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El extraño caso del doctor Gachet…


Historia Hoy(O.L.Mato) — Allí se lo ve con aire soñador jugando distraídamente con una flor en la mano. La imagen de este médico de provincia con veleidades de artista se hizo famosa en todo el mundo al ser retratado por uno de sus pacientes, un huraño pintor holandés, un paciente que atendía llamado Vincent Van Gogh. Este cuadro, por uno de esos caprichosos designios del dios mercado se convirtió en el más caro de la historia del arte.

Paul Gachet era un médico homeópata que conoció Van Gogh a través de su hermano Theo, y a éste a través de Pisarro. Era además pintor aficionado y coleccionista de cuadros impresionistas especialmente de su amigo Cezanne, cuya colección sería vendida en 1952 por el hijo del doctor al Estado francés.

Después de la internación estuviese en el Hospital Saint Remy, cuando la célebre resección de su oreja, Theo le encomendó al Dr. Gachet el cuidado de su hermano. Vincent estaba medicado con digitalina, un antiguo remedio que aún hoy se usa en casos de insuficiencia cardiaca. No es que sufriera esa enfermedad, sino que entonces era la única droga para el tratamiento de la epilepsia.

Como fenómeno colateral los pacientes que la utilizan suelen ver al mundo de un tinte amarillo, fenómeno llamado xantopsia, probablemente responsable de la preferencia por ese color del pintor. Curiosamente, en este retrato, el último pintado por Van Gogh, la flor que sostiene Gachet es la digitalis purpúrea, fuente de este medicamento.

Preso de un impulso autodestructivo, Van Gogh pretendió suicidarse pegándose un tiro al corazón, aunque las nuevas versiones digan que recibió una bala accidentalmente de unos jóvenes que estaban cazando. Para no implicarlos, dijo que se había querido suicidar. Por una razón u otra, la bala falló y la agonía duró dos días. Finalmente, Vincent murió el 27 de julio de 1898, Theo estuvo constantemente a su lado.

Existen dos versiones de este retrato, la más célebre fue la adquirida por un empresario japonés en 1990, por la que pagó 82,5 millones de dólares. Curiosamente esta obra había estado en Alemania y fue incluida en la lista nazi de “arte degenerado”. La otra versión, la de la mesa roja fue donada por la familia Gachet al Museo D´Orsay.

Sin embargo, han surgido algunas dudas en cuanto a su autenticidad. Ante todo llama la atención la enorme producción del artista durante los 60 días que habitó en casa de Gachet (70 pinturas y 50 dibujos) ¿Fueron todos pintadas por Van Gogh o acaso el doctor y su hijo, también artista, colaboraron en esta desmedida producción?

Algunos aseguran que mientras Van Gogh agonizaba, Gachet se dedicaba a mezclar las copias por él elaboradas con las pinturas postreras del artista. Muchos dudan de la legitimidad de estas obras, porque varios cuadros de Cezanne y de Van Gogh entregadas por el hijo de Gachet resultaron ser falsos.

Lamentablemente Gachet y su hijo llevan varios años muertos por lo que sólo nos es lícito especular si uno de los cuadros más caros de la historia del arte es la obra de un médico de provincia que en sus momentos de ocio copiaba obras maestras.

El Dr. Gachet se movía entre artistas y no es curioso que exista otro retrato del doctor, en este caso pintado de Norbert Goeneutte en 1891 (dos años después de la muerte de van Gogh).

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Cómo poner impuestos a los multimillonarios (y cómo no hacerlo)…


Infobae(The Economist) — Los ricos son diferentes del resto de la gente. Tienen más dinero y, en la mayoría de los lugares, pagan muchos menos impuestos. Según una amplia definición de la renta que combina el consumo y la variación del patrimonio neto, los más acaudalados de Estados Unidos sólo pagan unos céntimos por cada dólar de su fortuna. Últimamente, esas fortunas se han disparado gracias a la subida de la bolsa.

Según un estudio, las plusvalías latentes representan 6 billones de dólares de los 11 billones que poseen los estadounidenses más ricos. Desde 2023, cuando el frenesí de la inteligencia artificial ha alimentado la demanda tanto de las GPU de Nvidia como de sus acciones, el fundador del fabricante de chips, Jensen Huang, ha ganado más de 100.000 millones de dólares. Pero hasta que no venda algunas de sus acciones, todo ese dinero está fuera del alcance del fisco.

Los gobiernos con problemas de liquidez quieren hacerse con una tajada de estas riquezas. El año que viene, Australia empezará a gravar las ganancias no realizadas en las cuentas de los fondos de pensiones de los empleados con saldos superiores a 3 millones de dólares australianos (2 millones de dólares estadounidenses).

Como parte de su campaña de reelección, el Presidente Joe Biden promete recaudar 500.000 millones de dólares en diez años para programas sociales mediante un impuesto del 25% sobre las plusvalías latentes de las personas que, como Huang y otros 10.000 estadounidenses, tengan un patrimonio igual o superior a 100 millones de dólares.

Es fácil entender por qué los no multimillonarios del mundo quieren empapar a los muy ricos. Es igualmente fácil comprender el atractivo para los gobiernos, a los que los ricos toman por tontos ideando formas ingeniosas de vivir en el regazo del lujo sin realizar nunca ninguna plusvalía.

En Estados Unidos, una de estas maniobras consiste en comprar activos, ofrecerlos como garantía de préstamos y prorrogarlos hasta la muerte. En ese momento, las plusvalías acumuladas durante la vida del propietario se reducen a cero y el reloj vuelve a empezar para sus herederos, que a su vez “compran, piden prestado y mueren”, como se conoce a este recurso (perfectamente legal).

Sin embargo, gravar las plusvalías latentes es complejo y erróneo. También es innecesario. Un fin similar podría alcanzarse con medios mucho menos controvertidos.

Los impuestos deben ser fáciles de administrar y recaudar. Idealmente, también deberían recaudar ingresos distorsionando el comportamiento lo menos posible. Gravar las plusvalías latentes no cumple ninguno de estos requisitos. Calcular el patrimonio neto de una persona es una pesadilla incluso una sola vez, a su muerte, por no hablar de cada año.

La Agencia Tributaria estadounidense tardó 12 años en valorar el patrimonio de Michael Jackson. Francia, Suecia y algunos otros países europeos que han intentado imponer impuestos sobre el patrimonio han abandonado sus esfuerzos después de generar muchos quebraderos de cabeza administrativos pero pocos ingresos reales.

Gravar las plusvalías latentes también provocaría fuertes oscilaciones en los pasivos de las personas que poseen activos volátiles, como Huang y sus acciones de Nvidia. La propuesta de Biden, que grava el impuesto a lo largo de cinco años, suaviza parte de esta volatilidad. Pero algunos contribuyentes seguirían sin obtener un reembolso por sus pérdidas no realizadas.

Cómo puede el "impuesto multimillonario" ayudar a frenar el cambio  climático? | Euronews

Ello podría disuadir a los inversores providenciales y a otras personas que asumen riesgos de respaldar empresas prometedoras cuyas valoraciones estratosféricas podrían desplomarse de repente, y que pueden ser difíciles de valorar. En Estados Unidos, gravar las plusvalías latentes también puede ser inconstitucional.

El Tribunal Supremo está a punto de pronunciarse sobre un caso en el que los demandantes alegan que un gravamen único sobre las inversiones extranjeras en 2017 era ilegal porque gravaba sus plusvalías latentes. Incluso si los jueces emiten un fallo limitado que deja intacto el principio, la idea de Biden será cuestionada.

¿Qué deben hacer entonces las autoridades fiscales? En Estados Unidos podrían empezar por poner fin a la norma que permite a los herederos poner a cero el reloj de las plusvalías cada vez que alguien fallece.

Esta disposición del código tributario, denominada “step-up in basis”, se introdujo en 1921, cinco años después de los impuestos de sucesiones, que se calculan sobre el valor de mercado de los activos a la muerte del propietario. El objetivo era evitar la doble imposición. Si los herederos pagaban el impuesto de sucesiones sobre este valor justo, no debían pagar también el impuesto sobre cualquier otra plusvalía.

Este razonamiento parece endeble ahora que los patrimonios más grandes no se construyen sobre la base de los rendimientos del trabajo, que habrían tributado durante toda la vida del constructor del patrimonio, sino sobre la revalorización de los activos, que no tributó. Los herederos que se enriquecen gracias a que sus benefactores compran, piden prestado y mueren reciben, por tanto, un trato muy diferente al de quienes heredan una fortuna amasada con ingresos gravados.

