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¿Puedes prevenir una intoxicación alimentaria bebiendo alcohol?…


The New York Times(A.Callahan) — “Salud”, dice una mujer en un video en TikTok mientras levanta un vaso lleno de licor hacia la cámara. Lo inclina hacia atrás, hace una mueca y luego saca la lengua con asco.

“Es medicinal, es medicinal”, se recuerda a sí misma.

El motivo del trago fue una comida reciente, que le preocupaba que pudiera haberle provocado una intoxicación alimentaria, dijo. Y había leído en un estudio que, como “el alcohol es un esterilizador”, puede proteger contra las enfermedades transmitidas por los alimentos.

Pero, ¿realmente es así?

Los expertos dijeron que puede haber algo de cierto en la idea de que beber alcohol cuando se ingieren alimentos contaminados puede reducir las probabilidades de intoxicación alimentaria. Pero las evidencias que apoyan esta afirmación son limitadas. Y dependiendo de la cantidad que se beba, el alcohol podría perjudicar al sistema inmunitario más que ayudarle. Esto es lo que sabemos.

Varios pequeños estudios sobre brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos han revelado que el consumo de alcohol está asociado a la protección frente a la intoxicación alimentaria, pero todos ellos tienen limitaciones.

En el estudio citado en el video de TikTok, que se publicó en 2002, los investigadores describieron un brote de salmonela que comenzó en un banquete para 120 personas en España. Al menos 47 personas enfermaron con vómitos o diarrea, además de calambres estomacales, fiebre o dolor de cabeza, tras consumir sándwiches de atún y ensalada de papa contaminados.

Los investigadores descubrieron que quienes declararon haber tomado tres o más copas en la celebración tuvieron un 46 por ciento menos de probabilidades de enfermar que quienes no habían bebido; y quienes habían tomado hasta tres copas tuvieron un 27 por ciento menos de probabilidades de desarrollar síntomas.

Asimismo, en un estudio realizado en 1992 sobre un brote de hepatitis A de 61 personas causado por ostras crudas en Florida, los investigadores descubrieron que quienes declararon haber bebido vino, whisky o cócteles con las ostras tuvieron un 90 por ciento menos de probabilidades de enfermar que quienes no habían bebido.

Beber alcohol previene la intoxicación alimentaria?

Sin embargo, quienes consumieron cerveza no parecían estar protegidos, según la hipótesis de los investigadores, quizá porque la cerveza tiene una concentración de alcohol inferior a la de las otras bebidas.

Estos estudios apoyan la teoría de que el alcohol podría interrumpir la actividad de los agentes patógenos en los intestinos de las personas antes de que estos puedan causar enfermedades, dijo Donald Schaffner, profesor de ciencias de la alimentación de la Universidad de Rutgers.

Esto es plausible, dijo, ya que el alcohol puede matar bacterias e inactivar algunos virus; por eso se utiliza en desinfectantes de manos y superficies.

Pero estos pequeños estudios, que datan de hace décadas, solo pueden mostrar correlaciones entre el consumo de alcohol y un menor número de enfermedades; no pueden demostrar que el alcohol prevenga la intoxicación alimentaria, dijo Matthew Moore, profesor titular de ciencias de la alimentación en la Universidad de Massachusetts Amherst.

Recomendó tomar esos hallazgos “con pinzas”.

Es posible, por ejemplo, que algunas de las personas que no bebieron en esos estudios se abstuvieran por motivos de salud, lo que podría haber explicado por qué eran más susceptibles a la intoxicación alimentaria.

Los investigadores no han puesto a prueba directamente cómo podría influir el consumo de alcohol en el riesgo de intoxicación alimentaria en un ensayo clínico, que podría controlar las diferencias entre las personas que beben y las que no, dijo Moore.

Y en al menos un brote de 33 personas enfermas de hepatitis E por mariscos en un crucero, los investigadores llegaron a una conclusión diferente: solo se infectaron quienes bebieron alcohol, mientras que los abstemios permanecieron sanos.

Según Craig Hedberg, epidemiólogo y experto en seguridad alimentaria de la Universidad de Minnesota, la probabilidad de enfermar a causa de alimentos contaminados depende de varios factores, como el estado de salud, la cantidad de patógenos presentes, el tipo de alimento y la cantidad ingerida.

La ansiedad y la depresión pueden ser los efectos retardados del consumo de  alcohol - Infobae

Añadió que aún no se ha estudiado a fondo la influencia del alcohol en ese aspecto en los seres humanos. Pero en un estudio de 2001, los científicos descubrieron que, aunque el vino tinto y blanco mataba la salmonela en placas de Petri, alimentar con él a ratones no les protegía en absoluto cuando consumían la bacteria.

Si se bebe demasiado, también es posible que el alcohol haga que el intestino sea más susceptible a las infecciones, dijo Gyongyi Szabo, gastroenteróloga y profesora de Medicina de la Escuela de Medicina de Harvard.

Las investigaciones de Szabo y sus colegas dan a entender que el consumo excesivo de alcohol (definido como cuatro o cinco copas o más en unas dos horas para la mayoría de los adultos) puede causar inflamación y signos de “filtración” en el revestimiento intestinal, lo que puede facilitar la entrada de bacterias y toxinas en la sangre.

También está claro que el consumo excesivo y crónico de alcohol puede reducir la capacidad del sistema inmunitario para combatir las infecciones, dijo. Las investigaciones han mostrado, por ejemplo, que las personas con trastorno por consumo de alcohol son más propensas a enfermar o incluso a morir a causa de ciertas infecciones transmitidas por los alimentos, como la listeria y el vibrio.

Y el alcohol puede causar deshidratación, lo que puede empeorar los síntomas de intoxicación alimentaria y prolongar el tiempo de recuperación, dijeron los expertos.

Beber alcohol es un método no probado y potencialmente arriesgado para prevenir la intoxicación alimentaria, dijeron los expertos.

“Para empezar, sería mejor no ingerir alimentos sospechosos”, dijo Schaffner, aunque reconoció que a menudo no es posible saber si un alimento en concreto está contaminado.

Una buena forma de mantenerse a salvo es prestar atención a las retiradas de alimentos, dijo Schaffner.

Y en la cocina, usar técnicas adecuadas de seguridad alimentaria. Por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia; evitar la contaminación cruzada con carne, aves y pescado crudos, separándolos de otros alimentos; cocinar todos los alimentos a la temperatura adecuada, y evitar dejar los alimentos perecederos a temperatura ambiente durante más de dos horas.

¿Qué le pasa al cuerpo si dura un mes sin consumir alcohol?

Estas estrategias son especialmente importantes para quienes son más susceptibles de contraer enfermedades graves por patógenos transmitidos por los alimentos, incluidas las personas con sistemas inmunitarios debilitados, o quienes están embarazadas, son menores de 5 años o mayores de 65.

Moore reconoció que las formas probadas de prevenir las intoxicaciones alimentarias son “un poco aburridas”.

Pero son eficaces, dijo, y eso es lo que importa.

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El poder de unos pechos más pequeños…


Cheyenne Lin, de 26 años, se recupera en una habitación de hotel de Beverly Hills, California. Antes de someterse a la operación de reducción mamaria, sufría dolores y odiaba la forma en que sus pechos colgaban hasta su vientre.

The New York Times(L.Miller) — Las mujeres entran en las consultas de los cirujanos con fotos preparadas en sus teléfonos. Miley Cyrus. Keira Knightley. Bella Hadid.

Quiero que mis pechos sean así, dicen. Ya han pasado horas en YouTube viendo infomerciales de cirujanos plásticos, en Instagram viendo fotos de antes y después y en TikTok, donde un ejército de mujeres comunes y corrientes publican sus reducciones de pechos. “Pregúntame”, dicen. Si ha cambiado la sensibilidad de sus pezones. Qué dijeron sus novios. Si les importó.

A veces una mujer acude a su consulta inicial con el sujetador que espera llevar puesto. O dice: “Estoy deseando que llegue el verano sin sostén”. O que está deseando comprar un top de bikini de 15 dólares en Target, algo bonito y brillante o floral, que indique una vida tan despreocupada que su portadora no vuelva a necesitar tirantes gordos ni broches.

Las pacientes de reducción mamaria usan palabras como “en forma” y “fuerte”. Hablan de “pechos de yoga”. Las amigas cuentan a sus amigas sus reducciones de pechos.

Un cirujano llamado Donald Mowlds, de Newport Beach, California, ve una foto en la línea de tiempo de sus redes sociales de un grupo de mujeres almorzando y se da cuenta de que las ha operado a todas. Kelly Killeen, cirujana en Beverly Hills, dice que una de sus pacientes enseñó sus pechos a una amiga en el mostrador de maquillaje de Neiman Marcus y la amiga cruzó la calle para pedir cita. Jamie Hanzo, que tiene 26 años y vive en Nueva Orleans, recurre al mismo cirujano plástico que su madre.

Tiffany Dena Loftin, de 35 años y organizadora sindical en Atlanta, se animó a someterse a una reducción de pechos tras escudriñar por FaceTime los pechos desnudos de su amiga Jamira Burley, de 36 años: sus vendajes, sus incisiones, sus pezones amoratados.

A Loftin no le gustan los hospitales. Las agujas la aterrorizan. Pero, dijo Burley, “Tiffany, el alivio y la alegría que yo siento también están disponibles para ti al otro lado de tu miedo”.

Después de la liposucción, el aumento de pechos es la intervención de cirugía estética más popular del país, con unas 300.000 mujeres que eligen implantes cada año. Pero el área de crecimiento de la cirugía estética mamaria está en hacer los pechos más pequeños.

En 2023, más de 76.000 mujeres estadounidenses se sometieron a cirugía electiva de reducción de senos, un aumento del 64 por ciento desde 2019, según la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos.

(Ese número no incluye las cirugías superiores de afirmación de género o las reconstrucciones mamarias después de una enfermedad).

El aumento se refleja en todos los grupos de edad, pero especialmente entre las mujeres menores de 30 años, que son consumidoras entusiastas de la cirugía plástica en general, incluidos los estiramientos faciales y de frente, procedimientos preferidos principalmente por mujeres de la edad de sus madres.

Las menores de 19 años representan una parte pequeña del mercado, pero en rápido.

Los pechos recién reducidos de Lin, vendados tras su operación

Las cirugías de reducción consideradas “médicamente necesarias” y cubiertas por el seguro representan un grupo mucho más reducido que las operaciones estéticas, pero las líneas generales de la tendencia —un aumento reciente y repentino, sobre todo entre las mujeres más jóvenes— son las mismas, según un análisis del Health Care Cost Institute.

No solo hay más mujeres que quieren ser pequeñas; también quieren serlo mucho más. Jerry Chidester, cirujano plástico de Salt Lake City, dijo que sus pacientes solían pedir copas C. Ahora quieren talla B. A menudo hace cinco reducciones de pechos a la semana, sobre todo a madres jóvenes que acaban de dar a luz.

Las mujeres estadounidenses están en conflicto perpetuo con sus cuerpos, que no alcanzan la perfección encarnada por modelos e influentes. Al 70 por ciento de las mujeres de todo el mundo no les gusta el tamaño de sus pechos. Esto puede deberse a que los pechos de una mujer son objeto de evaluación y crítica constantes.

Siempre a la vista, los pechos aluden al cuerpo desnudo de una mujer. Evocan en los demás pensamientos y sentimientos sobre su feminidad, su disponibilidad sexual, su edad, su peso, su atractivo, su papel maternal. Los pechos pueden ser objeto de fascinación, deseo y fetichización. También repulsión y escarnio.

Los pechos grandes llaman más la atención —positiva y negativa— que los pequeños. Un estudio de mercado realizado en 2013 por un fabricante de lencería situaba la talla promedio de copa de las estadounidenses en DD, un dato que circula ampliamente por internet.

La mayoría de las pacientes de reducción mamaria tienen los pechos más grandes que quienes usan esa talla. El peso de los pechos grandes puede causar dolor de espalda, cuello y hombros. Pueden impedir la movilidad y la hacer ejercicio.

Así que decidir reducirlos, hacerlos más ligeros, más pequeños, más fáciles de llevar y cubrir —más discretos— puede verse como un acto de amor propio y empoderamiento, la priorización por parte de una mujer, por fin, de su propia comodidad e independencia por encima de lo que otros han considerado tradicionalmente sexy.

