La verdadera historia del Titanic — Han pasado 110 años desde que el Titanic se hundiera la madrugada del 14 al 15 de abril de 1.912. Sin embargo, en la actualidad, seguimos enfrascados en su historia, en su tragedia, en todas esas vivencias humanas que continúan conmoviéndonos y haciéndonos preguntarnos, ¿cómo hubiera reaccionado yo?
Hoy, pondremos el foco en la lucha encarnizada por la supervivencia que se mantuvo en el plegable A. Uno de tantos sucesos que se dieron ésa noche, pero, sin lugar a dudas, de los más crudos e instintivos. Ya no existen clases ni posición social. Ahora se trata sencillamente de sobrevivir. Adentrémonos y regresemos al Titanic.
Han pasado más de dos horas desde que el Titanic ha chocado con un iceberg. Le ha provocado una herida mortal que ya resulta evidente. Sólo quedan unos minutos y, aquellos que aún continúan en el barco, son plenamente conscientes de ello. El buque está a punto de sucumbir en el Atlántico Norte. Sus aguas, están a una temperatura de dos grados sobre cero. Aún quedan dos pequeños botes plegables por sacar. Son el A y el B, ambos con capacidad para unas 45 o 50 personas. Los dos están ubicados sobre las estancias de los oficiales.
Apenas queda tiempo. El Jefe de Oficiales Henry Tingle Wilde (39 años), el Primer Oficial, William Murdoch (39 años), el Segundo Oficial, Charles Ligtholler (38 años) y el Sexto Oficial, James Paul Moody (24 años), lo saben. Es ahora o nunca. Tienen que desatar los plegables e intentar poner a salvo a todos los que puedan.
La situación ya es totalmente desesperada y todos ellos llevan sus armas con disposición de utilizarlas si es necesario. Varias personas se unen a la causa. Con navajas, cuchillos y todo aquello que pueda ayudar a liberar los botes. Con remos, crean una especie de rampa para bajar los plegables, sin embargo, ya sumidos en el absoluto caos, el plegable B queda flotando boca abajo y el A, sin haber podido ser montado correctamente, está semi inundado.
Más de 1.500 personas siguen aún en el ya moribundo Titanic. Algunos intentan llegar al plegable B. 25 personas conseguirán asirse a él precariamente y ser rescatados posteriormente. Entre ellos, el Segundo Oficial Charles Lightoller. Wilde, Murdoch y Moody, los tres que dirigieron el intento de sacar el plegable A en condiciones óptimas, murieron esa noche.
Edward Brown (34 años), mayordomo de primera clase, apenas puede entender el curso de los acontecimientos. Su turno ya había finalizado cuando el Titanic colisiona con el iceberg. Estaba descansado en su camarote cuando ha ocurrido el accidente. Se ha vestido veloz y se ha dirigido a ayudar en las tareas de evacuación. No ha parado ni un momento desde entonces. Ha sido uno de los miembros de la tripulación que han desatado el plegable A. Edward sabe que todo está llegando a su fin.
El Capitán Smith, según su declaración posterior, había pasado hacía unos minutos, megáfono en mano, diciendo “Muchachos, hagan todo lo posible por las mujeres y los niños. Cuídense”. Después, se dirigió hacia el puente, donde presumiblemente se quedó hasta el final. Él sabe que hay mujeres y niños pequeños en la zona, pero ya no hay tiempo. Ahora tiene que mantenerse en el plegable A como sea.
El agua ya ha llegado a la zona y el pequeño bote empieza a flotar entre una multitud de personas que, bajo la absoluta desesperación, intentan aferrarse a él. Allí se encuentran varios pasajeros de tercera clase que, tras una carrera contrarreloj para acceder a la cubierta, han conseguido llegar, pero ya es demasiado tarde. No hay botes.
August Wennerström (27 años) y Carl Olof Jansson (21 años), ambos suecos y de tercera clase, que también han colaborado en liberar el plegable A, están en la zona con varios compatriotas. Alma Palsson (29 años) y sus cuatro hijos, Torborg (8 años), Paul (6 años), Stina (3 años) y Gösta (2 años), Gerda Dhalberg (22 años) y el matrimonio Lindell, Edvard (36 años) y Gerda (30 años).
Alma Palsson, Torborg Danira Palsson, Paul Folke Palsson, Stina Viola Palsson, Gösta Leonard Palsson
Alma está muy nerviosa. Ha tardado demasiado en despertar y vestir a sus pequeños. El panorama que tienen es muy complicado y lo sabe. Todos son conscientes de que, llegados a este punto, lo más sensato es tirarse al agua e intentar llegar al bote. Alma mira a sus niños y agarra fuerte a dos de ellos. Le pide a Wennerström que le ayude con los otros dos. Él accede. El resto del grupo hace lo propio. Posiblemente, antes de saltar, cruzarían miradas cargadas de miedo, pero, también, de esperanza.
Thomson Beattie (36 años) y Thomas McCaffry (46 años), ambos canadienses y pasajeros de primera clase, también comprenden que su única oportunidad de salir con vida de allí, es conseguir subirse a ese bote. Llevan siendo inseparables desde que se conocieron en el año 1.987 en Winnipeg. Todos aquellos que los conocen, lo saben. Allí donde esté Beattie estará McCaffry. Podemos imaginar el momento.
Los dos se mirarían sabiendo, perfectamente, que lo tenían muy difícil. Tenían que intentarlo y así lo hicieron. Probablemente se cogieron de la mano y, juntos, como siempre, se lanzarían a sobrevivir. Rhoda Abbott (39 años) y sus dos hijos, Rossmore (16 años) y Eugene (14 años), los tres pasajeros de tercera clase, acaban por llegar a la misma conclusión que el resto. La cubierta está ya inundándose y no hay muchas más opciones.
Rhoda es una mujer independiente que se había hecho a sí misma. Hacía un año, harta de todo lo que implicaba su matrimonio, había conseguido el divorcio y se había mudado a su tierra natal, Inglaterra, con sus dos hijos. Ella mantenía a su familia como costurera y estaba muy orgullosa de ello.
Sin embargo, los jóvenes pronto echaron de menos Rhode Island, donde se habían criado y Rhoda, para quien lo primero siempre era el bienestar de sus hijos, había accedido a volver a EE.UU. Ahora el único objetivo era ese. Regresar a casa. Todo el mundo que está alrededor, se estaba lanzando ya al mar con el mismo propósito, llegar al plegable A. La mujer y los dos chicos hicieron lo propio.
Charles Williams (51 años) y Richard Norris Williams (21 años), padre e hijo, ambos pasajeros de primera clase, también lo ven claro. Poco después de la colisión, sin tener ni la más remota idea de que el buque estaba condenado, habían acudido al bar para tomarse una copa y se lo habían encontrado cerrado.
Qué absurdo y lejano parecía ahora ése enfado. La cubierta de botes estaba ya inundada y era hora de saltar. Lo hicieron juntos, pero el naufragio ya era inminente y todo estaba colapsando. Una de las chimeneas se desploma. Richard contempla horrorizado cómo cae sobre su padre y otros pasajeros que estaban nadando. La ola que la caída causa, hace que Williams acabe sumergido.
“No estuve mucho tiempo bajo el agua y, tan pronto como llegué a la superficie, me quité el abrigo de piel. A unos veinte metros de distancia, vi algo flotando. Era el bote plegable A. Me aferré a él y, al cabo de un rato, conseguí subirme a bordo. El agua nos llegaba a la cintura. Una treintena de personas se asían a él con desesperación”.
Ahora Williams no tiene tiempo para lamentos. Ha perdido a su padre sí, pero esto es una carrera por sobrevivir. El plegable A, resulta una de las pocas bazas que tienen todos aquellos que ya se han lanzado al mar. El Titanic está a punto de ser engullido por las aguas del Atlántico norte. Edward Brown, mayordomo de primera clase, contempla la lucha que se ha desatado por obtener una plaza en el bote.
Puede ver a las mujeres que esperaban en la cubierta hace unos escasos minutos. Ha conseguido mantenerse en el bote durante un tiempo, pero el oleaje que causa la caída de la chimenea, hace que finalmente vuelva al agua. Apenas le quedan energías para nadar y su chaleco salvavidas le ayuda a mantenerse a flote. Según su declaración, un remolino de agua provocado por la succión que causa el hundimiento, hace que vuelva a estar cercano al bote.
Plegable A tras ser hallado, en mayo de 1.912, un mes de la tragedia del Titanic, por el Oceanic
Desde el agua, puede ver cómo las luces del Titanic están encendidas prácticamente hasta el último momento. También, es una de las pocas personas que aseguraron ver al buque partirse en dos. Finalmente, logra volver a subir al bote y, ya en él, ayuda a subir a una mujer. Ella es Rhoda Abbott.
Rhoda lo ha conseguido. Como es habitual en ella, pocas cosas se le ponen por delante. Su coraje consigue llevarla hasta el plegable A. Sin embargo, sus dos hijos, Rossmore y Eugene se han perdido entre la gente. Horrorizada mira a su alrededor. No están. Ya no puede verlos. Nunca más volverá a hacerlo. Durante el resto de su vida, jamás se perdonaría haber sobrevivido a la tragedia y sería una losa que llevaría hasta su muerte.
Thomas McCaffry y Thomson Beattie ya están al límite de sus fuerzas. McCaffry no puede más y se pierde entre la gente. Thomson, sí consigue llegar al plegable A, pero, absolutamente agotado y derrotado por perder al que era su incansable compañero de aventuras, deja de luchar.
Jansson y Wennerström nadan incansables y juntos hasta llegar al plegable A. Tras saltar al mar, han perdido la pista de Alma Palsson y sus hijos. No han podido mantenerlos agarrados. La mujer y sus cuatro niños, fallecerían en la tragedia.
Mientras están en el agua, August Wennerström observa cómo la joven Gerda Dhalberg también se rinde a la hipotermia. “Había llantos por todas partes. La gente rezaba y rezaba. Algunos murieron rápidamente, otros pelearon duramente contra el frío, pero también sucumbieron”.
Edvard y Gerda, el matrimonio Lindell, ha conseguido, también, llegar al bote. Edvard Lindell, Carl Olof Jannson y August Wennerström, finalmente, logran subir. Gerda no puede hacerlo. Se queda aferrada al borde de la pequeña embarcación donde los tres hombres intentan subirla desesperadamente.
Mientras agarraba su mano, ya al límite de sus fuerzas, August comprendió que la mujer ha muerto. Cuando la soltó la mano, con él, se llevaría su anillo de bodas. August describió así lo sucedido a continuación. “En menos de 30 minutos Edvard pareció envejecer. Se había dado cuenta de que su amada Gerda se había ido para siempre…”
Edvard Lindell fallecería poco después. Para evitar que el barco pudiera inundarse más, el resto, iba lanzando al mar a aquellos que iban muriendo. Edvard fue uno de ellos. Carl Olof Jansson describiría así, su estancia en el bote.
“…Hicimos un gran esfuerzo por seguir a flote. Estábamos atrapados, no sabíamos cuánto tiempo tendríamos que seguir allí, mojados y congelados. Apreciábamos nuestra vida. El agua estaba repleta de personas y trozos de hielo.
Antes de ser salvados estuvimos horas de lucha salvaje en una tremenda oscuridad. Los gritos y lamentos del resto de hombres se clavaban hasta la médula. Los gemidos se prolongaron durante horas.
Al final sólo quedamos 11 personas con vida, 4 murieron después de las primeras horas…”
R.M.S. Carpathia, el buque que rescató a los supervivientes del Titanic
El Quinto Oficial, Harold Lowe (29 años), que capitaneaba el bote 14 y remolcaba al plegable D, rescató a los 13 supervivientes del plegable A, entre los que se encuentran, Edward Brown, August Wennerström, Carl Olof Jansson, Richard Norris Williams y Rhoda Abbott, la única mujer que consiguió sobrevivir en él.
Todos ellos son transferidos a los botes y se decide dejar al plegable A a la deriva, con tres cuerpos en su interior. A lo largo de la noche, habían sucumbido al frío y ya no había fuerzas para echarlos al mar. Dos de los cadáveres, que pertenecían a miembros de la tripulación, no fueron identificados. El otro, era el del pasajero de primera clase, Thomson Beattie.
A pesar de que sus manos se habían hinchado mucho, Edward Brown se ofrecería a remar ya a bordo del bote 14. Su familia cree que, debido a las secuelas provocadas por la hipotermia sufrida en el naufragio del Titanic, su salud no volvió a ser la misma y falleció 14 años después, con 48 años. El Carpathia llegaría de madrugada a rescatar a las 712 personas supervivientes de la tragedia. Carl Olof Jansson declaró lo siguiente respecto a este momento.
“…El cómo llegamos a bordo del Carpathia apenas lo recuerdo. Sé que nos lanzaron cuerdas con una soga que nos rodeaba para que pudiésemos subir…”
En el Carpathia, una pasajera de tercera clase, Amy Stanley (24 años), se encontró con Rhoda Abbott. “Rhoda y yo habíamos estado muy unidas. Su camarote y el mío estaban cercanos. Era la única con quien podía hablar de sus hijos, puesto que yo los conocía. Me dijo que podrían haberse puesto a salvo si no hubiese habido tanta gente. Ella y sus hijos se mantuvieron juntos.
Estaba agradecida de que se hubieran quedado con ella en ése momento. Primero perdió de vista al más pequeño, después al mayor. Estaba entumecida por el frío y apenas podía recordar cuándo subió al Carpathia. Había un trozo de corcho en su cabello. Me las arreglé para conseguir un peine y, aunque nos llevó mucho tiempo, conseguimos quitárselo”.
Richard Norris Williams, que había perdido a su padre ante sus ojos, se enfrentaba ahora a otra dura noticia. Debido al tremendo frío, los médicos recomendaban amputar sus piernas. Él se negaría, casi suplicando que no lo hicieran.
Su cabezonería daría sus frutos. Conseguiría volver a caminar en el mismo trayecto del Carpathia y, tras un duro trabajo, consiguió volver a tener total movilidad en sus articulaciones y regresar a la que era su gran pasión, el tenis, consiguiendo varios logros en este deporte y siendo una gran figura, sobretodo, en dobles, llegando a ganar cuatro veces la Copa Davis, Wimbledon y en 1.924, un oro en los Juegos Olímpicos. Williams declaró lo siguiente.
“Cuando el bote del Oficial Lowe nos recogió, once de nosotros aún estábamos vivos. Todos los demás, habían muerto de frío. Mi abrigo de piel fue encontrado en ése bote por el R.M.S. Oceanic y también, un bastón con las iniciales C.Williams. Esto hizo que se creyera que el cuerpo de mi padre estuviera en plegable A, pero, como ven, no es así. Realmente no sé cómo llegó hasta allí”.
R.M.S. Oceanic
Como tributo al Titanic, Williams y Karl Behr, otro superviviente de la tragedia y también tenista, ofrecieron juntos en 1.914, dos años después del hundimiento, un partido de exposición en del que Williams salió victorioso.
El 13 de mayo de 1.912, un buque también de la White Star Line, el Oceanic, se encontraría con el plegable A en una de sus rutas.
En su interior hallarían tres cadáveres, uno de ellos identificado como Thomson Beattie, pasajero de primera clase. Todos ellos serían enterrados en el mar, tras una breve, pero formal ceremonia.
También se encontraría el anillo de Gerda Lindell, que tras la muerte de su propietaria narraba su historia. Esta joya es uno de los objetos más aclamados por los amantes del Titanic y en la actualidad se encuentra expuesto en Titanic Exhibition, una exposición itinerante que recorre varios países de Europa y América Latina.
El anillo de Gerda Lindell casi puede gritarte lo que vivió ésa noche en el plegable A. Hoy, 110 años después, queremos volver a recordar a esas 1.496 personas que la tragedia del Titanic se llevó consigo, convirtiéndose, en ése mismo momento, en el alma de su leyenda.
La Razón(A.Masoli) — No cabe ninguna duda de que el centro global del yihadismo en 2024 es África Occidental en general y el Sahel en particular. Ni Irak, ni Siria, ni Irán. África Occidental y el Sahel. Los números lo demuestran.
Hace pocos meses, el informe conocido como Global Terrorism Index (GTI), publicado con los datos de 2023 referentes a los ataques terroristas ocurridos en todo el mundo, indicó que dos de los tres países más afectados por el terrorismo en 2023 eran Burkina Faso (1º) y Mali (3º). Nigeria (8º) y Níger (10º) estaban igualmente ubicados en el “top 10”, de manera que más de la mitad de las muertes registradas en el informe tuvieron lugar en la franja del Sahel.
Tampoco caben muchas dudas sobre las altas posibilidades que tiene Níger de escalar varios puestos en el informe que se publique con la información de 2024.
Los grupos terroristas también tienen sus propios informes, que publican periódicamente en varios idiomas y con fines evidentemente propagandísticos, aunque no por ello dejan estos informes de resultar útiles para leer los acontecimientos actuales.
Así, el Estado Islámico difundió recientemente su hoja de resultados del año 1445 AH, y sus cifras siguen una línea similar a la del Global Terrorism Index. Si los terroristas alardean de haber asesinado a 187 personas en Irak y 500 personas en Rusia, los números se disparan a la hora de mencionar el continente africano. Según sus propias estadísticas, los yihadistas acabaron con 1.057 personas en África Occidental, 889 personas en el Sahel y 994 en África Central.
Ninguna otra región del mundo tiene cifras superiores a las de estas tres regiones africanas. Cabe igualmente a destacar la letalidad de los ataques en el Sahel; mientras que en Mozambique hicieron falta 97 ataques para acabar con la vida de 241 personas, en el Sahel bastaron 90 ataques para asesinar a 889.
Los números ofrecidos por el ISIS deben ser tomados con precaución. Aseguran haber destruido 1.565 casas y granjas y 46 cuarteles, igual que definen como “cruzados” a 1.920 de sus víctimas, y resulta probable que las cifras hayan sido infladas con fines propagandísticos. Pero caben pocas dudas de que el punto más letal del planeta son hoy el Sahel y los países de África Occidental afectados por el yihadismo armado.
Y que los ataques son más efectivos en el Sahel que en África Central, aunque la relación ataques-muertes sigue siendo mayor en África Central que en la región que el ISIS identifica como África Occidental.
Se pueden sacar muchos detalles de las estadísticas mencionadas. El primero, que la lucha antiterrorista liderada por las juntas militares del Sahel en asociación directa con Rusia (y ayudadas por el armamento chino y turco, que pasa por vehículos blindados y drones de combate) sigue trayendo resultados catastróficos para la población local. Un repaso a los ataques ocurridos en este mes de julio en Mali, Níger y Burkina Faso podría servir para comprender esta situación:
El 18 de julio, un convoy que acompañaba a trabajadores chinos fue atacado cuando se dirigían a la mina de oro de Kambou-Soukoney (Níger); los militares persiguieron a los atacantes pero cayeron en una emboscada y perdieron tres vehículos.
El 16 de julio, los terroristas atacaron una aldea en el departamento de Ouarkoye (Burkina Faso) y asesinaron a un profesor y a dos milicianos.
El mismo día, otro ataque en el departamento de Gorom-Gorom (Burkina Faso) terminó con la vida de seis milicianos.
El 15 de julio, tres civiles fueron asesinados por el JNIM en la región de Mopti (Mali).
El mismo día, perdieron la vida 7 civiles cerca de la localidad de Tillabéri (Níger).
Entre los días 16 y 12 de julio se registraron repetidos ataques en localidades al este de Burkina Faso, que se saldaron con la muerte de 5 milicianos y más de 13 civiles.
Otro ataque ocurrido el 12 de julio en la localidad de Bomborokuy (Burkina Faso) resultó en la muerte de 20 civiles y un miliciano. La misma localidad ya fue atacada el 25 de julio, ataque en el que fueron asesinados 19 civiles.
