actualidad, opinion, variedades.

Historia, leyendas, historias y sucesos, Reconocimientos.

Poker, historia y anécdotas …


Historias de la historia(J.Sanz)/JotDown(J.L.Garrido/L.Linares) — El póquer ha sido durante años uno de los juegos de casino más populares y aclamados del mundo.

Prácticamente, todos los casinos (físicos y en línea) incluyen mesas y cada vez más personas se interesan en este juego. Los casinos online europeos y americanos han logrado que este juego de apuestas cotice más y gane mucho público. Pero, ¿cuál es el origen del póquer?

Aunque realmente es incierto, la versión que más partidarios tiene es la que sitúa sus orígenes en el As-Nas, un juego de naipes persa que data del siglo XVI con cartas de diferentes valores según la imagen representada y que había que combinar para conseguir la mejor jugada y ganar algún dinerillo apostando a la mejor mano.

Posteriormente, a través de los comerciantes europeos que frecuentaban Persia y Oriente Medio, llegaría a Europa. De este modo, con algunas variaciones, nacería el Poque, el predecesor europeo más cercano al póquer que se hizo popular en Francia en el siglo XVII.

El juego se basaba en repartir tres cartas a cada jugador y éstos apostaban y trataban de engañar al resto de jugadores («ir de farol»). Los colonos franceses llevaron al Poque a sus asentamientos en América del Norte, concretamente hasta Nueva Orleans, ciudad de la colonia francesa de Lousiana. Y al otro lado del charco es donde se modificó el nombre, pasando de Poque  a Poker. Nuestro póquer vivió su época de mayor esplendor en Estados Unidos a partir del siglo XIX popularizándose en todo el país.

En 1871, como un nuevo juego, se introdujo en Europa después de que la reina Victoria escuchó al ministro estadounidense en Gran Bretaña explicar el juego a los miembros de su corte y le pidió las reglas. Varias décadas después se produjo una aceptación más generalizada del póquer en Europa, en gran parte gracias a la influencia de los soldados estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial.

Paralelamente, los casinos (físicos) y los juegos de carta, comunes en estos espacios, comenzaron a extenderse a finales del siglo XIX por tabernas y bares en el sur y oeste de los Estados Unidos. Pero, los casinos online deben sus orígenes a otros motivos. Para la década de los 70 y los 90, el auge de los sistemas de entretenimiento digital cobraba vida, lo que hoy se conoce como videojuegos.

A estos juegos electrónicos, rudimentarios en aquella época y que se podrían encontrar en locales comerciales, se sumarían las tragamonedas, el blackjack o el póquer. Con la llegada del internet a nivel global, entre los años 90 y principio de los 2000 se comenzaron a ver los primeros sitios web de apuestas en línea.

El nacimiento oficial de la pasión por el póker online surge con la fundación de empresas como PartyPoker y PokerStars. Sin embargo, el éxito de estas dos empresas no surgió de la noche a la mañana, ocurrieron muchas cosas para ello. Y uno de los sucesos que catapultó al póquer fue el llamado episodio Moneymaker.

Chris Moneymaker (y sí, es su apellido real), un contable de Tennessee sin experiencia profesional en las mesas, consiguió una invitación para participar en las World Series of Poker de 2003 tras ganar un torneo satélite en línea con una inversión de tan solo 39 dólares. Contra todo pronóstico, consiguió superar ronda tras ronda, dejando en la cuneta a los profesionales más destacados de aquella época, y ganando un premio de 2,5 millones de dólares.

La victoria de Moneymaker fue un terremoto en la industria del póquer. Su historia inspiradora capturó la imaginación de miles de aficionados alrededor del mundo, que se vieron motivados a probar suerte en el juego. El póquer experimentó un auge sin precedentes, con un aumento masivo en la participación en torneos y un crecimiento exponencial del juego en línea. El Efecto Moneymaker dejó una huella imborrable en el póquer, democratizando el juego y convirtiéndolo en un deporte accesible para todos.

AmarilloSlim
Amarillo Slim en las 1974 World Series of Poker.

A mediados del siglo XX, un periodista estadounidense escribió: «Nuestro juego nacional no es el béisbol, sino el póker». Había, pensaba él, algo intrínsecamente americano en ese juego de cartas nacido, al menos en su versión moderna, en la Louisiana del siglo XIX. Un juego que había alcanzado la madurez y su forma definitiva en los casinos flotantes del río Mississippi. Que había servido de entretenimiento hasta a los regimientos de soldados destacados en el Salvaje Oeste, como atestigua la crónica militar Dragoon Campaigns to the Rocky Mountains, publicada en 1836.

Aun así, la primera mención del póker estadounidense, muy famosa entre los historiadores del juego, delata sus orígenes europeos: la hizo en 1829 un actor británico llamado Joseph Cowell, que estaba de visita en Nueva Orleans y observó una partida de un juego al que los nativos llamaban poker, pero que no era no muy distinto a otros que ya se practicaban en Europa. El problema es que nadie ha sido capaz de reconstruir con total fiabilidad documental cuáles son las raíces exactas del póker.

Ni siquiera se sabe con seguridad cuándo se empezó a jugar con cartas, ni de qué manera. La referencia literaria más antigua que se conoce a un juego de cartas procede de la China del siglo IX, pero se especula con la posibilidad de que ya se usaran cartas desde tiempos aún más antiguos. No se ha podido demostrar porque las cartas, al contrario que los dados de marfil o las fichas de piedra, se descomponen y se pierden con facilidad.

Una posibilidad es que las primeras cartas no fuesen en sí mismas el núcleo del juego, sino meras representaciones del dinero con el que se apostaba. Desde China, los juegos de cartas viajaron hacia la India y se piensa que en el siglo XII ya se usaban naipes no solamente en Asia oriental, sino también en Persia y en el norte de África. Los primeros juegos de cartas similares a los actuales y bien documentados datan del Egipto de principios del siglo XIII.

Durante el sultanato mameluco se usaban barajas de cincuenta y dos cartas, repartidas en cuatro palos que, ya por entonces, estaban representados por copas, monedas de oro, espadas, y mazas para jugar al polo. A lo largo del tiempo han existido juegos que usan un número muy variable de cartas, pero parece ser que el estándar de cincuenta y dos ya era habitual: el relato tradicional dice que era una referencia a las cincuenta y dos semanas del año, y que los cuatro palos representaban las cuatro estaciones.

Las cartas egipcias o naib (origen del término naipe) se parecían mucho a las que todavía hoy se usan en países como España, y también son el origende la baraja francesa que se utiliza en el póker. En aquella baraja árabe cada palo tenía un as y otras nueve cartas numeradas, además de tres cartas superiores o «nobles»: un rey, un virrey, y un ministro. Una baraja elaborada era un producto de fina artesanía, así que podía ser una posesión lujosa. 

La prohibición religiosa del islam suní impedía representar las figuras humanas del rey y sus ayudantes, así que, para designar la esas tres figuras, se usaba una muy elaborada caligrafía ornamental.

Cuando los juegos de naipes árabes llegaron a la Europa mediterránea, se diseminaron con rapidez por países como España o Italia, donde la nobleza empezó a practicarlos con entusiasmo. Hasta se adoptaron los mismos palos, aunque, como el deporte del polo era casi desconocido en Europa, el mazo de golpear la pelota fue sustituido por el basto de madera que aún hoy vemos en la baraja española.

También se usaron figuras humanas para representar al rey, a una reina en el lugar del virrey árabe, y a un paje o «sota» (o, en ocasiones, a un príncipe). Esta adaptación del formato árabe a los gustos de la Europa del sur terminaría siendo conocida como «baraja latina». Poco más tarde, los juegos de naipes se extendieron a Francia y Alemania, países donde se buscó facilitar la fabricación artesanal.

shutterstock_238331158

Los cuatro palos «latinos» fueron sustituidos por símbolos más sencillos: corazones, hojas de bellota (después convertidas en tréboles), hojas de árbol (que la imaginación reconvertiría en armas, pues hoy se las llama «espadas» en algunos idiomas, y «picas» en español), y losas (después rebautizadas como «diamantes»). Hoy, a esta baraja francesa —o germano-francesa— la llamamos también baraja «de póker», aunque el póker estaba muy lejos de existir cuando fue diseñada.

Los juegos de naipes ya se habían extendido por toda Europa en el siglo XVI, y los había de muchas modalidades. Los que podrían considerarse los más antiguos antecedentes del póker eran un juego español llamado primero y otro italiano llamado primo visto, que implicaban apuestas y faroles, aunque no se conocen bien sus mecanismos y pudieron ser versiones de un mismo juego que cambiaba de nombre y de reglas según la época y el lugar.

En cualquier caso, el juego del primero debió de ser muy popular en Europa, pues William Shakespeare lo menciona —por su nombre en español— en la comedia Las alegres comadres de Windsor. Esto era sin duda un guiño travieso de Shakespeare hacia su audiencia, pues los juegos de naipes estaban prohibidos en Inglaterra, al igual que el tenis, los bolos o el primitivo football. El único juego alentado por las autoridades era el tiro con arco.

Entre los viejos juegos europeos ya los había que implicaban apuestas en torno a combinaciones de naipes como parejas, tríos, o cuartetos. En esos casos, solían emplearse barajas que solo tenían veinte cartas, si participaban cuatro personas, o veinticinco, si participaban cinco.

Pues se repartían cinco cartas iniciales (y definitivas) a cada jugador y, no habiendo posibilidad de cambiar ninguna de ellas, se iba aumentando la apuesta según una mezcla de intuiciones estadísticas y psicológicas, adquiriendo gran importancia la táctica del «farol». En ocasiones se faroleaba sin haber mirado las propias cartas; en varios países, esta arriesgada apuesta a ciegas y sin saber con qué jugada se contaba, era anunciada con la misma bravucona frase: «Ya las he visto».

No se sabe cuál de los muchos juegos europeos pudo ser el antepasado del póker, por lo que se ha llegado a especular con la posibilidad de que el póker provenga de un juego persa, el as-nas. Pese a la escasez documental, la lógica parece indicar que todas las papeletas las tiene un juego alemán llamado poch, una de tantas adaptaciones europeas del primero. En el siglo XVII, el poch sería adoptado por los franceses y rebautizado poque.

Esto encaja a la perfección no solo con la evidente similitud del término poque con el inglés poker, sino con el hecho de que el poker estadounidense nació en Lousiana, territorio francófono que apenas veinte años antes había sido vendido por Francia a los Estados Unidos. Los colonos franceses llevaron el poque a la muy nocturna y animada capital de Lousiana, Nueva Orleans. Se propagó por el Mississippi y en la década de 1840 aparecía ya en diversos libros sobre juegos y apuestas.

Aunque todavía era frecuente el uso de veinte o veinticinco cartas, el viejo estándar de cincuenta y dos terminó imponiéndose, surgiendo las primeras variantes modernas del juego, como el straight poker, más parecido al juego europeo, y el stud poker, que combinaba cartas boca abajo con otras visibles, y que fue durante mucho tiempo la versión más popular.

El póker se convirtió en parte indisoluble de la idiosincrasia estadounidense con la expansión colonial hacia la costa oeste y el nacimiento de la muy competitiva cultura de los pioneros, muy en especial las periódicas fiebres del oro que seguían al descubrimiento de ese metal en diversos puntos geográficos.

Los buscadores que acababan de hacer fortuna apostaban una parte de sus ganancias en partidas donde, más que la honra o el propio dinero, buscaban decidir cuál de los ganadores de la búsqueda de oro era también el ganador sobre la mesa de juego. Quienes buscaban la emoción del juego con apuestas reales, pero con un bajo riesgo, podían optar a modalidades como el split poker, donde el ganador de cada mano no se llevaba todo el dinero apostado, sino que el botín se repartía entre dos o más jugadores, de acuerdo a un sistema predeterminado de normas

. Esto minimizaba las ganancias, pero también las posibles pérdidas. Además, reducía el poder de los faroles y permitía evitar la feroz competitividad de las partidas del Salvaje Oeste. Esta modalidad solía ser practicada entre quienes no disponían de mucho dinero, o entre quienes preferían la caballerosidad a la ganancia, caso de ciertos ambientes burgueses.

El stud poker se mantuvo como modalidad más famosa durante mucho tiempo, incluso después de haberse inventado la modalidad que, con el paso del tiempo, le iba a arrebatar ese papel: la variante Texas hold’em. Apareció a principios del siglo XX en Robstown, un pequeño pueblo tejano. Fue extendiéndose por el resto del estado, aunque durante más de cinco décadas fue una rareza más allá de Texas, hasta el punto de que nadie lo llamaba Texas hold’em, sino sencillamente hold’em.

A mediados de siglo, la modalidad tenía sus propios jugadores profesionales en Texas, leyendas como Amarillo SlimDoyle Brunson o Crandell Addington, pero seguía sin hacer ruido en otros lugares (aunque empezaba a haber jugadores profesionales no tejanos que se abrían camino en el hold’em, como Puggy Pearson, natural de Tennessee).

Estos jugadores profesionales tejanos se trasladaron a Las Vegas en 1967 y se llevaron el hold’em consigo, aunque solamente había un casino que organizaba partidas de hold’em. Se llamaba Golden Nugget y su ambiente poco cuidado —el suelo estaba cubierto de serrín mezclado con engrudo— espantaba a los clientes adinerados.

Pese al bajo estatus del Golden Nugget, el hold’em empezó a llamar la atención de otros jugadores profesionales, y hasta de los directores de otros casinos. Crandell Addington recordaba que en la modalidad predominante por entonces, el draw poker, se apostaba dos veces por mano.

En el hold’em que él y sus paisanos habían llevado a Las Vegas se apostaba cuatro veces por mano, lo cual, según Addington, permitía jugar de forma más estratégica. Y esto premiaba el talento de los jugadores, lo cual permitía no solo organizar partidas por niveles, sino que ofrecía la posibilidad de montar atractivos torneos profesionales.

Un par de años después, un casino más presentable, el Dunes, les ofreció la posibilidad de organizar allí un torneo llamado Gambling Fraternity Convention, que más tarde terminaría convertido en el celebérrimo World Series of Poker, un equivalente al campeonato mundial de ese juego.

Gracias a la preponderancia de los tejanos y de la atención que habían suscitado sus estratégicas partidas, el hold’em (de repente más conocido como Texas hold’em) se convirtió en la modalidad predominante en ese torneo, y más tarde en todo el mundo.

Las retransmisiones televisivas demostraron que el hold’em tenía mayor poder de entretenimiento, además de ser un juego más estructurado en el que las tácticas del momento jugaban un papel considerable, y el stud poker, que aún conservaba cierta popularidad, terminó de ser doblegado. Así, una modalidad que durante más de medio siglo había pasado desapercibida en los garitos de Texas terminó convertida en la reina absoluta de los tapetes.

– Algunos de los tahúres con más éxito 

Se podrían escribir libros y libros sobre la historia del juego, desde sus orígenes en el mundo antiguo, pasando por la primera casa de juego de Venecia (el Ridotto de San Moisés) abierta en 1638, para culminar con los juegos online. Hoy en día, sin movernos del sofá, podemos jugar a tragamonedas digitales como las de Mr Pacho Casino, considerado como uno de los mejores casinos online en español, o podemos consultar una reseña para comprobar si, por ejemplo, Slottica casino es confiable o si ofrece buenos bonos para los jugadores chilenos, argentinos o
españoles. Durante los muchos años de historia de los casinos nos hemos encontrado con grandes jugadores que han logrado convertirse en auténticas figuras del sector. Esta es la historia de algunos de estos tahúres:

1. Edward Thorp

Este matemático nacido en Chicago se especializó en el estudio de probabilidades y elaboró un modelo teórico en torno a las opciones de ganar en el Blackjack. A partir de este extraordinario sistema de cálculo de probabilidades, y con la ayuda de un IBM 704, Edward Thorp dedujo que un sistema de conteo de cartas podría ayudarle a tener mejores probabilidades que el crupier a la hora de jugar al Blackjack.

Puso a prueba con éxito su método para ganar decenas de miles de dólares en solo un fin de semana. Sin embargo, decidió no abusar de su estrategia y, en cambio, ganó mucho más dinero a través de la venta de libros explicando su análisis. Consiguió vender más de 700.000 libros y su estudio fue utilizado tanto por futuros jugadores como por los propios casinos, que pasaron a incorporar más barajas en las mesas de Blackjack para complicar su modelo.

2. Phil Ivey

Considerado uno de los mejores jugadores de póker de todos los tiempos, Phil Ivey ha ganado diez brazaletes de la World Series y un World Póker Tour, consiguiendo en el proceso ganancias de varios millones de dólares.

Nacido en California, Phil Ivey comenzó su carrera como jugador en New Jersey pero terminó instalándose definitivamente en Las Vegas, donde ha competido en numerosos eventos internacionales. Especialmente relevante fueron sus ganancias en el casino Punto Banco de Londres en el año 2012, cuando en el mes de agosto Phil Ivey ganó la friolera de 7.300.000 libras esterlinas, unos 12.000.000 de dólares al cambio.

Sin embargo, el casino rehusó pagar más de 1 millón de libras bajo el pretexto de que Ivey había empleado un sistema de identificación de bordes, técnica que trata de aprovechar las ligeras imperfecciones del reverso para identificar las cartas. La justicia le dio la razón al casino, lo que sentó un precedente para prohibir esta técnica de juego.

3. Don Johnson

Don Johnson es un antiguo ejecutivo de una corporación que logró una extraordinaria racha en los casinos de Atlantic City, por valor de 15 millones de dólares. Fue invitado a jugar en los casinos poco después de la crisis de 2008, cuando las salas de juego tenían dificultades para encontrar a grandes apostadores.

Esto le permitió negociar unas condiciones algo más favorables para jugar al Blackjack. Aprovechando estas condiciones ventajosas, Don Johnson consiguió ganar 1.2 millones de dólares en solo 12 horas en el Tropicana. Una de sus manos fue histórica, con ganancias de 800.000 dólares. 

Cuando los casinos comenzaron a recuperar la clientela habitual, retiraron su oferta a Don, e incluso el casino Caesars emitió una orden de exclusión que le impide jugar en sus instalaciones hasta el día de hoy.

4. Archie Karas

La especialidad de este jugador de origen griego es el póker, un juego que logró dominar desde muy joven y que le valió su lugar en la historia de los casinos a partir de una racha extraordinaria que tuvo lugar en 1992. Lo más destacado de esta racha es que Karas llegó a Las Vegas con solo 50 dólares, así que comenzó a apostar con dinero prestado por un amigo que se encontró por casualidad en la ciudad.

A partir de este dinero prestado, Karas logró acumular ganancias por valor de varios millones de dólares, de manera que pasó a convertirse en una de las figuras más conocidas de Las Vegas. Su buena racha se prolongó hasta 1995, cuando su flor se marchitó y acumuló pérdidas por valor de 40 millones de dólares. Aunque volvió a lograr nuevas rachas ganadoras, ninguna tan espectacular como la de aquellos años.

– La evolución de los casinos en España

casino antiguo 1814v2
Casino antiguo de Castellón. 1814

La palabra «casino» tiene una historia rica y fascinante que refleja su evolución desde un significado original entroncado con lugares de reunión hasta su asociación actual con el juego y el entretenimiento. Su viaje etimológico y la transformación en su aplicación ofrecen una ventana a los cambios culturales y sociales que han tenido lugar a lo largo de los siglos, especialmente en países como España, donde la palabra ha adquirido connotaciones únicas influenciadas por la historia y la cultura local.

Con el tiempo, el significado de «casino» comenzó a cambiar, acercándose más a la connotación que tiene hoy en día. A medida que el juego se hizo más popular y socialmente aceptado, los casinos comenzaron a asociarse más estrechamente con el juego. Esta transición se vio influenciada por la apertura de grandes casinos en Europa y América, donde el juego era la actividad principal.

En España, esta transformación también fue impulsada por la legalización y regulación del juego en diversas formas a lo largo del siglo XX hasta el modelo de casinos online en España y el resto del mundo.

La palabra tiene orígenes italianos, donde inicialmente significaba una pequeña casa de campo o un pabellón de caza, derivada del término «casa». Este término se expandió para abarcar espacios sociales dedicados al entretenimiento, como la música, el baile y, eventualmente, el juego.

En España, esta evolución tomó un cariz particular, reflejando el rico tapiz cultural y social del país. Originalmente, los casinos españoles del siglo XIX eran vistos como elegantes clubes sociales para la élite, lugares de reunión donde predominaban las actividades culturales y el intercambio intelectual más que el propio juego.

Estos establecimientos servían como epicentros de la vida social y cultural, ofreciendo un espacio para conciertos, eventos literarios y debates políticos. Los primeros casinos en España surgieron en el siglo XIX como espacios de encuentro cultural para la clase alta y la burguesía, influidos por los clubes sociales de Inglaterra y Francia.

No eran simplemente lugares de juego, sino centros donde se reunían hombres adinerados para compartir inquietudes culturales, realizar debates, tertulias literarias y leer prensa. Estos espacios eran exclusivos, masculinos y se requería invitación para entrar, lo que los hacía bastante inaccesibles para el público general.

El Real Casino Antiguo de Castellón, promovido por el Barón de Benicassim en 1814, es considerado uno de los casinos más antiguos de España. Este casino, al igual que otros de la época, evolucionó con el tiempo, cambiando de sede y adquiriendo el título de «real» en 2014.

Otro ejemplo notable es el Casino de Madrid en la calle Alcalá, que data de 1836 y se convirtió en un emblemático edificio madrileño en 1910. Estos casinos no solo eran lugares de juego, sino también importantes centros de actividad social y cultural, donde se fomentaban debates y se compartían descubrimientos y trabajos culturales​.

En esta época, Barcelona también vio la apertura de su famoso Casino de Barcelona, conocido por estar a la vanguardia de la industria del juego y albergar numerosos torneos de póker con la participación de figuras conocidas. Este casino ha logrado mantenerse moderno y relevante hasta el día de hoy, adaptándose a las nuevas tendencias al ofrecer también servicios de casino en línea​.

La prohibición del juego durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera y posteriormente durante el régimen de Francisco Franco llevó al cierre de muchos de estos establecimientos, pero con la muerte de Franco y el cambio legislativo en 1977, los casinos volvieron a florecer en España, dando paso a una nueva era en la industria del juego en el país​​.

Durante los años siguientes, la industria del juego vivió una gran evolución, transformándose en uno de los sectores más importantes del país, con más de 50 casinos y miles de salas de juego a lo largo del territorio nacional​​.

Los años 70 presentaron a los casinos como espacios exclusivos y privados, situados en destinos turísticos como Marbella e Ibiza, frecuentados por una clientela adinerada. Sin embargo, en la década de 1980, con la aprobación de la Ley de Ordenación de Juego en 1981, se facilitó la apertura de casinos a lo largo de todo el país, haciéndolos más accesibles al público en general. Esta época también vio la popularización de las máquinas tragaperras, lo que impulsó significativamente la industria​.

A lo largo de los años, los casinos en España se han adaptado a las demandas de un público más amplio y diverso, introduciendo una variedad de juegos y entretenimiento, como el bingo y espectáculos en vivo. La llegada de la tecnología ha marcado otra fase significativa en la evolución de los casinos, con el auge de los casinos en línea en los últimos años. Estos ofrecen una amplia variedad de juegos y han hecho que el juego sea más accesible que nunca, permitiendo a los jugadores disfrutar de sus juegos favoritos desde la comodidad de sus hogares.

A medida que avanzaba el siglo XX, el poker se estableció como un juego de cartas reconocido a nivel mundial. Los casinos de Las Vegas se convirtieron en el epicentro de la acción, y los torneos de poker empezaron a ganar relevancia, atrayendo a jugadores profesionales y a aficionados por igual.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión en la historia del poker se produjo en la última década, con la llegada de la era digital. La popularización de internet y el auge de los dispositivos móviles permitieron que el poker se trasladara al ámbito virtual. Surgieron numerosas plataformas de poker online, donde los jugadores podían enfrentarse entre sí desde cualquier parte del mundo, en cualquier momento del día.

La pandemia mundial de la COVID-19, que golpeó al mundo en el año 2020, tuvo un impacto sin precedentes en todas las facetas de la sociedad, incluido el poker. Con las restricciones impuestas al contacto social y el cierre de los casinos y salas de juego físicas, los jugadores profesionales y los aficionados tuvieron que adaptarse rápidamente a la nueva realidad.

En este contexto, el poker online experimentó un auge sin precedentes. Los jugadores se refugiaron en las plataformas digitales para seguir disfrutando de su pasión por el juego. Los torneos online ganaron popularidad y se convirtieron en eventos destacados en el calendario de los jugadores profesionales al tiempo que las salas de poker virtuales se inundaron de usuarios de todos los niveles.

La adaptación a la era digital no solo se limitó al juego en sí, sino que también tuvo un impacto en la forma en que se promocionaba y transmitía el poker. Los eventos en vivo se transformaron en eventos virtuales, transmitidos en streaming a través de plataformas online. Los comentaristas y analistas se adaptaron a esta nueva realidad, ofreciendo sus conocimientos y perspectivas a través de las pantallas de los espectadores.

Pero la evolución del poker hacia la era digital no se limitó únicamente a la pandemia. Incluso después de que la crisis sanitaria mundial comenzara a remitir, el poker online continuó creciendo en popularidad. La comodidad y accesibilidad de poder jugar desde cualquier lugar y en cualquier momento, junto con la variedad de juegos y formatos disponibles, atrajeron a nuevos jugadores y ampliaron la base de jugadores existente.

Además, la tecnología también ha contribuido a mejorar la experiencia de juego online. La inteligencia artificial y los algoritmos avanzados se utilizan para detectar comportamientos sospechosos y prevenir el fraude. Las plataformas de poker online han implementado medidas de seguridad y privacidad para garantizar la integridad del juego y la protección de los datos de los jugadores.

En definitiva, la historia del poker ha sufrido un importante viraje durante los últimos años. Desde sus inicios en juegos de cartas antiguos hasta su transformación en un fenómeno digital en la era moderna, el poker ha demostrado una increíble capacidad de adaptación. Sin duda, la pandemia mundial aceleró su transición hacia la era digital, llevando el juego a nuevos horizontes y expandiendo su alcance global. A medida que la tecnología continúa avanzando, es emocionante imaginar cómo el poker seguirá evolucionando y cautivando a jugadores de todo el mundo.

nuestras charlas nocturnas.


Del mundo de ayer a la Europa del mañana: la utopía de Stefan Zweig …


Fotografía de Stefan Zweig y Joseph Roth en Ostende, verano de 1936. Fotografía probablemente de Lotte Altmann, secretaria de Zweig. Wikimedia Commons
Fotografía de Stefan Zweig y Joseph Roth en Ostende, verano de 1936. Fotografía probablemente de Lotte Altmann, secretaria de Zweig.

National Geographic(D.Fontanals) — Resulta casi imposible desligar la obra y el pensamiento del autor judío-austríaco Stefan Zweig de su «idea de Europa». Este concepto aúna el lamento nostálgico ante la pérdida de un «mundo» (y con ello una manera de verlo y habitarlo) y el anhelo por un sueño todavía por realizar, la apertura de la experiencia y la memoria al espacio de lo utópico.

Ambas dimensiones de la Europa de Zweig –nostalgia y utopía, pasado y futuro– cobran vida y se entrecruzan en su autobiografía El mundo de ayer (1942). Su subtítulo, «memorias de un europeo», da una primera pista de la importancia de Europa como clave interpretativa de la vida, la obra y el legado espiritual del autor.

– Nostalgia por lo que queda atrás

Ya en sus primeros compases, Zweig, el «gran europeo», en palabras del poeta francés Jules Romains, enmarca su narrativa en un espacio identitario vinculado a la vivencia y el testimonio de «unas convulsiones volcánicas […] que han hecho temblar nuestra tierra europea».

Zweig escribe estas líneas tras huir a América por la persecución nazi a los judíos europeos. Y escribe desde ese exilio cruel y doloroso marcado por la pérdida de su casa, sus lectores y, por encima de todo, su «patria propiamente dicha, la que había elegido mi corazón, Europa».

A partir de esta declaración de intenciones, Zweig se esforzará por recuperar del abismo de la memoria la esencia de su idea de Europa. Así, la inmortaliza con emotividad y brillantez poética en su recreación de la Viena de fin del siglo XIX e inicios del XX como edad de oro de la humanidad.

Con todo, anclar la Europa de Zweig al pasado, a aquello que no volverá, y que por lo tanto resulta, en el mejor de los casos, inútil, y en el peor la expresión de un pensamiento conservador o incluso reaccionario, implica reducir a la mínima expresión el potencial de su proyecto europeo. En cambio, si nos atrevemos a leerlo desde el prisma de la alternativa, de lo frustrado, de lo irrealizado, el mundo de ayer de Zweig emerge como la historia de una utopía fallida, una narrativa orientada hacia el futuro que gira alrededor del proyecto ético-político de una Europa unida y sin fronteras.

Stefan Zweig, un autor para navegar por las turbulentas aguas europeas :  Ethic

– El sueño europeo

En el proyecto europeo zweigiano no hallaremos propuestas «prácticas» de índole económica o política como las que monopolizan nuestros debates. Más bien encontraremos un programa ético que invita a repensar qué significa Europa y la naturaleza de nuestro compromiso y responsabilidad con los espacios e instituciones que definen nuestra existencia en común. Desde este prisma, ¿en qué consistiría recuperar el sueño europeo de Stefan Zweig?

Ante todo, la Europa de Zweig parte de una inmersión en el pasado como espacio de reflexión y comprensión del presente. De este modo, debe entenderse, en primer lugar, como un proyecto humanista que saca a relucir la doctrina de pensadores como Erasmo, Castellio y Montaigne. Su lucha por la tolerancia y el entendimiento mutuo en una Europa asolada por las guerras de religión inspira al autor austriaco para articular su alegato por la paz y el respeto de la diferencia.

Asimismo, le invita a exponer en su obra los discursos –políticos, económicos, científicos y tecnológicos– que uniformizan el paisaje y deshumanizan al individuo en el siglo XX. De este modo, vemos cómo autómatas ajedrecistas, dinosaurios bibliográficos y otras víctimas ilustres del aislamiento intelectual y el pensamiento único pueblan su ficción.

Asimismo, hallamos en su obra objetores de conciencia, madres desesperadas por salvar a sus hijos de la trituradora bélica y refugiados de guerra que nunca volverán a casa. A través de sus historias, así como las del profeta Jeremías o el revolucionario alemán Adam Lux, Zweig explora y expande la idea de Europa como proyecto pacifista basado en una retórica de la no violencia.

A raíz del estallido de la Gran Guerra, Europa deja de ser para Zweig un horizonte de realidad asociado al progreso. Se convierte entonces en un anhelo y un deber que se cifran de forma alegórica en la reconstrucción de la Torre de Babel, trasunto de Europa e imagen de los esfuerzos por combatir los discursos que promueven la separación, el aislamiento y la confrontación.

El Museu d'Història de València homenatja a Stefan Zweig, l'"autor  universal" - Cultur Plaza

– Una voz a tener en cuenta

Bajo este impulso, la obra de Zweig, y en particular sus memorias El mundo de ayer, se erigen como testamento de la lucha del escritor por neutralizar los efectos de “la peor de todas las pestes, el nacionalismo”, principal causante de la discordia entre los pueblos y las naciones de Europa.

Desde esta óptica, la Viena de su juventud y el Brasil de su último exilio devienen paraísos de la multiculturalidad y la convivencia pacífica. Ambos lugares, si bien presentan cierta deformación como realidades históricas, encarnan a la perfección la esencia de la utopía europea zweigiana como espacio de “desintoxicación moral”. Además expresan un pensamiento cosmopolita y transnacional que resuena con fuerza en nuestro siglo y que se vuelve acuciante ante el auge del escepticismo, el populismo y sus consabidas fronteras.

Por último, la Europa de Zweig es un canto innegociable e irrenunciable a la libertad. Esta, junto a la paz, el humanismo y la lucha contra el nacionalismo más tóxico y banal forman las bases de un programa ético-político que recorre y atraviesa la obra del autor.

Al leer sus memorias como una narrativa orientada hacia el futuro, un testamento espiritual a la par que una advertencia a las generaciones venideras, emprendemos un viaje desde el mundo de ayer a la Europa del mañana. Esto añade, por un lado, una voz relevante, la de Zweig, a nuestros debates sobre la identidad de Europa. Y, por el otro, contribuye a definir los contornos de los espacios que habitamos en común y los valores que dan forma a nuestra existencia colectiva, animándonos a recordar para no caer en “la tragedia de la falta de memoria”.

nuestras charlas nocturnas.


El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas…


El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas  (Malleus maleficarum «Manual del inquisidor») | Gramaticas y Textos de las  Grandes Culturas

La Voz de Cádiz(M.P.Villatoro) — «En nombre de nuestro Señor Jesucristo. Sepan todos los hombres por las presentes, […] que en el año de nuestro señor 1487 […] el supremo Pontífice que ahora reina […] ordenó y otorgó […] a los Inquisid

ores […] el poder de investigar e inquirir en la herejía de las brujas […] y les concede toda facultad de juzgar y proceder contra tales». Con estas palabras se hizo oficial, el 19 de mayo de 1487, la aprobación del «Malleus maleficarum» (o «Martillo de las brujas»).

Un manual creado por dos inquisidores para -entre otras cosas- detectar, capturar, juzgar y aniquilar a todas aquellas mujeres que, mediante la hechicería, cometieran atrocidades como embrujar a un hombre para que perdiera su miembro viril mantener relaciones sexuales con demonios para engendrar criaturas infernales.

Un libro maldito que provocó la muerte de hasta 60.000 mujeres inocentes.

Aunque hace más de medio milenio que aquellos inquisidores recopilaron y analizaron las creencias populares existentes sobre las brujas en este infame manual, hoy hemos querido recuperar sus enseñanzas más llamativas aprovechando el estreno de « La Bruja», un largometraje de terror dirigido por Robert Eggers que cuenta con la participación de actores como Anya Taylor («Atlantis») o Ralph Ineson («Guardianes de la galaxia»).

El filme, que ya ha sido calificado como una de las mejores películas de terror del año, ha llegado a España después de haber arrasado en taquilla en Estados Unidos y haber causado furor en el festival de «Sundance». Y todo ello, relatando la historia de una pareja de cristianos con casi media docena de hijos que tienen la mala suerte de instalarse, en 1630, en un bosque de Nueva Inglaterra dominado por un poder oscuro.

El nacimiento del libro maldito

A pesar de que la película de Eggers se desarrola en el siglo XVII, lo cierto es que la edad de oro de la brujería se vivió en Europa alrededor de los siglos XV y XVI. De hecho, fue durante esa oscura época en la que el papa Inocencio VIII publicó una bula (la Summis Desiderantes Affectibus) en la que corroboraba la existencia de brujas y hechiceros.