O puede interpretarse como autodesprecio, un acuerdo con una cultura sexista que también puede considerar repulsivos los pechos más grandes que no son juvenilmente redondos y erguidos: caídos, flácidos, movedizos, difíciles de contener.

O la elección de someterse a una reducción mamaria puede ser, de algún modo paradójico, pragmática. Percibiendo, con razón, que no puede cambiar la cultura en la que vive, una mujer puede considerar que el camino más fácil para amar su cuerpo es alterarse a sí misma.

Maggie Shannon para The New York Times

Los médicos dicen que sus pacientes parecen dispuestas a vivir con las cicatrices, que rodean el pezón, se extienden por la parte inferior del pecho como una línea de longitud y, a veces, delinean las costillas bajo el pecho, donde podría ir el aro de un brasier.

Durante sus sesiones FaceTime, Loftin habló con Burley, que vive en Oakland, sobre lo que estaba sacrificando —ser convencionalmente agradable para los hombres— y sobre si su novio mostraría rechazo por las cicatrices o se resentiría en privado por el drástico cambio en su figura.

Pero Burley solo parecía mucho más brillante, dijo Loftin, así que se inspiró para también llamar a un cirujano. Loftin está agradecida con su pareja, que pagó la consulta y la acompañó a todas las citas y durante la recuperación. Si tenía sentimientos contradictorios, se los guardó para sí.

Y muchas mujeres no se dejan disuadir por la posibilidad de que la cirugía pueda impedir la lactancia. Según una investigación, las mujeres que se han sometido a una reducción tienen tres veces más probabilidades de no poder dar de lactar.

Cheyenne Lin, de 26 años y profesora sustituta en Fresno, California, está casada y dijo que probablemente quiera tener hijos algún día, pero la mayoría de las mujeres de su familia han tenido dificultades para dar el pecho.

“Así que cuando me dijeron: ‘Es posible que no pueda dar de lactar’, pensé que ni siquiera estaba en mi lista de preocupaciones”, dijo Lin. Se sometió a la operación de reducción en julio.

En 2012, un cirujano plástico inglés llamado Patrick Mallucci publicó en una revista médica su artículo “Conceptos de dimensiones estéticas mamarias: análisis del pecho ideal”, un intento de definir la perfección mamaria.

Comparó este esfuerzo con las delineaciones de Leonardo da Vinci del rostro humano en tercios y quintos. ¿Cómo podían los cirujanos esperar remodelar y mejorar los senos de las mujeres, argumentaba Mallucci, sin saber cuál era su objetivo?

Era la época de la voluptuosidad aspiracional: las Kardashian llegaban a lo más alto y el sitio de cotilleos de famosos TMZ informaba de que “¡Los pechos de Kate Upton desafían la gravedad!”.

En 2007, los cirujanos plásticos realizaron casi 350.000 aumentos de pechos, un récord, y el procedimiento siguió siendo el más popular del país hasta 2021.

Tiffany Dena Loftin, de 35 años, decidió someterse a una operación de reducción mamaria después de que una amiga le dijera lo contenta que estaba con sus nuevos pechos. Desde la pubertad, dijo Loftin, ha tenido “esta noción, esta especie de estigma, de que del crecimiento de los pechos era algo malo”.

Mallucci basó su análisis en un examen de 100 fotos de mujeres en topless que aparecían en la página web del tabloide The Sun, infiriendo que sus pechos reflejaban un consenso sobre el atractivo. Muchos lectores de The Sun consideraron que las fotos eran porno ligero (y The Sun dejó de publicarlas más tarde), pero Mallucci se opuso cuando lo llamé y se lo señalé.

“Esas chicas fueron seleccionadas por un consejo editorial”, dijo. “Se puede criticar, pero lo único que representan son pechos naturalmente atractivos”.

En su artículo, Mallucci describía, en el lenguaje de los polos, las curvas y los ángulos, lo que estos pechos tenían en común. Eran redondeados por debajo del pezón, no demasiado redondeados por encima y el pezón se asentaba alto en el pecho. En los pechos “poco atractivos”, escribía, los pezones apuntaban hacia abajo.

Killeen recuerda que se enteró del estándar de Mallucci cuando era médica residente y que echó humo. Los pechos de la mayoría de las mujeres simplemente no se ven así. “Odio la palabra ‘ideal’”, dijo en una entrevista. Si un pecho ideal solo se consigue mediante cirugía, añadió, “¿debería ser ideal?”.

“Escuchar a los hombres decirnos cómo deben ser las partes de nuestro cuerpo era repugnante”, afirmó. “¿Qué está pasando aquí? ¿Hay alguna situación en la que haya un grupo de mujeres discutiendo —sin ninguna participación de los hombres— cómo deberían ser las partes personales, sexuales, de su cuerpo?”.

Solo alrededor del 20 por ciento de los cirujanos plásticos son mujeres, y las pacientes que se plantean una reducción mamaria describen que a menudo se encuentran con una cultura profesional sexista. En el tablón de Reddit r/Reduction, las mujeres hablan de cirujanos que hacen comentarios sobre su peso, expresan sus preferencias por pechos “bonitos y redondos” y se remiten a sus esposos o parejas en la sala de exploración.

Suma Kashi, que tiene 41 años y vive en Los Ángeles, recuerda haber hablado con un posible cirujano que le dijo: “No creo que a tu marido le vaya a gustar esto”.

Los suegros de Lin les dieron a ella y a su esposo una tarjeta de crédito para pagar los 15.600  dólares por los honorarios de su cirujano.

“¿Qué tiene que ver mi marido con esto?”, dijo Kashi en una entrevista. “Vamos, hombre. Por favor”.

Estas ideas sobre la perfección de los pechos impregnan el mundo de las chicas jóvenes. Las adolescentes con pechos grandes a menudo tienen dificultades por baja autoestima y trastornos alimentarios.

Cuando Cheyenne Lin estaba en sexto curso, dijo, estaba haciendo fila en el recreo cuando un profesor le tiró del cuello de la camisa, que se le había descolgado por el hombro, hasta el cuello. Rae Wolk, una estudiante universitaria de Bedford, Massachusetts, bromeaba con sus amigas de la secundaria diciendo que estaba “mal dibujada”.

Las jóvenes aprenden a taparse bajo sudaderas y camisetas extragrandes. Se comprimen con sujetadores dobles y dejan de patinar, bailar y correr en pistas.

Oyen las palabras negativas que se dirigen a sus cuerpos —caídos, desinflados, “estirados como el demonio”, en palabras de un cirujano plástico con el que hablé— y vuelven estas descripciones contra sí mismas.

Antes de su reducción, Lin tenía los pechos “como panqueques, planos y caídos”, dijo. Empezó a odiarlos tanto que apartaba la mirada cuando se secaba con la toalla después de la ducha.

Desde la pubertad, dijo Loftin, ha tenido “esta noción, esta especie de estigma, de que el crecimiento de los pechos era algo malo”. Cuando su cuerpo empezó a desarrollarse, su madre la acusó de tener relaciones sexuales —no las tenía— y “sentí que me castigaban”, dijo Loftin.

Incluso cuando sus amigas admiraban su cuerpo, Loftin se encogía de hombros. “Cualquier atención era mala”, dijo.

Lo que la decidió a someterse a una reducción de mamas fue el día en que se vio a sí misma como imaginaba que la veían los demás. La mañana siguiente a su cumpleaños 35, una amiga le envió un breve video de su fiesta de la noche anterior. En él, Loftin cantaba y perreaba en un karaoke de Los Ángeles. Llevaba un top sin mangas. En el video, Loftin solo podía ver sus propios pechos.

“Estaba mirando cuánto movimiento tenían mis pechos, cuando mi intención era mover el trasero”, dijo, empezando a reírse. “El objetivo del baile no es mover las tetas. Pero hacia allí se dirigía mi mirada por lo grandes que eran. Y no resultaba incómodo, pero me hacía sentir” —aquí hizo una pausa— “harta”.

Al sacrificar potencialmente su capacidad de amamantar, Lin priorizó su propia salud y felicidad sobre el papel evolutivo que se espera que desempeñe.

Según ella, el video fue el empujón que necesitaba, un recordatorio de que “en realidad soy grande y pesada. Me siento incómoda con ello. Y no me gusta. Y me estorba”.

Si un único procedimiento puede aliviar el dolor de espalda y los dolores de cabeza, favorecer la movilidad y la forma física y, además, permitir a una mujer lucir sin complejos un top sin tirantes, ¿se trata de un procedimiento médico o estético? Para la paciente, por supuesto, puede ser ambas cosas. Pero desde el punto de vista de una compañía de seguros, es una u otra, reembolsable o no.

La mayoría de las aseguradoras quieren pruebas de la necesidad médica: dolor de espalda, hombros o cuello; surcos en los hombros por los tirantes del sujetador; erupciones cutáneas. Exigen pruebas de que la paciente ha probado remedios no quirúrgicos, como analgésicos, fisioterapia y sujetadores a medida.

Y la mayoría de los planes incluyen mínimos para el número de gramos de tejido mamario que deben extraerse en función del tamaño, la estatura y el peso de la mujer.

Suma Kashi mide 1,58 metros y antes de la reducción llevaba un sostén de copa H. Cuando se planteó la operación, pesaba 80 kilos y su compañía de seguros le dijo que tendría que extirpar 755 gramos por pecho para que se lo reembolsaran. Pero su cirujano calculó que para llegar a la copa C deseada tendría que extirpar mucho menos: 415 gramos por pecho.

Kashi intentó reducir lo que la compañía de seguros denominó su “superficie corporal” perdiendo unos 11 kilos. Aun así, le denegaron la solicitud.

“Solo fijaron unas pautas imposibles”, dijo. Acabó pagando de su bolsillo unos 23.000 dólares. Jamira Burley, por su parte, medía 1,67 metros y pesaba 84 kilos antes de la reducción. Llevaba un sujetador 34DDD y su seguro cubrió la operación. Ahora lleva una copa B y, tras adelgazar un poco más, pesa 70 kilos.

Cheyenne Lin no habría podido pagarse ella sola la reducción de pechos. Odiaba cómo le colgaban los pechos hasta la barriga, cómo uno era una talla de copa más grande que el otro y las limitaciones que le imponían a la hora de vestir.

“Cuando vas a comprar un sujetador para pechos más grandes, te dicen: ‘Aquí tienes las opciones. Negro y tostado’”, dijo. “Imagino que no quieren que nos sintamos lindas”.

Su médico le sugirió ejercicios para ayudarla a recuperarse.

Pero sobre todo le dolía. Desde su segundo año en la universidad, sufría un dolor agudo y constante entre los omóplatos. La diferencia entre el tamaño de sus pechos había afectado a su postura, cargando un peso desigual sobre su espalda. No podía ir de excursión con sus amigas ni hacer snowboard con Jaylen Lin, el estudiante de intercambio que se convirtió en su esposo.

Lin empezó a sentir que no podía participar en su propia vida; Jaylen incluso tenía que ayudarla a sacar la ropa de la secadora. A los 21 años, dijo, “me sentía como atrapada en el cuerpo de alguien de 70”. Le diagnosticaron depresión.

Lin no procede de una familia acomodada. Estaba cubierta por Medi-Cal, el programa de Medicaid de California, y su médico de cabecera no estaba interesado en ayudarla a recorrer el camino hacia la cirugía de reducción, dijo. Cuando buscó en Google al cirujano que aceptaba su seguro en Fresno, sus calificaciones eran tan malas que no hizo la llamada.

Los padres de Jaylen en Taiwán intervinieron después de que él hablara con ellos por teléfono. Ayudaron a la pareja a encontrar un plan de seguro con una opción fuera de la red y dieron a los Lins una tarjeta de crédito para pagar los 15.600 dólares a Killeen.

Antes de la operación, el padre de Jaylen envió un mensaje a la pareja. “Decía: ‘No se preocupen por nada. Papá se encargará’”. Lin espera que su seguro le reembolse entre 2000 y 4000 dólares y considera que el regalo de sus suegros le ha cambiado la vida. Su dolor de espalda ha desaparecido. No toma antidepresivos desde la operación.

