Infobae(M.S.Viñas) — Rl servicio arqueológico de la ciudad de Eu (Francia) está llevando a cabo actualmente una operación de búsqueda en lo que se conoce como el Campamento de César en Bracquemont. Está situado al borde de un acantilado y bordeado por una enorme pendiente, ya que se trata de un recinto fortificado de la época de la Galia.
Sin embargo, se han topado con un elemento que no esperaban y que no pertenece a la época de las construcciones que allí había.
Esta investigación arqueológica se esta llevando a cabo bajo la dirección de Guillaume Blondel, que esta realizando todo el trabajo junto a un de un pequeño equipo de voluntarios del municipio francés.
No obstante, esta siendo financiada y realizándose en colaboración con el Servicio Regional de Arqueología, como parte de un proyecto que esta haciendo pesquisas y excavaciones en las zonas arqueológicas que están en peligro por el declive de la costa.
La excavación de emergencia fue ordenada debido a la erosión del acantilado en el lugar justo al norte de Dieppe. Ya ha desaparecido una parte sustancial del oppidum -o aldea fortificada-. Blondel explica que aún queda mucho por averiguar: “Sabíamos que era un pueblo galo.
Lo que no sabemos es lo que pasó dentro del pueblo. ¿Era un lugar de importancia?” En la semana transcurrida desde que comenzó la excavación, se han descubierto varios artefactos que datan del período galo, en su mayoría piezas de cerámica de hace unos 2.000 años, salvo por una peculiaridad.
– Una cápsula del tiempo guardada dos siglos
Las excavaciones dieron, entre otras cosas, con un testimonio “conmovedor y muy especial”, conforme cuenta el Ayuntamiento del municipio en una nota. A mediados de septiembre, se descubrió un mensaje en una pequeña botella de sal del siglo XIX acompañado de dos monedas; todo ello contenido en un tarro de cerámica. Ubicada en un sector previamente investigado, se trata de una “cápsula del tiempo” enterrada hace casi 200 años.
“Era el tipo de frasco que las mujeres solían usar alrededor de sus cuellos y que contenía sales aromáticas”, ha explicado el líder del equipo Guillaume Blondel, que dirige el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, conforme ha recogido la prensa francesa.
Dentro de la botella había un mensaje en papel, enrollado y atado con una cuerda. Blondel abrió el documento, que decía lo siguiente: “P. J. Féret, natural de Dieppe, miembro de varias sociedades intelectuales, realizó excavaciones aquí en enero de 1825. Continúa sus investigaciones en esta vasta área conocida como el Cité de Limes o Campamento de César.”
El mensaje descubierto por el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, Francia.
Para Blondel, el hallazgo constituye una rareza: “A veces se ven estas cápsulas del tiempo que dejan los carpinteros cuando construyen casas. Pero es muy raro en arqueología. La mayoría de los arqueólogos prefieren pensar que no habrá nadie que los persiga porque ya han hecho todo el trabajo”.
“Fue un momento absolutamente mágico”, ha expresado Blondel. “Sabíamos que había habido excavaciones aquí en el pasado, pero encontrar este mensaje de hace 200 años… Fue una sorpresa total”, añade.
La prensa francesa indica que Féret era un notable local, y los registros municipales confirman que realizó una primera excavación en el sitio hace 200 años.
BBC News Mundo — Esta es la historia de un brillante descubrimiento científico.
Una fórmula matemática elegante que prometía hacer algo aparentemente imposible.
Desde el principio del capitalismo ha existido una regla de oro: si quieres ganar dinero, tienes que asumir riesgos.
Pero en el siglo XX surgió uno de los proyectos científicos más improbables: el intento de encontrar una forma matemática para romper esa regla.
La idea era encontrar una ecuación que le permitiera a uno volverse increíblemente rico sin correr ningún riesgo.
Los corredores bursátiles sazonados estaban convencidos de que el éxito en los mercados tenía que ver con el criterio y la intuición humana, cualidades que nunca podrían reducirse a una fórmula.
Sin embargo, un importante grupo de académicos, que estudiaban los mercados matemáticamente, creía que ese éxito era en gran medida una cuestión de suerte.
Esta visión surgió de un descubrimiento inesperado.
Acciones seleccionadas a ciegas rindieron más que las elegidas con criterio.
En la década de 1930, los académicos decidieron averiguar si los corredores de bolsa podían realmente predecir cómo cambiaban los precios.
Al no hallar ninguna base científica para esa creencia, realizaron una serie de experimentos.
En uno de ellos, simplemente eligieron acciones al azar lanzando dardos a un ejemplar del Wall Street Journal con los ojos vendados.
Al final del año, las acciones de esa elección aleatoria superaron las predicciones de los mejores corredores.
Eso fue una revelación.
Significaba que los precios fluctuaban de manera totalmente aleatoria y, por lo tanto, era imposible, por definición, predecir nada sobre ellos.
La conclusión era devastadora: a pesar de todas las afirmaciones de los corredores, parecía que cualquiera que lograra hacer una predicción acertada en el mercado de valores no lo estaba haciendo por habilidad, sino solo por casualidad.
En lugares como la Bolsa de Comercio de Chicago se negocian cosas complejas. (Obra en seda de Mark McMahon).
El descubrimiento de la aleatoriedad indignó a los corredores de bolsa, pero galvanizó a los académicos.
Las matemáticas ya se habían usado con éxito en fenómenos aleatorios e impredecibles, desde el crecimiento de la población hasta el clima.
Así comenzó una búsqueda de la forma científica y racional de controlar los mercados, valiéndose del poder de las matemáticas para conquistar el riesgo.
– La llave maestra del azar
Durante mucho tiempo, los académicos intentaron controlar el riesgo mediante la probabilidad, pero sus predicciones seguían siendo imprecisas. Se necesitaba una forma mucho más exacta de protegerse.
En 1955, el eminente economista Paul Samuelson descubrió algo valioso en la biblioteca de la Universidad de París. Era un libro desconocido que un estudiante de posgrado francés llamado Louis Bachelier escribió en 1900.
Se había propuesto hacer algo que nadie había hecho antes. Utilizando una serie de ecuaciones, creó el primer modelo matemático completo de los mercados.
Él también había notado que los precios de las acciones se movían al azar y que era imposible hacer predicciones exactas sobre ellos.
Pero dijo haber encontrado una solución, una forma maravillosa de deshacerse del riesgo: un contrato financiero casi mágico, llamado opción.
Louis Jean-Baptiste Alphonse Bachelier (1870-1946), aquí cuando tenía 20 años, fue un matemático francés al que se le atribuye haber sido el primero en modelar el movimiento browniano.
Creía que si podía descubrir una fórmula que permitiera que este inusual contrato se usara ampliamente, sería capaz de dominar los mercados por completo. Pero murió antes de poder encontrarla. La obra de Bachelier reveló el Santo Grial: la fórmula perfecta para evaluar y fijar el precio de las opciones.
– Opciones
Entusiasmados, los académicos investigaron este extraño contrato que tanto había intrigado a Bachelier. Descubrieron que las opciones eran, en teoría, una forma milagrosa de seguro financiero y que funcionaban de manera extraordinaria.
El riesgo en el mercado de valores es que si compras una acción hoy, el precio puede caer mañana y puedes perder dinero. Un contrato de opciones te da el derecho de esperar y comprar la acción si en el futuro alcanza un precio acordado, pero sin una obligación.
Si la acción no alcanza ese precio, puedes optar por no participar y pierdes solo el costo de la opción. En teoría, las opciones son una forma perfecta de deshacerse del riesgo, pero había un problema. ¿Cuánto pagaría alguien por una tranquilidad tan absoluta?
El valor parecía depender de la confianza personal de cada inversor. Nadie podía ponerse de acuerdo sobre una forma estandarizada de fijar el precio de las opciones. Era el tipo de problema desconcertante que los académicos amaban y lo abordaron con gusto.
Entre más intentos, más símbolos.
A lo largo de la década de 1960, los académicos desarrollaron sus modelos, convencidos de que si podían describir matemáticamente la confianza emocional de los inversores, resolverían el problema. En el camino, añadieron más y más símbolos.
Símbolos para el nivel de satisfacción, la razonabilidad, la agresividad, las conjeturas, la aversión al riesgo… Pronto tuvieron una gigantesca construcción matemática, pero el precio de las opciones parecía tan lejano como siempre, pues dependía de datos completamente inobservables en el mundo real.
Pero todo esto estaba a punto de cambiar.
– Sin riesgo
En 1968, los economistas Myron Scholes y Fisher Black se propusieron abordar el problema que había ocupado a tantas mentes brillantes. Sabían que el precio de todas las acciones subía y bajaba constantemente. Al hacerlo, el valor de una opción sobre una acción en particular también fluctuaba, pero no había una relación predecible.
En pos de la fórmula, decidieron probar algo diferente. Tomaron la montaña de ecuaciones que habían heredado y eliminaron todos los símbolos que representaban algo que no se podía medir. Fue una idea brillante.
La pérdida de estos elementos no afectó en absoluto a los cálculos. Al final, se quedaron con la esencia del problema, los elementos que todos coincidían que eran necesarios conocer para valorar una opción:
el precio de la acción
su volatilidad
la duración del contrato
la tasa de interés
el nivel de riesgo
Todos eran cuantificables excepto uno: el nivel de riesgo. Pensaron lateralmente: si no podían medir el riesgo con exactitud, tal vez podrían hacerlo menos significativo de alguna manera.
Partieron de la vieja idea de la cobertura, en la que los tahúres cubrían sus apuestas apostando en la dirección opuesta. El método que idearon se convertiría en uno de los descubrimientos más importantes de la economía del siglo XX.
Myron Scholes (izq) y Fisher Black intentaron lo que muchos otros antes.
Crearon un portafolio teórico, una mezcla de acciones y opciones. Cuando alguna fluctuaba hacia arriba o hacia abajo, intentaban cancelar el movimiento haciendo otro arriesgado en la dirección opuesta. Su objetivo era mantener el valor general del portafolio en perfecto equilibrio.
Era extremadamente difícil, pero utilizando álgebra compleja y una gran cantidad de cálculos, lograron equilibrar un movimiento con precisión y luego otro, y otro… Pronto pudieron crear un equilibrio perfecto en el que los riesgos se anulaban a sí mismos.
Llamaron al método cobertura dinámica. Era una forma teórica no sólo de reducir el riesgo, sino de eliminarlo por completo.
Y sin riesgo, finalmente obtuvieron una fórmula matemática que les podía dar el precio de cualquier opción.
– Como cohetes
Black y Scholes habían resuelto el problema que había desconcertado a generaciones de académicos. Fue un logro extraordinario, pero su fórmula tenía un problema práctico: se necesitaba tiempo para calcular la cobertura dinámica. En ese tiempo, los mercados, que se mueven con rapidez, habrían cambiado y sus cálculos serían obsoletos.
Se necesitaba una forma de recalibrar los cálculos instantáneamente para seguir eliminando el riesgo continuamente. Y había una persona perfecta para ayudarlos. Robert C. Merton era reconocido por su extraordinario talento intelectual.
A principios de los años 70, se había ganado la reputación de utilizar métodos matemáticos exóticos y abstractos para estudiar contratos financieros como las opciones. Al construir sus propios modelos, Merton había explorado teorías de las que nadie en el mundo de las finanzas había oído hablar.
Una de ellas sería la pieza final del rompecabezas.
Merton se convirtió en el tercer protagonista de la historia.
Merton recurrió a la ciencia de los cohetes. Había estudiado las teorías de un matemático japonés llamado Kiyoshi Ito que había enfrentado un problema similar al de Black y Scholes.
Para trazar la trayectoria de los cohetes era necesario saber exactamente dónde se encontraba este, no sólo segundo a segundo, sino todo el tiempo. Ito había desarrollado una forma de dividir el tiempo en parcelas infinitamente pequeñas, hasta convertirlo en un continuo, de modo que la trayectoria pudiera actualizarse constantemente.
Merton adaptó esa idea para la fórmula de Black y Scholes. Utilizando la noción de tiempo continuo, el valor de la opción podía recalcularse constantemente y el riesgo, eliminarse continuamente.
La fórmula que Black, Scholes y Merton dieron a conocer al mundo en 1973 era engañosamente simple, pero maravilló a los académicos por sus asombrosas ideas y su absoluta audacia.
– Mucho, mucho dinero
Rápidamente la fórmula se empezó a usar en el mundo real. Los operadores de bolsa nunca habían perdido la fe en sus propias habilidades, pero ahora parecía que los académicos habían inventado algo que podía complementar su intuición.
Programaron la fórmula de Black-Scholes en sus calculadoras; con solo presionar unos cuantos botones podían encontrar el precio exacto de cualquier opción en cualquier momento. Pronto, hombres y mujeres que nunca habían oído hablar de Bachelier, Ito o el tiempo continuo estaban explotando la fórmula académica para ganar dinero… mucho dinero.
Luego se dieron cuenta de que no sólo servía para las opciones sino también para realizar negocios a una escala que nunca habían soñado que fuera posible.
Los riesgos de las acciones podían cubrirse con futuros, los de los futuros con transacciones de divisas y todos ellos con una panoplia de nuevos y complejos derivados financieros, varios de ellos inventados expresamente para explotar la fórmula de Black-Scholes.
Todo iba más que bien…
El capitalismo estaba en pleno auge. La combinación de matemáticas y dinero parecía imparable. 25 años después de que se les ocurriera su fórmula, los arquitectos de esta revolución recibieron el máximo galardón.
Fischer Black había fallecido, pero Scholes y Merton recibieron el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 1997.
– La gloria
Dos años antes, en el apogeo de su reputación, Scholes y Merton decidieron que era hora de cosechar lo sembrado. En 1994 unieron fuerzas con los mejores corredores de bolsa de Wall Street y crearon una empresa legendaria: Long Term Capital Management (LTCM).
Su reputación como las mentes académicas más brillantes en finanzas facilitó la obtención de dinero. Los inversores más prestigiosos, bancos, fondos de pensiones e instituciones compitieron para invertir.
En cuestión de meses recaudaron US$3.000 millones (más de US$6.000 millones hoy) e idearon una de las estrategias de inversión más ambiciosas de la historia.
Combinaba todos sus conocimientos: usaban la probabilidad para apostar a que los precios clave se moverían aproximadamente como lo habían hecho en el pasado, pero por si alguna predicción salía mal, se protegían utilizando la idea clave de la cobertura dinámica de la fórmula Black-Scholes.
Con confianza, LTCM puso enormes sumas de dinero en los mercados. Y funcionó. LTCM tuvo un éxito espectacular, superando a cualquier otra empresa de inversión.
Merton y Scholes habían demostrado, al parecer, que los académicos podían triunfar en el mundo real y disfrutaron del éxito.
