La creencia de la visita de seres extraterrestres a la Tierra podría ser un problema generalizado ante el hecho de que no hay pruebas científicas concretas sobre ello.
BBC News Mundo(T.Milligan) — La idea de que los extraterrestres pueden haber visitado la Tierra se está volviendo cada vez más popular.
Alrededor de una quinta parte de los ciudadanos del Reino Unido cree que el planeta ha sido visitado por estos supuestos seres, y se estima que el 7% cree haber visto un ovni.
Las cifras son aún más altas en Estados Unidos y están aumentando.
El número de personas que creen que los avistamientos de ovnis ofrecen una prueba probable de vida extraterrestre aumentó del 20% en 1996 al 34% en 2022. Mientras que alrededor del 24% de los estadounidenses dicen haber visto un ovni.
Esta creencia es ligeramente paradójica, ya queno tenemos ninguna evidencia de que existan extraterrestres. Es más, dadas las enormes distancias entre los sistemas estelares, parece extraño que solo nos enteremos de ellos a través de una visita.
Es más probable que la evidencia de la presencia de extraterrestres provenga de señales de planetas lejanos.
En un artículo de mi autoría que fue aceptado para publicación en la revista Proceedings of the International Astronomical Union, sostengo que la creencia en visitantes extraterrestres ya no es una rareza, sino un problema social generalizado.
La creencia está aumentando hasta el punto de que los políticos, al menos en EE. UU., sienten que tienen que responder.
La divulgación de información sobre supuestos Fenómenos Anómalos No Identificados (FANI en lugar de OVNIs) por parte del Pentágono ha recibido mucha atención bipartidista en el país.
Dado a la enorme distancia entre los sistemas estelares, sería más lógico que de haber algún contacto con vida extraterrestre sea a través de señales desde planetas lejanos y no de visitas a la Tierra.
Gran parte de ella se basa en tropos anti-élite conocidos que ambos partidos han estado dispuestos a utilizar, como la idea de que los militares y una camarilla secreta de intereses comerciales privados están manteniendo oculta la profunda verdad sobre las visitas extraterrestres.
Se cree que esa verdad involucra avistamientos, secuestros y tecnología alienígena de ingeniería inversa.
– La idea del encubrimiento
La creencia en un encubrimiento es incluso mayor que la creencia en las visitas extraterrestres. En 2019, una encuesta de Gallop encontró que un 68% de los estadounidenses creía que «el gobierno de EE.UU. sabe más sobre los OVNIs de lo que dice».
Esta tendencia se ha estado gestando durante décadas.
Jimmy Carter prometió la divulgación de documentos durante su campaña presidencial en 1976, varios años después de que él mismo reportara haber visto un ovni. Como sucede con tantos otros avistamientos, la explicación más simple es que vio a Venus (eso sucede muy a menudo).
Hillary Clinton también sugirió que quería “abrir archivos [del Pentágono] tanto como pudiera” durante su campaña presidencial contra Donald Trump.
Mientras que Trump sugirió que tendría que “pensar” si era posible desclasificar la llamada documentación de Roswell (relacionada con el famoso supuesto choque de un ovni y la recuperación de cuerpos extraterrestres).
En el Congreso de EE.UU. se han presentado proyectos para que el Pentágono revele supuesta información relacionada a fenómenos anómalos no identificados.
El expresidente Bill Clinton afirmó haber enviado a su jefe de gabinete, John Podesta, al Área 51, una instalación altamente clasificada de la Fuerza Aérea de los EE.UU., por si alguno de los rumores sobre tecnología extraterrestre en el lugar fuera cierto.
Vale la pena mencionar que Podesta es un entusiasta desde hace mucho tiempo de todo lo relacionado con los ovnis.
El defensor actual más destacado de la divulgación de documentos es el líder demócrata del Senado Chuck Schumer. Su proyecto de ley de divulgación de fenómenos anómalos no identificados (UAP, en inglés) de 2023 fue copatrocinado por tres senadores republicanos.
La divulgación del Pentágono finalmente comenzó durante las primeras etapas del mandato de Joe Biden, pero hasta ahora no ha habido nada.
No hay encuentros. No hay nada cercano. Aun así, el ruido de fondo no desaparece.
– Problemas para la sociedad
Todo esto, en última instancia, está alentando teorías de conspiración, que podrían socavar la confianza en las instituciones democráticas.
Ha habido llamamientos humorísticos para asaltar el Área 51. Y después del asalto al Capitolio en 2021, ahora esto parece una posibilidad peligrosa.
Demasiado ruido de fondo sobre ovnis y UAP también puede interferir en la comunicación científica legítima sobre la posibilidad de encontrar vida extraterrestre microbiana.
La astrobiología, la ciencia que se ocupa de estos asuntos, tiene una máquina publicitaria mucho menos efectiva que la ufología.
History, un canal de YouTube en parte propiedad de Disney, ofrece regularmente programas sobre «alienígenas ancestrales». El programa está ahora en su vigésima temporada y el canal tiene 13,8 millones de suscriptores.
El área 51 es una zona altamente restringida en el estado de Nevada controlada por el ejército de EE.UU. El secretismo alrededor de esta base ha dado pie a múltiples historias de ciencia ficción y a teorías de conspiración.
El canal de astrobiología de la NASA tiene 20.000 suscriptores ganados con esfuerzo. La ciencia real se ve superada en número por el entretenimiento empaquetado como factual.
– La amenaza para los pueblos indígenas
Las narrativas de visitas extraterrestres también han intentado repetidamente secuestrar y sobrescribir la historia y la mitología de los pueblos indígenas.
Los primeros pasos en esta dirección se remontan al cuento de ciencia ficción “Explosión: la historia de una hipótesis” escrito por Alexander Kazantsev en 1946.
El escrito presenta el evento del impacto del meteorito de Tunguska de 1908 como una explosión similar a la de Nagasaki del motor de una nave espacial extraterrestre.
En el relato de Kazantsev, una superviviente negra gigante ha quedado abandonada, dotada de poderes curativos especiales, lo que la ha llevado a ser adoptada como chamán por el pueblo indígena evenki.
La NASA y la comunidad científica espacial apoyan iniciativas como la Native Skywatchers, creada por las comunidades indígenas ojibwa y lakota, para garantizar la supervivencia de las historias sobre las estrellas. Existe una red real y extensa de estudios indígenas sobre estos temas.
Pero los ufólogos suelen combinar relatos indígenas genuinos sobre la vida que llega de los cielos con cuentos ficticios sobre ovnis, empaquetados como historia suprimida.
Pero la narrativa moderna de las visitas extraterrestres no ha surgido de las comunidades indígenas. Todo lo contrario. Surgió en parte como una forma para que los difusores de teorías conspirativas de una Europa desgarrada por el racismo “explicaran” cómo existieron civilizaciones urbanas complejas en lugares como Sudamérica antes de la colonización europea.
Al pasar por el filtro de la contracultura de la nueva era de los años 60, la narrativa se invirtió para valorar a los pueblos indígenas como poseedores de tecnología avanzada.
Hubo un tiempo en que, según esta visión, cada civilización indígena era Wakanda, un país ficticio que aparece en los cómics estadounidenses publicados por Marvel.
Si todo esto se quedara en su propia categoría, como ficción entretenida, entonces las cosas estarían bien. Pero no es así.
Las teorías conspirativas sobre visitas extraterrestres también han intentado reescribir las historias indígenas sobre el origen de la vida en la Tierra.
Las narraciones de visitas tienden a sobrescribir las historias indígenas sobre el cielo y la tierra.
Este es un problema para todos, no solo para los pueblos indígenas que luchan por continuar con las tradiciones auténticas.
Amenaza nuestra comprensión del pasado. Cuando se trata de conocer a nuestros antepasados remotos, los restos de la narración prehistórica son pocos y valiosos, como en la narración indígena sobre las estrellas.
Tomemos como ejemplo los cuentos de las Pléyades, que en sus formas estándar datan de hace al menos 50.000 años.
Quizá por eso estos cuentos en particular son objeto de una intensa crítica por parte de los entusiastas de las visitas extraterrestres, algunos de los cuales incluso afirman ser “pleyadianos”.
No es de extrañar que los pleyadianos no se parezcan a los lakota o a los ojibwa, sino que son sorprendentemente rubios, de ojos azules y nórdicos.
Cada vez resulta más evidente que la creencia en las visitas extraterrestres ya no es sólo una especulación divertida, sino algo que tiene consecuencias reales y perjudiciales.
Historias de la historia — En su momento hablamos del caso de Formoso I, el Papa que después de morir fue desenterrado, juzgado, vuelto a enterrar, otra vez desenterrado… pero hoy nos referimos a Pedro Arias Dávila (Pedrarias), Gobernador y Capitán General de Castilla del Oro (territorio que comprendía territorios de los actuales países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia).
