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“Los únicos lugares seguros”: Se acerca el 24 de julio y esta fue la predicción de viajero en el tiempo para ese día…


Fayer Wayer(A.Longares) — Estamos a horas del 24 de julio y Eno Alaric, el famoso viajero del tiempo de TikTok, ya dejó su predicción para ese día la cual ha preocupado a muchos. En esa red social, ha ganado popularidad por sus videos en los que vaticina catástrofes, situaciones apocalípticas y hasta invasiones extraterrestres.

Sus videos en la red social superan el millón y hasta los dos millones de reproducciones. Alaric asegura que viene del año 2671, con la premisa de ser “capaz de cambiar el futuro que os espera, alertando sobre lo que está por venir”. A través de @radianttimetraveler comparte varias revelaciones y la reciente es sobre un evento que tendrá lugar el miércoles.

  • Su predicción para el 24 de julio

Exactamente, la predicción tiene que ver con una supuesta explosión importante del supervolcán Yellowstone, una caldera volcánica ubicada en el parque nacional de Yellowstone en Estados Unidos.

Justamente, una investigación publicada en National Geographic señala que si pasa, una lluvia de cenizas recubriría la totalidad de Estados Unidos. Las condiciones climáticas se verían afectadas y el aire sería tóxico. Alaric, en ese sentido, advirtió que se vivirá un “episodio catastrófico” en el mes de julio.

“El volcán Yellowstone entra en erupción, después de miles de años de retraso”.

El futurólogo escribió en el metraje subido a TikTok: “La erupción va a dividir América por la mitad, los únicos lugares seguros son la costa y el oeste”. Esta revelación causó revuelo entre los internautas.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, en su actualización mensual del observatorio del volcán de Yellowstone, con fecha de corte del 1 de julio de 2024, la actividad de la caldera se mantiene en niveles de fondo.

Es decir, el nivel de alerta se mantiene en verde, lo que no implica algún riesgo. Además, su estado es normal.

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La noche de mayor desenfreno sexual del año: ¿La «Superluna Ciervo» y qué significa?…


Super luna ciervo 2024

La Razón(A.Astral) — La astrología estudia el movimiento de los astros, y se piensa que con su interpretación se puede conocer el destino de las personas y pronosticar los sucesos terrestres.

Aunque en Occidente y en España se utilice de forma oficial el calendario gregoriano para medir el paso del tiempo a lo largo de un año, existen recetas alternativas, como el uso del calendario lunar, para establecer pautas temporales.

Además, la posición de la Luna, que puede atravesar hasta ocho fases distintas, influye enormemente en la personalidad de las personas, así como en su temperamento, sus prejuicios, habilidades y compatibilidades astrológicas. Por otra parte, La Luna es un astro clave en el cálculo del ascendente cósmico, más allá de su signo zodiacal principal.

Existen sucesos astrológicos que se pueden ver en muy raras ocasiones: algunos una vez al año, como las «Lágrimas de San Lorenzo», otros tan solo una vez en la vida humana terrestre, como el paso del «Cometa Halley».

Es el caso de la «Superluna ciervo», que ocurre todos los años, pero solo durante una noche. Una noche de luz lunar intensa y gran poder espiritual, muy mágica y decisiva para la evolución y el renacimiento de las fuerzas de la naturaleza salvaje.

– Cómo funciona el calendario lunar: fases y sus significado

La gran mayoría de las corrientes de medición astrológica que se dan a día de hoy le confieren un peso enorme a la Luna y a la influencia de suposición con respecto a los cambios de humor y los diferentes sucesos que se dan en la vida de una persona.

Este astro suele asociarse además con la parte inconsciente de la psique humana, por lo que conocer la fase lunar en la que nos encontramos en cada momento puede ayudar a comprender mejor el mundo interior oculto y de difícil acceso.

Hay algunas tendencias que clasifican las fases de la Luna en cuatro, pero realmente estas se pueden desglosar casa una en dos, dando lugar a ocho etapas lunares distintas, cada una con una simbología diferente:

  • Luna nueva. Es la primera fase del ciclo lunar y es sinónimo de introspección y nuevos comienzos. Las personas nacidas durante luna nueva son aventureras y están abiertos a probar cosas nuevas, son reflexivos y tiene una fuerte intuición. Tienen opiniones fuertes, son apasionados, y si alguien no está de acuerdo con ellos, lo evitan antes que confrontarlo.

  • Primer cuarto creciente. Es la fase de «plantar semillas» del ciclo lunar y está asociada con el crecimiento. Eres una persona abierta a la aventura, pero menos que las personas que nacieron en luna nueva. Tienden a planificar antes de actuar, y no admiten jamás estar equivocados.

  • Cuarto creciente de la luna. Sinónimo de tiempo de acción. Son personas con mucho potencial y de voluntad fuerte, pero también necesitan tener el control de todo. Tienen dificultades para confiar en las otras personas, son extremadamente precavidos (no sorprende entonces que sea Cáncer el signo más influido por este astro, que también le hace ser desconfiado).
  • Luna Gibosa Creciente. Casi completamente llena, tienden a tener una alta conciencia de sí mismos. Están enfocado en mejorarse a ti mismo y al mundo usando sus talentos y habilidades innatas, tienen una obsesión eterna con superar sus propios límites y una voluntad de aprender constante.

  • Luna llena. Quienes nacieron bajo luna ella, son personas energéticas y extremadamente confiadas. Hay un carisma en ellos que atrae a todos, un don natural de gentes que hace que se gane el respeto y la seguridad de los demás rápidamente.

  • Luna Gibosa Menguante. Es un tiempo de educación. Estas personas son líderes natos con un don para la comunicación, pero tienen una tendencia de tratar de cambiar a las personas. Ayudan «de más», puesto que pese a que creen que las están ayudando, en realidad están agobiando a la otra persona.

  • Tercer cuarto lunar. Es un punto de inflexión a medida que los cabos sueltos comienzan a resolverse. Estas personas son ferozmente leales e independientes y pueden tener dificultades para dejar atrás el pasado. Además, tienes una perspectiva única de la vida y los demás te ven como sabio y exitoso.

– ¿Qué significa la «Superluna Ciervo»?

Desde el domingo 21 de julio, la Luna se mostrará llena o en plenilunio en el signo de Capricornio. Durante la noche de este fin de semana, el astro podrá observarse presidiendo el cosmos completamente redonda y enorme, arrojando grandes cantidades de luz y energía.

Pero, ¿por qué se le llama «Superluna Ciervo»? Este momento que se da una sola vez al año coincide con la época de celo de los ciervos, por lo que durante esta noche tan especial se puede escuchar a muchos machos berreando tras cubrir a las hembras.

Un ciervo durante la berrea en la provincia de Soria. Fotos cedidas por Valentín Guisande
Un ciervo durante la berrea en la provincia de Soria.

Para buscar atraer a posibles parejas sexuales, los machos de los ciervos emiten fuertes sonidos guturales, es decir, «berrean». También suelen dar estos graves gritos al acabar de procrear con una hembra y proceder a hacerlo con la siguiente, pues es una noche de total banquete y desenfreno para los ciervos macho, que no paran de reproducirse hasta que se agotan o llega la luz del día.

.La importancia sexual de la «Luna Ciervo»

Además, este es el momento en el que la Luna está más próxima a la Tierra, un instante anual que se conoce como «perigeo», una noche de muchísimas consecuencias nada casuales. El astro se acerca a menos de 360.000 kilómetros de nuestro planeta, lo que altera las mareas y el ánimo de los seres vivos y espirituales que en él habitan.

Durante esta noche tan especial, la Luna llena imbuye de una extrema confianza en sí mismas a todas las personas, además de acelerar la actividad física y mental. El aumento de energía y la atracción hacia la conexión con los otros se deja sentir con la acción de la Superluna Ciervo.

Además, este el momento de todo el año en el que los animales y los humanos, especialmente los Capricornio, tienen más alta la libido, por lo que esta noche sería el momento idóneo si quieres mantener unas relaciones plenas con tu pareja, tan solo permite que la Luna llena haga su magia y déjate llevar.

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¿Qué hay detrás de la narcocultura emergente en algunas zonas de España?…


The Conversation(F.P.Fernandez/F.L.Muñoz) — En el contexto sociocultural hispano, personajes como el pillo, el estraperlista, el pícaro, el corrupto, el ladronzuelo, el contrabandista, el bandolero o el evasor siempre han contado con un cierto grado de indiferencia, cuando no de aprobación. Estos personajes se asocian de manera automática a la leyenda fatalista del “así somos”, o al predicamento antisistema del “malo justificado” y del que “vuelve las tornas”.

Pero este argumento es antropológicamente inaceptable por folklórico y psicologicista. El problema enraíza con fuerza en una historia repleta de necesidades, desgobiernos, inacción y connivencias. En tal contexto, el delincuente pillo y no violento siempre ha gozado de cierto grado de aceptación.

Las historias del ratón que vence al león, que pueden encontrarse en infinidad de formas y culturas, son sugestivas para las mayorías poblacionales necesitadas. Delatan una ética de resistencia: un modus vivendi arraigado en la mentalidad colectiva que, inadvertidamente, da forma a un estado de cosas criminógeno que se normaliza.

En la Galicia de la posguerra civil, por ejemplo, infinidad de vecinos y familias se dedicaron al contrabando para garantizar su supervivencia, estableciendo una base de tolerancia, así como una infraestructura que décadas después sirvió a las redes del narcotráfico internacionales.

– ¿Qué es y cómo se construye la narcocultura?

Como hemos planteado recientemente en un artículo en la revista Logos, del Centro Universitario de la Guardia Civil, no es preciso traficar con drogas o mantener implicaciones con el narcotráfico para practicar la narcocultura, pues “lo narco” es un elemento compositivo: narcoeconomía, narcosociedad, narcoterrorismo, narcopolítica, etc.

Con “narcocultura” o “narcoestética”, se hace referencia a un estilo de vida integral que parte de la tesis de que todo vale para salir de la pobreza. Su ejercicio es una escenificación y aceptación públicas de tal teoría. Por esto, romanticismos aparte, la narcocultura tiene la capacidad de generar en sus actores una cosmovisión perfectamente integrada en el estilo de vida que se mimetiza con “modas” y “tendencias”, hecho que dificulta su afrontamiento.

La vía de penetración de este modus vivendi es la necesidad. La actividad de traficantes y contrabandistas germina de manera natural de la falta de oportunidades, el abandono, la baja instrucción, la marginación, la carencia de servicios y, en suma, sirve como canal de supervivencia a unas poblaciones locales deprimidas que se aferran al narcotráfico para salir adelante.

Cuando comienza a fluir el dinero “fácil”, las estructuras básicas del negocio se consolidan. Comienza entonces el juego de las identidades, los bandos, las ideologizaciones y los pretextos que abonarán al narco a largo plazo y se hace precisa la enculturación: vivir así será, más que una cuestión económica, una identidad.

El narcotráfico no sólo se convierte en parte de la sociedad, sino que también la transforma por cuanto todos sus elementos se vinculan y penetran en los intersticios de la estructura sociocultural misma. De este modo, el narco pasa de ser “la oportunidad” a ser “el motor”.

Detención en Andalucía de unos criminales dedicados al lavado de dinero procedente del narcotráfico. 

Los cárteles conocen el proceso empíricamente. Entienden que la narcocultura ha de tener una base rural para consolidarse, pues facilita la implantación. Busca ecosistemas pequeños en los que existe hastío ante el desinterés económico y político endémicos, así como una construcción de identidades articulada antes sobre la vecindad, la lealtad, la religión y la familia, que sobre intangibles intelectuales como la “democracia” o las “instituciones”.

Un hecho que afecta especialmente a los jóvenes en la sociedad digital –el mundo de TikTok–, donde es imposible aislar a las personas y sus intereses en sus contextos. Este mecanismo de “resucitación” de entornos deprimidos ayuda a la narco-cultura a la interiorización subjetiva de ideologías y representaciones sociales que se manifiestan en la forma de conductas estereotipadas: jerga, gestos, hábitos, vestimentas, artículos de consumo, estatus, o productos comunicativos y artísticos propios.

Estos eventos son bien conocidos con relación a las narco-culturas latinoamericanas (cárteles y maras), en las que estos problemas son endémicos. Por el contrario, se trata de cuestiones consideradas “puntuales” en el contexto español, donde, al tratarse de casos aislados y analizados desde perspectivas cortas y sesgadas, producen desconcierto.

Ello explica que la actitud minoritaria de los jóvenes que grabaron y jalearon la brutal embestida contra una embarcación de la Guardia Civil en Barbate, pese a tratarse de un evento anecdótico, colateral al suceso mismo, resultara especialmente noticiable para los medios de comunicación; un hecho que induce a la perplejidad.

Embarcación abandonada en las costas de Huelva por un grupo de traficantes de droga. 

