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Así se comporta el cerebro cuando estamos enfermos…


Así se comporta el cerebro cuando estamos enfermos

The Conversation(F.J.E.Ruiz) — Si nos dicen que vamos a pillar un gripazo, lo primero en lo que pensamos es en los síntomas físicos: los dolores musculares, la tos y la fiebre.

Sin embargo, lo que realmente nos hace sentir pachuchos es el cansancio extremo, la apatía, la irritabilidad y esa niebla mental que parece que se va a quedar con nosotros para siempre.

A este conjunto de síntomas se le conoce como el comportamiento de enfermedad y, aunque es desagradable, tiene un propósito importante.

Se ha descubierto que los síntomas que sufrimos durante una infección viral o bacteriana no son simplemente efectos colaterales de la enfermedad, sino que cumplen una función beneficiosa: permiten a nuestro cuerpo redirigir su energía hacia la lucha contra los patógenos que nos han invadido. En otras palabras, nos sentimos mal para poder estar bien.

No obstante, el comportamiento de enfermedad también puede ser un efecto secundario no deseado en pacientes con cáncer o enfermedades autoinmunes. Estas personas reciben tratamientos con fármacos que incluyen moléculas inmunitarias conocidas como interferones.

Los interferones son producidos y liberados por nuestras células del sistema inmune cuando sufrimos una infección, pero su uso terapéutico puede desencadenar estos síntomas desagradables.

– La barrera hematoencefálica

¿Cómo afecta la enfermedad a la función del cerebro y a nuestro estado mental?

Para intentar responder a la anterior pregunta, primero hemos de presentar a la barrera hematoencefálica, una estructura compleja cuya principal función es proteger a las células del cerebro.

La barrera hematoencefálica es un sistema de protección que impide que la mayoría de los patógenos y moléculas inmunitarias entren en el cerebro. Durante mucho tiempo se pensó que esta barrera también bloqueaba las señales del sistema inmunológico. Sin embargo, hoy día se conoce la existencia de toda una serie de mecanismos que permiten que ciertos mensajeros crucen la barrera e influyan en el comportamiento.

– Lo que nos dicen los ratones

Con el fin de esclarecer cómo una infección puede dar lugar al comportamiento propio de la enfermedad, un grupo de investigación alemán llevó a cabo un estudio en el que expuso a ratones a un virus que causa una breve patología.

A continuación, evaluaron los efectos del patógeno en el comportamiento utilizando una prueba estándar para detectar depresión en roedores. Esta prueba, conocida como el laberinto acuático de Morris, consiste en colocar a los animales en un recipiente con agua donde deben nadar hasta encontrar una plataforma que les permita salir.

Por lo general, los ratones sanos luchan hasta conseguirlo, pero los animales deprimidos se rinden rápidamente y se ponen a flotar. Aquí viene lo más interesante: los ratones infectados con el virus pasaron casi el doble de tiempo flotando, lo que sugiere que el virus estaba alterando su comportamiento; es decir, estando enfermos se deprimían notablemente.

En este estudio se detectó que el virus inducía a los ratones a producir un tipo de interferón, el interferón-β, una molécula inmunológica que, a su vez, estimula a otras moléculas receptoras que se sitúan en estructuras que forman parte de la barrera hematoencefálica.

– Genética y comportamiento de enfermedad

Así se comporta el cerebro cuando estamos enfermos - LA NACION

Para determinar si estos receptores localizados en la barrera hematoencefálica desencadenan el comportamiento de enfermedad, los investigadores compararon ratones normales con animales genéticamente modificados que carecían de estos receptores.

Después, activaron en los ratones las mismas respuestas inmunitarias que los virus y los sometieron a la prueba de flotación.

En ella, los ratones modificados tardaron aproximadamente un 50 % menos de tiempo en encontrar la plataforma que los ratones normales, lo que sugiere que los primeros son mucho menos vulnerables a la depresión al no portar el receptor.

– El papel de CXCL10 en el cerebro

Como hemos comentado, los investigadores consiguieron identificar dos partes de un mecanismo que transmite señales inmunitarias a través de la barrera hematoencefálica: el interferón-β y los receptores a los que estimulaba. Sin embargo, aún era necesario determinar qué molécula, en esta cascada de señales, causaba los cambios en el cerebro.

Descubrieron que, en respuesta al interferón-β, las células de los vasos sanguíneos producen otra molécula: el CXCL10, que tiene conocida actividad inflamatoria en la artritis reumatoide.

Cuando se midió la actividad eléctrica de las neuronas del hipocampo, una parte del cerebro que ayuda a formar recuerdos y también influye en nuestras emociones, el grupo de investigación detectó que el CXCL10 alteraba las respuestas de las neuronas de modo que podría reducir la capacidad de aprendizaje de los animales. Así, pudieron explicar a nivel celular y electrofisiológico la base del comportamiento de enfermedad.

Una implicación importante de este trabajo es que abre puertas para encontrar formas de detener el comportamiento de enfermedad en pacientes con cáncer o enfermedades autoinmunes que reciben tratamiento con interferones.

Con todo, lo que nos queda claro es que la sensación de estar enfermo no es simplemente una molestia sin propósito. Los síntomas que experimentamos son una parte vital de la respuesta de nuestro organismo a las infecciones, que permite que el sistema inmune se concentre en combatir a los invasores.

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Pequeñas observaciones sobre el fin del mundo, que ya viene…


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Imagen promocional de El planeta de los simios, 1968

JotDown(A.V.Frances) — Este curso he tenido un alumno que me ha dicho que quería estudiar Historia. Es un chaval normal, majo, optimista y esperanzado en el futuro en general y en su futuro en particular —cosas de la edad, hay que perdonarlo—. Saca buenas notas y podrá estudiar otra cosa. Tiene amigos, en fin, es un estudiante normal, no entiendo como quiere fastidiarse la vida tan pronto.

Estudiar Historia es mancharse las manos de sangre. Una vez te las manchas la primera vez, ya no hay vuelta atrás. Se te acaba todo el optimismo, toda la ilusión por el futuro. Siempre lo digo: si quieres adivinar el futuro, solo tienes que mirar al pasado. Y el pasado siempre es terrible. El pasado siempre es mejor no conocerlo. Por supuesto, es un trabajo inevitable como el de los médicos forenses: hay que analizar las heridas, el rastro de la violencia sobre un cuerpo.

Y alguien tiene que enterrar ese cuerpo. Y si es posible, alguien debería juzgar y condenar, y evitar que se repita lo que ha pasado. Pero la teoría nunca se corresponde con la realidad. Y la realidad es que el trabajo del forense no tiene continuación. Nadie llega al final del proceso que se inicia cuando se descubre el cadáver. Porque si se llegara al final del proceso habría que encontrar a los culpables, y nadie realmente quiere encontrar a los culpables: somos todos.

«No queremos ni podríamos destruirla. Nuestro mayor error sería darle razones poderosas para que quisiera un día tomarse la revancha».

Las predicciones sobre el fin del mundo que aún pueden cumplirse

Son palabras del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson en el momento en que se estaba discutiendo lo que luego sería la Paz de Versalles. Se refiere, claro está, a Alemania, la que los ingleses y sobre todo los franceses consideraban que tenía que pagar muy caro lo que había hecho, es decir, siempre según ellos, ser la principal culpable de la llamada entonces «Gran Guerra», esa guerra que nadie quería repetir nunca.

¿Nadie quería repetir nunca? Pues lo hicieron estupendamente, desde luego. Pero eso es la Historia, eso estudia la Historia: ver cómo los errores se van repitiendo en el tiempo, y como siempre hay alguien que avisa, siempre hay alguien suficientemente lúcido para decir «¡Eh!, por ahí no, por ahí vamos mal», pero nunca le hacen caso.

En realidad los «culpables» de esa guerra ya no estaban en el poder en Alemania. Habían sido alejados del poder por el mismo pueblo que antes había obedecido ciegamente sus órdenes. El Kaiser Guillermo II había tenido que abdicar y se había declarado la República de Weimar, que empezaba con muchos problemas, y que era el primer intento serio de tener un gobierno democrático en Alemania. Necesitaba un poquito de ayuda y de comprensión por parte de los vencedores.

¿La tuvo? No, para nada. El resultado lo podemos ver analizando de qué iban los primeros discursos de Hitler: atacar el Tratado de Versalles. Y le fue bien, le fue bien porque tenía razón. Y tenía razón no únicamente porque era un acuerdo moralmente injusto, que lo era, sino porque también era un castigo imposible de cumplir.

Y eso lo sabía cualquiera que supiera un poco de economía. No hacía falta ser Keynes, el gran economista británico, para saberlo. Aunque lo dijo, sí, él también lo dijo, pero tampoco sirvió de nada.

«No hay que buscar respuestas, hay que buscar culpables», repito muchas veces. Pero no me refiero a los culpables verdaderos, que esos se escapan siempre. Me refiero a cualquier culpable, al que tengamos más a mano, al que peor nos caiga.

Hoy pueden ser los inmigrantes ilegales —que nunca tienen modo de ser legales, por cierto—, en el pasado fueron los judíos, los moriscos, las brujas y los herejes —cualquier hereje sirve—, los cristianos —sí, ya se nos ha olvidado, pero en la Roma imperial, cuando el emperador tenía problemas o pasaba algo, por ejemplo con el incendio de Roma con Nerón, los cristianos eran el «chivo expiatorio» perfecto—, o los vecinos.

