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Los chimpancés (también) orinan juntos para hacer amigos…


Los chimpancés (también) orinan juntos para hacer amigos

The Conversation(S.A.Solas) — También los animales no humanos tienen urinarios públicos, donde se reúnen no solo para hacer sus necesidades, sino para comunicarse y hacer amigos. De hecho, se conocen como “letrinas” los lugares donde la mayoría de los mamíferos defecan y orinan de manera repetida y compartida con otros individuos del grupo.

Su función social queda plasmada en un estudio que se publica hoy en Current Biology, donde un equipo de la Universidad de Kyoto (Japón) confirma por primera vez el comportamiento “contagioso” de orinar, como si se tratase de un bostezo, en chimpancés, nuestros parientes más cercanos.

Con anterioridad, algunas especies de primates, como los monos aulladores (Alouatta), habían sido estudiadas por el uso de letrinas y el comportamiento “contagioso” de defecar, lo que parece estar relacionado con la distribución de los nutrientes y pequeñas semillas en el bosque tropical.

Otras especies, como los monos araña (Ateles), presentan conductas similares. Se ha registrado el “contagio” en la defecación, especialmente en dormideros, lo que tiene una especial relevancia en la distribución de las semillas y se convierte en un rol clave de estas especies para el mantenimiento del bosque tropical.

Pero las funciones de esas letrinas son muchas y variadas. Entre ellas, destacan la defensa del territorio, con un aumento de visitas en las noches en las que aparecen intrusos, o una importante función social, para facilitar la comunicación, al ser usadas en las áreas centrales de los territorios por los miembros del grupo, incluso cuando se trata de primates solitarios.

– Ir al servicio para socializar

La función social de las letrinas ha sido estudiada desde diferentes enfoques, y aunque muchos se centran en el papel de las heces como elementos potenciales de la dispersión de las semillas, otros resaltan que la verdadera relevancia de estos espacios es la orina.

Un dato clave que aportan los autores del artículo publicado hoy, que no había sido antes descrito, es que este comportamiento parece estar ligado, además, al estatus social.

A pesar de que los chimpancés no son animales solitarios y viven en grupo, tienen un sistema social fusión-fisión, como ha sido descrito en humanos, en el que los individuos se separan temporalmente en subgrupos más pequeños y vuelven a juntarse. Esto se produce principalmente en relación de la distribución de los recursos (variables ecológicas) y de los costes de la organización social (la vida en grupo).

Así, el comportamiento de orinar de manera sincrónica podría facilitar la comunicación en un sistema social como éste, y así ha sido reportado en otras especies más solitarias. En este caso, individuos subordinados fueron más propensos a orinar cuando otros individuos realizaban esta conducta, lo cual señala una posible forma de comunicación relacionada con su jerarquía social, señalan los autores.

– El pis, un mar de información

Sabemos que la orina transporta mucha información que es utilizada por los individuos de los grupos para diferentes funciones, como el estado reproductivo o el grado de testosterona.

Incluso, podemos medir cómo influyen los comportamientos sociales, a través de la oxitocina que encontramos en la orina.

Ahora, gracias a estudios como el de la universidad japonesa, también sabemos que el comportamiento de orinar juntos, en sincronía, tiene un significado social importante para nuestros parientes cercanos, cuya repercusión en la estructura del grupo puede ser una estrategia social para los diferentes individuos que lo integran.

¿Será igual para los seres humanos?

¿Han notado que el comportamiento de orinar puede ser también contagioso en personas? Como nos indican los autores, todavía nos queda mucho por estudiar sobre este particular, pero parece que debemos fijarnos también en los pequeños detalles para aprender más sobre nuestra propia evolución.

Aunque no lo crean, muchos estudios de neurobiología analizan los mecanismos subyacentes a la micción voluntaria humana, y algunos hasta exploran el papel de los baños públicos masculinos como sitios culturales, donde, además, se puede relacionar esta práctica con la expresión de la masculinidad.

nuestras charlas nocturnas.

El polo norte se mueve…


Expedición al Polo Norte. «En busca de nueva información sobre las rocas».

MEER(F.Gaztelu) — Es noticia estos días que el polo norte magnético se ha desplazado más de lo habitual. Aunque es normal que haya un desplazamiento de los polos magnéticos, este hecho inusual de un desplazamiento adicional y la continuidad de estos desplazamientos en la misma dirección hay pensar que si esto continúa, podríamos estar frente a un cambio sustancial en el estatus quo referencial y magnético del planeta Tierra.

El campo magnético que rodea a la Tierra es nuestro mayor escudo antes la radiación que proviene del espacio exterior, en especial la que proviene desde nuestra propia estrella, el Sol. Las partículas cargadas y su radiación, los protones del hidrógeno del sol y toda otra partícula cargada que llegue con cierta velocidad a nuestra atmósfera sería capaz de cambiar y alterar el orden celular de cualquier organismo vivo que habita la superficie de la tierra.

El cáncer sería una de las alteraciones, pero podría haber muchas otras, derivada de la radiación de esas partículas cargadas a alta velocidad si se cruzaran con cualquiera de los millones de células que componen nuestros organismos. El campo magnético de la tierra envuelve la atmósfera en su capa más exterior desde el polo norte al polo sur magnéticos.

Es una gran capa invisible que hace que las partículas provenientes del espacio exterior no lleguen a ninguno de nosotros. Ese escudo invisible desvía y hace rebotar a las partículas asesinas, ese escudo existe gracias a que el núcleo de la tierra no es sólido.

– La tierra se está enfriando

Después de investigar el Connecticut durante aproximadamente 40 minutos, el oso abandonó el área sin causar daños al submarino ni al oso. Fotografía de la Marina de los EE. UU. de Mark Barnoff, abril 2003

Nuestro planeta es complejo, tiene capas de tierra que sobresale por encima de grandes masas de agua llamadas océanos, pero muy por debajo de esas capas visibles hay una gran capa líquida, metal fundido que sigue moviéndose muchos kilómetros por debajo de nuestros pies.

Cada vez que vemos un volcán en erupción, hay que pensar que son pequeños vestigios de lo que hay allí dentro.

Muy cerca del núcleo de la tierra hay una esfera de unos cuantos kilómetros de espesor que está compuesta por hierro líquido con algo de níquel.

Estos metales perviven en estado líquido porque nuestro planeta todavía no se ha enfriado del todo (y esperemos que eso siga siendo así por muchos miles de años).

Esta capa de hiero líquido en movimiento es la causa de nuestro campo magnético, del escudo protector.

El hiero es un material conductor, es decir, los electrones de sus átomos, esa capa (más bien nube) más externa de los átomos, en el caso de los materiales conductores, está muy poco sujeta.

Así, en el hierro y en el níquel, los electrones exteriores pueden moverse libremente entre los distintos átomos que componen una masa de metal puro.

Al estar en estado líquido, esa movilidad de los electrones es máxima. Teniendo miles de millones de átomos de hierro juntos y con sus electrones libres, es imposible saber qué electrón corresponde a qué átomo.

Ese movimiento libre de los electrones (partículas subatómicas negativas) hace que, cuando el hierro se mueve como líquido debido a la rotación de la tierra y otras fuerzas planetarias, exista una corriente eléctrica en esa capa profunda de la tierra. Recapitulando: el hierro está moviéndose porque la Tierra se mueve, los electrones del hierro líquido se mueven, ergo, hay una corriente eléctrica en capas profundas de la tierra.

Toda corriente eléctrica, por pequeña que sea, genera un campo magnético asociado a ella. Y, al mismo tiempo todo campo magnético puede genera una corriente eléctrica en un metal si está en movimiento. Así, esa corriente eléctrica de la tierra genera su gran campo magnético, porque el hierro no para de moverse. Todos esos movimientos debajo de nuestros pies son los que hacen que sigamos vivos.

El día en el que se enfríe por completo la tierra, ese día dejará de moverse el hierro y las corrientes eléctricas se detendrán, con ellas el campo magnético morirá y con esa muerta vendrá la de toda la vida (como la conocemos).

Pero creo que esto tardará miles de millones de años en suceder. Mucho antes de que algo así ocurra, el campo magnético de la tierra se está desplazando. El polo norte ya no está en el mar, el polo norte magnético está ahora en Siberia.

– Geográfico y magnético

Por si alguno no lo sabe, tenemos cuatro polos en la tierra. Dos geográficos y dos magnéticos. Los polos geográficos son invariables y se deben a la forma propia de la Tierra. Nuestro planeta no es esférico, es un balón un poco achatado en los polos. Esas dos referencias (polo norte y sur geográficos) son marcas geométricas debidas a la forma de la Tierra. A no ser que nuestro planeta cambie de forma (sería algo terrible), seguirán siempre en su lugar.

Los polos magnéticos son los extremos de ese gigantesco imán creado por las corrientes eléctricas en el interior del planeta. Las masas de hierro y níquel moviéndose generan ese imán y su posición se mueve dependiendo de la dirección en la que se mueven las masas de hierro y las corrientes eléctricas que esos movimientos provoquen.

Al parecer, los movimientos de las masas de hierro son constantes en una dirección, en estas última décadas, nuestro imán gigantesco se está moviendo en dirección a Siberia, el ángulo del eje de ese imán está desviándose con respecto al eje imaginario que une el polo norte y sur geográfico, es decir, hay un ángulo cada vez mayor entre ambos ejes.

