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Un estudio demuestra que el 60% de los alimentos para bebés más vendidos en Estados Unidos no cumple las recomendaciones nutricionales…


Ser Padres(R.G.Díaz) — El 60% de los productos alimentarios para bebés y niños pequeños del 60% de los bebés no se ajusta a las recomendaciones nutricionales de los organismos legisladores de la materia en Estados Unidos ni con los requisitos establecidos en este sentido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo determina un estudio científico publicado recientemente.

La alimentación de la infancia en general aporta datos preocupantes. Basta con leer conclusiones como las de la Gasol Foundation acerca de un estudio que advierte de que los niños con menos recursos pasan 16 días más al año delante de las pantallas o la noticia de que el consumo de bebidas energéticas aumenta en todo el mundo entre niños y adolescentes. 

Y a estos indicadores se suman nuevos datos, en este caso sobre la industria alimentaria especializada en productos para bebés, que tampoco son positivos. Es el caso de las conclusiones del nuevo estudio de investigación publicado esta misma semana de finales de agosto de 2024 en la revista científica Nutrients.

Denominado ‘Una evaluación del perfil nutricional y promocional de alimentos comerciales para bebés y niños pequeños en los Estados Unidos‘, el estudio ha sido desarrollado por investigadores del Instituto George para la Salud Global, que han evaluado los datos de 651 productos de alimentación para bebés y niños pequeños más vendidos en las cadenas de supermercados de Estados Unidos.

La muestra analizada por los investigadores del son los más vendidos en Estados Unidos entre las diez cadenas de supermercados más importantes del país según la base de datos FoodSwitch.

Según los investigadores, el 70% del total de los productos analizados no cumplía con los requisitos proteicos y el 44%, casi la mitad de los 651 artículos alimentarios para bebés y niños pequeños analizados, excede la cantidad total de azúcar recomendada. Esto nos hace recordar esta pieza en la que te enseñamos cómo descubrir el azúcar oculto en los alimentos que les das a tu hijo.

Por si no fueran poco preocupantes los datos, uno de cada cuatro de los artículos analizados tampoco cumplía con los requisitos en lo que respecta a las calorías y uno de cada cinco sobrepasaba los límites de sodio; esto es, eran altos en sal.

Ante semejantes resultados, aplicables al mercado estadounidense, no al español, si bien no deja de ser alarmante en cualquier caso, los investigadores responsables del trabajo muestran su preocupación. 

“La primera infancia es un período crucial de rápido crecimiento y en el que se forman las preferencias gustativas y los hábitos alimentarios, lo que potencialmente allana el camino para el desarrollo de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y algunos tipos de cáncer más adelante en la vida”, ha dicho tras publicarse el artículo la Dra. Elizabeth Dunford, investigadora del Instituto George y profesora adjunta del Departamento de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte.

Para la doctora Dunford, el auge de los alimentos preparados para bebés y niños pequeños es una de las causas de los datos reflejados en la investigación. No en vano, han descubierto que las bolsas de comida para bebés es el producto de este nicho que más ha crecido en el país: un 900% con respecto a las cifras de ventas de hace 13 años.

 Los padres que disponen de poco tiempo optan cada vez más por alimentos preparados, sin saber que muchos de estos productos carecen de nutrientes clave necesarios para el desarrollo de sus hijos y son engañados haciéndoles creer que son más saludables de lo que realmente son”, ha argumentado.

Además, el estudio también señala a la publicidad engañosa entre las causas de esta situación. Según datos del estudio, un 99,4% presentaban al menos una declaración prohibida en su envoltorio. “La falta de regulación en esta área deja la puerta abierta para que la industria alimentaria engañe a los padres ocupados”, ha dicho otra de las autoras del estudio, la doctora Daisy Coyle, investigadora y dietista del Instituto George. 

“Vimos esto no sólo en el uso de afirmaciones engañosas, sino también en el uso de nombres engañosos, donde el nombre del producto no reflejaba los ingredientes principales que se encontraban en la lista de ingredientes”, ha agregado la investigadora.

Para los investigadores, los hallazgos “resaltan la necesidad urgente de una mejor regulación y orientación en el mercado de alimentos para bebés y niños pequeños en los Estados Unidos: la salud de las generaciones futuras depende de ello”.

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Alerta en España por gusanos de fuego en las playas…


Alerta en España por gusanos de fuego en las playas

Muy Interesante(S.Romero) — Las medusas huevo frito no son las únicas que están invadiendo las aguas del Mediterráneo. Esta peculiar medusa ha proliferado más de lo normal durante estos meses cálidos de verano pero, a pesar de dejar a los turistas con las ganas de darse un baño en la playa, no son realmente peligrosas para la salud de los seres humanos, ya que su veneno no es muy potente y suele provocar cierta reacción alérgica. Sin embargo, la presencia de gusanos de fuego sí es más preocupante.

– ¿Qué es un gusano de fuego?

El gusano de fuego (Hermodice carunculata) es un tipo de gusano de cerdas parecido al ciempiés que pertenece a la familia Amphinomidae. Es fácilmente reconocible debido a sus colores, que son brillantes e iridiscentes, que van desde el rojo y el naranja hasta el verde o el marrón oscuro.

Tienen un cuerpo alargado, dividido en segmentos y pueden llegar a medir hasta 35 centímetros de largo -aunque en algunos casos pueden alcanzar el metro de longitud- y todo su cuerpo está cubierto de cerdas, lo que les da un aspecto peludo. Sin embargo, lejos de ser un adorno corporal, estos pelos sirven como mecanismo de defensa (son cerdas urticantes), y son capaces de infligir una dolorosa picadura de la que hablaremos a continuación.

– ¿Por qué están apareciendo en las playas españolas?

El gusano de fuego es nativo de aguas tropicales y subtropicales, normalmente en aguas cálidas y poco profundas del mar Caribe, el golfo de México y el océano Atlántico occidental. Poseen una gran importancia en los ecosistemas debido a su intervención como reguladores de los desechos marinos.

Suelen encontrarse en los arrecifes de coral y en las praderas marinas, sin embargo, recientemente han sido avistados en las costas de España, dado que este voraz depredador parece que prospera en el cada vez más cálido mar Mediterráneo, lo que supone un peligro para los bañistas, buceadores y pescadores.

El motivo de su aparición tiene que ver con una causa conocida por todos: el aumento de las temperaturas del mar causado por el cambio climático es el que está favoreciendo que aumenten drásticamente en número.

Su nombre se deriva de su coloración vívida y la sensación de ardor que puede causar al contacto.

Este invertebrado marino ha obligado a cerrar algunas playas de España, según informa la Red de Observación del Medio Marino en Canarias que ha documentado más de 200 avistamientos de esta especie en las playas de las islas Canarias. Pero también en las aguas del Mediterráneo está siendo un problema. A pesar de que en España no es tan conocido como la invasión de medusas, su proliferación está acrecentando la preocupación en todo el país.

– Cuáles son los riesgos para la salud

Su picadura produce un dolor parecido al del contacto con una ortiga si la piel de contacto es más bien gruesa. Pero en las zonas con la piel más fina, como la zona de la rodilla, el dolor puede ser mucho más agudo. Al entrar en contacto con la piel humana, sus cerdas se encargan de liberar una toxina que provoca una intensa sensación de ardor, enrojecimiento y, en algunos casos, ampollas.

Aparte de este peligro para la salud humana, también representan un problema para la biodiversidad marina, ya que se considera una especie invasora capaz de alterar el equilibrio de los ecosistemas costeros, ya que se alimenta de corales y otros organismos bentónicos (los que habitan en el fondo de los sistemas marinos, como los mejillones, las almejas, las estrellas de mar, las anémonas o incluso los cangrejos. Se consideran unos carnívoros voraces que, por otra parte, son fundamentales para el reciclaje de la materia orgánica del fondo marino.

Los expertos aconsejan a los pescadores no intentar matarlos con cuchillos, ya que los gusanos de fuego pueden regenerarse.

– Cómo protegerte de los gusanos de fuego en la playa

Ante todo hay que tener cuidado, sobre todo quienes practiquen esnórquel o buceo, y hay que evitar a toda costa el contacto directo con estos gusanos, aunque ciertamente, quienes peor llevan su presencia y sus consecuencias son los pescadores, ya que sus redes de pesca acaban infestadas por estos depredadores a la caza de nueva comida.

Según los pescadores, es un problema al alza, ya que su número está aumentando año tras año y durante todo el año. Sea como fuere, las autoridades sanitarias y ambientales españolas han puesto en marcha diversas medidas para proteger a la población y a los ecosistemas marinos de estos poliquetos marinos de llamativos colores.

Como curiosidad, su forma de apareamiento es bastante curiosa. Los gusanos de fuego hembras emiten un suave resplandor verde fosforescente, una luz que funciona como una “batseñal” para que los machos cercanos sepan que están listas para desovar e invitando a las parejas potenciales a acercarse. En respuesta la llamada de las hembras, los machos producen, a su vez, destellos de luz, creando un diálogo bioluminiscente que los guía hacia ellas, una señalización más que necesaria en un entorno tan limitado como es el océano.

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La depresión, el mal metafísico de nuestro tiempo…


Meer(J.M.Amiune) — A lo largo de los siglos cada sociedad genera y construye sus propias enfermedades. Occidente, a partir del siglo XVIII, sostuvo la creencia que el progreso humano erradicaría la enfermedad. Esto no ocurrió. En los inicios del siglo XXI, la sociedad postmoderna o sociedad del rendimiento, traslada la crisis del pensamiento vigente al campo de la salud mental.

La sociedad postmoderna, urbana, técnica, digitalizada, robotizada, no integra a quienes tienen dificultades para adaptarse como “sujetos de rendimiento y productividad”. Tiene el peligroso privilegio de generar una serie de trastornos psíquicos, principalmente formas de depresión, que las sociedades tradicionales de tipo rural o industrial jamás provocaron.

La historia cultural de la sociedad entra en el dominio de un “mal latente”, que la sociedad descubre en individuos que tienden a aislarse, no se quejan de nada, no luchan por nada.

Las sociedades de los siglos XIX y XX fueron disciplinarias, desde el panóptico de Bentham hasta Michel Foucault, el capataz, la vigilancia, la coacción, estaban afuera. La sociedad del siglo XXI ya no es una sociedad disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento, donde el control pasa de los cuerpos al psiquismo.