¿Qué significa querer tenerlos pequeños? ¿Unos pechos más pequeños reflejan un rechazo a seguir habitando las fantasías de los hombres? Tiffany Loftin cree que su reducción de pechos es una señal de su confianza y autonomía. Gastar su propio dinero para vivir en un cuerpo que le va mejor es poder, no importa lo que le digan las mujeres mayores de su vida sobre lo guapa y perfecta que era antes.

Las mujeres de su grupo de amigas “no necesitan las expectativas de la belleza occidental o masculina para vivir. Este es mi cuerpo. No lo hago por los hombres”, afirmó. Una generación anterior podría haber necesitado la aprobación masculina para su físico.

Pero para ella, “eso no es cierto. Y no quiero tener ese aspecto”. Un mes después de la operación, Loftin tuvo que ir a urgencias por una infección mamaria, lo que le obligó a someterse a más operaciones. Aun así, no se arrepiente de nada.

Maggie Shannon para The New York Times

Cheyenne Lin considera su reducción un acto explícitamente político, una salva en las guerras culturales en torno a la reproducción y la maternidad. Al sacrificar potencialmente su capacidad de amamantar, está dando prioridad a su propia salud y felicidad sobre el papel evolutivo que se espera que desempeñe.

Más de la mitad de las mujeres de 18 a 34 años dicen que no quieren tener hijos o no están seguras. Con la Corte Suprema y las legislaturas estatales recortando los derechos reproductivos, “ya tenemos a mucha gente intentando quitarnos nuestra autonomía corporal”, dijo Lin.

Sarah Thornton, socióloga de 59 años residente en San Francisco, tenía una talla B antes de su doble mastectomía. Después de la reconstrucción mamaria tenía una D, que le parecía enorme: “voluminosa y caricaturesca”, escribió en Tits Up, su reciente historia social sobre los pechos. Finalmente, se sometió a otra operación para reducir el tamaño de los implantes. Pero ella no calificaría la decisión necesariamente de liberación.

“Pasé de un implante incómodo que realmente odiaba a uno más pequeño que está colocado de forma ligeramente diferente”, dijo.

Tras sumergirse en las ideas y sentimientos de las mujeres sobre sus pechos durante los cuatro años que dedicó a la investigación de su libro, Thornton apoya cualquier decisión que una mujer quiera tomar sobre su mitad superior. Pero le preocupa que la reducción mamaria se considere únicamente una emancipación feminista.

Por un lado, dijo, “la cirugía plástica es una opción de consumo. Suele haber mucho dinero de por medio”. Por otro, la insatisfacción corporal de las mujeres, que circula viralmente por internet, es “perniciosa” y “contagiosa”, dijo Thornton, lo que contribuye a la idea de que siempre hay algo en el cuerpo de la mujer que hay que arreglar.

“Nada de lo que hagas será nunca suficientemente bueno, y si haces algo por razones puramente estéticas, nunca estarás completamente contenta con tu aspecto”, dijo Rae Wolk, la estudiante universitaria.

El poder de los pechos más pequeños - The New York Times

Puede que los pechos pequeños no llamen tanto la atención en el metro o en la calle como los grandes, pero también son una moda.

Mientras que los pechos grandes indican maternidad y disponibilidad sexual, los pechos pequeños pueden transmitir juventud, ingenuidad, pubertad, delgadez, androginia. Sin sostén, un pezón descubierto puede excitar tanto como un escote. Wolk cree que sus pechos pequeños la hacen más femenina, más “coqueta”, dijo.

También pueden indicar clase. En marzo, un meme circuló por X y ha sido visto 32 millones de veces. “HOMBRES”, decía. “¿Qué prefieres? ¿La elegancia aristocrática de la mujer de pechos pequeños O la nietzscheana pro-sexo y pro-belleza mujer de pechos grandes?”.

Thornton está de acuerdo en que los pechos pequeños indican la seguridad en sí misma de la riqueza, mientras que el aumento de pechos puede significar ambición social: el deseo de alcanzar riqueza y estatus a través de la atención de los hombres.

“Las mujeres de clase media alta tienen distintos tipos de valores que pueden aprovechar”, añadió. “Pueden tener un título universitario. Pueden tener un poco de dinero o apoyo. Pueden llamar a mamá o a papá. Tienen ‘gusto’”.

Para una mujer, alejarse de la mirada masculina, reafirmarse en su negativa a ser observada, aliviar su propio dolor, poder entrenarse cómodamente para una maratón o bailar en su propia fiesta de cumpleaños, eso es liberación. Pero es una liberación personal e individual, dijo Thornton.

“Si las mujeres van a tener un pecho emancipado”, dijo, “entonces los hombres tienen que cambiar”.

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Las Maldiciones de las Tumbas del Antiguo Egipto: Conjuros Mágicos de los Muertos…


El sello aún  intacto sobre la tumba de Tutankamón, 1922.

Ancient Origins(B.Hilliard) — Nada inspiraba más temor a los saqueadores de tumbas del pasado, que la posibilidad de caer presa de una maldición de consecuencias funestas para quienes no hubieran hecho caso de las advertencias.

En el antiguo Egipto, las maldiciones a veces se escribían sobre las entradas de las tumbas para proteger a los monumentos sagrados de curiosos y saqueadores.

Las inscripciones a menudo hablaban de la vuelta a la vida del difunto para cobrarse venganza, o amenazaban con arrastrar a los profanadores al inframundo para que luego allí, fueran juzgados. Quien no hiciese caso de tales advertencias, tendría que asumir los riesgos a los que se exponía.

Las historias y rumores que rodean a las maldiciones que protegen a tumbas y a momias han existido durante siglos.

Hay documentos que se remontan a épocas medievales y a las primeras etapas de la edad contemporánea en los que se afirma que los enterramientos de los antiguos egipcios no debían ser alterados, ya que las tumbas y las momias que descansaban en ellos poseían cualidades desconocidas y al parecer maléficas.

Se creía que los sacerdotes escribían las maldiciones alrededor de los enterramientos para proteger tanto a la momia como a su vida espiritual después de la muerte.

Estas creencias dieron pie a la idea de una supuesta «maldición de los Faraones» que caería sobre todo aquel que osara profanar una tumba o momia. En particular, si se trataba de las de un Faraón, abocaría al sujeto a la mala suerte y a una muerte inevitable.

Estela caliza procedente de Mendes, tercer Período Intermedio, Dinastía XXII, maldición antiguo Egipto
Estela caliza procedente de Mendes, tercer Período Intermedio, Dinastía XXII. La inscripción muestra una donación de tierra a un templo egipcio y lanza una maldición a cualquiera que se apropiara de la tierra o la emplease de forma incorrecta.

El poder de la maldición como fuerza disuasoria dependía en gran medida de dónde estaba situada.

Aunque las maldiciones habitualmente no eran utilizadas en las propias tumbas del antiguo Egipto, sí que se empleaban en ocasiones para la protección del enterramiento.

Dichas maldiciones estarían inscritas en la capilla de la tumba, en la parte más pública del complejo y también sobre paredes, puertas falsas, estelas, estatuas y a veces incluso sarcófagos.

Entre las maldiciones más insólitas destacaba la “Maldición del Asno» que amenazaba al saqueador de la tumba con ser violado por un asno, el animal representativo de Seth.

Otra terrible maldición procedía del administrador de la decimoctava dinastía Amenhotep, hijo de Hapu.

En ella se amenazaba a quien violara su tumba con una larga lista de castigos:

…perderán sus puestos terrenales y honores, serán incinerados en un horno con ritos de execración, zozobrarán y se ahogarán en el mar, no tendrán ningún sucesor, no recibirán ninguna tumba ni ritos funerarios propios y sus cuerpos se pudrirán porque pasarán hambre al no tener sustento. Sus huesos se perderán.

Una estela que pertenece a Sarenput I, monarca de Elefantina bajo el Faraón Senusret I (Dinastía 12), propone proteger las ofrendas dejadas ante la estatua con su imagen:

A todo administrador, funcionario, escribano o noble que tome [la ofrenda] de la estatua, su brazo será cortado como el de este toro, su cuello será torcido como el de un pájaro, su puesto no existirá ni habrá un puesto para su hijo, su casa no existirá en Nubia, su tumba no existirá en la necrópolis, su dios no aceptará su pan blanco, su carne pertenecerá al fuego, sus niños pertenecerán al fuego, su cadáver no será enterrado, estaré contra él como un cocodrilo sobre el agua, como una serpiente sobre la tierra, y como un enemigo en la necrópolis.

La leyendas que rodean a las supuestas «Maldiciones de los Faraones» comenzaron alrededor del siglo VII, cuando los árabes conquistaron Egipto y no eran aún capaces de leer los jeroglíficos (que no serían descifrados hasta principios del siglo XIX). La conservación de las momias debió de ser algo extraño de contemplar.

Se contaban muchas historias y llegaron a creer que si alguien entraba en una tumba y pronunciaba una fórmula mágica, sería capaz de materializar objetos que los antiguos Egipcios convirtieron en invisibles. También, se pensaba que gracias a la  magia, las momias podrían volver a la vida.

Creían además que los egipcios protegían sus tumbas por medio de sortilegios mágicos o maldiciones que recaerían sobre quien entrase en ellas. Los escritores árabes advertían a la gente de que no molestara a las momias ni profanasen sus tumbas pues sabían que los egipcios practicaban la magia durante los ritos funerarios.

El primer libro publicado sobre una maldición egipcia apareció en 1699 y le seguirían muchos centenares más.

La apertura de la tumba del Faraón Tutankamón en 1923, es probablemente el caso más famoso de maldición de una tumba. Dicha apertura provocó que cundiera el pánico y extendió la creencia en «la maldición de los Faraones”. Varias personas que estaban presentes en el momento de abrir la tumba murieron antes de tiempo, en extrañas circunstancias.

La mayor parte de las versiones de esta historia cuenta cómo  Howard Carter, arqueólogo inglés jefe de la excavación, descubrió una tablilla de arcilla en la antecámara de la tumba. Unos días después de catalogarla, un miembro del equipo descifró el jeroglífico. La presunta maldición decía, “la muerte matará con sus alas a quien ose interrumpir la paz del faraón«.

Sin embargo, nunca se ha encontrado prueba alguna ni documento acerca de la existencia de esta tablilla, asumiéndose que, o simplemente desapareció o se trata de otro mito más.

Howard Carter y sus socios abriendo las puertas del santuario de la cámara de la tumba de Tutankamón. Recreacion 1924
Howard Carter y sus socios abriendo las puertas del santuario de la cámara de la tumba de Tutankamón. Recreación en 1924 del acontecimiento de 1923

La primera señal de la maldición tuvo lugar cuando Carter envió a un mensajero a su casa. A su llegada, el mensajero oyó un grito ahogado y vio al canario de Carter siendo devorado por una cobra, símbolo de la monarquía egipcia

. Siete semanas antes de la apertura de la tumba, el Conde de Carnarvon, co-descubridor de ésta junto a Clark, había muerto por culpa de las  complicaciones provocadas tras una picadura de mosquito. Los medios de comunicación rápidamente difundieron la idea de la Maldición de los Faraones.

Conan Doyle, ocultista y autor de Sherlock Holmes y la novelista Marie Corelli, extendieron el rumor de que quien entrase en la tumba antes sellada, sufriría las terribles consecuencias.

Los escépticos defienden que muchos otros que visitaron la tumba o que ayudaron a descubrirla vivieron por largo tiempo y gozaron de buena salud.

Un estudio demostró que de las 58 personas que estaban presentes cuando la tumba y el sarcófago fueron abiertos, sólo ocho murieron en los 12 años posteriores al hallazgo. Todos los demás siguieron vivos, incluyendo a Howard Carter, que murió a causa de un linfoma en 1939 a la edad de 64 años.

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La tumba de Tutankamón, que se creía que estaba protegida por una poderosa maldición

La mayor parte de las maldiciones egipcias son metafísicas, pero en algunos casos, incluían trampas y venenos que realmente hacían cumplir los conjuros, causando heridas o incluso la muerte a quienes no respetaban las advertencias. Por ejemplo, las tumbas fueron selladas, aseguradas con cerrojos e introducidas en cámaras secretas de muy difícil acceso.