Siete militares nigerinos murieron en un ataque ocurrido el 10 de julio cerca de la ciudad de Tahoua (Níger). Otros catorce militares murieron en Tillabéri (Níger) el siete de julio. Y cuatro nómadas fueron asesinados el 5 de julio, otra vez cerca de Tahoua (Níger). Y cerca de 20 civiles fueron asesinados en la región de Mopti (Mali) el 1 de julio.
Mientras los ataques se reparten entre filiales del Estado Islámico y de Al Qaeda en el Sahel, la mayoría de las muertes señaladas en África Central han ocurrido en República Democrática del Congo, donde el grupo conocido como las Fuerzas Aliadas Democráticas (ADF por sus siglas en inglés), unido por fuertes lazos al Estados Islámico, es responsable de los ataques a cristianos y poblaciones animistas del este del país.
Sin ir más lejos, las ADF atacaron esta semana una aldea del territorio de Beni y asesinaron a 37 personas, quemaron 9 casas y secuestraron a un número indeterminado de personas. Cabe a destacar que varias de las víctimas fueron decapitadas y que las ADF ya protagonizaron en el mes de junio otra matanza que se saldó con 80 muertes, según confirmó el propio grupo terrorista.
Entonces es oficial. Grupos como Boko Haram, el JNIM, el EIGS o las ADF (siglas absolutamente desconocidas para el público general europeo) han asesinado este año a miles de personas, secuestrado a cientos, incendiado aldeas anteras y desatado el terror más absoluto… en medio de un silencio voraz que consume vidas.
Algún mal pensado dirá que no se les da la debida importancia porque el color de piel de las víctimas no es lo suficientemente claro. Pero seguro que la razón es otra.
Business Insider(C.G.Feced) — La mayoría de las personas trabajadoras en España desarrollan su empleo de día, pero la legislación también permite, y regula, los turnos de noche.
Aunque algunos aspectos legales aplican por igual tanto a los trabajos diurnos como a los nocturnos, estos últimos están sujetos a determinadas particularidades que afectan exclusivamente a este tipo de trabajadores, como el tiempo de la jornada, las horas extra, limitaciones de edad y la remuneración, entre otras.
– ¿Cuántas horas se trabajan en el turno de noche?
El artículo 36 del Estatuto de los Trabajadores regula el ‘Trabajo nocturno, trabajo a turnos y ritmo de trabajo’.
«A los efectos de lo dispuesto en esta ley, se considera trabajo nocturno el realizado entre las diez de la noche y las seis de la mañana. El empresario que recurra regularmente a la realización de trabajo nocturno deberá informar de ello a la autoridad laboral», fija la ley en el primer apartado.
«La jornada de trabajo de los trabajadores nocturnos no podrá exceder de ocho horas diarias de promedio, en un periodo de referencia de 15 días», añade.
Además, señala que «se considerará trabajador nocturno a aquel que realice normalmente en periodo nocturno una parte no inferior a tres horas de su jornada diaria de trabajo, así como a aquel que se prevea que puede realizar en tal periodo una parte no inferior a un tercio de su jornada de trabajo anual», si bien aclara que el Gobierno podrá establecer limitaciones y garantías adicionales.
– ¿Qué más dice la ley sobre los turnos de noche y cuánto es legal trabajar?
La ley española también fija que las personas menores de edad (por debajo de 18 años) no pueden realizar trabajos de noche —a estos efectos, el horario que se considera cambia ligeramente: entre las 22:00 y las 7:00— y que ningún trabajador nocturno puede hacer horas extraordinarias.
Eso sí, hay excepciones: «La jornada máxima de los trabajadores nocturnos solo podrá superarse mediante la realización de horas extraordinarias o la ampliación del período de referencia de quince días en los siguientes supuestos«:
Para los sectores de actividad que tienen aprobada la ampliación de jornada.
Para prevenir y reparar siniestros o daños extraordinarios y urgentes.
En el trabajo a turnos, en caso de irregularidades en el relevo a turnos por causas no imputables a la empresa.
Aun así, en el primer supuesto no se podrá superar la jornada de ocho horas diarias de trabajo efectivo de promedio en un período de referencia de cuatro meses (incluso a seis por convenio colectivo), ni de cuatro semanas en los otros dos casos.
Asimismo, «cuando la ampliación de la jornada se materialice mediante la realización de horas extraordinarias, deberá reducirse la jornada de trabajo de los trabajadores afectados en los días subsiguientes hasta alcanzar el referido promedio en el período de referencia correspondiente», explica el Ministerio de Trabajo y Economía Social.
Finalmente, también hay condiciones particulares en la remuneración de los trabajadores en jornada de noche, señala: «El trabajo nocturno tendrá una retribución específica que se determinará en la negociación colectiva, salvo que el salario se haya establecido atendiendo a que el trabajo sea nocturno por su propia naturaleza o se haya acordado la compensación de este trabajo por descansos».
The New York Times(C.Caron) — Si esperas que el narcisista de tu vida cambie, un nuevo estudio sugiere que tendrás que esperar mucho tiempo.
E incluso entonces, puede que solo veas una pequeña diferencia.
La investigación, que se publicó el jueves en la revista Psychological Bulletin, analizó 51 estudios con más de 37.000 participantes —la mayoría de Norteamérica, Europa y Nueva Zelanda— para explorar cómo cambia el narcisismo a lo largo de la vida de una persona.
Aunque los investigadores descubrieron que, en promedio, el narcisismo disminuía gradualmente a medida que la gente envejecía, “los resultados muestran que este descenso no es tan grande como cabría esperar”, dijo Ulrich Orth, autor principal del artículo y profesor de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Berna, en Suiza.
El descenso del narcisismo se produjo a lo largo de décadas.
“Cuando se mira hacia atrás y se observa cómo se comportaba un amigo cercano 20 o 30 años antes, se puede notar el cambio”, dijo Orth. “Aun así, el descenso promedio fue como mucho de tamaño moderado, por lo que no cabe esperar que el nivel de narcisismo de la gente cambie de forma fundamental”.
El estudio también descubrió que si las personas tenían niveles más altos de narcisismo que otras cuando eran niños, también solía ser así cuando llegaban a la edad adulta.
Los sujetos de la investigación eran en su mayoría personas blancas y vivían en culturas occidentales, y varios de los estudios incluidos en el análisis tenían un bajo número de adultos de 65 años o más, lo que dificulta la generalización de los resultados.
Aun así, el estudio ilustra que el narcisismo no desaparece mágicamente por sí solo, dijo Craig Malkin, autor de Replantear el narcisismo.
“Cuando se les deja a sus propios medios, las personas que son extremadamente narcisistas de esta forma tan poco saludable no van a cambiar”, dijo Malkin, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, quien no participó en la investigación.
¿Qué hacer si alguien cercano es narcisista? Hemos pedido ayuda a varios expertos para que nos expliquen cómo es el narcisismo y cómo enfrentarse a quien presenta altos niveles de este rasgo.
– ¿Qué es el narcisismo?
En pocas palabras, el narcisismo es el impulso de sentirse especial y único.
Hasta cierto punto, todos tenemos rasgos narcisistas, y un poco de narcisismo no es malo. De hecho, las investigaciones ha demostrado que vernos a nosotros mismos a través de unas gafas de color rosa, un concepto conocido como auto-enaltecimiento, puede ayudarnos a hacer frente a la adversidad.
El narcisismo es más problemático cuando las personas se vuelven dependientes de la sensación de superioridad y la buscan a toda costa, mostrando tres rasgos, según Malkin: sentido de merecimiento, explotación y falta de empatía.
El diagnóstico clínico de trastorno narcisista de la personalidad puede producirse cuando esos síntomas se vuelven fijos y persistentes, es decir, no aparecen y desaparecen. Además, el trastorno causa angustia o interfiere en las relaciones, el trabajo u otros ámbitos.
Christine Louis de Canonville, psicoterapeuta de Dublín recientemente jubilada que ha escrito mucho sobre el narcisismo, afirmó que, según su experiencia, cuanto más altos son los niveles de narcisismo, más “desesperadas, ilusas, paranoicas, iracundas, abusivas y aisladas” se vuelven las personas.
Esto hace que al narcisista le resulte más difícil “encantar e impresionar a los demás”, comentó, lo que a su vez dificulta que esa persona despierte admiración.
-¿Cómo luce el narcisismo?
Los expertos en salud mental han trabajado para desarrollar una comprensión más matizada del narcisismo, y lo han dividido en tres dimensiones principales: agéntico, antagonista y neurótico.
El narcisismo agéntico es lo que la mayoría de la gente piensa cuando se imagina a un narcisista. Quien puntúa alto en esta dimensión se centra en el estatus, el poder y el éxito.
“Se ven a sí mismos como superiores a los demás, ansían la admiración y tienen un sentido exagerado de la importancia de sí mismos”, dijo Orth. “Suelen ser muy seguros de sí mismos, asertivos y quieren ocupar puestos de liderazgo”.
El narcisismo neurótico se caracteriza por la hipersensibilidad. Quien puntúa alto en esta dimensión “necesita constantemente validación y es muy sensible a la crítica y el rechazo”, explicó Orth. “Suelen experimentar mucha vergüenza, ansiedad, inestabilidad emocional, inseguridad y dudas sobre sí mismos”.
El narcisismo antagonista suele considerar a los demás como rivales. Tienden a ser competitivos, hostiles y están dispuestos a menospreciar a las personas para sentirse superiores, señaló Orth. También carecen de empatía y son explotadores.
Es “el núcleo del narcisismo patológico”, dijo Malkin. “Son bravucones”.
Los estudios analizados por Orth utilizaron diversas escalas o entrevistas para medir los tres aspectos del narcisismo, y los tres disminuían con la edad.
No está claro por qué el narcisismo se reduciría con el tiempo, pero Sara Konrath, directora del Programa interdisciplinario para la investigación de la empatía y el altruismo de la Universidad de Indiana, ha descubierto en sus propias investigaciones que la empatía aumenta a medida que envejecemos.
A medida que la gente envejece, es más probable que aumente su madurez y su responsabilidad hacia los demás por el hecho de ser pareja, padre o empleado, explicó.
“También es más probable que las personas valoren las relaciones positivas y estrechas”, añadió Konrath.
– ¿Cómo lidiar con un narcisista?
Según los expertos, es poco probable que los narcisistas mejoren mucho a corto plazo a menos que sigan un tratamiento intensivo, lo que puede suponer una carga para sus amigos y familiares.
“Desafortunadamente, gestionar una relación difícil es lo mejor a lo que puede aspirar alguien íntimamente relacionado con la mayoría de los narcisistas”, dijo Elinor Greenberg, autora de Borderline, Narcissistic and Schizoid Adaptations: The Pursuit of Love, Admiration and Safety.
Una estrategia es intentar lo que Malkin llama “atrapar el bien”. Las personas narcisistas suelen buscar reconocimiento, por lo que sugiere elogiarlas cuando se muestren más cooperativas o cariñosas. Del mismo modo, en situaciones en las que se tenga que mantener el contacto con un narcisista —por ejemplo, en reuniones familiares o en el trabajo—, se puede castigar el comportamiento negativo retirándose o permaneciendo en silencio.
Un enfoque que ha ganado popularidad en internet, conocido como la piedra gris, consiste en tratar con personas difíciles limitando la interacción y, esencialmente, volviéndose tan aburrido como una piedra gris. Hay que tratar de mantener la neutralidad, abreviar las interacciones y evitar compartir información que potencialmente podría ser usada en tu contra, recomendó Ramani Durvasula, psicóloga clínica y autora de It’s Not You: identifying and Healing From Narcissistic People.
Sin embargo, si alguien es abusivo, puede que lo mejor sea abandonar la relación y, dependiendo de la situación, puede que haya que buscar ayuda para hacerlo.
El narcisismo puede ser como un fuego, dijo Malkin: “Cuanto más tiempo arde, más destruye. Si quieres evitar daños, tiene que haber alguna intervención”.
“¡Soldados! ¡Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos nos contemplan!” (Napoleón Bonaparte, durante su paso por Egipto)
Dioses, alienígenas y atlantes
JotDown(E.J.Rodríguez) — Hasta tiempos relativamente recientes, un aura de misterio rodeaba el origen de una de las más grandes y antiguas civilizaciones surgidas sobre la faz de la Tierra. ¿Cómo apareció en las orillas de un anárquico río africano semejante cultura, capaz de erigir las grandes pirámides, los grandes templos, la Esfinge? Uno podría decir sencillamente “por las buenas, como en cualquier otra parte”. Pero lo cierto es que la respuesta en el caso de los egipcios nunca pudo ser así de simple.
Antes de la aparición de la civilización egipcia tal y como la conocemos —a finales del Pleistoceno— el Valle del Nilo ya abundaba en tierras muy fértiles arrastradas por un torrente fluvial en cuyas riberas merodeaban grupos humanos desde bastante tiempo atrás. Pero era un hábitat impredecible y caótico en el que resulta difícil imaginar de qué manera pudieron evolucionar aquellas gentes, que ni siquiera tenían la posibilidad de intentar llevar una vida sedentaria, hasta desarrollar una sociedad tan avanzada y compleja como la egipcia.
Hasta hace solamente unas décadas no se había hallado el “eslabón perdido” arqueológico que ilustrase el florecimiento de la cultura egipcia en un entorno tan inconstante y difícil de dominar. Se asumía que un hábitat estable resulta necesario para la génesis espontánea de una civilización avanzada, una asunción muy razonable por otra parte. Sin embargo, los últimos mil kilómetros del colosal río africano —allí donde surgió el imperio de los faraones— no se podrían describir precisamente como un “hábitat estable”.
Más bien al contrario, el Nilo era eternamente cambiante, inundando la región cada año con un ímpetu caprichoso e irregular. Dependiendo de cómo y cuánto hubiesen descargado las lluvias tropicales al sur, en las regiones del Lago Victoria y Etiopía desde donde el río traía su caudal, los habitantes de las riberas nunca sabían cuán lejos llegaría el nuevo asalto de las aguas.
Aquellas primitivas tribus, pues, no disponían de un lugar donde establecerse tranquilamente y erigir una aldea permanente que no fuese inundada, un hogar donde desarrollar tranquilamente una cultura avanzada.
Así pues, el surgimiento espontáneo de Egipto en un paraje semejante resultaba difícil de justificar. Los propios egipcios lo atribuían a los dioses. Los arqueólogos solían responder a la cuestión aludiendo a influencias externas, generalmente la llegada de una cultura extranjera a la región, imaginando que los egipcios eran en realidad el producto derivativo de una civilización surgida en otro lugar.
Por no faltar, no han faltado ni las explicaciones más delirantes: desvaríos folclóricos que han vinculado el origen de Egipto con elementos tan de ciencia ficción como los atlantes e incluso los alienígenas, aunque lógicamente estas fantasías no satisfacían más que a los consumidores de revistas y libros sensacionalistas.
En resumen: se necesitaba una versión que casara mejor con la evidencia arqueológica y el sentido común. Dicha versión se ha ido construyendo poco a poco, pero como decíamos ha sido durante las últimas décadas cuando finalmente se ha podido recomponer buena parte del rompecabezas hasta lograr un relato coherente de la aparición de la civilización egipcia.
No es que lo sepamos todo, pero al menos sí podemos reconstruir el argumento de la película… sin recurrir a los extraterrestres.
El griego Heródoto llamó a Egipto «el país con más maravillas que hay en el mundo».
En busca del “Big Bang” egipcio
Subamos a una máquina del tiempo, tiremos de la palanca de mando y retrocedamos unos 2500 años. Viajaremos hasta el siglo V antes de Cristo, justo la época en que vivió el erudito griego Heródoto de Halicarnaso. Para nosotros, habitantes del siglo XXI, su nombre sugiere una era lejana de la que apenas resta un puñado de ruinas; imponentes, pero ruinas al fin y al cabo.
Es la Edad Antigua, cuya realidad hoy se nos aparece como en un sueño desperdigado en fragmentos polvorientos, despojos en forma de vasijas rotas y utensilios repartidos por excavaciones arqueológicas y museos.
Sin embargo tenemos algo más como testimonio de la época y es algo que resulta particularmente valioso: textos escritos por individuos de aquellos años, donde nos hablan acerca de cómo veían la vida y cuáles eran sus maneras de pensar y de actuar. Entre esos importantes escritos están precisamente los de Heródoto, un hombre movido por la curiosidad y el ansia de saber que se empeñó en recoger con detalle los más importantes sucesos del mundo conocido.
Su gran obra son las ἱστορίαι («Historias»), nueve volúmenes en los que narraba grandes hechos y de paso describía algunas de las principales civilizaciones que existían en su tiempo. Es por aquellos textos que se considera a Heródoto como el “padre de todos los historiadores”. Pero además de la crónica historiográfica, el testimonio de Heródoto resulta todavía más importante porque viajó a algunos de los lugares descritos en sus Historias y registró sus impresiones en primera persona.
En el segundo de aquellos libros, titulado Euterpe —nombre de Musa, ya que cada volumen estaba dedicado a una deidad distinta— nos retrata Egipto tal cual era cuando él lo visitó, más de cuatrocientos años antes del comienzo de nuestra era. Su descripción es lo suficientemente detallada y vívida como para resultar irresistiblemente fascinante.
Él mismo estaba fascinado también. Así como nosotros miramos con asombro los restos de la Grecia de aquel siglo V a. C. y cuando posamos nuestros ojos en esos restos sentimos que nos asomamos al abismo de los tiempos para atisbar retazos de un pasado fantásticamente remoto, así mismo sintió Heródoto el vértigo de los milenios cuando visitó Egipto.
Incluso desde su perspectiva, Egipto era un lugar de ancianidad inmemorial, repleto de monumentos y reliquias que acumulaban ya por entonces miles de años de existencia. Heródoto provenía de una civilización avanzada, la griega, pero no pudo evitar que Egipto lo dejase sumamente sobrecogido.
Aunque por entonces la vieja nación de los faraones ya había perdido buena parte de su poder, Heródoto entendió que se hallaba ante la más colosal de las civilizaciones conocidas y que Egipto había constituido el más impresionante despliegue de grandeza en la historia del ser humano.
Durante su estancia en la región conoció personalmente a aquellos mismos egipcios que a lo largo de milenios habían imperado orgullosamente en el valle del Nilo.
Cuando visitó el norte de Egipto, este había sido conquistado por el Imperio persa y además se habían establecido allí numerosas colonias de inmigrantes griegos, pero Heródoto pudo comprobar que los egipcios se preciaban de mantenerse separados de los extranjeros, fieles a sus tradiciones inmemoriales y cultivando unas costumbres cuyo fundamento se perdía en las tinieblas de edades ya olvidadas.
El historiador fue profusamente ilustrado acerca del pasado y el presente de Egipto por anfitriones como los sacerdotes egipcios de Menfis y los colonos griegos que hablaban su mismo idioma. Pero además de escuchar y anotar aquellos relatos, Heródoto hizo lo que hoy llamaríamos un auténtico reportaje de investigación: salió a la calle y observó de cerca la vida de los ciudadanos de a pie.
Mirándolo todo con ojos europeos, quedó asombrado por el carácter exótico y sofisticado de aquellas gentes que mostraban hábitos muy diferentes a los de otras civilizaciones mediterráneas conocidas y estudiadas por él:
En otras naciones los sacerdotes dejan crecer su cabello, pero en Egipto los sacerdotes se rasuran la cabeza. Entre otros pueblos, los familiares de un difunto acostumbran a exhibir el duelo cortándose el cabello, pero los egipcios, aunque habituados a afeitarse, se dejan crecer el cabello y la barba durante el luto. Otros hombres viven separados de sus animales, pero los egipcios viven junto a ellos.
