Volcanes Mortales: Las Erupciones que Cambiaron el Mundo y se Convirtieron en Leyenda…

Ancient Origins(L.Leafloor)Cuando el hombre peca de exceso de confianza y se llena de arrogancia por sus logros o por su vanidad, la madre naturaleza, o los dioses, se encargan de recordar a la humanidad quién manda realmente. O al menos así les parecería a los antiguos, cuando eran testigos de la imponente y brutal potencia de los volcanes en erupción, y enviaban advertencias a través del tiempo bajo la forma de lecciones religiosas, mitos, leyendas y crónicas.
Estos asombrosos y violentos acontecimientos, resultaban tan traumáticos y antinaturales (o sobrenaturales) para los pueblos de la antigüedad, que desde tiempos prehistóricos surgieron mitos y leyendas en todas las culturas en un intento de explicar estos sucesos, o de protegerse de ellos. Exploraremos aquí algunos de los casos más explosivos.
– Vesubio – El Poder Destructor de Júpiter
El Monte Vesubio experimentó el 24 de Agosto del año 79 d. C. la que es, con toda probabilidad, la erupción volcánica más conocida de la historia. Este fenómeno, que se prolongó durante días, significó el desastre más absoluto para las ciudades romanas de Pompeya, Herculano y otras.
En particular, las gentes de Pompeya debieron sufrir terriblemente al descender desde el volcán las nubes de gas a 300 grados centígrados (572 Fahrenheit) y asarlos vivos — siempre que las cenizas no les hubieran asfixiado antes, o la roca fundida y los detritus no les hubieran aplastado, golpeado o abrasado previamente.


La erupción liberó cien mil veces más energía térmica que la bomba atómica de Hiroshima, y sólo nos ha llegado el relato de un testigo superviviente del cataclismo: Plinio el Joven, sobrino del antiguo historiador Plinio el Viejo, que dejó cartas describiendo el suceso en las que contaba cómo había perecido su tío en la erupción, al igual que muchos otros.
Antes de la erupción del 79 d. C., el Vesubio ya tenía una larga tradición de mitos e historias. El monte estaba considerado una divinidad, ligada a la imaginería de la serpiente, como se puede apreciar en los frescos que se conservan en Pompeya. El Vesubio estaba conectado con el poder de Júpiter—dios del cielo y el trueno—y el de su hijo Hércules.
Durante sus trabajos, cuenta la leyenda que Hércules atravesó la “llanura de fuego”, “que debe su nombre a un monte que antiguamente vomitaba fuego …ahora conocido como Vesubio.”Se decía que estaba habitado por gigantes (lo que podría explicar los fuertes ruidos, el estruendoso retumbar del suelo, las piedras expulsadas con fuerza).
No se sabe con certeza si Herculano fue llamada así en honor al héroe divino, pero sin duda los romanos se referían al monte Vesubio como consagrado al semidiós.

– Thera – ¿Origen de la Atlántida?
La isla de Santorini en las Cícladas Griegas era conocida en el pasado como Thera. Thera era también el nombre que se daba al volcán que entró en erupción violentamente a mediados de la Edad del Bronce y engulló el avanzado centro urbano de Akrotiri entre el 1650 a. C. y el 1550 a. C.
Los especialistas aún no han determinado la fecha precisa de la erupción, y solo conocemos el caso de Akrotiri gracias a su asombroso estado de conservación bajo el manto de cenizas. Este importante asentamiento fue redescubierto en una fecha tan reciente como 1967.
En lo que difieren Akrotiri y Pompeya es en que cuando los arqueólogos despejaron de escombros Akrotiri, no hallaron restos humanos—solo los vestigios excepcionalmente conservados de un antiguo centro de comercio que parece congelado en el tiempo.
Parece claro que las gentes de Akrotiri habían advertido el peligro con antelación suficiente como para organizar una evacuación, dejando pocas posesiones tras ellos.

Los mitos tanto de Teseo como del Minotauro, así como el de Jasón y los Argonautas, están conectados con Thera. Se dice que la derrota del Minotauro a manos de Teseo refleja la caída del imperio Minoico, y que Jasón en sus viajes se enfrentó con Talos, indestructible guardián de la isla.
Talos podía calentarse extremadamente, lanzar rocas a los barcos y, cuando le dieron muerte, de su cuerpo escaparon fluidos vitales – ¿alude este mito a un ardiente, violento y activo volcán?
Pero el mito más atrayente de todos los relacionados con Thera es el de la Atlántida. Algunos investigadores proponen que Santorini pudo ser la localización de la legendaria isla que se hundió en el mar. La refinada Akrotiri de la Edad del Bronce y sus riquezas ciertamente desaparecieron de repente y sin dejar rastro.

– Hekla – las puertas del Infierno
Islandia se asienta sobre una alta concentración de volcanes activos, pero el más devastador registrado en la historia de Islandia fue el Skaftáreldar (fuegos de Skaftá) en 1783-84, ya que una cuarta parte de la población murió a causa de su erupción, además de los cambios en el medio ambiente y las enfermedades que provocó en los años sucesivos.
En la época medieval, el Hekla, otro volcán activo y que entraba con frecuencia en erupción, era tan notorio que se refirieron a él como “La Puerta del Infierno.”

También apodado como “La Chimenea del Infierno”, la lava, el vapor y las cenizas que expulsa debieron de ser como poco desconcertantes para los testigos de sus erupciones. Los cristianos interpretaban la fisura eruptiva como una puerta de entrada al inframundo, y las silbantes bombas de lava se creía que eran espíritus salidos del infierno que lanzaban gritos en su agonía.
Era considerado un lugar de reunión de brujas y demonios hasta principios del siglo XIX.

Muchas leyendas islandesas han surgido en torno al Hekla. El accidentado terreno que lo rodea se comparaba con un antiguo campo de batalla en el que dioses inmortales hubieran luchado unos con otros. Los golpes de sus armas y sus puños habrían desgarrado y dado forma al escarpado paisaje.
Las “caras” que se pueden observar en las castigadas y erosionadas rocas se convirtieron asimismo en leyendas de Trolls de Hielo y otras monstruosas criaturas similares, poseedoras de extraños y maléficos poderes.

– Fuji – La Montaña Milagrosa
La larga relación de Japón con su paisaje montañoso y su actividad volcánica ha resonado a lo largo del tiempo en sus mitos y leyendas, que nos hablan abundantemente de volcanes.
El pequeño país cuenta con más de cien volcanes en diversos estados de actividad, siendo entre ellos el Monte Fuji no solo el más alto (con 3776 metros sobre el nivel del mar), sino también el más venerado. Como tal, este behemoth aparece extensamente en los mitos y relatos de la cultura japonesa.
Se cree que el nombre “Fuji” procede de “Huchi” o “Fuchi”, lo que nos remitiría a su Diosa del Fuego.

Por suerte para aquellos que viven cerca del, actualmente dormido, volcán, su última erupción tuvo lugar en el año 1707. Los peregrinos suben la montaña a pie todos los años para observar una tradición que se remonta hasta junio del año 1500, como revela el registro histórico.
Cuenta la leyenda que el monte Fuji nació en un solo día. En este relato, un leñador llamado Visu contempla atónito cómo sus tierras se convierten en una montaña de la noche a la mañana. Le da el nombre de “Fuji-yama”, la “Montaña Inmortal”.
La geología data la formación del monte Fuji hacia aproximadamente el 8500 a. C., aunque las leyendas insisten en que fue creado en el año 86 a. C. Los investigadores creen que la discrepancia tiene sentido, ya que el registro geológico muestra una explosiva erupción en el entorno de un marco temporal más reciente.
Por lo tanto, el mito está probablemente influenciado por un desastre real que estremeció a la población.

Los antiguos, cuando eran testigos de la imponente y brutal potencia de los volcanes en erupción, enviaban advertencias a través del tiempo bajo la forma de lecciones religiosas, mitos, leyendas y crónicas.
Estos asombrosos y violentos acontecimientos, resultaban tan traumáticos y antinaturales (o sobrenaturales) para los pueblos de la antigüedad, que desde tiempos prehistóricos surgieron mitos y leyendas en todas las culturas en un intento de explicar estos sucesos, o de protegerse de ellos. Exploraremos a continuación algunos de los casos más explosivos.
– Krakatoa – Se Oyó en Todo el Mundo

A Indonesia le ha tocado su cuota correspondiente en lo que respecta a erupciones volcánicas, pero la del Krakatoa posiblemente sea la más conocida de los tiempos modernos. El volcán, situado en el estrecho que separa Java de Sumatra, arrasó despiadadamente la región en un cataclismo devastador el 27 de Agosto de 1883.
La erupción fue 13.000 veces más potente que una bomba atómica, hizo saltar en pedazos los picos del volcán, abrasó a cientos de nativos, provocó inmensos mega-tsunamis que mataron a más de 36.000 personas, y destruyó la mayor parte de la isla.
Fue el sonido más potente de la historia moderna, y se pudo oír a 3.000 millas (4.800 kilómetros) de distancia. Las ondas sísmicas que provocó la erupción fueron detectadas y registradas en todo el mundo. De hecho, las cenizas resultantes afectaron al tiempo meteorológico a nivel mundial, causando una bajada de las temperaturas y dañando los cultivos.
De las cenizas de la caldera resultante, se formó una nueva isla en 1927 llamada Anak Krakatau, “hijo del Krakatoa.”
Esta tremenda erupción, sin embargo, no fue la primera del Krakatoa, como bien explica el Pararaton, también conocido como Libro de los Reyes, una crónica javanesa que combina hechos históricos con mitos y leyendas. La crónica narra el atronador estruendo provocado por el monte Batuwara alrededor del 416 d. C.
La tierra tembló, y fuertes lluvias y tormentas se desataron en la región. El monte escupía fuego y rugía de forma terrible. El terreno se hundió en “las regiones más profundas de la tierra”, y el agua del mar se agitó y arrasó los cultivos, las gentes y sus casas. Las pruebas geológicas apuntan a un suceso de este tipo alrededor del año 535 d. C.

– Nueva Zelanda – Crimen y Castigo
Los descendientes de los Polinesios que ocuparon Nueva Zelanda, conocidos como los Maoríes, tienen numerosos mitos y leyendas que giran en torno a sus muchos y estruendosos volcanes.
Según los datos geológicos, la actividad volcánica de Nueva Zelanda se remonta hasta hace entre 60 y 130 millones de años, y a día de hoy se siguen produciendo erupciones menores, como consecuencia natural del hecho de encontrarse sobre una falla del Cinturón de Fuego del Pacífico, en el que tienen lugar la mayor cantidad de terremotos y erupciones volcánicas del planeta.

A lo largo de los milenios, muchas grandes erupciones han dado forma a Nueva Zelanda, algunas de ellas provocadas por supervolcanes. Hace 26.500 años la erupción del Oruanui cubrió el centro de la Isla Norte con una capa de lava y cenizas de 200 metros de espesor.
La erupción del Taupo o Hatepe del 180 d. C. originó una columna eruptiva de 50 kilómetros de altura, y los cielos de Roma y China enrojecieron a causa del fuego y las cenizas expulsados.
Relatos sobre las montañas y sus caóticos comportamientos se narran en un antiguo mito. Los indígenas hablan de las turbulentas vidas amorosas de los montes Taranaki, Tongariro y Pihanga (o Ruapehu). Se dice que los gigantes Taranaki y Tongariro combatieron por el amor de la bella Pihanga.
Se lanzaban el uno al otro chorros de agua hirviente y se arrojaban piedras, destruyendo el entorno. Al ser derrotado Taranaki, él (ya fuera como gigante o como montaña) abandonó a los otros dos, trasladándose a su actual emplazamiento cerca de Nueva Plyomuth, donde planea su venganza.

La erupción más reciente del Monte Tarawera en 1886 dio lugar a relatos preventivos. Se decía que las gentes del pueblo de Te Ariki, fueron castigadas con una dolorosa muerte provocada por una erupción volcánica por haber comido miel prohibida. Aquellos habitantes del pueblo que no comieron de la miel especial fueron milagrosamente perdonados.
Otra advertencia llegaba a través de la historia que se contaba sobre el Chamán de nombre Ngatoro, que abandonó su pueblo por un tiempo para subir a una montaña. Ordenó a sus seguidores que no comieran nada hasta su regreso. Tras haberse marchado Ngatoro y al prolongarse su ausencia durante largo tiempo, los habitantes del pueblo le creyeron muerto y rompieron su ayuno.
El castigo por su falta de fe y su desobediencia fue una visita de los furiosos demonios de fuego que provocaron el estallido de la cima de la montaña, en lo que también se conoce como erupción volcánica.

Rusia presenta un punto caliente de actividad volcánica en Kamchatka. Debido a la cercanía de la fosa de las Kuriles, en esta península los movimientos sísmicos y los tsunamis son habituales.
La alta densidad de volcanes, muchos de ellos aún activos en la región, la convierten en una de las zonas de mayor actividad volcánica de todo el mundo, solo por detrás de Islandia y Hawaii.
Estos volcanes activos forman un largo cinturón volcánico de 700 Km, y las 30 erupciones de los últimos 10.000 años han expulsado hasta un kilómetro cúbico de magma.

Los pueblos nativos de esta región son conocidos como Koryaks, Itelmenos, Chukchis y Tunguses. Su mitología en torno a las fuerzas destructivas de la tierra se ha transmitido de generación en generación, al igual que en otras zonas volcánicas del globo.
El mito de la creación de los Koryaks se refiere a un gran cuervo que volaba sobre sus tierras y dejó caer una pluma, que se convirtió en Kamchatka. Se cree que cuando el creador hizo a la primera mujer, todos los hombres de esta tierra se enamoraron perdidamente de ella. Cuando murieron se convirtieron en montañas, y las montañas aún conservan sus corazones ardientes, rebosantes de fiero amor por la mujer.
Se dice que los Itelmenos creen que todo en la naturaleza —volcanes, manantiales, árboles, montañas, agua, etc —está habitado por diablos. Cuando estos diablos están descontentos, hambrientos o aburridos, ocasionan destrozos, siembran el caos o incluso pueden llegar a provocar la muerte, iluminando la noche con su lava.
Las fuentes destacan que los Itelmenos realizan ofrendas sacrificiales para aplacar a estos demonios arrojando pedazos de carne a las montañas.
El perro desempeña un importante papel en los mitos y leyendas de Kamchatka, ya que su función como compañero de caza y animal de tiro de trineos era esencial en las vidas de las gentes de la región.
Se pensaba que los perros habían participado en la creación del mundo. Dicen los Itelmenos que las montañas y los valles se formaron cuando Kozei, el perro del primer ancestro, sacudió la nieve de su pelaje. Al hacerlo, se desencadenó un terremoto.

– Norteamérica – Deidades Poderosas y Apasionadas
Los pueblos indígenas de Norteamérica tienen muy diversas y pintorescas leyendas asociadas a la actividad sísmica y los volcanes, a pesar de que ha habido poquísimas erupciones en los últimos 150 años. Los volcanes de esta región se distribuyen a lo largo de toda la costa oeste del continente, aunque los más activos de los Estados Unidos son los famosos volcanes de Hawaii.
El Monte Santa Helena, que entró en erupción el 18 de Mayo de 1980, es bien conocido por sus impresionantes explosiones de cenizas y chorros piroclásticos de gas caliente, que en esta ocasión destrozaron su cima, mataron a 57 personas y destruyeron un gran número de casas.

Las leyendas de los Indios Americanos hablan del Monte Santa Helena, temido por las tribus de la región. Se refieren a él como “Lawetlat’la”, que significa “el que echa humo.”
Los ancestros de los nativos Modoc del norte de California vivieron en persona la erupción del cercano Monte Shasta. Su tradición oral cuenta la historia del Jefe de los Espíritus del Cielo que bajó de las nubes y creó los árboles, los ríos, los peces y los animales. Cuando todo estaba dispuesto, trajo a su familia y vivieron en las montañas.
El humo y las chispas de sus fuegos eran visibles para todos, y cuando el Jefe avivó el fuego con un gran tronco, la tierra tembló. Estos relatos sirven para racionalizar lo irracional e impredecible que hay en la naturaleza, y brindan una lección de historia a sus descendientes.
Las islas del archipiélago de Hawaii se formaron a partir de erupciones volcánicas acaecidas durante los últimos cinco millones de años, ya que están asentadas sobre líneas de falla de la corteza terrestre. Las propias islas son simplemente las cimas de gigantescas montañas que se alzan desde el fondo del océano.
Los primeros pobladores del archipiélago llegaron a Hawaii procedentes de las Islas Marquesas hacia el año 500 d. C., y han transmitido desde entonces historias sobre la actividad volcánica inherente a la región.
El Mauna Loa, o “Larga Montaña” es el mayor volcán del planeta, y su cima supera los cuatro kilómetros sobre el nivel del mar, mientras que se sumerge cinco kilómetros por debajo del nivel del mar. Este gigante sigue muy activo a día de hoy, y ha entrado en erupción más de 150 veces durante los últimos 1.000 años.
Pele está considerada la diosa hawaiana del fuego. Es capaz de adoptar numerosas formas, como la de la lava volcánica, pero también otras como la de una joven y bella mujer, la de una anciana o incluso la de un perro blanco. Se la llama respetuosamente “Madame Pele” o “Tūtū Pele”, y su figura ha resistido el paso del tiempo desde muy antiguo.

Impredecible como los propios volcanes, Se cree que Pele es poderosa, apasionada y celosa.
Los hermanos de Pele son el viento, el fuego, la lluvia y las olas del mar, y su hogar es el cráter del Kilauea, uno de los volcanes más activos de la tierra. Es la rival de la diosa de la nieve, Poli’ahu, contra la que compite a menudo. Las batallas entre ambas diosas hacen temblar la tierra, abren grietas y cavernas y provocan que la lava se derrame formando nuevas tierras al solidificarse.
La idea de una deidad del fuego que habita en el interior de los volcanes se repite en muchas culturas que conocen de cerca la actividad volcánica, e incluso habiendo sido oficialmente abolida la antigua religión en Hawaii en 1819, la gente ha seguido creyendo en Pele.
La moderna vulcanología también hace referencia a la diosa, y algunos fenómenos atribuidos a los volcanes llevan su nombre, como los Cabellos de Pele (hebras de vidrio volcánico), las Lágrimas de Pele y las Algas de Pele. En el firmamento, la luna de Júpiter Io tiene un volcán que lleva el nombre de la fiera diosa Pele.

Los vulcanólogos y científicos modernos pueden explicar muchas de las razones por las que los volcanes entran en erupción, y dónde y cuándo pueden hacerlo, lo que nos da cierto margen para prevenirlos. Pero este no era el caso en el mundo antiguo.
Precisamente porque podemos visitar el yacimiento arqueológico de la antigua Pompeya y observar ante nuestros ojos los terribles resultados del desastre bajo la forma de modelos de escayola de las víctimas sufriendo en su agonía final, experimentamos la realidad e inmediatez del evento, y quizás podamos entender mejor por qué era importante para los antiguos transmitir leyendas y mitos de sus propias vívidas experiencias para asegurarse de que las generaciones venideras aprendiesen a reconocer las señales y se mantuvieran alejadas del peligro.
Teniendo en cuenta que el área en torno al Vesubio sigue siendo la región volcánica más densamente poblada del mundo, con 3.000.000 de personas viviendo en sus cercanías, es posible que no estemos prestando a los antiguos relatos la atención que merecen.

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Bienvenidos a la casa más cara de todo el planeta: «Regalos de Napoleón y objetos espeluznantes»…
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A.C.yV. — Si alguna vez soñaste con vivir como la realeza, este podría ser el lugar para ti. Se trata del chateau más caro del mundo, una impresionante joya arquitectónica construida en 1651, que tardó diez años en completarse y que comparte diseño con el majestuoso Palacio de Versalles.
Este lujoso chateau cuenta con 40 dormitorios y cinco salas de estar, un auténtico palacio en sí mismo. Una de las joyas del lugar es el comedor real, adornado con regalos de nada menos que Napoleón Bonaparte. Desde el comedor, las puertas se abren a una vista que abarca todo el inmenso jardín, un verdadero espectáculo de la naturaleza que puede apreciarse mejor con un impresionante plano aéreo.
Entre las muchas maravillas de la casa se encuentra el salón real, que alberga una silla de ruedas perteneciente al hijo de María Antonieta. «Solo esta silla podría valer más que toda la casa», se escucha decir al guía en el video.
El salón de baile real no se queda atrás en cuanto a opulencia, con detalles en pan de oro que relucen en cada rincón. El dormitorio del rey, donde la realeza descansaba, es otra pieza destacada, junto con una biblioteca de dos pisos que alberga más de 20.000 libros históricos.
Pero no todo es historia y lujo. También hay elementos que podrían ponerte los pelos de punta. En el lugar se encuentran «momias reales» y, para los más valientes, un pasadizo secreto detrás de una estantería conduce a una escalera pintada de rojo, llena de animales momificados. Esta escalera lleva a un dormitorio solitario en la cima, que incluye una enorme bañera, perfecto para aquellos que buscan una experiencia única y un poco espeluznante.
La propiedad cuenta también con una gruta y un palacio indio que está disponible para alquiler. Un destino tan fascinante y diverso no se encuentra todos los días, y sin duda, este lugar es una mezcla perfecta de historia, lujo y misterio.
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El espectacular (y desconocido) palacio español que deberías visitar: «Estoy temblando todavía»…
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A.C.y V. — Un rincón oculto en el norte de España está causando sensación entre los amantes de los viajes en TikTok. Se trata de la Quinta de Selgas, un palacio situado en el pequeño pueblo de El Pito, en Cudillero (Asturias), que, a pesar de ser desconocido para muchos, está empezando a hacerse viral.
El creador de la cuenta de viajes ‘Desde Asturias al mundo’, que cuenta con más de un millón de ‘me gusta’, no pudo contener la emoción tras su visita en su último vídeo: «Estoy temblando todavía», asegura, refiriéndose a la impresionante experiencia vivida en este palacio.
«Sabíamos que existía, pero nunca, nunca, nunca lo habíamos visitado», explica mientras muestra el exterior del palacio, que luce imponente. Aunque en el interior está prohibido grabar o hacer fotos, la belleza de lo que vio le dejó sin palabras: «Yo he visitado palacios, pero nunca había visto los tesoros que podéis encontrar en este».
La Quinta de Selgas, también conocida como el «Versalles asturiano», es una joya arquitectónica construida entre 1880 y 1895 por los hermanos Ezequiel y Fortunato de Selgas Albuerne. Este espectacular conjunto palaciego no solo destaca por su majestuosa arquitectura de estilo historicista, sino también por su valiosa colección de arte.
Dentro de sus paredes se exhiben obras de maestros como Goya, El Greco y Luca Giordano, acompañadas de una impresionante selección de muebles, textiles, porcelana europea y oriental, y objetos de orfebrería.
Los jardines, que abarcan nueve hectáreas, son otro de los grandes atractivos de este enclave. Considerados entre los más importantes de España, ofrecen un recorrido por diferentes estilos paisajísticos europeos, lo que hace que cada paseo por ellos sea una experiencia inolvidable.
Tal como menciona el autor del vídeo, «los jardines se tardan un tiempo exagerado en ver», pero todo parece indicar que el esfuerzo merece la pena.
A pesar de su relevancia artística y cultural, la Quinta de Selgas no goza de la misma fama que otros palacios de España. Sorprendentemente, aún no ha sido declarada Bien de Interés Cultural, aunque este proceso está en vías de tramitación.
Para aquellos que deseen vivir la experiencia, la entrada tiene un coste de 12 euros. Este palacio asturiano es, sin duda, un destino que debería estar en la lista de cualquier amante del arte, la historia y la naturaleza.
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Los faros abandonados más sorprendentes del mundo…

Público(S.Pato)/abc/Pocas estructuras arquitectónicas creadas por el hombre provocan tal fascinación como los faros. Altos e imponentes se erigen frente en las costas para guiar a los navegantes a puerto, formando parte de paisajes evocadores, a veces agrestes y, en otras ocasiones, idílicos.
Incluso aquellos que ya no están en funcionamiento conservan todo el encanto. Tanto es así que los viajeros y artistas no dudan en acercarse a descubrirlos y convertirlos en protagonistas de sus fotografías, dibujos o pinturas. Entre ellos se encuentran los que te traemos hoy, algunos de los faros abandonados más bonitos del mundo cuya visión siempre nos hace soñar.
– Faro de Talacre (Gran Bretaña)

Situado en la costa norte de Gales, el faro de la playa de Talacre, también conocido como el faro de Ayr, se construyó en 1776 y estuvo en funcionamiento hasta 1840. Desde entonces, su aspecto ha sido objeto de algún que otro cambio, pero ni el abandono ni el olvido ha provocado que pierda su encanto.
Muchos son los que acuden a descubrirlo, con sus 18 metros de alto y 5,4 metros de diámetro. Desde cada una de sus plantas se observan hermosas panorámicas de la costa y la playa.
Abandonado desde 1840, ha pasado por numerosos ciclos de deterioro y remodelación, y la última reconstrucción en 1994 lo convirtió en un alegre poste de caramelo rojo y blanco en la playa, enmarcado por el cercano parque eólico marino.
A lo largo de los años, el faro fue testigo de muchos cambios: durante la Segunda Guerra Mundial, los cazas de la Fuerza Aérea ametrallaron la playa para practicar tiro al blanco, disparando a objetivos de madera en las dunas y a balizas remolcadas por aviones.
En un momento dado, vio cómo todo el pueblo cercano de Talacre se recubría con papel de plata, como conejillo de indias para una nueva tecnología antirradar. Ahora es un tranquilo lugar turístico con hermosas vistas de la bahía.

El faro es muy conocido en la zona por sus apariciones fantasmales, supuestamente por un farero fantasmal que camina alrededor de la parte superior de la torre. Los médiums que visitan el lugar afirman haber sentido el espíritu de un hombre solitario, Raymond, que murió de pena. Algunos turistas han regresado sintiéndose mal y perturbados.
Para conmemorar a esta alma perdida, el propietario del faro encargó a la artista local Angela Smith la creación de The Keeper, una escultura de 2 metros de alto hecha con cientos de piezas de acero inoxidable de grado médico y muy pulidas. Los numerosos agujeros que tiene en el cuerpo tienen la finalidad de dejar pasar el viento y crear campanadas fantasmales.
– Faro de Aniva (Rusia)

Uno de los faros abandonados más bellos y espectaculares del mundo es el faro de Aniva, que se alza sobre la roca Opásnosti junto a la isla de Sakhalin, en Rusia. Estuvo a punto de ser demolido por los japoneses, después de parte de la isla quedase bajo su poder en los años 30.
El faro de Aniva fue construido por los japoneses en 1939, sobre un trozo de roca frente a la costa sur de Sakhalin, una estrecha isla de 950 km de longitud situada justo al este de Rusia, entre el mar de Japón y el mar ruso de Ojotsk. La isla estuvo prácticamente deshabitada hasta el siglo XIX, cuando tanto Japón como Rusia se interesaron en anexionársela; los rusos para utilizarla como colonia penal.
Esto dio lugar a años de conflicto, reducción de tropas y aumento de las fuerzas militares, y ambas naciones acordaron dividir la isla a lo largo del paralelo 50. Se construyó un anillo de faros en la costa rocosa de Sajalín para avisar a los buques de transporte de tropas y mercantes que llegaban.
Después de unos 50 años de compartir la isla, los rusos se la anexionaron en su totalidad durante la Segunda Guerra Mundial, lo que provocó la evacuación de medio millón de japoneses a Hokkaido. En 1951 se firmó el Tratado de San Francisco, que entregó oficialmente la tenencia de la isla a los rusos, aunque aún quedan muchos problemas territoriales por las islas circundantes más pequeñas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos recuperaron el control de Sajalín e instalaron un generador de radioisótopos suministrar electricidad a la lámpara, lo que lo convirtió en un faro de propulsión nuclear. Tras la caída del comunismo, el generador fue retirado y se abandonó la instalación, que posteriormente sufrió varios saqueos.
Los saqueos, el paso del tiempo y la inaccesibilidad de su ubicación le han otorgado ese aspecto de película que hoy en día nos ofrece.
Tras la Segunda Guerra Mundial, se instaló en él un Generador Termoeléctrico de Radioisótopos (RTG). A causa del 75 aniversario del fin de la guerra, unos jóvenes por iniciativa propia accedieron en el año 2020 hasta el faro de Aniva para iluminarlo y enarbolar la bandera rusa.
Hoy en día, el faro de Aniva está abandonado. Sus siete pisos de motores diésel, salas de acumuladores, espacios habitables para el farero, instalaciones de radio, almacenes, un gran péndulo mecánico (para regular el sistema óptico) y un estanque de mercurio de 300 kg (como superficie de rotación de baja fricción para la lente) están inmóviles y solo resuenan con el eco de las olas que chocan contra los riscos circundantes.
– Rubjer Knude (Dinamarca)

Cuando se habla de los más hermosos más faros en desuso, siempre hay alguien que termina mencionando el faro danés Rubjer Knude. Y con toda la razón. Se encuentra en la península de Jutlandia y comenzó a funcionar en el año 1900, rodeado de un sistema dunar que terminó por apoderarse de todo el entorno.
Las dunas crecieron tanto que de los 23 metros del faro, en 1968 solo eran visibles 15 metros, por lo que hasta se inhabilitaron las principales entradas. En consecuencia, dejó de estar en funcionamiento. Ahora es uno de los símbolos turísticos de la zona.

