francesa define la violación como cualquier acto sexual cometido mediante «violencia, coacción, amenaza o sorpresa», mientras que no hace referencia alguna a la necesidad de consentimiento.

Por lo tanto, también argumentan que no pueden ser culpables de violación porque no eran conscientes de que Gisèle Pelicot no estaba en condiciones de dar su consentimiento.

«No puede haber delito sin la intención de cometerlo», dijo un abogado defensor.

«Mi cuerpo la violó, pero mi cerebro no», insistió el bombero Christian Lescole, en un ejemplo del enrevesado razonamiento ofrecido por algunos de los hombres.

Lescole fue absuelto del delito de tener imágenes de abuso infantil, pero lo encontraron culpable de violación agravada y fue condenado a 9 años de prisión.

El único hombre de los 50 que no está acusado de violar a Gisèle Pelicot es Jean-Pierre Marechal, de 63 años, conocido como el «discípulo» de Dominique Pelicot.

Después de aprender cómo violar a su esposa para abusar de ella, lo hizo por 5 años y así lo admitió.

Dijo que Dominique era «tranquilizador, como un primo». La fiscalía pidió para él 17 años de cárcel.

Marechal fue encontrado culpable de tentativa de violación y violación agravada de su propia esposa, así como de drogarla. Fue condenado a 12 años de prisión.

– «Todos lo sabían, no pueden negarlo»

Ahmed Tbarik, un plomero de 54 años y casado hace 30 años con quien fue su amor de infancia, dijo que si quisiera haber violado a alguien, no habría elegido a una mujer de más de 60 años.

Fue encontrado culpable de violación con agravantes y condenado a 8 años de prisión.

Redouane Azougagh, un hombre desempleado nacido en Marruecos, de 40 años y con al menos tres hijos, alegó que si él se hubiese propuesto violar a Gisèle, no habría permitido que el esposo de ella grabara videos.

Recibió una pena de 9 años.

Algunos dicen que se sintieron intimidados por Dominique, de quien un abogado dijo a la BBC que era un «personaje abominable».

Entre lágrimas, el enfermero Redouane El Farihi dijo al tribunal que le tenía demasiado miedo a Pelicot como para dejar la habitación. «Quizás no puede verse en los videos, pero estaba realmente aterrado», dijo a los jueces.

Fue sentenciado a 8 años de prisión por violación con agravantes.

Otros sostuvieron que se les ofrecieron tragos con drogas y que por ello no recuerdan el encuentro. Sin embargo, Dominique Pelicot ha negado haber hecho eso.

Dos hombres con capucha abandonan el tribunal
El juicio por violación ha durado alrededor de tres meses.

La mayoría, en todo caso, aseguró que fueron manipulados o engañados por Dominique, quien los convenció de que estaban participando en un juego sexual consentido con Gisèle.

Pero Dominique Pelicot siempre ha dicho que fue muy claro con los hombres al decirles que su esposa no estaba al tanto de la trama.

Les dio instrucciones para evitar despertarla o dejar rastros de que habían estado allí, como calentarse las manos antes de tocar a su esposa o no oler a perfume o cigarrillos, dijo.

«Todos lo sabían, no pueden negarlo».

– Familias en busca de respuestas

Desde septiembre, los 50 hombres comparecieron, uno tras otro, en el estrado de la corte en Aviñón.

Usualmente, en casos de violación, la indagatoria sobre el carácter de los acusados puede durar varios días.

Simoné Mekenese, un trabajador de la construcción de 43 años, dijo que había sido violado cuando tenía 11 años por un amigo de su familia, quien le ofreció trabajo cuidando de su ganado en un territorio francés de ultramar en Nueva Caledonia.

Fue encontrado culpable de violación con agravantes y condenado a 9 años de prisión.

Padre de cuatro, Jean-Luc LA, de 46 años, le contó al tribunal cómo él y su familia habían abandonado Vietnam en un bote cuando era niño y vivieron en un campo de refugiados en Tailandia durante varios años antes de trasladarse a Francia.

Fue condenado a 10 años por violación con agravantes.

Dominique Pelicot enfrenta 20 años de prisión.
Dominique Pelicot enfrenta 20 años de prisión.

Fabien Sotton, un hombre de 39 años con varias condenas previas, incluyendo tráfico de drogas y abuso sexual a un menor, fue abusado y golpeado por sus padres de acogida desde muy temprana edad.

Como varios otros, dijo que sólo se dio cuenta durante una consulta psiquiátrica ordenada por la corte que sus nebulosos y dolorosos recuerdos de infancia constituían en realidad una violación.

Fue condenado a 11 años de prisión por violación agravada.

A muchas esposas, parejas y familiares de los acusados los llamaron a declarar sobre el perfil de los implicados.

También se esforzaban en buscar respuestas mientras trataban de entender cómo esos hombres que creían conocer pudieron haber terminado «atrapados en este tipo de situación», como lo expresó una mujer.

«Quedé en shock, no suena a algo que él haría en absoluto. Era la alegría de mi vida», dijo el padre anciano de Christian Lescole.

– «Siempre estaré ahí para él»

Corinne, la exesposa de Thierry Parisis, un exconstructor de 54 años, dijo que él siempre había sido «amable» y «respetuoso» con ella y sus hijos, y parecía dejar la puerta abierta a una reconciliación con él.

Parisis fue condenado a 8 años de prisión por violación agravada.

«Cuando me dijeron de qué se le acusaba dije: ‘Nunca, eso es imposible… No entiendo en absoluto lo que está haciendo aquí'».

Ella cree que había sido la muerte de su hijo de 18 años lo que había llevado a su exmarido a caer en una profunda depresión, a empezar a beber y, finalmente, a ponerse en contacto con Dominique Pelicot.

«Siempre estaré a su lado, pase lo que pase», dijo la exnovia de Joan Kawai, nacido en Guyana. Con 27 años, es el más joven de los acusados y un antiguo soldado del ejército francés.

Negó haber violado a Gisèle Pelicot en dos ocasiones. Si bien sabía que estaba inconsciente, dijo que no se dio cuenta de que ella no había dado su consentimiento.

El juzgado lo encontró culpable de violación agravada y recibió una pena de 10 años de prisión.

En un mar de lágrimas, una mujer llamada Samira dijo que ha pasado los últimos tres años y medio «buscando respuestas» que expliquen por qué Jérôme Vilela fue a la casa de los Pelicot en seis ocasiones.

«Teníamos relaciones sexuales a diario, no entiendo por qué tuvo que irse a buscar a otra parte», dijo sollozando. Sigue manteniendo una relación con Jérôme Vilela, quien trabajaba en una verdulería en el momento de su detención.

Él es uno de los poco que ha admitido haber violado a Gisèle, diciendo que le gustaba la idea de tener «rienda suelta» sobre ella, pero culpó sin embargo a su «sexualidad incontrolable».

Fue condenado a 13 años de prisión.

– Gisèle Pelicot: «Me violaron con plena conciencia»

Muchas ex y actuales parejas de los acusados fueron sometidas a pruebas para comprobar si, como Gisèle, también habían sido drogadas.

Una mujer dijo que siempre tiene «la terrible duda» de que el «hombre respetuoso, atento y dulce» que conocía también había abusado de ella sin saberlo.

Desde el inicio del juicio, se insistió mucho en la necesidad de encontrar un elemento que una a todos estos hombres.

«No aparece por ninguna parte» un denominador común, además del hecho de que todos fueron a la casa de los Pelicot por su propia voluntad, han dicho los propios abogados de Gisèle.

Pero hay un factor que innegablemente todos los acusados tienen en común: todos ellos tomaron la decisión consciente de no ir a la policía.

Dos de los hijos de Gisèle Pelicot en el tribunal
Pelicot ha sido acompañada por sus hijos, quienes también detallaron en el juicio los brutales efectos que los crímenes de su padre han tenido en sus propias vidas.

El bombero Jacques Cubeau, de 73 años, sostuvo que lo consideró, pero que «luego la vida siguió su curso».

Fue condenado a 5 años de cárcel por violación agravada.

El electricista Patrice Nicolle, de 55 años, afirmó que «no quería desperdiciar todo el día en la comisaría».

Recibió una condena de 8 años de prisión.

En los primeros días del juicio, se le preguntó a Gisèle Pelicot si le parecía legítimo pensar que los hombres habían sido manipulados por su marido.

Negó con la cabeza: «No me violaron con una pistola en la cabeza. Me violaron con plena conciencia».

Casi como una ocurrencia tardía, preguntó: «¿Por qué no acudieron a la policía? Incluso una llamada anónima podría haberme salvado la vida».

«Pero ninguno lo hizo», dijo ella tras una pausa. «Ni uno solo de ellos».

– El resto de los condenados

Charly Arbo: culpable de violación agravada. Condenado a 13 años de prisión.

Cyrille Delville: culpable de violación agravada. Condenado a ocho años de prisión.

Lionel Rodríguez: culpable de violación agravada. Condenado a ocho años de prisión.

Nicolas Francois: culpable de violación agravada y de tener imágenes de abuso infantil. Condenado a ocho años de prisión y prohibido trabajar en empleos con niños durante varios años.

Nizar Hamida: culpable de violación con agravantes. Condenado a 10 años de prisión.

Boris Moulin: culpable de violación agravada. Condenado a ocho años de prisión.

Didier Sambuchi: culpable de violación agravada. Condenado a cinco años de cárcel.

Quentin Hennebert: culpable de violación agravada. Condenado a siete años de prisión.

Philippe Leleu: culpable de violación agravada. Condenado a cinco años de prisión, dos de ellos en suspenso.

Karim Sebaoui: culpable de violación agravada y de tener imágenes de abuso infantil. Condenado a 10 años de prisión.

Jean-Marc LeLoup: culpable de violación agravada. Condenado a seis años de prisión.

Andy Rodríguez: culpable de intento de violación y factores agravantes. Condenado a seis años de prisión.

Vincent Coullet: culpable de violación agravada. Condenado a 10 años de prisión.

Adrien Longeron: culpable de violación agravada y de imágenes de abuso infantil. Condenado a seis años de prisión.

Hughes Malago: culpable de intento de violación y dos factores agravantes. Condenado a cinco años de prisión.

Husamettin Dogan: culpable de violación con agravantes. Condenado a nueve años de prisión.

Hassan Ouamou: culpable de violación con agravantes. Condenado a 12 años de prisión. Actualmente se encuentra prófugo en Marruecos y ha declarado a los investigadores que no tiene intención de regresar a Francia.

Saifeddine Ghabi: absuelto de violación e intento de violación. Culpable de agresión sexual. Condenado a tres años de prisión.

Jean Tirano: culpable de violación agravada. Condenado a ocho años de prisión.