No afirmamos que los usos y costumbres de una minoría poblacional de áreas como La Línea de la Concepción, Barbate o Sanlúcar de Barrameda, por ejemplo, sean equiparables en dimensión criminal o en impacto sociocultural y político a los de las narcoculturas latinoamericanas. Supondría un alarmismo exagerado e injustificado. Sin embargo, la instalación y emergencia en determinadas áreas geográficas españolas de esta forma de vida vinculada al narco es un hecho que ha de ser comprendido y atajado.

– ¿Cómo abordar el problema?

La mera confrontación directa no es suficiente para atajar la cuestión, pues ubica a las autoridades y a los cuerpos policiales en una dinámica oposicionista, coactiva y prebélica, que no es una de las mejores maneras de abordar una crisis sociocultural.

Se precisa, junto con la dotación adecuada de agentes y medios, de otras acciones en paralelo que ayuden al abordaje de un problema sistémico que no es lineal. Es muy posible que el primer paso tenga que ver con una modificación de los discursos, que aborde la comprensión profunda de los eventos socioculturales subyacentes. En el mundo actual toda acción sociopolítica es también una acción comunicativa: las palabras resuelven dificultades, pero también las crean.

La tesis de que la sociedad legítima y honrada tiende a rechazar de forma “natural” el delito es falaz. Al contrario, cuando éste encuentra cierto grado de aceptación, por los motivos que fuere, se torna en posibilidad. La identidad genuina de la narco-cultura no reside únicamente en las “clases bajas” que “viven” en ella, sino también en la apropiación de sus discursos que realizan las élites culturales, económicas, periodísticas y artísticas al convertirla en objeto y pretexto. Se olvida que el narco es sugestivo porque es una sugerente expresión de modernidad “líquida” que vende paraísos: placer inmediato, riqueza y prosperidad rápidas, riesgo aventurero.

Esto explica por qué, entretanto, miles de vecinos se manifiestan “por la dignidad” y “en favor de la Guardia Civil” en el caso previamente comentado del Campo de Gibraltar, expresando su malestar ante la prensa y denunciando el abandono sistemático de los poderes públicos, mientras otra minoría de implicados que tienen su propio altavoz exprese quejas ante la “brutalidad policial reiterada”.

Este juego de las manifestaciones y contramanifestaciones es el efecto lógico de las contradicciones internas que estos conflictos culturales provocan en comunidades reducidas. La perspectiva polarizada de estar ante una dicotomía de “buenos” y “malos” es errónea, pues éste es un fenómeno interclase y transgeneracional.

Un conglomerado de tesis y creencias que lo cuestiona todo, que enfrenta a vecinos y familias entre sí amenazando las bases de la convivencia. Más allá del desigual reparto de la riqueza, del abandono político, de la falta de recursos o de la injusticia social, enraíza en cosmovisiones bien armadas desde las que se expande.

Consecuencia: las protestas públicas se autodefinen como “no políticas” cuando es precisamente lo que son, en tanto que acciones sociales devenidas de conflictos en curso que buscan influir en la actividad política o, cuando menos, llamar su atención.

El narcotráfico contemporáneo, más allá de la excusa del “buen forajido”, se alimenta de los mismos mecanismos que movilizan a la sociedad honrada. Así, las respuestas estrictamente policiales, por muchos medios que se pongan al alcance de los agentes, alejadas del escenario de interacciones sistémicas en que el problema se desenvuelve, estarán condenadas al fracaso, pues sólo afectarán a uno de los flancos de la cuestión.

Bien estaría que lo comprendieran las diferentes administraciones públicas, perdidas habitualmente en confrontaciones políticas innecesarias e intereses partidistas espurios, así como los actores del sector privado, cuyo concurso es ya irrenunciable para el desarrollo y mejora de los contextos en los que operan.

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La clave de la longevidad es aburrida…


The New York Times(B.Stulberg) — El otro día, alguien en mi gimnasio se me acercó y se lamentó de que podría pasar casi todas las horas de su vida poniendo en práctica las innumerables recomendaciones virales sobre salud y longevidad popularizadas por influentes de internet y presentadores de podcasts, y aun así sentiría que se está quedando atrás.

Aludía a un complicado y a menudo contradictorio menú de “biohacks” (atajos para mejorar nuestra biología, todos ellos carentes de rigor científico) y “protocolos” (regímenes muy específicos de ejercicio, sueño y nutrición).

En esta era de búsqueda de la eterna juventud, hay suplementos, polvos verdes, inmersiones en frío, los supuestos beneficios de la luz solar matutina de ángulo bajo, monitores continuos de glucosa para no diabéticos, respiración en caja, los beneficios propuestos de la rapamicina (un fármaco utilizado originalmente en trasplantes de órganos que se está adaptando para la longevidad) e innumerables dietas restrictivas que van desde evitar los aceites de semillas hasta tomar conciencia de los “peligros ocultos” de las frutas y verduras, pasando por rehuir a comer casi todo menos la carne.

Aunque la obsesión por la salud y la longevidad ha perseguido a la humanidad durante mucho tiempo, esta última versión se ve intensificada por un ecosistema en el que influentes y conductores de pódcast lucran con nuestra atención y búsqueda de la salud consiguiendo patrocinios de empresas de suplementos, rastreadores del sueño y otros productos de bienestar pseudocientíficos. En 2016, el mercado mundial de suplementos ascendía a 135.000 millones de dólares.

Hoy se ha disparado hasta los 250.000 millones de dólares. Se prevé que esa cifra alcance casi 310.000 millones de dólares en los próximos cuatro años.

Algunas de estas intervenciones tienen usos limitados, mientras que otras van de lo absurdo a lo verdaderamente perjudicial. Es una pena que la gente gaste su dinero y energía en estas cosas, y más aún porque la clave para una vida más larga y saludable no es ningún misterio.

La investigación ha demostrado desde hace tiempo que la salud y la longevidad se reducen a cinco comportamientos fundamentales en el estilo de vida: hacer ejercicio con regularidad, seguir una dieta nutritiva, evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol y cultivar relaciones significativas.

Esto es sencillo, un poco aburrido y más difícil de rentabilizar que los suplementos de moda, las teorías complejas y los nuevos artilugios, pero es lo que realmente funciona.

Para un estudio trascendental de 2017 publicado en la revista Health Affairs, unos investigadores analizaron datos que se remontan a la década de 1990 de más de 14.000 hombres y mujeres estadounidenses a partir de los 50 años. Descubrieron que las personas no fumadoras de 50 años que bebían alcohol con moderación y que no tenían obesidad podían esperar vivir, en promedio, siete años más que sus pares que no compartían estos rasgos.

La esperanza de vida media de las mujeres con esta tríada de estilos de vida era de 89 años. Para los hombres, era de casi 86 años. Al realizar un seguimiento de las discapacidades asociadas al envejecimiento, como problemas para caminar, bañarse o levantarse de la cama, los investigadores descubrieron que de esos siete años adicionales, seis transcurrían normalmente sin discapacidades.

No es ningún misterio”: los cinco hábitos fundamentales para la longevidad  que sí tienen respaldo científico

El papel de las relaciones en la longevidad se examinó en un metanálisis publicado en 2023 en la revista Nature Human Behavior que incluyó a más de dos millones de adultos. Los investigadores descubrieron que, a cualquier edad, existe un riesgo 14 por ciento mayor de morir prematuramente asociado a la soledad y un riesgo 32 por ciento mayor de morir prematuramente asociado al aislamiento social.

Mantener relaciones no es solo vivir más, sino también vivir bien. El Estudio sobre el desarrollo en adultos de Harvard realizó un seguimiento a más de 700 hombres a partir de 1938, incorporando posteriormente a sus cónyuges y, más recientemente, a más de 1300 descendientes del primer grupo. El director y el director asociado del estudio, Robert Waldinger y Marc Schulz, explicaron en The Atlantic el año pasado que llegaron a una “conclusión simple y profunda: las buenas relaciones conducen a la salud y la felicidad”.

Aun así, las promesas del movimiento de salud y longevidad en internet son tentadoras. Gran parte de su atractivo es la fantasía y el deseo de control: si sigues todas estas rutinas y regímenes y tomas todos estos suplementos, vivirás para siempre y nunca envejecerás ni enfermarás. Pero los accidentes ocurren. También ocurren mutaciones celulares aleatorias que precipitan cánceres mortales. Y sin embargo, la fantasía de la longevidad controlada persiste.

Durante la última década, he estudiado la excelencia y he trabajado con algunos de los mejores deportistas del mundo. Lo que hace grande a un atleta profesional o a un olímpico no es levantarse a las 5 a. m. para zambullirse en frío y contemplar el sol. Más bien, la grandeza es el resultado de centrarse en los fundamentos de un oficio, ejecutar esos fundamentos con una constancia implacable durante años (si no es que décadas), adoptar la mentalidad adecuada y rodearse de las personas correctas. La genética también ayuda.

La ansiedad por la salud ha aumentado mucho en las últimas décadas. La avalancha de contenidos en internet sobre la búsqueda de biomarcadores perfectos y la inmortalidad tiene mucho que ver. Y también plantea un problema contradictorio: centrarnos tanto en alargar el número de años de nuestras vidas entraña un peligro real que nos lleva a descuidar la vida en esos años. Esto es tan cierto para una persona de 50 años en Instagram como para una de 16 en TikTok.

De ello se deduce que quizá el mejor protocolo para vivir una vida buena, larga, plena y productiva sea centrarse en lo que realmente importa y no estresarse por el resto. Si lo que te preocupa es que la vida es frágil y corta, sencillamente no tienes tiempo que perder.

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38 minutos: la guerra más corta de la historia…


Zanzibar HZ

JotDown(E.J.Rodríguez) — Duró 38 minutos. Algunos dicen que llegó a prolongarse hasta los 45. Son matices que ponen de manifiesto el llamativo hecho: un conflicto bélico que estalló y finalizó en menos de una hora. No deja de ser curioso que se debata en torno a la duración de una guerra casi como si fuese la marca de una prueba de atletismo.

Y sí, fue una guerra de verdad, en la que se produjeron combates y bombardeos. Está registrada como la más breve que jamás se haya desencadenado entre naciones soberanas. De hecho, lógicamente, la fecha de declaración de guerra y la fecha en que se alcanzó la paz es la misma: el 27 de agosto de 1896.

Si un conflicto semejante se produjese hoy, incluso con nuestros modernos medios de comunicación la prensa apenas tendría tiempo de redactar una breve nota… para cuando viésemos la noticia publicada en la red, esa guerra ya habría terminado.

Aunque tanta brevedad no resulta del todo extraña dada la desproporción entre los dos contendientes que se enfrentaron: por un lado, el sultanato de Zanzíbar, territorio hoy convertido en un paradisíaco destino turístico asociado a Tanzania. Por otro, el Imperio británico, por entonces la primera potencia bélica del mundo. Para que nos hagamos una idea: la flota de Zanzíbar solamente tenía un barco y el total de soldados profesionales del sultanato no superaba los dos millares.

El imperio británico disponía de casi medio millón de soldados y muchas decenas de barcos de guerra, si bien repartidos por sus posesiones coloniales alrededor del globo. No menos llamativo resulta el que aquel conflicto enfrentase a dos países teóricamente amigos y aliados. Es más, Zanzíbar era un protectorado británico al comenzar la guerra y seguía siéndolo al firmar la paz, unos 40 minutos después.

El bellísimo archipiélago de Zanzíbar podrá no parecer imponente sobre el mapamundi —aunque lo es, y mucho, en el plano estético— pero acumula una larga y compleja historia. Está habitado por población negra desde hace milenios, pero por allí han pasado también muchas otras culturas: sumerios, asirios, persas, árabes, etc. La ubicación de las islas frente a la costa centroafricana, a medio camino entre el golfo Pérsico y Madagascar, hicieron de Zanzíbar un enclave comercial muy apreciado y codiciado.

Numerosas potencias extranjeras se habían interesado por las islas desde la antigüedad, primero para establecer bases comerciales y más adelante para intentar apoderarse efectivamente de ellas. A principios del primer milenio de nuestra era, Zanzíbar ya era un archipiélago multicultural y mestizo tras siglos de comerciantes extranjeros arribando a sus costas, aunque todavía estaba regido por los dos grupos nativos predominantes, los hadimu y los tumbatu.

A principios de la Edad Media llegaron los árabes y trajeron consigo la religión musulmana, estableciendo la semilla de una rica élite de comerciantes y tratantes de esclavos. En el siglo XVI, apenas unos pocos años más tarde del descubrimiento de América, Portugal reclamó el territorio para su corona y los habitantes de las islas, ya fuesen nativos, mestizos o árabes, tuvieron que hacerse a la idea de que ahora formaban parte de un imperio colonial europeo.

