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Menos hijos, a edades más tardías y más familias monoparentales…


En las últimas décadas se observa un cambio demográfico en países de medianos y altos ingresos,  especialmente manifestados a través de las tasa de natalidad y tasa de fecundidad a nivel global. En las últimas décadas, se ha observado un aumento sostenido en la edad promedio a la que las mujeres deciden tener hijos, junto con una disminución en la cantidad de hijos por mujer.

Este fenómeno, que se replica a nivel global, responde a una compleja interacción de factores sociales, económicos y culturales.

A nivel mundial, la tasa de fecundidad ha experimentado un descenso constante en las últimas décadas. Según datos del Banco Mundial, en 1990 la tasa promedio de fecundidad global era de 3,3 hijos por mujer, mientras que en 2022 se ubicó en 2,3. En Argentina, la tendencia no es diferente. Entre 2010 y 2022, la tasa de fecundidad total pasó de 2,35 a 1,88 hijos por mujer.

En simultáneo, la edad promedio de embarazo ha aumentado de manera sostenida. A nivel del total del país,  según el Informe de Natalidad y la Fecundidad en Argentina entre 1980 y 2019 publicado en 2021 por la Dirección Nacional de Población, en los años 1980, 1991 y 2001, los más altos niveles de fecundidad se concentran en el grupo de 25-29 años.

Mientras que en 2019, las cifras se extendieron a la población entre 30-34 años.  

“Entre los factores que han llevado a este cambio en las decisiones reproductivas, se encuentran principalmente el acceso a la educación y la inserción de las mujeres en el mercado laboral. La búsqueda de desarrollo profesional y autonomía financiera es crucial, ya que muchas mujeres prefieren establecerse profesionalmente antes de formar una familia.

Además, el acceso a métodos anticonceptivos, el aumento de hogares monoparentales de mujeres que deciden encarar solas la maternidad y la diversidad de modelos familiares, han modificado la percepción social sobre la maternidad y permitido a las mujeres decidir con mayor libertad el momento adecuado para tener hijos.” señaló Romina Pesce, médico especializada en ginecología y obstetricia, MN 105243.

Este cambio en la dinámica maternal tiene tanto consecuencias positivas como negativas. Por un lado, se destaca la mayor autonomía y libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre su vida reproductiva. Sin embargo, también existen desafíos que deben abordarse.

La maternidad tardía puede aumentar el riesgo de infertilidad y complicaciones durante el embarazo y el parto, tanto para la madre como para el bebé.

“Cabe recalcar que los problemas de infertilidad en mujeres de edad avanzada, no siempre pueden solucionarse con tratamientos de fertilización asistida (TRA). Esto es una falsa percepción donde se asume que la dificultad reproductiva puede resolverse en todos los casos con tratamientos.

Los programas de concientización  deberían orientarse a  educar y hacer visible las limitaciones en el éxito reproductivo tanto en la búsqueda espontánea como con aquellas asociadas con tratamientos , conforme al avance de la edad materna.” agregó la especialista.

La decisión de ser madre es una de las más importantes en la vida de una mujer. Es fundamental que esta decisión se tome de manera libre, responsable e informada, considerando todos los aspectos involucrados, tanto personales como sociales. Ser madre implica una gran responsabilidad y un compromiso de por vida, por lo que es esencial estar preparada para afrontar este desafío.

nuestras charlas nocturnas.

Los libros y las armas…


fahrenheit 451 2 NoticiaAmpliada
Escena de Fahrenheit 451, 1966.

JotDown(A.Piñar) — Se calcula que el mundo hay un arsenal de 650 000 000 de armas. La cifra es escalofriante, pero en países como Estados Unidos es especialmente llamativo: se calcula que hay más armas que personas.

En agosto de 2010, Google recurrió a algunos de sus misteriosos algoritmos para determinar el número exacto de libros que había en el mundo y dio esta cifra: 129 864 880.

A pesar de que han pasado unos cuantos años desde entonces, y de que se habrán publicado varios miles de nuevas historias y varios miles de armas más habrán sido puestas en circulación, podemos afirmar con toda seguridad que en el mundo hay más armas que libros.

Un libro y un arma no se parecen en nada, a pesar de que los libros tienen hojas como las espadas, a pesar de que puedan disprar verdades y, a veces den en el blanco.

Creo que coincidiréis conmigo al considerar que, a priori, cualquier persona desestimaría considerar que son cosas parecidas, incluso que son cosas que pueden llegar a convivir, pero la realidad se empeña en contradecirnos: en ocasiones, armas y libros han estado juntos en la misma escena.

El 8 de diciembre de 1980, en Nueva York, Mark David Chapman se acercó a John Lennon para pedirle un autógrafo. Después disparó cinco veces contra la espalda del cantante causándole la muerte. Acto seguido, se alejó un poco de la escena y abrió el ejemplar de El guardián entre el centeno de J.D. Salinger que llevaba bajo el brazo para leerlo mientras llegaba la policía.

Cuando le preguntaron porqué había asesinado a Lennon, Chapman afirmó que sus razones estaban descritas íntegramente en ese libro que le habían sido confiscado junto a su arma.

Dentro pudieron encontrar una nota que decía «Esta es mi declaración» y que había firmado como Holden Cauldfield, el protagonista de la historia. Muchos de nosotros, que compramos y leímos esa historia, creíamos inocentemente que guardábamos solo un libro en nuestra librería, pero nada más lejos: en realidad, guardábamos un relato de gran calibre.

Los libros no son armas, a pesar de que muchos de nosotros los utilicemos para matar el aburrimiento. Y qué útil le hubiera resultado a Meursault vivir un poco esas horas de soledad consciente y gratificante que proporcionan. El protagonista de El extranjero de Albert Camus asesina a balazos a un hombre durante un paseo estival por la playa.

El tedio, el aburrimiento, la ignorancia, le llevan a matar, a asestarle cuatro disparos a un árabe que «fueron como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia».

Se trata de una muerte ficticia, pero nos habla de tantas otras muertes que han sucedido en la realidad, y de lo absurdo que es que un ser humano muera a manos de otro. Se trata de un libro que, como tantos otros, atenta contra la realidad y sus cimientos, y aunque solo sea dentro de esa insobornable región que es la imaginación, no deja de señalarnos las mentiras que a nuestro alrededor nos siguen contando cada día.

Ese libro es un arma de doble filo capaz de asestar una herida mortal sobre nuestra conciencia.

Los libros y las armas | El Informante Peru

Los libros no son armas, no.

Están muy lejos de serlo.

Pero nos han contado historias donde sí lo son.

Como esa en la que Guillermo de Baskerville descubre que uno de los libros de la abadía está envenenado, y que al leerse mata a todo aquel que se lleva el dedo a la boca para pasar sus páginas.

No extraña que en El nombre de la rosa a Umberto Eco se le ocurriera mezclar libros y tóxicos, porque pocas cosas intoxican más que la literatura para un escritor: una vez que se te mete dentro, nadie puede hacerla salir.

Y tampoco se le debió escapar el hecho de que un remedio es un veneno que se administra en dosis adecuadas.

Es posible que para él un libro bien leído sea la receta para muchas enfermedades distintas.

Y a pesar de que las listas de ventas son testarudas, no olvidemos que en el mundo hay más de ciento veintinueve millones de libros, lo que significa que no es posible que llevemos todos dentro el mismo veneno.

Si los libros fueran armas podríamos entender por qué los totalitarismos se sienten vulnerables ante los escritores y les condenan al castigo del exilio o terminan con ellos fusilando sus ideas. Puede que para los dictadores, los libros sean armas de papel cargadas con las certeras balas de la libertad, un arsenal dañino para aquellos que ametrallan con la imposición.

Si los libros fueran armas (que no lo son) podríamos comprender cómo algunos títulos cargados de odio han ayudado al deliberado ostigamiento de algunas razas, religiones o géneros, han disparado rencor y han utilizado las palabras como un ejército frente a hombres desarmados.

Las armas y los libros no son lo mismo, aunque en ocasiones hayan hecho el mismo daño. Pero la puntería de un libro se mide por el impacto de sus ideas, no por una herida que sangra. Porque el dolor que causa sana con el curativo parche de la cultura. Porque el precio que pagamos por él no es el de una vida cercenada.

Si los libros fueran armas, los desfiles militares tendrían más sentido, porque exhibirían la fuerza de miles de historias sin bandera, ya que las palabras no tienen dueño, solo intérpretes, no tienen fronteras, solo idiomas. Si lo fueran, qué rematadamente diferente sería responder al grito de ¡PRESENTEN ARMAS!

Cada vez que los libros y la muerte están juntos en un macabro escenario, no paramos de preguntarnos qué otra cosa hubiera podido suceder si en lugar de armas de fuego solo tuviéramos armas de papel. Si solo pudiéramos defendernos con las palabras.

Porque aunque los libros y las armas hayan tenido que convivir, sabemos la diferencia entre una cosa y otra: sabemos de qué lado queremos estar, qué estadística queremos romper, qué página de la historias queremos pasar.