Mohamed Rafaa: culpable de violación con agravantes. Condenado a ocho años de prisión.

Ludovick Blemeur: culpable de violación agravada. Condenado a siete años de prisión.

Patrick Aron: culpable de violación con agravantes. Condenado a seis años de prisión, pero hoy está libre porque tiene problemas médicos y deberá ser internado en una prisión especial, según el juez.

Abdelali Dallal: culpable de violación con agravantes. Condenado a ocho años de prisión, pero hoy está libre por problemas médicos y deberá ser encarcelado en una prisión especial, según el juez.

Grégory Serviol: culpable de violación agravada. Condenado a ocho años de prisión.

Cedric Grassot: culpable de violación agravada. Condenado a 12 años de prisión.

Cendric Venzin: culpable de violación agravada. Condenado a nueve años de prisión.

Mahdi Daoudi: culpable de violación en masa y drogadicción. Condenado a ocho años de prisión.

Thierry Postat: culpable de violación en masa agravada, drogadicción y posesión de pornografía infantil. Condenado a 12 años de prisión y le prohibido de por vida trabajar con niños.

Florian Rocca: culpable de violación agravada.

Dominique Davies: culpable de violación agravada.

Cyprien Culieras: culpable de violación agravada.

Mathieu Dartus: culpable de violación agravada.

Cyril Beaubis: culpable de violación agravada.

Paul-Koikoi Grovogui: culpable de violación agravada.

Omar Douiri: culpable de violación agravada.

nuestras charlas nocturnas.

Por qué los niños pequeños quieren ver una y otra vez los mismos episodios de televisión o leer los mismos libros…


Niña mirando la TV
Parece que no se cansaran de ver siempre lo mismo.

BBC News Mundo(J.A.Orea/D.Verrier-The Conversation) — Es una sensación familiar para muchos padres.

No importa lo que le sugieras, tu hijo en edad preescolar sólo quiere volver a ver ese episodio de Bluey (una serie animada australiana), sin importarle que acaba de terminar.

Y a la hora de dormir, debes acompañarlo con un libro que hayas leído con la suficiente frecuencia como para haber desarrollado un repertorio de voces específicas para cada personaje.

Este interés profundo y repetitivo por un episodio de televisión, un juego o un tema puede resultar frustrante para los padres que sólo quieren ver algo diferente.

Pero esta repetición tiene en realidad grandes beneficios para el aprendizaje y el bienestar de los niños.

Una de las razones es el llamado «efecto de aporte». No es un concepto nuevo en la ciencia cognitiva.

– En busca de patrones

Piensa en el cerebro como un órgano que hace todo lo posible por averiguar qué es normal en nuestras vidas, qué forma parte de un patrón regular y qué no.

Los investigadores descubrieron un fenómeno conocido como «aprendizaje estadístico». Según esta idea, los niños son muy sensibles a la aparición de regularidades y patrones en su vida.

Curiosamente, los bebés son especialmente hábiles para comprender ciertos tipos de material, como la probabilidad de que se produzcan determinados sonidos en el discurso que les dirigimos. Pero necesitan muchos ejemplos para detectar regularidades.

Por ejemplo, en todas las lenguas, y el inglés no es una excepción, los sonidos incluidos en las palabras tienden a seguir ciertos patrones.

En inglés, por ejemplo, algunas de las combinaciones más comunes de tres letras son «the», «and» o «ing». Tiene sentido que el cerebro de los niños busque la repetición: en este ejemplo, les ayudará a aprender el lenguaje.

Niños mirando la TV
Aunque puede que no lo sepan, los niños buscan patrones en lo que están viendo.

Por eso, cuando los niños pequeños vuelven a ver el mismo programa, lo que están haciendo, lo sepan o no, está impulsado por el deseo de detectar y consolidar los patrones de lo que están viendo, oyendo o leyendo.

– Confort de lo familiar

Además de favorecer el aprendizaje, la repetición también es beneficiosa para las emociones de los niños, en lo que aquí denominamos «efecto bienestar».

La principal tarea de la infancia es aprender, y eso significa buscar activamente nuevas experiencias y estímulos.

Sin embargo, tener que procesar y adaptarse a cosas nuevas puede ser agotador, incluso para un niño pequeño con una energía desbordante.

El mundo también puede ser un lugar más extraño y estresante para los niños que para los adultos.

Como adulto, habrás aprendido qué esperar y cómo comportarte en determinados contextos, pero los niños se enfrentan constantemente a situaciones nuevas por primera vez.

Los estímulos conocidos, como ese episodio de televisión que ya han visto innumerables veces, pueden proporcionar una fuente de confort y seguridad que amortigüe el estrés y la incertidumbre.

El interés profundo en una actividad concreta también puede proporcionar beneficios para el bienestar a través de una sensación de control y dominio.

Niños y maestra en la sala de una guardería
Ver algo que ya conocen ayuda a los niños a relajarse del estrés de aprender constantemente cosas nuevas.

En la guardería, la escuela y otros lugares, los niños se enfrentan constantemente a retos y se ven obligados a ampliar sus conocimientos. Esto es crucial para el aprendizaje, pero también supone una amenaza para su sentimiento de capacidad.

Poder relajarse en una actividad en la que se sienten bien, como un juego favorito, satisface estas necesidades respecto a su capacidad.

Además, la posibilidad de dedicarse a una actividad que les gusta les da una sensación de autonomía y control sobre sus vidas, que de otro modo suelen pasar trasladados por padres de aquí para allá.

Claro que no todos los niños tienen las mismas probabilidades de desarrollar este tipo de intereses repetitivos. Por ejemplo, los niños autistas suelen mostrar intereses especialmente centrados.

La repetición tiene un enorme valor en términos de aprendizaje y bienestar. Así que, aunque no deberías obligarlos a volver a ver series, tampoco tienes por qué preocuparte si es algo que ellos mismos persiguen.

Sin embargo, puede llegar a ser problemático si afecta a la capacidad del niño para dedicarse a otros aspectos importantes de su vida, como salir de casa a tiempo, relacionarse con los demás o hacer ejercicio físico.

Por supuesto, no hay ninguna regla empírica que pueda aplicarse a todos los niños en todos los contextos. Como padres, sólo podemos estar atentos a la situación y tomar una decisión.

Pero mientras haces fila una vez más para ver Frozen, piensa en los efectos sobre el aporte y el bienestar, y tal vez eso te dé un respiro de la preocupación de que tu hijo debería estar haciendo cualquier otra cosa.

nuestras charlas nocturnas.

¡Atención!


Atención víctima capitalismo

JotDown(E.Bruner) — La atención es la capacidad de mantener un proceso mental, en el tiempo y en el espacio, a pesar de estímulos distractores. Por proceso mental me refiero a cualquier tipo de actividad cognitiva, una entre las muchas tareas perceptivas, analíticas o mnemónicas que lleva a cabo nuestro cerebro, y que la psicología intenta identificar y clasificar en habilidades específicas.

Mantener en el tiempo quiere decir sostener esa actividad un lapso suficiente para que pueda dar un resultado útil, y mantener en el espacio se refiere a que, en general, este foco de atención tiene que centrarse en algo que esté localizado y definido (un espacio que puede ser físico o mental). Los estímulos distractores pueden ser externos, cuando proceden del mundo sensorial, o internos, cuando se asocian a vagabundeo mental y rumiaciones.

Con estas premisas, tenemos que reconocer que la atención es una capacidad crucial de nuestra mente, porque, sencillamente, limita todas las otras capacidades. Es decir, uno puede tener una excelente habilidad de cálculo, lingüística, de visualización o de razonamiento, pero si no es capaz de mantenerla activa durante más de unos pocos segundos, no le va a servir de mucho. Es decir, la atención es un factor limitante de nuestra capacidad cognitiva general. Un cuello de botella.

Tener poca atención es como tener un grifo estrecho: solo puede salir poca agua cada vez. La mayoría de los comportamientos clave de nuestra especie tan sapiente, dependen, de hecho, de la capacidad atencional, que es la base de los procesos de aprendizaje y enseñanza, producción y uso de herramientas, desarrollo social, o análisis y solución de problemas.

Por ende, tenemos que suponer que nuestra capacidad atencional ha sufrido importantes cambios a lo largo de la evolución humana, teniendo además una relación muy íntima con procesos más profundos que implican conciencia (darse cuenta) y consciencia (percepción de sí mismo). 

A pesar de este rol crucial, la atención es también un factor complejo y complicado, con lo cual su biología y su definición siguen sufriendo bastantes incertidumbres y zonas de sombra. William James, un pilar de la psicología moderna y un estudioso con una increíble capacidad de visión, dijo que todo el mundo sabe qué es la atención, y tenía razón.

Otra cosa es dar una definición coherente y completa, y saber qué pasa en las entrañas del cerebro cuando activamos el foco atencional. Sobre todo porque está claro que «atención» es un término muy general, que en realidad agrupa procesos y mecanismos muy distintos.

De hecho, se supone que existen por lo menos tres redes atencionales, una para la alerta general del organismo, otra para filtrar las informaciones que recibe, y otra más para gestionar intencionalmente sus recursos mentales. Sin contar con que todo ello a veces se aplica a las señales que entran desde fuera (procesos bottom-up: el ambiente llama la atención del cerebro), y a veces a los propósitos que diseñamos por dentro (procesos top-down: el cerebro escanea intencionadamente el ambiente).

En todos los casos, la atención es una parte fundamental de esa interfaz compleja que regula, equilibra e integra nuestro cerebro con el ambiente que nos rodea, cuerpo mediante. Así que ya tenemos dos roles cruciales para la atención: factor limitante de todas las otras habilidades mentales, e interfaz entre cerebro y ambiente. Suficiente para llegar a una conclusión tajante: hay que cuidarla.

Buscar alternativas al capitalismo - enpositivo.com

La psicología ha otorgado desde siempre un papel central a la atención, pero el asunto se va haciendo cada vez más crítico.

Por un lado, aumentan las evidencias científicas que destacan su importancia, y al mismo tiempo aumenta la evidencia de que nuestros modelos culturales están afectando seriamente nuestra capacidad atencional.

Como ocurre con la comida o con el medio ambiente, también en el caso de la atención nuestra economía se fundamenta en su degradación, en lugar de propiciar su desarrollo.

A nivel de divulgación, hace unos años Daniel Goleman publicó Focus, un libro sobre la importancia de la atención en el contexto individual y social, con ejemplos que incluyen aplicaciones en las escuelas, en los hospitales o en las cárceles.

Recientemente, Charo Rueda ha publicado Educar la atención, para subrayar el papel de la atención en el desarrollo infantil y escolar. Y, recientemente ha visto la luz El valor de la atención, de Johann Hari, un libro que representa, en mi opinión, una señal de cambio bastante interesante.