La supresión del incremento de la base imponible podría generar quizá una cuarta parte de los 500.000 millones de dólares que Biden espera obtener de su impuesto sobre el patrimonio, con un coste administrativo mucho menor. Gravar las plusvalías en el momento del fallecimiento volvería a recaudar lo mismo.

Podría conseguir gran parte del resto cerrando otras lagunas, en particular la disposición sobre “intereses transferidos” que permite a los magnates de la compra de empresas pagar el impuesto sobre plusvalías en lugar del impuesto sobre la renta (normalmente más elevado) sobre los beneficios de las inversiones de sus empresas de capital riesgo.

Perseguir las plusvalías latentes es fácil de entender y, por tanto, una buena política. Pero es una mala política económica.

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Arde Misisipi: el brutal asesinato de tres activistas que expuso el horror de los crímenes del Ku Klux Klan…


BBC News Mundo — Hace 60 años, tres jóvenes activistas del Congreso de Igualdad Racial (CORE) desaparecieron en el estado de Misisipi, Estados Unidos.

El afroamericano misisipiano James Chaney (21) y los neoyorquinos Andrew Goodman y Michael Schwerner fueron a hablar con los miembros de una iglesia en la localidad de Longdale.

Unas pocas semanas antes, Chaney y Schwerner habían estado ahí, alentando a la congregación a registrarse para votar, uno de los derechos que los lugareños blancos regularmente les negaban.

«Ustedes han sido esclavos por mucho tiempo; nosotros podemos ayudarlos a ayudarse», había dicho Schwerner.

Poco después, los Caballeros Blancos del grupo racista Ku Klux Klan (KKK), que en ese momento gozaba de gran popularidad por el rechazo a las políticas de integración social, destrozaron e incendiaron la iglesia, y agredieron a los fieles.

El 21 de junio de 1964, Chaney, Goodman y Schwerner fueron a investigar lo ocurrido.

Luego, se esfumaron.

Al día siguiente, el FBI recibió información sobre un carro ardiendo cerca de una autopista.

El entonces director John Edgar Hoover ordenó una búsqueda, y el fiscal general Robert Kennedy, hermano del recientemente asesinado John F. Kennedy y defensor acérrimo de los derechos civiles, envió a 150 agentes más desde Nueva Orleans.

Tras encontrar el auto aún humeando, la investigación continuó pues no había rastro de los pasajeros.

Tomó seis semanas confirmar lo que se temía.

Sus cadáveres fueron finalmente descubiertos después de que un informante avisara que habían sido enterrados en tierras de cultivo locales.

El caso, que el FBI nombró «Mississippi Burning» («Arde Misisipi» o «Misisipi en llamas») conmocionó a Estados Unidos.

Y, en un giro que los supremacistas blancos nunca anticiparon, ayudó a ganar la lucha por los derechos civiles.

Pero, ¿cómo es la experiencia de las familias de un suceso como éste?

David, hermano de Andrew Goodman, le contó su historia a la BBC.

«Era su naturaleza»

Andrew Goodman
Foto de Andrew Goodman del anuario del Queens College, divulgada cuando estaban desaparecidos y el Departamento de Justicia le ordenó al FBI averiguar si estaban retenidos contra su voluntad.

«Andrew era un chico muy popular y le gustaba reírse, ir a fiestas y bailar.

«No era agresivo ni gritón, sino más bien una persona muy tranquila.

«Era guapo y fuerte, y realmente creía en lo que tú y yo y la mayoría de la gente llamaríamos justicia, así que si había un bully golpeando a un niño más pequeño, él intervenía.

«Era su naturaleza».

El sentido de la justicia de Andrew provenía de su familia de clase media de Nueva York que siempre había sido políticamente activa.

«Él era hijo del medio, y el más interesado en los temas sociales.

«De vez en cuando, hay personas que quieren hacer algo práctico. Creo que esa es una clave en el caso de Andy: quería contribuir al cambio, así fuera con un grano de arena en la proverbial playa de la vida.

«Ese es un concepto muy importante en nuestra familia.

«‘Gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias’, le gustaba decir a mi abuelo acerca de levantarse por la mañana y hacer algo; no tenía que ser lo más grande del mundo, sólo algo positivo».

La oportunidad de Andrew Goodman de hacer algo positivo llegó ese junio de 1964.

En lo que se conoció como el Verano de la Libertad, los estudiantes universitarios blancos viajaron desde el norte para ayudar a registrar a los votantes negros en el sur.

Sus padres, a pesar de estar conscientes de que era peligroso por la furia del Ku Klux Klan por la política federal a favor de la integración racial, decidieron dejarlo ir.

«Sintieron que todo lo que nos habían enseñado era para servir al interés público y no podían decir que no querían que fuera pues era de interés público que la gente tuviera derecho a votar y lo hiciera.

«Pero estaban muy atribulados, como creo que todos los padres lo estaban».

Apenas un día después de llegar a Misisipi, Andrew desapareció con sus dos colegas.

Cuando el auto en el que viajaban apareció quemado, la familia Goodman mantuvo la esperanza.

«Fue como: ‘tenemos que encontrarlo’. No se nos ocurrió que estuviera muerto.

«Resulta que lo mataron el 21 de junio, pero no lo encontraron hasta el 4 de agosto. Fueron 44 días.

«Tu mente te mantiene alejado del horror de la realidad probable.

«Estaba ahí, pero estaba muy, muy, muy en el fondo de tu mente.

«Nadie lo mencionaba, excepto ciertos periódicos y los leímos y simplemente no les creímos creer».

– Lo que el presidente entendió

Camioneta
Imagen publicada por el FBI y la Oficina del Fiscal General del Estado de Misisipi mostrando la camioneta quemada que conducían el trío de activistas.

El interés de la prensa fue de una escala que no se había visto en ataques anteriores contra los trabajadores de derechos civiles.

«Fue enorme.

«Había reporteros de noticias acampados frente a nuestro edificio y la policía estaba allí las 24 horas del día solo para controlar a las multitudes».

La razón, en opinión de David Goodman, era que dos de los hombres desaparecidos eran blancos.

«Conmocionó a los blancos de EE.UU., pues la sensación era: ‘¿cómo pudo pasarle esto a dos jóvenes blancos?‘.

«Esta es una parte de la historia que no se cuenta tan a menudo.

«Cuando la mayoría ve que los suyos están siendo atacados, se les prenden las alertas y dicen: ‘Vaya, esto podría pasarnos a mis hijos o a mí’, y hace que la gente, creo, se vuelva más consciente.

«Eso crea una atmósfera para el cambio.

«Y esa fue una sensibilidad que el presidente entendió.

«Era un político astuto, y lo usó para conseguir que se aprobara la Ley de Derechos Civiles.

«Es una especie de milagro que se haya aprobado. Pero pero pasó, y cambió nuestro país«.

El presidente Lyndon Johnson promulgó la Ley de Derechos Civiles el 2 de julio, mientras que Andrew Goodman y sus dos compañeros seguían desaparecidos.

Un mes después, recibió una llamada del subdirector del FBI, Cartha DeLoach:

DeLoach – «El señor Hoover quiso que lo llamara de inmediato y le dijera que el FBI ha encontrado tres cuerpos a 6 millas al suroeste de Filadelfia, Misisipi. Un grupo de agentes de búsqueda encontró los cuerpos hace unos 15 minutos mientras cavaban en el bosque y la maleza (…)».

Presidente – «Cuando van a hacer el anuncio».

DeLoach – «Dentro de 10 minutos, señor, si le parece bien».

Presidente – «Si pueden, esperen unos 15 minutos. Tengo que notificar a las familias«.

Foto con los cuerpos desenterrados
Los cuerpos de Schwerner, Chaney y Goodman en una fotografía del FBI fue presentada como prueba por la fiscalía en el juicio de Edgar Ray Killen el 17 de junio de 2005. en Filadelfia, Misisipi.

«El 4 de agosto era la víspera del 50 cumpleaños de mi padre, así que mis padres salieron a un concierto -les gustaba la música-, y yo estaba solo en casa.

«Sonó el teléfono, lo levanté y la voz al otro lado dijo:

Presidente: ‘¿Con quién hablo?’

David: ‘Con David Goodman’.

Presidente: ‘Ah, eres el hermano de Andy, ¿verdad?’.

David: ‘Sí’.

Presidente: ‘¿Dónde están tus padres? Me gustaría hablar con ellos. Soy el presidente Johnson’.

David: ‘Están fuera’.

«Y hubo una pausa en el teléfono.

Luego dijo: ‘Tengo malas noticias para ti. Encontramos el cuerpo de tu hermano’«.

El dolor fue profundo.

«Fueron 44 días de suspenso. Yo tenía 17 años. Estaba a dos semanas de empezar la universidad. Y mi padre murió dos semanas antes de que yo me graduara.