En ella, señalaba que estos seres habían «matado a niños que estaban aún en el útero materno y crías de los ganados» o que impedían «a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir». Por ello el pontífice permitió la elaboración de un tratado esotérico que aglutinara todos los conocimientos existentes sobre este tema con el objetivo de acabar con dichos demonios. Unos seres que «renuncian a la Fe y […] a instigación del Enemigo de la Humanidad [Satán] y no se resguardan de cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones».

Bajo el auspicio del Papa, que permitió juzgar los delitos de brujería como crímenes de herejía, se entregó la responsabilidad de crear este manual a los frailes dominicos (e inquisidores) Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger. Estos se propusieron recopilar todos los conocimientos existentes sobre estas hechiceras y añadir algunos campos nuevos relacionados con la caza.

El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas – El  Observatorio del laicismo

«El primero, autor principal, era un teólogo, que había sido nombrado inquisidor para el sur de Alemania en 1474. Sprenger era profesor de teología en la Universidad de Colonia, fue nombrado inquisidor de Renania en 1470. Ambos habían cooperado en el procesamiento de brujas», explica Anna Armengol (de la Universidad Autónoma de Barcelona) en su dossier «Realidades de la brujería en el siglo XVII: Entre la Europa de la caza de brujas y el racionalismo hispánico».

 El resultado fue una curiosa «enciclopedia de las brujas» que puso sobre papel el conocimiento existe sobre estos supuestos seres y dio, en palabras de esta autora, «credibildiad y autoridad» a su existencia.

Una estructura perfecta

En su libro « Mitos del individualismo moderno», el historiador Ian Watt señala que el Malleus plasmaba en detalle «las creencias y las prácticas de las brujas y los modos idóneos de reconocerlas, apresarlas, condenarlas y quemarlas en la hoguera». El manual fue, además, un auténtico «best seller» de su época, pues fue reeditado catorce veces hasta el año 1520 convirtiéndose, sin duda, la obra más vendida de su tiempo.

Su estructura, según Primitivo Martínez Fernández (autor de « La Inquisición, el lado oscuro de la Iglesia») se divide en tres partes. En la primera, se da por sentado que las hechiceras existen y se señalan los males que realizan. En la segunda, «se describen las formas de brujería, cómo lanzan hechizos» y cómo se pueden evitar sus acciones. La tercera parte es la dedicada a los cazadores de estos seres, pues en ella se hace una relación de la forma de encontrar y destruir a estos seres diabólicos.

«El Malleus se estructura en tres partes: El demonio, el brujo y la permisión divina (que busca probar la existencia de la brujería); la forma de inferir maleficios y de luchar felizmente contra ellos (formas de brujería y cómo actuar contra ellas); y las veinticinco cuestiones pertinentes a la actución judicial (una explicación del proceso judicial que el inquisidor debe llevar a cabo).

Es esta parte, por su contenido judicial, la que lleva a que se considere como un manual inquisitorial. Ya que supone una guía en la que se explica como se debe llevar un juicio», explica a ABC la historiadora y antropóloga social y cultural Rocío Rivas Martínez.

Hereje el incrédulo

El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas

A pesar de que esta obra cuenta casi con 200 páginas, sus bases se establecen en los primeros capítulos.

Uno de sus primeros preceptos señalaba, como ya había afirmado el Papa, que la existencia de las brujas era una realidad tangible y que todo aquel que negara su existencia sería considerado como un hereje.

«Yerran quienes dicen que la brujería no existe, sino que es algo puramente imaginario, aunque no creen que los diablos existan, salvo en la imaginación de la gente ignorante y vulgar, Esto es contrario a la verdadera fe, que nos enseña que ciertos ángeles cayeron del cielo y ahora son demonios, y debemos reconocer que por naturaleza son capaces de hacer cosas que nosotros no podemos […]

Y como la infidelidad en una persona bautizada se denomina técnicamente herejía, esas personas son lisa, y llanamente herejes», explica el propio manual.

Las novedades del Malleus

Rivas, por su parte, es de la opinión de que sus novedades se suntentan en tres puntos. «La primera novedad es que auna libros anteriores y recoge y utiliza diversas fuentes: la Biblia, la Suma Teológica de Santo Tomás, el Directorium Inquisitorium de N. Aymerich (1376), el Formicarius de J.Nider (1435)…

A lo que suma supersticiones, tradiciones y ejmplos de juicios. En segundo lugar, va más allá porque explica cómo son las brujas, cómo actuan, cómo reconocerlas…Es decir, un argumento que se basa en probar y justificar su existencia. Finalmente, también cuenta con una parte de materia judicial y criminológica».

Todo ello hizo que fuera considerado el manual básico de todo inquisidor. «Se ha llegado a definir como la enciclopedia del inquisidor. Se le consideró de esta forma porque tuvo una gran difusión gracias a la imprenta y contaba con un lenguaje y una estructura sencilla y fácil de entender», completa.

Con todo, lo cierto es que la novedad del Malleus Maleficarum no fue solo hablar sobre la forma de dar caza y aniquilar a una bruja, sino sensibilizar a la sociedad de que había que tomarse la hechicería como un problema social general.

«El Papa ya era consciente de la existencia de las brujas. De hecho, la Inquisición medieval ya tenía un proceso para combatir esta práctica como herética porque era un fenómeno antiquísimo. En la Odisea de Ulises, por ejemplo, ya aparecía una bruja que convertía a los hombres en animales. En el Malleus lo que se planteó por primera vez es que la brujería era un problema colectivo.

El manual generó la necesidad de luchar contra lo que, según se creía, era un mal público», explica -en declaraciones a ABC- el doctorado en Historia moderna y autor de varios libros sobre la Inquisición Ricardo García Cárcel.

En palabras de García, el Malleus fue una llamada a la opinión pública europea con respecto a los peligros y la perversidad de las brujas como grupo.

«El Malleus lanzó el dedo acusador sobre el peligro que suponía a Europa el fenómeno colectivo de las brujas», explica. Un grupo, por cierto, que ganó repercusión en la sociedad no tanto por sus rituales, que también, sino por la importancia que se le otorgó desde la iglesia.

Y es que, esta institución comenzó a dar importancia a lo que la cultura popular decía de las hechiceras reuniendo y validó los «chismes» y las leyendas que se habían generalziado en la sociedad sobre la brujas. «A partir de 1580 los intelectuales empezaron a justificar una brujería que, hasta entonces, solo existía en la cultura popular.

La caza de brujas alcanzó entonces unos niveles tremendos en Europa. Los intelectuales legitimaron lo que las brujas decían de sí mismas. Además, en el siglo XVI se desató la obsesión por la caza de brujas porque se introdujo la idea de que el demonio estaba en todas partes y que las brujas habían sido creadas por él», añade el doctor.

El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas

Mujeres, las brujas por excelencia

Además de por ser un interesante compendio de brujería, una de las principales características del Malleus es que entiende que la brujería es una actividad realizada casi exclusivamente por mujeres.

No en vano en su interior se puede leer que hay que considerar hechiceras «ante todo a las mujeres porque este tipo de perfidia se encuentra en un sexo tan frágil, más que en los hombres».

Rivas, en declaraciones a ABC, es partidaria también de esta teoría: «Cuando hablamos de bruja nos referimos en su mayoría al género femenino, pues aproximadamente el 80% de los procesados por brujería fueron mujeres». García llega más lejos, pues cree que este libro, y la persecución masiva contra este género se llevó a cabo para luchar contra el feminismo incipiente que estaba avanzando en la sociedad de entonces.

Fuera por la causa que fuese, el Malleus (y la ingente cantidad de libros que recopilaron sus autores para elaborarlo) terminaron dando como resultado la imagen de una bruja bastante similar a la que tenemos ahora.

«El concepto de bruja se ha ido definiendo a lo largo de la historia y llega a su culmen en la Edad Moderna. Se puede decir, que el resutado de todo este proceso fue la configuracuión de la visión de bruja de los S.XV-XVI: mujeres de avanzada edad, apartadas de la sociedad y pobres, domindas por el diablo, cuyo ámbito se ceñía a la noche y eran capaces de desarrollar todo tipo de acciones dañinas: matar animalesdestrozar cosechas, embrujar hombres, provocar catastrofes naturalessecuestrar niñosgenerar epidemias…», explica Rivas.

La enciclopedia del inquisidor llega a firmar, incluso, que estas hechiceras podían volar de un lado para otro para hacer el mal y que usaban animales fétidos y hierbas alucinógenas como la belladona para sus oscuros rituales.

Sin embargo, si por algo destacaban las brujas -siempre según el Malleus- era por su obsesión por el sexo grupal. En este punto coinciden Rivas y García. La primera explica que los inquisidores del siglo XVI creían que estas mujeres solían reunirse en un aquellarre o sabbat para realizar rituales extraños: «Era una reunión de las brujas con el diablo, en la que se realizaban ritos de iniciación, pactos con Satán y se entregaban a él mediante prácticas sexuales. Se renegaba además de Dios, se realizaban misas negras (contrapuestas a las homilías oficiales)…».

El historiador, por su parte, considera que en estas reuniones hacían fiestas de culto al demonio y que en ellas abundaban la «inversión de sexos» y los « orgasmos colectivos». ¿La razón? En palabras del experto, porque el culto a la fertilidad era uno de los fundamentos de la brujería en su manifestación originaria.

Magia negra para esconder penes

Ni su capacidad para volar en escobas, ni sus habituales verrugas en la punta de la nariz. A pesar de lo recurrentes que puedan parecer estas características tan tópicas de las hechiceras, no aparecen casi en el Malleus.

Por el contrario, a lo que sí dedican una amplia amalgama de páginas los autores es a tres temas diferentes: las contínuas relaciones sexuales que mantienen las brujas con los enviados del diablo, su obsesión por el sexo y el sémen y, finalmente, su capacidad para ocultar o arrancar el «miembro viril» (en ninguna ocasión se habla de «pene» en el Malleus) de los hombres mediante raros conjuros.

Las dos primeras son las más habituales. «A lo largo del Malleus se hace referencia a las prácticas sexuales de los demonios incubos o el diablo con las mujeres, desarrolladas sobre todo en el aquelarre. En mi opinión, se podría deber en gran parte al concepto que los propios autores (Kramer y Sprenger) tienen de la mujer y que recogen en el libro: se la define como un ser imperfecto, débil, propicia al mal, de una lujuría insaciable…

Y, por otro lado, porque a través de la unión sexual con el diablo, la mujer pasa a ser su sierva y obtiene el poder para desarrollar todo tipo de males sobre la comunidad», determina Vivas en declaraciones a ABC.

El último acto –la eliminación del pene– es el que nos ocupa y, al parecer, las brujas lo llevaban a cabo por pura maldad. «No hay dificultades en la ocultación del miembro viril por algún prestigio o hechizo por parte de la bruja […] como si lo arrancaran […] En mayor medida puede el diablo llevar a la imaginación la apariencia de un cuerpo liso, no provisto de un miembro viril, de manera tal que los sentidos crean que se trata de un hecho concreto», señalaban los autores del Malleus en sus páginas.

Malleus maleficarum – El Cuaderno

Con todo, Kramer y Sprenger eran partidarios de que las brujas solo tenían la capacidad de engañar a dos de los sentidos de los seres humanos (la vista y el tacto) para que no vieran los penes de los hombres, pero que estos conjuros pueden ser rotos. Según sus palabras, no sucedía lo mismo con Satán.

«Podría preguntarse si el demonio por sí mismo, y sin una bruja, puede arrebatar a alguien el miembro viril y si existe alguna diferencia entre uno y otro tipo de privación. […] Es posible decir que cuando el diablo se lleva un miembro por sí mismo, se lo lleva en realidad, y cuando hay que restablecerlo lo restablece de verdad. Así como se lo arrebata sin herir, así también se lo arrebata sin dolor», se explica en el texto.

Casos «verdaderos» de evaporación de penes

Además de hacer referencia a esta magia, los autores del Malleus también desvelaban en el libro dos situaciones presuntamente verdaderas en las que unas brujas arrebataron su miembro viril a un hombre. La primera, según dejaron escrito en el libro, se suceció en Ratisbona en un año no especificado.

Allí «cierto joven que tenía una intriga con una muchacha y deseaba abandonarla, perdió su miembro, es decir, que se arrojó sobre él algún hechizo de modo que no podía ver ni tocar otra cosa que su cuerpo liso». En palabras de los monjes, nuestro protagonista se desesperó tanto por la desaparición de su pene que decidió emborracharse en la taberna para olvidar lo sucedido. Sin embargo, allí le aconsejaron que forzara a la hechicera a devolverle su miembro por las bravas.

«Por la noche el joven vigiló el camino que la bruja acostumbraba seguir, y al encontrarla le rogó que restableciese la salud de su cuerpo. Y cuando ella afirmó que era inocente y que nada sabia de eso, él se le arrojó encima, le enrolló con fuerza una toalla en el cuello, y la asfixió, diciéndole: «Si no me devuelves la salud morirás a mis manos«. Entonces ella, incapaz de gritar Y con el rostro ya hinchado y ennegrecido, dijo: «Suéltame y te curaré«.

El joven entonces aflojó la presión de la toalla, y la bruja le tocó con la mano entre los muslos, y dijo: «Ahora tienes lo que deseas«. Y el joven, como dijo después, sintió con claridad, antes de verificarlo con la vista y el tacto, que el miembro le había. sido devuelto por el simple contacto de la mano de la bruja», se determina en el Malleus.

No es la única experiencia que se narra en el Malleus sobre un hombre al que le desaparece el pene por arte de magia (hablando literalmente). A continuación, los autores recogen el testimonio de un sacerdote que dice haber sido testigo de esta curiosa mutilación. Al parecer, el joven le explicó al religioso durante una confesión que había perdido su miembro.

En principio el religioso no le creyó. No obstante, cuando le hizo desvestirse vio de primera mano que no tenía pene, por lo que ambos supusieron que le había sido arrebatado por una cruel hechicera.

«Luego, usando el consejo más prudente que pude, le pregunté si sospechaba que alguien lo hubiese hechizado de esa manera. Y el joven respondió que sospechaba de alguien, pero que estaba ausente y vivía en Worms. Entonces le dije: `Te aconsejo que vayas a ella lo antes posible y te esfuerces por ablandarla con dulces palabras y promesas’, y así lo hizo. Porque volvió luego de pocos días y me agradeció, diciéndome que estaba intacto y que había recobrado todo. Y yo creí sus palabras, pero una vez más las confirmé con la evidencia de mis ojos»», se explica en el Malleus.

Tres remedios «desesperados» de volver a tener pene tras un conjuro

La inquisición española y la caza de brujas

1-Reconciliarse con Dios por medio de una confesión.

2-Llegar a un «entendimiento amistoso» con la bruja.

3-Arrodillarse frente a la elevación del santo Sacramento (especialmente válido para aquellos que hayan sido convertidos en animales).

El proceso de la Inquisición contra una bruja (por Rocío Rivas)

En la tercera parte del Malleus, Kramer y Sprenger recogen cómo se debía desarrollar un proceso contra una bruja y mencionan el juicio Ravensburg (Alemania, 1484) como modelo ideal. En dicho proceso, estuvo presente Kramer y finalizo con la condena a la hogura de varias mujeres. Estas fueron acusadas de brujería por provocar alteraciones climatológicas (tormentas de granizo, nieve…) que acabaron con las cosechas de la comunidad. Dicho esto, el proceso según el Malleus constaba de diferentes pasos:

1-Denuncia: acusar de herejía a una persona. Se podía realizar de forma pública (una persona acusa ante el juez a otra) o privada (no hay denuncia como tal, existe el rumor de su existencia y el inquisidor inicia el proceso).

2-Testificar. A los testigos se les coge testimonio bajo juramento.

3-Arresto. Si el juez/ inquisidor así lo creía, se producía el arresto del denunciado.

4-Interrogatorio del acusado bajo presión/tortura. El objetivo era que la persona reconociese su culpabilidad mediante torturas como la garrucha o el potro.

A veces, esta tortura iba acomapañada de una serie de pruebas para saber si la persona era realmente un bruja: examinar el cuerpo buscando alguna señal o malformación, la prueba del hierro caliente (quemar con un hierro bendecido y si no quedadaba señal de quemadura no era bruja) o la prueba del agua (se ataba al acusado y se le introducía en un pozo, si se hundía era inocente).

5-«Defensa» del acusado. El acusado disponía de un abogado si lo deseaba para su defensa.

6-Juicio y condena: por lo general la resolución del juicio era la de culpabilidad y el acusado acababa muriendo en la hoguera o en la horca. En otras ocasiones, podían ser culpables pero no ser condenadas a muerte.

nuestras charlas nocturnas.


Sevillanas (IV): Inés Rosales, el tesoro del Carambolo…


JotDown(C.Zúmer) — “En ese mismo supermercado americano o europeo donde no hay una sola botella de aceite de oliva sevillano, no existe, en cambio, un solo paquete de tortas de aceite que no sea de Inés Rosales. Julio está encantado con poder comprarlas cerca de su casa en San Luis de Missouri.

Mi hijo Fernando (…), las encontraba en su supermercado de Zúrich. Las tortas de Castilleja de toda la vida, con sus letreros en inglés, en francés, en alemán, en la lengua que haga falta, para proclamar que son las legítimas de Inés Rosales. Todo un ejemplo para la distribución y exportación de los productos de nuestras industrias de transformación agraria.

Sus ingredientes no pueden ser más nuestros: harina de Alcalá de los Panaderos, aceite de Dos Hermanas, azúcar Ebro de los Hernández, ajonjolí de las coplas de Rafael de León. Y perfectamente distribuidas en todos los mercados mundiales. Que no presuman otros tanto de modernidad, que la globalización donde ha llegado de verdad ha sido a Inés Rosales”.

Antonio Burgos, Diario ABC, 19 de julio de 2007

La calle Inés Rosales no es una calle cualquiera de Castilleja de la Cuesta. Limpia, bien pavimentada, apenas algo más de cien metros con una ligera pendiente hacia arriba. Se inauguró en 1965 y conecta la Calle Real con la calle Diego de los Reyes, donde está el mercado de abastos.

Es una vía bien conocida en el pueblo, arterilla céntrica bastante transitada. En ella se pueden contar varias sedes bancarias, algunas cafeterías, una academia de inglés, una óptica, una casa de fotos. Los loteros ocupan las esquinas de fijo, cantando sus números con ganas, siempre alegres, “llevo la suerte en las manos, quién me la quiere comprar”. El tráfico es de una sola direcciónnunca hacia la Calle Real sino viniendo de esta.

Hay algunos árboles, pero no lucen ufanos como árboles de pueblo sino como decoración de ciudad dormitorio. El sol da generosamente por la mañana.

Y bien, ¿Qué es lo que hace especial a esta calle? Pues solo el nombre, que no es poca cosa: Inés Rosales.

Si la dejamos atrás y bajamos algo más por la Calle Real, hasta llegar a la entrada del pueblo, la calle Inés Rosales encuentra su particular correlato. Se levanta un pequeño monumento justo en la rotunda de acceso, una construcción consistente en dos manos que sostienen una torta de aceite.

Debajo figura el nombre de la empresa que donó el monumento al ayuntamiento, Inés Rosales S.A.U., un regalo merecido y obligado al sitio de origen del dulce que desde hace décadas vende la sociedad comercial. Aún hoy figura en el papel que envuelve las tortas el nombre de este pueblo, Castilleja, de donde es la chiquilla que comenzó a venderlas hace cien años, Inés Rosales Cabello.

Luego está el lema inconfundible de las tortas, una frasecilla resultona y coplera que las ha hecho famosas durante años: “Legítimas y acreditas tortas de aceite Inés Rosales”.

Este reclamo no deja de ser un lema de otro tiempo, rescatador de grandes esencias antiguas, siendo ese sin duda uno de los encantos de su emporio repostero: la tradición. En 1985, el empresario Juan Moreno Tocino entraría en el accionariado de la empresa para tratar de poner fin a la peor época de la marca, caracterizada por la desconfianza de los consumidores. Moreno Tocino basará su estrategia de reconquista en la tradición.

Volverá al envasado antiguo, procediendo además a eliminar toda la producción que circulaban por el mercado con el nuevo packaging. Se trataba de volver a empezar desde lo reconocible, haciendo un esfuerzo de cuidado y de calidad. De resultas, el negocio despegó como nunca a partir de 1990, capitalizado al máximo un buen equilibrio entre lo acostumbrado y lo innovador.

La torta de aceite acabaría comiéndose en todo el mundo, pero antes la fama de Inés Rosales tendría que cocinarse a fuego lento. Sin menoscabo de los tartesios, aquel pueblo responsable de buena parte de los primeros asentamientos hispalenses, las tortas de aceite son todo un tesoro del Carambolo.

  • Una torta por una perra gorda

Inés Rosales Cabello (1892-1934) tenía 18 años cuando empezó a trabajar la torta de aceite.

Era 1910 y cualquier ganancia económica era vital para la supervivencia familiar.

Por entonces, Castilleja de la Cuesta era solo un villorrio de 2000 habitantes, agrario y rural en una Andalucía atrasada y en una España por industrializar.

Todas las esperanzas venían de la capital, Sevilla, de la que separaban solo cinco kilómetros y a la que Castilleja miraba desde su atalaya, el Carambolo, que se levanta cien metros sobre la vega de Guadalquivir.

Con poca esperanza de capital y de progreso, Inés comenzó a producir una receta antigua algo olvidada en aquella Andalucía decimonónica, la torta de aceite, legado culinario que provenía de su madre y de su abuela, y supuestamente de mucho más atrás, mestizaje gastronómico de la Andalucía medieval de judíos, árabes y cristianos.

Para llevarla a cabo, Inés utilizaba harina de trigo, aceite virgen extra, azúcar, ajonjolí, matalahúva, un lebrillo de Lebrija y una lata de hornear pan. Producía las tortas y las vendía a sus vecinas y amigas, haciéndose rápidamente popular en el pueblo por la simpatía y calidad del producto.

Bajando la Cuesta del Caracol bajo el sol de justicia hispalense, con su canasto de agobios a cuestas para vender allí y en la Pañoleta, Inés no imaginaba adónde llegaría su repostería casera, destinada solamente a sacarse las necesarias pesetas. Las cosas fueron muy bien y las tortas llegaron pronto a Sevilla, empezando el negocio entonces a poder ser llamado como tal.

Las incursiones a la capital se hicieron habituales todas las semanas. Inés viajaba a pie con sus canasteras por las mañanas y por las tardes, vendiendo el género por las casas, palacios, ventas de la ciudad. Muy especialmente, hacían ganancia en la estación de trenes de Córdoba —actual Estación Plaza de Armas de autobuses—, donde vendían a viajeros, trabajadores y habitantes varios de la estación, que de un modo u otro fueron popularizando las tortas caseras de Inés en charlas y viajes.

Dada la buena acogida, con el tiempo la producción aumentó mucho y el negocio precisó habilitar una fábrica como tal, en la que trabajaban más de diez personas a sueldo en turno intensivos. Además, se comenzarán a utilizar camiones de reparto, extendiendo la distribución hacia otros pueblos de la provincia, y luego incluso hacia otras zonas de Andalucía.

El nombre de Inés Rosales se haría muy conocido en el escueto panorama industrial de la región, y para cuando llegara la funesta guerra, las tortas de aceite eran una franquicia con más salud que la gran mayoría de cosas en el país, ya fueran gobiernos, instituciones o negocios.

Sin embargo, en 1934 Inés Rosales fallecería prematuramente. Tenía 42 años y había logrado un éxito impensable, pero dejaba el mundo bastante antes de lo previsto. Su hermano Estebanel Tito, sería el encargado de tomar las riendas de la empresa y afrontar una de sus épocas más duras, también la peor para todo el país.

El desastre de la guerra y el hambre de la posguerra se traducirían en estraperlo y carestía de materias primas, algo a lo que, sin embargo, las tortas de Inés Rosales sabrían sobrevivir haciendo buena la fortaleza adquirida por el negocio, que ya contaba con más de veinte años de antigüedad.

Antes bien, esos durísimos años 40 fueron tiempos importantes para asentar el arraigo sentimental de la marca. Apartar una perra gorda de vez en cuando significaba poder disfrutar del aroma dulzón y anisado de un manjar cada vez más valorado en una España triste, escasa y baldía. Inés Rosales era un lujillo necesario de tiempo en tiempo que alegró muchos sinsabores durante aquellos años.

En la década de los 50 se incorpora a la gestión de la empresa el hijo de Inés, Paco Adorna Rosales. Paco no estaba especialmente interesado en el negocio, pero siempre estuvo bien asesorado y desarrolló una labor muy valiosa durante sus años de dirección. Aprovechó de manera eficiente la inercia positiva del país en los años siguientes.

España despegó más o menos a partir de 1955, y las empresas del país que habían resistido los malos años o habían sido creadas después hicieron lo propio. Inés Rosales vendió tanto como en los felices años 20, superando pronto todos sus registros anteriores.

Formalmente, el negocio no traspasaba las fronteras andaluzas, pero los fuertes fenómenos de migración a partir de 1935, sobre todo desde el sur hacia el norte, provocaron una espontánea difusión de tortas de aceite por todo el territorio español, incluso el extranjero.

Nada como un triste exilio para fabricar toneladas de nostalgia, como la de Diego Martínez Barrio, uno de los presidentes de la Segunda República, que desde París pedía a su amigo Ramón Carande que le trajera tortas cuando le visitaba. Sea como fuere, las tortas estaban presentes por todo el territorio, actores privilegiados del despegue español.

Por aquella época también se introducirían importantes mejoras en la empresa, como el cambio de los viejos hornos de leña por unos de gasoil, o la modernizaron de algunos aspectos de los procesos de amasado y cocciónAsimismo, la marca introducirá nuevos productos además de la tradicional torta de aceite, como una torta de polvorón, una de almendra, un bizcocho o una bizcochada, todas bajo el ala de la marca fuerte.

En definitiva, el desarrollismo de los años 60 impulsó extraordinariamente el negocio de Inés Rosales, que ya sin discusión se había convertido en uno de los grandes fenómenos reposteros de todo el país.

Sin embargo, los años 70 marcarán un claro declive. Surgirán dos problemáticas más o menos concretas: la conflictividad laboral y la disminución de los mercados para el producto.

En primer lugar, el trabajo en la fábrica de Inés Rosales —aún situada en Castilleja de la Cuesta— comienza a lucir claramente desfasado respecto a los nuevos tiempos de la transición democrática, con fuerte influjo sindical.

Las condiciones laborales no eran las mejores, ni salarial ni ambientalmente —calor, horarios intensivos, incesantes trabajos manuales—, y el descontento de los trabajadores se convierte en un foco de inestabilidad constante.

Además, la crisis del petróleo también se hará sentir inevitablemente, con una sensible disminución de ventas y un panorama industrial en el que cierta repostería artesanal parece empezar a perder espacio.

Ante este paisaje, y tras algunos vaivenes en la configuración directiva y legal de la empresa, Paco Adorna Rosales, heredero natural de su madre Inés, renuncia y vende la empresa a personas ajenas a la familia, pues no contaba con descendencia alguna, terminando así con el carácter familiar de la entidad.

Sin solución de continuidad la sociedad será vendida aquel año 1983 sin que sobreviva nadie de la familia Rosales a su cargo, abriendo un panorama de gran incertidumbre para la longeva marca.

Se hacen con ella algunos inversores nacionales y deciden tratar de relanzar el producto, pero harán cambios con demasiada prisa y se precipitarán en la búsqueda de resultados. Las innovaciones fracasarán, devaluando el producto y hundiendo las ventas aún más, un golpe de gracia para una marca de capa caída, con el descontento de los propios trabajadores rozando cotas casi insostenibles debido a los ajustes y despidos.

La aventura de estos inversores duró menos de dos años y terminaron por vender sus participaciones a cuatro empresarios con mayor relación y conocimientos en el sector repostero.

La empresa de reflotar Inés Rosales era muy atractiva, pero también una misión arriesgada que no todos querían para sí, sobre todo por las dudas que generaba una marca y un producto líder pero bastante debilitado. Sin embargo, el rumbo sería enderezado con brillantez por los nuevos gestores.

La historia del gran artífice, Juan Romero Tocino, tiene trazas curiosas. Cuenta él mismo:

“En 1980 era jefe de fábrica en la hilatura de algodón de Industrias del Guadalquivir, en El Viso del Alcor, y a título privado consultor de eficiencia energética, y me conoció Rafael Álvarez Molina, propietario en Écija de los dulces San Martín de Porres. Me propuso hacerme caso de su fábrica e implicarme también en la dirección de la empresa.

Me atrajo el reto. Mi objetivo era ponernos a la altura de Inés Rosales, la marca de referencia. Eso fue imposible. No podía sospechar que en 1985 me ofrecerían formar parte de la propiedad de Inés Rosales y dirigir la empresa porque los dueños querían venderla”. 

Con los años, y después del clásico baile de porcentajes en el accionariado, Juan Moreno Tocino se haría en 2004 con la totalidad de la sociedad. Antes y después de esa fecha el éxito de su gestión sería notable. En 20 pacientes años devolvería la empresa a la vanguardia, multiplicando sus ventas, consolidando su prestigio de marca clásica y completando además el sueño de la internacionalización.

Australia, Nueva Zelanda, China, Japón, México… La empresa había sobrevivido a una guerra, a una dictadura y a todo un cambio de época y de régimen político, amén del fin de la gestión familiar, y se acercaba robusta a los cien años de vida. El emporio de la torta de aceite brillaba más que nunca con la llegada del siglo XXI.

  • Legítimas y acreditadas

La fábrica de Inés Rosales ya no está en Castilleja. Cuando el pueblecillo de Inés se quedó pequeño se buscó acomodo en otro lugar con más espacio donde crecer. Huévar del Aljarafe respondió a la llamada y reunió las condiciones que la empresa buscaba.

Situado a 23 kilómetros de Sevilla capital, Huévar es un pueblo modesto que apenas cuenta con 2500 habitantes, siendo sus señas de identidad más importantes, probablemente, el albergar la fábrica de las famosas tortas de aceite y una sede del supermercado Mercadona.

Allí se fue Juan Moreno Tocino con sus tortas en 1991, para iniciar el necesario proceso de expansión y renovación que Castilleja ya no podía proporcionar por cuestiones fundamentalmente de suelo. Fue una decisión polémica. El énfasis de Moreno Tocino en mimar la tradición y las señas de identidad de la marca se tambalearon al romper el vínculo geográfico con Castilleja de la Cuesta, pero la viabilidad industrial de la empresa, sus nuevas necesidades de crecimiento, fueron argumento innegociable.

No fueron pocos quienes no entendieron el traslado, pero el tiempo reveló la decisión como un acierto, imprescindible si se quería que la empresa siguiera prosperando.

En adelante se redoblaron los esfuerzos para no cuestionar más esa vinculación simbólica, haciéndola muy importante en las señas de identidad de la marca de un modo u otro, en el mismo papel que envuelve las tortas, en sus lemas, en las declaraciones públicas de la sociedad, en sus actos, en su información institucional, etc.

Aunque la fábrica esté en Huévar, la intención es que sigan siendo las tortas de Castilleja, y que sea así en las bocas y en las mentes de los consumidores. La empresa se ha mostrado muy cuidadosa con esta cuestión, y el vínculo sentimental ha podido mantenerse bastante vivo hasta nuestros días.

Actualmente la fábrica es, en efecto, uno de los mejores símbolos del crecimiento de Inés Rosales. Ocupa 10.500 metros cuadrados dentro de una parcela total de 40.000. Produce 350.000 tortas al día y 12 millones de paquetes de tortas de aceite al año. Factura 14 millones de euros y reúne a más de cien personas todos los días, teniendo exactamente a 140 empleados en nómina, de los cuales un 80% son mujeres.

Ellas son las llamadas labradoras y liadoras, mujeres de la casa que realizan un trabajo manual muy especializado en el proceso de amasado y envasado. Dice al respecto Moreno Tocino que “es un don que no puede lograr cualquiera. Y resulta sorprendente la memoria muscular de las mujeres (sus movimientos de brazos y giros de muñeca) que han vuelto a trabajar con nosotros, tras dejar en su día el empleo por la crianza de sus hijos.

En poco tiempo se ponen al mismo ritmo de las demás”Las labradoras amasan a mano y una por una las tortas, según van pasando por una cinta de trabajo que viene directamente de los contenedores de mezcla de ingredientes. Luego va hacia el horno, donde son cocinadas y posteriormente enfriadas.

A continuación se desarrolla el proceso frenético de envoltura por parte de las liadoras, una secuencia de manos velocísima que parece engañar al ojo, 21 tortas por minuto, donde las operarias envuelven cada torta en el papel parafinado a gran velocidad, al punto de que parecen sacadas de las cadenas de montaje de Tiempos modernos.

Estas mismas liadoras amontonan 6 tortas ya envueltas y las introducen en el cajetín de plástico o alveolo, que finalmente una máquina envasará y sellará, lista para reparto y distribución. Es un proceso natural, de ingredientes innegociables y oportunas mejoras tecnológicas, donde sin duda el factor manufacturero sigue teniendo una importancia capital.

Los trabajadores de la fábrica de Inés Rosales parecen moderadamente contentos, aunque solo sea por el buen número de visitas que reciben y todas las sonrisas que tienen que regalar a cámaras, colegios y curiosos.

La exitosa exportación de productos que realiza la empresa —fundamentada en el gran furor por las tortas que sienten estadounidenses, canadienses, europeos de muchas naciones, incluso orientales— supone el 20% del negocio de Inés Rosales.

Su éxito nacional e internacional choca con una curiosa paradoja: precisa de más personal para seguir atendiendo la creciente demanda, pero se ve imposibilitado a contratar por necesitar una mano de obra muy especializada que realmente no existe como tal en el mercado de trabajo.

Las labradoras y liadoras son formadas durante meses por la propia empresa, con el gran coste (también de oportunidad) que conlleva el proceso. Juan Moreno Tocino no entiende cómo la Junta de Andalucía puede escatimar esfuerzos con una empresa pujante como Inés Rosales, máxime sabiendo el galopante porcentaje de desempleo que asola la región: “No la hay [mano de obra] especializada para sustituciones en caso de bajas. Para esto no hay bolsas de trabajo ni empresas de trabajo temporal que lo tengan contemplado.

Y eso es un lastre para mantener e incrementar la producción. La formación corre por nuestra cuenta aun a riesgo de que las personas que probamos tres meses finalmente no valgan. Lo que le pedimos a la Administración es que ayude a solventar esa singularidad de la producción manual y resolver las nuevas demandas con personas que puedan estar disponibles para periodos concretos”

Inés Rosales parece empeñada en no morir de éxito, pero siempre ha de esforzarse al máximo para dar la talla cuando viene la temporada alta: entre agosto y diciembre.

