Páginas 92-93 del diario de Ana Frank original, expuesto en la Casa de Ana Frank, Ámsterdam, Países Bajos
Meer(C.B.Castillo) — Una carta que explora los traumas de Ana Frank durante la ocupación nazi, su pasión por la escritura y la tragedia de un talento interrumpido por el horror de la Segunda Guerra Mundial.
Querida Annie:
En mi anterior carta comencé a comentarte tu Diario, pero solo las entradas del año 1944 -¡el terrible año en que no pudiste seguirlo escribiendo!-. No niego que todos los que te admiramos y queremos; no perdemos la esperanza de que haya ocurrido un milagro y conseguiste, en aquel horror de los campos de exterminio, la manera de ser fiel a tu vocación escritural.
En algún lugar enterrado y de una manera jamás prevista, está la parte de tu Diario que nadie ha leído hasta ahora. Ha ocurrido antes y es lo increíble de la historia: puede encontrarse algo que cambie la forma en que hemos comprendidos los hechos. Pero dejo de soñar y vuelvo a lo que he podido leer de ti, aquellos últimos meses antes del fin.
En los tiempos oscuros existe el temor a que cambiemos nuestra personalidad, es el peso del trauma. El horror que te rodeaba podía transformar la alegría y sinceridad de la cual se enamoró Peter. De esta forma nos dices ante el hambre y otros problemas: “acallar la protesta de nuestros estómagos. (…)
Yo me pregunto sin cesar si la convivencia con otras personas, cualesquiera que sean, ha de acabar necesariamente en peleas, o si en realidad es que hemos tenido mala suerte con la compañía ¿la gente es siempre tan egoísta y tan ruin? (…) voy a acabar como una vieja regañona” (15 de enero).
Estatua de Ana Frank en el Centro de Educación sobre el Holocausto, Fukuyama, Japón
Muchas veces temo esto, no quiero ser una persona tóxica.
La queja permanente es lo peor que se puede hacer.
Hay motivos para estar agradecidos, incluso en los peores momentos, y todo puede cambiar de forma repentina.
El mejor ejemplo de dichos cambios es cómo desde febrero en Holanda, y en toda Europa occidental; nos dices que “no se habla de otra cosa que del desembarco.
Es como una fiebre que sube cada día más” (03 de febrero).
Y luego señalas toda la propaganda alemana para frustrar estos sueños como las amenazas de que inundarán el país o llevar a toda la población a Alemania.
Parafraseas a Joseph Goebbels: “Si nos obligan a retirarnos, dejaremos cerradas las puertas de los países ocupados” o “si hemos de morir, morirán con nosotros todas las poblaciones bajo nuestro dominio”.
Escuchar a los perversos es terrible, pero al menos nos permiten ver la profunda diferencia con los buenos políticos y líderes.
Es una manera de decirnos lo que no debemos ser ni hacer, pero ¡qué asco de gente!
En este año de 1944 me ha gustado mucho que tu vocación de escritora se ha fortalecido. Somos muy parecidos, porque también tu “manía es la historia” y por eso tu padre te “ha comprado muchos libros”, y esperas “con impaciencia el día en que podrás revolver las estanterías de la biblioteca pública” (11 de abril).
Y agregas estas ideas, que te cuento, se las he hecho leer a mis alumnos:
Se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo, algunas de mis novelitas pueden pasar, mis descripciones del anexo no carecen de agudeza, hay párrafos elocuentes en mi diario, pero… de ahí a saber si tengo verdadero talento (…).
Quienes no escriben desconocen cuán maravilloso es, antes, yo deploraba siempre no saber dibujar, pero ahora me entusiasma poder al menos escribir. Y si no tengo bastante talento para ser periodista o para escribir libros, ¡bah!, siempre podré hacerlo para mí misma. Quería adelantar, hacer algo. No puedo imaginarme Quiero seguir viviendo, aun después de mi muerte.
Por eso le estoy agradecida a Dios, que, desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de expresar todo cuanto acontece en mí.
Al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace. Pero – he ahí la cuestión primordial-, ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante; podré ser algún día periodista o escritora? Confío en que sí. ¡Oh, cómo lo deseo! Pues, al escribir, puedo concretarlo todo: mis pensamientos, mi idealismo y mis fantasías.
(04 de abril)
Duelen estas palabras… ¡¿Por qué no vimos hacerse realidad tanto potencial?! ¡¿Por qué no nos dejaron?! ¡¿Por qué no te dejaron?! ¡¿Cuántos talentos se perdieron por la falta de empatía, por este odio que hoy sigue generando guerras, fraudes, dictaduras, muerte y dolor?! ¡¿Por qué no otro final para tu diario?!
Estatua de Ana Frank en el Monumento a los Derechos Humanos de Ana Frank en Boise, Idaho, Estados Unidos
Una línea continua de esperanzas desde los desembarcos hasta la liberación de Holanda, así fuera padeciendo hambre y miedo.
Despertar un día, mirar por las ventanas del anexo y ver que todo es celebración.
Y a pesar de todo ello, incluso en el peor lugar, te imagino escribiendo.
No podías seguramente frenar tu pasión, la vocación que es tu vida.
Lo sé porque me pasa, porque no puedo dejar un día sin escribir; e incluso si no podemos escribir novelas, ensayos y un largo etcétera, sé que siempre nos queda nuestro diario.
Un diario es lo menos exigente en lo referente a estilo, y lo más libre en lo que respecta a la expresión de nuestros sentimientos.
Es por ello que me fascinan los diarios y sé que a ti también.
Nos dices: “Durante mucho tiempo, he estudiado casi sin saber cuál es mi objetivo; el final de la guerra se haya todavía espantosamente lejano… y parece irreal, un cuento de hadas” (04 de abril).
Al mismo tiempo tenías pensamientos de agradecimiento y esperanza, y estos son más frecuentes que el pesimismo en relación a la guerra.
Lo mejor es que siempre ves el horror de tu tiempo como una oportunidad “y me niego a quejarme todo el santo día (…), siento que se aproxima la libertad, que la naturaleza es bella, percibo la bondad de cuantos me rodean, ¡y experimento hasta qué punto esta aventura es interesante! ¿Por qué habría de desesperarme?” (03 de mayo).
Mayo fue el mes de la gran expectativa, y no se daba la invasión; vuelta a la desesperanza, en especial porque el antisemitismo se fortalecía en Holanda. “Ya hace dos años que estamos aquí, ¿cuánto tiempo vamos a poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día?” (26 de mayo); y cuando esos pensamientos todo lo dominaban… ¡Llegó el gran día! “«Hoy es el día D», ha dicho la B.B.C. a mediodía, y con razón: This is the day.
¡La invasión ha comenzado! (…) El general Eisenhower dijo al pueblo francés: Stiff fighting will come now, but after this the victory. The year 1944 is the year of complete victory. Good luck!” (06 de junio). En la película que te dije todos en el anexo pegan gritos y hacen una fiesta de tanta alegría, y debió ser porque tú dices: “El anexo es un volcán en erupción ¿Se acerca de veras esa libertad tan largamente esperada?”
En julio comienzan a aparecer algunas diferencias con Peter, y esto permite tocar un tema con el cual quiero cerrar estas cartas: la fe. Algo con lo cual tenemos importantes similitudes. Tú sabes que no es fácil creer en Dios, pero identificas un elemento fundamental de la espiritualidad de San Ignacio sin nombrarlo, me refiero al discernimiento: “Pueden regocijarse quienes tienen una religión (…), el temor a Dios otorga la estimación del propio honor, de la propia conciencia.
¡Qué hermosa sería toda la humanidad, y qué buena, si, por la noche, antes de dormirse, cada cual evocase cuanto le ocurrió durante el día, y todo lo que hizo, llevando cuenta del bien y del mal en su línea de conducta! Inconscientemente y sin titubeos, las personas se esforzarían por enmendarse, y es probable que después de algún tiempo se hallarán frente a un buen resultado” (06 de julio).
Estatua de Ana Frank en Palermo, Buenos Aires, Argentina
No solo evaluar nuestra vida al final de cada día, sino que dicho examen siempre tenga como meta ser agradecido.
Identificar todos los dones, oportunidades, retos, estima que nos permitió tener esas 24 horas extras.
Ser más humilde y ver lo bueno en los pequeños detalles.
Como dijo Sócrates: “una vida sin examen es una vida que no merece la pena vivir”.
No lo dudo, querida Annie, que cuando la maldad tocó vuestra puerta; bueno, la reventó a golpes.
A pesar del miedo que sentiste y la angustia porque tanto esfuerzo parecía perderse, tenías la conciencia tranquila.
Te sentiste satisfecha y orgullosa de ti misma, porque habías asumido un tiempo tan horrible como una aventura que te hizo crecer y ser más humana.
La prueba de esta certeza son los millones que te siguen leyendo 80 años después.
Botella de bruja contemporánea de gres de bellarmine. De la colección privada de artefactos de Mal Corvus Witchcraft & Folklore propiedad de Malcolm Lidbury (alias Pink Pasty)
Infobae(M.M.M.Marques) — Si teme que le hechicen a usted o a algún miembro de su familia, no se preocupe. La mejor precaución es tener cerca una “botella de bruja” (witch bottle en inglés), instrumento mágico que supuestamente las repele o atrapa.
En sus 500 años de existencia, estos dispositivos para evitar hechizos han tenido siempre una estructura muy similar: dentro de un recipiente se introducen clavos, espinas, cabellos humanos, alfileres (a veces doblados), huesos, trozos de madera, recortes de uñas, tierra y otros materiales (algunos afilados) y, muy frecuentemente, orina de la persona a la que se quiere proteger.
Algunas contienen elementos más complejos, como un corazón de fieltro o tela perforado con alfileres o clavos, de forma similar a los talismanes para hechizos de amor u odio. También las hay con dientes humanos de adulto. Después de rellenarlas, se sellan muy bien para que no se salga el contenido.
En resumen, son un talismán físico de protección.
– Atrayendo a la bruja
Se supone que este artefacto funciona mediante la atracción que la orina ejerce sobre la bruja, que entonces queda atrapada por los alfileres y otros elementos afilados, clavándose en ellos.
Jarra de cerámica producida hacia el segundo cuarto del siglo XVI encontrada en Bélgica
Se colocaban debajo de las casas o en sus alrededores. Muchas veces se ubicaban cerca del hogar o la chimenea, por donde se pensaba que era frecuente que accediesen las brujas a las viviendas.
También se han encontrado en cementerios y riberas de ríos, lo cual nos lleva a pensar que algunas pudieron utilizarse con otras intenciones.
El ejemplar más antiguo que se conoce se halló durante las excavaciones arqueológicas realizadas por el Centro del Patrimonio de Flandes en 2020 en Turnhout, Bélgica.
Apareció intacta una jarra de cerámica decorada que había sido enterrada de manera deliberada, probablemente producida en la zona de Colonia (Alemania) hacia el segundo cuarto del siglo XVI, en cuyo interior había una sustancia oscura y numerosos clavos de cobre.
El análisis del contenido de la jarra demostró claramente que contenía orina, entre otras cosas.
– Inglaterra, una mina para las brujas
De fecha posterior se han documentado en Inglaterra casi 200 ejemplares de estos elementos, y se conocen también en Estados Unidos, aunque menos de una docena de ellos.
Jarra Bartmann utilizada como ‘botella de bruja’ que se mostró en el Guildhall, Londres
Entre las más antiguas destacan las llamadas jarras Bartmann, o bellarmines, utilizadas en el siglo XVII. El primer nombre se debe a que estas vasijas, hechas en gres esmaltado con sal, muestran un hombre barbudo (bart mann en alemán) en relieve. El segundo nombre, por su parte, parece responder a Roberto Belarmino, cardenal e inquisidor.
En todo caso, las jarras Bartmann se fabricaron en Renania, alrededor de Colonia y en ciudades próximas. Los envases evolucionarían, utilizándose posteriormente botellas y frascos de vidrio, e incluso botellas de plástico.
– Hallazgos recientes
En una exposición realizada en 2018, el Museo de Londres presentó siete “botellas de bruja” del Ashmolean Museum de Oxford en la muestraSpellbound: Magic, Ritual and Witchcraft. Varias de las vasijas de gres que pertenecen a esta colección, del siglo XVII, se encontraron enterradas en diversos lugares de Londres.
Estaban siempre tapadas y contenían diversos objetos, así como, habitualmente, orina de la persona que pretendía protegerse.
Entre las piezas mostradas en esta colección destacaba, por su cronología, una “botella de bruja” en un pastillero de plástico encontrado en la orilla del Támesis. Contenía esquirlas de metal, monedas, una pequeña botella de aceite de clavo y una gran cantidad de dientes humanos de adulto, fechándose la última moneda en 1982.
Entre el siglo XVI y finales del siglo XX ha habido muchos otros hallazgos interesantes, como el que se encontró en la chimenea de una antigua posada y taberna en Watford, Inglaterra.
Se trata una botella con forma de torpedo que se fabricó por primera vez durante la década de 1830, llena de anzuelos, dientes humanos, fragmentos de vidrio y un líquido no identificado.