Los libros y las armas

Los libros que antaño eran considerados peligrosos solían quemarse, porque el fuego es un arma contra el papel.

Afortunadamente, no se puede acabar con algunos de ellos de un solo golpe.

Ahora ya no se queman libros, a pesar de que Bradbury viera nuestro futuro ardiendo a 451 grados fahrenheit.

Los libros ya no se consideran peligrosos.

No dan miedo.

Se exhiben en librerías y en escaparates como si nada.

Hay tantos que apenas se puede discernir cuáles son de armas tomar.

Tal vez por eso no les hagamos mucho caso, porque un montón de páginas cosidas no puede hacer nada por nosotros, contra nosotros.

Tal vez por eso los envenenamos con nuestra indiferencia.

Los libros no son armas, tal vez no lo fueron nunca, a pesar de que podrían estar cargados de futuro, como la poesía. No son un valor en alza, no crecen en número a la misma velocidad que las armas, porque parece para defendernos las palabras no nos bastan.

Si los libros fueran armas, las bibliotecas contendrían arsenales esperando a ser desenfundados, exhibidos en las estenterías con la misma inocencia que una pistola en la funda o una espada en la vaina. En todos los casos, hace falta una persona con una cierta puntería para darle un buen uso, porque leer sin cuestionarse nada es como no dar en el blanco.

Si fuera así, en las bibliotecas nos armaríamos para la vida, repondríamos nuestra primera línea de defensa con armas blancas, porque escribir es poner blanco sobre negro, como decía Mallarmé.

Los libros no son armas, porque si lo fueran en el mundo habría países con más libros que personas, porque habría ministerios de defensa que se gastarían millones en armar de historias a unos hombres que ya no se dedicarían a matarse, sino a escucharse unos a otros.

Tal vez, si los libros fueran armas los ejércitos estarían compuestos por personas que agachan la cabeza para mirar lo que otro tiene que decir. Si los libros fueran armas, y es una lástima que no lo sean, tal vez nos sentiríamos a salvo más a menudo, porque el ambiente olería más a tinta que a pólvora.

Si lo fueran, tal vez una vida no tendría el precio de una bala, el tiempo de un disparo, sino un montón de páginas por delante.

Pero la realidad es otra. En el mundo hay más armas que libros y eso es algo que nos define, que sirve para decirnos qué decisiones tomamos cuando nos sentimos vulnerables, solos o cuando queremos protegernos.

Qué preferimos tener en las manos cuando todo lo demás nos ha fallado. Los libros y las armas no son lo mismo, pero no dejo de preguntarme qué pasaría si se parecieran un poco.

nuestras charlas nocturnas.

Disney, entre millennials y la generación Z…


Los siete enanitos se encontrarían en una suerte de impasse social. Por un lado, recibirían apoyo y elogios por visibilizar un tipo de discapacidad que durante siglos ha sido considerada como divertimento

Meer(P.R.Fernández) — Estaba inmersa en elegir qué película de Disney ver una tarde cuando, de pronto, me asaltó una inquietud.

Hoy en día, el gigante cinematográfico del ratoncito cuenta con numerosas películas que simulan o directamente emplean personajes de sus películas animadas originales. Algunos ejemplos son las sagas Los descendientes y Una Cenicienta moderna (A Cinderella Story).

Todas las adaptaciones al mundo real son algo libres: una Cenicienta que va al instituto y lleva zapatillas, un Peter Pan adulto que ha olvidado quién era, una Bestia que en vez de tener extra de pelo se queda calvo y le sale maquillaje venoso en 3D… Las versiones son infinitas y, como decía, libres en su interpretación del personaje.

La inquietud fue, entonces, la siguiente: ¿qué pasaría si los personajes de las originales vivieran en el siglo XXI, tal como se presentan en sus versiones animadas?

He ahí el tema a tratar en mis próximos dos artículos (¡toma ya, dos partes!).

Voy a explorar algunos de los clásicos de Disney imaginando el papel que tendrían en la sociedad de hoy, qué pensarían de ellos, qué actual estereotipo social cumplirían… Con las redes sociales, Internet, argot actual, etc. de fondo.

Si el experimento ha captado tu atención, comencemos entonces sin más dilación.

Silbando al arrancar…

(Disney clásico, ¡vamos allá!)

Blancanieves y los siete enanitos

– Blancanieves y los siete enanitos (1937)

Blancanieves tendría la tez como la nieve… si esta tuviera urticaria. En la película, Blancanieves tiene catorce años; es decir, está en plena pubertad. Y por muy espectacular que pudiera tener la piel, sería imposible que la tuviera prístina, pues ningún adolescente (o, al menos, ninguno que yo conozca) logra mantener su piel intacta durante la revolución hormonal.

Lo siento, pero en esto no admito disparidad de opiniones: si eres un puberto, tienes acné o intentos de ello. Y ya. ¡No se salvaría ni Blanca!

Por supuesto, nuestra ingenua y cursi adolescente tendría redes sociales llenas de ingenuidad y cursilería. Sin embargo, también usaría sus plataformas para denunciar públicamente su situación. Haría vídeos con un hashtag tipo #RompiendoElSilencio; un título escogido con razón, si tu madrastra te quiere arrancar el corazón (y no de forma metafórica como si fuera una canción de Alejandro Sanz o Marc Anthony).

Creo que en todos sus vídeos la pobre Blanca se mostraría bastante perdida, sin entender muy bien qué ocurre en general.

Seguramente, iniciaría esa campaña contra su madrastra por consejo de sus amigos los ciervos; no porque saliera de ella. Sabemos que Blanca no es necesariamente perspicaz….

La mayoría de sus seguidores naturalmente le brindaría todo el apoyo y medios para luchar contra su injusta y cruenta situación (porque, sí, en las redes sociales también se forman comunidades positivas y de apoyo).

Sin embargo, otros se darían a las teorías conspiranoicas sobre la salud mental de la pobre Blanca, su pertenencia a algún grupo religioso extraño, los mensajes escondidos entre sus mensajes bastante claros y simples… Daría para mil versiones nuevas del cuento.

La Reina Malvada tendría también redes sociales, aunque las emplearía con otros fines. Sus plataformas se caracterizarían por una plétora de fotos de ella divina y estupenda, con alguna publicación ocasional quejándose de lo incomprendida que se siente y lo difícil que es vivir en una sociedad con tamaños estándares de belleza.

Sería embajadora de millonarias marcas de cosméticos y ropa y subiría fotos supuestamente sin maquillar, para que sus seguidores vieran lo bella que es sin necesidad de retoques.

Sus seguidores, por supuesto, escribirían comentarios típicos de hoy en día como: «mi Imperio Romano», «menuda reina», o «slayyyy, queen!». Este último sería un comentario bastante desafortunado pero certero, teniendo en cuenta que slay significa «matar» y que, en fin, es la reina.

Eso sí: todo serían halagos porque ella los seleccionaría o porque la mayoría estarían escritos por el aterrorizado cazador al que contrató para poder convertirse en, literalmente, una «slay queen».

Los siete enanitos se encontrarían en una suerte de impasse social. Por un lado, recibirían apoyo y elogios por visibilizar un tipo de discapacidad que durante siglos ha sido considerada como divertimento (algo que Velázquez ilustró en su saga pictórica de bufones).

Sin embargo, creo que otra parte de la sociedad se centraría más en sus comportamientos machistas y explotadores. O a lo mejor se consideraría lo positivo y lo negativo; una de cal, y otra de arena.

Aunque no sé si la sociedad aceptaría a siete hombres hechos y derechos que se aprovechan de la ingenuidad de una adolescente para convertirla en su ama de casa sin pagarle un centavo, haciéndole trabajar a destajo mientras le recuerdan constantemente lo bella que es de esa forma tan perturbadora.

Yo creo que no. Por no hablar de su clara falta de higiene… Creo que tendrían que dedicar menos tiempo a trabajar en la mina y más a asearse y limpiar su casa. Así, nuestra pobre Blanca tendría una preocupación menos.

No podemos olvidarnos del Príncipe Florian (sí, así se llama). Este hombre sí que no se libraría de ser cancelado por la sociedad… Y con razón. Este señor tiene, por lo menos, dieciocho años en la película (por lo que sabemos). ¿Qué hace un mayor de edad cortejando y, sobre todo, besando a una adolescente inconsciente?

Creo que coincidirás conmigo en que se le consideraría un acosador. Observa, escucha y sigue a la pobre Blanca cuando canta, cuando friega, cuando respira, cuando no respira… Seguro que esto terminaría en orden de alejamiento por parte de Blanca, alentada por sus amigos los pájaros. Y encima tendría que hacer más vídeos en redes sociales para denunciar el acoso del que es víctima. Todo esto, con solo catorce años. Pobre Blanca, de verdad.

El error de Disney con el vestido de Cenicienta que cambió su historia para  siempre | Cine

– Cenicienta (1950)

Cenicienta, aparte de ser víctima de una clara explotación laboral (si es que se le puede llamar así, considerando que tampoco a ella le pagan ni un centavo), tendría que aguantar, encima, comentarios sobre lo aburrida y aguafiestas que es por querer marcharse a las doce en lugar de seguir con la fiesta.