«Lo destrozó».

– Lo que ocurrió

Martin Luther King con la foto de los tres activistas
El líder de derechos civiles, el Dr. Martin Luther King, celebrando el anuncio de arrestos en conexión con el crimen. Calificó los arrestos como «primeros pasos hacia la justicia» y declaró que la acción del FBI «renovaba» su fe en la democracia.

El FBI arrestó a 18 residentes de Mississippi por los asesinatos: miembros del Ku Klux Klan, que los llevaron a cabo, y de la policía local, que tendió una trampa.

La camioneta en la que viajaban los activistas era conocida como uno de los vehículos de CORE, y a Schwerner lo tenían en la mira.

Por medio de confesiones se supo que los habían arrestado supuestamente por exceso de velocidad, mientras conducían por el condado de Neshoba

El sheriff de Filadelfia los retuvo en la prisión mientras llamaba a Edgar Ray Killen, uno de los líderes del KKK local, y le daba tiempo para organizar la llegada de dos coches llenos de miembros del grupo a la vecindad.

Una vez todo estuvo listo, liberó a los activistas de la cárcel, les ordenó que se fueran de la ciudad y se unió a la persecución.

Cuando los alcanzaron, los obligaron a montarse en sus autos, y los llevaron a otro lugar para matarlos a disparos.

Los responsables fueron llevados ante la justicia, pero debido a la resistencia local, solo fueron juzgados por cargos menores, y hubo que esperar hasta 2005 para que Killen, acusado de orquestar los asesinatos, fuera finalmente condenado.

En cuanto a Andrew Goodman, se convirtió en un héroe del movimiento por los derechos civiles, y su hermano David cree que sigue siendo un ejemplo de coraje moral.

«Fue una historia de horror y de un mal arraigado en nuestro país.

«No hay nada que podamos hacer para cambiar el pasado, pero hay cosas que podemos hacer hoy y aprender del pasado en todos nuestros países.

«Creo que es una historia que resuena en todo el mundo todo el tiempo, y si eres de los que piensas que todas las personas son iguales, en algún momento puedes ser llamado como ciudadano a luchar por lo que crees«.

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Ninguna guerrera ganó luchando todas las batallas…


La mente maravillosa(A.Pérez) — En el día a día, estamos sometidas a muchas presiones, tanto de nuestra vida personal como de nuestro entorno.

Sentimos sobre nuestros hombros la carga de tener que rendir en el trabajo, estar disponibles para nuestras amistades, cumplir con el rol de madre, seguir siendo una buena amante y pareja, hacer las labores del día a día, cuidarnos a nosotras mismas, cuidar nuestra alimentación y, además, llegar a todo con una sonrisa en la boca.

Esto puede conllevar la sensación de ser una guerrera que nunca abandona el frente de batalla.

No solamente hacemos nuestras todas las exigencias y “debos” de nuestra vida personal, sino que también les sumamos las exigencias sociales.

Queremos cumplir con nuestros valores sociales y eso puede implicar que hacemos esfuerzos por tener conciencia de clase, usar lenguaje inclusivo, comprar productos de proximidad, usar el transporte público, reutilizar los envases, comprar ropa de fabricación nacional, evitar los plásticos, bajar la calefacción, reducir el consumo de carne y, tras esto, añade un largo etcétera a la lista.

Intentar llegar a todas estas exigencias personales y sociales puede implicar el desgaste físico y emocional de la persona. Está bien luchar, de hecho, es necesario para nosotras mismas, para el resto de la sociedad y para el planeta, pero también está bien no perder la cabeza en el intento. Es posible que la heroína sea capaz de luchar ella sola contra todos los malos y salir ilesa de las luchas. Pero la guerrera, al menos la sabia y eficiente, elegirá bien qué batallas vale la pena luchar y en cuáles es mejor retirarse.

– Guerrera caída por sobreexigencia

Todas queremos y, necesitamos, sentirnos valiosas en nuestro día a día. Poder sentir satisfacción cuando hacemos un buen trabajo. No sentirnos malas madres cuando ponemos un límite a nuestros hijos.

Intentamos crear un mundo más limpio y relaciones más empáticas, tolerantes y equitativas. Queremos aportar nuestro granito de arena para construir ese camino. Pero, a veces, al abarcar tantas batallas, nuestra salud mental se ve afectada por el sobreesfuerzo, la sobreimplicación y la sobreexigencia. Esto suele conllevar a un sentimiento personal de frustración, rabia, fracaso e impotencia.

Estas emociones son algunas de las que podemos llegar a sentir cuando nos autoimponemos más responsabilidades de las que podemos, física y mentalmente, asumir.

La necesidad de validarnos en todas las luchas también está determinada por la presión social de nuestro entorno. Ya sea directa o indirectamente, a través de nuestro entorno cercano o a través de las redes sociales, parece que la sociedad nos gritara que debemos luchar con todas nuestras fuerzas, todo el tiempo, ante cualquier enemigo, sacar nuestra mejor versión o la heroína que llevamos dentro.

Aunque esas batallas no nos interesen, aunque ni siquiera hayamos entrenado para ellas. Si no luchas constantemente en todas y con todas tus fuerzas, es que eres de los malos. Y nadie quiere ser de los malos, ¿verdad?

Si estás luchando tantas batallas a la vez que ya no tienes energía para nada más, enfunda la espada y plantéate: ¿solo de ti depende cambiar el mundo? ¿Solo tú podrás salvar a todos los animales del planeta? ¿Solo con tus reivindicaciones podrás cambiar la empresa en la que trabajas?, ¿Hasta qué punto te compensa luchar con tanto ahínco si eso te dejará sin fuerzas a mitad de la pelea?

Quizá es momento de rebajar un poco el nivel de autoexigencia y entender que todas las personas necesitamos nuestro tiempo de descanso.

– Conviviendo con la emoción de no llegar a todo

En carreras de fondo, como son nuestros proyectos personales, la frustración es un sentimiento recurrente que nos puede hundir o nos puede acompañar. Cuando la tolerancia hacia ella es baja, esta nos paraliza, nos hace abandonar nuestro propósito y hace que, ese valor que nos guía y por el que queríamos luchar, acabe desdibujado y abandonado en el fondo de un cajón. Sin acciones que acompañen cualquier valor se quedará vacío y tendremos la sensación de no avanzar en nuestras metas.

Cuando nos sentimos atascados en nuestra vida y la frustración aparece, tendemos a querer quitárnosla de encima a cualquier precio. Incluso si el precio es nuestro propio bienestar. Quizás por ello preferimos desgastarnos a convivir con la frustración de parar y descansar. Sin embargo, la frustración no tiene por qué ser negativa, podemos usarla como una herramienta a nuestro favor. Aceptarla y convertirla en un guerrero más de nuestro ejército.

Para poder sacarle partido, debemos entender que no todos nuestros actos van a tener resultados inmediatos ni todo el mundo va a priorizar nuestro mundo interno. Tampoco todas las personas estarán contentas cuando empecemos a priorizar nuestro bienestar poniendo límites sanos a las relaciones y proyectos.

Es posible que intentemos explicárselo y haya quien no lo entienda. No pasa nada por ello. Ser capaces de convivir con el malestar que nos puede generar tratarnos a nosotros mismos como trataríamos a los demás es parte del proceso de autocuidado.

Selecciona tu batalla, céntrate en ella y descansa

Al igual que sobre gustos no hay nada escrito, tampoco lo hay sobre las prioridades que tenemos que establecer en cada momento de nuestra vida. A veces tendremos que centrarnos más en nuestra carrera, otras en la familia, otras en los amigos y otras simplemente podremos estar para nosotras mismas. Quizás también cambie la aportación que tengas que hacer en cada batalla, mentiras entre las que unas solo te requerirán un pequeño grano de arena, otras quizá te supongan montañas.

Si has seleccionado una batalla que merece la pena, céntrate en ella. Piensa estratégicamente como poder lucharla sin desgastarte más de lo necesario. Intenta buscar aliados y trazar planes comunes. Adopta un discurso crítico, no solo contra el enemigo, sino a veces también contra ti misma. Adecua tus acciones a tus valores.

No te aseguro que ganes la guerra, de hecho, seguirás teniendo momentos en los que quieras tirar la toalla, en los que sentirás que tu lucha no está valiendo para nada, y a veces te seguirá invadiendo el pensamiento de… ¿Para qué me esfuerzo? Pero luchar desde una atalaya sólida y fuerte te permitirá defender tu bandera desde un posicionamiento más firme, seguro y balanceado.