Mientras en la sociedad disciplinaria de Foucault el control social se ejercía sobre los cuerpos a través de la escuela, la fábrica, el hospital, la cárcel o el manicomio, en la sociedad digital el control se centra en el psiquismo humano para inducirlo desde el consumo de lo innecesario hasta dictarles las pautas de conducta política, a través de la psicopolítica.

Sus habitantes no son ya “sujetos de obediencia”, sino “sujetos de rendimiento y adaptación”. Estos sujetos son emprendedores de ellos mismos, han internalizado los mecanismos de poder que antes estaban afuera y practican la autoexigencia. Ello es producto de la creciente liberalización y desregulación de las normas laborales y se caracteriza por el verbo modal positivo: “Yes we can”. Yo puedo, “se puede”, convertido en consigna de las modernas campañas políticas y publicitarias.

Hombre cansado por su trabajo. La actual sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados

Los “emprendedores” con sus proyectos, iniciativas y motivación, reemplazan la prohibición, el mandato y la ley.

A la sociedad disciplinaria la regía el no.

Ella generaba dependientes.

La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.

En este siglo al inconsciente social se lo programa bajo el afán de maximizar la producción.

A partir de cierto nivel de productividad, la técnica disciplinaria, el esquema de la prohibición, no alcanza para incrementar la productividad y alcanza pronto su límite.

Con el fin de aumentar la productividad se sustituye el paradigma disciplinario por el del rendimiento, por el esquema del poder hacer.

La positividad del poder es mucho más eficiente que el imperativo del deber.

De este modo el inconsciente social pasa del deber al poder.

El sujeto del rendimiento es más rápido y productivo que el sujeto de la obediencia.

Sin embargo, el poder no anula el deber. El sujeto del rendimiento sigue disciplinado. En relación con el objetivo central: el aumento de la productividad, no hay ninguna ruptura entre el deber y el poder, sino una continuidad.

La depresión es la epidemia de este tiempo, porque se sitúa en el paso de la sociedad disciplinaria a la del rendimiento. El éxito de la depresión comienza en el instante en que el viejo trabajador dependiente, opta por el retiro anticipado y es inducido a la iniciativa individual. Acepta el retiro voluntario e instala una verdulería o una carnicería.

Se lo obliga a devenir él mismo. En un momento en que proliferan las cadenas de carnicerías, verdulerías, farmacias o los maxi-quioscos. Al fracasar, el deprimido no está a la altura de las expectativas, está cansado del esfuerzo de devenir él mismo.

Según Alain Ehrenberg, el imperativo social de pertenecerse sólo a sí mismo causa la depresión. Ésta sería la expresión patológica del fracaso del hombre posmoderno de devenir él mismo. También, el aislamiento, la carencia de vínculos, propia de la progresiva fragmentación y atomización social, conduce a la depresión.

Estamos frente a una violencia sistémica inherente a la sociedad del rendimiento, que produce “infartos psíquicos”. Lo que provoca la depresión por agotamiento, es la presión por el rendimiento. Así, el síndrome de desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada (burnout). El imperativo del rendimiento es el nuevo mandato de la sociedad posmoderna.

Este cuadro se ha agravado con el trabajo domiciliario, provocado por el aislamiento a que obligó la pandemia del COVID19 y facilitó la generalización del trabajo digital, online, que acentúa el aislamiento del trabajador y debilita los vínculos sociales, sindicales y comunitarios.

El nuevo tipo de hombre, expulsado de la sociedad del bienestar en la que se educó, ese hombre indefenso, desprotegido, depresivo, se convierte en un “animal laborans” que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. Como en la parábola de Hegel él es simultáneamente su propio amo y esclavo.

Mujer abrazándose a sí misma. La depresión es la epidemia de este tiempo, se sitúa en el paso de la sociedad disciplinaria a la del rendimiento

El sujeto del rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo, a través del reproche y la autoagresión.

De esta forma, el depresivo se convierte en el inválido de esta guerra interiorizada.

La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de sobre adaptación.

Refleja una humanidad que dirige la guerra contra sí misma.

La supresión de un dominio externo no conduce hacia la libertad; más bien hace que libertad y coacción coincidan.

Así el sujeto del rendimiento se abandona a la libertad obligada, por la obligación de maximizar el rendimiento.

El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación.

El explotador es al mismo tiempo explotado.

Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse.

La depresión se convierte así, en la manifestación patológica de esa libertad paradójica.

La cuestión de la libertad

¿Qué es el fenómeno de la libertad? ¿Cómo se manifiesta? ¿Podemos hablar de una fenomenología de la libertad? Esta es una cuestión no resuelta en términos filosóficos.

Nos enseñan que el mundo natural es causal, por lo tanto, está bajo la determinación de leyes naturales. Ni los pájaros son libres. Vuelan porque sus alas los determinan a volar y cuando migran repiten rutas eternas que nunca alteran.

En esta oposición entre determinación y libertad, de donde extrae el hombre el margen de libertad que le permite diferenciarse de los animales o de las plantas, cuyo registro genético y conductual no tiene otra opción que repetirse.

No podemos afirmar que la libertad está en la indeterminación, sino en la determinación que yo elijo. Como dice Zubiri: esto es lo que se corresponde con la realidad histórica. Las limitaciones que nos impone nuestra realidad social nos colocan en una situación de libertad condicional.

La pregunta radical es: “¿En qué medida puedo tomar las riendas de mi vida, para hacer algo de lo que el mundo ha hecho conmigo?”. Jean Paul Sartre, ensayó una respuesta:

“El hombre está determinado a una sola cosa: ser libre. Porque a cada instante de su vida, tiene que tomar una decisión, eso implica hacer una elección, ejercer su libertad. Pero a la vez está determinado a asumir las consecuencias de su elección. Libertad y responsabilidad son dos opuestos complementarios. Esa libertad, es lo propio de los seres humanos en cuanto tales.

Nacemos humanos, pero eso no basta. Hay que aprender a serlo. Nuestra humanidad biológica es para la humanidad social. Para los otros y con los otros. Llegamos a ser humanos aprendiendo a serlo, luego de un nuevo nacimiento, cuando logramos evolucionar hacia un “hombre nuevo”. Cada individuo aprende a convertirse en hombre cuando asimila la cultura de su tiempo.

Mujer llorando. El aislamiento y la carencia de vínculos, propia de la progresiva fragmentación y atomización social, conducen a la depresión

A su vez, la cultura es moldeada por los modos de producción, las bases materiales, los avances de la ciencia y los cambios acelerados de la tecnología.

Para situarnos donde comenzamos, en el Siglo XXI y sus patologías, debemos reconocer que la cultura de nuestro tiempo es la que nos constituye.

Este siglo vino precedido por una cosmovisión de un mundo sin fronteras económicas, tecnológicas ni comunicacionales: la Globalización.

Esta cosmovisión fue impuesta después del colapso soviético, por el unilateralismo estadounidense, como una estrategia geopolítica basada en un trípode:

1) una doctrina económica, el neoliberalismo;

2) una receta política, el desmantelamiento del estado del bienestar, transfiriendo la gestión económica y social al mercado;

3) una visión filosófica, la postmodernidad que decretó el fin los grades relatos y de las ideologías.

La depresión como plaga de nuestro tiempo, es hija de esta cosmovisión y el trípode que la soporta.

Se ha puesto en duda la existencia de la Sociedad, sólo existen los individuos, los que -a la vez- deben ser egoístas, auto-centrados y narcisistas.

Se inauguró la Era Digital que puede ser más destructiva que la Era Atómica en que muchos nacimos. La digitalización de los modos de producción promueve el aislamiento del hombre, debilita los lazos con la familia, la solidaridad en el trabajo alienta la competencia desenfrenada y deshumaniza la cultura. Todo es incertidumbre, precariedad, codicia, deseos de satisfacción inmediata y consumo.

Tal es el marco histórico en que vivimos. La depresión, la fatiga y el desaliento llevan a millones de seres al mundo de las drogas, a la industria del entretenimiento absurdo y a la hipnosis que alimenta el horizonte mágico de muchedumbres escapistas y enfermas. Ese es el mal metafísico de nuestro tiempo.

nuestras charlas nocturnas.

Las astutas (y perversas) tretas de los inquisidores para lograr confesión…


Escena de El nombre de la rosa. Imagen: Constantin Film / France 3 / Les Films De Ariane / Cristaldi Film / RAI.
Escena de El nombre de la rosa.

JotDown(J.Bilbao) — Imagínese que está viviendo en torno a los siglos XIII a XVIII, año más año menos, se encuentra en su casa disfrutando de todas las comodidades que podría ofrecer una casa por aquella época, y entonces llegan unos agentes del Santo Oficio y lo acompañan de malas maneras ante un tribunal.

Allí se le informa de que alguien le ha acusado de un delito de herejía, castigado con penitencia, cárcel o muerte.

A continuación el inquisidor le menciona uno o dos nombres y le pregunta que si los conoce.

Si responde que no, entonces de acuerdo a las leyes de tan peculiar tribunal usted ya no tendrá derecho a recusarlos alegando enemistad, pues no puede uno llevarse mal con quien no conoce.

El testimonio de ellos será entonces considerado válido y ya lo sentimos, ahí acaba todo, posiblemente también su vida. Pero supongamos que hubiera dicho que sí. En tal caso el inquisidor le habría preguntado a continuación «si sabe que haya dicho el tal algo contra la fe». Si responde que no, entonces estaría liberando de sospecha a su acusador, lo cual sería francamente malo para sus intereses, de forma que en un rapto de lucidez opta por decir que sí.

En ese momento viene la tercera pregunta: ¿Es amigo o enemigo suyo? Ahí a pesar del creciente nerviosismo tal vez intuyó que si decía que era enemigo entonces su acusación de que dijo «algo contra la fe» perdería credibilidad, así que afirma que no hay enemistad con él. Craso error. En tal caso ya no podrá recusar su testimonio.

Así que recapitulemos: hay que responder afirmativamente a las dos primeras preguntas y «enemigo» en la tercera. Bien, de momento se ha librado, el problema es que el proceso contra usted solo acaba de empezar…

Un proceso que convertía a Kafka en realismo social y que tuvo una sofisticada metodología, unas motivaciones que le permitieron pervivir durante siglos y unos autores intelectuales.

En torno al año 1376 el inquisidor general de Aragón Nicolao Eymerico redactó un libro que alcanzaría una notable influencia, el Directorium Inquisitorum, también conocido posteriormente como Manual de inquisidores, para uso de las inquisiciones de España y Portugal. Además de servir de inspiración para Malleus Maleficarum o Martillo de brujas, su principal aportación fue convertirse en eso mismo que señalaba su título, siendo reimpreso en varias ocasiones a lo largo de los siglos.