La gente pensaría que es una adicta al trabajo y que, como poco, tiene insomnio severo, porque no es normal que hable con ratoncitos y pajaritos en la soledad de su alcoba por las mañanas.

¿Y el príncipe? Pues creo que no podríamos decir gran cosa sobre él; ni en el mundo ficticio ni en el real actual. Porque, a ver, ¿qué rasgo de personalidad podrías destacarle a alguien cuyo nombre en su propia película es Príncipe Encantador? Tendrían más personalidad los ratones que él, y eso que en el mundo real los ratones no hablan.

Si algo se pudiera resaltar de su «personalidad» sería su insistencia en la búsqueda de la dueña del zapatito. Seguro que dedicaría fondos de las propias arcas del reino para pegar carteles de este, como si el calzado en cuestión fuese la persona desaparecida.

En lugar del Príncipe Encantador terminaría por ser apodado el «Príncipe Estupor», con esa confusión tan incomprensible que tiene sobre la identidad de la dama con la que estuvo toda la noche. Y, claro, en vez de usar cualquier medio sencillo para lograr encontrar personas (por ejemplo, hacer un grupo de Facebook para ver quién fue a su fiesta), seguro que este hombre se iría por la vía más difícil y rudimentaria, costándole el triple encontrar a Cenicienta.

Es cierto que sería altamente improbable que Ceni tuviese redes sociales, Internet o siquiera teléfono dada su situación. Pero bueno; el caso es que a este hombre se le vería más pesadito y atolondrado que encantador.

Las hermanastras y madrastra serían la viva representación del odio en redes sociales por pura envidia. Se crearían cuentas falsas para poder insultar y criticar tantas veces como quisieran a la persona que fuera objeto de su envidia. Seguro que las «niñas» compartirían fotos autoproclamándose las más bellas del reino porque así lo dice su madre.

Y los comentarios que recibirían… pues nos los podemos imaginar. No creo que cayeran muy bien. ¡Ah! ¿Y Lucifer? Pues sería un gato. Y ya. Los gatos maliciosos también existen aquí, qué le vamos a hacer.

10 Detalles sobre “Peter Pan” que te llevarán a revivir tu infancia / Genial

– Peter Pan (1953)

Peter Pan sería el epítome de la falta de compromiso y de carencias en madurez, responsabilidades, etc. ¡Por algo existe un síndrome que lleva su nombre! A ojos de la sociedad sería un secuestrador, puesto que se dedicaría a tiempo completo a llevarse a menores a un país que nadie sabe ni dónde está… Muy perturbador.

Y si a eso le añadiéramos el hecho de que le parezca tan gracioso que un cocodrilo se comiera la mano de su contrincante… la sociedad lo incluiría en la lista de villanos seguro. Le harían exámenes psicológicos para determinar si padece de alguna afección mental grave, además de exámenes del cerebro que dio origen a un síndrome psicológico.

Seguro que se haría, como poco, una serie sobre este señor. Esta podría tomar dos caminos: o sería una serie ficticia como You ambientada entre Londres y Nunca Jamás (siendo Wendy el objeto principal de su obsesión), o un documental tipo «Las cintas ocultas de Peter Pan: ¿Fantasía infantil o atroz realidad?».

Wendy produciría un libro o documental titulado «Cómo sobreviví a mi síndrome de Estocolmo por Peter Pan». Seguramente revelaría cosas impactantes como, por ejemplo, de qué estaba realmente compuesto ese polvo de hadas que le hizo volar.

La comunidad positiva que habita Internet tendría la bondad de crear una campaña de recaudación para comprarle una mano ortopédica a Garfio. Y, al final, terminaría por ser como Maléfica: un villano comprendido por la comunidad de incomprendidos.

Ahora que somos más conscientes de las enfermedades mentales, a nadie se le pasaría por alto el claro estrés postraumático que presenta este pobre hombre por culpa del señor Pan. Así, seguro que se convertiría en un símbolo de supervivencia al acoso y el maltrato, así como al estrés postraumático por un accidente tan violento como cruento.

En serio: ¿alguna vez se habrá disfrazado alguien de Peter Pan para Halloween?

Con Campanilla (Tinker Bell) se abriría todo un debate sobre la importancia de la sororidad, la competitividad sana, el diálogo honesto… Y, como muchos otros personajes, probablemente se vería en la obligación social (no moral, porque siempre estaría enfadadísima creyendo tener razón), de hacer un curso de gestión de la frustración y la ira.

Más que nada, por haber querido deshacerse de la existencia de Wendy. Demasiadas cosas que desempacar de esta cinta…

La Bella durmiente' cumple 50 años de reinado en Disney

– La Bella Durmiente (1959)

Aurora necesitaría intervención médica ipso facto; o bien por un caso de narcolepsia severo o por un coma prolongado.

O incluso tendrían que conectarla a un soporte vital, dada la profundidad de su inconsciencia.

Por otro lado, dado su bajo sentido del peligro, estoy segura de que no sería preciso hechizarla para que se pinchara con la rueca. Mándale algo por el móvil y se clava la rueca entera por no levantar la vista del teléfono.

Felipe, teniendo en cuenta cómo en la película le recuerda a su padre que están «en pleno siglo catorce» donde príncipes puede casarse con campesinas, probablemente sería progresista, feminista, naturalista y todo-ista.

Pero, ¿te has dado cuenta de que no dice palabra alguna en un tramo extremadamente largo de la película, desde que lucha contra Maléfica? Igual Felipe también necesitaría atención médica, pero de otro tipo. No creo que sea fácil asimilar que lucharas contra un dragón. El shock debe de ser alto.

Pero, ¿y qué hay de Aurora? Piénsalo. ¿Te resultaría romántico despertar de un estado comatoso para descubrir que tu campo de visión está enteramente ocupado por el hombre que tanto te estuvo insistiendo en veros de nuevo en la parte más escondida del bosque? A mí me parecería terrorífico.

Aurora y Blanca podrían hacer terapia juntas, dado que ambas tuvieron que sufrir la misma situación. Lo bueno es que podrían contar con las hadas madrinas de Aurora como guardaespaldas.

Blindaron su existencia durante dieciséis años; seguro que estarían encantadas de garantizar de nuevo su seguridad y la de su amiga. Si fuera Aurora, desde luego me sentiría bien segura con ellas, sobre todo teniendo en cuenta el carácter explosivo y temerario de algunas (no miro a nadie, Primavera).

En cuanto a Maléfica, creo que la gente simpatizaría con ella. Al fin y al cabo, es víctima de discriminación social (igual que Elphaba en Wicked; ¿será coincidencia que ambas tengan la tez verde?).

Se crearían campañas de apoyo con el hashtag #JusticiaParaMaléfica. Y así, surgiría una comunidad en la que personas de todo el mundo compartirían sus experiencias como víctimas de discriminación social, racial o de género, pudiendo así desahogarse y ayudar a otros con su historia.

De un supuestamente justo castigo para una villana, saldría un potente movimiento contra la discriminación. ¡Maléfica terminaría por convertirse en un icono! (Aun así, creo que también tendría que hacer un curso de control de la ira para que la brujería no volviera a írsele de las manos).

Así, llegamos al final de la lista de hoy. Espero que hayamos coincidido en la visión que le he dado a estos personajes tan queridos o que, al menos, te hayas entretenido. En realidad, este artículo es una licencia que me he tomado para hacer algunos vuelos de imaginación y fantasía y dejar volar mi mente más allá del estrés y las preocupaciones.

Sin embargo, también es una invitación para que tú, que estás leyendo esto, te permitas realizar esos vuelos. Te invito a que trates siempre de dedicar al menos un instante de tu tiempo a viajar allá donde solo estáis tú y tu imaginación; donde las preocupaciones no existen, solo la magia y la fantasía.

Y es que, al final, ¡no hay nada como dejar a la mente volar (preferiblemente sin turbio polvo de hadas)!

nuestras charlas nocturnas.

El Papa que «inventó» el Carnaval…


Pablo II

Historias de la historia(J.Sanz) — Aunque dicen que para gustos los colores, creo que habrá una gran mayoría que aceptaremos a George Clooney como un referente de un hombre guapo o hermoso.

Pues el trono de San Pedro también lo ocupó alguien que se consideraba tan guapo como el actor estadounidense, y no fue otro que Pablo II.

En el cónclave de 1464, mientras los cardenales estaban reunidos para la elección del nuevo Papa, los desórdenes y el pillaje se extendían por toda Roma.

Tal y como estaban las cosas, no era cuestión de demorar la elección y en la primera votación se eligió Papa a Pietro Barbo.

Éste, que se debía considerar un adonis, decidió elegir el nombre de Formoso II (Hermoso).

Los cardenales, en este ocasión con muy buen juicio, le convencieron para que no eligiese aquel nombre que sonaba demasiado vanidoso y podría caldear los ánimos.

Al final, tomo el nombre de Pablo II. Gustaba vestir con ropas suntuosas -dicen que con muy buen gusto-, adornó la tiara papal con piedras preciosas, se convirtió en ave nocturna… un Papa muy coqueto.

