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El “Decamerón”: los escandalosos cuentos que desafiaron los tabúes sexuales en la Edad Media…


Pintura de grupo de jóvenes sentados en un jardín
«El Decamerón», imaginado por el artista alemán Franz Xavier Winterhalter en1837.

BBC News Mundo(D.Duncan) — ¿Cuál crees que fue la obra que la revista The New Yorker describió como «probablemente el más obsceno de los grandes libros del canon occidental»?

No fueron ni «Ulises» de James Joyce o «El amante de Lady Chatterley» de D.H. Lawrence, que estuvieron prohibidos. Ni siquiera la perennemente problemática «Lolita» de Vladimir Nabokov.

Ninguna le llega a los talones a una colección de cuentos escritos en el siglo XIV.

En cuanto a obscenidad pura y escandalosa, el «Decamerón», escrito en italiano por Giovanni Boccaccio a principios de la década de 1350, deja a sus rivales en la sombra.

Hasta dejó su huella en el idioma italiano, con la palabra boccaccesco que describe algo salaz o lascivo.

Volveremos a las obscenidades en un momento, pero antes vale decir que el «Decamerón» tiene mucho más que ofrecer que sus historias impúdicas.

Boccaccio presentó la que se convertiría en su obra más importante señalando:

«Mi plan es contar 100 historias, o fábulas, o parábolas, o historias, o como quieran llamarlas. Fueron contadas durante diez días, como se verá, por una honorable compañía formada por siete damas y tres jóvenes que se reunieron durante la reciente peste».

Se refería a la pandemia de peste bubónica más devastadora de la historia, la cual, aunque apenas se menciona después del primer capítulo, proporciona el telón de fondo del «Decamerón» y le da a la obra un extraño caracter estremecedor.

Boccacio, con una pañoleta roja en la cabeza.
Fresco retratando al escritor y poeta Giovanni Boccaccio (1313-1375), realizado por el florentino Andrea del Castagno (1423-1457).

Sus pasajes iniciales describen con implacable detalle el horror que se apodera de Florencia con la llegada de la enfermedad. Los cuerpos se pudren en las calles y se instala una especie de libertinaje desenfrenado a medida que se trastoca el orden social.

Las restricciones que mantenían a hombres y mujeres separados, cuidadosamente regulados, desaparecen a medida que se destruyen los hogares. Afuera, sin funcionarios municipales que mantengan la paz, bandas violentas recorren la ciudad saqueando y gritando.

En el campo circundante, los animales sin pastor pastan hasta engordar en los campos sin cosechar.

– Por qué aún resuena

La nueva serie de comedia de Netflix, «El Decamerón», toma como punto de partida esta repentina anarquía. Pensando en nuestra reciente pandemia, la creadora del programa, Kathleen Jordan, dice que quería explorar cómo «en tiempos de crisis, el abismo entre los que tienen y los que no tienen se hace más grande».

Pero en el caos de la Florencia de Boccaccio, con su relajación de las reglas y las jerarquías, Jordan también explora el potencial de realineamiento, de que los sirvientes se hagan pasar por sus amantes y de que los nobles sean arrojados a la servidumbre.

La trama de la serie proviene directamente de Boccaccio: 10 jóvenes nobles huyen del horror de Florencia para pasar lo peor de la pandemia en una finca rural en las afueras de la ciudad, un mundo alternativo, lujoso y sexy que se sube de tono en parte por el horror existencial que ocurre fuera de sus muros.

Sin embargo, lo que la producción de Netflix deja fuera es en realidad la esencia del «Decamerón» original.

Póster de promoción de la serie de Netflix con 10 personajes
Netflix describió la serie como «un juego sexual empapado de vino en la campiña italiana».

Como deja claro la introducción de Boccaccio, su obra es una combinación de 100 cuentos cortos, enmarcados por la historia de estos jóvenes aristócratas que pasan el tiempo libre.

Cada día, cuando el Sol está en su cenit, se reúnen a la sombra para contarse historias, y cada día un miembro del grupo se turna para ser Rey o Reina (maestro de ceremonias, básicamente) que puede, si lo desea, imponer un tema para la narración del día: relaciones desastrosas, por ejemplo, o esposas que juegan bromas a sus maridos, o viceversa.

Parte del placer de leer el «Decamerón» son las diferentes capas que Boccaccio mantiene en juego: nosotros los vemos contándose historias, haciéndose reír, sonrojándose, quejándose o respondiendo con otro cuento.

Si todo esto te recuerda un poco a «Los cuentos de Canterbury» de Chaucer, tienes razón. Chaucer sin duda había leído el «Decamerón» (quizá incluso conoció a Boccaccio en un viaje a Italia) y tomó prestadas algunas de las historias, poniéndolas en boca de sus propios personajes.

Shakespeare también tomó uno de los cuentos de la obra sobre una mujer que engaña a un hombre en el dormitorio a oscuras y lo utilizó como trama de «Bien está lo que bien acaba».

– Sexo sin barreras

Una de las cosas que puede sorprender a un público moderno es la forma en que Boccaccio no rehúye de la sexualidad femenina: la lascivia goza de igualdad de oportunidades. Cuando el grupo se reúne el sexto día es interrumpido por un tremendo alboroto que viene de la cocina.

Dos sirvientes, una mujer llamada Licisca y un hombre, Tindaro, discuten acaloradamente sobre si las mujeres son o no vírgenes el día de su boda. Nunca llegamos a conocer la versión de Tindaro, pero sí escuchamos mucho de Licisca: «No tengo ni una sola vecina que fuera virgen cuando se casó», grita, «y en cuanto a las casadas…».

El discurso sin censura de Licisca hace reír a carcajadas a las aristócratas, pero cuando Elissa –la reina del grupo ese día– finalmente puede decir algo, lanza astutamente la disputa de los sirvientes a los caballeros del grupo:

«¿Quién de ellos tiene razón?». Sin dudarlo, los hombres se ponen del lado de Licisca. «¿No se los dije?», declara Elissa.

En la parte superior, un hombre rezando. En la inferior, una pareja en cama
«El monje duerme con la esposa mientras el marido reza». Miniatura de Le livre appellé Decameron de Giovanni Boccaccio, década de 1460.

Nadie parece haber tenido muchas dudas sobre el tema de la potencia de la sexualidad femenina. Tomemos otro ejemplo: la historia que uno de los hombres cuenta en el tercer día. Un apuesto joven campesino llamado Masetto solicita el puesto de jardinero en un convento con la esperanza de que le dé la oportunidad de acostarse con alguna de las monjas.

Para conseguir el trabajo, Masetto finge ser sordomudo, pensando que nadie se opondrá a su presencia si creen que no puede seducir a las jóvenes. Pero lo que descubre es que, como no puede hablar, todas las monjas (incluso la abadesa) empiezan a hacerle proposiciones hasta que, finalmente, queda exhausto.

Sin más remedio, le revela lo que le ha estado sucediendo a la abadesa, quejándose de que simplemente no tiene la resistencia necesaria para satisfacer sus apetitos. La historia tiene un final feliz: la abadesa le da un ascenso a Masetto y le establece una lista de turnos para que pueda seguir satisfaciendo las necesidades del convento hasta su vejez.

Si buscas una moraleja, Boccaccio rara vez es tu mejor opción.

Ilustración con un abad y una chica medio desnuda sentados a la mesa
«La joven desnuda y el abad, del Decamerón», del alemán Hans Schaufelein (ca.1480–ca.1540).

Por supuesto, no son sólo las monjas las que no pueden controlar su lujuria. Antes del final de ese tercer día, una de las damas del grupo responde con otra historia, esta vez sobre un abad que era «extremadamente santo en todos los sentidos, excepto en lo que se refiere a las mujeres».

El abad lujurioso está locamente enamorado de una bella mujer, pero desafortunadamente su celoso esposo, Ferondo, vigila cada uno de sus pasos. Con la ayuda de sus monjes, el abad droga a Ferondo y lo transporta a una celda del monasterio. Cuando despierta, los monjes le dicen que ha muerto y que ha ido al purgatorio como castigo por sus celos.

Lo mantienen allí durante casi un año, golpeándolo y regañándolo, mientras su esposa, fingiendo estar de luto, disfruta en secreto de sesiones periódicas con el abad. Finalmente, los monjes le dicen a Ferondo que puede regresar al mundo de los vivos siempre que se enmiende.

Aliviado y arrepentido -y una vez más bajo la influencia de la droga somnífera- regresa a su aldea donde pasa el resto de sus días como un marido ideal. Su esposa, por su parte, nunca vuelve a mirar a otro hombre. Con una excepción: «cuando podía hacerlo convenientemente, siempre estaba feliz de pasar tiempo con el abad que había atendido sus mayores necesidades con tanta habilidad y diligencia».

– Prohibido pero leído

Chica apoyada en una mesa en la que está un recipiente con el corazón
«Sigismunda con el corazón de Guiscardo», pintado en 1645 por Francesco Furini, ilustrando la escena del «Decamerón» en la que una princesa recibe el corazón de su esposo a quien su padre mató.

Al leer el «Decamerón», con sus monjes lujuriosos y sus monjas transgresoras, algo que se hace evidente rápidamente es que Boccaccio tenía poco respeto por la autoridad religiosa. Esto no pasó inadvertido para la Iglesia. Cuando el Vaticano publicó por primera vez su «Índice de libros prohibidos» en 1559, el «Decamerón» estaba en la lista.