Johann Hari es un periodista de renombre, conocido por haberse metido en berenjenales bastante peliagudos, desde las guerras de las drogas hasta la depresión.

Y no es alguien que actúa ajeno al sistema: las críticas entusiastas de la contraportada del libro están firmadas por Oprah Winfrey o Hillary Clinton, que no son precisamente especialistas en ciencias cognitivas, pero son iconos del sistema estadunidense y que avalan la maniobra por parte del mainstream occidental.

Hari entrevista a científicos de campos muy distintos y localiza doce factores estructurales de nuestra cultura que están perjudicando profundamente nuestra capacidad de atención, y que incluyen la velocidad y filtrado del flujo de información, el cansancio físico y mental, el desplome de la lectura, el papel de las divagaciones mentales, las empresas tecnológicas, el estrés y el estado de alerta constante, la dieta, la contaminación, o los modelos de educación y protección de los niños.

Todos sabemos que estos factores son importantes, pero hay que decir que, leyendo este libro, descubrimos que tal vez no imaginábamos hasta qué punto es grave y preocupante la situación, incluso a corto plazo. Entre los doce factores, sorprenden las dinámicas del «capitalismo de vigilancia», es decir, el mercado de internet y de las redes sociales.

Es un sistema económico que se basa en la degradación de tu atención: cuanto más se merma tu capacidad atencional, más dinero gana la empresa. En este preciso momento hay hordas de psicólogos e informáticos que están diseñando métodos y aplicaciones más potentes para dañar cada vez más tu atención.

Los que lo logran ganarán más dinero, y los que no lo logran probablemente serán despedidos. Los que se plantean cuestiones éticas acabarán despidiéndose, para no participar en el banquete caníbal que devora la capacidad mental de sus congéneres.

También impacta reflexionar sobre cómo los niños actuales viven una existencia con una agenda ya preparada y sobreprotectora, sin poder tener todas aquellas experiencias (el juego libre, los retos de la calle, las dinámicas jerárquicas, sacarse de apuros, inventar, explorar y descubrir) que, en un primate, son necesarias para desarrollar una oportuna estructura mental, perceptiva y emocional.

Estos niños son como los macacos de los laboratorios, que nacen en una jaula y viven su desarrollo en un ambiente constreñido y artificial, sometidos a tareas y pruebas constantes.

Sin su ambiente físico y social, el animal no puede recibir aquellos estímulos que, conforme un programa evolutivo de millones de años, son indispensables para activar y canalizar la formación de su capacidad mental.

La atención, o todo o nada - Glocalthinking

¿Y cuál es la capacidad que regula todas las otras?

La atención, que, cuando se merma, desconecta al individuo de su ambiente, y lo deja, incapaz y pasivo, a la merced de cualquier manipulación ajena.

Y así se genera una la tormenta perfecta, una pescadilla que se muerde la cola: el sistema (económico y social) merma adrede la capacidad atencional, y la merma atencional promueve el sistema que se sustenta en el deterioro cognitivo.

El mercado genera adictos dependientes, que a su vez fomentan el incremento de ese mismo negocio.

Todo ello a la luz de una falsa libertad democrática: avalado por el respaldo institucional, cultural y social, el adicto cree que es libre de decidir, y de una forma supuestamente consciente decide picar en todos los cebos que le ofrecen, empeorando su situación y volviéndose más enfermo y dependiente.

La atención es, hoy en día, un recurso natural más que las empresas saquean de forma despiadada e irresponsable. Un bien tan personal que en las lenguas latinas, cuando se usa, habría que devolver (prestar atención), mientras que en las anglosajonas se puede, de hecho, comprar (to pay attention).

Al lado de estos factores intencionales (y, por tanto, criminales), no tranquiliza saber que hay otros (como una mala dieta y una contaminación cada vez más intrusiva) que, a pesar de no estar intencionadamente dirigidos a degradar nuestra atención, son igualmente peligrosos para su delicada integridad. 

A raíz de todo ello, Hari llega a una conclusión subversiva: considerando que todos estos factores ya están profundamente integrados en nuestra cultura, que todos ellos están vinculados a ganancias económicas, y que muchos de ellos son intencionales, la única respuesta significativa es una respuesta masiva y social.

Es decir, intentar contener todo ello a nivel individual, cambiando nuestros hábitos y fortaleciendo nuestras defensas, puede aportar pero no resolver la cuestión. Es un asedio continuo y potente, coordinado por multinacionales que cuentan con ejércitos de profesionales, con lo cual no hay defensa personal que pueda con ello.

Tiene que reaccionar la sociedad misma, tal y como se hizo y se hace por las desigualdades y los derechos, el cambio climático, o los abusos de la política. Hari apela a una «revolución de la atención», donde la sociedad se hace cargo de una lucha contra los intereses todopoderosos que están estrechando el grifo de nuestra capacidad mental, antes de que lleguen a cerrarlo.

Y se pregunta incluso si todos aquellos problemas sociales a los que estamos acostumbrados a enfrentarnos (sexismos y racismos, guerras, abusos laborales y dictaduras económicas y políticas) pueden ser, en cierta medida, el resultado de una incapacidad atencional. Una mente atenta y despierta nunca apoyaría cierta clase de procesos o de dinámicas, y si estas ocurren es porque hay demasiadas mentes que están dormidas y distraídas.

Así como la atención es el factor limitante de la capacidad cognitiva de un individuo, es también el factor limitante de la capacidad cognitiva de una sociedad. 

Ahora bien, reconociendo la importancia de una respuesta social, creo que tampoco hay que descartar o minusvalorar la respuesta individual. El mismo Hari se cura en salud con meditación, yoga, y una larga serie de prácticas que aumentan la capacidad individual de defensa.

De hecho, la respuesta social e individual no son excluyentes, se potencian la una a la otra, y desde luego ambas se necesitan mutuamente. Y esto sin considerar un elemento fundamental: la respuesta social es algo que, si funciona, da resultados a medio o largo plazo, que a veces se traduce en años, décadas, o siglos.

Nosotros, los individuos, aunque tenemos que comprometernos con ella, no tenemos tanto tiempo para esperar, y no nos queda otra que, a la vez, intentar aplicar una estrategia personal en nuestra propia vida cotidiana.

Mientras que diseñamos la respuesta social, es necesario protegernos, fortalecernos, y crear nuestro propio refugio, en nombre de nuestro bienestar y del éxito de nuestras acciones colectivas.

La atención tiene un gran poder en nuestra vida - Alegra Psicólogos Málaga ®

La meditación es, en este sentido, la práctica por antonomasia que, en toda época histórica y en casi todas las culturas humanas, se ha desarrollado, en formas distintas, precisamente para entrenar nuestra capacidad atencional, y ponernos en una posición de conciencia y consciencia suficientemente equilibrada como para no caer bajo el ataque continuo de los vaivenes externos (las dificultades de la vida) e internos (las infinitas rumiaciones de nuestra mente indómita).

Y no es una casualidad que la principal práctica meditativa, que en occidente llamamos mindfulness, se traduzca como práctica de la atención plena. Cincuenta años de evidencias científicas respaldan su eficacia, analizando y describiendo sus efectos a nivel de capacidad atencional, de resistencia y resiliencia física y mental, y de estabilidad emocional y psicológica.

Todo ello quiere decir, sencillamente, bienestar. Además, es una práctica dichosamente gratuita, que requiere solo el propio cuerpo y la propia voluntad, con lo cual parece, de entrada, algo interesante de tantear para quien quiera mejorar su condición personal, sea cual sea.

En su insistente incitación a una respuesta social, Hari llega incluso a plantear algunas críticas a la respuesta individual, y a la meditación en particular, avalando una posición que a menudo ostentan periodistas escépticos y complotistas de salón, y que merece la pena considerar aquí.

La versión ligera de la crítica es que la meditación vale solo para los que están bien acomodados en sus casas de burgueses privilegiados, comiéndose el tarro con problemas finos y profundos que no atañen a la supervivencia básica. Es decir, el entrenamiento cognitivo sirve más bien a quien tiene el pan asegurado, y no tiene que enfrentarse a los desastres de la vida.

Evidentemente la crítica es estéril en sí misma, porque una mejoría de tu propia capacidad atencional viene bien a quien sea, independientemente del grado de problemas que pueda tener. Esto no quiere decir que un entrenamiento atencional resuelva todos los problemas, pero siempre será un complemento útil, cuando no crucial, para enfrentarse a las dificultades del momento y para mantener una visión despierta que evite (o limite) las dificultades del futuro.

La versión más pesada añade un complot: siendo la aceptación un elemento base de muchas prácticas meditativas, hay quien propone que la están promocionando los sistemas capitalistas para aturdir a los trabajadores y llevarlos a aceptar su explotación y sus condiciones laborales injustas y deshumanas.

Evidentemente, esta crítica se alimenta de una información burda y muy superficial sobre el concepto de «aceptación», que no tiene que ver nada con dejarse explotar descaradamente.

Aceptar la realidad no es resignarse, sino solo reconocer que en cada momento las cosas son como son, no perderse en rumiaciones y sufrimientos sobre cómo deberían ser, actuar con lo que uno tiene, y tomar las riendas de tus propias decisiones. Es decir, la aceptación del presente es la clave para poder tomar conciencia de nuestra situación, y obrar a favor del cambio.

No es una casualidad que una de las terapias que se proponen en psicología a partir de los principios del mindfulness se llama Terapia de Aceptación y Compromiso, y tiene como acrónimo ACT, «actuar», porque cada camino que aumenta la propia capacidad de conciencia tiene que llevar, finalmente, a una acción, para propiciar el cambio.

Así que la aceptación practicada gracias a la atención plena es precisamente lo contrario de lo que critican algunos tertulianos en salones y revistas: aceptar es tomar conciencia para activar un proceso de cambio que acabe (o limite) los problemas, tanto individuales como sociales.

El poder de la atención - Col·legi Sant Francesc d'Assis

Presentar la meditación como una maniobra de domesticación capitalista es un fallo bastante gordo por parte de cierta prensa de renombre, que despierta sospechas sobre un descuido tan superficial.

De hecho, puestos a conspirar, yo me decantaría más bien por otro tipo de trama, bastante más sensata: considerando el tamaño descomunal del mercado farmacológico actual asociado a estrés, ansiedad, depresión y trastornos de la atención, proponer algo que puede redimensionar el problema de forma totalmente gratuita puede realmente asustar a los que se forran, económica o políticamente, a costa de un estado crónico de insuficiencia cognitiva.

Nada nuevo, solo que a día de hoy resulta cada vez más complicado de encubrir, y más prioritario reconocerlo.