Sí, los “vecinos”, así en general, porque todo el mundo tiene vecinos y siempre hay alguno que nos cae mal, o peor que los otros, A mí me hace mucha gracia lo de «envenenar el agua de los pozos». Todos son unos envenenadores. No es el cólera, no es ninguna enfermedad, no, la explicación es muy simple: son los vecinos, los del otro lado de la frontera, que vienen a envenenarnos los pozos por la noche, como si allí, en su país, no estuviera también la gente cayendo como conejos. Pero lo decían, y funcionaba, porque la gente no quiere respuestas: quiere culpables.

Hasta a los curas se les acusó de envenenar los pozos, cuando las guerras carlistas, y eso sirvió para quemar y saquear los monasterios y los conventos. Nada nuevo bajo el sol. A los judíos, antes de matarlos, también se les robaba. Pero pasaba algo más, siempre había alguien que quemaba unos documentos comprometedores, una deuda que no podía pagar, o que no quería pagar.

Y el rey, el supuesto protector de los judíos —en la Castilla de la Edad media, cuando los judíos eran sus prestamistas y sus aliados contra los nobles—, pues miraba para otro lado. Luego pillaba a unos cuantos pobres desgraciados, los mandaba ahorcar y asunto solucionado. Se había hecho justicia.

No: simplemente el rey había demostrado que seguía en su sitio, en su trono, y que todo podía continuar como siempre.

Y continuaba, por supuesto, porque si las cosechas eran malas, si el pueblo estaba agobiado por los impuestos, alguien tendría que pagar por ello, y ese alguien debía ser débil y odioso, —o odiable, es decir: que se le pudiera aplicar eso que el miserable inteligente de Goebbels llamaba «el principio del enemigo único»: alguien a quien se pudiera echar la culpa de todo, de cualquier cosa, sin necesidad de ninguna prueba, sin que esa persona o grupo tuviera la menor oportunidad de defenderse.

Cada vez estamos más cerca del fin del mundo | GQ

Así ha funcionado el mundo durante muchos milenios, y ha ido bien, ha ido bien para los que tenía que ir bien: los de arriba. Los de abajo nunca han importado lo más mínimo.

El problema fundamental es que esto ya no funciona, porque hasta ahora el hombre podía destruir el planeta tanto como su capacidad de destrucción lo permitiera. Durante siglos la población creció lentamente, y la presión sobre la naturaleza era, pese a todo, soportable para ésta.

Y eso ya no es así, ni lo será nunca más —a no ser que de repente desaparezca la mitad de la especie humana, cosa que esperemos que no ocurra, aunque si no queremos que eso ocurra, entonces tendremos que buscar una solución, y si algo demuestra la Historia es que buscar soluciones no es el punto fuerte del ser humano—. Somos muchos y nuestra capacidad de destrucción ha aumentado salvajemente.

Pero seguimos actuando como actuábamos hace mil años, o dos mil años, o tres mil años. En la llamada «crisis de la patata», en la Irlanda del siglo XIX, medio país, los que no se habían muerto de hambre, se largó a otros continentes. En el siglo XIX quedaba mucho espacio «libre» para el hombre blanco —los nativos no importaban en absoluto, eran una pequeña molestia, como la fauna local, algo que se solucionaba con buenas armas, o, en el caso de los reyezuelos locales, con diplomacia, la misma diplomacia que sabían usar perfectamente los romanos del siglo II antes de Cristo, por poner un ejemplo, cuando pactaban con los jefes íberos—.

Ahora sabemos que el mundo es pequeño y los recursos se agotan. Pero actuamos como si el mundo fuera infinito y los recursos inagotables. ¿Y cuándo hay problemas? Bueno, ya lo he dicho, no hay que buscar soluciones, hay que buscar culpables…

nuestras charlas nocturnas.

El embalsamador corrupto que hizo que el cadáver de un papa explotara en su ataúd…


El Papa mirando un pájaro, que sostiene en la mano.

abc historia(M.P.Villatoro) — El 6 de octubre de 1958 arrancó la breve agonía de Pío XII, un Papa al que su turbia participación en la Segunda Guerra Mundial le rodeó de Leyenda Negra. Desde que se despertó, el Sumo Pontífice empezó a sentirse mal. Los mareos se multiplicaron y, al final, decidió quedarse en la cama y esperar a la llegada de los médicos vaticanos.

El carrusel de doctores arrancó minutos después: tres de ellos se personaron raudos, y a ellos se sumó, al poco, el cirujano experto en medicina regenerativa Paul Niehans. Eran, sobre el papel, lo mejor de lo mejor; lo ideal para el máximo representante de Dios en la Tierra.

Pero no sirvió de nada. Apenas unas horas después, su salud se deterioró todavía más. Ya solo era cuestión de tiempo, así que los más allegados de Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli se conjuraron para acompañarle durante sus últimos momentos antes de ascender al cielo.

En la habitación de su residencia en Castel Gandolfo, Italia, estaban tres monjas de su máxima confianza, su secretario personal –el jesuita Robert Leiber– y Monseñor Tardini.

La situación era tan pésima que este último le dio la Extremaunción a lo largo del día 7. El Papa, con todo, no perdió la lucidez, y hasta recuperó por un momento las fuerzas y quiso levantarse para trabajar. Poco le duró.

– Traidor

En mitad de aquellos momentos oscuros, los más tristes para la Iglesia Católica, un hombre al que el Papa había considerado en otros tiempos de su entera confianza pergeñaba sus propias maquinaciones.

Gafas grandes, bigote poblado, pelo peinado hacia atrás… Riccardo Galeazzi-Lisi, ‘Archiatra Pontificio’ –forma ceremonial de denominar al médico de cámara del Sumo Pontífice desde la época del Imperio romano–, asió una cámara de fotos, la escondió bajo la chaqueta y accedió al interior de la habitación en la que Pío XII agonizaba.

Carente de escrúpulos, y sin mediar palabra con los presentes, hizo varias instantáneas al hombre que le había promocionado desde 1939, cuando no era más que un galeno de medio pelo.

Lo suyo no fue un arrebato, sino la constatación de una codicia exacerbada; de esas que casi da ganas de vomitar. A Galeazzi-Lisi, revistas como ‘París Match‘ y varias editoriales italianas le habían prometido nada menos que 3.200 dólares a cambio de las instantáneas, amén de unos 20.000 más por narrar sus intimidades con el muerto.

La veintena de tomas fueron hechas a escondidas; en ellas se ve al Papa de perfil, tumbado en la cama, casi sin vida, con los ojos cerrados y una cánula de oxígeno en la boca. ‘Clac, clac, clac’. Después, se marchó de la sala tan rápido como había llegado para no levantar sospechas. Atrás dejó al que, durante décadas, había sido su máximo valedor en el Vaticano.

Lo de Galeazzi-Lisi ni tuvo ni tiene nombre. Este oftalmólogo ascendió hasta la poltrona médica por la gracia de Pío XII cuando la Segunda Guerra Mundial sacudía Europa e Italia. Y eso que nunca fue un ejemplo de caridad cristiana ni de rectitud moral.

Se sabe que contaba con una extensa lista de deudas de juego y que, durante la última etapa de su vida, el mismo Papa dejó de dirigirle la palabra al percatarse de que había aireado muchos de sus secretos personales a la prensa. Aunque se negó a desterrarle de la ciudad santa. «No deseo darle notoriedad ni avergonzar a nadie…

Si quiere permanecer en el Vaticano, que lo haga, pero de tal modo que yo no le vea», afirmó.

Vaticano, 1958. El Papa Pío XII. Su última fotografía en color, tomada camino de Castel Gandolfo

El ‘Archiatra Pontificio’ fue como un fantasma a partir de entonces, pero uno muy molesto. Además de sacar las fotografías del cadáver, se sabe que llegó a un acuerdo con el periodista de una conocida agencia de noticias para informarle, en primicia, de la muerte de Pío XII.

El acuerdo era sencillo: engrosar su cuenta corriente a cambio de que, cuando el Papa hubiera expirado, el médico levantara una de las ventanas de la residencia como señal. Con lo que no contó el avaricioso galeno fue con las altas temperaturas que golpeaban Roma aquellos días.

El 8 de octubre, alguien alzó los cristales y el error provocó el caos. Varios medios se adelantaron e informaron antes de tiempo: «Il papà è morto».

Pero al Papa todavía le quedaban algunas horas. Tal y como afirma N. Castro en ‘La salud de los papas: medicina, complots y fe’, pasó una última noche larguísima y terrible. Ya no cabían milagros. Pío XII, el hombre que había salvado a cientos de judíos de las garras del nazismo, pero había callado también ante el Holocausto, expiró su último aliento a las 3:50 del jueves 9 de octubre de 1958.

El encargado de corroborar su muerte fue el doctor Antonio Gasbarrini. A nivel oficial, dejó este mundo aquejado de un «trastorno circulatorio». Y parece que acertó, pues ya había sido tratado de este mal en varias ocasiones.

– Misteriosa explosión

Todavía le quedaba una última jugarreta al doctor. Tras la muerte de Pío XII, los ritos vaticanos siguieron el proceso normal. Entre ellos se hallaba el embalsamamiento; en la práctica, la apertura del cadáver y la extracción de los órganos del Sumo Pontífice para evitar la putrefacción.

Todavía hoy, solo existe una forma de que el Papa escape a esta práctica: que especifique a lo largo de su vida que no está dispuesto a consentirla.

Y, según esgrimió Galeazzi-Lisi ante la familia, su paciente había reiterado en varias ocasiones su aversión al proceso. Convencido de ello, el galeno se presentó ante el cardenal Tisserant, la suprema autoridad de la Iglesia por la falta de Camarlengo, y le ofreció una curiosa alternativa.