Pero eso no impidió que la gente lo leyera. De hecho, la protesta pública ante este intento de suprimir la obra condujo a un compromiso: una edición censurada que conservaba las escenas de sexo pero reescribía las que involucraban a miembros del clero, presentándolos como laicos comunes.

Afortunadamente, los cambios no se han mantenido y las traducciones modernas siguen el texto original de Boccaccio en toda su irreverente gloria. Cuando la pandemia de covid-19 paralizó el mundo, el alegre texto de Boccaccio sobre la peste se puso de moda, y se agotó en las librerías.

La nueva serie de Netflix llega en la cresta de esta oleada de popularidad, pero no es el primer intento de aprovechar el clásico de Boccaccio para adaptarlo a la gran pantalla. Algunas, como la galardonada película de Pier Paolo Pasolini «El Decamerón», de 1971, se han mantenido a duras penas en el punto anterior de ser pornografía absoluta; otras no, en absoluto.

Pero la mejor manera de experimentar la energía expansiva del «Decamerón» sigue siendo disfrutarlo en la página. Casi siete siglos después de que se escribieron, estos cuentos terrenales y boccaccescos todavía tienen el poder de brindar placer, consuelo y un poco de sorpresa.

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¿Quiénes eran los ninjas? …


Quiénes eran los ninjas? Pues cualquier cosa menos lo que te imaginas -  Historias de la Historia

Historias de la historia(J.Sanz) — Si hablamos del Japón feudal, las dos figuras más representativas de este período son los samuráis y los ninjas.

Sin embargo, la imagen que ha quedado en el imaginario popular, y en el mío hasta que conocí a R. Ibarzabal, poco o nada tiene que ver con la realidad, sobre en el caso de los ninjas que se parecen lo que un huevo a una castaña.

Así que, vamos a destripar leyendas

  • SAMURÁIS (侍)

Samurái es el nombre que se daba en el Japón medieval a la casta guerrera y sus integrantes. El término proviene del antiguo y ya obsoleto verbo “saburau”, que significa servir, pues en teoría un samurái siempre está al servicio de un señor, de quien depende para su manutención. Simplificando mucho las cosas, los samuráis de una provincia serían vasallos del daimyo de esa provincia, cada daimyo del país sería a su vez vasallo del shogun, y el shogun, por su parte, estaría al servicio del emperador.

En un principio, el shogun era un cargo o título militar sin contenido político que concedía el emperador con carácter excepcional para dirigir expediciones de castigo contra tribus enemigas. Con el tiempo y unos sakes, el shogun acabó asumiendo también labores de gobierno, hasta llegar a ser sinónimo de soberano absoluto del país.

Fue Minamoto Yoritomo quien, en 1192, culminó este proceso al nombrarse shogun y asumir el control total del gobierno de Japón, poniendo a los samuráis, surgidos hacia el siglo IX, en lo más alto del escalafón político y social. Desde entonces, y hasta el derrocamiento del régimen feudal en 1868, la casta samurái, a través de tres grandes dinastías (los Minamoto, los Ashikaga y los Tokugawa), va a regir los designios de Japón y a ocupar la cúspide de la pirámide social.

Hablando en términos sencillos, los samuráis serían los nobles e hidalgos del Japón feudal, bajo los cuales estaban los demás estamentos de la sociedad. Como nobleza que son, en principio su único oficio es la guerra y, después, el gobierno y la administración.

Si bien las fronteras sociales varían según la época y pueden ser bastante flexibles en ciertos momentos, desde la era Edo se convierten en un estamento cerrado y adquieren una serie de privilegios exclusivos: poder portar armas, no pagar impuestos, y no poder dedicarse a trabajos manuales.

  • NINJAS (忍者)

Dentro de los ejércitos samurái, los ninja eran unidades de élite altamente especializadas, entrenadas para realizar misiones especiales, sobre todo en labores de espionaje e infiltración.

El hecho de operar casi siempre en la sombra los ha vestido de negro y, sobre todo, los ha rodeado de un halo de misterio y fascinación, y tanto en su Japón natal como en el extranjero se les atribuyen las más fantásticos poderes, como volverse invisibles, caminar sobre el agua, volar, el uso de armas exóticas (estrellas arrojadizas y demás artilugios peliculeros) o, para rizar el rizo, que eran hijos de un demonio y una mujer cuervo. 

La realidad, como de costumbre, es más prosaica. La imagen arquetípica del ninja enmascarado, con su traje negro, trepando por los muros de un castillo para degollar al daimyo de turno es poco más que un mito. La mayoría de las veces la misión del ninja se limitaba a recoger información, a labores de sabotaje, extender rumores o vigilar los movimientos del enemigo.

Por supuesto, disfrazado de monje, de mendigo o de campesino para confundirse entre la multitud y moverse sin levantar sospechas, y con armas prácticas y menos llamativas, como cuchillos y herramientas agrícolas modificadas.

La verdadera destreza y la ingeniosidad de los ninjas residía en su capacidad para adaptarse y utilizar el entorno a su favor, y no en sus habilidades mágicas o sobrenaturales que, lo siento mucho, son pura leyenda.

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La fragancia para perro de Dolce & Gabbana le huele mal a los veterinarios…


The New York Times(S.Hurtes) — Una voz suave recita acompañada de violines a todo volumen mientras un desfile de perros mimados posa en sillas altas, cada uno más acicalado de manera más extravagante que el anterior. “Soy delicado, auténtico, carismático, sensible, enigmático, rebelde, fresco, irresistible, limpio”, dice la voz. “Porque no soy solo un perro. Soy Fefé”.

El comercial de Dolce & Gabbana para Fefé, su nueva “fragancia libre de alcohol” hecha especialmente para perros, es un regalo para la vista. El perfume contiene “las notas envolventes y cálidas de la cananga, el toque limpio y envolvente del almizcle y los matices amaderados y cremosos del sándalo”, según el sitio web de la firma en inglés; su precio es de 99 euros, unos 109 dólares.

El perfume cuenta con la certificación de Safe Pet Cosmetics, una organización veterinaria independiente en Italia que valida la seguridad de los productos para animales, según Dolce & Gabbana. Pero, ¿es buena idea perfumar a tu compañero peludo?

“Esto es puramente en beneficio del dueño, no del perro”, comentó Daniel Mills, profesor de medicina veterinaria del comportamiento en la Universidad de Lincoln, Inglaterra. “Los perros tienen un olfato fantástico y cambiar su olor puede causarles problemas importantes”.

Los perros se valen del olfato para moverse en el mundo, que está lleno de sutiles señales de olor de otros perros, humanos, alimentos y peligros potenciales, explicó Mills. La aplicación de olores fuertes —incluidos los matices cremosos del sándalo— puede esconder estas señales importantes y causar problemas sociales y confusión entre los perros.

Cambiar el aroma de un perro también puede ocasionar que otros no lo reconozcan, lo cual podría provocar agresiones o rechazo social por parte de otros canes.

“En general, es una muy mala idea”, agregó Mills.

Dolce & Gabbana no está solo en el mundo de los perfumes para perros. Hownd, una empresa de alimentos y accesorios para perro, vende Peach Bum Natural Parfum for Lady Dogs (lo que vendría siendo en español algo así como “perfume natural para damas caninas olor a colita de durazno”), mientras que la marca de accesorios para perro Peanut and Pickle tiene una selección de fragancias, como coco, sal de mar, menta y toronja, tanto para perros adultos como para cachorros.

Hasta la reina Isabel II, conocida por su amor a los perros, creó su propio perfume canino en 2022: Happy Hounds Dog Cologne (colonia para perros Sabuesos felices), descrita como con esencia de “paseos costeros”.

Las fragancias son una pequeña parte de una gran industria. Según un informe de Bloomberg Intelligence de 2023, se prevé que para 2030 el valor del sector mundial de los animales de compañía, que engloba atención veterinaria, alimentos para mascotas, productos farmacéuticos y otros, se dispare hasta los 500.000 millones de dólares, frente a los 320.000 millones actuales.

Los veterinarios afirman que, aunque no siempre es perjudicial, en general se desaconseja usar perfume en los perros.

“Un perro con perfume quedaría privado de información vital importante”, comentó Donald M. Broom, profesor de Bienestar animal de la Universidad de Cambridge. Lo comparó con una persona que intenta ver bajo una luz cegadora; esta sobrecarga sensorial es la razón por la que los perros suelen evitar los olores fuertes que ocultan otros.

Según Broom, algunos aceites de aroma dulce, como la lavanda, pueden tener efectos calmantes en los animales, lo que puede ser útil para fines como el transporte. Pero otros olores, como el almizcle, pueden afectar negativamente las funciones fisiológicas del perro.

Anna Judson, presidenta de la Asociación Veterinaria Británica, explicó que un perfume para perros también puede ocultar problemas de salud subyacentes, lo que puede provocar retrasos innecesarios en el tratamiento. “Si tu perro huele mal, puede deberse a una afección cutánea o a otros problemas de salud; así que consulta a tu veterinario para que te aconseje”, agregó.

A Mills también le preocupa que perfumar a los perros pueda causar molestias a los animales.