– La catástrofe
Los primeros tres años de LTCM fueron verdaderamente fabulosos, con rendimientos de hasta el 43% para sus inversores. Era como si el mundo se comportara exactamente como estaba escrito en la pizarra. Pero no era así.
En el verano de 1997, los precios de las propiedades se desplomaron en toda Tailandia, lo que desató un pánico que se extendió por toda Asia. Los bancos quebraron desde Japón hasta Indonesia.
Eran cosas eran tan improbables, que no se habían incluido en ningún modelo matemático. A medida que los precios subían y bajaban como nunca antes, los modelos que utilizaban los operadores empezaron a ofrecerles resultados extraños, por lo que confiaron en su instinto.
En tiempos de crisis, el dinero en efectivo es el rey. Los operadores dejaron de pedir préstamos y abandonaron las inversiones en lugares riesgosos.
Pero en LTCM los modelos indicaban que todo volvería a la normalidad pronto. No había razón para entrar en pánico. Después de todo, si alguna de sus apuestas salía mal, todo lo que necesitaban era otra apuesta en la dirección opuesta.
…hasta que todo se derrumbó.
A medida que el pánico se extendía, las opciones costaban cada vez más, y LTCM hizo lo contrario que los operadores normales: comenzó a endeudarse en grandes cantidades. Asumió deudas por US$100.000 millones (casi el doble en dinero de hoy).
LTCM estaba en condiciones de afrontar el costo de este endeudamiento adicional, siempre y cuando no sucediera otra cosa totalmente improbable.
En agosto de 1998 ocurrió algo que nadie había considerado posible: Rusia, el país más grande del mundo, de repente y sin explicación alguna, se negó a pagar todas sus deudas internacionales. Todos los cálculos de los modelos de LTCM quedaron irremediablemente desequilibrados.
La empresa comenzó a perder millones de dólares día tras día. En el curso de seis semanas, perdió US$4.000 millones.
La historia en líneas. El valor de US$1.000 invertidos en LTCM (azul); en el Promedio Industrial Dow Jones (rojo) y mensualmente en bonos del Tesoro de EE.UU. con vencimiento constante (amarillo).
LTCM se enfrentó a la bancarrota, pero si se hundía, ponía en peligro la economía mundial. Había apostado un billón de dólares: el equivalente a los ingresoso de un año del gobierno estadounidense estaba a punto de desaparecer.
Para evitar un colapso económico global, la Reserva Federal, el banco central de EE.UU., no tuvo más opción que organizar un rescate de LTCM. Sus inversores, entre ellos, fondos de pensiones, el Banco Central de Italia y el Barclays Bank de Reino Unido, perdieron una media de US$200 millones cada uno.
Merton y Scholes, por su parte, no sólo perdieron una fortuna sino que enfrentaron las recriminaciones públicas de figuras como el presidente de la Fed y varios políticos. «Es como si te atropellara un camión», le dijo Merton a la BBC meses después de la estrepitosa caída de LTCM.
¿Fue eso el fin? No precisamente.
El modelo de Black-Scholes sigue siendo utilizado millones de veces al día, a menudo con algunos ajustes, por operadores que supuestamente saben cuándo confiar en él y cuándo recurrir a su intuición.
Y los mercados financieros no han dejado de ser lugares llenos de peligros, que enriquecen a algunos en los buenos tiempos, y empobrecen a muchos en los malos.
Meer(R.C.Ochoa) — Si nos detenemos un momento a reflexionar profundamente durante nuestras actividades ordinarias encontraremos algo perturbador: nuestra percepción de las cosas se confronta cada día con esas “cosas” que percibe. Esta situación que a primera vista nos parece tan trivial conlleva una de las reflexiones mas importantes dentro del pensamiento filosófico, científico y, neurocientífico.
Cuando percibimos “algo” le atribuimos a ese “algo” una existencia real. Y asumimos esa “realidad” de tal manera que nos sumergimos en ella y somos capaces de defender que eso que percibimos es la realidad, pero, ¿y si no fuese así?
Hagamos un ejercicio mental. Atrevámonos a colocar en “tela de juicio” todo lo que nuestros actos perceptivos captan. Es decir, asumamos una actitud escéptica de lo que nuestro aparato receptor nos dice que es la “realidad”. Tomemos cualquier cosa, cualquier objeto. Una taza por ejemplo. Veamos su color, su textura, etc. Centrémonos en su color.
La taza es “verde”. Ahondemos un poco más. Notaremos que la cualidad “verde” de nuestra taza esta asociada a la sensación “verde” que tiene nuestra taza, que, podemos llamar – la taza – objeto de percepción.
En otras palabras, si yo le pidiese al amable lector que pensara en el color “verde”, ¿pensaría en la taza que tiene la cualidad de verde, o, pensaría en otra cosa? y esa otra cosa, ¿acaso es el color “verde”? ¿qué significa “pensar en el color verde”? ¿cómo lo represento en mi mente?
Esta reflexión nos conduce a una conclusión primera: la cualidad “verde”, tiene existencia por medio de la sensación “verde” asociada a un objeto (taza) dado por la percepción, lo que nos lleva a pensar que no tiene sentido vincular la sensación como cosa en sí misma a cosas materiales existentes en sí mismas . Es decir, las cualidades de los sentidos (como los colores) tienen carácter subjetivo.
El hombre, aun el científico, en actitud “natural”, es “ingenuo”: no se ha preguntado acerca de la posibilidad del conocimiento, y presupone su validez cada vez que lo lleva a cabo. El filósofo, que por serlo y al serlo abandona la actitud natural (ingenua), no procede de manera directa, sino que lleva a cabo una reflexión peculiar sobre su propio proceder cognoscitivo, antes de conceder validez a las obras de su conocer.
Los objetos “conocidos” ya no poseen para él esta calidad de conocidos, sino la de presuntamente conocidos; las proposiciones en que se expresan los “conocimientos” ya no expresan conocimientos, sino presuntos conocimientos. La profundización de esta distinción entre dos actitudes intelectuales o espirituales desemboca en la concepción de la epojé o reducción fenomenológica.
Para decirlo brevemente, la reducción fenomenológica no es más que la adopción plenamente consciente y radical de una actitud filosófica.
Por ello puede llamarse a la fenomenología ciencia filosófica”
El lector podría estar pensando: “Reflexiones interesantes, pero inútiles para la ciencia”
Pero, ¿en verdad son tan inútiles? ¿Qué gran hallazgo se puede conseguir de todas estas reflexiones?
La ciencia no está interesada en lo subjetivo, solo en lo objetivo ¿o no?
Desde siempre nuestros sentidos (percepciones) parecen engañarnos. Galileo, Descartes, Newton, Einstein, entre tantos otros dan cuenta de esta situación que sufre el ser humano.
Todo pasa a través del sujeto, de su aparato receptor, el cual en muchas ocasiones nos ha engañado.
Es célebre la ejemplificación de Galileo Galilei en referencia a la equivalencia existente entre reposo y movimiento uniforme a través del ejemplo del barco: nos encontramos en la cabina sin ventanas de un barco; sí el mar esta muy calmo no podremos afirmar si nos movemos o si estamos en reposo.
La única opción para definir nuestro estado de movimiento es lograr ver a través de alguna ventana y ver nuestra posición con respecto al muelle. De nuevo, nuestros sentidos nos engañan. Si no tenemos acceso a alguna cosa que nos pueda dar información acerca del estado de movimiento del barco, no podremos asegurar si estamos en movimiento o, por el contrario, en reposo.
Años más tarde, Isaac Newton se fundamentaría en el principio de Galileo para establecer su primera ley o ley de la inercia, y al hacerlo abriría otro encarnecido debate con Gottfried Leibniz. A final de cuentas lo que es cierto es que todo cuanto conocemos pasa por nuestra subjetividad, ésa a la que la ciencia tanto evita y de la que no puede escapar.
¿Ser subjetivo es tan nocivo? No lo es siempre que se intente “volver a las cosas mismas”, es decir, buscar la raíz de aquello que queremos conocer.
Sin embargo, supongamos que nos rebelamos ante estas cuestiones y sostenemos fielmente que lo que es “real” es lo que puedo “ver” con mis ojos. Una actitud como la del Apóstol Santo Tomás: “ver para creer”. Bien asumamos entonces esta posición irreductible.
Bajo esta posición: solo es real lo que percibo, entonces, la Tierra es el centro del Universo y todo gira alrededor de ella. No cabe duda de ello. Yo estoy en reposo, por ende, la Tierra esta en reposo. Y sobre mi cabeza veo pasar las nubes y el Sol. De hecho, veo salir el sol por el este y ocultarse por el oeste.
Es el Sol quien se mueve sobre mi cabeza, y con ello, gira alrededor de la Tierra. ¿Cómo podría convencer a alguien que ve esta “realidad” de que esta equivocado? Tanto para Nicolás Copérnico, como para Galileo no fue fácil sostener sendas argumentaciones que hicieran dudar a las personas de su época. Hacerlas dudar de sus sentidos y de lo que ven.
Pero, más aún, ¿Cómo el genio de Copérnico y Galileo (solo por nombrar dos) pudieron “superar” el engaño de sus sentidos? Esta es la cuestión.
“Conocer” la realidad, conocer el mundo, es el objetivo de quien desea alcanzar el verdadero saber, pero, para conseguirlo es necesario hacer preguntas donde nadie más las hace.
Ser curiosos como lo son los niños.
Cada uno de nosotros cuando era pequeño se pregunto alguna vez si el mundo que veía con sus ojos, era el mundo real, es decir, si los colores con los que veía el mundo eran en realidad los colores del mundo.
Estas preguntas que todos nos hacíamos de pequeños (poniendo en serios aprietos a nuestros padres) representan la clave de las reflexiones acerca del mundo.
Son las preguntas que se hicieron genios como Newton, Copérnico, Galileo, Einstein, etc.: ¿Cómo conocemos?
De lo que se trata es de suspender nuestros juicios acerca del mundo que creemos conocer y adentrarnos en la reflexión acerca del mundo que queremos conocer. Tal y como hicieron Copérnico y Galileo.
No se trata de relativizar el mundo. Los genios de la ciencia “suspendieron sus juicios” y lograron dar grandes avances en la ciencia.
De lo que se trata es de abandonar dogmas, aceptar que todo cuanto conocemos pasa por nosotros (sujetos) y que es necesario asumir una actitud diferente cuando hacemos ciencia, solo así podemos aproximarnos a la objetividad que tanto buscamos, aunque no alcanzaremos la misma en su totalidad. Solo nos es posible aproximarnos.
Reconocer estas cuestiones no nos hace menos “científicos”. Todo lo contrario. Nos acerca más al conocimiento y con ello descubrimos mejores estrategias para aproximarnos a él. Filosofía y Ciencia no son antagónicas, sino complementarias. El progreso en ciencia no sería posible sin las preguntas reflexivas de la filosofía, que, en la mayoría de los casos, nos mete en serios aprietos con sus cavilaciones.
Suspender el juicio, asumir la subjetividad, buscar la raíz del conocimiento, entre otras cosas más es una forma de reflexión llevada a cabo por un matemático: Edmund Husserl. Por supuesto, sus postulaciones pronto lo acercaron a la filosofía y con ello a la crítica más encarnizada de sus colegas. Las postulaciones de Husserl son conocidas a través del método fenomenológico y representa uno de los aportes filosóficos mas importantes de todos los tiempos.
La aplicabilidad de las ideas de Husserl y de su método fenomenológico en ciencia resulta impactante. A través de la fenomenología se puede sustentar en modo filosófico la teoría relativista de Einstein así como la física en su generalidad. Es un método poderoso pero que tiene un punto débil: la complejidad de su lenguaje.
En la búsqueda de fundar un método verdaderamente fiel a la ciencia y a la filosofía, Husserl opto por adoptar tal cantidad y variedad de términos y conceptos tan densos que lo hicieron poco apreciado por la colectividad.
Su preocupación por develar el modo en que accedemos al conocimiento le condujo a tal cantidad de recovecos lingüísticos provocando el alejamiento de científicos y filósofos.
¿Es posible aproximar las ideas de Husserl a la ciencia?
Hermann Weyl, premio Nobel de física, apostó por las ideas de Husserl para sustentar su teoría de unificación basándose en una de las cuestiones más misteriosas de la física: el espacio, el tiempo y la materia.
Tanto Weyl, como Husserl (y con ellos tantos filósofos y físicos) se preguntaron justamente por aquellas cosas que parecen triviales: ¿Qué es el espacio? ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es la materia? ¿percibimos el espacio, el tiempo y la materia?
Mas aún, ¿existen espacio, tiempo, y materia? Nuevamente, son este tipo de preguntas triviales las que hacen avanzar la ciencia; las que ponen a contraluz nuestras percepciones con aquello que pensamos que es la realidad.
Letralia(J.P.Plata)/El Plural(M.Zorita)/JotDown(X.Ayén)/Xataka(A.Sanchis) — Escribir, a veces, es inventar una(s) vida(s) que bien pudiera ser propia(s). Varios escritores llevan el asunto al extremo y aparentan como espías identidades ficticias para publicar sus libros y ocultarse.
Simulada es la aparente creación desinteresada de trascendencia de muchos artistas.
Aunque muchos escritores alegan crear sus obras por razones altruistas, estéticas, denunciatorias y hasta para divertir y enseñar; casi ninguno puede esconder su aspiración de fama e inmortalidad.
Ese deseo de tener en el futuro un par de centímetros cuadrados en las enciclopedias y en los listados de autores prodigiosos: el anhelo de ser leídos muchos años después de su desaparición.
Con el deseo de durar en la memoria de otros, algunos escritores se contradicen e inventan una biografía imaginaria para echar a andar una carrera literaria fracasada con un nuevo nombre o para seguir una vida literaria pero publicar con una identidad distinta.
En otras circunstancias, la falsificación de la autoría, tomada por muchos como cierta, parte del impulso por tender una trampa al lector y a los medios de comunicación sobre el infortunado culto a la vida de los autores por encima de sus creaciones. También hay encubrimientos con alias desinteresados producto del inteligente juego intelectual planeado por una editorial y/o los autores.
Onomácrito, por ejemplo, fue desenmascarado por Hiparco —hijo del rey griego Pisístrato— en el siglo VI a. C., pues puso a la luz cómo algunas de las predicciones del clarividente Museo no eran sino textos suyos velados con la firma del otro.
Posteriores casos son Los protocolos de Sión y La donatio costantini. El primer texto fue inventado por la Orjana —el servicio secreto del Zar de Rusia en el siglo XIX— y traducido por Sergei Nilus y usado para fomentar el antisemitismo ante la supuesta amenaza de un plan de supremacía mundial judío, descrito en los protocolos, que eran supuestas transcripciones secretas del Primer Congreso Sionista de Basilea de 1897, pero en realidad resultaron ser plagio de Diálogos entre Maquiavelo y Montesquieu de Maurice Joly.