Galeazzi-Lisi afirmó que conocía un proceso elaborado por uno de sus colegas –un tal Oreste Nuzzi– que no requería la extracción de los órganos vitales del fallecido. A su vez, y tal y como explicó ABC en sus páginas de la época, arguyó que la llamada «ósmosis aromática» era una práctica similar a la que se había llevado a cabo con el cuerpo de Jesucristo tras su muerte y que evitaba, además, la rigidez típica del embalsamado egipcio.

Su máxima era que no era necesario más que introducir el cadáver en una mezcla de aceites y hierbas aromáticas para, a continuación, envolverlo en plástico durante un día entero. Aquello impediría que la putrefacción le venciese.

Riccardo Galeazzi-Lisi

La madre Pascualina Lenhert, entre las más cercanas a Pío XII, se negó en principio a ello, pero, al final, las autoridades del Vaticano pasaron por el aro. El resultado fue un desastre con mayúsculas. Después del proceso, en la cara del fallecido salieron una ingente cantidad de arrugas.

No fue lo único: el cabello se le encaneció, una extraña sustancia negra salió por los orificios de su cara y el vientre se le hinchó por la acumulación de gases. Lo peor fue la peste que empezó a emanar el cuerpo. Según explica José María Zavala en ‘Papas, tras los muros del Vaticano’, el «hedor era insoportable» y los guardias «apenas podían contener las arcadas». Hubo que redoblar las guardias para evitar el desastre.

Aunque lo peor llegó durante el traslado del cuerpo hasta la basílica de San Pedro. La solución que aportó el médico para evitar la peste fue introducir a Pío XII en un féretro y envolver este en celofán. Pero aquello no evitó que, a lo largo del trayecto, la cavidad torácica del Papa explotara con un sonoro estruendo.

Al parecer, debido al cóctel formado por el calor que regaba el Vaticano y los gases emanados por el cuerpo. Así lo explica Martín Caraega en ‘Pontifex Maximus’: «Cuando la carroza funeraria hizo un alto en la Basílica Laterana para el primer rito funerario, un desconcertante ruido como de un pequeño petardo se escuchó dentro del ataúd y provocó que se abriera».

A su llegada a la Iglesia, la pareja de médicos se vio obligada a reconstruir al fallecido, embalsamarlo de nuevo y ponerle una máscara de cera para que los presentes no vieran que su piel se había vuelto negra. Y eso, por no hablar del perenne hedor.

Si Galeazzi-Lisi ya estaba en el punto de mira, aquello le dio la puntilla definitiva. La Santa Sede dejó caer toda su furia contra él. Para empezar, contrataron a un detective para confirmar que las fotografías que se estaban subastando a la prensa habían sido hechas por él. Y, tras corroborarlo, acudieron en su busca.

«Se le conminó a entregar la película y, tras una denuncia, fue expulsado del Colegio de Médicos de Italia», explica Eric Fratinni en ‘Secretos vaticanos’. Para colmo, el papa Juan XXIII ordenó su destierro y el de todos sus descendientes. En la práctica, le prohibieron pisar el suelo de la ciudad. Al final, acabó sus días ejerciendo en la frontera francoitaliana.

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Las dos veces que se afeitó la reina de Inglaterra…


Historias de la historia(J.Sanz) — La más conocida de todas tiene que ver con el «God save the Queen» – aquí tenéis el origen del himno británico – y el grupo punk Sex Pistols.

El sencillo «God save the Queen» fue lanzado por el grupo el 27 de mayo de 1977 y fue considerado como un ataque a la Corona Británica y, en particular, a la Reina Isabel II.

La letra de la canción tiene perlas como «Dios salve a la Reina y a su gobierno fascista; te han convertido en un idiota […] no hay futuro en el sueño de Inglaterra«.

Además, y para rematar la faena, parece ser que John Lydon, el vocalista del grupo, cuando actuaba en directo cambiaba una palabra de la letra de la canción: decía shave en lugar de save y convertía el «God save the Queen» (Dios salve a la Reina) en «God shave the Queen» (Dios afeite a la reina).

La segunda ocasión fue anterior y es mucho menos conocida. Tuvo lugar en el siglo XVII durante el reinado de Carlos II de Inglaterra y en esta ocasión la reina afeitada fue Catalina Enriqueta de Braganza.

Con la restauración de la monarquía en 1660, en la figura de Carlos II, Inglaterra experimenta un enriquecimiento cultural (literatura, teatro…) y científico (creación de la Royal Society).

El rey era un gran aficionado al teatro, de hecho fue el protector de John Wilmot, segundo Conde de Rochester, tan buen autor teatral como amante… por el número de amantes masculinos y femeninos que tuvo. Dejó escrito:

Que me den salud, riqueza, vino y alegría
y si el revoltoso amor os asedia
conozco a un hermoso paje
que al caso es mejor que cuarenta fregonas.

Aunque algunas mujeres comenzaban a despuntar en el mundo de la farándula, de hecho el rey tuvo como amante a una de las más reconocidas… Nell Gwynn, los hombres eran los protagonistas principales y muchas veces también interpretaban los papeles femeninos.

En cierta ocasión, los reyes asistieron al estreno de una obra en la que uno de los papeles representados era el de la reina de Inglaterra.

Tras varios minutos de espera, el rey hizo llegar un mensaje al director de la compañía preguntado la causa del retraso; como la excusa que le diron le pareció más que peregrina se presentó en persona para pedir explicaciones.

El director, nervioso y sudoroso, le preguntó si podía decirle el verdadero motivo. Se lo exijo – le contestó el rey -. Se acercó a al oído, para que no le oyese la reina, y le dijo:

Es que la reina todavía se está afeitando.

Dicen que nunca vieron al rey reír tan a gusto.

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El pequeño país que tiene la tasa de suicidios más alta del mundo…


Lineo Raphoka
Lineo Raphoka dirige un grupo de apoyo a personas con problemas de salud mental que han pensado en suicidarse.

BBC News Mundo — Desde la carretera principal hasta la casa de Matlohang Moloi, de 79 años, hay una empinada cuesta a través de las montañas que hacen de Lesoto uno de los países más altos del mundo.

Esta madre de 10 hijos me recibe en su cuidada casa y me muestra fotos de su numerosa familia.

Estoy aquí para hablar de uno de sus hijos: su primogénito, Tlohang.

A los 38 años pasó a formar parte de una estadística sombría. Lesoto, apodado el reino en el cielo por lo elevado que está, alberga la tasa de suicidios más alta del mundo.

«Tlohang era un buen hijo. Me habló de sus problemas de salud mental», dice Moloi.

«Incluso el día que se quitó la vida, vino a mí y me dijo ‘madre, un día oirás que me he quitado la vida’.

«Su muerte me dolió mucho. Realmente desearía que hubiera podido explicar con más detalle lo que le pasaba. Pero le preocupaba que si le decía a la gente, pensarían que era una persona débil incapaz de resolver sus propios problemas».

La identificación de Tlohang
Tlohang no habló de sus problemas mentales.

Según la Organización Mundial de la Salud, 87,5 personas por cada 100.000 habitantes se quitan la vida cada año en Lesoto.

Esa cifra es más del doble que la del siguiente país en la lista, Guyana, en Sudamérica, donde la cifra es de poco más de 40 por cada 100.000.

También es casi diez veces el promedio mundial, que se sitúa en nueve suicidios por cada 100.000 personas.

Se trata de una estadística que las ONG, como HelpLesotho, están decididas a cambiar, equipando a los jóvenes con las habilidades necesarias para gestionar su salud mental.

– Terapia de grupo

En la ciudad de Hlotse, a unas dos horas en auto de la capital, Maseru, participo en una de las sesiones habituales de terapia de grupo para mujeres jóvenes que dirige la trabajadora social Lineo Raphoka.

«La gente piensa que va en contra de nuestros principios, nuestras experiencias culturales, nuestra espiritualidad como africanos y como comunidad en general», le dice Patience, de 24 años, al grupo.

«Pero también estamos escondiendo lo que está sucediendo. He perdido a tres amigos por suicidio. Yo misma lo intenté».

Matlohang Moloi en su casa
Matlohang Moloi es una de las muchas personas que viven en Lesoto y que están lidiando con el dolor de perder a alguien que se suicidó.

Todos aquí han tenido pensamientos suicidas o conocen a alguien que se ha suicidado.

Ntsoaki, de 35 años, se emociona mientras le cuenta al grupo su historia. Fue violada en el hospital.

«El médico me dijo que era muy atractiva. Luego sacó un arma y me dijo que quería tener placer conmigo y que si no lo hacía me mataría.

«Pensaba en el suicidio y que era la única solución. No podía hacerlo, no tenía fuerzas para hacerlo. Lo único que me mantenía en movimiento o con vida eran los rostros de mis hermanos. Ellos creen que soy fuerte, pero soy débil», relata.

El grupo le asegura que es fuerte por compartir sus sentimientos.

Cuando termina la sesión, todas las mujeres conversan y sonríen, diciendo que se sienten mejor al compartir sus historias.

Las razones por las que las personas se quitan la vida suelen ser complicadas y es difícil aislar una sola causa.

– Patrones que ayudan a entender

A pesar de eso, Raphoka dice que ve patrones que explican por qué Lesoto tiene una tasa de suicidio tan alta.

«La mayoría de las veces son personas que pasan por situaciones como violación, desempleo, pérdida de alguien querido. Abusan de las drogas y el alcohol».

