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Por qué el Jesús del arte nunca se pareció al de la Biblia


El Grafito de Alexámenos, grabado en la pared de una escuela romana, es el retrato de Jesús más antiguo que se conoce.
El Grafito de Alexámenos, grabado en la pared de una escuela romana, es el retrato de Jesús más antiguo que se conoce.

JotDown(E.J.Rodríguez) — Incluso quienes somos ateos aceptamos que durante siglos el arte europeo giró en su mayor parte alrededor de la mitología cristiana. Esto, me permito añadir, nunca debería alejar del arte cristiano a quienes no se consideran religiosos, al contrario.

El arte fue muchas veces el equivalente de nuestras televisiones, radios y periódicos. Imperios y religiones lo usaban para comunicarse con los humildes.

Así, viendo cómo se representaba gráficamente determinadas ideas, podemos entender mejor a aquellos pueblos en los que la historiografía escrita era un lujo reservado para una minoría de individuos con formación, mientras la mayoría analfabeta obtenía sus conocimientos de la tradición oral o de las esculturas y pinturas que representaban conocimientos y creencias básicas.

Uno de los aspectos que me han llamado siempre la atención es la representación de la figura central de la religión que dominó Europa durante tanto tiempo. Jesús de Nazaret es un misterio como figura histórica; la información que tenemos sobre él proviene sobre todo de los Evangelios, textos que para cualquier no creyente resultan imposibles de admitir como verosímiles en su totalidad, debido a la elevada carga de sucesos mágicos que contiene la narración.

Incluso la parte biográfica más convencional puede estar sujeta, como poco, a la duda razonable. Algunos llegan más lejos y sospechan que no existió Jesús, o que no existió un Jesús parecido al de los Evangelios. Sin embargo, el objeto de este artículo no es discutir estos asuntos.

Al revés: pongámonos en la piel de los creyentes de otro tiempo y demos por buenos los textos evangélicos en su totalidad; solamente así podremos entender la evolución del arte cristiano, porque estaba dirigido a ellos.

En la Biblia, salvando la narración de algunas apariciones místicas en las que es descrito con rasgos sobrenaturales, no se dice una sola palabra sobre el aspecto físico de Jesús de Nazaret, el hombre. No sabemos cómo era.

Así pues, el ejercicio de contemplar cómo se lo pintaba o esculpía en cada época es como realizar un enorme experimento de proyección social; podemos detectar con claridad los cambios en las vidas y circunstancias de los creyentes en un determinado periodo histórico con solo mirar los retratos de Jesús característicos de ese tiempo. Seamos religiosos o no, el rostro de Jesús fue con mucha frecuencia un certero resumen del estado de cosas en Europa.

"El Pez de la Vida", alegoría de Jesús de Nazaret en una lápida funeraria romana.
«El Pez de la Vida», alegoría de Jesús de Nazaret en una lápida funeraria romana.

  • Por qué no había representaciones de Jesús en el cristianismo primitivo

El cristianismo de los siglos I y II no produjo representaciones gráficas de Jesús. La tradición eclesiástica solía achacar esto a la clandestinidad en que vivían los cristianos por causa de la persecución romana, pero la explicación no es del todo certera.

El cristianismo surgió en Judea, se expandió rápidamente por el Mediterráneo oriental y fue importado a la propia ciudad de Roma por pequeños grupos de creyentes. Roma, como la moderna Nueva York, recibía a gentes de todas partes, así que no es raro que el nuevo culto llegase a la ciudad muy pocos años después de la fecha tradicional en que se sitúa la muerte de Jesús.

 La sociedad romana, en general, percibió a los primeros cristianos de manera ambivalente. Muchos los veían como gentes oscurantistas y sectarias. Generaban habladurías muy parecidas a las que, en plena Edad Media, terminaría vertiendo la Europa cristiana sobre los judíos; por ejemplo, que sus ritos secretos ocultaban prácticas sexuales inmorales o sacrificios sangrientos.

Había romanos conservadores que se sentían disgustados por el desdén que los cristianos demostraban hacia la tradición pagana, la cual conllevaba respeto por ceremoniales públicos e instituciones civiles muy arraigadas en el Imperio. Pero los cristianos, si bien mal vistos por muchos, no hacían nada ilegal.

Es cierto que durante los dos primeros siglos de nuestra era los cristianos fueron víctimas de ocasionales pogromos a nivel local, aunque estos rara vez fueron impulsados por autoridades imperiales de alto rango. En realidad, en aquellos dos siglos la persecución imperial no fue tal.

Ni siquiera en el año 64, cuando Nerón culpó a los seguidores de Jesús del incendio de Roma tal como narraba el historiador romano Tácito, se produjo una persecución generalizada en todo el Imperio sino limitada a la propia ciudad.

Los cristianos podían constituir una fácil cabeza de turco en determinadas ocasiones, pero eran pocos y casi siempre procedían de capas pobres de la sociedad. La suya no era, ni mucho menos, la única religión exótica que había ganado seguidores con rapidez. En los siglos I y II la existencia del cristianismo preocupó bien poco al sistema político romano.

Pez eucarístico, pintado en unas catacumbas romanas durante el siglo II (imagen: DP)
Pez eucarístico, pintado en unas catacumbas romanas durante el siglo II.

El que los cristianos primitivos no produjesen retratos de Jesús no era producto de una persecución generalizada que no existió, sino que se debía más bien a los prejuicios que tenían contra la confección de imágenes religiosas, prejuicios que habían heredado del judaísmo.

El cristianismo había nacido como una secta judía que se desviaba de la ortodoxia en lo tocante al Mesías, pero que había tomado casi todo su cuerpo moral del judaísmo.

De hecho, terminaría incluyendo la Torá entre su propia colección de libros sagrados, la Biblia. La prohibición de imágenes era tan importante en la tradición judía que se contaba entre los diez mandamientos bíblicos; el texto (judío y cristiano) del Éxodo dicta que «no harás imagen de ti, ni de lo que está arriba en el cielo, ni en la tierra, ni en las aguas que hay debajo de la tierra».

Los cristianos primitivos, pues, no pintaban a Jesús porque hacer tal cosa constituía un pecado. Dado que la palabra griega ΙΧΘΥΣ, «pez», podía ser usada como acrónimo de «Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador», les bastaba con representar a Jesús de manera simbólica, con un pez esquemático.

  • Una pintada en una escuela

Por lo anterior, no debería sorprender que la representación figurativa más antigua de Jesús que conocemos no fuese obra de sus seguidores sino de sus detractores. El llamado «grafito de Alexámenos» fue grabado en el muro de una escuela romana antes del siglo III. Descubierto en 1857, causó considerable sorpresa porque para cualquier observador cristiano era una imagen abiertamente blasfema.

Aparecían dos figuras; una estaba de pie ante un crucificado que tenía cabeza de asno, y una frase en griego describía así la escena: «Alexámenos adorando a su dios» (el grafito está en Roma, pero recordemos que el griego era la lengua culta preferida para la educación). Aunque no se menciona el nombre de Jesús, es fácil deducir que se pretendía insultar a Alexámenos —tal vez un alumno de aquella escuela, tal vez un profesor— debido a sus creencias cristianas.

Del grafito de Alexámenos se pueden deducir varias cosas. Una, que los cristianos de las dos primeras centurias eran objeto de burla pero, salvando los ocasionales roces a nivel local, formaban parte de la sociedad romana de manera abierta, no clandestina. Y que también había cristianos adinerados. Una escuela no era un lugar al que acudiesen los hijos de los romanos más desfavorecidos y mucho menos los practicantes de una religión prohibida.

También se puede deducir que la cruz pudo conllevar connotaciones insultantes cuando era mencionada por quienes se burlaban de los cristianos. La crucifixión era un castigo muy cruel y humillante que los romanos reservaban para los peores criminales, así como para los considerados enemigos del Imperio, o los esclavos, los extranjeros, etc.

El grafito de Alexámenos nos da a entender que representar a Jesús en la cruz era una forma de recalcar la naturaleza vergonzosa de su muerte.

Es posible que durante los primeros siglos de cristianismo la representación gráfica de Jesús en la cruz fuese considerada de mal gusto por al menos una parte de sus seguidores, sobre todo los de cultura romana, incluso sabiendo que la crucifixión era un episodio central del relato evangélico y de la teología cristiana desde el principio.

Buen Pastor
Dos imágenes de Jesús el buen pastor, con atavío típicamente romano, como era pintado en las catacumbas del siglo III.

  • Un Jesús con túnica romana

A partir del siglo III, el éxito del cristianismo entre los más humildes empezó a extenderse también a estratos más acomodados y fue esto lo que introdujo la figura de Jesús en el arte. El mandamiento bíblico que prohibía las imágenes empezó a ser ignorado por los nuevos cristianos de buena posición que, siguiendo las costumbres romanas, deseaban tener imágenes religiosas en sus templos, en sus casas o en sus tumbas.

De forma paralela, cuando el cristianismo empezó a extenderse a estos sectores ricos e influyentes fue cuando de verdad empezó a ser percibido como una amenaza para la estabilidad del Imperio. Aquí sí, algunos emperadores llegaron a promulgar persecuciones oficiales que incluyeron detenciones en masa, torturas y ejecuciones de seguidores del Cristo.

Esto produjo la gran paradoja de que fue en una época deº intensa persecución cuando aparecieron las primeras representaciones visuales de Jesús, y no a la inversa. La tradicional explicación de la ausencia de imágenes debida a la clandestinidad no encaja bien con los hechos.

Es más, casi parece un proceso inevitable el que, conforme la nueva religión se extendía por el Imperio, fuese adaptándose a usos paganos como la confección de imaginería religiosa, prohibida expresamente en la Biblia. Distinta cuestión era la de cómo retratar a Jesús.

Dado que ni los Evangelios ni la tradición oral describían sus rasgos físicos, cada creyente lo imaginaba de acuerdo a su propia idiosincrasia. Aun manteniendo la esencia judía en lo teológico y moral, el cristianismo adquirió en lo artístico formas muy romanizadas.

De hecho, visualmente hablando, fue el Imperio romano el que le dio a Jesús muchos de los elementos de la imagen que hoy asociamos con su figura… aunque en las imágenes más antiguas pueda producir justo la impresión contraria.

Jesús curando a un paralítico. Siglo III. (Imagen: DP)
Jesús curando a un paralítico. Siglo III.

Durante el siglo III se lo representaba con la imagen de un ciudadano romano prototípico. Es decir, bien afeitado, con el cabello corto y vistiendo togas, túnicas o capas de corte latino. Esto puede sorprendernos hoy, pero para aquellos cristianos tenía sentido, pues Jesús había nacido y crecido dentro del Imperio.

Se sabía por los Evangelios que había sido un judío sin ciudadanía romana —de ahí la reticencia de Poncio Pilatos a juzgarlo bajo la ley imperial— pero esto no impedía que lo imaginaran con aquellos ropajes, algo que no era impensable entre los pueblos sometidos al Imperio, entre los que abundaban los individuos romanizados que no eran ciudadanos de pleno derecho pero sí adoptaban las costumbres correspondientes, incluyendo la vestimenta.

Predominaban en aquella época las escenas biográficas que lo mostraban como un maestro en plena labor evangélica. Aparecía sobre todo en el papel del «buen pastor», acompañado de ovejas que representaban a los discípulos y del gallo que representaba a san Pedro, o bien portando un cordero en sus hombros.

También se lo representaba realizando milagros y, en ocasiones, recibiendo el bautismo. Sus ropas rara vez eran suntuosas. Esa imagen humilde ofrecía consuelo a los atribulados cristianos de la época, pero además era fiel a lo que los creyentes podían aprender en los Evangelios (o al menos en tres de ellos), donde Jesús era descrito como un hombre con buena educación, que había estudiado en la sinagoga, pero también como un τέκτων, esto es, un artesano.

Jesús había sido un carpintero que por decisión de Dios —o por ser él mismo de condición divina, que no todos los cristianos se ponían de acuerdo en esto— se había convertido en el ansiado Mesías, el rabí que finalmente guiaba a su rebaño hacia la salvación. Los cristianos primitivos veían en aquel benéfico maestro de sencilla vestimenta a alguien muy distinto del poder imperial al que encontraban opresivo y cruel.

Cabe suponer que muchos romanos pobres se convirtieron al cristianismo porque Jesús era una figura cercana y bondadosa que no tenía relación alguna con las corruptas clases dirigentes del Imperio.

Como nota curiosa, muchos judíos de facciones ortodoxas rechazaron el cristianismo debido precisamente a la humildad de Jesús, ya que no podían concebir que el Mesías, en lugar de ser un rey poderoso como habían anunciado las Escrituras, fuese un don nadie al que los romanos habían detenido y ejecutado como a un delincuente.

Domitila

  • El Cristo como emperador

Las persecuciones del siglo III no impidieron que el cristianismo fuese cada vez más popular. Sus promesas de recompensas ultraterrenas tocaban la fibra de amplias capas de la población, muy necesitadas de sentido.

Pese a todo el poder y grandeza del Imperio, la mayoría de los romanos nunca había dejado de ser pobre y cualquiera podía convertirse al cristianismo solo con desearlo (mientras que el judaísmo más ortodoxo, por ejemplo, planteaba requisitos como la circuncisión o las limitaciones alimenticias, que desde luego alejaban a muchos posibles conversos).

En el ejército romano, que por entonces ponía y quitaba emperadores, había muchos extranjeros y soldados de origen humilde; el rápido avance del cristianismo en los campamentos militares iba a tener un papel decisivo, tanto o más que la conversión de parte de la aristocracia romana, a la hora de conseguir que los emperadores dejasen de perseguir aquella fe.

En el año 313, el emperador Constantino promulgó el Edicto de Milán para legalizar el cristianismo. Esto no hizo sino disparar todavía más el éxito del culto a Jesús. En el 380, el emperador Teodosio se hizo bautizar, atribulado por una grave enfermedad, y decidió que el cristianismo iba a ser la nueva religión del Estado.

El Imperio romano no solo abandonó la religión olímpìca tradicional, sino que la misma, como cualquier otro culto pagano, sería proscrita. Cuando en su testamento Teodosio repartió el Imperio entre sus dos hijos, todo el territorio era ya oficialmente cristiano.

El centro geográfico de la cristiandad, esto apenas sorprende, quedó fijado en Roma, pese a que Jesús jamás había pisado aquella ciudad. Más importante aún, la Iglesia se jerarquizó imitando usos administrativos del Imperio y en lo alto de esa jerarquía, como simbólico emperador todopoderoso, iba a estar Cristo.

Traditio Legis: Jesús entregando la ley a sus discípulos. Sarcófago del siglo IV.
Traditio Legis: Jesús entregando la ley a sus discípulos. Sarcófago del siglo IV.

Aquel proceso de oficialización y equiparación del cristianismo con el poder imperial tuvo un efecto inmediato sobre la representación artística de Jesús. Hasta entonces había aparecido como un romano de aspecto común, enfatizando el origen proletario explicitado en los Evangelios y su cercanía a las clases desfavorecidas. A partir del siglo IV, sin embargo, empezó a ser retratado como una figura mayestática.

Se lo pintaba y esculpía de pie sobre un pedestal, flanqueado por columnas, o sentado en un trono y rodeado por la mandorla, un marco oval con forma de almendra que recalcaba su majestad. En imágenes como las denominadas Traditio Legis aparecía pareciendo un monarca que entrega la ley divina a sus discípulos, representados como súbditos. En estas Traditio Legis todavía era común ver a Jesús afeitado y con el cabello corto, pero ahora se parecía más a los césares.

De hecho se lo empezó a representar con togas y capas propias de las clases dirigentes. En ocasiones incluso lucía el uniforme de general de las legiones. También se añadía un halo luminoso en torno a su cabeza para recalcar su naturaleza divina, ahora normativa pero todavía polémica (la Iglesia estaba en plena lucha contra el arrianismo, que afirmaba que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo).

En cualquier caso, Jesús ya no se limitaba a ser el pastor de las clases humildes. Ahora era el rey de reyes. Esto es, el verdadero emperador.

Las dos nuevas mitades del Imperio sufrirían destinos muy distintos. La parte occidental empezó a derrumbarse bajo el empuje de los bárbaros y también por efecto de su propia descomposición interna. La parte oriental, más helénica, perduró durante siglos como el Imperio bizantino.

En cualquier caso, el cristianismo iba a ser la religión de Estado en las dos, aunque con características cada vez más distintivas en ambos lados de la frontera. En cualquier caso, por decisión de los romanos, Europa iba a ser cristiana. Y por ende lo sería gran parte del arte europeo.