‘Botella de bruja’ de vidrio con forma de torpedo encontrada en Watford, Inglaterra, del siglo XIX
Así que, por lo que sabemos hasta ahora, las “botellas de brujas” se utilizaron ya desde el siglo XVI, continuando su uso, al menos, hasta la botella de plástico hallada en la orilla del Támesis, datada en algún momento después de 1982.
Puede que otros muchos ejemplares hayan aparecido casualmente o en excavaciones arqueológicas, pero que no hayan sido reconocidos como lo que son.
Así que, en adelante, habrá que tener cuidado cuando encontremos una botella bien sellada y analizar su contenido, aunque esté en lugares poco convencionales.
Incluso los casos más recientes nos hacen plantearnos si hoy día se seguirán empleando estos instrumentos mágicos…
El gol de “la mano de Dios”, anotado en 1986 por Diego Maradona en el partido contra los ingleses, registrado por la revista “El Gráfico”. Si el VAR hubiera existido entonces, otra sería la historia
Meer(G.G.Rodríguez) — Si hubiera existido el VAR en 1986, la historia del fútbol no registraría “la mano de Dios”, nombre que se le dio al gol que Diego Maradona convirtió al portero británico Peter Shilton, validado por el arbitraje como un tanto marcado de cabeza; sin embargo, la posterior revisión de imágenes y filmaciones demostró que el jugador argentino empujó el balón con el puño.
El Video de Asistencia al Arbitraje o Video Assistant Referee, conocido como VAR por su sigla en inglés, fue incorporado oficialmente por la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) en la Copa Mundial 2018, celebrada en Rusia, luego de dos años de pruebas, con la pretensión de que el apoyo de 13 cámaras manejadas por cuatro asistentes pondría fin a errores del árbitro y los dos guarda líneas que pueden incidir en el resultado de un partido.
Si el 22 de junio de 1986, en la Copa del Mundo disputada en México, el Estadio Azteca hubiera contado con VAR, Maradona se habría ganado una tarjeta amarilla del árbitro tunecino Ali Bennaceur, y tal vez habría sido otro el resultado de este encuentro de los cuartos de final en que Inglaterra terminó derrotada dos a uno. Argentina finalmente se coronó campeona de ese mundial derrotando a Alemania Federal 3-2 el 29 de junio.
Los seguidores del balompié recordamos ese encuentro con particular deleite por el segundo tanto argentino, marcado por el propio Maradona en un largo carrerón desde media cancha en que burló a cuatro defensas y al portero, consagrado como el mejor gol convertido en un Mundial. Un aplauso aparejado con un cierto matiz político, como revancha argentina por la derrota en la Guerra de las Malvinas de 1982.
Guste o no, el fútbol es un espectáculo masivo de pasiones desatadas, en que la adhesión a la camiseta de un club o a la divisa de la selección nacional suele desbordar los parámetros deportivos y dar pie a actos de violencia, manifestaciones nacionalistas, xenófobas o racistas, aunque la FIFA se empeñe en disciplinar su práctica y en imponer el fair play.
Un espectáculo de danza de millones tanto en los exorbitantes pagos de transferencias de jugadores de élite como en la venta de los derechos de televisación y de los patrocinios. La asignación de la sede para una Copa del Mundo pasó a ser una virtual subasta, con sospechas de sobornos y coimas, como ocurrió con el último torneo disputado en Qatar en 2022.
A veces de la mano y otras a la sombra de las regulaciones y actuaciones oficiales de la FIFA y las federaciones regionales, se ha gestado una economía paralela e incluso prácticas ilegales con sistemas de apuestas, tanto en manos de agencias reconocidas como también clandestinas.
Y todo este vasto planeta fútbol tiene como principio y final el encuentro de 22 jugadores en un rectángulo de césped que en 90 minutos darán alegrías o tristezas a las hinchadas como primera cuestión, porque luego están las otras consecuencias que inciden en el fútbol como negocio para empresas, agentes de jugadores y apostadores de diverso calibre.
Por eso el resultado de los partidos es fundamental más allá de los puntos en disputa y para el resultado es esencial el arbitraje.
Y el VAR, se supone, es garantía de un buen arbitraje.
Sin embargo, esta incorporación de la tecnología audiovisual como apoyo del arbitraje está lejos de terminar con las polémicas que suelen acompañar los desenlaces de encuentros de alta convocatoria.
Más aún, tampoco ha logrado despejar sospechas y también denuncias sobre intervenciones extra deportivas en los partidos.
Como siempre, en las reacciones de los hinchas ante los cobros o sanciones inducidas por el VAR hay un grado de protagonismo de los comentaristas y los relatores futboleros, sobre todo en enfrentamientos de selecciones nacionales, donde el tono de los relatos y de las opiniones de quienes acompañan las imágenes televisivas contribuyen a exaltar pasiones y culpar por una derrota ya no solo al árbitro y sus guarda líneas, sino también al VAR y sus operadores.
El árbitro sigue siendo el mandamás de última instancia en la cancha de fútbol. Cuando tiene dudas o se le advierte de alguna situación irregular, puede consultar las imágenes del VAR y con base en ellas tomar una decisión. Y siempre habrá un margen de subjetividad al evaluar por ejemplo la gravedad de un faul y discernir si constituyó agresión desleal o roce propio del juego, para optar por una simple amonestación, una tarjeta amarilla o la cartulina roja.
En el último Mundial de Qatar el representativo uruguayo necesitaba cerrar su participación en la fase de grupos con una victoria de al menos tres goles de diferencia con Ghana para clasificar a la fase siguiente. En el partido disputado el 2 de diciembre de 2022 los charrúas triunfaron dos por cero y en el transcurso del match hubo dos infracciones de los ghaneses que reclamaron como faltas penales. El referí alemán Daniel Siebert se abstuvo de cobrar la falta máxima en ambas oportunidades. Al finalizar el encuentro, camino a los vestuarios, el delantero uruguayo Edinson Cavani descargó su rabia derribando de un manotazo el monitor del VAR.
“Yo no soy partidario del VAR desde hace un tiempo atrás. Hay que dejar que los árbitros tengan ese margen, que sean seres humanos y se puedan equivocar. Pueden acertar, como toda la vida lo hicieron… Yo prefiero que le erren y se equivoquen dentro de la cancha en una jugada rápida a que desde una computadora y sentados en una silla tomen una decisión cuando no están en el lugar”, declaró Cavani en mayo de este año, al finalizar un cotejo de su actual equipo, Boca Juniors contra Talleres, en que le anularon gol por fuera de juego con consulta al VAR.
“Prefiero el fútbol sin VAR”, subrayó el jugador que anteriormente vistió las camisetas del Palermo y Napoli en Italia, del Paris Saint Germain en Francia, del Manchester United en Inglaterra y del Sevilla en España. La tecnología no es una herramienta que garantice la efectividad de los cobros en el balompié, sostuvo Cavani en una opinión que es compartida por muchos otros jugadores.
El fuera de juego o posición adelantada está entre los fallos más discutidos de esta tecnología cuando la pantalla muestra una acción invalidada a un delantero sobre la base de una fina línea imaginaria, en que la punta de su botín está apenas dos o tres centímetros por delante del botín de su marcador. Es un grado de sofisticación exagerada que a menudo termina anulando el arte y la habilidad como esencia del buen fútbol.
El artilugio tecnológico comparte ahora los improperios que antiguamente eran patrimonio exclusivo del árbitro y en lo esencial no despeja sospechas sobre arreglos para favorecer a un país en detrimento de otros en los torneos de selecciones.
En una anterior Copa América hubo quienes acuñaron el término VARsil, porque consideraron que los arbitrajes favorecían a Brasil.
En la Copa América 2024, disputada en los Estados Unidos, la eliminación de Chile en la fase de grupos tuvo como corolario un generalizado rechazo a los arbitrajes en los encuentros contra Argentina y Canadá, acompañado de reparos al apoyo que los referís recibieron del VAR.
No faltaron cuestionamientos a la legitimidad del gol con que Argentina derrotó a Chile en el minuto 88 del partido, validado por el árbitro uruguayo Andrés Matonte, tras consulta a la asistencia tecnológica.
Más de algún comentarista no chileno sostuvo que existía una clara predisposición de favorecer a Argentina, actual campeón mundial.
Las furias chilenas contra el árbitro colombiano Wilmar Roldán y el VAR arreciaron luego del empate en blanco con Canadá el 29 de junio, que significó la eliminación de Chile y la clasificación del seleccionado norteamericano.
El colegiado no sancionó un golpe en el rostro del canadiense Moïse Bombito al chileno Rodrigo Echeverría a los cuatro minutos de juego, en una acción que merecía tarjeta roja. Luego, a los 26 minutos expulsó al zaguero chileno Gabriel Suazo con una segunda tarjeta amarilla que los comentaristas consideraron desproporcionada.
Tal vez las arremetidas contra los arbitrajes y el VAR fueron una suerte de pretexto para no admitir el mal desempeño de la selección chilena, sobre todo de su delantera, que en tres partidos no marcó ningún gol, aunque solo recibió un gol en contra.
En todo caso, la hinchada chilena optó por una singular venganza contra Roldán y en 24 horas saturó su cuenta en Instagram con la publicación de 95 mil mensajes con recetas de cocina.
Meer(P.P.C.Nicolás) — ¿Sabías que dormir la siesta es bueno para tu salud? Interesante, ¿verdad? Pero lo importante es saber si esta afirmación es o no cierta. Descubre qué hay de verdad en los mitos sobre el sueño que todos conocemos.
No es de extrañar que existan multitud de ideas preconcebidas sobre el sueño que no son ciertas. Los estudios modernos sobre el sueño empezaron hace relativamente poco tiempo, concretamente en los años 50 en EEUU, cuando Nathaniel Kleitman y su discípulo Eugene Aserinsky descubrieron la fase REM del sueño.
Hasta ese momento, el sueño era considerado como un acto pasivo y no se le prestaba demasiada atención desde el ámbito científico. Y aunque aún queda mucho por conocer sobre el mundo del sueño, la ciencia ha avanzado enormemente y hoy en día es posible desmentir creencias que provienen de la sabiduría popular o que simplemente, son mitos urbanos. Te contamos algunas.
– Cuando dormimos no hacemos nada
Durante mucho tiempo el sueño fue considerado como un periodo de inactividad del cuerpo y de ausencia de conciencia. Hoy sabemos que el sueño es un estado fisiológico muy activo, durante el que tienen lugar numerosos mecanismos homeostáticos vitales.
El cerebro se mantiene activo procesando estímulos, se segregan importantes hormonas como la melatonina (la hormona del sueño) o la hormona del crecimiento, esencial para los niños y para llevar a cabo procesos de restauración de huesos y músculos. La capacidad de aprendizaje se desarrolla y el sistema inmunitario se fortalece.
Y no nos olvidemos de los sueños. Lejos de ser una vía de escape, los sueños son muy importantes para la consolidación de los recuerdos a largo plazo y la construcción de conexiones neuronales.
– Las personas mayores necesitan dormir menos
Cuando envejecemos se produce un cambio en la macro y en la microestructura del sueño, de forma que hay una disminución de la cantidad de sueño NREM. Se produce un sueño más fragmentado, en el que las personas mayores tienden a despertarse más veces por la noche.
Pero su calidad de sueño es la misma, tan sólo se redistribuyen sus periodos a lo largo del día, por lo que es frecuente que hagan alguna que otra siesta.
– La falta de sueño se recupera durmiendo un par de días
En el sueño es igual de importante la cantidad y la calidad, y no siempre podemos tomar como indicador de un sueño de calidad y reparador las horas que dormimos.
Lo que llamamos cansancio crónico no es producto de una sola noche sin dormir, sino que lo es de un hábito de dormir poco, entre semana por lo general.
Puesto que durante el sueño el cuerpo lleva a cabo numerosos procesos de restauración y reajuste, el patrón de sueño diario es importante.
De la misma manera, si durante el fin de semana dormimos más horas pensando que así recuperaremos sueño, en realidad estaremos alterando nuestro reloj circadiano y reforzando nuestro patrón de falta de sueño crónico.
Así lo corrobora un estudio dirigido por la doctora Elizabeth Klerman, de la División de Medicina del Sueño del Hospital del Brigham and Women’s, en Harvard. El estudio mostró que las personas que tienen la costumbre de perder horas de sueño de forma crónica, desarrollan la falsa sensación de que se recuperan durmiendo un poco más los fines de semana.
– Dormir la siesta no es bueno
Hay numerosos estudios que demuestran que la siesta es una costumbre estupenda para mejorar nuestro rendimiento general, aumentar la capacidad de concentración y reforzar el estado de alerta. Siempre y cuando no sean superiores a la media hora, ya que dificultaría el sueño nocturno.
Por poner un ejemplo, un estudio de la Universidad de Berkeley asegura que dormir siesta nos hace rendir más por la tarde, así como aumentar nuestra capacidad de aprendizaje.
Algunos ilustres aficionados a la siesta fueron Albert Einstein, Thomas Edison, John F. Kennedy y Bill Clinton, entre otros. Además, son altamente recomendables en las personas que trabajan por turnos.
– Roncar es molesto pero inofensivo
El 45 por ciento de la población española ronca y aunque en algunos casos puede deberse a una alergia estacional o una congestión nasal, en otros puede ser el síntoma de apnea del sueño.