En cualquier caso, el pasado año 2010 Inés Rosales celebró sus 100 años de vida sacando pecho. Lo hizo con circunstancia en un acto en Castilleja de la Cuesta, donde había mucho que celebrar y donde hubo presencia de autoridades locales, de Sevilla capital y también de Huévar del Aljarafe.

Hacerlo allí fue un guiño simbólico necesario, que reivindicaba la importancia del pueblo de Inés Rosales Cabello, que continúa apareciendo con letras grandes en el papelillo de las tortas.

No son pocos los que reniegan a su manera de las tortas desde que se fueron de Castilleja —orgullo herido del que le gustaba presumir—, pero el arraigo sentimental y el cariño son indiscutibles en cualquier caso, moneda común en todos los barrios del pueblo, desde la Plaza de Santiago hasta la Calle Real, pasando por la Inmaculada, Nueva Sevilla, el Faro, o la barriada de La Pintá.

Ninguno de estos lugares se entiende sin la cultura repostera que desde hace muchos años los caracteriza. Y es que, a raíz del éxito de la muchacha con las tortas de aceite, se produjo en todo el pueblo un entusiasta boom repostero.

Queda poco de aquello —Upita, Gaviño, Cansino—, pero Castilleja seguirá siendo siempre un municipio de olores dulces y tardes confitadas, identidad tortera y pastelera que sigue diferenciando a sus vecinos como gente “del pueblo de las tortas”.

Ni el caballo de Hernán Cortés ni el restaurante de Urtain, ni ese supermercado de muebles suecos que hace venir a gente en cien kilómetros a la redonda, provocando atascos enormes, serán nunca tan embajadoras del pueblo como las dichosas tortas de aceite, conquistadoras de todo el mundo, adoradas por el mismísimo dueño de Starbucks, que las quiere en su cafetería cuanto antes.

Y no son pocas, por último, las historias que se cuentan sobre las tortas y sus gentes, habladurías de barrio o relatos más fundados, siendo sin duda una de las mejores la de Rita Hayworth, la casi paisana de Castilleja de la Cuesta. Su padre, Eduardo Cansino, gran bailarín y actor, había nacido y crecido en Castilleja, pero su hija vino al mundo en Estados Unidos y allí es donde se crió.

Se cuenta que sin fortuna intentaron los parientes de la muchacha que Margarita Carmen Cansino, que así se llamaba Rita Hayworth, pisara la Castilleja de su sangre y de su odiado padre. Hayworth andaba a principios de los 50 por Sevilla y sus familiares le enviaron una tarjeta al hotel donde se hospedaba, el Alfonso XIII, con la intención de conocerla. El envío incluía un ramo de flores y una torta de Inés Rosales, con la intención de venderle las bondades del pueblo.

Sin embargo, se dice que la famosísima sobrina de los Cansino tuvo que marcharse a la carrera, pues andaba escabulléndose del príncipe Alí Khan, a la sazón su tercer marido. Quince días después, Hayworth enviaría una escueta tarjeta de disculpa a sus familiares, asegurando que iría a conocerlos en cuanto volviera a viajar a Sevilla alguna vez, pero aquello quedó en nada.

Hayworth apenas volvió a pisar España, y ni las legítimas y acreditadas tortas Inés Rosales, al decir de esta historia, consiguieron convocar a la más ilustre hija de Castilleja de la Cuesta.

Nota: Una información obtenida a última hora que considero interesante añadir:
La empresa Inés Rosales S.A.U. tributa en Castilleja de la Cuesta, estando su sede social en la Calle Real número 97 de dicho pueblo. Es un dato perfecto para explicar la vinculación entre la empresa y su pueblo de origen.

nuestras charlas nocturnas.


Antonio Vivaldi o la desconocida vida de un violinista magistral…


Antonio Vivaldi o la desconocida vida de un violinista magistral

National Geographic(C.P.Meleiro) — Creador universal, Antonio Vivaldi es interpretado y reinterpretado hoy hasta la saciedad, pero, ironías de la historia, se sabe relativamente poco de su vida. Algunos capítulos de su biografía siguen empañados por el largo olvido (o semiolvido) que sufrió hasta el siglo XX. Pero hay algunas certezas.

El hoy célebre músico nació en Venecia en 1678, y desde la cuna arrastró una dolencia pulmonar –«estrechez de pecho», la llamaba él– que determinaría en buena medida su vida. Sus padres, Giovanni Battista y Camilla, decidieron encaminar a aquel niño de salud quebradiza hacia la carrera que más opciones le ofrecía: la eclesiástica.

Con 25 años recién cumplidos se ordenó sacerdote, pero su paso por los púlpitos fue fugaz pues Antonio ofició misa durante poco más de un año. La dolencia que lo atenazaba –así lo justificaba él– le impedía hacer esfuerzos y en varias ocasiones le obligó incluso a dejar a medias la eucaristía. Verdad o excusa, lo cierto es que en 1703 il prete rosso o «cura pelirrojo», como se le apodaba por el color de su cabello, tenía ya otra ocupación que lo motivaba mucho más: la música.

Al padre de Vivaldi, un violinista más que competente que tocaba desde 1685 en la orquesta de la basílica de San Marcos, no se le había escapado el talento musical de su hijo Antonio –uno de sus muchos retoños, pero el único con buen oído– y pronto empezó a instruirlo en el arte del violín. El joven pudo tal vez completar aquella primera formación con las lecciones de un eminente músico veneciano, Giovanni Legrenzi. Siendo todavía un niño pudo suplir a su padre en la orquesta de San Marcos. Gracias a esta habilidad encontró una profesión alternativa a la carrera eclesiástica: la de maestro de violín.

– Un violinista magistral

El puesto se lo ofreció el Ospedale della Pietà, un hospicio que atendía huérfanas y niñas desvalidas. En realidad, el Ospedale era a la vez un conservatorio de renombre que ofrecía una esmerada educación en solfeo, canto e interpretación a parte de sus pupilas, las llamadas figliuole, quienes luego desplegaban esas habilidades en el coro de la capilla y la orquesta.

El éxito de sus funciones musicales –que constituían una jugosa vía de ingresos para la institución, dicho sea de paso– está atestiguado por viajeros como Rousseau, quien admitió haberse sentido «conmovido» ante una de ellas. De la Pietà salieron virtuosas del laúd, el cello o el clave, que encontraban así la oportunidad de brillar antes de sumergirse en el anonimato del matrimonio o la vida conventual. Con algunos paréntesis, Vivaldi estuvo ligado a esta institución desde 1703 hasta 1740.

Además de enseñar violín, Vivaldi también lo interpretaba como solista en conciertos que causaban sensación, en el mismo ospedale o en algún teatro veneciano. En efecto, se conservan sobrados testimonios que acreditan que Vivaldi era un violinista magistral.

En 1715, el alemán Johann F. A. von Uffenbach asistió a uno de sus recitales en el teatro Sant’Angelo y quedó impresionado por su técnica: «Al final, Vivaldi interpretó un solo al que había añadido una cadenza que realmente me atemorizó. Aquella forma de tocar nunca se había visto ni podía ser: puso los dedos a una distancia del puente de solamente una brizna, sin dejar sitio para el arco».

Paralelamente, Vivaldi también desarrolló la faceta musical por la que hoy es recordado: la composición. Su especialidad fueron los conciertos para orquesta de cuerda y un instrumento solista, principalmente el violín, pero también el fagot, el cello, el oboe o la flauta. Se conservan casi 500 (o «500 veces el mismo», según una frase irónica atribuida a Igor Stravinsky). Para Vivaldi se trataba de una fuente de ingresos esencial.

En 1723, por ejemplo, llegó a un acuerdo con los rectores del Ospedale della Pietà para escribir dos conciertos al mes por un zequín cada uno. Hizo imprimir también varias colecciones, pero al final decidió que le resultaba más rentable vender versiones manuscritas de cada concierto. En 1740 vendió veinte a la Pietà, y al año siguiente varios a un conde italiano. Vivaldi llegó a ganar de este modo sumas importantes que, sin embargo, derrochó con igual facilidad.

Estos conciertos pronto le granjearon la admiración de las cortes de Europa. Su serie Las cuatro estaciones –incluida en la recopilación Il cimento dell’armonia e dell’inventione, publicada en 1725– hizo las delicias de Luis XV y se incorporó al repertorio del Concert Spirituel, que organizaba conciertos en París cuando las principales salas de teatro y ópera cerraban por las fiestas de Pascua.

vivaldi
Vivaldi con una partitura.

– Compositor de Ópera

Además de música instrumental, Vivaldi escribió también piezas vocales para ceremonias religiosas, cantatas y oratorios, y se dedicó con profusión al género veneciano por excelencia: la ópera.

En una ocasión aseguró que había compuesto 94 óperas, aunque sólo se conocen los títulos de una cincuentena. El violinista de ritmo endiablado era también un compositor febril, capaz, según él mismo aseguraba, de escribir la ópera Tito Manlio en cinco días. Además, un año después de estrenar su primera ópera, Ottone in Vila, se implicó en la dirección del Sant’Angelo, uno de los teatros que –junto con el San Crisostomo o San Moisè– conformaban el bullente mapa de escenarios de Venecia.

En 1718, Vivaldi hizo las maletas y se trasladó a Mantua, donde permaneció tres años trabajando para el príncipe Felipe como director de los espectáculos musicales. Con toda probabilidad fue allí donde conoció a una joven cantante, la contralto Anna Girò, quien se convertiría en su pupila, prima donna de sus óperas y –según las malas lenguas– amante secreta. En 1737, el cardenal Tommaso Ruffo le impediría acudir a Ferrara a dirigir una de sus óperas porque no veía con buenos ojos la amistad entre el abate y Anna ni su negativa a oficiar misa.

Vivaldi saboreó las mieles del teatro, pero también tuvo que lidiar con dificultades. El surgimiento de músicos más jóvenes con un estilo enmarcado en la escuela napolitana, como Leonardo Leo o Nicola Porpora, y las dificultades para conservar su lugar en el mundo de la ópera seria –género en declive en beneficio de la ópera bufa– complicaron que se adaptara a las volubles modas venecianas, lo que lo llevó a apostar por la promoción de sus obras fuera de su ciudad.

– El fin de un expatriado

Entre 1720 y 1739, Vivaldi estuvo viajando constantemente por Italia y el norte de Europa, aunque siempre con Venecia como eje y ligado frecuentemente como compositor a la Pietà. Hacia 1740, tras cobrar una última colección de conciertos a la Pietà, Vivaldi decidió trasladarse a Viena. Qué lo impulsó a hacerlo sigue siendo un misterio aún hoy. Quizá fue un intento por aprovechar su sintonía con el emperador Carlos VI o tal vez huía del tornadizo gusto musical de Venecia, donde «la música del año pasado ya no proporciona ganancias», a decir de un contemporáneo.

Buscase lo que buscase, la suerte le fue esquiva. En octubre fallecía el emperador y el 28 de julio de 1741 il prete rosso moría de una «inflamación interna» en una habitación alquilada a una viuda vienesa. El funeral se acompañó con un breve repique de campanas, triste coda para uno de los compositores más expresivos del Barroco.

nuestras charlas nocturnas.


Entrevista: «La envidia, la ambición y la traición hicieron que Carlos III expulsase a los jesuitas de España»…


En 1767 fueron expulsados del Imperio español y, posteriormente, disueltos
En 1767 fueron expulsados del Imperio español y, posteriormente, disueltos 

La Voz de Cádiz(M.P.Villatoro) — Traiciónambición envidia. Estos son los tres factores que, según las historiadoras Laura y María Lara (autoras de « Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión», editado por «Edaf»), provocaron que Carlos III decidiese expulsar a los jesuitas de España en 1767 y, posteriormente, enviase a la Santa Sede a su ministro Moñino para que convenciese al Papa de que era necesario disolver a la Compañía de Jesús.

Una orden religiosa que, a la postre rehabilitada, fue creado por San Ignacio de Loyola después de que se convirtiera al cristianismo y dejase atrás una vida llena de lujuria y combates como soldado.

«El mismo íñigo confesó que se dio a las vanidades del mundo y que se delitaba con el ejercicio de las armas como medio de ganar honra», explicaban ambas hermanas a ABC el pasado abril en el reportaje « El soldado español “ligón” y mujeriego que acabó fundando una orden religiosa» (la primera parte de esta entrevista).

Ahora, en pleno 2016, hemos decidido recuperar el que es uno de los episodios más controvertidos de la Compañía de Jesús aprovechando que celebramos el 525 aniversario del nacimiento de San Ignacio de Loyola y el 460 de su muerte. Y que mejor que hacerlo que con las dos autoras de «Ignacio y la Compañía», una obra galardonada con el Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas que convoca cada año El Corte Inglés y la editorial «Edaf».

La expulsión, que se produjo hace poco más de dos siglos, fue todo un golpe para la Compañía. Un mandoble que se hizo oficial con el siguiente Real Decreto: mandoble que se hizo oficial con el siguiente Real Decreto:

«He venido en mandar se extrañen de todos mis Dominios de España, e Indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes á los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores, o Legos, que hayan hecho la primera Profesión, y á los Novicios, que quisieren seguirles; y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía en mis Dominios; y para su execución uniforme en todos ellos, os doy plena y privativa autoridad».

¿Quedó algo en la Compañía de Jesús de la antigua vida militar de Ignacio?

María: Sí. Como San Ignacio antes de religioso fue soldado, su bagaje militar le ayudó a crear la Compañía. Hay que tener en cuenta que se convirtió después de haber sido herido en batalla. En su proceso de recuperación empezó a pedir libros para entretenerse mientras estaba convaleciente. Cuando se le agotaron las lecturas de novelas de caballería le empezaron a dar vidas de santos y se encontró con personajes que superaban las proezas de los héroes tradicionales. Entonces se inició su revolucionario proceso interior. Así comenzó a andar el camino hacia la fe auténtica.

Laura: El viaje también fue exterior porque se desplazó de Loyola a Manresa, pasando por Montserrat para velar las armas, y luego pasar a Tierra Santa, para volver a la Península Ibérica y marchar, previa estancia en París, a Roma.

Juan Andrés (1740-1817), jesuita expulsado por Carlos III que dio una  lección de cultura ilustrada

¿Hasta donde llegaron sus excesos durante aquella vida laica?

María: Como joven enrolado en la soldadesca, preocupado por los intereses de la guerra y, en lo profano, también por atender su aspecto, Ignacio vivió sus primeros 30 años libre de compromisos. Antes de convertirse pudo tener una hija ilegítima llamada María, a la que intentó dejar bien posicionada de forma previa a tomar los hábitos. Se cree que, a raíz de caer herido en el cerco de Pamplona el 20 de mayo de 1521, cuando decidió hacerse peregrino, le llevó algunos recursos económicos que le había dado, como pago de sus servicios, el duque de Nájera para que pudiera vivir holgadamente.

¿Qué papel tuvo la Compañía de Jesús y sus nuevas ideas en una época en la que Lutero y Iglesia se enfrentaban a sangre y fuego?

María: En 1520 se excomulgó a Lutero y, al año siguiente, el guipuzcoano cayó herido en el cerco de Pamplona. Estaba en boga la devotio moderna, que postulaba una sincera imitación de Cristo, partiendo de la humildad de conciencia. Por ello, en Alcalá, durante el curso 1526-1527, cuando Íñigo permanece matriculado en la Universidad cisneriana, es tenido por predicador popular e, incluso, lo confunden con los alumbrados, por hablar de Jesús con ardiente sentimiento y, además, descalzo…

Laura: Desde la creación oficial de la Compañía en 1540, Ignacio postula una tercera vía entre la Reforma y la Contrarreforma. Mantiene los dogmas, pero apoya una visión intimista de la religión, donde el sujeto ha de desarrollar el diálogo interior para vaciarse de vicios y buscar y encontrar a Dios en todas las cosas. Frente al catolicismo de las apariencias, como será en buena parte el del Barroco, él propone el catolicismo del corazón.

En esa época se estaba dividiendo la Cristiandad entre protestantes y católicos. Ignacio representó, sin pretenderlo, una tercera vía. Entendía que la fe no consistía ni en romper con Roma como Lutero, ni en limitarse a obedecer sin más como las órdenes tradicionales, pues muchas de ellas estaban viviendo una doble moral, con la relajación de las costumbres. Por estos motivos, afirmamos que la Compañía representó una vía intermedia, la de la pobreza, la castidad y los valores.

¿Representar esa tercera vía no hizo a los jesuitas ser odiados por católicos y luteranos?

María: Para empezar hay que señalar que cuando surgió la Compañía nadie los llamaba jesuitas. De hecho, Ignacio con este vocablo no los conoció. Ésa era la denominación que le daban sus detractores. Los llamaban así porque las congregaciones anteriores ponían a un santo como intermediario, sin embargo, ellos quedaban englobados como Compañía de Jesús. Y el cuarto voto, de obediencia al papa, colocaba a los jesuitas en proximidad con Roma, pero también les granjeaba el recelo de otras órdenes, como los dominicos, con los que competían en la enseñanza.

Entrevista – Laura y María Lara: «La envidia, la ambición y la traición  hicieron que Carlos III expulsase a los jesuitas de España» – Asociación  Andaluza HESPÉRIDES

¿Por qué debería ser recordado Ignacio de Loyola?

María: El soldado Íñigo, luego como fundador Ignacio, personifica el tránsito de la Edad Media al mundo moderno, de los castillos al Estado moderno.

Laura: Entre otras cosas, por haber creado en la cueva de Manresa sus ejercicios espirituales.

Un método de introspección para desligarse de las adherencias materiales y elevar el alma. A pesar de ser tan combativo con la religión, 3 siglos y medio después Lenin confirió mucha importancia a la mentalidad organizativa de Ignacio.

No sólo consultó los documentos de creación de la Compañía, sino que afirmó que, si hubiera contado con unos cuantos efectivos como los que tuvo Loyola, el comunismo habría barrido el mundo.

En cambio, Ignacio siempre habló de que la Compañía debía estar unida por el diálogo, el carisma, la amistad y la lealtad. Veía la Compañia como un grupo formado por amigos, algo que no sucedía en el comunismo entre, por ejemplo, Stalin y Trotsky.

¿En qué consisten estos ejercicios espirituales?

Laura: Los ejercicios pretenden que el hombre se evada del ruido exterior y evite la contaminación espiritual con la que está propenso a cargarse a lo largo del día. Este entrenaimiento hace que el ser humano pueda descubrir a Dios en todas las cosas. Ignacio se adelantó a la actualidad de las filosofías orientales que, por otra parte, él no conoció pero sí sus primeros colaboradores, como san Francisco Javier, en la India y Japón, o más adelante, Matteo Ricci, en China.

¿Hasta dónde se extendieron los jesuitas?

Laura: En el siglo XVI lograron llegar hasta Transilvania, algo que -a día de hoy- parece casi una leyenda. También estuvieron, desde esa centuria fundacional, presentes desde el Nuevo Mundo a los confines del Oriente.

Maria: Aunque se volcaron con los desfavorecidos, tanto en las tierras de misión como en época reciente en poblados chabolistas, los jesuitas han sido también los educadores de las élites. Descartes, por ejemplo, se formó con los jesuitas, lo mismo que Voltaire, Quevedo y Calderón. A la par que los miembros de la Compañía se hallaban a la vanguardia de la educación, también se encargaban de alfabetizar a pueblos “perdidos”.

¿Diría que se dedicaron a dar a conocer la palabra de Dios a base de espadas en el Nuevo Mundo?

Laura: No, los jesuitas nunca evangelizaron a la fuerza a la población indígena. Querían proteger la dignidad que otros les habían arrebatado. Además, como se percibe en los años 60 del siglo XVIII, en las reducciones guaraníes, los religiosos permanecieron hasta el final al lado de los nativos, a sabiendas de que, si se iban de allí, los esclavistas se convertirían en los dueños de los indígenas.

María: Los jesuitas curaban almas y cuerpos en América. Estaban desarrollando una labor humanitaria desde la esfera metafísica. Defendían la libertad y, como se aprecia en grabados sobre el trance de la expulsión por Carlos III y el papa Clemente XIV, junto a las cataratas de Iguazú los habitantes los llevaban a hombros, les ayudaban a cruzar el río …, todo para que escaparan de sus captores.

Si eran tan populares… ¿Por qué fueron expulsados de varios países y disueltos en el siglo XVIII?

María: Hubo varias causas. La primera fue que las ideas ilustradas estaban cobrando fuerza en Europa y, a la par que animaban procesos revolucionarios, como la independencia de las 13 colonias británicas de la costa Este, las monarquías absolutistas intentaban mantenerse vivas con una forzada amalgama de tradición y modernidad conocida como despotismo ilustrado. Los filósofos de las Luces afirmaban que la razón era el prisma mediante el que se conocía la realidad. Pero, en paralelo, cobraba auge el regalismo, doctrina política que propugnaba que el rey tenía potestad para manejar los asuntos eclesiásticos.

Laura: A lo largo de la historia siempre ha existido una lucha entre el poder terrenal y el poder divino. En el siglo XVIII los monarcas regalistas querían tener a la Iglesia de su parte, pero con un estamento eclesiástico “domesticado”. Como los jesuitas, por su cuarto voto, eran súbditos del Papa la tensión estalló. A este factor se sumó la rivalidad entre órdenes religiosas, ya comentada.

El otro Carlos III, el ilustrado, el español
Carlos III

¿Por qué decidió Carlos III expulsarles?

Laura: La envidia, la ambición y la traición hicieron que Carlos III expulsara a los jesuitas de España. Éste envió al ministro José Moñino para que, aprovechando la proclamación de Clemente XIV, aprobara la supresión a nivel mundial a la Compañía. Los jesuitas fueron obligados a salir de la Monarquia Hispánica en 1767 y, en 1773, mediante el breve Dominus ac Redemptor, el pontífice citado liquidó la Compañía. Como gratificación, Moñino recibió el título de conde Floridablanca. Hasta entonces en el mundo había unos 23.000 jesuitas dirigiendo 700 colegios. Los sacerdotes jesuitas podían sumarse al clero secular, mientras que los hermanos coadjutores quedaban libres de sus votos. Así fue como el político murciano se ganó el título de Conde: conspirando contra paisanos españoles. Un blasón conseguido así debe tener sabor amargo.

¿Como definiría a Carlos III sabiendo que fue el que favoreció la expulsión de los jesuitas?

María: Carlos III fue un monarca ilustrado que, como se suele decir, quería todo para el pueblo, pero sin contar con el pueblo. Un ejemplo es que, cuando se empeñó en embellecer Madrid con obras y, en el ajetreo cotidiano, los ciudadanos se quejaban de los inconvenientes de tener tantas calles levantadas, dijo que eran como niños, que lloraban cuando los lavaban. Llevó a cabo muchos proyectos por la salubridad pública y trajo aires modernos, pero no podemos negar que fue el monarca con el que los jesuitas vivieron sus horas más tristes.

¿Hubo algún países que se negase a exiliarles?

María: De todos los territorios católicos fueron expulsados, el primer país en tomar la decisión fue Portugal. El ministro Carvalho, marqués de Pombal, fue su principal adversario en tierras lusitanas: encerró en el calabozo a 180 jesuitas en Lisboa y expulsó al resto en 1759. Con esta dura medida pretendía robustecer la autoridad real y dar una clara señal a Roma de que no toleraría intromisiones pontificias en los asuntos del Estado. Después, adoptaría idéntico proceder con la Compañía Francia, en sus últimas décadas como reino.

Laura: Sólo Rusia Prusia los acogieron. Federico II, como luterano, y Catalina la Grande, en tanto que ortodoxa, no tenían la obligación de seguir las directrices de Roma. Jesuitas de toda Europa aceptaron la oferta de refugio hecha por la zarina, quien esperaba continuar con el apoyo intelectual de la Compañía a la modernización emprendida por Pedro el Grande.

¿El pueblo les apoyó en el exilio?

El conde de Floridablanca
El conde de Floridablanca

María: Nosotras hemos analizado a través de los informes inquisitoriales como, a finales de los 60 del siglo XVIII, se produjo un movimiento espontáneo de aplauso a los jesuitas.

Esos años empezaron a proliferar las profecías que afirmaban que los jesuitas regresarían tarde o temprano.

De Murcia hasta México se podía escuchar a través de monjas, comerciantes y niños discapacitados cómo el pueblo estaba preocupado porque los miembros de la Compañía se hallaban en el exilio.

Laura: Los fieles llegaron a enfadarse tanto como para clavar panfletos en las puertas de los conventos de las órdenes, sobre todo en las casas de los dominicos, diciendo que, con el tiempo, los Jesuitas regresarían y se aplicaría la justicia celeste para quienes les hubieran causado dolor. Y volvieron….

¿Cómo fue su vida en el exilio?

María: Uno de los efectos de la diáspora fue la exaltación de las virtudes de América. Desde la clandestinidad de Italia, los jesuitas se acordaban de su patria.

En este orden de cosas, el período de preindependencia conoció la emergencia de una literatura hiperbólica, en la que los jesuitas ensalzaban a las gentes y las riquezas de sus regiones. “Quisiéramos morir bajo aquel cielo que influyó tanto a nuestro ser humano” suplicaba a Carlos III el padre mexicano Juan Luis Maneiro.

Laura: Los jesuitas mantuvieron su carisma y se dedicaron a lo que habían hecho toda su vida: a orar y a estudiar, pues su ánimo se interesaba por todas las facetas del saber. Seguían trabajando como si estuviesen en sus bibliotecas habituales. Uno de ellos, el conquense Lorenzo Hervás y Panduro, se trasladó a Córcega y a Forli, donde vivió con compañeros de la provincia de Toledo, entregado a la investigación científica y a la lingüística. Pasó luego a Cesena, donde el marqués de Chini le ofreció hospitalidad como preceptor de sus hijos y, posteriormente, se desplazó a Roma para consultar los fondos de la biblioteca Vaticana. Así se convirtió en una mente enciclopédica, capaz de escribir de geología y de los astros, de lenguas vivas y muertas.

El azaroso destierro tocaría a su fin durante el reinado de Fernando VII cuando, acabada la Guerra de la Independencia, el 29 de mayo de 1815 la Compañía fue restaurada en España, aunque se sucederían 4 expulsiones más en época contemporánea, desde el Trienio Liberal a la Segunda República.

nuestras charlas nocturnas.


Sevillanas (III): Fortuna y muerte del escultor Antonio Susillo…


Antonio Susillo

«Cuando encontraron al poco rato el cadáver, nadie sabía de quién se trataba.

¿Quién podía imaginar que el más ilustre escultor de España, una gloria más que nacional, europea, iba a morir oscuramente en el borde de la vía, en la tremenda soledad del campo?

En el periódico de la mañana siguiente decían la noticia en una columna de gacetillas de sucesos: “Hallazgo de un cadáver. Junto a las vías del tren, en el ramal ferroviario a San Jerónimo, apareció ayer tarde el cadáver de un hombre decentemente vestido. Fue trasladado al depósito judicial, donde aún no ha sido identificado”. A la mañana siguiente estalló el asombro y la consternación en Sevilla»

Tradiciones y leyendas sevillanas (1975) José María de Mena

JotDown(C.Zúmer) — Para la época, el misterioso suicidio de Antonio Susillo (Sevilla, 16 de abril de 1855 – 22 de diciembre de 1896) fue como el tiro que se descerrajó Larra por desamores: una conmoción nacional. No fueron los 27 años de Fígaro, seudónimo del periodista madrileño, pero sí contaba el artista sevillano con unos tempranos 41 cuando se quitó la vida en el silencio de una tarde escogida.

En retrospectiva parece la muerte precoz de una vida precoz, el obituario novelesco de un hombre cuya existencia no fue ordinaria. Siendo con todo una persona corriente, fue bendecido con un talento extraordinario y con una fortuna que, desde temprano y con todo mérito, vino a buscarle a la puerta de su casa.

  • ¿Quién es ese Susillo…?”

Antonio Susillo procedía de una familia de buenos comerciantes. Su padre era tonelero y estaba vinculado al negocio de la aceituna. No en vano vivían muy cerca de la Alameda de Hércules y del cercano mercado de Feria. La familia poseía una posición próspera, por lo que la historia del brillante Antonio no es la del artista paria que florece de la nada. Pese a la voluntad paterna, el chico caminó desde temprano por direcciones distintas a las previstas.

Fue artista madrugador e hizo desde niño dibujo y carboncillo y modelado de figuritas de barro en la misma puerta de su casa, imágenes religiosas hechas con tierra de lluvia y secadas al sol del valle del Guadalquivir. Impresionó desde el principio.

Siempre según la historiografía asentada, no trufada de cierta leyenda, Susillo era solo un chiquillo cuando la duquesa de Montpensier, María Luisa de Borbón, cruzóse con el puestecito del joven Antonio, quedando tan impresionada por su talento y su precocidad que se ofreció entusiasta a pagar los primeros estudios del chico.

Desde entonces lo tuvo bajo su mirada y ambos se brindaron provechosa amistad hasta la muerte del escultor. Comenzaba a brillar la gran estrella de Susillo.

La parte menos extraordinaria de su historia temprana, probablemente más veraz, viene a continuación. El pintor local José de la Vega oye hablar de él y lo acoge como su aprendiz cuando el chico apenas cuenta la mayoría de edad. En su taller personal le enseñará todos los rudimentos básicos del modelado y las artes plásticas hasta convertirlo en un profesional con la instrucción necesaria. Pero por entonces Susillo tenía más obligaciones que atender.

Bien pasados los veinte años y en plena disposición personal, Antonio aún no se dedicaba por completo a su arte. Continuaba a la vera de su padre ayudando en el negocio familiar, y tendría que vencer notable resistencia para lograr la libertad para sus asuntos. De la Vega lo animará a presentarse a algunos certámenes locales para reforzar su nombre y su posición.

Los buenos resultados y distintos reconocimientos que obtendría lo convencerán en su empeño profesional, doblegando finalmente la resistencia de su padre y sellando su destino inmediato. Era 1880. Se acomodó en un pequeño taller en su propia casa, apenas un cuarto en el patio del almacén de aceitunas, y comenzó a desarrollar sus creaciones. Desde entonces nunca le faltaría trabajo.

TRES OBRAS INÉDITAS DE SUSILLO. UN ÁNGEL Y DOS RELIEVES PASIONISTAS
Angel apocaliptico(A.Susillo)

La actividad de Susillo era constante. Bajorrelieves y estatuas de estilo clásico protagonizaban sobre todo su producción.

Se emplea generoso y populariza sus obras, hasta que en 1883 volverá a visitarle la fortuna.

La reina madre Isabel II se presenta en su taller para conocer la obra de Antonio.

Parece probable que la intervención de la Infanta María Luisa, que conoció al escultor hacía algunos años, fuera relevante para que se diera el encuentro.

La reina aprovechará su visita para comprar alguna pieza del taller de Susillo y para tomar buena nota de las señas de aquel pujante escultor sevillano.

Particularmente, el príncipe ruso Romualdo Giedroyc, acompañante de la reina aquel día, se manifiesta muy admirado de su trabajo y decide invitarle a viajar a París para realizar algunos trabajos, y no solo eso, propiciar su entrada en la École de Beux Arts de la capital francesa como alumno extranjero.

Ese mismo año Susillo se trasladará a Francia para completar su formación artística y expandir también sus relaciones profesionales, extraordinariamente fecundas y provechosas desde entonces, siempre en línea ascendente.

El florecimiento de Antonio es fulgurante. Ya por esas fechas se preguntaba el periódico regional La Andalucía: “¿Quién es ese Susillo, que con tanta fortuna da sus primeros pasos en el difícil camino del arte?” Regresa a Sevilla pero marcha poco después a Roma, merced a una beca municipal de estudio que le concede el ayuntamiento. Expande sus conocimientos en la capital del imperio del arte clásico y diversifica aun más sus relaciones.

Las estancias por Europa completarán su estilo creativo, inicialmente sobrio, neoclásico, figurativo, para añadirle un aire modernista —sobre todo por influencia francesa— que tampoco lo llevará nunca más allá de su innato estilo realista, acaso naturalista.

Al tiempo evolucionará desde sus notables bajorrelieves, gran especialidad del artista, hasta la creación de sus primeras grandes esculturas, retratos de renombre que distinguirán Sevilla en sus calles y plazas. Susillo conformará en plena ciudad hispalense una muestra monumental y escultórica imprescindible, al alcance de cualquiera que quiera darse un simple paseo.

  • Doce esculturas a 2500 pesetas

El itinerario comienza en la Plaza de la Gavidia. En pleno centro histórico de la ciudad se levanta una talla en honor al capitán Luis Daoíz, fechada en el año 1889 aunque terminada bastante antes. El militar sevillano, mártir del levantamiento del 2 de mayo en Madrid, luce severo sobre un pedestal de mármol, la mirada firme al frente y una mano sobre la empuñadura.

 Se levanta sobre dos bajorrelieves de la Guerra de Independencia mientras toda la estructura está cercada por una bonita verja de bronce, adornada con cañones que homenajean el levantamiento. El de Daoíz sería el primer gran encargo de toda la serie de tallas que vendrían a continuación.

Solo hace falta moverse 100 metros para llegar a la Plaza del Duque y dar con la siguiente escultura de Antonio Susillo. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez sostiene su paleta y sus pinceles, también sobre una altura considerable, una edificación en columna que domina toda la plaza.

La escultura es de 1892 y está abiertamente basada en la imagen de Velázquez recogida en Las meninas (1656), con el mismo Diego de gesto tranquilo y firme, los instrumentos de trabajo entre las manos y la banqueta dispuesta a los pies. Comparte protagonismo en la plaza con altas palmeras sembradas a los lados sobre suelo ajedrezado en el centro.

Pero dejamos a Velázquez atrás aunque sea de momento. Ganamos la Plaza Nueva andando toda la calle Tetuán y enfilamos la Avenida de la Constitución hasta llegar a la Puerta de Jerez. Pasando el recién restaurado Hotel Alfonso XIII damos con el Palacio de San Telmo, actual sede de la Junta de Andalucía y antigua Escuela de Mareantes por mor de la transitada ruta de Indias.

Antonio Susillo personajes ilustres sevillanos

Sobre la balaustrada de la puerta de coches figuran los doce Personajes ilustres sevillanos, singular encargo de los Duques de Montpensier –con los que, en efecto, Susillo mantenía relaciones desde hacía años— al escultor hispalense. La Duquesa Luisa Fernanda planteó la idea de inmortalizar algunas personalidades locales y ofreció 2500 pesetas por talla realizada.