Los pasos fueron bloqueados con colosales losas de piedra y en ellos se ocultaban agujeros, trampillas y cables que actuaban como trampas.

Los antiguos ingenieros egipcios también cubrían los suelos y paredes de las tumbas con polvo de hematita, afilado y metálico, diseñado para causar una muerte lenta y dolorosa a quienes lo inhalaran en grandes cantidades y que era liberado en el aire cuando se retiraban las piedras.

Cuando el Doctor en Egiptología, Zahi Hawass, entró en la tumba del Oasis Bahariya en el año 2001, su equipo encontró la tapa del sarcófago cubierta con 8 pulgadas de polvo de hematites, obligándoles a abandonar la expedición hasta que pudieron regresar con material específico y respiradores. 

Aunque las maldiciones podrían parecer antiguas supersticiones, en la actualidad todavía hay muchos que portan con ellos amuletos o conjuros de protección contra los efectos de las supuestas maldiciones.

Numerosos estudios científicos han revelado un poderoso fenómeno psicológico por el que quien cree firmemente que está “maldito” más tarde o más temprano, acabará sucumbiendo a una dolencia física producida como respuesta a tan fuerte tensión emocional.

De este modo, quizás las antiguas maldiciones aún conservan su poder en la actualidad.

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La villanía del verano: regalo de Stalin a Hitler…


The Objective(L.Reyes) — «Somos un regalo de Stalin a Hitler». Esta frase, que resume perfectamente uno de los dramas históricos más deprimentes del siglo XX, la dijo Margarete Buber-Neumann, activista política y escritora que sobrevivió al gulag soviético y al campo de concentración nazi, dos de las vergüenzas del siglo XX.

Margarete Buber-Neumann era un arquetipo, una hija de su época, los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando Europa, desde España a los Urales, era un hervidero de movimientos revolucionarios, anarquistas, fascistas, nazis, socialistas y comunistas de distintas facciones. Todos ellos querían acabar con el orden existente mediante las armas, alumbrar violentamente un mundo nuevo y exterminar a sus oponentes mediante el terror y el totalitarismo.

Margarete Thürin había nacido en Postdam con el siglo, en el seno de una familia burguesa y monárquica. A los 20 años se casó con Rafael Buber, hijo del filósofo judío Martin Buber y compañero de militancia comunista, pero antes de esta temprana boda Margarete ya se había casado con la revolución: de adolescente militó en las Juventudes Socialistas, y al poco de crearse en 1918 el KPD (Partido Comunista de Alemania) se afilió.

Su matrimonio duró poco, dejó a Rafael Buber porque «al entrar en el partido uno debía renunciar a su vida privada», según escribiría en su autobiografía. Mantuvo entonces una relación estable con uno de los peces gordos del KPD, Heinz Neumann, un hombre de confianza de Stalin, y aunque nunca se casaron ella añadió el apellido Neumann al de su primer marido, formándose así lo que sería su nombre de guerra y literario, Margarete Buber-Neumann. 

Tras el ascenso al poder de Hitler tuvieron que huir de Alemania y buscaron refugio en Moscú, pero allí se encontrarían con un peligro aún mayor, la paranoia de Stalin, que daría inicio a la época de las purgas, dirigidas contra los propios comunistas. El papel destacado de Heinz Neumann en el Partido Comunista de Alemania y en la Internacional Comunista, su trato íntimo con Stalin, le hacía precisamente más sospechoso, más vulnerable.

Así, en abril de 1937, pasó de vivir el Hotel Lux de Moscú, donde se alojaba la elite dirigente de la Internacional, a una celda de la NKVD, la policía política de Stalin. En noviembre, tras un proceso secreto en el que fue acusado de «trostkista», Neumann fue sumariamente fusilado. A Margarete nunca le dijeron lo que había pasado con su marido, pero supo que había caído en desgracia porque ella misma fue detenida como «esposa de un enemigo del pueblo».

Fue condenada a cinco años en el campo de trabajo y reeducación de Karaganda, en el Kazajstán, en Asia Central. Era entrar en el Gulag, el universo concentracionario soviético, y estando allí ocurrió algo que conmocionó al mundo comunista: la firma del Pacto Germano-soviético. Hasta la primavera de 1939 comunistas y nazis se habían batido a muerte en la Guerra Civil española, sin embargo a finales del verano una serie de acontecimientos desarrollados en Moscú lo cambiaron todo.

– La infamia paso a paso

Milena Jesenka

El 19 de agosto de 1939 se firmó en Berlín el Acuerdo de Crédito Germano-soviético, primer paso en la colaboración oficial entre las dos potencias, que cuatro días después, el 23 de agosto, firmaron el Tratado de No Agresión, comúnmente llamado «Pacto Molotov-Ribbentrop», porque fueron los ministros de Exteriores ruso y alemán quienes lo firmaron en Moscú, en presencia de un satisfecho Stalin.

Con ese pacto Hitler tenía las manos libres para invadir Polonia, cosa que hizo el 1 de septiembre, dando inició a la Segunda Guerra Mundial. Pero todavía le faltaba su culminación a la villanía del verano de 1939: el día 17 de septiembre la Unión Soviética atacó por la espalda a Polonia y el Ejército Rojo avanzó con enorme superioridad numérica hasta la línea Brest-Litovsk, pues ese era el reparto de Polonia que había acordado con Alemania.

De la «no-agresión» entre Moscú y Berlín se había pasado a una colaboración en la agresión a otros países.

Esa política tuvo su concreción oficial en un nuevo Tratado Germano-soviético de Amistad, Cooperación y Demarcación, firmado el 28 de septiembre en Moscú. Hitler y Stalin se había quitado la careta, se declaraban compañeros de viaje dispuestos a sojuzgar los países que les pareciese bien.

En los partidos comunistas de todo el mundo muchos militantes se dieron de baja, horrorizados, e incluso se produjeron suicidios entre los militantes más idealistas.

Además del reparto de Polonia, Finlandia y las Repúblicas Bálticas entre Alemania y Rusia, o de la orden de Stalin al Partido Comunista Francés para que boicotease la defensa nacional cuando se produjera la ofensiva alemana, la «Amistad, Cooperación y Demarcación» tenía un capítulo especialmente perverso: el «regalo de Stalin a Hitler» de comunistas alemanes que se habían refugiado en Rusia huyendo de los nazis.

En febrero de 1940 Margarete Buber-Neumann formó parte de ese regalo, dentro de un grupo de 30 alemanes que fueron llevado hasta la estación fronteriza de Brest-Litovsk, y allí entregada directamente por la NKVD a la Gestapo, de policía política a policía política.

Según Maragarete se entregaron unos 150 comunistas alemanes a Hitler, aunque otras fuentes elevan la cifra hasta 600. Hay incluso testimonios de entregas anteriores al Pacto Germano-soviético, comunistas alemanes o austriacos a los que Stalin consideraba trostkistas o simplemente no muy afectos, y de los que se deshacía expulsándolos de Rusia con un pasaporte solamente valido para viajar a Alemania.

 Es muy difícil llegar a cifras contrastadas de los «regalos de Stalin a Hitler», porque han sido un tema tabú. El cambio de alianzas en 1941, cuando Hitler invadió Rusia, hizo que los gobiernos occidentales no quisieran saber nada de los crímenes de su nuevo amigo Stalin, que era imprescindible para vencer al III Reich.

Y cuando después de la contienda comenzó la Guerra Fría entre los antiguos aliados, era la izquierda de todo el mundo la que estigmatizaba a quien criticara cualquier aspecto de la Unión Soviética.

Margarete Buber-Neumann - Wikipedia, la enciclopedia libre
Margarete Buber-Neumann

Pero para Margarete Buber-Neumann la denuncia de aquella villanía se convertiría en una razón de vivir, porque seis meses después de su entrega a la Gestapo en Brest-Litovsk, fue internada en Ravensbrück, un campo de trabajo para 45.000 mujeres situado no lejos de Berlín.

Allí logró sobrevivir durante cinco años gracias a sus especiales circunstancias.

Aunque su primer marido  fuera judío, ella no lo era, y aunque había sido comunista desde siempre, tras su experiencia con el estalinismo se declaró anticomunista.

Añádase a ello una buena educación que incluía hablar y escribir el ruso, y todo eso explica que recibiera un trato de favor, siendo destinada a trabajos de oficina.

Aunque las comunistas del campo le declararon el boicot por «traidora», encontró una potente relación humana que le ayudó a sobrevivir, pues se hizo íntima amiga de la periodista checa Milena Jesenka, la novia y traductora de Kafka.

Ambas se conjuraron: si sobrevivían a Ravensbrück, escribirían un libro denunciando los campos de concentración nazis y soviéticos.

Milena murió en mayo de 1944, pero Margarete escribió no uno, sino siete libros, empezando por Prisionera de Stalin y Hitler, que publicó en Suecia en 1948.

Fue vituperada por la izquierda mundial -incluidas sus dos hijas, que vivían en Israel-, pero su obra constituye un fresco de la época que le tocó vivir y de las dictaduras que le tocó padecer, cuya moraleja se puede resumir en que el nazismo y el comunismo, en la práctica, eran parecidos.

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Bugs Bunny, el conejo de la suerte…


Historia Hoy(V.Catta) — A más de 80 años de su primera (primitiva) aparición en el corto Porky’s Hare Hunt repasamos la historia de Bugs Bunny, un personaje que una y otra vez a lo largo de su historia ha probado su capacidad para emocionar y hacer reír.

Su cara, su figura alargada, su voz y su forma de ser -tan queriblemente calculadora como potencialmente cruel- son solo algunos de los elementos que contribuyeron a hacer de Bugs Bunny (inexplicablemente conocido en la Argentina simplemente como “el conejo de la suerte”) uno de los personajes más queridos de la historia del cine de animación y una de las caricaturas más reconocibles a nivel mundial.

Como tantos otros de los grandes personajes de la llamada “era de oro” de los estudios Warner, Bugs nació humildemente a finales de la década del treinta gracias al trabajo colaborativo de varios de los artistas que convivían en la famosa “Termite Terrace” (literalmente, terraza de las termitas), las oficinas miserables en las que funcionaba la división de animación del estudio.

Aunque muchos se arrogaron ese rol, es difícil definir quién fue su padre, pero si se tuviera que elegir un punto de partida para contar su historia, este ciertamente fue un corto llamado Porky’s Hare Hunt que apareció por primera vez el 30 de abril de 1938.

Actuando más como una prefiguración que como una verdadera introducción del personaje, para cualquiera que hoy mire la película probablemente resulte un tanto forzado establecer una relación entre Bugs y el anónimo animal desquiciado que Porky trataba de cazar.

Y, sin embargo, ya por entonces el conejo que Charles Thorson diseñó para Ben “Bugs” Hardaway, director del corto junto con Cal Dalton, y que etiquetó “Bugs’ Bunny” (literal, “el conejo de Bugs”) logró cautivar a las audiencias lo suficiente como para hacer de él un personaje recurrente.

Plano de A Wild Hare (1940).

Cada vez un poquito más distinto, el conejo pasó por las manos de varios directores en distintos cortos, pero finalmente emergió como algo más parecido al Bugs que hoy conocemos en A Wild Hare (1940) del gran Tex Avery.

Allí, por primera vez, el actor Mel Blanc (quien lo terminaría encarnando hasta 1988) definió la voz del personaje y le hizo decir su famosa línea “What’s up, doc?” (“¿Qué hay de nuevo, viejo?”) mientras masticaba una zanahoria en una clara parodia al personaje de Clark Gable en Lo que sucedió aquella noche (1934).

Pero más allá de estas características, la brillantez de Avery radicó también en la innovación narrativa por la que fue capaz de establecer una dinámica simbiótica entre Bugs y su némesis, el cazador Elmer Gruñón, que sería reinterpretada incontables veces a lo largo de la vida del personaje.

Por regla siempre previamente provocado para evitar hacer de él un cretino, en los siguientes años Bugs tuvo enfrentamientos con todo tipo de adversarios que fueron forjando su legendario ingenio.