En otras regiones los hombres se alimentan de trigo y cebada, pero un egipcio considera que rebajarse a comer dichos granos es indigno y se alimentan de olyra, también llamada espelta. Amasan la pasta con los pies y el lodo con las manos; también recogen el estiércol. Otros hombres dejan su miembro viril intacto, pero los egipcios se circuncidan. (…) Son muy supersticiosos, más que cualquier otro pueblo, y siguen estos ceremoniales: beben en vasos de bronce, que limpian cada día.
No limpian un día algunos vasos y otros al día siguiente, sino que siempre los limpian todos. Llevan ropajes de lino y se preocupan mucho de que estén siempre bien lavados. Se circuncidan por motivo de higiene y prefieren mostrarse aseados a ser bellos. Los sacerdotes afeitan todo su cuerpo cada dos días, para que ningún piojo o sabandija halle lugar en ellos. (…)
Los egipcios, debido a la peculiaridad de su clima y al río en el que viven, que no se parece a ningún otro río, han desarrollado para casi todos los aspectos de la vida costumbres que son contrarias a las de los demás pueblos.
La Gran Pirámide tenía ya dos milenios de antigüedad cuando un pasmado Heródoto puso sus ojos en ella.
Ese carácter distintivo del ciudadano egipcio le hablaba de un pueblo con una historia tan larga que, aun en las vicisitudes de la decadencia, parecía considerarse en un plano diferente y superior al de otras gentes del mundo. Los egipcios del siglo V a. C. sabían que Egipto había sido un gran imperio incluso en remotas épocas donde muchos otros pueblos del planeta apenas habían dado sus primeros pasos allende la entrada de la caverna.
Los egipcios tenían la impresión de ser la nación más antigua de la tierra, la cuna del hombre moderno, y a decir verdad no andaban muy desencaminados. Pero lo que más cautivó la imaginación de Heródoto fue el extraordinario legado monumental de lo que definió como “el país con más maravillas que hay en el mundo”.
No nos resultará difícil ponernos en el lugar del escritor heleno para comprender su asombro, porque la Gran Pirámide de Keops ya tenía dos mil años de antigüedad (¡dos mil años!) cuando Heródoto posó sus ojos en ella. Semejante prodigio —la única de las Siete Maravillas del mundo antiguo que todavía queda en pie— era la edificación de mayor altura que existía por entonces sobre el planeta, y si su colosal presencia continúa descolocándonos en la actualidad, cabe suponer la hondísima impresión que dejó en un griego del siglo V a. C. Tal grado de monumentalidad era completamente desconocido más allá de las fronteras egipcias.
El Imperio romano, por poner un ejemplo, ni siquiera existía todavía: la República romana estaba prácticamente en el parvulario. Aquellas construcciones no solamente eran las más antiguas, sino también las más enormes, bellas e imponentes que cabía concebir en la imaginación. ¿Cómo no sentirse sobrecogido ante semejantes visiones del pasado?
Aunque parezca mentira, el origen de la cultura egipcia estaba más alejado de Heródoto en el tiempo, de lo que el propio Heródoto lo está de nosotros mismos. Si para nosotros Heródoto representa la Edad Antigua, para él la Edad Antigua estaba representada por Egipto.
También se sintió fascinado por el alto grado de conocimiento que los egipcios tenían acerca de su propio pasado; se trataba de un pueblo culto que desde muchos siglos atrás llevaba un cuidadoso registro de los acontecimientos históricos, si bien les danzaban las fechas debido al uso de diversos sistemas de medición temporal que habían variado a lo largo de los milenios. Sin embargo, aquella historia tan longeva se remomntaba a un punto remoto —el origen— del que no quedaban datos fidedignos.
Solamente existían explicaciones mitológicas para responder a la gran pregunta “¿De dónde surgió Egipto?”. Estas explicaciones involucraban a dioses, semidioses y hechos fantásticos; mitos que le fueron transmitidos a Heródoto por sus anfitriones y que él escuchó con sumo interés. A falta de información mejor y aun sin creerse estas leyendas, las daba por buenas porque constituían el único conocimiento accesible sobre el Egipto prehistórico.
Ni siquiera la memoria colectiva parecía recordar aquellos tiempos fundacionales, así que únicamente restaba recurrir al mito. De todos modos, ese mito era la explicación habitual para muchas otros misterios de aquellos tiempos (no debería extrañarnos, ya que hoy están quienes hablan de la Atlántida y naves espaciales).
Tampoco los propios historiadores egipcios gozaron mejor suerte al buscar pistas sobre su propio origen. Doscientos años después de que Heródoto hubiese escrito sus impresiones, fue un sacerdote del culto a Ra, Manetón, quien trabajó afanosamente para construir una muy elaborada Historia de Egipto(originalmente Αίγυπτιαχά, porque pese a ser egipcio escribía en griego, que era la lengua culta del momento).
Todavía hoy nos basamos en esa obra para dividir la crónica egipcia en diferentes períodos dinásticos. Manetón rebuscó en los archivos y las inscripciones de los monumentos, investigó incansablemente en los archivos recopilando todo el material historiográfico posible. Después se aplicó en la reconstrucción del gigantesco rompecabezas.
Al contrario que Heródoto, él sí conocía la lengua egipcia y podía descifrar sus escrituras. Sin embargo, a medida que descendía hasta la era predinástica, terminaba topándose también con la mitología. Manetón se encontró con que el pasado era demasiado lejano y que aprehenderlo de manera coherente resultaba imposible.
Inscripción con una lista de reyes, como las que estudió Manetón para dividir la historia de Egipto en dinastías.
Y no es que podamos culpar a Manetón de haber dejado escapar pistas; más bien al contrario, su trabajo fue admirable y asombrosamente concienzudo. Pero todavía no disponía de unas técnicas arqueológicas con las que indagar eficazmente en el pasado. Ni él, ni nadie hasta mucho tiempo después, de hecho.
El misterio se mantuvo durante dos mil años más hasta la llegada de la era moderna. Durante los siglos XIX y XX se produjo una explosión del interés por la historia del antiguo Egipto y un auge de la egiptología occidental, la cual empezó a apoyarse en evidencias arqueológicas para elaborar su propia justificación del ignoto origen de aquella civilización.
En un principio se recurrió a explicaciones condicionadas por una información incompleta. Dicho de otro modo: muchos asumían que la aparición de una cultura tan adelantada en aquella región de África tuvo que deberse a la influencia de un invasor exterior —procedente de un foco civilizado de Oriente Próximo, como Mesopotamia— que habría introducido grandes avances entre los habitantes nativos, más primitivos, de las riberas del Nilo.
El paso de la primitiva prehistoria al Egipto que todos conocemos habría sido facilitado por la llegada de invasores del norte portadores de nuevos conocimientos como la agricultura, favoreciendo un progreso cultural y tecnológico que terminaría cristalizando en el Egipto de las grandes dinastías.
Esta hipótesis casaba con la línea de pensamiento predominante en la historiografía europea —quizá teñida de cierto etnocentrismo, todo sea dicho—, la cual defendía una génesis euroasiática para toda gran civilización avanzada. Y además no parecía haber indicios materiales de una versión alternativa o sencillamente no se supieron buscar e interpretar.
Sin embargo, con el transcurso de posteriores investigaciones nuevos descubrimientos arqueológicos empezaron a mostrar que la civilización egipcia sí pudo empezar a desarrollarse por sí misma desde los orígenes paleolíticos. Es más, pudo haber iniciado su andadura incluso antes de la época que se había supuesto y sin necesidad de haber sido “iluminada” por un benefactor-invasor del norte. Según aquellos nuevos hallazgos, Egipto fue una civilización genuinamente africana incluso en su origen.
Lo más curioso, sin embargo, es que el desarrollo inicial de la cultura egipcia no habría tenido lugar necesariamente en torno al Nilo. ¿Pudo ocurrir que los egipcios, tal y como los conocemos, empezasen a conformarse alejados de las orillas del río con el que inevitablemente los asociamos?
Hace unos cuantos miles de años…
Remontémonos todavía más en el tiempo, hasta la Edad de Piedra, concretamente a finales del periodo mesolítico. En el nordeste de África, por lo demás una región árida y casi completamente cubierta por el desierto, el caudaloso río Nilo constituía la única arteria portadora de vitalidad y sus riberas eran prácticamente el único lugar habitable.
En sus orillas se multiplicaban plantas y animales que servían como sustento a unas primitivas poblaciones humanas que deambulaban de aquí para allá buscando algo que echarse a la boca. Al menos desde finales del Pleistoceno estuvo el valle del Nilo habitado por tribus dedicadas a las formas más arcaicas de existencia: la caza y la recolección de frutos, raíces y demás vegetales comestibles disponibles en la naturaleza salvaje.
Aquellos grupos de cazadores no abandonaban las inmediaciones del río, ya que más allá de las húmedas riberas únicamente existía un inhóspito e interminable vacío de arena en el que no había agua ni comida y donde el clima era verdaderamente terrible.
El río Nilo se desbordaba todos los años, haciendo imposible erigir ciudades permanentes en sus orillas.
Cierto es que en torno a las orillas del río abundaban los recursos alimenticios, pero no por ello la vida allí resultaba fácil.
El valle del Nilo, como decíamos al principio, era un entorno eternamente cambiante: una vez al año las tremendas crecidas sumergían las tierras del valle por las que vagaban las tribus humanas en busca de comida.
La magnitud de aquellas inundaciones resultaba completamente imprevisible.
El río seguía ciclos dependientes de los cambios climáticos del interior del continente y lo mismo aumentaba su caudal provocando enormes y violentas crecidas que anegaban amplias extensiones de terreno, como al año siguiente disminuía aportando menos agua de la prevista, provocando que las riberas estuviesen más secas y fuese menos abundante el alimento.
En mitad de semejante inestabilidad ambiental, aquellas primitivas tribus se las arreglaban para sobrevivir… pero poco más que eso. No estaban en condiciones de evolucionar y desarrollar una cultura compleja, condenados como estaban a ir y venir al dictado de los caprichos del poderoso río.
Todavía no disponían de herramientas tecnológicas que permitiesen sacar provecho del fértil aluvión que dejaban tras de sí aquellas crecidas. Cazadores nómadas sin un hogar, no conocían la agricultura y lo único que podían hacer era perseguir a sus presas mientras avanzaban y retrocedían al compás de las inundaciones.
Además, aquel terreno pantanoso y cálido escondía muchos otros inconvenientes: estaba repleto de cocodrilos, hipopótamos y alimañas varias como serpientes e insectos, especialmente las incontables legiones de simpáticos mosquitos. En las riberas había comida, sí, pero también bastantes motivos para andarse con mucho cuidado.
Con todo, el balance entre recursos e inconvenientes era favorable a los primeros. El Nilo, al menos, permitía una supervivencia básica que resultaba impensable en los áridos alrededores, en el desierto del Sahara. Así pues, durante bastantes milenios aquellos hombres de la Edad de Piedra salieron adelante en mitad de ciertas dificultades pero con abundante comida silvestre a su disposición.
Sin embargo, hace unos 12.000 años (sobre el año 10.000 a. C. de nuestro calendario) se produjo un acontecimiento que determinaría el destino de aquellas gentes para siempre: el cambio climático. Finalizó una larga etapa conocida como la Glaciación de Würm, que había durado 70.000 años, lo cual trajo consigo una inesperada modificación de los patrones climáticos a nivel planetario.
En África, las lluvias anuales del monzón tropical que hasta entonces solían limitarse al centro del continente se desplazaron hacia el norte. De repente, una vez al año, una torrencial descarga de agua caía sobre pleno desierto del Sahara. Durante los siguientes cuatro milenios —y esta es una imagen que probablemente nos resulte bastante chocante hoy— el Sahara disfrutó de una intensa estación húmeda: cada año, en determinada época, llovía abundantemente sobre el desierto.
Como consecuencia lógica, el paisaje en muchos rincones del Sahara iba a cambiar. Aquellas copiosas precipitaciones estacionales propiciaron la aparición de grandes oasis en lugares donde el terreno ofrecía depresiones y cuencas que ejercían como embalses naturales para la recogida de agua.
Es decir: aparecieron nuevos y numerosos lagos en mitad del Sahara. En sus orillas se gestaron unos microclimas mucho más benignos que los del desierto circundante, donde crecía la vegetación, incluyendo pastos que podían alimentar a manadas de herbívoros: bóvidos, asnos silvestres, incluso avestruces (mucho más tarde, la pluma de avestruz sería el símbolo de la corona egipcia, lo cual estaba inesperadamente unido a la difusa memoria colectiva de tiempos muy, muy arcaicos).
También crecían árboles que ayudaban a proteger aquellos oasis del sofocante calor. Cuando los habitantes del Nilo descubrieron la aparición de estos lagos se dieron cuenta de que allí les resultaría mucho más fácil buscarse la vida. Ofrecían un escenario más tranquilo para cazar y recolectar frutos que las inestables riberas del río, así que muchas tribus comenzaron a mudarse hacia el interior del desierto occidental.
En consecuencia, la población del valle del Nilo decreció considerablemente a la par que aumentaba en los oasis lacustres del Sahara. En los lagos tendría lugar la evolución hacia otros tipos de subsistencia más avanzada, mientras que las poblaciones que permanecieron en las orillas del Nilo experimentarían una evolución bastante más lenta (aunque allí también hubo cierto avance y los grupos de cazadores terminaron por lo general reconvirtiéndose en pescadores).
Las tribus de los oasis ya no llevaban una existencia encadenada a las crecidas del río, aunque se veían sujetos a otro ciclo: el de la estación de las lluvias. El monzón africano era irregular, más que el asiático. Si algún año flojeaban las precipitaciones, los lagos más pequeños y vulnerables podían llegar a consumirse durante la estación seca, con la consiguiente falta de alimentos y los problemas de las tribus locales para intentar salir adelante.
De todos modos, aun con aquella posibilidad de sequías, el nuevo hábitat lacustre resultaba más predecible y fácil de manejar que la cuenca del Nilo. Así que cuando las lluvias no les fallaban, aquellos humanos podían permanecer más tiempo en un mismo lugar y llevar una vida más reposada y tranquila, requisito fundamental para la consecución de determinados avances. Pasaron del nomadismo a un seminomadismo que propició una aceleración de su progreso cultural.
Un oasis lacustre en mitad del Sahara actual, que ilustra cómo pudo ser aquel hábitat durante los cuatro milenios de lluvias tropicales en los que allí abundaban lagos de muchos tamaños.
El surgimiento de una nueva sociedad
Durante las épocas en que no se veían obligados a moverse a causa de la sequía, los clanes de los oasis podían ir adquiriendo nuevos conocimientos que mejoraban la relación con su entorno. Paulatinamente fueron aprendiendo a domesticar algunos de los animales que los rodeaban; así dejaron de ser cazadores para dedicarse al pastoreo seminómada, aprovechando aquella hierba que bien daba como para alimentar al ganado.
El pastoreo era más productivo, no tan cansado y mucho menos peligroso que la caza. Más adelante aprendieron incluso a domesticar plantas: una vez conocido el secreto de la siembra y la cosecha pudieron crear sus propios huertos, procurándose una fuente más o menos regular de hortalizas, legumbres, gramíneas (como el sorgo y el mijo) e incluso alguna que otra fruta (las cuales, por cierto, siempre escasearon en Egipto).
Aquello marcaba el inicio de una producción agrícola a pequeña escala que serviría como base para soportar poblaciones más numerosas en un futuro. Así la agricultura egipcia nació, sorprendentemente, en mitad del Sahara y no a orillas del Nilo. Es más, la aparición de la actividad agrícola en la región fue anterior incluso a la de Oriente Medio, así que la agricultura no fue una importación de pueblos orientales como se pensó durante bastante tiempo.
El pequeño crónlech de Nabta Playa: un calendario astronómico de piedra casi dos mil años anterior al de Stonehenge.
Aquella migración masiva del año 10.000 a. C facilitó pues una progresiva evolución desde la caza y la recolección del Nilo hacia el pastoreo y la agricultura de subsistencia del Sahara. Durante los cuatro milenios en que la región fue mucho más habitable, aquellos hombres y mujeres llegaron a sentirse lo suficientemente confortables como para poder desarrollar una cultura que con el paso de los siglos llegaría a convertirse en la civilización de los faraones.
Así parecen indicarlo yacimientos arqueológicos situados en el interior del desierto o cerca de los bordes mismos del valle del Nilo; yacimientos como el de Nabta Playa, situado en el sur de Egipto —alejados unos cien kilómetros de las orillas del río— en donde se hallaron restos de una de aquellas poblaciones humanas que sacaban provecho a lo que una vez fue un lago alimentado por las precipitaciones monzónicas.
Culturas como la de Nabta Playa seguían teniendo un carácter seminómada pero llegaron a conseguir un dominio más avanzado de la agricultura e incluso se familiarizaron con la astronomía y el calendario. Disponían de instrumentos para determinar el momento del año en que se encontraban, así como para intentar predecir la llegada de la estación de las lluvias.
Uno de aquellos instrumentos, por ejemplo, era una construcción de piedras dispuestas en círculo con una función astronómica. Todavía se conserva y podríamos apodarla como “el Stonehenge del Sahara”… aunque en realidad es 1000 ó 2000 años más antiguo que el propio crónlech de Stonehenge.
La presencia de megalitos —grandes rocas obtenidas en otro lugar y transportadas hasta el emplazamiento definitivo— nos habla también de que habían desarrollado un elevado nivel de organización, que podían trabajar coordinadamente y realizando esfuerzos en común bajo la planificación de sus primeros ingenieros.
Empezaron a diseñar construcciones que iban más allá de la simple cabaña, como esculturas de cierto tamaño y tumbas cubiertas por grandes losas de piedra que parecen indicar el enterramiento de caudillos y personajes importantes. Su ingeniería había dado un salto cualitativo y eran capaces de construir pueblos que parecían seguir una planificación arquitectónica previa —incluidas estructuras subterráneas— en una época donde muchos otros grupos humanos del planeta todavía no habían abandonado las cavernas.
También empezaron a adoptar creencias religiosas complejas en las que los cielos, el sol e incluso el ganado tenían un papel preponderante, además de un elaborado culto al Más Allá, emparentándolos con la futura religión de los faraones. Enterraban a sus muertos con ofrendas como alimentos y aperos de caza que facilitasen su tránsito al otro mundo, orientando los féretros hacia la puesta del sol porque aquella era la dirección por la que se entraba al mundo de los muertos (poniente era el lugar donde «moría» el sol cada atardecer).
Si bien todavía no podían permitirse el lujo de llevar una existencia total y completamente sedentaria, sí establecieron aldeas que únicamente abandonaban cuando la sequía y la falta de alimentos les forzaban a ello, aunque presumiblemente regresaban a ellas en cuanto las condiciones lo hacían posible. Esto es: aparecieron poblaciones compuestas por edificaciones persistentes. Aquellos cuatro mil años de estabilidad climática posibilitaron que las antiguas tribus paleolíticas se fuesen transformando en el embrión de Egipto.
Se van las lluvias, hay que emigrar de nuevo
Vasija neolítica adornada con dibujos de botes de pesca, vegetación y pájaros.
Pero nada dura para siempre y la tranquila era de los oasis también terminó.
Hacia el año 6000 a.C. se produjo un nuevo cambio climático y se revirtió el patrón que había imperado durante los cuatro milenios anteriores.
Las lluvias monzónicas volvieron a desplazarse hacia el sur, abandonando el desierto para siempre.
Los lagos del hasta entonces reverdecido Sahara comenzaron a agostarse uno tras otro, para finalmente extinguirse por completo.
La crudeza del mar de arena comenzó a reclamar sus antiguas posesiones y los habitantes de aquellos oasis vieron que su relativamente cómoda existencia como pastores y horticultores ya no encontraba acomodo allí.
Como quisiera que las agradables praderitas lacustres languidecían y morían, no les quedó más remedio que hacer el equipaje y marcharse en busca de un lugar mejor para vivir: se produjo una nueva oleada migratoria que seguía el camino inverso a la de 4000 años atrás.