La donatio fue por su parte un documento apócrifo, atribuido a Constantino I, gobernante establecedor del catolicismo como religión del Imperio Romano. En el texto el emperador entregaba a la Iglesia Católica, encabezada entonces por Silvestre I, el domino del territorio de Italia y vastas zonas en Occidente próximo y el Oriente lejano del imperio. Se calcula la falsificación por el año de 775 y su autor aún sigue anónimo.
Un hecho más reciente ocurrió en 1836, cuando el historiador Richard Hildreth publicó las memorias de un esclavo negro en los estados del Sur de la unión americana como Archy Moore, haciendo pasar su prosa por la del cautivo irreal. La superposición de las identidades aquí pasa como un pecado venial, pues el fin de Hildreth era sensibilizar sobre los desmanes con los esclavos y pedir igualdad de derechos para todos los hombres.
En el siglo pasado muchos relatos y novelas policíacas (Seis problemas para Isidro Parodi, Doce figuras del mundo, Un modelo para la muerte, Nuevos cuentos de Bustos Domecq, entre otros) aparecieron bajo los nombres de Benito Suárez Lynch y Honorio Bustos Domecq.
Tiempo después se supo que no había tales autores sino la invención de ellos por los argentinos Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, quienes escribieron a cuatro manos escondidos bajos esos seudónimos.
La tendencia por usar un nombre secundario para publicar literatura policíaca u otra considerada de segunda clase, ha llevado a Juan Eslava Galán a publicar sus novelas detectivescas y sobre temas medievales como Nicholas Wilcox.
Igual en apariencia han hecho Carlos Fuentes, supuesto autor verdadero de Los misterios de la ópera,publicada bajo Emmanuel Matta y Ana Rosa Quintana, con el apodo de Peter Harris, siendo el pretendido autor de La conspiración del templo y El enigma Vivaldi.
La biografía de Peter Harris (San Antonio, California, 1951) es improbable: de pequeño quiso ser cura pero se evangelizó escritor; fanático de la música de violín y del Barroco, por lo tanto de Vivaldi y la ciudad de Venecia. Habita en la Costa del Sol, España, e investiga y traduce documentos en El Vaticano.
Un encubrimiento único, por encima de los hasta aquí referidos, fue cuando Irwin Corey —pionero del stand-up comedy— recogió el National Book Award de ficción de 1974 por El arco iris de gravedad —premio compartido entre Thomas Pynchon e Isaac Bashevis Singer— haciéndose pasar por el inescrutable Pynchon. Harold Bloom, voz muy autorizada de las letras norteamericanas, reduce la biografía de Thomas Ruggles Pynchon a: “Nacido el 8 de mayo de 1937 en Glen Cove, Nueva York. Criado como católico.
Estudiante de ingeniería física e inglés en Cornell. Alumno temporal de Vladimir Nabokov —escritor ruso, autor de Lolita—; soldado de la marina durante dos años e ingeniero de Boeing Aircraft. Más o menos desde la década del sesenta se pierde conocimiento de su vida después de publicar V. Algunos sugieren que él es J. D. Salinger —autor de El guardián en el centeno— publicando bajo otro firma, otros que es el autor del guión de la serie de televisión Mystery science theater 3000.
Hay quienes niegan su existencia y atribuyen sus obras a un grupo de escritores que prefieren permanecer en el anonimato. Se dice que ha vivido en México D.F., Boston, Londres, California y Nueva York. De existir, Pynchon decidió al inicio de su carrera que su trabajo debía preceder a su fama. Se rumora sobre su adicción a la comida chatarra y a la televisión”.
– Casas Ros & familia
Fernando Pessoa fue un escritor portugués que tuvo en vida más de cuarenta nombres clandestinos para escribir literatura y periodismo, entre ellos están: Fernando Caeiro, Alvaro Do Campos, Ricardo Reis, Chevalier de Pas, Alexander Search, Charles Robert Anon, A.A. Cross, Antonio Mora, Bernardo Soares, Vicente Guedes, Coelho Pacheco, Abilio Cuaresma, Inspector Guedes, Rafael Baldaya, Faustino Antunes, Barão de Teive, Jean-Seul de Méluret, Dr. Gomes, Tío Puerco, Pero Bothello.
Cada nombre corresponde a una ideología, gustos y formas de ser definidas, y todos son y no son Pessoa.
Frederick Philip Grove nació en Radomo, antigua Prusia. Fue bautizado comoFelix Paul Greve y creció en Hamburgo. Al llegar a Manitoba, Canadá, a comienzos del siglo veinte, adoptó el nombre de Frederick Philip Grove y se hizo pasar por anglosueco.
También usó otros nombres y nacionalidades: F. C. Gerden para publicar traducciones canadienses de Ernest Dowson y Robert Browning y Honrad Thorer para las de Miguel de Cervantes y Alaine-René Lesage.
Jusep Torres Campalans y Luis Álvarez Petreña son entelequias creadas por el novelista Max Aub. Develadas por el mismo Aub, las suplantaciones fueron famosas por inventar las vidas de escritores y pintores con el fin de burlar la presunción de los coleccionistas y los corredores de arte.
Pedro-Juan Valencia, autor de Eclipse de cuerpo, es posiblemente el escritor colombiano Darío Jaramillo Agudelo. Si Pedro-Juan existe es un ex criador de perros, ex traductor perseguido por toda Latinoamérica por asuntos sombríos y actualmente reside en el Caribe.
Laura Albert timó por más de seis años a la industria editorial, la prensa mundial y muchas celebridades fotografiadas con el fementido J. T. LeRoy: supuesto joven narrador de sus experiencias personales como prostituto y drogadicto en el estado de Virginia, rubio y portador del VIH.
El director de cine Gus Van Sant estuvo cerca de adaptar su novela Sarah, pero declinó cuando la treta fue desenmascarada en una corte judicial, en donde Albert concedió ser el autor verdadero de los libros y se supo de la personificación de su cuñada como Leroy.
William Oldham, cantante indie y poeta, ha ideado el personaje de Bonnie “Prince” Billy para su nombre artístico. Ha cambiado el nombre de su banda muchas veces.
Francisco Casavella fue el seudónimo de Francisco García Hortelano, recientemente fallecido. Nunca firmó con su nombre de pila para evitar posibles conflictos de filiación con el autor Juan García Hortelano.
En compañía de los anteriores va ahora campante el mito de Antoni Casas Ros, titular de El teorema de Almodóvar.
El teorema es ficción autobiográfica sobre un matemático catalán con el rostro desfigurado luego de un accidente automovilístico contra un venado, en la noche de celebración de sustentación de tesis.
El personaje, el mismo Antoni, nos habla del renacer de su vida cuando decide dedicarse a la literatura y descubre el cine de Pedro Almodóvar y la sexualidad con transexuales y el gusto de observar los barcos en el puerto de Génova.
Dice el escritor Tryno Maldonado haber visto a Casas Ros en la XVIII Feria del Libro de Oaxaca, México de 2008. Algunos dicen que es un invento de Seix Barral para vender libros como churros calientes, otros hablan de las posibles firmas detrás del nombre ¿falso?: Rodrigo Fresán, Sergie Pàimes, Eduardo Mendoza y Vila-Matas.
Si sobresale el asunto de Casas Ros es porque la escritura de la novela es de altura y ya ha recibido en Italia la distinción de Mejor Libro Novel de 2008. El misterio sobre la identidad de Casas Ros parece la copia local del mito de Pynchon para la comunidad hispana. A lo mejor Thomas Pynchon sea Casas Ros con un seudónimo prestado a Pessoa.
Estos fingimientos parecen obligar a una lectura sin preocupaciones por la vida del autor, para seguir la sugerencia de más de dos mil años del Oráculo de Delfos con una adición: “Conócete a ti mismo”,así sea leyendo a un desconocido.
– Escritores que nunca existieron
Quevedo, Moratín o Adolfo de Castro crearon autores imaginarios para ocultar sus verdaderas intenciones.
La historia está llena de personajes que nunca existieron. Mitos e incluso puras invenciones creadas con las más diversas intenciones. Lo vemos en las religiones donde santos completamente fabulosos, como el Santo Niño de la Guardia, se crearon para avivar el odio a los judíos o en el mundo de la política donde reyes míticos como Túbal, se usaron para conectar la monarquía hispánica con el mismísimo Noé.
Por ello cabe imaginar que el gremio para inventarse gente haya sido el de los escritores pues su talento no se limitó a usar pseudónimos (que literalmente significa nombre falso) sino que crearon vidas enteras para esos personajes con los que encubrir secretas intenciones.
Escritores rematadamente falsos fueron tenidos como los más diversos libros, para descubrirlos empezaremos en México allá por 1690 cuando sor Juana Inés de la Cruz criticó las prédicas de Antonio Vieira con una obra que se llamó la Carta atenagórica.
En aquel documento encumbró el papel de la mujer en la historia y como es de imaginar sentó a cuernos quemados a algunos miembros de la Iglesia, en concreto en el obispo de Puebla, Manuel Fernández, que ni corto ni perezoso se inventó una monja, sor Filotea de la Cruz, con la que rebatir las teorías de sor Juana Inés.
Para ello argumentó que ambas monjas se conocían y que sor Filotea había respondido a sor Juana Inés porque era una gran admiradora suya y aunque ella no lo recordase se llegaron a conocer en persona cuando sor Filotea le besó la mano.
El obispo Manuel Fernández de Santa Cruz se hizo pasar por monja para criticar a sor Juana Inés de la Cruz.
Patrañas como esta, camuflaban una enemistades de las que nacieron muchos escritores falsos.
Precisamente por ello el belicoso Quevedo fue víctima y verdugo de los escritores falsos.
Por un lado creó personajes irreales con los que firmar sus obras, como el licenciado
Todo se sabe para el El Chitón de las tarabillas o el impronunciable Nifroscancod Diveque Vagello Duacense (en realidad es un acróstico del nombre Quevedo) y que al ser extranjero necesitó además un traductor igualmente falso, Esteban Pluvianes del Padrón.
Al mismo tiempo Quevedo probó de su propia medicina cuando en 1635 se publicó El tribunal de la Santa Justicia en el que se ponía de vuelta y media al poeta llamándole proto-diablo, catedrático de vicios, bachiller de suciedades… y que se suponía, había sido escrito por Arnaldo Franco Frut.
Un licenciado de origen alemán que residía en Salamanca.
Pues bien, todo falso, el tal Arnaldo no existía y todo parece ser una creación del espadachín Luis Pacheco de Narváez, enemiguísimo de Quevedo por aquel entonces.
Aun así no todos los cometidos de escritores falsos han sido difamar o armar bronca, también se usaron para todo lo contrario.
Lope de Vega por ejemplo creó al padre Gavriel de Padecopeo (nuevamente un anagrama de Lope de Vega) que andaba desengañado de la corte donde había sido desterrado a pesar de los méritos militares de su mocedad.
En resumen, un pseudónimo con el que Lope se estaba echando todas las flores del mundo a sí mismo.
De igual manera, Cervantes dijo que El Quijote no lo había escrito él, sino un autor arábigo llamado Cide Hamete Berengueli, que igualmente un pseudónimo con el que Cervantes trastocó las letras de su nombre para crear un personaje con el que adularse a sí mismo, con continuos adjetivos como “sabio”, “ejemplo de historiadores graves” o “puntualísimo escudriñador”.
Pero incluso a Cervantes el tiro le salió mal, porque tantas dobles lecturas hicieron que varios escritores se sintieran ofendidos y fruto de aquella ofensa nació otro autor falso, Alonso Fernández de Avellaneda, autor de un Quijote apócrifo cuyo creador sigue siendo un misterio aún por desentrañar.
Luis Pacheco de Narváez fue encarcelado por crear un autor falso con el que escribió “una sátira atroz y continuo sarcasmo contra don Francisco Quevedo”.
¿Puede un escritor ser todo él una fake news? Sí, puede. Y sucede más a menudo de lo que imaginamos. Repasamos algunos casos de escritores falsos.
– Marcelo Chiriboga, esperando la última ola
En México, dos de los miembros fundadores del boom, Carlos Fuentes y José Donoso, entre francachelas, se dieron cuenta de que al mayor movimiento de la literatura latinoamericana le faltaba un componente ecuatoriano (dado que ya había representantes de Colombia, Perú, Argentina, México y Chile) y decidieron —«aguántame la margarita»— inventarse a Marcelo Chiriboga, un fruto de sus fantasías al que, sin embargo, iban citando en crónicas, críticas y entrevistas como si de un escritor real se tratara. Al poco, lo hicieron aparecer en algunos de sus libros.
José Donoso lo retrata en El jardín de al lado (1981) como la estrella máxima del boom, tomando algunos rasgos de Gabriel García Márquez, y, en Donde van a morir los elefantes (1995), le hace adquirir cuerpo y nos presenta detalles íntimos acerca de su perro o de su esposa.
Para el chileno, cargado de complejos por su falta de éxito comercial frente a otros autores del boom, Chiriboga es un espejo invertido de sí mismo, un triunfador repentino, leído hasta en el último confín de África, y, además, hermoso, «tan bien hecho como una de esas figuras renacentistas», seductor, locuaz, aristocrático, de cabellera plateada, piel morena y rostro adusto.
Goza del favor de la agente literaria Núria Monclús (trasunto de Carmen Balcells) y no se limita a meros cameos, sino que es un personaje clave para la tensión narrativa de las obras en las que aparece.
Fuentes, en cambio, lo inmortaliza como personaje secundario, más etéreo, en Cristóbal Nonato (1986) y Diana o la cazadora solitaria (1994).
Quien más avanzó en la definición del personaje fue un escritor ecuatoriano (este sí, real), Diego Cornejo Menacho (Quito, 1949), pues lo convirtió en protagonista absoluto de su novela Las segundas criaturas (2010), aportando las precisiones más concretas que se conocen acerca de su origen. Chiriboga, nacido en los Andes, es un arquetipo llevado al extremo, con todos los tics del boom, alguien que ganó el Premio Cervantes pero pasó a la historia por rechazarlo.
Dejó el Ecuador, pasó por París y por México, fue guerrillero y comunista y luego defensor de la economía de mercado; murió, según algunos, en su casa de Ecuador, y, según otros, en la capital francesa, de un cáncer de hígado.
Su última aparición es en La última vez (Destino), la nueva novela del argentino Guillermo Martínez, ambientada en la Barcelona literaria de los noventa con constantes flashbacks a las décadas de los sesenta y setenta. Aún hoy aparecen biografías, fotos y hasta fragmentos de obras de Chiriboga en internet, sin advertir a veces de su naturaleza fraudulenta.