Un compendio que debía aleccionar a todos los inquisidores, mostrándoles no solo las normas legales a seguir sino también una serie de estratagemas, técnicas de manipulación y sofismas con los que consolidar su posición ante cualquier posible crítica y alcanzar la máxima eficiencia en salvar las almas —a costa de sus cuerpos, eso sí— del mayor número posible de sospechosos.

Dado que los bienes de los condenados por herejía eran requisados y pasaban a cubrir las necesidades y el sustento de los inquisidores, no era de extrañar que mostrasen tanto celo en su labor. ¿Y si con ello terminaban condenando a algún inocente? Eymerico se apresura a despejar cualquier asomo de mala conciencia en sus lectores:

El que se acusa, faltando a la verdad, comete a lo menos culpa venial contra la caridad que a sí propio se debe, y miente, confesando un delito que no ha hecho. Mentira que es más grave, siendo dicha a un juez que pregunta como tal, y así es pecado mortal.

«Aquellos polvos», de la serie Caprichos, de Francisco de Goya
«Aquellos polvos», de la serie Caprichos, de Francisco de Goya.

Curioso razonamiento sofístico: si algún inocente fuese condenado tras confesar delitos no cometidos debido a las artimañas y el tormento de sus inquisidores, sería igualmente merecedor de la condena por haber mentido.

Además, añade el autor, «si sufre con paciencia el suplicio y la muerte, alcanzará la corona inmarcesible del martyrio».

Hasta le hacen un favor y todo.

Así que los jueces podrán ir a calzón quitado contra todo el que se les pongan por delante, pero no era desde luego el único sofisma que empleaban para blindar su posición.

Como recordarán algunos lectores, en El nombre de la rosa el inquisidor Bernardo Gui (que realmente existió y escribió otro manual de inquisidores) comenzaba su exposición señalando que uno de los indicios de estar actuando al servicio del demonio era negar que se estuviera actuando al servicio del demonio, con lo que no dejaba muchas salidas a cualquiera a quien quisiera señalar…

Pero siguiendo con Eymerico, nos advertía también de que una vez dictada la condena era peligroso mostrar cualquier tipo de clemencia:

Como lo acredita el caso siguiente, que presencié yo propio en Barcelona.

Un clérigo condenado junto con otros dos hereges pertinaces, estando ya metido en las llamas, clamó que le sacasen, que se quería convertir, y en efecto le sacaron, quemado ya por un lado. No diré si hicieron bien o mal; lo que sé es que de allí a catorce años se supo que seguía predicando heregías, y que había pervertido mucha gente, y preso fue entregado al brazo seglar, y quemado.

La ejecución además debía ser pública, asegurándose de lograr el mayor número de asistentes, aunque se procuraba cortar antes la lengua del desdichado para que no escandalizase con sus juramentos:

Me tomaré con todo la libertad de decir que me parece muy acertado celebrar esta solemnidad los días festivos, siendo provechosísimo que presencie mucha gente el suplicio y los tormentos de los reos, para que el miedo los retrayga del delito. (…) Este espectáculo penetra de terror a los asistentes, presentándoles la tremenda imagen del Juicio Final, y dejando en los pechos un afecto saludable, el cual produce portentosos efectos.

Tipos de cargos y procedimiento

Así que como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, una vez decidido que determinado número de personas ha de ser castigada ya solo falta decidir por qué motivo. La invocación del demonio, la hechicería, la adivinación, la sodomía, la bigamia y el bestialismo eran buenas razones, aunque también podían ser causa de condena otras más aparentemente laxas como la blasfemia.

En la que podía incurrirse por ejemplo expresando en voz alta el dicho «tan malo está el tiempo, que Dios mismo no puede ponerlo bueno». Hacer chistes sobre Dios, la fe y los santos tampoco era recomendable y luego estaba la grave cuestión de lo que se decía durante las borracheras: ahí nuestro autor distingue entre los «enteramente borrachos» y los que «no estén más que alegres», que ya no tendrían perdón.

Así mismo consideraba condenable utilizar los textos de las Sagradas Escrituras en «galanteos para requebrar a una muger», un método de ligar del que hasta ahora no habíamos tenido noticia y que habrá que probar. Pero si achicharrar a alguien entre las llamas por lo anterior ya es un tanto cuestionable hay otro apartado que, francamente, no nos parece nada bien.

Según afirmaba ufano «se conocen con mucha facilidad los que invocan al demonio por su mirar horroroso, y su facha espantable, que proviene de su continuo trato con el diablo». Es decir, lisa y llanamente, era capaz de enviarte a la hoguera por feo.

Auto de fe de la Inquisición, de Francisco de Goya.

Una vez cometida la herejía, el Santo Oficio podía tener conocimiento de ella mediante tres vías: por acusación, por delación y por pesquisa. El primer caso es el que mencionábamos al comienzo, que se distingue porque el acusado puede conocer los nombres de sus acusadores.

Pero esto podía dar lugar a represalias, así que la institución ofrecía la oportunidad de delatar a alguien desde el anonimato. Curiosamente en tal caso, explica Nicolao, «cuando la delación hecha no lleva viso ninguno de ser verdadera no por eso ha de cancelar el inquisidor el proceso».

Respecto a las pesquisas, consistían en patrullas por todas las casas, aposentos y sótanos, para cerciorarse de que no hay en ellos herejes escondidos.

Los sospechosos de herejía eran según el caso citados ante el tribunal o capturados y llevados por la fuerza. En el caso por ejemplo de que el acusado huyera a otra población, el tribunal debía enviar un modelo de formulario a sus autoridades ordenando su captura, que detalla nuestro autor y que difiere bastante del tono burocrático y anodino de la prosa administrativa contemporánea. Era el siguiente:

Nos, inquisidores de la fe, a vos …, natural de tal país, tal obispado. Siempre ha sido nuestro más vivo deseo que ni el javalí del monte, esto es el herege, devorase, ni los abrojos de la heregía sofocasen, ni el ponzoñoso aliento de la sierpe enemiga envenenase la viña del Dios de Sabaoht (…)

Este mal hombre cometiendo más y más delitos, arrastrado de su demencia, y engañado del diablo, que engañó al primer hombre, temeroso de los saludables remedios con que queríamos curar sus heridas, negándose a sufrir las penas temporales para rescatarse de la muerte eterna, se ha burlado de Nos, y de la Santa Madre Iglesia, escapándose de la cárcel.

Pero Nos, deseando con más ardor que primero sanarle de las llagas que le ha hecho el enemigo, y anhelando con entrañable amor traerle a dicha cárcel, para ver si anda por el camino de las tinieblas o el de la luz, os ordenamos y exhortamos que le prendáis, y nos le envieis con suficiente escolta.

«No hubo remedio», de la serie Caprichos, Francisco de Goya.
«No hubo remedio», de la serie Caprichos, Francisco de Goya.

Una vez ante el tribunal se le hacían las preguntas citadas y se usaban contra los testimonios con los que se contase.

Los testimonios de otros herejes eran válidos pero solo si incriminaban a alguien, no si lo exculpaban.

Así mismo si algún testigo inicialmente había considerado inocente a alguien pero tras el debido tormento lo acusaba, solo se tenía en cuenta esa segunda deposición.

¿Cuál era entonces la reacción de los inculpados?

Nicolao nos advierte contra las fingidas lágrimas fruto de su astucia, no de su inocencia.

Por ello enumera diez prácticas de los acusados contra las que todo inquisidor debe estar prevenido:

– Usar el equívoco.
– La restricción mental.
– Retorcer la pregunta.
– Responder maravillados.
– Usar tergiversaciones.
– Eludir la contestación.
– Hacer su propia apología.
– Fingir vahídos.
– Fingirse locos.
– Afectar modestia.

Pero el juez tiene a su vez otras armas de la inteligencia con las que neutralizarlas que el maestro Eymerico nos proporciona en su manual. La primera es «apremiar con repetidas preguntas a que respondan sin ambages y categóricamente a las cuestiones que se le hicieren».

La segunda es hablar con blandura, dando ya por cierta la acusación, haciendo ver al reo que ya lo sabe todo y que en realidad es una víctima engañada por otro, de manera que cuanto antes confiese antes podrá volverse a casa.

Una estratagema que puede complementarse con la tercera, que consiste en hojear cualquier papel de interrogatorios anteriores mientras se afirma categóricamente «está claro que no declaráis verdad, no disimuléis más», haciéndole creer así que en ellos hay pruebas contra él.

La cuarta es decirle al sospechoso que se tiene que hacer un viaje muy largo, por ello es mejor que confiese ahora, ya que si no tendrá que permanecer todo ese tiempo retenido en la cárcel hasta la vuelta del juez, y será peor. La quinta será multiplicar las preguntas hasta encontrar alguna contradicción.

La sexta es ganarse la confianza del acusado ofreciéndole comida y bebida, visitas de familiares y amigos a su calabozo y prometiéndole reducir la pena si confiesa. En este punto considera lícito mentir y hacer promesas ilusorias. La séptima consiste en compincharse con alguien de confianza del reo para que le sonsaque la verdad con complicidad, incluso haciéndole creer que es de la misma secta.

En este caso debe haber un escribano escondido tras la puerta que tome nota de la confesión del sospechoso, de producirse. Si todo lo anterior no funcionase, entonces se recurrirá a la cuestión del tormento. Para ello propone usar el instrumento de tortura llamado potro.

De él había dos variantes, en una se ataban brazos y piernas tirando en direcciones contrarias hasta lograr el dislocamiento de los miembros, y en la otra atar el cuerpo y las extremidades tensando cada vez más la cuerda hasta que atravesase la piel y provocara desgarros en la carne. Aunque se muestra partidario de estas prácticas, Nicolao advierte de que deben usarse con cautela para no provocar la muerte del acusado. Al fin y al cabo ya está para eso la hoguera.

La confesión de culpabilidad acababa produciéndose tarde o temprano, en un punto u otro. No había escapatoria.

Si una vez dictada la sentencia el culpable apelaba contra ella, nuestro severo inquisidor de Aragón nos regala otro razonamiento circular al respecto: la apelación se estableció en beneficio de la inocencia y no para ser apoyo del delito, un condenado no es inocente pues por algo ha sido condenado, y por lo tanto alguien que no es inocente no puede tener la oportunidad de apelar.

Tal argumentación a él le convencía, así que punto final. Y si la lógica y la razón nos impiden darlo por cierto… ¿No serán entonces la lógica y la razón instrumentos del demonio?

nuestras charlas nocturnas.