Después de brillar en la conquista de Granada y en tierras africanas (conquista de Orán y en la toma de la fortaleza de Bugía), en 1513 fue nombrado Gobernador y Capitán General de Castilla del Oro.
En 1519 fundó la ciudad de Panamá en su primitivo asiento (actualmente llamada Panamá la Vieja).
Se caracterizó por su temperamento sanguinario y ambicioso y la crueldad con que trató tanto a los indígenas como a los españoles.
Ordenó decapitar a Vasco Núñez de Balboa, descubridor del océano Pacífico, y a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de varias ciudades en Nicaragua.
Irónicamente, para Pedrarias, las monedas de Panáma y Nicaragua son el balboa y el córdoba, respectivamente.
Durante una de las batallas en la lucha por el trono de Castilla, entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, Pedrarias fue gravemente herido y lo dieron por muerto. Cuando iba a ser enterrado uno de sus sirvientes se dio cuenta de que se había movido… estaba vivo.
Pedrarias, como recuerdo a aquel momento y hasta el fin de sus días, celebró el aniversario de aquella fecha con su funeral y su correspondiente entierro. Claro está, y para desdicha de muchos, que luego era desenterrado. Si las luchas entre Isabel y Juana fueron entre 1475 y 1479, y él murió en 1531… hubo unos cuantos.
BBC News Mundo(A.Taylor) — A menos que te hayas saltado la clase de educación sexual, probablemente tengas al menos un conocimiento básico de cómo se hacen los bebés.
Un óvulo necesita ser fertilizado por un espermatozoide durante una ventana precisa en el ciclo menstrual para que se produzca la vida.
Las relaciones sexuales proporcionan condiciones óptimas para la reproducción. Pero eso no significa que todos los embarazos ocurran de esta manera.
También hay ejemplos de mujeres que conciben en circunstancias extremadamente raras que uno esperaría que fueran imposibles.
1. Por sexo anal
Si bien los casos de embarazos como resultado del sexo anal son increíblemente raros, ocurren. Pero solo han ocurrido en personas que tenían una anomalía reproductiva llamada malformación cloacal.
Esta anomalía se presenta en una de cada 50.000 niñas y requiere cirugía correctiva.
Sin embargo, aún después de ella existe una alta probabilidad de que derive en complicaciones como insuficiencia renal, incontinencia, dificultad para quedar embarazada y mayor riesgo de parto prematuro.
Los casos de embarazos y nacimientos por esta condición son extremadamante raros.
Una cloaca es un “orificio común” para orinar, defecar y reproducirse. Se observa habitualmente en reptiles, aves e incluso en ornitorrincos.
En los seres humanos, el tejido crece hacia abajo y divide la cloaca en dos o tres aberturas, según el sexo. Pero en casos raros, este tejido no logra separar por completo el recto de la cavidad vaginal.
Cuando esto sucede, puede suceder que los espermatozoides naden a través de cualquier abertura en la pared de tejido divisorio hacia el óvulo para fertilizarlo. El óvulo fertilizado normalmente se implantará en el útero, como de costumbre.
Si te preguntas por qué los espermatozoides no continúan nadando hacia arriba por el recto, es porque funcionan por quimiotaxis. Esto significa que pueden detectar trazas de sustancias químicas que produce el óvulo.
A medida que los espermatozoides nadan hacia el óvulo, la cantidad de estos “quimioatrayentes” que detectan aumenta, lo que les indica que deben continuar viajando en la dirección correcta.
2. A través del sexo oral (y una discusión muy acalorada)
La tenaz capacidad del espermatozoide para llegar hasta el óvulo tal vez quede demostrada más que nunca en uno de los casos más extraños registrados en la literatura médica.
Una mujer que nació sin vagina acudió al médico quejándose de un dolor abdominal intermitente que, en muchos sentidos, imitaba las contracciones.
Investigaciones posteriores realizadas por los médicos revelaron que había un feto dentro de su útero y que el dolor de la mujer se debía a que estaba de parto.
El bebé nació inmediatamente por cesárea.
El espermatozoide tiene una capacidad tenaz para llegar hasta el óvulo.
El coito estaba descartado como método de concepción. Pero exactamente 278 días antes, ella había sido ingresada en el hospital con heridas de arma blanca en el estómago. Las heridas eran el resultado de una pelea con cuchillo entre ella, su celoso ex y su nueva pareja.
Resultó que justo antes de que ocurriera la pelea con cuchillo ella había practicado sexo oral a su nueva pareja.
Por lo tanto, cuando se realizó la cirugía para reparar sus heridas en el estómago, potencialmente se colaron los espermatozoides que aún existían alrededor de su cavidad abdominal, lo que les permitió migrar hacia el óvulo y fertilizarlo.
No es extraño que haya espermatozoides en la cavidad peritoneal (el espacio entre los órganos abdominales y la pared corporal). Esta cavidad contiene un líquido especial que ayuda a que los órganos se muevan cuando pasa la comida.
Y las investigaciones han demostrado que este líquido también puede favorecer la supervivencia del esperma, permitiéndole viajar a través de esta cavidad hasta el óvulo.
3. Embarazos “por salpicadura”
El “embarazo por salpicadura” es otra forma en la que una persona puede quedar embarazada sin haber tenido relaciones sexuales.
Como sugiere el nombre, si el semen salpica los genitales externos, los espermatozoides pueden llegar a la vagina y nadar hacia los ovarios.
Este tipo de embarazo es muy poco probable, ya que los espermatozoides no sobreviven más de media hora fuera del cuerpo. Si bien los sanos nadan a una velocidad de hasta 5 mm por minuto, solo sobreviven durante un período de tiempo limitado (hasta cinco días en los genitales de las mujeres).
Los espermatozoides no sobreviven por mucho tiempo fuera del cuerpo.
De los cientos de millones de espermatozoides que se eyaculan en la vagina durante el coito, donde las condiciones son ideales, solo entre 200 y 300 llegan al óvulo. Es fácil entender por qué los embarazos por salpicadura son tan poco frecuentes.
No es posible que se produzca un embarazo por salpicadura de esperma en el agua del baño o en bañeras de hidromasaje, ya que el agua dispersa el esperma y diluye el líquido seminal que normalmente lo protege de los genitales internos de la mujer y del mundo exterior.
Los productos químicos como el cloro en el agua también matan rápidamente el esperma.
4. Embarazo doble
El cuerpo tiene un mecanismo que impide que se produzcan embarazos mientras una mujer ya está embarazada.
Esto es así incluso en el caso de las mujeres que nacen con dos úteros, ya que estos mecanismos trabajan arduamente para evitar que se produzca un segundo embarazo.
Las hormonas impiden la ovulación y producen un tapón mucoso espeso que cubre el cuello uterino para impedir que los espermatozoides viajen hacia el útero en dirección al ovario.
Pero un fenómeno, llamado superfetación, echa por la borda esas reglas.
Este proceso hace que se manifieste un segundo embarazo mientras el primero ya está progresando.
Es un fenómeno tan raro que los científicos no comprenden del todo cómo ocurre. La mayoría de los casos registrados han sido en mujeres que utilizaron fertilización in vitro.
La mayoría de estos casos -muy poco frecuentes- se han dado en mujeres que han hecho fertilización in vitro.
Los dos embarazos suelen producirse muy cerca uno del otro, normalmente con una diferencia de dos a cuatro semanas entre el primero y el segundo. Esto significa que los bebés pueden nacer al mismo tiempo, como gemelos.
Aunque hay una diferencia de edad gestacional, la mayoría de estos embarazos progresan normalmente sin complicaciones más allá de las que se observan de forma más amplia.
Estos ejemplos son, por supuesto, extremadamente raros, por lo que probablemente no debes preocuparte demasiado. Pero si no buscas quedar embarazada pronto, asegúrate de usar métodos anticonceptivos.
The Conversation(A.Phippen) — “No hago caso a los adultos cuando se trata de este tipo de cosas”, me dijo un joven de 17 años.
Estábamos hablando de cómo la tecnología digital afectaba a su vida en el contexto de un proyecto que llevé a cabo con colegas al oeste de Inglaterra para explorar la salud mental de los jóvenes, en el que incluíamos el impacto de la tecnología digital en su bienestar emocional.
Existe la percepción generalizada de que estar conectado es contraproducente para la salud mental de los jóvenes. Pero cuando empezamos el proyecto, enseguida nos dimos cuenta de que había muy pocas pruebas que lo corroboraran.
Los pocos estudios en profundidad sobre el uso de los medios sociales y la salud mental de la infancia afirman que los impactos son pequeños, y es difícil sacar conclusiones claras.
Queríamos averiguar si el bienestar de los jóvenes se veía realmente afectado, y de qué manera, con el fin de elaborar recursos para ayudarles. En el marco de nuestro proyecto hablamos con unos 1 000 jóvenes. Descubrimos que había una desconexión entre lo que les preocupaba a los jóvenes en relación con su vida en internet y lo que les preocupaba a sus padres y a otros adultos.