La apnea es un trastorno que se caracteriza porque dejamos de respirar unos segundos cuando dormimos. Debe diagnosticarse porque conlleva serios riesgos para la salud. Si notamos que roncamos fuerte, a menudo, o nos sentimos cansados durante el día hay que consultar con el médico. La buena noticia es que puede tratarse.
– Dormir con la tele puesta ayuda a conciliar el sueño
El nivel de luz que necesitamos para dormir es muy bajo, por lo que se recomienda hacerlo a oscuras.
Además, la pantalla de la televisión emite una luz azul (igual que la de los móviles o tabletas) que hace creer a nuestro cerebro que es de día, impidiendo que produzca melatonina. Esto hace que nos sintamos alerta y puede acarrear problemas para dormir a medio y largo plazo.
Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio, en EEUU, sugiere que dormir con la televisión puesta puede alterar nuestro estado de ánimo y aumentar el riesgo de sufrir depresión.
– Puedo funcionar con 4 horas de sueño al día
La ex primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, comentó en una entrevista que sólo necesitaba unas cuatro horas por noche de sueño para sentirse bien y trabajar durante el día.
Un estudio de la Academia Americana de Medicina del Sueño, concluyó que existe un gen que explica por qué algunas personas pueden ser funcionales con una cantidad tan pequeña de sueño.
Se trata del gen BHLHE41 en la variante p.Tyr362His, y sólo el 2-3 por ciento de la población lo tiene.
El resto de nosotros necesitamos una media de entre siete y ocho horas por noche para estar sanos y rendir durante el día.
– Los terrores nocturnos son sólo pesadillas
Las pesadillas pertenecen al grupo de desórdenes del sueño denominado parasomnias, que incluyen una serie de acontecimiento que tienen lugar durante el sueño y no son preocupantes. Por ejemplo, el sonambulismo, el bruxismo o hablar en sueños también son parasomnias.
A menudo se confunden las pesadillas con los terrores nocturnos, que son también parasomnias pero no tienen mucho que ver. Los terrores nocturnos suelen ocurrir al comienzo de la noche y los enfermos no recuerdan nada por la mañana. Las pesadillas tienen lugar en el sueño REM y suelen recordarse.
Afortunadamente, las crisis son poco frecuentes y se pueden tratar fácilmente con medicación.
– Sólo soñamos en la fase REM
El sueño REM (movimiento rápido de los ojos) es una de las cinco fases del sueño que tienen lugar cada noche. Fue descubierta en 1953 por Kleitman y Aserinsky, cuando llevaron a cabo un experimento que les permitió constatar que cuando los pacientes eran despertados en esta fase del sueño, recordaban lo que habían soñado claramente.
Desde ese momento, se ha asociado al sueño REM con el momento en que soñamos. Y aunque es cierto que durante esta fase los sueños más intensos y claros, se ha demostrado que también soñamos en otras fases. Algo completamente diferente es el llamado estado hipnagógico, un estado de somnolencia entre la vigilia y el sueño que puede incluir sonidos e imágenes que se suelen asociar con alucinaciones. Y es que, la mente es una auténtica caja de sorpresas por descubrir.
– Contar ovejas para conciliar el sueño
Es una antigua creencia la que dice que si imaginamos ovejas y las vamos contando, nos ayudará a relajarnos y quedarnos dormidos.
Un grupo de científicos del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, hizo la prueba. Un grupo de voluntarios imaginaron ovejas y otro grupo imaginó escenarios relajantes, como un prado o una playa.
Los voluntarios que imaginaron ovejas tardaron unos veinte minutos más que el resto en conciliar el sueño.
La conclusión fue que el hecho de contar ovejas se convierte en algo aburrido y repetitivo y no ocupa suficiente espacio cognitivo en el cerebro, por lo que es fácil distraerse y por tanto la mente divaga y se tarda más en quedarse dormido.
– Soñar no sirve para nada
Existen muchas teorías sobre la utilidad de los sueños. Las más destacadas los vinculan con la consolidación de la memoria y el proceso creativo en el ser humano.
Un artículo publicado en la revista científica PNAS mostró que durante los sueños se potencia la creatividad para resolver conflictos.
También hay experimentos realizados con ratas a las que se les privó del sueño REM durante dos y tres semanas con resultados fatídicos. Murieron.
En humanos no hay estudios concluyentes sobre la verdadera importancia de los sueños, pero la comunidad científica admite que juegan un papel decisivo en nuestra vida.
– Necesitamos dormir 8 horas
Cada persona es distinta y no todos necesitamos la misma cantidad de horas para estar bien a diario. En realidad, se trata de conseguir dormir un número de horas que nos brinde un sueño de calidad.
Además, nuestras necesidades también van variando a lo largo de la vida. Cuando somos bebés necesitamos dormir hasta 16 horas, mientras que en la adolescencia basta con un par de horas más que los adultos.
También existen estudios que vinculan la genética con el número de horas que cada persona necesita. De media, se dice que la mayoría de nosotros necesita entre 7 y 8 horas de sueño cada noche. Pero hay excepciones y entran dentro de lo normal.
– Una copa antes de dormir
El alcohol produce somnolencia y puede parecer lógico que una copa de vino antes de ir a dormir nos ayuda a descansar bien. La realidad es que si bien puede ayudar a conciliar el sueño, lo vuelve más ligero y por lo tanto nada restaurador. Además, la probabilidad de despertar en mitad de la noche es muy alta.
Hay estudios que indican que el alcohol afecta al sueño de muchas formas, la más notable es que se reduce la cantidad de sueño en la fase REM. Por tanto, se priva al organismo de una importante cantidad de sueño profundo y reparador.
JotDown(J.R.Alonso) — En la mitología griega, quimera (Χίμαιρα) significa «animal fabuloso» y era un ser feroz que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las gentes y devorando sus rebaños. Era un monstruo híbrido del que hay descripciones diferentes, la más común dice que tenía la cabeza de un león, el cuerpo de una cabra y la cola de serpiente o de dragón.
A veces tenía también alas o escupía fuego por la boca pero siempre era un mal fario y, si no fuera suficiente con los estragos que causaba por su cuenta, solía ser avistada antes de naufragios, tormentas y erupciones volcánicas. Afortunadamente, el héroe Belerofonte montado en Pegaso acabó con ella metiéndole una flecha con plomo por la garganta que, al derretirse por su fuego bucal, obstruyó sus vías respiratorias y la asfixió.
Lydia Fairchild aprendió sobre las quimeras muy a su pesar. Esta mujer estaba embarazada de su tercer hijo cuando ella y su marido, Jamie Townsend, se separaron. Cuando ella le reclamó una pensión alimenticia en 2002 para sus hijos, Townsend pidió una prueba de ADN que demostrara que era el padre.
Los resultados de los test confirmaron que sin duda él era el padre de los dos muchachos, pero indicaban también algo sorprendente: que ella no era la madre. Inmediatamente el juez tomó cartas en el asunto y acusó a la Sra. Fairchild de buscar beneficios usando a los hijos de otra persona o de participar en un engaño usando falsos embarazos o madres de alquiler.
Aunque las historias clínicas de sus visitas al hospital recogían las revisiones ginecológicas durante los embarazos, no fueron tenidas en cuenta. La fiscalía pidió que la custodia de sus dos hijos mayores pasase a los servicios sociales y el juez ordenó que un testigo independiente estuviera presente cuando diera a luz al tercer niño y cogiera en ese momento muestras de sangre del bebé y de la madre.
Dos semanas después del parto los test de ADN indicaban algo aún más sorprendente: que tampoco era la madre de ese niño al que había dado a luz bajo vigilancia judicial.
En 1998, Karen Keegan, una mujer de cincuenta y dos años, fue a ver a su médico, la Dra. Margot Kruskall, con su vida patas arriba. Necesitaba un trasplante de riñón y sus familiares más cercanos se habían hecho pruebas para ver si había algún donante compatible. Los test de ADN mostraban que su marido era sin duda el padre de sus tres hijos pero ella no era la madre de dos de ellos.
Las primeras posibilidades pensadas fueron un error en los test, que rápidamente fueron repetidos y los resultados confirmados, o algo aún más aterrador cuando tus hijos son mayores: que fueron cambiados en el hospital por el hijo de otra mujer. Sin embargo, la probabilidad de que eso sucediera dos veces en la misma familia parecía ínfima.
Pero es que además los muchachos eran hijos de su marido, con lo que ya la pobre mujer no sabía qué pensar. Los médicos examinaron otros tejidos, incluyendo folículos pilosos, células epiteliales del interior de la boca e incluso analizaron muestras archivadas de pequeñas operaciones quirúrgicas anteriores pero nada parecía encajar.
Kruskall envió los datos a varios colegas y las explicaciones planteadas fueron pintorescas: uno propuso que Keegan había tenido un tratamiento de fertilidad a escondidas con una donante de óvulos; otro proponía que ella y su marido habían pactado con una hermana de ella que tuviera hijos con esperma de él y ahora les hacían pasar por suyos.
El matrimonio negaba con rotundidad todas estas conspiraciones y los médicos, que conocían bien a la paciente, no creían en esas explicaciones retorcidas, pero había un problema básico, el ADN de ella no encajaba con el ADN de sus dos hijos.
Finalmente, los médicos encontraron la explicación: Karen Keegan era un quimera. En biología, una quimera es un organismo que presenta células procedentes de dos o más zigotos; es también por tanto una mezcla, un ser híbrido procedente de al menos dos seres.
Una quimera es el resultado normal de una transfusión de sangre o de un trasplante de órgano, pero también puede producirse de forma congénita, por ejemplo por la fertilización de dos óvulos por dos espermatozoides y la agregación de los dos cuando son zigotos o blastocistos.
El resultado es un organismo aparentemente normal pero constituido por células mezcladas que varían en su genética, una mezcla. Las quimeras parecen ser especialmente abundantes en los tratamientos contra la infertilidad.
En la mayoría de los casos, una persona quimérica puede vivir toda la vida sin saberlo ya que las diferencias pueden ser muy sutiles —ojos de diferente tono o tener más vello en un lado del cuerpo que en otro—, o ni siquiera eso y no mostrarían ninguna diferencia observable.
No obstante, si los dos zigotos son de diferentes sexos y las proporciones entre las dos líneas se mantienen equilibradas, cosa que muchas veces no es así, pueden producirse anomalías en los órganos sexuales o cambios en la pigmentación de la piel.
ADN.
En el caso de Keegan parte de sus células tenían unos genes y otras tenían otros. Todas sus células sanguíneas eran de la misma línea celular pero en otros tejidos había dos líneas mezcladas. La explicación es que en realidad su cuerpo era un híbrido de dos hermanas gemelas, concebidas simultáneamente pero que se habían fusionado muy pronto en el útero y se habían desarrollado y crecido como un solo organismo.
Uno de los miembros de la fiscalía en el juicio de Lydia Fairchild se enteró del caso de Keegan y se lo comunicó al abogado defensor de esta. Inmediatamente invitaron a los investigadores de Boston a que estudiaran su caso y tras las pruebas necesarias y los análisis de ADN vieron que esa era también la explicación, ella era también una quimera.
Fairchild era la madre pero sus hijos provenían de óvulos de uno de los gemelos iniciales y su sangre o el epitelio bucal, lo que usaban para el análisis genético, del otro, y por eso no coincidían. Aquello fue un golpe al uso jurídico de las técnicas de ADN que se consideraban de una fiabilidad del 100% y son de amplio uso en los juzgados. «¡El ADN no miente!».
De hecho, rompía con uno de los principios milenarios del derecho romano, «Mater semper certa est» («la madre siempre es segura»), algo que las técnicas de fertilización ya habían complicado pues ahora podía una mujer ser la donante del óvulo, otra la propietaria del útero donde se había desarrollado y una tercera la que había planificado y pagado todos los procedimientos y era la destinataria final del niño.
Lo más llamativo es que el quimerismo podría ser muy abundante, aunque no lo sepamos. Las quimeras al parecer no son raras sino que raramente se descubren.
Sin contar con que la gran mayoría o quizá todos llevamos mezclada entre las nuestras alguna célula de nuestra madre, se calcula que una de cada ocho concepciones son gemelares, dos espermatozoides se fusionan con dos óvulos, pero el número de gemelos que nacen es mucho menor por lo que mucha gente llevaría incorporado a su gemelo en las células de su cuerpo sin tener ni idea.
Además, la proporción de las células en el organismo adulto no tiene por qué ser 50%-50%, sino que en muchos casos una de las dos líneas domina sobre la otra. Un estudio holandés decidió hacer una prueba sencilla: buscar células masculinas —fáciles de identificar por la presencia del cromosoma Y— en el organismo de mujeres que no hubiesen tenido un trasplante.
Los resultados fueron sorprendentemente altos: en veintitrés mujeres estudiadas se encontraron células masculinas quiméricas en los riñones de trece, en los hígados de diez y en los corazones de cuatro.
No sabemos qué hacen estas células, pero aun así es un tema importante. El quimerismo podría ser un factor a considerar en las transfusiones de sangre o en los trasplantes para evitar riesgos. Es posible que en algunos momentos pueda ser la causa de las enfermedades autoinmunes, cuando el cuerpo ataca a parte de sus células como si fueran extrañas, o que pueda ser un factor que determine el éxito o el rechazo de un trasplante.