Zanzíbar permaneció 200 años bajo dominio luso… hasta que les llegó la hora a los portugueses de hacerse a la idea de que eran ellos quienes tenían que marcharse: el sultanato de Omán expulsó a los europeos y los árabes se hicieron con el control absoluto de las islas y de parte de la región continental que había frente a ellas. El archipiélago y su prolongación continental fueron la más valiosa provincia de Omán durante siglo y medio.

Finalmente, durante el siglo XIX, una disputa sucesoria propició el nacimiento de Zanzíbar como estado soberano. Los dos hijos del sultán de Omán discutieron sobre quién debía suceder en el trono a su difunto padre, y el asunto se zanjó dividiendo el imperio omaní en dos mitades. Uno de los hermanos, Majid bin Said, separó Zanzíbar del resto de Omán y se proclamó sultán de una nueva nación independiente.

Como otros sultanes antes y después que él, Barghash bin said fue amigo de Inglaterra porque no le quedó más remedio.
Como otros sultanes antes y después que él, Barghash bin Said fue amigo de Inglaterra porque no le quedó más remedio.

Por entonces Zanzíbar seguía siendo uno de los principales puertos comerciales del océano Índico, centro de la lucrativa compraventa de especias y de otros productos refinados como el marfil.

Además era la sede del mayor mercado de esclavos del planeta, actividad particularmente rentable para la clase dirigente árabe, que ganaba cuantiosas cantidades de oro a expensas de la trata de seres humanos.

Cientos e incluso miles de esclavos se vendían mensualmente allí, engrosando las arcas del sultán y ayudando a que la nueva nación se consolidase.

El sultán disfrutaba de una posición privilegiada y controlaba no solamente las propias islas de Zanzíbar sino también ese amplio territorio en la costa continental al que llamaban el Zanj —la «tierra de los negros»— y que más adelante sería conocido como Tanganica.

Así pues, el comercio fluía, la riqueza aumentaba y Zanzíbar llegó a ser la nación más avanzada del África oriental.

Fue el primer territorio de la región donde se inició la construcción de infraestructuras modernas y también fue el primero en contar con máquinas de vapor propias.

Eso sí, esa modernidad contrastaba con el carácter autocrático de su régimen político y con la arraigada costumbre de poseer esclavos, pero con todo, diversas naciones europeas e incluso los Estados Unidos —atraídos por la compraventa de especias— se interesaron por Zanzíbar y trataron de cultivar su amistad.

Aquellas potencias extranjeras abrieron oficinas y consulados en el nuevo país. Agasajaban a los sultanes con regalos, intentando ganarse su confianza.

Entre los presentes solía haber incluso algo de armamento: por ejemplo, el sultanato recibió dos cañones en nombre del káiser Guillermo I de Alemania y un cañón Gatling de repetición que era obsequio de la reina Victoria de Inglaterra. Zanzíbar colocaría aquel cañón Gatling sobre el único buque de su flamante flota nacional: el HHS Glasgow. Esa artillería sería utilizada en la breve guerra de la que vamos a hablar. Las pocas armas pesadas de las que disponía Zanzíbar eran regalos del exterior.

En cuanto a su único buque de guerra, fue botado en 1878 pero permanecía inactivo en el puerto de la capital, frente al palacio. El entonces sultán Barghash bin Said había quedado prendado de una fragata de la armada británica que hizo escala en las islas: el imponente buque de la Royal Navy le causó tan honda impresión que decidió invertir parte de su fortuna en construir una réplica.

Contrató a una compañía naviera escocesa —William Denny and Brothers— para que construyesen un barco lo más parecido posible al original. Desde desde las oficinas de Denny en Dumbarton, Escocia, le escribieron prometiéndole que recibiría una «obra de arte» a cambio de las 30.000 libras (de la época) que iban a cobrarle por su construcción. Barghash esperó ansiosamente el resultado.

Pretendía que el HHS Glasgow le sirviera como yate real, además de disponer de nueve cañones y de aquel cañón Gatling regalo de la reina Victoria. Sin embargo, cuando el barco recién terminado llegó a Zanzíbar, el sultán quedó sumamente decepcionado: en contra de lo prometido, recibió un buque de bastante inferior calidad al original y mucho menos imponente que la fragata inglesa que lo había inspirado.

Podría decirse que los armadores escoceses lo habían estafado, o como mínimo que fueron negligentes en su trabajo. Barghash estaba tan descontento que ni siquiera se molestó en convertirlo en su ansiado yate: así, el HHS Glasgow quedó anclado en puerto desde entonces hasta el inicio de la guerra en 1896.

HMS St George y HMS Philomel en el puerto.

Pese a los regalos y agasajos que recibían continuamente los sultanes de Zanzíbar, la nueva y débil nación podía sentirse bien preocupada a causa de las ambiciones europeas en la región.

La amistad de los europeos tenía un valor muy relativo. Zanzíbar podía esperar gestos de amistad de las naciones europeas cuando esos gestos servían en realidad para mantener a otras naciones europeas alejadas de sus intereses en una determinada zona.

Dicho de otro modo: para librarse de uno tiburones europeos, tenía que elegir a otro tiburón europeo y tratar de refugiarse bajo sus aletas.

Así, quizá como una manera de garantizar su independencia y dado que los comerciantes ingleses se contaban entre los más activos de las islas, Zanzíbar firmó un tratado con el Imperio británico que equivalía a convertirse en una nación soberana, pero tutelada.

Londres promulgó la llamada Orden para la regulación de las Jurisdicciones Consulares Británicas en los dominios del Sultán de Zanzíbar.

Básicamente, bajo tan pomposo nombre, el decreto estipulaba que, antes de ascender al trono, cada nuevo sultán de Zanzíbar debía recibir el visto bueno del cónsul británico en la capital.

Esto es, Inglaterra tenía derecho de veto ante cualquier aspirante a la corona que considerase contrario a sus intereses. El sultanato cedía de facto una porción de su independencia, pero seguía ejerciendo el gobierno efectivo y el sultán pensó que era mejor contar con la protección de un amigo poderoso al que había que contentar, que arriesgarse a caer en manos de otra potencia europea que tuviese menos apego a las formas.

Y efectivamente había potencias coloniales europeas menos pegadas a las formas, al menos en aquella región. Hablamos, más concretamente, de Alemania.

En 1884, la Conferencia de Berlín reunió a aquellos países europeos que tenían ambiciones coloniales en África y en esencia se dedicaron a repartirse amistosamente —amistosamente entre ellos, se entiende— el pastel del continente vecino. En grupos o por parejas, las naciones europeas decidían qué territorios iban a ocupar, como si allí no hubiese ya gente viviendo.

Trazaban líneas sobre un mapa de papel, y a ojo de buen cubero dividían los territorios sin tener en cuenta quién vivía allí o si los nativos estarían de acuerdo con este reparto. En lo tocante a África oriental, Alemania y el Reino Unido eran los dos países con mayores intereses: dibujaron una línea vertical sobre el mapa, quedando a la izquierda (oeste) la zona de ocupación británica y a la derecha la zona destinada a la ocupación alemana. Y en esa zona quedaba Zanzíbar.

Así pues, según la Conferencia de Berlín, el territorio de Zanzíbar le correspondía a Alemania. El sultán vio cómo su país era ahora objeto de intercambio en un tratado firmado entre Alemania y el gobierno de Londres, ambos supuestamente amigos suyos. En el palacio real de Zanzíbar empezó a cundir la preocupación y no sin motivo.

Aunque ya habían aprendido a convivir con la presencia británica —no olvidemos la tradición multicultural de Zanzíbar y el hecho de que la dinastía árabe también había sido extranjera en su día— y los británicos no parecían tener intención de ir más allá de su derecho a vetar a sultanes, lo de los alemanes no resultaba tan tranquilizador. Porque los colonizadores alemanes que llegaban a África oriental estaban dando muestras de emplearse con bastante menos sutileza.

Carl Peters: racista, cruel y sanguinario... por tanto, sería recordado como un héroe por el régimen hitleriano.
Carl Peters: racista, cruel y sanguinario… por tanto, sería recordado como un héroe por el régimen hitleriano.

En Alemania se había creado un organismo con el aparatoso nombre de Gesellschaft für Deutsche Kolonisation (o, en un menos amenazante castellano, «Sociedad para la Colonización Alemana») cuya función iba a ser específicamente la de ocupar los territorios continentales del Zanj, que ahora pertenecían a Zanzíbar pero que según el Tratado de Berlín le correspondían ahora al Reich alemán.

El organismo estaba dirigido por el explorador, aventurero, gobernador colonial, fervoroso nacionalista, entusiasta defensor del darwinismo social,  palmario racista y supremacista blanco, cruel esclavista y notorio asesino de nativos Carl Peters.

Aunque en su día, a causa de su brutalidad, llegaría a ser repudiado por el gobierno de Otto von Bismarck, podemos hacernos una idea de su brillante perfil sabiendo que en un futuro igualmente brillante para Alemania sería reivindicado como héroe alemán por un tal Adolf Hitler.

Pues bien, el simpático Peters y sus esbirros llegaron a Tanganica durante aquel mismo 1884 y rápidamente se pusieron manos a la obra para apoderarse del Nadj: bajo distintos tipos de presiones obligaron a los distintos sultanes locales, vasallos del sultán de Zanzíbar, a firmar acuerdos de protección con Alemania, lo que en la práctica equivalía a convertirse en posesiones coloniales del káiser Guillermo.

El gobierno alemán firmó alegremente aquellos tratados de «protección» a principios de 1885, lo cual equivalía a sancionar oficialmente el que toda la región del Zanj fuese ahora territorio alemán y ya no una posesión de la dinastía árabe zanzibareña.

En la capital, Zanzíbar, no daban crédito a sus ojos. Los alemanes les estaban arrebatando sus territorios continentales mientras el todopoderoso Imperio británico miraba hacia otro lado.

Los ingleses reaccionaron (a su modo, claro) ante los avances alemanes reconociendo oficialmente la soberanía del sultanato, una forma como cualquier otra de advertir a los germanos de que si bien podían apoderarse del Nadj, no debían intentar invadir las islas.

De todos modos Alemania no tenía esa pretensión aunque, dada su fama, en Zanzíbar e incluso en Londres creían más bien que sí. De hecho, el cónsul alemán en la región continuaba intentando mantener su simulacro de amistad con el sultán. Sin embargo, esto no tranquilizaba particularmente a la clase dirigente del archipiélago. El sultán Barghash Bin Said protestó airadamente por la intrusión alemana en sus antiguas posesiones… y sus protestas se las llevó el viento.

En un movimiento a la desesperada, intentó amilanar por la fuerza a algunos de los sultanes territoriales de Tanganica que todavía no habían firmado un acuerdo de sometimiento ante Alemania. Barghash envió tropas desde las islas para poner en su sitio a uno de aquellos sultanes locales, pero la aparición en el horizonte de una intimidante flotilla alemana bastó para forzarle a echarse atrás. Zanzíbar, con su única fragata de saldo, no tenía capacidad bélica para hacer frente a una superpotencia emergente como Alemania.

Al sultán le tocaba resignarse a perder el Nadj.

Barghash Bin Said se sentía sumamente decepcionado. Había sido el sultán más progresista en la historia de Zanzíbar, que puede no ser gran cosa desde nuestra perspectiva actual, pero que en su día constituía todo un salto de gigantes hacia la modernidad: incluso había sido él quien, nada más subir al trono, había firmado con los ingleses un tratado para prohibir la compraventa de esclavos, cerrando de paso el famoso mercado de esclavos de Mkunazini.

El cierre de Mkunazini respondía a los continuos reclamos de los abolicionistas británicos, abiertamente incómodos ante la estrecha amistad de Inglaterra con uno de los países esclavistas más notorios de la Tierra. El gobierno de Londres, presionado por los abolicionistas, trasladó esa presión al sultán Barghash y este accedió finalmente —aunque tampoco parecía oponerse al abolicionismo— a terminar con el tráfico humano, excepto en lo tocante a los esclavos que servían directamente a la corona.

Aquella prohibición casi total de la esclavitud había creado bastante inestabilidad en el país: la trata de personas era, desde generaciones atrás, el negocio más lucrativo de muchos aristócratas árabes de Zanzíbar. Surgió una corriente menos propicia a mantener una amistad tan estrecha con el Reino Unido.

Pero con esta clase de avances, el sultán Barghash había esperado integrarse mejor con las nuevas potencias europeas dominantes en la región, pero ahora comprobaba cómo los británicos silbaban despreocupadamente mientras los alemanes despojaban a Zanzíbar de casi todas sus posesiones continentales. El sultán Barghash murió en 1888, mientras el antiguo imperio de su familia se desmoronaba frente a sus ojos.