Si ya lo decía Gandhi: la libertad exterior que podemos alcanzar depende, sobre todo, del grado de libertad interior que podemos adquirir.

nuestras charlas nocturnas.

13 de los mejores datos curiosos al azar…


Azertag — Con hechos aleatorios sobre todo tipo de temas, desde animales, espacio, geografía, ciencia, salud, biología y mucho más, bienvenido a nuestra odisea de rarezas.

1. Una nube pesa alrededor de un millón de toneladas. Una nube suele tener un volumen de 1 km3 y una densidad de 1,003 kg por m3, es decir, un 0,4% menos que el aire que la rodea (por eso pueden flotar).

2. Las jirafas tienen 30 veces más probabilidades de ser alcanzadas por un rayo que las personas. Es cierto que sólo hay cinco rayos mortales bien documentados sobre jirafas entre 1996 y 2010. Pero debido a que la población de la especie es de sólo 140.000 durante este tiempo, esto supone alrededor de 0,003 muertes por rayo por cada mil jirafas cada año. Esto es 30 veces la tasa de mortalidad equivalente para los seres humanos.

3. Los gemelos idénticos no tienen las mismas huellas dactilares. Después de todo, no puedes culpar de tus crímenes a tu gemelo. Esto se debe a que los factores ambientales durante el desarrollo en el útero (longitud del cordón umbilical, posición en el útero y ritmo de crecimiento de los dedos) influyen en su huella dactilar.

4. El agua puede no ser húmeda. Esto se debe a que la mayoría de los científicos definen la humedad como la capacidad de un líquido de mantener el contacto con una superficie sólida, lo que significa que el agua en sí no es húmeda, pero puede hacer que otros objetos lo sean.

5. Llevar corbata puede reducir el flujo sanguíneo al cerebro en un 7,5 Un estudio realizado en 2018 descubrió que llevar corbata puede reducir el flujo sanguíneo al cerebro hasta un 7,5%, lo que puede hacerte sentir mareado, con náuseas y provocar dolores de cabeza. También pueden aumentar la presión en los ojos si se llevan demasiado apretadas y son excelentes portadoras de gérmenes.

6. El miedo a las palabras largas se denomina Hipopotomonstrosesquippedaliofobia. Esta palabra de 36 letras fue utilizada por primera vez por el poeta romano Horacio en el siglo I a.C. para criticar a los escritores con una afición irracional por las palabras largas. Fue la poeta estadounidense Aimee Nezheukumatathil, posiblemente asustada de su propio apellido, quien acuñó el término tal y como lo conocemos en 2000.

7. El perro más viejo del mundo vivió hasta los 29,5 años. Aunque la edad media que alcanza un perro suele rondar los 10-15 años, un perro boyero australiano, «Bluey», sobrevivió hasta la madura edad de 29,5 años.

8. Uno puede morirse de risa. Varias personas lo han hecho, normalmente debido a una risa intensa que les provocó un ataque al corazón o asfixia. Los espectáculos de humor deberían ir acompañados de una advertencia.

9. Los equipos de fútbol que visten de rojo juegan mejor. El color de tu ropa puede influir en cómo te perciben los demás y cambiar cómo te sientes. Una revisión de los partidos de fútbol de los últimos 55 años, por ejemplo, demostró que los equipos que llevaban una equipación roja jugaban sistemáticamente mejor en los partidos en casa que los equipos de cualquier otro color.

10. Las turbinas eólicas matan entre 10.000 y 100.000 aves al año en el Reino Unido. Curiosamente, pintar de negro una de las aspas de un aerogenerador puede reducir la muerte de aves en un 70%.

11. Los plátanos son radiactivos. Al ser ricos en potasio, todos los plátanos son ligeramente radiactivos, ya que contienen el isótopo natural potasio-40. Es interesante saber que el organismo contiene alrededor de 16.000 toneladas de potasio al año. Curiosamente, tu cuerpo contiene alrededor de 16 mg de potasio-40, lo que significa que ya eres unas 280 veces más radiactivo que un plátano. Cualquier exceso de potasio-40 que obtengas de un plátano se excreta en pocas horas.

12. Los flamencos no nacen rosas. En realidad, vienen al mundo con plumas grises y blancas y sólo adquieren un tono rosado después de empezar una dieta de camarones de salmuera y algas verdeazuladas.

13. El tiempo más largo que alguien ha aguantado la respiración bajo el agua es de más de 24,5 minutos. El récord mundial de aguante de la respiración bajo el agua lo consiguió el croata Budimir Šobat el 27 de marzo de 2021, que aguantó la respiración un total de 24 minutos y 37 segundos. Por término medio, un ser humano puede aguantar la respiración entre 30 y 90 segundos.

nuestras charlas nocturnas.

Hay algo muy extraño en nuestra galaxia…


La Vía Láctea, a 26.000 años luz de su centro, desafía lo que creíamos saber: menos satélites activos y características únicas cuestionan su papel como modelo de formación galáctica.

DW — Tras décadas de usar a la Vía Láctea como modelo estándar para entender la formación y evolución de las galaxias, nuevas investigaciones sugieren que nuestro hogar cósmico podría ser menos «típico» de lo que se creía.

En particular, esta galaxia espiral, que alberga nuestro sistema solar a unos 26.000 años luz de su centro, ha revelado características únicas que la distinguen significativamente de sus pares cósmicos, poniendo en duda su papel como modelo universal para entender la formación galáctica.

Un equipo de investigadores, liderado por la profesora Risa Wechsler de la Universidad de Stanford, ha realizado la ambiciosa investigación que compara nuestra galaxia con otras 101 de masa similar. Los resultados, publicados en tres artículos en The Astrophysical Journal (acá, acá y acá), plantean un intrigante enigma sobre la naturaleza única de nuestro hogar galáctico.

El proyecto, denominado «Satellites Around Galactic Analogs» (SAGA), representa un desafío monumental en la astronomía moderna. «Es un verdadero problema de aguja en un pajar», explica Wechsler en un comunicado de prensa de la Universidad de Stanford. «Tuvimos que utilizar técnicas ingeniosas para separar 378 galaxias satélite de los miles de objetos del fondo», agrega.

Un hogar galáctico fuera de lo común

En concreto, los hallazgos revelan dos características peculiares de la Vía Láctea. Primero, tiene sorprendentemente pocas galaxias satélite en comparación con sus semejantes. Segundo, y quizás más intrigante, la mitad de sus satélites han dejado misteriosamente de formar estrellas. 

Por ejemplo, de las cuatro galaxias satélite más brillantes de la Vía Láctea —incluyendo la Gran y la Pequeña Nube de Magallanes—, solo estas dos últimas mantienen la fabricación estelar. Las demás, más pequeñas, han apagado su «fábrica» de estrellas, un comportamiento inusual en comparación con otras galaxias similares, donde la mayoría de los satélites continúan siendo fábricas estelares activas.

«Ahora nos enfrentamos a un enigma», admite Wechsler. «¿Qué ha sucedido en la Vía Láctea para que estos satélites de menor masa hayan detenido su formación estelar?».

El proyecto SAGA reveló que la Vía Láctea tiene menos satélites activos en comparación con galaxias similares.

La materia oscura —que compone el 85 % de la materia total del universo, pero que nunca se ha observado directamente— podría tener un papel en estas diferencias. «Probablemente, hay materia oscura recorriéndote ahora mismo y ni siquiera lo sabes», señala Wechsler.

Los investigadores han descubierto que las galaxias se forman dentro de enormes halos de materia oscura, cuya fuerza gravitatoria atrae la materia ordinaria necesaria para crear estrellas y galaxias. Los resultados del sondeo SAGA apuntan a que la peculiar distribución y comportamiento de los satélites de la Vía Láctea podría estar relacionada con una configuración única de estos halos.

Wechsler sugiere una posible explicación: «Tal vez, a diferencia de una galaxia anfitriona típica, la Vía Láctea tiene una combinación única de satélites más antiguos que han dejado de formar estrellas y otros más nuevos y activos –como las Nubes de Magallanes Grande y Pequeña– que solo recientemente cayeron en el halo de materia oscura de la Vía Láctea».

Un modelo cósmico en revisión

Estos descubrimientos sugieren que es necesario repensar cómo estudiamos la formación de galaxias. «Nuestros resultados demuestran que no podemos limitar los modelos de formación de galaxias únicamente a la Vía Láctea», concluye Wechsler. «Tenemos que observar la distribución completa de galaxias similares en todo el universo».

A pesar de que el equipo SAGA ha completado su objetivo inicial de mapear satélites brillantes en 101 galaxias anfitrionas, Wechsler afirma que aún queda mucho trabajo por hacer. El misterio de por qué nuestra galaxia es tan diferente sigue siendo una pregunta abierta que impulsa a los científicos a seguir investigando los secretos del cosmos.

nuestras charlas nocturnas.

El día que un avión se estrelló contra el Empire State por culpa de la niebla y una mujer batió el récord de caída en un ascensor…


El edificio Empire State rodeado de niebla 

Infobae(D.Cecchini) — Ocurrió 55 años antes que el atentado contra las Torres Gemelas y no fue un ataque sino un accidente en el que un avión se estrelló contra el edificio más alto del mundo, que por entonces era el Empire State Building, cuyos 443 metros de altura realmente “rascaban” los cielos de Nueva York.

Eran las 9.49 de la mañana del sábado 28 de julio de 1945 cuando decenas de miles de neoyorquinos escucharon la explosión y al levantar sus cabezas vieron las alturas del edificio envueltas en humo y llamas. Algunos Habían alcanzado a ver lo sucedido segundos antes, cuando un avión militar impactó contra la mole de cemento.

Faltaban días para que Estados Unidos arrojara la bomba atómica sobre Hiroshima y la Segunda Guerra Mundial continuaba en el Pacífico, por lo que en un primer momento hubo quienes pensaron que se trataba del ataque suicida de un kamikaze japonés.

Sin embargo, el avión no era japonés sino estadounidense, un bombardero B-25 Mitchell reconvertido que realizaba un viaje rutinario de transporte de personal desde Bedford, Massachusetts a Newark, Nueva Jersey, donde debía abordarlo un coronel.

En los comandos estaba el teniente coronel William Franklin Smith Jr., de 27 años, y lo acompañaban el sargento Christopher Domitrovich, de 31, y el maquinista de segunda Albert Perna, de 29. Volaban relajados, porque después de meses en los frentes de combate, un viaje de transporte lejos de la guerra era para ellos casi un paseo.

El cielo de Nueva York estaba cubierto de niebla cuando el avión esquivó por pocos metros el edificio Chrysler pero no pudo hacer lo mismo con el Empire State, al que golpeó como un misil entre los pisos 78 y 80 y estalló en el interior.