Una de las cosas que nos dijeron los jóvenes fue que los adultos tendían a hablarles con condescendencia sobre los peligros en la red y a mostrar una actitud muy alarmista. Las opiniones de los adultos sobre dichos peligros rara vez coincidían con las suyas. Les parecía frustrante que les explicaran lo que era perjudicial sin preguntarles acerca de sus propias experiencias.
– Preocupaciones comunes
Entre las preocupaciones que nos contaron los jóvenes se encontraban el acoso y otras formas de abusos en línea. También les preocupaba perderse las interacciones (tanto en línea como en la vida real) que otros mostraban en sus publicaciones, o que sus publicaciones no recibieran tantos “me gusta” como las de los demás.
Pero estas preocupaciones rara vez se reflejan en la presentación que hacen los medios de comunicación del lado más oscuro de internet. Los medios suelen explorar el lado criminal del abuso: el grooming, la prevalencia de la pornografía. También tiende a describir el uso de los medios sociales con un lenguaje similar al utilizado para hablar de adicción.
Influidos por esta cobertura de los medios, no es de extrañar que los padres se planteen las conversaciones con los jóvenes desde una preocupación excesiva y con la suposición de que sus hijos están siendo acosados por depredadores, o de que están accediendo a contenidos dañinos o ilegales.
Las preocupaciones de los jóvenes y sus padres sobre la seguridad en Internet pueden no coincidir.
Llevamos varios años realizando una encuesta entre los jóvenes sobre sus experiencias en internet. Nuestro último análisis se basa en 8 223 respuestas. Una de las preguntas que formulamos es: “¿Alguna vez te ha disgustado algo que haya sucedido en internet?”. Aunque hay diferencias entre grupos de edad, descubrimos que el porcentaje de jóvenes que dicen “sí” ronda el 30 %. O, dicho de otro modo, más de dos tercios de los jóvenes encuestados nunca habían tenido una experiencia desagradable en las redes.
En cambio, las experiencias en línea relatadas por el 30 % que sí se había disgustado a menudo no coincidían con los casos extremos denunciados en los medios de comunicación. Nuestro análisis de las respuestas mostró que es mucho más probable que estos disgustos provengan de comentarios abusivos de compañeros y de noticias sobre temas de actualidad.
Esta desconexión provoca que los jóvenes sean reacios a hablar con los adultos sobre sus preocupaciones. Tienen miedo a que les regañen, a que el adulto reaccione de forma exagerada o a que hablar con un adulto pueda empeorar el problema. Los adultos a los que pueden dirigirse deben dejar claro que eso no va a ocurrir y que solo pretenden ayudar.
– Cómo ayudar
Hay tres cosas que los jóvenes nos han dicho sistemáticamente que los adultos podrían hacer para ayudar: escuchar y comprender, sin juzgar.
Las conversaciones son importantes, al igual que mostrar interés por la vida en línea de los jóvenes.
Sin embargo, esas conversaciones no tienen por qué ser confrontaciones.
Si una noticia de los medios de comunicación sobre los jóvenes y los daños en internet preocupa o alarma a los padres, la conversación no tiene por qué empezar con: “¿Tú haces esto?”.
Esto puede dar lugar a una respuesta defensiva y a que se cierre la conversación.
Sería mucho mejor introducir el tema con: “¿Has visto esta historia? ¿Qué te parece?”.
También es importante trabajar en colaboración con los educadores. Si un progenitor tiene dudas, mantener una conversación con los tutores puede ser una forma útil de apoyar al joven. El tutor también puede ser consciente de que el joven no se comporta como él mismo, o puede haber notado cambios en la dinámica de grupo entre sus compañeros.
Pero, incluso si no son conscientes de nada, plantearles las preocupaciones –y discutir de dónde surgen– significará que tanto los padres como la escuela están enfocados en la misma dirección. Es importante que los jóvenes reciban tanto mensajes coherentes como apoyo. Y las escuelas también podrán conectar con otros servicios de apoyo si son necesarios.
En última instancia, queremos que los jóvenes se sientan seguros de que pueden pedir ayuda y recibirla. Si esto no ocurre, es mucho más probable que el problema al que se enfrentan no se resuelva e incluso empeore.
BBC New Mundo(L.Kazantseva) — Si has visto la película de animación «Inside Out 2» (Intensamente 2 o Del revés 2), quizá te hayas sentido identificado con los problemas de ansiedad y las consecuencias físicas que sufre la protagonista.
Pero existen muchas otras situaciones en las que nuestras emociones negativas se expresan de manera exagerada, haciendo que, como se dice coloquialmente, “metamos la pata”.
¿Quién no ha dicho, por ejemplo, una insolencia por algo trivial debido a que era la hora de almuerzo y aún no había comido por culpa de una reunión de trabajo que se había extendido más de la cuenta?
Descubramos por qué nos juega el cuerpo estas malas pasadas.
Cuando tenemos hambre, las emociones que cobran protagonismo son la fatiga, confusión o el enojo.
El causante de todo esto es el azúcar –concretamente, la glucosa– que circula en nuestra sangre. En el momento en que sus niveles bajan, se desencadena en nuestro cuerpo una serie de respuestas para recuperarlos.
Pero ¿qué papel exactamente ejerce la glucosa? ¿Por qué es tan importante?
Este tipo de azúcar es la principal fuente de energía para las células, que componen todos nuestros órganos.
Por ejemplo, el cerebro depende casi exclusivamente de su aporte. Sin ella, los 100.000 millones de células nerviosas que lo componen no serían capaces de realizar su trabajo de manera óptima.
Si el cerebro no recibe suficiente glucosa, lo percibimos sintiéndonos débiles, irritables, mareados y con dificultad para concentrarnos.
En casos extremos, cuando el abastecimiento de azúcar escasea por tiempos muy prolongados, podemos entrar en estado de coma.
– Cortisol, el titiritero de las emociones
Esos son algunos de los síntomas que sirven como señal de que necesitamos comer para restablecer los niveles de azúcar en la sangre, que sirve como una autovía para que los distintos nutrientes lleguen a su destino: las células esparcidas por todo nuestro cuerpo.
Ante esta situación, se produce una cascada de reacciones fisológicas.
A nivel molecular se liberan distintas hormonas. Una de ellas es la grelina, producida y liberada a la circulación desde las células del estómago. Este compuesto natural estimula el apetito, garantizando que el organismo reciba energía a través de la ingesta de comida.
En el momento en que los niveles de glucosa en el cuerpo bajan, se desencadena una serie de respuestas para recuperarlos.
Pero al desconocer las circunstancias de por qué no estamos comiendo, la grelina estimula de manera indirecta, en paralelo, la producción de la hormona asociada con el estrés: el cortisol, generado por las glándulas suprarrenales.
Para aumentar los niveles de azúcar, el cortisol promueve un proceso conocido como gluconeogénesis. Este se basa en la producción de glucosa a partir de la descomposición de ácidos grasos y proteínas almacenados en el hígado. Así se logra un rápido aporte de energía a nuestro cuerpo.
La presencia de cortisol en la sangre durante estados de hambre afecta el funcionamiento del cerebro, actuando como una especie de titiritero.
Altera los niveles de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, relacionados con emociones positivas y la percepción del estrés. La consecuencia de estos efectos combinados hace que nos sintamos irritados o enojados más de lo normal cuando tenemos hambre.
Los humanos no somos los únicos a los que les pasa esto. En un estudio de comportamiento en peces cebra, los investigadores descubrieron que estos animales también se ponen agresivos cuando les acucian las ganas de comer.
– Un comportamiento moldeado por la evolución
Como hemos visto, nuestro estado de ánimo es el resultado de muchas interacciones bioquímicas, y hay una hormona protagonista de esta danza de la que todavía no hemos hablado.
Seguramente en algún momento de tu vida la habrás escuchado mencionar, especialmente referida a los deportes extremos. Lo has adivinado, es la adrenalina.
Nuestro estado de ánimo es el resultado de interacciones bioquímicas y hormonas como la adrenalina y el cortisol.
Al igual que el cortisol, es producida por las glándulas suprarrenales y está asociada a situaciones de estrés. Se conoce por su papel en la respuesta “lucha o huida” del cuerpo, una reacción fisiológica ante una amenaza.
Durante los estados de hambre, tanto la adrenalina como el cortisol afectan conjuntamente a nuestro ánimo, haciendo que estemos más enojados o irritados.
Se cree que existe una explicación evolutiva: para poder sobrevivir la escasez de alimentos –y, por ende, competir con los rivales por esos recursos– ser agresivo resultaría ventajoso cuando los humanos eran cazadores-recolectores.