“Me preocupa que se instrumentalice al perro”, dijo. “El perro no puede elegir. Si el perro quiere frotarse con excrementos de coyote o zorro, es su elección. Pero rociarlo con Dolce & Gabbana no es algo que decidió”.

Y agregó: “Necesitamos ser mucho más respetuosos con los perros y sus deseos”.

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Qué decía la carta que Albert Einstein le envió al presidente de EE.UU. para alertar sobre la bomba atómica


Cara de Einstein
«No vi otra salida», escribió Einstein en una revista japonesa en 1952 refiriéndose al hecho de que firmó la carta.

BBC News Mundo — En octubre de 1939, Alexander Sachs, uno de los principales economistas de Estados Unidos, se reunió en el Despacho Oval de la Casa Blanca con el presidente Franklin Delano Roosevelt.

Sachs no era ajeno al Despacho Oval ni a Roosevelt, pero por lo general el tema de conversación era economía.

Ese día, tenía otro asunto que exponer ante el presidente.

Llevaba consigo una carta firmada por Albert Einstein que, según se cree, cambió el curso de la historia.

A esa carta la casa de subastas Christie’s le ha asignado un valor estimado de entre US$4 y 6 millones para cuando salga a la venta en Nueva York en septiembre. Es parte de una subasta de artefactos pertenecientes al cofundador de Microsoft, Paul Allen, quien murió en 2018 a la edad de 65 años.

Aunque habrá una variedad de artículos que reflejan su interés e influencia en la informática, se anticipa que esa carta será la pieza central. Una a la que, a pesar de la talla del firmante, inicialmente Roosevelt no le prestó mucha atención.

Otras cosas ocupaban su mente: hacía menos de 15 días, Alemania había invadido Polonia; una guerra con un potencial destructivo impensable estaba en marcha en Europa. Sachs le leyó la misiva, que había sido escrita por un físico húngaro inmigrante poco conocido llamado Leo Szilard. Pero, siendo honestos, aquello de lo nuclear, las cadenas y energías inconcebibles era complicado para ambos.

Incluía párrafos como:

«En el transcurso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable (…), que sea posible establecer una reacción en cadena nuclear en una gran masa de uranio, mediante la cual se generarían grandes cantidades de energía y grandes cantidades de nuevos elementos similares al radio«.

El asunto cayó en saco roto.

Facsimil del principio de la carta
La carta original enviada al presidente está en la biblioteca y museo Roosevelt en Hyde Park, Nueva York. La que se subastará es una segunda versión, firmada y un poco más corta.

El presidente, sin embargo, invitó a su viejo amigo a tomarse un café a la mañana siguiente. Hay momentos que, cuando suceden, parecen totalmente intrascendentes, pero que van a cambiar el mundo. Ese fue uno de esos momentos.

– Unos meses antes…

Las noticias del otro lado del Atlántico llevaban meses atormentando a Szilard. En enero de 1939, en la Alemania nazi, científicos que habían sido sus colegas lograron dividir el átomo usando neutrones, un proceso llamado fisión. Él lo había previsto media década antes y sabía cuáles podían ser las consecuencias: la guerra nuclear ya no era una ficción.

Temía que los nazis pudieran estar más adelantados en la investigación atómica que todos. Pero también sabía que nadie lo escucharía. Durante los últimos años, había luchado para que los científicos, los políticos y los comandantes del ejército lo tomaran en serio. Dudaban que la fisión fuera posible, pero se había demostrado que él tenía razón.

Con todo y eso, pocas semanas después de la noticia de la fisión, apareció un artículo en el New York Times, en el que su amigo y colega Enrico Fermi desestimó las preocupaciones por ese nuevo descubrimiento científico. Nadie podrá usar la fisión con fines comerciales o militares, predijo, antes de al menos 25 años, posiblemente 50 años.

Creía que era inverosímil, pura ciencia ficción. La fisión dividía un átomo con neutrones, eso liberaba energía y ya. No obstante, Szilard creía que si se podía hacer que un átomo inestable se fisionara, liberaría más neutrones, que dividirían otros átomos inestables, liberando más neutrones, y así sucesivamente.

Una reacción en cadena que liberaría una cantidad extraordinaria de energía.

El hongo de la explosión de una bomba atómica
Lo que atormentaba a Szilard.

El físico necesitaba respuestas, y las encontró en la Universidad de Columbia, en la primavera de 1939, con su colega Walter Zinn, un experto en amañar experimentos nuevos e improbables. Descubrieron que estaba en lo cierto. «El mundo iba camino al dolor», escribiría más tarde.

Por suerte, quienes intentaban crear una reacción en cadena tenían un obstáculo: los neutrones liberados viajaban demasiado rápido para que los átomos los absorbieran. Pero ese detalle no iba a frenar a los nazis.

– Operación D2O

¿Cómo se ralentizan los neutrones? Pues resulta que el agua funciona muy bien, pero absorbe tantos neutrones que la hace ineficaz en una reacción en cadena. Sin embargo, si en lugar de los dos átomos de hidrógeno del H₂O se usa un isótopo con un neutrón extra (D₂O), se soluciona el problema.

Se llama agua pesada pero es difícil de producir. Así que el gobierno nazi envió representantes a Vemork, una planta de energía hidroeléctrica en Noruega, donde estaban produciendo agua pesada como subproducto de su trabajo normal.

Los alemanes ofrecieron comprar todos los suministros existentes de agua pesada a un precio impresionante, instando a la planta a aumentar la producción. Pero los noruegos rechazaron la oferta: aunque no sabían cuáles eran los planes de Hitler, no tenían ningún interés en formar parte de ellos.

Luego, un equipo del Servicio Secreto francés se acercó a la planta y advirtió a los noruegos del posible propósito militar de su subproducto químico. Los noruegos insistieron en que los franceses se llevaran todo el stock sin pagar, pero los alemanes se enteraron.

26 latas de agua pesada fueron sacadas de contrabando en la oscuridad de la noche. Fue una tensa operación. Los aviones de combate nazis estaban listos y esperando. Apuntaron a la aeronave en la que habían visto abordar a los oficiales franceses y la obligaron a aterrizar. La abordaron y lo que descubrieron fue el fracaso.

Imagen del lugar destrozado
Años después, en 1943, cuando Noruega estaba bajo dominio nazi, 9 jóvenes y un científico noruegos ejecutaron «el mejor ataque» de la Segunda Guerra Mundial, destruyendo la producción de agua pesada en Vemork.

Era un señuelo. El agua había sido transportaba por ferrocarril y llegó sin problemas a París, donde un equipo científico comenzó urgentemente los experimentos.

– El candidato obvio

La carrera atómica estaba en curso, y aunque Szilard temía la existencia de una bomba en general, le atemorizaba más una bomba nazi. Imaginaba la devastación, la opresión, y estaba convencido de que esa arma hasta entonces impensable estaba a puertas. Llegó a una conclusión simple: los estadounidenses debían desarrollarla antes que los alemanes.

Tenía que convencerlos de que lo hicieran. Tenía que ofrecerles el poder supremo. Necesitaba a un aliado y pensó: ¿cuál es el científico al que ni los más poderosos del mundo ignorarían? El candidato era obvio.

Habían pasado casi 20 años desde que conoció a Einstein en una sala de conferencias en Berlín. Y 15 años desde que solían caminar juntos a casa al final de cada día, compartiendo ideas sobre física, filosofía y política. Ahora ambos estaban exiliados en EE.UU. y vivían a pocos kilómetros de distancia.

Pero ese 12 de julio de 1939, el científico más famoso del mundo estaba en Long Island en la cabaña de un amigo. Allá fue a verlo, junto con su amigo, colega y compatriota húngaro Eugene Wigner. Una vez que Szilard le explicó a Einstein la reacción nuclear en cadena, y le contó que él y Fermi habían estado realizando experimentos, Einstein se sorprendió y alarmó.

Su primera respuesta fue: «No he pensado en eso en absoluto». La ciencia era interesante: E=mc² en acción.

Pero siendo un refugiado de la Alemania nazi, un pacifista comprometido y una persona políticamente consciente, comprendió de inmediato el potencial de las armas nucleares en manos de los alemanes.

Einstein y Szilard con la carta al presidente Roosevelt en Long Island.
Einstein y Szilard con la carta al presidente Roosevelt en Long Island.

Einstein estuvo de acuerdo en que la situación era urgente, con Alemania preparada para la guerra. En lo que más tarde calificaría como el gran error de su vida, accedió a firmar una carta a Roosevelt preparada por Szilard para advertirle sobre el progreso alemán.

Szilard regresó a Nueva York con la carta de Einstein; solo quedaba hacerle llegar la carta al presidente. Y eso nos lleva de vuelta a Alexander Sachs.

– Desayuno con bomba

A Sachs no le había ido muy bien en la primera reunión que tuvo con Roosevelt, a pesar de llevar consigo la carta firmada por Einstein.

La misiva comenzaba diciendo que el uranio podría «convertirse en una nueva e importante fuente de energía en el futuro inmediato» pero, advertía, «ciertos aspectos de la situación que ha surgido parecen requerir vigilancia y, si es necesario, acción rápida por parte del gobierno«.