Existen, en esa amalgama, diversas versiones sobre su bibliografía, pero podríamos citar los relatos del Jardín de piedra (1963), Premio Casa de las Américas, su novela La línea imaginaria (1969), que lo consagró, y luego Diario de un infiltrado (1973), sobre la primera guerrilla de Ecuador, y La caja sin secreto (1978).
Algunos aseguran que dejó inédita en algún cajón su cuarta novela, La caja secreta. ¿Qué tipo de autor era? «Era, qué duda cabe, un gran escritor. Quizá era el más completo de nosotros y, junto con Julito Cortázar, el más lúdico, el más audaz técnicamente.
Parecía escribir con absoluta sencillez, pero tenía una disciplina que hacía palidecer de envidia a Mario Vargas Llosa», dice de él Jorge Edwards en la novela El asesinato de Laura Olivo (2018), del peruano Jorge Eduardo Benavides, donde, por cierto, Chiriboga muere en un accidente de tráfico en Girona.
También aparece en Fricciones (2008), de Eloy Urroz, y en Sudor (2016), de Alberto Fuguet. Existe una transcripción de la entrevista que le realizó Joaquín Soler Serrano en el programa A fondo, de Televisión Española, la única de la serie que no puede encontrarse en YouTube. Su nacimiento fue lo que Fuentes llamó «el favor que Pepe y yo le hicimos a la literatura ecuatoriana: darle un miembro del boom».
Hoy resultaría temerario atreverse a decir que Marcelo Chiriboga no existe. Pero si hasta tiene un documental, Un secreto en la caja (2016), mockumentary dirigido por el ecuatoriano Javier Izquierdo, quien, tras «una profunda investigación», desvela anécdotas desconocidas del escritor junto con otros grandes escritores o cineastas como Luis Buñuel.
Cuando murió José Donoso, el 7 de diciembre de 1996, llegaron sendas notas de condolencias de Núria Monclús y Marcelo Chiriboga. ¿Cómo no va a existir? ¿Qué entendemos por existir?
– JT Leroy, el chapero que engañó a Hollywood
La conocida como «estafa literaria del siglo» es la del estadounidense JT Leroy, el autor de moda de la década de 1990 y principios de la del 2000, apóstol del nihilismo grunge y de una cierta estética de la autodestrucción.
Jeremiah Terminator Leroy contó, en conmovedores libros autobiográficos, su tormentosa vida de adolescente seropositivo, chapero, drogadicto, abandonado por su familia y víctima de abusos sexuales. Contaba asimismo su cambio de sexo y cómo le había descubierto nada menos que el escritor Dennis Cooper, «quien, junto con mi psiquiatra, era mi único lector».
No le gustaba la promoción ni mostrarse en demasiadas fotografías ni conceder entrevistas. Sus obras fueron Sarah (1999), los cuentos de El corazón es mentiroso (1999) y El final de Harold (2005).
Aparecía en varias fiestas, pero con una peluca rubia y gafas de sol, un toque Andy Warhol que le evitaba ser reconocido. De su brazo colgaban amigas como Courtney Love, Winona Ryder o Asia Argento. Entre sus fans declarados, Lou Reed, Bono, Tom Waits, Madonna…
La mentira se destapó tras sendas investigaciones periodísticas, primero de New York Magazine en 2005 y luego de The New York Times en 2006. El supuesto Leroy de las fiestas era en realidad una estudiante de moda, Savannah Knoop, quien se vendaba los pechos e interpretaba el papel del desnortado autor revelación al que traducían en todo el mundo.
Ella misma relató más tarde su experiencia en Chica, chico, chica. Cómo me convertí en JT Leroy (2007). Quien escribía los libros, y cobraba los royalties, era su cuñada, Laura Albert, que sí había sufrido abusos en su infancia y que se vino arriba creándose en la literatura un poderoso alter ego masculino que pretendió pasar por cierto.
Albert, la autora real, de hecho, acompañaba al supuesto autor a todas las fiestas, haciéndose pasar por su mejor amiga, Speedie. La historia es tan llamativa que existe un documental, La mentira de JT Leroy (2016), dirigido por Jeff Feuerzeig, y una película de ficción, JT Leroy: engañando a Hollywood (2018), de Justin Kelly, con Kristen Stewart (como Knoop), Laura Dern (como Albert) y Diane Kruger, como Eva, una actriz y directora que quiere llevar la historia al cine.
– Jusep Torres Campalans, que inventó el cubismo
Exiliados ambos, se habían conocido presuntamente en una librería de Chiapas. Max Aub (1903-1972) escribió en 1958 la biografía Jusep Torres Campalans sobre este pintor que habría inventado el cubismo, aunque luego su nombre quedó orillado frente al de su amigo Picasso o el de Braque.
El libro de Aub contaba con todo lujo de detalles, como documentos, testimonios directos, reproducción de obras (pinturas y dibujos), fotografías (de sus padres, junto a Picasso…), un catálogo anotado e incluso agradecimientos a las fuentes (entre ellas, Alfonso Reyes, André Malraux y hasta Camilo José Cela).
Varios diarios mordieron el anzuelo y se refirieron al personaje como alguien realmente existente. Era un fake como una catedral.
Torres Campalans, pintor vanguardista, contemporáneo de Juan Gris (con quien se llevó fatal) y de Picasso (quien, en cambio, se lo habría llevado de juerga al famoso burdel de la calle Avinyó en Barcelona), vivió en un entorno en el que se fundían arte y literatura, y, por tanto, no se limitó a pintar, sino que también escribió, en un primer momento, poesía y, más tarde, tanto un diario como sus reflexiones sobre arte, publicados como Cuaderno verde, escrito originalmente en catalán y que el mismo Aub traduce.
Allí se leen cosas como «convertir la pintura en escritura» y llega a decirle a Aub: «El cubismo fue una escritura».
En cuanto a lo biográfico, Jusep Torres Campalans afirma haber atentado contra el rey de España en París (lo que Aub sospecha que es falso porque no le cuadran las fechas) y entre los personajes que frecuenta se encuentran Rilke, Apollinaire, Mondrian, Chagall…
En su diario, Torres Campalans deja dicho: «Puestos a mentir, hagámoslo de cara: que nadie sepa a qué carta quedarse». Se llegaron a vender cuadros y dibujos suyos —en realidad, obra de Aub— en una galería mexicana y en otra neoyorquina, y el Reina Sofía los expuso a principios del siglo XXI.
A pesar de que es uno de los casos más comentados de falso artista, de vez en cuando aún aparece citado como personaje real.
Aub ya se había inventado en su primera novela, Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1934), a un poeta de este nombre, de quien reprodujo varios versos, cuyo retrato publicó y que es luego quien, años después, le pide que publique el cuaderno de Torres Campalans. Petreña es un escritor mediocre y decadente («no tengo músculos, soy todo yo flácido y predispuesto a dejarme llevar, como las medusas»), un artista marginal, y lo mejor de su biografía fake es que refleja fielmente la realidad literaria española de finales de los años veinte y principios de los treinta, con el romanticismo-novecentismo, el vanguardismo surrealista y el nuevo romanticismo realista como fuerzas en pugna.
Unas farsas, las de Aub, parecidas a aquel Nat Tate que inventó no hace tanto William Boyd, con la complicidad de Gore Vidal y David Bowie, consiguiendo vender sus supuestos cuadros en subastas y engañando a ilustres connaisseurs como Siri Hustvedt y Paul Auster.
– Antoni Casas Ros, el hombre elefante
Otro misterioso fantasma en nuestra biblioteca es Antoni Casas Ros, supuestamente nacido en 1972 en «la Cataluña francesa», de madre italiana y padre catalán. Estudiante de Matemáticas, habría sufrido un grave accidente de coche cerca de Perpiñán, mientras conducía en estado de ebriedad, al esquivar un ciervo y estrellarse contra un árbol.
Según la biografía que facilitan sus editoriales, su esposa, que viajaba con él, habría resultado muerta en la colisión, y la cara de Casas Ros habría quedado totalmente desfigurada, lo que lo condenó a una vida en soledad, de la que emergería su primera novela, escrita en francés, El teorema de Almodóvar (2008), publicada por Gallimard (quedó finalista del Goncourt a la primera obra) y por Seix Barral en España.
Se trataría de una autoficción, en la que el protagonista sufre un accidente de tráfico a los veinte años, a resultas del cual pierde el rostro y la posibilidad de llevar una vida normal, por lo que se refugia en el álgebra, la literatura y el cine. La mirada y el amor de una transexual prostituida, Lisa, así como el cine de Almodóvar, le devuelven la ilusión por salir al exterior.
A este título lo seguirían Enigma (2010) —sobre una pandilla de letraheridos que introducen en el mercado libros ya publicados pero alterando sus finales—, Crónicas de la última revolución (2011), en la que diversos grupos luchan contra el sistema, desde los hackers de Infinity a los promotores del suicidio colectivo de Flying Freedom, pasando por una asociación de periodistas que practica el amor libre, y Medusa (2015), una prosa poética en la que uno de estos celentéreos inyecta su veneno a una persona en Salvador de Bahía, y que fue traducida solo al catalán en El Llop Ferotge.
El fulgor de Casas Ros declinó: posteriormente publicó, en Francia, Lento (2014) y L’arpenteur des ténèbres (2018), que no fueron traducidos al español. El autor del libro pasó de ser la comidilla del mundo literario a caer en el olvido.
Según su biografía fake, facilitada —no lo olvidemos— por sus editores, Casas Ros había vivido un tiempo, tras el accidente, en apartamentos de alquiler en Perpiñán, Niza, Génova, luego en Roma, desde donde concedió entrevistas por correo electrónico —una al diario El País—, y, finalmente, en Barcelona.
Los únicos que aseguraban hablar directamente con él eran sus editores en francés, Richard Millet, y en español, Elena Ramírez, aunque al primero se le escapó: «Incluso si todo es una broma, el libro es memorable y eso es lo importante».
Pero ¿quién es, entonces, Antoni Casas Ros? La prensa española especuló con cuatro nombres: Enrique Vila-Matas, Eduardo Mendoza, Sergi Pàmies y José Carlos Llop.
La prensa francesa especializada, tras una investigación que incluía la comparación de estilos literarios, apostó por Hugues Jallon (Burdeos, 1970), cuyo aspecto físico coincide, además, con la descripción del protagonista de El teorema de Almodóvar antes del accidente. Jallon es conocido sobre todo por su labor de editor en La Découverte y en Seuil, y por su compromiso político con la izquierda melenchonista, pero como autor no ha sido traducido al castellano.
Un dato: desde que, en abril de 2018, lo nombraron presidente de Seuil, Casas Ros no ha publicado nada.
Tomé de Burguillos fue otro de los autores falsos que Lope creó para piropearse a sí mismo.
Un falso autor, como los que aquí comentamos, no es lo más común entre los fraudes de la literatura.
Resulta más frecuente inventarse sencillamente un libro.
H. P. Lovecraft (1890-1937) lo hizo de modo convincente con el Necronomicón o Libro de las leyes de los muertos, de Abdul Alhazred (también conocido como el Árabe Loco), primero en su cuento El sabueso y luego en otros textos hasta el punto de que hubo quien lo buscó en vano en los lugares en los que Lovecraft ubicó algunos ejemplares (encuadernados con piel humana): Harvard, París, Londres y Buenos Aires, donde Jorge Luis Borges contribuyó al despiste creando una ficha del libro en la Biblioteca Nacional que dirigía.
Borges, justamente, inventó bastantes autores y obras, como El libro de arena, un libro infinito en el que, una vez se pasa una página, es imposible volver a encontrarla.
Junto con su amigo Adolfo Bioy Casares, se convirtieron en Honorio Bustos Domecq, un autor ficticio que escribió Seis problemas para don Isidro Parodi y otros relatos.
Por su parte, Umberto Eco (1932-2016), en El nombre de la rosa, habla del segundo (y perdido) volumen de la Poética de Aristóteles, en el que el Estagirita trató la poesía yámbica y la comedia como modo de catarsis.
François Rabelais (1494-1553) en Gargantúa y Pantagruel alude a varias obras inexistentes, entre ellas, El dulce hedor de los españoles, de Ignacio de Loyola.
El polaco Stanisław Lem (1921-2006) publicó Vacío perfecto, una recopilación de reseñas de libros imaginarios escritos por autores inexistentes, como Gigamesh, de Patrick Hannahan.
La lista podría continuar con episodios recientes. En octubre de 2021 se reveló —al ganar el Premio Planeta— que Carmen Mola, la supuesta escritora de thrillers, eran en realidad tres hombres, guionistas de televisión, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero.
Unos años antes, en el 2016, se había revelado que la escritora Elena Ferrante, toda una superventas mundial, era la traductora Anita Raja.
El debate ético que estos casos plantean no es sobre la legitimidad de usar seudónimo, o dar vida a un heterónimo, sino sobre que tanto Carmen Mola como Elena Ferrante, del mismo modo que había hecho JT Leroy en su día, concedieron varias entrevistas falseando datos biográficos, haciendo creer a la gente que eran otros. Mintiendo. Esa no es «la verdad de las mentiras» que esperábamos de la literatura.
– Una revista llevaba meses publicando artículos escritos por IA usando redactores falsos. Han sido descubiertos, claro
En Sports Illustrated, una revista deportiva estadounidense que también tiene versión online, todo parecía ir de maravilla.
Su portada digital estaba repleta de artículos nuevos: desde la actualidad de la NFL o los últimos fichajes de béisbol al partidazo de Reggie Jackson en la NBA o recomendaciones de tiendas de campaña para acampar.
Todos los artículos estaban escritos por profesionales, redactores especializados que cubren cada día las últimas noticias del mundo del deporte.
Uno de ellos es Drew Ortiz. Su biografía en la web dice lo siguiente: «Drew ha pasado gran parte de su vida al aire libre y está emocionado de guiarte a través de su lista interminable de los mejores productos deportivos para evitar que caigas en los peligros de la naturaleza.
Hoy en día, rara vez pasa un fin de semana en el que Drew no esté acampando, haciendo senderismo o simplemente regresando a la granja de sus padres».
Hasta aquí todo bien. Pero la historia se tuerce un poco cuando fuera de Sports Illustrated, la persona Drew Ortiz parece no existir en realidad. Ni rastro de él en redes sociales o en Internet. Y lo que es aún más extraño, su foto de perfil en Sports Illustrated está a la venta en un sitio web que comercializa fotografías de rostros generados por IA.
No es humano. Y como él, la mayoría de la plantilla de Sports Illustrated está compuesta por redactores falsos que son en realidad bots de IA publicando a diestro y siniestro artículos cada día. Algunos artículos, evidentemente, no tienen mucho sentido. En uno se advierte de que el voleibol «puede ser un poco complicado, especialmente sin una pelota real con la que practicar».