Si bien algunos grupos humanos persiguieron a las lluvias hacia el sur estableciéndose en el Sahel —la franja semiárida que todavía hoy separa el África dorada y desértica de esa otra África verde de la sabana—, la mayoría de los habitantes del Sahara tomaron el camino más fácil y volvieron a establecerse a las orillas del Nilo, junto a las poblaciones más primitivas de cazadores y pescadores que habían permanecido allí por 4000 años.
Sin embargo, los hombres y mujeres que ahora se reasentaban junto al río eran muy distintos de aquellos antepasados que se habían marchado milenios atrás. Ya no eran cazadores y recolectores, sino que poseían un arsenal de conocimientos técnicos que les permitía enfrentarse con más éxito al volátil humor del torrente fluvial. Ahora sabían cómo cuidar el ganado, en el que además de vacas empezó a haber cabras, ovejas, asnos y cerdos.
También sabían cómo cultivar y cosechar sus propios vegetales, cómo excavar pozos, cómo construir cabañas dotadas de huertos, fogones, chimeneas e incluso camas de piedra; sabían como medir el tiempo y poseían considerables nociones de astronomía. Ahora sí podían intentar aprovechar las hasta entonces catastróficas crecidas del Nilo.
Acostumbrados a ingeniárselas en mitad de los vaivenes hídricos de los lagos del interior, no tardarían en descubrir la manera de exprimir las posibilidades de aquella tierra negra de aluvión que el Nilo traía consigo desde el corazón del continente, la cual quedaba al descubierto cuando las inundaciones remitían.
Todo lo que aquellas tribus tenían que hacer era plantar sus cultivos al retirarse la última inundación y cosechar justo antes de que se produjera la siguiente. Para cuando el río volvía a crecer y anegaba nuevamente el terreno cultivable, las tribus ya tenían sus graneros llenos, puesto que almacenaban alimentos (ahora también el trigo y la cebada) en silos erigidos al efecto.
La productividad del terreno de aluvión —de hecho una de las tierras más fértiles del planeta— facilitó una sociedad de granjeros en la que se producía un creciente excedente de comida y en consecuencia un incremento de la población. Los inmigrantes del Sahara dominaban manufacturas como la alfarería, la cestería y la confección de tejidos de lino y cuero.
También disponían de instrumentos muy cuidadosamente labrados en sílex, hueso e incluso marfil, los cuales eran cada vez más delicados y de diseño más estético, entre los que abundaban incluso los accesorios para el aseo personal (incluida la aplicación de cosméticos). También eran comunes los accesorios ornamentales para la vestimenta y los amuletos. Aquellos arcaicos egipcios vivían ya lo suficientemente bien como para preocuparse mucho por su aspecto.
Durante mucho tiempo, eso sí, siguieron habitamdo la región en condición de seminómadas. Al contrario de lo que sucedería en otras culturas como la de Mesopotamia, los egipcios no podían fundar ciudades junto al Nilo Como les había ocurrido a sus antepasados, se veían forzados a avanzar y retroceder según el capricho de las crecidas, ya que no tiene mucho sentido intentar construir una vivienda permanente allí donde el agua terminará apareciendo tarde o temprano.
Y dado que dichas crecidas podían ser mucho más extensas de lo normal sin previo aviso, no había forma humana de fundar una aldea permanente cerca de los cultivos del aluvión y tener la garantía de que no terminaría inundada. Quizá por ese motivo la evolución de la actividad agrícola egipcia pareció de repente estancarse y acumular cierto retraso con respecto a la agricultura surgida más recientemente en regiones como Oriente Medio.
Es probablemente que este estancamiento fuese lo que llevó a pesnar durante un tiempo que los egipcios habrían evolucionado hacia la agricultura como consecuencia de la llegada de extranjeros que les enseñaron a labrar la tierra, ya que tras regresar al Nilo sus propios cultivos parecían más primitivos que los de otros lugares del mundo conocido.
Con todo, aquellos clanes neolíticos seguían evolucionando y yacimientos como los de El Fayum y Merimde-Beni-Salame al norte del país o el de El-Badari al sur, parecen indicar ya un considerable grado de sofisticación, además de la diferenciación cultural entre el Bajo y el Alto Egipto que se mantendría durante el resto de su historia.
La granja, elemento básico del retorno al Nilo.
Hacia el 4000 a. C. llegó a Egipto la Edad de los Metales.
Las técnicas metalúrgicas empezaron a extenderse por el cauce del Nilo, aunque en este caso sí las aprendieron de sus contactos con los pobladores de Oriente Medio, donde hacia el 5500 a.C. habían surgido culturas mesopotámicas que sabían cómo trabajar el cobre y el plomo.
Los primitivos egipcios habían ido ocupando territorios cada vez más extensos, contactando con otros pueblos, y además se había iniciado el intercambio marítimo.
Así irrumpieron en Egipto nuevas tecnologías desarrolladas en el extranjero.
Los egipcios, eso sí, se veían obligados a adquirir ciertas materias primas —muy especialmente los metales— mediante el comercio exterior, comprándoselas a los habitantes del Sinaí, de Nubia o de las orillas del Mar Rojo.
La tierra de aluvión era muy fértil pero apenas podía encontrarse materias primas como el metal o la madera, y solamente abundaban minerales como el sílex, muy apropiado para construir útiles aunque menos resistente que el metal. Ello explica que Egipto, aun después de haber descubierto la metalurgia, continuara siendo una cultura muy aferrada a la piedra.
La llegada de la metalurgia, en todo caso, posibilitó la construcción de nuevas herramientas y por ende el desarrollo de técnicas punteras de construcción. Los egipcios estaban forzados a agudizar el ingenio debido a las particulares condiciones de su entorno y pronto volverían a sobrepasar a sus contemporáneos en cuanto a desarrollo tecnológico: gracias al metal se produjo otro considerable salto en su ingeniería y comenzaron a aplicar novedosas ideas para hacer frente al neurótico Nilo.
Ahora podían trabajar más eficazmente la piedra. Construyeron diques y canales, infraestructuras que les permitían controlar y desviar las inundaciones en determinados puntos del trayecto fluvial, con lo que podían salvaguardar algunos terrenos del asalto de las aguas. Así (¡por fin!) tuvieron la oportunidad de fundar asentamientos fijos desde donde llevar una vida sedentaria que les permitiese dedicar más tiempo y esfuerzo a su propia evolución cultural.
Nacieron sus primeras ciudades y dio comienzo el llamado periodo predinástico, en el que aparecieron reinos bien definidos y se siguieron conformando varias de las características que asociamos al Egipto clásico. Con el sedentarismo, cómo no, también se renovó su tejido industrial. La creciente productividad agrícola, pesquera y ganadera de las ciudades y sus arrabales permitió que cada vez más personas pudiesen habitar la cuenca del Nilo.
Con una mayor población, más individuos se dedicaban a tareas creativas, científicas y administrativas. Dicho de otro modo: había más cabezas para generar nuevas ideas, había más brazos para ejecutar esas ideas y había unas autoridades centralizadas y fuertes para ordenar que efectivamente esas ideas fuesen ejecutadas.
Finalmente, tras varios miles de años, los habitantes de la región habían aprendido a convivir con el ingobernable Nilo y a extraer de él todos los frutos posibles sin tener que vagar constantemente de aquí para allá.
Los restos arqueológicos muestran que comenzaron también a importar piedras preciosas, lo cual, además de demostrar que su comercio exterior estaba floreciendo considerablemente, es signo de una creciente división social y una alta sofisticación. La ornamentación de su cerámica, amuletos y demás utensilios se hizo todavía más rica.
La planificación urbana y la arquitectura de las propias viviendas también se tornó más compleja, como sabemos por algunos enterramientos de personajes importantes en donde se han encontrado maquetas a escala de los inmuebles propiedad del difunto (una manera de que tuviese un hogar en la otra vida; ¡eso sí es atarse a una hipoteca!).
Sus ritos funerarios y religiosos también seguían evolucionando, incluyendo ya las primeras representaciones de los dioses que veríamos más tarde en el panteón egipcio del periodo dinástico. Después del año 3500 a.C. comenzaron a erigirse los primeros templos de gran tamaño, aunque algunos todavía estaban hechos con ladrillos de adobe y no con piedra. Pero era el primer paso hacia maravillas como las pirámides.
La aparición de construcciones cada vez más elaboradas nos habla no solamente de una creciente especialización del trabajo, sino de una lenta y progresiva subdivisión en clases sociales más definidas: con el transcurrir de los siglos terminarían surgiendo aristócratas, sacerdotes y escribas; también artesanos y comerciantes, además de los granjeros y pequeños agricultores, ganaderos, pescadores… aunque en las zonas más áridas, especialmente del Alto Egipto, continuaban concentrándose algunos grupos más empobrecidos de pastores e incluso cazadores que todavía llevaban una existencia nómada y primitiva, pero que ahora constituían poblaciones marginales en lo que era ya una civilización avanzada y floreciente.
También se extendió la escritura —como los famosos jeroglíficos—, lo que realmente marcaría la entrada de Egipto en la Historia.
En resumen, estos fueron los orígenes: migraciones masivas a los grandes oasis de un Sahara donde caían lluvias torrenciales y el posterior retorno hacia el Nilo. Más adelante vendría la unificación de los dos Egiptos con sus sucesivas dinastías; los gigantescos templos, los obeliscos, las tumbas faraónicas, los palacios, las pirámides.
En definitiva, la civilización egipcia tal y como nuestra común imaginación la concibe. En una progresión lenta pero segura, el Nilo vio cómo sus modestas agrupaciones de cazadores habían metamorfoseado en una sociedad fascinante e increíblemente compleja, bastante más sofisticada que ninguna otra que hubiese por entonces en el mundo. No fueron los dioses, ni los atlantes, ni los extraterrestres, sino largas etapas de cambios climáticos las que posibilitaron la aparición de Egipto.
A Heródoto y Manetón, sin lugar a dudas, les hubiese encantado saberlo. Hoy, la vieja cultura egipcia hace ya mucho que se extinguió —los agonizantes vestigios, incluyendo los últimos jeroglíficos conocidos, datan del siglo IV de nuestra era—, pero es precisamente en nuestra época moderna cuando empezamos a conocer mejor el nacimiento de una civilización tan única que algunos incluso quisieron pensar que procedía de otro planeta.
Aunque, bien mirado, un planeta donde llovía en el Sahara era realmente otro planeta. Si hoy realmente nos sobreviene un cambio climático, quién sabe en qué nos convertiremos. Quizá dentro de dos mil años habrá un Heródoto que contemple con fascinación nuestros rascacielos ya vacíos y se pregunte «¿de dónde surgió aquella gente?».
Colina del Intiwatana y bancales al oeste de la Plaza Sagrada
National Geographic(fotografías de Hiram Bingham) — A la izquierda se distinguen los precipicios que defendían Machu Picchu de las agresiones. En primer término un grupo de bancales, donde los antiguos habitantes plantaban sus cultivos.
En el interior de la ciudadela
La torre semicircular y el interior del muro mirando hacia el Grupo del Rey y la escalera próxima al Grupo de los Huertos Privados.
Campamento base
Desde el campamento de Machu Picchu, Hiram Bingham emprendió el estudio de uno de los escasos yacimientos incas que eludieron a los invasores españoles. Con una robusta cámara Kodak, tomó miles de fotografías para documentar su trabajo.
Puerto de Pacasmayo
En su viaje al sur de Perú los expedicionarios hicieron escala en varios puertos, entre ellos el de Pacasmayo, donde los marineros utilizan un tipo muy peculiar de canoa. Estas balsas se fabrican con juncos y deben secarse después de cada uso. La fotografía muestra también una típica cabaña de marinero construida con cañas de bambú partidas.
Preparativos previos
En la fotografía se distinguen la banda y la escolta militares, así como una alfombra de flores y hojas verdes.
Catedrál de Lima, Perú
La primera parte de la expedición llegó a Lima justo a tiempo de asistir a la procesión anual de Corpus Christi. Partiendo de la catedral, la procesión, compuesta en su mayoría de niños con llamativo atuendo, recorrió los cuatro lados de la plaza y regresó al punto de partida.
Las tierras altas
En los pastos de las tierras altas comprendidas entre el lago Titicaca y Cusco, miles de alpacas y llamas hallan su sustento natural.
Ganado local
Las llamas llevan siglos domesticadas, y no las hay en estado salvaje. La lana de alpaca es una de las exportaciones más selectas de Perú. Las llamas acarrean sal gema. La característica alcantarilla descubierta que recorre el centro de la calle existe en muchas villas montañesas.
Intercambio cultural
Los indios montañeses siempre mostraban interés por nuestro trabajo y solían contentarse con contemplar en silencio el paso de nuestras caravanas o especular en voz baja sobre las actividades del topógrafo. Una vez, sin embargo, el topógrafo jefe fue agredido por una docena de indios exaltados, convencidos de que su ayudante y él se traían alguna brujería entre manos con aquellos instrumentos tan extraños.
Río Urubamba
El puente rematado sobre los rápidos del Urubamba. Se aprecia el montante horcado todavía en su sitio. La gran dificultad de esta construcción radicó en que la madera era tan densa que no flotaba.
Problemas logísticos
Nuestros problemas de transporte no terminaron con la llegada de la balsa, pues las mulas se resistían con denuedo a saltar desde las rocas a la corriente, honda y rápida.
Abriendo camino
El contorno de Machu Picchu destaca por lo agreste y por la belleza indescriptible del paisaje. La ciudad se encarama al borde de los precipicios que se aprecian al fondo de esta imagen.
El camino lo abrió hace unos años el Estado peruano con un elevado gasto económico.
Los primeros exploradores, obligados a evitar esta zona del valle del Urubamba por falta de vías, desconocían el emplazamiento de Machu Picchu.
Fortalezas de extrarradio
El valle del Urubamba alberga abundantes vestigios de arquitectura inca. Esta antigua fortaleza se halla en la margen occidental del Urubamba, cerca de Ollantaytambo, una de las ciudades incaicas más célebres de los Andes.
Valle de Yucay
En el extremo superior del valle de Yucay se ubican las ruinas de un maravilloso templo o ciudadela inca de nombre Pisac.
Un enclave inexpugnable
Las defensas de Machu Picchu constaban de dos murallas y un foso seco transversal a la cresta, de precipicio a precipicio.
Arquitectura inca
Una de las características más llamativas de la arquitectura de Machu Picchu es que la mayoría de las casas tiene una altura de un piso y medio y hastiales en los extremos. Los hastiales presentan unas piedras cilíndricas salientes que sugieren la antigua existencia de unas vigas de madera.
En el caso de estas dos casas adyacentes sólo siguen en pie los hastiales de la cara sur; los del norte han sucumbido, bien a los terremotos, bien a la fuerza destructora de la vegetación.
Puestos de vigilancia
En la mismísima cima de uno de los precipicios más impresionantes los incas construyeron una atalaya desde donde podían advertir enseguida a la ciudad, situada más abajo, si se aproximaba un enemigo.
Inicio de las labores de excavación en el Templo Principal de Machu Picchu.
El equipo de Bingham desenterró miles de artefactos del lugar y los llevó hacia EE.UU. para estudiarlos. Tras décadas de controversia, el año pasado la Universidad de Yale aceptó devolverlos. En esta foto el teniente peruano, Tomás Sotomayor (izquierda), supervisa la búsqueda en el Templo Principal
Cuevas macabras
Ésta es la primera cueva funeraria de las descubiertas en Machu Picchu que contenía un cráneo. En total se abrieron más de 100 cuevas como ésta y se recogió gran cantidad de material esquelético.
Retrato de Alegría,
Se unió a nosotros en Cusco y nos acompañó durante casi dos meses. La mayoría de los obreros se contentaba con el jornal que ganaba en quince días, y continuamente teníamos que tomarnos la molestia de buscar mano de obra nueva.
Retrato de Enrique Porres,
Uno de los obreros más inteligentes que nos ayudaron en las excavaciones de Machu Picchu.
Se aprecia el abultamiento de su mejilla, que delata la presencia de un paquetito de coca, las hojas de la planta de la cual se extrae la cocaína.
Casi todos los indios montañeses mascan hoja de coca. El paquetito se prepara con esmero al iniciar la jornada de trabajo, a media mañana, después de comer y a media tarde.
Jerarquía social
En Machu Picchu moraban distintos clanes o grupos familiares. Cada uno de ellos contaba con entre seis y diez viviendas. En la foto, una cantería particularmente ingeniosa.
Contiguo a la torre semicircular se alza un muro ornamental levantado con sillares de granito blanco, especialmente escogidos por su hermoso grano.
Estética inca
Muro ornamental levantado con sillares de granito blanco, especialmente escogidos por su hermoso grano. El interior del muro se adornó con una serie de nichos simétricos.
Cuestiones de seguridad
Al parecer, las puertas de las casas carecen de sistemas de bloqueo, pero los portales de los grupos de clanes y el portalón principal de la ciudad, cuyo interior se muestra en esta imagen, estaban provistos de cajetines con cilindros de granito a los que podía atarse firmemente una tranca resistente.
El anillo lítico que se aprecia sobre el dintel de piedra en la parte superior de la foto servía para asegurar la barra vertical.
Pequeños detalles
La esquina del Grupo de la Princesa donde el muro ornamental se une con la torre semicircular es uno de los puntos de mayor valor estético de la ciudad y ofrece unas vistas magníficas. La torre albergaba una piedra sagrada, hoy parcialmente destruida por el fuego.
Vista general de la Plaza Sagrada
El emplazamiento de Machu Picchu donde se concentran los edificios que ostentan una mejor calidad arquitectónica. En el centro se yergue el Templo Principal; a la derecha, el templo de las Tres Ventanas.
Sobre ambos templos descuella la colina sagrada, en cuya cima aguarda la piedra Intiwatana, o reloj de sol.
Mobiliario lítico
No es probable que las casas contasen con excesivo mobiliario, pero en algunos casos hay plataformas de piedra que tal vez se usaban a modo de lecho, y en un número reducido de casos existen bancos de piedra en los rincones de la casa, tal y como se aprecia en esta imagen.
Exterior del muro ornamental, el más hermoso de Machu Picchu
Las hileras de sillares van disminuyendo de tamaño conforme se elevan. Se actuó con el máximo celo a la hora de escoger el granito más puro para crear un efecto comparable al de los templos marmóreos del Viejo Mundo.
Plaza Sagrada
Esta vista general de la Plaza Sagrada se tomó al término del trabajo de la temporada, una vez concluidas las excavaciones y renivelado el suelo.
En ella se aprecia el esfuerzo invertido para dejarlo todo en las mismas condiciones, cuando no mejores, que al descubrirlo.
Es probable que la estructura de la derecha, de un estilo constructivo radicalmente distinto al de las demás, se enluciese en su día, lo que se traduciría en un panorama general de la plaza más simétrico que el actual.
En el suelo del edificio en cuestión se encontraron varias tumbas. La estructura de la izquierda, el Templo Principal, es sin asomo de duda una de las mayores proezas arquitectónicas de los incas.
En el medio se encuentran las ruinas de lo que hemos denominado el Templo de las Tres Ventanas. Como quiera que las ventanas exceden en dimensiones lo que sería ideal para un clima tan frío, llegamos a la conclusión de que son simbólicas.
Creemos que están relacionadas con la tradición sobre el origen de los incas.
El centro de la ciudad concentra los ejemplos de cantería más exquisitos
A la derecha se aprecia el hermoso muro exterior del grupo caracterizado por contar con los hastiales más inclinados y los dinteles monolíticos de mejor factura. En el centro se ve un trecho de la escalera más larga. En el extremo izquierdo se distingue una parte de la torre semicircular y la ventana de las serpientes.
Piezas clave
Las esposas de dos peones frente a la piedra más grande del muro oriental del Templo Principal de la Plaza Sagrada.
Cara B
Cara interior de la misma piedra y nichos ornamentales de la pared oriental del Templo Principal.