Aquellas decisiones no gustaron al pueblo y, para suavizar la tensión existente y desviar la atención de su figura, en 1467 convirtió los carnavales en una celebración multitudinaria.

Tras el Carnaval («carnem vale«, adiós a la carne, y no «en carnaval todo vale» como algunos «traducen»)  comienza la Cuaresma, el periodo de ayuno y abstinencia.

Así que debió pensar que mejor despedir a «la carne» por todo lo alto con grandes banquetes y verbenas amenizadas por orquestas de fiestas de pueblo en las que la gente se disfrazaba «manteniendo el buen orden y la decencia en todos los sentidos» (harto difícil si se come y se bebe como si no hubiese un mañana).

Y para que no decayese la diversión, también había carreras de muchachos, asnos, caballos… (y dicen que incluso de judíos).

Por otra parte, hizo algunos ajustes de la ingente cantidad de asalariados que tenía bajo sus órdenes. Este ERE eclesiástico marcaría la historia de su muerte.

Hasta nuestros días llegan dos versiones: la primera, que murió de una indigestión en alguno de sus pantagruélicos banquetes y, la segunda, que sufrió un infarto mientras era sodomizado por un amante.

nuestras charlas nocturnas.

La Gestión Emocional en las diferentes etapas vitales…


Psicología y Mente — La gestión emocional es una habilidad fundamental para el bienestar psicológico a lo largo de la vida. Desde la infancia hasta la vejez, las emociones juegan un papel clave en la forma en que enfrentamos los desafíos y nos relacionamos con los demás. Sin embargo, la manera en que regulamos nuestras emociones no es la misma en todas las etapas vitales, ya que está influenciada por el desarrollo cognitivo, la experiencia y el contexto social.

En la infancia, el aprendizaje emocional depende del entorno y de la guía de los cuidadores. En la adolescencia, los cambios hormonales y la búsqueda de identidad generan altibajos emocionales. La adultez trae consigo mayores responsabilidades y estrés, mientras que en la vejez se prioriza la estabilidad emocional. Comprender cómo gestionar las emociones en cada fase es clave para un desarrollo saludable.

– La infancia: el aprendizaje emocional

La infancia es la etapa en la que se sientan las bases de la gestión emocional. Durante los primeros años de vida, los niños y niñas experimentan emociones intensas, pero aún no poseen la capacidad para regularlas de una forma autónoma y efectiva. Es en este periodo cuando el papel de los cuidadores resulta esencial, ya que a través del apego seguro y la validación emocional, los niños aprenden a identificar y expresar sus sentimientos de forma adecuada.

Uno de los aspectos clave en la gestión emocional infantil es el aprendizaje de la autorregulación. Estrategias como el modelado de comportamientos por parte de los adultos, el uso de palabras para describir emociones y la enseñanza de técnicas de calma (como la respiración profunda o el juego) son esenciales. Además, la socialización temprana con otros niños contribuye a mejorar la empatía y la resolución de conflictos.

Si un niño o niña no recibe apoyo adecuado en esta etapa, puede desarrollar dificultades en la regulación emocional en el futuro. Por ello, fomentar un entorno afectivo y comprensivo permite que crezca con herramientas sólidas para gestionar sus emociones de manera saludable.

Gestión Emocional con Jóvenes: Herramientas y Recursos - PEREDA

– La adolescencia: la montaña rusa emocional

La adolescencia es una etapa marcada por intensos cambios emocionales. El cerebro aún está en desarrollo, especialmente en áreas relacionadas con la autorregulación, lo que hace que las emociones sean más intensas e impredecibles. Además, los cambios hormonales propios de la pubertad pueden aumentar la impulsividad y la reactividad emocional, generando dificultades en la gestión de sentimientos como la frustración, la ansiedad o la tristeza.

En esta fase, los adolescentes comienzan a construir su identidad y a buscar mayor independencia, lo que puede generar conflictos con su entorno. También experimentan una gran influencia del grupo de iguales, lo que puede reforzar tanto hábitos emocionales saludables como patrones de comportamiento impulsivos o desadaptativos.

Para mejorar la gestión emocional en la adolescencia, es clave fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional a través del autoconocimiento, la expresión saludable de sentimientos y el uso de estrategias de afrontamiento positivas, como la práctica de mindfulness o el deporte. Además, el apoyo de la familia y el acceso a espacios seguros de comunicación ayudan a los adolescentes a comprender y regular sus emociones de manera más efectiva.

– La adultez: equilibrio y desafíos

La adultez se caracteriza por una mayor estabilidad emocional en comparación con la adolescencia pero también con el afrontamiento de múltiples responsabilidades. El trabajo, la vida en pareja, la crianza de hijos o la toma de decisiones financieras pueden generar altos niveles de estrés, ansiedad y frustración. En este periodo, la gestión emocional juega un papel clave para mantener el bienestar mental y evitar el agotamiento.

Uno de los principales desafíos en esta etapa es equilibrar las emociones en contextos exigentes. La inteligencia emocional, que implica reconocer, comprender y regular las propias emociones, se vuelve esencial para afrontar conflictos, tomar decisiones acertadas y mantener relaciones saludables. Estrategias como la gestión del tiempo, la práctica del autocuidado y la búsqueda de apoyo social ayudan a reducir el impacto del estrés.

Además, la adultez permite consolidar habilidades de afrontamiento, como la resiliencia y la aceptación. Aprender a manejar la frustración, a diferenciar entre lo que se puede controlar y lo que no, a mantener una mentalidad flexible son clave para una vida emocionalmente equilibrada y satisfactoria.

Bienestar psíquico en la vejez

– La vejez: adaptación y bienestar emocional

La vejez es una etapa en la que la gestión emocional adquiere un matiz distinto. Aunque pueden presentarse desafíos como la jubilación, la pérdida de seres queridos o los cambios en la salud física, muchas personas mayores desarrollan una mayor estabilidad emocional y capacidad de afrontamiento. Esto se debe a la experiencia acumulada y a una mejor regulación de las emociones negativas.

Uno de los factores clave en el bienestar emocional durante esta etapa es el sentido del propósito. Mantenerse activo, ya sea a través de hobbies, voluntariado o actividades sociales, contribuye a un estado emocional positivo. Además, el apoyo de la familia, los amigos y las redes comunitarias ayuda a reducir la sensación de soledad y fortalecer la resiliencia.

A nivel psicológico, las personas mayores tienden a centrarse más en lo positivo y a priorizar las relaciones que les aportan bienestar. Sin embargo, la gestión emocional sigue siendo fundamental para afrontar los cambios de esta etapa. Desarrollar estrategias como la aceptación, la gratitud y la flexibilidad mental permite vivir la vejez con mayor satisfacción y equilibrio emocional.

nuestras charlas nocturnas.

La única criatura enorme e inofensiva…


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JotDown(A.Goñi) —- La experiencia nos enseña que, si las cosas salen bien en ciencia y los experimentos triunfan, podemos conseguir un avance que cambie la historia de la humanidad. Lo que no nos enseña es que a veces los experimentos salen mal a pesar de repetirlos miles de veces y que, a veces, los resultados se quedan en un cajón de la mesa de un despacho.

Lo que tampoco se cuenta es que a lo largo de la historia el avance del ser humano se ha realizado gracias al sacrificio de vidas humanas. Ha ocurrido lo mismo con algunos científicos o ciertas empresas.

Con la excusa del progreso y la riqueza, o por otras razones oscuras que todos imaginamos, en algunas ocasiones se han puesto en juego las vidas de decenas o miles de personas de forma consciente o cuando algunos han preferido mirar a otro lado.

Uno de los últimos casos afecta a la manipulación genética de embriones. El equipo del científico chino He Jiankui ha creado los primeros bebés modificados genéticamente. Este equipo ha editado los embriones de un par de gemelas con la técnica CRISP, una especie de tijeras moleculares para editar el genoma.

Los científicos afirman haber hecho a estos bebés resistentes al virus causante del sida. O eso es lo que aseguran. Pero la técnica, y eso sí se sabía antes del experimento, no es totalmente segura, por lo que podrían producirse mutaciones indeseadas.

No consiguieron publicarlo en ninguna revista científica, esas que son revisadas por expertos y que aseguran con bastante credibilidad que lo que se dice es cierto. Pero lo anunciaron en un congreso de su disciplina. Lo que no contaron es que nunca recibieron la autorización necesaria para hacer este tipo de procedimiento; ni siquiera lo intentaron, tal vez porque no lo hubiesen conseguido.

Los comités de ética se llevaron las manos a la cabeza y las leyes entraron en juego, pero el daño ya se había hecho. No es un caso aislado, nunca lo son. Lo que supimos a continuación, después de que un grupo de expertos leyese los trabajos del científico, es que no se reprodujo la mutación genética que confiere la resistencia al VIH, pero sí parece que han creado mutaciones involuntarias en las gemelas.

Estas niñas tendrán que ser vigiladas muy de cerca por un grupo de médicos e investigadores al acecho de cualquier enfermedad que pueda surgir de este juego inhumano.