Los tres tripulantes murieron carbonizados y se llevaron con ellos a otras once personas que estaban en el edificio. Pudieron ser muchas más, pero hubo suerte en medio de la desgracia y, además, ocurrió un verdadero milagro dentro de un ascensor.

– Plan de vuelo

El teniente coronel Smith despegó del aeropuerto de Bedford con la alegría de saber que, después de esa pacífica misión de rutina, comenzaría una licencia de dos semanas durante las cuales podría disfrutar a pleno de la compañía de su esposa Martha y de su hijo Billy.

Si bien era un piloto experimentado y fogueado en la guerra, su especialidad era pilotar bombarderos B-17; esa era la segunda vez que se sentaba frente a los comandos de un B-25 y la primera en ese avión especial, modificado.

Fabricado para ser bombardero, había comenzado a volar en mayo de 1943 y fue utilizado como aeronave de entrenamiento de la 12° Fuerza Aérea en el norte de África. A principios de 1945 lo habían traído de regreso a Estados Unidos para reconvertirlo en un avión de transporte VIP para la alta oficialidad del ejército.

Le cambiaron los asientos por otros más confortables y clausuraron con cerrojos las puertas desde donde se lanzaban las bombas.

Poco después del despegue, a Smith le informaron desde la base que, debido al clima, tendría que volar con instrumentos y por debajo de los 500 metros de altura, por debajo de una capa de nubes y sin perder contacto visual con el suelo en ningún momento.

Si no lo hacía así, debería regresar a la base de Bedford y esperar que cambiara el tiempo. El piloto decidió seguir adelante, porque sabía que tenía que llegar a la mañana a Newark, donde debía recoger al coronel John Rogner.

Una hora después de despegar, cuando estaba a la altura de Queens, volaba a unos 250 metros de altura. En ese momento se comunicó por radio con la torre del aeropuerto La Guardia para pedir una actualización del clima. Se la dieron, pero le dijeron que no volviera a comunicarse con ellos porque entorpecía el trabajo de los controladores que debían guiar a los aviones de pasajeros que estaban por aterrizar.

Era un pedido lógico: el control aéreo civil no debía ni podía involucrarse con la operación de aviones militares. Sin embargo, poco después le avisaron a Smith que al volar a menos de 500 metros de altura estaba violando las reglas del tráfico aéreo civil y que estaba volando sin autorización en el espacio aéreo del aeropuerto La Guardia. Le ordenaron aterrizar en ese aeropuerto.

Los diarios de la época se ocuparon del caso del accidente del avión que chocó contra el Empire State. Hubo 14 muertos

– Impacto en las alturas

Entonces se confundió: en medio de la niebla creyó volar sobre la isla de Walfare cuando estaba sobrevolando Manhattan. Cuando se dio cuenta, ya estaba volando sobre las calles de Nueva York. Esquivó por pocos metros el edificio Chrysler y voló sobre la calle 42 para girar después hacia el sur a la altura de la calle 5, lo que lo puso en curso de choque contra el edificio más alto del mundo.

Eran las 9.49 cuando el B-25 Mitchell se estrelló entre los pisos 78 y 80, contra las oficinas del Consejo Nacional de Bienestar Católico. La fuerza del impacto destrozó al avión, cuyos tanques rociaron de combustible encendido las paredes de la cara norte del edificio. 

Uno de los motores voló a través de las oficinas y salió disparado por la cara sur para terminar cayendo sobre el techo de un edificio cercano. Estaba envuelto en llamas y al impactar inició un incendio que destruyó por completo un estudio de arte que había en el ático. El otro motor y parte del tren de aterrizaje golpearon contra el hueco de un ascensor y cortaron los cables de seguridad.

En el momento del impacto había unas sesenta personas en el famoso mirador del piso 86, donde se desató el pánico. Muchos de los que estaban allí habían visto como el avión se dirigía como un cohete en dirección a ellos.

Murieron 14 personas: los tres tripulantes del avión y once ocupantes del edificio, casi todos empleados del Consejo Nacional de Bienestar Católico. Las estimaciones sobre la cantidad de heridos fueron variando con el correr de las horas. Primero se habló de unos treinta, pero la cifra se fue elevando hasta llegar a más de 60.

Los bomberos demoraron casi una hora en apagar el incendio, mientras el edificio era evacuado. El cadáver del teniente coronel William Franklin Smith Jr. fue encontrado dos días después, totalmente carbonizado, en el fondo del hueco de un ascensor.

Betty Lou Oliver, quien más de 70 pisos dentro del ascensor en el que trabajaba en el Empire State, sufrió heridas. Luego de salir del hospital volvió al emblemático edificio neoyorquino

– El milagro de Betty Oliver

Entre los heridos se contaba una joven ascensorista de 20 años llamada Betty Lou Oliver. En el momento del impacto del avión contra el edificio, su ascensor estaba a la altura del piso 76 y fue alcanzado por la onda expansiva de la explosión y una llamarada que entró por el hueco. Unos oficinistas escucharon sus gritos y la encontraron con contusiones y quemaduras de segundo grado en el cuerpo.

Como el ascensor que había estado manejando ella había quedado desencajado y fuera de servicio, la trasladaron al otro ascensor para enviarla a la planta baja para que fuera atendida por las ambulancias que empezaban a llegar. Nadie supo explicar porqué la acostaron sobre el piso y la enviaron sola hacia abajo, apretando el botón de la planta baja. En medio de la confusión, nadie se dio cuenta tampoco de que ese otro ascensor tenía varios cables de seguridad cortados.

El ascensor empezó a caer cada vez más rápido, bajando a la velocidad de un cohete. Ahí se produjeron varios milagros. A último momento funcionaron algunos frenos de emergencia y la compresión del aire en el espacio cerrado del hueco ayudó también a desacelerar la caída. Además, cientos de metros de cable de acero que estaban en el fondo del hueco ayudaron a amortiguar el impacto.

La mujer, que había entrado al ascensor con quemaduras de segundo grado y contusiones varias fue rescatada abajo con la pelvis y varias costillas quebradas… pero increíblemente viva. Todavía hoy Betty Lou Oliver figura en el Libro Guinness de los Récords, donde ostenta el de la persona que sobrevivió a la caída libre desde mayor altura.

nuestras charlas nocturnas.

¿Puede alguien robar o plagiar tu vibra? Una influente ha llevado el caso a los tribunales…


Sydney Gifford, a la izquierda, y Alyssa Sheil, dos influentes cuya estética similar está en el centro de una demanda ante un tribunal federal.

The New York Times(S.E.García) — El suéter holgado de punto trenzado en color beige. El peinado de raya al centro. La rodilla derecha girada hacia afuera, creando una curva en la cadera izquierda.

Prácticamente todos los detalles de la foto —hasta el pantalón corto a juego— le resultaban familiares a Sydney Gifford. También la mujer que posaba frente a la anodina pared blanca.

Días antes, Gifford, una influente de estilo de vida de 24 años, había compartido con sus miles de seguidores una foto prácticamente idéntica. La mujer de esta nueva foto era otra influente, Alyssa Sheil, con quien había ido de compras y realizado una sesión fotográfica meses antes.

En aquel momento, lo único que pensó fue que sus interacciones habían sido incómodas. Pero Gifford relató que, al ver las fotos de Sheil en Instagram por primera vez en casi un año, comenzó a sospechar que aquellos encuentros habían sido una especie de espionaje estético.

Gifford afirma que Sheil, de 21 años, no solo empezó a imitar a su imagen pública en internet, sino que se apropió de todo su look. Así que decidió demandarla.

Gifford había registrado los derechos de autor de varias de sus publicaciones en las redes sociales en enero, tras darse cuenta de la similitud entre las publicaciones de Sheil y las suyas. Varias fotos se incluyeron como prueba en la demanda que Gifford interpuso este año contra Sheil ante un tribunal federal de Texas por infracción de derechos de autor.

Pero en el cuidado mundo de las redes sociales, Gifford formuló en su contra una acusación quizá más grave: robarle su vibra.

Sheil en su casa de Austin, Texas, la ciudad donde su camino se cruzó por primera vez con el de Gifford.

“Esto no es ninguna coincidencia”, recordó haber pensado Gifford, que tiene unos 300.000 seguidores en Instagram y más de 500.000 en TikTok. “Definitivamente, aquí está pasando algo”.

Gifford se prepara para grabar un video en su estudio casero de Minnesota.Credit…

Lo que parece una pelea superficial sobre suéteres y peinados podría ser en realidad una lucha legal que toca el núcleo mismo de la influencia en las redes sociales.

En sí, la naturaleza de establecer tendencias con éxito requiere cierto grado de réplica. Por mucho que plataformas como TikTok e Instagram parezcan una batalla campal, los influentes de estilo de vida existen en un ecosistema que valora la homogeneidad, una de las formas más seguras de complacer a los algoritmos que son los árbitros definitivos de su éxito en internet.

En un momento en que la economía de los creadores está en auge y ofrece la posibilidad de un modo de vida lucrativo, el caso de Gifford trata de aclarar dónde está la línea en que la imitación pasa del elogio a la falsificación.

En varias entrevistas realizadas a partir de agosto, algunos expertos han afirmado que los influentes tienen que navegar un espacio sin definiciones claras en el que puede ser difícil y, en ocasiones imposible, darle crédito al creador de cada elemento.

“Realmente existe la sensación de que a la vez creas y tomas prestado de otros”, explicó Jeanne Fromer, profesora de derecho de propiedad intelectual en la Universidad de Nueva York. “En eso se basa la moda. Todas las industrias creativas —la pintura, la música, el cine— se basan en tomar prestado algo del pasado y también, en la situación ideal, intentar darle tu propio giro a algo. No creo que nadie quiera ir demasiado lejos como resultado”.

Sheil opinó que las acusaciones de Gifford sobre sus publicaciones son infundadas y que le molestan profundamente, como influente por derecho propio.

“Así es como me gano la vida y no solo eso, es mi marca personal”, señaló Sheil en una entrevista. “Siento que tengo que defenderme”.

Gifford muestra su sensibilidad minimalista y su nutrida colección de tonos neutros a unos 300.000 seguidores en Instagram.

Fromer describió la demanda como una de las primeras de este tipo, en la que un usuario de las redes sociales demanda a otro, en lugar de a la empresa tecnológica responsable de la plataforma. Explicó que, a pesar de parecer extravagante, esta “demanda de propiedad intelectual todo incluido” podría prosperar en los tribunales, y añadió que la acusación más sustancial era la infracción de los derechos de autor.

Sheil promociona productos a través de su escaparate de Amazon. Recibe una comisión por las ventas.