Cuando este faro ubicado en la península de Jutlandia encendió su lámpara el 27 de diciembre de 1900, sus constructores estaban seguros de que su ubicación podría mantenerlo fuera del alcance de las dunas de arena arrastradas por el viento que hacían impensable cualquier edificación junto al mar.
Sin embargo, se equivocaron y casi 70 años después de su inauguración el faro quedó inoperativo y 35 más tarde todos los edificios del complejo fueron abandonados. Hoy en día, apenas solo la parte superior de la torre sobresale por encima de la arena.
A lo largo de los años se hicieron esfuerzos para proteger el faro, instalando rejas de pino arenoso y plantando hierba de tilo en las dunas en un intento de detener su invasión.
No funcionó y el faro se cerró, pero la vida a su alrededor no se detuvo por completo: después de 1968, los edificios circundantes se convirtieron en un museo de arena flotante y una cafetería, que continuó funcionando hasta 2002.

Sin embargo, ahora la arena también se los ha tragado, derrumbando sus techos con su peso.
En el año 2019 el faro de 720 toneladas de peso fue movido tierra adentro para alejarlo de la orilla del mar con la intención de protegerlo, ya que de seguir donde se encontraba. Pronto, cuando el mar se acerque más y los vientos soplen sin cesar las dunas hacia el interior, no quedará nada del Rubjerg-Knude.
– Faro de Tillamook Rock (Estados Unidos)

El faro de Tillamook Rock o de la roca de Tillamook se encuentra en el estado de Oregón, en los Estados Unidos. Se trata de otro de esos faros decimonónicos preciosos que dejó de utilizarse en 1957. La imagen que constituye es de lo más hermosa, construido sobre una roca a un par de kilómetros de la costa, y batido por las olas durante los temporales.
Debido a los extensos trabajos de topografía y voladuras necesarios para construir un faro en el peñasco marino de Tillamook, combinados con las condiciones climáticas erráticas, fue el faro de la Costa Oeste más caro jamás construido. Pronto se lo conoció como «el terrible Tilly», por el peligroso viaje que debían hacer los fareros para traer suministros desde el continente.

Tilly ha demostrado ser un modelo popular tanto para pintores como para modelistas. De hecho, en Estados Unidos se pueden conseguir modelos de faros en cerámica y papel como objetos de colección.
A lo largo de los años, feroces tormentas dañaron el faro, destrozaron su lente Fresnel y erosionaron la roca sobre la que se encontraba, lo que provocó su desmantelamiento en 1957 y su venta a manos privadas, comenzando finalmente su última vida como columbario; un lugar de descanso final para las urnas llenas de las cenizas de los muertos.

El Columbario Eternity at Sea enterró solo 30 urnas entre 1980 y 1999, antes de que la empresa perdiera su licencia. Hasta el día de hoy no han recuperado la licencia, pero esas cenizas todavía permanecen, sobre tablas de madera con vista al embravecido Océano Pacífico.
La particular ubicación del faro de la roca de Tillamook y el frecuente oleaje que la azota es lo que contribuye a su espectacularidad. Resulta visible sin problemas desde la costa, aunque es aconsejable llevar unos prismáticos.
– Klein Curazao (Antillas Holandesas)

Situado en una pequeña isla del Caribe, con aguas turquesas y playas idílicas el faro de Klein Curazao (‘Pequeño Curazao’) se construyó por primera vez en 1850, en una pequeña lengua de tierra a 11 km de la punta sureste de Curazao, en el mar Caribe. Es exactamente el tipo de lugar por el que Jack Sparrow habría brincado.
Actualmente está ahuecado, se está desmoronando rápidamente y ha sido designado como zona en peligro de extinción, a pesar de haber sido reconstruido una vez en 1879 y otra en 1913.
La torre del faro, de 20 m (66 pies) de altura, está abandonada, junto con las dos casas de dos pisos en ruinas de los fareros que la flanquean, pero aún funciona.
Se reactivó con una baliza LED alimentada por energía solar durante la restauración de las ayudas a la navegación de Curazao en 2008, después de haber permanecido completamente inactiva durante muchos años. Un tramo de costa salpicado de naufragios oxidados da fe de su necesidad. Ahora, el LED emite dos destellos blancos cada 15 segundos.

A pesar de su ubicación, esta pequeña isla caribeña, testigo de un buen número de naufragios e incursiones, piratas pertenece a los Países Bajos y alberga un solitario faro desde 1850. En 1877, un fuerte huracán destruyó el edificio original y en 1879 se reemplazó por uno construido con materiales más resistentes.
Pese a ello, el nuevo faro fue dañado por una tormenta y reparado de nuevo en 1913. Aunque el faro había sido abandonado hace décadas su lámpara fue reactivada recientemente y se le instaló un sistema automático de energía solar LED.
Klein Curazao tiene una superficie de apenas 1,7 km cuadrados y no tiene población permanente, salvo unas cuantas cabañas pequeñas utilizadas por pescadores. El lado de barlovento de la isla está plagado de barcos hundidos, cientos de chanclas arrastradas por la corriente y miles de botellas de plástico.
Su hermano mayor, Curazao, se encuentra frente a la costa de Venezuela y tiene una población permanente de unos 140.000 habitantes, algunos de los cuales viajan a Klein Curazao para bucear en sus hermosos corales y cuevas submarinas.

Curazao se convirtió oficialmente en una colonia holandesa en 1815, a pesar de los esfuerzos de expansión alemanes en 1888, cuando se estableció una base naval alemana en Klein Curazao. Sin embargo, pronto fueron derrotados por el clima tormentoso. No quedan ruinas de la base.
El encanto de este faro que durante tanto tiempo ha estado en el olvido, tal y como refleja su estado de conservación, sigue siendo indiscutible. La isla además cuenta con otra parada turística: un barco abandonado que también provoca las delicias de los fotógrafos. Son frecuentes las excursiones en botes hasta este lugar, para pasar la jornada, conocerlo y practicar snorkel.
– Whiteford (Gran Bretaña)

Si por algo llama la atención el faro Whiteford es por su material de construcción y su particular silueta, la cual lo hace único. Con 13 metros de altura, fue levantado en 1865 y su estructura está fabricada en hierro fundido. Es la única torre de este tipo que se encuentra barrida por las olas en toda Gran Bretaña, aunque puedes llegar hasta él cuando baja la marea, ya que se ubica a menos de dos kilómetros de la orilla del mar.
El faro Whiteford estuvo activo hasta el año 1920, cuando un faro más moderno se levantó en las proximidades. Ahora es una visita obligada si acudes a esta zona de la península de Gower, al sur de Gales.
– Waugoshance

No todos los faros están en la orilla del mar, los lagos también necesitan faros. Especialmente los muy grandes como «Los Grandes Lagos», donde los naufragios han sido comunes desde hace varios siglos. El Waugoshance fue construido en 1851 para guiar a los barcos a través de una zona traicionera del Estrecho de Mackinac, el Waugoshance fue el primer gran faro en un lago, rodeado de agua por todos lados.
Fue construido de ladrillo y cubiertas de hierro. La creación de buques de mayor calado hizo que éstos utilizaran el paso de Gray Reef dejando el faro en desuso. Fue dado de baja en 1912 y fue utilizado como blanco para la artillería de la Marina de los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de esto después de más de 160 años todavía se mantiene en pie.
A diferencia del resto de los integrantes de esta lista, este faro no se encuentra en el mar, sino en medio del lago Michigan. Fue construido en 1851 para guiar a los barcos a través de una zona traicionera del Estrecho de Mackinac, donde los naufragios eran habituales y se encuentra completamente rodeado de agua.
Faro de Mogadiscio:

El destartalado faro italiano situado en el borde del antiguo puerto de Mogadiscio fue construido hace más de un siglo y abandonado hace unos 20 años cuando el comercio se agotó y el estado fallido de Somalia se convirtió en un hogar para la yihad extrema y la piratería.
“La escalera de caracol [del faro] está a punto de derrumbarse. Sus habitaciones ahuecadas huelen a podrido marino y a orina. Hay hombres jóvenes sentados con las piernas cruzadas entre los escombros, masticando qat, una planta cuyas hojas contienen un estimulante, y jugando a un juego de dados llamado ladu durante horas. Algunos se acurrucan en un rincón y fuman hachís. Parecen fantasmas en una ciudad dada por muerta. Pero el faro está tranquilo y es seguro; si hay algún lugar en Mogadiscio que pueda considerarse seguro”. – Robert Draper , National Geographic

Aunque destrozada por dos décadas de guerra civil, la ciudad somalí de Mogadiscio tiene una larga y próspera historia basada en el comercio marítimo, gracias a una red de puertos establecida por los colonizadores italianos durante el último cuarto del siglo XIX.
El majestuoso faro que domina la bahía de la ciudad es uno de los ejemplos más notables de esta época. Sus ruinas sirven hoy como refugio para pescadores, jugadores y consumidores de qat.
– Gran Isaac Cay:

El faro de Great Isaac Cay, una pequeña isla en las Bahamas a unas 20 millas al noreste de las islas Bimini, fue construido en 1859 para guiar a los barcos mercantes que transportaban exportaciones de sal marina secada al sol de Inagua, ron de Nassau y piedra caliza aragonita a los mercados de los EE. UU.
El faro, aunque azotado por el mar y rodeado por los edificios en ruinas de la casa del farero, en realidad sigue en funcionamiento como luz no tripulada.
El faro fue construido en 1859 en la pequeña isla del mismo nombre de las Bahamas. La torre, de 46 metros de altura, está rodeada por un pequeño grupo de dependencias en ruinas que fueron abandonadas después de que los dos últimos vigilantes del faro desaparecieran misteriosamente en 1969.

Según cuenta la leyenda, el complejo está habitado por los fantasmas de los pasajeros de barcos naufragados. Quizá por ello, el faro sigue funcionando con un mecanismo automático de iluminación, puesto que su ayuda sigue siendo necesaria para la navegación.
Según la tradición local, en los alrededores del faro se escuchan ruidos fantasmales durante la luna llena: al parecer, los espectros de una madre y su bebé que naufragaron en la isla a finales del siglo XIX. Se la conoce como la Dama Gris.
En 1969, dos de los fareros desaparecieron y nunca más fueron encontrados; algunos creen que fueron víctimas del cercano Triángulo de las Bermudas. Otros afirman que un huracán en esa época simplemente los arrastró al mar.
– Faro de Capo d’Otranto, Italia

El faro de Capo d’Otranto fue construido en 1867, situado en el punto más oriental de Italia, marcando el punto donde se encuentran los mares Jónico y Adriático.
Fue abandonado en los años 70, pero restaurado y reabierto a los turistas en 2008, donde alberga el Centro de Medio Ambiente y Salud de los Ecosistemas Mediterráneos y un museo multimedia del mar.
El faro de piedra circular de 32 m (105 pies) de altura se eleva sobre la casa del guardián de dos pisos, cuya punta requiere reserva previa en la víspera de Año Nuevo, cuando muchos italianos acuden al cabo para ver el amanecer de Año Nuevo sobre el océano.

– Faro del barco John Shoal, Delaware, EE.UU.

La construcción del faro John Shoal en la bahía de Delaware llevó 27 años, desde una decisión del Congreso de los EE. UU. en 1850 de que era necesaria una luz, pasando por varias encarnaciones de cimientos de cajones, raíces de pilotes roscados, 2000 toneladas de escollera y un faro anclado temporalmente, hasta la colocación de la torre de hierro completa en 1877.
El faro quedó sin personal en 1973, y el mes pasado (junio de 2011) la Guardia Costera lo declaró ya no necesario y lo puso a la venta al público.
El banco de arena sobre el que se asienta el faro recibió el nombre de «Barco John» en 1797, cuando el barco John encalló allí durante la última etapa de un viaje transatlántico desde Alemania.
Era Nochebuena y, sin duda, los 60 tripulantes alemanes esperaban con ilusión las festividades en Filadelfia. En lugar de ello, los desembarcaron y los transportaron río arriba hasta asentamientos más pequeños en el río Cohansey, donde pasaron las vacaciones con desconocidos.
Hubo tiempo suficiente para descargar el cargamento de lino, vidrio, cuerdas, clavos de cobre, ginebra y juguetes alemanes, antes de que el barco John se congelara en el espeso hielo invernal y su destino quedara sellado.
En 1850 se aprobó la construcción de un faro con pilotes roscados para el banco de arena, un diseño en el que se atornillan literalmente pilotes metálicos largos en el blando lodo submarino.
Sin embargo, cuando los témpanos de hielo se llevaron un faro que utilizaba la nueva tecnología, se consideró un nuevo enfoque: un cajón, básicamente un tubo hueco de metal hundido en el océano y luego relleno de hormigón para formar una base sólida.

En 1874, había una luz temporal sobre el cajón con dos fareros a cargo, pero abandonaron su puesto ese invierno debido a que grandes trozos de hielo golpearon el cajón, lo que provocó el temor de que se lo llevaran. Se arrojaron 2000 toneladas de escollera, que son escombros que se usan para «blindar» las costas y las estructuras marítimas, alrededor del cajón para protegerlo del hielo.
Poco después, en 1877, se fijó la superestructura de hierro permanente de 125 pies de alto sobre el cajón y el faro del Ship John Shoal comenzó su vida propiamente dicha. Se han transmitido diversas historias sobre la vida de los fareros del barco John Light.
Se habla de una maldición que se produjo en la década de 1880, una enfermedad que dejó a varios cuidadores enfermos o paralizados tras largas estancias. Esto se prolongó durante varios años, hasta que se descubrió que la pintura roja con plomo de la estructura se estaba filtrando en los tanques de agua de lluvia. Se quitó la pintura vieja y se reemplazó con una capa de alquitrán caliente. La salud mejoró de inmediato y la maldición se levantó.
Pescado Fluke Point, Canadá

El faro Grand Harbor, en Fish Fluke Point, en la isla Ross, Canadá, fue construido en 1879: una torre de madera cuadrada de 32 pies de alto con la vivienda del farero adjunta. Su luz catóptrica blanca fija era visible a 11 millas de distancia cuando el tiempo estaba despejado.
Se cerró en 1963 cuando se construyó un faro de reemplazo en el cercano rompeolas de Ingalls Head, que luego fue destrozado por el vendaval del Día de la Marmota en 1976.
La historia del faro Grand Harbor nos cuenta algo de las artimañas políticas maquiavélicas que implicaba convertirse y permanecer como farero. El segundo farero, Mark Dagget, llevaba catorce años en el cargo cuando se le presentaron cargos de partidismo político, de no prestar la debida atención a la estación y de estar ausente de la misma y no poder ayudar en una situación de ahogamiento.
Refutó todas las acusaciones, que se consideraron un intento de quitarle el puesto que le había asignado el gobierno, presentó una petición de apoyo entre los ciudadanos locales, afirmó que nunca había hablado de sus inclinaciones políticas con nadie y finalmente desestimó la acusación.
Lamentablemente, murió pocos años después, en 1900, y a pesar de las súplicas de su esposa para que su hijo de 18 años asumiera el cargo de guardián, la política triunfó sobre la caridad y el nombramiento fue rechazado.

No ha sido reparado desde entonces, lo que ha provocado pedidos de los lugareños y aficionados al faro para que la propiedad sea transferida a un custodio más responsable.
Unos años más tarde, en 1912, el cuarto guardián, Lloyd Charles Dakin, fue acusado de asistir a una reunión política y de «molestar» a uno de los miembros del Parlamento. Él también refutó los cargos, alegando que ni siquiera había estado en la reunión, pero perdió el caso y fue despedido, con solo tres días para desalojar a su familia y sus pertenencias.
Todo esto plantea la pregunta: ¿por qué era ilegal que un farero tuviera afiliación política? Probablemente para evitar la sensación de que el puesto se había asignado con algún tipo de nepotismo político en mente.

nuestras charlas nocturnas.
Agujero Azul Taam Ja’, el más profundo del mundo…

Marcianos — En un hito sin precedentes en la exploración submarina, un equipo de investigadores identificó lo que ahora se reconoce como el agujero azul más profundo del planeta.
El agujero azul Taam Ja’ se sitúa en la bahía de Chetumal, cerca de la frontera entre México y Belice. Hablamos de una formación geológica que desafía las profundidades conocidas hasta la fecha, sumergiéndose más de 420 metros bajo la superficie del océano.
Superando así al anterior poseedor del récord, el agujero azul de Sansha Yongle en China, con una profundidad de 302 metros.
A diferencia de otros agujeros azules, el recién descubierto Taam Ja’ presenta características únicas que lo hacen objeto de profundo interés científico. Situado cerca de la pequeña isla de Tamalcab, este fenómeno natural habría surgido del colapso en el lecho rocoso calcáreo, formando una depresión submarina colosal.
Uno de los agujeros azules más famosos se ubica en aguas de América Central: el Gran Agujero Azul de Belice en el Atolón Lighthouse Reef, el cual probablemente sea el más conocido a nivel mundial.
– Sistema de túneles y cavernas en el agujero azul Taam Ja’.
Pese a que los registros actuales de su profundidad ya resultan impresionantes, los expertos sugieren que el agujero azul Taam Ja’ podría ser aún más profundo. Una suposición que surge de las comparaciones con estructuras similares, como la cueva de Krubera-Voronya, la más profunda conocida en tierra, que alcanza los 2,191 metros.
Tales especulaciones alimentan la posibilidad de que el Taam Ja’ forme parte de un vasto y complejo sistema de túneles y cavernas subacuáticas completamente inexploradas por los humanos.

La exploración inicial en 2023 se realizó con tecnología avanzada, específicamente un perfilador CTD, que es un conjunto de instrumentos diseñados para medir la conductividad, temperatura y presión del agua.
Dichos dispositivos resultaron cruciales para ilustrar el variado entorno del agujero, donde se registró un notable aumento en la temperatura y salinidad al alcanzar profundidades de cerca de 400 metros.
Dicha información sugiere que podría existir actividad geotérmica o procesos volcánicos y tectónicos activos en estas profundidades.
Hallazgos como el agujero azul Taam Ja’ no sólo plantean preguntas sobre las profundidades desconocidas y las fuerzas geológicas que inciden sobre nuestro planeta. También ofrecen una ventana a procesos mucho más antiguos y a la historia natural de nuestra Tierra.
Los investigadores se encuentran en una fase inicial para mapear la geomorfología espacial subacuática del agujero. Pero, esperan obtener datos más precisos sobre su estructura y profundidad total.
A pesar de que la exploración completa de este agujero azul tomará años, los datos recogidos hasta ahora ya están revolucionando nuestro entendimiento de los misterios ocultos bajo la superficie de nuestro planeta.
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La verdadera historia de Israel…

Basado en hechos reales — Israel, una nación con una historia rica y compleja, ha sido un punto focal de atención mundial durante siglos. Su pasado está entrelazado con la religión, la política y la cultura, y sus raíces se remontan a la antigüedad. En este artículo, exploraremos la verdadera historia de Israel, desde sus inicios como una nación bíblica hasta su formación como estado moderno.
La historia de Israel se cuenta a menudo a través de la lente de la Biblia, que narra la historia de los israelitas desde Abraham hasta el exilio babilónico. Según la Biblia, Abraham, considerado el padre de la nación israelita, fue llamado por Dios para dejar su tierra natal y viajar a la tierra de Canaán, que más tarde se convertiría en la tierra de Israel. Sus descendientes, los israelitas, se establecieron en la región y se enfrentaron a una serie de desafíos, incluyendo la esclavitud en Egipto y la conquista de Canaán.
El período bíblico se caracteriza por la formación del Reino Unido de Israel bajo el liderazgo de los reyes Saúl, David y Salomón. Este período fue una época de prosperidad y expansión para los israelitas, con la construcción del Templo de Jerusalén como un punto culminante. Sin embargo, la unidad del reino se rompió después de la muerte de Salomón, dividiéndose en dos reinos: Israel (el reino del norte) y Judá (el reino del sur).
El reino del norte, Israel, fue conquistado por los asirios en el siglo VIII a. C., y sus habitantes fueron dispersados por toda la región. El reino del sur, Judá, sobrevivió por un tiempo más, pero también fue finalmente conquistado por los babilonios en el siglo VI a. C. El exilio babilónico marcó un punto de inflexión en la historia de Israel, llevando a la dispersión del pueblo judío por el entorno.
Después del exilio babilónico, los judíos regresaron a su tierra y reconstruyeron el Templo de Jerusalén, marcando el comienzo de la era del Segundo Templo. Este período estuvo marcado por la influencia de los imperios extranjeros, incluyendo los persas, los griegos y finalmente los romanos. Los romanos, bajo el dominio de Pompeyo, conquistaron Judea en el año 63 a. C., convirtiéndola en una provincia romana.

La relación entre los judíos y los romanos fue tensa, marcada por revueltas y represiones.
En el año 70 d. C., los romanos destruyeron el Segundo Templo y Jerusalén, marcando el fin de la autonomía judía en la región.
Este evento tuvo un impacto profundo en la historia judía, llevando a la dispersión de los judíos por el entorno y al desarrollo del judaísmo rabínico.
La destrucción del Segundo Templo y la conquista romana marcaron el comienzo de la diáspora judía, el período de la dispersión del pueblo judío por el entorno.
Durante siglos, los judíos vivieron en diferentes países, enfrentando a menudo la discriminación y la persecución.
A pesar de la dispersión, los judíos mantuvieron su identidad cultural y religiosa, transmitiendo sus tradiciones y creencias de generación en generación.
A partir del siglo XIX, surgió un movimiento político llamado sionismo, que buscaba la creación de un estado judío en la tierra de Israel. El sionismo se basaba en la creencia de que los judíos tenían derecho a un hogar nacional y que la tierra de Israel era su patria histórica. El movimiento sionista recibió un impulso significativo a finales del siglo XIX y principios del XX, debido a la creciente antisemitismo en Europa y la necesidad de un refugio seguro para los judíos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el sionismo ganó fuerza, impulsado por el Holocausto, el genocidio de los judíos en la Europa nazi. Las Naciones Unidas, en 1947, aprobaron un plan para dividir Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe. La propuesta fue aceptada por los sionistas, pero rechazada por los líderes árabes.
El 14 de mayo de 1948, el Estado de Israel fue declarado, marcando el fin del mandato británico en Palestina y el comienzo de una nueva era para el pueblo judío. La declaración de independencia fue seguida por la Guerra Árabe-Israelí de 1948, en la que Israel luchó contra una coalición de países árabes que se oponían a la creación del estado judío.
El Estado de Israel: desafíos y logros

Desde su creación, Israel ha enfrentado numerosos desafíos, incluyendo guerras con países árabes vecinos, conflictos internos y terrorismo.
Sin embargo, también ha logrado un progreso significativo en áreas como la economía, la tecnología y la ciencia. Israel se ha convertido en un centro de innovación tecnológica, con empresas como Intel, Microsoft y Google estableciendo centros de investigación y desarrollo en el país.
Israel también ha desarrollado un sistema de salud de alta calidad, con una esperanza de vida que se encuentra entre las más altas del entorno. El país ha realizado importantes contribuciones al campo de la agricultura, desarrollando técnicas de riego y agricultura sostenible.
A pesar de los logros, Israel continúa enfrentando desafíos significativos, principalmente relacionados con los conflictos con los palestinos. El conflicto palestino-israelí es uno de los conflictos más complejos y duraderos del entorno, con raíces en la historia de la tierra, la religión y la política.
El conflicto se centra en la disputa por la tierra, la seguridad y el derecho al autogobierno. La solución de dos estados, que propone la creación de un estado palestino independiente junto a Israel, ha sido durante mucho tiempo el objetivo de la comunidad internacional, pero las negociaciones entre las partes han sido difíciles y no han logrado un acuerdo duradero.
El conflicto palestino-israelí tiene un impacto profundo en la vida de ambas poblaciones, con consecuencias humanitarias, políticas y económicas. La búsqueda de una solución pacífica y justa al conflicto sigue siendo una prioridad para la comunidad internacional y un desafío crucial para el futuro de Israel y Palestina.
Israel y Palestina son dos entidades con reclamos históricos y políticos sobre la misma tierra. Israel es un estado reconocido internacionalmente, mientras que Palestina no tiene un estado independiente reconocido. El conflicto entre ambos se centra en la disputa por la tierra, la seguridad y el derecho al autogobierno.
La solución de dos estados es un plan para resolver el conflicto palestino-israelí creando un estado palestino independiente junto a Israel. El plan ha sido respaldado por la comunidad internacional, pero las negociaciones entre las partes han sido difíciles y no han logrado un acuerdo duradero.

La historia de Israel es una historia de resistencia, resiliencia y transformación. Desde sus raíces bíblicas hasta su formación como estado moderno, Israel ha experimentado un viaje extraordinario, marcado por la tragedia, el triunfo y la búsqueda constante de un lugar seguro y estable en el entorno. El futuro de Israel sigue siendo incierto, pero su historia nos enseña que la nación ha demostrado una capacidad notable para superar los desafíos y forjar un futuro mejor.
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Las imágenes de 12 de los edificios abandonados más fascinantes del mundo…

BBC News Mundo(C.Thorp) — Cuando se habla de edificios que hay que ver en la vida, algunos pueden pensar en la Torre Eiffel, el Coliseo romano, el Taj Mahal o la Catedral de San Pablo. Sin embargo, para cierto tipo de exploradores, estos famosos monumentos tienen poco atractivo. En cambio, su lista de deseos arquitectónicos incluye monumentos menos conocidos: fábricas abandonadas, parques de atracciones tapiados, pueblos deshabitados y centrales eléctricas desoladas.
La exploración urbana, también conocida como Urbex, implica visitar edificios abandonados y en ruinas, lugares casi olvidados excepto por un pequeño grupo de aventureros que los buscan a propósito. Estos edificios alguna vez estuvieron llenos de vida (escuelas, teatros, complejos turísticos o lugares de trabajo), pero ahora están vacíos y la vegetación invade sus estructuras.
Son el tipo de lugares que puedes ver en los videojuegos. Por eso tiene sentido que una famosa programadora de videojuegos de Japón también tenga entusiasmo por la exploración urbana. Ikumi Nakamura lleva dos décadas explorando lugares abandonados y deshabitados de todo el mundo.
En un nuevo libro, Project UrbEx, narra sus aventuras, con increíbles fotografías de lugares abandonados, en decadencia y, aún así, de una belleza extraña.
«Mi viaje hacia la exploración urbana comenzó con un hospital abandonado en el corazón de Osaka, Japón», le cuenta Nakamura a la BBC. «La emoción de colarme en el edificio abandonado, la rica historia grabada en sus paredes y la descarga de adrenalina de lo desconocido me cautivaron al instante».
Para ella, el Urbex ofrece una mezcla de historia y misterio que las atracciones tradicionales no pueden igualar. «Estos lugares son cápsulas del tiempo que preservan momentos del pasado en un estado crudo y sin pulir», dice. «Como artista y fotógrafa, encuentro belleza en la decadencia, los grafitis y los restos de vidas pasadas; todos ellos cuentan historias que a menudo se pasan por alto».
Nakamura creó originalmente un alter ego, «Tommy», para sus aventuras en Urbex, cubriéndose la cara con una máscara de gas para que nadie supiera que era ella y publicando sus aventuras en el blog Tomboy Urbex.