Las mujeres españolas ya trabajaban fuera de casa en el XVIII y el XIX…


‘Escardadoras’, de Laureano Barrau Buñol (1981). Museo Nacional del Prado

The conversation(E.G.Gil) — ¿Qué papel jugaron las mujeres en la economía laboral durante los siglos XVIII y XIX? ¿De verdad estuvieron en sus casas, dedicadas exclusivamente a las labores del hogar y al cuidado de los hijos?

Si su pensamiento ha sido afirmativo, siga leyendo para descubrir cómo trabajaron en casi todo tipo de empleos. Exceptuando los oficios públicos, las mujeres podían desarrollar cualquier profesión. Para conocer el cómo tendremos que acudir a lo que regula las sociedades: el derecho.

– Los derechos de las mujeres en la Edad Moderna

Los siglos XVIII y XIX fueron un periodo clave para el trabajo de las mujeres, especialmente en España. Ya desde el siglo XVI, las leyes de Toro les permitían trabajar con una licencia marital; es decir, con un permiso del marido.

¿Y qué pasaba con las solteras mayores de edad y las viudas? Pese a lo que a priori se pudiera pensar, estas gozaban de plena autonomía legal. No dependían de la autorización de ningún hombre para poder trabajar.

Pedro Rodríguez de Campomanes. 

Avanzando en el tiempo, bajo el reinado de Carlos III se dio un paso importante con la aprobación de las leyes de fomento e instrucción y de incorporación de las mujeres a los gremios.

En 1775, el político Pedro Rodríguez Campomanes escribió un discurso donde se mostraba a favor de su valía laboral.

Pero este dato, que ha pasado a la historia como un hito en el ámbito laboral femenino, no supuso ninguna novedad.

Lo que hizo Campomanes fue reconocer lo que las mujeres ya hacían desde hacía siglos: trabajar.

Su obra tuvo una gran influencia gracias a la impresión y difusión de muchos de estos textos por todo el país.

¿En qué trabajaban las mujeres?

Durante este periodo España seguía siendo un país eminentemente rural. Por ello, gran parte del trabajo de las mujeres se concentraba en el campo. En este sentido, es difícil considerar estadísticamente sus labores (existe el mismo problema para los hombres) pues este tipo de faenas no solían registrarse fiscalmente al no existir valoración salarial.

De este modo, debemos aplicar la lógica humana a los datos y entender que en una familia que vivía en el campo trabajaban todos sus miembros. Las mujeres, junto al resto de los integrantes de la familia (incluidos los niños), realizaban tareas domésticas, agrícolas y labores de hilado para su posterior venta. El objetivo era sobrevivir y toda mano de obra era necesaria.

¿Y las mujeres de los entornos urbanos? Estas solían tener una red de apoyo social menor que las del medio rural. Muchas de ellas procedían del campo y emigraban a la ciudad para trabajar un tiempo en el servicio doméstico y ganar dinero para poder casarse. Sin embargo, otras también lo hacían para emprender y trabajar en el sector mercantil.

Sociedad mercantil registrada entre Manuela Palacios y Joaquín Solís en 1846. Registro notarial conservado en el Archivo Histórico Municipal de Antequera, legajo 2443, fol. 270.

– Los trabajos comerciales

Debemos distinguir tres tipos: el pequeño, el mediano y el gran comercio. Las que ejercían el pequeño comercio solían ser revendedoras de productos. Se dedicaban a la venta ambulante y eran grandes especuladoras. Podían ser generadoras de conflictos ya que sus productos no pasaban ningún control de calidad y siempre que podían evitaban pagar impuestos.

Si revendían alimentos, estos tampoco pasaban un control sanitario previo, lo que generaba no pocos enfrentamientos porque, además de vender a precios más bajos que las tiendas o puestos de mercados, podían desencadenar epidemias.

Respecto a las del mediano comercio, la mayoría tenían tiendas de comestibles, mercerías o ferreterías. Por ejemplo, en la ciudad de Málaga, en 1771 fueron registrados por mujeres el 26 % de los negocios de venta de vino, el 20 % de las tiendas de fruta del mercado y el 34 % de las tiendas de especias.

Respecto a las mujeres que ejercían el gran comercio, estas pertenecían a las capas más altas de la pirámide social. Eran parte de la burguesía comercial, es decir, personas que no pertenecían a la nobleza y se empleaban en los negocios.

Tanto hombres como mujeres colaboraron activamente para trabajar y prosperar económicamente. Por sus manos pasaban las decisiones de la sociedad mercantil, así como la procedencia de parte del capital. En las plazas de España, Reino Unido, Italia, Francia y Holanda no era difícil encontrar compañías comerciales formadas por hombres y mujeres, muchas de ellas familiares. En España, por ejemplo, las compañías solían exportar productos a los países del norte de Europa y América.

Gracias a sus altas ganancias, muchas de estas compañías también ejercieron como entidades financieras, siendo las antecesoras de los actuales bancos. La participación femenina en los créditos privados las convirtió en banqueras locales. A ellas acudía la población para pedir préstamos en caso de necesidad.

Contrato de préstamo realizado por la banquera Cathalina Lynch y Bourman. Registro notarial conservado en el Archivo Histórico Provincial de Málaga, legajo P-5037, fol. 118.

– ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La participación femenina en el mercado laboral siempre ha existido. Los trabajos asistenciales han sido los más asociados a las mujeres a lo largo de la historia. Sin embargo, su participación en otros sectores, como el comercial, fue muy relevante. El ejercicio de estas profesiones constituyó una fuente de ingresos que mejoró las economías laborales del campo y la ciudad.

Gracias a los avances en derecho, las mujeres han roto el techo de cristal y han ido ocupando cargos asociados históricamente a los hombres. No obstante, aún queda camino por recorrer en cuanto a equiparación salarial y ocupación de puestos de dirección. Pero si hay algo en lo que han destacado históricamente es en su dedicación al sector servicios.

En la actualidad es ocupado por casi un 90 % de mujeres trabajadoras. Su mayor concentración, como históricamente ha sido siempre, se da en el ámbito comercial.

La Revolución Industrial ayudó a difundir como imperante el modelo de mujer burguesa, dedicada al hogar y los hijos. Sin embargo, esto oculta la intensa y extendida participación económica de las mujeres en el pasado.

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¿Qué se comía en Mesopotamia? Las recetas de 4.000 años que contienen las «tablillas culinarias de Yale»…


Una receta de comida con tomate, verduras frescas y pollo
El estofado (carne y verduras en caldo) es un alimento básico de la comida iraquí moderna.

BBC News Mundo(V.Greenwood) — Nadie sabe exactamente de dónde llegaron y durante mucho tiempo nadie entendió realmente lo que decían.

Los académicos de la Universidad de Yale pensaban que las pequeñas losas de arcilla cubiertas con densa escritura cuneiforme -uno de los sistemas de escritura más longevos en la historia de la humanidad- contenían una lista de medicamentos.

Desenterradas en una excavación arqueológica en el Medio Oriente, probablemente han estado en la Colección Babilónica de Yale desde 1911. Sin embargo, no fue hasta principios de la década de los 80 que el erudito francés Jean Bottéro finalmente descubrió lo que decían las tablillas.

A su manera discreta, durante casi 4.000 años, estas cuatro planchas han estado hablando de la cena.

Las tres más grandes son del tamaño de una gran pastilla de jabón, las más pequeña, más de mil años más joven, supone un simple puñado redondo de arcilla.

Todas tienen grabados los ingredientes, no de productos farmacéuticos sino de platos. Fechadas al menos en 1730 a. C., las tres tablillas más grandes contienen en su mayoría descripciones de guisos; el más pequeño, de época posterior, habla de caldo.

El mero hecho de su existencia es un misterio. En la antigua Mesopotamia, la gente rara vez escribía sobre la preparación de alimentos, explicó Agnete Lassen, curadora adjunta de la colección.

«De cientos de miles de documentos cuneiformes, son las únicas recetas de comida que existen», dijo. «No tenemos una explicación».

Una de las tablas de arcilla con la escritura cuneiforme
Las tablillas pertenecen a la Colección Babilónica de Yale.

De hecho, cuando los escribas antiguos colocaban un punzón en la arcilla y grababan historias y relatosque mencionaban alimentos, usaban palabras que a veces resultan misteriosas para los eruditos modernos.

Aparecen ingredientes que todavía hoy no se pueden identificar, afirmó Gojko Barjamovic , asiriólogo de la Universidad de Harvard. «Asum» es mirto, «salu» son semillas de berro, pero ¿qué es «hurrium»?

Solo leer la lista de especias desconocidas citadas en un artículo de Barjamovic, Lassen y sus colaboradores, evoca visiones de un jardín perdido, ubicado entre los ríos Tigris y Éufrates: Kurullu, kuruš, nīnu. Silaru, zanzar, zibibianu.

Las tablillas culinarias de Yale, como se conocen las cuatro losas de arcilla, dan por sentado muchas cosas igual que lo hacen las recetas modernas: el escritor espera que el lector básicamente ya sepa cómo hacerlas.

Las instrucciones son concisas y cortas. Y como ocurre con muchas recetas antiguas, no se especifican cantidades.

– Siguiendo la receta

Así que, dado todo esto, puede resultar difícil imaginar con claridad cómo era la comida o la experiencia de cenar en Babilonia hace mucho, mucho tiempo.

Pero algunos años atrás, Barjamovic, Lassen y sus colegas, incluido el historiador gastronómico iraquí Nawal Nasrallah, hicieron algunos progresos en esa dirección. Actualizaron las traducciones de recetas realizadas por Jean Bottéro utilizando nuevas interpretaciones de algunas palabras y realizaron una cuidadosa experimentación, probando en la receta los ingredientes uno por uno.

Eliminaron uno de los posibles ingredientes que provocaba que el plato resultante fuera insoportablemente amargo, hasta el punto de que ninguno de los otros condimentos cuidadosamente incorporados era detectable.

Aunque cabe la posibilidad de que éste fuera el efecto deseado, no parece probable.

Bainiku, pulpa de ciruela, pasta de ciruela servida en un frasco
A medida que se descubran nuevos textos, se sabrá más sobre cómo ciertas especias entraron en la cocina de Medio Oriente

Llama la atención, sin embargo, que los guisos y caldos constituyan la totalidad de las recetas, señaló Nasrallah, autor del libro de cocina «Delicias del jardín del Edén». El estofado (carne y verduras en caldo) es un alimento básico de la comida iraquí moderna.