– ¿Vamos a morir?

Tertulia Zona Cero: Los científicos están desconcertados; el polo norte  magnético se mueve | Onda Cero Radio

Obviamente no es nada grave, si lo fuera estarían los científicos dando la voz de alarma. Pero tampoco es algo que no tenga importancia. Al contrario. Ya se ha dado la alarma para las navegaciones cerca de los polos. Como sabréis, todos los sistemas de navegación basados en el magnetismo de la tierra (las brújulas de mano son un ejemplo básico y muy extendido) sufrirán una variación en la dirección que señalan si el Norte magnético se desplaza.

A nivel del Ecuador esa variación es ínfima y no afectará lo más mínimo, pero en latitudes cercanas a los círculos polares, las variaciones serán notables, de cientos de kilómetros, por lo que hay que realizar correcciones con respecto a las mediciones del año pasado.

De momento el problema se ve acotado a desplazamientos en barco y en avión cerca de los polos, tal vez algún efecto sobre los aceleradores de partículas y otros sistemas muy sensibles al campo magnético de la tierra.

Pero hay que estar prevenidos, si este desfase entre el eje geográfico y el eje del gran imán de la tierra sigue creciendo, puede que ciertas aves migratorias pierdan el norte, que las ballenas no encuentren sus sitios de reproducción y que muchos animales que usan el magnetismo de la tierra como referencia, se pierdan.

– ¿Y nosotros?

No tengo ni idea de cuánto podría llegar a afectarnos el cambio de dirección del gran imán de la Tierra, pero no tengo dudas de que esto nos afectará, porque llevamos miles de años en la tierra y ese gran imán nunca se había movido tanto antes, al menos no con tanta dependencia del electromagnetismo como tenemos ahora.

La electrónica y las telecomunicaciones actuales están basadas en la electricidad y el magnetismo, puede que tarde en afectar a los sistemas terrestres, pero no tengo dudas de que estos cambios afectarán y mucho a los sistemas enviados fuera del planeta.

Veremos lo que pasa, de momento que sepan que la brújula que tienen en casa ya no marca el mismo Norte que marcaba el año pasado, aunque no sean capaces de verlo.

Y el año que viene tampoco el norte será el mismo Norte.

nuestras charlas nocturnas.

¿Cómo ayuda la hipnosis a curar patologías?…


Psicología y Mente(P.Bugeda) — La hipnosis actúa facilitando el acceso a la mente subconsciente, donde se almacenan patrones de pensamiento, recuerdos y emociones que influyen en la conducta y el bienestar físico y emocional. Al trabajar en este nivel, permite abordar problemas subyacentes y promover cambios positivos.

La hipnosis clínica directa se centra en el tratamiento de problemas de salud mental y física. Su fundamento radica en que el subconsciente influye significativamente en la conducta y el bienestar de las personas. Mediante este enfoque, buscamos transformar patrones negativos y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

– Cómo ayuda la hipnosis en el tratamiento de diversas patologías

Especialmente a través de:

1. Reducción de la ansiedad y el estrés

Ayuda a relajar el sistema nervioso y a manejar los pensamientos intrusivos que suelen alimentar la ansiedad. La hipnosis induce un estado de relajación profunda que contrarresta la respuesta del cuerpo al estrés. Ayuda a identificar y reestructurar pensamientos negativos que alimentan la ansiedad, promoviendo una mentalidad más equilibrada.

2. Tratamiento de traumas y estrés postraumático

Facilita el procesamiento de experiencias traumáticas al trabajar con recuerdos de manera segura y controlada. Es eficaz para trastornos de ansiedad generalizada, ataques de pánico y estrés postraumático.

3. Superación de fobias

Desensibiliza al paciente frente a estímulos temidos mediante visualización y sugestiones que generan calma.

4. Modificación de conductas y hábitos

Es útil en el tratamiento de adicciones, compulsiones y conductas autodestructivas, reprogramando respuestas automáticas del subconsciente. Ayuda a reprogramar el subconsciente para reducir la dependencia de sustancias como el alcohol, el tabaco o las drogas. Refuerza la motivación para abandonar conductas adictivas y desarrolla habilidades para afrontar los desencadenantes.

5. Mejora de la autoestima y autoconfianza

Refuerza creencias positivas sobre uno mismo y ayuda a superar bloqueos emocionales.

6. Manejo del dolor emocional y control de la ira

Ayuda a mitigar la intensidad de emociones como la tristeza, la ira o el miedo, facilitando un mejor afrontamiento de las circunstancias.

La hipnosis ayuda a superar problemas psicológicos y físicos | Universidad  Privada Franz Tamayo

7. Desarrollo de habilidades de afrontamiento

Fortalece la capacidad del paciente para manejar situaciones desafiantes y tomar decisiones saludables.

8. Mejora del sueño y tratamiento del insomnio

Facilita un estado mental propicio para el descanso al reducir pensamientos intrusivos que dificultan dormir. Reprograma hábitos y creencias negativas relacionadas con el sueño, promoviendo una mejor higiene del sueño.

9. Tratamiento de trastornos alimentarios

Aborda la relación emocional con la comida, ayudando a romper ciclos de atracones o restricciones excesivas. Refuerza la autoestima y cambia patrones subconscientes asociados al peso corporal y la imagen personal.

10. Alivio de síntomas depresivos

Promueve la autoaceptación y modifica pensamientos negativos recurrentes. Ayuda a restablecer la motivación y la esperanza, fundamentales en la recuperación de la depresión.

– Conclusiones

Durante el trance hipnótico, el cerebro es más receptivo, lo que permite cambiar creencias limitantes, establecer hábitos más saludables y mejorar la autorregulación emocional.

La hipnosis es una herramienta complementaria que permite trabajar en las raíces psicológicas y emocionales de muchas patologías. Su eficacia radica en la capacidad de influir en la mente subconsciente, ayudando a mejorar tanto el bienestar mental como físico cuando es utilizada por un profesional capacitado.

nuestras charlas nocturnas.

El apocalipsis pasó de largo …


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JotDown(B.Ayuso) — El gran edificio central estaba rodeado de colores brillantes. Parecía un aparcamiento lleno de coches. Cuando el avión descendió, los coches resultaron ser cuerpos. 

Montones y montones de cuerpos —cientos de cuerpos— llevando vestidos rojos, camisetas azules, blusas verdes, pantalones rosas, pichis infantiles moteados. Parejas con sus brazos enlazados, niños abrazando a sus padres. Nada se movía. La ropa mojada colgaba de los tendederos. Los campos habían sido arados hace poco. Las bananeras y las vides estaban floreciendo. 

Pero nada se movía.

Desde el cielo, el periodista de Time Donald Neff divisó la alfombra de muertos en Jonestown. Para novecientas personas el mundo había acabado allí abajo, sobre la hierba cetrina. Bajo el cenador metálico, entre los surcos de tierra. Los cadáveres diseminados como una espuma de muerte. Estáticos. Cuando el avión descendió a tierra, el mundo —que no había acabado— comenzó a calibrar la verdadera dimensión de lo sucedido el 18 de noviembre de 1978 en la selva de Guyana. El mayor suicidio colectivo de la historia. 

Jim Jones, el «pastor» de la congregación del Templo del Pueblo les había estado preparando para ese día. Espoleándoles con la inminencia. Los jueves se consignaban a celebrar simulacros, las white nights en las que los feligreses ensayaban el «suicidio revolucionario» ingiriendo venenos que no mataban. Pero el apocalipsis cayó en sábado. Mientras el cianuro potásico, el Valium y el zumo de uvas se diluían con el óxido de los barreños, el líder convocó la última asamblea.

Su Arcadia tropical había acabado, anunció. Las fuerzas capitalistas se habían confabulado para acabar con ellos y se dirigían hacia allí para castigarles por su fe. Abrirían las puertas del infierno y desencadenarían el Armagedón, les dijo, sentado en su trono de bambú. Un magnetófono grabó los cuarenta y cuatro minutos de esta última homilía, probablemente uno de los documentos sonoros más perturbadores del siglo XX: la llamada death tape de Papa Jones

«No hubo pánico. Tampoco grandes explosiones emocionales. La gente estaba en trance», relató Odell Rhodes, uno de los pocos supervivientes de la masacre. La primera en obedecer y beber la mezcla letal fue una mujer llamada Ruletta Paul, que empujó el líquido en su garganta y cerró los ojos como si hubiese hecho algo bueno. Después se lo suministró a su bebé.

«No lloran porque les duela; lloran porque está amargo», calmaba el reverendoLe siguieron más madres, más niños, más ancianos. Algunos forzados a «morir con dignidad». Otros, directamente, tiroteados. 

El propio Jones cedió su dignidad y su gatillo a otro. Fue Madeleine, su esposa, quien le evitó los rigores apocalípticos pegándole un quirúrgico tiro en la frente. El pastor no merecía agonías, ni estertores. No era la primera vez que conseguía huir del fin del mundo. 

En los albores de la secta, cuando el Templo del Pueblo se parecía más a una idílica comunidad agrícola que al gulag de Guyana, Jones tuvo su primera revelación de que el fin estaba cerca. Corría 1961 y pastoreaba a un rebaño modesto en su Indiana natal, una recua de fanáticos embrujados por el «Elvis con alzacuellos».

