Psicología y Mente(J.soriano) — El cannabis es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo, especialmente entre jóvenes. Sin embargo, su impacto en el cerebro en desarrollo sigue siendo un tema de preocupación, particularmente en personas predispuestas a trastornos psicóticos.
Diversas investigaciones han señalado que el consumo de cannabis puede actuar como un factor desencadenante o agravante de la psicosis, pero aún se está explorando cómo afecta directamente la estructura y función cerebral.
Un estudio reciente arroja luz sobre este vínculo, revelando que el cannabis exacerba la reducción de la conectividad sináptica en individuos con riesgo de psicosis. Este hallazgo es especialmente relevante, ya que las sinapsis desempeñan un papel crucial en la comunicación neuronal y en funciones cognitivas y emocionales esenciales.
– Riesgo de psicosis: ¿qué sucede en el cerebro vulnerable?
La psicosis es una condición que altera profundamente la percepción de la realidad, manifestándose a través de síntomas como delirios, alucinaciones y desorganización del pensamiento. Sin embargo, antes de que estos síntomas se desarrollen por completo, algunas personas experimentan lo que se conoce como un estado de alto riesgo clínico de psicosis.
Este estado se caracteriza por cambios sutiles, como una percepción distorsionada de la realidad, aislamiento social, desconfianza leve y dificultades para concentrarse. Identificar este riesgo es crucial, ya que permite intervenir antes de que se produzcan episodios más graves.
El cerebro de las personas en este estado presenta alteraciones significativas en su estructura y funcionamiento. Una de las más destacadas es la disfunción en el proceso de poda sináptica, un mecanismo esencial durante la adolescencia y la juventud que elimina conexiones neuronales innecesarias para optimizar el cerebro.
En individuos con riesgo de psicosis, este proceso puede ser insuficiente o excesivo, lo que afecta la conectividad cerebral.
Además, las investigaciones muestran alteraciones en regiones clave como la corteza prefrontal, relacionada con la toma de decisiones, y el estriado, que regula las emociones y la motivación. Estas alteraciones pueden explicar los síntomas iniciales, como el aislamiento y la apatía.
La vulnerabilidad cerebral en estas personas las hace más susceptibles a factores externos, como el consumo de sustancias. Esto subraya la importancia de estudiar cómo el cannabis interactúa con un cerebro ya predispuesto, potencialmente agravando estas alteraciones.
– El impacto del cannabis en el cerebro
El consumo de cannabis durante la adolescencia y la juventud puede alterar el desarrollo cerebral, especialmente en personas con mayor vulnerabilidad a la psicosis.
Durante este periodo crítico, el cerebro está en constante cambio: se produce la poda sináptica, un proceso que elimina las conexiones neuronales menos útiles, y se refuerzan las conexiones que mejoran la eficiencia de la comunicación entre las regiones cerebrales. Sin embargo, el cannabis puede interferir con este proceso, causando un desarrollo atípico.
Estudios recientes, como el publicado en JAMA Psychiatry, han demostrado que el uso de cannabis está asociado con una disminución de la densidad sináptica, es decir, en el número de conexiones entre neuronas. Estas alteraciones son especialmente preocupantes en personas con riesgo de psicosis, ya que presentan déficits en la conectividad cerebral.
En este grupo, el consumo de cannabis parece exacerbar los problemas en regiones clave del cerebro como la corteza prefrontal y el estriado, áreas relacionadas con la regulación emocional, la motivación y la toma de decisiones.
Una de las hipótesis principales es que el tetrahidrocannabinol (THC), el componente psicoactivo del cannabis, interfiere con el sistema endocannabinoide del cerebro. Este sistema regula funciones críticas como el estado de ánimo, la memoria y el desarrollo neuronal.
En un cerebro en riesgo de psicosis, la interrupción de este equilibrio puede tener consecuencias graves, como un mayor aislamiento social, falta de motivación y riesgo elevado de desarrollar psicosis.
Además, el cannabis parece afectar más a quienes comienzan a consumir cannabis en edades tempranas o lo hacen de forma frecuente, debido a la mayor plasticidad cerebral en estas etapas. Este impacto acumulativo refuerza la importancia de prevenir el uso de cannabis en poblaciones vulnerables para proteger la salud cerebral a largo plazo.
– Consecuencias clínicas del consumo de cannabis en personas con riesgo de psicosis
El impacto del cannabis en personas con riesgo de psicosis no se limita a cambios biológicos en el cerebro; también se traduce en síntomas clínicos que afectan profundamente su calidad de vida. Estudios como el publicado en JAMA Psychiatry han mostrado que las alteraciones en la densidad sináptica vinculadas al consumo de cannabis están asociadas con un aumento de los síntomas negativos de la psicosis, como el aislamiento social, la apatía y la falta de motivación.
Estos síntomas son especialmente difíciles de tratar con los medicamentos disponibles actualmente, lo que resalta la gravedad del problema.
En personas con riesgo elevado de psicosis, el consumo de cannabis no solo intensifica los síntomas negativos, sino que también podría acelerar la transición hacia un trastorno psicótico completo. Las regiones más afectadas por esta sustancia, como la corteza prefrontal y el estriado, están directamente implicadas en funciones como el control emocional, la capacidad para planificar y la regulación del comportamiento impulsivo.
Esto podría explicar por qué quienes consumen cannabis de forma habitual muestran un empeoramiento en sus habilidades sociales y una mayor dificultad para mantener relaciones interpersonales.
Además, los síntomas positivos de la psicosis, como las alucinaciones y los delirios, podrían agravarse en algunos casos debido a la interacción del cannabis con neurotransmisores clave como la dopamina. Si bien el estudio no halló una relación directa entre el consumo de cannabis y estos síntomas específicos, es posible que existan mecanismos subyacentes que merecen más investigación.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de intervenir temprano en poblaciones vulnerables, fomentando estrategias de prevención del consumo de cannabis y desarrollando tratamientos que aborden los déficits sinápticos. Identificar y gestionar estos riesgos a tiempo podría marcar la diferencia para quienes se encuentran en las etapas iniciales de la psicosis.
– Prevención e implicaciones futuras en el tratamiento
Dado el impacto del cannabis en el cerebro de las personas con riesgo de psicosis, resulta crucial enfocar los esfuerzos en la prevención y en el desarrollo de tratamientos dirigidos.
Una de las principales estrategias de prevención es la concienciación sobre los efectos del consumo de cannabis, especialmente durante la adolescencia y la adultez temprana, etapas en las que el cerebro atraviesa un desarrollo crítico. Campañas educativas que informen sobre la relación entre el cannabis y el riesgo de psicosis pueden ayudar a reducir su consumo en poblaciones vulnerables.
En el ámbito clínico, los hallazgos sobre los déficits sinápticos ofrecen nuevas oportunidades para desarrollar tratamientos más efectivos. Actualmente, los medicamentos disponibles para la psicosis tienen una eficacia limitada en la mejora de los síntomas negativos, como la apatía o la falta de motivación.
Sin embargo, centrarse en la salud sináptica podría abrir la puerta a terapias innovadoras que aborden directamente las alteraciones en la conectividad cerebral. Por ejemplo, investigaciones futuras podrían explorar el uso de medicamentos que promuevan la plasticidad sináptica o que protejan las conexiones neuronales en personas con riesgo de psicosis.
Además, los estudios longitudinales son esenciales para comprender si la reducción del consumo de cannabis puede revertir los cambios cerebrales observados. Si se demuestra que cesar el consumo mitiga los déficits sinápticos y reduce la progresión hacia trastornos psicóticos, se podrían diseñar programas específicos de intervención temprana para fomentar el abandono de esta sustancia en jóvenes vulnerables.
Con estas medidas, sería posible no solo prevenir la aparición de la psicosis, sino también mejorar la calidad de vida de quienes se encuentran en riesgo.
– Conclusiones
Dado el impacto del cannabis en el cerebro de las personas con riesgo de psicosis, resulta crucial enfocar los esfuerzos en la prevención y en el desarrollo de tratamientos dirigidos. Una de las principales estrategias de prevención es la concienciación sobre los efectos del consumo de cannabis, especialmente durante la adolescencia y la adultez temprana, etapas en las que el cerebro atraviesa un desarrollo crítico.
Campañas educativas que informen sobre la relación entre el cannabis y el riesgo de psicosis pueden ayudar a reducir su consumo en poblaciones vulnerables.
La mente es maravillosa(V.Sabater) — La mayoría en algún momento experimentaremos un choque emocional. Recibir una mala noticia o ser testigo de algo impactante puede paralizarte e incluso hacer que sufras una disociación.
Cuando Laura llega a su puesto de trabajo en la oficina, se encuentra a su compañera Rebeca inmóvil en su escritorio con el teléfono en la mano. No reacciona a sus palabras y su rostro expresa una mezcla de desconcierto y pánico. Unos minutos después, descubre que acaban de llamarla para decirle que su pareja está en el hospital por un infarto. Rebeca se encuentra en estado de shock.
Esta es una experiencia en la cual las emociones nos colapsan. Son situaciones en las que, de pronto, nos vemos ante un evento doloroso que la mente no puede procesar. La intensidad psicofisiológica es muy elevada, hasta el punto de sentirte paralizado/a y no creer lo que te sucede.
– ¿En qué consiste un shock emocional?
Casi nadie está preparado para afrontar un giro inesperado del destino. Recibir una mala noticia, sufrir una pérdida… Nuestro sistema nervioso no siempre puede adaptarse de forma instantánea a una circunstancia estresante.
El pico de adrenalina y cortisol que recibe es tan intenso que la primera reacción es sufrir un bloqueo en todos los niveles: emocional, mental y físico.
Algo que debes tener en cuenta es que esta experiencia es del todo normal. No hay nada patológico en sentir entumecimiento, pánico, desesperación o en no ser capaz de reaccionar. Es más, el shock emocional puede aparecer tanto en la adversidad como en estados de gran alegría. Además, tienen una corta duración.
. Lo que pasa en tu cerebro
Imagina que estás a punto de cruzar un paso de cebra y eres testigo de cómo un vehículo embiste a una mujer. La imagen de ese atropello te paraliza. El mundo se detiene ante tus ojos y tienes la sensación de que estás fuera de tu cuerpo, de que todo lo que te rodea no es real. El fenómeno del choque emocional es una respuesta de tu sistema nervioso ante un estímulo que lo sobrepasa.
En estas circunstancias, la amígdala, encargada de detectar amenazas, envía señales de alarma al hipotálamo. En ese instante, se libera una cantidad tan elevada de hormonas del estrés, que la corteza prefrontal, responsable del pensamiento lógico y reflexivo, es incapaz de reaccionar. Todo tu sistema nervioso queda atrapado en una respuesta de congelación.
– ¿Cuáles son los síntomas?
Antes de profundizar en la manifestación sintomática, ten en cuenta que cada persona expresa el estado de shock de una manera particular. Hay quien grita, hay quien llora y están los que son incapaces de reaccionar. Por lo general, este cuadro clínico pierde intensidad a los pocos minutos, pero hay personas que pueden derivar en un trastorno de estrés postraumático.
. Lo que siente tu cuerpo
Como te indicamos, ocurre una activación intensa del sistema nervioso simpático. Esto significa que lo primero que notarás es un aumento del ritmo cardíaco. Tu cerebro, ante algo tan impactante, te activa para que reacciones y por ello sentirás desde tensión física hasta una respiración acelerada.
Las hormonas del estrés circulan por tu organismo en grandes cantidades, de manera que puedes sentir tanto sudoración excesiva, como fatiga exagerada o una sensación de debilidad generalizada. En casos extremos, hay quien nota incómodas náuseas e incluso acaba desmayándose.
. Tus emociones y pensamientos
La mente suele quedarse bloqueada en un estado de choque emocional. Esto se explica casi siempre por la disociación, es decir, por ese mecanismo de defensa que emplea el cerebro cuando las emociones estresantes te sobrepasan. De hecho, como señalan en Journal of Psychiatric Research, esta reacción es algo habitual en vivencias traumáticas y de estrés postraumático.
Asimismo, en este escenario tu cerebro se desconecta de la reflexión lógica, así que no es fácil pensar con claridad. Todo te parece irreal, es como si estuvieras viendo una película imposible de procesar, mientras la ansiedad, el pánico o el miedo paralizante provocan que osciles entre el llanto incontrolable y el silencio total.
– ¿Qué desencadena un shock emocional?
El estado de shock te atenaza cuando aparece un evento inesperado sobre el que no tienes control. Podríamos decir que lo impactante no es el hecho en sí, sino cómo lo interpretes. Hay quien ante un asalto o enfrentamiento violento actúa defendiéndose y otros, en cambio, podemos quedarnos paralizados. Son vivencias normales, cuyas tipologías son las siguientes:
Muerte inesperada de un ser querido: si hay una vivencia adversa y dramática, es sin duda la pérdida repentina de alguien cercano que amas. Algo así genera experiencias de gran impacto emocional muy difíciles de asumir.
Violencia física o emocional: estos casos pueden llevarte a una respuesta traumática inmediata. Lo vemos con frecuencia en mujeres que viven maltrato o abuso. Muchas sufren una «respuesta de congelamiento» y se ven incapaces de reaccionar o de verbalizar.