Jesús con barba y cabello largo, en unas catacumbas. Siglos IV-V.
Jesús con barba y cabello largo, en unas catacumbas. Siglos IV-V.
  • La barba y el cabello largo

El cristianismo original fue una mera desviación de la tradición judía, pero al extenderse por Roma también asimiló mucho de la filosofía griega, convenientemente reinterpretada y validada por san Agustínsan Jerónimo y otros padres de la Iglesia, sobre todo durante los siglos IV y V. Así, las ideas de diversos filósofos paganos, ideas heredadas por Roma, fueron incorporadas en el cada vez más complejo y enrevesado cuerpo teológico del cristianismo oficial.

Tuvo particular importancia el platonismo, que resultaba idóneo para justificar la división entre un mundo terrenal pecaminoso y un mundo celestial divino e inmaculado. Jesús, pues, se convirtió no solamente en emperador celeste sino también en centro de toda filosofía verdadera.

Por ello, y sobre todo en la mitad oriental del Imperio, empezó a aparecer con una imagen más helenizada, llevando barba al modo de aquellos filósofos griegos cuyas efigies habían sido tantas veces reproducidas en el Imperio y que los romanos tanto habían admirado.

Al principio de esta tendencia, además, ese cabello largo solía ser ondulado para imitar las imágenes de dioses paganos como Júpiter o Zeus. Esto debió de hacer más fácil la transición generalizada del paganismo al cristianismo, que requería que el pueblo llano asimilase a Jesús con la imagen tradicional del dios más poderoso. Así pues, de la mezcla entre filósofos y dioses paganos nació la imagen de Jesús como solemos concebirla hoy, con barba y cabello largo.

Con esta nueva imagen, combinación entre maestro filosófico, emperador y ser supremo celestial, se volvieron habituales escenas que acentuaban su divinidad. Por ejemplo, las imágenes de la transfiguración, transformación del Jesús humano en ente divino ante la mirada de algunos discípulos.

La corriente alcanzó su pináculo en el Cristo Pantocrátor, una expresión que significa «el que gobierna sobre todas las cosas» o «el todopoderoso». Este modelo llegaría a convertirse en universal en el Imperio bizantino, aunque los primeros pantocrátores se perdieron por causa de la furiosa corriente iconoclasta de los siglos VIII y IX, cuando algunos emperadores bizantinos pretendieron revivir la prohibición bíblica de fabricar imágenes y ordenaron la destrucción de los iconos religiosos.

Como consecuencia, la mayoría de los pantocrátores que conocemos son posteriores, aunque alguno de los antiguos sí sobrevivió.

El más antiguo conocido estaba en el monasterio del Sinaí (hoy llamado Santa Catalina) y se libró de la destrucción gracias a su remota ubicación desértica. Cumple todos los cánones de un pantocrátor ideal: luce barba y el cabello largo; una de sus manos está en gesto de enseñanza al modo de los grandes filósofos, mientras la otra sostiene un ejemplar de la Biblia tan profusamente ornamentado como lo estaría la pieza de un tesoro imperial. Su cabeza aparece rodeada por un halo que denota su naturaleza divina.

Sin embargo, sorprende por dos razones. Una es su cuidadísima elaboración, que por su naturalismo recuerda más a los cristos del Renacimiento que a muchos pantocrátores elaborados más tarde, durante el resto de la Edad Media. Y otra, porque su rostro está dividido en dos mitades, una con expresión dócil en representación del Jesús humano, el buen pastor, y otra con expresión más severa, la del Jesús divino que reina sobre todo lo conocido. Esta división del rostro en dos partes fue imitada en ocasiones, aunque no era la norma.

El Pantocrátor fue una representación muy estable. Seis siglos separan estas imágenes: el Pantocrátor del Sinaí (siglo VI, izquierda) y un mosaico de Hagia Sofía (siglo XII, derecha).
El pantocrátor fue una representación muy estable. Seis siglos separan estas imágenes: el pantocrátor del Sinaí (siglo VI, izquierda) y un mosaico de Hagia Sofía (siglo XII, derecha).

  • Jesús, varón de raza blanca

La adopción del cristianismo por el Imperio romano también certificó la representación de Jesús como varón blanco europeo. Ya hemos dicho que la tradición apostólica no decía nada sobre sus rasgos físicos. Según los Evangelios, fue un judío de Galilea que en lo físico no poseía ninguna característica distintiva que los narradores considerasen digna de hacer notar,.

Además provenía de una larga estirpe judía, así que debió de ser un semita prototípico, con un aspecto bastante similar al de los actuales palestinos. Sin embargo, esta visión hubiese chocado con la mentalidad imperial romana. Los romanos, que habían gobernado Europa, Asia y África, se consideraban superiores a los demás pueblos en todo, con la sola excepción de los griegos, a quienes concedían la superioridad intelectual.

No resulta extraño, pues, que el nuevo Jesús del arte, mezcla del poder romano y la sabiduría griega, pareciese haber nacido en el sur de Europa y no en Judea. Era blanco, de nariz recta o aguileña, con el cabello lacio y castaño. No se lo pintaba con piel oscura, ni con nariz redondeada, ni con cabello negro o rizado.

Tampoco aparecía rubio o pelirrojo, como algunos bárbaros europeos lo eran. De hecho, en las más antiguas representaciones romanas de Cristo rara vez se lo pintaba con ojos azules, verdes o grises (esto vendría más tarde) sino oscuros, como era común entre los romanos y los griegos. Desde un punto de vista propagandístico, los romanos no le hubiesen encontrado sentido al retrato de un rey de reyes que perteneciese a un pueblo inferior, ya fuese un semita o un bárbaro del norte.

Esto sucedía a despecho de que, según las propias Escrituras, Jesús había pertenecido a una raza extranjera sometida.

Algunos cristianos, desde aquella época, han intentado desmentir el más que evidente origen pagano del cabello largo y la barba del Jesús pictórico. Usando la lógica y la lectura de las Escrituras se debía llegar a la conclusión de que Jesús había llevado el cabello corto, como era costumbre entre los judíos del siglo primero, considerándose indecoroso lo contrario (pudo, eso sí, llevar barba).

Para explicar esta discrepancia recordaban que ciertos judíos, los nazareos, tomaban votos temporales durante largos periodos de meditación, dejando de cortarse el cabello hasta que retornaban a la vida normal. Afirmaban que Jesús habría sido un nazareo durante su periodo de predicación evangélica y que por tanto hubiese podido lucir pelo largo. Pero esto chocaba con la idea de que Jesús era básicamente respetuoso con las leyes judías.

Por ejemplo, un nazareo que siguiera la ley judía se abstendría de beber vino, cosa que Jesús sí hizo durante su prédica, como describen los propios Evangelios. Así, resulta improbable que Jesús hubiese lucido melena mientras compartía vino con sus discípulos. Cabe decir, sin embargo, que cualquier contradicción entre lo que se pudiese deducir de los Evangelios y el aspecto físico del Jesús pictórico importaba poco a los creyentes.

De hecho, estas discrepancias no han sido una preocupación hasta tiempos muy recientes, cuando incluso observadores cristianos han hecho notar que Jesús no debió de tener un aspecto europeo. Con todo, la imagen ya está tan asumida que quizá se necesiten siglos para revertirla. Incluso hoy, en cine o televisión cuesta encontrar una película que retrate a Jesús como un semita de piel oscura y con un corto e hirsuto cabello negro.

Primera representación narrativa conocida de la crucifixión, c. 430. (Imagen: British Museum)
Primera representación narrativa conocida de la crucifixión, marfil tallado en Roma sobre el año 430.

  • Finalmente, Jesús en la cruz

A partir del siglo V se hicieron también comunes las representaciones de la crucifixión. Puede parecer que esto chocaba con la nueva idea de un Jesús imperial, poderoso e intocable, pero además de responder a necesidades teológicas, había buenos motivos para que a los cristianos la crucifixión ya no les resultase una visión tan desagradable.

Para empezar, ese método de ejecución había sido abolido cien años antes por Constantino, quien además afirmó haber descubierto fragmentos de la cruz en la que Jesús había muerto, convirtiendo lo que había sido un horrible instrumento de tortura en una reliquia venerable. Después de Constantino, las connotaciones despectivas y vergonzantes que los cristianos más sensibles pudieran asociar a una pintura con la crucifixión desaparecieron.

Además, la adopción de la crucifixión por el arte cristiano se hizo de manera gradual. Las primeras se parecían poco a las que podemos ver hoy en procesiones o en muchas parroquias católicas. A veces se veía a Jesús sosteniendo la cruz a modo de bastón o cetro, dado que era el emperador del mundo.

Pero incluso cuando se lo pintaba crucificado mantenía una actitud mayestática, pese a la desesperación descrita en los Evangelios («Padre, ¿por qué me has abandonado?»), siendo la escena poco sangrienta, si es que lo era en absoluto.

En algunas representaciones de la crufixión se lo pintaba vistiendo túnicas propias de un rey, aunque no era lo más habitual y debió de resultar poco verosímil incluso para los cristianos de aquella época; no había pasado tanto tiempo como para que la sociedad romana olvidase que los crucificados siempre habían sido ejecutados en completa desnudez.

Así pues, era más habitual representar a un Jesús casi desnudo, aunque con un paño en la cintura por cuestiones de pudor (aun así, en futuras pinturas medievales que describían su bautismo sí aparecería completamente desnudo).

En cualquier caso, y exceptuando los periodos iconoclastas, la imaginería religiosa de origen pagano se había establecido ya como un ingrediente fundamental del cristianismo, como tantas otras cosas que no procedían de las fuentes judías o evangélicas. Esto no resulta sorprendente; lo mismo había hecho la antigua religión romana durante siglos: absorber y adoptar como propios elementos externos.

El cristianismo, sin embargo, empezó a mostrar una mayor tendencia a apropiarse del contenido mientras proscribía los continentes. Un buen ejemplo lo constituyó la Academia de Atenas, una de las instituciones culturales más importantes de la antigüedad. Había sido inaugurada nada menos que por Platón, como decimos uno de los filósofos que, siendo anterior a Jesús, más influyeron en el cristianismo.

Durante novecientos años, la Academia había funcionado de manera ininterrumpida, con la aureola de magnificencia intelectual que podemos suponerle, pero eso no impidió que fuese clausurada por orden del emperador bizantino Justiniano en el siglo VI. ¿El motivo? La Academia, aferrada a su propia tradición, continuaba siendo pagana en mitad de un entorno cristiano.

Crucifixión en una iglesia de Georgia, siglo XII.
Crucifixión en una iglesia de Georgia, siglo XII.
  • La representación del sufrimiento

Tras la caída del Imperio romano occidental, el cristianismo hubo de hacer frente a varios sucesos importantes, unos más traumáticos que otros. Las invasiones germánicas cambiaron la faz política de Europa occidental, aunque en lo religioso terminaron aumentando el poder eclesiástico, ya que los bárbaros eran fácilmente convertidos al culto del Mesías.

No sucedía lo mismo con los musulmanes que invadieron España; aunque su avance fue detenido en Francia, también hicieron incursiones en regiones de Italia, colonizando algunas, y la Iglesia no podía dejar de considerar a estos nuevos invasores una terrible amenaza porque, al contrario que los bárbaros del norte, los musulmanes no se dejaban convertir.

Por otra parte, la Iglesia se dividió en el año 1054, cuando las tensiones entre jerarcas religiosos de occidente y oriente condujeron al primer gran cisma del cristianismo europeo.

Eran estos grandes acontecimientos sin duda, pero aun así, durante algunos siglos el arte cristiano tuvo poco motivo para cambiar. Seguía reflejando a un Jesucristo como emperador de una Iglesia (o dos Iglesias, tras el cisma) que aspiraba al poder mundano tanto como a la gestión de lo divino. El Jesús de la pintura se hizo cada vez más homogéneo: la barba y el cabello largo prevalecieron, decayendo la costumbre de representarlo como a un romano.

La mayestática presencia de los pantocrátores seguía siendo la norma. Como toda novedad, sobre todo en occidente, empezaron a verse imágenes de un Cristo con ojos claros e incluso a veces con el cabello rubio. Esto, claro está, respondía al nuevo predominio de los pueblos bárbaros.

El cambio, no obstante, tenía que llegar aunque fuese de forma gradual. Los europeos de la mitad occidental ya no recordaban lo que suponía ser ciudadanos de una superpotencia global que había tenido instituciones civiles tan sólidas e infraestructuras tan espectaculares como para unir bajo un solo gobierno a pueblos de tres continentes.

El feudalismo, la atomización de la Europa occidental en señoríos dispersos, convirtió el Imperio romano en un vago recuerdo. Las antiguas vías romanas que formaban aquella asombrosa red de comunicaciones que no tendría parangón durante muchos siglos, quedaron abandonadas y sin uso.

Crucifixión anónima del siglo XV. (IImagen: DP)
Crucifixión anónima del siglo XV.

El mundo de los cristianos occidentales se hizo más pequeño. Ahora apenas veían más allá de la aldea o la comarca. Esto, por una parte, provocó que la Iglesia aspirase más que nunca a hacerse con el dominio de los asuntos mundanos, ya que los nuevos reinos o imperios rara vez tenían gran poder, y de tenerlo no solían perdurar en el tiempo. Solamente la Iglesia permanecía.

De forma paradójica, en las pequeñas comunidades feudales el catolicismo se hizo más cercano al pueblo, aunque no siempre para bien, y a partir de los siglos XII y XIII, una parte de la Iglesia entendió que se necesitaba un cambio de mensaje. Ese cambio se produjo sobre todo a través de la actitud de algunas órdenes monásticas, pero también, aunque de manera todavía tímida, de las representaciones artísticas.

Algunos Cristos crucificados empezaron a mostrar signos de sufrimiento: eran pintados con la cabeza gacha, el cuerpo flácido y una actitud que denotaba agotamiento, dolor o incluso la inconsciencia de la muerte física. La cruz dejó de ser mostrada como un icono suntuoso, volviendo a ser un simple madero, y los personajes que rodeaban a Jesús —su madre, María Magdalena, etc.— podían aparecer desconsolados.

La influencia gótica, sobre todo, contrastaba con la ortodoxia bizantina. Con todo, esta humanización de Jesús aún no era completa y se iba a necesitar todo un siglo de tribulaciones para modificar por completo los usos pictóricos y escultóricos.

El siglo XIV sacudió Europa con calamidades terribles: hambrunas, guerras y la apocalíptica peste bubónica. La visión pictórica de Jesús terminaría reflejando estos sucesos. Empezaron a abundar imágenes como el Ecce Homo, el Jesús torturado y vilipendiado por los soldados romanos, o escenas de la Pasión cada vez más centradas en el sufrimiento de las últimas horas de su vida.

No pocas veces las crucifixiones mostraban sangre y heridas de forma explícita. Las autoridades católicas y ortodoxas conocían bien la importancia del arte como un medio para comunicarse con una base social mayoritariamente analfabeta y desconocedora del latín, lengua en la que todavía se oficiaban las ceremonias cristianas y se transcribían las Escrituras.

Lo que se viese en las pinturas y esculturas era lo que los cristianos de a pie iban a entender sobre su religión. En una Europa como la del siglo XIV, azotada por la más tenebrosa de las épocas que hubiese vivido el continente, había que enviar un inequívoco mensaje de compasión.

Jesús ya no podía ser solo un emperador inaccesible, sino también el Dios encarnado que decidió sufrir en su propio cuerpo los padecimientos que ahora también sufrían los cristianos. Había que darle protagonismo a la pasión y muerte de Jesucristo. Ahora se lo podía ver sangrando, vestido con maltrechos paños y llevando la corona de espinas que, como burla, le habían encasquetado los soldados romanos.

Esto era fundamental para que los cristianos aceptasen y, si podían, entendiesen la terrorífica ola de calamidades que asolaba el continente sin terminar cayendo en la apostasía. La Iglesia estaba diciendo: vosotros sufrís, pero Cristo sufrió y sufre con vosotros. El frío y distante Pantocrátor no podía servir ya en una Europa que había experimentado la peste negra.

A grandes rasgos, y con la evolución hacia el arte barroco, esto terminaba de perfilar la imagen artística de Jesús como la concebimos hoy. El resultado de todo este proceso histórico nos dejó un Jesús de raza blanca, piel clara, cabello largo castaño… nada que encaje con un judío palestino del siglo I.

A veces lo vemos vestido con harapos y clavado a una cruz con expresión de dolor y desesperación, cuando no muerto en brazos de su madre, como culminación de la tradición artística occidental. Y a veces, como herencia de la tradición bizantina, lo vemos como un ser espiritual que nos mira con serenidad y realiza un gesto de enseñanza o de bendición.