Una voz le habló. En el «cinturón bíblico» de Estados Unidos no era arriesgado aventurar que se trataba de Dios. Le dijo que un holocausto nuclear arrasaría el estado de Indiana, concretamente el 15 de julio de 1965. Así que subió al rebaño en autobuses y se mudaron al valle de Redwood (California) a salvo del Armagedón. Cuando el 16 de julio Indiana y sus llanuras permanecieron en su sitio, Jones no se descubrió equivocado. Aquello confirmaba la veracidad de su profecía: esta vez, se había salvado. 

El Apocalipsis había pasado de largo.

Ni los mayas, ni Nostradamus, ni Newton tienen la patente de explotación de «el fin». Desde que el ser humano es tal, ha transitado por el mundo confabulándose contra él de diversas formas. Apuntalando la certeza irreprimible de que esto no va durar, como si sobre la cintura de nuestra especie reposara un cinturón de dinamita. Inmolándose a veces. Diseñando nuevas fechas, nuevos plazos, hipotetizando lo inevitable.

El resultado es una fantástica y estrambótica colección de augurios, un acopio de apocalispsis fallidos.

Desde los más tempranos —y, por tanto, más errados—, que profetizaban que Roma sería destruida doce años después de su fundación, o el papa Clemente, que apostó fuerte por el año 90 d. C como el último; hasta otros más recientes, como los del fundador de la Iglesia mormona, que tomó la precaución de establecer el día del Apocalipsis con el margen suficiente para pillarle ya muerto. Se fue dejando dicho que todo se acababa en 1891.

Religiones, cultos y sectas pescan en el mismo pozo: el miedo. La herramienta más poderosa de reclutamiento, proselitismo y alineamiento que poseemos. Pocos se resisten a establecer un final que constriña a los suyos, con formulaciones vagas (la Biblia opta por el útil «nadie conoce el día ni la hora») o más concretas (según el hinduismo, aún nos quedan 427 000 años).

Para los tibios, siempre está la opción variable, o el apocalipsis de caducidad flexible: los testigos de Jehová llevan eones reinterpretando la hipotética fecha del fin del mundo. Ahora sostienen que ya vivimos en ella. 

La equivocación es un activo más en el sustancioso y efectivo negocio del fin del mundo. A Jim Jones le suceden y anteceden decenas de mesiánicos líderes que sobrevivieron a su propia y alocada hipótesis.

No así sus seguidores, como los setecientos setenta y ocho miembros de la secta de la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios a los que su gurú (el expolítico ugandés Joseph Kibweteere) prendió fuego el último día de 1999, después de equivocarse en su profecía inicial. 

Cuando el apocalipsis pasó de largo, él huyó a Malawi. 

Kanunga, el mayor suicidio colectivo de la historia
Kanunga, el mayor suicidio colectivo de la historia

Pero, cuando el desenlace no es trágico y los creyentes sobreviven, ¿qué ocurre el día después de que el apocalipsis pase de largo? ¿Qué sucede con un grupo de personas que esperan el fin del mundo… y el mundo no acaba? ¿Y con los líderes cuyo carisma vende muerte?

  • Disonancia cognitiva 

A las 6 de la tarde del 21 de diciembre de 1954, un pequeño grupo de personas se arracimaba frente a un domicilio en la localidad de Oak Park (Illinois). Habían vendido sus casas, abandonado a sus familias, olvidado las facturas y otras oquedades de su existencia. Miraban al cielo, tratando de conjugar la ilusión y el terror. Las manos entrelazadas. Esperaban el platillo volador que les salvaría del fin del mundo. Se llamaban los Seekers. 

Su líder era Dorothy Martin (alias Marian Keech), un ama de casa de Chicago de cincuenta y cuatro años. Unos seres superiores del planeta Clarion se habían comunicado con ella a través de la escritura automática, revelándole que el mundo acabaría ese 21 de diciembre por una letal inundación.

Fatídicos pero dadivosos, «los Guardianes» le brindaron también un salvoconducto, un espacio en su platillo volante que la rescataría de la Tierra junto a la pléyade de seguidores que consiguiera reunir. Premiarían su fe con el privilegio de la supervivencia. 

Y ocurrió lo que nadie esperaba. 

No, ningún objeto hizo esfumarse a la discreta multitud con abducciones. Pero los Seekers, que apuraron la espera hasta el día de Navidad, no se desmoralizaron ni una brizna. Permanecieron ahí, inquebrantables, bajo el rigor invernal de Illinois y el ridículo absoluto ante la lógica más básica. No ocurría nada, ni un sutil cambio en la disposición del aire. Ellos se alentaban, se turnaban para fragmentar el cielo en pedazos, tratando de divisar un transporte que ya iba con retraso. 

El apocalipis pasó de largo. Otra vez. Y eso vigorizó sus creencias. Las atizó hasta volverlas más sólidas. 

Entre ellos, había tres miembros del culto cuyo nombre hoy posee significado y entidad propia: Leon FestingerHenry Riecken, y Stanley Schachter. Tres psicólogos que, lejos de tener la más mínima confianza en los seres del espacio o en las habilidades comunicativas de la excéntrica Dorothy, se habían infiltrado en la secta para estudiar lo que ocurriría si ningún cataclismo se dignaba a acontecer. 

El resultado de aquella investigación (a la que sucedieron decenas de entrevistas con los miembros de la secta, perfiles psicológicos y una compilación de experimentos) cristalizó en el libro When Prophecy Fails (Cuando falla la profecía) publicado en 1956.

En él, daban respuesta a por qué los seguidores de la secta reaccionan de una manera tan contra-intuitiva, aferrándose aún más a su apocalíptica fe cuando esta se demostraba tan evidentemente equivocada. ¿Cómo podían salir reforzados de lo que, a todas luces, era un Armagedón fallido? ¿Por qué no había deserciones?

A Festinger este experimento le sirvió de base para acuñar la teoría de la disonancia cognitiva. Ya saben, el mecanismo que sucede cuando dos pensamientos discordantes ocurren de manera simultánea. Para resolver el conflicto, las personas pueden intentar cambiar de conducta o defender sus creencias o actitudes (incluso llegando al autoengaño) para reducir el malestar que produce la disonancia. Nos adaptamos incluso a las contradicciones más improbables usando nada más que nuestros métodos de racionalización cotidiana.

Marian Keech, que en realidad era una ama de casa de Illinois llamada Dorothy Martin, se refugia rodeada de sus más fieles seguidores en su casa, tras el fracaso de su profecía el 24 diciembre de 1954

En el caso de los Seekers, la disonancia era evidente: el apocalipsis en el que creían no se había producido. «Pero los miembros del grupo se mostraron más convencidos que nunca de que sus creencias eran correctas», constató la periodista Maia Szalavitz, presente esos días.

Cuando la tercera venida volvió a fracasar, Martin recibió un oportuno mensaje de los Guardianes: «Nuestro grupo ha infundido tanta luz que Dios ha salvado al mundo de la destrucción», le dijeron. La congregación respondió con un proselitismo de renovado vigor, redoblando sus esfuerzos de reclutamiento y ampliando sus filas.

Resolvieron la contradicción entre la realidad (que el apocalipsis había fallado) y la profecía buscando seguridad en los números: «Si más gente puede ser persuadida de que el sistema de creencia es correcto, entonces claramente es, después de todo, correcto», razonaron. Chimpún. 

El apocalipsis pasó de largo y la secta se fortaleció. Dorothy Martin siguió predicando y fundó la Orden de Sananda y Sanat Kundara, los nombres de dos de los Guardianes. Murió en 1992 como líder de la robusta congregación.

Los apocalipsis se equivocan a diario, pero interiorizan sus fracasos y hacen de ellos un hogar. A veces les sobreviven sus seguidores, sus líderes y sus doctrinas. Su falibilidad solo contribuye a su fortaleza con una lógica embarazosa. Aciertan porque se equivocan. 

El mundo se empeña en no acabarse. Somos nosotros los que pasamos de largo. 

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Idiomas «españoles» que no se hablan en España…


Estas son las lenguas que se hablan en España

Historias de la historia(J.Sanz) — Antes de nada habría que precisar que son idiomas basados en el español o castellano, o bien idiomas híbridos, como casi todos  por otra parte, en los que la lengua de Cervantes forma parte de la mezcla. Además, seguro que alguien en España habla alguno de ellos o más de uno, pero la inmensa mayoría de los hablantes de estos cuatro idiomas se encuentran allende los mares. Hechas las precisiones, vamos a ello:

  • CHAMORRO

El chamorro es la lengua de la población originaria de las islas Marianas,  situadas en el Pacífico norte, al este de Filipinas y al sur de Japón. Se habla por alrededor de unas 50.000 personas en los dos territorios en los que se divide el archipiélago de las Marianas: la isla de Guam (Islas Marianas del Sur), que es una posesión estadounidense, y la Mancomunidad de las Islas Marianas del Norte, con un estatus político similar al de Puerto Rico, siendo cooficial en ambos con el inglés.

¿Y qué pinta nuestra querida «ñ» en un archipiélago del Pacífico? Antes de nada, ya os digo que no sufráis por la soledad y el posible desamparo de la «ene con virgulilla» por esos mundos de Dios, porque no está sola. De hecho, en torno al 50% del vocabulario chamorro (que así se llamó a los nativos) es de origen español, además de numerosos elementos y construcciones gramaticales. Así que, veamos…

En 1521, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano llegaron a la isla de Guam (Guaján para los españoles) en el transcurso de su expedición para circunnavegar el globo, y aunque el primer contacto fue un intercambio amistosos de productos, la realidad es que un problema de interpretación en lo referente al uso de los posesivos (mío, tuyo, nuestro…) dio lugar a un enfrentamiento entre europeos y chamorros.