También puede causar problemas al fusionarse dos programas celulares diferentes en un organismo único y podría estar implicada en algunas asimetrías cerebrales, defectos en el tubo neural, defectos congénitos de corazón o en los paladares hendidos.
Otra hipótesis planteada es que las células madre fetales presentes en la médula ósea podrían servir como una reserva a largo plazo de células jóvenes, útiles para reparar órganos dañados e incluso ser la explicación a una de esas incógnitas importantes que no hemos conseguido desvelar: ¿por qué las mujeres viven más que los hombres?
El quimerismo ha llegado a las dos grandes pasiones de las últimas décadas: la televisión y el deporte. En CSI hay un episodio donde Grissom y sus chicos consiguen en el último momento evitar que un violador escape impune cuando se dan cuenta de que es una quimera y que por eso no encaja el ADN de su boca con el del semen encontrado en la víctima.
En House, un muchacho que cree haber sido abducido por extraterrestres tiene que enfrentase a algo más mundano y realista: es una quimera con distintas líneas celulares en su organismo. El quimerismo aparece en novelas, películas, series de manga e incluso en juegos para ordenador.
Tyler Hamilton en el Tour de Francia de 2003.
Con respecto al deporte, en un control antidopaje fuera de temporada se encontró que Tyler Hamilton, un ciclista norteamericano que había ganado la medalla de oro olímpica en la contrarreloj individual en Atenas 2004 y compañero de Lance Armstrong durante los Tours de 1999, 2000 y 2001, presentaba pruebas de transfusión sanguínea, un método básico de aumentar el transporte de oxígeno y que está prohibido por la legislación deportiva.
Desgraciadamente, la muestra sanguínea de reserva había sido congelada por la oficina antidopaje griega, por lo que ya no era fiable, y el Comité Olímpico Internacional le permitió quedarse la medalla a pesar de las protestas de los rusos de que la medalla correspondía al medalla de plata Viatcheslav Ekimov.
Sin embargo, Hamilton corrió la Vuelta a España de 2004 y los laboratorios antidopaje detectaron de nuevo poblaciones mezcladas en su sangre, y la agencia antidopaje americana le acusó de juego sucio.
Hamilton se defendió diciendo que era una quimera, pero encargaron un estudio a Ross Brown, un científico australiano que analizó las muestras del ciclista concluyendo que no era cierto: si fuera una quimera no tendría sentido que Hamilton mostrase unas veces células mezcladas y otras no.
Las células transfundidas desaparecen al cabo de un tiempo, por lo que todo encajaba con haber hecho trampas. Los jueces del tribunal antidopaje le condenaron, en una votación 2:1, con una prohibición para correr durante dos años, la máxima condena para un primer positivo.
Mientras los científicos discutían las posibilidades de un quimerismo, con algún investigador de su parte, y sugerían que habría que analizar a su madre y a otros familiares, El País publicó que Hamilton había pagado a Eufemiano Fuentes por las transfusiones de sangre según se desvelaba en la Operación Puerto.
En 2009 Hamilton volvió a dar positivo, en este caso por esteroides, y fue condenado a ocho años de suspensión, lo que fue la fea manera de terminar su carrera. En 2012 publicó un libro titulado The Secret Race donde admitía que él era el cliente 4142 en los documentos de Fuentes, lo que fue la palada de tierra final en la tumba de su supuesto quimerismo.
Mercedes Casanovas y Fernando Eleta en el día de su boda.
BBC News mundo(M.Rodríguez) — “Carlos, tú que eres el hermano mayor, por favor, no desampares a tu hermano Fernando y a mis tres hijos”.
“Yo me estoy muriendo”, dijo Mercedes desde la cama de un hospital de Panamá.
Solo días antes, el 3 de septiembre de 1954, había dado a luz a una niña.
El mismo día del nacimiento se quejó de que no sentía sus piernas. De hecho, llevaba días diciendo que no estaba bien.
La trasladaron al “hospital de los estadounidenses” en la Zona del Canal. Y es que Mercedes era una de las víctimas de un brote de poliomielitis que golpeaba al país.
Tras intentar tranquilizarla, Carlos salió del hospital muy conmocionado. Horas después, la joven de 26 años moriría. Era el 6 de septiembre. En medio del dolor, Carlos se acercó a un piano y, aunque no tenía formación musical, empezó a componer una canción.
Esa historia me la cuenta Aurora, la niña que sobrevivió, y Raquel, una de las hijas del compositor.
– ¿Nos casamos?
“Es una emoción muy grande saber que ‘Historia de un amor’ sigue viva”, dice Aurora Eleta Casanovas desde Panamá. “Fue hecha en homenaje a mi mamá. Mi tío me decía: ‘Tú eres producto de esa última etapa de tu mamá’. Por eso, escuchar la canción siempre ha sido muy emotivo para mí”, agrega.
Mercedes conoció a Fernando cuando ambos eran muy jóvenes.
El bolero compuesto por su tío Carlos Eleta Almarán habla del amor de los padres de Aurora: Mercedes y Fernando.
Siempre fuiste la razón de mi existir
Adorarte para mí fue religión
Y en tus besos yo encontraba
El amor que me brindaba
El calor de tu pasión
“Mi mamá y mi papá eran vecinos en el casco viejo de la Ciudad de Panamá. Ella siempre estuvo enamorada de mi papá”.
Fernando, a quien su hija describe como un visionario en el sector de las telecomunicaciones de Panamá, estaba en un viaje de trabajo en Cuba cuando llamó a Mercedes.
“¿Por qué no nos casamos?”, le preguntó. Y ella respondió: “Cuando regreses a Panamá, hablamos”.
Mercedes era hija única.
El matrimonio se celebró el 15 de agosto de 1950. “Creo que a mi mamá le fascinaba la personalidad de mi papá, él la deslumbró desde que era jovencita. La señora que la cuidaba me decía que mi mamá se ponía en el balcón y esperaba que mi papá pasara. Fue un amor platónico de toda la vida”.
En 1951, nació Mercedes y en 1953, Fernando. “Mi mamá estaba muy preocupada por cómo iba a quedar mi papá con tres hijos. Después, mis abuelos nos contaron cuán duro había sido para él”.
– Construyendo una figura
Aurora cuenta que su padre era aficionado a la filmación en formato de 16mm. “Mi papá documentó mucho esos primeros años de la familia”. “Recuerdo que nos sentábamos en las tardes, en las noches, y mi papá nos proyectaba lo que tenía de mi mamá y de alguna manera la conocimos a través de la maravilla del video”.
“La veía tan natural, tan sencilla”.
Los primeros hijos de Mercedes y Fernando, a quienes les pusieron sus nombres respectivamente.
Y, así, con ayuda de esas grabaciones y de lo que le contaban sus abuelos y los amigos de la familia, Aurora descubrió a su madre.
“Dicen que la que más se parece a ella soy yo, no solo físicamente sino en la manera de ser”. La noticia de su muerte no solo entristeció a sus seres queridos. “Entiendo que su sepelio fue multitudinario para la época”. “Fue una mujer muy dulce”.
– Los hermanos
En 2004, Carlos le contó al periodista Rafael Candanedo, de Tiempos del Mundo, lo que Mercedes le dijo cuando lo mandó a llamar. “Don Carlos, hágame una promesa para morir tranquila. Prométame que siempre va a estar al lado de él (Fernando) para que no se derrumbe”.
“Le dije: ‘Tú te vas a poner bien’, que no se preocupara, que estuviera tranquila, que no pasaría nada y que yo estaba seguro de que no iba a haber ningún problema”.
Carlos Eleta también fue un destacado empresario.
Si bien “Historia de un amor” le hace honor al amor de Fernando por Mercedes y a su profundo dolor al perderla, también es una expresión del vínculo poderoso entre dos hermanos. “Mi papá era muy sensible”, le cuenta a BBC Mundo Raquel Eleta de Arias, la menor de los cuatro hijos de Carlos.
“Él vivió el dolor de su hermano como si fuera de él, sintió el dolor de tío Fernando tanto, tanto, tanto, que logró transmitir en la canción toda esa sensibilidad”. Julián Salcedo, investigador del bolero, dice que “en tres hermosísimas estrofas, Eleta logra describir perfectamente el desgarrador suceso” y le añade “una carga muy fuerte de soledad”.
Ya no estás más a mi lado, corazón
En el alma solo tengo soledad
Y si ya no puedo verte
Por qué Dios me hizo quererte
Para hacerme sufrir más
– “Muy diferentes”
Carlos nació el 16 de mayo de 1918 y Fernando el 10 de agosto de 1921, ambos en Panamá. Tras la muerte de su padre, Carlos Eleta García, su madre, Aurora Almarán, decidió irse a su país de origen, España, con sus otras tres hijas.
Los dos hermanos se quedaron en Panamá y allí desarrollaron sus carreras con éxito.
Carlos y Fernando fueron muy unidos.
Aurora recuerda que eran muy diferentes: “El tío Carlos era bohemio”. “Lo veías hasta en la manera de vestirse: mi papá siempre formal, con corbata, y el tío más informal. Eran opuestos, pero muy unidos”. Fernando se graduó de ingeniero en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), fue ministro de Hacienda y canciller de Panamá.
“Me daba risa porque el tío Carlos siendo tres años mayor que mi papá, cuando lo saludaba o hablaba de él, le decía: ‘El Don’, porque siempre lo vio con mucho respeto y admiración”. “En la casa, me decía ‘la secre’ porque le encantaba pedirme favores. De pequeñita era su ‘secre’ y yo me desvivía por él”.
“Tuve una relación muy cercana con mi tío Carlos. En los últimos años salíamos a eventos musicales”. “De sus sobrinas fui la que más se identificó con él. Es que era un personaje muy especial”.
– El artista
Raquel me habla de “la gran admiración” que siente por su padre, quien murió en 2013. No solo por lo que hizo y conquistó, sino por su forma de ser. “Papá era una persona muy particular”. “Era tremendamente sencillo, muy empático, una persona que no guardaba prejuicios contra nadie, veía a todo el mundo igual”.
“Humilde, generoso, muy campechano, chistoso, era muy positivo. Te emanaba vida”.
La hípica fue parte de las actividades de los hermanos Eleta. Aquí se observa a Carlos guiando a un jinete.
No tuvo formación musical, fue un autodidacta.
“Era completamente empírico. No sabía las notas, tocaba de oído.
Luego les decía a sus amigos músicos que vinieran a la casa y que le tradujeran en notas sus canciones”.
“Se las tocaba y los amigos, entre los que había muchos músicos porque era muy bohemio, las ponían en notas”.
“Era muy visionario, yo lo veía como un renacentista, una persona con muchos talentos, pero sobre todo, como un artista”.
Y es que además se destacó en el tenis, en la crianza de caballos de carrera y en la promoción de boxeadores. “A Roberto ‘Mano de Piedra’ Durán le vio la vena de campeón”.
– La canción
Raquel cuenta que su papá “no se sentía tan seguro de sí mismo”. Por eso, cuando lanzó “Historia de un amor” decidió firmarla como Carlos Almarán.
“Le pregunté: ‘Papá, tú querías mucho a tu mamá porque le pusiste Almarán a tu canción, ¿te recordaba a ella también?’. Y me respondió: ‘No, yo no quería pasar vergüenza. No sabía a dónde iba a ir esa canción y por eso le puse Almarán, para que no me identificaran tanto a mí’.
Él jamás se imaginó lo que esa canción hizo. Obviamente, eso me lo contaba entre risas”.
Olga Guillot, «La reina del bolero», fue una de las gigantes de la música latinoamericana que cantó “Historia de un amor”.
Aurora, sobrina de Carlos, recuerda lo mismo. Y aunque no tuvieron tanto éxito como “Historia de un amor”, algunas de sus creaciones fueron interpretadas por grandes de la música, como Bienvenido Granda (“Nostalgia”), Los tres ases (“Un secreto”) y Ana Gabriel (“Caminos diferentes”).
Lo cierto es que estaba orgulloso de “Historia de un amor”: “Es lo más grande que he hecho”, le dijo a Candanedo. “Esa canción me salió del alma”.
– Pioneros de la radio
Tanto Fernando como Carlos fueron pioneros de la radio y de la televisión en Panamá. De hecho, cuando Fernando llamó a Mercedes para proponerle matrimonio lo hizo desde Cuba, a donde fue para que lo asesoraran en su proyecto para montar una estación de radio. La isla estaba muy adelantada en ese sector.
Y el piano en el que Carlos empezó a componer “Historia de un amor” estaba en el tercer piso de esa emisora que fundó con su hermano.
Libertad Lamarque, «La novia de América», quedó fascinada con la canción.
“Mi tío Carlos siempre me dijo que Leo Marini (con la Sonora Matancera) fue el primer cantante en grabar ‘Historia de un amor’ y que, en 1955, el gran músico panameño Lucho Azcarraga le pidió permiso para tocarla en un barco que salía de Venezuela hacia el sur”.
La pieza llegó a oídos de Libertad Lamarque, quien “se enamora” y consigue con ella el Disco de Oro en 1955.
– Sin fronteras
Raquel resalta “una particularidad de la canción que no siempre se ve porque uno se suele enfocar en la parte emotiva”. Y es que, “como decía papá, la forma en que la canción fue fraseada hace que la gente la pueda transmitir en todos los ritmos e idiomas”.