Accidentes graves o situaciones de peligro: sobrevivir a un accidente automovilístico o ser testigo o víctima de un desastre natural puede desencadenar una respuesta de shock. También, por ejemplo, sufrir secuestros o verse en peligro extremo. Es más, estas experiencias pueden extenderse en el tiempo y derivar en un trauma.
Experiencias positivas: tal y como indicamos más arriba, esta experiencia puede aparecer por un evento o noticia positiva de gran impacto. Ganar un premio, recibir la visita inesperada de alguien que queremos o saber que vas a ser padre o madre tras llevar tiempo intentándolo, son sencillos ejemplos de cómo, a veces, la felicidad nos bloquea.
Recibir malas noticias: un estudio divulgado en Acta Oncológica describe la impresión que suelen ocasionar los diagnósticos asociados al cáncer. El shock es devastador, más aún si los médicos no son hábiles a la hora de comunicártelo. Algo parecido se suele sentir con los despidos inesperados o cuando descubres, por ejemplo, una traición por parte de tu pareja.
– ¿Qué puedes hacer cuando lo experimentes?
Es muy posible que, al echar tu memoria emocional atrás, detectes más de un momento en que sufriste un choque emocional. Son instantes que no se olvidan porque están vinculados a circunstancias de gran impacto. Nadie nos prepara para ello, por lo que toda reacción es válida. Si te sucede, considera los siguientes ejercicios sencillos que ayudan a recuperar la calma; también las técnicas más enfocadas y, por supuesto, el apoyo profesional para manejar estos casos.
Acepta y comprende
No es necesario que hagas nada en particular.Solo acepta, entiende, aplica la autocompasión y deja que tu sistema nervioso recupere la estabilidad. Lo que experimentas es algo comprensible, lo que estás viviendo no es fácil y tanto tu cuerpo como tu mente deben adaptarse poco a poco.
. Deja espacio a lo que pasa después del shock
Piensa que este impacto psicofisiológico se traduce en un aumento de cortisol y adrenalina en tu cuerpo. Los niveles son tan altos que, una vez el choque emocional pierda fuerza, sentirás debilidad, frío y cansancio, con lo cual es difícil que puedas resolver nada. Permítete descansar un poco, tumbarte unos instantes, si lo necesitas.
. Apóyate en alguien
Cuando la adversidad aparece ante nosotros todo se tambalea. Tener a alguien que te sostenga a nivel emocional, que te proteja, acompañe y cuide en esos instantes es crucial. Lo que más necesita el ser humano cuando lidia ante algo de gran impacto es compasión y apoyo. Así que no dudes en llamar a alguien para que esté junto a ti.
. Técnicas de regulación fisiológica
En cuanto sientas que tu corazón empieza a dispararse y la taquicardia tome el control, no dudes en aplicar recursos de regulación del sistema nervioso. Si tu mente está en condiciones para tomar decisiones, recurre a estos métodos:
Respiración profunda y consciente: realiza respiraciones lentas y profundas, inhalando durante 4 segundos, manteniendo la respiración durante 2 segundos, y exhalando en 6 segundos. Esto ayuda a reducir la actividad del sistema nervioso simpático.
Relajación muscular progresiva: contrae y suelta grupos musculares como el cuello, los hombros o el estómago para liberar tensión acumulada.
. Técnicas de grounding (toma de tierra)
Las técnicas de toma tierra son muy efectivas para evitar que tu cerebro disocie. Son un recurso idóneo para lograr que tu mente se centre en el aquí y ahora, pero sin incrementar el nivel de ansiedad o pánico. Toma nota sobre cómo llevarlo a cabo:
Contacto con los sentidos: identifica cinco cosas que puedes ver, cuatro que puedes tocar, tres que puedes oír, dos que puedes oler y una que puedes saborear.
Movilización física suave: caminar despacio mientras focalizas tu mente en tu cuerpo o estirar los músculos conectándote al presente, son estrategias muy válidas.
. Intervención profesional
Recibir una intervención temprana por parte de los profesionales de la salud, siempre ayuda a que ese evento no derive en un trauma o en estrés postraumático. De hecho, como señalan en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, tales condiciones tienen un serio impacto en el cerebro. Por tanto, recibir unos primeros auxilios emocionales siempre ayuda.
Por otro lado, si los síntomas de shock emocional persisten o se intensifican, no dudes en consultar con un profesional especializado en trauma. En ocasiones, hay vivencias que se convierten en heridas internas que hay que sanar. En este sentido, la terapia cognitivo-conductual, la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR) son opciones efectivas.
– Una respuesta natural a situaciones poco comunes
Todos, en algún momento, deberemos hacer frente a un evento inesperado de gran impacto. Los que son positivos y agradables se sortean con más facilidad, pero aquellos que son estresantes y negativos nos dejan bloqueados. Es evidente que nadie merece ni debería pasar por estos instantes de oscuridad y desconcierto, pero, en realidad, estamos bastante preparados para ello.
Aunque ahora mismo te parezca difícil de creer, desde un punto de vista biológico, el ser humano ha hecho frente a innumerables adversidades a lo largo de la evolución. En tu interior, hay recursos, habilidades y mecanismos que te permitirán encarar esas vivencias. Lo más importante en todos los casos es tener apoyo, figuras que te sostengan y ayuden en esos instantes.
Copia a partir de Marcel Duchamp, Fuente, 1917/1964.
JotDown(C.R.Verrilli) — Lo que conocemos como cultura es un entretejido de relatos que se han contado, con diferentes recursos, a lo largo de la historia de la humanidad. Un hombre emprendió un viaje de regreso a su patria después de la guerra. El viaje le llevó años, encontró islas, tormentas, dioses y sirenas, resolvió problemas, tuvo dudas y temores, ganó batallas, tuvo una revelación, recuperó el coraje y llegó a destino.
Su historia se cantó en versos de pueblo en pueblo para hablar del honor, de la valentía, de la transformación. Pasó el tiempo y la misma historia se contó con variaciones en libros, historietas, radionovelas, obras de teatro y pantallas de cine, también fue motivo de pinturas, esculturas, performances e instalaciones en galerías de arte y el hilo narrativo de programas de televisión, series en plataformas bajo demanda y pódcasts.
La idea de que la cultura y la producción artística son una puesta en diálogo o un sistema de citas estaba en práctica mucho antes de ser postulada por las teorías contemporáneas.
Lo que hoy llamamos intertextualidad, en la antigüedad se solía llamar imitación de los clásicos. En el Renacimiento este mecanismo se conocía como el principio de imitatio auctoris que también se relacionaba con el ideal de la imitación de los maestros para después poder encontrar el estilo propio.
Leonardo, Batalla de Anghiari (copia de Peter Paul Rubens, ca. 1600-1608), Louvre, París.
Leonardo da Vinci fue pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista: un artista total, símbolo del hombre del Renacimiento, un genio universal.
El gran aporte de Leonardo a la historia de la pintura es la técnica del sfumato o claroscuro. El artista esfumaba los límites entre cada color y cada capa de pintura, haciendo pasajes graduales entre la luz y la oscuridad. En sus pinturas, ni los objetos ni las personas tienen líneas de contorno: hay continuidades cromáticas que le dan volumen y naturalidad a las representaciones.
Para la época, ver una pintura de Leonardo era como ver a través de una ventana, era ver lo real. El gran aporte de Leonardo a la historia del arte es una técnica para copiar.
Dicen que Diego Velázquez pintó La familia de Felipe IV a pedido del rey. Dicen que la obra se rebautizó como Las meninas por el lugar protagónico de las damas de honor que rodean a la infanta Margarita. Otros dicen que ese lugar protagónico lo tiene Velázquez.
Dicen que Pablo Picasso tenía trece años cuando vio por primera vez Las meninas. Dicen que fue en una visita de verano al Museo del Prado y que quedó maravillado, obsesionado.
Dicen que una de las primeras cosas que hizo Picasso cuando se instaló en Madrid en 1897 fue volver al Museo del Prado. Dicen que se pasaba las tardes estudiando la pintura de Velázquez, haciendo dibujos y bocetos en su cuaderno.
Dicen que, en su versión de Las meninas, Picasso usó el formato horizontal para darle más relevancia a los personajes. Dicen que reemplazó al dogo de Velázquez por su perro basset como un guiño a quienes lo conocían.
Dicen que Las meninas es una de las obras pictóricas más comentadas, copiadas y reinterpretadas en el mundo del arte.
Velazquez, Las Meninas (museo del prado)
La figura del autor es una construcción moderna. Antes de que la autoría revista de importancia a todo lo que un sujeto-autor hiciera, las obras de arte no llevaban firma y se reproducían entre maestros y aprendices sin importar quién hacía qué. Los artistas eran artesanos que pintaban o esculpían los mismos motivos, las mismas escenas y los mismos personajes.
Después se hablaría del estilo o de las particularidades que cada artista imprimía en su modo de hacer, pero, mientras tanto, imitaban: dioses, venus, kuros, santos, paisajes, cacerías, batallas y fruteras; una y otra vez de manera anónima.
Mientras se forjaba la noción de autor se estaba escribiendo la historia del arte y, como todo buen relato, el arte necesitaba hitos y personajes para ser narrado. Así fue que los artistas fueron idealizados como genios creadores, hombres fantásticos con talentos por fuera de toda normalidad que producían obras bellas y sublimes de manera individual.
Durante años, el artista-autor será un creador con un lugar de poder y autoridad. Sus producciones, por tanto, serán originales, únicas y eso las hará valiosas, dignas de ser admiradas, narradas y recordadas. Pero el tiempo es puro cambio y nuevamente pasarán los años y con ellos los grandes relatos serán puestos en tensión.
La idea romántica del genio creando en soledad comenzará a abrirse a situaciones colectivas de producción que vuelven a la vieja-nueva idea de que el arte es un entretejido de enunciados y enunciadores en constante diálogo.
Aquello que llamamos «creación» no es un suceso repentino e insólito, sino un proceso dilatado que requiere un diálogo profundo con aquello que ya ha existido antes para extraer algo de ello. Sin embargo, el culto a la originalidad relega y rechaza estas prácticas fundamentales para cualquier proceso artístico.
—Andy, un portavoz del gobierno canadiense dijo que tu arte no puede describirse como una escultura original. ¿Estás de acuerdo con eso?
—Sí.
—¿Por qué estás de acuerdo?
—Bueno, porque no es original.
21 de abril de 1964. Andy Warhol está dando una entrevista televisiva en la inauguración de su exposición en la Galería Stable de Nueva York, a su lado está el galerista Ivan Karp y a sus espaldas hay unas cajas apiladas como en un supermercado. Es una muestra colectiva donde participan varios artistas y donde Warhol presenta esculturas que imitan a las cajas de cereales Kellogg’s, del kétchup Heinz, conservas de frutas Del Monte y esponjas de metal Brillo.
En enero de ese año Warhol había alquilado el local que luego sería conocido como The Factory, un espacio de mil quinietos metros cuadrados que le permitía producir más rápido, en cantidad y en escala. Uno de los primeros proyectos que Warhol llevó adelante en ese lugar fueron sus cajas: el piso estaba cubierto con pliegos de papel y arriba se alineaban prismas de madera pintados de blanco.
«Veinticuatro paquetes gigantes», «esponjas con jabón resistentes al óxido», «saca brillo al aluminio rápidamente», los asistentes de Warhol ayudaban a serigrafiar las inscripciones y logos que se habían copiado de las cajas originales y otros detalles se hacían con pinceles y pintura acrílica. En The Factory el trabajo era en serie, como en una cadena de producción. En dos meses hicieron cuatrocientas cajas.
La revista Life anuncia la muestra The American Supermarket en 1964.
Cuando el crítico Arthur C. Danto visitó la exposición The American Supermarket, no sabía que iba a cambiar para siempre su modo de ver y pensar las obras de arte. Ahora puede parecer menos disruptivo pero, en 1964, copiando unas cajas en serie, Warhol estaba poniendo en crisis a todo el andamiaje conceptual que sostiene a las teorías del arte.
Con un solo gesto estaba cuestionando los discursos históricos y sus matrices fundamentales y en simultáneo llenaba al espectador de preguntas y malestares: ¿Por qué esto está acá? ¿Qué diferencia a esta caja de la que está en el supermercado? ¿Esto es arte?
Las teorías tradicionales no pueden responder esas preguntas y por eso para Danto con Cajas de Brillo el arte llega a su fin porque, aunque los artistas sigan creando, ya no pueden hacerlo con el mismo desarrollo narrativo que había sido usado hasta ese momento.
Cajas de Brillo son un condensador de varias acciones artísticas que de a poco fueron instalando un nuevo modo de ver, pensar y producir alejado de la idea de genio, de originalidad y del arte como un medio que solamente complace la retina y no genera pensamiento.
Dicen que en 1912 Marcel Duchamp fue a un espectáculo aeronáutico en las afueras de París con un amigo pintor y un amigo escultor. Dicen que cuando vio la hélice de madera de uno de los aviones pensó que estaba tan bien hecha que la pintura había acabado.
Dicen que en 1913 Marcel Duchamp hizo su primera versión de Roue de bicyclette, una rueda de bicicleta instalada sobre un taburete de madera. Dicen que la hizo sin un propósito, que simplemente disfrutaba ver la rueda en movimiento.