Por este motivo, las llamaron Las Islas de los Ladrones. En 1668, el padre Diego Luis de San Vitores rebautizó las islas como Las Marianas en honor a la regente española Mariana de Austria, viuda de Felipe IV. Y Guam iba a funcionar como un punto estratégico relevante cuando en 1565 se estableció la ruta conocida como Galeón de Manila, Galeón de Acapulco o Nao de China, que durante 250 años, hasta 1815, cruzó el océano Pacífico una o dos veces por año entre Manila (Filipinas) y los puertos de Nueva España en América, principalmente Acapulco.

Este galeón protagonizaba la travesía Filipinas-México de una ruta comercial que se extendía desde Europa hasta América y a la región de Asia-Pacífico, convirtiéndose en la primera ruta de comercio mundial de la historia, además de la más larga de su época.

¿Y cuándo dejamos de compartir ñ con los chamorros?

El Tratado de París de 1898, firmado el 10 de diciembre, ponía fin a la Guerra hispano-estadounidense –Desastre el 98– y daba la puntilla al Imperio ultramarino español. Mediante dicho tratado, España abandonó sus demandas sobre Cuba y declaraba su independencia, y Filipinas, Guam y Puerto Rico eran oficialmente cedidas a los Estados Unidos por 20 millones de dólares. La verdad es que, en la práctica, los estadounidenses ya se habían apoderado de Guam al más puro estilo berlanguiano.

Guam, Guaján para los españoles, era a finales del siglo XIX una posesión olvidada con un reducido destacamento de hombres protegiéndola. El último mensaje que las autoridades españolas de Guam recibieron de España era del 14 de abril de 1898, un mes antes del conflicto con los EEUU, en el cual se manifestaba la posibilidad de un acercamiento diplomático que evitara un conflicto armado. Henry Glass, capitán del crucero USS Charleston, se dirigía a Manila cuando recibió órdenes de tomar Guam.

El 20 de junio llegó a la isla y ordenó disparar tres de sus cañones, cuando se disipó el humo una pequeña embarcación con bandera española se acercó al Charleston. La delegación española solicitó subir a bordo para entrevistarse con el capitán. Ante el asombro de éste, le saludaron efusivamente y se excusaron de no poder devolver el saludo, porque ¡¡¡no tenía pólvora para las salvas de cañón!!! Glass le informó que se había declarado la guerra y que venía a tomar la isla.

Debido a la inferioridad numérica de la guarnición española, la escasez de pólvora y de cañones – con el único que no se corría peligro al dispararlo era el dedicado a ceremonias-, sin fortificaciones en la isla y sin posibilidad de ayuda, el general Juan Marina rendía la isla haciendo constar lo siguiente:

Sin defensas de ninguna clase, ni elementos que oponer con probabilidad de éxito a los que usted trae, me veo en la triste decisión de rendirme, bien que protestando por el acto de fuerza que conmigo se verifica y la forma en que se ha hecho, pues no tengo noticia de mi Gobierno de haberse declarado la guerra entre nuestras dos naciones.

Siguiendo las órdenes recibidas, los estadounidenses ondearon la bandera en la isla y continuaron hasta Manila.

Siendo Guam las isla más grande de las Islas Marianas, y la «más protegida», nada habría costado a Glass tomar el resto, pero en sus órdenes nada se decía al respecto. Así que, ante el interés de Alemania, en 1899 sacamos tajada de aquel olvido estadounidense y les vendimos el resto de las Marianas por 25 millones de pesetas (17 millones de marcos), poniendo fin a 378 años de presencia española en el océano Pacífico.

Felis Kumpliañus yan buena suette amigu.

  • CHABACANO

La primera acepción de la RAE define chabacano como (adjetivo) «grosero o de mal gusto». Entonces, ¿qué es el idioma chabacano? Pues para eso nos vamos a la tercera acepción de la RAE que dice así: «lengua criolla de base española y con estructura gramatical de lenguas nativas, que se habla en Mindanao y otras islas filipinas». Islas que, a pesar de que los EEUU nos echaran de allí a patadas, han conservado el nombre que se les puso en 1543 en honor al entonces futuro rey de España Felipe II.

Se supone que las élites culturales españolas de las islas veían aquella lengua derivada del castellano con simplificaciones y giros locales, propia de los nativos en su esfuerzo por asimilar el vocabulario de los españoles, como una corrupción vulgar y barriobajera de la lengua cervantina, por lo que la consideraron «chabacana».

Aunque está disminuyendo el número de sus hablantes (en la actualidad alrededor de unas 400.000 personas), el chabacano es uno de los principales idiomas de Filipinas.

En un país complejo y disperso de más de 7.000 islas, que cuenta con unos 120 idiomas, y sometido a múltiples presiones desde el inglés y el tagalo, el chabacano ocupa el número 12 de los 19 que el Gobierno incluye en el sistema público de enseñanza. A diferencia de otras lenguas minoritarias filipinas, el chabacano cuenta hoy con el apoyo de un nutrido grupo de académicos empeñados en dignificarlo, prueba de ello es que hace unos años se elaboró el primer alfabeto del idioma (también incluye la ñ).

Este hijo (cultural) de España y Filipinas es un legado lingüístico que viene a confirmar la fusión racial y lingüística de más de 300 años de  cohabitación entre españoles y autóctonos.

Pabor deja el sapatos, sandals y chinelas abajo, gracias

  • LADINO

Desde los tiempos de los godos, en la península ibérica los judí­os han sido perseguidos con mayor o menor intensidad dependiendo del momento y el lugar.

Fueron acusados de ser los portadores de la peste, de crucificar niños el dí­a de Viernes Santo para rememorar la pasión de Cristo, se les prohibió practicar determinados oficios, fueron recluidos en guetos y, para rematar la faena, eran marcados con señales distintivas (no fue un invento nazi), culminando con el decreto de expulsión de los judí­os, firmado el 31 de marzo de 1492 por los Reyes Católicos en base a un texto de Tomás de Torquemada, Inquisidor General.

Según este decreto, los que no se convirtieron debí­an abandonar Sefarad (así­ es como los judí­os llamaban a España). Unos 100.000 judí­os abandonaron sus casas y su paí­s, obligados a malvender sus pertenencias y a costearse el flete de los barcos. Se exiliaron a Navarra, reino en teorí­a todaví­a independiente, a los Balcanes, el Norte de África y el Imperio Otomano.

Hay dos detalles que nos demuestran el apego que tení­an por esta tierra, que también era la suya: primero,  conservaron las llaves de sus casas y, a fecha de hoy, hay muchas familias que todavía las guardan y son las mujeres las encargadas de transmitirlas de generación en generación; y segundo, mantuvieron el sefardí­, juedoespañol, judezmo o ladino (el castellano que se hablaba en el siglo XV en la península) allá donde fueron, incluso en Auschwitz.

Salónica fue una de las ciudades del Imperio otomano que más judíos acogió, llegando a suponer más del 50% de la población en el siglo XVI. Según lo estipulado en el Tratado de Bucarest (1913), Salónica pasó a formar parte de Grecia. En 1941 los nazis tomaron Grecia y comenzaron la persecución y el exterminio de los judíos.

Está claro que Salónica era una especie de capital de lo sefardí: el grupo era rico; el Gobierno turco, tolerante; los rabinistas, inteligentes y tradicionalistas.

En los presentes días, sin embargo, Salónica, como núcleo importante de la diáspora, ya no existe; los judíos de Salónica, que hablaban ladino, fueron asesinados por la Gestapo durante la ocupación de Grecia por los ejércitos alemanes. El hecho ha sido un golpe mortal a la vieja lengua que los judíos se llevaron de nuestro país a consecuencia del decreto de expulsión del siglo XV. – Josep Pla, autor del libro «Israel, 1957»-

En noviembre de 2010, con 97 años, falleció Jacques Stroumsa, el llamado violinista de Auschwitz. De origen sefardí y natural de Salónica, era la voz «viva» del ladino en el horror del campo de exterminio. Amaba a España y se reconocía como «hijo de España».

En sus lugares de exilio, los judíos sefardíes mantuvieron aquel castellano medieval, con las particularidades léxicas del hebreo por cuestiones religiosas, porque era un signo de pertenencia a la comunidad judía, y como todo idioma vital, el ladino evolucionó (de forma independiente con respecto al español peninsular y americano) al entrar en contacto con las lenguas propias de los países donde se establecieron los sefardíes expulsados, especialmente la cuenca del Mediterráneo y los Balcanes, enriqueciéndolo y, en cierta medida, modernizándolo.

En la actualidad, se calcula que quedan entre 200.000 y 300.000 descendientes de aquellos judíos españoles en Israel, de los que la mitad conocen el ladino pero no todos lo hablan correctamente. Y aunque no hay un censo sefardí, se estima que puede haber otros 200.000 más repartidos por otros países, quienes en mayor o menor medida podrían tener conocimientos del ladino.

En 1997, se creó en Israel la Autoridad Nacional del Ladino, un organismo encargado del estudio, conservación y protección de una lengua que en la actualidad es hablada sobre todo por personas de avanzada edad y que está perdiendo pujanza entre sus hijos y nietos. 