Algo tan reciente me hace recordar historias del pasado, como la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Este proyecto de tres años de duración embarcó a veintidós niños huérfanos con destino al Nuevo Mundo. Durante el viaje, los niños fueron contagiados con la viruela cada nueve o diez días para mantenerla con vida; la transportaron en sus cuerpos como si fueran ratas de laboratorio.

Si el ser humano es capaz de poner en peligro a los de su especie, cuesta pensar que no pone ni ha puesto en riesgo a los animales con la excusa del falso bien común. La ucronía que presenta La única criatura enorme e inofensiva recoge dos momentos históricos que ocurrieron a principios del siglo XX en Estados Unidos, pero que son poco conocidos en otros países: las chicas del radio y la elefanta Topsy.

Las historias de este libro de Brooke Bolander hablan de vencidos, de personas y animales usados para el avance del ego, de empresarios enriquecidos y de investigadores convertidos en seres orgullosos con una única verdad: la suya.

La única criatura enorme e inofensiva – Mujer, feminismo, ciencia ficción

Parece que, en tiempos de guerra, de competición, todo vale para ganar. En tiempos de guerra cualquier ventaja contra el enemigo está justificada. Las víctimas serán las heroínas del futuro, pero deberán morir en el proceso.

Las dos historias en las que se basa La única criatura enorme e inofensiva, que retuerce, exprime y gira la realidad hasta convertirla en casi un sueño, se olvidaron con el paso del tiempo. Pero hoy en día forman parte de la cultura popular estadounidense y son dos grandes ejemplos del sacrificio de algunos en pro del avance del país o en pro del avance del ego y de la economía de algunos; ¿no es acaso lo mismo?

Brooke Bolander extrae los momentos más simbólicos de ambos, les da la vuelta, los lleva a un universo imaginario y los une en una sola historia; junta a las víctimas para que se defiendan del atacante. Pero son dos historias reales, son hechos que ocurrieron, son relatos que recogen el sufrimiento de muchas mujeres y de una elefanta que fueron básicamente sacrificadas por el manido bien común.

Cuando se mira el avance de la ciencia, a veces es difícil distinguir lo que es bueno de lo que no lo es, lo que está justificado para el avance y lo que no. Pero es evidente que la autora ha elegido dos historias que hoy parecería difícil que sucedieran, especialmente por su crueldad extrema.

La Primera Guerra Mundial y la entrada de Estados Unidos en el conflicto provocó la gran necesidad de que los soldados estadounidenses estuviesen sincronizados con sus superiores. La demanda de relojes se multiplicó, pero en especial los modelos que les permitiesen ver la hora en la oscuridad de las maniobras nocturnas. El descubrimiento de un nuevo elemento luminiscente poco tiempo antes, el radio, les dio la idea.

Y, como siempre que se las necesita, entraron las mujeres a las fábricas. Cerca de cuatro mil mujeres trabajaron durante años en la compañía United States Radium Corporation de Nueva Jersey cubriendo las esferas de esos famosos relojes luminiscentes con una pintura que contenía radio.

Seguro que podemos imaginar el desconocimiento que estas mujeres tenían de los peligros del radio, que también acabaría con la vida de su descubridora, la científica Marie Curie. Nadie les habló de los riesgos que suponía trabajar con ese elemento y el cáncer acabó llenando sus vidas.

Trabajaban sin ningún tipo de protección e, incluso, cogieron la costumbre de lamer las cerdas de los pinceles que utilizaban para pintar los relojes y dibujar con más precisión. Así consumieron dosis letales de radio vía oral. Es curioso que los químicos de las empresas sí manipulasen el radio con sumo cuidado. Algo debían saber que ellas desconocían.

Los dentistas fueron los primeros en darse cuenta de que algo iba mal. Las trabajadoras acudían a sus consultas con grandes dolores porque sus mandíbulas se desintegraban sin razón aparente. Esos pinceles habían inyectado la ponzoña en cada milímetro de sus bocas. Y así, poco a poco, los tumores empezaron a apoderarse de ellas y se multiplicaron por otras partes de sus cuerpos.

No es necesario ver las imágenes de cómo quedaron de desfigurados sus rostros para imaginar el tremendo dolor que sufrieron y lo difícil que tuvo que ser entender que todo se podía haber evitado. Las pruebas dieron resultados poco sorprendentes: se detectaron en sus organismos niveles de radiactividad mil veces superiores al máximo tolerable.

Con años de lucha, y tras la muerte de la mayoría de ellas, consiguieron que los derechos laborales mejorasen. Las empresas relacionadas con el radio negaron lo evidente y pleitearon durante años en los tribunales.

Usaron estudios fraudulentos realizados por médicos y especialistas que habían sido sobornados, prolongaron los juicios todo lo posible y pagaron las indemnizaciones lo más tarde que pudieron.

Hay veces que el valor de una vida es ínfimo y vergonzoso. Eso sí, su historia promovió que el Congreso de los Estados Unidos votara a favor de una legislación industrial donde se establecieron los derechos de los empleados que contraen enfermedades laborales.

Es curioso que las mujeres, que por entonces no participaban en las guerras, se estuviesen jugando la vida en casa, mientras los hombres supuestamente las defendían a ellas y al resto del país de la muerte en manos de los enemigos.

La odontología durante el siglo XX - SmileDent

Se legisla tras el desastre, porque parece que hay que escribir normas, prohibir o negar cosas para que el ser humano se dé cuenta de lo que se debe hacer y lo que no, de lo que hace daño a los demás y lo que no.

Esa legislación vino tras la muerte de esas inocentes, al igual que el código de ética médica de Nuremberg, que recoge una serie de principios que regulan la investigación en seres humanos y que tiene un origen oscuro.

El documento se publicó en 1947 tras los juicios a la jerarquía nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En ellos, algunos de los genocidas fueron juzgados por las atrocidades que hicieron a los prisioneros en los campos de concentración, convertidos en muchos casos en auténticas cobayas humanas.

Se pueden encontrar puntos en común, porque el código planteaba diez temas que protegían a las personas de prácticas científicas inadecuadas. Entre ellos, se señala que el médico se compromete a evitar cualquier tipo de sufrimiento físico o mental al paciente.

Y, aunque parezca obvio, también incluye que no debe llevar a cabo ninguna investigación si se cree que puede ocasionar la muerte o provocar una incapacidad al sujeto que participa en ese estudio. Además, el sujeto de la investigación, que podría aplicarse a las chicas del radio, debe conocer los detalles y dar su consentimiento.

Cuesta pensar que vivimos en un mundo en el que es necesario dejar por escrito que no se debe torturar a otro ser humano. Pero sí, todos sabemos que sigue siendo necesario.

Con su muerte consiguieron que los derechos laborales mejorasen, no hay duda, pero parece mentira que haya que tener una muerte tan horrenda para que la sociedad avance y las leyes te protejan. Eso sí, los derechos en muchas ocasiones solo protegen a unos pocos.  Algunas de esas cosas todavía no han cambiado, no para todas.

Algunos medios, solo algunos, nos muestran que no es necesario irse tan lejos para ver cómo los derechos laborales desaparecen en fábricas del inframundo y las enfermedades relacionadas con el trabajo y sus tratamientos se destrozan bajo los ladrillos de una explosión o el derrumbe de los edificios.

Hoy sabemos que familias enteras duermen en los suelos de las fábricas de países con otra lengua. Sus sueldos no les permiten tener una casa en la que descansar esas espaldas agotadas, además de que estando allí pueden trabajar más horas.

El desconocimiento ha sido una de las razones por las que a lo largo de la historia se han cometido auténticas barbaridades. Que Curie se expusiese a diario a la radiación, porque guardaba en los bolsillos de la bata de trabajo los tubos de ensayo con radio, fue desconocimiento, y eso le provocó la muerte.

Pero no hay palabras para narrar lo que significa poner en riesgo la vida de los demás para beneficio propio conociendo el riesgo: es la deshumanización hecha victoria. Y pocos saben que algunos de los científicos e inventores más conocidos del mundo poco dudaron en arriesgar la vida de personas y animales para ser más conocidos o ganar más dinero.

Las vidas humanas no se respetaron, pero la otra historia, que tiñe de sangre las páginas de La única criatura enorme e inofensiva, es la que narra la crueldad animal y el ego de la ciencia. Si no importó a casi nadie que en los felices años veinte un grupo de mujeres trabajase a destajo rodeadas de muerte, poco les iba a importar a la mayoría la vida de un animal, aunque fuese uno de los más grandes del mundo.

Experimentación con animales | Blog Veterinaria La Asunción Elche

El entretenimiento humano es realmente peculiar. En muchos casos esa diversión nos la genera un animal, al que muchos consideran inferior, que no es como nosotros…

No es generalizado este pensamiento, ya no, pero sigue estando grabado a fuego en millones de personas de todo el mundo.

Por ese motivo nos parece normal arrancar de las garras de sus madres a animales de cualquier especie, sacarlos de su hábitat y llevárnoslos a casa para nuestro disfrute.