Solamente en tiempos recientes, cuando vivimos en una sociedad más globalizada donde ha ganado cierto peso el concepto de mezcolanza cultural, nos hemos atrevido a representar, aunque más como hipótesis que en el arte propiamente dicho, a un Jesús semita de piel oscura.

nuestras charlas nocturnas.

Por qué los humanos no hubiéramos sobrevivido sin los neandertales…


Una científica limpiando un cráneo en un laboratorio.
Los científicos pueden determinar cómo evolucionaron las poblaciones humanas antiguas analizando su ADN.

BBC News Mundo(P.Ghosh) — Lejos de tener una veloz y triunfal salida de África, los humanos modernos se extinguieron muchas veces antes de poblar el mundo, según revela una nueva investigación.

El estudio, para el que se han analizado muestras de ADN, también ha arrojado nuevas luces sobre el papel que nuestros primos neandertales desempeñaron en nuestro éxito como especie.

Si bien durante mucho tiempo se consideró que estos primeros humanos europeos fueron una especie a la que dominamos con éxito después de salir de África, nuevos estudios muestran que solo los humanos que se cruzaron con los neandertales prosperaron, mientras que otras líneas de sangre se extinguieron.

De hecho, los genes neandertales pueden haber sido cruciales para nuestro éxito al protegernos de enfermedades nuevas con las que no nos habíamos encontrado antes.

La investigación es la primera en apunta a un breve período -hace 48.000 años- en el que, después de salir de África, el homo sapiens se cruzó con los neandertales y luego, se expandió al resto del mundo.

El homo sapiens había salido del continente africano antes de esto, pero la nueva investigación muestra que estas poblaciones previas al período de mestizaje no sobrevivieron.

El profesor Johannes Krause, del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva, en Alemania, dijo a BBC News que ahora habrá que reescribir la historia de los humanos modernos.

«Vemos a los humanos modernos como una gran historia de éxito, que surgieron de África hace 60.000 años y se expandieron por todos los ecosistemas para convertirse en los mamíferos más exitosos del planeta», dijo. «Pero al principio no lo éramos, nos extinguimos varias veces«.

Una ilustración en la que se ve la evolución de los seres humanos de simios a el homo sapiens.
La historia de la tranquila marcha de nuestra especie a través de la evolución tendrá que ser reescrita, dicen los científicos.

– Regreso a Europa

Durante mucho tiempo, se observó la forma de los restos fosilizados de nuestros antepasados ​​que vivieron hace cientos de miles de años y cómo su anatomía cambiaba sutilmente con el tiempo, para descifrar cómo fue el proceso evolutivo de la única especie de humanos que sobrevive.

Los restos antiguos han sido escasos y a menudo están dañados, pero la capacidad de extraer y leer el código genético de huesos de miles de años de antigüedad ha levantado un velo sobre nuestro misterioso pasado.

El ADN de los fósiles cuenta la historia de los individuos, cómo están relacionados entre sí y sus patrones de migración.

Incluso después de nuestro exitoso mestizaje con los neandertales, nuestra población de Europa no estuvo exenta de problemas.

Los primeros humanos modernos que se cruzaron con los neandertales y vivieron junto a ellos se extinguieron por completo en Europa hace 40.000 años, pero no antes de que su descendencia se hubiera extendido por el mundo.

Fueron los antepasados ​​de estos primeros pioneros internacionales quienes finalmente regresaron a Europa para poblarla.

Craneos neandertales en una exposición del Museo de Historia Natural en Reino Unido.
Los cambios en la forma de los cráneos de los neandertales les han dado pistas a los científicos sobre su evolución. Pero aún hay muchas preguntas por responder.

– Las causas de la extinción

La investigación también ofrece una nueva perspectiva sobre por qué los neandertales se extinguieron tan pronto después de que los humanos modernos llegaran de África. Nadie sabe que ocurrió con exactitud, pero las nuevas evidencias nos alejan de las teorías de que nuestra especie los exterminó o de que éramos de alguna manera superiores física o intelectualmente a ellos.

En cambio, el profesor Krause dice que respalda la opinión de que se debió a factores ambientales.

«Tanto los humanos como los neandertales se extinguieron en Europa en esta época», dijo. «Si nosotros, como especie exitosa, nos extinguimos en la región, entonces no es una gran sorpresa que los neandertales, que tenían una población aún más pequeña, se extinguieran».

Un cráneo neandertal.
Un cráneo de neandertal. La especie vivió junto a nosotros durante miles de años hasta que se extinguió hace unos 40.000 años.

En ese entonces, el clima era increíblemente inestable. Podía pasar de ser casi tan cálido como hoy a ser terriblemente frío, a veces durante la vida entera de una persona, según el profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, quien no participó en la nueva investigación.

«El estudio muestra que cerca del final de su tiempo en el planeta, los neandertales eran muy pocos en número, menos diversos genéticamente que los homólogos humanos modernos con los que vivieron, y puede que no haya hecho falta mucho para llevarlos al borde de la extinción«, dijo.

Un estudio de ADN independiente, publicado en la revista Science, muestra que los humanos modernos conservaron algunos rasgos genéticos clave de los neandertales que pueden haberles dado una ventaja evolutiva.

Uno se relaciona con su sistema inmunológico. Cuando los humanos emergieron de África, eran extremadamente susceptibles a nuevas enfermedades que nunca habían encontrado. El cruce con neandertales proporcionó protección a su descendencia.

«Tal vez obtener ADN neandertal fue parte del éxito porque nos dio mejores capacidades de adaptación fuera de África«, dijo el profesor Stringer.

«Nosotros habíamos evolucionado en África, mientras que los neandertales habían evolucionado fuera de África».

«Al cruzarnos con los neandertales obtuvimos una solución rápida para nuestro sistema inmunológico».

nuestras charlas nocturnas.

Las ráfagas de ondas de radio procedentes del espacio profundo no son alienígenas…


nterpretación artística de una ráfaga de radio de rápida (FRB, por sus siglas en inglés) alcanzando a la Tierra.

National Geographic(N.Drake) — Durante años, misteriosas ráfagas de ondas de radio procedentes de miles de millones de años luz de distancia han dejado sin habla a los científicos en la Tierra.

Con una duración de tan solo unas milésimas de segundo, las ráfagas –llamadas ráfagas rápidas de ondas de radio o FRB, por sus siglas en inglés– aparecen aleatoriamente en el cielo y se detectan con frecuencia escondidas entre compilaciones de datos meses o años después de haber alcanzado la Tierra.

Los científicos no han sido capaces de descubrir qué son esos estallidos centelleantes, sugiriendo diferentes causas como agujeros negros que se evaporan, objetos de gran densidad que colisionan o resplandores de estrellas muertas, entre otros culpables.

Durante un tiempo, algunos incluso pensaron que los misteriosos estallidos eran un producto creado por la vida en la Tierra en lugar de señales procedentes del exterior de la galaxia. Los “aliens” parecían ser la explicación favorita de los lectores de las historias que hablaban del misterio.

Ahora, tras haber estudiado en un nuevo estallido la forma en la que las ondas de radio están entrelazadas y desperdigadas, un equipo de científicos ha desvelado algunas pistas importantes sobre la procedencia de las ráfagas: se han formado lejos, muy lejos, en una zona con un plasma altamente magnetizado y denso, y han viajado atravesando dos nubes de gas antes de alcanzar el telescopio del Green Bank en el oeste de Virginia.

“Podrían proceder de una región donde se está formando una estrella, de los restos de una supernova, o de las regiones internas más densas de una galaxia.

Pero todas esas opciones apuntan hacia una población de estrellas jóvenes, una región donde se están creando estrellas o donde las estrellas están muriendo y explotando”, explica Kiyoshi Masui, de la Universidad de la Columbia Británica, quién describió hoy la ráfaga en la revista Nature.

“Hay muchas teorías sobre lo que son estas ráfagas rápidas de radio. No apostaría ciegamente por ninguna de ellas, pero mi favorita es la de que los destellos proceden de las magnetoestrellas”, dijo refiriéndose a un tipo de tempestuosas estrellas de neutrones extremadamente magnéticas.

  • El procesamiento de los datos

Crece el misterio de las ráfagas extragalácticas de radio | Ciencia

Masui y sus colegas encontraron la ráfaga, llamada FRB 110523, en los datos que recolectaron mientras estudiaban la estructura a gran escala del universo.

Tras quedar intrigados por las ráfagas rápidas de radio, el equipo decidió buscar las cortas pero intensas señales y diseñó un programa informático para filtrar las 650 horas de observaciones.

El software encontró 6496 candidatas a ráfagas, y la desafortunada tarea de revisarlos manualmente recayó sobre Hsiu-Hsien Lin de la Universidad de Carnegie Mellon, quien identificó claramente la señal auténtica entre los miles de impostores.

La ráfaga explotó el 23 de mayo del 2011 en la constelación de Acuario y duró apenas tres milisegundos.

Debido a la forma en la que el equipo estaba observando el cosmos, los científicos fueron capaces de extraer información importante sobre el origen del estallido.

Crear mapas de la materia en el universo significa obtener información detallada sobre la polarización, o cómo está orientada la radiación que recibimos, por ejemplo, la luz o las ondas de radio.

“Tienen que recolectar datos de mucha calidad, muy bien calibrados, que incluyan información completa sobre la polarización”, explica el astrónomo Scott Ransom del Observatorio Radioastronómico Nacional. “Es algo exagerado en casi todas las observaciones de los púlsar, que es donde la mayor parte de las ráfagas rápidas de radio han sido vistas en el pasado”.

Algunas pistas importantes estaban escondidas en esos datos de polarización. Las ondas de radio se habían trenzado mientras viajaban por el cosmos, algo que solo puede ocurrir si han atravesado un campo magnético.

Midiendo hasta qué punto las ondas estaban trenzadas, el equipo pudo determinar la intensidad del campo magnético, y nada en la Vía Láctea es lo bastante fuerte como para enrollar una onda de radio hasta tal punto.

“Simplemente no hay tanta magnetización ahí fuera”, explica Masui. “Y hasta donde podemos ver, la mayor parte del espacio entre nosotros y el estallido es simplemente espacio vacío… así que lo que queda es pensar que la magnetización procede de la propia fuente”.

Pero aún hay más. El equipo ha determinado que además de originarse cerca de un campo magnético intenso, la ráfaga atravesó al menos dos nubes de gas ionizado.

Mientras lo hacía, las nubes dispersaron las ondas de radio y alteraron la forma de la ráfaga, provocando marcas visibles que solo aparecieron cuando el equipo miró los datos en intervalos de millonésimas de segundo. La primera de esas nubes, dice Masui, se encuentra en el origen de la señal; la segunda está en algún lugar de la Vía Láctea.

Por último, el equipo se dio cuenta de que la ráfaga no podía haber viajado más de seis mil millones de años luz antes de llegar a la Tierra.

“Bueno, podría haber viajado una distancia de entre seis mil millones y cien millones de años luz”, aclara Masui.

Los astrónomos que han estudiado estas explosiones dicen que el trabajo del equipo es sólido, y que cobra fuerza la idea de que las señales provienen del exterior de la galaxia.

“Es increíble lo que han conseguido con una cantidad tan pequeña de datos”, dice Ransom. “Si estas cosas vienen realmente del exterior de la galaxia, sería alucinante, simplemente no las entendemos.”

  • ¿Magnetoestrellas?

Magnetares, las estrellas con el campo magnético más potente de todo el  Universo - ACIEAU

Masui y sus colegas sospechan que las ráfagas se originaron en una región joven donde se están formando estrellas en una galaxia lejana. ¿Pero en qué galaxia? “Hay algo así como 100 galaxias candidatas en las que podría estar no tenemos ni idea”, afirma Masui. Las regiones donde se forman estrellas son conocidas por ser polvorientas, turbulentas y esporádicamente violentas.

En estos lugares, las estrellas jóvenes se encienden cuando el empuje de la gravedad transforma los nódulos de polvo en calderas nucleares y las estrellas más grandes, más brillantes, viven fugazmente y mueren de forma explosiva.

Cuando mueren algunas de esas estrellas de gran tamaño, sus cadáveres se transforman en imanes: estrellas de neutrones que giran, son jóvenes y altamente magnéticas. Son increíblemente densas, objetos asombrosamente exóticos con campos magnéticos millones de veces más fuertes que los imanes más potentes que encontramos en la Tierra.

De vez en cuando, terremotos estelares se propagan por la corteza de la magnetoestrella afectando a la estrella muerta y produciendo grandes resplandores que emiten intensos rayos gamma.

Ahora, los astrónomos sospechan que estas resplandecientes magnetoestrellas podrían también emitir ondas de radio, y podrían ser las responsables de las ráfagas rápidas de radio.

“Están entre las fuentes de radiaciones de alta energía más poderosas –aparte del Sol, el cual es casualmente nuestro vecino– que recibimos en la Tierra”, explica el astrofísico de Caltech, Shirinivas Kulkarni, quien dudó durante años que las explosiones viniesen del exterior de la Vía Láctea.

Ahora, dice, la preponderancia de las evidencias sugieren un origen extragaláctico para el fenómeno, una conclusión que él mismo publicó esta semana en un trabajo enviado al arXiv.

“Todas las pruebas que he hecho para demostrar que los estallidos se producen cerca han fallado”, afirma.

En este reciente trabajo, Kulkarni y sus colegas han mirado con detalle el estallido detectado por el Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. De forma independiente, llegaron a conclusiones muy similares a las de Masui y sus colegas: el estallido procede del exterior de la galaxia, de una región con un plasma denso, altamente magnetizado, y podría ser obra de una magnetoestrella.

Así que, aunque los equipos han conseguido esta información de tan solo dos de las 16 ráfagas rápidas de radio detectadas, los resultados son una buena noticia para los científicos que buscan el origen de las señales, una búsqueda que debería volverse más sencilla con la nueva generación de telescopios que está por llegar.

“Es muy emocionante”, dice Duncan Lorimer, el astrónomo de Virginia que descubrió la primera ráfaga en el 2007. “Definitivamente estamos avanzando hacia la resolución del misterio”.

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Entre historia y arqueología, ¿Cuál es el pasado?…


Gran Esfinge y Gran Pirámide de Guiza fotografiadas durante el día en Guiza, Egipto

Meer(M.Zeida) — ¿Cómo terminar mi segundo año de la Maestría en Estudios Histórico-arqueológicos en la Universidad de Buenos Aires sin pensar en la relación entre la arqueología y la historia, debatiendo sobre hasta qué punto dos disciplinas distintas confluyen en un mismo espacio? Tal es mi propia experiencia.

En este año cambié varias veces mi tema de tesis. Aprendí que escribir es un oficio oficiante, y que investigar es construir y destruir un edificio en el que a veces se suma, y otras se restan los pasos andados.

Para mi tema actual, que es el estudio del contacto cultural entre grecomacedonios y egipcios en el Egipto Ptolemaico, la arqueología histórica se ha convertido en una herramienta de fundición usada por una no arquitecta, es decir, arqueóloga en teoría. Útil por sus aportes multidisciplinarios, retadoramente.

He terminado por seleccionar como fuente los Decretos Sacerdotales Trilingües modelados en suelo egipcio por un grupo de sacerdotes egipcios que vivieron el reinado fundado por Ptolomeo I Sóter (de origen macedonio y general del icónico Alejandro Magno, de quien mucho se ha escrito, tanto en ficción como no ficción).

Esto necesariamente implica estudiar tanto la materialidad de los decretos redactados en forma de estelas en piedra, que fueron hallazgos arqueológicos en zonas de la geografía egipcia, como un análisis, en lo posible, de las ideas que movieron a los hombres que los redactaron. Implica pensar en los sacerdotes de los templos egipcios y en lo que un arqueólogo argentino ha definido como el «paisaje», en su subjetivación socialmente construida, relacional y significante.

Los jeroglíficos conllevaban una doble dimensión, teniendo una función estética simultánea a la de representar las palabras de los dioses
Los jeroglíficos conllevaban una doble dimensión, teniendo una función estética simultánea a la de representar las palabras de los dioses

Las relaciones entre esos sacerdotes egipcios y los reyes y sus administradores extranjeros también llevan a situarse en lo que podemos llamar territorio, espacio o paisaje, en el que pensaron y vivieron humanos preocupados por su tiempo y su destino como nosotros.

Por eso pienso que para los historiadores y antropólogos es imprescindible conocer los trabajos de los arqueólogos y manejar sus datos.

Debiéramos repensar el concepto y el objeto de la arqueología histórica global y latinoamericana.

También la relación entre la antropología y la arqueología histórica, pues ya no se dedica solamente al estudio de sociedades exóticas el antropólogo, y ambos hacemos trabajo de campo.