A tono con el tipo de humor cultivado por los artistas de Warner, la cultura popular se colaba constantemente en los cortos de Bugs Bunny, aparejándolo con figuras relevantes del cine, por ejemplo, por lo que no sorprende que pronto, con su popularidad en ascenso, él mismo comenzara a influir en el mundo real.

Para la década del cuarenta, el gobierno de los Estados Unidos lo aprovechó durante el esfuerzo de guerra y, además de protagonizar varios cortos nacionalistas, lo usó como vendedor de bonos.

En paralelo, tras ser representado con su uniforme en un corto, Bugs recibió un nombramiento honorario del cuerpo de Marines, y, además, varios escuadrones de la Fuerza Aérea pintaron su cara en más de un avión y lo adoptaron como mascota oficial.

Bugs Bunny en la nariz de un B-17.

Sin embargo, las posibilidades de influencia de Bugs Bunny no se comprobarían con toda su fuerza sino a partir de la década del cincuenta. En esos años, sus más memorables, fue adoptado célebremente por directores que hoy son sinónimo del conejo como Fritz Freleng, Robert McKimson y Chuck Jones.

Pero fue especialmente este último quién – además de dirigir unos cincuenta cortos, entre ellos la famosa serie conocida como “temporada de pato/temporada de conejo” que incluía el triángulo junto con Elmer Gruñón y el pato Lucas- sería instrumental en la elevación de las peripecias de Bugs al nivel de un arte.

Como queda claro en sus cortos “operísticos” (“Rabbit of Seville” de 1950 y “What’s Opera, Doc?” de 1957), frecuentemente citados como algunos de los mejores jamás hechos, a través de su innovadora mezcla de animación, travestismo, gags absurdos y arias de óperas famosas, Jones logró desarrollar un tipo de caricatura único que, sin perder de vista la seriedad del material de base, lograba hacerlo funcional a la acción, atractivo (y hasta educativo) para los niños y gracioso para los adultos.

El Bugs Bunny de Chuck Jones.

De este modo, hoy, a más ochenta años de su primera primitiva aparición, Bugs Bunny ha adquirido una vida propia más allá de lo que sus creadores pensaron para él.

Como bien quedó claro en la revista TV Guide cuando fue nombrado el mejor personaje animado de todos los tiempos, él no sólo es eso, sino que también “es un gran comediante. Estaba bien escrito. Estaba hermosamente dibujado. Emocionó e hizo reír a muchas generaciones. Es lo máximo”.

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Es posible mejorar la calidad del aire en los lugares más contaminados del mundo…


The New York Times(C.Hasenkopf) — El 7 de junio del año pasado, los cielos de Nueva York y de áreas grandes del estado se volvieron brumosos por el humo de los incendios forestales procedentes de Canadá. La gobernadora Kathy Hochul advirtió de una “situación de emergencia” y recomendó a los residentes que permanecieran en sus casas.

En la ciudad, las escuelas cancelaron sus actividades, las bibliotecas cerraron temprano y se aplazó un partido de los Yankees.

Fue el día más contaminado en la ciudad desde que se empezaron a llevar registros en 1999. El índice de calidad del aire, compuesto por cinco contaminantes, se disparó a más de 400; por encima de 300 se considera peligroso.

Lo más alarmante es que el nivel de partículas finas, que es un componente especialmente peligroso del índice porque las diminutas partículas de humo, hollín y otros contaminantes penetran profundamente en los pulmones, fue el más alto registrado en cualquier ciudad del mundo ese día y tres veces superior a la norma sanitaria federal.

Para la ciudad de Nueva York, esto fue una anomalía. En general, la calidad del aire de la ciudad es bastante buena. Pero no es el caso de cientos de ciudades de todo el mundo. Para ellas, muchos días son como los que vivieron los neoyorquinos el pasado mes de junio. O a menudo peores.

El índice de calidad de vida y del aire de la Universidad de Chicago, que mide el impacto de la contaminación atmosférica en la esperanza de vida, muestra que las personas que viven en los lugares más contaminados de la Tierra respiran un aire seis veces más contaminado que el que respiran los habitantes de los lugares menos contaminados, y quienes viven en los lugares más contaminados tienen una vida más corta en más de dos años por esta causa.

Se calcula que 8,1 millones de personas murieron en todo el mundo en 2021 por las consecuencias para la salud de respirar aire sucio, según un informe de 2024 del Instituto de Problemas de Salud y el Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud.

La filantropía privada podría hacer mucho para atajar este problema en algunas de las zonas más contaminadas del planeta. Sin embargo, según un informe reciente del Fondo de Aire Limpio, un grupo filantrópico con sede en Londres, cada año se dedica un promedio de 41,3 millones de dólares de fondos filantrópicos conocidos a la contaminación atmosférica.

Esto supone menos del 1 por ciento de los más de 5000 millones de dólares que gasta anualmente uno de los principales financiadores, el Fondo Mundial, para combatir la malaria, el VIH/sida y la tuberculosis.

Cómo la desigualdad se refleja en la calidad del aire que respiramos y cómo  combatirlo? - Dejusticia

Esto es especialmente desconcertante porque las partículas de la contaminación atmosférica se han convertido en el mayor contribuyente a la carga mundial de morbilidad —una métrica que cuantifica la muerte prematura y la enfermedad— y en una de las mayores amenazas para la esperanza de vida, lo que supera los impactos de la malaria, el VIH/sida y las lesiones causadas por el transporte combinadosE

l aire contaminado no solo recorta unos pocos años al final de una larga vida. Es el segundo mayor riesgo de muerte para los niños de 5 años o menos.

En comparación con el resto del mundo, Europa, Estados Unidos y Canadá apenas se ven afectados por los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud. Sin embargo, reciben aproximadamente el 60 por ciento de los fondos filantrópicos destinados a combatirla.

África alberga cinco de los 10 países más contaminados. Entre 2015 y 2022, todo el continente recibió un promedio de 238.000 dólares anuales en subvenciones filantrópicas destinadas a reducir la contaminación atmosférica.

Los datos —o, mejor dicho, la falta de datos— son el problema más inmediato. La escasez de datos dificulta la movilización de la opinión pública, el desarrollo de políticas o la medición de los avances. También dificulta atraer financiación. Pero cuando se dispone de datos sobre la calidad del aire, la contaminación disminuye.

Y cuando la calidad del aire mejora, décadas de investigación dejan claro que las personas viven más tiempo y con mejor salud. Sin embargo, el 39 por ciento de los países del mundo no dispone de datos sobre la calidad del aire para sus ciudadanos. Esos países son también algunos de los más contaminados.

Un estudio reciente demostró que cuando las embajadas estadounidenses instalaron monitores de contaminación atmosférica en algunas de sus sedes y empezaron a compartir públicamente los datos sobre la calidad del aire en tiempo real, la contaminación disminuyó y se produjo un descenso de la mortalidad prematura, lo que sugiere que los gobiernos locales y tal vez los residentes tomaron medidas para reducir la contaminación una vez que tuvieron conocimiento de ella.

Desde mi punto de vista como directora del programa de aire limpio del Instituto de Política Energética de la Universidad de Chicago, quizá el cambio más impresionante se produjo en Pekín, donde la embajada de Estados Unidos empezó a tuitear en 2008 los niveles en cada hora de partículas finas procedentes de un monitor situado en el tejado de la embajada.

Creemos que la presión pública resultante para reducir la contaminación atmosférica ayudó a que el gobierno trazara un plan para hacerlo en 2013. Se gastaron miles de millones de dólares para reducir la contaminación en todo el país y, en 2022, la contaminación por partículas en la región de Pekín-Tianjin-Hebei había disminuido un 45 por ciento.

Por qué debemos reducir ya la contaminación del aire en las ciudades? - Con  R de Ruido

La falta de un control básico de la calidad del aire en algunos de los lugares más contaminados del mundo representa una enorme oportunidad filantrópica. A partir de entrevistas con expertos locales en calidad del aire y defensores del aire limpio, calculamos que una inversión anual de entre 50.000 y 100.000 dólares por país podría respaldar los esfuerzos de control de la calidad del aire a largo plazo.

En total, se necesitaría una inversión global de apenas 4 a 8 millones de dólares al año para apoyar a las organizaciones locales que ya están preparadas para abordar las lagunas de datos sobre la calidad del aire a nivel nacional. Juntas, podrían proporcionar acceso a esos datos a mil millones de personas.

Estamos trabajando para poner en contacto a esos grupos con entidades filantrópicas a través de un nuevo fondo que hemos creado para recaudar fondos de donantes privados y luego distribuirlos.

Si incluso un país relativamente pequeño como Guatemala, con 18 millones de habitantes, se beneficiara de este apoyo a la infraestructura de datos y lograra una modesta reducción de los niveles de contaminación, los costos evitados de atender a las personas enfermas por respirar aire sucio compensarían con creces la inversión mundial en datos sobre la calidad del aire.

Se puede avanzar, y se ha avanzado, en Pekín, Tokio, Berlín, Los Ángeles y otras ciudades. El establecimiento de normas nacionales de calidad del aire, su cumplimiento y el seguimiento de los avances a nivel local fueron cruciales para reducir los contaminantes atmosféricos en su origen en esas ciudades. Sin embargo, para lograr ese éxito es necesario disponer de datos sobre la calidad del aire durante largos periodos.

Pocos problemas sanitarios mundiales pueden paliarse con una inversión de unos pocos millones de dólares al año. Pero recopilar datos sobre la calidad del aire en algunos de los países más contaminados del mundo es uno de ellos.

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5 estrategias para dejar de mentir…


La mente es maravillosa(P.A.R.Ramírez) — Para muchas personas, dejar de mentir es un desafío frustrante, pero posible de superar. Y es que engañar puede convertirse en un hábito difícil de romper, en especial, cuando se hace para evitar problemas o impresionar a otros.

Sucede que, a veces, parece una solución fácil, pero la mentira tiene el potencial de deteriorar relaciones y afectar nuestra salud emocional. 

A pesar de que es un comportamiento humano común y en apariencia inofensivo, en ocasiones, ser mentiroso tiene consecuencias significativas. Te explicamos algunas de las razones detrás de este comportamiento y cinco estrategias prácticas para cultivar la honestidad.

– ¿Por qué mentimos?

Es probable que en algún momento de tu vida mintieras para evitar un problema o no herir los sentimientos de alguien cercano. Incluso cuando se hace con buenas intenciones, la mentira es capaz de minar la confianza que otros tienen en nosotros y distorsionar la percepción propia.

Acorde con un estudio publicado en Psychological Bulleti, el comportamiento deshonesto está influenciado por varios factores. Entre ellos resaltan las circunstancias en las que se encuentra la persona, como la magnitud de la recompensa y las consecuencias externas que pueda enfrentar. También, las características personales, como el género y la edad.

Además, los que tienden a decir mentiras lo hacen por baja autoestima o inseguridad, temor al rechazo o al castigo, esperar ciertos beneficios como un empleo, por ejemplo. Asimismo, debido a la presión por las expectativas de la sociedad, evadir conflictos y deseos de impresionar o ser aprobados por los demás.

– 5 consejos para dejar de mentir

El primer paso para dejar de decir mentiras es aceptar que tenemos un problema y necesitamos ayuda para cambiar. Realizar un proceso de autoevaluación nos permite identificar las razones subyacentes detrás de la deshonestidad propia, ya sea por miedo, deseo de agradar o evitar conflictos. Luego de esto, puedes emplear las siguientes estrategias.

1. Practica la honestidad

Puede una persona dejar de mentir? | Ibero Show

Ser honesto implica comprometerse a decir la verdad en todas las situaciones, hasta aquellas que pueden ser un poco incómodas. 

Según una investigación de Journal of Experimental Social Psychology, en el día a día, las personas nos enfrentamos a situaciones que nos llevan a decir mentiras prosociales.

Se trata de aquellas que se dicen con la intención de beneficiar o proteger a otros, aunque puedan implicar una distorsión de la verdad.

Por ejemplo, decirle a tu abuela que te fascina el suéter que te tejió o expresarle a un niño que te encanta su dibujo.

No obstante, por más que queramos proteger los sentimientos de los demás, practicar la honestidad requiere encontrar maneras de ser sinceros sin comprometer la integridad personal. Es importante buscar la verdad y expresar las opiniones de manera auténtica y respetuosa, en lugar de decir mentiras benévolas para quedar bien.