Mientras que, no solo contentos con ello, dedicamos nuestro tiempo a observar cómo animales de cualquier especie dan saltitos, brincos, obedecen órdenes absurdas o dan increíbles piruetas en el aire solo para nuestro deleite.

Y pagamos para estar en primera fila de ese espectáculo o poder formar parte de él.

Lo que no se dice es el sufrimiento que padecen estos animales. Los hay encadenados, sometidos a vejaciones o encerrados en pequeñas peceras que no sustituyen el océano infinito del que proceden. Se intenta domesticar a animales salvajes, se intenta acallar almas libres, se consigue adormecer temporalmente a la criatura, destrozar el alma del animal.

Pero muchos olvidan que es difícil apaciguar para siempre al luchador. Esa es la historia de Topsy, una elefanta humillada hasta la saciedad, maltratada a la primera de cambio y asesinada por ser exactamente lo que era: un animal salvaje.

Topsy, nacida en Asia alrededor del año 1875, fue toda una revolución en la época. Tras ser transportada hasta América, como todos los animales dedicados al espectáculo, fue sometida a una dura disciplina para aprender pequeños trucos y que se subyugara a los designios de los hombres.

Topsy tenía veintiocho años cuando murió electrocutada. Hasta entonces, esta elefanta había sido una de las grandes atracciones del parque de Luna Park en Estados Unidos. Pasó su vida en este particular nuevo mundo siendo disciplinada, golpeada y usada para el transporte de cualquier visitante que quisiera montar sobre ella.

Ya es difícil ser obligada a hacer cosas que no quieres: sufrir latigazos constantes puede volver loco a cualquiera.

Hoy en día ya no es tan fácil ver animales en los circos, pero pocos se libran de tener fotografías con tigres asiáticos drogados para que puedan ser zarandeados por los turistas.

Si un animal salvaje está sentado tranquilamente junto un hombre que lo tiene encadenado, si te lo colocan en el hombro sin miedo a que te haga algo, o está drogado o le han extirpado sus afilados colmillos o sus temibles garras para que no puedan atacarte. Y no, ellos no han nacido para nuestro disfrute ni nuestras fotos.

La elefanta Topsy fue maltratada y ella se vengó, sacó el animal salvaje que llevaba dentro y se rebeló contra el que le hacía daño, el hombre. Así, en solo tres años, los últimos de su vida, la ya no tan complaciente elefanta mató a tres hombres. Uno de ellos fue su cuidador, un borracho que, entre otras muchas cosas, le daba de comer cigarrillos encendidos.

Y el animal maltratado, antes sumiso y servicial, se convirtió en un peligro público. La rebelde ya no era útil y nadie la quería. La única opción que vieron era acabar con ella, haciéndola culpable de los delitos de los hombres, responsabilizando a un animal que se defendía del sometedor, del enemigo.

Se salvó de la horca por poco, aunque puede que le tocase un final peor. Una sociedad que abogaba por la protección de los animales protestó y se encontró entonces lo que se consideró una forma más adecuada para acabar con ella: la electrocución.

El famoso inventor Thomas Alva Edison fue el encargado de su muerte, que llegaría de la mano de la corriente alterna, el avance del científico Nikola Tesla, y no a través de la corriente continua, descubrimiento del propio Edison.

Las malas lenguas dicen que Edison y Tesla todavía seguían luchando por cuál de los dos sistemas era mejor, por eso Edison eligió el de su competidor, para demostrar la peligrosidad del mismo. Aunque parece que aquella disputa había terminado diez años antes, también podría ser que perdonar no es olvidar, y menos cuando con en esta innovación había tanto dinero en juego.

Edison electrocutó a la elefanta Topsy? – La Mendiga Politica
Topsy

Antes de electrocutarla, a la elefanta le dieron de comer zanahorias rellenas de cianuro. Así, Topsy fue colocada sobre una plataforma metálica y conectada a todo tipo de electrodos y se le aplicaron seis mil seiscientos voltios que acabaron con ella en menos de un minuto.

Tal vez la historia no habría llegado hasta nuestros días si el equipo de Edison no hubiese grabado el terrible momento, que fue visto en directo por más de mil quinientas personas y luego por cualquiera que quiso verlo en los cines de todo el país. Los últimos instantes de esta famosa elefanta se pueden definir en descargas, calambrazos, temblores, dolor y humo provocado por las quemaduras.

En común, ambas historias tienen al ser humano destructor, al omnipresente y todopoderoso que todo lo quiere controlar y que no duda en someter y matar para conseguirlo. La autora las mezcla, las transforma y las combina, para convertir a las víctimas en seres que pueden tomar, aunque sea por unos instantes, las riendas de sus vidas y hacer justicia.

¿Se ha aprendido de ello? ¿Somos capaces de no cometer el mismo error una y otra vez? Solo la historia hablará de la maldad del hombre, el mismo que destroza su entorno, arrasa los bosques y esquilma los océanos. No, no parece que la historia vaya a cambiar. La humanidad se tropieza una y otra vez con la misma piedra, que siempre tiene forma de ego.

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Temores, robos y retrasos: La aventura de viajar en tren en el siglo XIX…


Temores, robos y retrasos: La aventura de viajar en tren en el siglo XIX

En 1830, la primera línea regular de pasajeros Manchester-liverpool inauguró un nuevo modo de viajar que simbolizaba el ideal de progreso en el siglo XIX.

En pocas décadas, los paisajes de muchas naciones se llenaron de raíles, túneles, puentes y estaciones; se hizo posible cubrir grandes distancias en tren, de Lisboa a Moscú, por ejemplo; y el entusiasmo era tal que cuando en 1848 se anunció la primera línea de ferrocarril de la península ibérica, que unía Barcelona y Mataró, la prensa aseguró con optimismo: «¡Contemplemos solo la posibilidad, la próxima realidad, de ir a Madrid desde Barcelona en 9 horas; y de un extremo a otro de la Península en 18!».

Pero en esa velocidad con la que, según escribía en 1842 el periodista y escritor Sydney Smith, «el hombre se ha convertido en un pájaro» y «el tiempo, la distancia y la demora desaparecen», otros veían graves riesgos en la salud.

Siete años antes, un supuesto informe de la Academia de Medicina de Lyon había resumido los miedos de entonces, al asegurar que el paso excesivamente rápido de un clima a otro, o el polvo y humo generado por el ferrocarril, tendrían un efecto mortal sobre las vías respiratorias; mientras que la veloz sucesión de imágenes sería causa de inflamaciones en la retina.

Además –concluía el informe–, el movimiento trepidante y «el temor a los peligros, mantendrá a los viajeros del ferrocarril en una ansiedad perpetua, que originará enfermedades cerebrales.a una mujer embarazada, el viaje puede provocarle un aborto prematuro».

Temores, robos y retrasos: La aventura de viajar en tren en el siglo XIX

  • Trenes a 40 km por hora

Este informe académico no ha sido localizado por los historiadores y probablemente se trate de una superchería, pero no por ello deja de ser un reflejo de los temores que suscitaron los primeros ferrocarriles, semejantes a que los hoy provocan otros avances tecnológicos.

La velocidad que alcanzaban los trenes era modesta si se mide con los parámetros actuales, pero suponía un cambio enorme respecto a los viajes en diligencia.

Por ejemplo, a fines del siglo XIX, el expreso de Madrid a San Sebastián, el más rápido de España, alcanzaba una velocidad máxima de 41 kilómetros por hora y empleaba en recorrer los 614 kilómetros de distancia un total de 15 horas y media. Para aquellos primeros usuarios era veloz, comparado con los tres días con sus dos noches que hasta entonces llevaba ese trayecto en diligencia, a unos 10 kilómetros por hora; y más barato, pues el billete en ferrocarril valía menos de la mitad.

En la primera fase de la historia del ferrocarril, los vagones estaban divididos en compartimentos separados entre sí por tabiques. Se accedía a ellos desde el exterior por puertas laterales. A diferencia del modelo de trenes norteamericano, hoy dominante, en el que cada vagón tenía un pasillo central de acceso, en los trenes a la europea no había pasillos, lo que dificultaba los desplazamientos internos por el vagón. Durante el viaje, estos solo podían hacerse por un estribo que corría a lo largo del exterior del coche, al pie de las puertas.

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¿Es el derecho a voto a los 16 años el fin de la infancia?…


Es el derecho a voto a los 16 años el fin de la infancia?

The Conversation(D.S.Neira/I.J.L.Fuentes) — En los últimos tiempos se ha puesto sobre la mesa el debate sobre una rebaja de la edad de voto de los 18 a los 16 años.

Esto ya se ha introducido en algunos países, como norma general o limitada a determinadas convocatorias electorales.

La rebaja de la edad para votar tiene precedentes, pues la frontera no siempre estuvo en los 18 años, sino mayoritariamente en los 21.

Checoslovaquia fue el primer país europeo en introducir el voto a los 18 años en 1946, en tanto que España no abrió esa posibilidad hasta la Constitución de 1978, hace casi 50 años.