La canción cuenta con versiones en árabe, chino, francés, hebreo, inglés y ruso, entre otros.
Las nuevas generaciones quizás estén más familiarizadas con la versión de Luis Miguel.
“En un momento llegó a ser la más popular en Japón, donde, por supuesto, también ganó Disco de Oro”, cuenta el músico César Múñoz en el canal de YouTube “La Cata Musical”. De acuerdo con el escritor, cuando miembros de la familia imperial de Japón visitaron Panamá, “pidieron que les presentaran al compositor de ‘Historia de un amor’”.
Aurora le dice a BBC Mundo que sus amigos cuando van al extranjero la contactan para contarle que escucharon la canción: “Me siguen llegando versiones”. Salcedo resalta que la pieza tiene “la misma actualidad de 1954 y seguirá siendo grabada permanentemente”.
Un aspecto fascinante de la pieza es que incluso sin letra es conmovedora, como lo muestran sus versiones instrumentales.
– Nostalgia
El periódico La Estrella de Panamá contaba lo alarmante que llegó a ser la epidemia de polio en ese país. En enero de 1951, un decreto ordenaba “el cierre de todos los parques infantiles y campos de juego de la ciudad”.
“Las autoridades suspendieron las fiestas de Carnaval y todas las actividades públicas organizadas. Las restricciones permanecieron vigentes durante 15 días”.
«Muchas veces trato de imaginarme cómo hubiese sido mi vida teniendo a mi mamá», dice Aurora.
Pero, el virus se abrió paso como lo hizo en otros países de la región. Según la Organización Panamericana de la Salud, en el área de Mesoamérica se reportaron 3.110 casos en 1954. Es el año en que nació Aurora y murió Mercedes.
“Cuando yo la veo en fotos, siento ese gran pesar de no haber podido compartir con ella. De pequeña me hizo mucha falta. Me hace falta”. “Pasé todo ese tema del polio que me afectó, me dio escoliosis, toda mi infancia con corsets, me operaron cuando tenía 11 años”.
“Soy fiel creyente de que Dios te trae y te lleva por algo. Muchas veces trato de imaginarme cómo hubiese sido mi vida teniendo a mi mamá, siempre es una añoranza”. “Cuando mi papá escuchaba ‘Historia de un amor’ su cara cambiaba, su expresión era de nostalgia, tristeza, pero de emoción también”.
“Y es que, aunque la canción es triste, provoca mucha ternura y eso es lo que yo siento cuando la escucho”.
Pero tan pronto como apareció la primera luz del día, las relucientes cotas de malla, ceñidas con bandas de acero y las resplandecientes corazas, vistas desde lejos, demostraron que las fuerzas del rey estaban cerca.
L.B.V.(J.Álvarez) — Así es cómo Amiano Marcelino, un historiador romano que también sirvió como soldado en las legiones de los emperadores Constancio II y Juliano, allá por al siglo IV d.C., describe en su obra Rerum gestarum (generalmente retitulada Historia) la aproximación de una fuerza de caballería persa contra las líneas romanas.
Lo cierto es que ese retrato podría aplicarse a un segmento cronológico muy amplio de la Antigüedad y a múltiples pueblos que utilizaron ese tipo de jinetes pesados equipados con armaduras junto con sus monturas, a los que se conoce como catafractos.
Como resulta fácil deducir, la palabra catafracto es griega (se traduce como «protegido») y aparece adoptada en latín por primera vez en la obra Historiae, en la que el militar e historiador Lucio Cornelio Sisenna narra la historia de Roma desde su origen hasta la época de Sila y dice: «Loricatos, quos cataphractos vocant «, que significa «El acorazado, a quien llaman catafracto». Para Sisenna era una novedad, ya que vivió entre los siglos I y II a.C., y en ese período republicano lo habitual era referirse a los soldados de caballería dotados de armadura como equites, aludiendo a su clase social.
Por lo tanto, el término catafracto se impuso más bien en la etapa imperial, especialmente la tardía, momento en el que se solapa con otro, clibanarius, no se sabe si de origen heleno (klibanos, en cuyo caso se traduciría como «horno metálico», quizá sarcásticamente) o persa (griwbanwar, «portador de protector de cuello»), con que se hacía referencia al jinete de caballería pesada típico de los ejércitos orientales.
Ello se debía al tipo de armadura que usaba, distinta a las que eran comunes en Roma, denominadas hoy lorica hamata o cota de malla, lorica scamata o de escamas y lorica segmentata o de placas; una hipótesis identifica a esta última con el clibanus.
Recreación actual de un catafracto sasánida.
Algunos autores clásicos no diferencian entre cataphractarii y clibanarii, así que es posible que fueran lo mismo y sólo se distinguieran por la etnia de sus integrantes, ya que a menudo se asocia a los segundos la palabra sagittarii, quizá en referencia a parte de su armamento.
En cambio, algunas fuentes de la época, como De rebus bellicis y Notitia dignitatum, parecen dar a entender que sí eran cosas distintas y que el blindaje de los clibabarii era mayor. En cualquier caso, en el mundo romano se impuso la denominación catafracto para aquellas tropas tan singulares como exóticas.
Exóticas porque fue en las estepas de Asia Central donde primero se domesticó el caballo y donde antes se adaptó su uso para fines bélicos, probablemente en el segundo milenio antes de Cristo, tiene su lógica que fuera también esa región la pionera en dotar a la caballería de jinetes muy bien protegidos, para lo cual se hizo necesario llevar a cabo una cría equina selectiva orientada a proporcionarles monturas fuertes y resistentes.
Resulta imposible saber de qué pueblos se trataría exactamente; puede que los medos, de los que se sabe que lograron una raza específica -hoy extinta- llamada caballo niseo (o de Nisa, una gran llanura del actual Irán), cuyo tamaño era inusualmente grande, según dejó escrito Heródoto.
Hasta entonces los équidos eran pequeños, de no más de catorce palmos de altura (el palmus era una medida romana equivalente a la distancia entre los extremos del pulgar y el meñique de una mano; valía lo mismo que cuatro digitus o dedos, unos 7,4 centrímetros) y, de hecho, así siguieron toda la Antigüedad -Roma incluida- con la excepción reseñada.
Dado que la caballería entonces todavía no jugaba un papel tan importante como el que le sobrevendría en la Edad Media, así como las dificultades para conseguir un número de ejemplares acorde a las necesidades, el grueso de los jinetes romanos continuaron usando los caballos habituales.
Catafracto en un relieve de Taq el-Bostan (Irán).
Eso sí, tuvieron ocasión de enfrentarse a los niseos en el año 53 a.C., durante la batalla de Carras, en la que las legiones de Marco Licinio Craso (el hombre que derrotó a Espartaco) resultaron aniquiladas por el ejército del general parto Surena.
Entre las fuerzas de éste había catafractos, que se vieron favorecidos gracias a que la táctica de su jefe llevó el combate a una llanura que les permitía moverse a su antojo. Amiano Marcelino ha dejado una descripción de los catafractos sasánidas que muy bien podría aplicarse a los partos que acabaron con Craso:
Todas sus compañías iban acorazadas en hierro y todas las partes de su cuerpo estaban cubiertas con gruesas placas, tan entalladas que las juntas coincidían con las de sus miembros; y las formas de las caras humanas estaban tan hábilmente encajadas en sus cabezas, que, dado que su cuerpo entero estaba cubierto con metal, las flechas que caían sobre ellos sólo podían hacer blanco en pequeñas aberturas para las pupilas del ojo o a través de la punta de su nariz, en dónde podían conseguir un poco de aire.
Algunos de ellos, armados con picas, permanecían tan inmóviles que podía pensarse que estaban atrapados por cepos de bronce.
Por supuesto, la crianza de caballos excepcionales sólo podía estar destinada a equipar a hombres excepcionales, que en aquellos tiempos y latitudes salían casi exclusivamente de la aristocracia.
Sin embargo, otros pueblos y culturas desarrollaron también jinetes acorazados de forma simultánea, caso de los masagetas, sakas, escitas, sármatas, armenios, seleúcidas, sasánidas, atálidas, alanos, grecobactrianos, georgianos, godos…
ncluso los de regiones del Lejano Oriente, como los chinos, mongoles, coreanos, shongai, tanguts, etc.
Conquista de Atenas por Alejandro en una miniatura de un manuscrito miniado bizantino. Se le muestra rodeado por sus Heitaroi, representados como catafractos.
La ancestral enemistad entre Grecia y el Imperio Persa fue la puerta de los catafractos a Occidente. No se sabe cuándo ocurrió, pero es probable que tuviera lugar durante la Revuelta Jónica, la insurrección de las ciudades de cultura helena de Asia Menor contra la autoridad del Rey de Reyes.
Los soldados de Alejandro pudieron ver ese tipo de caballería en Bactria, donde los jinetes criaban grandes caballos ad hoc para rechazar las incursiones montadas de los nómadas asiáticos. Los macedonios obervaron que tenían un cuerpo de élite y lo llamaron Hetairoi kataphraktoi («Compañeros catafractos»), estableciendo un paralelismo con los Heitaroi alejandrinos.
Posteriormente, el Reino Grecobactriano conquistó la región septentrional de la India, originándose el Reino de Yavana, indogriego, que introdujo en el subcontinente a los catafractos.
Por otra parte, decíamos antes que el Imperio Seleúcida (sucesor de Alejandro) tuvo su cuerpo de catafractos, al igual que el Reino de Pérgamo, según muestran los relieves artísticos arqueológicos.
Curiosamente, la principal noticia sobre su uso fue una derrota: la de la batalla de Magnesia, en la que el monarca seleúcida Antíoco III lanzó a sus catafractos, apoyados por la caballería pesada gálata, contra las legiones romanas y éstas lograron desorganizar el ataque disparando a los caballos de los carros.
Luego, Pompeyo impuso su dominio en toda la región de Asia Menor y Próximo Oriente, sobornando a los jinetes seleúcidas para que abandonasen. Pero Roma todavía tendría más experiencias con catafracto; también vimos que Craso sufrió a los del Imperio Parto en sus carnes, pero los honderos de Publio Ventidio Bajo lograron vencerlos en el 38 a.C. al conseguir mantenerlos a distancia y obligarlos a cargar cuesta arriba.
Por otra parte, cuando Marco Antonio vengó la derrota de Carras años después, una de las cosas que se llevó como botín fueron aquellos caballos niseos, que acabaron en manos de su rival, Octavio, aunque los romanos no los vieron más que como un souvenir exótico.
Catafractos sármatas perseguidos por la caballería romana, Relieve de la Columna Trajana.
En efecto, Plutarco cuenta que no se valoraba a la caballería catafracta, prefiriéndose la ligera durante mucho tiempo, hasta que el roce continuo con ella en las fronteras -especialmente en el Danubio, contra los sármatas- terminó por convencer a los militares de su utilidad.
Polibio reseña que el ejército republicano ya había incorporado algunos catafractos en el siglo II a.C., pero hubo que esperar al II d.C., ya en el período imperial, para la creación de la primera unidad regular de caballería auxiliar con armadura (cota de malla).
En concreto, fue durante el reinado de Adriano y recibió el nombre de Ala I Gallorum et Pannoniorum catafractata («Ala I de Catafractos Galos y Panonios»).
Luego, el emperador Galieno continuó en esa línea, si bien es cierto que seguía habiendo preferencia por la movilidad que daba la caballería ligera, predominante en el ejército.
Las dudas que aún quedaban terminaron por disiparse en el año 217 d.C., cuando la campaña de Macrino contra los partos resultó infructuosa y abrió por fin la puerta al uso de caballería pesada de forma más importante.
Notitia Dignitatum, el documento de la cancillería imperial que detalla la organización administrativa del estado, da fe de que se fueron haciendo comunes las vexillationes (destacamentos) de catafractos mercenarios a lo largo del siglo IV d.C. hasta sumar un total de diecinueve.
Al parecer, solían estar integradas por jinetes sármatas, a los que ya había contratado Marco Aurelio doscientos años antes, y se los desplegó como tropas de élite por todo el perímetro del imperio, Britania incluida, constituyendo la base de la futura caballería medieval. Así los describe Amiano Marcelino:
Los coraceros a caballo, habitualmente llamados «clibanari», no seguían ningún orden particular y estaban equipados con cascos y cubiertos con placas en el pecho. Bandas de hierro envolvían tanto sus extremidades que se habría pensado que eran estatuas esculpidas por Praxíteles, no hombres. Estaban cubiertos por finas láminas de hierro colocadas en todos los miembros y adaptadas a los movimientos del cuerpo, de modo que, en cualquiera que se vieran obligados a realizar, la armadura se doblaba debido a unas articulaciones bien conectadas.
Equipamiento de un catafracto saka (escita) conservado en Kazajistán.
Los catafractos adquirieron especial importancia en el ejército del Imperio Bizantino, el heredero del Imperio Romano de Oriente, donde formaron una parte importante de las fuerzas del famoso general Belisario a la hora de defender Roma del asedio del rey ostrogodo Vitiges y, más tarde, de emprender la reconquista de los antiguos territorios romanos ordenada por Justiniano I.
De hecho, es el arte bizantino el que nos ha facilitado la mejor información sobre el equipamiento de aquellos guerreros, mostrándolos ataviados con armadura de escamas -también para el caballo-, cota de malla cubriendo el rostro, casco, protecciones para los brazos y escudo.