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Cassettes…


Pascal Terjan CC

JotDown(A.C.Rural) — Hace unos días albergué en mi casa a un par de chavales muy guapos que venían a ver mi ciudad; chicos guapos de los que piensan que el tobillo es bello. Íbamos a dar la primera vuelta por Madrid cuando, mientras nos maqueábamos antes de salir, me percaté de que uno de ellos llevaba un bolso blanco con la imagen serigrafiada de una cinta de cassette.

Ya me había dado cuenta, puesto que tengo ojos en la cara, de que las cintas se han convertido en una especie de adorado icono popular. El otro día en la exposición de Pop Art del Museo Thyssen, vi en la tienda de souvenirs el paradigma de este culto. Vendían un cinta de cassette llena de latas de Campbell de Warhol. El no va más.

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Lo gracioso de este tema es que, antes de la oleada de pasión por las cassettes como concepto, como unos siete u ocho años atrás, recuerdo haber visto también tatuajes de cintas de cassette. Tatuajes, dibujos sobre piel humana para toda la vida. Eran los inicios del siglo XXI y la gente guay se estaba tatuando lo primero que había quedado obsoleto con la llegada del futuro. Es como si se tatúa usted ahora un móvil de los antiguos con un sugerente SMS en la pantalla. ¿Que le parece una gilipollez? Pues tiempo al tiempo.

Aunque si bien cambian las costumbres y las manías, el ser humano sigue siendo el mismo. Un fenómeno semejante al de los tatuajes de cintas lo contó muy bien Mauro Entrialgo en una historieta de 1994, «Budamanía», publicada en el álbum El efecto solomillo de la Factoría de Ideas.

Trataba de un hombre que había coleccionado muñecos de dinosaurios toda su vida, una cosa molona, hasta que con el estreno de Jurasic Park ahora parecía bobo. «El sobrino de Spielberg», se lamentaba él. También era un tío que iba con el pelo largo, desaliñado y con perilla desde que le salió la barba, pero que con la llegada del grunge de pronto parecía un niñato apuntado a la última moda.

Y en lo que nos ocupa, los tatuajes, contaba que se había tatuado el escudo de Batman, entonces un cómic que leían los pocos que leían cómics o la lejana en el tiempo y entrañable serie de televisión de los sesenta de los mamporros onomatopéyicos, el caso es que con el estreno de la película de Tim Burton en 1988, que hasta yo recuerdo toda Madrid empapelada con carteles del murciélago, se lo tuvo que tapar avergonzado con un parche.

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Lo que enseña esta historieta para mí es idéntico. La peña que a principios de la década anterior se hiciera un tatuaje de una cinta de cassette no sé qué sentirá ahora cuando se pase por un mercadillo y vea que hay gorros, bolsos, camisetas y toallas con dibujos de cintas de cassette. De tener cogido por los huevos al mundo de las tendencias a pasar a ser equiparable a un caballero de mediana edad con una camiseta de la selección y unos pantalones pirata, media un abismo.

También salió una vez en El País Semanal alguien hace la tira de años con un toro de Osborne tatuado, un actor o algo, y menos mal que he olvidado su nombre porque me gustaría preguntarle qué tal lo lleva ahora que el símbolo es tan popular y se agita en lo alto en reuniones tan elegantes e ilustradas.

Pero no hemos venido a hacer sangre. Lo que queremos es aprovechar estas paradojas del mundo moderno como excusa para recordar las cintas de cassette, un artilugio alrededor del cual giraba nuestra vida. No es una exageración.

De la cinta sabemos que vino al mundo a competir con el cartucho, un formato olvidado y del que cuentan los viejos del lugar que sonaba de putifa. El fin último del cartucho o la cinta era escuchar música en el coche. Cualquier venerable anciano de la generación Mirinda habrá ido de vacaciones a Torremolinos en coche escuchando música del momento, Los Amaya, Joan Baez… en cartucho. Los de Barrio Sésamo, en cambio, viajábamos con cintas y seguramente todos estemos de acuerdo en afirmar lo mismo: la probabilidad de que una cinta en un coche se jodiera es igual a uno.

Hay que tener en cuenta que tanto los equipos reproductores de nuestros temidos y potentes Talbot Horizon, 127 y compañía, como las propias cintas, eran una porquería. De hecho, si la cinta desplazó al cartucho fue porque era «más económica», que en términos capitalistas se traduce por más basura.

Encima, los reproductores se robaban que daba gusto. De ahí el frontal extraíble, tan publicitado, que estuvo precedido no poco tiempo de la radio entera extraíble. Cómo olvidar esa imagen de señores con bigote yendo a hacer sus cosas, saliendo de sus respectivos curros o de domingo con los sobrinos, con la radio del coche asida con la mano que ya parecía un apéndice inseparable. Faemino y Cansado lo llamaron el hombre Túporaqui.

El riesgo de no ir por la vida con la radio del coche en la mano era que te encontrases la luna rota con una piedra de granito o un ladrillo y que te hubieran robado la radio. O peor. A un vecino mío, como no pudieron sacársela de su Citröen CX, le destrozaron el cuadro de mandos con el destornillador, como en Instinto Básico con el picahielos, y luego se cagaron en el asiento del conductor dejando ahí el pino a la mayor gloria de Dios. El ciudadano español de entonces no aceptaba la derrota como un sueco democristiano, precisamente.

El caso es que el hecho de que los cassettes girasen en torno a los vehículos convirtió a las gasolineras en tiendas de música. Y que en las gasolineras se vendiera música a los camioneros y otras gentes de camisa desabotonada y anhelos de libertad motivados por una breve estancia en prisión por un delito que no había cometido, sirvió para que a esa música se la denominara «música de gasolinera».

Pero este término es falaz. A las gasolineras me iba yo a comprar cintas de Judas Priest o los dos Keeper de Helloween, o Eskorbuto, Kortatu y La Polla Récords. También, por qué no, Triana y Medina Azahara, puesto que costaban 495 pesetas, que era un precio asumible para un niño. No como en la tienda de discos del barrio que te ponían una navaja al cuello solo para entrar.

Agneta Von Aisaider CC

Aunque a las masas del siglo XXI lo que les mola recordar de las gasolineras son las cassettes del Payo Juan Manuel y compañía.

Son kitsch. Son España profunda y su cine de quinquis, algo de lo que gusta reírse el joven moderno de hoy siempre y cuando se halle, la España profunda y sus quinquis, muy lejos en el espacio y en el tiempo.

Cuando un menda con tatuajes talegueros atraca a tu madre en el portal de tu casa con un cuchillo, el tatuaje taleguero, el expresidiario y sus tonadillas preferidas no son cosas que quieras abrazar en clave de pop al grito de «¡uaoh, cómo se nos va la olla, tíos!».

Con todo, cuando empezó a cachuflar esto de internet, todos nos volvimos majaretas con la página Caviar del Caspio.

Era una recopilación de portadas y títulos de cintas de gasolinera inenarrable.

Tuve la fortuna de conocer en su día al buen hombre que la creó, que trabaja alejado del mundanal ruido en una estación meteorológica y es un eslavófilo de pro, pero hoy, harto de tanta tontería, no ha querido brindarme sus palabras para este texto más por aburrimiento que por otra cosa.

No se lo echaremos en cara. Pero no queda más remedio que reciclar una entrevista que le hice para Ruta 66 hace diez años.

La cosa comenzaba preguntándome yo si no articularía Sabino Arana su doctrina al contemplar su colección de musicassettes —era la época del Plan Ibarretxe— aunque él prefería denominar su tesoro «abisales flores de estercolero», para pasar a hablar de la creciente fiebre por las llamadas «cintas de gasolinera». Empezaba:

Sí que detecto cierta moda, pero, por definición, el punto de vista que defiendo ante la basura musical es marginal y minoritario. Sí que hay interés y proliferación, creciente además, de fenómenos basura, a mi juicio grasas saturadas, en términos asimilables por el mercado, pero me temo, con el debido respeto y sin ánimo de sentar cátedra, que es la propia industria del ocio la que los genera y alimenta con productos diseñados para satisfacer esa demanda.

Y a la hora de enumerar los reyes de la casssette hispana, decía:

Hubo una época en que escuchar el Payo Juan Manuel, aún enterrado y oculto para la marabunta, supuso una veta inagotable de tremebundas experiencias en cascada. No solo por sus ripios verduscos, que eran lo de menos; era sobre todo por su visión del mundo, su cosmogonía cafre. Me dejaba turulato.

Pero luego vino el Pelos y los Marus ¡qué mullets, tíos! O Tony el Gitano, ¡qué arte de combinar chaqueta y pantalón! O Joan Josep cantando el «Himno de la petanca», o Dulce Vega y sus jadeos eróticos, o el mismísimo Leo Rubio, «el gabacho pitiminí», cantando a la construcción como si le fuera la vida en ello.