Hoy en día, aunque ya no competimos por la comida de la misma manera, conocer cómo reacciona el cuerpo al hambre puede ayudarnos a manejar nuestras emociones.
Si identificas que empiezas a sentirte enojado o irritado, recuerda que pueden ser los efectos de estar en ayunas.
Llevar consigo un refrigerio saludable no solo te mantendrá con energía, sino que también te ayudará a mantener un estado de ánimo más equilibrado.
¿Qué tal si desde hoy nos aseguramos de preparar algo ligero para comer antes de que el hambre nos nuble la razón?
JotDown(C.Frabetti) — Después de tantos años debería haberme acostumbrado, pero nunca deja de sorprenderme, al llegar las navidades, el aplomo con que en todos los medios, y muy especialmente en los informativos de la televisión, se habla de Papá Noel y de los Reyes Magos como si fueran reales.
A lo sumo una media sonrisa en el rostro impávido del presentador, un guiño cómplice al hablar con afectado rigor informativo de las peripecias de «sus majestades». Un guiño de complicidad con los adultos, claro, no con los niños, sino más bien contra ellos (como cuando nos reímos de una persona pretendiendo que lo hacemos con ella).
Y con la renovada sorpresa navideña me vuelve el recuerdo de un par de niños, uno desengañado y otro solo a medias. El primero, sobrino de un amigo muy querido, dijo con amargo desencanto infantil: «Si Papá Noel no existe, Dios tampoco», y el segundo protagonizó la anécdota que referiré más adelante y que me inspiró una inesperada reflexión política.
La abducción de Papá Noel
El razonamiento del primer niño podría parecer precipitado: de la inexistencia de Papá Noel no se infiere necesariamente la inexistencia de Dios, por lo que la deducción no es correcta. Pero la abducción sí, como diría Peirce, pues ambos arquetipos son elementos básicos de un mismo relato, que se tambalea al quedar invalidado uno de ellos (es difícil creer en Júpiter Tonante sabiendo que los rayos no son venablos).
Los niños —al igual que los científicos— continuamente tienen que elaborar hipótesis a partir de informaciones insuficientes o engañosas, lo que los convierte en abductores ingenuos, pero a menudo certeros.
Tal vez convenga aclarar que la abducción de la que hablo no tiene nada que ver con supuestos secuestros de humanos por parte de alienígenas. Pues, aunque es más conocida la acepción ufológica del término, en la jerga de la lógica una abducción es un silogismo cuya premisa no es segura, sino solo probable.
Y puesto que, tanto en la vida cotidiana como en la investigación científica, casi nunca podemos estar seguros de nada, en realidad la mayoría de nuestros razonamientos son abductivos, incluso cuando creemos partir de certezas: los silogismos perfectos solo tienen cabida en los cursos de lógica y en la matemática pura.
Y esto llevó al científico y filósofo Charles S. Peirce, a finales del siglo XIX, a proponer el concepto de abducción —redefinido por él— como clave del pensamiento creativo. Para Peirce, la abducción no es una anomalía o variante imperfecta de la deducción, sino que, en pie de igualdad con esta y con la inducción, constituye el trinomio básico del pensamiento, y muy especialmente de la generación de nuevas ideas.
La abducción propone hipótesis, la deducción saca conclusiones de estas hipótesis y la inducción contrasta dichas conclusiones con la experiencia para reforzar o refutar las hipótesis propuestas. Abducción, deducción e inducción son, pues, las tres patas de la inferencia. Y los pilares del método científico. Y del desengaño infantil en un mundo en el que los adultos no suelen decir la verdad.
En España no hay unicornios
Porque la verdad solo es digna de ese nombre cuando es «toda la verdad y nada más que la verdad», como reza la conocida fórmula jurídica con la que se toma juramento en los tribunales de algunos países. Las omisiones, los añadidos o las connotaciones de una versión sesgada pueden distorsionar la verdad hasta hacerla irreconocible.
Hace unos años, yendo por una deslumbrante calle navideña que invitaba a dejar volar la imaginación, oí este breve diálogo entre un niño de unos siete años y su padre:
—Papá, quiero ver un unicornio.
—En España no hay unicornios, hijo.
Es cierto, en España no hay unicornios. Pero decir que en España no hay unicornios en vez de decir que los unicornios no existen, es dar a entender que en otros lugares sí los hay o podría haberlos.
En España no hay presos políticos en la misma medida y por la misma razón que no hay unicornios: porque no existen. Ni han existido nunca. Cuando un objetor de conciencia iba a la cárcel, no lo encarcelaban por sus ideas, sino porque infringía una ley que dictaminaba que el servicio militar era obligatorio.
Cuando un antifranquista iba a la cárcel por repartir octavillas o ejemplares de Mundo Obrero, no lo encarcelaban por sus ideas, sino por infringir una ley que prohibía difundir esas ideas mediante publicaciones ilegales.
Por definición, alguien que va a la cárcel después de ser juzgado, es porque un juez lo ha declarado culpable de haber cometido un delito y lo ha condenado a prisión. Por lo tanto, solo se podría considerar preso político a alguien que fuera encarcelado sin que ningún juez lo ordenara; pero en ese caso no cabría hablar de encarcelamiento, sino de secuestro.
Por lo tanto, los presos políticos, al igual que los unicornios, no existen. Menos aún que los unicornios, que podrían llegar a existir gracias a la ingeniería genética, mientras que un preso político, si aceptamos la ley que lo encarcela, es un oxímoron, una contradictio in terminis, y por lo tanto no existe ni puede existir.
Así pues, los embaucadores que repiten como una jaculatoria que en España no hay presos políticos, intentan hacernos creer que en otros lugares u otras épocas sí los hay o los ha habido, y que aquí no los hay porque vivimos en una «democracia consolidada», amparados por una ley que todos deben cumplir.
Y si aceptamos sus premisas, esos embaucadores tienen razón: tanta como el dictador del que son herederos y su «democracia orgánica». Porque si aceptamos la ley que los encarcela —entendiendo por ley no solo la legislación vigente, sino también a los jueces que la interpretan y al Gobierno que los manipula— todos los presos son presos comunes.
Y viceversa: si no aceptamos a un Gobierno corrupto, ni a unos jueces indignos, ni unas leyes cuyo principal objetivo es defender los privilegios de una minoría, ni un sistema carcelario inhumano, todos los presos son presos políticos.
Mentiras gozosas
San Nicolas
Y en el mismo sentido en que todos los presos son presos políticos, en este mundo de verdades edulcoradas, medias verdades y mentiras repetidas mil veces, todos los niños son presos mentales (y las niñas más; pero ese es otro artículo).
A la consabida clasificación de las mentiras en perniciosas, oficiosas, jocosas y piadosas, habría que añadir las mentiras gozosas, que van un paso más allá de las piadosas y no se limitan a ocultar o embellecer una verdad cruel, sino que inventan una seudorrealidad encantadora (en ambos sentidos del término).
Y entre las mentiras gozosas con las que se manipula y entontece a la infancia, destaca por derecho propio la de Papá Noel (y sus equivalentes: Reyes Magos, Olentzero, Befana…), el premiador de bondades y repartidor de regalos.
Un juego de ilusiones aparentemente festivo y amoroso que, en realidad, es una solapada técnica de domesticación y sometimiento.
Porque Papá Noel, más que un avatar de san Nicolás, lo es del propio Dios: premia a los buenos (con juguetes, pequeños heraldos del sublime ocio paradisíaco) y castiga a los malos (con carbón, potencial alimento del fuego del infierno) al terminar el año, del mismo modo que Dios premia a los buenos y castiga a los malos al terminar la vida.
Mentiras espantosas
Las mentiras gozosas tienen su reverso oscuro —y su complemento necesario— en las mentiras espantosas, pues la domesticación de la infancia, como todas las domesticaciones, se basa en el binomio premio-castigo.
Si te portas bien, los Reyes Magos te traerán juguetes, festivos heraldos del sublime ludus paradisíaco; si te portas mal, te traerán carbón, negra metonimia del fuego infernal.
El mero hecho de que la letra de una de las nanas más populares dijera (con voz suave y melodiosa, para más inri) «Duérmete, niño, duérmete ya, que viene el coco y te llevará», habría sido motivo suficiente para quitarles la custodia a varias generaciones de progenitores.
Y los menos jóvenes hemos tenido ocasión de escucharla en vivo y en directo, pues hasta hace poco era frecuente aterrorizar y pegar a los más pequeños, a una edad en la que los golpes y los sustos dejan marcas indelebles.
No es casual que algunas películas de terror especialmente desasosegantes se basen en la difundida práctica de castigar a los niños encerrándolos en el infame «cuarto oscuro».
La brutal amenaza del coco que se lleva —o se come, según las versiones— a los niños que duermen poco es un claro ejemplo del tipo de mentiras que pretenden convertir las funciones básicas —comer, dormir, lavarse…— en deberes sacrosantos cuyo incumplimiento merece un castigo severísimo.