El Urbex es una actividad arriesgada. Es difícil acceder a los edificios, que se están cayendo a pedazos y pueden estar ubicados en propiedades privadas. Las comunidades en línea comparten consejos para explorar los edificios de manera segura y para encontrarlos en primer lugar.
«Encontrar estas joyas ocultas a menudo implica una mezcla de investigación y casualidad», dice Nakamura. «Recorro foros de exploración urbana, grupos de redes sociales y mapas antiguos en busca de pistas. A veces, se trata simplemente de seguir una corazonada o un consejo de otros exploradores».
La fotografía puede ser un desafío. «La posibilidad de encontrarse con guardias de seguridad, animales salvajes o incluso estructuras inestables puede ser abrumadora», dice Nakamura.
«Algunos lugares también transmiten una sensación inquietante y embrujada. El silencio, los pisos que crujen y las sombras que le juegan una mala pasada a la mente se suman a la emoción. Pero es esta misma mezcla de miedo y emoción la que hace que la experiencia sea tan cautivadora».
A lo largo de los años, ha visitado sitios en Europa, Asia y Estados Unidos, haciendo malabarismos entre sus viajes, su maternidad y su trabajo como directora ejecutiva del estudio de videojuegos UNSEEN.
«La exploración urbana ha tenido un profundo impacto en mi trabajo como creadora de videojuegos», dice. «Los lugares abandonados que exploro agregan profundidad y riqueza genuinas a mi diseño de niveles, arte ambiental y creación de mundos.
Las historias que descubro, las atmósferas que experimento, los olores y sonidos, y los personajes que conozco, todos encuentran su camino hacia mis juegos, creando mundos envolventes y cautivadores para que los jugadores los exploren».
Aquí algunos de los lugares que ha visitado.
1. Teatro Sattler, Buffalo, Nueva York

Este teatro de estilo Beaux-Arts con capacidad para 928 personas, encargado por el magnate local de los grandes almacenes John G Sattler, abrió sus puertas en 1914.
En los años 60 se convirtió en una mezquita, visitada por Malcolm X, pero hacia los años 90, ya estaba abandonado.
«Encontré el Sattler, solitario en una manzana de la ciudad», dice Nakamura.
«Los hermosos edificios de ladrillo que habrían formado la calle en la que se construyó desaparecieron hace tiempo, reemplazados por estacionamientos, almacenes y gasolineras».
En el interior, un tragaluz circular ilumina los restos de este otrora grandioso edificio.
2. Planta de automoción Packard, Detroit

La población de la ciudad de Detroit, que en su día fue el centro próspero de la industria automovilística estadounidense, ha disminuido significativamente desde 1950, lo que significa que la ciudad no solo tiene edificios abandonados, sino barrios enteros vacíos.
«Detroit es realmente una de las ciudades más deterioradas y, a la vez, más hermosas que he visto, y uno de los pocos lugares donde casi una ciudad entera hizo las maletas y se mudó a otro lugar», dice Nakamura.
La planta de automoción Packard (en la foto) fabricó automóviles entre 1903 y 1958. Tras su cierre, se convirtió en uno de los edificios abandonados más grandes del mundo. Se espera que sea demolida por completo a finales de 2024, y hay planes para construir una nueva fábrica de automóviles en el lugar.
3. Trotting Park en Phoenix, Arizona

Cuando se inauguró en 1965, esta pista de carreras de caballos, en medio del desierto de Arizona, parecía increíblemente futurista, pero su futuro duró poco.
La ubicación remota y el calor del desierto hicieron que fuera un lugar poco práctico y cerró en menos de dos años, permaneciendo abandonada durante décadas.
«Al caminar por allí, me sentí como si estuviera en una nave espacial», dice Nakamura. Llegó justo a tiempo. En 2015, los propietarios del edificio intentaron venderlo, pero no pudieron encontrar un comprador y lo derribaron en 2017.
4. Avión, desierto de Mojave

En un rincón del desierto de Mojave, en California, justo enfrente de una base de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, se encuentra una pequeña y fantasmal colección de aviones antiguos, incluidos los restos de dos bombarderos B-52.
«Este es mi lugar abandonado favorito y, aunque lo he visitado tres veces, siempre estoy pensando en hacer un viaje más», dice Nakamura.
«Estar al lado de estos aviones destrozados se ha convertido en una experiencia mística para mí».
El F-101 Voodoo (en la foto) era un caza de largo alcance que entró en servicio en la década de 1950. «Estos restos parecían menos un avión y más una nave espacial que se estrelló».
5. Auditorio de una escuela secundaria, Nueva Jersey

Aunque ahora se encuentra en un estado de desorden, con grafitis que cubren las paredes y muebles destrozados, no es difícil imaginar lo impresionante que debió haber sido en su día este enorme auditorio.
«Incluso en el estado de deterioro en el que lo encontré, pensé que el auditorio seguía siendo absolutamente hermoso», dice Nakamura sobre el auditorio, fotografiado aquí dentro de la escuela abandonada en 2018.
«Los rayos de luz que entraban a través de un techo de vidrieras hacían brillar los asientos de color azul».
6. Torre Oculus, Italia

Italia es conocida por sus impresionantes edificios, pero pocos incluirían una fábrica abandonada en su lista de lugares que no se pueden perder.
Sin embargo, para Nakamura, que visitó esta antigua destilería en 2015 durante un viaje de Urbex para explorar el norte y el centro de Italia, fue una vista mágica.
«Es solo una planta industrial de hormigón, pero de alguna manera los arquitectos italianos habían incorporado algunos elementos de diseño increíbles que la hicieron genial», dice.
La torre de la fábrica y la «inmensidad tipo catedral» de sus interiores fueron especialmente impresionantes.
7. Hoteles en la bahía de Kupari, Croacia

Desde la distancia, este conjunto de edificios en la hermosa costa croata parece casi como cualquier otro complejo turístico del Mediterráneo, pero aquí no encontrarás turistas.
«Cuando la guerra civil desgarró Yugoslavia en 1991, la policía croata tomó el control de esta zona, los buques de guerra sitiaron la bahía y este hermoso complejo turístico se convirtió en escombros en un abrir y cerrar de ojos», dice Nakamura.
Los hoteles de este complejo, que antaño eran un lugar animado y glamuroso, ahora están en silencio, salvo por el ocasional estruendo de los escombros que caen.
8. Pueblo pesquero de Houtouwan, China

Aunque se construyó en los años 50, el pueblo pesquero chino de Houtouwan, en la isla Shengshan, está hoy desierto; la mayor parte de sus 2000 habitantes se fue en los años 90 en busca de una vida mejor.
Quedaron un puñado de familias, por lo que no es exactamente un pueblo fantasma.
El pueblo se ha convertido en una especie de atracción turística, en gran parte gracias a su exuberante vegetación. «La hiedra ha cubierto tanto los edificios que parece que los hayan envuelto deliberadamente en vegetación», dice Nakamura.
«Qué vista tan extraña e inusual».
9. Astillero Imari Kawanami, Kyushu, Japón

El astillero Kawanami fue uno de los primeros lugares que visitó Nakamura como exploradora de Urbex. Originalmente era una fábrica de vidrio, pero se convirtió en un astillero y una fábrica de municiones durante la Segunda Guerra Mundial, antes de cerrar alrededor de 1950.
«Puede que pienses que los lugares abandonados son lúgubres, pero recuerdo que este era el colmo de la belleza decadente», dice Nakamura. «Lleno de luz, árboles y olor a aire fresco. Todos los objetos hechos por el hombre vuelven a la naturaleza».
Las instrucciones para los trabajadores todavía se pueden ver pintadas en las paredes. «Podía sentir a los hombres y mujeres que construyeron barcos en tiempos de guerra».
10. Parque temático Taman Festival, Bali

Con una inversión de US$100 millones para su construcción en los años 90, el parque temático Taman Festival iba a cambiar la cara del turismo en Bali, con la piscina más grande del país, una enorme montaña rusa y un cine en 3D.
Pero sólo estuvo abierto al público durante un breve período, antes de cerrar en 2000, probablemente debido a la crisis económica en Asia. Sus restos fantasmales han dado lugar a todo tipo de leyendas urbanas, como la de que los cocodrilos del parque fueron abandonados a su suerte.
Ahora es una meca para los artistas del grafiti y los exploradores urbanos. «El ambiente de los videojuegos era muy fuerte en este lugar, con los escenarios ligeramente artificiales del parque temático mezclándose con la exuberante vida vegetal para crear zonas de juego perfectas», dice Nakamura.
11. Parque de atracciones Nara Dreamland, Japón

Cuando se inauguró en 1961, el parque de atracciones Nara Dreamland era la respuesta japonesa a Disneyland, con un castillo de cuento de hadas y una enorme montaña rusa de madera, pero cuando se inauguró oficialmente Disneyland en Tokio en 1983, la popularidad del parque disminuyó rápidamente y cerró definitivamente en 2006.
«El día que exploré este lugar estaba tan tranquilo y brumoso que parecía que éramos las únicas personas que quedábamos en el planeta», dice Nakamura.
En 2016 comenzaron las demoliciones del parque y ahora todo lo que queda es un terreno desolado. «No creo que mereciera ser demolido, pero este parece ser el destino de muchos lugares abandonados».
12. Central eléctrica de Wagakawa, Iwate, Japón

«Me gustan mucho los edificios de hormigón gigantes y no hay muchos sitios industriales abandonados en Japón de la escala de esta central hidroeléctrica de los años 40 en las montañas», dice Nakamura.
Ella y sus compañeros exploradores tuvieron que cruzar un río para llegar a ella. Una vez dentro de la enorme estructura, la aventura continuó, mientras trepaba por un tubo hueco de 30 metros de altura.
«Utilicé una escalera de metal podrida para llegar al atrio central, estirando las piernas por el hueco como un ninja». Encaramada precariamente en el borde, vio un nido de avispas cerca. «En mi experiencia, tratar de no pensar en caer es la mejor manera de evitarlo».
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10 lugares Patrimonio de la Humanidad que debes visitar en España

Psicología y Mente(S.R.Comas) — Cada vez son más los lugares que entran en la lista oficial de patrimonio de la UNESCO.
Todos y cada uno de ellos representan un testimonio incalculable de la historia y de la riqueza humana, por lo que es interesante acercarse a ellos y disfrutar de todo lo que nos tienen que contar.
España es el cuarto país del mundo, junto con Francia, que cuenta con más bienes Patrimonio de la Humanidad.
En concreto, nada menos que cincuenta elementos han sido considerados por la UNESCO hasta la fecha como lugares de interés cultural, natural o bien inmaterial de la humanidad.
Hoy te traemos una lista con algunos de los monumentos más importantes en España incluidos en la lista de la UNESCO. No dudes en reservarte unos días e ir a verlos. No te arrepentirás.
1. La Alhambra, el Generalife y el Albaicín (Granada)
El conjunto de la Alhambra, en Granada, es sin duda uno de los mayores atractivos turísticos de España. Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO en 1984, fue el primer monumento español en recibir este honor.
Levantados durante la Edad Media, durante la dominación musulmana, la Alhambra y el Generalife constituyen un hermoso ejemplo de complejo palaciego andalusí. Por otro lado, el barrio del Albaicín, en el corazón de la ciudad vieja, representa la fusión perfecta del pasado medieval andalusí con construcciones cristianas posteriores. Sin duda, Granada siempre vale la pena.

2. El Camino de Santiago
Bajo esta denominación se incluyeron en la lista de patrimonio de la UNESCO en 1993 como bien mixto (cultural y natural) varios elementos interesantísimos que marcan un hito en la historia de la península.
Y es que las diversas rutas de peregrinación a Santiago de Compostela guardan verdaderas joyas, como la impresionante catedral de Burgos (declarada bien cultural aparte), la catedral de León, la catedral de Santo Domingo de la Calzada o el espectacular monasterio de San Juan de la Peña, que emerge misterioso de las rocas.
3. Centro histórico y mezquita de Córdoba
El mismo año de la denominación del conjunto de Granada como Patrimonio Cultural (1984), la UNESCO declaraba como tal al otro gran monumento andalusí, la mezquita-catedral de Córdoba. Diez años más tarde añadió a la denominación a toda la ciudad vieja.
La mezquita-catedral de Córdoba posee una belleza singular, otorgada por su maraña de columnas y arcos, que apenas consigue interrumpir la añadidura, tras la conquista cristiana (y, especialmente, durante el siglo XVI), de la catedral. Se trata de uno de los monumentos más importantes de arte andalusí de la península, imprescindibles de ver junto al conjunto de la Alhambra.
El casco antiguo de Córdoba, por otro lado, constituyó, en la Edad Media, uno de los núcleos urbanos más importantes, pues llegó a rivalizar con la misma Bagdad.

4. Palau de la Música Catalana (Barcelona)
La UNESCO reparó especialmente en el importante patrimonio modernista de la ciudad de Barcelona. Entre otros muchos monumentos, declaró Patrimonio de la Humanidad el Palau de la Música Catalana (en portada), junto al Hospital de Sant Pau, en 1997.
Ambas edificaciones son obra del arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner (1850-1923), y representan el culmen del Art Noveau en España junto a las obras de Antoni Gaudí.
La fantasía y originalidad que desprende el Palau de la Música Catalana son famosas en todo el mundo. Su escenario, decorado con mosaico y con figuras en busto exento que representan a las musas, es especialmente conocido, así como su espectacular cúpula invertida de vidriera. Sin duda, un imprescindible para visitar en Barcelona.
5. Conjunto arqueológico de Mérida
La Emérita Augusta romana fue una de las ciudades más importantes de la península ibérica en época antigua, junto con Tarraco. Su espectacular patrimonio romano fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.
El impresionante conjunto arqueológico, maravillosamente conservado, incluye el puente sobre el Guadiana, el anfiteatro, el impecable sistema de abastecimiento de agua, el circo y, por supuesto, su famoso teatro, donde cada verano se realiza un ciclo de teatro in situ. Sin contar, por supuesto, con las joyas que esconde el Museo Arqueológico. Mérida es, sin duda, un testimonio perfecto de cómo era una ciudad romana en Hispania.

6. Iglesias románicas de la Vall de Boí (Lleida)
Declarado Bien Mixto en el año 2000 (por su mezcla de patrimonio cultural y natural), el Valle de Bohí, en la provincia de Lleida (Cataluña), está salpicado de vestigios románicos de incalculable valor. Tanto la arquitectura de las distintas iglesias diseminadas por el valle, como las pinturas que guardaban en sus muros son un riquísimo testimonio del arte románico pirenaico de los siglos XII y XIII.
Especialmente famosas son las iglesias de Sant Climent y Santa María de Taüll, ubicadas en el mismo pueblo. Sus famosos frescos, verdadero exponente del románico pictórico, se hallan, junto con las pinturas del resto del valle, en el Museu d’Art Nacional de Catalunya (MNAC), en Barcelona. Actualmente, en los muros de las iglesias de Bohí se encuentran copias realizadas al detalle.
7. Cuevas prehistóricas de Altamira (Cantabria)
El famoso yacimiento prehistórico de Altamira es uno de los diecisiete que, en 1985, la UNESCO consideró Patrimonio de la Humanidad. Se trata de uno de los conjuntos prehistóricos más destacables no solo de España, sino también de Europa. Por la diversidad de sus yacimientos, este bien es denominado oficialmente Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España.
Las cuevas de Altamira y sus “hermanas” de la cornisa cantábrica son un ejemplo del maravilloso arte rupestre que desarrollaron las comunidades humanas de toda Europa entre los años 35.000 y 11.000 a.C. La calidad de las pinturas de Altamira y su elevado grado de conservación las hace sin duda únicas.

8. Dólmenes de Antequera (Málaga)
El patrimonio prehistórico de España es rico y variado, y buena muestra de ello son los espectaculares dólmenes ubicados a las afueras de Antequera, Málaga. La ciudad posee un patrimonio singular que abarca desde la Prehistoria hasta la modernidad, pasando por magníficas muestras de patrimonio romano, andalusí, renacentista y barroco.
Los dólmenes de Antequera entraron en la lista de patrimonio de la UNESCO en 2016. El sitio comprende el tholos del Romeral y los dólmenes de Menga y de Viera, y representa el conjunto megalítico más impresionante de la península. Se trata de una arquitectura de tipo funeraria característica de Europa en el Neolítico y en la Edad de Bronce que bien vale la pena visitar.

9. Ciudad talayótica (Menorca)
Es uno de los bienes más recientes inscritos en el patrimonio de la UNESCO, pues entró en la lista en 2023. Se trata de un testimonio inigualable de asentamientos y enterramientos de la población prehistórica que pobló la isla.
La aparente simplicidad de los conjuntos contrasta con una evidente sincronización astronómica, que sugiere una planificación y una sociedad mucho más complejas. El conjunto abarca un gran lapso de tiempo, pues hallamos testimonios desde la Edad del Bronce (II milenio a.C.) hasta la última Edad del Hierro (siglo II a.C.).

10. Ciudad vieja de Salamanca
La ciudad de Salamanca es uno de los conjuntos urbano-artísticos más notables de España. Especialmente importante en el siglo XVI, merece especial atención su impresionante universidad (fundada en 1218 y, por tanto, una de las más antiguas de Europa) así como su Plaza Mayor.
La ciudad vieja, incluida en la lista de patrimonio de la UNESCO en 1988, es un viaje al pasado, pues aglutina testimonios del pasado medieval, renacentista y barroco de la urbe. Destacan especialmente, además de las ya citadas universidad y Plaza Mayor, la Casa de las Conchas, el Convento de San Esteban y sus dos catedrales, la Vieja (en estilo románico) y la Nueva (iniciada en el siglo XVI y acabada en el XVIII).

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Descubren en Kazajistán el misterioso relieve de un rostro humano en granito…

L.B.V.(G.Carvajal) — Un equipo de arqueólogos del Instituto de Arqueología Margulan ha descubierto un relieve de un rostro humano esculpido en un bloque de granito y una impresionante estela en el distrito de Zerenda, en la región de Akmola, Kazajistán.
El descubrimiento fue reportado inicialmente por Mendibay Kopobayev, director del museo local en el pueblo de Balkashino, quien informó a los arqueólogos S.A. Yarygin y S.K. Sakenov sobre la existencia de un relieve humano en un peñasco de granito cerca de la represa conocida como Kabaniy Klyuch.
Al recibir esta información, los arqueólogos, acompañados por Askerek Zhamantayevich Tulebayev, se dirigieron al sitio para investigar el fenómeno.
Al llegar al lugar, los arqueólogos confirmaron la existencia de un relieve intrincado y una estela caída al suelo. El rostro esculpido presenta características sorprendentes: ojos grandes, nariz recta y prominente, labios anchos, y una frente inclinada.
Este relieve está situado en la parte superior de una pequeña formación rocosa orientada hacia el oeste-suroeste, con unas dimensiones aproximadas de 27 × 21 centímetros.

Junto al relieve, se encuentra una estela de más de dos metros de altura y aproximadamente un metro de ancho. En una de sus caras, a la altura de lo que parece ser una cabeza poco pronunciada, se encuentra una imagen desgastada de un ciervo con grandes astas ramificadas.
Este detalle es especialmente relevante, ya que los ciervos son un motivo recurrente en el arte antiguo de la región, lo que podría sugerir una conexión con las prácticas rituales de las civilizaciones que habitaron la zona.
El descubrimiento es considerado un importante ejemplo de los monumentos megalíticos de la elevación Kokshetau, lo que indica un alto grado de desarrollo cultural y artístico de sus creadores.
Los arqueólogos creen que el relieve y la estela formaban parte de un complejo destinado a la realización de prácticas rituales, cuyo significado y propósito aún son un enigma. La datación precisa de estos objetos será clave para entender mejor su contexto histórico y cultural.
Los monumentos megalíticos de Kokshetau son conocidos por su complejidad y simbolismo, a menudo relacionados con rituales chamánicos y prácticas religiosas de la antigüedad. La ubicación del relieve y la orientación de la estela sugieren que podrían haber servido para observaciones astronómicas o como parte de ceremonias relacionadas con el culto a los ancestros.

El equipo del Instituto Margulan planea llevar a cabo excavaciones adicionales en la zona para descubrir otros posibles elementos del complejo ritual.
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La Vía del Amor, uno de los destinos más románticos de Italia, reabre después de 12 años…

BBC Ners Mundo(A.Bressanin) — El sendero más romántico de Cinque Terre, en Italia, estuvo cerrado durante 12 años, pero gracias a nuevas medidas de seguridad acaba de reabrirse a los visitantes.
El sendero más romántico de Cinque Terre, apropiadamente llamado la Via dell’Amore, reabrió sus puertas en Italia el 27 de julio, 12 años después de un desprendimiento de tierra, en septiembre de 2012, que hirió a cuatro turistas australianos y puso de relieve la urgente necesidad de reformas y mayores medidas de seguridad en la zona.
El sendero de 800 metros, tallado en acantilados escarpados con impresionantes vistas al mar de Liguria, tiene una historia de 104 años y un futuro que depende fundamentalmente de la preservación de los paisajes costeros de Italia.
Antes de su cierre en 2012, el impresionante sendero era uno de los tramos más populares de la red de 130 km de caminos que recorren las «cinco tierras» que dan a Cinque Terre su nombre y unen los borghi (pueblos) medievales multicolores de Riomaggiore y Manarola.
Irónicamente, nadie planeó construir la Vía del Amor. Hoy, Riomaggiore y Manarola –pueblos «verticales» encaramados en majestuosas rocas con casas apiladas unas sobre otras como bochas de helado de colores pastel– atraen a millones de turistas internacionales, todos en busca de una fantasía italiana en tecnicolor.
Pero, originalmente, eran simples asentamientos de agricultores marineros (no pescadores, como a menudo se cree erróneamente); conectados solo por un antiguo sendero sobre un pico escarpado, tan arduo de cruzar que la comunicación era escasa y los dos pequeños pueblos hablaban dialectos diferentes.

Durante la construcción del ferrocarril entre las ciudades de Génova y La Spezia, a finales del siglo XIX, se excavaron en los acantilados trozos de un camino de piedra para que los trabajadores y los burros que transportaban materiales y explosivos cavaran túneles para el tren.
Los habitantes de Riomaggiore vieron la oportunidad de unir los dos caminos fragmentados.
Fabrizia Pecunia, actual alcaldesa de Riomaggiore, explica: «Vieron este tramo de vía [ferroviaria] del lado de Riomaggiore y este otro tramo del lado de Manarola y se preguntaron: ‘¿Por qué no hacemos una conexión?'».
La construcción del nuevo sendero comenzó en 1920 y terminó unos 11 años después.
«Mi abuelo Brizio Bonanini fue uno de los que lo construyó», dice Pecunia. «Estoy muy orgullosa de ello».

Con vistas lánguidas al atardecer sobre el mar y un espectacular paisaje rocoso sobre las olas rompiendo a unos 30 metros de profundidad, este sendero llano y fácil de recorrer pronto se convirtió en una solución ideal y práctica para una cita nocturna, no muy lejos de los centros medievales de los pueblos.
Entonces, un escritor anónimo con un don para las marcas escribió Via dell’Amore en la pared de roca, lo que le dio al camino su nombre romántico.
Cincuenta años después, en la década de 1970, los funcionarios locales se avivaron e instalaron bancos dedicados a figuras mitológicas de la pasión, desde Cupido hasta Eros.
– Peligro
El único inconveniente es que la Vía del Amor se construyó sobre una ladera de montaña empinada y desmoronada, en una región cuyo terreno es propenso a desprendimientos de tierra frecuentes.
«Es una zona obviamente peligrosa, una zona muy hermosa porque está sobre el mar, pero obviamente peligrosa«, explica Francesco Faccini, geólogo de la Universidad de Génova.
«No es casualidad que el antiguo camino original se construyera pasando por encima de la montaña [y no por la ladera]. Inevitablemente, cortar la base de una pendiente provoca derrumbes».
El conjunto de Cinque Terre es una apuesta entre el hombre y la naturaleza. «Estas eran las tierras de la ‘viticultura heroica'», explica el geólogo Domenico Calcaterra, de la Universidad de Nápoles.
«Tierras de una agricultura dramática y peligrosa. Hombres y mujeres trabajaban en senderos muy estrechos a lo largo de laderas impermeables y los accidentes no eran infrecuentes».
A lo largo de los siglos, los habitantes construyeron muros de piedra seca para sostener las terrazas, donde cultivaban olivos y viñedos.
«Es un paisaje único«, añade Donatella Bianchi, presidenta del Parque Nacional de Cinque Terre. «Es vertical, con 130 km de senderos creados por el hombre, que transformó las montañas para cultivarlas y sobrevivir».
Con la llegada del turismo en la década de 1950, se abandonó la agricultura en la zona y se descuidó el mantenimiento de los muros de piedra, mientras que el cambio climático hizo que progresivamente la misma cantidad de lluvia anual se concentrara en menos tormentas, pero más fuertes.

«Como sucede a menudo en nuestro país, la conciencia ambiental se ha desarrollado después de una tragedia», dice Calcaterra, refiriéndose a los dos años de deslizamientos de tierra e inundaciones dramáticas entre 2011 y 2012.
La nueva dirección del parque decidió entonces centrarse más en el medio ambiente y creó el Centro para el estudio de los riesgos geológicos, donde trabaja Calcaterra.
También comenzaron a apoyar la agricultura con incentivos para los agricultores, proporcionando piedras para arreglar los muros secos y barbatelle (esquejes de vid) para la producción del prestigioso vino local, el dulce blanco passito Sciacchetrà.
“Hoy, las comunidades que crearon este maravilloso paisaje, incluidos esos senderos tan importantes, podrán volver a apreciar su belleza”, dice Bianchi.
– Una larga pausa
Pero ¿por qué se han necesitado 12 años para reabrir un sendero de 800 metros de longitud?
La ministra italiana de Turismo, Daniela Santanchè, quien inauguró el sendero a finales de julio, se ríe de esta pregunta: «¿Han visto Liguria? Es una región estrecha que se eleva abruptamente desde el mar. Tuvimos que aprovechar toda la montaña y asegurarnos de que todo fuera completamente seguro».
«En total, ha costado 22 millones de euros (unos US$24 millones)«, añade la alcaldesa Pecunia, que explica cómo las distintas entidades locales y nacionales implicadas han tenido que reunir fondos, ponerse de acuerdo sobre un plan, pasar por todos los trámites burocráticos y, finalmente, construir un sistema de arneses, redes y anclajes para evitar desprendimientos de rocas y proteger el sendero, sin estropear su belleza natural.
«Y ahora, si van, se enamorarán de él», reflexiona Santanchè. «No es casualidad que se llame la Vía del Amor».

Para recorrer el sendero, los visitantes deben reservar su entrada online o en las taquillas del parque. Se permitirá un máximo de 400 personas por hora (una nueva política destinada a limitar la masificación).
El parque, uno de los más pequeños pero más densamente poblados de Italia, con 4.000 habitantes en 3.800 hectáreas, espera controlar el número de visitantes e informar a los turistas sobre la afluencia de público antes de su llegada.
Curiosamente, aunque las ceremonias nupciales completas en la Vía del Amor tendrán que esperar hasta la inauguración, el año próximo, del pequeño anfiteatro del sendero que también funciona como jardín botánico, la alcaldesa Pecunia garantiza que a partir de este verano boreal se permitirán bodas muy íntimas con solo unos pocos invitados y sin refrigerios ni recepción.
Después de todo, nadie puede controlar realmente el romance y quién intercambia votos en la Vía del Amor.
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5 curiosidades del mausoleo de Lenin, «la atracción turística más popular de Rusia» que cumple 100 años…

BBC News Mundo(A.Kozenko) — El mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú celebra su centenario este jueves 1 de agosto.
Desde su inauguración, el mausoleo ha sido escenario de numerosos desfiles ceremoniales y militares.
A lo largo de los años, el cuerpo embalsamado de Lenin ha sido evacuado y devuelto, y durante un tiempo, el cuerpo de Joseph Stalin también fue enterrado allí, pero posteriormente fue retirado.
En la década de 1970, se instalaron cristales antibalas sobre el sarcófago de Lenin para protegerlo de intentos de vandalismo.
Durante la década de 1990, hubo importantes demandas para que el cuerpo de Lenin fuera enterrado.
Aquí tienes cinco cosas que quizá no sabías sobre el mausoleo de Lenin.
1. ¿De quién fue la idea?
Los historiadores coinciden en que la idea de conservar el cuerpo de Lenin se le ocurrió por primera vez a Joseph Stalin en el verano boreal de 1923.
Por aquel entonces, un dirigente de la Cheka soviética (predecesora de las agencias de seguridad KGB y FSB) murió mientras cumplía una misión en Járkiv y un joven científico llamado Vladimir Vorobyov lo embalsamó.
Los comunistas que vieron el cadáver en Moscú quedaron impresionados por su buen estado de conservación.
En noviembre de ese mismo año, Stalin convocó una reunión de dirigentes del partido para discutir la inminente muerte de Lenin, aunque éste seguía vivo pero con una enfermedad terminal.
Stalin argumentó que el cuerpo de Lenin debía ser embalsamado y conservado.
La oposición, todos ellos asesinados posteriormente en la década de 1930, rechazó esta idea.
León Trotsky declaró que las reliquias no tenían cabida en el marxismo, mientras que Nikolai Bujarin insistió en que momificar al líder de la revolución sería un insulto a su memoria.
La esposa de Lenin, Nadezhda Krupskaya, también pidió que el cuerpo de Lenin no se convirtiera en objeto de veneración.
Sin embargo, Stalin, que iba camino del poder absoluto, fue más insistente.
Citó cartas de colectivos obreros, aunque ahora es imposible determinar si se trataba de iniciativas auténticamente populares u orquestadas por el entorno de Stalin.
La idea principal expresada en estas cartas era que Lenin debía estar siempre con ellos.
2. ¿Quién lo construyó?