El descubrimiento llega por una investigación realizada por el medio de tecnología Futurism, cuyos periodistas se alertaron de que nunca lograban localizar a los redactores de Sports Illustrated. Investigando un poco, pronto se dieron cuenta de que todos los artículos iban acompañados también de fotografías de perfil generadas por IA puestas a la venta en mercados online de imágenes falsas.
Conforme Futurism hizo públicos algunos de sus hallazgos, algunos de los supuestos escritores de Sports Illustrated desaparecieron misteriosamente de la noche a la mañana del sitio web y sus artículos comenzaron a aparecer bajo los nombres de diferentes autores que tampoco parecían existir en Internet.
Drew Ortiz, por ejemplo, se esfumó y su página de perfil se convirtió en la de «Sora Tanaka». De esta tampoco existen registros, pero la foto que aparece también está a la venta en el mismo mercado de fotografía de IA que Ortiz: «Sora siempre ha sido un gurú del fitness y le encanta probar diferentes alimentos y bebidas», se lee en su biografía.
Cuando se publicó el informe completo, todos los autores generados por IA, incluida Sora Tanaka, desaparecieron de Sports Illustrated de repente y sin explicación.
Antes de seguir con esta historia, hay que saber que Sports Illustrated, que empezó siendo una revista física, fue publicada por primera vez en 1954 y fundada por Stuart Scheftel. Ganó dos veces el Premio Nacional de Revista a la Excelencia General y fue propiedad de Time Inc. hasta que en 2018 se vendió a Authentic Brands Group (ABG), quienes a su vez vendieron la publicación a Arena Group, que recibió una licencia de 10 años para operar las operaciones editoriales de la marca Sports Illustrated.
Ahora tras la polémica de los bots, un portavoz de The Arena Group ha afirmado en un artículo de CNN que los artículos de reviews de productos habían sido creados por una empresa externa, AdVon Commerce:
«Nos hemos enterado de que AdVon hizo que los escritores usaran un seudónimo en ciertos artículos para proteger la privacidad del autor y estamos eliminando el contenido mientras nuestra investigación interna continúa. AdVon nos ha asegurado que todos los artículos en cuestión fueron escritos y editados por humanos”.
– No es la única publicación haciendo lo mismo
Sin embargo, la cosa no queda ahí, porque precisamente otro medio que compró y ahora opera Arena Group, TheStreet (sobre información financiera), también está llevando a cabo una práctica similar. Al igual que en Sports Illustrated, los redactores que aparentemente son personas de carne y hueso especializados, también tienen fotos de perfil generados de IA que se venden en Internet. Y estos son borrados periódicamente y sus artículos reatribuidos a nuevos nombres sin decir alto y claro que han sido escritos por inteligencia artificial.
En un artículo se comienza diciendo que «tu estatus financiero se traduce en tu valor en la sociedad». Después de lanzar esa afirmación, el artículo explica que «las personas con una situación financiera sólida son veneradas y reciben ventajas especiales en todo el mundo».
A pesar del comunicado de Arena Group, algunas voces anónimas que trabajan en la publicación le han dicho a Futurism que no eran sólo los seudónimos ni las fotos de perfil, sino que todo el contenido está siendo creado por IA: «No importa cuánto intenten ocultarlo». De hecho, la Sports Illustrated Union, que representa a los redactores de la revista, dice que sus miembros están «horrorizados» por las acusaciones: «De ser ciertas, estas prácticas violan todo lo que creemos sobre el periodismo. Lamentamos que se nos asocie con algo tan irrespetuoso hacia nuestros lectores», dijo el sindicato en un comunicado.
Lo cierto es que Sports Illustrated no es la única publicación que ha emprendido una estrategia similar. A medida que en los últimos años han aparecido herramientas de IA generativa, muchas publicaciones han intentado sacar rédito económico publicando contenido monetizable. En una investigación paralela, se descubrió que CNET y Bankrate, ambos propiedad de Red Ventures, estaban publicando contenido escrito por IA apenas contrastado y lleno de errores e incluso plagio.
Psicología y mente(S.R.Comas) — El concepto de honor siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. De hecho, todavía hoy, en nuestro cuerpo jurídico, se incluyen sanciones a la violación del honor, si bien se trata de delitos menores y, por tanto, castigados de forma poco severa.
No era así en la Edad Media, una época en la que el honor constituía una de las cuestiones más importantes (sino la que más) de un ser humano y de una colectividad. A nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, nos cuesta imaginarnos por qué nuestros antepasados daban tanta importancia al honor (y, en concreto, a la honra, que no es sinónimo), llegando a admitir la muerte como pena por su violación.
Si realmente deseas comprender cómo vivía la gente del Medievo el honor y la honra, te aconsejamos (como hay que hacer siempre que se mira a otras épocas y culturas) despojarte de tus ideas y creencias. Solo así podrás imbuirte del auténtico significado de cómo era exactamente el honor en la Edad Media.
– Honor y honra: ¿sinónimos?
A priori, puede parecer que sí. De hecho, a menudo utilizamos ambos vocablos indistintamente, pero la realidad es que no significan exactamente lo mismo. En el interesante estudio A vueltas con la honra y el honor. Evolución en la concepción de la honra y el honor en las sociedades castellanas, desde el medioevo hasta el siglo XVII, de María Victoria Martínez (ver bibliografía), la autora recoge la opinión del historiador Ramón Menéndez Pidal que, en 1940, distinguió claramente uno de otro concepto.
Según el erudito, honor haría referencia a algo que se gana a través de los actos propios, mientras que la honra estaría supeditada a los actos de los demás. En otras palabras, mientras que el honor estaría relacionado con la virtud y la valía de la persona, la honra dependería de cómo los demás perciben esta virtud y esta valía, y también de cómo se comportan los miembros de la comunidad a la que el individuo está adscrito.
En general, en la Edad Media y bien entrado el mundo moderno (en el que siguió imperando un modelo todavía medieval) el honor se entendía como algo intrínseco del individuo, bien por méritos propios, bien por pertenecer a un linaje o una casta concretos. Así, los nobles, por ejemplo, poseían el honor de su estamento, que los diferenciaba de los plebeyos.
Sin embargo, la honra era algo mucho más mutable, que podía perderse rápidamente; a veces, ni siquiera por un acto propio, sino por actos ajenos. Pongamos un ejemplo para entenderlo. Consideremos un caballero que posee el honor de pertenecer al estamento privilegiado de los nobles. Por otro lado, imaginemos que la esposa de este mismo caballero le ha sido infiel con otro hombre. En este caso, el honor de su estirpe sería el mismo, pero no así su honra, inevitablemente perdida según los valores de la época.
– Lo que tú hagas mal, mancillará la honra de todos
Debemos entender el periodo medieval y, en general, también los primeros tiempos de la Edad moderna, como una época en la que la individualidad no existía. Este es un concepto bastante reciente sobre el que están construidos los cimientos de nuestra sociedad, pero no era así en época medieval.
En la Edad Media, el individuo formaba parte de un todo. No se concebía a la persona como un ente separado del resto, ni mucho menos con características propias. Existían caracteres y naturalezas individuales, pero cada una de las personas seguían vinculadas a ese gran mecanismo que era la creación.
Por tanto, el individuo estaba inevitablemente supeditado al resto, bien fuera a la familia, a la comunidad, a su estatus, a lo que fuera. Un carpintero no era solo un hombre concreto, sino que pertenecía a una comunidad gremial de carpinteros y, por tanto, sus acciones repercutían en dicha comunidad.
Una monja estaba vinculada para siempre a su cenobio, y sus actos “buenos” daban fama a su comunidad monacal, mientras que sus actos “malos” la llenaban de oprobio. Así, lo que hacía una persona en concreto se expandía a la realidad de la comunidad a la que pertenecía.
– La mujer como depositaria del honor familiar
En este orden de cosas, es fácil imaginar que la mujer, en cuanto dadora de vida y perpetuadora de linajes, era el pilar principal sobre el que se sostenía el honor de la familia y de la casta. Por una razón muy simple: porque la nobleza sólo podía ser adquirida a través de la sangre (si bien a veces era otorgada por el rey), y, por tanto, la perpetuación del linaje estaba en manos de la esposa.
Por ello, el adulterio se consideraba una infracción gravísima del honor. No solo porque iba en contra de lo que una mujer “debía ser” (casta, fiel y devota a Dios y a su marido), si no porque ponía en peligro la “pureza” del linaje, al correr el riesgo de alumbrar a un bastardo. Paradójicamente, esto era, en parte, lo que otorgaba a las mujeres nobles tanto poder sobre la familia en la época medieval, pues el futuro de la casta estaba absolutamente en sus manos.
Tal y como ya hemos comentado, lo que hacía uno de los miembros de la comunidad “manchaba” o “purificaba” a los demás, aún cuando estos no hubieran tenido nada que ver en los actos. La deshonra de una hija (por ejemplo, el hecho de que hubiera mantenido relaciones antes del matrimonio) se extendía a toda la familia, y llegaba hasta el punto de que, una vez mancillado el honor familiar, las hermanas menores podían tener serios problemas para contraer nupcias.
Este concepto de la mujer como “honra familiar” trascendió el medievo y alcanzó la época moderna, como ya hemos dicho. Baste recordar las obras del Siglo de Oro español y sus lances por cuestiones de honor, tan bien retratados en los dramas y las comedias de Lope de Vega.
– De injurias y sus castigos
Volvamos brevemente a nuestra época actual. En nuestro código penal, el delito de injurias es una falta muy leve y, por tanto, castigada de forma suave. No sucedía así en época medieval y moderna. Si consideramos una sociedad en la que el valor de la persona, de la familia y de la comunidad se sustentaba en el honor, es lógico pensar que la violación de este honor acarreaba severos castigos.
La palabra injuria proviene del latín in iuria, “sin derecho” o, lo que es lo mismo, algo injusto y que atenta al honor. El tema de las injurias estaba ya recopilado en el antiguo Derecho romano, pero, sin duda, su auge se produjo en los siglos medievales, época en la que se realizó el mayor compendio de leyes relacionadas con el tema.
Así, en uno de los fueros más antiguos de la península ibérica, el Fuero de Miranda de Ebro (1095) se recoge que la injuria no sólo resulta un perjuicio para la víctima, sino también para su cónyuge. De nuevo encontramos a la comunidad (en este caso, la institución matrimonial) formando parte de una sola cosa y, por tanto, a un individuo receptor de los actos del otro.
– El concepto de “injuria” en la Edad Media
Si tomamos alguna de estas recopilaciones legislativas medievales y leemos la lista de injurias (es decir, atentados contra el honor) que se penalizan, sin duda nos asombraríamos de su número y de su naturaleza, distinta a lo que, actualmente, consideramos injuria.
Por ejemplo, en el ya citado Fuero de Miranda de Ebro, así como en el de Jaca, se considera injuria agarrar a alguien por la barba o por el cabello y, como tal, está castigado. Por otro lado, herir a alguien ante su propio señor es considerado también injuria, una total afrenta al honor, y se tiene más en cuenta el agravio social (el hecho de ser herido ante el superior) que las heridas en sí.
En resumen, lo que en la Edad Media se consideraba una afrenta al honor probablemente no se considere como tal en nuestro actual corpus jurídico; entre otras cosas, porque el concepto de honor y honra no es el mismo (ni posee la misma importancia que en época medieval).
– Los caballeros, depositarios del honor
En el Código de las siete partidas de Alfonso X (siglo XIII) se recoge, en su segunda partida, las normas por las que deben regirse los caballeros. El pasaje en concreto se titula De los caballeros y de las cosas que les conviene hacer y, en él, se enumeran las conductas por las que debe regirse un caballero.
En la Edad Media, el caballero era el protector de la sociedad (los bellatores) y, por tanto, su virtud debía ser indiscutible. El estamento militar era, por otro lado, el que gozaba de ciertos privilegios (exenciones fiscales, acceso a posiciones de poder), por lo que su honor debía ser, en todo momento, intachable.
No debemos pensar por ello que sólo el estamento nobiliario mantenía el concepto del honor. Ya hemos visto como también un humilde artesano podía perder la honra si, por ejemplo, su hija se acostaba con alguien sin estar casada o si no llevaba a cabo correctamente los deberes que se le imputaban según su clase. Aún así, es cierto que eran los caballeros los que vivían la idea del honor de forma más, digamos, “ardiente e intensa”, precisamente por esa posición importante de la que gozaban.
¿Qué cualidades debía poseer un caballero para conservar su honor? Uno de los puntos básicos era no cometer felonía, es decir, mantenerse fiel a sus señores y no cometer traición alguna. Por otro lado, se daba por sentado que un caballero debía ser valiente y leal y conducirse siempre con templanza.
Las novelas de caballerías y los tratados para nobles se encargaron de transmitir esta idea, que, en la Edad Media, fructificó en el modelo del Miles Christi o soldado de dios.+
En casa, la mujer o una esclava se encargaban de servir al marido. Es frecuente ver en los relieves funerarios escenas en las que el hombre está reclinado en el diván y la mujer, sentada en una silla, le ofrece la comida.
National Geographic(E.Van der Berg) — Se cuenta en el Volumen II de la Bullipedia, dedicado a las Civilizaciones Antiguas y, en concreto, a la génesis de la gastronomía, que una de las singularidades de la Grecia antigua fue un planteamiento innovador de la política basado en una organización que, a diferencia de otras culturas antiguas, dejó atrás monarquías, inspiraciones divinas y burocracias todopoderosas.
Por contra surgieron las polis, ciudades-estado estructuradas de forma sencilla y con un principio base: el consenso entre iguales. Eso sí, siempre que no fueran mujeres, extranjeros residentes, esclavos o niños. En ese marco apareció el concepto de ciudadano, esencia de la polis, un título que garantizaba a los varones que cumplían los requisitos ciertos derechos y obligaciones.
Una manera de hacer que se notaba también en las reuniones alrededor de la mesa: los hombres comían juntos, ya fuese en el ágora o en las casas particulares y las mujeres y los niños solían comer aparte. Es más: las mujeres respetables no salían a cenar fuera de casa ni comían nunca en presencia de otros hombres, excepto su marido.
Incluso en las celebraciones familiares, ellas y ellos comían por separado. «Eso no quiere decir que las mujeres no tuvieran sus propias fiestas, como la Tauropolia, que era la fiesta dedicada a Artemisa en Atenas y que se alargaba durante toda la noche», explica la Bullipedia.
En casa, la mujer o una esclava se encargaban de servir al marido. Es frecuente ver en los relieves funerarios escenas en las que el hombre está reclinado en el diván y la mujer, sentada en una silla, le ofrece la comida. Una comida que, tanto en los hogares como en las fiestas familiares, era para todos, incluidos los esclavos. Aunque estos y las mujeres, casi invisibles, comían las sobras al final.