Otras mentiras espantosas buscan preservar la hipócrita moral sexual burguesa («Si te tocas la colita se te caerá») y pueden prolongarse, convenientemente actualizadas, hasta la adolescencia («Si te masturbas te quedarás ciego o raquítico»).
Mentiras disonantes
Junto a —o en medio de— las mentiras gozosas y las espantosas, cabe situar a modo de tertium genus las que podríamos denominar mentiras disonantes (en referencia a la disonancia cognitiva), capaces de provocar alternativamente —o incluso simultáneamente— gozo y espanto, en la medida en que son intrínsecamente contradictorias o remiten a contradicciones flagrantes.
La conducta de los animales, incluidos los humanos, responde a tres pulsiones básicas: el hambre, la libido y el miedo, y una sociedad se define, en gran medida, por la forma en que regula estos impulsos primordiales y por los relatos con los que expone y justifica dicha regulación (uno de estos relatos —a menudo el más importante— es, obviamente, la religión; pero este artículo se centra en las mentiras, y mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar, por lo que quienes trasmiten de buena fe sus convicciones religiosas engañan pero no mienten; habrá que dejar el espinoso asunto de la religión para otro momento).
Y dado que nuestra sociedad está lejos de gestionar de forma satisfactoria —o tan siquiera coherente— las pulsiones y necesidades básicas, los relatos justificatorios suelen estar plagados de falacias y contradicciones, especialmente los destinados a la infancia.
Que el consumo de carne y productos lácteos es una aberración dietética y sanitaria, así como una de las principales causa de la deforestación y el cambio climático, hace tiempo que es un hecho comprobado y repetidamente denunciado por científicos, médicos y ecologistas.
Pero la criminal industria ganadera, como en su día la tabacalera, utiliza sus poderosísimos recursos, influencias e intereses creados para sobornar, silenciar, amenazar y difundir por los grandes medios unas mentiras que, repetidas mil veces, se convierten en supuestas verdades admitidas sin rechistar por legiones de necios, como los publicistas aprendieron de Goebbels.
Que viene el Coco, de Francisco de Goya.
Y a los niños se les sigue diciendo que tienen que tomar mucha leche para crecer fuertes y sanos, lo que no es menos grave que incitarlos a fumar o a beber vino (Si alguien cree que exagero, puede encontrar abundantes informes y testimonios aún más contundentes en la red, e incluso en plataformas tan poco sospechosas de radicalismo como Netflix o Prime; por ejemplo, el documental What the Earth (2017) o la serie Eres lo que comes, en Netflix, y los documentales One Earth: Everything is Connected (2022), La dieta que nos conduce a la extinción (2022) o El fin de la carne (2019), en Prime).
Y por si fuera poco, les contamos cuentos como el de los tres cerditos o el de los siete cabritillos, y luego los homologamos con el lobo feroz —injustamente criminalizado— dándoles un bocata de jamón o unas costillas a la brasa.
Las niñas y niños más inteligentes y sensibles, al descubrir falacias y contradicciones flagrantes en las narrativas de sus mayores, pueden reaccionan de distintas maneras, que van desde la rebeldía abierta hasta la depresión; pero la mayoría, con el cerebro sistemáticamente —sistémicamente— embotado desde la cuna, asumen de forma pasiva y acrítica el irracionalismo reinante.
El mayor perjuicio de las mentiras disonantes —así como su fundamental contribución al mantenimiento del orden establecido— es que abocan a millones de niñas y niños a la disonancia cognitiva.
Por lo que respecta a la libido, si algo dejó claro Freud en sus escritos metapsicológicos (seguramente lo más interesante de su producción), es que la civilización conlleva la represión severa de los impulsos sexuales, especialmente en la infancia (no es casual que el aspecto de sus teorías que en su momento suscitó más rechazo fuera su descripción de una sexualidad infantil «perversa y polimorfa»).
En este caso, la mentira disonante rebota en su objeto —la infancia— y (en)vuelve al emisor —el mundo supuestamente adulto— provocando el consabido efecto del traje nuevo del emperador: se consensúa como políticamente correcta una visión idílica y asexuada de la infancia en la que, en el fondo, nadie cree.
En cuanto a la tercera pulsión básica, el miedo, es sin duda una ventaja evolutiva que en los primeros años de vida sea tan frecuente e intenso. Al igual que nuestros remotos antepasados, las niñas y niños de hoy suelen tener miedo de la oscuridad, del fuego, del agua profunda, de las alturas, de algunos animales, de los desconocidos…
Y, en principio, es bueno que así sea, e incluso hay que fomentar estos temores en los casos en los que, por alguna razón, no surgen espontáneamente. Pero una cosa es fomentarlos en su justa medida (para evitar, por ejemplo, que se queme un niño fascinado por la llama de una vela) y otra muy distinta exacerbarlos sin freno.
En lo relativo al miedo, las mentiras disonantes se unen con frecuencia a las espantosas y a las sobreprotectoras, para dar lugar a relatos disuasorios que entenebrecen la realidad y convierten a sus destinatarios en pusilánimes precoces. Pero ese es otro artículo.
La doncella y el unicornio, de Domenichino.
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.
(Antonio Machado)
En un congreso sobre el control de la infancia celebrado en Sevilla en 2012, tuve ocasión de conversar largo y tendido con Judith Miller, la hija de Jaques Lacan. Me temía lo peor —un indigerible rollo lacaniano— y me encontré con lo mejor: una crítica radical de la manipulación sistemática —sistémica— de la infancia por parte de las instituciones, empezando por la familia.
Este artículo es, en alguna medida, un resumen de aquellas conversaciones y un pequeño homenaje a Judith, que falleció en 2017, antes de que pudiéramos llevar a cabo nuestro proyecto de organizar un encuentro internacional sobre el estatuto epistemológico del marxismo y el psicoanálisis, como mencioné en un artículo anterior («Grandeza y miseria de los metarrelatos», 15/10/2022).
Sobreprotección e infra-atención
Terminaba la segunda entrega de esta breve serie señalando que las mentiras disonantes y las espantosas se unen con frecuencia a las sobreprotectoras para dar lugar a relatos disuasorios desproporcionados (cuando no delirantes).
Relatos que, más que proteger a sus destinatarios, tienen por objeto tranquilizar a sus emisores, que suelen ser los consabidos padres y madres «sobreprotectores»; entre comillas, porque la denominación es equívoca: sería más adecuado llamarlos seudo-protectores.
Pues la sobreprotección suele ser un intento neurótico de compensar la falta de atención real, algo que los niños de hoy echan de menos a menudo. Porque la atención real consiste, en primer lugar, en escuchar, y en segundo lugar, en responder; en una palabra: en dialogar.
Como nos advierte Rabelais: «Un niño no es una vaso que hay que llenar, sino una llama que hay que alimentar». Pero llenar vasos es más fácil, y además no corres el riesgo de quemarte los dedos.
Durante el último tramo de lo que los psicólogos denominan «fase de impregnación», es decir, entre los cuatro y los seis años, les niñes hacen muchas preguntas, puesto que han alcanzado la consciencia suficiente como para empezar a darse cuenta de las numerosas lagunas de su incipiente visión del mundo y, en consecuencia, sienten la acuciante necesidad de llenarlas.
Y muchos padres y madres carecen de la paciencia, la formación o la sinceridad necesarias para satisfacer las expectativas infantiles.
Y en esta etapa decisiva de la infancia, la falta de atención —que se traduce en falta de diálogo— es casi tan nociva como la falta de cariño (de hecho, la falta de atención es falta de cariño verdadero —ese que ni se compra ni se vende—, que es, ante todo, reconocimiento y respeto de la individualidad ajena).
Y algunos progenitores, vagamente conscientes de que la falta de atención dificulta la maduración intelectual y emocional de sus hijes, intentan compensarla con un exceso de protección.
Mentiras cualitativas
La verdad solo es digna de ese nombre cuando es toda la verdad y nada más que la verdad, puesto que las omisiones y los añadidos maliciosos pueden distorsionarla hasta convertirla en una falacia.
A propósito de la infancia y la adolescencia, las mentiras por omisión son tan frecuentes como inicuas, ya que abusan de la precaria información de las víctimas, que no les permite llenar los huecos tendenciosos de la narrativa adulta.
Y en este sentido son especialmente arteras las que podríamos denominar «mentiras cualitativas», en tanto que omiten consideraciones cuantitativas relevantes.
Decirles a les jóvenes que el uso del preservativo no evita el riesgo de embarazo ni el de transmisión del VIH es un claro ejemplo de este tipo de falacia, pues hablar de riesgo sin cuantificarlo no tiene ningún sentido (salvo el de engañar, obviamente).