Dicen que cuando llegó a Nueva York, Marcel Duchamp leyó «ready-made» en la vidriera de un local de ropa. Dicen que la expresión se usaba para diferenciar las prendas confeccionadas en serie de las hechas a medida, pero que Duchamp la usó para nombrar la idea más importante de su vida.
Dicen que en 1915 Marcel Duchamp compró una pala de nieve en una ferretería en Columbus Avenue y la llevó a la casa de su mecenas. Dicen que, en el mango, con mucho cuidado, le escribió el título Antes de romperme el brazo.
Dicen que en 1917 Marcel Duchamp presentó un mingitorio a la Sociedad de Artistas Independientes para ponerlos en un brete. Dicen que los organizadores habían asegurado que iban a aceptar todas las obras, pero el presidente del comité rechazó el mingitorio diciendo que eso era una pieza de fontanería, no de arte. También dicen que esa obra no es de Marcel Duchamp.
La fuente (M.duchamp)
La obra más influyente del siglo XX, la que cambió el paradigma del arte contemporáneo, es un mingitorio tumbado y firmado bajo el seudónimo de «R. Mutt». Marcel Duchamp la tituló Fuente y la presentó en un certamen donde él era jurado. El comité la rechazó, la pieza se perdió y solo quedaron unas fotos que Alfred Stieglitz le había sacado en su estudio.
Años más tarde, a partir de esas imágenes, Duchamp encargó ocho réplicas que ahora pueden verse en galerías y museos alrededor del mundo.
Duchamp estaba en contra del «arte retiniano», ese que complace la vista y deja al espectador contento y tranquilo. En ese deseo de separarse de los ideales que se esperan de una obra, fue corriendo los límites de su producción dejando de lado la pintura cubista para dibujarle bigotes a la Gioconda y poner ruedas de bicicleta sobre taburetes.
La Fuente de Duchamp no es como las cajas de esponjas Brillo que Andy Warhol copió del diseñador comercial James Harvey.
En el mingitorio no hay copia de un original porque lo que se muestra es el original; no hay manufactura del artista ni de sus ayudantes, es el objeto mismo el que es desplazado de su lugar cotidiano y funcional a un espacio expositivo donde se supone que hay obras de arte. Ese desplazamiento, ese señalamiento de algo de uso doméstico al lugar de un objeto, es lo que el artista produce.
Aunque en ese momento fue rechazado y criticado, algunos contemporáneos captaron la importancia del gesto de Duchamp. El crítico y coleccionista de arte Walter Arensberg escribió en un editorial de la revista The Blind Man de 1917: «El hecho de que el señor Mutt realizara o no la Fuente con sus propias manos carece de importancia.
La eligió. Tomó un artículo de la vida cotidiana y lo presentó de tal modo que su significado utilitario desapareció bajo un título y un punto de vista nuevos. Creó un pensamiento nuevo para ese objeto».
Duchamp creó un pensamiento apropiándose de un objeto ya creado. Pero también se dice que lo que hizo fue apropiarse de la obra de otra artista. La polémica de la autoría de la Fuente se reabre con la aparición de una carta que el artista le escribe a su hermana Suzanne Duchamp:
Una de mis amigas, bajo el seudónimo masculino R. Mutt, ha mandado a la exposición un urinario de porcelana como si fuera una escultura. No es para nada indecente. No había ninguna razón para rechazarlo. Pero el jurado ha decidido no exponer semejante cosa. He presentado mi dimisión y seguro que se hablará de ello en Nueva York. Me gustaría hacer una muestra con la gente que haya sido rechazada por la Sociedad de los Artistas Independientes, aunque sería un poco redundante. Además, el urinario estaría solo.
Duchamp nunca dijo quién era su amiga. Algunos creen que hacía referencia a su alter ego femenino, otros aseguran que hablaba de la artista alemana Elsa von Freytag-Loringhoven y otros dicen que se refería a la poeta Louise Norton. También se dice que Walter Conrad Arensberg y Joseph Stella estaban con Duchamp cuando compró el mingitorio original. Hasta ahora ningún museo cambió la catalogación y Fuente sigue siendo la obra más popular de Duchamp.
En nuestra sociedad le damos un valor significativo a «lo que fue escrito por», «lo que dijo tal»; la firma es garantía, los discursos que están marcados con el nombre de su autor implican un valor de verdad.
En 1936, Walker Evans fotografió, en Alabama, a los Burroughs, una familia de aparceros enormemente empobrecida en la era del Dust Bowl y Sherrie Levine, en 1979, volvió a fotografiar las fotografías de Walker Evans publicadas en el catálogo de la exposición «First and last» y las presentó, en 1981, en la recién inaugurada Galería Metro Pictures de Nueva York.
A finales de los setenta, la fotógrafa y pintora norteamericana Sherrie Levine copia literal y explícitamente obras claves de la historia del arte. No las hace parecidas, no reemplaza cartón por madera como Warhol, ni cambia la raza del perro como Picasso, las hace igual. Si copia a un fotógrafo lo hace refotografiando sus fotos y la imagen se ve igual, solo cambia la autoría.
La artista tiene sus propias versiones de Man Ray, Joan Miró, Walker Evans, Claude Monet, Edgar Degas, Constantin Brancusi. Todos hombres, todos reconocidos. También hizo sus propios mingitorios y los llamó Fountain (After Marcel Duchamp) en 1991 y Fountain (Buddha) en 1996, pero los de ella son dorados. Levine rehace obras de quienes cree que se apoderaron de la historia del arte: genios universales, hombres fantásticos con talentos por fuera de toda normalidad, las voces autorizadas del arte.
La historia sigue. Entre 1995 y 1997 otro artista estadounidense, Mike Bidlo, copió la Fuente de Duchamp, pero en color dorado, como la de Sherrie Levine. También, en 2005, copió Cajas de Brillo y, por una tarde, recreó The Factory (el taller de Warhol) en el altillo de su estudio.
Con ironía, como homenaje o como crítica, estos artistas crean —al igual que Duchamp— un pensamiento nuevo para objetos artísticos reconocidos, desacralizando los modos de hacer e inquietando una vez más al espectador que se pregunta: ¿dónde está la originalidad? ¿Por qué esto sigue siendo arte?
Dicen que en el arte ya está todo hecho y que solo resta copiar y crear nuevos contextos para que las obras circulen. Dicen que las obras de arte solo viven de sus innumerables relaciones con otras obras. Dicen que en realidad existe un solo autor y es un autor colectivo. Dicen que ninguna obra es original.
Dicen que el arte es un recuerdo compartido, una caja de herramientas y procedimientos infinitos y contagiosos. Dicen que una obra de arte nunca permanece idéntica a sí misma. Dicen que un hombre emprendió un viaje de regreso a su patria después de la guerra. Dicen que el viaje le llevó años y encontró islas, tormentas, dioses, sirenas.
BBC News Mundo(M.Bennett) — A medida que los inventores dejan huella en la historia, David Dunbar Buick se ubica entre los mejores.
Se le ocurrió un sistema de aspersores de césped, un dispositivo para descargar el inodoro y una forma de esmaltar lavabos y bañeras de hierro fundido, un proceso que todavía se utiliza.
Pero su mayor reclamo a la fama fue la creación de un vehículo que se convertiría en la base que usaría uno de los productores de automóviles más grandes del mundo, General Motors.
Más de 50 millones de vehículos llevaron el nombre de Buick en el siglo pasado.
Pero a pesar de hacer no solo una, sino dos fortunas, terminaría prácticamente sin un centavo.
Su historia llevó a un empresario y filántropo estadounidense contemporáneo a decir: «Bebió un sorbo de la copa de la grandeza y luego derramó lo que contenía».
Pero ¿cómo llegó a eso?
– Los negocios
La historia de Buick sugiere que tenía la brillantez de un inventor pero poco sentido comercial.
Una réplica del modelo Buick Runabout, de 1904.
Siendo un niño, se mudó en 1856 de Arbroath, en Escocia, a Estados Unidos, donde cofundaría un negocio de plomería.
Fue uno de sus únicos éxitos rotundos, ya que aprovechó su genio inventivo.
Pero Buick no estaba contento. A finales del siglo XIX, había encontrado otra obsesión: el motor de combustión interna.
Vendió su parte del negocio de la plomería por US$ 100.000 (equivalente a US$ 3,3 millones en la actualidad) y comenzó su propia empresa de automóviles.
Buick Auto Vim iba a crear el motor varillero, que todavía se usa, pero para 1902, solo había producido un automóvil y su dinero se había agotado.
Fue rescatado por William Crapo Durant, quien se hizo cargo del negocio con sede en Detroit y luego fundó General Motors (GM), que hasta hace relativamente poco tiempo era el mayor fabricante de automóviles del mundo.
GM ha rendido homenaje a Buick, afirmando que «su importancia para la marca Buick moderna y General Motors no puede ser subestimada».
Una portavoz dijo: «Si bien la historia de David Buick es en sí misma muy complicada, sin lugar a dudas, si no hubiera sido por él no habría un automóvil Buick».
Un anuncio publicitario del vehículo de Buick de 1940.
Buick sería sacado de la empresa unos años más tarde con otra compensación de US$100.000, una fracción de lo que podría haber ganado si hubiera mantenido sus acciones en el negocio.
Pero terminó desperdiciando su segunda fortuna al invertir pobremente en prospectos petroleros de California y tierras de Florida.
En 1924, a la edad de 69 años, regresó a Detroit sin trabajo y prácticamente sin un centavo, sin poder siquiera pagar para tener un teléfono en su casa.
Finalmente, logró encontrar un trabajo como instructor en la Escuela de Oficios de Detroit, pero experimentó problemas de salud.
– «Anciano encorvado»
Ian Lamb, periodista retirado que vive en Arbroath, ha hecho campaña para que se levante una estatua en la ciudad en honor a Buick.
«A medida que se debilitaba, se le encomendó una tarea de menor importancia en el escritorio de información, donde se le recordaba como un anciano delgado y encorvado que miraba a los visitantes a través de unos lentes gruesos».
Se erigió una placa para conmemorar a David Buick en Arbroath en 1994.
En marzo de 1929, murió de neumonía en el Hospital Harper en Detroit luego de una operación para extirpar un tumor en su colon.
Tenía 74 años.
En una entrevista poco antes de ir al hospital, Buick dijo:
«No me preocupo. El fracasado es el hombre que se queda abajo cuando cae, el hombre que se sienta y se preocupa por lo que pasó ayer en lugar de saltar y pensar en lo que va a hacer hoy y mañana».
«Eso es el éxito: mirar hacia el futuro. No estoy acusando a nadie de engañarme. Fueron las rupturas del juego las que hicieron que saliera perdiendo en la empresa que fundé».
En junio de 1994, se erigió una placa conmemorativa en las paredes del antiguo Masonic Hall en Arbroath, el único edificio sobreviviente de la calle en la que nació.
Cuando se dio a conocer la placa, Robert Coletta, un alto ejecutivo de General Motors, dijo: «Buick ha sido uno de los grandes nombres de los automóviles estadounidenses durante prácticamente todo el siglo XX».
«Es ciertamente apropiado de nuestra parte honrar a este hombre, no solo porque su nombre identifica nuestros automóviles, sino porque su genio y trabajo arduo formaron el comienzo de una historia de éxito automotriz sin igual y que aún se está escribiendo».
Desde entonces, la estrella de Buick se ha desvanecido y parece correr el riesgo de convertirse en el hijo olvidado de Arbroath.
Hace dos años, The New York Times informó que el nombre de Buick ya no estaba estampado en la parte posterior de sus modelos norteamericanos. En China, donde la mayoría de los Buicks se venden hoy en día, la placa de identificación ya ha desaparecido.
Y a pesar de los esfuerzos de Ian Lamb y otros, no hay planes de estampar el nombre de Buick en los libros de historia con una estatua en su ciudad natal.
– «Importantes avances»
Todo lo que queda de su legado en Arbroath es la placa conmemorativa en el costado de una pared oculta a la vista de la mayoría de los residentes locales.
El edificio donde se encuentra la placa.
Ian Lamb dice que una estatua sería un tributo apropiado al pionero del automóvil.
«En David Buick tenemos a alguien que fue responsable de los principales avances en el desarrollo de automóviles, avances que siguen siendo relevantes en todo el mundo hasta el día de hoy.
«Sin embargo, ¿cuántas personas saben que este genio inventivo nació aquí en Arbroath?
«Sí, tenemos una placa que marca el último edificio que queda de la calle donde nació, pero incluso a la mayoría de las personas que viven en la ciudad les resultaría difícil ubicarla.
La historia de España está llena de momentos cruciales que definieron su identidad y su futuro. Uno de esos momentos, un capítulo oscuro y poco conocido, es el de la Treiba, un movimiento de resistencia popular que desafió al poder establecido durante la Guerra Civil Española (1936-1939). La Treiba, también conocida como “la guerrilla republicana”, fue un fenómeno complejo que se desarrolló en diferentes regiones de España, con características propias y motivaciones particulares.