2. Desarrolla la autoestima

Con frecuencia, el principal motivo por el que las personas mienten es la baja autoestima. Quieren impresionar a otros, evadir problemas o decir lo que creen que otros quieren escuchar.

Al cultivar una imagen positiva y realista de nosotros mismos, aumentamos la autoconfianza en nuestras capacidades y valores personales. Esto nos motiva a actuar de manera más auténtica y honesta, ya que valoramos integridad y respetamos las opiniones propias.

De igual modo, al establecer metas alcanzables y cuidar el bienestar emocional, estamos menos inclinados a recurrir a la mentira como una forma de evitar conflictos o impresionar a otros.

3. Reemplaza la mentira con habilidades de comunicación efectiva

Aprender a expresar las opiniones y sentimientos de manera clara y respetuosa es crucial para no recurrir a la falsedad. No se trata de ser cruel por ser honesto, sino de ser conscientes de las consecuencias de cada palabra que emitimos y acciones en todas las situaciones.

Al desarrollar habilidades de comunicación efectiva, como la escucha activa y la empatía, podemos entender mejor las necesidades y preocupaciones de los demás. En lugar de mentir, comunicarnos con honestidad y claridad, fortalece nuestra autoestima y nos ayuda a construir relaciones sólidas y duraderas.

Puede una persona dejar de mentir? | Ibero Show

4. Afronta el miedo a la verdad para dejar de mentir

Enfrentar de manera sincera las realidades difíciles o incómodas que nos hacen mentir, nos ayuda a reconocer y aceptar la verdad; inclusive cuando es dolorosa.

Esto significa reflexionar con honestidad, asumir los errores y las consecuencias, y buscar apoyo emocional y perspectivas externas para manejar situaciones difíciles.

Al aceptar la responsabilidad de lo que hacemos y en lo que erramos, desarrollamos un sentido de integridad y responsabilidad, lo cual reduce la necesidad de mentir para evitar consecuencias negativas.

5. Busca ayuda profesional

Si notas que sueles mentir en exceso, sin importar la situación, considera recurrir a la ayuda profesional. Las personas que enfrentan problemas con la mentira patológica (también llamadas mitómanas), pueden recibir guía de un terapeuta o psicólogo especializado, para identificar las causas detrás de este comportamiento y encontrar un tratamiento adecuado.

Este tipo de ayuda puede incluir terapia cognitivo-conductual, con el fin de identificar y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento. Asimismo, terapia de apoyo con el fin de desarrollar habilidades de comunicación honesta y manejar situaciones emocionales difíciles de manera más efectiva.

– Dejar de mentir es posible, pero requiere dedicación diaria

Cuando las mentiras se adueñan de la cotidianidad, no solo la vida se ve afectada, sino también nuestras relaciones. La frecuencia con la que mentimos puede erosionar la confianza que otros tienen en nosotros y minar la propia autoestima.

Afrontar este patrón de comportamiento requiere valentía y compromiso, pero con determinación y el apoyo adecuado, podemos cultivar una vida más íntegra y satisfactoria, donde la honestidad sea un pilar en las interacciones y desarrollo personal.

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La increíble historia de Henry Gustav Molaison…


Imagen del documental H.M (2009) del videoartista Kerry Tribe.
Imagen del documental H.M (2009) del videoartista Kerry Tribe.

JotDown(J.S.Burgos) — Corría el año 1953. El republicano Eisenhower tomaba posesión como presidente de los Estados Unidos, mientras Francis Crick y James Dewey Watson elucidaban la estructura helicoidal del ADN a partir de unas fotos de Rosalind Franklin que Maurice Wilkins mostró sin permiso a los descubridores del hallazgo más importante de la historia de la biología molecular.

Ese año el campeón del mundo Rocky Marciano derrotaba por K.O. en el primer asalto a Joe Walcott, y los entonces Minneapolis Lakers ganaban el anillo de la NBA endosando un rotundo 4 a 1 a los New York Knicks.

Por aquel entonces, Henry Gustav Molaison ya no lograba llevar una vida normal como consecuencia de sus frecuentes y temibles ataques epilépticos.

Henry era un chico normal, de una familia normal, en una ciudad normal. La ciudad de Hartford en Nueva Inglaterra no era un mal sitio para vivir en esos años dorados.

Los profusos bosques del estado de Connecticut envolvían la pequeña ciudad, mientras Henry ayudaba a sus padres con la compra, cortaba el césped o rastrillaba las hojas secas de los árboles del jardín, como un chico más de las familias acomodadas del barrio residencial en el que vivía.

Pero las cosas no iban bien desde hacía unos años. Henry daba paseos en su bicicleta por los alrededores de Hartford y de East Hartford, como cualquier niño de nueve años de una pequeña ciudad norteamericana. Pero Henry tuvo una desafortunada caída a esa edad que le dejó cinco minutos inconsciente.

A partir de ese momento el joven Henry empezó a padecer crisis epilépticas, al principio leves, aunque con el tiempo se tornaron cada vez más terribles y agresivas. A los dieciséis años los ataques eran dramáticos e incontrolables. Ningún medicamento de la época era capaz de paliar las fuertes convulsiones.

En 1953, cuando Henry tenía veintisiete años, ya estaba incapacitado incluso para trabajar. Las crisis eran extraordinariamente severas y frecuentes.

Pero todo cambió ese año.

Quién era el paciente H.M?

Fue derivado al hospital de Hartford. A partir de entonces las vidas del doctor William Beecher Scoville y de Henry estarían unidas para siempre.

El doctor Scoville, reputado neurocirujano y experto reconocido internacionalmente, decidió practicarle una cirugía experimental en la que extirparía parte de su cerebro.

El diagnóstico del doctor Scoville fue de epilepsia del lóbulo temporal, identificando en esa región el origen de la patología que sufría Henry.

El neurocirujano decidió realizar una resecación radical bilateral de los lóbulos temporales mediales, en la que eliminaría el hipocampo, el giro hipocampal, el uncus y la amígdala.

Según Scoville, sugirió esta operación por las conocidas capacidades epilépticas del uncus y del complejo hipocampal.

La operación se realizó el 1 de setiembre de 1953 y fue todo un éxito.

Tan solo quedaron dos centímetros de su hipocampo, que resultaron atrofiados. Toda la corteza entorrinal, el principal centro de comunicación con el hipocampo, fue también destruida.

Henry no sufrió convulsiones nunca más.

Veinte meses después, Henry fue examinado rutinariamente en el hospital de Hartford. El 26 de abril de 1955, el doctor Karl Pribram sometió al paciente a un examen psicológico. Henry se sentía bien, no había vuelto a tener crisis epilépticas, curiosamente había mejorado en aritmética, y apenas recordaba la operación.

Unos minutos después del examen, Pribram volvió a entrar a la habitación. Henry no lo reconoció. Nadie había hablado con él unos minutos antes. Henry seguía teniendo veintisiete años. Seguía siendo 1953.

Henry sufría una profunda amnesia. Alarmado, Scoville decidió recurrir a una segunda opinión profesional. Esa misma noche, los doctores Wilder Penfield y Brenda Milner, de la Universidad McGill en Canadá viajaron en el tren nocturno desde Montreal a Hartford.

Ambos realizaron una amplia batería de test psicológicos a Henry. Brenda destacaba su ejemplar comportamiento: «Era un hombre muy gentil, muy paciente y siempre muy dispuesto a realizar las tareas que le ordenábamos, aunque cada vez que me levantaba a pasear por la habitación, me miraba como si nunca me hubiese visto».

La cirugía había eliminado dos terceras partes de su hipocampo. Ya nunca pudo volver a conocer a nadie. Cada rostro era siempre un nuevo rostro. Cada nombre era siempre un nuevo nombre. Cada lugar era siempre un nuevo lugar. Cada hecho fue siempre un nuevo hecho. No fue consciente de la muerte de sus padres. No era consciente de que había envejecido.

No era capaz de reconocer al hombre que le devolvía el espejo. No se reconocía a sí mismo en una fotografía más allá de 1953. Henry fue sujeto de estudio a partir de entonces. Fue sometido a cientos de pruebas psicológicas, exámenes neurológicos y ensayos científicos. Cada uno de esos test y cada una de estas pruebas fue para él siempre la primera.

La amnesia anterógrada severa que sufría Henry le impedía fijar nuevos recuerdos, aunque sí podía adquirir nuevas habilidades motoras que, por supuesto, olvidaba inmediatamente que había aprendido.

Henry era capaz de dibujar una estrella de cinco puntas reflejada en un espejo, podía resolver la compleja tarea de la Torre de Hanói o trazar un mapa bastante detallado de su casa, aunque se mudó de residencia tan solo cinco años después de la operación realizada por Scoville.

H.M. Un hombre –casi– sin memoria | Blog de Enrique Pallarés Molíns

A Henry le tranquilizaba hacer crucigramas. Resolvía dos crucigramas al día, a veces más.

Eso sí, siguiendo en estricto orden la lista de instrucciones y resolviendo solo cuestiones previas al año 1953.

Al final de su vida encontraron en una cesta atada a su andador un libro de crucigramas y el bolígrafo que permaneció siempre con él.

Las consecuencias de la ablación bilateral del lóbulo temporal medio del cerebro de Henry fue la primera prueba concluyente de que el hipocampo era la región cerebral implicada en la adquisición de nuevos recuerdos.

La amnesia retrógrada graduada temporalmente que presentaba Henry demostró que los recuerdos de la infancia no se almacenan, al menos exclusivamente, en el lóbulo temporal medial.

Henry ayudó involuntariamente a los neurólogos y neurocientíficos de todo el mundo a identificar y comprender las estructuras cerebrales implicadas en la adquisición de nueva información.

Pero Henry seguía siendo un tipo normal. La doctora Milner lo sorprendió una vez sentado en una esquina, ruborizado y murmurando que no pensaba que él fuera interesante y que se quería ir a su casa.

En 1980, con cincuenta y cuatro años, se trasladó definitivamente a la residencia de Windsor Locks, también en Connecticut, donde siguió siendo estudiado y analizado durante los siguientes veintiocho años.

Henry murió el 2 de diciembre de 2008 en Windsor Locks, a la edad de ochenta y dos años. Murió un martes por la tarde a las 17:05 horas. Suzanne Corkin, investigadora del Massachusetts Institute of Technology, pasó varias décadas de su vida estudiando a Henry. Como la veía muy habitualmente, él pensaba que era una compañera del colegio.

Suzanne certificó su muerte por insuficiencia respiratoria. Ese mismo martes, la doctora Corkin y su equipo científico trabajaron durante toda la tarde y toda la noche para analizar el cerebro de Henry.

Lo analizaron por resonancia magnética, obteniendo multitud de exhaustivas imágenes e información anatómica. El cerebro de Henry fue fotografiado pormernorizadamente, extraído y fijado en formalina para su análisis.

Henry Molaison, una vida sin recuerdos | Marcianos

Una vez procesado, el cerebro fue enviado a la Universidad de San Diego, donde fue diseccionado un año después por el equipo del doctor Jacopo Annese, director de The Brain Observatory, y retransmitido por streaming. Durante cincuenta y tres horas ininterrumpidas se realizaron miles de secciones histológicas de unas setenta micras de grosor, de las cuales se seleccionaron dos mil cuatrocientas una para su estudio detallado.

De todas ellas, tan solo dos se mostraron claramente dañadas. A partir de las imágenes obtenidas, se ha conseguido construir un mapa tridimensional del cerebro de Henry, a disposición de todos los neurocientíficos del planeta. La reconstrucción virtual del cerebro de Henry tan solo arrojó una pequeña lesión en el córtex orbitofrontal izquierdo.

De esta forma, Henry se convirtió en el individuo más estudiado en la historia de la neurología. En el campo siempre se le conoció como el paciente H.M., y no se reveló su identidad hasta después de su muerte.

Pero murió solo y sin recuerdos. Tal vez murió con la mayor de las soledades del ser humano, que es la de no recordarse ni siquiera a sí mismo. Henry murió a los veintisiete años. No tuvo hijos.