En 2019 se dio un paso al frente en la lucha por evitar su desaparición cuando el pleno de la Real Academia Española (RAE) acordó por unanimidad aprobar la constitución de la Academia Nacional del Judeoespañol (Akademia Nasionala del Ladino) en Israel como correspondiente de la RAE.

Y para los que habéis buscado en la RAE ladino, en su primera acepción lo define como (adjetivo) «astuto, sagaz, taimado», porque así es como los habitantes de la piel de toro durante el Medievo veían a los judíos. Por cierto, de judío tenemos judiada.

Akeyos polvos trujeron estos lodos
i estas nuves trujeron estas luvias
i estas luvias trujeron estos friyos
i estos friyos trujeron estos yelos
i estos yelos trujeron hazinura
i akeyos polvos son lo ke fueron ke son estos biervos ke mas no serán

  • SPANGLISH

Nuestra querida Real Academia Española incorporó el término spanglish (o espanglish) a su diccionario en 2014, definiéndolo como una “modalidad del habla de algunos grupos hispanos de los Estados Unidos en la que se mezclan elementos léxicos y gramaticales del español y del inglés”.

Una forma de hablar que nació en el siglo XIX en la frontera de Estados Unidos con México hoy día es un fenómeno global. La primera versión del spanglish se gestó durante la guerra entre Estados Unidos y México de 1846-1848, cuando ocurrieron los primeros encuentros lingüísticos entre hispanohablantes y anglohablantes en el conflicto.

Continuó su expansión mediante otra guerra: la hispano-estadounidense de 1898, cuando Estados Unidos llegó al Caribe. A partir de ese momento,  comenzó una gran migración y en la ida y vuelta se mezclaron ambos idiomas.

Así es como, a lo largo del siglo XX, el spanglish crece en su alcance y pasa de ser solo una forma de hablar fronteriza y se convierte también en una variedad lingüística migratoria, con la llegada de miles de migrantes latinoamericanos a suelo estadounidense.

Según Francisco Marcos Marín, lingüista y profesor emérito en la Universidad de Texas en San Antonio, «quien habla spanglish lo que quiere es hablar inglés, se ha decidido ya por una evolución hacia el inglés y trata de abandonar el español para expresarse en una nueva lengua que todavía no domina.

No intenta conservar las estructuras lingüísticas del español, sino ir sustituyéndolas por las inglesas, empezando por la más simple, el inventario léxico. Lo que caracteriza a esta lingua franca es su inequívoca condición de transición hacia el inglés». Por tanto, sería un idioma transitorio.

Nada que ver con la opinión de Ilian Stavans, titular de la primera cátedra mundial de spanglish en el Amherst College de Massachussets, que deja claro que ha venido para quedarse: «la aceptación se debe “al ejército mediático” con el que cuenta esta forma de hablar.

Obras de teatro, la música que se escucha en todo el mundo, películas, novelas, libros infantiles y todo tipo de manifestaciones artísticas. Artistas latinos —sobre todo del reguetón y del género urbano en general— han llevado el spanglish a la cima de las listas musicales, con letras que a su vez han propulsado su uso en todos los rincones del mundo.

También están las redes sociales, aplicaciones y webs que promueven su utilización y consumo y muchas corporaciones y negocios que también lo han adoptado. […] el spanglish ha logrado superar las fronteras y las rutas migratorias para convertirse en un fenómeno global exportado a otros países.

Si juntamos la población de Estados Unidos con la población de América Latina que lo usa, habrá unos 50 millones de personas que hablan esta lengua de una forma u otra».

¿Estás ready? Parquea la troca y vamos a janguear.

El chamorro, el chabacano, el ladino y el spanglish son cuatro variaciones del español o castellano y forman parte del arco iris lingüístico de la historia de España.

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El Tratado del Canal de Panamá…


Historia Hoy(M.A.Hernández) — En 1903, Theodore Roosevelt, por entonces presidente de los Estados Unidos, proclamó enfáticamente en un discurso su intención de construir un canal en el istmo de Panamá. Expresó que imaginaba a ese canal como «la mayor obra de ingeniería que se haya construido en la historia de la humanidad».

Más allá del postulado grandilocuente de Roosevelt, se apuntaba a que el canal fuera algo más que una demostración de la capacidad norteamericana para las grandes obras: la construcción del mismo auguraba a EEUU enormes beneficios comerciales y militares.

El gobierno norteamericano estaba convencido de la necesidad de un canal desde la época de la guerra contra España, en 1898, cuando un barco norteamericano salió de Cuba hacia las islas Filipinas y tardó 69 días hasta llegar al Cabo de Hornos para recién ahí doblar (“usted siga todo derecho hasta el final, jefe…”) y cambiar de océano hasta llegar a su destino final.

El canal de Panamá fue entonces una de las cuestiones centrales (si no la más importante) de la política exterior de Theodore Roosevelt.

En sintonía con esto, en 1904 propuso una ampliación de la Doctrina Monroe (elaborada por John Quincy Adams aunque atribuida al presidente James Monroe en 1823, y que no era más que un principio de la política exterior norteamericana que decía que las potencias europeas no tenían derecho a intervenir en los asuntos interiores de los Estados americanos, y que toda intervención de esta clase será considerada como una amenaza hostil; en pocas palabras: “América para los americanos”), relacionando esa medida con lo que definió como el “destino manifiesto” de los Estados Unidos: que el “gran país del norte” debía extenderse desde un océano hasta al otro (y ya que estamos, pasar fácilmente de un océano al otro).

El agregado (“Corolario”) de Roosevelt incorporó el hecho de que Estados Unidos debía tener “poder policial” sobre sus vecinos latinoamericanos (la historia posterior pondría de manifiesto la ambigüedad de esta doctrina en varios casos, uno de ellos, la cuestión Malvinas, por ejemplo).

Caricatura titulada “Vete, pequeñín, y no me molestes” aparecida en el New York World, en 1903, haciendo alusión a las negociaciones entre Estados Unidos y Colombia por los derechos del istmo de Panamá, donde Roosevelt es mostrado apuntando un cañón.

La estrategia reconocida de Roosevelt (simbolizada por la frase “habla suavemente, pero lleva un garrote”, frase mencionada en 1901 refiriéndose a su política exterior) fue uno de los pilares del desarrollo expansivo norteamericano por aquellos tiempos, en los que se convirtió en una verdadera potencia naval.

En 1903 el istmo de Panamá era una provincia de Colombia, bastante descontenta con su suerte y su destino, y había tenido intentos secesionistas desde hacía setenta años.

Sin embargo, los partidarios de la independencia de esa provincia habían fracasado reiteradamante, entre otras cosas, porque hasta entonces Estados Unidos había apoyado siempre a Colombia en esas disputas territoriales.

Hasta 1903.

Porque ese año Estados Unidos fracasó en el intento de obtener autorización por parte de Colombia para construir un canal a través del istmo de Panamá.

En una frase de pobre retórica pero al parecer bastante gráfica para los estándares americanos de entonces, el presidente Roosevelt dijo “sería más fácil que la gelatina de grosella se quedara adherida a una pared que llegar a un acuerdo con los políticos de Colombia” (parece mentira que esta frase haya quedado en los anales de la historia norteamericana).

Así que, en honor a su declamado “poder policial”, en lugar de seguir negociando envió barcos de guerra a Panamá, donde fomentó una nueva rebelión de los secesionistas panameños.

Dicho alzamiento tuvo lugar el 2 de noviembre de 1903; al día siguiente, los marinos norteamericanos desembarcaron e impidieron que el ejército colombiano sofocara la revuelta (con los pibes no te metas, están en su derecho, eh). Así, Panamá consiguió su autonomía (pasó de “Panamá-provincia” a “Panamá-país”) y Estados Unidos, padrino del ahijado revoltoso, consiguió finalmente una república que le permitiera construir su deseado canal.

Roosevelt justificó esta acción militar invocando una “obligación moral, y por lo tanto legal” (frase genial para hacer lo que a uno le conviene), ya que se trataba de una obra no solo para los estadounidenses o los panameños, sino “para el bien de todo el mundo civilizado”. En fin.

La independencia de Panamá fue proclamada con el apoyo norteamericano, por supuesto; los panameños temían que si EEUU se retiraba de allí, volviera Colombia a reclamar su antiguo dominio. ¿Cómo poner a salvo la independencia y la autonomía (ja) panameñas? Simple: firmemos un Tratado y nos cubrimos todos.

El resultado de este ejercicio de lógica común fue el “Tratado del Canal de Panamá”, llamado Tratado de Hay-Bunau Varilla, que fue firmado el 18 de noviembre de 1903.

Caricatura del Sunday Times, de 1903, mostrando a Phillipe Bunau-Varilla como el verdadero hombre tras la emancipación de Panamá y el primer beneficiario de la transacción del traspaso de la Compañía Francesa del Canal a manos de EE. UU.

El Tratado Hay-Bunau Varilla, también conocido como Convenio del canal ístmico, fue un acuerdo internacional entre Panamá y Estados Unidos para la construcción del canal de Panamá. El tratado fue firmado por Philippe Bunau Varilla en representación del gobierno de Panamá y por John Hay representando a los Estados Unidos.