No es un ejemplo escogido al azar. Una controvertida campaña de finales de los ochenta para la promoción del uso del preservativo entre los jóvenes, cuyo eslogan era «Póntelo, pónselo», no solo suscitó las consabidas diatribas morales de los sectores más retrógrados de la Iglesia, sino también sus ataques seudocientíficos.
Recuerdo con consternación un debate televisivo en el que una dama del Opus Dei afirmó sin despeinarse que el preservativo no eliminaba por completo el riesgo de transmisión del VIH; pero lo más indignante no fue la desfachatez de la dama en cuestión, sino la falta de respuesta de sus oponentes, que demostraron una vez más que el anaritmetismo —la ignorancia matemática profunda, con su consiguiente atrofia del pensamiento cuantitativo— se traduce en pura necedad e insolvencia política.
Existe la posibilidad de que al ir por la calle te caiga algo —o alguien— en la cabeza: una maceta, un trozo de cornisa, un meteorito, un suicida… Pero si una madre no dejara salir a su hijo por miedo a tales impactos, lejos de considerarla prudente dudaríamos de su salud mental.
Pues bien, el riesgo de embarazo o de transmisión de enfermedades venéreas con un uso correcto del preservativo no es mayor que el de sufrir el impacto callejero de algo más masivo que un excremento de paloma.
De hecho, no sé de ninguna mujer que se haya quedado embarazada usando un preservativo y sí de un hombre al que se le cayó encima un suicida (que además es el argumento del relato Vidas perpendiculares, del antaño popular humorista Álvaro de Laiglesia).
Buda y el unicornio
Un caso extremo de sobreprotección y mentiras por omisión lo encontramos en la biografía semi-legendaria de Buda, según la cual el padre del príncipe Siddharta lo mantuvo recluido en su palacio hasta los veintinueve años, rodeado de lujos y comodidades, para evitarle cualquier tipo de peligro o experiencia desagradable.
Al salir furtivamente de su jaula de oro, el futuro iluminado se enfrentó con la vejez, la enfermedad y la muerte, es decir, con el sufrimiento inherente a la condición humana, y decidió dedicar su vida a la búsqueda de una vía de liberación (y encontró ocho: el óctuple sendero).
El caso de Buda es un tanto atípico, pues no son los jóvenes príncipes quienes suelen ser recluidos para protegerlos de los males del mundo, sino las jóvenes princesas.
Y lo que se protege, en el caso de las jóvenes princesas y otras doncellas cautivas de las leyendas y los cuentos tradicionales, es su virtud, que la narrativa patriarcal, en su fóbica negación de la sexualidad femenina, confunde con la virginidad.
Desde el mito partenogenético de la Virgen María hasta la leyenda del unicornio, pasando por un sinfín de narraciones ejemplares, tanto del folklore como de la cultura de masas, la pureza, en las jóvenes, se identifica con la castidad, (Hay que exigirle a la RAE que en su diccionario deje de figurar «castidad» como sinónimo de «honestidad», como si la honradez tuviera algo que ver con la abstinencia sexual) lo que equivale —la mentira por omisión se convierte en exclusión— a considerar impura a la mujer sexualmente activa.
En este sentido, la leyenda del unicornio es especialmente significativa: una doncella puede acogerlo en su regazo y acariciarlo sin temor (como en el casi obsceno lienzo del Domenichino); pero si una no virgen se atreve a acercarse al inmaculado monoceros, corre el riesgo de ser ensartada sin piedad por su poderoso cuerno. Todo un festín iconográfico para un psicoanalista.
De hecho, «el sueño del unicornio» de un paciente de Lacan dio lugar a abundante y muy jugosa literatura psicoanalítica; pero ese es otro artículo.
Esta foto anónima muestra el estudio científico de una momia, que ya ha sido totalmente desvendada, en algún momento del siglo XIX. Fue a finales de este siglo, en 1892, cuando los científicos empezaron a ser conscientes de la información que se podía obtener de una momia. Era el nacimiento de la paleopatología moderna.
National Geographic(J.M.Parra) — Las momias egipcias han resultado siempre extrañamente fascinantes, como la momia de Tutankamón, cuya dentuda expresión se hizo visible tras perder la dignidad protectora de sus vendas, sarcófagos y ataúdes, o como la abrumadora cantidad (cientos de miles) de animales embalsamados que fueron enterrados en las catacumbas de época grecorromana.
Poder mirar a la cara a alguien fallecido hace más de tres mil años, y que de algún modo dejó su huella en la historia, produce un peculiar placer morboso, al igual que contemplar una momia de gato primorosamente vendada e imaginar la de ratones que pudo haber llegado a cazar antes de ser sacrificado y ofrendado a Bastet, la diosa cuyas características encarnaba.
Dada su abundancia y su paradójico atractivo, las momias se convirtieron en uno de los recuerdos favoritos que viajeros y turistas decimonónicos se llevaban a casa, antes de que los investigadores descubrieran la gran cantidad de información que se puede obtener de su estudio.
En realidad, antes de convertirse en souvenir para coleccionistas, las momias fueron durante muchos siglos medicina imprescindible en todas las boticas europeas que se preciaran.
Todo empezó porque los médicos griegos Dioscórides y Galeno recomendaron en sus tratados un producto casi milagroso que servía para curar un sinfín de afecciones de distinto tipo: desde abscesos a erupciones, pasando por fracturas, epilepsias o vértigos, todo lo curaba la mumia, el nombre que los persas daban al producto que hoy conocemos como «betún».
Dada su amplia demanda, con el paso de los siglos los afloramientos naturales de mumia acabaron por secarse, así que, reacios a dejar morir el negocio de un producto que les proporcionaba pingües beneficios –los precios que alcanzaba la mumia eran muy elevados–, los diligentes mercaderes orientales se lanzaron como locos a conseguir otras fuentes de materia prima.
Y la encontraron en los cuerpos embalsamados que durante tres mil años se habían estado produciendo a orillas del Nilo.
Cuando se secaban, las resinas, aceites y productos aromáticos con los que se cubrían –e incluso inundaban– los cadáveres durante la momificación no sólo tenían la misma consistencia y color que la mumia original, sino un olor más fragante y agradable. Así fue como algo que los antiguos egipcios llamaban sah acabó recibiendo el nombre de un extraño producto medicinal procedente de Persia.
Margaret Murray desenvuelve la momia de Khnum-Nakht.
– Una medicina discutida
No siempre era sencillo conseguir una momia,de modo que los mercaderes orientales menos escrupulosos decidieron fabricar sus propias «momias», lo que ocasionó un descenso en la calidad que fue percibido por los boticarios occidentales.
Se estableció entonces una distinción entre mumia primaria, mumia vera o secundaria y la mumia falsa. El problema es que, como denunció Guy de La Fontaine en 1564 tras su viaje a Alejandría para procurarse el producto, en muchos casos las mumias no eran sino cadáveres modernos a los que se trataba para que parecieran momias antiguas.
Como ha destacado E. García Marrasé en un reciente estudio, el dominico español fray Luis Urreta ofrece en su Historia de los reynos de la Ethiopía (1610) una pormenorizada descripción del proceso. Éste consistía en purgar numerosas veces a un moro cautivo para después cortarle la cabeza cuando estaba dormido.
Luego era colgado por los pies y dejaban que se desangrara mientras lo acuchillaban. Cuando el cadáver estaba exangüe, sus heridas y orificios se rellenaban con una mezcla de especias, tras lo cual se descolgaba el cuerpo, se envolvía en heno y se enterraba durante quince días, siendo después exhumado y expuesto al sol un día entero.
Así la carne quedaba convertida en un bálsamo mejor que el de las momias antiguas, pues al decir del clérigo era más limpia y producía mayor efecto. No obstante, no todo el mundo cantaba las excelencias de la momia como medicina.
Ya en 1582, el francés Ambroise Paré escribía en su Discours de la momie que «el efecto de esta malévola droga es tal que no sólo no mejora nada a los enfermos, como he visto numerosas veces por propia experiencia en aquellos a los que se les hace tomarla, sino que les causa un gran dolor en el estómago, con apestosidad en la boca, grandes vómitos, que son origen de alteraciones en la sangre y más la hace salir de los vasos que la detiene».
Esta corriente contraria al supuesto medicamento acabó sumándose a los primeros atisbos de curiosidad sobre las momias como objetos.
Desenvolviendo públicamente una momia egipcia en Inglaterra.
Las momias dan mala suerte
Más complicado resulta saber cuándo empezó el afán por llevarse momias de recuerdo a Europa. Seguramente, algún griego o romano de vacaciones en Egipto ya se fue a casa con una momia de halcón u otro animal momificado; pero desde entonces hasta el siglo XIX parece que el interés por las momias como souvenirmenguó bastante debido a la mala suerte que parecían causar.