Antonio Susillo convino que serían 12, con cobro total de 30.000 pesetas, y cuando ambos cerraron el trabajo el artista colmó en algunos meses todas las expectativas. Era el año 1895. Tallaría otra vez a Daoíz y a Velázquez —aunque ya tuvieran presencia individualizada en la ciudad— al considerarlos imprescindibles en esta relación escultórica de personalidades, y añadió diez nombres más de gran parangón local.

De derecha a izquierda miran Sevilla desde San Telmo Juan Martínez Montañés (1568-1649,) imaginero barroco y maestro de Juan de Mesa; Rodrigo Ponce de León (1443-1492), Duque de Cádiz y Capitán General de la reconquista de Granada; Diego de Velázquez (1599-1660), pintor extraordinario en la corte de los Austrias españoles; Miguel de Mañara (1627-1679), singular hidalgo filántropo y fundador del Hospital de la Caridad; Lope de Rueda (1510-1565), dramaturgo pionero de la comedia española con sus famosos pasosDiego Ortiz de Zúñiga (1633-1680) historiador local de gran valor académico; Fernando de Herrera (1534-1597) poeta imprescindible del Siglo de Oro; Luis Daoíz (1767-1808), militar y héroe sublevado del 2 de mayo, caído en el parque de artillería de Monteleón; Benito Arias Montano (1527-1598), humanista y teólogo sevillano, consejero de Felipe II y actor del Concilio de Trento; Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), máximo exponente de la escuela sevillana de pintura; Fernando Afán de Rivera (1583-1637), impulsor del Hospital de las Cinco Llagas y decisivo mecenas cultural en la ciudad; y Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), obispo cronista y defensor de los indígenas de ultramar.

Las esculturas lucen ataviadas con signos distintivos que las caracterizan, de modo, por ejemplo, que Herrera aparece sosteniendo una lira, Daoíz empuña un sable en alto, Montañés sostiene la cabeza del Gran Poder –erróneamente atribuido a él— y Mañara lleva en brazos un niño que se abraza desvalido. Esta galería de personajessería, a la postre, la última obra que Antonio Susillo vería de pie antes de su muerte. Con apreturas le alcanzó para contemplar desde la calle Palos de la Frontera sus doce orgullosas estatuas.

Su obra no acaba ahí, por supuesto, pues contiene otros logros importantes como el Monumento a Colón (1891), ubicado en Valladolid y en un principio destinado a Cuba, el célebre Cristo de las Mieles (1880), del que sin duda hablaremos algo más adelante, la talla de Miguel de Mañara de los Jardines de la Caridad, fechado en 1896 y que no llegaría a ver en vida, o la restauración de la Virgen de la Amargura en 1893, concretamente de sus manos, tras el fatal incendio del palio de la hermandad a su paso por la Plaza de San Francisco aquella Semana Santa. Pero Susillo no son sus obras, o al menos no solo ellas le explican. Antonio Susillo es sobre todo el desenlace de su vida y la suerte que corrió tras su segundo matrimonio.

  • Las vías del tren

El amor de su vida fue su primera mujer, Antonia Huertas Zapata. Se casaron en Sevilla cuando él contaba 23 años y ella 19. Fue un matrimonio joven y esperanzador, pero la fatalidad se ensañó con ellos cuando Antonia falleció al año y medio por una tuberculosis.

TRES OBRAS INÉDITAS DE SUSILLO. UN ÁNGEL Y DOS RELIEVES PASIONISTAS
Jesús ante Pilatos

La tragedia del prometedor Susillo no afectaría decisivamente a su trabajo, incesante desde el principio, pero su vida sentimental sería cortada de raíz desde muy temprano.

No volvería a casarse hasta 15 años después.

Espiral creciente de trabajo o duelo sentimental de larga duración, seguramente un poco de ambas cosas, Antonio llevaría una vida reservada y discreta pese a las grandes oportunidades de las que disponía a su alrededor.

En general, solo sacó partido para ganar encargos favorables en lo que respecta a su trabajo.

Tampoco su carácter reservado y melancólico dejó traslucir demasiado de sus sentimientos, de las consecuencias de la muerte de Antonia, su amada esposa, que a buen seguro esculpió como gubia y cincel su aire ausente y fugaz de artista devoto.

En septiembre de 1895 Antonio Susillo contraería nupcias con una malagueña de nombre María Luisa Huelin. Son muchos los cronistas que señalan este segundo matrimonio como clave en el desenlace final de la vida de Susillo. María Luisa se reveló pronto como alguien déspota y arribista.

Quiso sacar desde el principio el máximo partido posible a la posición ventajosa de su marido, artista muy conocido y mejor pagado. Lo presionaba para que trabajara más y por mejores cantidades, lo menguaba con tremendos gastos y peticiones e incluso menospreciaba su oficio llamándolo albañil despectivamente.

María Luisa Huelin parecía una maldición, pues a todas luces ni amaba sinceramente a su esposo ni su vida estaba empeñada a nada que no fuera mejorar su posición social tanto como pudiera. Deliraba queriéndose igualar a gentes de gran nobleza como los de Alba o los Guzmán, incluso con los duques y las infantas de Sevilla.

Nada de esto pasó en balde. Antonio Susillo se volvió desdichado hasta que en algún momento perdió la cabeza, consumido por la presión profesional, la infelicidad de su matrimonio y su pertinaz melancolía. Tan solo contaban quince meses de sus nupcias recientes cuando, el 22 de diciembre de 1896, con solo 41 años de edad y en la temprana cumbre de su carrera, emprende el camino de las vías del tren de la Barqueta a San Jerónimo para arrojarse a la muerte.

Es solsticio de invierno. Cuando llega al lugar planifica un suicidio imposible. Trata de echarse a los trenes pero no encuentra la manera y le asaltan los reparos. Quizá fuera mera cobardía, pero los biógrafos de Susillo afirman que en el último momento se reveló su instinto de escultor, no queriendo dejar un cuerpo destrozado y descompuesto, un busto despedazado.

Opta entonces por pegarse un tiro, de abajo a arriba a ras de la barba, con la enorme sangre fría de elegir sobre la marcha la opción deseada. Lo hace sin más y nadie observa la escena. Lo encuentran esa noche como a un vagabundo cualquiera que ha pasado a mejor vida Dios sabe por qué, pero sus ropas revelan pronto que no se trata de cualquier desgraciado.

Con terror comprobarán al día siguiente que Antonio Susillo se ha ido a plena voluntad, sin que nadie pudiera asimilarlo del todo, como pasa con todos los verdaderos suicidas.

Presentación de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinelio en Barcelona.
  • La miel y las abejas

Cuando se marchó vinieron a llamarle el Bécquer de la escultura, por imprimir vital impulso a una escuela sevillana que no acababa de recuperarse desde el Barroco. Así se le honró desde entonces aunque su figura esté claramente eclipsada por otras siluetas más rotundas, nombres de más fortuna o mejor mimados por el tiempo.

Es lo que ocurre, supongo, cuando tu trabajo insiste en inmortalizar mitos como Martínez Montañez, Velázquez, Murillo, Lope de Rueda o el Capitán Daoíz. Poco importa el imaginero cuando de sus manos sale el Misterio mismo o la Historia esculpida en piedra.

A Susillo lo enterraron el día 23 de diciembre de 1896 en el cementerio de San Fernando, justo un día antes de Nochebuena según sus cronistas más fiables. Se le pudo dar sepultura en suelo sacro aduciendo demencia en el momento de la muerte. En concreto, se le diagnosticó una neurosis depresiva, que supuestamente venía haciendo mella en la salud del escultor desde hacía años.

La intercesión de sus poderosas amistades tuvo, sin duda, un papel decisivo para que la palabra suicidio fuera obviada con objeto de darle enterramiento católico. No obstante, la tumba de Susillo fue corriente y sencilla, digamos de circunstancias, y no tardaron en alzarse las voces que reclamaron un lugar de homenaje para que el escultor descansara con arreglo a sus logros.

Fue una demanda que tardaría largo tiempo en ser escuchada, pues hasta finales de los años 20, por una razón o por otra, el ayuntamiento no comenzaría con los trámites para saldar el asunto. Asimismo, los trámites burocráticos fueron también muy lentos y no terminarían hasta diez años después, cuando por fin, a finales de los años 30, el arquitecto Antonio Delgado Roig pudo proyectar el monumento.

Se quiso construir un pequeño mausoleo en el cementerio de San Fernando, justo en su rotonda de entrada Consistía, en palabras del catedrático Joaquín Manuel Álvarez Cruz, en “un pequeño osario excavado en la base del pétreo calvario (…) y sobre el que se dispuso en 1904 el Crucificado, obra de Antonio Susillo”.

El Cristo mencionado es, en efecto, el Cristo de las Mieles, obra del propio escultor, que sería colocado justo arriba del mausoleo, como imagen de cabecera del promontorio. La historia del suculento nombre de este crucificado proviene de fechas muy próximas al entierro definitivo y es una anécdota bien curiosa.

Poco después del traslado del cadáver, en abril de 1940, los visitantes del cementerio de San Fernando observaron maravillados como del rostro del crucificado parecía brotar pura miel. Seguidores de Susillo y sobre todo devotos de la imagen no tardaron en proclamar la naturaleza milagrosa del fenómeno, a buen seguro extraordinario, pero los ojos más observadores advirtieron lo que estaba ocurriendo.

Al parecer, las muchas abejas que habitaban el cementerio habían construido varios panales justo en lo alto de la imagen, en algunos recovecos y lugares propicios. Cuando llegó la primavera, que coincidió con la terminación del mausoleo y con el traslado del cuerpo, el Cristo lució miel como si de él manara el jugoso manjar, por lo que desde entonces sería llamado en toda la ciudad como el Cristo de las Mieles. Sería, sin duda, un episodio añadido con el que decorar la fecunda leyenda del escultor.

  • Dos cartas
Antonio Susillo la primera contienda

La historia de Antonio Susillo es extraordinaria porque desafía al tiempo y a los logros.

Si fue tan precoz es, sobre todo, porque en apenas quince años de carrera —no se dedicó de lleno a su profesión hasta los 25 años y murió a los 41— revitalizó por completo el panorama artístico de la ciudad.

Se le considera redentor de la escultura sevillana por sacarla del vacío después de 200 años desde la desaparición de los grandes autores del Barroco.

Y por si fuera poco su vida fue exitosa casi desde el principio, rodeándose de los más altos mecenas, viajando por las cunas del arte europeas, sirviendo encargos a los más ilustres demandantes y recibiendo honores de todo personaje importante, todo ello con una insultante juventud y unas formas inspiradoras.

A los 30 años se le otorgó la Encomienda de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, y a los 32, nada menos, es nombrado académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Pero Susillo también tendría prisa por marcharse.

El lado sombrío de una vida de gran esplendor es la historia de su melancolía, de sus amores y matrimonios, de su íntimo sentir desafecto dentro de una vida de palacio y de interés. Supo elegir bien y forjar una obra de grandes méritos, pero la infelicidad le asaltó sin remedio, acabando por la fuerza con una carrera de infinita proyección.

¿Fueron sus sentimientos lo que le traicionaron, fue la muerte de su primera mujer, la mezquindad de su segunda, la presión profesional del escultor de cabecera de media aristocracia española? ¿Fue, como marcan los mitos, la autodestructiva personalidad de los artistas? Antonio Susillo pareció una modesta mezcla de todo eso.

Tranquilo, capaz, aventajado. Nunca tuvo una vida desordenada pero sí se vio sometido al feroz escrutinio de su éxito. Así lo revelan sus últimas notas, que son de pura angustia postrera. Cuando lo encontraron malogrado cerca de las vías del tren, a la altura del Departamento Anatómico, llevaba dos cartas escritas por él mismo, prueba de su total premeditación.

En la primera decía claramente: “Al Sr Juez: Me mato yo. Mi mujer, Dª María Luisa Huelin, es mi única heredera”. La segunda nota, hallada también entre sus ropas moribundas, estaba dedicada a ella, su segunda esposa, acaso el motivo de su locura: “Perdóname, María de mi alma. Me he convencido de que mi carrera no produce para ganar la vida. Adiós, mi vida”. En realidadSusillo murió con un patrimonio de más de 500.000 pesetas de la época.

nuestras charlas nocturnas.


Las últimas y turbias obsesiones de Hitler antes de morir: «Satán es el inicio, Satán es todo»…


Berlín, abril de 1945. Última foto de Hitler con vida, saliendo un momento del búnker donde pasó sus últimos días

abc Historia(M.P.Villatoro) — No, querido lector, lo que sigue no es una historieta de los hermanos Grimm ni una leyenda de cortapega. Corría mayo de 1945, ya en el ocaso del Tercer Reich, cuando un coronel estadounidense con nombre y apellidos hizo un hallazgo que le sobrecogió.

Y, según explica el historiador y periodista Jesús Hernández en declaraciones a ABC, fue durante un paseo por los restos del ‘Führerbunker’: «Albert Aronson halló una pila de ochenta libros que habían pertenecido a Adolf Hitler». Aquellas habían sido sus últimas lecturas antes de suicidarse en Berlín, y entre ellas se hallaban hasta una docena de tomos relacionados con las ciencias ocultas y el satanismo.

Los títulos no eran decorativos. Muchos, de hecho, habían sido dedicados por los autores al mismísimo Hitler y contaban con párrafos marcados y decenas de notas hechas con lápiz al margen. El más destacado era ‘Magia: historia, teoría y práctica’. En sus tripas, el ‘Führer’ había subrayado una infinidad de frases más que turbulentas:

«Satán es el inicio, Satán es todo lo que vive y puede verse, Satán actúa hasta en el más delicado rayo de luz de la estrella más lejana… Toda la realidad es solamente un fantasma… Nuestro demonio está luchando en medio del dolor y de las vicisitudes. ¡Debemos sufrir con él para compartir con él la victoria!».

Así lo recoge Hernández en su nuevo ensayo histórico, ‘Eso no estaba en mi libro de Hitler’ (Almuzara). Un repaso por los acontecimientos más sorprendentes que marcaron la vida del dictador; de su triste infancia, a las mujeres que le amaron. El caso del ocultismo es especial.

Y es que, en palabras de Hernández, que le atrajesen estos temas no implica que se los creyera de principio a fin: «Sintió toda su vida cierta curiosidad por lo que conocemos como ‘ciencias ocultas’, pero la realidad es que nunca se las llegó a tomar en serio, ni tuvieron ningún tipo de influencia sobre él a la hora de tomar una decisión».

El historiador español, autor también del blog ‘¡Es la guerra!’, es partidario de que, «por entonces, esas pseudociencias tenían bastantes seguidores y un relativo prestigio, así que es normal que Adolf Hitler sintiese curiosidad por ellas». Por tanto, sostiene, no habría que interpretar su interés como una excentricidad que no le permitiera conciliar el sueño por las noches, sino como suerte de ‘hobby’ o pasatiempo con el que ocupar sus horas muertas durante sus largas horas en el búnker.

«Su relación con las ciencias ocultas hay que contemplarla más bien como una anécdota, aunque su acreditado interés por el satanismo no deja de resultar inquietante», explica el experto.

El búnker de Hitler estaba oculto en la sede de la Cancillería alemana.

Llegada al búnker

Los soviéticos fueron los primeros en arribar al búnker, en las tripas de Berlín, el 2 de mayo de 1945. El reloj marcaba las nueve de la mañana cuando los primeros soldados abrieron las puertas de aquella mole de hormigón y comenzaron a escudriñas sus corredores. Poco tenía aquel emplazamiento de gigantesca mansión, y mucho de inmundo agujero.

El famoso historiador Joachim Fest lo define así en ‘El hundimiento’: «Cuando en días del inminente final faltó a veces el agua, tomó cuerpo, procedente sobre todo el antebúnker, un hedor casi insoportable en el que los vapores de los grupos electrógenos diésel, el penetrante olor a orina y el sudor humano formaban una mezcla repugnante».

Albert Aronson fue, según Hernández, uno de los primeros norteamericanos a los que el Ejército Rojo permitió acceder al ‘Führerbunker’. El historiador, aupándose en el testimonio del sobrino del coronel, corrobora que aquel laberinto subterráneo no era ya más que un cascarón hueco de vida y de objetos. Aunque todavía quedaba un pequeño tesoro… «Estaba ya vacío, pero todavía había algunos cuadros y una pila de ochenta libros», confirma.

Los tomos llamaron la atención del militar. ¿Por qué nadie se los había llevado? Motivado por la curiosidad, pidió que le fueran entregados. Y, para su sorpresa, los soldados soviéticos que le escoltaban aceptaron. Sin duda, una buena guinda para aquel ‘tour’ por las catacumbas de la capital del Reich.

Lo cierto es que el coronel no les dio tampoco demasiada importancia. «Los guardó en su desván durante décadas junto a los trastos viejos», desvela Hernández. No fue hasta su muerte, a mediados de los años setenta, cuando su sobrino se hizo con aquel tesoro olvidado.

Aunque asumió que no podía estudiarlos por su cuenta y se los entregó a la biblioteca de la Universidad Brown de Providence, en Rhode Island. «Sin embargo, como si esa colección de libros estuviera condenada a no atraer la atención de nadie, apenas se han acercado hasta allí investigadores interesados en ella. De hecho, ninguno de los grandes biógrafos del ‘Führer’ la ha estudiado», completa el español.

Los cuerpos de Hitler y de Eva Braun fueron enterrados y parcialmente quemados en una zanja abierta por una bomba en el jardín de la Cancillería alemana.

Ciencias ocultas

Fue hace casi una década cuando la colección salió a la luz y los especialistas llegaron a la conclusión de que, con total probabilidad, habían formado parte de la biblioteca personal de Adolf Hitler. Eso, y que habían sido lo bastante importantes como para que los seleccionara y obligara a sus acólitos a trasladarlos hasta el subsuelo de la Cancillería.

«Constituyen una mezcolanza de géneros; libros ilustrados, revistas de arte, un libreto italiano de ‘La Valkiria’ de Wagner, una edición de 1937 de ‘Mein Kampf’ y dos ediciones de ‘El mito del siglo XX’ de Alfred Rosemberg», corrobora el experto español en su obra.

La parte más extravagante de aquella colección eran los tomos relacionados con las ciencias ocultas. Uno de ellos era ‘Las predicciones de Nostradamus’, que poca presentación necesita. Este recopilatorio de profecías lo había adquirido en los años veinte, poco después de que finalizara la Primera Guerra Mundial y empezara a zambullirse de lleno en la política.

Y, en el ámbito ocultista, sorprende también que contara con un ejemplar de ‘Los muertos están vivos’. Un ensayo que decía ofrecer «evidencias incontrovertibles sobre ocultismo, sonambulismo y espiritismo, con dieciséis fotografías de fantasmas». Entre ellas, una instantánea en la que cinco personas hacían levitar una mesa a finales del siglo XIX.

El ejemplar que hoy nos atañe era todavía más turbulento. ‘Magia: historia, teoría y práctica’ y se centraba en espiritismo y satanismo y había sido escrito por Ernst Schertel en 1923. Un tipo, por cierto, que también dedicó aquellos años de su vida a alumbrar ensayos sobre flagelación y erotismo.

Según Hernández, Hitler contaba con un ejemplar firmado y dedicado por el autor. «Su estado denota que fue leído en varias ocasiones y sus márgenes contienen un total de 66 anotaciones del propio Hitler hechas a lápiz, además de numerosos pasajes subrayados», añade. Si se lo terminó o no, es imposible saberlo. Al menos, en la actualidad.

nuestras charlas nocturnas.


Lo que no te cuentan del Día D: «Volvió loco a Churchill y le costó las elecciones»…


Soldados británicos a su llegada a la playa durante el desembarco de Normandía el 6 de junio de 1944 

abc historia(M.P.Villatoro) — Los maestros nos reciben de gala: traje, corbata y, sospechamos, también perfume. Imposible saberlo a través de una videollamada. La charla es amena y deriva pronto por un recoveco previsible. «¿Conoce usted la película ‘El instante más oscuro’?». La pregunta de Allen Packwood, miembro del ‘Churchill College’ de Cambridge y director del ‘Churchill Archives Centre’ es retórica.

Sin esperar respuesta, continúa: «La trama principal se centra en que el ‘premier’ presionó a Eisenhower y a los principales comandantes Aliados para detener el Desembarco de Normandía. Eso es absolutamente falso». A su lado, Richard Dannatt, en otro tiempo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas británicas, asiente, pero deja continuar a su colega. «Es el mayor mito que se ha extendido sobre él, aunque hay otros muchos».

Si luciesen hoy gorro, el uno y el otro estarían hasta él de esa imagen recurrente que han dado los historiadores del primer ministro británico: la de un tipo excéntrico que suspiraba por detener el Desembarco de Normandía y la de un líder menor que se vio abrumado por sus pares estadounidense y soviético.

«Tenía ciertas reservas sobre algunos aspectos de la operación, pero fue su principal impulsor», insiste Packwood. En este caso, Dannatt no puede morderse la lengua: «Fue clave para asegurar el éxito de los desembarcos del 6 de junio». Por eso, explican, han alumbrado ‘El Día D de Churchill’ (Crítica): porque ya tocaba dar un puntapié a estos mitos recurrentes. Y qué mejor momento que en el ochenta aniversario de la operación.

Como los aliados, iremos playa a playa. Lo primero es saber si lo que lleva a nuestros expertos a eliminar ese manto de segundón es el chovinismo; no parece. «Solemos olvidar que Churchill fue el único de los tres que estuvo en la guerra desde el principio y que, sin Gran Bretaña, las islas no habrían podido usarse como lanzadera hacia Francia».

Golpe para Packwood. Dannatt añade que fue el primer ministro quien impulsó la relación de las potencias occidentales con la Unión Soviética «a pesar de que era un anticomunista convencido». A continuación, pone la guinda política al pastel: «Como líder de la Commonwealth, consiguió el apoyo de una gran cantidad de regiones que colaboraron en el esfuerzo de guerra aliado».

Genio y osado

Solo acaban de arrancar; argumentos que justifiquen la importancia de Churchill en Overlord los tienen a pares. El mejor ejemplo, dicen, es que fue un firme defensor de que había que engañar a los alemanes para que no supieran el enclave exacto en el que se iba a producir la operación.

«En tiempo de guerra la verdad es tan preciosa que debería contar siempre con la asistencia de las mentiras como guardaespaldas», aseguró el ‘premier’. El resultado fue la forja de dos operaciones –’Fortaleza norte’ y ‘Fortaleza sur’– en las que, a través de informaciones falsas y dobles agentes, convencieron a Hitler de que el desembarco se iba a suceder en el Paso de Calais, Noruega o España.

«Se esforzó mucho para que los servicios de inteligencia tuvieran todos los recursos necesarios en un marco en el que la tarta era limitada», bromea Dannatt.

Winston Churchill
Winston Churchill 

En lo militar, Churchill también aportó su granito de arena. Ambos expertos coinciden en que fue uno de los líderes que aceleró la creación y la utilización de las fuerzas aerotransportadas en la Segunda Guerra Mundial. Algo que llevó a cabo, en palabras de Dannatt, después de ver cómo los nazis hacían lo propio en el asalto al fuerte de Eben-Emael en 1940: «No fue quien ideó esta táctica, pero sí la defendió a ultranza».

Bajo su atenta mirada, Gran Bretaña fue pionera en la utilización de planeadores de infiltración; transportes que permitían a un pequeño grupo de soldados caer tras las primeras líneas de defensa y atacar la retaguardia enemiga.

Pero no todo es jolgorio en su nuevo ensayo. Una parte sustancial de la investigación sostiene que la guerra en general, y el desembarco en particular, afectaron en todos los sentidos al británico.

«Se le ha definido como un bulldog que bebía güisqui, fumaba puros y hacía el saludo de la victoria, pero, en lo privado, su salud estaba muy deteriorada. En 1943 estuvo a punto de morir tras contraer una neumonía en el norte de África, después de la Conferencia de Teherán», explica Allen.

La presión de cuatro años de liderazgo al frente del país no era, desde luego, buena medicina para aquellos achaques tan molestos.

Dolido y derrocado

Lo que más le afectó, confirma Allen, fue la frustración de la espera: «Quería estar en el centro de la acción. Incluso envió una carta al rey para desembarcar en las playas. Su problema era la inactividad». Por eso sufrió cuando, en 1942, tuvo que informar a Stalin de que los aliados no estaban preparados para abrir un segundo frente.

Y por eso se mostró exultante en las primeras horas del 6 de junio. «Aquel día escribió muy pocos telegramas, y uno de ellos fue para el líder soviético. Le dijo que todo había comenzado bien y que los soldados se habían desplegado. Entendió aquello como una forma de intercambiar impresiones con Stalin», suscribe. Además, añade que la obra cuenta con varios de estos mensajes.

No discrepan los autores, lo suyo es historia sincronizada. Casi al unísono, explican que a la presión y a la frustración se unió la responsabilidad de organizar una posguerra con la Unión Soviética como futuro enemigo. Un país que, a pesar de que había colaborado en el esfuerzo de la victoria con millones de vidas, se postulaba como el enemigo a batir. Churchill no se demoró en usar en su correspondencia personal conceptos clave como ‘telón de acero’ y ‘tercera guerra mundial’.

Esperaba que, tarde o temprano, el «gran oso ruso» alzara sus zarpas contra sus antiguos aliados. Y por ello ideó la Operación Impensable, la posibilidad de utilizar tropas británicas, estadounidenses y hasta alemanas para derrocar la posición de Stalin en aquella Polonia dominada por el Ejército Rojo.

Un mundo de guerra y paz: el año que Churchill perdió las elecciones

El destino le fue esquivo y le arrebató la posibilidad de dirigir aquella nueva Europa: el 5 de julio de 1945, Churchill perdió las elecciones ante el laborista Clement Attlee por tres millones de votos. ¿Cómo fue posible aquel milagro?, preguntamos.

Pero de milagro, responde Allen, nada de nada: «Uno de los problemas es que no le dedicó suficiente tiempo a comunicar sus ideas a los votantes. No tenía buena salud y prefirió centrarse en la posguerra, en lugar de en los asuntos nacionales». Dannatt añade que la población de Gran Bretaña quería un cambio; veían al primer ministro como un líder camorrista, y no ayudó a mejorar su imagen el que atacara a su contrincante durante toda la campaña.

Al final, el mismo carácter osado que había unido a Gran Bretaña fue el que le costó el poder. No se puede tener todo.

nuestras charlas nocturnas.


Sevillanas (II): Chaves Nogales o el periodismo extraordinario…


Escrito por Carlos Zúmer

Manuel Chaves Nogales 0

«Daniel, expulsado del taller por “inorganizado”, vagabundeaba por la ciudad asediada en busca de un pedazo de pan. Receloso y hambriento, pasaba a veces por los cuarteles de las milicias y de los ateneos libertarios, en los que veía con rabia y envidia a los hombres de la revolución bien armados y equipados ante los grandes calderos donde hervía abundante y apetitosa la comida. Un día, vencido al fin por el hambre, (…) entró en uno de aquellos cuarteles a pedir un trozo de pan.

—El pan —le dijo enfáticamente un comisario comunista— es para los hombres que luchan por la revolución.
—Yo soy un proletario dispuesto a luchar por el pan y por la libertad

El comunista le miró receloso. ¿Todavía un fascista emboscado? ¡Bah!, un pobre diablo sin conciencia revolucionaria, concluyó. Para ir a morir al frente servía, sin embargo. Le pusieron en una mano un plato de comida y en la otra un fusil.

Daniel, convertido en miliciano de la revolución, luchó como los buenos. Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.»

 (A sangre y fuego: héroes, bestias y mártires de España, Manuel Chaves Nogales1937)

JotDown(C.Zúmer) — Coronan San Telmo los ilustres de la ciudad. En la fachada oriental del edificio —que alberga la presidencia de la Junta de Andalucía— rematan la balaustrada doce estatuas de doce personajes locales, entre los que figuran VelázquezMurillo o Lope de Rueda.

El invento laudatorio fue levantado en 1895 por el escultor Antonio Susillo bajo encargo de los Duques de Montpensier, propietarios de la construcción, con ánimo de inmortalizar la figura de sevillanos relevantes. Por ser decimonónico se echa de menos la presencia de personalidades del siglo XX, hacedores recientes de Sevilla que también merecerían asiento de piedra y mármol.

De realizarse esta actualización —cuya discusión seguro nos dejaría roncos— hay una figura que apenas sembraría dudas entre los improvisados electoresuna apuesta segura para ser de la partida si no fuera por su relativo anonimato: Manuel Chaves Nogales.

Desde que María Isabel Cintas Guillén desempolvara su obra a principios de los noventa, la admiración hacia este periodista ha sido unánime entre los que se han acercado a él, aunque aún queden muchísimos lectores por conocerle. Fuera de penumbra alguna, por el contrario, se asoma brillantemente Juan Belmonteel Pasmo de Triana, que sí goza de estatua merecida en su barrio por gloria de sus faenas taurinas.

Al torero sevillano dedicó Chaves Nogales una biografía generosísima y sublime que aún hoy sigue siendo su mejor obra y probablemente una de las mejores biografías que jamás se han escrito. Del periodista sevillano aún no se cuenta con estatua —lo cual es anecdótico— ni lo que es mucho peor: ni con memoria, fortuna o reconocimiento. Eso, sin duda, es un lujo que nos hemos querido permitir. 

  • Chaves en Sevilla

A Chaves Nogales el periodismo le vino al regazo. Detrás de él pujaban su padre y su tío, de profesión plumillas y con relevancia en algunos diarios liberales de Sevilla. Impresiona la prontitud de sus primeros trabajos editoriales y la calidad de los mismos. Ya ejercía de periodista de pleno cuando publica Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos (1920) y La Ciudad (1921), su denso y florido retrato de Sevilla, que son escritos cuando sólo cuenta con veintitrés años y apenas un suspiro de carrera profesional.

Desde su adolescencia Chaves se entrega al periodismo con la misma naturalidad con la que el torerillo se echa a la dehesa a atosigar vaquillas. Lo hace con la sencillez y con el sentido del oficio que ha olisqueado en su familia y en la redacción desde temprano, con recato pero con pleno conocimiento de la naturaleza de su trabajo:

“Ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo”

Chaves es, desde joven, un observador superdotado. Con su obra La ciudad se lanza precozmente a poner rostro al enigma de Sevilla y sus identidades, a capturar la silueta confusa de una ciudad que es lo absoluto para sus habitantes y lo mítico para sus visitantes. Tras los pasos de Neruda y Eugenio Noel va el chiquillo Nogales a buscar las fórmulas que explican Sevilla y la describen:

“A los hombres del Norte puede desconcertar esta diafanidad de nuestro ambiente, esta luz violenta que amenaza con descomponerse en los siete colores del espectro (…) Si esta ciudad nos da una sensación inefable, es porque se ofrece toda entera a una sola mirada. Se os entregará con una facilidad mañanera y virginal; con la misma facilidad con que sus mujeres os dan los buenos días”

Chaves Nogales mantendrá siempre una relación ambivalente con su ciudad. En ningún caso renegará de su folklore como sí será habitual en pensadores de izquierda de la época, supuestos intelectuales que solían atacar la cultura popular por considerarla rancia y ausente de valor artístico o patrimonial.

Chaves dedicará muchas líneas de propia iniciativa a la Semana Santa, al Corpus o a la vecina Romería del Rocío, estableciendo un interesante punto de enganche entre lo culto y lo popular. Pero el periodista sevillano sí se desmarcará de la contrahechura de una ciudad muy dada al exceso, una tierra a menudo pensada por su propia gente, todavía, como el puerto de América y el centro del mundo.

Huido del folletín Nogales establecerá una relación de afable tolerancia con Sevilla, un amor tranquilo y opinado. En todo caso, el joven Nogales no tardaría en buscar nuevos retos fuera de la capital de Andalucía.

  • Periplo

Tan pronto se le ofrece oportunidad busca nuevos retos profesionales. Después de su trabajo en los sevillanos El Liberal y El Noticiero Sevillano, Chaves Nogales marcha a la vecina Córdoba y pone en marcha La Voz de Córdoba. Ejerce de redactor jefe y de improvisado gestor y empieza a perfilar las señas de identidad que dominarán su vida: viaje e iniciativa.

Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera la censura se ceba con una prensa ya algo maltrecha por la inferencia de Alfonso XIII. Cuando el régimen se asienta y la censura se ablanda a finales de 1924 —sólo para los libros y nunca para la prensa—, aumentan sensiblemente las publicaciones editoriales.

Los juegos malabares, no obstante, continuarían para los gestores de prensa como Chaves Nogales, que en muchos casos se verán abocados a realizar periodismo de baja intensidad y de entre-líneas.

Manuel Chaves Nogales3

La siguiente parada es Madrid, donde suelen acabar los mejores. Con el Heraldo de Madrid como publicación de referencia Chaves desarrolla una firma de prestigio en la capital.

 En 1927 se producirá un hecho muy determinante en su vida: es galardonando, a la edad de treinta años, con el Premio Mariano de Cavia gracias al trabajo La llegada de Ruth Elder a Madrid.

Esta obra es una crónica del viaje de la aviadora Ruth Elder, primera tentativa de viaje transatlántico realizado en la historia por una mujer.

Como consecuencia despuntarán dos constantes que a partir de entonces serán fundamentales en la producción de Nogales: el reportaje largo como género periodístico predilecto y el avión como nuevo símbolo del periodismo internacional que empezaría a desarrollar.

Desde entonces Chaves no entenderá su trabajo sin lo extranjero. En 1928 su periódico le envía como enviado especial a París, casi a modo de corresponsalía, donde realiza una serie de reportajes locales y comenzará a barruntar la que más de diez años después sería su fatal diagnóstico de la Francia de entreguerras, La agonía de Francia (1941).

Desde entonces la figura internacional de Chaves se multiplica. En los años del final de la dictadura y el principio de la Segunda República el periodista sevillano viajará frecuentemente por Marruecos y sobre todo por la Unión Soviética y Europa del Este. Incluso entrevistará a Joseph Goebbels en la Alemania nazi.

De estos tumbos nacerán un puñado de obras de igual interés que las señeras aunque menos conocidas: La vuelta al mundo en avión, Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929), Lo que ha quedado del imperio de los zares (1931) y El maestro Juan Martínez que siempre estuvo allí (1934), que es la historia de un bailaor al que la Revolución de Octubre le sorprende en Rusia en pleno espectáculo.

El interés de Nogales por los regímenes totalitarios es más que evidente, pues no le era ajena la pujanza que el marxismo y el fascismo sostenían como fuerte alternativa de las democracias parlamentarias liberales en esa época. Chaves es, sobre todo, uno de los autores que mejor ha sabido desnudar los totalitarismos en auge durante la primera mitad del siglo XX.

Además de su incuestionable genio como contador de historias, la fuerza de Nogales reside en su capacidad para revelar el sectarismo. Con estas virtudes fraguaría sus mejores obras, que estaban a punto de llegar.