Para el nuevo sultán, Ali bin Said, la situación iba a tornarse todavía peor. Zanzíbar todavía conservaba la franja costera del Nadj: una tira de tierra de unos quince kilómetros de ancho a contar desde el litoral. En principio, era el único territorio continental zanzibareño que los alemanes no iban a ocupar, dado que estaba garantizado por los británicos: en un nuevo tratado (el tratado de Heligoland-Zanzíbar) Alemania se comprometía a no interferir en los intereses británicos en el archipiélago de Zanzíbar a cambio de recibir las islas europeas de Heligoland.

También se comprometía a no reclamar la franja costera del Nadj, que seguiría siendo dominio del sultanato. Aquello parecía un gesto de Londres hacia sus pequeños amigos zanzibareños, que ahora podían respirar un poco. Pero en cuanto los alemanes comprobaron que de esa manera sus territorios en el Nadj quedaban sin acceso al mar, sencillamente ignoraron lo firmado y empezaron a ocupar también aquella franja costera teóricamente garantizada por el tratado.

¿Qué hicieron los ingleses? Absolutamente nada. Lo único que les preocupaba era mantener su actividad comercial en las islas; el que la región de Nadj perteneciese al sultán o al káiser Guillermo les suponía poca diferencia. Y lógicamente preferían contentar a los alemanes que a un pequeño sultanato que solamente tenía una fragata. Lo importante era que el comercio imperial continuara fluyendo por Zanzíbar y que los alemanes no metieran demasiado sus manazas en las islas.

Palacio del sultán, comunicado con el edificio del harén (derecha), tal como erasn antes dek bombardeo inglés.
Palacio del sultán, comunicado con el edificio del harén, tal como eran antes del bombardeo inglés.

Así que Ali bin Said contempló impotente cómo perdía también la franja costera a manos de los alemanes, aun existiendo un tratado que la había garantizado. Ahora, el territorio del sultanato estaba ya reducido exclusivamente al archipiélago. Pero los quebraderos de cabeza no terminaban ahí: ¿quién garantizaba ahora que un buen día los alemanes no decidirían expandirse también a las islas? Sí, se suponía que no lo harían para no enfrentarse al Reino Unido.

Pero la gente de Zanzíbar ya había aprendido que, en el continuo tango entre ingleses y alemanes, cualquier giro podía terminar en la postura más inesperada. Así que para los zanzibareños —incluso para los nativos negros de las islas sometidos al poco amable sultanato de origen árabe— una posible llegada de los alemanes podía ser un motivo de preocupación.

Del continente llegaban noticias que ponían los pelos de punta, describiendo la brutalidad con la que los alemanes trataban lugareños, haciendo que la tiranía de los sultanes pareciese casi un régimen vacacional en comparación. En el Nadj, los germanos también estaban ejerciendo un régimen esclavista de facto, convirtiendo en siervos a una parte de la población, y sometiendo al resto a una explotación laboral y fiscal insoportable. Todo ello acompañado con una represión violenta en la que no escatimaban el derramamiento de sangre.

Por hacernos una idea de cuál era el ambiente en el Nadj alemán, el beatífico Carl Peters fue apodado por los suahili como Nkono wa damu, esto es, «el hombre con las manos ensangrentadas». Aunque cabe decir que no todos en el gobierno y la opinión pública de Berlín aprobaban la sanguinaria conducta de individuos como Carl Peters, quien de hecho, como ya comentábamos, terminaría siendo destituido con deshonor e incluso procesado.

En resumen: a nadie en las islas de Zanzíbar le apetecía convertirse en una colonia alemana, por más que los diplomáticos germanos y el cónsul en la capital intentando tranquilizar al sultán y hacer ver que no era tan malos como los pintaban. Pero claro, poco podían los agasajos frente a la realidad de la salvaje ocupación alemana en Tanganica.

El sultán Ali bin Said tenía pocos motivos para pensar que Alemania era de fiar. Como de costumbre, solo le quedaba un recurso para protegerse: seguir profundizando en su amistad con Inglaterra, que tampoco era de fiar pero al menos no era tan brutal y se comportaba de una manera mucho más civilizada (allí en las islas, porque en otras partes del mundo los británicos se conducían también con sanguinaria brutalidad, como todos sabemos).

El Imperio británico era el antiguo amigo que había resultado no ser tan amigo cuando se trataba de pararles los pies a otros amigos blancos y europeos. Sin embargo, ¿qué más opciones había? Al menos a ojos de Ali bin Said, los ingleses eran un mal menor frente a los alemanes, así que aceptó —no es que tuviese muchas opciones— un decreto de Londres por el que Zanzíbar se convertía en un protectorado británico.

Nominalmente seguía siendo una nación independiente y el sultán continuaba gobernando —a poder ser en beneficio de Londres—, así como disfrutando de sus privilegios: un bonito palacio que daba al puerto y convenientemente comunicado con el imponente edificio del harén, repleto de concubinas para su divertimento.

Aquello significa seguir gobernando y llevando una vida de lujos a cambio de complacer los intereses británicos… algo que de todas maneras los sultanes llevaban haciendo prácticamente desde su secesión de Omán. El sultán Ali murió en 1893, tras poco más de tres años en el trono, pensando que con lo del protectorado había dado esquinazo a los problemas del país y que la integridad de Zanzíbar estaba a hora garantizada.

El palacio del sultán destruido después del ataque

Fue sucedido en el trono por su sobrino Hamad bin Thuwayni, otro sultán que consideraba que lo mejor era permanecer bajo el paraguas británico (lo mejor y como decimos prácticamente lo único que le permitía su escasa capacidad de maniobra) y que por tanto era bien visto por los ingleses.

Pero no todos en la élite gobernante zanzibareña eran tan conformistas y pragmáticos.

Lógicamente, la perspectiva de estar convirtiéndose progresivamente en títeres de una nación extranjera no les resultaba agradable a todos, especialmente a quienes tenían ambiciones de alcanzar el trono y no podían porque se necesitaba cierto grado de servilismo hacia los ingleses.

Cierto es que en Zanzíbar nadie planeaba desafiar por la fuerza al Imperio británico, pero algunos sí pensaban que se podía plantar cierta cara —al menos en el ámbito de la política local— sin que hubiese grandes consecuencias.

Resultó que había otro candidato al trono. Khalid bin Barghash era primo del nuevo sultán pero, lo más importante, era hijo mayor del anterior sultán. Por lo tanto, insistía en que el trono le correspondía a él, primer colocado en la línea sucesoria. Los ingleses rápidamente comprendieron que podían tener un problema si las luchas de poder internas en la élite árabe terminaban desequilibrando el país.

Y sobre todo pensaron que Khalid, aun siendo efectivamente el sucesor natural de su padre, podía ser menos propicio a los intereses británicos que su más dócil primo. Incluso estaba la posibilidad de que impulsado por su ansia de coronarse, Khalid estuviese dispuesto a hacer concesiones a los alemanes. Había que pararle los pies, así que el cónsul británico Rennel Rodd se reunió con él para meterlo en cintura.

Si se empeñaba en crear problemas durante la sucesión, le dijo el cónsul, las consecuencias podían ser imprevisibles y muy graves. Rodd desempolvó el acuerdo firmado 30 años atrás, aquel que estipulaba que cada nuevo sultán necesariamente debía contar con la aprobación del cónsul británico en las islas. Incluso aunque fuese el hijo primogénito del anterior sultán. El nuevo sultán, Hamad, era el hombre indicado para el trono a ojos de Londres.

El cónsul le hizo a Khalid una seria advertencia: si trataba de derrocar a su primo, podría encontrarse con una respuesta muy severa de los británicos.

Podemos imaginar a un Khalid apretando los puños y saliendo tremendamente disgustado de su entrevista con el representante británico. Después de haber vivido convencido de que sucedería a su padre en el trono, ahora los ingleses colocaban a su maldito primo. Pero lo cierto es que Khalid entendió las amenazas —no disponemos de un registro de la conversación, pero cabe imaginar que dichas amenazas se produjeron entre líneas— y acató la coronación de Hamad.

El díscolo Khalid no dio más que hablar durante un tiempo, aunque lógicamente era miembro de la élite árabe más molesto por el papel tutelar que Inglaterra ejercía en Zanzíbar.

Poco más de tres años después, el 25 de agosto de 1896, muy poco antes del mediodía, el sultán Hamad bin Thuwain murió repentina e inesperadamente. Con supersónica velocidad, su primo Khalid bin Barghash volvió a reclamar el trono para sí. Esta vez no se anduvo con rodeos: organizó un veloz funeral para su primo y anunció que se proclamaría nuevo sultán a las tres de esa misma tarde.

Dadas las circunstancias de la muerte —repentina a la hora de comer— y del fugaz anuncio de sucesión, muchos pensaron inmediatamente que Hamad había sido envenenado: Khalid fue inmediatamente el primer sospechoso en la lista. Pero fuese aquello un golpe de estado encubierto o sencillamente un apresuramiento sucesorio sin veneno de por medio, Khalid seguía sin ser bienvenido en Londres.

Los británicos tenían a su propio candidato al trono: Hamud bin Muhammed, yerno del primer sultán de Zanzíbar. Hamud era un hombre mucho más dúctil y dispuesto a continuar con el régimen de «hagamos cualquier cosa para contentar a los ingleses». Pero esta vez Khalid no quiso volver a ver pasar el trono ante sus ojos. Se encerró en el palacio, aguardando al funeral de su primo y a la coronación que tendría lugar justo al terminar dichas exequias.

El nuevo cónsul británico, Basil Cave, envió un mensaje a Khalid. Como había hecho su predecesor en el cargo tres años atrás, le advirtió de las funestas consecuencias de violar el tratado de 1866. Le recordó que cada nuevo sultán necesitaba de la aprobación del cónsul. Y él, Basil Cave, era el cónsul. Y Khalid no contaba con su aprobación. Así que Khalid debía renunciar a coronarse.

Con su único barco de guerra, Khalid bin Barghash plantó cara al Imperio Británico. Y perdió, naturalmente.
Con su único barco de guerra, Khalid bin Barghash plantó cara al Imperio británico. Y perdió, naturalmente.

Pero Khalid siguió sin hacer caso.

Continuaba pensando que los británicos no eran nadie para dictar la sucesión en un país extranjero, así que no solamente se enclaustró en palacio sino que puso al jefe de su escolta al frente de un improvisado ejército: 2000 ciudadanos armados y 700 soldados profesionales zanzibareños que habían decidido apoyar su causa.

Todos ellos se plantaron ante las puertas de la residencia real, desplegando barricadas como señal de fuerza.

Khalid quería dejar ver que no estaba dispuesto a plegarse a la injerencia extranjera.

Jugaba temerariamente sus cartas, pero estaba convencido de que los británicos no atacarían nunca, que buscarían otra forma de resolver el asunto.

Pero para entonces el cónsul Cave y el jefe militar local de los ingleses, Lloyd Matthews, ya estaban reuniendo su propia tropa: un millar largo de hombres, de los que más de 900 eran soldados zanzibareños que no se habían pasado al bando de Khalid y cerca de un centenar pertenecían a la infantería de marina británica.

Pero donde el sultán tenía la más seria desventaja era sobre el mar. Zanzíbar, como decíamos, únicamente disponía de un buque, aquel HHS Glasgow que un desencantado Barghash bin Said había dejado anclado en el puerto.

Los británicos, en cambio, tenían en aquel mismo puerto un crucero acorazado de 2500 toneladas, el Philomel, y un cañonero de vapor —el HMS Thrush— que poco tiempo antes había sido capitaneado por el príncipe George, el mismo que terminaría convirtiéndose en George V… esto puede dar indicios sobre la calidad del buque.

A estos dos navíos, bastante modernos para la época, se sumaban tres más que navegaban por la región y que estaban en condiciones de llegar al puerto de Zanzíbar en menos de 24 horas: el crucero torpedero Racoon, el crucero St. George y el cañonero HMS Sparrow.

En resumen: Khalid solamente podía oponer su mala imitación de fragata a cinco flamantes navíos británicos, ninguno de los cuales tenía más de una década.

De antemano, la batalla marítima estaba más que perdida. Eso podía convertirse en un factor decisivo en caso de enfrentamiento. Por ejemplo, la abrumadora superioridad marítima tuvo mucho que ver en la facilidad con que el Reino Unido doblegó a China durante las Guerras del Opio. Y no porque Inglaterra tuviese muchísimos barcos en China, sino porque los barcos chinos eran anticuados y básicamente inútiles.

El HHS Glasgow quizá no era tan inútil —aunque dada la rápida evolución naval de la época ya estaba obsoleto— pero… era solamente uno. Khalid no podía ser ajeno a la importancia de este hecho, pero continuó jugando su farol: hizo que su artillería pusiera el punto de mira sobre los buques ingleses del puerto.

Comparada con la potencia de fuego de los cinco buques ingleses, la artillería de tierra zanzibareña tampoco era gran cosa: se componía de algunas unidades del cañón ametrallador Maxim, el arma más efectiva en las guerras de colonización de los británicos, pero más indicada contra infantería, y de un segundo cañón Gatling además del que ya iba montado en el HHS Glasgow. También disponían de un cañón de campaña con dos siglos de antigüedad que en realidad podía aportar más lustre y ruido que puntería y eficacia.