En su deseo por controlar el negocio, las autoridades otomanas impusieron leyes que impedían la exportación de las preciadas mumias; pero siempre había algún avispado dispuesto a intentarlo. En el siglo XVI, Jean Bodin cuenta la historia de Octavio Fagnola, un cristiano converso al islam que saqueó un montón de tumbas, al parecer en Gizeh, hasta que encontró un cadáver sin vísceras, envuelto en una piel de buey y con un escarabeo del corazón –un amuleto que tenía la función de proteger el corazón del difunto–.
Sin muchos problemas, la momia fue introducida en un barco con rumbo a Italia, pero a medio camino unos fuertes vientos obligaron al capitán a arriar las velas y a deshacerse de parte de las mercancías. Atemorizado por lo que parecía un riesgo inminente de naufragio, Fagnola aprovechó la oscuridad de la noche para deshacerse del cuerpo del delito, nunca mejor dicho.
Y es que, como comenta el italiano, todo el mundo sabe que «los cadáveres de los egipcios siempre promueven tempestades». ¿Se trata quizá de una idea fomentada por los propios egipcios con la intención de que el miedo limitase el contrabando de momias? Es posible, pero parece más factible que esta supuesta mala suerte derivara de un hecho histórico ocurrido antes que la procelosa historia de Fagnola.
A finales del siglo XVI, la Cristiandad y el Imperio otomano se disputaban el control del Mediterráneo. La tensión fue en aumento hasta queLiga Santa y la armada turca se enfrentaron en labatalla de Lepanto, en 1571. La victoria cristiana fue completa y entre los corrillos de los animados puertos del Mediterráneo no tardó en correr la noticia de que los turcos habían embarcado una momia en una de sus naves con el fin de atraer la buena fortuna.
Dado que perdieron el combate, no es de extrañar que a partir de entonces los cristianos creyeran que embarcar una momia era señal segura de desastre marítimo y que empezaran a surgir por doquier historias que lo corroboraban.
Retrato de Thomas Pettigrew realizado por Skelton.
– Primeros estudios de momias
El primer «análisis» de una momia tuvo lugar en 1698, cuando Benoît de Maillet, el cónsul francés en El Cairo, desvendó una y tomó nota de algunos de los objetos aparecidos.
Pero el primer estudio serio de una momia lo realizó un boticario alemán llamado Christian Hertzog, quien en 1718 desvendó una y tomó notas de todo el proceso, que luego publicó.
Su ejemplo lo siguió en Londres en 1792 su compatriota Johann Friedrich Blumenbach; aunque no sería hasta el siglo XIX cuando el interés por las momias comenzó a crecer en todos los niveles de la sociedad.
En 1825, el médico Augustus Bozzi Granville publicó el resultado de su estudio de una momia.
En 1828, el historiador William Osburn analizó otra con ayuda de un equipo de químicos y anatomistas.
Ambos siguieron el camino abierto por Giovanni Battista Belzoni que, como complemento a su exposición de los relieves de la tumba de Seti I –que había descubierto en 1817–, en 1821 desvendó una momia ante un grupo de médicos, para lo cual contó con la ayuda de su amigo Thomas Pettigrew, que era cirujano.
Fue éste quien poco después convertiría el desvendado de momias en un espectáculo público.
Pettigrew –que acabó recibiendo el apodo de «Momia» Pettigrew– asistió a la apertura de tres momias con Belzoni, pero su primer intento en solitario tuvo lugar de forma privada con una momia que consiguió en una subasta.
Habiéndose convertido con ello en tan experto como el que más –algo a lo que sin duda contribuyeron sus conocimientos de anatomía– decidió organizar una serie de charlas sobre la cuestión.
El plato fuerte de sus conferencias se servía a los postres en forma de desvendado de una momia, de las que, como vemos, no era difícil conseguir ejemplares. En total impartió una docena de charlas en 1833 a los asombrados londinenses que, entre asqueados y seducidos, desde el patio de butacas veían surgir el rostro amojamado de un egipcio milenario.
Por suerte, ya que después de todo era un científico, Pettigrew tomaba notas de los detalles del desvendado y con este notable fondo documental escribió el primer tratado científico sobre la materia: Historia de las momias egipcias y un informe sobre el culto y embalsamamiento de animales sagrados; con menciones sobre las ceremonias funerarias de diferentes naciones, y observaciones sobre las momias de las islas Canarias, los antiguos peruanos, los sacerdotes birmanos, etc., publicado un año después de sus charlas.
Pettigrew quería crear una ciencia de las momias, y no cabe duda de que su ejemplo cundió: ese mismo año, John Davison desvendó dos momias en la Royal Institution y luego publicó un detallado informe, algo que había empezado a convertirse en imprescindible.
Tráfico de momias
– El largo camino hasta la ciencia
La llama había prendido y, siguiendo el éxito de Pettigrew, desvendar una momia se convirtió en el juego estrella de numerosas fiestas entre la gente bien de Londres. Incluso se imprimían tarjetones para invitar al evento, como el que tuvo lugar el lunes 10 de junio de 1850 en el número 144 de Piccadilly, a las dos y media, en casa de lord Londesborough, que tuvo como «oficiante» a Samuel Birch, conservador del Museo Británico.
Birch se convirtió en el sucesor de Pettigrew, y durante los años siguientes estudió numerosas momias, como las que trajo el príncipe de Gales de un viaje a Egipto en 1868. Pero en sus publicaciones, Birch prestaba mas atención a ataúdes e inscripciones que a los cuerpos momificados.
En 1880 se descubrió en Deir el-Bahari un primer escondrijo de momias reales del Imperio Nuevo (TT320), al que siguió en 1898 la tumba de Amnehotep II (KV35) en el Valle de los Reyes, también convertida en escondrijo de momias reales.
El trato que recibieron las momias de personajes como Tutmosis III o Ramsés II fue, sin duda, respetuoso según los cánones de la época; pero lo cierto es que por parte de los egiptólogos, excepto desvendarlas para encontrar objetos entre sus vendas, poco más se hizo.
Por fortuna, a principios del siglo XX Grafton Elliot Smith, que trabajaba como anatomista en la Escuela de Medicina de El Cairo, estudió y fotografió las momias reales, y años después publicó un libro que todavía se utiliza como referencia: Catalogue of the Royal Mummies in the Museum of Cairo (1912).
Sus estudios osteométricos le llevaron a darse cuenta de que era más que probable que las etiquetas y los nombres escritos en las vendas de varias de las momias estuvieran equivocados. Al parecer, los sacerdotes de la dinastía XXI que escondieron las momias reales para salvarlas de un más que probable expolio no pusieron en la tarea toda la atención debida.
El estudio de las momias estaba a punto de dar un vuelco. Si bien en 1903 Mark Twain aún bromeaba diciendo que eran perfectas para calentar las calderas de las locomotoras de los trenes egipcios, en 1908 Margaret Murray organizó en Manchester un grupo pluridisciplinar para estudiar científicamente dos grupos de momias.
La vía quedaba por fin abierta para que las momias fueran consideradas como lo que son: importantes fuentes de información histórica; pero lentamente, porque aún en 1900 un brazo momificado hallado en la tumba del faraón Djer acabó en la basura tras ser fotografiado.
Historias de la historia(J.Sanz) — Aunque existen diversas teorías sobre otros que llegaron al continente americano antes que Colón, independientemente de los nativos del lugar, creo que el título de descubridor, con todo lo que conlleva (explorar, investigar… y dar a conocer), se lo podemos adjudicar a Cristobal Colón.
En 1493, cuando Colón regresó de su primer viaje a las Indias y a petición de los Reyes Católicos, el Papa Alejandro VI, el valenciano Rodrigo Borgia, les otorgó la Breve Inter caetera que junto con la Bula menor Inter caetera, la Bula menor Eximiae devotionis y la Bula Dudum siquidem constituyen las llamadas Bulas Alejandrinas.
En breve Inter caetera, otorgado el 3 de mayo de 1493 en favor de Fernando e Isabel, el Papa concede:
el dominio sobre cada una de las tierras e islas ya citadas, así las desconocidas como las hasta ahora descubiertas por vuestros enviados y las que se descubran en adelante […] el monopolio del comercio con las nuevas tierras, prohibiendo a todos los cristianos navegar a ellas sin licencia de los Reyes Católicos, bajo pena de excomunión.
En contrapartida, les impuso a los reyes la obligación de enviar misioneros para convertir a las poblaciones descubiertas a la fe católica. En estos momentos se planteaban muchas dudas sobre los nativos que poblaban aquellas tierra: ¿eran seres humanos o sólo tenían apariencia humana? ¿tenían alma?
El 9 de junio de 1537, el Papa Paulo IIIponía luz ante tanta oscuridad; en la Bula Sublimis Deus los declaraba hombres:
Nos, que aunque indignaos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor, y luchamos por todos los medios para traer el rebaño perdido al redil que se nos ha encomendado, consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no sólo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla (¿?)