Dependiendo de lo que resulte de la demanda, podría sentar un precedente importante para otros influentes y su forma de presentarse en internet.

Para Gifford, la demanda no es una cuestión de orgullo personal: se trata de proteger su negocio.

Tanto Gifford como Sheil crean contenidos en las redes sociales para exhortar a sus seguidores a comprar artículos —vasos, mesas de centro, pijamas— en sus “escaparates” de Amazon. Ambas mujeres indicaron que así es como se ganan el sustento, y es lo que Gifford alega en su demanda que Sheil infringió al copiar sus publicaciones y su estética.

“Hubo varias personas, algunos seguidores, algunos amigos íntimos míos, que el contenido de Sheil apareció en su página de ‘Para ti’ y pensaron que era mío, de verdad”, comentó Gifford durante una entrevista en video desde Minnesota.

“Obviamente, miraron el nombre de la cuenta y se confundieron”, dijo Gifford sobre sus seguidores, que, afirmó, la alertaron de las similitudes. “Me alteró mucho verlo”.

Esta confusión por parte de sus seguidores es uno de los puntos centrales de la demanda de Gifford. También mencionó que notó un descenso en las ventas de los artículos sobre los que había publicado cuando Sheil hizo una publicación similar a la suya, según información de Amazon. En la demanda, Gifford identificó una lista de artículos que, asegura, Sheil copió de sus publicaciones y vendió en su tienda de Amazon, artículos a cuya selección dedica mucho tiempo, según dijo.

Durante el verano, los abogados de Sheil presentaron una moción para desestimar la mayoría de los cargos presentados en la demanda. Tras denunciar que el planteamiento de Gifford le “tira todo a la pared para ver qué pega”, los abogados de Sheil propusieron que “el tema general de la queja de Gifford es que cree que los mensajes y la estética general de Sheil son ‘demasiado similares’ a los de Gifford”.

Pero eso, sostienen, es una reclamación inaplicable con fundamento en la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital, que solo se aplica cuando se altera o reproduce una obra idéntica sin la información adecuada sobre los derechos de autor.

En la denuncia que presentó ante el Tribunal de Distrito de EE. UU. en Austin, Gifford destacó publicaciones similares en su cuenta de Amazon y en la de Sheil.

Los abogados de Sheil señalaron que, “dado que la demanda solo alega que se crearon imágenes similares, no que se reprodujeron imágenes idénticas, la reclamación de Gifford en virtud de la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital es inaplicable de pleno derecho”.

El mes pasado, un juez de instrucción recomendó que la petición de Sheil de desestimar la demanda fuera concedida en parte y denegada en parte. Sus abogados indicaron el mes pasado que estaban analizando cómo proceder.

nuestras charlas nocturnas.

¿Cómo funciona la Adicción al Porno en la era digital?…


¿Cómo funciona la Adicción al Porno en la era digital?

Psicología y Mente(Clinica Recal) — Seamos honestos: hablar de pornografía no es cómodo, nunca lo ha sido y, probablemente, en unos cuantos años seguirá siendo un tabú, pero es un tema que no se puede ignorar.

Estar al tanto de sus efectos y posibles peligros es de gran importancia para mantenernos informados, y, especialmente, para extender este conocimiento a la población juvenil, que puede estar más propensa a caer en sus redes sin ningún tipo de control.

En un mundo tan conectado, el consumo de este tipo de contenido está más presente que nunca, y no siempre sabemos cómo manejarlo, por esto, en las siguientes líneas te contaremos cómo la adicción al porno se ha convertido en un problema en la era digital y qué puedes hacer al respecto.

– ¿Se puede ser adicto al porno?

Aunque los manuales de diagnóstico, como el DSM-5, aún no reconocen formalmente la adicción a la pornografía, muchas personas experimentan un consumo compulsivo que encaja con los patrones de otras adicciones. Este tipo de comportamiento afecta no solo la salud mental, sino también las relaciones, la autoestima y otros aspectos importantes de la vida.

El porno a menudo se usa como una vía rápida para sentir placer, escapar del estrés o evadir la rutina. Entonces, lo que comienza como un acto esporádico, puede transformarse en una dependencia cuando el cerebro se habitúa a la liberación intensa de dopamina que genera esta actividad. Con el tiempo, la tolerancia al contenido aumenta, lo que lleva a consumir más y con mayor frecuencia.

.¿Por qué ahora es tan común?

Internet ha cambiado las reglas del juego, pues, ahora el porno está a solo un clic, es gratis y anónimo. Además, así como ocurre en las redes sociales de las que a veces te cuesta salir, las plataformas de contenido para adultos te bombardean con opciones y videos por todas partes, para mantenerte pegado a la pantalla. Esto crea una relación más intensa y, muchas veces, descontrolada.

Un punto fundamental por el que el porno tiene más cabida en la era digital es que, antes, ver para ver pornografía se requería cierto esfuerzo: comprar revistas, ir a una tienda o, al menos, conseguir un DVD. Ahora, es tan fácil como desbloquear el teléfono. Esto elimina cualquier barrera y hace que el consumo se normalice.

Además, otro factor importante es el tipo de contenido. La pornografía ofrece versiones exageradas de la sexualidad, que pueden desensibilizarte a estímulos reales. Esto no solo complica disfrutar del sexo en pareja, sino que puede llevar a quienes lo consumen a buscar contenido de forma cada vez más extrema.

.¿Y los jóvenes?

La facilidad con la que los adolescentes acceden al porno es un tema que preocupa a muchos. En edades donde están aprendiendo sobre sexualidad, el porno puede dar una idea distorsionada de cómo son las relaciones y el sexo en la vida real. Esto afecta no solo su autoestima, sino también su forma de relacionarse con otras personas.

Además, sin una buena educación sexual, muchos jóvenes no saben diferenciar entre lo que ven en pantalla y lo que sucede en una relación sana. Aquí es donde entran las campañas y los programas educativos, que buscan darles herramientas para entender mejor el tema.

.¿Cómo saber si tienes un problema?

Hay señales claras de que el consumo de porno puede estar cruzando un extremo insano. Por ejemplo:

  • No puedes dejarlo: Intentas reducir el tiempo que pasas viendo porno, pero no logras hacerlo.
  • Afecta otras partes de tu vida: Tus relaciones, tu rendimiento en el trabajo o en la escuela, incluso tus emociones, empiezan a sufrir las consecuencias.
  • Necesitas más contenido: Lo que antes te bastaba ya no es suficiente, y buscas algo más explícito o diferente.
  • Te sientes ansioso o irritable cuando no puedes verlo: Por lo general, notas que te pones de mal humor o más ansioso.

– ¿Qué hacer si notas que tienes una adicción al porno?

Pornografía y adolescentes en la era digital – ORBIUM ADICCIONES

Si crees que ver porno está empezando a complicarte la vida es el momento de empezar a actuar.

Primero, que sepas que es posible recuperar el control sobre ti; segundo, que no tienes que lograrlo por completo de un día para otro.

Aquí te van algunas ideas para arrancar:

.Habla con un profesional

Buscar ayuda profesional puede ser un gran cambio en cómo manejas este problema; por eso, un psicólogo que se especialice en adicciones o salud sexual puede ayudarte a entender por qué recurres al porno de forma compulsiva y darte herramientas para controlarlo mejor.

En este punto es clave que recuerdes que la terapia no es solo para casos extremos; también sirve para conocerte, identificar lo que te afecta y trabajar en ello. ¡No tienes que enfrentarlo solo!

.Pon límites tecnológicos

Con lo fácil que es acceder al porno, resistirse se vuelve complicado. Un buen primer paso es poner límites a la tecnología: instala bloqueadores, configura filtros o reduce el tiempo frente a la pantalla, especialmente en esos momentos en los que sueles verlo, como por la noche. No es la solución completa, es verdad, pero ayuda a disminuir las tentaciones y a tomar más control sobre tus decisiones.

.Identifica qué lo desencadena

Piensa en las situaciones o emociones que te llevan a ver porno y notarás que, muchas veces, tiene que ver con estrés, aburrimiento, soledad o tristeza. Entender qué hay detrás de ese impulso te ayuda a manejarlo mejor.

Por ejemplo, si lo haces por ansiedad, prueba algo más saludable, como salir a correr o escuchar un poco de música. Identificar estos patrones es clave para romper el hábito.

.Ocupa tu mente en otras cosas

Cuando estás aburrido o con tiempo libre, es más fácil caer en la tentación de ver contenidos para adultos. Por eso, busca actividades que te gusten: retoma un hobby, haz ejercicio, aprende algo nuevo o pasa tiempo con amigos.

Mantenerte ocupado no solo mejora tu ánimo, sino que también te da una sensación de logro, algo clave para dejar atrás una adicción.

.Busca apoyo

Hablar de esto puede ser incómodo: sin embargo, compartirlo con una persona de confianza puede ayudar muchísimo; ya sea un amigo, un familiar o un grupo de apoyo.

Expresar lo que sientes alivia la carga emocional y, a veces, recibes consejos o apoyo que no esperabas. Y, ¡claro!, recuerda que no necesitas dar muchos detalles si no quieres; lo importante es no guardarlo todo, porque tener a alguien que te escuche hace que todo sea más fácil.

nuestras charlas nocturnas.

Nonas de octubre: el día que Roma prohibió las bacanales…


Bacanal delante de una estatua de Pan, Nicolas Poussin, 1633.
Bacanal delante de una estatua de Pan, Nicolas Poussin, 1633.

El asunto comenzó con la llegada a Etruria de un griego de bajo nacimiento que no poseía ninguna de las numerosas artes que difundió entre nosotros el pueblo que con más éxito cultivó la mente y el cuerpo. Era una especie de practicante de cultos y adivino, pero no de aquellos que inducen a error a los hombres enseñando abiertamente sus supersticiones por dinero, sino un sacerdote de misterios secretos y nocturnos.

Al principio, estos se divulgaron solo entre unos pocos; después, empezaron a extenderse tanto entre hombres como entre mujeres, aumentando su atractivo mediante los placeres del vino y los banquetes para aumentar el número de sus seguidores. Una vez el vino, la noche, la promiscuidad de sexos y la mezcla de edades tiernas y adultas calentaban sus ánimos, apagando todo el sentido del pudor, daban comienzo los excesos de toda clase, pues todos tenían a mano la satisfacción del deseo al que más le inclinaba su naturaleza […].

Una vez los misterios hubieron asumido aquel carácter promiscuo, con los hombres mezclados con las mujeres en licenciosas orgías nocturnas, no quedó ningún crimen y ninguna acción vergonzosa por perpetrarse allí. Se producían más prácticas vergonzantes entre hombres que entre hombres y mujeres. Quien no se sometiera al ultraje o se mostrara remiso a los malos actos, era sacrificado como víctima. No considerar nada como impío o criminal era la misma cúspide de su religión.