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HMS Thrush por William Frederick Mitchell (1890).

Durante aquella mañana, en un ambiente de tremenda tensión y mientras se preparaba el funeral del anterior sultán, el cónsul británico Basil Cave siguió enviando mensajes a Khalid conminándole a retirar sus tropas de las puertas del palacio y a renunciar a sus pretensiones de ocupar el trono.

Cave avisaba: no hacerlo sería considerado un acto de rebelión que violaba el tratado de 1866 y que podía constituir un casus belli, con lo que Zanzíbar podía encontrarse de repente en guerra con el Imperio británico. Pero Khalid no quiso responder a los mensajes y todo cuanto supieron los británicos es que, de un modo u otro, pensaba coronarse a las tres de esa misma tarde.

Dicho y hecho: a las tres en punto los británicos escucharon el disparo de salvas. Aquello era la celebración por la entronización del nuevo sultán de Zanzíbar. Sin duda, Khalid estaba confiando en la fuerza del fait accompli y en que los británicos se resignarían a dejarle reinar con tal de no remover el avispero de abrir fuego contra un país aliado. Se equivocó.

Para entonces, después de escuchar las salvas, el cónsul ya estaba enviando un telegrama al gobierno de Londres en el que solicitaba permiso para bombardear el palacio con la potente artillería de sus cinco barcos. Quedó esperando la respuesta.

Al día siguiente, llegaron a a Zanzíbar los tres buques británicos restantes y Basil Cave recibió un telegrama de respuesta desde Londres. El gobierno le autorizaba a emplear «cualquier medio a su alcance» para poner en el trono a Hamud. Después de haber lrífo el telegrama que sin duda esperaba leer, el cónsul envió un ultimátum al sultán: tenía como límite las nueve de la mañana del día siguiente para arriar las banderas del palacio en señal de que abandonaba el trono.

Transcurrieron largas horas y el cónsul no recibió ninguna noticia de palacio, donde Khalid continuaba encerrado detrás de una barricadas y su contingente de tropas defensoras. La espera se prolongó durante una interminable noche en la que tampoco hubo novedad alguna. Amaneció el día 27 con el plazo a punto casi de cumplirse.

Pero a las ocho de la mañana —una hora antes del límite fijado por el ultimátum— finalmente llegó una nota del sultán, que solicitaba parlamentar con el representante británico. El cónsul la leyó, pero ahora era él quien rehusaba entablar conversación, ciñéndose a repetir los términos del ultimátum. El sultán replicó a esa negativa de entablar conversaciones con un mensaje más bien ingenuo: «no creo que vayáis a abrir fuego contra nosotros».

El cónsul, al leerlo, envió una réplica que, hemos de admitir, al menos era bastante franca: «si no hacéis lo que se os ha dicho, dispararemos». Pero Khalid seguía confiando en que los ingleses no abrirían fuego. Dejó que transcurriesen los minutos. Y a las nueve en punto de la mañana del 27 de agosto, con la bandera de palacio todavía en lo más alto y Khalid bin Barghash todavía en el trono, el Imperio británico declaraba la guerra al sultanato de Zanzíbar.

Fotografía de la época mostrando algunos de lso destrozos causados por los buques británicos.
Fotografía de la época mostrando algunos de los destrozos causados por los buques británicos.

Empezaron a sonar truenos en el puerto: la artillería de los buques británicos abrió fuego sobre el palacio, donde las barricadas protectoras no pudieron evitar que los hombres apostados para la defensa contasen unos cuantos muertos y heridos severos. Los cañones ingleses la tomaron con el palacio, pero también se esmeraron en neutralizar cuando antes las piezas de artillería zanzibareñas.

De hecho, apenas iniciado el bombardeo naval, uno de los pocos cañones de los que disponía Zanzíbar saltó por los aires en pedazos y los equipos de artilleros sufrieron tremebundas bajas ante el diluvio de proyectiles explosivos británicos. Mal comienzo para el sultán.

Al ver que se habían iniciado las hostilidades, la fragata Glasgow, el barco que nunca fue yate del sultán, abrió fuego contra el crucero St. George. Pero resulta fácil imaginar que estando rodeado por cinco buques ingleses con gran potencia de fuego, el Glasgow apenas iba a durar minutos en combate.

Su casco fue rápidamente agujereado por debajo de la línea de flotación y empezó a hundirse;  sus hombres desplegaron una bandera británica en señal de rendición, para poder recibir auxilio por parte de las tripulaciones enemigas. En no demasiado tiempo, con sus tripulantes rescatados por botes de los navíos ingleses, el HHS Glasgow terminó de sumergirse y quedó de pie sobre el fondo marino del puerto.

Como el fondo no era especialmente profundo, las puntas de sus mástiles quedaron sobresaliendo del agua: una visión habitual en el puerto de Zanzíbar hasta 1912, fecha en que el buque hundido fue finalmente retirado. Sin embargo, aún hoy quedan restos que constituyen una atracción para los submarinistas.

Los mástiles del barco hundido, el HHS Glasgow, pueden verse en esta foto panorámica de Ciudad de Zanzíbar realizada en 1902 en dirección este. El palacio es el edificio blanco con una torre y muchos balcones en mitad de la fotografía. El harén del palacio estaba a la izquierda y los edificios del consulado, a la derecha.

Con el Glasgow hundiéndose, con varias piezas de su artillería inutilizadas y con sus tropas de defensa sometidas a un severo fuego enemigo que las estaba diezmando, el sultán de Zanzíbar ya no tenía defensa alguna. Durante más de media hora, el fuego naval de los cinco buques británicos demolió varias secciones del palacio, incluyendo el harén.

En las estancias palaciegas se declaró un incendio que empezó a extenderse rápidamente y que fue responsable de muchas de las víctimas mortales en el bando del sultán (en el bando británico hubo un único herido, un oficial de la marina que fue alcanzado por un disparo cuando estaba sobre la borda de su navío).

En total, cerca de medio millar de zanzibareños murieron durante el bombardeo, contando soldados, ciudadanos armados, sirvientes y esclavos del palacio, etc. Aquel incesante fuego que estaba dejando el palacio en ruinas demostró al sultán hasta qué niveles estaban dispuestos llegar los ingleses con tal de que se hiciese su voluntad.

Así que cuando todavía no habían pasado 40 minutos desde el primer cañonazo, los británicos vieron como las banderas del palacio eran arriadas: Khalid se rendía. La guerra había terminado.

Callaron los cañones. Al HHS Glasgow se lo tragaba el agua, el palacio ardía, los hombres de Khalid trataban de auxiliar a sus heridos. Tropas británicas tomaron el control del puerto y de lo que quedaba del palacio. Intentaron capturar a Khalid, pero este ya se había refugiado en el consulado alemán, sabiendo que de caer en manos británicas tenía un futuro poco halagüeño.

Aunque el cónsul británico solicitó la extradición, Khalid entraba dentro de la categoría de prisionero político y estaba excluido de los acuerdos de extradición entre ambas potencias europeas. El cónsul germano no solo se negó a entregar al derrocado sultán a los ingleses sino que puso hombres armados en la puerta del consulado, con lo que —irónicamente— eran los alemanes quienes ahora protegían al sultán de sus supuestos aliados.

Los germanos se llevaron a Khalid al Nadj, donde lo dejaron libre (sin embargo, 20 años después los ingleses lograrían apresarlo y mandarlo a la isla de Santa Elena, así que Khalid tuvo el dudoso honor de sufrir exilio en el mismo lugar que el mismísimo Napoleón Bonaparte).

Si a los británicos se les había escapado Khalid, no descuidaron su revancha con quienes lo habían apoyado y permanecieron en Zanzíbar. Los partidarios de Khalid tuvieron que hacer frente a una indemnización de guerra, pagando la misma munición que los ingleses habían empleado para bombardearlos a ellos mismos, amén de los diversos gastos originados por los destrozos del bombardeo y del posterior saqueo en palacio.

Glasgow

Hamud bin Muhammad, el candidato favorito de Londres, ascendió al trono de un palacio que ya era solamente un montón de escombros. Políticamente hablando, las cosas parecieron volver a la normalidad, si puede decirse así: a primera vista se antojaba un mero retorno al statu quo anterior, siguiendo con la soberanía tutelada del archipiélago.

Pero en realidad las cosas iban a cambiar mucho, hasta el punto de que Zanzíbar se iba a convertir en una colonia británica que lo sería en todo excepto en el nombre. Los ingleses pusieron a Hamud en el trono, sí, pero le retiraron casi todos los poderes a la figura del sultán y tomaron el control sobre el gobierno de la isla.

Ahora la figura del sultán ya no era la de un gobernante titulado —pero gobernante— sino la de un mero elemento decorativo. La ilusión de que Zanzíbar seguía siendo una nación «independiente» no era más que un teatro montado con el fin de que Londres ahorrase gastos burocráticos. Así, por ejemplo, no tenían que nombrar y pagar el correspondiente sueldo a un gobernador inglés para regir las islas.

En la práctica, el cónsul ejercería como gobernador, aunque sin lucir ese título en su currículum. Hubo otros cambios de carácter positivo, todo sea dicho: durante el sultanato de Hamud, los británicos erradicaron por completo cualquier rastro de esclavitud en la isla —incluso entre el séquito del sultán—, quedando completamente prohibida la posesión de otros seres humanos.

Así pues, la guerra más breve de todos los tiempos, que algunos citan como si fuese una anécdota casi cómica, fue en realidad un conflicto bastante serio que culminaba una larga historia de luchas de poder en torno a uno de los enclaves comerciales más lucrativos del océano Índico.

No fue una «guerra de juguete» ni una escenificación seudobélica, sino una verdadera guerra y un episodio más —aunque veloz, eso sí— del progresivo sometimiento de África a las potencias coloniales europeas. Y sus consecuencias directas afectaron a todo un país durante por lo menos 70 años: en apenas 38 minutos Zanzíbar había perdido su soberanía y no la recuperaría hasta 1964, casi tres cuartos de siglo después.

Durante bastantes años, los zanzibareños solo tenían que mirar a las aguas del puerto y contemplar los mástiles del Glasgow sobresaliendo del agua para recordar que, en este nuestro mundo, las cosas las deciden quienes tienen más cañones que el otro… y que realmente no hay mucho más que eso.

nuestras charlas nocturnas.

De luchar contra la falsificación de dólares a proteger a los presidentes y expresidentes: la historia del Servicio Secreto de EE.UU. …


Un agente del Servicio Secreto ante el vehículo del presidente Joe Biden.

BBC News Mundo — Su misión es interponerse entre la bala y el presidente.

Generalmente los vemos sobriamente vestidos de negro, hombres -y mujeres- serios e impasibles con sus sempiternas gafas de sol, acompañando a los presidentes y candidatos presidenciales de Estados Unidos y oteando los alrededores en busca de una posible amenaza.

El pasado fin de semana no lograron verla a tiempo.

Pero su reacción fue la que se espera del Servicio Secreto de EE.UU.: se lanzaron sobre Donald Trump para proteger con sus cuerpos al expresidente y, cuando la amenaza pasó, lo metieron a la fuerza en un vehículo blindado -él parecía querer en algún momento zafarse para seguir hablando a sus seguidores- y lo sacaron rápidamente del lugar de peligro.

Pero su misión no siempre ha sido esa. De hecho, cuando el Servicio Secreto se fundó en 1865, su objetivo principal era combatir la falsificación de moneda en un país devastado por el conflicto bélico.

Cuando finalizó la guerra de Secesión o guerra civil estadounidense, se calcula que un tercio de todos los dólares que circulaban en el recientemente reunificado país eran falsos.

Esta abundancia de papel moneda falsificado ponía en peligro la estabilidad financiera del país, según la propia historia del Servicio Secreto. El Departamento del Tesoro decidió entonces crear una agencia para combatirlo, a la que llamaron “División del Servicio Secreto” y nombró a William P. Wood como su primer director.

A lo largo de los años, y como consecuencia de su éxito en reducir el número de billetes falsos en circulación, su mandato se amplió para incluir otros delitos federales, como el contrabando o el robo de correo.

Su misión dio un giro, sin embargo, tras el asesinato del presidente William McKinley.

El 6 de septiembre de 1901, el anarquista Leon Czolgosz aguardó pacientemente su turno en la cola de personas que querían saludar al 25 presidente de Estados Unidos durante la Exposición Panamericana y, cuando llegó su vez, le disparó dos veces en el abdomen. Su artimaña no fue muy sofisticada: escondió el revolver debajo de un pañuelo.

Agentes del Servicio secreto meten a Donald Trump en un vehículo.
Los agentes del Servicio Secreto introdujeron rápidamente a Donald Trump en el vehículo blindado.