Curiosamente, el referéndum para la aprobación de la Constitución española que instauraba el voto a los 18 años solo pudo ser votado por mayores de 21, lo que dejó al margen de las urnas a dos millones de electores.

El primer antecedente histórico del voto a los 16 años tuvo lugar en la República Sudafricana en 1890. Una ley, refrendada por el Volksraad (parlamento) en junio de ese año y recogida en la página 495 del siguiente documento histórico, establecía que “para ser votante debe alcanzarse la edad de 16 años”.

En Escocia se autorizó el voto a partir de esta edad en el referéndum de independencia celebrado en 2014, y en todas las elecciones venideras.

En Alemania, es posible votar con 16 años en algunas elecciones regionales y municipales. Una medida que se extendió en los comicios europeos de 2024, al igual que sucedió en Grecia, Bélgica, Austria o Malta.

– Fidelización democrática

La decisión de facilitar este derecho a los menores se justifica a partir de un argumento según el cual un adelanto en la edad para votar incide positivamente en la cultura democrática, ya que acerca a los más jóvenes a los asuntos políticos y consolida su participación en las elecciones a largo plazo.

Son sobre todo los partidos liberales y de izquierda los promotores de este tipo de iniciativas, aunque sus efectos en los resultados electorales no siguen una pauta universal.

Hay quien cuestiona la madurez de los jóvenes, niños y niñas para tomar decisiones de calado político. Un argumento que también se utilizó para negar el voto a las mujeres.

– Sujetos de derecho

Más allá de si esta iniciativa llegará a nuestros sistemas electorales o cuándo lo hará, se plantea una cuestión de fondo sobre los derechos de la infancia y lo que entendemos por “menor de edad”.

Todas las personas menores de edad son “niños”. No en su desarrollo físico, experiencias o potencialidades, pero sí en su consideración como sujeto de derechos.

En la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, se entiende por niño “todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”.

A lo largo de la historia nunca hubo la misma consideración de la infancia. Tampoco la mayoría de edad se consideró siempre igual, no solo para ejercer el derecho al voto, sino también en todos los aspectos de la vida, por ejemplo, para disponer del patrimonio, la edad de matrimonio o la responsabilidad penal. La mayoría de edad general para todos los aspectos de la vida es una herencia del Código Napoleónico de 1804, que la rebajó a los 21 años.

Podríamos afirmar que los menores existen como un grupo con rasgos esenciales inamovibles, un colectivo definido por características comunes de índole biológico, que establecen su madurez física y cognitiva con límites claros y precisos. Bajo esta argumentación se acaba el debate. Pero si asumimos que se trata de una convención destinada a su protección, se le da la vuelta a la tortilla.

– Madurez social

Esto nos lleva a la paradoja de determinar cómo es factible defender sus derechos a la vez que le son limitados, más atendiendo al hecho de que esas fronteras de edad se están desplazando. ¿Cómo se establece la madurez social? ¿Cuál es el límite de edad mínimo admisible? ¿Es legítimo aplicarlo en unos casos y no en otros?

Se abre un camino con consecuencias más allá de los resultados electorales. La definición de la infancia como sujeto de derecho es una cuestión de estabilidad y defensa de un orden social sustentado bajo la idea de un ciudadano libre, responsable y autónomo.

El papel de la familia, la escuela y las políticas de la infancia son un conglomerado de herramientas destinadas a configurar ese futuro ciudadano. La antigua autoridad familiar (tradicionalmente paterna) era la responsable sobre los hijos e hijas. Ahora los derechos son de los individuos, así como su responsabilidad.

Existe una legislación específica para menores de edad, y mecanismos para su protección. Esto se sostiene bajo el principio de su falta de capacidad o autonomía. Se busca el interés superior del menor. Rebajar la edad de voto supondría abrir una vía de agua en la idea del menor de edad. Si es apto para votar, se podría considerar adulto en otros ámbitos (responsabilidad penal, matrimonio, reclutamiento militar, consumo de drogas, etc.).

Las personas menores de edad están sometidas a una paradoja. Adquieren la condición de ciudadanía con su registro civil, pero no gozan de los derechos de una ciudadanía completa en sus tres ámbitos definitorios: lo civil, lo político y lo social. Nos encontramos ante titulares de derechos reconocidos pero limitados.

Las personas adultas velan por el cumplimiento y respeto de sus necesidades. Para Unicef, las niñas y niños son un capital futuro. Una inversión en capital humano que se justifica bajo argumentos éticos (el de los derechos), de oportunidad (la apertura de sus ventanas de oportunidad) y rentabilidad (es más fácil educar niños y niñas para un mundo futuro que hacerlo con adultos).

– Los menores en la sociedad

Así, cualquier iniciativa sobre la rebaja de edad en menores no supone únicamente el reconocimiento de una mayor capacidad de participar en la vida política. Es un indicio que los cambios sobre el papel de los menores como sujetos de derecho. Y de su emergencia como ciudadanos con voz propia, en más ámbitos cada vez.

No sabemos si se trata de una simple rebaja de edad, si estamos asistiendo a una nueva forma de ser menor o si se ha iniciado una transformación radical de su papel en la sociedad.

Esto nos sitúa ante el reto de repensar las políticas de protección. Lo que no está libre de riesgos. ¿Estamos poniendo en peligro la infancia? ¿A partir de qué edad se reconocen determinados derechos y no otros? ¿Por qué a los 16?

Rebajar la edad de voto conlleva un debate más amplio y complejo sobre los menores de edad, su condición de ciudadanía y lo definitorio de la infancia. Un proceso más profundo que una simple decisión electoral.

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¿Cómo será la anatomía del hombre dentro de 1000 años?…


La mente es maravillosa(E.Sánchez) — ¿Hacia dónde vamos? Vivimos en un mundo que va a una velocidad sin precedentes. Pero, ¿cómo afectará este dinamismo a nuestra anatomía? Vamos a intentar responder a este pregunta, tomando como marco las diferentes hipótesis sobre el futuro de la humanidad.

El siglo XXI es velocidad, dinámica y cambios. Ya al final del siglo XX se produjo una transformación del paradigma en la sociedad con la irrupción de las nuevas tecnologías. Unos avances que han modificado nuestras rutinas -con un dedo podemos mandar un mensaje al otro lado del planeta- y que, por extensión y evolución, terminarán dejando su huella en nuestra anatomía. Ahora bien, ¿cómo pueden afectar estos cambios a la anatomía del hombre?

La especie humana ha tenido una evolución fabulosa desde que puso sus pies sobre la Tierra. Con todos sus defectos, es la única que ha logrado dar forma a un pensamiento abstracto muy complejo basado en unas posibilidades de comunicación inmensas. Aunque no lo detectemos, seguimos evolucionando. El cambio de las condiciones ambientales y culturales es en gran medida responsable de ello.

La anatomía del hombre ha cambiado mucho desde que dejamos de ser recolectores y cazadores para convertirnos en una especie sedentaria. De ahí en adelante, los desarrollos en la cultura y los cambios en el planeta han operado otras modificaciones más graduales. Sin embargo, es probable que en los próximos 1 000 años presentemos grandes cambios en nuestra fisonomía.

En un siglo o dos, o nos destruiremos o -lo más probable- utilizaremos la tecnología para hacernos una actualización a algo distinto”.

-Yuval Harari-

– La anatomía del hombre dentro de 1000 años

Frente al tema de los cambios en la anatomía del hombre hacia el futuro no hay un acuerdo pleno. Esto se debe en gran medida a que tampoco existe un consenso sobre cómo va a evolucionar la sociedad. Sin embargo, y pese a algunos buenos augurios, la mayoría de los expertos en el tema no son demasiado optimistas.

El doctor Oliver Curry, teórico de la evolución del London School of Economics, en el Reino Unido, ha dicho que el apogeo de la humanidad se dará justo en 1000 años, cuando lleguemos al año 3000 de nuestra era. Después de esto, vendrá la decadencia de la especie.

Oliver Curry, que comparte tesis con otros muchos investigadores, señala que dentro de 1000 años es muy probable que haya dos grandes subespecies: una de élite  y otra de “desecho”. Desde el punto de vista de la anatomía del hombre, la raza élite probablemente medirá más de dos metros y vivirá como mínimo 120 años. Además, contará con una juventud todavía más prolongada que la actual.

Esta raza selecta será sana, atractiva e inteligente. Mientras tanto, los “no elegidos” mantendrán una estatura más baja y tendrán poco atractivo físico. Morirán más jóvenes y tendrán una vida menos saludable. Las grandes diferencias en el mundo vendrán dadas por la genética  dirigida y no por las diferencias naturales.

– La visión de Harari

La perspectiva de Yuval Harari, no solo sobre la anatomía del hombre, sino sobre el futuro en general, es todavía más desalentadora. Según este historiador, al ser humano le quedan apenas uno o dos siglos de existencia. A su juicio, somos una especie vulnerable, en vía de extinción. Lo más paradójico es que somos nosotros mismos los que estamos escribiendo ese final.

Harari señala que se vive una etapa de la historia en la que vamos a contar con tecnologías muy inteligentes. Esto llevará a un punto en el que se rompa con la vida orgánica y se cree, por primera vez, una forma de vida inorgánica.