  • El pasmo de Triana

Instalado en Madrid desde hacía años, cuando no estaba de viaje Chaves era habitual de la tertulia de café. En uno de esos coloquios madrileños vino a coincidir con un famoso torero retirado: Juan Belmonte. Gustaban de rodearse de amigos pintorescos, gentes de la cultura como Valle-InclánPérez de Ayala o Julio Camba. Lo primero que sorprende a Chaves es la presencia de un matador de toros entre gente alérgica a la pandereta.

Lo segundo, la tremenda simpatía que siente por él desde el principio. Partícipes de parecida visión, los dos sevillanos se vieron escépticos de similares cosas —tanto de su ciudad como de su país— y Nogales no tarda en caer en la cuenta de que Belmonte es carne de reportaje.

Su atípica pose de torero huidizo y celoso de sí mismo lo aleja de la figura endiosada del torero dibujado en su grandeza. La posibilidad de realizarle unas entrevistas, finalmente, se plantea y Belmonte acepta con curiosidad. De no haber mediado simpatía y palabras hubiera sido imposible convencerle.

De una serie de intensas y largas charlas, de las que Nogales tomaría precisa nota, nace una biografía deslumbrante sobre un personaje complejo y tremendamente ambivalente. Juan Belmonte, matador de toros (1935) se entrega con pormenor a narrar, como si de pura ficción se tratase, la vida y milagros de un mito del toreo. Belmonte siempre insinuó un carácter atípico del trabajo y la posición que desempeñaba, un genio tibio, desbordante en la plaza pero cesante cuando no llevaba el traje de luces.

A Chaves, además, no le gustaba el toreo, no le atraía en absoluto, pero era lo suficientemente listo y libre de prejuicios como para advertir a alguien extraordinario en la persona de Belmonte. No le hubiera importado que fuera legionario, sereno o futbolista; la cuestión era dar con una figura de interés, cualquiera que fuera su oficio.

Con Belmonte halló un filón de categoría insospechada, un verdadero festín de inteligencia y ternura plagado de anécdotas impagables que, por el camino, son un muy fiel retrato de la Sevilla de principios de siglo. En manos de Nogales la vida de Belmonte parece pura novelería:

“Sevilla me hizo un recibimiento entusiástico. Los sevillanos habían seguido con verdadera emoción aquella primera salida por el mundo de su héroe, aquel mítico Juan Belmonte, en el que cada uno de ellos creía haber puesto algo, y de cuyas glorias se sentían todos partícipes (…) Al pasar por delante de la iglesia de Santa Ana se le ocurrió a alguien entrar en el templo, coger las andas de la Virgen, subirme a ellas y que entrase así, procesionalmente, en Triana. El sacristán, asustado por la actitud apremiante de aquellos locos, avisó al cura de la parroquia, que se presentó furioso ante aquella amenaza de sacrilegio. Me contaron que luego que hubo desalojado la iglesia de importunos y cuando al fin atrancó las puertas (…), comentó lastimero: ‘¡Sacrilegio! Las andas de la virgen para llevar a Belmonte, ¡qué barbaridad! ¡Si siquiera hubiera sido para llevar a Joselito..!”

En Juan Belmonte, matador de toros, despunta una de las principales marcas de estilo de Manuel Chaves Nogales: el relato periodístico novelizado. Nogales hace bueno aquello de que todo (buen) periodismo es siempre cultural y por ende de algún modo literario. El relato periodístico toma prestados recursos de la ficción y  herramientas del novelista para potenciar su historia.

De hecho, la biografía de Juan Belmonte es, en la práctica, una novela sobre la vida de un torero, la vida de Belmonte hecha novela de pillerías, nada más lejos de un texto con los rigores de la pieza periodística convencional. Y, de hecho, Juan Belmonte, matador de toros fue publicada por entregas en el diario Estampa como si de un folletín decimonónico se tratara.

No se distingue ni se puede separar la voz del entrevistado (Belmonte) con del escritor (Chaves), tal es el cuajo del trabajo. De la mano del tamiz de la novela, del que apenas se presume el reporterismo que la ha alumbrado, la figura de Juan Belmonte nos llega con una sencillez y una honestidad diáfanas. Esta sería, con diferencia, la obra más difundida de Chaves y sin duda también la más divertida y celebrada. Los siguientes trabajos no podrán ser tan luminosos.

  • Guerra civil

El oficio le llevó a vivir muy de cerca la Segunda República. En sus crónicas están todos los acontecimientos relevantes, desde la proclamación en abril del 31 al golpe de julio del 36, pasando por el levantamiento de Asturias de 1934, por ejemplo. Por entonces Chaves era director del diario Ahora, que al estallido de las hostilidades sería incautado por las Juventudes Socialistas, además de tener espacio en varias publicaciones adicionales.

Chaves era periodista de campo y no por casualidad estaba encargado de la crónica política. En su mirada lúcida —privilegiado lector de situaciones, o en la terminología de Kapuscinski, privilegiado buscador de contextos— reconstruimos el paisaje histórico de la época más enconada de España.

La amistad que mantenía con el Presidente de la República, Manuel Azaña, de quien era recatado partidario, añadía un ingrediente más a su ambigua figura, que muchos acusaron de oportunista o ambivalente; ocurría simplemente que no podían asociarlo claramente a ningún bando.

Como quiera que fuera, cuando el golpe fallido de los militares se torna en Guerra Civil Chaves está en Madrid. Vivirá los primeros meses de la contienda desde el corazón del bando republicano y dará buena cuenta de lo observado una vez ya se halle lejos, en el exilio, a donde partirá a finales del 36.

“Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar…”

Manuel Chaves Nogales

En una pensión cualquiera de París, arrebujado con su desconcertada familia, daría cuerpo a los relatos que había esbozado en España durante las últimas semanas.

El resultado es A sangre y fuegohéroes, bestias y mártires de España (1937), la obra cumbre de Nogales si no fuera por el genio de la biografía de Belmonte.

Mediante nueve relatos de vanguardia y sobre todo de retaguardia, Chaves realiza un mapa de situación del Madrid de barricadas —con alguna excursión también— y lo hace apoyándose otra vez en el registro de ficción.

Asevera en el prólogo que todas las historias tienen base real y que nada es producto de su invención, tal es lo inverosímil de los relatos y lo novelesco de ellos. Otra vez el Chaves intachable de crónicas y reportajes se pone el traje de novelista para, mediante la elocuencia del género, dotar al trabajo periodístico de mayor capacidad de retrato.

El resultado es una obra de una lucidez histórica y social asombrosa. Quedan al desnudo la mezquindad y la miseria moral de la época más cainita de España, el rush de fuerza del modernismo quebrado.

Los relatos de Nogales nos recuerdan de nuevo que en el escenario de la guerra civil hispana no sólo nos aniquilamos nosotros sino también, a su manera, todo el continente, siendo la contienda entre republicanos y nacionales una antesala de pleno de la acechante Segunda Guerra Mundial, la guerra que pendía, damocliana, pero que muchos se empeñaron en apaciguar; como si dejándola a oscuras, sin nombrarla, sin mentarla siquiera, fuera a acabarse, fuera a marcharse como un mal sueño. Vinieron a España las milicias de los ismos y trataron de saldar sus cuentas pendientes:

«En el seno del comité se entabló un largo debate sobre lo que debía hacerse en aquel caso insólito. Los delegados republicanos eran partidarios de que el prisionero fuera conducido hasta Madrid y entregado al gobierno; los anarquistas creían que lo lógico era dejarlo en completa libertad, para que se redimiera de su pasada servidumbre y se convirtiese en un libre y digno ciudadano de la libre Iberia; los comunistas estimaban que lo más razonable era curarle primero y luego inscribirle en las milicias y mandarle al campo para que luchase contra los rebeldes, debidamente vigilado, claro es. Y finalmente, la voz del pueblo, expresada a gritos por el vecindario (…) pedía unánimemente que se le entregase al prisionero para darse la satisfacción de matarlo. 

Como no se ponían de acuerdo, pasaba el tiempo y el moro amenazaba con morirse y frustrar así el interesante debate, se tomó provisionalmente el acuerdo de que el prisionero fuera conducido al hospital de sangre recién instalado en Monreal, donde, por lo pronto, le prestaron asistencia facultativa (…) Durante un par de horas estuvieron haciéndole una cura minuciosísima (…) Entre tanto, el comité revolucionario había continuado su brillante discusión teórica, que terminó tempestuosamente (…) Los vecinos decidieron apoderarse de él por las malas y un grupo armado se presentó en el hospital, recogió al prisionero de las manos suaves de las enfermeras, lo sacó a un callejón y lo puso contra la pared. Cayó acribillado, todavía con su estúpida sonrisa en los labios:  ¿Me quieres explicar, ¡oh Profeta!, para qué se tomaron el trabajo de curarme tan amorosamente si habían de matarme luego?»

Pese a lo dantesco de la guerra Chaves no renuncia a la caricatura. El relato de anécdotas y situaciones está realizado con corrosión y en general con marcada alergia al tremendismo que sí atenaza otras narraciones. No hay humor pero sí muchísima ironía, una carga irónica indisimulable que brota como espasmo ante el espanto. Sobre todo por la parte que respecta al bando donde Chaves andaba incrustado, el republicano, nada escapa a su ojo fino y a su aguafuerte:

“Mientras tanto, los teorizantes de los partidos proletarios se aplicaban encarnizadamente a organizar lo que ellos llamaban el nuevo orden revolucionario, es decir, la edificación socialista. Desinteresados de las contingencias de la guerra y dando por descartada desde luego la victoria final, creaban a retaguardia de tan inconsistente ejército una burocracia formidable encargada de socializar o colectivizar la vida entera del país.Los consejos obreros, los comités de abastecimiento, las juntas de inquilinos, las directivas de los sindicatos y, sobre todo, la augusta función del control -¡maravillosa invención esta del control revolucionario!- eran la vasta           selva en que se refugiaban los fracasados del frente, los emboscados de todas las guerras. A retaguardia florecían os más inusitados organismos. Los anarquistas habían creado un titulado Grupo Gastronómico de la FAI que consagraba a la custodia de los depósitos de jamones a los más bizarros y    heroicos milicianos. Había también una potente organización que con el impresionante rótulo de La Contraguerra, que nadie supo jamás lo que quería decir, se dedicaba afanosamente a cobrar el importe de los alquileres de las viviendas madrileñas. Ella sabría por qué”.

No hay obra de Chaves Nogales más reveladora que esta. El cénit de Chaves con permiso de Belmonte —una obra de intenciones diferentes— es un testimonio de guerras imprescindible si se quiere salir con vida del diálogo de sordos que es habitualmente el debate nacional.

Ni siquiera el malogrado Larra logró una importancia histórica y periodística comparable. Contra el ruido y la inquina emerge la mirada limpia de quien no parece tener pasiones ideológicas expresas, de quien parece lo suficientemente sobrio como para darse a su trabajo con la calma que precisa. Hay una voracidad de entendimiento en Nogales que no cabe en ninguna parte. No existe mayor alegato libertario que el de Chaves en A sangre y fuego. Después de firmarla ya jamás volvería a España.

  • Chaves Nogales o el periodismo extraordinario

Venido a caer en la época del sectarismo, a todo hombre que tuviera por costumbre sacudírselo sólo le esperaba la marginación postrera. Consumada la insolencia, en el caso de Manuel Chaves Nogales asistimos además a un caso insólito de genio periodístico fosilizado y olvidado en el limbo de la guerra y la posguerra franquista.

Resulta curioso especular con la certeza de que, de haber ganado la guerra los republicanos, su obra y su figura estarían igual o más proscritas todavía. No casarse con nadie era un lujo intolerable en la época del extremismo campante. En esto, España sería fenomenal banco de pruebas para los que en las décadas de 1920 y 1930 ya planeaban voltear el mundo según su credo salvapatrias.

El de Chaves Nogales era un periodismo extraordinario porque vivía sólo para sí mismo. Instalado en la redacción desde temprano, Nogales nunca practicó el periodismo de mesa, sino el periodismo de patas; un reporterismo inquieto y viajero. Chaves son los mimbres del periodismo moderno, tan transversal, tan cosmopolita e internacional.

Era lo contrario del sedentarismo de redacción, carente de los medios  —por actitud y por tecnología— para prescindir de los intermediarios, los procesos y los canales indirectos. Construido en torno a la fascinación hacia el avión y su simbólica modernidad, Nogales dota al reportaje de una nueva dimensión global.

Para despiste de muchos críticos actuales —a menudo todavía bajo el complejo de lo propio frente a lo extranjero— Nogales adelantó lo que Truman Capote haría treinta años después: la novela-reportaje. La celebrada A sangre fría, que supuestamente inventó la madre de los inter-géneros, había sido brillantemente anticipada por los trabajos de Nogales en la primera mitad de siglo. En esto el periodista sevillano también gozaría de poca fortuna tanto en vida como después de ella.

Sencillamente Chaves se quedó sin sitio en la España de 1936. El diagnóstico de sus meses en la Madrid bélica es meridiano: o con ellos o contra ellos. Es por eso que acaba por marcharse al exilio, no por culpa de un régimen establecido sino por la lucha de dos facciones para imponerlo.

A su prolífica actividad en París, que incluyó las colaboraciones con infinidad de medios franceses e hispanoamericanos, se sumó la marcha a Londres cuando el Tercer Reich avanzaba sobre la desconcertada Francia. Definitivamente arrinconado en la torre de marfil británica, último reducto demócrata de la Europa en llamas, Chaves Nogales seguirá desarrollando su labor periodística lejos de su familia, que volvió a España a verlas venir.

Al frente de medios propios como el The Atlantic Pacific Press Agency o colaborando con los prestigiosos Evening Standard y la BBC, Nogales seguirá desarrollando una visión de la sociedad alejada del populismo de fascistas, marxistas y demás ideas globales. En 1944, a las puertas del fin de la pesadilla nazi y a faldas de la Guerra Fría, Chaves Nogales fallece en Londres a la edad de cuarenta y seis años por culpa de una peritonitis. Parece que fue precoz y atípico hasta para morirse.

Manuel Chaves Nogales1

A rebufo del desprecio patrimonial y del desinterés político poco o nada se ha sabido de Chaves todos estos años. Sólo a partir de los últimos veinte, de la mano del esfuerzo de personas como María Isabel Cintas —tenaz madre impulsora—, Andrés Trapiello o Arcadi Espada su obra empieza a difundirse más allá de la afortunada y en su momento difundida Juan Belmonte, matador de toros.

Del grueso de la obra de Nogales, fruto del reporterismo de distintas épocas y países, sólo sabía el polvo y el subsuelo de la memoria. Con ánimo de burlar el olvido brotan ahora, crecientes, diferentes voces de la cultura que reivindican la figura de Chaves y la elevan a la categoría de imprescindible, de puro patrimonio a conservar y difundir, periodismo extraordinario por su independencia y por su innovación.

En Sevilla, por lo pronto, no parece esperarle estatua ni beneficio alguno, pues poco sabe la ciudad de uno de sus hijos más brillantes. En el extranjero, como suele ocurrir, se le quiere mejor. Llama la atención también que Manuel Chaves Nogales siga enterrado en Londres, donde recibió sepultura en su momento, y que nadie lo haya traído de vuelta.

Sus restos, desnudos y completamente cubiertos por la hierba del East Sheen se hacen hueco ingratamente entre dos tumbas que sí gozan de inscripción y lápida. Queda, en todo caso, la duda de saber si alguien tendrá bemoles de subirlo a San Telmo —es un decir—, donde evidentemente no subirá nadie más.

Nogales parece sufrir en vida y después de ella el mismo mal que cayó sobre Belmonte, que bien se arrimaba pero nunca le pasaba nada grave en la plaza, y la gente se le empezó a aburrir. Valle-Inclán le acabaría diciendo al torero de Triana: 1“—¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!; —Se hará lo que se pueda, don Ramón”.

nuestras charlas nocturnas.


«Vivir con Franz un solo día valía más que toda su obra»: Dora Diamant, la mujer en cuyos brazos murió Kafka, el extraordinario escritor de La metamorfosis…


Dora Diamant
Se cree que esta foto de Dora Diamant fue tomada alrededor de 1928.

BBC News Mundo( M.Rodríguez) — A lo largo de toda su carrera, la enfermera Anna vio morir a muchas personas, pero el recuerdo de una muerte en particular nunca la abandonó, quedó indeleble en su memoria: la muerte de Franz Kafka.

Ocurrió el 3 de junio de 1924.

Muchos años después, ya retirada, Anna le contó al periodista Willy Haas lo que presenció en los instantes finales del extraordinario autor checo.

Le dijo que Kafka y su doctor, Robert Klopstock, habían llegado a un acuerdo secreto: que cuando se acercara “la última hora” hiciera salir de la habitación a su compañera, Dora Diamant, para que no viera su agonía.

Tras años de sufrir de tuberculosis, el final estaba cerca. A Dora se le pidió ir al correo a enviar una carta.

Le administraron morfina al paciente, quien, de repente, empezó a llamar a Dora. La enfermera mandó a buscarla de inmediato, aunque temía que fuese demasiado tarde.

Dora, sin aliento, entró corriendo, directo a la cama.

Todos en la sala, los médicos, la misma Anna, pensaron que ya había fallecido, excepto Dora, quien le susurró que oliera las flores que había traído.

Kafka las olió. “Fue increíble”, recordó la enfermera. Poco después, murió.

– “¿Quién es?”

Ese relato se lo cuenta a BBC Mundo, Kathi Diamant, autora de “Dora Diamant – El último amor de Frank Kafka”.

El texto de Haas, lo encontró en 1998, cuando revisaba los archivos del periódico alemán Der Tagesspiegel.

Dora Diamant
Los expertos señalan que Dora Diamant nunca se apartó de Kafka, estuvo con él hasta el final.

“Me sorprendió que este material existiera. Ese artículo fue publicado, en 1953, por este escritor respetado, que conocía a Kafka, que escribía sobre él, que conocía el Círculo de Praga, que incluso pudo haber sido parte de él”.

Pero, dice la investigadora, los relatos que había sobre la muerte de Kafka no incluían esa información.

“Esta última escena con Dora, se omitió y no debió haber sido así”.

Sin embargo, la presencia de Dora en las últimas horas de Kafka no era desconocida.

Kathi escuchó por primera vez su nombre en 1971, cuando su profesor de literatura alemana en la Universidad de Georgia (EE.UU.) interrumpió la traducción que hacían de “La metamorfosis”, de Kafka, para preguntarle:

“¿Eres pariente de Dora Diamant?”

“Probablemente, ¿quién es?”, le respondió la entonces estudiante de 19 años.

Fue la última amante de Kafka, estaban muy enamorados, él murió en sus brazos. Ella quemó su obra”, contestó el docente.

– Tras la pista

Kathi se embarcó en una misión que le tomó décadas y muchos viajes a Europa, Medio Oriente: descubrir a Dora Diamant.

“Después de la muerte de Kafka, no se supo que pasó con ella, desapareció del registro público”.

Franz Kafka
Kafka es considerado uno de los grandes escritores del siglo XX «La metamorfosis» y «El castillo», están entre las obras maestras de la literatura.

La investigadora encontró que había nacido en una familia judía jasídica en Polonia en 1898.

Tras negarse a casarse con un hombre que su padre había escogido, se fue de la casa y emigró a Alemania, donde estudió en la Academia Judía de Berlín. “Su intención era mudarse a Palestina”.

Entre las muchas actividades en las que colaboró con la comunidad judía en Berlín, fue voluntaria en un campamento para niños de Europa del Este que se organizó en el verano de 1923, en Graal-Müritz.

“Eran refugiados de la Primera Guerra Mundial que vivían en Berlín”.

Allí, frente al mar Báltico, Dora vio a un hombre que llamó su atención.

– El hombre de la playa

“Kafka estaba con su hermana y los hijos de ella de vacaciones. Se alojaron en un hotel cerca del campamento”, cuenta Kathi.

“Dora lo vio por primera vez en la playa, jugando con un niño que supuso era su hijo”.

Kafka y Ottla.
Kafka tuvo tres hermanas, aquí posaba con la menor, Ottla.

Cuando notó que se les unió una mujer (su hermana), reforzó la idea de que estaba casado.

Un día después, cuando limpiaba un pescado en la cocina, vio una sombra. Al voltear, descubrió que era el hombre de la playa.

“La miró, le sonrió y sus primeras palabras para ella fueron: ‘Unas manos tan delicadas y tiene usted que hacer un trabajo tan cruento’. Así, en medio de pescados muertos, comenzó una de las grandes historias de amor”.

Kafka tenía 40 años y ella, 25.

Otra de las trabajadoras del campamento lo había invitado a entrar y, después, a cenar.

Aclarada su soltería, Kathi señala que de esa noche, Dora destacó la bondad que encontró en Kafka, quien quedó encantado al escucharla leer en hebreo.

“Estuvieron juntos todos los días por tres semanas hasta que él dejó Graal-Müritz. Pero ya habían decidido que se reunirían en Berlín”.

Pese a las circunstancias adversas -la salud de Kafka empeoraba por la tuberculosis y la inflación se disparaba en Berlín- la pareja comenzó a vivir junta.

– “Una fuerza increíble”

Por más de una década, Reiner Stach se dedicó a investigar y escribir las tres entregas de su aclamada biografía sobre Kafka.

Dora y su hija, Franziska Marianne
Años después de la muerte de Kafka, Dora tuvo una hija, Franziska Marianne. Esta foto es de 1936.

Dice que la mayor parte de lo que se sabe sobre Dora es gracias al trabajo de Kathi, aunque investigando para sus libros tuvo acceso a documentos originales que reflejan su vida con Kafka en Berlín y en el sanatorio de Kierling, en Austria, donde el escritor murió.

“Esos documentos transmiten una imagen muy vívida de la situación extremadamente difícil en la que se encontraba Dora”, le indica a BBC Mundo.

“La esperanza de que su ser querido sobreviviera la tuberculosis disminuía semana a semana. Pero ella no se permitía quitarle la última ilusión. Al mismo tiempo, tenía que lidiar con los padres de Kafka, especialmente por cuestiones financieras, sin siquiera conocerlos. Y las hermanas de Kafka esperaban reportes veraces de Dora sobre su estado de salud. Era presión por todos lados”.

“Es un testimonio de una fuerza increíble, de cuánta humanidad y sentido práctico mostró Dora en esa situación. Solo gradualmente me di cuenta de eso”.

– “El más feliz”

Según Kathi, Kafka se enamoraba fácil y frecuentemente. “Veía lo mejor en las mujeres, las amaba”.

Tuvo varias relaciones, pero no prosperaban. “Hasta que llegó Dora”.

Kafka junto a Felice Bauer
Kafka estuvo comprometido con Felice Bauer, pero el matrimonio nunca se llevó a cabo.

Y es que, como le señala a BBC Mundo Michael Kumpfmüller, “ella no le exigió nada excepto su mera existencia y él se sintió libre con ella”.

“Kafka era tímido y de mente abierta al mismo tiempo. Creo que sintió que eran parecidos, perdidos y fuertes, dispuestos a correr los riesgos del amor”.

Kumpfmüller es autor de “La grandeza de la vida”, un relato ficticio de la relación de Kafka y Dora que sirvió de base para la película que lleva el mismo título.

Para Kathi, “Dora fue la responsable de que el último año de vida de Kafka fuese el más feliz del escritor”.

Le ofreció la oportunidad de hacer lo que él siempre soñó: “mudarse a Berlín y vivir la vida libre de un escritor”.

– “Lo había perfeccionado”

Y con eso, también le demostró que podía vivir “libre de las expectativas y del control de su padre”.

Y es que la difícil relación de Kafka con su padre ha sido señalada muchas veces como la fuente de sus inseguridades.

En muchos sentidos, ella fue una inspiración para Kafka, “era una mujer única, independiente, que tenía bastante claro lo que quería en la vida”.

Max Brod
Max Brod, el amigo a quien Kafka le pidió quemar sus escritos después de su muerte, no solo se negó, sino que los publicó.

“Durante mucho tiempo, Kafka había estado fascinado con el judaísmo de Europa del Este y Dora era como una heredera de eso. Ella encarnaba algo que él respetaba profundamente, no solo en términos de su cultura, sino por la forma en que ella abordaba la religión”.

Él aprendió mucho de Dora, de las historias que ella le contaba, de las tradiciones narrativas jasídicas que conocía.

“Coincidieron en distintos niveles, en lo intelectual y en lo emocional. Él recibió la fuerza y el apoyo que necesitaba”.

“Max Brod, el mejor amigo de Kafka, dijo que Dora lo había perfeccionado, que finalmente, en esta última etapa de su vida, había encontrado a la compañera de su vida”.

– Hizo compatible lo incompatible

“Mientras la gente en su entorno era pragmática, ella jugaba con él y se permitían soñar con abrir un restaurante en Tel Aviv, en el que ella sería la cocinera y él, el mesonero”, relata Kathi.

Dora representó la posibilidad de que Kafka materializara lo que tanto anhelaba: formar su propia familia.

La tumba de Franz Kafka
Kafka murió en Austria y sus restos fueron llevados a Praga.

Pero el abogado, que escribía en su tiempo libre, “no veía la escritura compatible con el matrimonio”.

Aunque es imposible saber con precisión cómo fue su convivencia, para Stach está claro que consiguieron algo que Kafka nunca imaginó: “intimidad feliz con una mujer, sin el predominio de la sexualidad ni las exigencias convencionales del matrimonio”.

“Dora incluso cuenta que él trabajó en sus textos literarios en su presencia. Eso debió haber sido casi una revolución para Kafka, porque diez años antes creía que la más alta calidad literaria solo podía lograrse en la absoluta soledad”.

“Creo que si Kafka se hubiera recuperado, vivir con Dora habría resuelto su agonizante conflicto de toda la vida entre el matrimonio y la literatura. Habría sido una liberación para él”.

Era un conflicto que iba más allá, como nos recuerda Kumpfmüller.

“Kafka siempre pensó que la vida y el arte eran antagónicos; que no podías tener ambos. Con Dora supo que estaba totalmente equivocado en esa suposición, que la vida y el arte son compatibles”.

– Lo que Dora vio en Kafka

Kafka representó para Dora lo que debía ser un ser humano.

“Para ella, él era un ser extraordinario, comprometido con su prójimo a un nivel existencial”, dice Kathi.

Y eso fue lo que la enamoró, nada tuvo que ver su talento como escritor.

Una camisa colgando de una tienda que dice: Kafka. Praga
La ciudad de Praga ha preparado varios eventos para conmemorar los cien años de la muerte de su escritor más famoso.

Ella comenzó a leer sus libros después de su muerte. Así que debió haber sido la impresión que él le causó, su apariencia, cómo la miraba, cómo le hablaba, cómo la ‘investigaba’”, indica Kumpfmüller.

Además, “Kafka estaba siempre de buen humor”, escribió Dora.

Kathi evoca unas palabras que Dora le escribió a Brod en 1930, tras la publicación de tres novelas inacabadas de Kafka:

“Mientras vivía con Fanz, todo lo que podía ver era: él y yo. Cualquier cosa que no fuera él mismo era irrelevante”.

Al filósofo Felix Weltsch le confesó que “vivir con Franz un solo día valía más que toda su obra”.

– Manuscritos perdidos

Por insistencia de Kafka, Dora tuvo que quemar parte de sus manuscritos. Kathi cuenta que lo hizo frente a él.

No obstante, secretamente salvó decenas de cartas que él le escribió y 20 cuadernos.

Cuando Kafka murió, Brod le preguntó si había conservado algo, pero ella le dijo que lo había quemado todo. Mintió para honrar el deseo del escritor que no quería que dichos escritos fueran públicos.

Una mujer leyendo un libro de Kafka
En muchas partes del mundo, este año se organizan encuentros en honor a Kafka y su obra.

Mantuvo la mentira por años, hasta que el nazismo ascendió al poder y la Gestapo allanó su apartamento y se llevó muchos de sus papeles.

En 1998, Kathi fundó el Kafka Project en la Universidad de San Diego (EE.UU.) con la misión de recuperar los textos perdidos.

– “Quien conoce a Dora…”

Tras la muerte de Kafka, Dora se dedicó a la actuación profesional, se unió al Partido Comunista alemán y se casó con Lutz Lask, con quien tuvo a su hija, Franziska Marianne.

Los nazis arrestaron a Lask, pero logró escapar a la Unión Soviética, a donde se le unió Dora y la niña.

Después de ser acusado de ser un “saboteador trotskista”, fue condenado y enviado a Siberia.

Dora y su hija consiguieron huir y llegar a Inglaterra en 1939.

Fue muy valiente, una mujer que, entre dos guerras mundiales, se abrió camino en el mundo”, dice Kathi, quien no encontró parentesco con Dora.

Murió a los 54 años en 1952. La lápida de su tumba, en un cementerio de Londres, tiene las palabras de Robert Klopstock, el médico de Kafka:

“Solo quien conoce a Dora sabe lo que es el amor”.

nuestras charlas nocturnas.


El mensaje en una botella de Colón que lleva más de 500 años perdido…


Cristóbal Colón contó el episodio en sus ‘Relaciones y Cartas’ 

abc historia(M.Arrizabalaga) — A punto de zozobrar por una tormenta a su vuelta del primer viaje al Nuevo Mundo, el 14 de febrero de 1493 Cristóbal Colón escribió en un pergamino, «con la brevedad que pedía el tiempo, cómo dejaba descubiertas las tierras que había ofrecido, y en cuántos días, y por qué camino lo había conseguido».

El propio Almirante lo contó en sus ‘Relaciones y Cartas’, una vez a salvo. A quien presentase su mensaje cerrado a los Reyes Católicos prometía mil ducados «para evitar que, si lo hallaban extranjeros, no se valiesen del aviso que incluía».

Después hizo que le llevaran un gran barril y tras envolver el pergamino en un encerado, lo metió «en una hogaza de cera» y lo metió dentro, cerrando bien el tonel «con sus arcos» antes de echarlo al mar desde la ‘Niña’. «Todos creyeron que era alguna devoción», anotó.

El profesor de literatura alemán Wolfgang Struck, que recoge el testimonio de Colón en su libro ‘Mensajes en una botella’ (Ariel), cree que el hecho de que el descubridor de América describiera con tanto detalle los pasos que dio «sugiere que no era algo obvio».

Según sus investigaciones, el barril de Colón es el único cuerpo flotante con un mensaje en su interior confiado a la suerte del mar anterior al siglo XVIII. Al menos, el único del que se tiene constancia, porque hay diversas leyendas y relatos como el del filósofo griego Teofrasto de Eresos, con pocos visos de ser ciertos. Y después del mensaje de Colón pasaron 300 años sin correos lanzados al agua, al menos en Europa.

El escrito del Almirante también muestra la dificultad de preservar del agua un manuscrito, aunque el pergamino de piel de animal resista mejor que el papel. Probablemente, todos los esfuerzos de Colón fueran en vano, como considera Struck. Sin embargo, siglos después de aquel viaje aún seguían apareciendo noticias del supuesto hallazgo del barril.

El profesor de la Universidad de Erfurt (Alemania) reseña la última, de 1851, leída en el periódico alemán ‘Die Gartenlaube’ en 1855. «Un tal «capitán D’Auberville de la bricbarca Chieftain of Boston» dijo haber encontrado en Gibraltar «un barrilete de cedro (…) recubierto de conchas incrustadas» en cuyo interior había «un coco impregnado de una sustancia parecida a la goma» y dentro de este, «una tira de pergamino con un texto antiguo e ilegible» que podría tratarse de un «breve informe del puño y letra de Cristóbal Colón».

– Un experimento legendario

Una mujer de Edimburgo se hace viral al descubrir un mensaje en una botella  de hace 135 años: "Qué suerte" - Sociedad - COPE

En ‘Mensajes en una botella’, Wolfgang Struck narra el proyecto científico del explorador Georg Neumayer en el siglo XIX para desentrañar los secretos de los océanos a través de correos embotellados lanzados al agua desde distintas partes del mundo. Neumayer recopiló una singular colección de más de 600 mensajes que en su día surcaron los océanos en el interior de botellas y que sirvieron para calcular las corrientes oceánicas.

Pegados en las páginas de cuatro voluminosos álbumes, se conservan en la biblioteca de la Agencia Federal Alemana para el Transporte Marítimo e Hidrografía en Hamburgo. Para Struck, que salpica el relato de anécdotas, casos y referencias históricas y literarias, estos mensajes siguen fascinando «porque una carta en una botella al mar nunca ha sido solamente un objeto de estudio científico». Todas las personas que lanzaron, encontraron, remitieron o analizaron estos escritos dejaron un rastro en ellos.

En periódicos españoles, como ‘La Nación’, ‘El Balear’ o ‘La revista salmantina’, dieron la noticia en febrero de 1852, citando a un diario americano, al cual le dejaban la responsabilidad de dicha información. Según éste, el capitán del buque ‘Chieftain’ se hallaba en Gibraltar el 26 de agosto de 1851 para reparar su navío, pasó el Estrecho y se detuvo en la costa africana en busca de «algunas curiosidades geológicas».

Al regreso, la impetuosidad del viento exigió más lastre en la embarcación y uno de los marineros, al levantar una piedra para tal fin, comprobó con sorpresa que pesaba menos de lo esperado.

Había dado por casualidad con «una caja de cedro bastante envejecida» en cuyo interior halló «una nuez completa de coco, perfectamente cubierta de resina, y que contenía un pergamino en el que había una porción de caracteres góticos cuasi ininteligibles». Cuando llegaron a Gibraltar se lo enseñaron a un librero americano «y este ofreció por él 500 duros, que no quiso admitir el capitán».

El texto, según los diarios, decía: «Imposible me parece poder resistir por más tiempo a la deshecha tempestad que nos abruma. Nos hallamos entre España y las islas de Oriente. Si la carabela zozobra, que alguien pueda hallar este documento. A Fernando e Isabel. Fechado en 1493. Está firmado con mano firme y rápida, Cristóbal Colón».

Se desconoce el paradero de «esta reliquia preciosa» para la prensa española de la época que, como ninguno de los rumores anteriores, resistió un examen más minucioso, según Struck. «Hoy en día el barril sigue desaparecido y nadie ha reclamado los mil ducados de recompensa prometidos», escribe en ‘Mensajes en una botella’.

nuestras charlas nocturnas.


Sevillanas (I) – El radiofonista Queipo de Llano…


Queipo de Llano, sangre sin honor | Andalucía

JotDown(C.Zúmer) — La tumba de la discordia era muy modesta. Apenas ocupaba una de las esquinas de una iglesia también pequeña, aunque de tronío, La Basílica de la Macarena, que se enseñorea del barrio del mismo nombre en la ciudad de Sevilla.