Con toda seguridad, el hueco de la esquina superior derecha alojaba alguna viga que sustentaba el tejado de este templo, hoy desaparecido.
La piedra Intiwatana, o reloj de sol
En la cima de la colina sagrada hay una piedra de curiosa talla llamada piedra Intiwatana, o reloj de sol. En quechua, la lengua de los incas, inti significa «sol» y huatana, «cuerda». También existen piedras Intiwatana en Cusco, Pisac y Ollantaytambo.
En las carreteras del valle de Cusco
Al igual que en todas las rutas del Perú montañoso, los indios hacen un alto para tomarse una chicha, la cerveza indígena, que se adquiere a un precio de unos dos centavos el vaso grande.
Manufactura andina
En los mercados de Cusco y otras ciudades peruanas el precio de los cacharros fabricados por los indios de las inmediaciones suele oscilar entre cinco y 50 centavos. Se trata de cerámica de factura manual, cocida en hornos primitivos y de decoración rústica y abigarrada.
La piedra de Maranyocc
Detalle de la piedra de Maranyocc cuajada de petroglifos. Se ignora su significado y no hay en el entorno tradición alguna que justifique su presencia.
Existe la vaga posibilidad de que esta roca, grabada en un estilo que nada tiene que ver con lo descubierto hasta la fecha en la región de Cusco, represente la historia de una incursión india desde la jungla amazónica.
Cerámica procedente de Machu Picchu.
Cerámica procedente de Machu Picchu.
Vista del valle del Urubamba desde Chincheros.
Apenas hay vallas de alambre en este país, donde son sustituidas por plantas espinosas tales como cactos, cambrones y ágaves o pitas.
Pastorcillo de Chincheros con sus ovejas
Los muchachos quechuas aprenden pronto sus deberes de pastoreo y pasan buena parte de los años que deberían dedicar a la escuela apacentando los rebaños de sus padres.
Muchachas andinas
Una de ellas sostiene una vara de medir para ofrecer cierta idea de su estatura. Visten el atuendo propio de las indias montañesas peruanas.
El tocado es un sombrero plano de paja forrado de franela roja por un lado y de panilla azul con cinta trenzada dorada por el contrario.
Se lleva de uno u otro lado en función del tiempo que haga. Los bordes del sombrero hacia arriba indican que hace buen tiempo.
Imagen del lado este de Machu Picchu antes de que fuese despejado en 1912.
Relato de la expedición
Hace 111 años, mientras buscaba una capital inca perdida, un explorador estadounidense de 35 años llamado Hiram Bingham llegó a una cima en el valle del Urubamba en Perú. La zona con la que se encontró se parecía a una selva tropical, pero pronto empezó a distinguir muros y edificios.
Andes peruanos, mediodía del 24 de julio de 1911. Tres hombres escalan con pies y manos una ladera despeñada y abrupta. A sus pies, el río Urubamba sigue como cualquier otro día su curso apresurado hacia el Amazonas.
El corazón de uno de los expedicionarios, Hiram Bingham, de 35 años de edad, profesor ayudante de historia latinoamericana en la Universidad Yale, late a velocidad de vértigo.
Sus ojos escudriñan árboles, piedras y matorrales tratando de localizar el objetivo de su dificultoso ascenso, mientras avanza inquieto y sudoroso por la senda mínima abierta por su guía, un campesino indio establecido al otro lado del río que dice conocer la existencia de las ruinas.
«A la sombra del pico Machu Picchu», le ha asegurado una y otra vez. Cuando, después de algún descanso y mucho agotamiento, llegan al lugar, Bingham contempla boquiabierto el paraje que se abre ante él.
Los bloques de granito «estaban unidos de forma hermosa en el estilo de arquitectura inca más refinado», recordó dos años después en un informe a National Geographic.
A medida que descubría el tamaño de este lugar de 400 años de antigüedad, Bingham se dio cuenta de que «Machu Picchu podría resultar ser las ruinas más grandes e importantes descubiertas en Sudamérica desde los días de la conquista española».
De la densa maraña de maleza asoma un laberinto de bancales y muros, una ciudad fantasma que lleva cerca de 400 años oculta al mundo exterior. «Aquello me dejó sin aliento […] –escribiría después–. Era como un sueño inverosímil.»
Estas fotografías, presentadas por National Geographic, fueron tomadas por Bingham (a la izquierda) y su equipo de exploradores, historiadores y botánicos en una expedición a Machu Picchu en 1912, al año siguiente de haber visto las ruinas por primera vez.
Pero, ¿era realmente inverosímil?
Machu Picchu, el Santuario Histórico de Machu Picchu, se ha convertido en el recinto arqueológico más conocido y visitado de toda América del Sur: una ciudad inca que sobrevuela los Andes desde sus 2.438 metros de altura, un mito hecho piedra inaccesible y victoriosa, cuya notoriedad, prestigio y leyenda no han hecho más que crecer a partir de aquel día de julio de 1911.
A mayor gloria de Bingham. Arqueólogo concienzudo, investigador entregado y meticuloso, dedicó su vida a explorar y dar a conocer su espectacular hallazgo. Sabía de sobra que no era él el primero en contemplar la antigua ciudad inca.
Los colonos de la zona estaban al tanto desde siempre de la existencia de unas ruinas en lo alto de la quebrada que caía a pico sobre el valle. Uno de ellos, Agustín Lizárraga, alardeaba de haber paseado entre las piedras incas en más de una ocasión, y había dejado su firma sobre la fachada del Templo de las Tres Ventanas.
Las ruinas de Machu Picchu: una torre semicircular y muros de mampostería.
Por su parte, unos 80 años antes el explorador y aventurero alemán Augusto Bern también había constatado su existencia. Pero Bingham era consciente de que ser el primero no era lo verdaderamente importante. Lo relevante, lo decisivo, era mostrar y demostrar el valor de esas piedras, desentrañar su significado, situar esa ciudad en la historia y darla a conocer al mundo entero. Bingham lo hizo.
La tarea inmediata fue desbrozar el terreno y limpiar la zona, devorada por el apetito insaciable de la selva, una labor que realizó con un cuidado exquisito y que llevó tiempo y grandes esfuerzos. También se tomaron notas precisas para elaborar un mapa topográfico de la zona.
Trabajo y más trabajo en medio de la conmoción y la conciencia permanente de pisar un lugar único. Por la envergadura de las ruinas y, sobre todo, por su hermosísimo emplazamiento.
La antigua ciudad ocupa un estrecho espinazo curvo que une, a la manera de una doble ladera, los picos de Machu Picchu y Huayna Picchu. Vista desde lo alto, las calles y los edificios parecen sostenerse de milagro en un frágil equilibrio sobre el precipicio.
Sin embargo, las construcciones han desafiado a los siglos y a la naturaleza, y hoy uno puede seguir el plan arquitectónico y urbanístico sabiéndose un elegido de los dioses al contemplar un paraje y un paisaje únicos.
Imagen de la puerta principal de la ciudad y del muro interior, con vistas de Huayna Picchu.
Gracias a la maestría de los incas. Gracias también a Bingham y su equipo, que a fines de la primavera de 1912, apenas un año después del hallazgo, protagonizaron una nueva expedición patrocinada por la Universidad Yale y National Geographic Society que llegó a Cuzco y al cañón del Urubamba y permaneció durante siete meses excavando y fotografiando el lugar, alzando mapas, reconociendo antiguos caminos y haciendo acopio de las piezas encontradas, de arcilla, bronce y piedra, y de valiosas momias procedentes de enterramientos.
Un tesoro arqueológico que salió de Perú con permiso oficial hacia Yale, desencadenando, sobre todo en los últimos años, una enconada disputa entre el Estado y los investigadores peruanos por un lado y la universidad estadounidense por otro.
Este otoño, en vísperas del centenario del descubrimiento de Bingham, Yale anunció por fin su intención de devolver todas las piezas a Perú. Finalmente las joyas incas de Machu Picchu (más valiosas por su significado que por sus materiales en nada preciosos, a pesar de las muchas leyendas) vuelven a su tierra de origen.
Tras varios meses realizando el desmontaje de la zona, los límites de la ciudadela quedaron mejor expuestos. Pese a lo intrincado de su ubicación, las ruinas son el destino turístico más popular de Perú. Un promedio de 1.800 personas lo visitan diariamente.
Bingham comunicó de forma inmediata los resultados de su trabajo a la comunidad científica, dando así el pistoletazo de salida a una larga serie de hipótesis sobre cuál había sido el destino de la ciudad: primer asentamiento de los incas, anterior incluso a la fundación de Cuzco, la capital del Imperio; último refugio del rey rebelde Túpac Amaru tras la conquista española; centro ceremonial destinado al culto y reservado a reyes y sacerdotes; villa de recreo exclusiva de la realeza…
Hipótesis y también mitos, porque Machu Picchu se convirtió en el símbolo de la resistencia inca y en la encarnación de la identidad del pueblo peruano frente a cualquier tipo de enemigo externo.
Los mitos, en cierto modo, todavía perviven. Las teorías se han ido amontonando, fundiéndose y poco a poco fraguando a partir de nuevas investigaciones y más datos.
Imagen de un muro recién despejado y restaurado en Machu Picchu.
En opinión del arqueólogo e indigenista peruano Luis Eduardo Valcárcel, coetáneo de Bingham, y sobre todo de Johan Reinhard, antropólogo, experto en arqueología de alta montaña y explorador residente de National Geographic, no hay duda de la función religiosa y sagrada de la ciudad, basándose fundamentalmente en su ubicación.
Una ubicación determinada por la relación mágica y alegórica de Machu Picchu con los dos picos hermanos (los dos picchus) y con otras cumbres andinas cercanas, y por la protección prácticamente circular que proporciona el río Urubamba, cuyo curso describe una curva en la base de la montaña, a la que rodea por tres de los cuatro costados.
Y además, y de forma muy especial, por la función purificadora del agua, encauzada en finos canales de piedra y destinada a discurrir de fuente en fuente y de terraza en terraza.
Vista panorámica del Machu picchu desde las alturas.
Finalmente, las peculiaridades de la arquitectura y el urbanismo de Machu Picchu en el contexto del mundo inca abundan en la interpretación de su destino ritual y sagrado, reiterando la elección de un emplazamiento tropológico (y en cierto modo insólito por su inaccesibilidad) para levantar la fortaleza, un hecho que acarreó diversas singularidades constructivas.
Valcárcel insiste en la adecuación del patrón constructivo inca al asentamiento andino, y destaca los edificios con techumbre a dos aguas, adaptados a una zona de lluvias como es el valle del Urubamba, o la existencia de vanos y ventanas para favorecer una ventilación con la que combatir la humedad y el calor en un clima muy diferente al de Cusco, cuyas construcciones macizas y megalíticas sirvieron de modelo en todo el Imperio.
Vista panorámica general del lado oeste de Machu Picchu.
Una excepción arquitectónica para un lugar único.
Con todo, lo más revelador de las investigaciones de los últimos 30 años tal vez sea su datación. La decisiva aportación de unos manuscritos fechados a mediados del siglo xvi permitió a Valcárcel situar, prácticamente sin dudas, la construcción de Machu Picchu bajo el reinado de Pachacuti (de 1438 a 1471), «El que Transforma el Mundo», auténtico creador del Imperio inca.
Fue el primer soberano de su dinastía de quien quedan testimonios escritos, y a él se debe la consolidación del reino, la ampliación de sus fronteras y el enriquecimiento de Cusco con nuevas plazas y viviendas y sobre todo con la reedificación del Templo del Sol.
Machu Picchu, según todas las referencias, habría sido levantado como centro ceremonial y de descanso real a mediados del siglo XV.
Bingham se acercó mucho a parecidas interpretaciones, con el mérito añadido de contar con escasos indicios.
Señaló el papel protagonista de los templos en la plaza sagrada, dio cuenta del Intiwatana u observatorio solar, estrechamente relacionado con el culto al dios Sol, y no vaciló en definir la ubicación de las ruinas como inexpugnable: «Machu Picchu es en esencia una ciudad-refugio […] Hasta donde yo sé, no hay en todos los Andes un lugar mejor defendido por la naturaleza».
Esta parte de Machu Picchu muestra los muros de piedra típicos de la ciudad.
El arqueólogo metódico y preciso que Bingham llevaba dentro no le impidió disfrutar de la hermosura del paisaje y apreciar su elección.
«Los incas eran, no cabe la menor duda, amantes de los bellos paisajes. Muchas de las ruinas de sus edificios más importantes se localizan en lo más alto de montes, crestas y lomas desde donde se divisan panoramas de especial belleza.
Por notable que sea la arquitectura de Machu Picchu y por mucho que impresione el inmenso trabajo de cantería de un pueblo que no conocía las herramientas de hierro y acero, ni lo uno ni lo otro deja en la mente del visitante mayor impronta que la belleza y la grandiosidad inefables del entorno.»
Antes de dejar atrás la montaña y las ruinas que le harían famoso, Bingham pasó horas documentando Machu Picchu con una cámara Kodak especial. «¿Creerá alguien lo que he encontrado?», dijo luego. «Afortunadamente, en esta tierra donde la precisión a la hora de informar de lo que uno ha visto no es una característica predominante entre los viajeros, tenía una buena cámara y el sol brillaba».
Bingham había adquirido esa cámara a través de la relación que había entablado con George Eastman, creador de Kodak. La versión panorámica de la cámara no saldría hasta una década después, pero Eastman se la proporcionó, así como película fotográfica y equipo gratuito para sus expediciones.
A cambio, Bingham habló de la capacidad de revelado y resistencia de la película de Kodak en regiones tropicales. Las panorámicas de la galería de fotos fueron sacadas probablemente con una cámara Kodak 3A que había sido readaptada especialmente para sacar panorámicas de 120 grados, según la archivista fotográfica de National Geographic, Sara Manco.
Por supuesto, Bingham no fue la primera persona que descubrió Machu Picchu. Los agricultores peruanos en la región sabían de las ruinas de la cima y las habían visitado. Sin embargo, él fue probablemente el primero en obtener un registro fotográfico del lugar.
Creyendo que las fotografías eran tan valiosas como tomar notas de campo, insistió en que sus compañeros de expedición aprendieran a sacar fotos y a revelar la película fotográfica antes de cada viaje. En su siguiente viaje a Perú, en 1912, Bingham pidió más equipo: tres cámaras Kodak especiales, 3.500 negativos para sacar fotos y al menos 10 trípodes de madera.
Con esto realizaron una exploración documentada de las ruinas, a veces incluyendo a Bingham o a sus compañeros de equipo para mostrar la escala.
Otro hombre de esa misma época reconoció el poder de la fotografía para dar legitimidad y popularizar la ciencia.
El editor de National Geographic Gilbert Grosvenor llamó a Bingham y el resultado fue un largo informe y 244 fotografías de la expedición de 1911 a Perú, publicadas como un número dedicado en exclusiva a esta historia en 1913.
Las imágenes también se expusieron en la National Geographic Society en Washington, D.C. La Society financió posteriormente la mitad de su segunda expedición a Perú, y Bingham y Grosvenor se hicieron amigos.
Desde el principio, Grosvenor reconoció la importancia histórica del trabajo de Bingham y dio consejos al testarudo explorador.
En su correspondencia dijo a Bingham que no trabajase muy duramente, que no insultase al gobierno peruano y, lo más importante, que «no hiciera nada que le quitase valor a la genialidad de tu descubrimiento de Machu Picchu. Este descubrimiento se hará más grande cada año que pase».
elhistoriador.es(P.N.Stearn)/caracteristicas.co — Es el proceso de evolución que conduce a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bienes a gran escala. Este proceso se produce en distintas épocas dependiendo de cada país.
Para los historiadores, el término Revolución Industrial es utilizado exclusivamente para comentar los cambios producidos en Inglaterra desde finales del siglo XVIII; para referirse a su expansión hacia otros países se refieren a la industrialización o desarrollo industrial de los mismos.
Algunos autores para referirse al desarrollo capitalista en el último tercio del siglo XX, con nuevas organizaciones empresariales (trusts, holdings, cárteles), nuevas fuentes energéticas (electricidad, petróleo) y nuevos sistemas de financiación hablan de Segunda Revolución Industrial.
La Revolución Industrial es un período histórico de transformaciones económicas y sociales, entre 1760 y 1840, que desencadenó cambios sin precedentes para las sociedades de todo el mundo.
Se caracterizó por el uso de nuevas tecnologías aplicadas a la producción en masa (también denominada, producción en serie). La primera invención que permitió esta nueva forma de producción fue la máquina de vapor, cuyo combustible era el carbón mineral.El inicio de la Revolución Industrial fue en Inglaterra dado que ese país presentaba las condiciones económicas, políticas, sociales y tecnológicas necesarias para ese gran cambio. Hacia el siglo XIX, la Revolución Industrial ya era parte de las sociedades de Europa, de Estados Unidos y Japón.
La experiencia Británica
La primera Revolución Industrial tuvo lugar en Reino Unido a finales del siglo XVIII; supuso una profunda transformación en la economía y sociedad británicas. Los cambios más inmediatos se produjeron en los procesos de producción: qué, cómo y dónde se producía.
El trabajo se trasladó de la fabricación de productos primarios a la de bienes manufacturados y servicios. El número de productos manufacturados creció de forma espectacular gracias al aumento de la eficacia técnica.
En parte, el crecimiento de la productividad se produjo por la aplicación sistemática de nuevos conocimientos tecnológicos y gracias a una mayor experiencia productiva, que también favoreció la creación de grandes empresas en unas áreas geográficas reducidas.
Así, la Revolución Industrial tuvo como consecuencia una mayor urbanización y, por tanto, procesos migratorios desde las zonas rurales a las zonas urbanas.
Se puede afirmar que los cambios más importantes afectaron a la organización del proceso productivo. Las fábricas aumentaron en tamaño y modificaron su estructura organizativa. En general, la producción empezó a realizarse en grandes empresas o fábricas en vez de pequeños talleres domésticos y artesanales, y aumentó la especialización laboral.
Su desarrollo dependía de una utilización intensiva del capital y de las fábricas y maquinarias destinadas a aumentar la eficiencia productiva. La aparición de nuevas máquinas y herramientas de trabajo especializadas permitió que los trabajadores produjeran más bienes que antes y que la experiencia adquirida utilizando una máquina o herramienta aumentara la productividad y la tendencia hacia una mayor especialización en un proceso acumulativo.
División del trabajo en la industria La división del trabajo es un principio básico de la industrialización. En la división de trabajo, cada trabajador es asignado a un cometido diferente, o fase, en el proceso de fabricación, y como resultado, la producción total aumenta. Como muestra la ilustración, si una persona realiza las cinco fases en la fabricación de un producto puede hacer una unidad al día. Cinco trabajadores, cada uno especializado en una de las cinco fases, pueden hacer 10 unidades en el mismo tiempo.
La mayor especialización y la aplicación de bienes de capital a la producción industrial creó nuevas clases sociales en función de quien contratara y tuviera la propiedad sobre los medios de producción.
Los individuos propietarios de los medios de producción en los que invertían capital propio se denominaron empresarios. Cuando invierten capital en una empresa sin participar directamente en ella se denominan capitalistas.
Como la Revolución Industrial se produjo por primera vez en Gran Bretaña, este país se convirtió durante mucho tiempo en el primer productor de bienes industriales del mundo. Durante gran parte del siglo XVIII Londres fue el centro de una compleja red comercial internacional que constituía la base de un creciente comercio exportador fomentado por la industrialización.
Los mercados de exportación proporcionaban una salida para los productos textiles y de otras industrias (como la siderurgia), cuya producción aumentaba rápidamente gracias a la aplicación de nuevas tecnologías.
Los datos disponibles sugieren que la tasa de crecimiento de las exportaciones británicas se incrementaron de forma considerable a partir de la década de 1780.