Aunque consiguió mantener un nuevo recuerdo que sí fue capaz de fijar. Supo que el hombre había llegado a la luna. Tal vez fue por su afición a los cohetes espaciales, tal vez por cierta actividad residual de su maltrecho hipocampo, o tal vez porque todavía no hemos alcanzado a comprender la profunda complejidad que esconde nuestro cerebro.

nuestras charlas nocturnas.

Josefina Guerrero, la heroína que aprovechó su terrible enfermedad para ayudar a EE.UU. a derrotar a Japón en la Segunda Guerra Mundial


Josefina Guerrero con soldados estadounidenses frente a un jeep
Josefina Guerrero (tercera desde la derecha) salvó muchas vidas en la Segunda Guerra Mundial, mientras padecía los estragos de su enfermedad.

BBC News Mundo — Cuando Joey Laeumax murió en 1996 ninguno de los amigos que había hecho en los 20 años que llevaba viviendo en la capital de EE.UU. sabía mucho de su pasado.

Según su obituario en el Washington Post, era «una secretaria jubilada que había trabajado como acomodadora en el Centro Kennedy para las Artes Escénicas durante los últimos 17 años».

Todo eso era cierto, pero también lo era que esa mujer había sido una de las espías más importantes durante uno de los conflictos más brutales de la Segunda Guerra Mundial.

Mientras padecía los dolorosos estragos de una enfermedad grave, había salvado miles de vidas y contribuido a marcar el curso de ese capítulo de la historia.

Joey Laeumax era Josefina Guerrero, condecorada en 1948 con la Medal of Freedom (Medalla de la Libertad) de EE.UU., y aplaudida por el mayor general George F. Moore por demostrar “más coraje que el de un soldado en el campo de batalla”.

– Felicidad interrumpida

En la década de 1930, la ocupación estadounidense en Filipinas parecía estar llegando a su fin. EE.UU. había adquirido Filipinas de España en 1898. Para los estadounidenses, como para los españoles, Manila era el centro comercial del Pacífico, un punto de apoyo para oportunidades comerciales y militares.

Muchos filipinos lucharon contra la ocupación estadounidense. La guerra duró hasta 1902, y unos 20.000 filipinos perdieron la vida. Pero para cuando Josefina Veluya nació en 1917, la resistencia a la ocupación era en gran medida democrática. A los 16 años, Josefina se casó con Renato Guerrero, un joven médico y heredero de una familia muy adinerada.

Club nocturno Jai-Alai, edificio Art Deco en Manila en la década de 1930
Manila era una metrópolis grande y próspera, con amplios bulevares bordeados de tiendas y restaurantes, y famosos clubes de baile. (Club nocturno Jai-Alai, edificio Art Deco en Manila en la década de 1930).

Dos años y medio después, la pareja tuvo una hija, Cynthia. Ambos padres estaban felices, enamorados uno del otro y ambos de la pequeña y sus grandes ojos marrones.

Pero unos síntomas ominosos comenzaron a acosar a Josefina. «Sufría dolores de cabeza muy fuertes, una fatiga que la dejaba sin aliento durante días y días», le relata a la BBC Ben Montgomery, autor de The Leper Spy («La espía leprosa»). Cuando una mancha apareció en su rostro, su esposo la llevó adonde un colega experto en infecciones.

El diagnóstico fue devastador: lepra, ahora llamada enfermedad de Hansen. «Era una situación desesperada porque en ese momento el tratamiento disponible no era tan efectivo y podía ayudar muy poco», le explica a la BBC Patricia Duarte Deps, dermatóloga especialista en Hansenología, radicada en Brasil.

«La enfermedad de Hansen es una dolencia infecciosa, con fenómenos inflamatorios que afectan la piel y los nervios periféricos de las manos, los pies y los ojos», señala Deps, quien estudió el caso de Guerrero. «Pero creo que el estigma y la discriminación son incluso peores que la enfermedad en sí«, declara.

Cristo curando a un leproso en una ilustración
«Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: ‘Quiero; sé limpio’. Y al instante su lepra desapareció», Mateo 8:1-4. («Cristo cura al leproso», de «La historia de Cristo», 1534-35. Artista Georg Pencz).

El antiguo nombre de la enfermedad de Hansen, lepra, conllevaba un enorme bagaje histórico. Mencionada con frecuencia en la Biblia, se la consideraba una maldición incurable. En un país católico como Filipinas, era interpretada como un castigo divino por el pecado.

Guerrero sabía que si la gente se enteraba de su condición, la rechazaría. En Manila, las personas que padecían la enfermedad eran obligadas a dejar sus trabajos y las enviaban a colonias de leprosos fuera de la ciudad. Tenían que tocar una campana o llevar un cartel que indicara que eran contagiosos, gritando «impuro».

Así que, como miles de otros con la enfermedad de Hansen, Guerrero lo mantuvo en secreto. Pero como puede transmitirse por contacto cercano, tuvo que tomar una decisión desgarradora: irse a vivir sola. Era 1941. A los 24 años, había perdido todo: su vida acomodada, su esposo y, lo más doloroso, su amada hija.

– Cambio de mando

El 8 de diciembre de ese mismo año, 10 horas después de su devastador ataque a Pearl Harbor en Hawái, Japón llevó la guerra a Filipinas. Manila era un objetivo clave tanto por su posición estratégica como por su condición de bastión estadounidense.

Como había hecho en Pearl Harbor, la marina imperial japonesa lanzó una ofensiva sorpresiva. La mitad de los cazas y bombarderos estadounidenses fueron destruidos en el primer asalto. Pronto, Manila y sus alrededores estaban en llamas, con aeródromos, muelles y diques quemándose, y comenzó la ofensiva terrestre japonesa.

Los astilleros de la Armada de Estados Unidos en Cavite, Filipinas, arden después del ataque japonés el 12 de diciembre de 1941.
Los astilleros de la Armada de EE.UU. en Cavite, Filipinas, arden tras un ataque japonés el 12 de diciembre de 1941.

Japón había estado planeando un ataque durante años. Una red de espías les había suministrado información sobre todas las posiciones defensivas. Sabían dónde aterrizar. Las tropas estadounidenses no estaban preparadas para repeler el avance de 43.000 soldados japoneses.

Para enero de 1942, la ocupación de Manila era completa. Los japoneses acorralaron a europeos y estadounidenses en primer lugar y los pusieron en campos de prisioneros. Para todos los demás, comenzó un nuevo y duro régimen. «La vida estaba controlada por el toque de queda», cuenta Montgomery.

«Soldados japoneses que patrullaban las calles solían abofetear a cualquiera que no les mostrara respeto haciéndoles la venia en la calle». Cualquier desobediencia podía ser castigada con la pena de muerte. Además de aislada, Guerrero se quedó sin medicamentos, pues con la ocupación los suministros no llegaban rápidamente a la ciudad.

Su salud se deterioró.

– La doncella de Manila

Adolorida y sola, Guerrero buscó consuelo en su fe. Tenía tres años en 1920, cuando la Iglesia Católica canonizó a Juana de Arco, la heroína francesa de la Edad Media. De niña, a Guerrero le habían fascinado las historias de esa joven campesina que tenía visiones y dirigió un ejército contra los invasores ingleses.

La Doncella de Orleans se convirtió en su inspiración: quería servir a una causa noble, así que arriesgaría su vida por su país. No le fue fácil convencer a la resistencia que la aceptara, pero en su primera misión consiguió tanta información valiosa de los labios de soldados japoneses en una fiesta que disipó cualquier duda.

Impresionados, los dirigentes de la resistencia le preguntaron si aceptaría una tarea más peligrosa.

Rey de Francia recibiendo a Juana de Arco y su ejército a caballo
Guerrero solía jugar a ser Juana de Arco cuando niña. (Carlos VII de Francia recibe a Juana de Arco en el castillo de Chinon, 1429, tapiz alemán, Episodio de la Guerra de los Cien Años 1337-1453, Museo de Orleans, Francia).

La resistencia en Manila no podía operar un servicio de radio ni una imprenta. La única manera de comunicarse era mediante notas escritas a mano. «A menudo las escribían en cáscaras de cebolla para poder tragárselas si los interceptaban», cuenta Montgomery.

«El país estaba ocupado por brutales soldados japoneses que, si sospechaban que eras un espía, llamaban al Kempeitai, el escuadrón de élite de la policía que a menudo torturaba para obtener su información». Pero tendían a acechar a hombres, especialmente de aquellos que podrían haber estado en el servicio militar.

Lo que veían cuando Guerrero pasaba era una mujer joven y menuda con el pelo largo recogido en una cola de caballo llevando sus compras. «Se ataba los mensajes en el pelo o ahuecaba frutas y los ponía adentro», detalla el escritor. En una ocasión la detuvieron y la obligaron a desnudarse en busca de mensajes, pero los tenía entre las medias y se las arregló para que no los vieran.

Sin embargo, aunque su ingenio seguía tan agudo como siempre, los efectos físicos de la enfermedad de Hansen no daban tregua.

– Trampa mortal

A pesar de las altas fiebres, intensos dolores de cabeza e insoportable fatiga, Guerrero había continuado con su misión, pero el mal comenzó a mostrarse en su cuerpo. «Probablemente tenía lesiones rojas en la piel muy, muy notables, como una ulceración. A veces se borran las cejas y también podría haber desarrollado algún tipo de lesión ocular», indica Deps.

Guerrero ya no podía hacerse pasar por una joven común que iba de compras, pues «una ulceración es algo muy impactante de ver».

Pero halló la manera de usar sus síntomas a su favor como espía: su mal se convirtió en su disfraz. Se vestía de negro, a veces hasta se ponía un velo, e iba por las calles anunciando que era «impura», lo que le abría el paso, sin que la requisaran, pues las autoridades japonesas no querían ni acercársele.

Pero «no solo se arriesgaba yendo y viniendo entre el ejército japonés, sino que podría haber desarrollado un daño nervioso muy severo», subraya Deps.

Afiche con un soldado japonés golpeando a un prisionero
«¿Qué vas a hacer TÚ al respecto? ¡Seguir trabajando hasta que todos los japoneses asesinos hayan sido aniquilados!», dice este afiche de propaganda de EE.UU. tras la Marcha de la Muerte de Bataan en 1942, en la que murieron miles de civiles y militares estadounidenses y filipinos.

Guerrero sabía que tal vez no viviría lo suficiente para ver la victoria, y los comandantes estadounidenses sabían que le estaban pidiendo que arriesgara su vida. Pero estaba dispuesta a emprender misiones cada vez más difíciles para ayudarlos a expulsar a los japoneses.

Sus tareas aumentaron en importancia y peligro. Aprovechando la libertad de movimiento que su enfermedad le daba, Guerrero conseguía la información actualizada y muy detallada que necesitaban. En enero de 1945, recibió un misión tan peligrosa que le aconsejaron “confesarse e hacer un buen acto de contrición” antes de emprenderla pues quizás no sobreviviría.

Siguió el consejo y al salir de la iglesia, pudo escuchar en la distancia el ruido de la campaña del general Douglas MacArthur para retomar Filipinas. Los bombarderos habían atacado por primera vez hacía cuatro meses, eliminando las defensas portuarias de Manila valiéndose de mapas que Guerrero había trazado.

La batalla terrestre ya estaba en marcha, pero las tropas iban camino a una trampa mortal. «EE.UU. se había enterado de que el comandante de un campo de prisioneros de guerra tenía la intención de masacrar a unos 4.500, incluidos muchos estadounidenses. Para evitarlo, se apresuraban a llegar a Manila», relata Montgomery.

Lo que no sabían era que los japoneses habían sembrado enormes campos minados dondequiera que las tropas estadounidenses pudieran acercarse.

Josefina Guerrero luciendo sus medallas
A pesar de recibir la Medalla de la Libertad (que lleva en esta foto), presentada por EE.UU. como la condecoración más alta para un civil, Guerrero pasó 13 años luchando para que le permitieran quedarse en ese país recibiendo tratamiento, hasta que por fin logró convertirse en ciudadana.

Pegado con cinta adhesiva entre sus omóplatos, Guerrero llevaba un mapa de esos campos minados meticulosamente dibujado por la resistencia, que podría salvar la vida de las tropas y de miles de prisioneros. «Había tantos peligros en el camino», señaló Montgomery.