El sorprendente carácter griego, «con su tendencia al debate constante, la conversación, la filosofía y la poesía, dará lugar a una gastronomía privada acorde con su concepto de ciudadanía», afirma la Bullipedia. Sus banquetes privados, los sympósion, poco tienen que ver con los que celebraban los reyes y faraones orientales.
Bajorrelieve del palacio de Ashurbanipal. El rey y su reina celebran un banquete en los jardines reales tras la derrota y muerte del rey elamita Teumman en la batalla de Til-Tuba.
En Grecia aparecen por primera vez los banquetes de iguales, donde anfitrión e invitados no destacan por sus diferencias, aunque todos ellos son hombres pudientes, los llamado aristoi, propietarios de las mejores tierras y suficientemente ricos como para poseer, armas, armadura y un caballo para participar en las campañas militares.
Entre los aristoi no hay jerarquías ni protocolos que exijan realizar genuflexiones a ninguna autoridad. Sus reuniones, solo masculinas, se convierten en fiestas de amigos que acometen prolongadas sobremesas muy bien regadas con vino, esa bebida que el dios Dionisio regaló a los griegos, trayendo él mismo las vides desde Egipto, donde crecían hace milenios.
Cuenta la leyenda que, en ese periplo, los piratas abordaron el barco en que Dionisio transportaba las vides y encadenaron al dios, ignorantes de su identidad. Para cuando se dieron cuenta, era demasiado tarde: Dionisio se deshizo de sus cadenas, convirtió a los piratas en delfines y, triunfante, consiguió llegar a Grecia con su embriagador obsequio. «Donde no hay vino no hay amor», diría en la época el poeta ateniense Eurípides.
Pero, ¿qué comían en esos ágapes tan viriles? La mayor parte de elaboraciones que conocemos provienen de citas recogidas en el texto de Ateneo de Náucratis, nacido en el siglo II d.C., autor de la colección de quince libros titulada Deipnosofistas, que significa el Banquete de los eruditos, donde se recogen numerosas recetas de cocina en griego clásico.
Por cierto que fue también Ateneo quien señalaba que un hombre cauto debe limitar su fiesta a tres copas de vino. La cuarta copa, decía, llama a la violencia, la quinta al alboroto, la sexta a la borrachera feliz, la séptima a la risa, la octava a los policías, la novena al vómito y, la décima, a la locura.
Un rasgo destacable de la cocina griega de esos tiempos es que son mucho más amantes del pescado que de la carne, aunque también consumen esta, en especial de caza y cerdo.
Pero lo que predomina en especial son todo tipo de pescados y moluscos asados (a la parrilla o en espeto, engrasados con aceite y queso, y también en papillote, envueltos con hojas de parra o higuera), y también hervidos, guisados o aderezados de forma simple, siempre buscando destacar el sabor primario del animal.
«La cocina griega es la primera cocina del mar», se apunta en la Bullipedia. En varias recetas se observa la intención de combinar un sabor a mar muy potenciado (como en las que se recomienda usar las gónadas más suculentas de los erizos de mar o saltear pescaditos con ortigas marinas), pero también les encantan los toques de contraste: añaden hierbas, como el orégano, la menta o el perejil, también usan miel, y acaban los asados con tándems de gustos ácidos y avinagrados o ácidos y dulces.
Bajorrelieve de piedra con habitantes de pueblos antiguos sosteniendo alimentos y armas blancas en Persépolis, provincia de Fars, Irán.
También son muy importantes en estos banquetes los postres, endulzados primordialmente con miel, que dominaban la parte final de las cenas. Muchos de ellos, los llamados tragemata (literalmente ‘cosas para masticar’) eran bocados que acompañaban al vino. También hacían elaboraciones dulces para celebraciones concretas, como por ejemplo las bodas.
La mayoría de los postres tienen como base una masa de harina y miel junto a aderezos como el sésamo o el higo. Entre ellos las basyniai, bolas de masa hervidas con miel a las que se añaden semillas de granada, higo seco y nueces. También hay dulces de masa frita, como los enkris, unos buñuelos bañados en miel, o los teganítes, tortas dulces fritas bañadas con miel a las que añaden queso, miel y sésamo.
Un festival de sensaciones para el paladar que solía acabar con todo tipo de espectáculos: bailarines, músicos, flautistas, acróbatas, prostitutas… También, solían jugar al cótabo, elemento inseparable de la euforia y de la embriaguez, un juego que consistía en lanzar el fondo de vino de las copas hacia un objeto que estaba en equilibrio con la intención de tirarlo al suelo.
¿Sabían que el cótabo es la inspiración de los drinking games que tanta gente practica aún hoy en el siglo XXI? Se practican en muchos países, también en el nuestro, desde luego. ¡A comer, beber, bailar y gozar, que el mundo se va a acabar!
Ramón Fernández Palmeral, «La paz se ha roto», 2024
Meer(R.F.Palmeral) — La paz mundial es una utopía.
Los años de paz se han roto.
La paz no solo es la meta de la humanidad, sino también la senda que debe seguir siempre para sobrevivir como especie, porque todos somos hermanos.
– La paz se ha roto
Sin embargo, las hostilidades tribales han sido una constante desde tiempos prehistóricos, cuando deberíamos buscar un verdadero camino de fraternidad y esperanza. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos modernos de verano e invierno simbolizan una serie de valores y conceptos clave de fraternidad entre los pueblos, sin tener en cuenta las razas, lenguas o naciones.
Desde su reanudación las Olimpiadas modernas en 1896, por Pierre de Coubertin, baron de Coubertin, estos juegos han promovido la paz y la amistad entre las naciones del mundo, basándose en la idea de que el deporte puede ser un medio para unir a personas de diferentes culturas y naciones.
Los atletas compiten para alcanzar su máximo potencial individual o de equipo, simbolizando el esfuerzo humano y la búsqueda de la excelencia. El lema olímpico Citius, Altius, Fortius (Más rápido, más alto, más fuerte) refleja esta aspiración del ser humano en todos los aspectos posibles.
Entre los valores más representativos de los Juegos Olímpicos destacan el respeto mutuo y el juego limpio, alentando a los atletas a competir con integridad y en un espíritu de respeto hacia sus oponentes. La diversidad humana se celebra al dar la bienvenida a atletas de todo el mundo, sin distinción de raza, religión, género o condición social.
Además, los Juegos Olímpicos mantienen un vínculo con sus raíces antiguas en Grecia, simbolizando la continuidad de las tradiciones culturales y deportivas. También se destaca un enfoque fuerte hacia la sostenibilidad y la responsabilidad social, promoviendo prácticas de respeto hacia el medio ambiente y fomentando el reconocimiento de la nación y la ciudad anfitriona.
En resumen, los Juegos Olímpicos modernos simbolizan una combinación de competencia deportiva, valores universales y la promoción de un mundo más pacífico y unido a través del deporte; sin embargo, esta idea de convivencia olímpica se ha roto por las guerras, la violencia y los odios entre vecinos, y no puede seguir así porque la humanidad proclama: ¡Basta ya!
– La memoria y el impacto de los conflictos
Nuestra comunidad humana lleva en su memoria y cuerpo los signos de las guerras y conflictos que se han producido, con una capacidad destructiva creciente, y que no dejan de afectar especialmente a los más débiles.
Naciones enteras se afanan por liberarse de las cadenas de la explotación económica y corrupción, que alimentan el odio y la violencia.
Todavía hoy, muchos hombres, mujeres, niños y ancianos sufren la negación de su dignidad, integridad física, libertad, solidaridad comunitaria y esperanza en el futuro.
Muchas víctimas inocentes cargan con el tormento de la humillación y la exclusión, del duelo y la injusticia, por no mencionar los traumas físicos y psicológicos como secuelas, resultantes de la violencia sistemática contra su pueblo y sus seres queridos.
Es inconcebible que en los tiempos actuales un país pueda invadir a su vecino con impunidad, sin que la ONU pueda intervenir, manteniéndose en silencio, asentando y admitiendo atrocidades.
¿Algo falla? Es irracional la manida frase: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.
Nada hemos aprendido de las atrocidades de la I y II Guerra Mundiales en el siglo XX, ni de la Guerra Civil española, de Corea, Vietnam, del Golfo, del África, Gaza etc., etc., etc.
– La naturaleza fratricida de la guerra
Las terribles pruebas de los conflictos civiles e internacionales, a menudo agravados por la violencia despiadada, marcan durante mucho tiempo el cuerpo y el alma de la humanidad entera. En realidad, toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana.
Sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio; y sobre manera las ambiciones económicas de las riqueza del vecino como la Guerra de Troya hace tres mil años, narrada en “La Ilíada de Homero”, o como Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de oro.
Guerras y conquistas que nacen en el corazón del hombre producto del egoísmo y la soberbia, el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo. La guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y de la diferencia vista como un obstáculo; y al mismo tiempo, realimenta todo esto.
Actualmente en 2024, hay contraste entre el avance en las comunicaciones y el comercio global y la persistencia de conflictos bélicos en el mundo, como la guerra en Gaza, el conflicto en Líbano, o la invasión de Ucrania por Rusia, lo que refleja una paradoja inquietante de nuestra era.
A pesar de vivir en un mundo hiperconectado, donde las noticias y las imágenes de atrocidades llegan en tiempo real a nuestras pantallas, parece que la capacidad de la comunidad internacional para prevenir o detener estos conflictos sigue siendo limitada.
En el pasado, la distancia y la falta de información podían justificar la inacción o la lentitud en la respuesta a las crisis. Hoy, sin embargo, es posible presenciar bombardeos y actos de violencia casi en directo, lo que plantea una pregunta incómoda: ¿por qué, con toda la tecnología y los recursos disponibles, no se pueden evitar estas tragedias?
La respuesta es compleja y multifacética. Primero, aunque la globalización ha fortalecido el comercio y las comunicaciones, no ha eliminado los intereses geopolíticos, las tensiones étnicas, religiosas y territoriales que están en la raíz de muchos conflictos.
Los países y grupos implicados en estas guerras suelen estar motivados por cuestiones históricas y estratégicas profundamente arraigadas, que no se resuelven fácilmente con diplomacia o presión internacional.
Además, las organizaciones internacionales como la ONU, diseñadas para mantener la paz, a menudo se ven limitadas por la falta de consenso entre las grandes potencias, que tienen intereses contrapuestos en estos conflictos.
En resumen, el hecho de que, a pesar de vivir en una era de avances tecnológicos y comunicación global, las guerras y los conflictos continúen desarrollándose a la vista de todos es un recordatorio de que el progreso en un área no siempre se traduce en progreso en otras.
Mientras las raíces profundas de estos conflictos no se aborden de manera efectiva, seguiremos viendo atrocidades en nuestras pantallas, sintiendo la frustración de no poder hacer nada para detenerlas. Todas las artes son un medio de denunciar las atrocidades de las guerras.
– La paz en el arte de la pintura
El arte de la pintura ha sido una herramienta poderosa para expresar, promover y reflexionar sobre la paz a lo largo de la historia; es decir, crear conciencia colectiva de una sinrazón.
A través de colores, formas y composiciones, los pintores han capturado tanto la aspiración de la humanidad por la paz como las devastaciones de la guerra.
Aquí se exploran algunas formas en las que la paz se ha manifestado en el arte de la pintura.
Guernica de Picasso es un grito cubista, una obra que denuncia la guerra civil en España, extrapolable a todas las guerras habidas y por haber.
Este cuadro monumental no solo retrata la brutalidad de la guerra, sino también la esperanza de paz que subyace en la denuncia misma de la violencia.
El beso de Gustav Klimt es un ícono del amor y la unidad, dos conceptos profundamente ligados a la paz.
La pareja abrazada en un entorno dorado y lleno de flores sugiere un mundo de intimidad y tranquilidad, donde prevalece la unión y el afecto.
La Trinchera de Otto Dix, con su serie de pinturas y grabados, denuncia lo absurdo y las atrocidades de la Primera Guerra Mundial.
Sus obras muestran la brutal realidad del conflicto y sirven como un testimonio visual del sufrimiento humano, abogando indirectamente por la paz mediante la denuncia de la violencia.
La Paz se ha roto, de Ramón Palmeral, agosto 2024. Es un cuadro-denuncia de varios conflictos actuales, en plena era de comunicaciones se ha desato por la invasión de Rusia a Ucrania por intereses imperialista, el conflicto reavivado entre palestinos e israelíes y la tensión en Asía entre China y la isla de Taiwán.
Las obras de la japonesa Yoko Ono, a través de su arte conceptual, han sido una defensa constante de la paz. Sus instalaciones y performances, como el famoso Árbol de los Deseos, invitan a la participación del público para expresar anhelos de paz y esperanza, creando un espacio de reflexión y acción por un mundo mejor.
No debemos olvidar las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki de agosto de 1945, y por supuesto las graves amenazas de una guerra nuclear que acabaría como la humanidad.
– Conclusión
La paz debe ser restablecida y entendida como una senda de esperanza, no una utopía irrealizable. No es solo la ausencia de guerra, sino la construcción activa de un mundo en el que las diferencias se celebren en lugar de temerse, donde la justicia social prevalezca y la dignidad humana sea respetada para todos.
No podemos seguir matándonos como años atrás. Esta senda requiere un compromiso constante y colectivo para superar las raíces de los conflictos: la injusticia, la desigualdad, la intolerancia y la violencia.
Al seguir esta senda, la humanidad puede avanzar hacia un futuro donde la fraternidad y la solidaridad reemplacen al odio y la división, y donde cada persona pueda vivir en paz y con esperanza.
El arte de la pintura ha sido y continúa siendo una herramienta vital para expresar la paz y denunciar la guerra. A través de su capacidad para evocar emociones profundas y su poder simbólico, las pinturas han influido en la conciencia social e inspirado a generaciones a buscar un mundo más pacífico.
La paz en el arte de la pintura no solo se ve en escenas de tranquilidad y armonía, sino también en las obras que confrontan la brutalidad de la guerra y llaman a la acción para construir un futuro mejor.
BBC News Mundo — ¿Podrían las matemáticas explicar el sentido de la vida, el universo y todo lo demás?
Quién sabe, pero siempre vale la pena tratar.
Uno de los intentos de demostrar la probabilidad de algo tan desconcertante como el principio de todo se dio con algo que se representa como ves en la imagen de arriba.
Con ∑, ∞ y varias x puede ser un poco intimidante.
Pero todo eso se puede representar de otra manera: 1 − 1 + 1 − 1 + …
Son operaciones simples pero si las repites hasta el infinito, se convierten en una suma que ocupó a los más grandes matemáticos desde el siglo XVIII.