La orientación exportadora y el aumento de la actividad comercial favorecieron aún más el desarrollo de la economía: los ingresos derivados de las exportaciones permitían a los productores británicos importar materias primas para crear productos industriales; los comerciantes que exportaban bienes adquirieron una importante experiencia que favoreció el crecimiento del comercio interior.
Los beneficios generados por ese desarrollo comercial fueron invertidos en nuevas empresas, principalmente en mejora de la tecnología y de la maquinaria, aumentando de nuevo la productividad, favoreciendo la dinámica del proceso.
La expansión del proceso industrializador
Gran Bretaña no fue el único país que experimentó una Revolución Industrial.
Los intentos de fechar ese desarrollo industrial en otros países están sujetos a fuertes controversias.
No obstante, los estudiosos parecen estar de acuerdo en que Francia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos experimentaron procesos parecidos a mediados del siglo XIX; en Suecia y Japón se produjo a finales del siglo; en Rusia y en Canadá a principios del siglo XX; en algunos países de Latinoamérica, Oriente Próximo, Asia central y meridional y parte de África a mediados del siglo XX.
Cada proceso de industrialización tiene características distintas en función del país y la época. Al principio, la industria británica no tenía competidores. Cuando se empezaron a industrializar otros países tuvieron que enfrentarse a la ventaja acumulada por Gran Bretaña, pero también pudieron aprovecharse de su experiencia.
En cada caso, el éxito del proceso industrializador dependía del desarrollo de nuevos métodos de producción, pero también de la modificación de las técnicas utilizadas para adaptarlas a las condiciones imperantes en cada país y de la propia legislación vigente, que favoreciera la implantación de maquinaria barata gracias a una disminución de los aranceles, lo que, en ocasiones, podría perjudicar a otros sectores sociales, como los campesinos, que veían cómo sus productos debían competir con otros más baratos.
Aunque la intervención pública para favorecer la industrialización fue importante en el caso británico, el papel del Estado fue mucho mayor en el caso alemán, ruso, japonés y en casi todos los países industrializados durante el siglo XX.
Por definición, la industrialización aumenta la renta per cápita nacional. También implica cambios en la distribución de la misma, en las condiciones de vida y laborales y en los valores sociales. La Revolución Industrial supuso, al principio, una reducción del poder adquisitivo de los trabajadores y una pérdida de calidad en su nivel de vida.
Más tarde, se tradujo en un aumento de la calidad de vida de toda la población del país industrializado. Estos aspectos siguen siendo objeto de importantes trabajos de investigación.
Influencia mundial de la Revolución Industrial
El fenómeno económico conocido como Revolución Industrial es una de las dos transformaciones fundamentales del ámbito económico de la civilización (la otra fue la introducción de la agricultura). La industrialización tomó forma inicialmente a finales del siglo XVIII en el occidente de Europa, en particular en Gran Bretaña.
Durante las primeras décadas del siglo XIX, sus rasgos distintivos se extendieron rápidamente a lugares como Francia, Alemania, Bélgica y Estados Unidos. En los primeros años del siglo XX, llega a lugares fuera de Europa y Norteamérica, especialmente a Japón. A finales del siglo XX, la industrialización o sus efectos habían alcanzado prácticamente a todos los rincones del globo.
La industrialización ha acarreado consecuencias abrumadoras. No sólo cambió radicalmente la vida laboral, sino también la vida familiar y el ocio personal. De alguna manera, redefinió los motivos por los que se tenían hijos.
Incrementó claramente el poder del estado, especialmente en lo que se refiere a la producción militar. El proceso alteró incluso a sociedades que no estaban directamente inmersas en la industrialización. Las economías industriales adquirieron ventaja sobre las sociedades que seguían basándose en la agricultura, un desequilibrio que todavía afecta a las relaciones económicas mundiales.
Cualquier proceso tan arrebatador como la Revolución Industrial obliga inevitablemente a los historiadores a hacerse un montón de preguntas.
El término en sí mismo ha estado siempre en discusión: ¿Es revolución una palabra adecuada para designar un proceso que dura varias décadas y que en su fase inicial no transforma la economía como un todo? (Dado el ulterior impacto del proceso, la mayoría de los historiadores dirían que sí).
Por otra parte, ¿qué significa ser una sociedad industrial no sólo en términos tecnológicos sino también de valores culturales e individuales? ¿Cuáles son las dimensiones globales de la Revolución Industrial? Pero por encima de todo ¿qué lo puso en marcha, y dónde nos ha llevado?
Causas iniciales
Para empezar, es necesario definir la industrialización.
La industrialización implica la mecanización de los procesos de manufacturación y una mayor importancia de las manufacturas en la economía en su totalidad.
Normalmente, suele suceder en economías que han sido previamente agrícolas y a menudo incluye también importantes cambios en la producción alimentaria.
Antes de la Revolución Industrial, los bienes eran mayoritariamente fabricados de forma manual, lo que a menudo requería destrezas específicas de los trabajadores.
La producción de bienes estaba descentralizada, lo que otorgaba a pequeños grupos de trabajadores participación activa y control sobre su propio trabajo. Los costes sin embargo eran elevados, y el volumen de la producción relativamente bajo. La industrialización los elevó notablemente e hizo más accesibles los bienes de consumo.
Sin embargo, la industrialización no sucedió de forma instantánea. Mientras la Revolución Industrial progresaba, innovadores métodos de producción convivían con los tradicionales, creando a menudo una tensión importante entre los tradicionalistas y los defensores de la mecanización.
No obstante, al final del proceso de industrialización, los nuevos métodos de trabajo y las nuevas máquinas habían triunfado plenamente. Partiendo de los centros industriales iniciales, los nuevos métodos se extendieron a otras ramas de la producción, así como al transporte (expansión de los ferrocarriles), la comunicación (invención del telégrafo) y el comercio (el nacimiento de los grandes almacenes).
Antes de examinar el impacto de la industrialización y sus dimensiones globales, debemos examinar sus causas. Comprender por qué sucedió un fenómeno histórico concreto ayuda a los historiadores a comprender la naturaleza del fenómeno y sus consecuencias posteriores.
Pero ni las causas ni las consecuencias son generalmente fáciles de entender. Los historiadores deben buscar indicios razonables.
El papel que Europa desempeñaba en la economía mundial con anterioridad proporciona los primeros indicios de por qué fue allí donde primero tuvo lugar.
Alrededor del año 1700, países como Gran Bretaña lograban beneficios del comercio por todo el mundo.
Estos beneficios podían convertirse en capital para inversiones industriales.
El comercio mundial creó también la conciencia de que los mercados mundiales eran capaces de absorber bienes manufacturados más baratos, además de aumentar los beneficios domésticos todavía más.
En Europa, los cambios en la demanda del mercado interior y en la población, fueron vitales para precipitar la Revolución Industrial. En el siglo XVIII, el consumismo crecía. La gente buscaba nuevos tipos de ropa y enseres domésticos.
Este nuevo mercado estimuló a los primeros fabricantes que pronto encontraron formas de estimular aún más los gustos del público.
Al mismo tiempo, el crecimiento de la producción alimentaria en Europa en el primer estadio de su transformación agrícola (especialmente el creciente cultivo de la patata, importada de América en el siglo XVI) generó un masivo crecimiento de la población.
La población de Europa occidental creció entre el 50 y el 100% entre 1730 y 1800. Aquí estaba un nuevo y masivo mercado de bienes, pero también una fuente de mano de obra.
Los factores culturales y políticos fueron los causantes en parte de la Revolución Industrial. Los valores definidos por un movimiento intelectual europeo del siglo XVIII conocido como la Ilustración, especialmente la confianza en la ciencia y el aprecio por el trabajo duro y el éxito material, orientaron a los primeros inventores y fabricantes.
El trabajo histórico reciente ha demostrado que tanto los intelectuales como la gente de la calle habían cambiado su visión del mundo en torno a 1750 debido a la influencia de la filosofía ilustrada. La creencia en que la naturaleza y la sociedad se podían comprender y manipular racionalmente, crearon un contexto totalmente nuevo para la producción y la tecnología.
Los gobiernos, que perseguían el beneficio económico para mantener su posición diplomática y militar, promovieron también cambios que facilitaran la innovación. Animaban a que se construyeran carreteras, canales y vías de ferrocarril.
Limitaron o abolieron los oficios gremiales que protegían los métodos de trabajo tradicionales. Atacaban las protestas de los trabajadores que podrían estorbar a las nuevas fábricas.
Se puede realizar un análisis más preciso de las causas y efectos en relación a la pregunta de por qué Gran Bretaña fue la pionera del nuevo crecimiento industrial. Razones importantes fueron los recursos de acero y carbón y la aceptación general de la innovación técnica en Gran Bretaña.
Una vez establecida, el poder de la industria británica (la primera demostración de ello fue durante las Guerras Napoleónicas) inspiró la imitación en otras partes.
La interacción de los diversos factores logró fortalecer el desarrollo de tres industrias clave para la expansión de la Revolución Industrial:
La industria minera. A partir del siglo XIX, el carbón vegetal que provenía de la madera fue sustituido por el carbón de coque o mineral. A la par, se desarrolló un lado perverso: la explotación y la esclavitud del hombre para trabajar en los yacimientos mineros. Debido a lo estrechos que resultaban los caminos hacia el interior de las minas, surgió la explotación infantil en el sector minero.
La industria siderúrgica. El hierro y el acero fueron las principales materias primas de la época, que se utilizaron para la producción de herramientas agrícolas, maquinas textiles, locomotoras, rieles de ferrocarril y barcos. Era posible trabajar el hierro por el uso de hornos industriales que funcionaban a muy altas temperaturas gracias al combustible del carbón mineral.
La industria del transporte. Hasta el siglo XVIII, el sistema de transporte se basaba en medios de tracción animal, viento, remo, entre otros. En el siglo XIX, se pasó del transporte con caballos al ferrocarril, gracias al surgimiento de la máquina a vapor y al desarrollo de la industria siderúrgica que permitió elaborar las locomotoras y los rieles. El ferrocarril revolucionó el comercio y el traslado de personas.
La expansión comercial. A partir del impulso burgués, se generó un crecimiento comercial sin precedentes que impactó en todo el mundo. Debido a la creación de importantes inventos, como el ferrocarril y el barco a vapor, el comercio mundial se desarrolló para transportar nuevas materias primas o vender productos en países alejados.
Impacto
La industrialización cambió muchos aspectos de la vida. El primer cambio claro afectó a la naturaleza de la fabricación. Como se explicaba más arriba, la Revolución Industrial se basaba en la aplicación del poder mecánico para la fabricación.
Al principio este poder venía de las norias, pero la introducción de la moderna máquina de vapor en 1770 en Gran Bretaña, generó un poder mecánico mayor. Mediante bombas más potentes, las máquinas de vapor permitían excavar minas más profundas, además de incrementar de forma importante la cantidad de hulla que se podía extraer.
Las máquinas de vapor pronto y pusieron en funcionamiento martillos y rodillos en el proceso de formación de metales. La productividad en la metalurgia creció mucho debido a la sustitución del tradicional carbón vegetal utilizado para fundir y refinar por la hulla y el coque más baratos.
Mediante la combinación de estas mejoras técnicas la producción de acero se incrementó considerablemente. Paradójicamente, el uso generalizado de máquinas de vapor provocó una necesidad creciente de hulla y acero para construirlos e impulsarlos.
La temprana Revolución Industrial no sólo cambió la fabricación en su parte técnica, sino que introdujo una nueva organización de la industria. Estas innovaciones derivadas de la nueva maquinaria tuvieron ventajas por sí mismas. Juntos, estos cambios constituyen su impacto económico.
Primero, los trabajadores se concentraron en una fábrica. El uso del agua o la máquina de vapor precisaba que los trabajadores se agruparan en torno a una noria o una máquina. Como estaban juntos, era posible una mayor supervisión que cuando los trabajadores estaban en pequeñas tiendas o en sus casas.
Además especializar a un trabajador en una pequeña tarea del proceso productivo podía hacer crecer sustancialmente la productividad. El sistema fabril también concentraba el capital al igual que a los trabajadores en unidades de un tamaño sin precedentes.
Cuando el proceso productivo se producía en casa de los trabajadores, los propios trabajadores normalmente compraban el equipamiento y las viviendas, el fabricante suplió solamente el movimiento de capital para comprar los materiales en bruto y pagar los salarios iniciales.
Con las nuevas máquinas y fábricas, sin embargo, era necesaria una inversión mucho mayor. En la metalurgia y la minería, por ejemplo, donde las máquinas eran especialmente costosas, se pusieron en marcha nuevas firmas mediante la participación de un cierto número de personas ricas mediante una sociedad por acciones.
La combinación de la nueva tecnología y la nueva organización tuvo inevitablemente un gran impacto sobre los antiguos métodos productivos. Los artesanos, que se basaban en los métodos y destrezas manuales, podían gozar de cierta prosperidad antes de que los nuevos métodos llegaran a su sector, pero su economía tradicional estaba condenada.
Algunos de los pasajes más agonizantes de la historia industrial sucedieron durante la lucha de los artesanos entre resistir o adaptarse al nuevo sistema económico. El ludismo, la destrucción deliberada de la nueva maquinaria, era un resultado común, aunque siempre fue breve e infructuoso.
El impacto del industrialismo sobre la agricultura fue más complejo, especialmente debido a la dependencia de la Revolución Industrial de algunos cambios independientes que se produjeron al principio en la agricultura.
La mejora de la producción alimentaria, por ejemplo, era necesaria por ejemplo para enviar más trabajadores a las ciudades, a las fábricas y a las minas. Los cambios sucedieron en dos fases. Desde finales del siglo XVII en adelante, los países de Europa occidental introdujeron innovaciones en la agricultura por primera vez desde la edad media.
Los nuevos métodos de drenaje abrieron nuevas tierras. La ganadería mejoró. Los nuevos cultivos, especialmente la patata, hizo crecer considerablemente la producción de comidas de alto contenido calórico. El uso de cultivos nitrogenados, como el nabo, permitió que los campos fueran cultivados permanentemente, en lugar de dejarlos en barbecho una vez cada tres años.
Por último, simples mejoras en los aperos, como el uso de la guadaña en lugar de la hoz para la recolección, aumentó la productividad. Estos cambios fueron suficientes para generar más alimentos, complementados por las importaciones, para liberar fuerza de trabajo para la industria.
El segundo estadio de la transformación de la agricultura comenzó en torno a 1830, como resultado de la temprana industrialización. Las nuevas máquinas, como segadoras mecánicas y arados más grandes se utilizaban en las granjas.
La investigación industrial desarrolló los fertilizantes químicos. Las máquinas para procesar los alimentos, como los separadores de nata, revolucionaron la producción lechera. Lo que podría llamarse agricultura industrial se desarrolló especialmente en las extensas tierras de Norteamérica, donde los nuevos canales, vías y el barco de vapor facilitaban el comercio de bienes agrícolas.
Alrededor de 1870, las exportaciones masivas de Estados Unidos, Canadá y Australia, Nueva Zelanda y Argentina proporcionaron alimentos a la Europa industrial y a sus propios centros industriales. En Europa, los estados comerciales ganaron terrenos a las granjas tradicionales, mientras en algunas zonas, como Gran Bretaña, confiaron mucho en la importación de alimentos, encontrando más beneficios en concentrarse en los nuevos sectores industriales.
Impactos sociales
Incluso más allá de los cambios en los oficios y las tradiciones rurales, la industrialización modificó gradualmente la naturaleza de la vida.
Durante la primera época, más de la mitad de la población del país vivía en las ciudades.
En Gran Bretaña alcanzaron este hito en 1850.
Otro cambio clave afectaba a las familias. Con un trabajo que se realizaba fuera de casa, se requerían nuevas especializaciones entre los miembros de la familia.
En muchas sociedades industriales, las mujeres casadas eran retiradas a menudo del mercado laboral para ocuparse del trabajo doméstico.
Los niños eran utilizados en ocasiones en la industria primaria, pero con la introducción de maquinaria moderna, su trabajo ya no era necesario.
Al mismo tiempo, los nuevos niveles educativos parecían útiles para crear trabajadores adultos expertos. Desde este momento, la educación, más que el trabajo, definía la infancia en las sociedades industriales.
Fuera de casa, la industrialización creó nuevas, y a menudo agudizó las divisiones sociales. La brecha entre los propietarios de las fábricas y la creciente masa de trabajadores, incapaces de mejorar sus condiciones de trabajo, aumentó.
Nuevas formas de protesta, en particular huelgas y otros tipos de acción política se desarrollaron en paralelo al avance de la industrialización.
La mayoría de los historiadores está de acuerdo en que la calidad del trabajo se deterioró en muchos aspectos como resultado de la Revolución Industrial. Las presiones del ritmo más rápido y la supervisión estricta por parte de los supervisores y encargados, afectó negativamente a la calidad.
En suma, trabajar fuera de casa y la creciente especialización a menudo redujeron la identificación de los trabajadores con los productos que elaboraban. Desde luego, había compensaciones. Aunque los salarios a menudo eran bajos en los primeros años de la industrialización, al final mejoraron, creando nuevas oportunidades para consumir.
Un pequeño número de trabajadores podía llegar a un alto grado de especialización, incluso podían acceder a los puestos de supervisor. Avances más sustanciales sin embargo, eran infrecuentes. La mayoría de los trabajadores finalmente perdían su confianza en la satisfacción que proporcionaba el trabajo y buscaban trabajar menos horas y un mayor salario.
Pero la vida fuera del ámbito laboral no siempre mejoraba rápidamente. Las familias de clase trabajadora podían estar fuertemente unidas, pero aparecían nuevas tensiones. Muchos trabajadores descargaban sus frustraciones sobre otros miembros de la familia.
Y la alegría de vivir inicialmente se deterioró con la industrialización. La presión del trabajo cortó el tiempo de ocio. Incluso en Japón, que es rico en actividades lúdicas populares, los festivales tradicionales fueron atacados por los patronos que los veían como pérdidas de tiempo.
Los patronos atacaban cualquier otra actividad lúdica, como la bebida, aunque con menos éxito. Sin embargo, surgieron nuevas formas de ocio, espectáculos comerciales como los deportes profesionalizados, el teatro popular y más tarde el cine.
Industrialización mundial
La industrialización cambió el mundo. Pocos lugares escaparon a su impacto. Sin embargo, la naturaleza del impacto varía de unos lugares a otros. Comprender las consecuencias globales de la industrialización precisa que se entienda cómo fue la industrialización en cada lugar.
La industrialización al principio siempre es un fenómeno que se produce a nivel regional, no nacional, como lo demostró el gran retraso industrial de Sudamérica. Muchas zonas de Europa occidental y Estados Unidos siguieron a Gran Bretaña a principios del siglo XIX.
Unas pocas regiones europeas (Suecia, los Países Bajos, el norte de Italia) no comenzaron su verdadera industrialización hasta mediados del siglo. La siguiente gran oleada de nueva industrialización, que comenzó en torno a 1880, llegó también a Rusia y Japón.
Una última ronda (hasta hoy día) incluyó la rápida industrialización del resto del borde del Pacífico (concretamente Corea del Sur y Taiwan) en torno a 1960. Varios factores configuraron la naturaleza de la industrialización en cada sitio. En Gran Bretaña, por ejemplo, la industrialización triunfó cuando dependía de inventores individuales y de compañías relativamente pequeñas.
Sin embargo, comenzó a rezagarse en el clima corporativo de finales del siglo XIX. Por el contrario en Alemania avanzó cuando la industrialización provocó la creación de organizaciones mayores, estructuras organizativas más impersonales, e investigación colectiva más que artesanos hojalateros. En Alemania, el Estado estaba también más implicado en la industrialización que en Gran Bretaña.
La industrialización francesa puso el énfasis en la modernización de los productos artesanales. Esto no solamente reflejaba unas especialidades nacionales más tempranas, sino también menos adecuación de recursos en el carbón, un factor que mantuvo muy retrasada la industria pesada.