«Había una guerra tribal en las afueras de Manila, piratas en el río Pampanga, sin mencionar que el riesgo de ser interceptada por los soldados japoneses». Desafiando los malestares que su mal le provocaba, Guerrero burló guardias y francotiradores a lo largo de kilómetros y kilómetros de campo traicionero.

Cuando llegó al río Pampanga, alquiló un bote. Había combates activos en tierra, por lo que el agua parecía más segura. No fue así. Fue perseguida por 6 barcos llenos de piratas fluviales. Rehuyéndolos, volvió a tierra.

Siguió a pie hasta que llegó al lugar indicado sólo para enterarse de que sus contactos se habían marchado hacía tres horas, en dirección al lugar donde ella había alquilado el bote. Salió corriendo y finalmente pudo encontrarlos, tras haber recorrido sin descanso 56 kilómetros.

Los estadounidenses quedaron asombrados por la valentía de Guerrero. Sus acciones habían salvado la vida de innumerables soldados.

– Paz y paria

Con la posibilidad de atravesar los campos minados que rodeaban la ciudad, las tropas estadounidenses entraron a caballo en Manila, tras liberar el campo de prisioneros de guerra. Durante los meses de intensa y caótica guerra urbana que destruyó alrededor del 80% de la ciudad de Manila y mató a unos 100.000 civiles, Guerrero encontró una nueva forma de luchar en la guerra.

En medio de la violencia, atendía a los soldados y civiles heridos y llevar a los niños a un lugar seguro. Los soldados la describieron como una figura casi santa, serena, a pesar del caos y las balas que volaban a su alrededor. Pero, sin medicinas para controlar su enfermedad, ella seguía sufriendo.

«Uno de sus pulmones comenzó a sangrar y pensó que por fin había llegado su oportunidad para ver a Dios», cuenta Montgomery.

No fue así. Las tropas del general MacArthur sacaron a todos los soldados japoneses de Manila a principios de marzo. Los combates continuaron en algunas islas hasta los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, que llevaron a Japón a rendirse finalmente.

Poco menos de un año después, el 4 de julio de 1946, Filipinas finalmente logró la independencia de EE.UU. y se convirtió en una república. Tras el fin de la guerra, a Josefina Guerrero su enfermedad la convirtió en una paria una vez más.

Guerrero recibe una inyección en el Leprosario Nacional de Carville, Luisiana
A pesar del estigma que sigue existiendo, el 95% de los adultos son naturalmente inmunes a la enfermedad de Hansen y, una vez comienza el tratamiento, ya no es contagiosa. (Guerrero recibe una inyección en el Leprosario Nacional de Carville, Luisiana).

Fue exiliada a un leprosario al noreste de Manila en el que las condiciones eran deplorables. No obstante, Guerrero continuó trabajando incansablemente, como maestra de los niños, atendiendo a los enfermos y haciendo campaña para mejorar la vida de todos los que sufrían la misma enfermedad que ella.

Hasta que, despues de recibir en mayo de 1948 la Medalla de la Libertad de EE.UU., se convirtió en la primera extranjera en ser aceptada como paciente en el Leprosario Nacional de Carville, en Louisiana. A fines de la década de 1950, el tratamiento para la enfermedad de Hansen había avanzado: podían curarla.

No era un asunto sencillo. La trataron durante nueve años antes de que su enfermedad fuera declarada inactiva y fuera, por fin, dada de alta del leprosario. Sin embargo, el estigma era aún más difícil de vencer que la enfermedad misma.

Cuando quienes la empleaban se enteraron de que había sido paciente de Carville, la despedían. Sus amigos, se alejaban. Guerrero se reunió brevemente con su hija, Cynthia, una vez en San Francisco. Antes de establecerse en Washington, estudió en Madrid desde donde, en 1970, le escribió una carta a un médico amigo:

“La mayoría de la gente piensa que he muerto porque he intentado con todas mis fuerzas borrar el pasado. ¡Simplemente quiero olvidarlo! Fue demasiado traumático y me ha causado un sufrimiento inconmensurable». Le contó que había pasado hambre cuando la echaban de los trabajos, pero le aseguró que seguía “llena de entusiasmo por la vida”.

Y le anunció: «Joey Leaumax es ahora mi nombre legal». Fue con ese nombre y con pocos datos de su pasado que la conocieron los amigos que la enterraron tras su muerte a los 78 años. «Trabajó con absoluta humildad contra viento y marea, sufriendo una enfermedad que estaba devastando su cuerpo, salvando un número incalculable de vidas y arriesgando la suya en el proceso», resume Montgomery.

«Para mí, eso es una heroína».

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Grasa de Cisne, Estiércol de Cocodrilo y Cenizas de Caracoles: Intentando Ser Bellas en la Antigua Roma…


Termas romanas femeninas“El Frigidarium”, de Lawrence Alma-Tadema

Ahora aprendan, queridas mías, el arte de embellecer sus rostros; aprenda por usted misma, a conservar sus encantos.

Con estas frases, extraídas del Medicamina Faciei Femineae o El Arte de la Belleza, de Ovidius Naso Publius, (Ovidio), comienza una de las mejores descripciones de la belleza femenina que conservamos de la antigua Roma.

Así vemos cómo explica que toda mujer que se jacte de ser romana debería disfrutar de un rostro pálido, sonrosadas mejillas y ojos negros, además de no usar perfumes poco naturales. Aunque el suyo no sea el único texto existente en el que se traten los modelos y normas romanos de belleza, sí que es el texto que los relata de forma más detallada y sucinta.

El concepto de belleza no es originario de los romanos. En realidad, fueron los romanos conquistadores de Grecia y Egipto los que importaron la idea trayendo, desde las provincias exteriores, diferentes usos y costumbres con los que crearon sus propias armas de belleza. 

El Arte de la Belleza expone, brevemente, el proceso sufrido por la belleza desde la fundación de Roma hasta el tiempo presente de Ovidio, a saber el Imperio romano, donde pinta un cuadro mucho más natural. Ovidio escribe cómo las mujeres de Roma pasaron «de vestir los ropajes de sus antepasados» «a vestirse para ellas mismas» porque las hijas del estado son «más delicadas y refinadas» que los ciudadanos de antes.

Un dato interesante es que las romanas realmente trataron de atenerse a este ideal, es decir, a diferencia de griegas y egipcias, las romanas usaban maquillaje para conservar, solamente, la belleza natural de la mujer y no adornar el rostro con una cacofonía de colores.

Además, Ovidio destaca que por encima del cuidado de la belleza física, en toda mujer deben imperar sus perfectos modales: la perfección en los modales y su personalidad atraerán a los hombres y los mantendrán junto a ellas incluso después de que la belleza haya disminuido.

Mujeres de la antigua Roma. Escena romántica procedente de un mosaico de Villa Centocelle, Roma, 20 a. C. – 20 d. C. (Wikimedia Commons)
Mujeres de la antigua Roma. Escena romántica procedente de un mosaico de Villa Centocelle, Roma, 20 a. C. – 20 d. C.

Así pues, la mujer romana ideal era una mujer de piel extraordinariamente blanca. Prueba de esto es que la mujer que podía permitírselo disponía de criados y esclavos para, de este modo, pasar la mayor parte de su tiempo dentro de casa, de muros para dentro.

Sin embargo, ya que el tono natural de piel de la mujer romana estaba más cercano al aceitunado que al marfil, hacían uso de un necesario y poco natural proceso de empolvar sus caras. Esto implicaba el uso de polvo de tiza, estiércol de cocodrilo y plomo blanco para blanquear sus rostros por entero. Ovidio describe, incluso, una mezcla para ablandar la coloración, narrando lo siguiente:

…dos libras de cebada pelada y una cantidad igual de algarrobas humedecidas con diez huevos. Seque la mezcla al aire, y colóquelo todo bajo la piedra de molino trabajada por el paciente asno. Muela las primeras astas que se caigan de la cabeza de un venado sano. Tome un sexto de libra de ellas. Machaque y desmenuce todo hasta lograr un polvo fino y páselo  por un profundo tamiz. Añada doce bulbos de narciso previamente pelados y vuelva a machacarlo todo junto y enérgicamente en un mortero de mármol. Aquí vaya añadiendo dos onzas de resina y de espelta toscana y nueve medidas de miel. Cualquier mujer que unte su rostro con este cosmético hará que reluzca más brillante que su espejo.

En la antigua Roma, la piel pálida estaba considerada como la más hermosa. Fresco procedente de Villa San Marco, Stabiae (Wikimedia Commons)
En la antigua Roma, la piel pálida estaba considerada como la más hermosa. Fresco procedente de Villa San Marco, Stabiae

Algunos fascinantes tratamientos de belleza incluían tomar baños de leche de burra para la piel, tratamiento usado, por ejemplo, por la famosa Faraona egipcia Cleopatra, amante de Marco Antonio.

La grasa de cisne y las legumbres se empleaban para tratar las arrugas y las cenizas de caracoles supuestamente podrían curar las pecas: consecuencia negativa de que la mujer pasara, demasiado a menudo, tiempo al sol.

También se utilizaban, con frecuencia, trucos y recursos falsos para cubrir llagas o espinillas y las mejillas sonrosadas las conseguían mediante el empleo de colores a base de rosa, tiza, pétalos de amapola e, incluso, estiércol de cocodrilo. No resultaba extraño para el marido besar a su esposa y que los labios se le quedaran pegados al rostro por culpa de dichos tratamientos.

Los ojos se acentuaban con el uso del kohl, una sustancia para ennegrecer hecha a base de cenizas u hollín importada por los romanos desde Egipto y que actualmente todavía es utilizada en Turquía. Era aplicado como el moderno lápiz de ojos, tanto en la parte inferior del ojo como en la superior, sólo para remarcar su color natural, según Ovidio.

Este mismo artículo era empleado también para oscurecer pestañas y cejas, permitiéndoles destacar, aún más, la palidez del rostro. Además, las mujeres añadían color a sus párpados de vez en cuando, extrayendo las distintas tonalidades de diversos tipos de tierra y de minerales como la malaquita (verde) o la azurita (azul).

Tanto las pestañas como las cejas se preferían largas. Hasta el siglo I d. C. se prefería que las pestañas y cejas fueran lo más largas posible. En las cejas tanto como para llegar a tocarse.

Retrato de Safo procedente de Pompeya, c. 50 d. C., una famosa poetisa de la antigua Roma autora de poemas acerca de la belleza. (Wikimedia Commons)
Retrato de Safo procedente de Pompeya, c. 50 d. C., una famosa poetisa de la antigua Roma autora de poemas acerca de la belleza.

Los cosméticos fueron utilizados por todo tipo de mujeres, ricas y pobres, sin embargo, cuanto mayor poder adquisitivo, mejores y más caros eran los productos que podían permitirse. Dichos productos, los caros, no despedían aroma alguno, convirtiendo en algo obsoleto la necesidad de perfume.

Sin embargo, las prostitutas, como tendían a utilizar productos mucho más baratos, que desprendían olores nauseabundos,  utilizaban gran cantidad de perfume para cubrirlos (además de solapar el olor genital que desprendían a todas horas).

Por ello y para evitar el terrible hedor, en los burdeles usaban cantidades ingentes de aromas artificiales, de ahí que se crease el estigma acerca del poco casto uso del perfume.

En realidad, uno de los motivos de que las rectas mujeres romanas prefirieran un maquillaje ligero y natural era, precisamente, el hecho de que  las prostitutas solían llevar excesivo maquillaje, abusando de los productos faciales para disimular su propio envejecimiento.

Irónicamente, a pesar de tantos recursos empleados para dotar de belleza a las miradas de los antiguos observadores romanos, toda la literatura conocida que nos ha llegado de ese período histórico está, íntegramente, escrita por hombres.

Es importante destacar que sólo Ovidio valoró el uso del maquillaje: la mayor parte del resto de autores romanos prefería poco o ningún cosmético debido a su relación con el adulterio y la prostitución.

Existen pocas evidencias de que las mujeres pensasen en sus trucos de belleza; sin embargo su empleo continuado ha implicado que disfrutaban de sus ventajas a pesar de los inconvenientes que conllevasen.

Lo que está muy claro es que la belleza fue un tema tan importante en la antigua Roma como lo es hoy. Lo único diferente eran las normas, modas y usos.

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