Sin embargo, es una gran ventaja valerse de las fuentes históricas por excelencia, que son los documentos escritos.

Entre ellos se cuentan los redactados sobre los más variados soportes, como las piedras de las estelas que ya he mencionado.

Algunos enfoques restringen la arqueología histórica a América Colonial, en función de la existencia de la escritura y no así, por ejemplo, al área andina, donde los incas no nos legaron documentos.

Esto es propio de la manera tradicional de la Historia como oficio de historiadores.

Esto plantea una disyuntiva, pues desde Annales, una revista y movimiento científico promovido por historiadores franceses del siglo XX en 1929, se ha empleado cada vez más el registro arqueológico.

Es decir, aquellos nuevos datos que construyen los arqueólogos en sus excavaciones y análisis posteriores a partir de la cultura material, con una elevada especialización. Así, hay una mutua dependencia entre lo que hacen los arqueólogos y los historiadores cuando estudian los pasados, que en la práctica es necesaria para quien se sitúa en una u otra disciplina.

Si definir a la arqueología histórica es difícil, no es tan problemático comprender que es un método multidisciplinar que comprende tanto al documento escrito como al registro arqueológico, muy útil para pensar en el trabajo que realizan, o que pudieran hacer, los arqueólogos en otras latitudes y periodos, como la arqueología clásica o la que se realiza en Egipto al estudiar la religión un arqueólogo como Quirke (2015), a fin de cuentas.

No solo la práctica de los arqueólogos se condiciona por los métodos y teorías usados en las excavaciones o prospecciones, sino que los historiadores y antropólogos somos más conscientes de que los nuevos datos que ellos construyen cimentan y fundamentan nuestras interpretaciones en otras áreas del saber. Pero solo apuntamos ideas sobre el alcance de la arqueología histórica.

En resumen, ¿cómo pueden sernos útil la arqueología histórica y las teorías del paisaje para interpretar la historia antigua y nuestras concepciones antropológicas sobre los rituales y la relación entre escritura y datos arqueológicos en un contexto donde ambas fuentes se solapan? Al hacer el resumen de mi paso por la Universidad de Buenos Aires, he aprendido que solo tenemos la certeza de volver a interrogar al pasado.

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Sin las vacunas, estas 6 enfermedades infantiles podrían volver…


El sarampión, que se eliminó en EE.UU. en 2000 pero ha resurgido, puede ser peligroso para los niños menores de 5 años. En 2024 se han producido 16 brotes de sarampión, frente a los cuatro de 2023.

The New York Times(E.Baumgaertner) — Algunas de las personas elegidas por el presidente electo Donald Trump para ocupar los principales cargos de salud pública del gobierno han expresado su escepticismo sobre la seguridad de las vacunas infantiles. Es un sentimiento compartido por un número cada vez mayor de padres, que optan por no vacunar a sus hijos.

Pero mientras todo el mundo parece hablar de los posibles efectos secundarios de las vacunas, pocos discuten las enfermedades que previenen.

Ha pasado medio siglo o más desde que muchas de las inoculaciones se hicieron rutinarias en Estados Unidos, y la experiencia de padecer estas enfermedades se ha borrado en gran medida de la memoria pública. Las preguntas actuales sobre la relación riesgo-beneficio de las vacunas podrían ser solo producto del propio éxito de las vacunas.

Esto es lo que la gente debe saber sobre seis enfermedades antaño comunes que las vacunas han contenido durante décadas.

El sarampión, una infección vírica que suele propagarse al toser o estornudar, es extraordinariamente contagiosa: nueve de cada 10 personas que estén cerca de una persona infectada contraerán el sarampión si no se han vacunado.

El sarampión puede contraerse en una habitación hasta dos horas después de que una persona con la enfermedad la haya abandonado.

El sarampión no es una enfermedad leve, sobre todo para los niños menores de 5 años.

Puede causar fiebre alta, tos, conjuntivitis y erupciones cutáneas, y si deriva en neumonía o encefalitis —inflamación del cerebro— puede llegar a ser letal rápidamente.

Antes de que se autorizara la vacuna en Estados Unidos en 1963, casi todos los niños habían contraído el sarampión al alcanzar los 15 años. Decenas de miles de pacientes de sarampión eran hospitalizados cada año, y entre 400 y 500 de ellos morían.

Dos dosis de la vacuna MMR, también conocida como triple viral, tienen juntas una eficacia de alrededor del 97 por ciento en la prevención del sarampión. Pero los epidemiólogos afirman que es necesaria una tasa de cobertura de vacunación del 95 por ciento para evitar la transmisión del virus en una comunidad. En los últimos cuatro cursos escolares, la tasa de vacunación en guarderías ha caído por debajo de ese umbral; en algunas comunidades, muy por debajo.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), unos 280.000 alumnos de guardería de Estados Unidos están ahora desprotegidos, y el sarampión —que se eliminó de Estados Unidos en 2000— ha resurgido desde entonces. En 2024 se han producido 16 brotes de sarampión, frente a los cuatro de 2023.

En las comunidades donde se propaga, incluso un niño vacunado puede contraer ocasionalmente la enfermedad, aunque sus síntomas suelen ser menos graves.

La palabra griega diphthera significa “cuero”, una referencia adecuada para una infección bacteriana que crea una membrana gruesa y gris sobre la garganta y las amígdalas, asfixiando a sus víctimas.

Hubo un tiempo en Estados Unidos en que hasta ocho niños de una misma familia sufrían ese destino, una carga tan grave que un historiador de la ciencia la llamó “el azote mortal de la infancia”.

La toxina que provoca la enfermedad es producida por una cepa de bacterias en las gotitas respiratorias y actúa matando los tejidos sanos, lo que puede provocar dificultades para respirar y tragar, especialmente entre los niños pequeños con vías respiratorias más pequeñas.

También puede dañar gravemente los sistemas cardiaco y nervioso, provocando insuficiencia cardiaca o parálisis.

Incluso con tratamiento, una de cada 10 personas que padecen difteria respiratoria muere a causa de ella, según los CDC.

La infección se puede prevenir ahora en niños pequeños mediante múltiples dosis de la vacuna DTaP, y los preadolescentes y adultos reciben refuerzos llamados Tdap. Gracias a las vacunaciones, los casos en Estados Unidos han pasado de más de 100.000 al año en la década de 1920 a —en promedio— menos de uno.

A black-and-white archival photo of several iron lung machines in two large rows of at least five each as doctors and nurses in white medical gowns, some wearing face masks, tend to the patients.
Médicos y enfermeras se arremolinan sobre pacientes con respiradores de pulmón de acero en la sala de urgencias de poliomielitis del Haynes Memorial Hospital de Boston, Massachusetts, en 1955.Credit…Associated Press


Una infección de tétanos plenamente desarrollada puede ser una visión alarmante: los puños cerrados, la espalda arqueada, las piernas rígidas por espasmos musculares extremos e insoportables que duran varios minutos. Fluctuaciones extremas de la tensión arterial. Corazón acelerado. Músculos del cuello y del estómago tan tensos que impiden respirar.

El tratamiento del tétanos debe ser inmediato, y hasta el 20 por ciento de quien se infecta muere.

Todo empieza con una bacteria que permanece latente en la tierra y en las heces de los animales hasta que entra en el cuerpo a través de la piel abierta, como en un corte. El microbio empieza a crecer, dividirse y liberar una toxina que afecta los nervios.

Las vacunas que contienen el toxoide tetánico empezaron a administrarse a los niños en EE. UU. en la década de 1940, cuando se producían más de 500 casos al año. Ahora los niños están protegidos mediante múltiples dosis de la vacuna dTap, que también protege contra la difteria y la tos ferina (también conocida como tos convulsa). Desde 2000, el número anual de casos es inferior a 50.

El virus de las paperas, que se propaga a través de la saliva y las gotitas respiratorias, provoca fiebre e inflamación de las glándulas salivales de los oídos —por eso los pacientes suelen tener la mandíbula y las mejillas hinchadas— y, en casos graves, puede causar sordera.

La enfermedad es peligrosamente insidiosa: puede permanecer latente hasta un mes antes de que aparezcan los síntomas, y la mayoría de las personas son infecciosas antes de que se les inflamen las glándulas salivales.

Las complicaciones son más frecuentes en adultos que en niños, pero pueden incluir inflamación de ovarios y testículos —que puede causar infertilidad o esterilidad— o del cerebro y la médula espinal, lo que puede exponer a los pacientes al riesgo de convulsiones y derrames cerebrales.

Estados Unidos empezó a vacunar contra las paperas en 1967 y posteriormente se produjo un descenso del 99 por ciento de los casos. Pero los casos anuales en Estados Unidos —que antes oscilaban entre 200 y 400— han superado los 1000 nueve veces desde 2006. En tres ocasiones superaron los 6000.

A close-up view of the swollen glands under the left jaw of a two-year-old boy.
La hinchazón de un paciente varón de 2 años con paperas. 

El primer signo de la rubeola suele ser una erupción en la cara, y aunque la infección suele ser leve en los niños, puede resultar devastadora para las mujeres embarazadas a las que infecta.

Cuando se transmite al feto, la rubeola puede causar un aborto espontáneo o provocar defectos congénitos graves, como problemas cardiacos, daños en el hígado o el bazo, ceguera y discapacidad intelectual. Cada año nacen en el mundo al menos 32.000 bebés con síndrome de rubeola congénita. Aproximadamente un tercio de ellos muere antes de cumplir un año.

La rubeola se transmite al toser y estornudar, y hasta la mitad de las personas que contagian la infección no saben que la tienen. La mayoría de las mujeres que contraen la rubeola en la edad adulta dicen experimentar artritis. En casos raros, la rubeola también puede causar infecciones cerebrales y problemas hemorrágicos. No existe un tratamiento específico.

Antes de que se autorizara una vacuna en Estados Unidos en 1969, la rubeola era frecuente entre los niños pequeños, con repuntes que se producían en un ciclo de seis a nueve años. En 2004, Estados Unidos declaró eliminada la enfermedad. Ahora las infecciones se importan sobre todo de otras partes del mundo; los casos anuales se redujeron de unos 47.000 antes de la vacuna a solo seis en 2020.

Los padres de principios de la década de 1950 vivían con un terror que pocos podrían imaginar más tarde: la perspectiva sustancial de que su hijo pudiera tocar el juguete equivocado y acabar en una silla de ruedas, en un pulmón de acero o en una tumba.

Las epidemias de poliomielitis, que venían produciéndose desde hacía décadas, habían adquirido una nueva magnitud a mediados del siglo XX, matando o paralizando cada año a más de medio millón de personas en todo el mundo. Las familias evitaban los espacios públicos y rechazaban las citas para jugar en verano, sabiendo que la enfermedad atacaba con rapidez: en palabras del historiador y escritor Richard Rhodes: “Un día te dolía la cabeza y una hora después estabas paralizado”.

En algunas partes del mundo, la enfermedad sigue siendo una gran amenaza. Se transmite por exposición a materia fecal, como en alimentos u objetos contaminados. La mayoría de quienes contraen el virus no presentan síntomas visibles, aunque pueden transmitirlo. Aproximadamente una cuarta parte desarrolla síntomas comunes de la gripe, como dolor de garganta, fiebre y náuseas.

En casos graves, la poliomielitis puede afectar a los nervios y al cerebro, causando meningitis y parálisis. Cuando se ven afectados los músculos responsables de la respiración, el caso puede ser letal. E incluso décadas después de una infección de polio resuelta, las personas pueden experimentar debilidad muscular y atrofia, lo que se conoce como síndrome postpolio.

En Estados Unidos, las vacunas redujeron los casos de poliomielitis paralítica de más de 21.000 en 1952 a solo uno en 1993. Pero en 2022, los CDC confirmaron un nuevo caso en el condado de Rockland, Nueva York, que tenía una baja cobertura de vacunación. La agencia calificó el caso único de emergencia de salud pública.

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Llega gel para tratar disfunción eréctil, la cual padece 50% de los mayores de 40…


Selecciones de Reader´s Digest(E.Ramos) — La disfunción eréctil (DE) —la impotencia o la incapacidad de lograr o mantener una erección firme para tener una relación sexual satisfactoria— es un padecimiento sexual masculino muy común y su prevalencia va en aumento.

Se estima que en los próximos años la incidencia de dicha enfermedad crezca en más del 50 por ciento en detrimento de la salud de los hombres y del bienestar de la pareja.

Este padecimiento afecta aproximadamente a 55% de los hombres mexicanos entre los 40 y 70 años, según cifras de la Secretaría de Salud.

“Los problemas de erección no sólo impactan la salud sexual, sino también la autoestima y la confianza de quienes los padecen”, precisó el doctor Alejandro Ibarra, especialista en urología.

El especialista consideró que es fundamental que este tema se aborde con seriedad y sin tabúes, en el marco de la presentación de un gel de venta libre para el tratamiento de la disfunción eréctil llamado Eroxon.

Ibarra apuntó que el producto, que ya está a la venta, se distingue por un mecanismo de acción que combina efectos de enfriamiento y calentamiento que estimulan los nervios del pene, lo que aumenta el flujo sanguíneo, lo que facilita la erección.

“Esta alternativa puede cambiar la vida de infinidad de hombres y sus parejas al devolver no sólo la erección, sino también la confianza”, dijo el también especialista en andrología.

La sexóloga Irene Moreno destacó la necesidad de tratar la disfunción eréctil con productos clínicamente probados. “Los remedios caseros y los productos milagro no son la solución”, afirmó tras considerar que se debe hablar abiertamente sobre la disfunción eréctil y buscar tratamientos efectivos y seguros”.

A pregunta expresa, detalló que el producto no requiere prescripción médica y es de fácil uso, pues se aplica directamente en la cabeza del pene con un masaje de 15 segundos.

“Su rápida acción permite a las parejas recuperar la espontaneidad en sus encuentros íntimos, por lo que no sólo es una opción más en el tratamiento, sino una herramienta revolucionaria para mejorar la calidad de los encuentros sexuales de las parejas”.

Prevención

La prevención es clave cuando se trata de la salud sexual, y esto incluye abordar la disfunción eréctil con seriedad y responsabilidad.

Es fundamental que cualquier tratamiento se realice bajo la supervisión de un profesional de la salud y que se utilicen únicamente medicamentos certificados y aprobados. Estos medicamentos no solo han pasado por rigurosos controles de calidad y eficacia, sino que también garantizan la seguridad del paciente.

Evitar el uso de productos no certificados es crucial para prevenir complicaciones y asegurar una mejora real en la calidad de vida. Recuerda, la salud no es un juego, y cuidarla con los métodos adecuados es el primer paso hacia un bienestar integral.

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Canciones con historia: «Amazing Grace»…


aretha franklin
Aretha Franklin.

JotDown(E.deGorgot) — El 17 de junio de 2015, un terrorista entró en una iglesia de la ciudad de Charleston, en Carolina del Sur. Impulsado por su ideología racista y dispuesto a provocar una guerra civil entre blancos y negros —aquella iglesia era frecuentada por miembros de la comunidad negra local—, vació el cargador de su pistola sobre los asistentes.

Nueve de ellos murieron. Entre las víctimas estaba Clementa Carlos Pinckney, senador estatal y relevante miembro del Partido Demócrata, que trabajaba en la campaña electoral de la candidata presidencial Hillary Clinton. El ataque, por descontado, conmocionó a la nación por su brutalidad, y la muerte de un respetado político le añadió un extra de resonancia mediática.

En el multitudinario funeral por la memoria de Pinckney, celebrado en la cancha de baloncesto de la universidad de Charleston, participó el entonces presidente Barack Obama. Si vieron los noticiarios en aquellos días, recordarán el momento en el que Obama empezó a cantar un himno religioso.

En España puede sorprender esta actitud en un funeral, pero hablamos de una canción que la comunidad negra asocia a la esperanza y la alegría, incluso en los peores momentos y ante la propia muerte. De ahí las sonrisas que lucieron de inmediato quienes compartían el estrado con él.

El que todo un presidente entone una canción durante un acto que casi tenía carácter de funeral de Estado es algo que no sucedería aquí, pero que tiene mucho sentido en los Estados Unidos. «Amazing Grace» es uno de los himnos religiosos más relevantes de todos los tiempos y seguramente el más importante en aquel país. Una canción, hay que decir, que no es americana. Proviene del Reino Unido, donde es también una pieza muy popular. Pero no es lo mismo.

En los Estados Unidos ha alcanzado categoría de hito cultural de primer orden. Es un estándar musical recurrente, pero esto sucede también con otros temas del góspel o de la música folclórica; lo que distingue «Amazing Grace» de cualquier otra canción es que tiene una significación especial para diversos grupos étnicos.