Francia también tenía que presionar a los trabajadores especializados para que trabajaran según las nuevas formas, generando algunas tensiones. Los carpinteros, por ejemplo, utilizaban diseños prefabricados para hacer la carpintería rápidamente, pero como se sentían ofendidos por las adulteraciones de sus destrezas artísticas, conservaron algunos métodos manuales.
La industrialización en Estados Unidos dependía de la mano de obra inmigrante. Esto explica en parte por qué los Estados Unidos, pese a su régimen político democrático, fue el pionero en una organización particularmente despiadada de los trabajadores, que culminó en la cadena de montaje.
Al contrario que Alemania, en Estados Unidos se pusieron en marcha leyes que combatían los negocios demasiado grandes que incurrieran en competencia desleal, aunque el impacto de estas leyes fue desigual.
Estados Unidos, con su enorme mercado, fue el pionero del nuevo estadio económico de la sociedad de consumo que ha tenido en los últimos tiempos un impacto mundial. En concreto, Estados Unidos encabezó la creación de moda popular y de entretenimientos de masas. Las industrializaciones tardías también variaron.
La industrialización rusa comenzó antes de la Revolución Rusa de 1917, pero el comunismo la aceleró considerablemente, sustituyendo la economía de mercado por la planificación estatal en el diseño de las políticas industriales.
La industrialización japonesa adoptó una estrecha colaboración entre las grandes empresas y el gobierno. Japón, como todas las naciones que se han industrializado más tarde, al principio tuvieron que importar el equipamiento básico. También carecían de recursos básicos, incluido el combustible.
Por eso, el estado rápidamente animó a las industrias que produjeran bienes para exportar aunque limitando las importaciones. Esta política aún afecta a Japón, pese a estar entre las mayores economías mundiales.
En suma, la herencia confuciana de Japón, que pone el énfasis en la colaboración, se refleja en la forma de gestionar la industria.
De hecho, a finales del siglo XX, muchos observadores señalaban que la industrialización había ganado terreno en dos contextos culturales concretos: occidental y confuciano.
Sin embargo, en cada contexto los resultados eran distintos.
No obstante, hay una complicación para describir la industrialización global como sucesivas oleadas, en aquellos casos en que las sociedades están parcialmente industrializadas y no ha habido una auténtica revolución.
Países como México, Brasil, India y China han llegado a una cierta producción industrial para reducir la necesidad de importar algunos bienes de consumo como la ropa y los coches.
También desarrollaron industrias claves en torno a ciertos bienes para exportar, como la industria informática brasileña (una de las mayores de todo el mundo) y los sectores aeroespacial y de software informático. El modelo de innovación y diversidad industrial sigue en vigor.
El colapso del comunismo europeo a finales de la década de 1980 obligó a los gobiernos de Europa del Este a convertirse a la economía de mercado para acelerar el crecimiento industrial. Algunos que habían prosperado mucho bajo el sistema comunista se encontraron con la dureza de esta nueva forma de funcionar. De hecho, en la historia de la industrial no se había intentado un cambio de sistema económico de esta envergadura.
En China, se produjo otra experiencia novedosa en 1978, cuando el país se embarcó en lo que parecía ser el primer estadio de una industrialización rápida, pero con una economía de mercado parcial combinada con un estricto y autoritario control gubernamental. Es complejo establecer un modelo de industrialización global cuando la industrialización que ha durado décadas es tan distinta de unos lugares a otros.
Algunos países, como Francia, Alemania y Estados Unidos, siguieron inmediatamente el modelo británico. Campañas comerciales, gobiernos deseosos de conseguir las ventajas de la industrialización para el ejército, y desde luego recursos naturales favorables, fueron importantes factores para su industrialización. Otras regiones quedaron muy rezagadas.
Aquí las causas diferían. Algunos lugares carecían de fuentes de energía adecuadas. Muchos más eran dependientes de la economía occidental, demasiado pobres para conseguir el capital que les permitiera adquirir equipamiento industrial costoso y a menudo dependía de los capitalistas occidentales.
Egipto, por ejemplo, intentó industrializarse bajo una líder reformista a principios del siglo XIX pero fue bloqueado. En lugar de eso, se convirtió en productor de materias primas (especialmente algodón) para los fabricantes occidentales.
En algunos lugares, para acabar, se resistieron a la industrialización por motivos culturales. En 1870, el gobierno tradicionalista chino destruyó deliberadamente las primeras vías de tren construidas en el gigantesco país.
Las consecuencias de la industrialización son, en última instancia, globales. A principios del siglo XIX, las fábricas europeas empujaron hacia la fabricación tradicional a zonas como América Latina y la India. Al mismo tiempo, los centros industriales buscaban recursos alimentarios y materias primas, ayudando a estos sectores a expandirse en lugares como Chile y Brasil.
La búsqueda de dinero mediante las exportaciones con el objetivo de comprar bienes de lujo y maquinaria de las sociedades industriales, ayudó a provocar grandes cambios en los modelos laborales en lugares como América Latina, o en 1900, África. Los bajos salarios, a menudo forzados mediante medidas coercitivas, se generalizaron.
El poderío industrial y la búsqueda de mercados y materias primas yacen tras la expansión imperialista europea del siglo XIX. Sin embargo, de forma gradual, otras sociedades copiaron la industrialización o cuando menos desarrollaron un sector industrial independiente.
Gran parte de la historia del mundo en el siglo XX, recoge los esfuerzos de sociedades como la India, China, Irán o Brasil para reducir su dependencia de las importaciones y organizar una forma selectiva de exportación a través de la industria.
El impacto medioambiental de la industrialización también ha sido internacional. La industrialización afectó rápidamente a la calidad del agua y del aire cerca de las fábricas. Las demandas industriales de productos agrícolas, como el caucho, provocaron la deforestación y cambios climáticos en lugares como Brasil.
Estos modelos se han acelerado, mientras el crecimiento industrial se ha generalizado, creando temas de actualidad, como el calentamiento global. El impacto mundial de la industrialización, en este sentido, permanece como una historia inacabada cuando comienza el siglo XXI. Dado el impacto global de la industrialización, es creciente la importancia de que entendamos su naturaleza y sus consecuencias.
Aunque es fácil entender el impacto de la industrialización desde el nivel personal, es más difícil comprender su naturaleza a nivel global, especialmente cuando el modelo global es tan complejo. La historia proporciona un medio para llegar a comprenderlo.
Comprendiendo las causas, las variaciones y las consecuencias históricas de la Revolución Industrial, podemos entender mejor nuestras circunstancias actuales y, con optimismo, diseñar mejor las industrializaciones futuras.
Los grandes conglomerados urbanos multiplicaron la concentración de contaminantes propios de las ciudades: residuos orgánicos y contaminantes atmosféricos provenientes de las estufas.
Además, tanto en la primera como en la segunda etapa de la Revolución Industrial, la producción en fábricas dependió en gran medida del uso de combustibles, con la consecuente contaminación del aire. Por otro lado, la producción excesiva de mercancías comenzó a tener como efecto una más rápida producción de residuos.
Antes de la organización de los sectores de trabajadores, no existían leyes que regularan el trabajo del proletariado. Dado que había un amplio sector de la población sin recursos económicos, muchas personas aceptaban trabajos en cualquier condición. Por eso, las jornadas laborales eran tan largas que se tornaban insalubres, además de que estaba permitido el trabajo infantil.
La legislación del trabajo y las organizaciones de los trabajadores, así como las nuevas ideologías (socialismo, comunismo) fueron las fuerzas que impulsaron cambios en estas condiciones. Sin embargo, en algunos países los niveles de explotación que se observaban en el siglo XVIII siguen aún vigentes.
Muy Interesante(E.M.F.Aguilar/C.Pérez) — El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 marcó un hito en la historia de la humanidad al aterrizar en la Luna. Este logro monumental no solo representó un avance tecnológico sin precedentes, sino que también simbolizó el espíritu de exploración y la capacidad de la humanidad para superar desafíos aparentemente insuperables. Sin embargo, a lo largo de las décadas, han surgido diversas teorías que cuestionan la autenticidad de este logro, generando debates y controversias que persisten hasta el día de hoy.
Hipótesis 1: Los motores del módulo lunar no expelían llamas y deberían hacerlo debido al combustible que servía para impulsarlo.
Respuesta 1: En el vacío del espacio, no hay oxígeno para alimentar una llama visible. El módulo lunar utilizaba monometilhidracina y tetróxido de dinitrógeno como combustible y comburente, respectivamente. Aunque se produce una llama, esta es incolora y, por lo tanto, no visible en las imágenes.
Hipótesis 2: Los gases de combustión que expelía la tobera del módulo lunar eran inmensos; sin embargo, no se ve ni un solo remolino de polvo bajo él.
Respuesta 2: La ausencia de atmósfera en la Luna significa que no hay aire para suspender partículas de polvo. Los remolinos de polvo, típicos en la Tierra, no pueden formarse en un entorno sin aire.
Hipótesis 3: ¿Cómo pudo volver el cohete lunar con tan poco combustible, si a la ida necesitó una cantidad tan grande?
Respuesta 3: El Saturno V, el cohete utilizado para el viaje, tenía una masa de 2900 toneladas, de las cuales la mayor parte era combustible. El módulo lunar, al regresar, tenía solo un 3% de esa masa inicial, debido a la menor gravedad lunar que reduce la necesidad de potencia.
Hipótesis 4: Si la gravedad en la Luna es menor que en la Tierra, ¿cómo es que el polvo lunar no permanecía más tiempo en el aire?
Respuesta 4: La razón está en la Hipótesis 2. Sin atmósfera para suspender las partículas, el polvo lunar no permanece en el aire.
Hipótesis 5: Cuando el módulo lunar se posó, no produjo un cráter ni se hundió, lo cual es absurdo pues pesaba más de 15 toneladas.
Respuesta 5: El polvo lunar está asentado sobre una capa de roca dura. Al igual que una máquina en una playa de arena, el módulo lunar no se hunde sino que se posa sobre la superficie.
Hipótesis 6: La bandera ondea y no debería hacerlo, puesto que en la Luna no hay atmósfera y, por tanto, tampoco viento.
Respuesta 6: La bandera no está ondeando. La apariencia de ondeo se debe al palo horizontal en la parte superior que mantiene la bandera extendida. En realidad, la bandera está fija en su posición y no se mueve debido a la ausencia de viento.
Hipótesis 7: La impresión de las huellas de los astronautas es perfecta, a pesar de tratarse de una superficie seca.
Respuesta 7: El polvo lunar tiene una estructura única que permite una alta cohesión, similar a la harina en una superficie seca. Esto permite que las huellas sean claramente visibles y definidas.
Hipótesis 8: ¿Cómo es que no explotaron los neumáticos del Rover en el vacío de la Luna?
Respuesta 8: Los neumáticos del Rover estaban diseñados especialmente para soportar el vacío lunar. La documentación técnica de estos neumáticos está disponible para su consulta en los archivos de la NASA.
Hipótesis 9: Según la NASA, la extraña silueta que aparece en una foto tomada desde el módulo lunar, a 95 km de la superficie de la Luna, era la sombra del módulo. Pero cuando un avión de gran tamaño vuela a baja altura no proyecta sombras tan enormes y definidas.
Respuesta 9: Jamás la NASA ha dicho que se trata de ninguna sombra, es una de las pequeñas toberas de los motores RCS desenfocado al estar en el primer plano.
Hipótesis 10: Algunas sombras que deberían ser paralelas forman cierto ángulo, lo cual indica que había más de un foco de luz. Consecuencia: todo fue rodado en un estudio.
Respuesta 10: La perspectiva en las fotografías puede distorsionar los ángulos y dar la impresión de múltiples fuentes de luz. Esto es un fenómeno conocido como perspectiva cónica, y no implica la existencia de un estudio.
Hipótesis 11: Hay una foto de la misión Apolo 16 que muestra a dos astronautas cuyas sombras forman 90 grados.
Respuesta 11: La fotografía es en realidad una panorámica compuesta por múltiples imágenes. Este efecto es un resultado de la proyección de un campo visual amplio en una sola imagen.
Hipótesis 12: Algunas sombras son más largas de lo esperable.
Respuesta 12: La longitud de las sombras en la Luna puede variar debido a la altura de los objetos y las irregularidades del terreno. Esta variabilidad no es indicativa de fraude.
Hipótesis 13: Los astronautas y algunos objetos aparecen misteriosamente alumbrados en mitad de las sombras.
Respuesta 13: La luz puede ser reflejada por el regolito lunar, permitiendo que los objetos en la sombra sean visibles. Esto se debe al albedo del regolito, que refleja la luz solar eficazmente.
Hipótesis 14: Hay una fotografía en la que un astronauta no tiene sombra: es como si se hubiese pegado su foto sobre un fondo fijo.
Respuesta 14: La ausencia de sombra se debe a que el astronauta está en el aire, saltando. La fotografía captura el momento en que el astronauta está en vuelo, por lo que la sombra no es visible.
Hipótesis 15: Las fotos son de gran calidad, propias de un profesional y no de un astronauta con una cámara colgada al cuello.
Respuesta 15: Las fotografías seleccionadas para su difusión son las que mejor capturaron el momento. El archivo de la NASA contiene una gran cantidad de imágenes, muchas tomadas por los astronautas durante las misiones.
Hipótesis 16: En algunas fotografías hay unas misteriosas cruces que aparecen incluso detrás de los objetos.
Respuesta 16: Las cruces en las fotografías son marcas técnicas preimpresas en las películas para controlar la exposición. Estas marcas a menudo quedaban ocultas o no eran visibles en las imágenes finales.
Hipótesis 17: ¿Cómo pueden haber soportado los negativas de las cámaras las altas temperaturas de la Luna?
Respuesta 17: Las cámaras de las misiones Apolo estaban diseñadas para soportar temperaturas extremas mediante la protección contra radiación electromagnética. La mayoría del calor recibido era reflejado al espacio, minimizando el impacto en los negativos.
Hipótesis 18: Algunas fotografías muestran extrañas manchas en el cielo: ¿Qué son?
Respuesta 18: Las manchas en el cielo son efectos de flare, una aberración óptica causada por la incidencia directa de la luz solar en las lentes de la cámara.
Hipótesis 19: En ninguna de las fotografías de las misiones Apolo aparecen estrellas, ya que una simulación de este tipo habría sido descubierta por cualquier astrónomo.
Respuesta 19: Las fotografías se tomaron con tiempos de exposición cortos y aperturas pequeñas para capturar la superficie lunar y los astronautas, lo que no permitía la captura de las estrellas, que requieren tiempos de exposición más largos.
Hipótesis 20: ¿Por qué razón no tomaron fotos del cielo?
Respuesta 20: Las misiones Apolo tomaron fotos del cielo usando un telescopio de luz ultravioleta en la misión Apolo 16. Se realizaron un total de 178 fotografías del cielo durante esa misión.
Hipótesis 21: En algunas fotografías se ven extrañas siluetas en los visores de los astronautas; además, son espejos, para que no se note que son actores.
Respuesta 21: Los visores de los astronautas estaban espejados para proteger sus ojos de la luz intensa y para mejorar la visibilidad. Las siluetas son reflejos normales en estos visores, no indicativos de actores.
Hipótesis 22: En una fotografía se aprecia una pisada debajo del módulo lunar del Apolo 14: eso significa que alguien anduvo por allí antes y que se trata de un decorado.
Respuesta 22: Las pisadas mostradas en las fotografías son resultado de las caminatas realizadas por los astronautas en las cercanías del módulo lunar, no de un decorado previo.
Hipótesis 23: En una fotografía aparece una «C» en una roca, lo que prueba que es parte del decorado.
Respuesta 23: La «C» en la roca es una imperfección en el negativo, posiblemente una fibra o pelo. No es un marcador de decorado.
Hipótesis 24: Algunas fotografías muestran el mismo fondo pero con el módulo lunar en tamaños muy distintos: esto significa que la NASA reutilizó los decorados.
Respuesta 24: Los fondos parecen el mismo debido a que en la Luna es prácticamente imposible calcular las distancias debido a la falta de atmósfera, pues perdemos sensibilidad a la distancia. Basta con mirarlas y compararlas:
Hipótesis 25: La NASA sólo ha distribuido 20 fotografías una y otra vez.
Respuesta 25: Esta afirmación es falsa. La NASA ha puesto a disposición un extenso archivo de fotografías de las misiones Apolo en su sitio web oficial.
Hipótesis 26: ¿Por qué no hay fotografías de telescopios que muestren el lugar del alunizaje con los restos de las misiones Apolo?
Respuesta 26: Los telescopios ópticos no tienen suficiente resolución para capturar detalles tan pequeños como los restos de los alunizajes. Sin embargo, la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter ha tomado imágenes de las zonas de alunizaje, mostrando los restos de las misiones.
Hipótesis 27: En una fotografía del Rover de la misión Apolo 16 se ve que las ruedas han dado un giro brusco, lo cual significa que alguien lo transportó y colocó allí.
Respuesta 27: Es común que aquellos grupos que no creen en la llegada del hombre a la Luna tiendan a suprimir la parte de la fotografía donde, efectivamente, se observa la curvatura en la huella de las ruedas. En la fotografía real no se aprecia ningún giro brusco.
Hipótesis 28: Hay fotografías secretas que muestran a los astronautas en la Tierra.
Respuesta 28: Las fotografías en cuestión corresponden a los entrenamientos de los astronautas en la Tierra, documentados y accesibles en los archivos de la NASA.
Hipótesis 29: En las primeras imágenes de Neil Armstrong sobre la Luna se le ve descendiendo por las escaleras: ¿quién las grabó? Está claro que se trataba de un plato de grabación y que allí había alguien con una cámara.
Respuesta 29: La cámara estaba montada en el exterior del módulo lunar para grabar el momento histórico del descenso de Armstrong. Estaba situada en el lado derecho de la escalerilla de descenso y ascenso al módulo. El momento era histórico, no se podía dejar pasar.
Hipótesis 30: Las imágenes de televisión que retransmitieron el alunizaje del Apolo 11 son de muy mala calidad para ocultar los posibles errores.
Respuesta 30: Las imágenes fueron transmitidas en vivo en una calidad baja debido a las limitaciones tecnológicas de la época. Pasaron por una serie de procesos intermedios para que fuesen emitidas, lo cual se tradujo en que las imágenes fueran poco definidas.
Hipótesis 31: Las imágenes de los vídeos parecen haber sido grabadas en la Tierra y ralentizadas a la mitad de tiempo para imitar la gravedad lunar.
Respuesta 31: Duplicar la velocidad de las imágenes no reproduce las condiciones cinemáticas de los vídeos realizados en la Tierra. Los cálculos muestran que la suposición de ralentización no encaja con los resultados observados.
Hipótesis 32: La NASA ha perdido los videos de las misiones Apolo; demasiado misterioso.
Respuesta 32: Los videos en cuestión eran copias de seguridad que contenían datos de telemetría. La NASA afirma que los vídeos no están perdidos sino deslocalizados en algún almacén donde se guardan miles de cintas.
Hipótesis 33: Las computadoras de los años 60 y 70 eran demasiado arcaicas, tenían menos memoria que una calculadora programable actual.
Respuesta 33: El ordenador de a bordo de las misiones Apolo tenía suficiente capacidad para realizar las operaciones de navegación necesarias. Las especificaciones eran adecuadas para las tareas que debía cumplir.
Hipótesis 34: El Rover era demasiado grande para ser transportado en el módulo lunar.
Respuesta 34: El Rover estaba diseñado para plegarse y encajar en el módulo lunar. Este diseño compacto permitió su transporte y despliegue en la superficie lunar.
Hipótesis 35: ¿Cómo puede sobrevivir un ser humano a las altas temperaturas a las que se expone en la superficie lunar?
Respuesta 35: Los trajes espaciales estaban formados por diversas partes para eliminar las posibles subidas de temperatura no deseadas. Incluso llevaban una prenda interior de algodón (LCV) que absorbía las subidas de temperatura del cuerpo del astronauta.