Las autoridades se dieron cuenta de que los presidentes necesitaban de una fuerza especial para su protección, que hasta entonces había estado a cargo de guardaespaldas, vigilantes no oficiales y una guardia auxiliar que tenía, entre otras funciones, la de gestionar el acceso público a la Casa Blanca, la sede y residencia de los mandatarios de Estados Unidos.

El Servicio Secreto recibió entonces el encargo de la protección de los presidentes estadounidenses, sus familias y los dignatarios extranjeros en visita oficial. Su afiliación pasó del Tesoro al Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. en 2002.

Con la creación del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) en 1908, parte de los cometidos financieros del Servicio Secreto pasaron a la nueva agencia. Sin embargo, delitos contra el sector financiero o bancario, como la ciberdelincuencia, siguen siendo misión del Servicio Secreto.

– A quién protege

El Servicio Secreto se encarga de la protección de presidentes en activo, exmandatarios y sus parejas e hijos menores de 16 años, de los vicepresidentes y de los jefes de Estado extranjeros en visita oficial. También de los principales candidatos presidenciales y a la vicepresidencia en los 120 días anteriores a las elecciones.

Desde 1998, el Servicio Secreto también se encarga de la seguridad en lo que se conocen como “eventos nacionales de seguridad especial”, que podrían ser potenciales objetivos criminales.

Esto podrían ser convenciones de partidos políticos, los eventos de toma de posesión de los presidentes, ciertas cumbres internacionales, funerales de Estado, discursos del estado de la Unión, o inclusos ciertos eventos deportivos como el Super Bowl.

La agencia ha ido creciendo en sus casi 125 años de historia y ahora mismo cuenta con más de 7.000 efectivos repartidos en 150 oficinas en Estados Unidos y en el extranjero, según explicó Norman Roule, exfuncionario de inteligencia de EE.UU. y asesor de la organización Counter Extremist Project, al servicio árabe de la BBC.

La relación entre agentes y protegidos puede llegar a ser muy intensa y, ya desde su creación, los miembros del Servicio Secreto se encontraron con las reticencias de algunos presidentes que intentaban escaparse de su estrecha vigilancia.

Agentes del Servicio Secreto escoltan el vehículo de Teddy Roosvelt.
Teddy Roosvelt fue el primer presidente de Estados Unidos en ser protegido por el Servicio Secreto, como en esta imagen de 1905 el día de su toma de posesión.

Teddy Roosvelt, el primer mandatario que estuvo bajo su protección tras suceder al infortunado McKinkey, iba custodiado por dos agentes a todas partes y encontraba esta compañía, al parecer, irritante, según la White House Historical Association, la asociación formada en 1961 por la primera dama Jacqueline Kennedy para preservar la historia de la casa Blanca.

Para frustración del Servicio Secreto, Roosvelt a veces se escapaba en secreto de los jardines de la Casa Blanca y se iba a dar un paseo por el parque de Rock Creek.

Su sucesor, William Howard Taft, pareció haber aprendido de él. En la Nochebuena de 1911, Taft y su esposa dieron esquinazo al Servicio Secreto y se escabulleron de la Casa Blanca bajo la lluvia para visitar a unos amigos.

Cuando los agentes encargados de su protección se dieron cuenta, cundió el pánico y se pusieron a buscarlos por toda la ciudad, aunque ellos mismos regresaron, empapados y felices, un par de horas después.

Como curiosidad, el Servicio Secreto también otorga un nombre en código para el presidente, aunque los mandatarios pueden elegir, al parecer, entre una lista. Bill Clinton fue “Eagle” (águila), George W. Bush “Trailblazer” (pionero), Barack Obama “Renegade” (renegado, rebelde) y Donald Trump “Mogul” (magnate). El actual presidente, Joe Biden, es “Celtic” (celta), por sus orígenes irlandeses.

– Asesinatos y escándalos

Pese a su dedicación, el Servicio Secreto no ha logrado, en ocasiones, mantener a sus protegidos fuera de peligro.

El momento más dramático fue, sin duda, el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963.

“Tras ese incidente, las funciones de la agencia se ampliaron para incluir la protección de por vida de la viuda y los hijos del presidente Kennedy”, explicó Norman Roule a Zeinab Dabaa, del servicio árabe de la BBC.

John F. Kennedy, su esposa Jackie y el gobernador de Texas en el vehículo momentos antes del atentado.
Agentes del Servicio Secreto acompañaban el vehículo en el que Kennedy fue asesinado, como puede verse a la derecha de la imagen.

Antes, en 1950, dos nacionalistas puertorriqueños, Óscar Collazo y Griselio Torresola, trataron de asesinar sin éxito al presidente Harry S. Truman.

Sí lograron alcanzar a uno de los agentes del Servicio Secreto, Leslie Coffelt que, a pesar de haber recibido tres balazos, consiguió neutralizar a Torresola con un disparo en la cabeza. Coffelt es, hasta la fecha, el único agente del Servicio Secreto que ha fallecido protegiendo a un presidente.

La agencia también estaba presente cuando en 1981 Ronald Reagan sufrió un intento de asesinato. Saliendo del Hotel Hilton de Washington, un hombre armado abrió fuego contra el presidente, su jefe de prensa y los agentes del Servicio Secreto y la policía que lo acompañaban.

Reagan recibió un disparo en el pulmón, del que se recuperó. Uno de los agentes del Servicio Secreto, que se había interpuesto entre el presidente y el atacante, John Hinckley, un hombre obsesionado con la actriz -entonces infantil- Jodie Foster, también resultó herido, pero logró salir adelante.

Miembros del Servicio Secreto y la policía se abalanzan para proteger al presidente Ronald Reagan durante un tiroteo en 1981.
Miembros del Servicio Secreto y la policía se abalanzaron para proteger al presidente Ronald Reagan durante el tiroteo en el que fue herido en 1981.

Tras el intento de asesinato de Reagan, la agencia se reformó, explicó Roule, ampliando su tamaño y el uso de tecnología. Sin embargo, “las reformas más significativas se centraron en los delitos financieros», añadió el exfuncionario de inteligencia.

La agencia se vio sacudida en 2012, durante la presidencia de Barack Obama, por un gran escándalo que se vio a la vez como una brecha de seguridad y como un episodio bochornoso.

Pocos días antes de la Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, varios miembros del Servicio Secreto se vieron envueltos en una noche de alcohol y prostitución que llevó a la dimisión del entonces director del servicio, Mark Sullivan.

Al parecer, los agentes invitaron a varias prostitutas a su habitación poco antes de la llegada del presidente Obama.

Ocho de los agentes se vieron también obligados a dimitir, y el servicio Secreto endureció sus normas para los agentes que, desde entonces, cuando viajan al extranjero tienen prohibido beber en horas de trabajo, visitar lugares de “dudosa reputación” y llevar extranjeros a su habitación de hotel.

– ¿Falló el Servicio Secreto a la hora de proteger a Trump?

Los acontecimientos del pasado sábado en Pensilvania, en los que un hombre logró encaramarse armado a un tejado y disparar sobre el expresidente Donald Trump mientras daba un discurso ante una multitud, han despertado críticas sobre la actuación del Servicio Secreto.

Para Jonathan Gilliam, exagente especial federal y antiguo miembro de las fuerzas especiales de la Armada estadounidense, “por supuesto que hubo un fallo”.

Según explicó al servicio Árabe de la BBC, “una semana antes de un evento, la agencia de protección realiza un estudio preliminar de la zona donde tendrá lugar el acto electoral, y determina dónde se ubicará el personal de seguridad, el marco en el que se moverá y cómo proporcionará la máxima protección a la persona que tiene la responsabilidad de asegurar”.

En su opinión, el Servicio Secreto debería haber escudriñado el edificio desde el que se produjo el tiroteo, que se encontraba fuera del perímetro de seguridad instalado en el día del evento.

De hecho, según ha podido saberse después del tiroteo, el Servicio Secreto vio al atacante una hora antes de que empezara a disparar y lo señaló como “sospechoso”, pero luego lo perdió entre la multitud.

“Fue identificado como un personaje sospechoso porque [tenía] un telémetro, así como una mochila. Y esto fue más de una hora antes de que se produjera realmente el tiroteo”, dijo el senador republicano John Barroso a la cadena Fox News.

Un telémetro es un instrumento que se utiliza para medir la distancia hasta un objetivo.

Agentes del Servicio Secreto bajan a Donald Trump del escenario.
El Servicio Secreto se había fijado en el atacante una hora antes de que empezara a disparar, y lo consideró «sospechoso».

El senador había participado en una sesión informativa a puerta cerrada con los legisladores del Congreso y Senado en la que miembros del Servicio Secreto y otras fuerzas del orden compartieron nueva información sobre Thomas Matthew Crooks, el hombre de 20 años que abrió fuego en el mitin de Trump.

Al parecer, un francotirador del equipo táctico local desplegado para ayudar al Servicio Secreto tomó incluso una fotografía de Crooks mirando por el telémetro, e inmediatamente llamó por radio a un puesto de mando para informar del avistamiento, según dijo a la CBS un miembro de las fuerzas del orden que participa en la investigación.

Según ABC News y otros medios estadounidenses, el tirador fue visto de nuevo en la azotea de un edificio 20 minutos antes de que comenzara el ataque, según revelaron las autoridades.

Un policía local se encontró cara a cara con el pistolero en el tejado momentos antes del ataque, según declaró a la CBS el administrador del municipio de Butler, Tom Knights.

El policía había sido informado de que había una persona sospechosa y la estaba buscando. Se encaramó al tejado en el que se encontraba Crooks ayudado por otro agente pero se topó con el sospechoso que le apuntó directamente con un rifle, por lo que se soltó y cayó al suelo. Entonces dio la alarma y momentos después comenzó el tiroteo.

Crooks fue abatido por francotiradores del Servicio Secreto a los 26 segundos de abrir fuego contra Trump.

Desde el tiroteo el pasado sábado, se han multiplicado las voces que piden la dimisión de la directora del Servicio Secreto de EE.UU., Kimberly Cheatle. Ella misma se ha atribuido la responsabilidad de que la agencia no lograra evitar el ataque, según dijo en una entrevista con la cadena ABC News, pero ha dicho que no dimitirá.

Está previsto que Cheatle, una veterana que lleva 27 años en el Servicio Secreto, testifique la próxima semana en dos comités de la Cámara de Representantes, que están controlados por los republicanos.

“La carga de trabajo del Servicio Secreto no es solo grande, es enorme”, admite Norman Roule.

Entre 2003 y 2019, la agencia llevó a cabo unos 29.000 arrestos relacionados con la falsificación y otros delitos financieros. Y solo en 2023, proporcionó protección a casi 5.000 visitas nacionales y a más de 340 visitas al extranjero, según dijo a la BBC el exfuncionario de inteligencia de EE.UU.

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Gerald Gardner: biografía de este escritor y ocultista británico…


Psicología y Mente(S.R.Comas) — A principios del siglo XX, y con la Primera Guerra Mundial de fondo y la zozobra que este acontecimiento implicó para Europa, la población empieza a buscar respuestas en otros lugares; unas respuestas que la religión “oficial” (es decir, la cristiana) ya no podía darles. Es en este contexto de búsqueda y renovación espiritual donde hay que inscribir a Gerald Gardner, el “fundador” de la Wicca, la religión neopagana más famosa.

Si bien es cierto que esta búsqueda se inicia ya en el siglo XIX (cuando el espiritismo hace furor entre la gente), es en el siglo XX cuando empiezan a proliferar estas nuevas religiones, comúnmente denominadas “neopaganas” porque toman sus ideas de las antiguas tradiciones religiosas anteriores al cristianismo. Gerald Gardner, escritor, antropólogo aficionado y ocultista británico, que se hallaba en una constante búsqueda de respuesta espiritual, fue uno de los primeros en dar a esta población sedienta de (otra) fe una nueva religión en la que sentirse seguros y a salvo. Hoy te hablamos de este personaje singular.

– Breve biografía de Gerald Gardner, escritor y ocultista británico

En realidad, la Wicca tiene sus orígenes más allá de Gerald Gardner, pero este singular personaje fue el que impulsó esta nueva fe y la hizo tremendamente popular, en parte gracias a sus apariciones televisivas y a sus escritos, entre los que cabe destacar The Meaning of Witchcraft (El significado de la brujería), publicado en 1959.

Y es que la Wicca toma sus preceptos de la antigua brujería europea, que, supuestamente (y de acuerdo con las afirmaciones de Gardner y de la arqueóloga Margaret Murray, entre otros) habría rescatado aquellos antiquísimos principios paganos por los que las brujas fueron perseguidas durante la era moderna.

.Infancia en Inglaterra, juventud y madurez en Asia

Gerald Gardner nació en junio de 1884, en el seno de una acomodada familia inglesa que, como era usual en estas familias, puso a su disposición una niñera. El pequeño Gerald sufría un asma importante, hecho que hizo que se trasladara con su cuidadora a Asia, en búsqueda de un clima más cálido.