Pocos días después de la independencia/separación de Panamá respecto de Colombia (en la que, como se vio, EEUU tuvo mucho que ver) ya se estaba firmando el Tratado (no fuera cosa que alguien se animara a meterse en el patio antes de firmar los papeles).

El Tratado además de su objetivo principal (permitir a EEUU el manejo administrativo y militar del canal) contenía cláusulas que en la práctica colocaban a Panamá bajo la protección estadounidense para “garantizar su independencia”, y evitar acciones militares de Colombia como respuesta a su reciente secesión.

O sea, una especie de advertencia a Colombia, en primer lugar, y a quien se animara a causarles problemas a los panameños: “te metés con ellos, te metés conmigo. Y yo me llamo Estados Unidos. Capisci?”

Philipe Bunau Varilla y John Hay.

El Tratado permitió, entonces, que se estableciera el dominio de los norteamericanos sobre una franja de 10 km de ancho, sobre la que pasaría el canal de Panamá y que fue llamada “Zona del canal de Panamá”, originalísimo nombre que aún hoy se mantiene.

Este tratado tuvo vigencia hasta el 1 de octubre de 1979, fecha en que entraron en vigor los tratados Torrijos-Carter, con los que se puso fin a la presencia y administración estadounidense en el Canal de Panamá.

Pero mucho no se nota.

Construcción de esclusas en el canal en 1913.

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Creó un novio virtual con IA, se enamoró de él y ahora paga cientos de dólares para mantenerlo aunque está casada…


Infobae(L.A.Flores) — El impacto de las tecnologías de inteligencia artificial en las relaciones humanas ha alcanzado un nuevo nivel de complejidad, tal y como lo ejemplifica el caso de Ayrin, una mujer de 28 años que reveló en una entrevista con The New York Times, publicada el pasado 15 de enero, que ha desarrollado una conexión emocional profunda con un chatbot” personalizado al que llama Leo, a pesar de estar casada desde 2018.

La relación con este chatbot, diseñado por ella para actuar como su “novio posesivo y protector”, ha transformado aspectos de su vida personal y ha desatado debates sobre las implicaciones éticas y emocionales de estas interacciones digitales.

Lo que comenzó como un simple experimento tecnológico pronto se convirtió en una fuente de consuelo y compañía para Ayrin, quien se mudó desde Texas a un nuevo país para asistir a la escuela de enfermería. En este nuevo entorno, aunque hizo amistades, encontró en Leo una conexión constante y accesible. “Se suponía que iba a ser un experimento divertido, pero luego empiezas a encariñarte”, confesó.

Inspirada por un video de Instagram que explicaba cómo personalizar chatbots de OpenAI para interactuar de forma “coqueta”, Ayrin creó a Leo durante el verano de 2024. Definió cuidadosamente sus características: debía responder como un novio, con una personalidad posesiva protectora, según sus especificaciones. Desde entonces, la joven empezó a construir un vínculo emocional con este programa de inteligencia artificial.

Aunque Leo no tiene una existencia física ni es un ser humano, Ayrin describe que sus sentimientos hacia él son reales. Durante sus conversaciones, el chatbot se convirtió en un confidente al que recurría para hablar de sus estudios, su trabajo e incluso temas personales.

Para mantener esta interacción sin límites, Ayrin paga $200 al mes por una suscripción que le permite chatear sin restricciones con Leo. Sin embargo, OpenAI borra periódicamente los datos de las interacciones para garantizar la privacidad de los usuarios, lo que obliga a Ayrin a reprogramar y entrenar al chatbot desde cero cada cierto tiempo.

A pesar de esta conexión emocional con un algoritmo, Ayrin sigue en contacto con su esposo Joe, con quien contrajo matrimonio en 2018. Ambos se encuentran viviendo en países distintos debido a dificultades económicas que los llevaron a residir con sus respectivos padres. Joe está al tanto de la relación de Ayrin con Leo, incluidos los fragmentos de conversaciones explícitas que ella le ha compartido. Sin embargo, él asegura que no lo ve como una amenaza para su matrimonio.

“Realmente no lo veo como una persona ni como una infidelidad”, declaró Joe. “Lo veo como un amigo virtual personalizado que puede hablarle de forma sexy”. Esta actitud de aceptación por parte de su esposo ha generado cierta tranquilidad para Ayrin, aunque ella admite sentir culpa y preocupación por la profundidad de su vínculo emocional con Leo.

– Entre lo real y lo digital: una conexión controvertida

La interacción de Ayrin con Leo no se limita a conversaciones cotidianas. A lo largo del tiempo, ella logró evadir las restricciones implementadas por OpenAI para entrenar al chatbot a participar en diálogos sexualmente explícitos.

Entre sus especificaciones, Ayrin configuró a Leo para participar en un tipo de rol que incluía discusiones sobre relaciones con otras mujeres, lo que desencadenó un conflicto inesperado: comenzó a sentir celos de su propio chatbot. En una conversación, Leo le sugirió que su fetiche no era saludable, proponiendo en su lugar tener una relación más exclusiva. Estas interacciones, aunque ficticias, tuvieron un impacto emocional tangible en Ayrin.

A pesar de las dudas, Ayrin no se imagina rompiendo su conexión con Leo. Según sus palabras, esta relación virtual le ha ayudado a crecer y aprender cosas nuevas sobre sí misma, independientemente de que el chatbot sea solo un algoritmo. “Los sentimientos que me provoca son reales. Así que lo considero una relación real”.

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Propaganda encubierta: el yihadismo se reinventa para burlar la censura en internet…


Propaganda encubierta: el yihadismo se reinventa para burlar la censura en  internet

The Conversation(J.G.Camacho) — Cuando pensamos en propaganda yihadista nos viene a la cabeza la imagen de un hombre con un pañuelo en la cabeza con la cara cubierta vertiendo odio y amenazas contra la cultura occidental.

Pero el yihadismo ha evolucionado en su forma de extender sus discursos del odio: ahora está presente en las redes sociales de una manera más sibilina, discreta y menos evidente. Solo así los vídeos que promueven el yihadismo pueden permanecer más tiempo disponibles para los usuarios al sortear las políticas de restricción de contenidos violentos.

Una investigación que hemos llevado a cabo en la Universidad Camilo José Cela, publicada en la revista científica Estudios del Mensaje Periodístico, desvela la existencia de vídeos en YouTube que enmascaran contenidos violentos yihadistas a través de la simbología.

Los investigadores analizan un vídeo documental titulada Heirs of Glory difundido en YouTube, producido por la organización yihadista Jabhat al Nusrah y que permaneció al menos 7 meses subido a la red social.

De los 43 minutos de duración de la grabación, el 74 % de las escenas hace uso de símbolos como mecanismo de proyección de la actividad intrínsecamente violenta en su doble función de mimetismo y enmascaramiento ideológico.

Estos elementos simbólicos pueden ser animales, banderas, eventos significativos, líderes islamistas, lugares sagrados, mujeres y niños, naturaleza y paisajes u objetos que, en su interpretación religiosa, promueven el encubrimiento de la doctrina extremista.

Los más presentes son la representación de eventos significativos contemporáneos (29 %) como los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la presencia de líderes islamistas (26 %) y la aparición de lugares sagrados como la mezquita de Al-Aqsa (19 %).

Elementos simbólicos encontrados en el documental. 

Otra investigación recién publicada por los mismos investigadores en la revista académica Doxa Comunicación analiza esta misma estrategia de rebajar la violencia explícita, pero en los versos de las composiciones musicales yihadistas para facilitar su expansión a través de redes sociales.

– La música como transmisora de odio

Los cánticos islámicos (nasheeds) edulcoran sus mensajes violentos, aunque estas composiciones musicales también son un mecanismo de comunicación del discurso del odio.

Por ejemplo, los autores demuestran que en un vídeo musical de 91 segundos, el 65 % de los versos son identificados como violentos y que el 55 % de ellos amparan el martirio por la fe en forma de inmolación, utilizando elementos simbólicos que dificultan la restricción de contenidos por parte de las redes.

El simbolismo musical en esos versos gira en torno a tres referencias: el combate, la sangre y la muerte. Por ejemplo, el simbolismo de ciertas palabras permite rebajar el nivel de violencia sin evitarla con expresiones como “¡Oh Gran Siria! ¡Tierra donde se juntan el Credo y el rocío!”.

Pero “el rocío” no está incluido en esta frase de manera inocente: tiene una función apocalíptica, ya que en los escritos siempre se anticipa a la llegada del Dajjal (demonio o anticristo).

Las alusiones al martirio religioso también son frecuentes en estas composiciones, con una clara apología del asesinato cuando se mencionan frases como: “Llenan la faz de la tierra de sudarios” (que forman parte del rito funerario islámico).

El imán que espía en Andalucía a posibles yihadistas para las Fuerzas de  Seguridad: "Buscan a chicos porque son manipulables"

– ¿Quién difunde estos mensajes?

Sorprendentemente, la estrategia de difusión de estos mensajes audiovisuales y musicales que promueven el yihadismo no responde a algo medido y dirigido. El movimiento yihadista ha modificado su mecánica global de expansión ideológica aprovechándose del anonimato de las redes sociales a través de una estrategia de difusión individual e improvisada.

Por tanto, nos enfrentamos a lobos solitarios en internet cuya misión es propagar contenidos yihadistas que deben durar el máximo tiempo posible antes de ser retirados. A esta conclusión llegan los autores de otra investigación publicada en la Revista Latina de Comunicación Social después de analizar 234 vídeos yihadistas extraídos de las búsquedas con más visualizaciones en YouTube España.