La primera versión del mausoleo de Lenin, de sólo 3 metros de altura, se erigió en menos de tres días para su funeral. El arquitecto fue Alexei Shchusev, que también diseñó las versiones posteriores.
Lenin murió el 21 de enero de 1924 y la ceremonia de despedida duró hasta finales de marzo. Se cree que millones de personas pasaron por el primer mausoleo.
En el verano boreal de 1924, la idea de embalsamar a Lenin y exponer su cuerpo a la vista del público estaba en pleno apogeo.
Shchusev comenzó a diseñar un nuevo edificio, mientras los científicos Alexei Vorobyov y Boris Zbarsky trabajaban en el embalsamamiento.
El 1 de agosto de 1924 el mausoleo se abrió al público.
Estaba construido en madera, pero su tamaño y forma se asemejaban a los de la versión actual.
El mausoleo de granito se terminó en el otoño boreal de 1930.
Su forma de panteón era la que más se acercaba a la visión de Stalin, enfatizando la singularidad y grandeza de la Unión Soviética.
La gente hacía largas colas para pasar solemnemente ante el cuerpo del líder del proletariado mundial.
3. Lenin compartió su mausoleo con Stalin
En 1953, tras la muerte de Stalin, se decidió que su cuerpo también sería enterrado en el mausoleo de Lenin.
Desde el principio hubo problemas: la piel del cuerpo de Stalin, especialmente la de su rostro, estaba en muy mal estado, lo que complicó el proceso de embalsamamiento.
Se colocó una nueva inscripción «LENIN STALIN» sobre la antigua, que a veces la lluvia borraba, dejando al descubierto las letras históricas «LENIN» que había debajo.
Tras la restricción del culto a la personalidad de Stalin y a las represiones masivas de su época, el cuerpo del líder soviético fue retirado del mausoleo en 1961 y enterrado cerca del muro del Kremlin.
Cuando Leonid Brézhnev murió en 1982, corrió una broma popular: la inscripción «LENIN» del mausoleo sería sustituida por «LЁNIN» (un juego de palabras con el nombre de Brézhnev).
4. Un lugar de guerra ideológica y vandalismo
Después de la guerra y hasta el colapso de la URSS, el mausoleo fue un lugar de peregrinación, visitado tanto por dignatarios extranjeros como por escolares soviéticos.
En mayo de 1945, durante el Desfile de la Victoria, las banderas nazis del ejército alemán fueron arrojadas al suelo frente al mausoleo para significar la victoria de la URSS en la Segunda Guerra Mundial.
El primer cosmonauta del mundo, Yuri Gagarin, fue recibido por el entonces líder soviético Nikita Jruschov en el podio del mausoleo.
Desde la década de 1950 hasta finales de la de 1970, el cuerpo de Lenin fue objeto de más de una docena de ataques con piedras, un martillo y un mazo, e incluso cócteles molotov.
Por lo general, los culpables eran capturados y enviados a tratamiento psiquiátrico obligatorio.
En 1973 un artefacto explosivo mató a varios visitantes. El cristal sobre el sarcófago de Lenin se reforzó entonces con vidrio antibalas.
5. Los restos de Lenin

Tras el colapso de la Unión Soviética, el presidente Boris Yeltsin, que despreciaba las ideas comunistas, optó por pronunciar sus discursos en la Plaza Roja no desde el mausoleo, sino desde una plataforma especialmente instalada en las inmediaciones.
A principios de la década de 1990, el laboratorio responsable del mantenimiento del cuerpo de Lenin perdió su financiación especial.
Desde entonces, varios documentales sobre el mausoleo y la conservación del cuerpo de Lenin se emitieron en canales de televisión rusos.
Estas películas afirmaban que el cuerpo de Lenin sólo había conservado el 23% de su cantidad original, y que el resto había sido sustituido por añadidos artificiales.
A día de hoy, el mausoleo de Lenin sigue siendo la atracción turística más popular de Rusia.
En Google Maps y en el sitio web turístico TripAdvisor, tiene una valoración media de más de cuatro estrellas sobre cinco.
Las reseñas van desde «a mi hijo le asustó su cara amarilla» hasta «merece la pena visitar este lugar para cualquiera que haya oído hablar de la época soviética, ya sea de primera mano o por boca de sus abuelos o padres».
Mausoleos con cuerpos embalsamados de líderes sólo quedan en los países comunistas del este y del sudeste asiático. Entre ellos están los del líder comunista chino Mao Zedong y el vietnamita Ho Chi Minh.
En Corea del Norte, los cuerpos de Kim il-Sung y su sucesor Kim Jong-il también se conservan embalsamados en un mausoleo.
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Las estatuas de San Martín por el mundo…

Historia Hoy(O.L.Mato) — Curiosamente, no fue Argentina el primer país en pensar homenajearlo en el bronce sino que la idea surgió en Chile, por iniciativa del historiador Benjamín Vicuña Mackenna, en oportunidad de la celebración de un nuevo aniversario de la batalla de Maipú, la victoria más resonante del Libertador. La obra fue encomendada al escultor francés Joseph-Louis Daumas (1801-1887).
Enterado el gobierno argentino del homenaje chileno, en un acto de reivindicación por la demora, inmediatamente envió una comitiva a París para convencer a Daumas que entregara una copia del monumento antes a la Argentina. Esta obra fue inaugurada en Buenos Aires en 1862, cuando aún los restos del Libertador esperaban ser repatriados de Francia.
La segunda copia llegó a Chile un año más tarde y la única diferencia con el monumento porteño es que la cola del caballo se apoya sobre el basamento para ofrecer un tercer punto de apoyo a la estatua ecuestre a fin de soportar mejor los movimientos sísmicos que azotan periódicamente a la capital chilena. La imagen está basada sobre un retrato litográfico de Théodore Géricault.
La obra de Daumas, un escultor que podríamos llamar de segunda línea, fue copiada varias veces, tanto dentro del país –en Santa Fe en 1902, en Mendoza y Corrientes en 1904 (con un pedestal de Torcuato Tasso)– como en el extranjero, en ciudades como en Bogotá, Madrid, Nueva York, México, Washington, Beijín, etc.
La repatriación de los restos del gran capitán por iniciativa del presidente Avellaneda, fue aprovechada por este para acercarse al general Mitre a fin de contar con su apoyo político. Resulta que Bartolomé Mitre se había rebelado contra Avellaneda por el fraude electoral de 1874. Derrotado en la batalla de la Verde, Mitre aprovechó su cautiverio para escribir la historia de San Martín. Convocarlo para ser el orador durante la inauguración de su mausoleo era para Avellaneda la mejor forma de congraciarse con él.
El féretro con los restos del Libertador fueron colocados en la cripta de la catedral metropolitana hasta que se concluyó la obra encomendada al escultor Albert-Ernest Carrier-Belleuse (1824-1887), artista ya conocido por los argentinos gracias al monumento a Manuel Belgrano y quien además ejecutaría la escultura del amigo chileno de San Martín, Bernardo O’Higgins.

El sepulcro de Carrier-Beleuse ubicado dentro de la catedral metropolitana fue realizado en mármol rojo de Francia y el sarcófago en granito negro de Bélgica y está rodeado por tres mujeres hechas en mármol de Carrara que representan las naciones liberadas por San Martin: Argentina, Chile y Perú.
En la oportunidad habló el ministro de Perú, Evaristo Gómez Sánchez, quien recordó una frase del general: “La presencia de un militar afortunado es temible en los Estados que se constituyen de nuevo para no convertir jamás una espada en cetro”.
Cuando fue a colocarse el ataúd que contenía los gloriosos restos de San Martín se percataron que el féretro no entraba en el lugar diseñado a tal fin. ¿Qué había pasado? Cuando la nave que traía el ataúd del general atracó en Montevideo, el pueblo uruguayo quiso honrar la memoria del ilustre difunto. Y, ¿qué se le puede dar a un difunto? Pues, otro ataúd… Pero como este nuevo féretro no entraba en el nicho predeterminado.
Después de largas cavilaciones, se dejó el ataúd en posición inclinada circunstancia que algunos vieron como una venganza póstuma por su condición de masón o el apoyo a Juan Manuel de Rosas cuando enfrentó a la escuadra anglo francesa.
Estas versiones que prolongan antiguos disensos no estaban de acuerdo con la frase conciliadora que había pronunciado el presidente Avellaneda en la oportunidad, al referirse a “la capacidad integradora de los grandes muertos”.
Además de los innumerables bustos del Libertador dispersos por escuelas, plazas y dependencias estatales, en Buenos Aires se encuentra un monumento muy particular que honra la memoria del “Abuelo Inmortal” y las enseñanzas que dejó a sus nietas. Su imagen está basada en el único daguerrotipo del general tomado dos años antes de su fallecimiento. La obra es del escultor argentino Ángel Ybarra García (1892-1972), dotado artista quien además era ingeniero.

En las vecindades de esta estatua emplazada en la calle Ramón Castillo, se encuentra una reproducción de la casa de Grand Bourg y una serie de estatuas de personajes vinculados al general como la de su propia esposa, obra de Santiago Parodi (1898-1970), su hija Mercedes (de Quintino Piana (1875-1950) y de José Pacífico Otero, religioso e historiador promotor del culto del “Padre de la Patria”, busto obra de Juan Carlos Ferraro (1917-2004).
Frente a este abuelo inmortal hay una serie de monumentos que recuerdan a colaboradores y amigos del Libertador empezando por el Mariscal Castilla, Alejandro Aguado, Martín de Pueyrredón, Gregorio Las Heras, Álvarez de Arenales, Güemes y una imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, patrona del Ejército de los Andes.
Cabe recordar que en 1910, Gustav Eberlein (1847-1926) diseñó un basamento en granito rojo para homenajear a los ejércitos de la independencia La obra de Daumas fue colocada sobre este conjunto escultórico. El pintor e historiador Eduardo Schiaffino comentó que “los personajes que ha puesto Eberlein en torno a San Martín no son argentinos, ni latinos”. Eberlein era el artista preferido del Kaiser Wilhelm y las figuras tienen un indisimulado aire germano. El dios de la guerra que precede al conjunto, no es Marte sino Odín …
Como ya hemos dicho, el culto sanmartiniano se ha diseminado por el mundo, la mayor parte de las veces reproduciendo las obras de Daumas, aunque en otros lugares le hayan dedicado obras más originales, empezando con el Cerro de la Gloria en Mendoza, obra de Juan M. Ferrari (1874-1916).
En Berlín hay un estatua del Libertador de pie donada por la colectividad argentina germana en 1995. En Londres también hay una estatua de pie en Belgrave Square (cerca de la embajada argentina); al igual que una placa que recuerda el lugar en el que vivió durante su permanencia en dicha ciudad .

Una estatua de San Martín sosteniendo una bandera puede verse en Medellín (Colombia) que se repite en Montreal ( Canadá) y en Río de Janeiro (Brasil), basada en el modelo del francés Henri Allouard (1844-1929) que se encuentra en Boulogne Sur Mer.
En Lima, Perú, hay una notable obra ecuestre de Mariano Benlliure (1862-1947), inaugurada en 1921. Curiosamente, Simón Bolívar contó con su monumento en Lima (magnífica obra de Adamo Tadolini) casi 80 años antes que San Martin.
Por último, en Guayaquil se lo representa a ambos Libertadores en un hemiciclo de columnas obra de José Antonio Homs (1910-1995).
La extensa obra estatuaria de nuestro máximo prócer sirve para eternizar los símbolos patrios y otorgar una identidad común sobre la que se construyen las naciones.
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Encontradas en Pompeya otras dos víctimas de la erupción, con un pequeño tesoro de monedas y adornos preciosos…

L.B.V.(G.Carvajal) — Continúan los hallazgos en el área de excavación de la Regio IX, Insula 10 de Pompeya, donde se están llevando a cabo investigaciones arqueológicas en el marco de un proyecto más amplio destinado a asegurar los frentes de excavación.
El último hallazgo, del cual se ha publicado recientemente en el E-Journal de las Excavaciones de Pompeya un primer encuadre científico, es un espacio en el que se encontraron dos víctimas de la erupción, un hombre y una mujer. Esta última, encontrada en la cama, llevaba consigo un pequeño tesoro con monedas de oro, plata y bronce, y algunos adornos, entre ellos unos pendientes de oro y perlas.
El pequeño espacio, un lugar de servicio usado como cubículo (habitación) provisional durante los trabajos de renovación de la casa, ubicado detrás del ya documentado Sacrario azul y con acceso desde el gran salón decorado en estilo II, fue elegido como refugio por estas dos personas, en espera del final de la lluvia de lapilli que, durante horas, había estado invadiendo los espacios abiertos, en el resto de la casa.

El espacio, gracias a la ventana cerrada, permaneció libre de las piedras pómez que llenaron, en cambio, el salón adyacente, bloqueando de hecho la posibilidad de que las dos víctimas pudieran abrir la puerta y escapar. Atrapadas en la angosta habitación, encontraron la muerte con la llegada de los flujos piroclásticos.
Las huellas en la ceniza permitieron reconstruir los muebles e identificar su posición exacta en el momento de la erupción: una cama, un cofre, un candelabro de bronce y una mesa con tapa de mármol, con los utensilios de bronce, vidrio y cerámica aún en su lugar.
El proyecto de excavación forma parte de un enfoque más amplio, desarrollado en los últimos años con el objetivo de mejorar la protección y el régimen hidrológico de los frentes de excavación. Con base en los datos recogidos durante este periodo, el Parque Arqueológico está comprometido en calibrar su enfoque, centrando los aspectos de restauración, conservación y accesibilidad del patrimonio y delimitando cuidadosamente las áreas de excavación dentro de la ciudad sepultada en el 79 d.C.

Al mismo tiempo, importantes inversiones ministeriales y gubernamentales están destinadas a nuevas excavaciones en el territorio circundante, desde Civita Giuliana hasta la Villa de los Misterios y la antigua Oplontis en el Municipio de Torre Annunziata.
La oportunidad de analizar los valiosísimos datos antropológicos relativos a las dos víctimas encontradas en el contexto arqueológico que marcó su trágico fin, permite recuperar una cantidad notable de información sobre la vida cotidiana de los antiguos pompeyanos y sobre las microhistorias de algunos de ellos, con una documentación precisa y puntual, confirmando la singularidad del territorio vesubiano,declara el Director del Parque, Gabriel Zuchtriegel.
Un trabajo que ve la colaboración entre arqueólogos, antropólogos y vulcanólogos dedicados a reconstruir los últimos instantes de vida de hombres, mujeres y niños que perecieron durante una de las mayores catástrofes naturales de la antigüedad. Pompeya sigue siendo un gran taller de investigación y restauración, pero en los próximos años esperamos importantes avances en las excavaciones arqueológicas y en la valorización del territorio, gracias también a las inversiones anunciadas recientemente por el Ministro de Cultura, Gennaro Sangiuliano.

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¿Cuál es la historia de la iglesia del centro de Coyoacán, marcada por un asesinato y la aparición de la Virgen de Guadalupe?…
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Infobae(A.T.Sandoval) — La parroquia de San Juan Bautista, situada en el emblemático barrio de Villa Coyoacán en la Ciudad de México, es más que un simple templo católico; es un reflejo de la historia, la cultura y la arquitectura novohispana.
Erigida sobre un generoso terreno otorgado por Hernán Cortés en 1522, esta iglesia destaca como un símbolo del barroco novohispano y una joya del patrimonio religioso y cultural de la capital mexicana.
Fundada apenas ocho años después de la Conquista, la parroquia fue obra de frailes franciscanos que eligieron un terreno amplio donado por Cortés, quien deseaba afianzar la evangelización y la presencia española en la región.
Según el cronista Salvador Novo, el predio original contaba con un piso de cemento, fachada de cantera roja, muros de piedra volcánica labrada y un adoratorio adornado con chapa de oro. Sobre este terreno, los monjes construyeron, en un período de 30 años (1522-1552), el convento, el templo y la huerta de San Juan Bautista, abarcando casi 20 mil metros cuadrados del actual parque de Coyoacán.
La parroquia ha soportado los embates del tiempo y ha sido reconstruida y remodelada en diversas ocasiones: primero en 1804 y luego de 1926 a 1947, sin perder su esencia.
La Parroquia de San Juan Bautista ha conservado su belleza tanto externa como interna, adornada con valiosas pinturas y detalles arquitectónicos únicos. Originalmente, la iglesia tenía tres naves. La principal, ubicada en el centro, estaba cubierta con vigas de cedro labradas, y el coro y el presbiterio estaban separados al estilo de una basílica romana. Sus puertas de estilo plateresco y las pilas bautismales con caracteres anteriores a la conquista muestran su rica herencia.
La fachada es sobria con arquitectura plateresca, la torre tiene estilo toscano y columnas jónicas y salomónicas, y la cúpula es redonda, reflejando diversas influencias arquitectónicas acumuladas a lo largo de los siglos. Este templo es una mezcla de estilos debido a sus múltiples remodelaciones a lo largo del tiempo.
– Asesinato y la aparición de la Virgen
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La historia de la Parroquia de San Juan Bautista está llena de anécdotas y eventos significativos. En 1906, el terreno fue tasado en solo 120 pesos. Poco después, se instalaron rejas de fierro para preservar la moral alrededor del templo.
En 1918, se redujo el atrio para dar paso al tranvía eléctrico y los autos, creando la actual Plaza Hidalgo. La propiedad fue adquirida por el gobierno federal por 32 mil pesos, una deuda que fue anulada después de una década.
Durante una remodelación en 1925, la parroquia estuvo cerca de clausurarse debido al mal estado de sus cubiertas de madera. A pesar de propuestas de sustitución por mampostería y la clausura de una escuela adyacente por brindar educación católica, la parroquia resistió y permaneció abierta. En 1934, fue declarada Monumento Histórico por el Gobierno de México.
La parroquia ha sido enriquecida con donaciones de altares de mármol, esculturas y reliquias, como la mano de San Pedro Alcántara en un relicario de plata, y una campana de casi 2 mil kilos. La Capilla del Santísimo Sacramento y la Capilla de las Vírgenes son lugares de especial devoción dentro del templo, dedicadas a la veneración diaria y a las practicas religiosas durante Semana Santa.
En 1934, un motín anticatólico liderado por Tomás Garrido Canabal atacó la iglesia, dejando huella en su historia con la muerte de la mártir María de la Luz Cirenia Camacho González, cuyos restos se preservan en la parroquia mientras avanza su proceso de beatificación.
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Otra leyenda narra sobre la misteriosa aparición de rosas generadas por las oraciones de un Hermano Lego en el altar de la Virgen, un simbolismo de la fe y devoción que ha caracterizado al templo.
Se cuenta que, a finales del siglo XX, alrededor de los años 80, apareció una mancha negra con la forma de la Virgen de Guadalupe en una barda de la Parroquia de San Juan Bautista que da hacia el Jardín Hidalgo. Este fenómeno atrajo la atención tanto de fieles como de medios de comunicación y sacerdotes, quienes acudieron al lugar movidos por la curiosidad y la devoción para venerar la figura. Sin embargo, con el paso del tiempo, la imagen ha ido desvaneciéndose, y actualmente, aunque menos prominente, algunos aún la recuerdan y veneran.
Administrada por la Orden Franciscana, la Parroquia de San Juan Bautista maneja diversas capillas en la zona y sigue siendo un centro vital de la fe católica en Coyoacán. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 causó daños significativos, como la caída de la cruz del campanario y grietas en su interior, muchas de las cuales aún necesitan restauración.
Este templo, con casi cinco siglos de existencia, continúa siendo un emblema de la historia, la devoción y la resiliencia de la comunidad coyoacanense.
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¿Quién hizo a los moáis? El origen de las cabezas de la isla de Pascua

Muy Interesante(F.Navarro) — En las aguas del océano Pacífico, la Isla de Pascua es uno de los enclaves más enigmáticos del planeta. Descubierta el domingo de Pascua de 1722 por el explorador holandés Jakob Roggevee, esta remota isla chilena cautivó de inmediato a los primeros europeos con sus monumentales moáis.
Estas imponentes estatuas de piedra fueron creadas por los antiguos rapanui y no solo dominan el paisaje, sino que también plantean un misterio fascinante: ¿cómo pudo una civilización aparentemente aislada y limitada en recursos construir y erigir más de novecientos gigantes de piedra? Este enigma sigue desafiando a historiadores y arqueólogos hasta hoy.
– El primer contacto con los colosos
La historia de la Isla de Pascua comenzó a escribirse en la conciencia europea con la llegada de Jakob Roggevee en 1722. Sorprendido por la presencia de gigantescas estatuas de piedra en una isla tan remota, Roggevee marcó el inicio de un fascinante capítulo de descubrimientos. Medio siglo más tarde, en 1774, el célebre explorador británico James Cook pisó la isla.
Cook, asombrado tanto por la escala como por la destreza técnica de los moáis, documentó meticulosamente su estructura y ponderó cómo una sociedad que encontró en declive pudo haber gestionado tal hazaña arquitectónica.
Estas primeras exploraciones plantearon preguntas duraderas sobre la capacidad y métodos de los antiguos rapanui, iniciando un debate que estimularía siglos de investigación. Estos enigmas sobre cómo una población tan reducida y con recursos limitados logró tales proezas técnicas continuaron intrigando y desafiando las percepciones occidentales sobre la tecnología y la cultura primitivas.

– Arqueología para resolver el misterio
Katherine Routledge, una pionera en la arqueología, emprendió una de las primeras investigaciones científicas sistemáticas en la Isla de Pascua en 1914. Con una formación académica en Oxford, Routledge llegó a la isla con su esposo a bordo del velero «Mana», equipado para llevar a cabo una exploración exhaustiva.
Uno de sus descubrimientos más significativos fue en la cantera de Rano Raraku, el sitio donde la mayoría de los moáis fueron esculpidos directamente desde la roca volcánica. Aquí, encontró numerosas estatuas inacabadas, algunas todavía parcialmente incrustadas en la roca, proporcionando evidencias cruciales sobre las técnicas de construcción y transporte de los moáis.
Routledge también documentó los ahus, las plataformas ceremoniales sobre las que se erigían los moáis. Su interacción con los pobladores rapanui le permitió recoger valiosas tradiciones orales y leyendas que vinculaban a los moáis con representaciones de antepasados, sugiriendo una profunda conexión espiritual y cultural entre las estatuas y los habitantes de la isla.
Estas narrativas apuntaban a los moáis no solo como meras obras de arte, sino como pilares esenciales en la vida religiosa y social de la comunidad. Las teorías de Routledge sobre el significado y la función de los moáis ampliaron el conocimiento de la compleja estructura social y las creencias espirituales de los antiguos rapanui, marcando un punto de inflexión en la arqueología de la isla y proporcionando un marco para futuras investigaciones.
Su trabajo culminó en la publicación de «The Mystery of Easter Island», un detallado relato de sus hallazgos y experiencias en la isla.

– ¿Por qué desapareció esta cultura?
La construcción de los moáis en la Isla de Pascua fue un logro arquitectónico, pero también un factor que contribuyó al colapso ecológico y cultural de la isla. Según la hipótesis de Katherine Routledge y estudios posteriores, la demanda intensiva de recursos como madera para transportar estas gigantescas estatuas llevó a una deforestación masiva.
Este agotamiento de los recursos naturales críticos generó una cadena de consecuencias ambientales, incluyendo la erosión del suelo y la disminución de la capacidad de la tierra para sostener la agricultura y la vida silvestre local.
Esta crisis ambiental exacerbó las tensiones entre los distintos clanes de la isla, que competían por los menguantes recursos y el prestigio de erigir moáis cada vez más grandes. La rivalidad intensa condujo a conflictos y guerras tribales, marcando un período de inestabilidad social y el abandono progresivo de la construcción de nuevos moáis.
Esta serie de eventos culminó en la decadencia de las prácticas culturales que una vez florecieron alrededor de estos imponentes iconos de piedra.

– Mucho por conocer (y conservar)
Las teorías contemporáneas sobre el transporte de los moáis de la Isla de Pascua han evolucionado considerablemente. Una de las más fascinantes es la teoría del «caminar» de los moáis, propuesta por arqueólogos como Carl Lipo.
Según esta teoría, los moáis eran trasladados verticalmente en un movimiento pendular, una técnica que imitaba el acto de caminar, lo que explicaría cómo estas colosales estatuas podrían haber sido movidas largas distancias sin la necesidad de rodillos o trineos, utilizando solo cuerdas y mano de obra humana coordinada.
Paralelamente, proyectos como el Easter Island Statue Project, liderado por Jo Anne Van Tilburg, se han centrado en la conservación y estudio detallado de los moáis y sus plataformas.
Este proyecto ha ayudado a catalogar las estatuas, estudiar su conservación y trabajar en la preservación del patrimonio cultural de la isla, con la intención de superar adversidades como la erosión y el impacto del turismo. Estos esfuerzos son cruciales para mantener vivo el legado de los antiguos rapanui y proteger estas impresionantes obras de arte para futuras generaciones.
Los moáis de la Isla de Pascua no son solo monumentos pétreos; son emblemas de la rica herencia espiritual y cultural de los rapanuis. Estas enigmáticas figuras continúan fascinando y desafiando a arqueólogos y científicos, manteniendo viva la magia y el misterio que envuelve a esta remota isla.
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Poligamia prehistórica…

Meer(S.Gil) — Hazleton es el nombre del pueblecito inglés donde, en 1980, se estuvo excavando un túmulo de 5,700 años con los restos de cuatro decenas de seres humanos. Pero ha sido ahora cuando, en lo que supone una mirada sin precedentes a la vida prehistórica, un análisis del ADN de aquellos huesos ha permitido entender quiénes eran aquellas personas.
El estudio revela que al menos 27 de los 35 individuos analizados en la tumba colectiva eran parientes directos. Es más, en palabras del genetista Íñigo Olalde, coautor del trabajo, se trata de «la familia más antigua jamás recuperada, además de la más grande descrita en la prehistoria».
En este sentido, los investigadores dibujan un árbol genealógico con un hombre, cuatro mujeres y la descendencia que tuvieron los cinco, hasta llegar a sus tataranietos. «No sabemos si esto era poligamia o era monogamia seriada: si el hombre se reproducía con las cuatro mujeres a la vez o si cada vez que moría una mujer empezaba con otra», explica Olalde, de la Universidad del País Vasco.
«Junto a esto, hay que destacar que no hay hijas adultas, lo que sugiere que los cadáveres de ellas se depositaron en otras tumbas, quizá junto a los hombres de otros grupos».
Igualmente, el análisis evidencia que las mujeres que tenían hijos con los hombres del clan también los tenían con otros individuos ajenos al grupo: los investigadores han encontrado en el sepulcro tres supuestos hijastros, quizá fruto de relaciones anteriores de ellas y adoptados por la familia de Hazleton Norte, según sostienen los autores.
Bajo este ángulo, Olalde recuerda que «en aquella época era muy fácil morir». Su estudio de los huesos muestra fracturas, abscesos dentales, artritis, inflamación de las articulaciones por infecciones bacterianas y signos de déficit nutricional. «Hay indicios de un montón de enfermedades. Tuvieron una vida totalmente mísera para nuestros estándares. Es posible que sus parejas se muriesen y tuvieran otras después», plantea Olalde.
Sin embargo, Tamsin O’Connell, jefa del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, valora la «solidez» del nuevo estudio, pero echa de menos una mayor reflexión ya que la misma responsable reveló hace 15 años la dieta muy rica en carne de estas personas, mediante el análisis de los compuestos químicos de sus huesos. «Estaban bien alimentados y mostraban niveles de enfermedad y estrés parecidos a los de otras poblaciones similares», afirma.
Además, la investigadora de Cambridge pone en duda la hipótesis de que los hombres del clan adoptasen hijos ajenos. «Otra explicación podría ser el desorden de las relaciones humanas. Algunos estudios modernos calculan que entre el 2% y el 4% de las personas son hijas de un padre que no es el que creen. Y esto también pudo ocurrir en el pasado», advierte.
El propio Íñigo Olalde reconoce que los supuestos hijos adoptados del clan de Hazleton Norte pudieron ser fruto de infidelidades. «Es una opción, pero creemos que no es así porque vemos tres casos, por eso postulamos que aquellos hombres eran conscientes de que eran hijos de otros hombres», argumenta el científico.
Así pues, y ante la diversidad de respuestas, como concluye Ansede, especialista en el tema, «es la primera vez que se aplica el análisis del ADN antiguo a una gran familia de la prehistoria. El desembarco de la genética acaba de empezar».
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48°52.6′S 123°23.6′W: Estas son las coordenadas del Punto Nemo, el lugar más alejado de tierra firme del planeta…

La Razón(A.L.de Santos) — Hay un punto en el planeta tan alejado de cualquier lugar que los seres humanos más cercanos… no viven en la Tierra, sino en la Estación Espacial Internacional, situada a más de 400 kilómetros de la superficie terrestre. Tan distante está de cualquier lugar habitado que es el lugar elegido por muchas de las agencias espaciales de Rusia, Europa o Japón como «vertedero» de sus naves y residuos espaciales, debido a su lejanía de rutas de navegación y áreas habitadas, minimizando riesgos para la vida humana al descartar objetos espaciales allí..
Se trata del llamado Punto Nemo, también conocido como el polo oceánico de inaccesibilidad, es el lugar en el océano más alejado de cualquier tierra firme. Ubicado en el Pacífico Sur, está a aproximadamente 2.688 kilómetros de la costa más cercana, que incluye las islas Ducie, Motu Nui (parte de la Isla de Pascua) y Maher.
Este lugar está en el sur del océano Pacífico y coincide con el lugar más alejado de la línea de costa. De hecho, supera en distancia al polo de inaccesibilidad de Eurasia. Se halla a unos 48°52.6′S 123°23.6′W, situándose aproximadamente a medio camino entre las costas de Chile y Nueva Zelanda, y entre la Isla Ducie, una de las islas Pitcairn, y la Isla Maher en la Antártida. Esta remota localización hace del Punto Nemo un lugar de gran interés tanto para los científicos como para los entusiastas de la exploración oceánica.
Sus coordenadas fueron calculadas por el ingeniero croata-canadiense Hrvoje Lukatele en 1992 y para conocer con exactitud su geolocalización fue necesario utilizar un programa de computación especializado que incorporó la forma elipsoide de la Tierra para lograr una precisión máxima.