Los hombres, como posesos, gritaban profecías entre las frenéticas contorsiones de sus cuerpos; las matronas, vestidas como bacantes, con los cabellos en desorden, se precipitaban hacia el Tíber con antorchas encendidas, las metían en las aguas y las sacaban aún encendidas, pues contenían azufre vivo y cal.

Los hombres ataban a algunas personas a máquinas y las echaban en cuevas ocultas, y se decía por ello que habían sido arrebatadas; se trataba de quienes se habían negado a unirse a su conspiración, tomar parte en sus crímenes o someterse a los ultrajes sexuales. Era una inmensa multitud, casi una segunda población, y entre ellos se encontraban algunos hombres y mujeres de familias nobles.

(Tito Livio, Historia de Roma, 39. Traducción de Antonio Diego Duarte Sánchez)

JotDown(R.D.Caviedes) — Habría que haberle visto la cara a Espurio Postumio Albino, de profesión cónsul de Roma, cuando se encontró con semejante pastel en el 186 a. C. «Una inmensa multitud» de ciudadanos libres, «casi una segunda población» de la capital, se daban citan regularmente en el bosque de Simila, cerca del Aventino, y al abrigo de la noche se entregaban secretamente a estos «excesos de toda clase» que cuenta Tito Livio, tan prudente él con los adjetivos.

No cuesta mucho imaginar la escena, ¿verdad? No después de aquella Calígula que escribió Gore Vidal, por ejemplo, con todo aquel felpuderío setentón al compás de Prokófiev, o después del Satiricón que hizo Fellini.

O de toda la pornografía rasa que se ha ambientado en la era romana, sin ir más lejos, animada precisamente por episodios históricos como el de estas bacchanalia, que hoy llamamos bacanales, convertidas casi en la metonimia misma del estilo de vida en aquella civilización que duró más de mil años, en particular —y equivocadamente— cuando se trata se glosar su final.

Ahí están, si no, los cuadros de Alma-Tadema, de Levêque o de Couture, que cuando quiso pintar sus Romanos de la decadencia en 1847 no se rompió la cabeza y las retrató a ellas enseñando los pechos bailongos, a ellos coronados de hojas de vid —lo que quiere decir que pedo como piojos— y revolcándose afanosamente los unos con los otros.

Lo sencillo sería decir que exageramos confiriéndoles a los romanos esta reputación, pero es que según Tito Livio, bastante más romano él que cualquiera de los presentes, no solo no exageramos, sino que hasta podríamos quedarnos cortos.

En el siglo II a. C., escribió en sus Ab Urbe condita libri —los Libros desde la fundación de la Ciudad, que así es como tituló originalmente su Historia de Roma—, incluso muchos patricios de noble cuna le habían cogido el gusto a las bacanales, reuniones tres en uno de botellón, misa y cruising en el bosque que se celebraban en honor al dios Baco por celebrarlas en honor de alguno, más que nada, ya que allí, según el historiador, se iba fundamentalmente a lo que se iba.

Cuando el mondongo llegó a oídos de la República, la suma sacerdotisa de estas bacanales, una tal Paculla Annia, había tenido que cambiar ya el rito para acomodar el aforo de la capital y celebrarlas no tres veces al año, como empezó haciéndose, sino cinco veces al mes.

Tito Livio cuenta que, cuando el Senado las prohibió ese mismo año, descubrió que estaban en el ajo siete mil ciudadanos, de los que podría haberse ejecutado a seis mil. Que se dice pronto.

Pero los hechos son una cosa, como todo el mundo sabe, y otra bien distinta las interpretaciones. La razón del éxito de estas bacanales no está, como dice el historiador, en que los allí reunidos fueran, sin más, más marranos que el agua de fregar.

La causa de semejante congregación la explicó y muy bien san Juan de la Cruz, por citar el ejemplo que nos pilla más cerca, cuando su esposa del Cántico espiritual habló de ir a amar al esposo mejor «al monte o al collado, do mana el agua pura» y a entrar «más adentro en la espesura»: no hay amor más perfecto que el que acontece entre el follaje, valga la redundancia, y con el primero que pase, en particular cuando lo que uno pretende con ese amor es hacérselo al mismo dios.

Es algo en lo que han coincidido reveladoramente los místicos —aquellos que buscan la unión en vida con el dios— de todos los siglos y religiones, desde San Juan de la Cruz a los pitagóricos griegos, y que los bacantes de Roma se tomaban con bastante más literalidad que la mayoría, seguramente, porque unirse a un dios no solo no era algo herético —«no considerar nada como impío […]  era la misma cúspide de su religión», nos explica Tito Livio—, sino porque, además, los latinos eran gente animista, lo que funde en uno los conceptos mismos de naturaleza y divinidad.

  • Las tinieblas son sagradas

Para entender la entidad religiosa de las bacanales, sin embargo, hace falta irse a Grecia y rebobinar varios siglos en la historia hasta el momento legendario —fíjense si habremos rebobinado— en el que el músico Orfeo paseaba una buena mañana por los montes de Tracia y un grupo de bacantes, mujeres todas entregadas al culto a Dionisos —el correlato griego de Baco—, le propusieron allí yacer como yacían las bacantes, que era con mucho arrebato y mucha pasión y muy como Demi Moore en Acoso, para hacernos una idea.

Orfeo rechazó la oferta, bien porque había jurado castidad tras su intento fallido de rescatar a Eurídice del Hades, según la versión del mito más extendida, bien porque «para los pueblos tracios fue el autor de transferir el amor hacia los tiernos varones», según reseña Ovidio en las Metamorfosis, e incluso porque fuera hijo, sacerdote, discípulo o amante del mismísimo Apolo, un dios enfrentado a Dionisos en el plano cosmogónico.

El caso es que las bacantes —o ménades, ninfas que adoraban al mismo dios— se ofendieron, lo sometieron al sexo igualmente y acabaron despedazándolo.

Pura ficción, claro. De hecho, Orfeo es un personaje que muchos paleolingüistas e historiadores creen haber encontrado en textos teológicos de varias civilizaciones indoeuropeas, entre ellas el Poema de Gilgamesh y el Mahábharata hindú, de modo que sería ingenuo considerar que su legendario asesinato tuviera algo que ver, aunque fuese remotamente, con un hecho real ocurrido en Tracia.

Para acabar de rematar la sospecha de que estamos ante una ficción elaborada ex profeso, la historia de su muerte —que no mencionan los autores más antiguos, como Homero o Hesíodo— es la anécdota mítica en la que se fundamentó el orfismo, un culto mistérico al que se atribuye si no la invención de las bacanales, sí su perpetuación a través de los siglos.

Fuese litúrgicamente y delegando el rito en símbolos —que es lo que harían los orfistas en sus ritos mistéricos— o de modo más o menos literal —y en este caso muchos autores prefieren atribuirlo al dionisismo, un culto emparentado estrechamente con el orfismo—, una bacanal no consiste más que en  escenificar la muerte del legendario poeta a manos de las sacerdotisas de Dionisos.

Según Eurípides, que habría conocido el rito de primera mano durante su exilio en Macedonia, este constaba antiguamente de tres partes, o así es como lo retrató en su tragedia Las bacantes. La primera era la oribasia, el retiro de las mujeres al monte para celebrar orgías sagradas, algo que conocemos también a través de la propia religión olímpica dominante, que en algunas de sus antiguas fiestas religiosas agrarias —las Leneas áticas o las Thyiadas en Delfos— conservaba vestigios de este ritual órfico.

La segunda parte de la bacanal, cuando las bacantes son presa ya del paroxismo y el frenesí —algo que los expertos de hoy no saben si achacar al sexo, la droga o la sugestión, cuando no a las tres a la vez— es el diasparagmos, el sacrificio de un animal, normalmente una cabra que representa a Dionisos a través de su relación con el dios Pan y que conmemora la muerte de Orfeo.

La tercera y última es la homofagia, la ingesta de su carne cruda. En Las bacantes Eurípides pone en boca del mismísimo Dionisos la naturaleza hermética del culto en su honor —«está prohibido que los mortales no iniciados» lo conozcan, especifica el personaje— y la condición nocturna de sus ritos: «Las tinieblas», le dice el dios, «son sagradas».

El secreto, en otras palabras, era consustancial a las bacanales.

Pese al oscurantismo con el que trató Tito Livio la llegada a Italia de estas celebraciones —que comenzaron, según él, «con la llegada a Etruria de un griego de bajo nacimiento»—, en realidad es lo menos enigmático de todo el asunto.

Fue en las colonias helenas en Italia, en la Magna Grecia y Sicilia, donde el orfismo acabó sobreviviendo a la regresión que experimentó en Grecia durante la época clásica y a los posteriores episodios de persecución.

De hecho el prófugo religioso más célebre de la época, Pitágoras, eligió Crotona para refundar en cierto modo esta religión, cuya doctrina incorporó al pitagorismo del que sería epónimo y en el que conjuró ciencia y razón, filosofía y el culto esotérico a Orfeo.

Estamos en el año 522 a. C., a solo trece años y seiscientos kilómetros de la expulsión en Roma de Tarquinio el Soberbio y de la reconversión de la ciudad en una próspera república. Lo de los siete mil romanos haciendo el guarro en el Aventino ocurrió poco más de trescientos años después, que en esta cronología de milenios es como decir un plis.

  • Roma sí paga a traidores

A Tito Livio, de hecho, conviene no hacerle tampoco demasiado caso porque los cronistas romanos de la época tenían el tic de aquello que no supieran, inventárselo.

Para ellos la historia no era una disciplina académica sino fundamentalmente política y recordar, para más funfún, que aunque el episodio de las bacanales ocurriera en el 186 a. C., los Ab Urbe condita libri donde lo describe se empezaron a publicar en el 27 a. C., justo cuando Roma se convirtió en imperio.

Estamos en la misma época, para hacernos una idea, en la que Augusto, el primer emperador, le encargó a Virgilio una gran epopeya fundacional —la Eneida— que otorgase a Roma una misión trascendente en el mundo, el famoso imperium sine fine, que justificase a su vez el sistema imperial.

La Historia de Roma de Tito Livio, en otras palabras, empalma con la Eneida y cuenta la historia romana desde Eneas vendiendo la burra política que se impuso en la transición imperial.

En este caso se trataba de asegurar que Roma había sufrido en el pasado una epidemia moral de enormes proporciones cuya reedición podría atajar con más facilidad un emperador que una lenta y burocrática cámara de gobierno.  