Dentro de este templo descansaban los restos de un militar español, una figura controvertida pero de relevancia indiscutible durante el siglo XX. En la capital de Andalucía se le conoce solamente como Queipo, el de la radio, aunque su nombre completo es Gonzalo Queipo de Llano y Sierra.

Y mañana tomaremos Utrera, así que vayan sacando las mujeres los mantones de luto…”

Cuando estalla el golpe Queipo está en Huelva a la expectativa. Le comunican que el alzamiento ha empezado en Melilla y escenifica rechazo. Espera a la madrugada para deslizarse hasta Sevilla y cuando llega a la capital se atrinchera en el Hotel Simón, donde El Arenal.

Las fuerzas que se le unen allí no son en absoluto las prometidas: sólo quince falangistas se ponen al servicio de Queipo en la mañana del 18 de julio. Sin embargo el militar vallisoletano, simple Inspector de Carabineros, consigue acaudillarse de la 2º División sin apenas oposición.

Con el instinto pendenciero que le caracteriza se presenta en el cuartel con una comitiva suicidamente pequeña y reduce sin más al personal a su voluntad.

Sevilla está con el golpemiren ustedes

Ni un tiro ni un forcejeo. Todos saben quién es él. El regimiento se une a la causa con el simple convencimiento de que los suyos son los de uniforme, no los de Madrid, y de que la República se estaba yendo a tomar por saco desde la victoria del Frente Popular. Queipo no escatima peligros y se juega el bigote por el triunfo del levantamiento en Sevilla, plaza mayor del sur y ciudad obrerista por antonomasia.

Lleva a cabo poco menos que una chapuza llena de arrojo, una acción planeada pero hecha con gran imprudencia e improvisación. Al caer la noche los cañones zumban en Triana, Macarena o San Julián, se forman barricadas en todos los barrios que están con la República.

La Sevilla roja se agita pero Queipo aplasta la resistencia sin misericordia, con fuerzas modestas pero crecientes según va sumando efectivos. El avance nacional es imparable. Esa misma noche el general vallisoletano protagonizaría la primera de sus arengas al micrófono de Unión Radio Sevilla:

¡A las armas! La Patria está en peligro y para salvarla (…) unos cuantos generales hemos asumido la responsabilidad de ponernos en frente de un movimiento salvador que triunfa por todas partes. Tropas del Tercio y Regulares se encuentra ya camino de Sevilla, y en cuanto lleguen, esos alborotadores serán cazados como alimañas. ¡Viva España!”

5775853502 e7f8a7301f b

  • Un personaje ambigüo

Lo curioso es que Queipo pintaba en Sevilla lo mismo que Pepe Botella en Madrid. En palabras del propio militar le habían “largado el mochuelo” de Sevilla a él, un hombre nacido en Tordesillas y de familia más pucelana que Miguel Delibes. Y sin embargo aceptó sin apenas reservas porque siempre había sido un hombre de acción, un militar dado al ruido de asonadas y cuarteles.

A saber: ascendido a general de brigada tras la Guerra del Riff pero pasado a la reserva en 1928 por la dictadura de Primo de Rivera, con quien se llevaba poco menos que a matar; tildado de “indisciplinado, díscolo y difícil de ser mandado” por la Junta Clasificadora del Ejército tras un sinfín de desencuentros con los mandos; protagonista principal del golpe pro-republicano de Cuatro Vientos en 1930, con el fracaso y el exilio como resultados; retornado y ascendido tras abril de 1931 a Capitán General de Madrid, con todos los honores de Estado; consuegro de oro de Alcalá-Zamora y representante ilustre del clientelismo que caracteriza al estamento militar durante la Segunda República; y apartado de la capital en 1933, largado como Inspector de Carabineros al ser acusado de injerencias políticas y de nepotismo.

Sólo un personaje como él podía asumir la empresa de Sevilla. Queipo vivía a la contra, siempre encarado contra el régimen de turno. A su carácter pendenciero se unía su gran ambigüedad, de natural conspirativa, no digamos en su ideología. 

Gibson lo tacha de “ex republicano energúmeno” y Fernández Coppel como alguien de “disciplina personalista, no institucional”. Las más de las veces Queipo se autodenomina republicano pero sorprende hasta qué punto el personaje se resiste a la etiquetación si revisamos su trayectoria:

en 1923 abraza abiertamente el golpe de Primo de Rivera pero desde 1926 se enemista mortalmente con esta dictadura; a su fin reniega de Alfonso XIII pero en 1950 escribe a Franco declarándose “fervientemente monárquico”; y en el 31 se declara felicísimo con la República pero en el 36 participa activamente para tejer el golpe que la derribaría. ¿Cuáles son las lealtades de Queipo, si no a sí mismo y a su lucha, cualquiera que fuera?

Algo que sí parece seguro es, parafraseando a Antonio Burgos, que Queipo fue el primer anti-franquistaSi su estrella se apaga en 1939 es precisamente porque el “Virrey de Andalucía” incomodaba sobremanera a un Franco que buscaba asentar su poder una vez finalizada la guerra. Contra Paca la Culona, que así llamaría Queipo a Franco en privado y a veces también en público —que la boca siempre le perdió—, el militar pucelano no especularía adjetivos. Verbigracia:

«Conociendo a Franco, conociendo su carencia, su bajura moral (…) Muchos problemas sufrimos como consecuencia de decisiones absurdas del Generalísimo, que pusieron en gravísimo riesgo el resultado de la guerra. Gracias sean dadas a la Divina Providencia, que veló por nosotros como en tantas otras circunstancias»

Queipo hizo su guerra, particularísima, desde Sevilla y desde Andalucía. A partir de aquel 18 de julio se vuelve gran protagonista de la contienda prendida desde la capital andaluza y desde otros lugares de España. Sus acciones serían realmente singulares y determinantes.

  • Las mañas de Queipo
Gonzalo Queipo de Llano y Sierra | artehistoria.com

Lo curioso es que cuando Queipo de Llano llega a Sevilla todo el mundo piensa que está de parte de la República, porque todo el mundo lo sabe republicano.

Marcha con la Segunda a la zaga y la ciudad suspira aliviada pensando que se ha puesto al mando para templar el golpe.

Pero nada más lejos de la realidad: Queipo lleva meses conspirando y su misión en Sevilla es clara al frente de los nacionales.

Este espejismo, mitad queriendo mitad sin querer, le hará ganar buenas cantidades de tiempo y de factor sorpresa.

La segunda argucia de Queipo es realmente imaginativa: cuando llegan los Regulares de África, factor fundamental de la victoria rebelde, el general comprueba que de momento son bastante pocos.

Están llegando por Cádiz pero están llegando lentamente. Como no son muchos Queipo los sube a varios camiones y los pone a dar vueltas sin parar por toda la ciudad, para que todo el mundo piense que son legión.

Es el milagro de los panes y los peces para amedrentar a la resistencia, o lo que en Sevilla se suele mentar como “los moros de Queipo”.

La tercera argucia es la mejor, la más determinante de todas: advertido del efecto incendiario que tuvo la toma de Radio Sevilla por parte de fuerzas obreras y sindicales al inicio del golpe, esa misma noche los nacionales arrebatan el micrófono de manos enemigas y se agencian el principal arma propagandística de la ciudad.

Las arengas de Queipo serán, desde entonces, fuerza impulsora fundamental para la toma de toda Andalucía por parte de las fuerzas sublevadas y uno de los ejemplos más singulares de propaganda política y radiofónica del siglo XX, a la altura, en incidencia local, de los discursos de Churchill en la Londres bajo la aviación nazi.

El personaje era propicio porque Queipo era un charlatán, un propagandista nato que se daba al encontronazo con la misma frecuencia con la que acababa perjudicado por sus propias palabras. Para el curso de la Guerra Civil su uso del discurso fue clave, a la postre una fuerza tan importante como su hábil gestión del factor militar. Se peleaba en la calle como se peleaba desde los medios de comunicación, al punto que Queipo haría del estudio de radio su mejor arma.

  • El radiofonista Queipo de Llano

El estudio de Radio Sevilla estaba justo en el mismo lugar donde está ahora: en la calle González Abreu número 6. Según documentaron los diarios locales de la época —La Unión, ABC de Sevilla y El Correo de Andalucía— todas las noches, más o menos a las diez y con unos veinte minutos de duración, Queipo de Llano lanzaba su arenga a la Sevilla en armas, primero, y a la Andalucía por conquistar, después, sin olvidar dar parte particular del curso de la guerra en el resto del país.

La importancia estratégica que Queipo confiere a la radio queda clara cuando se constata que, ya desde el primer día de sublevación nacional, 18 de Julio, con media ciudad en armas y sólo el centro de la ciudad más o menos controlado, el general pucelano prioriza efectuar la primera de sus charlas radiofónicas.

Lo haría ininterrumpidamente hasta el 1 de Febrero de 1938, después de casi seiscientas intervenciones sin interrupción.

Las charlas de Queipo eran personalísimas y no gozaban de gran preparación.

El fin de las alocuciones era claro: empujar la guerra en el sentido deseado; presionar, amedrentar, enaltecer, informar de acuerdo a intereses, amenazar, espolear, ridiculizar…

Todas las noches Queipo incendiaba las ondas sin escatimar golpes para todo el mundo. Las charlas eran bravuconas, violentas y burlonas, verdaderos alegatos de sangre y miedo:

Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad (…) Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen. (…) Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad”.

Palabras como estas tuvieron gran responsabilidad en la tremenda represión llevada a cabo en Andalucía. El duro registro de Queipo fue de la mano de los métodos feroces que emplearon las fuerzas nacionales en su avance imparable por la región. Lo que el militar vallisoletano desplegó en sus discursos radiofónicos fue, verdaderamente, una auténtica política de terror.

Le gustaba mezclar sus consignas con humor, un humor bastante avinagrado, lleno de caricaturas de sus adversarios, insultos, chistes de mal gusto… el mejor Queipo era mordaz y a la vez vulgar:

En cuanto a la Junta delegada del Gobierno que se encontraba en Valencia, sin duda le ha parecido que en Valencia hace mucho calor, porque ha trasladado su residencia a Alicante. ¡No se altere Martínez Birria o Barrio, que no va usted a poder marcharse y le vamos a cortar la cabeza! ¡No sea usted primo y márchese de una vez, que está usted ahí haciendo el tonto, como en todas partes!”

A veces aparecía con ronquera y decía acortar la locución de esa noche. Otras veces adelantaba el parte al mediodía o a la tarde para comunicar noticias o consignas nuevas que por cualquier razón urgían.

Sus intervenciones estaban precedidas casi siempre por un presentador que, al tiempo que daba distintas informaciones, creaba expectación anunciando el tiempo que restaba para que interviniera el que todos esperaban para bien o para mal: el general Queipo de Llano.

A menudo el militar también se dedicaba a disolver bulos contra el bando nacional, supuestas mentiras y falsedades contra los sublevados. Era la política de información-desinformación de cualquier guerra abierta, en la que el general pucelano tampoco renunciaba a la sorna:

“Aquí también hay otra noticia terrorífica: [el diario Le Temps] dice que las milicias del Frente Popular han atacado a Sevilla, llegando hasta el centro de la ciudad, y que el general Queipo de Llano está cercado y próximo a rendirse. ¡Pobre general Queipo, los malos ratos que le van a dar!”

  • Sepulcro

El 1 de Febrero de 1938 Franco levanta a Queipo de la silla. Dos razones se anudan: por un lado el estilo incendiario del general al micrófono –y en todas partes- parecía no convenir a la imagen del régimen político que iba tomando forma; por otro, Queipo había acumulado mucho poder después de su hábil y exitosa conquista de Andalucía.

La comunidad sureña se había convertido en un verdadero virreinato de los nacionales: ni daba cuentas a Franco de las cosas importantes que decidía ni gobernaba con arreglo estricto a lo que se dictaba desde Burgos. Y por si fuera poco, a la rivalidad política se sumaba una evidente antipatía personal.

Se le destituyó de la Capitanía General de Andalucía y se le ascendió con honores al final de la guerra —aquello de la patada hacia arriba— pero todo el mundo sabía que Franco iba a hacer de Queipo una pieza de museo. La contienda había acabado “naturalmente” con MolaSanjurjo y Cabanellas, y apenas sólo quedaba un Queipo que era más que incómodo para Franco.

Éste lo borró. Le hizo la cama, lo apartó de Sevilla y lo embarcó para Italia en supuesta misión militar. Luego volvería a España y sería condecorado y honrado en algunos actos —aquello del día de las alabanzas— pero la carrera del general estaba acabada.

Para el recuerdo quedaron los dos alegatos finales de Queipo de Llano. El primero el discurso pronunciado en Julio de 1939 en Sevilla, durante el tercer aniversario de la toma de la ciudad, donde se despachó a gusto contra Paca la Culona y su flamante nuevo régimen y donde tachó a Franco de ingrato con Andalucía.

La Macarena de Sevilla niega que los restos de Queipo de Llano se vayan a  trasladar

El segundo es la famosa carta dirigida a Franco en 1947, en la que le afea la política de su régimen y su España de falangistas y burócratas. Así que hasta el final de vida Queipo estuvo porfiando. Después le sobrevendría la muerte en Sevilla, su patria de adopción, en el cortijo de Camas que regentaba.

Fue enterrado en la Basílica de la Macarena con grandes honores por ser hermano impulsor de aquel nuevo templo de la Hermandad. Mucho se discutió sobre esto y sobre la idoneidad de tener allí el sepulcro de un militar golpista y de historial represivo.

Su tumba seguía en la Basílica, impasible bajo los pies de cientos y cientos de curiosos que tratan de imaginar qué palabras hubiera dedicado el general, micrófono mediante, a todos aquellos que lo quieren fuera del templo y de la ciudad.

Los restos de Gonzalo Queipo de Llano y Francisco Bohórquez fueron exhumados y salieron de la Basílica de la Macarena de madrugada, con discreción y sin demasiado alboroto, salvo por algunas personas que se acercaron para mostrar su contento y descontento con la medida con la que la Hermandad de la Macarena cumplía con la Ley de Memoria Histórica y Democrática.

Enterrados ambos en el templo a principios de los 50 (también fue sepultada allí y ahora exhumada la esposa de Queipo), salieron en sendos coches fúnebres, para ser incinerados en el tanatorio de Alcalá de Guadaira. Allí sus cenizas fueron entregadas a sus familiares, que han asumido su custodia hasta que sean trasladadas a un nuevo destino.

La historia del radiofonista Queipo de Llano con la Macarena, su ciudad y la guerra no es más que otro de esos equilibrismos entre lo popular, lo político y lo religioso que son tan propios de Sevilla.

nuestras charlas nocturnas.


¿Qué nos dice Kafka de nuestro mundo en el siglo XXI?…


Fotografía de Franz Kafka en Praga, alrededor de 1922.

National Geographic(M.A.Moreno/The conversation) — En 2024 vivimos en una época en la que se ha consolidado la globalización, síntoma verdaderamente definitorio de nuestro tiempo. Esto implica no solo una mayor conexión entre los individuos, o una homogeneización de la cultura, sino además una conquista de las categorías de espacio y tiempo.

Ahora podemos viajar a la otra punta del mundo en tan solo unas horas, adquirir cualquier producto muy rápidamente y, sobre todo, ver y hablar con personas que se encuentran lejos de nosotros de forma inmediata.

En este contexto la percepción subjetiva que cada uno tenemos del espacio y el tiempo queda del todo consolidada: gracias al avance tecnológico, hemos convertido en instantáneas muchas actividades que antes implicaban un periodo de tiempo inasumible. Hasta no hace mucho, estas eran realidades que nos determinaban por completo. Ahora, sin embargo, parece que somos capaces de condicionarlas y dominarlas nosotros como individuos.

Como también en este 2024 se cumplen cien años del fallecimiento de Franz Kafka, podemos preguntarnos qué nos dice el escritor checo de todo este escenario.

– Kafka en el tiempo y en el espacio

Comenta Borges de Kafka que la diferencia central con todos los demás escritores es que, con los otros, uno debe tener en cuenta las referencias temporales y espaciales en las que se enmarcan las narraciones.

Con Kafka, en cambio, no sería necesario porque escapa de esas categorías y se establece en una especie de limbo en el que éstas se suspenden. Para ello es necesario llevar al extremo la subjetividad que mencionábamos antes.

Por ejemplo, desde la perspectiva de K., el protagonista de El proceso, detenido por un delito que desconoce, no se percibe el paso de los días o las horas. Actúa como si viviera fuera del espacio y el tiempo mismos y pudiera postergar para siempre la defensa de su caso judicial. Es así como su experiencia subjetiva queda suspendida. Ahí, según Borges, late el espíritu profético de Kafka, quien en sus cuentos y novelas no augura precisamente un buen final.

Los conceptos de transformación y construcción también son especialmente importantes en la obra del escritor, que además quedan explicitados al dar título a dos textos suyos muy relevantes: La transformación (a menudo traducido como La metamorfosis) y La construcción.

En La transformación un hombre se despierta un buen día convertido en un escarabajo gigante. Esto, tras una experiencia deshumanizadora, le conduce en poco tiempo a su aniquilamiento.

Mientras tanto, en La construcción, el protagonista habita una madriguera obsesionado con la posibilidad de que en algún momento esta se venga abajo o sea atacada. Querer controlar al máximo las condiciones de su entornoy su realidad para poder evitarlo lo conducen a un estado de ansiedad y paranoia. La guarida en la que vive se convierte en una trampa, donde el colapso es inminente.

Esta contradicción se observa bien cuando describe su madriguera y dice que es “un agujero destinado a la salvación de mi vida” para a continuación afirmar “sé que mi tiempo está contado”.

Dibujo de Franz Kafka de un hombre entre rejas.
Dibujo de Franz Kafka.

– El colapso

Precisamente otra de las ideas más definitorias del siglo XXI es la de colapso. El colapso lleva un paso más allá la idea de crisis, algo cíclico de lo que además cabe recuperarse. No es así el caso del colapso, que implica la imposibilidad de seguir habitando el espacio y el tiempo mismos.

La idea de colapso en nuestro siglo surge justamente como consecuencia de llevar al extremo la transformación y el control de la realidad que habitamos.

Esta deriva se fue gestando durante los siglos XIX y XX, con los avances tecnológicos que se desarrollaron a partir de la Revolución Industrial. Martin Heidegger, filósofo alemán cercano al nazismo cuyas raíces también se han rastreado a menudo en la obra de Kafka, comentaba en La pregunta por la técnica que el desarrollo tecnológico había invertido las relaciones entre lo natural y lo artificial.

Las tecnologías nos condenarían al colapso desde el momento en el que pasamos de construirlas y controlarlas a que fuesen ellas quienes nos controlasen a nosotros, perdiendo así la capacidad de calibrar las consecuencias de su desarrollo. “Ya no vemos una central eléctrica instalada en el curso de un río, sino que vemos que un río pasa por una central eléctrica”, dice Heidegger en ese texto.

Lo que en un principio creamos para facilitar nuestras condiciones de vida pasa después a complicarlas.

– Dominación y rebelión

Ese mismo movimiento de inversión se aprecia muy bien en Kafka.

Querer dominar hasta tal punto el tiempo y el espacio que habitamos hace que esas dimensiones se nos rebelen, como avisándonos de que acelerarlas hasta el extremo no nos conviene en absoluto. Igual que no le conviene a K. actuar como si el tiempo se hubiera detenido en El proceso, o como si él pudiera desarrollar su vida a un ritmo diferente al del paisaje burocrático en el que habita.

La idea de colapso tan extendida en nuestro incipiente siglo XXI proviene entonces no de la creencia en una amenaza externa u objetivable sino más bien al revés. Sería la consecuencia de haber transformado nosotros mismos el mundo, a través de la tecnología, hasta niveles que ahora se nos presentarían como amenazantes.

El agotamiento de recursos fósiles (al que Antonio Turiel se ha referido como “petrocalipsis”) o la escalada de conflictos bélicos entre grandes potencias (con el consecuente imaginario de destrucción total) serían ejemplos de la amenaza de la que se alimenta la ideología del colapso.

En La construcción de Kafka la amenaza ubicua que desasosiega al personaje acaba por manifestarse como una voz cuya procedencia no se puede atisbar. En realidad –se descubre– proviene de su interior.

Esa es la analogía que puede establecerse con nuestro presente. Kafka supo ver no solo el advenimiento del nazismo, sino el de la cosmovisión que iba a empezar a propagarse, cuya idea de fondo consiste en que la mayor amenaza que tiene ahora el ser humano es él mismo.

nuestras charlas nocturnas.


Extraña radioseñal rusa intriga a científicos desde 1982…


Este diario se encontró en una de las habitaciones de una unidad militar abandonada, desde donde solían emitir.

DW(F.E.Wang/Gizmodo) — Durante más de cuarenta años, la enigmática señal de radio UVB-76, también conocida como «El Zumbador», ha capturado la atención de entusiastas y expertos alrededor del mundo. Emitiendo desde Rusia en la frecuencia 4625 kHz, esta estación ha estado activa casi sin interrupciones, transmitiendo una mezcla de tonos monótonos, zumbidos y mensajes vocales ocasionales como «bote» o «especialista en agricultura», según informes de diversos medios.

A pesar de ser ampliamente conocida, el origen y la finalidad de la señal siguen siendo un misterio, pues nunca se ha ofrecido una declaración oficial sobre su propiedad o propósito. Este velo de misterio ha alimentado diversas teorías desde los tiempos de la Guerra Fría hasta la actualidad.

Aunque la noticia de UVB-76 no es nueva, recientemente diversos medios han retomado el tema, señal de que el interés por este misterio persiste. Según informes, la señal, que podría estar en el aire desde la década de 1970, es posible escucharla en vivo mediante radios de aficionados cercanos a la fuente o a través de una transmisión en YouTube.

Abundan las teorías sobre UVB-76

Las teorías sobre el propósito de UVB-76 son diversas: algunos sugieren que podría ser una estación de números usada para enviar mensajes cifrados a espías, otros creen que forma parte de la red de comunicaciones militares de Rusia –transmitiendo a submarinos o tropas–, y hay quienes incluso especulan sobre su uso en investigaciones ionosféricas o la emisión de señales de radio hacia la atmósfera para buscar ovnis.

La teoría más alarmante sugiere que UVB-76 podría funcionar como una señal de «mano muerta», un sistema de represalia automática en caso de un ataque nuclear que, si se interrumpe, desencadenaría una respuesta devastadora. Sin embargo, esta teoría se puso en duda cuando la emisora dejó de emitir brevemente en 2010 sin causar ninguna consecuencia catastrófica.

Fotografía aérea de 1984 de Povarovo, Rusia, antiguo emplazamiento del transmisor de UVB-76.

Vigilancia desde 1982

Desde que los entusiastas empezaron a monitorear la señal en 1982, ha habido cambios notables en la misma. Inicialmente consistía en pitidos que en 1992 se transformaron en zumbidos, acompañados ocasionalmente por tonos similares a los de una sirena de niebla. A intervalos, se ha escuchado a personas recitando listas de nombres o palabras al azar, según reporta Popular Mechanics.

En 2010, la estación experimentó cambios significativos, incluyendo pausas en la transmisión y sonidos de fondo que sugerían movimientos en la sala de emisión. Incluso se transmitieron fragmentos de «El lago de los cisnes» de Chaikovski, lo que llevó a especulaciones sobre un posible cambio de ubicación de Povarovo, cerca de Moscú, a otros sitios en San Petersburgo y Moscú.

Según informes, exploradores no autorizados que visitaron el sitio en Povarovo descubrieron la base abandonada, excepto por un perro guardián. En el lugar habrían encontrado un cuaderno de bitácora con detalles de transmisiones de 2005, según reportó Gizmodo en 2016.

David Stupples, experto en vigilancia y reconocimiento espacial, explicó recientemente a Popular Mechanics que el propósito de la emisora es mantener la frecuencia disponible para el Gobierno ruso en caso de emergencia. «Si no la utilizan, alguien se la robará», explicó Stupples. «La banda está tan saturada que la gente buscará cualquier oportunidad para tener un canal propio».

En definitiva, aunque la comunidad de radioaficionados ha mantenido un monitoreo constante, tratando de rastrear su origen y descifrar cualquier mensaje, el verdadero propósito detrás de UVB-76 sigue siendo uno de los grandes enigmas del mundo de la radio. 

nuestras charlas nocturnas.


«Brok»: la extraordinaria historia del espía de la KGB que se codeó con la élite francesa durante décadas…


Grumbach cuando era joven
Durante décadas, el espía de la KGB Philippe Grumbach se codeó con innumerables figuras políticas y celebridades.

BBC historia(L.Gozzi) — Fue una figura legendaria del periodismo que dio forma a la dirección editorial de una de las publicaciones más exitosas de Francia.

La importante revista francesa L’Express descubrió recientemente que su célebre exeditor, Philippe Grumbach, espió para la Unión Soviética durante 35 años.

Grumbach fue una figura excepcionalmente bien conectada en la alta sociedad francesa durante décadas.

Consideraba amigos cercanos a presidentes, actores y gigantes literarios.

Cuando murió en 2003, el ministro de Cultura, Jean-Jacques Aillagon, dijo que Grumbach había sido «una de las figuras más memorables y respetadas de los medios franceses».

Pero también era «Brok», un espía de la agencia de inteligencia rusa KGB.

Se pueden encontrar pruebas exhaustivas de la vida engañosa de Grumbach en los llamados archivos Mitrokhin, que llevan el nombre del comandante soviético que sacó de contrabando miles de páginas de documentos de los registros soviéticos y los entregó a Gran Bretaña en 1992.

Posteriormente, fueron recopilados en un libro por Christopher Andrew y el propio Vasili Mitrokhin.

Un cartel de L'Express
L’Express es un semanario francés fundado en 1953 que se sigue publicando en Francia.

Entre las miles de páginas de documentos hay perfiles que describen las características de los occidentales que espiaron para la Unión Soviética.

Hace varios meses, un amigo de Etienne Girard, editor de asuntos sociales de L’Express, le contó que un conocido que estaba investigando los expedientes de Mitrokhin había encontrado menciones al semanario francés.

Los documentos decían que un agente con el nombre en clave de «Brok» trabajaba para la KGB y detallaban detalles biográficos que coincidían con los de Grumbach.

El interés de Girard se despertó inmediatamente.

– «Brok» era efectivamente Grumbach

«Comencé a investigar y encontré el nombre de Grumbach escrito en ruso y algunas fotografías», le dijo Girard a la BBC.

«Y luego las cosas se pusieron mucho más serias. Me puse en contacto con el servicio secreto francés para confirmar que «Brok» era efectivamente Grumbach, y las cosas empezaron a agrandarse como una bola de nieve a partir de ahí».

Nacido en París en 1924 en una familia judía, Grumbach huyó de Francia con su madre y sus hermanos en 1940, el año en que la Alemania nazi invadió el país y el mariscal Philippe Pétain tomó el poder en Vichy con un régimen colaboracionista con los nazis.

Grumbach se unió al ejército estadounidense casi de inmediato y luchó junto a la resistencia en Argelia en 1943.

Después de la guerra, se unió a la agencia de noticias AFP, pero renunció poco después en protesta por las acciones del gobierno francés en la guerra de Indochina.

Alain Delon en un fotograma de la película "La piscina"
Se codeó con actores de la talla de Alain Delon.

En 1954, Grumbach fue contratado para trabajar en L’Express por Jean-Jacques Servan-Schreiber, su fundador.

A partir de entonces, empezó a codearse con algunas de las figuras francesas más destacadas del siglo XX.

Ayudó a rehabilitar la reputación del entonces senador (y futuro presidente) François Mitterrand cuando fue acusado de organizar un falso asesinato en 1960.

Era cercano al poderoso Servan-Schreiber, al presidente Valéry Giscard d’Estaing y al destacado estadista francés Pierre Mendès. entre otros.

Los actores Alain Delon e Isabelle Adjani fueron invitados a su boda de 1980, donde la escritora Francoise Sagan y Pierre Berge, cofundador de Yves Saint Laurent, fueron los testigos legales.

– Dinero para comprar un piso en París

Y todo el tiempo, Grumbach seguía espiando.

Algunos pueden ver su decisión de espiar para la Unión Soviética como una historia romántica de lealtad a un régimen condenado al fracaso.

Pero el propio Mitrokhin especuló que si bien probablemente fue la ideología lo que inicialmente atrajo a Grumbach a la KGB, después de sólo unos pocos años sus razones para permanecer como espía tenían menos que ver con el deseo de promover la causa del comunismo en Europa, y más con su ambición de ganar suficiente dinero para comprar un piso en París.

Los incentivos financieros eran ciertamente atractivos.

Según los archivos de Mitrokhin, sólo entre 1976 y 1978 Grumbach recibió el equivalente a US$270.000 euros actuales por sus servicios a la KGB.

Valéry Giscard d'Estaing
Valéry Giscard d’Estaing ​​ fue un político francés, presidente de la República Francesa entre 1974 y 1981.

En otras tres ocasiones en la década de 1970, recibió una bonificación extra por ser uno de los 13 principales espías soviéticos en Francia.

Sin embargo, no está claro exactamente qué misiones llevó a cabo.

Los archivos de Mitrokhin muestran que durante las elecciones presidenciales de 1974, la KGB le entregó archivos falsos destinados a crear tensiones entre los candidatos presidenciales de derecha.

Aunque L’Express cita documentos que dicen que a Grumbach se le confió la misión de «resolver cuestiones delicadas» y «servir de enlace con representantes y líderes de partidos y grupos políticos», hay pocos ejemplos concretos de que Grumbach ayudara activamente a la URSS.

– Era «poco sincero»

Quizás esa sea la razón por la que, a principios de los años 1980, la KGB cortó sus lazos con él.

Según el libro de archivos de Mitrokhin, los agentes de la KGB en París consideraron que Grumbach era «poco sincero» y sintieron que exageraba sus habilidades para recopilar información y el valor de su inteligencia. Fue despedido en 1981.

Nunca sabremos si Grumbach se sintió aliviado de que su doble vida ya no existiera, o cómo se sintió por sus años de servicio en la KGB.

Philippe Grumbach
Grumbach fue redactor jefe de L’ Express de 1956 a 1960 y se convirtió en editor en 1974.

Ya sea por vergüenza o por un persistente sentimiento de lealtad, rechazó el único intento conocido en 2000 de un periodista, Thierry Wolton, de saber más sobre sus años como espía.

Grumbach inicialmente pareció admitir indirectamente su pasado, pero luego retrocedió, amenazando con demandar a Wolton si seguía adelante con el libro revelador que estaba planeando.

Wolton abandonó el proyecto, pero parece que el incidente despertó en Grumbach el deseo de hablar sobre su experiencia.

Su viuda Nicole dijo recientemente a L’Express que, poco después de la visita a Wolton, su difunto marido le dijo la verdad. «Me explicó que había trabajado para la KGB antes de casarnos», dijo a la revista.

– Amenazado

Ella dijo que él mencionó haber sentido «repulsión» por el racismo que presenció en Texas mientras estaba en el ejército estadounidense, e insinuó que esto lo llevó a buscar una colaboración con la URSS. «Añadió que quería parar casi de inmediato, pero que había sido amenazado», dijo Nicole a L’Express.

Girard dice que no tuvo ningún problema en descubrir la verdad sobre su ex editor en jefe.

«Definitivamente tuve la sensación de que estaba haciendo mi trabajo. La investigación depende de nosotros, porque nos concierne, incluso si eso significa descubrir verdades incómodas», dijo.

Escribir el artículo tomó tres meses, pero valió la pena. Casi todos los medios de comunicación en Francia han recogido la historia, posiblemente porque muchos todavía recuerdan a Grumbach como una figura destacada que dominó el panorama de los medios franceses durante décadas.

Un hombre vende la revista en la calle.
Girard llevó a cabo la investigación con ayuda de su compañera Anne Marion, jefa de archivos de la revista.

Algunos pueden verse tentados a desempolvar sus viejos ejemplares de L’Express de los años de Grumbach en busca de mensajes subliminales prosoviéticos. Pero es poco probable que encuentren algo.

En la década de 1950, durante la primera etapa de Grumbach como editor en jefe, L’Express se inclinó hacia la izquierda sin respaldar nunca al comunismo.

Ya en la década de 1970, cuando Grumbach estaba nuevamente al mando, L’Express se trasladó a un espacio decididamente moderado, liberal y centrista.

Como señala el informe de L’Express, el trabajo de Grumbach como espía nunca fue el de difundir propaganda.

«Tuvo cuidado de mantener su trabajo como espía separado de su trabajo como editor de revista», dijo Girard.

«Pero es precisamente por eso que todo funcionó. La KGB quería que se aferrara a su fachada de burgués centrista para seguir pasando desapercibido».

«Cumplió plenamente con el espíritu de la KGB. Fue una decisión inteligente. Y funcionó».

nuestras charlas nocturnas.


Los 10 filósofos más famosos de la Edad Moderna…


La mente maravillosa(J.Rojas) — Una nueva forma de pensamiento en la Modernidad buscaba de la separación de la razón y la religión, cambiar de método y apoyarse en los descubrimientos científicos de tal era. Es así como se plantan los filósofos más famosos de la Edad Moderna, de quienes hablaremos en este artículo.

Esta época abarca los siglos XVII, XVIII y XIX. Desde Descartes hasta Voltaire, se legaron contribuciones filosóficas y sus teorías se fueron relacionando a lo largo del tiempo. Conozcamos de todos ellos.

1. Francis Bacon (1561-1626)

Este filósofo y político inglés ocupó cargos como Lord Canciller y Barón de Verulamio en 1618. Asimismo, fue Vizconde de St. Albans en 1621. El objetivo de Francis Bacon en el campo de la filosofía fue una reforma de las ciencias.

Para ello, creía que era necesario un nuevo Organon o Novum organum que sustituyera al viejo pensamiento aristotélico. Por eso, la teoría de Bacon estaba apoyada en el experimento y el razonamiento inductivo. En este sentido, él consideraba que la filosofía debía tener una inclinación práctica para estudiar los fenómenos de la naturaleza.

2. Thomas Hobbes (1588-1679)

Entre los filósofos de la Edad Moderna, Thomas Hobbes destaca por su propuesta política plasmada Leviatán (1651). Sin embargo, también exploró la filosofía natural, entendida como la que se encarga de estudiar los cuerpos naturales. Según esto, la realidad solo está formada por cuerpos materiales.

En consecuencia, lo anterior hace parte de lo que se conoce como «conocimiento sensista», es decir, el ejercicio racional solo se da mediante los sentidos. De aquí surge la división entre cuerpos naturales e inanimados y cuerpos naturales animados y artificiales. En este último se gesta su filosofía política, ya que, desde la perspectiva de Hobbes, el Estado es un artificio creado por el ser humano.