Así, el también llamado punto medio del océano está en la mitad sur del Pacífico a más de 1.600 kilómetros de distancia de las costas de tres islas. Las tierras emergidas más cercanas, localizadas a 2.688 km, son:
- al norte, la Isla Ducie (Islas Pitcairn)
- al noreste, Motu Nui, islote del archipiélago de la isla de Pascua
- al sur, la isla Maher
- al oeste, la isla Chatham;
- al este, el archipiélago Campana al sur de Chile
“La localización de tres puntos equiláteros es especialmente singular. No hay tres puntos sobre la superficie de la Tierra que podrían reemplazarlos”, dijo Lukatela en una entrevista con la BBC. Es posible que mejores mediciones o erosiones costeras cambien su ubicación, “pero solo en el orden de algunos metros”, explica.
A pesar de su lejanía, el Punto Nemo no está desprovisto de vida. Aunque la vida marina en esta región es escasa debido a la falta de nutrientes y a la gran distancia de las corrientes ricas en nutrientes que alimentan a otras partes del océano, se han encontrado algunas formas de vida adaptadas a estas condiciones extremas. Los estudios científicos han revelado la presencia de ciertos tipos de bacterias y otros organismos que sobreviven en este entorno inhóspito.
El Punto Nemo ha capturado la imaginación de escritores y exploradores. Además de su nombre en honor al capitán Nemo, se ha mencionado en diversas obras de ciencia ficción y literatura de aventuras. La cultura popular también ha abrazado la idea de este punto remoto como símbolo de soledad y misterio en el vasto océano.
La exploración del Punto Nemo presenta desafíos logísticos significativos debido a su lejanía de cualquier base terrestre. Las expediciones a esta región requieren planificación detallada, recursos adecuados y tiempo considerable. Sin embargo, los avances tecnológicos en la navegación y la exploración submarina han permitido a los científicos estudiar más de cerca esta área, proporcionando información valiosa sobre las características físicas y biológicas del Punto Nemo.
Estos restos habrían llegado a crear hábitats colonizados por las escasas especies que habitan las profundidades de estas coordinadas y, según los científicos, salvo que se produjese algún derrame de combustible, no supondrían una amenaza para la fauna submarina.
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Las 15 mejores ciudades cerveceras (Según CNN) …

(CNN) — Hay un mundo salvaje de cerveza allá afuera, y no solo estamos hablando de la fermentación en los tanques.
La escena de la cerveza artesanal se ha apoderado de casi cada centímetro del mundo, desde Australia hasta Estonia y prácticamente está en todas partes. Con cervecerías experimentales, nuevas versiones de antiguas tradiciones y pubs que atienden a los amantes de la cerveza de todos los paladares, hay una cerveza para ti, sin importar a dónde viajes.
Puede que no sea posible beberlas todas, pero si quieres sacar el máximo provecho de tu cerveza, pon una de estas ciudades especialistas en cerveza en tu lista de deseos, toma tu pasaporte y a por ello.
– Portland, Maine, Estados Unidos
Como la ciudad de Estados Unidos con más cervecerías per cápita, Portland, Maine, se encuentra en la parte superior de la lista de visitas obligadas de todos los amantes de la cerveza. Para probar un montón de cervezas de Maine en una ronda, detente en Novare Res en el vecindario de Old Port. Con pioneros como Allagash hasta nuevos estándares como Bissell Brothers, Maine Beer Co. y Liquid Riot, los grifos giratorios del bar no te decepcionarán.
Oxbow Blending & Bottling combina el espacio de madurado en barrica para las cervezas de inspiración europea de la cervecería, como el buque insignia Farmhouse pale ale, con una espaciosa taberna tipo bodega. Cuando haga buen tiempo, toma un cono de papas fritas belgas del escaparate de la tienda de papas fritas Duckfat.
Encontrarás una selección ecléctica de cervezas en Foulmouthed Brewing, en una tienda de autos remodelada en South Portland. Prueba la Grawlix IPA con lúpulo cultivado localmente o un gose salado con yuzu kosho y langosta.
– Asheville, Carolina del Norte, Estados Unidos
Solo después de Portland en la lista de cervecerías per cápita, Asheville tiene una larga tradición de elaboración de cerveza artesanal independiente. The Green Man Brewery, ha estado produciéndola desde 1997 en su cervecería y taberna del centro, Dirty Jack’s, con música en vivo todas las noches, otro elemento básico de Asheville.
Wicked Weed Brewing ha construido su nombre produciendo cervezas sabrosas que están un poco fuera de lo común. Junto con su cervecería y pub originales, su Funkatorium es una nueva rama dedicada a las cervezas ácidas y otras cervezas de fermentación salvaje (con levadura salvaje, no tradicional).
Si no puedes ir a todas las cervecerías en Asheville desde Hi-Wire hasta Burial en una misma visita, ve a West Asheville para que te deleites con lo que hay en el Westville Pub. Este lugar siempre tiene a mano una variedad de cervezas favoritas regionales, así como sus propias cervezas de All Sevens Brewing.
Y si necesitas más recetas de cerveza en Asheville, consulta con la copropietaria de la compañía de levadura de White Labs Lisa White, quien seguramente conoce la cerveza.
– Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos
Para no ser superada por las ciudades más grandes en las costas, Grand Rapids se llama a sí misma “La ciudad de la cerveza” de Estados Unidos y hace honor a su título. Funders Brewing puede haber puesto esta ciudad en el mapa (ayudado por la cercana Bell’s en Kalamazoo), pero este lugar del oeste de Michigan se ha llevado el título y se ha quedado con él, con más de 80 cervecerías en el área.
A pesar de estar ubicada en una antigua funeraria, Brewery Vivant está más que viva con sabrosas cervezas de granja. Encuentra las cervezas “Plein de Vie” fermentadas en estado salvaje, las opciones de temporada con barril de bourbon y las ofertas durante todo el año, como el Hop Field IPA con lúpulo de Michigan en este histórico lugar de East Hills.
En el West Side y también reutilizando un antiguo espacio comunitario, esta vez una estación de bomberos, queda la cervecería en rápida expansión, The Mitten. Los fanáticos del béisbol apreciarán los juegos de palabras inteligentes de muchos de los nombres de cerveza, desde la cerveza rubia League of Their Own hasta la de frambuesa e hibisco Rose Canseco.
– Bruselas, Bélgica

Bélgica puede ser pequeña, pero es grande en la historia de la cerveza. Los monasterios trapenses que fundaron gran parte de sus famosas tradiciones cerveceras por lo general no están abiertos al público, y se encuentran dispersos por el campo, entonces, ¿por qué no ir a Bruselas y probar sus cervezas a tus anchas?
Cantillon, conocida por sus cervezas frutales lambic, es una de las pocas cervecerías venerables que ofrece recorridos diarios. Detente o pasa unas horas en Moedic Lambic probando muchas de estas cervezas raras fermentadas naturalmente.
En el extremo opuesto del espectro está el Brussels Beer Project, una cervecería moderna centrada en la colaboración y la experimentación. Con más de 40 cervezas nuevas que salen de sus tanques cada año, seguramente encontrarás algo intrigante.
– Tokio, Japón
Escondido en un tramo de escaleras (pero visible por el gran vaso de cerveza iluminado afuera), Popeye es el bar de cerveza artesanal más antiguo de Tokio, fundado como un “pub de estilo occidental” en 1960 y ampliando su selección de cerveza en los años 90. Ahora con 70 grifos, el bar ofrece una variedad de cervezas japonesas, estadounidenses e internacionales y también es un izakaya.
Una combinación más moderna de izakaya y cerveza se encuentra en Baird Harajuku Tap Room, una de las dos salas de degustación para la cerveza artesanal japonesa Baird Beer en Tokio. En el segundo lugar en Nakameguro, la pizza al estilo de Connecticut es el foco, pero en cualquier lugar, tanto las cervezas especiales mensuales como las ofertas principales están listas para combinar con tu comida.
Para probar una de las cervecerías más conocidas de Japón, visita Hitachino Brewing Lab, una sala de degustación dedicada a las ofrendas de las cervezas Hitachino Nest de Kiuchi Brewery. En este acogedor espacio cerca de la estación de Akihabara puedes probar la cerveza blanca insignia y las cervezas de edición limitada de uno de los 10 grifos giratorios.
– Shanghai, China
No es sorprendente, dada su población, que China consuma más cerveza que cualquier otro país, una cuarta parte de la cerveza en el mundo. Y encontrarás una amplia selección internacional y local de cervezas artesanales en todo Shanghai para ayudar a aumentar esa apuesta.
Boxing Cat Brewery tiene tres locales de cervecería en toda la ciudad: la mejor para probar ofertas como su galardonada pale ale de Sucker Punch de lúpulo seco. A menudo colabora con otras cervecerías chinas e internacionales para hacer productos únicos como Emperor’s Horses Lychee Pilsner con 京 A (Jing A) Brewing Co.
Al lado de la ubicación de Fuxing Lu de Boxing Cat está Daga Brewpub, un bar de tres pisos con 40 extraños grifos para que pruebes una selección más amplia de cervezas chinas de cervecerías populares como Shanghai Love y Shantown. Más pequeño y más informal pero no menos impresionante es The Hop Project, un bar y restaurante de queso a la parrilla con cerveza artesanal que tiene constante rotación.
– Berlín, Alemania

Explorar una de las ciudades cerveceras más famosas de Alemania puede ser abrumador. Si bien los emprendedores berlineses han creado mapas y recorridos para ayudar a los amantes de la cerveza, hay una variedad de lugares para que encuentres pilsners, marzens y rauchbiers por tu cuenta.
Brauhaus Lemke es la cervecera artesanal más antigua de Berlín y celebra su vigésimo año en el negocio con un espacio cavernoso cerca de la Alexanderplatz. Lemke también dirige el Brauhaus Lemke am Schloss, un restaurante y jardín de cerveza ubicado en la cervecería más antigua de la ciudad.
Los amantes de las cervezas tipo IPA y APA gravitarán en Vagabund, una cervecería abierta por expatriados estadounidenses. Hops & Barley, ubicado en una antigua carnicería de la década de 1950, ofrece un ambiente discreto y de barrio con una selección de estilos de cerveza tradicionales como el pilsner sin filtro de barril.
– Roma, Italia
En lugar de otro vaso de Trebbiano, ¿por qué no tomar una pinta de Vento Forte IPA en la Ciudad Eterna? Comienza con un sorbo en Birra Baladin, uno de los mayores productores de cerveza artesanal de Italia. Los domingos solo se ofrecen recorridos, pero el vasto jardín de la cerveza es perfecto para tomar una cerveza y comer algo, con variedades de comidas como el ahumado Garden y la cerveza de verano con especias Soraya disponible exclusivamente en barril.
Para opciones más extravagantes, toma un sándwich gigante de porchetta en la pequeña tienda especializada en rock and roll Donkey Punch y báñalo con una cerveza dorada Birra Plurale. Para gente observadora, ve al Ma Che Siente Venuti a Fà, uno de los bares de cerveza artesanales romanos originales. Con 16 grifos de cervezas internacionales y un personal experto, serás capaz de responder al nombre que plantea su nombre: “¿Para qué viniste aquí?”.
– Victoria, Columbia Británica, Canadá
La revolución de la cerveza llegó temprano a Victoria, con su primera cervecería abierta en 1984. Desde entonces el número de cervecerías y puntos de venta centrados en la cerveza ha crecido constantemente. Swans Brewery, uno de los pioneros de la cerveza artesanal de Columbia Británica, continúa atrayendo a los fieles seguidores a sus bien equipados cervecería y hotel. Está a la vuelta de Canoe Brewpub, un viejo estadista de la escena, donde puedes relajarte con una jugosa cerveza ale en el patio.
La próxima generación de cerveza artesanal Victoria es ejemplificada por Hoyne, una cervecería creada por el antiguo maestro cervecero de Swans y cofundador de Canoe. Sean Hoyne ahora vuela su propia bandera con creaciones como Entre Nous, un witbier de estilo belga elaborado con cerezas BC.
Driftwood Beer supera los límites aún más con cervezas creativas como la Raised by Wolves IPA elaborada con jugosos lúpulos Ekuanot y levadura salvaje.
– Melbourne, Australia

A la altura de la reputación de ciudad soleada pero relajada de Australia, las cervecerías y bares de Melbourne son lugares privilegiados para una tarde relajada de probar varias cervezas y conversación. Los grifos siempre están vertiendo opciones de artesanía local en The Catfish, un bar de barrio informal y sin lujos que funciona como un lugar de música en vivo y, de manera improbable, un emporio de filetes de queso Philly.
Moon Dog Brewing llama a su sala de grifería en el lugar un “paraíso tropical de bares de cervecería”, y el espacio skylit cubierto de palmeras es un ambiente ideal para probar una cerveza experimental de temporada como el helado de lima y pino Splice of Heaven IPA .
Thunder Road, una cervecería más grande en el centro de Melbourne, ha estado produciendo cervezas complejas e interesantes durante 10 años. Prueba la cerveza australiana Pacific Breeze con lúpulo australiano y come un snack del remolque Airstream estacionado en el patio.
– Ciudad del Cabo, Sudáfrica
Durante el siglo pasado, South African Breweries fue la única cervecería en el país. Afortunadamente, eso cambió con la revolución de la cerveza artesanal, y Ciudad del Cabo tiene muchas más opciones nuevas.
Jack Black’s es una querida operación local fundada por un par de cerveceras por contrato de larga data, que abrieron su propia cervecería insignia y taberna en 2016. Allí puedes comer una hamburguesa y una pinta de cerveza malteada pre-Prohibition Style Brewers Lager o Butcher Block, una cerveza inglesa.
Ukhamba Beerworx, la primera microcervecería de propiedad negra de Sudáfrica, celebra las tradiciones cerveceras de las tribus Nguni mientras produce iteraciones modernas como Utywala sorghum saison, hechas con malta de sorgo.
Con 30 cervezas de barril y un menú de comida caribeña para acompañarlas, el popular café Banana Jam tiene cubiertos a los amantes de la cerveza. Las cervezas de la casa como el Afro Caribbean Coconut IPA o Pirate Porter siempre están disponibles, con una lista rotativa de otras opciones locales.
– Lisboa, Portugal
Si solo tienes tiempo para beber una cerveza mientras estás en Lisboa, ¿por qué no hacerlo en un túnel real del siglo XVIII? El bar de cerveza Quimera se encuentra en un camino subterráneo al Palacio de las Necesidades, utilizado como una ruta de escape para el Rey Manuel II cuando la monarquía cayó en 1910.
Dejando a un lado la historia, Quimera ofrece sus propias cervezas de barril inusuales, que van desde una cerveza cruda agria de frambuesa añejada hasta una Brett IPA o un portero de mantequilla de maní.
Para una visita más larga, dirígete a Marvila, el autodenominado distrito de la cerveza en Lisboa. Esta designación del vecindario fue concebida por tres cervecerías locales: Musa, Lince y Dois Corvos. Aunque cada uno se ejecuta de forma independiente, se encuentran dentro de un bloque el uno del otro, lo que hace que el rastreo sea fácil de lograr.
– Varsovia, Polonia

Algunas personas podrían describir la última tendencia de la cerveza artesanal como un “ataque de lúpulo”, pero solo hay una cerveza polaca que realmente toma esa frase como su nombre. Atak Chmielu, una IPA de estilo americano, es la cerveza insignia de Pinta. Desde la primera presentación de esta cerveza lupulada en 2011, la cervecería ha ampliado su gama y ahora cuenta con una serie de productos agrios.
Puedes encontrar más estilos de pintas en cualquiera de las tres ubicaciones del pub Kufle i Kapsle en Varsovia. Cada uno sirve cervezas locales de cervecerías artesanales polacas como Artezan en una variedad de estilos, incluyendo grodziskie ahumado tradicional, suave porteador báltico y pilsner.
– Tallin, Estonia
Como fundadores del Tallinn Craft Beer Weekend, Põhjala Brewery tiene mucho en juego cuando se trata de cervecerías de estonia. Estos familiares mayores del mercado local de cerveza artesanal se han estado gestando desde 2011. Su nueva cervecería y su sala de degustación de 24 grifos se estrenó a fines de 2018 para exhibir sus propias cervezas y colaboraciones de invitados, servidas junto a un Texas BBQ.
Más cervezas estonias tienen prioridad en el los barriles de Porgu, un bar y restaurante subterráneo en el casco antiguo. Prueba el estilo koduõlu, una cerveza especial de la cervecería de la isla de Saaremaa Pihtla, para que tengas un verdadero sabor estonio.
Para otro maridaje intercultural de alimentos y bebidas, la tienda de botellas Taptap sirven perritos calientes de estilo danés de fabricación local con su línea pequeña pero curada de barril. Con más de 200 botellas locales e internacionales en el espacio inspirado en la bodega, es tentador llevar más para llevar.
– Budapest, Hungría
Aunque el brandy de frutas pálinka es la bebida nacional no oficial de Hungría, no hay escasez de cerveza artesanal en Budapest para satisfacer a aquellos con otros gustos. Las cervecerías y bares de la ciudad están ansiosos por exhibir lo mejor de la cerveza húngara.
Algunas de las selecciones más grandes se pueden encontrar en Legfelsőbb Beeróság, que muestra cervezas artesanales húngaras exclusivamente en sus 10 grifos y su lista de 150 botellas. El Élesztő todo en uno (“levadura” en húngaro) se hace aún más grande con más de 20 grifos de su cervecería, un bar dedicado a la cerveza de barril e incluso un hotel en las instalaciones.
Si no te has emborrachado con esa selección, haz un poco de turismo con tu cerveza en Jónás Craft Beer House, que tiene un hermoso jardín al aire libre en el Danubio.
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¿La Atlántida? Descubren un micro-continente debajo de Groenlandia…

Fayer Wayer(J.Valenzuela) — El filósofo griego Platón hablaba, en sus conversaciones con Timeo y Critias sobre un mítico continente que dominaba parte de Europa y Asia Menor. Sí, estamos hablando de La Atlántida. En palabras del pensador, poseía una civilización avanzada, con grandes ciudades, templos y tecnología superior, lo que lo transformaba en una potencia naval y militar. Sin embargo, habría fue destruida por un terremoto y un maremoto en una sola noche, alrededor del año 9.500 a.C., hundiéndose en el océano.
Ahora, a lo largo de la historia, se han realizado numerosas expediciones para encontrar la Atlántida, sin éxito. Así que la falta de evidencia física ha hecho que muchos consideren la Atlántida como un mito. Pero algunos descubrimientos arqueológicos, como la ciudad sumergida de Thera en Santorini, han reavivado el interés en la posibilidad de que la Atlántida haya existido.
– Un microcontinente debajo de… Groenlandia
Ahora, no es que se haya descubierto La Atlándita, pero Groenlandia, la isla más grande del mundo, alberga un secreto milenario bajo su vasta capa de hielo, recientemente descubierto: un microcontinente. Este hallazgo, realizado por un equipo internacional de científicos, ha reavivado el interés por esta isla ártica y promete reescribir la historia geológica de nuestro planeta.
Durante años, Groenlandia ha sido objeto de intensas investigaciones científicas. Su imponente capa de hielo, la segunda más grande del planeta solo después de la Antártida, la convierte en un laboratorio natural invaluable para comprender el cambio climático y la evolución geológica de la Tierra.
En esta ocasión, un estudio publicado en la revista “Gondwana Research” ha revelado la existencia de un fragmento de corteza continental sumergido bajo las heladas aguas del Estrecho de Davis, frente a la costa oeste de Groenlandia, como La Atlántida. Este microcontinente, de aproximadamente 24 kilómetros de largo, se ha denominado “proto-microcontinente” debido a su naturaleza primitiva.
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Los investigadores creen que este proto-microcontinente se formó hace entre 33 y 61 millones de años, como resultado de complejos movimientos tectónicos en la región. Su descubrimiento aporta nuevas pistas sobre la dinámica de las placas tectónicas y la formación de continentes a lo largo de la historia geológica de la Tierra.
“Este estudio no solo nos ayuda a comprender mejor la historia geológica del Estrecho de Davis, sino que también tiene implicaciones más amplias para nuestra comprensión de la formación de microcontinentes en todo el mundo”, afirma Jordan Phethean, uno de los investigadores principales del estudio.
El hallazgo del proto-microcontinente de Groenlandia abre un nuevo capítulo en la exploración científica de la isla. Se espera que futuras investigaciones revelen más detalles sobre este fragmento de tierra sumergida y su papel en la configuración actual del planeta.
Este descubrimiento es un recordatorio de que nuestro planeta aún guarda muchos secretos por descubrir. La exploración continua de Groenlandia y otras regiones remotas nos permitirá comprender mejor la historia de la Tierra y su futuro.
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Historias y lugares de Madrid…

La Razón(C.Olmo/I.Laurel) — La Puerta del Sol es uno de los lugares más emblemáticos de Madrid y un punto de referencia para todos los que visitan la capital de España. Entre sus muchos atractivos, uno destaca especialmente: el Kilómetro Cero. Este pequeño pero significativo punto marca el inicio de todas las carreteras radiales del país. Pero, ¿Cómo y por qué se eligió la Puerta del Sol como el Kilómetro Cero de España?
– El origen del Kilómetro Cero
La historia del Kilómetro Cero en la Puerta del Sol se remonta al reinado de Carlos III en el siglo XVIII. Durante su gobierno, Madrid experimentó una importante transformación urbana y se llevó a cabo una reestructuración de las principales vías de comunicación del país.
En 1769, se decidió crear un sistema de carreteras radiales que conectaran Madrid con las principales ciudades de España. La idea era tener un punto de partida común para todas las carreteras, facilitando así el trazado y la organización de las vías. La Puerta del Sol, por su ubicación central y su importancia como plaza pública, fue elegida como el lugar ideal para establecer este punto de referencia.

– La placa del kilómetro cero
La placa que marca el Kilómetro Cero fue colocada por primera vez en 1950. Está situada en el suelo, frente a la Casa de Correos, uno de los edificios más antiguos y representativos de la Puerta del Sol. La placa ha sido renovada en varias ocasiones, pero siempre ha mantenido su propósito original: señalar el punto de inicio de las carreteras radiales de España.
Esta placa no solo es un punto turístico de gran interés, sino que también tiene un significado práctico. Desde aquí, se miden las distancias de las principales carreteras nacionales, conocidas como carreteras radiales. Estas vías, numeradas del 1 al 6, parten de Madrid y se extienden hacia las principales ciudades del país: A-1 (Madrid-Burgos), A-2 (Madrid-Zaragoza), A-3 (Madrid-Valencia), A-4 (Madrid-Córdoba), A-5 (Madrid-Badajoz) y A-6 (Madrid-La Coruña).
– La importancia de la Puerta del Sol
La Puerta del Sol ha sido, desde sus inicios, un lugar de gran relevancia para los madrileños. Originalmente, fue una de las puertas de acceso a la ciudad en la antigua muralla que rodeaba Madrid en el siglo XV. Con el tiempo, se convirtió en una plaza pública y en el corazón de la vida social y comercial de la capital.
La elección de la Puerta del Sol como el Kilómetro Cero no fue casual. Su ubicación estratégica y su importancia histórica y cultural la convirtieron en el lugar ideal para este hito. Además, la Casa de Correos, construida en el siglo XVIII y actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, añadió un toque de oficialidad y simbolismo a la elección de este lugar como punto de referencia.
– Símbolo de unidad y conexión
El Kilómetro Cero en la Puerta del Sol no solo es un punto de referencia geográfico, sino también un símbolo de unidad y conexión para España. Representa el centro neurálgico desde el cual parten todas las vías que unen a los españoles, reflejando la importancia de Madrid como capital y núcleo de las comunicaciones del país.
Está profundamente ligada a la historia y el desarrollo de Madrid y de España. Desde su establecimiento en el siglo XVIII hasta su papel actual como punto de referencia y atracción turística, el Kilómetro Cero sigue siendo un símbolo de la centralidad y la conexión que caracteriza a la capital española. Visitar la Puerta del Sol y pararse en el Kilómetro Cero es, sin duda, una experiencia que conecta a los visitantes con la rica historia y cultura de Madrid y de toda España.
– Esta es la calle con menos letras de Madrid: los secretos detrás de estos monosílabos

En Madrid hay calles para todo, desde escritores como Quevedo o Gloria Fuertes a otras con nombres más divertidos, como la antigua calle de la Pulga (hoy en día, Calle Mira el Río Alta), donde se organiza cada domingo el famoso Rastro de Madrid.
Hay vías con nombres tan largos que se tarda más en decirlos que en cruzarlas, como la calle Glorieta del Alcalde de Canillas Cipriano Santillana Moreno, que solo de pronunciarla de seguido uno se queda ya sin aliento.
Sin embargo, el tema que hoy nos atañe es la calle con el nombre más corto de todo Madrid, que de hecho son dos, y tienen un apodo tan corto que «casi caben en un suspiro». De hecho, ocupa más la palabra «calle» en sus carteles, que el propio nombre de las vías en sí.
– La ladrona de protagonismo
Mucha gente cree que la vía con el nombre más corto de la capital madrileña es la famosa Calle Pez, pero existen otras dos calles con una letra menos, aunque son algo menos conocidas.
Esta Calle Pez es quizá uno de los paseos más famosos del centro, tanto que en 2001 se llegó a rodar una película en la que salía Miguel Ángel Muñoz y cuya trama giraba en torno a un grupo de jóvenes que vivían hacinados en un pequeño piso en esta vía: «Gente Pez».

Los vecinos de esta calle se organizaron en la década de los 70 y crearon un eslogan para devolverle la vida a su avenida, como cuenta TimeOut: «Quien compra en la calle Pez, bien sabe lo que pesca».
– El verdadero título al nombre más corto de Madrid
Realmente esta medalla la ostentan dos vías al mismo tiempo, ambas con tan solo dos letras en su nombre, aunque una lleva tilde y la otra no:
. Calle del Té
La primera de ellas es la Calle del Té, que se encuentra en la zona de Aravaca y, al igual que su nombre, no destaca por su gran longitud. Aunque tiene varios restaurantes, es más bien una zona residencial.
Este pequeño paseo está rodeado por sus hermanas, calles que todas hacen referencia a hierbas para utilizar en infusiones: Manzanilla, Romero, Orégano, Tomillo, Poleo, Menta, Anís, Enebro, Ajenjo, etc.
. Calle de la Fe
Este paseo en cuesta se encuentra en pleno corazón del céntrico barrio de Lavapiés, en paralelo con la Calle Argumosa, famosa por ser una de las zonas de restauración y más vida de todo Madrid.
Varios cronistas tiene la teoría de que en la Calle de la Fe antiguamente se encontraba una sinagoga, cuando el barrio de Lavapiés era una judería, aunque no existe un consenso claro.