Y allí permaneció; un joven Gerald se dedicó a las plantaciones de caucho en Borneo y Malasia y, de paso, quedó absolutamente fascinado con los rituales de la población autóctona. Especialmente le llamaron la atención las curaciones de enfermos a través de encantamientos, unos ritos chamánicos que fascinaron profundamente a este joven Gardner y que ya nunca saldrían de su alma.

En 1936, Gerald regresa a su Inglaterra natal. Tiene cincuenta y dos años y ya no es joven, pero la idea del chamanismo y la magia sigue intacta en su mente. Según sus propias declaraciones, hacia 1939 es iniciado en la tradición de la brujería inglesa, punto de partida de lo que más tarde sería la nueva Wicca.

Gerald Gardner - Occult Encyclopedia

.La antigua brujería inglesa

El año anterior, 1938, Gardner había adquirido en New Forest una casa donde retirarse. Precisamente en este nuevo hogar impulsó el nudismo, al que era especialmente aficionado. En la casa de New Forest se reunían sus conocidos y, todos desnudos, participaban en diversos eventos y actividades, para escándalo de los vecinos.

La desnudez del cuerpo permitía, según él, estar más en contacto con la naturaleza, pieza capital de sus nuevas creencias. Por otro lado, una noche de 1939 presenció un ritual de magia antigua que le fascinó profundamente, donde, al parecer, se mencionó por primera vez la Wica (aunque con una sola c).

Con todas estas piezas (más algunas más, como, por ejemplo, el libro de Charles Godfrey Aradia or the Gospel of the Witches, publicado en 1899) Gardner “diseñó” una nueva religión, basada en estos antiguos misterios, que otorgaba especial énfasis al contacto sagrado con la naturaleza.

En concreto, la Wicca de Gardner pretendía que esta antigua brujería inglesa no era otra cosa que antiguos rituales paganos (y, por lo tanto, precristianos) de mujeres sabias ligadas a la naturaleza y el tránsito de la vida y la muerte, y que por ello fueron perseguidas por la Iglesia oficial.

Esta teoría, conocida como “la hipótesis del culto de las brujas”, es actualmente rechazada por la mayoría de los expertos, que la tachan de “pseudohistórica”.

Según dicha teoría (que fue avalada en su momento por una arqueóloga, la ya citada Margaret Murray, y por otros historiadores de prestigio, como Jules Michelet), la persecución histórica de las brujas en Europa no habría sido otra cosa que un intento de la Iglesia de “tapar” esta antigua religión pagana, que habría sobrevivido sin embargo a esta persecución.

Esta supuesta antigua religión precristiana habría adorado a un dios astado de la fertilidad, que los dirigentes cristianos habrían identificado con el diablo para desacreditarlo.

Collected History - Gerald Gardner, known as the father of Wicca. He  referred to his religion as "witchcraft" or "the Old Religion", and its  followers, "the Wica". - - - #horrorart #vintage #

.Expansión de la Wicca, la brujería moderna

En la década de 1950 aparecen las principales publicaciones de Gerald Gardner: Witchcraft Today, de 1954, y la ya citada The Meaning of Witchcraft, de 1959.

Es en esta época cuando la Wicca, esta religión neopagana, empieza a despuntar.

Sin embargo, es erróneo considerar a Gardner como único y absoluto fundador de esta corriente, puesto que, como ya hemos visto, él mismo fue supuestamente iniciado por brujas practicantes.

En estas primeras obras, Gardner menciona el nombre de la religión con una sola c, Wica, como al parecer se decía en el pasado.

Etimológicamente, Wicca o Wica proviene del inglés antiguo wicca, que vendría a significar brujo (en masculino). La forma equivalente para el femenino sería wicce; en todo caso, de ambas palabras derivan los modernos wizard y witch (brujo y bruja).

Son muchas las críticas que ha recibido Gerald Gardner; entre ellas, la acusación de haberse “sacado de la manga” una nueva religión simplemente para recaudar dinero y pagar sus (numerosas) deudas. La realidad es que este fue un personaje del todo singular, como lo fue también su muerte: en 1964, Gardner se encontraba navegando y sufrió un devastador ataque al corazón. Al hallarse el barco en las costas de Túnez, allí fue enterrado.

Para la posteridad queda la resurrección de una supuesta religión pagana antiquísima, cuyo principal fundamento es el contacto místico con la naturaleza y su fuerza sagrada. Como el mismo Gardner dijo, los poderes invisibles existen y pueden ser llamados para nuestro beneficio, como creían los hombres y mujeres de la Edad de Piedra y como creen de forma inconsciente muchos seres humanos hoy en día.

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La belleza de la semana: los gatos más famosos de la historia del arte…


Infobae — “El paraíso jamás será paraíso a no ser que mis gatos estén ahí esperándome”, decía Epitafio. Quienes conviven con una de estas criaturas generan un vínculo fascinante. No es una relación clásica de asimetría como con ciertas mascotas: algo en los felinos da la pauta que no obedecen del todo, que no se someten a los caprichos de sus dueños. Como si su belleza trascendiera cualquier cuestión utilitaria y funcional. ¿Qué representan los gatos para los humanos?

“Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre”, escribió Víctor Hugo arañando el fondo de la cuestión. Hay algo de la relación con la naturaleza, del vínculo con lo inexorable, del trato con las bestias. Con un gato nunca se sabe. Tampoco lo supieron seguridad todos los pintores que los ilustraron. Intentemos analizarlo en las siguientes obras de arte.

– Los gatos que cruzaron el océano

Empecemos por una imagen que haga honor a esta sección: la belleza. Pintada en el año 1875, a comienzos de la Belle Epoque, Mujer con gato es un típico cuadro del francés Pierre-Auguste Renoir. Vemos a una mujer joven, de cabello rubio recogido y camisola, que no solo sostiene a un gato, también lo abraza, y hasta podríamos decir que con su mano derecha le hace cosquillas. En el año 1950 el matrimonio Benjamin E. Levy donó la obra a la Galería Nacional de Arte de Washington D.C.

El gato es un Maine Coon. ¿Cuál es el origen de esta raza? Hay una historia, de la que no hay más fuentes que una larga tradición oral, que involucra a María Antonieta. Se dice que antes de morir ejecutada, intentó escapar. El capitán Samuel Clough cargó todas sus pertenencias a su barco. Allí también subió a sus seis gatos. La Reina jamás llegó, pero sus felinos cruzaron el océano y desembarcaron en Estados Unidos y allí, al mezclarse con otras razas, surgieron los Maine Coon.

“Mujer con gato” (1875) de Pierre-Auguste Renoir 

– El cartel del verano

El cartel de El tour del gato negro debe ser una de los afiches publicitarios más pop de la historia, y eso tiene su mérito. Lo hizo el pintor y litógrafo francés Théophile Steinlen. Pero, ¿quién fue este hombre? Hijo de una familia burguesa, se formó en las artes publicitarias en la hoy alemana Mulhouse, para afincarse luego en París, donde se convirtió en un habitué del mundillo bohemio. Allí forjó amistad con Adolphe Willette, Antonio de La Gandara Henri de Toulouse-Lautrec.

Fue el empresario Rodolphe Salis quien le pidió con lo haga. Era dueño de un tugurio top en Montmartre muy famoso entre los artistas porque el acceso le estaba vedado a “curas infames y militares”. En 1892 organizó una compañía de artistas del cabaret para ir de gira durante los meses de verano. Este cartel fue creado en 1896, e iba girando de ciudad en ciudad, convirtiéndolo en el símbolo de una época. Existen diferentes copias de la pieza: en Berlín, Cataluña y Nuevo Brunswick.

«El tour del gato negro» (1892) de Théophile Steinlen

– Gatos voladores

Cada vez que a Philippe Halsman se le ocurría una idea “fuera de lo común” le pedía a Salvador Dalí que fuera “el héroe de la foto”. Dalí atómico quizás sea el mejor ejemplo de esa “locura”. El plan de Halsman consistía en que su esposa Yvonne sostenía una silla, sus asistentes —entre ellos estaba Irene, su hija— lanzaban baldes de agua y gatos, mientras Dalí, en el centro de la escena, daba un salto. El fotógrafo contaba uno, dos, tres y la escena se fabricaba sola.

¿Se hizo enseguida? Por supuesto que no. “Seis horas y 28 intentos después, el resultado satisfizo mi deseo de perfección. Mis asistentes y yo estábamos mojados, sucios y completamente exhaustos; sólo los gatos parecían estar como nuevos”, contó Halsman. El cuadro a la derecha, tapado por los gatos y el agua, es justamente Leda atómica, la famosa obra que, hasta entonces, no había sido mostrada en sociedad. Recién lo hizo al año siguiente, en 1949.

Dalí atómico finalmente salió como esperaban. Al poco tiempo se publicó en la revista Life a doble página. Fue un verdadero éxito con repercusión inmediata. Todos hablaban de esa belleza, de esa osadía. En la presentación de la obra, un crítico de arte se les acercó para hacerles la pregunta entusiasta de rigor: “¿Cómo lograron hacer esa foto?” Halsman y Dalí se miraron, sonrieron cómplices, y le respondieron: “Con imaginación, caballero… con imaginación”.

«Dalí atómico» (1948), de Philippe Halsman

– Lo que surge el corazón

Una niña cae de espaldas ante la aparición repentina de un grupo de gansos graznando que siguen llegando desde la puerta del fondo. Hay platos rotos, una silla caída, un momento de tensión. La olla de fondo revela que era un momento de tranquilidad. Y detrás de la niña asoman unos gatitos que observan la escena sigilosamente pero que amenazan con intervenir, que defenderla, con atacar a esas aves amenazantes y malvadas.

Así se conforma la singular obra de ¡Sorpresa! (1888), del pintor italiano Gaetano Chierici. “La obra de Chierici —escribió Juan Gabriel Batalla— nace del más profundo amor y no por el arte o los movimientos, sino por la vida, lo que en sí -lamentablemente- no es la media de los artistas que suelen llevar al campo de lo intelectual algo que surge el corazón”. ¡Sorpresa! se subastó en el año 2019 por Sotheby’s a 279.842 dólares.

“¡Sorpresa!” (1888) de Gaetano Chierici

– Un paraíso felino

En Paraíso de los gatos, de 1955, la hispano-mexicana Remedios Varo muestra la fascinación que le despertaban estos animales. Su obra no es taxativamente felina, aunque aparecen en ocho cuadros y dos bocetos, y debido a que su caracterización se diferencia tanto de otras y pasa por tantos registros que la asociación es inevitable. En esta pintura se puede apreciar la influencia de la pintura flamenca en su obsesión por el detalle. La hizo con pincel triple cero, con uno o dos pelos.

“A Remedios Varo le gustaba la libertad, no puede ser encajada en ninguna vanguardia. Por eso en su obra está tan presente la figura del gato, un símbolo de todo lo que representa. Encajarla en una convención es la antítesis de lo que ella era”, dijo Victoria Giraudo en una entrevista con Infobae Cultura cuando el Malba inauguró Constelaciones. Otras obras famosas de Varo con gatos son El Gato Helecho, Simpatía (La Rabia del gato), Vagabundo y Mimetismo.

«Paraíso de los gatos» (1955), de Remedios Varo

– El agradecimiento

Si hay mujer con gato, también hay hombre con gato, y lo hizo una mujer: Cecilia Beaux. Es un retrato en agradecimiento. Hacia fines del siglo XIX, cuando Beaux se convierte en la primera mujer instructora en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania y exponer obras en el Salón de París, hace un retrato a su cuñado en 1898 que siempre la ayudó: Henry Sturgis Drinker. Junto con su hermana, le darían seis sobrinos. Lo pintó con su gato.

Hombre con gato está en el Museo Smithsoniano de Arte Americano. Es un óleo sobre lienzo de 121,9 centímetros de alto por 87,8 de ancho. La postura, la vestimenta y la mirada del ingeniero sugieren una gran seguridad. Según los críticos, Cecilia tenía una personalidad similar. Se admiraban mutuamente. Eleanor Roosevelt, por entonces Primera Dama, la definió como “la mujer americana que ha hecho la mayor contribución a la cultura del mundo”.

«Hombre con gato» (1898) de Cecilia Beaux

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Hay una larga historia de intentos de asesinato a presidentes en EE. UU. …


La camisa manchada de sangre que usó el presidente Theodore Roosevelt tras un intento de asesinato el 14 de octubre de 1912, en Milwaukee.Credit…

The New York Times(M.Dallek/R.Dallek) — El sábado, horas después del intento de asesinato del expresidente Donald Trump con un rifle de asalto tipo AR-15, el presidente Joe Biden hizo una declaración con un argumento familiar: Estados Unidos, aseguró, resuelve sus diferencias de manera pacífica; la violencia política es antiestadounidense y aborrecible. “No podemos permitir que esto ocurra”, dijo. “La idea de que haya violencia política o violencia de este tipo en Estados Unidos es sencillamente inaudita”.