Los más blandos y comerciales Beatles se asimilarían a nuestros impertérritos Chunguitos y los más salvajes y peligrosos Rolling Stones devendrían en nuestros afilados, por las filomenas, Chichos; con el Jeros como mártir de la causa en contraposición al inexplicable y mefistofélico pacto del Jagger.

Para los Judas Priest, haciendo abstracción del heavy en su conjunto, pondría la Charanga del Tío Honorio, un experimento del gran Honorio Herrero nunca justamente valorado. Sería cambiar los pelos por la boina.

Dylan, cantautor eterno, sería Emilio el Moro. Espejo de generaciones y letrista extraviado de nuestra historia musical. El virtuosismo convulso de Hendrix a lomos de su Stratocaster, solo lo he avistado en Cecilio Serrano García «el ruiseñor verato», de Madrigal de la Vera, se entiende, al mando de su célebre Casiotone C-500 adaptado.

Y una biografía de un grupo gasolinero cualquiera, para hacernos idea, una composición de fondo:

Podría hablar del auge y caída de los Pillo’s Boys, de Tiétar, Cáceres. Durante sus buenos años una institución en la escena top-gasolineras meseteña. Comenzaron al tran tran, hacia 1992, en su pueblo rifando un jamón en medio de la actuación hasta llegar, en sus buenos tiempos, a alcanzar un caché de trescientas mil pelas por gala. Barra aparte.

Junto con Cecilio, Toni y Susi, Antonio y Jesús, para los amigos, y Deme «el castellano», el dandi montaraz, han copado el circuito habitual de festejos mayores en la Extremadura rural contemporánea.

Virguerías como el «Garabirubí», «Corazones peregrinos» o, mismamente, su ajustada revisión de «Paquito el Chocolatero», aunque un poco monocordes en su compás simple de teclado de primera generación y arropadas en una, en mi humilde opinión, restrictiva puesta en escena, han hecho las delicias de grandes y chicos en sus recordados bolos.

Desgraciadamente para sus seguidores, el éxito se los comió y, por desavenencias artísticas y personales, recientemente pleitearon de malas formas. Hoy por hoy el ideólogo musical y estético de la pareja, el Pillo gordo para entendernos, mantiene el testigo y la marca de la casa en solitario, deleitando a la concurrencia con joyas del calibre de «Man robao el coche».

– ¿Y a qué huelen las cassettes?

Pero claro, todo esto, por muy gasolinera que fuese, serían cassettes originales. Alrededor de lo que giraba nuestra vida, al menos la vida de los que nunca nos habían quemado un camión los franceses, era de las cintas vírgenes. De hecho, llegó un momento en el que los LP traían un aviso mu serio mu serio que rezaba «Tape trading is killing music».

Es decir, intercambiar cintas grabadas con discos, el pirateo de toda la vida de dios, iba a acabar con la música. Y así ha sido, como todo el mundo sabe, en España ya no hay festivales de música, cuando en los setenta y ochenta había decenas cada verano.

Tampoco hay grupos, ni comercios con la música a todo trapo, ni niñatos en el metro con sus engendros sónicos a tope en el teléfono. La música ha muerto y como penitencia tenemos un músico por cada tres habitantes pidiéndonos que vayamos el viernes a verle rascar la guitarra o pinchar en no sé dónde.

Happy Days Photos and Art CC

Y todo por culpa de las cintas. ¿Pero qué eran las dichosas cintas? Pues artilugios de plástico con una tira de óxido férrico, óxido de cromo… yo qué sé, un montón de cosas que vienen en la Wikipedia. Lo importante es ¿se podían comer? No. ¿Se podían oler? Sí. ¿A qué olían? Señores, en mi humilde opinión, olían a cacahuetes.

A estas alturas de la vida ni me enorgullezco ni me avergüenzo de nada y digo las cosas como las pienso: a cacahuetes me olían. Y si les extraña huélanlas, por donde estaba la cintilla marrón, y me dicen. Las TDK preferiblemente.

– En mis tiempos todo esto era campo e internet no existía pero era mejor

Aparte de para olerlas, las cintas servían fundamentalmente para grabar discos. A tu amigo le compraban un disco por navidades y tú te lo grababas de él. Simple. Cuanto más guais eran tus amigos, mejores cintas te podían grabar. Cuanto menos cerca estuvieses de la persona guay, menos calidad tendría tu cinta, pues perdía en cada grabación.

¿Entonces el tema de la cinta te empujaba a salir a la calle a hacer amigos y era un rollo mucho más saludable y auténtico que la fría internet? Podríamos decir que sí y luego masturbarnos mutuamente los que hemos nacido hace más de treinta años, pero no. Es que no tenía por qué ser así. Internet, tal y como la conocemos en cuestiones musicales, ya existía. ¿U os creéis que en el pasado éramos gilipollas, niñatos?

Lo que pasa es que era distinta. No había ordenadores ni circuitos. Cuando tú querías cambiar cintas con alguien, escribías una carta a otra persona que podría haberse anunciado en un medio, revista o fazine. Os enviabais listas de cintas y discos mutuamente, elegíais y os grababais. El proceso, llamadlo tiempo de descarga, tardaba de tres a seis semanas. Era lo único malo, pero teníamos de todo menos prisa.

Luego la navegación también existía. Cada programa de radio, fanzine, grupo o amigo del intercambio de cintas tenía un flyer con su dirección del que hacía miles de copias. Tú, en cada carta, metías todos los flyers que te habían llegado en otros intercambios, de modo que la función de ese papelucho tristemente fotocopiado con el nombre de «Luna negra de la noche con sangre de doncella derramada en el pecho desnudo a las cuatro de la mañana con menos diez grados» y su dirección debajo hacía la misma función que puede hacer hoy en día un banner.

Cada día recibías más flyers desconocidos, de cada rincón del mundo y escribías y recibías más y más cartas con más y más cintas. ¿La bandeja de entrada llena de emails? ¿Muchas notificaciones de Facebook? ¿Menciones en Twitter? Todo eso es de pobres. La auténtica y verdadera alegría social es haber tenido el buzón de casa lleno de cartas y paquetitos cada mañana y cada tarde —mi cartero, como el de la película, pasaba dos veces al día—.

Pero ¿cómo? ¿que mandar cartas y paquetitos es caro y los emails ahora son gratis? No. Eso son chorradas y mentiras. Enviar paquetes antes también era gratis. Completamente gratis. Solo había que hacer una pequeña inversión inicial, como cuando das de alta tu conexión, y comprar una serie de sellos de diferentes valores. Ejemplo: diez de cien pesetas, veinte de cincuenta pesetas, otros tanto de veinte pelas, etc…

Y luego, a la hora de enviar a tu amigo «Ano que sangra en la penumbra» un piratito de los Manowar que no tiene ni dios, hacías el paquete y rendías pleitesía a su majestad el rey Juan Carlos I.

¿Cómo que rendir pleitesía? Sí, igual que los periodistas independientes, lo enjabonabas. Pero en sentido literal. Cogías un pegamento de barra Print, le ponías una fina película de pegamento en la superficie al sello, en la cara de Juancar concretamente, y luego le decías a tu amigo que te los devolviera en su siguiente envío.

Al recibirlos de vuelta, les pasabas un poquito de agua por encima y el matasellos se iba con suma facilidad. Ya solo había que dejarlos secar y vuelta a empezar. Así durante años. Ahora dime tú cómo enviar por email algo que pesa doscientos cincuenta gramos y que te salga gratis.

Desgraciadamente, los nuevos sellos postales digitales, con códigos de barras y todo el copón, acabaron por hacer desaparecer estas prácticas por las que tanto cariño le teníamos al rey. Por pequeños detalles como este dicen que Felipe VI lo va a tener difícil.

Kevin Simpson CC

Así lográbamos acumular montones de cintas. Montañas. Y entonces empezaba el desarrollo del espíritu, te hacías tus propias portadas a mano. Todavía no he visto ninguna web que recopile portadas de cinta hechas a mano, a saber, portadas de los Maiden, de Metallica. Esos logotipos copiados con mucho sufrimiento.

Ese Eddie que parecía Cobi. Un horror. El espanto. Tenebroso todo. Viendo creaciones de algunos familiares y amigos entraban ganas de gritar eso que dice Don Drapper en la primera de Mad Men: «¡¡¡Tenemos más intelectuales y artistas fracasados que el III Reich!!!»

Intercambiando, intercambiando, al final uno lograba reunir joyitas de difícil catalogación. Por citar una, mi favorita de todo lo que acumulé fue un grupo panameño que hacía ruido básicamente mezclado con fragmentos de películas porno sudamericanas o dobladas por actores latinos. Era una auténtica delicia.