La gran pregunta era: ¿cuál es el resultado de esa suma infinita? Una respuesta intuitivamente obvia es que no hay respuesta: si continúa infinitamente, oscilará entre 0 y 1 sin detenerse nunca en un único valor. Sin embargo, esa es apenas una de las 4 opciones barajadas a lo largo del tiempo.
Y quizás la más sorprendente es la que más convenció al primer matemático que llamó la atención a este rompecabezas conocido como la serie de Grandi.
– El instigador
Luigi Guido Grandi (1671 – 1742) fue un sacerdote, filósofo, matemático e ingeniero que nació en Cremona, hoy Italia. Su interés por las matemáticas tardó un poco en brotar pero con su primer libro «Geometrica divinatio Vivianeorum problematum«, publicado en 1699, se ganó el reconocimiento en casa y en otros países.
Las rosas polares han intrigado a matemáticos y artistas desde que fueron descritas por primera vez por Guido Grandi en el siglo XVIII.
Su reputación lo llevaría a convertirse en 1707 en el matemático de la corte del Gran Duque de Toscana, Cosimo III de’ Medici, y en esa capacidad estuvo a cargo de importantes proyectos de ingeniería, incluido el drenaje del valle de Chianna.
Colaboró además en la publicación de la primera edición de los trabajos de Galileo Galilei (1718), publicó una versión italiana de los «Elementos» de Euclides (1731), asesoró al papa Clemente XII sobre la reforma del calendario e introdujo en Italia las ideas de Gottfried Leibniz sobre el cálculo.
Admirado también en el extranjero, llegó a ser miembro de la prestigiosa Royal Society de Londres en 1709, luego de que Isaac Newton publicara su trabajo sobre la teoría de la música.
Una de sus obras más admiradas fue su estudio de rosa polar, una familia de curvas que se asemejan a flores, a las que él nombró rhodoneas (del griego rhodon, rosa), en su libro «Flores Geometrici» (1725).
Pero fue otra de sus obras la que despertó no sólo el interés de sus pares sino también una acalorada polémica en torno a la serie que lleva su nombre.
– 0, 1, 1/2
El libro, publicado en 1703 y llamado «Cuadratura del círculo e hipérbola», contenía un resultado que llamó mucho la atención.
Grandi había estudiado esa suma infinita de 1 − 1 + 1 − 1 + · · · Y había observado que añadiéndole paréntesis, se llegaba a resultados distintos. (1 – 1) + (1 – 1) + (1 – 1)… la convertía en 0 + 0 + 0…, que claramente es igual a 0.
Pero si se escribía así: 1 + (- 1 + 1) + (- 1 + 1) + (- 1 + 1)… entonces la suma se convertía en 1 + 0 + 0 + 0…, que daría 1. Eso ya de por sí era sorprendente. Aún más fue que afirmara que la suma de infinitos 0 es igual a 1/2.
La «Quadratura» no contenía mucho trabajo original, excepto por dos elementos particulares: la construcción de la curva de Agnesi y la identificación de la serie de Grandi.
Grandi prefirió explicar ese resultado con una parábola en la que imaginó a dos hermanos que heredaban una valiosa gema de sus padres. Tenían prohibido venderla, y cortarla por la mitad arruinaría su valor. Los hermanos acordaron que se alternarían la propiedad de la gema, intercambiándola cada día de Año Nuevo.
Suponiendo que el acuerdo continuara indefinidamente, entonces, desde el punto de vista de cada hermano, la propiedad de la gema puede representarse por la serie: 1 − 1 + 1 − 1 + · · · Así que cada hermano posee la gema la mitad del tiempo, por lo que el valor de esta serie sería 1/2.
Quizás te asombre, pero varios matemáticos prominentes de la época concordaron con que esa era la respuesta. El renombrado Leibniz llegó a la misma conclusión por medio de otros métodos, y declaró que 1/2 era la respuesta que le parecía correcta, aunque reconoció que su argumento era más «metafísico que matemático».
El suizo Leonhard Euler, uno de los más grandes y prolíficos matemáticos de todos los tiempos, hizo sus propios cálculos y escribió en 1760: «No puede quedar ninguna duda de que, de hecho, la serie 1 − 1 + 1 − 1 + 1 − 1 + etc. y la fracción 1/2 son cantidades equivalentes y que siempre está permitido sustituir una por otra sin error».
Como ellos, otros matemáticos en toda Europa discutieron la serie infinita, llegando a sus propias conclusiones. Pero hubo uno en particular que no estaba muy contento con las ideas de Grandi.
– De la nada al todo
Detalle de «La creación del mundo y la expulsión del paraíso», de Giovanni di Paolo, 1445.
Alessandro Marchetti (1633 – 1714) era el profesor de matemáticas de la Universidad de Pisa y resentía la fama internacional de Grandi. Intentando desacreditarlo, criticó duramente su libro. En respuesta, Grandi publicó una segunda edición de «Cuadratura…» en 1710.
Pero esta vez se le permitió incluir un comentario que los censores habían exigido eliminar en la versión anterior, condición que él había aceptado a regañadientes. Era una afirmación aún más asombrosa que los resultados que había obtenido.
Su reflexión fue que si al agregar paréntesis a la expresión 1 − 1 + 1 − 1 + · · · en diferentes maneras podía obtener 1 o 0, «entonces la idea de la creación ex nihilo era perfectamente plausible». La creación ex nihilo es la creación a partir de la nada.
Es más, si de una suma infinitamente prolongada de ceros se podía obtener una cantidad finita, era necesario «reconocer ese poder infinito«, una fuerza que hasta «multiplicando lo que en sí mismo es nada, lo transforma en algo, del mismo modo que, dividiendo una magnitud finita, la obliga a degenerar en la nada».
Y había sido «por el poder infinito del Dios Creador que todas las cosas fueron hechas de la nada, y todas las cosas pueden reducirse a la nada«.
Así, Grandi parecía haber llegado a una demostración matemática de que Dios había creado todo de la nada. Por supuesto, esto no hizo más que atizar las llamas: Marchetti publicó luego un ataque a esta segunda edición en 1711 al que Grandi respondió con otro artículo en 1712.
La controversia continuó hasta la muerte de Marchetti en 1714. El interés por la serie de Grandi, sin embargo, persistió. Aunque sus argumentos no resisten el escrutinio matemático moderno, sí hay un marco para sumas infinitas en el que la serie de Grandi es igual a 1/2.
Se conoce como suma de Cesàro, en honor al matemático italiano de finales del siglo XIX Ernesto Cesàro. No obstante, según varias fuentes, la opinión generalizada de los matemáticos hoy en día es que el valor de la serie de Grandi no es ni 1 ni 0 ni 1/2: el resultado de esa suma infinita no es ninguno.
La mente es maravillosa(P.A.R.Ramirez) — Las pesadillas, esos sueños perturbadores que te despiertan por las noches, son experiencias comunes que la mayoría de las personas tenemos en algún momento de nuestras vidas. Sin embargo, cuando estas se vuelven recurrentes, pueden tener un impacto significativo en nuestra salud mental y bienestar general.
Si los malos sueños son recurrentes, es crucial abordar el problema de manera efectiva. La interpretación de estos suele ofrecer valiosas pistas sobre tu estado emocional; comprender las posibles causasayudaría a encontrar soluciones y recuperar la tranquilidad nocturna. Ahondemos en ellas.
1. Estrés y ansiedad
De acuerdo con un estudio publicado en Journal of Clinical Sleep Medicine, casi el 5 % de la población adulta tiene pesadillas frecuentes. No manejar bien las emociones debido a eventos estresantes, tiende a llevar a la angustia con mayor facilidad y de manera constante, lo que hace que se tengan pesadillas con frecuencia.
Las preocupaciones diarias sobre el trabajo, las relaciones y las finanzas suelen invadir tu subconsciente y manifestarse en forma de sueños perturbadores. Las personas que sufren de trastornos de ansiedad, a menudo, se encuentran en un estado constante de intranquilidad, lo que provocaría una mayor cantidad de malos sueños y de modo seguido.
Hay quienes tienen más problemas para controlar sus emociones cuando pasan por situaciones difíciles. Las pesadillas frecuentes pueden ser un indicador de que esta persona tiene dificultades para manejar el estrés y las emociones negativas.
2. Trauma y trastorno de estrés postraumático (TEPT)
Las experiencias traumáticas tienen un impacto profundo y duradero en la mente, y las pesadillas son una de las formas en que este trauma se manifiesta. Cuando alguien pasa por hechos muy estresantes o dolorosos (como un accidente grave, violencia o abuso), estos recuerdos pueden quedarse grabados en el subconsciente y aparecer en sus sueños.
Algunas indagaciones sugieren que las pesadillas son un síntoma clave del TEPT. Estos sueños angustiantes varían según el tipo de trauma que la persona experimentó. Aparte, también surgen debido a un desequilibrio en sustancias químicas del cerebro, como la norepinefrina, la dopamina y la serotonina.
Las pesadillas relacionadas con el trauma y el TEPT no solo interrumpen el sueño, sino que impactan de modo significativo en la vida diaria. La falta de sueño reparador puede conducir a problemas de concentración, irritabilidad y fatiga, lo que afecta el rendimiento en el trabajo o la escuela y perjudica las relaciones personales.
Es importante que las personas que experimentan pesadillas frecuentes debido al TEPT busquen ayuda profesional. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición pueden ser muy efectivas para tratar estos problemas.
3. Medicamentos y sustancias
Una investigación de Current Psychiatry Reports refirió que medicamentos como los antidepresivos, que afectan los neurotransmisores en el cerebro, pueden tener como efecto secundario la inducción de pesadillas y otros trastornos primarios del sueño como el bruxismo, la apnea y el síndrome de piernas inquietas.
De igual manera, el consumo de alcohol y drogas recreativas antes de dormir, así como la abstinencia de estas sustancias, pueden alterar los patrones de sueño y aumentar la frecuencia de las pesadillas intensas.
4. Trastornos del sueño
Los trastornos del sueño, como el insomnio, la apnea del sueño y el trastorno del comportamiento del sueño REM, tendrían un gran impacto en la frecuencia y la intensidad de las pesadillas, porque afectan la calidad del mismo y dificultarían más un descanso reparador.
En estos casos, mejorar la calidad del sueño a través de un tratamiento médico adecuado, adoptar cambios en el estilo de vida y emplear técnicas de manejo del estrés pueden ayudar a minimizar las pesadillas y promover un descanso saludable.
5. Enfermedades mentales
Sufrirtrastornos como depresión, esquizofrenia o bipolaridad, deriva en un aumento en la cantidad y la intensidad de los sueños perturbadores. Esto debido a la tristeza, el estrés y la confusión que acompañan a dichas enfermedades.
La mala calidad del sueño y los cambios en cómo el cerebro procesa las emociones y los pensamientos durante la noche pueden contribuir a la aparición de las pesadillas intensas.
Las pesadillas en personas con trastornos mentales están relacionadas con una salud mental más deteriorada, peor calidad de sueño y un mayor riesgo de pensamientos suicidas.
6. Factores biológicos
Los cambios en los niveles hormonales, como los que ocurren durante el embarazo, la menopausiao debido a problemas endocrinos, influirían en la calidad del sueño y en la aparición de pesadillas todas las noches.
Las hormonas afectan cómo el cerebro regula el descanso y las emociones, lo que puede acarrear sueños más perturbadores.
A su vez, hay quienes tienen una predisposición genética a experimentar más pesadillas.
Esto significa que, si hay antecedentes familiares de pesadillas frecuentes o trastornos del sueño, es más probable que una persona también tenga malos sueños.
7. Estilo de vida y factores ambientales
El estilo de vida y el entorno en el que dormimos incide en nuestras experiencias nocturnas. Comer en exceso o consumir ciertos alimentos antes de dormir, como comidas picantes o ricas en grasas, se asocia con pesadillas.
Si tienes intolerancia a algunos alimentos o eres sensible a ellos, esto puede afectar cómo te sientes y cómo duermes; asimismo, provocar sueños inusuales o molestos durante la noche.
Por su parte, la falta de ejercicio y dormir en un ambiente incómodo o ruidoso también dificulta conciliar el sueño y aumenta las posibilidades de sueños angustiantes.
– El significado de las pesadillas frecuentes
Las pesadillas comunes suelen ser la manera en que nuestro cerebro trata de manejar el estrés y los miedos que tenemos en la vida diaria. Si tienes sueños perturbadores todas las noches, es importante que busques atención profesional, ya que podrían indicar lo siguiente:
Reflejo de estrés o trauma: tal vez aluden al impacto del estrés o el trauma en la vida de una persona. Son una manifestación de cómo el cerebro trata de lidiar con experiencias difíciles o perturbadoras.
Mal procesamiento de emociones: quizás son una forma en que la mente intenta procesar y resolver emociones intensas o conflictos internos. Son una manera de confrontar miedos, ansiedades y preocupaciones que no se resuelven durante el día.
Falta de resolución emocional: si los sueños feos son recurrentes, serían indicativo de que ciertos temas o emociones no se han resuelto de forma adecuada. La mente puede tratar de encontrar una solución o comprender mejor estos temas a través de los sueños.
Advertencia de problemas subyacentes: esta clase de sueños pueden señalar la presencia de problemas más profundos en la salud mental o física. Son un indicio de que algo en la vida de una persona necesita atención, ya sea emocional, psicológica o médica.
– Consejos para afrontar y reducir las pesadillas frecuentes
Tener pesadillas todas las noches no es normal. Aunque es común soñar cosas feas de vez en cuando, si se vuelve una constante puede ser un signo de que algo más ocurre.
En caso de que las pesadillas se presentan más de una vez a la semana y afecten tu calidad de vida, es importante hablar con un profesional de la salud para investigar la causa, encontrar formas de controlarlas y así mejorar tu sueño y bienestar. Por ejemplo, aplicando lo que detallamos a continuación.
. Mantener una rutina de sueño consistente
Ir a la cama y despertarse a la misma hora todos los días puede ayudar a regular el ciclo del sueño y reducir las pesadillas. Si es común que tengas malos sueños, intenta mantener un horario de descanso regular, incluso los fines de semana.
. Crear un entorno de descanso relajante
La buena higiene del sueño comienza con un descansar en un dormitorio cómodo y tranquilo. Usa luces suaves, mantén una temperatura agradable y evita ruidos molestos. Es posible que un entorno con tales características minimice la repetición de las pesadillas.
. Evitar estimulantes antes de dormir
Consumir cafeína, alcohol o drogas recreativas antes de acostarte puede afectar la calidad del sueño e incrementar las pesadillas. Trata de evitarlos en las horas previas a dormir.
. Gestionar el estrés y la ansiedad
Emplear técnicas de relajación, como la meditación, el yoga y la respiración profunda, contribuye a reducir el estrés y la ansiedad que, a menudo, están relacionados con las pesadillas. Considera incorporar estas prácticas en tu rutina diaria.