Los estadounidenses transfieren el poder pacíficamente de un partido a otro la mayor parte del tiempo, y la mayoría de las elecciones son justas y están libres de la mancha del derramamiento de sangre. Pero el atentado contra Trump forma parte de una lista de incidentes bastante comunes contra la vida de los presidentes, actos endémicos de la cultura política y parte de una tradición alternativa de violencia política.

Esta tradición contradice a una especie de fe mítica, muy extendida entre los estadounidenses, en un sistema político que rehúye las balas y respalda los votos.

Los presidentes y expresidentes son miembros de uno de los clubes más exclusivos del mundo, y casi siempre han descrito la violencia política, en especial los ataques contra uno de los suyos, como excepciones antinaturales de un sistema político por lo demás pacífico.

Después de que nacionalistas puertorriqueños intentaran asesinar al presidente Harry Truman en 1950, el expresidente Herbert Hoover le escribió una carta a Truman en la que decía que “el asesinato no forma parte del estilo de vida estadounidense”.

Ronald Reagan replicó esa idea poco después de que una bala casi acabara con su vida en 1981. Declaró que la edificante respuesta de los estadounidenses al atentado había “dado una respuesta a esas pocas voces que se alzaron para decir que lo sucedido era una prueba de que la nuestra es una sociedad enferma”.

“Las sociedades enfermas no producen jóvenes como el agente del Servicio Secreto Tim McCarthy, quien puso su cuerpo entre el mío y el hombre de la pistola solo porque sintió que eso era lo que su deber le exigía”, dijo Reagan. “Las sociedades enfermas no hacen que personas como nosotros nos sintamos tan orgullosos de ser estadounidenses y tan orgullosos de nuestros conciudadanos”.

En este momento, vale la pena hacer una pausa para recordar que, contrario a lo que aseguraba Hoover, los intentos de asesinato son en gran medida “una parte del estilo de vida estadounidense”. De los 45 hombres que han sido presidentes en la historia de Estados Unidos, cuatro han sido asesinados. Solo en el siglo XX, hubo al menos seis graves atentados contra la vida de presidentes y uno contra un expresidente. Al menos una cuarta parte de los mandatarios han muerto o han estado a punto de morir a manos de un asesino.

Y para los expertos que predicen que el intento de asesinato del fin de semana supondrá una victoria política para Trump: no todos estos intentos de asesinato generaron el tipo de simpatía que cabría esperar del público.

De 1865 a 1901, tres presidentes fueron asesinados, y el siglo XX fue posiblemente peor en términos de violencia política. John Kennedy fue asesinado. Una bala alcanzó al expresidente Teddy Roosevelt en el pecho cuando se postuló a las elecciones en 1912 (Roosevelt siguió hablando durante más de una hora mientras sangraba). El presidente electo Herbert Hoover fue objeto de un complot en Latinoamérica para poner una bomba en su tren, pero las autoridades lo frustraron por poco.

Un obrero antiélites italiano disparó contra cinco personas en Miami, matando al alcalde de Chicago, Anton Cermak, y fallando por poco a su objetivo, el presidente electo Franklin Roosevelt. Truman, Richard Nixon, Gerald Ford y Reagan fueron objeto de intentos de asesinato.

Históricamente, muchos políticos han culpado a las enfermedades mentales como causa de estos atentados. Argumentan que un individuo enfermo, que actúa por voluntad propia, con fácil acceso a las armas de fuego, no es representativo de una buena sociedad. Sin embargo, Estados Unidos es la democracia industrializada más violenta desde el punto de vista político. Todos los primeros ministros de Canadá en el siglo XX sobrevivieron a sus mandatos; ninguno recibió disparos.

Desde el establecimiento de Japón como democracia parlamentaria plena tras la Segunda Guerra Mundial, solo un primer ministro, Shinzo Abe, fue asesinado, después de dejar el cargo, mientras pronunciaba un discurso en apoyo de un candidato a la cámara alta del Parlamento japonés. Aunque la primera ministra Margaret Thatcher sobrevivió a un atentado del Ejército Republicano Irlandés en 1984, el Reino Unido solo ha perdido un primer ministro por asesinato, y eso ocurrió en 1812.

Desde la creación de la República Federal de Alemania en 1949, ningún mandatario ha sido asesinado. Por lo tanto, en lo que respecta a los atentados contra jefes de gobierno, Estados Unidos es la primera de todas las grandes democracias.

Después de que Truman fue atacado, algunos periodistas especularon sobre si una efusión de buena voluntad impulsaría la fortuna de su partido en las elecciones intermedias de 1950. “El intento de asesinar a Truman esta semana transformará en un triunfo la entusiasta recepción con la que siempre pudo contar”, escribió Arthur Krock, destacado columnista del Times, sobre la recepción de Truman en un mitin en St. Louis, donde pronunciaba su discurso final de campaña.

“Cuando el público lo contemple”, escribió Krock, “tendrá muy presente el peligro del que escapó y la calma filosófica y el valor con los que lo valoró”. Pocos días después, los demócratas fueron derrotados de manera contundente.

Que Teddy Roosevelt sobreviviera selló su reputación de torre de fortaleza, pero denunció a la prensa como la razón por la que su agresor lo odiaba: “Culpa a los periódicos salvajes del asesinato”, informó un periódico. Ese año perdió su candidatura a la Casa Blanca.

Ford nunca obtuvo mucho apoyo político, a pesar de dos atentados contra su vida. Estuvo a punto de perder la nominación republicana frente a Reagan antes de perder la reelección ante Jimmy Carter poco más de un año después de haber estado a punto de ser asesinado.

El caso de Reagan es más la excepción que la norma. Brillante creador de imagen, utilizó su supervivencia y recuperación tras unos meses en el cargo para defender la recuperación económica a través de sus políticas económicas conservadoras.

El intento de asesinato en Pensilvania ha generado empatía por Trump entre sus simpatizantes más fieles y quizás, por un tiempo, incluso entre sus críticos.

Pero el ataque también puede recordar al menos a algunos estadounidenses su papel como agente del caos y la violencia, especialmente el 6 de enero de 2021.

Si no sucede nada más, es probable que el atentado contra el presidente número 45 acelere la división del país, endureciendo nuestras divisiones. Mientras el Servicio Secreto escoltaba a Trump fuera del escenario, con sangre manando de su oreja, pronunció la palabra “pelea” a sus seguidores.

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Diferencias en la conducta suicida entre hombres y mujeres: una visión con perspectiva de género…


The Conversation(A.P.Pons/A.T.Luque) — El suicidio es una de las principales causas de muerte externa o no natural en el mundo.

Y aunque se puede prevenir, su incidencia sigue al alza.

En España, por ejemplo, se ha registrado un aumento sostenido de los fallecimientos por esta causa desde 2018.

Así, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que en 2022 (último año con información consolidada) la mortalidad por suicidio se incrementó en un 5,6 % con respecto a 2021.

Esta subida no es uniforme, ya que la tasa se ha acrecentado casi un 8 % más en menores de 30 años y un 42 % en adolescentes de entre 15 y 19 años.

Las cifras también indican que la proporción de hombres que se quitan la vida es significativamente mayor que la de mujeres: el triple.

No obstante, en 2020, el año que estalló la pandemia de covid-19, se constató una igualación de estas tasas (casi un hombre fallecido por mujer fallecida) en adolescentes de 12 a 18 años.

– Brecha de sexo: ¿a qué responde?

La brecha de sexo también se refleja en las diferentes formas del comportamiento suicida, como la ideación y el intento. Desde este punto de vista, los expertos han identificado un patrón por sexo contrario: las mujeres muestran más presencia e intensidad de ideaciones y un mayor número de intentos.

También se registra una mayor tasa de consultas femeninas en servicios de salud (sobre todo hospitalarios) por esta causa, lo que podría indicar que buscan ayuda antes. ¿A qué podrían deberse las diferencias?

La brecha entre mujeres y hombres atiende a tres variables: método y daño médico (por lo general, los hombres tienden a utilizan formas asociados a mayor severidad de la lesión física) e intentos previos de morir (se percibe el comportamiento de los hombres con mayor intención de morir).

Tales disparidades varían según el contexto sociocultural, por lo que estos factores pueden guardar más relación con los roles de género que con el sexo biológico de la persona.

Por otro lado, los estudios indican alta ideación y de justificación del intento de suicidio (ambos estrechamente asociados con el inicio de la conducta suicida) y menor ratio de muerte en las mujeres, mientras que la cifra más abultada de suicidios masculinos se asocia a una ideación más fugaz.

– La paradoja del género

Toda esta evidencia apoyaría lo que se conoce como la “paradoja del género” en la conducta suicida.

Y aunque tradicionalmente se ha asociado a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, también tiene mucho que ver con las disimilitudes y expectativas culturales en relación al género.

Por ejemplo, las tasas más elevadas de fallecimiento por suicidio en varones suelen estar asociadas a una mayor prevalencia de trastornos externalizantes (asociados a problemas de conducta o dependencia de sustancias), rasgos psicológicos como impulsividad o agresividad y la preferencia por métodos más letales (por ejemplo, saltos desde edificios o uso de armas de fuego).

En contraste, los estudios indican que las mujeres son más propensas a mostrar trastornos de ansiedad, depresión o del estado del ánimo asociados a niveles altos de ideación o intento suicida.

La evidencia es más escasa y contradictoria para los factores que disminuyen la probabilidad de que se produzca esta conducta. Una evaluación centrada en las necesidades, sensibles a la pluralidad y los cambios en las de las circunstancias de las personas, podría aportar luz a dichas diferencias.

– Nada es blanco o negro

El problema es que los estudios sobre este asunto en las culturas occidentales han analizado los datos conforme a estructuras de análisis binario: bueno/malo, hombre/mujer, negro/blanco…

Desde este punto de vista, mujeres y hombres serían opuestos: ellas lo intentan y ellos lo consiguen.

Además, la conducta suicida en mujeres se ha atribuido erróneamente a la ambivalencia (inestabilidad psicológica), la expresión emocional exacerbada o a la consecuencia de un acto de debilidad precipitado por las turbulencias en sus relaciones.

Por contra, los hombres manifestarían un comportamiento suicida firme o calculado o como resultado de una respuesta fuerte a la adversidad.

Adicionalmente, la lectura binaria de los datos puede alimentar la profecía autocumplida (cuando la percepción social sobre las diferencias alienta de forma indirecta a que estas se produzcan) o reproducir estereotipos en las conclusiones sobre frecuencia y letalidad en la conducta suicida.

¿Se puede entonces atribuir la menor incidencia en mujeres a la temprana identificación de casos de riesgo, dado que ellas se muestran más dispuestas a buscar ayuda en los servicios de salud o a expresar sus emociones? ¿Y la mayor mortalidad en hombres al uso de métodos más letales y su menor disposición a buscar apoyo, con tal de no contradecir los estereotipos de masculinidad tradicionales? Pues no únicamente.

Y si consideramos que son explicaciones válidas, habría que cuestionarlas, porque evidencian cómo los propios estereotipos ligados a la socialización de nuestra identidad masculina o femenina tienen un efecto en la conducta suicida.

Una mirada única desde el binarismo reproduce clichés de género –tanto para las identidades normativas como para la divergencia–, limita el derecho a la elección de la identidad de género y puede llevar a una contención emocional del malestar.

En consecuencia, el sistema de sexo y género binario podría considerarse, en sí mismo, un factor de riesgo de la estigmatización de la conducta suicida. No contribuye a la adopción de una conciencia social amplia para prevenirla.

– Hacia una mirada más abierta

De todo lo anterior se concluye que el análisis binario de los datos o abordar por separado las variables que influyen en la conducta suicida puede llevar a excluir factores relevantes. Y si estos no se tienen en cuenta, las explicaciones sobre un fenómeno tan complejo como es el riesgo de suicidio quedan limitadas.

Incorporar la perspectiva de género en las acciones preventivas y de análisis de datos significa abrir el foco a explorar cómo conectan o se solapan las diversas categorías sociales: etnia, clase social, orientación sexual, estado de salud mental, etc.

Aquí cabe destacar las iniciativas que tienen en cuenta la autodeterminación de género en la comunidad LGTBIQ+, con mayores tasas de riesgo suicida: un 34 % más de ideación y un 18 % más de intentos con respecto al resto de la población. Por otro lado, existen alternativas de cuidado respetuoso que podrían maximizar la prevención, como espacios seguros de acogida, apoyo y aceptación.

La hoja de ruta para evaluar y abordar la conducta suicida contempla considerar la diversidad y la matización propia de cada individuo. Son aspectos cruciales para mejorar la capacidad de detectar el riesgo y poder prevenirlo, un asunto que concierne a toda la sociedad.

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