También fue una característica importante de la comida en el Irak medieval, como se describe en un libro de cocina del siglo X que Nasrallah tradujo.

Y cuando el grupo de investigación cocinó las recetas de las cuatro tabletas culinarias, produjeron algo que al menos debe evocar esa antigua tradición.

– Copiando la receta

Así se elabora uno de los guisos: para el guiso de cordero conocido como tu’hu, primero se consigue agua. Luego se dora la carne de la pierna con algún tipo de grasa.

Se pone sal, cerveza, cebolla, rúcula, cilantro, chalota, comino, remolacha y más agua. Después puerro y ajo machacados, más cilantro para darle un sabor picante. Luego añade el kurrat, un puerro egipcio.

Las remolachas le dan un color rojo eléctrico y, de las cuatro, es la receta favorita de Lassen. «Es picante y está muy bien condimentada», dijo. «Tiene buenos sabores.»

Ilustración antigua grabada de la conquista de Babilonia por Ciro II (539 a. C.)
Ilustración antigua grabada de la conquista de Babilonia por Ciro II (539 a. C.)

Incluso con todo este cuidado proceso, queda el hecho de que los gustos de la gente podrían haber sido bastante diferentes en aquel entonces.

Un ejemplo famoso de un alimento que ya no es tan popular es la salsa de pescado romana garum: esta sustancia umami potente y fermentada no es una parte común de la cocina italiana moderna.

Los investigadores reconocen esta dificultad: utilizar los gustos y las impresiones de las personas que viven hoy en día para tratar de establecer el sabor de estos platos antiguos es un asunto complicado.

Entre entonces y ahora, el Islam también llegó a Medio Oriente, haciendo del cerdo un ingrediente menos popular, y el llamado «intercambio colombiano» (como se denominaba al comercio entre América y Europa desde el siglo XV) trajo tomates, berenjenas y papas del Nuevo Mundo. La cocina iraquí moderna no es una réplica de lo que se comía en Babilonia.

Dátiles, ciruelas secas y pasas en un recipiente
En la antigua Mesopotamia, la gente rara vez escribía cómo preparaba sus alimentos.

¿Quién sabe si dentro de 3.000 años la gente comerá algo parecido a lo que comes hoy? En un sistema alimentario moderno donde lo que comemos no depende particularmente de dónde estamos, parece que la conexión entre los alimentos y la geografía local se ha evaporado.

Dentro de miles de años, después de quién sabe qué cambios, tal vez ese vínculo haya regresado. Quizás el clima sea tan diferente que en las Islas Británicas se cultiven lentejas. Quizás en lo que alguna vez fue Siberia haya un negocio en auge con los cocos.

Barjamovic señala que en lo que respecta a estas recetas antiguas, la historia tampoco ha terminado. Cada temporada de trabajo arqueológico trae consigo la posibilidad de que se desentierren nuevos textos, que traigan nueva luz sobre palabras misteriosas para especias y otros ingredientes.

La forma de pensar mesopotámica no fue copiada ni transmitida como lo fueron los textos griegos. Desapareció del conocimiento humano en el siglo I a.C. «Pero como escribieron en arcilla», dijo, «está ahí, indestructible».

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La NASA recibe una señal de vídeo emitida a 31 millones de kilómetros de la Tierra…


El Confidencial(O.Kardoudi) — El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA ha dado un paso de gigante con su nuevo sistema experimental de comunicaciones (Deep Space Optical Communications).

El pasado 11 de diciembre emitió un vídeo de alta definición desde una distancia récord de 31 millones de kilómetros, unas 80 veces la distancia entre la Tierra y la Luna, que supone un hito para la transmisión de datos de gran ancho de banda desde el espacio profundo.

Una herramienta de estas características puede ser vital para la seguridad de las futuras misiones humanas fuera de la órbita terrestre.

El vídeo de prueba de 15 segundos (que pueden ver abriendo este artículo) se lanzó desde la sonda espacial Psyche que se encuentra ahora mismo viajando hacia el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter.

Las imágenes, que muestran a un gato llamado Taters intentando atrapar un punto rojo emitido por un láser sobre un sillón, han tardado 101 segundos en llegar a la Tierra gracias a su novedoso transceptor láser de vuelo. Un novedoso sistema que puede alcanzar una velocidad máxima de 267 megabits por segundo.

El transceptor láser de vuelo de la demostración tecnológica Deep Space Optical Communications.

«Uno de los objetivos es demostrar la capacidad de transmitir vídeo de banda ancha a través de millones de kilómetros. Nada en Psyche genera datos de vídeo, así que solemos enviar paquetes de datos de prueba generados aleatoriamente», explica Bill Klipstein, director del proyecto de demostración técnica en el JPL.

«Pero para hacer más memorable este importante acontecimiento, decidimos trabajar con diseñadores del JPL para crear un vídeo divertido que capta la esencia de la demostración como parte de la misión Psyche».

El sistema, dice el JPL, es capaz de enviar y recibir señales en el infrarrojo cercano, un tipo de señales de radiación infrarroja muy usadas en las investigaciones astronómicas.

Los investigadores enviaron una señal láser codificada en el infrarrojo cercano al telescopio Hale del Observatorio Palomar de Caltech, en el condado de San Diego (California), donde se descargaron las imágenes. A continuación, cada fotograma del vídeo se envió en directo al JPL, donde pudieron reproducirlo a tiempo real.

«Este logro subraya nuestro compromiso con el avance de las comunicaciones ópticas como elemento clave para satisfacer nuestras futuras necesidades de transmisión de datos», ha declarado Pam Melroy, Administradora Adjunta de la NASA.

«Aumentar nuestro ancho de banda es esencial para lograr nuestros objetivos futuros de exploración y ciencia y esperamos con interés el avance continuo de esta tecnología y la transformación de la forma en que nos comunicamos durante las futuras misiones interplanetarias.»

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¿Qué es la filosofía moderna? Todo lo que debes saber…


La mente es maravillosa(J.Rojas) — Filósofos modernos marcaron escuelas como el empirismo y el racionalismo; pesadores de la talla de René Descartes, Immanuel Kant y Friedrich Hegel son algunos de sus principales exponentes.

La filosofía ha evolucionado a lo largo de los siglos, adaptándose y respondiendo a las necesidades y el contexto de cada época; la etapa moderna no fue la excepción, pues se trata de uno de sus períodos más significativos.

En particular, durante la modernidad lo filosófico se caracterizó por la ruptura con las tradiciones medievales y sentó las bases del pensamiento contemporáneo. A continuación, descubriremos el énfasis que esta fase puso a la razón, desterrando las explicaciones religiosas para construir el conocimiento.

– ¿Qué es la modernidad en la filosofía?

Esta es una etapa del pensamiento filosófico caracterizada por la importancia concedida a la razón humana. Se desarrolló desde el siglo XVII hasta el XIX, y se toma la muerte del filósofo Friedrich Hegel (1770-1831) para marcar su final.

René Descartes (1596-1650), con su teoría racionalista, suele considerarse como quien inició esta fase de quiebre entre el pensamiento medieval y el moderno. En particular, la modernidad se vincula con el proceso de secularización, referente a la ruptura y progresivo distanciamiento de la religión en el conocimiento.

Es así como dicho pensamiento desplaza a Dios de sus reflexiones y trae al centro de la discusión al ser humano y su razón. Esto vino acompañado de la Revolución Científica, es decir, el desarrollo de la ciencia experimental. De esta manera, los grandes temas de este período serán la naturaleza, el alma y el ser humano.

. Antecedentes

Si bien el siglo XVII suele considerarse el inicio de la filosofía moderna, algunos autores consideran que es posible rastrear antecedentes de ella en épocas anteriores.

El nominalismo propuesto por Guillermo de Ockham (1285-1349) supuso un primer punto de separación entre fe y razón. Esta teoría consideraba que las esencias universales no eran más que ficciones mentales. Por lo tanto, las realidades no sensibles como Dios y el alma eran cuestiones de fe y no un ámbito accesible para lo razonable.

Además, el nominalismo fue una base para asentar la teoría empirista moderna. Y es que, según la interpretación que realizó de Ockham, el conocimiento válido solo es lo sensible y susceptible de conocerse.

Por su parte, el Renacimiento, que tuvo lugar en el siglo XIV, marcó un hito filosófico al centrar su atención en el humanismo, una corriente que ensalza la figura humana y su dominio sobre el mundo.

Ambas tendencias enriquecen la disciplina con la valoración de la razón humana. Asimismo, prescinden de la necesidad de apelar a entidades superiores, como la figura de Dios.

Filosofía Moderna: qué es, su historia y pensadores

– Características del pensamiento moderno

El centro de la reflexión de la filosofía moderna es ¿cómo el sujeto puede conocer el mundo que lo rodea? La ciencia y lo filosófico se unen en un todo para dar respuesta a esta cuestión, a través de lo que suele denominarse «giro antropológico», el cual contempla las siguientes características.

. Antropocentrismo

Distinto a la Edad Media, cuando la esencia de la reflexión filosófica era Dios, en la Edad Moderna las verdades ya no tenían su fuente en la revelación divina. En su lugar, la racionalidad se emancipa y se vuelve autónoma respecto de la autoridad de las Sagradas Escrituras.

Este carácter de la época lleva el nombre de antropocentrismo, es decir, el ser humano se convierte en el eje de toda reflexión. Se produce un desplazamiento del teocentrismo medieval o la creencia en Dios como núcleo de toda realidad y certeza.

. Naturaleza

A lo largo de la filosofía moderna, la naturaleza se convierte en una incógnita que el sujeto pensante debe desvelar. El auge de la ciencia experimental y la técnica de la época jugó un rol importante para explorar y explotar el mundo que nos rodea.

Con este propósito, el campo filosófico toma como objeto de estudio la naturaleza e incorpora los descubrimientos de la ciencia moderna. Este es el trabajo que realizaron pensadores como René Descartes en su obra Meditaciones metafísicas (1641) e Immanuel Kant en su Crítica a la razón pura (1781).

. Mecanicismo

Si la ciencia experimental estuvo centrada en el estudio de la naturaleza, ello se debe a la Revolución Científica del siglo XVII. Este ciclo estuvo dominado por el mecanicismo, un paradigma que explicaba los fenómenos naturales desde las causas y los efectos físicos. A partir de él, se creía que la naturaleza funcionaba como una máquina o mecanismo.