También hacía referencia a su libertad pero esta parte parece que se olvidó por el camino:
Deseando proveer seguros remedios para estos males, definimos y declaramos por estas nuestras cartas, o por cualquier traducción fiel, suscrita por un notario público, sellada con el sello de cualquier dignidad eclesiástica, a las que se les dará el mismo crédito que a las originales, no obstante lo que se haya dicho o se diga en contrario, tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo; y de sus propiedades, y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere, será nulo y de ningún efecto.
Los ‘gemelos albinos’ de ‘Matrix Reloaded’ enfrentados a Morfeo.
The Conversation(J.Solves) — El albinismo es una condición genética congénita de baja prevalencia caracterizada por un déficit visual importante, que puede estar asociada también a alteraciones en la pigmentación.
Cuando el albinismo implica una apariencia extraordinaria por el color de piel, el cabello y los ojos, suele ir asociado a un riesgo de estigmatización y exclusión social que, en casos extremos, implica graves riesgos para la vida.
Desde 2006 se han notificado más de 600 ataques, entre asesinatos, mutilaciones, secuestros y otras violaciones de derechos humanos contra personas con albinismo en 28 países del África subsahariana, debido a la creencia de que estas personas o algunas partes de sus cuerpos tienen poderes mágicos o curativos, lo que ha llevado, incluso, al tráfico de sus órganos.
– Lo que ha retratado la literatura
Muchos ciudadanos de Occidente nos hemos escandalizado ante esto porque pensamos que es imposible que estas ideas y creencias tengan cabida entre nosotros.
Sin embargo, cuando se revisa con detalle la imagen del albinismo construida y difundida por nuestra cultura de masas, se ve que está repleta de estereotipos y prejuicios basados en la misma ignorancia y las mismas obsesiones. Hemos asociado el albinismo con el mal, la magia, los poderes extrasensoriales y la rareza.
De hecho, la literatura está repleta de ejemplos. Desde la clásica novela de Herman Melville Moby Dick, que cuenta la persecución de una ballena asesina que, por supuesto, era albina, hasta El código Da Vinci, de Dan Brown, cuyo antagonista, un monje fanático y asesino llamado Silas, también es albino, pasando, por supuesto, por El hombre invisible (1897), de H. G. Wells, que narra las andanzas de un malvado científico que pretende instaurar un reinado del terror utilizando su invisibilidad y que, aunque pocos lo recuerden, era albino.
Paul Bettany interpretó a Silas, el monje albino, en la adaptación cinematográfica de El código Da Vinci.
El cine, por su parte, además de llevar a la gran pantalla muchas de estas historias literarias, ha reflejado esta misma imagen del albinismo. Así encontramos propuestas como El pueblo de los malditos, la historia de un grupo de niños albinos malvados con poderes telepáticos que siembran el terror en la localidad de Midwich. O Albino farm, que cuenta la angustiosa aventura de cuatro universitarios que se enfrentan a una comunidad de personas con malformaciones genéticas que viven en cuevas dirigida por un predicador enloquecido que, obviamente, es albino.
– El personaje albino es el malo…
En la gran pantalla, la lista de personajes malvados con albinismo –del “Bad Bob” de El juez de la horca al Bosie de Cold mountain, pasando por los gemelos criminales de Matrix Reloaded– es, sencillamente, inacabable. Y es una lástima que la última película en incorporarse a esta larga y funesta lista sea la española Tin y Tina, protagonizada por dos misteriosos e inquietantes niños con albinismo que se intuyen como asesinos al final de la trama.
Los niños albinos de la película de terror Tin y Tina.
Los “villanos albinos” también han protagonizado algunos de los productos de animación (dirigidos especialmente a los niños) más exitosos. Por ejemplo, ahí se incluyen Rudy de Ice Age 3 y Lord Shen de Kung Fu Panda 2.
También se puede ver esta tendencia en muchas series de televisión ––por ejemplo del “albino” de Banshee, al asesino del episodio “Blood Oath” de Star Trek, o a Robert Kirkland de The Batman–.
Y se repite, igualmente, en cómics y animes: de Monsieur Zenith, en la serie Sexton Blake de Anthony Skene, a Tombstone, en los cómics de Spider-Man, y de la clarividente albina Juni Swan en la serie The Demonata de Darren Shan, a Jei Farfarello, un miembro sádico/masoquista de un grupo de asesinos llamado Schwarz en el anime Weiß Kreuz.
Este arquetipo se ha utilizado incluso en videojuegos. Por ejemplo, Silas Vorez, el principal antagonista de The Quarry, es un hombre lobo humano con albinismo, conocido como el “lobo blanco”. Del mismo modo, los clones de Mark en Hitman: Blood money (2006) son dos asesinos albinos creados genéticamente por la organización rival, The Foundation.
El protagonista de Powder sufre maltrato de sus compañeros.
… ¿o el raro?
El otro arquetipo con el que hemos representado el albinismo en Occidente es “el extraño” o “el raro”: alguien que no responde a los cánones habituales y que, por alguna inexplicable razón, hemos de excluir, discriminar, agredir o temer. Son personajes inadaptados o monstruos, habitualmente objeto de bromas y burlas.
Una de las primeras manifestaciones de este arquetipo se encuentra en La pequeña tierra de Dios. Esta película del Hollywood de 1958 cuenta la historia de un campesino pobre que está convencido de que su padre enterró mucho oro en algún lugar de su granja.
Tras quince años de infructuosa búsqueda, secuestra a un chico con albinismo porque alguien le ha contado que “tienen poderes secretos y pueden ver a través de la tierra”. Como era de esperar, y por más esfuerzos que hace, el pobre chico con albinismo no consigue encontrar el ansiado oro.
Otro caso paradigmático es Powder, que narra la desventura de un joven con albinismo cuya apariencia y superpoderes producen el miedo y el rechazo de su entorno.
Por supuesto, todos estos personajes se han construido sin la más mínima información acerca de lo que es en realidad el albinismo.
Y por eso el actor norteamericano con albinismo Dennis Hurley ha podido hacer una graciosa parodia de El código Da Vinci en la que muestra las dificultades que tendría Silas para llevar a cabo sus fechorías si fuera, realmente, una persona con baja visión, como lo son las personas con albinismo.
DW(J.U.) — Un análisis del suelo lunar realizado con datos de la misión india Chandrayaan-3 ha revelado restos de lo que podría ser un antiguo océano de magma en el polo sur de la Luna, según un artículo publicado este miércoles (21.08.2024) en la revista Nature.
Hasta ahora, las investigaciones sobre la geología de la Luna se habían basado principalmente en muestras tomadas por misiones a latitudes medias lunares, como las del programa Apolo de la NASA.
A través de su módulo de aterrizaje Vikram, la India consiguió exitosamente hace un año ser el cuarto país del mundo en llegar a la Luna y el primero en posarse sobre el polo sur lunar, la cara más meridional del satélite y una región que nunca antes había sido explorada.
– Hallazgo de roca anortosita ferrosa
Tras haber recolectado información sobre la presencia de agua y minerales, el róver Pragyan realizó 23 mediciones en diversos puntos a lo largo de 103 metros de la superficie lunar utilizando su espectrómetro de rayos X de partículas alfa, que medía la composición elemental del regolito lunar.
Las exploraciones de Pragyan sirvieron para descubrir una composición elemental relativamente uniforme en el regolito lunar que rodeaba al módulo de aterrizaje, que contenía principalmente el tipo de roca anortosita ferrosa.
Estas mediciones de composición del polo sur lunar son intermedias entre las de las muestras de la región ecuatorial de la Luna tomadas por las misiones Apolo 16 y Luna-20, detalla el estudio.
– Materiales pesados se unieron al manto
Para los autores, la composición química similar de estas muestras geográficamente tan distantes apoya la hipótesis de la existencia de un océano de magma lunar.
Al enfriarse la Luna durante su formación, la anortosita ferrosa, menos densa, flotó hasta la superficie lunar, mientras que los minerales más pesados se hundieron para formar el manto.
– ¿Cómo se formó la Luna?
Se cree que la Luna se formó cuando un planeta del tamaño de Marte colisionó con la Tierra, expulsando rocas que posteriormente se fusionaron para formar el único satélite de nuestro planeta.
Los minerales de magnesio que también fueron detectados por Pragyan, y que no pueden explicarse por la hipótesis del océano de magma lunar, son probablemente material más profundo excavado en la cuenca Aitken, una de las mayores ‘cicatrices’ de impacto del sistema solar, plantean los investigadores.
El estudio concluye que la composición del lugar de aterrizaje de Vikram es coherente con la hipótesis del océano de magma lunar, que predice que las tierras altas lunares se formaron como resultado de la flotación de rocas anortosíticas más ligeras.