Pero ya ven, sexo y violencia, la programación diaria de cualquier televisión privada generalista. Mucho underground, pero teníamos un gusto de lo más vulgar. Al final los únicos excéntricos de verdad son los que se escuchan sinfonías del tirón del Mozart ese.

Por otro lado, las cassettes se podían escuchar tanto en casa como en el coche como en la calle en un artilugio llamado walkman. Sin querer extendernos en este particular, tan solo señalaremos que no se podía cambiar de canción con apretar un botón, como ahora, pero sinceramente yo creo que las cintas, pese a sus evidentes limitaciones técnicas, sonaban mejor que los mp3. A mí con los mp3 me ha pasado de pararme un momento en mitad de la calle y decirme que no me iba a engañar a mí mismo.

Preguntarme: ¿me puedes explicar qué estás escuchando? Y contestarme: pues la batería, bajo y guitarra, la verdad, seamos honestos, parecen un ventilador de peli de cine negro en el medio oeste americano, y luego hay una voz y algún punteo que se intuye, que se siente más que se escucha.

Y estamos hablando de mp3 de algún grupo de power pop, nada de ruidistas japoneses. Por eso mi opinión es que los mp3 sin padre ni madre que se descargan o te pasan suenan como el culo, francamente. Es lo que tiene la democracia digital, que los Allman Brothers suenen como los Cramps en el reproductor portátil y tú feliz porque es gratis. Algún día alguien se grabará golpeando con el glande sobre la mesa cantando por encima, nombrará el mp3 como Dead Kennedys y pasará totalmente desapercibido.

También, como detalle simpático, cabe señalar que para ahorrar pilas del walkman rebobinábamos las cintas con un bolígrafo Bic. Un fenómeno muy recordado. Es decir «walkman, cinta de cassette en el instituto» y que automáticamente alguien conteste «rebobinar con boli Bic». Asquerosa nostalgia pavloviana.

Pero bueno. Al final, todos hemos pasado por el aro del mp3 y si hay alguien escuchando cintas por ahí es que está en riesgo de exclusión social o es de un esnob que, sinceramente, lo que se merece es que le den dos hostias bien dadas. No obstante, una vez pasada la era, la putada fue ver qué hacía uno con tanta cinta que no servía para nada. Una idea que surcó internet en su momento fue hacer muebles. Pero con cajas de cinta y de cedé le hice yo una casita al gato y pasó de ella con el pasotismo aristocrático que solo los gatos saben tener.

En otros ámbitos, sin embargo, las cajas de las cintas fueron muy apreciadas para llevar de un lugar a otro dobladito el papel de plata de chinos de heroína sin terminar. Una pequeña revolución en la movilidad urbana. Momento en el cual algunas gentes de vanguardia, como decía al principio, decidieron tatuarse cassettes en la piel. Y así está el círculo.

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Cuando las mujeres heredaban (y desheredaban)…


Historias de la historia(J.Sanz) — Los sumerios otorgaban a las féminas una serie de derechos que, en ocasiones, no hemos vuelto a ver hasta principios del siglo XX.

Uno de los más destacados era el derecho a percibir una herencia y, además, a recibirla en la misma cuantía que sus hermanos varones.

Este detalle ocasionaba problemas en el caso de que la familia poseyera algún tipo de negocio próspero, pues los posibles hijos de las hermanas molestaban a los hermanos varones.

Para evitarlo, se enviaba a la hermana de turno a un recinto sagrado para que ejerciese como sacerdotisa Naditu.

Una Naditu (en sumerio “yerma”) era bastante parecida a una monja cristiana de hoy día.

En algunos casos debían vivir enclaustradas en el Giparu, el edificio donde residía la gran sacerdotisa, y en otros casos, aunque se les permitía salir del recinto sagrado, no se les dejaba asistir a determinados actos públicos y, sobre todo, se les imponía la prohibición de tener hijos.

Entre ciudades y recintos sagrados había diferencias acerca de las restricciones a las que estaban sujetas, pero en general, la más común era la de permanecer vírgenes. De esta forma, al no poder procrear, la parte de la herencia recibida por la hija volvía a los hermanos varones.

Curiosamente, y debido a esa diferencia de criterio que había entre los distintos templos, en alguno de ellos sí que se les permitía adoptar e incluso practicar sexo. ¿Cómo se las arreglaban para tener sexo sin hijos? Pues por esta vez no vamos a “anal-izar” el problema y lo dejaremos a la imaginación del lector, pues estamos en horario infantil.

Estas leyes tan curiosas producían casos interesantes, que en ocasiones nos resultan muy modernos y no dejan de llamar nuestra atención. Uno de ellos, singular e ilustrativo, se encontró en una tablilla con una resolución judicial encontrada en las excavaciones de la ciudad de Larsa.

Por lo visto, una muchacha, hija de un panadero acomodado, había sido enviada como Naditu al Templo de Ishtar de dicha ciudad. Con los años, y gracias a su habilidad para los negocios, se enriqueció y no solo adoptó como hija a una sacerdotisa más joven, sino que desheredó a sus dos hermanos.

Sex Mesopotamia

Estos, furiosos al ver que se les escapaba el “premio”, denunciaron a la hermana.

Ella presentó testigos que declararon que sus hermanos la habían enviado al templo sin medio alguno de vida, lo que violaba las leyes, pues a una Naditu había que proveerla durante toda su vida de ajuar y alimentos.

Los testigos aseguraron que la pobre chica, al llegar al Giparu, había tenido que pedir un préstamo “incluso para disponer de un cuenco y una cuchara”.

El juez, en vista de lo declarado, no solo sentenció que ella tenía derecho a adoptar a quien le viniese en gana y dejar a esa persona sus bienes, sino incluso a desheredar a sus parientes, que se quedaron compuestos y sin herencia.

Suena a novela de Dickens, pero es bien cierto que, como decía Oscar Wilde, la vida imita al arte.

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Réquiem para músicos…


Historia Hoy(O.L.Mato) — No todos los músicos tuvieron la oportunidad de componer la música para sus exequias y algunos murieron en circunstancias bastante bizarras, como Enrique Granados, ahogado después del hundimiento del barco que lo llevaba a Inglaterra al ser torpedeado por su submarino alemán.

Don Enrique fue rescatado, pero el músico español se arrojó a las aguas del Canal de la Mancha con la intención de salvar a su esposa. No tuvo suerte… Menos aún la tuvo Ernest Chausson, que murió en un estúpido accidente de bicicletas, después de llevarse por delante una pared. El compositor austríaco Anton Webern fue muerto por un soldado americano que lo confundió con un contrabandista…

Es decir, el mundo está lleno de muertes poco gloriosas, tontas y previsibles, pero quizás no haya una que reúna todas estas condiciones como la que se llevó de este mundo a Jean Baptiste Lully, el músico de cámara y creador de los ballets que tanto le gustaban a Luís XIV.

Hombre de extracción humilde fue a Francia para trabajar de sirviente, pero su talento como violinista, compositor y su habilidad para el baile le permitió acceder al puesto de Maestro de Música de Versailles a los 21 años. Gracias a su amistad con el Rey, al que asistía en la producción de las elaboradas coreografías que el monarca después ejecutaba ante la corte, llegó a ocupar el cargo de Secretario del Monarca.

Una carrera exitosa siempre se acompaña de adversarios. En este caso, los enemigos eran nada más y nada menos que Moliere y La Fontaine. Existieron no tan veladas amenazas de muerte y fue acusado ante el Rey de homosexualidad, cosa que mucho no le debe haber preocupado al Rey Sol, ya que su hermano Felipe, el duque de Orleans, era conocido por sus relaciones escandalosas con el Caballero de Lorena.

Cuando Luís XIV fue operado de una fístula anal con éxito, el músico expresó el júbilo por la recuperación del monarca con un Te Deum que se ejecutó en la Iglesia de Les Feuillants en París, conducida la orquesta por el mismo Lully.

La gangrena siguió su curso y comprometió el pie del compositor. Una vez más le aconsejaron operarse, pero Lully volvió a resistirse a ser intervenido.

La afección evolucionó y comprometió la pierna. Una vez más Lully rechazó la amputación. Su decisión lo llevó a sufrir terribles dolores y finalmente, la muerte. El tiempo de vida que le quedaba lo usó para organizar sus asuntos mundanos, que incluían una cuantiosa fortuna con 58 cofres llenos de oro, plata y piedras preciosas.

También aprovechó este lapso para arreglar sus cuentas con el Todopoderoso, confesándose. No sabemos qué opinión tenía su confesor de la obra de Lully, pero sospechamos que no la tenía en alta estima, ya que le pidió que destruyese la partitura de la ópera que estaba componiendo.