Para comprender la Treiba, es necesario retroceder al contexto histórico que la gestó. La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, tras años de represión y violencia por parte del régimen de la derecha, despertó esperanzas de un cambio profundo en España. Sin embargo, la derecha no aceptó la derrota y se preparó para la violencia. El golpe de estado de julio de 1936, liderado por el general Francisco Franco, marcó el inicio de la Guerra Civil Española.
El golpe de estado encontró una fuerte resistencia popular en muchas regiones de España. La Treiba nació en este contexto de resistencia, como una respuesta espontánea a la violencia fascista. En un principio, la Treiba se componía de civiles armados, milicianos y combatientes republicanos que se negaron a abandonar la lucha tras la derrota del ejército republicano en el frente.
– Las Características de la Treiba:
Organización Flexible y Descentralizada: La Treiba no era un ejército regular, sino una red de grupos autónomos que actuaban de forma independiente. Esta flexibilidad les permitió adaptarse a las diferentes condiciones geográficas y políticas de cada región.
Combatientes Diversos: Los combatientes de la Treiba provenían de diferentes sectores de la sociedad: campesinos, obreros, intelectuales, estudiantes, etc. Esta diversidad reflejaba la amplia base social de la resistencia republicana.
Tácticas Guerrilleras: La Treiba utilizaba tácticas guerrilleras para atacar a las fuerzas franquistas, como emboscadas, sabotajes y ataques sorpresa. Su objetivo principal era desestabilizar al régimen y mantener viva la llama de la resistencia.
Apoyo Popular: La Treiba contaba con el apoyo de la población civil en las zonas donde operaba. Los campesinos les proporcionaban alimentos, refugio y información, mientras que otros sectores de la sociedad les brindaban apoyo logístico y financiero.
La Treiba no fue un fenómeno homogéneo. Se desarrolló en diferentes regiones de España, con características propias y motivaciones particulares. A continuación, se presentan algunas de las facetas más importantes de la Treiba:
– La Treiba en Cataluña:
En Cataluña, la Treiba se desarrolló en zonas rurales y montañosas, como los Pirineos y el Montseny. Los combatientes de la Treiba catalana, conocidos como “los maquis”, se caracterizaban por su gran movilidad y por su conocimiento del terreno. Su objetivo principal era controlar las vías de comunicación y dificultar el avance de las tropas franquistas.
– La Treiba en Andalucía:
En Andalucía, la Treiba se desarrolló en zonas rurales y montañosas, como la Sierra Morena y la Sierra Nevada. Los combatientes de la Treiba andaluza se caracterizaban por su gran capacidad de adaptación al terreno y por su conocimiento de las técnicas de supervivencia. Su objetivo principal era proteger a la población civil de la represión franquista.
– La Treiba en Levante:
En Levante, la Treiba se desarrolló en zonas rurales y montañosas, como la Sierra de Espadán y la Sierra de Mariola. Los combatientes de la Treiba levantina se caracterizaban por su gran capacidad de organización y por su conocimiento de las redes de comunicación clandestinas. Su objetivo principal era mantener viva la resistencia republicana en la zona.
– Logros de la Treiba:
La Treiba tuvo un impacto significativo en el curso de la Guerra Civil Española. A pesar de su falta de recursos y de la superioridad militar del ejército franquista, la Treiba logró mantener la llama de la resistencia viva en muchas regiones de España. Sus acciones provocaron importantes pérdidas a las fuerzas franquistas, desestabilizaron el régimen y dieron esperanza a la población.
Sin embargo, la Treiba también tuvo sus limitaciones. La falta de apoyo del gobierno republicano, la escasez de recursos y la represión del régimen franquista dificultaron la consolidación del movimiento. La Treiba no pudo evitar la victoria de Franco, pero sí logró mantener viva la llama de la resistencia durante años, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra la dictadura.
Mantener la Resistencia: La Treiba logró mantener viva la llama de la resistencia republicana en muchas regiones de España, incluso después de la derrota del ejército republicano.
Infligir Pérdidas al Régimen: Las acciones de la Treiba provocaron importantes pérdidas a las fuerzas franquistas, tanto en recursos como en vidas humanas.
Proteger a la Población Civil: La Treiba jugó un papel fundamental en la protección de la población civil de la represión franquista, especialmente en las zonas rurales.
Mantener Viva la Esperanza: La Treiba fue un símbolo de esperanza para la población republicana, demostrando que la lucha contra la dictadura setutorial viva.
– Limitaciones de la Treiba:
Falta de Apoyo del Gobierno: El gobierno republicano no brindó el apoyo necesario a la Treiba, lo que limitó su capacidad de acción.
Escasez de Recursos: La Treiba carecía de recursos materiales y financieros, lo que dificultaba su organización y su capacidad de combate.
Represión del Régimen: El régimen franquista reprimió con dureza a la Treiba, lo que provocó la muerte de muchos combatientes y la desmoralización del movimiento.
Falta de Unidad: La Treiba era un movimiento descentralizado y fragmentado, lo que dificultaba la coordinación y la toma de decisiones.
– La Treiba en la Memoria Histórica
La historia de la Treiba ha sido durante mucho tiempo silenciada por el régimen franquista.
La dictadura se esforzó por borrar la memoria de la resistencia republicana, presentando a Franco como el salvador de España y a la Guerra Civil como una cruzada contra el comunismo.
Sin embargo, la memoria de la Treiba sigue viva en las comunidades donde operó.
Los testimonios de los combatientes, los restos de sus campamentos y los relatos de la población civil mantienen viva la historia de la resistencia republicana.
En los últimos años, la Treiba ha comenzado a ser reconocida como un capítulo importante de la historia de España, un ejemplo de lucha y resistencia contra la dictadura.
La memoria de la Treiba sigue viva en las comunidades donde operó.
Los testimonios de los combatientes, los restos de sus campamentos y los relatos de la población civil mantienen viva la historia de la resistencia republicana.
En los últimos años, la Treiba ha comenzado a ser reconocida como un capítulo importante de la historia de España, un ejemplo de lucha y resistencia contra la dictadura.
La Treiba fue un movimiento complejo y heterogéneo que reflejó la diversidad de la resistencia republicana durante la Guerra Civil Española. A pesar de su falta de recursos y de la represión del régimen franquista, la Treiba logró mantener viva la llama de la resistencia en muchas regiones de España, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra la dictadura.
La historia de la Treiba nos recuerda la importancia de la resistencia popular, la lucha por la libertad y la defensa de los valores democráticos.
Infobae(C.Caruso) — Durante años, la idea de que las mujeres hablan más que los hombres se repitió en conversaciones cotidianas, libros y medios de comunicación. Se la menciona como una verdad incuestionable, a pesar de la falta de evidencia científica que la respalde.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology analizó más de 630.000 registros de audio y encontró que la diferencia entre géneros no es tan marcada como se cree. La investigación, llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Arizona, muestra que ambos géneros pronuncian, en promedio, una cantidad similar de palabras al día.
Sin embargo, al desglosar los datos por edad, surgió una particularidad: en la adultez media, entre los 25 y los 64 años, las mujeres dicen unas 3.000 palabras más por día que los hombres de la misma franja etaria. En cambio, en la adolescencia, la juventud y la vejez, las cifras son prácticamente equivalentes.
El hallazgo amplía un análisis previo realizado en 2007 por el psicólogo Matthias Mehl, que en su momento desmintió la idea del estereotipo. Ahora, con una muestra más grande y diversa, los investigadores intentan comprender qué factores pueden influir en esta diferencia puntual en la adultez y cómo evolucionó la cantidad de palabras habladas a lo largo del tiempo.
“Hay una fuerte suposición cultural de que las mujeres hablan mucho más que los hombres”, explicó Colin Tidwell, psicólogo y coautor del análisis, en un comunicado de la institución educativa. “Queríamos ver si esta suposición se sostiene cuando se prueba empíricamente”.
Para comprender si realmente existe una diferencia en la cantidad de palabras que hombres y mujeres pronuncian al día, los científicos analizaron datos de 22 estudios previos con un total de 2.197 participantes, desde niños hasta adultos mayores.
A lo largo de esas investigaciones, se recopilaron cientos de miles de grabaciones de audio mediante el dispositivo EAR (electronically activated recorder), una tecnología que registra fragmentos de conversaciones diarias sin que los participantes sepan cuándo está grabando.
Los resultados confirmaron que, en términos generales, hombres y mujeres tienen cifras similares. Pero, al dividir los datos según la edad, se encontró una diferencia notable en la adultez media. Mientras que las mujeres de entre 25 y 64 años pronunciaban un promedio de 21.845 palabras por día, los hombres en la misma franja etaria decían 18.570 palabras diarias, lo que marcó una brecha de aproximadamente 3.000 palabras.
En otros grupos etarios, la diferencia entre géneros desaparecía. En la adolescencia (10 a 17 años), en la juventud (18 a 24 años) y en la vejez (65 años en adelante), los valores eran prácticamente equivalentes.
A pesar de las diferencias encontradas en la adultez media, los investigadores remarcan que dentro de cada género hay una gran variabilidad individual. Mientras que algunos participantes hablaban apenas 100 palabras por día, otros llegaban a superar las 120.000.
– Por qué las mujeres hablan más en la adultez media
El estudio plantea varias hipótesis para explicar por qué las mujeres en la adultez media hablan más que los hombres. Según Matthias Mehl, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona y autor principal de la investigación, “las diferencias de género en la crianza de los hijos y el cuidado familiar son una posibilidad que podría explicar esta diferencia”.
Es decir, durante ese período de la vida, cuando muchas mujeres asumen responsabilidades de cuidado infantil, es posible que hablen más en su interacción diaria con los hijos y en la gestión del hogar.
Por otro lado, se descartan explicaciones basadas en factores biológicos, como diferencias hormonales, ya que si estas fueran la causa, deberían haberse observado diferencias significativas en los adultos jóvenes (18 a 24 años). También se descarta que se trate de un cambio progresivo a lo largo de las generaciones, ya que la tendencia no se mantiene en la vejez.
. ¿Actualmente se habla menos?
Un descubrimiento inesperado fue la reducción en la cantidad total de palabras habladas por las personas en general, independientemente del género. Los datos recopilados entre 2005 y 2018 revelaron una disminución notable en el número de palabras pronunciadas al día: mientras que hace casi dos décadas el promedio rondaba las 16.000 diarias, en los últimos años la cifra cayó a 13.000.
“Realizamos un análisis completo observando en qué año se recopilaron los datos y descubrimos que, efectivamente, cada año se pierden en promedio 300 palabras habladas por día“, explicó Valeria Pfeifer, coautora del estudio y psicóloga postdoctoral en la Universidad de Arizona.
Una posible explicación es el creciente uso de herramientas de comunicación digital, como los mensajes de texto y las redes sociales. A medida que las interacciones cara a cara son reemplazadas por formatos escritos, es posible que las personas hablen menos en su vida cotidiana.
Mehl considera que este fenómeno merece mayor observación, ya que la socialización juega un papel clave en el bienestar humano. “Sabemos cuánto necesitamos dormir, sabemos cuánto ejercicio necesitamos hacer, y la gente usa Fitbits (reloj inteligente) todo el tiempo, pero no tenemos idea de cuánto deberíamos socializar”, comentó.
Para abordar este tema, está desarrollando un dispositivo llamado SocialBit, que permitiría medir cuántos minutos de conversación tiene una persona al día sin grabar el contenido de sus diálogos. “La evidencia es muy fuerte en cuanto a que la socialización está vinculada a la salud, al menos en la misma medida que la actividad física y el sueño”, concluyó el investigador.
El filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C.) fue un polímata cuya obra es considerada un pilar fundamental de la cultura occidental.
BBC News Mundo(D.Ventura) — «Aristóteles no es simplemente el filósofo antiguo más importante, ni simplemente el filósofo más importante de todos los tiempos; Aristóteles es el ser humano más importante que haya vivido jamás«.
Eso declaró el filósofo británico John Sellars en un artículo de la revista Antigone previo a la publicación de su libro «Aristotle: Understanding the World’s Greatest Philosopher».
En español, se llama «Lecciones de Aristóteles: comprender al mayor filósofo de todos los tiempos».
Ambos títulos reflejan lo que motivó a Sellars a escribir el libro: su experiencia como estudiante de filosofía.
«Cuando empecé, era muy consciente de que Aristóteles era una figura importante, pero me parecía muy intimidante. Cada vez que intentaba sumergirme en sus obras, me perdía casi inmediatamente».
No obstante, perseveró y aprendió que «hay que saber leerlo». ¿Cómo? «Lentamente».
Su libro es un abrebocas, que espera nos anime a explorar los escritos del filósofo del IV y III siglo a.C., nos sirva de orientación en el camino, y nos ayude a descubrir cuán brillante es.
Y lo es, pero ¿»el más grande del mundo», «el mayor de todos los tiempos», «el ser humano más importante»?…
«Ese es mi punto de vista, y sé que hay otros académicos que lo compartirían, no todos claro, pero no soy el único que piensa así», le dijo a BBC Mundo.
Sin duda, pero las opiniones claman justificación, particularmente si son las de un respetado experto en saberes como Sellars, profesor de Filosofía en la Universidad Royal Holloway y autor de las aclamadas «Lecciones de estoicismo» y «Lecciones de epicureísmo».
Así que le pedimos que nos convenciera.