Según un informe de World Population Review de 2022, el 86% de las mujeres en Lesoto han sufrido violencia de género.

Mientras tanto, el Banco Mundial dice que dos de cada cinco jóvenes no tienen empleo ni educación.

«No reciben suficiente apoyo de sus familias, amigos o cualquier tipo de relación que tengan», continúa Raphoka.

Es algo que se oye a menudo en Lesoto. La gente dice una y otra vez que no se siente cómoda hablando de su salud mental y que otros podrían juzgarlos.

Una noche, sentado en un bar en Hlotse, donde la clientela masculina bebe cerveza local y charla sobre política mientras se ve fútbol en la televisión, dirijo la conversación hacia la salud mental.

«Hablamos de ello, decimos: abrámonos», me dice Khosi Mpiti.

Khosi Mpiti y sus amigos hablan con la BBC.
Khosi Mpiti (izq.) dice que los hombres están mejorando a la hora de darse apoyo mutuo.

Algunos temen que, si revelan demasiado, puedan generar chismes sobre ellos. A pesar de ello, Mpiti afirma que las cosas están mejorando.

«Como grupo [de amigos] nos apoyamos mucho. Si tengo un problema, se lo digo al grupo y nos apoyamos mutuamente».

Sin embargo, cuando las personas buscan ayuda profesional, se enfrentan a un sistema de salud pública en dificultades.

La única unidad psiquiátrica del país fue criticada el año pasado por el Defensor del Pueblo, un funcionario cuyo trabajo es velar por los intereses públicos, por no haber contado con un psiquiatra desde 2017.

También destacó los abusos generalizados, incluidas «condiciones de vida que violan los derechos humanos».

Anteriormente tampoco existía una política nacional de salud mental para hacer frente a la crisis, aunque el gobierno, elegido en octubre de 2022, dice que está en proceso de redactar una.

«El problema de salud mental se ha convertido en una pandemia», admite Mokhothu Makhalanyane, parlamentario que dirige un comité que se ocupa de cuestiones de salud.

El diputado Mokhothu Makhalanyane dice que acabar con el estigma marcará una gran diferencia.

«Nos estamos asegurando de que se intensifique la promoción y el mensaje llegue lejos, desde la escuela primaria hasta las escuelas secundarias y los lugares donde se reúnen los jóvenes, como los torneos de fútbol«, le dice a la BBC.

«La política también será específica en términos de tratamiento y permitirá a los afectados acudir a rehabilitación».

También dice que Lesoto puede aprender de su batalla contra el VIH/sida.

– Hablar abiertamente

En 2016, Lesoto se convirtió en el primer país en introducir una estrategia de «prueba y ensayo», lo que significa que las personas pueden comenzar el tratamiento tan pronto como reciben el diagnóstico. Las tasas de infección del virus han disminuido constantemente.

«La experiencia que tuvimos es que hablar abiertamente y no culpar ni criticar a la gente por su situación ayudó a cambiar las cosas».

De regreso a las montañas, Moloi realiza una corta caminata para llegar a la tumba de Tlohang.

La señora Moloi junto a la tumba de su hijo, Tlohang.
El hijo de Matlohang Moloi está enterrado a pocos pasos de su casa.

Su lugar de descanso final es un terreno con una vista impresionante, salpicado de arroyos, vegetación y pequeñas casas.

Moloi es una de las muchas personas que viven en Lesoto que están lidiando con el dolor de perder a alguien que se suicidó.

Mientras contemplamos la vista, dice que tiene un mensaje para aquellos que se encuentran en el mismo espacio mental que su hijo.

«Le diría a la gente que quitarse la vida nunca es una solución. Lo que tienes que hacer es hablar con las personas que te rodean para que puedan ayudarte«.

nuestras charlas nocturnas.

La risa nos hace humanos…


La risa nos hace humanos

The Conversation(N.Ruiz) — Uno de los grandes temas de la filosofía es la pregunta por nosotros mismos.

A la cuestión “¿qué nos hace humanos?”, una larga tradición filosófica, que abarca toda la Antigüedad occidental hasta el erudito Isidoro de Sevilla (siglo VII), su brillante epílogo, responde con la antropofilosófica teoría del homo risu capax, según la cual lo propio y más exclusivo del ser humano es su capacidad para reír.

Así lo expone el hispalense en Etimologías, su obra cumbre, donde afirma que “el hombre es un animal racional, mortal, terreno, bípedo”, a lo que añade:

“Incorporamos en último lugar lo que le es exclusivo: su capacidad de reír, dado que la risa solo es propia del hombre”.

– La teoría del homo risu capax en la Antigüedad

Esta teoría tiene su origen filosófico en Pitágoras de Samos. Según el filósofo griego Jámblico, para Pitágoras la risa es, “frente a los demás seres vivos, propia del hombre –algunos lo definen como un ser propenso a la risa–”, dado que es la capacidad para reír la que marca la “distinción y diferenciación”.

En idéntico sentido, Aristóteles afirma en Partes de los animales que “la causa de que solo el ser humano tenga cosquillas no es solo la finura de su piel, sino también que el hombre es el único animal capaz de reír”.

Por su parte, el teólogo Clemente de Alejandría dice en El pedagogo: “No porque el hombre sea un animal que ríe debe uno reírse de todo”, aceptando al ser humano como risv capax. Y afirma el filósofo sirio Porfirio en Isagoge: “Ser capaz de reír se predica solo del hombre”. Según él, lo propio “es aquello en lo que se reúnen convenir a una sola [especie], a toda y siempre, como al hombre ser capaz de reír, pues, aunque no ría siempre, se dice, sin embargo, que tiene esta capacidad (…) de manera innata”.

Igualmente, Agustín de Hipona, en Del libre albedrío, sostiene que bromear y reír son “actos propios del hombre”, aunque sean dos de “sus más ínfimas perfecciones”.

– Censura filosófica de la risa

La capacidad para la risa también fue pensada en la Antigüedad desde un punto de vista ético.

Entre los censores, destacan los propios pitagóricos, según esgrime el historiador Diógenes Laercio en Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres cuando dice que una de las prescripciones pitagóricas era “no dejarse dominar por la risa”. También el ya mencionado Jámblico afirma que entre los más arcanos mandatos pitagóricos uno reza “no te entregues a una risa irresistible”, dado que la risa, para Pitágoras, es la “representante de todas las pasiones”.

Platón, en La República, sentencia: “Es inaceptable que se presente a hombres de valía dominados por la risa”. Y Aristóteles, en Problemas, defiende que “la risa es una especie de trastorno y de engaño”.

Dibujo de un hombre riendo mientras ve a un burro comer de un árbol.
Grabado de Giuseppe Porta que retrata los últimos momentos de la vida del filósofo estoico Crisipo de Solos, de quien se decía que murió riendo mientras miraba a un burro comer higos. 

La filosofía desarrollada por los Padres de la Iglesia también se posicionó contra la risa. Autores como Basilio de Cesárea, Ambrosio de Milán o Juan Crisóstomo, además de Leandro de Sevilla y Agustín de Hipona, así lo atestiguan. Este último, en Contra los Académicos, dice que “no hay cosa más humillante que la risa”, y el anterior, Leandro, habla en De la instrucción de las vírgenes y desprecio del mundo del “denigrante espectáculo de la risa”.

En un punto intermedio encontramos al filósofo judío Filón de Alejandría, quien sostiene que “Dios, sin duda, es el creador de la risa virtuosa” y que “la finalidad de la sabiduría es la diversión y la risa, pero no la que practican imprudentemente los necios, sino la de quienes ya se han vuelto canos, no solamente por su edad, sino también por sus buenas reflexiones”.

– En defensa de la carcajada

En el tercer grupo encontramos a los filósofos que defienden la risa. Epicuro, en Sentencias vaticanas, afirma que “hay que reír al mismo tiempo que hay que filosofar”. Es decir, que la risa no solo no debe ser censurada, sino que es necesaria como la racionalidad. ¿Puede escribirse filosofía desde el humor, buscando la risa del lector? Desde un punto de vista epicúreo, sí. Eso he intentado hacer yo también en El filósofo hispalense. Biografía hiperbólica de San Isidoro de Sevilla.

Cicerón, por su parte, en Sobre el orador, afirma que la risa propicia la buena disposición del auditorio. Por un lado, provoca la admiración de la agudeza del orador, haciendo ver que es una persona culta, educada y de mundo, y, por otro, gracias a las chanzas y risas se disuelven situaciones desagradables o difíciles de diluir con argumentos.

Pero si hay un defensor de la risa en la filosofía de la Antigüedad ese es Séneca, quien sostiene en Epístolas morales a Lucilio que es fuerte y capaz de triunfar ante el dolor aquel que “no dejó de reír, aun cuando sus verdugos, irritados por este mismo hecho, desplegaban contra él todos los recursos de su crueldad”.

Pintura de un hombre mayor con barba blanca sonriendo.
‘El alegre Demócrito’ de Charles-Antoine Coypel.

De modo que la risa es tan eficaz para superar el dolor como la razón: “¿No será vencido por la razón el dolor que lo fue por la risa?”, se pregunta.

Así, Séneca recomienda en De la tranquilidad del alma seguir más el ejemplo de Demócrito que el de Heráclito, ya que, si este era conocido por llorar, aquel lo era por reír, por su actitud risueña en el hacer y en el pensar.

Para el autor, es más humano reírse de la vida que lamentarse, y merecen mayor gratitud de los demás quienes se ríen de la vida que quienes lloran por ella.