Esas armaduras estaban diseñadas para resistir el impacto de armas enemigas, pero también estaba dotadas de flexibilidad suficiente para no impedir la movilidad del jinete y su montura. Se calcula que en total, el peso rondaría los cuarenta kilos, que podía variar si en vez de usar escamas se usaba cota.
Y había que añadirle el de las armas propias: un kontos (lanza larga, parecida a la sarisa macedonia, de unos cuatro metros de largo), capaz de atravesar hasta a dos soldados enemigos según Amiano Marcelino, y un sable que sustituía a la spatha (espada romana de caballería, más larga que el gladius de la infantería), o bien una maza para la lucha cuerpo a cuerpo que solía darse tras las cargas.
En una etapa tardía, los catafractos romanos fueron equipados también con martiobarbuli, una especie de dardos de plomo parecidos a los plumbata de la infantería que se lanzaban durante las cargas para desorganizar las líneas rivales.
Asimismo, los catafractos sasánidas (Savaran), que según algunas descripciones usaban un casco metálico integral, guanteletes y placas para los muslos, disponían de un arco y una treintena de flechas para combatir a los nómadas que asediaban sus fronteras (escitas, hunos, heftalitas…) y contra los que cargar con la lanza no resultaba efectivo.
En tiempos de Roma aún no se conocían los estribos, así que se empleaba la silla de montar tradicional, que tenía cuatro cuernos para sujetar bien al jinete en el galope y el choque contra las formaciones enemigas.
La difusión de los estribos por Europa desde Asia Central, probablemente por los sármatas aunque casi seguro que originarios de China, tuvo lugar entre finales del siglo VI d.C. y principios del VII d.C. y cambiaron la forma de hacer la guerra porque, al proporcionar a los jinetes una buena sujeción, les permitió combatir con más destreza e imponer la suprioridad de la caballería.
Lámina del Codex Graecus Matritensis que muestra a catafractos bizantinos cargando contra búlgaros.
Se cree que los bizantinos adoptaron los estribos de sus enemigos acérrimos, los ávaros, y a su vez los árabes los tomaron de los bizantinos. El caso es que los catafractos contaban ahora con un plus y pasaron a constituir el arma del imperio por excelencia, desplazando a la infantería, a la que ya podían enfrentarse sin limitarse al papel clásico de auxiliar.
Ya había quedado patente en Carras, donde los arqueros montados partos obligaron a los legionarios a parapetarse tras un testudo y eso los convirtió en presa fácil (por su inmovilidad) para las cargas de los catafractos.
Lo curioso es que los catafractos debieron de caer en desuso en el siglo VI, ya que no son nombrados en el Strategikon, un manual militar atribuido al emperador bizantino Mauricio I y datado en esa época. Sin embargo, vuelven a aparecer en Sylloge Taktikon, un documento sobre tácticas bélicas cuatrocientos años posterior que reseña su presencia en tiempos de León VI.
Para entonces, el Imperio había abrazado la cultura griega ante la caída de la latina, por lo que esos guerreros pasan a ser llamados kataphraktoi.
Fueron la columna vertebral del ejército de Nicéforo II Focas, en el siglo X, cuando sumaban medio millar de efectivos y contaban con un cuerpo auxiliar de arqueros montados que disparaban contra las masas enemigas para ablandarlas mientras cargaban contra ellas formando en cuña.
Así lo explica Praecepta Militaria, un tratado militar datado en torno al 965 d.C., detallando que era casi imposible reorganizarse para un segundo ataque si el primero no es decisivo, por lo que recomienda que haya otro escuadrón más preparado para ello.
Ahora bien, la iconografía bizantina no muestra a sus kataphraktoi tan recargados de metal como sus predecesores.
La imposición del reclutamiento por themas hizo que sus filas ya no estuvieran nutridas sólo por nobles sino también por clases medias acomodadas, de ahí que gastasen menos en protecciones y sustituyeran las escamas de los caballos por cuero o acolchados.
Algunos expertos opinan que esa diferencia es la que realmente habría que aplicar entre catafracto y clibanarius, pues este segundo término se recuperó entre los siglos X y XI -adaptado al griego klibanophoros-, al volver la caballería pesada como cabeza de martillo para abrir brecha en las formaciones y facilitar así la penetración de jinetes más ligeros.
Un catafracto chino en terracota, correspondiente al período de la dinastía del Norte.
No obstante, los días de los catafractos estaban contados. No hay noticias de ellos después del año 1001, salvo una posible alusión esporádica durante la restauración de Alejo I Comneno, cuando éste trató de reproducir el potente ejército bizantino, si bien no está claro si era ese tipo de caballería exactamente o una variante pesada.
Se supone que el final de los catafractos bizantinos estuvo determinado por la derrota del emperador Romano IV Diógenes en la batalla de Mancicerta (1071), con la que los turcos selyúcidas le arrebataron Anatolia, de donde importaba caballos pesados.
Ahora bien, siguió habiendo jinetes con armadura porque algunos pueblos emergentes, como búlgaros, ávaros, serbios, alanos, lituanos o jázaros, copiaron el modelo bizantino; no sólo en concepto y armamento, sino incluso en detalles ornamentales, caso del célebre draco (estandarte de la caballería romana con forma de dragón ondeante al viento) o el tamga (un sello o logotipo de los sármatas).
Además, el final de los catafractos occidentales no tuvo reflejo en Extremo Oriente, donde también existía un tipo de guerrero conceptualmente parecido y perduró algo más de tiempo.
Se conservan muchos ejemplos de arte chino, fundamentalmente láminas pintadas y figurillas de terracota, que muestran a jinetes y caballos protegidos con armaduras escamadas, aunque los expertos creen que dichas escamas no eran metálicas sino de cuero.
Es posible que los chinos adoptaran ese tipo de caballería a imitación de la que empleaban las tribus mongolas xianbei, allá por el siglo IV d.C., creciendo progresivamente en número e importancia durante los períodos posteriores.
Parece ser que era el estado el que proporcionaba el equipo acorazado para la montura, estando prohibido que los particulares lo encargasen.
De ese modo, los catafractos chinos adquirieron cada vez mayor relevancia en las guerras de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, así como en las disputas entre las dinastías Liao, Xin Oriental, Jin y Song.
La escasez de caballos adecuados y la irrupción de los mongoles cambió el panorama, pues la dinastía Yuan, fundada por Kublai Kan, no pudo evitar la reminiscencia de sus tradiciones y se decantó por una caballería más ligera. Todo tiene su canto del cisne.
Infobae(G.DiFazio) — El 21 de septiembre marca el inicio de la primavera, una estación que muchos asocian con los casamientos. Los que ya peinamos canas recordamos la famosa canción del chileno Antonio Prieto, “La novia”, que en una de sus estrofas dice: “Blanca y radiante va la novia/Le sigue atrás un novio amante/Y que al unir sus corazones/Harán morir mis ilusiones…”.
La imagen de la novia vestida de blanco es icónica: subiendo al altar, resplandeciente. Pero, ¿de dónde proviene esta tradición? ¿Ha sido siempre así? En la actualidad, en Occidente, las novias suelen llevar vestidos blancos. Las tonalidades pueden variar, desde un blanco brillante hasta un blanco marfil o crema, pero la esencia se mantiene: casarse de blanco es una costumbre que ha perdurado a lo largo del tiempo.
– El vestido de novia en la antigüedad
Durante el Imperio Romano (alrededor del 0 al 476 d.C.), las novias vestían de blanco. Llevaban una túnica blanca que, el día antes de la boda, se colocaba al sol para recibir los beneficios del dios Febo, con la esperanza de que el camino del matrimonio fuera luminoso.
El día de la celebración, sobre la túnica se colocaba un abrigo o una capa, dependiendo de la estación, con el propósito de proteger a la novia de todo mal. Sorprendentemente, esta tradición exigía que el atuendo de la futura novia se ajustara a los mandatos imperiales.
El vestido nupcial en esa época era largo hasta los pies, con un cinturón dorado o plateado, y tenía mangas, ya fueran cortas o largas. Además, la novia llevaba flores en su cabello. Sin embargo, con la caída del Imperio Romano, esta costumbre fue desapareciendo paulatinamente, dando paso a las prácticas de la Edad Media.
– La evolución del atuendo nupcial
Desde la Edad Media hasta finales del siglo XVIII, no existía una norma específica que dictara cómo debía ser el atuendo nupcial. La elección del vestido estaba más relacionada con el deseo de los novios y sus familias de mostrar su riqueza a través de la vestimenta.
Durante este periodo, la mujer no se casaba necesariamente vestida de blanco; simplemente llevaba su vestido más hermoso. Podría decirse que se usaba un vestido de fiesta, sin que el color tuviera una relevancia especial ni una connotación particular.
Casamiento en Omne Bonum de James Le Palmer (circa 1360-75), Inglaterra.
– Colores y materiales
El rojo era un color comúnmente utilizado en este tipo de vestimenta, principalmente por razones prácticas. El tinte rojo se extraía de una planta llamada rubia, y tenía la ventaja de ser especialmente resistente al agua, al aire y a la luz.
Por otro lado, el azul era un color mucho más inusual. Fue introducido en Francia por los Capetos en el siglo XII en la vestimenta real, y rápidamente se convirtió en un símbolo de riqueza debido a su rareza y al elevado costo de producción en esa época.
– Las clases adineradas y su influencia
Entre las clases adineradas, la idea de que el vestido de novia debía reflejar la riqueza de quien lo portaba persistió a lo largo de los siglos. No solían casarse de blanco, sino que preferían usar telas lujosas, como se puede observar en las pinturas que representan bodas principescas europeas hasta finales del siglo XVIII.
El color del vestido no era un símbolo en sí mismo, aunque sí reflejaba la riqueza del propietario, ya que su elaboración podía ser más o menos costosa dependiendo de los pigmentos empleados en la época. Estos vestidos eran rígidos, confeccionados con telas duras y muy pesadas, en gran parte debido a los elaborados bordados.
Para las mujeres que no contaban con los recursos económicos suficientes para adquirir un vestido de novia, no era inusual que en el día de su boda optaran por usar su vestido de uso diario.
Catorce años después de su boda, la Reina Victoria y el príncipe Alberto se vistieron como en su casamiento para sacarse una fotografía
– El resurgimiento del blanco
Con el paso del tiempo, estas modas fueron cambiando. Gradualmente, muy lentamente, se empezó a usar el blanco. Los vestidos blancos eran utilizados principalmente por las novicias antes de tomar sus votos, simbolizando la pureza virginal de la candidata.
La ceremonia de ingreso a la vida religiosa (aún vigente en muchas órdenes y congregaciones) guarda una notable similitud con un matrimonio.
– La Iglesia y el matrimonio
El matrimonio católico ha sido codificado a lo largo de los siglos por la Iglesia, que ha ido modificando sus elementos constitutivos. Por ejemplo, en 1536, el Concilio de Trento estableció varios elementos, como la obligación de publicar en las puertas de los templos las “amonestaciones”.
Esto consistía en anunciar los nombres de los futuros cónyuges, permitiendo que cualquiera pudiera presentar objeciones (esta práctica se mantuvo en las parroquias hasta hace poco). También se estableció la necesidad de la presencia de un sacerdote y testigos, así como la firma de los cónyuges en el registro parroquial.
En este concilio también se hace referencia al traje nupcial, indicando que debía ser solemne y “deslumbrante”, aunque sin especificar un color en particular. Por lo tanto, el uso de vestidos de novia blancos pudo haber surgido del deseo de ciertos fieles, pero no es una obligación impuesta por la Iglesia católica.
Hasta esa época, la iglesia (ya fuera católica o protestante) era la única institución ante la cual una pareja podía casarse.
Vestido de la Reina Victoria
– Matrimonio civil y la época victoriana
Un cambio significativo ocurrió cuando en muchos países se estableció el matrimonio civil y se permitió el divorcio. La instauración del matrimonio civil le restó parte de su poder a la institución religiosa, ya que ahora podía ser evitada. El vestido de novia blanco se convirtió en la “firma” de las bodas religiosas, en contraste con las ceremonias civiles.
Las bodas principescas también lo adoptaron ampliamente como una forma de distinguirse y de recordar que, si Dios no bendice la unión, la ceremonia no es verdaderamente hermosa ni solemne.
Sin embargo, fue en la época victoriana cuando se consolidó el uso del blanco como canon para los vestidos de novia, un estándar que ha perdurado hasta el día de hoy. La reina Victoria decidió casarse vestida de blanco.
Aunque hoy es complicado determinar con exactitud qué motivó a la soberana a elegir este color, en este caso particular no fue la Iglesia católica, ya que el monarca británico es el Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, una institución que se declara independiente del papado.
– El vestido de la reina Victoria
Victoria de Inglaterra decidió casarse de blanco, pero ¿cuál fue el motivo? Ella sabía que las damas aristocráticas presentes llevarían vestidos coloridos, recargados con joyas y otros complementos. Si ella se vestía de forma similar, podría pasar inadvertida, pero al optar por un vestido blanco, se aseguraba de destacar al ingresar al templo.
Así lo hizo el 11 de febrero de 1840, cuando contrajo matrimonio con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.