Según estos autores, esta vía habría adoptado el nombre de Calle de la Fe después de que los Reyes Católicos hubiesen expulsado a la población judía de España a finales del siglo XV.
– Las doce tabernas míticas de Madrid que aún siguen abiertas después de cien años

Han sobrevivido a guerras, pandemias y el paso inexorable del tiempo. Las tabernas centenarias de Madrid no son solo lugares donde comer y beber, son cápsulas del tiempo que ofrecen una experiencia única a los visitantes y forman parte de la cultura, la gastronomía y la literatura. Hay al menos una docena que recorrer:
- Casa Ciriaco: Fundado como tienda de vinos en 1887, toma su nombre de Ciriaco Muñoz Sanz, que con su hermano Pablo, lo transformó en restaurante en 1929. Sirven comida madrileña, incluidos el cocido y la gallina en pepitoria. Lo frecuentaron el pintor Ignacio Zuloaga, los artistas Eduardo Vicente o Gerardo Rueda, y escritores como Valle, Camba o Bergamín.
- Sobrino de Botín: Cándido Remis, el famoso “Sobrino de Botín”, abrió este local junto al Arco de Cuchilleros, en 1725. Sus legendarios corderos y cochinillos asados los degustaron escritores como Galdós, Arniches, Camba, Valle o Hemingway; políticos, toreros y actores.
- Posada de la Villa: Fundado en 1642, en la Cava Baja, fue el primer establecimiento de su género de Madrid. Rinde culto a lo castizo: cocido madrileños, callos, rabo de toro, gallina en pepitoria…y productos del mar. Félix Colomo lo relanzó como restaurante en 1980.
- Malacatín: Está próximo al Rastro, en la calle de la Ruda, y fue fundado en 1895. Su interior está decorados con azulejos, y muchos carteles taurinos. Es otro de los grandes templos madrileños del cocido.
- Taberna Antonio Sánchez: En Mesón de Paredes se encuentra esta taberna que fundó en 1839 el picador Colita, antes de pasar a Cara Ancha, y finalmente a Antonio Sánchez, que también probó suerte en la lidia y con los pinceles, aconsejado por Ignacio Zuloaga. Presume con razón de ser el único establecimiento de su género “sin reformar”.
- Casa Alberto: Local tradicional de la calle Huertas fundado en 1827, donde estuvo la casa en que Cervantes escribió el Viaje del Parnaso. Ofrece vermut de grifo, callos, rabo de toro, bacalao a la madrileña… y sus paredes evocan una clientela taurina.
- Casa del Abuelo: Data de 1906 y está situado en la taurina calle de la Victoria. Es el establecimiento más joven del grupo y rinde homenaje, bajo muchas formas, a la gamba, que recomiendan acompañar de un vino dulce.
- Lhardy: En la Carrera de San Jerónimo se encuentra este restaurante, el más literario de Madrid. Cocido madrileño, riñones al Jerez, o su consomé son algunos de sus platos más aplaudidos a lo largo de su historia. Sus salones, entre los que destaca el japonés, los frecuentaron escritores como Galdós, Azorín, Rubén Darío, Camba o Ramón Gómez de la Serna.
- Casa Labra: Junto a la Puerta del Sol, en la calle de Tetuán, se encuentra este local fundado por un asturiano en 1860. Célebre por su bacalao, las empanadillas y otros platos como el rabo de toro y los callos, fue el lugar elegido por Pablo Iglesias para fundar el PSOE en 1879.
- Bodegas La Ardosa: Fundada en 1892, evoca la comarca toledana que lleva su nombre, de la que era oriundo un bodeguero que para comercializar sus caldos creó en Madrid una red de tabernas. Está situada en la calle de Colón, próxima a la Gran Vía, y dedica mucha atención a la cerveza, sin olvidar los buenos vinos.
- Café Gijón: Es un lugar central de la vida cultural, fundado en 1888 por un gijonés. Lo han frecuentado Cela, Gerardo Diego, García Nieto y centenares de escritores más. Sus años clave los evoca Marino Gómez-Santos, en su Crónica del Café Gijón y también Umbral en La noche que llegué al Café Gijón.
- Casa Pedro: Fundado en 1702 como casa de postas para los viajeros que iban hacia el Norte, está situado en Fuencarral, localidad de la periferia hoy incorporada a Madrid. Sirven los platos habituales en este género de establecimientos, más perdices escabechadas, manitas de cerdo y demás casquería. (Más información sobre estos establecimientos).
– Rastro de Madrid: esta es la historia detrás de su nombre

El Rastro de Madrid es uno de los mercados más emblemáticos y antiguos de la capital española. Cada domingo y festivo, sus calles se llenan de vida, colores y una mezcla de olores que invitan a perderse entre sus puestos. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de su nombre y cómo este mercado ha evolucionado a lo largo de los siglos.
Te contamos el origen del nombre «Rastro» y cómo ha influido en la cultura y el comercio madrileño. Además, descubriremos algunas curiosidades y anécdotas que han marcado su historia.
– El origen del nombre «Rastro»
El nombre «Rastro» tiene sus raíces en el siglo XVI, cuando la zona donde hoy se ubica el mercado era un matadero de ganado. En aquellos tiempos, los animales sacrificados dejaban un rastro de sangre en las calles, de ahí el nombre. Este matadero se encontraba en las cercanías de la Ribera de Curtidores, una calle que aún hoy conserva su nombre y que era el lugar donde se curtían las pieles de los animales sacrificados.
La palabra «rastro» también hacía referencia a los restos y despojos que quedaban tras el sacrificio de los animales, los cuales eran aprovechados por los curtidores y otros artesanos de la zona.
Con el tiempo, el matadero fue trasladado a otro lugar, pero el nombre «Rastro» perduró y se asoció al mercado que comenzó a formarse en la zona. Este mercado se convirtió en un punto de encuentro para comerciantes y compradores, y su fama creció rápidamente. Hoy en día, el Rastro de Madrid es un lugar donde se puede encontrar de todo, desde antigüedades y objetos de segunda mano hasta ropa y artesanías.
– Evolución y curiosidades del Rastro
A lo largo de los siglos, el Rastro ha experimentado numerosos cambios y ha sido testigo de la evolución de la ciudad de Madrid. Durante el siglo XIX, el mercado se consolidó como un lugar de intercambio y venta de objetos de segunda mano, especialmente ropa y muebles. En esa época, era común ver a los «trapicheros», vendedores ambulantes que ofrecían sus mercancías a precios muy bajos. Estos vendedores eran conocidos por su habilidad para regatear y por su conocimiento de los objetos que vendían.
Una de las curiosidades más interesantes del Rastro es la presencia de la «Plaza del Cascorro», un lugar emblemático dentro del mercado que rinde homenaje a Eloy Gonzalo, un héroe de la Guerra de Cuba. La estatua de Gonzalo, con su fusil y su lata de petróleo, es un punto de referencia para los visitantes del Rastro.
Otra anécdota interesante es la tradición de los «domingueros», personas que acuden al Rastro los domingos no solo para comprar, sino también para pasear y disfrutar del ambiente. Esta costumbre se ha mantenido a lo largo de los años y es una de las razones por las que el Rastro sigue siendo un lugar tan popular entre madrileños y turistas.
El Rastro de Madrid es mucho más que un simple mercado; es un reflejo de la historia y la cultura de la ciudad. Su nombre, que evoca tiempos pasados, nos recuerda la evolución de un lugar que ha sabido adaptarse a los cambios sin perder su esencia.
Visitar el Rastro es una experiencia única que permite sumergirse en la vida madrileña y descubrir tesoros escondidos entre sus puestos. Para aquellos que aún no lo han visitado, es altamente recomendable dedicar un domingo a recorrer sus calles y dejarse llevar por la magia de este mercado centenario.
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Nueva York desde la frontal: los (verdaderos) barrios étnicos de New York City

“Solo en Nueva York hay más descendientes de alemanes que descendientes de nativos y hay más alemanes que en cualquier ciudad de Alemania excepto Berlín.
Solo en Nueva York hay cerca del doble de irlandeses que en Dublín, tantos judíos como en Varsovia y más italianos que en Nápoles o Venecia”. Robert Hunter, sociólogo, 1912.
JotDown(N.Carretero/Fotografías del archivo Jacob A. Riis) — Es difícil —por no arrancar con un imposible— aplicar en Estados Unidos la gama de modelos de inmigración que existe en Europa. El multiculturalismo anglosajón que se da en Inglaterra, el asimilacionismo francés, la sanguinidad alemana o el término medio que aplica España (por cierto, con notable éxito dada la cantidad y, sobre todo, velocidad con la que arribó la emigración a España), no son válidos en Estados Unidos.
Mucho menos en Nueva York. Sobre todas las cosas porque la ciudad de ciudades se basó, se construyó y creció engullendo emigrantes que la engordaron hasta convertirla en lo que es hoy. Es cierto, existe una base social nativa que podría definirse en los colonos que llegaron en los siglos XVII y XVIII, pero, al fin y al cabo, también ellos eran emigrantes.
Así pues, no había una asentada población originaria que organizase la llegada de una población externa —en principio— menos numerosa. No. Simplemente medio mundo se desparramó por Nueva York construyéndola física e “identitariamente” en apenas dos siglos.
La fecha oficial acordada en la que se fundó Nueva York es 1625 (hace dos días), por comerciantes holandeses que tuvieron a bien llamar a la ciudad Nueva Ámsterdam. El nombre se lo cambiaron amablemente los ingleses 40 años después tras un enfrentamiento del que salieron victoriosos y cuya gloria se llevó el duque de York.
Instalados en la parte sur de Manhattan, la ciudad fue creciendo paulatinamente hasta que llegó la explosión en el siglo XIX. Fue en aproximadamente la segunda mitad de ese siglo cuando tuvo lugar la llamada Primera Gran Migración, que empujó a Nueva York a cientos de miles de extranjeros.
Casi todos los inmigrantes que desembarcaron en la ciudad esos años se instalaron en el Lower Manhattan, la parte sur de la isla (use un mapa, entenderá mejor todo lo que a continuación sigue). Tantos llegaron que el Lower Manhattan se convirtió en esta época en la zona con mayor densidad de población del mundo.
Ante tan abrumadora avalancha los distintos pueblos se abrieron paso mediante la autogestión: se asentaron en áreas diferenciadas creando una suerte de minimundos donde hablaban su lengua nativa, consumían su dieta de origen y comerciaban entre ellos, otorgándose préstamos o intercambiando bienes solo entre sus paisanos. Además desconfiaban de la frágil y jovencísima oficialidad neoyorquina así que tenían sus propios sistemas de justicia, religiosos y hasta policiales.
Un borrador del mapa del Lower Manhattan de aquellos años muestra que, en lo que actualmente es la turística Little Italy, estaban los italianos; en donde hoy está el bohemio East Village, se instalaron los alemanes; y el multiétnico actual Lower East Side acogió a irlandeses, judíos y afroamericanos, muchos de ellos recién liberados de la esclavitud.
En el SoHo y Tribeca estaban las fábricas y almacenes. Los chinos, por cierto, estaban en Chinatown, donde hoy está Chinatown. Eran, en fin, barrios de recién llegados que mantenían intactos sus vínculos con el país de origen.
En pocos años, y ante tamaña superpoblación y desatención, la pobreza se hizo con la zona. Los nativos propietarios de edificios subdividieron las viviendas hasta la indignidad creando los tenements, pisos interiores, mínimos y compartidos por varias familias que se iban instalando según llegaban; lo que hoy en día en España se conoce como «pisos patera».
Los patrones de las fábricas del SoHo pagaban poco y mal y, en general, el paisaje era poco atractivo: muchas calles eran de tierra, la higiene tenía mucho margen de mejora y en las esquinas los niños dormían descalzos. Así era el Lower Manhattan no hace tanto: lo que hoy en día es una de las zonas más chic, cool (o como quieran llamarlo) del mundo, era una polvorienta barriada hace poco más de cien años.

La Segunda Gran Migración tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX (aunque se extendió hasta casi los años 70) y, en esta ocasión, fue gestionada de otro modo. Comenzó a funcionar la isla de Ellis, puerta de entrada de la inmigración neoyorquina (por aquí entró Vito Corleone niño en El Padrino II o Paul Bergot en The Strong Man, de Frank Capra) lo que ordenó y ayudó a los inmigrantes. En esta nueva ola, a los europeos, asiáticos y africanos se les unieron los inmigrantes hispanos y de Oriente Medio.
La mayoría siguió acudiendo al Lower Manhattan. Sin embargo, con el paso de los años, muchas comunidades fueron prosperando, lo que les llevó a abandonar las paupérrimas casas donde se hacinaban en busca de mejores condiciones de vida. Poco a poco irlandeses, italianos, judíos y alemanes pusieron sus ojos lejos del Lower Manhattan dejando su sitio a los nuevos inmigrantes chinos e hispanos.
Los vecindarios étnicos se trasladaron al Bronx (italianos, irlandeses y afroamericanos), Queens (europeos y asiáticos) o Brooklyn (afroamericanos, judíos y asiáticos). Allí crecieron durante los 50 y 60 inspirando películas, modas urbanas, subculturas y tradiciones.
Con el paso de los años y de las generaciones también estas fronteras fueron diluyéndose hasta formar el paisaje de la actual Nueva York: una revuelta megápolis en la que se hablan unas 500 lenguas (la ciudad del mundo en la que más idiomas se hablan) y donde casi el 40% de la población nació fuera de Estados Unidos.
Sin embargo —sin este sin embargo no habría artículo— algunas de estas genuinas zonas étnicas del Lower Manhattan no desaparecieron, solo se trasladaron, y ciertos barrios sí mantuvieron —y mantienen-— un espíritu local que los ha convertido en minimundos incluso en nuestros días, en ciudades dentro de la gran ciudad. No salen en las guías de turismo y no tienen nada de especial para el común de los viajeros, pero logran transmitir la sensación de haber retrocedido en el tiempo.
- La mudanza de Little Italy
En el siglo XIX el sur de Italia estaba abandonado como un hijo no deseado. El industrializado norte apenas prestaba atención a una población rural, conservadora y socialmente muy atrasada. Una evidencia: a principios del siglo XX el 70% de los italianos de sur eran analfabetos, un porcentaje diez veces superior al de ingleses, franceses o alemanes.
Como la pescadilla que se muerde la cola, los sureños respondían dando la espalda al Estado que les despreciaba y organizándose por su cuenta: en núcleos familiares que asistían todas las necesidades. Se quisiera o no. Muchas de estas familias formaban la conocida mafia que, al fin y al cabo, no era más que un sistema social surgido de una población abandonada por el sistema oficial.
La cosa no marchaba, ya que el supuesto «contra-estado» miraba solo por sus intereses sumergiendo a gran parte de los ciudadanos en la pobreza. Muchos de ellos decidieron largarse y gran parte eligió Estados Unidos como destino, lo que convirtió a la italiana en la minoría europea más numerosa de Norteamérica. Nueva York fue el lugar predilecto.
Entre 1860 y 1880 se instalaron en la ciudad unos 68.500 italianos. Cuando comenzó el siglo XX la tendencia se disparó, aupada por desastres naturales como la erupción del Vesubio o el terremoto en Sicilia. En 1920 casi 400.000 italianos vivían en Nueva York, casi todos ellos en el mencionado Lower Manhattan. Se agolpaban en lo que enseguida se conoció como Little Italy. A los recién llegados les atraía no tener que hablar inglés, conocer a paisanos y estar a un paso de casi todas las partes interesantes de la ciudad.
Curiosamente, dentro del barrio, se dividieron según su procedencia: los del norte se instalaron en la calle Bleeker, los genoveses en Baxter y los sicilianos en la calle Elizabeth. Los napolitanos optaron por Mulberry y la mayoría de calabreses estaban en Mott y Lafayette. Todas estas son, hoy, calles excelentes para tomar el brunch. Por si fuera poco, cada comunidad hablaba su dialecto y crónicas de la época recogen, incluso, algunos enfrentamientos entre ellos.
Casi todos se dedicaban a la construcción (el 90% de los obreros de la construcción en Nueva York a principios del siglo XX eran italianos) y trabajos manuales, también al comercio de fruta y verdura. Sus condiciones de vida —como la de la mayor parte de inmigrantes de la época— no eran las mejores: vivían hacinados en tenements y trabajaban por salarios irrisorios, además de no poder contar con un Estado todavía en construcción.
En total, un inmejorable abono para que el trasplante de la mafia floreciera. Little Italy estaba dominada por los «capos» que, a principios del siglo XX, tomaron el control del barrio.

El paisaje duró hasta los años 30, época en la que muchas familias italianas decidieron moverse al norte, a East Harlem (hoy barrio hispano por excelencia) y, sobre todo, al Bronx, en busca de mejores y más económicas formas de vida. La Little Italy del Lower Manhattan comenzó entonces a perder vecinos italianos y no ha dejado de hacerlo hasta hoy. Solo los mafiosos sostuvieron la fama del barrio, ya que durante muchos años siguieron operando en los restaurantes que allí permanecen.
El grueso de la población italiana salía adelante en el Bronx (ojo, también con mafia), especialmente en zonas como Belmont, al norte, donde se instaló la mayoría. Las viejas fotos de cientos de italianos vendiendo fruta en atestadas calles con carros de caballos dieron paso a las imágenes de peinados de gomina y cadenas de oro mientras sacaban brillo al Cadillac.
Finalmente también esas instantáneas se borraron: con los años el etnicismo geográfico fue perdiéndose y los italianos se mimetizaron con los nativos, se integraron, hasta llegar a lo que son hoy en día: una parte vital de la sociedad estadounidense desvinculada de la mafia, que opera a otros niveles y en otros ámbitos. No todo se perdió. Algunos barrios sí sobrevivieron. Es el caso de Belmont, que mantuvo su espíritu y sus vecinos y hoy en día es considerada la auténtica Little Italy de Nueva York.
A diferencia de otras zonas del Bronx, Belmont es un barrio seguro, de clase media-alta, con una universidad cercana y muchos visitantes los fines de semana. Si lo que se quiere es ver un verdadero barrio italiano en Nueva York es aquí a donde se tiene que acudir.
Cada calle lleva añadido un cartel con el nombre de una región italiana: está la calle Piamonte, la Calabria, la Campania… banderas tricolor en las ventanas y escaparates, también pintadas en paredes y bocas de riego. A lo largo de la avenida Arthur se suceden las pizzerías, algunas escandalosamente buenas, como Roberto’s, donde se degusta el sabor del horno de leña. En una tienda de coches de segunda mano ondean banderas de Ferrari y un chico saca la basura con la camiseta del Nápoles.
En mitad de la avenida hay un mercado, en el que se vende, además de pasta, todo tipo de productos frescos mediterráneos. También aquí se puede leer el periódico The Italian Tribune, el primero italoamericano de Estados Unidos. Belmont es, a día de hoy, el verdadero oasis étnico italiano de la ciudad. El superviviente de una historia de inmigración irrepetible.
- Irlandeses: huída de Five Points
Si en el siglo XIX el sur de Italia estaba abandonado a su suerte, qué decir de Irlanda. A mediados de aquel siglo la isla verde era un país que rozaba el subdesarrollo. La mayoría de su población dependía exclusivamente del cultivo de la patata. Y ocurrió lo que no tenía que ocurrir: en 1845 una infección destruyó casi todas las plantaciones. El estrago —conocido como la Hambruna de la Patata— duró 12 años, hasta 1857, dejando a millones de familias sin nada en la mesa.
En este corto y fatídico período de tiempo los irlandeses abandonaron su isla en masa. Casi 700.000 eligieron Nueva York. Para hacernos una idea de la apabullante llegada de irlandeses a la ciudad aquellos años, basta poner como ejemplo 1847: ese año, 1000 nuevos irlandeses desembarcaban cada semana en Manhattan. 1000 cada semana.
Sin nada se iban y sin nada llegaban, amontonándose en los barrios del Lower Manhattan y haciendo una generosa contribución a la pobreza reinante. Sus condiciones fueron lamentables: sus barrios se convirtieron en pocos años en barrios de miseria y crimen. En tiempo récord fueron rechazados y estigmatizados por los nativos más que cualquier otra comunidad; los veían como ladrones, borrachos y violentos.
Por si fuera poco eran católicos, algo que encolerizaba a los nativistas, patriotas protestantes. Especial fama alcanzó uno de sus barrios, Five Points (donde también vivían judíos y chinos), recreado por Martin Scorsese en la película Gangs of New York (basada en el libro de Herbert Asbury). Five Points, enclavado en el corazón del Lower Manhattan, fue durante la segunda mitad del siglo XIX el barrio más pobre de cuantos formaron los inmigrantes.
Era, por decirlo en pocas palabras, una cloaca donde la miseria, prostitución y violencia convivían en una mezcla que llegó a provocar una epidemia de cólera y dos revueltas callejeras, las más sangrientas de cuantas recuerda Nueva York. Entrar allí —como hizo Charles Dickens y después describió en sus Notas de América— sería el equivalente a pasearnos por el slum más miserable de Calcuta a día de hoy. Y es que, se cierra el círculo, la denominación slum para barriada marginal se aplicó por primera vez en Five Points.

En 1888 unas impactantes fotografías del periodista Jacob A. Riis (disponibles en el libro Cómo vive la otra mitad), hicieron tomar conciencia al ayuntamiento, que en 1900 desmanteló la barriada. La mayoría de irlandeses se trasladaron entonces más al norte, especialmente a lo que hoy es el barrio de Hell’s Kitchen, al sur de Central Park.
Con ellos llevaron la fama —cientos de viñetas satíricas de los periódicos les ridiculizaban e insultaban— y las bandas criminales. Sin ser tan populares ni cinematográficas como las mafias italianas, los irlandeses formaron decenas de gangs, como los Westies (dicen que todavía activos), los 40 ladrones o los Conejos Muertos.
Con el paso de los años la comunidad irlandesa se fue integrando, dejando atrás su patética fama. De la misma forma que las italianas, las fronteras irlandesas se empezaron a difuminar en la misma proporción en que sus habitantes se cristalizaban con el resto de ciudadanos. De ser mayoritariamente clase obrera, los irlandeses pasaron a ocupar cargos en casi todo el espectro neoyorquino y estadounidense.
Su cambio fue total (ha habido hasta ocho alcaldes irlandeses en Nueva York) y, a día de hoy, son una comunidad fundamental para entender la sociedad americana. Eso sí, su identidad sigue arraigada. No solo en tradiciones como el desfile del día de San Patricio (el más antiguo de la ciudad, que se lleva celebrando desde 1766), también gracias a algunos barrios «supervivientes».
Actualmente hay ocho barrios irlandeses en Nueva York, aunque muchos de ellos con cada vez menos densidad de población «verde». Uno que sí la mantiene es Woodlawn.
Woodlawn es un barrio situado en el extremo norte del Bronx, que también lo es de la ciudad de Nueva York. La abrumadora mayoría de sus vecinos son irlandeses o descendientes de, pero en cualquier caso todos parecen recién llegados. Pasear por Woodland es como hacerlo por un pueblo irlandés, no cabe pensar que uno está en el Bronx. Las ventanas de sus bonitas y unifamiliares casas no perdonan la bandera irlandesa, ni tampoco los tréboles.
En las puertas, cruces católicas y en medio del barrio, una iglesia. Hay decenas de pubs donde, a media tarde comienzan a llegar los obreros (gorro de lana y sudadera de capucha) a tomar pintas mientras ven el fútbol. Pero el de verdad, no el que se juega con las manos. Alguno ríe a carcajadas con la camiseta del Celtic de Glasgow, otro lee el Irish Echos, el periódico de la comunidad irlandesa, en cuya contraportada de hoy vienen los resultados de la última jornada de fútbol gaélico.
Los resultados de la última jornada de fútbol gaélico en pleno Bronx. El acento, claro, es el de la isla. Nada de slang neoyorquino, aquí se escuchan tonos de Dublín y jerga de Cork. Como buen barrio todos se saludan y entre los jóvenes hay tatuajes de tréboles y cruces católicas en los bíceps. Es como una película, pero es real. Y se puede visitar. Y merece la pena.
- Judíos, un viaje en el tiempo

Los judíos llegaron a Nueva York, grosso modo, en dos oleadas. La primera tuvo lugar entre 1830 y 1850. Durante estas dos décadas arribaron a Manhattan cientos de miles de judíos reformistas, la mayoría alemanes, lo que convirtió a la alemana en la tercera nacionalidad europea en cuanto a número en Nueva York.
A ellos les tocó el este del Lower Manhattan (conocido como Lower East Side) y a su llegada, como casi todos los inmigrantes, desarrollaron su vida en polvorientas calles, atestados talleres y ridículas casas a compartir entre familias. Las condiciones de la población judía empeoraron con la segunda oleada de inmigración. Entre 1880 y 1900 llegaron otros miles provenientes de Europa del Este. Ya no eran judíos alemanes, burgueses, laicos.
En esta ocasión desembarcaron en Manhattan miles de judíos procedentes de shtetls, pequeños pueblos de Polonia, Ucrania y Rusia en los que mantenían intactas sus costumbres, tradiciones y religión al margen del estado al que pertenecían. Llegaron a Nueva York huyendo de los pogromos y se instalaron en el Lower East Side como un calco de su anterior vida: sus viejas vestimentas, su religión, su música, su dieta, su lengua yiddish y, también, su pobreza.
Los judíos se convirtieron en la enésima comunidad que se abrió paso entre la miseria y la violencia. La mafia judía (conocida en ocasiones como Kosher Mafia) tuvo enorme poder durante en el siglo XIX y principios del XX con bandas como la temida Yiddish Black Hand e históricos capos como Jacob ‘Johnny’ Levinsky.
La huida de la miseria, sin embargo, llegó antes que en el caso de italianos e irlandeses. Los judíos prosperaron a una asombrosa velocidad y naciendo el siglo XX ya estaban mudándose a la parte norte de la ciudad, a mejores casas, a mejores vidas. Con los años la población no ortodoxa se asimiló con el resto de neoyorquinos hasta alcanzar lo que son en la actualidad: una población perfectamente integrada en la ciudad.
Sin embargo, los descendientes de los llegados del Este han mantenido sus comunidades religiosas intactas hasta hoy en día, en algunos casos de forma sorprendente, como si acabaran de llegar. Lo único que hicieron fue mudarse, dejando atrás los tenements del sur de Manhattan. El mejor ejemplo está en Williamsburg, especialmente el área alrededor de Lee Avenue, donde vive la mayor comunidad hasídica de la ciudad.
Pasear por allí es viajar en el tiempo, el aislamiento es palpable, hasta tal punto que este barrio tiene sus propias «leyes», sus propias autoridades y sus propias costumbres al margen de la ciudad de Nueva York. Tal y como ocurría en el siglo XIX cuando desembarcaron en Lower Manhattan. La vestimenta es la primera: ellos, sombrero, pelo largo sobre las orejas (peyot), barba y abrigo negro.
Ellas, pañuelo o peluca (no pueden mostrar el cabello), falda por las canillas y tupidas medias. El inglés pasa a un segundo plano: todos los negocios tienen sus rótulos en hebreo y en muchos casos también en yiddish, igual que los autobuses escolares, que llevan a los niños a unas yeshivas y a las niñas a otras. Durante el Sabbat el barrio muere en el silencio y la inactividad, propia de la tradición más estricta de este día sagrado. Por cierto, de banderas de Israel, ni rastro.
Los hasídicos son contrarios al sionismo, ya que creen que el pueblo judío solo debe retornar a la tierra santa con la llegada del Mesías.
El problema llega cuando estas normas internas chocan contra las de la ciudad. El ayuntamiento de Nueva York ha tenido no pocos problemas con esta comunidad. Hace dos años llegó a los periódicos el descubrimiento de que en la línea de autobús B-110, que atraviesa el barrio, las mujeres eran obligadas a sentarse en la parte trasera. Más grave resulta la existencia de una especie de autoridad paralela.
Se trata de los misteriosos comités para las buenas costumbres, llamados Shomrim, grupos de vecinos que tratan de mantener las estrictas normas morales hasídicas en el barrio. Hace unos meses destrozaron una tienda que exhibía ropa femenina en maniquíes y amenazaron a varios comerciantes que vendían productos “no adecuados”, como revistas o tecnología para jóvenes.
Estos comités vigilan la forma de vestir, castran el acceso a Internet en el barrio y hasta frenan el desarrollo urbanístico: en 2005 impidieron la inclusión del carril bici. Públicamente son rechazados y condenados por los rabinos del barrio —portavoces oficiales de estas comunidades— y aseguran que se trata de una minoría radicalizada perteneciente a la secta satmer, los ortodoxos entre los ultraortodoxos.
Sin embargo el barrio sigue regido por sus propias y conservadoras normas, ajeno al desarrollo liberal y frenético del resto de la ciudad, sin que nadie haga nada por cambiarlo. Como en el siglo XIX.
- Las nueve Chinatowns
Ah Ken es el nombre del que se considera el primer inmigrante chino de Estados Unidos. Este hombre de negocios cantonés llegó a Nueva York en 1865 y fue la primera persona de nacionalidad china a la que le fue concedido el permiso de migración, si bien ya había algunos (muy pocos) vecinos cantoneses en la ciudad, llegados en la década de los 40.
Ah Ken se instaló en lo que hoy es Park Row (en el Lower Manhattan, cómo no) y allí montó una tienda de cigarros. Hoy, Park Row es el corazón de Chinatown.
La llegada de chinos a Manhattan no fue, ni mucho menos, tan apabullante como la de italianos, irlandeses o judíos, pero sí fue muy significativa. El primer grupo, compuesto por solo 200 hombres cantoneses, llegó entre los años 1860 y 1880 y se instaló en la barriada de Five Points.
Pese al escaso número fueron un grupo de históricos valientes: sufrieron el racismo más virulento de irlandeses e italianos, mucho más numerosos y, pese a ello, resistieron hasta el punto de que siguieron en el barrio no solo después del desmantelamiento de Five Points, si no hasta hoy: el lugar donde aquellos 200 chinos pusieron sus pies por primera vez es la actual Chinatown.