Con la manipulación genética y la inteligencia artificial, es cuestión de tiempo que se cree un ser muy superior, sin las limitaciones y las flaquezas del humano.

Por lo tanto, desde esta perspectiva, estamos siendo testigos de las últimas generaciones de homo sapiens. Quizás que mucho tiempo para que la especie sea sustituida por otra inorgánica, mucho más eficiente y capaz de sobrevivir a condiciones extremadamente adversas.

– Un futuro incierto

Aunque Harari es quizás el más radical de esos expertos “apocalípticos”, lo cierto es que quienes han dedicado tiempo a hacer proyecciones sobre el futuro de la humanidad no se encuentran muy lejos de su visión.

Son ya muchos los que piensan que faltan apenas unas cuantas décadas para que las máquinas alcancen esa parte innovadora que de momentos parece solo reservada a nuestros cerebros.

Otros piensan también que la manipulación genética hará que la anatomía del hombre sea mucho más uniforme, para bien. Cada vez seremos más guapos, inteligentes y hábiles. Sin embargo, esa uniformidad podría llevar a que un solo factor terminara con toda la especie.

Algunos han hablado de la posibilidad de que el humano sea inmortal en poco tiempo. Es un tema que ha desatado muchísimos debates y que solo se considera una hipótesis plausible, pero todavía frágil. ¿Qué pasará? Vivimos en un mundo tan inestable, que lo más sensato sería decir que cualquier cosa puede suceder.

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Los extraños viajes de famosos del Siglo de Oro y la consecuente desaparición de sus huesos…


Foto Jan Kameníček (CC) huesos siglo de oro

JotDown(A.Fonseca) — Es curioso que coincidieran en el tiempo y en el mismo barrio cinco de los más grandes literatos del Siglo de Oro español, y que encima cuatro de ellos tengan en común que no se han podido identificar sus restos.

El último de ellos en ser noticia, por su búsqueda en 2015, ha sido Miguel de Cervantes, del que se sabe dónde está enterrado: en la cripta del Convento de la Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, de rancio abolengo, sito en el número 18 de la calle Lope de Vega de Madrid.

Sesudos investigadores hicieron una buena criba entre los huesos de niños, mujeres y hombres que allí se encontraban, sin embargo, aún no se sabe cuáles de todos ellos son realmente los de don Miguel, aunque han reducido mucho el número de las probabilidades.

Y es que poder visitar la tumba del escritor era un objetivo no solo importante para Madrid y España, sino de justicia para el más grande literato español de todos los tiempos, y posiblemente el mejor del mundo (esto puede tener sus detractores, sobre todo si son ingleses).

Volviendo a nuestros famosos literatos, cuando Cervantes muere en 1616 contaba sesenta y ocho años de edad, y es importante saber que en aquel momento era el mayor de algunos de sus importantes coetáneos como Luis de Góngora y Argote (cincuenta y cinco), Félix Lope de Vega y Carpio (cincuenta y cuatro), Francisco de Quevedo y Villegas (treinta y seis) o Pedro Calderón de la Barca (diecisiete), todos ellos de reconocido prestigio, incluso en vida, y para más inri vecinos del mismo barrio madrileño de Las Letras, donde nunca se concentraron tantas mentes preclaras en tan poco espacio como en aquellos años del Siglo de Oro.

Podría pensarse que entre ellos habría una buena relación de amistad; nada más lejos de la realidad porque Cervantes estaba enfrentado a Lope, mientras Quevedo se reía de Góngora llamándolo despectivamente Gongorilla.

Y para rematar la faena, Calderón de la Barca, persiguiendo a un actor que hirió a su hermano, entra en el convento de las Trinitarias, donde estaba la hermana de Lope como superiora del convento, sin respetar el acogimiento a sagrado del cómico, lo que enemistó a ambos escritores de por vida.

Cosas del destino: la calle donde nació y vivió Lope de Vega en la actualidad se llama calle de Cervantes, mientras que donde está enterrado Cervantes es la actual calle de Lope de Vega.

Como indica el título, el artículo hace referencia a que hay una coincidencia más entre cuatro de los cinco literatos, excepción hecha de Góngora, además de su arte: se han perdido sus restos y no se sabe dónde están realmente sus respectivos huesos. Ya hemos dicho que podemos ubicar los de Cervantes, pero sin identificar.

Los de Lope se perdieron definitivamente en 1635, revueltos en el osario común de la Iglesia de San Sebastián. Allá por el siglo XIX, los de Quevedo se mezclaron con los de otros doscientos cadáveres en la Ermita del Cristo de Jamila, en Villanueva de los Infantes.

Retrato de Lope de Vega firmado por Juan Van der Hamen y León 

Y los más viajeros fueron los de Calderón de la Barca, que fueron dando tumbos (y nunca mejor dicho) por varias iglesias madrileñas hasta terminar en la de Nuestra Señora de los Dolores, en la calle de San Bernardo, sin saber en qué nicho reposan.

Afortunadamente parece que se tienen localizados los de Góngora en la capilla de San Bartolomé, de la Mezquita de Córdoba, aunque murió en la indigencia y nunca se sabe.

Esta serie de despropósitos no acaba aquí, porque otro famoso artista de la época, nada menos que Diego Velázquez, se perdió bajo la actual Plaza de Ramales de Madrid, cuando la Iglesia de San Juan, donde estaba enterrado, fue destruida por el «Rey Plazuelas», a la sazón José Bonaparte, sin preocuparse ni tener en cuenta que allí estaba enterrado uno de los mejores pintores del mundo. 

Algo parecido ocurrió con los huesos de san Francisco de Borja, del que dicen que además de santo era un buen compositor. Reposaban tranquilamente en Roma, cuando se trasladaron a la iglesia de los jesuitas que estaba en la calle Flor Baja y un voraz incendio casi acaba con la urna en que estaban depositados.

Estos al menos se salvaron y están completos en el altar de la iglesia homónima madrileña de la calle Maldonado. 

Después de estas referencias descritas podría pensarse que era más que suficiente para cerrar esta especie de lista negra, aunque solo hay que escarbar un poco para descubrir que tampoco se sabe dónde se encuentran los huesos de Tirso de Molina, el autor de El burlador de Sevilla, también coetáneo, que murió y se enterró en el soriano Convento de la Merced, en Almazán, pero se perdieron entre los avatares que sufrió el propio convento y no pudo descansar en el Panteón de Hombres Ilustres, desde donde lo reclamaban. 

Tampoco se libraron de este triste álbum los huesos de Baltasar Gracián, el autor de El Criticón, para muchos equiparable a El Quijote, que murió en el convento jesuita de Tarazona y fue enterrado en una fosa común con otros fallecidos del convento, con lo que también es otro de los que ha sido imposible poder saber cuáles son sus huesos al estar mezclados con otros muchos.

Después de visto todo lo anterior cabría sospechar que no fueran casos únicos, y efectivamente es más corriente de lo que parece porque, puestos a investigar, no parece que hayamos sido muy cuidadosos con los huesos de nuestros próceres, incluso antes de los hechos citados del Siglo de Oro.

Es de destacar el caso de Cristóbal Colón, cuyos restos caben en una urna que contiene una mezcla de cenizas y huesos, por lo que se podrían formar varios «colones» si se atiende a lo que dicen en Santo Domingo, que aseguran que los tienen ellos, y otro tanto creen los cubanos.

Afortunadamente, en el caso de Colón sí parece que los que custodian los cuatro heraldos que representan a Castilla, León, Aragón y Navarra, en la Catedral de Sevilla, sean los auténticos del almirante, sobre todo después de los análisis de ADN hechos por la Universidad de Granada en 2006, comparándolos con los de su hermano Diego.

Francisco de Goya

Ahora los restos los reclaman en ultramar porque dicen que era la voluntad del fallecido, y también los italianos si se da pábulo a que era genovés. En definitiva, que fue tan viajero y polémico antes como después de su muerte. 

En cualquier caso, somos reincidentes porque tampoco se sabe dónde está la cabeza de Francisco de Goya, aunque en este caso sí tenemos el resto del cuerpo a buen recaudo en la ermita de San Antonio de la Florida, bajo la cúpula que él mismo pintó.

¿Y qué hay de otros famosos fuera de nuestras fronteras? Pues no parece que eso de las tumbas sea algo que sea muy sagrado, sobre todo si no conviene que se sepa dónde están por razones políticas o de seguridad: véase el caso de Gengis KanAtilaHitler o incluso los faraones egipcios dentro de sus pirámides.

En otros casos los desastres naturales se han encargado de revolverlo todo y dejar que no se sepa dónde está, por ejemplo, alguien tan importante como Alejandro Magno. Los restos de Leonardo da Vinci también andan perdidos, así como los de Mozart, por citar solo dos de los muchos que hay en estas condiciones. Quizá en otro artículo ampliemos esta tétrica relación de personajes.

Conclusión: Los huesos de estos ilustres españoles del Siglo de Oro están localizados en parte, pero nadie sabe cuáles son, como los de tantos otros en este mundo cruel.

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