Para la comunidad negra es una canción emblemática. Muchos artistas afroamericanos la han grabado en disco o la han interpretado sobre los escenarios, y siempre con un cuidado especial. El texto de la canción, para ellos, expresa la progresiva superación de todos los agravios que han sufrido, y todavía sufren, en muchos ámbitos. ¿Lo más chocante? Que ese texto fue escrito por un inglés blanco que, para más inri, fue traficante de esclavos.

Aunque esto contiene menos ironía de lo que pueda parecer a primera vista, desde luego llama la atención. Pero hay más: este hecho es quizá menos conocido, pero «Amazing Grace» se ha convertido también en el himno nacional de los indios cherokee, lo cual, como es fácil de deducir, también tiene una historia detrás.

Viajemos al siglo XVIII para conocer a John Newton, un personaje cuya biografía es digna de alguna novela de Robert Louis Stevenson o Joseph Conrad. El autor de la canción cristiana más importante del mundo anglosajón fue, al menos durante su juventud, cualquier cosa excepto un individuo beatífico.

De hecho, era toda una pieza, un vividor sobre el que alguien debería rodar una película o una miniserie; de momento, ya le han dedicado un musical en Broadway, así que cabe esperar que HBO o Netflix recojan el guante. John Newton nació en Londres en 1725. Se crio en una familia burguesa y puritana; su madre, Elizabeth, murió cuando él tenía siete años y le transmitió unas enseñanzas religiosas que él, según sus propias palabras, tardó décadas en tomarse en serio.

Su padre, también llamado John Newton, era capitán de la marina mercante; con la esperanza de que continuase su camino y terminase también capitaneando un barco, se lo llevó consigo de grumete a muy temprana edad, recién cumplidos los once años. La disciplina era muy rígida, la vida en un buque precaria, y el trabajo de marinero raso muy duro, propio de gente muy pobre que no tenía mejores perspectivas en tierra firme, pero John contaba con la ventaja de estar tutelado por su padre.

Para llegar a capitán había que provenir de una buena posición social, pues el puesto requería estudios y contactos, y la oficialidad estaba plagada de hijos de familias adineradas que habían recibido una educación exquisita. Así, John podía empezar a aprender desde abajo y convertirse en aspirante a oficial apenas terminada la adolescencia. Ese era, al menos, el plan paterno.

El joven John, pues, creció en el mar. Sin embargo, para disgusto de su progenitor, comenzó a mostrar una fuerte personalidad marcada por la rebeldía y una conducta desordenada muy impropia del hijo de un capitán. El chaval se estaba pareciendo más a los marineros de origen proletario que a su propia familia, así que su padre, para intentar domarlo, lo devolvió a tierra y lo ingresó en un internado. Esa medida, en el siglo XVIII, no era poca cosa.

El castigo físico era la norma en las escuelas británicas, como ilustraba un elocuente refrán de la época: «Los ingleses quieren más a sus perros que a sus hijos». La situación era aún peor en los internados, y John se vio sometido a un duro régimen que incluía palizas y toda clase de maltratos; un régimen cuya severidad tal vez excedía lo que su padre había pretendido.

Lo único que le permitió sobrellevar aquello fue su habilidad para el aprendizaje de las lenguas clásicas, un talento que atrajo la atención de uno de sus tutores y le supuso un cierto nivel de protección frente a la violencia indiscriminada del resto del profesorado.

El paso de John por aquella escuela carcelaria duró solamente dos años, los únicos en los que recibió algún tipo de educación reglamentada durante su infancia y primera juventud, algo insólito para un muchacho de su estrato socioeconómico.

Al finalizar aquel agobiante periodo escolar, volvió a navegar junto a su padre. Pocas cosas habían cambiado. Su actitud seguía siendo la misma, o peor. El capitán Newton, no sabiendo muy bien qué hacer con su insurrecto retoño, depositó sus esperanzas en una posible carrera administrativa.

Usando sus contactos, convenció al director de una plantación de caña en Jamaica para que tomase a John como aprendiz. Aquella hubiese sido una salida profesional con buenas perspectivas y muy apropiada para su posición social pues, de llegar a administrador de la explotación azucarera, podía ganar mucho dinero.

Pero él no parecía pensar igual. Cuando faltaban pocos días para zarpar hacia el Caribe, John visitó a unos parientes lejanos de su madre, cuya casa quedaba de camino al puerto. Una de las hijas de la familia, Mary Catlett, a la que todos llamaban «Polly», le provocó una honda impresión. Polly era casi tres años menor, pero John decidió que iba a ser la mujer de su vida.

Sin avisar a su padre, prolongó su estancia en la casa… mientras el barco con rumbo a Jamaica levaba anclas sin él, haciendo añicos la posibilidad de conseguir su prometedor empleo. Suponemos que cuando su padre recibió la noticia debió de sentirse atónito y furioso. Pero también se rindió a la evidencia: su hijo no quería ser oficial, ni tampoco comerciante. Como ya se había jubilado, habló con sus conocidos y lo colocó en otro buque mercante.

El chaval ya no gozaría del privilegio de ser el hijo del capitán, lo que justificaba cierta esperanza de que tuviese que someterse a la dura disciplina marinera y que eso le hiciese madurar con rapidez. Tal vez, con el tiempo, John entendería que era preferible la vida más cómoda de un capitán a las penurias propias de un marinero raso. Pero tampoco esto funcionó. Pronto destacó por ser uno de los tripulantes más descontrolados, aficionado a la bebida y la juerga.

También destacaba por su apoteósico uso de las blasfemias. Era tan, tan malhablado, que uno de sus capitanes diría que nunca había escuchado a otro marinero soltar tantas y tan variadas maldiciones de manera tan continuada. Imaginen las barbaridades que John tenía que soltar por su boca para conseguir asombrar ¡a un capitán de barco del siglo XVIII! Eso sí, no había dejado de ser un romántico.

La pizpireta Polly seguía ocupando su corazoncito. Al finalizar uno de sus viajes, su padre le había concertado una importante entrevista como último intento de que obtuviese un puesto más acorde a lo que se esperaba de su estatus social, pero John se fue a visitar a su chica y sencillamente ignoró que tenía aquel compromiso profesional, al que no se dignó presentarse.

Su padre, exasperado, decidió que había tenido suficiente. Volvió a usar sus contactos para colocar a su hijo en un oficio que lo disciplinase, pero esta vez no se anduvo con bromas: pidió a la Royal Navy que expidiese una «requisición» a nombre de su hijo.

La requisición, una orden forzosa de reclutamiento que solía emplearse en tiempos de guerra para obligar a los marineros mercantes a engrosar las tripulaciones de los navíos militares, no podía ser evitada, pues las autoridades no necesitaban justificación ni cabía recurso alguno. John, al recibir el fatídico documento, entendió que no tenía escapatoria.

Se vio obligado a zarpar en el HMS Harwich, un buque de cincuenta cañones. Ahora era militar y, al menos sobre el papel, se habían acabado las tonterías.

John Newton | Biography, Conversion, Hymns, Abolition, & Facts | Britannica
 John Newton

 

Era uno de los marineros más jóvenes del Harwich, pues acababa de cumplir los diecinueve, pero llevaba ya seis años navegando y ese experiencia fue valorada, por lo que se le otorgó un puesto de confianza. En un buque de guerra ya no cabía hacer el gamberro y John trabajó bien mientras estuvo en el puesto, pero claro, no tardó en meterse en problemas.

Durante una escala en Londres, pidió un permiso de veinticuatro horas para ir a visitar a su novia. Como de costumbre, se pasó varios días junto a ella, haciendo caso omiso al plazo establecido. En el barco se preguntaban qué demonios le había pasado. Cuando por fin regresó, solamente el buen servicio que había prestado le evitó un castigo severo.

Pero hubo más. John supo que el HMS Harwich iba a realizar una misión en la India, lo cual significaba que pasaría cinco años sin retornar a Inglaterra. ¡Todo un lustro sin ver a su enamorada! Aquello era algo que no podía asimilar. Antes de zarpar, el capitán lo puso al mando de un bote para recoger pertrechos del puerto y John, aprovechando la ocasión, decidió que iba a desertar.

Se escabulló en los muelles y trató de escapar, pero el capitán envió a los marines en su busca —los buques de la Royal Navy solían llevar soldados armados a bordo—, y estos no tardaron en localizarlo y traerlo de vuelta. Una vez en cubierta, lo ataron a un poste y le propinaron varias docenas de latigazos ante la mirada del resto de la tripulación.

Hundido, el joven Newton supo que ya no podría evitar el viaje de cinco años y llegó a contemplar la posibilidad de asesinar a su capitán, aunque finalmente entró en razón y se contuvo, porque aquello lo hubiese llevado directo a la horca. Al final, sin embargo, la suerte estuvo de su lado.

Se libró del viaje gracias a una inesperada carambola: un acuerdo entre la Royal Navy y una empresa comercial, por el cual el HMS Harwich iba a transferir parte de la tripulación a un barco mercante. John rogó a su capitán que lo incluyese entre los hombres que iban a cambiar de nave.

El capitán, quizá ponderando si merecía la pena aguantar las estupideces de Newton durante los cinco años del periplo asiático, le concedió ese deseo. De este modo, John abandonó la Royal Navy y volvió a la flota civil. Imaginamos que su padre, al saberlo, debió de tirarse de los pelos una vez más.

Su nuevo buque se llamaba Pegasus y se dedicaba a un negocio muy siniestro, pero que en aquellos tiempos no todo el mundo veía con malos ojos: el tráfico de esclavos en África. El buque compraba personas en la costa africana, las llevaba a Estados Unidos y las intercambiaba por mercancías que después vendía en Europa.

Como cabe imaginar, la catadura moral de la tripulación distaba de ser ejemplar, pero incluso así se las arregló John para poner a todo el mundo de los nervios. Su comportamiento se volvió a ser imprevisible: bebía aún más, se mostraba pendenciero y con demasiada querencia por las bromas pesadas, y su lenguaje atroz e irreverente seguía arqueando cejas incluso en marineros crecidos en los peores barrios.

Debía de ser un jovenzuelo insoportable porque, harto de él, su capitán lo encadenó en la misma bodega donde viajaban los infortunados esclavos. Después, al hacer escala en Sierra Leona, vendió a John a Amos Clowe, el traficante que conseguía los esclavos para el buque. Clowe pensó que aquel joven inglés sería un buen regalo para su esposa africana, Peye, princesa de una etnia local.

La mujer estaba acostumbrada a los lujos y no veía con malos ojos el inhumano negocio de su marido europeo; de hecho, poseía unos cuantos esclavos tan negros como ella, a los que trataba bastante mal. Newton se convirtió en siervo de la princesa Peye, y aunque cuenta la leyenda que fueron amantes, eso no le sirvió para evitar los crueles caprichos de su nueva dueña.

A sus veintitrés años, John Newton, un inglés de buena familia, era el sirviente de una princesa africana. Fue el peor momento de su vida; llegó a pensar que nunca saldría de allí.

En Inglaterra, su padre empezó a preocuparse por la ausencia de noticias. Indagando en el mundillo marinero, no tardó en averiguar que John ya no formaba parte de la tripulación del Pegasus, y se temió lo peor. Envió a un capitán amigo a buscar a John; lo encontró y lo rescató tras año y medio de cautiverio.

El viaje de vuelta a Inglaterra, sin embargo, guardaba nuevas sorpresas. Frente a las costas de Irlanda, una terrorífica tormenta —como aquellas que habían diezmado la Armada Invencible sigo y medio atrás— sorprendió al buque mientras la tripulación dormía. Horrorizados, los marineros vieron un agujero en el casco: el buque se estaba inundando.

Aquello suponía una muerte segura. John Newton, desesperado, se acordó de Dios por primera vez desde su infancia, y le rogó que le salvase la vida. De repente, una ola sacudió el buque con tal fuerza que parte del cargamento se volcó y, milagrosamente, quedó encajado en la vía de agua con tan buena suerte que la nave pudo sobrevivir a la tempestad.

John decidió que Dios le había escuchado. Pensó que era hora de convertirse en un devoto cristiano, como su madre le había enseñado.

John Newton's "Amazing Grace" - sung by Elvis Presley - YouTube

Aunque era más fácil decirlo que hacerlo; una vez en tierra, resultó que su conversión no era tan profunda como lo había pensado al contemplar la muerte ante sus ojos, y aunque se apuntó a una congregación evangélica, él mismo reconocería que por entonces seguía sin ser un verdadero creyente y que su religiosidad necesitó años para convertirse en algo sólido.

Eso sí, había empezado a madurar lo bastante como para aceptar, por fin, que su padre le buscase un puesto como oficial que ahora parecía dispuesto a ejercer como una persona adulta. ¿El problema? Que el puesto era en un barco esclavista. Y John, pese a haber experimentado en carne propia el horror de ser encadenado y vendido como sirviente, no parecía ver nada malo en ello.

Décadas después recordaría que era un «despiadado hombre de negocios», y que el trato inhumano que se les daba a los esclavos le parecía algo normal. De hecho, llegó a ser capitán de un barco esclavista. En el cristianismo de la época, al menos en Inglaterra, no había ningún precepto contra la esclavitud; la Biblia la sanciona en algún que otro pasaje, y el tráfico de seres humanos estaba generalmente aceptado.

Había, eso sí, una parte de la sociedad inglesa que empezaba a contemplar ese negocio con aprensión (y eso que no conocían los detalles) pero para John era una buena fuente de ingresos. Cuando tuvo que dejar de navegar a causa de una apoplejía sufrida a edad bastante temprana, veintinueve años, continuó relacionado con el tráfico de esclavos como inversionista.

Los años pasaron y su visión del mundo empezó a cambiar, no obstante. Se casó con su amada Polly, y adoptó como hijas a dos sobrinas que habían quedado huérfanas. Empezó a involucrarse cada vez más en su congregación, hasta el punto de estudiar griego para poder leer los Evangelios en su lengua original, y hebreo y sirio, para comprender mejor el Antiguo Testamento. Llevaba una vida ordenada y se había convertido en un hombre culto. Terminó siendo ordenado como pastor protestante.

Aceptó un puesto de predicador en una tranquila comunidad rural. El que en otro tiempo había sido un bocazas bebedor y gamberro, empezó a atraer multitudes con su oratoria, que según parece, era verdaderamente conmovedora. Su iglesia pronto tuvo que preparar bancadas de más para atraer a todos los que querían escuchar a John Newton. Algo muy creíble, si uno atiende a las magníficas letras de los himnos que empezó a escribir por aquellos tiempos.

Por entonces ya había renunciado a su participación en el tráfico de esclavos, aunque lo hizo de manera discreta y sin pronunciarse en público sobre ello. Ocultó su pasado como esclavista durante buena parte de su vida. Pocas personas de su entorno conocían ese hecho, y él, más avergonzado cuanto más entendía que la esclavitud era una atrocidad, evitaba recordar aquel periodo de su juventud.

Entretanto, publicó un libro de himnos titulado Olney Hymns, con canciones escritas por él y algunos otros, entre ellos su amigo, el poeta William Cowper. Allí apareció la letra de «Amazing Grace» por primera vez. La intención de Newton era la de componer himnos con un lenguaje sencillo que la gente de campo pudiera entender y sentir como propio.

Al contrario que algunos otros escritores de himnos de la época, Newton no intentaba imitar la solemnidad bíblica mediante símbolos grandilocuentes, sino encontrar palabras con las que cualquiera pudiera identificarse:

«Asombrosa Gracia, ¡qué dulce el sonido!, que salvó a un desgraciado como yo. Estuve perdido, pero ahora me he encontrado. Estuve ciego, pero ahora puedo ver».

Como sucede siempre con los grandes letristas, Newton consiguió que cada persona pudiera adaptar el himno a sus propias circunstancias; para los cristianos evangélicos, sobre todo, el concepto de conversión, o «renacer», era similar al de recuperar la vista tras un periodo de oscuridad.

El propio Newton, que ya era un individuo admirado por su entorno, entendía mejor que nadie el proceso de cambio que experimentaban muchos creyentes en su madurez. Eso sí, la íntima vergüenza por su pasado esclavista continuó atormentándolo.

JOHN NEWTON: El comerciante de esclavos rescatado

No fue hasta pasados los sesenta años de edad, siendo ya un respetadísimo pastor y un exitoso escritor de himnos, cuando decidió publicar un librillo —menos de cuarenta páginas— titulado Pensamientos sobre el tráfico de esclavos en África.