Alertaba que una reacción en cadena nuclear «podría conducir a la producción de bombas, y es posible, aunque no seguro, que de este modo se puedan armar bombas extremadamente potentes de un nuevo tipo«.

Pero, aunque al final se refería a las decisiones de los nazis respecto al uranio de las minas checoslovacas que controlaban, Sachs sabía que había desconcertado al presidente con tanta información científica.

Sin embargo, la invitación a desayunar a la mañana siguiente era una segunda oportunidad para hacer que el hombre más poderoso del mundo entendiera el peligro que se avecinaba. Y se le ocurrió un plan.

Albert Einstein taciturno
A su amigo Linus Pauling, Einstein le dijo que firmar la carta: «Fue el gran error de mi vida».

Si la ciencia no era la forma de ganarse a ese presidente, le contaría una historia. En medio de las guerras napoleónicas, un joven inventor estadounidense le ofreció a Napoleón construir una flota de barcos de vapor que, explicó, le permitirían desembarcar en Inglaterra sin importar los vientos.

La idea de barcos sin velas le pareció tan absurda a Napoleón que despidió a Robert Fulton, el inventor. Además del barco de vapor, Fulton construiría el primer submarino y los primeros torpedos. Roosevelt permaneció en silencio durante varios minutos, y luego dijo: «Alex, lo que quieres es asegurarte de que los nazis no nos vuelen en pedazos«. «Precisamente», respondió Sachs.

Puede ser que la historia de Fulton y Napoleón llamara la atención del presidente, pero fue la carta de Albert Einstein escrita por Leo Sillard la que lo convenció. El mismo mes en el que la recibió, Roosevelt creó el Comité Asesor sobre el Uranio. Tres años más tarde, Estados Unidos inició el Proyecto Manhattan, que condujo al primer uso de armas atómicas contra Japón en 1945.

Hay historiadores que trazan un hilo directo entre la carta y las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Otros no creen que exista una relación tan directa, convencidos de que de todos modos las habría desarrollado. Einstein, por su parte, lamentó mucho y en varias ocasiones haber firmado la carta.

En un artículo de Newsweek de 1947 titulado “El hombre que lo empezó todo”, se le cita diciendo:

«Si hubiera sabido que los alemanes no lograrían fabricar una bomba atómica, nunca habría movido un dedo».

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Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas…


Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas

The Conversation(P.R.Arlazón) — ¿Se ha preguntado alguna vez por qué está aquí, en este preciso momento, leyendo estas palabras? ¿Por qué puede hacerlo y, a la vez, ser consciente de ello? ¿Cómo es posible que nosotros, hechos de la misma materia que todo lo demás, tengamos conciencia? ¿Cómo puede un conjunto de partículas tan diminutas generar tantas preguntas?

Estos interrogantes han fascinado a la humanidad durante siglos. Filósofos, líderes religiosos y científicos de todas las épocas han dedicado incontables horas a desentrañar estos misterios de nuestra existencia. Hoy, el estudio de la conciencia está más vivo que nunca, con científicos desarrollando teorías y modelos para explorar el enigma.

Pero aquí surge una pregunta clave: ¿cómo definimos la conciencia? Aunque pueda parecer sencillo, supone un verdadero desafío.

– Una experiencia difícil de transmitir

Por ejemplo, puedo entender lo que significa estar consciente porque lo vivo, pero explicárselo a alguien o algo sin conciencia puede ser imposible.

En este momento, estoy percibiendo un sinfín de sensaciones y estímulos. Podría describir qué veo en mi ordenador, qué estoy respirando o que tengo un objeto de color verde enfrente, pero ¿cómo explicar el sonido de un teclado a alguien que nunca lo ha oído? ¿Cómo narrar la experiencia de ver a alguien que siempre ha sido ciego, o la sensación de respirar a alguien que no tiene esa capacidad? Estas son cualidades subjetivas de mi experiencia, difíciles de transmitir a quien no las comparte.

Los expertos han establecido una distinción clave entre dos tipos de conciencia: la fenomenológica y la funcional. La primera se refiere a “lo que se siente” al experimentar algo. La primera nos sumerge en el mundo de las experiencias subjetivas, llevándonos a hacernos preguntas del tipo “¿cómo percibes el color rojo?” o explorar pensamientos como los del famoso ensayo ¿Como se siente ser un murciélago?.

En esencia, la conciencia fenomenológica se centra en el aspecto experiencial y nuestra subjetividad, adentrándose profundamente en cómo vivimos y entendemos nuestras propias sensaciones y percepciones.

En contraposición, la conciencia funcional se ocupa de su papel dentro de los procesos cognitivos y los comportamientos de un organismo. Analiza cómo nuestras experiencias subjetivas influyen en nuestra forma de pensar, en la toma de decisiones y en nuestras acciones cotidianas. Esta dimensión es esencialmente pragmática y explora cómo nuestras percepciones y pensamientos interactúan y afectan a nuestro comportamiento diario, facilitando nuestra navegación por el mundo.

Es una diferenciación que no está exenta de debate. Algunos argumentan que ambas facetas de la conciencia están intrínsecamente entrelazadas y no pueden separarse fácilmente, mientras que otros creen que pueden existir de manera independiente.

Un equipo de neurocientíficos europeos avanza hacia una teoría unificada de  la conciencia, que podría desvelar los misterios de la mente

– El experimento del zombi filosófico

Un ejemplo fascinante que ilustra esta discusión es el experimento mental del zombi filosófico: imagine a un humano que parece, actúa y habla como un ser consciente, pero que carece de cualquier forma de conciencia. Este ser no tiene experiencias subjetivas y, a pesar de su apariencia externa, no posee un “mundo interior”. Aunque para algunos es un escenario poco probable, sirve para demostrar que, al menos en la imaginación, se pueden separar las propiedades funcionales y fenomenológicas de la conciencia.

Este debate se alinea directamente con los grandes desafíos en el estudio de la conciencia, conocidos como el problema fácil y el problema difícil. El primero implica entender los aspectos funcionales del cerebro que posibilitan la conciencia, como la percepción y la cognición, mientras que el problema difícil implica elucidar por qué y cómo tenemos experiencias subjetivas y cualitativas.

A pesar de los avances en el estudio de la conciencia, el segundo continúa siendo uno de los misterios más persistentes. Algunos teóricos lo consideran como un rompecabezas insoluble, sugiriendo que quizás nunca seamos capaces de comprender completamente por qué tenemos experiencias subjetivas. Otros van aún más allá, proponiendo que el problema difícil, o incluso la conciencia misma, no son más que ilusiones.

No obstante, desentrañar este misterio, o al menos intentarlo, no disminuye la maravilla de la conciencia. De hecho, la comprensión de sus complejidades puede hacer que la experiencia de la conciencia sea aún más fascinante.

Es una reflexión que resuena con la curiosidad innata del ser humano sobre preguntas fundamentales: ¿por qué estamos vivos? ¿Por qué existe algo en lugar de nada? ¿Por qué existe el universo? Estos interrogantes, que pueden no tener respuestas definitivas, son esenciales para nuestra existencia y reflejan un profundo deseo de entender nuestro lugar en el cosmos.

– ¿Y si es una pregunta sin respuesta?

Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas –  Chubutline – Últimas noticias

En su Crítica de la Razón Pura (1781), Immanuel Kant capturó este dilema al señalar que la razón humana está destinada a afrontar preguntas que no puede ignorar, pero que también están más allá de su capacidad de responder.

Este aspecto de la condición humana inicialmente me causaba temor, la idea de que el problema de la conciencia podría permanecer sin resolver.

Sin embargo, con el tiempo, he aprendido a valorar y maravillarme ante estos misterios.

En una era dominada por la inteligencia artificial, donde cada vez más secretos son desvelados, los enigmas que siguen sin resolverse añaden un encanto especial a nuestra experiencia y motivan nuestra curiosidad.

En última instancia, esto representa la frontera final de la ciencia: la búsqueda de respuestas a preguntas que parecen imposibles de resolver. Estos misterios no solo desafían nuestro entendimiento, sino que también enriquecen nuestra experiencia del mundo, manteniendo viva la llama de la exploración y el asombro.

nuestras charlas nocturnas.

Petróleo: una historia de (des)amor…


Pennsylvania Oil Fields 1865
Pensilvania Old Fields(1865)


JotDown(A.Bastida) —
Estamos en 1859. La Reina Victoria, soberana de medio mundo, asiste complacida a la puesta en funcionamiento del Big Ben de Londres, comienzan las obras del canal de Suez y una tormenta solar (la más grande de la que se tiene constancia) deja fritas temporalmente las líneas telegráficas que unen Gran Bretaña y Estados Unidos.

El equivalente victoriano de “desenchufar” Internet. Sí, todo sacado de Wikipedia. Pero si miramos la “wikilista de acontecimientos de 1859”, apenas cuatro días antes de la tormenta solar ocurría otro hecho que, pese a pasar bastante desapercibido en su momento, cambiaría la historia de la humanidad: Edwin Drake conseguía bombear petróleo de un pozo en Titusville, Pensilvania. Y ya sabéis lo que dicen de los pozos de petróleo: una vez haces el primero, los 500.000 siguientes salen solos.