Pero antes…
– Recordemos sucintamente
Aristóteles forma parte de esa tríada dorada de la filosofía clásica que completan Sócrates y Platón.
Era originario del norte de Grecia, y a los 18 años se fue a estudiar en la Academia de Platón en Atenas donde, durante dos décadas, fue pupilo y luego colega del gran pensador.
Con el tiempo, aunque siempre reconoció cuánto le debía a su maestro, fue distanciándose de sus ideas y desarrollando sus propias opiniones.
«Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad», dijo Aristóteles (en toga azul), refiriéndose a su maestro (en toga roja).
Tras la muerte de Platón, dejó Atenas y, tras un tiempo en Asia Menor, se mudó a la isla griega de Lesbos, donde se dedicó a estudiar el mundo natural.
Años después, el rey Filipo de Macedonia lo invitó a volver al norte de Grecia para ser tutor de su hijo Alejandro, quien más tarde sería conocido como Alejandro Magno.
Cuando Filipo fue asesinado mientras Alejandro estaba en su gran campaña por Oriente Medio e India, Aristóteles temió por su seguridad, y regresó a Atenas, donde fundó su propia escuela, el Liceo.
Tenía 50 años. Murió a los 62, dejando una vasta biblioteca, que incluía sus propios y numerosos escritos.
Según la Enciclopedia Británica, las obras de Aristóteles que se conservan, aunque probablemente representan solo una quinta parte de su producción total, suman alrededor de un millón de palabras.
Aunque Sellars acepta que decir que es la persona más importante de todas es una afirmación aparentemente «descabellada, tan grandilocuente que puede parecer una hipérbole escandalosa», la dimensión está de su parte.
«Creo que es el más grande en términos de la escala de su influencia y el impacto que ha tenido.
«Sencillamente, contribuyó tanto a tantas cosas que siguen siendo relevantes hoy en día que ni siquiera no percatamos de que están conectadas con él».
– Con el agua hasta las rodillas
Aristóteles no era sólo el prototipo de filósofo sentado en una academia o un palacio de la Antigua Grecia cavilando con la mirada perdida en el infinito.
Como su objeto de estudio era el mundo que lo rodeaba, también solía hacer trabajo de campo, cuenta Sellars.
Aristóteles imaginado en el siglo XIII.
Cuando se dedicó a explorar la vida natural, «iba a las playas y, con el agua hasta las rodillas, observaba a los animales, atrapaba insectos, peces, cangrejos y pulpos, y luego los examinaba».
«Hasta entonces, nadie había tratado de estudiar sistemáticamente a los seres vivos».
Así, creó la disciplina de la biología.
Pero ojo, esto no quiere decir que sus conclusiones fueran correctas.
De hecho, la mayor parte del conocimiento que derivó de sus observaciones en este campo está obsoleta.
Sin embargo, el que se haya probado que lo que él creyó entender era falso, no devalúa su obra, pues en el meollo de su pensamiento está el que la evidencia triunfa sobre la teoría.
«Toda teoría está abierta a la refutación mediante una observación posterior, dijo más de una vez Aristóteles», subraya Sellars.
Además, lo excepcional es la forma en que buscó conocimiento, que «sentó las bases de la ciencia empírica».
«Reflexionando sobre la naturaleza de la ciencia, se le ocurrió un método para el pensamiento científico, que fue otro avance realmente importante».
Y, mientras «estaba tratando de entender cómo funcionaban los seres vivos, desarrolló un enfoque que luego aplicó en otros campos».
– Otras aguas
Por ejemplo: Aristóteles adoptó su metodología del conocimiento en sus estudios sobre política.
Para entenderla, y escribir sobre ella, necesitaba muestras, así que «recopiló copias de todas las constituciones de las diferentes ciudades del antiguo mundo mediterráneo», señala Sellars.
Eso le permitió comparar y analizar las diferentes ciudades y comunidades.
Así como los animales, los diferentes tipos de gobiernos se podían clasificar -monarquías, oligarquías, democrácias- y, basándose en información histórica, tener una idea de cuáles florecieron.
A diferencia de la Académia de Platón, el Liceo de Aristóteles dictaba muchas de conferencias que estaban abiertas al público en general y se impartían de forma gratuita.
Fue un enfoque muy científico que marcó el comienzo de las ciencias sociales.
«La política puede ser un tema acalorado y la gente tiene opiniones fuertes.
«La idea de intentar dar un paso atrás y adoptar este enfoque más científico, recopilando información antes de emitir un juicio, es una forma muy madura de pensar en política que todavía no hemos aprendido del todo», comenta el autor en entrevista con BBC Mundo.
Lo mismo hizo cuando exploró la literatura en su obra la Poética.
«Para entender el drama griego, de una manera muy científica, lo desmontó, y pensó en todos los diferentes elementos que contribuyen a su éxito», explica Sellars.
«Examinó la trama, los personajes, la puesta en escena… todo lo que es importante.
«Y, aunque parezca muy obvio ahora, señaló que necesitas un principio que le dé al público una idea de cuál es la situación, luego la acción principal y finalmente una resolución que no deje cabos sueltos, para que sea satisfactoria para la audiencia y se pueda ir con una sensación de plenitud».
Así estableció los elementos básicos de una buena historia, con un análisis que se sigue usando y que además dio a luz la crítica literaria.
– Por si fuera poco
Así, resume Sellars, Aristóteles fue «la primera persona que estudió sistemáticamente la política y que pensó en la literatura y en la ciencia de esta manera, e inventó la lógica formal, lo cual es un gran logro por derecho propio».
¿La lógica también?
«Fue el primero que estudió las estructuras del pensamiento racional, inventando en el proceso la lógica formal y articulando claramente por primera vez principios lógicos clave, como la Ley del Tercio Excluido: cualquier proposición solo puede ser verdadera o falsa.
«Esa división binaria es la idea fundamental que subyace al mundo digital».
El sistema filosófico y científico de Aristóteles se convirtió en el marco y vehículo tanto de la escolástica cristiana como de la filosofía islámica medieval.
Además, «Ética Nicomáquea ha sido probablemente el libro más influyente en ética de todos los tiempos», adelanta Sellers.
¿Por qué?
«Por la riqueza y la complejidad de la respuesta que da. No la simplifica. Y reconoce todas las dificultades muy reales de tratar de vivir una vida humana.
«Además, aporta su espíritu científico a la materia.
«Primero tenemos que pensar en lo que es un ser humano y cuáles son sus capacidades y habilidades, y luego en lo que significaría ser un buen ser humano que utilizara esas capacidades y habilidades de la mejor manera posible».
Aristóteles creía que más allá de crecer, movernos y reproducirnos, como otros seres vivos, nuestra capacidad distintiva es la de razonar: la gran mayoría de los humanos adultos son seres pensantes… en potencia.
«Citando un ejemplo que a él le gustaba, los ojos sirven para ver; esa es su función.
Si alguien tiene ojos pero nunca los abre, estos no llegaran a ser ojos en el sentido más pleno», ilustra Sellars.
En el mismo orden de ideas, «solo somos verdaderamente seres pensantes cuando realmente pensamos».
Al hacerlo ejercemos eso de ser humanos. ¿Y qué es ser un buen humano, entonces?
– Sociales, curiosos y racionales
Un buen ser humano es aquel que, por un lado, usa su razón, dice Sellars, y añade que hay varias maneras en que podemos pensar en eso.
«Una forma en la que usamos la razón es controlando los deseos y emociones irracionales que tenemos, evitando que se apoderen de nosotros.
«Es decir, si un ser humano adulto todavía es excesivamente emocional -hace berrinches cuando no se salen con la suya y se comporta como un niño-, podríamos decir que nunca creció realmente, nunca se convirtió realmente en un adulto, ¿verdad?
«Aristóteles también insiste en que somos seres sociales, y por eso tenemos que llevarnos bien con otras personas. Eso es absolutamente fundamental.
«Otra cosa es que piensa que por naturaleza somos curiosos, queremos saber y aprender, y que eso es un instinto humano natural».
«Si queremos florecer y vivir una buena vida, entonces debemos ser sociales, curiosos y racionales», puntualiza Sellars en conversación con BBC Mundo.
Los conceptos aristotélicos continúan arraigados pues «moldeó la manera en que pensamos».
«Sus ideas y conceptos han calado en nuestra forma natural de pensar hasta el punto de volverse imperceptibles».
¿Qué opinas… te convenció el argumento de Sellars?
Psicología y Mente(J.Soriano) — En la era digital, pasamos gran parte del día frente a pantallas, ya sea trabajando, viendo series o dentro de las redes sociales. Este hábito ha transformado nuestra rutina, incluyendo nuestra relación con la comida. Sin darnos cuenta, muchas veces comemos mientras miramos el móvil o la televisión, lo que puede llevarnos a ingerir más alimentos de los necesarios.
Un reciente meta-análisis ha confirmado que las personas, especialmente las mujeres, tienden a comer más cuando están expuestas a pantallas, sin importar el contenido que estén viendo. Este fenómeno se debe a la distracción, la exposición a estímulos visuales y cambios en la regulación del apetito.
En este artículo, exploraremos por qué las pantallas nos hacen comer sin hambre, sus consecuencias en la salud y cómo evitar este hábito para mejorar nuestra alimentación y bienestar.
– Cómo el uso de pantallas influye en la alimentación
En la era digital, el uso de pantallas se ha convertido en una parte esencial de la vida cotidiana. Desde ver la televisión hasta trabajar en una computadora o navegar por las redes sociales en el teléfono, pasamos muchas horas al día frente a una pantalla. Sin embargo, esta constante exposición puede tener un efecto inesperado en nuestros hábitos alimenticios: nos lleva a comer más de lo necesario, incluso sin sentir hambre.
Este fenómeno se conoce como alimentación distraída, un comportamiento en el que la atención se divide entre la comida y otra actividad, en este caso, mirar e interactuar con una pantalla. Estudios han demostrado que cuando las personas comen mientras están entretenidas con una pantalla, tienden a ingerir más cantidad de alimentos sin ser plenamente conscientes de ello.
Esto se debe a que la atención juega un papel crucial en la percepción de la saciedad: si no estamos concentrados en lo que comemos, el cerebro registra con menos precisión la cantidad ingerida y, por lo tanto, es más fácil seguir comiendo más allá de nuestras necesidades.
Un meta-análisis reciente, que analizó 23 estudios con 1894 participantes, confirmó que ver pantallas aumenta significativamente la ingesta de alimentos en comparación con quienes comen sin distracciones. Además, este efecto es más pronunciado en las mujeres.
Curiosamente, el contenido de la pantalla (por ejemplo, imágenes de comida o mensajes sobre control del peso) no parece influir de una forma significativa en la cantidad de comida ingerida, lo que sugiere que el simple acto de estar expuestos a una pantalla mientras comemos ya es suficiente para alterar nuestros hábitos alimenticios.
Este hallazgo refuerza la idea de que la alimentación distraída puede llevarnos a perder el control sobre nuestra ingesta de alimentos, promoviendo hábitos poco saludables y aumentando el riesgo de sobrealimentación.
– Factores que explican por qué comemos más con pantallas
El aumento de la ingesta de alimentos mientras usamos pantallas no es un fenómeno casual. Existen varios mecanismos psicológicos y biológicos que explican por qué la distracción nos lleva a comer sin hambre. A continuación, analizamos los principales factores que contribuyen a este comportamiento.
1. Menor atención plena en la comida
Uno de los principales motivos por lo que las pantallas aumentan el consumo de alimentos es la falta de atención plena. Comer mientras estamos viendo una serie, inmersos en las redes sociales o jugando con el móvil nos impide registrar de una forma consciente la cantidad de comida que ingerimos.
Al no prestar atención a las señales de saciedad que nos envía el cuerpo, es más probable que sigamos comiendo incluso cuando ya hemos consumido lo suficiente.
Diversos estudios han demostrado que la alimentación distraída afecta nuestra percepción del hambre y la saciedad. Cuando no recordamos cuánto hemos comido, el cerebro tiende a subestimar la cantidad ingerida, lo que puede llevarnos a seguir comiendo o a ingerir más comida en la siguiente comida del día.
2. Mayor exposición a estímulos visuales
Las pantallas están llenas de contenido diseñado para captar nuestra atención, y muchos de estos estímulos están relacionados directamente con la comida. Imágenes de platos o recetas apetitosas, anuncios de comida rápida o ver a personas que prueban comida en redes sociales pueden generar un deseo de comer, incluso si no sentimos hambre real.
Además, este efecto no se limita a la publicidad. Un estudio demostró que simplemente ver imágenes de alimentos en la pantalla puede activar áreas del cerebro relacionadas con la recompensa y el deseo, haciendo que sintamos antojos y terminemos comiendo más de lo planeado.
3. Alteraciones en la regulación del apetito
El uso de pantallas está vinculado a la activación del sistema de recompensa del cerebro, que regula el placer y la motivación. Al igual que ocurre con el consumo de azúcar o comida ultraprocesada, mirar pantallas puede estimular la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer.
Esta activación puede hacer que busquemos alimentos más gratificantes (generalmente altos en grasa, sal o azúcar) y que comamos más allá de nuestras necesidades reales.