Por supuesto, todos estos desarrollos tuvieron como columna la ciencia empírica y experimental. Y lo filosófico debía tener en cuenta estos descubrimientos a la hora de pensar la realidad, para relacionarse con lo científico.

. Unicidad de la ciencia y el método

Es en la época de la modernidad cuando se tiende a pensar que la ciencia puede ser única. Esta interpretación sugiere que tanto la forma en que conocemos la realidad como el sujeto que llega a conocer solo pueden ser uno. Atendiendo a tal perspectiva, los esfuerzos de los filósofos estuvieron centrados en descubrir un método universal capaz de aplicarse a toda ciencia posible.

Y el paradigma perfecto para ello lo encontraron en las matemáticas, por su rigurosidad y exactitud. Así, la filosofía incorpora el método gracias a la irrupción de las ciencias experimentales fundamentadas en la matemática moderna.

– Principales representantes de la filosofía moderna

Características de la Filosofía Moderna

El pensamiento moderno se dividió en empirismo y racionalismo. El primero sostiene que el conocimiento verdadero es la experiencia. Por su parte, la corriente racionalista destacaba el papel de la actividad racional del sujeto que conoce y desestimaba lo real empírico.

La principal diferencia entre tales posturas es el punto de partida: mundo concreto para unos, sujeto y consciencia para otros; los filósofos modernos se asentaron en una u otra de estas corrientes. Veamos las figuras más destacadas de ese entonces.

. Thomas Hobbes (1588-1679)

Este inglés se conoce por su filosofía política, la cual exalta el carácter absolutista del Estado. Una de las frases representativas de Tomas Hobbes es «el hombre es un lobo para el hombre».

Él también postula una teoría empirista del conocimiento, fundamentada en la experiencia sensorial. De acuerdo con esto, solo podemos conocer aquello que percibimos a través de nuestros sentidos. La perspectiva de Hobbes lo lleva a rechazar la existencia de verdades absolutas, en consonancia con el clima de la época.

. René Descartes (1596-1650)

Sintetizado en su famosa frase «pienso, luego existo», René Descartes otorgó un importante papel a la conciencia y la razón en la construcción del conocimiento. Se suma a ello la duda metódica utilizada para conocer las verdades indubitables.

Asimismo, este intelectual contribuyó a la filosofía de la ciencia gracias a la utilización del método deductivo y la matematización de la realidad. Se puede apreciar cuán moderno es su pensamiento si consideramos su enfoque racionalista y la gran confianza que otorga a la razón humana para conocer.

. John Locke (1632-1704)

De acuerdo con la teoría del conocimiento que expone John Locke en su obra magna Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), el ser humano no posee ideas innatas.

En cambio, el representante del empirismo inglés propone su doctrina de la tabula rasa, para sostener que nuestra mente se llena por medio de la experiencia, que puede ser interna o externa. La primera reflexiona y la segunda nos produce la sensación.

. Baruch Spinoza (1632-1677)

El proyecto filosófico de Baruch Spinoza tenía como objetivo descubrir la verdad que da sentido a la vida. En este aspecto, trata de hallar aquella certeza que otorgue felicidad al ser humano.

Mediante libro Ética demostrada según el orden geométrico (1677), orientado hacia el método geométrico sintético, Spinoza pretende avanzar de lo más recóndito y complejo hacia lo evidente y claro. El punto de partida de esta indagación filosófica es Dios, considerado como sustancia infinita que existe por sí misma.

. Immanuel Kant (1724-1804)

Con la figura de Immanuel Kant se abre una nueva era en la filosofía moderna. Esto se debe a una síntesis entre racionalismo y empirismo, de acuerdo con la cual existe una unión entre lo universal y la experiencia sensible.

La pregunta que guía el pensamiento de Kant es qué y cuánto puede conocer el entendimiento y la razón, con independencia de la experiencia. Lo que se encuentra detrás de esta formulación es el cuestionamiento por los límites, la fuente y la extensión del conocimiento metafísico. Recordemos que las verdades de orden trascendente dejan de ser una cuestión de fe para pasar a ser asunto de la razón.

. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831)

Entender la teoría de Friedrich Hegel resulta todo un reto, pero es muy importante para comprender el devenir del pensamiento filosófico posterior. Él inicia su reflexión al considerar que la razón es por completo independiente y absoluta.

Uno de los rasgos del pensamiento de este alemán es que existe una identificación entre sujeto y objeto, característica que fue borrada por casi la mayoría de los filósofos anteriores. Así, la disciplina se erige por primera vez como la expresión del autoconocimiento que la razón hace sobre sí misma gracias al movimiento dialéctico.

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– La modernidad dejó un gran patrimonio intelectual

A partir del pensamiento moderno hay un antes y un después en la historia del conocimiento. En primer lugar, este exaltó la importancia del ser humano como objeto y sujeto del saber, asunto de capital importancia para el desarrollo del existencialismo, por ejemplo.

Otro aspecto destacable de esta etapa es el gran progreso que hubo no solo de las ideas. La filosofía se nutrió de la Revolución Científica del siglo XVII y acompañó con su reflexión el desarrollo de la ciencia. En conclusión, estos hechos nos invitan a pensar sobre la valiosa capacidad racional que tenemos y las ansias por la búsqueda de la verdad.

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¿Por qué tengo hambre todo el rato? Estas son las posibles razones y cómo evitarlo, según una experta en nutrigenética…


La dietista y nutricionista Marta Alonso, responsable del área de Nutrigenética en ADNTRO, empresa española en la industria de la genética y biotecnología.

El Mundo(C.Galafate) — ¿Es normal que nos entre el apetito tan sólo una hora después de haber comido? ¿Hemos perdido la sensación de saciedad? La sensación constante de hambre es multifactorial. 

«Se debe a diferentes desequilibrios», explica Marta Alonso, dietista-nutricionista por la Universidad Autónoma de Madrid, responsable del área de Nutrigenética en ADNTRO y doctora en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada por la Universidad de las Islas Baleares.

«No consumir suficientes fibras y proteínas, que nos ayudan a sentirnos llenos.

También desajustes hormonales, que afectan a las señales de saciedad, y que pueden venir derivados de una mala higiene del sueño, una composición corporal alterada o un problema que nos está afectando emocionalmente, generando rumiación y estrés», detalla la también máster en Biomoléculas y Dinámica Celular (UAM) y otro en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada (UIB).

– Hambre real Vs. Emocional

Una vez claras las posibles causas, ¿cómo diferenciar el hambre real del hambre emocional, por ejemplo, por aburrimiento? Para la experta, ante el hambre fisiológica no hay dudas. «Generalmente, se presenta con señales físicas, como el rugido del estómago». En cambio, el hambre emocional emerge de forma repentina, en respuesta a emociones, y se caracteriza por antojos específicos.

«Nos pide alimentos ricos en grasa y azúcar, que proporcionan una gratificación instantánea pero breve». Es la llamada dopamina de los ultra-procesados. «Ese bienestar es pasajero, lo que puede llevar a un ciclo de comer recurrente para recuperar esa sensación», prosigue.

Es fundamental saber identificar y comprender las emociones o circunstancias que provocan este hambre emocional, aclara la nutricionista, trasladándose a un terreno psicológico.

Pero, en la medida de lo posible, aboga por estar preparados con opciones saludables que nos permitan responder a estos impulsos de manera que no afecten negativamente nuestra salud. «En primer lugar, es esencial incorporar una combinación equilibrada de macronutrientes en cada comida: proteínas, carbohidratos complejos y grasas saludables».

– Estrategias para la saciedad

Estos nutrientes son fundamentales para prolongar la saciedad, cuenta, ya que se digieren a un ritmo más lento, manteniéndonos saciados durante más tiempo.

Tal y como explica la bioquímica francesa Jessie Inchauspé en su libro, el superventas mundial La revolución de la glucosa (Ed. Diana), la mayoría de la población está atrapada en una montaña rusa de subidas y bajadas de glucosa en sangre. Son los llamados picos por la ingesta de almidones y azúcares. Por eso también recomienda un desayuno salado, que no sea un postre.

«La salud sufre mucho más lo que comemos por la mañana porque tiene un impacto en el resto del día», afirma.

Alonso se muestra de acuerdo con esta afirmación. «Sí, aumentar la ingesta de proteínas ayuda a la saciedad y a reducir el apetito. La comida más problemática suele ser el desayuno, ya que por costumbre solemos hacer desayunos dulces ricos en azúcar.

Estos altos niveles de azúcar en sangre, sobre todo por la mañana, pueden interferir con nuestras señales de saciedad y recompensa, haciendo que nos sintamos más hambrientos e irascibles el resto del día». Incluir proteínas en el desayuno es una buena estrategia que ayuda a mantener el apetito a raya durante el día, aporta.

Adicionalmente, Alonso apuesta por adoptar el hábito de comer despacio y masticar bien los alimentos. «Es crucial, ya que esto permite que el cuerpo procese más eficientemente las señales de saciedad, evitando una sobreingesta». Se calcula que el cerebro tarda al menos unos 20 minutos en percibirla.

– El cuerpo me pide dulce

¿Hay alguna manera de evitar entonces esos antojos como el helado, ahora que estamos en verano? La experta universitaria en genética médica y genómica cree que también hay que disfrutar y desvela su truco.

«Es una época perfecta para aprovechar y hacer recetas más saludables. Puedes preparar una versión más saludable pero igual de rica con fruta congelada y yogur natural. Puedes derretir chocolate negro 85%, picar frutos secos y echar esta mezcla por encima. ¡Está delicioso!».

El azúcar no deja de ser una molécula de glucosa unida a una de fructosa, dos moléculas que el cuerpo utiliza constantemente para realizar sus funciones vitales. ¿Es tan adictivo o un veneno como se dice?

«No podría llegar a considerarse un veneno por esta misma razón. No obstante, en grandes cantidades sí que supone un problema para el organismo. Son muchas las investigaciones científicas que asocian un consumo elevado a numerosas patologías, desde grandes conocidas como la diabetes hasta la arteriosclerosis, pasando por el Alzheimer. En general, cuanto más bajo sea nuestro consumo de azúcar libre mejor».

El azúcar puede ser muy adictivo, señala, debido a cómo afecta los centros de recompensa en el cerebro, promoviendo un deseo continuo de consumo.

Por eso hay que evitar caer en la máquina de aperitivos: «La clave es la anticipación para tener a mano alternativas a los snacks, como frutas frescas, verduras cortadas, frutos secos sin sal, hummus, patés vegetales, o chips de verduras, por ejemplo».

Estas opciones no sólo son más saludables, sino que también ayudan a evitar la tentación de optar por opciones industriales, defiende.