Lully, sin chistar, la tiró al fuego y logró la absolución. ¿Acaso el sacerdote encontraba a esta obra muy poco edificante? No lo podemos saber, pero si conocemos que Lully tenía una copia, razón por la cual había entregado su obra tan fácilmente a las llamas.

La ópera en cuestión se llamaba Aquiles y Polyxena, y fue terminada por Pascal Collasse. Lamentablemente fue representada una sola vez y no hay registro de su interpretación, razón por la cual hoy compartiremos con ustedes el Te Deum, la forma en que Lully agradeció a Dios la recuperación del procto tullido del Rey Sol.

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Historia del Carnaval…


sobrehistoria.com(Casiopea) — El Carnaval es una de las celebraciones más importantes que se dan a lo largo del año y una de las que datan desde hace Siglos, celebrándose de manera especial en todo el mundo y en concreto en algunos países y ciudades.

La historia del Carnaval tiene orígenes muy antiguos y probablemente también muy inciertos. En la cultura católica, el Carnaval, cuyo término deriva de «carnem levare» , representa el período anterior a la Cuaresma durante el cual no está permitido comer carne.

Sin embargo, la historia del Carnaval parece tener orígenes mucho más antiguos que se remontan al período grecorromano durante el cual se llevaron a cabo ceremonias paganas en honor del Dios Saturno, para propiciar el comienzo del año agrícola. Durante estas celebraciones, las relaciones jerárquicas fueron anuladas permitiendo un intercambio de roles entre plebeyos y nobles mediante el uso de máscaras, y uno se entregaba al goce desenfrenado a través de la comida, las bebidas y los placeres sensoriales.

Luego en la Edad Media las celebraciones de Carnaval fueron muy similares a las anteriores, excepto que la culminación de este proceso fue el de una marioneta cuya muerte, fue el chivo expiatorio de los males del año que se pasaba  y un buen augurio para el nuevo.

La historia del Carnaval, por lo tanto, da un significado completamente diferente a este festival que a los religiosos, y de hecho fue esencialmente una forma de saludar al invierno al dar la bienvenida a la temporada de primavera, que es la portadora de la fertilidad.

Las fiestas ingobernables y lujosas de la Edad Media pronto se redujeron porque la Iglesia no las veía con buenos ojos. Y así el carnaval comenzó a ser representado por compañías de actores en máscaras que en la Edad Media actuaron en las cortes de los nobles.

De acuerdo con la historia del carnaval, las máscaras representan los vicios y las virtudes de los hombres. Se dice que algunas de estas máscaras tienen un origen y un valor demoníaco, representados, por ejemplo, por la máscara negra en la cara de Arlequín y el blanco y negro de las máscaras venecianas Pulcinella.

Hoy en día, el Carnaval se celebra en varias partes del mundo, pero las fechas de inicio y fin de las celebraciones no son siempre las mismas en todas las culturas.

Las festividades en general se celebran a través de desfiles de carrozas alegóricas, fiestas de disfraces, antiguos rituales propiciatorios y pantomimas históricas. Italia en un sentido sigue haciendo historia del Carnaval ya que cuenta con la presencia de algunos de los Carnavales más bellos y famosos del mundo como el Festival de Venecia aunque en España también se celebran por todo lo alto.

– Historia del carnaval en España

Historia carnaval españa

El Carnaval en España es conocido por sus trajes y máscaras vibrantes, y es un evento en el que todos pueden participar y divertirse, incluso aquellos que tienen pocos recursos. El evento permite a las personas disfrazarse, cambiar su identidad y sentirse más libres durante el resto del año. Los participantes se visten de acuerdo con sus posibilidades e imaginación y se vierten en las calles para celebrar tanto de día como de noche.

El origen del Carnaval en España se fija en Cádiz, donde en el Siglo XV de la presencia de mercaderes y comerciantes provinentes precisamente de Venecia. Se hereda así la costumbre de celebrar el periodo de la Cuaresma con máscaras y disfraces, llevando a que la fiesta vaya evolucionando hasta convertirse en una de las más importantes en España, introduciendo además elementos autóctonos como los cánticos de las Chirigotas, agrupaciones de canto que celebran el Carnaval de Cádiz de un modo especial gracias a sus cánticos de broma y humor.

Por otro lado, el régimen de Franco prohíbe la celebración del Carnaval entre 1937 y 1947, año en el que se produce una terrible explosión en Cádiz que hace que para levantar el ánimo de los gaditanos se aprueben de nuevo las celebraciones del Carnaval.

La historia del Carnaval en España está también muy vinculada a las celebraciones que se dan en Santa Cruz de Tenerife cuyo origen nos remonta hasta el  siglo XVII,  aunque durante la época franquista fueron prohibidos, dando paso a las conocidas Fiestas de Invierno, que luego dieron paso de nuevo a la celebración del Carnaval.

El modo de celebrar el Carnaval en España es bastante similar entodas las comunidades o localidades en las que se da, comenzando  con un discurso de apertura de una celebridad local. Luego, las actividades comienzan en las calles y duran días con desfiles, disfraces, concursos y teatro callejero .

El punto culminante tiene lugar el martes de Carnaval , el último día en el que la carne se puede comer hasta la Pascua y termina el Miércoles de Ceniza con la tradición del entierro de la sardinauna parodia de un funeral en el que están enterrados sardinas, simbólicamente marca la despedida a los placeres de la vida y la llegada de la Cuaresma.

– Quién fue el inventor de los carnavales

El Carnaval se da en diversos puntos del mundo (Río, Venecia, Nueva Orleans o España) de modo especial pero si tuviéramos que pensar en quién o quiénes fueron los inventores de los Carnavales, podemos decir que la idea del Carnaval tal y como lo conocemos hoy en día se relaciona más con el origen que este tiene en Italia.

Invento carnaval

Italia ha sido siempre un país de tradición católica y dado que la llegada del Carnaval en la Edad Media, provoca que se relacione con ser una historia pagana que tiene que ver con la Cuaresma, podemos decir que es en este país donde se «inventa» como lo conocemos actualmente.

La palabra «carnaval» proviene del latín «carnem levare» o, literalmente, «privar a la carne» que se refiere al último banquete que se celebra tradicionalmente en el último día antes de entrar en el período de Cuaresma.

Es, por lo tanto, un festival típico de países con una tradición católica, incluso si, como sucede a menudo, su saga ha sido «reelaborada» a partir de prácticas mucho más antiguas, como las celebraciones en Egito o Roma, pero los carnavales actuales se fijan en Italia donde la Europa católica reformuló la fiesta del carnaval dándole significado dentro del calendario cristiano . La primera evidencia del uso del término en el sentido con el que lo conocemos hoy, se remonta al siglo XIII tanto en el área de Florencia como en la de Roma. Pronto se convirtió en una tradición en casi toda nuestra península y se expandió por todo el mundo cristiano de la época.

Al estar vinculado al inicio de la Cuaresma y después de la fecha de Pascua, la ubicación precisa del carnaval en el calendario varía de año a año: en carnaval cae el 22 de Febrero.

– Carnaval significado

Como ya hemos mencionado, la palabra carnaval se remonta, según el latín a una expresión utilizada en la Edad Media «Carne levare»  según la prescripción indicada eclesiástica de comer carne desde el primer día de la Cuaresma hasta el Jueves Santo antes de Pascua.

Carnaval significado

El significado de la Fiesta de Carnaval debe buscarse en la ocasión para que la gente viva días de diversión exagerada, celebrando con diversas comidas, bebidas, espectáculos y placeres sensuales.

La posibilidad que brindan las máscaras o disfraces de mantener el anonimato permite que cada sujeto pueda desnudar su identidad y asumir otro rol.

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El revolucionario invento que ganó el Premio Longitude, que tiene una dotación económica casi 10 veces mayor que la del Nobel…


El analizador PA-100, que ganó el Premio Longitude, puede indicar a los médicos si una infección urinaria es causada por bacterias y cuál es el antibiótico adecuado a utilizar.

BBC News Mundo — El Premio Longitude, que otorga 8 millones de libras (más de US$10 millones) -unas 10 veces lo que da el premio Nobel-, le fue adjudicado a un invento creado en Suecia.

La distinción fue creada hace una década en Reino Unido con la idea de premiar a quienes desarrollen nuevas herramientas en la lucha contra las bacterias resistentes a antibióticos.

El aparato galardonado es el analizador de orina PA-100, desarrollado por investigadores de la Universidad de Uppsala y comercializado por la empresa Sysmex Astrego.