Aunque en las últimas décadas se han realizado investigaciones que tratan de demostrar que la risa no es exclusiva humana, sino también propia de otros animales, solo se han evidenciado hasta el momento comportamientos semejantes a la risa, sin afirmarse definitivamente que tengan idéntica naturaleza e implicaciones.

En todo caso, la historia de la filosofía nos demuestra que, sea o no la capacidad más propia y exclusiva de nuestra especie y la que nos define, la risa nos hace humanos. Demasiado humanos.

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¿Por qué la Empatía nos ayuda a ser más felices?


Psicología y Mente(E.T.Ruiz) — Nos pasamos la vida buscando la felicidad, y a veces creemos encontrarla en lugares equivocados. Pensamos que el dinero, el éxito o los likes en redes sociales por sí solos nos harán sentir completos, pero a menudo nos quedamos vacíos.

A veces, la felicidad más auténtica está más cerca de lo que pensamos: por ejemplo, en nuestras relaciones humanas. ¿A qué se debe esto? Pues, se relaciona con que, al conectar con los demás y comprender sus sentimientos, no solo los ayudamos a ellos, sino que también enriquecemos nuestra propia vida.

Hoy veremos por qué la empatía nos ayuda a hacer más felices y cómo puedes hacer para desarrollar esta habilidad en tu día a día.

– ¿Qué es la empatía?

La empatía va más allá de simplemente imaginar cómo te sentirías tú en la misma situación. Es la habilidad de comprender de verdad lo que otra persona está sintiendo, de ponerte en su lugar sin perder tu propia perspectiva.

Imagina que un compañero de trabajo está pasando por una situacion complicada. La empatía te permite no solo reconocer que está triste, sino también entender las razones detrás de esa tristeza. Te ayuda a sentir lo que él siente, pero sin que eso te abrume.

¿Por qué es importante? Porque cuando entendemos a los demás, podemos responder a sus necesidades de una manera más auténtica y significativa. Y lo más importante, la empatía nos hace sentir más conectados y menos solos en el mundo.

La empatía es como un puente emocional que conecta a las personas. Nos permite construir relaciones más sólidas, resolver conflictos de manera más efectiva y crear un ambiente más amable y comprensivo.

Además, la empatía facilita una colaboración más eficiente, ya que nos ayuda a entender las necesidades y puntos de vista de los otros. Esto es especialmente útil no solo en dinámicas laborales sino también familiares, románticas o amistosas.

En pocas palabras, la empatía es la capacidad de sentir con los demás. Y esta habilidad, cuando se desarrolla, puede enriquecer enormemente nuestras vidas.

Cómo desarrollar la empatía?

– ¿La empatía nos hace más felices?

Hay indicios importantes de que la empatía puede estar estrechamente relacionada a nuestra felicidad. ¿A qué se debe esto? Pues, a que cuando somos empáticos, no solo comprendemos mejor a las personas que nos rodean, sino que también fortalecemos nuestros vínculos con ellas.

Sentirnos conectados y apoyados por los demás es un pilar fundamental para nuestro bienestar emocional. Además, la empatía nos ayuda a ser más compasivos con nosotros mismos, lo que a su vez contribuye a nuestra felicidad.

Pero, ¿por qué la empatía y la felicidad van de la mano? Existen varias razones:

  • Conexión social: La empatía nos permite construir relaciones más sólidas y significativas. Sentirnos parte de un grupo y queridos por los demás es una necesidad básica humana que aporta gran satisfacción.
  • Comprensión de uno mismo: Al intentar comprender las emociones de los demás, también profundizamos en nuestro propio mundo interior. Esta introspección nos ayuda a conocernos mejor y a aceptarnos tal como somos.

  • Reducción del estrés: La empatía nos permite responder a las situaciones de manera más adaptativa, reduciendo así el estrés y la ansiedad.

  • Aumento de la autoestima: Ayudar a los demás y contribuir al bienestar de los que nos rodean nos hace sentir bien con nosotros mismos.

Sin embargo, es importante destacar que la empatía no es la única pieza del rompecabezas. Un estudio realizado en Pakistán en 2021 sugirió que tanto la autocompasión como la empatía son factores importantes que influyen en la felicidad. La investigación, que se realizó con adolescentes, indicó que los jóvenes que mostraron más autocompasión y empatía indicaron disfrutar de mayores niveles de felicidad.

En resumen, la empatía y la autocompasión son claves esenciales para hacer nuestra vida más amena. Al cultivar estas cualidades, no solo mejoramos nuestras relaciones con los demás, sino que también nos convertimos en personas más felices y completas.

– Claves para desarrollar la empatía

A continuación, te ofrecemos siete consejos que te facilitarán el desarrollo de esta habilidad tan importante.

1. Escucha activamente

La escucha activa va más allá de oír las palabras; implica prestar atención plena a lo que la otra persona está comunicando, tanto verbal como no verbalmente. Observa su lenguaje corporal, tono de voz y expresiones faciales para captar las emociones subyacentes.

Evita las interrupciones y enfócate en entender su punto de vista. Repítele con tus propias palabras lo que has asimilado, para confirmar que has comprendido el mensaje de manera adecuada.

2. Valida sus emociones

Reconoce los sentimientos de la otra persona, sin juzgarlos ni hacerlos más pequeños. Al validar lo que sienten, le haces saber que estás escuchando y que comprendes lo que está pasando por su mente. Evita frases como «No es para tanto» o «A todo el mundo le pasa». En lugar de eso, utiliza expresiones como «Entiendo que te sientas así» o «Eso debe ser muy difícil».

3. Sé compasivo contigo y con los demás

La compasión es la clave para desarrollar la empatía. Trátate a ti mismo con amabilidad y comprensión, reconociendo tus propias limitaciones y dificultades. Extiende esta compasión a los demás, reconociendo que todos cometemos errores y que las personas suelen actuar de la mejor manera que pueden en cada momento.

Beneficios de ser empático

4. Ve más allá de tu realidad

Ponerte en los zapatos de otra persona te ayudará a comprender mejor sus motivaciones y emociones. Reconoce que hay diferentes puntos de vista y que no todos ven el mundo de la misma manera. Desafía tus propias suposiciones y creencias para poder ver las cosas desde una perspectiva más amplia.

5. Evita los prejuicios

Todos tenemos prejuicios, pero es importante reconocerlos y trabajar para superarlos. Busca información sobre diferentes culturas, grupos sociales y perspectivas para ampliar tu comprensión del mundo. Mantén la mente abierta y ten la disposición a cambiar de opinión si te encuentras con nueva información.

6. Comprende el contexto

Intenta entender las circunstancias que han llevado a la otra persona a sentirse o actuar de determinada manera. Busca las causas subyacentes de sus acciones y evita hacer juicios rápidos. Al comprender el contexto, podrás responder de manera más compasiva y efectiva.

7. Comunícate de manera asertiva

La comunicación asertiva te permite expresar tus pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa, al tiempo que escuchas activamente a los demás. Busca soluciones que satisfagan las necesidades de todos los involucrados.

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De la vida de las cucarachas. Un tratado entomológico-apocalíptico sobre los bichos negros que heredarán el mundo…


Matt Reinbold CC2

Son las cucarachas, y no los humanos, la cima de la evolución. (Mohinder Suresh)

JotDown(L.Landeiras) — El escritor, filósofo e historiador alemán Ernst Jünger, afirma en su ensayo Sobre el dolor (1934) que «nos parece amenazado en proporciones inimaginables el insecto que va serpenteando a nuestros pies por entre las hierbas como si fuera atravesando los árboles de una selva virgen. Su pequeño camino se asemeja a una ruta de espantos; un enorme arsenal de fauces y pinzas se halla expuesto a ambos lados de ella».

Pero si trascendiéramos el punto de vista humano y expandiéramos nuestra mirada al nivel cósmico de los dioses, comprenderíamos que la vida humana es infinitamente más frágil e insignificante que la de cualquier insecto.

Y si ese insecto es una cucaracha, apaga y vámonos.

El objetivo del presente texto es demostrar, salvando los tamaños, que la cucaracha ocupa en la naturaleza y en el orden terrestre un rango superior al del ser humano, que le permitirá tomar las riendas del mundo en un futuro próximo. Poco importa que el descomunal ego colectivo de la humanidad proyecte un espejismo omnipotente.

Las cucarachas se ocultan en la oscuridad, esperando que el Apocalipsis traiga un nuevo amanecer. Carecen de prisa porque tienen el tiempo en sus patas. Al fin y al cabo, ¿qué significa un puñado de siglos para una especie destinada a reinar durante eones?

  • Millones de dictiópteros no pueden equivocarse

Existen casi cinco mil especies diferentes de cucarachas. De entre ellas, cuarenta habitan en casas y solo tres soportan climas no tropicales, es decir, templados.

Las especies que más abundan en esta cloaca llamada España son la «cucaracha del café» (o Blattella germanica), la «supercucaracha» (o Periplaneta americana) y, sobre todo, la «cucaracha negra» (o Blatta orientalis). Quien más y quien menos se ha tropezado alguna vez con uno de esos bichos negros, brillantes, aplanados, de unos tres centímetros de largo.

Dos gruesos pares de alas son su principal escudo y la parte fundamental de su cuerpo: no en vano, el superorden al que pertenecen, los dictiópteros, viene a significar «alas en red». Pese a esas alas, que en el caso de las hembras son mucho más pequeñas, la mayor parte de las cucarachas prefiere moverse por el suelo.