– A veces no es hambre, es sed

Otra de las causas de sentirse hambriento es una posible deshidratación. Y lo que en realidad el cuerpo nos está pidiendo es agua. «Llevar siempre una botella contigo es una buena estrategia. También puedes mejorar el sabor del agua añadiendo frutas naturales o hierbas para hacerla más atractiva.

Evita las bebidas azucaradas o edulcoradas y opta por alternativas más naturales, como el té helado sin azúcar, agua con gas o kombucha», aconseja la nutricionista, descartando las opciones alcohólicas que, además de calorías vacías, nos deshidratan y son tóxicas para la salud.

Y por último, y no menos importante, estar siempre a dieta también interviene en esa sensación perpetua de hambre. «Suelen ser excesivamente restrictivas y promueven cambios temporales en lugar de ajustes sostenibles a largo plazo en el estilo de vida», critica Marta Alonso.

Este enfoque puede llevar a resultados rápidos pero, a menudo, resulta en un «efecto rebote donde se recupera el peso perdido, o incluso más», una vez terminada la dieta, advierte. «Esto se debe a que, tras períodos de restricción severa, es común volver a antiguos hábitos alimenticios y hacerlo con mayor intensidad, dada la prohibición previa».

Para evitar este círculo vicioso propone enfocar la pérdida de peso hacia una transformación a largo plazo de los hábitos alimenticios y del estilo de vida. «Un déficit calórico moderado es efectivo para perder peso, pero una restricción calórica severa y prolongada puede llevar a deficiencias nutricionales, problemas metabólicos y el mencionado efecto rebote.

Es fundamental que este déficit sea supervisado por un profesional y adaptado a las necesidades individuales. Adoptar un enfoque más equilibrado ayuda a mantener el peso a largo plazo y a promover un bienestar general», concluye.

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A 40 años de la muerte de Truman Capote: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”…


Truman Capote había nacido en 1924 y murió a los 59 años

Infobae(A.Amato) — Buscó con desesperación tender un puente con su infancia desgraciada, sin amor, sin apuntes, sin esbozos de cariño, sin rincones.

En ese camino de regreso, desolador, impiadoso, Truman Capote dejó sembradas las semillas de la mejor literatura estadounidense y el embrión de una nueva concepción del periodismo, de una original y caudalosa manera de contar los hechos noticiosos que, para su época, fue incluso hasta insolente; también desplegó una fresca manera de acercarse al lector común para deslumbrarlo, para incitarlo y conmoverlo.

 Truman Capote buscaba cómplices, no lectores. También buscó el amor. Y también lo buscó con desesperación. Cuando en la infancia se es víctima del desamor, todo lo que queda a mano es la desgracia. Y el miedo. Y un coraje denodado para enfrentar y sufrir lo insufrible.

Sobre el final de sus días, murió el 25 de agosto de 1984, hace cuarenta años, ya estragado por el alcohol, las drogas y, de nuevo, por el desamor, porque la sociedad que lo había mimado le había dado la espalda y lo había condenado al ostracismo, definió su vida con un alarido: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”. Llevaba razón. En todo.

Dos meses antes de morir enfrentó una entrevista con otras dos frases breves, hirientes, endemoniadas que lo pintaban de cuerpo entero, pero que también tallaban su angustia: “Aquí está el incomparable Truman Capote. Nunca hubo nadie como yo. Y no habrá nadie como yo cuando me vaya”. También llevaba razón. En todo.

Y entre sus papeles revueltos, ya después de su muerte, encontraron el recorte de una revista que Truman había rasgado con sus uñas y que incluía una cita de Marco Polo, el gran viajero del mundo: “Y sólo escribí la mitad de lo que vi…”

Truman, que había sido el gran viajero de la sociedad americana de posguerra y de los años sigilosos y aterradores de la Guerra Fría, también contó la mitad de lo que había visto.

Y había visto mucho. Lo hizo con astucia, con malicia, con ternura y con asombro; pero también con un descaro implacable y una crueldad descarnada que sacudió las entrañas de una generación de escritores y de varias generaciones de lectores que, hasta entonces, estaban signados por próceres como Ernest Hemingway, William Faulkner, Tennessee Williams o John Steinbeck: allí hay tres Nobel de Literatura.

 Truman nunca alcanzó la altura de esos padres, pero puso un brasero ardiente bajo aquellos pies de bronce.

En su peor etapa, muchas de sus charlas y conferencias fueron suspendidas o levantadas “Por ebriedad evidente e incoherencia del escritor”

Truman Capote no se llamaba así. Era Truman Streckfus Persons. Sus padres eran dos chicos alocados; él, Archulus “Arch” Persons, tenía veintiséis años cuando conoció a Lilie Mae Faulk, de diecisiete. El bebé llegó el 30 de septiembre de 1924, en Nueva Orleans, cuando ya los dos chicos impetuosos estaban separados, se divorciarían recién siete años después. 

Truman nació en Nueva Orleans porque su mamá fue a parir en la ciudad donde vivía su papá. Pero su papá se deshizo de ambos y los mandó a Monroeville, Alabama, donde Lilie tenía familiares lejanos.

Truman diría de esos años: 

“Tuve una niñez difícil. Era raro que viera a mi padre: él se casó tres o cuatro veces. Mi madre no era mala conmigo; simplemente tenía otros intereses. No pasé privaciones económicas; siempre hubo dinero para mandarme a buenas escuelas y todo eso. Pero simplemente sufrí un total abandono emocional. Nunca sentí que perteneciera a ningún lugar.”

Sin embargo, Truman encontró un ancla en Monroeville: una chica dos años menor que él, Harper Lee, que sería su amiga y una escritora magnífica, autora de una novela célebre: “Matar a un ruiseñor”, y que años después acompañaría a Truman en una aventura extraordinaria: la investigación de un cuádruple crimen que daría origen a una obra maestra de Capote.

En aquella aldea sureña Truman era un chico raro. Era una especie de genio. Tenía un coeficiente intelectual de 215 que había sido calculado en unos exámenes a los que no tuvo más remedio que prestarse para que alguien descubriera por qué era un chico tan extraño. 

En medio del torbellino de su infancia, su madre cambió de vida, para lo que también cambió de nombre y fue de allí en más y para siempre, Nina. En el ambiente granjero, rural y un poco áspero del sur, Truman empezó a escribir para aliviar su aislamiento, para salir de una infancia solitaria y quién sabe si perdida.

Truman Capote era canario de adopción

Nina se casó por segunda vez con José “Joe” García Capote, un coronel, o al menos decía ser coronel, y empresario de las Islas Canarias que vivía en Cuba. 

El coronel hizo mucho, con poco, por aquellos dos seres desolados: le dio su apellido al chico y se alzó con su flamante esposa y su hijo adoptado a vivir a Brooklyn.

Truman siempre lo veneró por eso.

Es verdad que a Truman nunca le faltaron buenos colegios: estudió en el Trinity School, uno de las mejores instituciones privadas católicas de la zona alta oeste de Manhattan, en la calle 91 y a un paso del gran lago del Central Park, y luego en la St. John’s Academy.

 Pero a los diecisiete años ya era el aprendiz más joven de la prestigiosa revista “The New Yorker”. Según él mismo evoco, su tarea en “New Yorker” era la de “seleccionar tiras cómicas y recortar periódicos”. Pero su trabajo, aunque fuese digno de un catecúmeno, lo puso en contacto con un mundo que lo fascinaba.

A los veintiún años dejó la revista y publicó una serie de relatos, “Miriam”, “The headless hawk – El halcón sin cabeza” y “Shut a final door – Cierra la última puerta”, entre otros, que aparecieron en diferentes revistas de la época que unían la actualidad con la literatura.

Todo circulaba por el andarivel de una suerte dispar. “Shut a final door”, por ejemplo, fue rechazado por “Harper’s Bazaar” y fue publicado en cambio por “The Atlantic Monthly” lo que le valió a Truman el Premio O. Henry. El joven Capote, bello, de intensos ojos azules, pelo colorado, voz de pito, modos afeminados y poses provocativas, había caído de lleno en el mundo de la literatura.

La crítica lo aplaudió y lo elogió con abundancia de adjetivos, los merecía, y lo juzgaron como un discípulo de Edgar Allan Poe, comparación que Truman aceptó halagado y conmovido. 

A los veintitrés años era famoso: en 1948 publicó su primera novela, “Otras voces, otros ámbitos”, en la que habló en forma abierta de la homosexualidad y volcó gran parte de sus atormentadas experiencias de chico con un recurso propio que, hasta entonces, había sido ensayado apenas, con temor y prudencia, por otros escritores: mezclar realidad y ficción hasta que se hiciera imposible distinguir a una de otra. 

Enseguida llegan “El arpa de hierba”, el retrato de un joven huérfano en una pequeña, cerrada y curiosa comunidad americana, y la legendaria “Desayuno en Tiffany’s”, en 1958, que Blake Edwards llevaría al cine con Audrey Hepburn como protagonista.

Truman Capote, un nombre clave en el periodismo y en la ...

En el camino de regreso a la infancia, la fama era una de las piedras basales del puente del retorno. Y Truman se zambulló en aquel líquido viscoso y denso que era el corazón del jet set neoyorquino, que por entonces ni era jet ni era set, y en la estruendosa algarabía de Hollywood. 

Bailó con Marilyn Monroe, anduvo tras los pasos de Montgomery Clift, otro atormentado, frecuentó a Marlon Brando, se codeó con Tennessee Williams y escandalizó al mundo entero con sus desplantes y sus provocaciones sostenidas por el alcohol y la etapa iniciática en el fatal terreno de las drogas.

Gran parte de esa vida, la pasó junto al escritor Jack Dunphy, que fue su pareja de siempre en medio de un tumulto de amantes de Truman entre los que no faltaron desde actores jóvenes hasta técnicos en refrigeración.

Dunphy escribió una obra trascendental “Querido genio – Memorias de mi vida con Truman Capote” en la que describe al Truman que amaba y al Truman concentrado en alcanzar el éxito y sumergido en la bebida y la cocaína.

La de Dunphy es acaso el retrato más íntimo y profundo de Capote del que se desprende que hubo épocas en las que vivieron separados: eso les daba a ambos cierta autonomía afectiva y, a Dunphy, “me ahorraba la angustia de verlo beber y drogarse”. La de Capote parecía, en cambio, una angustia sin límites. 

Su puente de regreso a la niñez había sido bombardeado en 1954 por un hecho brutal: su madre se había suicidado con barbitúricos a los cuarenta y nueve años.