El vestido fue confeccionado con satén de seda de Spitalfields y tenía una amplia falda bordada con motivos florales, acorde a la moda de la época. El diseño incluía un cuerpo tipo corsé, mangas abullonadas, escote de hombros al aire y un enorme volante de encaje de bolillo de Honiton.
La cola medía 5 metros y todo estaba realizado con telas inglesas. Pero este vestido no fue utilizado solo en su boda; la reina lo usó en varias ocasiones más, como banquetes, bailes y recepciones. Además, solicitó ser enterrada con él (aunque con algunas modificaciones, claro está).
– La influencia del vestido blanco
El vestido de Victoria tendría una gran influencia tanto en las bodas principescas como en las bodas “simples”, en un mundo donde las tradiciones nupciales comenzaban a institucionalizarse.
La foto de boda de Victoria y Alberto, considerada una de las primeras fotografías de boda, permitió difundir ampliamente el traje de la novia, lo que contribuyó al entusiasmo y popularización de esta moda.
Casamiento de Sissi con Francisco José. Apenas dos días después de conocerla, él le pidió matrimonio
En 1850, la revista estadounidense dedicada a la moda femenina, “Godey’s Lady’s Book”, publicó un artículo afirmando que el blanco había sido el color nupcial desde tiempos inmemoriales.
Posteriormente, otra “fashionista” europea, la emperatriz Sisi (cuyo nombre verdadero era Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin Bayern), también se casó de blanco con Francisco José I de Austria. Para la ceremonia, lució un vestido ampuloso e imponente, mucho más espectacular que el de la reina Victoria.
Así llegamos a nuestros vestidos blancos actuales, descendientes directos del que llevó la reina Victoria. Resulta sorprendente que, en nuestras sociedades, el peso de la tradición imponga el vestido blanco, cuando en realidad se trata de una moda que tiene poco más de 180 años. Esto contrasta con los aproximadamente 2000 años en los que cada mujer se casaba como quería y podía.
Sin embargo, hay excepciones a esta regla. Por ejemplo, la modelo brasileña-francesa Cristina Cordula eligió un vestido color naranja para su boda, demostrando que aún hay espacio para la originalidad y la ruptura de tradiciones en las ceremonias nupciales. Pero el vestido no es el único elemento con el que la novia va al altar; hay otros accesorios, cada uno con su propia historia.
– Tradiciones nupciales y símbolos
Se cree que la tradición de que la novia debe llevar “algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul” también tiene su origen en la época victoriana, basada en un poema que dice (traducido): “Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, algo azul y seis peniques de plata en su zapato”. Estos objetos representan diferentes augurios para el futuro del matrimonio:
Algo viejo simboliza la continuidad con la familia y el pasado de la novia, una parte de su herencia que llevará consigo a su nueva vida.
Algo nuevo representa la esperanza de un futuro feliz, lleno de nuevas expectativas y aventuras.
Algo prestado simboliza la buena suerte y el apoyo de los amigos que “prestan” a la novia su apoyo en esta nueva etapa.
Algo azul representa el amor, la pureza y la fidelidad, simbolizando que en los cielos no haya nubes.
Las seis peniques de plata en el zapato estaban destinadas a traer riqueza y seguridad financiera a los recién casados, aunque esta última tradición ha quedado en desuso.
– El simbolismo del velo y el ramo
Un típico ramo de novia
El velo que la novia lleva delante de su rostro y que es levantado por el novio una vez que se realizan los votos matrimoniales, es decir, cuando se convierte en su esposo, tiene un simbolismo particular.
Representa la virginidad y la pureza de la novia. La acción de levantar el velo simboliza que esa virginidad se entrega al marido, marcando el inicio de una nueva etapa en la que la pareja se prepara para procrear y formar una familia.
El ramo de flores comenzó a usarse en la Edad Media. Como mencionamos anteriormente, en la antigüedad las flores se llevaban en el cabello. Sin embargo, en sus inicios, el ramo no estaba compuesto por flores, sino por una mezcla de tomillo, ajo, ruda y albahaca.
Este conjunto de hierbas se utilizaba para ahuyentar a los malos espíritus durante la ceremonia nupcial y para asegurar una vida marital feliz. Con el tiempo, se comenzaron a añadir flores al ramo, y hoy en día está compuesto exclusivamente por ellas.
Algunas novias católicas optan por cambiar el ramo por un rosario de perlas o cristal de roca, simbolizando una petición a la Virgen para que bendiga su matrimonio. Después de la ceremonia, el ramo se lanza a las amigas solteras de la novia, y se presume que quien lo atrape será la próxima en casarse.
– Un dato curioso: el vestido negro
Dato curioso, el negro también tenía su lugar en las ceremonias nupciales. Si una viuda deseaba casarse dentro del período de luto, que podía variar entre dos y cuatro años según la región, se le permitía hacerlo, pero con la condición de que su vestido fuera completamente negro y que no usara un velo que cubriera su rostro, por razones evidentes.
Como vemos, la ceremonia nupcial está llena de símbolos, algunos muy antiguos y otros relativamente recientes. Independientemente de su origen, este paso fundamental en la vida de una mujer merece ser visto de una manera especial e inspiradora, ya que posiblemente sea uno de los días más importantes de su vida.
Ernesto «Che» Guevara, guerrillero argentino y compañero de lucha de Fidel Castro durante la revolución cubana.
BBC News Mundo(C.Robino) — La noche del 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende, una estatua de bronce enorme fue derribada de raíz.
El ruido que provocó su brusca caída despertó a los vecinos de San Miguel, el populoso barrio de Santiago donde se había inaugurado tres años antes con bombos y platillos. Era el primer monumento del Che Guevara levantado en el mundo.
Hay muy pocas imágenes de lo ocurrido, aunque en algún recorte de prensa se ve un camión militar arrastrando lo que queda del homenaje al guerrillero argentino. Ahí se le pierde el rastro; lleva más de 50 años desaparecida.
En “Revolución”, su segunda novela, el periodista y escritor chileno Juan Pablo Meneses se dedica a sacar del olvido la singular historia de esta estatua que fue venerada, pero también atacada y hasta decapitada por los detractores de las ideologías revolucionarias.
«Es tremendo que nadie sepa dónde está. Cómo desaparece algo tan grande, tan macizo, cómo nadie -ni del mundo político ni del artístico- nunca denunció su pérdida», se pregunta Meneses en entrevista con BBC Mundo.
¿Cómo llegas a esta historia tan increíble y desconocida?
La había escuchado rondar durante mucho tiempo, y cada vez que alguien me contaba algo se iba agrandando.
Pero cuando me puse a investigar, no había casi nada, prácticamente no había fotos, la gente que vivía ahí no se acordaba.
Sin embargo, yo iba encontrando detalles, como que era el primer monumento en el mundo al Che, que Pinochet había llamado personalmente para que la botaran, que Fidel la visitó a pocos días de su inauguración, y que Neruda organizó una colecta cuando le volaron la cabeza.
Todo eso me fue llamando la atención y me fue empujando a querer escribir sobre el tema.
La primera estatua del Che Guevara lleva más de 50 años desaparecida.
Es, como tu libro anterior “Una historia perdida” -que narra el bombardeo al hospital de la Fuerza Aérea en Chile el mismo 11 de septiembre de 1973-, una historia olvidada. ¿Qué te atrae del olvido?
Yo vengo de diez años de hacer crónica, o periodismo literario -como quieras decirle- y con este libro y con la novela anterior hago un ejercicio de mover los componentes y hacer algo que se podría llamar literatura crónica.
Creo que para América Latina es importante reportear las historias desconocidas que tienen que ver con la memoria y empezar a usar la ficción en algunos elementos, porque es la única manera de que podamos contar nuestra historia real.
¿Por qué?
Porque resulta que ya no llegaron las investigaciones periodísticas, ni las investigaciones judiciales, ni las académicas.
Entonces, como no llegó nadie a decirnos ‘esto fue lo que realmente pasó’, qué hacemos: ¿no lo contamos o terminamos de contar las partes que faltan, de unirlas, con ficción, con historias, con cosas que te van contando?
De alguna manera eso ya está pasando en las series.
Yo estaba en México dando un taller en julio cuando tomaron preso al Mayo Zambada en Estados Unidos, y una tallerista me dijo que la verdad completa solo la vamos a saber cuando se estrene en Netflix Narcos 15.
¿Te das cuenta? Pareciera que ya estamos asumiendo que cuando la ficción nos cuente una historia, lo que vamos a terminar entendiendo va a ser la historia real.
Eso es lo que a mí me interesa: la ficción que instala verdades.
El periodista y escritor chileno, Juan Pablo Meneses (Santiago, 1969).
¿Cómo describirías tú la historia de la estatua?
A mí me parece todo muy loco.
Estamos hablando de un monumento que en total medía casi diez metros: la estatua unos tres y el resto era la gruta, porque siempre fue pensado para que la gente peregrinara hasta ahí.
Era un Che de bronce en posición de resistencia, con un grito en la cara, colgado de un fusil, como crucificado, nada que ver con la típica estatua del prócer.
Se trabajó en un par de fundiciones de Santiago, muy en secreto, y luego pasó mucho tiempo escondida en la Municipalidad de San Miguel, porque su gestor -que era del partido Socialista, pero la hizo a título personal- quería sorprender y aprovechar la juramentación de Allende para que la visitaran todas las delegaciones internacionales, en especial las de Cuba, de Bolivia y Argentina.
Pero el proyecto iba más allá de la estatua: lo que se intentó crear fue una zona guevarista, donde había gente que como en Bolivia tenía fotos del Che en su casa, que le rezaba.
El Che compitiendo con Jesucristo, como describes en el libro.
Claro… Es que la revolución cubana fue un proyecto que enamoró a todo el mundo.
Piensa que en Chile, el eslogan del gobierno anterior al de Allende, el de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), era revolución en libertad, pero revolución sí o sí.
Era un ideal que comenzó a inspirar a muchos grupos religiosos que veían a Jesús como un revolucionario… Y entonces llegan los que habían hecho la revolución, y muere el Che y empiezan a aparecer murales del «Che vive» al lado de los de «Cristo vive».
Así que sí, en esos años en un barrio de Santiago de Chile hubo una pelea santa real entre el Che y Jesucristo.
Ni Fidel, ni el Che. Una de las frases más ingeniosas del libro es “Sin Meneses no hay revolución”, que tiene una doble lectura: cuenta una historia real y te da pie para jugar con tu propio apellido y el título de la novela. Tremenda casualidad, ¿no?
Jajaja. Sí, es un giro muy afortunado, porque Enrique Meneses realmente existió y fue un personaje alucinante.
De hecho, cuando yo lo conocí estuvimos hablando largamente sobre nuestro apellido, y al final de esa charla él también me contó de la existencia de la estatua.
Meneses sacó en la Sierra Maestra una foto en que aparecen Fidel disparando y el Che a su lado, que logró que fuera portada de la revista Paris Match en 1958, o sea antes de que ganara la revolución.
En esa época, salir en la Paris Match era una de las cosas más cool que existían, y todos los intelectuales franceses conectaron mucho con estos jóvenes latinoamericanos guapos, que están en la selva. Fue como su lanzamiento al mundo.
Tanto que después en su libro “Diario de viaje”, el Che dice que sin esa participación de Meneses no habría triunfado la revolución. De ahí la frase y de ahí el título.
Otra imagen clave del Che es la que le sacaron en Bolivia después de que lo matan, para la que se sabe que manipulan y mueven su cuerpo y hasta le abren los ojos…
Alma Guillermo prieto dice que el Che comienza a existir después de muerto, y esa es, por cierto, una imagen que le da mucha potencia a su figura.
Uno podría decir que su muerte es quizás el punto más alto al que llega la influencia y el encantamiento latinoamericano por la revolución, porque su muerte lo convierte en un dios.
El Che murió asesinado a tiros el 9 de octubre de 1967. Su cuerpo fue expuesto en Bolivia para que los corresponsales extranjeros certificaran su muerte.
Y que tal vez todo ese ideario empieza a caer con el golpe de Pinochet, que fue muy emblemático a nivel mundial.
Entre 1967 -cuando matan al Che- y 1973 -cuando Allende muere en La Moneda- se vive lo que uno de los personajes que participó en la construcción del monumento llama una borrachera revolucionaria, que ya todos sabemos cómo terminó.
De alguna manera, si bien el protagonista es el Che, el libro es también una excusa para hablar de Chile, y de los paralelos entre la estatua y el gobierno de la Unidad Popular.
Es que la estatua duró el mismo tiempo que el gobierno de Allende: se inaugura cinco días después de que asumiera y fue derribada cinco días después del golpe.
Yo creo que si se hiciera un documental de cómo se instaló, los homenajes que le hicieron, los ataques que sufrió, mostraría de manera casi certera todo lo que fue ese período de la historia de Chile, sobre todo, el tema de la violencia y del fanatismo.
Antes de empezar este libro tú no eras guevarista, dices. ¿Te convertiste escribiéndolo?
Sí, es cierto, yo nunca fui guevarista, pero además, en Chile hablar del Che Guevara en la dictadura era realmente hablar del demonio.
Ahora, como autor, siento que el Che está en su peor momento. Hay países donde se han tirado o se propone tirar las estatuas en su honor y su ideario está cada vez más olvidado.