¿Por qué el humano crea el Estado? Se debe a que el individuo, en su naturaleza, se encuentra en un constante peligro. Es lo que se representa con la frase «el hombre es un lobo para el hombre». De aquí surge la necesidad de un contrato social en el cual se deleguen todos los poderes al Estado. A cambio, los ciudadanos recibirán la protección necesaria para conservar su vida.

3. René Descartes (1596-1650)

Se suele considerar a René Descartes como el padre de la Modernidad, debido a que propuso un nuevo modo de hacer filosofía. Su objetivo era descubrir la verdad de las cosas y de nosotros mismos. Para ello, sostuvo que el método de las matemáticas era el camino idóneo, a causa de su absoluta certeza.

En su obra Discurso del Método (1637), Descartes expone las reglas del mismo que consta de cuatro partes: evidencia, análisis, síntesis y enumeración. Otro aspecto importante de su pensamiento es la duda metódica.

Dicha duda tiene como fin purificar el pensamiento, ya que rechaza todo aquello que no sea seguro y verdadero. Así, se puede aspirar a conseguir un punto de partida cierto y estable que lo encuentra en el famoso cogito ergo sum: «Pienso, luego existo». De esta manera, el pensamiento y la propia existencia son el inicio de toda reflexión.

4. Blaise Pascal (1623-1662)

Por lo general, los filósofos modernos introducen dentro de su racionalismo a Dios y la religión. En el caso de Pascal, esto no es así, ya que se encarga de establecer unos límites precisos entre ciencia y fe. Al respecto, considera que el saber científico se obtiene por medio del ingenio humano, las pruebas racionales y los experimentos.

En cambio, las verdades de la fe resultan de la revelación divina y son inmutables. Pascal también sostiene que existe un terreno al cual la ciencia no puede llegar, y es el de las verdades ético-religiosas. Las mismas solo pueden ser conocidas y alcanzadas mediante el sentimiento y la experiencia que ello conlleva.

nte tales motivos, este intelectual polemiza con los racionalistas que intentan demostrar la existencia de Dios con pruebas racionales. Dios existe y no necesita prueba alguna.

5. Baruch Spinoza (1632-1677)

Gracias a que sintetizó el racionalismo con la ética, Baruch Spinoza se posiciona como uno de los filósofos más importantes de la Edad Moderna. De acuerdo con este pensador, el entendimiento es una condición previa para lograr la felicidad. Solo podremos aspirar a ella si comprendemos la unidad que existe entre Dios y la razón.

En este sentido, Spinoza otorga a la idea de Dios un lugar central en su filosofía. De esta forma, Dios es interpretado como la naturaleza con sus propias leyes. El mundo procede de este ser divino y, por lo tanto, no existe la creación como tal.

Aplicando el método cartesiano, parte de la idea suprema de Dios como sustancia única e infinita. Desde el método geométrico se deducen las demás ideas, la realidad del mundo y de todos los seres particulares que existen.

Los 15 filósofos más importantes de la Edad Moderna

6. John Locke (1632-1704)

Tal vez uno de los filósofos más renombrados en el empirismo de la Edad Moderna es John Locke. En su obra, Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), sostiene que el conocimiento parte, de manera necesaria, de la experiencia sensible. De este modo, tira por la borda las interpretaciones de los racionalistas modernos, como René Descartes, Leibniz y Spinoza.

Según Locke, las ideas son adquiridas mediante la experiencia, y, por tanto, no existen en el intelecto de manera innata. El entendimiento, así, tiene como función recibir las ideas simples y combinarlas o separarlas para formar ideas complejas.

En este sentido, el conocimiento verdadero o falso es producto del acuerdo o desacuerdo entre las ideas. Si las mismas tienen su correlato empírico, son verdaderas, de lo contrario, son falsas. Con relación a su filosofía política, Locke sostiene que los seres humanos son iguales y libres por naturaleza.

Llegado cierto momento de necesidad de protección, se funda el Estado mediante el contrato social. Pero lo importante aquí, es que este origen es debido a la razón y no producto del instinto salvaje, como en el caso de Hobbes.

7. Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716)

Uno de los aportes más importantes que introdujo Leibniz a la modernidad filosófica es su concepto de mónada, para explicar cómo está constituida la realidad. Esta mónada es una sustancia individual que representa la totalidad de las cosas. Como tal, constituye la realidad misma. Su origen se encuentra en la creación divina, es decir, que son producidas o creadas por Dios.

Por otro lado, Leibniz se posiciona como uno de los pensadores más reconocidos, porque intenta realizar una conciliación entre filosofía antigua y moderna. Sus contemporáneos dedicaron su reflexión a romper con lo antiguo, mientras que él quiso recomponer esa relación.

Orientado a este fin, postula que existen dos tipos de verdades: de hecho y de razón. Las primeras son fundadas en la experiencia y requieren demostración. Mientras que las verdades de razón encuentran su origen en el entendimiento como ideas innatas.

8. Voltaire (1694-1778)

El nombre completo de Voltaire es François-Marie Arouet. Este filósofo, historiador y abogado francés tenía una concepción racionalista de la historia en la cual las pasiones humanas implican desorden. Es decir, que el devenir histórico está colmado de emociones que la razón humana viene a aplacar y poner un freno.

En cuanto a su filosofía política, Voltaire critica al absolutismo. De acuerdo con él, tiene que gobernar una monarquía con horizonte en la libertad política de los individuos. Dicha liberación implica libertad de expresión y pensamientos. A esto llamó despotismo ilustrado.

9. David Hume (1711-1776)

David Hume es otro empirista que desarrolló de manera extrema y consecuente la filosofía de Locke. En su obra Tratado sobre la naturaleza humana (1739), Hume busca aplicar el método experimental propio de las ciencias naturales al estudio de la naturaleza humana y la moral.

La novedad que él introduce al empirismo es dividir las percepciones de los objetos exteriores en impresiones e ideas. Las primeras hacen referencia a aquellas percepciones que penetran y se quedan con más fuerza en nuestra mente. Ejemplo son las sensaciones, emociones y pasiones.

Y las ideas son consideradas por este intelectual como imágenes débiles de las impresiones que quedan en la razón. También plantea que existen ideas simples y compuestas. Sin embargo, da una explicación más firme sobre cómo se forman las ideas complejas; la causa la encuentra en la asociación.

Así las cosas, las ideas complejas se pueden formar por semejanza o desemejanza, por contigüidad en el espacio o bien por relación de causa y efecto.

10. Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

La propuesta filosófica de Rousseau en defensa de la naturaleza humana lo ubica entre los filósofos primordiales de la Edad Moderna. Se trata de un ferviente defensor de la naturaleza inocente del ser humano. En contraposición a sus contemporáneos, creía que era la civilización y el progreso de las ciencias y el arte lo que corrompía al humano.

Por lo tanto, en la visión de Rousseau, cuanta más sabiduría lograban los individuos, más males acarreaban para sus vidas. Además, el pensamiento político de Rousseau parte de considerar un estado de naturaleza hipotético en donde los seres humanos son libres e iguales.

Cuando surge la propiedad privada con el capitalismo emergente, aparece la desigualdad. Para que la sociedad se regenere se necesita de un pacto social en donde cada individuo cede sus derechos a los demás. De este modo, nadie se encuentra por encima de los demás y todos son iguales.

nuestras charlas nocturnas.


La siniestra historia de “La Bestia” y los ritos satánicos del mayor asesino serial de niños de América Latina…


Garavito fue el asesino en serie más letal de América latina, con asesinatos en tres países: su Colombia natal, pero también en Ecuador y Venezuela

Infobae(D.Cecchini) — “Practiqué ritos satánicos con los menores que asesiné, lo hice a mi manera, pero no quiero explicar cómo lo hice; yo hice pacto con el diablo”, decía Luis Alfredo Garavito, “La Bestia”, cuando ya no tenía sentido que ocultara nada.

Ya había confesado suficientes crímenes como que se lo catalogara como el asesino en serie más letal de América latina, con asesinatos en tres países: su Colombia natal, pero también en Ecuador y Venezuela. Casi todos eran niños de entre 8 y 12 años, a quienes había violado antes de matarlos o al mismo tiempo que los mataba.

– El relato del horror

En algunas de sus confesiones – que fueron muchas – no ahorraba detalles. “Empiezo a sentir esa fuerza extraña que me domina, saco el cuchillo, consigo unas cabuyas (cuerdas vegetales), llevo licor y me dispongo a andar por las diferentes calles aledañas. Había un niño llamado Julián Pinto cerca. Estaba vendiendo tintos, le hablo, lo convenzo para que me acompañe.

Deja su termo y se va conmigo. Lo introduzco al cañaduzal, lo amarro, lo acaricio y después lo violo. Julián Pinto grita, lo acaricio, él sigue gritando y posteriormente lo mato. Me acuerdo tanto de este niño por una situación: en ese sitio hay una cruz, regreso para el pueblo y de un momento a otro siento una voz que me dice: ‘eres un miserable, no vales nada’.

Regresé y miré lo que había hecho. En ese momento me arrodillé, me arrepentí, y enterré el cuchillo”, contó, por ejemplo.

Nunca se supo exactamente cuántos chicos violó y mató, no porque quisiera ocultarlo sino porque a veces la memoria le fallaba. La justicia colombiana lo condenó por 172 crímenes – perpetrados entre 1992 y 1999 – aunque Graravito tenía sus propios cálculos, que llegaban a “un poquito más de doscientos” y los investigadores aseguraban que si a eso se le sumaban los casos de Venezuela y Ecuador eran más de 300.

Algunas de las víctimas de Luis Alfredo Garavito

“Garavito colaboraba, era amable, creo que porque yo fui cordial con él porque necesitaba que hablara. Hubo algunos casos en los que tuve alguna duda y le preguntamos a él: ‘Alfredo, hay un caso de tal lugar, ¿usted fue el autor?’. Él era contundente en decir ‘sí fui’ o ‘no fui’. Aceptar uno o aceptar 200 para él significaba lo mismo, porque en Colombia hay una sola pena.

Y si decía que sí, quería demostrarnos por qué. Fue ahí cuando decidimos entregarle las evidencias, los calendarios, fotos, boletos de bus y diarios. Se los poníamos sobre la mesa e iba argumentando y él contaba los detalles”, explicó en una entrevista con el diario colombiano La Tercera el detective César Arenas, jefe del equipo que lo capturó y quien dirigió todos los interrogatorios.

A “La Bestia” – como lo apodaron los medios – también lo estudiaron peritos de todo tipo, algunos por orden del tribunal, otros – en general psiquiatras y psicólogos forenses – por el desafío científico de descifrarlo. Así se comprobó que fue abusado de niño, que no podía matar sin antes tomar alcohol hasta llegar casi al borde de la borrachera, que tenía alucinaciones psicóticas, persecuciones típicas de la paranoia y que solía caer en depresiones profundas de las que solo podía salir bebiendo, violando y matando.

Ninguno de esos diagnósticos le sirvió para que lo declararan inimputable y los jueces lo penaron con el mayor rigor: por sus crímenes en Colombia recibió una condena de 1853 años, la mayor de la historia penal del país, aunque en realidad se trató de una cifra simbólica, porque la ley no permite que nadie cumpla efectivamente una condena mayor a los 40 años.

No llegó a cumplirlos, porque murió cuando llevaba 26 detrás de las rejas.

Garavito sufrió cáncer en un ojo y murió en 2023

– De abusado a abusador

Garavito nació el 25 de enero de 1957 en Génova, por lo que también se lo apodó después como “El monstruo de Génova”. Fue el segundo de los siete hijos de Rosa Delia cubillos y Manuel Antonio Garavito, un matrimonio violento donde tanto el padre como la madre, cuando no discutían entre ellos, maltrataban a los chicos.

De sus recuerdos infantiles, Luis Alfredo no tenía ni uno grato; en cambio en sus relatos a los peritos contaba haber pasado horas atado a un árbol cuando tenía seis o siete años, haber sido golpeado con un machete y reiteradas agresiones con un palo que su padre guardaba exclusivamente para castigar a sus hijos.

De esos años, Garavito también recordaba haber sido abusado por su padre y por un vecino. “Mi papá no dormía con mi mamá, dormía conmigo, él me bañaba… Tengo un recuerdo vago, era de noche, él como que me acarició, me tocó las partes íntimas… A ese señor nunca lo quise, lo veía como un verdugo”, contó “La Bestia” durante el juicio.

Del vecino, que era amigo íntimo de su padre, contó que además de acariciarlo el hombre se divertía haciéndole heridas en los glúteos con una hojita de afeitar.

También relató – no en las audiencias sino en sus entrevistas con los peritos – como él empezó a abusar de sus hermanos menores, a los que hacía desnudar por las noches para acariciarlos.

A 1os 15 años se topó por primera vez con la policía, luego de ser denunciado por unos vecinos. Había acorralado a un chico de seis años para abusar de él, pero los gritos de la criatura alertaron a todo el barrio. Los vecinos llamaron a la policía, que lo detuvo pero, por ser menor, se lo entregó al padre, que lo llevó de vuelta a su casa, lo molió a palos y lo echó por homosexual.

Se fue a vivir con unos parientes, donde tampoco la pasó bien. Empezó a beber de cuanta botella caía en sus manos y, quizás para desmentir la acusación de su padre, durante los años siguientes intentó tener relaciones sexuales con mujeres. Ni una vez pudo hacerlo porque no lograba tener una erección.

Descubrió que las mujeres podían ser un camino hacia los niños. Buscaba a las que tenían niños, las cortejaba o se hacía amigo de ellas y en la primera oportunidad que se le presentaba, trataba de abusar de los chicos. Cuando lo descubrían lo echaban, pero extrañamente ninguna lo denunció.

La policía halló restos de sus víctimas en un descampado

Pronto a Garavito no le alcanzaría con acariciar niños desnudos. Para excitarse necesitaría matar.

– Violador e infanticida serial

Mató por primera vez en 1992, cuando tenía 35 años. La víctima fue un niño de 8 años que estaba revolviendo tachos de basura por la calle. Lo convenció de que lo acompañara hasta un descampado, donde lo violó y acuchilló. Después de eso, ya no pudo detenerse, aunque durante años no fue descubierto porque se mudaba de una ciudad a otra, donde conseguía algún trabajo, se alojaba en un hotel y esperaba la oportunidad de actuar. Su raid de crímenes incluyó ciudades de 13 departamentos de Colombia y, en ocasiones, salía del país para seguir asesinando.

Se hacía pasar por vendedor ambulante, monje, indigente, discapacitado y hasta representante de fundaciones de ayuda para niños. Las víctimas eran varones, generalmente de barrios pobres, de entre 8 y 14 años, a los que conocía en parques, plazas, terminales de ómnibus o en la calle mismo. Les ofrecía dinero, los llevaba a un lugar aislado donde los golpeaba, torturaba y abusaba sexualmente antes de matarlos con un cuchillo. Siempre, antes de actuar, se emborrachaba.

Tenía también afán de coleccionista. En un cuaderno del que nunca se desprendía anotaba el lugar donde había raptado a cada una de sus víctimas y la edad. También se llevaba un recuerdo de cada una, que guardaba celosamente. Después de capturarlo, los investigadores encontraron cuatro valijas distribuidas en diferentes ciudades con esos objetos.

– La captura

La carrera criminal de Luis Alfredo Garavito terminó el jueves 22 de abril de 1999 en una zona rural de Villavicencio, en el municipio colombiano de Meta, en un potrero donde se había refugiado después de un ataque fallido.

El asesino serial colombiano fue condenado a 1853 años de cárcel

Horas antes, “La Bestia” había raptado a un chico de diez años al que intentó llevar a un descampado para abusar de él y matarlo. Un indigente que vivía en la calle escuchó los gritos del chico y corrió al lugar, donde descubrió a Garavito tratando de desnudarlo. Al ver lo que sucedía, atacó con piedras al abusador, que huyó corriendo.

Después de rescatar al chico, el indigente lo llevó hasta una casa cercana donde lo ayudaron y llamaron a la policía. Luego de que la víctima y su salvador les contaran a los agentes lo que había pasado se montó un fuerte operativo de búsqueda en la zona. Ya anochecía cuando descubrieron a un hombre que coincidía con la descripción saliendo de un potrero de las afueras de la ciudad.

Lo llevaron a la comisaría, donde el chico y el indigente lo reconocieron como el agresor. Garavito no tenía documentos encima y dijo que se llamaba Bonifacio Morera Lizcano, de profesión vendedor ambulante. Con ese nombre se inició la investigación penal sobre la presunta tentativa de acceso carnal sobre el menor.

Al principio Garavito negó la acusación, pero después de ocho horas de un interrogatorio sin pausa a cargo del detective César Arenas y la fiscal Lily Naranjo terminó confesando no sólo ese intento de abuso sino una primera serie de crímenes. Así, durante los siguientes días, la policía encontró en el mismo potrero donde fue capturado “La Bestia” trece esqueletos de niños entre los 7 y 16 años. Algunos databan de seis o siete años, otros eran más recientes, porque si bien se alejaba del lugar después de cada crimen para operar en otra ciudad, Garavito siempre regresaba a los lugares de sus viejos asesinatos para volver a matar.

Con el correr de los días, “La Bestia” confesó haber violado y matado a 140 niños, una lista que se acrecentó hasta llegar a 172 luego de que se descubrieran el cuaderno y las valijas con los recuerdos que guardaba el criminal

– 1835 años de cárcel

Con el correr de los días, “La Bestia” confesó haber violado y matado a 140 niños, una lista que se acrecentó hasta llegar a 172 luego de que se descubrieran el cuaderno y las valijas con los recuerdos que guardaba el criminal. Más tarde, frente al tribunal, Luis Alfredo Garavito calculó que sus víctimas sumaban “poco más de doscientas”.

Mientras se desarrollaba el juicio, las autoridades ecuatorianas pidieron la extradición del acusado para juzgarlo por la muerte de cuatro chicos durante su estadía en el país el año anterior, pero la Corte Suprema de Justicia de Colombia lo rechazó.

Luis Alfredo Garavito fue condenado a 1.853 años de prisión por 172 secuestros, violaciones y asesinatos de menores, pero como la justicia colombiana no permitía la cadena perpetua y “La Bestia” colaboró con los investigadores, la sentencia real fue de 40 años. Eso planteó un problema legal en 2023, ya que en Colombia se le concede la libertad vigilada a todos los condenados que hayan cumplido las tres quintas partes de la pena.

Por esa razón, a principios del año pasado se desató un encendido debate social sobre la posibilidad de que “La Bestia” quedara en libertad. La situación quedó resuelta con la muerte de Garavito, ocurrida el 12 de octubre de 2023, a los 66 años en el hospital de la prisión de Valledupar. Tenía leucemia y sufría de cáncer en uno de sus ojos.

“Yo cometí una serie de conductas que infringen las normas penales y las morales. Soy un ser humano como cualquier otro con unas fallas, pero no soy peligroso. Lo importante es que eso ya pertenece al pasado”, agregó. “Para el hombre no tendré perdón; para Dios sí”, le había dicho al periodista español Jon Sistiga en una de las últimas entrevistas que dio en la cárcel.

Pese a que había muerto el 12 de octubre, el cuerpo de Luis Alfredo Garavito recién fue cremado el 21 de diciembre del año pasado, luego de permanecer 70 días en la morgue. Según las autoridades judiciales, la demora se debió a que la única persona que reclamaba su cadáver, un sobrino, no podía presentar la documentación necesaria para acreditar ese parentesco.

Sin embargo, en algunos medios colombianos circulaba otra explicación: que la demora de la entrega del cadáver era una maniobra para vender el cerebro de “La Bestia” a un anónimo coleccionista.

nuestras charlas nocturnas.


Hallan cráneo egipcio lleno de incisiones. Esta es la razón…


Un cráneo de más de 4.000 años presenta indicios de tratamiento contra el cáncer.

DW(efe) — Las lesiones encontradas en el cráneo y la mandíbula de un hombre joven de unos treinta años constituyen la primera evidencia de que hace más de 4.500 años, los médicos del Antiguo Egipto realizaron una cirugía oncológica, la primera de la historia de la medicina.

Gracias a los escritos de la época, se sabía que la medicina del Antiguo Egiptoera muy sofisticada. Sus médicos sabían identificar y tratar muchas enfermedades, además de poner empastes, construir prótesis o hacer amputaciones, pero hasta ahora nunca se habían encontrado evidencias de cirugías relacionadas con el cáncer.

Hoy, un estudio publicado en la revista Frontiers in Medicine presenta las pruebas de los primeros abordajes médicos contra el cáncer de la historia, unas cirugías que se practicaron en el Antiguo Egipto en un varón de unos treinta años de entre 2687 y 2345 a.C. y de una mujer mayor de cincuenta años cuyos restos están datados de entre el 663 y el 343 a.C.

Para estudiar la evolución del cáncer y cómo las distintas sociedades han interactuado con esta enfermedad, el equipo analizó dos cráneos conservados en la Colección Duckworth de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), el cráneo 236 (el del varón) y el E270 (el de una mujer).

Marcas de corte encontradas en el cráneo 236, probablemente hechas con un objeto afilado.

Una frontera del conocimiento médico 

El Antiguo Egipto dejó auténticos tratados de medicina, textos en los que los médicos egipcios describen las enfermedades que sufrían y sus tratamientos.

«Uno de los más famosos es el Papiro de Edwin Smith, que tiene unos 3.600 años, y describe 48 casos, uno de ellos, el 45, se refiere a un posible cáncer de mama, pero dice que no tiene tratamiento», explica a EFE Edgard Camarós, paleopatólogo de la Universidad española de Santiago de Compostela (USC) y autor principal de la investigación.

Y eso muestra que «aunque los antiguos egipcios eran capaces de tratar fracturas craneales complejas, el cáncer seguía siendo una frontera del conocimiento médico», añade Tatiana Tondini, investigadora de la Universidad de Tubinga (Alemania) y coautora del estudio.

Al analizar el cráneo 236, el equipo encontró una lesión de gran tamaño provocada por una neoplasia, una formación anormal de tejido –probablemente un tumor primario– y una treintena de lesiones metastásicas pequeñas y redondas diseminadas por el todo el cráneo.

Pero también descubrieron marcas de corte alrededor de estas lesiones, que probablemente se habían hecho con un objeto afilado, como un instrumento metálico. «No podíamos creer lo que teníamos delante», recuerda Tondini.

«Esas incisiones son la muestra de que hubo una cirugía oncológica relacionada con los tumores. Se pudieron hacer antes de que muriera el individuo, con fines curativos, o unas horas después de que falleciera, en una cirugía posmortem; en este caso estaríamos ante una autopsia por curiosidad médica, para analizar ese cáncer», comenta Camarós a EFE.

Varias de las lesiones metastásicas del cráneo236 muestran marcas de corte.

Un traumatismo muy severo 

Por su parte, el cráneo E270 también tenía una gran lesión provocada por un tumor canceroso que le destruyó el lado derecho de la cabeza, pero, además, en el lado izquierdo «mostraba unas lesiones causadas por un traumatismo muy severo que tendría que haber sido causa de muerte si no se hubiera intervenido médicamente como fue el caso», añade el investigador de la USC.

De hecho, esta mujer no solo fue intervenida quirúrgicamente, sino que además «sobrevivió muchos años después de esta fractura hasta que desarrolló el tumor que acabó con su vida. Sin duda alguna, el resultado de esa cirugía fue impresionante», subraya Camarós.

El equipo cree que el traumatismo se hizo con algún objeto con filo contundente, como una espada, y por la localización en el lado izquierdo del cráneo, «pensamos que podría haberse hecho en un evento de violencia interpersonal, como un conflicto bélico o un ataque», apunta.

Pero para los investigadores, lo más importante del estudio es que la presencia de tumores indica que, aunque el estilo de vida actual, el envejecimiento o los agentes cancerígenos presentes en el medioambiente pueden haber disparado la prevalencia actual del cáncer, esta enfermedad también era una patología común en el pasado.

Y especialmente, este estudio «muestra perfectamente esa frontera del conocimiento en la medicina egipcia, que era capaz de curar un traumatismo que hubiera sido mortal en otras circunstancias pero que desconoce cómo tratar el cáncer», destaca Camarós. 

nuestras charlas nocturnas.


Conociendo a los etruscos: su arte, escritura y legado histórico…


Conociendo a los etruscos: su arte, escritura y legado histórico

La mente maravillosa — Los etruscos fueron una civilización asentada en Etruria, lo que hoy conocemos como el centro de Italia. Esta región abarcó los territorios de Toscana, Umbría y Lacio. En su etapa de expansión habitaron las tierras de la costa sur del mar Tirreno e incluso la isla de Córcega, entre Felsina y Cumas.

Este pueblo surgió en el año 750 a. C., rodeado de misterios y enigmas. Fueron llamados por los griegos Tyrrhenoi o Tyrsenoi y por los romanos Tusci o Etrusci. 

Durante esta lectura, develaremos la intriga sobre el origen de ellos. Asimismo, exploraremos su conexión con Roma y cómo era su cultura y organización política. No dejaremos de mencionar su grandiosa contribución al arte y la arquitectura.

– Origen de los etruscos

El origen de este pueblo itálico está impregnado de controversia. Tanto es así que existen, a día de hoy, dos posturas diferentes explicando el surgimiento de los etruscos. Por un lado, está la tesis orientalista, cuyo precursor fue Heródoto.

De acuerdo con esta visión, la civilización provino de Asia Menor, con más precisión de Lidia, huyendo de la hambruna en la que se encontraban. Arribaron de casualidad en la costa de Toscana en el siglo XIII a. C. Y aquí se asentaron, proliferando su población tiempo después.

Se considera que los precursores de dicha civilización fueron los Villanovino, por tratarse de los primeros habitantes de la región que constituyeron la base de este pueblo itálico.

Por otro lado, Dionisio de Halicarnaso propuso la tesis autoctonista. Según ella, la comunidad etrusca era en realidad autóctona de Italia, por lo que siempre estuvo en Etruria, lo que en la actualidad es la Toscana.

– Etapas de la civilización etrusca

Por lo general, se suele dividir la historia de los pueblos etruscos en tres partes. Estas comprenden la cultura villanoviana, el mundo orientalizante y las ciudades Estado. Cada una de ellas posee sus propias características que conforman la historia etrusca. Veámoslas en detalle.

. Cultura villanoviana

Se trata de una etapa que abarca los siglos IX y VIII a. C. Los villanovianos se caracterizaron por su necesidad de controlar el territorio y por la formación de la aristocracia etrusca. Esto se debe a que sus habitantes dejaron atrás su pasado nómade para asentarse en un lugar fijo, proceso denominado sedentarización.

A causa de ello, se forman pequeñas unidades que necesitan de un control y organización específica. En este sentido, cobra un papel importante la aristocracia y los militares. Los primeros se vieron favorecidos por los intercambios comerciales con Grecia y Fenicia. Por su parte, los militares ocuparon un rol defensivo y protector de sus aldeas.

. Mundo orientalizante

Infografía que explica la expansión de los etruscos
Desde Etruria, los etruscos se extendieron por diversas ciudades que abarcan Felsina, Cumas y la isla Córcega.

Con este nombre se bautizó al período caracterizado por la expansión y los procesos migratorios de la población. Contempló los siglos VIII y VII a. C., fase en la que nuevas relaciones sociales proliferaron. La aristocracia se consolidó en su elemento gentilicio, es decir, los nombres de las personas comprendían su denominación propia y otra proveniente de su lugar de origen.

En este estrato social gobernaba un padre de familia aristocrático. Asimismo, tal período introdujo ciertas novedades con respecto a la construcción y a la difusión de la escritura. Por último, los enfrentamientos guerreros generaban diferencias sociales debido a la distribución desigual de los botines. Esto favoreció al desarrollo de la aristocracia.

. Ciudades-Estado

Esta etapa comprende la fase final de la civilización etrusca hacia el siglo IV a. C. Se caracterizó, en especial, por la conformación de ejércitos cívicos, equipados de manera idónea para la batalla. Asimismo, se formaron las ciudades como centros urbanos con un alto grado de concentración en la población. Además, en ellas se encontraban lugares de culto y defensa comunes.

– Organización política y social de los etruscos

Las comunidades etruscas se organizaron en ciudades-Estado, una forma muy evolucionada en comparación con otras regiones cercanas de la época. En su etapa primitiva, este pueblo itálico estaba gobernado por Lucumones, es decir, reyes con poderes políticos, religiosos y militares. Tenían como símbolos una corona, la toga y el cetro, representando el poder del rey.

En un lapso más evolucionado, fueron gobernados por monarcas y magistrados romanos, hacia el final de su etapa vital. Asimismo, fue un pueblo de guerreros, navegantes y comerciantes.

– Actividades económicas

Los Etruscos - Historia Universal

Ya en el plano económico, hablamos de hábiles artesanos, realizando productos manufacturados en bronce y hierro, oro y plata y cerámica. 

Todos estos artículos eran exportados para su posterior comercialización.

Sus puntos de economía principales se encontraban en Grecia y las ciudades orientales mediterráneas. Algunos de sus destinos fueron Sicilia, Jonia, África, Chipre y España.

Cabe destacar que el comercio no se realizaba solo por tierra, sino también por mar. Así, en el siglo VI a. C. se produjo el apogeo de las exportaciones marítimas, prolongadas hasta el siglo V a. C.

– Escritura y arte

La lengua etrusca es una combinación del alfabeto griego con las particularidades propias del lenguaje de este pueblo. Las primeras formas de su escritura aparecen hacia el siglo VII a. C. Las mismas estaban presentes en objetos cotidianos en los cuales se escribían frases, nombres de propietarios o precios.

De igual modo, en los sarcófagos y urnas funerarias grababan los nombres de los difuntos y sus familiares. Las últimas apariciones de la escritura etrusca fueron en el año 50 de nuestra era. Se considera que para el año 100, la legua de este pueblo fue reemplazada en su totalidad por el latín.

Por otra parte, se destaca de la civilización etrusca su gran producción artística, manifestada sobre todo en su arquitectura funeraria y en sus construcciones civiles. Se sabe que este pueblo fue muy religioso y prueba de ello era el cuidado que ponían en los entierros y las tumbas.

En las paredes de estas últimas representaron escenas diversas, como luchas de gladiadores y atletas, además de corridas de carros y combates. Asimismo, en su interior se han hallado elementos de bronce y joyas que prueban su gran destreza en la fabricación de piezas de orfebrería.

El arte de esta civilización incluyó hábiles edificaciones de templos dedicados a la veneración de dioses griegos. También construyeron muros, acueductos y puertas monumentales. Todo ello fue legado como enseñanza a Roma, que dependió casi de manera exclusiva de las obras arquitectónicas etruscas.

La escritura etrusca: origen y legado fascinante
Escritura etrusca

– Etruscos y romanos

Durante sus comienzos, la civilización romana preservó gran parte de la cultura y tradiciones etruscas. Sabemos que Roma se fundó hacia el año 753 a. C. En ese momento, erigió su pequeño pueblo en una región de Italia llamada Lacio.

Los etruscos, en ese entonces, se encontraban en el centro del país. Aunque estaban lejos, 30 ciudades de Lacio (Roma) se unieron formando la Liga Latina para defenderse de sus ataques. Así, en el 509 a. C. los romanos expulsan el dominio de este pueblo itálico y crean la República.

– Un pueblo de cultura perdurable

El legado de la civilización etrusca perdura como un testimonio de la riqueza y diversidad de la antigua Italia. Desde su origen controversial, hasta el final de su existencia, este pueblo dejó una profunda marca en la historia de la península itálica. La reconstrucción hecha a partir de materiales arqueológicos así lo demuestra.

De este recorrido por la historia etrusca hay que destacar la importancia de la diversidad cultural y la interacción entre distintos pueblos. Solo así una civilización se nutre y crece. Asimismo, no hay que olvidar que nuestra vida deja marcas y en el futuro otros sabrán de nosotros. De ahí la importancia de preservar y proteger nuestras raíces.

nuestras charlas nocturnas.


El dragón, el caballero y la doncella en el folklore universal: el origen de las leyendas…


dragon-caballero-doncella-origen-leyendas

Psicología y Mente(S.R.comas) — San Jorge y el dragón es una leyenda de sobras conocida y que se conmemora en numerosos países que tienen al santo caballero como patrón.

Cataluña, Aragón, Inglaterra, Georgia, Rusia, Grecia y un largo etcétera son ejemplos famosos de lugares que tienen a la cruz roja de San Jorge como emblema.

Obviamente, la historia del combate entre el caballero y el dragón y el rescate de la doncella es una leyenda, que se espoleó a partir del siglo XIII mediante La leyenda áurea de Santiago de la Vorágine (1228-1298). 

El relato del caballero medieval que acude presto a luchar contra el monstruo para salvar a la princesa y a su pueblo era muy del gusto de las gentes de la Edad Media, y en parte se entiende de esta forma el éxito que tuvo en todo Occidente.

Pero ¿acaso San Jorge y el dragón es la única leyenda que habla de un combate mítico entre un soldado y una bestia? No, no lo es. A lo largo de la historia y a través de las diferentes culturas encontramos leyendas parecidas. Si te interesa, puedes acompañarnos. En el artículo de hoy, hablamos del dragón y el caballero en el folklore universal.

San Jorge y el dragón, San Miguel luchando contra la Bestia, el intrépido Sigfrido de la mitología germana que vence al dragón Fafnir y rescata a la bella valkiria Brunilda; Perseo, el héroe griego que salva a Andrómeda de las garras del monstruo… 

Todas y cada una de estas leyendas son variantes de la misma historia: la del héroe que se enfrenta a un ser amenazante y se alza victorioso sobre este. En general, estas leyendas que forman parte del folklore occidental presentan al dragón como símbolo del mal, algo muy distinto a lo que sucede en Oriente, como veremos a continuación.

– El dragón: ¿un ser maligno o sabio?

Pues dependerá de hacia dónde dirijamos nuestra mirada. Porque si la fijamos en Occidente, encontraremos que el dragón, o el monstruo (así, como ente abstracto), simboliza el Mal con mayúsculas, la oscuridad que es necesario destruir para poder recuperar el orden y el equilibrio cósmico.

. El dragón en Occidente

Encontramos reminiscencias de esta eterna lucha de orden versus caos en innumerables mitologías. En Egipto, el caos está personificado por Seth, el malvado hermano de Osiris (y su asesino), que deberá luchar contra el hijo de este, Horus el Halcón, símbolo del orden universal. Más tarde, la mitología griega estará plagada de héroes que deben enfrentarse a monstruos temibles para rescatar a un pueblo, cumplir una misión o expiar alguna culpa.

El sentido es, en realidad, el mismo: devolver el orden y la luz a las tinieblas. Y ello, por supuesto, requiere de un combate arduo del que solo los héroes pueden salir airosos.