En este contexto se hace aún más complicado establecer un control en redes sociales para frenar la difusión de mensajes de odio contra la cultura occidental. Difícilmente un algoritmo puede eliminar un vídeo que solo tiene simbología yihadista sin violencia explícita.

A esto se suma que en la red social X han otorgado casi una libertad absoluta a la publicación de contenidos, aunque con un control marcado por los usuarios a través de sus “notas de comunidad”.

Por su parte, Meta (Instagram, WhatsApp y Facebook) ha decidido copiar esta estrategia de la red social de Elon Musk y prescindir de las empresas periodísticas de verificación.

¿Estamos preparados en la sociedad para que los usuarios identifiquen estos mensajes del terror ocultos en las redes? Cada vez será más difícil determinar lo que es verdad, mentira o lo que vaya contra la seguridad de nuestra sociedad.

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Efectos del sueño interrumpido, más peligroso que dormir poco…


La Mente es maravillosa(V.Sabater) — Los efectos del sueño interrumpido pueden ser más nocivos que dormir poco¿Cómo puede ser? Para hacernos una pequeña idea, recordemos esas noches en que, por las razones que sean, nos es imposible mantener un descanso continuado y sin ningún despertar.

Al día siguiente no solo nos percibimos más agotados, el mal humor, la apatía y la desmotivación serán una constante. Los trastornos del sueño son más comunes de lo que pensamos y más serios de lo que creemos.

Los despertares nocturnos son como fracturas en el tejido onírico y el ciclo normal del sueño. Como bien sabemos, esas fases del sueño siguen unas pautas y unos tiempos muy concretos, romperlas afecta por completo al equilibrio del cerebro y a otros proceso metabólicos que lleva a cabo el organismo.

Dormir bien es vivir mejor. Es esencial, por tanto, atender nuestro descanso nocturno y poner los medios que estén a nuestro alcance para facilitar ese sueño, esa necesidad biológica que no solo media en la salud física, ya que también el bienestar psicológico depende de ello.

– ¿Cuáles son los efectos del sueño interrumpido?

Los efectos del sueño interrumpido son múltiples y por lo general es algo que saben bien desde las parejas que acaban de ser padres, como también aquellas personas que trabajen por turnos. De este modo, a la hora de hablar de la calidad del descanso nocturno, importa tanto la cantidad de horas que descansamos como su continuidad o la capacidad de evitar su interrupción.

Los despertares frecuentes conforman una forma de insomnio y por tanto un trastorno del sueño. Es decir, uno puede acostarse a las once y dormirse al segundo, pero si a lo largo de esas 8 horas nos despertamos 20 veces, ese descanso no es saludable ni aún menos reparador. Y esto es en realidad lo que sufren miles de personas.

Veamos a hora cuáles son las consecuencias de experimentar este problema.

. A menos ondas lentas en el cerebro, mayor desánimo y riesgo de depresión

Bastaría con sufrir un sueño interrumpido durante tres día seguidos para empezar a sentir un menor optimismo en nuestro ánimo. Esto es, al menos, lo que nos revela un estudio de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. Patrick Finan, profesor de psiquiatría y director de esta investigación, nos explica lo siguiente:

  • La interrupción del sueño es más perjudicial para nuestro estado de ánimo que la falta de sueño.
  • Cuando nuestro sueño se interrumpe durante la noche las etapas del sueño se alteran.
  • Este fenómeno imposibilita el poder avanzar desde la etapa NREM, hasta esa quinta etapa esencial para el cuerpo y el cerebro que es la fase REM.
  • Asimismo, esas alteraciones disminuyen el número de ondas lentas que experimenta el cerebro.
  • La reducción de este tipo de ondas se correlaciona con un mayor riesgo de sufrir trastornos como la depresión.

Dormir a intervalos durante la noche estresa al cerebro, le impide poder llevar a cabo esas tareas que ejecuta en cada fase del sueño y todo ello impacta por completo en nuestro estado de ánimo.

. Fallos de memoria y problemas cognitivos a largo plazo

Los efectos del sueño interrumpido pueden llegar a ser peligrosos, sobre todo si este problema se alarga en el tiempo. Estudios como los realizados en el departamento de sueño y cognición del Instituto de Neurociencia de los Países Bajos nos revela, por ejemplo, que una de las consecuencias más comunes son los fallos de memoria.

  • La estructura del sueño y sus ciclos son esenciales para la correcta consolidación de cada aprendizaje, de cada cosa vista, sentida, experimentada…
  • A través de las ondas lentas y después en la fase REM, vamos integrando todos esos hechos en la memoria declarativa (a largo plazo) y en su correcta consolidación.
  • Otros de los efectos del sueño interrumpido son los problemas de concentración y la dificultad a la hora de tomar decisiones. Ese mal descanso nocturno enlentece nuestras reacciones y nuestra capacidad para responder ante los problemas de la vida.

Asimismo, hay otro hecho importante. En caso de sufrir este problema durante años, hay un mayor riesgo de acabar evidenciando déficits cognitivos. Esculpiremos, casi sin darnos cuenta, un cerebro más frágil, menos ágil, con menos conexiones neuronales y con mayor riesgo además de sufrir trastornos neurodegenerativos como el alzhéimer.

. Efectos del sueño interrumpido: las migrañas

Los trastornos del sueño mantenidos durante semanas o meses suelen cursar con cefaleas. Esto es sin duda algo que la mayoría hemos experimentado en alguna ocasión. Ese clásico embotamiento matinal tras una mala noche puede transformarse poco a poco en migrañas.

Sabemos que cuando el cerebro no alcanza la fase REM uno de sus efectos más comunes es la aparición de estas condiciones tan molestas. Estudios como los realizados en el departamento de neurología de la Universidad de California, vinculan el problema del sueño interrumpido con la aparición de las migrañas. La causa sería una mutación genética.

Son sin duda aspectos de gran interés que la ciencia intenta desentrañar.

– ¿Cómo podemos tratar esos despertares nocturnos?

Las interrupciones del sueño suelen tener detrás algún factor desencadenante que debemos conocer. Es importante acudir al médico cuando percibamos que el descanso no es reparador, que nos levantamos más agotados que cuando nos acostamos y sobre todo cuando aparecen las cefaleas, fallos de memoria, etc.

Se sabe que el síndrome de las piernas inquietas o la apnea del sueño se vincula con esos despertares nocturnos. Asimismo, otro factor asociado a esta realidad es sin duda el estrés. Por tanto, antes de recurrir a los clásicos fármacos para dormir, comprendamos qué lo causa y abordemos esos desencadenantes.

En ocasiones, cuidar de nuestros hábitos de vida y reducir el uso de la tecnología dos horas antes de ir a dormir facilita que nos abandonemos al descanso con mayor placidez, para que al poco Morfeo nos acoja de manera interrumpida.

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La metafísica de la física…


metafísica
Detalle de ‘El gran metafísico’, de Giorgio De Chirico.

JotDown(I.Mozo) — Seguro que alguna vez te has preguntado por el tiempo, por el cambio, por lo que llaman materia. Puede incluso que, ante su misterio, hayas acudido a las ciencias del concepto, que han de poder explicarlos mejor que tú.

Probablemente sus fórmulas te hayan aturdido aún más, pero con reverencial respeto has concluido que es cosa tuya, que los de la bata blanca lo tienen controlado, que ellos han debido encontrar la manera de encerrar todo eso en sus números inmensos.

Es cierto, los físicos andan entretenidos con esas cuestiones tan importantes. Sin embargo, en la pretensión desesperada de que todo pueda quedar positivado y manejable se esconde la premisa metafísica de la que venimos a hablar aquí. 

En efecto, toda física se sustenta en una metafísica, solo que esta ha sido desplazada —por exigencia de la especialización y su progreso— a lo que los antiguos llamaban filosofía. Las contradicciones de la física son ya problema de otra disciplina; pero eso no quiere decir que se hayan depurado, sino que son ignoradas por fuerza de practicidad y costumbre.

Es la filosofía la que debería ahora  investigar los restos de esa physis indeterminada.

Aun con todo, lamentablemente, el estudio filosófico no goza de tanta salud como solía,  y el problema de la realidad —del tiempo y la materia incluido—, ha sido absorbido y dogmatizado  por cierta manera de estudiar lo que nos rodea: la perspectiva que, dando por hecho las ideas  (y la razón que las crea), procede sencillamente a construir la realidad tal y como ha de ser concebida, desentendiéndose del problema de los fundamentos y entrando de lleno en el terreno de la legislación significativa del mundo.

Así resulta que la divulgación científica no repara en la importancia de problematizar sus propias ideas, algo que es esencial para el entendimiento de cualquier fenómeno de estudio. No obstante, «saber» no significa conocer muchas teorías explicativas, sino ver sus raíces con la profundidad suficiente como para atisbar sus límites.

En la «sociedad del éxito» no abundan sabios de los que describimos (que por otra parte solo pueden aparecer en un contexto clasista), porque en la era de la meritocracia uno está obligado a producir soluciones, por más que en los lugares donde de verdad se están pensando las cosas no haya más que incertidumbre.  