Sin embargo el propio texto de Livio, de finales del siglo I a. C., traiciona esta dramatización moralista de los hechos al consignar las razones que el cónsul Postumio expuso ante el Senado en el 186 a. C. para atajar las bacanales, que fundamentalmente aludían al tamaño de la convocatoria, a su carácter secreto y a su condición subversiva.

«A menos que toméis precauciones», clamó ante los senadores entonces, «a esta asamblea convocada legalmente por un cónsul a la luz del día se enfrentará otra que se reúne en la oscuridad de la noche».

Por una copia que se encontró en 1648 y que se expone hoy en el Museo de Historia del Arte de Viena, sabemos también que cuando la cámara decretó su feroz Senatus Consultum de Bacchanalibus para neutralizar las bacanales, en realidad no prohibió la promiscuidad ni el consumo de psicofármacos en Roma, sino la reunión de más de cinco bacantes.

Es más: una de las grandes benefactoras de la represión de estas celebraciones, a la que Roma recompensó después con 100 000 ases y privilegios políticos, fue una prostituta liberta de nombre Fecenia Hispala.

Fue ella quien delató a los bacantes ante los cónsules cuando su amante, un muchacho libre llamado Publio Ebucio, iba a ser iniciado en los misterios de Baco.

Tito Livio nos cuenta que a ella, que participó siendo joven en las bacanales, le espantaban los «ultrajes inconcebibles» a los que se vería sometido él, y así ambos acabaron denunciando las celebraciones secretas ante el mismísimo cónsul. ¿Eran tan terribles estos ultrajes? Seguramente no.

Para empezar, era la propia madre de Ebucio quien pretendía iniciarlo en el culto y sabemos que incluso la suma sacerdotisa de Baco había iniciado a los suyos, Minio y Herenio Cerrinio, en los misterios. Fuese una maniobra interesada o simples celos —tratándose de romanos podemos descartar el fanatismo religioso—, lo cierto es que la delación de Fecenia Hispala desató el horror en Roma.

«Hubo un gran pánico en toda la ciudad, y no solo confinado a los límites de Roma, pues el terror se diseminó por toda Italia», cuenta Tito Livio. «Muchos fueron cogidos tratando de escapar y traídos de vuelta por los guardias apostados en las puertas. Otros, hombres y mujeres, se suicidaron. Se dijo que en la conspiración había implicadas más de siete mil personas».

Como explica Antonio Escohotado sobre este asunto en su Historia general de las drogas, el verdadero interés de estos hechos radica en el empeño puesto en la Roma imperial en declarar las bacanales «peste moral» y «crimen contra la salus publica» y justificar así el mecanismo para atajarlo, «que parece basado en el derecho y la razón civil, pero desencadena una suspensión general de la juridicidad y el raciocinio en favor de métodos simplemente fulminatorios».

No mucho tiempo después Roma, hasta entonces un pueblo más bien tolerante cuando se trataba de la vida privada de las personas, desplegaría estos mecanismos que legitimó en su represión de los bacantes en una persecución que los milenios hicieron bastante más conocida: la de los cristianos.

Unos adoraban a Cristo con solemnidad y los otros a Baco en fiestas de vino, sexo y promiscuidad, pero ambos recibieron el mismo trato. En el fondo, queda claro, no estamos hablando de cosas tan distintas.

nuestras charlas nocturnas.

«¡Sobre mi cadáver!»: Moon River, la canción que la actriz Audrey Hepburn defendió con vehemencia (y que ganó dos premios Oscar)…


Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes
En el film, Audrey Hepburn exude glamour, clase e independencia. Pero es una mujer rural del medio oeste de EE.UU. cuya elegancia de la alta sociedad es un elaborado disfraz que la ayuda a escapar de su triste vida.

BBC News Mundo — El vestido negro, las perlas, las gafas de sol enormes, la boquilla absurdamente larga… y esa canción.

La película de 1961 «Breakfast at Tiffany’s«, que en Hispanoamérica se llamó «Diamantes para el desayuno» y en España, «Desayuno con diamantes», se hizo famosa quizás tanto por su estética que por su trama.

Basada en la novela corta de Truman Capote de 1958, cuenta la historia de Holly Golightly, encarnada por Audrey Hepburn.

La elección de la carismática e icónica actriz para ese rol, que hoy parece incontrovertible, al escritor le pareció terrible.

«Fue la película con un reparto más desacertado que he visto», le dijo Capote a un periodista años después. «Nos dieron ganas de vomitar».

Holly es un personaje cautivador: una chica de sociedad seductora, excéntrica, coqueta y revoloteante.

Es una «criatura salvaje» incognoscible e indomable que huyó a Nueva York de una problemática infancia en Texas para reinventarse.

A pesar de beber cócteles y dar fiestas, es propensa a sufrir ataques de miedo paralizante (sus famosos «días rojos») y solo puede permitirse su vida aparentemente glamurosa rodeándose de «ratas», hombres malos que le dan propinas en el tocador.

Es descrita como una «verdadera farsante», porque realmente cree en su propia versión de cuento de hadas de la vida.

Capote quería a Marilyn Monroe para el papel, pensando que ella encarnaría a esa «verdadera farsante», maestra de la reinvención y vendedora de sueños más auténticamente que Hepburn, la ingenua aristocrática.

Pero es que la Holly Golightly del libro y la de la película, aunque ambas brillantes, no son identicas.

– Dos Hollys

En la novela, Holly no solo está arruinada sino que además la ropa que usa es deliberadamente simple.

«Había un buen gusto consecuente en la sencillez de su indumentaria, los azules y grises y la falta de brillo que la hacían brillar tanto».

Los atuendos de la Holly de la película también podrían describirse como sencillos, pero más bien como sencillamente exquisitos: Hepburn recorre con elegancia las calles de la ciudad con su vestido negro corto o su gabardina Burberry, dos prendas clásicas de la moda.

Paul Varjak, interpretado por George Peppard, y Holly Golightly, se besan bajo la lluvia en la película de 1961.
Un final diferente: Paul Varjak, interpretado por George Peppard, y Holly Golightly, se besan bajo la lluvia en la película de 1961.

aunque esa encantadora Holly acepta el dinero que le dan las ratas, no les entrega su cuerpo; no es ese tipo de chica.

La de la novela de Capote sí lo es.

Es una historia más cruda, en la que Holly no es solo una jovencita provocativa y etérea, sino que gana dinero de esa manera que dicen es la más antigua.

Además está el gran cambio del final.

El libro está narrado por un escritor anónimo, y presenta una mirada melancólica a una chica cautivadora que conoció una vez, que huyó de Nueva York después de verse implicada en una redada de drogas.

La película lo convierte en un protagonista romántico que finalmente convence a la joven rebelde de que se rinda ante el amor.

En una situación clásica de comedia romántica, se besan en la escena final bajo la lluvia torrencial.

En su libro, Capote deja un sabor más amargo: Holly se va corriendo en un taxi y nunca más se la vuelve a ver.

Sin embargo, por distintas que sean, Moon River (Río de Luna), la melancólica canción compuesta para la película,resuena con las dos Hollys.

– Doquiera que vayas, contigo iré

El tema fue compuesto por uno de los más grandes compositores de música para cine de todos los tiempos, Henry Mancini.

Nació hace 100 años en Cleveland, Ohio, en el seno de una familia de inmigrantes italianos.

Henry Mancini y Audrey Hepburn con  guitarras practicando "Moon River" en 1961.
Henry Mancini y Audrey Hepburn practicando «Moon River» en 1961.

La primera vez que Mancini vio una película en la que se fijó en la música, pensó que había una orquesta detrás de la pantalla.

Su padre le regaló una flauta y luego estudió música en la prestigiosa escuela Juilliard de Estados Unidos.

Tras tocar en la era de las big bands de la década de 1940, y acumular conocimiento de primera mano del jazz, trabajó para Universal Pictures en la década de 1950 componiendo obras como la banda sonora para la serie policial «Peter Gunn».

A principios de la siguente década, el director Blake Edwards le pidió que compusiera la banda sonora de una nueva película.

En el guion de «Diamantes para el desayuno», había una escena en la que Holly, sentada en las escaleras de emergencia que están fuera de su ventana, canta una canción de su pasado.

Mancini había oído cantar a Hepburn en la película Funny Face («La cenicienta en París», «Una cara con ángel», 1957), por lo que creó específicamente una canción en su registro.

Luego le pidió al letrista Johnny Mercer que escribiera algunas palabras que hicieran alusión al misterioso pasado de Holly Golightly.

– La letra

Las palabras que escribió Mercer fueron…

«Río de Luna, más ancho que una milla, te cruzaré con estilo algún día.

«Oh, creador de sueños, rompecorazones, donde quiera que vayas, contigo iré.

«Dos vagabundos viajando para ver el mundo… ¡hay tanto mundo que ver!

«Estamos tras el mismo extremo del arco iris, esperando a la vuelta de la curva, mi amigo Huckleberry, Río de Luna y yo».

“La primera vez que leí esa letra, me pareció hermosa”, expresó Mancini.

Contó además que él pasó un mes pensando en la melodía, pero cuando finalmente se le ocurrió, solo le llevó media hora escribir la música.

Al son de Moon River se creó una de las escenas más memorables de la historia del cine.

Audrey Hepburn con guitarra, cantando en la ventana
Una escena memorable.

Audrey Hepburn le escribió a Mancini:

«Querido Henry,

«Acabo de ver nuestra película, esta vez con tu composición.

«Una película sin música es un poco como un avión sin combustible. Por muy bien que se haga el trabajo, seguimos estando en tierra y en un mundo de realidad.

«Tu música nos ha elevado a todos y nos ha hecho volar. Todo lo que no podemos decir con palabras ni mostrar con acciones, tú lo has expresado para nosotros. Lo has hecho con tanta imaginación, diversión y belleza.

«¡Eres el gato más moderno y el compositor más sensible!

«Gracias, querido Hank.

«Mucho amor,

«Audrey».

– «Maldita canción»

Cuando llegó el momento de que el estudio hiciera un preestreno de la película, todo el mundo estaba extasiado.

Hepburn estaba con Mancini y el director del estudio.

De pie junto a la chimenea, el director del estudio declaró: «La película es genial, ¡pero la maldita canción tiene que desaparecer!».

Fue entonces cuando Audrey famosamente se puso de pie y le respondió: «¡Sobre mi cadáver!».

En la 34ª ceremonia de los Premios Óscar de la Academia, celebrada en 1962, Moon River ganó dos premios Oscar: Mejor banda sonora de una película dramática o de comedia y Mejor canción.

Un año después, Mancini ganaría un tercer Oscar por su banda sonora para «Días de vino y rosas», con letra de Mercer, y un cuarto en 1982 por «Victor/Victoria», ambas películas también dirigidas por Blake Edwards.

nuestras charlas nocturnas.