Dice un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, que en cada vivienda española habitan unas cuatro mil cucarachas. Y que por cada espécimen que se deja ver, hay unos cien más escondidos. Más que por miedo, se esconden porque no les gusta la luz; y la inmensa minoría que decide salir, lo hace de noche, en busca de algo que llevarse a la boca.

Cualquier migaja del peor comistrajo, por ínfima que sea, es un suculento y generoso manjar para estos insectos. Por eso los exterminadores aconsejan aspirar bien los domicilios, puesto que el barrido y el fregado siempre deja restos de comida invisibles al ojo humano.

En estado salvaje, la materia animal muerta es el alimento principal de los blatodeos, estando los pájaros, los murciélagos y los humanos entre sus carroñas predilectas.

Aunque en la película Creepshow (George A. Romero, 1982), cientos de cucarachas devoraban a un viejo misófobo, es difícil que esto ocurra en la realidad, pues es poco habitual que estos cautos insectos se lancen a cazar criaturas vivas.

Como bien dice Michael Chinery en su Guía de campo de los insectos de España y Europa (1977), «en cautividad, los blatodeos devorarán de buen grado a sus hermanos y hermanas muertos aunque unos a otros no se atacan y matan para conseguir alimento». Pero a falta de chicha comen de todo, masticándolo gracias a sus fuertemente dentadas mandíbulas.

Cables, pegamento, heces, pelo, cuero, desechos radiactivos, piedras, plástico… Las cucarachas no le hacen ascos a nada y, si nada encuentran, son capaces de pasar una eternidad en ayunas, reduciendo sus constantes vitales a la mínima expresión.

  • Matando blatodeos a cañonazos

Las cucarachas estaban ahí antes de que el hombre fuera hombre y seguirán estando ahí cuando el hombre sea polvo. Los primeros fósiles de blatodeos datan del período Carbonífero, hace más de trescientos millones de años. Al parecer, en la prehistoria las cucarachas llegaron a medir hasta medio metro de largo.

Se alimentaban de dinosaurios muertos y estaban por todas partes, hasta el punto de que algunos historiadores califican este período como «la Edad de las Cucarachas».

Sin embargo, no empezaron a vivir con los humanos hasta que estos se instalaron en cuevas; las cucarachas encontraron ahí un hábitat tan acogedor, cálido y bien surtido como un hormiguero o un nido. Aunque oliera a humanidad.

A lo largo de los siglos esta incombustible especie ha aguantado hambrunas, glaciaciones y tormentas mil. Lo que no la mató, la hizo más fuerte. Y así ha llegado a la actualidad: menguada en tamaño, pero casi indestructible. Un espécimen común vive entre uno y cuatro años, una eternidad en cronología insectil.

La estructura de su cuerpo convierte a la cucaracha en un pequeño tanque dotado de un potente radar. En su libro The Cockroach Papers (1999), Richard Scheweid explica que estos seres poseen unos pelillos en el abdomen conectados al cerebro que les permiten detectar hasta la más mínima brizna de aire que suponga un peligro.

Así, cuando un cerebro humano aún está procesando la luz de la bombilla que acaba de encender, la cucaracha ya ha tenido tiempo de esconderse. Porque esa es otra: las cucarachas corren a metro y medio por segundo, recorriendo en ese tiempo cincuenta veces la longitud de su cuerpo; vamos, como si un ser humano corriera a 320 kilómetros por hora.

Una marca que no está al alcance ni de Usain Bolt, un jamaicano color Blatta orientalis que está considerado «el hombre más rápido del mundo».

USGS Bee Inventory and Monitoring Lab CC 2

Pero aunque logres cazarla y la pisotees con todas tus fuerzas, es posible que la cucaracha siga viva y esté haciéndose la muerta, tumbándose inmóvil boca arriba y soltando una sustancia que huele a carne putrefacta. Y ahí se quedará, toda tiesa, hasta que la dejes en paz o la tires a la basura, que para ella es como el paraíso terrenal.

Para asimilar la fortaleza de un blatodeo, nada mejor que decapitarlo y comprobar cómo su cuerpo aguanta varias semanas sin cabeza, vivito y coleando, pataleando y correteando a la deriva hasta morir de inanición. Por su parte, también la cabeza es capaz de vivir sin cuerpo, moviendo ojuelos y antenas durante días hasta quedarse sin fuerzas.

Menos grave es para ellas perder una pata, puesto que le volverá a salir más pronto que tarde; por eso resulta tan poco creíble El maleficio de la mariposa (1920), la obra de teatro de Lorca protagonizada por una cucaracha a la que le falta una pata.

Fumigar a las cucarachas con organoclorados, organos-fosforados, piretroides y otras sustancias es perder el tiempo, pues ellas son capaces de neutralizar casi cualquier sustancia microbiana o química que se les arroje. Al cabo de un tiempo desarrollan una respuesta protectora a la toxina que las hace inmunes a futuros ataques.

Al final, el veneno acaba siendo más perjudicial para el organismo humano que para el de los bichos, por más que la industria insecticida cambie de tóxico con frecuencia. Por si fuera poco, las cucarachas pueden soportar dosis de radiación quince veces superiores a las toleradas por los seres humanos.

Si estallara una bomba nuclear, la mayoría sobrevivirían y reinarían en el subsuelo, mientras que el aire libre se lo repartirían la Drosophila (bestia alada de color marrón amarillento, popularmente conocida como «mosca del vinagre») y la Habrobracon, avispa de hábitos parásitos y larguísimas antenas, que inyecta huevos en el cuerpo de otros bichos para que eclosionen allí y devoren a su huésped.

No resulta difícil, pues, imaginar un mundo futuro plagado de cucarachones, moscones y avispones mutantes pululando por ciudades en ruinas, picoteando nuestros cadáveres y los de otras malas bestias aniquiladas por la radiactividad, reproduciéndose como conejos y defecando a diestro y siniestro.

  • El excremento como arma de destrucción masiva

Si tomamos una lupa y examinamos una muestra de las numerosas heces de cucaracha que hay en cualquier hogar español, veremos unos ínfimos excrementos negruzcos que recuerdan al café molido o a la pimienta negra, si se trata de cucarachas pequeñas.

Si son gordas, encontraremos una especie de cilindritos oscuros. Y si se trata de cucarachas americanas, las deposiciones serán grises, alargadas y poliédricas.

Pero que las cagarrutas de las cucarachas sean insignificantes no significa que resulten inofensivas; entre otros males, provocan alergias, ataques de asma, poliomelitis o salmonelosis.

Al vivir en alcantarillas, desagües, conductos de ventilación, zócalos o vertederos, las cucarachas son también capaces de esparcir con sus patitas al menos treinta y tres tipos de bacterias, seis tipos de gusanos parásitos y siete clases de patógenos humanos.

La gran paradoja es que las terribles enfermedades que transmiten los blatodeos que habitan en ciudades se deben, sobre todo, a la porquería generada por el progreso humano. Una cucaracha de campo (Blaptica dubia) o criada en cautividad no es insalubre, sino todo lo contrario: en muchas culturas antiguas se usaban sus cenizas como antiparasitario, analgésico y digestivo.

Y aún en la actualidad se comercializa en algunos países el llamado Pulvis Tarakanae (polvo de cucaracha) como remedio para hematomas e hinchazones.

USGS Bee Inventory and Monitoring Lab CC 1

Además, las cucarachas sanas pueden comerse sin problema. Hasta la ONU ha recomendado, con no poco cinismo, el uso de blatodeos como alimento para luchar contra el hambre en el mundo.

En este sentido, el encargado del museo de entomología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Bery Almendares, asegura que «estos insectos tienen entre un 40 y un 60 % más proteínas que la carne de res, son más fáciles de digerir y bastante más saludables que una hamburguesa».

El experto aconseja, no obstante, ingerir los bichos cuando están en estado inmaduro porque tienen más carne y carecen de alas. Cabría también aconsejar olvidarse de cierta leyenda urbana que asegura que un señor se comió una cucaracha hembra, esta puso huevos en su interior y las crías le devoraron las entrañas.

  • Unas mentes maravillosas

El cerebro de las cucarachas posee un millón de neuronas y una memoria a largo plazo que les permite orientarse en un laberinto y distinguir la derecha de la izquierda, cosa que no todos los humanos son capaces de hacer. Tocan las cosas y esquivan las trampas gracias a sus antenas finas, largas, flexibles, dotadas de pelillos sensoriales y receptores químicos.

Y miran con unos ojos compuestos por miles de lentes, que les permiten ver más de una cosa al mismo tiempo, si bien son incapaces de captar la luz roja. La artista japonesa Yoko Ono intentó (que no logró) plasmar la inabarcable mirada blatodea en su obra Odisea de una cucaracha (2007), que presentaba imágenes de la vida moderna desde el punto de vista de uno de estos insectos.

Sin ser tan asamblearias como las abejas o las hormigas, las cucarachas tienen gran facilidad para ponerse de acuerdo entre ellas y tomar decisiones de grupo, cosa que les será muy útil cuando les toque gobernar el planeta.

Tal vez en ese momento, comiencen a agruparse en bandos y enfrentarse por el poder, como ya imaginó el historietista underground Gilbert Shelton en su cómic La guerra de las cucarachas (1987). Armas no les van a faltar.

La Eurycotis floridiana, por ejemplo, te dispara a los ojos un dolorosísimo chorro formado por cuarenta sustancias apestosas e hipertóxicas si te acercas a menos de quince centímetros de ella.