Puede detectar rápidamente si una infección urinaria es causada por bacterias e identificar los antibióticos adecuados para tratarla.

Las infecciones del tracto urinario son una de las más comúnes, ya que afectan a la mayoría de las mujeres en algún momento de sus vidas.

En Inglaterra representan una quinta parte de los antibióticos recetados.

En la actualidad, detectar si una infección urinaria es causada por una bacteria, y determinar cuál, puede tardar hasta tres días.

Mientras se realiza el análisis de laboratorio se suele administrar antibióticos debido al riesgo de que los síntomas empeoren mucho o incluso provoquen sepsis.

La prueba de orina premiada revela en 15 minutos si la infección es bacteriana y en 45 minutos qué antibióticos funcionan.

Cómo funciona

La apertura del Premio Longitude sobre Resistencia a los Antimicrobianos fue anunciado en 2013 por el entonces primer ministro británico, David Cameron, y las solicitudes se recibieron a partir de mayo de 2014.

El concurso, inspirado en uno similar que se realizó en el siglo XVIII, fue organizado por Challenge Works, una empresa social que históricamente formó parte de una organización benéfica británica financiada por la lotería.

El premio, que cerró el ingreso de solicitudes en septiembre de 2022, ofreció 8 millones de libras al «equipo que desarrolle pruebas de diagnóstico novedosas, asequibles, precisas y rápidas para frenar el desarrollo de resistencia a los antimicrobianos».

– Pandemia silenciosa

Según el corresponsal de Salud y Ciencia de la BBC James Gallagher, la resistencia a los antibióticos ha creado una «plaga moderna»: las superbacterias.

«Se estima que las infecciones que resisten los medicamentos utilizados para tratarlas matan a más de un millón de personas cada año», afirma Gallagher.

«Se conoce como la pandemia silenciosa».

 Bacterias
La resistencia de algunas bacterias a los antibióticos es uno de los problemas más grandes de la salud global.

El experto explica que cada vez que se usa un antibiótico se crea una oportunidad para que las bacterias del cuerpo desarrollen resistencia a él.

Esto les da a esas bacterias una ventaja de supervivencia y se propagan, razón por la cual estos medicamentos deben usarse sólo cuando se está seguro de que funcionarán.

La enviada especial de Reino Unido para la resistencia a los antimicrobianos, Sally Davies, advierte que «sin antibióticos, la medicina moderna tal como la conocemos corre un verdadero peligro de colapso«.

– Los inventores

El profesor Johan Elf, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, señaló que estaban trabajando en tecnología de medición cuando se lanzó el premio, hace una década, pero luego se dieron cuenta de que su trabajo «podría ser realmente útil en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos» y comenzaron a desarrollar la prueba.

Sysmex Astrego afirmó que está implementando la prueba en Europa y realizando estudios en Reino Unido.

«El premio de 8 millones de libras nos ayudará a adaptar la prueba para su uso con diferentes tipos de infecciones urinarias y antibióticos, acelerando el acceso para más pacientes», dijo uno de los fundadores de la compañía, Mikael Olsson.

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En la música se puede encontrar fuerza…


Manifestantes con las manos pintadas en una marcha celebrada en Monterrey, México, en 2022. Se reunieron para exigirle justicia al gobierno mexicano por las mujeres desaparecidas.

The New York Times(S.Estrada) — No odio el miedo; es parte de la vida. Crecí en el campo mexicano y rápido entendí que el miedo me cuidaba. Me advertía de no subir a los árboles podridos e inestables. Me advertía de no entrar al río cuando veía nubes en lo alto de la montaña porque una tormenta lejana podía hacer que la corriente creciera y arrastrarme junto con ella.

Pienso que hay un miedo primigenio que nos permite entender nuestro lugar en la naturaleza y en el mundo. Le pone bordes a nuestros cuerpos y nos regala desde la entraña una sabiduría muy antigua que nos fue heredada. Estoy hondamente agradecida con mis antepasados por este regalo, pero la sabiduría en sí no es infalible.

Ese miedo sabio del campo no me salvó cuando, aún siendo niña, caminaba por una cascada cercana, y un grupo de hombres me tiraron al piso, me patearon y me robaron. Se fueron nomás con una botella de agua y un celular viejo.

Desde aquel día, no he vuelto a la cascada. Mis paseos por el campo ahora vienen con una suerte de angustia liminal que no me abandona hasta que no estoy de nuevo en casa. Las historias de violencia en aquellas áreas públicas que por mucho tiempo habían significado espacios de ocio y contemplación para mí, para mi familia y para la comunidad se hicieron cada vez más frecuentes y más cruentas.

No desprecio el miedo. Desprecio el sometimiento y la violencia que nos quitan la libertad, la autodeterminación y la inocencia.

Multitudes protestando en Ciudad de México por la violencia contra las mujeres el 8 de marzo de 2020. La manifestación se celebró el Día Internacional de la Mujer y congregó a decenas de miles de personas.

Recuerdo haber sido muy miedosa de niña. Me aterraba la noche, el silencio, la soledad, las tormentas, los monstruos y las desgracias. Sufría del insomnio infantil y la ansiedad crónica, y tenía que trabajar de una manera extrema, casi física, para controlar mis crisis.

Así que por la noche, aprendí a leer, porque mientras leía alumbrada por una lamparita, el miedo se echaba al lado mío como un perro cansado. Para el silencio, aprendí a cantar y hacer sonidos con mi boca, cubriendo los espacios vacíos con canciones. Para la soledad, aprendí a imaginar, a llenarme de historias y de palabras. Para las tormentas, aprendí a sentarme junto a mi mamá y esperar a que pasaran. Para los monstruos (un miedo que eventualmente se fue con el tiempo), tuve que pedir ayuda a mi familia y a mis amigos. Para las desgracias, aprendí, y sigo aprendiendo, a luchar, a no perder la esperanza y a refugiarme en la ternura.

Pero el miedo que nos oprime es distinto. Enfrentarnos a ese miedo es una tarea dolorosa y complicada, y extremadamente importante.

Como mujer, la relación que tengo con el miedo es estrecha y asfixiante. Vivo y me crié en un país donde más de 10 mujeres, en promedio, son asesinadas al día. La valentía que tuve que construir para vivir una infancia relativamente normal no me ha salvado de la violencia de género, ni de la misoginia, ni del desamparo. Tampoco me ha protegido del abuso sexual, ni del duelo.

Para mí, cantar es la manera de salvarme del miedo. Escribir canciones es mi puerta a la libertad, a vivir la vida que quiero. Tocar música me permite la alegría de crear un espacio donde la violencia queda afuera, lejos.

Silvana Estrada con su cuatro venezolano. Estrada dice que cantar la salva del miedo.

Durante un concierto, los músicos y el público somos libres de ser quienes realmente somos. Imagino siempre que la crueldad sale corriendo nomás oírnos cantar. Nuestras voces al juntarse crean un coro de una fuerza inmensa e incalculable. Me recuerda a cuando las orugas se amontonan las unas sobre las otras para parecer una serpiente enorme, y así no hay depredador que se les acerque. Al estar unidas, podemos mantener la violencia a raya. Que supieran todas las mujeres del mundo que así es cómo merecemos vivir: completas y libres mientras cantamos nuestras historias.

Tratar de vivir sin miedo no nos salva realmente de tenerlo, pero con suerte, sí nos aleja de ese temor inhabilitante que nos enseñan a interiorizar como parte de nuestra narrativa. Tratar de vivir sin miedo nos muestra un camino diferente, nos hace más empáticas, nos recuerda nuestro valor, el valor de la comunidad. Nos devuelve la capacidad de movimiento, nuestra fuerza para vivir la vida cómo queremos y no cómo nos la imponen. Nos permite cuestionarnos, cambiar, mejorar, equivocarnos, volver a empezar.

Lo que verdaderamente me da miedo no es la muerte: es la vida que no se vive por tanto terror que hay, por tanta violencia, por tanto odio.

No me da miedo el silencio, me da miedo ser silenciada, no poder cantar y decir lo que pienso, que las palabras no me salven de estar sola. No me da miedo el dolor, me da miedo vivir en un mundo que no se compadece ante él. No me da miedo el miedo, me da miedo vivir en una sociedad que lo usa para someternos.

Separo el miedo sabio –la sabiduría heredada que nos advierte de no seguir aquellos impulsos descaminados– de tanta tragedia y tanta sangre.

Pese a todo, planeo volver a la cascada. Seguiré viviendo libremente, y cantando libremente. Y esa será mi pequeña revolución. Mi miedo no será de aquellos que quieren vernos subyugadas y acalladas. Mi miedo es mío, al igual que mi amor, mi esperanza y mi libertad.

nuestras charlas nocturnas.