Escrito tres décadas después de subir por última vez a un barco, el libro hacía una tétrica descripción de todo lo que había visto de primera mano y exponía la verdad sobre la conducta del hombre blanco en el continente negro:

«Esta confesión llega demasiado tarde y siempre será motivo de humillación para mí: fui un instrumento activo en un negocio ante el cual, hoy en día, mi corazón se estremece.

Mis tercas pasiones y mis locuras me hundieron, durante mi juventud, en una sucesión de dificultades y privaciones que, a la larga, me redujeron a tener que buscar refugio entre los nativos de África. Allí, por el espacio de unos dieciocho meses fui yo mismo, en efecto, aunque sin llevar ese nombre, un prisionero y un esclavo.

Me deprimí hasta el grado más bajo de la desgracia humana. Es posible que no hubiera sido tan completamente miserable si hubiese vivido entre nativos nada más, pero residí con hombres blancos».

Las más de treinta páginas de dramático relato de la compraventa de seres humanos terminaba de manera rotunda, sabiendo Newton que iba a chocar con los sectores más conservadores: «Aunque no quiero ofender a nadie, en esta causa no debo de temer el ofender a muchos por declarar la verdad.

¡Si, como así es, puede haber muchos cuyo interés pueda prevalecer hasta el punto de contradecir el sentido común de humanidad, al defender un comercio tan inicuo, tan cruel, tan opresivo, tan destructivo, como el tráfico de esclavos africanos!».

Newton describía con pelos y señales el trato inhumano que se daba a los esclavos en «la Costa», Costa de Marfil, donde casi todos los esclavistas los compraban.

Pese a que habían transcurrido décadas, aseguraba que aquellas imágenes estaban tan grabadas en su memoria que no se lo podía acusar de malinterpretar su memoria: cómo se hacinaba a los esclavos en las bodegas «cual libros en un estante, para aprovechar el máximo espacio posible», y cómo parte de los infortunados prisioneros morían durante el viaje.

Recordaba que eran frecuentes los motines, y que él mismo, cuando era capitán, había situado armas de fuego frente a la puerta de la bodega para disuadir a los esclavos de que intentasen rebelarse. «La condición de los infelices esclavos está en un continuo progreso de lo malo a lo peor».

Aseguraba que la esclavitud que algunas etnias africanas sufrían en sus propios países parecía «un estado de calma» en comparación con lo que se encontraban a bordo de los buques.

Denunciaba la visión racista que se tenía de los africanos y contradecía lo que algunos famosos libros como Spectacle de la Nature, usado por los esclavistas para justificar moralmente su negocio, contaban en Europa:

«Se me ha dicho a menudo, con gravedad, como prueba de que los africanos, con independencia de la dureza del trato que se les dé, merecen poca compasión. Que son gente tan desprovista de afecto natural que es común, entre ellos, que los padres vendan a sus hijos y los hijos a sus padres.

Y, creo yo, una acusación de esta clase se levanta contra ellos por el respetable autor de Spectacle de la Nature. Pero tiene que haber sido mal informado. Nunca escuché un solo ejemplo de tales cosas mientras estuve en la Costa. (…) Porque, con pocas excepciones, los ingleses y los africanos, recíprocamente, consideran a los otros como villanos consumados que están siempre buscando oportunidades para hacer el mal.

En pocas palabras, nosotros tenemos, me temo que muy merecidamente, una imagen muy desfavorable en la Costa. Cuando alguna vez he acusado a un negro de injusticia y deshonestidad, me ha respondido con aire de desdén: “¡Qué! ¿Piensas que soy un hombre blanco?”».

Su transición de esclavista a abolicionista militante fue tan progresiva como su transición de vividor amoral a pastor puritano, pero nadie duda de que fue sincera. Newton tenía una reputación intachable cuando hizo público su pasado ante mucha gente que lo desconocía, y en principio no tenía ninguna ganancia personal que obtener cuando dio ese paso.

Por entonces, en 1788, el pensamiento abolicionista estaba ganando seguidores en la sociedad inglesa, pero no tenía una gran influencia sobre el poder. Pensamientos sobre el tráfico de esclavos en África no solo se convirtió en un éxito editorial, sino que sacudió la opinión pública.

El diputado William Wilberforce, principal defensor de la abolición de la esclavitud en el Parlamento, quedó muy impresionado; se puso en contacto con Newton y declaró que deseaba dejar la política y ponerse bajo su enseñanza para convertirse en reverendo, pero Newton le respondió: «Debes servir a Dios allí donde estás ahora».

Wilberforce siguió en el legislativo y encabezó una campaña en pro de la prohibición de la esclavitud, de la que Newton fue uno de los grandes referentes. La larga pelea social y política duró dos décadas.

El 25 de marzo de 1807, cuando Newton tenía ya ochenta y dos años, dio por fin sus frutos y el Parlamento aprobó la llamada «Ley de Abolición del Tráfico de Esclavos», que tenía efecto inmediato en todo el imperio británico. John Newton murió unos meses después, a cuatro días de la Navidad de aquel mismo año.

La campaña fue narrada en una película de 2006 donde aparecía el hoy famosísimo Benedict Cumberbatch; pues bien, la película se titulaba precisamente Amazing Grace.

El éxito de «Amazing Grace» a finales del XVIII, sin embargo, era independiente de todo esto. Aunque hoy es inevitable asociar la letra con la biografía del autor, la canción no menciona la esclavitud de manera explícita, ni aun mediante metáforas. Olney Hymns ya conocía varias ediciones a ambos lados del Atlántico cuando Newton hizo saber que había sido un esclavista.

No fue el mensaje abolicionista lo que impulsó la fama de sus himnos religiosos, sino a la inversa. Sucedía que «Amazing Grace» era el más apreciado de todos, pero la noción de que Newton expresaba arrepentimiento por su pasado como traficante de seres humanos, si bien cierta en concepto, no puede extraerse directamente de la letra y es más bien una interpretación posterior sobre una canción que ya era famosa por sí misma.

Eso sí, no sabemos cómo sonaba cuando Newton la cantaba en su iglesia. Siempre que hablamos sobre canciones antiguas cabe recordar que en los siglos XVIII y XIX, los cancioneros populares y religiosos rara vez incluían partituras. Si sabemos cómo sonaban las sinfonías y óperas, por ejemplo, se debe a que las partituras eran reproducidas por y para músicos.

O para familias ricas, las únicas que podían permitirse dar a sus hijos una educación musical formal. La gente pobre rara vez sabía leer el alfabeto, no digamos la notación musical, aunque entre ellos hubiese muchos instrumentistas y compositores con talento. Por eso, es habitual que las canciones populares se expandiesen con rapidez gracias a las recopilaciones impresas de sus letras, pero también que la melodía cambiase de un lugar a otro.

La melodía que conocemos hoy proviene de otra canción titulada «New Britain». Alguien combinó ambas, probablemente en el sur de los Estados Unidos, lo cual fue todo un acierto. En 1835 el musicólogo americano William Walker recogió esa versión en su recopilación de canciones populares llamada The Southern Harmony and Musical Companion, que sí incluía partituras. Si les suena el título, es porque los Black Crowes titularon así (¡maravillosa idea!) su extraordinario segundo disco.

Poco a poco, el himno se convirtió en uno de los favoritos en las iglesias americanas. La biografía de Newton lo convirtió en un canto contra la esclavitud, y los negros estadounidenses del siglo XIX solían entonarlo para sobrellevar su triste condición. Entre 1830 y 1850, además, se produjo un éxodo masivo de nativos, que fueron desalojados de sus tierras y forzados a moverse en reservas —más pobres, menos fértiles— en el oeste de los Estados Unidos.

De este proceso, conocido como el «Sendero de Lágrimas», fueron víctimas tribus de diversas naciones indias: los seminolas, los creek, los choctaw, los chicasaw. Y los cheroquee, que empezaron a cantar «Amazing Grace» de manera similar a los negros, para afrontar su tragedia, aunque a menudo con una traducción de la letra a su propio idioma. Aquella época los marcó tanto, que terminaron adoptándola como himno nacional.

La canción tenía una significación especial para los negros, los indios, y los cristianos evangélicos de los Estados Unidos, pero aún estaba lejos de ser, como decía el título de un libro que repasaba su historia, «la canción más querida por los americanos». Esto se produjo más bien en la segunda mitad del siglo XX, por una conjunción de factores. La primera grabación de que se tiene constancia data de 1922; la publicó Brunswick Records, una discográfica que hace poco ha cumplido un siglo de vida.

La cantaba el grupo coral Sacred Harp que, con distintas formaciones, también ha permanecido vivo hasta hoy. La melodía de aquella grabación es la de «New Britain», la misma que aparecía en The southern Harmony and Musical Companion, que es la estándar y que es básicamente idéntica a la que se sigue interpretando ahora.

Un rasgo muy curioso de esta versión es su ambiente casi fantasmal, propio de grabaciones corales de aquella época. Como se registraban con un único micrófono muy rudimentario, solía producirse ese efecto casi de ultratumba:

Por entonces «Amazing Grace» ya llevaba muchísimo tiempo siendo un estándar en las iglesias estadounidenses, pero todavía no era tan famosa como lo es ahora. Aun así, en paralelo con el auge de la industria discográfica durante los años veinte y treinta, apareció en unos cuantos discos, por lo general grabados por intérpretes negros.

Algunos son bastante difíciles de encontrar hoy. El reverendo J. M. Gates, que solía grabar canciones entremezcladas con sus sermones, como era costumbre en muchos discos de góspel, dejó una breve y estridente versión. Aunque el propio Gates canta bastante bien, resulta obvio que no está acompañado por un coro profesional.

Aun así, por descontado, tiene un enorme encanto. Si uno quiere escuchar cómo sonaba la canción en una congregación religiosa de clase trabajadora, no hay nada más verídico que esto. Al tratarse de un góspel, casi todas las grabaciones tempranas son a capela. La primera versión con acompañamiento instrumental la registró en 1930 un músico blanco, el violinista de country Fiddlin’ John Carson.

No he encontrado un enlace para que la escuchen ustedes (ni siquiera en la página de la Biblioteca del Congreso, donde puede uno toparse con auténticas joyas) pese a que otros de sus discos sí son fáciles de encontrar, incluso en YouTube. Aun así, cabe comentar un hecho interesante:

Carson no cantaba la letra sobre la melodía más conocida, sino sobre otra distinta, sacada del himno religioso «At The Cross». Este cambio de melodía, como he comentado antes, era un fenómeno habitual en la música popular cuando todavía no estaban extendidos los discos o la radio. Y la letra encaja también, como es fácil comprobar.

Estos discos y otros similares no ayudaron a sacar la canción de las iglesias, porque no sonaban mucho en la radio (había emisoras religiosas, pero no tantas como ahora). Hay que adelantar hasta después de la Primera Guerra Mundial para ver «Amazing Grace» convertida en un éxito de ventas.

El cual, cómo no, llegó de la mano de Mahalia Jackson. La «Reina del Góspel» grabó el tema en 1947, y su versión fue la que marcó un antes y un después. La melodía es la tradicional, la de «New Britain», pero Mahalia le dio el tono perfecto y después de ella, casi todos los artistas están influidos por su versión, lo sepan o no.

De hecho sería imitada muchas veces, con gran respeto; en especial, por algunas célebres cantantes femeninas que crecieron escuchándola. La suya, eso sí, era una interpretación menos lineal de lo acostumbrado, con un elegante desarrollo de la melodía principal que no llega a hacerla irreconocible, pero casi.

Por descontado, es hipnótica. Mahalia rara vez se descolgaba con gorgoritos innecesarios; lo suyo era sentimiento constante en cada nota. No en vano hablamos de una de las voces más bellas del siglo XX y de una mujer que tenía un extraordinario buen gusto como intérprete

El éxito de Jackson estableció el tema como un referente discográfico y radiofónico. En 1963, el grupo vocal Soul Stirrers, en el que años atrás había militado nada menos que Sam Cooke, hizo una curiosa interpretación, más alegre y cercana al pop negro de la época, donde imitaban el estilo que el propio Cooke estaba haciendo en solitario.

Las cosas estaban cambiando mucho en la industria musical: unos años antes, semejante versión hubiese sido considerada casi una blasfemia por los cristianos más devotos, en especial los evangélicos. No olvidemos que Sam Cooke provocó un pequeño escándalo entre sus seguidores cuando decidió dejar el góspel para cantar pop y rhythm & blues.

En los sesenta, sin embargo, ya había caído esta barrera. Otros músicos de góspel, como Ray Charles, habían seguido el ejemplo de Cooke y se habían convertido en grandes estrellas interpretando música secular. Esto facilitó que la fama e importancia «Amazing Grace» despegase en aquella década, porque empezó a sonar lejos de las congregaciones religiosas, en voz de artistas que poco o nada tenían que ver con el góspel.

«Amazing Grace» hizo su entrada en los discos de artistas blancos de vanguardia mediante una de esas peculiares carambolas que se dan en el ámbito musical. El himno empezó a sonar en las manifestaciones del movimiento por los derechos civiles. La activista negra Fannie Lou Hamer, por ejemplo, solía entonarla durante las marchas de protesta.

En una de esas marchas estaba Judy Collins, una joven artista de folk procedente de Seattle, que se la escuchó cantar a Hamer en persona. Impresionada por el efecto que aquella música tenía sobre los asistentes, Collins empezó a tocarla en todos sus conciertos. La hizo suya; aquella canción, según sus propias palabras, la ayudó a superar una etapa de severo alcoholismo.

Tras varios años de rodarla en sus giras, terminó grabándola en 1970, durante una bonita sesión en la que aprovechaba la reverberación natural de una iglesia, acompañada por un celestial coro.

También la cantaba Joan Baez, a quien hay que reconocerle el instinto para captar la relevancia histórica de determinadas canciones antes de que sean consideradas hitos por la crítica. Curiosamente, eso sí, Baez tardó en percatarse de que aquello era una tonada eclesiástica y no simplemente una canción reivindicativa. La canción protesta usaba con frecuencia metáforas espirituales cuya simbología provenía de la religión, pero más que nada como un recurso literario, no como una expresión de fe.

La letra de «Amazing Grace», por el contrario, no contiene imaginería bíblica y podía ser interpretada como simple poesía. A través de Judy Collins el movimiento contracultural se había apropiado del tema, confiriéndole un significado social y político, así que la confusión de Baez es fácil de explicar.

Joan Baez quedó muy sorprendida al saber que aquello era un himno cristiano con dos siglos de antigüedad, y ella misma lo explicaría divertida más adelante. Siguiendo con la era hippie, Arlo Guthrie, hijo del legendario Woody Guthrie —el mismo que llevaba en su guitarra aquel cartelito que decía «Esta máquina mata fascistas»—, la interpretó en Woodstock, en 1969.

El éxito de Collins no solo inspiró a los melenudos idealistas, sino también, agárrense, al ejército británico. Dos años después de que la cantautora estadounidense hubiese editado su versión en disco, la banda de gaiteros de la Guardia de Dragones escocesa adaptó la canción.

La fuerza de la melodía en el sonido de las gaitas, apoyadas por otros instrumentos de viento (el momento en que entra toda la banda al arrancar la segunda estrofa es tremebundo) hizo que, pese a tratarse de un típico disco de banda militar, llegase al número uno de las listas de ventas en países como el Reino Unido, Australia o Canadá, y al número once en Estados Unidos.

Sí, amigos, la British Army también tuvo hits en las listas de Billboard. Esto contribuyó a que, además de ser un estándar en las iglesias y una herramienta de protesta política, «Amazing Grace» pasara a sonar con bastante frecuencia en actos oficiales que requiriesen de solemnidad. Esa versión militar también fue la responsable de que no pocas orquestas sinfónicas empezasen a interpretarla, a veces acompañadas por una sección de gaitas.

De protagonista de la esclavitud a activista por la libertad

Volvamos a la discografía civil. La década de los sesenta elevó «Amazing Grace» a su máximo grado de popularidad, y esto se notó en el aluvión de versiones que se produjeron durante la década siguiente. Elvis Presley publicó varios discos de música religiosa. Como sabemos, había crecido cantando góspel y lo interpretaba con total naturalidad.

Quince años después, con treinta y cinco años, su voz era bastante más desgarradora, e interpretaba himnos cristianos con una profundidad emocional remarcable. En 1972 editó el álbum cristiano He Touched Me, donde está su interpretación de «Amazing Grace».

Con cuidadísimos arreglos y una extraordinaria profundidad emocional por parte de Presley, esta es, en mi opinión, una de las mejores y más impresionantes versiones que se han hecho, junto a la de Mahalia Jackson y, por descontado, junto a la de Aretha Franklin.