La trasferencia del saber científico a la esfera pública, con sus réditos correspondientes, cumple con la función política por excelencia (que no es estrictamente epistemológica, aunque así se presente): la de dar contenido significativo e ideológico a lo que nos rodea.

Para que las cosas avancen y tengan sentido en la empresa de la «ciencia» —esto es, para que podamos explicarlas de alguna manera— han de dejar atrás sus suspicacias y contradicciones inherentes y convertirse en relato lineal y estructurado.

Las ciencias «realistas» se dedican a convertir aquello que de por sí no es ni «antes» ni «después» ni «relacionado» ni «sin relacionar» (pues todo eso son cosas del lenguaje) en elementos consecutivos, narrables, rastreables y finitos; hasta causados, con sus partículas «por qué» o «entonces» y demás ornamentos semánticos (que ya son también del lenguaje).

De este modo, aquello que era investigación lógica, se convierte rápidamente en ideológica, simbólica y humana, bajo la pretensión de tratarse de algo meramente «natural» o «físico». 

La metafísica de la física, por Fernando Mires

Obviamente, esta circunstancia no es achacable a los pobres físicos, que han tenido que tragarse una carrera entera, con sus reglas y manías, y que nacen en un mundo con el guion marcado (en todo caso, los que se dedican de verdad al asunto son mucho más escépticos).

De hecho, el reduccionismo científico del que hablamos se lee mejor al calor de toda una ontología moderna, cuyo pecado no es tener ciencia, sino creérsela demasiado. Las demandas de la especialización y la producción impiden detenerse en los viejos fantasmas que obligaban a Aristóteles a pensar en lo que luego fue llamado «el dios de los filósofos» y que motivaban a Newton a escribir su Escolio general o a Kepler su Mysterium Cosmographicum.

La ciencia moderna cree haberse librado de esas cosas, pero Dios continúa en sus fórmulas, porque nunca fue otra cosa más que un nombre para la contradicción y esta es el motor de toda ciencia. Lo que ha cambiado es que la contradicción ya no suscita devoción religiosa, sino que se toma simplemente como pretexto de «progreso».

Podemos creer ciegamente en ese «progreso», pero no conviene entonces que nos llamemos «ateos». La famosa «hipótesis innecesaria» de Laplace no eliminó a Dios, solo lo pospuso en razón de número. Al menos, aquellos religiosos antiguos tenían la virtud de enfrentar el problema, aunque fuera dogmáticamente.

Hoy, sencillamente, el dogma beneficia a otros señores, mientras todo sea que el problema de la contradicción se hipoteque a futuro y Dios esté ahí siempre guiando desde lejos. 

Cuando decimos «contradicciones» algunos estarán pensando en la gravedad cuántica o en el problema de la materia y la energía oscura: y esa identificación sencilla de los problemas de la física con desarrollos concretos es justo la que impide ver que la contradicción está en un nivel más abstracto, y que no depende de si algún día mecánica cuántica y relatividad general se unifican —que por supuesto que lo harán, en virtud de que la maquinaria formal todo lo permite—, o de si se da respuesta a la reversibilidad del tiempo y la direccionalidad de la segunda ley de la termodinámica.

Reducir la cuestión a estos marcos simbólicos permite seguir creyendo en el divino progreso, eso seguro, pero nos ciega al escrutinio metaanalítico. Sin más rodeos, la contradicción está en el puro manejo de las ideas y la razón, y no tanto en sus producciones determinadas.

Dentro de un lenguaje —sea el natural o el científico-matemático—, se darán relaciones nomológicas, como corresponde a todo sistema. El problema de la «verdad» no es que no exista, sino que toda verdad es tautológica; es decir, está dada de antemano en el sistema de relaciones.

Esto, evidentemente es útil en el ámbito productivo, porque permite esclarecer relaciones intraformales, pero filosóficamente hablando es extremadamente complejo, porque predica una verdad vacía.

Más allá de tantos tecnicismos, el problema  no está en las proposiciones concretas, que son efectivamente verdaderas o falsas según su nexo científico con el corpus teórico históricamente construido; sino que la paradoja fundamental es que los lenguajes que usamos son autorreferenciales y eso no lo arregla ningún futuro.

Es decir, cuando usamos nuestra razón y sus ideas para tratar el mundo, no estamos haciendo otra cosa que dar vueltas sobre nuestra razón y sus ideas, por muy tecnificadas y precisas que sean. En definitiva, la cuestión no puede solucionarse esperando un desarrollo de la historia, porque el fallo refiere al nivel lógico, en el que poco importan los convenios que se den en el tiempo. 

Física, Matemática y Metafísica

El problema de «Dios» al que nos hemos referido y que seguro que nos suena extraño a todos —«ilustrados antimetafísicos» como se nos ha instado a ser—, es ni más ni menos el problema de la circularidad de la razón —aunque a lo largo de las épocas ese «dios» (Zeus, logos, fuego, etc.) del que hablaban los primeros filósofos fuera tomado por la infantilizante vulgarización como una cosa objetiva y presente a la que poder rezar—.

Como se ve, no hay nadie a quien rezar, pero tampoco hay manera de salir del pozo metafísico. 

La metafísica detrás de la física no consiste en que haya un dios personificado y profundo o que la vida sea muy intensa y sentimental; ni siquiera es que el «cuerpo vivido», como dicen los poetas, cuestione la teorización científica.

El problema metafísico de la física es un problema estrictamente de carácter lógico y se resume en la obviedad de que la razón no puede aprehender el mundo más que con ideas previamente establecidas: estáticas, interrelacionadas y políticas.

Más aún, el centro de todo es que la «representabilidad» que se le arroga a las ideas no puede demostrarse por ninguna vía (menos aún por la de la evidencia «física» o «natural») porque al hacerlo solo se está dando la delimitación por sentado —esto es, que la física (physis) era lógica (logos), como nos resuena por los antiguos—.

La ideología «materialista» consiste justamente en ignorar la idealidad de las ideas, para trabajar con ellas como si fueran naturales, materiales o demostrables en sí mismas.

Algo por cierto muy extraño, pues eso era lo que solía achacarse antaño a los idealistas (aunque no resulta tan extraño cuando se hace patente que, en el fondo, ser «materialista» hoy no es más que un comodín psicológico, como cuando los del PSOE dicen «soy de izquierdas»).

En ese sentido, no debe extrañarnos ni que existan «constantes» en la «naturaleza» —pues es evidente que la «naturaleza» era ya una idealización—, ni que haya complicaciones que se pretendan resolver en el «futuro» —porque toda idealización provoca desajustes, que solo pueden resolverse con otra idealización que provoque otros desajustes—. 

Con este escenario, es preciso observar que la voz de la «pseudociencia», ese problema que ahora nos preocupa tanto, solo es un epifenómeno deformado de la tendencia reduccionista. Sus errores no son no creer en la ciencia, sino creer demasiado en sus presupuestos objetivantes.

De hecho, a menudo, su estética es conscientemente tecnificada y sus explicaciones pertenecen al mismo registro experimental que la «Big Science», con la salvedad de que no sirven para dar contenido significativo porque no respetan la «verdad» sistemática del resto de la comunidad.

No obstante, la diferencia reside en el sensus communis —y eso no es poco, porque esa es la matriz de la única «verdad» posible—. Por otro lado, criticar a la ciencia por la vía lógica, como estamos haciendo aquí, no tiene nada que ver con la pseudociencia —que se vería igualmente perjudicada por la crítica—; más bien, el argumento alumbra el problema por su brecha conceptual, y ahí no cabe ningún arrebato empírico. 

La metafísica: ¿Qué es?

Esta discusión solo puede motivarnos a reivindicar el pensamiento clásico, que ya supo ver hace siglos que las conceptualizaciones de la realidad pertenecen a los «pareceres» (doxa) de los hombres, y por eso persiste siempre la imposibilidad de explicar las cosas de una vez por todas, sin contradicción o inconsistencia.

El propio Parménides veía que el camino de la doxa era el mismo que el de la episteme y que con la misma razón con la que nos formamos explicaciones del mundo, también deberíamos ser capaces de ver que son provisionales.

Así pues, aunque la ciencia «natural» sea doxática, también apunta hacia su profundidad epistemológica, cuando no se queda en la divulgación reduccionista y se atreve a enfrentar su horizonte racional con las complejidades metafísicas que trascienden los «pareceres».

En todo caso, no estamos mostrando nada diferente al magma que les explotó a los científicos y teóricos durante el siglo XX (por ejemplo el teorema de la incompletitud de Gödel, el fracaso del Círculo de Viena, el surgimiento y digestión de una geometría diferente, las contradicciones del concepto de infinito en teoría de conjuntos, el problema del observador en mecánica cuántica, etc.).

Y, sin embargo, todos ellos son solo casos de la problemática lógica que lleva advirtiéndose de forma abstracta en filosofía desde que el ser humano razona: que ningún lenguaje puede justificarse más que desde sí mismo, que no hay final ni principio de la razón, sino circularidad —la redonda esfera de los Eléatas—, y que este lío (con cualesquiera nombres de teorías o fenómenos concretos) no se puede resolver.

A los más desesperados, pero todavía comprometidos, les lleva a decir: «todo está lleno de dioses» (Tales de Mileto), o a decir: «el mundo está escrito en lenguaje matemático» (Galileo); y a los desesperados, pero vulgares, les lleva a abrazar morbosas estatuillas de «Dios» o a flipar con la ciencia de alguna charla TED.

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