Ya en la era cristiana, el dragón/monstruo pasó a significar el Mal con plena acepción religiosa. En el Apocalipsis de San Juan se habla del demonio como “el gran dragón”; de ahí que San Miguel Arcángel deba combatir contra él (por cierto, ataviado como un auténtico caballero medieval) para restituir el Bien en el mundo.

Se trata, como vemos, de una batalla cósmica, de un choque apocalíptico entre las fuerzas del mal (Satanás) y las del bien (Dios), que no dista mucho del sentido del mito en las leyendas antiguas.

. El dragón en la cultura oriental

Si vamos a Oriente, encontramos algo muy distinto. Y es que, en las culturas china y japonesa en especial, el dragón ha simbolizado siempre a las fuerzas benévolas de la naturaleza. En la mitología oriental, la criatura es, pues, una personificación de la sabiduría primitiva de la creación, a la que los humanos dirigen plegarias para conseguir riqueza y plenitud en sus vidas.

En la antiquísima cultura Hongshan de China, datada de hace nada menos que unos 9.000 años, existían amuletos de jade que reproducían figuras de dragones. Se suponía que la tenencia de estos objetos deportaba suerte al interesado. Los dragones orientales son, pues, grandes protectores y guardianes, aunque podemos encontrar también reminiscencias de este carácter guardián en algunas leyendas occidentales como la de Sigfrido y el dragón.

La criatura era el custodio de un valioso tesoro y, además, quien se bañara en su sangre (como hizo Sigfrido tras darle muerte) accedería a una inmunidad sobrenatural.

dragon-oriental

– Algunas leyendas occidentales relacionadas con el héroe y el dragón

En definitiva, el folklore universal del dragón ha oscilado entre la concepción de protección y sabiduría que imbuye a las leyendas orientales y la idea del dragón como ser maligno al que es necesario destruir, concepto mucho más extendido en el mundo occidental, especialmente tras la llegada del cristianismo.

A continuación, vamos a detenernos en algunas de estas leyendas occidentales para comprobar los lugares comunes que comparten.

1. San Jorge, el dragón y la doncella

Se trata tal vez de la leyenda más conocida al respecto. San Jorge es el patrón de numerosos lugares, y en todos ellos se narra la leyenda, surgida en la Edad Media, del caballero cristiano que lucha contra un temible dragón que asola a todo un reino. El noble caballero no solo salva a las pobres gentes de ser devoradas por el monstruo, sino que rescata a la mismísima hija de su rey, destinada a ser la próxima víctima.

San Jorge es un santo que fue eliminado del santoral católico por la inverosimilitud de su leyenda. Sin embargo, actualmente la Iglesia acepta la devoción a su figura como símbolo de fe. En realidad, parece ser que el verdadero Jorge (o Giorgios) fue un soldado romano cristiano originario de la Capadocia, en Turquía.

En la historia “real” de su martirio no encontramos ningún dragón ni ninguna princesa; simplemente se cuenta que Jorge, horrorizado ante la matanza de cristianos llevada a cabo por Diocleciano, intentó pactar con el emperador. El resultado fue que Diocleciano lo mandó torturar y asesinar.

Como ya hemos apuntado en la introducción, la historia del San Jorge, el dragón y la princesa surgió en el siglo XIII, impulsada por Santiago de la Vorágine y su Leyenda áurea, y pronto se extendió por toda Europa.

Recordemos que los siglos XII y XIII son los siglos de las novelas de caballería y de los poemas épicos, por lo que entendemos la causa del éxito de la historia.

En cualquier caso, la esencia del relato es el mismo que el de las leyendas anteriores: el héroe que debe depurar su alma para acercarse a Dios y, para ello, debe vencer al monstruo (el pecado en la cultura cristiana) y salvar así su alma (la doncella).

san-jorge-dragon-leyenda

2. Perseo y Andrómeda

Hagamos un salto hacia atrás en el tiempo y viajemos a la Antigua Grecia y a su maravillosa mitología. En ella encontramos la deliciosa historia de Perseo, el héroe griego hijo de la mortal Dánae y el dios Zeus. Es bastante común en el folklore griego antiguo que los héroes sean mitad mortales mitad divinos, lo que haría comprensible su fuerza y su valentía. Algo parecido, por otro lado, a la santidad de Jorge, que lo eleva por encima de los demás seres humanos.

Perseo es especialmente famoso por haber decapitado a la temible Gorgona (otro claro ejemplo de lucha entre héroe y monstruo), pero en este caso nos interesa especialmente su combate contra la bestia marina para salvar a la princesa etíope Andrómeda. 

Cuenta el mito que Perseo montaba sobre Pegaso cuando, al pasar por las costas de África, vio cómo una hermosísima mujer había sido atada a unas rocas y abandonada a la muerte. A sus pies, un horrible monstruo del mar estaba dispuesto a devorarla.

Por supuesto, el héroe se valió de su fuerza y de sus armas mágicas (entre ellas, la cabeza de la Gorgona Medusa) para aniquilar al monstruo, salvar a la doncella y desposarse con ella.

3. Sigfrido, el dragón Fafnir y la valkiria Brunilda

Sigfrido o Sigurd es uno de los grandes héroes de la mitología germánica. Como héroe, está en su destino matar a un monstruo, que en este caso es el dragón Fafnir, el protector del tesoro de los Nibelungos. Aquí encontramos, pues, dos aspectos del mito: primero, la idea occidental del monstruo como ser al que es necesario matar; segundo, el concepto mucho más oriental del dragón como guardián de algo sumamente valioso.

Sigfrido mata, pues, a Fafnir, y posteriormente se baña en su sangre y se vuelve inmune a todos los males del mundo. En algunas versiones, Sigfrido/Sigurd se vuelve inmortal. En cualquier caso, encontramos aquí la idea del dragón como ser mágico, cuya naturaleza sobrenatural puede traer beneficios impensables a los humanos.

También existe una conexión entre esta sangre mágica de Fafnir con la sangre del dragón de San Jorge, de la que, según algunas versiones de la leyenda, surge una hermosa rosa encarnada.

La valkiria Brunilda es rescatada por Sigfrido, aunque no en el episodio del dragón. Sin embargo, existe una evidente relación entre la hermosa doncella dormida y el caballero que debe salvarla de su sueño con las leyendas de la doncella salvada de las garras del monstruo.

El elemento común es el vínculo alma-doncella; en los mitos del rescate del dragón, el caballero debe salvarla del mal, mientras que en el caso de la joven durmiente (con un evidente reflejo en el cuento de Perrault) el alma debe despertar a la luz.

sigfrido-brunilda

4. Roger y Angélica

Existe una hermosa pintura sobre este tema, realizada por el genial Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867), en el que vemos a una muchacha desnuda atada a unas rocas y un escalofriante monstruo marino que está dispuesto a devorarla. En el margen izquierdo aparece Roger, montando una especie de hipogrifo, que clava certeramente su larguísima lanza en el hocico de la bestia.

La historia se narra en el famoso poema Orlando furioso, compuesto en el siglo XVI por Ludovico Ariosto (1474-1533). Es evidente la inspiración en el mito de Perseo, así como en todas las historias que narran el salvamento de una doncella de las garras de un monstruo.

En el caso de la historia de Roger, el Orlando cuenta cómo Angélica (de nombre más que adecuado) es raptada y abandonada desnuda en la Isla de las Lágrimas, como sacrificio humano a la bestia del mar.

Roger es un caballero cristiano (relacionado con el ciclo de leyendas de Carlomagno) que, al ver a la joven a punto de morir, no duda en lanzarse en su ayuda. De nuevo, el héroe vence al Mal en la forma de un monstruo-dragón y salva así la pureza del alma (la doncella), que, en este caso, muestra su desnudez como evidencia final de su inocencia.

Recordemos que, en la época en que el Orlando fue escrito, la desnudez humana todavía era símbolo de pureza y virtud. Fue más tarde, con los cambios producidos, en parte, por la Reforma protestante, que el cuerpo desnudo empezó a verse como algo pecaminoso, símbolo del vicio y del pecado.

nuestras charlas nocturnas.


¿Un cerdo devorador de hombres? Conoce a la cerda crommioniana…


Imagen AI de un jabalí que representa a la cerda de Crommyonia.

Ancient Origins(C.Silver) — Los mitos de la antigua Grecia tenían una buena cantidad de animales inusuales: la quimera, los caballos devoradores de hombres de Dioniso y Pegaso, por nombrar algunos.

Pero una que suele pasar desapercibida es la cerda crommioniana. A este cerdo gigante y molesto le gustaba comer carne humana, y no fue hasta que apareció el héroe Teseo que se detuvo en seco.

– Cerdo versus humano

El cerdo, a quien Plutarco llama Phaea, fue criado por una anciana gruñona en la ciudad de Crommyon. Pseudo-Apolodoro afirma que el cerdo recibió el nombre de su dueño; ambas se llamaban Phaea. En lugar de frenar a este monstruo cerdo, Phaea dejó que su cerdo se contoneara libremente, devorando a sus vecinos y niños pequeños como si fueran trufas.

Diodorus Siculus bromea diciendo que el cerdo era «una bestia que sobresalía tanto en ferocidad como en tamaño y que estaba matando a muchos seres humanos». No hace falta decir que esto no fue del agrado de las autoridades locales, pero no se acercaron a Phaea para no ser mordidos también.

Teseo y el cerdo crommioniana, con Phaea. (Museo Británico/CC BY 2.5)
Teseo y el cerdo crommioniana, con Phaea.

Phaea era un digno adversario que, según Plutarco, «le dio muchos problemas a Teseo, a pesar de ser un animal hembra», «una bestia salvaje y formidable, de ninguna manera un enemigo que deba ser despreciado».

Eso es comprensible, dado que se pensaba que era descendiente de Typhon y Echidna. El último nombre era mitad humano, mitad serpiente, que dio a luz a muchos de los grandes monstruos de la mitología.

Con su compañero Typhon de cien cabezas, Echidna produjo personajes como Cerberus, el perro guardián de Hades de tres cabezas; la mortífera Escila, que casi devora a Odiseo en su camino a casa; y la quimera.

Teseo matando al Minotauro (1843), escultura en bronce de Antoine-Louis Barye. (Dominio público)
Teseo matando al Minotauro (1843), escultura en bronce de Antoine-Louis Barye. 

– Teseo viene al rescate

Así llegó Teseo, la respuesta a las oraciones de los griegos.

Este incidente se produjo antes de que matara al Minotauro o incluso llegara al trono de Atenas; en cambio, el joven galán buscaba limpiar el campo de ladrones, criminales y otras molestias, al igual que su héroe, Heracles (algunos eruditos piensan que el cerdo Phaea era considerado una contraparte del jabalí de Erimanto de Heracles).

Para entonces, Teseo ya había acabado con Sinis, también conocido como Pitycocamptes, un pícaro que pedía a los transeúntes que le ayudaran a doblar pinos hasta el suelo; luego, lo dejaría ir mientras los inocentes todavía aguantaban. Esta pobre gente sería arrojada al aire y asesinada.

No es de extrañar que Teseo lo arrojara de un árbol hasta matarlo, un castigo particularmente apropiado.

Heracles y el jabalí de Erimanto, de Francisco de Zurbarán, 1634 (Museo del Prado). (Dominio público)
Heracles y el jabalí de Erimanto, de Francisco de Zurbarán, 1634 (Museo del Prado).

El siguiente paso lógico de Teseo, después de eliminar a un tipo malo como ese, era matar otro problema local: el malvado cerdo Phaea.

La consideró una oponente digna y «hizo todo lo posible a propósito para encontrarla y enfrentarla, para que no pareciera que realizaba todas sus grandes hazañas por mera necesidad», dice Plutarco; Básicamente, se aseguró de enfrentarse a los malos (y a los animales), no sólo a aquellos que estaban directamente en su camino.

¿Por qué? Teseo sentía que “era parte de un hombre valiente castigar a los hombres malvados y malvados cuando eran atacados por ellos, pero buscar y vencer a las bestias salvajes más nobles”.

Y lo hizo, matando al cerdo y luego matando a algunos tipos malos más antes de conocer a su verdadero padre (el rey Egeo de Atenas), ir a Creta y hacer mucho más.

Teseo luchando contra el cerdo crommioniana (Dominio público)
Teseo luchando contra el cerdo crommioniana

Hay una versión alternativa de esta historia, que Plutarco también menciona. Informa que Phaea no era un cerdo, sino una cruel ladrona a la que apodaron «Cerda» debido «a la maldad de su vida y sus modales», pero aun así murió a manos de Teseo.

En griego, «Phaea» significa «oscuro», lo que sería una referencia a la apariencia sucia de la ladrona. ¡Juegos de palabras en abundancia!

nuestras charlas nocturnas.


El asesinato no resuelto de la prostituta perturbada que apareció muerta en una tinaja…


Natividad Romero tenía 28 años cuando la mataron.
Natividad Romero tenía 28 años cuando la mataron.

La Voz de Cádiz(M.P.Villatoro) — El cuerpo no fue encontrado en una noche oscura (¿de qué otro tipo existen?), ni estaba en un bosque de un pueblo con pocos habitantes olvidado de la mano de Dios. Aquel 13 de agosto de 1969, el cadáver de la joven Natividad Romero Rodríguez (que apenas contaba con 28 primaveras a sus espaldas cuando dejó -o le hicieron dejar- este mundo) no fue hallado en un lugar tenebroso. Por el contrario, los restos de esta prostituta andaluza (o mujer de «vida alegre», como se decía por entonces) fueron descubiertos a plena luz del día y en el centro de Madrid.

Aunque, si el momento del hallazgo no fue sórdido, sí lo fue el que su asesino depositase sus deformados restos en una gigantesca tinaja de aceite.

De igual forma, fue perverso el que aquel criminal atase a la chica con su propia ropa y dejase gran parte de su cuerpo desnudo. Además, en este homicidio no hubo final feliz como el de las películas, pues el asesino de «la Nati», como era conocida entre sus amigos y clientes, jamás fue capturado y -a día de hoy- no ha pasado ni un minuto entre rejas por la abominable muerte que perpetró.

ABC
ABC

Desde entonces ha pasado casi medio siglo y España ha vivido crímenes tan crueles y estremecedores como el « Exorcismo de Almansa».

Sin embargo, parece que el tiempo no ha logrado acabar con el impacto que este asesinato provocó en la sociedad.

O, al menos, así lo afirman los responsables de la aplicación «Historias» quienes -tras llevar a cabo una encuesta entre sus usuarios- han descubierto que el denominado «crimen de la tinaja» se encuentra entre los cinco asesinatos que más atraen a los españoles.

«Según los datos de “Historias”, una aplicación que pretende divulgar la historia desconocida de las ciudades, los crímenes y los asesinatos políticos de las ciudades españolas son uno de los temas que más interesa a los españoles», explican en un comunicado enviado desde la dirección de la aplicación.

Aunque el asesinato de «la Nati» se encuentra ubicado en el tercer puesto (tras la muerte de Josep Albert Barret y el fusilamiento de Blas Infante) hemos decidido desmenuzar hoy aquellos sucesos aprovechando que fue uno de los primeros crímenes que narró la serie «El Caso» hace menos de un mes.

– La aparición del cuerpo

Cuentan las crónicas de la época que la aparición de los restos de Natividad se sucedió el 13 de agosto. El afortunado (por así decirlo) de darse de bruces con lo que quedaba de ella fue un chico de 29 años. Un conductor del cuerpo de bomberos, para ser más exactos. Y el lugar, una alquería (un conjunto de caserones) abandonada ubicada en Madrid.

Más concretamente, entre los distritos de Hortaleza y Canillejas. El lugar (llamado la «Casa de la viuda» y enmarcado dentro de la finca La Hinojosa) era en cierto modo siniestro, pues tenía una sola planta derruida, estaba lleno de pintadas de vándalos y en él las parejas solían dar rienda suelta a sus más bajos deseos.

¿Qué hacía nuestro joven allí? Al parecer, acudía habitualmente a la zona para fortalecer sus músculos de forma gratuita (el espacio no le faltaba en la alquería, al fin y al cabo). Así lo afirmó, al menos, la mítica periodista de sucesos Margarita Landi en el artículo que dedicó a esta hecho en el semanario «El Caso»: «Tenía la costumbre de ir frecuentemente al lugar aquel para hacer ejercicios físicos a fin de estar siempre en forma, como requiere su arriesgada profesión».

Un informe que hoy está albergado en « Criminalia», la mayor enciclopedia web sobre crímenes escrita en habla hispana.El bombero se encontró el cadáver dentro de una tinaja en Madrid

Juan S. Rada, director adjunto del recién reeditado semanario «El Caso» y periodista del mítico periódico en su época dorada, es de la misma opinión que Landi, con la que trabajó, Así lo explica en una entrevista a ABC, donde también señala que el bombero se encontró, casi por casualidad, con el cadáver: «Cierto día decidió mirar en el interior de una gran tinaja, cuya boca se hallaba casi a ras de suelo, porque creyó ver un cuerpo humano. Al aproximarse descubrió a una mujer muerta. Estaba cabeza abajo y con los pies asomados por el borde».

El bombero prefirió no tocar nada. Sabía que mover un solo objeto de la escena del crimen podía provocarle severos problemas con las autoridades. Su reacción, por extraña que parezca en unos momentos de tanta tensión, (y en el que la curiosidad suele picar al ser humano) fue la más lógica: llamar a las autoridades. «Fuerzas de la Benemérita institución y el juzgado de guardia se personaron poco después en “la casa de la viuda”», añadía Landi.

Una portada que impactó en aquel verano de 1969.
Una portada que impactó en aquel verano de 1969

Una horrible muerte

Ajetreo y tensión mediante, la policía se personó frente a la tinaja que hacía las veces de improvisado y macabro ataúd. No le faltaba mucho, pues el asesino había elegido una que se encontraba semienterrada en el suelo.

Y es que, aunque era un criminal, no tenía ni un pelo de tonto. Lo que los agentes encontraron en el interior les dejó helados. «Se trataba de una joven rubia de pelo teñido, que presentaba hematomas múltiples arañazos. Su rostro amoratado y deforme mostraba que había sido golpeada salvajemente. Bajo la barbilla, sangre coagulada. Tenía los pantalones bajados hasta los tobillos y el suéter alrededor del cuello», explica Rada a ABC.

Como señaló Margarita Landi posteriormente, la fallecida presentaba una dantesca estampa. Para empezar, su cara presentaba todavía restos de maquillaje y sus uñas estaban pintadas con un curioso esmalte plateado (del mismo color que su bolso y sus zapatos).

En cuanto a sus características físicas, la policía estableció que el cadáver medía un metro sesenta. «El cuerpo mostraba manchas de sangre y el cuello presentaba señales inequívocas de estrangulamiento», completa Landi.

Al hacer la primera inspección del cadáver, los agentes no hallaron ningún documento en su bolso que permitiera identificar a la víctima. Aunque sí se toparon con un curioso «regalo» que la fallecida les hizo antes de dejar este mundo: una medallita que, según algunas fuentes, llevaba al cuello (y, en palabras de otras, tenía en la boca). Esta contaba con una curiosa inscripción en la que se podía leer «Luci 13-12-1962».

Así narró ABC el domingo 17 de agosto el hallazgo de esta joya: «Parece ser que también llevaba al cuello una pequeña medalla de oro, con fina cadena, en la que había grabada una inscripción en la que se decía “Lucy, 1962”. Según fuentes no oficiales, la medalla, que podría indicar el nombre de una posible hija de la víctima, no era de ella, “aunque si acostumbraba a usarla”, dijeron dichas fuentes».

Primeras investigaciones

Tras un primer reconocimiento del cadáver, se estableció que el crímen se había sucedido entre 24 y 48 horas antes (24 según Rada y 48 en palabras de Landi). También se logró determinar que el cadáver había sido arrastrado hasta la tinaja desde un vehículo por las marcas de neumáticos que había en el caserón.

Además, junto a la puerta que daba acceso al interior de la gran nave se encontraron unos restos de pintura roja, un trozo del aro metálico de un faro y varios cristales rotos.

«Se sospechó que el conductor del vehículo iba nerviosísimo cuando ya libre del cadáver se dispuso a escapar cuanto antes de aquel lugar y poner una buena franja de tierra entre la siniestra tinaja y su persona», añadía Landi en sus textos.

Tras hacer un análisis de la pintura y los restos que se encontraron, la BIC ( Brigada de Investigación Criminal) determinó que el vehículo era un Renault 4-L de color rojo. El modelo usado por el asesino que hizo imposible su identificación, pues habían sido vendidos una ingente cantidad de automóviles de este tipo en España.

El crimen de la tinaja: la prostituta estrangulada y el soldado yanki  intocable
Los dos protagonistas del suceso.

Una prostituta de mil caras

Huella dactilares por aquí (ya andábamos inmersos en los años 70 y la policía no andaba tan anticuada como pudiera parecer), pesquisas por allá, el Gabinete Central de Identificación ofreció una primera teoría sobre la identidad de la chica. Según sus primeras averiguaciones, las cuales avanzaron gracias a la sección de pasaportes extranjeros, el cadáver era de una norteamericana llamada Kerry Payne.

«Había nacido en Venecia el 25 de diciembre de 1944, hija de Richard y de Nuria, casada, de profesión “sus labores” y de nacionalidad norteamericana», señalaba Landi en su artículo. Como junto al cadáver se encontró un texto escrito en inglés, se concluyó que era estadounidense.

Sin embargo, esta idea no tardó en ser deshechada horas después. El 17 de agosto, el diario ABC publicó que la primera identificación había sido errónea y desveló la verdad. «La víctima era realmente Natividad Romero Rodríguez, nacida en Siles (Jaén), de 28 años de edad, viuda de un militar negro, pertenecientes a las fuerzas USA, al que conoció durante su destino en Torrejón de Ardoz y que sucumbió en Vietnam.

Utilizaba documentación falsa, fingía acento gringo para incrementar el interés de los hombres y acostumbraba a cambiar frecuentemente el color de su cabellera. Unas veces iba de rubia desgarrada, otras de pelirroja llamativa, a veces de morenaza», explica Rada a ABC.

imagen

La nueva identificación fue corroborada por su madre quien, tras examinar el cadáver de la joven, no tuvo dudas en que «su Nati», como solían llamarla.

Pero… ¿Por qué se dijo que era norteamericana?

La respuesta es sencilla.

La víctima no tenía problemas en identificarse como hiciese falta si así conseguía atraer a más hombres a su lado.

O más clientela más bien, pues era una mujer que, como publicó ABC, «era soltera y vivía en Madrid, donde frecuentaba habitualmente muchas salas de fiestas y cultivaba muy extensas relaciones».Natividad se hacía pasar por estadounidense para tener más éxito entre sus clientes

Landi la define de la misma forma y añade que las ventajas que obtenía por hacerse pasar por extranjera eran cuantiosas:

«Las amigas comentaron que ella tenía mucha facilidad para fingir el modo de hablar el castellano de los norteamericanos e interpretaba de maravilla el papel de “gringa que se había impuesto”, porque -según decía- los clientes le pagaban mejor sus servicios, pues “siempre viste más decir que soy norteamericana que soy de Jaén” y porque si se presentaba la Policía con la pretensión de que se identificara, al ver que era extranjera la tratarían mejor que a las demás y la dejarían marchar».

En definitiva, que se ganaba unas pesetuelas más de esta forma, que hablando a pleno pulmón con su acento andaluz.

«Se hacía llamar Kerr Payne, Tania, Luci… Dependía del cliente de turno y de lo abultado de la cartera. Mujer ambiciosa, frecuentaba clubes de alterne y, pese a la excelente pensión que recibía mensualmente de EE.UU., acostumbraba a vender sus encantos», completa el periodista a este diario.

En palabras de Rada, vivía dentro de un cosmos oscuro habitado por hampones madrileños y soldados de la base yanqui. «Si se presentaba la policía con la pretensión de que se identificara, al ver que era extranjera la trataban mejor que a las demás y la dejaban marchar”», determina el actual director adjunto de «El Caso».

Borracha, lesbiana y con problemas psíquicos

Posteriormente, las autoridades españolas descubrieron además que había pasado varios meses en prisión. Un lugar en el que era recordada por haber mantenido varias relaciones sexuales con mujeres.

«Era excéntrica y camorrista, abusaba del güisqui y sus inclinaciones sexuales iban hacia las mujeres. Tenía antecedentes penales por haber intentando drogar a una menor. Estuvo ingresada ocho meses en la cárcel de Ventas. Durante su internamiento mantuvo una conducta provocativa y pervertida. Los funcionarios de prisiones tuvieron que castigarla en varias ocasiones», señala Rada en declaraciones a ABC.

Las personas que la conocían la recordaban también como una mujer que bebía demasiadosacaba su carácter cuando estaba borracha y cobraba a sus clientes por adelantado. Landi afirma en su reportaje sobre este suceso que «la Nati» había sido internada con apenas 17 años en un centro psiquiátrico del que se escapó a los pocos meses.

«Nati era una chica que, desde la infancia, había padecido cierto desequilibro mental, con tendencia a la cleptomanía, y que a los 17 años había sido internada en un centro», determina la autora. Por su parte, Rada es contrario a esta teoría: «No existe información sobre que estuviera internada en ningún centro psiquiátrico. Sus desvaríos eran consecuencia única de su exceso en el consumo de bebidas etílicas».

Un «chuloputas» y una teoría oficial

A pesar de la gran cantidad de información que se obtuvo de la joven, lo que no se logró en ningún caso fue avanzar en la investigación. Tan solo se consiguió determinar que el asaltante había acabado con ella tumbándola en el suelo, inmovilizándola con un brazo y estrangulándola con la otra mano.

Pero no se obtuvo ni una pista sobre cómo se habían producido los sucesos, quien había llevado su cuerpo hasta aquel lugar, o quién diablos la había mandado de una patada al otro mundo. Nada de nada. De hecho, se detuvo a media docena de personas en menos de dos semanas que -tal y como publicó ABC- fueron liberadas en poco tiempo.

Así pasó la policía casi un año y medio, 18 meses en los que poco se avanzó a la hora de descubrir al asesino. Pero la suerte quiso que, allá por 1971, un error acabase por desvelar al presunto criminal. Corrían los fríos del mes de enero cuando, en un bar de la calle Barbieri de Madrid, las navajas salieron a relucir y alguien acabó con la vida –de un tajo bien dado en el corazón- de un tal José Antonio Sánchez Gil.

Más conocido por entonces como «Pepe el Guapo». Lo cierto es que a nadie le importó demasiado su muerte ya que, como bien señala Rada, no era más que un «chuloputas» que vivía del dinero que ganaba como proxeneta y que tenía a todo Lavapiés hasta el naso por su manís de entrar en los bares, hartarse a beber, y no poner sobre la mesa ni una peseta.

El Goyo
El Goyo – Juan Rada

Su manía de largarse sin pagar fue lo que hizo que acabase bajo tierra.

Y es que, cansado de perder dinero con él cada vez que pasaba por la puerta, un camarero de uno de estos bares le clavó un cuchillo de cortar fiambres en el pecho de improviso.

Minutos después la policía entró en el local a porra limpia arrestando a todo aquel que se le puso por delante.

Así fue como acabó entre rejas un tal Gregorio Ávila Sotoca el Goyo», un madrileño de 28 primaveras experto en sacar dinero de la noche ya fuera como proxeneta o como ladrón) quien, aunque aquel día no había hecho nada, estaba en la lista de las autoridades españolas desde hacía meses.

¿Qué tiene que ver toda esta historia con el crimen de la tinaja?

Pues que, curiosamente, cuando la BIC interrogó a Ávila, este admitió ser el asesino de «la Nati».

Así explicó «el Goyo» a la BIC lo sucedido: «Conocí a la Nati el 11 de agosto en la cafetería Yulia. Estuvimos tomando unas copas y nos fuimos en mi 4-L rojo hacia la carretera de Barcelona, donde nos apeamos para seguir bebiendo. La invité a que viniera a mi casa, pero como ella se negó, nos fuimos hacia Barajas hasta un descampado, junto a la “casa de la viuda”.

No llegamos a un acuerdo. Ella se reía de mí, me encolericé, le eché las manos al cuello y apreté. Primero me pareció que estaba desmayada y le golpeé en la cara, gritándole para que volviera en sí, luego vi que estaba muerta». Posteriormente, viendo que la vida la había abandonado, le quitó todo aquello que tenía de valor y la metió en la tinaja.

El presunto asesino, incluso, habló del golpe que había tenido al salir y la rotura del faro de su vehículo.

El juicio final

Todo parecía terminado, y así lo hicieron saber los medios de comunicación. Sin embargo, el caso dio un giro brutal cuando, durante el juicio, el acusado dijo la siguiente frase: «Yo no lo maté». La justicia dictaminó aquel día que no había suficientes pruebas como para meterle entre rejas, así que quedó libre.

«De entrada se cubrió el expediente culpando del asesinato a Gregorio Ávila Sotoca, «el Goyo», un chulo dado a los malos tratos con las mujeres. Tras que dicho macarra quedara absuelto de la autoría del crimen las sospechas apuntaron hacia algún fornido militar negro de la base norteamericana de Torrejón de Ardoz.

Pero el régimen decidió correr un tupido velo para evitar complicaciones a nivel diplomático. Eran años de excelente relación con Washington», añade Rada.

¿Quién fue el asesino de esta prostituta? A día de hoy se desconoce, aunque Rada tiene su propia teoría:

«A raíz de la detención del Goyo se dio el asunto por resuelto. Con ello se perdió un tiempo muy importante para descubrir al verdadero autor del crimen. Aún la Policía sigue manteniendo que dicho sujeto fue el asesino, pero la justicia dijo lo contrario. Las sospechas apuntan a que se quiso evitar roces con el Gobierno de Estados Unidos».

nuestras charlas nocturnas.


Pelo de Beethoven aporta pistas sobre misterio de su sordera…


Beethoven estaba profundamente atormentado por su mala salud. En 1802, pidió a los médicos que estudiaran la causa de sus enfermedades y su sordera después de su muerte.

DW(F.E.Wang/The New York Times) …  Desde su juventud, Ludwig van Beethoven enfrentó una adversidad que marcaría profundamente su vida y obra: la pérdida progresiva de su audición. A la temprana edad de 20 años comenzó a notar el deterioro, una situación que lo sumió en un profundo desasosiego y vergüenza.

Este padecimiento se agudizaría con los años hasta dejarlo completamente sordo en la última etapa de su vida. A pesar de esto, Beethoven continuó componiendo hasta su muerte a los 56 años, en 1827, que hoy son veneradas en todo el mundo, aunque su afección le obligó a mantenerse alejado de los escenarios.

Si bien su batalla contra la sordera es ampliamente conocida, las causas subyacentes de su condición y otros problemas de salud que padeció han permanecido envueltas en misterio. Beethoven sufrió de múltiples afecciones, incluyendo problemas gastrointestinales y episodios de ictericia, indicativos de enfermedad hepática. Hoy, casi dos siglos después de su muerte, investigadores parecen haber encontrado algunas respuestas.

Un reciente estudio publicado en la revista Clinical Chemistry indica que las altas concentraciones de metales pesados halladas en su pelo sugieren que Beethoven pudo haber sufrido envenenamiento por plomo, lo que podría haber contribuido tanto a su sordera como a otros problemas de salud.

En cuanto a la causa de su muerte, este nuevo estudio también descarta el plomo como causa directa. En este sentido, la teoría predominante es que Beethoven murió por complicaciones derivadas de la hepatitis B, agravadas por el consumo de alcohol y predisposiciones genéticas.

Dos mechones autentificados de pelo de Beethoven, conocidos como los mechones Bermann y Halm-Thayer, revelaron niveles asombrosos de plomo por gramo de pelo.

– ADN de dos mechones autentificados de Beethoven

El estudio, liderado por Nader Rifai, patólogo de la Facultad de Medicina de Harvard, analizó dos mechones de pelo autentificados del compositor, conocidos como los mechones Bermann y Halm-Thayer. Estos análisis revelaron concentraciones alarmantemente altas de plomo, arsénico y mercurio. 

Los resultados indican que un mechón mostró 380 microgramos de plomo por gramo de pelo, y el otro, 258 microgramos, niveles que superan con creces los 4 microgramos considerados normales hoy en día.

«Estos son los valores más altos que he visto nunca en el pelo», afirmó Paul Jannetto, coautor del estudio y patólogo de la Clínica Mayo, a The New York Times. «Recibimos muestras de todo el mundo, y estos valores son un orden de magnitud superiores», añadió.

– ¿Por qué tenía el compositor tanto plomo en su organismo?  

Los científicos proponen varias teorías: una de ellas sugiere que la afición del compositor por el vino pudo haber sido un factor. En aquellos tiempos, se añadía acetato de plomo al vino barato para mejorar su sabor y claridad. Además, se especula que las botellas de vidrio de la época y el consumo frecuente de pescado del Danubio, que contenía arsénico y mercurio, podrían haber contribuido a su carga tóxica.

Por otra parte, el uso de ungüentos y medicamentos, muchos de los cuales contenían plomo, era habitual para tratar diversas dolencias. Así, considerando que Beethoven tomó hasta 75 medicamentos diferentes a la vez, según informa The Smithsonian Magazine, puede que esto haya aumentado su exposición a metales pesados.

En definitiva, los investigadores concluyen que la presencia de plomo «puede haber contribuido a las dolencias documentadas que le aquejaron la mayor parte de su vida», aunque no se han determinado los efectos específicos de los elevados niveles de arsénico y mercurio en su salud.

– «Complejo rompecabezas»

La práctica de conservar mechones de pelo de seres queridos o figuras célebres era común en la época de Beethoven. Hoy, este cabello ofrece pistas sobre las posibles causas de sus enfermedades no diagnosticadas en vida. «Creemos que ésta es una pieza importante de un complejo rompecabezas y permitirá a historiadores, médicos y científicos comprender mejor la historia médica del gran compositor», indican los investigadores en su estudio.

Selección de trompetas de orejas que pertenecieron a Beethoven.

– Otras explicaciones

El nuevo estudio puede acercarnos a desentrañar los misterios que rodean al compositor alemán. Sin embargo, los científicos también barajan más teorías: otras investigaciones sobre los problemas auditivos de Beethoven sugieren posibles causas genéticas, como el lupus o la otosclerosis, aunque estas teorías aún requieren más investigación.

Más allá de la intoxicación por metales pesados, el nuevo estudio revela que el ADN de Beethoven descarta algunas causas sugeridas anteriormente para sus problemas gastrointestinales, como la intolerancia a la lactosa o la celiaquía.

Aunque queda mucho por descubrir, la investigación sobre su cabello sigue desvelando secretos largamente ocultos sobre este titán de la música clásica. Como señaló Rifai a The Times Of London, «fue increíblemente trágico que no pudiera escuchar esta música majestuosa que creó».

nuestras charlas nocturnas.