No lo digo yo, ahí está la opinión de las coristas de Aretha, que trabajaron varias veces con él, y que estaban asombradas por su capacidad para llevar la canción espiritual a otro nivel. Olviden por un momento al Elvis de Las Vegas e imaginen que este es un desconocido que canta en una iglesia.

Elvis captó a la perfección el tono emocional del tema, como si lo hubiese escrito él sobre su propia vida. Pone los pelos de punta, sobre todo cuando canta solo, sin el coro detrás.

Y vamos con Aretha. No menos impresionante es lo que hizo por aquella misma época con la canción. Ambas versiones, la de Elvis y la de Aretha, son muy diferentes entre sí, pero creo que están fuera del alcance de los mortales. La interpretación de Presley era contenida e intimista, mucho más estudiada desde un punto de vista puramente musical y concebida como una pieza en la que cuidar cada compás y cada acompañamiento.

La de Aretha era más propia de una congregación dominical y, por el contrario, estaba basada en sus características explosiones vocales, más pirotécnicas. Lejos de ser intimista, buscaba la catarsis. Lo que no vamos a descubrir ahora es que el rango e intensidad vocales de esta mujer es simple y llanamente increíble.

Por muchas veces que uno lo haya escuchado, nunca deja de sorprender. Sus coristas lo resumían así: Elvis Presley estaba a tope de intensidad emocional incluso en los ensayos, como si estuviese siempre viviendo cada canción a tope, pero Aretha podía hacer lo que le daba la gana con su voz. Literalmente, lo que le daba la gana.

Igualmente impresionantes, o más, son sus interpretaciones en vivo. Cantando góspel, Aretha tiene un fabuloso sentido de la dinámica; más, creo yo, que cuando canta música secular. Imaginen lo que debían de sentir quienes la oían cantar de jovencita en la iglesia: es obvio que esta mujer iba a ser una estrella, sí o sí.

Si quieren poner a prueba su templanza —les aconsejo tener unos pañuelos cerca—, escúchenla cantando en el funeral del cantante Luther Vandross. Por la edad, y por tratarse de un acto luctuoso, Aretha chilla menos, pero puede ablandar el corazón de una puñetera estatua.  Siguiendo con leyendas, Johnny Cash grabó la canción en 1975; la orquestación era un poco demasiado melosa, al menos para mi gusto, aunque su voz suena tan bien como de costumbre.

Otro icono del countryWillie Nelson, la ha registrado en estudio un par de veces. Una de ellas, muy fiel a la versión tradicional, demuestra la insondable habilidad de Willie para conferirle vida y espíritu a lo que canta, pese a que no tiene, objetivamente hablando, una garganta privilegiada.

Recordemos que empezó como compositor de éxito y le costó dar el paso de atreverse interpretar sus propios temas, entre otras cosas porque más de una vez le dijeron «olvídalo, Willie, no sabes cantar». Y bien, Willie no es Elvis o Aretha, pero en su maravillosamente endeble voz cualquier tema es una belleza.

Otra de sus grabaciones es también muy digna de mención porque modifica la melodía, cambiando las armonías mayores habituales por armonías menores, muy tristonas, e incluyendo un solo disonante de su querida guitarra Trigger. Y funciona, claro, porque Willie no suele equivocarse con estas cosas.

También en los setenta la grabó el gran Ralph Stanley, una de las voces más legendarias del bluegrass, un estilo de música originario de Kentucky que remodeló los esquemas de la música tradicional de aquel estado, más o menos como el jazz hizo con el blues en Lousiana. Stanley cantaba con el tono agudo y triste característico del high lonesome, también típico de Kentucky, y su interpretación nos sugiere cómo podía sonar este himno en las congregaciones rurales de aquella tierra.

Siguiendo con un enfoque campesino, aunque desde el otro lado del Atlántico, Rod Stewart la grabó con aires folk. El antiguo compañero de banda de Stewart, el mítico guitarrista Jeff Beck, hizo una versión instrumental para un disco navideño, aunque no es tan inspirada como acostumbran a ser sus versiones instrumentales de temas ajenos.

Menos inspirada, y esto duele decirlo, es la que apareció en un disco del gran Ray Charles, aunque la orquestación pomposa, que en la versión de Johnny Cash ya sonaba un tanto fuera de lugar, aquí es todavía más exagerada y transforma el tema en algo más propio de Disney.

Lástima, porque resulta obvio que Ray, sin necesidad de arreglos pomposos y con el único acompañamiento de un teclado, ya se hubiese bastado para hacer algo inolvidable con esta melodía. Le hubiese venido bien un Rick Rubin a la producción, porque este hombre merecía registrar una «Amazing Grace» más en consonancia con su grandeza.

Hablando de teclados, es un placer escucharla en las manos de Billy Preston, quien, además de ser un Beatle honorario, un gran cantante, un excelente compositor, y además de tener una gran discografía repleta de maravillosas joyas de soul funk, está justamente reconocido como uno de los organistas de góspel por excelencia.

Otra voz mítica del soul es Al Green, reconvertido en reverendo desde hace muchos años, cuando decidió aparcar su exitosísima carrera y empezar a predicar en una iglesia en la que aún sigue. Su grabación sufre también de una orquestación innecesaria y cierto tono mecánico, no se parece mucho a lo que suele interpretar en su propia iglesia.

Para captar la exquisita sensibilidad con la que canta góspel este individuo, es mejor verlo haciéndolo en directo, en alguna de las raras ocasiones en que ha vuelto a subir a un escenario. También la cantaba Whitney Houston, a quien conocemos por sus éxitos pop. Se nota que también creció cantando en una iglesia, aunque la verdad es que está por debajo de lo que hacían Mahalia Jackson o Aretha Franklin.

Y no olvidemos a Diana Ross, que puede sorprender a más de uno interpretando el tema con voz aterciopelada y una contención y elegancia exquisitas.

Como verán, «Amazing Grace» es una pieza a la que muchos músicos han querido rendir tributo en algún momento de sus carreras, siendo conscientes de su enorme significación espiritual. Desde los años sesenta, sobre todo, la canción ha ido ganando importancia en los Estados Unidos y puede decirse que es equivalente religioso del «Star Spangled Banner».

En España, insisto, no tenemos un equivalente, una canción que haya sido tan importante para tanta gente por tantos motivos. Pero siempre podemos admirar la grandeza de aquel cántico que un día escribió un traficante de esclavos arrepentido.

nuestras charlas nocturnas.

Por qué los mayores avances de la humanidad habrían sido imposibles sin los pegamentos…


Dos dedos con pegamento entre ellos
La historia de la humanidad es sorprendentemente pegajosa.

BBC News Mundo(M.Miodownik) — La vida moderna literalmente se desmoronaría sin los pegamentos.

Desde teléfonos y aviones hasta edificios y zapatos, gran parte de nuestro mundo se mantiene unido gracias a ellos.

De hecho, no es exagerado decir que ha sido la base de muchos de nuestros mayores avances tecnológicos.

A su vez, así como domar el fuego o hacer pedernales de piedra, la capacidad para hacer pegamentos fue uno de los grandes logros de nuestros antepasados.

Y es que los venimos usando desde hace mucho tiempo.

«Han estado presentes desde la prehistoria», señala Geeske Langejans, de la Universidad de Deft, en los Países Bajos.

«Los usos más antiguos son para hacer herramientas, como una hoja conectada a un mango para un cuchillo», añade la experta.

«Una herramienta con mango es más precisa y puede proporcionar más fuerza».

Pero los pegamentos podían hacer mucho más que eso.

«Algunos son impermeables, así que se podían agregar encima de una canasta para reforzarla e impermeabilizarla».

Además jugaron un papel en las primeras formas de arte.

«Si tenías un pigmento y querías adherirlo a la pared de tu cueva, tenías que agregarle algo… una resina o un almidón», explica Langejans.

E incluso ayudaron a los pueblos prehistóricos a jugar.

«Los pegamentos también pueden ser gruesos como la arcilla o la masilla, así que permitían hacer objetos, y sabemos que los juegos de mesa en la prehistoria tenían a veces a piezas hechas de resinas».

Recreación de neardental con lanza
Los neardentales no sólo usaban pegamento para mantener unidas las herramientas, sino también para un mejor agarre.

El pegamento más antiguo conocido tiene unos 190.000 años de antigüedad, explica Langejans.

«Se encontró en Italia en dos lascas de piedra muy simples, unos objetos hechos por neandertales».

Lo fascinante es que investigar rastros como ese no sólo revela información sobre cómo se usaban esos materiales sino que da una visión de cómo eran esos primeros humanos.

– Quiénes éramos

El pegamento encontrado en esas lascas de piedra era alquitrán de abedul, una masilla negra y pegajosa.

Para hacerlo, hay que calentar la corteza de ese árbol a temperaturas muy altas, indicó Langejans.

«El problema es que la gente en la Edad de Piedra no tenía recipientes a prueba de fuego».

¿Cómo lo hicieron nuestros antepasados?

«Con mi equipo experimentamos y un método simple es enrollar la corteza como un cigarro muy grande, ponerla en un agujero en el suelo, encenderla y esperar».

Eso implica la necesidad de habilidades cognitivas para manipular materiales usando el calor para crear deliberadamente pegajosidad.

¿Tendrían quizás la idea de temperatura o tal vez algún lenguaje para comunicar esta tecnología?

«Hay colegas que opinan que como hacer alquitrán es difícil, es una señal de que los neardentales eran muy inteligentes.

«Pero eso es objeto de debate. Yo diría que es necesario tener algún tipo de comprensión de conceptos muy abstractos como el tiempo, pero hay arqueólogos que no estarían de acuerdo».

Esas no son las únicas pistas sobre nuestros antepasados que nos han dado los pegamentos.

Pedazo de alquitrán de abedul
Hace 6.000 años, Lola masticó este pedazo de alquitrán de abedul, y ahora sabemos algunas cosas sobre ella.

Por mucho tiempo, sólo pudimos imaginar las respuestas a preguntas como ¿quiénes eran? y ¿qué aspecto tenían?

Sorprendentemente, el alquitrán de abedul también contiene rastros físicos de quienes que lo usaron, conservados durante miles de años.

«A medida que encontrábamos piezas con pegamento en diferentes sitios arqueológicos, notamos que había huellas que indicaban que fueron masticadas», cuenta Hannes Schroeder, de la Universidad de Copenhagen, en Dinamarca.

Aunque la razón por la cual lo masticaban no está clara, la ventaja para la posteridad de que lo hicieran, sí: «El alquitrán de abedul es como una cápsula del tiempo pues realmente protege el ADN».

Schroeder ha estado extrayendo material genético de alquitrán prehistórico.

«La primera pieza que observamos fue de unos sitios neolíticos tempranos en la isla de Lolland, en Dinamarca. Hace unos 6.000 años, alguien mascó alquitrán, lo escupió en los juncos de la costa, y hace una década, un arqueólogo se topó con él», relata.

Los científicos pudieron obtener ADN, que utilizaron para descifrar el código genético de quien llamaron «Lola», y extrajeron primera vez un genoma humano antiguo completo de algo que no fue hueso humano.

Revelaron que Lola tenía piel oscura, cabello castaño oscuro y ojos azules, y que había comido avellanas y pato.

Los investigadores también extrajeron ADN de microbios atrapados en el prehistórico chicle y encontraron, entre varios virus y bacterias. patógenos que causan mononucleosis infecciosa y neumonía.

Así que los pegamentos pueden ser una fuente de información sobre las personas que los usaron.

Y los hallados en los artefactos prehistóricos muestran que realmente han estado con nosotros desde los albores de la civilización.

De hecho, fueron una parte clave para ponerla en marcha, tanto en las frías tierras que Lola habitó, como en las más tropicales de América.

– Sustancia milagrosa

Cuando los colonizadores llegaron de España a Mesoamérica, se encontraron con un material que los maravilló: no se parecía a nada que hubieran visto antes.

Con él, las culturas locales habían creado desde la banda elástica hasta una pelota que rebotaba en sus juegos ceremoniales y resistentes sandalias para proteger sus pies.

Savia de árbol de caucho
La savia sola era buena, pero había un secreto para hacerla más versatil.

Se hacían con látex, la savia pegajosa del árbol del caucho, que había sido utilizada desde al menos 1.600 a.C., cuando el pueblo olmeca develó sus secretos.

«En su forma cruda y natural, es un pegamento realmente bueno diseñado por la naturaleza», señala Michael Tarkanian, un científico de materiales del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en EE.UU., experto en los usos de los mesoamericanos del caucho.

«Pero además de utilizar el látex en su forma natural en bruto, los antiguos mesoamericanos aprendieron a modificarlo y alterar sus propiedades».

Para los colonizadores, el material elástico era una curiosidad: se lo llevaron a casa, sin poder vislumbrar cómo podía encajar en la tecnología europea.

Eso empezó a cambiar en el siglo XVII, cuando un científico y filósofo Joseph Priestley se dio cuenta de lo útil que era para borrar las marcas de lápiz en el papel.

Otros se dedicaron a buscar más usos, entre ellos el químico escocés Charles Mackintosh, quien inventó un proceso para poner capas de caucho tratado entre capas de tela y desarrolló el impermeable Mackintosh.

No obstante, las prendas de caucho tenían unos defectos importantes: se volvían quebradizas a temperaturas bajo cero y malolientes y pegajosas con el calor.

Un hombre resolvería estos problemas y desbloquearía el vasto potencial de los cauchos.

Su nombre era Charles Goodyear y su camino hacia el éxito fue largo, duro y a menudo peligroso.

«Se fascinó y se embarcó en una búsqueda de varios años, con grandes pérdidas para sí mismo, entrando y saliendo de la prisión de deudores y años y años de sufrimiento. Pero se mantuvo firme», cuenta Charles Slack, autor de «Noble Obsession«, que relata esta historia.

«Experimentó con diferentes sustancias. Estuvo a punto de matarse al inhalar una nube de ácido nítrico».

Pero finalmente la fijación de Goodyear con el caucho dio sus frutos cuando un día, por accidente, hizo un gran avance.

Llanta con marca Goodyear
El nombre de Goodyear perduró, gracias a la compañía que lleva su nombre, pero él murió endeudado, mientras otros ganaron millones con su invento.

«Según cuenta la historia, en 1839 mezcló caucho y azufre y, de alguna manera, eso entró en contacto con una estufa caliente. Cuando volvió más tarde, el caucho se había transformado.

«Estaba endurecido, pero seguía siendo flexible, y era impermeable a los efectos del calor y el frío. Ese fue su momento eureka.

«A nadie se le había ocurrido aplicar calor como solución porque el calor era el gran enemigo del caucho, pero en combinación con el azufre resultó ser la respuesta mágica».

Esa solución mágica era todo menos nueva.

Los antiguos mesoamericanos mezclaban la savia de la Castilla elástica con el jugo de una vid local, la Ipomoea alba, que contiene azufre.

Los europeos se habían llevado la sustancia mágica, pero no su secreto, y les tomó siglos dilucidarlo.

Armado con su descubrimiento, Goodyear comenzó a desarrollar una forma de procesar el caucho conocida como vulcanización, que convirtió al material en el sueño de los ingenieros.

En una nueva era industrial de maquinaria que pedía a gritos amortiguadores, sellos herméticos y tubos flexibles, el caucho se volvió indispensable.

Hoy es tan omnipresente que a veces no lo valoramos.

Hombre mostrando el elástico de los calzoncillos
Está en todas partes.

Las suelas de goma en nuestros zapatos acolchonan nuestros pasos mientras se agarran al pavimento para que no resbalemos.

El hermético caucho nos permite flotar en un colchón de aire mientras andamos en bicicleta o en auto, evita que nuestros grifos goteen y que la humedad se filtre por nuestras ventanas.

Además, mantiene en su lugar nuestra ropa interior.

Si estás pensando que nada de eso es pgeajoso, recuerda que el agarre es en realidad un tipo reversible de pegajosidad que proviene de la capacidad del caucho para moldearse en recovecos y grietas en las superficies, adhiriéndose temporalmente a ellas.

– ¡A volar!

Los neumáticos cambiaron por completo la forma en la que nos movemos, pero los pegamentos nos han permitido hacer algo aún más notable: volar.

A lo largo de la historia de la aviación, los pegamentos han desbloqueado el desarrollo de diseños radicalmente nuevos para que los aviones pudieran volar más rápido, más alto y más lejos que nunca.

Y en el centro de ese viaje al cielo está un material familiar y discretamente maravilloso: la madera contrachapada, triplay o tríplex.

Es un sándwich de una pila de piezas de madera superdelgadas con pegamento entre ellas, y ha existido desde al menos la época del Antiguo Egipto.