La población creció a principios de la década de los 80, pero solo en 2000 chinos más, casi todos, por cierto, hombres, decididos a tantear el terreno para traer después a sus familias. La idea se les truncó en 1882, año en el que el Gobierno de Estados Unidos, arrastrado por las protestas del resto de inmigrantes, decidió vetar la entrada de más chinos en el país mediante la Ley de Exclusión China.
Fue, y sigue siendo, la primera ley estadounidense en tiempos de paz que impidió la entrada al país a inmigrantes por motivos explícitos de su nacionalidad. El motivo para esta discriminación era la cólera de trabajadores irlandeses, italianos y judíos que aseguraban que los chinos trabajaban por salarios inaceptables y sin restricciones de horarios, abocando a los demás a la miseria.
Ante la prohibición, los 2000 chinos de la ciudad se quedaron aislados ya que el Gobierno también impidió la venida de sus familias. El panorama resultante fue que, de los 2000 vecinos chinos que habían llegado, solo unas 200 eran mujeres. A tan antinatural desproporción se unió la limitación que también se les impuso en el acceso al trabajo y, como guinda, padecieron los rigores de la inmigración ilegal ya que, pese a la ley de exclusión, unos 5000 chinos más se colaron en la ciudad.
Cuando el siglo XX se inauguró eran unos 7000. Sin mujeres, sin trabajo y viviendo en Five Points, pronto pasaron a formar parte de la galería de la violencia y pobreza del Lower Manhattan.
La pequeña pero sólida comunidad china se organizó en tongs, asociaciones opacas de empresarios y comerciantes que contaban, cómo no, con su brazo armado. Estos tongs solían dividirse entre kuominntang (nacionalistas) y comunistas. Los tongs controlaban todas las facetas de la vida de los ciudadanos chinos: les ofrecían protección, justicia, dinero y también les exigían impuestos.
Algunos de los más importantes fueron «Las sombras fantasma» o «Los dragones voladores». Los primeros controlaban calles tan turísticas hoy en día como Mulberry o Canal street. Los segundos, históricas como la bohemia Bowery o Grand street. Algunos de estas mafias siguieron activas durante todo el siglo XX y muchos creen o quieren creer que actualmente siguen operando.
Sus principales actividades eran el comercio y los cigarros, pero también dirigían los fumaderos de opio y la prostitución. Los chinos, pese a lo diferentes que eran, se aclimataron pronto y muy bien al estilo de vida del Lower Manhattan.
La Ley de Exclusión no fue levantada hasta 1943. Fue entonces cuando miles de ellos emigraron desde China a Estados Unidos. A su llegada a Nueva York fueron ocupando los tenements que el resto de inmigrantes iban dejando en busca de nuevas vidas. La nueva ola tomó también el relevo de los chinos que ya habían prosperado y se dirigían ahora a Queens y Brooklyn.
Fue esta nueva llegada la que permitió mantener Chinatown en el mismo sitio en el que todavía sigue. Hoy, el barrio chino de Manhattan mantiene una homogeneidad étnica asombrosa. Enclavada entre rascacielos y modernos barrios, pasear por Chinatown es como hacerlo por cualquier barrio de Shanghai.
La Chinatown de Manhattan, sin embargo, no es la más grande de Nueva York. En concreto es la tercera, de las nueve que hay en la ciudad, fruto de la llegada cada vez mayor de chinos durante la segunda mitad del siglo XX. Actualmente se estima la población china en Nueva York en unos 700.000 de los que más de 100.000 viven en Flushing, la mayor y más alucinante Chinatown de Nueva York.
Flushing está situada en Queens, al lado del aeropuerto de La Guardia y pegada al estadio de los Mets, segundo equipo de béisbol de la ciudad a la eterna sombra de los Yankees. Cada dos minutos un avión sobrevuela el barrio. Debajo, ajenos, miles de vecinos hacen vibrar las calles. La principal, Main St, está atestada de gente con prisa que siempre llega tarde a algún sitio. Tanta hay, que se forman dos sentidos de peatones y es inviable ir en el contrario. Todos son chinos.
Y todos quiere decir que, solo muy de vez en cuando, se ve a alguien no asiático. Es, directamente, como estar en una ciudad china. Todos los rótulos están en chino, hasta el McDonald’s de turno tiene sus caracteres en mandarín. Tiendas, karaokes, puestos de frutas y hasta tiendas de animales vivos listos para el consumo, con conejos y gallinas apilados en minúsculas jaulas. Si alguien ofreciera eso en otro barrio les lloverían las denuncias.
Es, en síntesis, un viaje a otra civilización en una docena de paradas de metro. Es la supervivencia de una comunidad étnica como ninguna otra lo ha logrado en la gigantesca Nueva York.
– Five Points, un barrio de chabolas en medio de Manhattan
Todo lo repugnante, degenerado y corrupto está aquí. (Charles Dickens. Notas de América)
Innumerables peleas callejeras después, los irlandeses decidieron formar una milicia. Y la llamaron O’Conell Guard. “No somos una banda de criminales —decía en el Sun un vecino irlandés en 1835—, somos una asociación que protege a la comunidad irlandesa de Nueva York”. Y vaya si la protegía.
O’Conell Guard era la respuesta a Only-natives American Guard, esto es, la guardia de americanos nativos, violentos hijos de la independencia estadounidense que velaban en las calles neoyorquinas de mediados del siglo XIX por la pureza americana frente a la invasión extranjera, especialmente irlandesa y católica. Ya habían tenido dos escaramuzas con vecinos irlandeses de las que habían salido victoriosos gracias a su organización casi militar. Esta vez se intuía diferente.
El 21 de junio de 1835 era domingo. Cuentan los nativistas que, por la tarde, un vecino irlandés de la barriada de Five Points, en pleno centro de Manhattan, tumbó de una patada el carro de manzanas de un vendedor que, casualmente o no, era nativo americano. Dicen en cambio los irlandeses que todo empezó cuando unos nativos insultaron a uno de los suyos que caminaba borracho.
Otros dicen que, sencillamente, la Guardia O’Conell y la Guardia Nativa Americana habían quedado en una plaza de Five Points para darse hasta en el carné de identidad. Sea como sea, entre las seis y las siete de la tarde, estalló una violenta pelea en las calles Pearl y Cross. El Sun lo relató así: “Miles de alterados combatientes se enzarzaron en una melé que contenía unas 1000 personas. Había ladrillos, palos, piedras, puñetazos y patadas. Pronto se empezaron a ver ojos hundidos, narices rotas, cortes en la cara”.
La pelea se extendió por las calles adyacentes y enseguida se propagó por casi todo Five Points. William McCaffery, un médico americano, fue golpeado en la mandíbula con un ladrillo en Grand street. Murió esa misma noche. Se convirtió en la primera víctima fatal de los casi 14 muertos que dejaría la trifulca en los siguientes días. El lunes por la noche volvió la brutalidad, después de que un grupo de nativos apedreara la catedral de Saint Patrick’s, en Mott street, todavía en pie en la Nueva York actual.
Cuando los irlandeses llegaron, la calle reventó en golpes, carreras, gritos, mordiscos. Era el segundo round de un combate desmedido que no parecía tener fin. Una docena de cuerpos inertes saludaba al día tras la batalla. La policía neoyorquina, todavía un grupo de voluntarios sin suficiente organización, se veía desbordada y la prensa local no daba crédito a una situación que había sumido el centro de la ciudad en un inexplicable caos.
El martes, y ante el estupor del resto de barrios, se cerró la contienda con otra estupenda marabunta de golpes que dejó para el recuerdo el cadáver de un fabricante de pianos. Fue el punto final de la batalla, pero el origen de una guerra callejera que continuaría en las siguientes décadas. Las posiciones en el barrio de Five Points, en el corazón mismo de Manhattan, habían quedado fijadas. Y la fama de esta inmunda barriada nacía y se marcaba a fuego en toda la ciudad, en todo el país. A la postre, en todo el mundo.
- “El barrio más famoso de América”
Si usted agarra un mapa de Nueva York, o una guía de viajes, y comienza a investigar qué zonas de la Gran Manzana debe visitar, se dará cuenta que todas las rutas le reservan una visita al Downtown. Allí, entre otras cosas, paseará por Chinatown y se acercará a ver el Ayuntamiento y las Cortes, enormes edificios muy cercanos al World Trade Center, pegados también al puente de Brooklyn.

Una zona tranquila, llena de turistas, con bonitas calles que suben hacia Little Italy rebosantes de restaurantes, tiendas de souvenirs y bares. Un agradable y fotogénico espacio en donde no cabe sospechar que, hace un poco más de 100 años, había una barriada de chabolas.
Sí, ahí en medio, en pleno Manhattan. Ahí estaba Five Points, el primer slum que conoció Estados Unidos y que durante mucho tiempo Nueva York ha intentado esconder bajo la alfombra de su historia.
Five Points comenzó a fraguarse en 1820 y en la década siguiente ya estaba consolidado. Era el barrio en el que se instalaban la mayoría de inmigrantes que por cientos llegaban a Nueva York cada día y se amontonaban en casas miserables. En las calles de este barrio abundaba la prostitución, las peleas de borrachos y los robos, además de la suciedad. También los gánsteres. El testimonio de un bombero voluntario de la época explica que “ninguna persona decente entra en Five Points.
Todos evitan pasar por ahí, todos dan un rodeo de varias manzanas para no atravesarlo”. El escritor estadounidense Tyler Anbinder, en su increíble libro Five Points: The 19th-century New York City neighborhood that invented tap dance, stole election and became the world’s most notorious slum, definió el barrio como “el más famoso de América”. Y es que, a pesar de su marginalidad —o tal vez por ella—, Five Points llegó a hacerse muy conocido.
Contribuyeron las visitas que recibió, de afamados periodistas y notables escritores con ganas de acción. Por Five Points pasaron el aventurero y después político Davy Crockett, el escritor Nathaniel P. Willis o la escritora Lydia Maria Child. También personajes como el Gran Duque de Rusia, cuya experiencia quedó reflejada en sus memorias. Otros ilustres aristócratas de la época pasearon sus sombreros por Five Points. Todos, claro, escoltados por la policía, que llegó a organizar tours por el barrio para las clases altas.
Cuentan que hasta el mismísimo Abraham Lincoln caminó por sus callejuelas. Pero si alguna visita disparó la fama de Five Points y la fijó hasta nuestros días fue la del escritor Charles Dickens, quien reflejó su incursión en el barrio en sus celebradas Notas de América.
“Existen muchas callejuelas —narra Dickens— casi tan desprovistas de colores limpios y surtidas de colores sucios como las callejuelas de Londres; y hay un barrio, conocido como Five Points, que, en cuanto a inmundicia y miseria, se puede comparar con Seven Dials o con cualquier otro barrio del famoso St. Giles”. Dickens prosigue su narración, cada vez más asombrado.
Nos internamos en Five Points, pero, antes de nada, es necesario decir que llevamos como escolta a dos jefes de policía. Este es el lugar: estrechos caminos, que se desvían a derecha e izquierda y cuyos rincones apestan a porquería e inmundicia. ¿Qué sitio es este, al que nos conduce la sórdida calle? Una especie de plaza rodeada de casas leprosas, a algunas de las cuales solo se accede a través de peligrosas escaleras de madera situadas en el exterior.
¿Qué hay tras este inseguro tramo de peldaños que cruje bajo nuestros pies? Una habitación deprimente, iluminada solo por la tenue luz de una vela, que carece de toda comodidad. Donde los perros aullarían negándose a tumbarse, mujeres, hombres y niños se van a dormir en silencio, obligando a las ratas desplazadas a salir en busca de mejor guarida.
En este barrio hay además callejas y callejones pavimentados con fango que llega hasta las rodillas; salas subterráneas, en las que bailan y juegan, casas en ruinas, abiertas a la calle, desde donde, a través de enormes brechas en las paredes, se alzan ante nuestros ojos más ruinas, como si el mundo del vicio y la miseria no tuviera nada más que ofrecer; espantosas viviendas que toman su nombre de robos y asesinatos. Todo lo repugnante, degenerado y corrupto está aquí.

La prensa de la época también se refería constantemente a Five Points, casi siempre para denunciar la insostenible situación de esta parte de la ciudad.
Publicaciones como Harper’s Weekly o Frank Leslie’s Illustrated Newspaper hacían frecuentes referencias al sufrimiento y realidad del barrio.
El New York Tribune describió Five Points como “la gran úlcera central de la miseria estadounidense”.
Los testimonios de médicos, misioneros, escritores y voluntarios se multiplicaron durante los años de existencia de esta incomprensible barriada.
También, cómo no, se cayó en la exageración, lo que tiñó la historia de leyenda.
Sucedió con Gangs of New York, de Herbert Asbury (1928) —libro en el que se basó la película del mismo título de Martin Scorsese— o con Old Bowery days, de Alvin F. Harlow (1931), donde se aumenta lo ya de por sí enorme y se mezclan los mitos, en un tono sensacionalista, de personajes y bandas.
Pese a todo y con todo Five Points era una realidad, una realidad de pobreza y miseria, de violencia y crimen, en pleno centro de Nueva York, donde hoy solo queda un escueto cartel que explica lo que un día fue aquello y que, al leerlo y mirar alrededor, hace que cueste creerlo.
- De cómo puede ser que haya una favela en pleno de Manhattan
Para situar Five Points debemos buscar el actual Columbus Park, un jardín cercano al City Hall que forma parte del barrio de Chinatown. Aquí, en este parque, se cruzaban en el siglo XIX las calles Anthony (la actual calle Worth), Orange (la actual Baxter) y Cross (después Park y hoy inexistente). Su intersección formaba cinco ángulos, cinco puntos, que eran el corazón del barrio y le daban nombre.
Antes de 1750 Anthony, Orange y Cross eran tres calles bucólicas, silenciosas, pegadas a un lago llamado The Collect. Un poco más al norte había granjas y verde. A mediados del siglo XVIII comenzaron a instalarse alrededor del lago fábricas que lo utilizaron para verter sus residuos.
Como casi todos los órdenes de la vida neoyorquina de la época, las condiciones de las fábricas no estaban reguladas ni controladas, por lo que a finales de siglo la zona ya era otra: la contaminación se hizo con las calles y lo que un día había sido un lago pasó a ser, sin posibilidad de solución, una laguna putrefacta.
El arquitecto Pierre L’Enfant propuso un proyecto para limpiar el lago y rehabilitar la zona, pero el Ayuntamiento no le hizo caso. Lo que proponía L’Enfant era descontaminar el lago y unirlo mediante un canal con el East River. El proyecto nunca llegó a ver la luz, pero resulta interesante imaginar cómo sería el centro del Manhattan actual con ese canal.
La solución por la que optó la ciudad fue algo más drástica. En 1813 se cubrió completamente el lago. Esa acción, literalmente, sentó la base para el nacimiento del barrio más infame de Estados Unidos.

Tapado el Collect la mayoría de las fábricas optaron por trasladarse. Casi todas lo hicieron al actual SoHo, donde podían verter sus residuos al río Hudson. Sin embargo, los dueños de aquellas fábricas siguieron siendo los dueños del suelo liberado y pronto se pusieron a construir endebles edificios de viviendas para acoger a los primeros inmigrantes que comenzaban a llegar a la zona sur de Manhattan.
El paisaje se transformó en consecuencia, y de las apacibles calles se pasó a pobladas áreas con edificios cada vez más llenos. El máximo exponente de este cambio fue la zona del recién sellado lago, donde los dueños de las casas comenzaron a subdividirlas para acoger al mayor número de inquilinos posible. Todo el que no tenía nada debía dirigirse a la zona del antiguo Collect. Enseguida, multitud de habitaciones sin ventanas se convirtieron en el hogar de familias enteras.
La situación comenzó a tomar sórdida forma: lo que hasta hace poco era un idílico lago se transformó en un montón de edificios, de habitaciones y hasta de casas de madera ilegales, que proliferaban sin criterio urbanístico propiciando callejuelas y rincones olvidados. Por si fuera poco el subsuelo comenzó a dar problemas. El sellado no resultó todo lo bueno que debería y ciertos días regalaba al barrio un nauseabundo olor.
Pronto llegarían también inundaciones y focos de enfermedades. La semilla estaba plantada.
Fue en 1826 cuando, por primera vez, la prensa se hizo eco de lo que estaba pasando en aquella zona de la ciudad. Un editorial del New York Evening Post denunció ese año las nefastas condiciones de vida de esas calles. En 1829 se pudo leer, por primera vez en la historia, el nombre de Five Points. De nuevo fue el Evening Post, que instaba al Ayuntamiento a poner fin a la violencia de la que, decían, era la peor zona de la ciudad.
En 1836 el Sun describía las viviendas de la zona de Five Points: “Son oscuras, malolientes y viejas aunque recién construidas. No tienen mesas, ni sillas, ni ningún mueble. Solo algún utensilio de cocina”. El Sun también describía borracheras, peleas y lujurias que se repetían todas las noches. Pronto se definió la barriada.
En 1830 Five Points ya era un espacio claro, delimitado, diferenciado de los demás barrios por sus condiciones extremas con fronteras que el resto de neoyorquinos sabían poco recomendable cruzar: al norte, Canal street; al sur, el Ayuntamiento; al oeste, Centre street; y al este, el Bowery. En el interior de estos límites el paisaje de la zona era otro: casas viejas, pobreza, suciedad y barro. Dentro del distrito policial número seis había nacido Five Points, un slum en pleno centro de la ciudad.
La existencia de Five Points cambió la vida de la ciudad entera. Por primera vez la pobreza extrema no estaba en la periferia, sino en el centro. Muchos vecinos del East Side dejaron de acudir a hacer compras a Broadway porque debían atravesar la barriada. En 1832 hubo un brote de cólera que mató a miles de neoyorquinos cuyo origen, probablemente, estuvo en las malas condiciones higiénicas de Five Points. Hastiada, la ciudad dio la espalda al tumor maligno que le había brotado. Y lo peor de todo fue que las autoridades hicieron lo mismo.

- ¿Quiénes se instalaron en un lugar así?
La vida de Five Points comprende dos etapas. La primera desde su nacimiento hasta la guerra civil —que duró desde 1861 hasta 1865— y la segunda tras el conflicto y hasta el comienzo del siglo XX, cuando se desmanteló el barrio. En la primera etapa, irlandeses, alemanes, nativos y afroamericanos dominaban el gueto. En la segunda, italianos, judíos y chinos tomaron el relevo.
La llegada de inmigrantes se tornó en oleada a partir de 1830. Miles de ellos alcanzaban Nueva York cada semana. Las cifras dan una idea de lo gigante que fue la venida de extranjeros a la ciudad: en 1830, el 9% de la población neoyorquina había nacido en el extranjero; en 1845 —solo 15 años después— ya era el 36%, y en 1855 se llegó al 51%. Un crecimiento asombroso que disparó la población de Manhattan: de 166.000 habitantes en 1825, la ciudad pasó a tener 630.000 en 1855.
La mayoría de los que llegaban lo hacían sin nada y por tanto acudían a las zonas más deprimidas de la ciudad. De entre todas ellas, un nombre propio: Five Points. La población del barrio se dobló entre 1830 y 1855, pasando de 13.500 vecinos (según el censo de la época) a 25.500. Ese año la población inmigrante en el barrio suponía el 89%. Five Points era un agujero que absorbía —no se sabe cómo— a las oleadas de inmigrantes más desesperados.
“Todas las naciones de la tierra están representadas aquí”, aseguraba en 1855 el Five Points Monthly, un diario metodista. Lo cierto es que, a pesar de que sí había una gran gama de orígenes, la mayoría de vecinos provenían de lugares muy concretos. En 1855 el 66% de la población del barrio eran irlandesa; el 11% eran nativos; el 14%, alemanes (más de la mitad judíos); el 3%, italianos; el 2%, ingleses; el 2%, polacos; el 1%, escoceses y el 1%, del resto. También había afroamericanos, pero el censo de aquel año no los contempló.
Casi la mitad de los irlandeses que vivían en Five Points llegaron de tres condados: Sligo, Cork y Kerry. La mayoría llegó huyendo de la hambruna de la patata, que estalló en 1844. En aquella época Irlanda era un país medieval. Se dividía en condados propiedad de señores feudales ingleses y cuya tierra trabajaban los irlandeses, cultivando trigo que debían entregar íntegro a los señores.
Para su sustento, las familias campesinas optaban por cosechar patata en pequeños huertos, mucho más resistente al clima y de mejor rendimiento en el cultivo. Eso era lo único que comían: patata para desayunar, comer y cenar. La pobreza de los irlandeses era extrema. La mayoría vivía en casas pequeñas, sin apenas muebles, compartidas por varias familias, sin ventanas y con el suelo de tierra, donde no existía la privacidad.
En 1844 el castillo de naipes se vino abajo. Un virus infectó las cosechas de patata de todo el país y destruyó las recogidas de 1844, 1845, 1846 y 1847. De un plumazo el único sostén de la población irlandesa desapareció y el paisaje se transformó en apocalíptico. En 1847 un trabajador del lord Lansdowne, señor feudal del condado de Kenmare, relataba así lo que contemplaba cada día en sus propiedades: “De los trabajadores de nuestras tierras están muriendo, más o menos, unos tres al día.
Soy testigo a diario de un espectáculo terrible: los hombres y mujeres están descoloridos, con edemas, disentería o incluso con delirios de la fiebre. ¡Y algunos siguen trabajando!”. Lejos de apiadarse, los señores feudales ingleses siguieron exigiendo el pago a los campesinos, que terminaban siendo desahuciados. Hubo zonas absolutamente arrasadas, como South Kerry o North Sligo, donde murieron miles de personas, donde no había qué llevarse a la boca.
Una carta oficial de North Sligo dirigida a al administrador británico del Tesoro en la isla, sir Charles Trevelyan, describía con lujo de detalles la terrible y macabra situación de miles de personas caminando como zombis por sus tierras, expulsados de sus casas. “A menos que haga algo, todos morirán. No podemos expresar sus condiciones con palabras”, terminaba la misiva. No existe una cifra oficial de muertos por aquella hambruna, pero se estima que superó los dos millones y medio en un país de ocho millones de habitantes.

La situación llegó a tal extremo que Inglaterra comenzó a financiar barcos para que los irlandeses salieran del país.
Londres organizó un éxodo a gran escala, en el que cientos de vecinos se embarcaban cada día en los puertos de la isla rumbo a Norteamérica, con el pasaje gratis y, en ocasiones, hasta con víveres para el trayecto.
En 1847, solo de Cork, salían 200 irlandeses al día. Se iban como espectros, con disentería, sin un dólar en el bolsillo.
Los empaquetaban lejos de allí para que el país no se sembrara de cadáveres.
Y la mayoría de ellos llegaban a Nueva York, a un maltrecho y paupérrimo barrio llamado Five Points.
Tantos elegían Nueva York que a partir de 1851 las autoridades británicas pagaban solo pasajes a Canadá.
En total, se estima que más de dos millones de irlandeses abandonaron la isla esos años.
Entre muertos y exiliados la población de Irlanda se redujo a la mitad, unos cuatro millones de habitantes. Una cifra, por cierto, que es similar a la población actual. Irlanda nunca ha logrado recuperarse de aquella hambruna.
Five Points también acogía en su nacimiento a alemanes, que se convirtieron en la segunda población del barrio. Más de la mitad (52%) eran judíos. Similar número eran los afroamericanos, la mayoría esclavos liberados del sur, que llegaban a Five Points sin nada. No aparecían en el censo porque, según determinados autores, los agentes censales, probablemente, no se atrevían a adentrarse en las calles donde vivían.
De todas formas, después de 1855, apenas quedaban afroamericanos en Five Points, la mayoría se largó al norte, a una zona conocida como Harlem, hartos del racismo violento de nativos e irlandeses.
Como ocurría en el resto de Mahattan, cada pueblo tenía sus calles dentro del barrio. Los irlandeses llenaban las dos arterias principales del barrio: Baxter street y Mulberry street, ambas calles existen todavía aunque Baxter fue acortada tras la desaparición del barrio. Los afroamericanos estaban en Cow Bay, en unos edificios paupérrimos del final de la Mission Place, hoy inexistente. Una de las zonas más infames de la ciudad.
Los judíos se concentraban en Mott street (a donde después llegarían los italianos) y parte de Centre street. Y los alemanes cristianos estaban en Elizabeth street. Todas estas calles existen todavía, y parten de la actual Chinatown para desembocar en Little Italy o el Lower East Side. Pasear por ellas es respirar historia. Se puede ver todavía los antiguos edificios, las viejas sinagogas reconvertidas en iglesias evangélicas por los hispanos, fachadas, adoquines… Pero nada que señale, que explique, que aquello era Five Points.
- Un paseo por Five Points
Rivalizando en miseria con Cow Bay, estaba la Old Brewery, el otro punto negro del barrio. Esta vieja fábrica de cerveza cerró sus puertas en 1837 y se convirtió en un ruinoso y endeble edificio de diminutas y oscuras habitaciones. Lo llamaban la zona cero de Five Points. En su interior se amontonaban familias sin las mínimas condiciones sanitarias. Dormían en el suelo, sin ventilación, con un irrespirable olor y calor en los meses de verano.
En los bajos se celebraban fiestas empapadas en alcohol, con peleas de perros y ratas. Por debajo del suelo, galerías subterráneas acogían a criminales y bandas. La misión metodista que trabajaba en Five Points —y que años después se instalaría en la propia fábrica— definía Old Brewery diciendo que “ninguna palabra puede explicar la degradación de sus residentes”.
Para el periódico Police Gazette era “la casa más miserable de la calle más miserable que nunca había existido en Nueva York y en todo el país y probablemente en todo el mundo”. Periodistas del New York Tribune encontraron cuatro familias viviendo en una sola habitación. El único censo que se hizo, en 1850, explica que en el edificio vivían 221 personas repartidas en 35 apartamentos, una media de seis personas por habitación.
Muchos autores, recogiendo testimonios de la época, afirman que la realidad es que allí vivían unas 1000 personas. Old Brewery cerró en 1853 y se convirtió en una misión religiosa. Años después, con la rehabilitación del barrio, sería demolido. Hoy en día, en el lugar donde estaba la vieja fábrica, se encuentra el gigante edificio que acoge las Cortes de Manhattan.

El caso de la Old Brewery era extremo, pero no excepcional. Las viviendas de Five Points eran lamentables.
Todas ellas eran tenements, edificios subdivididos hasta la saciedad en habitaciones donde se agolpaban las familias.
Antes de la guerra, casi la mitad de ellos eran de madera, frágiles construcciones levantadas en cualquier espacio libre.
Eran considerados los peores lugares de la ciudad. Servían a la vez de casas, establos y bares, lo que da una idea de cómo era la vida en su interior.
No tenían luz, ni ventilación, ni desagües.
Eran chabolas, que se agolpaban y acogían pobreza y violencia en una zona de Manhattan que hoy recorren los turistas con la cámara de fotos en la mano.
El resto de tenements de Five Points eran de ladrillo. Se trataba de edificios laberínticos, con decenas de habitaciones interiores en las que la oscuridad era completa. Todos estaban superpoblados, con siete, diez y hasta 15 personas por habitación. Aun con todo sus vecinos trataban de crear hogares dignos.
En 1990 unas excavaciones en la zona descubrieron muebles, adornos y hasta juguetes para niños. La mayoría de estas casas tenían sótanos, en un principio diseñados como tales, pero pronto reconvertidos en refugios para más y más vecinos, hasta el punto de que uno de cada 15 vecinos llegó a vivir en el subsuelo.
A partir de 1850, y ante la imparable llegada de más inmigrantes, los tenements aumentaron su altura, y se empezaron a construir de cinco pisos. Estos edificios son los que siguen en pie hoy en día, los que forman las actuales Chinatown y Lower East Side de Manhattan. Aunque rehabilitados, uno puede ver estos tenements todavía hoy paseando por la zona y comprender por qué los apartamentos del Downtown neoyorquino siguen siendo, actualmente, tan pequeños.
El exterior no mejoraba respecto a lo que se veía dentro. Las callejas de Five Points, especialmente antes de la guerra, eran muy sucias. Los vecinos tiraban la basura a la calle o las alcantarillas esperando a que los animales —las calles estaban llenas de perros, cerdos y gallinas— se la comiesen o pasasen los carros de recogida de desperdicios, algo que ocurría muy de vez en cuando.
La basura se acumulaba dotando al barrio de un olor y un aspecto característicos que suponían también focos de enfermedades, como cólera, presente en algunos niños del barrio, especialmente aquellos que dormían en los callejones y correteaban alrededor de los visitantes suplicando —o robando— unos centavos. El ruido era tan molesto como el olor. Niños gritando, bebés llorando, peleas, vendedores ambulantes, discusiones, cantos de borrachos… El ruido era el principal motivo de reyertas en Five Points.
Casas insalubres, suciedad, enfermedades y ruido. El miserable paisaje era, sin embargo, solo un telón de fondo para el problema endémico de Five Points: la violencia.
- Las bandas de Five Points: de Bill el Carnicero a los Conejos Muertos
El caldo de cultivo para que la violencia brotara en Five Points era inmejorable, ya que a la pobreza y necesidad se le unía la ausencia de organización policial que padecía la ciudad. La falta de control hacía que los robos se sucedieran en las calles del barrio. Este era, más allá de bandas e historias de criminales, el principal problema de Five Points.
Apenas era posible entrar en el barrio sin ser víctima de un asalto. La prostitución callejera —y los crímenes contra las prostitutas— era la otra gran sombra de la zona. También se sucedían las peleas —especialmente de noche y entre borrachos—, las violaciones y los timos. Ese era el día a día, la realidad más dura y cotidiana, para los vecinos de la barriada.