JotDown(C.Nuño) — 1937. Madrid. España. La ciudad está asediada y el ruido de los obuses, cayendo por doquier, se ha convertido en parte de la cotidianidad de los madrileños. Han aprendido a convivir con el estallido de los adoquines y los esqueletos de edificios que, hasta hace bien poco, llamaban hogar.
La guerra civil española, en pleno apogeo, se coronará como la más mediática del siglo XX, atrayendo la atenta mirada de una Europa (y América) que afila sus fusiles bajo la sombra del feto de la Segunda Guerra Mundial.
Nos encontramos en la Gran Vía, entre dos puntos de referencia. Por un lado, en la parte alta de la calle, en el número 28, «la Telefónica», el, hasta el momento, edificio más alto de toda la urbe y epicentro de las comunicaciones del gobierno de la República con el extranjero.
Allí se localizaba la Sección de Prensa y Propaganda del Ministerio de Estado, la Oficina de Prensa Extranjera, lugar en el que el novelista Arturo Barea se encargaba de la censura, y algunos despachos del servicio de contraespionaje republicano.
Por otro, calle abajo, el famoso Hotel Florida, en la plaza de Callao, donde se hospedaron gran parte de los archiconocidos escritores y reporteros de guerra que vinieron a cubrir el conflicto a pie de trinchera.
George Orwell, Jay Allen, Ted Allan, John Dos Passos o el propio Ernest Hemingway son algunos de los nombres que, hoy instalados en el imaginario colectivo, cruzaban la calle al galope de un edificio a otro, bajo una lluvia de balas y explosiones, para enviar sus crónicas a sus respectivos empleadores.
Sin embargo, hay un nombre que en numerosas ocasiones ha quedado relegado a un segundo plano, incluso tercero, mencionado normalmente como complemento de uno de los tres anteriores: Martha Gellhorn, una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo pasado, que llegó a presenciar y cubrir buena parte de los conflictos bélicos más relevantes del planeta durante los sesenta años que estuvo en activo.
Gellhorn (1908, St. Louis, Missouri, EE. UU. – 1998, Londres, Inglaterra), que en 1930 tomó la resolución de convertirse en periodista tras graduarse en 1926 en la John Burroughs School y abandonar el Bryn Mawr College en 1927, conoció a Hemingway, a quien admiraba por sus novelas Fiesta y Adiós a las armas, en un viaje familiar a Cayo Hueso (EE. UU.) en 1936 y, juntos, decidieron aventurarse a cubrir la guerra de España.
Martha Gellhorn
Ella era una chica bien con contactos en la alta sociedad estadounidense. A lo largo de su vida mantuvo una estrecha amistad con quien fuera la primera dama, Eleanor Roosevelt, quien le presentaría al escritor británico H. G. Wells, un señor que, a pesar de pasar perfectamente como el abuelo de la rubia, quedó prendado de sus encantos y durante el verano del 36 (ella se había mudado a vivir a Francia ya en 1930), momento en el que Martha se hallaba sin trabajo, la acogió como pupila.
Para entonces ya se había consagrado como la gran promesa literaria del momento con la publicación de los títulos What Mad Pursuit (1934) y The troubles I’ve seen (1936), libro para el que Wells se había encargado de encontrarle un editor, y estaba entusiasmada con la idea de ir a cubrir la guerra de España con Hemingway, que tenía todos los visos de convertirse en su próximo amante.
«Esto es confidencial. En vista de que somos conspiradores, me he puesto una barba postiza y unas gafas oscuras. Nos mantendremos callados y pondremos cara de tipos duros», le escribió en una misiva, jocosa, al escritor que ya se encontraba en Madrid.
Él llegó a España en marzo de 1937, como corresponsal de la North American Newspaper Alliance (NANA), con la idea de, además de informar sobre el conflicto, realizar un documental titulado Tierra de España con el cineasta holandés Joris Ivens. Ella aterrizaría días después, contratada por el Collier’s. Y, bajo el retumbar de las bombas, se harían amantes en la habitación 109 del Hotel Florida, lo que derivaría en un matrimonio tumultuoso de cuatro años.
Gellhorn fue la única mujer en abandonar al afamado escritor y eso es algo que él jamás perdonaría.
Su relación con Hemingway marcará, muy a su pesar, el resto de su vida. «Yo no soy el pie de página de la vida de nadie. Escribía antes de Ernest, durante, y lo he seguido haciendo después», escupiría con rabia en más de una ocasión al ser interpelada.
«Sus despachos sobre la guerra civil, difíciles de encontrar impresos hoy día, revelan un don para la observación inquebrantable, siendo mucho mejores que los de Hemingway», escribiría, años después, Marc Weingarten para el Washington Post.
Martha Gellhorm y Ernest Hemingway
«Ya era un escritor consagrado cuando se embarcó en la cobertura de la guerra civil en el 37. Son sus novelas las que lo hicieron famoso. Ya sabes, consiguió el premio Nobel de literatura. Ella nunca.
Martha lo intentó con la ficción, pero casi todo lo que hacía tenía tintes autobiográficos, al igual que Hemingway, sí, pero él fue capaz de insuflar vida a sus narraciones», argumentará la escritora, editora y periodista Amanda Vaill (Hotel Florida: verdad, amor y muerte en la guerra civil, Turner, 2014) al ser preguntada por el dúo.
Y si se protesta indicando que Gellhorn, como corresponsal de guerra, fue asaz prolífica en comparación, Vaill sonreirá y replicará: «Sí, pero Hemingway ya portaba una larga historia a sus espaldas, había recorrido, como periodista, buena parte de los Estados Unidos, Canadá, para pasar después por París; mientras que cuando se conocieron, en diciembre de 1936, Martha estaba dando sus primeros pasos como escritora.
Había publicado su primera novela [que no tuvo buena crítica y disgustó enormemente a su padre] y un puñado de piezas de no ficción —que más tarde conformarían The Troubles I’ve Seen— y ya, eso era todo. No contaba con ningún tipo de reputación que la amparase, mientras que él había firmado un contrato con la NANA, que se encargaba de distribuir sus piezas por toda Norteamérica.
Hemingway podía escribir una sola historia y esta aparecería en montones de periódicos, tendría miles de lectores. Martha contaba con un pequeño blog que nadie leía». Quizá no fuera tan fácil competir con el titán.
La llegada a España
Un día cualquiera de marzo, 1937. La Telefónica. «¡Hey, chicos! —dice Hemingway irrumpiendo con una mujer alta, rubia, joven, del brazo— esta es Marty, tratadla bien, que escribe para el Collier’s ¿Saben? Una tirada de un millón …».
Una tirada de un millón, de dos, o de tres, da igual. Eso es muchísimo para alguien como Barea que, en el momento de la entrada de la pareja, se encuentra allí, en la cuarta planta del edificio, donde se ha establecido una sala de prensa para corresponsales de guerra extranjeros, así como, a modo de improvisada campaña, una serie de catres para aquellos que quieran siestear entre crónica y crónica.
Sin embargo, el trepidante viaje de Martha a las profundidades del Madrid sitiado comienza de una forma que ella no habría esperado.
Le devora el aburrimiento, no puede dormir debido a los perpetuos estallidos, ruido de fusiles y ametralladoras y apenas ve a Ernest, quien, por lo visto, no puede vivir de otra forma que no sea pegado a una botella de whiskey, rodeado de camaradas que lo miren con ojos embriagados mientras cuenta las mismas anécdotas de pesca, caza, o su participación en la Gran Guerra, una y otra vez. Está encantadísimo de haberse conocido.
Y ella, ella había ido a España para estar con él y apenas lo veía, a no ser que quisiera tolerar la presencia de los otros hombres, de su séquito. Y, a pesar de todo, estaba empezando a enamorarse del hombre con el que compartía el lecho. Lo atribuía, en parte, a la fascinación que sentía por el compromiso que el escritor tenía con la lucha del pueblo español.
«Creo que fue la única vez en su vida en que él dejo de ser la cosa más importante del mundo. De veras le preocupaba aquella guerra. Si no hubiera sido así, no creo que me hubiese llegado a enamorar de él».
Otro de los problemas que le atenazaban, además del hastío y la incertidumbre respecto a su vida sentimental, era que los días pasaban, uno detrás de otro. Y no escribía. Nada.
Tomaba anotaciones y se fijaba muy bien en todo lo que veía, pero no había enviado ni una sola crónica al Collier’s. La frustración comenzaba a ser un elemento más del día a día.
A principios de abril conoció a Norman Bethune, el doctor canadiense que lideraba la intervención de unidades médicas a favor de la República, y a J. B. S. Haldane, un biólogo de Cambridge recién llegado a Madrid, que le ofrecieron los acompañara en su viaje el día 5 a Morata. Aceptó.
Lo que presenció le horrorizó. Tras una escaramuza en el frente del Jarama fueron numerosos los heridos trasladados al hospital de campaña, instalado en una vieja fábrica. Dos detalles le quedaron grabados a fuego: el agua oxigenada que echaba espuma sobre las heridas purulentas y el hedor de aquel sitio al que llamaban hospital.
Cuando regresó, volvió escribir. En su retina se agolpaban las imágenes de lo que había visto hasta el momento, de lo que era la vida en una ciudad en guerra. «Vivir aquí no se parece en nada de lo que has hecho antes», garabateó antes de abordar su retrato de Madrid.
Ernest Hemingway (de espaldas a la cámara) y Martha Gellhorn en España durante la Guerra Civil Española.
La presencia femenina en la guerra
Poco después de cruzar los Pirineos y asentarse en el Florida, Gellhorn descubriría que, en España, se vivía un momento extraordinario para las mujeres. Estaban siendo tratadas como «camaradas», se les había integrado en la lucha. O, al menos, en el lado salvaje de esta.
Había mujeres luchando en el frente, preparando municiones… De hecho, asevera Vaill, es la primera vez que se escucha la voz de un narrador femenino en España, cosa que había quedado prohibida desde que se produjera el masivo movimiento, en el siglo XX, en favor de los derechos de las féminas:
Y entonces ocurrió lo que pasa siempre, como vemos en nuestra propia era: cuando se produce un esfuerzo en una dirección, este desencadena una reacción y parte de la población se inclina hacia la contraria. Este es un fenómeno curioso que se encuentra, habitualmente, bajo la superficie de un conflicto armado; cuando una parte del país grita «¡no!», se enfrenta a la otra que, casi automáticamente, odiará lo que se está haciendo.
En este caso, lo que se odiaba era el haber dado a las mujeres la oportunidad de luchar, ser asesinadas y, de sobrevivir, escribir sobre ello.
Perlas y tacones en el frente
Virginia Spencer Cowles nació en 1910 en Vermont, Estados Unidos, descendiente de cuatro de los firmantes de la Declaración de Independencia, incluido el hermano de George Washington.
Su madre, Florence Wolcott Jacquith (1887-1932), era americana sucesora de los hugonotes franceses (antiguo nombre que llevaban los protestantes francos de doctrina calvinista durante las guerras de religión) y su padre, Edward Spencer Cowles (1878-1954), era virginiano.
«Mi madre estaba orgullosa de su linaje americano: descendía de cuatro de los firmantes de la Declaración de Independencia, incluyendo el hermano de George Washington», prologa Harriet Crawley, hija de Virginia y el periodista británico, Aidan Crawley, en Desde las trincheras: Virginia Cowles una corresponsal americana en la guerra civil española (Siddharth Mehta Ediciones, Madrid, 2011).
Florence se fugó de casa, en 1906, para casarse a los diecinueve años con Edward Spencer, que se licenciaría, en la Facultad de Medicina de Harvard, como psiquiatra para convertirse en un médico de éxito en Nueva York. «Mi madre me contó que si los pacientes eran demasiado pobres como para pagar su consulta los atendía gratuitamente», continúa Harriet.
El matrimonio, en cambio, no corrió la misma suerte. La fidelidad no era el punto fuerte del doctor Cowles. A los cuatro años, Florence le pidió el divorcio y una pensión de sesenta dólares para mantener a sus dos hijas: Mary y Virginia. Él, como venganza, nunca la pagó y llegó a secuestrar a sus hijas durante varias semanas, mientras ella las buscaba frenéticamente.
«Virginia nunca olvidó el momento en que apareció su madre, afligida pero con dignidad y determinación. Cogió a sus hijas de la mano y cruzó con ellas el jardín mientras les indicaba que se fijaran bien en el camino porque regresaban a casa», rememora la vástago de la periodista.
Todo ello desembocó en que Florence tuviera que criar a las pequeñas Mary y Virgina sola, con poco dinero y sin formación alguna que pudiera ayudarle a ganarse el sustento. Sin embargo, consiguió trabajo en el Boston Herald para escribir la columna de sociedad, pasando largas jornadas componiendo el tipo de letra, con los tobillos hinchados de estar de pie durante horas. Murió en 1932, a los cuarenta y cuatro años, de una peritonitis.
Virginia y su hermana fueron a la Waltham School donde, narra Harriet, «mi madre destacó enseguida: fue votada, no la chica más guapa del colegio, ni la más popular, sino la que más probabilidades tenía de triunfar en la vida». Y, al parecer, así fue. Terminó los estudios con dieciséis años y comenzó a ganarse la vida haciendo anuncios para el Harper’s Bazaar. Su forma de escribir cautivó a la revista de tal forma que le ofreció un empleo.