Resuelve un problema esencial en la carpintería: los cambios en la humedad hacen que la madera se expanda o se contraiga. El pegamento hace que sea más estable.

Muestras de madera enchapada
El triplay se puede usar en situaciones en las que la madera maciza simplemente se doblaría o rompería.

Se usó a lo largo de los siglos pero fue en el siglo XX cuando el uso de la madera contrachapada realmente despegó.

Varias personas tuvieron la brillante idea de usar madera contrachapada en aviones porque las chapas delgadas son ligeras, fáciles de mover y se pueden moldear.

En 1912 en Francia hicieron un fuselaje de madera contrachapada moldeada y crearon el avión más rápido del mundo.

El material tuvo una gran influencia en el diseño de los aviones, especialmente cuando comenzó la Primera Guerra Mundial.

Y todo esto solo fue posible gracias a nuevos tipos de pegamento con los que se logró fabricar tríplex resistente al agua.

Fueron los primeros pegamentos sintéticos de la historia.

Para la década de 1930, aviadores como Amelia Earhart estaban estableciendo récords en aviones de madera contrachapada.

Pero, a pesar del enorme éxito de estas aeronaves, cayeron en desgracia.

Por razones culturales, no tecnológicas, la madera fue abandonada, al menos por los contratistas militares en el período de entreguerras, ya que la consideraban un material anticuado. Los aviones eran el futuro y los querían de metal.

Solo que, con la Segunda Guerra Mundial, el metal se hizo escaso.

En Londres, un ingeniero llamado Geoffrey de Havilland le ofreció a la Oficina de Guerra construir los aviones necesarios mucho más rápido y a un costo menor que los de metal que estaban comisionando.

De Havilland desarrolló un avión excepcionalmente veloz que podía volar más rápido que cualquier caza alemán de la época, llamado el Mosquito.

Vista detallada en despiece del bombardero ligero británico De Havilland Mosquito de la Segunda Guerra Mundial
Vista detallada en despiece del bombardero ligero británico De Havilland Mosquito de la Segunda Guerra Mundial.

Fue un triunfo de diseño, un avión de combate, de reconocimiento y un bombardero tan rápido que ni siquiera necesitaba ametralladoras defensivas pues nada lo alcanzaba.

Su legado se sintió mucho después de que terminara la guerra, ya que le dio una nueva vida en la era de la posguerra a la madera contrachapada.

Finalmente dejó de ser vista como una mala alternativa a la madera maciza, y muchos diseñadores aprovecharon lo que habían aprendido fabricando aviones para crear algunos de los muebles más famosos de las décadas de 1940 y 1950.

Hoy en día encontrarás madera contrachapada en todas partes, desde cocinas hasta patinetas.

La industria aeronáutica, sin embargo, abandonó la madera a favor de aleaciones de aluminio, que son fuertes, rígidas y resistentes a la corrosión, pero demasiado densas para crear un avión eficiente en combustible.

Por eso, cuando comenzó a surgir una nueva clase de materiales livianos, los ingenieros aeroespaciales se entusiasmaron.

Combinan el poder de adherencia de un nuevo pegamento llamado resinas epoxi con la resistencia de las fibras de alto rendimiento, para crear compuestos que permiten hacer estructuras muy eficientes.

Si has estado en un avión recientemente, probablemente estabas volando en una estructura compuesta.

Ante el desafío de hacer del vuelo algo ambientalmente sostenible, los pegamentos están y seguirán estando en el centro del progreso.

– Las heridas de guerra

Los pegamentos nos han dado el poder volar y llegar al otro lado del mundo en cuestión de horas.

Y también el poder supremo de salvar vidas.

Tubo de superpegamento
Sirvió para pegar mucho más que la vajilla.

La invención accidental del superpegamento cianoacrilato, conocido como pega loca o Loctite, fue producto de un error del químico Harry Wesley Coover Jr. quien, en 1942, trabajaba en películas químicas para visores transparentes de armas.

Cuando un costoso instrumento óptico se arruinó con la sustancia que estaba probando, en vez de lamentarse tuvo la genialidad de notar su asombrosa capacidad de adherencia.

Y su rapidez: hasta entonces, la mayoría de los pegamentos requerían horas para secarse.

Estos nuevos compuestos eran casi instantáneos y podían pegar casi cualquier cosa a cualquier otra, incluso tejidos de seres vivos, como muchos descubrieron a en sus propios dedos.

Eso indicaba posibles aplicaciones médicas, pero inicialmente no eran viables, pues el superpegamento podía ser irritante y hasta tóxico.

Sin embargo, una nueva receta demostró ser mejor para tratar heridas y pronto el Ejército de Estados Unidos se interesó.

Envió equipos quirúrgicos con aerosoles de cianoacrilato a la guerra en Vietnam, para usar en soldados con heridas tan graves que los cirujanos no podían tratarlas con técnicas convencionales.

Recurrieron a la aplicación de superpegamento directamente sobre los órganos sangrantes con resultados milagrosos.

A pesar de su éxito en situaciones de combate, no estaba claro si los superpegamentos podrían usarse en la atención médica de rutina y existía la preocupación de que pudieran causar cáncer.

Pero después de más investigaciones y ensayos clínicos, se consideraron seguros y hoy en día se utilizan para cerrar heridas en hospitales de todo el mundo.

Gecko verde en pared salmón
Animales como lo geckos trepan paredes desafiando la gravedad pues no sólo se pueden pegarse a las cosas, sino también despegarse.

Los pegamentos médicos actuales han transformado la forma en que nos curamos, y se está investigando una nueva generación de adhesivos tisulares inspirados en secreciones pegajosas y viscosas del mundo natural.

Pero hay algo más que tenemos que aprender de la naturaleza pues es vital para nuestro futuro: cómo despegar.

– Hora de desprenderse

Los pegamentos modernos son tan poderosos que las uniones que forman pueden ser más fuertes que los materiales que pegan, lo cual es genial… hasta cierto punto.

Ese poder de adherencia plantea un problema: no se pueden despegar.

Los dispositivos electrónicos actuales contienen más pegamento que nunca, no sólo para mantener todos los elementos en su lugar, sino para que sean resistentes, impermeables y más estilizados.

Pero eso hace muy difícil repararlos o reciclarlos, así que es más probable que acaben en la basura.

Si bien podrían usarse tornillos en algunos casos, esa no es una solución universal.

El uso de adhesivos hace que sea casi imposible reparar o reciclar el calzado moderno, y aumenta radicalmente la cantidad de residuos plásticos en el mundo, por ejemplo.

Los tornillos, en este caso, no servirían.

Por eso, se están explorando pegamentos reversibles que pueden desactivarse con solo pulsar un interruptor.

Son la próxima meta en los esfuerzos de la humanidad por dominar la pegajosidad, y aportarían enormes beneficios a la sostenibilidad.

Parece fantasía pero durante miles de años hemos creado pegamentos para resolver problemas y, a cambio, los pegamentos han hecho posible lo imposible.

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Almagesto: el primer gran libro de astronomía que sobrevivió a la caída de imperios y califatos…


Páginas recuperadas de un libro de Almagesto. 

National Geographic(E.Montejo) — El Almagesto fue el libro de astronomía más influyente de la Antigüedad y estuvo a punto de desaparecer. El Almagesto, escrito por Claudio Ptolomeo en el siglo II d.C., es el primer gran libro de astronomía y uno de los tratados más influyentes de la Antigüedad.

Esta obra recopila el conocimiento astronómico de su época, como el sistema geocéntrico que situaba a la Tierra en el centro del universo. A pesar de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, donde se cree que fue escrito, y la caída de imperios y califatos, su influencia perduró durante 1,400 años.

El título original de la obra de Ptolomeo era Syntaxis Mathematica, pero es más conocida por su traducción del griego al árabe con el título Al-Majisti (El más grande), de donde deriva su nombre más popular: Almagesto.

El tratado incluye un catálogo con la posición de 1,022 estrellas, describe el modelo geocéntrico y ofrece un método para calcular las posiciones de los planetas, el Sol y la Luna, así como para predecir eclipses, basado en conocimientos antiguos. Sin embargo, no se sabe qué contribuciones fueron originales de Ptolomeo. “Aunque el modelo partía de supuestos erróneos, sus resultados eran correctos”, señala el investigador Guillermo Sánchez León en The Conversation.

A pesar de su importancia, el libro estuvo a punto de desaparecer con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, donde Ptolomeo trabajaba y muchos manuscritos originales estaban almacenados. La pérdida de este centro del conocimiento tras la caída del Imperio Romano significó la desaparición de innumerables obras de la antigüedad.

El contenido de este valioso libro logró sobrevivir gracias a las copias realizadas en otros centros de conocimiento y a su preservación en Bizancio.

De alguno de los ejemplares conservados en Bizancio se tradujo la obra del griego al árabe en la Casa de la Sabiduría de Bagdad durante el califato abasí, bajo el título Al-Majisti (El más grande). Posteriormente, se realizaron otras traducciones árabes, aunque solo unas pocas fueron conservadas.

El texto finalmente Almagesto llegó a Europa a través de al-Andalus y, en el siglo XII, Gerardo de Cremona lo tradujo del árabe al latín, facilitando su difusión por el continente. La llegada de la imprenta a finales del siglo XV amplió aún más su distribución, asegurando su impacto duradero en la ciencia. La teoría geocéntrica de Ptolomeo fue la referencia en el mundo árabe y occidental hasta que Copérnico, Kepler y Galileo la reemplazaron con sus teorías heliocéntricas.

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Hombres, mujeres y profetas, en tiempos de conflictividad…


Una mujer contemporánea. Dentro del dinamismo actual del siglo XXI reflexionar acerca del feminismo requiere un análisis profundo pero con un marcado espíritu conciliador

Meer(R.C.Ochoa) — Actualmente no existe ámbito cultural, político, académico, artístico que no esté sumergido dentro del espíritu feminista- ¿Por qué ha tenido tanto impacto en los últimos tiempos? ¿Qué ha hecho que la voz del feminismo suene tan alto y tan fuerte?

A diferencia de las posturas recalcitrantes que asumen algunos (y algunas) dentro del dinamismo actual del siglo XXI reflexionar acerca del feminismo requiere un análisis profundo pero con un marcado espíritu conciliador.

¿Qué significa “ser feminista”? Antes de responder esta cuestión habría que preguntarse, ¿por qué el feminismo? No es necesario repetir y citar todas las motivaciones que han llevado a lo largo de la historia a una invisibilidad y subestimación del rol de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad y sus constituyentes (arte, ciencia, filosofía, literatura, política, etc.).

Sobre esto se ha escrito y se escribe tanto. Son años que el feminismo como movimiento ha alzado la voz para defender y exigir los derechos de las ciudadanas, de las mujeres. Entonces, ¿qué ha cambiado en la actualidad? Responder esto quizás nos lleve a responder la primera pregunta que abre este párrafo.

No es un secreto para nadie que nuestro tiempo actual (denominado por especialistas como “periodo posmoderno”) atraviesa por una crisis desde hace años que afecta todos los aspectos humanos, naturales, climáticos, históricos, científicos, tecnológico, artísticos, culturales, etc.

Digamos pues, una crisis global no solo a nivel regional, geográfico, o, planetario, sino también, a nivel humano en toda su dimensión incluyendo nuestros conceptos, nuestros símbolos, y con ello, nuestros valores. Y aquí entra “lo femenino” y su influencia.

La mujer, lo femenino, la madre, conlleva una simbología. Es un símbolo infinito, eterno, imborrable, pero no permanente en su significado. Es un símbolo que evoluciona y se transforma a medida que la sociedad cambia, pero que no desaparece.

Celebración del décimo aniversario de Arte y Feminismo en la oficina del grupo de usuarios de Wikipedia de Dagbani en Tamale, 2023,  Ghana
Celebración del décimo aniversario de Arte y Feminismo en la oficina del grupo de usuarios de Wikipedia de Dagbani en Tamale, 2023, Ghana

“Lo femenino” era entendido bajo la figura de la mujer de siglos anteriores como aquello que refiere a la procreación, cuidado, amor incondicional, fidelidad, dulzura, maternidad, sumisión, etc.

Pero, hoy día el significado actual se rebela a la figura materna tradicional.

Desde un punto de vista psicoanalista y filosófico, se puede explorar un ámbito actual: la anorexia y la bulimia.

La anorexia (dejando de lado los juicios médicos) expresa el rechazo hacia la figura de la mujer-madre tradicional.

Esa mujer del siglo XX entregada al hogar, al cuidado de los hijos y del esposo, con una fisonomía muy distinta a la de la mujer del siglo actual (extrema delgadez que desdibujan los rasgos curvilíneos que caracterizaban a la mujer del siglo XX).

Paradójicamente, y aunque se denuncia la gravedad que tiene la anorexia para la salud de la mujer se continua a impulsar la imagen del ideal femenino como aquel que desdibuja diametralmente la figura de la mujer-madre tradicional cambiando el ideal de belleza.

La mujer, en busca de defender “lo femenino” se distancia de “lo materno” y su significante, sin advertir que al hacerlo deja de lado el elemento más poderoso para tomar la posición que merece. De lo que se trata es de anteponer “lo femenino” como elemento clave para la conciliación de la crisis en la era actual.

La importancia que ha adquirido “lo femenino” en la actual crisis posmoderna, no es casualidad y, tampoco es una lucha entre tantas otras. El posicionamiento de mujeres en cargos de poder no ha sido casual, fortuito, o, una clemencia por parte de quienes toman decisiones inherentes a los cambios sociales.

Ha sido más bien una adecuada “lectura” del potencial que tiene “lo femenino” y, que ha tenido, a lo largo de la historia de la humanidad.

¿Cómo podemos “leer” correctamente este potencial de “lo femenino”? La dimensión humana con todos sus cambios sociales, culturales, etc, mantiene la imaginación y la creación de sus significantes y símbolos a través de los valores que le definen en cada periodo histórico. Y, lo religioso, es ejemplo claro de esto.

La religión es conducida por hombres, pero, en cada una de sus estructuras mantiene dentro la figura de lo femenino. En múltiples formas. Con infinidad de nombres. Pero esta presente. Y sobre esto el feminismo debe dar una mirada mas profunda. Cada cultura, cada sociedad, responde a ejes de creencias y de valores.

Cada una de estas creencias contiene en su eje la figura de “la madre” y con ella viene inexorablemente vinculada la figura de “lo femenino”.

El Palacio de Gobierno barricado por murallas,  se iluminó en tonos morados y rosas por las manifestantes del 8M, 2024, Mexico
El Palacio de Gobierno barricado por murallas, se iluminó en tonos morados y rosas por las manifestantes del 8M, 2024, Mexico

Entonces, la humanidad en su imaginación y en su dimensión menos material sucumbe siempre a la madre.

Es ella quien al final recurre al auxilio de los hijos, de los esposos, de los hombres. La madre (y con ella “lo femenino”) como elemento conciliador entre las esferas idealistas y materiales.

Dos esferas encontradas que resumen (bajo una perspectiva profunda y muy reflexiva) las profundas divergencias que atraviesa nuestro mundo actual.

Y aquí cabe aclarar al querido lector que no se trata de un regreso a la figura de la mujer-madre de siglos anteriores, sino, más bien, de una evolución de “lo femenino” a través de la potencialidad del significado de lo materno.

No se debe considerar la significación de lo materno contrario a la visión de empoderamiento de la mujer.

Lo materno no está distanciado del empoderamiento femenino. Todo lo contrario. De lo que se trata es de dar transformación valorativa e imaginativa a la significación de lo materno con la finalidad de empoderar “naturalmente” a lo femenino.

Si tomamos, por ejemplo, el cambio climático y “miramos” mas detenidamente encontramos que el concepto central es la naturaleza. La “madre” naturaleza. Ésa que nos da alimento, nos cobija y nos da todo cuanto necesitamos, pero, a la que debemos obedecer y respetar ya que muestra su poder en cada evento natural (desde un hermoso amanecer, hasta un terrible maremoto).

Entonces, ser “feminista” pasa por vincular bajo una mirada actual “lo materno” con “lo femenino” a través de una oscilación entre poder e independencia. No son contrarios, sino, complementarios.

Iniciar una revalorización de la mujer en los tiempos actuales pasa por dar una revalorización a lo materno y a lo femenino como elementos claves para la conciliación en escenarios actuales (guerras, conflictos sociales, etc.). Hacerlo, trae como consecuencia el empoderamiento de las mujeres en la esfera totalizadora global abriendo una nueva era.

Pero se requiere de la reflexión profunda para la completa comprensión de este potencial. Es la ausencia de esta mirada la que ha conducido a la invisibilidad de lo femenino en los siglos anteriores.

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