No nos equivoquemos, la existencia del petróleo era conocida desde hace siglos y muchas culturas le habían encontrado aplicaciones, militares y medicinales en su mayor parte. Pero este era el primer hito en lo que a tecnificar e industrializar la extracción de petróleo del subsuelo se refería. Hasta entonces, se obtenía de yacimientos naturales en los que el petróleo brotaba como lo hace el agua en los manantiales y las pequeñas cantidades obtenidas eran más que suficientes para satisfacer la demanda.

El origen de este evento se remonta a trece años antes, cuando un geólogo canadiense desarrolló un método para obtener queroseno a partir de la destilación de petróleo crudo. Esto abrió las puertas a una alternativa al aceite de ballena empleado en las lámparas. Aun así, la dificultad para obtener grandes cantidades de petróleo barato, hizo que su uso no fuese masivo.

Pero un empresario llamado George Bisell creía saber cómo solucionar eso. Envió en 1857 al coronel Edwin Drake a la región de Oil Creek (Pensilvania occidental) con este propósito.

Quería experimentar con nuevas técnicas de extracción de petróleo o “aceite de roca”, como era también conocido, para posteriormente destilarlo y ofrecerlo como queroseno barato para iluminación. Este tendría como base de operaciones Titusville, el pueblo más importante de la región de Oil Creek.

Edwind Drake posando junto al primer pozo de petróleo en Pensilvania

El coronel Edwin Drake (lo de coronel se lo inventaron para darle más autoridad) no era un experto en el campo de la minería o la geología, pero como jubilado de una empresa de ferrocarriles, podía desplazarse gratuitamente empleando el tren, lo cual le convertía en un explorador bastante barato de mantener.

Aun así, el campo de la prospección petrolífera era algo tan nuevo, que no existían expertos como tal, con lo que Drake no estaba menos capacitado que cualquier otra persona con algo de espíritu emprendedor.

Tras casi un año sin resultados y con el pueblo de Titusville tomándole por loco, se le ocurrió contratar a un herrero para que le ayudara a utilizar las máquinas empleadas en la minería de sal, para tratar de extraer petróleo.

Cuando todo parecía perdido y los inversores habían ordenado desmantelar las instalaciones, decidieron emplear un nuevo sistema de tuberías y bombas de agua para tratar de bombear el crudo.

El sistema funcionó, y el primer barril fue vendido por 40 dólares. Drake demostró que era posible extraer petróleo en grandes cantidades, a precios muy baratos, si se hacía mediante la perforación de pozos y su posterior bombeo.

De la noche a la mañana dio nacimiento a una industria de millones de dólares y la “fiebre del oro negro” se desató en Pensilvania occidental.

Si la burbuja inmobiliaria de España nos pareció un fenómeno económico explosivo, la fiebre del petróleo en Estados unidos en los años siguientes a 1859 fue una bomba nuclear. En tan solo un año, un inversor podía llegar a multiplicar por más de 7.000 cada dólar invertido. Esto vino acompañado de una sobreoferta tal, que en menos de un año el precio del barril pasó de 10 dólares a 10 céntimos.

Aun así, el sector salió adelante. Además, alrededor del petróleo crecieron multitud de industrias de soporte: maquinaria, tonelería, transporte, construcción, maderas… Cientos de personas llegaban todas las semanas a la zona de Oil Creek en busca de su pequeña fortuna.

Uno de los problemas endémicos de la primera fase de esta fiebre del petróleo es lo que el autor del libro The Prize: the epic quest for oil, money and power llama la “metáfora del batido de chocolate”. Si echamos un vistazo a una fotografía de Titusville en 1860, prácticamente toda la ciudad estaba cubierta de pozos de petróleo, había uno cada pocas decenas de metros.

Cada uno compraba su ínfima parcela de tierra y trataba de perforar tantas veces como su equipo y superficie le permitieran, para después instalar bombas de extracción. Es como si un grupo de personas tratara de beberse un mismo batido de chocolate a la vez, metiendo tantas pajitas como fuese posible y sorbiendo todo antes de que el de al lado lo hiciera.

Los pozos se agotaban muchas veces en cuestión de días y había que desmontarlos y volver a perforar en otro lugar para, muchas veces, acabar en la misma situación. Era un sistema pésimamente ideado que llevaba a la gente a una espiral de gloria y ruina.

No fue hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865, cuando la fiebre del petróleo toco techo en la región de Oil Creek. La euforia que siguió a la firma de la paz trajo aún más aventureros a la zona y la sobreexplotación se hizo aún mayor. En menos de 500 días, el yacimiento petrolífero de la región de Titusville se agotó (para la tecnología de la época) y cientos de personas se arruinaron de golpe.

Los equipos se vendían para chatarra y terrenos por los que se pagaron millones, vieron caer su precio a unas pocas decenas de dólares. Pero Titusville era solo la punta del iceberg y una potente industria se había extendido por todo el oeste de Pensilvania. Y es en este momento cuando hace entrada en escena “El Hombre”, John D. Rockefeller, que moldearía y controlaría la industria petrolífera tal y como hoy la conocemos.

Petróleo: una historia de (des)amor (I) - Jot Down Cultural Magazine

Fue en estos años de locura cuando, para alegría de los productores, el ferrocarril llegó por fin a la región.

Esto fue un arma de doble filo pues, pese a proporcionar un medio fácil de dar salida a la producción local, trajo la competencia de las grandes refinerías de Cleveland, a 400 kilómetros de la región.

Refinerías como la de John D. Rockefeller.

Al parecer, Rockefeller era un hombre obsesionado con la optimización continua de los costes de producción, lo cual llevó a su refinería a ser la una de las más competitivas de la ciudad.

Consiguió reducir los costes de refino en un 50% aplicando economías de escala y optimización de procesos, algo que a los pequeños productores ni se les había pasado por la cabeza.

De este modo consiguió un volumen de refino muy considerable que le permitió renegociar ilegalmente los precios del transporte con las compañías de ferrocarril, dando origen a su (merecida) leyenda negra. Al observar el panorama empresarial de las cuencas petrolíferas de Pensilvania, donde hasta los pastores extraían y refinaban petróleo, Rockefeller veía caos e ineficiencia.

En cierto modo, él se consideraba llamado a poner orden en esa industria, lo cual implicaba llevarse por delante a todo el que se negase a colaborar con él. No solo pretendía acaparar el mayor número de productores y plantas de refino, sino concentrar todo en una misma empresa, creando el esquema de integración vertical de las actuales compañías petroleras.

Por aquel entonces el petróleo y el queroseno se transportaban en tren. Para distancias por encima de 500 km, el precio del transporte podía ser del mismo orden que el de la materia prima. Además, las tres compañías de tren que operaban en Cleveland tenían un acuerdo público por el que todas cobrarían lo mismo por el mismo servicio, fuese al cliente que fuese.

Esto cerraba la puerta a cualquier acuerdo preferente con Rockefeller, al menos de cara al público. Él quería que le hiciesen un “precio de amigo”, pero ante la prohibición explícita de ello, encontró un subterfugio según el cual él pagaría la tarifa completa, ¡pero las compañías le devolverían parte del dinero! De esta manera consiguió una rebaja de un tercio del precio, o si no, se iba a la competencia.

Una vez consigues que te devuelvan parte de tu dinero a escondidas, el siguiente paso es pedir que les cobren más a tus competidores para dártelo a ti. Y eso es lo que a principios de la década de 1870 consiguió Standard Oil, la empresa de Rockefeller. Su volumen de refino era tan grande, que las compañías de transporte no podían permitirse perderlo como cliente.

Llegados a este punto sus competidores estaban perdidos. Difícilmente podían ser más eficientes que Standard Oil en sus procesos, y con el acuerdo secreto con las compañías de trenes, tarde o temprano acabarían por sucumbir ante los precios de Rockefeller.

La gota que colmó el vaso fue la creación de lo que se llamó el esquema “South Improvement Company”. Los grandes refinadores, con Rockefeller a la cabeza, convencieron al director de la compañía de trenes más importante de la zona para crear una sociedad con uno de los nombres más insulsos y opacos de la historia de las empresas: la South Improvement Company (Compañía de Mejora Sur).

El objetivo de esta empresa no era otro que profundizar en las relaciones ventajosas de Rockefeller y sus socios con las diferentes compañías de tren. Esta empresa era un intermediario entre los grandes productores y las compañías de trenes. Sería la encargada de recibir y distribuir en secreto el dinero procedente de los altos precios cobrados a los pequeños productores, a los que también espiaría.

Como colofón, se acordó un aumento del 100% de los precios para todos los productores que no pertenecieran a la South Improvement. El problema es que cuando todo estaba atado y bien atado, se filtró el trato y la noticia saltó a los medios. Los periódicos de la región destaparon las negociaciones, empresas y personas detrás de ellas, desatando lo que se llamó la “Guerra del Petróleo”.

John D. Rockefeller
J.D.Rockefeller

Los productores independientes se volvieron locos de ira al conocer el engaño al que habían estado sometidos ¡y al que pretendían someterles apenas unos días después!

Las acciones de sabotaje y boicot a cualquier cosa asociada con la trama de Rockefeller se sucedieron en los meses siguientes y los productores independientes, ahora agrupados en un sindicato, consiguieron que la South Improvement no transportara ni un solo barril de petróleo.

Al final, las compañías de ferrocarriles renunciaron a subir los precios y el ambiente volvió a la normalidad.