Mi acercamiento a su figura viene de mi experiencia en Clarín, donde edité una serie sobre el tema del consumo, que es increíble también: cómo el capitalismo convierte a uno de sus peores enemigos en las cosas más absurdas, en helados, calzado de verano y hasta en ambulancias, lo que veo de alguna manera como un fracaso capitalista, una rendición.
Yo soy un guevarista del Che que la gente compra y usa sin saber realmente quién es, qué significa, porque al final nadie sabe lo que es el Che: yo diría que es el gran invento, la gran obra literaria latinoamericana del último tiempo.
Su historia la han construido después de su muerte los que lo odian y los que están a favor. Y ni siquiera a partir de sus discursos.
«Podríamos decir que Guevara fue el primer influencer latinoamericano», dice Juan Pablo Meneses.
Fíjate que hay dos centros de estudio latinoamericanos centrados en el Che, uno en Rosario, Argentina, y el otro en La Habana, y nunca se han puesto de acuerdo entre ellos sobre cuál es el pensamiento guevarista.
En ese sentido, podríamos decir que Guevara fue el primer influencer latinoamericano, desde el punto de sentir que de repente la gente lo sigue, aunque no sepa muy bien por qué.
Hablemos de la denuncia que hace Juan, tu personaje central, exigiendo que se investigue dónde está la estatua, y te inspira a hacerlo tú… El personaje creando realidad.
Esto es 100% verdad.
Hay muchos autores que dicen que el personaje está inspirado en ellos. En este caso, yo tengo que decir que con la denuncia yo estoy inspirado en el personaje.
Una de las cosas que tiene la ficción es que de repente los personajes se van por su lado. No es como en la crónica, en el periodismo, que uno los tiene siempre de la rienda, guiados por los datos.
En cambio acá se van y de repente Juan empieza a hablar sobre hacer una denuncia, la prepara, y cuando la tiene lista, yo dije, oye, yo también quiero hacer eso, por qué no lo voy a hacer. Y como que le copié.
Entonces, resulta que hoy la única denuncia por la desaparición de la estatua del Che que está instalada de manera real es a partir de un personaje de ficción.
Y entras a un mundo bien kafkiano, un mundo bien distinto al del Chile moderno y eficaz que se suele publicitar…
¡Cómo no! Es el Chile de los notarios, de los timbres, del llame después, de los trámites, el Chile donde todavía hay Consejo de Monumentos que tiene un militar adentro.
Es verdad que eso pasa porque la mayoría de los monumentos que existen son militares, pero hasta hoy nadie se atreve a preguntarle qué pasó con el monumento del Che.
En el Consejo me dijeron que al final tiraron la pelota para la Municipalidad de San Miguel, que es algo muy chileno, ¿no?, eso de irse pasando el trámite de un lado a otro.
Praxíteles Vázquez, el escultor de la escultura del Che.
¿Gana el silencio?
Para mí, el Che de San Miguel es el símbolo de muchos pactos de silencio, en los que se dijo, ya, sigamos adelante y olvidemos algunas cosas que al final quedan como en una zona de abandono.
El mejor ejemplo son el creador de la idea del monumento, el alcalde de San Miguel, Tito Palestro -parte de un clan político muy conocido en Chile-, que después del golpe estuvo varios años entre el Estadio Nacional, isla Dawson y el centro de tortura de Tres Álamos, y luego partió al exilio en Austria, donde murió.
Hasta hoy, no hay ni una entrada en Wikipedia sobre él, no hay ni siquiera una calle, un pasaje, una cosita, nada, ni siquiera sobre las estatuas que levantó, incluida una de Carlos Gardel. Todo eso está desaparecido.
Y el escultor, Praxíteles Vázquez, que tenía cierto reconocimiento en Valparaíso, de donde era su familia. Además de la obra del Che, hizo unos murales de 100 metros que también derribaron. Y aunque no salió al exilio sus trabajos más importantes desaparecieron y él pasó a vivir en el anonimato.
Así que los dos creadores de esta estatua, que eran una especie de Quijote y Sancho Panza, terminaron totalmente olvidados por todos.
A mí me gusta pensar que rescatar esta historia es también rescatar a estos personajes que han quedado en el camino.
¿Crees que la van a encontrar? Las pistas que das en el libro es que estaría en una bodega militar o enterrada debajo de una piscina…
Después de publicar el libro me llegó una nueva versión de que habría sido destruida, dinamitada.
Es algo que me cuesta creer porque otro exmilitar me decía que este tipo de estatuas que se roban así son como trofeos de guerra.
Yo hablé con un curador en Francia y él me dijo que estaba interesado en que se encuentre, pero lo veo difícil, aunque sería lindo, porque es un momento de la historia del país.
Como sea, no es una tarea de la que me voy a encargar yo. Siento que con mi libro llego hasta acá; al fin, yo no soy perseguidor de estatuas.
The New York Times(P.Span) — Una paciente mayor con demencia está en el hospital y tiene problemas para tragar. Un logopeda le recomienda espesar los líquidos que bebe con almidón o goma y le especifica la viscosidad que debe tener el té, el agua o el jugo. ¿Debe parecerse a la miel? ¿O al néctar de albaricoque (chabacano)?
El médico da la orden y la paciente de alta vuelve a su casa o a la residencia de ancianos. A partir de entonces, es posible que beba líquidos espesados.
El razonamiento detrás de esta recomendación es que estos líquidos espesos evitan que el paciente aspire líquidos a los pulmones y desarrolle una neumonía por aspiración. Pero, ¿funciona esta práctica? Algunos geriatras llevan años dudándolo.
Ahora, un estudio a gran escala de los Institutos Feinstein de Investigación Médica de Manhasset, Nueva York, descubrió que, en realidad, el espesamiento de líquidos no ayuda a estos pacientes.
Esto ocurre con cierta frecuencia: prácticas médicas tan comunes que rara vez llaman la atención resultan, tras una investigación más profunda, tener escasos fundamentos reales.
“Hay muchas cosas que hacemos en medicina que no tienen evidencia”, afirmó Matthieu Legrand, anestesista y médico de cuidados intensivos de la Universidad de California, campus San Francisco (UCSF, por su sigla en inglés).
Estas medidas aceptadas pero no probadas continúan “porque siempre las hemos usado, así que se siguen aplicando”.
Legrand es el autor principal de un nuevo estudio que examina otra política habitual: suspender ciertos medicamentos para la tensión arterial unos días antes de que los pacientes se sometan a una intervención quirúrgica mayor.
He aquí tres prácticas comunes que están siendo objeto de un análisis más minucioso:
– Líquidos espesados
Hace aproximadamente una década, los geriatras de la UCSF decidieron, como experimento de un día, probar los mismos líquidos espesados que piden para los pacientes.
“Tuvimos dolores de cabeza. Nos deshidratamos”, recordó Eric Widera, uno de los participantes y autor de un editorial escéptico que se publicó hace poco en la revista JAMA Internal Medicine.
“No pudimos hacerlo durante 12 horas. Les estábamos pidiendo a nuestros pacientes con demencia que lo hicieran durante el resto de sus vidas”. Sin embargo, “no había ninguna base de evidencia” para esa política, dijo Widera.
Ahora sí la hay, y no respalda esta práctica. Los investigadores de Feinstein analizaron los historiales médicos de casi 9000 pacientes mayores (edad promedio: 86 años) hospitalizados con demencia y con dificultades para tragar. Sus dietas hospitalarias consistían principalmente en líquidos o bien poco espesos o bien espesados.
Al momento de comparar los grupos en busca de rasgos claves, los investigadores no encontraron diferencias significativas en la duración de la estancia hospitalaria, los reingresos ni las tasas de mortalidad. Los que bebían líquidos espesados tenían menos probabilidades de necesitar respiradores, pero en realidad eran más propensos a desarrollar neumonía u otros problemas respiratorios.
Además, beber líquidos espesos “afecta mucho su calidad de vida”, afirmó Liron Sinvani, hospitalista, geriatra y autora principal del estudio. Muchos de estos pacientes están a punto de morir.
Algunos se atragantan o tosen al beber líquidos poco espesos, por lo que los líquidos más espesos tienen sentido. A otros no les desagradan los espesos. “No podemos decir al 100 por ciento que sea una práctica errónea”, aseguró Sinvani. “Pero podemos cuestionarla. No está claro que lo que hacemos sea lo mejor para la gente”.
– Interrupción de regímenes de tensión arterial
Entre el 25 y el 50 por ciento de los pacientes que se someten a una operación toman medicamentos para la tensión arterial denominados inhibidores de la ECA (benazepril, lisinopril y otros -pril) o antagonistas de los receptores de la angiotensina II (candesartán, olmesartán y otros -sartán; de sigla ARA), explicó Legrand. “En el caso de los adultos mayores, la cifra es mayor”, añadió.
Para muchos tipos de intervenciones quirúrgicas, se aconseja a los pacientes que suspendan esos fármacos antes de la operación programada.
Los médicos temen que la tensión arterial baje demasiado durante la intervención, pues podría causar complicaciones como insuficiencia cardiaca, accidentes cerebrovasculares o problemas renales.
Si los pacientes olvidan o confunden las instrucciones y no suspenden los fármacos a tiempo, los médicos pueden llegar a posponer o cancelar la operación. Sin embargo, sin los medicamentos, la tensión arterial de los pacientes podría aumentar peligrosamente.
Para determinar qué ocurre en realidad, un estudio aleatorizó a 2200 pacientes (edad promedio: 68 años) sometidos a diversas intervenciones quirúrgicas no cardiacas en 40 hospitales de Francia. La mitad de los pacientes siguieron tomando inhibidores de la ECA o los ARA hasta el día de la intervención; a la otra mitad se le dijo que dejara de tomarlos 48 horas antes de las operaciones.
Durante los procedimientos, la presión arterial era más propensa a bajar en el grupo que seguía tomando los fármacos. “Pero la tasa de complicaciones fue exactamente la misma”, alrededor del 22 por ciento en cada grupo, indicó Legrand, autor principal del estudio, publicado en JAMA.
Después de la operación, los grupos presentaron tasas comparables de infartos, accidentes cerebrovasculares, sepsis, complicaciones respiratorias y renales, ingresos en cuidados intensivos y fallecimientos. Un amplio estudio internacional y otro británico hace poco llegaron a conclusiones similares.
La cirugía cardiaca es diferente, advirtió Legrand. Esos pacientes corren un riesgo mayor; en la mayoría de los hospitales, se les dice que continúen con sus medicamentos para la tensión arterial.
Pero para otras operaciones, “los pacientes no tienen por qué dejar de tomar sus medicamentos”, señaló. “Es algo que pueden hablar con sus médicos”.
Implante vertebral para el dolor de espalda
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos informó en 2020 que cada año se implantaban unos 50.000 estimuladores de médula espinal, dispositivos destinados a reducir el dolor crónico mediante impulsos eléctricos, y que en cuatro años la agencia había recibido 108.000 informes de lesiones en pacientes, incluidas 497 muertes, y de estimuladores que funcionaban mal.
Es probable que las implantaciones anuales hayan aumentado desde entonces, ya que los médicos buscan sustitutos para no recetar opioides. ¿Funcionan estos estimuladores?
Aquí el dilema no es la falta de evidencias, sino las afirmaciones contradictorias y los resultados contrapuestos, ya que los investigadores discuten sobre metodologías y resultados, un panorama confuso para los pacientes que buscan desesperadamente un alivio.
Los médicos especializados en el dolor consideran que un tratamiento es eficaz si reduce el dolor a la mitad en el 50 por ciento de los pacientes. Sin embargo, el potente efecto placebo puede confundir estos resultados.
Para los pacientes, “cuanto más han invertido, más probabilidades tienen de ver un efecto”, afirmó Rita F. Redberg, cardióloga de la Universidad de California, campus San Francisco, y coautora de un estudio reciente publicado en JAMA Neurology.
Un generador implantado quirúrgicamente, con cables insertados en el espacio que rodea la columna vertebral, constituye una inversión importante. Este tipo de estudios no son fáciles de cegar, a diferencia de la mayoría de los ensayos clínicos de fármacos; los pacientes saben que han recibido estimuladores.
En el nuevo estudio se analizaron los datos de reclamaciones de seguros de 7500 pacientes (edad promedio: 64 años) que sufrían dolor crónico, la mayoría tras una operación de espalda fallida. “Hicimos un emparejamiento cuidadoso para poder comparar los resultados”, detalló Redberg.
A lo largo de dos años, los 1260 pacientes que utilizaron estimuladores de médula espinal no consumieron menos opioides, ni la mayoría de los demás tratamientos contra el dolor, en comparación con aquellos que siguieron un tratamiento médico convencional sin implante.
“Querían sentirse mejor, pero no lo consiguieron”, afirmó Redberg. Además, aproximadamente a 1 de cada 5 pacientes se le retiró el dispositivo o necesitó una segunda intervención quirúrgica para repararlo o reubicarlo.
Dos revisiones Cochrane, metanálisis realizados por una red independiente de investigadores, hallaron “evidencias de baja a muy baja certeza” de que la estimulación reduce la intensidad del dolor y “poco o ningún beneficio sostenido” para la lumbalgia.
Sin embargo, los especialistas en dolor y las organizaciones profesionales se apresuraron a criticar la metodología del nuevo estudio.