Y las que no tengan armas químicas, quizás empleen carros de combate. De momento, ya existe un pequeño robot experimental de tres ruedas, desarrollado por el artista e investigador Garnet Hertz, que ha sido pilotado por una cucaracha silbadora de Madagascar.

Cuando la guerra de las cucarachas llegue a su fin, los blatodeos desarrollarán una civilización que, sin duda, será más justa y armoniosa que la occidental.

Florecerá una suerte de renacimiento cucarachil, que producirá numerosas obras de arte. Steven R. Kutcher, biólogo que pinta cuadros utilizando insectos vivos, ya ha demostrado que la pulsión creativa de la cucaracha puede ser muy superior a la humana, especialmente en el desarrollo de obras abstractas.

Total, que las cucarachas son listas como el hambre. Solo les falta hablar. Y aunque por ahora solo las de ficción han conseguido el don de la palabra (pienso en las blatodeas parlanchinas de películas como El almuerzo desnudo o El cuchitril de Joe) en realidad ya hay algunas especies que chillan y sisean. Démosles un poco de tiempo y montarán tertulias literarias.

  • Lubricidad y mutación

Como las personas, las cucarachas tienen complejas danzas y ritos de apareamiento para intercambiar feromonas y tirarse los tejos. Eso sí, a la hora de consumar, el macho cucaracha tiene más estilo y aguante que el varón humano. Su coito puede durar hasta una hora, durante la cual el macho extiende sus alas y la hembra se sube a su espalda para ser fecundada.

Al cabo de un mes escaso, la hembra expulsará por su abdomen unos cincuenta huevecillos, de los que brotarán un puñado de ninfas blanquecinas que, tras mudar su membrana por un pequeño caparazón, ya estarán listas para la vida moderna.

Si alguien está interesado en contemplar actos sexuales protagonizados por cucarachas, no tiene más que teclear cockroach sex en YouTube y podrá echar un ojo a unos cuantos. En ellos puede verse con meridiana claridad a dos especímenes pegados por sus genitales, crujiendo de placer, cosa que no les impide seguir correteando a gran velocidad para driblar peligros.

Pero hay que escarbar en webs de dudosa reputación para encontrar grabaciones de «cruces» entre seres humanos y cucarachas. www.heavy-r.com, por ejemplo, alberga vídeos pornográficos hechos por y para regocijo de insectófilos, bajo etiquetas como bug porn.

Uno de los más extremos es «Cockroachs Attack Penis», protagonizado por un señor que mete su pene en una botella llena de cucarachas. En descarnados primeros planos, vemos a los bichos pasearse lascivamente sobre el erecto miembro viril del individuo, succionándolo y acariciándolo hasta que este eyacula.

¿Qué lodos nos traerán estos polvos degenerados? En el mejor de los casos, la aparición de una nueva subespecie, un híbrido entre hombre y cucaracha que, a diferencia de los malogrados Gregorio Samsa y Seth Brundle, aprovecharía su mutación para trascender la condición humana. Quizá sea este aberrante pero necesario mestizaje el único futuro posible para nuestra especie.

Descender al subsuelo. Tener muchas patas. Ser duro y frío. Cubrir el mundo con negros caparazones, pronunciando entre siseos el viejo mantra nietzscheano: «¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobre-terrenales!

Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vid, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!».

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Los excepcionales regalos que el poderoso califa Harun al-Rashid le dio a Carlomagno y que darían de qué hablar por siglos…


Harun al-Rashid sobre un caballo recibe al enviado de Carlomagno.
Harun al-Rashid sobre un caballo recibe a los representantes de Carlomagno.

BBC News Mundo(M.Rodríguez) — En el año 797, el hombre más poderoso de toda Europa occidental hizo algo un poco inusual.

Carlomagno envió unos emisarios a la resplandeciente corte del califa Harun al-Rashid, la cabeza suprema del imperio islámico.

Lo que quería exactamente con eso ha sido debatido extensivamente.

“Tenemos una fuente que vivió en su época que nos da una razón y esa fuente era su biógrafo”, dice el historiador Samuel Ottewill-Soulsby..

Einhard, quien escribió Vita Karoli Magni (“Vida de Carlomagno”), no solo fue un académico, sino que sirvió en la corte del rey de los francos y estableció una amistad con él.

Así, Einhard contó que Carlomagno mandó a sus representantes porque quería pedirle algo al rey del que en ese entonces era el estado más próspero de la Tierra y cuyo epicentro estaba en Bagdad.

Quería nada más y nada menos que un elefante. Y lo consiguió. Pero Harun le mandó más.

Sus regalos dan cuenta no solo de su opulencia, sino de la riqueza cultural y del avance científico de su imperio, que en la cúspide de su resplandor careció de competidor alguno.

Esta es la historia de dos hombres poderosos, un elefante, un reloj y, si has leído “Las mil y una noches”, seguramente de mucho más.

– El enemigo de mi enemigo

La petición de Carlomagno fue “bastante audaz”, indica Ottewill-Soulsby, autor del libro The Emperor and the Elephant: Christians and Muslims in the Age of Charlemagne («El emperador y el elefante: cristianos y musulmanes en la era de Carlomagno»).

“Carlomagno y Harun no habían estado en contacto antes”, le señala a BBC Mundo.

Hay teorías que tratan de explicar por qué el emperador cristiano de Occidente quería un elefante y por qué el califa Harun se lo mandó.

Una de ellas tiene que ver con una especie de alianza entre ambos líderes.

El califa Harun al-Rashid, en el centro de la escena, rodeado de instrumentos eruditos y científicos.
«Harun al-Rashid en su tienda con los Reyes Magos de Oriente». Óleo sobre lienzo de Gaspare Landi, 1813, Museo de Capodimonte, Italia.

El profesor Emilio González Ferrín, islamólogo de la Universidad de Sevilla, explica que Harun había bloqueado comercialmente a Bizancio, que era su gran enemigo.

Harun decide que va a ser el poder establecido en la zona, un poder que nunca llegó más allá de Egipto. Él lo que quiere es cerrar un espacio, pues no es un conquistador al estilo de lo que pudieron ser los mongoles o los turcos posteriormente”.

“A través de recopilaciones muy mitológicas, llegará después la imagen de Harun al-Rashid asociada a la imagen de César, el paradigma del señor de Estado”, agrega González Ferrín.

Así quedó reflejado en “Las mil y una noches”, donde aparece como un monarca todopoderoso y justo.

Scheherazade y el sultán Shahriar
«Las mil y una noches» es una colección en árabe de cuentos tradicionales de Oriente Próximo. En la obra, Scheherazade, un personaje clave, le cuenta a su esposo, el sultán Shahriar, una historia fantástica cada noche. (Grabado de 1892).

“Lo que no es mitológico es que, por esa vieja máxima que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Harun entendió, como estratega, que si Bizancio era su enemigo, Carlomagno, que era la competencia de Bizancio en Occidente, sería su amigo”.

“Aquí no hay problema de religión islámica contra la religión cristiana, sino un pragmatismo comercial: quién me está quitando el pan al lado de mi frontera y cómo me ayudaré de su enemigo”, dice González Ferrín.

Hanan Saleh Hussein, profesora de árabe y estudios islámicos de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, señala que otro objetivo en común entre los dos líderes pudo haber sido someter a los emires omeyas de Córdoba.

– El elefante Abul-Abbas

El interés del que algunos historiadores llaman «el padre de Europa» en los cristianos es otra de las hipótesis sobre su acercamiento a Harun.

“Una gran parte de la población del imperio de Harun es cristiana. Su imperio incluye la Tierra Santa”, indica Ottewill-Soulsby.

De hecho, Carlomagno les envió dinero a los cristianos en Jerusalén. Pero, eso, explica el historiador, ocurrirá después.

Así que sugiere que, en este caso, tomemos «las fuentes al pie de la letra” y decir que, al menos del lado de Carlomagno, él quería un elefante. “Creo que esa fue la gran motivación de su parte”.

Retrato de Carlomagno
Carlomagno, quien fue rey de los francos y emperador cristiano de Occidente, ayudó en gran medida a definir el carácter de la Europa medieval.

De acuerdo con Hussein, el emperador cristiano envió tres emisarios, pero dos de ellos murieron de regreso.

“Fue Isaac, que era un intérprete judío franco establecido en el norte de África, quien se encargó de cumplir el deseo del califa, guiando al animal y a su cuidador hasta la costa mediterránea”, le indica a BBC Mundo.

Y así en el año 801, Carlomagno recibió la noticia: el elefante estaba cerca y debía mandar a buscarlo.

El elefante Abul-Abbas llegó a la corte de Carlomagno en Aquisgrán (Alemania) en el año 802.

“Fue un gran acontecimiento para Carlomagno. La gente hablaría de eso por décadas”, dice Ottewill-Soulsby. Lo seguimos haciendo.

“La gente asoció aquella criatura misteriosa al poder de Harun al-Rashid”, señala González.

Es que era el primer elefante que la Europa de Carlomagno veía.

“En las fuentes siempre se precisa que es el primer elefante que ve la Europa del norte, más allá de los pirineos”.

Y es que, siglos antes, Aníbal y los militares cartagineses habían usado elefantes en sus guerras contra los pueblos de la península ibérica y el ejército romano en el norte de Italia.

– Una larga travesía

Se cree que el elefante era asiático.

“Los registros de la época de Harun nos dicen que los únicos elefantes domesticados que tenían provenían de India”, precisa Ottewill-Soulsby.

Procesión colorida de personas, un camello y un elefante
Se cree que el elefante había nacido en India.

“Eso significa que antes de viajar a la corte de Carlomagno, probablemente ya había recorrido un largo camino desde India hasta la corte de Harun”.