Virginia Spencer Cowles
Su carrera de escritora comenzó haciendo pies de foto, relata su hija, aunque despegó a una tremenda velocidad. En 1933 ya publicaba artículos firmados en la sección March of Events de los diarios dominicales del grupo del gigante Hearst, al igual que en su primera revista, Harper’s Bazaar, así como en Colliers y Boston Post. Todo ello le permitiría recorrer el mundo, junto a su hermana, escribiendo artículos.
En 1935, tras regresar a Nueva York, escribió un extenso artículo para el Harper’s Bazaar, ilustrado con fotografías propias en el que relataba su viaje alrededor del globo. Este llevaba por nombre «The Safe Safe World» («Un mundo muy, muy seguro»). «Este título la atormentaría más tarde», asegura Crawley.
Ese mismo año, una Virginia que contaba tan solo con veinticuatro primaveras, decidió salir de EE.UU. y convenció al director del grupo Hearst para que la enviase a Italia, después de que el país invadiera Abisinia, para cubrir las noticias. Al cabo de una semana había conseguido entrevistar a Mussolini.
«Estaba aterrada. Se trataba de su primera entrevista con un jefe de Estado y según ella admitiría en Looking for Trouble (1941): «Mi conocimiento de asuntos exteriores era mínimo». No hubo razón para preocuparse: el dictador italiano habló todo el rato», sostiene Harriet.
Para entonces, Virginia Cowles, aún sin saberlo, enfilaba los primeros pasos que le llevarían a convertirse en corresponsal de guerra.
Fue en el 37 cuando tomó la decisión de cubrir la guerra civil desde los dos bandos y convenció al grupo Hearst de que se trataba de una buena idea, aunque como indica al principio de Looking for Trouble, carecía de la cualificación de corresponsal, salvo la curiosidad:«Cuando estalló la guerra civil vi la oportunidad de ejercer un periodismo más arriesgado […]
Mis amigos de París no fueron muy alentadores. Me advirtieron de que si no llevaba ropa vieja y desgastada me atracarían; algunos sugirieron que llevara ropa de hombre; otros, que vistiera con harapos. Finalmente me llevé tres vestidos de lana un abrigo de piel». Lo que no cuenta en el libro es que siempre calzaba zapatos de tacón y, en la mayoría de fotografías que quedan de la época, aparece engalanada con un collar y unos pendientes. De perlas, por supuesto.
En el momento en que aterrizó en Barcelona, desde el aeródromo de Toulouse, el paisaje que la recibió la dejó atónita. Desde luego no era lo que se esperaba, ¿dónde estaban las bombas, los estallidos y los cascotes de edificios tirados por las aceras? En nada se parecía aquello a la imagen que le habían dibujado sus amigos parisinos, pronosticándole una muerte despedazada por un obús camino a Madrid.
Y tampoco tenía demasiado que ver con el miedo que sintió al subir al avión cuando, al salir de la cafetería del aeropuerto, un hombre mayor, enboinado, le estrechó la mano deseándole, con un hilo de voz, «Bonne chance, mademoiselle, Bonne chance».
Recuerdo la sorpresa que sentí ante mi primera imagen de España tras descender en círculos para aterrizar y entrar en la sala de espera del aeropuerto. La escena era tan pacífica que rozaba la incongruencia. Detrás de un mostrador había una mujer sentada, tejiendo un jersey; dos caballeros con trajes negros de pana bebían coñac en una mesa; y una niña estaba tumbada en el suelo jugando con un gato.
Saludaron a los pilotos franceses con cordialidad, pero cuando uno de ellos hizo un comentario sobre la guerra y preguntó por las últimas noticias, uno de los hombres se encogió de hombros sin mostrar interés y dijo: La guerra no tiene nada que ver con Cataluña. No queremos tomar parte de ella; lo único que queremos es que nos dejen en paz. (Cowles, Virginia, Desde las Trincheras).
Había volado a España a cubrir una guerra a nivel nacional, pero parecía que el combate solo se libraba en la capital y aledaños.
La siguiente parada, rumbo a Madrid, fue Valencia, una ciudad que definiría como «hervidero humano» puesto que, tras el traslado de la sede del Gobierno, había triplicado su población.
Encontró algarabía, confusión y carteles de advertencia pendiendo de los edificios, en los que se podía leer «¡Fascismo!» mas, de nuevo, ni rastro de la batalla.
Cowles, confusa, buscaría con frenesí a gente de la prensa; un corresponsal, a ser posible británico o estadounidense puesto que los idiomas nunca fueron su punto fuerte, que llevase deambulando algún tiempo para que le contara cómo estaban las cosas. Finalmente dio con un americano llamado Kennedy que trabajaba para Associated Press y cuya única finalidad era salir por patas del país. Si lo consiguió o no es un misterio puesto que apenas hay un registro de su actividad.
Cuando, varios días después, llegó a Madrid acompañada de la corresponsal californiana Milfred (Millie) Bennett, que había llegado a España por un amante que se había enrolado en las Brigadas Internacionales, y un sacerdote católico, cuyo aliento, en palabras de la propia Virgina, apestaba a nicotina, que se había ganado el sustento propagando por Francia, según Millie, la idea de que en la República se trataba bien a los curas, la recibió un sonido que no había escuchado nunca antes: el rugir de la artillería. Al rato, se dibujaría ante ella la figura del Hotel Florida.
Y, dando muestras de la ingenuidad de la que no tardaría en despojarse, eligió una habitación en la quinta planta, cosa que trato de rectificar en cuanto fue consciente de su error, aunque las expectativas de encontrar algo más cercano al suelo, para evitar someterse al fuego de los bombarderos, no fueron exactamente satisfechas; el gerente trasladó a Cowles a una habitación de la cuarta planta, asegurándole que si una bomba caía en su habitación sería «por error».
Allí, en el Florida, se haría asidua a las reuniones que el corresponsal del Daily Express de Londres, Tom Delmer, famoso por su astucia, hacía en su habitación; donde se juntaban un puñado de periodistas, en veladas que comenzaban poco antes de la medianoche y se extendían hasta bien entrada la madrugada, mientras estuvieran bien pertrechados de cerveza y whiskey. Y, entre los ilustres y habituales invitados encontraría, por supuesto, a Ernest Hemingway.
Collage fotografías
Mujer contra mujer
Martha Gellhorn, Virginia Cowles, Ernest Hemingway. Son los nombres de tres periodistas que coincidieron en la España del 37. En el Hotel Florida, en Madrid. Venían a cubrir la guerra para el resto del mundo. O, más bien, para Estados Unidos.
Él, un escritor ya famoso convertido en reportero. Ellas empezaban unos escalones más abajo. Por mujeres. Por jóvenes. Sobre todo por mujeres.
A Martha, Virginia no le cayó nada bien y la tachó de frívola, siempre vistiendo una indumentaria nada apropiada para una reportera en un país en guerra. Aunque, como cuenta Amanda Vaill, con el tiempo las cosas cambiarían: «Al principio fue como una competición, Martha la vio llegar y dijo “Uhhh”, pero luego se dio cuenta de que Cowles no pretendía nada de lo que tenía Gellhorn, entonces se relajó y decidió ser su amiga», estableciendo, así, una relación que duraría décadas.
Para Vaill, Martha siempre quiso ser la chica lista en la sala, le consumía la idea de cómo era percibida por el resto, y vivía en una dicotomía entre la furia que le producía el sufrimiento de la gente a la que la guerra le había pillado en medio y su deseo de fama y reconocimiento: «Quería ser aquella que bebiese más que un hombre, la reportera más avezada, la mejor, pero sin ser un hombre. Ella quería ser una mujer».
«Conozco a mucha gente como ella, mujeres jóvenes, atractivas e inteligentes a quienes los hombres adoran y que tienen muchos problemas para establecer amistades con mujeres, básicamente porque se sienten competitivas o superiores hacia ellas. Realmente creo que, en ese sentido, es un producto de su época», agrega.
En cambio, Virginia no se le hace tan «estilosa» como Gellhorn, pero se le antoja como una magnífica corresponsal de guerra. «Arriesgó su integridad física en múltiples ocasiones, era valiente y tuvo una vida harto interesante, pero hoy tengo la sensación de que nadie sabe quién fue».
«El trabajo de Virginia Cowles es muy interesante, pero lo suyo es algo muy cándido. O sea, está muy bien porque es la visión de una inocente; las cosas que narra, a veces sin darse cuenta de su importancia, son maravillosas porque le da una inmediatez a lo que dice, nada más», contrapone, al ser preguntado, el historiador británico Paul Preston, en la que, afirma, será su última entrevista.
Dos mujeres cuasi opuestas que, sin embargo, compartieron lo más importante: la mirada. Sus crónicas se caracterizan por dejar de lado la escritura bélica más habitual hasta el momento, poniendo el foco en los detalles mínimos que observan en las vidas ajenas.
Y, debido a que Gellhorn escribía para el Collier’s, no fueron pocas las ocasiones en que visitaron juntas prisiones y hospitales con el fin de reunir datos y entrevistar a oficiales. E, incluso, compartieron momentos de «ocio» en los que se mezclaron en la vida que los madrileños pretendían teñir de normalidad, a modo de supervivencia.
Pasará la guerra, pasarán los años y cada una seguirá su vida. «No podían ser más diferentes. Martha fue muy buena creando una leyenda a su alrededor mientras vivió, haciendo creer que tuvo una vida controvertida, plagada de amantes.
Y la tuvo, claro que la tuvo, pero no más allá de la que cualquier otro podía haber llevado», observa Vaill, «Estando aún con Hemingway, tuvo una aventura con un joven gran general, James M. Gavin, que era el gran héroe del momento. Consiguió el premio del pez gordo.
En cambio, Virginia se tropezó con un amable periodista [Aidan Crawley] con el que se casó y fue feliz [hasta que un accidente de coche, que él conducía, le arrebató la vida. Crawley nunca lo superó] Pero Martha… vivió insatisfecha en este y en otros muchos aspectos de su vida, nada, nunca, fue suficiente para ella».
Hoy, a pesar de sus trepidantes vidas, ninguna de las dos ha pasado a la posteridad, tan solo de puntillas, ya que, al fin y al cabo, como apunta Vaill, lo que hacían eran artículos periodísticos que se publicaban en diversos diarios que, una vez impresos y distribuidos, se perderían en el trajín del día a día.
Ernesto
Un hombre fuerte como un toro y con un amor desaforado por la vida, así describiría el fotógrafo Robert Capa al escritor de Illinois. Un hombre que, no pocas veces, tecleaba pegado a una botella, quizá no tanto por su adicción a los licores, que también, sino para sobrellevar la agonía de una República que, como comunista confeso, se había convertido en su causa.
Hemingway había sido contratado por Jack Wheeler, el editor general de la NANA, no por su experiencia previa como periodista, sino porque se trataba de alguien destacado en el mundo de la fama y cuya firma provocaría un número importante de ventas. Wheeler quería el drama y el color de las aventuras personales del aclamado escritor y él, en una primera instancia, siguió las indicaciones de la agencia.
«Sin embargo, las cosas no tardaron en cambiar», indica el estudioso del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), William Braasch Watson, en el número 7 de la Hemingway Review, donde están recogidas todas las crónicas que Ernest escribió bajo cielo español. «Sobre todo porque Hemingway se encontró trabajando con otros profesionales con los que tenía que competir por la atención de los periódicos.
Sus mejores amigos en España, aparte de algunos oficiales y miembros de las Brigadas Internacionales, fueron corresponsales como Herbert Matthews del New York Times y Sefton [Tom] Delmer del London Daily Express. Aspiraba a su respeto, además de su amistad, y trabajó duro para ganárselo».
«Se ha exagerado muchísimo la reputación de Hemingway, aparte de que era un fardón imperdonable, su trabajo era mayormente militar», contrapone Paul Preston, «Y, además, llegó tarde a España. Si tuviera que escoger a algún gran periodista de la guerra civil me quedaría con Herbert Matthews o Louis Fischer. Aunque, por supuesto, todos tienen su valor».
Watson, por otro lado, también destaca que el sujeto principal, y probablemente, favorito del escritor era la estrategia militar; «en cinco ocasiones dedicó casi todo su texto al desarrollo estratégico de la guerra, normalmente haciendo predicciones sobre cómo se desarrollaría el transcurrir de los eventos en los próximos meses, siendo coloreados por su inquebrantable convicción, casi hasta el final, de que los leales podrían ganar la guerra. […]
Además, estaba enamorado de los paisajes españoles en todas sus formas, luces y colores, es raro encontrar un despacho que no contenga una descripción de una distante o lejana escena».
Asimismo, Hemingway era terriblemente competitivo y celoso de sus fuentes, como demuestra el episodio en que, acompañado de Virginia y la corresponsal comunista, Josephine Herbst, entrevista a Luis Quintanilla —quien, a pesar de no ocupar ningún cargo oficial, movía los hilos de la inteligencia en Madrid— a raíz de la desaparición de José Robles, un gran amigo del escritor Dos Passos que había viajado a España preocupado por su repentina falta de noticias.