La normalidad en este caso significaba que Standard Oil seguiría aplicando sus tácticas predatorias para acaparar cada vez más cuota de mercado, pero sin artimañas tan clamorosas como el esquema South Improvement.

Con el paso de los años, muchos de los productores independientes que lucharon contra Rockefeller entre 1871 y 1872 acabarían por unirse a él.

Lo que vino después fue un proceso de consolidación y hegemonía de la Standard Oil Company, que llegó a controlar cerca del 90% de las refinerías de Estados Unidos en la década de 1880. Muchas de las estrategias que John D. Rockefeller empleó durante las tres últimas décadas del siglo XIX serían, a día de hoy, constituyentes de delito en muchos países, pero no lo eran por aquel entonces.

Dentro del marco del capitalismo norteamericano de finales del siglo XIX, las prácticas de la Standard Oil podían ser tachadas de escasa moralidad, pero era complicado demostrarlas y conseguir emprender acciones legales. Pueblo por pueblo, iban haciendo a los refinadores locales “ofertas que no podían rechazar”.

Por supuesto que no mataban a los que lo hacían, pero en cuestión de meses sus negocios se veían abocados a la ruina por la enorme competitividad de Rockefeller y sus socios. Eran capaces de hundir los precios en una región, perdiendo dinero de manera local durante el tiempo suficiente para hacerse con todo el negocio.

Una vez controlada la zona, volvían a precios de mercado y seguían su avance. Los defensores de Rockefeller argumentan que hubo un gran número de pequeños productores que, aceptando unirse a él, se hicieron mucho más ricos de lo que nunca hubieran podido ser por sí mismos. Dos versiones de una historia y ambas ciertas probablemente.

Seguramente no fue así, pero si tuviera que imaginar la sala de juntas de Standard Oil el día 22 de Octubre de 1879, sería con un montón de señores con traje corriendo en círculos, desnortados, haciendo aspavientos con los brazos, tirándose del pelo y gritando “oh Dios mío, oh Dios mío” (“oh my God oh my God” en el inglés original).

El día anterior, Thomas Edison había presentado su bombilla incandescente y esto iniciaría la cuenta atrás hacia la desaparición de las lámparas de queroseno.

Por raro que parezca, la evolución, en lo que a iluminación doméstica se refiere, entre las Cuevas de Altamira y el Nueva York de 1860 había sido, siendo delicados, algo decepcionante. Veinte años antes de que Edison presentara su bombilla, la gente seguía iluminando sus casas con lámparas de aceite.

Pintura impresionista en vez de bisontes, pero lámparas de aceite para iluminar en ambos casos. Es por eso que las empresas petroleras no nacieron para llenar los depósitos de coches que no se inventarían hasta 25 años después, sino para iluminar las calles y casas del último cuarto del siglo XIX. John D. Rockefeller se convirtió en el hombre más rico de los Estados Unidos iluminado ciudades, casas y fábricas, y de la noche a la mañana el siglo XX llamó a su puerta.

Por suerte para Rockefeller, para poder usar una bombilla se necesita electricidad, y no sería hasta varias décadas después cuando las redes eléctricas urbanas y domésticas se generalizaron en las ciudades de Estados Unidos. La transición fue muy suave y la noticia pasaría como anecdótica para los directivos de la empresa, que tendrían una reunión mucho más aburrida que la imaginada.

De un modo u otro, como sin duda suscribirían Adolf Hitler, Jose María Ruiz Mateos o Mario Conde (aunque sus casos fueron a la inversa): “lo que un día te quita el siglo XX, te lo devuelve al siguiente”. Y lo que Edison le quitó a la industria del petróleo se lo devolvieron con intereses: BenzDaimler y por encima de todos, Henry Ford. La industria del automóvil convirtió al petróleo en el recurso natural más importante del mundo y a las empresas que lo explotaban en las más importantes.

El descubrimiento de nuevos yacimientos en Texas y California no hizo sino aumentar el tamaño y relevancia de Standard Oil que, allá donde iba, se topaba con el rechazo de la población y los empresarios locales. Aun así, incluso lejos de su base de operaciones consiguió hacerse hueco, cuando no dominar totalmente, las diferentes regiones petrolíferas de los Estados Unidos.

Theodore Roosevelt

El siglo XX amanecía prometedor para John D. Rockefeller y la Standard Oil Company, pero la lucha contra los monopolios de un presidente, Theodore Roosevelt, acabaría con sus treinta años de hegemonía de modo brusco.

El empeño del carismático presidente, unido a una larga serie de artículos publicados por la periodista Ida Tarbell, pusieron a la opinión pública todavía más en su contra. Tarbell, hija de uno de los productores independientes más importantes de Oil Creek que arruinó Rockefeller, consiguió sacar a la luz los datos y maniobras fraudulentas (esta vez sí, alguna ilegales), que durante más de treinta años habían encumbrado a Standard Oil.

Esta campaña tuvo su cénit el en 1911 cuando un tribunal de Nueva York decretó la disolución de la empresa en más de treinta sociedades independientes, acabando con décadas de monopolio. Pese a su disolución, Rockefeller mantuvo acciones en muchas de las empresas y continuó siendo el hombre más rico de Estados Unidos hasta su muerte.

Como contrapunto a su poco moral carrera como empresario, dedicó sus últimos años de vida a labores filantrópicas, donando más de quinientos millones de dólares y emprendiendo proyectos que abarcaban desde hospitales infantiles hasta la fundación de la Universidad de Chicago.

Sea como fuere, fue este hombre quien dio forma a la industria del petróleo tal y como la conocemos hoy en día y es indudablemente el protagonista de los primeros cuarenta años de esta historia.

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Cinisca, la princesa espartana que fue la primera mujer en ganar una competencia olímpica…


Cinisca montada en su carro halado por caballos
Cinisca gana el premio en la carrera de carros. De Mme. De Renneville, «Biografía de las mujeres ilustres de Roma, Grecia y el Bajo Imperio» (París: Chez Parmantier, Libraire, 1825).

BBC News Mundo — Lo que Cinisca logró hace alrededor de 2.400 años fue, sin lugar a dudas, toda una hazaña.

Ganar los laureles en dos Juegos Olímpicos consecutivos -en 396 y 392 a.C. – ya de por sí lo es.

Pero hacerlo cuando a una persona como ella ni siquiera podía estar presente en el festival en honor al dios Zeus, aún más.

Cinisca, por más que fuera una princesa, hija y hermana de poderosos reyes, era una mujer de alrededor de 50 años, y a las mujeres, en esa época, no se les permitía competir.

Tenían hasta prohibido asistir al recinto sagrado del Santuario Olímpico, con las casadas amenazadas con pena de muerte de ser sorprendidas en el evento así fuera como meras espectadoras.

Para ellas había cabida en un festival distinto, en honor a Hera, la esposa de Zeus.

Poco se sabe de esos juegos aparte de lo que contó el viajero, geógrafo e historiador griego Pausanias en su extensa obra «Descripción de Grecia» del siglo II d.C.

Dice que eran organizados y supervisados por un comité de 16 mujeres de las ciudades de Elis, que tenía lugar cada cuatro años y que incluían unas carreras de chicas vestidas con una túnica que colgaba del hombro izquierdo y el pelo suelto.

Pero las atletas tenían que ser niñas jóvenes y solteras, así que Cinisca tampoco habría podido participar en esos juegos.

Entonces, ¿cómo logró obtener la victoria si la competencia olímpica estaba tan celosamente reservada para los varones?

– La excepcional Esparta

Cinisca aprovechó hábilmente una laguna legal. Participó en carreras de carros tirados por cuatro caballos en línea, pero no tenía que conducirlos para ganar… ni siquiera era necesario que estuviera en Olimpia. Ayer como hoy, las victorias en las carreras ecuestres se otorgan a los propietarios de los caballos, no a los jinetes.

¿Por qué tal fisura en las rígidas reglas sobre la presencia de mujeres en los Juegos? Quizás porque la mayoría de las mujeres en la Antigua Grecia en todo caso no habrían podido concursar.

En Atenas, como relata Sarah Pomeroy en su libro «Mujeres espartanas», las leyes suntuarias y las medidas destinadas a reducir la visibilidad de las mujeres en público proscribieron las oportunidades de las mujeres para montar en carruajes, y no hay pruebas de que alguna vez montaran a caballo.

Incluso más tarde, en Roma, donde hubo mucha más riqueza disponible, la Lex Oppia, promulgada como una medida suntuaria en el año 216 a.C., también prohibió a las mujeres montar en carros excepto con fines religiosos. Pero Cinisca era espartana, y como tal, gozaba de libertades inconcebibles para las demás.

Chicos y chicas en un campo
«Jóvenes espartanos haciendo ejercicio», imaginados por Edgar Degas c. 1860.

La cultura espartana creía que los hijos más fuertes provenían de padres fuertes, así que, a diferencia del resto de la sociedad griega antigua, las autoridades alentaban a las mujeres a entrenar tanto la mente como el cuerpo.

Como también podían heredar, poseer y administrar propiedades, al igual que los terratenientes masculinos, las espartanas podían conducir carros o montar a caballo para inspeccionarlas.

Poder ir a caballo las dotó a las espartanas de una autonomía única para las mujeres en el mundo griego.

Cinisca, además, amaba los caballos.