. Revisar tu dieta
Quizás algunos alimentos influyen en el sueño, incidiendo en tus pesadillas nocturnas. Evita comidas pesadas, picantes o difíciles de digerir antes de acostarte, y opta por cenas ligeras y equilibradas.
. Hablar sobre lo que te pasa
Habla con un terapeuta o consejero sobre tus malos sueños, esto favorece la comprensión de su origen y contribuye a encontrar formas de afrontarlos. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de ensayo en imaginación resultan muy útiles para tratar pesadillas recurrentes.
. Escribir un diario de sueños
Mantén un diario de sueños donde anotes tus pesadillas y los eventos del día. Tal tarea serviría para identificar patrones o desencadenantes de tus sueños desagradables yabordarlos de manera más efectiva en terapia.
. Considerar un tratamiento médico
Si las pesadillas son persistentes y afectan tu calidad de vida, es indispensable consultar a un profesional de la salud mental. Como en los pacientes con trastorno de estrés postraumático, en algunos casos, los tratamientos médicos o la terapia suelen ser necesarios para atender problemas subyacentes.
– Si las pesadillas no abandonan tus noches, busca ayuda de un profesional
Un mal sueño, de vez en cuando, no tiene que robarte la tranquilidad. Enciende las alarmas si estos escenarios oníricos se apropian de tu descanso y, en consecuencia, ves cómo se vuelca tu cotidianidad.
Tener pesadillas recurrentes, prácticamente todas las noches, puede ser una señal de que algo más ocurre en tu vida. Entonces, si lidias con sueños perturbadores de manera constante, es crucial reconocer que esto podría reflejar estrés, ansiedad o incluso trastornos de salud mental. Y recuerda: no lo enfrentes en soledad, acudir a un terapeuta cuanto antes puede ayudarte a abordar mejor el problema.
Una imagen promocional de Bothie publicada por la Transglobe Expedition.
L.B.V.(J.Álvarez) — El premio a la mascota del año 1983 en Gran Bretaña fue a parar a un perro que entró en el Libro Guinness de los Récords, cuya popularidad hizo que se comercializasen peluches, pósters y juguetes con su imagen, y que protagonizara un relato de la gran aventura que le había hecho acreedor a todos esos honores: ser el primer y único can que pisó los dos polos terrestres, el Norte y el Sur, algo que llevó a cabo entre 1979 y 1982, durante la conocida como Transglobe Expedition. Se llamaba Bothie.
Bothie era un Jack Russell terrier, una raza canina -no reconocida como tal por algunos clubes y federaciones- de considerable fuerza y resistencia a pasar de sus características físicas: pequeño tamaño -no más de treinta centímetros de altura en cruz-, peso entre cinco y siete kilos, orejas caídas, pelo resistente al agua y un color que generalmente es blanco pero que puede presentar manchas marrones (como Bothie) u oscuras en varias partes del cuerpo, además de acreditar considerables fuerza y resistencia.
Estos perros son poseedores de un carácter ágil y vivaz, demostrando una especial aptitud para la caza y el rastreo; en cualquier caso, son muy inteleginetes, activos y valerosos, resultando por ello desaconsejables para personas sedentarias, dueños inexpertos o familias con niños pequeños. Su nombre se debe al reverendo homónimo, un religioso al que se apodaba The sporting Parson porque era aficionado a la actividad cinegética y a la crianza de perros (a él se debe también la raza Parson Russell terrier, variante de la anterior).
Poster promocional de la Transglobe Expedition.
Son varios los Jack Russell terrier que han encontrado su hueco en la posteridad. El más famoso es Max, protagonista de la película de animación de 2016 The secret life of pets y su secuela, aunque a los aficionados a los videojuegos también les sonará Totakeke, el perro músico de Animal Crossing (Nintendo).
Esa relación con el mundo del espectáculo no debe extrañar, pues los Jack Russell terrier muestran carisma e inteligencia, y por eso suelen ser apreciados para actuar; como veremos, Bothie tenía un dueño que también guardaba cierta relación con el arte escénico.
En la vida cotidiana también destacan los terrier: uno llamado Patron detectó más de doscientas minas antipersona durante el primer trimestre de la invasión rusa de Ucrania, lo que le valió una condecoración entregada por el presidente Zelenski en persona.
Así que casi parece lógico que si había algún perro destinado a pisar los dos polos de la Tierra debía ser un Jack Russell terrier. La reseñada Expedición Transglobe proporcionó a Bothie la ocasión de demostrarlo.
Se trataba de una atrevida empresa: realizar por primera vez una circunnavegación longitudinal del globo usando únicamente medios de transporte de superficie. La idea correspondió a la aventurera inglesa lady Twisleton-Wykeham-Fiennes, más conocida como Virginia Ginny Pepper, una buceadora del ejército que en 1969 había sido la primera en remontar el Nilo Blanco en aerodeslizador y pionera también en atravesar la Columbia Británica exclusivamente por vía fluvial.
Ranulph Fiennes en 2012.
En el currículum de Ginny también figuraban haber vivido dos meses como tercera esposa de un jeque de Omán para escribir un artículo y organizar cuatro expediciones a la Península Arábiga en busca de Iram (o Ubar), la ciudad perdida de los pilares.
En 1972 empezó a diseñar un plan para cruzar la Tierra por su eje polar, que finalmente, tras concienzudos estudios y una ardua búsqueda de fondos (el presupuesto fue de diecisiete millones y medio de dólares), llevaría a cabo con su marido, Ranulph Fiennes, con el compartió varias aventuras. Se casaron en 1970, pero se conocían desde niños, cuando ella sólo tenía nueve años y él doce.
Aristócrata, teniente de los Scott Greys licenciado por tratar de volar el decorado de la película Dr. Doolittle -estaba dañando el medio ambiente, dijo-, a Ranulph no le era desconocido el mundo del cine. De hecho, como algunos habrán adivinado, es primo del padre de los actores Ralph y Joseph Fiennes.
Él mismo se presentó a la audición para buscar al que habría de ser sustituto de Sean Connery en el papel de James Bond; la gran pantalla se perdió un dudoso 007 en favor de Roger Moore, pero, a cambio, la historia de la aventura iba a ganar uno de sus mejores representantes, hasta el punto de que el Libro Guinness le declaró «el explorador vivo más grande del mundo».
Para la Expedición Transglobe, se presentaron ciento veinte voluntarios. Fiennes escogió sólo dos, aunque el equipo sumaría muchos más. Uno era Charles R. Burton, otro exmilitar que trabajaba en el sector de la seguridad privada y que fue contratado como mecánico, operador de radio y cocinero, siendo el único miembro del equipo que hizo el trayecto íntegro junto a Fiennes.
El otro, Oliver Shepard, que también procedía del ejército, además de colaborar en el mantenimiento de la mecánica se iba a encargar de las tareas médicas y científicas.
Vista aérea de la Estación Amundsen-Scott. En la esquina supoerior derecha se aprecia la cúpula geodésica en cuyo entorno se jugó el partido de cricket.
El último en enrolarse fue Bothie. Se lo regalaron a los Fiennes en 1977, cuando ya llevaban un lustro organizando su expedición, y se encariñaron con él, no queriendo dejarlo atrás durante un tiempo tan largo como el que preveían (más de tres años).
Por tanto, lo llevaron consigo cuando embarcaron en un avión en Greenwich con rumbo a Londres, desde donde pasaron a Francia primero y España después antes de hacer el salto continental al Sáhara, pasar por Tombuctú, Malí y Costa de Marfil, y alcanzar Abiyán, en el golfo de Guinea.
Desde ese punto se embarcaron en el barco Benjamin Bowring, a bordo del cual navegaron hasta Ciudad de El Cabo (Sudáfrica), donde hicieron los preparativos finales para pasar a la Antártida. En principio, Bothie debía permanecer en Guinea esperando el regreso de sus dueños, ya que éstos temían que el clima antártico resultara excesivo para él.
Sin embargo, paradójicamente, ocurrió al revés: el perro soportaba mal el calor y la humedad ecuatoriales, razón por la que fue enviado con ellos en un avión de suministros.
Porque habían zarpado hacia la Antártida el 22 de diciembre de 1979, llegando el 4 de enero de 1980.
Levantaron un campamento base al que bautizaron como una montaña cercana, Ryvingen, formado por cuatro cabañas de cartón, e invernaron hasta agosto, mes en el que se dirigieron hacia el Polo Sur en motonieves, mientras Bothie no perdía ocasión de jugar, husmear entre la nieve o pasarse una semana aterrorizado tras escuchar cómo el eco de un glaciar devolvía sus ladridos.
Alcanzaron su destino el 15 de diciembre y descansaron en la Estación Amundsen-Scott, junto a cuya cúpula geodésica jugaron el que fue el primer partido de cricket en esas latitudes.
Mapa de la Antártida. En el Polo sur se localiza la Estación Amundsen-Scott. Debajo está la Barrera de Hielo de Ross, con las bases Scott y McMurdo, así como el volcán Erebus.
Bothie, que iba con ellos, tomó parte en el partido. En ese viaje estuvo debidamente protegido del frío con un abrigo rojo confeccionado a medida, un pasamontañas especial y una especie de calzas, aunque a menudo prescindía de esos ropajes cuando el tiempo no era demasiado adverso.
Una semana más tarde se dirigieron hacia la barrera de hielo de Ross a través de los ciento noventa kilómetros del glaciar Scott, en las Montañas Transantárticas, y el 11 de enero de 1981 arribaron a la base neozelandesa Scott (que está al lado de la estadounidense McMurdo, al pie del monte Erebus, el volcán activo más austral de la Tierra), completando así la travesía de la Antártida.
La presencia del perro había resultado positiva, ya que fue un amigo y una distracción para todos. Por eso siguió en el equipo cuando embarcaron de nuevo en el Benjamin Bowring para cruzar el océano Pacífico rumbo norte. Hicieron escalas en Auckland (Nueva Zelanda), Sidney (Australia), Los Ángeles (EEUU) y Vancouver (Canadá) hasta entrar en la desembocadura del río Yukón, que remontaron en una lancha para a continuación descender por el Mackenzie hasta el mar de Beaufort.
La idea era recorrer el Paso del Noroeste, aquella enigmática ruta marítima cuya localización obsesionó a los navegantes hasta que Robert McClure consiguió atravesarla entre 1850 y 1854.
Fiennes y Burton lo hicieron partiendo desde la aldea inuvialuit de Tuktoyaktuk el 26 de julio de 1981, a bordo de una lancha tipo Boston Whaler (bautizada con el nombre de uno de sus dos mil patrocinadores, Morgan Stanley), de sólo cinco metros y medio de eslora.
Mientras Bothie hacía amistad con alces y lobos árticos, fueron dejando atrás el estrecho de Dolphin y Union, las islas Victoria y Rey Guillermo, los estrechos de Franklin y Peel Sound, Resolute Bay (en el extremo sur de la isla Cornwallis), la isla de Devon, Norwegian Bay, la base Eureka y Greely Bay, alcanzando el fiordo Tanquary, en la parte occidental de la isla canadiense de Ellesmere, treinta y seis días más tarde.
Mapa del Ártico que incluye la localización del Polo Norte y la isla Ellemere con la ciudad de Alert.
Era el primer tránsito en barco del Paso del Noroeste en dirección opuesta a la habitual, de Oeste a Este, habiendo hecho un total de cuatro mil ochocientos kilómetros, a una media de ciento treinta diarios.
Desde Tanquary aún tuvieron que caminar otros doscientos cuarenta kilómetros y atravesar a pie el lago helado Hazen para llegar a Alert, el asentamiento permanente más septentrional del mundo, donde establecieron su campamento base para pasar el invierno. El ataque al polo Norte lo hicieron también a pie, salvo un primer tramo con motonieves.
Culminaron la misión el 10 de abril de 1982 y desde allí mismo avisaron por radio de su éxito al campamento base, que les envió suministros mediante un pequeño avión De Havilland Canada DH3 Twin Otter.
Entre las cosas que recibieron había una botella de champán para celebrarlo, pero también un pasajero muy especial: Bothie, que en el momento en que bajó y pisó el helado suelo ártico se convirtió en el primer y único perro en haber estado en ambos polos. El retorno a Inglaterra se hizo vía archipiélago Svalbard, llegando a Greenwich el 29 de agosto de 1982.
El perro tuvo que pasar una cuarentena de seis meses para prevenir la rabia, pero luego pasó a ser uno de los focos de atención mediática; tanto que incluso los Fiennes escribieron un libro contando sus aventuras y encima con buenas ventas, Bothie, the Polar dog, que se sumó al otro éxito literario que publicaron sobre su odisea: To the Ends of the Earth: The Transglobe Expedition, The First Pole-to-Pole Circumnavigation of the Globe («Hasta los confines de la Tierra: la expedición Transglobe, la primera circunnavegación del globo de polo a polo«).
Portada de una edición de Bothie, the Polar Dog.
Bothie tenía siete años y por tanto se hallaba a mitad de su azarosa existencia, puesto que la esperanza media de vida los Jack Russell terrier se sitúa por debajo de trece años y medio. No se sabe qué fue de él posteriormente, aunque probablemente no acompañó a sus dueños en más viajes.
Ellos le sobrevivieron hasta el siglo siguiente. Ginny, que se volvió más sedentaria sacando adelante una granja ovejera, murió en 2004 de un cáncer de estomágo; fue dos años después de que Charles R. Burton falleciera de un infarto.
Ranulph, que volvió a casarse, siguió viajando, escribiendo libros y dando conferencias.
En 1992, reanudó la búsqueda de Iram; en 1993 cruzó la Antártida sin soporte con un compañero; en 1994 trató de repetir en solitario, pero fracasó al sufrir un cólico renal; en 2000 sufrió varias amputaciones por congelación tras intentar alcanzar en solitario el Polo Norte; en 2003 corrió siete maratones en otros tantos días; en 2008 fracasó en su intento de ser el británico más viejo en subir al Everest (lo logró al año siguiente); en 2012 tuvo que ser evacuado de la Antártida cuando estaba cruzándola en pleno invierno…
En cuanto al récord de Bothie, el de ser el primer perro en pisar los dos polos, en 1994 se incrementó al pasar a ser también el único y último por irrepetible.
Ese año, los países firmantes del Tratado Antártico acordaron un nuevo protocolo medioambiental por el que se prohibía la única excepción admitida hasta la fecha para la presencia de especies no autóctonas en el Polo Sur, los perros husky, hasta entonces esenciales para el transporte de científicos y equipos.
¿La razón? Hoy ya no son tan necesarios y vetándolos se evita el riesgo de que transmitan enfermedades a las focas.