Quintanilla confirmará la muerte del desaparecido, cosa que fragmentará la relación entre ambos escritores, ya de por sí debilitada debido a los celos que el talento de John despertaba en Ernest:
—¿Ha muerto mucha gente en Madrid? — preguntó Hemingway.
— En una revolución se hacen cosas de mala manera— susurró Quintanilla.
—¿Y se han cometido muchos errores?
— ¿Errores? —Quintanilla enarcó las cejas—. Errar es humano. Diecinueve (no dejó, ni un momento, a lo largo de la conversación, de contar los estallidos de los proyectiles que se estrellaban en la calle)
—En general, considerando que eran errores, muy bien —. Quintanilla agarró la frasca y sirvió un chorro de vino bermellón en el vaso de Ginny Cowles. Luego sonrío—. De hecho, de un modo magnífico.
[…] Poco después los estadounidenses decidieron arriesgarse a salir del sótano. Cuando estuvieron en la resplandeciente Gran Vía, Hemingway agarró a Ginny Cowles del brazo.
—Un tipo muy chic, ¿eh? — comentó —Pero recuerda que es mío.
(Amanda Vaill, Hotel Florida, 2014)
Josephine Herbst
A Virginia no le extrañó en absoluto, según cuenta en sus crónicas, encontrarse una conversación muy similar reproducida en la pieza teatral, ambientada en el Hotel Florida durante la guerra, que el escritor publicaría meses después titulada La quinta columna, nombre con el que, desde entonces, se ha designado al temido enemigo interno.
Corresponsales a ambos lados del frente
Del trío, tan solo Cowles tuvo el arrojo —o la oportunidad— de cubrir el conflicto desde los dos bandos.
Ambicionaba una visión completa de lo que ocurría en España y en contra de lo que esperaba lo consiguió, a pesar de que sus perspectivas de introducirse en filas nacionalistas no eran muy halagüeñas si se tenía en cuenta que, en sus papeles, figuraba que había estado cubriendo la zona republicana, cosa que no hacía demasiada gracia a los falangistas.
Dos intentos le llevó el poder adentrarse en bando de Franco. Según Preston, fue cuestión de suerte.
A Virginia le horrorizaba «sumergirse en una atmósfera en la que el triunfo significaba el desastre de las personas a las que había dejado atrás», pero, por otra parte, quería conocer el punto de vista sublevado ya que, según asegura en sus reportes, los hombres mataban por convicciones, no por arrebatos de pasión.
«En España, un hombre había matado a su hermano no porque no le quisiera, sino por estar en desacuerdo con sus ideas políticas».
Una vez allí, comprobó que la censura laxa en Madrid, siempre que una se centrara en el lado humano del conflicto y no en estrategia militar o política, nada tenía que ver con el férreo control que allí, fuese a donde fuese, se ejercía sobre la prensa.
A los reporteros les resultaba casi imposible acercarse al frente —mientras que, en la República, nadie se preocupaba demasiado si algún periodista extraviado recibía un perdigonazo; estaban por su cuenta y riesgo— y siempre, siempre, siempre, iban escoltados, haciéndoseles imposible la tarea de redactar una crónica medianamente verídica.
Tendrían que esperar a transcribir sus memorias para poder rendir cuentas con la realidad.
España era un hervidero de prensa venida de casi todos los rincones del planeta, debido a que se trataba de un acontecimiento de interés mundial y, pronto, sacarían las primeras conclusiones: «Los periodistas que fueron a la zona republicana adoptaron la idea de que allí se luchaba el futuro de la democracia mundial, y llegaron rápidamente a la deducción de que, si ganaba el fascismo en España, Hitler estaría bombardeando pronto París y Londres», argumenta el historiador en otra ocasión, «con lo cual hay un elemento de evangelismo en sus crónicas, intentando despertar a sus respectivos gobiernos».
La segunda idea que aquellos se forjaron de la República vino de sus propias vísceras, al ver la lucha y el sufrimiento de los leales al gobierno, que acabó por despertar las simpatías de muchos, de los cuales buena parte acabaría alistándose en las Brigadas Internacionales atrayendo, así, la mirada de peces gordos del mundo de las letras como Hemingway o Dos Passos.
La gran pregunta entonces es ¿cómo no se hizo nada? ¿Cómo es que se mantuvo la «neutralidad» por parte de aquellos países acabarían formando el bloque de los aliados en la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo es que el clamor, prácticamente unánime, de la prensa pidiendo auxilio no se trasladó a los hechos?
Para el estudioso, la respuesta es sencilla: los periodistas más influyentes en Estados Unidos como Louis Fischer, Herbert Matthews, Jay Allen o el propio Hemingway contaban con la simpatía del presidente Roosevelt y la primera dama, sí, pero no a nivel de cambiar la política exterior.
Lo intentó hasta el embajador americano en España, Claude Bowers, escribiéndole insistentes misivas al mandatario americano. Tras la guerra, Roosevelt le respondió escueto: «Mira, tenías razón, deberíamos haber cambiado la política. Hemos cometido un grave error, pero yo no pude hacer nada».
Hay un caso dentro de la guerra civil, solo uno, en que la acción de los corresponsales obligó a un país a cambiar su dirección política: tras el asedio de Bilbao. «Fue en marzo o abril del 37», aventura Preston, «y el gobierno británico apoyaba a Franco. Desde la clandestinidad, claro, pero lo apoyaba.
Y, para cuando se produjo el asedio, había dado órdenes a la marina británica de no proteger a los barcos mercantiles que proveían los alimentos a la urbe. Se armó un follón alucinante por parte de la prensa de izquierdas basado en lo que sabía el corresponsal del Times en Bilbao, George Steer, que fue lo que les obligó a cambiar su política».
Fue también en el País Vasco donde Cowles haría el mayor descubrimiento en la zona de los sublevados: la matanza de Guernica, que no había sido incendiada por «los rojos» como se había hecho creer a la población y a buena parte de los contendientes que luchaban por el que acabaría llamándose «caudillo». Guernica había sido bombardeada hasta los cimientos y los cazas llevaban, en un costado, los colores de Italia y Alemania.
Fue en una conversación casual con un par de oficiales en Santander, después de que un superviviente, entre aspavientos, le dijera que el cielo se había cubierto de aviones.
Le aconsejaron que no escribiera nada que tuviera que ver con aquella conversación. A Virginia, por supuesto, no se le ocurrió. Al menos no hasta que hubo dejado los Pirineos tras de sí.
La tentación vive arriba
Oficina de prensa extranjera en el edificio de Telefónica (Madrid) en 1937
Cuentan las malas lenguas que la literatura y el periodismo de guerra siempre han sido compañeros de cama y que no son pocos quienes se han enredado entre las sábanas del súcubo que promete el paraíso a golpe de párrafo.
Si uno conoce los hechos por qué no afilar un poco los detalles, salpicar el texto con inocuos adjetivos que trasladen al lector las emociones de lo ocurrido. «El periodista tiene derecho a «pintar» esas lágrimas para reflejar mejor la atmósfera del momento, el estado anímico del personaje descrito», diría en una ocasión Gabriel García Márquez en defensa de la literatura por encima de todo.
Quizá porque él también se inventó historias cuando debía retratar vidas de las de verdad, de las de carne y hueso. Quizá porque, las más de las veces, son los grandes escritores quienes, cegados por su propio brillo, emborrachan a la realidad y alteran el relato. Y Hemingway fue, ante todo, una estrella.
«Uno más de aquellos frívolos intelectuales que vinieron a la guerra española como a un safari. […] Los anarquistas, de los que era admirador, lo llevaron al frente a pegar tiros de pega delante de los fotógrafos en la retaguardia para que pudiera pavonearse de su valor», critica el escritor español Andrés Trapiello sobre el americano en su ensayo Las armas y las letras.
Martha, en cambio, se reveló más sagaz. Con los años fue forjándose una biografía a medida, ya que además de haber pasado la vida entre aeropuertos y andenes, de guerra en guerra, tenía, según Vaill, un enorme olfato para la «autopromoción».
«Cuando descubres al personaje te obnubila, quedas prendado de ella y quieres que sea mucho mejor de lo que en realidad es», indica Vaill, con un deje de tristeza, «Su trabajo está tan bien construido… pero, un día, revisando sus cartas te das cuenta de que, a veces, miente, dice estar donde no está y haber presenciado hechos que, aunque plausibles, nunca ocurrieron frente a sus ojos».
Pero tampoco hay que olvidar que, entre las estrellas enamoradas de su propia prosa, se mueven sombras silentes. La de esta historia es la de una figura de mujer, morena, que calza tacón alto y viste unas ropas nada apropiadas para cubrir una batalla. Una figura devorada por el pozo del olvido a pesar de haber desoído los cantos de sirena. Se llamaba Virginia.
¿Qué secretos guardan los misteriosos símbolos del Valle del Indo?
DW(F.E.Wang con información de The Indu, ArtNet, IFL Science, BBc y The New York Times.) — Arqueólogos y lingüistas aún tienen una espina clavada: la escritura del Valle del Indo, que ha resistido todos los intentos de desciframiento durante más de un siglo. Estos antiguos símbolos pictóricos, encontrados en miles de placas de cobre, cerámicas, bronces y sellos, guardan los secretos de una de las civilizaciones más antiguas del mundo.
Ahora, el gobierno indio de Tamil Nadu ha decidido poner precio al misterio ofreciendo un millón de dólares a quien logre descifrar este código milenario.
– El misterioso sello del Indo
El primer sello con esta misteriosa secuencia de símbolos se halló en 1875 gracias a Alexander Cunningham, fundador del Estudio Arqueológico de la India. En la piedra había grabada la imagen de un toro junto a dos estrellas y seis caracteres que Cunningham describió como «ciertamente no letras indias», según recoge IFL Science.
Mohenjo-daro, una de las mayores ciudades de la civilización del Valle del Indo, fue construida hacia el 2500 a.C. en lo que hoy es Pakistán. Esta metrópolis, contemporánea de las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia, representa uno de los primeros grandes asentamientos urbanos de la historia de la humanidad.
La civilización que creó estos enigmáticos símbolos floreció en las fértiles llanuras del río Indo, en lo que hoy es India y Pakistán, entre el 3300 y el 1300 a.C., según detalla Artnet.
El gran paso para comprender la magnitud de esta cultura llegó varias décadas después del hallazgo de Cunningham, cuando el arqueólogo John Marshall lideró en la década de 1920 excavaciones que sacaron a la luz ciudades como Harappa y Mohenjo-daro.
Estos asentamientos, en su momento, habrían albergado hasta 60.000 personas y exhibían una avanzada planificación urbana y sofisticados sistemas de drenaje y agua.
En los años 90, el número de artefactos con inscripciones llegó a 4.000, pero la falta de textos largos y referencias cruzadas ha obstaculizado su interpretación.
– El desafío del millón de dólares
«No somos capaces de descifrar la escritura de la civilización del Valle del Indo que floreció una vez», declaró Muthuvel Karunanidhi Stalin, ministro principal de Tamil Nadu, al anunciar la recompensa, según el medio local The Hindu. «Para fomentar la investigación, el gobierno ofrecerá un millón de dólares», aseguró.
Sello con unicornio e inscripción de la civilización del Valle del Indo. (c. 2.000 a.C.)
El desafío para los investigadores es formidable. Hasta ahora han identificado más de 400 signos distintos que se leen de derecha a izquierda, pero las inscripciones son exasperantemente breves, con una media de solo cinco símbolos.
Los investigadores se preguntan si los signos representan palabras completas, fragmentos o incluso simples abreviaturas de transacciones comerciales, ya que los artefactos en los que se han hallado suelen tener un uso cotidiano.
Entre tanto, un equipo liderado por la profesora Nisha Yadav del Instituto Tata de Investigación Fundamental de la India ha desarrollado un modelo de aprendizaje automático que ha identificado 67 signos que componen el 80 % del corpus, siendo uno de ellos –un símbolo parecido a una jarra con dos asas– el más frecuente, según detalla Artnet.
– El enigma sin Piedra de Rosetta
A diferencia de los jeroglíficos egipcios, que pudieron descifrarse gracias a la Piedra de Rosetta, no existe ningún texto bilingüe que pueda servir de clave. El indólogo Asko Parpola lo resume a la BBC: «La escritura del Indo es quizá el sistema de escritura más importante que está sin descifrar».
El «rey-sacerdote» del Valle del Indo, una estatua de 17,5 centímetros hallada en 1927, se ha convertido en un símbolo de esta antigua civilización a pesar de que no hay evidencias de que la ciudad fuera gobernada por sacerdotes o monarcas.
La iniciativa sigue los pasos del Desafío del Vesubio de 2023, que ofreció 350.000 dólares por descifrar los antiguos pergaminos carbonizados de Herculano. En ese caso, la tecnología y la inteligencia artificial ya han permitido leer más de 2.000 letras griegas antiguas, incluyendo reflexiones filosóficas sobre el placer de comer.
La esperanza es que este nuevo incentivo millonario pueda finalmente resolver uno de los últimos grandes misterios de la arqueología. Como señala el ministro M.K. Stalin, «sigue siendo un misterio incluso después de 100 años. Arqueólogos, informáticos tamiles y lingüistas de todo el mundo se esfuerzan por descifrar la escritura».