Su padre fue el rey Arquidamo II y era hermana del rey Agesilao II, uno de los guerreros más famosos de Grecia, así que gozaba de una vida privilegiada. Según varias fuentes, tenía una gran finca dedicada enteramente a criar y entrenar caballos.

Ella misma preparó a su equipo y esperó al fin de la Guerra del Peloponeso, cuando se levantó el veto a la participación de Esparta en el festival en Olimpia. Sin poner un pie en los terrenos sagrados prohibidos, la princesa inscribió a sus caballos en la carrera de carros olímpicos.

Y su motivación para hacerlo sigue siendo tema de debate.

– ¿Ambición o manipulación?

Puede parecer normal que alguien que ame tanto los caballos y dedique todo su tiempo a entrenarlos quiera participar en la competencia más prestigiosa de la época. No obstante, hubo diversas opiniones sobre lo que motivó a un miembro de la realeza espartana a burlar las reglas de los Juegos.

Una cuadriga
Los que corren no son necesariamente los que reciben las coronas o medallas.

El filósofo e historiador Jenofonte era amigo del rey Agesilao y lo acreditó con despertar las ambiciones olímpicas de la princesa.

«…convenció a su hermana Cinísca para que criara caballos para carros, y demostró con su victoria que un semental de ese tipo marca al propietario como una persona de riqueza, pero no necesariamente de mérito [varonil]», escribió.

Agregó que Agesilao sentía que la victoria en Olimpia significaba poco; era mejor ser un buen rey, algo que incluía ser virtuoso, modesto y económicamente conservador.

Cinco siglos después, el filósofo Plutarco, al elogiar la modestia del estilo de vida de Agesilao, señaló:

«Sin embargo, al ver que algunos de los ciudadanos se estimaban mucho y se enorgullecían mucho porque criaban caballos de carreras, persuadió a su hermana Cinisca para que participara en las competencias de carros en Olimpia, deseando mostrarle a los griegos que la victoria allí no era una marca de gran excelencia sino simplemente de riqueza y derroche«.

Según Pausanias, no obstante, lo que impulsó a la princesa espartana fue la ambición personal.

«Cinisca deseaba vivamente la gloria en los Juegos Olímpicos y fue la primera mujer que crió caballos y la primera que consiguió una victoria olímpica«, escribió.

¿Fue una victoria engendrada por la princesa o ideada por el rey? ¿Fue Cinisca una pionera o un peón político? El debate de larga data ha continuado y se ha ampliado. Pero, como dice el dicho, nadie nos quita lo bailado, y el triunfo tornó rápidamente a Cinisca en una heroína.

«Después de Cinisca, también otras mujeres, y principalmente de Lacedemonia obtuvieron victorias olímpicas, ninguna de las cuales fue más famosa que ella por las victorias«, relató Pausanias.

Y contó que en «un lugar llamado Platanistas por el anillo ininterrumpido de altos plátanos que crecen a su alrededor» había un «santuario de héroes» dedicado a Cinisca.

Ese era un honor importante; el lugar estaba reservado para ceremonias religiosas y solo los reyes espartanos eran recordados de esa manera, y nunca una mujer. Pero quizás aún más emocionante fue que una estatua de bronce de Cinisca fue erigida en Olimpia, ese lugar en el que triunfó a pesar de su obligada ausencia.

Junto con esculturas de su carro y caballos de bronce, fueron los primeros monumentos dedicados por una mujer para conmemorar las victorias en las competiciones panhelénicas.

Así, aunque poco se sabe de su vida, su nombre pasó a la historia y quedó grabado en la base de su estatua:

«Yo, Cinisca, vencedora con un carro de veloces corceles, (…) me declaro como la única mujer de toda Grecia que ha ganado esta corona«.

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Emperadores romanos imaginarios adornan las páginas de la Historia Augusta…


Imagen representativa de un historiador romano antiguo.

Ancient Origins(C.Bogaard) — La Historia Augusta presenta un carnaval de historias extravagantes que han desconcertado a los historiadores durante siglos. Pero estas extrañas fabricaciones no se limitan a detalles irrelevantes. La antigua colección de biografías imperiales romanas incluso inventó emperadores, borrando la línea entre la realidad y la ficción en los anales de la historia romana.

– La Historia Augusta y sus gobernantes fabricados de la Antigüedad

La Historia Augusta es una colección de biografías de emperadores y usurpadores romanos, que abarca un período comprendido entre el 117 d.C. y el 285 d.C. Si bien la colección en sí afirma haber sido escrita por un grupo de seis autores entre el 305 y el 325 d.C., los historiadores creen que en realidad fue escrita a finales del siglo IV d.C. por un autor o grupo de autores desconocidos.

Entre la miríada de emperadores romanos narrados en la Historia Augusta, varios se destacan como flagrantes fabricaciones que nunca existieron. Uno de esos emperadores es Firmus Saturninus, que supuestamente reinó durante la crisis del siglo III, un período marcado por la inestabilidad política y los conflictos civiles. Otro es Floriano, cuyo reinado se dice que duró apenas 88 días antes de su prematuro fallecimiento.

Los emperadores imaginarios de la Historia Augusta plantean preguntas intrigantes sobre las motivaciones detrás de su inclusión. Algunos estudiosos especulan que sirvieron como advertencias o ejemplos morales. Otros sugieren que pudieron haber sido añadidos para llenar vacíos en el registro histórico o para crear paralelismos con emperadores reales, realzando la narrativa del texto. En The Play of Allusion in the Historia Augusta, David Rohrbacher sugiere que estas parodias eran en realidad chistes destinados a una audiencia informada.

La portada de una edición de 1698 de la Historia Augusta de la Abadía de Ettal en Alemania. (CC0)
La portada de una edición de 1698 de la Historia Augusta de la Abadía de Ettal en Alemania.

– Descifrando engaños: noticias falsas en la Historia Augusta

Dentro de la Historia Augusta, las mentiras van más allá de los emperadores inventados e incluyen anécdotas extravagantes e improbables. También hay varios documentos falsificados, incluidas cartas y discursos. Estos cuentos, a menudo rayanos en lo fantástico, desafían los esfuerzos de los historiadores por discernir la verdad de la ficción dentro de los anales de la historia romana.

Un ejemplo de ello es el relato del emperador Carino, que gobernó del 283 al 285 d. C., supuestamente nadando en estanques llenos de manzanas y melones flotantes, una representación caprichosa de la decadencia que pone a prueba la credulidad. Se dice que el comportamiento escandaloso de Heliogábalo, que gobernó como emperador romano del 218 al 222 d.C., incluyó travestismo, matrimonios múltiples y rituales extraños en una descripción cuestionable y sensacionalista.

De manera similar, la Historia Augusta relata la historia de Próculo, un supuesto usurpador que reclamó brevemente el trono imperial en el siglo III d.C., aunque no hay evidencia histórica de su existencia. El texto alega que Próculo desfloró a cien vírgenes en sólo quince días, una historia de notable audacia que desafía la credulidad.

Estos casos de noticias falsas en la Historia Augusta desdibujan la línea entre la realidad y el mito. Esto ha complicado los intentos de los estudiosos de construir una descripción precisa de la sociedad y la cultura romanas antiguas durante una época para la que hay escasez de material.

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La ‘brecha del orgasmo’ no se va con la edad para las mujeres heterosexuales…


The New York Times(C.Pearson) — Los investigadores y terapeutas sexuales saben desde hace tiempo que las mujeres en relaciones heterosexuales tienden a experimentar menos orgasmos que los hombres. Un nuevo estudio a gran escala sugiere que esta “brecha del orgasmo” persiste, y no mejora con la edad.

La investigación, publicada recientemente en la revista Sexual Medicine, descubrió que, en todas las edades, los hombres de todas las orientaciones sexuales reportaban tasas de orgasmo más elevadas durante las relaciones sexuales —del 70 al 85 por ciento—, en comparación con el 46 al 58 por ciento de las mujeres. Las mujeres lesbianas y bisexuales de entre 35 y 49 años declararon tasas de orgasmo superiores a las de sus homólogas heterosexuales.

El análisis incluyó datos de ocho encuestas llamadas Singles in America, financiadas y realizadas anualmente por Match.com en colaboración con el Instituto Kinsey, el programa de investigación sobre sexualidad y relaciones de la Universidad de Indiana. La muestra incluía a más de 24.000 solteros estadounidenses de entre 18 y 100 años.

Los investigadores estaban especialmente interesados en saber si las tasas de orgasmo varían en función de la edad. Amanda Gesselman, investigadora científica del Instituto Kinsey y autora principal del estudio, dijo que pensaba que el equipo podía encontrar pruebas de que la brecha del orgasmo se reduce a medida que las mujeres desarrollan confianza y aprenden lo que les gusta (y, tal vez, sus parejas desarrollan habilidades para ayudar a darles placer).

Sin embargo, aunque los hombres gays y bisexuales y las mujeres lesbianas de más edad tenían tasas de orgasmo más elevadas, “en realidad no vimos indicios de que se redujera la brecha del orgasmo en general”, dijo, y añadió que espera que futuros estudios exploren más a fondo la conexión entre la edad y el orgasmo.

“Realmente, como sociedad, damos prioridad al placer masculino e infravaloramos el placer sexual femenino”, dijo Gesselman. “Y creo que eso contribuye a disparidades consistentes”.