Hipótesis 36: Las misiones Apolo tenían que atravesar los cinturones de Van Allen, una zona de radiación que habría matado a cualquier ser vivo.
Respuesta 36: Las radiaciones absorbidas por los astronautas no fueron en absoluto letales debido al breve tiempo de exposición al que se sometieron. Más información.
Hipótesis 37: La propia NASA sostiene que una gran erupción solar es un peligro para los astronautas que puedan viajar a Marte: ¿por qué no afectó a los que fueron a la Luna?
Respuesta 37: Las misiones tripuladas a la Luna duran sólo unos días y el riesgo de erupción solar queda minimizado. Además, las erupciones solares son monitoreadas constantemente, permitiendo a las agencias espaciales anticipar y mitigar posibles impactos.
Hipótesis 38: La NASA puso en cuarentena a los astronautas tras el supuesto viaje a la Luna para lavarles el cerebro: ¿por qué, si no, una cuarentena tan larga? S69-21365HR
Respuesta 38: La cuarentena de los astronautas fue una medida de precaución para evitar la posible introducción de contaminantes biológicos desconocidos desde la Luna, no para manipulación psicológica. La duración se estableció según el período de incubación de las enfermedades más virulentas conocidas en aquel momento.
Hipótesis 39: Michael Collins se afeita en el espacio y llega a la Tierra con bigote. AP11-69-H-1127HR
Respuesta 39: Michael Collins tenía bigote durante la misión y se afeita parcialmente. El crecimiento del vello facial es un proceso natural y, al pasar nueve días en el espacio, es posible que simplemente no se haya afeitado esa área en particular.
Hipótesis 40: La astrónoma Maria Blyzinsky, del Real Observatorio de Greenwich, afirma que en la Luna no hay atmósfera y, por tanto, las estrellas deberían ser mucho más visibles que en la Tierra, lo cual, sin embargo, no se aprecia en las fotografías.
Respuesta 40: La afirmación de la astrónoma es falsa, la cual fue incluso desmentida por ella misma. Además, el Observatorio de Greenwich no ha funcionado como tal desde 1998.
Hipótesis 41: Hay un vídeo secreto de la NASA que circula por Internet en el que se ve cómo se cae un foco del atrezzo, demostrando así que todo es un montaje.
Respuesta 41: El vídeo en cuestión es un montaje falso creado por Adam Stewart y no tiene relación con las misiones Apolo. La existencia de vídeos fraudulentos no afecta la veracidad de las misiones originales.
Hipótesis 42: El documental Operación Luna desenmascara todo el engaño.
Respuesta 42: Operación Luna es un falso documental dirigido por William Karel para la cadena Arte, creado como una broma. Aunque bien realizado, no es un reflejo de la realidad de las misiones Apolo, sino una producción satírica.
Hipótesis 43: ¿Por qué sólo se ha ido una vez a la Luna?
Respuesta 43: Esta afirmación es incorrecta. La NASA realizó seis misiones exitosas a la Luna, con un total de 12 astronautas que caminaron sobre la superficie lunar.
Hipótesis 44: Los astronautas del Apolo 11 admitieron en una entrevista no haber visto estrellas en el cielo.
Respuesta 44: Los astronautas se referían a las estrellas en el campo visual de la corona solar.
Hipótesis 45: Muchos astronautas han muerto misteriosamente; los tripulantes del Apolo 1 fueron asesinados.
Respuesta 45: Los astronautas del Apolo 1 murieron en un trágico accidente durante una prueba en tierra. Las muertes no están relacionadas con asesinatos, sino con problemas técnicos en el equipo. Las teorías de asesinato carecen de evidencia y son una distorsión de los hechos.
Hipótesis 46: Los astronautas que han ido a la Luna no conceden entrevistas ni aparecen en actos públicos.
Respuesta 46: Esta afirmación es falsa. Astronautas como Buzz Aldrin han estado activos en eventos públicos y redes sociales. La falta de apariciones en ciertos contextos no implica conspiración.
Hipótesis 47: Algunos investigadores afirman que el hombre nunca ha ido a la Luna.
Respuesta 47: Los llamados «investigadores» que promueven esta teoría suelen carecer de credibilidad científica. De hecho, no son rigurosos, no se basan en argumentos sólidos, son muy pocos y nunca son del ámbito científico.
Hipótesis 48: Los vídeos de la Luna se parecen misteriosamente a la película de ciencia ficción Capricornio Uno.
Respuesta 48: Capricornio Uno fue lanzada en 1978, después de las misiones Apolo. La película pretendía imitar la apariencia de los vídeos espaciales de la época, lo que explica cualquier similitud. No implica que los alunizajes fueran falsos.
Hipótesis 49: Los rusos estaban ganando la carrera espacial, los norteamericanos no lo podían permitir y falsearon los viajes.
Respuesta 49: Esta teoría no tiene fundamento. Si Estados Unidos hubiera falsificado los alunizajes, los soviéticos, con sus avanzadas capacidades de monitoreo, lo habrían expuesto. La competencia espacial fue intensa y ambas partes estaban bien equipadas para verificar los hechos.
Hipótesis 50: La opinión pública estaba alterada con la guerra de Vietnam, por lo que las misiones Apolo venían al pelo para acallar las voces de descontento.
Respuesta 50: Las fechas del programa Apolo y de la guerra de Vietnam muestran que las misiones espaciales estaban programadas independientemente de los eventos terrestres. El programa Apolo fue un esfuerzo científico y tecnológico con sus propios objetivos.
Las misiones Apolo, incluyendo la histórica misión del Apolo 11, han sido objeto de diversas teorías de conspiración a lo largo de los años. Sin embargo, las respuestas a estas 50 hipótesis muestran que cada afirmación infundada ha sido refutada con explicaciones técnicas y científicas. La evidencia acumulada, desde las características del equipo hasta los datos de las misiones, confirma la autenticidad de los alunizajes.
La humanidad realmente pisó la Luna y dejó una huella duradera en la historia.
Ansa Latina(P.Vacalebri/G.Giudici) — Giorgio Armani nunca ha dejado de mantener su estilo sobrio y sin florituras: «Antes de presentar una colección no me canso de eliminar, siempre hay algo que sobra», reveló en el escenario de un desfile de Armani Privé en París.
En un mundo donde todos dicen todo y lo contrario de todo, Giorgio Armani está a punto de celebrar 90 años de coherencia.
De un pensamiento convertido en estilo, en una unidad de intenciones que el mundo entero reconoce en una vida que comenzó el 11 de julio de 1934 en Piacenza y en una carrera que comenzó en 1975 y que llevó a Armani a estar al frente de un grupo orgullosamente independiente, símbolo del Made in Italy.
Minimalista ante litteram, deconstruido hasta la fluidez, reconocible entre cien propuestas diferentes. El rey Giorgio apaga 90 velas este 11 de julio, pero este año también celebra los 50 años de su marca, ya que siendo joven, al final del servicio militar, encontró trabajo primero como vendedor en la cadena de tiendas Rinascente y luego en 1965 fue contratado por Nino Cerruti para rediseñar la moda de la marca Hitman, el packaging de los productos del Lanificio Fratelli Cerruti.
Pero su nombre apareció en el universo de la moda por primera vez en 1974 cuando nació la línea de prendas de cuero Armani by Sicons. La primera colección data de 1975, año en el que fundó la empresa del mismo nombre, junto con su compañero de vida Sergio Galeotti, fallecido prematuramente 10 años después.
El estilo de Armani es recordado por su clase y la refinada elegancia de sus prendas exteriores. En el vestuario masculino, el diseñador es conocido como el «Rey de la chaqueta deconstruida» desde 1980, año en el que Giorgio Armani diseñó el vestuario escénico de Richard Gere para la película de culto «American Gigolo».
Todo un armario de ropa, camisetas y complementos, diseñado para el protagonista de la película sobre el gigoló más famoso de Los Ángeles, Julien Kaye. Un chico hermoso y de físico en forma, que en varias escenas se encuentra sin camisa frente a su guardarropa Armani, eligiendo la vestimenta adecuada para sus encuentros con mercenarios. Escenas que sin duda contribuyeron a la consagración de la estrella estadounidense en el Olimpo del cine mundial.
En la moda masculina, Armani tiene el mérito de haber eliminado la rigidez de las chaquetas, quitando los hombros caídos y las costuras rígidas, revolucionando la silueta de la época. Se eliminaron los soportes internos (almohadones y entretelas), se trasladaron los botones y se modificaron las proporciones tradicionales.
Pero «para los hombres los cambios entre una colección y otra deben ser pocos, confiados a los detalles, solapas, bolsillos, colores», le gusta recordarnos a Armani.
El estilista aborrece las rarezas. Sus chaquetas se convirtieron y siguen siendo uno de los emblemas del estilo italiano en el mundo. Basta ver las alfombras rojas, los personajes más elegantes visten de Armani.
En la moda femenina, Giorgio Armani ha dejado su huella sobre todo en el traje, con igual éxito que el masculino. Introdujo chaquetas deconstruidas pegadas al cuerpo, pantalones fluidos, vagamente orientales, suaves en las piernas y ajustados en la parte inferior, o pantalones con sobrefalda.
Los vestidos de noche son siempre muy refinados y de colores delicados. Para él la tradición se convierte en estilo.
Incluso en la paleta de colores Armani siempre ha mantenido gustos precisos. Desde el principio de su carrera, el diseñador se centró en el cine en blanco y negro y en las atmósferas de los Estados Unidos de los años veinte y treinta.
Su estilo de cortes nítidos y limpios requería tonos de color fríos: beige, gris y greige, un nuevo tono equilibrado entre gris y arena terrosa. Pero es sobre todo el azul Armani el que distingue su producción, aunque no excluye el blanco y negro atemporal.
Otra fuente de gran inspiración para Armani son las culturas oriental y árabe. De hecho, en algunas de sus prendas se introdujeron cuellos mao y abrigos tipo chilaba, comercializados en 1990, al mismo tiempo que se estrenaba en los cines la película «Té en el desierto». De hecho, su colección Armani Casa está creada con inspiración Art Déco y Lejano Oriente.
El Made in Italy sublime
En 50 años de trabajo, consagrados por las portadas de Time, por el éxito en Hollywood, por One Night Onlys en todo el mundo, por el honor de Caballero de la Gran Cruz de la Orden al Mérito de la República Italiana que le confirió el Presidente Mattarella, nunca una contradicción, un desgarro a una ética hecha de dedicación y pasión. Es bien sabido que Giorgio Armani es un perfeccionista, capaz de controlar una a una cada salida de un desfile, de seguir de cerca cada detalle.
«Soy pragmático y racional, pero todas mis acciones salen del corazón», subrayó sin embargo al presentar hace años el libro titulado «Por amor». «Soy una persona racional y creativa, pero el impulso – palabras pronunciadas en su Piacenza en honor del título honoris causa que le concedió la Universidad Católica – siempre proviene de la pasión, de una intuición y del deseo ardiente de realizarlo. Cada idea, en definitiva, es fruto del enamoramiento y este trabajo, que para mí es vida, es un acto continuo de amor».
En su discurso ante los alumnos de la Cattolica, Giorgio Armani también recordó uno de los momentos más duros de su vida, la muerte de su socio y compañero Sergio Galeotti, fallecido en 1985, diez años después de haber fundado Giorgio Armani con él.
«El destino me puso a prueba y, tras la muerte de mi socio, para que Giorgio Armani sobreviviera, tuve que encargarme personalmente de la empresa. Muchos pensaron que no lo lograría, pero – había contado con gran sinceridad- gracias a mi terquedad y al apoyo de las personas cercanas a mí, logré seguir adelante».
Los momentos difíciles -la lección dada a los jóvenes- «los superé con compromiso y dedicación y rigor, los valores que asimilé en mi familia y que siempre recomiendo seguir para darle forma a lo que uno cree, más aún más hoy que los éxitos efímeros se multiplican porque lo que requiere compromiso perdura».
Al principio de su carrera, tras llegar de Piacenza a Milán, tampoco le resultó fácil: desde el Volkswagen Escarabajo vendido para iniciar el negocio hasta el miedo a no estar a la altura, pero luego «poco a poco – dijo en el avance de una película hace unos años- obtuve la fuerza y ;;el coraje para querer ser alguien en esta aventura».
Y lo hizo dejando una huella imborrable, que no sólo está hecha de estilo, sino de una visión de gran rigor. «No soy un visionario – dijo al presentar el libro que lleva su nombre – sino una persona con los pies en la tierra, vivo mi vida diaria en un mundo al que pensé que podía servir, que podría ser útil con este trabajo. Y lo hice cambiando la forma de vestir de hombres y mujeres, y esto -explicó hace unos años- es una de las mayores satisfacciones».
«Hice mi revolución, sutil y susurrada pero pesada – sostuvo – rompiendo las reglas de vestimenta que existían desde hacía 30 o 40 años, como proponer un vestido de noche con tacones bajos, eliminar la rigidez de la chaqueta, imaginar que una mujer podría vestirse como un hombre».
Hay mucho para dormirse en los laureles, pero para Giorgio Armani la vida y el trabajo siempre han sido una misma cosa, hasta el punto de que, una vez concluidos los desfiles Privé en París y los desfiles masculinos en junio, en octubre, después de la Semana de la Moda de Milán, regresará a Nueva York para inaugurar el nuevo edificio de la «Maison» en Madison Avenue con un desfile y una fiesta.
Igluu(J.T.Boyano/the conversation) — ¿Quién no recuerda su primer beso de amor? ¿Quién no evoca con nostalgia aquel dulce que le preparaba su madre o aquellas tardes interminables de juegos de la niñez? Todos somos capaces de rememorar experiencias felices. Pero cada individuo tiene su historia personal, con su guión propio.
Al repasar una vivencia, el cerebro adopta un estado especial de conciencia. La mente recapitula los acontecimientos más importantes, como si proyectara una película. Esta capacidad para viajar hacia atrás y revivir el pasado se denomina memoria personal o autobiográfica.
– Recordamos vivencias a partir de los tres años (a veces antes)
La memoria autobiográfica se inicia con el primer recuerdo vital, que surge alrededor de los tres años. El niño tiene ya noción de sí mismo, un incipiente lenguaje y cierta maduración cerebral. Leonardo da Vinci recordaba que un milano asaltó su cuna y golpeó sus labios. Frida Kahlo imaginaba que aparecía una amiga tras la ventana. García Márquez contaba que, siendo muy chico, en Aracataca, su abuelo lo llevó a ver un dromedario del circo.
Durante el desarrollo, la memoria continúa registrando eventos emocionales. En la juventud disfrutamos de muchas “primeras veces” que se viven intensamente, acompañadas por sentimientos que las magnifican. Eso permite que, años después, podamos recuperar la emoción de aquel instante sin perder viveza. Entonces visualizamos la escena completa, incluyendo información multisensorial.
Volvemos a experimentar aromas de jazmín, texturas de manos cariñosas o el sabor de aquel guiso humeante de nuestra abuela. Vemos los rostros y expresiones, oímos el tono grave de las voces, sus risas… A veces, uno de esos detalles es la clave para desencadenar la evocación – el efecto de la magdalena de Proust–.
Cuando se trata de eventos traumáticos, la memoria conserva el dolor. María Velón, víctima del tsunami de 2004 en Tailandia, aún se estremece rememorando una ola que la separó de sus hijos. Un anciano centenario, interrogado en televisión, todavía temblaba al contarlo: una bala le rozó la sien en la Guerra Civil, cuando tenía 18 años.
– La memoria de los detalles
¿Por qué recordamos con tanta nitidez momentos críticos de nuestra historia personal?
Sabemos, gracias a la neurociencia, que la información es codificada por estructuras cerebrales que actúan conjuntamente. El hipocampo codifica detalles espaciales y enlaza información del córtex visual. La amígdala se dispara para reactivar la emoción. En el córtex prefrontal se ordenan estas sensaciones, componiendo un relato coherente.
Esto implica a millones de neuronas que se interconectan, desencadenando una frenética actividad. La resonancia magnética sólo permite vislumbrar estallidos simultáneos aquí y allí, por lo que aún no comprendemos todos los aspectos. Pero parece indiscutible que toda nuestra mente participa de forma activa.
Gracias a esa actividad frenética, almacenamos recuerdos y, más tarde, recuperamos esas escenas pasadas a través de una reconstrucción no siempre del todo exacta. Algunos detalles se consolidan, otros decaen. El trauma se incrementa o se atenúa. En ocasiones, una nueva información puede incorporarse, rellenando lagunas mentales y creando falsos recuerdos.
– El miedo, la alegría y la vergüenza no se olvidan
En general, los recuerdos personales, distribuidos a lo largo de la vida, tienen un denominador común: su significado. Son hitos vitales que han influido de forma positiva o negativa en nuestra existencia. Conllevan una elevada carga emocional: vergüenza, miedo, alegría, humor… Nadie olvida su boda, el nacimiento de un hijo o un logro relevante. Tampoco una pérdida, ruptura o gran decepción.
Además, existen recuerdos comunes a toda una generación. Guardamos eventos que estallaron en un momento histórico, deslumbrándonos con su fogonazo: un golpe de estado, la muerte de Lady Di o Maradona, los Rolling en concierto, los atentados del 11-S, etc. Millones de cerebros registran simultáneamente estos acontecimientos públicos, que producen enorme conmoción.
Se denominan recuerdos-destello (flashbulb memories). Cada cual recordará dónde estaba, cómo recibió la noticia, qué pensó y qué hizo. Aspectos aparentemente nimios quedan iluminados en ese fotograma: la imagen de Matías Prats, las Torres Gemelas, un comentario aislado…
– Olvidar detalles nimios es síntoma de salud mental
Pero no todos los hechos vividos son iguales. No todo tiene esta trascendencia. La mayor parte de nuestra experiencia diaria se desvanece tras unas horas, como ocurre con la cena del pasado jueves o la serie policiaca del sábado. Comprobamos la utilidad del olvido: los hechos irrelevantes se borran, acumulándose en un saco de recuerdos vulgares, del montón, llamados recuerdos generales. Olvidar detalles nimios es síntoma de salud mental. Limpia el cerebro de datos inútiles.
Además, nuestro cerebro se ocupa de eliminar específicamente las irritaciones de la vida cotidiana. Envía a la papelera los pequeños eventos que son perjudiciales para nuestra eficacia social. Se evaporan enfados, discusiones absurdas, esperas incómodas, picaduras de mosquitos…. Si no olvidáramos lo negativo, perderíamos la ilusión, la confianza en el futuro. Ya no volveríamos a emprender iniciativas, viajes o reuniones.
De hecho, la mente suele adoptar una especie de visión de color de rosa: favorece la persistencia de recuerdos positivos. Con el tiempo, las personas mayores prefieren revivir momentos felices. Manuel Vicent (88 años) evoca sus domingos infantiles, recolectando espárragos silvestres frente al mar.
La mexicana Elena Poniatowska (92) se ve sobre las rodillas de su padre tocando el piano en París. Borges llevó siempre consigo las calles del barrio de Palermo, en Buenos Aires. La memoria actúa, por así decirlo, como un mecanismo de regulación emocional.
– Memoria con sentido
En suma, estamos diseñados para rememorar aquello que ha sido esencial en nuestra vida, aportando un significado coherente. Cada vez que relatamos un momento pasado le asignamos un lugar, un sentido dentro nuestra historia vital. La durabilidad de estos recuerdos prueba que nuestra memoria no es frágil, sino selectiva. La memoria autobiográfica crea nuestra identidad, mejora el ánimo y fortalece los lazos afectivos que nos unen a nuestros seres queridos.
Cuando alguien cuente su historia de vida, escúchelo. No será perder el tiempo sino recuperar tiempo, resucitar la experiencia vivida. La memoria personal nos convierte en humanos y, a la vez, nos hace más humanos.