El 15 de noviembre de 1959 dos desconocidos, Dick Hickock y Perry Smith, llegaron a un pueblo que pudo ser el Monroeville de Capote, pero que era Holcomb, casi una aldea vecina a Garden City, Kansas; invadieron en la noche la granja solitaria de Herbert Clutter y asesinaron sin motivos al granjero, a su mujer, Bonnie, y a sus hijos Nancy, de 16 años y Kenyon, de 15. 

Habían creído las mentiras de un antiguo compañero de cárcel que aseguraba que los Clutter guardaban una suma vecina a los quince mil dólares. Fue noticia en el “New York Times” y la revista “Time” le dio al caso apenas una columna en su edición de la semana siguiente, con un título corto de tres líneas y de una síntesis magistral: “In cool blood – A sangre fría”.

Retrato de Truman Capote, un niño eterno cruel, talentoso y ...

Truman olió la gran historia. Años después, en enero de 1966, en un reportaje para Doubleday, frente a George Plimpton, evocaría:

“No lo decidí. Al menos, no inmediatamente. Luego de leer el artículo, de pronto me di cuenta de que un crimen, el estudio de esos asesinatos, podía aportar el contexto amplio que necesitaba para escribir el tipo de libro que quería escribir. Además, siendo el corazón humano lo que es, el asesinato era un tema con pocas probabilidades de envejecer con el paso del tiempo. 

Pensé en la noticia durante todo aquel día de noviembre y el día siguiente; y me dije a mí mismo: ¿por qué no este crimen? El caso Clutter. ¿Por qué no empacar y viajar a Kansas para ver qué pasa? ¡Claro que era un pensamiento atemorizante! Llegar sólo a un pueblo pequeño y extraño, estremecido por un caso no resuelto de asesinato múltiple.

De todas maneras, que las circunstancias del caso resultaran poco familiares -geográfica y atmosféricamente- lo hacía más tentador todavía. Todo resultaría fresco: el acento y la actitud de la gente, el paisaje, el clima. Consideraba que todo eso no haría más que agudizarme la vista y afinarme el oído.”

En “New Yorker” también habían olido la gran historia dado que tenían al hombre para contarla. Le dieron dos opciones a Truman que, un par de días más tarde, pidió consejo a su amiga Slim Keith.

Le confesó: “Me dieron a elegir entre salir por Manhattan con una empleada doméstica por hora que jamás ve a los dueños de los departamentos en los que trabaja, o ir a Kansas a cubrir el asesinato de una familia. ¿Qué hago?” La respuesta de Keith, sin imaginar lo que implicaba, fue: “Truman, hacé lo más sencillo: andá a Kansas”.

Y Truman fue, acompañado de su fiel amiga de Monroeville, Harper Lee. En 1966 le dijo a Doubleday: “Al final, no viajé solo. Fui con Harper Lee, mi amiga de toda la vida. Es una mujer muy talentosa, cálida y valiente. Tiene una capacidad para conmover instantáneamente a la gente, por más sospechosa o parca que sea.

Había terminado recientemente su primera novela, “Matar a un ruiseñor”, y sin demasiado por hacer, resolvió acompañarme en el papel de asistente de investigación. Si hubiera advertido entonces lo que me deparaba el futuro, jamás me hubiera detenido en Garden City. Habría continuado manejando”.

Así fue como nació “A sangre fría”, una tragedia griega, una gigantesca investigación de seis años en los que Capote vivió en Kansas, reconstruyó la historia de los Clutter y de sus asesinos, pintó con el pincel de Tolstoi la aldea estadounidense inmersa en la Guerra Fría, entrevistó a los criminales, se sintió atraído por uno de ellos, Dick Perry, y que sólo terminó cuando Capote, como testigo, vio la ejecución de los dos criminales en la horca, el 14 de abril de 1965.

El verdadero nombre del autor de «Plegarias atendidas» era Truman Streckfus Persons

Si Truman se enamoró o no del asesino Dick Perry, se llevó el secreto a la tumba. Su atracción, en todo caso, estuvo ceñida a cierta identificación en la historia personal del asesino de los Clutter con su propio historia; tal vez haya sido otra de las piedras del puente de retorno de Capote a su niñez.

Si Holcomb, el pueblo de los Clutter, pudo ser el Monroeville de Capote, tal vez Truman bien pudo ser Perry. En aquel reportaje de 1966 reconoció:

“Creo que Perry hizo lo que hizo por lo que él mismo sostiene. Su vida fue una acumulación permanente de desilusiones y retrocesos, y de pronto se encontró, aquella noche, en la casa de los Clutter, en un callejón psicológico sin salida. Los Clutter era un símbolo perfecto de todas sus frustraciones de vida. Como Perry mismo afirmó: ‘No tenía nada en contra de ellos y nunca me hicieron nada, como sí me hicieron otros en mi vida. Tal vez ellos eran los que debían pagar por todo’”.

Ese gigantesco fresco norteamericano que es “A sangre fría”, mezcla de realidad y ficción, dio origen a una nueva ciencia estilística en la narración periodística: “non fiction” la llamaron entonces los americanos y aún sigue vigente, aunque cada vez con menos exponentes.

 Y el padre de esa criatura, aquel que ansiaba sobre todo fama y éxito, trepó entonces a lo más alto de una pirámide que albergaba en su vértice a millonarios, políticos, intelectuales, actores y actrices símbolos de la época y, sobre todo, a la altísima sociedad estadounidense. Todos recibieron a Truman como a un niño mimado, travieso, obstinado, escandaloso, acaso algo peligroso pero manejable.

Fue un enorme y riesgoso error de percepción por ambas partes. Ni Truman era por entero la persona a la que veían, ni aquella “high society” había acunado a Truman como Truman pensaba que lo habían acunado. El escritor famoso ya deambulaba como un funámbulo, harto de alcohol y drogas, fidelísimo a sus definiciones talladas con un hacha: “Soy alto como una escopeta e igual de ruidoso”.

 Lo de la escopeta era verdad, medía un metro cincuenta y cinco. Y lo del ruido era la búsqueda de una madurez que jamás llegó y que había quedado atada al ancla inerte de sus ambiguos sentimientos hacia su madre, que también había caído en el alcohol antes de su temprano suicidio. Nadie le dijo a Truman que no tirara demasiado de la cuerda, que era lo que a Truman más le gustaba.

Capote había elegido una frase de Santa Teresa de Jesús para su siguiente obra. Teresa aseguraba que siempre se derraman más lágrimas por las plegarias a las que Dios atiende, que frente a las olvidadas por Su misericordia. En 1975 Truman publicó “Plegarias Atendidas”, que contenía un espejo brutal de la sociedad de exclusivos que le había abierto las puertas de sus mansiones y le había confiado sus secretos. 

Truman fue despiadado, crudelísimo, brutal e impiadoso con sus retratados. Quién sabe si aquella frase resentida y vengativa de Perry, el criminal, “tal vez ellos eran los que debían pagar por todo” no retumbaba en Truman en el momento de escribir “Plegarias…”

Estuvo en pareja con Jack Dunphy quien escribió “Querido genio – Memorias de mi vida con Truman Capote”

Fue un desastre y Capote sucumbió en él. Una de las mujeres cuya historia revelaba el libro, con un nombre de ficción que apenas simulaba su nombre real, su suicidó con barbitúricos. Un dato estremecedor rodeaba ese suicidio: la mujer había usado para matarse el mismo fármaco que había usado la madre de Capote.

 Las puertas de aquel mundo que se habían abierto a su genio, se cerraron ahora ante su crueldad. Los aterrados llamados telefónicos que Truman dirigió a los ofendidos no fueron contestados, sus plegarias no fueron atendidas, la mezcla de ficción y realidad había traspasado las fronteras. El juego había terminado.

Uno de sus amigos diría después: “Desde que escribió “Plegarias atendidas”, Truman nunca volvió a ser feliz”. Fue peor que eso: Truman nunca volvió a escribir, salvo “Música para camaleones”, en 1980.

Después, los años pasaron veloces y vacíos, entre el desenfreno de fiestas que presumían de millonarias, en el vértigo de las discotecas de moda, la legendaria “Studio 54″ de Manhattan lo tuvo entre sus clientes exclusivos, y entre conferencias y charlas en institutos y universidades prestigiosas, muchas de ellas anuladas sin embargo con un razón que sonaba a epitafio: “Por ebriedad evidente e incoherencia del escritor”.

Su intento por terminar de cruzar el puente lo llevó a intentar controlar el alcohol y la droga que rasgaban su cuerpo atacado también por la epilepsia. No pudo, como tampoco pudo abarcar el desierto de su enorme soledad. Recibió el año nuevo de 1983 en el hospital de Southampton de Nueva York. 

Después deambuló de hospital en hospital, Nueva York, Suiza, Miami, sin hallar una institución que se hiciese cargo de un paciente incontrolable. Su médico, Bertram Newmann, fue tan brutal como su paciente cuando escribía. Le dijo: “Truman, si se endereza tiene muchos, muchos años por delante. Pero si va a seguir por este mismo camino es mejor que se pegue un tiro en la boca.”

Truman ni se enderezó, ni se pegó un tiro. Eligió dejarse ir.

A los 24 años publicó su primera novela: “Otras voces, otros ámbitos”. Allí habló en forma abierta de la homosexualidad y contó parte de su infancia difícil

El 25 de agosto de 1984, en la mansión de Bel Air, Los Ángeles, donde vivía Joanna Carson, la esposa del animador Johnny Carson, Truman despertó pálido y agitado, agotado también. Si sabemos cómo fueron sus últimas horas, es gracias al testimonio de su amiga Joanna que pensó que un buen desayuno californiano podía reanimarlo. 

Pero Truman no la dejó irse de su lado. Habló. Durante tres, cuatro horas, habló de su vida, en especial de su madre. No había bebido. Sólo necesitaba hablar. La autopsia dijo que no había rastros de alcohol en su sangre. En cambio, sí había tomado Valium y Dilantin, y Codeína y Tylenol, y otras dos o tres marcas diferentes de drogas.

Joanna contó luego que quiso llamar a los médicos, pero que Truman no se lo permitió: “Joanna, no quiero volver a pasar por todo eso. Si te importo algo, no hagas nada. Déjame ir”. Minutos después, su voz se hizo un susurro. Dijo cuatro últimas palabras: “Mamá, mamá” y “Siento frío”.

Truman Capote murió a las 12.21, por fin del otro lado del puente.

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