Los orgasmos grandiosos

Emily Nagoski, educadora sexual y autora del libro Come Together —quien no trabajó en el nuevo estudio— dijo que una limitación del estudio fue que la encuesta preguntaba: “Cuando tienes relaciones sexuales en general, ¿qué porcentaje de las veces sueles tener un orgasmo?”. Pero no proporcionaba una definición más específica de lo que significa “relación sexual”.

Las investigaciones demuestran que la mayoría de las mujeres necesitan algún tipo de estimulación del clítoris para llegar al orgasmo. Por lo tanto, si las mujeres heterosexuales definen “relación sexual” como la penetración vaginal únicamente, tiene sentido que haya una diferencia significativa en las tasas de orgasmo, dijo.

Una pregunta más reveladora podría ser: “¿Qué porcentaje del sexo que tienes te gusta?”, dijo Nagoski. “El orgasmo no es la medida de un encuentro sexual. El placer es la medida de un encuentro sexual”.

En última instancia, lo que importa es que la gente dedique tiempo a averiguar qué hace que un encuentro sexual sea satisfactorio para ellos, lo que por lo general incluye cosas como la conexión, la confianza y la comodidad, dijo Kristen Mark, profesora del Instituto Eli Coleman de la Salud Sexual y el Género de la Universidad de Minnesota.

“Hay muchas formas de experimentar el placer sexual, así que es importante no equiparar la falta de orgasmos con la falta de placer”, añadió.

Mark dijo que esto puede ser especialmente cierto en etapas posteriores de la vida, cuando factores como los cambios hormonales que se producen durante la menopausia, los problemas de erección de la pareja u otros problemas de salud pueden dificultar que las mujeres alcancen el orgasmo de forma fiable durante las relaciones sexuales, aunque es posible que sigan disfrutando de ellas.

La "brecha del orgasmo" no se va con la edad para las mujeres heterosexuales

Al mismo tiempo que los investigadores y expertos del sexo reclaman una comprensión más matizada de lo que hace que el sexo sea “satisfactorio”, expresan su frustración por el hecho de que las mujeres heterosexuales de todas las edades sigan sin tener tantos orgasmos como sus parejas.

Laurie Mintz, profesora de psicología de la Universidad de Florida y autora de Becoming Cliterate: Why Orgasm Equality Matters – and How to Get It consideró que las conclusiones del estudio subrayan la necesidad de una amplia educación sexual. Pero eso no basta.

Las mujeres deben averiguar qué les resulta placentero, y luego sentirse seguras y cómodas comunicándoselo a sus parejas, dijo Mintz. Esto requiere una actitud que transmita “merezco el placer tanto como mi pareja”, añadió, y también requiere una pareja receptiva y abierta. Mintz reconoció que ambas cosas son más fáciles de decir que de hacer, y calificó la brecha del orgasmo de subproducto “dañino” de las actitudes patriarcales hacia el sexo.

Mark añadió que las mujeres que no pueden alcanzar el orgasmo, o que simplemente no tienen relaciones sexuales placenteras, pueden hablar con su médico de cabecera; aunque lamentó que sean los pacientes, y no los profesionales médicos, quienes suelen iniciar las conversaciones sobre salud sexual.

Y reconoció que la mayoría de los médicos reciben poca o ninguna formación sobre el tema. Aun así, “su trabajo es saber dónde estás y encontrar los recursos que necesitas”, dijo Mark. Por ejemplo, problemas como la sequedad y el dolor durante las relaciones sexuales después de la menopausia —que pueden dificultar el orgasmo— son tratables.

Pero ella y otros expertos en salud sexual subrayaron que hay cuestiones más amplias en juego. Entre ellas, la persistente idea de que el placer sexual de la mujer es de algún modo secundario.

“Se puede arreglar”, dijo Mintz. “Va a hacer falta educación, empoderamiento, aceptación de vibradores y lubricantes, y el uso de la palabra ‘clítoris’, y todo eso”.

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Escasez e incertidumbre: el desafío de freír un huevo en un mundo en conflicto…


Escasez e incertidumbre: el desafío de freír un huevo en un mundo en  conflicto

The Conversation(F.P.C.Mayorga) — 2022: la humanidad aún lidiaba con las secuelas de la pandemia y buscaba recuperar su ritmo habitual, pero un giro sacudió el escenario político internacional. Mientras que la preocupación por el virus de la covid-19 disminuía, un conflicto bélico emergía. Observábamos una conflagración en el este de Europa que nos hacía reflexionar sobre el rumbo geopolítico.

Este conflicto distante subrayó la interdependencia global al involucrar a la alimentación. Al ir a la tienda, nos encontrábamos con anuncios que nos pedían que limitáramos nuestras compras de aceite. Al unísono, los medios daban noticias sobre el desabastecimiento de aceites a nivel mundial. La razón: la guerra de Ucrania.

Mientras tanto, mi duda casi existencial era que cómo iba a poder freír huevos ahora. Había amenazas tangibles para mis desayunos. Mi fútil predicamento me llevó a pensamientos multivariables, haciéndome recordar inclusive los preceptos básicos de la fritura de un huevo.

Cuando freímos un huevo, el calor del aceite provoca una metamorfosis que lo convierte en una mezcla sólida y elástica. La transformación molecular durante la fritura de un huevo crea su textura y sabor característicos, haciéndolo un placer culinario. El aceite juega un papel vital aquí. El de girasol, por ejemplo, mantiene cierta estabilidad a altas temperaturas, lo cual es útil al momento de freír. Es esencial elegir aceites que conserven su estabilidad al menos hasta los 180 °C para evitar la producción de sustancias nocivas durante la fritura.

Los diferentes aceites tienen perfiles únicos de ácidos grasos que afectan su sabor, aroma, estabilidad y aplicaciones culinarias. Por ejemplo, el aceite de cacahuete es rico en ácido oleico y linoleico, mientras que el de girasol destaca por su contenido en ácido linoleico. Estas diferencias influyen en si son adecuados para freír, cocinar o aderezar.

Además, los ácidos grasos presentes tienen implicaciones para la salud cardiovascular y la gastronomía, con el ácido oleico asociado a beneficios cardiovasculares. La elección del aceite adecuado depende de las necesidades y preferencias culinarias.

Escasez e incertidumbre: el desafío de freír un huevo en un mundo en  conflicto

– La importancia global del aceite

La escasez de aceite de cocina nos recuerda su importancia en la alimentación a nivel global. La falta de este elemento esencial para freír un huevo podría, aparentemente, tener repercusiones geopolíticas.

La dependencia de Ucrania en las exportaciones mundiales de aceites vegetales se hizo evidente. La escasez afectó a lugares que iban desde Vitoria-Gasteiz (España) a Machala (Ecuador) y mostró que el problema era serio. Ambos países se vieron afectados a pesar de las diferencias en la producción agrícola entre ambos. Por ejemplo, en España, el aceite de semilla de girasol es uno de los más consumidos, incluso en detrimento de su cultivo oleaginoso emblemático: la aceituna u oliva.

En Ecuador, uno de los principales productores de palma africana y donde el aceite de soja es uno de los más consumidos, observar desabastecimiento y encarecimiento de los aceites comestibles resultaba inverosímil. El precio del aceite de girasol se ha incrementado en este país, incluso sin haber un riesgo real de escasez, ya que Bolivia y Argentina son los principales proveedores de semillas de girasol en este caso.

La guerra en Ucrania reveló la vulnerabilidad de depender de un solo producto. Los conflictos en la región afectaron a la producción y el transporte de este aceite. Ucrania y Rusia tenían una ventaja competitiva significativa, pero el conflicto complicó la situación. La dependencia de Ucrania como proveedor clave destacó la vulnerabilidad de la cadena de suministro mundial. Ante esto, es vital considerar el uso de materias primas locales alternativas para garantizar un suministro alimentario resiliente.

La fritura no es solamente un acto culinario, sino que además es un indicador de los desafíos y las complejidades del mundo en el que vivimos. La guerra en Ucrania demostró la fragilidad de la cadena de suministro de aceites y la vulnerabilidad de muchos países ante la dependencia de un solo producto.

– La importancia de buscar alternativas

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En lugares donde el aceite de girasol no era un actor principal en el sector de los aceites, las señales de escasez y especulación generaron dudas.

Aunque algunos países podrían ser autosuficientes en cuanto a cultivos oleaginosos, deben superar ciertas ventajas competitivas para garantizar un suministro estable.

La guerra en Ucrania expuso las debilidades de depender de un solo proveedor y resaltó la necesidad de diversificar las fuentes de suministro y promover la producción local de materias primas.

Ante la adversidad se presentan oportunidades para promover el cultivo y uso ulterior de otras materias primas viables y sostenibles, por ejemplo, el cacahuete, el frijol lupino y la quinoa.

Mientras reflexionamos sobre estas complejidades geopolíticas y económicas, les invito a intentar pasar por alto la incertidumbre con un aliciente momentáneo. Qué mejor que un huevo frito, ahora un símbolo cotidiano y silencioso de la importancia de la resiliencia y la adaptabilidad en tiempos de cambio, para degustar de las bondades que, a veces, la cotidianidad hace que demos por sentadas.

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