Pero el extenso recorrido a Alemania no fue lo único agotador por lo que tuvo que pasar el animal.

“Dado que los elefantes se habían utilizado en la antigüedad como arma de ataque en las guerras”, señala Hussein, a Carlomagno se le ocurrió llevar a Abu-Abbas a su campaña contra los vikingos.

Eso unido a “las condiciones climatológicas no propias de su hábitat, perjudicaron la salud del animal y sufrió una neumonía”.

Un día del año 810, cuando estaba en el noroccidente de Alemania, “se derrumbó y murió”.

– Desafíos

Ottewill-Soulsby, a quien no le convence del todo la teoría de una alianza militar entre Carlomagno y Harun, ve en el regalo del califa una manifestación de lo que hoy podría entenderse como soft power.

“El control del poder de Harun es quizás menos sólido de lo que a menudo creemos”, dice.

“Aunque no hay duda de que fue un hombre muy exitoso, que gobernó durante mucho tiempo, también tuvo que hacer frente a muchos desafíos”.

Monedas
Moneda de plata del califato de Harun al-Rashid (siglo VIII).

Subió al trono en el año 786. Con 20 años asumió el gobierno de un imperio que se extendía desde el Mediterráneo occidental hasta India.

“No era popular en Bagdad”, dice el historiador. De hecho, aunque la ciudad iraquí fue la capital oficial, Harun decidió, años después, vivir en Al Raqa, Siria.

“Tampoco es popular entre sectores del ejército y hay sitios del imperio que se rebelan”.

“Y la forma en que Harun responde a eso es a veces con la fuerza, pero también es estupendo en las relaciones públicas”.

“Se presenta como un guerrero justo y también como un hombre religioso”.

“Y creo que en algún lugar de la creación de esa imagen están sus tratos con potencias extranjeras. Por ejemplo, envía emisarios a China y no es obvio por qué”.

“Los registros chinos nos dicen que se trata de una embajada inusualmente grande, que viene con regalos y que se lleva obsequios de vuelta”.

“Creo que algo parecido sucedió con Carlomagno. Harun estaba mostrando su poder y el respeto que le tenían gobernantes lejanos”.

Y es que los enviados del emperador cristiano le llevaron presentes.

Los regalos no tienen nada que ver con el esplendor de un señor oriental que, dándose cuenta de la superioridad cultural que tiene con respecto a Occidente, le da unos obsequios extraordinarios”, indica González.

En otro viaje, el califa mandó perfumes, especias, telas lujosas. “También envió un ajedrez, el primero en Europa”, recuerda González.

Y un reloj.

– El saber

Antes de adentrarnos en el reloj, González recuerda que para Harun, “la legitimación del poder se hacía a través de la cultura”.

Percibió que alrededor de una institución en concreto, La Casa de la Sabiduría, se debía construir un modelo cultural al servicio del Estado.

También conocida como la Gran Biblioteca de Bagdad, ese lugar que él fundó, se convirtió en el principal centro intelectual de lo que se conoce como la Edad de Oro del Islam.

Mezquita con el minarete en Bagdad
La Casa de la Sabiduría, de la cual no quedó rastro, fue una potencia intelectual durante la Edad de Oro islámica. Allí surgieron conceptos matemáticos que transformaron el mundo. Fue fundada en Bagdad.

El califa adquirió las obras de los antiguos griegos y persas e hizo que se tradujeran al árabe.

Su imperio logró adelantos científicos y médicos extraordinarios.

“El contraste de la sofisticación cultural que había en Oriente era enorme en comparación con la de Europa”.

– Una obra maestra

La descripción del reloj de agua que el califa le envió a Carlomagno es “absolutamente increíble”, señala Ottewill-Soulsby.

“Hay muchas bolitas que caen cuando se marca la hora y hacen sonar un címbalo debajo. También tiene 12 jinetes que atraviesan 12 ventanas. Eso marca el paso de las horas”.

Los enviados del califa Harun al-Rashid le ofrecen un reloj a Carlomagno
Los enviados del califa Harun al-Rashid le ofrecen un reloj a Carlomagno. Esta obra pertenece a la colección del Museo de Bellas Artes de Cambrai. Artista: Jordaens, Jacob (1593-1678).

González habla de cientos de botellitas: cada vez que se llenaba una, bajaba y empezaba a llenarse la siguiente y así era como se medía el tiempo.

“Caía una gota siempre al mismo ritmo, esa era la clave”.

“La distribución de las botellitas no es tan compleja como lo sofisticado del cálculo exacto del tiempo para hacer el vidrio a esa medida, de tal manera que un vaso equivalga al minuto, otro a la hora, otro al día, otro a la semana. Se trataba de una medición del tiempo universal”.

Con el reloj, Harun no solo mostró la calidad extraordinaria de sus artesanos, apunta Ottewill-Soulsby, también “su ingeniería, su ciencia, su cultura. Si con el elefante exhibió su habilidad para conseguir animales raros y exóticos, el reloj mostró la sofisticación de su imperio”.

– ¿Un órgano?

El profesor González cuenta que en Europa no supieron armarlo, tuvo que viajar un montador desde Bagdad.

“Los comentarios de la época era que nadie sabía que era eso. Cuando llegaron todas esas cajas con todas esas botellitas nadie sabía que se trataba de un reloj”.

Una vez montado, hubo quienes creyeron que se trataba de un instrumento musical porque emitía sonidos en determinados momentos.

Embajadores de Harun al-Rashid llevando obsequios a la corte de Carlomagno
Los emisarios de Harun al-Rashid le entregan obsequios a Carlomagno ante su impresionada corte.

“Creen que ese sonido del agua cayendo puede tener funciones taumatúrgicas, que ese órgano musical puede conectarte con lo trascendente. Son personas que tienen una mentalidad druida de brujería”.

“Cuando llega el señor y lo monta y dice que es para marcar el tiempo, todo el mundo se queda pasmado”.

Ottewill-Soulsby advierte que no es que los europeos no conocieran este tipo de artefactos.

“En las cortes del rey Teodorico el Grande, el rey de los ostrogodos en Italia, en el siglo VI, había relojes como ese”.

Además, “los bizantinos en Constantinopla eran famosos por hacer instrumentos musicales y relojes mecánicos”.

Sin embargo, es muy posible que aunque Carlomagno hubiese oído hablar de este tipo de artefactos, nunca haya visto un reloj tan sofisticado como el que le envió Harun. “Probablemente él no tenía a nadie que pudiera hacer uno así”.

Un poco de leyenda

Sobre la llegada del extraordinario reloj a la corte del conquistador de media Europa se tejieron historias igualmente extraordinarias.

La profesora Hussein cuenta una.

Aunque Carlomagno admiró el “extraño” aparato, también “lo aterrorizó, al igual que a sus cortesanos, quienes declararon a Carlomagno que estaba perseguido por el diablo y que el califa Harún al-Rashid se lo envió como regalo para destruirlo y robarle su reino”.

Según ese relato, usaron sus hachas para sacar lo malo de su interior.

“Los cortesanos dijeron a Carlomagno que el demonio se había escapado, lo que entristeció profundamente al emperador y convocó a científicos y hábiles artesanos en un intento de reparar el reloj y reiniciarlo, pero todos los intentos fracasaron”.

“Algunos de sus asesores le ofrecieron mandarlo al califa Harun al-Rashid para que un equipo de expertos árabes lo reparara, pero Carlomagno no aceptó devolver el reloj en ese estado al rey de Bagdad sabiendo que habían sospechado de sus intenciones injustamente”.

¿Muy poco de realidad? ¿Mucho de fantasía? Han pasado más de mil y una noches para intentar precisarlo.

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El padre más prolífico de la historia…


Historias de la historia(J.Sanz) — Supongo que a nuestro protagonista de hoy, Ismail Ibn Sharif el rey guerrero, se le podría nombrar como el patrón de las familias numerosas. 

Mulay Ismail Ibn Sharif, descendiente de Mahoma a través de Hassan ibn Ali, según sus propias palabras, fue el segundo sultán de Marruecos de la dinastía alauita que gobernó el sultanato desde 1672 hasta 1727. 

Tras la muerte de su hermano Moulay Al-Rashid, que murió después de una caída de su caballo, Ismail heredó un país debilitado por guerras tribales internas.

El espejo en el que mirarse iba a ser la Francia de Luis XIV que en Europa incrementaba su poder e influencia.

Trasladó la capital de Fez a Meknes donde comenzó la construcción de un palacio imitando el de Versales del rey Sol.

Incluso se atrevió a enviar una delegación a Francia solicitando la mano de Marie Anne de Borbón, hija de Luis XIV.

Para atajar las luchas tribales impuso un régimen brutal y represivo.

Extendió sus dominios por los territorios de las actuales Argelia y Mauritania, arrebató los puertos norteafricanos la Mamora y Larache a los españoles y Tánger a los británicos, apoyó a los piratas berberiscos que actuaban en el Mediterráneo para conseguir esclavos cristianos que se convirtieron en mano de obra de sus faraónicas construcciones o en fuente de financiación por sus rescates.

Y, además, todavía tuvo tiempo de mantener y cumplir con un numeroso harem… fue padre en 867 ocasiones (525 varones y 342 hijas). Estudiosos en el tema afirman que tendría que haber mantenido unas cinco relaciones sexuales al día durante cuarenta años para alcanzar este número (sin contar los partos múltiples).

Tras su muerte, los hijos se disputaron el trono… «menudo jaleo».

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