La respuesta de los five pointers fue rápida: autogestión. Esto es, asociarse en grupos para protegerse. Nacían las bandas.
En Five Points aparecieron las primeras pandillas o gangs de la historia de los Estados Unidos.
Las pioneras fueron las mencionadas guardias nativa americana y O’Conell, de irlandeses.
Nacieron como asociaciones que se juntaban para festejar eventos, reuniones y actos sociales.
Pero con la degradación del barrio mutaron en milicias callejeras que protegían los intereses de cada comunidad ante la ausencia de oficialidad neoyorquina.
Nativos y O’Conell peleaban en los años 30 del siglo XIX en las calles de Five Points. Con el tiempo, nuevas bandas fueron apareciendo. Las más famosas estaban compuestas por irlandeses. Los 40 Ladrones fue tal vez la primera y una de las más populares.
Nacieron en 1820 en el Lower East Side y pronto trasladaron sus actividades delictivas a Five Points, donde aterrorizaban a los vecinos. Su centro de operaciones era una tienda de alimentación de Centre street propiedad de Rosanna Peers, una famosa criminal irlandesa de Five Points que, dicen, coleccionaba las orejas de sus víctimas.
Otra popular banda era la Grady Gang, un grupo de atracadores y ladrones que llegó a hacerse con un botín de dos millones dólares de la época tras el atraco a un banco de Broadway. Los irlandeses llegados del condado de Kerry formaron los Kerryonians, que finalmente fueron absorbidos por otros grupos más grandes, y del norte de la isla verde eran Los Feos de la Chistera, que hablaban un dialecto propio que el resto de irlandeses no comprendía.
En el puerto desvalijaban los barcos los chicos de la Patsy Conroy Gang y desde el West Side llegaban visitas no deseadas de los Potashes.
Más potentes y organizadas que las anteriores eran la Roach Guard y los Chichester. Eran más milicias que pandillas y hasta iban uniformados; la Roach Guard vestía pantalón negro con una franja amarilla. Eran criminales, sí, pero también se echaban a las calles contra los políticos o para pelear contra los nativos. El último escalafón de estas bandas lo ocupaban dos gangs que han pasado a la historia: los Bowery Boys (nativos americanos) y los Dead Rabbits (Conejos Muertos, irlandeses).
Eran, sin lugar a dudas, las bandas más fuertes y organizadas de todo Five Points. Ambos fueron una evolución de las originarias guardias nativa y O’Conell y, como ellos, peleaban constantemente por el control de las calles. Su poder era tanto que acabaron convirtiéndose en el brazo armado de los políticos locales. El nivel de violencia y corrupción política que vivió Nueva York durante el siglo XIX puede explicar que la ciudad se empeñe en ocultar su alucinante pasado.
A mediados del siglo XIX Nueva York estaba gobernado por el Partido Demócrata, con Fernando Wood como alcalde. Detrás del partido estaba la organización Tammany Hall, una suerte de lobby encabezado por un siniestro y corrupto personaje, William M. Tweed, conocido como «Boss» Tweed. Este señor, tal vez el político más corrupto de la historia de los Estados Unidos, utilizaba a los Dead Rabbits como su milicia en las calles, para organizar revueltas o protestas que alterasen el clima político.
Trabajaba codo con codo con el líder de los Conejos Muertos, John Morrissey, pandillero irlandés que terminó sus días como congresista y que logró, gracias a la violencia, que los irlandeses tuvieran voto en las elecciones municipales. Del otro lado estaban los republicanos, contrarios a la llegada de más irlandeses a la ciudad y al país y, por tanto, contrarios a concederles cualquier derecho social.
Los republicanos tenían su propio lobby, una maquinaria conocida como Know Nothing liderada por un tipo nacido en Nueva Jersey e hijo de descendientes de ingleses llamado William Poole, más conocido como Bill el Carnicero y convertido en inmortal gracias a la interpretación de Daniel Day-Lewis en la película Gangs of New York (2002). Bill lideraba también el brazo armado de Know Nothing en las calles de Five Points: la pandilla de los Bowery Boys.
Bowery Boys y Dead Rabbits protagonizaron algunos de los enfrentamientos más violentos que recuerda la ciudad. Ambos estaban perfectamente organizados y también llevaban uniformes los días de reyerta. Los nativos protestantes iban de azul mientras que los católicos irlandeses de los Dead Rabbits llevaban franjas rojas.
Uno de estos enfrentamientos, en 1855, acabó con la vida de Bill el Carnicero, que recibió un disparo de Lew Baker, uno de los cabecillas de los Conejos Muertos. Su funeral fue multitudinario. Los Dead Rabbits también se enfrentaban contra otras pandillas irlandesas, especialmente contra la Roach Guard, pero en 1857 los gangs irlandeses se unieron contra los Bowery Boys en una de las peleas más memorables de Five Points, el culmen de la rivalidad entre ambas facciones.
Sucedió que el Ayuntamiento controlaba el cuerpo municipal de policía mientras que los republicanos hacían lo propio con la policía metropolitana. Ninguno de los dos cuerpos estaba profesionalizado todavía y ambos partidos querían imponer el suyo. Solución: Tammany Hall y Know Nothing pusieron a funcionar a los chicos del Bowery y a los Conejos Muertos.
El 4 de Julio estalló la marabunta en las calles de Five Points en una pelea que se extendió hasta el día siguiente y que sumió al centro de la ciudad en un caos. Lo más increíble es que, del lado de los Bowery Boys peleó la policía metropolitana mientras que junto a los Dead Rabbits estaba la policía municipal. Nadie pudo parar aquello. Vencieron los Conejos Muertos, lo que explica que Nueva York tenga policía municipal. De aquellos dos días queda el recuerdo de ocho muertos y más de 100 heridos.
Por si policías pegándose entre ellos no fuera suficiente, los cuerpos de bomberos también eran voluntarios, también controlados por las pandillas y, por supuesto, también con constantes peleas. Cada vez que había un incendio se organizaba una reyerta entre los distintos grupos de bomberos. Five Points vivía en un permanente estado de trifulca.

- De cuando Five Points fue bombardeado por la marina de los Estados Unidos
Llegaron los 1860 y llegó, a Estados Unidos, la guerra civil.
En 1863 el país estaba sumido en su conflicto interno a cuenta de, entre otras cosas, la abolición de la esclavitud.
La crudeza de la contienda llevó a tomar medidas como el reclutamiento forzoso, que vivió un inesperado revés cuando el Gobierno de Abraham Lincoln aprobó una medida selectiva, por la cual cualquier joven que pagara 300 dólares quedaba exento de acudir a la guerra.
La reacción de las clases populares no se hizo esperar y fue especialmente cruenta en Nueva York.
Las áreas más pobres de la ciudad se revelaron ante la decisión. Five Points estalló. Encabezados por las bandas irlandesas, la ciudad se levantó como nunca antes lo había hecho y como nunca lo ha vuelto a hacer.
Entre el 13 y el 16 de julio de ese año miles de personas se echaron a la calle atacando comisarias, edificios oficiales, periódicos y entrando en una espiral de violencia que llegó al sinsentido, cuando varios hospitales y hasta orfanatos fueron incendiados. La ciudad se volvió ingobernable. Los ataques racistas se sucedieron y decenas de ciudadanos negros fueron asesinados y colgados en las calles sin motivo. No es una leyenda, un cuento, ni siquiera un capítulo de historia medieval.
Estos hechos ocurrieron en Manhattan hace 150 años. Tal fue el descontrol, que el Ejército estadounidense tuvo que intervenir, cargando y disparando contra la multitud. La Marina, incluso, bombardeó algunas zonas de Five Points desde el puerto. Lo nunca visto. El 16 de julio por la noche las aguas comenzaron a regresar a su cauce. Unas 200 personas murieron, casi la mitad afroamericanos, y más de 1200 neoyorquinos resultaron heridos. Fue el capítulo más violento de la historia de las calles de Nueva York.
La revuelta abrió una nueva era en Five Points. Su población comenzó a descender, debido a la cantidad de vecinos que fueron reclutados para la guerra y también al insostenible nivel de violencia, que movió a muchísimos five pointers a buscar barrios mejores, al norte de la ciudad. De 26.000 vecinos en 1860, Five Points pasó a contar con 20.000 en 1865. Casi todos los que se iban eran irlandeses.
Comenzó un éxodo que ya no se detendría, dirigido sobre todo a los barrios de Hell’s Kitchen (al sur de Central Park) y a las nuevas zonas de Queens. En tan solo 20 años (entre 1860 y 1880) la población irlandesa y alemana en el barrio se redujo a la mitad. Sin embargo Five Points no se vació. Ni mucho menos.
Aunque no tan exagerado como antes de la guerra, la superpoblación continuó siendo un problema, gracias a —por culpa de— la llegada de los sustitutos de irlandeses y alemanes: italianos, chinos y judíos del Este europeo. Como sus predecesores, fueron llegando en oleadas cada vez más numerosas hasta ocupar por completo el nuevo Five Points. En 1890 la mitad de la población del barrio era italiana, el 18% judía y el 5% china.
El barrio también experimentó cambios físicos tras la guerra. El emblemático cruce de las calles Worth, Orange y Cross desapareció y con él los cinco puntos que daban nombre al vecindario. La calle Worth se alargó en paralelo a Mulberry y los five points dieron paso al Mulberry Bend, como se conocería desde ahora al epicentro del barrio. Como su antecesor, Mulberry Bend era una deprimente zona de miserables casas donde italianos y judíos se agolpaban en condiciones inaceptables.
En Mulberry Bend se hicieron populares rincones como el callejón de los Bandidos, Bottle Alley o Ragpickers Row, zonas desoladas, prohibidas para el visitante. “Cientos de vecinos viven entre la inmundicia y la descomposición —escribía el Tribune en 1884—, no hay tuberías, desagües, lavaderos.
La gente vive sin ventilación ni luz en pleno centro de la ciudad, amontonados en el suelo de las casas”. Pese a las nuevas normativas del Ayuntamiento, que incluyeron la demolición de los tenements de madera y la obligación de instalar salidas de emergencia, Five Points siguió siendo un agujero en el centro de Manhattan.
Si cabe el contraste era ahora mayor, ya que el resto de la ciudad comenzaba a evolucionar, se empezaba a hablar de la unión de Manhattan con el resto de distritos para formar el actual Nueva York (que se llevaría a cabo en 1899) y todo caminaba rumbo a ser la ciudad número uno de Estados Unidos. Pero allí seguía, en el corazón de la ciudad, el slum temido por todos los neoyorquinos.
- El nacimiento de la mafia

En las calles de Five Points se oía ahora italiano.
O más bien toda la gama de dialectos del italiano del sur del país.
Napolitanos, calabreses, sicilianos y salentinos se instalaron a partir de 1880 en las calles Mulberry y Baxter, hasta hacía poco ocupadas por los irlandeses.
Era la simiente de lo que luego, tras el final de Five Points, sería Little Italy.
Los italianos llenaron el barrio de puestos callejeros, mercados y tiendas, aunque el paisaje siguió siendo el de calles miserables, casas viejas y niños descalzos sobre los adoquines.
También el control criminal del barrio dio un giro: las bandas de irlandeses desaparecieron o se trasladaron dando paso a un modelo importado directamente del Mediterráneo: la mafia. Five Points cambió de identidad, pero no de problemas.
Los pocos irlandeses que quedaban se reagruparon en un solo gang, llamado Whyos, y que posteriormente alcanzaría enorme poder en toda la ciudad. Se dedicaban a todo tipo de actos criminales y tenían su cuartel general en Five Points, aunque ya no participaban de la política ni se enfrentaban a los nativos como sus predecesores.
Eran, sencillamente, un grupo mafioso. Tenían hasta tarifas que eran de sobra conocidas en el barrio. Golpear a alguien era un dólar. Dejar dos ojos morados, tres dólares; romper la mandíbula, siete dólares; arrancar las orejas, 15 dólares; disparar a una pierna, 20 dólares. Hacer el “trabajo grande”, a partir de 100 dólares.
Sin embargo los auténticos reyes de Five Points era la llamada Five Points Gang, la recién nacida banda de italianos dirigida por Paul Kelly. Esta organización fue mucho más allá de una simple pandilla y se convirtió enseguida en la más violenta, exitosa y poderosa de cuantas había conocido Estados Unidos.
Comenzaron a reclutar miembros de otras bandas, controlaron el comercio de la ciudad, la llegada de mercancías al puerto, se pusieron en contacto con otros gangs italianos del país y fundaron el sindicato del crimen. Paul Kelly puso a sus órdenes a jóvenes gánsteres que después pasarían a la historia, como Al Capone o Charles «Lucky» Luciano. Five Points, sin saberlo, alumbraba uno de los fenómenos sociales más importantes de Estados Unidos en el siglo XX: la mafia.
La segunda comunidad más importante de Five Points era la judía. A partir de 1880 comenzó una segunda oleada de emigración judía desde Europa, pero esta vez no se trataba de judíos alemanes, ahora era el turno para los judíos de Europa del Este, provenientes de pequeñas aldeas de Polonia, Rusia y Ucrania culturalmente homogéneas y en las que solo se hablaba yiddish. Los judíos de Five Points se instalaron en las calles Centre y Mott y eran un grupo extremadamente cerrado.
Montaron sus propios negocios con toda su cartelería en yiddish y, cómo no, formaron sus propias bandas para sobrevivir en un entorno hostil. Eastman Gang fue la más poderosa. Su líder era Edward «Monk» Eastman, un temible gánster de Five Points que se llevaba a muerte con Paul Kelly.
Judíos e italianos rivalizaban por el control de la ciudad, pero la criminalidad, sin duda, era mucho más sofisticada que las batallas callejeras anteriores a la guerra. En Five Points, cada vez más, tenían lugar asesinatos que sembraban sus calles de cuerpos agujereados por las balas de los ajustes de cuentas.
El tercer grupo de Five Points eran los chinos. Si los judíos eran cerrados qué decir de ellos. Apenas eran unos 200 y sufrían constantemente los ataques racistas de italianos e irlandeses, pero sobrevivieron gracias a una perfecta y opaca organización que, aseguran, perdura hasta nuestros días en la actual Chinatown.
Su comunidad estaba controlada por los tong, bandas que gestionaban la vida de los vecinos chinos y les protegían, además de dedicarse a todo tipo de actividades criminales. De los chinos eran los fumaderos de opio de Five Points, refugio de muchos criminales, y también los burdeles.
Tenements, suciedad, pobreza, violencia, mafia. Five Points era otro, pero seguía siendo un problema inasumible para una ciudad como Nueva York.

- El final de Five Points: Jacob A. Riis, el hombre que terminó con la barriada equipado con una cámara de fotos
Con sus nuevos vecinos Five Points siguió su miserable andadura durante toda la recta final del siglo XIX. La prensa neoyorquina aumentaba sus quejas sobre las condiciones del barrio, pero no había una reacción clara, ni por parte de los ciudadanos ni de las autoridades, para acabar con el problema. Tuvo que ser un fotoperiodista danés, llamado Jacob A. Riis, quien, con su imprescindible libro Cómo vive la otra mitad, precipitara el final de Five Points.
El de Riis es un libro fundamental en la historia de Nueva York, esa historia no tan conocida o cacareada. Equipado con el recién creado flash de magnesio, este reportero se internó en 1888 en el barrio y lo retrató con unas crudas imágenes que impactaron a la sociedad neoyorquina de la época.
Muchos vecinos de Manhattan ni siquiera sabían qué ocurría ahí dentro, en esa miserable barriada a evitar. Riis habló con vecinos de Five Points, entrevistó a gánsteres, describió el día a día del barrio y reflejó, a la perfección y sin disimulo, qué era Five Points.
Se adentró en rincones como Mulberry Bend o Bottey Alley y fue testigo de cómo vivían las familias, agolpadas en oscuras habitaciones. Describió los talleres y cómo trabajaban en condiciones de esclavitud los inmigrantes. Reflejó los rincones donde dormían los niños y fotografió, en fin, la cara más vergonzante de Nueva York. La reacción a su publicación fue inmediata.
Miles de cartas de neoyorquinos empezaron a llegar a las redacciones de los periódicos, la presión social aumentó y en 1896 el Ayuntamiento anunció un plan para demoler las zonas más deprimidas del barrio y rehabilitar la zona. La base del plan era borrar del mapa Mulberry Blend, lo que antes fueron los cinco puntos del barrio, y epicentro de todas las calamidades.
En su lugar se proyectó un parque que todavía hoy existe y a cuya inauguración, en 1897, no fue invitado Riis. Los principales puntos negros de Five Points fueron eliminados, las calles pavimentadas y la recogida de basura regularizada. En pocos meses Five Points pasó al recuerdo, un recuerdo que no tardó en borrarse, en diluirse de la memoria de los neoyorquinos. Pocos años después de terribles peleas, revueltas, epidemias y hasta de un bombardeo, la ciudad eligió olvidar.
Tras los cambios, y con el nacimiento del siglo XX, los italianos comenzaron a abandonar la zona, hacia el norte, al igual que los judíos, dejando el espacio a los chinos, los únicos inmigrantes que todavía permanecen hoy en día en un área que han convertido en Chinatown.
Actualmente, en medio del parque a cuya inauguración no fue invitado Jacob Riis, rodeado de restaurantes y tiendas chinas, hay un cartel que explica lo que un día fue aquello. Un pequeño y escondido cartel en pleno centro de Manhattan.
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Descubren un túnel accesible en el subsuelo de la Luna…

L.B.V.(G.Carvajal) — Un equipo internacional, coordinado por la Universidad de Trento, ha publicado un estudio sobre un descubrimiento que marca un hito en el conocimiento de la Luna. Por primera vez se ha demostrado la existencia de un túnel en el subsuelo lunar, que puede ser un conducto de lava vaciado. El trabajo ha sido publicado por la revista científica Nature Astronomy.
Estas estructuras habían sido hipotetizadas durante más de 50 años, pero es la primera vez en absoluto que demostramos su existencia aclara Lorenzo Bruzzone, de la Universidad de Trento y coordinador de la investigación.
¿Cómo se llegó a esta demostración? Bruzzone explica: En el marco de una misión de la NASA, el radar Miniature Radio-Frequency (Mini-RF) en 2010 capturó una serie de imágenes de la superficie lunar.
A distancia de tantos años, hemos analizado estas imágenes con complejas tecnologías de procesamiento de señales desarrolladas recientemente en nuestro laboratorio y hemos descubierto que una parte de las reflexiones radar provenientes de un área del mar de la Tranquilidad puede atribuirse a un conducto subterráneo. Este descubrimiento proporciona la primera prueba directa de un túnel rocoso accesible bajo la superficie de la Luna.

El análisis de los datos ha permitido construir un modelo que representa la parte inicial del túnel, prosigue Leonardo Carrer, investigador de la Universidad de Trento y primer autor. Es muy probable que se trate de un conducto de lava vaciado.
El investigador principal del Mini-RF, Wes Patterson, del Johns Hopkins Applied Physics Laboratory, añade: Esta investigación demuestra tanto cómo los datos radar de la Luna pueden ser utilizados de nuevas maneras para responder a preguntas fundamentales para la ciencia y la exploración, como lo crucial que es continuar recolectando datos tele detectados sobre la Luna. Esto considerando la actual misión LRO y, esperablemente, las futuras misiones orbitales.
En el estudio, en parte financiado por la Agencia Espacial Italiana, también han participado investigadores de la Universidad de Padua y de La Venta Geographic Explorations APS, quienes han contribuido en particular al análisis geológico y a la modelización de la cavidad identificada.

El estudio tiene impacto científico, pero también implicaciones para el desarrollo de las misiones a la Luna, donde el ambiente es hostil para la vida humana. Con el lado expuesto al Sol que puede alcanzar 127°C y el opuesto que desciende hasta -173°C. Con una radiación cósmica y solar hasta 150 veces más potente que la que se experimenta en la Tierra. Y una amenaza constante de meteoritos.
De ahí la necesidad de encontrar soluciones para sitios de alunizaje de las sondas o para la construcción de infraestructuras protegidas, como podrían ser las realizadas en las profundidades de la Luna.
Las pruebas radar de los túneles lunares se convierten, por lo tanto, en de extrema importancia para profundizar los conocimientos sobre la extensión y la forma de los conductos con vistas a la exploración de las cuevas selenitas a través de futuras misiones robóticas.
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El Cráter de Yarrabubba, el impacto más antiguo conocido de un meteorito en la Tierra…

L.B.V.(G.Carvajal) — El cráter de Yarrabubba, localizado entre las ciudades de Sandstone y Meekatharra en Australia Occidental, es una estructura de impacto que ha captado la atención de la comunidad científica por su impresionante antigüedad y su relevancia geológica.
Con un diámetro estimado entre 30 y 70 kilómetros, este cráter tiene una edad de aproximadamente 2229 millones de años, lo que lo convierte en la estructura de impacto más antigua conocida en la Tierra.
La superficie del cráter original ha sido erosionada con el paso del tiempo, hasta el punto de que no es visible ni en el terreno ni en imágenes satelitales. Sin embargo, su existencia fue confirmada mediante evidencias geológicas y mediciones magnéticas que revelaron su forma y extensión originales.

A principios de la década de 2000, una serie de mediciones magnéticas aéreas detectaron una anomalía circular de varios kilómetros de diámetro en la región. Posteriores investigaciones geológicas en el terreno permitieron descubrir conos de percusión y cuarzo impactado, lo cual confirmó la existencia de un cráter de impacto en ese sitio.
Para determinar la edad precisa del cráter, se realizaron dataciones mediante el método de uranio-plomo en monacitas recristalizadas por el impacto y en circones que se habían reinicializado simultáneamente.
Estas dataciones arrojaron una antigüedad de 2229 ± 5 millones de años, situando el evento de impacto durante el Paleoproterozoico, específicamente en el período Rhyaciano, una época caracterizada por la glaciación huroniana, cuando la Tierra estaba Riásico completamente cubierta de hielo, en un estado conocido como Tierra bola de nieve.

Algunos científicos sugieren que el impacto que formó el cráter de Yarrabubba podría coincidir, dentro de las incertidumbres de datación, con los últimos depósitos sedimentarios de origen glaciar del Paleoproterozoico, como la diamictita de Rietfontein en Sudáfrica, que tiene una edad estimada de 2225 ± 3 millones de años.
Simulaciones de impactos indican que un cráter de 70 kilómetros de diámetro en un glaciar continental podría liberar instantáneamente entre 8,7 × 1010 y 5,0 × 1012 toneladas de vapor de agua a la atmósfera. Esta liberación repentina de vapor hasta la estratosfera podría haber generado un fuerte efecto invernadero, contribuyendo así al deshielo de la Tierra.
Sin embargo, esta hipótesis no está exenta de controversia. Otros investigadores son escépticos respecto a que el cráter de Yarrabubba, con solo un tercio del tamaño del cráter de Chicxulub responsable de la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, pudiera haber tenido un impacto tan significativo en el clima global.
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La desaparecida Puerta Real de Sevilla renace en todo su esplendor…

The conversation(A.G.Gordo/D.Anton/P.B.Ortega) — En el siglo XVI, gracias al monopolio del comercio con América, la ciudad de Sevilla se encontraba en pleno apogeo. Aquel esplendor económico permitió la construcción de importantes edificios como el Archivo de Indias, el nuevo Ayuntamiento, la Casa de la Moneda, y el Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía.
Además, se renovaron las puertas medievales de la ciudad amurallada, con un lenguaje arquitectónico que evocaba a los antiguos arcos triunfales de Roma. Su diseño seguiría un informe que emitió en 1560 Hernán Ruiz II, el arquitecto que ideó y construyó el remate renacentista de la Giralda.
La Puerta Real, también llamada Puerta de Goles, se ubicaba cerca del puerto fluvial y era una de las más destacadas entradas a la ciudad. De ella partía un importante eje urbano, la actual calle Alfonso XII. Tras su profunda remodelación entre 1560 y 1566, el rey Felipe II hizo su entrada en Sevilla por esta puerta en 1570.

Sin embargo, fue demolida hacia 1864 por ser considerada un obstáculo para el desarrollo de la ciudad, al igual que ocurrió con la Puerta de Triana, la Puerta de la Carne, la Puerta de Carmona y otras bellas puertas de la ciudad histórica.
En una reciente investigación gráfica se ha recreado la Puerta Real y su entorno urbano, por primera vez con rigor científico. Como base documental se han reunido variadas imágenes que ilustran el esplendor de este hito arquitectónico y las transformaciones del lugar.
– Imágenes históricas
Entre las vistas más significativas que se han localizado destaca el grabado de Sevilla de Ambrosius Bambrilla de 1585. Esta misma vista fue incluida en 1588 en una famosa obra titulada Civitates Orbis Terrarum.
Junto a la Puerta Real y al río Guadalquivir, se representaron el palacio y los jardines de Hernando Colón, hijo del almirante Cristóbal Colón. Allí estuvo su importante biblioteca, después se ubicó el convento de San Laureano y más tarde un patio de vecinos que aún existe.
Resultan de gran interés las vistas del viajero hispanista Richard Ford, que, además de otras puertas desaparecidas, dibujó la Puerta Real desde el exterior del recinto amurallado en 1832. También la representó desde la plaza interior a la muralla, detallando las capillas laterales que la ocultaban parcialmente. Una vista similar fue dibujada en ese mismo lugar por el pintor sueco Edgron Lundgren hacia 1849-1860.

Las transformaciones de aquel entorno también se reflejaron en diversos planos históricos. El primero de ellos fue el plano de Olavide de 1771. De gran valor resultan los planos de alineaciones de fachadas de finales del siglo XIX conservados en el Ayuntamiento de Sevilla. En ellos se detalla la posición de la Puerta Real, que concuerda con la documentación gráfica sobre la excavación arqueológica que descubrió su cimentación en 1995.
– La recreación virtual

Para recrear esta composición clásica se han consultado tratados de arquitectura de la época, como el manuscrito de Hernán Ruiz II, el tratado de Serlio y el de Vignola.
Como base de la reconstrucción, se ha usado una fotografía de Luis Leon Masson tomada hacia 1858, poco antes de su demolición.
Dicha imagen ha sido “rectificada” para obtener, de forma fiable, las medidas necesarias en el modelado tridimensional de la Puerta Real.
Se ha considerado cada elemento como parte de un todo, con proporciones relacionadas entre sí.
A continuación, la tecnología del escaneado láser ha permitido recrear con precisión el estado actual del entorno urbano y documentar los restos de muralla adyacentes aún conservados.
Para integrar y visualizar todo ello, se han usado técnicas de motor gráfico de videojuegos, aquí aplicadas al patrimonio arquitectónico, incorporando de forma rigurosa texturas, luces y sombras.
– La reconstrucción científica

En 2006 se plantearon interesantes propuestas para reconstruir las principales puertas históricas de Sevilla hoy desaparecidas.
Fueron dibujadas por el arquitecto Rafael Manzano Martos, catedrático y premio Driehaus 2010.
Se trataba de generar una mayor concienciación en la sociedad y en los poderes públicos sobre su gran importancia para la ciudad.
Gracias a esta investigación gráfica, ahora es posible reconstruir con rigor científico la Puerta Real.
Por ello, se pretende despertar el interés, más allá del ámbito universitario, por este destacado patrimonio arquitectónico y urbano.
A lo largo de la historia, muchos edificios importantes han sido reconstruidos tras su desaparición para revitalizar su entorno. Así ocurrió con el Campanile de San Marcos en Venecia, que se desplomó en 1902, o con el pabellón de Mies Van der Rohe de 1929 en Barcelona, entre otros muchos casos.
La Puerta Real era sin duda una de las más bellas del recinto amurallado de Sevilla. Por todo ello, esta joya del siglo XVI debería reconstruirse como símbolo de identidad y fuente de progreso para la ciudad.

